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                    <text>�SIGLO XIX
Cuadernos de Historia
Edición ~L~rograma de Estudios Históricos de la Facultad de
Filosofíaj Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado J&gt;ostal 3024, 64000 - Monterrey, México
Fax: (8) 340-40-65

FONDO

t-ffilMmU1 E(ll '(,

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,

.

DOCTOR REYES. TAMJ-:Z G UERRA

•

Facultad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO RICARDO

C. VILLARREAL ARRAMBIDE

Programa de Estudios Históricos
Coordinador,
DOCTOR MARIO CERUTTI

Consejo Editorial,
Carmen Blázquez (Universidad Veracruzana),
Alejandra García Quintanilla ( Universidad Autónoma
de Yucatán), Miguel González Quiroga (Universidad
Autónoma de Nuevo León), Juan José Gracida
(Centro Regional del INAH en Sonora), Jaime
Olveda ( El Colegio de Jalisco), Francisco Téllez
(Universidad Autónoma de Puebla)
Editor Responsable,
MARIO CERUTTI
Corrección y cuidado de la edición: Sylvia Eloísa Morán.
Tipografía: Alfonso García
Diseño e Impresión: Impresora Monterrey, S.A.
Aparición cuatrimestral

l

�AÑO V NUMERO 14

ENERO-ABRIL DE 1996

Sigloxrx
CUADERNOS DE HISTORIA

SUMARIO

Nota del editor ..........................................................................5
Más baratas que las máquinas. Mujeres y
agricultura en Oaxaca (1880-1911)
FRANCIE R. CHASSEN-LOPEZ ..........................................7
Propietarios y café en el Soconusco:
el Ferrocarril Panamericano
MARIA DE LOS ANGELES ORTIZ H. ............................37
Empresarios y ferrocarriles en Morelos (1875-1900)
MARIA TERESA HUERTA .................................................69
Trabajos publicados en Cuademos .......................................88

�NOTA DEL EDITOR

,

Si el número 13 de Siglo XIX. Cuadernos de Historia reunió una
amplia información sobre procesos socioeconómicos acontecidos en
el noreste de México, este número 14 se enfoca sobre el centro/sur
del país. La información y la temática han quedado distribuidas entre
Oaxaca y sus mujeres, el Soconusco y los cultivadores de café y
Morelos con sus productores de azúcar.

Francie R. Chassen-López, de la Universidad de Kentucky, se ha
configurado como una de las más profundas conocedoras de la realidad oaxaqueña. Siglo XIX. Cuadernos de Historia se complace en
presentar la versión en castellano de "Mujeres y agricultura en
Oaxaca", publicado en Estados U nidos en 1994.
El énfasis del trabajo apunta a la participación de la mujer en la agricultura, en la propiedad y en el uso de la tierra durante el porfiriato.
Las fuentes consultadas permiten a Chassen-López llegar a la conclusión siguiente: el papel de la mujer en la agricultura oaxaqueña, y
en la de otras latitudes, ha sido subestimado. Su esfuerzo se dirige,
justamente, a recuperar su relevancia en el ámbito productivo.

�6

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

María de los Angeles Ortiz trabaja, también , el extremo sur. Su indagación se concentra en el Soconusco, región costera de Chiapas ubicada en áreas limítrofes con Guatemala.

Más baratas que las máquinas
MUJERES y AGRICUL1lJRA EN OAXACA
(1880-1911)

Territorio de frontera, el Soconusco atrajo migrantes a fines del

XIX y resultó un campo fértil para la colonización extranjera y la
explotación agrícola. El café fue uno de sus cultivos básicos, y la
necesidad de extraerlo obligó a montar una infraestructura adecuada.
La autora muestra, en especial, el tendido y característica de los ferrocarriles. El Ferrocarril Panamericano, comenzado a principios de siglo,
daría una efectiva respuesta a las necesidades del capital que operaba
en tan alejada frontera. Cuando su "último riel" fue instalado, en
julio de 1908, su impacto en la estructura regional resultó considerable: en particular porque quedó conectada a puertos fundamentales
y, con ello, al mercado mundial.
María Teresa Huerta también alude a los ferrocarriles. Pero su espacio es menos remoto: Morelos, en el corazón geográfico de México.
"Con la creación de la Compañía de Ferrocarriles de Morelos, en
1878 -anticipa la autora- se dio continuidad a un antiguo proyecto
de los hacendados". Los azucareros solicitaban este medio de transporte para acercarse a mercados potenciales, tanto en el interior del
país como en el exterior.
Huerta describe en su trabajo la participación de los propietarios
en los proyectos ferroviarios, alentados por las condiciones que,
como en el Soconusco, brindó el porfiriato. "La introducción del ferrocarril, la innovación tecnológica y la expansión de las haciendas
-es una de sus conclusiones-favorecieron la integración regional y
dinamizaron al sector azucarero".
La historia socioeconómica, la investigación regional y la vigorosa
presencia de colegas del sexo femenino coinciden con fuerza en este
número de Cuadernos. Vamos bien.

Mario Cerutti
Monterrey, abril de 1996

Francie R. Chassen-López*

Es costumbre entre los indios chatinos d J
.
de Oaxaca, que el padre dé a s h..
~- uqm~a. en el sureño estado
la niña reciba de su madre al nua IJO rec1en nacido un machete y que
cer un metate y un malac t (º
mentos de piedra para moler el maí )
,
a e mstrupapeles económicos. Sin embargo ~ ' ~o~o ~imbol?s de sus futuros
pasivos, sin poder absortas en
, e m1 o . ~ as muJeres como "seres
y totalmente subo~dinadas a lo~e::~r~:~:ha~~sdconfinad~s al hogar
&lt;lamente. En este ensa o im u no
, es
esaparec1endo rápiciente en todos los nivel~s socfat!s d;I pre~~pu~sto cultural, prevalehan estado confinadas a la esfera d~mé~~ia. istóncamente las mujeres
A fines del siglo XIX
· · · d
de todas las clases social~t;:n~:i~:b:~ ;~bias muje~es oaxaqueñas
eran parte de la elite como dueñas d h . ores a~ncolas. No s?lo
eran propietarias d
. e ac1endas, smo que también
oleada de especul;c~~~u~;at~!rr;sed1ana_s ext~nsiones de tierra. En la
presidencia de Porfirio Díaz (1876~1~el ;r~d1ó e! estado durante la
entre los compradores de las
.,
. . , as _muJeres se encontraban
terrenos comunitarios reci~~:n/;:~:~:~ªi u~~':s¡~º~e~r~~e~:1~:
* Department of History, University of Kentu k (
.
Heather Fowler-Salamini y Ma K V \ y USA). lnclurdo previamente en
countryside, 1850-1990· creati ry ey aug ~n (eds.), Women of the Mexican
Arizona Press, 1994. ·La aut~~as~a~~~e~~~mg transitions, The University of
Arellanes, Francisco José Rui C g
Héctor G. Martínez, Anselmo
Hayward Wilkirson Mar are z ervantes, Ronald Spores, Víctor de la Cruz
~aughan, P(edad Peniche, ~arm~:~:%:~ H~~her F~wler-Sa_lamini, Mary Kay
nos y maten ales para este artículo Traduc ró
ómmos _re~rsores, los comenta.
cr n e sabel Cnstma Mata Velázquez.

Jªf

�8

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

comunidades fueron privatizadas. Nombres de mujeres aparecen entre
las peticiones de terrazgueros (aparceros) que protestaban por los abusos de los terratenientes. Al igual que los hombres, mujeres y niños
fueron transportados como esclavos a las infames plantaciones de
tabaco del Valle NacionaP.
Históricamente, sin embargo, el papel de las mujeres en la agricultura
ha sido subestimado. Las estadísticas del porfiriato se toman aún
menos confiables al referirse a la mujer. De acuerdo con el censo de
1895, por ejemplo, tan sólo un 1.3 % de las mujeres económicamente
activas en México se dedicaban a la agricultura, en comparación con el
72% de hombres. En otras palabras, las mujeres representaban apenas
el 0.4% de la población total dedicada a la agricultura. Las cifras de
1910 indican que 62 000 mujeres trabajaban en la agricultura: 8% de
todas las mujeres económicamente activas (contra 73% de hombres),
y 2% de la población total dedicada a la agricultura.
Estas cifras son burdamente inexactas, y no reflejan la verdadera
magnitud de la contribución de las mujeres. El censo de 1900 es
todavía menos exacto, ya que no menciona a mujeres como devengadoras de sueldos agrícolas en las regiones de Oaxaca, aun cuando
sí existieron, como lo probaré más adelante3 • De hecho, las mujeres
fueron una importante fuerza en la agricultura del México porfirista.
Las investigaciones recientes aspiran a dar mayor relevancia a la
labor de las campesinas, en términos tanto cuantitativos como
cualitativos, reevaluando la participación de la mujer en un análisis
más amplio de las actividades agrícolas'. No es posible comprender
la situación de las mujeres latinoamericanas de hoy sin examinar el
papel cambiante de la mujer en la tenencia de la tierra, la producción
agrícola y la protesta agraria en perspectiva históricas. Del mismo
modo, el desarrollo histórico de la agricultura en general no se puede
comprender sin dar cabida a las contribuciones de la mujer.
La mujer ha participado en la agricultura desde la época precolombina;
cacicas (mujeres nobles) de la civilización mixteca eran dueñas de
considerables extensiones de tierra, y durante el dominio de los
españoles mujeres de la élite poseían haciendas. Después de la
independencia, no hay duda de que las mujeres continuaron presentes
en la agricultura (si bien casi no existen investigaciones relativas al
siglo XIX), ciertamente como hacendadas y minifundistas (propietarias

Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oaxaca

9

de pequeños terrenos dedicados a la agricultura de subsistencia). Este
ensayo, basado en un estudio exploratorio, se propone averiguar el
impacto de la agricultura capitalista en las mujeres durante el Porfiriato,
describiendo cambios y continuidades. Intenta realzar la figura de la mujer
centrándose en la tenencia de la tierra y las condiciones laborales
contempladas desde la perspectiva regional de la agricultura en Oaxaca.
El estudio de las mujeres rurales requiere un análisis de su posición
en la cambiante estructura social. La participación de esas mujeres en la
agricultura y en los mercados rurales de mano de obra asalariada
difiere según su clase social. Las de los niveles económicos medio y bajo
(finqueras, campesinas y jornaleras) tendían a ser las más activas6 •
Lourdes Arizpe y Carlota Botey afirman que las mujeres mexicanas se
convirtieron en parte del proletariado rural como resultado de las
políticas agrícolas posrevolucionarias y la solidificación de las relaciones
capitalistas de producción. Los ~allazgos aquí presentados rechazan
esta aseveración. La expansión del papel de la mujer en el proletariado
agrícola fue claramente prerrevolucionario. La temprana transición al
capitalismo requirió la inclusión de la mujer de clase trabajadora
como parte de la fuerza laboral rural. Esto no resulta sorprendente:
hasta cierto grado es una extensión de lo 9ue Towner y Ramos afirman
en cuanto a que las mujeres se integraron al proletariado industrial como
mano de obra barata durante la parte final del siglo XIX7 •
C~rmen Diana Deere y Magdalena León, pioneras en este campo,
han mtentado evaluar en qué sentido avanzaron las mujeres rurales
en el proceso de desarrollo del capitalismo agrario: si la subordinación
de la mujer aumentó o disminuyó con el avance de la agricultura
capitalista. En Oaxaca se pueden apreciar aspectos tanto negativos
como positivos. El surgimiento del capitalismo en el México porfirista,
si bien proporcionó nuevas oportunidades para que las mujeres de la
élite y la cJase media poseyeran tierras y tomaran parte activa en la
agricultura, exigió la explotación directa de las mujeres, la mano de
obra rural más barata disponible.
MUJER Y ASPECTOS LEGALES DE LA TENENCIA DE TIERRA
El sistema legal español permitía a la mujer del México colonial comprar,
vender, rentar, heredar, administrar y ceder propiedades. Asimismo, la
mujer tenía derecho a participar en sociedades comerciales. Las viudas

�JO

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

y solteras emancipadas podían manejar sus propios asuntos d~ manera
independiente, aunque las esposas e hijas de familia nec~s1ta?an el
consentimiento del marido o el padre para actuar. Esta s1tuac1ón se
prolongó después de la inde~ndencia. Los, ~ódigos legales de 1~~O
y 1884 reconocieron a las muJeres como le~1t1mas c~bezas de fam1ha
cuando a las viudas por fin se les concedió la patna potestad sobre
los hijos y los huérfanos bajo tutela. Estos código~ t~~bié_n l!beraron
a las solteras de la patria potestad al llegar a los vemtmn anos .
Aunque la mujer mantenía la pos~sión legal d_e su herencia, dote o
arras (propiedad concedida a la novia por el novio al de_s~osarla), por
lo común el esposo podía hacer lo que le que qu1S1era c?n la
propiedad, menos venderla. Las viudas pooían objet3: malos mane~o~ en
el tribunal, pero esto rara vez se hacia. Las propiedades adqumdas
durante el matrimonio se poseían en forma mancomunada, y sólo los
bienes parafernales (ropa, joyas o propiedad recibid~ mediante
herencia o donativos durante el matrimonio) quedaban baJo el control
de la esposa exclusivamente9 •
No cabe duda que las viudas, en especial las de la élite, gozab~n de
mejor posición para administrar propiedades y ~en~rar P?ses1o~es
económicas. Las viudas y esposas con la necesaria hcenc1~ m~r~t~l
eran quienes destacaban más en la agricultura. Es mucho mas d1f1c1l
documentar la participación de las solteras.

HACENDADAS Y MINIFUNDISTAS
Históricamente, las mujeres de la élite constituyeron una potencia
económica en Oaxaca. Lo poco que-se sabe acerca de su papel en la
agricultura tiende a centrarse.. en las muje~es d~ la é_lite como
terratenientes ya que hay más documentación d1spo01ble de su
situación. Durante finales del porfiriato, la hacienda más grande del
estado pertenecía a Matilde Castellanos, viuda de Esteban Maqueo,
adinerado empresario italiano. A la muerte de su esposo,_e~la heredó
las Haciendas Marquesanas, fincas azucareras que ongrnalmente
formaron parte del marquesado del Valle perteneciente a Co~tés.
Como propietaria de la hacienda y del ingenio de Santo Do~mgo
(77 500 hectáreas) y de la hacienda La Venta (41 000 hectareas),
ambas en Jxtaltepec, municipio de Juchitán, era la mayor terrateniente del estado a principios del siglo XX 1º.

Chassen-lópez: Mujeres y agricultura eu Oaxaca

11

Cuando murió en 1904, Elena Casalduero de Larrañaga dejó su
fortuna a su esposo, José Larrañaga. La finca comprendía la hacienda
de San Miguel (430 hectáreas en San Miguel de la Cal.en el Centro), una
casa en la calle Hidalgo y otra en la Benito Juárez, la cigarrera La
Cubana, y el almacén Ciudad de Londres, todo en la ciudad de Oaxaca.
Los hermanos Trápaga emigraron a Oaxaca desde España a mediados
del siglo XIX y acumularon una fortuna que incluía una de las tres
fábricas de textiles del estado. Ellos y sus hijos se casaron bien, entre
otras con las hijas del más acaudalado propietario de minas y
terrateniente de Oaxaca, Juan Braigts. Para 1912, María Trápaga
poseía la Hacienda Blanca de Etla, de 840 hectáreas, productora de
granos, mientras que Margarita Trápaga era dueña de la hacienda San
Pedrillo (75 hectáreas) en el municipio de Tlacolula y continuaba
expandiendo sus dominios. Guadalupe Braigts controlaba la hacienda
de 8 780 hectáreas de San Isidro Catana en Etla, que producía granos
y ganado·11 •
En ocasiones las mujeres donaban tierras para uso público. En 1892,
Tranquilina de Aparicio fue sumamente generosa al donar un terreno
para el fundo legal del nuevo poblado de Rancho de Rosario Nuevo,
en el distrito de Huajuapan 12 •
La viuda Juliana Ruiz de Pérez poseía la hacienda de Yogana (más
de 3 500 hectáreas) en el municipio de Ejutla y la hacienda de San
Nicolás (800 hectáreas), en Miahuatlán. Un examen del conflicto
entre la señora Pérez y sus terrazgueros en 1899-1900 revela que en
ocasiones las mujeres agricultoras se enfrentaban desde los extremos
opuestos del espectro social. Después de infructuosos intentos por
zanjar ellos mismos sus diferencias con la viuda, los terrazgueros de
la hacienda de San Nicolás protestaron ante el gobierno del estado
por considerar que ella no reconocía los usos y costumbres de tiempos
mmemoriales, e intentaba prohibir que su ganado pastara en terrenos
de la hacienda.
La señora Pérez ni se molestó en asistir a la junta dispuesta por los
funcionarios de gobierno. Aunque recibió una fuerte multa de trescientos pesos, se rescindió más tarde en forma extraoficial, y de ahí en
adelante se abstuvo de molestar a sus arrendatarios. En 1907, su hijo
Roberto -que había heredado la hacienda a la muerte de ella- intentó de nuevo desalojar el ganado de los terrazgueros con la ayuda del

�12

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Chassen-L6pez: Mujeres y agricultura en Oaxaca

13

jefe político del municipio y el presidente municipal. Una vez más los
terrazgueros se movilizaron para de~enderse y co~tratar~~ a
Constantino Chapital, quien sentó una queJa ~n c?n~a ~el Jefe poh~1co
por inmiscuirse en asuntos fuer_a de su JUnsd1cc1ó~. Chap1tal
defendió con éxito a los arrendatanos y logró que el gobierno reafirmara los derechos de pastoreo. La queja contiene una lista con los
13
nombres de 109 terrazgueros: quince de ellos eran mujeres •

Toda la evidencia disponible indica que la mayoría de las mujeres
que pos~ían. tierras er~n viudas: l_as habían heredado o recibido por
ley al pnv~t1zarse la tierra, obteniendo apenas la cantidad justa para
no convert!fse en una carga para el gobierno municipal.

Este documento legal es una de las raras pruebas de que existían
mujeres aparceras en Oaxaca. También muestra cómo actuaban las
mujeres de acuerdo con su clase social. La señora Pérez trataba de afianzar
sus intereses, mientras que las terrazgueras lucharon para def~nder
sus derechos y costumbres históricas. Aunque todas la_s ~uJe~es
sufrían el hecho de estar subordinadas a los hombres y la m~t1tu~1ón
del patriarcado, esta realidad no generó en~r~ ellas una, sohdandad
capaz de cruzar las líneas de clases en las act1v1dades agncolas .

Uno de los principios básicos de la reforma liberal (1854-67) encabezada por Benito Juárez -originario de Oaxaca- era la creencia en
el carácter sagrado de la propiedad privada. Sin embargo, en 1854 la
mayoría de las tierras mexicanas eran propiedades colectivas, divididas
entre los extensos bienes raíces de la Iglesia Católica (retenidos en
manos muertas) y las tierras comunales de los poblados indígenas.

Entre los pequeños terratenientes que producían_ p~ra los ~ercad~s
locales y los minifundistas que luchaban por susb1st1r tamb1en hab1a
mujeres. En 1888 en el poblado de S~n Sebastián Teitipac en
Tlacolula existían 393 parcelas pertenecientes a 152 hombres Y 50
mujeres (~robablemente viudas, pero esto no se e~pecific~)- La mayoría
de los propietarios tenía una parcela para cultivar maiz y otra para
trigo. Es evidente que la única hacienda del poblado_ (Santa R_osa
Los Negritos) contrataba a lugareños para tr~baJar c?mo Jornaleros según la temporada, pero no sabemos s1 las muJeres que
poseían tierras también eran jornaleras. Es probab~e que algunas lo
fueran porque, para 1907, había en el poblado una lista de 225 hom14
bres y 50 mujeres temporaleras asalariados •
Habia mujeres minifundistas en varios poblados de la re~i?n. mixteca. En 1888, en Santa Catarina Adéquez, en el mumc1p10 de
Nochixtlán, había ocho mujeres que poseían tierras de un total de 73,
pero sus propiedades parecían limitarse a peq~eñas p~rcelas. En
Santiago Patlanalá, distrito de Silacayoapan, hab1a 11 muJeres ~ 127
hombres propietarios de tierras en el pueblo, y una vez n:ias las
mujeres en general eran dueñas d~ pequeñas_ parcelas. ,En M1c~apa,
pueblito particularmente fértil ubicado a onllas ~el no del mismo
15
municipio, no existía ninguna mujer que poseyera t1erras .

DIVISION Y PRIVATIZACION DE LAS TIERRAS COMUNALES

Para poder alcanzar una economía capitalista bajo principios liberales se tenía que universalizar el régimen de propiedad privada, de
modo que la tierra pudiera circular como un bien. La ley Lerdo del
25 de junio de l 856, incorporada más tarde a la Constitución de
1857, se convirtió en la piedra angular de esta nueva política
ec?nó~ic~: decretó 1~ desamortización de los bienes de la iglesia y la
pnvat1zac1ón de las tierras comunales. Estas últimas deberían ser dist~ibuidas como parcelas privadas entre los comuneros, y cualquier
tierra restante habría de venderse en subasta pública a intereses privados16. El ~roceso era lento, y se demoró por la guerra de Reforma y la
Intervención Francesa (1857-67), pero esencialmente hacia el inicio
del porfiriato (1876) la iglesia dejó de ser una potencia en cuanto a
bienes raíces. La enajenación de las tierras comunales, sin embargo,
encontró ininterrumpida resistencia11 •
Las tierras de la Iglesia se desamortizaron en Oaxaca, y después de
18~6 se privatizaron algunos terrenos comunales, sobre todo en la
región de los Valles Centrales, proceso analizado por Charles Berry.
Empero, la distribución de tierras comunales en el resto del estado
fue más problemática. Oaxaca estaba poblada al menos por dieciséis
grupos étnicos indígenas estrechamente entrelazados: en 1878, el
76% de la población hablaba una lengua indígena, aunque para el
censo de 1910 esta cifra había disminuido a 40%. Sociedades como la
mixteca y la zapoteca poseían una herencia que era la antítesis del liberalismo económico, y defendieron con firmeza su derecho histórico a
la tenencia comunal de tierras 18 .

�14

Siglo XlX. Cuadernos de Historia

En 1878 el gobernador Francisco Meixueiro admitió que los pueblos
de Oaxaca no habían obedecido la ley Lerdo e inició una nueva batalla
en contra de la tenencia comunal de la tierra . A ello siguió una serie
de decretos, pero los resultados fueron desalentadores para las autoridades liberales'9 • Los decretos y circulares revelaron un gobierno
estatal preocupado por transformar a los comuneros indígenas en
propietarios privados. Al menos en el papel, las autoridades intentaron
asegurarse de que los indios no fueran despojados de su medio de
subsistencia por los especuladores.
Aunque la economía de Oaxaca estuvo estancada durante la
mayor parte del siglo XIX, el Porfiriato abrió la puerta a un período
de prosperidad económica. En 1910, Oaxaca ocupaba el sexto lugar
nacional en extensión (92 443 kilómetros cuadrados) y quinto en
población (1 040 398 habitantes). El nuevo crecimiento estaba basado
en la explotación de las riquezas minerales, principalmente las minas de
oro y plata de las regiones de Sierra Juárez y los Valles Centrales, y
en la expansión de la agricultura comercial (café, tabaco, caña de
azúcar, algodón, hule, añil y cítricos) en las áreas tropicales y subtropicales del estado20 • La ciudad de Oaxaca se convirtió en el centro
del auge minero a partir de 1892, lo que atrajo a una considerable
comunidad angloamericana.
La economía porfiriana tuvo un considerable impacto en la agricultura y los sistemas de tenencia de tierras de las regiones perifericas
de Oaxaca, que mostraban menor densidad de población y culturas
indígenas con entramados menos fuertes (con excepción de Juchitán y
Tehuantepec)21 • La construcción de ferrocarriles y puertos proporcionó
la tan requerida transportación barata, lo que a su vez permitió el
desarrollo de la minería y la agricultura comercial22 • Las áreas que se
beneficiaron más fueron las regiones del estado limítrofes con los
estados vecinos: la región Tuxtepec-Choapan (Veracruz), el Istmo
(Veracruz, Chiapas y el Pacífico), la Cañada (Puebla), y la Costa
(junto al Océano Pacífico). Las dos regiones interiores del estado, la
Sierra de Juárez y los Valles Centrales, con excepción de la ciudad
capital de Oaxaca, se quedaron en general con la economía tradicional
basada en el consumo local de maíz y trigo. El auge minero no condujo
a una transformación de la tenencia o de la producción agrícola,
porque la mayor parte de la tierra ya se había privatizado. La región
mixteca, de la que menos se conoce durante este período, también

Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oa.xaca

15

mantuvo u~a econonúa tradicional, si bien ciertas regiones comenzaron
a mostrar signos de transformación.
Una de las principales tendencias que revelaron mis investigaciones
en Oaxaca !ue ~l surgimiento de lo que llamo la finca porfiriana,
emp1:5a agncol? integrada al mercado capitalista. Este tipo de posesión
cuya lDl~rtancia fue en aumento a partir de 1880, tenía una extensió;
entre medi:ma (30 a 300 hectáreas) y grande (más de 300 h tár )
estaba dedicad~ a la ag~cultura comercial, a menudo de
C~~ frecuencia, las fincas estaban situadas en tierras poseídas
ongmalmente por comunidades indígenas. Utilizo el término finca
(que ~n esa época_ se refería generalmente a un cafetal) para distinguir
eSte_ tipo de propiedad de las tradicionales haciendas del estado ue
habitualmente cultivaban los productos básicos de la di.et
.' q
( ' ti ·· 1 ·
a mexicana
ma1z, nJo , chile, calabacita, maguey), con poca inversión de capital2l.

e:o~~¿;

Willi~":1 B • Taylor Y Thomas Cassidy coinciden en ue las
c?ractenst1cas sobresalientes de la hacienda en Oaxaca eran l~s ca _
b1os co~stantes de propietario y su falta de rentabilidad empresaria~
El t~~mo finca, por lo tanto, se refiere a un fenómeno diferente· eÍ
surg1m1ento en la Oaxaca porfiriana de una agricultura comer~ial
que prosper?, ~obre todo, en las regiones periféricas del estado
donde el cap1tahsmo estaba logrando sus mejores logros.
'

1:,&lt;&gt;s capi~ e~ ciernes y una violenta embestida de los especuladores
obhg~ron a d1v1d1r las tierras comunales por medios tanto legales
co~o ilegales. De acuerd~ con mi ~vestigación, el número de propiedades
pnvadas de gran extens1on creció a más del doble entre 1880 y 1912
La "cuenta_superficial" de Manuel Esparza de más de mil expediente¡
' ; los ~chivos del estado indica que la mayor parte de la privatización
realizó en O~aca entre 1880 y 1910, y fue en la década de 1890
cuando se expenmentó el número más alto de transacciones.
Entre 1889 Y 1903, 3 533 propietarios recibieron 5 O()() 085 hectáreas·
4_ 208 218 hectáreas fueron privatizadas en las regiones periféricas2.S EÍ
; 1stema_de tenencia de la tierra en Oaxaca sufrió una importante tra.nsormac1ó~: los comuneros se convirtieron en propietarios privados
de peg~enos lotes (con un valor no mayor que de J00 ó 200
depen~iendo de la región), e intereses privados establecieron fin%:ss~~
extensiones más amplias.

�16

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Las mujeres tuvieron actividad en diversos niveles de esta transfonnación
agraria. En 1895, la población de Oaxaca era de 884 909, de l?s cuales
287 713 hombres y 68 472 mujeres aparecían como econórru~ame~te
activos. Las circulares y decretos referentes al proces~ de_ en~Jenac1ón
dejó en claro que las tierras comunal~s deberían ~~r d1str~bu1das entre
las viudas con hijos y todos los demás Jefes de fanuba. La uerra restante
podría ser concedida en parcelas a hombres solteros mayores de _21
años, 0 más jóvenes si no contaban con tutores legales. Las parcelas deb1an
ser iguales y tener un valor no mayor que 1~ pesos cada una. Lue~o, la
tierra restante podía venderse a jefes de familia del pueblo, y despues de
26
todo eso, ofrecida en subasta pública a cualquier persona •

Cada poblado tenía que llevar un ~?s~ de poblac~ón con el ?bjeto de
definir las personas idóneas para rec1b1r berras. El numero de viudas con
hijos que recibieron parcelas es sorprendente. El censo de 1895, lev~tado en la capital del municipio de Juquila, en el coraz?n de la reg1ó~
cafetalera de la costa, indicó que 182 hombres y 58 muJeres eran elegibles. Dado que el valor de la parcela no debía exceder los 200 -~s, Y
con base en el costo de la tierra en la región, cada persona rec1bma 96
hectáreas, una parcela considerable21 •
En el poblado de Chilchotla, en el distrito cafetalero de Teotitlán,
cerca de la frontera con Puebla, los lugareños solicitar?º en 18_9? ~a
distribución de tierras comunales. La población de elegibles se dividía
en 112 hombres casados, 31 solteros y 50 viudas. De acuerd~ ~n el mapa
incluído en el expediente del archivo, ca?a persona !ec1b1ó parcelas
iguales de diez hectáreas de tierra cultivable y seis de monte en
diciembre de 1893. Es interesante hacer notar que el mapa m~estra q~e
todas las parcelas de las mujeres se encontraban en una sección destinada sólo a ellas. No se proporciona ninguna razón al re~pe_cto, pe~o
como muchas trabajaban su propia tierra tal vez se supoma 1mprop10
que laboraran junto a los hombres casados2ª.
Muchos pueblos solicitaron con renuencia la distribución de sus tierras
comunales en propiedad privada porque temían perderlas a manos de
capitalistas y especuladores. Esta fue tal vez la _situación en Chilchotla
y Juquila, localizadas ambas en prósperas reg1o~es cafe~eras, Y fue
definitivamente el caso de los indios de Ozumacm en.la nea comar~a
tropical de Tuxtepec, quienes temían que se las arrebatara Eugemo
Chuetz en 1887. En esta región se distribuyeron 90 000 varas e~ lotes
iguales entre 153 beneficiarios: 78 hombres casados, 35 solteros, 5 viudos,

Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oaxaca

17

34 viudas y una soltera llamada Manuela Santiago. Si bien recibieron
las primeras parcelas de la lista, también fueron segregadas a un sector de puras mujeres29 •
El tema de las viudas como propietarias de tierras es una veta de
indagaciones que aún no ha sido explotada. No tuvieron un destino
fácil : sin hombres que las defendieran, se convirtieron en blanco de los
saqueadores. Tal fue el caso en 1903 de Soledad García de Usila, que se
quejó ante el gobernador de los abusos de las autoridades locales.
Federico Ocampo, maestro local y secretario municipal en funciones ,
había convencido a otra viuda, Dolores Miguel (cuyo esposo había
vendido tierras legalmente a la señora García), para que negara la
validez de dicha operacion. No se dispone de infonnación acerca de
la relación entre Ocampo y la viuda Miguel, pero es evidente que vio
la posibilidad de ganar si ella volvía a adueñarse de la tierra. La señora
García se vio obligada a viajar a la cabecera del distrito de Tuxtepec,
abandonar su hogar, sus animales y su milpa (maizal), "su único
patrimonio y sustento", para presentar su caso ante las autoridades
superiores, quienes reafirmaron su derecho sobre la propiedad y
ordenaron destituir a Ocampo como secretario municipal 30•
En los tres casos analizados arriba, por cada tres hombres que
recibían tierras había aproximadamente una viuda. El número de viudas
parece desusadamente alto: más o menos un 25% de los beneficiarios
en Juquila y casi un 23% en Ozumacín. Esto no guarda ninguna relación
con las estadísticas disponibles y la imagen en general de las mujeres
como propietarias de tierras durante el porfiriato. En 1882, 52.83% de
las defunciones en Oaxaca correspondieron a hombres y 47.17% a mujeres31•
Aunque la tasa de mortalidad de las mujeres fue considerablemente menor
que la de los hombres, no explica el número de viudas en estos poblados.
Ciertamente, los hombres casados con mujeres mucho más jóvenes
tenían más probabilidad de fallecer antes que sus esposas; o tal vez
las viudas tenían menos probabilidades de volverse a casar que los viudos.
No obstante, se podría especular que no todas ellas eran en realidad
viudas. ¿Podría ser que se reconociera a las madres solteras como viudas,
para que no constituyeran una carga para las autoridades municipales?
Es una pregunta que requiere más investigación.

�18

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

MUJERES Y ESPECULACION DE TIERRAS
El estudio del Fondo de Adjudicaciones y Conflictos de los Archivos
del Estado de Oaxaca indica que las mujeres con capital aprovecharon
la privatización de propiedades comunales para adquirir terrenos. La
investigación de archivos muestra además que las mujeres eran las
compradoras más activas de tierra en los municipios de Juchitán,
Cuicatlán, Teotitlán y Jamiltepec, aunque resultaban mucho menos prominentes en Tuxtepec, Choapan y Pochutla.
De hecho, las mujeres estuvieron listas para aprovechar las nuevas
leyes agrarias desde los mismos inicios. A pocos meses de la publicación
de la ley Lerdo, Brígida Mendoza de Juquila solicitó la privatización
de un solar de tierra municipal que había estado rentando (por cinco pesos
al año) y que era su única fuente de ingresos en su viudez. Por desgracia
tropezó con don Miguel Calleja, que ya había peticionado las mismas
tierras, así como otras pertenecientes a poblaciones cercanas. Este
conflicto de intereses obligó a las autoridades a investigar la
situación. Aunque la señora Mendoza no era capaz de estampar su
firma en la petición, fue lo bastante lista como para registrar a tiempo
su solicitud no sólo por las tierras que rentaba, sino por las de sus
vecinos, a cuyas expensas esperaba ensanchar sus propiedades. Sus
ambiciones chocaron con la aún más audaz petición de Calleja quien,
debido a su influencia con las autoridades locales, llegó a ganar,
aunque el terreno se redujo. Sin embargo, Calleja consiguió la
parcela de la viuda porque ella carecía de los documentos que pro·
32
baran que había rentado la tierra durante todo ese tiempo • Esta era
una desgracia común. Los contratos de renta eran a menudo verbales, y
la gente analfabeta no siempre estaba enterada de la documentacion
necesaria para propósitos administrativos.
El gobierno estatal estaba bien consciente de la especulación de
tierras en la década de 1890. Fn un comunicado fechado el 1 de noviembre
de 1893, el gobernador previno a los jefes políticos de Etla, Teotitlán,
Villa Alta y Pochutla en contra de "especuladores sin conciencia que
han denunciado como baldíos los terrenos comunales de los pueblos".
Se pidió a los jefes políticos que reportaran esta situación y, al mismo
tiempo, aseguraran a cualquier poblado amenazado que "el gobierno llegaría hasta donde fuera necesario para encargarse de que no los
despojaran"".

Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oaxaca

19

Sin embargo, la especulación ocasionada por la privatización continuó con rapidez. Después de que los excomuneros de Chilchotla
recibieron diez hectáreas de tierra cultivable y seis de monte cada
uno, las tierras restantes fueron subastadas a propietarios privados.
Tan sólo en 1893 se vendieron cincuenta terrenos (quince de ellos de
mil o más hectáreas) a cuarenta y un personas, de las cuales tres eran
mujeres. Tanto Rafaela Gómez como María de Jesús Gómez compraron
508 hectáreas cada una, a un costo de 550 pesos. Angela Olivares
adquirió 1001 hectáreas por 1100 pesos en Chilchotla y, al año siguiente,
otras mil en Teponaxtla, en el vecino distrito de Cuicatlán. Manuela
Muñoz y sus socios se hicieron de 3 000 hectáreas en Teponaxtla por
3 300 pesos Gunio de 1894}'4.

Las mujeres también compraron tierras en el próspero distrito costero
de Jamiltepec. El mayor de los trece terrenos enajenados en Pinotepa
Nacional en 1856 fue para Marcelina Meto: cinco leguas por 500
pesos. En 1873, de nueve terrenos privatizados en Tlacamama,
Bárbara Díaz compró una legua por 333 pesos y los otros ocho terrenos
(de iguales o menores dimensiones) fueron vendidos a hombres. María
Eulogia Guzmán adquirió tres leguas en 1856 en Y xcapa por 1 000 pesos 35 •
No .es de sorprender que la región en que las mujeres se mostraran
más activas en la adquisición de tierras fuera Juchitán, en el Istmo de
Tehuantepec. Las mujeres de los distritos ístmicos de Juchitán y
Tehuantepec eran famosas por su laboriosidad e independencia; controlaban el comercio local en los mercados y eran aficionadas a usar
pesada joyería de oro para anunciar su riqueza36 •
En su calidad de sitios productores de café, hule, añil, cítricos y
ganado, Juchitán y, en menor grado, Tehuantepec, se convirtieron en
los blancos principales de los capitalistas , mujeres incluídas. Ya
desde 1856 las mujeres aprovecharon la privatización en ese lugar;
por ejemplo, Genoveva de la Rosa compró siete leguas de tierra en
Zanatepec por 1 533 pesos. En Niltepec, de los 32 terrenos privatizados, nueve fueron para mujeres. En Tapanatepec tres de los siete terrenos
disponibles fueron adquiridos por mujeres. Resulta significativo que
la mayor parte de la tierra comprada por mujeres consistiera en
terrenos medianos con un costo de entre 50 pesos y 100 pesos. En la
región ganadera de Juchitán las mujeres se hicieron rancheras. Para
1912 Josefa Toledo y Saveida Nieto poseían cada una ranchos de más
de mil hectáreas en Ixhuatán37 •

�20

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Probablemente la mujer más famosa del Istmo en tiempos de
Porfirio Diaz fue Doña Catalina Romero (conocida cariñosamente en
Oaxaca como Juana Cata), cacica y benefactora del pueblo de
Tehuantepec. Nunca estuvo casada, y se dice que fue el único amor
duradero del presidente Díaz. Se conocieron por 1860 cuando Díaz
era el joven prefecto de Tehuantepec. Cuenta la historia que cuando
el Ferrocarril Nacional de Tehuantepec se construyó en la década de
1890, los rieles se trazaron de modo que pasaran directamente frente
a la casa de Juana Cata para comodidad del mandatario.
Pero Juana Cata no se convirtió en cacica ni se ganó el respeto a
causa de sus amoríos. De hecho esa relación la perjudicó, ya que por
tradición Tehuantepec apoyaba al partido Conservador mientras que
Díaz era un liberal radical. Ella fue rica por derecho propio, por su
calidad de comerciante y propietaria de la finca azucarera Santa
Teresa; sus productos ganaron competencias internacionales, con premios en el Palacio de Cristal de Londres y la Feria Mundial de San
Luis. Fue responsable de la reconstrucción de la catedral, el convento y el
cementerio de la ciudad, y fundó dos escuelas católicas: una para
varones y otra para señoritas38 •
Para que una mujer casada pudiera aprovechar la venta de tierras
municipales necesitaba el permiso formal del marido. En 1903, la señora
de Jesús Sandoval de Ziga compró 1 342 hectáreas en el poblado de
Tonameca, en el rico distrito azucarero de Pochutla. Pero ella y su
esposo tuvieron que presentarse previamente ante el alcalde y el secretario del ayuntamiento para que ella pudiera obtener su licencia marital.
Cuando Sandoval declaró en forma verbal que otorgaba libremente a
su mujer la licencia marital que requería la ley para que pudiera
realizar la compra, el juez dio validez a la licencia y se finnó el contrato de venta.
Un acto legal similar se necesitaba para que una mujer delegara
poder en sus hijos. En el mismo pueblo de Tonameca, en 1902, la
viuda Luisa Merlín de Gómez compareció ante las autoridades del
pueblo con su hijo, Estanislao Gómez, para transferirle su poder
legal, de modo que pudiera administrar sus propiedades. Este acto
también requería que ambas partes comparecieran en persona39•

Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oa.xaca

21

MUJERES Y PROTESTA AGRARIA
Las muje_res habían teni?o una importante participación en las protestas agranas desde los tiempos de la Colonia, y continuaron activas
40
dur~nte el P?1;6~ato • El avance de la agricultura capitalista en las
regiones penfencas, en tierras que originalmente pertenecieron a los
poblad?s, a m~nu,do encontró una sólida resistencia por parte de las
c?mumda~es md1genas. &lt;?t~as comunidades, como ya hemos visto,
v1~ron vemr las c?sas y sohc1taron la división de sus tierras en parcelas
pnvadas para evitar perderlas a manos de extraños. En ocasiones ni
esto fue suficiente.
La lucha que librab~ l?s lugareños de Usila, en el distrito de Tuxtepec,
es revela~a por sus suplicas de ayuda ante el gobierno del estado. En
1882 las tterras del pueblo habían sido debidamente distribuídas entre
los ;omuneros en forma de propiedad privada, y cada uno de ellos
babia p~gado cinco pesos por el título de propiedad. Los lugareños
establecieron s~s hog~~s en estas parcelas y plantaron cafetos, un poco
de tabaco, ma1z y fnJol. En l 897, en alianza con las autoridades
municipales, la firma Vives y Nouvelares obtuvo un extenso terreno en
Usila que incluía la~ parcelas de algunos campesinos y amenazaba
de otros. Los _habitantes protestaron ante el jefe político, quien les
mf~rmó que sus lltulos no eran legales . Catorce de ellos, incluídas dos
muJer~s, fueron obligados a aceptar un arreglo con los capitalistas
extranJeros que les concedía el control de la tierra (el documento implica que los lugareños terminaron como jornaleros en su propio
suelo) 41 •

!as

~~ 1903. ~os usi_leños protestaron de nuevo, esta vez ante el jefe
po!1tJco rec1en_ designado, pero de nada sirvió. En 1908, para añadir
el msulto a la mjuria, el alcalde de Usila los estuvo presionando para
que pagaran impuestos sobre la tierra a la que supuestamente tenían
derecho, pero ningún control. Las autoridades estatales pusieron oídos
~o~do~ a ~us reclamos, alegando que el caso quedaba fuera de su
Junsd1ccc1ón. En 1909, diecisiete usileños, de los cuales sólo tres habían
formado parte de la primer petición, protestaron por la expansión de
la compañía extranjera hacia sus tierras en contubernio con las
autoridades locales•2 • Aunque los lugareños fueron representados en
Oaxaca por el conocido abogado opositor Juan Sánchez, su caso no
parece haber sido resuelto.

�22

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Una de las batallas más prolongadas que se libraron fue la de los
comuneros de Benito Juárez -colonia de residentes de San Mateo
Piñas en el distrito costero de Pochutla- en contra de los intereses en
expansión del cafeticultor alemán Leo von Brandestein. Tal como
había sucedido en Usila, Brandestein protestaba que había comprado
legalmente el cafetal San Pablo (casi 3 000 hectáreas); los comu?eros
de Benito Juárez insistían, por su lado, en que parte de las poses10nes
de Brandestein eran tierras comunales. En ocasiones defendieron sus
tierras con las armas. Al final Brandestein vendió la propiedad a
Rosing Brothers, compañía inglesa que se hizo cargo de diversas fincas
en el área. Las comuneras viudas tambien se unieron a sus vecinos en
estas protestas tambiénº.
MUJERES COMO JORNALERAS
Uno de los más reveladores expedientes incluye una serie de estadísticas agrícolas para 1907 reunidas por los jefes políticos para el
informe anual del gobernador. Aparte de las cifras de producción, se
registra el número de jornaleros -hombres y mujeres- y sus
salarios diarios por distrito y municipio (cuadro). En 1907, el número
total de jornaleros en el estado (sólo faltan dos distritos) fue de 122 125,
de los cuales 18 238, casi el 15%, eran mujeres. Este es un aumento
extraordinario comparado con el censo de 1900, que no registra jornaleras en Oaxaca44 •
Los datos apoyan la hipótesis de que las mujeres eran más activas
en las regiones periféricas. Muchos de los distritos que retuvieron la
agricultura tradicional en forma de haciendas, minifundios o tierras
comunales no registran mujeres jornaleras, o muestran muy pocas:
Ejutla, Ocotlán y Zimatlán en los distritos de los Valles Centrales, y
Huajuapan, Nochixtlán, Silacayoapan y Teposcolula en los distritos de
la Mixteca.
Los distritos periféricos de Pochutla, Juquila, Jamiltepec, Putla,
Tuxtepec, Tehuantepec y Teotitlán, en cambio, sumaban numerosas
jornaleras. Casi un tercio de los que aparecieron en la list~ de
Cuicatlán eran mujeres. La única anomalía de este grupo era Juch1tán,
que tenía el mayor número de jornaleros del estado pero ninguna
mujer entre ellos. Algo difícil de creer, en especial si se considera la
reputación de las juchitecas por su independencia económica•5•

Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oaxaca

23

JORNALES EN OAXACA, 1907
distrito

jornaleros

hombres

Centro
Cuicatlán
Choapan
Ejulla
Ella
Huajuapan
lxtlán
Jamiltepec
Juchitán
Juquila
Miahuatlán
Nochixtlán
Ocotlán
Pochutla
Pulla
Silacayoapan
Tehuantepec
Teotitlán
Teposcolula
Tlacolula
Tuxtepec
Villa Alta
Yautepec
Zimatlán

5 372
3 000
3 489
5 791
1 134
1 600
2 995
8000
12 818
4 414
10 101

salarios diarios (centavos)

mujeres
496
I 500
44
45
359
811
500
581
3 977

455
859
814
1 927
45
2 151
3 173

223
108
4
700
581

955
4 755
9 810
6 387
3 388
10409

925
1 570
5 350
509

total
103 842
total de trabajadores

18 283
122 125

hombres
50
62
25-50
25-50
25-50
31
38
31
75
37-50
31
25
31-50
25-50
25-100
25-37
20-75

50
15-15
25-44
75
5-37
37
38

mujeres
25
30
12-25
25
6-19
18
18
25-30
18

12-25
37
9-25
31
15-25
44
12
25

Fuente: A&lt;;rno S~.. de G_obiemo . 1908 Varios Distritos Datos y Estadísticas para
la ~emona Adm101stra11va. Se mcluyen todos los distritos del estado excepto
Corxtlahuaca (no ~ay información disponible) y Tlaxiaco (los datos muestran un evidente error; por e1emplo, dan un total de 224 575 trabajadores para un distrito con
una población de 68 000).
•

�24

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

La cuestión parecería girar en tomo a cómo definían los diferentes
jefes políticos el término jornalero, lo cual ignoramos. El distrito de
Villa Alta, que en gran parte mantuvo sus tierras comunales, enlistaba
el mayor número de jornaleras, 5 350; Juchitán, ninguna. Si bien
algunos de los poblados de Villa Alta cultivaban café, este número de
jornaleras parece increíblemente alto dado que el distrito no registraba
ninguna finca o hacienda. El número de jornaleras en 11acolula, Miahuatlán
y Yautepec (las últimas dos contaban con algunas fincas cafetaleras) es
también inexplicablemente alto. Dado el sinnúmero de problemas
vinculados a la recopilación de estadísticas en el México porfiriano,
estos datos sirven tan sólo como guía de las tendencias históricas.
Por lo visto, cuando más baja era la clase social de la mujer más difícil era su situación. Las minifundistas de la Mixteca tenían parcelas
más pequeñas que los hombres, aunque no siempre era así. Los
salarios de las jornaleras eran mucho más bajos que los de los hombres:
por lo común la mitad o menos de la mitad por el mismo trabajo.
Algunas mujeres percibían sólo seis o más centavos, mientras que los
hombres del mismo distrito recibían 25 ó 50 centavos al día, como en
el caso de Etla y Tehuantepec. Los hombres cobraban hasta un peso
en el inflacionario puerto de Salina Cruz, pero las mujeres ganaban
sólo 25 centavos al día. Los salarios de los hombres tendían a ser más
altos en la agricultura comercial de los distritos periféricos; los de las
mujeres también, pero aún así ganaban apenas la mitad de lo que
obtenían los hombres.
El cuadro muestra que el salario de los jornaleros en el distrito de
Tuxtepec era de 75 centavos, mientras que las jornaleras percibían 44
centavos al día, el más alto de los salarios de la lista. Sin embargo,
existen razones para dudar de estas cifras. Tuxtepec se distinguió
durante el Porfiriato por sus deplorables condiciones laborales, y al
Valle Nacional se le conocía también como Valle de Lágrimas46 •
Aislado en los trópicos, donde la mano de obra era escasa, este distrito
se convirtió en el principal productor de tabaco de muy alta calidad a
fines del siglo XIX. La especulación de tierras y la adquisición ilegal de
terrenos indígenas eran comunes, como se vio en Usila. Los primeros
en llegar para explotar el comercio del tabaco procedían de España,
Cuba y las Islas Canarias. A éstos les siguió una plétora de compañías
norteamericanas, inglesas, francesas e italianas, que también producían
café, algodón y hule. Cuando la región ya no pudo proporcionar la mano

Chassen-L6pez: Mujeres y agricultura en Oaxaca

25

de obra necesaria, hicieron venir trabajadores de toda la nación. Una
lista de 1907 con 33 contratas (como se les llamaba a los jornaleros en
Tuxtepec) incluía a cuatro mujeres de cuatro diferentes estados:
Michoacán, San Luis Potosí, Querétaro y México. Atraídos por la promesa de altos salarios, hombres y mujeres llegaban para encontrarse con
horrendas condiciones de vida. Los trabajadores eran vigilados por
un ejército de capataces que empuñaban látigos, y se ofrecían recompensas a quienes hicieran regresar a los que escapaban. John Kenneth
Tumer, que visitó la zona en 1908, calculó que los trabajadores de
Tuxtepec vivían un máximo de siete u ocho mesesº.
Los disidentes políticos a menudo eran exiliados en el Valle
Nacional. Los borrachos que se quedaban dormidos en las calles de
cualquier ciudad mexicana podían encontrarse, al despertar, en un
tren camino a Tuxtepec. Los dueños de las fincas tenían que pagarles
a los agentes o políticos por cada trabajador en potencia: los hombres
costaban sesenta pesos antes de la crisis de 1907, y cuarenta y cinco
después; las mujeres y los niños, la mitad. Turner calculó que las
mujeres formaban un quinto de la fuerza laboral, cifra más alta que el
14% aproximado según las cifras del cuadro. Las mujeres no sólo trabajaban en los campos, sino que también cocinaban, cosían y limpiaban. Cuando Tumer le preguntó al alcalde del Valle Nacional por qué
los finqueros no instalaban molinos baratos para moler el maíz, le contestó: "Las mujeres son más baratas que las máquinas"48 •
Muchos contratas del Valle Nacional habían sido enganchados con
un adelanto que se suponía debían pagar con su trabajo (una forma de
peonaje endeudado) Pero se les pagaba con vales que podían usar
solamente en la tienda de la compañía, donde los precios estaban
inflados. En deuda permanente, nunca podían aspirar a trabajar hasta
pagarla y la mayoría moría antes. Si bien en muchos aspectos los trabajadores eran tratados como esclavos, no era el mismo tipo de
esclavitud que había existido en los Estados Unidos, ya que recibían
un salario en el papel. Las relaciones laborales en Tuxtepec
combinaban el sistema de peonaje de enganche/deuda con aspectos
de esclavitud49•

Las condiciones de vida en las plantaciones de tabaco de Tuxtepec eran
intolerables. Cada noche los trabajadores eran apiñados en dormitorios
con piso de tierra. Dependiendo del tamaño de la finca, podía haber
de 70 a 400 hombres, mujeres y niños en estas cárceles, parecidas a

�26

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

establos con rejas en las ventanas. El relato de Tumer, que aquí cito, es
aterrador:
Y en ninguno de los ranchos encontré un dormitorio separado
para las mujeres o los niños. Cada semana, mujeres de pudor y virtud
son enviadas al Valle Nacional y arrojadas a un dormitorio con veintenas e incluso centenares de personas, la mayoría hombres. Detrás
de ellas, la puerta se cierra con llave y así quedan a merced de los
hombres. Mexicanos honestos y trabajadores son llevados al Valle
Nacional junto con sus esposas e hijos. Si la esposa tiene apariencia
atractiva, es para el dueño de la finca o para uno o más de los jefes.
Los niños ven cómo se llevan a su madre y saben lo que le espera. El
esposo lo sabe, pero si pone objeciones se le contesta a garrotazos.
Una y otra vez me dijeron que así era esto, los amos, los esclavos y
los funcionarios. Y las mujeres que son empujadas a la lata de sardi50
nas tienen que cuidarse por sí mismas •

CONCLUSIONES
Ya fuera como terratenientes, hacendadas, finqueras que cultivaban
para vender, dueñas de ranchos ganaderos, minifundistas, comuneras,
terrazgueras, jornaleras, o contratas de Tuxtepec, las mujeres de
todas las clases sociales estuvieron comprometidas en labores y
empresas agrícolas. En ninguno de los niveles económicos de la agricultura oaxaqueña estuvo ausente la participación femenina durante
el Porfiriato; sin embargo, la cantidad, calidad y nivel de participación variaba de acuerdo con la posición de la mujer en la estructura
social. Las mujeres de la élite eran dueñas de haciendas y fincas, y
especulaban con las tierras comunales privatizadas. Eran pocas, pero
su poder económico fue significativo.

Es imposible asomarse al corazón de la familia rural oaxaqueña de hace
un siglo para determinar con exactitud la medida en que intervenía la
mujer en los asuntos cotidianos del manejo agrícola.La señora de
Jesús Sandoval de Ziga, ¿tenía un interés directo por las tierras que
adquirió en Pochutla, o utilizó su riqueza para incrementar los bienes
de la familia mientras que su esposo, que poseía otras fincas en el área,
administraba las tierras de ella? Las terratenientes de Teotitlán,
Cuicatlán y Jamiltepec, ¿en realidad establecieron fincas capitalistas
por sí mismas, o también utilizaron su riqueza personal basándose en
los consejos de sus esposos o hijos? Lo que sí sabemos es que Juliana
Ruiz de Pérez se vio directamente involucrada en una disputa con sus

Chassen-lópez.. Mul)·eres y agncultura
.
en Oaxaca

27

terr~gueros, como lo estuvo Mar arita T
más información de otras fuente g
. rápaga. ~ay que entresacar
privados) para entender ué tan sa~~~ch1vos notan~les, judiciales y
mujeres de la élite5'.
q
ivas en la agricultura eran las
A medida que descendía el nivel
ó .
la probabilidad de que se involucraraeco; mico ?e la mujer, aumentaba
como cualitativamente El
en_ orma d1recta, tanto cuantitativa
nivel campesino (minifunctfs~:~entaJe calculado de agricultoras a
asombroso si se le com ara / comuneras)_p~r pueblo resulta
nacionales. Esto es inclusp á on las estad1st1cas estatales o
,
.
o m s acertado en Jo
f'
numero de Jornaleras Las m .
d
que se re 1ere al
Teitipac componían ei % /J~res _e! poblado de San Sebastián
25
15% de las jornaleras en i°9o; as mm1fundistas en 1888 Y casi el
pudieron haber trabajado ta b ~;unque algunas de las campesinas
Catarina Adéquez y Santiago ;at;a::al~olmo te?1poraleras). En Santa
8% de los campesinos con tierras
as_ muJeres formaban el 11 % y
privatización en Juquila, Chilchotl~resgect1va~ente. En el proceso de
de quienes reci?ieron tierras eran ~iu~~ma~n, entre el 231 el 26%
mentos de archivo, las jornaleras com s_- e h_echo, segun docub~jadores agrícolas asaJariados del est~on1an casi el 15% de los trab1en estos datos no sustituyen las est d' o _de Oaxaca (ver cuadro). Si
constituyen un serio reto al p t da i~ticas estatales o nacionales
femenino en la agricultura del Mu~ ~ e vista_ prevaleciente del papeÍ
ex1co porfinsta52.
En los niveles económicos i ~ .
directamente comprometidas en lo~ enores la~ ?1ujeres estaban más
sobre todo las viudas cu
asl untos cot1d1anos de la agricultura
•
• yas parce as constituía
f
.
'
n su uente principal
de ingresos.Tanto Brígida M d
que sus tierras eran su úni~~
Sol_edad García insistían en
abandonar sus animales y su mil a
'. arc1_a lamentaba tener que
de Tuxtepec. Las parcelas que pop~ ir a 9ueJarse ante las autoridades
demasiado pequeñas como afa se1an c~s1 to~as las campesinas eran
contratar jornaleros.
p
producu el ingreso suficiente para

ii:t~~~~

. Cuanto más baja era la clase social d
.
vivía por el doble yugo de la d . Id e una muJer, más sojuzgada
L_as campesinas de la Mixteca etg~a Iad económica y el patriarcado.
vmdas a quienes se concedía tieenian as parcelas más pequeñas. Las
área determinada (se igno
. rras c?munales eran confinadas a un
ra s1 estas tierras tenían la misma calidad

�28

Siglo XIX. Cuadernos de Historia
Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oaxaca

que )as concedidas a los hombres). Como_jornaleras: ganaban J~ mitad
0 menos de la mitad que los hombres haciendo el mismo trabaJo.
En las plantaciones tabacaleras las mujere_s vivier~n la peor
pesadilla del México porfirista. Obligadas a trabaJar como Jornaleras,
también eran responsables de moler el maíz, hacer tortillas, y coser Y
lavar la ropa de la población masculina, y eran sexualmente
explotadas por administradores y trabajadores.
Hemos visto que las mujeres tuvieron actividad en la agric~Jtura
desde antes que el capitalismo se conv!rti~ra en el
dommante
de producción, pero la agricultura cap1tahsta_ l~s ex1g1ó ~n~ mayor
integración a la fuerza laboral rura.53 • La trans~c1ón al cap1tahsmo en
América Latina trajo condiciones de explotación extremas, en especial para las mujeres. El alcalde del Valle Nacional decía la verdad:
las mujeres eran más baratas que las máquinas, y mucho más_ baratas
que los hombres. De hecho, la parte represen!8da por las muJ_e~es en
la fuerza laboral agrícola barata que se necesitó para la trans1c1ó~ al
capitalismo tuvo una importancia mucho mayor que la reconocida
por los historiadores.

~&lt;&gt;?º

Las mujeres tendían a ser más activas en la a_gricultura en las
regiones periféricas del estado, lo cual refuerza la tesis de que ~u papel
se incrementó con el desenvolvimiento de la agricultura comercial. Esto
parece ser válido para las mujeres de casi todas las categorías aquí
analizadas: hacendadas, fi nqueras, rancheras, especuladoras,
comuneras y jornaleras-54 (la excepción la constituyeron las_terrazgueras,
pero éstas han sido documentadas solamente en la región del Valle
Central).
La invisibilidad de las mujeres en la agricultura es triste pero certeramente simbolizada por la segregación de las campesinas _viudas, que
trabajaban su tierra en ghettos femenino. Pero con el h~mpo estos
ghettos desaparecieron a medida que la tierra pasaba de las vmdas a sus
hijos y nuevas viudas e hijas heredaban ~~celas ~n otras p~es de los
terrenos comunitarios. Las mujeres tamb1en contmuaron umendo sus
fuerzas a la de sus vecinos varones en la protesta agraria, ya fuera
para defender su derecho a las tierras comunales o para evi~ que sus
propias tierras privatizadas les fueran arrebatadas por los mtereses
capitalistas en expansión.

29

Diversos factores no han sido tratados aquí, incluyendo la composición
étnica de las mujeres en la tenencia de la tierra, aunque es una cuestión
importante. La documentación que utilicé no suele indicar los
antecedentes étnicos o raciales de los sujetos. Tampoco se dispone de
estadísticas de producción comparativas entre hombres y mujeres.

Existe una mgente necesidad de analizar el papel de las viudas en el sistema
económico. Dependiendo de la clase social de la mujer, la viudez podía
resultar emancipadora (en el caso de las mujeres de élite y de clase
55
media) o debilitante. Es indudable que a menudo conducía a las
mujeres de las clases inferiores hacia peores penurias . Una conjetura
posible, derivada de la documentación aquí presentada, es que las viudas
eran las mujeres más activas en la agricultura de la Oaxaca porfiriana.
Como Florencia Mallon recalca, debe establecerse la participación
económica de la mujer con el objeto de "evitar atribuir su subordinación
al simple hecho de estar excluidas de la esfera pública o del trabajo
productivo". Pero esta participación, medida en forma cuantitativa
(como aquí), no describe toda la historia de las relaciones de género en
estas sociedades. Mallon sugiere que los análisis cualitativos documentarán un "alto grado de control patriarcal sobre las mujeres, ejercido en el
ámbito doméstico y reforzado mediante instituciones legales y políticas" .56
Hemos ofrecido destellos de esta realidad. Pero es verdad que las mujeres
que recibían parcelas dentro de la comunidad no obtenían la igualdad
política: el poder económico no conducía hacia un concomitante
poder político. La estructura patriarcal de la sociedad se mantenía.

NOTAS

1. Jorge Hemández Díaz, "Mujeres chalinas, matrimonio y trabajo", en Las mujeres en
el campo, comp. Josefina Aranda, Instituto de Investigaciones Sociológicas de la
Universidad Autónoma Benito Juárez, Oaxaca, 1988, pp. 291-92; Silvia Marina
Arrom, The Women of Mexico City, 1790-1857, Stanford University Press, 1985,
1, 154ff.; Margaret Towner, "Monopoly Capitalism and Women's Work During
the Porfiriato", Latin American Perspectives 4.1-2, números 12-13, era probablemente aún más importante que su participación en la agricultura.

�30

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

2. El único estudio histórico sobre la mujer en la agricultura en Oaxaca es el análisis que hace Kate Young de las mujeres rurales en la Sierra Juárez, el cual contiene en su mayor parte especulación y teoría marxista; véase "Modes of
Appropriation and the Sexual Division of Labour: A Case Study from Oaxaca,
Mexico", en Feminism and Materialism: Women and Modes of Production, ed.
Annettte Kuhn y AnnMarie Wolpe, Routledge y Kegan Paul, Londres, 1978, pp.
123-54.
3. Véase, por ejemplo, John Coatsworth, "Anotaciones sobre la producción de alimentos en el porfiriato", Historia Mexicana 25.2, 1976. Margaret Towner utilizó
los datos deEsradísticas Económicas del Porfiriato recopiladas por el Colegio de
México en "Monopoly Capitalism", pp. 99-100. Véase Censo General de
Población, 1900, Estado de Oaxaca, 3 v, México, Dirección General de
Estadística.
4. Carmen Diana Deere y Magdalena León caracterizan la agricultura del
campesinado latinoamericano como family farming system, en el que las
mujeres, los niños y los hombres se comprometen en numerosas actividades
además del trabajo en el campo, tales como cría de animales, administración de
recursos naturales y mercadeo. Las mujeres también "llevaban la carga de las tareas
reproductivas"; véanse Deere y León, eds., Rural Women and State Policy:
Feminine Perspectives on Latin American Agricultura/ Developmen, Boulder:
Westview Press, 1987, pp. 1-6; Verena Stolcke, "The Exploitation of Family
Morality: Labor Systems and Farnily Structures on Sao Paulo Coffee Plantations,
1850-1979", en Kinship ldeology and Practice in Latin America, ed. Raymond
T. Smith, Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1984, 264ff.; y
Stolcke, Coffee Planters, Workers and Wives: Class Conflict and Gender
Relations on Sao Paulo Plantations, 1850-1980, New York: St. Martin's Press,
1988. El uso del término farms o Jarming systems es controversia( para el período
histórico tratado en este ensayo, porque América Latina no siguió el camino de
los granjeros hacia el capitalismo.

5. Asunción Lavín señala esto en "Sorne Final Considerations on Trends and lssues
in Latin American Women's History", en Latin American Women: Historical
Perspectives, Westport, Connecticut., Greenwood Press, 1978, p . 313. K. Lynn
Stoner enfatiza la necesidad de más estudios históricos en "Direction, 1987, pp.
101-3. La perspectiva histórica es examinada por Stolcke en "Exploitation" y
Coffee Planters, así como en Florence Mallon, "Gender and Class in the
Transition to Capitalism Household and Mode of Production in Central Peru",
Latin American Perspectives 13.1, 1986 pp. 147-74. Sobre las mujeres de la élite,
véase Fiona Wilson, "Marriage, Property, and the Position of Women in the
Peruvian Central Andes", en R. Smith, Kinship. Sobre Oaxaca y México, véanse
los artículos en Aranda, Las mujeres.
6. Deere y León subrayan la necesidad de investigar "qué trabajo hacían en realidad
las mujeres y cómo cambió esto con el tiempo, y ... en qué forma se relacionaba la
participación económica de la mujer con su posición de clase y estatus social".
Rural Women, pp. 2-6. Utilizo finca para referirme a las nuevas propiedades agrícolas cuya producción de cultivos comerciales estaba integrada al mercado
capitalista. Este era el término común utilizado en Oaxaca en esa época. Sin
embargo, el tamaño preciso de las fincas es indefinido; variaban desde 30 hectáreas
hasta más de 1 000. Al propietario de una finca se le llama finquero o finquera.

Chassen-lópez: Mujeres y agricultura en Oaxaca

31

7. Lourdes Arizpe y Carlota Bote "M ·
·
Its Impact on Rural Women,,Y~n ;:;~:n ~ul~ral Development Policy and
Towner," Monopoly Capitalis~"- y Carmy R n, ~rsal W?men, 67~f. Véanse
•
en amos, eñontas Porfinanas".

ef

8. Las solteras podían ser emancipadas or
d
mediante una orden de los tribunales si padsus pa ~es b1e manera voluntaria 0
cipadas automáticamente si estaba inca ac· re era cu pa e de abuso. "Eran emano era desterrado de ta región" A P itat% po~ enfermedad, cometía incesto
"Changes in Mexican Family Law'in ~~~¡ te tho;en, p. 58; véase Arrom,
1870 and 1884", Journa/ of Family History
?vil Codes of
1985

%~::_n ~~~?~o~f

9. Véase Arrom, The Women pp 68-75·
.
consúltese Wilson "M · ' p.
• para e 1 eStatus legal de la muJer en Perú
,
amage, roperty".
,

b

10. Charles Brasseur Viaje por el l t
d Ti h
Económica 1984' p 131 Sant mo • e e uan_tepec, México, Fondo de Cultura
maíz. En 1910 te~í~ una· pobl~ció~mJ~gl ~a~b~~n prod~ía- a]godón, a~il, frijol y
2
hombres y ~ujeres; véase División territoriatd:~~~Í:st~~~;di! I-rr M1gual_ entre
correspondiente al Censo de 1910 Et d 0 d O
os ex1canos
Jmpresora de 1a Secretaría de Hacienda· 1918
s L Ve axaca • México
Of ·
.
,
icrna
ducción de caña de azúcar y maíz A, rch· . Ga ental edstaba dedicada a la pro(AGEO) S
,
,
ivo enera el Estado de O
Estadísti~as~retana de Gobierno, Fomento, febrero de 1912, Varios

ª

Di:,~~~!:

l l. Véanse AGEO, Conflictos, Leg. 49 Ex 30 l904·
.
Agencies, Mines &amp; Haciendas Méxi~·o· Á
.' y p G. Holrnes, 7ñe Directory of

B

rCiu~~!iu~ ~~: ~:;: :;:;!\~:: ftºG:~~,~~-B~y;,:~~t~;~~f¡ ¿~~j~;

si·
originalmente propiedad de Trápaga ),
la -~ac1enda San Isidro había sido
F~mento, febrero de 1912, Varios D¡¿tritit~~~-• ~GEO, Sec._ de Gobierno,
D1az fue dueña de la Hacienda de A u
'
istJcas. Marganta Trápaga de
Arellanes "Del c
C
g. ayo en la década de 1920. Véase Anselmo
I
'
amarazo a ardemsmo" en Hist . d l

mexicana: Estado de Oax

c;;:t"to

Editores, Universidad Autó:i;~
del Agrarismo en México, 1988, 2:97.

•. .

'!na e a cuestión agraria

Le11cia Rema, México,_ Juan_ Pa~los
Juárez, Centro de Estudios Históncos

12 - En los documentos su nombre ap
D ~
..
estatus socioeconómico
AG:~
o~a Tranqu1lma; el doña denota un
·
• ~u 1cac10nes, Leg. 12, Exp. 16, l892 _

alto

f1·mJ

Jºl,

l3. AGEO, Sec de Gobiern
·
b d 1
M_iahuatlán; ~éanse Holms~bf~i!~~ re 30; .
iuestiones Laborales,
D1rectory of Mines and Estafes of Mex! p. Mé '. . 1· oulhworth, The Official
de Gobierno, Fomento febrero de t91i'cvo, . xD1~0,. 910, p. 2~0: y AGEO, Sec.
'
, anos 1str11os, Estad1s11cas.
14. AGEO, Sec. de Gobierno· 1888 Le 96 E
, .
Distritos,DatosyEstadísli.
• 1 gM. '_xp.17_,~sta~ishcas; 1908, Varios
cas para a emona Adnumstral!va.
15· La Mixteca incluye el noroeste de Oaxac
·
residencia de los indios mixtecos Se ~Y ~rc10n~_del sur de Puebla, área de
Teposcolula Coixtlahuaca Ti . iv1 e en _1xteca 'Alta (Nochixtlán,
Silacayoapan iuxtlahuaca y Putl/) J~¡aco), y la ~1xteca Baja (Huajuapan,
Sec d G Ob:
.
epec se considera la Mixteca Ca.ta AGEO
· e
ierno, 1888, Estadísticas, Leg. 96, Exps. 4 , 10 y l l.
·
•

�32

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

16. Véanse T. G. Powell, "Los liberales, el campesinado indígena y los problemas
agrarios durante la Reforma": y Donald J. Fraser, "La política de desamortización en las comunidades indígenas, 1856-1872", ambos en Historia Mexicana
21.4, 1972.
17. Por ejemplo, John Tutino, From lnsurrection to Revolution in Mexico: Social
Bases of Agrarian Violence, 1750-1940, Princeton University Press, 1986;
Friedrich Katz, ed., Riot, Rebellion, ami Revolution: Rural Social Conjlict in
Mexico, Princeton University Press, 1988; y Leticia Reina, Las rebeliones
campesinas en México, 1819-1906, México, Siglo XXI, Editores, 1980.
18. Charles F. Berry, The Reform in Oaxaca, /856-1876: A Microhistory of the
Liberal Revolution, Lincoln, University of Nebraska Press, 1981 : Moisés
González Navarro, "Indio y propiedad en Oaxaca", Historia Mexicana,1958,
pp. 176-78.
19. Peri6dico Oficial del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, junio 26 de 1890, y
febrero 24 de 1893; y Manuel Esparza, "Los proyectos de los liberales en Oaxaca
(1856-1910)", en Reina, Historia de la cuesti6n agraria, 1:288.
20. Estadísticas sociales del Porfiriato, 1877-1910, México, Secretaría de Economía,
1956, pp. 7-9. Véanse Francie R. Chassen y Héctor G. Martínez, "El desarrollo
económico de Oaxaca a finales del porfiriato", Revista Mexicana de Sociología
48.1, 1, tesis doctoral, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986.

1/

21. Las regiones periféricas incluían Tuxtepec y Choapan, los distritos ístmicos de
Juchitán y Tehuantepec, y los distritos costeros de Pochutla, Juquila y Jamiltepec
(incluyo Putla, que se formó en 1906 con partes de Tlaxiaco y Juxtlahuaca, a
causa de su creciente producción azucarera y características compartidas con
Jamiltepec). La región de la Cañada se considera periférica (Teotitlán y
Cuicatlán), ya que la llegada del Ferrocarril Mexicano del Sur actuó como estímulo para la agricultura comercial de esta región. Las regiones que mantuvieron
la agricultura básicamente tradicional para consumo local fueron los Valles
Centrales (distritos Centro, Ocotlán, Zimatlán, Tlacolula, Yautepec, Miahuatlán,
Ejutla y Etla}, la Sierra Juárez (distritos de Ixtlán y Villa Alta) y la Mixteca.
22. Chassen, "Oaxaca": Chassen y Martínez, "Desarrollo económico" ; Carlos
Sánchez Silva, "Estructura de las propiedades agrarias de Oaxaca", en Lecturas
hist6ricas del estado de Oaxaca, vol. 4, 1877-1930, comp. María de los Angeles
Romero Frizzi, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia y
Gobierno del Estado de Oaxaca, 1990, 107ff. Sobre el crecimiento de la
infraestructura, véase Francie R. Chassen, Regiones y ferrocarriles en la Oaxaca
porfirista, Oaxaca, Carteles Editores, 1990.
23. Véase Chassen, "Oaxaca", 84ff. Aquí no se hace distinción en cuanto al tamaño
entre fincas y haciendas,
24. Véase William B. Taylor, Landlord and Peasant in Colonial Oaxaca, Stanford
Univesity Press, 1972; y John Thomas Cassidy, "Haciendas and Pueblos in
Nineteenth Century Oaxaca", tesis doctoral, Universidad de Cambridge, 1981.
Aunque en otras partes de México las haciendas eran empresas económicas
rentables, estos autores encontraron que tal no era el caso en Oaxaca. La información sobre las fincas se encuentra disponible en el Fondo de Adjudicaciones y
Conflictos de la AGEO.

Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oaxaca

33

se

25. Ch~sen, "O.3'5a.ca", 85; Esparza, "Los proyectos", 288ff. Esparza refiere a las
regiones penfencas como La Cañada-Tuxtepec y las regiones costeras del Istmo.
26. Cen~o de 1895, ci!3&lt;;lo en Estadís!icas Hist6ricas de México, México, Instituto
Na~1onal ~e Esta~1st1cas, Geograf1a e Informática, 1985, 1:256. Si el pueblo no
terua suficientes ue1:35 para_dar a ~ada beneficiario una parcela con valor de cien
pesos, el valor pod1a reducirse, siempre y cuando todos recibieran una parcela
igual. "Reglamento", junio 26 de 1890; Peri6dico Oficial,junio 26 de 1890, 2.
La ley de }862 dec~etaba que 1~ parcelas iguales podían valer hasta 200 pesos,
pero parec1a haber cierta confusión en la década de 1890 acerca de si esto significaba 100 ó 200 pesos por persona; véase Esparza, "Los proyectos", pp. 294-95.
27. Esparza, "Los proyectos", pp. 294-95.
28. AGEO, ~djudicaciones, Leg. 27, Exp. 1, Teotitlán, Chilchotla, 1890. Véase las
observaciones de Arro~ S&lt;;&gt;bre la importancia de la propiedad y la tradición
como base para las restncc1ones legales pertenecientes a las mujeres, en The
Women,p. 59.
29. Las !ierras de Teotitlán adquirieron atractivo por estar cercanas al Ferrocarril
Mex!cano ~el Sur, el cual estaba en construcción para 1890 y se terminó en 1892.
Juqutla !ema su espuela e~ el cercano puerto cafetalero de Puerto Angel a orillas
del _Pacifico y el 1mprov1sado puerto de Minizo en la misma costa. Una vara
equivale ~ 83 centímetros. La lista de Ozumacín es una de las pocas que muestra
a una muJer no casada como receptora de tierras, AGEO, Adjudicaciones, Leg.
30, Exp. 15, Tuxtepec, Ozumacín.
30. El tema de las viudas es analizado por Arromen The Women 185-86· y por
Edith Couturi~r, ,'.'Women and the Family in the Eighteenth C~ntury Mexico:
Law and ~act1ce , Journal ofFamily History 10.3, 1985 pp. 298-99. Sobre las viudas ~e la éhte en Peru, consúltese Wilson, "Marriage, Property", AGEO, Conflictos
por IJerras, Leg. 85, Exp. 22, Tuxtepec, Usila.
31. Estadísticas sociales del Porfiriato, p. 159.
32. AGEO, Adjudicaciones, Leg. 17, Exp. 3, Santa Catarina Juquila.
33. AGEO, Adjudicaciones, Leg. 2, Exp. 3, Centro. Los baldíos eran tierras federales
no ocu~adas. ~~ían ser adq~iridos por intereses privados mediante el proceso de
denuncia'. sohcJtándolos abiertamente a las autoridades locales. Una enorme
especula~1ón con baldíos ocurrió durante el Porfiriato. Las tierras pertenecientes
a co'!lumdades podían estar sujetas a denuncias si los títulos comunales eran
~uest1onab_les o s~ habían perdido. De e~ta manera se podía también apoderarse
ilegalmente de tierras cuando las autondades locales actuaban coludidas con
intereses privados.
34. N&lt;;&gt; s~ h~ establecido ninguna relación entre los dos Gómez. AGEO,
AdJud1cac1ones, Leg. 9, Exp. 32, Etla, Cuicatlán, Teotitlá., 1895. Sobre Manuela
Muñoz y sus socios, véase AGEO, Adjudicaciones, Leg. 6, Exp. 26, Cuicatlán
Teponaxtla, 1894.
'
35. AGEO, Adjudicaciones, Leg. 9, Exp. 32, 1895.

�34

Siglo XIX. Cuadernos de Historia
Chassen-López: Mujeres y agricultura en Oaxaca

36. Véase, por ejemplo, Miguel Covarrubias, El Sur d'!_~éxico,. México, Institut~
Nacional Indigenista, 1980; Beverly Newbold de &lt;:;hmas, Mu1eres de San_ Juan.
úz mujer c.0poteca del Istmo en la economfa, México: S_epSetentas, 1975, ~nya
Peterson Royce, Prestigio y ~jiliaci6': en_ una comunidad urbana: Juch1tán,
Oaxaca, México, Instituto Nacional lnd1gemsta, 1975.
37. AGEO Adjudicaciones, Leg. 9, Exp. 32, 1895; AGEO, Sec. de Gobierno,
Foment~. febrero de 1912, Varios Distritos, Estadísticas.
38. /bid. Véase Enrique Kraure, Mfstico de la autorida_&lt;f P'!_rfirio Dfaz, México,
Fondo de Cultura Económica, 1987, pp. 109-110; Dona Juana C. Romero,
Benefactora de Tehuantepec. Discurso del Dr. Samuel Villalo?Os", ~~Alumn'!s,
abril 30 de 1954, p. 2. Véase la descripción de la bella yextraña.J0ven india,deqwen
se dice es la joven Juana Cata, en Brasseur, V,aje, 159-60.
39. AGEO, Adjudicaciones, Leg. 24, Exps. 23 y 24, 1902. Tonameca, Pochutla.
40. William B. Taylor, Drinking, Homicide and Rebellion i'! ~olon_ia/ Afexican
Villages, Stanford University Press, 197~!• 155f!; Let!c1a !lema, De !as
Refonnas Borbónicas a las Leyes de Refonna , en Rema, Historia de la cuestión
agraria, 1:205ff.
41. AGEO, Adjudicaciones, Leg. 43, Exp. 25, 1908; y Leg. 43, Exp. 27, 1909,
Tuxtepec, Usila.
42. /bid.
43. Véase Holmes, Directory, p. 309; AGEO, Sec. de Gobierno, Fomento, febrero_de
1912, Varios Distritos, Estadísticas; enero de 1912, Pochutla, Que1as
Particulares, AGEO, Adjudicaciones, Leg. 22, Exp. 26, P?Chutla, Huatulco,
1913. La tierra en cuestión también era disputada por lo_s hab1t~ntes dt: Huatulco
como de su propiedad. Los intereses extranjeros mantuv!eron viva ~u d1sput~ con
el objeto de dividir y vencer a los comuneros. Las mu1eres también estuvieron
presentes en la defensa de los intereses de Huatulco.

44. AGEO, Sec. de Gobierno, 1908, Varios Distritos, Datos y Estadísticas para la
Memoria Administrativa; véanse fuentes en la nota 3.
45. Véanse fuentes en la nota 36. Hay otras cuestiones aquí; por ejem_pl_o, el. alto
número de mujeres jornaleras en ciertos distritos de los más trad1c1onahstas
Valles Centrales.
46. Véase Chassen, "Oaxaca", 103ff; y John Kenneth Turner, Barbarous Mexico,
Austin, University ofTexas Press, 1969,54ff.
47. AGEO, Sec. de Gobierno, febrero de 1907, Cuestiones Laborales, Tuxtepec;
Tumer, Barbarous Mexico, p. 54.
48. Turner, Barbarous Mexico, p. 60; AGEO, Sec. de Gobierno, 1908, Varios
Distritos, Estadísticas.
49. Cuando los maderistas liberaron a los contratas de la hacienda de Málza!la en
Tuxtepec, en 1911, ejecutaron a Angel Sustaeta, el célebre caI?ataz espanol, Y
distribuyeron los alimentos de la tienda de raya de la hacienda entre las

35

hambrientas familias de yaquis que trabajaban allí. Véase Pedro Chávez.
"Episodio de la Revolución en la Hacienda de Málzaga", Novedades, abril 7 de
1968.
50. Turner, Barbarous Mexico, p. 65. Esta descripción contrasta abruptamente con la
de la situación de los jornaleros esclavos de las haciendas henequeneras de
Yucatán. De acuerdo con el ensayo de Piedad Peniche, las mujeres eran
consideradas parte de la reproducción del capital y los dueños de las fincas
incluso pagaban sus dotes para asegurarse de que los trabajadores tuvieran
esposas.
51. Véase el sugerente análisis e interpretación del papel de la mujer y las relaciones
de género dentro de la familia que hace Carmen Diana Deere en "What
Difference Does Gender Make? Rethinking Peasant Studies", en Wo111en and
Agriculture in the Third World, ed. Simi Afonja, Londres, MacMillan, 1994.
52. Hay que tomar en cuenta las características específicas de Oaxaca para apreciar
estos datos. La agricultura no sólo era dominante aquí, sino que en Oaxaca quedaban más tierras comunales en 1910 que en cualquier otro estado de México.Por
lo tanto, esta explicación sobre tenencia de tierras no podría utilizarse para
explicar los patrones nacionales.
53. Los hallazgos de Heather Fowler-Salamini coinciden estrechamente con estas
conclusiones: la expansión del capitalismo y la economía cafetalera exigían la
integración de mano de obra femenina barata a la fuerza laboral.
54. Esta es una conclusión preliminar. No he tenninado aún de leer todo el material
disponible que hay sobre este tema en los archivos del estado. Sin embargo, la
mayoría de los archivos en el Fondo de Adjudicaciones y Conflictos tienen que
ver con las regiones periféricas.
55. La magnífica novela de Angeles Mastretta, Arráncame la vida, México: Cal y
Arena, 1989, finaliza con una nota sobre cuán emancipadora podría ser la viudez
para las mujeres del siglo XX, que ahora lograrían hacer lo que les placiera.

56. Mallon, "Gender and Class", p. 153.

�PROPIETARIOS Y CAFE EN EL SOCONUSCO:
EL FERROCARRIL PANAMERICANO

María de los Angeles Ortiz Hernández*

1

1

INTRODUCCION
Hasta la década de los 80 del siglo XIX, el Soconusco (región costera
del estado de Chiapas) tenía una importancia marginal para la
economía del país: su alejamiento geográfico, con un camino real
sinuoso (que atravesaba numerosos ríos), y costosos fletes impedían
que los productos' de la región fueran competitivos en los centros de
consumo.

1f

¡

De ahí que sus relaciones comerciales más frecuentes y relevantes
fueran hacia Guatemala con sal, azúcar y ganado vacuno, e n un
promedio de dos mil reses al año y una utilidad del ciento por ciento,
convirtiéndose en el principal ramo de riqueza antes del café,2 y del
que la oligarquía soconusquense controlaba una gran porción3 •
Además, la apertura de San Benito como puerto de altura de tercer
orden en 1870 y los vapores de la Compañía del Ferrocarril de
Panamá desde 1872, abrieron la frontera comercial regional hacia
mercados de Panamá, Nueva York y San Francisco. Así, mensualmente los vapores• eran esperados no tanto por los productos que se

* CIESAS Golfo. Una versión

modificada de este artículo fue presentada como
ponencia en el III Encuentro Nacional de Investigadores del Ferrocarril, Puebla,
23 al 26 de noviembre de 1994.

�38

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

iban a exportar, sino por los artículos de importación que serían la
especialidad del comercio de Tapachulas.

MAPAJ

EL SOCONUSCO Y SUS MUNICIPIOS

Mediante este tráfico de vapores el Soconusco se daba a conocer
mundialmente como tierra inmejorable para cultivar café, con amplio
terreno disponible entre los 500 y 1 500 metros sobre el nivel del mar
a 60 ó 70 centavos la hectáre.'l, para aprovechar la coyuntura del alza
en el precio del café6 •
Las feraces tierras de la región tuvieron en el ministro Matías
Romero a su más importante promotor: compró terrenos para sembrarlos de cafetos desde finales de los años (:IY. Romero era tan entusiasta
que, a pesar de los problemas con sus antiguos amigos Sebastián
Escobar (cacique del Soconusco) y Justo Rufino Barrios,ª influyó de
manera definitiva en las negociaciones del límite fronterizo con
Guatemala. Así ayudó sustancialmente a eliminar uno de los obstáculos
mayores a la inversión de capitales en la región, haciendo a un lado
9
su interés personal al dejar sus propiedades del lado guatemalteco •

l. FRONTERA: MJGRACION Y COLONIZACION
El Soconusco -región fronteriza- al ser frente de la expansión y
colonización capitalista, que propiciaría un desarrollo económico hasta
entonces inédito, requería de la precisión de límites territoriales entre
los nacientes estados nacionales para asegurar el campo de inversión.

''" 1

Para la negociación de límites definitivos entre México y Guatemala,
ambos países cedieron secciones de sus territorios a partir del 27 de
septiembre de 1882 1º. Además, esto dio fin a un problema que
dificultaba las relaciones institucionales con Guatemala.
La coloniz.ación fue alentada con el deslinde de tierras nacionales, mediante
contratos públicos y privados,11 y la inmigración era indispensable para
explotar los recursos naturales ante la escasez de brazos que lo hicieran.

En el Soconusco el gobierno federal otorgó las primeras concesiones,
con exenciones fiscales y federales, en 1881, a Eduardo C. Wise de la
12
"Compañía Colonizadora Mexicana de Chiapas" , para atraer a
colonos estadounidenses() 10); y la segunda en 1886, a Louis Huller y su
"Mexican Land and Colonization Company" 13 para colonos europeos
(75%) y mexicanos (25%).

1. Acacoyahua
2. Acapetahua
3. Cacahuatán
4. Escuintla
5. Frontera Hidalgo
6. Huehuetán
7. Huixtla
8. Mepastepec
9. Mazatán
10. Matapa
11. Suchiate
12. Tepachula
13. Tuxtla Chico
14. Tuzantán
15. Unión Juárez
16. Villa Comatitlán
Fuente: Agenda Estadística Chiapas, SPP/Gob. &amp;lo. Chis., 1989.

�40

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Durante los años 90 continuó el deslinde y colonización en Soconusco,
de 50 a 100 pesos la hectárea!4 sin que las propiedades de habitantes
nativos -ladinos e indígenas (1/5 de la población)- fueran afectadas15 • Pero se confrontaba una distinta concepción de la tierra: para éstos
representaba un patrimonio heredable, al que se sentían aferrados y
obligados a cuidar; en cambio para el espíritu empresarial de los
inversionistas, la tierra como medio de producción había que hacerla
rendir para sacarle más de lo invertido y si no era eficientemente
productiva, había que venderla 17 •

MAPA2
DIVISION DE WNAS COLONIZADAS EN SOCONUSCO

(1881 - 1910)

En el arribo de empresarios y comerciantes extranjeros al
Soconusco, incluyendo mexicanos, pueden distinguirse tres tendencias
migratorias dominantes que muestran la dinámica de la afluencia de
capitales y de población a la región. Veamos algunos ejemplos precisos:

11

11

a) Antes de 1880. Poco se sabe de aquellos migrantes que utilizaban
los primeros vapores de la "Compañía del Ferrocarril de Panamá" con
escala en San Benito (mediados de los 70); pero puede documentarse
que Antonio Bado (inglés , naturalizado mexicano), Bernardo
Parlange (francés) y Luis R. Brewer (estadounidense) vinieron como
comerciantes y luego invirtieron en propiedades rurales cafetaleras y
ganaderas. Entraron a la vida social de la región mediante vínculos
matrimoniales con la oligarquía. En esa misma época estuvieron los
alemanes Maximiliano Stein, Roberto Haack (representantes de "A.
Hom y Leo Stein de México") y Carlos Tetens, cuyos negocios en el
Soconusco fueron de carácter comercial y en la administración de la
empresa "Lanchas de San Benito". Entre los empleados de la Aduana
Marítima y Fronteriza de Soconusco destacaron los mexicanos
Bernardo Mallén (contador) y Nicolás Bejarano (vista), quienes
fueron agricultores de la región y ocuparon cargos públicos.
b) 1880-1887. De esta segun-da olead~ de migrantes, en la primera
mitad de la década de los años 80, sobresalieron los colonos estadounidenses de la "Compañía Colonizadora Mexicana de Chiapas",
quienes sobrevivían alimentándose de maíz y panela elaborada con
caña de azúcar, mientras crecían los cafetos que sembraban 18 • En la
segunda mitad de los años 80 llegaron como compradores de tierras
Casimiro Gándara (español), Angel Nieves (oaxaqueño), Juan B.
Cerdio (veracruzano), José Valenzuela (farmacéutico guatemalteco,
socio comercial de los Palacios), Juan Biscarria (chileno), Rafael
Ortega Jaso (guanajuatense, que vino como administrador de la finca

I y II Colonización cafetalera
ID Colonia Enomoto
IV Colonización hulera

Fuente: Baumann, 1989; Ota, 1985 y GalCÍa, 1963.

�42

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

"San Juan " de John Me Gee), Roberto O . Stevenson (inglés),19 y
Camilo Canel (francés, emparentado con los Córdova), entre otros.
El ingeniero inglés Oliver H. Harrison fue representante de la
"Mexican Land and Colonization Company" y encargado de los
deslindes hasta 1900, apoderado de la "Oetling Gabrüder" (1895), y
después fue director de "Zacualpa Rubber Plantation Co ." y de
"Hidalgo Plantation Comercial Company 1120 •
e) 1888-1900. En una tercera corriente migratoria, empalmando
con los últimos años de los 80 y abarcando la década de los 90,
figuraron los comerciantes Luis Thomalen (hijo de alemanes y nacido
en Mazatlán), Bernardo Huthoff {alemán y comisionado de la "Woler
Bartning Sucs." de Mazatlán), Bem¡ibé Acosta (San José del Cabo),
Rieke Hermanos (alemanes emparentados con los Córdova), Con Tay
Chong {procedente de San Francisco), Suon Loon (chino). Bow
Chong W. (chino), Juan José (chino con poder de "Kowng Chong y
Cía." de San Francisco), Bruno García Mijares (español) y José
Revuelto (español).
Acosta y Revuelto invirtieron en la cafeticultura, comprando tierras
a la "Mexican Land and Colonization Company". así como a particulares
nativos y extranjeros, al igual que los recien llegados Antonio Capurro
(italiano), los hermanos Muguerza (españoles), Juan Monribot
(francés), Furbach y Dietze (alemanes), Wilhelm Georg Oetling y
otros alemanes procedentes de Guatemala como Adolfo
Giesemmann, Juan Luttman y Arturo Herman.
Los migrantes de las dos primeras corrientes todavía se encontraron
con la situación de inseguridad causada por Sebastián Escobar2 1 y la
indefinición de límites con Guatemala. Varios inversionistas cafetaleros
fueron víctimas de ello en sus propiedades: Matías Romero fue el
más famoso, el zacatecano Carlos Gris22 y Santiago Keller Rigaud
(suizo)". quien pagaría con su vida.

Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco

43

mapa 2). Con el avance seguro del ferrocarril, parte de dichos empresarios
se expandieron a Villa Comaltitlán y Escuintla, donde había terrenos
para hule, crianza de ganado y caña de azúcar (III, mapa 2)26 •
En la década de los 70 sólo eran cosechados en Soconusco unos mil
quintales de café, en su mayor parte procedentes de los 70 mil arbustos
de la finca "San Carlos" de la familia Manchinelly2' para 1895 ya se habían
sembrado 12 millones de cafetos, con producción de 40 mil quintales ( 1 840
toneladas) y en 1910 se cosechaban 200 mil quintales (9 200
toneladas). Es decir, un incremento del 19 900%: un verdadero boom
cafetalero28 •
Había sido creada una infraestructura mínima (caminos, puentes,
telégrafo y teléfono) para la instalación y crecimiento de la cafeticultura.
Por el puerto de San Benito venían tanto los nuevos habitantes atraídos
por el boom cafetalero, como los artículos de consumo de todo tipo
que demandaba la creciente población29 •
Sin embargo, el puerto de San Benito no era ideal para el comercio
marítimo. Entre otras razones por sus condiciones naturales -sin
bahía, rompiente del mar muy fuerte y de gran altura-, la ausencia
de un muelle, estar sobre una faja angosta de arena entre el mar y el
pantanoso estero, productor de enfermedades endémicas y sin agua
potable30• De esta forma las maniobras de descarga/carga y operación
de la Aduana eran inoperantes y costosas para productores agrícolas
de café, hule y ganado, sobre todo, y comerciantes.
La solución era crear una empresa ferrocarrilera que tendiera una
vía a lo largo del Soconusco y uniera dos puntos claves: en el noroeste
se conectaría con el denominado Fe rrocarril Nacional de
Tehuantepec, aún en construcción; y al sur con la frontera del país
vecino, Guatemala .
II. EL FERROCARRIL PANAMERICANO

Estas primeras corrientes migratorias se asentaron principalmente
en la zona de Chicharras (Tapachula) y fronteriza (Unión Juárez,
Cacahoatán , Tuxtla Chico) (1 en el mapa 2)2' . La tercer&lt;! -fin de los
años 80 y década de los 90- colonizó la zona de Cuilco Viejo y
Boquerón (Huehuetán, Tuzantán y una fracción de Huixtla)25 . Algunos
capitalistas de esta corriente adquirieron plantaciones , ya con
primeras cosechas, en las dos primeras zonas mencionadas (II en el

Una primera concesión fue otorgada por el gobierno porfirista al
vicecónsul inglés en San Benito, George Wilson, quien representaba
a la "Compañía Limitada del Ferrocarril Mexicano y Pacífico". el 15
de marzo de 1890. La concesión agregaba la construcción de un
muelle de madera de 335 metros en San Benito, en un plazo de
quince meses31 •

�44

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco

Mientras hacían el muelle y los estudios de reconocimiento del
futuro trazo de la vía, Wilson traspasaba los derechos y obligaciones
de la concesión a la "Compañía Limitada del Ferrocarril Mexicano y
Centroamericano", por una escritura otorgada en Londres, en diciembre 23 de 1890 a los directores de la misma, Arthur Reginald Vibert y
George Excel132 •

ª!

Los trabajos de construcción comenzaron de acuerdo
contrato
(marzo/1892) en la estación San Gerónimo, punto de conexión con el
Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, según el trazo aprobado. Ya en
San Benito la Compañía tenía el material (rieles de acero importados
de Inglaterra) necesario para el ramal de Tapachula al puerto (29.75
kilómetros) y los primeros diez kilómetros desde Tapachula a la
frontera con Guatemala33 •
Sin embargo, a mediados de 1892, la Compañía no podía segu~r
con el compromiso contraído. A través de su representante, Luis
Méndez, explicó al Secretario de Comunicaciones y al Presidente de
la República que la pérdida de capitales en el mercado de Londres, la
baja del precio de la plata (los bonos eran pagados en ese metal), Y el
impedir la pérdida de dinero invertido en el levantamiento de planos
entre otras razones, eran motivos para solicitar una prórroga de tres
años.
Después de un estudio de lo realizado por la Compañía y sus
posibilidades, la Inspección de la Secretaría de Comunicaciones y
Obras Públicas (SCOP) informó que la empresa no tenía probabilidades
"ni de aquí á tres años, dar cumplimiento á sus compromisos"
(sep.7/1892). Así llegó el plazo para entregar los primeros 30
kilómetros (marzo/1893) y como la compañía no cumplió, la SCOP
acordó la caducidad de la concesión (abril 28). Luis Méndez reiteró
las razones expuestas, pero la Secretaría finalmente confirmó la
caducidad del contrato haciendo efectiva la pena de la pérdida del
depósito el 9 de junio de 189334 •

Las esperanzas de los cafeticultores por un ferrocarril que movilizara
con menos costos, riesgos y más fácilmente los grandes volúmenes
de café a los puertos de Salina Cruz y/o al Golfo de México para su
posterior exportación, se diluían3s.

45

En tanto, para 1899 los materiales traídos por la "Compañía
Limitada del Ferrocarril Mexicano y Centroamericano" a San Benito
estaban expuestos a la intemperie y al rápido deterioro del clima
húmedo tropical, bajo la vigilancia de un celador de la aduana carente
de albergue 36 •
La oportunidad de hacer realidad el tan anhelado ferrocarril se
presentó al iniciar el siglo XX. El 6 de julio de 1901 la familia de
banqueros encabezada por Franklin Everett, seguido por sus hijos
Edward, Fremont y Walter, constituyeron en Chicago, la "Compañía
del Ferrocarril Panamericano". El gobierno de Díaz les otorgó la concesión para construir un ferrocarril que ligara al Nacional de
Tehuantepec con la frontera de Guatemala, el 28 de agosto de 1901 37 •
Las condiciones generales del contrato eran que la explotación de
la vía duraba 99 años, el lugar de partida fuera San Gerónimo, Oaxaca,
pasara por Tonalá, Chiapas, con llegada a Guatemala "por el punto
más conveniente" y tenía la "facultad" de hacer un ramal a Chiapa de
Corzo pasando por Tuxtla Gutiérrez (art.1), pero nunca hizo valer esa
opción. La obra terminaba en seis años, entregando 50 kilómetros en
el primero y 80 cada año (art.3). El subsidio era de 12 mil pesos en
bonos de la Deuda Interior amortizables al 5% por cada sección
terminada y aprobada de 100 kilm., exceptuando la primera (de San
Gerónimo a Tonalá, art.15). El depósito de la empresa en la Tesorería
General de la Federación era de 85 mil pesos en bonos (art.17)3ª.
Durante los primeros años, la compañía utilizó los planos y material
de la anterior empresa, de la línea tendida años atras (50 kilómetros
de Puerto Arista a Tonalá con dirección a San Gerónimo), renovó durmientes y reconstruyó puentes. Entre el envío de planos de
reconocimiento, las modificaciones a los trazos, planos definitivos, el
examen y aprobación de los mismos, por el Inspector técnico como
por el Secretario de la SCOP, el lo. de noviembre de 1904 el camino
férreo comenzó a ser explotado; eran 192 kilómetros de San
Gerónimo a La Polka, pasando Tonalá (126.96 kilómetros), obra de
mil peones que ganaban de 70 centavos a un peso diario39•
La compañía recibió entonces el primer pago de la subvención40 y
en sus oficinas hubo un cambio de funcionarios ejecutivos: quedaba
relegada la familia Everett y la presidencia pasó al mando de David
P. Doak, un socio que vivía en San Franciscoy trasladó el Consejo de

�MAPA4

EL FERROCARRIL PANAMERICANO
(PRINCIPALES ESTACIONES EN EL SOCONUSCO)

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Nota.- La carretera Costera de Chiapas se inauguró en 1963.

�48

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Administración a Jersey City, Nueva Jersey (ver anexo 1). Con Doak
la Compañía del Ferrocarril Panamericano culminó la obra en 1908 y
se proponía cumplir con los requerimientos de la SCOP.

11¡

Al año de funcionamiento, la línea aumentó su capacidad de transportar personas (3 162 en 1904 y 30 659 en 1905) y flete (934 650
toneladas en 1904 y 8 215 .265 en 1905); sin embargo la compañía
no pudo cumplir con su cuota de 100 kilómetros el año de 1905, por
las amplias discusiones con la SCOP sobre la aprobación de trazos,
tanto por correcciones en el derecho de vía y la numeración kilométrica como por la intención de la empresa de que le fuera aprobada
y subvencionada la colocación de un ramal entre Tapachula y San
Benito, de utilidad "a la Nación" y a ella misma••. Sobre esto la
Secretaría accedió a la construcción (sep. 26), aprobando el tramo de
San Benito al km.100 (Zacualpa), pero no la subvención porque el
contrato no estipulaba que se hiciera•2 •
De 1906 a 1907 el ferrocarril avanzó hasta el km.394 en la población
de Huehuetán, a pesar de problemas de enlace en los planos porque
los ingenieros estaban basándose en los elaborados por la anterior
compañía, errores que fueron corrigiendo sobre la marcha. La vía
corría paralela al camino real. A partir del km.274 presentaba "algunas desviaciones necesa-rias para evitar el cruzamiento con terrenos
bajos" y la pendiente era de 1.5%. En suma una línea de "muy fácil
explotación", tanto que ya movía 47 987 personas y 18 967.720
toneladas a 63 kilómetros de la frontera• 3•

,~ 11 11111

El último riel fue puesto el lo. de julio de 1908 en el km.457, a 880
metros del eje del Río Suchiate. Pero tan lejos estaba el Soconusco y la
frontera con Guatemala, de ciudad de México (unos l 229 kilómetros) que no asistió ningún ministro porfirista ni el mismo Porfirio
Díaz a la inaug uración, sino el exdiplomático Ricardo García
Granados un día después44 •
Las operaciones del Panamericano se realizaban con 14 locomotoras
que quemaban leña, 6 coches de pasajeros, 3 carros de equipaje y
express, 25 furgones, 33 plataformas y 102 carros para fletes•s . Las
estaciones eran San Gerónimo, Juchitán, Unión Hidalgo, Reforma y
Chahuites en el estado de Oaxaca; en Chiapas: Aurora, Jalisco,
Tonalá,◄ 6 La Polka, San Pedro, Pijijiapan, Mapastepec (del
Departamento de Tonalá), Escuintla, Zacualpa, Huixtla, Huehuetán,

Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco

49

Tapachula (y Mariscal, del Departamento de Soconusco, mapas 3 y 4).
Con excepción de los domingos , había corridas diarias a San
Gerónimo, de ahí para Huixtla salían martes, jueves y sábado, y los
_domingos llegaba hasta Tapachula47 •
Sin embargo, el pago de la subvención no pudo liquidarse aún en
1912, al quedar por concluir la mampostería para puentes definitivos,
trabes de acero, estaciones en Tapachula y fin de vía (Mariscal), balastre,
nivelaciones (km.375 a 403 y 403 a fin de vía), dos tanques de agua,
entre otras obras provisionales por definitivas; del total de obras por
efectuar quedaban en su haber 190 486.90 pesos (anexo 2)48•
Por otro lado, la misma compañía tuvo algunos cambios. En 1909
David E. Thompson, embajador de los Estados Unidos, tomó "posesión
del Ferrocarril Panamericano" 49 ;con él su presidencia fueron reformados los estatutos de la empresa en el sentido de establecer su
domicilio en la ciudad de México y tener una planta de directores,
integrada por destacados personajes de la época: Rosendo Pineda,
Pablo Macedo, Porfirio Díaz hijo, John B . Body (gerente del
Ferrocarril de Tehuantepec), Guillermo de Landa y Escandón, Rafael
Dondé, Gustavo A. Madero, entre otros (anexo 1)50 •
Thompson estaba decidido a pasar el ferrocarril sobre el río
Suchiate y tocar tierra guatemalteca. Para ello solicitó al gobierno
mexicano la concesión para construir el puente internacional, no
mencionando su calidad de presidente del Panamericano. El contrato
se firmó el 12 de abril de 1910 por un periodo de 50 años, comenzando los trabajos sin haberse aprobado los planos y firmado un acuerdo
entre los gobiernos inmiscuidos51 •
Ya Thompson había conseguido la autorización del gobierno de
Guatemala desde el lo. de febrero de 1910, pero cuando el puente
provisional llevó los rieles a ese país el 9 de noviembre, las autoridades
municipales de Ayutla ordenaron la suspensión de las obras hasta que
la compañía de Thompson se arreglara con la "Empresa del
Ferrocarril Central de Guatemala", que alegó tener una concesión52 •
Las discusiones continuaron durante y después de la Revolución
Mexicana.
En 1917 el presidente Venustiano Carranza exhortó a la Secretaría
de Relaciones Exteriores(SRE) para que gestionara ante el gobierno

�50

Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

guatemalteco la reanudación de la obra, pero la Revolución en el
Soconusco estaba en su apogeo y la orden no procedió. Al finalizar
1920, Thompson buscó prorrogar por seis meses el plazo de dos años
para concluir el puente; sin embargo desde el 11 de agosto el gobierno
de Guatemala estimó que el convenio con Thompson debería
considerarse caduco al no cumplir con el contrato y el acuerdo de
construcción debería realizarse entre los dos gobiernos. La SRE
determinó que la solicitud de aplazamiento no era compatible con la
decisión del gobierno vecino (enero 17/1921) y la SCOP informó a
su representante Eduardo N. Brown, en Nueva York, que no concedía
la prórroga pedida y caducaba la concesión, pasando el depósito de
garantía de 500 .00 pesos en bonos de la Deuda Publica a beneficio
del erario nacionaP3 •
III. AL CAFE SE LO LLEVA EL TREN ...
El Ferrocarril de Tehuantepec, que conectaba a Puerto México y
Salina Cruz, tenía año y medio funcionando cuando el Panamericano
fue inaugurado. Esto aumentó la capacidad de aquél de forma potencial,
situación reflejada en la carga transportada del Pacífico al Atlántico
al pasar de 192 614 toneladas en 1907 a 33 l 677 en 1909 (de éstas
6 000 eran de café y el Panamericano había movido 5 886 toneladas)54 •
Tal actividad fue la sentencia de muerte para el puerto de San
Benito, que hasta entonces había sido la única vía tanto de salida para
el café a los mercados estadounidense y europeo, como de entrada a
bienes de consumo alimenticios, medicamentos, artículos para el
hogar y el vestir, implementos agrícolas, las primeras maquinarias
para los beneficios de café, armas, etcétera, en proporción de 100 a 1
respecto a los provenientes del interior del país. Su suerte estaba
echada y en 191 O fue cerrado55 •
De momento, el impacto regional del Panamericano, comparado
con el que tuvo el puerto, sólo puede medirse por la frialdad de los
números que nos muestran un efecto trascendente en el mercado
regional. Los ejemplos más sobresalientes fueron:

1908
1910
1913

pasajeros

café (exp.)

ganado (exp.)

51 870

1336090 kg.
7 758 000 "
9413000"

343 850 kg.
4 304000 "
6459 000 "

95 579
195 896
harina y productos
de molino (imp.)

1908
1910
191 3

78 230 kg.
1076050 "
1827000 11

abarrotes
(imp.)
323 120 kg.
363 120 11
785 000 11

51

mercancía calzado ,
y ropa (imp.)
593 380 kg.
774110"
906 000 "

Falta por definir las repercusiones en la vida cotidiana de los
comerciantes y consumidores de la región ante la apertura que le daba
el Ferrocarril Panamericano a un incipiente mercado interno, porque
el mercado regional estaba regido por los sistemas metrológicos del
comercio mundial y la moneda circulante no era el peso mexicano,
que era escasa por el mínimo comercio con México, sino la de
Guatemala, principalmente, Chile Perú. La adaptación a otro patrón
tanto monetario, como de pesas y medidas era parte de un proceso de
aprendizaje en su vinculación al mercado de mercancías del país56 •
No obstante la baja latente y repentina de los precios internacionales
del café (1898-1910) que estaban volviendo incosteable su producción,
los verdaderamente beneficiados y agradecidos con los servicios del
Panamericano eran los cafetaleros del Soconusco y Guatemala,
cercanos a la frontera con todo y el inconcluso puente sobre el
Suchiate57: no sólo obtenían ahorro de tiempo y dinero al dejar la ruta
Ocós, Panamá, Colón, Nueva York y/o Hamburgo e inclusive el
Estrecho de Magallanes, sino que la compañía había conseguido
"importantes descuentos" sobre la tarifa del flete marítimo entre
Puerto México y Europa, además de asegurar que sus furgones circularían por la vía del Tehuantepec, evitando transbordar58•
En especial los del Soconusco, que de las 7 590 toneladas cosechadas
de 1908 a 1909 transportaron por el Panamericano 4 669 contra 2 459
por barco,59 pudieron mostrar su beneplácito a David E. Thompson
cuando pasó por Tapachula buscando el consentimiento del gobierno
de Guatemala. Los inversionistas extranjeros - incluso mexicanos-,

�Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco
52

.,

53

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

encargados de oficinas federales y estatales, -algunos nativos prominentes y oligarcas con el cónsul americano (Brickwood) organizaron
una gran recepción con la banda de música del 25 Batallón en el parque "Porfiro Díaz", engalanado con adornos y luces. Visitó los sitios
importantes de la ciudad (el puente sobre el río Coatán, la planta de
luz eléctrica, el beneficio de café "La Esperanza" del señor Stevenson,
la nevería del señor Huthoff, el lago artificial "La Reforma" del señor
Lesher, el teatro Cervantes) en sus dos días de estancia, siempre acom60
pañado por los anfitriones •
Por lo general, la Compañía del Ferrocarril Panamerican accedía a
las solicitudes de los pobladores, sobre todo de agricultores,
ganaderos y comerciantes, de establecer estaciones en determinados
kilómetros,61 pero cuando se trataba de la población en general la
empresa alegaba incosteabilidad. Tal fue el caso de Pueblo Nuevo,
señalado en el itinerario de los trenes pero que pasaban sin detenerse
hasta Zacualpa, a cuatro kilómetros del pueblo y sólo "beneficiaba a
los americanos", como decía la carta de solicitud de 1912 Uul.2), ya
que ahí estaba la plantación de hule "más grande del mundo". Fue
hasta 1921 (dic.16) que quedó autorizada la apertura de la estación
Pueblo Nuevo: entonces la plantación estaba en decadencia y al
62
Panamericano lo administraba el gobierno federal •
La Revolución Mexicana se impuso en sur del país en 1914, lo
cual aunado a la inauguración del Canal de Panamá afectó gravemente
la actividad de los Ferrocarriles de la zona: el Nacional de
Tehuantepec63 y el Panamericano. Previendo lo que se venía,
Thompson empezó a vender las acciones de su empresa a la 64compañía Ferrocarriles Nacionales de México a mediados de 1910 ~ sin
embargo siguió como presidente de la misma y en 1912 (dic.22) disminuyó el capital social de diez millones a cien mil pesos. Fue en
1914 cuando ambas compañías concertaron la adquisición de este
ferrocarril, asumiendo el dominio de la línea y bienes a partir del lo.
de marzo, aunque para efectos contables desde el lo. de enero. Esto
65
marcó la partida de Thompson del Panamericano •
Por acuerdo del presidente Carranza ( 1917) el Panamericano sería
administrado y dependiente de la gerencia interina del Ferrocarril
Nacional de Tehuantepec. Mientras los fletes de café para exportación
iban normalizándose -ya que las plantaciones cafetaleras y sus
dueños no fueron afectados por las huestes carrancistas y siguieron
produciendo66 - la situación legal del Panamericano no se arreglaba.

. Esta anomalía trascendió la década de los 20 y en 1930
.
sm que_ se realizara la escritura de traspaso. La Teso te?11~nabla
. .
dFederación
85 · preguntó al Secretario de Comumcac1ones
si. rena
el depóe 't a
fi r~uldpesos ~eguía garantizando la concesión, si lo aplicabas~o
ne ic!? el erano o lo devolvía. El problema era ue nin un
n
compamas, del Panamericano y Nacionales de M~ .
g a l~e las
con s bl"
·6
•
ex,co, cump 1eron
u o igac1 n d~ sustituir obras provisionales por definitivas
por _tanto ~I depósito de garantía seguía vigente6' Hab ,
y
avenguar si permanece en ese estado.
.
na que

~

CONCLUSION
~l objetivo central del Ferrocarril Panamericano fu ' ·1·
mvers· · ta d I t'
.
e 1ac1 1tar a los
10n~ s edca e_la salida de crecientes cantidades del producto
al
m_erca o esta ountdense y europeo, vía Salina Cruz o p
Méx1~? por el Ferrocarril Nacional de Tehuantepec. Trans rt:erto
1

~::,~~:: i(~;:~

~
1

~:•~~~t:~~dor de café guat:alte~:~

carácter_ regional del Panamericano~ la in1e~~;u;::: re~asado el
del gobierno porfirista de promover la integración' d I Sgun o plano,
resto .del pa'is, a1 d.ismmuu
· • su localismo a través de ela oconusco
T
º6al
efectiva de mercancías y personas68.
mov1 1zac1 n
Si bien los mozos endeudados de las plantaciones finca
:gr;ga;~eras no mejoraron sus condiciones de vid~ por
ha~i~:::e: deÍu; traían los culti~os co~~rciales y el ferrocarril, los
. oconu_sco, que iban utilizando el Panamericano de
~:~~a creciente, tu~1eron la oportunidad de robustecer sus lazos
per 1.\ll;es mercantiles por la rapidez de los traslados lo que les
m1 ia o tener una mejor noción de su espacio regional.'

1!

!

~:,:~;::,l!::2~u~;:~~x~~:~:;:d~t::~~;;:~~;~:~~l ¿it~di:~!~j~
econó .
.
1 a s_e ue ando dicha mtegración real o
de nuca es dectr, la adopción de políticas económicas (sobre todo
I
mer~=d~ª!~~i~a1~
pesas y medidas y monetario) que normaban el

!ª

lib~~: ~rohl~do, ~abe _hacer o~servación de que es frecuente leer
e istona e mvest1gac1ones que presentan a David E
Th
·
· original y terminal del·
Panompson
. como el conces10nano
amencano. Thompson en realidad sólo cosechó lo sembrado

�54

Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

como vimos aquí, la construcción de esta obra estuvo a cargo de distintos inversionistas capitalistas.
El tren vino a acelerar el proyecto expansivo y colonizador de los
cultivos comerciales que había creado una situación económica,
social y política hasta entonces iné~ita en la _histori~ régio~al d~l
Soconusco. Si el Ferrocarril Panamencano hubiera terudo algun ep1grafe diría: a los cafetaleros del Soconusco con amor.

ANEXO 1

FUNCIONARIOS EJECUTIVOS DEL FERROCARRIL
PANAMERICANO (1901-1914)

1901-1903
Presidente
Vice Presidente
Srio. tesorero
Gerente Gral.
Superintendente
General
Ingeniero en Jefe

Walter Everett
Franklin Everett
Edward B. Everett
John M. Neeland

Presidente
Vice Presidente y
Gerente gral.
Secretario
Tesorero
Superintendente
e Ing. en Jefe

David P. Doak

San Francisco, Cal.

John M. Neeland
Douglas W. Robert
G. E. Towle

Los Angeles, Cal.
St. Louis, Missouri
Jalisco, Chiapas

Chicago, Illinois

"

Berthold Baruch
J. H. Bowman

1904

S. C. Miller

1905
Consejo de Ad111inistraci611
Presidente
Vice Presidente
Vice gerente Gral.
Secretario
Tesorero
Superintendente
e Ing. en Jefe

*
John M. Neeland
Charles B. Cox
Me. Eleneious Smith
*

Consejo local Cd. de México
Presidente
Vice Presidente
Gerente gral.
Secretario

Jersey Cityt-lew Jersey
San Gerónimo,Oax.
St. Louis Missouri
San Gerónimo, Chis.

*

Geo. H. Ham
Joaquín Casasús/Femando Duret
Enrique C. Cree(
Alberto M. Carreño

1906-1908
Consejo de Administraci6n
Presidente
Vice Presidente
Vice gerente Gral.
Srio. y Tesorero
Tesorero
Subgerente Gral.

*
*

*

Douglas W . Robert
Willard Heite
H. A. Mac Culloch

*

*

*
St. Louis Missouri
San Gerónimo,Chis.

.

55

�56

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco
sigue anexo

sigue anexo
lng. en Jefe
Ayudante de Presidente

S. E. Klotz 1907-08
L. M. Fletcher

Cd. de México

Contador Gral.
Tesorero
Director

Consejo local Cd. de México
Presidente
*
Miguel Lanz Duret
Vice Presidente
Luis A. Vida! y Flor
Gerente Gral.
*
Secretario

1909
David E. Thompson
Paul Morton
E.M. Wise
Keneth Me. Ciaren
Pablo Macedo
Rosendo Pineda
John B. Body
Porfirio Díaz hijo
Guillermo de Landa y Escandón
Rafael Dondé
E.M. Brown
E. B. Lacaze
Secretario y Tesorero
Presidente
Vice Presidente
Vice Presidente
Director
Director

·,

Cd. de México
Jery City, N. Y.
Gamboa, Oax.
Jery City, N. Y.
Cd. de México
" hasta 1911

*

*

E. N. Brown
Luis Elguero
Leandro Femández
JaimeGurza
José López Moctezuma
Gustavo A. Madero
Manuel Urquidi
David E. Thompson
John R. Turner

*

*
Cd. de México

Jersey City

1913-1914
Presidente
Vice Presidente
Gerente Gral.
Superintendente Gral.
Contador Gral.
Tesorero
Director

*

Director

E. S. A. Lima
1910
Presidente
Vice Presidente
Gerente Gral.
Secretario
Superintendente Gral.
Contador Gral.
Tesorero

*

Edward N ..Brown
A. Clark
E. B. Lacaze
E.M. Wise
J. E. Dennison
J. A. Hendry

*
Pascual Luna y Parra
Francisco Diez Barroso

*

Cd. de México

*

*

1901-1909
Abogados de la Compaiíía

Bufete
J¡

,, 1

,h

*

Joaquín Casasús
Femando Duret
William H. Boyden

*
*

Luis D'Antin

1911
Presidente
Vice Presidente
Gerente Gral.
Secretario
Superintendente Gral.
Contador Gral.
Tesorero

*
*
*
*

México
E.U.A.

*

W. E. Brisbin

Tierra Blanca, Ver.

*
*

*
*

1909-1910
México

1910-1914
Bufete

Salvador Cancino
Luis Riba y Cervantes

México

1912
Presidente
Vice Presidente
Gerente Gral.
Superintendente Gral.

*
*

*
*

*
*
*

* Mismos personajes y lugares.
Fuente: AGN, SCOP 1902-1907 y 1908-1913, Ferrocarril Panamericano,
Informes anuales.

57

�58

Ortiz H.: Propietarios y café en el Soconusco

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

59

sigue anexo
debe

ANEX02

1911
Oct.14

FERROCARRIL PANAMERICANO

San Gerónimo a la frontera de Guatemala.
Noticia de la subvención correspondiente á dicho Ferrocarril
y órdenes de pago por cuenta de esa subvención.
debe
Subvención correspondiente a
473k 949m .07cm de la línea
troncal de San Gerónimo á la
frontera de Guatemala y ramal
de Puerto Arista a razón de
$12,000.00 por kilómetro conforme al artículo 15 del contrato de concesión de 28 de
Agosto de 1901

•1
"' t

1904
Sep.23

Orden de pago por cuenta de
la subvención de los 192k la
la. Sección de la línea ó
sea de San Gerónimo a Tonalá

haber

$5.687 ,396.40

$1.770,500.00

Orden de pago por cuenta de
la subvención (obras de arte
permanentes terminadas en
substitución de las
provisionales)

$ 290,510.00

Saldo a favor de la Empresa

$ 388,486.40

Igual

$5.687 ,396.40

Saldo a nueva cuenta

$ 388,486.40

haber

$5.687,396.40

Se deducen por la subvención
correspondiente á los 16k500
del ramal de Puerto Arista que
levantó y no ha compensado con
otro tramo igual

$ 198,000.40

Queda a favor de la Empresa
para cuando substituya las obras
provisionales por definitivas

$ 190,486.40

Departamento de Comunicaciones,julio 22 de 1912. José Peña.

,~.

•1

1906
Mar.24

Orden de pago por cuenta de
dicha subvención

Abr.30

Orden de pago por cuenta de
la subvención de una sección
de 100k construídos

$1.000 ,000 .00

Orden de pago por cuenta de
otra sección de 100 kilómetros construídos

$] .000,000.00

1908
Abr.24

Orden de pago por cuenta de
la primera sección

$ 200,000.00

Jul.31

Orden de pago por cuenta de
la subvención de los 819k
49.70 último tramo de la
línea
Orden de pago por cuenta de
esta última subvención

$1.700,000.00

Orden de pago por cuenta de
la subvención de la l'· Secc.

$ 137,900.00

1907
Jun.l •
,, 1

Ags.5

1909
Ags.28

$150,000.00
Fuente: AGN, SCOP 1908-1912, FP, Terminación de tramos y pago de subvención.

$ 50,000.00

�60

Siglo XIX. Cuadernos de Historia
Ortiz H: Propietarios y café en el Soconusco

NOTAS

1. Maíz, frijol, azúcar y panela, algodón, cacao, carne, pescado, sal y café (por lo
regular como yerba medicinal. Vivó, 1954:479).
2. Romero, 1893:13.
3. De Guatemala al Soconusco entraba: harina, verduras, telas, artículos de mercería, medicinas, machetes, petróleo y cal, entre otros. La oligarquía regional
estuvo integrada por las familias Córdova, Chacón, Escobar y Palacios.
4. Arribaban por lo general dos vapores al mes durante las décadas de los 70 y 80,
además de las líneas "Malá del Pacífico" o "Pacific Mail Steam Chip Co.",
Ferrocarril (sic) Occidental (nacional) y en la década del 90 se sumaron
las alemanas "Kosmos" y "Cía. Hamburgesa-americana" (Hamburgo-E.U.A.)
para cargar café de octubre a marzo.
5. Telas, abarrotes, comestibles, vidrio y loza, mercería y ferretería (Busto, 1880.
t. 1, documento 9).
6. Benjamín, 1990:56-57. Mientras en Guatemala los terrenos a esa altitud eran los
más solicitados y costosos debido a la saturación de cafetales.
7. Bernstein 1982:176, 185, 246.
8. !bid.: 209-211, 216-218, 221-230.
9. /bid.:275-277, 295,296,300.

6/

esfu_erz~s iban diri_gidos a lograr el mayor provecho económico, sin procurar la
e~c1enc1a pr?&lt;1uct1va en sus propiedades agroganaderas, comerciales y bienes
ra1ces en la crndad _de T~pa~hula. Como mantuvo el control de los recursos en los
que fu~daba su ennque~1m1ento nunca se opuso a los empresarios y comerciantes
ex!ranJeros (Cfr. Bo~mcaud, 19?~:30, 32, 157). Sin embargo, la estrategia adaptativa _de la ohgarqu_1a pa~ p~rt1c1par en las ganancias de la bonanza cafetalera
fue_ aharse co~ los 1_nver~1omstas po_r matrimonio y, en menor medida, como
socios comerciales, sm amesgar sus bienes heredables (Ortiz, 1993:Cap. IV).
18. Seargeant, 1980:30,32,45, 76,151.
19. Dueño de uno de los primeros beneficios secos para café, "La Esperanza".
20. Plantaciones huleras de unos 10 mil árboles en el municipio de Villa Comaltitlán.
21. Su problemático cacicazgo terminó al ser asesinado el 29 de septiembre de 1893
en el P?rtal de su ca~~ de Tapachula. Para entonces Díaz apoyaba al gobiern¿
cen_trahzador de Emilio Rabasa, desaprobaba a los caciques y a los poderes
reg1o_nal~s que se hubieran convertido en una traba para el desarrollo capitalista
(BenJamm, 1990:62-67).
22. Para el caso de_Romero, ver Berstein, 1982:209-211, 216-218, 221-230 275-277
2?5-296; Zorr!lla, op.ci~.:348. ~ara Gris, véase su libro de 1885 y El Puebl;
Libre, T. III, num. 14, abnl 5 y num.15, abril 12 de 1882.
23. Gris, o~.cit.:47-48, Ef Pueblo Libre, T. 111, núm. 28,julio 12 de 1882. Keller era
comerciante y venia de G_uatemala, estableciéndose en Cacahuatán. Que se
pueda documentar, fue el primero en traer maquinaria para café por 1879 (AGN
SHda. Secc. 1'. A M y F Soconusco, Libro Manifiestos, 1878-1879).

JO. El Soconusco recibió como límite al río Suchiate, perdiendo al pueblo de Ayutla
(hoy Tecun Umán), quedando con una extensión total de 5 827 km2 (Censo de
Población, 1910). Sobre las negociaciones fronterizas, Zorrilla hace un buen
resumen (1984:297-484. Cfr. Sepúlveda, 1958: 145-156).

24. E_I ~obiemo federal marcó más tarde a la compañía colonizadora una franja proh1b1da de 4 k~. de ancho, antes de la línea fronteriza (MMOB. Plano fracción 2a.
terrenos bald1os 1889, 1890. Compañía deslindadora del estado de Chiapas).

11. González, 1960:5, 11.

25. Baumann, op.cit.:26 y García, 1963:62-64.

12. Por 500 mil acres (un acre= 4,085.87 m2). Operó hasta el año de 1886. EL Pueblo
Libre, t. II, núm. 40, octubre 5 de 1881.

26. En, 1908 los capitales e~tranjeros en Soconusco, por su valor fiscal, eran: alemán
$1 373 414_,62 ; ª.!11encano $!'227_ 120.50; e~pa_ñol $930,130.75; inglés
$464,814.20, frances $33?,175; Japones $32,500; ,tahano $28,320; guatemalteco
$13,000; turco $2,250; chino $400 (Gob.edo.Chis., 1908. Cfr. /bid., 1911).

13. Por 26 366 595 ha. Periódico Oficial, t. IV, núm.19, mayo 26 de 1887 y t. IV,
núm.2, noviembre 12 de 1887.
14. Otro importante acuerdo de colonización fue el de 1897 (ene.29) con el gobierno
japonés por 65 mil ha. (Ota, 1985:39). El gobierno federal suspendió cualquier
nuevo deslinde en el país a partir de diciembre 18 de 1909 (De Vos, 1984:89). Y
a partir de 1908 (nov.4) por decreto estatal, la "Mexican Land and Colonization
Company" quedó obligada a pagar el impuesto sobre propiedades rústicas.
15. Benjamin,op.cit.:57; Baumann, 1983:35.
16. Cfr. Hernández, 1979:339.
17. La oligarquía conocía el café pero no como negocio, es decir, en plantaciones.
Para ella no representaba el recurso generador de riqueza y como norma, sus

27. Ponce de León, en Romero, op.cit.:139.
28. Gob!erno del estado de Chiapas, 1895:7, 31; Baumann, op.cit.:26; Benjamín,
op.cu.: 128. Buena _pai:e del éxit? de los cultivos comerciales (café, hule) destinada_al mercado ~apllahsta se deb1~ a la sujeción o subsunción de formas precapitahstas de trabaJo! como el peonaJe por deudas, apoyados por el gobierno federal
Y estatal ~on '!1ed_idas como la venta de ejidos a particulares en 1893 - lanzando
a ca,!'1pesmos m~1gen.as al ~naje-, la le~ de Serv_idumbre de 1_897 y la práctica
del enganchamiento a partu de 1900. La modernidad" que tra1an estos cultivos
no f~e acompañada de una mejor calidad de vida para los mozos endeudados.
!-,os Jornales fueron los mismos durante el porliriato (entre 40 y 50 centavos diarios) no así el costo al alza de los bienes indispensables.

�62

Ortiz H: Propietarios y café en el Soconusco

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

29. El incremento poblacional entre 1887 y 1910 fue de 230.89%. En 1910 había
56 691 habitantes y 17 133 en 1887.
30.Kaerger, 1986:120.

43. AGN, SCOP, 1905-1906 FP. Aprobación de trazos. 1906-1907, FP. Aprobación
de trazo~. Y 1902-1907, FP. Informes anuales. Aunque para los términos de la
subvención faltaban 81.949 km., contados desde Huixtla (km.374).

31. AGN, SCOP, 1889-1890, Ferrocarril de Tehuantepec a la Frontera de Guatemala
(FTFG). Contrato con George Wilson para su construcción.

44. La noche del día 4 de julio fue "obsequiado con un espléndido baile" al que
"concurrió toda la escojida (sic) sociedad de Tapachula". El &amp;o año 1 ~úm 16
julio 18 de 1908.
•
'
· •

32. AGN, SCOP, 1891-1892, FTFG. Traspaso de la concesión The Mexican and
Central American Railway Limited.
33. AGN, SCOP, 1892, FTFG. Iniciación de trabajos en San Gerónimo. Y 1892,
FTFG. Solicitud de reforma a la concesión de 15 de marzo de 1890.
34. AGN, SCOP. !bid. 1892, Solicitud de reforma ...Y 1892-1893, FTFG.
Caducidad de la concesión; pérdida del depósito de garantía.
35. En 1896 la "Compañía del Ferrocarril lntercontinental", a través de Henry G.
Davis exsenador del estado de Virginia Occidental, parecía interesarse en el
proy~to al solicitar a la SCOP una copia de los planos de reconocimiento hechos
para una vía férrea entre "la ciudad de Oaxaca [sic] á la frontera con Guatemal_a~;
pero sin concretar su interes. AGN, SCOP, 1896, FTFG. Planos y perfiles sohc1tados por H. G. Davis.
36. Por petición del Administrador de la Aduana, la Secretaría de Hacienda concedió
un gasto de 70 pesos para reconstruir los almacenes de otates, el jacal del ~lador
y la cerca que rodeaba el área. AGN, SHda. Secc.J• A M y F Soconusco, ano fiscal 1898 y 1899, núm.1977.
37. AGN, SCOP, 1910 Ferrocarril Panamericano (FP). Poder a favor de E. B.
Lacaze. Substituto de Salvador M. Cancino.
38. AGN, SCOP, 1904, FP. Contrato para la construcción de un Ferroc~l que una
al Nacional de Tehuantepec con la front~ra de Guatemala.
Compama co!1cert~
la emisión de bonos con la "The Amencan Trust and Savmg Bank of Ch1cago
en 1903 y un suplemento con "The St. Louis Union Trust Company" en 1904.
AGN, SCOP, 1904, FP. Hipoteca para emisión de bonos.

1:3

11,

63

39.AGN, SCOP, 1902-1905, FP. Aprobación de trazos . Y 1902-1905, FP.
Terminación de tramos. Los empleados extranjeros eran el gerente, el pagador. el
ingeniero y los maestros de talleres (herrería y carpintería), entre los peones seguramente hubo algunos guatemaltecos.
40. El pago de esta subvención se completó hasta que la Compañía ejec~tó obras fa~tantes (reforzar terraplenes, ampliar tajos, reponer durmientes ~dos, reposición de pilotes, instalar postes kilométricos, cambiar rieles de 28 kilogramos por
otros de 33 kilogramos en pendientes de no más de 2%, etcétera), en marzo 24
de 1906 (ver anexo 2). AGN, SCOP, 1902-1905, FP. Terrninación de trazos.
41. AGN, SCOP, 1905-1910, FP. Estatutos, aumento de consejeros. Y 1902-1907,
FP. Inforines anuales.
42.AGN, SCOP, 1902-1905, FP. Aprobación de trazos. Y 1905-1906, FP.
Aprobación de traz0s.

45. Las locomotoras eran de segunda mano, compradas a otros Ferrocarriles y
"raro" era el que duraba en servicio "algunas semanas". La mayoría de los
gones eran alquilados al Ferrocacarril Nacional Mexicano y todos estaban en
"muy ma.l estado". Las jaulas para ganado estaban alquiladas al Ferrocarril
Nacional de Tehuantepec. Las plataformas y los coches de pasajeros eran de
segunda mano, sólo uno de ~stos era nuevo. En 1910 la Compañía había comprado nuevos 4 coches de pasajeros y 4 de express, correo y equipaje. AGN, SCOP
1908-1913, FP. Informes anuales.
46. ,Aquí estuvieron los talleres hasta 1921, cuando fueron trasladados a Rincón
Antonio, Oaxaca. AGN, SCOP, 1921-1922, FP. Supresión de Talleres. Tonalá.

fur-

47. AGN, SCOP, 1908-1913, FP. Informes anuales. Y El Heraldo de Chiapas,
Tuxtla Gutiérrez, agosto 9 de 1908.
48. AGN, SCOP, 1908-1912, FP. Terminación de tramos y pagos de subvención. Y
1909-1910, FP. Levantamiento de la vía de Tonalá a Puerto Arista.
49. Como él lo expresó en una carta al Secretario de Comunicaciones (oct.22 de
1909). AGN, SCOP, J909-19JO, FP. Levantamiento del ramal de Tonalá a
Puerto Arista.Adquirió la Compañía a través de su "United States Banking
Company", que formó con Jorge l. Hamm (Diccionario, 1994:393).

50. AGN, SCOP, 1905-1910, FP. Estatutos, aumento de Consejeros. Y 1908-1913,
FP. Informes anuales.
51. El Heraldo de Chiapas señaló que fue el 21 de agosto. AGN, SCOP, 1917-1921,
FP. Puente Internacional sobre el río Suchiate. Convenio con el Gobierno de
Guatemala para su construcción; caducidad de la Concesión.
52. AGN, SCOP, 1909-1912, FP. Puente Internacional sobre el río Suchiate.
53. AGN, SCOP, 1917-192 J, FP. Puente Internacional sobre el río Suchiate.
Convenio con el Gobierno de Guatemala para su construcción; caducidad de la
Concesión.
·
54. Chassen, 1990:29. AGN, SCOP, 1908-1913, FP. Informes anuales.

55. Desafo·!'lunadamente, la destrucción de documentos sobre la Aduana Marítima y
Frontenza de Soconusco del año 1900 en adelante, impide recapitular las reacciones de esa oficina ante la construcción del ferrocarril.
56. AGN, SHda. Secc.la. A M Y F Soconusco, 1888, núm. 3J0. Antonio Bado.
Sobre que la Aduana recibe los pesos de Chile con 10% de recargo. /bid, 1891,
núm.195. Que los agentes del Banco reciben la moneda guatemalteca a noventa
c. por peso. Sobre las condiciones que formaron el mercado interno nacional
véase Aguirre, 1990:83-240.
•

�64

r¡

....,

Ortiz H: Propietarios y café en el Soconusco

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

57. El café de otras partes de Guatemala y El Salvador llegaba por mar hasta
Salina Cruz. En 1909 había en ese puerto 7 mil toneladas del primero y 14
mil del segundo. Boletfn de la Sociedad Agrícola Mexicana, t. XXX, núm.
47, dic.17 de 1909.

Archivo General de la Nación (AGN)
-Ramos Hacienda y Fomento

58. AGN, SCOP, 1908-1913, FP. Informes anuales. Y 1917-1919, FP. Informes anuales.
Boletín de la Sociedad Agrícola Mexicana, T XXXII, núm. 8, febrero 25 de 1908.

Fondo Microfilm (FM). Museo Nacional de Antropología e Historia (MNAH)
-Acervo Chiapas

59. Boletín de la Sociedad Agrícola Mexicana, T.XXX, núm. 29, agosto lo. de 1909.

Hemeroteca Nacional (UNAM)

(IJ . El

Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOB)

Heraldo de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, dic. 23 de 1909. Tan entusiasmados
estaban los personajes prominentes de Tapa chula con el Panamericano que
tendieron una línea de tranvías de tracción animal en 1911, iba del beneficio de
café "La Esperanza" pasaba por el parque central y llegaba a la estación del
ferrocarril (Rébora, 1982:74).

61. Por ejemplo AGN, SCOP, 1908, FP. Estación de bandera "Margaritas"en el
km.284 . Y 1908, FP. "Estación Sesecapa" en km . 320.
62. AGN, SCOP, 1912-1913 FP Estación "Pueblo Nuevo". Solicitud. Y 1921, FP
Estación "Pueblo Nuevo". Autorización.

) º·

de 1910. Cfr. Diccionario,

65. El comunicado fue firmado por Edward N. Brown presidente ejecutivo de
Ferrocarriles Nacionales de México, quien todavía al empezar el año era
vicepresidente del Panamericano. AGN, SCOP, 1914, FP. Contrato de 3 de
marzo de 1914 para traspaso de la concesión a Ferrocarriles Nacionales de
México. Y 1930, FP. Traspaso de la concesión a Ferrocarriles Nacionales de
México.
66. Benjamin, op.cit.: 188.
67. AGN, SCOP, 1930- 1931, FP. Depósito de garantía. El estudio hecho ese año por
el Inspector técnico de base en Matías Romero, Oaxaca, indicaba que la línea
tenía una carencia total de balastro y sólo había 15 puentes permanentes de un
total de 26 puentes importantes, entre otros pendientes.Otras observaciones eran
que entre el km .195 y 215 la vía se acerca al Océano, lagunas y esteros y su
mayor separación del mar está al llegar al empalme con el Ferrocarril Nacional
de Tehuantepec en Picacho. La línea presenta 840 claros (un claro de 21.6 m por
km) el más numeroso de su tipo ya que los ferrocarriles de Veracruz al ltsmo y el
Nacional de Tehuantepec con iguales condiciones de lluvia sólo tienen un claro
medio de 10 m. por km.
69. Cfr. Tumer, 1987:201-202.

ARCHlVOS CONSULTADOS

BIBL/OGRAFIA
Alicia Hernández Chávez (1979) La defensa de los finqueros en Chiapas,
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�EMPRESARIOS Y FERROCARRILES
EN MORELOS (1875-1900)

María Teresa Huerta*
., ...

1 lj

•

Con la creación de la Compañía de los Ferrocarriles de Morelos, en
1878, se dió continuidad a un antiguo proyecto de los hacendados de la
región morelense, quienes a lo largo de la primera mitad de la centuria
habían luchado por convertir al sector azucarero en el más dinámico de
la agricultura comercial de exportación, aunque una serie de factores
adversos frenaran la cristalización de esas miras. Sobre todo, los azocareros
sabían que la construcción y mantenimiento de una infraestructura vial
adecuada era fundamental para la organización del espacio regional y
la consolidación de los mercados -interno y externo- de ahí que en
el pasado siempre tuvieron una activa participación en la construcción de caminos y, especialmente en la ruta M é x i c o - Acapulco que los
conectaría con el exterior'.
Pero los proyectos iniciados en este sentido se truncaron con el
estallido de la guerra de reforma y la posterior intervención francesa,
que replegaron a la industria azucarera a su mínima capacidad, por el
pobre desempeño económico de las fincas que condujo a la ruina a
muchos de los propietarios. Luego del triunfo liberal y después de
medio siglo de inestabilidad política y de guerras extranjeras, los
hacendados de la zona vivieron el proceso de construcción de un nuevo
espacio regional que dió nacimiento al estado de Morelos, en 1869.
• Dirección de Estudios Históricos. Instituto Nacional de Antropología e Historia

�70

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

En la década de los setenta, cuando la nueva política liberal dió un
renovado impulso al federalismo -como condición básica para dar
comienzo a la etapa de desarrollo económico cimentado en gran medida en el funcionamiento de la hacienda- los propietarios de Morelos
mostraron una tenaz resistencia al ser desplazados de la estructura de
dominio regional y obligados a incorporarse al naciente bloque liberal
aunque sólo entonces la industria cañera de la región retomó nuevos
bríos.

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en More/os

Con base en el decreto expedido bajo la razón social de Compañía de
los Ferrocarriles de Morelos, se organizó la empresa encargada de la
construcción y explotación de la vía férrea que habría de atraer recursos y
capacidades de distintos agentes económicos y políticos. La lista de
accionistas la encabezaba Carlos Pacheco -gobernador del estado de
Morelos-, seguido de los más connotados hacendados azucareros de
la zona (cuadro).

l.
En ese contexto, y en medio del entusiasmo despertado por la idea de
modernizar el país y de construir obras materiales como meta
fundamental del incipiente gobierno porfirista (1876-1880), cobró gran
impulso la planeación del Ferrocarril de Morelos. En tal sentido, las
razones inmediatas que hicieron urgente la necesidad de contar con
una infraestructura ferroviaria y una tecnología avanzada para el
procesamiento del azúcar, fueron las nuevas condiciones de competencia surgidas a raíz de la guerra de independencia de Cuba y de la
puesta en marcha del ferrocarril Mexicano -vía México-Veracruzque favorecía en particular la exportación del azúcar producido en los
estados de Puebla y de Veracruz2 •
Para entonces aún no se definía la política que amparaba la inversión
extranjera, y el mayor obstáculo para echar a andar los proyectos
ferrocarrileros era la falta de capitales, aunque se contara con un
reducido grupo de capitalistas, de la talla de Faustino Goribar,
Bermejillo, Isidoro de la Torre, los Escandón y la firma Barrón-Forbes
y Cía.3 , todos ellos dispuestos a beneficiarse de la introducción del
ferrocarril en la zona morelense.
Como muchos otros proyectos ferroviarios, el de Morelos se supeditó
al sistema de concesiones y otorgamiento de subvenciones gubernamentales, que fueron una alternativa factible para el desarrollo de la
infraestructura ferroviaria del país. Conforme a lineamientos, las concesiones se daban a los gobiernos estatales para que a su vez las delegaran
a grupos o individuos con intereses regionales o locales. Así nació la
concesión dada el 13 de diciembre de 1877, referente a la construcción
de un ferrocarril que saliera de la ciudad de Mexico, cruzara
Cuernavaca y continuara hasta el río Amacuzac•.

71

ACCIONISTAS FUNDADORES DEL FERROCARRIL
DEMORELOS

hacendados
Carlos Pacheco
Manuel Mendoza Cortina
José Toriello Guerra
Pío Bermejillo
Agustín Rovalo
Manuela Cortazar de Cervantes
Manuela Gamboa de Lizarriturri
Miguel Lizaliturri
Martín Bengoa
Ramón Portillo y Gómez
Jorge Carmona
García Icazbalceta Hnos.
Isidoro de la Torre
Diego Aragón Pignatelli Cortés
Sres. Escandón Hnos.
en liquidación
José María Flores y Guerrero
Sres. Barrón Forbes y Cia.
Faustino Gonbar

apoderados
Gobernador del Edo.
de Morelos
Delfin Sánchez
Benito Arena
Lic. Pedro Escudero y
Echánove
Lic. Domingo Nájera
Lic. Domingo Nájera
Vicente Alonso
Joaquín José de Araoz
Pomposo Verdugo
Tomás Homcastle
Lic. Juan Bautista Alamán
Lics. José María Rodríguez
Villanueva y José María
Zaldívar
Juan Francisco F. Allsopp

Fuente: ANM, protocolo de Femún González de Cosio, 18 de octubre de 1878

�72

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Las estipulaciones contenidas en el contrato de formación de la
compañía ferrocarrilera señalaban que el capital social incluía,
además de las subvenciones, derechos y excensiones pactados con
los gobiernos federal y estatal, la aportación monetaria de los 30
accionistas que representaban 39 acciones fundadora, suscritas por una
cantidad mínima de 5 mil pesos, más las acciones comunes de a I mil
pesos divididos en cupones de a 100 pesos~.
La Junta Directiva encargada del gobierno y de la administración
de la empresa se integró con Manuel Mendoza Cortina como presidente,
y con los vocales José Toriello Guerra, Vicente Alonso, Delfín y José
María Sánchez Ramos. Como representantes del gobierno federal
figuraban Pedro Escudero y Echanove y Miguel Hidalgo y Terán,
mientras que Nicolás Medina representaba al estado de Morelos.

1 ••

La constitución de la Junta reflejó la presencia y rasgos característicos
del grupo empresarial representado. Si bien el presidente y los
vocales eran españoles de orígen así corno una buena parte de los
socios, la empresa fue considerada como nacional. En cuanto a la
procedencia social de Mendoza Cortina, Toriello Guerra y Alonso,
se les puede identificar como miembros de un sector mercantil que se
inició en los años cuarenta y que luego se incorporó al grupo azucarero
de Morelos. Manuel Mendoza Cortina, por ejemplo, fue un beneficiario de la reforma liberal que favoreció el acceso o la legalización de
la tierra, pues corno arrendatario de la hacienda Coahuixtla -cuyo dueño
era el convento de Santo Domingo de ciudad de México- se aprovechó de
la vigencia de las leyes de desamortización y nacionalización de los
bienes eclesiásticos, para pedir la adjudicación de la finca con la
que, junto con la de Mapastlán, formó una unidad hacendaria6 • Y
como además concedió un empréstito "para las atenciones del Erario"
en momentos apremiantes para el gobierno juarista, logró vincularse
en los sesentas al grupo en el poder, al igual que el comerciante
español Delfín Sánchez Ramos, quién bajo la razón social Delfín
Sánchez y Cía. estaba asociado por 1869 con José Vida) Maza en el
giro de una carrocería y, desde hacía un año, estaba casado con
Felícitas, hija del presidente de la república Benito Juárez. Podría
añadirse que cuando Juárez murió en 1872, Felícitas Juárez dió un
poder desde Nueva York a Manuel Mendoza Cortina para que representara sus intereses en el intestado de su padre, y que más adelante,
en 1880, José María Sánchez Ramos -hermano menor de Delfíncontrajo matrimonio con María de Jesús, otra de las hijas de Juárez.

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en Morelos

73

También desde entonces fueron cercanos los nexos entre Mendoza
Cortina, los Sánchez Ramos y Manuel Dublán, quien por estar casado
con Juana Maza era concuño de Benito Juárez. Estas relaciones hacen
obvia la emergencia de un nuevo grupo que se fue abriendo un espacio
económico y político en el poñrriato y, asirrusmo, explica que Mendoza
Cortina haya nombrado superitendente general de la Empresa del
Ferrocarril de Morelos a Delfín Sánchez, quien desde ese mando
demostró tal eficiencia y habilidad que se fue definiendo corno el
prototipo del empresario promotor de obras ferroviarias de la época.
La actividad empresarial de Sánchez sobresalió en más de un sentido, sobre todo si se considera que la construcción de un ferrocarril
era difícil y costosa, en parte debido a que la maquinaria necesaria
para el tendido de las vías y el material rodante no se producía en
México sino que tenía que importarse desde Inglaterra y los Estados
Unidos (principales países proveedores de materiales de construcción
corno rieles, locomotoras y vagones). Para tal efecto, la empresa
ferrocarrilera contrató los servicios de la casa importadora Landero
Pasquel y Cía. de Veracruz -con sucursal en la ciudad de México-,
encargada de recibir la maquinaria procedente del extranjero.

El primer objetivo de la empresa fue llevar a cabo los trabajos correspondientes al tramo de la ciudad de México a Cuautla (ciudad
Morelos) que tendría una longitud de 137 kilómetros más 542 metros
y cuyo recorrido se haría por San Lázaro-Los Reyes-Ayotla-La
Compañía-Tenango-Amecameca y Ozumba, lugares donde se
establecerían las estaciones respectivas . En Cuautla, la estación
quedaría ubicada a la entrada de la población, en el antiguo convento
de San Diego. El encargado de la construcción de la obra era el ingeniero
Amador Chimalpopoca y en ella intervendrían 4 228 operarios de
distintas clases7 •
Por otro lado se constata que la organización y funcionamiento de la
empresa se plegó a ciertas estrategias condicionadas por sus directivos,
quienes tuvieron que echar mano de relaciones políticas indispensables
en el curso de las distintas etapas del proyecto ferroviario. En ese
sentido, Sánchez estableció desde un principio un buen contacto con
Carlos Pacheco, quien además de ser el gobernador de Morelos8 era
un hombre muy allegado a Porfirio Díaz. Con Pacheco se hizo
indispensable negociar desde el traspaso de la concesión hasta "la
ocupación sin retribución alguna, de los terrenos y materiales,

�74

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

propiedad del estado y de sus municipios que fueran necesarios para
la construcción de las vías del ferrocarril", según se estipulaba en el
contrato de formación de la compañía. Asimismo se trató con él la entrega
de 10 mil pesos anuales durante ocho años, ya fuera en efectivo o en
rieles a precio de costo, y a cambio de esas prerrogativas, la empresa cedía
al gobierno estatal cuatro acciones fundadoras y le daba el derecho de
adquirir acciones comunes al precio de emisión. En esa forma Pacheco
se involucró en forma directa en la empresa del Ferrocarril de
Morelos, convirtiéndose en uno de sus principales accionistas.
Entre las prerrogativas de los concesionarios de este ferrocarril
estaban la subvención gubernamental de 8 mil pesos por kilómetro
construído y el descuento del 25% sobre el valor de los fletes, al
transportar sus materiales por el ferrocarril Mexicano, vía MéxicoVeracruz.
Esto provocó que la prensa hiciera una crítica abierta al gobierno
por favorecer a "una empresa española especuladora" que lucraba
con una concesión "demasiado ventajosa"9 • Delfín Sánchez
respondió a las acusaciones dando cuenta de los obstáculos que
enfrentaba la construcción del ferrocarril "en tajos como el del
Peñón, subidas como la de Tenango y puentes como el mismo de
Tenango y los de Amecameca que subían el valor del kilómetro a 10
ó 12 mil pesos". Añadía que "la construcción de un puente o la elevación de un terraplen por una depresión del terreno" aumentaba los
costos perdiéndose las economías hechas en el terreno fácil. Además,
explicaba las dificultades y gastos que traía consigo el descenso al
Plan de las Amilpas, porque entonces "los costos por kilómetro eran
de 18 mil pesos" 1º.
Por esta razón, a la larga la empresa tuvo que recurrir a la inversión
particular de Manuel Mendoza Cortina, quien a fines de 1879 se hizo
cargo de la construcción de la vía férrea. En la suscripción del nuevo
contrato -a cambio de comprometer su capital- Mendoza Cortina
"se abonaba el 12% anual sobre la cantidad invertida, además del 5%
sobre las sumas que importaran los gastos de construcción."11 •
Pero a principios del siguiente año apenas si se había avanzado en
los trabajos relativos al trecho entre el pueblo de Temamatla y el
Arroyo de Huejote, que medía una distancia de 51 kilómetros y que
según los expertos "era el más difícil y costoso del terreno", pues

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en Morelos

75

después de la población de Nepantla predominaban hasta Cuautla las
extensas llanuras12 •
El empleo de la mano de obra fue uno de los problemas que los
empresarios del Ferrocarril de Morelos tuvieron que encarar con
mayor dificultad, tanto por la falta de trabajadores en la "tierra
caliente" como por la poca cooperación brindada por los hacendados
azucareros de la zona. Aunque eran socios de la empresa ferroviaria,
no estaban dispuestos a descuidar las faenas de sus fincas para que
sus peones se dedicaran al tendido de la vía férrea, máxime que
sabíán por experiencia que la escasez de peones provocaba de
inmediato el alza de los jornales, que en tiempos normales eran de
tres reales por seis horas de trabajo y porque, además.por lo maligno
del clima era muy difícil formar cuadrillas de trabajadores venidos de
"tierra fría", lo que hacía que pidieran jornales más altos que los
habituales.
Debido a eso, los empresarios recurrieron de nuevo a la influencia
política de Carlos Pacheco, quien a fines de 1879 dejó la gubematura
de Morelos para pasar a la Secretaría de Guerra. Desde su nuevo
puesto ministerial, Pacheco subsanó el problema poniendo a disposición de la empresa dos mil soldados que habían de desempeñar los
trabajos más pesados en la construcción del ferrocarril. Con esa mira
envió tropas a Ozumba y a Amecameca al frente del coronel Jesús H.
Preciado, "precisamente cuando se tendían los rieles más allá de
Ozumba" y sin que hubiera motivos reales para movilizar tropas
hacia esos pueblos. La medida fue muy criticada, sobre todo porque
con el reclutamiento forzoso de soldados y su utilización en los trabajos más pesados se les explotaba ignominiosamente, dándoles
solo un real de gratificación. Delfín Sánchez se defendió arguyendo
que en esa forma contribuía a combatir el vicio y la ociosidad 13 •
Todo esto contribuye a explicar cuales eran las múltiples dificultades
que tenían las empresas de esta índole, cómo se llevaban a cabo las
obras ferroviarias, y además nos permite entrever el comportamiento
típico de los empresarios y políticos de la época.
A pesar de todos los escollos, el tramo México-Cuautla se inauguró
el 20 de junio de 1881. Los periódicos informaron del suceso que
ponía en actividad el tren compuesto de diez vagones. Además se
hizo alusión a la comitiva encabezada por el general Manuel
González, que era el presidente de la República y de asistentes como

�76

Siglo XIX. Cuadernos de Historia
Huerta: Empresarios y ferrocarriles en More/os

..

,

el secretario de Fomento, Carlos Pacheco y el gobernador de
Morelos, Carlos Quaglia. Se resaltó la presencia del general Porfirio
Díaz, como invitado especial. Delfín Sánchez pronunció el discurso
inaugural enfatizando la encomiable tarea realizada por el cons!ructor
Manuel Mendoza Cortina, "quien ha demostrado que son posibles y
realizables en este país, las grandes obras que se acometen sin auxilios
extraños y con elementos puramente nacionales" (aunque días después
de su inauguración el Ferrocarril de Morelos_ no pudo sustraerse ~ la
ola de frecuentes accidentes y falta de segundad de los ferrocamles
de la época, al hundirse el puente conocido como "Juan Antonio",
provocando muchas muertes)').
Luego de ponerse en marcha el ferrocarril hasta Cuautla, continu_ó
en proceso de construcción el tramo Cuautla-Cuema~aca q_ue pasana
por Yautepec. A partir de septiembre ~e 18_82 el func1~nam1ento de la
empresa constructora se ajustó a a s1tuac1ones camb1~tes, como_ la
separación de Manuel Mendoza Cortina de la compama y la enaJenación a Delfín Sánchez de todas sus acciones y derechos como constructor del Ferrocarril de Morelos. Conforme al reporte dado a la Junta
Directiva, la empresa quedaba debiendo a Mendoza Corti_n~ 717
107.14 pesos al rédito del l % mensual. Para solventar ese cred1to se
acordó emitir obligaciones con responsabilidad de la vía colocadas en
el país y en el extranjero.
II.
Con la salida de Manuel Mendoza Cortina se acrecentó la dimensión
empresarial de Delfín Sánchez, quien al frente de la presidencia de la
Junta Directiva decidió ampliar su radio de acción, vinculándola a
nuevos proyectos ferroviarios. En un principio, las metas trazadas
consistieron en continuar con la construcción de los ramales que
unirían el Ferrocarril de Morelos con el Mexicano, para dar salida al
azúcar de la zona por Veracruz y conectar, a su vez, la región morelense con el puerto de Acapulco.
Los planes se ajustaban cabalmente a la política ferrocarrilera
vigente, que proseguía la implantada por Porfirio_ Díaz (1876-~880)
y que se había orientado básicamente a la promoción de conce~10nes
ferrocarrileras, lo que había dado como resultado la construcción de
vías férreas que aún pennanecian aisladas. Pero al asumir el poder
Manuel González (1880-1884), se pasó a otra etapa que aceleraba el

77

proceso de construcción de ferrocarriles -casi todos concesionados
en la administración anterior- e incorporaba las vías férreas aún
desvinculadas a un sistema ferroviario más integral'6•
A lo largo de su trayectoría empresarial, Delfín Sánchez fue evidenciando cada vez más que para la realización de una obra ferroviaria
-además de los cuantiosos recursos financieros que habían de
reunirse- era condición básica entablar buenas relaciones con la
clase gobernante, porque en el transcurso de la construcción se
tenía que recurrir a distintas instancias gubernamentales. A ese
respecto, Sánchez supo hacer uso de diversas influencias políticas e
incluso fue una constante de su quehacer empresarial hacer partícipes
de sus negocios a los más encumbrados políticos de la época, desde
el propio Porfirio Díaz hasta Manuel González, Carlos Pacheco,
Manuel Romero Rubio, Manuel Dublán, Ramón Fernández y Carlos
Quaglia . Esta estrategia, sustentada en la concordancia de intereses
económicos, le allanó el camino para consumar sus más ambiciosos
proyectos.
El entrelazamiento de intereses entre empresarios y políticos ya es
perceptible cuando Delfín Sánchez asume la dirigencia de la empresa
del Ferrocarril de Morelos, siendo vocales de la Junta Directiva
Manuel Romero Rubio, el doctor Ramón Femández, José María Sánchez
Ramos y Pedro Escudero y Echanove.
Su relación con Ramón Femández -personaje político muy cercano a Manuel González- le fue muy útil por la ayuda que le prestó
en la realización de la vía férrea México-Cuernavaca y Amacuzac,
así como en la planeación de los tramos de Cuautla a Acapulco y de
Los Reyes a Irolo. En cuanto a Carlos Quaglia -gobernador del estado
de Morelos- y Manuel Romero Rubio , diputado por el distrito de
Morelos en el X Congreso11 , también formaron parte de la red de
intereses políticos que Sánchez mantuvo para lograr sus fines: porque
cuando proyectó la unión del Ferrocarril de Morelos con el Mexicano,
tuvo que recurrir a Quaglia para el traspaso de la concesión correspondiente ya Romero Rubio. quien lo ayudó en la consabida autorización
parlamentaria. Luego se asoció con los dos políticos para conseguir
el capital básico para el inicio de los trabajos de construcción de la
vía, que en marzo de 1882 contaba con 28 kilómetros entre los R~yes
y Texcoco que luego se continuaron hasta Irolo. Con ese obJeto,
Sánchez organizó con Romero Rubio y Quaglia , una sociedad limitada

�78

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

bajo la razón social de Compañía del Ferrocarril de Irolo, que según
se convino duraría 10 años. El gerente y socio mayoritario sería
Delfín Sánchez con 50 acciones, mientras que los otros dos socios fundadores participaban con 40 acciones, en el caso de Manuel Romero
Rubio, y 30 asignadas a Quaglia. Cuando posteriormente se formalizó
la Compañía del Ferrocarril de Acapulco -con base en la concesión
dada inicialmente al gobierno de Guerrero-, el concesionario
Sánchez también se asoció con Manuel Romero Rubio y Carlos
Quaglia18 •
En octubre de 1882 se ajustó un contrato de consolidación de las
tres compañías en una sola bajo la razón social Compañía de los
Ferrocarriles Unidos de Morelos, Irolo y Acapulco y, para redondear
el proyecto, Delfín Sánchez negoció con Francisco M. Prida la
incorporación de la Compañía Nacional Interoceánica. Entre las
condiciones que se pactaron con esta compañía estaba el traspaso de
las concesiones a que se refería el decreto de consolidación (anexol),
la obtención de una representación de 5 mil acciones, más el
reconocimiento de la Junta Directiva ya conformada con Delfín
Sánchez como presidente, y los vocales Manuel Romero Rubio,
Ramón Femández, José María Sánchez Ramos y Pedro Escudero y
Echanove. Bajo estas prescripciones se formó entonces la sociedad
anónima limitada Compañía del Ferrocarril Interoceánico de
Acapulco, Morelos, México, Irolo y Veracruz, que tendría como
principal objetivo construir los ramales necesarios para poner en contacto los ferrocarriles unidos con los centros agrícolas, mineros y
comerciales que se localizaran en las inmediaciones: de en esa forma se
pretendía abarcar una gran diversidad de mercados potenciales. El
capital social del nuevo consorcio estaría representado por 55 mil
acciones al portador de a 100 pesos cada una, las cuales quedarían
representadas por las cuatro empresas (anexo 2).
La cristalización de este ambicioso proyecto, en el que Delfín
Sánchez asumía nuevos riesgos, se pudo efectuar en gran medida,
porque se contó con el respaldo de Manuel González, quien otorgó un
préstamo de 75 mil pesos, con los que pudo adquirir las 17 acciones
propias de Manuel Mendoza Cortina en la Compañía del Ferrocarril
de Morelos. A causa de esa ayuda financiera, ~ánchez logró más
fácilmente la fusión de las empresas ferrocarrileras de las que era
concesionario, a cambio de compensar a Manuel González con 3 657
acciones del Ferrocarril de Morelos; además, 4 125 de las 16 500 en

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en More/os

79

que se fragmentó la empresa de Peralvillo, Irolo, Puebla y vía
Acapulco después de la conversión. Además, Sánchez se comprometió a ceder a González la mitad de las acciones que adquiriera por
la consolidación de los ferrocarriles de Puebla y Veracruzw.
Este ejemplo sugiere cuales eran los pasos habitualmente dados
por un empresario ferrocarrilero, en su afán de reunir los recursos
financieros necesarios para solventar sus fuertes inversiones. En su
evolución, las empresas consolidadas habían contraído diversos
adeudos como el reconocido a Antonio Mier y Celis, quien había
suministrado 60 mil pesos para la construcción de los primeros
kilómetros del ferrocarril de Irolo. Igualmente, Delfín Sánchez era
acreedor de 34 mil pesos, importe de los 10 kilómetros de rieles
empleados en la vía de Los Reyes a Texcoco.
Por otro lado, también Mendoza Cortina se consideraba con derechos
procedentes del material de construcción de su propiedad invertidos
en el ferrocarril de Irolo. Este crédito fue transferido a Carlos
Pacheco, quien como cesionario y acreedor de esa suma, se asoció con
Delfín Sánchez en los contratos de construcción de los ferrocarriles
de Irolo, Morelos y Acapulco y "en cualquiera otro que llegaran a formalizarse" (el trayecto de Irolo se planeaba prolongarlo a Calpulalpan,
Puebla y Veracruz, mientras que el de Morelos se pretendía extenderlo de Cuautla hacia Cuernavaca y Toluca y, el de Acapulco saldría de
Yautepec hacia el puerto del Pacífico). De hecho se convino que en
la compañía del Ferrocarril de Morelos, Pacheco obtendría el 40%
de las utilidades y Sánchez, retendría el 60%.
Con la unión de los ferrocarriles Interoceánico, Irolo, Morelos y
Acapulco, la empresa tuvo mayor capacidad para captar recursos
económicos. En tal sentido, se diseñó una estrategia consistente en la
colocación de obligaciones hipotecarias para lo que se imprimieron
bonos hipotecarios -garantizados con las vías férreas ya construídas
y en explotación- y las acciones que debían emitirse.
No obstante que el monto de los capitales reunidos nunca fue
suficiente, la empresa siguió ensanchándose. A mediados de 1886 se
incorporaron las líneas que iban de Puebla a San Marcos y San Juan
de los Llanos, con su prolongación hacia Perote, así como la de
Puebla a San Martín Texmelucan, tramos que habían sido propiedad
de la Compañía Carbonífera Mexicana21 • Y a fines de ese mismo

�80

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

año, la empresa arrendó a José María Sánchez Ramos los tramos de
México a Cuautla y Yautepcc y el de México a Calpulalpan y San
Nicolás. El arrendatario se comprometía a continuar la construcción
de la vía de Yautepec a Amacuzac y un tramo desde Calpulalpan a
Puebla por San Martín Texmelucan.

...

A la larga, el endeudamiento de la compañía ferrocarrilera obligó a
sus directivos a buscar una salida en el exterior. Esta decisión se
propició con la reanudación de las relaciones diplomáticas con
Inglaterra en 1886, lo que trajo como consecuencia la afluencia del
capital inglés hacia las inversiones ferrocarrileras. A esta circunstancia
se aunó el hecho que el Ferrocarril Interoceánico estaba en condiciones
de comunicarse -vía Veracruz- con Europa.
Así que en mayo de 1888 Delfín Sánchez viajó a Londres y celebró un contrato de venta del Ferrocarril Interoceánico a favor de la
Compañía Inglesa Interoceanic Railway of Mexico (Acapulco and
Veracruz) Limited. Por esa transacción se obligó a entregar libres de
gravámenes las líneas férreas a la nueva compañía, de manera que
Sánchez tuvo que cancelar los créditos hipotecarios que reportaba la
sociedad disuelta. En ese sentido se propuso a los acreedores hipotecarios pagarles con 2/3 partes en dinero en efectivo y 1/3 en acciones
de preferencia de la compañía inglesa. Por ese mecanismo Manuel
Romero Rubio, José María Sánchez Ramos, Porfirio Díaz, Manuel
González, Carlos Pacheco, Pedro Escudero y Echanove, José María
Bermejillo, Delfín Sánchez y otros figuraron entre los principales
accionistas mexicanos. Por su parte el Lic. Manuel Dublán - que
desde siempre fue un hombre muy cercano a Sánchez- quedó como
representante de la Compañía Inglesa, mientras que Delfín Sánchez,
en su calidad de gerente de los Sres. Delfín Sánchez y Cia, se encargaría de la construcción y explotación de las líneas del Ferrocarrril
Interoceánico de Acapulco a Veracruz22• En esa forma se solucionó el
problema financiero para concluir el tramo México-Veracruz de 547
kilómetros en abril de 1891 y el de Los Reyes-Jojutla-Puente de Ixtla,
que quedó totalmente terminado para 189423 •

111.
Es innegable que el ferrocarril fue una inn9vación tecnológica que
revolucionó la infraestructura vial en el proceso de modernización
del país en la segunda mitad del siglo XIX. Su introducción conformó

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en Morelos

81

un marco adecuado para el desarrollo de la industria azucarera
morelense.
En un primer momento, por los años ochenta, las fincas
Coahuixtla, Santa Inés, Calderón y El Hospital fueron las más
beneficiadas por el tendido de la vía férrea México-Cuautla.
Coahuixtla por ejemplo -cuyo dueño era Manuel Mendoza Cortina,
constructor de ese tramo- se aprovechó de un ramal de ferrocarril
que iba de la estación de Cuautla a la propia hacienda y su propietario
también poseía una bodega en la estación San Lázaro. Por otro lado,
los productos de la hacienda Santa Inés, se embarcaban en el ferrocarril desde sus mismos ~lmacenes. En cambio, los del Hospital
tenían que ser transportados en carros y por un mal camino a la
estación de Cuautla2•.
Asimismo cuando el tramo ferrocarrilero se extendió a Yautepec,
la vía se construyó en terrenos de las haciendas Cocoyoc, Pantitlán
San Carlos y Apizaco, propiedad de Luisa Mier y Celis, viuda de
Isidoro de la Torre. La edificación de 22 alcantarillas de mampostería, ocasionaron grandes destrozos en las siembras de caña, de
arroz y de maíz en las tierras de esas fincas, por lo que la propietaria
convino con la compañía ferrocarrilera, la cesión de la indemnización
a que era acreedora por el derecho de vía, a cambio que la empresa
construyera un ramal de ferrocarril que llegara a los almacenes de la
hacienda San Carlos. A la vez se obligaba a "que el tren de pasajeros
y mixto pasara en el punto llamado vagacera del grillo, cuando entre
o salga de San Carlos el dueño de esa finca o alguna persona de su

familia "25•
En cambio, el avance ferrocarrilero fue tardío para las haciendas
enclavadas por los rumbos de Cuemavaca, cuyo tramo se inauguró
hasta 1892. Fue por eso que haciendas como Temixco tenía aún dificultades un año antes, para transportar sus productos a la ciudad de
México, por lo que preferentemente "vendía en sus almacenes
muchos de sus productos por el lado de Toluca" 26 •
Aunque la red ferroviaria se articuló a las hac,iendas en diferentes
tiempos, el acceso a nuevas tecnologías incrementó su productividad
Y competividad. En ese sentido, desde la aparición del ferrocarril, se
advirtió que Mendoza Cortina empezó a importar maquinaria para
cristalizar y refinar el azúcar, de forma que Coahuixtla llegó a ser la

�82

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

finca mejor equipada por la década de los ochenta. Otras como la de
Calderón había invertido, desde antes, 40 mil pesos en la instalación
de un aparato de vapor para la elaboración del azúcar' y la del Hospital
también contaba con aparatos para fabricar azúcar y aguardiente con
un costo .semejante. La hacienda Santa Inés renovó su maquinaria en
1891, cuando compró un trapiche con la rueda hidráulica de fierro y
aparatos que empleaban generadores de vapor28.
Gracias a esta nueva tecnología la capacidad productiva de las
haciendas aumentó en un 33%, lo que hizo indispensable la
ampliación de las áreas de cultivo de la caña de azúcar. Y como las
tierras cultivables necesitaban una preparación esmerada y un descanso de cerca de tres años, cuando un campo no contaba con buenos
"enlames" sólo se volvía a utilizar a los cuatro años. Todo esto trajo
consigo la expansión de las haciendas a expensas de las tierras y
aguas de las comunidades indígenas. Así en el lapso 1885-1894 la
hacienda Temixco denunció huecos y demasías. La de Calderón,
legalizó la incorporación de 39 368 hectáreas y sostenía un pleito
sobre linderos con la colindante hacienda Coahuixtla. Las fincas
Santa Inés y su anexa Guadalupe se beneficiaron por 1888, con 595
hectáreas más -cercanas a la Caja del río Cuautla- y, en 1895, la
hacienda El Hospital se incorporó tierras del pueblo de
Anenecuilco29 •
Si bien la introducción del ferrocarril, la innovación tecnológica y
la expansión de las haciendas favorecieron la integración regional y
dinamizaron al sector azucarero que ambicionaba la ampliación de
sus mercados, a la larga su principal centro de consumo siguió siendo
la ciudad de México. A medida que se integró y expandió el mercado
interno, los azucareros de Morelos se enfrentaron a la competencia
de otras regiones productoras de azúcar en el país y, para fines de
siglo; tampoco habían logrado plenamente el objetivo de incrementar
sus exportaciones.
Desde otro ángulo, el desarrollo favorable de la industria azucarera
de Morelos en el último tercio del siglo XIX modificó la composición del grupo de hacendados. Si bien redundó en la estabilidad y
fortalecimiento de algunos de ellos -como Manuel Mendoza
Cortina, los García lcazbalceta, los hermanos de la Torre, los
Escandón, Emmanuel Amor, los Goribar, José Toriello Guerra,
Vicente Alonso y otros, que mediante nexos familiares retuvieron sus

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en More/os

83

posesiones-, también dió cabida a nuevos propietarios como
Joaquín J; ~oz, Francisca C. de Pasquel, Juan Pagaza y la testamentaría
de Delfm Sanchez. Respecto a este último, fue hasta después de su
m_uerte (aca~cida el 27 de agosto de 1898)30, cuando las haciendas San
~1cente, ~~1concuac, San Gaspar y Dolores quedaron en poder de la
vmda Fehc1tas Juárez -nombrada su albacea y universal herederaª consecuencia de créditos hipotecarios que ascendían a 720 mil
pe~os , -con~raí~os por Manuel Béistegui y Jorge Carmona,
antiguos prop1etanos de las fincas- con Delfín Sánchez31 • En esa
forma, la viuda y posteriormente las hijas de Sánchez32 se incorporaron
al grupo de poderosos hacendados azucareros porfiristas.

�84

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en More/os

ANEXO 1

ANEX02

CONCESIONES DE LA COMPAÑIA DEL FERROCARRIL
INTEROCEANICO DE ACAPULCO, MEXICO, IROLO Y VERACRUZ

FERROCARRIL INTEROCEANICO DE
ACAPULCO-MORELOS-MEXICO-IROLO Y VERACRUZ

• Concesión de 16 de abril de 1878 otorgada por el gobierno general al
estado de Morelos y cedida por éste 25 de octubre de 1878 a la
Compañía del Ferrocarril de Morelos para la construcción de dos
secciones de ferrocanil y telégrafo de México a ciudad Morelos (Cuautla) y de
Cuautla a Cuernavaca.
• Concesión otorgada el 27 de noviembre de 1880 otorgada por el gobierno federal al de Morelos para la construcción del ferrocarril de los Reyes a
Irolo, la cual fue cedida a Delfín Sánchez el 11 de diciembre de 1880 para
la construcción del ferrocarril entre la garita de Peralvillo de esta capital
y la estación de los Reyes.
• Concesión otorgada por el gobierno general el 21 de enero de 1882 a
Francisco Arteaga para la construcción de un ferrocarril que ligue el
ferrocarril de Irolo con el de Morelos o Acapulco, pasándo por Puebla
y cuya concesión traspasó Arteaga a Delfín Sánchez el 24 de junio de
1882.
• Concesión otorgada por el gobierno general al estado de Guerrero el 8
de julio de 1880 traspasada a Delfín Sánchez el 9 de febrero de 1881,
prorrogada por el gobierno federal el 19 de abril de 1882 y modificada
el 6 de octubre del presente año de 1882.

* Concesión otorgada el 6 de septiembre de 1880 a los gobiernos de los

• 121 kilómetros y 542 metros en explotación del ferrocarril de México a
Cuautla (ciudad Morelos) y sus estaciones, obras construídas y la
que continúa construyéndose en la sección del mismo ferrocarril de
Cuautla a Cuemavaca.
• 121 kilómetros concluídos en el ferrocarril de México a Los Reyes y de
Los Reyes a !rolo y Calpulalpan y sus estaciones y obras construídas.
La parte construída y la que se siga construyendo en virtud de la concesión para unir los ferrocarriles de Irolo y Morelos pasando por Puebla y
Chietla o Izúcar de Matamoros.
• La parte construída del ferrocarril de Acapulco.

* 29 kilómetros construídos en los ferrocarriles de Veracruz a Jalapa y en
los otros comprendidos en el decreto de consolidación de las concesiones de Prida.
* Las subvenciones, exenciones y concesiones y otros derechos que se
deriven de las concedidas a los ferrocarriles a que se ha hecho referencia.

* El producto de las obligaciones hipotecarias.

* Todos los recursos que se procure la compañía con arreglo a sus estatutos.

estados de Veracruz y Puebla.
• Concesión otorgada el 10 de enero de 1881 a Ramón Zangronis.
• Concesión otorgada a Francisco M. Prida el 27 de junio de 1881.
• Contrato celebrado con el ministerio de Fomento para refundir en una
sola estas tres últimas concesiones.
Fuente: Diario Oficial, fechas señaladas.

85

Fuente: ANM, protocolo de José María Velásquez, 1882, ff. 72 v y ss.

�86

Siglo XIX. Cuadernos de Historia

NOTAS

Huerta: Empresarios y ferrocarriles en More/os

23. Vida económica, p . 563.
24.ANM, protocolo de Eduardo Galán, 1892, ff. 300-329.

J. Maria Teresa Huerta, Empresarios del Azúcar en el siglo XIX, México, lnsituto
Nacional de Antropología e Historia. Colección Divulgación, 1993, pp. 149-170.
2. Dewitt K. Pittman Jr., Hacendados, Campesinos y Políticos. Las clases agrarias
y /a instalación del Estado oligárquico en México, México, Fondo de Cultura
Económica, 1989, pp. 38.
3.José Valadés, El Porfirismo. El Nacimiento (/876-/884), México, Antigua
Libreria Robledo, de Ponúa e Hijo, 1941, pp. 71-72.
4. Véase Diario Oficial de esa fecha.

25.ANM, protocolo José María Velásquez, 1883, ff. 303 v-306 v.
26.ANM, protocolo Eduardo Galán, 1892, ff. 300-329.
27.ANM, José del Villar Marticorena, 1879, ff. 230 y 22.
28.ANM, protocolo Eduardo Galán, 1892, ff. 300-329.
29.Jesús Sotelo lnclán, Raíz y razón de 'Zapata, p. 437.

30. ANM, protocolo Agustín Pérez de Lara, 190 I, ff. 577 y ss.

5 . Archivo de Notarias de la ciudad de México (en adelante ANM), protocolo de
Fermín González de Cosío, 1878, f. 333 v y ss.

31.ANM, protocolo Francisco Aguirre del Pino, 1898, ff. 319-351.

6. ANM, protocolo de Mariano Vega, 1862, ff. 267 y ss.

32. Las hijas de Delfín Sánchez y Felícitas Juárez eran Carmen, casada con Javier
Algara, e Isabel, esposa de Ramón Corona.

7. El Siglo XIX, 19 de enero de 1881.
8. Carlos Pacheco asumió la gubematura y comandancia militar del estado de Morelos
en 1876.
9. El Republicano, 15 de octubre de 1880.
IO. El Siglo XIX, 25 de octubre 1880
11. ANM, protocolo de Fermín González de Cosío, 2 de diciembre de 1879.
12. El Siglo XIX, 19 de enero de 1881.
13. El Republicano, 15 de octubre de 1880.
14. El Siglo XIX, 20 de Junio de 1881.
15. El Siglo XIX, 25 de junio de 1881.
16. Daniel Cosío Villegas, Historia Moderna de México. El porfiriato. La vida
económica. p. 518.
17. Op. cit., La Vida polftica Interior, p. 499.
18. ANM, protocolo de José Maria Velásquez, 1882, ff. 72 v y ss.
19.lbídem,ff.185-187.
20. ANM, protocolo de José del Villar y Marticorena, 1882, dd. 519-521.
21. La vida económica, p. 552.
22. ANM, protocolo de José Maria Velásquez, 1888 ff. 113-116.

87

�Trabajos publicados en Cuadernos
Autor y trabajo

Referencia

Aguirre Anaya, Industria y tecnología. Motricidad en
los textiles de algodón en el XIX

6, jun/93

Barragán, Empresarios del norte e importación de
tecnología a principios del siglo XX

6, jun/93

B/ázquez, La expulsión de los españoles en Xalapa y
Veracruz (1827-1828)

4, oct/92

Brown, Trabajadores nativos y extranjeros en el
México porfiriano

Cariño O/vera, La pesca y el cultivo de perlas en la región
de La Paz (1870-1940). Su impacto socioeconómico

9, mayo-ago/94

13, sep-dic/95

Cerutti, Españoles, gran comercio y brote fabril en el
norte de México (1850-19IO)

2, feb/92

César Dachary y Amaiz. La frontera Caribe de
México en el XIX. Una historia olvidada

7, oct/93

Contreras Cruz, Ciudad y salud en el porfiriato.
La política urbana y el saneamiento de Puebla (l 880-1906)

3, jun/92

Chassen lópez, Más baratas que las máquinas. Mujeres y
agricultura en Oaxaca (1880-1911)
Flores Clair, Trabajo, salud y muerte: Real del monte, 1874
Flores Torres, Empresarios, revolución y conflictos laborales
en Monterrey. La industria metalúrgica ( 1920- J923)
Franco Cáceres, Familias, oligarquía y empresarios
en Yucatán (1879-1906)

14, ene-abr/96
3, jun/92

9, mayo-ago/94

7, oct/93

Gamboa Ojeda, Mercado de fuerza de trabajo e industria textil.

El centro-oriente de México durante el Porfiriato

1, oct/91

García Quintani/la, Salud y progreso en Yucatán en
el XIX. Mérida: el sarampión de 1882

3, jun/92

sigue

�Autor y trabajo

Gómez Serrano, El desarrollo industrial de Aguascalientes
durante el Porfiriato

Referencia

Autor y trabajo

Referencia

Romero Gil, Minería y sociedad en el noroeste porfiriano

J, oct/91

11, ene-abr/95
Sariego Rodríguez. Historia minera de Chihuahua.

Interpretaciones

Gonzá/ez Herrera, La agricultura en el proyecto económico

de Chihuahua durante el Porfiriato

13, sep-dic/95

5, feb/93
Silva Riquer y Garrido Asperó, Formas de abasto al mercado de

Valladolid (1793-1800). La ciudad y su entorno agropecuario

Gonzá/ez Quiroga, Trabajadores mexicanos en Texas

(1850-1865). Los carreteros y el transporte de carga

Skerrit, Colonización y modernización del campo en el
centro de Veracruz (siglo XIX)

Gracida, La década de los 70 y la transición al

capialismo en Sonora

5, feb/93

11, ene-abr/95
Trejo Barajas, Propiedades y propietarios en Baja California
a mediados del XIX

Grosso, Producción e intercambio en el centro de México.

San Juan de los Llanos ( 1780-1840)

8, ene-abr/94

9, mayo-ago/94

12, mayo-ago/95

8, ene-abr/94

Gutiérrez. Comerciantes marítimos del noroeste de

México ( 1810-1835)

13, sep-dic/95

Herrera Pérez. El ixtJe en el Cuarto Distrito de
Tamaulipas (1850-1913)

10, sep-dic/94

Huerta, Empresarios y ferrocarriles en Morelos (1875-1900)

14, ene-abr/96

Juárez Flores y Téllez., Las finanzas municipales de la

ciudad de Tlaxcala durante el Segundo Imperio
León, La banca chihuahuense durante el Porfiriato

Areces, Comercio y relaciones de producción en Paraguay
en la época del doctor Francia
Bandieri, Historia regional y relaciones fronterizas
en los Andes meridionales.
El caso de Neuquén (Argentina)

11, ene-abr/95

12, mayo-ago/95

8, ene-abr/94
2, feb/92

Bonaudo y otros, Ferrocarriles y mercado de tierras en
el centro-sur de Santa Fe ( 1870-1900)

6,jun/93

Medina Cárdenas, El modelo región de refugio

Menegus, La desamortización de bienes comunales y

municipales en el valle de Toluca (1800-1854)

Sección Internacional

12, mayo-ago/95

de Aguirre Beltrán. Teoría, aplicaciones y perspectivas

4, oct/92

7,oct/93

O/veda, Las viejas oligarquías y la Reforma liberal: el caso
de Guadalajara

4, oct/92

Miller, Transferencia de técnicas. La construcción y administración
de ferrocarriles en la costa occidental de Sudamérica

O/vera Sandoval, Agricultura, riego y conflicto social
en la región citrícola de Nuevo León (1860-1910)

5, feb/93

Pinto Vallejos, El peonaje chileno en la fase inicial del
ciclo salitrero (1850-1879). Cortar rafees, criar fama

Ortiz Hemández, Propietarios y café en el Soconusco:
el Ferrocarril Panamericano

14, ene-abr/96

Ramfrez Rancaño, La aristocracia pulquera

10, sep-did94

sigue

Richard, Estado y empresarios regionales en los cambios
económicos y espaciales. La modernización de
Mendoza ( 1870-191O)

9, mayo-ago/94

10, sep-dic/94

sigue

�Autor y trabajo

Referencia

Suplee, Vitivinicultura, recursos públicos y ganancias

privadas en Mendoza ( 1880-1914)

5, feb/93

De próxima aparición
Uriarte, La industria resinera española y el mercado

internacional. Segunda mitad del XIX

13, sep-dic/95
Félix E. Godoy Dárdano, La electrificación del alumbrado público en las
principales ciudades a fines del XIX.
Martín Pérez Acevedo, Juan Basagoití: un empresario vasco en Michoacán
(1870-1905).
Antonio /barra, La fonnación del mercado en la Nueva España: Guadalajara
a fines de la colonia.
Sergio Ortega Noriega, El impacto de la revolución liberal en el noroeste.
Lawrence Douglas Taylor, El papel de la ganadería en la economía de guerra
sonorense (191O-1920).
Juan Carlos Grosso, Grupos económicos y poder político en Puebla. De los
Borbones al porfiriato.
César Morado Macías, Monterrey y la economía minera (1890-1908). El
nacimiento de la industria metalúrgica.
Gladys Lizama Silva, Fortunas familiares en Zamora durante el porfiriato.
Orietta Favaro, La explotación del petróleo en Argentina (1880-1916). Un
caso de intervencionismo estatal.

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                  <text>Revista de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y el Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica de México.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>Siglo XIX : Cuadernos de Historia</text>
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                <text>Siglo XIX : Cuadernos de Historia, 1996, Año 5, No 14, Enero-Abril</text>
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                <text>Revista de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y el Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica de México.</text>
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                    <text>Revista
de Historia

ECONOMIA Y POLITICA
EN EL SIGLO XIX
(Chile, México, Uruguay,
Venezuela, y Colombia )
Ano I, número 1
enero-junio de l 986

Facultad de
Filosofía y Letras

Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la U n.iversidad Autónoma de Nuevo León

AÑO I NUMERO 1

ENERO - JUNIO DE 1986

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este-número recibió la adhesión económica del
Departainentode Estudios Económicos y Sociales de la
Universida~ Autónpma de Yucatán

SUMARIO

Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . • • . . . . . • . . . . . • . . . .

3

lORqt U!ll'IEl:1°!',~

Enrique Florescano, Historia económica: econom(a y polftica . . . ..... - 11

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LoNGORIA

Los bienes temporales de los jesuitas en el reino de Chile (1593-1820).
Cuantificación y administración
por la monarqu(a... . . . . . . . • .

GUILLERMO BRAVO ACEVEDO

19

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Diseño: Eduardo Leyva S.
Tipografia: Andrea González Corona
Cuidado de la edición: Luis Vázquez Buenfil y Mario Cerutti
Colaboró en tareas de traducción: Miguel González Quiroga
Impresión: Proceso Gráfico, S. A.
Aparición semestral. Precio: 500 pesos mexicanos.
Para envíos al exterior, US $2.

Poder estatal, actividad económica y burgues(a regional en el noreste
de México (1855-1910) ......... • ....... MARIO CERUm
Uruguay: pol(tica industrializadora y grupos de presión
(1875-1898) . ... . ..•... .. . . •.•....... , .

67

RAUL JACOB

135

En busca de la prosperidad: Yucatán a la hora
de la independencia . . . . . . . ALEJANDRA GARCIA QUINTANILLA

165

Los intereses británicos y la polttica en Venezuela en las últimas décadas
del siglo XIX ..... . . . . . . . MARIA ELENA GoNZALEZ DELUCA 189
La formación de capital durante la época de la Regeneración
en Colombia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • DAVID C. JOHNSON

235

�PRESENTACION

El desarrollo de los estudios sobre el siglo XIX alcanzado en
México y en otros países latinoamericanos, en los últimos años,
es considerable. Fenómeno que se ha visto enriquecido por el
uso creciente y generalizado de fuentes primarias y por la implementación de técnicas y de recursos metodológicos renovados,
que han conducido a un conocimiento más profundo de esta
crucial etapa de la historia continental.
Período de transición entre la descomposición del orden colonial y el surgimiento regionalmente diversificado de la producción capitalista, el siglo XIX constituyó el momento en que se
establecieron no pocas de las bases que sustentan nuestro panorama más contemporáneo: la consolidación del Estado Nacional, la articulación y primer desenvolvimiento de mercados de características nacionales, la emergencia de grupos dominantes capaces de imponer y usufructuar el orden interior, las transformaciones suscitadas por los ciclos de la revolución liberal, la incorporación subordinada a un sistema económico internacional
hegemonizado por las sociedades que protagonizaron la revolución industrial, entre otras.

'

La abundancia de estudios sobre este siglo -cuya estricta
cronología puede abarcar los tramos finales del XVIII y las décadas iniciales del XX- no ha contado con una paralela organización de foros de intercambio y discusión o, mucho menos,
con la realización de ediciones conjuntas, ya fuere por medio
de memorias, volúmenes colectivos o revistas especializadas.
Como un intento para cubrir parte de estas ausencias nace
Siglo XIX. Revista de Historia, que tendrá carácter semestral y

�4

SigloXIX

aspirará a convertirse, justamente, en espacio abierto para dinamizar intercambios y discusiones. Sus páginas se pondrán a disposición de investigadores latinoamericanos, pero aguardan dar
cabida a la vez a colegas del sur de Europa, en cuyas sociedades
se habrían registrado -en el siglo XIX- fenómenos y procesos
cotejables con los de ciertas regiones de nuestro continente.

Siglo XIX espera contener en su período de arranque artículos y ensayos preparados a solicitud de sus editores, pero aceptará colaboraciones espontáneas que cubran los requisitos de práctica. En cada número se procurará incluir un elevado porcentaje
de materiales dedicados a un tema común y tratado por investigadores de países diversos a partir de los procesos de cada sociedad. Es factible que, según el caso, estos materiales sean
complementados con una introducción o comentario previo
destinado a resaltar elementos dignos o factibles de comparación: tarea, ésta, que deberá contarse entre los objetivos básicos de la publicación. En este marco, con frecuencia se rescatarán artículos ya impresos en revistas de circulación regional o
nacional, o en memorias de encuentros especializados, para
brindarles una nueva posibilidad de difusión -en una escala
quizás más amplia- y la oportunidad de que cobren una luz
diferente por ser reeditados junto con trabajos análogos efectuados en otros países.
Siglo XIX aparece gracias al apoyo resuelto de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de uevo
León: a poco más de diez años de haber fundado su Colegio
de Historia, esta institución de la ciudad de Monterrey, en el
noreste de México, reafirma así su política de estimular la investigación histórica y la pertinente difusión de sus resultados.
Desde ya se agradece la adhesión y colaboración de los colegas y amigos que reciban o tengan acceso al número 1 de
Siglo XIX. Su respaldo-ya provenga desde el lejano Sur, del
propio México o del otro lado del Atlántico- resultará decisivo para que este proyecto (alguna vez lejano) prosiga y se
consolide.

Presentación

5

Este número inaugural de Siglo XIX ofrece seis trabajos,
cuatro de ellos presentados como ponencias en el simposio
"Historia económica: economía y política" que, coordinado
por Enrique Florescano, se incluyó en el 45º Congreso Internacional de Americanistas.
Como en los otros dos artículos que integran el dossier, en
aquéllos se alude a procesos y fenómenos en los que quedan en
evidencia las imbricaciones ineludibles que economía y política
anudan en los procesos sociohistóricos. En algunos de los trabajos, inclusive, la conexión es mostrada de manera explícita y
notoria es, a la vez, la intención de recuperar o de revitalizar una
visión que -como indica Florescano en la minientrevista que
abre estos materiales y que, en parte, hace de introducción- el
vuelco hacia la historia económica había escindido hasta pocos
años atrás en la historiografía latinoamericana.
Tras los conceptos, precisos y firmes, de Florescano, se encontrará el detallado ensayo de Guillermo Bravo Acevedo. Se
centra en los bienes temporales que los jesuitas habían reunido
durante el período colonial en el alejado reino de Chile, y del
primer uso que se hizo de ellos a finales del régimen borbónico
y en los años inmediatamente posteriores a la independencia. Ya
en este caso impacta de inmediato cómo un hecho político-el
rompimiento con los jesuitas y la confiscación de sus bienesirrumpe sobre la propiedad y sobre medios productivos que
tienen un peso específico innegable sobre esta porción de la
economía colonial. Como se comentó en el simposio de Bogotá,
esta expropiación quizás resultó el escalón inicial del más prolongado fenómeno de la desamortización de los bienes eclesiásticos en España, que se extendería luego con Godoy, Mendizáhal y Madoz. De paso, el artículo de Bravo Acevedo ayuda
a percibir no solo la diversidad sino también la envergadura de
los bienes que la iglesia católica supo agrupar en sociedades que en
el siglo XIX se convertirían en los estados nacionales que hoy
reconocemos.

�6

SigloXIX

Presentación

7

El entrecruzamiento de lo político y lo económico está tratado con insistencia por Mario Cerutti al estudiar lo sucedido en
la segunda parte del siglo en el norte oriental de México. Se pone énfasis en dos momentos decisivos: cuando con la Reforma
se desata la guerra civil y se registra la invasión francesa -añ&lt;~s
en que la economía del noreste fronterizo se somete a la guerra-,
y cuando el porfiriato logra estabilizar y afirmar un orden interior que resultó fecundo para los grupos dominantes y para poner en marcha los brotes inaugurales y en gran escala del capitalismo. El poder político ( de dimensiones regionales hacia mediados de siglo, de capacidad nacional hacia 1900) actuó de manera
diferente, en cada caso, sobre la estructura económica. Mientras
en los difíciles años en que la guerra somete a la economía las
medidas apuntan a brindar oxigeno a la circulación mercantil y
hay una impresionante necesidad de acudir al préstamo de los
mismos comerciantes, durante el porfiriato la política económica incide abiertamente sobre la producción, el uso productivo ~l capital y el fortalecimiento de condiciones que puedan
llevar a abastecer las necesidades en ascenso del mercado nacional y, particularmente, del mercado mundial.

Alejandra García Quintanilla, por su lado, refleja los dilem~ y conflictos que en el otro extremo de México-la península de Yucatán- se plantearon al descomponerse el sistema
colonial español. ¿ Cómo enfrentar el sendero que debía llevar
a la prosperidad, la riqueza, el progreso? La capital regional,
Mérida, y el puerto fundamental, Campeche, ofrecerán a la
hora de la independencia alternativas distintas. Las distancias
entre ambas propuestas tomó constante la amenaza de una separación del resto de México: amenaza que desde Yucatán
planearía por lo !llenos hasta la mitad del siglo y que quedaría
clausurada cuando la prosperidad del henequén -desatada desde los años 70- contribuya a ligar los intereses dominantes locales con los de un poder central que pacientemente construía
Porfirio Díaz. Pero al abrirse el siglo XIX otras eran las posibilidades y expectativas. El comercio con la isla de Cuba, por
ejemplo, hace dudar a Mérida sobre la conveniencia de romper
con España. Ya en estos años y por estas latitudes emerge, por
otro lado, un personaje que gozará en el México de la primera
· mitad de la centuria de un peso considerable: Antonio López
de Santa Anna. Su ciclo quedó cerrado, precisamente, con la
Reforma.

Las políticas económicas y los lazos que se extienden entre
el Estado y los diferentes ~os de presión resultan el nudo del
artículo que ofrece Raúl Jac'"ob en torno al Uruguay del último
cuarto de siglo. El eje del estudio es, aquí, las limitaciones o posibilidades que para desarrollarse tuvo el sector manufacturero
en décadas en que el crecimiento global del aparato productivo
dependía de una inserción neta y abierta en la economía internacional. Al margen de los discursos liberales, queda evidenciado cómo el poder político resumido en el Estado juega un papel protagónico en estos años. Incluso, como lo muestra Jacob,
algunos de estos grupos de presión prácticamente nacen tras
las políticas asumidas desde la administración pública: hecho en
el que encontrarán un camino para su desenvolvimiento pero,
simultáneamente, un escollo concreto para un avance más autónomo o menos subordinado al de otros sectores sociales
dominantes.

Conflictiva resultó también la Colombia de finales del XIX.
David Johnson, en su trabajo, se encarga de rescatar la trayectoria de una familia convertida poco a poco en un emporio
empresarial en medio de tantas vicisitudes. Se trata de una descripción minuciosa, fincada en fuentes notariales, que comprueba los mecanismos de acumulación previa que en no pocas regiones latinoamericanas se protagonizaron en décadas en que
el capital tenía dificultades para volcarse a los procesos productivos. Johnson, por otro lado, no deja de señalar las vinculaciones de Reyes González -el empresario investigado- con
una de las grandes corrientes políticas colombianas. Al evidenciar sus relaciones con los conservadores, el autor se permite
dudar, simultáneamente, de generalizaciones que insisten en que
sólo los liberales se ocupaban de tareas modernizadoras y de
producciones tan prominentes como la de café. El café, ade-

�8

Siglo XIX

más alimenta la inserción de la economía colombiana en el mercado' mundial.
Los materiales de este número de apertura se cierran con un
muy sugerente ensayo que Maria Elena González Deluca publicó
previamente en Boletín Americanista, la revista que colegas y
amigos de la Sección de Historia de América de la Universidad de
Barcelona editan anualmente. Como se señala más arriba, el rescate y nueva difusión de trabajos de calidad que aborden la temática principal en cada número de Siglo XIX estará entre los objetivos de esta publicación. Más todavía si aluden a situaciones
nacionales diferentes a las analizadas por los otros autores. Con
el artículo de González Deluca, así, es factible incorporar a Venezuela al conjunto de sociedades revisadas y consideradas en
este dossier volcado sobre economta y política en el siglo XIX.
González Deluca presenta los problemas que la invertebrada
Venezuela mantuvo hasta comienzos del siglo XX para lograr
dinamizar el crecimiento capitalista que en otras regiones latinoamericanas se venía ya implementando. Las dificultades íntimas, señala, inclusive obstaculizan el arribo del capital inglés,
que por esas décadas se derramaba por el resto del continente
en forma generosa. Sus conclusiones ratifican lo que estudios
recientes aseveran cada vez con mayor insistencia: los cambios
que en el último tercio del siglo XIX se observaron en América
Latina tuvieron mucho que ver con reestructuraciones internas,
y con la aparición de grupos dominantes capaces de rearticularse
con provecho con la economia mundial. En ello insiste Marcello
Carmagnani, por ejemplo, en un volumen que en castellano vio
la luz en 1984*.
Del racimo de artículos sobre el que se afinca el número 1
de Siglo XIX quizás sea factible extraer -además de una información por momentos abundante- la siguiente percepción: es
una de las urgencias metodológicas más visibles la de reunificar
* Marcello Cannagnani, Estado y sociedad en América Latina. 1850-1930, Barcelona,
Critica-Grupo Editorial Grijalbo, 1984, pp. 28-30.

Presentación

9

economía y politica en los estudios sobre esta centuria (tan significativa como etapa 4istórica para la explicación de situaciones más contemporáneas). Lo polftico, en ocasiones -sobre todo en los picos de crisis- emergió como un condicionante estructural. Lo económico resultó reformulado tras esos picos,
para volver a asumir una cualidad indudablemente sustancial en
décadas en que la estructura productiva retomó a funcionar con
regularidad y orden.
Las páginas de Siglo XIX quedarán abiertas, desde ahora, para quienes quieran retomar este punto. Y para otros temas: las
líneas de cierre de este prólogo están destinadas a invitar a colaborar con este proyecto que nace en 1986 en una ciudad del interior de México. En estas generosas tierras mexicanas -que tan
desinteresadamente abrieron sus brazos a miles de latinoamericanos exiliados- esperamos producir una revista que reúna a un
núcleo creciente de especialistas dedicados a investigar el crucial
siglo de la independencia y de la construcción del Estado
Nacional.

�MINIENTREVISTA

Florescano: Economía y Política

La mayoría de los materiales recogidos en este número inaugural de Siglo XIX fue presentada en forma de ponencias en el
simposio "Historia económica: economía y política", dentro
del denso y amplio programa que comprendió el 45 Congreso
Internacional de Americanistas (Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985).
El principal animador y coordinador del simposio fue Enrique
Florescano, uno de los historiadores más prominentes de México y con relevancia continental.
Actual director del Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH), Florescano ha ganado reconocimiento por su
prolongada tarea de investigador, por sus numerosas publicaciones y por su labor de organizador y compilador de obras de inevitable consulta. Fue, también, un protagonista visible en la entrada de la historia económica en la historiografía latinoamericana.
Nadie mejor que Enrique Florescano, entonces, para propi·
ciar una fértil revisión sobre lo hecho por la historia económica
y sobre la necesidad de que los estudios históricos anuden en
una visión menos parcelada, más global, los estrechos vínculos
que los procesos sociales registran entre lo económico y lo politico. A esto suma el autor de Origen y desarrollo de los problemas agrarios en México, el compilador de Ensayos sobre el desarrollo económico de México y América Latina, el coordinador
del Atlas histórico de México, un interés casi apasionado por el
estudio histórico y por la historia de su propio país. Un énfasis
que no le hace perder de vista la necesidad imperiosa de acercarse al mflximo rigor científico cuando se pretende adquirir un
conocimiento histórico adecuado.

�12 Siglo XIX

En esta minientrevista F1orescano habla sobre los motivos
que gestaron el simposio de Bogotá, sobre el reacercamiento que
es menester plantear entre economía y política y sobre algunos
aspectos significativos del siglo XIX en México.
Siglo XIX.- Usted coordinó en el 45° Congreso Internacional de
Americanistas el simposio "Historia económica: economía y
política". ¿Por qué esta denominación, y por qué seleccionó un
tema con tales características?
Enrique Florescano.- Porque me parecía necesario contribuir
a que se volviera a unir el análisis político con todos los resultados -afortunadamente muy positivos- que se han logrado en la
historia económica y social reciente.

Cuando comenzó este boom, ese acento tan fuerte en el
análisis de las estructuras y de las coyunturas económicas, se
dio como una reacción contra una interpretación muy ideologizada de la historia política. Se llevó adelante con la convicción de que íbamos a encontrar un terreno más firme, más sólido que nos permitiría interpretar mejor tanto los procesos políticos como sus derivaciones o resultados ideológicos.
En verdad, eso no pasó, y no pasó por :¡]guna caUsa especial
que estuviera más allá de la propia forma con que funciona la
investigación- en nuestras áreas académicas: simplemente se parceló, se parcializó lo estudiado y se hizo de nuestra historia económica algo muy economicista. Y no se prestó suficiente atención a los grandes efectos y a las influencias del desarrollo político.
De todo esto creo que hay evidencias suficientes. Aunque la
historia económica avanzó mucho en América Latina, y aunque
ese cambio en el énfasis resultó positivo para el conjunto de la
historiografía americanista y mexicana, no alcanzamos a crear
un tipo de historiador que- al mismo tiempo que fuera descubriendo las características de la estructura económica de los
'
procesos económicos y el desarrollo de la formación económi-

Florescano: economía y pol(tica

13

ca- se acercara al fenómeno político. Este historiador, en lugar
de ver los hechos políticos como una parte sustancial del proceso histórico general, lo veía como una parte distante o refleja.
Además se tuvo la influencia muy marcada -quizás más ideológica que científica- de las corrientes marxistas y de izquierda
que, paralelamente a este nuevo interés por la historia económica,
insistieron sobre lo que podríamos llamar la dominancia o el
predominio de lo económico sobre lo político (sin que esta afirmación estuviera comprobada por los hechos). Se trataba, en
todo caso, de un punto de partida, de una hipótesis o un enfoque,
pero que fue aceptado como una conclusión, más que nada, por
el mismo desconocimiento que estas corrientes tenían de los
procesos históricos.
Siglo XIX.- ¿Sería factible puntualizar que esta mirada excesivamente volcada en el funcionamiento económico mostró límites
para brindar una explicación satisfactoria o más adecuada de los
procesos históricos?
Enrique Florescano.- Para responder a esto hay que considerar
dos problemas. Uno fue que, efectivamente, el análisis económico
exclusivo, rigurosamente centrado en los procesos económicos,
no alcanzó a ofrecer explicaciones satisfactorias de los propios
cambios económicos, para no hablar ya de los cambios sociopolíticos. Por otro lado se dio un problema ligado a la for~l!ción
misma del historiador en nuestros países, que obedece en ocasiones más a las modas que a una verdadera compenetración con·
los interrogantes que plantea una época. Aunque las modas pueden resultar benéficas (cuando sirven para ampliar la visión que
se tiene, recoger técnicas, métodos y enfoques que conducen a
profundizar lo que se anda tratando de explicar) si se las convierte en lo fundamental, entonces se distorsiona el objeto mismo
de estudio. Y creo que algo así nos pasó.

Pero me interesa aclarar lo siguiente: ni creo que la historia
económica haya abortado, ni mucho menos que haya alcanzado
a desbrozar y sistematizar la gran cantidad de información, de

�14

SigloXIX

conocimientos que necesitamos tener aclarados para poder explicar determinados procesos históricos. Pero si vemos lo que sucedió a fines de los años 60 y sobre todos durante los 70 (cuando se registró el vuelco hacia la historia económica), y si o~servamos lo que ocurre diez años después -pese a que no deJO de
crecer la investigación ni de perfeccionarse su infraestructura-,
nos encontramos con que tenemos menos estudios económicos
y socioeconómicos de los que contábamos en la década de los
70. Y además: no contamos con un buen análisis sobre qué llegamos a comprender mejor y qué nos falta por hacer.
Creo que aquí hay un problema de inconsistencia científi~a:
no se ha logrado dar continuidad a una verdadera preocupación
científica sobre los procesos económicos, a pesar de que ~esc~brimos fuentes prodigiosas aplicando los métodos de la histona
económica...

Siglo XIX.- Parecería que estamos situados en un punto en el
que hay que revisar cosas. Este simposio que coordinó en el
marco del 45º Congreso de Americanistas ¿fue un intento en
ese sentido? ¿Es un primer paso o se trata de una actitud que
comienza a generalizarse en Latinoamérica y México?
En-Ti-que Florescano.- Creo que esta revisión se está generalizando. No conozco con exactitud lo que sucede en el contexto latinoamericano, pero sí puede observarse que en el caso de México se ha generado recientemente un vuelco hacia los problemas de la historia política, especialmente para la época más
contemporánea. Resulta evidente que los estudios de caracter
político están dominando. Lo que es un buen signo, porque se
había olvidado en parte ese aspecto. También lo notamos en las
investigaciones sobre la época prehispánica, la colonial y el siglo
XIX. Es decir, vivimos un momento de revisión, de ajuste, en el
cual se observa una tendencia definida por los aspectos no esclarecidos de las estructuras políticas, por el análisis de los fenómenos políticos.
Pero, por otro lado, tampoco se ve aún, con claridad, una
interacción entre este enfoque y los anteriores: los que se sus-

Florescano: econ omfa y polftica

15

tentaron sobre la historia económica, la historia social e, incluso, lo que antes se denominaba historia de las ideas.

Siglo XIX.- ¿Le parece posible extraer alguna conclusión sobre
este punto del simposio de Bogotá?
Enrique Florescano.- Creo que es una muestra muy reducida para atraverse a extraer conclusiones respecto a la historiografía
en general, como respecto a cada país. Pero siento que hay~ cambio en las actuales generaciones: se han enriquecido con el aporte de la historia política europea (italiana, inglesa), que ha matizado visiblemente el enfoque de la historia cuantitativa francesa y el de la historiografía marxista, preocupadas más por el
análisis de las estructuras y los procesos económicos.
Esto ha enriquecido a todos, y ello se manifiesta no sólo
entre los historiadores, sino entre gente que se encuentra
en las fronteras de diversas disciplinas. Antropólogos, sociólogos, politólogos, se han acercado más a los métodos y enfoques
de la historia económica y de la historia social. Y puede percibirse ya como que están cuajando ciertas fundamentaciones
básicas para marchar hacia interpretaciones más globales del desarrollo histórico.

Siglo XIX.- Hay períodos en que lo polltico parece haber surgido con una fuerza singular, fenómeno a veces ligado a situaciones de crisis prolongadas, de alteraciones importantes. Para
esas etapas o momentos, esta recuperación de lo político -o
sea: su percepción y su valoración por parte del historiadorresultaría de enorme significación. ¿Cree usted que el siglo XIX,
en Latinoamérica y muy particularmente en México, estaría
entre esos períodos?
Enrique Florescano.- Claro que sí, pero pienso que ello puede
ser extendido a la época colonial, y a la anterior a la llegada de
los españoles... Si nos referimos al siglo XIX emerge un hecho
muY: claro: la estructura económica-en México- a partir de la

�/

Florescano: econom(a y pol(tica

17

16 SigloXlX

independencia, no cambia aunque cambie el horizonte histórico
y político del país. Su horizonte empieza a ser, ya, el de un proyecto de Estado y de ación independientes. Pero su estructura
es totalmente colonial, y las prácticas políticas, las costumbres y
la formación de su gente siguen siendo básicamente coloniales.
Gradas a la liberación política, la perspectiva que surge es la de
un proyecto nacional que, por otro lado- y esto es lo que me
parece extraordinario en el siglo XIX-, no existe en la realidad:
la realidad de México en ese momento no es todavía la de una
nación o de un estado.

Siglo XIX.- Por eso fue que la consumación del Estado Nacional
requirió su tiempo histórico ...
Enrique Florescano.- Si: nació más pronto el proyecto, que comenzó a definirse entre 1824 y la generación liberal. Pero sólo
era un proyecto: lo que hizo alcanzar la unidad de este proyecto
fue el triunfo de (Benito) Juárez frente a los peligros externos,
del imperialismo exterior, y frente a la reacción interna. Allí se
unificó la idea de trabajar por un proyecto nacional con la legitimidad necesaria para sus dirigentes.

'Pero tampoco era aún un verdadero Estado acional: se siguió trabajando so¡i-e el proyecto histórico generado en la primera mitad del siglÓ XIX, pero la estructura económica básicamente no había cambiado. Lo que si se había acentuado para
entonces era el predominio del capital mercantil, que hegemonizaba la estructura productiva, todas las relaciones, el tejido social y político. Este fenómeno ya lo contemplamos en el siglo
XVIII, pero en el XIX se consolida asumiendo una transformación no sé si estructural o cualitativa: cuando se da la aparición
de los llamados agiotistas y la especulación. La escala tiende a
ser la de un país de dimensión nacional y con vinculaciones cada
vez más claras con el desarrollo capitalista mundial. La variante
es, que ya no se trata de un espacio colonial, sino de un
país con autonomía política y que se enfrenta al fenómeno de
las relaciones capitalistas y comerciales internacionales con una

estructura que comienza recién a modificarse. Y allí estaba la
gente vinculada al agio, a la especulación, que llegó a adquirir
una importancia enorme e influyó en las alteraciones de la estructura económica.

Siglo XIX.- Pero ¿cómo modificar una estructura tan sólida como la heredada de la colonia? El peso específico de lo político
debió sentirse aquí, tuvo que emerger como una variable fundamental, decisiva. Un ejemplo, muy conocido: la expropiación de
los bienes de la Iglesia Católica y la inserción de estos bienes en
el mercado. Hecho que derivó en gran medida del grado de agudeza que llegó a tener el conflicto sociopolitico, pero que impactó en áreas claves de la estructura de la propiedad, de la economía en general, en el marco de un proyecto modernizante y
de construcción del propio Estado Nacional.
Enrique Florescano.- Buena parte de todo esto llegaba de las
ideas ilustradas, de la influencia que tuvieron en nuestra sociedad colonial. La Ilustración tuvo en México un efecto.ideológico extraordinario. Es adoptada por los grupos dirigentes que se
habían nutrido de una concepción religiosa del mundo y de la
sociedad. Y allí empieza un cambio que cuhnina - en términos
económicos y políticos, y como conflicto- con la expropiación
de los bienes de la iglesia. Los momentos más intensos de ese
conflicto se manifiestan entre 1824 y 1857.

Además, aquí se estaba definiendo el proyecto de intervención del Estado, como estado secular, en la orientación y conducción de la sociedad. Y se define también una educación laica, no religiosa, lo cual implica la secularización de la sociedad.
El Estado como conductor del conjunto social y nacional se
afirma cuando la iglesia pierde la dirección de la educación, de
todo su aparato administrativo (con influencia en la familia, la
moral, los casamientos, nacimientos). Se pasó de una sociedad y
un estado estamental y corporativo a un estado guiado administrativa, política y económicamente por los dirig~ntes del Estado Nacional. Este fue el gran cambio en un proceso que atra-

�18

SigloXIX

vesó todo el siglo XIX y concluyó en parte hacia los años 30 y
40 de este siglo: cuando las transformaciones políticas y admirústrativas de Cárdenas y del grupo de dirigentes que salen de
la revolución crean una administración pública con un proyecto económico, social y político conducido plenamente desde el
Estado.

Los Bienes Temporales Jesuitas
en el Reino de Chile (1593-1820).
Cuantificación y Administración
por la Monarquía
Guillermo Bravo Acevedo*

ace entonces otro problema: el de la supeditación de la sociedad civil a la dirigencia de un pequeño grupo, que es uno de
los elementos significativos, poderosos y duraderos que han conformado el desarrollo histórico y político de México.
Desde su llegada al Reino de Chile, los regulares de la Compañía de Jesús se destacaron en todas las actividades de la vida
colonial. No sólo condujeron las misiones entre los indígenas y
realizaron una amplia labor educacional, entregando un valioso
aporte cultural a la sociedad chilena durante los siglos coloniales, sino que también gozaron de gran prestigio social y acumularon una considerable cantidad de bienes económicos.
Al cabo de más de medio siglo, dichos bienes o "temporalidades", se convirtieron en su conjunto en una apreciable riqueza, que contrastaba con las fortunas privadas o de otras órdenes religiosas, dentro del contexto histórico-económico del
período colonial.
En esta perspectiva, este estudio expone los resultados de
una investigación sobre historia económica chilena, cuyo propósito fue conocer el conjunto de bienes que integraba el fondo de temporalidades jesuitas, con el objeto de cuantificar los
bienes económicos acumulados, desde su llegada al país (1593)
hasta su expulsión (1767).
Por otra parte, un segundo objetivo fue explicar el destino económico de los fondos de capital, reunidos por la enajenación de
*Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Oiile. Ponencia presentada
en el simposio "Historia económica: economía y política" , 45º Congreso Internacional de Americanistas, Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985.

�20 Siglo XIX

C. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

dichos bienes secuestrados a esa Orden religiosa, que fueron administrados por la corona española.
Partiendo del supuesto que el monto total que representaba
el valor de las temporalidades jesuitas, expresado en dinero, fue
subvalorado porque se incluyó en su cálculo sólo a· los bienes inmuebles, la investigación se orientó a conseguir datos documentales que permitieran determinar el valor de los bienes raíces y
de los bienes muebles - productos y mercancías, ganados y esclavos, entre otros-.
Adicionalmente, se estimó que el precio de venta de todos
los bienes estuvo ajustado a los precios corrientes del mercado,
aunque en el caso de los inmuebles se debían agregar los intereses devengados por las ventas a crédito, para obtener un valor
económico constante.
De este modo, en el cálculo de la riqueza temporal jesuita
se incluyeron los valores de los bienes muebles, de los inmuebles y de los intereses de crédito, obteniéndose con ello el valor
final del conjunto de temporalidades.
Cuanto a la administración del fondo de capitales, la corona
española aplicó un plan que puede dividirse en tres etapas: Administración Provisoria (1767-1771), Administración por la Junta Provincial de Temporalidades (1771-1789) y Administración
por vía de Ensayo (a partir de 1789).
I. EL TEMA E

LA HISTORIOGRAFIA

Los principales estudios históricos sobre el conjunto de bienes temporales de los jesuitas quedaron establecidos en la centuria decimonónica y aún cuando en el presente siglo se han hecho algunos trabajos sobre la materia, ninguno de ellos es de
carácter global (Aranguiz Donoso, H. 1967; Femández Larraín~
S. 1967; Fontana, Esteban, 1962; Hanisch E. Walter, 1963,
1974; Laval, Enrique, 1953).

21

El espíritu liberal del siglo XIX, presente en la sociedad chilena y representado en las corrientes historiográficas por don
Diego Barros Arana y don Benjamín Vicuña Mackenna, trató el
tema con vehemencia tanto al reconocer la valía de la influencia
cultural, como denunciando el poderío económico y la riqueza
temporal de la compañía. Al tiempo que el iesuita Francisco Enrich asume la defensa, tratando de justificar la tenencia de cuantiosas Temporalidades señalando que servían, precisamente,
para sostener la obra cultural de la Institución religiosa.
Diego Barros Arana (Barros Arana, 1872) señala que la influencia económica de la Orden podía ser estudiada viendo los
modos y formas que poseían los Jesuitas para crear e incrementar su riqueza, a la que califica como "considerable". Luego,
sugiere que detrás de cada actividad emprendida por los Jesuitas estaba presente "el espíritu mercantil", que dirigía todos los
negocios de la Orden.
Sin pretender, estimar "el monto total de la riqueza territorial de los Jesuitas en Chile", pues le faltan datos, concluye diciendo que el monto de la riqueza podía representar dos o tres
millones de pesos hacia 1767 y que si no se hubiera producido
la expulsión y la inversión constante de los fondos se hubiera
mantenido, esa fortuna jesuita· habría representado unos veinte
millones de pesos, en 1810.
Finalmente, a través del estudio se sugiere que es imposible
calcular con acierto el valor en dinero, que tenían dichas propiedades en el siglo XVIII, porque el precio de venta fue ínfimo a
causa de la mucha oferta que de ellas hubo.
Benjamín Vicuña Mackenna, en varios escritos (Vicuña
Mackenna, B. 1936 y 1938), no desconoce los méritos de los
Padres de la Compañía en el campo cultural y social, pero agrega que todo esto se empaña con "ese amor culpable, sórdido,
vil, por atesorar bienes", cuya posesión estimulada por el trabajo de la Orden, los convirtió en una "fabulosa riqueza".

�22

SigloXIX

Basándose en algunos documentos de archivo, señala los valores de algunas propiedades principales y aún cuando no llega
a cuantificar la totalidad de la riqueza jesuita, esboza una comparación de ella respecto del valor que tendrían en su propio
tiempo. Esta metodología determina un desfasamiento temporal
en su comparación, aunque sugiere que para apreciar el valor
real de los inmuebles se puede observar en un mapa colonial las
localidades en que estaban situadas, para verificar su extensión
territorial.
Francisco Enrich (Enrich, F. 1891), traza una historia de la
Compañía de Jesús en Chile y nos presenta la obra cultural de
los religiosos, llena de elogios, cuando comienza a rebatir precisamente todos los calificativos dados a la Orden. Exponiendo
planteamientos filosóficos y doctrinales, concluye que no es
ningún delito poseer riquezas si ellas se han adquirido por medios lícitos y siempre que no se "abuse de ellas para malos fines". Por otra parte señala que si los antiguos padres poseían
una riqueza, esta era proporcionada con sus necesidades. Para
probar su aserto cuantifica las propiedades inmuebles de la Orden, señalando que su precio no representa el valor real porque
se tasaron y vendieron en más de lo que realmente valían y, que
aún con todo, esas mismas propiedades sostenían toda la obra
educacional, misionera y cultural de la Compañía en Chile.
En síntesis, las conclusiones que sacamos de estos estudios
fueron:

l. Que, se observa en los trabajos historiográficos un enfrentamiento entre dos posiciones, que sin desconocer la influencia y obra cultural de la compañía, discrepan en cuanto se
refiere al monto de sus bienes económicos.
2. Que, tanto Barros Arana como Vicuña Mackenna, proponen
una comparación histórica anacrónica de la riqueza temporal jesuita puesto que la valoran fuera del contexto histórico
en que estaban situadas, aún cuando Vicuña Mackenna, intenta la elaboración de una estimación cualitativa de ella,

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

23

que a nuestro parecer es más acertado.
3. Que, el padre Francisco Enrich cuantifica las temporalidades, aunque sólo se refiere -al igual que los otros autores citados- a los bienes inmuebles de la Compañía, olvidando
que poseía también, otros bienes, menos valiosos individual- ·
mente, pero en su conjunto formaban un capital económico
nada despreciable.
II. BIENES TEMPORALES JESUITAS
Durante el período colonial, la labor de la Compañía de
Jesús en el terreno espiritual y educacional fue, sin lugar a dudas, permanente, valiosa y de una considerable influencia en el
desarrollo de la vida chilena de esa época. Además de contribuir
al desenvolvimiento de una forma cultural propia, los jesuitas
hicieron sentir su participación en los ramos de la administración colonial y muchas de las decisiones tomadas para enfrentar la marcha política del Reino se abrieron a sus sugerencias 1 .
Los esfuerzos desplegados por los hijos de San Ignacio, para
llevar adelante sus objetivos, debían contar lógicamente-con una
base sólida, estable y productiva, pues de otro modo, las dificultades de este género habría tenido influencia negativa en el trabajo general de la Orden. Así, pues, era imprescindible para los
regulares tener un apoyo material para afirmar su misión espiritual. Esto significó que, paralelamente al trabajo del espíritu y
la cultura, la Compañía no sólo debió procurarse los bienes que
en cantidad suficiente le permitieran fundar Colegios, Casas y
Misiones, sino que también, debió atender el desarrollo e incremento de ellos, ya que dentro del esquema administrativo de la
institución, éstos permitían la supervivencia de aquellos.
Como consecuencia de esta mentalidad, los negocios matel. Medina, 1965 T. l. p. 177 • 192 y T. ll.p. 53 y 123 y p. 140 -154. Transcribe
documentos sobre la Guerra Defensiva y los planes del padre Luis de Valdivia.
Solar, 1969. Trata la importancia cultural de los escritores jesuitas.

�24

SigloXIX

riales y las tareas propias de la Orden muchas veces se vieron
retardadas cuando, a consideración de los superiores, los bienes
con que contaba un colegio, no eran suficiente para mantenerlo
o para permitir una vida tranquila a los individuos designados
para ejercer una determinada función. En este principio podemos encontrar el amplio sentido práctico que aplicaban los jesuitas a sus n~ocios espirituales o materiales, que pueden explicar muchas de las acciones llevadas a cabo por la Compañía,
en bien de la sociedad o en provecho de su propia consolidación como institución.

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

25

nistrativo empleado6 para trabajar las temporalidades permitieron su ensanche y aún su incremento, a través del sistema de
compra, a particulares u órdenes religiosas7 •
.
Una tipología primaria dentro del conjunto de temporalidades nos permite distinguir entre estos bienes~ inmuebles y
muebles.

Los bienes temporales de la Compañía, a que hemos hecho
mención, llegaron a manos de la Orden por medio de donaciones o por compra.

Los bienes inmuebles o raíces, están subdivididos en: Propiedades urbanas y Propiedades rurales. Entendemos por aquéllas los solares urbanos y casas comprendidas en el casco urbano de la ciudad y chacras y molinos adyacentes a él, y por éstas,
las haciendas y estancias de la zona agrícola correspondiente a
una ciudad y sus términos.

De modo general, podemos establecer que las donaciones
correspondían a las denominadas de "intervivos',2; a las hechas
por testamento3 ; a las realizadas por cesión de herencia4 y a las
otorgadas por merced reaP .

Respecto de los bienes muebles, principalmente disti~uiremos tres clases: ganados, esclavos y mercancías y productos,
aunque en la cuantificación final incluiremos el dinero físico
encontrado en las cajas de colegios y haciendas.

Por otra parte, la ágil gestión financiera y el sistema admi2. Entre otras donaciones de este tipo es de importancia la del capitán Andrés de
Torquemada y del capitán Agustín Briceño, los cuales juntaron sus haciendas para fundar un colegio con el título y advocación de San Miguel. Torquemada donó la hacienda de Podaba! y Briceño 122 cuadras de pan llevar, que constituyen la chacra de la Olleria, y la hacienda de Rancagua.
Olivares, 1874. p. 25 ;Encina, 1945 T. V. p. 388 yEnrich, 1891 T. L p. 52-53.
3. Corresponde a este caso, la donación del alguacil Mayor de la ciudad de Santiago, don Antonio Martíne-i de Veigara, que instituyó por heredero de la hacienda de Chacabuco a la Compañía de Jesús.
Medina, 1952 p. 342.
4. Los hermanos Gonz.alo y Francisco Ferreira dedicaron su legítima herencia
(17 .000 pesos), para la fundación de un noviciado en la ciudad de Santiago,
que recibió el nombre de San Francisco de Borja.
Olivares, 1874 p. 258 ;Barros Arana, 1872, p. 32.
Benefactor del colegio máximo de San Miguel fue el padre Alonso de Ovalle,
quien por testamento legó todos sus bienes a la compañía.
Barros Alana, 1872 p. 29.
Además dotó 3 becas en el colegio seminario de San Francisco Javier.
Olivares, 1874 p. 32.
5. El Gobernador Alonso de Ribera extendió merced de tierras a la Compañía;
2.000 cuadras en el paraje de Quinchamalí y 1.600 en Qúllán.
Enrich 1891. T. l. p. 293.

IIl. CUANTIFICACIÓN DE LAS TEMPORALIDADES
Los distintos bienes económicos que hemos mencionado,
administrados convenientemente por los regulares de la Compañía en Chile, componían la riqueza temporal que le fue ocupada
a la Orden en 1767, año en que por disposición de Carlos III los
jesuitas fueron expulsados de España y de las colonias Indias y
Filipinas.
Pasados estos dineros a la administración Real8 , se convir6. Un buen ejemplo de administración de bienes, lo constituyen las "Instrucciones a los hermanos jesuitas administradores de haciendas". Este es un manual
administrativo que consta de más de 300 artículos.
Chevalier, 1950.
7. Numerosas fueron las compras de propiedades realizadas por la Compañía Estancia de Peñuelas (1667), Lagunillas (1668), Tunquén (1670), Calera de Tango
(1685).
Medina, 1952 p. 252 - 253; Enrich, 1891, T. I. p. 374;Olivares, 1874 p. 457.
8. Ver mi trabajo sobre el particular. Bravo, 1984, p. 87 - 108.

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SigloXIX

tieron en un fondo de capitales, cuyas finalidades eran: satisfacer las pensiones de los jesuitas expulsados y atender a las diversas aplicaciones autorizadas por voluntad del monarca.
Este fondo de capitales, formado por la incautación de dineros y la enajenación pública de los bienes, nos permitirá valorar cuantitativamente, en unidades monetarias, la riqueza económica poseída por los jesuitas chilenos al tiempo de su expulsión.

C. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

27

4.116 pesos 6 reales, en tanto que en el Colegio de Quillota,
142 pesos 2 reales; en el Colegio de Coquimbo 1.237 pesos 7
reales; en el Colegio de Talca 32 pesos 3 reales; en la Residencia
de V alparaíso 200 pesos; en el Colegio Estancia del Rey (Buena Esperanza), 93 pesos 4 reales.
En resumen, el total de dinero efectivo requisado a la Or-

den de Jesuitas en 1767 alcanzó la cantidad de 11.732 pesos
5 reales.

A) Dineros
En la Procuraduría del Colegio Máximo de San Miguel, el
Comisionado, Juan de Balmaceda, dejó constancia de haber
encontrado en caja 591 pesos, en plata sellada, y en la Procuraduría General de la Provincia, que funcionaba en el local del
mismo Colegio, la cantidad de 1.398 pesos 7 1/2 reales. De esta suma, 1.989 pesos 7 1/2 reales, se tuvo que deducir 633 pesos 6 reales, para costear los gastos de mantención de los jesuitas reunidos en el Colegio, más 215 pesos 6 reales que fue el
costo de la guardia que custodiaba el rec~to y otros gastos indispensables realizados para trasladar los jesuitas de otros colegios, quedó un saldo líquido de 1.143 pesos 1/2 real:9
Procediendo en la misma forma, que el Oidor Balmaceda,
los Comisionados que intervinieron en la ocupación de las temporalidades jesuitas registraron en el inventario, la cantidad de
dinero hallada en la Caja de la Procuraduría de cada Colegio,
cuyas cifras son:
·
En el Colegio del Noviciado de Santiago se encontraron
3.924 pesos 7 1/2 reales. Esta cantidad incluye el dinero efectivo encontrado el día del secuestro, más los pagos posteriores
que hicieron distintas personas que debían dinero al Noviciado.
En el Colegio de Bucalemu, la plata labrada encontrada fue
9. VI

TOTAL DE DINERO REQUISADO A LA ORDEN JESUITA
EN l 76Jiº
Colegio Máximo
Procuraduría de la Provincia
Noviciado de Santiago
Colegio de Bucalemu
Colegio de Quillota
Colegio de Coquimbo
Colegio de Talca
Residencia de Valparaíso
Colegio de la Estancia del Rey
TOTAL

591
1.398
3.924
4.116
142
1.237
32
200
93

4

11.732

5

71/2
71/2
6
2
7
3

B) Mercancías y Productos
Las mercancías, productos y efectos que se encontraron en
los colegios jesuitas, fueron clasificados tasados y glosados. Y,
luego, sacados a subasta pública, para que convertidos en dinero, satisficieran deudas y gastos contraídos por la administración provisoria de temporalidades11 .
10. VI ;Amunategui 1928 p.141, para los datos de Coquimbo.
11. Los gastos que 'demandaron los traslados, envíos y mantención de los jesuitas
chilenos fue de 91.038 pesos 1 1/4 reales. Bravo, 1984 p. 89.

�28

SigloXIX

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

Las cuentas del Colegio Máximo, que hemos revisado, señalan que en el momento de la ocupación de los libros de la
Procuraduría había un total de créditos activos, es decir, de
deudas contraídas por particulares, de 7 .059 pesos 3 reales12 .
Las ventas y Femates de mercaderías de propiedad del Colegio Máximo de San Miguel, fueron los más importantes que
se realizaron luego de la ocupación. Ello se debe a que esta casa jesuita era la más poderosa - económicamente hablando- de
toda la Provincia de Chile, pues contaba con recursos de capital y haciendas más que suficientes para atender a sus gastos.
Una parte de los productos allí encontrados fueron tasados
en 18.603 pesos 2 reales, y en la subasta pública del día 20 de
febrero de 1768, los remató don Domingo Bilbao sólo en
16.000 pesos, pagados la mitad a un año plazo y la otra mitad a
los diez ·meses siguientes. Luego el precio del remate quedó reducido a 15.091 pesos 2 reales, por las rebajas que debieron hacerse, al comprobar el subastador efectos f altantes de la lista del
inventario de tasación.13
También, se remataron géneros que hahía importado la Procuraduría del Colegio Máximo y que habían llegado a Valparaíso en el navío Begoña. La clase de géneros correspondían a:
Ropa de la Tierra, Paño de Quito, Tocuyo Blanco, Tocuyo para
abrigo, Gerga, avaluados en 3.232 pesos 6 reales. El remate, le
fue adjudicado a don Lorenzo Gutiérrez de Mier en 3.280 pesos,
el 9 de octubre de 1767 14 •
El total que produjeron estas mercaderías, pertenecientes al
Colegio Máximo y sus haciendas, sumó 31.560 pesos 5 3/4 reales, a los que deben agregarse los 7.059 pesos 3 reales por deudas impagas y 2.341 pesos 6 1/2 reales por el capital efectivo _de
la Botica del Colegio15 •
I

12. VI
13. vn
14. VII
15. VI

29

De la lista de remates de los otros colegios y haciendas de
jesuitas, merecen destacarse: 16
a. Mercaderías del Colegio de San Pablo, entre las cuales se
cuentan: Madera, vino, vinagre, grasa, cecinas, trigo, etc.,
por valor de 2.171 pesos 7 reales.

PRODUCTOS TOTALES DE LOS REMATES DE EFECTOS
Y PRODUCTOS DE COLEGIOS DE LA COMPAÑIA17
Colegio Máximo y sus haciendas
Colegio San Pablo y sus haciendas
Colegio del Noviciado y id.
Colegio Bucalemu
Colegio de Quillota y
id.
Colegio de Coquimbo y id.
Colegio de Chillán y
id.
Colegio de Mendoza y
id.
Res. de Valparaíso y
id.
Res. Aconcagua y
id.
Res. de San Femando y id.
Res. de Copiapó y
id.
Colegio-Estancia del Rey
Res. de Valdivia
TOTAL

40.961
3.493
2.163
2.739
181
3.716
1.383
3.688
406
1.226
1.706
1.266
947
1.215

5
11/2
4
2
1
21/2
1
11/2
4

65.094

7

71/4
61/2
21/2

b. Efectos traídos del Colegio de Bucalemu, rematados por
don Lorenzo Hemández en 2.238 pesos 1/4 real, el 19 de
octubre de 1767, a seis meses plazos.
c. Una factura de efectos de Castilla y de la tierra, comprados
en subasta pública de 19 de enero de 1768, por don Matheo
de la Fuente, en 661 pesos 7 1/2 reales, pertenecientes al
Colegio de la Villa de San Felipe.
16. VI - VII
17. VI-VII

�30

SigloX/X

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

d. El remate hecho por don Joseph Grez de productos de la
hacienda de Chacabuco, por un total de 1.643 pesos 6 1/2
reales. Entre los productos rematados figuran: 50 botijas de
grasa a dos pesos, botija; 23 quintales de sebo a 3 pesos 2
réales, quintal; 350 fanegas de trigo, a· 7 1/2 real, fanega;
25 quintales de charqui, a 2 pesos quintal; 450 arrobas de
vino, a 8 1/2 real, arroba; 45 velas de sebo ; aguardiente de
anís y sal por 72 pesos.
De manera que los valores reales del rendimiento económico de las temporalidades jesuitas, en estas primeras diligencias,
alcanzaron la suma de 76.827 pesos 4 reales, de acuerdo a la
siguiente cuenta de resultados.
Total dinero efectivo
Total de ventas y remates
de mercanderías y productos

65.094

7

TOTAL

76.827

4

11.732

31

Piezas de esclavos de 1 a 15 años: hasta 200 pesos.
Piezas de esclavos de 16 a 40 años: entre 225 y 250 pesos.
Piezas de esclavos viejísimos: 50 pesos.
Piezas de esclavos de 40 y más años: entre 200 y 250 pesos.
Agregamos a ello que el precio promedio de las piezas rematadas en 1768 fue de 191 pesos 3 1/2 reales, y el de todos los
esclavos rematados entre 1768 y 1776, de 185 pesos, poco más
o menos.
Respecto del primer precio, señalaba don Juan de La Comba, de la Dirección de Temporalidades de Lima, una opinión
que confirma que el precio real de venta de los esclavos no estaba de acuerdo con los normales:

5

C) Esclavos

La fuerza de trabaio esclava, que los jesuitas habían mantenido en sus haciendas, por las contingencias a que estaba expuesta, fue sacada a subasta pública.
Para estimar el precio de los esclavos de la Orden de los regulares expulsados, se tomó la decisión de nombrar Comisionados oficiales que tasarían las piezas, según sus características.
Por tanto se elaboró un padrón de evaluación según edad, sexo
y estado.
Del análisis de la documentación, pudimos establecer estimativamente el padrón utilizado por los tasadores de la Junta de
Temporalidades:18
18. IV. Los tasadores fueron don Jo.ige Lanz Y, en su falta, don Lorenzo de Arrechea. Luego, se nominaron otros dos: don Ignacio de los Olivos y don Domingo
Bilbao.

Un precio tan inferior que vaja del ínfimo a último extremo de
los efectos vendidos comprueba el acierto de la determinación de
Vuexelencia mandando suspender los remates (año 1770). . .
interin llegase la resolución de su Magestad para su enagenación
no habiendo duda que cuando esta se verifique se conseguirá en
este Reyno una venta mucho mas ventajosa que la que se ha logrado en Chile donde los campos se labran por hombres libres y
por consiguiente deben tener menor valor los esclavos que en las
inmediaciones de esta ciudad en que sólo por servidumbre se logra
el cultivo de las tierras.

Una última acotación: en Santiago de Chile hasta 1776 se
habían rematado 609 esclavos de la Orden y se habían enviado
224 y 127 a Lima y Buenos Aires, respectivamente, pues en
aquellas ciudades su precio era superior.
En resumen, para tener una visión global de los 1.190 escla·vos de la Orden, que hemos contabilizado, más 9 de los que sabemos su procedencia, pero no su destino, hemos realizado dos
cuadros estadísticos: 20

20. IV - VI - VII

�RESUMEN GENERAL DE ESCLAVOS DE JESUITAS EN EL REINO DE CHILE
w
Colegio o
Hacienda

Rematados
H
M Total

Hac. La Cale ra
Ot. Ollefla
Hac. Bucalemu
C. Máximo
C. Noviciado
C. San Pablo
Hac. Rancagua
C. Mendoza
Hac. Otacabuco
Hac. La Punta
Hic. Quilicura-Renca
Rés. Valparaíso
Res. Coquimbo
Res. Sn. Felipe-Aconcagua
Res. Copiap6
Res. Quillota
Res. Viña del Mar
Hac. San Pedro
Hac. Ocoa
C. Concepción
Res. San Juan
Res. San Luis
Res. San Femando

42 71
23 30
88 105
6 14 20
4 11
16 19
21 19
1
2
3
3
2
2
4
3
7 11
7
5
2
1
3 3 12 12
9
5
4
8

113
53
193
6
34
15
35
40
3
6
4
7
18
12
3
3
3
24
14
12

-

-

TOTALES

8

-

3

11

,283 327

609

Enviados a Lima Env. a B. Aires Quedaron
H M Total H M Total H M Total

1
4
20
3
1
4
1
36
6
1
2
2
14
1
5

1
4
23

1
2
61
4

12

1

-

-

7

6
1

-

-

-

108 116

l. No se especifica sexo, hemos repartido 50°/o para c/u.
FUENTE: IV-VI-VII
3. Id. se agregan 8.

:!l

3.

2

8
43
3
1
5
3
97
10
1
2
2
26
1
6

-

13

-

1

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

51

35

86

-

-

-

-

72

72

-

-

-

-

-

-·
-

-

-

-

-

102
25

-

-

-

-

51
7

51
18

-

-

224

58

69

-

-

-

-

-

127 123 107

-

230

572 618

-

1441

-

-

-

-

-

~

-43 72
27 34
159 163
9 15 20
8 12
17 21
129 152
7
6
4
3
4
2
6
3
21 23
8
5
2
7
3 3 19 18
9
6
8
4
51 51
7 18
8
3

-

t-.?

TOTALES
H M
Total

e

115
61
322
9
35
20
38
218

~

&gt;&lt;

13

.72

6
9
44 3
13
9
3
3
37
15
12
102
25
11
1.190

. 2. Al total, se debe agregar 1, que consta en inventario, sin destino.

::1 1cici0_;::e::ci??cic'fC.EUC .2C-2'~_;c_p:: .f!=s:u:u :'}0.o

u;:o

�C. Bravo Acevedo: los biene, jesuita, en el reino de Chüe

,

33

RESUMEN GENERAL DE ESCLAVOS DE JESUITAS REMATADOS EN SANTIAGO
Colegio o
Hacienda
C. Máximo
C. Noviciado
C. Sn.Pablo
C. Concepción
Ch. Olleria
H. LaOaera
H. La Punta
H. Quilicura
R. Viña del Mar
R. Valparaíso
R. Sn. Femando
H. Cllacabuco
H. San Pedro
H. Ocoa
R. Copiapó
R. San Felipe Ac.
R. Coquimbo
R. Quillota

H. Rancagua
H. Bucalernu

')

C. Mendoza
R. Sn. Juan
R. Sn. Luis

•;

:l.

~

1768
Valor
No. de E.

1769
No. de E. Valor

6
16
15

1.580
3.000
2.650

4

48
90

6.845
20.460

12
9

885

1771
No. de E. Valor

1772
No.de E. Valor

1773
No.de E. Valor

3

390

10

1.250

1

200

3

555

3

600

4

800

1
3

325
165

1774
No. de E. Valor

1776
No. de E. Valor

2.220(*)

5
1.405

4

5

5
10
3

1.100
1.810

1

2

350

2

100

1

760
300
750
180

1

150

450

16

11

1.980

3

650

3.130

19
169
16

3.300
33.400
3.700

7
1

1.200
130

1
2
10
24

397

78.295

49

8.970

62

300
240
1.490,4
4.306

10.551,4

13
14

2.125
1.625

10
1
1
6
3

l.345
150

2
1

500
130

50
1.089

550

10

1.490

9.234

18

3.120

1
1

250
100

17

2.340

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o
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(1')

TOTALES
(*) 'Cifra es1imativa
FUENTE: IV•Vl•VII

175

65

1

175

TOTALES
V
E

34
15
12
53
113
6
4
3
7
11
3
24
14
3
12
18
3
35
193
40

1.580
5.725
2.650
2.220
7.605
24.120

925
855
165
1.200
1.960

450
4.105
1.625
650
1.845
3.410
600
5.929
37.060,4
8.006

609 112.685,4

�C. Bravo Acevedo: los bienes jesuita&amp; en el reino de Chile

35

1. El primero, presenta el número total de los esclavos poseídos por la Compañía en Chile y lo dividimos en cinco columnas, señalando sus respectivas procedencias y destinos.
2. El segundo, nos entrega la cantidad de esclavos rematados
en Santi~o de Chile, entre 1771 y 1776, con los alcances
en dinero obtenidos en las subastas, por año y por colegios
y haciendas.
De los cuadros estadísticos podemos deducir:
1. Que, los 609 esclavos vendidos en Santiago de Chile, en
112.685 pesos 4 reales, tienen un precio promedio de 185
pesos, aproximadamente.
2. Que, 581 esclavos fueron remitidos a Lima, Buenos Aires
o qued~ron en las haciendas.
3. Que, esas 581 piezas, pertenecían a las Temporalidades Jesuitas de la Provincia de Chile, y en consecuencia su valor
en dinero debe ser computado en el total que corresponde
a dichas temporalidades.
Entonces, no conociendo el producto de la venta de estos
581 esclavos, los tasaremos de acuerdo al precio promedio
que alcanzaron aquellos que fueron rematados en Santiago,
para suplir así, esa falta de información:
Valor de 609 esclavos
rematados en Santiago

112.685

4

107.485
Valor de 581 esclavos
a 185 pesos, precio promedio.
TOTAL:

220.170

4

De donde resulta, que los 1190 esclavos poseídos por la
Compañía de Jesús en Chile, al momento de la expulsión, rt-

�36

SigloXJX

presentan un bien económico cuyo valor total es de 220.170
pesos 4 reales.

CU.
Hacienda o

D) Ganados mayores y menores

Estancia

Al momento de valorar los bienes económicos de la Compañía de Jesús, una parte importante de ellos está representada por el ganado mayor y menor, que en gran número se encontró en las haciendas jesuitas requisadas y, por tanto, consta
en sus respectivos inventarios.

H. Quilicura
H. Chacabuco
H. L. Tablas
E. Pudahuel
Ch. Nuñoa
E. S. F. de Rexis
E. Peñuelas
E. Ocoa
H. S. Pedro Y L.
E. Perales
H. La Punta
H. La Calera
H. Las Palmas
H. Colchagua
H. Viña del Mar
H. Rancagua
H. S. Joseph
H. Bucalemu
H. Chequen
Ch. Ollería
E.C.J. de Guenon
E. S. M. D. Fuerte
E. La Arb. y de A.
E. Guaque
Las Misiones**
H. Longavi
H. Cucha-Cucha
H: éato
H. La Punta (Mend.

Para estimar su valor en dinero, hemos tenido a la vista, dos
documentos, uno es la tasación de la Hacienda de Guaque, en la
que señala que el precio total de los ganados es de 1.892 pesos
2 reales y se informa del precio unitario de ellos. El otro, es el
acta de venta, en subasta pública, de todos los ganados de las
Misiones de Arauco, por un valor total de 1.943 pesos 6 1/2
real, y como en el acta anterior también se especifica el precio
de cada animal.21
La estadística, respecto del ganado que poblaba las haciendas jesuitas, proviene de los inventarios practicados cuando se
ocuparon las temporalidades de la Orden en 1767. Ella registra,
como puede observarse en el cuadro resumen, el número de ganados en 30 haciendas y 2 misiones, que representan casi el
50% de las propiedades rurales de la Compañía.22
Al realizar el cálculo correspondiente, el valor del ganado,
en unidades monetarias, se obtienen las siguientes cifras:

Mis. Chiloé

TOTALES

* =Incluye bueye
** = Plaza de Aram

21. VD
22. VD

�37

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

CUADRO RESUMEN DE INVENTARIOS DE GANADOS EN LAS HACIENDAS Y ESTANCIAS DE JESUITAS. 1767
Hacienda o
Estancia

Ganado Vacuno
V. To. Te. Bueyes
Total

H. Quilicura
H. Oiacabuco
H. L. Tablas
E. Pudahuel
Ch. Nuñoa
E. S. F. de Rexis
E. Peñuelas
E. Ocoa
H. S. Pedro Y L.
E. Perales
H. La Punta
H. La Calera
H. Las Pahnas
H. Colchagua
H. Viña del Mar
H. Rancagua
H. S. Joseph
H. Bucalemu
H. Chequen
Ch. Ollería
E.C.J. de Guenon
E. S. M. D , Fuerte
E. La Arb. y de A.
E. Guaque
Las Misiones**
H. Longavi
H. Cucha-Cucha
H:Cato
H. La Punta (Mend.)
Mis. Chiloé
TOTALES

74.880

5
4.061
4.528
661
260

13
18
15

33
4.087
4.528
674
31
275

2.286
4.558

29
428

2.315
4.986

3.755
1.279
2.669
3.856*
8
7.609*
1.660
14.600
136
14
1.871
185
6.280
709
520
10.426
262
549
2.000
120

54
51
26

3.809
1.330
2.695
3.856
8
7.609
1.660
14.744
168
22
1.891
185
6.322
709
541
10.426
276
594
2.000
120

13

28
26

144
32
8
20
42
21
14
45

1.014

75.894

* = Incluye bueyes
** = Plaza de Arauco, Santa Fe, Santa Juana y San Cristóbal

Ganado Caballar
Cab. Yeg.
Total
13
317
298
74
23
27
56
95
264

108 ·
209
152
51
525
83
712
27
4
69
55
575
21
47
531
37
87
200
33

16
649
336
10
7
34
38
242
1.034

29
966
634
84
30
61
94
337
1.298

250
226
264
122

358
435
416
173

1.239
73
810
61
102
14
1.649
67
106
695
61
103
2.000
45

1.764
156
1.52-2
88
4
171
69
2.224
88
153
1.226
98
190
2.200
78

4.693 10.253

14.946

FUENTE: (22)

ov.

Ganado Ovino
Total
Cord.

350
7.700
203
1.397
100
750
1.869
3.524
1.310
4.050
2.327
1.300
2.575
375
4.913
2.237
14.200

39

376

204
1.044
71

309

717
1.515
985
274
4.580
740
1.700
950
962

299
246

61.603

2.726

138

Ganado Mular
G. Caprino
Burr. Total

Mul.

350
7.700
242
1.397
100
750

12
298
48
147
6
38

13
1

1.869
3.524
1.310
4.050
2.703
1.300
2.575
579
5.957
2.237
14.271
309

109
409

8
81

117
490

98
102
5
92
73
540
28
272

6

104
102
5
175
73
644
28
272

1.016
1.761
985
412
4.580
740
1.700
950

6
5
33
827
6
97
309
50
96
340

83
104

2
14
2
5
27
9
50

12
298
61
148
6
38

8
5
47
827
8
102
336
59
146
340

686
50

1.489

255
1.971
89
70
1.478
2.305
1.514

17
625
29
891
450
264

962
64.329

550

4.046

405

4.451

12.733

�G. Bravo Acevedo: los bienes jemitm en el reino de Chile

38 SigloXIX

Ganado Mayor y Menor. Valores Finales en Unidades
Monetarias. Año J 76J23
&amp;pecies
Vacuno en general a 20
reales c/u
Bueyes
4 pesos c/u
Caballos
3 pesos c/u
Yeguas
1 peso c/u
Ovinos en general
2 reales c/u
Mulas
4 pesos c/u
Burros
6 pesos c/u
Caprinos en general
2 reales c/ u
VALOR TOTAL

11.732

5

65.094
220.170
265.635

7
4
4

TOTAL

562.633

4

Número de piezas

Valor

74.880

187.200

4.056

16.224

4.693

14.079

Por tanto, una parte de la riqueza económica de la Compañía de Jesús afincada en Chile, era en ttrminos monetarios, casi
equivalente al presupuesto anual de la Real Hacienda del Reino
de Chile por esos mismos años.24

10.253

10.253

E) Bienes Inmuebles

64.329

16.082

4.046

16.184

405

2.430

12.733

3.183

2

265.635

4

2

En suma, si consideramos ahora el valor monetario de los
bienes muebles, créditos activos y efectos, pertenecientes a la
Provincia Chilena de la Compañía de Jes(ls, debemos señalar que
la cantidad global de dichos bienes asciende a 562.633 pesos 4
reales y que su distribución es la siguiente:

23. VII

Dinero físico secuestrado
Mercaderías, créditos activos y
efectos diversos
Valor de esclavos
Valor del ganado

39

Las numerosas haciendas y estancias que la Compañía poseía a lo largo de la geografía chilena colonial, además de las
propiedades urbanas, salieron a la venta pública, por medio del
sistema de remate, entre los años 1771 y 1794.25
El precio de venta de las propiedades se ajustó en la mayoría
de los casos, al de tasación. Por otra parte, los pagos fueron de
tres tipos: contado, a plazos, entre 2 y 9 años de crédito y con
interés del 5% anual sobre el principal, y a censo redimible.
Las actas de remates de propiedades, que hemos tenido a la
vista, y los documentos de tasación de las mismas, nos han permitido elaborar el siguiente cuadro resumen. En él se aprecian
el alto número de propiedades jesuitas y los precios de venta de
los mismos. Asimismo, se pone el nombre del comprador, la fecha del remate y las condiciones de la compra.
24. Encina, 1945 T. V, p. 361. Expresa que las entradas de la Real Hacienda entre
1773 y 1 777, inclusive, ascendieron a 2.535.275 pesos, cou un promedio anual
de 507.051 pesos. Vicuña Mackenna, 1936 T. III p. 146, dice que el importe
del presupuesto en 1776 era de 302.030 pesos 6 1/ 2 reales y que en él se incluían todos los ramos. Por su parte, Barros Arana, 1932 - 33 T. VII, p. 359 360, señala que en 1 788 las rentas llegaban a 592.178 pesos.
25. 11 - V. La Real Cédula de 14 de agosto de 1768 dispuso que las temporalidades
jesuitas ocupadas pasasen al patrimonio real y la del 27 de mano de 1769 autorizó la enajenación de los bienes raíces.

�40 S+,loXIX

De los datos, cifras expuestas en el cuadro precedente, se
obtiene que por las ventas y tasaciones de las propiedades inmuebles jesuitas chilenas se alcanzó la cantidad de 1.140 pesos
2 1/2 reales, de acuerdo al siguiente resumen por colegio:

Resumen del Valor A bsoluto de las Propiedades Urbanas
y Rurales Rematadas en Venta

Colegio
Colegio Máximo
Colegio Noviciado
Colegio San Pablo
Convictorio San Feo. Javier
Residencia de Copiapó
Colegio de La Serena
Residencia de San Felipe
Colegio de Quillota
Residencia de Valparaíso
Residencia de Melipilla
Colegio de Bucalemu
Residencia de San Fernando
Residencia de Talca
Colegio de Chillán
Colegio de Buena Esperanza
Colegio de La Concepción
Colegio de Mendoza
Residencia de San Juan
Residencia de San Luis
Residencia de Valdivia
Misiones de Chiloé
Cuarto Solar en Rancagua
TOTALES

Valor (pesos)
344.826
94.199
58.991
35.494
5.346
31.481
14.550
49.676
23.355
20.358
120.125
52.375
8.317
23.590
10.343
137.463
68.595
14.800
12.200
3.902
9.915
225
1.140.130

1
4
6

11/2
5
1/2
4

3
6
11/2
2

2 l/2

Sin embargo, este valor representa las unidades monetarias

�REMATES DE VENTAS DE PROPIEDADES JESUITAS URBANAS Y RURALES (1771-1794)
No.

Colegio o
Residencia

Propiedad

l. H. Rancagua

2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.

18.
19.
20.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.
36.
37.
38.
39.
40.
41.
42.
43.
44.
45.

C. frente a Sacristía
M. de las Canteras
H. San Pedro y Limache
H. La Punta
Ch. La Ollería
H. La Calera
H Chequén
C. Ntra. Sra. de Loreto
H. Pudahuel
Ch. de ~uñoa
S. y So. Agustina
H. Las Tablas
V.M. y Almendral
M. de la Cañada
Ch. de Quillcura
H. de Chacabuco
2 S. Sn Feo. de la Selva
Cu. calle San Pablo
C. calle Teatinos
C. Colegio San Pablo
Cha. del Convictorio
S. de la Moneda
C. del Convictorio
H. El Totoral
2 S. Sn Feo. de la Selva
27 1/2 Cu. en ld.
H. Maitén P. La Xarllla
Ch. La Punta
H. Elque
H. de Quile
So. Plaza Mayor
2 S. on la Villa
H. Sn Feo. de Rexis
So. y cuartos en la Villa
CnSn. l. de Perales
Cha. Perales de Atencio
E. de Ocoa
Cha. Santa Ana
C. Huerta Almendral
Cha. Villa del Mar
H .Las Palmas
H. Sn. José de MelbiUa
Tienda Cuartos y So. en
la Villa
Cn. de Mellpilla

Comprador

Fecha

San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel
San Miguel

Mateo de Toro y Zambrano
Juan de Aldunate
Manuel de la Puente
Miguel Rian
Lorenzo Gu tiérrez de Mler
Juan José de Santa Cruz
Francisco Ruiz Tagle
Juan de Dios Mena

24-10-1771
26-10-1771
08-11-1771
14-12-1771
12-03-1776
16-12-1776
28-11-1783
02-03-1784

Sn. Feo. de Borja
Sn, Feo. de Borja
Sn. Feo. de B.
Sn. Feo. de B.
Sn. Feo de B.
Sn. Feo. de B.
San Pablo
San Pablo
San Pablo
San Pablo
San Pablo
San Pablo
Sn. Feo. Javier
Sn. Feo. Javier
Sn. Feo. Javier
R. Coplapó
R. Copiapó
R. Copiapó
R Coplapó
La Serena
La Serena
La Serena
San Felipe
San Felipe
San Felipe
Quillota
Quillota
Quillota
Quillota
Quillota
R. Valparafso
R ..Valparaíso
R Valpara{so
R. MeUpilla

Lorenzo Gutiérrez de Mier
Nicolás de Balbontín
Joseph Silva
Juan Feo. Ruiz de Balmaceda
Nicolás de BalbonHn
Cabildo de Santiago
Gabriel de Ovalle
Joseph Alberto Dfaz
Manuel de la Puente
Angel Díaz Tagle
Antonio Molina

28-11-1771
28-11-1771
27-11-1780
09-02-1784

--

----

Lucía L6pez

--

---

11-11-1771
25-11-1771
22-02-1772
03-07-1772
14-11-178S

-----

15-03-1776
16-09-1776

Precio

90.000
9 ap.
8.700
cont.
4.500
4 ap.
78.881 4
9 ap.
9 ap.
95.535
7.659 7
9 ap.
30.000
9 ap.
25.550 4
ne.
ne.
8.000
14.622 4
4 ap.
4 ap.
13.191 s
860
8 ap.
9 ap.
52.025
13.000
ne.
500
ne.
7.000
5 ap.
34.000
A ap.
450
4 ap.
8.410
C. R.
1.410
9 ap.
7,721
ne.
10.010
ne.
9.000
PE.
16.486 4
ne.
500
C.R.
Co.
246
600
C. R.
9 ap,
4 .000
8.402 3 1/ 2 C. R.
6.217
9 ap.
ne.
16.681 6
250
C.R.
400
C.R.
13.900
C. R.
476
Co.
4 ap.
2.600
2 ap.
2.600
41.000
8 ap.
3.000
C. R.
500
9 ap.
4.730
9 ap.
20.125 1/2
18.600
9 ap.

Juan Baptista Sierralta
Juan Baptista Sierralta
Pedro Manríquez
Antonio Campos
Pedro Balbontfn
Felipe Mercado
Andrés Vareta
Francisco de Landa
Miguel de Aguero
Juan Feo. Rodr{guez
Jacobo García
Vicente de Zarate
Feo. Rodr{guez Brito
Diego de Echeverrfa
Joseph de Orrego

12-07-1785
18-09-1776
28-10-1793
22-08-179'4
07-11-1774
11-03-1775
15-03-1775
25-11-1771
28-11-1771
28-11-1771
28-11-1771
03-08-1775

Feo. Cortés Cartavio
Diego Antonio Ovalle
Formerio Badarán

03-03-1776
20-05-1776
07-11-1771

R. Melipilla
R. MeUpllla

Joseph Hurtado
Nicolás Cubé

05-08-1785
09-06-1786

786
971

--

--

--

Cond.

--

5
7

C.R.
ne.

3

9 ap.
2 ap.
9ap.
C. R.
3 ap.

H Bucalemu
Cha, Sn. Femando
H. Colchagua
S. en la Villa
E. Corazón de Jesús
de Guenón.
H. Sta. María de.l Fuerte
H. Cato
H. Caimacaguin
M. de la Villa
H. Guaque
H. Ventura (1)

Bucalemu
R. Sn. Fernando
R. Sn. Femando
R. Sn. Femando
R. Talca

Bartolomé de Urete
J. Manuel Velnsco
Miguel Baquedano
Gregorlo Ugarte
Eusebio de Toro

13-11-1778
26-lC)-1771
05-11-1771
26-01-1778
28-11-1771

120.125
8.050
44,125
200
6.317

R. Talca
Chillán
Chillán
Chillán
Estancia del Rey
Estancia del Rey

Joseph Antonio Bravo
Lorenzo Anau
Joseph Puga Xeron

14-12-1771
16-09-1776
20-09-1776

Ventura Pascal

16-02-1782
29-10-1792

2.000
16.170
6.820
600
3.556
2.266

3 ap.
9 ap.
6
6 ap.
PE.
6 1/2 9 ap.
3
ne.

57. Tierra Salto del Laja (2)

Estancia del Rey

1.460

ne.

58. V. Las ~ipas
59. Bodega, S. y Canón
Talcahuano.
60. H. Cucha-CUcha
61. H. Conuco, Sn. Jos6
Millahue.
62. Longaví
63. Cha. Caniel e Isla
64. H. Guanquegua
65. H. Torre6n y Magdalena
66. Bodega y Patio de
Ntra. Seilora
67. V. terrenos ant.
68. Tierras y Huertas
69. C. y So.
70. E. Valle de Uco
71. E. de Arriba
72. E. de Mendoza
73. M. de la ciudad
74. H. Huanacachi
75. H. Pulluta
76. E. San Xavler
77. C. de la residencia
78. M. de la ciudad
79. E. San Luis de la P.
80. E. de Tomen
81 . E. de Huape y tierras
Mulpun
82. Varias Propiedades

Estancia del Rey

---

3.500
9.900
16.010

6 ap.
8 ap.
C.R.
9 ap.
9 ap.
9 ap.
9 ap.

46.
47.
48.
49.
SO.
51.
52.
53.
54.
55.
56.

83. Cuarto So. Rancagua
FUENTE: (26)

-

--

--

Paacual Rodríguez

---

Concepcibn
Concepcibn
Concepción

Andrés Pereira
Alejandro Urresola
Antonio Ro¡lr{guez

Concepción
Concepción
Concepción
Concepción

Ignacio Zapata
Joseph Unutia y Mencliburu
Francisco Marquez
Feo. Xavier Manzano

30-07-1777
27-03-1779
02-12-1782
02-12-1782

85.000
4.500
2.403
16.150

-------

-----

----

------

3.780
13.200
29.715
11.668
4.266
3.931
1.425
610
2.300
10.000
2.500
9.000
1.300
10.000
2.077

------

----

--

-----

R. Valdivla
M.Chiloé

--

----

Pedro González

H

c

M

-

--

Ch
Cha -

Hacienda
Casa
Molino
Chacra
Chacarilla

s
So
V
Cu
p

-

--

-

La mitad de 9 ap. y la otra a C. R.
15 .000 pesos de contado
6.000 de contado
2.000 de contado

2.000 pesos de contado
8.000 pesos de contado

En inventario de 1800, 7721 pesos PT.
Por la Real Hacienda
En inventarlo 1800, 16.484 pesos PT.

2. 000 de contado

300 pesos de contado

Aplicada Hospital de V alparaíso

En 16.01.1797 rematada por Pedro de
Alamos en 591 pesos.
2.000 pesos de contado.

No salló a remate
(1) Sn. Rosendo, Huenuraqul y

Curipechum.
(2) Salto del Laja, 120 :E. Sn. Luis,
180 y E. y M. Tequeguelén 1200 posos

PE.

3.000

26-01-1774
15-03-1776
13-03-1777

Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
Mendoza
R. Sn. Juan
R. Sn. Juan
R. Sn. Juan
R. Sn. Juan
R, Sn. Luis
R. Sn. Luis
R. Valdivla

Observaciones

2

PT.
PT.
PT.
PT.
PT.

PT.
PT.
PT.
PT.
PT.
PT.
PT.
PT.

PT.
PT.

1.825
9.915

PT.
PT.

09-08-1772

225

ne.

Sitio
Solar
Vifla
Cuadra de tierra
Potrero

E
C.R. P.T. P.E. ap

-

1.504 pesos valor tierras donadas a
indígenas.

Estancia
Censo Redimible
Precio Tasacibn
Precio Estimado
Años Plazo

ne
Co

-

-

No consta
Contado

�G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chüe

43
26

absolutas de los bienes raíces jesuitas en el momento del remate ,
pero considerando que la mayor parte de las ventas fueron a
crédito y que los compradores27 no cumplieron con los plazos
establecidos, hemos agregado el interés del 5% anual, en los casos que correspondía, para obtener un valor constante y observar el rendimiento real de estos bienes económicos.
De acuerdo a estas consideraciones el valor final de las propiedades asciende a 1.398.515 pesos 3 reales28 •
Riqueza Temporal Jesuita, Valores Totales
(Valor de inmuebles incluyen los réditos)

11.732

5

65.094
220.170

7
4

265.635
1.398.515

4
3

Dinero físico secuestrado
Valor de mercaderías, créditos
activos y efectos diversos
Valor de 1.190 esclavos
Valor del ganado mayor, menor
y otros animales.
Valor final real de inmuebles

TOTAL

1.961.148

En consecuencia, la cuantificación global de la riqueza temporal de los jesuitas chilenos, que incluye muebles e inmuebles,
26. VII-XII-Xlll-XIV-XV-XVI; Enrich 1891, T. l. p. 378, para casa de Nuestra Señora de Loreto y viña, almendral y molino ;Fontana, 1962 p. 355 - 370, para los
datos del Colegio de Mendoza y las Residencias de Juan y San Luis ;Enrich T. l.
p. 380, para la Residencia de Valdivia ; Medina 1952, p. 370 - 371, para los datos Misiones de Chiloé.

27. La Hacienda de Rancagua fue comprada por don Mateo de Toro y Zambrano
en 90.000 pesos, con plazo de 9 años. Al cabo de 22 años pagó lo siguiente:
Xl
90.000
Amortización del principal (1771- 1793)
58.500
Intereses hasta 1 784
7.391 2 3/4
Intereses 1785- 1786
10.193 41/2
Intereses 1787 - 1792
164
Intereses 1 793
166.248 7 1/4
28. Ver mi artículo. Bravo, 1984 p. 99.

�44 SigloXIX

alcanzó la cifra de 1.961.148 pesos 7 reales.
. No cabe duda que la institución que tuviera este capital social poseía la mayor y más importante riqueza económica que
pudo existir en Chile Colonial.
IV.- LA MONARQUIA ESPAÑOLA ADMINISTRADORA DE
LAS TEMPORALIDADES

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuita&amp; en el reino de Chile

45

Es necesario conocer el importe total de los gastos que se
ocasionaron en el secuestro de los jesuitas para comprender las
medidas tomadas en Chile para reintegrar los fondos suplidos
por la Real Hacienda. En efecto, entre el día del secuestro y
fin de diciembre de 1769, el costo de la movilización general de
los jesuitas chilenos hacia el Perú y España, sus ropas, alimentación y otros rubros menores, era de 143.836 pesos 4 reales. Esta cantidad se integraba con 137.361 pesos 1 real que correspondían a 296 jesuitas de la Provincia de Chile y 6.475 pesos
3 reales, por 14 de la Provincia de Chiloé29 .

A) Admini.stración Provisoria (1767 - 1771)
La Pragmática Sanción de Carlos III, de 27 de febrero de
1767, extrañó a los jesuitas y dispuso que se ocupasen todos los
bienes temporales de la Compañía en sus Domirúos.
El Gobernador de Chile, Antonio Guill y Gonzaga, conoció
las órdenes reales a principios de agosto de 1767 y dictaminó
que la expulsión de los regulares se hiciera en el reino el 26 de
agosto de ese mismo año. Al mismo tiempo, nombró a los Comisionados y Oficiales Reales que cumplirían con las órdenes dictadas.
Estos funcionarios procedieron a levantar inventario de todos los bienes temporales Jesuitas, entregaron los dineros a los
Oficiales _Reales y procedieron al avalúo de las propiedades confiscadas, mcluyendo en el precio de la tasación las instalaciones
muebles, enseres y ganados.
'
Los inventarios practicados por los Comisionados tenían
una importll!1cia capital: servían para conocer el monto total
de los bienes temporales que cada residencia jesuita poseía al
momento de la _expulsión, por un lado, y por otro, la masa general de estos bienes debía procurar los medios económicos necesarios para cancelar los gastos de expatriación y pensiones que
el Rey había decidido otorgar a los jesuitas expulsos de sus dominios.

Aún haciendo uso de las atribuciones conferidas en el pliego reservado, el Gobernador de Chile no había podido sufragar
los gastos de la expulsión, ya que el monto de los dineros en
efectivo encontrados en las cajas de las residencias jesuitas alcanzó a la suma de 11.732 pesos 5 reales30 y la venta y liquidación de mercancías, productos y frutos, la cantidad de 65.094
pesos 7 reales'1 , lo que da un total de 76.827 pesos 4 reales,
hasta el año 1768. En consecuencia, como esta cantidad no bastaba al objeto de restituir a la Real Hacienda los 91.038 pesos
1 1/4 real32 que entregó para financiar la orden real, se pusieron en práctica otras medidas, provisorias, mientras se decidía
en la Península el destino de las temporalidades expropiadas.
Respecto a los bienes inmuebles, el Gobernador Guill y
Gonzaga dictó una disposición transitoria que mandaba sacar
a remate de arrendamiento todos los bienes raíces. Esta providencia tenía dos finalidades: la primera, sacar una renta de estos bienes que permitiese cubrir el déficit del ramo de Temporalidades contra la Real Hacienda, y la segunda, preservar dichos
bienes de
.. Jos frecuentes robos que se experimentan en la plebe de este
reino, y conservarlos por este meilio en el florido estado en que se

30. Ver nota 10
31. Ver nota 17
32. VI

�46

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de ChUe

SigloXIX

han encontrado, bien persuadido de la dificultad de conseguirlo
por administración de cuenta de la real hacienda... 33 .

Para llevar los negocios de Temporalidades se nombró una
Comisión General presidida por el Oidor Decano de la Real Audiencia y Alcalde de Corte, don Clemente de Traslaviña, e integrada por un Ministro de Real Audiencia, que haría de Fiscal, y
por Oficiales Reales, además del Escribano Público, que daría fe
de lo actuado por la Comisión.
La Comisión General de Temporalidades dio comienzo a sus
funciones el lo. de-octubre de 1767, fecha en que se hizo el primer remate de arrendamiento 34 • Fue subastado por don Miguel
Lozano, quien pagó 401 pesos anuales por arrendar la Chácara
de Quilicura35 .
El canón anual cancelado por el arrendatario equivalía al
cinco por ciento del valor de la tasación oficial de la propiedad
arrendada y en él se incluían los valores de las tierras, ganados,
esclavos y demás instalaciones y utillaje de la hacienda rematada en arriendo. Por otra parte, algunos cánones excedieron el valor de tasación del cinco por ciento y ello se debió al calor de
la puja de los postores del remate o a condiciones especiales que
se consignaron expresamente en el acta levantada ante el Escribano Público . .
Con este sistema de arrendamiento, implantado por el Gobernador de Chile, se remataron más de 50 propiedades rurales
y algunas urbanas, dando una entrada anual de 56.454 pesos 6
reales, rebajando de esta cifra algunas cantidades que excedieron el precio anual, en el primer año36

33. Barros Arana, 1932-33, l. VI. pp. 31 7-318.
34. El sistema seguido para arrendar los bienes inmuebles se puede leer en: Bravo,
1984 pp. 89-90.
35. vn, L.A. foj. 116-120
36. VI

47

Resumen de los valores anuales de Arrendam;entos de propiedades de Jesuitas expulsos, por colegios 31 •

Colegio Máximo
Colegio Noviciado
Colegio San Pablo
Residencia de Copiapó
Colegio de La Serena
Residencia de San Felipe
Colegio de Quillota
Residencia de Valparaíso
Residencia de Melipilla
Colegio de Bucalemu
Residencia de San Femando
Residencia de Talca
Colegio de Chillán
Colegio de Buena Esperanza
Colegio de la Concepción
Colegio de Mendoza
Residencia de San Juan
Residencia de San Luis

16.387,2
3.430
2.971
650
3.000
830
1.595
1.335
1.501
8.000
2.200
800
1.080
453,4
6.950
3.667
740
510

Total anual por arrendamiento

56.099,6

De los datos expuestos se deduce que el producto de los
arrendamientos alcanzaba anualmente a 56.099 pesos 6 reales,
con el antecedente que en el primer año se debían percibir
56.454 pesos 6 reales, por el aumento que tienen algunas propiedades. De otra parte, el producto total que se obtuvo por este rubro en la Caja de Temporalidades, en los tres años de su
vigencia, alcanzó a 168.653 pesos 4 reales, y con esta cantidad
el Gobernador de Chile debía hacer frente a los gastos de expatriación de los regulares.

37. Ill ;Vl ;Vll

�48 Siglo XIX

La segunda providencia que debió tomar el gobernador de
Chile, para saldar la deuda con la Real Hacienda, dice relación con los esclavos negros que en gran cantidad había poseído la Compañía de Jesús. Estos morenos, además de significar un gasto para el Real Erario, que debía atender a sus necesidades más inmediatas, necesitaban de cuidadores especiales
para evitar su fuga y su disminución por muerte.
Estas razones, principalmente, indujeron a las autoridades
del Reino a tomar la determinación de hacer saber a aquellos
que tenían las haciendas arrendadas, que ocupasen en las faenas
de cultivo sólo a los esclavos negros que fueren necesarios, y que
el resto los enviasen a Santiago para disponer su destino.
La gran concentración de esclavos en la capital ahondó el
problema, pues aunque éstos fueron repartidos entre los vecinos para que prestasen servicios a cambio de su mantención,
fueron devueltos a las temporalidades al poco tiempo.
Esta caótica situación se refleja en la respuesta que da el
Presidente de la Comisión General de Temporalidades al Gobernador de Chile:
Aunque en conformidad -dice Traslaviña- de la Instrucción del
Exmo. Sr. Conde de Aranda que previene se mantengan hasta segunda orden los vienes ocupados a los Religiosos Jesuitas, se ha
observado hasta oy esta deliveracíón con los esclavos ;'pero siendo
estos muchos, espuestos no solo a que hagan fuga sino a la muerte
como ya ha suhcedido con algunos, me parece conheniente a los
Reales intereses que se vendiesen, y reduxeren á dinero alguna
parte de ellos según se proporcionaren las oportunidades; Pues de
otra suerte hase como imposible su existencia, no obstante el medio que se tomó de rrepartirlos entre el Vesíndario asegurados,
porque varios los han devuelto . .. 38 .

La comunicación del Oidor, que se transcribe, tiene fecha
14 de enero de 1768. El día 16 se tomó el Real Acuerdo de que
se podrían sacar a subasta pública a todos los esclavos que se ha38. IV, foj. 4 vta.

C. Bravo Aceved~ los bienes jesuitas en el reino de Chile

49

bían transportado a Santiago, y el 21 se dictó el Auto que autorizaba el remate de las piezas de esclavos, conforme a derecho y
con todas las formalidades legales a que hubiese lugar. Los remates se iniciaron el 25 de enero de 1 768 y sólo en el transcurso de
este año se remataron 397 piezas de Indias, por un valor de
78.295 pesos 39 .
Con el dinero recaudado por estos dos conceptos a que nos
hemos referido, el Presidente de Chile tuvo que hacer frente a
las necesidades y gastos que demandaba la administración de las
temporalidades de jesuitas expulsos, mientras las autoridades de
la Península decidían los destinos finales de los bienes incautados.
Este régimen administrativo provisorio que las autoridades
locales habían ideado para conservar los bienes raíces, se prolongó por un tiempo cercano a los cuatro años. En este lapso,
se recibieron las Reales Cédulas que disponían, en forma más
precisa, el destino de las temporalidades y la forma de enajenarlas o aplicarlas según fuere el caso.
Un primer documento recibido en Chile fue la Real Cédula
de 14 de agosto de 1768, en la que se devolvía a Disposición
real las temporalidades jesuitas.
Aun cuando por esta Real Cédula quedaban devueltos al patrimonio real los bienes jesuitas secuestrados, era necesario dictar una norma jurídica especial que estableciese el sistema más
apropiado para proceder a la venta de dichos bienes. Esa ley no
tardó mucho en promulgarse, pues el 27 de marzo de 1769, Carlos III firmó la Real Cédula que creaba "las Juntas Pro'Vinciales
y municipales" y dictaba las normas que debran seguirse para
enajenar las temporalidades jesuitas.
El Rey y el Consejo Extraordinario resolvieron crear estas
Juntas en cada Provincia de Indias, pues era necesario establecer
39. VI; Para conocer las normas de venta y remate esclavos ver. Bravo, 1984 pp.
93 - 96.
-

�50 Siglo XIX

un sistema de control para vigilar el cometido de todos los que
habían actuado en la ocupación de temporalidades, especialmente en sus ventas (productos y esclavos), arrendamientos, tasaciones y otras diligencias. La competencia, entonces, de estas
Juntas fue la de formalizar y estudiar la mejor manera de realizar los remates y ventas de propiedades y su tasación. En una
palabra, las Juntas Provinciales tomaron bajo su control y responsabilidad todo lo referente a las Temporalidades40 •
B) Administración por la Junta Provincial, de Temporal,idades.
1771-1789

La demora en comenzar las actividades de la Junta Provincial de Temporalidades y de los remates de venta pública de
las haciendas y demás propiedades inmuebles en Chile, se debió, por un lado, a que la. mayoría de ellas se hallaban arrendadas a particulares por tiempo de tres años, y por otro, a la dificultad de tomar conocimiento de las Reales Cédulas, por la
distancia que separaba a la Península del Reino.
Con la experiencia acumulada en los remates de arrendamientos· de propiedades y las nuevas instrucciones recibidas,
la labor de la Junta de Temporalidades fue, en primer lugar,
retasar lo~ bienes raíces que salían a la almoneda pública, separando tierras y semoventes en dos grupos, para estimar mejor
el precio de venta.
·
Como hemos señalado, el precio de venta de las propiedades que salieron a subasta pública, generalmente, fue el de tasac~ón._ ,Los pagos de los inmuebles rematados, por expresa autonzac10n real, fueron de tres tipos: al contado, en el menor de
los casos; a plazo, con o sin una cantidad de dinero en el momento del remate, con interés anual del 5% calculado en forma lineal, por períodos de 2 a 9 años; y a censo redimible con
.
d el 5 Olo anual, admitiendo el abono que se hiciese ' para
mterés
40. V

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

51

descontar el principal que reditaba.
Excepcionalmente, hubo compras pagaderas con sistema
mixto, es decir, la mitad del principal a plazo de 9 años, y la
otra mitad a censo redimible. En este caso, los abonos descargaban el principal de la venta a plazo y una vez que éste estuviera cancelado, se admitían abonos al principal del censo41
Es interesante señalar que en la compra de propiedades pagadas a crédito, por norma general, los compradores no cumplieron con sus pagos_en los plazos indicados y muchas veces los
intereses devengados debieron pasar a una cuenta de Rezagos.
Esta misma situación obligó a la Oficina de Temporalidades a
extender nuevos plazos para los créditos contraídos y, en algunos casos, subastar nuevamente la propiedad, o en otros, iniciar un expediente que pedía la requisición del bien económico
enaienado42 •
A través de este sistema de remates y ventas, la mayor parte
de las propiedades de los ex-jesuitas pasaron a propiedad particular entre los años 1771 y 1785. Después de éste último año
se realizaron nuevos remates, aún cuando fueron esporádicos.
A principios del siglo XIX quedaban todavfa bienes inmuebles urbanos en la ciudad de Santiago sin poder venderse43 .
C) Administración por Vía de Ensayo.
A partir de 1789.

El 15 de Enero de 1789, Carlos IV puso en práctica dos
medidas legales complementarias: una Real Cédula que suprimía definitivamente las Juntas Municipales y el establecimiento

41. VII, LRH. En el caso de la Hacienda La Punta que fue rematada por don Lorenzo Gutiérrez de Ríen, el 12 de marzo de 1776, en 95.535 pesos. El compromiso
de pago fue el siguiente: la mitad del principal ( 47 .767 pesos 4 reales) a 9 años
plazo y, la otra mitad, a censo redimible.
42. XII; XXI
43. XXIII

�G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

52 SigloXIX

53

de un plan de administración de temporalidades, por vía de ensayo, en el reino de Chile.

tregar normas para la administración uniforme en todos los pueblos y administraciones subalternas, entregar los caudales a la
Real Hacienda, hacer un recuento mensual del ramo, etcétera.

La Real Instrucción que acompañaba a la Real Cédula citada instruía sobre el r~men administrativo que se debía seguir
en el Reino de Chile.

El artículo 39 de la Real Instrucción expresa a la letra:

En la ciudad de Santiago, dice la fustrucción, deberá existir
un Administrador-Tesorero, un Contador y dos empleados subalternos, todos nombrados por S.M.44 • Se señalan, además, sus
sueldos, fianzas que deben otorgar, preocuparse realizar los inventarios correspondientes a todos los bienes existentes en la
capital, en Concepción y otros 'lugares donde queden temporalidádes.
Deberá, también, el Administrador poner cuidado en las cobranzas de créditos y rentas debidas al Ramo, advirtiendo a los
morosos que se procederá con "rigor de derechos" para obtener
la cancelación de deudas. Asimismo, aquellos particulares que
han tomado censos, deberán reconocer sus compromisos y asegurar su cumplimiento, para no recurrir a procedimientos judiciales de cobranza.

.

Por otro lado, la venta de propiedades inmuebles será promovida con actividad, aunque vigilando que no se menoscabe
el justo valor de los bienes.
La larga lista de Instrucciones al Administrador le indica que
deberá: controlar la aplicación de Templos y Colegios que no
tengan destino, reclamar los capitales del ramo que se hayan
aplicado sin autorización real, recaudar los dinero de obras pías,
informar a la Dirección General de las marchas de los negocios,
informar sobre demandas y pleitos, nombramiento de administradores subalternos y remoción de los mismos a discreción, en-

Al fin de cada año se balancearán los libros y por ellos se formara
el Contador un puntual inventario de todos los bienes y créditos
que deban existir según sus clases, y verificándose que realmente
existen, se abrirán nuevos cargos al Administrador en la cuenta
del año siguiente, y lo mismo se executará con respecto a los
Administradores subalternos...

Para disponer el cumplimiento de este nuevo plan administrativo, se nombró Administrador, en propiedad, a don Pedro
Viguera, y como contador principal a don Pedro Lurquín, y se
estableció, además, una Junta Subalterna en Concepción y Coquimbo para la administración del Ramo en esas provincias.
El trabajo contable de la oficina se llevaba en tres libros
fundamentales: el Libro Manual, el Libro Mayor y el Libro de
Caxa. En cada uno de ellos los asientos contables debían realizarse por el sistema de partida doble; reemplazándose, en consecuencia, el an~uo sistema del "Cargo" y "Data", por los
conceptos de "Debe" y " Haber", respectivamente.
El libro Manual, que realmente debería llamarse Diario,
asentaba todas las partidas que tenía el ramo de temporalidades, es decir, registraba diariamente el movimiento contable de los fondos del ramo, certificándose cada asiento con
la firma del contador y del interesado45 •
En el libro Mayor se asentaban tres tipos diferentes de
cuentas y servía, también, de libro Resumen, muy a propósito para realizar el balance de comprobación y saldo que debía hacer la oficina cada fin de año.

44. IX, en adelante, todas las referencias a esta Real Instrucción proceden de esta

misma fuente.

45. X

�54

Siglo XIX

Las cuentas llevadas por este libro eran: 46

C. Bravo Acevedo: lo.f bienes jesuitas en el reino de Chile

55

y bienes raíces de los ex iesuitas en el Debe, y en el Haber se
registran los pagos sobre las partidas de la cuenta.

l. Ramo de Temporalidades: que correspondía a intereses de
Capitales de Haciendas, de capitales de Censos y de capitales dados a interés, Arrendamientos, Ventas de varios efectos, alcances de Cuentas, Productos de Haciendas existentes, Alquileres de Casas, Ramos Particulares y Aprovechamientos.
2. Ramos Particulares: comprendía capitales de Haciendas, de
Censos, y aquellos dados a Interés, Productos de Alhajas de
Oro y Plata, Depósitos, Reales Hospitales de Valparaíso y
San Borja, Haciendas existentes, Casas de Ejercicios de Valparaíso.
3. Gastos: sueldos de administración, sueldos de Capellanes,
Misiones, Colegios de Naturales, Gastos Generales, Gastos
Extraordinarios, Remesa de Caudales.
El libro de Caia resumía el movimiento de entrada y salida
de la Caja -valga la redundancia- de la Oficina, y se dividía en
dos clases de cuentas principales: Cuentas Generales y Cuentas
Suhalternas47 •
Las Cuentas Generales son 18 en total y de ellas se destacan:
a) Caja: ref!;istra el movimiento diario de entradas y gastos.
b) Doblones de a Ocho Escudos: en el Debe, asienta las compras y en el Haber, las remeses que se envían a España durante el año.
c) Deudores de Capitales de Haciendas: se anotan los deudores de capitales provenientes de la compra de las haciendas
46. XIX
47. XI;XIII;XV; xvm

d) Deudores de Capitales dados a interés: se asientan en el Debe los deudores d~ capitales dados a interés el 5% y en el
Haber los abonos.
e) Deudores de capitales de Censos: tanto en el Debe como en
el H~ber se registran las deudas y abonos a esta cuenta, respectivamente.
f) Rezagos: en el Debe se asientan los intereses no pagados durante el ejercicio anterior, de las cuentas Deudoras ( cuentas
subalternas correspondientes). En el Haber, los pagos efectuados por estos conceptos.
g) Real Hacienda de esta Capital (ciudad de Santiago): en esta
cuenta se registran en el Debe las distintas cantidades que la
Real Hacienda de Santiago ha tomado con calidad de reintegro, más los intereses que corresponden a estas cantidades.
En el Haber se registrarán los abonos. Decimos, se registrarán, porque los libros consultados no asientan ninguna partida de esta especie.
Las Cuentas Subalternas son seis, a saber: Deudores de Intereses de Capitales de Haciendas, de Censos y de Capitales dados a interés, la ciudad, Administración Subalterna de Coquimbo y de Concepción.
El mecanismo contable es similar al de las cuentas Generales
y lo único destacable es que todos los intereses de capitales corresponden al 5% anual, calculado sobre el monto de la deuda
respectiva.
Finalizado el ejercicio anual se realiza el Balance o Estado
General de los Valores de Temporalidades. Este Balance tenía
la importancia de reflejar los saldos del movimiento del año, los

�56 SigloXIX
avances o retrocesos de las diferentes cuentas y, junto al inventario practicado, servía para que la Oficina General de Madrid
conociera el exacto estado del Ramo. A su vez, los empleados
de esta última Oficina hacían la Auditoría correspondiente y,
evacuado su informe, se aprobaba o rechazaba el ejercicio contable de la Oficina de Temporalidades de Chile.48
A partir de este nuevo plan administrativo, el trabajo realizado en la Oficina de Chile dio los resultados esperados. Por esta razón la Secretaría del Despacho de Indias extendió este sistema administrativo a las demás provincias de Indias: Buenos
Aires, Quito y Santa Fe en 1797 y Lima en 1799, no pudiéndose hacer lo mismo en ueva España por la oposición de los virreyes49.
La Oficina de Chile siguió manejando los negocios de temporalidades en la forma indicada y, consecuentemente con la
reestructuración institucional de todo el Imperio, pasó a depender de la Superintendencia General de Temporalidades creada por Real Decreto de 10 de diciembre de 1797, y unida a la
Secretaría del Despacho Universal de Gracia y Justicia, con una
Dirección general del Ramo.50
Por Real Decreto de 19 de septiembre de 1 798 se mandó
agregar a la Real Hacienda las temporalidades de los regulares
de la extinguida Compañía, debido a que
. Jas extraordinarias y urgentes necesidades de la Monarquía
obligan a echar mano á recursos también extraordinarios con que
satisfacerlas, no es ya de ningún modo comparable la utilidad de
tales objetos con la muy superior de que unos bienes que propiamente pertenecen al Estado, siivan a la densa y conseivación del
Estado mismo ...51

C. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reíno de Chile

Consecuencia de esta norma legal fue la cesación de las
funciones de las Juntas Superiores y Subalternas de Aplicación
de Temporalidades52 •
Finalmente, se comunicó al Gobernador de Chile, por Real
Orden de 22 de diciembre de 1801, que el Rey disponía que se
diera por cancelado el crédito de 810.798 pesos 7 reales, que
mantenía la Real Hacienda con el Ramo de Temporalidades por
la imposibilidad de cancelarlo, y que se incorporasen los restos
de los fondos al Real Erario53 .
Con esta medida, prácticamente, la Oficina de Temporalidades de Chile continuó actuando, aunque sin fondos propios, y
con el solo objeto de llevar la contabilidad de las deudas pendientes de cobro y controlar las propiedades que todavía quedaban sin enajenar, pero ya no tenía la importancia capital que
mantuvo por más de treinta años.

El valor de las propiedades que a principios del siglo XIX
quedaban sin enajenar alcanzaba a 24.206 pesos 2 reales y se
trataba de la Casa de la Real Aduana (16.484 pesos 6 reales), la
Huerta del Colegio de San Pablo (440 pesos), las Piezas que ocupa el Presidio de Santiago (2.000 pesos), las Piezas de la Asamblea de Oficiales ( 4.000 pesos) y el Molino y tierras de San Pablo
(1.281 pesos 4 reales).54
Por esos mismos años, el informe que muestra el resumen
general de la Contaduría de Temporalidades de Indias es el siguiente:

48. XVI

49. xxm.
50. xvn
51. XX

57

52. XX

53. XXII
54. xxm

�58 SigloXJX

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

jas los once mil quatrocientos y ochenta y siete pesos quatro reales que segun los inventarios del Ramo de Temporalidades cargaron a censo en la Hacienda de las Palmas de que es referencia esta
escritura á más sus respectivos intereses de modo que yá queda libre de este gravamen y el p~ lo hizo en esta fecha. Santiago 10
de Diziembre de 1818 Correa .

RESUMEN GENERAL DE CONTADURIA
DE TEMPORALIDADES55
(PRINCIPIOS SIGLO XIX)

Oficina
Chile
Lima
México
Buenos Aires
Santa Fe
Caracas
Havana
Total

Valores de fincas
. rústicas y urbanas
24.206
34.825
378.627
83.547
111
11.207

2
3
21/2

532.524

1/2

1

Capitales de censos con
otros varios de réditos
379.549
3.162.990
930.816
101.773
239.791
81.147
320.000

4
51/2
5
3 3/4
1/2
6

59

En el caso de la Hacienda San Pedro y Limache, dicen los
documentos:
Quedan redimibles veinte mil pesos de los 35.438 que corresponden a esta Caja en el total de la escritura (se refiere al Acta de Remate de Venta de la propiedad) conforme a lo explicado en partidas de f. 8 del Manual de 1819, y pagados los reditos respectivos
de dicho capital hasta 24 de noviembre de 1818, cuyos 20.000 los
ha redimido Dª Manuela del Carmen viuda del señor Dn. Joaquín
Sánchez Dueñas57 .

5.234.069

Por último, en el margen de la escritura del remate de la hacienda La Punta, dice:
Como puede apreciarse, los capitales originales del fondo de
temporalidades confiscadas a la Compañía de Jesús de América,
representan casi el 100/o de la deuda total que todavía mantienen los particulares que compraran haciendas a plazo o a censo, o que solicitaron créditos de capital.
En el caso particular de Chile, se puede establecer que durante la segunda década del siglo XIX todavía los particulares
mantenían una importante deuda con el Ramo de Temporalidades y que tal situación, incluso, se mantuvo durante los primei:-os años de la vida de Chile republicano.
De _este modo, al margen de la escritura original de venta de
la Hacienda de Las Palmas, dice lo siguiente:

En 4 de octubre de 819 según f. 100 del Libro Manual entregó
Dn. Francisco Gutiérrez quatro mil pesos a cuenta de 7.767 pesos
(4) reales que según las (cuentas del Ramo de) Temporalidades (se
debían) todavía de los 47.767 4, los que reconocieron interes como (ilegible) de los 95.535 que expresa este remate, de modo que
queda reducido a 51.535 4 rs. y se anota para constancia. Correa
a f. 55 lis. de deudores de 82258.

Para mayor aclaración, diremos que el comprador de la Hacienda de La Punta, o sus descendientes, aún no redimían el censo de 47.767 pesos 4 reales, que sumados al saldo del crédito, o
sea los 3.768 pesos, alcanza la última cantidad anotada en el libro de deudores de 1822.

Chancelacion a f. 168 del Libro Manual de esta Tesorería General
consta que Don. José Antomo Oballe y Vivar entregó en estas ca55.

xxm

56. VII
57. VII
58. VII

�60

•

Siglo XIX

En conclusión, podemos señalar que la riqueza temporal de
la Compañía de Jesús alcanzó vastas proporciones durante el
período colonial. Cuando esta riqueza pasó a poder de la Monarquía española, la necesidad de la administración y del destino de esa riqueza determinó su transferencia a particulares. No
obstante las facilidades dadas para la adquisición de bienes inmuebles, aun a principios del siglo XIX, quedaban propiedades
sin venderse y, lo que era más grave, saldos por cuentas pendientes de pago, que incluso pasaron a ser administrados por las
autoridades de Gobierno de la naciente República de Chile.

G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chüe 61

VI. 1769, Dic. 14
Lima

VII. 1770-1 784
Santiago, Chile

VIII. 1779, Dic. 31

-

Lima

INDICE DOCUMENTAL

l. 1767, Sep. 8 - 1769 Dic. "Cuenta General de los gastos ocaLima

II. 1768, Ago. 14
San Ildefonso

III. 1768, Sep. 12
Concepción, Chile

IV. 1768-1776
Santiago, Chile

V. 1769, Man. 27
Madrid

sionados en el sequestro y expatriación de Jesuitas de esta Capital...
y Reyno de Chile...".
AHNM. AJ. LIB. 431.

''Real Cédula. . . en que... declara
S.M. devuelto a su disposición ... el
dominio de los bienes ocupados a los
Regulares de la Compañía... "
AHNM. CONS. LIB. 1484. Pza. 77.
"Carta Informativa" (Sobre Temporalidades de Concepción).
AHNM. AJ. LEG.126. Pza. 40.

IX. 1789, Ene. 15
Madrid

X. 1793
Santiago, Chile

"Actas Originales de la venta y arrendamiento en remate público de las
Temporalidades que pertenecieron a
la Compañía de Jesús... "
AHNS. RA. VOL. 408.
''Estado de la Dirección General de
Temporalidades del Reino del Perú .. "
AHNM. AJ. LIB. 427.
" Real Instrucción para el régimen y
gobierno de la administración y contaduría de las Temporalidades que
fueron de la extinguida Compañía
nombrada de Jesús en el Reyno de
Chile".
BNM. MSS. 17615. Pza. 18.
''Libro Manual de la Administración
y Contaduría Principal de Temporalidades del Reyno de Chile, para la
cuenta del año 1793".
AHNM. AJ, LIB. 436.

XI. 1793
Santiago, Chile

"Libro de Caxa de la Administración
y Contaduría Principales de las Temporalidades del Reyno de Chile, para
la cuenta del año 1793".
AHNM. AJ. LIB. 439.

XII. 1794,Ene.2
Santiago, Chile

"Imbentario de todos los bienes que
a fin de año 1793 havia existentes.. .
propios de las Temporalidades... en
este Reyno de Chile".
AHNM. AJ. Papeles anejos al LIB. 439.

"Libro de Rema tes de esclavos de
Ex- jesuitas, 1768-1776 ".
AHNS. AJ. LIB. 366 Tomo 3°.
''Real Cédula de S.M. en que se expresan las reglas, y métodos... en las
ventas de los bienes pertenecientes a
Temporalidades".
AHNM. CONS. LEG. 8025. Pza. 297.

"Testimonio.. :de la cuenta general
que dieron los Oficiales Reales de esa
Capital (Santiago, Chile) de los Remates de Hacienda Esclavos y otros
asuntos concernientes a las Temporalidades de Jesuitas . .." .
AHNM. AJ. LEG. 95. Pza. 16.

�G. Bravo Acevedo: los bienes jesuitas en el reino de Chile

62 SigloXIX

XIII. 1794
Santiago, Chile

XIV. 1795, Ene. 2
Santiago, Chile

San Ildefonso

Hacienda las Temporalidades de los
Regulares de la extinguida Compa-,, ,,
ma.
AHNM. CONS. LIB. 1499. Pza. 63.

XXI 1798, Oct. 25.

"Razón que manifiesta los compradores de Haciendas, nombres de éstas, cantidades derivad~ por razón
de principales, y réditos, en los días
del año 1796 que se expresarán".
AHNM. AJ. LEG. 250. Pza. 16.

"Libro de Caxa de la Administración
y Contaduría Principal de las Temporalidades del Reyno de Chile... año
de 1794".
AHNM. AJ. 440.
"Inventario de los fondos de Temporalidades correspondientes al año
1794".
AHNM. AJ. Papeles anexos al IJB.

Madrid

438.

XV 1796
Santiago, Chile

XVI. 1797, Oct. 26
Madrid

xvn.

1797, Dic. 17
Madrid.

XVIII 1797
Santiago, Chile

XIX 1797
Santigo, Chile

XX. 1798,Sep.19

"Libro de Caxa de la Administración
y Contaduría Principal de Temporalidades del Reyno de Chile... año de
1796".
AHNM. AJ.LIB. 441.

XXII. 1801, Dic. 22 a 1808
Madrid

XXIII. 1808-1809
"Informe de la Contaduría de Temporalidades de Yndias sobre las cuentas de la Administración de las del
Reyno de Chile compreensivas del
año entero de 1793".
AHNM. AJ .. Papeles anexos al LIB.
439.
"Real Cédula de S.M. . . . crea una
Superintendencia General de Temporalidades... "
AHNM. CONS. IJB. 1499. Pza.24.
"Libro de Caja de la Admirústración
y Contaduría principal de Temporalidades del Reyno de Chile. . . año
1797".
AHNM. AJ. LEG. 959.
"Libro Mayor de la Administración
y Contaduría Principal de Temporalidades del Reyno de Chile. . . año
1797".
AHNM. AJ. LIB. 435.
"Real Decreto. Se agregan a la Real

63

Madrid

"Registro de Reales Ordenes y recursos a su Majestad (Temporalidades de
Indias)".
AHNM. AJ. LEG. 962J. Pza. 8.
"Resumen General de Contaduría de
Temporalidades, Madrid".
AHNM. AJ. LEG. 962. Pza. 11.

ABREVIATURAS
AHNM
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La ponencia procura comparar, en forma muy sintética, algunos aspectos de la acción del poder político sobre la actividad económica en el noreste de México, con una referencia especial a la aparición y fortalecimiento de una poderosa burguesía regional.
Adoptando como punto significativo del análisis las fuerzas que se asentaron en Monterrey -capital del estado de uevo León y escenario desde 1890 de un poco frecuente proceso
de crecimiento industrial-, los focos cronológicos para el estudio están situados en los extremos del período investigado, que comprende la segunda parte del siglo XIX y los inicios del XX: uno de esos focos coincidió con la fase de mayor
explosividad de la revolución liberal en México, durante los
años de la Reforma; el otro entroncó en línea generales con la
etapa de estabilidad del porfiriato, desde mediados de los 80.
El cotejo se practicará entre los años que mantuvo su hegemonía regional el gobernador y comandante militar Santiago
Vidaurri (1855-1864) y los que tuvieron al general Bernardo
Reyes -actuando desde uevo León - como centro de decisiones en el mismo espacio regional, de 1885 a 1909.
* Facultad de Ftlosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
Ponencia presentada en el simposio "Historia Económica: economía y política",
45° Congreso Internacional de Americanistas, Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985.

�68

St!loXIX

En el momento de la hegemonía vidaurrista era casi inexistente un efectivo poder central (y, por lo tanto, un Estado como aparato político y administrativo reconocido en una escala
nacional). La coyuntura estuvo entrecruzada por las luchas civiles y la intervención extranjera, además de que México terminaba de salir del catastrófico enfrentamiento con Estados Unidos. La guerra era, pues, el aspecto principal a resolver y condicionaba totalmente la actividad económica.
Provisto de una visión fuertemente autónoma -que respondía a su concepción de cómo debía organizarse el Estado
Nacional- Vidaurri dedicó sus esfuerzos a la construcción y
mantenimiento de ejércitos. En una época de alta inestabilidad sociopolftica y de enormes dificultades para regularizar
cierto dinamismo en la producción y en la circulación mercantil, el noreste (limítrofe con Estados Unidos y orientado hacia
el golfo de México) vio funcionar un sistema regional de poder
capaz de asumir decisiones y medidas que técnicamente debían
corresponder a un gobierno federal.
Este sistema resultó, a la vez, una respuesta a las nuevas e
imprevistas condiciones generadas en esas latitudes por un hecho fundamental: el cambio de la línea fronteriza tras la derrota
con Estados Unidos.
El poder político regional se mostró decididamente liberal,
pero con tendencias autárquicas que se expresaron -sobre todo,
y dadas las urgencias bélicas- en el establecimiento, control y
administración de aduanas, en el uso de sus recursos y en una
política arancelaria que entraba en antagonismo con lo que pretendía fijarse desde el centro del país. En nombre y en defensa
de la revolución liberal, Vidaurri abrió las fronteras a la introducción de mercancías extranjeras, y practicó una serie de políticas que benefició largamente a los grupos mercantiles del noreste, en especial a los afincados en Monterrey.
Muy distinta sería la etapa de Bernardo Reyes. A diferencia
de lo acaecido con Vidaurri -expresión local de la desarticula-

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

69

ción del Estado como poder soberano en una escala nacional-,
Reyes se convirtió en un eficaz delegado del orden porfiriano:
sus tareas tendieron a adecuar o perfeccionar regionalmente lo
que el gobierno central dictaminaba y disponía.
Pero para la historia económica del norte oriental de México
y en particular para la de Monterrey, la significación de Reyes
asumió otros matices. Así como Vidaurri accionó, por necesidad, en el plano de la circulación mercantil, Reyes patrocinó
medidas que impactaron decisivamente en el de la producción.
La industria fabril de la ciudad nacería al amparo de una legislación que estimuló la inversión en este sector productivo, complementando otras condiciones que se perfilaban en su favor:
entre otras, la articulación de un mercado tendencialmente nacional, la posibilidad de vincularse al mercado norteamericano,
la formación previa de grandes capitales.
Todo ello en el marco de la consolidación del Estado 1 ac10nal: producto, en buena parte, de los mecanismos que logró
montar y sostener el porfiriato.
La acción del poder político regional, como representante
obediente del central, no se usó ya para el mantenimiento de
ejércitos y para la defensa del orden liberal, sino para asegurar
la sólidez de aquel Estado Nacional y, en el plano económico,
para estimular la capacidad reproductiva del capital. Entre 1890
y la Revolución, así, se articularía en \1onterrey un empresariado de innegable influencia en el posterior desarrollo capitalista
del país.
GUERRA, SISTEl\lA REGIONAL Y COj1ERCIANTES

1.- El lapso que transcurrió desde la guerra con Estados Unidos (1846-47) hasta el fusilamiento de Maximiliano (1867) significó para México una coyuntura decisiva. En esta profunda
crisis, que llevó a grados extremos la contienda entre liberales y
conservadores, se jugó en fuerte medida su posibilidad de rlefi-

�70 S~lo XL\

nirse como Estado ;\acional.
En el alejado noreste, y en nombre del liberalismo, Santiago
Vidaurri ocupó el gobierno de Nuevo León tras levantarse contra el presidente Antonio de Santa Anna en mayo de 1855. Dos
meses después extendió su dominio a Coahuila, que sería integrado en un solo estado -formalmente- en febrero de 18561 .
Sus pretensiones de prolongar a Tamaulipas, hacia el oriente,
esta experiencia, fueron obstruídas por jefes locales ligados -en
ocasiones- a dirigentes nacionales2 • Pero la repercusión de sus
políticas sobre esta provincia litoral (ubicada en el ángulo septentrional del país sobre el golfo de México) con clara importancia portuaria, resultó marcada.
Puede afirmarse que Vidaurri, con altibajos, implementó en
el noreste entre 1855 y 1864 una visible hegemonía regional.
Nutrida por un doble matiz: por una parte era eficaz para la
causa liberal en su conjunto; por otra, apuntaba al fortalecimiento creciente de un poder de dimensiones regionales que se
negaba a someterse incluso a los gobiernos supremos liberales
que -con dificultades ingentes- intentaban consolidarse en la
zona central de México.

1.- La anexión de Coahuila a Nuevo León provocó la primera crisis entre Vidaurri y
el gobierno del general Ignacio Comonfort, quién se opuso terminantemente. El
conflicto llegó a generar choques annados. Pero Comonfort, a fines de 1856, debió tolerar la urúficación de ambos estados.
2.- Las disidencias con los jefes tamaulipecos eran consecuencia de las intenciones
subordinantes que mostraba Vidaurri. Desde Tamaulipas brotaba una animadversión notoria a este proyecto de hegemonía regional que, de concretarse totalmente, iba a suponer el control pleno de las aduanas fronterizas de este estado y
de sus dos puertos marítimos: Matamoros, al norte, y Tampico, en el extremo
sur. La inquietud era compartida por el poder central liberal que temía que Vidaurri adquiriese un peso indetenible si manejaba efectivamente el conjunto del
noreste. El gobernador de Tamaulipas, Juan José de la Garza, se alió a Comonfort para combatir a Vidaurri cuando se formalizó la anexi6n de Coahuila. En
realidad, sólo en momentos muy breves pudo Vidaurri instaurar su dominio militar y político sobre todo Tamaulipas. Su influencia, en cambio, resulta.ría más
ostensible en cuanto a las polÍticas arancelarias, que fueron asumidas en buena
medida por los jefes tamaulipecos, especialmente en las franjas fronterizas.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

71

Esta visión bifurcada -compleja- del vidaurrismo no era
más que una expresión del momento que transitaba ~léxico:
recorría una de sus instancias fundamentales en el fatigoso camino para conformar un Estado y un renovado orden social sobre cimientos liberales. Proyecto que no dependía solo de quienes pretendían articular un poder centralizante (en este caso,
en el seno del liberalismo) sino también -y mucho- del aporte
que ofrecían las poblaciones y iefes del interior. Esto último se
mostraba con agudeza mayor en el caso del noreste ante la reciente incorporación a Estados Unidos de territorios ahora limítrofes, y por las expectativas y amenazas de nuevas expansiones del ávido vecino.

Il.- Como sucedía con frecuencia en estas décadas, el peso
politico de Santiago Vidaurri se sustentó abiertamente en su
capacidad militar. Más de cinco mil hombres llegaron a ser
movilizados en un proceso que simultánea o sucesivamente
implicó la rebelión triunfante frente a Santa Anna, los aprestos para sofocar los primeros levantamientos conservadores
(como el que se suscitó en Puebla a principios de 1856), las
incursiones de grupos tejanos3 , el combate a muerte que se
libraba en contra de gruesos contingentes de indios seminómades, la guerra de Reforma (1858-1860). y el desembarco
francés (1862), sin dejar olvidados los mismos choques que
solían registrarse entre fuerzas liberales4 • En la conformación
de aquella densa tropa, el gobernador y comandante del Ejército del orte adquirió una vasta experiencia en la tarea de

3.- En octubre de 1855, por ejemplo, la localidad de Piedras Negras, en el extremo
norte de Coahuila, había sido invadida por grupos tejanos. Al respondeT militarmente a estas incursiones, Vidaurri consideraba que defendía la soberanía nacional. Por ello fue elogiado, tras lo de Piedras Negras, por el presiden te Juan Alvarez.
4.- La marcada autonomía que Santiago Vidaurri sostuvo respecto a los mismos gobiernos centrales liberales le obligaba a mantener tropas que, eventualmente, debían rechazar algún intento de sometimiento en el seno de esta corriente. Esto
explica, además, por qué se negaba sistemáticamente a que tropas federales fueran enviadas al norte, y a poner las suyas bajo órdenes de los comandantes generales que operaban en el centro de México.

�72 Si;!lo XL\

montar ' vestir , alimentar , armar y transportar enormes batallones, a lo que seguramente contribuyó su exhaustivo conocimiento de las posibilidades qe la frontera.
La actividad militar, con sus oscilaciones, provocó una implacable demanda de recursos. Su cuantificación, con alguna
aproximación, ha sido factible gracias a la muy minuciosa documentación que dejó la administración vidaurrista, especialmente
por medio de su tesorería general5 •
Esos papeles permiten señalar que los gastos militares llegaban a consumir alrededor del 85 por ciento de los ingresos que
contabilizaba aquella oficina: al menos ese fue el panorama en
circunstancias como las enfrentadas entre mayo y fines de
1855, o entre mediados de 1855 y septiembre de 1859, momento éste en el que Vidaurri pierde circunstancialmente el control
del gobierno de Nuevo León-Coahuila6 .
Ya fuera para pagar los abastecimientos que la misma economía regional producía pese a su carácter precapitalista (alimentos, animales para trasladar soldados y carga pesada, una
amplia gama de artículos artesanales como monturas, frenos,
costales, mochilas, bolsas, entre muchos otros), como para cubrir lo que representaba la importación de gran parte del vestuario y la totalidad de los pertrechos de guerra (armas, municiones, pólvora), Vidaurri acudió a dos fuentes vertebrales de
recursos: 1) las rentas que técnicamente debían corresponder
al gobierno federal, entre las que sobresalieron con nítidez los
ingresos aduanales y los impuestos a la circulación y/o exportación de metálico; 2) los créditos y préstamos en efectivo que
le facilitaban -amable o forzadamente- los mercaderes del
área (algunos situados en el sur de Estados Unidos y otros, los
5.- El tema lo hemos abordado en Economía de guerra y poder regional en el siglo
XIX, Monterrey, Archivo General del Estado de Nuevo León, 1983, parte primera. Los cálculos se efectuaron a partir de la documentación encontrada en la
sección Hacendarios, del Archivo General de Nuevo León (AGENL).
6.- Todo indica que ese porcentaje de egresos por razones bélicas siguió manteniéndose, sobre todo desde que se produjo la invasión de tropas europeas.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

73

más, residentes en Monterrey). Ambas vías de acceso al financiamiento de guerra, por otro lado, se ligaban muy estrechamente.

III.- En tanto, el cambio de la línea fronteriza -sancionado
por convenio efectuado con Estados Unidos en 1848- había
alterado radicalmente las expectativas y el funcionamiento de
áreas y poblaciones que, inesperadamente, pasaron a ser el extremo norte de ,vféxico.

Se convirtieron, de pronto, en vecinas directas de un país
cuyo capitalismo crecía con ritmos escasamente comparables en
la historia mundial. El extenso desierto que separaban de Estados Unidos a ciudades como Monterrey quedo cercenado.
Una inicial y formidable influencia se manifestaría en el comercio. o sólo por lo que iba a significar el asentamiento humano que implicó la colonización de Texas - que cubría, por
encima del río Bravo, todo el nuevo noreste-. Manifestaciones
más inmediatas supondría la instalación de activos núcleos mercantiles sobre la margen izquierda del Bravo, que con rápidez
conectarían este espacio mexicano con el flujo de artículos provenientes del mercado mundial. Una evidencia espectacular de
ello sería el cuantioso contrabando que se desenvolvió desde
1848, y que resultaba imposible frenar para las autoridades de
México 7 • Sobre todo cuando se fijaban elevados aranceles,
como los que intentó aplicar Santa Anna desde 1853.
7.- En 1870, el secretario de Hacienda, Matías Romero, recordaba: "Terminada la
guerra con Estados Unidos por el tratado de Guadalupe Hidalgo de 2 de Febrero de 1848, los IÍmites de la República se avanzaron muy considerablemente á
sus centros poblados, y la parte que se cedió :! la naci6n vecina aumentó notablemente de población. No habfan transucrrido aún dos años de la celebración
del tratado de Guadalupe, cuando por los cambios indicados, comenzaba ya á
hacerse sentir el contrabando por la frontera del Norte. Este era impulsado por
los muy altos derechos establecidos por el arancel del 4 de Octubre de 1845 vigente entonces". Y luego indicaba que desde 1851 "el contrabando no tuvo tr~ba
alguna". Circular del 4 de junio de 1870, en Diario Oficial del gobierno supremo
de la República, 17 de junio de 1870. Por su lado Moisés González Navarro describe: "Con la derrota del 46 aumentó el contrabando (encabezado por 'respeta-

�74

Siglo XIX

Cuando Vidaurri comenzó a imponer su hegemonía, una
serie de antecedentes -surgidos entre 1848 y 1855- le indicó
el camino a transitar. Antiguo y experto funcionario gubemamental8, conocía en detalle las preocupaciones y necesidades
de los habitantes fronterizos. Y se abocó con presteza a satisfacer dos de ellas: a) la persecución sistemática de los agresivos
indios que entraban a México al ser expulsados desde Estados
Unidos; b) la habilitación y sostenimiento sobre el Bravo de una
línea de puestos aduanales que -gracias a una complementaria
política de bajos aranceles- habría de intensificar el tráfico
mercantil legal.
o se considerará aquí la problemática indígena, de notoria
influencia en múltiples aspectos de la vida fronteriza 9 . Se aludirá sólo a la cuestión aduanal y al diseño de medidas arancelarias
que no solo se vinculaban con una vieja disputa en México 10 , sino que resultarían un instrumento decisivo para la adhesión y el
enriquecimiento de núcleos mercantiles de la región.

IV.- Para el gobernador Vidaurri, así como para sus colaboradores e inspiradores ideológicos11 , el control y aprovechabilísimas' casas extranjeras) por haberse acercado importantes centros de población a la nueva frontera con Estados Unidos; las alcabalas y los estancos abolidos por los invasores se restablecieron con dificultad y creó problemas el bajo
arancel fijado por los norteamericanos". González Navarro, Anatom(a del poder
en México {]848-1853), México, El Colegio de México, 1977, p. 170.
8.- Vídaurri comenzó su carrera administrativa a principios de los treinta. Fue escalando posiciones hasta llegar a ser secretario de Gobierno, cargo que ocupó durante varios años. Estaba en esas funciones cuando se rebeló contra Santa Anna.
9.- Véase José Reséndiz, La pol(tica de Vidaurri y la expulsión de las tribus nómadas en el noreste de México, tesis de licenciatura, Monterrey, 1983. González
Navarro, citado, también hace referencias a esta problemática en el norte. En
Economfa de guerra . .. , citado, incluimos la lucha contra los contingentes indígenas entre las actividades militares de los años de Vidaurri: el mantenimiento
de tropas para la defensa de las poblaciones de una amplia franja fronteriza demandaba permanentes gastos al gobierno de Nuevo León-Coahuila.
10.- Disputas que llevaban adelante corriente librecambistas y proteccionistas. El
debate se encuentra en Luis Córdova (nota preliminar, selección documental
y comentarios de), Del centralismo proteccionista al régimen liberal (J 83 7-1872),
. México, Banco de Comercio Exterior, 1976.
11.- Una referencia a estas posturas ideológicas, por momentos muy radicales, la

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

75

miento de las aduanas fronterizas con F:stados Unidos aparecieron como algo indispensable para armar y trasladar las tropas
que habrían de bregar con texanos, indios, conservadores y franceses.
Si se recuerdan las exigencias que planteaban las guerras civiles y a la vez no se olvidan los anhelos que borbotaban en los
habi;antes y
los grupos mercantiles más prominentes del noreste, no puede extrañar que a menos de tres _meses d~ ocupar
\lonterrey y a los treinta dfas de extender su mfluencia a Coahuila Vidaurri tomara decisiones fundamentales.

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Su primera gran medida fue el decreto del 22 de ago~? de
1855: reformaba el ordenamiento para las aduanas mar11:Imas
y fronterizas que en junio de 1853 -y con base e~ el de 1845había promulgado el presidente Santa Arma. El Jefe nuevoleonés rebajó los derechos en el mismo sentido -y en ciertos casos
aplicando idénticas tarifas- que lo que pre_vió el_ fug~ ~rancel
Ceballos, del 24 de enero de 1853: este régimen 1mpos1tivo fue
suprimido por Santa Anna al recuperar el poder, pues presentaba un marcado matiz liberal. F:l plan de Ayutla (1854), enarbolado contra Santa Anna, lo mencionaba expresamente como
sustento del orden mercantil que los liberales aspiraban a edificar. Inclusive fue adoptado provisionalmente entre octubre de
1855 y el 31 de enero de 1856, mientras se confeccionaba
el reglamento que el presidente Ignacio Comonfort puso en vigencia 12.
Con el citado decreto del 22 de agosto comenzaría a germinar el más tarde famoso y temido arancel Vidaurri. Su desarroefectuamos en "Poder regional, gobierno central y periodismo liberal en México en años de la Reforma. Santiago Vidawri y los estados fronterizos del noreste (1855-1864)", en Alberto Gil Novales (ed.), La prensa en la revolución liberal. España, Portugal y América Latina, Madrid, Universidad Complutense,
1983.
12.- El decreto de Vidaurri en AGENL, Circulares, 1854-55, 22 de agosto de 1855.
El arancel del 24 de enero de 1853 fue dictado por el presidente interino Juan
Bautista Ceballos, de breve mandato. Su sesgo liberal fue ampli3"6ente recuperado por el plan de Ayutla reformado en Acapulco, en su artículo 7 .

�76

Siglo XIX

llo posterior, en síntesis, abriría al mercado mundial -vfa el
río Bravo y Texas- el ámbito geográfico que rodeaba a Monterrey. Pondría además a los mercaderes de esa urbe, y a los de
ambas márgenes del Bravo, en evidente ventaja para competir en
las zonas centrales del país con colegas de Veracruz y de la ciudad de México.
El complemento inmediato e inevitable de esta disposición
fue la habilitación efectiva de diversos puestos aduanales sobre
el mismo Bravo. El 24 de agosto se ordenó la apertura de puertos para importación en Mier, Camargo y Laredo (Tamaulipas),
y en Piedras egras (Coahuila). A comienzos de octubre se prolongaron esos privilegios a Reynosa y Guerrero, también en Tamaulipas13.
La reorganización vidaurrista -que se implementaba en un
espacio menor al del futuro Estado 1acional, pero mucho mayor al de uevo León- tendía a un nítido obietivo: transformar
a Monterrey en el pivote militar, político y comercial de un
sistema regional en expansión que, por esto, alcanzaría repercusión en el contexto mexicano.
Pieza clave en esta reestructuración fue el artículo 4º del
decreto del 24 de agosto, mediante el cual quedaba instalada en
Monterrey una Dirección General de Aduanas con amplios poderes: desde la ciudad nuevoleonesa se administrarían así las
' y' se
recaudaciones correspondientes a los puertos habilitados
regularían todos los trámites conexos a una actividad tan básica
como el comercio intemacional14 .
Un par de meses más tarde Yidaurri explicaba al ministro de
Relaciones del flamante gobierno supremo liberal las causas de
tan controvertibles disposiciones: podrían atenderse los urgentes requerimientos del Ejército del\ orte; se sostendrían lastro13.- AGENL, Circulares, 1855, 24 de agosto; 1854-55, 4 de octubre de 1855.
14.· ldem, circular del 24 de agosto de 1855.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

77

pas que protegían la línea limítrofe ''invadida por los filibusteros tejanos"; se cubriría la deuda contraída con los pueblos,
consecuencia del levantamiento contra el ya derrocado Santa
Anna; podría desechar las proposiciones que le efectuaron
"algunos comerciantes" y que evaluó como "ofensivas al honor nacional y al mío propio"15 ; frenaría el contrabando proveniente de las villas situadas del lado norteamericano; poblaría
la zona de frontera y ahuyentaría los contingentes indígenas rebeldes16.
V.- Lo que se· conocería como arancel Vidaurri, en estos
años tumultuosos, fructificó como una combinación en la que
se imbricaron antecedentes regionales y nacionales, modificaciones que sobre la marcha impulsaban Vidaurri y otros jefes locales y sugerencias de comerciantes destacados del noreste 17
15.- Vidaurri modificaría su forma de pensar al respecto, seguramente asediado por
las ingentes necesidades de su despliegue militar. Los contratos especiales con
grandes mercaderes de la región - con fr.ecuencia para procurarse armas y pertrechos de guerra- constituyeron una fuente constante de recursos durante
1855 y 1856. A las finanzas del estado le resultaban tan onerosos algunos de
estos convenios que el propio gobernador mostraba disgusto ante el desmedido
interés de los proveedores.
16.- El Restaurador de la Libertad, Monterrey, 27 de noviembre de 1855.
17.- Entre los antecedentes regionales deben recordarse al menos dos: el levanta·
miento cívico-militar que dio a conocer el plan de la Loba, en septiembre de
1851, y la respuesta a esta actitud de rebeldía que resultó el arancel Avalos,
días más tarde. El plan de la Loba fue precedido por la ocupación de Camargo,
población ubicada sobre la margen derecha del Bravo. En su punto cuarto abordaba la cuestión arancelaria con claro sesgo liberal y exigía que se quitasen las
prohibiciones y se rebajasen derechos en materia de importación. Solicitaba penas menores para quienes ejercían el contrabando, la introducción libre de vfveres durante cinco años y que se estableciera una aduana en Reynosa, al este de
Camargo. Su jefe visible era José María Carvajal, acusado muchas veces-de tener
ligas íntimas con grandes contrabandistas. Para disminuir la tensión creada por
la ocupación de Camargo, el general Francisco Avalos, a cargo de la línea fronteriza y con residencia en Matamoros, villa marítima y fronteriza, rebajó drásticamente los impuestos que pesaban sobre las mercanefas introducidas por el lugar.
Lo hizo sin consultar con el gobierno central, lo que provocaría más tarde intensos debates. Avalos comentaría al ministro de Guerra y Marina que decidió
adoptar ese arancel por "lo excepcional de las circunstancias referidas, y el deseo de evitar que la guerra civil tomara incremento". Además era lo único
factible porque, así, las importaciones se harían por Matamoros en lugar de
realizarse por Camargo u otros puntos más occidentales. El arancel Avalos
mantuvo su vigencia hasta abril de 185 2. La proclama de Carvajal y las disposiciones de Avalosen AGENL, Ramo m11itar, 1851-57. Ya con Vidaurri al man-

�78

Siglo XIX

Cuando este arancel llegó a su punto de cristalización, hacia
1857, significó en concreto que por esa frontera se introducían
mercancías con recargos mucho menores a los que se imponían
en otros puertos, en los que se tenía que cumplir la ordenanza
general que en enero de 1856 pormulgó el presidente liberal
Comonfort. De acuerdo con referencias de entonces, ratificadas por cálculos nuestros, esa disminución oscilaba entre un 50
y un 65 por ciento. Podría afirmarse que, en promedio, el arancel Vidaurri representaba un descuento del 60 por ciento frente
a lo que cobraba el arancel federal.
La sólidez del sistema regional constituído desde uevo
León se retroalimentaba en la propia capacidad militar, pero a
la vez se nutría -en términos políticos- de la seguridad que se
ofrecía a los segmentos mercantiles y a las poblaciones de la
frontera. La influencia del vidaurrismo quedó probada a principios de 1858, al estallar la revuelta conservadora.
Tras el plan de Tacubaya, ocupada la ciudad de México por
los ejércitos opuestos al liberalismo, uevo León-Coahuila y
Tamaulipas recuperaron sus respectivas soberanías y se aliaron
en favor de la Constitución de 1857. Firmaron entonces un pacto ofensivo-defensivo en el que quedó expresamente señalada la
repercusión alcanzada por el arancel Vidaurri. Ambos estados se
comprometieron a levantar "el mayor número de fuerzas que les
sea posible para el sostén de la causa nacional". Para lograr tal
do de Nuevo León, y ante la necesidad de que se "establesca un arancel que
arregle las importaciones del comercio y fije las reglas á que deba sujetarse el
pago de derechos de las mercancías que se introduscan", el gobernador dispuso que se formara en Monterrey "una junta de aranceles". Entre otros la
integraban dos prominentes comerciantes de la ciudad: Juan Oausen y Mariano
de la Garza. En la orden se señalaba que debían tener en cuenta antecedentes
como los aranceles Avalos y Ceballos. AGENL, Hacendarios, 1855/3, 9 de
agosto. A comienzos de 1856, Guadalupe García, oficial a caigo de las tropas
fronterizas de Tamaulipas, sugiri6 a Vidaurri nuevas rebajas, que eran pedidas
por comerciantes de Matamoros. García logró que el comandante nuevoleonés
quitase los llamados derechos adicionales Y, además practicara una rebaja del
15º/o global. Vidaurri acentuaría después esta rebaja general hasta un 40º/o, con
lo que su arancel llegó al más alto nivel de liberalidad. Los pedidos de Guadalupe
García en AGENL, Correspondencia particular de Santiago Vidaurri (CPSV),
desde Matamoros, 27 de febrero de 1856.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y bu'1{uesía en México

79

objetivo, negociarían un préstamo "de~tro ó fuera de la Republica hasta de quinientos mil pesos, hipotecando para su pago
los productos de la Aduana marítima de Tampico y de las fronterizas del río Bravo". Y en el artículo 6° se indicaba:
Mientras duren las actuales circW1stancias regirá el arancel conocido con el nombre de Vidaurri, que espedirá (el gobernador de
Tamaulipas, MC) con la baja de un cuarenta por ciento... 18

Se oficializaba de esta manera en los tres estados del noreste
un arancel que se insinuó primero en uevo León, y que ahora
abarcaba el conjunto regional: resultado del inicio de la guerra
de Reforma, fase decisiva en el estallido de la revolución liberal
en México.
Y si bien en Tamaulipas la medida sería derogada en agosto
de 1860, cuando se daba por seguro el triunfo liberal, en uevo
León-Coahuila el arancel continuó funcionando. La lucha contra el invasor francés obligó a Benito Juárez en 1862 a conferir
poderes amplios a Vidaurri sobre Tamaulipas, lo que reavivaría
la vigencia global de sus políticas mercantiles. Sólo cuando el
poder regional fue sometido, en marzo de 186419 , .se abrió la
posibilidad de que la ordenanza general de 1856 comenzara a
respetarse en esta parte de la frontera.

VII.: A cambio de las ventajas arancelarias que la administración de Nuevo León-Coahuila otorgaba, obtenía recursos .
diversos para solventar los permanentes déficits provocados por
la incesante acción bélica.
Hasta que se sistematizó el funcionamiento del arancel
Vidaurri ( es decir, durante 1855 y 1856), los abastecimientos
de pertrechos de guerra se conseguían en las horas más apre-

18.- AGENL, Minutas, 1858, 23 de enero.
19.- P.resionado por el invasor francés, Benito Juárez marchó en !863 hacia el norte
del país. y las aduanas de esta frontera, sobre todo la de Piedras Negras - que

�80

SigloXIX

miantes por medio de contratos especiales: el gobernador otorgaba entonces drásticas rebajas en los derechos de importació~ a
determinados comerciantes, como forma de compensar la Introducción de armamento.
Un segundo mecanismo, que paulatinamente reemplazaría
al anterior, fue el de solicitar créditos y préstamos en efectivo
para cubrir los gastos militares. En este caso la devolución se
efectuaba por medio de certificados que -presentados luego en
los puestos aduanales- permitían concretar masivas importaciones en el marco del cada vez más liberal arancel Vidaurri. Como
puede observarse en los anexos 1 y 2, que aluden a las urgencias
planteadas durante la guerra de Reforma y en los momentos del
desembarco francés, Vidaurri no sólo debía acudir con suma frecuencia a los mercaderes del área, sino que tenía que agradecer
sus aportes con otra compensación: los fuertes premios (especie
de interés cobrado en plazos extremadamente breves, por el alto
riesgo de cada operación) que le sumaban los intermediarios,
transformados en financistas inevitables del poder regional.
Aunque el gobernador llegó a suponer que esos premios no
irían más allá del 11º/o -como lo indicaba en su circular del
22 de enero de 1858, destinada al comercio, y que se reproduce por su significación documental en el anexo 3-, en los días
de mayor tensión esos premios llegaron a representar el 50°/o
del dinero adelantado 20
vivía entonces un momento de auge por la guerra de Secesión en Estados Unidos- les fueron requeridas a Vidaurri. A principios de 1864, con Juárez en
Nuevo León-Coahuila. el gobernador se negó a ceder esos recursos y enfrentó
abiertamente al presiden te. Finalmente, rodeado por los ejércitos federales, Vidaurri abandonó el país. Se cerraban así casi diez años de poder autárquico en la
región. La consolidación del Estado Nacional despuntaba simultáneamente por
una doble vertiente: el rechazo de la intervención europea y la subordinación de
las fuerzas regionales. Esta Última tarea sería completada por Porfirio Díaz,
hacia los años 80. Tras su crisis con Vidaurri, Jufu:ez restableció a Coahuila la
autonomía que había perdido desde 1855.
20.- En los meses más críticos florecían los llamados préstamos de pronto reintegro,
brindados con premios elevados. Los grandes comerciantes de Monterrey -Valentín Rivero, Mariano Hernández, Juan Claussen, Patricio Milmo (que era yerno de Vidaurri), Brach y Shonfeld- proveían con rápidez el efectivo. En ciertos
casos lo hacían bajo duras presiones, pero recuperaban sus dineros con derechos
de importación, que estaban asegurados por la influencia de Vidaurri en los

M. Ceruttí: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

81

VIll- En este contexto condicionado por las necesidades
creadas por la guerra y por la respuesta que brindaba el po~er
regional, los núcleos de comerciantes loc~es lograban ampliar
visiblemente sus posibilidades de penetración en mercados alejados de la geografía nacional. Resulta obvio indicar que los que
·trabajaban desde Monterrey se encontraron entre los más bene, con.diana a aque1 po der21 .
ficiados, por la cercama
Si el espacio habitual de su dinamismo mercantil comprendía el noreste y estados vecinos del norte centro-oriental (como
Chihuahua o Zacatecas), con las rebajas verticales que se les concedía en materia arancelaria prolongaban sus contactos hacia el
sur: la ciudad capital, Guanajuato, partes de Jalisco y hasta Colima, sobre el Pacífico, recibían mercancías introducidas por la
frontera septentrional, además de que llegaban en fuerte escala
a San Luis Potosí y zonas menos distante. Sobre la base del
arancel Vidaurri, o de los contratos sellados en tiempos anteriores a su expresión más liberal, los traficantes regiomontanos y
sus colegas del sur de Estados Unidos se enlazaban cómodamente con el mercado mundial. Y competían exitosamente con
los grupos intermediarios de Veracruz o de la ciudad de México,
quienes en sus airadas protestas solían tener como portavoces a
los propios ministros federales22 . Un panorama que se reforzaba
puertos fronterizos. También intervenían traficantes de la región pero no afincados en Monterrey, como Juan P. Molony y Evaristo Madero. ~te último,_que
vivía en RÍO Grande cerca de Piedras Negras, transformado mas tarde en director de un verdadero 'imperio familiar, sería abuelo de Francisco Madero,jefe de
la etapa inicial de la revolución que destituyó a Porfirio Díaz en l 9i 1.
21 - Patricio Milmo ya mencionado, resultó uno de los casos más expresívos. En
· estos años se e'fectúa en Monterrey -al amparo de los conflictos civiles Y de
la guerra de Secesión norteamericana - la primera gran fase de acumulación previa de capitales, que décadas después serían transferid?s. ~ la producción capitalista. Los apellidos que encontraremos en los 90, lmCiando el proceso de
crecimiento fabril, serán en no pocos casos los mismos de tiempos de Vi~a_urri;
Rivero Zambrano Calderón Milmo, Hemández (sucedidos por los Mendirichaga). Otras familia~, en cambio, no mantendrán tanta perdurabilidad. Evaristo
Madero, por su lado, se asentará en Monterrey entre 1864 y 1870, marchará a
Panas (Coahuila) a inicios de los 70, y regresará a Monterrey en 1892 para fundar el primer banco del estado, el Banco de Nuevo León.
22.- Estos reclamos se tornaron particularmente agudos en 1856 y 18_57, cuando el
general Comonfort trataba de restablecer el orden interior y esperaba que en el
norte se aceptara su ordenanza general, de 1856. El 2 de noviembre de 1857 un

�82 Siglo XIX

por los descuentos complementarios que en el noreste se disfrutaba en la circulación y exportación de metálico, renglón que
también se controlaba sistemáticamente en Monterrey23 •
El gobernador Vidaurri encontró, así, un claro apoyo en esta burguesía incipiente que por momentos hasta lo respaldó en
sus arrestos más autárquicos. Aunque en ocasiones las relaciones entre poder político y comerciantes-prestamistas se volvían
tensas (por la ávidez que mostraban estos últimos, lo que llegaba a indignar al jefe militar), en general cabe afirmar que Vidaurri supo interpretar y satisfacer las expectativas de este reducido
conjunto de traficantes que -desde la lejana frontera norestese atrevían a invadir con artículos europeos o estadounidenses
las zonas centrales del vasto territorio mexicano.

M. Cerutti: poder estatal, economia y burgue.s(a en México

LA ADHESIO

83

A LA PAZ PORFIRIA A

I .· Con la llegada del general Porfirio Díaz al poder (187?•_77)
se registrarían, lenta pero firmemente, ~odi~caciones d.ec1S1vas
en la economía la sociedad y el func10nam1ento político mexicanos. Puesta; en marcha, ya, las_principales reformas liberales -tendientes a propiciar un crecimiento capitalista con clara
inserción en el mercado mundial- el paso siguiente consistió en
asegurar un orden interior capaz de favorecer los intereses de ~os
grupos modernizantes aptos para responder a las ~emandas 1:11·
ternacionales, de asociarse sin prejuicios con el capital extran1ero y de usufructuar las ventajas que podía brindar un Estado
acional en consolidación.
Sobre el porfiriato se ha comentado:

Desde los gobiernos centrales liberales, que intentaban
consolidarse, las cosas solían observarse de otra manera. Cuando
Manuel Payno estuvo a cargo de la secretaría de Hacienda, en el
período del general Ignacio Comonfort, envió a Vidaurri un extensísimo documento (anexo 4) en el que intentaba convencerlo
de que tales rasgos de autonomía, particularmente en los planos
aduana! y comercial, eran inconvenientes para la sólidez del proyecto nacional. Pero hasta marzo de 1864, cuando Benito Juárez necesitó imperiosamente los recursos de estas aduanas del
norte, sobre todo los de Piedras :\egras, el orden vidaurrista se
mantuvo, vigoroso, con el escasamente reticente apoyo de la
burguesía local.
oficio de la secretaría de Hacienda amenazaba con adoptar medidas drásticas si
no se detenían las introducciones por la frontera: su impacto alcanzaba la propia
capital de la República. La conclusión era que habían sido introducidas de contrabando o que "no han pagado los derechos de importación que señala la orde•
nanza de aduanas marítimas". AGENL, Correspondencia con el ministerio de
Haciendo (CMH), 1857-58, 2 de noviembre de 1857.
23.· El sistema regional vidaurrista alcanzó también la circulación y exportación del
metálico, savia inevitable para una eficaz vinculación con los mercados europeo
y estadounidense y con las franjas más monetizadas de la economía mexicana.
El gobernador obligaba a pagar los impuestos respectivos en la administración de
Rentas de Nuevo León-Coahuila. Como contrapartida ofrecía rebajas sensibles,
la protección y seguridad para el traslado de la moneda hacia los puntos de salida y los beneficios del arancel Vidaurri. Se apropiaba de estas rentas, de carácter

Si tuviéramos que reseñar en pocas palabras el significado ~ro fundo del po.rfiriato desde el punto de vis~ económico y soc1_1, los
elementos que eligiríamos apuntar serian: a) .. .la expanSion de
las exportaciones y de las inversiones extranjeras; b) _los efect~s de
la red de ferrocarriles y de la abolición de aduanas m te~as:,mtegración del mercado nacional (aunqu~ ?º total), c?n~olidac1on de
la ciudad de México como polo pohtico y econom1co, mayores
posibilidades de industrialización moderna (y p~r lo t~~o, u~ golpe asestado a diversos sectores artesan~es), .~culac1on directa
con el mercado norteamericano; c) cambios tecmcos de gran trascendencia: introducción de maquinaria industrial perfeccionada... d) las profundas contradicciones sociales y económicas del
régimen porfirista: persistencia de "arcaí~mos" a la par de novedades de peso; disparidades regionales v1olen~s; tremenda ~oncentración del ingreso garantizada por altos ruveles ?e repreSI6n;
crisis coyunturales... e~ monetizació? d;Jª economia, desarrollo
de las estructuras financieras y hancanas.
federal, como lo hacía con las del papel sellado, las que se &lt;:&lt;&gt;br~ban p~ fom_en·
to O las que comenzaron a derivar«ie las leyes de ~esamo~~e1ón Y nacro~aliza·
ción de bienes eclesiásticos y municipales. Ademas permitió la exportación de
plata pasta, expresamente prohibida por disposiciones nacionales.
24.· Ciro Cardoso (coordinador), México en el siglo XIX (1821 -1910). Historia económica y de la estructura social, México, N~eva lmag~n, 19~0, p. 268~9_- Para los
autores de este trabajo, además, el poñmato constituyó un caso clas1co de capitalismo dependiente en expansión (. ..) la consolidación de los procesos desen·

�84 Siglo XJX

En el plano sociopolítico, el porfiriato (que se extendió hasta 1911) conjugó en su práctica consensos y coerciones. Como
es perceptible para otras situaciones latinoamericanas, esas prácticas no sólo se orientaron hacia las clases subalternas sino tam'
bién a sectores de las mismas clases dominantes, especialmente
a
los que se nutrían regionalmente. En este último caso la propuesta era compartir una dominación a escala nacional, justamente, pero con un requisito imprescindible e inevitable: respetar y apoyar un poder central que entre otras funciones debería unificar a los segmentos dominantes25 •

Al regresar Díaz en 1884 a la presidencia -tras el período
del general Manuel González- las dificultades para plasmar este
proyecto se mantenían. El orden interno no había sido impuesto definitivamente, aunque mucho se había avanzado al respecto. Tampoco se había eliminado otro factor de perturbación: el
bandolerismo, que perduraba en ciertos espacios de la geografía
mexicana. Es a mediados de los ochenta cuando Díaz teje y se
lanza a implementar su intención de permanecer en forma indefinida en el mando del Poder Ejecutivo. La etapa de tumultuosidades y conflictos, que había tenido uno de sus picos máximos
en los años de la Reforma, comenzaría a agotarse.
Il.- En el noreste la inestabilidad no se había atenuado. En
Nuevo León, cada vez que se elegía gobernador podían presentarse problemas. Fue justamente en una de estas situaciones, en
el último trimestre de 1885, cuando Díaz resolvió intervenir
directamente y envió a comandar la tercera zona militar (que
cadenados por la refonna liberal permitió que dichos procesos llegaron, final~ente, a ~s consec~encias y resultados lógicos. Para que ello fuera posible, se
Imponían Ciertos reaJustes y acomodos sociales" (pp. 267-68).
25.- En la º?ra mencion~a en la nota anterior se señala que fue "a partir de 1880
qu se dio una espeCie de unificación y consolidación de la clase dominante del
país". Y luego: "en 1?~ años 1880,Y_ 1890, pasadas ya las tempestades de las dé~das pre_cedentes! militares y politicos... propietarios tradicionales inversiom~as re~dentes, Jóvenes intelectuales positivistas (los 'científicos') ~ue consigweron m~rta:rse en el sector financiero, se fundaron, en gran medida, en una
clase dommante que poseía coherencia relativa y estaba relacionada internamente" (p. 268).

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y bwgues(a en México

85

comprendía los tres estados del área) a un decidido y eficaz general: Bernardo Reyes.
Reyes llegaría para imponer la paz porfiriana en un doble
aspecto: a) sometiendo a dirigentes regionales que pretendían
discutir la hegemonía de Díaz, como en el caso del general Jerónimo Treviño, quien aspiraba a la misma presidencia de la nación26, b) desarticulando definitivamente el bandolerismo, que
interfería una mayor regularización de la actividad económica.
Uno de los biógrafos de Reyes, Víctor iemeyer, describe
que fue colocado en Nuevo León "por razones de tipo político":
tenía que acabar con "el poderoso cacicazgo de los amigos del
antiguo presidente Manuel González". Al arribar no contempló mucho más "que rm cuadro deprimente de inestabilidad
económica y política". Una de sus misiones, sigue el autor citado, era "colocar esta alejada entidad (del estado de 1uevo León,
MC) dentro de un más directo alineamiento económico y político con el Centro", y eliminar "los principales obstáculos"
que impedían "su integración a la nueva nación que Díaz se
había propuesto forjar".
El problema era que los dirigentes locales prolongaban su influencia a todo el noreste, como había alcanzado a hacerlo Vidaurri con más vigor y autonomía treinta años antes. ~iemeyer
insiste en que al llegar Reyes en 1885
la región fronteriza de Coahuila, Nuevo L eón y Tamaulipas se había escapado del control de la Ciudad de !\léxico por causa de la
distancia de la capital, de su ex tensión y la falta de medios adecuados de comunicación. Aprovechándose de la incapacidad del Gobierno central para ejercer control local, dos viejos combatientes
de la Intervención Francesa, el General Jerónimo Treviño y (el general) Francisco Naranjo ... habían adquirido un gran poder (y)

26.- Esta

aspiración de Treviño queda totalmente verificada en la documentación
existente en el Archivo General de Nuevo León. Dado que para 1884 era difícil
oponerse al retomo de Díaz al Poder Ejecutivo, Treviño trabajaba para sucederlo en 1888. Reyes suprimiría tajantemente el proyecto.

�86 Siglo XIX
se habían convertido en los árbitros del destino de su Estado desde 1867.. .27

Con el pleno respaldo del Poder Ejecutivo y con el uso
abierto del ejército federal, Reyes cumplió con rápidez esta labor. Se hizo cargo del gobierno de ·uevo León en forma provisional entre 1885 y 1887, y retornó como mandatario constitucional en 1889. Siguiendo el ejemplo de Díaz, se hizo reelegir
ininterrumpidamente hasta que en 1909 dejó el gobierno y salió
del país28 . Su influencia política y militar cubrió también Coahuila y Tamaulipas, posibilidad que se ampliaba en la medida en
que Monterrey, con su desarrollo industrial iniciado hacia 1890,
recuperaba la hegemonía que había gozado con Vidaurri 29 •
Por medio del accionar de Bernardo Reyes, el extremo noreste de México -con su pertinente influencia hacia todo el norte central- quedaría incorporado definitivamente al Estado 1 a27.- E. V. Niemeyer Jr., El general Bernardo Reyes, Monterrey Centro de Estudios
Humanfsticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León: 1966, pp. 33-35. A
su vez Josefina G. de Arellano señala: "Existía el rumor de que el general Jerónimo Treviño se, ocupaba primordialmente de encender la rebelión, y aunque la
prensa desmentia tales noticias la intranquilidad se dejaba sentir en aquella región, dominada políticamente por los mencionados militares y que comprendía no s6lo el Estado de Nuevo León, sino también los de Tamaulipas y Coahuila". A.rellano, Bernardo Reyes y el movimiento reyista en México Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1982, p. 27.
'
28.- El prestigio de Bernardo Reyes, nutrido por su accionar desde Monterrey lograría dimensión nacional. Su experiencia en el ministerio de Guerra e~tre
principios de 1900 y fines de 1902, elevaría aún más su imagen pero simultáneamente le traería problemas serios con otros núcleos porfiristas. En 1909
ante la posibilidad de que encabezara un movimiento destinado a suceder ~
Porfirio Díaz, el presidente lo envió al exterior. Véase las obras citadas de
Niemeyer y Arellano.
29.- Niemeyer menciona que Reyes, como comandante de la Tercera Zona Militar
e~a el oficial ~e más al~~ graduación "no solo en los tres estados que compo'.
n 1an la zona, smo tamb1en, extraoficialmente, en los vecinos de Zacatecas y Durango. Como representante de Díaz en la frontera, Reyes vigilaba continuamente a los políticos locales en Nuevo Le6n y Coahuila...". Obra citada p.
45. Y Arellano: "Con su carácter de representante del presidente Díaz en t~da
la región '.ronteriza, manti:n ía constante vigilancia en aquella zona a la vez que
se comurucaba con el gobierno del centro para mantenerlo al corriente de cuanto_ ?curría a lo largo de _ella". Obra citada, p. 31. Aunque Reyes dejó el mando
militar _p_ara poder funcionar como gobernador constitucional, puso como jefe
a un oficial de confianza con la aprobación de Díaz.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burguesfa en Ml!xico

87

cional mexicano. ,tientras que en los años de Vidaurri -y aún
en momentos posteriores- las amenazas de invasión norteamericana solían verse acompañadas por rebeldías regionales que
podían detonar en nuevos desgarramientos territoriales, con la
instauración del aparato reyista -brazo septentrional del aparato gestado por Díaz- esa posibilidad se redujo a su mínima
expresión. El establecimiento de la paz minuciosamente regida
por Reyes fue casi simultánea a la vinculación que el noreste
entabló con el interior gracias a un medio fundamental para la
política centralizadora: el ferrocarril 30 .
En cuanto al bandolerismo, Reyes actuó sistemáticamente
para suprimirlo y fortalecer, con ello, la tranquilidad necesaria
para la aparición de los mecanismos capitalistas de producción.
Aplicó leyes nacionales y modificó las locales, y empleó sus tropas para someter a bandidos y vagos. Para septiembre de 1887
comunicaba a la legislatura que había, ya, "seguridad completa
en el Estado" y que se abrían "nuevos horizontes a los hombres
laboriosos" 31
III.- Desde los años noventa, la producción industrial de
Monterrey comenzó a predominar abiertamente en uevo León,
que hasta entonce_s había sido un estado de bases agrícolas. Y
tanto a nivel general, como en el muy particular caso de la metalurgia pesada, los valores industriales comenzaron a impactar
inclusive en el contexto nacional. Proyectado hacia mercados en
expansión, este sector económico emergió como una actividad
suficientemente rentable como para atraer masivamente las
enormes fortunas que se habían acumulado en la ciudad desde
décadas atrás32 .
30.- Monterrey quedó unida con el centro del país en 1888, aunque el ferrocarril
-desde Estados Unidos- había ll~ado a la ciudad en 1882. Esta urbe se convertiría en el principal nudo de comunicaciones ferroviarias en el norte, lo que
resultó un elemento clave para que un mercado de características nacionales
quedara al alcance de la industria que SUigi6 hacia los noventa.
31.- Este punto lo hemos desarrollado más ampliamente en Burguesia y capitalismo
en Monterrey (1850-1910), Mé;cico, Claves Latinoamericanas, 1983,pp. 165-68.
32.- Las décadas que corrieron entre 1855 y principios de los 90 convirtieron a

�88

Siglo XIX

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burguesfa en México

89

Antiguos y expertos comerciantes (algunos de ellos actuaban ya en tiempos de Vidaurri, y entre 1870 y 1890 se habían
transformado también en importantes propietarios de tierras e
intensificado su actividad como prestamistas) traspasaron caudales y bienes a la producción industrial capitalista, y además realizaron inversiones cuantiosas en la minería, coadyuvaron a
montar el sistema bancario, participaron en la instalación de
transportes y otros servicios urbanos y modernizaron relativamente las ramas agropecuaria y mercantil.

radas en Estados Unidos, y la oportunidad de llegar a ese mercado gracias a disposiciones aduaneras norteamericanas y por
el uso del ferrocarri1 33 .

La instalación de un parque fabril significativo para la época
-dato saliente en el norte de México, y singularizado a nivel latinoamericano por la ya mencionada puesta en marcha de grandes plantas de metalurgia básica- fue propiciada por una coyuntura, que se abre hacia 1890, caracterizada por:

en general, y de las realizadas en la industria en particular: comienza a regir en uevo León por medio de leyes específicas
promulgadas en los años 1888 y 1889.

a) El rápido avance del tendido de los ferrocarriles, que convirtieron a Monterrey en una de las urbes mejor comunicadas
del país.
b) La paralela articulación de un mercado que tendía a ser
nacional, con demandas suficientes como para que la producción
industrial capitalista mostrara excelentes perspectivas.
c) Las necesidades de metales industriales no ferrosos gene~onterrey en ~n punto d~ concen~raciwi de capitales. El comercio legal y el
ilegal,. el maneJo especulativo del dinero, la apropiación y uso de tierras y una
lenta mcu~sion en la inversión productiva - directa o por medio del préstamo,
como se hizo en la comarca lagunera, con sus cultivos de algodón, desde 1870permitieron el surgimiento de un núcleo burgués apto para lanzarse a la producción capitalista cuando las condiciones del mercado nacional y del internacional
r~sultaron favorables. Los años ~e Vidaurri fueron, justamente, un momento iniCJal en este período de fonnacion de capitales, que no difer(a demasiado de lo
que sucedía en otras latitudes latinoamericanas. Lo distinto habría sido que se
rematara en un proceso de desarrollo fabril, cuya base fue la industria pesada.
Estos puntos han sido desarrollados en Burguesía y capitalismo citado. Una referencia más amplia a las transformaciones en la producción y e~ los valores que
generaban el sector agropecuario y la industria podrá encontrarse en nuestro
trabajo "División capitalista de la producción, industrias y mercado interior. Un
estudio regional: Monterrey (1890-1910)", incluido en El siglo XIX en México.
Cinco procesos regionales, México, Claves Latinoamericanas, 1985.

d) La comentada estabilidad sociopolítica impuesta por
Díaz y extendida al noreste por Reyes.
e) El arribo sistemático del capital extranjero.

f) Una política de promoción de las inversiones capitalistas

Conjunto de circunstancias que resultaba fortalecido por la
óptima ubicación geográfica de Monterrey: por una parte, en un
punto semifronterizo apto para acceder -ya fuere por ferrocarril, ya por vía marítima- al muy dinámico mercado norteamericano; por otra, en el seno de una amplia región minera (que incluía enormes yacimientos carboníferos) que sería vigorosamente vitalizada por los propios ferrocarriles y por los grandes
establecimientos de fundición.
33.- El poñuiato se inició con poco más de 600 kilómetros de vías férreas bajo concesión federal y se despidió con casi 20,000. En fuerte medida la red se extendió hacia el norte, porque las expectativas de comercio exterior ofrecían una variante única en el continente: sólo México tenía junto a alguna de sus fronteras
a una de las economías más grandes del mundo industrializado. Los estados del
norte oriental. - San Luis Potosí, Durango, Zacatecas, Chlhuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas- se verían entonces rápida y febrilmente atravesados.
Monterrey resultó uno de los nudos fundamentales de esta telaraña de rieles. Por
eso pudo conectarse tan eficazmente con el mercado norteamericano y con un
mercado interior en consolidación. Las do~ posibilidades fueron aprovechadas
por la industria que nació en Monterrey. La metalu¡gia básica producía plomo
y otros insumos para Estados Unidos. La industria liviana y la siderurgia -que
surgió en 1903 con el primer gran establecimiento de su tipo que por décadas
funcionó en Latinoamérica- , trabajaron para el consumo nacional. Esta doble
conexión dio a la burguesía regiomontana enonnes posibilidades de crecimiento, a la par de los capitales extranjeros que se asentaban en la región. En el caso de la metaluigia pesada, su desarrollo fue favorecido por la elevación de recargos a los minerales en bruto con baja ley de plata fijados en Estados Unidos
que obligó a transformarlos en metales en el propio norte de México.
'

�M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México 1

90 Siglo XIX

IV.- Desde finales de los 80 Bernardo Reyes propulsó e instauró una legislación que estimulaba la instal~ción Y(º e~pansión de establecimientos productivos de todo tipo (mmena, f~bricas, agro), así como en los ámbitos de las finanzas y lo~ serVIcios. Como correspondía al orden porfiriano, estas políticas no
excluían al capital extranjero, que gozaba de las mismas prerrogativas que el local.
Dicha legislación (ver anexo 5) amplió las condiciones creadas por la coyuntura arriba indicada. Los grupos burgueses regionales -tanto los asentados en Monterrey como los de otros
puntos del noreste, que comenzaron a trasladarse a la ciudad
nuevoleonesa- aceptaron con beneplácito estas propuestas. En
la práctica la legislación se tradujo sobre todo en fuertes exenciones impositivas a los inversionistas. Inclusive un decreto del
22 de noviembre de 1889 permitía declarar "de utilidad pública" a las más grandes inversiones, con lo que las exenciones podían prolongarse hasta treinta años34 . Así, la industrialización
34.- Este fue el caso de la Compañía Fundidora de Fierro y A_rero de Mo~terrey, S.
A cuya solicitud para la ,exención de impuestos fue realizada por Vicente Fe~a el 15 de marzo de 1900. Su puesta en marcha requirió una inversión de
diez millones de pesos (cinco millones de dólares al cambio de la época). Su
producción de lúerro y acero, como se la ~en~ionó, estuvo totalmente vo~ca~
al mercado interior sobre todo al abastecimiento de la demanda ferroviana.
A menos de cuatro ~os de comenzar a producir empleaba 1,700 personas. Su
planta incluía un alto horno con capacidad para quinientas toneladas diarias,
tres hornos de aceración tipo Siemens Martín (con trescientas toneladas de
manejo por unidad), groas eléctricas y locomotoras, un taller de laminación con
mil toneladas diarias de capacidad,un taller de fabricación comercial, un departamento para la construcción y reparación de maquinarias, dos l!aterias para la
elaboración de coke. Anualmente la planta podía generar 100,0t!O toneladas de
rieles de acero y vigas; 10,000 toneladas de hierro comercial; 12,000 de hierro
en lingotes; y 8,000 de hierro vaciado. El 20 de septiembre de 1903 el gobernador Reyes envió al presidente Díaz este expresivo mensaje: "Antier fueron fabricados en la 'Fundición de Fierro Y Acero de Monterrey' los primeros rieles
de acero que se han construido en la América española". Referencias pueden
encontrarse en AGENL, Memoria del gobernador del estado de Nuevo León,
período 1903--07, 1, pp. 67-9;lbidem, II, pp. 468-89;y en Concesiones, expediente del 7 de abril de 1900. La constitución de la compañía, y todos sus accionistas iniciales, se encuentra en AGENL, protocolo de Tomás C. Pacheco,
mayo de 1900, fs. 392-415. Entre los accionistas fundadores destacaban no sólo
integrantes de las familias locales más poderosas (Armendaiz, Milmo, Sada-Muguerza, Zambrano, Belden, Hemández- Menclirichaga, Ferrara, Garza, Madero,
González Treviño, Maiz), sino también personajes prominentes ligados al capital

91

que se suscitó en Monterrey -eje, a su vez de un vigoroso desarrollo capitalista en buena parte del norte oriental de Méxicoresultó notoriamente incentivada por la acción gubernamental.
La burguesía regional aprovecho este marco, fructífero para
sus intereses en ascenso. Su satisfacción se manifestaba no sólo
en sus crecientes inversiones, en su diversificación empresarial,
en su devenir estrictamente económico, sino también en apreciaciones públicamente favorables al mandatario de Nuevo León.
Bernardo Reyes sabía que podía contar para cada inevitable
reelección con sus amigos, los empresarios. Un caso muy notorio se dio en 1903, cuando Reyes se había reincorporado a sus
funciones tras haber sido ministro de Guerra de Díaz. El anuncio de su reelección movió a los principales miembros de la
burguesía local apoyar al candidato de siempre. El 25 de
marzo expresaron su ''voto de confianza y gratitud" en un documento que incluía estos conceptos:

a

Al calor del sabio, energico y prudente Gobierno de Ud. Señor
General, y á virtud de las garantías ofrecidas y hechas efectivas
por él, se obtuvo la paz y reinó la mayor armonía entre todas las
clases sociales: acudieron inmensos capitales que se derramaron
por todo el territorio del Estado; se crearon innumerables establecimientos de instrucción primaria... floreció el comercio, se
implantaron instituciones industriales y de crédito, que han aumentado considerablemente la riqueza pública, y se obtuvieron
multitud de otros positivos bienes, que son el orgullo de este
pueblo viril y trabajador.

Por eso
nosotros, todos los que somos agenos á la política, los qué nos dedicamos al trabajo, y que no pretendemos del Gobierno del Estado, sino aquellas garantías á que aspira todo pueblo que busca
en el trabajo honrado y pacífico su suprema aspiración, y la conservación de la paz, implantada en buena hora por el inmortal
Presidente de fyléxico, Don Porfirio Díaz; nosotros, Señor Genefrancés (León Honorat y León Signoret), al español (Antonio Basagoiti) y al
norteamericano (Tomás Braniff).

�92 SigloXIX
ral, volvemos á hacer públicos nuestros sentimientos de gratitud...
ratificándoles en todo, y dando a Ud. por medio del presente, un
voto de confianza por su benéfica y honrada Administración.35

Era el reconocimiento a una política capaz de abrir numerosas posibilidades, y que anudaba alianzas entre los grupos modernizantes y el delegado regional del poder central. Lo que inclusive se manifestaba con la colaboración de algunos empresarios o familiares directos de éstos en comisiones especiales, en
los parlamentos estatal o federal o en la alcaidía regiomontana
(ver anexo 6).
Para 1iemeyer,
lo que inspiró confianza al capital y a los negocios (fue) que vieron en don Bernardo la personificaci6n de la ''paz porfiriana ''.
He aquí un gobernador, se razonaba, que gozaba de la más completa confianza del Presidente Díaz y que tenía el prestigio y la
experiencia de un jefe militar para guardar la paz en esta región
que hasta hacía poco había estado sujeta a la guerra civil y a la
desobediencia de la ley 36 •

La visita que el propio Díaz realizó a Monterrey en diciembre de 1898 había mostrado esta completa adhesión de la burguesía que crecfaen Monterrey al proyecto porfiriano de desenvolvimiento socioeconómico. En la Comisión de Obsequio, pre35.- AGENL, Memoria del gobernador, período 1899-903, 1, pp. 166-68 (subrayado
nuestro). Entre quienes firmaban se encontraban los principales empresarios de
Monterrey: Vicente Ferrara, Isaac Garza, Francisco G. Sada, Tomás Mendirichaga, Valentín Rivero y Gajá, José A. Muguerza, Adolfo Zambrano, Miguel
Ferrara, Manuel Cantú Treviño, Francisco Belden, Ernesto Madero, Antonio V.
Hemández, José Armendaiz, Francisco Armendaiz, José Calderón, Mariano
Hernández y el norteamericano Joseph Robertson. La adhesión contaba también con el respaldo de numerosas compañías, cuyos nombres seguían a los de
los empresarios.
36.- Niemeyer, citado, pp. 57-8. Según este autor, Reyes "tomó un interés personal,
casi paternal, en aconsejar a los futuros inversionistas. En varias ocasiones a él
se debió que se situaran en el área de Monterrey diversas industrias que se proyectaban fundar en otra parte..." (p. 58). Para el cónsul _general de Estados
Unidos, John K. Pollard, al gobierno de Reyes se debía "mas que a cualquiera
otro los grandes pasos que se han dado en Monterrey. Es amigo de los americanos y yo mismo he sido objeto de muchas muestras de cortesía por su parte".
Citado en Niemeyer, p. 56.

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burgues(a en México

93

sidida por el propio Reyes, fueron inclmdos empresarios de
primera línea como Francisco Armendaiz, Antonio V. Hernández (concuñado de Evaristo Madero, cabeza de una de las familias de mayor peso en el capitalismo del noreste), V alentín Rivero y Cajá, Francisco G. Sada y Vicente Ferrara.
Reyes emitió entonces un vibrante elogio a la obra realizada por Porfirio Díaz, compartido por sus amigos regiomontanos. En uno de los tramos más significativos de su discurso
principal, el góbemador mencionó que aludir a la gestión de
Díaz
...es ver armónicamente unificarse la acción, antes anárquica o
dispersa, de las entidades federales, para consolidar la Patria común; es ver extenderse en nuestro territorio, como al contacto
de una vara mágica, 38,000 kilómetros de alambre telegráfico,
12,000 de vías férreas, con sus apéndices que son puentes, caminos y calzadas: amplio sistema de transporte y comunicación, en
que activa empezó a circula.r la vida nacional, estimulándose la
producción, desbordándose el comercio, al que abristeis y mejorásteis puertos con obras gigantes, como las de Tampico y Veracruz(...) Es estimar el fomento que directamente habéis imprimido a las industrias madres, la agricultura y la minería... Es admirar vuestra brega coronada de éxitos en el Ramo de Hacienda;
veros en medio de las abrumadoras catástrofes financieras (trayendo) el arreglo de las deudas interior y exterior, el del pago de
los inmensos créditos ferrocarrileros, la abolición de las alcabalas,
y por último, el brillante resultado sin ejemplo en nuestra historia, el equilibrio de nuestros ingresos y egresos...37 •

Por medio del delegado regional del poder central se manifestaba asf que la idea de sociedad, el Estado acional porfiriano era aceptado. o había ya diferencias irreversibles o profundas entre estos núcleos propietarios del noreste y las políticas
que desde el centro del país se propugnaban.

37.- AGENL, Memoria del gobernador, período 1895-99, II, p. 4 en adelante.

�94 Siglo XIX

V.· El naciente empresariado respondía, además, con acciones muy específicas y pertinentes: inversiones. Es que el capital podía ser transferido sin graves riesgos, ahora, a la esfera
productiva. La protección guhernament~ -manifestada _no_ sólo en una legislación adecuada (tanto nacional como provmc1al),
sino en un orden social favorable a la reproducción ampliada del
capital- lo facilitaba.
Las viejas familias que habían acumulado cuantiosas fortunas en las inestables décadas anteriores, más otras que se acercaban a Monterrey, más los capitales provenientes de distintas zonas del país, más el capital extranjero, podían articularse por
medio de la sociedad anónima, un instrumento que el porfiriato
llevó a su punto de mayor desarrollo en estos años.
Las principales familias locales, por ejemplo, pusieron en
marcha desde 1890 una gran cantidad de empresas, y cubrieron
muy diversos ramos de la actividad económica (ver anexo 7). Y
sus voceros reconocidos ~aban la decisión de invertir no sólo a
la favorable coyuntura nacional y mundial que se transitaba, sino también a las políticas implementadas desde el despacho de
Reyes. En 1900, un destacadísimo miembro de este empresariado -Vicente Ferrara- decía en vísperas de fundar el más relevante proyecto industrial de la época, la Fundidora de Fierro y
Acero de Monterrey, S. A.:
...para la consecución del fin que nos proponemos no bastan ni
la aprobación de los fondos necesarios, ni el favor que los hombres de negocios dispensen al que proyectamos, sino que ante todo y sobre todo nos es necesaria la protección amplia y eficaz del
Poder Público(...) La administración pública, cuyo cabal concepto de nuestras condiciones económicas ha sido tantas veces demostrado, no necesita, repito, de argumentos y demostraciones
para impulsar el progreso del E'.,;tado. (...) Sí, pues, la nueva empresa no cuenta con una protección que la coloque en condiciones de resistir la competencia ( extranjera, MC), la lucha que intente será insensata y su resultado no hará sino alejar el día en
que los elementos de la riqueza nacional deben desarrollarse libres. Las condiciones apuntadas se resumen en la exención de im-

M. Cerutti: poder estatal, econom{a y burguesfa en México

95

puestos por un periodo de tiem¡o que baste a establecer la producción y a asegurarle mercado3 .

Varios años antes, otros colegas de Ferrara -Santiago y
Francisco Belden, Patricio Milmo y Juan Weber- reconocían
"la protección decidida que en el ramo· industrial, como en todos los demás, imparte la actual administración del Estado", y
por ello habían resuelto establecer la Compañía Industrial de
Monterrey. Se dedicaría a la producción de muebles y artefactos de madera, y a la fabricación de objetos de metal laminado, rubros en los cuales había una marcada competencia extranjera. Por ello se hacía "necesario recurrir a las franquicias que
sabiamente los Gobiernos progresistas conceden a las nacientes
industrias . .. ". Y Francisco L. Cantú, en septiembre de 1895,
decía en ~na solicitud análoga que " ...atendiendo al impulso
proteccionista dado por el Gobierno de su digno cargo á las artes, á la agricultura y á la industria (. ..) y teniendo en cuenta
los felices resultados que ha producido su sistema que cría la
riqueza pública... ", iba a invertir en una fábrica de artefactos
de metal39 •
Son expresiones que se reiteran, y que acompañan generalmente una solicitud para que queden exentas de impuestos
provinciales y municipales las compañías que están por inaugurarse o que proyectan una expansión.
Las medidas y políticas del reyismo se insertaron en un proceso que en Monterrey derivaría en la consolidación de las formas capitalistas de producción con base en el sector fabril. A
diferencia de lo que acaece en otras áreas de América Latina en
esos años, la ciudad nuevoleonesa se lanzó al capitalismo sustentándose en la producción industrial. Se abrió allí el auge inicial
de esta burguesía regional. Su segundo período de intenso crecimiento llegaría recién treinta años después: hacia 1940,
38.- AGENL, Concesiones, expediente del 7 de abril de 1900.
39.- AGENL, Memoria del gobernador, periodo 1891-95, pp. 1077-78; y Memoria,
período 1895-99, II, pp. 509-14.

�96

Siglo XIX

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y bu,gues(a en México

cuando comenzaron a sentirse los efectos de la política económica de Lázaro Cárdenas, momento que coincide con la prosperidad que para las manufacturas latinoamericanas en general
trajo la Segunda Guerra.

ralizan por la geografía mexicana. Se ha visto que las decisiones de política económica -como las leyes de promoción a la
inversión- brindan condiciones óptimas para que eso suceda.
No se niega, pues, dicha influencia. Lo que se pretende significar es que las fuerzas endógenas del sistema económico cobran
mayor especificidad en una realidad cuya estructura y mecanismos brindan márgenes más generosos, y sobre la que golpean demandan mercantiles intensas y, sobre todo, regulares.

ALGU ASCO CLUSIONES
Los dos momentos que a nivel descriptivo se han cotejado
permitirían extraer algunas conclusiones -parciales- respecto
a la intensa interacción entre aspectos políticos y actividad económica en el siglo XIX.
Para empezar, es muy nítida la diferencia entre los años sacudidos de guerras y conflictos de diversa raíz, que condicionan globalmente el funcionamiento productivo y mercantil, y el
período de estabilidad que fuerza el porfiriato, cuya característica fue un desenvolvimiento más regular de la estructura económica.
En tiempos de la revolución liberal se percibía una sujeción
muy amplia de la circulación mercantil y de las labores productivas a la esfera político-militar. La economía regional era constantemente urgida por las necesidades bélicas. La posibilidad de
que la producción mercantil trabajara -aún dentro de un esquema precapitalista- de manera sostenida para los mercados regionales o intrarregionales quedaba frenada por las demandas de
las tropas. La misma mano de obra, abrumadoramente rural, era
exigida para integrar los batallones que marchaban a la guerra.
En los años de Bernardo Reyes -o sea, desde el momento
en que se consolida el orden porfiriano- la estructura productiva se ve desligada de tan implacable asedio. Incluso toma distancia de la esfera política en el sentido de que puede apuntar
con mayor autonomía hacia el objetivo de abastecer los mercados regionales y el internacional, que incrementan rápidamente
sus consumos. Esto se acentúa en la medida en que los brotes
capitalistas, la generación de productos en gran escala, se gene-

97

,,

Desde el punto de vista del capital -y de su instrumentadora, la naciente burguesía- la fase de Vidaurri acciona permanentemente sobre el dedicado a la circulación y al financiamiento.
Esto resultaba inevitable por la situación de conflicto militar
que entrecruzó a la sociedad mexicana, por las dificultades que
existían para llegar a los mercados (abiertos, a veces; cerrados,
en otras ocasiones; siempre dificultados por las malas comunicaciones). Coherente con su visión liberal, Vidaurri resolvió estos problemas poniendo las aduanas al servicio de los comerciantes del noreste. Es claro que esta tesitura combinaba no sólo con el tipo de actividad económica predominante y factible,
sino con el hecho, decisivo, de un Estado Nacional aún invertebrado. El poder regional se hacía cargo, incluso para enfrentar
al poder central, de recursos que no le hubieran correspondido
en caso de que aquel Estado Nacional estuviera, ya, configurado. Para los grupos burgueses regionales, la opción posible era
introducir mercancías y especular con las premuras del poder
regional. Invertir en producciones en escala era imposible.
Lo opuesto parece acaecer treinta años después. El poder
central extiende su soberanía sobre toda la geografía y la sociedad que constituyen el Estado acional. Controla, por ello,
las aduanas. Reglamenta a escala global la circulación interior.
Somete los poderes locales. Vincula un mercado que apunta a
lo nacional, y conecta las comarcas más dinámicas con el mercado mundial. Logra unificar los segmentos diversos de la clase
que se tornará dominante. Su legislación, ahora, puede operar
sobre el capital productivo, sobre la inversión productiva. Lo

�98 Siglo XIX

jurídico facilita ese traslado (desde la circulación o la especulación de los prestamistas) a la puesta en marcha de mecanismos productivos que, con frecuencia -y Monterrey es un ejemplo en este sentido- asumen rasgos capitalistas. O, como en
Yucatán, se encuentran bajo dominio total del capital.
En Monterrey, la burguesía no productora -que entre

1870 y 1890 se había dedicado también a la apropiación de
tierras- se abre a la inversión fabril y minera, moderniza sus
formas de actuación, se torna una burguesía capitalista. Se suma gustosa al proyecto porfiriano, y el Estado Nacional que éste
involucra queda definitivamente aceptado. Ni habrá insinuaciones autárquicas, como en los años de Vidaurri, ni habrá conatos
alternativos, como los que la burguesía catalana promueve en
España en más de una oportunidad desde fines del siglo.

ANEXO I

Comercian te

VARIOS
VARIOS
MARIANO HER!

JUAN CLAUSEI\
JUAN J. DE LA t

Se modifican, entonces, las formas de operar en los núcleos
sociales que por diversos medios han concentrado bienes y caudales. Con frecuencia fueron los mismos hombres, o las mismas
familias, las que recorrieron ambas fases del proceso aquí descripto. Lo que se está cumpliendo en el norte oriental de México en la parte última de la centuria pasada es ese momento en
que la acumulación originaria tiende a desembocar en la producción capitalista. Punto en que los grupos burgueses comienzan a
dominar la producción de manera directa, y absorben el excedente social sin intermediarios, con plena libertad. Los nexos
entre poder polftico y actividad económica, en ese punto, son
sometidos a una reestructuración.

BRACHYSHON
VALENTIN RIVI
AMADOFERNA
FLORENTJNO A
PATRICIO MILM
COMERCIO DEI
PATRICIO MILM
PATRICIO MILM

PATRICIO MILM
JUAN P. MOLON
BRACHY SHONI

�M. Cerutti: poder e,tatal, econom(a y burgue,fa en México

ANEXO I

Comerciante

99

PRESTAMOS Y CARGOS A LA TESORERIA GENERAL DEL ESTADO (1858-1859)

Cantidad

Premio

Fecha

Explicaciones anexos

VARIOS

$ 7,800

26-I-58

Para urgentes atenciones. Anticipos a cuenta
de derechos de importación.

VARIOS

4,000

25-4-58

Para atención de fuenas en campaña en el
interior.

MARIANO HERNANDEZ

3,000

8-5-58

Para atención del Ejército del Norte que
marcha hacia el interior.

JUAN CLAUSEN

3,000

50%

ídem

ídem.

JUAN J. DE LA GARZA CHAPA

3,000

SO%

ídem

ídem.

BRACH Y SHONFELD

1,000

50%

ídem

ídem.

VALENTIN RIVERO

1,000

50%

ídem

ídem.

AMADO FERNANDEZ

1,000

50°/o

11-5-58

ídem.

FLORENTINO ALBO

1,744.18

50%

23-6-58

ídem (representa una deuda por gastos del
mismo Ejército del Norte).

PATRICIO MILMO

2,000

50%

14-6-58

ídem.

COMERCIO DE LA PLAZA

6 ,000

2°1o

28-7-58

Para urgentes atenciones del Ejército del
Norte. Reintegrable en cuatro meses.

$296.72

29-7-58

Para atenciones Ejército del Norte.

mensual

PATRICIO MILMO

4,276.72

PATRICIO MILMO

1,000

ll°lo

10458

Pagos de flete de 84 caI"gas de pertrechos y
otros efectos de guerra conducidos a San
Luis Potosí.

PATRICIO MILMO

1,000

25°/o

16-8-58

Para atención de familias de soldados.

JUAN P. MOLONY

$10,000

l.5°1o

25-8-58

Para atenciones del Ejército del Norte, prestados en San Luis Potosí.

30-8-58

Préstamo de pronto reintegro, que se compensara con derechos.

mensual

BRACH Y SHONFELD

500

12%

�Siglo XIX

101

Sigue Anexo I

Comerciante

Cantidad

Premio

Fecha

Explicaciones anexas
Para urgentes necesidades de la tesorería del
Estado. Préstamo de pronto reintegro a
compensar con derechos.

MARIANO HERNANDEZ

1,000

20%

13-9-58

BRACH Y SHONFELD

1,000

20°/o

ídem

ídem.

VALENTIN RIVERO

1,000

20°/o

ídem

ídem.

PATRICIO MILMO

666.66

20°/o

ídem

ídem.

A. GARZA Y CHAPA

666.66

20%

ídem

ídem.

CLAUSEN Y CIA.

666.66

20%

ídem

ídem.

JOSEMORELL

900

25°/o

5-10-58

Por cantidades prestadas al Estado sin premio alguno, nuevo préstamo con dicho premio.

JOSEMORELL

1,000

11%

3-11-58

Para atenciones del Ejército del Norte.

ANTONIO DELA GARZA

1,000

11°/o

4-12-58

Para pago de armas.

TEOFILO DE LA GARZA

1,000

11°/o

ídem

MARIANO HERNANDEZ

400

11%

12-1-59

Se devolverá con derechos.

24.J-59

Compensa intereses y otros, sobre la hase
del préstamo efectuado en San Luis Potosí de 10.000 pesos, el 25-8-58.

ídem.

JUAN P. MOLONY

2,265

JUAN CLAUSEN

1,000

11%

25-2-59

A Pagaduría del Ejército. Se retribuirá con
derechos.

VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

1,000

11°/o

2-3-59

Para atenciones urgentes y como anticipo de
derechos.

IDEM

2,000

11°/o

14-3-59

Como anticipo de derechos de circulación y
exportación de metálico.

MARIANO HERNANDEZ

1,269

11°/o

21-3-59

Para atenciones de servicio público.

�M. Cerutti. poder estatal, econom(a y bu111ue1fa en M~ico

103

Sigue Anexo I

Comerciante

Cantidad

Premio

Explicaciones anexas

Fecha

A pagar en la Adm. de Rentas con derechos.

1,500

ll°lo

mzo-59

500

ll°lo

8459

MARIANO HERNANDEZ

1,500

ll°lo

abr-59

Para atenciones militares.

VALENTIN RIVERO

1,000

ll°lo

14-5-59

Para atenciones del Ejército del Norte. Préstamo de pronto reintegro.

VIlJDA DE TARNAVA Y CIAJUAN CLAUSEN-BRACH Y
SHONFELD-JOSE MORELL

3,375

ll°lo

15-5-59

Préstamo colectivo para atenciones del Ejército del Norte.

17-5-59

Para cubrir gastos del diputado Trinidad de
la Garza y Melo. A pagar con derechos aduanales.

BRACH Y SHONFELD
JUAN CLAUSEN

JUAN CLAUSEN

400

MARIANO HERNANDEZ

500

ll°lo

24-5-59

Para atenciones del Ejército del Norte.

MARIANO HERNANDEZ-VIlJDA DE
TARNAVA Y CIA-JUAN CLAUSEN

1,300

11°/o

8-6-59

Para atenciones del Ejército del Norte.

PATRICIO MILMO

2,000

11°/o

28-6-59

ídem.

JUAN P. MOLONY

7,000

20°/o

28-7-59

Se carga a gastos extraordinarios de guerra.

MARIANO HERNANDEZ

2,500

11°/o

9-8-59

El premio se carga a extraordinarios de guerra.

VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

2,445.75

11°/o

7-9-59

Para atenciones del Ejército del Norte. Se
pagará con derechos de exportación de moneda.

VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

1,500

ll°lo

22-9-59

A sastisfacer con derechos de exportación de
metálico.

300

U 0 /o

ídem

ídem.

1,500

llº/o

ídem

ídem.

600

llº/o

ídem

ídem.

VALENTIN RIVERO
MARIANO HERNANDEZ
BRACH Y SHONFELD

FUENTES : AGENL, Hacendarios, 1858 y 1859, tesorería general del estado de Nuevo León Y Coahuila.

�M. Cerutti: poder e1tatal, econom(a y burgue1{a en Múico

105

PRESTAMOS Y CARGOS A LA TFBORERIA GENERAL DEL ESTADO (1862)

ANEXOJI

Comercian te

Cantidad

PATRICIO MILMO

$

1,000

· Premio

Fecha

Explicaciones anexas

20%

9-1-62

Para urgentes atenciones del Estado. A pagarse con derechos.

PATRICIO MILMO

900

10-1-62

J.J]MENEZ

900

16-1-62

MARIANO GARClA
VIUDA DE TARNAVA Y CIA.

1,020
800

ídem.
Facilitado por medio de Tárnava y Cía. Se

pagará en Piedras Negras con derechos.

(a)

24-3-62

Suman 500 pesos en efectivo y 520 en "buenos créditos", para urgentes atenciones.

11°/o

29-3-62

La mitad se pagará con derechos de importación.

EVARISTO MADERO

1,000

VALENTIN RIVERO

2,000

RAMONLAFON
TOMAS O'FARRELL

TOMAS O'FARREU

BRACH Y SH ONFELD
VIUDA DE TARNAVA Y CIA.
BRACII Y SIIONFELD

1-4-62

Para atenciones urgentes. Se pagará por la
aduana de Piedras Negras.

9-4-62

El bono a extenderse se admitirá en Rentas
como pago a derechos de exportación de plata pasta, con 7.5% de impuesto. Gracia que
se concede por "las circunstancias en que se
encuentra por la falta de recursos para atender los gastos nwnerosos que tiene que erogar(se) para la manutención de las fuerzas
que tiene en actu·al servicio... "

$25

12-4-62

A pagarse por Piedras Negras. La suma incluye el premio.

11%

30-4-62

Nuevo documento por préstamos anteriores.

495

23-5-62

Para pago de vestuario para regimiento de
Caballería. La mitad se devolverá en derechos, d resto en efectivo.

1,000

26-5-62

Se prestó como anticipo de derechos por
efectos a introducir a Monterrey.

650

27-5-62

ídem.

2,000

3-6-62

525
1,646.80

50°/o

Para urgentes atenciones del gobierno. A devolverse con derechos de exportación de moneda, liquidándose con impuestos del 6

7/8°/o.

�M. Cerutti: poder estatal, economta y bu11fues{a en México

107

Sigue Anexo II

Comerciante

Cantidad

Premio

Fecha

Explicaciones anexas

50°/o

14-6-62

Se compensará totalmente con derechos.

PATRICI.O MILMO

2,000

VIUDA DE T ARNAVA Y CIA.
BRACHY SHONFELD

708
1,711

25-6-62

Se admitirán los bonos en Rentas, por pago
de derechos a la exgortación de moneda con
impuestos del 6 7/8 1/o.

GABINO SANMIGUEL

1,600

1-7-62

800 pesos se reciben; otros 800 se adeudan
por suministros de harina al ejército. Se devolverá en un 80 por ciento con derechos de
importación por Piedras Negras.

EVARISTO MADERO

2,000

50°/o •

20-7-62

Se expide libranza por 3,000 pesos· contra
aduana de Piedras Negras, por derechos.

JOSEMORELL

1,000

11°/o

28-8-62

Para urgentes atenciones. La mitad se devolverá en derechos.

BRACH Y SHONFELD

1,000

4-9-62

A pagar con cualquier derecho "que causen" en la administración de Rentas.

25-9-62

Se aceptan documentos por esa suma. Se
extiende otro, en calidad de préstamo de
pronto reintegro.

PATRICCO MILMO

TOMAS O'FARRELL

$ 3,992.72

795

200/o

2-10-62

300 pesos que presta más un bono por 495
que se adeudaba. La mitad se devolverá con
derechos, incluídos de circulación y exportación de moneda con 6 7/8°/o de impuesto.

BRACH Y SHONFELD

2,500

22-11-62

El premio será de 15°/o si se paga en dos meses, y del 15°/o si se devuelve en mayor plazo. Se pagará con derechos sobre Piedras Negras y Monterrey.

BRACH Y SHONFELD

400

22-12-62

ídem.

(a) Cuando no se menciona el premio significa, con frecuencia, que la compensación está incluí da en el tipo de derechos o de concesiones que se otorgan.
FUENTES: AGENL, Hacendarios, 1862-2, tesorería del Estado.

�108 SigloXIX
M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burgues(a en México

ANEXO III

CTRCULAR DEL 22 DE ENERO DE 1858,
DESTINADA AL COMERQO

Comprometido el Estado á cooperar con todo su poder al restablecimiento
neto de la Constitución de 1857 atacada de muerte por el motín militar de
Tacuhaya, que cadaEstado ha condenado por sí reasumiendo su soberanía,
formando grupos de coaliciones para conquistar con las armas los preciosos
bienes que se le quieren arrebatar por la fuerza, Nuevo-Leon y Coahuila,
que tanto se distinguió en el derrocamiento del tirano Santa Anna, debe
distinguirse tambien en esta obra de reparacion política y de consolidacion
del orden y de la paz. Al efecto, ha reasumido la plenitud de su soberanía
por medio de su legislatura y celebrado una alianza ofensiva y defensiva
con Tamaulipas, á que se ha adherido San Luis, para fonnar el grupo del
Norte y entrar desde luego en unión de los Estados que forman la confederacion en la guerra á que ha sido provocada la república por una facción
teocrático-militar tan pequeña, numéricamente considerada, como son
horribles sus tendencias de erigir sobre las ruinas de la libertad el imperio
del sable, hasta acabar con la vitalidad que ha quedado al país después de
agotar sus lágrimas y su sangre.
Pero como la empresa exige gastos proporcionados a su magnitud, el
Gobierno del Estado lejos de recurrirá préstamos que sin remediar la situación arruinarían á los pueblos, y lejos de celebrar contratos que favoreciendo á unos cuantos, perjudican a la mayoría del comercio y en cierta
manera lo obligan á hacer operaciones fraudulentas que tanto dañan la
hacienda pública; considerando todo esto y que los contratos no llenan las
necesidades del momento, ha debido buscar otras fuentes distintas para
sacar los recursos sin violencia usando de sus elementos en términos que
dén los resultados que demanda la urgencia del caso.
Es uno de ellos el producto de las aduanas del Bravo, incluso el de la
de Piedras-Negras, que debe partirse por la mitad entre Tamaulipas y Nuevo-Leon y Coahuila para sus operaciones militares, según la alianza que
acaban de celebrar ambos Estados en la ciudad de Montemorelos por medio de sus Gobernadores. Se ve por lo dicho que los dos gefes al concertar
sus medios ofensivos y defensivos han fundado sus esperanzas, entre otras
cosas, en el comercio si él sabe corresponder á la protección que se le dispensa en el arreglo que han hecho respecto del ramo mercantil, que consiste en que los derechos de importación se liquiden por el arancel Vidaurri
y de esta liquidacion se rebaje un cuarenta por ciento, que el derecho de
consumo se reduzca á la sesta parte del derecho que con la rebaja del cuarenta por ciento se causa en el puerto, que el municipal se reduzca también al doce y medio por ciento sobre el consumo, ó sea una octava parte

109

mas de lo que se deba pagar por dicho impuesto; que la esportación de
moneda pague un cuatro por ciento, la plata quintada un siete y la pasta
. esta misma cuota y mas el tres y un cuarto por cada pieza, cuyo arancel
debe expedir el Exmo. Sr. Gobernador de Tamaulipas y hacerse estensivo
á Nuevo-Leon y Coahuila, para que la uniformidad en este ramo favorezca
las miras de uno y otro Estado; de modo que en último análisis los derechos
· que pesaban sobre el comercio quedan reducidos á poco menos de la mitad de los que establece la ordenanza general de aduanas, y si con estas
franquicias el ramo mercantil no se vigoriza, las causas serán otras que las
que dependen del arbitrio de la autoridad, y si el fraude no se corrige, entrando los que lo hacen á la órbita legal que se le describe al comercio en
general, no tendrán que quejarse los culpables si pierden sus fortunas cuando sus efectos de contrabando caigan en la pena de comiso. No podía el
comercio esperar mas protección que la que se le dispensa por este arreglo:
exento de préstamos y fijada una regla y un impuesto moderado para todos, cada comerciante podrá hacer sus especulaciones sobre datos seguros
y sin el temor de que los contratos ó rebajas especiales, como otras veces se
han hecho a título de adelantos y de la necesidad., desnivelen el comercio
en general y perjudiquen las especulaciones en particular.
Pero como los productos ordinarios de las aduanas no pueden llenar la
urgencia en virtud de que los Estados de la frontera necesitan recursos de
pronto para mover sus tropas, no le queda otro medio al Gobierno que
ocurrir al comercio del Estado solicitando un anticipo á cuenta de derechos de importación y de consumo, para lo cual dispone el Exmo. S~. Gobernador que reuniendo V á los comerciantes de ese pueblo los ex1te en
pro de la causa que se defiende á que adelante cada uno lo que le sea posible, cuyo patriótico servicio será compensado con el premio de que se
hablará después; advirtiéndoles que si este medio á que apela el Gobierno
sin coercion alguna no surtiere el efecto que se espera, se verá en la necesidad de restablecer otra vez la fuerza y vigor de la ordenanza general de
aduanas, y negociar un préstamo con una sola casa empeñando los productos de las aduanas, y en este caso no tendrán que quejarse de los perjuicios
que reciban á proporción de las ventajas que se concedan á dicha casa ;asegurando á esos habitantes que si á virtud de las amplias facultades con que
ha sido investido S. E. le fuere dable abolir las alcabalas, lo hará así en bien
de todos ellos, pero que si las graves atenciones que lo rodean _le impidieren
verificarlo en los términos indicados, llevará adelante su proposito respecto
de aquellos efectos con que trafica la clase menesterosa. Para que lo espuesto tenga su debido cumplimiento me ha ordenado la superioridad lo
resuma en las prevenciones siguientes.
la. Las autoridades políticas reunirán en junta pública á todos los comerciantes de su jurisdiccion inmediatamente después de recibida esta cir-

�M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burguesía en México 111

110 Siglo XIX

EXPOSICION DEL MINISTRO MANUEL
PAYNO AL GOBERNADOR
SANTIAGO VIDAURRI (1856)

cular, y haciéndoles ver su contenido, les manifestaran que si proporcionan
al Gobierno las cantidades que les fuere posible como anticipo de lo que
causen por todos derechos, les aumentará un once por ciento: esto es, por
cada cien pesos les pagará ciento once.

ANEXO IV

2a. La Tesorería general del Estado estenderá á favor de los anticipantes un documento en que consten las cantidades anticipadas con el aumen•
to del once por ciento, y este documento servirá á los interesados para que
paguen con él los derechos que causen las importaciones de sus efectos por
cualquiera de las aduanas espresadas y también el de esportacion y consumo.

A mediados de abril de 1856, el ministro Manuel Payno, a cargo de la
secretaría de Hacienda en el momento en que era presidente el general
Ignacio Comonfort, mantuvo un intenso intercambio epistolar con el. gobernador Santiago Vidaurri. En síntesis, Payno pro.curaba co~v~ncer al Jefe
neoleonés de la necesidad de que aceptara y pUSlera en practica la ordenanza general de aduanas marítimas y fronte~~s, promulga_da. por el gobierno central en enero de aquel año. En func10n de ese obJetivo, Payno
dirigió el 15 de abril un extenso documento a Vidaurri (más de 26 cuartillas tamaño oficio), en el que abordaba muchos de los proble~as que
atravesaba México para configurarse como Estado Nacional, especialmente
en los planos de la administración, regulación mercantil, sistema de aranceles y aduanas, comercio internacional y control de los recursos que correspondían al poder federal.

3a. Las autoridades remitirán inmediatamente y con la debida seguridad á la indicada Tesorería las cantidades que reunan, así como una lista
nominal de los individuos que las hubieren proporcionado con espresión
de la que cada uno facilitare.
Dios y Libertad, Monterey, Enero 22 de 1858.

Jesus Garza Gonzalez
secretario
FUENTE: AGENL, Circulares, 1858.

En este anexo IV se sintetizan algunos tramos de ese documento, con
particular atención en los que se vinculan con los temas considerados e~ la
ponencia. Las aclaraciones entre paréntesis son ~uestras, y se han modificado levemente, modernizándolas, algunas expresiones.

1.- Motivo del oficio
No había contestado el oficio de V.E. de 4 del (mes) pasado con el
cual acompaña la representación del comercio de esa Ciudad ( de Monterrey), relativa á la nueva Ordenanza general de Aduanas, porque hallándose el E. S. Presidente en la campaña contra los sublevados de
Puebla, era necesario acordar con S.E. lo que debiera contestará ese
Gobierno sobre materia tan grave é importante.
De regreso á la Capital de la República y desembarazado un tanto S.
E. de las graves ocupaciones que en los primeros días ocurrieron, por
su órden tengo el honor de pasar á hacer las explicaciones convenientes.

2.- Aduanas en la frontera noreste
Las poblaciones que quedan mencionadas (en la frontera noreste), y
que personalmente conoce el que suscribe, son de pocos habitantes,
y las únicas de consideración que pueden surtir son Monterey y el
Saltillo (en Coahuila), pues de San Luis Potosí, Guadalajara y esta

�112 Siglo XIX

Capital quedan tan distantes que no puede presumirse que comerciante alguno se establezca en ellas con el objeto de hacer negocios
con el interior. Si el Gobierno accedió á hacer esta nueva reforma en
la Ordenanza ( aceptando la habilitación de algunos puestos aduanales sobre el río Bravo impuesta por Vidaurri), fué pura y exclusivamente en consideración á la frontera ( ...) y corriendo siempre el riesgo de que cuando la autoridad política ó militar no estuviera depositada en personas de la integridad y patriotismo de V. E., se abusase de
esta concesión, y entraran los efectos pagando muy insignificantes derechos ó no pagando nada, y viniesen a surtir las poblaciones del Sur
de la República con perjuicio del comercio de buena fé.

3.- Con el Plan de Ayutla
...basta lo expuesto sobre ésta materia para probar que el Gobierno,
al expedir la nueva Ordenanza, cumplió exactamente lo que había
ofrecido en el artículo respectivo del plan de Ayutla, y debió pensar
que si en general el comercio estaba satisfecho con el Arancel Cevallos, lo estaría mas conque á este arancel que destruyó el monopolio,
y estableció con sabiduría y utilidad los principios generales de la libertad del comercio, se añadieran otras concesiones nuevas y desconocidas hasta aquí en nuestra legislación fiscal.

4.- Derechos diferenciales en favor de la frontera
Nada costaría al Gobierno obsequiar las indicaciones de V. E. y los
deseos de ese comercio ( el de Monterrey, que solicitaba aranceles más.
bajos en el noreste, con el nombre de diferenciales, para compensar los
gastos de flete que debía afrontar en su competencia con colegas del
centro del país), y establecer con aplauso y beneficio de los habitantes
de esos países los derechos diferenciales en un cinco, en un diez, en un
veinte o treinta °lo si se quiere, pero una vez hecha ésta concesión para los puertos de Tamaulipas, Coahuila y Nuevo Leon, Chihuahua las solicitaría como ya lo ha solicitado. Después vendrán Sonora,
Sinaloa, el Sur de Colima y el Estado de Guerrero, con iguales pretensiones, y en virtud que una vez concedida a un Estado era justo y necesario concederla á los demás. Sonora, Sinaloa y Chihuahua, lo mismo que los Estados donde reside V. E., son países lejanos, despoblados, combatidos igualmente por las tribus bárbaras, llenos de necesidades y solícitos y necesitados del apoyo de la Administración; y lo que
se concede á unos de ninguna manera podría negarse á los otros.
Pues bien, desde el momento en que esta concesion se hiciera general
en la frontera del Norte, y en la mayor parte de los puertos del Sur,

M. Cerutti: poder esta tal, econom fa y burgues(a en México

113

ella quedaría nula y de ningun valor para los mismos comerciantes que
por conducto de V. E. la desean y firman la ya citada representación
(remitida por Vidaurri junto con sus propias consideraciones a principios de marzo).

5.- Competencia con el comercio del centro del pa(s
Establecer los derechos diferenciales en todos los puertos que van
mencionados, cualesquiera que fuese el monto del tanto por ciento de
la diferencia, es claro que con ella y con el abuso indispensable en países en que por su estencion y despoblado es prácticamente imposible
que haya la vigilancia debida, los cargamentos vendrían á dar y á venderse á menos precio á las plazas del interior, y aun hasta los mismos
puertos del Golfo. Naturalmente, en este estado de cosas el abundante y poderoso comercio de Tampico y Veracruz reclamaría la misma
baja de derechos. Si se le concedía, entonces... quedaba enteramente
nulificada la gracia del derecho diferencial, y no resultaba mas que una
baja general y uniforme en todo el arancel(...) Si se les negaba era lo
mismo que condenará la muerte y á la miseria á los puertos de Tampico, Veracruz y Tabasco, á cerrará la circulación las vías que la naturaleza ó el arte han hecho más cercanas á las poblaciones más gruesas de
la República ( ...) (E)s preciso que las leyes que arreglan el comercio
sean ó liberales ó restrictivas; pero indispensablemente uniformes para
todos, de manera que el comerciante establecido en Veracruz esté tan
seguro de la mucha ó poca utilidad-de sus especulaciones como el que
se establezca en Tampico ó Matamoros...

6.- Naturaleza y comercio
La naturaleza del país y la situación de los puertos han marcado ya, de
años atrás, las plazas del consumo.
Tampico es el puerto que naturalmente está llamado á surtir a San Luis
y Zacatecas, co?1o Veracruz surte á Puebla, México y Guanajuato, y
como el Manzanillo y San Bias surten á Jalisco y Michoacán.
'; L

Las pretensiones del comercio de la frontera de surtirá estas plazas lejanas, que es á lo que equivale la solicitud sobre derechos diferenciales,
aunque justa en el fondo, pues todo comercio tiene derecho de procurar su actividad y adelantos, es imposible mientras la población no aumente y las vías de commúcación sean prontas y seguras, y ... la seguridad estén establecidas en todas partes de la República. Estas faltas
de que se resiente una Nación todavía muy estensa y nueva se quieren
remediar constantemente...

�114 Siglo XIX

M. Cerutti: poder estatal, economía y burguesfa en México

7.- Alcabalas
Cuanto pueda decir V. E. y el comercio de Nuevo Leon (sobre las alcabalas), el Gobierno lo tiene meditado ya de antemano. Ni la Administración en general ni los individuos que la componen pueden participar de las creencias y convicciones de un antiguo y envejecido sistema
fiscal, que dá lugar á los abusos de los empleados y limita el gíro del
comercio y de la agricultura; pero haré á V. E. una refleción, entre
otras, muy obvia y oportuna. La destruccion repentina de este impuesto (cuya eliminación urgían desde Monterrey), sin sustituírlo con
otro, habría sido la ruina total de los Estados; y si V. E., como indica,
cree que ha debido ya sustituirse, yo le preguntaré como, cuando y á
que hora (Payno alude aquí a los múltiples problemas políticos y militares que ha debido enfrentar el gobierno liberal desde su instalación
en octubre de 1855)...y le vuelvo á preguntar á que hora, como y en
que tiempo se sustituye con conciencia y con fruto un impuesto ya establecido con otro nuevo, para que al mismo tiempo que sea al gusto
de la mayoría de la Nación, produzca pecuniariamente los resultados
que debe procurarse el que administra inmediatamente los bienes de la
Nación, y el que tiene que satisfacer las grandes exijencias diarias de
toda la República, para que la frontera que se queja no sea enteramente esterminada por los aventureros y por los salvajes; para que esta libertad que se conquistó con una revolución no sea perdida y aniquilada; y para que estas partes disímbolas del país se conseiven unidas y
no sean presas de la anarquía, de la amhicion, y de los errores de los
que por un pretesto ó por otro turban la paz pública.

8.- Gobierno central y Estados
No omitiré decir á V. E., porque es preciso que se sepa en esa frontera
y en toda la Nación, cual ha sido la posicion del Gobierno (central)
respecto de los Estados en el corto pero muy crítico y terrible período
que ha atravezado.
~¡

A ninguno de ellos le ha exigido un solo peso··ae lo que, conforme a
la ley de clasificación de rentas del ( ex ministro) Prieto, debía contri1
buir para los gastos generales.
A ninguno ha enviado esas autoridades militares que prescindiendo del
caracter privado de las personas, han tenido en otras épocas la mision
de dominar y de oprimir.
(...) Los recursos de sus rentas generales, y muy particularmente los
de Aduanas marítimas, han sido invertidos por el Gobernador de Ta-

115

maulipas, por el Gobernador de Jalisco y por V. E. mismo, y que no
contento con esto, de su Tesorería de México han salido mas de cien
mil pesos como auxilio para diversos Estados.
( ...) El Estado de Chihuahua, el de Durango, el de Sonora y V. E.
mismo por el que dignamente manda, correo por correo piden recursos al Gobierno y con mucha justicia para defenderse de la guerra de
los salvajes. Los de Jalisco y Michoacan, por el trastorno que snfrieron
por la revolución, piden igualmente recursos. Los de México y Puebla,
lejos de ayudar al Gobierno, apenas pueden sostener las cargas de su
administración, y en caso idéntico se hallan tambien algunos otros.
Este estado de cosas, repito, no puede durar, y el Gobierno ... tiene
necesidad de percibir Íntegramente las rentas: de poner un orden estricto en la administración de sus /t. duanas y de procurar que los Estados organizen sus contribuciones...
( . . .) Esto es lo que real y positivamente constituirá el Gobierno, y
formará la unidad de la Nación; porque el otro sistema no sería sino
el de pequeños países separados unos de otros, débiles para hacer el
bien y defenderse, y fuertes siempre para hacer el mal y encender la
guerra civil.
FUENTE: AGENL, correspondencia con el ministerio de Hacienda, 1856,
15 de abril. ·

�116

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burgues(a en México

Siglo XIX

ANEXO V

LEGISLACION ORIENTADA AL
FOMENTO DE LA lNVERSION EN
NUEVO LEON A PARTIR DE 1885.
ALGUNOS EJEMPLOS

1.- Giros industriales y nuevos cultivos
Núm. 76.- El XXIV Congreso Constitucional, representando al pueblo
de Nuevo-León, decreta:
Artículo lo.- Quedan exentos de todo impuesto por siete años:

l.- Todo giro industrial que se establezca en el término de dos años,
contados desde esta fecha cuyo capital exceda de mil pesos. No gozará de
esta franquicia el capital que se destine a la elaboración de bebidas espirituosas.

117

2.- Fincas urbanas (*)
Núm. 77.- El XXIV Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo-León, decreta_:
Artículo lo. Las fincas urbanas que se edifiquen dentro de dos años,
contados desde esta fecha, y cuyo valor no baje de dos mil pesos, quedan
exentas de todo impuesto al Estado por el término de cinco años, computados desde el día de su conclusión.
Artículo 2o. Las personas que lúcieren alguna nueva finca de las condiciones dichas darán aviso a la Recaudación de Rentas respectivas, del día
en que se comience la obra, así como en el que se concluya, a fin de que se
haga la anotación correspondiente.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda.

especial de plantas diferentes a las que actualmente se cultivan en el Estado.

Es dado en el Salón de sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a catorce de diciembre de mil ochocientos ochenta y ocho.- P. Benítez y Leal,
Diputado presidente.- Joaquín Fox, Diputado secretario.- Aurelio Lartigue, Diputado secretario.

ID.- Toda hacienda que se forme dentro de igual período en terrenos
no cultivados.

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

II.- El capital que se invierta dentro del mismo término en el cultivo

Artículo 2o.- El término de siete años a que se refiere el artículo anterior, se contará desde el día en que se ponga en explotación el giro industrial o agrícola de que se trata.

Monterrey, diciembre 21 de 1888.- Lázaro Garza Ayala.- S. Roel, secretario.

3.- Obras de utilidad pública
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda.
·
Es dado en el Salón de sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a los
catorce días del mes de diciembre de mil ochocientos ochenta y ocho. P.
Benítez y Leal, Diputado presidente.- Joaquín Fox, Diputado secretario.Aurelio Lartigue, Diputado secretario.
Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

..

Monterrey, diciembre 21 de 1888.- Lázaro Garza Ayala.- S. Roe!, secretario.

Núm 8.- El XXV Congreso Constitucional del Estado, representando
al pueblo de Nuevo - León, decreta:
Artículo único.- Se autoriza al Ejecutivo del Estado, para que en los
contratos que celebre en el presente período constitucional sobre obras de
utilidad pública, conceda exención de contribuciones por un término que
no pase de veinte años, dando cuenta al H. Congreso del Estado del uso
que haga de esta autorización.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda .

�118 Swlo XIX
Es dado en el Salón de sesiones del H. Congreso del Estado, en Monterrey, a quince de noviembre de mil ochocientos ochenta y nueve.- Platón
Treviño, Diputado presidente.- T. Roe!, Diputado secretario.- Víctor de la
Gana, Diputado secretario.

M. Cerutti: poder estatal, econom(a y burguesta en México

119

al pueblo de Nuevo - León, decreta:

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

Unica.- Se autoriza al Ejecutivo para que durante el presente periodo
constitucional, conceda exención de contribuciones del Estado y Municipios hasta por quince años al capital que se invierta en la construcción de
estanques o depósitos de agua en el Estado, para aprovechamientos industriales.

Monterrey, noviembre 22 de 1889.- B. Reyes.- Ramón G. Chávarri,
secretario.

Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda. ·

4.- Construccibn de casas en áreas de nueva urbanización.
Núm. 4.- El XXVIll Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo - León, decreta~
Artículo lo. Se exenciona por cinco años de contribuciones al Estado,
a los capitales que en el término de dos años se inviertan en construir casas,
cuyo valor no baje de ocho mil pesos, en una zona de tres manzanas a ambos lados de las calzadas Unión y Progreso y en las primeras que circundan
la Alameda Porfirio Díaz, de esta ciudad.

Dado en el Salón de Sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a los
veintiséis días del mes de septiembre de mil novecientos.- Manuel G. R.ivero, Diputado presidente.- Rafael Garza Cantú, Diputado secretario.
Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.
Monterrey, octubre 2 de 1900.- P. Benítez Leal.- El Secretario de Gobierno, Ramón G. Chávarri.

6.- Exenciones por cesión de terrenos urbanos
Artículo 2o.- El tiempo de la exención a que se refiere el artículo anterior principiará a correr desde el día en que quede terminada la finca,
dando aviso de ello al Gobierno para los efectos de este decreto.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar, y circular a quienes corresponda.
Dado en el Salón de sesiones del H. Congreso del Estac!o, en Monterrey, a los dos días del mes de octubre de mil ochocientos noventa y cinco.

Núm. 6.- El XXXI Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo León, decreta:
Artículo lo. Se concede exención de los impuestos que se causen en
el Estado, a los propietarios de predios urbanos que cedan al Municipio el
terreno necesario para ampliar las calles, con arreglo a las siguientes bases:

I.- El terreno que se ceda será de dos metros de latitud, por regla general, y de la longitud que el cedente designe.

C. Berardi, Diputado presidente.- F. Garza Flores, Diputado secretario
Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.
Monterrey, octubre 8 de 1895.- B. Reyes.- Ramón G. Chávarri, secretario.
5.- Construcción de depósitos de agua para aprovechamiento industrial.

Núm. 49.- El XXX Congreso Constitucional del Estado, representando

II.- La exención durará cinco años, desde la fecha en que se haga la
cesión.

lll.- La exención tendrá efecto sobre la parte del predio que se reseive
el propietario, con frente igual a la longitud del terreno cedido y con fondo hasta de cincuenta metros que en cada caso determinará el Ejecutivo.
Artículo 2o.- La cesión se hará por conducto del Alcalde lo. de la
Municipalidad de que se trate, quien dará cuenta de ella al Ejecutivo, para
los efectos de este decreto.

�120 Siglo XIX
Artículo 3o. Para el objeto del artículo lo., el Ejecutivo podrá aceptar cesiones de terrenos de mayor o menor latitud que la expresada en la
fracción I, del mismo artículo y variar proporcionalmente el término de la
exención de impuestos.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador, mandándolo imprimir, publicar y circular a quien corresponda.

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burguesta en México

121

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
curoplimiento.
Monterrey, 27 de noviembre de 1903.- B. Reyes.- Ramón G. Chávarri,
secretario.

Dado en el Salón de sesiones del H. Congreso del Estado, en Monterrey, a los once días del mes de noviembre de mil novecientos uno.- Pedro C. Martínez, Diputado presidente.- Ramón E. Treviño, Diputado secretario.- Andrés Noriega, Diputado secretario.

(*) Los dos primeros decretos fueron sancionados durante el gobierno de

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se le dé el debido
cumplimiento.

FUENTES: AGENL, Memorias del gobernador del estado de Nuevo León
(1889 a 1907); Periódico Oficial (del gobierno de Nuevo
León); Permisos y concesiones. 1890-1912, serie Indices y
Catálogos, s/f.

Monterrey, 19 de noviembre de 1901.- P. Benítez Leal.- Ramón G.
Chávarri, Secretario.

7.- Construcción de pozos de agua para la producción agropecuaria

Núm. 22.- El XXXII Congreso Constitucional del Estado, representando al pueblo de Nuevo León, decreta:
Artículo lo.- Se autoriza el Ejecutivo para que durante el período
constitucional que ha principiado ya y terminará el cuatro de octubre
de mil novecientos siete, conceda exención de impuestos del Estado y
Municipales, hasta por quince años a los capitales que se inviertan en la
construcción de pozos artesianos y de estanques o depósitos de aguas corrientes o pluviales, para la agricultura y ganadería y para cualquier otro
objeto que, por razón de su importancia, juzgue acreedor a la concesión.
Artículo 2o.- El Ejecutivo dará cuenta al Congreso, en cada caso, del
uso que haga de esta autorización.
Lo tendrá entendido el C. Gobernador del Estado, mandándolo imprimir, publicar y circular a quienes corresponda.
Dado en el Salón de Sesiones del H. Congreso, en Monterrey, a los
veintitres días del mes de noviembre de mil novecientos tres.- C. Madrigal,
Diputado presidente.- E. Ballesteros, Diputado secretario.- Virgilio Garza,
Diputado secretario.

Lázaro Garza Ay ala, que suplantó entre 1887 y 1889 a Bernardo Reyes. Garza Ayala fue designado gobernador constitucional con el auspicio y bajo la mirada atenta del propio Reyes.

�122

Siglo "\l.\

ANEXO VI

M. Cerutti: poder estatal, eco11omía y burgues(a en ,11éxico

CARGOS POLITICOS Y ADMINISTRATIVOS
CUBIERTOS POR EMPRESARIOS O MIEMBROS DE
FAMILIAS EMPRESARIALES DURANTE EL
PERIODO DE BERNARDO REYES.

integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
gobernador interino
diputado estatal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito
diputado estatal (suplente) 1° Distrito

123

ídem
ídem
agos. 1902-nov .1902
set. 1903-set. 1905
set. 1905-set. 1907
set. 1907-set. 1909

Caso: 1: Adolfo Zambrano (*}
Caso 3: Carlos Berardi
año o período

cargo

°

diputado estatal (suplente) 1 Distrito
diputado estatal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 Distrito
presidente municipal (alcalde) de Monterrey
presidente municipal (alcalde) de Monterrey
presidente municipal (suplente) de Monterrey
diputado estatal 2° Distrito
integra Comisión 2a de Hacienda
integra Comisión de Guerra
alcalde 1 ° (suplente) de Monterrey
diputado federal (suplente) 4° Distrito
alcalde 1 ° (suplente) de Monterrey
diputado estatal 2° Distrito
integra Comisión 2a de Hacienda
integra Comisión de Guerra
diputado federal (suplente) 1 Distrito
diputado estatal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito
diputado federal (suplente) 1° Distrito
diputado estatal (suplente) 1 ° Distrito

°

°

cargo

set. 1889-set. 1891
set. 1891-set. 1893
set. 1895-set. 1897
set. 1897-set. 1899
1897
1898
1899
set. 1899-set. 1901
ídem
ídem
1900
electo jul.1900
1901
set. 1901-set.1903
ídem
ídem
electo jul. 1902
set. 1903-set. 1905
set. 1905-set. 1907
electo jul. 1906
set. 1907-set. 1909

diputado estatal 3° Distrito
integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
diputado estatal 3° Distrito
integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
diputado estatal 3° Distrito

°

alcalde 1° de Monterrey
diputado estatal 1 ° Distrito
integra Comisión la. de Hacienda
integra Comisión de Fomento
presidente municipal (alcalde) de Monterrey
senador federal

set. 1889-set. 1891
ídem
ídem
set. 1891-set.1893
ídem
ídem
electo jul. 1892
1893
set. 1893-set. 1895
ídem
ídem
1894
diversos lapsos
1891-1895
1895
set. 1895-set. 1897
ídem
ídem
1896
electo julio de 1896

COMISIONES DE TRABAJO O CO EXAS CREADAS
PARA COLABORAR CON EL GOBERNADOR REYES

Caso 2: Manuel C. Rivero (*)
cargo

diputado estatal 1° Distrito
integra Comisión de Gobernación
integra Comisión 2a. de Hacienda
diputado estatal 1° Distrito
integra Comisión 2a. de Hacienda
integra Comisión de Guerra
senador federal
alcalde 1 ° de Monterrey
diputado estatal 1 Distrito
integra Comisión 2a. de Hacienda
integra Comisión de Guerra
alcalde 1 ° de Monterrey
gobernador interino

año o período

año o período

set. 1897-set. 1899
ídem
ídem
set. 1899-set. 1901
ídem
ídem
set. 1901-set. 1903

I.- Junta de Beneficencia para la adquisición de maíz en Estados
Unidos (1892)
presidente: Juan Weber.
Il.- Junta de Mejoras Jlateriales de Monterre_v (en 1896-1897)
presidente; general Bernardo Reyes
tesorero: Agustín Maiz
entre los vocales: Vicente Ferrara(*), Adolfo Zambrano, Mariano
Hernández (*), Gustavo Dresel.

�124 Siglo .\l.\

m.-

M. Cerutti: poder estatal, economfa y burgues(a en México

Delegación industrial-comercial al Congreso Mercantil de Filadelfia (sugerida por Reyes, en 1897).
Antonio V. Hernández (*), Adolfo Zambrano, J oseph A. Rohertson.

IV.- Comisión de Obsequio, por visita del presidente Porfirio Díaz
(1898)
presidente: general Bernardo Reyes
secretario: Adolfo Zambrano
tesorero: Tomás Mendirichaga
entre los vocales: Francisco Annendaiz (*), Antonio V. Hernández, Juan Weber, Valentín Rivero y Gajá, Francisco G. Sada (*),
Vicente Ferrara, H. M. Dieffenbach, Manuel Cantú Treviño.
V.- ]unta de Mejoras Materiales de Monterrey (en 1903)
presidente: general Bernardo Reyes
tesorero: Adolfo Zambra.no
entre los miembros: Agustín Maíz, Vicente Ferrara, Mariano
Hernández, Gustavo Dresel.

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entre los miembros: Manuel G. Rivero, Gustavo Dresel.
VII.- ]unta Arqueófila de Nuevo León (1907)
presidente honorario: general Bernardo Reyes
2º vocal: Manuel G. Rivero.

VIII.- ]unta Directiva del Centro Agrícola (1907)
presidente honorario: general Bernardo Reyes
presidente: Adolfo Zambra.no
vicepresidente: Constantino de Támava
tesorero: Miguel Ferrara(*)
vocales: Gustavo Dresel, Joaquín Armedaiz (*), Manuel G. Rivero
(suplente), Jesús González Treviño (supl~nte).

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FUENTE: AGENL, Memorias del gobernador del estado de Nuevo León,
1889-1907.

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(*) Miembro de alguna de las diez familias de empresarios estndiadas en
Monterrey.

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IX.- Comisión Central Neolonesa del Cent,enario de la Independencia
(1907)
presidente: general Bernardo Reyes
vice-presidente: Manuel G. Rivero.
entre los vocales: Adolfo Zambra.no, Francisco G. Sada, Manuel
Cantú Treviño.

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VI.- ]unta local de Bosques (en 1907)

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Sigue Anexo VII

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Empresa

Familias representadas

Rubro

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9.- Compañía de ganado menor/1892

Mm/1892

Agropecuario

10.- Milmo National Bank ( d)

Mm/1892

Finanzas

11.- Teatro El Progreso

Zb/1892

Espectáculos

12.- Banco de Nuevo León/1892

Ar-Md-Zb/1892

Finanzas

13.- Fábrica de Azúcar La Constancia ( d)

Zb/1892

Industria

14.- Fábrica de hilados y tejidos El Porvenir
SA (d)

Rv-Zb/1892

Industria

15.- Compañía Industrial de Monterrey
SA/1892

Bd-Cm-Fer-Mm/1897

Industria

16.- Compañía Jabonera La Estrella del Norte
SA/1892

HM-Rv/1900

Industria

17.- Emilio Zambrano e Hijos ( d)

Zb/1893

Agropecuario

18.- Compañía criadora de ganado porcino/
1894

Zb/1894

Agropecuario

Familias representadas

Rubro

19 .- Madero y Hernández ( d)

Md/1894

Agropecuario

20.- Monterrey Brick Co/1894

Mm/1894

Industria

21.- Fábrica de mosaicos La Industrial
/1894

Rv/1902

22.- Fábrica de jabón El Brillante/1894

Zb/1895

Industria

23.- Sociedad Cooperativa de Ahorros e
Inversiones de Monterrey/1894

Bd-Zb/1894

Finanzas

24.- Annendaiz y Cía./1895

Ar/1895

Agropecuario

25.- Patricio Milmo e Hijos/1895

Mm/1895

Agropecuario
Finanzas

26.- La Esperanza SA ( d)

Bd-CM-Hm-Mm/1895

Industria

Sigue Anexo VII

Empresa

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27.- Compañía Industrial La Fama de Nuevo
León SA (d)

CM-HM-Rv/1895

Industria

28.- Club Atlético Monterrey SA/1895

Ar-Bd-Mm/1895

Deportes

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Empresa

Familias representadas

Rubro

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29.- Eduardo Zamhrano e Hijos/1896

Zh/1896

Agropecuario
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30.- Compañ(a de Fundición de Fierro y Manufacturera de Monterrey SA/1895

Mm/1898

Industria

31.- Castaño y Zambrano/1897

Zb/1897

Agropecuario

32.- Compañía anónima El Porvenir de
Matehuala

Bd-HM/1897

Transporte

33.- Banco de Coahuila SN1897

HM/1897

Finanzas

34.- Compañía de Baños de Monterrey
SA/1897

Ar-Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv/1897

Servicios

35.- Compañía de ganados de Sahinas/1898

Mm/1898

Agropecuario

36.- Sociedad Ganadera (vacunos)/1898

Mm/1898

Agropecuario

37.- Sociedad Ganadera (ganado de pelo)/1898

Mm/1898

Agropecuario

38.- Compañía ganadera de Sierra Mojada/1898

SMG/1898

Agropecuario

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Sigue Anexo VII

Empresa

Familias representadas

Rubro

39.- Fábrica de almidón El Hércules (d)

Rv/1898

Industria

40.- Molinos de trigo Jesús María

Rv/1898

Industria

41.- Compañía Industrial de artefactos de metal
laminado El Barco SA/1898

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Ar-Bd-CM-Fer-HM-Rv-SMG/ 1898

Industria

42.- Compañía industrial jabonera de La Laguna
SA/1898

Bd-CM-HM-Md-Mm/1898-99

Industria

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43.- Hacienda de Fundición.San Javier

Rv/1898

Industria

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44.- Compañía de Tranvías &lt;le Lerdo a Torreón

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Transporte

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Agropecuario

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45.- Compañía Sarope y Milmo/1899

Mm/1899

46.- Patricio Milmo e Hijos Sucesores/1899

Mm/1899

Agropecuario
Finanzas

47.-Arriaga y Zamhrano/1899

Zb/1899

Agropecuario

48.- Compañía de Terreno y Ganados de
Coahuila SA/1899

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Tierras
Agropecuario

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Familias representadas

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49.- Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey
SA/1899

Todas las Familias/1904

Industria

50.- Compafiía del Panteón del Carmen SA/1899

Bd-CM-Fer-HM-Rv/1899

Seivicios

51.- Banco Mercantil de Monterrey SN1899

Fer-HM-Md-Mm-Rv-SMG-Zb/1899
Bd-CM-Fer-HM-Mm-Rv-SMG/1905 Finanzas

52.- La Defensa Compañía Periodística y Anunciadora SA/1899

Fer/1899

Periodismo
Servicios

53.- Fábrica de Cartón de Monterrey/1900

CM-HM-Md-Zb/1900.

Industria

54.- Compafiía Ladrillera Unión SA/1900

Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv-SMG
Zb/1900

Industria

55.- Tenería

Bd/1900

Industria

56.- Compafiía Fundidora de Fierro y Acero
de Monterrey SN1900

Todas las Familias/1900

Siderurgia

57 .- Lavandería de vapor de Monterrey SNl 900

CM-Md/1900

Servicios

Sigue Anexo VII

-

Empresa

1

58.- Compafiía Industrial Tipográfica de Monterrey SA/1900
59.- Compañía metalúrgica de Torreón
SA/1900
60.- Fábrica de azúcar Francisco Annendaiz
/1900

Familias representadas

Bd-HM-Rv-SMG/1900

Md/1900

Rubro

Industria

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Periodismo

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Industria

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Industria

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61.- Compafiía Ferrocarriles Urbanos de Monterrey, SA

Bd-CM-HM-Rv/1900

Transporte

62.- Teatro Circo de Monterrey SN1900

CM-Md-Rv-Zb/1900

Espectáculos

63.- Banco de Espafia

HM/1900

64.- Madero y García Gálán/1901

Md/1901

65.- Empresa Editorial de Monterrey SN1901

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Bd-CM-Fer-Hm-Md-Rv-SMGZb/1901

Finanzas
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Empresa

Familias representadas

Rubro

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66.- Asociación industrial Reinera SA. Fábrica
de cortinas-persianas/1901

Fer-HM-Md-Rv /1901

Industria

67.- Banco Central Mexicano (e)

BNL-BMM/1901

Finanzas

68.- Compafiía deslindadora de Tamaulipas
/1901

Zb/1901

D~slinde y explotación
de tierras.

69.- Compafiía Industrial de San Antonio de Abad

Ar/1901

Industria

70.- Banco de Tamaulipas SA

Rv/1902

Finanzas

71.- Compafiía Industrial del Norte SA/1902

Md-Rv/1902

Industria

72.- Compañía Industrial de Parras

Md/1902

Industria

73.- Fábrica de hilados y tejidos La Confianza SA

BNL-BMM/1903

Industria

74.- Compañía de Ferrocarriles de
Mat.ehuala SA/1903

Bd-HM-Mm/1903

Transporte

75.- Sada y Serrano/1904

SMG/1904

Agropecuario

Sigue Anexo Vil

Empresa

Familias representadas

Rubro

76.- Compañía de tierras de Sonora/1904

Md/1904

Tierras

77.- Imprenta y Litografía El Modelo

Md/1904

Industria

78.- Negociación agrícola y ganadera de
San Enrique SA/1905

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Md/1905

Agropecuario

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79.- Molinos de cilindros de Parras SA/1905

Md/1905

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Industria

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Se agrega el afio en que se constituyó la firma, en caso de haberse verificado. La enumeración es cronológica, a partir de 1890.
b) Las familias o grupos parentales -una de las bases de nuestras investigaciones sobre la formación de la
burguesía en Monterrey- son mencionadas de acuerdo con el siguiente código: Annendaiz (Ar), Belden
(Bd), Calderón-Muguerza (CM), Ferrara (Fer), Hemández-Mendirichaga (HM), Madero (Md), Sada Muguerza-Garza (SMG) y Zambrano (Zb). El estudio comprendió más de cuarenta empresarios.
c) No se incluye minería ni comercio. El primer rubro, porque la cantidad de empresas en las que participaban miembros de estas familias llenaría varias páginas. El segundo por haber sido la actividad original de buena parte de estos núcleos parentales en el período anterior a 1890.

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d) Estas empresas fueron constituídas antes de 1890.

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Fuent.e principal: AGENL, libros de notarios.

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�Uruguay: Política lndustrializadora
y Grupos de Presión (1875-1898)
Raúl Jacob*

INTRODUCCION
"Ni vencidos ni vencedores". Con tan lacónica frase, henchida de espíritu conciliador, se cerraba en 1851 el capítulo
uruguayo de un conflicto interno que se había internacionalizado, que había afectado a la cuenca del Plata, y en el que habían participado argentinos, uruguayos, pero también los gobiernos de Brasil, Inglaterra y Francia.
Las consecuencias de la contienda, en la que se depredó la
pradera oriental y \Jontevideo fue sitiada por tierra y por mar,
no sirvieron para desestimular las guerras civiles ni los derramamientos de sangre, que proseguirían con desigual intensidad
hasta 1904. Tampoco terminaron por pacificar por mucho tiempo la región. Pocas décadas después la ciudad uruguaya de
Paysandú, situada sobre el río Uruguay, sería bombardeada por
la escuadra brasileña y Uruguay se integraría a la Triple Alianza
participando de la-invasión al Paraguay.
Sin embargo, en lo económico la finalización de la denominada "Guerra Grande" tendría otro significado. Marca el inicio de un nuevo país que acentuaría gradualmente su inserción
en el moderno mundo capitalista, al que trataría de abastecer
de alimentos y materias primas, para lo cual intentaría transformar sus formas productivas:
* Centro Interdisciplinario de Estudios sobre et Desarrollo, Uruguay (CIEDUR).
Ponencia presentada en el simposio "Historia Económica: economía y polÍtica",
45º Congreso Internacional de Americanistas, BogotÍl, 1 al 7 de julio de 1985.

�136 Siglo XIX

Estos cambios internos, que comenzarían a señalar el pasaje de un modo de producción a otro, fueron auxiliados, cuando
no inducidos, por el entorno externo. Y en ello influyó la inmigración extranjera, que al igual que antaño poblaría un territorio vacío con más cabezas de ganado que habitantes.
La guerra civil había arruinado al antiguo grupo de propietarios; los ca~pos habían descendido en su valor; y la situación
era proclive para que los extranjeros, europeos, y fundamentalmente brasileños, invirtieran en tierras.
Algo semejante sucedió en el medio urbano. En la capital principal centro poblado del país- muchas fortunas se habían
eclipsado ante · tos saqueos como consecuencia del sitio y del
bloqueo de las escuadras extranjeras. El comercio de importación y exportación mostraría una creciente extranjerización: en
1853 se estimaba que las cuatro quintas partes del comercio y
artesanías que pagaban patente eran de extranjeros.
La inmigración - que haría ascender el número de habitantes a 221.000 en 1860, y a 500.000 en 1875, contra los escasos
132.000 de 1852 - aportaría capitales, técnicas y nuevas
mentalidades.
Pero la influencia extranjera también se reflejaría en otro
campo. Los primeros años de la década del cincuenta mostrarán, en lo financiero y en lo político, la impronta brasileña, facilitada por los tratados de 1851 con los que concluyó la contienda.
Brasil llegó a plantear en 1854 la transformación de Uruguay en una nueva Provincia Cisplatina, tal cual había acontecido entre 1817 y 1828.
F'rancia e Inglaterra se tornaron, al decir de 13arrán 1 , "más
1.- BARRAN, José P., Apogeo y crisis del [ruguay pastoril y caudillesco (18381875). Montevideo, Banda Oriental, 1974, pp. 50 a 53.

R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay

137

cautelosas aunque no menos exigentes".: advertían al Brasil sobre los riesgos de una incorporación del Uruguay a su Imperio,
pero amenazaban al gobierno oriental (lo hicieron en 1855 y
1862) si no concedía un trato preferencial a sus súbditos.

En la década del sesenta la tutela brasileña comenzará a
eclipsarse, dejando su sitio a la británica. Como por arte de birlibirloque - aunque todo tiene su explicación en el mundo de
las finanzas - el último empréstito brasileño, de 1863, fue refinanciado al año siguiente en Londres, como empréstito británico, inaugurando el cordón umbilical que ataría a los sucesivos gobiernos a la City.
El capitalismo nacional, adjetivo que en la realidad de ese
entonces significaba de uruguayos e inmigrantes que habían hecho su fortuna en el país, !_lió a luz el primer banco en 1857,
año en que también instaló el suyo el brasileño \lauá. En 1863
debieron contemporizar con la primera sucursal de un banco de
capitales europeos, el de "Londres, Buenos Aires y Río de la
Plata".
También fue "nacional" la iniciativa de construir el primer
ferrocarril en 1869, que sería adquirido en la década del setenta por capitales británicos y cuya casa central estaría radicada
en Londres.
En cambio, aún no se sabe a ciencia cierta quién alambró el
primer pedazo de campo, a comienzos de los años cincuenta. De
lo que no existen dudas es de que Uruguay no producía el alambre, materia de la que se nutriría tan importante proceso socioeconómico.
La refinación de ganados mediante la importación de cabezas de pedigree europeas fue emprendida por pio11eros extranjeros.
El saladero, la industria cárnica tradicional, siguió siendo la
principal actividad en ese campo. Pero en 1864, por iniciativa

�138 Siglo XIX

de un ingeniero alemán, comenzó sus faenas una sociedad para
exportar extracto de carnes según el procedimiento descubierto
por von Liebig, formándose al año siguiente en Londres la compañía que adoptó el nombre del célebre sabio germano.
Al festejarse los cuatro primeros lustros de la paz de 1851,
estaban dadas las bases sobre las que se asentaría el Uruguay
moderno: dependencia del capital financiero británico, ferrocarriles, bancos, alambramiento de los campQs, refinación de
ganados, diversificación en la preparación (y exportación) de
carnes.

2. UN l\'UEVO '':\IODELO" PARA EL AGRO
En los años sesenta, cuando la difusión del alambre y de
las técnicas de mejoramiento zootécnico aún no se habían generalizado, se produjo la denominada "revolución del ovino".
En esa década la existencia de lanares se multiplicó por cinco, pasando de aproximadamente tres millones de cabezas a
diéciseis millones de cabezas. Ese salto reconoce como causa
fundamental la demanda extranjera, las necesidades de la industria textil francesa e inglesa y las consecuencias de la guerra civil estadounidense en la oferta mundial de algodón. A lo que debe agregarse la crisis de precios que determinó la superproducción de tasajo, que incidió negativamente en la cotización de
los vacunos.
La adopción del ovino tuvo múltiples consecuencias: a) capitalizó el medio rural, ya que el lanar complementó al vacuno;
b) demandó mayor mano de obra; c) fortaleció a las capas medias agrarias, dado que el lanar requería cinco veces menos
campo que el vacuno; d) diversificó las exportaciones y en consecuencia los mercados.
Los ganaderos más progresistas, minoritarios en la realidad
nacional, intentaron extender y consolidar un nuevo esquema

R. Jacob: polftica industrializadora en l.,-ruguay

139

productivo en el que la estancia alambrada y dividida en potreros permitiría, mediante la utilización de sementales de pedigree importados, obtener un tipo de ganado acorde con las
pautas de consumo europeas. En el centro de la problemática
agraria del período hay que situar las consecuencias de la dependencia, en rigor verdadera tiranía, al ganado criollo y al
charque y tasajo.
Pero habían circunstancias que conspiraban para pro.mover estos cambios: el continuo clima de alzamientos civiles en que se
debatía el país y la existencia de un tipo humano peculiar, el
gaucho, cuyos hábitos libertarios y hasta seminómadas provocaban frecuentes incidentes. Ambos - guerras y gauchos - significaban casi lo mismo para la nueva estancia: alambrados destruídos y ganados mestizados o puros sacrificados.
A estos dos factores hay que agregarles la inestabilidad producida por la imprecisión en los límites de las propiedades (que
eran en general referencias geográficas); y la ausencia, precariedad o defectos de su titulación.
F.n 1871, en medio de una guerra civil que amenazaba una
vez más vidas y posesiones, un núcleo de ganadero-empresarios
(en buena medida extranjeros o de ascendencia extranjera, entre los que se destacan apellidos británicos), fundaron una entidad encargada de defenderlos y promover sus ideas: la Asociación !foral del Lruguay.
La paz que sobrevino fue un período en que la Asociación
difundió su programa en pos de sustituir al pastoreo libre por
un nuevo estadio que concluiría con el predominio de lo que
uno de sus ideólogos denominó "pastoreo industrial y granja".
Domingo Ordoñana, español, fundador y dirigente de esta gremial, definió lúcidamente el programa:
Siguiendo la historia de los pueblos que fueron pastoriles, encontramos muy claro el camino que esas poblaciones deben recorrer,
hasta llegar al período agrícola liso y llano: ese camino trazado
del modo siguiente:
período de pastoreo libre

�140 Siglo XIX
período de pastoreo industrial y de la granja
período de rotaciones generales o sea agricultura general.
( ...) La ganadería industrial está llamada en nuesn:~ concep_to ~
representar grande y distinguido papd en la evoluc1on econom1ca a que se dirige el país, por exceso de necesidad( .. .)2

Juan Ramón Gómez, otro de los dirigentes-fundadores de la
Rural, habló de la necesidad de "suplantar el lazo por la coyunda, para domesticar nuestros ganados y mandarlos gordos y
mansos a Inglaterra, quintuplicando su valor",. 3
Para llegar a la etapa de la "ganadería industrial", a la estancia
capitalista, se imponía adoptar una serie de medidas que iban
desde la reorganización de la policía rural a la adopción de un
Código Rural, pasando por el alambramiento masivo de los
campos.
Los hombres de la Rural buscarían promoverlas en el Parlamento (el citado Juan Ramón Gómez lo integraba), aunque el
éxito lo alcanzarían a partir de 1875, en que sectores militares
dieron un golpe de Estado. Con el denominado "período militarista" (1875-1886) cambió la campaña y cambio el país.

Se afirmó el principio de autoridad: el ejército fue modernizado y la policía reorganizada. El ferrocarril se extentlió, el
telégrafo comenzó a unir Montevideo con las capitales provinciales, el remington se impuso. Las tropas pudieron ser movilizadas con celeridad y fueron dotadas de mayor poder de tiro. Se
aprobó el Código Rural, que entró en vigencia en 1876 con
normas precisas para definir la propiedad de tierras y ganados.
Se impulsó el alambramiento: URa ley de 1875 liberó de impuestos los elementos imprescindibles (alambre, postes, grampas), y
se rebajaron los impuestos de contribución inmobiliaria a los
campos alambrados. En 1879, al revisarse el Código Rural, se estableció el régimen de medianería forzosa para los predios linderos, lo que produjo una disminución sensible en los costos del
cercamiento.
2. ORDOÑANA, Domingo, Pen.samientos rurales sobre necesidades sociales y económicas de la República, Montevideo, 1892, Tomo 1, pp. 315 a 318.
3.· Revista de la Asociación Rural del Uruguay, 1874~0. 24, pp. 41 a 45.

R. ]acob: política industrializadora en Uruguay

141

El alambramiento se desarrolló en forma acelerada y produjo
una serie de consecuencias, tanto sociales como económicas:
I).· Delimitó la P.ropiedad. La constitución de 1830, primera
que tuvo el país, la había declarado sagrada e inviolable, aunque
su pleno goce fue , durante décadas, más una aspiración que uná
realidad. Al efectuarse el alambramiento antes que la mensura
del país, permitió la apropiación por particulares de tierras fiscales. La medianería forzosa determinó la ruina de innumerables
pequeños y medianos propietarios que no pudieron hacer frente a
los gastos que les imponían sus vecinos. Por lo tanto, esta innovación tecnológica destinada_a cambiar el sistema productivo de
la estancia patriarcal, sirvió en primer término para consolidar la
gran propiedad y el latifundio.
II).· Permitió mestizar el ganado y subdividir los establecimientos. Aunque el stock· vacuno mejorado recién permitiría el
funcionamiento regular del primer frigorífico al comenzar el
siglo XX, fue fundamental en el proceso de refinación ovina.

ITI).· Liberó mano de obra. La "nueva" estancia pudo prescindir de pastores, peones y agregados, a los que se les sumarían
los pequeños y medianos propietarios arruinados. La "desocupación tecnológica" -como se la ha denominado4 - habría afectado a unas cuarenta mil personas, entre el 5 y el 1O por ciento de
los habitantes del medio rural. Se esbozaron algunas soluciones
para contrarrestar la desocupación: darles tierra fomentando la
colonización agrícola, transformando a los carentes de trabajo
en propietarios-agricultores. Lo realizado en este plano fue irrelevante.
El Estado aplicó medidas para el control social de la campaña (leva, cárcel). Algunos se afincaron a la vera de ríos y arroyos, viviendo de la agricultura familiar y de prestar servicios zafrales a la moderna estancia (yerra, esquilas, transporte de gana4.· vide BARRAN, J. P., NAHUM, Benjamín, Historia rural del Uruguay moderno,
Montevideo, Banda Oriental, 1967.

�142 Siglo XIX

dos, etc.). Otros engrosaron los cinturones de los centros urbanos. Y, por último, un contingente inestimable huyó de las medidas draconianas, buscando refugio en los países limítrofes.
La expL:&gt;tación intensiva coexistiría con la extensiva, determinando esta última - junto a la sobrevivencia del latifundio la frustración en muchos aspectos del modelo agrario.
3. EL MODELO "INDUSTRIAL"
( ...) Aquí donde el Presidente de la Asociación Rural acaba de
decir que se necesitan quesos de Holanda, manteca de Inglaterra,
5
frijoles de Chile, maíz del Brasil, tocino de Estados Unidos...

Estas palabras, constatan la situación del país a comienzos
de los años setenta; dependencia de la producción extranjera
incluso en el rubro alimentación. Sin embargo, la idea de tentar
el autoabastecimiento mediante el desarrollo de la industria sustitutiva de importaciones (sustitución que dada la etapa por la
que transitaba Uruguay se debía orientar a renglones elementales, tales como vestimenta, alimentación, materiales de construcción, etc.), si bien no tenía un soporte doctrinario profundo,
tampoco era novedosa.
De hecho se había planteado ya durante la revolución artiguista, antes de la independencia nacional. En septiembre de
1815, Artigas dictó un bando sobre la "organización del comercio y fomento de las industrias", mientras, paralelamente, procedía reglamentar la distribución de las tierras reales y de los
"malos europeos y peores americanos".
El esquema artiguista preveía la inserción de Uruguay - en
ese entonces la Banda Oriental - en un hinterl.and regional más
amplio, que comprendía parte de los países que actualmente integran la cuenca del Plata.
5.- Revista de la Asociación Rural del Uruguay, 1874. No. 30, pp. 86 a 88.

R. ]acob: polftica industrializadora en Uruguay 143

El "Reglamento Provisional de Derechos Aduaneros que deberán establecerse en los puertos de las Provincias Confederadas" contemplaba el desarrollo artesanal forjado en el período
colonial, estableciendo la libre introducción de "máquinas" y
un arancel aduanero protector, que discriminaba la importación de algunos productos elaborados en la región.
Las leyes aduaneras dictadas en 1833 (presidencia de Rivera,
posteriormente reconocido como fundador del Partido Colorado) y 1837 (presidencia de Oribe, su antagonista y líder del
futuro partido opositor, el Nacional), aprobadas en los primeros
años de la independencia nacional, gravaban la importación mediante una tarifa diferencial. La de 1837 estableció la libre importación de máquinas y un derecho mínimo para materias primas (hierro en barras, maderas), herramientas y carbón mineral.
Aunque ambas, al igual que la dictada en la época de Artigas,
también afectaban productos de consumo masivo, como yerba y
tabaco, evidenciando que no estaban exentas de sentido fiscal,
es decir, de la necesidad de recaudar rentas para el funcionamiento del aparato estatal.
De todos modos, útil es señalarlo, sobre todo si se considera
que a partir de 1861 otro presidente de origen nacionalista o
blanco daría su consentimientos a una legislación inspirada en el
librecambismo, la idea de proteger y estimular la actividad
manufacturera encontraría defensores - y detractores - en ambas colectividades tradicionales, en los primeros grupos políticos que se desarrollaron en el país.
En 1875, por impulso de don Andrés Lamas, Ministro de
Hacienda vinculado al Barón de Mauá y a los círculos intelectuales porteños, se dictó la que tradicionalmente ha sido considerada como la primera ley proteccionista, quizás atendiendo a
que clausuró los casi tres lustros en que la doctrina oficial miró
con simpatía -mitigada en ocasiones- los principios librecambistas6 .
6.- Hasta la fecha la investigación histórico no ha encarado un estudio comparativo pormenorizado y detallado de la legislación aduanera, que separe los mitos de las realidades.

�144 Siglo XIX

Cuatro años después, en 1879, un grupo de artesanos, talleristas, periodistas y defensores de la necesidad de desenvolver la
actividad manufactureras, fundan una institución que los agrupa: la Liga Industrial.
Desde las páginas de su órgano de expresión, la entidad efectuó una activa campaña en apoyo al desarrollo fabril del país,
concientizando acerca de la necesidad de afianzar un amplio
espectro proteccionista que sirviera de base para la futura evolución industrial del Uruguay.
Las ideas difundidas muestran por lo pronto un planteo coherente. Relevaron la nómina de artículos importados que se_
podían fabricar en el país: desde galletitas y jamones a cerveza
y queso; pasando por almidón, manteca, dulces, chocolates y
aguardiente. 7
Enumeraron las dificultades del mercado: el consumidor
prefería el artículo importado al nacional; la mano de obra especializada era escasa y cara; existía dependencia del exterior en
materia prima; se advertía la falta de equidad en los derechos de
aduana e introducción al país de unos productos por otros, burlando la vigilancia aduanera.
Proclamaron la nobleza y dignidad del trabajo industrial, cuyos
resultados eran "una ocasión de gloria más grande, más segura
que la que pudieron procurarnos nuestros famosos caudillos con
todas sus hazañas militares". 8
Exaltaron el valor de la técnica y admitieron la necesidad de
adquirir y aprovechar "toda máquina nueva, todo invento que
7.- A partir del 4 de abril de 1880 la institución comenzó a editar un semanario
denominado Liga Industrial, que en septiembre de 1881 adquirió el carácter de
diario con el título de La Liga Industrial, diario independiente.
De ambas publicaciones hemos extraído los fragmentos transcriptos.
8.- Sobre la ideología industrialista véase: RODRIGUEZ VILLAMIL, Silvia, Unantecedente del esp(ritu de empr~a: el industrialismo, en MOURAT, O. et al,
5 Perspectivas Históricas del Uruguay Moderno, Montevideo, Fundación de
Cultura Umversitiria, 1969; y JACOB, Raúl, El empresario :r la pol(tica proteccionista en el Uruguay: el caso de la Liga Industrial (I 879-1885), suplemento
dominical de El ])(a , 6 y 13 de agosto de 1978.

R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay 145

pueda ser propuesto para nuestra industria".
Atacaron al comercio importador y al capital especulativo,
entendiendo que la concordia entre el comercio y la industria
era posible en los países industrializados en que la actividad
mercantil abastecía al mercado interno y externo de productos manufacturados por el sector fabril. La realidad uruguaya era otra: la naciente industria debía luchar por erradicar los
productos extranjeros comercializados por el comercio importador.
Llamaron la atención sobre la necesidad de atraer inversiones hacia el sector manufacturero, reconociendo su debilidad.
Comba.tieron la idea, tan cara a algunos librecambistas, que el
comercio era el único elemento de riqueza para una nación.
Entendieron que la única fuente de riqueza era el trabajo interno, atacando uno de los más insistentes argumentos librecambistas (¿para qué producir en el país lo que se puede importar más barato desde el extranjero?).
Admitieron las ventajas de la teoría del libre cambio para
los países industrializados, pletóricos de crédito, cuyos productos se esparcfan por los mercados extranjeros.
Se definían - aceptando desglosar el liberalismo en sus
vertientes política y económica - como liberales en la "pura y
grande acepción de la palabra"; " Libertad es para nosotros vida, labor, actividad, progreso".

Coherentes con sus postulados políticos eran partidiarios
de la concordia social y de la protección a Jos más necesitados:
El trabajo se funda con protección a las pequeñas industrias; el
trabajo se garante aplicándolo a la tierra, haciendo que ésta sea
pronto y fácilmente adquirida en propiedad por el trabajador.

Eran concientes del papel que debía jugar el sector agropecuario, piedra angular del comercio exterior del país, en la estra-

�146 Siglo XIX

tegia de industrialización:
El aumento del número de propietarios, y por consiguiente de trabajadores de la tierra, nos dará: primero el hábito del orden, luego el saldo de riquezas que nos hacen falta para cumplir nuestros
compromisos de Nación ...

4. LA LIGA INDUSTRIAL COMO GRUPO DE PRESION
La fundación de una entidad gremial con la finalidad de
asumir representación y el impulso del sector fabril se inscribe
en un marco más amplio. En efecto, la década del setenta vió
nacer importantes grupos de presión: la Asociación Rural en
1871, la Cámara de Comercio en 1875, la Liga Industrial en
1879.
Si se piensa en el "Gremio de Hacendados" de la época colonial se puede colegir que para algunas actividades existieron
antecedentes previos. Y si se extrema el razonamiento se podría inferir que poco es lo que nace y mucho lo que se recrea.
Sin embargo, estos grupos de presión - al igual que los que
surgen en la segunda década del siglo XX (Cámara de Industrias
y Federación Rural, en 1915)- se originan en períodos en que el
Estado intenta impulsar un modelo económico y en que los diversos grupos económicos se diversifican, y en consecuencia se
diferencian o comienzan a diferenciarse en sus intereses.
Esta separación puede ser externa a la actividad, o puede
darse en el interior. En ambos casos debemos subrayar que no
es homogénea y que existen múltiples puntos de contacto, además de las posturas antagónicas que se perciben superficialmente.
La Liga Industrial fue fundada en marzo de 1879. Al revés
de la Asociación Rural, que se originó en las postrimerías de
una guerra civil con la . finalidad de lograr la pacificación del
país e imponer su modelo - lo que requería del Estado una

R. Jacob: po/(tica industrializadora en Uruguay 147

serie de medidas coercitivas -, nació años después de aprobarse
leyes tendientes a aumentar el grado de protección a la industria, y meses antes de que se lo disminuyera.
Entre sus fundadores se encontraron representantes de las
colonias española, francesa e italiana; artesanos y talleristas; periodistas e incluso el director de una planta elaboradora de
carnes conservadas, que comercializaba su producción en el exterior.
Los estatutos del nuevo organismo precjsaban sus cometidos: propender al desarrollo de todos los ramos de la industria nacional a fin de utilizar las materias primas producidas por
el país y asegurar el bienestar de los artesanos.
Especial cuidado se tuvo en declarar prescindencia de toda
actividad política y en evitar el embanderamiento religioso.
De acuerdo a la nómina de socios que publicó el periódico
Liga Industrial (edición del día 18 de abril de 1880), de 96

adherentes, 300/o de los apellidos eran de origen italiano,
30% de origen español (con gran proporción de catalapes),
20% de franceses y 4% de alemanes.
Ello refleja, como no podía ser de otra forma, el papel de
la inmigración en el desarrollo económico del país9 •
~ o todas las actividades representadas eran tipificables como fabriles: se incluyeron tipografías, casas de fotografías,
sastrerías, etc. o figuraban los saladeros, principal industria
vernácula. Pero sí formaron parte de los registros sociales de la
entidad las principales manufacturas del período.
9 ..- La importancia de la inmigración también era relevante en el mercado de trabajo. En 1898, el 52º/o del personal de la Usina Eléctrica de Montevideo era de
origen extranjero. La sección "Administración" era la dnica a cargo exclusivamente de uruguayos.
(MEDINA VlDAL, Marcos, Reseña histórica de la UTE, Org. Medina, Segunda
Edición, 1952, pp. 205-210).

�148

SigloXIX

El grueso de estos talleres eran pequeños establecimientos
caracterizados por un bajo nivel tecnológico, abundante empleo de mano de obra y de materia prima nacional, los más
modernos dotados de maquinaria a vapor10 .
Sus propietarios tenían el capital invertido en sus manufacturas: de acuerdo a la nómina de contribuyentes al pago
de la contribución inmobiliaria de 1870-1880 en \Jontevideo,
únicamente el molinero Santiago Gianelli tenía propiedades por
un valor superior a los cien mil pesos (veintiún mil libras esterlinas)11.
Es que el origen de estos inmigrantes, o hijos de inmigrantes, fu~ en la mayoría de los casos muy modesto .. Así Julio
Mailhos que se transformaría en el zar de la industria de tabacos, trabajó en una armería f-undada por su padre, cerrajero de
profesión. Carlos Anselmi, que comenzó a trabajar a los doce
años, fue primero panadero hasta que por evolución de su establecimiento fundó una fábrica de galletitas.
La integración del consejo directivo de la Liga Industrial
reflejaba la diversidad de actividades que fueron englobadas
bajo el rótulo de "industrias". Entre sus directivos figuraron
un litógrafo, un hojalatero, y un pintor.
Apoyaron a la entidad profesionales liberales, periodistas,
hombres de letras. Paralelamente, desde la Cátedra de Economía Política de la Universidad, se difundía y propagandeaba la
doctrina proteccionista.
Este apoyo intelectual contrastó con el escaso éxito que la
institución habría tenido entre los propios interesados: en
10.- Una nómina de las principales industrias en 1887-1888 establece la potencia
de los motores entre 12 y 80 HP., y el número de obreros entre 18 y 100.
(En base a WONNER, Esteban, De las industrias y del desarrollo industrial en
la República Oriental del Uruguay y especialmente en Montevideo, Montevideo, 1888).

R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay

149

1885 la Liga Industrial estimó que representaba a la vigésima
parte de los que desarrollaban actividades manufactureras en
Montevideo.
Recién ese año se intentó constituir filiales en el interior
del país, con la finalidad de darle impulso nacional. 12

5. LA "LIGA INDUSTRIAL" Y LOS OTROS GRUPOS DE
PRESION.
. La Liga debió convivir con otros grupos de presión empresanales, coetáneos a ella y - dado el escaso peso en la estructura productiva de· talleristas y artesanos -, mucho más poderosos en los intereses que representaban.
. Ya al nacer sufrió la hostilidad de la prensa librecambista,
VIJ1culada al alto comercio importador.
Como escribió La Reforma:
( ...) esa cla~ de corporaciones industriales no merece el apoyo
de la pre~sa liberal porque sus tendencias no son otra cosa que el
mon_opoho de uno o más gremios contra la mayoría de los consumidores y contra la concurrencia que es bello ideal en materia de
interés público ... 13

El sector mercantil era poderoso y su importancia no sólo
se asentaba en el abastecimiento de alimentos combustibles
'
vestimenta, maquinaria y materias primas al mercado
nacional.'
El puerto de Montevideo, y los de las ciudades litoraleñas de
Paysandú y Salto, mediante la modalidad del "comercio de
~ánsito,", servían al hinterland platense: la mesopotamia argentina, Rio Grande del Sur en Brasil y Paraguay. El comercio regional - tanto el de importación como exportación - eran en
parte canalizados - y en ocasiones financiado - desde Uruguay.
11, 12, Y 13.- JACOB, Raúl, Breve historia de la industria en Uruguay Montevideo
Fundación de Cultura Universitaria, 1981, pp. 44 y 45.
'
'

�150

Siglo XIX

Y si bien la industria sustitutiva de importaciones era más un
peligro potencial que real, el librecambismo combatió la doctrina proteccionista - que era la que podía, desde el Estado, favorecer el desarrollo de una actividad que se sentía como enemiga.
Con la Asociación Rural, que encamaba a otro grupo relevante, el de los productores rurales modemizantes, las relaciones
fueron más matizadas. Por lo pronto, siguiendo un esquema tradicional, se podría inferir que por constituir el sector agroexportador eran librecambistas a ultranza. Sin embargo, la realidad también muestra, además de blancos y negros, grises.
La legislación aduanera de inspiración liberal adoptada en
1861 liberó de impuestos a la importación de alambres y de toda máquina que fomentase la vialidad, la agricultura y la industria. Pero en 1870 se introdujeron algunas modificaciones en
la Ley de Aduana vigente desde 1861, por las cuales pasaron a
pagar el cinco por ciento de impuesto las maderas, los flejes,
el alambre para cercos, etc. 14
Retomar al sistema anterior, al que protegió la libre importación del alambre para modernizar la explotación rural, fue
una necesidad sentida por los dirigentes rurales. Y ella fue contemplada por la misma ley de aduanas, la de 1875, que introdujo una escala impositiva diferencial' en beneficio de algunos
productos que se fabricaban en el país, o que había interés en
estimular.
F,s decir que en el apoyo al renaciente proteccionismo,
productores rurales y talleristas y artesanos se encontraron en
1875.
Pero había otra área de contacto. En principio el esquema
productivo que habían elaborado los ideólogos de la Rural in14.- LAMAS, Mario y PlOTTI de LAMAS, Diosma, Historio de la industria en el
Uruguay (1730-1980), Montevideo, Cámara de Industrias del Uruguay, 1981,
p. 62.

R. Jocob: polftico industriolizodoro en Uruguay

151

cluía a la industria sustitutiva de importaciones que empleaba
materias primas agrarias. Y dada la evolución industrial del
país, en que pequeñas plantas trataban de competir con galletitas, harinas, jamones, zapatos, muebles, velas, fósforos y
otros artículos importados, es fácil advertir que también compartían con el agro la posibilidad de acceder al mercado interno, en constante crecimiento desde hacía años por la permanente afluencia de los inmigrantes.
Además, la elevación de los derechos de aduana - como lo
han señalado Barrán y Nahum - proporcionaba de inmediato
más recursos al Erario, liberando como fuente impositiva a la
actividad ganadera. 15
.Sin embargo esta coincidencia sería coyuntural: la clase alta rural era consumidora, y como tal, ella y sus asalariados sufrían por el aumento del-costo de vida que producía la legislación proteccionista; y por otra parte, discriminar la importación de productos podía llevar a que los mercados consumidores de la producción exportable uruguaya, en represalia, adoptaran idénticas medidas.
Lo cierto es que en 1880, en un artículo titulado "No existe tal antagonismo", desde la revista de la Asociación Rural se
desmentía la oposición a la Liga Industrial, "pues todas las industrias, sin excepción, que existen en el país, son elementos
de su prosperidad"16 .
La Liga Industrial recibió la solidaridad de industrialistas
de Buenos Aires. El planteo no deja de llamar la atención. En
El Industrial de Buenos Aires se habría publicado un artículo,
transcripto por un diario montevideano, en el que para salir
"de la abyección y servidumbre a que los sujetan las corruptoras doctrinas de \lanchester" se hablaba de la creación de una
liga aduanera o ZoUverein entre Argentina, Brasil y Uruguayl7.
15.- BARRAN, J.P. y NAHUM, B. Historio roro/ del Uruguay moderno, Montevideo, Banda Oriental, 1971, Tomo 2, pp. 390-391.
16.- Revisto de la Asociación Rural del Uruguay, 1880, No. 23, pp. 65ü-651.

�152

Siglo XIX

R. ]acob: política industrializadora en Uruguay 153

le sumaban otros adicionales) la importación de mercaderías19 .

6. LA LEGISLACION PROTECCIONISTA
En 1875, cuando el país sufría las consecuencias de una
grave crisis mundial, se reformula la política de protección a las
manufacturas nacionales, parcialmente abandonada durante la
gestión del librecambista Villalha, (1861 ) 18 .
Será obra de otro ministro de Hacienda don Andrés Lamas
.
'
'
qw~n ya en 1836 ~ahía elevado su voz en apoyo a la industria
nac10nal. _Lamas vmo ~esde Buenos Aires llamado por Pedro
Varela, dictador que inauguró el ciclo autoritario conocido
como_"m~litarismo" (1875-1886), en momento que la capital
portena :'1v:fa el choque de ideas e intereses, las discusiones y
debates, impulsados por un selecto grupo de teóricos del industrialismo. Fue Lamas además amigo, consejero y colaborador del
empresario brasileño Irineo Evangelista de Souza, Barón de
Mauá.
.

La legislació_n d~, 1875 tuvo dos objetivos: favorecer el proceso de modem1zac10n rural, y proteger e impulsar el desarrollo
fabril. ~ro e industria no eran antagónicos, sino partes complementanas de un modelo armónico.
. Se_decre!ó la libre importación de alambre para cercar, maqumana agncola, máquinas a vapor de más de un caballo materias primas y envases para la industria.
'
Se creó un arancel aduanero ·discriminatorio y diferencial
que gravaba con impuestos del 10 al 90% (en algunos casos s~
17.- Tran~~pto por La Tribuna Popular de Montevideo, 2 y 3 de enero de 1881.
18.- El Ministro de Hacienda don Tomás Villalba al defender en el Parlamento su
proyecto de ley de Aduanas en 1861 expresó que "la Aduana no es un medio
apr~piado para pr~teger industrias, y sólo debe considerarse como un medio
fácil para pr~por_monar re_cmsos al Erario Póblico". En la ocasión triunfo un
proyecto sustitutivo, que mstauró un sistema mixto, hl&gt;eral y pro1eccionista a la

vez.

(9UINTEROS DELGADO, J., La industria y el Estado en el U"'8U&lt;Jy Montevideo, García, 1926; pp. 83 a 85).
'

En 1877, segundo año del gobierno del coronel Lorenzo
Latorre (1876-1880), se liberó del pago de derechos de aduana
a la importación de carbón mineral. 20 .
En 1879 Latorre redujo a la mitad lo que pagaban los derechos de importación a que se referían las leyes aduaneras, con
excepción de los artículos exonerados que pagarían el 5% 21 .
Lo fundamentó en "el malestar económico que afecta ·a todas las clases". Con posterioridad, especialmente entre los años
1880 y 1883, se restablecieron parcialmente algunos de los recargos aduaneros de la ley de 1875, aunque con un sentido fis.
cal, buscando incrementar los ingresos del Estado.
En 1886, casi al finalizar el gobierno del general Máximo
Santos (1882-1886), se va a aprobar una nueva ley proteccionista.
La Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes,
que había canalizado una inquietud del Poder Ejecutivo de
aumentar los impuestos aduaneros, dio forma al proyecto de
ley, acompañándolo de una fundamentación proteccionista y un
soporte doctrinario que incluyó citas de las más variadas, desde
Thiers a Stuart Mill.
Decía el informe:
No nos basta dar facilidades para la exportación de nuestros productos rurales, sino que también es menester a la vez desenvolver las industrias urbanas, condición indispensable para el aumento de la población y el mejor aprovechamiento de la agricultura
19.- ALONSO CRIADO, Matías. Colección legislativa de la Repdblica Oriental del
Uruguay, 1875, Tomo IV, pp. 303-308.
20.- LAMAS-PIOTil de LAMAS, op. cit., p. 73.
21.- ALONSO CRIADO, op. cit., 1879, Tomo Vl (Apéndice II), p.1 61.

�R. Jacob: polftica industrializadora en Uruguay

154 Siglo XIX
y la ganadería.22

Entre los integrantes de la citada comISion legislativa se
encontraba el hijo del promotor de la ley de 1875, Domingo
Lamas, asesor económico y financiero de varios ministros de
Hacienda de ambas márgenes del Plata.
La ley aprobada en julio de 1886 establecía un derecho general del 30,50/o sobre su avaluación a todas las mercaderías de
procedencia extranjera a introducirse en el país.
Pero además fijaba excepciones mediante una escala diferencial que iba del 60/o (carbón mineral y sal de roca) al 51 O/o
(aguardientes, tabacos, etc.). Postes y alambres para cercos, maquinaria agrícola, máquinas a vapor para la industria, algunas
materias primas , pagaban el 8% de impuestos.
Se establecía que la comisión avaluadora de la mercadería a
introducirse estaría integrada por funcionarios aduaneros y un
número igual de comerciantes elegidos por el Ministro de Hacienda.
Esta ley, si bien adoptaba un derecho general, además de los
diferenciales, no conformó al sector mercantil (por su· fundamentación proteccionista), a los ganaderos (porque agravó algunos de los rubros imprescindibles para la modernización rural), a los saladeristas (que debían pagar impuestos por la introducción de sal, materia prima fundamental para la elaboración de tasajo) y a los talleristas y artesanos (a los que no se les
reconocía en la composición de la comisión avaluadora, ni se los
contemplaba en sus necesidades de tecnología y de materias primas).

155

de Representantes, en la que nuevamente estaba presente don
Domingo Lamas, propuso su revisión, presentando un proyecto
de ley - luego aprobado - que ampliaba los alcances proteccionistas de la norma de 1886.
El mismo fue acompañado, al igual que el que lo precedió,
de un soporte doctrinario proteccionista, en el que sobresalía
una mención a las ideas del alemán Friedrich List.
Seguía el informe:
La constitución de una nacionalidad y de una independencia
económica está en el poder industrial propio, es decir, en los medios que tenga un país de desarrollar de un modo armónico sus
fuerzas productivas y de ensanchar y multiplicar los empleos del
trabajo nacional, así como las inversiones fijas del capital ... 23

El proyecto fue aprobado a comienzos de 1888 con estas
innovaciones:

1) El derecho general se aumentó en un medio por cien to,
de 30.5 a 31 O/o.
2) La escala diferencial se mantuvo entre el 6 (carbón mineral y _sal) y el 51 %.
Aguardientes, tabacos y otros artículos pagarían derechos específicos (por litro, quilo, metro, etc.) en lugar
de los ad valorem vigentes.
3) Se estipulaba la libre introducción de maquinaria para
la industria y el agro, posUs y alambres para cercos, envases de vidrio y algunas materias primas.
4) Se ampliaba con dos industriales, elegidos por el \linistro de Hacienda, la comisión avaluadora, encargada de
fijar el costo de la mercadería extranjera sobre el que se
aplicarían los impuestos.

En octubre de 1887, la Comisión de Hacienda de la Cámara
Recién en 1912 se adoptó una ley general que concedió
22.- Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes, 1886, Sesión del 12 de
julio; p. 494 y sigs.

23. Ibídem, 1887, 21 de noviembre, p. 322 y sigs.

�R. Jacob: polttica indU$trializadora en Uruguay 157

156 Siglo XIX

franquicias a la importación de materias primas y maquinaria,
que amplió el espectro proteccionista de ~s~a ley de ~888. En
el interín la legislación aduanera fue casmsbca, atendiendo casos especiales de ramas industriales que había interés en promover.
Toda esta legislación adoleció de múltiples deficiencias. Salvo excepciones no contempló la libre introducción de los combustibles, ni del insumo básico de la principal industria de exportación.
En las ocasiones en que lo hizo con algunas materias primas,
fue en las que se destinaba a industrias que utilizaban p~oductos
del agro (lúpulo para cervecerías, cortezas para curtiembres,
etc.). En cambio maderas y metales en general fueron gravad~s,
al igual que los envases que no fueran de vidrio (maderas, caps
vacías para fósforos, arpilleras, etc.).
\Iuchas veces fue mayor el impuesto pagado por las materias primas que por los productos terminados, caso de la tinta
y el papel frente a los impresos.
Los establecimientos fabriles debían pagar la patente de giro, cuyas tasas fueron aumentadas en 1881. En 1883 fueron
exoneradas de la misma algunas industrias del interior como
lácteos, alpargatas, escobas, farináceos, etc. Pero siguieron vigen tes para las establecidas en Montevideo "donde se concentraba la mayor parte de los establecimientos, capitales y operarios". 24
Además el Estado prefería en sus adquisiciones los productos importados a los nacionales. Algo similar sucedía con el
consumo privado, lo que obligó a los fabricantes a etiquetar
su producción como si fuera elaborada en el exterior, como
vía de acceder al mercado nacional.
24.· LAMAS·PIOTTI de LAMAS, op. cit., pp. 94 a 98.

Capítulo aparte merecería el problema de los aforos. Los
iñdustriales se quejaban de que los comerciantes -hasta 1888
los únicos integrantes del sector privado en la Comisión de
Avalúos aduaneros - fijaban aforos mucho más bajos que los
reales, con lo que desvirtuaban, y en parte eludían, los alcances
de la legislación proteccionista. Es decir que los porcentajes de
los impuestos no se calculaban sobre el precio del mercado de
los productos, sino sobre el ficto oficial. En consecuencia el
grado de efectividad de la protección arancelaria estaba determinado por los precios mundiales.25
7. POLITICA Y ESTADO
El protagonismo político de un sector importante de talleristas y artesanos estaba en buena medida limitado por su condición de extranjeros: por disposiciones constitucionales no podían ser ni electos ni electores. Resulta sugestivo que El Telégrafo Marítimo, periódico que en general reflejaba los intereses
mercantiles, publicara en 1882 un artículo titulado " aturalidad forzosa".
En él advertía:
La mitad de su propiedad raíz (la de Uruguay) pertenece a extranjeros. Las tres cuartas partes, o quizás más, de las patentes
en giro las pagan extranjeros. Ellos tienen la industria y el comercio y figuran entre los primeros en la producción. Son el
combustible de la máquina política y el agua con que se forma
el vapor que mueve sus ruedas. Y esa masa de población que indudablemente es la más interesada en la cosa pública, está impedida por la ley de tener voto y voz en ella. ¿Puede estar bien
gobernado un pueblo en esas condiciones? De ninguna manera.26

Dada la inestabilidad política del país, los inmigrantes - en
especial los que tenían algún capital - eran reacios a prescindir
25.- FINCH, Henry, Historia económica del Urugua_y contempordneo, Montevideo,
Banda Oriental, 1980, pp. 89 y 90.
26.· El Telégrafo Marttimo, 5 de mayo de 1882.

�158 Siglo XIX

R . Jacob: po/(tica industrializadora en Uruguay

de su ciudadanía de origen y naturalizarse, ya que comunmente
eran las embajadas y legaciones extranjeras las que reclamaban
los daños y perjuicios ocasionados a las propiedades y pertenencias de sus súbditos.
Pero también había otros factores que conspiraban: en general, el personal político, dominado en buena medida por l~s restos del antiguo patriciado, era proclive a contemplar ~os mter~ses de los sectores económicos más poderosos, es decu, en pnmer lugar los de comerciantes, banqueros y saladeristas, y luego
los de los ganaderos.
Expresaba en 1880 la Revista de la Liga Industrial:
Bastaría echar una ojeada sobre la condición social de tod:18 las
personas que han desempeñado empleo públicos en la capit:11 Y
en los departamentos, lo mismo que en las bancas de leg1~ación en todas las épocas, para reconocer que la clase mdustnal
ha ~do siempre postergada o eliminada de toda ingerencia en la
administración de la cosa pública y relegada a·un verdadero y hu· 27
.
miliante vasalla1e.

!ª

Existieron excepciones que sirven, _como es habitual, para
confirmar la regla.28
.Marginados de la administración del Estado, estos talleristas
y artesanos buscarían insertarse en el sistema político con su

grupo de presión.
Para ello contarían con un aliado inestimable: los gobiernos
de fuerza que se sucedieron entre 1875 y 1886. Los militares en
general acceden al poder con un progr~ma muy escueto, que se
resume en dos palabras: orden y moralidad. Pero como con orden y moralidad no se resuelven las crisis socioeconómicas y políticas que interrumpen la paz de los cuarteles, deben aplicar
27.- Citado por LAMAS-PI OTTI DE LAMAS, op. cit., p. 86.
28.- Tal el caso del diputado Pablo Varzi'. fmnllflte en 1886 y 18~7 _de los proyectos
de ley proteccionistas. En 1887 Vam fundo una bodega, presidiendo en 1899 el
segundo Consejo Directivo de la Unión Industrial Uruguaya.

159

recetas elaboradas por otros. Es así que Varela y Latorre impulsan el modelo de la Asociación Rural, colmando en parte también las aspiraciones de talleristas y artesanos.
La Liga Industrial nace meses antes de producirse la desaceleración del impulso proteccionista (1879) y en intentar revertir la situación empleará gran parte de sus energías.
Su acción se verá beneficiada por la aceptación del proteccionismo por parte de sectores ilustrados, dependientes de las
ideas elaboradas en los centros hegemónicos mundiales. Es así
que don Carlos María de Pena, de cepa patricia, hace del proteccionismo la doctrina de la cátedra de Economía Política de la
Universidad de Montevideo, centro formador de buena parte del
personal político.
Por otra parte algunos profesionales liberales que adhirieron
a la institución sirvieron de nexo con el Estado, o asesoraron a
sus integrantes sobre asuntos que por su natural especificidad
o complefidad convenía que no fuesen asumidos pÓr sus integrantes.
La Liga Industrial también buscó adherentes en el personal
político, estrategia que podía ser eficaz para contrarrestar su
falta de representación: en 1884 fueron incorporados como socios activos el diputado Urbano Chucarro y el senador Agustín
de Castro.29
Junto con ellos ingresaron una brillante pléyade de abogados y periodistas, algunos de ellos ex-legisladores: Juan Carlos
Blanco, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos María de Pena, Carlos María y José Pedro Ramírez.
Desde sus inicios la Liga se empeñó en obtener mejoras y
beneficios para la industrial nacional. En 1881 difundió un

�160 Siglo XIX

proyecto de ley protecciorústa, elevando el arancel aduanero para algunos productos. Lo acompañó de una profusa propaganda y un detenido análisis comparativos con la realidad argentina.
La iniciativa, que despertó una viva polémica, no prosperó pero
sirvió de aliciente para otras similares, como la del entonces
Mirústro de Hacienda Juan Llndolfo Cuestas.
Sugestiva resulta la campaña que debió desplegar para asegurar la presencia de la industria uruguaya en la Exposición
Continental de Buenos Aires, en 1882.
A principios de 1880 el gobierno uruguayo aceptó la invitación para concurrir, nombrando una comisión integrada en
parte por miembros de la Asociación Rural, la que aconsejó
desistir del certamen.
La Liga Industrial solicitó al gobierno apoyo económico
para hacerse presente, entendiendo que éste, "por consejo de
una asociación de ganaderos", privaba a los productores mostrar los logros de las manufacturas uruguayas. La respuesta
oficial fue que la Confederación Argentina nunca sería mercado
consumidor para los productos uruguayos, similares a los que
ella producía.
Se entabló una polémica con la Asociación Rural, y la Liga
Industrial se quejó públicamente que a sus miembros se les había tildado despectivamente de "extranjeros". 30
La Liga decidió concurrir por sus propios medios, llegando
incluso a organizar espectáculos públicos para recaudar fondos.
A comienzos de 1882, cuando ya era segura su asistencia, el
Gobierno decidió apoyar sus esfuerzos.
Este episodio es elocuente: la Liga Industrial no accedió en
este período a los resortes imprescindibles para la aplicación de
29.- El Telégrafo Marítimo, 11 de marzo de 1884.
30.- JACOB, R. op. cit., pp. 48 y 49.

R. ]acob: política industriali:i:adora en Uruguay

161

una política proteccionista. Ella quedó librada a las decisiones
de los admirústradores del Estado.
Así, pese a la intensa campaña periodística, la Comisión de
Avalúos no fue integrada con representantes de la entidad. Y
esta era clave, ya que fijaba el precio de la mercadería extranjera sobre el que aplicaban los impuestos aduaneros.
A fines de 1884, la Liga pidió la reforma de la Ley de Aduanas, solicitando su representación en la Comisión de Avalúos. 31
La misma no prosperó, pero con mucha sagacidad los directivos de la institución difundieron su intención de reformarla,
transformándola en " Liga Industrial y Comercial"32
La ley aduanera de 1886 repitió la tradicional integración
de la Comisión de Avalúos. La de 1888 introdujo la representación de los industriales, pero, al igual que lo que acontecía
con los comerciantes, la elección no la hacían las gremiales empresariales sino el Poder Ejecutivo. Eran pues representantes de
la actividad y no de los grupos de presión.
Hacia esa fecha la actividad de la Liga Industrial decae, hasta desaparecer como institución. Muchos de sus hombres fundarán en 1898 la Unión Industrial Uruguaya, que ha sobrevivido hasta nuestros días. Para entonces, la realidad había cambiado.
En 1903 el gobierno reconoció a la Unión Industrial como
interlocutora en toda cuestión referente a la industria fabril y
a las tarifas de aduana con ellas relacionadas.
Hab(a triunfado el grupo de presión. Porque, como se los
habfa hecho notar en 1885 El Telégrafo 1"1arítimo,
31.- El Telégrafo Mar(timo, 4 de diciembre de 1884.
32.- ldem, 15 de diciembre de 1885.

�162 Siglo XIX
las fuerzas aisladas de los hombres trabajadores, no son de peso
ni ejercen influencia alguna en el sentido de mejorar ias situaciones violentas a que con frecuencia se ven reducidos por los avances de los Gobiernos, mientras que asociados en una sola fuerza
común, llámese "La Liga Industrial" o como quiera que se llame, contrarrestan esos mismos avances, y hacen prevalecer con
el ejercicio colectivo de las acciones que a su vez consagran las
leyes, los derechos de que necesariamente tienen que vivir asistidos en las relaciones del Estado y el individuo.33

R. Jacob: pol(tica industrializadora en Uruguay

163

V) La institución no representa los intereses de la principal
industria de exportación (cárnica) y tiene escaso peso: no logra
alcance nacional y en la capital consigue la adhesión de un quinto de los establecimientos existentes.
VI) La calidad de extranjeros de parte de sus miembros, y la
no naturalización, le impiden tener representación política. La
Liga busca la adhesión de políticos y profesionales universitarios como vía de suplir esa carencia.

8. A MA ERA DE FI AL
I) Coincidiendo con el desarrollo capitalista del país, y el aumento de su grado de inserción en el mercado mundial, en los
años setenta del siglo pasado se crean grupos de presión representativos de diversos intereses económicos: comercio importador, productores rurales modernizadores, sector fabril.
II) Los gobiernos autoritarios que se suceden (1875-1886),
en especial los del período 1875-1880, impulsan el modelo económico patrocinado por la Asociación Rural que busca introducir técnicas de explotación capitalistas en el campo, y que no
excluye el desarrollo de industrias de hase agraria, abastecidas
con materia prima nacional.
III) La decisión de proteger a la industria nacional, y poner
fin al anterior ciclo de inspiración librecambista, se origina en
el Estado y es previa al nacimiento del grupo de presión representativo del sector.
IV) La Liga Industrial es creada pocos meses antes de producirse el desaceleramiento del impulso proteccionista, por talleristas y artesanos en buena medida extranjeros, identificados
socialmente con las capas medias, orientados a la sustitución de
importaciones elementales (alimentos, vestimenta, mobiliario,
envases, etc.).
33.- ldem, 27 de junio de 1885.

VII) No logra acceder a los resortes administrativos claves para vigilar, controlar o impulsar una política proteccionista. En
cambio es eficaz en la prédica ideológica, favorecida por el
auge de la difusión de la doctrina proteccionista en Europa, y su
aceptación por sectores letrados nacionales.
VIII)·En 1888 el Estado reconoce a la actividad pero no al grupo de presión al aceptar modificar la composición de la Comisión de Avalúos de la Aduana, integrándola con "industriales".
IX) Parte de las limitaciones que encontraron estos talleristas
y artesanos se explica por el origen de la industria sustitutiva de
importaciones uruguaya: en general obra de artesanos e inmigrantes modestos, o de pequeños capitalistas.
X) Las sucesivas leyes proteccionistas, a pesar de sus limitaciones, de sus carencias y falencias, permitieron el desarrollo
industrial, favorecido además por el permanente crecimiento del
mercado de consumo y las coyunturas críticas mundiales.
XI) En 1898 surge una nueva entidad representativa de los
sectores industriales, que sustituye a la nacida en 1879. En
1903 logra ser reconocida por el Estado como interlocutora.
Para ese entonces la situación ha cambiado. Muchos de los
pequeños establecimientos logran expandirse, y surgen otros
nuevos.
Por otra parte este sector social emergente comienza a im-

�164

Siglo XIX

En Busca de la Prosperidad y la Riqueza:
Yucatán a la Hora de la Independencia

bricarse con el viejo patriciado, que fue durante décadas el tradicional proveedor del personal político.

XII) El nacimiento de la Liga Industrial se inscribe en la ~arga
lucha de los grupos de presión por intensificar su protagomsmo
e integración al sistema político, por forjar nue~os mecani~~os
de representación, por participar en la formulación de pohticas
y limitar el creciente poder del Estado.

Alejandra García Quintanilla*

1\ TRODLCCIO\!

Esa hora llegó en 1821 y sin guerra. Por entonces ya se hablaba del progreso, pero se trataba de un progr&lt;&gt;so más parecido
a la prosperidad y a la riqueza, es decir, más dieciochesco que
el estruendoso pro¡T.reso que propiamente caracterizó al siglo
XIX. Por aquel tiempo, los políticos, los ilustrados y por supuesto los comerciantes, tenían más fe en el comercio y en su
libertad que en la tecnología. Sin duda el régimen colonial había propiciado el poco respeto que por la cronología manifesló ) ucatán durante la primera mitad del diecinueve -tan dieciochesca según veremos. Curiosamente la lndependcncia llega
a \ ucatán también para avivar la disputa por la libertad comer_cial, por un liberalismo entendido tan solo como Laissez-fairP y,
aún eso, con muchos aseguncs.
Se trata ahora de un intento por aproximarnos a la sociedad
yucatcca a partir del proyecto económico vigente al momento
de la Independencia. l,n proyecto que matizará la peculiar forma en que el estado se integra a la nación ) , también, en el posterior desmembramiento de la provincia yucateca. \1 despuntar
el sie;lo, la provincia se hundía más allá de los actuales límites
nacionales con Guatemala y Belice. Para 1858 se separa el distrito de Campeche, erigiéndose en estado de la federación. En
1901, el general Ignacio A. Bravo y los coroneles Victoriano
* Departamento

de Estudios Económicos y Sociales del Centro de Investigaciones
Regionales de la Universidad Autónoma de Yucatán.

�A. Garc(a Quintanilla: Yucatdn a la hora de la Independencia

166 Siglo XIX

Huerta y Aureliano Blanquet toman la ciudad de Chan Santa
Cruz, proclamando la derrota de los mayas sublevados desde
1847, y posibilitando la creación del territorio de Quintana
Roo en 1902. Hoy día el estado de Yucatán ocupa menos de la
tercera parte del territorio que por aquellos tiempos le correspondía: la península entera.

l.
En julio de 1824, el brigadier general Antonio López de
Santa Arma informaba sobre su gestión en Yucatán al primer
secretario de Estado:
Hace dos meses que estoy en posesión de la comandancia general de este Estado, y no he podido pisar hasta ahora sino sobre
terreno movedizo: creo que el suelo firme en que debo sentar el
pié se halla muy distante. . . o hay duda, el conflicto es grande.
Yucatán en mi imaginación se presenta como la bomba arrojada
del mortero próxima a reventar. 1

Santa Anna entendía muy bien los distintos niveles de un
grave conflicto. La amenaza era guerra civil, desmembramiento
del territorio que ya se consideraba nacional, y si Yucatán se
iba, se dejaba a descubierto un flanco que resultaría muy atractivo para otras potencias: desde Cuba acechaba España; desde
Walix (ahora Belice), Inglaterra ;y desde la Florida, Estados Unidos, que recién estrenaba doctrina Monroe. Todo empezaba en
un conflicto añejo entre :\&gt;lérida, ~apital del estado, y Campeche
su puerto principal. La decisión del Congreso Xacional de declarar la guerra a España (1823) había agudizado la p~na que tenía por base dos tradiciones comerciales y dos proyectos econól. Oficio del General Santa-Anna de 9 de julio de 1824. En~ Memoria sobre la conveniencia, utilidad y necesidad de erigir constitucionalmente en Estado de la
Confederación Mexicana el Antiguo Distrito de Campeche, presentada al soberano congreso de la Unión y dirigida a las honorables legisjaturas de los estados
en agosto de 1861 por los ciudadanos Tomás Aznar Barbachano y Juan Carbó,
diputados al congreso de la Unión por el nuevo estado de Campeche, México,
Imprenta de Ignacio Cumplido, 1861, p. 9.

167

micos. Dejemos a Santa \nna desarrollar su análisis:
La declaratoria de la guerra a España ha sido aquí el problema o
la caja de Pandora, que lanza males abriéndose. Ella se ha lomado por pretesto para dividir y poner en movimientos tumultosos a este pacífico país, cómo se ha logrado ¡Qué desgracia! ningún otro de los confederados los han sufrido con este respecto ó
convencidos de la última justicia con que se decretó, o porque
su industria o comercio nada sufrían, o porque quisieron anteponer el decoro nacional a sus perjuicios públicos y privados.
Lo cierto es que Campeche en contra posición con las autoridades supremas ~e la capital (se refiere a Mérida, capital del estado,
A.G.Q.) adopto la guerra, y para publicarla, depuso primero tumultuariamente de sus empleos a los españoles... por sospechados en connivencia con aquellas, creyendo con esta conducta dar
un testimonio auténtico de su adhesión } total obediencia al gobierno federal. -Resentida la capital de Mérida de un accidente
tan estraordinario, quiso forzar aquella plaza, destacando sobre
ella una _numerosa división al mando de su comandante general,
para obligarla a su obediencia ) castigar a los culpables, por haberse sustraído de las principales autoridades del Estado, operansin su acuerdo; pero nada pudo lograr, y las tropas hicieron su
contramarcha después de un sitio regular, que solo produjo gastos, consternación y desaires .2

ªº

· En el fondo del conflicto estaba la reticencia de ~rida a
cortar con su único vínculo comercial externo: la Isla de Cuba.
Ln víncu]o de reciente creación, logrado apenas en 1814 con la
habilitación de Sisal como puerto menor, pero en el cual los
emeritenses habían puesto sus mejores esperanzas. Campeche
gozaba de una lar¡;?;a tradición como puerto principal que con el
avance del liberalismo español se refornó. Tenía para 1824, un
comercio diversificado entre \"cracruz y Cuba, lo cual al momento de la Independencia le daba un mayor margen &lt;le nacionalismo. Las relaciones entre Mérida, ciudad capital y asiento
del poder político, y Campeche, capital del comercio peninsular, no estaban exentas de roces y fricciones. En medio de una
región casi desprovista de un mercado interno, la primera requería de impuestos y defendía los incipientes vínculos comerciales
2. Op. cit., p. 1O

�168 SigloXIX

A. Careta Quintanilla: Yucatdn a la hora de la fudependencia

externos que apenas empezaba a disfrutar; la segunda, provista
de una importante flota marina y asiento de grandes astilleros'
veía nuevas perspectivas mercantiles. Santa Anna comprendía la
situación con cierta dosis de benevolencia":

169

nutría de los impuestos al comercio. Trató a Yucatán con toda
la "generosidad" que la situación le exigía:

04

Campeche y Mérida, aunque émulas antiguas sin olvidar de una
vez las rutinas, vicios y errores del anterior gobierno, no puedo
negar que cada una tiene sus razones y sus virtudes, aunque bajo
diverso aspecto. Que la primera haya obrado por sus resentimientos con la segunda o por el convencimiento que tenga de que la
guerra no perjudica tanto a su comercio como a Mérida, lo cierto es que debe atenderse a su entusiasmo por la independencia y a
su adhesión al Supremo Gobierno federal de México, pues estos
han sido los púLlicos sentimientos con que se ha manifestado en
el caso.- Que Mérida funde o no su conducta en su indiferencia
por su liJ&gt;ertad, o en sus ideas de negarse a la confederación por
razones que eHa tenga lo cierto es 1¡ue la legislatura )' el gobierno
del Estado demuestran con ex presiones fon&lt;la&lt;las los graves inconvenientes que median para publicarse la guerra, porque p-rivado &lt;le su antiguo comercio con la inmediata isla &lt;le Cuba, se le
escasean enteramente sus fondos para mantener sus necesarias
obligaciones, sin arbitrio de subrogarlos por ser un país pobre como es notorio. Y al mismo tiempo sus naturales caerían en la estrema miseria, por no tener precisamente otra salida, sus producciones y manufacturas, sino para aquellos puertos. 4

Santa Anna intentó mediar buscando la conciliación entre
Mérida y Campeche; abogó porque el gobierno nacional enviara
" un socorro de doscientos mil pesos"; y "permitió" que la suspensión del comercio con Cuba se aplazara hasta 1825. Todo
ello en un intento por suavizar la oposición de \ilérida al otorgarle recursos a la hacienda pública (asentada en 'Vlérida) que se
3. Según Pedro de Regil, la marina campechana era la más importante de América;
"Campeche ha visto prosperar su marina, hasta el término de ser quizá el puerto

que en América la tiene más numerosa..." "pasa de 79 buques de cruz, de 56
bongos, 5 buques costeros, y de 263 canoas, en cuyo manejo se entretienen más
de 2,000 hombres de mar, sin incluir los indios y milicia provincial que se entretienen en esta industria". Esto sin contar a los trabajadores de los astilleros que
en 1833 contaba con 65 carpinteros 67 calafates, 30 herreros, 8 aserradores, 170
en total. En: Regil, Pedro Manuel, MEMORIA INSTRUCTIVA SOBRf; EL COMERCIO DE YUCATAN Y PARTICULAR DEL PUERTO DECAMPECHF,, el

31 de diciembre de 1811, pp. 36 y 244.
4. Oficio del general Santa-Anna, Op. cit., p. 11

Se sabe que Yucatán por su situación geográfica y por su topografía, es la vanguardia de nuestra nación mexicana siendo una
,
'
pemnsula que cierra su Golfo, que tiene contacto inmediato, con
las islas extranjeras, y tan próximo con la de Cuba, que casi la tiene a la vista, y por consecuencia abandonadas sus costas, queda el
Seno á discreción de los enemigos, principalmente careciendo nosotros de la posesión de la isla de Cuba que está enmedio de la
embocadura del Seno, considerándose por lo mismo como su llave, y cuando dentro de ese mismo Estado existe el establecimiento de Walix que corresponde a una nación poderosa que insensiblemente se está est.endiendo y usurpando nuestras tierras; además de una porción considerable del Golfo que poseen los Estados-Unidos anglo-americanos, quienes no ahora, pero en la serie
del tiempo, causarán mucho daño.5

Mas que un análisis, las palabras de Santa Anna resultaron a
la larga una profecía geopolítica; pero en 1824, logró su cometi-

do: Yucatán permaneció ligado a México abandonando sus pretensiones de comercio con Cuba al cortar, en 1825, su juego de
neutralidad con España e independencia con '\&lt;léxico.

11.

Hay que decir que la Independencia era, en 1824, un evento
muy reciente para la península. Apenas en 1821, el 15 de septiembre, y sin que mediara la guerra, se había proclamado independiente de España. Un año antes, en 1820, los liberales yucatecos defendían la constitución de Cádiz, frente a los absolutistas que buscaban retrasar su aceptación. En la discusión política, la Independencia no estaba presente. En mayo del mismo
año, 1820, y después de gran agitación política, se proclamaba
la constitución española con el solemne Tedeum protocolario.
La Independencia no era el problema ni la consigna de conservadores o liberales. En la primera edición de su Historia de Yu5. Op. cit., p. 13

�170

SigloXIX

A. García Quintanilla: Yucatdn a la hora de la Independencia

catán (1878), Eligio Ancona señala que en 1821 el plan de
Iguala empieza a hacer presente la Independencia en algunos
periódicos de Mérida.6 Y desde entonces fue notoria la "impaciencia patriótica" del ayuntamiento de Campeche que "contrastaba notablemente con el aplomo, el acierto y la cordura de
la Diputación provincial" que sesionaba en '.\1.érida.7

La gran distancia que en la discusión política se evidenciaba era el reflejo de una auténtica lejanía promovida desde España. De una parte, la provincia había disfrutado de la categoría de capitanía general, y su gobernador -y capitán generalera nombrado directamente por el rey, aunque dependía de la
Audiencia de la :\ueva España para asuntos judiciales. Por otro
lado, el comercio con la Nueva España se había obstaculizado
en mayor grado que con Cuba. Finalmente estaban los piratas
" infestando " las costas de Campeche y haciendo altamente insegura la navegación hacia Veracruz. Pero vayamos por partes
y veamos cuales eran las expectativas de prosperidad hacia principios del diecinueve.
De manera unánime, Mérida y Campeche veían en la derogación de las prohibiciones comerciales la clave del desarrollo,
o para decirlo con propiedad histórica: " de la prosperidad, la
riqueza y el adelanto de los pueblos". En ello coincidían no tan
sólo campechanos y emeritenses, sino también absolutistas y
constitucionalistas (por la de Cádiz) en 1814.
Al respecto se manifestaba Policarpo Antonio de Echánove, Ministro de Real Hacienda en Yucatán:
Digan lo que quieran los trazadores de proyectos en fomentos,
compras y ventas, nada será más justo que cuanto conserve la
libertad del hombre... y por tanto, si se quiere que las provincias progresen según sus posibiliclades, ábrase el recíproco comercio por unos reglamentos de principios liberales, para que re6. Ancona, E!igio. HISTORIA DE YUCATAN, Ediciones de la Universidad de
Yucatán, Mérida, 1978 (primera edición, 1878), Torno III, p. 193.
7. Ancona, Eligio. op. cit., p. 201

171

cihiendo el ciudadano, sin obstllculos, ni distinciones metafísicas,
el fruto de sus combinaciones, se haga feliz y bendiga al gobierno
a que pertenece.8

El señor Echánove, de tendencia absolutista, era en materia
comercial, un liberal, las reformas de Cádiz eran insuficientes:
nuestro mayor enemigo pudiera dictamos leyes menos conformes a la razón, llegando al caso inconcebible de que unos y
otros pierdan al mismo juego, pues pierde el mexicano, porque
no compra y perdemos nosotros porque no vendemos.9

I

En este caso, la queja va contra la prohibición de reexportar vía Sisal (puerto de salida para '\1érida) los productos españoles que llegaban de Cuba.
Campeche tenía en 1814, miras comerciales más ambiciosas.
Habilitado desde 1778 como puerto menor, le llevaba a ~isal
treinta y seis años de ventaja ya que éste apenas en 1814 rPcibió
tal categoría. '\.dicionalmente, desde 1806 Campeche podía introducir a Veracruz "el sobrante de sus importaciones directas
de España".1º .\lientras Sisal apenas obtenía la posibilidad de
enviar sus " producciones naturales" a las costas de \ eracruz11 .
Campeche hacía tiempo tenía acceso a \ eracruz y sus "costas
laterales". Entendiéndose con esto, desde la Colonia del \ uPvo
Santander, por el norte, hasta "Goazacoalcos" al sur. Se comerciaba con "los pequeños puertos del Soto de la \larina, Tampico, Tuxpan , \}varado y Goazacoalcos, por dondP tanto los pueblos playeros como los centrales dan salida al sobrante dP las
producciones de su lánguida agricultura y rústica industria".12
Pedro \lanuel Rcgil, liberal campechano, fue electo diputado
a las cortes en el episodio 1810-1814 y en la \lemoria Instructi8. Echánove, Policarpo Antonio de. CUADRO ESTADISTICO DE YúCATAN
EN 1814, p. 59, No. 44
9. Ibídem.
10. Regil 1811, p. 20: 1806 real orden; p. 4: Real orden del 3 de marzo de 1814
reglamento del 12 de octubre de 1778.
11. Echánove, 1814
12. Regil, 1811, p. 19

�172 Siglo XIX

va sobre el comercio de la provincia (destinado a Cádiz) dá
cuenta del intercambio que ocurría entre Campeche y las "costas laterales de Veracruz"~
De ellos se importan a éste puerto el algodón, la pita, el almagre,
el piloncillo, queso, cueros al pelo, etc. y reportan en cambio sal,
costales de henequén, sobreros de huano, manufacturas de carey
y de algodón, cera y otros productos y artefactos de esta provincia. Esta recíproca útil y saludable permutación adquiriría actividad, fuerza y extensión con resultas de mutuo fomento, beneficio e ilustración, que acaso se extendería con la frecuencia y el
tiempo, por medio del caudaloso río de Goazacoalcos hasta las
costas del mar Pacífico, si además se la animase permitiendo desde este puerto la libre contratación de los efectos lícitos de Europa que son necesarios en aquellos para el consumo, comodidad o
negociación, mas este privilegio, resto malaventurado del antiguo
. .
V
13
fu nesto monopoJio, es pnvativo a eracruz.

Ya se habían hecho gestiones para que la flota campechana
tuviera acceso a los mercados interiores de la ;'\lueva España, pero al decir de Regil, Veracruz alegó que esa medida facilitaría el
contrabando vía Campeche-14 :
Ya se representaron los diputados de este comercio al anterior
consejo de regencia en 26 de octubre de 1809 (...) la odiosidad,
injusticia y perniciosas consecuencias de este privilegio: pero el
poder e influencia de aquel opulento emporio de ueva España,
que no quiere que la libertad mercantil respire sin las ca~enas con
que quiere trabar su progreso y afianzar el exclusivo beneficio de
sus moradores, hubo de contener la mano bienhechora que iba a
destruirle, concediendo una gracia que, como las demás, concedi15
das, reclama la justicia.

Pese a prohibiciones e impuestos Yucatán disfrutaba de algunos privilegios en materia de comercio. Así en 1796, una real
orden le concedió los privilegios correspondientes a las islas de
América: "redujo a una cuarta parte los derechos que pagaba
13. lbidem
14. Regil, 1811, p. 20
15. Regil., 1811, p. 19

A. Garc(a Quintani/la: Yucatdn a /IJ hora de la Independencia

173

fueran los que fueran y cobraranse con la denominación que se
,
cobraran " .16 Algo hab'1a que hacer con la pemnsula,
desprovista
c_omo ~staba de metales preciosos y de suelos gruesos para cultivar tngo y demás cultivos tradicionales de los españoles. Su deficitario comercio se cubría con un "subsidio" llamado entonces "situado" de la corona y con los "tributos;' que todavía en
1814 pesaban sobre la población maya:
la provincia no alcanza, con mucho a igualar con sus frutos la
adquisición de sus necesidades, y que por tanto ha hecho, y :stá
haciendo, un comercio pasivo que debe irle reduciendo a la miseria ; porque o ha de carecer de lo que parece que necesita ;o debe
producir y fomentar lo que equivalga a la diferencia: hasta aquí ha
igualado dicho descubierto, con moneda de los 150 y 200,000
ps. que anualmente remitían a sus cajas del tesoro público en calidad de situado, y los 120,000 de tributos de indios; per~ orden~ndose hoy, que cada territorio se mantenga de sus propios arbitnos, es preciso llenar con la industria, cuanto hasta ahora ha hecho con los metales. 17

Para fomentar la industria, las propuestas de Regil y Echánove consideraban necesaria la apertura del comercio, su liberalización. Pero mientras Echánove insiste en la necesidad de "máquinas e instrumentos" para fomentar el henequén y los textiles; y en "ensayos de laboratorio" para que las tenerías, talabarterías y zapaterías perdieran su "rustiquez"; Regil pone el acento en la eliminación de estancos y otros "monopolios" que sobre la sal, el tabaco, la comercialización del maíz, de la harina
Y.,del pal? de__ tinte, existían. Todo ello con fines de exportac10n, a excepción del maíz cuya salida estaba prohibida. Es cierto q_ue el documento preparado por Pedro Ylanuel Regil estaba
destinado expresamente a constituir un análisis y una propuesta
co~ercial, pero es claro al definir los principios básicos que
guiaban su análisis: "es en vano esperar esta abundancia sino de
la libre contratación de los frutos. " 18
16. Regí!, 1811, p. 28-30, realorden de 10 de abril de 1796.
17. Echánove, 1814, pp. 56-57
18. Regil., 1811, p. 14

�174 Siglo XIX

Campeche era más radical en su liberalismo comercial que
Mérida, pues esta, como ciudad capital, debía recaudar los fondos necesarios para mantener al gobierno de la provincia. Ello se
expresaba desde los impuestos municipales, que en Campeche
habían sido moderados desde antes de 1810.19 El liberalismo tenía, pues, connotaciones distintas para comerciantes y para burócratas.
III.
En medio de esta efervescencia liberal, Yucatán decide en
ese mismo año de 1814, emitir su propio Reglamento de Comercio, decretando
como único remedio para ocurrir a las necesidades del momento,
que se abran los puertos de Yucatán al comercio libre de los amigos y neutrales, admitiendo sus embarcaciones haxo de moderados derechos, haciendo la distinción conveniente y rebaja, a los
que lo hagan en buques españoles como único medio de animar
"lº
dustr1a,
· 1as artes, y e1comerc10.
-20
am
la navegac1on,

La invasión francesa a España, casi había paralizado el comercio de la provincia, y a ello había que agregar "los progresos de la malhadada insurrección ,,2J , alias Guerra de Independencia, que obstaculizaba el comercio con Veracruz. Yucatán
pretendía servirse con la cuchara grande, pero en un mundo
dominado por el proteccionismo esta medida no podía llevar al
"adelanto" anhelado. El reglamento de 1814 siguió vigente hasta la Independencia en 1823, pues con algunas modificaciones
fue aprobado por Fernando VJl después de su liberación.22
Cabe resaltar que de manera especial el nuevo reglamento
19. Rcgil se limita a consignar este evento de manera general (1811, p. 12).
20. " Reglamento formado por el Sr. Intendente electo D. Juan José de la _Hoz, ~n
las adiciones, variaciones y modificaciones acordadas por la excma. d1putacion
provincial en sesión de 28 de Marzo último, para la planificación del Comercio
libre, con las potencias amigas y neutrales". Reproducido por Eligio Ancona, op.
cil, como apendice al tomo Ill, 1978 (pp. 499-508).
21. Regil, 1811, p. 14
22. Ancona, Eligio, op. cit., p. 231.

A. Careta Quinlanilla: Yucalán a la hora de la Indepe ndencia

175

liberaba de impuestos y de trabas a las exportaciones. El palo de
tinte, exportación principal de Yucatán desde las reformas borbónicas, constituye una interesante muestra de las negociaciones entre burócratas y comerciantes. '.\Iediante el citado reglamento, podría exportarse directamente a Inglaterra, su mercado
principal. Ya no tendría que pasar por Cádiz a pagar impuestos y elevar fletes,2 3 podría llegar directo a teñir los textiles de
la revolución industrial; pero además del tres por ciento que todas las exportaciones debían pagar, el palo debía abonar seis por
ciento si salía en buque español u ocho por ciento si era transportado en barco extranjero. La razón: " ....como artículo que
no pueden ribalizamos los extranjeros(.. .) el palo de tinte será
el de única excepción ... ,,24 Pese a la sobretasa impositiva, el
palo de tinte fue el producto más favorecido. '\hora los yucatecos podrían competir con los ingleses que talaban los tintales del
sur, en Bélice.25 :'-io se trataba tan sólo de una reducción de im23. Regil, 1811, p. 25
24. Reglamento 1814 (citado en la nota 20), Cap. JI ;artículo 9o, Op. Cit., 1978.
p. 502.
25. En 1812 los ingleses extendieron su ocullación a la zona comprendida entre los
ríos Nuevo y Hondo, "ya no se trataba de un establecimiento para corte de maderas en aquel territorio; era una colonia inglesa como Yucatán lo era de España, &lt;;0n sus autoridades civiles y núlitares, sus leyes, su organización administrativa. Y aunque al volver a ocupar el tomo de sus mayores, Femando Vil celebró en el mismo año de 1814, un tratado con Inglaterra, para nada se mencionó
el asunto de Bélice, omisión que entraba en el juego de los ingleses ;y así lascosas, y sin que se suscitara nada con respecto a esa cuestión hasta la época de la
independencia de Yucatán, a quien correspondía dicho territorio, es inconcurso
que el estado de jure existente con relación al alcance de los tratados de 1783 y
1786 celebrados entres España e Inglaterra, con respecto al establecimiento de
Bélice, no sufrió modificación alguna, de donde arrancaron los derechos de México sobre Belice, aunque nunca se tuvieron en cuenta por parte de los gobiernos de nuestro país, sino hasta cuando lisa y llanamente se renunció a la soberanía, como una concesiÓn graciosa hecha a Ingl aterra", Acercto, Albino,
" HISTORIA POLITlCA DFSDE EL DESCUBRIMIENTO EUROPEO HASTA
1920" cap. Xll, pp. 159-164. En: Enciclo¡,edia Yuw1ane11$c, Edición Oficial del
Gobierno de Yucatán, México, 1977, 29 edición.
Ello ocurrió con el tratado Mariscal - St. John el 8 de julio de 1893. Lapointe,
Marie, LOS 11AYAS REBELDES DE YLCATAV, El Colegio de Michoacán,
México, 1983, p. 151.
Respecto al palo de linte confrontar: Millet, Luis, EL PALO DE TINTE Y LAS
OBRAS fl/DRAULICAS EN CAMPECHE. y "Logwood and Archaeology in
Campeche" En: JOl,RNAL OF AN1HROPOLOCICAL RESEARCH, Vol 40,
Ntím. 2, Swnmer, 1984. Toe University ofNew México.

�176 Siglo XIX

puestos, sino de acceso directo a nuevos mercados. El palo de
tinte provenía de las costas campechanas y de la Isla del Carmen llamada entonces Isla de Términos. Y aun cuando se trata' una actividad puramente extractiva, ya que se exportaban
ha de
los troncos para que en Europa se produjera el extracto que teñiría los textiles, Yucatán inauguraba una tradición que el henequén consolidaría sesenta años después: la de constituirse en
productor de materias primas para el mercado internacional
moderno. Para el mercado del capital, sólo el henequén le quitaría, después, el primer lugar en las exportaciones peninsulares
al palo de tinte o palo de campeche.
La sal y el arroz constituían por entonces las dos exportaciones de segunda importancia según las palabras del diputado
Regil y del tesorero Echánove. Según el diputado, la libertad
favoreció la salida de la sal, cuyo destino tradicional era Veracruz, de donde se dirigía a las minas para "beneficiar" la plata.26
Aunque al decir de Echánove, este producto también había sufrido tropiezos en su comercio "desde que la fatal revolución
mexicana, ha privado su interior comunicación con Veracruz ". 27 Regil, mas optimista, apunta que la exportación para
Veracruz había subido de 12 mil fanegas ("cuando estuvo estancada en Veracruz ") a 25 o 30 mil fanegas anuales "sólo para
aquel puerto, que dan ocupación a más de 4 mil toneladas de
buque, y al erario un producto de 7 a 8 mil pesos anuales... "28
Ocasionalmente se había enviado a La Habana pero hacia los
años que nos ocupan ahora (1814) había sido desplazada por la
sal procedente de Cádiz y Lisboa.29 La sal extraída de charcos
costeros padecía de una complicada legislación respecto de la
propiedad de los charcos, de la distribución del producto y de
que su extracción se hacía por medio de trabajadores
indios a quienes el gobierno voluntaria o coactivamente obliga a
este trabajo, nunca o raras veces bien recompensados distrihu26. Suárez Molina, Víctor. LA EVOLUCION ECONOMICA DE YUCATAN A TRAVES DEL SIGLO XIX¡ Ediciones de la Universidad de Yucatán, México, 1977,
Tomo II, p. 377.
27. Echánove, 1814,p. 79
28. Regil, 1811, p. 3. Una fanega de sal equivale aproximadamente a 120 litros.
29. Echánove, 1814,p. 79

A. Garcio Quintoníllo: Y ucatdn a lo hora de lo Independencia

177

yéndolos entre los salineros según el favor que han comprado...30

El arroz, producción novedosa de la península (su introducción ocurrió hacia la década de 1770) vió subir su precio debido
al incremento en su exportación para Cuba. Se calificaba de
"abundantísima" su cosecha pese a que "el indio no se aplica a
su uso ni cultivo".31 Su consumo interno se reducía "únicamente a los acomodados" pero constituía una "utilísima exportación" estimada por Regil en 250 mil arrobas anuales
(aproximadamente, 2750 toneladas). 32
La peletería de venado y en menor escala las manufacturas
de henequén como costales y sogas, así como el tasajo eran
otras exportaciones dirigidas a Cuba principalmente, y en menor escala a Veracruz. Pero éstas, si bien constituían una expectativa de buen comercio eran de mucho menor rango.
Como se ve el Reglamento de Comercio de 1814 destinado
a abrir el comercio yucateco a todas las naciones amigas y neutrales, significó poco en términos de nuevos mercados. Solo el
palo de tinte pudo ampliar el ámbito mercantil al eliminar la
triangulación de Cádiz. En general se mantuvieron las líneas
tradicionales de exportación, y en realidad las cosas no podían modificarse de manera radical mientras Yucatán no transformase su estructura productiva o se eliminaran las restricciones coloniales vigentes en la región.
Por otra parte, las perspectivas de importación que el reglamento abría resultaban también atractivas para Yucatán en varios sentidos. La harina, que la península no podía producir y
que se traía de Veracruz, podría ahora importarse de otros lugares. Ello resultaba particularmente importante en 1814 ya
que con la Guerra de Independencia se había prohibido su ex30. Regil, 1811, pp. 17-18
31. Echánove, 1814, pp. 78-79
32. Regil, 1811, p. 3.Echánove, 1814, pp. 78-79

�A. Garc(a Quintanilla: Yucatán a la hora de la Independencia

178 SigloXIX

tracción por aquel puerto.33 Otro tanto ocurría con el maíz,
que aún siendo la producción más importante de Yucatán, se
escaseaba con frecuencia como resultado de sequías o de la langosta. _\mbos productos fueron totalmente liberados de impuestos, con la excepción de las harinas extranjeras que debían pagar un impuesto diferencial según que llegaran en buques españoles o extranjeros.34
Pero había otro elemento interesante en esta cuestión de
las imporlaciones y era el hecho de que ampliaba las posibilidades de reventa, de reexportación, lo cual, para un puerto dotado de una extensa flota resultaba muy atractivo. El comercio
de reexportación era además un comercio de consideración para Campeche. ~cgún Regil (nuestro ya citado diputado campechano), en 1804, el año más reciente del cual existían datos respecto del comercio campechano (y además, año en el que era el
único puerto habilitado de la península) la importación de productos extranjeros sumó 120,145 pesos y 3 1/2 reales.35 Es decir que casi todos los productos extranjeros que llegaban a
Campeche estaban deslinados a la reventa externa. Sin duda, al
permitir la entrada (aún cuando hubiese impuestos de por medio) a los textiles extranjeros (¿ingleses·~) y a los licores cubanos, la mira estaba puesta en su reventa al exterior, más que .en
un mercado interno reducido y escasamente monetizado. Las
quejas contra el contrabando de estos dos productos abundan
en los siglos X V111 y XIX, as í que no resulta descabellada la hipótesis de una búsqueda de libertad a la reventa que permitiese
además la captura de fondos por la vía arancelaria para las deficitarias arcas yucatecas. Deficitarias por la debilidad de su propia economía e indirectamente por un comercio exterior tradi-

33. Regil, 1811, pp. 13-14
34. Reglamento 1814, p. 506 (citado nota 20).
35. Regil, 1811, pp. 7-8. Cabe señalar la contradicción que aparece entre los datos
citados y la afinnación posterior de Regil (p. 20) en el sentido de que fu e en
1806 cuando se autorizó a introducir en Veracruz el sobrante de las importaciones directas de España.

179

cionalmente en números rojos.36

IV.
\nte este panorama de déficits y de expectativas de prosrridad vía libertad comercial, la Independencia se asumió de
manera negociada. Para Campeche se abría la perspectiva de penetrar a un mercado al cual no había tenido arceso directo pues
\ eracruz se había interpuesto; para \lérida las cosas no eran tan
claras pues el ámbito de su acción poi ítica ) comercial sufría alteraciones cuyos resultados se presentaban difíciles de evaluar.
\o podía negarse pues Campeche estaba decididamente a favor.
igual que Tabasco, provincia subordinada a su intendencia. Por
otra parte, los ingleses, amenaza constante desde el siglo X\'II,
habían estado en poder de la lsla del Carmen durante casi un
siglo. explotando el palo de tinte. Su expulsión de la Isla, en
1716, no había limpiado el área de piratas, pues ahora estaban
en tierra firmr , en la parte sur de la provincia. Ello había significado precauciones y gastos de guerra } todos los buques que
se acercaban a sus puertos pagaban un impursto "voluntario"
del uno por ciento para mantener una cañonera que defendiese
la Isla del Carmen. 37 Por ahora los yucatecos -según lo sugieren las fuentes consultadas- ~ particularmrnte los mác, conservadores se sentían "españoles-americanos-yucatecos" y no

36. Regil, 1811, p. 28. consigna algunos datos sobre esta materia:
Año

lmportaci6n

pesos
1790
653,670
1791
572,059
897,112
1792
428,8 16
1793
1794
430,202
619,301
1795
1796
1.021,677
270,656
1797
1.325,215
1804
*Superávit.
37. Regil, 1811 , p. 29 Real cédula de 1807 y

Exportación
405,552
589,163
556,299
257,409
463,467
379,948
585,534
189,514
959,577

pesos

Déficit
248,118
17,104
340,813
171,407
*33,265
239,353
436,143
· 81,142
365,638

Reglamento 1814, art. 25.

�180 Siglo XIX

•,4. Careta Quintanílla: Yucatdn a la hora de la Independencia

So Que para precaver los irresarcibles perjuicios que resultarían de la
interrupción del comercio entre aquellos y estos puertos (Villahermosa y Campeche, A.G.Q.), se acuerde del mismo modo su
continuación, bajo las reglas, aranceles y seguridades, actualmente
estahlecidas.39

se percibe ni siquiera un coqueteo anexionista respecto de los
ingleses.
\itérida intentaba mantener la libertad que el Reglamento de
1814 le permitía. Por ello, al ser inevitable definirse a favor de
la Independencia (1821) se intentó una posición de neutralidad con España, que pese a incomodidades y conflictos, logró
prorrogarse hasta 1825. El "Acta De La Junta General", donde
Yucatán proclama su Independencia (15 de septiembre de
1821), es clara respecto de-las intenciones de conservar tanto en
lo interno como en lo externo la situación prevaleciente: se
continuaría respetando el orden impuesto por la constitución
de Cádiz38 y se reconocía "como hermanos y amigos... a los
españoles europeos" a fin de continuar "pacíficamente... todos
los negocios y transacciones de la vida civil". Dada la importancia de estas declaraciones, cito de manera textual los artículos
que contienen estas afirmaciones:
2o Que para afianzar más eficazmente los derechos sagrados de la libertad, propiedad y seguridad legítima, elementos que constituyen el orden público y la felicidad social, acordaron que sin la menor alteración se observen las leyes existen les, según el orden constirucional, y se respeten las autoridades en todos los ramos de gobierno, actualmente establecido.
3o Que reconoce por hermanos y amigos a todos los americanos y
españoles europeos que abundan en sus mismos sentimientos y
que sin turbar el reposo civil de que goza toda la provincia que como objeto preferente se desea const&gt;rvar, quieran comunicar pacíficamente con sus habitan les en razón de todos los negocios y
transacciones de la vida civil.

38.

Ya la constitución de cádiz se había ocupado de atacar los privilegios ancestrales que pesaban sobre el maya. Especialmente los de los curas al eliminar las
observaciones parroquiales. Lo cual desde 1812 había alentado el surgimiento y
el debate entre liberales y conservadores en Yucatán, y específicamente en Mérida. El revuelo fue mayúsculo y algunos h"berales fueron enviados a San Juan de
Ulúa, entre ellos Lorenzo de Zavala que a partir de la Independencia destacaría
en la escena nacional por su posición hl&gt;eraL Extrañamente moriría como texano en su rancho Zavala's Pont en 1836, a los_ 48 años. Este grupo fue conocido
como los Sanjuanistas.

181

Pese a exhabruptos y conflictos, se logró mantener el comercio con Cuba hasta 1825. La neutralidad con España no se negó por escrito sino hasta 1824. Veamos ahora, desde la perspectiva interna, la situación que Santa Anna calificó de explosiva y
peligrosa en julio de 1824, y que llevó a Yucatán a una redefinición de mercados y de la producción. En suma, a un nuevo proyecto económico que, paradójicamente, Santa Anna desde la
Presidencia contribuiría a clausurar en 1842, al emitir un decreto que declaraba a Yucatán enemigo de la nación y piratas las
embarcaciones yucatecas que tocaran puertos nacionales. El fantasma de la neutralidad volvería a aparecer; entonces sería con
Texas, y con ese fantasma, Santa Anna sería mucho menos comprensivo.

v.
\ la llegada de Santa Anna, en 1824, el Augusto Congreso
del Estado ya estaba en plena discusión respecto de la ruptura
comercial con Cuba, de los alcances y límites del Congreso Nacional, y ya desde antes de la instalación del Congreso del estado (20 de agosto de 1823), la Diputación provincial (emanada
de la Constitución de Cádiz en 1820 y vigente aún, según ya
veíamos) se había ocupado de la proclamación de la república
federal el 29 de mayo de 1823.40 El régimen federal significaba
la posibilidad de dar continuidad a la autonomía que ya Yucatán se había dado desde 1814, así como de salvar su espacio comercial.
39.

"Acta de la Junta General, en que Yucatán Proclamó su independencia de España". Reproducido por E. Ancona, 1978, corno apéndice al tomo IIL p.p.
496-499.

40.

Ancona, Eligio, 1978, p. 274

�182' Siglo XIX

El licenciado Eligio Ancona, escrupuloso historiador liberal
que entre otros cargos públicos se desempeñó como gobernador de Yucatán, primero en J 868, por disposición del presidente Benito Juárez y después en 1874-1876, primero por dísposición del Congreso del estado y posteriormente, por elección
popular,41 analiza en su Historia de Yucatán (1878) las razones
que llevaron a los yucatecos a la decisión de unirse a México y
adoptar el régimen federal:
Ciertos hábitos de independencia y libertad contraídos en la península durante los últimos tiempos del período colonial, habían hecho nacer en sus habitantes la aspiración de gobernarse a
sí mismos. Pero como no se les ocultaba que la provincia carecía
de algunos de los elementos necesarios para constituir una nación
independiente, y como además, su situación geográfica, su comercio y otros vínculos no menos poderosos, creados también desde
la época de la dominación española, la impulsaban a marchar unida a la antigua ueva España, se creyó con mucho acierto que estos dos intereses opuestos quedarían conciliados con la proclamación del regimen federal. 42

A partir del análisis del licenciado Ancona puede hacerse
una lectura entre líneas de la condición primera del acta en que
Yucatán proclamó el regimen federal:
Que la unión de Yucatán será la de una república federada, y no
en otra forma, y por consiguiente tendrá derecho para formar su
Constitución particular y establecer las leyes que juzgue convenientes a su felicidad. 43

Entre las primeras acciones del "Augusto Congreso Constituyente" (estatal) estuvieron las de ratificar el federalismo y
sentar sus bases. Su primer presidente fue nuestro viejo conocido, el diputado campechano Pedro Manuel de Regil.44
41. Suárez Molina, Víctor, 1977, Tomo I, pp. 36 y 39.
42. Ancona, Eligio, 1978. Tomo UI, pp. 275-276.
43. "Acta de proclamación de la República Federal" reproducido por Ancona.,
Eligio 1978, Tomo III, p. 276-277.
44. Colección de Leyes, Decretos y Ordenes que expidió el Augusto Congreso
Constituyente del Estado Libre de Yucatán. Comprende del 20 de Agosto de
1823 al 31 de Mayo de 1825. Tipografía de G. Canto, 1896. Decretos, 1, 3 y 8.

A. García Quintanilla: Yucatdn a la hora de la Independencia

183

Pese a los intentos por preservar sus relaciones mercantiles,
fuente importante del erario, la sentencia estaba firmada. El Acta Constitutiva acional (31 de enero de 1824) contenía la &lt;lis.posición de que ningún estado podría imponer derechos de tonelaje ni de importación o exportación sin el consentimiento del
Congreso General.45 El erario, recién nacionalizado, enfrentaba
el mismo dilema. del erario estatal, debía favorecer la libertad
comercial y a la vez recaudar los fondos que la joven república
en guerra requería para sobrevivir. Un dilema grave, cuando uno
de los eventos principales para aglutinar a los insurgentes fue el
anhelo de libertad (comercial). En el caso yucateco, este "anhelo de libertad comercial" salió a relucir con toda evidencia como el punto central en las negociaciones de la conformación nacional. En el nivel regional se disputaban la supremacía política
dos grupos: el de Campeche y el de ~érida, apoyándose uno en
sus mejores perspectivas y en la posibilidad real de integrarse al
mercado que ahor.a sería nacional46; el otro defendiendo su supremacía política en la región, las fuentes de ingresos para mantenerla, su único canal comercial, y su anhelo de libertad comercial, pues, entre 1814 y 1824, las medidas para liberar su comercio no le habían permitido pasar de la esperanza a la concreción.
En el plano nacional era el territorio, la misma integridad nacional la que estaba jugándose. Pero también se negociaba el proyecto de país, la autonomía comercial que conducía directamente a la autonomía política de los estados frente al poder
central estaba jugándose su definición y sus límites. A través de
las resoluciones emanadas del "Augusto Congreso Constituyente
del estado Libre de Yucatán" entre el 20 de agosto de 1823 (fecha de su instalación) y fines de 1824, puede observarse esta
primera etapa de la disputa por la nación. Etapa que sentaría las
45. Ancona, El.igio, 1978, Tomo 3,p. 285.
46. En 1823 se plantea en Campeche el cambio de ciudad capital. Los diputados
campecru:.nos en 1861 relatan como Campeche,estaba e~, mejores posibilidades
de responder al gobierno federal. Según se vera, su vers1on respecto de los hechos concuerda con el planteamiento de Santa- Anna quien en 1824, "en sesión secreta del Congreso de la Unión (30, septiembre) es acusado de haber
malversado los fondos que se le enviaron para reclutar marineros en Campeche,
de tener sobre las armas mayor número de fuerzas del que era necesario", y

�184 Siglo XIX

bases para el desarrollo regional hasta mediados de siglo. Veamos.
Lo primero que destaca son las diversas órdenes y decretos
mediante los cuales se establece una política arancelaria propia,
y en la cual, desde la perspectiva económica tan sólo se trata de
nuevas leyes para viejos reglamentos. 47
En el mismo sentido, pero otro plano, hay que reseñar la
Orden del 10 de septiembre de 1823, en donde después de
reafirmar su decisión de confederarse se hace una profesión de
adhesión nacionalista, muy interesante en el contexto que venimos reseñando y base de las disposiciones que en seguida veremos;
de exceso de benevolencia con Yucatán (Mérida). Esta es la versión de Bigio
Ancona ;la versión de los diputados campechanos es la siguiente:
"No pudo ponerse de acuerdo la diputación provincial con el ayuntamiento esto
es, Mérida con Campeche, y la disidencia siempre existente fue acrecentándose.
Los que dirigían la política en Mérida, consideraban a Yucatán, después de su
adhesión el plan de Casa-Mata, en cierta independencia, y creían que debía
establecerse una especie de gobierno supremo que debia dirigr la provincia hasta
que llegara el día de reconocer al gobierno nacional. Los intereses mercantiles
de Mérida estaban de tal manera ligados con Cuba, que los habitantes de esa
ciudad huían de toda situación que los forzase a una declaración de guerra y a
un rompimiento de hostilidades con España y sus colorúas fieles. Comprendían muy bien que el día que tal sucediese, acababa el comercio de Sisal con la
Habana. Por esta razón no querían declarar urúda la provincia a México, sino
que querían guardar cierta neutralidad que no entorpeciese aquel tráfico, y
cuando llegase la ocasión oportuna de unirse, no hacerlo lisa y llanamente, sino
bajo ciertas condiciones que pusieran a salvo la situación especial de Yucatán.
La diputación provincial, eco de estas ideas, celebró un acuerdo en 25 de abril y
dio un manifiesto el 27 en este sentido.
En Campeche no sucedía, lo que en Mérida. Su principal comercio, el de la sal,
lo hacia con los puertos del Seno mexicano. Esto unido a su ardiente patriotismo, que miraba como peligroso a la independencia hasta las relaciones mercantiles con España y sus colonias, al deseo de formar desde luego parte de la
nacion mexicana, y más que todo, al espíritu funesto de contradicción que dominaba a los dos pueblos, le hizo proceder de diferente manera".
Aznar y Carbó, op. cit., 1861, p. 31.
47. Decreto destilación e importación de aguardiente de 13/oct./ 1823 .
Decreto importación de aguardiente de 28/sept./1824.
Decreto cultivo, importación y exportación azúcar de 13/oct./1823.
Sobre palo de tinte, plata y cacao, decreto de 24/oct./1823.
Sobre impuestos arancelarios, decreto de 17/nov./1824.

A. Carc(a Quintanilla: Yucatán a la hora de la Independencia

185

Yucatán se considera obligado y está resuelto a defender con tocias sus fuerzas la Independencia y Libertad de él, no como una
potencia aliada, sino como parte integrante de la ación y bajo
las ordenes del Supremo Poder Ejecutivo Centrat.48

Casi un año después, en junio de 1824, ante las presiones para romper con Cuba y declarar la guerra a España, se prorroga
esta declaración y se pide al gobernador que de nuevo argumente a S. \.S.
que para romper ): ucatán su comercio con Cuba, la Federación
cuyos demás Estados no se hallan en situación tan precaria, debe
sostener a éste, y asegurando en él su socorro, sin el cual quedaría
expuesto a perecer sin recurso, podrá, sin comprometer visiblemente su exislencia, concurrir más abiertamente que ahora a la
guerra en los mismos términos que desea y que le ordena el CoLiemo de la Federación ...49

Dos días después, el 28 de junio de 1824, se declara y
previene que los artículos de pro&lt;lucción española o procedentes
ele puerlo español, importados hasta al10ra en Campeche bajo la
gara11tía de la Autoridad Suprema ele/ fstado, ,w caigan. .. en
la pena de comiso (el subrayado es mío).5

º

Campeche presionaba para cortar lazos con España, y el
Congreso, de mayoría emeritense pese a su presidcnle campechano, defendfa las posiciones de \lérida.
En septiembre se le pusieron claros los asegunes al Congreso
General, al autoconcederse el A. Congreso del Estado "la facultad de suspender el cumplimiento de una ley dictada por el Con48. Orden del 10 de septiembre de 1823. En: Colección de Leyes, Decretos y Or•
denes del Congreso Constituyente, 1896, op. cit.
49. Orden del 26 de Junio En: Colección de Leyes, Decretos y Ordenes del Con.
greso Constituyente, 1896, op. cit
50. Orden del 28 de Junio de 1824. En: Colección de Leyes, Decretos y Ordenes
del Congreso Constituyente, 1896, op. cit.

�186 Siglo XIX

greso General siempre que infiriese perjuicios graves e irreparables a los derechos e intereses esenciales del Estado". Se argumentaba que si el Congreso dictaba
alguna vez una ley que por accidentes imprevistos o por circunstancias peculiares infiriese perjuicios graves e irreparables a los
derechos eminentes o intereses esenciales de alguno de los Estados federados, su Legislatura tiene la facultad de suspender su
cumplimiento, mientras que exponiendo justificadamente los
motivos, el Con~eso Soberano, previa su discusión, ractifica o
rectifica la ley ... 1

Según se vé, esta discusión se hacía extensiva a todos
los estados ...
Un par de semanas después de la anterior declaración fue
imposible seguir retrasando la ruptura con Cuba. Sin embargo,
se logró. Se prohibió la importación desde la Isla, pero con tres
importantes excepciones: azúcar, café y aguardientes. Estos últimos seguirían llegando "mientras no se obtenga de los supremos poderes centrales, a quienes se ha dado y dá cuenta motivada de esta resolución, la que fuese justa y que será puntualmente ejecutada". Lo cual ocurrió al siguiente año, de 1825.

A. Garc(a Quintanilla: Yucatán a la hora de la Independencia

187

dos Males, uno mercantil y otro político. Mercantil porque entonces se desenvolvió un ruinoso contrabando con el establecimiento limttrofe de Belice, a donde fueron sin embozo para
proveerse los comerciantes de por menor y por mil vías surtieron ya cómodamente a los pueblos interiores dejando en la inercia
y en el olvido los mercados de Mérida y Campeche cuyos altos
precios corrientes los arredraba. Político, porque produciendo tal
estado de cosas un descontento general tomó entre otros este
pretexto el movimiento que, en 1840, produjo la escisión de esta
provincia.52

Entonces Yucatán volvería a defender el federalismo, pero
ahora contra el centralismo. Volvería Santa-Arma y otros fantasmas. Y al regresar el estado a incorporarse a la nación en
1848, lo haría para otra vez replantearse las bases de su prosperidad y de su progreso. Más que el cierre del mercado nacional
ocurrido entre 1842 y 48, los mayas que también tenían un
proyecto propio, se sublevaron en 1847 para destruir los cañaverales, para cancelar las perspectivas de expansión.
Después de la cancelación de este segundo proyecto, se regresaría al mercado externo. La gran producción henequenera
por fin posibilitaría a los dominantes alcanzar su orden, su
progreso y su gran prosperidad.

Con esta medida se cancelaba un mercado y un proyecto
económico. Ahora se intentaría la integración al "mercado nacional" y se empezaría a formar el mercado local. La caña de azúcar, el dulce y el aguardiente serían el eje dinámico, la esperanza
de Yucatán hasta la década de 1840. Durante esa década, la
cuestión arancelaria volvería a aparecer como problema pues
desde 1827, Yucatán lograría la rebaja de dos quintas partes respecto de los derechos de arancel vigentes para el resto de los
puertos nacionales. Esta gracia se cancelaría en 1837 y con ello
se provocarían

Hoy, el estado empieza a dar síntomas de reorientación de
su estructura productiva. Apenas ahora, desde la pasada década
(1970) ha empezado a enviar su producción hacia el mercado
nacional. Pero la integración que se intentó entre 1825-40 no
tiene nada que ver con la que hoy ocurre. Es más bien la tendencia contraria, la integración con el exterior, la que tuvo la
fuerza para hasta hoy expresarse como continuidad.

51. Orden del 16 de septiembre de 1824. En: Colección de Leyes, Decretos y Ordenes del Congreso Constituyente, 1896, op. cit.

52. Peón, Alonso Manuel y Regil, José Ma. Estadística de Yucatón, publÍcase por
acuerdo de la R Sociedad de Geografía y Estadística de 27 de enero de 1853,
pp. 269-270.

�Los Intereses Británicos y la Política en Venezuela
en las últimas Décadas del Siglo XIX
María Elena González Deluca*

INTRODUCCION
La idea de que fos países latinoamericanos recién independizados caen dentro del nuevo cerco económico formado por
el imperialismo británico es una de las generalizaciones menos
discutidas de la historia latinoamericana, y también una de las
menos estudiadas a nivel de áreas particulares. La mayor parte
de los estudios publicados tiende a centrarse en áreas latinoamericanas donde los intereses económicos británicos alcanzaron su
más acabada expresión, es decir en los países del cono sur del
continente, Brasil y en alguna medida Perú. La experiencia histórica particular de estos países ha sido probablemente la que
generó la idea señalada al comienzo. En tanto que las áreas donde los intereses económicos de Inglaterra fueron menos significativos aparecen como la zona difusa del cuadro, tácitamente
comprendidas, sin embargo, dentro de aquella generalización.
Este trabajo que es en realidad un esquema ampliado de una
investigación en curso, pretende considerar el problema en la
forma que adquiere en esa zona difusa mencionada. El propósito central es estudiar las relaciones entre los intereses económicos británicos en Venezuela y las condiciones socio-políticas
venezolanas hacia las décadas finales del siglo XIX. La hipótesis que se maneja es que el proceso histórico interno venezolano
* Facultad

de Humanidades y Educaci6n, Universidad Central de Venezuela. Este
artículo fue publicado previamente en Boletfn Americanista, 30, Universidad de
Barcelona, 1980. La autora lo presentó como ponencia en el XLlll Congreso Internacional de Americanistas, Vancouver, 1979.

�190 Siglo XIX

que supuestamente debía generar condiciones sociales y políticas favorables a la expansión de los intereses del capital europeo, evoluciona de forma tal que frustra las esperanzas en ese
sentido mantenidas tanto por sectores dominantes en Venezuela como por los capitalistas europeos, y en particular británicos
que son los que interesan en este trabajo. El proceso interno es,
entonces, la variable determinante del análisis, lo cual permitiría
afirmar como corolario que el capital británico no dominaba
donde quería sino donde podía.
El esquema está concebido en tres partes cuyo contenido es
el siguiente. En la primera parte se analiza brevemente el proceso económico de la Revolución Industrial que dio lugar en su
desarrollo a un cambio en la estrategia de la expansión económica externa de Gran Bretaña. Ese cambio estuvo dado por el
paso de una modalidad que durante la primera Revolución Industrial privilegia el comercio de bienes de consumo, particularmente textiles, eomo mecanismo de expansión, a una nueva estrategia durante la segunda Revolución Industrial, más perfecta
y diversificada. Esta nueva estrategia tendía a propiciar, mediante
la exportación de capitales y bienes de capital, el desarrollo de
condiciones que permitieran la expansión de los intereses del
capital. De esta manera el capital cumplía un doble papel reproductor: por una parte al invertir en transportes, comunicaciones y servicios creaba condiciones favorables a las inversiones, y a la vez se beneficiaba directamente con la operación de las empresas establecidas. El lugar que corresponde a
América Latina dentro de esta nueva estrategia resulta claramente significativo del manejo de datos cuantitativos y del
análisis comparativo de la situación en otras áreas.
En la segunda parte se intenta registrar el cambio de estrategia señalado en Venezuela. Por ello el punto de partida cronológico del análisis es anterior al período en consideración.
En la etapa exploratoria que comprende hasta la década de
1850, los intereses británicos más importantes y más estables
estuvieron vinculados al comercio exterior. En las últimas dé-

M. E. Gonzdlez Deluca: intereae, britdnico1 y polftica en Venezuela

191

cadas del siglo XIX, particularmente a partir de la década de
1880, se apreciaron los resultados de la nueva política asociada
a la exportación de capitales y bienes de capital. La situación a
fines del siglo indicaba que el doble papel reproductor asignado
a las inversiones británicas tendía al fracaso por los obstáculos
encontrados en Venezuela.
La tercera parte del trabajo analiza la política venezolana
que se correspondía en sus lineamientos teóricos más generales
con la llamada nueva estrategia del capital británico. Esta confluencia, cuyo resultado esperado debía ser la conformación de
condiciones para promover el progreso, ese equivalente decimonónico del desarrollo actual, no logró conformar una corriente efectiva. Las razones que explicarían esta fracasada tentativa
de expansión de los intereses británicos, radican a nuestro juicio en las contradicciones y dificultades de la misma política.

l. LA UEVA ETAPA EXPANSIVA DE LOS I TERESES
BRITANICOS
La capacidad de expansión de Gran Bretaña en la segunda
mitad del siglo XIX fue expresión de un proceso acumulativo
de poderío económico que tenía entonces una larga historia. Al
igual que España, Inglaterra(*) había tenido y había perdido,
aunque no completamente, un imperio mercantilista. Pero al
contrario de aquella, su fuerza expansiva no sólo no había quedado interrumpida con la caída del imperio, sino que el proceso
económico que comenzó paralelamente con la pérdida de las
colonias norteamericanas, le dio fuerzas renovadoras para iniciar
un proceso de expansión sin precedentes, ·y sin rivales durante
casi todo el siglo XIX. Hasta la segunda mitad del siglo, Inglaterra fue construyendo los mecanismos de su expansión, aunque
los dos procesos se dieron simultáneamente. Es decir no hubo
primero un período de construcción y luego un período de expansión, sino que ambos conformaron un proceso estrechamen-

•

Gran Bretaña e Inglaterra se emplean como nombres intercambiables, en tanto
que ambas comprenden el área geográfica que nos interesa.

�192 Siglo XIX

te asociado en el que los mecanismos económicos nutrían la expansión y vicevtrsa. De esta forma comenzó el proceso de creación de un mercado de dimensión mundiales del cual el capital
británico fue pionero y cabeza hasta fines del siglo pasado.
Dentro de ese proceso cabe distinguir dos momentos dados por
la preeminencia de mecanismos de expansión de características
diferentes: en el primero la exportación de textiles, en el segundo la exportación de tecnología y capitales. Es en el segundo momento cuando Inglaterra alcanzó el punto máximo de su
poderío económico y político que envolvió a América Latina
como área particularmente significativa dentro del proceso mencionado.

De la Estrategia Comercial a la Estrategia Invers;onista
Desde muy temprano la economía industrial británica se
expandió asociada al comercio internacional, relación que se intensificó a lo largo del siglo XIX por el largo monopolio de la
industrialización. La significación de las exportaciones en el crecimiento económico de Gran Bretaña, se aprecia claramente a
través del análisis de su relación con el ingreso nacional, que
demuestra su importancia creciente: de un 130/o del ingreso nacional a fines del siglo XVIII las exportaciones pasaron a representar un 22 1/20/o a comienzos de los años 1870. El papel del
mercado externo fue particularmente decisivo en el desarrollo
de las grandes industrias. Asf, la industria de textiles de algodón
exportaba más de la mitad del valor total de su producción en el
período 1819-21, proporción que siguió aumentando hasta superar el 780/o a fines del siglo. Parecida importancia tuvieron las
exportaciones de la industria del hierro y del acero que desde
los años 1860 en adelante colocaba alrededor del 400/o de su
producción en el mercado externo. 1
Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XIX las dimensiones del comercio exterior permanecieron dentro de límil. Deane y Cole, Britúh Economic Crowth, 1688-1959. Cambridge, Cambridge
University Press, 1969, pp. 187,225 y 309-10.

M. E. Com:ález Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela

193

tes relativamente estrechos, en comparación con el desarrollo alcanzado posteriormente. Ni la producción de mercancías, ni la
acumulación de capitales habían crecido al punto que haría
compulsiva la expansión de las últimas décadas del siglo. Por
otra parte prevalecían todavía las barreras tecnológicas que impedían o dificultaban la movilización rápida y eficiente de recursos humanos y materiales. Incluso las características mismas
del desarrollo industrial más avanzado de Europa -el británicoen la primera mitad del siglo XIX restringían las posibilidades de
expansión. En efecto, la exportación de bienes de consumo inmediato, particularmente textiles, no propiciaba una modificación substancial del mercado internacional. En primer término
porque la demanda de esos productos era relativamente inelástica, particularmente en áreas donde la población crecía muy
lentamente y su poder adquisitivo no era muy elevado; y en segundo término porque se trataba de un tipo de producción no
reproductiva, sin capacidad para modificar las condiciones del
mercado, y por lo tanto para generar nueva demanda.
La segunda fase de la Revolución Industrial cambió esta situación dando lugar a una nueva dinámica económica que multiplicó el crecimiento del comercio internacional y, particularmente, la capacidad de expansión británica. Entre 1800 y 1830
el valor total del comercio internacional se había incrementado
en un 30%, de 300 millones de libras a 400 millones de libras
aproximadamente. En las décadas siguientes entre 1840 y 1870,
se multiplicó más de cinco veces, y hacia la última fecha había
pasado de 2.000 millones de libras. 2 Esta ruptura del hasta entonces relativamente estrecho marco de la economía industrial,
era resultado fundamentalmente del continuado proceso de expansión de la industria británica apoyada ahora en la exportación de bienes de capital y capitales y en el control de los servicios asociados al comercio internacional.
En esta nueva etapa que se inicia mediados del siglo XIX, la
importancia de la exportación de textiles de algodón y lana en
2. Hobsbawm, Industry and Empire. Londres, penguin Books, 1972. p. 139.

�194 Siglo XIX

el comercio de exportación británico fue decreciendo de una
proporción superior al 550/o en 1830 a un 440/o aproximadamente en 18803 , en tanto que fue aumentando el valor de las
exportaciones de bienes de capital de alrededor del 11O/o en
1840-42 al 27% del total en 1882-84.4 Paralelamente se incrementaron las inversiones externas de un valor aproximado de
250 millones de libras a principios de los años 1850 a casi
1.000 millones de libras. hacia 18735 , calculándose que entre
1870 y 1914 el monto del capital exportado por Gran Bretaña
fue de 3.500 millones de libras6 aproximadamente. Las inversiones externas conformaron en este período un mecanismo ·de
expansión incomparablemente más refinado y efectivo que los
textiles, en tanto que no solamente incrementaron los ingresos
por concepto de las llamadas ganancias invisibles, sino que estimularon directa e indirectamente las exportaciones de la industria británica. En este sentido los ferrocarriles jugaron un papel
clave.

Según estimaciones, entre 1865 y 1894, el 60% de los capitales procedentes de emisiones de valores del mercado de Londres para inversiones en ultramar, se destinaron al financiamiento de los ferrocarriles.7 La tecnología del transporte ferroviario
constituyó una forma de inversión particularmente provechosa
para el capital excedente británico debido a tres razones fundamentales: l. La gran capacidad de absorción de capitales de los
ferrocarriles. 2. La construcción y operación de ferrocarriles
estimulaba directamente la producción de hierro, carbón, acero
y la industria metalúrgica en general, que. constituyeron las exportaciones británicas más significativas de la segunda mitad del
siglo XIX. 3. El ferrocarril tendía a modificar favorablemente
las condiciones del mercado, al permitir el transporte más rápi3. lmlah A., Economícs Elements in the Pax Brítannica. Cambridge, Massachussetts,
HaIVard Urúversity Press, 1958, pp.104 y 107.
4. Hobsbawm, op, cit., pp. 109-10 y 139.
5. Hall, A. R., 1ñe Export of Capital from Britain, 1870-1914. Londres, Methuen
&amp;, Co. Ltd., 1968, p. l.
6. Crouzet, F., "Commerce et Empire". Annales. París No. 2, Mars-Avril, 1964, p.
286.
7. Deane y Cole, op. cit., p. 234.

M. E. Gonzd/ez Deluca: intereses brítdnicos y pol(tica en Venezuela

195

do, eficaz y menos costoso de la producción y la población a
los puertos y centros de consumo. A la vez que facilitaba la
apertura de nuevas zonas de producción y poblamiento.
Por otra parte los servicios navieros, de seguros, y financieros , vinculados al comercio internacional también funcionaban
en este período bajo el control británico. Durante este período
Gran Bretaña afirmó su condición de primera potencia marítima. El valor del tonelaje construido y registrado en el país pasó
de 4.7 millones de libras en 1850-59 a 14,9 millones de libras en
1875-84 y 16,7 millones en 1900-1908.8 Además, Gran Bretaña controlaba más del 40% del total del tonelaje mundial.
Como consecuencia, las ganancias producidas por los servicios
navieron británicos se incrementaron así: de 16,5 millones de
libras en los años 1845-54, a 56.6 millones de libras en 1875-84
y 75,7 millones de libras en 1900-08.9 Hasta comienzos de la
década de 1870 estas ganancias excedieron el valor de los intere~es y dividendos de las inversiones británicas en el extranjero.
En estos años los inwesos invisibles británicos cubrieron el déficit de su balanza comercial, cuando el ascenso del nivel de
vida de su población determinó un aumento considerable de
sus importaciones de alimentos, en tanto que sus exportaciones de productos manufacturados enfrentaban una creciente
competencia.
Las Condiciones de la Estrategia Inversionista.

La expansión económica de Gran Bretaña fue acompañada
de una política que perseguía abrir mercados en nuevas regiones que se incorporarían de ese modo a la órbita de los intereses económicos británicos. Aunque hasta mediados del siglo
XIX sn área naturalmente prioritaria de expansión estuvo representada por los restos de su imperio mercantilista, particularmente la India y los dominios, de ningón modo fue el área
exclusiva. Inglaterra entendía muy bien que la exigencia funda-

s.

/bid.
9. /bid.

�M. E. Gonzdlez Deluca: intereses bri.tdnicos y política en Venezuela

196

197

Siglo XIX

mental de una economía en expansión era un mercado en expansión, por lo cual en ningún moment? descuid~ ~a búsqueda
de nuevos mercados fuera de sus colomas y domlillOS. La proporción de las exportaciones británicas colocadas dentro del
Imperio en ningún momento en el siglo XIX fue mucho más d~
la tercera parte del total. Por otra parte del total de 1.187 millones de libras en créditos externos entre 1815 y 1880, no
más de la sexta parte se invirtió en los territorios imperiale~.
Incluso en 1913, después de la incorporación de más de 6 ~1llones de Km. 2 al dominio británico entre 1880 y 1900, las ID·
versiones en el Imperio representaban alrededor del 47°/o de las
inversiones exteriores totales de Gran Bretaña. Es decir, que durante más de un siglo los territorios que no pertenecían fo_rm~mente a la nación británica constituyeron un área por demas Sig·
nificativa de su expansión económica. En el llamado períod~ de
la Pax Británica, que va desde el fin de las Guerras N~poleómc~
a los años 1880, la sólida preeminencia de su industna le_ permitió a Gran Bretaña imponer las reglas del iue~o sin necesidad de
emplear los tradicionales mecanismos de la conquista territorial
para controlar los mercados. De allí que_ para ~u~os a~tores ésta sea la era anti-imperialista de la políbca bntámca. Sm embar10
go, como lo han observado John Gallagher Y_ Ronald Robinson ,
lo que ocurrió fue un cambio en la estrategia glo\)al de la expansión que permitió no el abandono de los viejos métodos de dominación, pero sí la adopción de otros que la supremacía económica hacía viables.
La penetración e incorporación de áreas f~rm~ente independientes no fue, como lo demostró la expenenc1a de los préstamos a gobiernos latinoamericanos en la década de 1820, un
simple problema de oferta de mercancías. Si ?i~n ~a con~ción
pionera de la industria británica suponía el P?vilegio de dis~tar de mercados en forma más o menos excluSiva, ese era un pnvilegio que en gran medida había que crear dadas las limitacio10. Gallagher y Robinson, "Toe Imperialism of Free Trade". A. G. L. Shaw, Great
Britain and the Colonies, 1815-1865. Londres, Methuen &amp; Co. Ltd., 1970,pp.
142-163.

nes de los nuevos mercados potenciales. El proceso continuo y
en constante crecimiento de la producción industrial requería
mercados que absorbieran también en forma contínua y creciente esa producción. Y ese tipo de mercado sólo existía en
unos pocos países europeos, y en alguna medida en los Estados Unidos. En el resto del mundo predominaba todavía el intercambio comercial más o menos periódico, sobre la base de
un volumen relativamente reducido de bienes que correspondía
a las condiciones políticas, sociales y fiscales del mercado anterior a la Revolución Industrial. Para constituír un mercado que
respondiera a las necesidades de un flujo contínuo y creciente
de compra y venta de la industria moderna era preciso, entonces, operar sobre las condiciones que obstaculizaban la expansión. Esto suponía una diligente tarea en la que Gran Bretaña
tuvo una actuación destacada.
La primera fase de la política británica de apertura de nuevos mercados comenzó con la aplicación de los postulados del
libre comercio, tendientes a eliminar las restricciones establecidas por la política mercantilista. Lo que se perseguía no era
precisamente anular todas las restricciones, sino aquellas que
perjudicaran los intereses del comercio internacional británico.
A partir de la década de 1820 Gran Bretaña presionó la aplicación de esa política a través de los tratados de comercio que establecían igualdad de trato para las partes firmantes, e incluían
también la significativa cláusula de la nación más favorecida,
según la cual cualquier concesión arancelaria o de otro tipo, hecha por uno de los países al comercio de otro país, sería extendida automáticamente al otro país firmante. De hecho la ventaja de los intereses británicos estaba asegurada por su dominio
del comercio mundial. La igualdad de trato era parte de la misma mitología del libre cambio que el gobierno británico promovía no por una cuestión de principios, sino porque ésa era una
de las formas de apoyo a la industria y al capital inglés. La estrecha asociación entre economía y política ayudó a destruir las
barreras fiscales que se oponían al libre intercambio .económico.
A mediados del siglo ya Inglaterra había eliminado los últimos
vestigios de su política proteccionista: las leyes de granos, las

�198

Siglo XIX

leyes de navegación, y el tratamiento preferencial de la producción colonial. Recíprocamente, había logrado en casi toda Europa el establecimiento de un régimen fiscal moderado, caracterizado por impuestos bajos y ausencia de prohibiciones.
El proceso de adecuación del mercado a las exigencias de la
producción industrial pasaba no solamente por la eliminación de
las barreras fiscales, sino por la transformación de las condiciones que impedían el cabal funcionamiento del mercado, particularmente en áreas como América Latina. En consecuencia, se
buscó crear en esas áreas condiciones políticas y sociales favorables a los intereses británicos, mediante la formación de gobiernos estables dispuestos a reconocer la supremacía de estos intereses y a imponer condiciones de cooperación y seguridad para las
inversiones británicas. Para ello debían adoptarse políticas tendientes a modificar las características del mercado interno, lo
cual significaba operar en tres direcciones. Aumentar la población y modificar sus patrones de consumo a través de la inmigración; eliminar las barreras internas fiscales y físicas que impedían la libre circulación de las mercancías; y penetrar las regiones interiores para conectar las zonas productoras y de consumo con los puertos -el circuito básico del comercio exteriorª la vez que transformaba el mercado al destruir los obstáculos
físicos, abría una de las formas más significativas de la nueva estrategia inversionista: la construcción de ferrocarriles.
De esta forma, la nueva etapa de la expansión británica fue
mucho más efectiva en la tarea de adecuar el mercado a las necesidades creadas por la Revolución Industrial. Los préstamos
gubernamentales y la inversión de capitales en empresas de servicios públicos, transporte, comunicaciones, servicios portuarios, entre otros, promovían la creación de sus propias condiciones de operación a la vez que contribuían a cimentar y ampliar el mercado para la producción industrial británica.

M. E. Con%dlez Deluca: interuu britdnicos y pol(tica en Vene%uela

199

dose en Gran Bretaña en forma casi paralela con el crecimiento
de su economía industrial. Ese interés fue determinante en la
política de ayuda a las colonias en su lucha por lograr la independencia de la metrópoli española. Y en los años 1820, terminadas en Europa las Guerras Napoleónicas y en América las
Guerras de Independencia, las nuevas naciones latinoamericanas emergieron desprovistas de ataduras políticas, como un
área particularmente atractiva para hacer buenos negocios.
George Canning lo expresó con claridad en 1824: "Hispano
América es libre y si nosotros no administramos mal nuestros
asuntos, es inglesa". 11 Estos países, que comenzaban el proceso
de rehacer su producción económica y replantear sus estructuras, carecían justamente de lo que la economía británica estaba
dispuesta a ofrecer: productos manufacturados y dinero. A comienzos de la década, el público británico compraba presurosamente los bonos de los recién establecidos gobiernos y los
valores de un número considerable de empresas económicas, organizadas con el propósito de explotar las riquezas que durante
tanto tiempo habían sido infructuosamente codiciadas. Entre
1822 y 1825, todos los países latinoamericanos, con excepción
de Bolivia, Paraguay y Haití, contrataron empréstitos en Inglaterra por un valor nominal superior a 21 millones de libras. Solamente en 1824-25 se fundaron o proyectaron 624 compañías
con un capital autorizado superior a los 100 millones de libras.
Sin embargo, el entusiasmo frenético de los inversionistas decayó en 1827 cuando el precio de los bonos y valores bajó abruptamente. La especulación de esos años dejó como resultado una
ganancia de varios millones de libras en manos de los agentes financieros que negociaron los préstamos y lanzaron los valores al
mercado; un apreciable número de pequeños inversionistas británicos que perdieron considerables sumas de dinero invertido
en la compra de bonos y valores; y una deuda de más de 21 millones de libras en los países latinoamericanos, que sólo habían
recibido efectivamente alrededor de un 60% de esa suma.12

América Latina, Area Privilegiada de la Nueva Estrategia.

El interés por el mercado latinoamericano fue desarrollán-

11. lbid.. pp. 152-153.
12. .En aJgllilOS casos el porcentaje fue incluso menor. Una informaci6n detallada sobre las inversiones de los años 1820 se encuentran en Rippy, J. F., Brituh lnve8t
ments in Latín America, 1822-1949. Mineapolis, University of Minnesota Press,
1959, pp. 17-26.

�200 Siglo XIX

Deuda que, por otra parte, no pudo ser cancelada en los plazos
y condiciones estipuladas.
El intenso aunque breve período de flujo de capitales y mercancías decreció a fines de los años 1820, adecuándose a una
realidad que muy poco correspondía al espejismo creado por la
ambición de los capitalistas británicos. Lo que determinaba la
estrechez del mercado, y, por lo tanto, el derrumbe de la fiebre
especulativa, era justamente lo que la nueva dirección política
de los países latinoamericanos proponía transformar. Es decir:
una población reducida y con una capacidad de consumo baja
y estable, particularmente en áreas donde las necesidades de la
población eran satisfechas por la artesanía local o doméstica; las
dificultades de comunicación y de penetración de la mayor parte del territorio; la inestabilidad política que incrementaba el
riesgo de las inversiones_; y la ausencia de líneas de producción
adecuadas a la demanda exterior que permitieran un intercambio comercial regular.
El renacimiento de las expectativas britárúcas comenzó en
la segunda mitad del siglo. En el período 1860-80 se produjo
una nueva oleada de empréstitos gubernamentales. Pese al estado de mora del pago de la deuda en muchos países, los préstamos a los estados sudamericanos como explicaba The South
American Joumal en 187213 tenían apreciables ventajas. En
primer término- porque las condiciones impuestas eran mucho
más favorables al capital inglés que las aceptadas por países europeos como España, Italia y Austria; en segundo término porque los préstamos eran una forma reproductiva de inversión, en
tanto que eran destinados a la construcción de ferrocarriles con
materiales y personal inglés, y a desarrollar condiciones más
propicias de funcionamiento del mercado.
13. The South American ]ournal and Brazil &amp; River Plate Mail. Londres, 7/2/1872,
p. 16. En realidad en esta fecha y hasta 1879 el nombre del periódico fue The
Brazil and River Plate Mail and South American Mercantile Journal, pero aparece en la catalogación hemerogtáfica con el primer nombre que es además el
más difundido. Este semanario, de gran riqueza informativa, sexvfa de órgano de
infonnación de los intereses británicos en América Latina.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y pol(tica en Venezuela 201

A fines de 1880, del total de casi 180 millones de libras invertidas en América Latina, casi el 690/o estaba colocado en bonos gubernamentales. Lo cual paradójicamente plantea el caso
del capitalismo británico cuyo principio básico era el rechazo de
la intervención del Estado en materia económica, propiciando
en América Latina la participación activa del Estado en la creación de las condiciones necesarias para una eficiente operación
económica. Al finalizar este período, la mayoría de los estados
latinoamericanos estaban fuertemente endeudados, de modo
que sus ingresos eran absorbidos hasta en una cuarta parte por el
pago de intereses y amortización de la deuda. Entre 1875 y
1880 los efectos de la llamada "Gran Depresión" de 1873 se
manifestaron en una disminución de la entrada de capital británico a América Latina que, sin embargo, no afectó fundamentalmente las tendencias señaladas.
Una segunda etapa de las inversiones británicas fue la comprendida entre 1880 y 1890, durante la cual se produjo un incremento considerable del capital que fluyó hacia América Latina. El carácter de las inversiones demostró en estos años el
éxito de la nueva estrategia inversionista. En efecto, se operó
entonces una disminución relativa de la inversión en bonos gubernamentales, aunque en términos absolutos aumentó más de
71 millones de libras. Lo significativo es que más de la mitad
de las inversiones se concentraron en empresas económicas, cuyo número aumentó de 96 en 1880 a 289 en 1890, en tanto que
el capital invertido subió de 56 millones de libras en 1880 a
230 millones aproximadamente en 1890. Pero igualmente significativo fue que tanto los países morosos como la proporción de
la deuda en estado de mora se redujeron considerablemente en
este período: de 10 a 4, y del 60 al 40/o respectivamente. Situación que indicaba la solvencia de los gobiernos latinoamericanos
en ese período, y el surgimiento de condiciones que propiciaban
el mejor desenvolvimiento de las actividades económicas. En esta década, de 1880 a 1890, se definieron los rubros fundamentales de la inversión. El primero en importancia fue el de lo~ fe.
rrocarriles que absorbieron en estos años de auge entre el 65 y el
700/o del capital invertido en empresas económicas, inversión

�202 Siglo XIX

concentrada particularmente en Argentina, Brasil, Chile, México, Perú, Venezuela y Uruguay. Las empresas de servicios públicos, mineros, financieros, portuarios, y manufactureros absorbieron el resto del capital. Dentro del cuadro del total de las
inversiones británicas de portafolio los países latinoamericanos
ocupaban entre 1865 y 1914, el segundo lugar después de
·
·
14
América del Norte, con un 170/o del total de esas mverS1ones.
Durante los años 1890 y como expresión de la confianza en
el proceso de crecimiento económico latinoamericano, come~zó
una tendencia a la especulación particularmente en Argentina
que entonces absorbía casi el 37% del total de las inversiones
británicas en América Latina. El crecimiento artificial de la economía determinó en poco tiempo la crisis de la casa Baring que
dio lugar a la recesión de los años finales del siglo.15 Fue iustamente en esos años que la posición del comercio británico en
América Latina comenzó un proceso de deterioro relativo, debido a la competencia de la producción alemana y estadounidense.
Sin embargo, las exportaciones británicas a América Latina
continuaron aumentando, y su proporción en relación con el
total de las exportaciones británicas aumentó en un 10.50/o en
los años 1860, al 20º/o en los años 1880 y al 220/o entre 1900 y
1914.16 Hasta la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña mantuvo su superioridad económica, pese a la creciente competencia
de las naciones industrializadas, y América Latina continuó
siendo un campo particularmente significativo de su economía
externa.
2. LOS INTERESES BRITANICOS EN VENEZUELA EN EL
SIGLO XIX

M. E. González Deluca: interese, britdnicos y pol(tica en Venezuela

203

Porter el capítulo de su diario que registraba su llegada a Venezuela en noviembre de 1825 como cónsul británico.17 Probablemente Venezuela, entonces un departamento de la República de Colombia, no merecía el calificativo más que otros países de América Latina cuya turbulencia era igual o aún más
pronunciada en esa época. Pero también es verdad que para los
ingleses, aún para los políticamente informados, los países hispanoamericanos constituían un todo no muy bien diferenciado
cuya independencia política se iniciaba en medio de una agitada
inestabilidad. Y aún otra verdad es que los ingleses no preveían
entonces, como quizá tampoco los propios hispanoamericanos,
que esa turbulencia, indicación probable de una crisis que se
prolongaba más allá de la terminación de la guerra, evidenciaría
una naturaleza indómita capaz de vencer las fórmulas de progreso más eficientes de las próximas décadas.
El gran obstáculo para la expansión británica en América
Latina, y consiguientemente en Venezuela, había sido vencido:
superada su condición colonial, estos países ya no estaban s~metidos al celoso cerco - bien que menos rígido a fines del Sl·
glo XVIII- que la metrópoli había tendido a su alrededor. De
esta manera el codiciado mercado estaba libre, y en adelante
todo seria cuestión de buena administración, según la expresión de Canning. En realidad los años siguientes demostrarían
las dificultades, en ocasiones insuperables, para llevar delante
ese propósito, porque lo único real en esa etapa inicial era que
la codicia había creado un mito: el mito del gran mercado de
las ex-colonias hispanoamericanas. Hacer de ese mito una realidad requeriría algo más que una buena administración británica,
y esto era particularmente cierto en el caso de Venezuela.

La Etapa Exploratoria

"Venezuela, land of turbulence": así titulaba Sir Robert Ker
14. M. Simon, "The Pattem of New British Portfolio Foreign Investment, 18651914". A. R. Hall, op. cit., pp. 23-24.
15. Para las consideraciones relativas a las distintas fases de la inversión en América
Latina, nos hemos basado en Rippy, op. cit., pp. 1 Hi5.
16. Hobsbawm, op. cit., p. 148.

En 1830 la población de Venezuela era de 700.000 habitante aproximadamente. Ciertamente la cifra podía parecer sig17. Sir Robert Ker Porter's Caracas Diary, 1825-1842, Caracas, Editorial Arte,
1966, cap. 2.

�204 Siglo XIX

nificativa tomándola como base para apreciar las posibilidades
del mercado venezolano, pero la realidad socio-económica y
aún física de Venezuela reducía considerablemente aquella cifra. Por la misma fecha, Caracas, la ciudad capital y la más importante desde el punto de vista geográfico, tenía alrededor de
30.000 habitantes, y dado que la capacidad de consumo de productos importados se concentraba fundamentalmente en las ciudades más importantes, las ciudades-puerto y sus hinterlands,
cabe suponer que en términos numéricos el mercado debía ser
poco sustancioso. Por otra parte, la topografía y otras dificultades físicas del área donde se asentaba la mayor parte de la población venezolana, formaban una auténtica barrera en un país
que hasta las últimas décadas del siglo tuvo como únicos medios
de transporte el caballo y la recua de mulas, y muy escasos caminos de carretas. Por lo tanto, los productos importados que
llegaban a los pueblos y ciudades alejados de la costa después de
días de viaje por caminos casi intransitahles18 , alcanzaban precios fuera del alcance del consumidor corriente.
La idea o el mito de las riquezas de los países latinoamericanos que sólo aguardaban la oportunidad adecuada para transformarse en ávidos consumidores de la producción inglesa, había sido alimentada durante la colonia por la capacidad de la
economía para absorber el contrabando, y, después de la guerra
de independencia, por la expansión de una demanda acumulada
durante años. Esta última coyuntura fue aprovechada por Gran
Bretaña que abrió cargos consulares en los principales puertos
de Venezuela desde 1823, y ya en 1824 el cónsul británico en
Puerto Cabello estimaba que una proporción de dos tercios de
las importaciones estaba constituída por productos británicos.19
Hacia los años 1824-25 las importaciones británicas alcanzaron
el valor máximo de la década, decayendo considerablemente a

f:-

18. R.
Humi:ihreys (ed.) , British Consular Reports on the Trade and Politics of
Latín Amenca, 1824-1826. Londres, Royal Historical Society Camden Third
Series, LXUI, 1940, p. 281.
'
19. En la década de 1820 había en Brasil alrededor de 120 firmas comerciales británicas, en tanto que Buenos Aires contaba con 40, y con una comunidad británica de alrededor de 3.000 miembros que por supuesto eran los principales consumidores de productos importados. Cf. D. C. M. Platt, Latín America and British
Trade, 1806-1914. Londres, Adam &amp; &lt;liarles Black, 1972, pp. 39 y 42.

M. E. Conzdlez Deluca: in te reses britlfnicos y poi(tica en Venezuela

205

fines de la misma. El intercambio comercial con Gran Bretaña
mostraba ya una tendencia desfavorable a Venezuela que se
mantendría a lo largo del siglo. Fue durante estos años que comenzaron a llegar al país comerciantes, agentes viajeros y comisionistas que formaron una reducida e inestable comunidad británica.20 Sin embargo, durante esta década Venezuela ejerció
una atracción poco considerable sobre los intereses británicos.
A partir de 1830, separada Venezuela de la República de
Colombia, las relaciones económicas con Gran Bretaña se regularizaron sobre la hase de estos tres hechos: la aceptación venezolana de cubrir el 28 1/20/o del pago del préstamo británico a Colombia de 1824; la ratificación del Tratado de Amistad
y Comercio de 1825 que regulaba el intercambio comercial entre ambas naciones según la cláusula de la nación más favorecida, y por último el reconocimiento de Venezuela como nación independiente por parte de Gran Bretaña en 1835 deci.
'
s1ón que dependía de los razonables acuerdos logrados en relación con la deuda y el Tratado. En los diez o quince años siguientes, la relativa estabilidad política y económica de Venezuela determinó un aumento del número de comerciantes establecidos en el país, que, sin embargo, nunca pasó de cua~enta. Hacia fines de la década de 1840 operaban en Venezuela
alrededor de 24 firmas comerciales inglesas21 , además del
Colonial Bank of London fundado en 1839, y la firma británica que explotaba las minas de Aroa.
Durante los años 1830 a 1860 aproximadamente, los hombres de negocio británicos exploraron y apreciaron las dimensiones reales del mercado venezolano, mostrando una actitud
cautelosa. Si el fracaso de muchas operaciones económicas obstaculizó la formación de grandes fortunas, las pérdidas tampoco fueron cuantiosas - pese a las frecuentes reclamaciones por
daños y pérdidas de ciudadanos británicos- por cuanto las
20. G.E. Carl, British Commercial lnterests in Venezuela During the Nineteenth
Century (tesis doctoral no publicada) , pp. 24-25.
21. The South American Journal, 22/ 9/1874, p. 11.

�206 Siglo XIX

inversiones tampoco solían ser significativas. Los comerciantes,
por ejemplo, se establecían con un capital muy reducido, simplemente aceptando en consignación productos de manufactura
británica que vendían a cambio de comisiones. En Venezuela,
el comercio de importación británico tenía dos ventajas en comparación con otros mercados más importantes de América Latina: 1. La escasa competencia interna de comerciantes y productos no británicos pese a las ocasionales incursiones de comerciantes norteamericanos que compraban productos británicos en remates para revenderlos a bajo precio; y 2. la cercanía de las colonias británicas donde operaban ~andes depósitios de mercancías, que permitían a los comerciantes asentados en Venezuela renovar regularmente sus stocks sin tener
que invertir en grandes volúmenes de compra de una vez. Esta
última situación abría otro canal comercial de gran importancia desde la época colonial y que seguiría siéndolo en el futuro:
el contrabando, la tradicional forma de evitar el pago de los altos aranceles de aduana, fuente principal de ingresos del Estado
Venezolano. La ausencia de regulaciones sobre el comercio de
cabotaje, y de control adecuado de las costas, al menos hasta
1873, sumada a la connivencia de ciertos funcionarios de aduana, hicieron del contrabando una actividad regularmente próspera que podía añadir entre la mitad y un cuarto de las importaciones legales al volumen total de mercancías británicas que
entraban en el país.
El comercio de importaciones británicas comenzó a incrementarse a partir de mediados de los años 1830, y en las décadas
siguientes hasta 1860 mantuvo una tendencia ascendente, aunque por debajo de las expectativas de expansión británica. El
crecimiento de las importaciones, compuestas hasta en un 80%
de textiles, dependía de la regularidad de los modestos ingresos
de las exportaciones venezolanas, generados por una economía
agraria esclavista que no había experimentado grandes transformaciones desde la época colonial.
A finales de los años 1840, las dificultades acumuladas por
una economía que operaba dentro de marcos muy estrechos,

M. E. Gonzdlez Deluca: interese&amp; britdnicos y po/itica en Venezuela 207

sumados a la aparición de nuevos signos de inestabilidad política, perturbaron seriamente las perspectivas de los intereses británicos. Las expansiones más serias de esta perturbación evidenciaron que las perspectivas de una expansión eran todavía inciertas. En 1847, Venezuela no cumplía su compromiso con los
tenedores de bonos británicos, según los términos del acuerdo
de 1841 para el pago de la deuda externa. Comenzó así un proceso de constantes discusiones sobre las formas de pago, y negociaciones para contratar nuevos empréstitos y diferir el pago de
los atrasados, que se prolongó hasta nuestro siglo. En 1849 el
Colonial Bank of London se declaró en quiebra golpeado definiti·vamente, después de diez afios de actividad conflictiva, por
la moratoria sobre las deudas decretada por el gobierno en ese
afio, que le impidió recobrar los préstamos realizados. Por otra
parte, en esos años había comenzado la renegociación del Tratado de Amistad y Comercio ratificado en 1835, que proseguiría durante el resto del siglo, añadiendo creciente tensión a las
relaciones de Venezuela con Gran Bretaña, clara y única beneficiaria del Tratado, a cuya discusión se oponía. Las reclamaciones y amenazas británicas por daños económicos generalmente
inflados crearon resentimiento en Venezuela que unido a la creciente inestabilidad política de finales de la década de 1850
hizo abandonar el país a algunas firmas inglesas. La casa Boulton,
fundada en 1826 por John Boulton, fue una de las más importantes firmas que permaneció en el país.
Desde la primera casa de importación-exportación de La
Guayra, Boulton había ·ampliado y diversificado sus intereses
hacia la navegación, y paulatinamente orientado sus actividades hacia el mercado de Estados Unidos, principal consumidor
de café venezolano y proveedor de víveres y otros productos.
Además, la temprana y provechosa habilidad de la Casa Boulton para cultivar buenas relaciones con sectores oficiales y particularmente su disposición a ofrecer apoyo financiero a los
gobiernos siempre escasos de fondos, y en un país donde las
contadas firmas comerciales de importancia eran las únicas con
capacidad de hacer préstamos, le aseguraron condiciones de

�208 Siglo XIX

operación privilegiadamente estables. Durante los años 1850 y
1860, cuando muchos comerciantes abandonaban el país, aunque sus ganancias no habían sido siempre magras considerando
las modestas dimensiones de la economía venezola, la fortuna
de la casa Boulton aumentaba.
En estos años parte del comercio de importación pasó a ser
controlado por comerciantes alemanes cuyos negocios adquirieron solidez en los años siguientes. El hecho de que las importaciones británicas sostuvieran su tendencia moderadamente ascendente, hace suponer que, pese a los temores expresados por
los cónsules británicos, los comerciantes alemanes no sólo no
entorpecieron la posición dominante del comercio británico,
sino que ellos mismos actuaron como agentes, reemplazando en
esa función a algunos comerciantes británicos que habían abandonado la plaza.

M. E. González Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela

209

allí nuevas naciones, nuevas leyes y una nueva vida. Ya que según los argumentos de la proposición, estos países no sólo eran
incapaces de resolver sus disputas de límites territoriales, sino
también de levantar ingresos suficientes para pagar su deuda
pública. En realidad las quejas y comentarios desfavorables, incluso injuriosos hacia Venezuela constituyeron una constante
a lo largo del siglo, siempre que, por acciones deliberadas o no,
los intereses británicos relacionados con préstamos gubernamentales, inversiones o intercambio comercial, eran perjudicados en alguna forma. Esto no impidió que desde mediados de
la década de 1860, Venezuela fuera presentada como una perspectiva atrayente de inversión dado que era un campo virgen
donde todo estaba por hacerse y donde todo lo que se necesitaba era capital. El mismo gobierno venezolano a través de su cónsul en Londres F. Hemmings, comenzó en 1864 una activa campaña destinada a elevar el créditos y promover la prosperidad de
Venezuela.

Comercio e Inversiones en la Etapa de la Nueva Estrategia

Transcurrido medio siglo de expansión del mercado venezolano, la actitud tradicionalmente cautelosa del capital británico
no había sido abandonada, y si por una parte se intentaba convertir en acción punitiva el repudio hacia Venezuela, considerada la "oveia negra" por sus repetidos incumplimientos de los
compromisos de la deuda externa; por otra, existían crecientes,
aunque intermitentes, expectativas de cambio que tenían dos
puntos de apoyo. De un lado, la nueva estrategia de expansión
económica externa britárúca, y de otro, el interés del gobierno
venezolano en orientar esa expansión hacia su territorio. El recelo y la prepotencia de sus reclamaciones no anularon la ambición de los inversionistas británicos, lo cual explica que The
Brazil and River Plate Mail comentara en abril de 1864 las noticias de una Venezuela que estaba... "progresando pacífica y
prósperamente. . . " 22 , aunque pocos días después refiriera la
proposición de un miembro del London Stock Exchange para
comprar Ecuador, Nueva Granada y Venezuela para establecer
22. The South American Ioumal, 7/4/1864, p. 164.

El valor de las importaciones británicas empezó a recuperarse en los años 1860 de la caída de años anteriores.23 De 65.084
libras en 1863, el valor de la producción británica colocada en
el mercado venezolano alcanzó un máximo de 410.423 libras
en 1866, y 260.074 libras en 1867, cifra que representaba valores más estables. 24 Aunque el mercado venezolano era competitivamente muy reducido -en 1867 representaba apenas el
1,55% del total de 16.759.428 libras exportado a diversas partes de América Latina25 - , estaba dando signos de una alentadora expansión. La contratación de un empréstito por valor nominal de 1.500.000 libras en Londres, la formación del London
and Venezuela Bank, la iniciación de los trabajos del ferrocarril
Central de Venezuela, y el interés en desarrollar en Venezuela
una fuente alternativa de aprovisionamiento de algodón, ante
23. Cabe señalar, sin embaJgo, que en 1867 era 30º/o más bajo que en 1857.
24. The South American Joumal, 7/8/1865, p. 444; 22/3/1867, p. 17 y 22/4/1868,
p.13.
.
.
25. lbid., 22/4/1868, p. 13. La cifra representa el total de las exportac1~nes·a Brasil,
Argentina, C31.ile, Nueva Granada, Uruguay, Perú, Venezuela, Aménca Central y
Bolivia.

�210 SigloXIX

las dificultades del mercado productor de Estados Unidos, demostraban que el capital británico estaba dispuesto a ensayar en
Venezuela el plan de... "ofrecer su mando dondequiera que
existiera gente voluntariosa y lista para ayudarse a sí misma y
sacar provecho de esa ayuda"... , según la visión samaritana del
director de la compañía del Ferrocarril Central de Venezuela. 26
La inauguración de los trabajos del Ferrocarril constituyó la esperanza de una nueva era de grandes ganancias. El mencionado
Ferrocarril recorrería una distancia de entre 50 y 54 millas desde San Felipe a Puerto Cabello, distancia que las recuas de mula
recorrían empleando de 3 a 6 días, transportando a un costo de
7,00 u 8,00 libras la tonelada de café y algodón, distancia y costo que el nuevo medio de transporte prometía reducir considerablemente.27 Las perspectivas de expansión de la economía venezolana, una vez vencido el gran obstáculo del transporte que
impedía la efectiva comunicación de las zonas productoras con
sus mercados, entusiasmaba tanto a los productores venezolanos
como a los comerciantes e inversionistas británicos; aunque estos últimos recién comenzaron a abandonar su cautela en la década de 1880.
Durante todo el período hasta fines del siglo, el comercio
exterior de Venezuela operó a través de canales que reproducían
la estructura atomizada del país dividido en núcleos que comprendían una ciudad-puerto y un hinterland, que operaba como
mercado y zona productora, cuyas dimensiones dependían de la
capacidad de penetración de los medios de transporte existentes. Los tres núcleos más importantes eran: 1. La zona Centro
Norte, que comprendía Caracas, Valencia y toda la zona agrícola inmediata, que canalizaba su comercio exterior a través de La
Guaira y Puerto Cabello 28 ; 2. Ylaracaibo que controlaba el comercio exterior de toda la zona andina; y 3. Ciudad Bolívar que,
26. !bid., 7/ 12/ 1864, p. 63.
27. !bid., 7/6/1865, p. 354. Datos del infonne de Mr. Fairlie, ingeniero civil enviado
por la Compañía del Ferrocarril Central para investigar las perspectivas de la línea en construcci6n.
28. La regi6n oriental se comunicaba con las islas antillanas, particularmente con
Trinidad, y con puertos de otras regiones venezolanas mediante navegación de
cabotaje.

M, E. Gonzdlez Deluc.a: intereses británicps y polftica en Venezuela 211

a través del río Orinoco, comunicaba con el exterior de la zona
de Guayana y parte de la región Sud-Occidental hasta Colombia.
Cada una de estas tres áreas controlaba en forma independiente
su comercio de exportación e importación, e incluso, hasta la
década de 1870, sus propios ingresos de aduana. Dado que prácticamente no existía comunicación por tierra que conectara estos núcleos unos con otros, el país presentaba una estructura
que se ha llamado de archipiélago, formidable barrera para la
construcción de un mercado interno. Es a través de estos canales que ingresaban a Venezuela, en forma legal o ilegal, las importaciones británicas cuyo valor fue incrementándose de un
promedio anual de casi 360.000 libras en los últimos cinco años
de la década de 1860 a más de 500.000 libras en toda la década siguiente.
Entre 1870 y finales del siglo, el valor del comercio exterior
creció en una forma lenta y muy modesta presentando en su
curso contracciones y expansiones asociadas a algunos de estos
factores: la situación política del país; los resultados de la producción agrícola en general; el volumen, calidad y prec10s de su
producto básico, el café; y la explotación inestable de otros recursos como el oro, el cobre, las plumas de garza y el balatá, cuya expansión solía compensar la contracción de otros. En la
década de 1880 se acrecienta el peso de otro factor, que en los
años 1860 había comenzado a operar como estímulo de las importaciones. Se trata de las inversiones en obras públicas, transportes y empresas de explotación minera que abrieron un corto
período de expansión de los intereses económicos británicos en
Venezuela.
Las inversiones británicas en Venezuela hasta la década de
1860, al igual que en el resto de Amércia Latina, estuvieron
prácticamente limitadas a los préstamos gubernamentales que la
tradicional falta de capacidad de pago del gobierno había convertido en una inversión poco segura, al menos para los tenedores de bonos. Estas inversiones indirectas eran en principio concebidas como una forma de crear condiciones infraestructurales
favorables a las inversiones directas, a través de las políticas de

�212

Siglo XIX

fomento del progreso material formuladas en cada país. Venezuela contrató dos empréstitos, en 1862 por 1 millón de libras,
y en 1864 por 1 millón y medio de libras, ninguno de los cuales
pudo cancelar en los plazos estipulados, por lo cual ninguna inversión indirecta se hizo en la década de 1870. Esta situación no
era peculiar de Venezuela: más de 71 millones de libras de los
123 millones de libras -valor nominal- invertidos en bonos
gubernamentales latinoamericanos estaban en mora en esos
años. 29
El relativo entusiasmo de mediados de la década de 1860 tuvo corta existencia ya que las condiciones económicas y políticas del país no daban señales de cambio. Entre las nuevas
empresas el London and Venezuela Bank organizado por inversionistas de Londres y comerciantes británicos establecidos en
Venezuela, comenzó a operar en 1865, cerrando sus puertas en
1867, pese a que el banco no había otorgado préstamos a los hacendados ni al gobierno, según la conducta preestablecida, para
evitar dificultades en el cobro de estos préstamos. Lo cierto es
que las limitaciones de la economía frenaron la mayoría de las
inversiones durante los años 1860 y 1870. Una excepción fue la
minería de oro en l~ región de Guayana, que había hecho revivir entre los inversionistas la antigua leyenda de El Dorado. La
compañía minera más importante, El Callao, creada en 1870,
extrajo oro por valor de más de 3 millones y medio de libras entre 1871 y 1885. Los beneficios de esta compañía excepcionalmente altos se aprecian en el monto de dividendos pagados a los
accionistas, que fueron ascendiendo desde 644.000 bolívares en
1875 a 6.055.800 en 1883 y 9.660.000 en 1884.30 La minería
representó además un considerable estímulo para el comercio de
importación: en 1885 y 1884 el 19,15% y 27.48% respectivamente de las importaciones británicas del puerto de Ciudad Bolívar correspondía a maquinarias y otros productos destinados a

29. La compañía tenían en 1870 12 acciorustas, y en 1866, 600, entre los cuales
198 franceses, 134 ingleses y 34 venezolanos.
30. Rippy, op. cit., p. 31. The South American ]ournal, 15/5/ 1886, p. 221.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y pol(tica en Venezuela

213

las minas. 31 Cierto es que casi el 50% de esas importaciones correspondían a la compafiía de El Callao. Otras compañías como
la New Chili, la Venezuelan-Austin, Potosí, New Callao, Victory,
~acubay tenían niveles de producción muy inferiores. 32 El legendario poder de enriquecimiento de la minería de oro la hacía de por sí atractiva a los especuladores, pero cabe suponer
que, salvo para unas pocas compañías, los beneficios debieron
ser limitados dadas las dificultades existentes para la explotación. El transporte de personas, maquinarias, víveres, madera,
explosivos y demás productos para la minería debía hacerse en
carretas y recuas de mulas, único medio de transporte para recorrer una distancia aproximada de 165 millas desde el Puerto Las
Tablas en el río Orinoco hasta el distrito minero. El largo y dificultoso viaje significaba un enorme encarecimiento de los productos que sólo las compañías que tenían altos niveles de producción podían soportar. El proyecto de ferrocarril no se puso
en práctica, en tanto que la producción de oro comenzó a decaer rápidamente en la década de 1890, alejando las perspectivas de una prosperidad estable.
En los años 1880 el capital británico fue introduciéndose
más decididamente en Venezuela, a través de las inversiones clásicas de esos años en América Latina en ferrocarriles, servicios
portuarios, teléfonos, etc. En casi toda América _Latina el capital así invertido produjo altos niveles de ganancia, en tanto que
las condiciones de contratación limitaban los riesgos mediante el
establecimiento de subsidios, exención de impuestos, concesiones de tierras y, generalmente, la garantía de una utilidad del
7º/o sobre el capital invertido. En Venezuela las inversiones más
importantes se concentraron en los ferrocarriles, en el servicio
portuario de La Guaira, el puerto más importante del país, y, en
31. "Report by Vice-Consul Reddan on the Trade and Commerce of the Port and
Qty of Qudad Bolívar, for the year 1883-84". Parliamentary Papers, 1884-85,
LXXIX, p. 1575.
32. The South American Joumal del 19/ 1/ 1889, p. 6, indica el valor del oro producido en los últimos años (no precisa cuáles), asi: El Callao, entre 2 y 3.000.000
de libras; New Ch.ili, 250.000 hora~ Venezuelan Austin, 20.000 horas; Potosí,
10.000 horas; New Callao, 5.000 libras; Victory, 2.000 libras.

�214 Siglo XIX

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y polftica en Venezuela

215

una proporción mucho menor, en servicios telefónicos. Es decir,
se trataba de crear el soporte infraestructura} de una economía
cuya futura prosperidad estaría dada en ~ran parte por una más
eficiente comunicación de las zonas productoras con el mercado
internacional.

Guaira, alcanzaba un total de 7 millones de libras que sumado a
otras inversiones daba un total de alrededor de 11 millones de
libras hacia 189536 , lo cual representaba a fines de los años
1890 alrededor del 2,5% del valor nominal total de las inversiones británicas en América Latina.

Sin embargo el establecimiento de las líneas de ferrocarril
no p~rsiguió abrir nuevas zonas productoras, ni propició el poblamiento en nuevas áreas. El trazado fue absolutamente conservador en este aspecto. Concentrado en la zona norte, siguiendo rutas pre-establecidas, se limitaba a conectar los puertos en
los mercados cercanos más importantes, f:enetrando distancias
de poco más de 40 Km. hacia el interior. 3 De esta manera, el
~~bio en las condiciones de transporte de la producción se
lim1tab,a a la última parte del trayecto, -o a la primera en el caso de las importaciones- que atravesaba el área montañosa de la
Cordillera de la Costa en dirección a los puertos. En Venezuela
la idea no fue construir una economía nueva, sino aumentar la
eficiencia de la existente, pero incluso ese propósito tuvo alcances muy limitados. De las catorce líneas de ferrocarril, que recorrían. poco más de 80~ Km 34 , cinco eran de capital inglés a fines
del Siglo. Entre esas cmco líneas estaban dos de las tres más important~ ~esde el punto de vista de los mercados que unían y
del ~endim1ento del capital invertido: Caracas-La Guaira y Valencia-Puerto Cabello, de capital inglés; la tercera: Caracas-Valencia pertenecía a una empresa alemana. 35 El capital invertido
en las empresas ferrocarrileras, y en las obras del puerto de La

La Situación a Fines de Siglo

33. Las excepciones eran los ferrocarriles La Ceiba·Motatán (85 Km) y Encontradoi;La Frf~ (100 km), de capital nacional, _Y la lfnea.Santa Bárbara-El Vigía ( 60 km),
de capital francés, que penetraban hacia la zona productora de café de los Andes
34. En compa~ción, a fines del siglo la red ferrocarrilera aigentina recorría 16.500
~- C[- Ricardo M. Ortíz, Historia Económica de la Argentina. Buenos Aires,
Editonal Plus Ultra, 1971, T. !,P. 261. Por la mimJaépoca la red brasileña cubría
15.316 km., Cf. R. Graham, Britain and the Onset of Modemization in Brazil
1850-1914. Cambridge, Cambridge University Press, 1972, p. 30.
'
35. Las restantes líneas eran: Caracas-Petare (inglés, tramo de la lfnea Caraca&amp;-Santa
~ucía); Cara~-El Valle (nacional); Tucacas-Aroa (inglés); El Hacha-Barquísirneto
(mglés); La Cetba_-Valera (nacional); Santa, Bru:bara-El Vigía (francés); Encontrados-~ Fría (nacional); ~renero-San Jose (holandés); Guanta-Naricual (nacional), La Vela-Coro (amencano). The South American Journal. 22/1/1898, p. 88.

Ti:as años de predominio del comercio inglés, y después de
una década de fuertes inversiones, la tendencia en los años que
siguieron a 1890 fue mucho más moderada en toda América
Latina. En Gran Bretaña, la creciente preocupación por la posición del comercio británico determinó el nombramiento de
un Comisionado Especial, Mr. Thomas Worth~ton, enviado
por el Board of Trade a investigar en Centro y Sud-América la
posible caída relativa o absoluta de la demanda de productos
británicos, y la forma cómo corregir esa situación. El mismo
temor hizo que las voces en favor de la imposición de restricciones a la política de libre comercio se hicieran más insistentes en Inglaterra. Por años, la inquietud británica por la competencia del comercio europeo, particularmente alemán y en
menor medida francés, y la creciente amenaza del comercio
norteamericano, se vio reflejada en documentos oficiales, como
los informes consulares y del Board of Trade, y también en la
prensa especializada. 37
En Venezuela la presencia de lila mayoría de comerciantes alemanes asentados en las principales ciudades, así como la
evidente disminución de comerciantes británicos, nutrió desde
muy temprano el temor de un desplazamiento correspondiente
de los productos británicos por los alemanes. Los informes, sin
36. La cifra de 7.000.000 de. libras aparece en The South American ]oumal
25/2/1983, p. 216; la de 11.000.000 de libras en el mimJo periódico del
18/1/1896, p. 68.
37. En 1878, La Cámara de Comercio de Bristol rechazó, por 14 votos en contra y
11 en favor, una proposición a la Reunión Anual de Cámaras de Comercio de Inglaterra del año siguiente, consistente en restringir el libre comercio, imponiendo
aranceles a los productos de países donde los productos británicos no entraban
libremente. The Sout/1 American Joumal, 23/ 2/1878, p. 11.

�.....

216 Siglo XIX

embargo, no eran definitivos en ese sentido. Contra la idea de la
disminución del consumo de mercancías británicas se alegaba
que la mayor parte del contrabando estaba constituido por
artículos británicos; y que, dado que se identificaba la procedencia de las importaciones con el puerto de embarque, muchos
productos británicos embarcados en puertos de Alemania o Estados Unidos eran registrados como elaborados en esos países,
con lo cual se creaba una falsa impresión en cuanto al origen de
las importaciones que entraban al país.
En 1895 el cónsul inglés en Caracas H.L. Boulton informaba que durante 1894 las importaciones inglesas de Puerto Cabello habían disminuido en 20.000 libras y según sus cálculos, el
descenso, tomando en cuenta todos los puertos, sería de 100.000
libras. A esto agrega que... "el comercio de maquinarias y herramientas que antes se hacía fundamentalmente con Gran Bretaña, se hace ahora con Alemania y los Estados Unidos debido
a los precios más baratos, y el primer país (Alemania) encabeza
la lista en el valor de sus exportaciones a Venezuela. " 38 De la
lectura de diversos informes consulares se desprende que los
textiles d_e procedencia británica fueron el único renglón que
con segundad mantenía su predominio en el mercado venezolano. En otros renglones la certeza era menor.
En realidad la decadencia, o al menos el estancamiento de
los intereseS económicos británicos en Venezuela, parecía ser
el re~ltado lógico de un conjunto de factores de diverso tipo,
que dieron lugar a una situación poco favorable o directamente
contraria a esos intereses en los últimos años del siglo XIX. En
este sentido el capital británico enfrentó en Venezuela condiciones excepcionalmente desfavorables en comparación con otros
países de América Latina. Aparte de los ya mencionados factores limitativos, resultantes de la rivalidad europea y norteamerican~ _e_n el mercado latinoamericano, en Venezuela operaron
condic10nes adversas asociadas por una parte a una economía
38. "Report by Mr. Boulton on the Trade and Commerce of the Consular District
of Caracas, for tbe year 1894". Parliamentory Papers, CI, 1895, pp. 568-569.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela 217

cuyas limitaciones no había podido vencer el capital invertido,
y por otra a tensiones políticas que se había acumulado durante años hasta desencadenar una situación de conflicto entre las
dos naciones.
Concluidas, en 1894, las obras del ferrocarril Caracas-Valencia, el capital europeo no inició ningún otro proyecto de
obras públicas de importancia semejante a las iniciadas en la
década anterior. Sintomáticamente, comenzó entonces una
recesión económica, acompañada por las quejas de los desempleados de las obras públicas.39 En efecto, terminado el período de construcción, disminuyó el volumen de dinero puesto
en circulación por las compañías, por concepto de salarios y
otras expensas. Efecto que fue reforzado al iniciar las empresas la repatriación de sus ganancias. Se evidenciaba así que las
obras públicas, contrariamente a lo esperado, no ejercían la
estimulante influencia que los interesados le había asignado.
El puerto, los teléfonos y los ferrocarriles introdujeron una
mayor eficiencia en la etapa de distribución de la producción,
pero básicamente no alteraron ni la forma, ni el tipo, ni la magnitud de la producción venezolana. Los ferrocarriles no penetraron el territorio venezolano, por lo cual la mayor parte del
transporte de la producción siguió haciéndose fundamentalmente a lomo de mulas, en carretas, y en transporte fluvial o de cabotaje. Incluso en las rutas recorridas por los ferrocarriles se siguieron empleando las recuas de mulas como medio de transporte más lento pero menos costos. El ferrocarril había logrado
reducir el tiempo del transporte, pero los recorridos cortos y lo
accidentado de las rutas montañosas impidieron reducir los costos, como en otros países de Amércia Latina. Y, para. una economía modesta como la venezolana de esos años, el tiempo
contaba menos que el escasísimo dinero circulante.
Entonces, en la medida en que el ferrocarril no logró, como
se esperaba, afectar positivamente el rendimiento de la producción venezolana, tampoco pudo sentar las bases de su propia
prosperidad como negocio. Con excepción de las rutas más im39. The South American Joumal, 18/1/1896. p. 68.

�218 Siglo XIX

portantes: Caracas-La Guaira; Caracas-Valencia (de capital alemán), Valencia-Puerto Cabello, el resto de las líneas no resultaron una inversión altamente rentable. De allí la virtual paralización de las inversiones en este sector, el más importante dentro del no muy amplio panorama de los intereses del capital británico en Venezuela.
Por otra parte, las condiciones políticas no operaron más
desfavorablemente. Década tras década, desde 1830 las rela.
'
c10nes
entre Venezuela y Gran Bretaña habían acumulado
creciente tensión alrededor de tres cuestiones fundamentales: la
discusión del Tratado de Amistad y Comercio ratificado en
1835; la discusión de los límites con la colonia inglesa de Guayana; y el atraso en el pago de la deuda y de otros compromisos contraídos con las compañías de ferrocarril y la compañía
del Puerto de La Guaira. Estas tres cuestiones habían creado un
antagonismo in crescendo que se manifestó en diversas ocasiones a través de campañas de la prensa venezolana contra el capital y el expansionismo británico en general. El ostensible sentimiento antibritánico dio lugar en 1891 a un boicot contra
los intereses británicos que no dejó de tener algún resultado.
Pero antes, en 1887, Venezuela había sentado un precedente en
la diplomacia latinoamericana al romper sus relaciones con
Gran Bretaña, por un lapso de diez años, por el conflicto de límites con Guayana. Diez años durante los cuales los intentos de
impulsar el dominio económico inglés en Venezuela tropezarían con una latente o manifiesta hostilidad política. Los daños al comercio inglés provocados por la ruptura de relaciones,
se sumaban así a los producidos desde 1882 con la aplicación
de un impuesto adicional del 30º/o a todas las importaciones
pro~dentes de las islas antillanas. El comercio inglés, que usaba
esas rslas como entrepots, presionó sobre el gobierno venezolano
para que levantara esta medida, contribuyendo aún más al deterioro de las relaciones con Gran Bretaña. En 1893, el tercer
intento de establecimiento de un banco británico, el Anglo~~nezuelan Comme r~ial Bank, tropezó con una firme oposicron. Según los térmmos del contrato firmado con el gobierno
venezolano, el banco abriría una cuenta al gobierno y éste a su

M. E. González Deluco: intereses británicos y pol(tica en Venezuela 219

vez depositaría en él parte de sus ingresos. La prensa condenó el
acuerdo como antipatriótico, dada la disputa existente con la
nación británica. Alfred Blohm, presidente de la Cámara de
Comercio de Caracas, envió una carta al presidente de la República expresando la contrariedad de la comunidad mercantil
frente al contrato, y señalando el perjuicio económico que causaría una institución controlada por la banca londinense. El
banco nunca comenzó sus operaciones y el contrato fue declarado nulo por el Congreso· de Venezuela el 21 de diciembre de
189540 •
Los años finales del siglo fueron testigos del estancamiento
de los intereses británicos y en algunos sectores, como la minería, de un claro retroceso, cuando, incluso la empresa más prós•
pera de Guayana, la famosa El Callao, cesó sus operaciones.
Según la versión del Finandal Ti mes de Londres el cierre se debía no tanto al agotamiento de la riqueza como a. ; . "las crecientes exacciones del gobierno venezolano, sus monopolios y
concesiones y su inconciliable actitud hacia la población minera
de origen extranjero".41
3. UN A NUEVA POLITICA PARA U A ~UEV A
ESTRATEGIA.
Hacia la década de 1860 parecía estar llegando a su fin en
América Latina una larga etapa de intensa agitación política que
había impedido la transformación de sus estructuras, proyecto
siempre debatido y constantemente postergado. Los años de
conflicto más o menos permanente habían hecho cambiar el
proyecto, no en su finalidad de crear una nueva sociedad, pero
sí en cuanto a cómo c~mseguirla. Para la generación de líderes
políticos que había emergido de las luchas por la independencia, o que se había formado en ese período, la organización de
las instituciones políticas nacionales constituía la clave de la
40. Carl, op. cit., pp. 81-82. Significativamente la carta fue firmada entre otros por
H. L. Boulton, entonces, todavía, cónsul britárúco.
41. The South American Journal, 12/6/1897, p. 667.

�220 Siglo XIX

transformación deseada. La adopción de una apropiada forma
de organización política aseguraría la estabilidad necesaria. Sin
embargo los desacuerdos en cuanto a cuál sería esa forma política apropiada pasaron a sumar un elemento más a la inestabilidad política. O, quizá sería más exacto decir que la discusión
acerca de las formas constitucionales pasó a enmascarar conflictos enraizados en la contradictoria y desarticulada realidad de las nuevas naciones, que sólo nominalmente podían ser
consideradas como tales. Este período, sin embargo, no fue estéril. De alguna manera el pensamiento político y económico y
la praxi.s política latinoamericana se nutrieron en la experiencia
de esos años conflictivos, para introducir correctivos en el proyecto de creación de una sociedad que reprodujera las condiciones de los países capitalistas avanzados.
En la segunda fase de este proceso, las corrientes liberal-positivistas de mediados de~ siglo XIX básicamente sostuvieron que
era imposible darle una cabeza nueva a un cuerpo vieio. El organismo simplemente rechazaba el injerto. La solución, por
consiguiente, consistía en abandonar o relegar a un plano secundario la discusión sobre las formas de organización política, y
emprender una política de transformación que abarcase el conjunto, y no un sector o sectores en particular. El proyecto de creación de entidades nacionales viables, se tradujo en la política del
·progreso, o más pragmáticamente en lo que se ha dado en llamar
la fórmula del progreso, que casi todos los países latinoamericanos trataron de aplicar con variado éxito. De acuerdo con una
idea de perfectibilidad del proceso histórico, encontrar la ruta
del progreso constituía ~l ideal político de los gobiernos latinoamericanos, ideal que en la práctica tomó la forma de un conjunto de proposiciones diseñadas para lograr la expansión de las
oportunidades de una burguesía en formación.
Venezuela no fue excepción dentro de este cuadro, el proyecto nacional que en definitiva no perseguía sino la creación de
una sociedad capitalista siguiendo el idealizado modelo europeo
y estadounidense, seguía planteado como tal al finalizar la Guerra Federal (1859-1863), el último gran acto de la primera fa.

M. E. González Deluca: intereses británicos y poUtica en Venezuela 221

se de discusión del proyecto. La redefinición de esa discusión
en tomo a los postulados del progreso, orientó de alguna manera la política de los gobiernos en los años siguientes. Pero las
contradicciones que entorpecían la aplicación de esos postulados demostraron ser más fuertes.
La Fórmula delProgeso Latinoamericano

La pertinaz violencia de la historia latinoamericana que siguió a la Guerra de Independencia destruyó lo que podía verse
como la edad de la inocencia de la política latinoamericana. Es
decir, la época en que predominaba la idea de que el progreso
económico seguiría naturalmente como resultado de un simple
cambio de los marcos legales y políticos que regulaban la organización de la nación. Por ello, la convicción de que la sociedad
era una realidad compleja, cuya transformación requería decisiones políticas que actuaran sobre ella directamente, fue extendiéndose entre los líderes políticos de mediados del siglo XIX.
Esa convicción tenía como punto de partida una percepción
de la sociedad latinoamericana como una entidad básicamente
inadecu.ada para alcanzar el progreso material, entendiendo por
tal las condiciones de funcionamiento del sistema capitalista.
La adecuación de la sociedad al nuevo modelo de crecimiento, abrió una nueva fase en el largo proceso de transformación
de la sociedad americana original que se había iniciado en los
siglos XV y XVI. Ese proceso de transformación cultural, económica y socio-étnica, según patrones europeos, o más concretamente hispanos, había agotado el curso de su primera etapa
durante el período colonial. En el siglo XIX comenzaron a operar nuevas exigencias de transformación, de acuerdo con el prototipo de las sociedades burguesas de Inglaterra, Francia y los
Estados Unidos. El modelo de estabilidad, justicia, bienestar y
progreso económico que irradiaba de esas sociedades conformaba el ideal de las nuevas naciones hispanoamericanas. El pensamiento político latinoamericano del siglo XIX en buen parte
fue conformándose en tomo al problema de cómo alcanzar ese
ideal, y las proposiciones en tal sentido fueron surgiendo aso-

�222 Siglo XIX

ciadas a la identificación de los factores que impedían el progreso. De modo que la cuestión de cómo lograr el progreso se
planteó en forma análoga a la de cómo superar el atraso.
Significativamente, el diagnóstico señaló como factores de
atraso un conjunto de situaciones propias de una estructura socio-económica que la ruptura de la condición colonial no había
alterado sustancialmente. La persistencia de esa estructura, que
hasta mediados del siglo XIX determinó la existencia de líneas
de desarrollo histórico común en casi toda América Latina, fue
vista como la causa del permanente desafío a la búsqueda de la
estabilidad y el progreso por la vía del cambio político-institucional. A partir de entonces, el pensamiento socio-político de la
época se dedicó a identificar en forma insistente los problemas
que debían atacarse.
La relación territorio-comurúcaciones-población, fue repetidamente señalada como componente fundamental del estado
de atraso. El poblamiento de América Latina no había avanzado más allá de los límites alcanzados entre los siglos XVI y
XVIII. Esto significaba la existencia de enormes territorios con
una densidad de población muy baja y ár~ sin poblar que cubrían vastas zonas del territorio, en tanto que en partes, proporcionalmente muy pequeñas, se concentraba la mayor parte de
la población. Pero a esto se agregaba la desarticulación existente entre las zonas pobladas, mal comurúcadas por sendas y caminos de tránsito para mulas o carretas, y con cierta frecuencia sin
comunicaciones terrestres. En esas condiciones, mal podía pensarse en una auténtica unidad nacional, y mucho menos en la
existencia de los fabulosos mercados latinoamericanos que la
mitología del capitalismo inglés había creado. Tanto el eiercicio efectivo del poder político nacional como el transporte de
mercancías y de personas era extremadamente difícil y azaroso. Condiciones que eran reforzadas por un coniunto de restricciones legales a la circulación de mercancías, y al tránsito en
general, como el pago de peajes o aranceles de aduana seca, y la
ausencia de sistemas nacionales monetarios, y de pesas y medidas.

M. E. Gon~d/ez Deluca: intereses británicos y pol{tica en Ve~uela

223

En este escenario poco propicio, tampoco lo eran los actores, rú en número ni en calidad. Una población pequeña y estancada, resultado de estructuras que la habían marcado con características consideradas poco deseables para desarrollar los
valores de una sociedad capitalista, debía ser objeto de urgente transformación. La ausencia de una burguesía plenamente
conformada y dinámica, según el modelo social de los países
capitalistas, privaba a los países latinoamericanos del agente básico de transformación socio-económica de aquellos países. De
aquí que se buscara acelerar el cambio social, creando las condiciones que prepararan el cambio, e impulsaran el desarrollo
de la burguesía.
Sin embargo, y contrariamente al proceso europeo, los grupos dirigentes del proyecto de cambio en América Latina, no
buscaron alterar radicahnente las bases económicas existentes.
La idea era modernizar la producción, hacerla más eficiente,
facilitar los medios de transporte, ampliar su área territorial,
y estimular nuevos rubros productivos, pero siempre sobre la
base de la explotación agropecuaria o extractiva, dominada por
los grandes propietarios y por grupos ligados a la vieja oligarquía. En realidad, el proyecto no respondía únicamente a imperativos internos, sino a la coyuntura económica creada por
las exigencias de un mercado internacional en expansión, que
requería el surgimiento de áreas económicas complementarias
· para satisfacer su demanda creciente de materias primas y alimentos.
Como en un rompecabezas las piezas del sistema capitalista
mundial en formación comenzaron a encajar, desarrollándose
un rápido proceso de articulación entre el centro y la periferia,
dado y estimulado por el encuentro de las demandas y ofertas
de parte y parte, o más concretamente de los excedentes de los
países industrializados y las carencias de los países latinoamericanos. De este modo, la nueva estrategia de expansión del capitalismo encontraba una respuesta política adecuada en la que
se conoce como la fórmula del progreso latinoamericano: inmigración, ferrocarriles y capitales. Estos recursos que Gran Bretaña como nación más avanzada del sistema estaba en condicio-

�224 Siglo XIX

nes de exportar42 , dieron el imprescindible apoyo material al
proyecto.
La política de inmigración perseguía dos fines: extender el
radio de ocupación efectiva del territorio, y ampliar y afirmar
el proceso de cambio socio-étnico de la población ... "El ministro de Estado que no duplica el censo de estos pueblos cada
diez años, ha perdido el tiempo en bagatelas y nimiedades ,,43 ,
escribía Juan B. Alberdi a mediados del siglo en una de las pocas
formulaciones sistemáticas y en ocasiones brutalmente clara de
la política del progreso. Siguiendo la idea de que "en América
todo lo que no es europeo es bárbaro"44 • • . , Alberdi proponía... "volver a llamar en socorro de nuestra cultura incompleta a esa Europa, que hemos combatido y vencido por las armas
en los campos de batalla, pero que estamos lejos de vencer en
los campos del pensamiento y de la industria'~5 "¿Queremos
que los hábitos de orden, de disciplina y de industria prevalezcan en nuestra América?"... preguntaba, respondiendo a continuación: ... "Llenémosla de gente que posea hondamente esos
hábitos"... "La planta de la civilización no se prop~a de semilla. Es como la viña, prende de gajo"... "Este es el medio, único de que la América, hoy desierta, llegue a ser un mlilldo opulento en poco tiempo. La reproducción por sí sola es medio
lentísimo. Si queremos ver agrandados nuestros Estados en
corto tiempo, traigamos de fuera sus elementos ya formados y
preparados". 46 El estímulo a la inmigración era considerado como el método más efectivo para implantar una población que
produjera y consumiera según las exigencias del mercado externo.

M. E. Gonz6lez Deluca: intereses británicos y pol{tica en Venezuela 225

taciones británicas, constituía otro pilar fundamental de la
instrumentación del proyecto. Las vías férreas penetrarían el territorio movilizando la población que colonizaría nuevas zonas,
transportando maquinarias, insumos y productos manufacturados a los centros de consumo, y trasladando la producción a los
puertos para ser exportada. El abaratamiento de los costos, y la
reducción del tiempo invertido en el transporte, aumentarían la
eficiencia del sistema productivo. Población y vías férreas terminarían, así, definitivamente con la rémora del aislamiento regional.
Por último las inversiones de capital en diversas áreas de la
población y los servicios públicos completarían el proceso de
acondicionamiento, aunque igualmente importante fue, en las
dos últimas décadas del siglo XIX, el capital colocado en la compra de bonos gubernamentales, que absorbió entre dos tercios
y la mitad aproximadamente del total de las inversiones del capital británico en América Latina. Pese al aparente elemento de
contradicción consistente en el fortalecimiento del Estado por
parte de los representantes del liberalismo económico, esto sólo
traducía una correcta apreciación de las estructuras socio-política latinoamericanas. De acuerdo con ella, el Estado era la única entidad capaz de organizar y respaldar políticas tendientes a
lograr una definitiva aceleración del cambio social. El Estado
asumía de ese modo el papel de agente del oambio, pero su efectividad como tal dependía de una sólida alianza a la vez con los
intereses de los grupos de dominación locales y con los intereses del capital extranjero. Del funcionamiento .de esa alianza
dependía en gran medida la viabilidad del proyecto nacional.

El segundo término de la fórmula, la construcción de fe.
rrocarriles, a la vez que abría un enorme campo para las expor-

La Aplicadón de la ,Vueva Política en Venezuela

42. Aunque una proporción muy baja de inmigrantes británicos se estableció en los
países de América Latina; la mayor parte provenía del sur y centro europeo y
de las islas Canarias.
'
43. Juan Bautista Alberdi, Bases. Buenos Aires, Ediciones Estrada, 1952, p. 77.
44. lbid. p. 68.
45. lbid., p. 70.
46. /bid., pp. 76-77.

Como en casi todos los países latinoamericanos, la política
venezolana se desarrolló en el siglo XIX alrededor del conflicto
entre continuidad y discontinuidad, cambio y permanencia.
Aunque no siempre resultaba fácil trazar la línea de diferenciación entre los grupos que respaldaban una u otra alternativa. En
efecto, ninguno de los grupos que se identificaba como liberal o

�226 Siglo XIX

conservador, por ejemplo, tenía una ortodoxa definición, a nivel teórico y/o práctico, que confirmara su carácter de tal. Lo
cual puede haber sido resultado de una inevitable adaptación a
la realidad de las posturas teóricas, en una sociedad que se debatía en un prolongado, y a veces confuso, proceso de búsqueda
de nuevas y específicas definiciones políticas económicas y sociales. Por otra parte, el hecho mismo de que los intentos de formulación de políticas de cambio dependieran más del apoyo de
una fracción política determinada, o de algún líder político, que
de presiones sociales consistentemente organizadas, contribuía a
restarle solidez a esos intentos.
Terminada la Guerra Federal, que durante cinco años había
mermado aún más los recursos del país, emergían nuevos líderes políticos en cuya capacidad se confiaba para aplicar la politica del progreso. Los conflictos armados entre caudillos retrasaron, sin embargo, esa posibilidad hasta 1870 cuando Antonio
Guzmán Blanco, político liberal, hijo él mismo del más viejo y
popular líder del antiguo movimiento liberal, conquistó el poder mediante las armas. Entre 1870 y 1888 Guzmán Blanco
ejerció un predominio discutido y amenazado constantemente,
pero sin desafíos prolongados. Ello le permitió asumir la ejecución de un programa que resumía en sus aspectos fundamentales
los postulados de la política del progreso. En tanto que esa política suponía el apoyo de recursos humanos y materiales externos, el régimen guzmancista concentró sus primeros esfuerzos en asegurar los prerrequisitos internos de ese apoyo. Es decir, el fortalecimiento de las bases de la autoridad centralizada
del Estado, y la racionalización de sus funciones administrativas; y el desmantelamiento de las restricciones a la libre circulación de mercancías, como la supresión del pago del impuesto
de peaje, la eliminación de los privilegios económicos de la Iglesia, y la unificación de la moneda y del sistema de pesas y medidas.
Sin embargo, la política de centralización no era sólo teóricamente incompatible con el federalismo que Guzmán Blanco
declaraba profesar, sino que era en la práctica contraria a la exis-

M. E. Gonzólez Deluca: intereses británicos y poUtica en Venea:uela 227

tencia de centros regionales de poder controlados por los caudillos. No parece que la primera incompatibilidad haya preocupado seriamente al gobierno, pero es evidente que la segunda fue
una de las preocupaciones fundamentales de la política interna
del guzmanato. Por lo tanto, y como alternativa de la derrota
militar, que nunca fue descartada, Guzmán Blanco puso en práctica una política tendiente a anular el poder de los caudillos regionales mediante dos recursos. Uno fue la eliminación de las
fuentes locales de financiam~ento autónomo haciendo depender
a los estados de los recursos del gobierno central.47 El otro fue
la compra de la lealtad de enemigos potenciales, mediante la
concesión de prebendas de diverso tipo. Este último aspecto
exhibió una faceta interesante, pero de ningún modo inusual, de
la política guzmanista en tanto que las concesiones para crear·
lealtades, generaban contradicciones con otras medidas. Ade- ·
más, en la misma dirección de afirmar el poder central, Guzmán Blanco, consciente de la necesidad de fortalecer la capacidad del Estado como factor de estabilización, y del papel
fundamental que debía cumplir el mismo dentro de la política
del progreso, llevó a cabo un plan de racionalización administrativa y de modernización de las estructuras con la creación
de organismos tales como la Dirección General de Estadística.
Esa conciencia del papel del Estado que la política del guzmanato expresaba con claridad parecía responder a una conciencia de la especificidad de la sociedad venezolana que desde Bolivar había sido señalada en más de una ocasión. En la época de
Guzmán Blanco la prénsa se ocupó de expresar que la realidad
venezolana - que era además una realidad latinoamericanarequería un Estado fuerte y activo . En 1874 un artículo del
Diario de Avisos rechazaba la idea del "dejar hacer" como inadecuado para Venezuela porque ella presupone el ... ''poder
hacer"... "la civilización viril y adelantada"... "una larga paz
y el progreso reinante no de un día sino de largos años". En
cambio "Pueblos niños piden gobiernos protectores"... "Somos (los venezolanos) niños, y necesitamos andaderas: Somos
47. Véase M. B. Floyd, " Política y Economía en tiempos de Guzmán Blanco"... Política y Econom(a e n Venezuela, 1810-1976. Caracas, Fundación John Boulton,
1976, pp. 168-178.

�228 Siglo XIX
M. E. Gon:r:dlez Deluca: interese, británicos y polttica en Venezuela 229

débiles, y relativamente a nuestros pueblos el gobierno siempre
es fuerte, es siempre poderoso."48
El autor del artículo citado se expresaba así en ocasión del
reciente decreto que promovía la inmigración. La "cuestión
brazos" como a menudo se denominaba el problema de la inmigración, fue así el primero de los términos de la fórmula del progreso que recibía atención. A través de la Dirección de Inmigración, fundada en 1874, el gobierno de Guzmán Blanco reactivó
los planes de asentamiento de población extranjera en el país.
La fundación de las colonias Bolívar y Guzmán Blanco fueron
expresión de esos planes, aunque sus resultados defraudaron las
expectativas. En la década de 1870, otra de las manifestaciones
del Estado activo fue la creacióu de las Juntas de Fomento que
cumplían una doble función. Por una parte darle una cuota de
poder local a amigos que debían recompensarse y a enemigos a
quienes se quería acallar con halagos. Por otra adelantar proyectos como la apertura de caminos, carreteras y diversas obras de
carácter urbano representativas del progreso material del país en
momentos en que todavía los recursos externos fluían parsimoniosamente.
El capital británico, y en menor proporción también de
otras nacionalidades, comenzó a aumentar el volumen de sus
inversiones en la década de 1880. Fue entonces cuando avanzaron los planes ferrocarrileros, que reanimaron en cierta medida
la vida de los principales centros urbanos que operaban como
terminales. Ciertamente, el transporte fue enormemente facilitado en las rutas atravesadas por los ferrocarriles, pero su función
de abrir nuevas zonas de producción, y de promover la ocupación efectiva del territorio, quedó sin efecto. Tanto la construcción de ferrocarriles, como la de servicios portuarios y telefónicos entre otros, incrementó a su nivel máximo las inversiones
británicas en el país, sin que pudieran apreciarse signos de cambio notables en la estructura socio-económica. En realidad, las
inversiones británicas en Venezuela no alcanzaron un volumen
tal que permitiera operar cambios significativos. A fines de la
48. Diario de Avisos, Caracas, 15/1/1874.

década de 1880 esas inversiones representaban alrededor del
2 1/2% del total invertido en América Latina.49 Y, comparando con Chile, país de población cuantitativamente similar en
esos años, el capital británico había invertido en Venezuela un
volumen inferior en más de la mitad al de aquel país. Pero también otros indicadores económicos guardaban parecida relación:
el valor total del comercio venezolano representaba aproximadamente la mitad del chileno; y sus ingresos totales, menos de
la cuarta parte del de Chile.50 Es decir que no eran sólo las inversiones británicas, sino la economía en su conjunto que operaba a niveles muy bajos.
El respaldo social a la política del progreso del régimen guzmancista fue relativamente precario, si tenemos en cuenta que
el gobierno sólo logró articular una alianza efectiva con un segmento de la clase dominante: el de los grandes comerciantes,
particularmente los establecidos en Caracas, en quienes el gobierno se apoyaba para salir de sus frecuentes atolladeros fiscales. El otro segmento, ligado a la única rama estable de la producción económica, el de los hacendados, condicionó su apoyo
al desarrollo de una efectiva política agraria que, entre otras cosas, abriera nuevas fuentes de crédito a la producción. Las relaciones entre gobierno y propietarios agrícolas no lograron conformar una alianza en la medida en que aquella política no se
dio, y en la medida en que el régimen guzmancista estrechó sus
relaciones con el sector mercantil, acreedor a su vez tanto del
gobierno como de los hacendados. En ausencia de un efectivo
soporte social, y concluido, a fines de la década de 1880, el
predominio de Guzmán Blanco, principal artífice de la política del progreso, ésta decayó aceleradamente en medio del resurgimiento del conflicto político entre facciones. En la última
década del siglo, era evidente que la fórmula del progreso había
fracasado en Venezuela. Las razones de ese fracaso en gran medida tenían que ver con una serie de contradicciones que la
política guzmancista no pudo superar.
49. Rippy, op. cit., p. 37.
50. The South American ]ournal. 14/5/1886, p. 275.

�230 Siglo XIX

Las Contradicciones y Dificultades de la Nueva Política
La política del período guzmancista representó el intento
más sostenido . en todo el siglo XIX de incorporación de Venezuela a la dinámica del sistema capitalista mundial. Sin embargo, su desarrollo se vio constantemente entorpecido por un
conjunto de contradicciones y dificultades que finalmente impidieron su implementación. Estas contradicciones surgieron
de situaciones antagón:icas que la misma política contribuyó a
resaltar.
La política de afianzamiento del poder central, y de racionalización administrativa, tropezó con la larga tradición de autonomía, aunque quizá cabría mejor decir de anarquía, de los
intereses regionales. Al amparo de un relativo aislamiento regional, habían ido afirmándose situaciones que impedían la aplicación de políticas de alcance efectivamente nacional. La tradición del "se acata pero no se cumple" seguía imperturbable,
y las posibilidades de sorprender a Caracas con una rebelión en
marcha se basaban precisamente en las difíciles comunicaciones
entre una región y otra. Por parte, es indudable que el contrabando "legal" -v.g. con la complicidad de los funcionarios de
aduana- e ilegal, prosperaba en la medida en que las distancias
impedían un efectivo control. Los beneficios en términos económicos, y en términos de poder político, que derivaban de esta
situación algunos sectores locales eran significativos, no en sí
mismos, sino teniendo en cuenta que en una economía débil
como la venezolana, el peculado, el contrabando y los privilegios del poder constituían prebendas que no desaparecían a
menos que surgiera una alternativa mejor. El mismo Guzmán
Blanco no conoció otra alternativa, tanto para su beneficio personal, como para el de otros a quienes le interesaba recompensar o acallar. Era notorio que ciertos cargos, como el de Inspector de Aduanas, cumplían con esa doble función de retribución,
de igual modo que el contrabando se amparaba en la complicidad de los funcionarios, y que otras prácticas -como el saqueo- satisfacían ambiciones más limitadas a las que el gobierno no quería o no podía poner coto. Puede decirse en resumen,

M. E. Gonzdlez Deluca: intere1e1 británicos y pol(tica en Venezuela

231

que el propósito de consolidar la autoridad del gobierno central, factor esencial de la política de integración, fue entorpecido por la existencia de otros intereses contradictorios.
Otro nivel de contradicciones que dio lugar a situaciones
particularmente notorias fue el que se generó del choque entre
dos líneas políticas: una, la asociada a la defensa del interés nacional y la otra consistente en propiciar las inversiones de capital extraniero, como parte de la fórmula del progreso. La contradicción se hizo evidente a raíz de los múltiples puntos de
tensión existentes entre Venezuela y Gran Bretaña, la nación inversionista más importante en el siglo XIX. A las dos cuestiones
más antiguas: la disputa de límites con la colonia británica de
Guadalupe, y la renegociación del Tratado de Amistad y Comercio , mediante la cual Venezuela buscaba limitar la vigencia del
mismo, se agregaron otros en las últimas décadas. Por una parte
las presiones para que el gobierno venezolano cumpliera sus
compromisos con los acreedores británicos con los que siempre
estaba en mora, y por otra la medida dispuesta por Guzmán
Blanco en 1882 de cobrar un impuesto del 30% adicional sobre las importaciones procedentes de las Antillas. Este impuesto era particularmente perjudicial para Inglaterra por cuando su
comercio con Venezuela se hacía usando sus colonias antillanas,
particularmente Trinidad, como entrepóts. Las presiones para
lograr la derogación de esta medida no dieron resultado. Diez
años después de establecido el impuesto adicional, el comercio
de Trinidad había decaído en un 70%51 • Pero fue la disputa
de límites lo que llevó a la ruptura de relaciones dispuesta por
Venezuela en 1887. Venezuela, escribía desde Caracas, el Coronel B. Vicent, es excepcional entre las repúblicas hispanoamericanas, desde varios puntos de vista ... "Pero la más gran~e excepción de todas es que Venezuela no está en buenas relaciones
de amistad con Gran Bretaña"52 . . . Ciertamente lo era, y además esta situación era contradictoria con los planes para atraer
el capital británico, contradicción que no parecía preocupar
51. /bid., 27/1/1894, p. 96.
52. /bid.

�232 Siglo XIX

mucho a Venezuela, pero sí a los británicos quienes constantemente daban cuenta de una reorientación de las relaciones comerciales de Venezuela hacia Estados Unidos y Alemania, en
detrimento del comercio inglés. El perjuicio ocasionado por
el sentimiento antibritánico parece evidente de la lectura de
las renuncias de H. L. Boulton y Moses Taurel a los consulados
británicos de Caracas y Barcelona respectivamente. Boulton, en
1895, extiende su renuncia en vista de que su familia y sus negocios pueden resultar ... "seria y largamente afectados por las
dificultades existentes entre Gran Bretaña y Venezuela, si continúo sosteniendo mi actual cargo"53 •.• Taurel, en 1896, alega
serios daños a la firma Taurel hermanos por la pérdida de clientes y crédito debidos a la hostilidad contra los representantes de
Gran Bretaña.54 La posibilidad de que la tendencia de los intereses británicos en Venezuela hubiera sido distinta de no haber
mediado el conflicto tendría que ser objeto de estudio detenido,
pero, ciertamente, los intereses británicos recibieron en esos
años un impacto negativo.
Finalmente, la contradicción más importante consistió en la
ausencia de una política definida con respecto a la producción
económica. Ni el régimen guzmancista, ni los gobiernos posteriores desarrollaron una política agraria tendiente a incrementar
la producción, lo cual significaba aumento de las exportaciones,
y, en consecuencia, fortalecimiento de la economía. Si bien
Gran Bretaña no era importante consumidora de café, el principal renglón de la producción venezolana, no se hicieron intentos
consistentes por desarrollar el comercio triangular: VenezuelaEstados Unidos-Gran Bretaña, en la forma en que lo logró Brasil; tampoco se logró estimular sostenidamente el desarrollo de
otros renglones productivos. De este modo el propósito de
orientar el país hacia el progreso material debía tener por lógica
escasas perspectivas, por cuanto, como efectivamente ocurrió,
el círculo de la debilidad estructural del país tendía a perpetuarse.

53. "General Correspondence", Foreign O/fice, 80/359, pp. 170-71.
54. lbid., 80/365, p. 146.

M. E. Gonzdlez Deluca: intereses británicos y pol(fica en Venezuela

233

CONCLUSIONES
Vista desde el ángulo donde alcanzó su máximo nivel de hegemonía, la expansión británica en América Latina conformó
un sistema muy bien aiustado. El desarrollo de su nueva estrategia, basada en la exportación de capitales y tecnología, hizo que
la onda expansiva de la Revolución Industrial, finalmente tocara estas naciones. La significación de esta nueva etapa en las
relaciones económicas entre América Latina y Gran Bretaña radicaba en la posibilidad de que las inversiones del capital excedente inglés finalmente rompieran el estrecho marco de las economías latinoamericanas. De acuerdo con esa expectativa, se
elaboraron formulaciones políticas que partían de una nueva
concepción de la realidad latinoamericana. Esta se basaba en
una percepción de su inadecuación estructural a los patrones de
funcionamiento propios del modelo capitalista que se quería
seguir. Para superar esa inadecuación se implementó la que algunos han llamado fórmula del progreso: inmigración - capitales
- ferrocarriles. Fórmula que encajaba perfectamente en la nueva estrategia de expansión británica.
La aplicación de esa fórmula en Venezuela bajo el ré.gimen
de Guzmán Blanco, demostró que su efectividad como tal, estaba suieta a un conjunto de condicionamientos internos que
eran, en última instancia, decisivos. La ausencia de una cooperación irrestricta a nivel local, truncó las posibilidades de expansión del capital británico, y con ello el factor más importante de la fórmula. Pero además, un conjunto de contradicciones que se manifestaron en la falta de un auténtico respaldo
social y político a la fórmula fueron determinante en el fracaso
de la misma. A nuestro juicio, esas contradicciones explican por
que Venezuela no logró entonces articular plenamente su economía al sistema capitalista mundial. Es indudable que el café,
principal producto de exportación de Venezuela, tenía una demanda relativamente baja en el mercado británico, de donde provenía la mayor parte de los capitales y productos manufacturados. Pero esto no explica, sin embargo, los casi nulos resultados

�234 Siglo XIX

del proyecto. En este sentido el caso del Brasil resulta comparativamente significativo en el mismo período. Con una producción muy similar a la venezolana, y con un comercio altamente
deficitario con Gran Bretaña, la economía brasileña comenzó a
operar siguiendo el modelo capitalista, sobre la base del excedente del comercio triangular Brasil-Estados Unidos-Gran Bretaña. Esto revela que las posibilidades de integración en el sistema capitalista dependían más de un conjunto complejo de
factores internos, socio-económicos y políticos, que de la posibilidad de ofrecer determinado producto en el mercado internacional. En Venezuela, la aceleración del cambio de condiciones internas asociada a la explotación petrolera permitió, recién
en el siglo XX, desarrollar el proyecto de creación de una economía capitalista.

Reyes González Hermanos:
La Formación de Capital durante la Epoca
de la Regeneración en Colombia
David C. J ohnson*

A finales del siglo XIX muchos gobiernos latinoamericanos
comenzaron a experimentar con nuevas políticás encaminadas a
modernizar el Estado, consolidar el poder federal y estimular el
crecimiento económico nacional. En Colombia esta tendencia se
ilustra con las políticas de la Regeneración, establecidas por Rafael Núñez en 1886 y modificadas por las administraciones posteriores hasta el comienzo de la Guerra de los Mil Días, que se
inició en 1899.
Los historiógrafos colombianos han debatido intensamente
sobre las consecuencias de la centralización, la protección económica, la aplicación de impuestos sobre las exportaciones y la
emisión del papel moneda. En tanto algunos afirman que el crecimiento económico comenzó durante este períodd , otros han
hecho hincapié en que estas mismas políticas desembocaron en
el conflicto regional-nacional que culminó con una desastrosa
guerra que habría de durar tres añoi.
Hay quienes proponen un argumento adicional, según el
cual las diferencias políticas se agudizaron durante este período
* Universidad

de Alberta, Canadá Ponencia presentada en el simposio "Historia
Económica: economía y poUtica", 45° Congreso Internacional de Americanistas,
Bogotá, 1 al 7 de julio de 1985. Traducción: Margarita Valencia.

l. William Paul McGreevey, An Economic Hi&amp;tory of Co/om bia (Cambridge, 1971).
2. Charles W. Bergquist, Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910 (Durham,
1978).
Marco Palacios, Coffee in Colombia, 1850-1970 (Cambridge, 1980).

�236 Siglo XIX

debido a que los liberales - identificados como los cultivadores de café y los exportadores comerciales - se alinearon en
contra de los artesanos conservadores, los agricultores tradicionales, la iglesia y el poder centralizado en Bogotá. El debate se
ha centrado en los diferentes aspectos que presenta el problema
a nivel nacional, pero es muy poco lo que se ha investigado acerca del impacto regional de las reformas, y aún menos sobre la
gente que se vio directamente afectada.
Tanto Marco Palacios como Charles Berguist han puesto de
presente el hecho de que el Departamento de Santander fue el
área en donde la confrontación con la Regeneración se vivió de
manera más aguda. El antiguo Estado Soberano de Santander
había sido el núcleo de la actividad liberal radical desde la década de 1850. \1ás aún, la región nororiental de Colombia fue la
primera fe desarrolló el cultivo del café para su exportación
comercial . En 1874 Santander producía 100.000 sacos de café,
el cual representaba el 90 por ciento de las exportaciones colombianas del producto4 ; y en 1900 todavía producía el 60 por
ciento-5.
La caída de los precios del café en 1884 y el conflicto local
en Santander ejercieron una influencia pre_dominante en el estallido de la Guerra Civil de 1885; y sin duda alguna esta región
productora de café desempeñó un papel fundamental en el inicio de la Guerra de los ~lil Días. No es mera coincidencia el hecho de que gran parte de la lucha se haya llevado a cabo allí o
que Palonegro (en Santander) haya sido el escenario de la batalla más sangrienta de la guerra. El inicio de la Regeneración
coincidió con un incremento dramático en el precio mundial del
café, en 1887, en tanto que sus problemas se multiplicaron con
la caída vertical experimentada entre 1896 y 1899.

D. lohnson: formación de capital durante la Regeneracioo

237

económica de Colombia; pero también es posible observar variaciones al interior de las regiones. Es así como el progreso inicial
en el sur de Santander se desvaneció con el fracaso del tabaco, el
algodón, el cacao, los sombreros de jipijapa y los textiles. Durante las décadas de 1880 y 1890 miles de personas se trasladaron a las regiones cafeteras del centro y el norte de Santander,
en donde se estaba experimentando una nueva prosperidad. No
es difícil imaginar la frustración de estos ambiciosos agricultores: huyeron del fracaso en el sur, se trasladaron con sus familias
y recuperaron temporalmente su bienestar, sólo para enfrentar
de nuevo el desastre después de 1896.
Por tanto, el examen cuidadoso de la hlstoria económica de
Santander durante el período de la Regeneración puede ser de
gran utilidad para someter a prueba algunas generalizaciones. Este trabajo - que forma parte de un proyecto más ambicioso se centrará en las actividades de la compañía comercial bumanguesa Reyes González Hermanos. Esta compañía, formada en
18826 por tres hermanos - Reyes, Eleuterio Aereopajitas y
Florentino González - se disolvió y se reformó en varias oportunidades hasta la muerte de Reyes González en 1905 7 • Durante
su existencia, la compañía estuvo involucrada en una amplia serie de actividades, tales como la posesión y manejo de grandes
haciendas, compraventa de finca raíz tanto urbana como rural,
comercio, hipotecas, préstamos, manejo del estanco de aguardiente, derechos sobre los peajes, recolección del derecho del
degüello, y administración de la plaza de mercado bumanguesa.
Como se demostrará, los tres hermanos, originarios del pueblito de Matanza, acumularon tierra y capital con gran éxito;
crearon la compañía más poderosa en el área de Bucaramanga
en las décadas de 1880 y 1890, y establecieron sucursales a todo lo largo del territorio santandereano.

Sin duda alguna, existen variaciones regionales en la historia
3. Para un análisis de la situación anterior a 1886 ver David Church Johnson,
Santander siglo XIX, cambios socioeconómicos (Bogotá, 1984).
4. Bergquist, pág. 23.
5. Palacios, pág. 23.

6. Archivo de la Notaría Primera de Bucaramanga, XI-21, 1882, Tomo IV, escritura 555, folios 1459-1463.
De aquí en adelante las citas de la Notaría Primera serán dados como una fecha,
número de escritura y folios.
7. Juicio de !,UOOsiÓn de Reyes González, V-8-1907, T. Ill, No. 488,f. 1209-1375.

�238

D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

Siglo XIX

El análisis de la expansión de sus actividades puede ser de
gran utilidad en la medida en que amplía los escasos conocimientos sobre la historia ~mpresarial durante la Regeneración8.
Por otra parte, es interesante evaluar el éxito de Reyes González, quien se convirtió en un general conservador durante la
Guerra de los :Mil Días a pesar de carecer de experiencia militar. El hecho de que este conservador de vieja data haya sido
también comerciante y hacendado - y que además haya hecho
su fortuna con la quina - debe mover a reflexión en relación
con las luchas políticas del período. Si bien es cierto que los
hermanos González fueron excepcionales, el éxito financiero de
su compañía contradice las afirmaciones de que todos los exportadores eran liberales y de que las políticas conservadoras
fueron lesivas para la regiones cafeteras.
No existen registros de la compañía y, a excepción de unas
pocas cartas, no se han recopilado los documentos de los González, lo cual supone un serio obstáculo para la historia empresarial. A esto se debe añadir que los estudios locales y regionales
han prestado muy poca atención a la compañía y a sus directores. En las Crónicas de Bucaramanga de Arturo (José Joaquín
García) - imprescindibles en el estudio de la historia de la región - se menciona a Reyes González como el dueño de dos
de las primeras casas antisísmicas en la ciudad; el autor añade
que se trataba de un ciudadano con una gran vocación de servicio a la comunidad, como lo demostraron la concesión del uso
de un parque a la ciudad y la donación de dos casas para los
indigentes9. En La Culebra Pico de Oro, de Mario Acevedo Díaz,
se reproduce un documento que menciona a Reyes González
como uno de los miembros del grupo que salió en persecución
de los rebeldes después del alzamiento contra los establecimientos comerciales en 1879. pero su figuración probablemente fue
insignificante, pues su nombre no aparece en ninguno de los
8. El nuevo estudio sobre la familia Puyana constituye una excepción. Emilio /uenas, La Casa del Diablo, Los Puyana: Tenencia de tierras y acumulación de capi·
tal en Santander (Bucaramanga, 1982).
9. (Bogotá, 1896), págs. 256,262,278.

239

otros documentos reproducidos en el libro 10 •
Afortunadamente sobrevive el archivo de la Notaría Primera
de Bucaramanga, conservado en excelentes condiciones en la
Corporación Cultural Luis Perú de la Croix. Tanto en este archivo como entre los documentos que sobreviven de la Notaría
Segunda - que comenzó a funcionar en 1882 - se consultaron
aproximadamente 15.000 transacciones que se llevaron a cabo
entre 1866 y 1911. Existe gran cantidad de material sobre compr~venta de tier~as, hipotecas, testamentos y contratos que permiten reconstrmr la naturaleza de la economía y la sociedad loc~es. Desafortunadamente, su revisión y organización son difíciles y consumen gran cantidad de tiempo. El material es espec~al~ente in~resante porque en esta época Bucaramanga y los
distntos de füonegro, Lebrija y '.\Iatanza - incluídos en los archiv~~ -· experimentaron un rápido crecimiento gracias a la expans10n de la economía cafetera. Rionegro, Girón, Lebrija, \1atanza y Bucaramanga seguían siendo en 1927 los principales
c~ntros de producción de café en el sur de Santander. Aunque
Gir~n contaba co~ su propia oficina notarial, las grandes transacc10n~s eran registradas en Bucaramanga11 • Por otra parte, en
192: ~-onegro ocupaba el segundo lugar entre los principales
m~c1p10s productores de café en Colombia ( después de Fredorua, en Antioquía), con 6.321.900 cafetos; Lebrija ocupaba
el noveno lugar, y Girón y \llatanza los lugares 76 y 77, respectivamente12.
. ~i bien éste f~e un período que se caracterizó poi su gran
actiVIdad y por el mcremento en los precios, hubo muchas vent'.18 pequeñas. Hasta 1899 aparecen registradas compras de pastizales o chozas por menos de 100 pesos1 3 . Con el fin de determinar las tendencias generales y la participación de Reyes González Hermanos en el mercado de finca raíz fue necesario selec(Bogotá, 1978), pág. 239.
En parte debido a la ~tidad de comerciantes, y en parte por el hecho de que
Bucararnanga era la capital.
12. Diego Monsalve, Colombia cafetera (Bogotá, 1927), pág. 61 7.
13. 1-5-1899, T. l. No.13, f. 25-26;1-7-1899, T. l. No.16, f. 29-30 ;II-21-1899 T I
No. 148,f. 317-318; V-13-1899, T. II, No. 403, f. 1043-1044.
' ..
10.
11.

�D. ]ohnson: formación de capital durante la Regeneración

240 Siglo XIX

SANTANDER

Rfo C11ahira
del Esp(ritu Santo
1

MATANZA
1

•
-RIONEGRO

241

cionar algunos años, en los cuales se hizo un análisis exhaustivo
de todas las transacciones: 1885, 1886, 1887, 1890, 1894,
1895, 1899 y 1900 fueron considerados representativos de los
años de conflicto y de los de paz y prosperidad. De las 2533
transacciones de tierra, el 65 por ciento fueron por menos de
1.000 pesos. Pero obviamente constituyen un porcentaje mucho
menor del valor total de las compraventas en estos años, que fue
de 3.651.281 pesos. En este estudio se examinan las transacciones por más de 1.000 pesos con el propósito de detectar a los
principales vendedores y compradores de finca raíz rural y urbana. Una vez que se precisó la importancia de los hermanos González se procedió a estudiar los demás años en busca de documentos relevantes. También se analizaron algunos documentos
radicados en la '.\otaría Segunda y correspondientes a los años
representativos. Dado que esta notaría fue fundada apenas en
1882, allí se registraron muchas menos transacciones que en la
Primera y, a excepción de dos años, la actividad de los hermanos González fue menor. El análisis exhaustivo que se aplicó a
los documentos de la ~otaría Primera para los años seleccionados debería efectuarse para los años restantes y para los documentos de la ~otaría Segunda con el fin de configurar un cuadro completo.
El segundo de los doce hijos de Pedro González e Isabel Arciniegas14, Reyes González, nació en 1840 en \fatanza, un pe-

UCARAMANGA

•
1

FLORIDABLANCA
PIEDECUESTA-•
BETULIA-•

14. V-8-1907, T. lll. No. 488,f.1209-1375.
Después de terminar este ensayo yo encontré nuevos datos sobre el padre de los
hermanos González. Pedro González fué un señor acomodado económicamente
con tierras en Matanza y Piedecuesta. Antes de casar con Isabel Arciniegas, él tuvo once niños con su primera esposa, Sérjida Vera, por un total de veintitres hijos.
A su muerte, a pesar de una fortuna sustancial, su propiedad fué dividida entre
diez y ocho personas incluyendo hijos sobrevivientes y nietos de su primer ma•
trimonio. La porción de la herencia de los tres hermanos fue pequeña. Específicamente Reyes recibió las dos terceras partes de una casa en Piedecuesta con
valor de 298.65 pesos; Eleuterio recibió la mitad de un terreno, sitio Boquerón en
Piedecuesta a valor de 298.65 pesos~y florentino recfüó la octava parte de otro
terreno, sitio Boquerón, Piedecuesta, valor de 306.65 pesos. Más importante
que la propiedad que Pedro les dejó fué su modelo de actividad comercial y en
especulación en finca raíz seguido por tres de sus hijos. Archivo de Notaría,
Piedecuesta, Testamento de Pedro Gonzál.ez, XIl-17-1868, T. 11. No. 273, f.
411-418; Partici6n de bienes de Pedro Gonzál.ez, IV-4-1870, T. l. No. 82, f.
272-321.

�242 Siglo XIX

queño pueblo cuya población en 1870 era apenas de 3714 habitantes15 . Su hermano, Eleuterio Aereopajitas, catorce años
más joven, fue su socio hasta la muerte de Reyes en 1905, fecha en la cual Eleuterio se hizo cargo de la compañía hasta su
propia muerte en Panamá, en 192216 . Otro de sus hermanos,
Florentino, también fue miembro activo de la compañía desde
su fundación en 1882 hasta 1895, cuando se separó para formar
su propia compañía en Cúcuta. Durante esos años manejó negocios de .la compañía en Cúcuta, Pamplona, Ocaña y Venezuela17. Es posible que hayan surgido dicrepancias entre los hermanos, pues a partir del momento en que Florentino se retiró su
nombre no volvió a aparecer en los contratos o en las herencias. En 1895 le confirió un poder a Carlos Delgado y Vicente
Parra R., de Bucaramanga, para que cobraran una deuda a su
nombre que debía ser cancelada en Venezuela18 . Es curioso que
no le haya dado el poder a Reyes o a Eleuterio, quienes prestaban esta clase de servicios a sus clientes.
Florentino también sería un tema interesante de estudio,
pues tuvo mucho éxito en el negocio de importación y exportación en el norte de Santander. En 1896 la firma de Florentino
González era la quinta casa comercial más grande de Cúcuta, y
en ese año sus negocios en comercio exterior sumaron un total
de 2.169.610 pesos. Las primeras cuatro compañías eran todas
extranieras: Breuer ~Toller y Cor., Van Dissal y Cía, Andreson
Moller y Cía. y Luciana Avila y Cía.19 • Por otra parte, Florentino era un miembro respetado de la élite y se elogió con elocuencia su habilidad al frente de la administración del nuevo
hospital, labor por la cual no aceptó remuneración alguna2().
Florentino se casó con ~icolasa Arbelo, venezolana y mujer cé15. Censo de Colombia (Bogotá, 1870).
16. Diligencia de inventarios... a la sucesión del Sr. Eleuterio González, Notaría
Segunda de Bucaramanga, VI-4-1923, T. V. {falta nfunero de escritura), f.
5-66.
17. VIII-17-1895, T. II,No. 306,f. 861-869.
18. Notaría Segunda, Vlll-26-1895, T. I, No. 129, f. 250-251.
19. Vi¡gilio Barco, Informe anual del prefecto de Crlcuta (San José, 1896), pág. 9.
20. /bid., pág. 11.

D. fohnson.: formación de capital durante la Regeneración

243

lebre en su época, pero no tuvo descendencia legítima. Hacia el
final del período se asoció con Gregorio González, quien heredó parte de la riqueza de Reyes; pero la participación de Gregorio en los negocios de la compañía fue muy limitada.
)luy poco se sabe de los otros dos hermanos, Antonio y Eusebio;. éste último, el menor, no desempeñó papel alguno en la
compañía. Las cinco hermanas - Tránsito, Carmen, Zenobia
Fidelia y Francisca - aparecen ocasionalmente en las transacciones de la familia y heredaron parte de la fortuna de Reyes.
Francisca fue la única de las cinco que contraio matrimonio,
con Luis Felipe Tarazona. Las otras se establecieron en una gran
casa en la tercera cuadra de la Calle de Comercio, donde llevaron una existencia bastante aislada, a juzgar por las historias que
narran los descendientes de la familia.
Reyes González se casó con Zoila Blanco en Matanza, en
1868, cuando ella tenía catorce años de edad. La pareja tuvo
dos hijos: Pedro Julio, que nació en Matanza en 1869 y murió
a los 33 años de edad, y Juan Crisóstomo, quien también nació
en Matanza en 1875. Pedro nunca se involucró con la compañía,
a diferencia de su hermano menor, quien se convirtió en un
miembro activo a finales de la década de 1890.
Zoila Blanco murió en 1899, a los 45. Seis años después
murió Reyes, el 10 de mayo de 1905, cuando tenía 65 años de
edad. Un mes antes hizo su última gran venta de tierra, un terreno en sitio Cutigatá, en Lebrija, que vendió a su cuñado Luis Felipe Tarazona22 . A juzgar por su firma, durante los últimos años
de su vida estuvo muy enfermo.
La primera transacción conocida de Reyes González fue la
compra, en compañía de Femando Bueno, de unas tierras en
sitio La Fragua, en Suratá, por 360 pesos23 . Cuatro meses después él y Bueno vendieron las mismas tierras a Esteban Bueno
22. IV-3-1905, T. 11, No. 388, f. 842-843.
23. VI-25-1866, T. I, No. 56, f. 378-380.

�D. Johnson, formación de capital durante la Regeneración 245

244 Siglo XIX

por 500 pesos, obteniendo su primera ganancia de 70 pesos24 .
En 1868 Marcos Olago hipotecó a favor de Reyes González unas
tierras en Matanza llamadas "El Tanque", a cambio de un préstamo de 40 pesos. J\Bí se inició su carrera en el negocio de las hipotecas y los préstamos, que habría de extender en las décadas
de 1880 y 1890, logrando no sólo acumular capital adicional
sino también, en algunas ocasiones, las propiedades hipotecadas.
El ritmo de sus actividades se incrementó en 1869, cuando
25
compró· los derechos de la familia Cote en sitio La Matanza y
los solares de Pedro Alcántara Parra en el centro de .\latanza por
un total de 872 pesosl6 • En 1870 vendió parte de sitio La '\fatanza y cambió otra parte de una casa ubicada en la plaza de
Matanza27 . Con frecuencia sus negocios se caracterizaron por
las permutas, si bien posteriormente comenzó a cambiar propiedades urbanas en Bucaramanga por buenas tierras cafeteras.
Todo parece indicar que Reyes tenía una sólida reputación
entre sus conciudadanos; así lo demuestra el haber sido escogido como fiador de Jacobo Bueno cuando éste firmó un contrato
8
con el gobierno para operar las minas de oro y plata en Vetasl .
También lo evidencia la posición de alcalde de Matanza que ocupó en 1872, a pesar de ser un conservador en momentos en que
el gobierno estatal era liberal29 . Aparentemente no ocupó ning!'1n
30
otro cargo político hasta 1888, cuando fue prefecto de Soto •
Entre 1870 y 1873 continuó haciendo ventas y compras por
sumas pequeñas, entre los 10 y los 240 pesos. La adquisición de
varios derechos de tierras de diversas personas en un lugar llamado La Comunidad de los Arciniegas indica que la familia de su
madre había vivido en el área durante mucho tiempo y posiblemente Reyes González trataba de recuperar propiedades com24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.

X-18-1866, T. I, No. 30, f. 214-216.
XI-I-1869, T. 1, No. 59, f. 120-122. Ver también No. 55-58, misma fecha.
IV-15-1869, T. I, No. 14 y 15,f. 25-28.
IV-24-1870, T. I, No. 143, f. 63-65;V-27-1870, T. 1, No. 174, f. 240-212.
V-27-1870, T. I, No. 174, f. 204-212.
XII-31-1872, T. I, f. 364. El firmó como alcalde al fin del tomo,
"Informe del prefecto de Soto", Mensaje del Gobernador de Santander (Bucaramanga, 1888), págs. 37-39.

pradas o usurpadas por pequeños terratenientes31 .
Su carrera como comerciante se inició después de la compra
de dos almacenes en la plaza de Matanza, por un valor de 240
pesos32 • ~n 1871 llevó a cabo la primera transacción fuera de
Mat~nza; en esta ocasión fue el derecho a una casa en el pueblo
de P1ede~uesta, por un valor de 32 pesos. Tres años más tarde,
en 1_874, ya se había convertido en un terratenientes de importancia en Matanza, gracias a varias compras pequeñas y dos grandes.
En marz~}e compró a Trinidad Mantilla, por 800 pesos, el
te~r~no Si~gá , y en abril pagó 3.600 pesos - más de lo que hab1a mvertido en todas las compras anteriores - por la hacienda
de Báchiga, con su casa y sus plantaciones de café34 • Con el fin
de llevar a cabo esta transaeción.tuvo que vender algunas de sus
pequeñas propiedades y recibió un préstamo de 2.800 pesos de
Víctor Ortega, suma que pagó catorce meses más tarde35 . Como
se demostrará más adelante, Báchiga se convertiría en el punto
de partida de compras mucho más cuantiosas.
Durante este período, Reyes intentó por vez primera formar
una compañía. En marzo de 1873 se asoció con Ignacio y Manuel Blanco, sus cuñados, y or¡anizó la firma Blanco y González, que debía durar seis años3 . Desafortunadamente su primer
esfuerzo fracasó y la firma se disolvió poco más de un año después37.
Entre 1875 y 1876 Reyes continuó comprando y vendiendo
propiedades de mediano valor en el área de Matanza. Represen31.
32.
33.
34.
35.
36.
37.

III-8-1871, T. I, No. 24, f.124-128;IV-3-1871, T. I, No. 29, f. 140-142.
1-9-1872, T. I, No. 19, f. 65-f,7.
III-8-1874, T. I, No. 130, f. 259-264.
IV-14-1874, T. I, No. 192, f. 382-384.
IV-14-1874, T. I, No.193-196,f. 384-391 ~l-6-1875, T. II, No. 279, f. 782-783.
lll-6-1873, T. II, No.100, f. 2-7.
IV-14-1871, T. I, No.192, f. 382-384.

�D. ]ohnson:

246 Siglo XIX

tativa de su capacidad es la venta de dos tiendas en el costado
sur de la plaza de '.\latanza por 656 pesos38 , las cuales había
comprado cuatro años antes en 240 pesos. El incremento en el
valor es un reflejo del incremento en el comercio de café y en
las importaciones en la región.
Quizás la transacción crucial en la formación de la riqueza
de Reyes se llevó a cabo en 1877. En octubre de ese año vendió
la hacienda de Báchiga a Antonio Serrano por 14.112 pesos, con
una ganancia de 10.512 pesos en sólo tres años39 . Si bien este
margen es mucho más elevado que cualquiera de los logrados, refleja el patrón de la mayor parte de sus compraventas. De hecho,
un poco después le prestó dinero a Serrano, y cuando éste se
vio imposibilitado de pagar, compró Báchiga de nuevo por
8.000 pesos, en 188~, sólo para venderla unos años más tarde,
en 1890, por 10.000 pesos41 . Dado que en Báchiga había una
plantación de café bien establecida, no es descabellado suponer que también se benefició con el incremento en el precio de
• café entre 1874 y 1877. La compró de nuevo cuando los precios
bajaron, pero obtuvo ganancias durante la racha de precios altos
a fines de la década de 1880.
La cuestión fundamental aquí es que la venta de Báchiga en
1877 le dio a Reyes los recursos suficientes para comprar la hacienda La Luisiana, en el fértil distrito cafetero de Rionegro, que
habría de convertirse en una fuente constante de ingresos. El 4
de octubre de 1877 Reyes y Manuel Blanco pagaron 32.000 pesos por la propiedad de un conocido comerciante bumangués,
José María Valenzuela42 ; ésta incluía chozas de paja, pastizales
tanto naturales como artificiales, montaña, cultivos de café y
cacao y 400 cabezas de ganado.
Las condiciones de pago impuestas por Valenzuela facili38.
39.
40.
41.
42.

VI-6-1875, en 1876, T. II, No. 344, f. 441-444.
X-4-1877, T. II, No. 358, f. 59-62.
V-14-1883 , T. II, No. 261, f. 669-702.
VIIl-23-1890, T. V, No. 632,f.1172-1174.
X-4-1877, T. ll, No. 355, f. 45-51.

formación de capital durante la Regeneración

247

taron la transacción: a seis años, a un interés del 1 por ciento
mensual durante los primeros dos años y del 9 por ciento anual
en los últimos cuatro. En 1881 se transfirió la hipoteca a Bendix Koppel, y fue pagada y cancelada en su totalidad en 188743 .
La hacienda La Luisiana, conocida posteriormente como El
Playón, pasó a ser el cimiento de la riqueza de la familia y de la
cor::.¡añía. Si bien se vendieron y compraron pequeñas porciones , la mayor parte de la propiedad permaneció en la familia y
fue vendi'dá o transferida a Florentino45 y a Eleuterio46 , y pasó
a ser propiedad del hijo de Eleuterio, Ignacio González Cadena,
en l 94s47 . En ese momento los ingenieros calcularon que el
área de la propiedad excedía las 50.000 hectáreas48 , y los límites eran básicamente los mismos descritos en la compra y en la
partición de bienes de Eleuterio49 . El valor de la propiedad en
ese año era de doce mil pesos oro o 1.200.000 pesos en papel
moneda5º. Pero para ese momento la hacienda no se encontraba tan extensamente cultivada como lo había estado en el pasado51.
De gran importancia fue la concesión de todos los derechos y participaciones en las tierras del valle del río Pescado,
de cordillera a cordillera, al norte del río Cáchira del Espíritu
Santo52 . Tal como lo indica el informe de los ingenieros en 1943,
el área estaba llena de "monte rico" y de una gran diversidad
de árboles, entre los cuales sobresalía la quina rosada en toda la
zona entre los 800 y los 1.700 metros de altura. Se calculó una
densidad de 1.000 árboles por hectárea, siendo ésta mayor cer43.
44.
45.
46.
47.
48.
49.
50.
51.
52.

lV-1-1887, T. I, No. 315, f. 330-335.
En 1884, 1888, 1890, 1896, 1897, 1898~ 1899, Y 1900.
XII-14-1881, T. IV, No. 790, f.1195-1198.
X-25-1888, T. IV, No. 826,f. 1657-1658.
Archivo de Gobernación, Departamento de Santander, Asuntos "El Playón",
págs. 7-19.
lbid., pág. 24.
Notaría Segunda, Bucaramanga VI-4-1923, T. V., f. 43-66. Falta número de
escritura.
]bid.
Asuntos "El Playón", pág. 24.
X-4-1877, T. II, No. 355, f. 45-51.

�D. Johnson: formaci6n de capital durante la Regeneración 249

248 Siglo XIX

ca de la cordillera La Lora, a lo largo del río Cáchira del Espíritu Santo. En total, había más de un millón de árboles de quina53.
El momento de la adquisición resultó afortunado por azar;
los precios de la quina aumentaron durante la década de 1870,
pero sufrieron un incremento dramático en 1877-78 y 1878-79,
cuando se exportó quina por un valor aproximado de 2.5 millones de pesos; esta cifra aumentó hasta 3.3 millones en 1879-80
54
y fue superior a los cinco millones de pesos en 1880-81 •
Reyes y su socio tenían quma, la ventaja geográfica que suponía la proximidad del río ~lagdalena, y el suministro de mulas
para el transporte. ~lientras otros luchaban (literalmente) por la
quina en las tierras baldías, Reyes contaba con títulos de propiedad claros y derechos para la explotación de los bosques.
La venta de 300 cargas de quina de La Luisiana en 1881,
por valor de 24.000 pesos - el 75 por ciento del valor invertido
en la compra de la hacienda - nos da una idea de la fortuna acumulada durante el auge de este producto55 •
No hay forma de saber cuántas cargas se produjeron entre
1877, cuando se compró la hacienda, y 1881-82, fecha en la
cual el mercado se vino ahajo y las exportaciones cayeron a
140.000 pesos. Sin embargo, una de las ventajas evidentes de este tipo de comercio era que la tala de los árboles de quina no
ex~ía una inversión de capital mayor que el destinado a la
compra de machetes y mulas, y a los salarios.
Todo parece indicar que Reyes y Florentino, junto con José
María Valenzuela, se movían activamente en otras regiones productoras de quina, pues en 1882 hicieron un arreglo "amigable"
con los representantes de la Compañía Industrial de Ocaña en
53. Asuntos "El Play6n", págs. 24-26.
54. L~is Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, 1810-1930. (Medelhn, 1955), págs. 243-244.
55. X-6-1881, T. IV, No. 640, f. 130-136.

relación con una disputa sobre el contrato de venta de 1000 cargas de quina de La Luisiana5 6 .
~espués de enero de 1880 las ganancias producidas por la
propiedad comenzaron a pasar exclusivamente a manos de Reyes, pues éste compró a \fanuel Blanco su participación por
16.000 pesos57 • Si bien no es posible medirla con exactitud, la
tremenda riqueza producida por la quina se refleia en el aumento del valor de las transacciones de Reyes, a 28.500 y 46.875
pesos en 1881 y 1882 respectivamente. En julio de 1881 compró ?,tra hacienda en la rica región cafetera de Rionegro; en esta
ocas10n fu~ La Fe o Los Cocos, de propiedad de Alejandro Koppel, que mcluía tres casas, plantaciones de café, mulas y caballos por valor de 12.009 pesos58 • La Fe permanecería en la familia hasta la muerte de Eleuterio en l 92ZS9 .
Las dos ventas mayores en 1881 representan la transferencia
~e _La Luisiana_a Florentino60 , y de Los Cocos a Gregorio61 . En
Julio de ese mismo año adquirió sus primeras propiedades importantes en la Calle del Comercio de Bucaramanga: un almac~n y dos tiendas ubicados a tres cuadras de la plaza, de propiedad del comerciante alemán Guillermo Schrader.
L_a venta, en 1886, de sus acciones en la compañía de comercio González y Forero suministra otra clara indicación de la
riqu~za. reunida por Reyes a partir de la quina. La compañía
habia sido formada el 24 de junio de 1881 para "especular en
toda clase de negocios relacionados con la introducción y com~rci~ación de drogas al mayor y detal". En un período de
seis anos Forero Barreto habría de p~ar a Reyes 24.642 pesos
por el valor de los medicamentoi2 .
56.
57.
58.
59.
60.
61.
62.

Xl-ó-1882, T. IV, No. 634, f. 1647-1650.
1·28-1880, T. I, No. 48, f.113-116.
Vll-22-1881, T. 111, No. 424, f. 591-592.
Notaría Segunda, V-4-1923, T. V,f. 5-ó6.
Xll-14-1881, T. IV, No. 790, f. 1195-1198.
VIJ-30-1881, T. III, No. 460, f. 644-646.
Il-7-1886, T. I, No. 64 y 65, f. 128-130.

�250 Siglo XIX

Además del aumento de tierras, la más clara muestra de la
magnitud de la fortuna de González es la formación, el 21 de
noviembre de 1882, de la compañía Reyes González Hermanos, en la cual participaron Reyes, Florentino y Eleuterio. La
compañía contó con un capital de 254.000 pesos, una cantidad
extraordinariamente elevada para la época, en especial si se tiene en cuenta que sólo una década antes el total de las compras
de Reyes había sumado apenas 71 O pesos. Aún más sorprendente es el hecho de que la participación de Reyes consistía en
115.000 pesos en efectivo, y una casa y un almacén en la Calle
del Comercio, a cuatro cuadras de la plaza, cuyo valor ascendía
a 10.000 pesos63 •
Florentino y Eleuterio participaron con 11.000 pesos en
efectivo, 12.000 pesos en acciones de la compafiía Forero y
González, y las haciendas La Luisiana, Los Cocos (o La Fe), en
Rionegro, y Río de Oro y Vega de Suratá, en Bucaramanga,
además de una casa en la tercera cuadra de la Calle del Comercio, cuyo valor total ascendía a 106.000 pesos.
La sociedad se disolvió y se reformó en diversas ocasiones;
una de las más importantes fue cuando Florentino se separó
con el propósito de atender sus propios negocios en Cúcuta
en 1894. Florentino retiró 294.850 pesos para pagar las cantidades adeudadas en las sucursales de Cúcuta y Pamplona. Esta
cantidad se cubrió con el valor de las propiedades en estos lugares, que ascendía a 444.850 pesos. Florentino recibiría todas
las deudas y la mercancía de la compañía en el norte de Santander, así como una serie de propiedades urbanas y rurales64 •
A pesar de esta separación, en 1899, cuando se liquidó la
compañía a la muerte de Zoila, sus activos ascendieron a
2.118.630 pesos65 . El capital fue de 8.210.313 pesos cuando
63. IX-21-1882, T. IV, No. 555,f.1459-1463,
64. VDI-17-1895, T. II, No. 306, f. 861-869.
65. VD-27-1899, T. III, No. 685, f.1856-1869.
Para dar una idea del valor real de esta suma cabe anotar que el salario anual de
un militaJ con el rango de general era de 4 .800 pesos, en tanto que el juez su pe-

D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

251

la compañía se disolvió nuevamente en l 90s66 , y se constituyó
una vez más con un capital de cinco millones de pesos en billetes o 50.000 pesos oro67 .
A causa de la inflación antes y durante la Guerra de los \lil
Días es difícil comparar valores entre 1882 y 1903. Sin embargo, los activos en bienes inmuebles experimentaron un incremento considerable. La compañía poseía seis haciendas en Rionegro, Bucaramanga y Girón: La Fe o Los Cocos y La Loma o
El Vijagual estaban al mismo nivel de La Luisiana68 .
Por otra parte, era propietaria de nueve almacenes, de los
cuales cinco estaban localizados en las primeras cuatro cuadras
de la Calle del Comercio de Bucaramanga; tres se encontraban
cerca del mercado en el barrio San _\fateo y uno en Rione~ro·
asimismo, a su nombre había 17 casas en Bucaramanga y va~
ríos pastos y solares69 • E.sta lista no incluye la propiedad personal de Reyes, Eleuterio, Juan Crisóstomo o Gregorio. Si bien
las haciendas estaban dedicadas principalntente al cultivo del
café, también había cacao, caña de azúcar, árboles frutales, pastos y ganado. En La Loma o El Vijagual los cultivos de plátano y yuca ocupaban áreas extensas70 .
Si bien propiedades tales como La Luisiana, La Loma, Los
Cocos y Santa Lucía, y las casas y los almacenes en la Calle
del Comercio permanecieron en la familia hasta la partición de
bienes con Eleuterio en 1923, la mayor parte de las transacciones 'de la compañía eran de corta duración y su propósito era
la especulación o la venta cuando se requería dinero en efectivo. De hecho, las propiedades permanecían cerca de 2.6 años
rior de Bucaramanga recibía 3.000 pesos y un sargento 360 pesos. Carlos MarHnez Silva, Capítulos de historia po/(tica de Colombia (Bogotá, 1973), 11, págs.

354-358.
66. VllI-24-1903, T. IV, No. 1222, f. 2328-2346.
67. !bid.
68. VII-27-1889, T. Ul, No. 685 y 686, f. 1856-1880.
69. !bid.
70. Notaría Segunda, V-29-1891 , T. II, No. 325,f. 1018-1022.

�252 Siglo XIX

en posesión de la familia, en comparación con un período promedio de 3.9 años durante el cual se conservaba una propiedad
en Bucaramanga, de acuerdo con un año de muestra analizado
(1894). En esta época Bucaramanga era un centro comercial
dinámico y en proceso de crecimiento y el número de sus habitantes aumentaba constantemente debido a la inmigración (entre 1870 y 1912 la población de la ciudad se duplicó, y en las
décadas de 188.0 y 1890 experimentó su crecimiento más veloz71 ). Las cifras anteriores sobre promedio de años en posesión de tierras no son exactas porque sólo el 63 por ciento de las
ventas registradas incluye la fecha de venta. Pero incluso si se
presume que las transacciones que no aparecen listadas corresponden a propiedades que se conservaron durante más tiempo
es posible imaginar un comercio vital en finca raíz.

D. Johnson: formación de capital durante la &amp;generación

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Con el fin de dar una noción exacta de la participación de
los hermanos González en el mercado de finca raíz cabría añadir que se totalizaron todas las ventas durante los años de 1885,
1886, 1887, 1890, 1894, 1895, 1899 y 1900. El porcentaje del
valor total que corresponde a las compraventas de los González
aparece en el cuadro siguiente:

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Entre 1866 y 1905 aparecen en la Notaría Primera 171 adquisiciones a cargo de la compañía y de los hermanos González,
las cuales sumaron un total de 780.804 pesos; y 152 ventas por
un total de 650.713 pesos. Cuando se añaden las transacciones
registradas en la Notaría Segunda (31 adquisiciones por valor
de 107.814 pesos y 25 ventas por valor de 51.383 pesos) se llega a un total de 888.618 pesos por concepto de compras y
702.096 por concepto de ventas, lo cual resulta en un promedio de un poct&gt; más de 4.000 pesos por transacción.

....

253

�D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración 255

254 Siglo XIX

VALOR TOTAL

AÑO

CO~IPRAS

VE'\T,\S

1885

21.7%

21.2%

124.341 pesos

1886

7.7%

0.6%

386.105 pesos

1887

5.0%

4.0%

240.757 pesos

1890

0.6%

4.8%

621.044 pesos

1894

7.7%

0.9%

866.132 pesos

1895

3.9%

9.7°/o

579.020 pesos

1899

8.0%

5.5%

620.766 pesos

1900

0.0°/o

5.6%

213.106 pesos

PRINCIPALES ADQLISICIOi\i.':S INDIVIDUALES
NOTARIA PRIMARIA, BUCARAMANGA
(en 1885, 1886, 1887, 1890, 1895, 1899, 1900)

'
Durante estos años el total de las compras ascendió a
195.328 pesos y el total de las ventas sumó 193.020 pesos, lo
cual resulta en un porcentaje del 5.3 por ciento del valor de todas las transacciones de tierra.
·
Durante esos mismos años las transacciones individuales fueron cuantiosas, pero aparte de Reyes González Hermanos en la
lista de los compradores principales de finca raíz con transacciones múltiples sólo aparece la firma extranjera de Minios
Breuer. Esta fue la única que se aproximó al valor de Reyes
González Hermanos, en tanto que ninguno se acercó a sus 154
transacciones.

l. \Jecke y \ía., :\ueva York, y ~Iinlos Breuer y Cía.
1894: hacienda La Argentina en Arboledas, Cúcuta
92.306.55
2. Minios Breuer y Cía.
1886: dos haciendas, El Tablazo y La Fe, en
Bctulia ) Cirón

72.000.00

3. Cayetano García F.
1899: unas tierras en Piedecuesta

60.000.00

4. Jorge Jesús Prada y Manuel Cortissoz
1890: hacienda La Paz en Bctulia y Girón

60.000.00

5. Bemabé Rey
1894: haciendas Agua manca y Lisboa en
Lebrija

50.000.00

6. !\linlos Breuer y Cía.
1886: dos casas en Bucaramanga; terreno
San Joaquín en Lebrija

49.695.00

7. Lorent Keller y Cía.
1887: hacienda \lonte Bello en Betulia

40.000.00

8. Reyes y Juan C. Gonzálcz
1894: media hacienda La Fe o Los Cocos

40.000.00

9. Juan de la Cruz Pinilla
1895: terreno Palonegro en Lebrija

40.000.00

10. Joaquín \Iontilla
1899: dos lotes en Matanza; terreno en
Rionegro; tres casas en Bucaramanga

33.100.00

�D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

256 Siglo XIX

PRI\CIPALES CO\lPRADORES DE FIKCA RAIZ
~OTARIA PRI\IER \. BUCARA \IA'.'1GA
(en 1885, 1886, 1887, 1890, 1894, 1895, 1899, 1900)
transacciones

cantidad

l. Reyes González Hermanos

54

195.238

2. :\tintos Breuer y Cía.
(nota: seis ventas por un total de
84.095 pesos).

10

176.635

6

66.600

18

64.500

5. Simón Reyes

8

49.400

6. Trino \Jantilla

8

39.050

7. José 'iorwood

3

38.500

8. Julio Cadena

6

34.500

9. Julio Ogliastri Hermanos

6

29.600

10. Pedro David \}antilla

8

28.857

11. Laureano Cadena

3

28.000

12. Braulio _\. \Iantilla

6

26.700

13. Jorge \lutis

5

26.280

14. Cayetano González \lalo

5

23.640

15. Toribio González \Jantilla

2

22.000

16. Dr. Cayetano S. Pradilla

4

17.900

17. Sinforoso García Hermanos

5

17.380

18. Pablo Garcfa Florez

6

17.000

19. Silva Otero Hermanos

5

16.500

20. Rinaldo A. Goelkel

3

16.000

3. Bemabé Rey
4. Francisco Ordóñez Rodríguez
(nota: 21 ventas por un total de
62.500 pesos)

257

Dicho en una forma sencilla, los hermanos González fueron
los comerciantes en finca raíz por excelencia durante los años
analizados en Bucaramanga. Es posible que otras compañías conocidas - que aparecen en una lista de miembros de la Junta
del Comercio - hayan tenido una participación significativa
en los negocios, pero el papel que desempeñaban en el área de
la finca raíz era mínimo72 . De los 19 comerciantes y compañías
registrados - entre las cuales se encuentran nombres como
Lorent Keller, Christian P. Clausen, David Puyana e Hijo, Trinidad Parra de Orozco y Compañía, Ogliastri Hermanos, Koppel y Schloss, y Sinforoso García Hermanos - ninguno, salvo \linlos Breuer, aparece en la lista de compradores múltiples
con adquisiciones superiores a los 18.000 pesos. Es posible que
las transacciones más importantes se hayan llevado a cabo durante los años que no fueron sometidos al análisis por computador pero aún así sería difícil imaginar que alguien haya acumulado el valor total que alcanzó Reyes González Hermanos
durante el período en cuestión.
En los ne?;ocios urbanos se puede observar con mayor claridad la visión hacia el futuro y la perspicacia de Reyes. Con su
recién adquirida riqueza, acumulada gracias a la quina y al café,
procedió inmediatamente a adquirir casas y almacenes en el
corazón del distrito comercial de Bucaramanga. De hecho, entre 1881 y 1883 sus adquisiciones - que sumaron un total de
43.700 pesos - se limitaron exclusivamente a propiedades en
las primeras tres cuadras de la Calle del Comercio, al oriente de
la plaza principal. Entre 1884 y 1886 se expandió hacia e] oriente, y se dedicó a comprar propiedades entre la cuarta y la octava
\ cuadra. Si bien obtuvo algunas ganancias, el valor de sus compras al oriente de la plaza -- por un total de 98.888 pesos -excedió el valor de sus ventas (72.500 pesos), que se llevaron a
cabo en su mayoría después de 1889. Pero las propiedades en la
Calle del Comercio1 especialmente los numerosos almacenes,
eran esenciales para el interés de la compañía.
72. VII-10-1889, T. lll, No. 597, f.1431 -1438.

�D. ]ohnson: formación de capital durante la Regeneración

258 Siglo XIX

BARRIOS DE BUCARA:\lA~GA
1885 -1905

259

barrios conocidos como Laguna de San \Jateo y Santa Rosa,
que se convirtieron en Quebrada Seca.
El barrio de San \Jateo estaba localizado en la entrada de
la ciudad por el camino que venía de Rionegro, y Reyes consideraba, con razón, que ésta sería una zona de crecimiento. Dos
cuadras al norte estaba la Plazuela de Santa Rosa y ninguna de
las zonas había sido urbanizada, a excepción de ~unos solares
y unas cuantas chozas de paja. En 1885 Reyes González Hermanos compró al doctor Ruperto _\renas, por 1.230 pesos, una
cuadra en el lugar conocido como la Laguna de San \lateo73 , la
cual había pertenecido a Trinidad Parra de Orozco74 . Después
compró gran parte del área circundante. En 1889 el Concejo
Municipal le otorgó a \epomuceno Serrano e] privilegio de
construir una Casa de Mercado en la ciudad. Los pequeños comerciantes y tenderos ubicados en la plaza principal, donde se
llevaba a cabo el mercado semanal, se opusieron tenazmente
a esta decisión, y en vista de tal acogida Serrano cedió su privilegio a una compañía anónima75 • Los funcionarios de esta
compañía eran Reyes González, Eleuterio González, Juan \lanuel Dávila, Nepomuceno Serrano, Roso Cala y Carlos J. Delgado76.
El propósito de la Compañía de la Casa de \Jercado de Bucaramanga era la construcción y administración de un edificio
que sería utilizado como mercado público. Su capital llegaba a
los 20.000 pesos y estaba dividido en 200 acciones de 100 pesos cada una. El artículo 5 estipulaba que Reyes y Eleuterio tenían 55 acciones cada uno. Reyes sería el gerente. El lugar seleccionado para la construcción fue la Laguna de San .\Jateo.
de propiedad de Reyes González I fermanos77 . García asegura
que este lugar ofrecía la ventaja de que nada había sido cons-

A partir de 1884 comenzó a adquirir propiedades en otros
barrios tales como La Filadelfia, Charco Largo, El Volante, Payacua y Cabecera del Llano (ver plano). Es posible_ discernir un
patrón específico en sus compras en la zona noronental, en los

73. X-15-1885, T. II , No. 228, f. 485487.
74. 11-27-1872, T. I, N9. 104, f. 396402.
75. Arturo (José Joaquín García), Crónicas de Bucaramanga (Bogotá, 1896), página 243.
76. XIl-4-1889, T. IV, No. 927, f. 2121-2133.
77. !bid.

�260 Siglo XIX

truído allí78 . El mercado se abrió en 1895 y Reyes González
Hermanos efectuó una serie de ventas por un valor de 22.000
pesos, más del doble del valor de compra de ciertas propiedades específicas. La compañía también se hizo responsable de la
construcción de varias casas.
Sin embargo, García destaca el hecho de que mucha gente
estaba acostumbrada al mercado de carne que se encontraba
tres cuadras al occidente de la plaza, y consideraban que la nueva localización ofrecía inconvenientes79 . Pero la compañía tenía
una solución para este problema. F:n 1886 había comprado, por
40 pesos, una cuadra con una choza de paja en la Plazuela de
Santa Rosa y después había adquirido varias propiedades circundante~. Al convertir esta cuadra en un atractivo parque
Reyes sabía que crearía un nuevo centro de actividad al oriente del mercado de San \1ateo; así, el mercado sobre la calle principal pasaría a ser el núcleo de Bucaramanga y se aseguraría su
éxito al tiempo que se valorizaba la propiedad circundante. En
1886 se habían. vendido cuadras enteras en esa zona por 40 pesos, y en 1895 la compañía vendió mediaguas por un valor que
oscilaba entre los mil y los tres mil pesos.
Entre 1884 y 1904 la compañía adquirió propiedades por
valor de 60.587 pesos en el barrio Quebrada Seca, que incluía
las zonas de Santa Rosa y San \lateo. Sus ventas durante el
mismo período sumaron un total de 146.863 pesos, de forma
que el área se convirtió en su más exitosa aventura especulativa
desde la compra y la venta de la hacienda Báchiga. En sus negocios hacia el sureste, en los barrios El Y olante, Filadelfia y Charco Largo, se puede observar ún patrón similar, si bien no tan impactante. ~ o sería exagerado sugerir que el desarrollo del centro de Bucaramanga, hasta llegar a ser lo que es hoy, fue el resultado de las actividades de Reyes González Hermanos.

78. Garcfa, pág. 244.
79. /bid., pág. 280.
80. Notaría Segunda, Vll-26-1886, T. U, No. 374, f. 71-72.

D. Johnson: formación de capital durante la Regeneración

261

Desafortunadamente en este trabajo sólo es posible mencionar muy brevemente el asunto de las hipotecas y de los
préstamos, que co11slituyPro11 actividades básicas de la compafi fa. Los préstamos dispo11i hks para aquellos que podían
hipotecar finca raíz oscilaban &lt;'ntre los 40 r los 30.000 pesos;
las cantidades ce1lidas en pr(•stamo pasaron de 40 pesos en
1868 a 14.000 &lt;'ll 1883, 62.887 t&gt;11 1891, y 42.215 en 1895.
Las lasas de inkr&lt;'S (·obradas por Hcyrs Conzález I lermanos en
los años ochenta eran del 1 por ci1·11to mensual y del 8 por
cil'nto anual a sus principales clientes con un recargo por interes&lt;'s de mora del l por ciento mensual81 . Los períodos ele la
hipoteca iban de seis meses a dos años.
En 1894 las tasas aumentaron al 2 por ciento mensual, con
un recargo del 2,5 mensual por intereses de mora, lo cual se puede considerar como una cifra razonable a la luz de las tasas de
interés que prevalecen en la actualidad82 . En la década de 1890
~e especificaba que los pagos debían hacerse en moneda dura o
en café83 .
El caso de Pedro Parra rcprcscnla un ejemplo típico &lt;le una
propiedad hipotecada que eventualmente pasó a manos de la
compaííía. Parra pidió un préstamo de 5.147 pesos a dos años,
con una tasa de interés del 8 por ciento anual y un recargo del
1 por cimto mensual por intereses de mora; para este efecto hipotecó la hacienda La Loma, localizada en Bucaramanga, en la
carretera a Hionegro, sobre la cual ya pesaba otra hipoteca84 . En
1889 la compañía compró la mitad de la hacienda por 4.000
pesos, y en 1890 compró la otra mitad por 3.000 pesos85 . Obviamente fue una ganga, pues La Loma aparece con un avalúo
81. VII-21-1885, T. 11, No. 277; 111-13-1886, T. I, No.139, f. 301-303; VI-6-1886,
T.I, No. 229, f. 240; Vll-19-1887, T. III, No. 633,f. 736-738;Notaría Segunda
IV-11-1888 (falta número de escritura y folio).
82. Xl-16-1894, T. VIII, No. 935, f. 3472-3475; XI-23-1894, T. VIII, No. 957, f.
3560-3562 ;XI-17-1894, T. Vlll, No. 940, f. 3486-3492.
83. Xl-16-1894, T. Vlll, No. 935, f. 3472-3475; V-10-1887, T. 111, No. 447, f.
486-489.
84. Ill-13-1886. T. l. No.139. f. 301-303.
85. Xl-7-1889, T. IV, No. 874, f. 1984-1988; Notaría Segunda, Vl-6-1890, T. l,
No. 374, f. 670-672.

�262 Siglo XIX

mayor que el de La Luisiana en la partición de bienes de Eleuterio, en 1923.

"No es posible enumerar aquí la gran cantidad de actividades
a las qu~ se dedicaba Reyes González Hermanos, pero se puede
dar una idea a través del examen de un año, 1886. En ese año,
tenía contratos para el estanco (monopolio) de aguardiente en
Girón, Lebrija, Piedecuesta, Los Santos y Wilches86 , lo cual indudablemente constituía una ocupación bastante lucrativa. La
compañí~ ~taba involucrada en el remate de aguardiente, que
era la pnnc1pal fuente de ingresos departamentales, y en 1898
ten fa un contrato para recolectar los impuestos sobre la producción e introducción de licor en todo el departamento de Santander87.
Por otra parte, en 1886 la compañía firmó el contrato para
el derecho de degüello en las provincias de García Hovira Pamplona, Cúcuta y Soto88 , lo cual explica su interés en el m~rcado
público y en levante del ganado.
La co~pañía_ se involucró, asimismo, en una nueva empresa
para trabapr minas de oro y plata cuyo capital ascendía a
85.000 pesos89 . La construcción de carreteras y los peajes eran
de especial interés para los hermanos dadas sus actividades en
importación y exportación. Firmaron contratos para construir
car~eteras desde Hucaramanga hasta la Sabana de Torres. Botijas
y Colorado, y desde Hionegro hasta Cáchira, las cuales atran•saban sus propiedades90. También estaban encargados de la recolección de todos los peajes drsde la provincia de ~oto hasta el

86. Vlll-18-1886, T. 11, No. 419, f. 439-463 ;XIl-28-1886, T. lll, No. 777, f. 925933~11-19-1887. T. l. No. 145. f.135-137.
87. Ill-3-1898, T. 1, No. 156, f. 333-336.
88. ll-26-1887, T. I, No. 171, f. 177-181· falta fecha 1886 T. I No 87 f 168170.
'
'
'
'
. ' .
89. Vl-21-1886, T. 11, No. 277, f. 294-299.
90. 1-28-1886, García, pág. 229: Vlll-21-1886, T. 11, No. 421, f. 464-471; IX-61886, T. III, No. 467, f. 512-517.

D. /ohn1on: formación de capital durante la Regeneración

263

río Magdalena91 y administraban la recolección de los aranceles
sobre la mercancía que llegaba a Cúcuta92. Cuando Reyes fue
prefecto de Soto, en 1888, su principal preocupación radicaba,
según lo expresó en su informe, en la mejora de las carreteras
para facilitar el comercio93 .
La compañía pudo desarrollar todas estas actividades gracias a la riqueza en tierras que había reunido a través del comercio, pues para obtener estos contratos se exigían hipotecas
sustanciales. Así, su capital les ayudaba a crear mayor riqueza.
Durante la espiral inflacionaria de fines de la década de
1890 Reyes González Hermanos pudo sostener sus actividades
en el comercio exterior a través de los negocios con el oro y la
plata, los cuales podía llevar a cabo gracias a su riqueza acumulada94.
El nombramiento de Reyes González como Secretario de
Hacienda de Santander en 189895 fue el reconocimiento tanto
de su genio financiero como de su lealtad hacia el partido conservador. Su participación en la Guerra de los Mil Días se remonta a sus comienzos, en octubre de 1899, aunque él carecía
de experiencia militar alguna, o de rango96 . Aunque no se conoce con exactitud la naturaleza de su participación, se puede suponer que era de tipo organizativo o financiero. En cualquier caso, fue nombrado general y colocado al mando de las operaciones en Rionegro en 190197 . En realidad había muy pocos que
conocieran la región mejor que el hombre que era dueño de una
gran parte de ella.

91. ll-25-1885, en 1886, T. 11, No. 309, f. 327-335; VID-21-1886, T.11, No. 421, f.
464-471.
92. lX-6-1886, T. lll, No. 465, f. 508-512.
93. Mensaje del Gobernador de Santander, 1888, págs. 37-39.
94. Vlll-28-1903, T. IV, No.1232, f. 2365-2369.
95. Gaceta de Santander, Bucaramanga, 1-6-1898.
96. La Situación, Bucaramanga, IIl-16-1901.
97. /bid., VIII-24-190h

�264 Siglo XIX

El hecho de que los hermanos González, con sus modestos
antecedentes económicos y su clara filiación conservadora,
hayan creado una de las empresas capitalistas más poderosas de
Colombia con hase en la &lt;\urna, el café y la finca raíz no significa que la Regeneración haya estimulado el progreso económico.
Pero quizás sí indique que la política económica de Rafael Núñez no fue tan desastrosa para el comercio como lo sugiere la
retórica liberal del siglo XIX. Lo que sin duda se puede afirmar
es que la historia de Reyes González Hermanos pone de presente la habilidad, la visión hacia el futuro y la buena fortuna excepcionales de tres hermanos, y su comprensión de la importancia de la diversificación.
Agradezco a la directora de la Corporación Cultural Luis Pení de la Croix, doña
Marina de Cala, y el director de su archivo, Emilio Arenas. Creo que su trabajo puede
ser un modelo para otros archivos regionales tanto en su organización científica como
su colaboración con los investigadores.
Varias personas fueron instrumentales en el proceso de investigación para este
ensayo. Especialmente quiero dar mis gracias a mi asistente en Bucaramanga, Marcelo
Cote lsaza, cuyo trabajo fué indispensable. Además de su investigación cuidadosa, su
letra tan clara, aprecio sus observaciones astutas.
Dianna Wiedeman de la Universidad de Alberta me ayudó con el procesamiento
por computador de los datos. Angela Tarazona Figueroa del Archivo de la Corporación Cultural Luis Perú de la Croix encontró muchos datos útiles y ofreció sus percepciones claras en las etapas formativas. Yo me beneficié con los comentarios de
Renée Soulodre La France en nuestras discusiones durante el proceso de escribir.
El Consejo de Investigaciones en las Ciencias Sociales y Humanidades del Canadá hizo posible mi viaje a Colombia y costeó mi asistente.

�ENRIQUEFLORESCANO (minientrevista), Historia
económica: economía y política• GUILLERMO BRAVO
AcEVEDO,Los bienes temporales de los jesuitas en el
reino de Chile {1593-1820)• MARIO CERUTTI,Poder
es tata~ actividad económi~a y burguesía'l'egional
en el noreste de México (1855-1910) • RAULJACOB,
Uruguay: polítiea industrializadora y grupos de
presión (1875-1898) • ALEJANDRA GARCIA QUINTANILLA,
En busca de l,a prospéridad: Yucatán a 1,a hora de
mindependenéia • MARIAE.. GoNZALEZDELUCA,Los
intereses británicos y l,a política en Venezuela en las
últimas décadas del siglo XIX• DAvrnC.JoHNsON,
Laformación de capital durante Za época de la
Regeneración en Colombia.

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                    <text>Revista
de Historia

ELSIGLOXIX Y
LAS IDEAS
(Argentina, Colombia, Cuba,
México y Perúl
Allo 1, número 2
julio-diciembre de 1986

Facultad de
Filosofia y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Centro Coordinador y Difusor de Estudios
Latinoamericanos (CCYDEL) de la Universidad Nacional
Autónoma de México y de la Sección de Historia de las
Ideas de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las
Ciencias y de la Tecnología.

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Diseño: Eduardo Leyva S.
Tipografía: Andrea Conzález Corona
Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Impresión: Impresora Gralex
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $4.

�AÑO

JULIO - DICIEMBRE DE 1986

l NuMERO 2

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO
Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . · · · · · · · · · · · • · · ~

-UIMYIMt~

Presentación. •.. . . . . . . . . . . HORACIO CERUTII GULDBERG

7

Tres figuras para la historia de las ideas en la
Argentina decimonónica. . CELINA A. LERTORA MENDOZA

13

Imagen de Bolívar en Rusia y en la URSS. la biograf1á de
Boli'var por Lavretski ...... GUSTAVO VARGAS MARTINEZ

27

Significación de la obra de Enrique José Varona
en la filosofía cubana . .. PABLO GUADARRAMA GüNZALEZ

39

Notas para una historia de las ideas en Cuba
(siglo XIX) . . . . . . . . . GUSTAVO ESCOBAR VALENZUELA

69

Una previsión ideológica de la independencia de México:
Fray Servando Teresa de Mier, entre la utopú1 y la
profeda. . . . . . . . . . . . . . . . . . JAIME B. VILCHIS REYES

99

Valladolid, el mundo deMorelos ....... ABELARDO VILLEGAS

111

Las ideas en el Perú. Ilustración y romanticismo
(1780-1826) .. . .... MARIA LUISA RlVARA DE TUFSTA

119

La función social de las mujeres entre los liberales
latinoamericanos . ........ ALBERTO SALADINO GARCIA

175

Sugerencias para el tratamiento del tema utópico en el siglo
XIX latinoamericano . ... HORACIO CERUTTI GuLDBERG

189

�Nota del Editor

-

Con este número 2, Siglo XIX inicia la cobertura de otro
de los objetivos por los que fue creada esta Revista de Historia:
poner sus páginas a disposición no sólo de estudiosos del siglo
pasado en Latinoamérica, sino -a la vez- abrirlas como un espacio para centros de investigación o especialistas que, por su
adecuado conocimiento de áreas determinadas, sean capaces de
reunir con eficacia y rapidez un dossier específico.
\ o debe extrañar, entonces, que en este caso el compilador
de los materiales que se incluyen no sea estrictamente el Editor.
Aunque no nos despojamos de responsabilidades, hemos preferido que la selección de los trabajos la practicara un colega ducho
y atento al punto común sobre el que giran los diversos artículos: el siglo XIX y los ideas. La tarea fue cumplida por lloracio
Cerutti Guldberg*, integrante del Centro Coordinador y Difusor
de Estudios Latinoamericanos que dirige desde la Universidad
~acional Autónoma de \léxico el doctor Leopoldo Zea, y coordinador de la sección de Historia de las Ideas de la Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y la Tecnología.

* Horacio

Cerutti Guldberg es doctor en Filosofía por la Urúversidad de Cuenca
(Ecuador), codirector de Prometeo. Revista Latinoamericana de Filo,ofia Y
autor de Penmmiento ideali&amp;ta ecuatoriano (Quito, 1981) y Filo,of(a de la /i.
beración latinoamericana (México, 1983).

�4

Cerutti Gultlherg nos facilitó ensayos sobre Argentina, Colombia, Cuba, México y Perú, jurito a un par de trabajos dedicados a aspectos de dimensión continental. Y además de efectuar la Presentación, brindó a Siglo XIX la posibilidad de acoger
frutos recientes en el plano de la historia .Je las ideas: una parcela del estudio lústórico que por el avance tan intenso suscitado &lt;'n los últimos lustros en torno a lo económico_, lo socioeconómico o lo sociopo/,'tico había quedado relativamente desbordada. La apertura de Siglo XIX a dicha temática no es sino
parte de la propuesta inaugural planteada gracias a la entrevista
que se efectuó a Enrique Florescano: es absolutamente imprescindible recuperar una mirada integradora de las realidades históricas que se estudian para, así, lograr abordarlas con niveles
más adecuados de interpretación.
Interesa insistir en la diversidad de situaciones nacionales
que se analiza en este volumen. De manera análoga al 1, ha resultado factible obtener una respuesta inmediata de colegas de
diversos países, o de especialistas que trabajan sobre distintos
casos latinoamericanos. Esta intención de ofrecer cada semestre
el tratamiento compartido de lDl tema común, parece tener
muchas posibilidades de proseguir concretándose: para los números de 1987 se están ya reuniendo los materiales con idéntica frrmeza, y con la novedad de incorporar trabajos remitidos
desde países del sur europeo (otro de los objetivos de Siglo
XIX, ante lo que se considera urgente necesidad de cotejar ciertos procesos del viejo continente con algunos desenvueltos en
América).
El esfuerzo de poner en marcha este proyecto desde la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de
~uevo León (en Monterrey, México), ha sido valorado generosamente por numerosos colegas e instituciones de México, de
otros países del continente y europeos. Aún antes de conocerse la revista, y tan sólo sobre la base de una circular restringida

5

que se distribuyó, la respuesta había florecido auspiciosamente.
Ahora, al sacar de imprenta el número 2, queremos dejar
constancia de nuestro agradecimiento a toda la gente que nos
ayudó y alienta. Desde quienes contestaron a la aparición de
Siglo XIX con solicitudes de suscripción -frecuentes por parte de investigadores y bibliotecas de Estados Unidos-, hasta
quienes ofrecieron de inmediato su colaboración para números
futuros. A eso hay que agregar específicos apoyos institucionales: la Universidad Autónoma de Yucatán, la _Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Complutense de Madrid la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de
'
Barcelona, se cuentan entre las casas de las que provienen -de
una u otra manera- dicho respaldo y apoyo.
Esta es una referencia importantísima: permite suponer que
este proyecto puede estabilizarse. Cada respuesta que recibimos
indica que Siglo XIX quizás alcance a cubrir una necesidad, un
hueco. De ser así, sus posibilidades de mantenerse se reafirman.

Mario Cerutti
Monterrey, México,junio de 1986

�Presentación
Horacio Cerutti Guldberg*

-

L a cordial invitación del Editor de Siglo XIX, proponiendo dedicar
este segundo número de la revista a la hi&lt;.toria de las ideas, ha merecido
una acogida entusiasta por parte de numerosos colegas que en el país y
fuera de el se dedican acuciosatnente a su cultivo. Investigadores de larga
trayectoria como Arturo Ardao y Guillermo Francovich, entre otros, se
vieron obligados a declinar su participación por compromisos previamente
contraída;, al tiempo que elogiaban este proyecto.
Nos propusimos inicialmente realizar una evaluación preliminar del
estado de los estudios de historia de las ideas en diferentes regiones de
nuestra Améric.a. El objetivo era revisar la historia de la historiografía de
las ideas con d fin de rastrear metodologías, temas, enfoques, supuestos
y aspectos insuficientemente considerada; que reclamaran nuestra atención. De alguna manera, los trabaja; que integran este volumen - referidos
a Argentina, Colombia, Cuba, México, Perú y el Subcontinente- satisfacen estas expectativas en una primera aproicimación que deberemos seguir profundizando. De hecho hemos li&gt;grado una muestra bastante representativa del estado en que se encuentran los estudios de historia de las
ideas en relación con el siglo XIX y quizá sus características sean generalizables en medida no despreciable a la mayor parte de los esmdios sobre
historia de las ideas en relación con América latina en cualquier etapa de
su historia.
¿Cuáles son algunas de estas características más evidentes?

* Los

procedimie~tos y métodos utilizados o sugeridos son sumamente heterogéneos. Por lo general no superamos niveles descrip-

• Facultad de fUosofía y Letras/Centro Coordinador y Difusor de Estudios

Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México.

�8

Presentación

SigloXIX

tivos y la necesidad misma de ~a superación es discutida. Deberíamos enrique-cer esta discusión.

* Los trabajos abordan

ideas de detenninados autores, temas en regiones circunscritas, aspectos más generales en relación con toda
Latinoamérica. Probablemente esta diversidad revela desacuerdos
sobre el objeto mismo de la historia de las ideas y su relevancia.

* Los límites de la disciplina aparecen difuso-. A veces cabe confundirla con la historia de la filosofía, la historia de las ideologías, la
arqueología del saber, la sociología del conocimiento, etcétera.

* Se podría

decir que estamos frente a una disciplina no normalizada, si por tal se entiende aquella práctica científica que trabaja
sobre carriles perfectamente delimitados.

Estas características, y otras que podrían mencionarse, reclaman mayor trabajo y reflexión de nuestra parte. Quizá exponer una obsesión personal no sea más que expresar una demanda generalizada y sentida por la
mayor parte de los especialistas. Requerimos de una historia de la historiografía de las ideas en nuestra Aménca que nos describa y explique ( combino los términos con toda intención) cómo hacemos y hemos hecho his
toria de las ideas, por qué la hemos efectuado así y no de otza manera, cÓmo podríamos, deberíamos o, mejor, daiearíamos hacerla. Creo que estamos en un momento_privilegiado para redefinir todo un programa de trabajo y realizarlo. No aspiro a una normalización de la historia de las ideas, si
por tal se entiende uniformidad de métodos, procedimientos, objeto, pun·
tos di' partida, supuestos, enfoques. Más bien, considero que debemos fo.
mentar el debate y dejarnos fecundar por la polémica, explorar más y mejor temas y problemas, insistir con renovados instrumentos conceptuales
en resolver la tensión tan típica entze las ideas y lo ex1raideológico: tensión que ha caracterizado siemrre el cultivo de esta disciplina entre nosotros.
Deberíamos también organizamos para ser más eficaces en la comunicación, el rescate de patrimonios y tradiciones comunes, archivos, documentos, visiones, anhelos...

En este volumen de Siglo XIX, la historia de las ideas en la Argentina
del siglo XJX es examinada por Celina A. Lértora Mend~a tomando tres
núcleos: ideológico, romántico y positivo, situados alrededor de los años
1815, 1840 y 1880. Con los nomlres de generación de rnayo,generación
del 37 y gcn"rt1ción tlel fin de siglo han sido reconocidos estos momentos
por la historiografía posterior. La autora considera a tres autores, uno para

9

cada momento, elegidos entre aquellos menos tratad
la . .
,
de las ideas: Manuel M
J
M ,
.,
os por histonograna
La
. oreno, uan aria Gullerrez y Carlos Octavio Bun~~ro puesta se_ cierra con un llamado a repensar la historia de I id
;;:r:~:rr:~ i:7:~e=c~:a~~s entendidos que diversas tradicio~ . :
Gustavo Vargas Martín
.,
pr:f ciua RSdelSpdensamien to ;~1:C:c:~:~e~: :r:!;::rat:a'~;;~~itJ
ª
e nuestros d1as. La figu d Bol ,
.
.
""
Y
discusión en relación con
ra e
ivar Sigue siendo tema de
un momento vertebral de nu tr ·g1 XJX
Vargas Martínez
es o SIoho
.
, . reclama ' como en otras de sus d ocumentadas
acceso aulenbcamente marxista a la lústoria del 1·
. ra5: un
lucha de clases, sin eludir el necesario análisi . d 1, i~rtador, s~ eludir la
bate y la t ensión incesante del rnomen
~ I ( : ?gic~
en m~dio del comt
n ·valoración dr la figtira b . .
!ºY.
e hiS onografia ulterior. La
o1wanana se mscnbe dentro de I I h . d 1 , .
ca ?esatada dentro de la tnL$ma historio!!raÍÍa La rcctifica:óu c a _1,b?º OdgJI·
opusculo ,le Marx a arti d 1 . " , .
n sovie ca e
VargJs \lartírn•z, d ca1:niu: p:ra ªu~1:.~t1:e de Lavretski abr~, como dice
•¡uicra \larx r1•spelÍl en su o ,ÍI . 1 íY .
cn~oquf' ''.1arx1sta_ qu_c ni sinurstra historiografía de las i~le::• o. rs1.uS1011 ahwrta e unpresctndible en

-~º

El interés por el estuflio de la historia de las ideas en Cuba
.
acrcc1·11tado por la significación e la . I
., .
se ha VISlo
cultural d.-1 r1·slo dt&gt; nuestra \ "?.
GIS a y su revoluc1on tienen en la vida
' menea 7Ustavo Escoba V 1
1 ·
un~ r1·visió11 de ,~a lúi-Loria en el sialo .XJX
,
. r a enzu~ ~ mtenta
la 1l11~lraeió11 las ideas reformis•~~" . ·. Y_ as1 examma el movumento de
el J ,
'
~, anexionistas y separatista I I d
,. os,· de la Luz y Caballero Fél' V I E .
, s, os ega os
\lartí. Escobar Valenzucla se 'reoc: are a, nnque Jose Varona y José
dos por la larga labor histori p áfi pda porbadestacar los aportes ya realiza.
.
ogr ca e cu nos e investi d
d
regiones mteresados por Cuba.
•
ga ores e o Iras
También en relación con Cub P hl G d
c_entral del desarrollo ideoló ·co-fil~ó~c: cuua arrama. analiza _una figura
nque José Varona (1849-19,3) Guadarra hano y labn~amencano: Ensobre el ateísmo y sobre la
: d d N ma revalora las ideas de Varona
soc1e a
os muestra el mod ,
d
eIa b orar. und historia de las ideas fil oso
. 'fi cas d esd e prenIISas
. o como
t dse Ipue
' . e
mente
insertas en un marco de referenc1as
. d e bpo
. marx 18
.,
· ta me
De od o og¡ca-.
s1on., marxista de la historia d e 1as I.deas en Cuha se hace
•
s e esta v1·bt
rac1on del pensamiento
.
d V
POSI e una recupe&lt;lel filosofar latinoameri!:º!es~t:a e ar_olla, u?o de los "Fundadores"
co Romero.
segun Iª termmologia propuesta por FrancisRetornando novedosamente el controvertid
.
Fray S(•rvando Teresa de Micr J .
V'I h. . o te~ del pensamiento de
, a1me I c IS mtenta Situar su pensamiento

�10

Siglo XIX

dentro de la tensión entre utopía y profecía. Fray Servando aparece, a ojos
de la interpretación construida por Vilchls, como un propiciador del sustrato u tópico de la revolución de independencia y, además, como el representante de un profetismo "ec-tópico", entendiendoy?r tal_un es~~ ~era
de la r-.1zón tópica y una clara intencionalidad escatologica. Sm per.,utc10 &lt;le
es tas caracterizaciones, fue también Mier un visionario apocalíptico Y_ambiguamente milenarista. Con esta propu~ta, ~ilchls _r~nueva la neces!dad
de una reflexión sistemática sobre las complejas temabcas de la utop1a, el
profetismo, el apocalipticismo y el milenarismo mesiánico.
Abelardo Villegas ve en el siglo XIX todo un microcosmos que echa
luz sobre las paradojas del ser nacional mexicano. Su afirmación quizá
sería extensible también a todo el resto de nuestra América. Toma el caso
de José María l\forelos y la ciudad de VaJladolid para ubicar el pensamienLo de este guerrero muy especial de la independencia de México, en el contexto de una compleja sociedad de castas. .\lor&lt;•los aspiraba al aseen?º social y luchaba sistemáticamente por lograrlo. Villegas se apoya en la mvcstigación muy valiosa de Ernesto Lemoine: .ll~rclos y la rcvolució11 1P.. 18/ O.
para recuperar una versión del patriota punficada de toda una palma hcroificante, que dificulta grandemente la comprensón de su acción y d~ 5'.I
pensamiento político. Queda así lanzado el reto de rdecr a nuestros '·h1·roes" patrios en contextos críticos.
María Luisa Rivara de Tuesta, discípula del filósofo e historiador dr
las ideas peruano Augusto Salazar Bondy, aborda dos momentos centrales
de la historia de las ideas en el Pení: la ilustración y el romanticismo
(1780-1826). De inicio esto nos revela la plasticidad con que se debe to~_ar
la cronología del agio XIX. Rivara de Tuesta parle de la constatac10n
-compartida en la mayon'a de los estudios de nuestra historia de _las id;~sde que la filosofía actúa entre nosotros vertebra~do el mundo 1~~ologic?
y como una ideología en el sentido de pensamiento para la acc10n. As1,
Rivara de Tuesta pasa revista al movimiento ilustrado peruano y al romanticismo. La importancia y adaptación de ideas es una de sus preocupaciones centrales. La subversión de Túpac Amaru ocupa en su análisis un lugar
de privilegio, como antecedente de la lucha emancipadora de los Bolívar y
San Martín.
El utopismo del siglo XIX es un tema tan vasto como complejo yapasionante. En la breve comunicación de mi autoría, que se incluye en este
volumen, apunto algunos de lo, lineamientos que se deberían considerar
para el estudio del utopismo del siglo XIX. Estas sugerencias me fueron solicitadas por el doctor Leopoldo Zea para un encuentro de expertos en
Historia de las Ideas que se reunieron en Quito en 1982 para planificar un
volumen de próxima aparición. En lo fundamental, mi comunicación

Pre.sen tac ión

ll

apunta la importancia de estudiar, dentro de la amplia gama del utopismo,
el género utópico específicamente. Sus modalidades liberales y anarquistas son de gran importancia para entender una buena parte del pensamiento filosófico político del siglo.
El tema de la mujer es de vital importancia para un estudio acabado del
universo ideológico del siglo que nos ocupa. Alberto Saladino García ha
retomado la función social asignada a la mujer por los liberales latinoamericanos. Hubo toda una institucionalfaación de la educación femenina ~n
el siglo XIX como modo de intemalizar valores y pautas de conducta subordinados. La mujer aparece en una función claramente apendicular que
le impide toda manifestación no reprimida de su ser. La ideología patriarcalista se enseñorea en el siglo, aunque también, qufaá por ese motivo entre otros, al surgimiento del feminismo se ~ace sentir con toda fuerza. El
machismo aparece ya claramente definido con rasgos que hoy sohrevivcn
y el sojuzgamiento de la mujer adquiere carácter institucional. El aporte
de Saladino García es que esta candente cuestión queda puesta sobre la
mesa, reclamando más investigación.
Sea este volumen de Siglo XIX un eslabón más en las varias décadas
de esfuerzos por consolidar, no tanto la disciplina, sino lo, enfoques y
respuestas que pretende procurar. La historia de las ideas es una disciplina
abierta, cuyo cultivo y reformulación viene exigida por largas décadas de
trabajo infatigable entre nosotro,. Nos toca reelaborar métodos y marcos
referenciales de trabajo para hacerla cada día más fecunda, más enraizada
en el contexto de la labor de la historia y de las ciencias sociales. La meta
es procurar un acercamiento a la historia total de nuestra América, en este
caso del siglo XIX.

Antes de concluir estos párrafos unas líneas para exponer el criterio
en que se presentan los materiales. Establecimos secciones por orden
alfabético de los países considerados y los trabajos referidos a Latinoamérica en totalidad se presentan al final.

�Tres figuras para la historia de las ideas
en la Argentina decimonónica
Celina A. Lértora Mendoza *

LA HISTORIA DE LAS

IDEAS EN ARGENTINA
Desde ·1os albores del siglo, y coincidiendo c911 los movimientos liberlarios, los intelectuales de la naciente Argentina se ocuparon de la histo.
ria de las ideas, aunque sin darle ese nombre, como elemento explicativo
lle la historia política y como catalizador a la vez lle las propuestas sociales, culrurales, económicas o educativas que foonulahan desde la praxis.
Casi no hemos tenido en esa época lo que hoy denominamos el intelectual puro (si es que alguna vez lo hubo); casi todos fueron hombres de
acción -en alguna medida- y comprometidos poüticamente con su
tiempo. Por eso ats elaboraciones no tienen la (a veces pretendida) asepsia
de los investigadores modernos. Eso no les quita un doble valor: por una
parte, como testimonio del pensamiento generacional y epocal; por otra,
por el mérito intrínseco de sus ideas, que aún hoy en buena medida merecen ser tomadas en consideración.
Las disquisiciones teóricas no fueron pacíficas ni homogéneas, quizá
como reacción al monolitismo ideológico general imperante durante la
colonia, al menos tal como era percibido por sus sucesores. Casi todas las
teorías deben ser entendidas desde el marco de la polémica en cuyo seno
nacían y se desarrollaban. A la vez, deben comprenderse en función de la
doble visual~ación de sus autores: en efecto, ellos miraban al pasado comparándolo con el presente y medían un camino recorrido, pero a la vez mi:
raban al fururo y medían el camino por recorrer. En esa doble intersección, ideológica y epocal, ratica el punto de ajuste e inseraón de estos
pensadores. Desgajados de su contorno teórico y de su época, es imposible una comprensión squ.iera aproximada de su interés, su mérito y hasta
su in.fluencia.

• Concejo Nacional de lnvestigacion~ Oentíficas y Técnicas {CONICE'I) Buenos
Air~. Argentina.
'

�14

Siglo XIX

Fijar parámetro; temporales que dividan en período; nuestra histo. ria de las ideas en el si¡Jo XIX es poco a1inado, me parece. No sólo porque
la historia de las ideas no se constituyó como tal por entonces, sino y sobre
todo porque la historia de las ideas es una parte de la historia general Y sigue aproximadamente sus meandros. Y en cuanto es parte de las ideas de
un grupo en un tiempo determinado, participa de los caracteres generales
del "espíritu de su tiempo". Esos dos factores sí determinan, conjugadamentc, los rasgos diferenciales de algunos subperíodos. Por eso es válido
a~mitir que quienes pensaron sobre la historia de las ideas (general o argentina) entre nosotros en el siglo pasado, respondían a los tres grandes
período; culturales (filosóficos y a la vez políticos) que se sucedieron entre
J 810 y el centenario: el iluminismo con la ideología, el romanticismo político y literario, y el positivismo científico y· -filosófico. No pretendo justificar aquí una tal división histórica, sino señalar como un hecho la existencia de núcleos característicos del pensar ideológico, romántico o positivista, alrededor de ciertos Mtos temporales que estarían aproximadamente en 1815, 1840 y 1880. Hay varios nombre célebres que corporalizan
las llamadas generación de mayo, generación del 37 y generación de fin de
siglo. Pensadores como Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, Crisóstomo Lafinur, Bemardino Rivadavia -para la primera-, Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Domingo Faustino Sarmiento, José Mármol.
-para la segunda-, José Ingenieros, Pedro Scalahrini, José M. Ramos
!\'lejía, Alfredo Ferreira, Juan B. Justo -para la tercera-, han ocupado
con preferencia la atención de los estudiosos de la historia de las ideas
puesto que la resonancia de su acción y sus obras sin duda lo justifica. Pero
l'Sta preferencia ha dejado en la sombra, involuntariamente, a otros intelectuales cuya obra, quizá más silenciosa, es sin embargo un aporte significativo al período histórico que les tocó vivir, e incluso han servido de fuente
-a veces innominada- a los logros posteriores de quienes los estu &lt;liaron
con más profundidad de lo que suele reconocérseles.

Fs precisamente en esta línea de rescate de figuras de interés y poco
estudiadas, que presento aquí tres pensadores que representan en cierto
modo, en sus líneas generales, a las tres generaciones mencionadas: Manuel
Moreno, Juan Macía Gutiérrez y Carlos Octavio Bunge.
MANUEL MORENO
Su figura ha quedado a la sombra de su hermano, Mariano Moreno, el
famoso Secretario de la Primera Junta de Gobierno Patrio. En realidad no
fue, como Mariano, un político, sino más bien un intelectual dedicado a
los estudios ñscos, químicos y naturales. Vicente Fidd López1 lo presentó como un earacter tenaz y apasionado, pero también antipático y
difícilmente tratable, hasta el punto de que sus enemigos (los de la prensa
unitaria) lo llamaban "don Oxide".

C. A- Lértoru Mendoza: Tre, figuro, en la Argentina decimonónica

15

Además de interesarse por las ciencias experimentales, tenía Manuel
Moreno un profundo sentido de la historia. Inclusive puede considerárselo
el primero entre nosotros en enseñar historia de la ciencia, pues incluyó
un capítulo sobre este tema en el Curso de Química dictado en 1820. El
otro gran interé.s de nuestro pensador fue la historia y teoría institucional,
especialmente de los nuevos países, como Estados Unidos. Según López
era quien más sabía en su tiempo acerca de este aspecto de la teoría polí. 2
tiea.
Pero aquí vamos a recordarlo por un aspecto muy especial de su pensamiento: su visión histórico-crítica de la cultura colonial. Un resumen de
sus ideas al respecto se halla en su obra sobre la vida de su hermano.3 Refiriéndose en especial al Colegio de San Carlos en Buenos Aires, donde se
formó buena parte de los patriotas de la Revolución, se lamentaba del bajo
nivel de la enseñanza allí impartida. La comparaba con los College de
Oxford y Edinburgo, que conocía, encontrándola limitada y hueca. Lo interesante de sus juicios es el nexo que en ellos se avizora entre las directivas políticas, retrógradas y centralizadoras por una parte, la cerrada jerarquía eclesiástica (suerte de super-clase omnipresente) por otra, y la paralización dd ingenio y la creatividad no sólo en Ja enseñanza, sino también
en el cultivo de las ciencias, las artes y el pensamiento. Para ilustrar este
punto trascribiré tres de estos juicios: sobre la enseñanza y sus fines, sobre"
el atraso teórico y sobre la preeminencia eclesiástica.
Para Manuel Moreno el fin de la educación es esencial al sistema. Si
las miras educativas no son adecuadas a la sociedad y a los tiempos que
corran, la enseñan.t.a será totalmente estéril. Justamente la educación
colonial falló porque conservaba fines e ideales educativos más bien medievales que modernos, ya que se ocupaba de cuestiones ah,tractas con
poco efectividad. Según Moreno, la enseñanza colonial se reducía a formar
teólogos intolerantes que gastan su tiempo en agitar y defender
cuestiones abstractas sobre la divinidad, los angeles, etcétera, y
consumen su vida en averiguar las opiniones de autores antiguos que han establecido sistema extravagantes y arbitrarios sobre puntoS que nadie es capaz de conocer.
Naturalmente el Colegio Carolingio no tenía por objeto específico la
enseñanza teológica, puesto que en realidad era una especie de segunda enseñanza, en que el trienio de Artes (Filosofía) era previo a la teología e
incluía Lógica (junto con Etica), Física y Metafísica. No obstante, estima
Moreno que el aprendizaje de talés materias no es útil porque
e1;1 este ~o se advierte el escolas~cismo en todo su rigor, y que
aun se defienden con calor las teSis que han sido abandonadas

�16

SigloXIX

en Europa hace cincuenta años, o se ignoran los descubrimientos
hechos por los modernos en esta parte tan provechosa de los conocimientos hwnanos.4
Nótese que se refiere aquí sin duda especialmen~ a la Física, y que al
mentar g1:néricamente a "Europa" tiene en vista más bien Francia e Inglat.erra, donde de hecho se había abandonado totalmente el peripatestismo o
el sistema ticónico, que alguno de los profesores todavía enseñaba.

La razón de este atraso, según Moreno, es que en el magisterio predominaban los clérigos cuyos intereses no eran científicos ni intelectuales, sino predominantemente ideológicos (religiosos); en esto tenemos una apreciación muy clara:
como sus miras (las de los clérigos) son los asuntos de religión,
no cuidan de instruirse en las ciencias naturales, y así mal pueden
comunicar a sus discípulos unos conocimientos que ellos no poseen.5
Los juicios de Moreno sobre la enseñanza y la cultura colonial son la
contapartida de las críticas que su hermano y otros patriotas, como Belgrano y Monteagudo, elevaron acerca de la vida política colonial bajo
los reyes españoles. Ambas apreciaciones se coimplican, porque es evidente que el centralismo y el absolutismo real en política se traduce en la intolerancia y el atraso que veían en la cultura y el mundo de las ideas. Miraudo a la Europa moderna (representada especialmente por Francia e Inglaterra) no podía Moreno sino lamentar la falta casi absoluta de manifestaciones culturales y científicas avanzadas. Quizá no tenía en cuenta no
sólo que el Colegio Carolingio no era una universidad ni un College en sentido inglés, sino que ni siquiera la Universidad de Córdoba, con sus precarios medios, podía acercarse no sólo a las universidades francesas o inglesas, sino ni aún a las españolas. Pero creo que, más que en la falta de resultados satisfactorios como consecuencia de la escasez de medios, lo que
Moreno quiere poner en evidencia es la esterilidad de la educación libresca,
abstracta, formal y clerical que imperó en los tiempos coloniales.
Este juicio ha tenido una gran repercusión histórica entre nosotros.
Repetido como verdad inconcusa por las generaciones posteriores, fue
retomado casi sin crítica por los primeros historiadores sístemáticos, casi
a fin de siglo, de donde ha pasado a nuestras apreciaciones habituales, a pesar de la intensa prédica en contrario que han hecho autores e investigadores recientes como Guillermo Furlong6 o Juan Carlos Zuretti. 7 Sin duda el
juicio de Moreno es demasiado lapidario para ser totalmente verdadero.
Tampoco puede decirse que sea estrictamente falso. Ocurre que al valorar la vida cultural y las ideas trasmitidas por el aparato docente colonial,
podemos colocamos en dos perspectivas distintas y hasta, si se quiere,

C. A. Lértora Mendoza:

Tru figuras en la Argentina decimonónica

l7

opuestas: la óptica de los revolucionarios que reaccionaron contra el pensamiento colonial hispánico, y la de un historiador que trata de visualizar
los acontecimientos dentro del marco espacio temporal que los contiene.
Si distinguimos estos dos puntos de vista, podemos comprender y dar razón tanto a las apreciaciones de Furlong, por ejemplo, como a las de Moreno. Porque sin duda la enseñanza colonial no estuvo muy a la zaga de la
hispánica, y hasta en algunos momentos privilegiados parecía ponerse a la
altura y aún superar a la francesa (por ejemplo hacia 1760 en Córdoba se
enseñaban, aunque muy superficialmente, la teorías newtonianas, cuando
en Francia todavía se lo rechazaba). Pero en su conjunto tal tipo de cultura ya desde fines del siglo XVIII quedó retrasada con respecto a los nuevo movimientos ideológicos europeos, y ésto es lo que Moreno veía con
claridad. En efecto, la enseñanza abstracta y fonnal, que había desembocado en el ergotismo8 estéril de las disput.as escolásticas, daba paso a un
aprendizaje basado en la repetición escolar de las experiencias y comprobaciones experimentales científicas, de modo que el alumno tuviera conciencia de los pasos y avances de la investigación que conducían a la formulación y comprobación de hipótesis. Las ciencias naturales y físicoquímicas tomaron el primer puesto en las universidades, relegando a la filosofía abstracta (así se consideraba a la metañsica) y a la teología sistemática.
Moreno vivió los primeros esfuerzos de la naciente república por darse
una cultura más acorde con el modelo de nación que est.aba gestándose y
que se separaba netamente del hispánico (y también del absolutismo mQnárquico del Congreso de Viena y la Restauración). Por eso fustigó los resabios de aquello que quería ver superado, quizá cargando demasiado las
tintas sobre nuestros académicos. Hoy, si miramos la historia de las ideas
en su posterior desarrollo, apreciamos a Moreno y quienes pensaban como
él, en cuanto han sido el hiato necesario con el pasado, el rompimiento definitivo de un cordón umbilical cuya función se había cumplido. Al despojar a la cultura tradicional de la dudosa venerabilidad con que la presentaban los sostenedores (ideológicos y políticos) del statu quo, preparaban el
camino a las nuevas ideas, las que füvadavia y el grupo de los primeros ilustrados intentaron plasmar en las instituciones nacidas con el gobierno patrio: la Univerr,idad de Buenos Aires (1821), los gabinetes y laboratorios
experimentales (1824), la reestructuración de las carreras de la Univers.dad
de Córdoba (1814) y del Colegio Carolingio (1816, cuando se denominó
Colegio de la Unión dd Sur). Moreno fue testigo y actor de esas reformas,
y hacia 1820 lo encontramos enseñando las ciencias mico-naturales, su
especialidad, y dándoles la orientación que él había proclamado como útil
y fecunda, al oponerse a la escolástica. El es pues un claro representante de
estos primeros y valorables esfuerz;os por crear una cultura propia, calcada
quizá de los modelos foráneos (porque por el momento no había otros, y
porque ellos, sinceramente, creían en su valor) pero con un auténtico inte-

�18

Siglo XIX

rés de asimilarlos y hacerlos propios.

C. A. Lértoro Mendoza: Tre, figuras en la Argentina decimonónica

19

de equilibrio práctico entre la tendencia al mantenimiento in tocado de las
tradiciones y el progresismo destructivo de las mismas.

JUAN MARIA GUTIERREZ
La vida de este pensador transcurre durante los años cruciales del
siglo XIX: 1809-1878. Vive pues el intento iluminista rivadaviano, la crisis
política de 1820 y la anarquía, los movimientos caudillescos y la tiranía de
Rosas. Partícipe activo de la Organización Nacional, ocupó diversos cargos:
fue congresal constituyente, ministro de Relaciones Exteriores d~ la ~nf~
deración, rector de la Universidad, fundador de la Facultad de Ciencias F1sicas y Matemáticas de Buenos Aires... Es coetáneo de otros dos grandes
humanistas americanos: Bello y CueIVo, y su influencia puede compararse
a la de ellos en sus respectivos paISes. Desde muy joven se interesó por la
cultura argentina (idioma, historia, ideología, idiosincracia). Quizá por iniciativa o apoyo suyo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires d~pone - por un decreto de 1872- la formación de un archivo de copias autenticadas de las obras y documentos literarios e históricos referentes al país y
que estuviesen en manos de pa_rticul~. Esta tarea fue encargada a Juan
María Gutiérrez, Bartolomé Mitre y Vicente G. Quesada. Fruto de sus propias investigaciones es su obra Noticias' históricas sobre el origen y desarrollo de la instrucción pública superior en Buenos Aires (1887) donde presenta la historia de las instituciones bonaerenses con gran acopio documental, conseIVado y ordenado gracias a él.
Como señala Marta E. Pena,9 en Gutiérrez "se daban armónicamente
combinados los afanes del investigador minucioso y las inquietudes estéticas". Perteneciente a la llamada generación del 37, compartió con Sastre,
Echeverría, Alberdi, y otros, las acaloradas tertulias en que se discutía la
fisonomía a dar a la nación argentina cuando pudiera reorganizarse. Exiliados todos por su oposición al gobierno de Rosas, el monolitismo ad
extra contra el caudillo se disolvía internamente en las distintas posturas
individuales. El Salón Literario inaugurado en ese año inició la polémica
acerca del conflicto entr~ los ideales de originalidad (búsqueda de la propia idiosincracia) y de progreso ( que exigía una inútación de las naciones
adelantadas). Naturalmente el progreso se identificaba con la cultura europea y el oscurantismo y el atraso con lo hispánico. Pero al mismo tiempo
se reconocía que las costumbres, la lengua, las tradiciones heredadas, son
parte de la realidad. En una postura extrema, los progresistas a ultranza
querÍan eliminar estos obstáculo. para avamar inútativamente hacia la meta soñada: parecemos a Europa. Por el otro lado, se sostenía que el progreso debería consistir en el desarrollo auténtico de la fisonomía propia de
cada pueblo, lo que obviamente depende en gran parte de sus tradiciones y
de su historia. El prejuicio antiespañol jugaba en tres figuras importantes
del momento: Sastre, Echeverría y Gutiérrez, y sobre todo en este último.
Con todo, debemos reconocer que teóricamente representa una posición

En realidad, Gutiérrez tenía razones más bien políticas que estrictamente teóricas para oponerse a España. La identificaba con la tiranía y
el oscurantismo que también rechazaba en el gobierno rosista del Río de
la Plata. Es decir, establecía un paralelo entre el avance o progreso de un
pueblo y el grado de desarrollo de su ciencia y su arte. Y en primer lugar,
consideraba de apremiante necesidad la reflexión teórica sobre nuestra historia, como lo evidencia un párrafo de la carta enviada a EcheverrÍa desde
Valparaíso, en enero de 1847, al recibir algunos ejemplar~ de El Dogma
S ociolú ta:

No tengo ocasión ni voluntad de decirle extensamente mi opinión
sobre su libro. Diré sí que le hallo el mérito de establecer con claridad y con sistema los antecedentes históricos de nuestra política
y que abre un camino claro, práctico, palpable a los deseos vagos,
a las esperanzas errantes que tienen en su mejor poivenir los hijos
dispersos de la gran familia.10
Años antes, en el Salón Literario había adelantado su idea de que las
naciones progresan en la medida en que desarrollan sus propias tradiciones
y toman conciencia como pueblos. Toda literatura auténtica, sostiene Gutiérrez, debe ser "localista ", nutrirse de sus propios temas, no puede ser, en
ese sentido, cosmopolita como la ciencia. No obstante, en un planteo general, admitía una suerte de rectoría por parte de Francia, que vendría así a
reemplazar a la caduca España, cuyas carencias no le permitían volcarse ni
en provecho propio ni en el de la humanidad. Su postura equilibrada se
manifiesta en su apreciación de que buscar inspiración en Europa no significa copiar servilmente modelos foráneos, pues la adaptación requiere tener
en cuenta las propias particularidades. Le cabe también el mérito de haber
sido uno de lo; pocos de su generación que valoró el pensamiento y las instituciones indígenas, quizá incluso como recurso jurídico para responder
a los argumentos lúspanistas sobre la legitimidad de la conquista de los
"bárbaros" americanos.
En suma, Gutiérrez es un fiel representante del movimiento romántico que no sólo soñó una nación sino que dió elementos teóricos y reflexivos sobre historia política y filosofía social. Valoró negativamente el pasado hispánico, como casi todoo sus contemporáneos, en parte por la misma
incipiente tradición revolucionaria iniciada con la generación de Mayo a la
que perteneció Moreno, y en parte también porque ese pasado debía ser
negado, en una 1Uerte de momento dialéctico, como hispánico (colonial,
dependiente) para ser asumido como tradición del pueblo a desarrollarse
hasta formar la Argentina del poIVenir.

�20

Siglo XIX

CARLOS OCTAVIO BUNGE
Su bm·e vida (1875-1918) fue compensada con la in~e~sidad y ~a_p~ecocidad de su producción. Cuando Bunge estuvo en condiciones de 1ruciar
su aport~ ideológico, hacia 189~, el paiS suf?'a grandes transf??"ªci~ne_s.
La clase política dirigente hab1a sido sacudida por la revoluc1~ de JUiio
de ese año y á bien se rehizo, perdió irrecuperablemente su umdad.u Al
mismo tiempo, se generaban diversos prollemas de identidad nacional_ y
cultural, debido al enonne movimiento inmigratorio, entre cuyos trabajadores se expandían las doctrinas socialistas y anárquicas de los sindicatos
europeos, sobre todo italianos. Bunge intentó un análisis ~óri~o _de Ia_historia social y cultural que representa uno de los aportes mas Sigruficativct
del pensamiento positivista argentino en el tema.
Al analizar, en forma sintética, las ideas centrales de su pensamiento,
debemos poner en primer lugar la concepción de la sociedad y los fenómenos sociales. Bunge adhiere sin reservas a la concepción psicologista, y
desde sus primeros trabajos, siendo muy joven, busca la explicación de los
fenómenos sociales y culturales en su génesis psicológica, entendida a su
vP.z en forma darwiniana, es decir, como un mecanismo de adaptación
biopsíquico, mediante el instrumento del instinto. Así, todo acto humano está inicialmente guiado por el instinto de supervivencia y adaptación,
que luego se clarifica como conciencia y voluntad; de allí que la necesidad biológica esté en la base de todo proceso psíquico, incluídas las más
elevadas manifestaciones culturales e intelectuales.
Desde este evolucionismo psicológico de hase, desarrollo Bunge su
teoría de la sociedad: ésta nace del instinto de conservación individual y
específico, de donde surgen motivaciones y sentiinientos gregarios, como
la ámpatía social, el sentido de unión y solidarid~d, etcétera. ~ allí
que la "génesis psicológica" sea el modo más cientifico de estudi31: l~
comportamientos humanos sociales, e_ individuales12 porque "lo. p~1qwco, como forma humana de lo hiologaco, es la base dd desenvolv1m1ento
individual y social''.13
De acuerdo con estas ideas, la psicología soci~ no es un~ ciencia d!vcrsa de la individual (porque sólo los individuos benen propiamente p~quis, la sociedad sólo la tiene en sentido metafórico), si~o ~a de ~s,a~licaciones que comprendería tres momentos; la Soc10l?gia fis10logaca
(etnografía, antropología), la Sociología naci?nal (estudio del alma _colectiva) y la Sociología trascendental ( que ~naliza desde esta~ _bases ps1c~
lógicas di&lt;.ciplinas tradicionalmente "filosoficas" como la, etica, la estetica y la metafísica). De allí que propon~ una Met?dologia de las Hu~nidades cuyo principio fundamental es ir de lo !Imple a lo complejo,
comenzando por tan to a esrudiar el hombre en sí y luego loS pueblos. Los

C. A. Lértora Mendoza: Tre, figura, en la Argentina decimonónica

21

estudios sociales se relacionan con otros: geografía, historia, ética, estética,
política, economía, derecho, educación. Estas relaciones pueden ser indirectas ( de las ciencias preliminares con las sociales, pasando por la psicología) y directas.14 F.stas últimas nos interesan especialmente porque
aclaran y fundamentan las teorías específicas de Bunge sobre el desarrollo de la cultura y las ideas. La psicologa'a social se relaciona directamente
por una parte con la filosofía y la historia, por otra, con la biología y la
antropología. De modo que esa disciplina es una especie de nudo donde
convergen los aportes teóricos y experimentales de los otros puntos de
vista.
Ahora bien, con todos estos elementos Bunge puede &lt;;laborar por una
parte una t.eori'a sobre el desarrollo de las ideas y por otra una tcon'a sobre América (y Argentina), su desarrollo histórico y cultural y su prospectiva.
Me ocuparé ahora de la primera_ Bunge relaciona el desarrollo cultural de un pueblo con la forma y finalidad de la educación que imparte
a sus componentes; así justifica al comienzo de su Tratado CP11&lt;'ral de Pedagog{a15 el enfoque histórico (entendido en forma evolucionista) del lema:
No podemos conocer el presente sino por el pasado. Para comprender las grandes cuestiones pedagógicas actuales es indispensable estudiar la evolución de la enseñanza a tra,·és de las edades
y de los pueblos. Pero una historia minuciosa de la educación
sen'a una historia completa de la humanidad ...
Y es de notar que, por ser la evolución de los sistemas educativos
consecuencia de la evolución de la moral y la política, esta síntesis involucraría, aunque por modo harto vago y genérico, toda
una genealogía de la moral y de la política.
Vemos pues, cuál es la función de la historia en esta tarea de comprensión de la sociedad. Pero la tarea concreta de historiar supone algo
más que la historiografía (colección de datos): debe buscar los elementos
comunes, los raFgos característicos, sin perder su hase empírica. En otros
términos, debe poder formular una teoría:
Los nechos humanos y los fenómenos sociales son complejos, por
cierto, y simplificarlos excesivamente podría ser desnaturalizarlos... Ah1' se revela el verdadero conocimiento de la historia y la
aptitud dialéctica del historiador, cuya tarea estriba fundamentalmente en sintetizar sin falsear. Por varios y difusos que sean los
casos y datos, siempre podrán condensarse en sus rasgos generales y comunes, es decir, refiriéndolos a las ideas madres.16
En la explicación del caracter de estas ''ideas madres" se nota toda la

�22

SigloXIX

concepción evolucionista y p1foologista de Bunge a que hicimos referencia
en nuestro párrafo anterior: las bases materiales y empíricas derivan de los
hechos psicológicos, económicos, etcétera, que siguen determinadas leyes
establecidas por la ciencia psicoló~ca y sociológica. Estas leyes son semejantes, en su estructura, a las que rigen el comportamiento de los seres físicos. De allí la comparación con el método de Stuart Mill: 17
La producción de las ideas madres se explica por antecedentes
económicos y psicológicos, por leyes psicológicas y sociológicas.
La aspiración humana obra generalmente provocando reacciones
por contraste• .. La comprobación de la existencia de las grandes
ideas madres puede hacerse analítica e inductivamente, comparando entre sí los fenómenos de la historia, para hallar sus concordancias. .. Aplicándose el método de la concordancia a la sociología, tómese un gran grupo de fenómenos -institutos, autores, sistemas, palabras- analícense, búsquense en ellos las ideas comunes; tradúzcanse estas ideas comunes en ideas fuerzas sociales; estúdiense luego comparativamente esas ideas fuerzas reduciéndolas
a su expresión m1nima y se hallará la idea madre que se busca.18
Estas "ideas madre" así reconstrui'das teóricamente, no son -para
Bunge- una ficción del intelectual investigador, sino que operan efectivamente en la realidad, de donde han sido tomados los datos esenciales que
prnnil•m reconstruirlas sistemáticamente, al modo de una ley física. Cada
época se gui'a por ciertos principios de acción, sus ideas madres encarnadas,
y sigue, aún sin saberlo, esas leyes generales aún ruando los individuos
crt&gt;an obrar por impulsos y motivaciones personales. Por ejemplo, Bunge
visualiza la lucha entre indios y españoles como un choque cultural donde
necesariamente los menos evolucionados serían vencidos y su cultura aniquilada. [so no es sino el cumplimiento de una ley histórico-social, más
allá dr las admoniciones y lo; esfuenos de algunos individuos, como el
padre Las Casas, cuyo mérito Bunge reconoce. Pero Las Casas no podía
tener éxito y la relación entre indios y españoles no sena sino de vasallaje:
"los indios nunca senan tratados como hermanos por los cristianos invasores, (JUe no podi'an desobedecer a la inercia de la historia! (...) Eran leyes
históricas fatales que se cumplían!" 19
Un ejemplo de la ley de reacción a que hicimos referencia lo encuentra
Bunge en el viraje ideol~co pronuneiadamente anti-hispano que siguió
nuestra política y sobre todo nuestra cultura desde 1810:
La a_iltu~a español!' _del coloniaje 1'!1vo_un_ señaladísimo espíritu
monarqu1co y teologico. Todas sus msUtuc1ones y actividades lle-

varon el doble sello de la religión y de la monarquía. En cambio
la cultura argentina, en violenta reacción contra la precedente'
manifestó desde sus albores la tendencia individualista y democrá~
tica de la filosofía del siglo XVIII :JJ

C. A. Lértora Mendoza: Tres figuras en la Argentina decimonónica

2.:$

Vemoo pues que Bunge da un fundamento teórico a las actitudes que
ochenta años antes hahi'a tenido la generación de Mayo, a uno de cuyos
representantes, Manuel Moreno, nos hemos referido en primer término.
La reflexión ha sucedido a la acción, y la generación del 80 ya puede
tomar la necesaria distancia y valorar el pasado a la luz de los principios
generales de la historia social y política que se habían elaborado teniendo
en vista la historia universal.
Pero por otra parte, la psicología social permite también la formulación de una teon'a sobre América, no ya en el aspecto del desarrollo de su
cultura o ideas, sino lomada como unidad socio-cu! tura!, resultado de la
interacción histórica de los églos de coloniaje. En esta teoría se habla de
la América presente y - quizá- de la futura, en cuanto pueda admitirse
que los hombres, tomando conciencia de las leyes históricas, logren, más
que modificar su curso, adaptarse a las constantes que ellas determinan y
obtener un provecho para sí mismos del devenir social universal. En su libro Nuestra América intenta una descripción del caracter psicológico de
los hispanoamericana;, centrado en tres notas: pereza total (síntesis de la
in~olencia española, la incu?a ~ativa y la apatía mulata), la tristeza (comun a los españoles y a los mchgenas pampeanos) y la arrogancia (típicamente española). Estas notas nos sitúan en el polo opuesto con respecto a
otra; pueblos nuevos, como el norteamericano, que manticnt&gt; su carácter
esencialmente europeo pues ha logrado mantener la pureza dr sangre. Para
Bunge la Argentina se acerca a ellos debido a la gran inmigración y al muy
bajo porcentaje de inrugenas en su población.
No todos los hombres de su generación coincidían con estos pcnsamien tos. Ingenieros fue uno de los primeros críticos, pu1•s cicrla1111·nt1·
B~ge generaliza imprudentemente algunos matices reales de españoles y
cnollos, pero que de por sí son insuficientes para formular una auténtica
psicologi'a social americana. Consecuentemente con estas ideas publicÍ&gt;
en 1904 el artículo "La evolución del derecho y la política", donde expone una tesis que luego desarrollan'a más ampliamente acerca del proceso
d~- diferenciación étnica, producido en la prehistoria por la diversa adaptac1on humana a loo ambientes. La división del trabajo produjo la entrada
del ~omhe en la historia y la distinción de clases, que a su vez constituye
el ongen del estado, de la legislación y de las religiones.

A travá. de la larga serie de conquistas y fracasos, de imperios que se
hacen y deshacen, incluyendo a nuestra América, llegamos a la época que
~u~ge vivfa: el Buenos Aires de fin de siglo, a¡,;tado por huelgas de la incipiente clase obrera, con una élite dirigente fraccionada y escéptica y una
juv~ntud aristocrática superficial y anodina. Bunge no creía en el igualitan~o que_ ~~pugnaba el socialismo, pues a su parecer la ciencia (la concepc1on poSitiVJSta acerca de las desigualdades raciales, hioló~eas y psico-

�24

C. A. Lértom Mendoza: Tres figuro, en la Argentina decimonónica 25

Siglo XIX

lógicas que determinaron el curso de la historia) demos~ha lo contrario
de lo que el socialismo proponía como idea o plan pohtico, desenmascarando así, según el, su caracter utópico.
Sin duda estos pensamientos inspiraron, directa o -~directamente,,ª
una buena parte de la reacción antisocialista en la po_htica Y_ la filos?º~
política argentinas. Pero no todos los exceso~ de esos mco~scientes discipulo, de Bunge son producto de su pensamiento. E? r~lidad,_ ~ersonalmente, fue tolerante y abierto. Quizás su fe en la ciencia positiva y los
principios evolucionistas a que adhería le impidieron considera,r las cuestiones desde una perspectiva más amplia. Pero no puede negarsele_ que,
dentro de la generación así llamada del ochenta, represenb un seno esfuerzo por elaborar una teoría sobre la evolución de l~ cul~ra y
las
ideas que, con todas sus innegables limitaciones~ ten_ia vanos ment~.
En primer lugar, el esfuerzo por superar tanto el lustonografi~o anecdotico como el utopismo romántico de sus predecesores. Ademas, dar una
visión global del desarrollo hlstórico, de modo que l?5_ proceso, locales
puedan ser considerados en el conjunto en forma armo~ca, logr~ndo que
nuestra historia "marginal" tenga su "lugar" en el concierto uruversal. Y
por último, intentó seriamente una prospectiva pragmáti~ d~ base -al
menos pretendidamente- científica, superando las vagas aspiracrones plasmadas por otros en obras literarias o discursos político, los ~uales, más
allá del valor estético o retórico (respectivamente), poco podian aportar,
como tales, a la implementación de las reformas deseadas.

?~

La obra de Bunge fue un llamado de atención a su ge~eración; quizá
no fue bien escuchado. Desde luego sus detractores postenores, tan cerradamente antipositivistas como cerradamente positivista_s fu~ron los _criticados Jo escucharon mal y lo tergiversaron. Nuestra histona de las ideas
(sohn: todo la de este siglo) está llena de esa; malos-entendidos_ ~e ahora,
casi al filo de otro milenio, deberíamos al menos tratar de disipar. Pero
esa es otra historia...

NOTAS

l. lbnoramo, y retro tos hi&amp;tórico,, prologo de Joaquín V. González, WM. Jakson,
2o. ed-, 1944, p. 223.
2. !bid. p. 224.
3. Vida y memorias del Dr. D. Mariano Moreno (publicada inicialmente en Londres, 1812), en Memorias y Autobiogrof1ás, 11, Buenos Aires, Museo Histórico
Nacional, 191 O, p.18 ~

4. !bid. p. 18.

5. !bid_ p. 20.
6. Nacimiento y Desarrollo de la Fílosofiá en el Río de la /tata, l 536-181 O, Bu()noS Aires, ed. Kraft, 1952, Introducción. Toda la obra de Furlong, ingente y
valiosísima como aporte documental, es un desesperado esfuerzo por reivindicar el valor de la cultura colonial e hispánica, desde su postura marcadamente
escolástica. Es natural pues, que rechace como "mala filosofía" casi todo el
movimiento ecléctico, las "desviaciones" materialistas, psicologistas, empiristas,
de la filosofía inglesa y francesa de los siglos XVll y XVIU y desde luego a todos
los historiadores que se han hecho eco de juicios como los de Moreno. Pero tampoco Furlong parece mesurado en sus propias apreciaciones. Según él, loS historiadores que critica "Lejas de ponerse a estudiar los códices, tesis y conclusio•
nes, existentes en archivos y bibliotecas, han preferido fantasear sobre la base de
que no pudo haber en aquellos tiempos coloniales, ni filósofos, ni filosofías"
(p. 18) Por eso, según él, Kom tuvo la "audacia" de escribir sobre una escolástica que desconocía; Raúl A. Or~, un "pedisecuo de Barreda Laos", es un "mal
latinista" (él por lo menos sí tuvo en sus manos códices de la época) y deforma
el sentido de las tesis que estudia (p. 20); Delfina Varela Domínguez "se ha h1&gt;
cho eco de todos los errores, tan crasos y tan infundados, como se leen en los textoS o manuales de Historia Patria, referentes a la cultura colonial" (p. 21). Es
evidente, por lo que vemos, el desacuerdo básico entre quienes rechazaban la
filasofía escolástica como primer paso, y luego, secundaria y subsidiariamen te,
criticaban la cultura colonial como un derivado (caso de Moreno) y quienes (como Furlong) le hallan suficientes méritas como para ser denominados propiamente filósofos quienes la cultivaron y enseñaron, tanto en España como en
América. La cuestión sigue abierta.
7. Se ha ocupado preferentemente de la segunda mitad del XVIII en diversos artículos, dopde evidencia su simpatía por los esfuerzos de nuestros profesores
coloniales. Por ejemplo, "Algunas corrientes filosóficas en Argentina durante el
período hispánico: la llamada Filosofía Moderna", Actas del 1o. Congreso
Nacional de Fi1osof1á, III, Mendoza, 1949, pp. 2122-2128; "La crisis de la Filosofía en el s. XVID y los autores conocidos en la Universidad de Córdoba",
Estudios, Buenos Aires, 1947, 128-134; "Tesis sobre Filosofía y Ciencias defendidas en 1792 en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires", Rev. de la
Univ. de Buenos Aires, octubre/noviembre, 1948, 516-533; "La orientación de
los estudios de filosofía entre los franciscanos en el Rlo de la Plata", Irinerarium, 4 (1947), n. 10, 199-207. Pero es sobre todo en su Nueva hútoria ecle•iámca argentina (Buenos Aires, ltinerariwn, 1972) donde intenta una revalo-

�26

Siglo XIX

Imagen de Bolívar en Rusia y en la URSS.
La biografía de Bolívar por Lavretski

ración de la cultura impartida por las órdenes religiosas y el clero secular colonial.
8. Denominase así el atuso del deductivismo fonnal, palabra derivada del latín
"ergo" (luego).

Gustavo Vargas Martínez*

9. Romanticismo y Política, Ed. CINAE ed. Docencia, Buenos Aires, 1985, p.182,

1 O. Archivo del Doctor luan Mar(a Gutié"ez, Epütolario, T. 11, Buenos Aires, Biblioteca del Congreso de la Nación, 1981, p. 89.
11.

C!·

E. Cárdenas y C. Payá "Carlos Octavio Bunge", en FJ mwimiento po1iti1111ta argentina, compilado por H. E. Biagini, Buenos Aires Ed. n..tarano 1985
p.520.
'
'
'

12. CT. C.O. Bunge, "Los dominios de la psicología", Rev. de Filo1of(a, enero 1915 .
p.46.

14. Cf.

e.o.

Bunge, Psicolog{a Individual

-

1. LA IMAGEN DE BOLIVAR EN RUSIA EN EL SIGLO XIX

13. /bid. p. 47

y Social, Madrid, Jorro, 1928, p. 18 ss.

15. La Eduooción (Tratado General de Pet/agr,gtá), Libro l. E11oluci6n de la educación, 60. ed. con Introducáón de Carlos Saavedra Lamas, Buenos Aires Vaccaro, 1920, p. 35.
•

16. lbid. p. 36, el subrayado es del autor.
17. El mismo Bunge cita, en este párrafo, el Traité de Logique lnductive (en traducción francesa) de Mili, y pone el ejemplo que trae esta obra sobre el método de
las concordancias, concluyendo: "Tal es lá aplicación que, con un ejemplo físico, ~ ha dado al método de las concordancias, cuya regla fundamental es: 8 ¡ dos
o mas casos del fenómeno en cuestión no tienen más que una circunstancia en
común, esta circunstancia es una cau.!IJ o efecto" (p. 37, el subrayado es del
autor).

La célebre biografía de Catalina II, de W. Tooke1 , publicada a fines
del siglo XVill, traía ya algunas noticias de las actividades de Francisco
de Miranda cerca de la corte rusa: aparece allí como fugitivo de La Habana que desde Estados Unidos y Canadá había llegado hasta San Petersburgo bajo la protección del príncipe Potemkin y en compañía del francés Leroux, pero que encuentra, al parecer, la ayuda que deseaba. Sólo
desde 1810 aparecen noticias fragmentarias en la prensa rosa sobre las
guerras de liberación de las colonias españolas en América, explicable
porque Rusia, Francia, Austria y España, sgnat.arias de la cuádruple
Alianza, no tenían mayor interés en este tipo de noticias revolucionarias.
Sin embargo, hacia 1818 es frecuente encontrar informaciones regulares
y completas: así el Noticiero de San Petersburgo (Sankt-Petersburkie
védomosti) narró las batallas de Valencia, Carabobo, Apure y Barinas.2

18. /bid. p. 37, subrayado del autor.
19. /bid. p. 175.
20

/bid. p. 190.

Entre 1818 y 1825 dos revistas compiten en informar sobre las aotividades revolucionarias de Bolívar: el Bolet{n de Europa (Vestnik
Evropi) El Telégrafo de Moscú (Moskovski Télegraf). El primero se refirió posteriormente a todos los períodos de la vida del Libertador ''teniendo en alta estima su actividad política y militar",3 y El Telégro.fo de
Moscú, portavoz de los liberales decembristas, defiende abiertamente la
lucha bolivariana y se compromete con sus proyectos políticos. Su editor,
Nicolai A. Pólovoi, comentaba con simpatía el papel de Bolívar en la independencia de la América meridional, la fundación de la Gran Colombia y los proyectos del Congreso Anfictiónico de Panamá. La historiadora
Vera Kuteischikova reseña que la fama de Bolívar en Rusia constituye tema aparte. Fue realmente asombrosa y nosotros hemos sabido siempre

y

* Escuela Nacional de An,tropología e Historia (ENAH), México.

�28

C. Varsas Marh'nez: Imagen de BoUvar en la UR SS

Siglo XIX

desde pequeños que se reflejó incluso en la moda de entonces. Recordemos: el primer capítulo de Eugenio Oneguin fué escrito en 1823 y por lo
tanto los dandy librepensadores peterburgueses ya llevaban, lo mismo
qqe Eugenio, "bolívares anchos". Esta palabra la comenta el mismo
Pushkin: "sombrero a la Bolívar". Así pues, Pushkin corrocía este nombre,
y no solo de oídas, sino porque frecuentaba el círculo de N.A. Pólevoi
y S. D. Poltoratski, ambos apasionados admiradores de Bolívar. " 'Hombre
superior a lo humano', así llamaba Pólevoi a su ídolo ".4 l' na muestra del
entusiasmo que despertó Bolívar entre los decembrist.as rusos es el siguiente aparte de un artículo de Pólevoi publicado en El Telégrafo de Moscú
en 1828:
Las incre1bles marchas interminables desde las áridas y tórridas
orillas de Cartagena hasta los límites de la Guayana desierta,
pantanosa y torturada por los calores; de Guayana a Nueva Granada a través de la inmensa y alti'sima cordillera que las separa;
de Bogotá hasta las fronteras de ~nezuela, en las orillas del Orinoco, lejos al otro lado de la capital del Perú, cruzando charcos
infecciosos, encaramándose por abruptos peñascos, entre nubes
de insectos y los inevitables reptiles, con soldados a menudo sin
pan, sin ropa, sin calzado. ¿Quién no reconoce que son campañas
más memorables que las victorias y no admite comparación con
las batallas ganadas según las reglas de la táctica común?. Cada
una de estas hazañas es una victoria sorprendente. Atraverse a estas proezas, asumirlas personalmente, ir a la cabeza de unos soldados nuevos, nacidos y educados en Colombia, sin queja llevarlos
tras de sí y, ya en el lugar de destino, desbaratar con ellos al numeroso ejército español y obligarlo a rendirse en el lugar que hab1'a elegido Bolívar para derrotar a su adversario, ¿no son bastante milagrosos para merecer el título de héroe? .s
Tan fervorosas alabanzas solo pueden ser escritas por quienes estaban
compenetrados de los ideales democráticos y republicanos de Bolívar, querían la caída del imperio ruso y encontraban en el ejemplo sudamericano
una experiencia inédita digna de seguirse.

El Telégrafo ~ Moscú mismo mostraba "ostensible simpatía por los
patriotas y se acentuaba el afán de Bolívar por crear un estado poderoso,
centralizado y con un alto grado de civilización".6 No en vano Pólevoi
publicaba corresponsalías de AJexandr Turguénev y de Yákov Tolstoi
desde Francia, quienes a su vez las recibían de los liberales Benjamín
Constant y del Abate Dominique du Pradt, por razones distintas dos de las
más decididas plumas europeas en defensa de la obra bolivariana. Así los
decemhristas estaban al tanto de las luchas políticas y militares de América
Latina con tanta efusión, que otros republicanos progresistas de Rusia,
además de Pólevoi y Poltoratski, como Piestel, Bestúzhev, Zavalishin,
llegaron a proponer "la creación en Rusia de una república federativa,

29

remitiéndose al Congreso de Panamá convocado por Simón Bolívar". 7
El historiador soviético N. Lávrov, en un ensayo conmemorativo del
sesquicentenario de nuestra independencia, nos explica la razón del entusiasmo de los decembristas por la revolución hispanoamericana:
La primera generación de revolucionarios, los decembristas, contemporáneos de esa guerra, siguieron atentamente el desarrollo de
la misma. En los patriotas latinoamericanos veían compañeros de
lucha contra la opresión y la tiranía. Los decembristas estudiaron
c on atención no solo la experiencia de la lucha de los pueblos de
América Latina por la libertad y la independencia, sino también
los regímenes políticos y sociales de los nuevos estados que se formaban. Piestel y Bestúzhev, jefes del movimiento decembrista,
estudiaron cuidadosamente la constitución de las nuevas repúblicas, a fin de aprovechar los mejores modelos de su legislación y estructura estatal en la Rusia republicana del porvenir, en nombre
de la cual los revolucionarios rusos se alzaron en diciembre de
182 5 justamente cuando la victoria coronaba la guerra de los pueblos de América Latina por su independencia. 8
Aunque en sn patria y en el extranjero Bolívar recibía arteros ataques
de sus enemigoo, que lo tildaban desde inepto en lo militar y ambicioso
en lo político hasta de querer erigirse en monarca de las naciones que él
mismo fundaba, hubo escritores rusos que defendieron a su contempo ráneo de esas acusaciones, como el artículo de E. Belov que recoge la Enciclopedia de ciencias militnres y mari'timas, donde se explican las acciones
de salvación tomadas por Bolívar ante las urgencias del tiempo y que habían servido para acusarlo de ambicioso y monarquista. 9 No faltaron, por
supuesto, documentos insidiosos sobre Bolívar, con la misma cantilena,
basándose en publicaciones de exoficiales personalmente enemistados con
el Libertador y que se difundieron profusamente en Europa en las dos décadas posteriores a su muerte. K. Krai es uno de ellos.1°
Pero solamente se han encontrado escritos sobre el Libertador en las
dos revist.as reseñadas, el Bolet(n de Europa ) El Telégrafo de Moscú.
También El Hijo de la Patria (Synotiéchestva) de San Petersburgo publicó en 1826 una sumaria biografía de Bolívar en donde afirma que
su ambición es de carácter noble y sublime; él repudia la adquisición de fortuna cualquiera que sea y desea morir con la fama del
hombre que estableció y afianzó la tranquilidad en América del
Sur.

También allí se puede leer una crí tica raramente temprana a las aspiraciones separatistas ( de Páez, Santander, etcétera) que dañaban la unidad
del Estado recién creado, la república centralizada de Colombia.11

�30

SigloXIX

Cuando Bolívar murió, el Noticiero de San Petersburgo (3 de mano
de 1831) publicó una nota necrológica que ponía el acento en "su papel
excepcional de organizador de la guerra Je independencia ' '12 y El Telégrafo de .lfoscú llamó a Bolívar, en ese mismo año, "sagrado para todas
las per»onas progresistas' ~l3
En la segunda mitad del siglo XIX desaparece Bolívar del interés de
los historiadores rusos, a la par que se precipita la expansión territorial
imperialista con la conquista de Crimea , la guerra del Cáucaso, la ocupación de Siberia y la agresión zarista a China.

2.

LA IMAGEN DE BOLIVAREN LA UNIO~ SOVIETICA

Salvo algunas biografías breves publicadas en Rusia con motivo del
Centenario del nacimiento de Bolívar ( L883), como PI qu e insl'rl.t el
Boletín de Historia 1(lstorichevski véstnik)1 4 encomiando el papel de
Bolívar en la guerra de independencia, el ensayo de V. Suvórova y el de
Iván Franko, estos dos publicados al filo del si¡¡;lo. en l 903 } 1904 rf'spectivamente, no se conocen en la Rusia pre-revolucionaria estudios significativos sobre la independencia latinoamericana. ::iuvórova en su biografía analiza con objetividad la situación colonial a comienzos cld siglo
XIX y las causas de las guerras y sigue de cerca las incidencias en la vida
del Libertador, fundamentándose en autores latinoamericanos, en los informes del viajero ruso N. Klark y se deja llevar de la idealización del
héroe, al decir de Mijail Fainshtein.15
Franko escribió para sus coetáneos, los campesinos ucranianos, y ciertamente no deja de llamar la atención que redactara un ensayo con pretensiones populares. Pero después aparece un gran vacío en la historiograña
rusa de comienzos del siglo.
Cuando después de la victoria de la Revolución de Octubre la nueva
Unión Soviética inició la publicación de las obras completas de Carlos
Marx y Federico Engels, muchos de sus artículos políticos fueron integrados sin comentarios marginales ni no tas ex plicativas que calificaran, de
alguna manera, los asertos escritos por los máximos fundadores del materilismo histórico.
Se prohijó de tal suerte el dogmatismo a la palabra escrita y se impidió no solo la crítica y la ponderación , que hiciera ecuménico el l egado
revolucionario de Marx y Engels, sino el desarrollo conceptual y creador
de una nueva generación de marxistas. Fue el caso ele! opúsculo de Marx
sobre Bolívar, escrito en 1858 para la Nueva Enciclopedia A mericana, que
editaban en Nueva York los señores Charles A. Dana y George Ripley, y

C. Varga, Martínez: Imagen de Boli'var en la URSS 31

que prácticamente desconocido durante casi ochenta años,. se incluyó en
la primera edición rusa de las Obras de Marx y Engels p_ubhcada en 1934.
De esta manera durante muchos años no se pudo apreciar el papel de revolucionario clasista , enemigo del modelo burgués y profundamente antimperialista que tuvo la vida, obra y pensamiento de Bolívar. Por el contrario, la breve biografía de Marx sobre Bolívar sirvió para &lt;I?e la izquierda
rehusara el estudio de su legado y para que la derecha fortificara su apreciación tradicionalista del héroe. Como en dos ocasiones he escrito ya al
respecto, remito al lector interesado a esa bibliografía.16
Ahora nos interesa saber que los historiadores soviéticos de la década
de los cuarenta, V. M. Miroshevski,17 F . Marshal y B. Kreyn, 18 S. N.
Rostoroki y B. K. Rudtzov, quienes en 1940 publicaron una Nueva Historia de los paises coloniales y dependientes, 19 se identificaron casi mecánicamente con la letra y el espíritu del opúsculo de Marx al tratar de Bolívar.
Resaltan el origen aristocrático del Libertador, el ambiente frívolo de su
juventud en Europa, su llegada tardía al proceso revolucionario de Venezuela, la pérdida de Puerto Cabello, la entrega de Miranda para "deshacerse de un rival peligroso y abrirse camino para subir"; se hace énfasis en
que era Bolívar el típico representante de los terratenientes separatistas
criollos, distinguido por su inteligencia, visión política, conocimiento de la
situación internacional y ...su capacidad de maniobrar.Y aunque separatista, "jamás fu e demócrata" . Artificioso, efectista, ambicioso, grosero
demagogo, en verdad era desconfiado y odiaba al pueblo. Militar de escasos talentos, al primer fracaso perdía la cabeza y abandonaba a su ejércit o. Y repiten la conocida diatriba de Marx: "es enojoso leer cómo a este
cobarde, vil y miserable canalla lo glorifican como a Napoleón 1".
i\,1uchos otros episodios en la vida del Libertador aparecen tan tergiversados que es difícil identificarlos. La entrevista de Guayaquil es vista
como expresión fehaciente de la ambición de Bolívar que así actuaba para
crear un vasto estado unido bajo su gobierno; el Congreso de Panamá se
habría c onvocado para igual fin, y la Confederación de los Andes habría
sido un tercer esfuerzo fallido, fracasos que a la postre lo llevaron a renunciar.
Las opiniones de Miroshevski son casi idénticas a las que en 1950 publicó la Gran Enciclopedia Soviética. Adolecen las dos de unilateralidad,
seguidismo acrítico al esquema de Marx y, ya lo hema, dicho, ausencia de
espíritu marxista en el estudio de la historia, porque no se hacen ni esfuerzos mínimos por encontrar las obvias contradicciones de clase entre ese
"terrateniente típico" y el hecho de su empobrecimiento, ni entre él y la
burguesía comercial ascendente, su enemiga, ni entre su obra inconclusa y
la de los que le sucedieron para fundar el estado oligárquico. Se le ha di&amp;-

�32

C. Var¡¡os Martínez: Imagen de Bollvar en la URSS 33

SigloXIX

culpado so pret.exto de la época dogmática y obscurantista en que vivió Y
en la ausencia de fuentes bibliográficas. Miroshevski, 1()3 redactores de _la
GES y otros sí tenían en los años 40 las fue~t.es que ~o lnvo Ma~; pudieron corregirlo pero o no quisie~n ~ ~o pud1ero~, m~ntras repeban toneladas de libros sobre el papel del mdiv1duo en la historia.
En 1956, M.S. Alperovich,20 Ermolaev, Semiónov y otros publicaron
un ensayo histórico rectificatorio, el primero de un~ _seri~ no~le por~e
se reconocieron las fuentes erróneas de Marx y se dio as1 cabida amplia a
una discusión tan objetiva como plural sobre las caract.erísticas de la independencia latinoamericana y el papel de sus_ héroes er,ó~~os. En_ 19~\J~sé Grigulevich Lavretski publico por vez primera su S1mon Bobvar '2 SJ:
multáneament.e a un valeroso artículo en Problemas de la Historia (YoproSJ
Istorii) "sobre la lucha libertadora de las colonias españolas en ~érica_"
escrito por los historiadores referidos. Allí refutan a la Gran Enciclopedlll
Soviética iniciándose con ello una severa autocrítica, que tiene su culminación en la nueva versión de la palabra "Bolívar" en la edición de 1970 de
la GES en ruso y de 1973 en inglés. Pero con las nuevas ob~as de rema
livariano publicada en la URSS, particularment.e con los escntos d_e Anatoh
Shulgovski, 22 las propias rectificaciones de la GE_S_ quedan _anucuadas y
parecen remiendos irnprovisad!)S. El Proyecto polit1co del Liberta~or~ es:crito por Shulgovski en 1983, es tan radicalmente nuevo que podrías~
ficar, al fin, el análisis de la vida y obra del Libertador a la luz del mate":1lismo histórico. Su ensayo Una vida en aras del_futuro 23 sobre el '."e~~Je
inconcluso y la vigencia revolucionaria de Bohvar representa el Vll'llJe mdispensable que hacía falta para poner de ~ue,o al _Libertador a la cabeza
de la nueva insurgencia; porque1 como e1 mJSmo dec1a,

bo:

libertador o muerto mereceré siempre el honor que me habéis
hecho sin que haya potestad humana sobre la tierra que detenga
el cur~o que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a
libertaros.24
1

3.

A PROPOSITO DEL BOIJVAR DE LAVRETSKI

Entre los historiadores contemporáneos de la Unión Soviética desta•
ca José Grigulévich Lavretski, doctor en Cienci~s Hi~óricas, correspo?diente de la Academia de Ciencias de la URSS, v1cepreS1dente del ConseJO
de Redacción de "Ciencias Sociales Contemporáneas", miembro de honor
de la Sociedad de Escritores de Colombia, del Instituto Mirandino de Caracas y de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Es autor de
numerosos ensayos históricos sobre Bolívar (1958, 1960, 1966, 1982),
Miranda (1965), Guevara (1975), Salvador Allende (1978), y de_ es~dios
sobre Rusia y la lucha por la Independencia Española (1976), Htstona de
la inquisición (1980), La Iglesia y la Sociedad en América Latina (1982),

entre otros. Su Simón Bol(var (1958) ha sido muy celebrado y goza de
excelente reputación como introducción al análisis marxista de la vida,
obra y pensamiento del Libertador. Se le ha publicado varias veces25 en
Moscú y en Caracas. De este libro dice Mijail Fainsht.ein que
narra en forma viva y amena la vida del ardiente revolucionario
y disipa leyendas sobre Bolívar creadas por los falsificadores burgueses de la historia.26
Lavretski contribuyó, con su obra bolivariana, a modificar sensiblemente la idea que se t.enía en la Unión Soviética sobre el Libertador. Y
con ésta y sus escritos mirandinos, sentó pautas avanzadas y creativas para
juzgar las revoluciones latinoamericanas. Su biografía de Bolívar tiene
aciertos destacados: introduce el análisis de las contradicciones de clase en
la bibliografía bolivariana -su mayor mérito- y subrayó el esfuerzo del
Libertador por lograr alianzas de clase en lo nacional y en el ext.erior
(pg. 179); mostró la prudencia de Bolívar cuando supo ceder en la discusión sobre el presidencialismo (pg. 164) y cuando no cedió frente a las
coaliciones de aristócratas y burgueses criollos por apoderarse de los frutos de la emancipación (pg. 168).
Sin embargo, Lavretski reit.era viejas acusaciones que le lanzaron en su
tiempo los demoliberales recalcitrant.es, justament.e los más caracterizados
representantes de la oligarquía naciente, particularmente .e n el lustro final
de su vida, descrita siempre como la más sombría y retrógrada en la vida de
Bolívar y que ahora empezamos a rescatar como la más lúcida, difícil y revolucionaria. No comprender el caráct.er de enfrentamiento de clases antagónicas que rodeó la vida del Libertador desde 1826 hasta su muerte conduce a reiterar la síntesis intencionada que repetían hasta la saciedad los demagogos de su época: Bolívar fue guerrero y nada más; la independencia
fue su mejor obra; al final, por no dejar hacer a IQ3 magistrados, apoyarse
en el clero y en los militares venezolanos e instaurar la dictadura bonapartista, frenó el desarrollo de libertad de la democracia institucional. El escritor tradicionalista colombiano Germán Arciniegas, fiel representante de ese
conservadurismo a ultranza que se arropa con fraseología liberal, lo dice
sin ambages:
hubo tiempos mejores, cuando al guerrero que hizo la campaña
desde el Orinoco hasta Ayacucho no había entrado en el período
de deterioro que marchitó su mente en el último lustro de su vida.27 Bolívar había ganado las batallas más difíciles de la guerra
y comenzó a perder las de la paz.28
·
Otro epígono de aquellos demagogos de antaño, el escritor liberal
que se cubre con ropaje socialista Gerardo Molina, reitera el infundio:

�34

C. VaT(JJI Martínez: Imagen de &amp;l(var en la URSS

SigloXIX

En ese año desgraciado, 1826, Bolívar rompió con su pasado. Su
gloria realmente llegó hasta entonces. De allí en adelante todo
fué deplorable: la aceptación de las actas de la dictadura que le
ofrecían sus tenientes en el viaje de Lima a Santa Fé, la ruptura
definitiva con Santander, la Absolución de Páez, las veleidades
monárquicas y en favor de un protectorado inglés, sus actos y
omisiones después de la conspiración del 25 de septiembre; todo
eso destruyó la leyenda elaborada en los años de la guerra y de la
construcción de repúhlicas.29
Por eso es necesario saber a fondo por qué subsiste, aún entre escritores de vanguardia, ideas conservadoras respecto al último lustro de vida dd
Libertador y, por supuesto, si ciertamente Bolívar claudicó en su lucha revolucionaria que para entonces solo podía ser antioligárquica, antihegemónica, an timperialista.
La ideología política que se manejó durante los años de la independencia de nuestra América es rica en directrices y matices, pero frecuentemente se halla impregnada de personalismos que la disimulan. Se puede conocer mejor estudiando las contradicciones sociales y políticas entre los actores de la guerra. Gracias así a los enfrentamientos entre Bolívar y sus
aliados, de una parte, y los partidarios de Santander, Páez, y otros, se
puede evaluar, siglo y medio después, la estructura de clase y pensamiento
de los contendientes. Sin proponérselo, Santander, el más sobresaliente político neogranadino de entonces, nos ha dejado el testimonio de la conducta y el pensamiento burgués triunfante hacia 1830 y por contraste, del fracaso transitorio de Bolívar.
Lavretski, al analizar las causas de este fracaso, dice que
Bolívar temía una guerra de ilotas y no quería pelear contra ellos.
Comprendía que un pueblo sublevado en lucha por sus derechos
es una fuerza enorme y todopoderosa. La tragedia de Bolívar consistía en que no quiso encabezar esa fuerza y, con ayuda de ella,
llevar a la práctica las reformas planeadas. A esta fuerza él la temía, temía verse aislado y aplastado por ella (pg. 160).
Entonces, como rehusó el apoyo del pueblo, se acogió al sostén de la
reacción:
reconocía que en las revoluciones se puede triunfar apoyándose
solo en el pueblo revolucionario, pero también pensaba que los
frutos de la victoria solo podían mantenerse con ayuda de elementos conservadores: el clero, los grandes hacendados y los ricos, como había hecho Napoleón (pg. 160).
Por ese apoyo debía pagar un alto precio: restablecer estructuras coloniales.

35

Siguiendo a los clérigos, empezaron a asediar a Bolívar los adversarios de las innovaciones republicanas, todos los que soñaban con
restablece; su antigua influencia, su poder y sus riquezas; entre
ellos hab1a muchos que en tiempos pasados fueron partidarios
abiertos o solapados de los españoles (pg. 164).
En suma, Bolívar habría traicionado así sus más caros ideales revolucionarios.
Pero, ¿cómo no ver una desembozada lucha de clases en medio de las
aparentes disputas personales entre dirigentes del estado recién emancipado? ¿Cómo no considerar que cuando el Congreso granadino destituía a
Bolívar antes de Ayacucho y le regateaba apoyo logístico, la burguesía
emasculaba el proyecto libertador porque no le importaba ni la independecia, ni las soluciones sociales, ni la unidad antimperialista de América?
¿Y ~n fin, cómo explicar que, dictador a pesar suyo, usó el poder para garanbzar la "nación de repúblicas" como un freno a las ambiciones particulares de los emisarios regionales y representantes del nacionalismo estrecho?

4.

POR QUE SUBSISTE UNA IMAGEN REACCIONARIA DE
BOLIVAR

Porque aún no se ha estudiado a plenitud el Bolívar inmerso en la lucha de clases, porque aún quedan rescoldos de las acusaciones demagógico-burguesas, porque no se aprecia a Bolívar más que como paladfu de su
clase original y no de un proceso de ruptura que iría más allá de la independencia y porque a ese esquema ha contrihuído cierta ''izquierda" masónica, tradicionalista, temerosa en reconocer que nunca fué más radical
Bolívar que cuando debió enfrentar a las oligarquías criollas, a las aristocracias coF1Spiradoras y al imperialismo intromisor, todo eso justamente
al final de su vida.

.• Es_ paradójico: las ideas reaccionarias de la oligarquía santanereña, el
mili~rtilmo de casta de oficiales venezolanos, el revam:hismo enconado de

la ~ocraci~ peruana, la campaña de desprestigio concebida por los monro1s~s amencanos, todos ellos empeñados en hacer morir los planes que
~!•var trabajó desde 1826, han persistido en no pocos historiadóres y po!•tólogos avanzados de nuestra época que no. se atreven a asumir el legado
mconcluso y espectante deJ Libertador.
Después de Ayacucho, que parece ser la línea divisoria entre los que
declararon que derrotados los españoles no había más revolución y los que
pe?831'on que entonces ~mpezaba el gran cambio, aparecen los proyectos
mas perdurables de Bohvar: los planes continentalistas, que van desde la

�C. VarSos Mart{nez: Imagen de Bol(var en la URSS

ej~oli~~!.~rtca~

37

Colo~~ia la r~d~, pasando p~r la Confederación de
lÓSi
la remuon anfictiomca de Panama; los grandes esfuerzos
J).Qf-r,m~tai, ~ 'j&gt;ases de una constitucionalidad original y propia para los
americanos liberados después de los trescientos años coloniales; y el denodado lúncapié en la unidad política de América Meridional para sobrevivir,
mi¡_PélJl..®,íil su vez un equilibrio universal que permitiera la pluralidad de
sistemas y un cierto tipo de coexistencia. Todo eso -su obra trascendente- es inspiración de los últimos año;.

diosos e invtStigadores, pero también en manos del pueblo para que cuando
decida, retome el lúlo conductor de una revolución latente e impostergable, propia y legítima, enraizada en la médula de la nacionalidad que ansía
nueva democracia, porque, lo dijo él, "los pueblos que no hacen revoluciones no merecen la libertad''. JO

:A .pesar del permanente atasco a la gestión bolivariana en las cámaras
-y flR la prensa -libre a pesar de todo-, no desmayó Bolívar en prepararse
1!ª'1'3 la defensa militar del continente, ora proponiendo la alian~a con
¾ixico, ora purgando por la liberación de Cuba y Puerto Rico, yen&lt;losc
hasta elaborar planes para liberar Brasil y de ser factible, limpiando de monarquistas a la propia España.

NOTAS

Ma~~. lista

Frente a las vallas de la reacción entronizada en el Congreso colombiano, persistió Bolívar en ofrecer una alternativa revolucionaria ª'.1!c la
expansión imperialista que e1 había vislumbrado con prematura lll ti&lt;lcz
tiempo atrás. Así, su lucha antihegemónica se inscrihe con perfiles de precursora, y cubre desde 1818,en que protesta por el falso neutralismo norteamericano cuando el asunto de las goletas Tigre y Libertad, hasta 1829,
en que vivió entristecido al confirmar la efectiva campaña de desprestigio
que se articulaba desde Estados Unido,.
Las muchas leyes sociales que hoy le son tan reconocidas como avanzadas aún para su época -libertad de esclavos, reparto de tierras, programas de asentamientos urbanos, defensa ecológica, desarrollo de la minería,
etcétera- solo sirvieron, en su momento, para aumentar la saña contra el
Libertador que desmontaba, así, el aparato colonial que la burguesía ansiaba seguir usufructuando. No es sino releer las actas de los congresos d,·
entonces para constatar con qué acrimonia los delfines del capitalismo usurero se incomodaban ante los decretos bolivarianos. Algunos aprobados a
sabiendas de que jamás serían cumplidos, los abogados de la burguesía
cumplieron bien su papel de clase: lograron desalentar al Libertador y sumirlo en depresión mortal.
Cuando reflexionamos sobre el fracaso del proyecto bolivariano, evadimos las cuestiones cruciales con subterfugios pena;os: era demasiado avanzado, era utopista, era loco. Menospreciamos la capacidad de intriga y
aislamiento que le impuso su clase enemiga, y el que Bolívar ciertamente
no pudo llevar a la práctica su ideario por carencia de tiempo lústórico para hacerlo, nunca por retrogradación imposible, jamás por traición. Pero lo
hemos dicho muchas veces: su obra discontinua está ahí, a la vista de estu-

-

l. Tooke, W.: The Life of Catharine Il, Empress of Russia. 5a. ed., Tomo III,
Dublin, 1800, pgs. 115-116.
2. Fainshtein, Mijail: Revista de América Latina, Moscú, 1982,pg. 45.
3. id.,pg.45.
4. Cit. por Vera Kuteischlkova en "Veinte horas de Angostura", Revista de Amén
ca Latina, Moscú, 1982, pg. 42.
5. Moskovski Télegraf (1828), cit. por Lavretsky, l. G.: Simón Bol(var, Editorial
Progreso (traducción del ruso por P. Boyko), Mo_scú, 1982, pg. 178. Las citas
hacen referencia a esta edición.
6. id., parte 2, pgs. 177-180 (1826), cit. por Fainshtein, pg. 45.
7. cit. por J. Grigulevich: Ruia y la lucha por la independencia de América Española, pg. 7.

8.- Lavrov, N.: El/ SO aniversario de la guerra de independencia, en Cultura y Vida,
Moscú, 8 (1960), pg;. 10-13.
9. Enciclopedia de. •., S. Petersburgo, Tomo 1, pg. 470 (cit. por Fainshtein, pg.
49).
l O. Diccionario Enciclopédico, S. Petersburgo, Tomo 2 (18"9), pgs. 394-97.
11. El hijo de la patria, S. Petersburgo, 110 (1826).
12. Noticieros de S. Petersburgo (3 de marzo de 1831), cit. por Fainshtein.
13. Moskovski Télegraf, parte 4 (1831), pgs. 579-80.
14. Bolet(n de Historia, S. Petersburgo, 1883; O. Suvórova: Uh Washington sudamericano (1903); Ivan Franko: Bol(var, Lvov, 1904.
15. Cfr. Suvórova.
16. Vargas Martínez, Gustavo: Bolívar y Marx: otro debate sobre la ideologú, del
Libertador, México, 1983; Reflexiones sobre el sueño bolivariano de la Patria
Grande, México, 1985.

�38

Significación de la obra
de Enrique José Varona
en la filosofía cubana

Siglo XIX

17. Miroshevsk~ V.M., et al: Nueva historia de los pa1'ses coloniales y dependien.
tes, Ed. Problemas, Argentina, 1941.
18. Miroshevski, V. M. et al: El movimiento libertador en las colonias americanas de
España, I 792- I 81 O, Tomo 1.

Pablo Guadarrama González *

19. íd., pg. 370.
20. Alperovich, M. S., et al: Acerca de la guerra de la liberoción de las colonias
españolas en América, I 81 O- I 826 (Voprosi istorií).
21. Lavrets4 lsidor: Simón Boli'var, Ed. Económic~social, M0saí, 1958.

-

22. Shulgovski, A.: El proyecto poUlico del Libertador Ediciones Ceis Bogotá,
1983.
'
'
23. Shulgovski, A.: "Una vida en aras del futuro",El D,á, México,julio de 1983.
24. Bolívar, Simón: Obras completas, Proclama de Campano, 7.9., 1814. Edit.
Lex, La Habana, 1950.
25. Lavretsk~ l., citado.

26. Fainshtein, pg. 51.
27. Arciniegas, Germán, prólogo a La constitución de la Quimera (de H. ValenciaVilla, Bogotá, 1982, pg, 9).
28. i'd.,pg.9.
29. Molina, Gera.rdo: "El militarismo en la época de la Independencia" revista
Boffvar, SI, Vol. XI, 1959, pg. 484.
'
30. CTr. Mariano Sánchez Roca, Espíritu del Libertador, en Bolívar: Obras Com.
pletas, ep11ogo, Tomo 111, pgs. 853 y ss.

Los años de fecundidad filosófica de Enrique José Varona (1849-1933)
se enmarcan entre la octava y la novena década del siglo pasado, hecho
est.e que se puso de manifiesto no solo por los resultados de sus significativas conferencias filosóficas que sobre lógica, psicología y moral pronunciara entre 1880 y 1933, sino por el dedicado empeño autodidáctico de
situarse al tanto del desarrollo del pensamiento filosófico mundial. V arona fue, y parece que tomó conciencia de ello, el digno heredero rle la tradición filosófica cubana que había partida de José Agustín Caballero, Félix Varela y José de la Luz y Caballero hasta llegar a su destacada labor
filosófica, que le hizo convertirse en la figura finisecular más relevante en
el pensamiento filosófico cubano, que entroncaba con el restante movimiento positivista que por esos años predominaba en Latinoamérica. El
filósofo cubano, si no el mayor, puede ser considerado junto a José Ingenieros (1877-1925), uno de los dos máximos representantes de esta corriente del pensamiento en nuestro continente, dada la profundidad y originalidad de sus ideas.
Varona tuvo ante sí la disywitiva que se les presentaba a todos aquellos que en nuestras tierras se identificaron con el positivismo, esto es, o
defender las dogmáticas ideas de Comte -como lo había hecho el cubano
Andrés Poey-, o tomar la otra §enda, la que presentaba el positivismo in-

gl~.
El deseo de c0nocer todos los adherentes de la doctrina que profesaba me llevó a estudiar a algunos filósofos ingleses designados
en Francia como positivistas. Me encontré en un mundo nuevo.
La escuela inglesa era sin duda positivista, pero sin haber pasado
porComte.1

* Universidad Cenual de Las Villas, 01.ba. Ponencia presentada en el XI Congreso Interamericano de Filosofía, Guadalajara (México), noviembre de 1985.

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SigloXIX

Esto no significó que Varona echase porla bo,rda todaslasideas del filó.
sdo francés. Ahora bien, lo primero que censuro Varona ,en Co'.11 te fu_e el
no haberse mantenido, como al inicio de su obra, fiel al metodo mducbvo,
método que según nuestro pensador era el resultado consecuente del desarrollo de las ciencias naturales y la filosofía. Esto, sin duda, se~~a_ba a
Varona del fundador del positivismo -pero no lo separaba del pos1bv1S1no
mismo-, quien ya había desarrollado con Mili el método inducti~o, recha•
zaba el carácter dogmático, autoritario del comtismo, y en especial su pr~•
tensión religiosa. Pensaba que la Jlamada ley de los tres esf:3dos no hab1a
sido más que el producto de una observación imper~e~ta ~, mconse~uente.
La aguda pluma de Varona se dirigió contra la claSJ~1cac10n com tlana de
las ciencias, la cual, partiendo del punto de referencia del, ~ado de gene•
ralidad de cada ciencia, situaba en la cúspide a las matemabcas, argume•,•·
to que eJ filósofo cubano, acorde con el criterio :.penceriano, no acepto,
ubicando en su lugar a la lógica.
En relación con Spencer, Varona pensaba que había co~?nu~do ~'.1ª·
mente la ohr-1 de Comte, en especial, mediante la elahorac10n sstemabca
de la sociología. De Spencer, Varona tomó su evolucionismo, su teoría d~I
equilibrio, su seudodialéctica de lo homogéneo inde~inido ~ _lo hetero~eneo definido las ideas fundamentales de sus concepciones ebcas y sociológicas, su e~tremado fisiologismo y hi~logismo, su ~~~vinismo social,
su liberalismo y su individualismo. Admiro la gran erudic1011 d_el _pensador
inglés y tomó conciencia de la necesidad de un vasto conoc1m1ento del
mundo para poseer una concepción lo más ac~rta~a de él. ~n ~p~ncer,
Varona encontró respuesta a muchas de sus mqu1etudes ps1cologicas Y
pedagógicas.

AJ igual que Stuart Mili, Var?~ª• otorgó esp~cial atención ª. ,'ª ló~&lt;:3
inductiva que le conducía al emptnsmo. La premisa de que partio_el_ f1Jo.
sofo cubano para aceptar y desarrollar estos criterios fue el reconoc1m1ento
de la uniformidad de la naturaleza, es decir, más que preocuparle el proble•
ma de objetividad de los fenómtnos naturales f sociales -de la _cual no
tenía dudas-, partió de que estos estuviesen regidos por leyes uniformes.
Siguiendo el postulado positiv~ta, Varona tomó como_ ~u?to ~~ /ar·
tida giioseológico los hechos: "recopmos hechos para adqmnr ideas , re•
comendaba aunque conocía que "los hechos lo prueban todo. Los hechos
no prueban nada. Según te rompas las narices contra el obje_to o te enc~r~
mes en el Pico Turquíno";3 poniendo de esa forma de manifiesto las hm1taciones propias del empirismo era el agiiostic~o del que Varona no_ se
pudo librar, aun cuando afloran en s~ ~oseo!ogia algunos rasgos~~ bien
pudieran identificarlo como un agnosbco. Sm embargo, ~ _confianza en
que el hombre dominaría las fuerzas de la naturaleza le hicieron superar

P. Guada"ama González: Joré Varona en la filorof(a cubana

41

este rasgo propio del positivismo. Sus profundos análisis sobre las reta.
ciones psicofisiológicas, problema este aún no resuelto por la ciencia de su
época, le indujeron a dejar atrás los marcos de la gnoseología positivista.
Varona estaba convencido de que la toma de conciencia de nuestra limitación temporal en el proceso del conocimiento no debe menguar nuestros esfuerzos en la búsqueda de la verdad, la cual nos reafirma en las múltiples actividades de este mundo. De aquí la satisfacción que se siente
cuando sin humildad ni arrogancia podemos afirmar que se entrevé algo,
que se sabe.

l.
La obra filosófica de Varona encierra en última instancia una postura
materialista frente al problema fundamental de la filosofía y esto se puede apreciar sobremanera en algo que lo diferenció notablemente del positivismo: su ateísmo. Muchos de los diri¡rentes de nuestro proceso de liberación nacional se percataron del extraordinario papel que representaba la
Iglesia para el dominio español y consecuentemente lanzaron sus ataques
directamente sobre esta milenaria institución. Entre ellos cabe destacar al
máximo exponente de nuestras guerras por la independencia, José Martí,
quien puso de manifiesto en todo momento su marcado anticlericalismo.
Si bien es cierto que la postura anticlerical fue elemento común no sólo de las personalidades políticas sino también entre las intelectuales de
fines del siglo pasado en nuestro país, no sucede así con las ideas ateístas,
ya que es común encontrar figuras que se declararon abiertamente anticlericales sin que por ello renunciaran a sus creencias religiosas. Esto conduce a pensar que resulta mucho más meritoria la valoración de aquella
personalidad en la que se conjugan amb~ factores. Tal es el caso de Varona quien, desde que irrumpe en la vida nacional a través de su labor filosófica y científica, junto al anticlericalismo dejó siempre impreso el sello
de su convencido ateísmo.
No cabe duda de que, al igual que en la AJemania de la cuarta y quinta década del siglo XIX, como señaló Engels,4 la lucha contra la religión
era una batalla política en la Cuba de fines de este siglo, cuando se em.
prendía el proceso de emancipación naciona~ el enfrentamiento con la
religión y la Iglesia también tenía una profunda significación política.
Mayor valor tendrían esos ataques cuando iban dirigidos no solo contra
el aparato institucional de las religiones si.no contra la esencia, raíces y
función de la concepción religiosa del mundo.
La sigiiificación de la labor ateísta y anticlerical de Varona no ha sido

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Siglo XIX

valorada suficientemente por cuanto la historia burguesa ha querido intencionalmente ocultar o subestimar este importante aspecto de la filosofía
varoniana, ya que, como señala con acierto Carlos Rafael Rodríguez,5 en
este sentido a Varona no se le puede combatir con las mismas armas que a
los marxistas y la mejor forma que han encontrado ha sido pasar por alto
estas ideas.
Varona duran te su infancia recibió la correspondiente educación religiosa en las escuelas Pías de Camagüey, su ciudad natal. Lógicamente, la
influencia de esta formación se evidencia en sus años juveniles, cuando publica sus primeros artículos periodísticos en el rotativo de esa ciudad: El
Fanal. Pero durante el período de la guerra de los 10 años se somete a una
intensa vida de estudios en fonna autodidacta en la que se pone en contacto con los clásicos de la literatura y la filosofía universal, y, lo más importante, con los últimos adelantos de las ciencias naturales, en especial con
la teoría de la evolución de Darwin. El resultado de esta labor fue la ruptura con sus creencias religiosas.
Tenninada la guerra se incorpora activamente a la vida política y cultural del país y ya en 1879 deja sentada claramente su posición ateísta
cuando publica uno de sus primeros trabajos de carácter filosófico : "La
evolución psicológica". En él expresaba que " hoy sabemos cuán deficiente
es ese presunto creador de orbes, en cuyo leer ya ha quemado tanto incienso la humanidad endiosada ".6 Ya aquí expresaba por vez primera su profunda concepción ateísta del mundo y entraba a analizar el problema
como un objeto especial de la investigación científica.
En definitiva una posición ateísta en cierta medida implica una concepción no solo materialista, sino también dialéctica, ya que supone no
admitir una fuerza exterior en el devenir del mundo, sino concebirlo en su
unidad material y en autodesarrollo. Este hecho diferencia notablemente a
Varona de los fundadores del positivismo. Si bien Com te había criticado el
cristianismo y otras religiones por considerarlas sistemas especulativos, no es
menos cierto que erróneamente concibió la religión como la fase primaria
de la evolución de la humanidad en correspondencia con su falsa teoría de
los tres estadios de la evolución de la humanidad y como etapa necesaria
de proceso del conocimiento humano. Por otro lado, Comte rechazó las
religiones creando una nueva religión no menos reaccionaria que las demás
que estimulaban en las masas el espíritu de sumisión y conformidad.
Por otra parte, Spencer aspiraba a dar punto final a la irreconciliable contradicción que existe entre la ciencia } la religión. Pero su solución
eran tan útil como imposible porque consistía en apoyar la fe religiosa sobre la base de los adelantos científicos. Se¡!,Ún el filósofo inglés ·cuan do el

P. Guadarrama Gon~ált%: José Varona en la filosof1'a cubana 43

c~e~tífico se enfrenta a los misterios de la naturaleza, ante lo cognoscible,
dinge sus pasos hacia la religión. El agnosticismo hizo que Spencer aban~~nara el terreno de la_ ciencia y pasara al de la religión. No es esta la posic1on de Varona El filosofo cubano tuvo siempre una extraordinaria confianza en los avances de la ciencia.
La concepción de Varona es radicalmente nueva en este aspecto respecto tanto a Comte y a Spencer, como a los representantes del positivisn:'~ en su segundo e~pa, los empiriocriticistas y pragmatistas, quienes en
!og¡ca. c?rrespon~~n~ia con_el retomo bu_rgués a la religión en la época
imperialista concilianon sus ideas con el mas vulgar clericalismo.
Marx y Engels establecieron que el ateísmo es una manifestación típica de las clases progresistas y en particular esto se aprecia en fonna más
agu.da en la época de ascenso de la burguesía cuando, junto a las banderas
ª.nbf~u~es de liberta? e igualdad, esta clase enarbola las consignas del anticlencalJSmo y el ateismo. En nuestra situación este hecho está ligado a
nuestro proceso de liberación nacional y a las aspiraciones de los ideólogos burgueses, como Varona, de dar libre paso a las relaciones capitalistas
de producción.
La rurguesía europea de fines del siglo pasado había ya demostrado su
carácter reaccionario desde su traición durante las revoluciones de 18481849 y la clase obrera internacional había puesto de manifiesto su pujanza con la difusión de las ideas del socialismo científico, la fundación
de la I Internacional y la máxima expresión de las luchas de las masas
populares en ese período: la Comuna de París. Esta burguesía no podía
continuar estimulando el ateísmo y el anticlericalismo como antes lo
había hecho porque estos eran un anna que se volvía ahora contra ella
mis~a. Pero no era esta la situación de la rurguesía latinoamericana y en
particular de la cubana en la segunda mitad de este siglo. Los pueblos latinoamericanos no hacía mucho que se habían emancipado del colonialismo español y portugués, las relaciones feudales de producción deform~das por formas esclavistas aún predominantes en la mayoría de los
pa1ses y la lucha por alcanzar el predominio de las relaciones capitalistas
~e producción_ en esas ~?ndiciones era una labor progresiva por cuanto
s1g111ficaban la implantac1on de una fonna superior de producción.
~ En el caso, específico de nuestro país, donde el colonialicmo español
aun ~ mantema, esta empresa tenía una mayor significacióu, y las manifestacion~ ateístas y :rnticleri~es de los ideólogos de nuestra burguesía
Y en particular de Ennque Jose Varona, eran expresión elocuente de la
lucha por el progreso social.

Rasgo común del ateísmo ha sido siempre revelar solamente las raíces

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SigloXIX

gnoseológicas de la religión, ya que la posición de clases de los filósofos
burgueses les impide revelar sus raíces sociológicas. Solo la filosofía
marxista-leninista ha dado respuesta acertada al problema del origen y la
esencia de la religión al descubrir los dos lados del problema
Si bien algunos filó,ofos burgueses han adoptado una postura materialista frente a la religión, haciendo depender las ideas religiosas de la vida
material, al concebir la religión solo como producto de la impotencia humana ante las fuerzas desconocidas, cuando han llevado su análisis al plano
social caen en el idealismo al otorgarles a las ideas religiosas una posición
que en realidad no poseen en la vida social. Algunos como Feuerbach y
Comte llegaron a considerar la religión como especie de motor de la historia, no fueron capa·ces de comprender que las ideas religiosas desempeñan un papel secundario en la sociedad y que si en determinados momentos de la historia de la humanidad han desempeñado un papel más activo,
ha sido siempre como reflejo tergiversado de las relaciones materiales y en
especial de las relaciones económicas, que son, en última instancia, las determinantes en el desarrollo social. Estos filósofos no revelan el carácter
clasista de la religión, no pueden indicar cómo esta ha sido un valioso instrumento de las clases dominantes para perpetuar su poder sobre las masas
popuJares embrutecidas.
¿Cuál fue la posición de Enrique José Varona ante esta problemática
En primer lugar, el filósofo cubano siempre recalcó el hecho de que las
ideas religiosas han surgido y se regeneran cuando la humanidad padece del
terrible mal de la ignorancia. Por eso escribe:
El hombre, débil y limitado ante lo objetivo, que lo sacude y lo
aterra con fuerza irresistible, se siente poseído de una especie
particular de terror que se ha llamado religioso y que tiene tantas
formas como grados hay en la escala de la civilización. 7
Pero donde mejor aparecen sus ideas sobre el origen de la religión es
en sus conferencias filosóficas sobre moral, dictadas en 1882:
El hombre de las primitivas edades ignorantes y débil, por su inexperiencia se encontraba amenazado de tan tremendos y desconocidos peligros, tan incierto de la hora próxima, tan pequeño ante
las fuerzas de la naturaleza, que no podía dejar de sentirse anonadado. Todo lo que se le presentaba como una revolución de
aquel inmenso poder desconocido, todo lo que a su imaginación
sobreexcitada parecía el éxito de cualquier empresa, de aumentar
sus fuerzas de cualquier manera y por cualquier medio, sombra,
sueño, animal poderoso, o extraño, objeto brillante, desconocido,
espíritu de un muerto, etcétera, se apoderaba de su ánimo con incontrastable imperio, ya le servía de aguijón de impulso. Ese mismo sentimiento de sumi;ión y admiración que lo llevaba a obede-

P. Guodarrama Gonsákz: Jo,é Varona en lafilo.ofía cubana

45

cer ciegamente al caudillo fuerte y sagaz que proporcionaba a la
tribu bienestar y seguridad, ese mismo temor que no lo dejaba
pens~ siquiera en volverse contra sus castigos, mezclados y confundidos con todo lo que tiene de depresiva para el espíritu la
presencia o la idea de lo desconocido, dominaban por completo
el ánimo del hombre primitivo en sus relaciones con el mundo objetivo que se le presentaba, por parte o en conjunto como una
inmensa personalidad,8
'
Se aprecia en estas palabras cómo Varona plantea el proceso de enajenación que da lugar a la aparición de la concepción religiosa del mundo
en el hombre primitivo. Incluso en este proceso no se le escapa el factor
social, pero tergiversa su esencia presentando como "sentimiento de sumisión" lo que fue la dura imposición de los primeros explotadores del hombre. Sin embargo, llama la atención el hecho de que el filósofo cubano se
percata de la necesidad de considerar el elemento social a la hora de analizar el origen y la esencia de la ideas religiosas. Precisó que desde el fetichismo más grosero hasta el deísmo más depurado, todas las relaciones entre
el hombre y sus dioses están vaciadas en el molde sociaJ.9
Ahora bien, lo que resulta realmente valioso es su apreciación sobre
los vínculos de las ideas religiosas con los intereses de las diferentes clases
sociales:
Cada clase o cada casta, según las condiciones en que se encuentran colocadas, favorable en grado muy desigual para los progresos ulteriores, irá formándose sus opiniones y les irá dando cuerpo
en costumbres especiales; conservará con mayor o menor tenacidad las supersticiones primitivas, les dará o no una forma más racional, modificará en fin la creencia religiosa al parecer común·
concebirá_ la ley y la obligación civil y polític~ de diversa manera,'
pues de diversa manera obra sobre cada una y como consecuencia
de todo esto su manera de educar y trasmitir las nociones adquiridas por la educación ha de variar de una a otra; y así llegan las
que coexisten en un mismo grupo a diferenciarse en su manera de
vivir, de hablar y aun de gustar los placeres estéticos.10
Aquí se pone de manifiesto la aguda sensibilidad científica de Varona,
que le sirve para captar la esencia que se esconde tras el fenómeno. Al plantear este problema, a nuestro juicio el pensador cubano se sitúa en un plano superior al del ateísmo burgués en este aspecto, pues reconoce abiertamente en qué medida la clase dominante de una sociedad dada acomoda
las ideas religiosas a sus intereses de clases. Como es apreciable, no solamente se refiere aquí a las ideas religiosas sino a ideas jurídicas, las ideas
políticas, etcétera.
Así_ vemos co'??,la posición de Varona frente al problema del origen
Y esencia de la religion revela rasgos específicos en relación con otros re-

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Siglo XIX

presentantes del ateísmo rurgués que le hacen ocupar un lugar superior al
presentar la función social de las ideas religiosas y el uso que a estas le da
la clase dominante de cada sociedad. Pero no por esto podemos pensar que
Varona adopta una posición consecuentemente materialista en el plano
social, ya que comete el mismo error que los demás ateístas burgueses al
darle a la religión un papel que no ha desempeñado en la historia de la
humanidad. Al concluir su análisis sobre la religión. Varona señalaba: "ya
hemos visto el gran elemento social que daba tono a ese sentimiento poderoso y tenso. Sea o no ilusorio, poco importa. Esta ilusiéln ha movido al
mundo. . . 'P Esta es una prueba de que la concepción de Varona en el
estudio de la sociedad no rebasaba los marcos del idealismo filosófico a P"·
sar de sus inconsecuencias que aparecerían con frecuencia en los rasgos
materialistas.
Por otro lado, Varona percibió la estrecha relación que existe entn·
la religión y el idealismo filosófico. Por esos sus ataques contra los sistemas morales dogmáticos van dirigidos también contra la filosofía idealista.
En más de una ocasión reveló el estrecho vínculo existente entre los sistemas filosóficos idealistas-a los que, siguiendo el cri tcrio positivista llamaba
metafísicos- y las ideas religiosas. "Los teólogos muerden a los metafísicos. Pero la teología y la metafísica son dos mellizas acostadas en la misma
cuna y cubiertas rnn los mismos pañales. "12
Pero Varona diferenciaba claramente los fundamentos de ambas
concepciones, porque, como es conocido, la religión, aun cuando mantiene
un estrecho vínculo con el idealismo filosófico, no se identifica totalmente
con él puesto que sus bases no son racionales sino 6deistas.
Los creyentes -escribe en 1923- colocan sus fantasmas luminosos en una gran región escondida que llaman a fe. Sus raíces se
afianzan en el corazón, no en la inteligencia. Dulces quimeras, pero quimeras incliscu tibies, como irreales. 13
La crítica de Varona al carácter insostenible de las ideas religiosas está
presente en toda su obra filosófica. Para él, "toda la teología es un chapoteo de lo absurdo".1 4 Considera que "las grandes religiones y las sectas
que pululan en torno suyo disputan furiosamente por los centímetros de
absurdidad, en más o menos, que cada uno contiene".1 5 En verdad, el elemento de ilogicidad es típico de todas las religiones y ha sido reconocido,
incluso, por los propios teólogos, como es el caso de uno de los representantes del cristiarúsmo primitivo, 'fertuliano, cuya máxima "creo porque
es absurdo" es clásica en la historia de esta religión.
Una crítica de esta índole contra la religión como forma específica de
la conciencia social no nos debe conducir a una suhvaloración de las ideas

P. Guadanuma González: Jo1é Varona en la filo1of(a cubana 47

religiosas, ni de su fundamento filosófico en la historia del pensamiento
universal. En este aspecto es necesario recordar la profunda valoración
lcninist.a que indica:
Y el oscurantismo clerical (idealismo filosófico), por supuesto,
tiene raíces epistemológicas, no carece de fundamento, es, sin
duda, una flor estéril, pero una flor que crece en el árbol vivo del
conocimiento humano, vivo, fértil, auténtico, poderoso, omnipotente, objetivo, absoluto_l6
D1·hcmos señalar que las ideas religiosas dialécticamente, a la vez que
nan constituido un obstáculo al verdadero desarrollo de la cienci?, pueden considerarse pasos de avance en el proceso de desarrollo del pensamiento abstracto del hombre primitivo y, en especial, esto lo vemos al
analizar cómo la aparición del monoteísmo sigrúficó el paso a un proceso
dt&gt; síntesis superior de las abstracciones. El elemento negativo de este
proceso radica en el divorcio que llega a establecerse entre esas abstracciones y la realidad y en el hecho de que ellas no reflejan acertadamente las
relaciones existentes entre el hombre y la naturale-za y entre los propios
hombrl'S.
El resultado de este distanciamiento es que la religión se aleja siempre y cada vez más de la verdad objetiva y de la ciencia. Varona comprendió esto cabal111e11te, estaba convencido de que rúnguna de las religiones
puede conducir al hombre al camino de la verdad, a la correcta correspondencia de sus idf'.,as con la realidad. Por eso afirmó: "El cristianismo ¿es
la verdad? No, ni el mahometanismo, ni el mosaísmo, ni el rudismo.
Pero resulta que en materia de religión, la verdad no tiene voz en el capítulo. Quien habla y dogmatiza y ordena con mero y mixto imperio es el
Sf'ntimiento. "1 7 El filósofo cubano comprendía que las ideas religiosas
constituyen una imagen deformada del mundo objetivo y que precisamente una de las formas de cambiarla es propagando la verdad científica. La
labor de Varona en este sentido fue muy sigrúficativa, ya que propagandizó a través de múltiples vías los últimos adelantos de la ciencia de su
eí1oca. Entre estas vías se destacan su labor publicista en la Revista de Cuba y la Revista Cubana y su trabajo docente en la Universidad de la Habana. En el terreno de la psicología no solo propagó sino que contribuyó con
originalidad al desarrollo de esta joven ciencia. Su sólida cultura y sus amplias fuentes de información le permitían estar al tanto de los últimos adelantos de las ciencias naturales, en especial de la física, la química, labiología y la astronomía.
Cada conferencia, cada libro, cada artículo periodístico de Varona iba
cargado no solo de profundo saber científico, sino también de una esclarecida concepción ateísta, que podía ser fácilmente reconocida por sus

�48

SigloXIX

P. Guadarrama González: José Varona en la filo1of(a cubana

lectores. No podemos conjeturar sobre la posible influencia de estas ideas
varonianas sobre los que se ponían en contacto con su concepción del
mundo, pero al menos tendremo, que aceptar que una figura de~ alto
pri&gt;stigio en el ambiente cultural cubano y latinoamericano de esa epoca
lógicaml'lltc haría sentir su influencia, especialmente sobre la juventud que
lo admiraba tanto y que estudiaba su pensamiento.

11.
Otro aspeclo sobre el cual fijó su atención Varona fue el espíritu de
sumisiim que inculca la religión a los hom hres. Este elemento es significativo porqur denota hasta que punto fue capaz el filósofo cubano de percatarse de las nocivas consecuencias de la religión sobre las masas popularrs. \1 analizar Pste aspecto en 1923, escribía: "El cristianismo, condenado al suicidio somete al hombre a la más cruel esclavitud, la de una vida
intolnable. "J.~ Plantea claramente cómo el hombre bajo el velo místico
de la rdi¡óón no in ten ta salir de su status y se mantiene pasivamente en este mundo para tener derecho a recibir los beneficios de un imaginario
mundo Cl'lestial. Los fundadores del marxismo llamaron la atención sobre
rsla conSl'eul'ncia de la influencia de la religión, pues las clases dominantes
ele la l&gt;oci1•1lad donde ha prevalecido la explotación del hombre por el hombre han 1·stimulado siempre las ideas religiosas para obtener resultados
satisfactorios en el plano ideológico, manteniendo a las masas populares
a111l'tlrl'ntaclas y sometidas, lo que se revierte consecuentemente después en
el plano económico.
Las religiones siempre han situado al hombre en una incómoda posición escéptica ante su futuro inmediato. Ellas pretenden dar solución a los
males que afli¡ren al hombre mediante el escape hacia la espiritualidad. Nin¡ru na rl'ligión ha mantenido como fundamento teórico el optimismo con
relación al poivenir inmediato de este mundo. Todas ellas han explotado la
i&lt;111orancia ele las masas embrutecidas para estimular la desconfianza y el
¡~csimismo, los cuales tienen sus causas no en el pensamiento humano sino
en las condiciones materiales de existencia a que se ve obligado el hombre
rn las sociedades de clases. La inseguridad económica y social constituye
un favorable terreno de cultivo para introducir las ideas religiosas con sus
pretendidas esperanzas de "salvación". En esencia, las religiones se asientan
sicm pre sobre los pilares del escepticismo y el pesimismo, y Enrique José
Varona fue capaz de percatarse de esta significativa característica, al expresar en 1917 que "la base de toda religión es pesimista ".19 Tal vez
pensarse si existe alguna relación entre este factor y los rasgos escepbcos
y pesimistas que son frecuentes en el pensamiento varoniano durante este
período. En rigor puede plantearse que tienen en última instancia causas
similares que descansan en la hase económica de la sociedad y en particu-

?º?Tía

49

lar en la situación de inestabilidad que se presenta en la sociedad burguesa
en ese período y que se aguóza con el inicio de la crisis general del capitalismo. Pero las soluciones que brinda la religión y las de Varona son muy
diferentes: él sabía que la solución a los problemas sociales no se encontraba en lo "celestial" sino en lo terrenal, y en un inicio su pos tura refonnista
lo hizo proponer solucionar los problemas sin alterar en esencia el régimen
capitalista, aunque al final de su vida percibió que tal solución era tan
irreal como imposible.
Por otra parte Varona se percataba de que junto a las falscdadl's so;tenidas por las religiones estaba el veneno político. R&lt;--velaba la inconsistencia de los dogmas éticos tanto del cristianismo como de otras reli¡rioncs e
indicaba cómo estos podían ser interpretados en un sentido o 1'11 otro s1•gún los intereses de cada una de ellas. Ejemplo de esto es su objc1:ión al
aforismo cristiano que expresa: "paz en la tierra a los hombres de bu1:na
voluntad" al que responde: "Ay, ¿por qué este mensaje divino ha 1le l1·111·r
una pierna más larga que la otra? A los de buena voluntad, y a los que sc.•au
o me parezcan o se me antojen de mala. "20
Así ponía de manifiesto el hecho evidente de que cada máxima rrli~iosa puede ser entendida de acuerdo con el punto de vista subjetivo, a prsar
del carácter dogmático y absoluto de los sistemas ético-políticos d1• la religión y en especial del cristianismo.
Como acertadamente precisó Raúl Roa: "su énfasis en el i111¡1crio
omnipotente de la ciencia y su destierro de Dios en la interpretación 01• la
realidad humana, natural y social, trasunta, obviamente, su ideario político ".21 Su posición ateísta y anticlerical estaba conscientemente vinculada a su ideología política, a su defensa del proceso de liberación nacional
de nuestro país. De aquí que prestara atención particular al enfrentamiento contra el clero católico, el cual inculcaba en los cubanos la idea de la
aceptación del poder colonial español. Refiriéndose a ello Varona indicaba:
El clero católico der.ende de un soberano, es en todo sentido, monárquico; todo en el, en su mentalidad, en sus costumbres, en la
práctica de su vida, está sometido a un poder despótico, el más
despótico del mundo occidental, y asp.ira a moldear tanto su cerebro como sus hábitos exteriores.22
Las ideas independentistas estaban en abierta contradicción con las
mantenidas por el clero, puesto que este era en su totalidad español. Incluso una vez lograda la independencia de España, el clero mantuvo su poder
tanto en la vida econ6mica como en el plano ideológico. Varona había
saludado lo que consideró una de las conquistas más importantes de la guerra de independencia, la total separación de la Iglesia del Estado; pero

�50

Siglo XIX

comprendía que mientras el clero mantuviese sus privilegios así como sus
nexos con los poderosos perúnsulares, que mantenían el control de varios
sectores de la economía cubana, y su predominio ideológico sobre la mayor parte de la población cubana, la lucha sería dificil. Varona se opuso
al control que mantenía la Iglesia sobre los cementerios, a que los funcionarios civiles asistieran a la iglesia durante los matrimorúos y se lamentó
del poder que ejercía esta situación sobre nuestro pueblo, fundamentalmente sobre las mujeres. Al proceso de ofensiva ideológica desatado por el
clero católico en Cuba una vez establecida la república mediatizada, Varona lo denominó "la reconquista•: genuina expresión del real objetivo de
los intereses económicos de España.
Al filósofo cubano le preocupaba extraordinariamente el daño que
causaba la Iglesia al pueblo cubano. Su aspiración era una sociedad en la
que el hombre se sintiese liberado de los prepicios religiosos y alcanzase
confianza en sus propias fuerzas. Esto no lo podía asegurar una sociedad
en la que la Iglesia disfrutaba aún de un poder casi similar al de los tiempos medievales y en la que se estimulaba el oscurantismo. "En lasiglesias
abren enormes ventanales-expresaba el pensador cubano- y los tapan herméticamente con vidrieras espléndidas. Símbolo transparente. Gran apariencia de aire y luz, gran realidad de confinamiento y sombras. "23 Sólo
eso puede asegurar cualquier religión, estimular la ignorancia,, la inseguridad y el pesimismo ante el futuro humano. Si bien la solución brindada
por Varona a través de la difusión de la ciencia y la cultura en general·era
insuficiente por cuanto la verdadera forma de combatir las ideas religiosas
consiste en transformar revolucionariamente la sociedad que las engendra,
es decir, erradicar los males sociales que sirven de mareo propio para la penetración de las ideas religiosas, no es menos cierto que en las condiciones
de Cuba -tanto durante la época colonial, como durante las primeras d~
cadas del presente siglo-, la labor ateísta del filósofo cubano, amt cuando
estuvo enmarcado dentro de los parámetros del atéísmo burgués, resultaba
muy meritoria.

111.
Si bien Varona no escribió muchos trabajos dedicados específicamente
a los problemas sociológicos -los de mayor !ignificación fueron "El bandolerismo" (1888) y ''El imperialismo a la luz de la sociología"(l905)en toda su obra filosófica, literaria, docente y política se expresan sus criterios sociológicos. Su labor como profesor de sociología de la Univer!idad
de La Habana le hicieron abordar múltiples problemas en este terreno, que
desgraciadamente no fueron recogidos para su publicación. A pesar de que
no escribió un texto sobre esta materia y para la docencia empleó la obra
del norteamericano Franklin Giddings, Fundamentos de sociología, no

P. Guadarrama Gonzólez: José Varona en la filo1of(a cubana 49

lar en la situación de inestabilidad que se presenta en la sociedad burguesa
en ese período y que se aguc!faa con el irúcio de la crisis general del capitalismo. Pero las soluciones que brinda la religión y las de Varona son muy
diferentes: él sabía que la solución a los problemas sociales no se encontraba en lo "celestial" sino en lo terrenal, y en un inicio su postura refonnista
lo hizo proponer solucionar los problemas sin alterar en esencia el régimen
capitalista, aunque al final de su vida percibió que tal solución era tau
irreal como imposible.
Por otra parte Varona se percataba de que junto a las falscdadt&gt;s sostenidas por las religiones estaba el veneno político. Revelaba la inconsistencia de los dogmas éticos tanto del cristianismo como de otras reli¡rioucs e
indicaba cómo estos podían ser interpretados en un sentido o 1•11 otro si·gún los intereses de cada una de ellas. Ejemplo de esto es su objeción al
aforismo cristiano que expresa: "paz en la tierra a los hombres de bul'na
voluntad" al que responde: "Ay, ¿por qué este mensajf! divino ha 1lti tt·,wr
una pierna más larga que la otra? A los de buena voluntad, y a los 11uc sc:au
o me parezcan o se me antojen de mala. "20
Así ponía de manifiesto el hecho evidente de 1¡ue cada máxima rrli¡riosa puede ser entendida de acuerdo con el punto de vista su l,jctivo, a ¡11·sar
del carácter dogmático y absoluto de los sistemas ético-políticos dt• la religión y en especial del cristianismo.
Como acertadamente precisó Raúl Roa: "su énfasis en el imperio
omrúpotente de la ciencia y su destierro de Dios en la interpretación &lt;lr la
realidad humana, natural y social, trasunta, obviamente, su idl'ario político ".21 Su posición ateísta y anticlerical estaba conscientemente vinculada a su ideología política, a su defensa del proceso de liberación nacional
de nuestro país. De aquí que prestara atención particular al enfren tamiento contra el clero católico, el cual inculcaba en los cubanos la idea de la
aceptación del poder colorúal español. Refiriéndose a ello Varona indicaba:
El clero católico der.ende de un soberano, es en todo sentido, monárquico; todo en el, en su mentalidad. en sus costumbres, en la
. práctica de su vida, está sometido a un poder despótico, el más
despótico del mundo occidental, y aspira a moldear tanto su cerebro como sus hábitos exteriores.2~
Las ideas independentistas estaban en abierta contradicción con las
mantenidas por el clero, puesto que este era en su totalidad español. Incluso una vez lograda la independencia de España, el clero mantuvo su poder
tanto en la vida econ6mica como en el plano ideológico. Varona había
saludado lo que consideró una de las conquistas más importantes de la guerra de independencia, la total separación de la Iglesia del Estado; pero

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SigloXIX

P. Guadarrama González: ]Olé Varona en lafil01of(a cubana

53

comprendía que mientras el clero mantuviese sus ~rivilegios así como ~e
nexos con los poderosos peninsulares, que manteruan el control de vanos
sectores de la economía cubana, y su predominio ideológico sobre la mayor parte de la población cubana, la lucha sería difícil. Varona se opu_so
al control que mantenía la Iglesia sobre los cemente~os, ~ que los func1°;'
narios civiles asistieran a la iglesia durante los matnmoruos y se lamento
del poder que ejercía esta situación sobre nuestro pueblo, fundamentalmente sobre las mujeres. Al proceso de ofensiva ideológica desatado por el
clero católico en Cuba una vez establecida la república mediatizada, Varona lo denominó ''la reconquista", genuina expresión del real objetivo de
los intereses económicos de España.

la concepción materialista de la historia no exagera de ninguna manera el
papel del factor económico al considerarlo como el determinante en última instancia en la compleja red de las relaciones sociales. El análisis de la
situación socioeconómica de nuestro país en esa época condujo a Varona
a considerar la significación especial de tal factor; por eso en otra ocasión
expresaba:

AJ filósofo cubano le preocupaba extraordinariamente el daño que
causaba la Iglesia al pueblo cubano. Su aspiración era una sociedad en la
que el hombre se sintiese liberado de los prejuici_?S religiosos y alc~zase
confianza en sus propias fuerzas. Esto no lo podía asegurar una soc1~dad
en la que la Iglesia disfrutaba aún de un poder casi s~milar,f de l~ tle~pos medievales y en la que se estimulaba el oscuranbsmo. En las 1gles1as
abren enormes ventanales-expresaba el pensador cubano- y los tapan herméticamente con vidrieras espléndidas. Símbolo transparente. Gran apariencia de aire y luz, gran realidad de confinamiento y so~bras. ~'23 Sól?
eso puede asegurar cualquier religión, estimular la ignorancia,.. la msegundad y el pesimismo ante el futuro humano. Si bien la solución brindada
por Varona a través de la difusión de la ciencia y la c~ltura_ en gene_~-era
insuficiente por cuanto la verdadera fonna de combatlr las ideas religiosas
consiste en transformar revolucionariamente la sociedad que las engendra,
es decir erradicar los males sociales que sirven de marco propio para la penetración de las ideas religiosas, no es menos cierto que en las condicion«:5
de Cuba -tanto durante la época colonial, como durante las primeras decadas del presente siglo-, la labor ateísta del filósofo cubano, aun cuando
estuvo enmarcado dentro de los parámetros del atéísmo bmgués, resultaba
muy meritoria.

Resulta claro que cuando él se refiere a la estructura económica de la
sociedad no indica explícitamente hacia las relaciones de producción, pero
¿a qué otra cosa se refería cuando realizal)a sus brillantes análisis económicos sobre las causas de nuestras justas guerras por la independencia,
sino como él mismo indicaba a la forma en que estaba distribuida la propiedad, a la silllación desesperada de la mayoría de la población, etcétera?
Este criterio alejaba al filósofo cubano de la sociología positivista en la medida en que lo acercaba a la concepción materialista de la lústoria.

a mis ojos la causa más eficaz de la inestabilidad que presenta
nuestro pueblo desde hace casi un siglo, ha de buscarse en su estructura económica; en los cambios que ha sufrido y en la repercJsiÓn de ese hecho capital en los elementos de nuestra vida colectiva.36

DI.

Esto no significa que Varona mantuviese una consecuente posición
material respecto a la vida social, ya que evidentemente se deslizaba hacia el idealismo cuando no comprendía el papel de la lucha de clases como
motor del desarrollo en las sociedades clasistas y la suplantaba por la teoría
positivista del progreso social, así como cuando consideraba modificar la
sociedad a partir de un mejoramiento de la educación y de los sentimientos
humanos. Su concepción respecto al desarrollo social en los momentos en
que entroncaba con el materialismo, eraen su forma contemplativa, ya que
aun cuando reconocía el papel esencial de las condiciones objetivas materiales de la sociedad en cualquiera de sus esferas, no se planteaba la acción
práctico-revolucionaria del hombre en la transformación de ellas, sino que
se mantenía en las posiciones de un evolucionismo extrapolado que lo hizo
adoptar una actitud reformista en la vida política.

Si bien Varona no escribió muchos trabajos dedicados específicamente
a los problemas sociológicos -los de mayor significación fueron "El bandolerismo" (1888) y "El imperialismo a la luz de la sociología" (1905&gt;-:"
en toda so obra filosófica, literaria, docente y política se expresan sus cnterios sociológicos. Su labor como profesor de sociología de la Universidad
de La Habana le hicieron abordar múltiples problemas en este terreno, que
desgraciadamente no fueron recogidos para su publicació~. A pes3!" de que
no escribió un texto sobre esta materia y para la docencia empleo la obra
del norteamericano Franklin Giddings, Fundamentos de sociolog,'a, no

El predominio de una concepción evolucionista hizo que Varona no
pudiera resolver adecuadamente la correlación entre lo social y lo biológico
en el hombre y lo lle"Vase a compartir en det:erminados momentos de desarrollo de su pensamiento filosófico algunos criterios del darwinismo social
Había partido del supuesto que "en el crecimiento de un grupo humano no
vemos leyes distintas a las que presiden el crecimiento de un organismo individual, lo que cambia es la esfera de la acción más amplia y los resultados
infinitamente superiores•~ 3 7 Esto significaba que por entonces no comprendía cabalmente la especificidad del movimiento social, al reducir ai

-

�54

·1

Siglo XIX

complejidad a una interpretación biologizante; por eso aseguraba que "la
sociedad es un organismo, la correlación que existe entre sus partes comp0nentes no permiten que estén dañadas las entrañas sin que se resistan las
extremidades".38 Los elementos de darwinismo social, que podían apreciarse en sus palabras, constituían una reducción de una forma superior del
movimiento de la materia a la que la precede. En esto radicaba su principal
defecto, pero en definitiva esta concepción partía del reconocimiento de la
objetividad de ambas formas de movimiento lo que puede ser considerada
como una forma de materialismo metafísico, ya que simplifica esas relaci0nes y no comprende dialécticamente la riqueza de la multifacética interacción dd hombre y la naturaleza. Por otro lado se debe apuntar que esta
concepción constib.iye un intento de análisis sistemático del desarrollo social, que en el caso de Varona se expresa al considerar la existencia de una
conexión orgánica entre cada una de las partes y su significación en la conformación del todo por lo que no podremos negar tampoco la existencia
de algunos elementos dialécticos en su concepción, condicionados por el
propio evolucionismo.
Toda concepción socialdarwinista encierra en esencia una postura
reaccionaria porque siive como instrumento justificatorio de la desigualdad social y de la dominación de unos hombres sobre otros por medio de
la aceptación de la lucha por la existencia. Varona en cierta forma llegó a
compartir estos criterios cuando afirmaba que
el contacto y la vecindad de dos organismos sociales produce entre ellos reacciones ineludibles. Cuando un organismo más débil
-y todo orgarúsmo que empieza, por lo mismo que comienza a
surgir, es débil, más débil que uno que ya empezó y que está
adaptado a las condiciones que le ha permitido su vida- entra en
contacto con otro superior, las relaciones que se establecen entre
ellos pueden ser provechosas o dañinas al nuevo organismo, según
la vitalidad que tenga y desarrolle; esto no obedece a ningún plan
político, depende de la acción de contacto entre los organismos
sociales.39
Partiendo de esta opinión debía arribar a la conclusión según la cual
en el desarrollo social todo depende de la lucha natural y lo social quedaría en un segundo plano. Todo parece indicar que hubo ocasiones en la trayectoria ascendente de su pensamiento que zigzagueó y afloraron estos elementos biologizantes, como cuando señalaba:
La naturaleza es horrible en su indiferencia, lo mismo pulveriza la
flor espléndida y el insecto nacarado, que al águila caudal y al
hombre, coronado de presunción, horno sapiens. En el presente
y misterioso combate que libran la creación y la destrucción, la
victoria es siempre del más fuerte. Todo organismo para vivir necesita destruir a otro organismo.40

P. Cuadarrama Gonziiez: Jo,é Varona en la filo,oft'a cubano

55

Está demostrado el carácter anticientífico de esta concepc10n, que en
última instancia pretende tergiversar la aguda lucha de clases que se libra
en la sociedad capitalista. Engels al respecto expresaba que
por sí sola, la concepción de la historia como una serie de luchas
de clases es mucho más rica en contenido y más profunda que la
simple reducción a las diferentes fases, poco variadas entre sí, de
la lucha por la existencia.41
Esto no significa que Varona dej~e de reconocer la existencia de las
clases sociales y de su lucha, pero en ocasiones las diluyó en este combate
"natural", en e1 que de acuerdo con dicha concepción la sociedad se autodepura al eliminar a los menos resistentes. Con el objetivo también de alcanzar un mejoramiento social llegó a sostener . :.alsa teoría de los caracteres adquiridos por medio de la herencia que pennitiría un perfeccionamiento de las nuevas generaciones y un progreso en la moral 42 El filósofo cubano llegó a valorar ese proceso de selección social como el fundamento sobre el cual descansa la evolución social Según él, la ley fundamental que rige la vida de las sociedades así como la de todos los organismos en general es una evolución incesante, o sea, una adaptación continuada a las circunstancias externas, merced a la transmisión hereditaria de
los carácteres útiles, adquiridos por variaciones y modificaciones lentas en
el curso de la existencia individual y colectiva.43 A partir de este principio
Varona deriva un conjunto de leyes particulares que también coincidían
en gran medida con la sociología spenceriana.
Consideraba necesario conocer el funcionamiento de esas leyes a fin
de poder dirigir científicamente la sociedad, por lo que recomienda especialmente a los gobernantes su dominio a fin de dirigir armónicamente el
desarrollo social: según él, el desconocimiento de las leyes que presidían
la evolución social era una de las causas del malestar reinante en toda
época.44 · conformidad con Spencer, Varona consideró que en todas
partes se produce "una evolución constante de lo simple a lo compuesto,
de lo homogéneo a lo heterogéneo, de lo indefinido a lo definido y organizado "45 , y piensa que la "manera de funcionar de cualquier organismo es
la sucesiva diferenciación y subordinación de partes, sistemas y órganos". 46 Es innegable que estas tesis no carecen de ingenio y pueden indicar algunos aspectos del desarrollo pero no expresan su esencia, no señalan sus leyes fundamentales. Estos conceptos resultan imprecisos y no permiten efectuar un verdadero análisis científico de la sociedad, pues como
indicaba Lenin "...El propio concepto de 'diferenciación', 'heterogeneidad', etcétera, adquiere distintos significados según a qué ambiente social
se aplique.. .'~ 47 En verdad esta concepción desvía su atención del elemento esencial que define el desarrollo social, es decir, el grado de correspondencia existente entre las fuerzas productivas y las relaciones de pr0-

�56

SigloXIX

ducción de una formación económico-social históricamente determinada.

1

'

La teoría de la diferenciación social sirvió a la sociología positivista
para presentar la desigualdad entre las clases como al~o natural._ Este _argumento de la ide~logía burguesa que pretende eternizar, la exis~enc1a de
las clases se reveló en Varona en la ocasión en que busco sus or1¡?;cnes en
la distinción progresiva de los órganof que se llaman clafes soc~les que van definiéndose y acrecentandose cada vez mas, adqu1rie~do mayor suma de fuerza y obligándose recíprocamen~e a
concertar sus acciones para que r~1;11ten eficaces, es _su cu~hdad
característica, su regla, la cooperac10.!1; la depe~dencia re~tproca
de las partes, que asegura la au tonom1a de las unidades s?c_1~es; la
importancia creciente ~~l individuo en_ el ~stado, la div1S10_n de
los poderes y la formaoon de una conciencia y voluntad nacionales.48
De esta forma pretendía argumentar la n_ecesidad de_ una armonía entre las clases y evitar todo conflicto que pudiera conducir a la lucha entre
ellas y a la revolución social.
Varona consideró durante el primer período del desarrollo de su pensamiento filosófico que en la sociedad burguesa se rroducía un proc'.~º de
heterogenización que iba diferenciando cada vez •~ás a las clases sociales ,Y
automatizando en lo individual las relaciones socrales. En verdad ocurna
todo lo contrario, ya que como demostraron científicamente Marx Y
Engels:
Nuestra época, la época de la bur~es~a, se distingue, sin embar~o,
por haber simplificado las contra~cc1ones de clase. Toda la soc,~dad va dividiéndose, cada vez mas, en dos gra1;1des campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.49
Y a pesar del carácter velado que en ocasione.:' adopta la explot~ción
del hombre por el hombre en esa sociedad, escudandose tras las consignas
de igualdad, libertad, derechos humanos, etcétera, el r~~en capitalista ~s
tan antihumano como las anteriores formaciones econom1co-sociales claSIStas y queda excluida cualquier posibilidad de. armonía entre las clases.
El filósofo cubano consideró en aquellos momentos que las clases sociales a las que denominaba órganos del organismo social ne~esariamente
tienen que interdepender, cooperar y sobrellevarse a fin de evitar los gr~ndes conflictos sociales: las revoluciones. Su ideología burguesa lo llevo a
concebir múltiples fónnulas irrealizables para tra~r de me~orar_ ª'!°_ella
sociedad, por la vía pacífica y moderna, pero las c1rcunstancias h1ston~as
lo empujaron hacia una mejor comprensión del papel de fas transformac10-

P. Guodarroma González: Jo,é JIarona en la filo1of(o cubano 57

nes revolucionarias. Cuando Varona analizó las causas que motivaban las
necesarias guerras por nuestra independencia las encontraba en las excesivas cargas fiscales, en la enonne deuda exterior, en la diñcil situación de
los ~roductores de az~~r, de los sembradores de caña, en la falta de capital e1rculante y de creditos para la producción y como lógica consecuencia
de todo esto el incremento de braceros desocupados. Este estado de cosas
lo condujo a la conclusión de que "la revolución era solo cuestión de tiem.
po en Cuba ". 50 Y resulta significativo que su espíritu de moderación no se
convirtió en un obstáculo para comprender el carácter de aquella guerra.
Así, al ofrecer una valoración justificatoria de ella, llegó a afirmar:
La guerra es una triste necesidad. Pero cuando un pueblo ha agotado to~o~ los medios h1;Ullanos de persuasión para recabar de un
opresor mJUsto el remedio de sus males; si apela en último extremo a_ la fuerz~ co? el fin de repeler la agresión permanente que
constituye la tlrama, ese pueblo hace uso del legítimo derecho de
defensa y se encuentra justificado ante su conciencia y ante el
tribunal de las naciones.SI
De es~e modo, V_arona se fue convirtiendo en uno de los más grandes
propagandIStas de la Justeza de nuestra lucha desde las columnas de Patria,
al co~npren~cr que sus i~s liberales n°?ca podrían realizarse bajo la hege~001a espanol~, como ilusamente hab1a pensado durante su anterior periodo autonomista y en este aspecto también su actitud lo llevaba a romper con algunos de los principios de su concepción evolucionista sobre el
desarrollo social.
En definitiva a él nunca se le había escapado por completo el hecho de
que el desarrollo de la sociedad era mucho más complejo que el de la naturaleza, de alú que insistiese en que el hombre debía emanciparse de los mecanismos que pudieran acercarlo al animal. Ya desde sus célebres conferencias filosóficas había dejado esclarecido su criterio respecto a la evolución
sociológica como
La más compleja y vasta de todas, en que los individuos son tribus, razas, pueblos, grandes naciones, donde los períodos son las
edades históricas, y cuyo apogeo estará en esa cumbre tal vez
ideal y por lo mismo no imposible, a donde acudirán los' pueblos
a hacer patente el secreto de su común solidaridad, donde se romperá el pacto táctico de la eliminación por la guerra, y se redactará el código de la paz universal.52
. Pudiera parecer que existe una contradicción polar entre las ideas biologi~tes sobre el desarrollo soci~ de V~ona por un lado y la actitud que
asum10 ante nuestro proceso de liheracion nacional, pero en realidad se
trata de que aquellas ideas son aceptadas tomando en cuenta su supuesta

�58

Siglo XIX

P. Guotlorromo Go,míla: Jo,é Varona en la JD-qffi, culiwnc 59

base científica sobre la que se presentan, pero en la medida que transcurre el proceso histórico nacional el pensador cubano se percató de la propia
esencia reaccionaria de esas ideas y de la función ideológica que desempeñaban en el contexto lústórico en el que habían sido engendradas, al justificar la dominación colonial de unos pueblos sobre otros. Este factor hizo
que paulatinamente se debilitara la tendencia social darwinista en su enfoque sociológico.

la necesidad histórica de aquel proceso emancipador y propag¡¡ba sus ideas
convenciendo con cifras y con hechos que el podei español sobre Cuba estaba condenado a &lt;ie{laparecer y al pueblo le correspondía la misión de derribarlo. Haciendo una valoración de aquellas cÍrCUlllltancias Va,:ona escribía:
Martí desembarcó en Cuba con el JCDeral Gómcz y cuatro compañeros más. Antonio Maceo invadio a Baracoa con 20 homlrcs.
S~ audacia habn'a sido demencia pura y simple, si no hubieran sabido que los aguardaba un pueblo entero, dispuesto a seguirlos a
la victoria o la muerte. La historia no presenta ejemplo igual. El
valor, de_ es~ hom_bres n~ tiene paralelo. Pero su acción política
habna Sido mcxphcable sm un hecho capital (..•) El pueblo de
Cuba op~do, vejado, burlado, arruinado y desesperado estaba
resuelto a mtentar un supremo esfuerzo por derrocar el poder que
lo oprimía y solo anhelaba jefes que le marcaran el ca.mino.SS

Al analizar esa complejidad y especificidad del desarrollo social, Varona observó la existencia de mecanismos muy superiores a los existentes en
la naturaleza, y por esa vía llegó a una acertada comprensión del problema
del papel de las masas populares en la historia y su correlación con las
grandes personalidades. En este aspecto dejó atrás su darwinisrno social )'
los obstáculos que interpone la ideología burguesa a la concepción científica de la historia. Así Varona expuso objetivamente la dialéctica interacción que se produce entre los grandes hombrt&gt;S, los dirigentes de los procesos sociales y las masas populares. El criterio varoniano tuvo que enfrentarse a las teorías de Carlyle y Emerson, quienes sobrestimaban el papel
de las personalidades y omitían el de las masas, en tatlto que para el pendor cubano esos individuos eminentes eran realmente producto, antes de
ser causa del progreso social. 53 La verdadera fuerza motriz del proceso
histórico Varona la encontraba en las masas populares, por eso escribía:
"hoy los grandes actores en el drama de la historia no son los principales
de los pueblos, sino los pueblos mismos". 54 Lógicamente se percataba
de la necesidad de los grandes hombres, de su papel en determinadas circunstancias históricas, pero comprendía que en última instancia lo determinante era la participación de las masas populares:

De esta manera, Varona exponía su concepción sobre la forma en que
se revela la necesidad histórica con la casual aparición de las grandes personalidades. La lucha por la independencia era imprescindible, podría
demorarse años más o menos en dependencia de múltiples circunstancias,
entre las que figuraban la aparición de sus dirigentes, pero era un hecho
inevitable. El lugar de lo casual quedaba para él explicado al señalar que
en t~o momcnt~ histórico hay siempre algo accidental, que no
convJCne codfundir con lo permanente. Lo accidental son los
hombres que representan una situación. Lo permanente son las
ideas que conforman un estado social.59
Esas ideas las concibe como un reflejo del mundo, que se co.rresponde con las exigencias objetivas de 1a sociedad y toman fo.rma en la conciencia de los hombres encargados de transformar la realidad.

los hombres superiores son útiles -expresaba en 1886-, pero no
incmpensables. Los pueblos no deben esperar milenarios ni mesías, deben saber que el trabajo continuado de los pequeños es el
que realiza las obras colosales que luego se atribuyen a los grandes.SS

Y en 1905 insistía en el hecho de que "los pueblos son los que se labran su propio destino";56 sin embargo Varona no dejaba de reconocer
que las personalidades eran expresión también de la necesidad histórica
y no son solamente resultado de lo casual. Por eso en plena campaña ideológica durante la guerra del 95 señalaba: "ningún hombre es indispensable, pero en ciertos momentos hay hombres que encarnan grandes fuerzas
políticas o sociales, las que se menguan con su pérdida ".57 Esa era la real
situación que se produjo en aquellos momentos de la lucha del pueblo cubano tras la caída de su máximo dirigent,., José Martí. Sin embargo, aun
en tales circunstancias, al efectuar el análisis sociológico de aquellos momentos de nuestra historia, Varona se c::-ecía al ofrecer una comprensión de

•

Esta concepción de Varona no sólo se plasmó en el terreno de la acción poütica sino tamlién en otras manifestaciones de la vida material e
intelectual de la sociedad, en el arte, en la ciencia, etcétera, cuan~ planteaba:
los sabios profundos, los grandes maestros, los ingenios eximios
no se producen espontáneamente, si.no que: son ammcjados y prometidos por una gran cultura científica, artística o literaria. Es
decir, que donde llegan a señalarse vigorosamente esas individualidades, van dejando debajo de sí otras muchas menos caracterizadas que le sirven de base y sustento.
Tal comprensión descansaba en el presupuesto enunciado pOI." él de
que "en 1a sociedad todo es colectivo".61 De ahí que resulte extraordina-

�P. Guadanuma Gonzcílez: ]o!é Varona en la filosofía cubana

60

11

61

SigloXIX

ya que abarca solo un corto período de su vida y no caracteriza la totalidad de su pensamiento. En verdad, mientras Varona sostenía una concepción definitivamente determinista se alejaba más del pesimismo, pues confiaba en las posibilidades humanas de transformar la realidad natural y social y ponerla al servicio del hombre al conocer éste las leyes que la rigen.
De igual modo, resulta errónea la interpretación que atribuye al determinismo de Varona la negación de la libertad, como asegura Vitier, 65 ya que
por el contrario, Varona piensa que el hombre actúa con libertad, con conocimiento de causa y transfonna continuamente la desconocida necesidad
en necesidad consciente, en libertad. Precisamente en este aspecto se revela
su comprensión dialéctica de esta correlación que expuso por primera vez
aJ afirmar:

riamente valiaio que .haya podido elaborar una co~~,l&gt;ción ~pecto a esta
problemática que la distanciaba no solo del pantivtsmo smo del -~nsamiento filosófico y sociológico burgués en ·general que se_ ha, ~actenzado
por ignorar -el papel de las masas y pres~~tar los hechos histoncos como el
pr&lt;,.lucto de voluntades aisladas o dec1S1ones personales de, los hombres
"superiores". Es indudable que en este aspecto Varon~·_5l:,3c~rcó a,l~ concepción •materialista de l,ll historia: sin embargo, su pos1C1on 1deologic~_le
impedía realmente coincidir p,lenamente ,con _la 'verdadera comprens10?
científica del problema de. la dialéctica interrelación en~re las personalidades y lás masas en la lústoria. En primer lugar, porque el co~cepto de
masas y de pueblo que tyvo Varona, se infiere de sus planteam1e~tos, era
muy amplio y abstracto e i~lu~a prácticamen!e ~ todos !os m1em~r.os
de la sociedad. Resulta comprens1hle que tar criterio estuviese condic1&lt;:
nado por las ciréunstancias especifi~s de nuestro pa_ís, en el, que la domf- . ,
nación colonial inducia a agropa,t en un todo comun. al pueblo cuhan~,
para enfrentarla factor este que incidió junto a su arraigada ideologia
bur~esa en el hec~o de que el pen5:1dor _cubano no ef-ectuara un análisis
mucho más objetivo y por tanto daS1sta sobre las masas populares Ysu pa·
pel ·en la historia.·
'

el hombre no puede por tanto sustraerse al determinismo, pero sí
puede en cierto modo educarlo y guiarlo, que es aquí vencerlo.
No es un autómata; mas para no serlo se necesita cultivar tanto la
inteligencia como el sentimiento: la educación es su verdadera redentora.66

Esto demuestra el carácter insostenible de las tesis que pretenden alejar a Varona de la verdadera concepción científica. En realidad Varona en
vez de alejarse del detenninismo se aproxima a él en tanto que se alejó del
fatalismo y de la doctrina del libre albedrío, pues como señaló Lenin la

IV.
Todo el análisis sociológi.co de Varona _partía de una con·cepción profundamedte detenninista del 11mndo, que en lucha tinto contra el volunta- . ·
·rismo como contra el fatalismo encerraba profundos elementos dialécticos Y
materialistas. Su ·cr,i'terio detenninista partía del planteam~nto de la causalidad como ley fundamental que rige el desarrollo de todos los fen?'"enos de la realidad. "El prjncipio de causalida~d -afirmaba en sus Nociones
de Lógica-; niega 'fe los fen?menos se sucedan _unos a ?tros sin regla Y
por puro capricho. 1;2 Este mtsmo punto de parbda hab1a tomado en su
agu_da polémica con Teófilo Martínez en la.Universi~d de La Haba~a,- en
la que expuso sus ideas contra las llamadas causas pnmeras y,defendío una.
firme posic_ión detenninista fi;ente a la t~oría del.libre.albedrío. En aquella
ocasión señalaba: "la causalidad implica el determinismo (...) En el pun-_
to a: que han llegado nuestros conociinientos, una fuerza libres _es el ma_yor ,
dE- los ahsurdos".63 Varona sabía muy bi~n que una p~ció11·que negase
él detenninismo justificaba de hecho la intervención de una fueria•sobrenatural de Dios en el desenvolvimiento de los fenómenos, y ·argumeptó su •
concepción sobre la base de su arraigado ateísmo.
El problema di\ la -coQCepción deterininista de Varona, al igqal que su
"ateísmo ha sido tergfyersadQ po!- la historiografí~ ~rguesa ~bre su pensamiento. Se ha tratado de presentar sil determuusmo como una consecuencia del pesimismo de sus últiptos afios, 64 1o cual resulta insos/teni1?_1e,

'

..

. ..

idea del determinismo, que establece la necesidad de los actos del hombre
y rechaza la absurda leyenda del libre albedrío
. \

...no niega en un ápice la inteligencia ni la conciencia del hombre, como tampoco la valoración de sus acciones. Muy por el contrario solo la concepción determinista permite valorar rigurosa y
acertadamente, sin imputar todo lo imaginable al libre albe-

drío ...67

Así el deterininismo varoniano afianzado en el papel del conocimiento
humano, en su función desmistificadora de la realidad, rechazaba de plano
el fatalismo.
La necesidad es objetiva y, por tanto, existe con independencia del
hombre; sin embargo, éste no se somete a ella como obediente cordero, el
hombre la conoce y transforma en la práctica social de lo cual Varona se
percata. Por eso expresaba: "el hombre no es libre, pero se hace libre.
Empieza por obedecer, acaba por escoger pero no escoge por capricho,
escoge detenninándose " 6 8 Al propagar esa concepción cuya esencia era
dialéctica y materialista, Varona difundía la idea entre nuestro pueblo de
que éste podría transfonnar aquella sociedad colonial. Esto significa que
su labor filosófica no solo poseía un profundo contenido teórico, sino que
constituía un instrumento que coadyuvaba al proceso de maduración de la

�62

SigloXIX

conciencia para la necesaria lucha por la independencia. De modo sutil, al
enjuiciar filosóficamente d papel de la actuación libre del hombre, criticaba a los indecisos y escépticos dd período de la tregua fecunda cuando
decía en 1888:
como por lo general nos sentimos meras unidades, elementos
más o menos coherentes de un vasto agregado, nos dejamos fácilmente arrastrar por el Ímpetu de los acontecimientos, nos sometemos sin luchar a las influencias externas, o nos consideramos
simples espectadores de los hechos que se desarrollan sin participación nuestra; antes que estimamos como fuerzas autónomas,
capaces de exteriorizar o apreciar todas las fases de lo objetivo,
de oponerle resistencia llegado el caso, y modificar al cabo y
aunque sea en pequeña parte, la dirección de su continuo proceso.69

Esta era una de las formas en que las ideas filosóficas del pensador cubano trataban de convertirse en arma material instando a participar activamente en la batalla pOI' la independencia que ya se avecinaba.
Incluso en el momento de la crisis de su pensamiento en que poso de
manífiesto algunos rasgos pesimistas, mantuvo Varona so concepción sobre
las libres posibilidades humanas de acción en el cauce de la necesidad. De
ese período es este pequeño diálogo en que plantea:
- La sociedad nos pone una camisa de fuerza.
-Cierto. Pero quítatela y verás. Ni Polifemo con su ojo sano.70

Esto demuestra que Varona toda su vida confió en la capacidad del
hombre para actuar con libertad en la medida que conoce las foenas naturales y sociales, en la medida que domina las leyes que rigen la realidad objetiva y actúan en correspondencia con ellas. Tales criterios de Varona se
fundamentaban en la extraordinaria corúianza que siempre mantuvo en el
progreso humano. Si bien su concepción del progreso había estado limitada por el evolucionismo positivista unilateral, ella le sirvió para difundir la
seguridad en la necesaria transfonnación de la sociedad cubana de entonces, que en primer lugar requería emanciparse del colonialismo español para exigir una sociedad democrática.
El análisis sociológico varoniano se realizó desde una óptica liheraJ.
borgnesa; por esta razón sus juicios no podían ser nunca genuinamente
científicos, no obstante sus aciertos, ya que la ideología burguesa invierte las relaciones reales que se producen en la sociedad y las acomoda a su
antojo a fin de justificar el statns existente. Sin embargo, el filósofo cubano no siempre fue consecuente con su posición de clase. En muchas ocasiones- se situó por encima de las posibilidades reales de desarroUo de la

P. Cuadarramá Gonzále:z: JoúJ Varona en la filowfú1 cubana

63

burguesía cubana de su época, la cual no fue capaz dt&gt; po11erSI' al nivel de
las aspiraciones de este representante de la ilustraciún. \ la ,,ar si&gt; situaba
también fuera del marco de los intereses de(':;¡¡ cla"" cuando as¡1iraba a mojorar las condiciones d" vida de obreros } campesinos y d,, otros S('Ctores
discriminados y explotados, cuando dcferulía los drrcchos cid negro y de
la mujer y, especialmente, este alejamic1110 se apreóa mucho más l'Uando
en sus últimos años reconoce que la sociedad capitalista está rondcnada a
desaparecer y sus sueños demoliheralcs se •,-eían aplastados con la aparición del imperialismo. Estas oscilaciones e11 su postura de ,.(ase se reflejaron en sus ideas sociológicas, que 94&gt; alejaban dt: la verdad objetiva en la
m~ma medida que se mantenían en el estrecho marco del pensamiento
burgués y alcanzaban mayor objetividad y carácter rientífico cuando intentaba superar esos parámetros y reconocía la rt·¡!;lllaridad objetiva del desarrollo social, al plantear la significación del factor ( conóm iro 1·11 éste, al
confiar en el horn bre y en sus infinitas pO!-ibili da des d, perfrccio11anúento.
al valorar el papel de las masas populares t·11 su interaeóón &lt;'011 las grandes
personalidades en la historia, al expr!'Sar la dial,;ctica eorr('lación entre la
necesidad y la causalidad, entre la neceüdail y la libt·rtad )' al a:,egurar, por
último el continuado progreso de la sociedad, más allá &lt;lel horizonte burgués. De ahí que resulten plenam('nte iálidas las idra~ ,le \nnando Hart
al afinnar que "la evolución de las ide.as d.., \ arona , a In lar¡?:o el,· su vida,
nos revela que alcanzó mayor rigor intt·lcctual ~ riq111•7a ,·ultural alü donde se acercó al movimiento popular'~ 7 1 De i~al marwra \ 'arona ,-(' destaca
respecto a sus contemporáneos latinoamericanos que S(' ltahían id1·ntificado con la filosofía positivista tanto por el valor d(' su análisis l&lt;'Óri,·o corno
por las proyecciones de su orientación ideológica.
La objetividad del análisis sociológirn varonianu :,,1• acrecentó en la
misma medida en que se desembarazaba dr- la idPoio11ía hur¡!:lll'sa y en proporción directa con el reconocimiento de la frustración ,le sus id,~les. Por
eso sus últimos juicios sobre el problema social PStán caracfrrizaclos por la
sostenida idea de que la sociedad progresa, pPro 110 hacia los rumbos que él
anteriormente había pronosticado, sino hada el socialismo. Realmente el
porvenir de la humanidad significaba la negm:ión de ~us a11 tt'riores aspiraciones, pero con honestidad insuperable expresaba f'n sus últimos años:
quienes como yo se hab1an nutrido de la savia del individualismo, ven cómo crece y se hincha la ola gigantesca del socialismo.
Y un verdadero desgarramiento se produce en nuestro espíritu.
La organización económica de esta sociedad está podrida 72

Y más tarde sentenciaba "vamos, sin qu&lt;'r&lt;·rlo o 11u1·rii·ndolo. hac:ia el
socialismo". 73

�64

Siglo XJX

P. Cuadarrama González: )&lt; .,é Varona en la füosof1'a cubana

Esto significaba el nivel más alto a que podía llegar el prnsador cubano en su análisis sociológico y en su ideología política. El período final de
su vida resulta muy valioso y esclarecedor para la comprensión de toda su
obra filosófica y sociológica, porque significaba la neg.ición dialéctica de
muchas de sus ideas anteriores. Aunque en esta época solo escribió aforismos, artículos cortos, ya en algunas cartas abiertas es apreciable su parcial
dejación de muchas de las cat~orías sociológicas que en sus años de madurez habría empleado. Esto no implica que hubiese roto del todo con toda
su anterior concepción sobre el desarrollo social, enraizada por tantos
años de meditación, pero es evidente que las transformaciones sustanciales
que operaron en su pensamiento en este último periodo, condicionadas
por los avances de la sociedad contemporánea con el advenimiento de la
época del socialismo tras la gran revolución de Octubre, dieron lu1!3r a qur
no aceptase ya como válidos muchos de sus anteriores criterios socioló¡ticos y políticos. Incluso sus referencias a Comte, Spencer y a otros n·1m·sentantes de la sociología positivista, desaparecieron prácticanwnlr.
En definitiva, Varona nunca se había visto atado por complt·Lo al
positivismo. Si bien se había nutrido de él y había acPptado all!l-1110.,; df!
sus principios fundamentales, fue siempre capaz de anali;r,ar los proLl,·mas sociales con la suficiente originalidad que le propiriaha su vasta rnltura y la agudeza de su talento. La realidad cubana } la latinoanwricana,
así como sus estancias en España y los Estados Unidos, Ir hahían s.-rviclo
de fuente directa de infonnación y objeto de análisis para el rnfoqur so•
ciológico con una óptica propia.
No cabP- duda que las ideas filosóficas de Varona constituyP.11 una ele
las más altas expresiones del pensamiento filosófico y sociológico burgui:s
latinoamericano de fines del siglo XIX e inicios del XX, el«· profundo sentido progresista y significativo para nuestra herencia cultural. El estudio
de su pensamiento confirma plenamente las sustanciales orientaciones que
nos ofreció Juan Marinello, al indicarnos que "el balance final fue favorable': 74 Las huellas que dejó la polifacética labor de Varona en distintas
esferas de la cultura y la vida social de nuestro país le hacen ocupar un lugar de honor como una de las más valiosas figuras de nuestra filosofía, al
constituir un eslabón más en la transición de los objetivos de liberación
nacional de nuestro pueblo hacia la emancipación social.

-

65

NOTAS

1. E.J. Varona: "El positivismo". Revista de Cuba. La Habana, 1878, t. 111, p.
175.
2. E.J. Varona: Fundamentos de la moral. E~torial Appleton, New York, 1914,
p.42.

3. E. J. Varona: "Libreta de pensamientos", 11 (manuscritos de su biblioteca personal), p. 29.
4. Véase C. Marx. y F. Engels: Obras escogidas. Editorial de Lenguas Ext:ranjeras,
Moscú, 1955, t.11, p. 386.
5. Véase C. R. Rodríguez: 1-imdam&lt;'ntos. La Habana, 1949, p. 408.
6. E. J. Varona: Estudios literarios y filosóficos. Imprenta la nueva principal, La
Habana, 1883, p.196.

7. L J. Varona: Curso de psico/og1Íl. Imprenta La moderna poesía, La Habana,
1905, p. 485.
8. 1·. J. Varona: Co11/PrP11cns filo.&lt;óficas (Serie moral). Establecimiento tipográfico O'Rcilly, 1888, pp. 149-150.
9. E. J. Varona: Co11feren&lt;'Ías sobre los fundamentos de la moral. Editorial Appleton, Ncw York, 1918, p.182.
1O. 1. J. Varona : Co11f&lt;•re11ciasfilosóficas, citado, pp. 161-162.
11. l,J.,m, p. 153.
12. 1-.. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XXXIl, 127, Año XI, La Habana, 1923.
13. ldem, p. 193.
14. E. J. Varona: "Libreta de pensamientos" (manuscritosde&amp;1 biblioteca personal), p. 76.
15. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XIX, 76, Año Vll, La Habana, 1919,p.
146.
16. V J. Lenin: Obras completas.
17. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t.XlX, 76, Año VII, La Habana, 1919, p.
355.
18. E. J. Varona: Cuba Contemporánea, t. XXXIJ, 27m Año XI La Habana 1923
p. 33.
'
'
'
19. E. J. Varona: Cuba rlrtútica. La Habana, 1917.
20. E. J. Varona: "Con el eslabón" (manuscritos de la Biblioteca Nacional. Colección

�66

P. Guadarramo González: Jo,é Varona en lafilosof(a cubana ú7

Siglo XIX

cubana), p. 9.

40. E. J. Varona: "Días después". Desde mi beluedere, Imprenta Rambla, Bouza y
Cía, La Habana, 1907, p. 77.

21. R. Roa: "Palabras del doctor Raúl Roa Gama en su investidura como profesor
de mérito de la Universidad de La Habana". Crenmo, 25 de abril de 1977, p. 3.

41. F. Engels: Dialéctica dela naturaleza. Editorial Grijalbo, México, 1961, p. 266.

22. E. J. Vuona: Cubo Contemporáneo, tJ(IX, 76, Año VD, La Habana 1919, p. 35

42. Véase P. Guadarrama: "Las ideas éticas de E. J. Varona" .Islas, No. 55-56,
setiembre de 1976, pp. 171-205.

23. E. J. Vuona: "Ubreta de pensamientos" (manuscritos de su bilbioteca personal), p. 87.
24. C.R. Rodríguez: ''Varona y la trayectoria del pensanúento cubano", (Homenaje a Enrique José Varona). Municipio de La Habana, 1949, p. XXV.

25. R. Agramonte: D peRHmientQ filo,ófico de Varona. Editado por la Universidad de La Habana, 1935, p. 83.
26. E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América". Estudios
y conferencta$. Edición oficial de las obras de Enrique José Varona. La Habana,
1936, p. 86.
27. E. J. Varona: KE} imperialismo a la luz de la ,ociología". Antimperiolismo y república. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1970, p.112.
28. ldem, p.128.

43. E. J. Varona: Fundamentos de la moral, Editorial Appleton, New York, 1903, p.
175.
44. Véase E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América".
Estudios y confe,rencias, citado, p. 82.
45. E. J. Varona: Conferencias filosófiros (Serie lógica). Editorial Miguel de Villa,
La Habana, 1880, p. 1 7.
46. E. J. Varona: Curso de psicologfo, citado, p. 43.
47. V. l. Lenin: "Contenido económico del popularismo". Ob. Cit., t. l, p. 431.
48. E. J. Varona: "Discurso pronunciado en el teatro La Caridad de Santa Clara
el 15 de julio de 1889". De la colonia a la república, citado, p. 29.
49. C. Marx y F. Engels: "Manifiesto del partido comunista", Ob. cit., t. 1, p. 22.

29. l. S. Kon: Der PolitÍtlumus in derScniologie. Benin, 1968,p.105.

50. E. J. Varona: "En la Habana".Patria, 253, 3 de junio de 1896,NewYork,p.l.

30. Véase E. J. Varona: "Para UJIOs abogados". Cuba Contemporáneo, t. XXI, 84,
Año VD, La Habana, 1919, pp. 329-332.

51. E. J. Varona: D,, la colonia a la república, citado, r,. 39.
52. E. J. Varona: Conferencias filosóficas (Serie lógica), citado, p.17.

31. M. Vitier: l.As ideas y la filosof1á en Cuba. Edítorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1970, p. 422.
32. E. J. Varona: "Cavete cónsules, violetas y ortigas". Edición oficial de las obras
de Enrique José Varona. La Habana, 1938, p. 238.
33. E. J. Varona: "El bandolerumo". Reui,ta Cubana. La Habana,junio de 1888, t.
vn, p.482.

53. L J. Varona: "Emerson". Revisw de Cuba. La Habana, 1886, t. IV, p. 87.

55. ldem.
56. E. J. Varona: "El imperialismo a la luz de la sociología". AnlimpPrialismo y
república, citado, p.131.

34. F. Engels: "Carta a Bloch". C. Marx y F. Engels: Ob. cit., t. 11, p . 520.

57. E. J. Varona: "Cánovas". Patria, 377, año V, 11 de agosto de 1897, New York,
p. l.

35. E. J. Varona: "Abrimos los ojos". Art(culos. Publicaciones del Ministerio de
Educación, La Habana, 1951, p. 257.

58. E. J. Varona: "luz que ofust2". Patria, 217,año V, 29 de enero de 1896,New

36. ldem.
37. E. J. Varona: "El imperialismo a la luz de la sociología". Antimperialismo y república, citado, p. 113.
38. E. J. Varona: "El fracaso colonial de España". De 1a colonia a la repúbliro. Editorial Cuba contemporánea, La Habana, 1919, p.124.
39. E. J. Varona: "Sobre el sufragi.o universal". Por Cuba. Imprenta El Siglo XX, La
Habana, 1918, pp. 158-159.

York,p. l.
59. E. J. Varona: "Jamás Cuba fue servil". Artú:ulos, publicaciones del Ministerio
de Educación, La Habana, 1959, p. 295.
60. E. J. Varona: "Ojeada sobre el movimiento intelectual en América". Estudios
y conferencias, citado, p. 85.
61. E. J. Varona: "Los grandes", Revi,ta Cubana. La Habana, 1886, t. IV, p. 86.
62. E. J. Varona: Nociones de lógica. Imprenta La Moderna poesía. La Habana,

�68

Siglo XIX

Notas para una Historia de las Ideas
en Cuba (siglo XIX)

1902,p. 78.
63. E. J. Varona: "La metafísica en la Uruversidad de La Habana".Estudio, literario, foo,óficos, citado.

Gustavo Escobar Valenzuela*

64. R. Agramoote: Varona el filósofo del escepticismo creador. Editorial Jesús Montero. La Habana, 1949, p. 160.
65. M. Vitier: Varona maestro de juventudes. Editorial Trópico. La Habana, 1937,
p.189.

Para mi amigo cubano Luis Toledo Sande

66. E. J. Varona: Conferencias fí}.os6ficas (Serie psicologÍa). Imprenta El retiro, La
Habana, 1888, p. 140.

Es cubano todo americano de nuestra América y en Cuba no
peleamos por la libertad humana solamente; ni por el bienestar
imposible bajo un gobierno de conquista y un servicio de sobornos, ni por el bien exclusivo de la isla idolatrada, que nos ilumina
y fortalece con su simple nombre: peleamos en Cuba para asegurar, con la nuestra, la independencia hispanoamericana .

67. V. l. Lenin: "¿Qiiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los
socialdemócratas". Ob. cit., t. I, p.172.
68. E. J. Varona: Conferencia, filosóficas, citado, p. 411.
69. E. J. Varona: "Elogio del doctor Antoruo Mestre". Revista Cubana. La Habana,
1888, t. vm, p. 16.

José Martf

70. E. J. Varona: "Con el eslabón" (manuscritos de la Biblioteca Nacional, Colección Cubana), p. 3.
71. A. Hart: "Palabras pronunciadas con motivo del 70 cumpleaños del doctor
Raúl Roa", Granma, 28 de abril de 1977, p. 2.
72. E. J. Varona: "Balance" .Arti'aJlos, citado, p. 301.
73. E. J. Varona: "Declaraciones a El País". Documentos para la historia de Cuba
(Recopilación de Hortensia Pichardo). Editorial de Ciencias Sociales. La Habana,
t. JII, p. 446.
74. J. Marinello: " Respuesta a un ruestionario presentado al doctor Juan Marinello
por Pablo Guadarrama",lslu, 47, p. 110.

-

L a Historia 111· las lrlras rqm·srnla una importanh- disciplina co11 nolablr tradición en nueslra hisloria intelectual. Como a11tr1·cd1·11tcs ,;r han rr¡ristrado, por ejem¡.,lo, las olir-JS dr E¡¡;uiara ~ l•:¡,irf'II. ,1,, \lanriro ~ lo~
otros jesuitas del siglo \VIII: cnsa)OS rlaborados rn el siilo \l'\ rnmo la
Filo.wf(a en el Brasil, de Silv io l{omero (18,6), La Filosofta c11 la Yuern
f:spaña. dr -\ gustín Rivera (18%), Apu11taciones históricas de la filoso(ü,
en .\fé.rico, de Emeterio Valvrrd1· TPllez, en 1898, f:11sa_vo sobre la historia
del positi1,ismo en México, dr \gugtÍn Aragón (1898). El Pemamiento de
1mérica, drl argentino Luis Berisso, rn tre otras,l hasta llr¡¡;ar a obra::, fundam(•ntales ri&gt;alizadas en los últimos tiempos por autores 1·01110 Lropoldo
Zea, Francisco 1'1iró Quesada, Arturo Andri-s Roiµ;, \rturo \rdao, Luis
Villoro, Abclardo Villegas, Horacio Cerutti, ~lar¡i.arita V era. Ignacio ~oha
}, particulanncnte en relación con el tema que aquí abonlaremoti. los estudios de los escritores cubanos Medardo y Cintio Viticr, autom, "" o bras
esclarecedoras sobre el proceso &lt;le la historia dr las irlras e n Cuba.
La Historia de las ldi&gt;,as en Latinoamérica ha rt&gt;vf's tido a través dr su
desarrollo diversas modalidades que ya han sido estudiadas por \rluro \.
Roig. Ha estado ligada a una preocupación nacional, a un afán dr alcanzar
una caracterización de determinado pueblo latinoam&lt;'ricano ((•11 nul'stro
• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México.

�70

C. Escobar Valenzuela: La, idea, en Cuba en el 1iglo XIX

SigloXIX

caso el cubano), otras veces ha asumido la forma de una filosofía de la historia de América (recordemos aquí los valiosos trabajos de Leopoldo Zea),
de una ñlosofía de la cultura o de una filosofía del discurso filosófico. Sin
embargo, piensa Roig, mas.allá de las formas o de estos modos diversificados que ha adoptado la Historia de las Ideas, podríamos decir que ésta se
ha constituido como una forma de saber de América o de Latinoamérica.-.2
Sin desembocar en un regionalismo estrecho o en un chauuinismo, esta
forma de saber deberá entroncar en una búsqueda de lo propio, en ''un
intento de determinación de un perfil cultural y señaladamente de un destino social". Tales caracteristicas hacen qué la Historia de las Ideas rebase
los marcos puramente teóricos de la filosofía. "La historia de las ideas
-nos dice Roig- no es un campo de trabajo intelectual de esos que se los
define reduciéndolos a una fundamentación de posibilidad de tipo epi&amp;
temológico, obsesiÓfl típica de neokantianos y de hussedianos. ".3 Se trata antes que todo de un "saber de compromiso", de una vía plausible para reelaborar un saber historiográfico-filosófico, no sólo de los desarrollos
y planteamientos del pensamiento latinoamericano, sino también y necesariamente del pensamiento europeo que ha ido y va siempre involucrado
en nuestro pensamiento.
Por otra parte, la Historia de las Ideas, a juzgar por las modalidades que le
atribuye Andrés Roig, se presenta como una disciplina abarcadora en la
medida en que contempla aspectos políticos, sociales, culturales, de la vida
de nuestros pueblos. Para José Gaos, por ejemplo, la Historia de las Ideas
comprende tanto la historia de la füosofía como la historia del pensamiento. Por su parte, el mismo Andrés Roig entiende por Historia de las Ideas
un estudio de la función social de las ideas en el contexto de un
sistema de conexiones dado para cada momento histórico. No se
trata de rastrear las influencias dentro de un desarrollo inmanente
de las ideas filosóficas, no se trata tampoco de ubicar originalidades o de detectar retrasos de las oleadas de influencias. Se trata de
producir una ampliaci6n de la historia para dar cabida en ella tanto al pensamiento académico cuanto al pensamiento popular.
Tanto a las ideologías dominantes, cuanto a las ideologías de liberación de los oprimidos. El discurso filosófico no puede ser
leído con independencia de sus relaciones con el discurso político
y este último tiene formas de dominación y formas de liberación
que pueden caracterizarse formal y semióticamente.4
En un artículo denominado "Sobre el estudio de Ja filosofía latinoamericana", 5 Abelardo Villegas expJica el caracter interdisciplinario que
entraña la Historia de las Ideas, al ser auxiliada por disciplinas como la
sociología, la geografía, la filosofía y la literatura, pues "la novela y el
cuento pueden llegar a tener una transparencia ideológica muy grande"
Los vínculos entre literatura e Historia de las Ideas se advierten en obras
como El matadero de Esteban Echeverría que "plantea en la acción el

71

dilema de la civilización o barbarie que aguijonéo la conciencia de los
intelectuales ari¡entinos dd siglo XIX".6
Sin embargo la intervención del pensamiento popular en la Historia
de las Ideas ha sido poco estudiado. La obra de Juan Meyer, La Cristiada,
podría ser un ejemplo de lo que puede lograrse en este sentido.
No podemos soslayar el hecho de que los pueblos latinoamericanos
son tributarios, en la historia de sus ideas, de la cultura europea desde el
siglo XVI; sólo desde este siglo, afirma Augusto Salazar Bondy, "podemos
encontrar productos culturales definida mente filosóficos" ( esto si nos atenemos al registro de lo meramente filosófico). Pese a la influencia europea,
los filósofos y pensadores del siglo pasado en Latinoamérica no se dedicaron a reflejar en forma pasiva esta cultura, sino que le imprimieron, a la
luz de su realidad, su propio sello. Esto se puede advertir en el caso del
pensamiento cubano del siglo XIX que aquí apenas esbozarfmos.

l.
Según el historiador cubano Julio Le Riverend, en sus inicios Cuba fue
una colonia de escaso desarrollo: casi despoblada y carente de recursos fi.
nancieros, no tuvo una vida cultural de cierto valor hasta la segunda mitad
del siglo XVID 7 • Esta vida cultural se desarrolló dentro de los marcos de la
llustración, es decir, de la ideología que exaltaba el progreso y la razón como desideratas de la historia. Hacia finales del siglo XVID surgen personajes como Francisco Arango y Parreño (1765-1837), ideólogo de la burguesía que defendía la explotación de los esclavos y que consideraba que era
necesario divulgar los conocimientos necesarios para producir mejor y en
mayores proporciones el azúcar, el café y otros productos del agro. "Era
partidario de un comercio más libre, particularmente con Estados Unidos,
así como de la promulgación de leyes que abolieran una serie de prohibiciones e impedimentos económicos en cuanto a la propiedad de la tierra,
la crianza del ganado y el monopolio del tabaco"8 • También refiere Julio
Le Riverend, ~n su Breue Historia de Cuba, la importante labor científica
que por este tiempo llevó a cabo el médico cu han o Tomás Romay ( 1764
1849) al contribuir al perfeccionamiento de la enseñanza de la ciencia y al
librar al país de la viruela, enfermedad mortal en aquellos años, con la
aplicación de una vacuna 9 • Además de estas importantes manifestaciones de
la ilustración cubana, comenzaron a implementarse otras actividades de
carácter cultura~ tales como la publicación de un periódico, El Papel Periódico de La Habana, y la creación de la Sociedad Económica de Amigos
del País, fenómeno típicamente ilustrado, que a su vez impulsó la ciencia
y la cultura en general: por ejemplo, organizó la primera biblioteca pública del país. De esta manera, corno señala Le Riverend, "el aumento de

�72

SisioXJ.X
C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el siglo XIX

la producción (a finales del siglo XVIII) y del comercio vino acompañado
del desarrollo de la ciencia y de la cultura general "_10 Refirámonos brevemente a estos factores que contribuyeron al desarrollo de la ilustración
cubana, o sea, a todo un movimiento que va posibilitando cambios políticos y sociales significativos y que a su vez va conformando la nacionalidad cubana.
La Sociedad Económica de Amigos del País fue fundada en 1793
Y tiene larga y fecunda vida. Fue un instituto similar a las sociedades de
Amigos del País que aparecieron en la segunda mitad del siglo XVID
como parte de la poütica y acción educativa alentada por Carlos ID. Una
vez establecida, tuvo como primer presidente a Luis de las Casas. Las
primeras actividades que atendieron fueron las de la agricultura y la instrucción pública. En sus estatutos de 1846 se establecieron tres secciones
o áreas de interés que marcan las preocupaciones, que fueron mas bien
prácticas, de la época: agricultura y estadística, comercio e industria popular, e historia. Esta Sociedad fundó, conforme también a las preocupaciones de la época, una cátedra de economía política, instalada el 14 de
octubre de 1818, en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio,
siendo su primer catedrático Justo Vélez quien, en sus lecciones, seguía
de cerca el pensamiento del economista liberal J. Bautista Say, y trataba
de aplicar estas ideas a la realidad económica cubana. Justo Vélez logró,
en hase a sus propias lecciones, escribir un texto que "refleja un individualismo sistemático propio de la época. Alli lo que preocupa es el capital ;
para el trabajo, para et lado social y humano del problema económico, casi
nada. "11
A pesar de que Vélez escribió su libro en 1819, cuando ya Europa sentía las corrientes socialistas, teóricamente desenvueltas, prevalece, en su
obra, el individualismo burgués. De esta manera, escribe Medardo Vitier,
" se enseñaba, se escribía para un sociedad conservadora, de ideario (más
implícito que declarado) individualista. Más todavía: era una sociedad
minada por la nefanda institución de la esclavitud doméstica. ''12
La cátedra de economía política, después de que estuvo vacante dorate algún tiempo, fue ocupada por otro intelectual cubano: Antonio
Bachiller y Morales (1812-1889), que ha sido concebido como "americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso,
filósofo asiduo, ahogado justo, maestro amable, literato diligente. ''13
La obra más importante de Bachiller es, sin duda alguna, la que
con el _modest~ títtJ!o _de Apun~es para la historia de_las Letras y
de la mstruccion publica en la isla de Cuba, comenzo a publicar
en el J:aro -/ndustr~l y en la Revista de España, de Indias y del
extran1ero, de Madrid, y que al cabo recogiera en tres vólumenes,

73

en esta ciudad: el primero publicado en la impren ta de P. Massana,
calle de O'Reilly número 11 O en 1859, los otros dos, en ta imprenta del Tiempo, calle de Cuba Número 37, en 1860 y 1861.4
El enfoqu e que Bachiller le dá a esta f.amosa e histórica cátedra de
economfa política es diferente al de su antecesor: es menos in dividualista,
más orientado al problema humano y ético. A juicio de Bachiller la economía política no debe enseñarse "en vista sólo del libre jue{!;O dr los farlores materiales, es decir, tierras, medios de producción, caµital, labor huma•
na, mercados, oferta, demanda, etc., sino que el economista ha d1· incluir
la valoración ética entre esos hechos; ha de orientar la economía hacia la
justicia ". 15 De este m odo Bachiller tencüa convertir la economía política,
de ciencia meramente descrip tiva, a ciencia nonnativa. A propósito tlr este
cambio de enfoque que ex perimentó la e nseñanza de esta clisriplina en
aqu élla época, Me dardo Vitier recoge este repr&lt;·scnta tivo tex lo de Bachiller :
Vosotros oiréis que la economi'a p olítica es una ciencia enemiga
del hombre porque sólo atiende al poder mecánico que representa; es decir, que vale cuanto se aprecia una 1_náquina, y la parte
racional, el valor del hom bre como tal, se olvida enteramen te...
Recordaremos que su fin es la felicidad del hombre, que no puede existir sin justicia.16
Pero la Sociedad Económ ica fu n dó además de la cát1·dra de ceonomía polí tica, a la cual ya nos hemos referido, dive rsas cátedras y rscurlas,
entre las que se pueden destacar la aca demia de dibujo, cn·ada en L818, la
cátedra de contabilidad mercantil en 1845, la escurla d1• 111a11uinaria 1·11
1846, un c urso de dicado a parteras que se establrciú 1·11 ,.1 ll ospital d,·
Paula en 1831. La tónica o espíritu que se adv iertr r n todas estas cr,.aciones y actividades impulsadas por esta Sociedad, se traduce 1'11 una 1·s1wci1·
de realismo orientado hacia fi nes prácticos al mismo ti1·111 po que tra:..lu1·1·11
los ideales de la corriente ilustra da del siglo &gt;..'VIII. Pero ca bl' preguntar 1·11
qu é forma la Ilustració n europea se manifestó e n el contexto histó rico que
se pretende estu diar.
R ecordemos que la Ilustración presentó varias vertientes: a) una dirección filosófica que centra su interés en aspectos psicológicos y cognoscitivos y revisa la vieja concepción de la naturaleza humana. Bajo esta din·cción se enfren tan dos teorías centrales: el racionalismo que en el siglo
XVII había entronizado con Descartes, y el sensualismo difundido por filósofos como Hume, Condillac y Loc ke; h) una segu nda dirección es la r C'VOlucionaria que " busca cam bios positivos, alteración de las instituciones; el
derecho natural, la en ciclope dia, qu e culminaron en la declaración de los
derechos del hom hre. ' 'l 7

�C. E,cobor V alenzuela: Las idea, en Cuba en el 1iglo XIX

74

Pero ninguna de est.as direcciones de pensamiento tuvieron mayor resonancia en España, sin olvidar el movimiento liberal de las Cortes de
Cádiz y su Constitución. Mas bien la vertiente que predominó en España
y que penetró en sus colonias fue la filantrópica, huma~i~ria, de p!ogreso
nacional. La razón, la ilustración, el progreso eran las diVlSélS de la epoca y
acorde con estas se pugnó por una mejor sociedad, libre de trabas y selVidumbre. Signos visibles de este empeño lo fueron la Sociedad Económica
de los Amigos del País y publicacionefJ como El Papel Periódico de La Habana antes mencionado.
Este periódico comenzó a circular el 31 de octubre de 1790. Fue una
de las primeras realizaciones de la Sociedad Económica. Publicaba el arancel de precios al por mayor, infonnaba sobre compras y vent.as, la entr~da
y salida de los barcos, esclav,os, etcétera. lnserta~a d~, vez en ~~ando art1culos sobre educación y poesias. En 1805 la pubhcacion cambio de nombre:
se tituló Aviso hasta 1810, en que ya aparecía todos los días bajo el nombre de Diario.
Dentro de este marco, las exigencias tlustradas cobraron expresión en
el pensamiento del padre José Agustín Caballero -~1762-1835~1cuyas id~s
fueron un baluarte de modernidad y transformacion: combabo la filosofia
escolástica decaden-te y los anticuados métodos de enseñanza impuestos
por las jerarquías tradicionales de la Iglesia Católica. Para Medardo Vitier,
quien estudió con detenimiento la Historia de las Ideas en.Cuba dur~ te el
siglo XIX, el pensamiento del padre Caballero ( que por cierto fue ti,o del
ilustre Luz y Caballero) representa un notable antecedente de ~a epoca
crítica y de importantes cambios como los que se operaron en el siglo x_IX.
En efecto, pensadores como Caballero inician una tendencia progresista
dentto del pensamiento cubano y que se manifiesta en la defensa del
saber científico como medio valedero de conocimiento y el rechazo de los
métodos escolásticos. Esta tendencia va a tener continuadores destacados
como Varela Loz y Caballero y José Martí. Según Medardo Vitier las
solas ideas p~líticas, filosóficas, educativas, no explican por sí mismas las
causas profundas de esta crisis, pues

-

75

SigloXlA

toda sociedad lleva en su seno elementos suscitadores de cambio,
entre ellos, por supuesto, las doctrinas ~e una minoría; pero ést~s
deben apreciarse como factor conc_onntante, que aclara y preve,
no como raíz revolucionaria. La ratz se hunde en los soportes sociales, económicos,,espjrituales de la sociedad.18

I I.

Al reseñar las principalr.s ideas dt:sarrolladas en Cuba durante el siglo
pasado, es necesario tomar en cuenta para la ubicación de ims exponentes,

además de la Ilustración propiamente dicha, otras formas de pensamiento
que se derivan de aquella: el liberalismo, el positivismo y lo que estudiosos
del pensamiento cubano durante el siglo XIX, como Medardo Vitier, han
denominado realismo, el cual se manifiesta predominantemente en concepciones políticas y sociales.
Además, dentro de un ámbito esencialmente poütico, habría que
considerar las siguientes direcciones: el reformismo, el autonomismo, el
anexionismo y el separatismv. Destacados pensadores entroncaron con el
reformismo, como José de la Luz y Caballero, Antonio Bachiller y Morales, José Antonio Saco y otros. Hacia finales del siglo va a surgir, con José
Martí, una tendencia revolucionaria radicalmente separatista y antimperialista, que considera como improcedentes el reformismo y el anexionismo para cancelar la opresión española. Lo que Martí escribió contra el
autonomismo y contra la anexión, dice Marinello, podría recogerse en dos
gruesos volúmenes. No obstante, se vislumbra toda una continuidad histórica que ha. destacado muy bien el escritor cubano Cintio Vitier en su
obra Ese Sol del Muncro Moral, para una historia de la eticidad cubana,
cuyo título se inspira en una frase expresada por Luz y Caballero en una
histórica conferencia.
Ant.es que Cintio Vitier, Medardo Vitier, en su obra La Filosofía en
Cuba (1948), hacía notar al lado de la preocupación política que caracteriza al siglo XIX cubano, "de la emoción de la patria, ya velada, ya palpitante ( que) colora los temas de la ansiedad cubana", una tendencia metodológica y otra axiológica. La primera es expresión del pensamiento moderno (Descartes y Bacon, su preocupación por el método) mientras que la
segunda entraña "un fuerte eticismo de raíz cristiana, sin que falten reflexiones muy sugestivas, como aquella de Luz sobre el principio de utilidad:
'útil es un ferrocarril; pero más útil es la justicia" 18 (sentencia que emite
este pensador cubano en una de las polémicas filosóficas que se han consignado).
Por otra parte, en hase a este eticismo, Cintio Vitier traza los perfiles del pensamiento cubano aclarando que dicho eticismo no es privativo
de este pensamiento (puede hablarse de un eticismo mexicano, por ejemplo).
La eticidad cubana, para Cintio Vitier, se hace patente en "la captación
de un proceso espiritual concreto, el de la progresiva concepción de la
justicia, y las batallas por su realización, en la historia cubana".
Ahora bien, la eticidad cubana no se da en forma aislada y autónoma:
esa realidad es, en cada momento, el fruto de una interacción o
interpenetración de fuerzas. Se sobreentiende entonces que cuando aludimos a la posibilidad de una 'historia de la eticidad cuba-

�76

Siglo XIX.

C. Escobar Valenzuela: La, idea, en Cuba en el siglo XIX 77

na', no se trata de la historia de una sustancia autónoma, separable del acontecer económico, político y social, sino de una manifestación de éste, como cuando se hace la historia de la literatura
o de la economía; soro que esta manifestación es aquella en que se
clarifican los móviles y fines más generosos y creadores de la conducta. 20

latinoamericanos. Las conspiraciones fueron descubiertas y reprimidos sus participantes con graves condenas por las autoridades
coloniales. Uno de los comprometidos en esos proyectos fue el
gran poeta José María Heredia (1803-1839), cuya obra manifiesta por primera vez en la cultura cubana los valores y la inspiración patrióticas. 22 ·

A continuación caractericemos sumariamente las tendencias políticas
antes mencionadas como un mero recurso expositivo, pues no podemos
desligarlas de sus implicaciones filosóficas. Posteriormente revisaremos el
pensamiento de los principales filósofo; de esta época.

A principios del siglo XIX se manifiestan una serie de inquietudes políticas como resultado del grado de madurez lograda por la colectividad y
que va configurando gradualmente la nacionalidad cubana. Las ideas de reforma política atraviesan el siglo entero. "Ningún país hispanoamericano
registra un período tan largo y batallador como el de Cuba en sus demandas, pacíficas o armadas, por la libertad. ''23 Como sabemos el cubano
es el último de los pueblos hispanoamericanos en adquirir su independencia: ello Pxplica lo prolongado de sus demandas y luchas.

-

I II.

Remontándonos al siglo XVI, observamos en Cuba un sistema de
explotación e injusticia, un pequeño grupo de colonizadores, verdadera
oligarquía, se adueñó de las riquezas y también del poder político. Los
gobernadores tenían entre sus responsabilidades el aspecto militar y represivo de la colonia, supervisaban la actividad de los ayuntamientos. Generalmente se aliaban a los colonos españoles o a los nativos de Cuba que
terúan latifundios o grandes negocios comerciales, es decir, gobernaban de
acuerdo con los intereses de los poderosos.
A esta situación hay que agregar el fenómeno de la esclavitud que
desde diversos puntos de vista llamó la atención de los pensadores cubanos (por ejemplo Saco y Martí).
La vida de los esclavos era muy dura. Los que trabajaban en las
minas y en la agricultura realizaban jornadas de labor de catorce,
dieciséis o más horas; no les daban descanso y sólo les suministraban un poco de alimento y casi no les daban ropa; además no
tenían oportunidad de instruirse.2 1
En 1789 comenzó en Francia la revolución. Después de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa se inició en todo el
mundo un período de movimiento de rebeldía de los pueblos contra la
opresión y el abuso de las clases dominantes. Esto también ocurrió en Cuba. No sólo la; esclavos iniciaban sus protestas y se rebelaban sino también
los hombres libres emprendían el mismo camino pues comprendieron que
la política del gobierno de España perjudicaba a la población cubana.
Antes del movimiento de 1868 se dieron una serie de conspiraciones.
Algunas fueron muy importantes:
una llamada de los Soles y Rayos de Bolívar y otra, conocida como Gran Legión del Aguila Negra. Ambas tenían apoyo en países

Aunque José Antonio Saco (1797-1879), pensador destacado de la
época y sucesor del padre Vareta en el Real Colegio Seminario de San
Carlos y San Ambrosio, se caracterizó por sus ideas anti-anexionistas y su
r1·chazo a la esclavitud imperante, no devino en revolucionario sino en refonnista. Según Medardo Vitier, la obra de Saco Voto Particular (1867)
- donde se empeñó en dema;trar que una legislatura colonial no podía,
no dPbía inspirar temores de emancipación a los gobiernos y prohombres
de la metrópoli- reprPsenta un documento clave para comprender la posición del autor en los problemas cubanos de su tiempo. Las medidas o bases
que propugnaba en este documento eran típicamente reformistas. Algunas
dr ellas fueron: separación completa del poder militar y del poder civil;
hacer una justa división territorial en municipios y provincias; proteger
la inmigración blanca (que fue una de sus grandes preocupaciones); aumentar el número de ayuntamientos; suprimir toda censura en materia de
imprenta y establecer una ley que, con libertad y prudencia, permita el uso
111· tan importante institución, pues sin ella no puede haber libertad; realzar
la religión y el culto, aumentando el número de parroquias, sobre todo en
los campos, procuran,lo que el clero no sea lo que es hoy en general, sino
ministros dignos de las altas funciones a que están llamada;.
Acorde con su refonnismo, Saco pensaba que la revolución entrañaba
grandioso idl'.al, asequible tan sólo por una lenta pero segura evolución.
Consideraba que la independencia, como resultado de la revolución, era
hasta "ñsicamente imposible":
la muy escasa población de la colonia, los heterogéneos elementos
de que se compone, la únposibilidad de conciliarlos y reunirlos
para acometer empresa tan aventurada, las grandes fuenas mar:timas y terrestres que dominan toda la Isla, y lo que todavía es
más importante, el espíritu conservador de un pueblo rico aue

�78

r

SigloXJX

conociendo sus intereses, sabe que la revolución es. )'U muerte, ~ocio esto presenta obstáculos tan insuperables a la mdependencia,
que aun los mismos que de ella hablan, o no conocen a Cuba, o no
dicen lo que sienten.24
Las ideas de Saco, de inspiración liberal, tuvieron ciert.a influencia.
Por ejemplo el periódico El Siglo propagaba el ideario del pensador
hayamés. Es~ periódico fue fwidado por José Quintín, Suzarte y colaboraron en sus páginas autores como Miguel Aldama,Jose Manuel Mestre,
José Valdés Faule y José Morales Lemus. También figuró como director Y
animador de este diario el Conde de Pozos Dulces.
De 1865 a 1861S fue este periódico el vocero de la opinión liberal
cubana. Inspirábase en los planes autonómic?s de Var~la_ y Saco.
Se ha dicho, con verdad, que aquello fue mas un movmuento reformista que un partido.25
Cabe preguntar sobre los resultados obtenidos por la tendencia reformista en el siglo XIX. Al respecto dice Medardo Vitier:
ni El Siglo, ni el partirl;o. refonnis_ta ni la influencia de, Saco con~guieron el cambio poht1co crie mcesantemente pe~an. La actitud del gobierno español haoa la Junta de Infont}ac1on fue !~_nota definitiva: nada había que esperar. Los metodos pac,ficos
cedían sitio a la Revolución de 1686.26
Pero al término de la Revolución de 1 ~8, las ideas reformistas se manifiestan nuevamente. Así, una tendencia autonomist.a se observa en el
folleto de Alfredo Zayas Cuba autonómica (1889), que retoma en gran
parte ideas de Saco. El propósito de éste autor es demostrar que el r~•
men colonial de Cuba practicó la autonomía en el siglo XVI, por lo c~,
lejos de ser ésta extraña a las tradiciones hispánicas, se halla en los habitos gubemament.ales de los colonizadores. En esta forma acudía al pasado,
a los orígenes, para fundamentar su posición reformista.
En realidad el autonomismo era una posición tradicional y hasta
reaccionaria:
aspiraba a fundar la nacionalidad cubana, por medios pac,'ficos
(de ahí su reformismo), utilizando los cauces legales y el, convencimiento de la metrópoli. Se aspiraba a una autonom1a del
tipo realizada por Inglaterra con sus colonias. 27
Señala M. Vitier que el autonomismo encontró ~ difusión _en diarios como El Triunfo y El País, y comenta que El Tn.unfo, por e1emp~o,
fue un periódico famoso en los anales del periodismo cubano. Este diario propagó la ideología liberal orientando la opinión pública y, desde

G. E,cobar Valenzuela: Lo, ideas en Cuba en el siglo XIX

79

luego, no fue del agrado de los elementos conseivadores.
Al evaluar los logros y conquistas del autonomismo Medardo Vitier
concluye:
por espacio de unos diecisiete años, los oradores del partido autonomista expusieron desde la tribuna las necesidades del país y
adoctrinaron al pueblo cubano en los caminos de la ciudadanía.
Se familiariza al individuo con los problemas de la cosa pública.
Se siembra la inconformidad y se hace común la aspiración al
cambio. Se educa al pueblo mediante actos frecuentes que fomentan la cohesión en lo social y en lo político.
Los partidarios del autonomismo no eran separatistas, pero de
algún modo facilitaron la prédica revolucionaria, al preparar la
opinión con ideas liberales.
Lo autonomistas
sentían, percibían la distancia entre el largo batallar y la limitada
realización. En 1895, en marcha la revolución, el partido continuaba, no se rendía. no sabía disolverse a tiempo, según la frase
de Merchán {Rafael María Merchán, 1844-1905, literato y cn'tico
eminente). Ya, con todo, decredan sus fuerzas. Los más avisados
en la vision prác tica del momento comprendían que el sentido del
autonomismo se agotaba, que pasaba a cosa histórica. La tardía
implantación del régimen autonómico no vivificó al partido que
ineluctablemente debía ceder el lugar a otros métodos. Las' p ostreras agitaciones de su oleaje moribundo confudíanse con el
estruendo marcial de la acción que desató Martí, en su voluntad
de profeta y maestro.28
Entre los autores autonomistas figuran Montoro, Cortina, Galvez. El
primero de ellos, Rafael Montoro (1852-1933) tuvo una destacada participación en la vida poütica. Fue brillante orador, " el orador - dice M. Vitier - ha eclipsado un tanto al pensador". Como pensador no es sistemático. Fue un hombre de preocupaciones filosóficas en su juventud y un
verdadero pensador político durante toda su vida.
El pensamiento autonomista de Montoro se desarrolla cuando regresa de España, donde vivió su juventud, después de la guerra de independencia que duró diez años y se inicia en 1~9.
La revolución ha sido vencida. Desde 1878 a 1892 la isla tiene
una relativa autonomi'a que le ha sido concedida por España.
Los revolucionarios,sin embargo, no descansan,continúan luchando, aunque casi sin esperanza. En esta lucha se destaca la figura
máxima de José Marh. Esta es la Cuba que encuentra Montoro
a su regreso. 29

�80

SigloXlX

Montoro se opone a la separación violenta y espera que la independencia se alcance mediante una pacífica evolución. Las ideas filosóficas
que subyacen en el pensamiento político de este autonomista han sido estudiadas por Leopoldo Zea en su obra El Pensamiento Latinoamericano
(1976, tercera edición). Se manifiesta, en ese pensamiento, la influencia
de Hegel:
Montoro, dice Zea, sabe de los grandes errores cometidos por España, de sus nefastas consecuencias en la colonia, pero, fiel al
filósofo alemán (es decir, Hegel), cree en la superación de los
mismos, en su negación dialéctica. El viraje histórico vendrá, tarde o temprano habrá de venir; es esta ley ineludible de la historia. Sólo hay que saber esperar y preparar su llegada. Nada podrá
la impaciencia para apresurarlo: la dialéctica marchará por sí
sola, y lo que ha de ser será. 30
Tales ideas eran el fundamento de un verdadero reformismo opuesto
a un separatismo radical y revolucionario, que Cuba requería en esos momentos.

-

C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el siglo XIX 81

fisonomía nacional, en caso de ser anexada Cuba a la. Estados Unidos.
Medardo Vitier, tantas veces citado en este trabajo, recoge este testimonio
antianexionista perteneciente a Saco, donde se alcanzan a percibir sus
preocupaciones:
En cuanto a mí, a pesar de que conozco las inmensas ventajas
que obtendría Cuba con esa incorporación pacífica, debo confesar, con un reparo, un sentimiento secreto por la pérdida de la
nacionalidad, de la nacionalidad cubana. 32
Saco temía, por una parte, la idea de que la comunidad cubana perdiera su fisonomía (que identificaba con la nación blanca) al incorporarse
a los Estados Unidos; pero, por otra, consideraba como último recurso la
anexión, la revolución no llegó a alentarlo. Por ello su posición antianexionista no era radical. Pese a esto el mismo escribió su epitafio con estas palabras: "Aquí yace José Antonio Saco, que no fue anexionista, porque
fue más cubana que todos los anexionistas."
Según M. Vitier, los orígenes del anexionismo se remontan hacia mediados del siglo XIX y sus posibles causas fueron:

IV.

El anexionismo fue otra posición esgrimida durante el siglo. Fue la
tendencia más criticada y repudiada por los cubanos de mentalidad avanzada. José Martí lo combatirá de una manera tenaz y resuelta:
y aún hay otro peligro mayor, mayor tal vez que todos los demás
peligros. En Cuba ha habido siempre un grupo importante de
hombres cautelosos, bastante soberbios para abominar la dominación española pero bastante tímidos para no exponer su bienestar personal en combatirla. Esta clase de hombres, ayudados por
los que quisieran gozar de los beneficios de la libertad sin pagarlos
en su sangriento precio, favorecen vehementemente la anexión de
Cuba a los Estados Unidos. Todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los observadores ligeros, todos los apegados a la riqueza,
tienen tentaciones marcadas de apoyar esta solución, que cr~en
poco costosa y fácil. Así halagan su conciencia de patriotas, y su
miedo de serlo verdaderamente. Pero como esa es la naturaleza
humana, no hemos de ver con desdén estoico sus tentaciones sino
de atajarlas. 31
Jose Antonio Saco, autor que ya ha sido mencionado, se pronuncia
también contra el anexionismo. Saco no quería la anexión, ni el régimen
existente, ni -a diferencia de Martí- la revolución. Su pensamiento era
mas bien reformista. Contempló el problema de la anexión desde el punto
de vista de la nacionalidad. Como ya hema. visto, a Saco le preocupaba
la población blanca cubana (y esto marca otro profundo contraste con
Martí); consideraba que ésta era bastante raquítica para conseIVar la

la proximidad de Cuba a los Estados Unidos, ·1a institución de la
esclavitud, existente aquí como allá, la gravitación de nuestra
economía hacia el mercado norteamericano y el pertinaz despotismo que oprimía al país (...) Pueden enumerarse otras razones. Los cubanos no veían la posibilidad de un cambio político
aceptable. El año 183 7 había dejado terrible señal. La democracia norteamericana marchaba a su auge. El imperialismo de la
gran nación daba muestras de avance.33
El anexionismo, al igual que el separatismo, suscitó no solamente importantes alegatos y encedidas críticas como las de Martí, sino también
alentó varias conspiraciones. Así, desde 1848 se organizaron conspiraciones de carácter anexionista. Entre las de mayor relevancia figura la
capitaneada por el general del ejército español Narciso López (17981851), que desembarcó en Cuba con dos expediciones durante los años
de 1850 y 1851; su caudillo cayó prisionero de los españoles y fue condenado a muerte y ejecutado en la Habana.

-

V.

Además de estas posturas políticas que fueron el refonnismo, el
anexionismo y el separatismo, dirección que llevó a la lucha a varios
patriotas cubanOS- Carlos Manuel de Céspedes (1818-1874), Francisco
Vicente Aguilera (1821-1877), Pedro Figueredo (1819-1870), Ignacio
Agramonte (1841-1873) y otrOS- y más tarde, en 1895, a José Martí

�82

SigloXIX

a emprender lo que él llamó la "guerra necesaria•~ (acontecimiento de
gran trascendencia para la historia de Cuba), es menester referirnos a
otras ideas que conformaron el pensamiento cubano del siglo XIX. Es
claro que las ideas filosófitas no se pueden deslindar de las tendencias
políticas. Hemos vislumbrado por ejemplo, el hegelianismo que informa
el pensamiento de Rafael Montoro en sus empeños autonómicos, etcétera.
En una Historia de las Ideas el registro del pensamiento filosófico es
decisivo: a través de él se iluminan las ideas políticas, económicas y s~
ciales. Casi es inútil preguntarse fi hubo filósofos en Cuba durante la
época que nos ocupa y si fue "auténtica" su filosofía. Autores como
Medardo Vitier, Cintio Vitier, Piñera Llera, Leopoldo Zea, nos muestran a través de sus obras dedicadas al estudio de este pensamiento, los
logros alcanzados por esta filosofía y su autenticidad a juzgar por la aplicación que hicieron sus exponentes de los filosofemas europeos en la
solución de los problemas que su situación les demandaba.

José Gaos hizo notar en una importante obra de Historia de las Ideas,
el carácter pedagógico, político y estético que reviste el pensamiento
lúspanoamericano, particularmente del siglo XIX.
Leopoldo Zea ha reparado en el ideal educativo que está presente en
los románticos o liberales del siglo XIX. Se refiere a la emancipación mental como exigencia primordial de estos pensadores en su momento histórico. En Cuba, esta emancipación mental se realizaba, por razones históricas, circunstanciales, en una forma diferente:
mientras el resto de Hispanoamérica se debatía luchando por su
emancipación mental y trataba de encontrar una doctrina que
sustituyese a la que la había dominado, Cuba, siguiendo el camino inverso, ya señalado, se preparaba, una vez educada la generación que había de realizarla, a alcanzar su emancipación
p olítica de España.34
En este camino de preparación antes aludido, vamos a encontrar una
gran riqueza de pensamientos y literatura consignados por Medardo
Vitier en sendos estudios: revistas, conseivadas en numerosos volúmenes,
periódicos, folletos políticos dedicados al análisis de la realidad cubana.
Resulta interesante el mensaje que escribe Vitier al final de su prólogo a
Las Ideas en Cuba (1938): "deseo que los centenares de trabajos, libros,
folletos, artículos que cito, despierten en la juventud estudiosa la curi~
siad por conocerlos"- Es este un deseo legítimo que las nuevas generaci~
nes de investigadores, en el campo de la Historia de las Ideas, deben realizar en forma apremiante: redescubrir, rescatar, valorar todo este cúmulo
de textos.

G. E,cobar Valenzuela: Las ideos en Cuba en el nglo XIX 8.3

El punto de partida del pensamiento cubano del siglo XIX lo encontramos en las postrimerías del siglo XVID en la vida y obra del padre
José Agustín Caballero (1762-18.35) quien se sigrúficó como educador e
innovador. Durante el siglo XVIII y comienzos del XIX la educación impartida en la universidad cubana se aferraba a las doctrinas tradicionales
(aristotélicas y escolásticas), sin lograr abrirse del todo a las innovaciones
de la modernidad. En los planes de la vieja universidad figuraban materias
como teología, leyes, cánones, medicina, artes, matemáticas, sagradas
escrituras, retórica y gramática. La denominación de" Artes" correspondía
a filosofía. La enseñan:,.a teológica la impartían los dominicos mientras
que la de las otras materias estaban a cargo de seculares. La enseñanza de
las ciencias era insuficiente, la medicina se impartía a través de las teorías
de Avicena, la cirugía se basaba en Galeno y las matemáticas se guiaba
en los textos de Euclides.
Por otro lado, los autores que servían de hase para esta en~ñanza
eran repetidos y comentados en fonna superficial y dogmática ya que el
escolasticismo había sustituido al afán creador. Esta tradicional enseñanza
suscita la crítica del padre José Agustín Caballero, quién se pregunta:
"¿Qué recurso le queda a un maestro, por iluminado que sea, a quien se le
manda enseñar la latinidad por un escrito del siglo de hierro?"
Además de educador ilustre, José Agustín Caballero se distinguió
como reformador político. En 1811 redacta un proyecto de reforma para
el régimen español. La doctrina que defiende en sus reformas era de caracter liberal, sus antecedentes están en las corrientes europeas del siglo
XVfil; además su proyecto se ubica en el ambiente constitucional que
reina en las Cortes de Cádiz que cristalizó en la famosa Constitución de
1812.
A juicio de M. Vitier, José Agustín Caballero es una figura de transición. Se advierten en su obra rasgos escolásticos y tradicionales, pero en
aspectos filosóficos logra desprenderse de esos criterios.
El padre Caballero representa bien el tipo de mentalidad fronteriza. Sus criterios de pensador tienen altibajos. Los estudios eclesiásticos -que en él no fueron superficiales- le dieron una visión del mundo y de la vida, difícil de conciliar con el espíritu de
la filosofía moderna. Su información filosófica, por otra parte,
y la lucidez de su intelecto, conducíanle a difundir nociones de
la hora, así en el método como en la doctrina.35
Las reformas emprendidas por Caballero fueron consolidadas y apoyadas por su discípulo, el padre Félix Varela (1787-1853), quién rechazó
en forma contundente el criterio escolástico de autoridad, implantando la

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SigloXIX

filosofía moderna de Descartes a Condillac y la enseñanza científica experimental de la física y la química, así como la adopción del español en lugar del latín tanto en la cátedra como en las publicaciones.
El padre Varela enseñó filosofía en el Seminario de San Carlos, desde
1811 a 1820, donde efectuó decisivas reformas apoyado por el obispo
Juan José Diaz de Espada, "aquel obispo español - dijo Martí- que llevamos en el corazón todos los cubanos".
En 1921 se inauguró una cátedra denominada de "Constitución" como resultado del movimiento liberal efectuado en España en 1820, mismo
que restableció la Constitución que había sido adoptada en 1812. Varela
fue nombrado para impartir esta cátedra que despertó el interés público,
rebasando el caracter meramente académico ya que
desde las puertas y ventanas escuchaba mucha gente, pues el profesor el asunto y el momento histórico avivaron en extremo la
sensibilidad pública. 'Lecciones de poli'tica', decían en la calle.
Así era, en efecto, y subrayadas por los criterios liberales del catedrático.
Algo parecido eran las cátedras de Antonio Caso en otra situación y
momento.
¿Cuáles eran las ideas que el padre Varela comunicaba a su auditorio
y que llamaban tanto la atención? Un resumen de las mismas nos las ofrece
Cintio Vi tier en su ya mencionada obra:
Los puntos fundamentales defendidos por Varela en las Observaciones sobre la Constitución pol{tica de la monarquiá española
que escribió para dicha cátedra, son los siguientes: l. La soberanía y la autoridad residen en el pueblo, no en los reyes. El rey es
(según San Pablo) ministro de Dios, únicamente en cuanto cumple la justicia; 2. Es preciso distinguir entre la autoridad real y la
persona real o los individuos que gobiernan en una república; 3.
Lo que obliga al hombre libre en una sociedad justa no es el gobierno sino la ley: 'El hombre no manda a otro hombre, la ley
los manda a todos; 4. De las tres clases de igualdad, la natural, la
social y la legal, esta última es la única que no va acompañada de
desigualdad en las operaciones, pues lo mismo debe decidirse el
derecho de un pobre que el de un rico, el de un sabio que el de un
ignorante, supuesto que no depende de la opinión que se tiene de
las personas, ni de lo que éstas pueden prometer, sino de la naturaleza de los derechos sobre que se juzga.
Como reformador político Varela presentó una Memoria para la abolición de la esclavitud y un Proyecto de gobierno autonómico, del que
había sido precursor el redactado por su maestro, el padre José Agustín

C. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el ,iglo XIX

85

Caballero en 1811; según Cintio Vitier la primera es de mayor interés porque esboza ya la radical actitud anticolonialista que desarrollará más tarde
José Martí.
Merced a sus ideas avanzadas y al disolverse por Femando VII las
Cortes de Cádiz, el padre Varela se vio en la necesidad de abandonar su patria para exiliarse en los Estados Unidos donde siguió defendiendo, con la
pluma, desde el periódico clandestino El Habanero (1824-1826), sus más
caros ideales. Profunda huella deja el pensamiento y la vida de este pensador cubano.José de la Luz y Caballero, otro notable autor de la época, dice que Varela fue "el primero que nos enseñó a pensar': Y, ante su tum ha,
en la pequeña ciudad de San Agustín de la Florida, otro ilustre cubano,
José Martí, expresó:
Allí están en la capilla a medio caerse, los resto de aquel patrio ta
entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el
carácter y las necesidades criollas, dejo sin miedo lo que vio,
y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo...
El carácter pedagógico del pensamiento hispanoamericano, a1 que ya
hemos aludido, cobra singular expresión en otra figura clave del pensamiento decimonónico cubano: José de la Luz y Caballero (1800-1002).
Estudió en la Real y Pontificia Universidad y en el Colegio Seminario de
San Carlos, donde se operaron sustanciales reformas en sus programas o
elencos. Entre el sacerdocio, el derecho y la enseñanza se decidió por la
última. Al evocar su memoria José Martí - que acostumbra valorar lo más
positivo de los héroes de su patria- destaca su apostolado en esta noble
tarea:
... fue maestro y convirtió en una sola generación un pueblo educado para la esclavitud en un pueblo de héroes, trabajadores y
hombres libres. Pudo ser abogado, con respetuosa y rica clientela,
y su patria fue su único cliente. Pudo lucir en las academias sin
esfuerzo su ciencia copiosa y sólo mostró lo que sabía de la verdad, cuando era indispensable defenderla. Pudo escribir en obras
-para su patria al menos- inmortales, lo que ayudando la soberanía de su entendimiento con la piedad de su corazón, aprendió
en los libros y en la naturaleza, sobre la música de lo creado y el
sentido del mundo, y no escribió en los libros, que recompensan,
sino en las almas que suelen olvidar. Supo cuanto se sabía en su
época; pero no para enseñar lo que sabía, sino para transmitirlo.
Sembró hombres.
Así pues, la enseñanza, la educación, fue una de las grandes preocupaciones de Luz y Caballero. Enseñó filosofía en el Colegio de Carraguao,
en el Convento de San Francisco ( de 1839 a 1843) y fundó un Colegio en
su propia casa, el Colegio de El Salvador, que cubría prácticamente la en-

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G. Escobar Valenruela: l.As idea, en Cuba en el siglo XIX

Siglo XIX

señanza elemental, la secundaria, el baclúllerato y detenninadas materias
superiores. Era, además, Luz y Caballero un poügrafo notable poseedor
de una vasta cultura. Viajero incansable recorrió varios lugares de Italia
y otros países de Europa como Inglaterra, Suiza, Bélgica y Holanda, siempre con afán de estudio y &lt;&gt;bservación. A pesar de que abandonó los hábitos cléricales coexistía con su vocación científica un espíritu religioso.
Sus biógrafos hablan de una "cátedra" que impartía fuera de todo programa: la "plática de los sábados" donde hacía interpretaciones y reflexiones profundas del Nuevo Test.amento.!
El tema religioso, que no ha de estar desligado de las realidades
humanas, iba vertiéndose en alusiones, o mejor, en sugestiones,
hacia las circunstancias abominables de su tierra, y parece que el
ardiente predicador (eso era en aquéllas pláticas) producía indecible impresión en la concurrencia. No podi'an evitar que la gente
de la calle formara multitud reverente en las puertas del Colegio
(su propio Colegio)".36

Medardo Vitier observa una especie de dualismo en la personalidad
de José de la Luz. Sus estudios teológicos y filosóficos, su vocación pedagógica, su intelecto y su sensibilidad lo revisten de una espiritualidad
singular, pero al lado de esto figura su formación científica, su positivismo
y su realismo. "El sesgo positivista de su filosofía cede espacio a la vena
emocional del creyente para quien el mundo de los valores espirituales
era tan real como el de la materia. ''3 7 Su pensamiento se inclinará por
el método inductivo rechazando todo dato que no cuente con la base
positiva de lo demostrable, pero dejando a salvo como fuga del espíritu la fe en un mundo suprasensible. Luz y Caballero muestra la influencia de filósofos empiristas como Locke y Hume, rehuye lo que el
primero llamó "la aventura metaffsica ". Rechaza toda noción a priori
para fundar el saber. Incluso oponiéndose a Kant sostiene que el espacio
y el tiempo no existen a priori en el sujeto como formas puras de la sensibilidad, sino que son, genéticamente hablando, meros productos de la
experiencia.

87

Caballero consideró que la doctrina de Cousin era perniciosa para la
juventud cubana: su "optimismo histórico" que tendía a justificar la realidad política existente, venía a aceptar resignadamente la servidumbre y
mala situación que por entonces imperaba en la Isla. Con respecto a esta
importante impugnación de Luz y Caballero, Medardo Vitier opina que
"nunca, en Cuba, las ideas filosóficas han bajado así, a tocar el mundo
real, como en el caso de Cousin y la impugnación. Era una doctrina enjuiciada por una realidad."
Por otra parte, esta impugnación ejemplifica lo que ha sostenido Gaos
sobre la naturaleza del pensamiento hispanoamericano. La importación de
filosofías europeas plantea el problema de su inserción en la realidad nacional. Se pregunta Gaos:
¿es posible que la importación de filosofías sea un hecho histórico tan puramente receptivo, tan pasivo, que no implique ninguna
actividad algo más que receptiva por poco que lo sea, y que por
ende pueda considerarse como aportativa, siquiera en grado mínimo? _38

Como podríamos constatar, lejos de ser pasiva la actitud de Luz y Caballero con respecto al pensamiento europeo, resulta ser eminentemente
activa, selectiva y comprometida.

-

VI.

En lo relativo a la idea de Dios piensa que no se le conoce por intuición sino por raz.onamiento. Esto nos recuerda su famoso aforismo:
"las ciencias son los ríos que nos llevar al mar insondable de la divinidad". También creía que nuestras ideas sobre la causa primera cambian
a medida que lo hacen nuestras ideas científicas acerca de la constitución
del universo.

Podema; decir que el realismo de Luz y Caballero no es un fenómeno
aislado en la historia de las ideas en Cuba durante el siglo XIX. Se obselVa
que esta tendencia, consistente en centrar el interés en el entorno social
para ocuparse de las necesidades concretas del país, es una preocupación
que está presente en otros pensadores: por ejemplo en José A. Saco, en
Arango y Parreño, en "El Lugareño", civilizador de Camagüey, en Francisco de Farías (Conde de Pozos Dulces), en José de la Luz y Caballero,
en Enrique José Varona, en José Martí (recuérdese, por ejemplo, entre
muchísimos textos más, su notable ensayo Nuestra América donde analiza
la realidad americana valorando sus ineludibles virtudes al tiempo que rechaza modelos extraños; donde habla también de una universidad americana que haga partir sus humanidades de las experiencias que le son propias,
la de sus hombres, la de sus indios, las de los que sufren y han sufrido dominaciones pero que, insistentemente, luchan por arrancárselas).

Manifestación del pensamiento realista de Luz y Caballero, o sea de
sus preocupaciones prácticas con respecto a las necesidades cubanas, es la
crítica que le formuló a la filosofía del francés Víctor Cousin, que había
alcanzado resonancia en la intelectualidad cubana de su tiempo. Luz y

Pero este realismo se manifiesta bajo diversas formas. En José Antonio
Saco -autor que escribe una Historia de la Esclavitud donde estudió, con
erudición y método angulares, la esclavitud en la antigüedad y en los países europeos hasta los tiempos modernos (en Rusia, hasta l&amp;&gt;l)- el realis-

�88

SigloXIX

C. Escobar Valenzuela: Las idea, en Cuba en el 1iglo XIX 89

Los cubanos -dice- han apelado a la fuerza, desesperados, no iracundos. Para defender su derecho y sacar triunfante un principio
eterno, sin el cual peligran las sociedades más robustas en apariencia, el de la justicia No hay derecho para oprimir. España nos
oprime. Al rebelarnos contra la opresión, defendemos el derecho.
ASÍ servimos a la causa de la humanidad, sirviendo nuestra propia
causa.

mo adquiere la forma de un "pragmatismo público" de interés sociológico. Saco, dice M. Vitier,
no escribía ni clamaba, envuelto en aureola de novísima fe civil o
poseído de profético aliento, sino armado de cifras, datos, de
pruebas, que hacían irrefragable su dialéctica.39
Saco estudió toda la estructura de la Colonia. Le vio sus antros, se
espantó ante sus abismos. Rastreó en los pueblos de la antigüedad los orígenes de la esclavitud, la institución que demoraba la
unidad cubana y disolvía en cierne la aignidad del hombre. Leyó, visitó bibliotecas europeas, consultó autoridades y fuentes.
Meditó, con sus materiales allegados a la vista, y dio al mundo la
Historia de la esclavitud, suficiente para inmortalizarlo.40

Las ideas filosóficas de Varona no deben buscarse exclusivamente en
sus trabajos orgánicos, también se localizan en articulos, conferencias y
pensamientos sueltos. Por ejemplo, es sintomático para reconstruir, un poco, su concepción del mundo, su libro titulado Con el eslabón, compuesto
de sentencias, reflexiones y diálogos breves, que traslucen cierto escepticismo. Algunos ejemplos:

A diferencia de Saco, el realismo de Luz y Caballero esta encuadrado
dentro de una dimensión filosófica.

Toda revolución política se esteriliza, como no abra el camino a
una revolución social.
Hemos levantado el edificio social sobre una base inquebrantable.
El egoísmo forma el cimiento y la mentira el cemento.
Teocracia, aristocracia, mesocracia, democracia, anallocracia, y
todas las cracias que se inventan no son sino bordones que repican nuestra radical incapacidad de gobernar, de gobernarnGs y
de ser gobernados.
El buenazo de Spencer pensaba que la conducta moral llegaría a
sernos tan espontánea como beberse un vaso de agua el sediento.
iAy! no vemos todavía indicios de que se haya iniciado, bosquejado siquiera, esa feliz evolución.

Hay hombres de extensa cultura que carecen de dimensión para lo
filosófico. No ven, no sienten, los problemas del ente, de los valores, del devenir, del sentido de la existencia, de la validez delconocir.tiento. . . Resbalan por sobre esas cuestiones. A Saco, por
caso, no parecen haberle interesado, al menos directamente. Su
intelecto tendía a los hechos y en esos dominios sirvió como nadie a Cuba. Ahora bien, los problemas filosóficos son también
hechos. Para verlos y penetrarlos se ha menester alguna dimensión
sicológica. En Luz era extraordinaria.41
Otro notable pensador de este período fue Enrique José Varona

( 18-1-9-1933) que ha acaparado la atención de varios estudiosos. El propio
\ ledardo V itier le dedica tres libros y varios auto res analizan diversos aspl'etos ele su obra: José M. Chacón y Calvo, Roberto Agramonte, Elías
Entral¡?:o, José Antonio Femández de Castro, Carlos Trellez, Fermín Peraza, José Gaos, Lcopoldo Zea, entre otros.
En Varona también se advierte el realismo antes visto.
Varona - dice M. Vitier- de mentalidad realista, no enseña ni
predica sin convocar antes a los hechos, en su vasta variedad.
Leyes, instituciones, partidos, impuestos, judicatura, pedagogía,
elecciones, libertad. . . Desgobierno, frenesí de riquezas, dictaduras... , todo cuanto puede salvar o perder la nación cae bajo la
escrutadora mirada de Varona.42
Sus preocupaciones por la realidad cubana se observan en obras como

El bandolerismo (1888), El Imperialismo a la luz de In Sociología (1905) y
el discurso "Cuba contra España" (1895), donde hace recuento de la herencia colonial impuesta por España y de la necesidad de la guerra para
que el pueblo cubano alcance su plena libertad.

Es necesario señalar que estos pensamientos de Varona no fueron
punto de partida de su prolongado magisterio. Lejos de inculcar y propagar un escepticismo, alentó a propiciar el cambio social. Creyó en sus íntimas reflexiones pero estaba convencido, como él mismo lo había expresado en una célebre conferencia, que la acción salva.
Al igual que su maestro José de la Luz y Caballero y acorde con su
postura realista, Varona no aceptará filosofías que vengan a justificar la
dominación o conducir a la depe· .dencia. Adopta el positivismo y lo ve como instrumento de liberación y no de conformismo. Rechaza el positivismo de Comte eligiendo, en parte, el de Spencer. Es evolucionista, pero sin
lo que de metafísica y de sistema hay en la filosofía de Spencer. Acepta el
positivismo de Spencer porque era el que más se acercaba al ideal de
emancipación mental que era necesario para alcanzar la independencia
política.

-vn.

La tendencia separatista que ya hemos mencionado encuentra una ma-

�90

Siglo XIX

nifestación clara y decidida en el pensamiento y acción de José Martí
(185.3-1895).
La guerra de liberación nacional emprendida en 1~8 culminó en
1878. El diez de febrero de ese año un grupo de jefes revolucionarios firmó, de acuerdo con las autoridades militares españolas, el llamado Pacto
de Zanjón. En este convenio se prometían al pueblo cubano algunas reformas; sin embargo muchos revolucionarios no las aceptaron. Mediante la
Protesta de Baragúa, Antonio Maceo y otros patriotas se opusieron al
Pacto de Zanjón. Meses después, Maceo decidió marchar hacia el extranjero a solicitar la ayuda de los emigrados cubanos sin obtener resultado.
Como en esos momentos no había posibilidades de seguir la guerra, Maceo
pennaneció en el extranjero pero manteniendo su llamado a continuar la
lucha: y, efectivamente, la lucha se reanudó bajo la organización previsora
y ordenada de José Martí.
Propiamente la praxis reevolucionaria de Martí se inicia desde su adolescencia. Recibe las enseñanzas de Rafael María Mendive, de ideas separatistas y revolucionarias. Apenas cumplía 17 años cuando es condenado a
sris años de trabajos foraados acusado de infidencia. Las autoridades españolas habían descubierto una carta firmada por él y su amigo Fermín
Valdés Domínguez en la que acusaba a un condiscípulo de apóstata por
haberse unido al ejército español.
Exiliado desde 1871, vivió en España (1871-1874) donde estudia, de
manera irregular, el resto de su bachillerato, derecho, y filosoña y letras en
las universidades de Madrid y Zaragoza. En España se familiariza con los
dásicos españoles, con sus pintores, místicos y estoicos.
Postcrionnente recorre varios países de América Latina: México ( donde conoce a su entrañable amigo Manuel Mercado), Guatemala y Venezuela ; a través de ellos recoge valiosas experiencias que le permiten conocer a
fondo la problemática social, política y económica de "Nuestra América".
Visita fugazmente su patria en dos ocasiones, en l877 y 1878; interviene en actividades conspirativas y es deportado a España en 1879. Aquí
permanece unos meses y despu~ se traslada a Nueva York (1881). En los
Estados Unidos permanecerá hasta 1895: en este país se entrega completamente a la actividad revolucionaria, a preparar la "Guerra necesaria" sacrificando hasta su propio hogar (su mujer, la cubana Carmen Zayas Bazán
y su hijo pequeño, se separan de él). En los Estados Unidos se familiarizará con la "América Europea" (la otra América). Sin dejar de reconocer al
principio sus virtudes, pronto descubre sus vicios y lacras ("Viví en el
monstruo, y le conozco las entrañas').

G. Eicobar Valenzuela: La, ideo, en Cuba en el ,iglo XIX 91

Marü -dice Roberto Femández Retam.ir- vive en los Estados
Unidos en el momento en que la nación pasa, de su capitalismo
premonopolis.a, al capitalismo monopolista e imperialista que lo
llevará inexorablemente a arrojarse sobre el mundo: en primer
lugar sobre la América Latina y el Caribe, y en particular sobre
Cuba El hecho de· ~e su patria permanezca como colonia ostensible, agudiza dramaticamente su sensibilidad, y su comprensión
de estos problemas, haciéndolo el primer antimperialista cabal del
continente.43
Siendo hasta el final consecuente con su ideario, Martí pierde la vida
luchando por la independencia de su patria, en el combate de Dos Ríos,
el 19 de mayo de 1895.
Martí rebasa el liberalismo del siglo XIX. Noel Salomon lo llama

idealista práctico, porque en lo relativo a la política supo expresar para su
tiempo, a través de un lenguaje idealista, un programa liberador y progresista. Para F-ernández Retamar, Martí es un demócrata revolucionario
que vivió en el límite extremo de las posibilidades de su circunstancia, y previó incluso no pocas de aquellas tareas que, según
comprendió con claridad, no le correspondían en ese momento.
Por su parte, Oleg Ternovi, historiador soviético, considera qur
la evolución hacia el matenalismo es el rasgo principal de la concepción martiana del mundo, su filosofi'a materialista por sus
tendencias, se va transformando en materialista en cuanto a sus
fundamentos.
Otro estudioso de Martí, el escritor cubano Juan Marinello (18981977), se preocupa por situar en sus justos términos la figura de Mar tí.
Subraya y reconoce ampliamente su pensamiento antimperialista. "Sacar
&amp; Martí de su tiempo sería gran despropósito; como lo sería igualmente
declarar que sus conceptos y criterios revolucionarios han dejado de tenn
vigencia entre nosotros. 'lW
Pero también la obra revolucionaria de Martí ha sido encubierta o sosláyada, desviada de sus cauces de avanzada social y política_ Por ello un
autor éomo Julio Antonio Mella ve la imperiosa necesidad de escribir un
libro que rescate a Martí de los intereses de la burguesía retardataria.
El pensamiento de José Martí es sumamente amplio y complejo para
poderlo reseñar en tan breve espacio. Sus escritos ( discursos, cartas, artículos, manifiestos, ensayos, poesías) comenzaron a ser recopilados por su
discípulo y amigo Gonzalo de Quesada. Hoy se cuentan con 27 tomos,
donde aparecen numerosas ideas filosóficas, políticas, religiosas, estéticas,

�92

Siglo XIX
G. Escobar Valenzuela: Las ideas en Cuba en el 1iglo XIX

-

educativas, y que se pueden organizar en ideas políticas y revolucionarias,
latinoamericanistas, sobre los Estados Unidos, sobre Europa, obra poética,
teatro, novela.
La gran riqueza de este pensamiento martiano ha generado una serie
de obras sobre el pensamiento y la vicia del notable cubano que sería imposible enumerar aquí. Desde la biografía de Jorge Mañach Mar ti', el apóstol, el ensayo de Félix Lizaso Posibilidades filosóficas en M.ar tl' (catalogado como básico por Meclardo Vitier en Las Ideas en Cuba), el Mart( eclitado por Mauricio Magdaleno (México, 1942), José Mar ti' de Augusto Arias
(Quito, 1954), hasta los estudios de Marinello, de Roberto Fernández Retamar, de Cintio Vitier, de Ernesto Mejía Sánchez (recientemente fallecido), de Jaime Lahastida (JoséMartí, Textos. Mi tiempo: un mundo nuevo.
Una antolog{a General. México, 1982).
En Cuba los estudios sobre la obra martiana han sido numerosos y decisivos para la comprensión e interpretación de este pensamiento. Cabe
señalar que el 19 de julio de 1977 se fundó en la Habana el Centro de Estudios Martianos cuyo compromiso es, según las palabras de Armando Hart
Dávalos en la inauguración de este importante centro, "estudiar las relaciones entre el pensamiento de José Martí y las tareas de la revolución socialista".

93

NOTAS

1. Cfr. con Ardao, Arturo. "La historia de la historiografía de las ideas en latinoamérica". Anuario de Estudios Latinoamericanos, 1 O, 1977.
2. Roig, Andrés. "De la historia de las ideas a la filosofía de la liberación". Anuario
de Estudios Latinoamericanos, 1977.

3. lbídem,p.48.
4. Cfr. con Horacio Cerutti G. Historia de la ideas en América Latina. Cuadernos
Críticos de la Universidad Pedagógica Nacional.

5. Cfr. sobre los estudios de la filosofía en latinoamérica en: Balance y perspectiuas de los estudios latinoomericanos. UNAM, México, 1985.
6. Op. cit., p. 96.

7. Le Riverend, Julio. Breve historia de Cuba. La Habana, 1981.
8. lb(dem.
9. lbi'dem.
10. lbi'dem.

El Centro de Estudios Martianos ha publicado, a la fecha, aportativos
estudios y obras sobre los diversos aspectos del ideario de José Martí, que
sería prolijo citar. Un poco al azar mencionemos tan solo unos cuantos:
" En tomo al idealismo de José Martí", de Noel Salomon; "La democracia en el Partido Revolucionario Cubano", de Salvador Morales; "Anticlericalismo, idealismo, religiosidad y práctica revolucionaria en José Martí"
de Luis Toledo Sande; "El democratismo revolucionario de José Martí"
de U. l. Shishkina; "El historicismo martiano en la idea del equilibrio del
mundo", de Julio Le Riverend; "Heredia en Martí: la pasión inextinguible
por la libertid" de Emilio de Armas.

11.

Medardo Vitier. Las ideas en Cuba, p. 41.

12. Op. Cit., p. 42.

13. Citado por José Manuel Pérez Cabrera en: Historiograf(a de Cuba, p. 298.
14. Ibídem.

15. Medardo Vitier, op. cit.., p. 44.

16. lbi'dem, p. 45 (el subrayado es nuestro).
17. Ibídem.
18. Op,cit., p.52.
19. Op. cit., p. 21.
20. Cintio Vitier. Ese sol del mundo moral, para una historia de la eticidad cubana
pp. 8-9,
'
21. Le Riverend, Julio. op. cit.., p. 21.
22. Op. cit., p. 51.
23. Medardo Vitier, op, cit., p.111.

�94

SigloXIX

C. E,cobar Valenzuela: La, idMI en Cuba en el ,ilifo XIX

24. lbídem.

95

BIBLIOGRAFIA

25. Op. cit., p. 25.
26. lbi'dem, p. 120.

AnuarÍQ.f del Centro de Estudios Martiano,: No. 1 (1978), No. 2 (1979); No. 3
(1980); No. 4 (1981). No. 5 (1982); No. 6 (1983), No . 7 (1984), No. 8 (1985).
Centro de Estudios Martianos, La Habana, Cuba.

27. Zea, Leopoldo. El pe11.$(1Íniento Latinoamericano. p. 37 5.
28. Medardo Vitier. op. cit.. p. 157.

Ardao, Arturo. "La Historia de la Historiografía de las ideas en Latinoamérica".
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1977.

29. Zea, Leopo1do. op. cit., p. 375
30. lb{dem, p. 379.
31. Martí, José en Obras Completas. Tomo 1, p.170.
32. Medardo Vitier. op. cit., p. 99.
33. lbídem, p. 98.
34. Zea, Leopoldo, op. cit., p. 365.
35. Medardo Vitier, La fdosofía en Cuba. Fondo de Cultura Económica, México,
p. 53.
36. Medardo Vitier. Las ideas en Cuba. La Habana,'p. 36.
37. lbiclrm.
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42. Medardo Vitier, La filosofía en Cuba, p. 142.
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�UNA PREVISION IDEOLOGICA DE LA
[NDEPENDEN CIA DE MEXICO

Fray Servando Teresa de Mier,
entre la utopía y la profecía
Jaime B. Vilchis Reyes*

INTRO.DUCCION

-

El texto que a continuación presentamos como ensayo provisional
tiene la exclutiva intención de probar en la obra/vida dd que sin duda
fué el primer historiador de nuestra independencia y 811 más singular visionario, la óp1ica del pensamiento utópico y profético por ti nos descubre un modo más integral de comprender a tan contradictorio y proteico
personaje. A lo mejor sus contradicciones no son más que aparentes para la
mirada miope y/o ricamente complementarias si con la libertad de la reflexión ''intrahistórica" (Unamwio), inseparable de la "razón poética", tratamos a quien por encima de todo fue un hombre libre. Circunstancialmente libre para con Sil palabra y pensamiento, para con su orden y estado
clerical, para con su imaginación y sabiduría•.• para con la historia de
México. El ver cómo Don Teresa de Mier siempre a caballo -como el
"loco estrafalario"- entre su patriotismo criollo y con-pasión sincréúco
indigenista, entre 811 celda de monje y la cárcel de hereje, ensoñádorametlte entretejió la urdimbre de ideas y creencias que propició la emancipación de la copiosa casta hispanoindia, resulta altamente lignificativo
no sólo para la indagación historiográfica de nuestro iiglo XIX, sino también, así lo creemos, como ejemplo de nuestra peculiar historia de nuestras pasadas y futuras emancipaciones.
Estas páginas, porque provisionales .abiertas dd todo al diálogo, se
afanan en el hueso y carne del hombre contradictorio y pluridimensional
que fue dentro de un contexto hiitórico fracturado y decadente el padre
Mier. Detener la prisa entomóloga que a fuerza de clasificar con alfileres
deja bellamente muertas a las mariposas debe ser un imperativo a la hora
de pensar la obra radicalmente católica -que por celo universahle va sumando sincréticamente los más disparatados elementos en su espíritu festivo- que como la de José Guerra (seudónimo de Mier) no es de una sola
• Qaustro de Sor Juana, México.

�J. B. Vi1chi, Reye.: Padre Mier, entre la utopía y la profecfa 101

100 Siglo XIX
pieza. Es preciso, como lo hace O'Gonnan en su insuperable y pionero
estudio, seguirle el rastro a Mier en su debatirse "entre los dos fuegos de
unas convicciones que le eran inmensamente caras y de unos hechos que
las socavaban con la exijencia de su inohjetahilidad". Ese sutil "entre" es
el que queremos captar como coartada idiosincrática que caracteriza el
pensamiento del padre Mier y de todos los que en Iberoamérica desde el
siglo XVI han pensado desde la utopía y/o profecía como refutación de lo
violento en la demiurgia clááca occidenta~ que tan amplio desarrdlo ha
tenido en el viejo mundo.
Con todo, como lúcidamente observa Brading, el padre Mier era mucho mas consistente y tenaz en sus opiniones y creencias de lo que algunos comentaristas han sugerido. Sobre todo si hacemos el esfuerzo de
comprenderle como el culmen de la riquísima tradición guadalupana que
un día genialmente creara/inventara en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco el profesor indígena Valeriano y Alva Ixtlixóchitl, tradujera (O'
Gorman), y viéramos en este complejo ramillete de creencias el eje tradicional - devoción generatriz- sobre el que han rodado nuestras mas caras expresiones culturales y dramáticos atentados por ingresar a la Historia.
Ya nomás, para terminar con estos preliminares, aclaramos que debido
al carácter ensayÚ;tico de este texto nos hemoo permitido la liberta~ de
citar sólo entre paréntesis y al final ofrecemos un listado bibliográfico.

-

l. UTOPIA RACIONAL EN LA PREVISION DEL PADRE MIER

Por mas que su Orden religiosa tuviera a Santo Tomás de Aquino como máxima gloria intelectual, es claro que a nuestro criollo domirúco ya
no le fuera significativo ni siquiera como inspirador de una nueva escol~
tica al estilo Jaime Balmes o de cualquier jesuita antigalicano. Su talante
inquieto, ambicio;amen te abierto a la altura de su tiempo, le dotó de un
recelo perspicaz hacia lo conservador, hacia lo que tercamente se resiste
al cambio aunque sea mas cómodo y seguro, Con tal madera de revolucionario el padre Mier ni siquiera fue paulatinamente sorprendiendo a la
comunidad intelectual de su época, sino que de modo precipitado, inmaduro aún, se agenció de una vez para siempre (con su sermón del 12 de diciembre de 1974, donde rompía con la tradición oficial de Guadalupe) el
estigma imborrable de hereje y un largo destierro a las cárceles de España.
No es el momento de recordar el contenido de tan audaz sermón donde
deslegitimizaba nada menos que los derechos de conquista de España, pues
su evangelización llovió sobre mojado dado que las culturas precortesianas
desde el siglo I habían sido evangelizadas por el apóstol incrédulo Santo

Tomás. Con más detenimiento glosaremos este sermón en la segunda parte
de esta reflexión. Ahora, lo que nos preocupa es repasar los motivos, que
para nosotros componen el lado utópico-racional de nuestro genio, porlos
que urdió la poemática creencia de un cristianismo indígena apostólico que
implícita y gravemente contenía la conjura contra la Metrópoli (Villoro,

1984).
Evidentemente, el padre Mier confonne al tiempo y las circunstancias
fue descubriendo toda la motivación utópica que entrañaba como proyecto histórico mexicano su tesis central de un cristianismo apostólico en la
región del Collao y en Anahuac, según le ensefiara la crónica del agustino
Antonio de la Ca.lancha. Incluso esta misma tesis, que siempre fue el nervio
fiel de su criollismo rebelde, sufrió con el tiempo algunas matizaciones.
Los puntos que a continuación siguen, pues, Fray Servando no los comprendió de una sola vez, sino que los fue visualizando como anticipaciones prácticas para una República Mexicana Independiente.
a) En buena medida el mérito del dom.iico, como criollo que padece
en carne propia la decadencia del régimen borbónico invadido por Napoleón, fue precisamente el no haberse quedado en el resentimiento atragantado lino que con su mirar en tomo de la independencia de Norteamérica
y de la revolución Francesa, analíticamente ve factible la coyuntura oportuna para sacudirse el yugo, cada vez más apretado, de la tutela peninsular.
De este modo, alimentándose de la racionalidad de Clavijero, Boturini y el
abogado Borunda, que un agio después se hacían eco de los apologistas
del siglo XVII -Matteo Ricci y Louis Lecomte- que vieron que el confucianismo chino coincidía con d cristianismo, el padre Mier crea con fines
nacionalistas su patriotismo criollo (Gerbi).
Con su carísima tesis de una evangelización prehispánica tenema; en
Fray Servando un sólido y pintoresco valladar que en plenas Cortes de Cádiz
(1811), cuando el portavoz del Consulado de México pedía la limitación de
la representación novohispana, le acusó de en realidad ser portavoz de las
calumnias antiamericanistas del prusiano De Pauw, que tan usadas fueron
por el colonialismo europeo para justificar la sujeción de los americanos.
b) Como muy bien observa Brading en su inteligente y cálido ensayo
sobre los orígenes del nacionalismo mexicano, es en su exilio español donde el domirúco Mier concibe el modo en que México debiera ejercer su
estado de emancipación. Al abrigo de la amistad de Jovellanos, de la del
poeta Meléndez Valdés, y de Blanco White, todos ellos ilustres por su
ilustración, y con el enfoque histórico y constitucionalista que de ellos
misma¡ aprende, Mier combina el indigenismo histórico con los derechos
ancestrales criollos heredados de la conquista para llegar a la concluiión,
no tan de perogrullo como se podría pensar, y que por otra parte Rousseau

�102 Siglo XIX
ya bahía visto, de que el catolicismo debe ser propagador de la democracia
y antimonárquico.
No deja de ser irónico el que el archienernigo de los españoles encontrara en la misma madre patria, en la gaditana y liberal, la soberanía constitucionalista como arma idónea para que la hija por fin se hiciera patria
independiente. Pero tal soberanía bien merece otro inciso.
'
c) Es en Francia hacia 1801 donde en calidad de prófugo el padre
Mier comienza a ver en el sstema corutitucionaliJta republicano d mejor
modo político de hacer vigente la paz en la nueva nación mexicana. Sin
duda que fueron las buenas relaciones que mantuvo con Simón Rodríguez
-tutor de Simón Bolívar- y con el obispo jansenista Henri Gregoire, que
apoyó la constitución civil, las que le condicionaron decisivamente para
que sus convicciones católicas, aunque heterodoxas, no se violentaran con
un régimen de soberanía republicana que en Francia apoyaban tanto los
deístas estatales de Rohespierre como los anticristianos jacobinos. Por d
contrario, d obispo de Blois que de joven militó como presbiteriano para
luego ser el üder del clero constitucionalista, le enseñó a combinar las
libertades dd clero galicano y pistoyanense con las de la voluntad general representada soberanamente en el parlamento.
Si bien es cierto que en un primer momento el modelo visigótico de
"cortes" y "concilios" que d aristócrata asturiano Gaspar Melchor de
Jovellanos proponía como alternativa al absolutismo monárquico, influyera en Fray Servando para despreciar como inválidos los modelos de repú.
hlicas de Norteamérica y Francia, en un segundo momento mira hacia Inglaterra atento a su "centralismo bicameral" para injertarlo corno buen comienzo en la naciente patria mexicana. Pero ojo, sólo como buen comienzo, ya que luego, para la madurez de la nación, aconsejaba sin lugar a dudas la república federal. TaJ sensibilidad para el avance procesual del pueblo en sus reivindicaciones insurgentes es probablemente el aspecto más
razonable que la parte utópica de su mentalidad poseyera. En 1823 Mier,
en su famosa alocución "Profecía sobre la federación", y denunciando
la "nortemanía", dpcía:
encorvados trecientos años bajo el yugo de un monarca absoluto,
apenas acertamos a dar un paso sin tropiezo en el estado desconocido de la libertad. Somos como niños a quienes poco ha se han
quita.do las fajas, como esclavos que acabamos de largar cadenas
inveteradas.

En estas palabras ve el maestro Luis Villoro en su Proceso ideológico
de la Revolución de Independencia una lúcida crítica del padre Mier a la
tendencia "jacobina" que pretende poner en ejercicio principios, si se

]. B. Vilchi1 Reye1: Padre Mier, entre la utopi'a y la profecía

103

quiere, metafísicamente verdaderos, pero inaplicables en la práctica, porque consideran al hombre en abstracto y tal hombre no existe en la sociedad.

d) Por último, y sin tener la ilusión de haber agotado todos los elementos utópicos en la obra de Fray Servando, es muy interesante repensar lo que O'Gorman denomina la ''victoria pírrica" de nuestro monje
cuando, en 1799, el académico ilustrado Traggia, en contra de los censores Uribe y Omaña y el fiscal Nicolás Larragoiti, sale en su defensa con un
dictamen favorable desde la historia cri'tica ilustrada.
A raíz de esta defensa el padre Mier queda profundamente interpelado por la historia crítica, y ya que el padre Traggia deliberadamente supuso en su dictamen que Mier nunca creyó en el eslampamiento sobrenatural de la imagen de Guadalupe en la capa de Santo Tomás, aprovechó
para dudar de tal creencia y terminar convencido en su "Apología" de que
mas bien fué fruto de un burdo pincel indígena, aún cuando esta tesis
no dejara de tener graves escollos. En este punto y en el de la identifica
ción de Quetzalcoatl primero con Santo Tomás y luego con un misionero
oriental u occidental del Siglo VI, su antijesuitismo no fue tan eficaz, por
más que era sentimentalmente radical, a la hora de aplicarse tan obsesivamente pero sin éxito en los métodos de la historia crítica.
Si con tal empeño alcanzó o no la verdad histórica que a Halperín
Donghi tanto le preocupa, no creemos que sea la cuestión decisiva en un
patriota cuya fundamental preocupación era la emancipación de su pueblo desde sus más caras e idiosincráticas devociones.
Dentro de esta milma "malograda" proclividad por la ciencia histórica ilustrada hubo un aspecto del pensamiento político de Mier que no
ha tenido aún una mas atenta reflexión y donde su sensibilidad histórica
no sólo no es "malograda", sino que sabia y profundamente hinca su visión utópica en el momento generatriz de nuestro indigenismo histórico.
Nos estamos refiriendo al hecho de que cuando Fray Servando imagina anticipadamente una "carta Magna" para un México independiente, así como Jovellanos y sobre todo el erudito historiador legista Francisco Martínez Marina que, buscando un modelo para España, se inspiran en el pasado
visigótico con sus instituciones representativas que limitaban el poder
monárquico (Brading), el padre Mier se inspira en la tradición utópica
y profética de los primeros misioneros del agio XVI (Sala). Precisamente en
estas tradiciones, que en el siguiente apartado discerniremos, Fray Servando en el libro XVI de su Historia de la Revolución de Nueva España fundamenta la legitimidad de los criollos insurgentes: son ellos los verdaderos
herederos espirituales de los primeros misioneros que con gran celo apos-

�J. B. Vi/chis Reyes: Padre Mier, entre la utopía y la profecía l 05

104 Siglo XIX
tólico defendieron al iridígena de la encomienda del conquistador. Para él,
en estos misioneros estaba la clave de un verdadero "pacto social" que pusiera en vigencia la paz entre los mexicanos del siglo XIX, y no en el "contrato antisocial" de los jacobinos afrancesados.
Nacionalismo criollo, Democracia y antimonarqu,a, Constitución republicana y Previsión histórica, serían los cuatro elementos utópicos que
por ahora podemos ofrecer del pensamiento eminentemente "teurgico"
(Ortega) del padre Mier. Estos elementos serían los componentes de su
dimensión racional, práxica e lústórica (Gutiérrez) que le posibilitaron
verear lavigencia,aunque frustránea, de nuestra liberación nacional. Pero en
Fray Servando no sólo se da una utópica vigencia de la Paz sino que, como
hombre profundamente religioso que fué, tuvo una visión profética de la
paz en la que la vigencia utópica no sólo se imbrica sino que autónomamente se genera. Sin duda que entre una y otra media el salto de la libertad histórica, pero no creemos que, al menos en el drama humanístico de
Mier, se dé la contradicción. Pasemos, pues, al mostramiento de los temas
que componen la esperanza profética, que como imperativo de liberación/
consumación de la historia, tuvo nuestro visionario.

2. PROFETISMO EC-TOPICO EN LA VISION DEL PADRE MIER
Así como Fray Jerónimo de Mendieta, el último franciscano apocalíptico que conoció a los primeros doce (Phelan ), representa la consumación de un período y de una gran tradición que reivindicó al indio como
protagonista dd Nuevo Mundo, para nosotros Fray Servando Teresa de
Mier bien puede representar con su original guadalupanismo la conswna•
ción del criollismo y el resurgimiento del indio, si no como protagonista,
sí como antagonista que tiene todo por reivindicar. El indígena legitimador de América como Nuevo Mundo será el motivo principal de esta segunda parte. La extraordinaria "virtualidad metafórico-poética" de Guadalupe, no sólo le confiere el poder de ser la creencia indígena por excelencia, sino también el poder_heurístico de representamos los paradigmas mas
significativos -y hasta anti-paradigmas- de una posible historia de la teología (Kling) de la liberación mexicana. Pemútasenos decir: "María-Guadalupe como reina del cielo es la reina de los mestizos llamados a construir
la raza universal sobre la tierra (en nombre del Señor de la historia, su hl. )...•
"
JO
Creemos válida la nominación de "profetismo" aplicada a la visión
histórico-teológica del padre Mier, pues aparte de encontrar en ella los
principales elementos que se han sistematizado como propios de la tradición profética judeo-cristiana (Neher; Tresmontant; Sch6kel), también ve-

mos en su "talante" y genio religioso, acentuado por sus amigos jansenistas españoles y franceses, un visionario de marcado carácter apocalíptico,
aunque ambiguamente milenarista.
Lo de "ec-tópico" no queremos que sea un huero alarde etimológico.
Mas bien responde a la necesidad doble de por una parte denotar un "estar
fuera críticamente de la razón tópica", de la cual aunque irrelevante Mier
tampoco estuvo exento, y por otra la de connotar y conectar con una realidad última y definitiva -escatológica- que la tradición judeo-cristiana ha
poetizado históricamente en sus principales textos sagrados (Vilchis).
Si la palabra grandilocuente de Fray Servando, a pesar suyo, reivindica al indio como antagonista potencial tanto de los criollos como de los
peninsulares, el verbo de Juan Larrea de esencial estro poético y un siglo
mas tarde va dirigido a la anábasis del indio hispanoaméricano como agonista del Espíritu. Resulta altamente significativo, y no sólo para el álgebra astral y cabalística, que los dos sean desterrados y heterodoxos, apasionados buscadores de Viracocha e irredentos guadalupanistas. Lo que
uno reclama en el siglo XIX, el otro lo rinde humilde y generoso en el XX.
"Reclamo y rendición" por fin se redimensionan una vez mas, quizás como
última oportunidad, en el ahora de lberoamérica sobre el tálamo de lapalabra mestiza para concebir el nuevo Espíritu liberador.
Veamos entonces tales elementos proféticos:
a) Desde una promesa de liberación el padre Mier le toma el pulso a su
opresor y decadente presente; dictaminándolo como inviable se lanza a
buscar con selección y recuerdo en el pasado de las tradiciones mexicanas
para reactualizar creativamente la posibilidad lústórica de la Independencia. En esencia hace el mismo movimiento histórico-profético que Judas
Macabeo bajo los Seleucidas, que Daniel bajo Nabucodonosor o San Juan
bajo el imperio romano. En tan peculiar "tensión esencial" que genera el
cambio social, los tres tiempos del vivir histórico quedan recreados culturalmente desde la palabra generatriz del Exodo (Pixley).
... a los americanos a quienes se dió por norma y amparo una arca
mas misteriosa copiada al ejemplar de los designios de Dios sobre
el monte de la' nueva ley, arca que apareciendo en fjgura de nube
a los españoles en Tiaxcala ?~!:&gt;eló al idólatra Caanan y l_os intr?;
dujo en esta tierra de promfüon; arca que llevada a Mex1co abno
las aguas de su mayor inundación, como las del Jordán; arca también cautiva entre los filisteos, escondida por otro Jeremi'as en
un lugar incógnito cuando fa irrupción de los Caldeos, descubierta
después que el pueblo escogido salió de la escll\vitud de Babilonia,
llevada a la casa de Obededón, al alcázar de Sión, y últimamente
trasladada a su propio lugar, templo y santuario que se mandó fa-

�106 Siglo XIX
bricar, con una dedicación semejante a la del templo de Salomón
(sermón).
Tildar a Fray SeIVando de "inventor de mitos" desde esta perspectiva
nos parece del todo arbitrario. Lo que a hace es recrear creencias populares desde la profec(a histórica. El mito no se recrea, sólo se repite a pesar
de los acontecimientos históricos (Neher). Guadalupe no es un mito como
el de Tiresias, por mas que sea sugerentísimo relacionarla con él: es una
profecía. No poder distinguir ésto me parece una grave pobreza para quien
quiera entender algo de la historia de la américa hispanoindia.
Mier, mas que inventar, recoge y recrea el material que algunos cronistas del siglo XVI y XVII - Betanzos, Cieza de León, Sarmiento de Gamboa, Calancha, Sigüenza y Góngora, Gregorio García ...- ofrecen como
indicios del paso de un apóstol por Am.érica y por el Pero (Duviols). En su
sermón del 12 de diciembre de 1794 se convierte en piedra de escándalo
ante alcabaleros, centuriones y sepultureros por afirmar que "mil setecientos cincuenta años antes del presente la imágen de nuestra Señora de
Guadalupe ya era muy célebre, y adorada por los indios ya cristianos en la
cima plana de esta tierra de Tenanyuca donde la erigió templo y colocó
Santo Tomás".
Hasta su muerte obsesivamente perseguido por esta convicción, no sin
reeleaboraciones tercas en Quet:zalcoatl, d padre Mier finca sobre ella
como sólida y angular piedra escrita la nueva ciudad mexicana desposada
con la emancipación nacional. Si algún apóstol del siglo I o VI, Santo Tomás o San Brendano, oriental u occidental, siempre Quet:zalcoatl o Viracocha, cristianizó a los indios antes que Colón y Cortés, la opresora colonia de los españoles no solamente es injusta en lo humano, sino ilegítima
en lo divino. Luego, la rebelión insurgente, como imperativo ético-profético, es una tarea inescamoteable - metafísicamente (Miranda)- a organizar en el presente.
b) Ahora bien, si con la tesis de un cristianismo apost-0lico en América
le hubiera bastado para sus propósitos insurgentes ¿por qué Guadalupe como transparente columna y torre de señales?
No nos escapa que esta pregunta en Mier sólo tiene respuesta rotunda
en las últimas habitaciones de su sangre. Pero algo podemos decir si reflexionamos desde lo que Guadalupe tradicionalmente ha significado y significa para el indio y mestizo mesoamericano. Qué duda cabe que como fina construcción de la imaginación poética de nuestro pueblo, Guadalupe es
el símbolo que desde nuestra mas profunda orfandad ha logrado con su
azulenca morenez darnos una identidiad eminentemente sincrética. En ella
el indígena se mestiza y virtualmente acepta a su matria herida y renace a

J. B. Vilchis Reyes: Padre Mier, entre la utopia y la profeda 107
la posibilidad de una patria redimida. Sin Guadalupe, a lo mejor a los mexicanos no nos queda como alternativa mas que imitlr a los jacobinos y/ o
ser unos hijos de la chingada (Paz) ...
Leonardo Boff tiene en su valiente libro prohibido (por los rnismos
alcabaleros centuriones y sepultureros que Mier otrpra escandalizara)
unas palabras que salvando las distancias hasta parece que las cscri~ió
para estos borrones; y ya ~ e el libro libre no c!rcula'. vale la pena co~~ar
el siguiente texto de su capitulo "En favor del smcrebsmo: la elaborac1on
de la catolicidad del catolicismo":
(El sincretismo como refundición) Se trata de un largo proceso de
producción religiosa que es casi imperceptible. La religión se abre
a las diferentes expresiones religiosas, asimilándolas, reinterpretándolas y refundiéndolas desde los criterios de su pr?pia iden tidad. No se trata de un mero asumir, sino de un refundir y un convertir que a veces supone crisis, momentos de indefinición e indeterminación, no sabiéndose a ciencia cierta si la identidad ha quedado preservada o diluida. El proceso histórico constituye un factor decisivo que permite que el ethos básico de la religión dominante consiga "digerir" los elementos adventicios y hacerlos suyos.
Podemos decir que todas las grandes religiones que han tenido un
desarrollo sistemático han resultado de un inmenso proceso de
sincretización.
(El cristianismo es un grandioso sin~re~smo) El sincretismo, p~r
tanto, no constituye un mal necesario ru representa una patolog1a
de la religión pura. Por el contrario: representa su "normalidad",
como momento de encamación, expresión y objetivación de una
fe o experiencia religiosa. Naturalmente que puede, como veremos, presentar patologfas, _pe~o fundamentalment~_surge _c?mo
fenómeno universal constltu avo de toda expres1on religiosa.
Si el pensamiento del padre Mier es universalizable es precisamente
por haber calado hondo en el alma de nuestro pueblo y en el drama de
nuestra historia de la que el símbolo de Guadalupe es inseparable.
Escuchémosle una vez mas:
El color moreno del rostro de nuestra Señora significa la encarnación y pasión de nuestro Señor, pues en mexicano se dice poyauac
una cosa matizada de flores como la primavera, y advirtiendo su
sinónimo camilectic "que fue en pie o viviente al tiempo de pintar la fruta'', alude el rostro de nuestra Señora a la estación en que
se obraron aquellos altos misterios (... ) Pero si San Juan a1 verla vestida del sol y calzada de la luna sólo exclamó arrebatado que
veía un prodigio grande, signum magnum ¿cómo he de proseguir

�108

J. B. Vilchis Reyes: Padre Mier, entre la utopi'a y la profecía

Siglo XIX

yo a descifrar, sobre lo que aquello contiene en el Apocalipsis, lo
que cifra en los frasismos de los indios a quienes se dió por norma
de su creencia Omomachiotinextiquis? (sermón).

109

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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De este ya largo inciso sólo nos queda recordar que al fin y al cabo el
símbolo y la imágen de Guadalupe son ensoñadamente vistos y elaborados
en el primer colegio de América "Santa Cruz de Tlaltelolco", institución
fundamental para el despliegue de la inmensa obra misional, apoca]iptica
y inilenarista, de los primeros doce franciscanos del siglo XVI (VilchisSala). Fueron los indios - Valeriano, Alva y Cipac- los que maravillosa e
inspiradamente la encuentran, se les desvela como la mítica Kalypsos...
como la "mujer vestida de sol" que en el siglo XVII ~ligue! Sánchez descifra en ella (De la Maza).
Para nosotros es claro que Fray Servando descontinuadamentc continúa esta tradición, adecuando y refundiendo, como buen profeta, el sincretismo universal de Guadalupe a la coyuntura lústórica que le interpela
como palabra de Dios. El reactualiza la profecía guadalupana porque quiere ser fiel a su pueblo y a su lústoria; respetando en todo momento su estructura de liberación inmanente a su entrañable sentido apocalíptico
(Gorgulho-Anderson).
Aún podrían repensarse desde este punto &lt;lt' vista dos t&lt;&gt;mas más 1¡uc
también son de relevancia en el pensamiento teológico del dominico, pero que necesitamos mas elementos de juicio que en este momento aún no
disponemos. Tales temas sen'an: 1) su jansenismo político y eclesiástico
que le hacía sentir la necesidad de una profunda reforma de la Iglesia
católica teniendo como modelo la comunidad cristiana primitiva; y 2) su
ambiguo interés que muestra en sus memorias por el milenarismo del &lt;'Xjesuita heterodoxo Manuel Lacunza.
... rasgadme el pecho de la sombra
y dad mi sangre al sol. ..

Ganarás la Luz
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ScMkel, Alonso-Sicre, Díaz, Los Profetas, Ed. Cristiandad, Madrid, 1980.
Tresmontant, Oaude, La doctrina moral de los profetas de Israel, Ed. Taurus,
Madrid, 1962.

�Valladolid, el mundo de Morelos

110 Siglo XIX
de Unam\Ulo, Miguel, En torno al Castici,mo, 1, DI, {1895) Ensayos, Madrid,
1945, t. l, pp. 40-49.

Abelardo Villegas*

Vilchis, Jaime, Visión y Vigencia de la Paz, en prensa.
Vilchis, Jaime-Sala, José, "Apocalipsis e historiografía en los primeros franciscanos de Nueva España", Prometeo, Universidad de Guadalajara, en prensa.
Vílloro, Luis, El proceso ideológico de la Revolución de Independencia, UNAM,
México, 1983, pp. 245-250.
Villoro, Luis, Los Grand/!3 Momentos del /ndigeni,mo en Mhcico, Ed. de la Casa
Chata, México, 1984, pp.137-145.

-

A tendiendo al título del Simposio, "El mundo de los libertadores,,,
me propongo tratar de elucidar cómo el análisis de algunos aspectos de
uno de ellos, José María Morelos, puede servir como factor explicativo
no sólo de su acción personal sino de la independencia en general. Varios
de los caudillos de la independencia lúspanoamericana eran criollos, lo
cual significa en general que descendían de padres españoles. sin mezcla
de las castas o indios americanos. O, al menos, eso creían ellos. Esto nos
avisa, en primer término, que las diferencias clasistas o de grupo en la sociedad colonial eran también, y en fuerte medida, diferencias raciales. La
sociedad colonial era una sociedad racista con criterios explícitamente ra-.
cistas que sólo en parte han sido superados en la época actual. Bolívar mismo, que era criollo, tuvo que ser defendido así por su maestro Simón Rodríguez:
¿qué dirán las naciones europeas cuando lleguen a saber que Bolívar es zambo? - iQué dirán los rubios de Inglaterra, los de Escocia, los de Francia y sobre todo los de... Andaluda? iun Zambo
mandando indios en el Perú!. .. iqué impropiedad i-Y ¿qué
dirán las gentes de juicio, si el autor de esta defensa emprendiese
probar, con papeles o con opiniones, que Bolívar es blanco de
primera, de segunda o de trigésima extracción? -noble de primera
o de centésima jerarqui'a: -Bolívar y su defensor son ZAMBOS;
pero ninguno de los dos es NECIO.!

En cambio Morelos, mestizo aindiado, probablemente con un poco de
sangre negra, interrogad.o por la Inquisición se declara "español". Estaba
acostumbrado a hacerlo porque los mestizos y castas carecían de privilegios y de oportunidades. La ordenanza del Seminario Tridentino de Valla-

* Facultad

de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México. Ponencia presentada en el coloquio sobre GEl mundo de los h'bertadores. Sentido
y proyección de la gesta emancipadora", Ciudad de México, octubre de 1982.

�A. Villegas: Valladolid, el mundo de Morelo,

ll3

ll2 Siglo XIX
dolid donde él estudió indicaba que se aceptaría al aspirante sólo si "es
español o indio puro, fin mezcla de otra mala generación de judíos, moros, chinos, mulatos o semejantes ".2 A esas alturas, último tercio del siglo XVIII, estas ordenanzas ya no se cumplían al pie de la letra, pero sí
indican cuáles eran los criterios de prestigio social que iban aunados a los
p~estos salientes de la sociedad colonial. Sensibles a estos criterios d~riminativos muchos de los próceres de Hispanoamérica abolieron la esclavitud. En concreto, Hidalgo y Morelos, además, abolieron los impuestos que
pesaban sobre las castas por el puro hecho de serlo. Esto no puede considerarse como una perspectiva puramente criolla; los criollos admiraban a
veces las civilizaciones indígenas del pasado remoto pero despreciaban al
indígena del presente aunque en la letra la'S leyes lo protegieran. Pero si
frente al indio tenían esta actitud ambivalente, su desprecio por los negros
era infinito. Los criollos fabricaron una serie de teorías indigenistas pero
ninguna negrista que yo sepa. La protección a los mestizos y a las castas es
una ruptura del punto de vista racista de los criollos y españoles.
En ~1orelos se da siempre un ímpetu de ascenso social. Abandonado
por su padre, su madre, su abuelo y sus parientes le costearon el aprendizaje de las primeras letras pero no pudieron pagarle la beca para sus estudios de seminario. Entonces, a los catorce años se empleó en el ranebo de
Tahuejo, donde permaneció alrededor de once años -1779-1790-. El
profesor Lemoine nos informa que este rancho era uno de los siete que
pertenecían al latifundio hacienda de San lldefonso Tarentan, propiedad
de la familia Iturbide en la zona caliente del estado de Michoacán. Pero no
se empleó en calidad de arriero como al parecer inventó Carlos María de
Bustamente, sino como "labrador", según declaró a la propia Inquisición.
Lemoine nos aclara lo que entonces significaba esta palabra. Labradores
eran, según una de las representaciones de Abad y Queipo, que fue obispo
balín de Michoacán, aunque gran intelectual, la gente ligada a la agricultura, desde los propietarios hasta los administradores y contralores, pero
no los peones. Morelos no era peón sino una especie de contralor ayudante del administrador el cual, a su vez, no era más que ayudante dd administrador de San Ildefonso, en tan to que la familia Iturbide residía en Valladolid. Y es que Morelos sabía leer, escribir y hacer cuentas. En ese rancho aprendió a manejar cuadrillas de peones y a administrar, cualidad esta
última que se refleja tanto en su vida privada como en el manejo del movimiento insurgente.
Estaba, pues, muy familiarizado con los probl~mas del a~o en una de
las zonas más ricas de México. lrúcialmente la prospera hacienda de San
Ildefonso Taretan había pertenecido a los agustinos, quienes la extendieron a costa de los terrenos de los pueblos de indios y luego tuvieron que
venderla en virtud de las medidas secularizadoras de los Borbones. El

proceso por el cual las haciendas se extendieron a costa de los pueblos de
indios se inicia desde los primeros años de la conquista hasta el porfirismo.
En sendos decretos Hidalgo y Morelos expresaron sus deseos de que las
comunidades indígenas gozaran íntegramente de las tierras que les pertenecían. El decreto de Hidalgo es famoso:
...mando a los jueces y justicias. .. que inmediatamente procedan
a la recaudación de las rentas vencidas hasta el dfa, por los arrendatarios de las tierras pertenecientes a las comunidades de los naturales, para que enterándolas en la Caja Nacional se entreguen a
los referidos naturales las tierras para su cultivo, sin que para lo
sucesivo puedan arrendarse, pues es mi voluntad que su goce sea
únicamente de los naturales de sus respectivos pueblos.3
Morelos expidió decretos parecidos pero en el sitio de Cuautla quedaron abandonados unos papeles no escritos por Morelos, pero sí autorizados
por él, que van más allá aunque en un contexto vago y muy vinculado a las
peculiaridades de la lucha:
Deben -se dice en esos papeles- inutilizarse tocias las haciendas
grandes, cuyos terrenos laboríos pasen de dos leguas cuando mucho, porque el beneficio positivo de la agricultura consiste en que
muchos se dediquen con separación a beneficiar un corto terreno
que puedan asistir con su trabajo e industria, y no que un sólo
particular tenga muchas extensiones de tierras infructíferas, esclavizando millares de gentes para que las cultiven por fuerza en la
clase de gañanes o esclavos, cuando pueden hacerlo como propietarios dc;_un terreno limitado, con libertad y beneficio suyo y del
público.4
A estas medidas se añadían medidas concretas de reparto de semillas,
dinero, ganado, de manera "que nadie enriquezca en lo particular, y todos
queden socorridos en lo general" en los territorios que iban ocupando los
insurgentes.
Sin embargo, en los once años transcurridos en Tahuejo Morelos no da
señas de que algo de esto se le haya ocurrido ni de prepararse para una actividad redentorista. Ahorra para sostener a su familia y para reunir el dinero
de la beca de estudios. Lemoine señala con razón que en Morelos hay una
vocación urbana. No le iba tan mal en Tahuejo y hasta hubiera podido ascender a administrador, pero prefirió regresar a Valladolid, la ciudad obispal y señorial. La prosperidad de Valladolid no se debía ni a su situación,
ni a su comercio ni a su agricultura, sino justamente a ser la sede del obispado. El obispado se había iniciado en Pátzcuaro, pero las intrigas contra
Vasco de Quiroga condujeron a que se produjera la mudanza. Era, pues,
Valladolid, una ciudad clerical, pero también administrativa porque era
la receptoría de rentas, impuestos y donaciones eclesiásticas, en donde la

�114 Siglo XIX

A. Villegus: Valladolid, el mundo de More/os

115

autoridad civil estaba de hecho subordinada a la influencia del obispo entre otras razones porque el obispo era mucho más rico. No es extraño que
Morelos, en su ímpetu ascencional, quisiera pertenecer a esa corporación,
aunque fuera en sus estratos más bajos.

1815, a la vista del desastre, lo envió a estudiar a los Estados Unidos. Almonte efectuó ocho años de estudios y luego regresó para incorporarse al
cuerpo diplomático y al partido Conservador desempeñando el papel que
todos conocemos.

Efectúa, pues, seis añ0$ de estudios sacerdotales, de 1790 a 1796, primero en el colegio de San Nicolás, cuyo rector era Miguel Hidalgo; luego
en el Seminario. Morelos había nacido en 1765, tenía, pues 24 años cuando inició sus estudios en ese Colegio, estudios cronológicamente equivalentes a lo que serían hoy los secundarios, once años mayor que el resto de
sus condiscípulos. Dichos estudios consisti'an principalmente en gramática,
retórica, filosofía, teología y dos años de latín, nada excepcional y sí al
parecer de baja calidad. Un poco antes de terminar, fue a México, hizo el
examen de bachillerato en artes en la Real y Pontificia Universidad y en
veinte días regresó para tomar los hábitos. Inmediatamente pidió una colocación y fue destinado auxiliar del cura de Uruapan, parroquia muy rica
que proporcionaba fuerte influencia local. Según una Inspección ocular,
citada por Lemoine, Uruapan es

La carrera de Juán Nepomuceno Almonte era el corolario lógico de la
trayectoria social de Morelos. Localizado éste en el seno de las clases medias bajas iba ascendiendo en virtud de su profesión, que como tal se puede concebir el sacerdocio. No era extraño, pues, que llegara a tener un hijo caballero y además conservador y monárquico. En Morelos hay una
quiebra; antes de 1810 no es ningún rebelde ni se prepara para la Revolución, su carrera es la de un sacerdote un tanto administrativo, un poquito
comerciante y nada místico puesto que para él, como para muchos otros,
el celibato era letra muerta. Y de pronto todo lo abandona para seguir a
Hidalgo.

curato de tasación y pagan estos naturales a su cura, de las festividades anuales, 1164 pesos, 32 reales. Ademá,s, 2 pesos por cada
difunto. Costean una arroba de cera de Castilla y Je dan todos los
días sal, chile, atole, tortillas y tamales al medio día y a la noche,
y leche los días de vigilia. Cada ocho días un peso de carne y 38
pesos anuales para verduras y terneras, el sebo para el gasto de su
casa, el zacate, agua, leña, ocote, carbón y huevos que consume; y
luego, los sitvientes, llamados pazaris, mita tes, caballerangos y petapes sin contar los cantores, sacristanes y campaneros, que dan
estos indios por separado para el servicio de la iglesia. ~ecibe también el cura de estos naturales 28 manteles y 30 pollos.5
Comenta el historiador que por eso los curas, a medida que discurría
su labor, se iban poniendo gordos y lucios como gatos de sacristía.
Algo de esto debe haberle tocado a Morelos. Sin embargo, él pidió
una parroquia propia. Pero como no tenía influencias le dieron un curato
miserable en tierra caliente, Churumuco, y luego otro más o menos igual,
el de Carácuaro. Pero sus talentos administrativos lo sacaron de pobre, en-.
tre otras razones porque era inflexible en el cobro de sus servicios e impuestos; además, compraba quincalla de Valladolid y la vendía en Carácuaro así como enviaba al mercado de Valladolid los frutos de tierra caliente y a veces fungía como contratista de obras. De acuerdo con su vocación urbana logró comprarse una casa en esa ciudad, a sólo tres cuadras de
la calle Real, donde vivían las familias más distinguidas. Ante la Inquisición confesó haber tenido tres hijos, pero a quien más quería era a Juan
Nepomuceno Almonte, quién lo acompañó en todas sus campañas; y ya en

Fijémenos un poco en la cuestión religiosa. Sin duda detrás de la fa.
chada del cura negociante había algo, como un estrato profundo del sentimiento religioso, porque ni él ni Hidalgo conciben a la constitución de la
nación mexicana sin el catolicismo. En los Sentimientos de la nación, al
lado dr la idea de que la soberanía dimana del pueblo, de que se proclama
ya la idea de la independencia de América, de que se debe distribuir la riqueza para moderar la opulencia y la indigencia establece "que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra" y que "todos sus ministros se sustenten de todos y sólo los diezmos y primicias y el pueblo no
tenga que pagar más obv~nciones que las de su devoción y ofrenda". Se
trata de un catolicismo acendrado que no se considera incompatible con
la independencia y lo que hoy llamaríamos justicia social. Un ascendiente
del catolicismo que cien años después acompañaría al zapatismo.
Hidalgo es de la misma opinión; cuando se defendió de las acusaciones de herejía dijo que
jamás me he apartado ni en un ápice de la creencia de la San ta
Iglesia Católica: jamás he dudado de ninguna de sus verdades:
siempre he estado convencido de la infalibilidad de sus dogmas
y estoy pronto a derramar mi sangre en defensa de todos y cada
uno de ellos.
Esto lo afirmó en un manifiesto a los mexicanos, y agregó:
abrid los ojos americanos, no os dejéis seducir de nuestros enemigos: ellos no son católicos, sino por política; su Dios es el dinero. .. ¿Creéis acaso que no puede ser verdadero católico el que no
está sujeto al déspota español?.6

�116 Siglo XIX
En su libro sobre la ideología de La Revolución de Independencia Luis
Villoro dice que, en un cierto momento, los españoles son los acusados de
herejía por afrancesados, por contaminados de la ideología napoleónica.
También observa que mientras Hidalgo es un caudillo ilustrado atraído por
las causas populares, Morelos es un caudillo propular atraído por la ilustración. Bueno, pues este su carácter popular es lo que explica su catolicimo no fingido y sí muy acendrado y también explica que ellos mismos
puedan distinguir que el catolicismo puede ponerse al servicio de la explotación, la esclavitud y el coloniaje así como al servicio de la independencia
y de las reivindicaciones raciales y económicas. En el caso de Hidalgo, como se ha visto en este simposio, aunaba ciertas corrientes progresistas de la
teología con las tesis de la Ilustración,

La generación que hizo la independencia fue anterior a la división maniquea que se abrió entre liberales y conservadores. De hecho es la que origina a estos dos grupos, cuando menos en México. En realidad fue la historiografía liberal la que hizo una interpretación liberal de la independencia
así como los conservadores la denostaron. Los liberales, por ejemplo, tratan de soslayar el monarquismo inicial de los insurgentes. No se trataba de
un simple disfraz, para los insurgentes criollos y mestizos había una distinción entre d rey Fernando, es decir, la corona 1 y los españoles. El Reino de
la Nueva España era un Reino Federado a la corona, pero no dependiente
de los españoles. Para Hidalgo no había ninguna contradicción entre matar
gachupines y proclamar su adhesión a Fernando. Cuando falta la corona
por obra de los manejos de Napoleón, los criollos se sienten con el mismo
derecho que los españoles y por eso el licenciado Rayón funda una junta
que debería desempeñar el mismo papel que desempeñaban las diferentes
jintas españolas. 7
La alternativa ilustrada a este monarquismo era la idea de un congreso_ Fray Servando Teresa de Mier lo diría muy elocuentemente: "congreso, congreso, congreso, luego, luego luego". Pero ya en la concepción
monárquica y católica de Hidalgo se introduce la idea de congreso. Y Morelos es el que la lleva a su primera realización; en realidad Morelos opone
la idea de congreso a la junta de Rayón. La idea de independencia, es decir,
de la disolución del vínculo federal con la corona, se va abriendo paso poco a poco en la mente de Hidalgo y sobre todo en la de Morelos, no sin
dificultades. Y desde luego, nada o casi nada, la de una presidencia republicana. También cabe recordar que, cancelado el aspecto social, los criollos consuman la independencia instaurando una monarquía que nada
más era parlamentaria de dientes para afuera, como lo demostraron los
acontecimientos.

En México la idea monárquica fue muy persistente. Tuvimos el impe-

A. Vr1lega8: Valladolid, el mundo de Morelo, 117

rio de lturbide y el de Maximiliano y algún nebuloso intento de Santa
Anna. Por eso con razón ha dicho el historiador Edrnundo O'Gorman que
en cuestiones de política, México osciló entre tener un emperador presidente o tener un presidente emperador, Este último es Porfirio Díaz que
tantas herencias dejó a la Revolución. (a fuerza y el centrismo del presidente mexicano eon un trasunto del viejo monarquismo. Así también puede explicarse en parte la debilidad del congreso mexicano
Ahora bien, el almácigo de la Revolución de Independencia fue la
ciudad obispal de Valladolid, ciudad monástica, administrativa y señorial,
muy característicamente colonial. De allí eran las figuras más radicales,
alü pasó Hidalgo sus mejores años hasta que lo desterraron a Colima, en
sus goteras nació Morelos; de allí fueron sus principales enemigos: Abad y
Queipo fue su obispo, Riaño fue su intendente. Allí nació, de opulenta
familia, Agustín de lturbide, que combatió a los insurgentes y luego consumó la independencia traicionando en realidad los ideales radicales de
sus iniciadores.
Aparentemente ultramontana, allí se impulsaron para el México independiente los ideales de monarquía y religión católica oficial. Pero también allí surgió la idea del reparto agrario, de la abolición de la esclavitud y
de la discriminación de las castas, de la eliminación de los múltiples impuestos con los que se agobiaba a las clases humildes. De allí nació la idea
de congreso, de la separación de poderes y de la soberanía nacional.
Valladolid, hov Morelia (al fin se abría de consumar la aspiración
urbanística del cura de Carácuaro), es el símbolo de la unidad original. Un
magma en donde se mezclan en forma proteica tendencias que de pronto
se combatirán furiosamente y de pronto se conciliarán amigablemente.
Ciudad que le formó al cura administrativo una doble naturaleza, simbólica
también de su propio país. Unidad original anterior al doblez maniqueísta
con que nos han acostumbrado a ver al siglo XIX, es todo un microcosmos que revela las paradojas de nuestro ser nacional.

�118 Siglo XIX

-

Las Ideas en el Perú.
Ilustración y romanticismo (1780-1826)

NOTAS

Citado en Leopoldo zea y Abelardo Villegas, Antolog¡á ~el pensamiento social
l. y pd(tico de América Latina. Unión Panamericana, Washington, 1964, p. 206.

María Luisa Rivara de Tuesta*

2. Véase el magnífico libro de Ernesto Lemoin~, -~el dculalGobb~ve mdeuclh:tada¿osd:
ideas, Morelos y la revolución de I 81 O. Ed1C1on e
o 1emo
s
Michoacán, México, 1979, p. 32 Y ss.
3. Antolog¡á, p. 99.

4. Ernesto de la Torre Villar y otros, Historia documental de México, Universidad
Nacional Autónoma de México, México, 1964, p. 87.

5. Lemoine, Morelos, p. 126.
6. Antología, p.100 YSS.
1

Véase de Luis Villoro, La revolución de independencia. Universid3:d N~cio~
• Autónoma de MéKico México, 1953; y el mío, La filosofía en la historia pol1tica de México. Editorial Ponnaca, MéKico, 1966.

-

La historia de las ideas en Latinoamérica y en el Perú está intrínsecamente unida a nuestro desenvolvimiento filosófico. F.s más, es un producto
de él. Si bien es cierto que nuestra "Filosofía", en sentido estricto, es decir, referida a la construcción de grandes iástemas filosóficos y al hecho de
que no haya tenido un carácter eminentemente creativo y más bien sí imitativo, ha seivido de fundamento a los pensadores, que inspirados por
esos sistemas o por determinado filósofo, procuraron hacer válidas esas
filosofías aplicándolas reflexivamente a determinadas realidades coyunturales históricas a fin de superarlas. La filosofía !irvió así, desde su vertiente práctica, como guía de la conducta del hombre americano, proporcionándole determinados filosofemas o principios racionales que al conjugarlos con nuestra realidad sirvieron, en primer lugar, para patentizar una situación defectiva que obligaba a efectuar modificaciones en la estructura
en vigencia y, en segundo lugar, condujeron a la modificación, reforma o
cambio de esa situación coyuntural.
El trabajo que hemos realizado sobre historia de las ideas en el Pení
en el siglo XIX obliga a examinar, en primer lugar, las influencias filosóficas -Ilustrada y Romántica- y en segundo lugar, su aplicabilidad a la
realidad coyuntural que atravesábamos y está por eso ligado intrínsecamente al proceso histórico de nuestra nación y al de América del Sur. Podn'amos, por las temáticas que hemos desarrollado hasta la tercera década
del siglo XIX, asegurar que un horizonte ideológico proveniente, primero
del pensamiento austrado que llega, aproximadamente, hasta 1816 es el
que produce sus efectos sobre los hechos históricos que tienen lugar en
nuestro país, luego se observa la penetración del pensamiento romántico
social, que es a la postre, el que influye con más fuerza en las decisiones
adoptadas, no solamente en el Perú, sino en América del Sur.
• Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de San Marcos, Pení.

�120

Siglo XIX

En lo que respecta a las temáticas desarrolladas están vinculadas al
proceso histórico y referidas a la penetración de nuevas ideas dirigidas a
criticar al listema impuesto por España en sus colonias. Se apoyan estas
críticas en la filosofía ilustrada y conducen al primer movimiento subversivo: La rebelión de Túpac Amaru; a este movimiento han de sucederle
otros a nivel continental que van desintegrando, paulatinamente, al réfi.men político realista. La entrevista de Guayaquil, en la que San Martín y
Bolívar intercambian ideas sobre las acciones a tomar a fin de arrojar definitivamente a los españoles de nuestro territorio, así como nuestra decisión de adoptar la fórmula republicana y establecer las bases de un gobierno democrático, están enmarcadas en nuevas concepciones ideoló@cas ·de
corte romántico social y conducen a sellar en las pampas de Junín y Ayacucho la independencia americana.
Establecida la república y logrado el propósito fundamenta~ la liberación política de España, el Pero, en lo que queda del siglo XIX, lapso que
no hemos desarrollado en este artículo, ha de debatirse desde la perspectiva política en una alternancia entre democracia y dictadura, respaldada
ideológicamente por las luchas entre liberales y conservadores.
Las últimas décadas del eiglo XIX están caracterizadas por la sustitnción del pensamiento romántico por concepciones filosóficas positivistas
y spenceristas que constituye una ideología de recuperación nacional después de la derrota sufrida por el Perú frente a Chile.

l. LA PENETRACION DE NUEVAS IDEAS Y LAS CRITICAS AL
SISTEMA COLONIAL
1) La Conciencia tk Depentkncia Cultural y Poli'tica

Producida la conquista, España procura formar en los vasallos de ultramar una conciencia de dependencia cultural y política asentada, si bien es
cierto en doctrinas imperantes en Europa, en principios autoritarios que limitaban la capacidad racional del hombre americano, impidiéndole una
verdadera toma de conciencia de sus posibilidades de realizacion.
Pero el siglo XVIll desarrolla una forma de pensamiento, el ilustrado,
que alcanzará no sólo a la multitud europea sino también a la americana.

M. L. Rimra De Tuula: Ru,tracilm y romanticúmo en el Perú 121
ti~dad ment;tl que estaban condenadas a ser reemplazadas por la razón. La
actitud filosofi~ o r~cional es la que ~ehía primar en la vida del hombre y

la que se deh1a aplicar a todos los ordenes del conocimiento humano.
_Aceptado es~ principio se examina la historia humana desde la perspectiva de la razon y se le encuentra irracional, se examina el presente y se
le encuentra igualmente irracional.
• Pero, si era cierto que ~I hombre había venido actuando ciega e irrac1o~ente, no por eso de,iaba de ser capaz de convertirse en algo racional Si su pasado demostraba que un juego de fuerzas irracionales lo habían
conducido, podía mrar con optimismo hacia adelante: los esfuerzos del
presente lo conducirían a realizar una edad de oro donde se vería actuar
solamente a la razón.

La felicidad unida a la prosperidad sería común a la humanidad Pero
antes ~, necesario reconstruir todo a la luz de la razón: los ruisofos
descuhnnan, d plan ~ l~ naturaleza, instituirían una nueva política que
transformana a los Sihditos y esclavos en ciudadanos un nuevo derecho
que, p~rmitiría acabar con las injusticias, una nueva reÚgión más natural y
autentica y un nuevo orden social y económico donde reinaría la libertad y
la pr0:iperidad.
La penetración de las ideas de la ilustración se produce en América a
lo lar~o del siglo XVIll y principios del XIX y constituyó la doctrina más
apropiada para crear una nueva conciencia en el hombre americano: con~ª en el poder de 81 razón y en la posibilidad de reorganizar a fondo la
sociedad colonial a hase de principios racionales.
3) El Despotismo flustrado de Carlos III

El despotismo il~strado de Carlos ID permitió una mayor libertad intelectual a nuestros cnollos y a la manera española se inicia la fundación de
Socie~des, Aca~emias, Escuelas y Periódicos: instituciones que permitirán
Y dar~ ?portunidad a los nuevos intelectuales americanos de expresar sus
conocimientos que se habían visto enriquecidos por el contacto con expediciones científicas y viajeros como Alexander Von Humboldt.
4) Rechazo a la Escolástica

2) La Razón, Punto de Partida de la Crítica

La teoría filosófica en que se sustentaba el movimiento i~~trado consistía en pensar que d hombre había desarrollado formas primitivas de ac-

Conforme avanzaba el siglo el rechazo a la escolástica considerada co. ~o _do_ctrina que er~ ~ causa de la ruina de los ingenios, y '1a acogida de las
disciplinas que permitieran el conocimiento de las ciencias de la naturaleza
se acentuaba. &amp;ta disposición hacia el conocimiento científico es permití~

�122 Siglo XIX
da por las autoridades españolas en vista de que podría permitir una mejor
explotación y aprovechamiento de las riquezas naturales.
5) El Progreso Cient(fico y las Reformas de los Estudios

Los estudios científicos, lin aparente relación en el proceso de desintegración de la estructura colonial, constituyen su punto de partida y su
génesis ya que permitirían apreciar al criollo que las virtudes de su razón
eran semejantes a las de la, europeos y que estaban capacitados, por lo
tanto, para penetrar en el conocimiento de la propia naturaleza; y para,
a través de los estudios de la naturaleza, aparentemente inofensivos para
el sistema político y social colonial, crear conciencia de patria y valoraci ón de las riquezas naturales del suelo americano.
El progreso científico y las reformas de los estudios (que se origina
con la expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles por real
cédula de Carlos III del año de 1767), inician el proceso de desintegración de la estructura tradicional colonial. Paralelamente ee produce un
interés de divulgación de los temas científicos que realizan las instituciones que agrupaban a los nuevos núcleos intelectuales y que adquieren
luego un carácter particular referido fundamentalmente al conocimiento
de nuestra naturaleza, nuestra geografía y nuestra historia.
El examen de estas cuestiones hace evidentes las fallas del sistema en
lo que concierne a política, derecho, religión, sociedad y economía y crea
en el criollo americano la necesidad de un camhio trascendental.
Hasta quí podríamos hablar de penetración de nuevas ideas, planteamientos teóricos, críticas al sistema, sugerencias de cambios y reclamos
que invocan la razón y la justicia, pero en el Perú a partir de 1780 se evidencia que la estructura de dominación ·debe desaparecer.

II. EL PRIMER MOVIMIENTO SUBVERSIVO: LA REBELION DE
TUPAC AMARU.
El 4 de noviembre de 1780 se produce la rebelión de Túpac Amaru.
Este movimiento considerado como "anticolonialista, reivindicador y precursor de justicia social e independencia política más importante que haya
tenido el Perú" fue "anterior a la revolución francesa( ..•) y acaeció cuando todavía la revolución separatista estadounidense estaba en plena pugna''.1 Pidió, entre otras cosas, que el gobierno estuviese en manos de un
virrey descendiente de la familia imperial incaica y fue en verdad, pese a
toda su motivación indigenista, un esfuerzo por unir a todas las castas del

M. L. Rivora De Tueda: Jlu,traci611 y roma11tici.mo en el l'eni 123

Perú: decretó_~ libertad del e~clavo negro, contó con mestizos y habló
en tono conciliador para los cnollos que aceptaeen su movimiento y hasta para los peninsulares que lo siguiesen.2
1) Significado de este Movimiento: No es posible hablar de Reuolución
Americana sin con,O, con el Movimiento Peruano.

Lo más sigoifica~vo d~I movimiento de Túpac Amaru estaría dado por
el hecho de haber evidenc1ado la necesidad de la violencia y de la rehelión
para lograr un cambio efectivo en la estructura colonia~. Por otro lado no
solas_aente c-ontó con la patticipa.cíón de los grupos sociales más expl~tadai smo &lt;p1e estuvo apoyado por la intelectualidad criolla.
. _Juan Pablo Vizcardo ,Y Guz_mán (Pampacol~ 1748 . Londres 1798),
,eswta expulsado del Peru, escnhe al 30 de setiembre de 1781 al cónsul
inglés en Livomo solicitando ayuda para la rebefión de Túpac Amaru. Lt•
m~ifiesta en ~a comuni~ción que el conocimiento que tiene del país y
las ideas adqumdas a traves de este conocimiento le })('rmitcn afirmar qu••
las vejaciones hechas a aquellos pueblos no han hecho sino acelerar una revolución, que indudablemente habn'a acaecido de inmediato si por cualquier motivo se hubiera perdido el equilibrio entre las diferentes razas que componen la población del Peni cuya
recíproca .d~confianza suspendía los efectos del desconte~ to y
del resent1m1ento que en cada una existía contra el gobierno
(... ).3

Los vínculos se han fortificado y los ánimos se han reunido "en un
mismo propósito de sacudirse el yugo por todos ahorrecido". 4
Sus reflexiones le penniten esbozar lo que sucederá como consecuencia de la revolución del caudillo indio.
Toda América. m~di~:m~J se desprend~rá del dominio español;
todas la~ provincias_ lim1trofes del Pe!11 tienen taJ dependencia
que, teniendo las mJSmas razones de disgusto deben ser impulsa~s por su ejemplo. Si se provee a estos pueblos con armas sufic!entes y ?uen&lt;!s ofic~es, ~? tienen que temer al poderi'o borbó-ruco; la distancia y Ja S1tuac1on de los lugares. así como el número
y bravura de los sublevados, garantizan mi aserto.5
La revolución de Túpac Amaru, como hecho concreto de manifestación de rebeldía frente al sistema, y las consideraciones ideológicas que
sustenta Vizcardo y Guzmán, certifican un acuerdo general de ataque y
rechazo de la estructura imperante.

�M. L. Rivaro De Tuata: Rumoción y romantici,mo en el Pení

124 Siglo XL'&lt;
Por otro lado las ideas sustentadas por Vizcardo y Guzmán no sólo
a firman la causa de la revolución de Túpac Amaro sino que inician una
línea ideológica claramente separatista: predica Vizcardo que el Perú se
dcspren derá dd dominio español y que todas las provincias limítrofes lo
imitarán por la dependencia en que se encuentran con respecto al Perú.
Se adquiere desde ese momento la clara idea de que todo movimiento
libertario debe culminarse en el Perú y que no es posible hablar de revolución americana sin contar con el movimiento peruano.

2)

Los Criollos y la Independencia.

Reprimido el movimiento de Túpac Amaru en forma cruel, los excesos
del dt•spotismo español se acentúan con lo cual sólo se consigue avivar la
conciencia separatista. Por eso ante las noticias de la patria lejana Vizcardo
v Guzmán no cesó en su afán de difundir su pensamiento libertario y así
;1ació la redacción de su famosa Carta a los españoles americanos, que terminó en 1792. Esta Carta es el primer documento que propone la independencia como la única solución posible a los problemas políticos, jurídicos,
sociales v económicos de América. Fue difundida por Francisco Miranda
(Caracas.1752 - Cádiz 1816) e influyó poderosamente en los ideales libertarios americanos.

\parte del contenido separatista y de los conceptos filosóficos pr?pios
di' la Ilustración usados por Vizcardo, es importante destacar aqu1 que
nm-slro autor se remonta a la génesis misma de la problemática separatista.
Los primeros conquistadores al implantarse el regimen virreinal se consideraron injustamente atropellados por la Corona española y es pues un criollo rlesccndientc de conquistadores, el que después de tres siglos de pacic~1lc tSpera hahla por sus antepasados y redama para los criollos la direceiím de los asuntos político-económicos de las tierras que conquistaron sus
progl'llitorcs.
Heitt•r..1

1·11

dicha Carta, una vez mas, que

bajo cualqui~r aspecto que sea mirada nuestra d~pendencia ?e España, se vera que todos nuestros deberes nos obligan a terrnmarl~.
Debemos hacerlo por gratitud a nuestros mayores que nos prodigaron su sangre y sus sudores para que el teatro de su gloria.º de
sus trabajos se convirtiese en el de nuestra miserable esclavitud.
Debérnoslo a nosotros mismos por la obligación indispensable de
conservar los derechos naturales, recibidos de nuestro Creador,
derechos preciosos que no somos dueños de enagenar y que no
pueden semos quitados sin injusticia. majo cualquier pretexto que
sea el hombre puede renunciar a su razón o puede serle ésta
arrancada por fuerza? La libertad personal no le pertenece menos

125

esencialmente que la razón. El libre uso de estos derechos, es la
herencia inestimable que debemos dejar a nuestra posteridad.6
Señala así Vizcardo que el esfuerzo de los conquistadores de América
les daba un derecho para apropiarse del fruto de su valor y de sus trabajos;
pero al intervenir &amp;paña estableciendo y dirigiendo las instituciones poüticas les había arrebatado injustamente sus más sagrados derechos naturales: razón y libertad..

Los descendientes de estos conquistadores y los de otros españoles
que sucesivamente han pasado a la América han sacrificado riquezas infinitas, su sudor y su sangre guiados por un entusiasmo ciego hacia &amp;paña,
un país extranjero a quien nada se le debía y de quien no se dependía. Esto era en buena cuenta una crud traición contra el país donde se había
nacido y suministraba las fuentes necesarias para la vida. Concluye:
Todo lo que hemos prodigado a E~aña ha sido pues usurpado
sobre nosotros y nuestros hijos; siendo tanta nuestra simpleza,
que nos hemos dejado encadenar con unos yerros que si no rompemos a tiempo, no nos queda otro recurso que el de soportar
esta ignominiosa esclavitud.7
Como es posible observar por el tenor de las reflexiones de Vizcardo,
.\mérica ya no pertenece a la oriunda población indígena, América pertenece a los descendientes de los conquistadores, a los que han nacido en las
tierras americanas, tierras que les suministran las fuentes necesarias para
la vida.
Así tenemos ideológicamente fundamentados dos principios que ope•
rarán tanto en las luchas de la independencia como en nuestra vida republicana: el primero, que América pertenecía a los criollos; y el segundo,
consecuencia del primero, que la idea de patria o país se vincularía a las
regiones donde detenninados núcleos de cridlos se habían establecido para
aprovechar las riquezas dd suelo nativo y d trabajo de los naturales o de
los esclavos traídos a América.
Hasta aquí tenemos bosquejada una primera etapa: la de penetración
de ideas del Siglo Ilustrado que los americanos convierten en un instrumento teórico que les permite evaluar su condición de dependencia; de
esta toma de conciencia surgen los intereses por el estudio de la historia,
la geografía y la naturaleza americanas que generan la idea de patria, como
fuente de riqueza cuyos beneficios no fuesen disfrutados por &amp;paña.
El elemento indígena, con el acuerdo de los otros grupos sociales o
castas que en diferentes grados sentían su situación de dependencia, es el

�126

Siglo XIX

primero que temerariamente intenta la revolución. Fracasada ésta el grupo
criollo evidencia la necesidad de continuar la propaganda ideológica, al
mismo tiempo que asunúr la dirección de la obra revolucionaria.

ID. ETAPA REVOLUCIONARIA (1792-1816)
La independencia de los Estados Unidos de Norte América y luego la
Revolución Francesa habían de afianzar los reclamos de las colonias americanas en sus dos tendencias: lograr un mayor liberalismo político o la separación definitiva de España.
1)

M. L. Rivara De Tuesta: Ru3tración y romanticÍlmo en el Perú

127

tituyente, es decir, legisladora dd estatu~? fundamental.
2) La Constitución Liberal de 1812

Y efectivamente logran decretar la Constitución Liberal de 1812
después de una labor fecunda e intensa, que establece un regimen de igual:
dad y cooperación de las colonias ultramarinas y de los pueblos perúnsulares.
Indiscutiblemente, la representación americana actuó ideoló~camente
en forma brillante y fue, en gran medida, la que le dió vida y sentido a través de sus magníficas inteivenciones.

Los Acontecimientos Históricos en España y América

Los acontecimientos históricos que se producen en España con la inva&amp;Ón napoleónica (1808-1814) coadyuvarán a formar un nuevo concepto
de la libertad o liberalismo político tanto en España como en América,
pues en la lucha contra los ejércitos invasores se líquida institucionalmente
al antiguo régimen absolutista incorporando a la mentalidad española la
corriente política liberal al mismo tiempo que toma cuerpo la autodeterminación de los pueblos.
Prisioneros de los franceses Carlos IV y Femando VIl, se produce una
reacción nacionalista en la metrópoli. En las colonias se rechaza a los enviados napoleónicos, se forman en cada provincia Juntas con fórmulas propias que inician la resistencia y acentúan, al mismo tiempo, el nacionalismo
y la conciencia de autogobemación. En España se nombra una Regenc ia
que gobernaría a nombre de Femando VII y que efectúa la convocatoria
a Cortes Constituyentes (1810) , un llamado a los representantes de las diversas regiones españolas y americanas, y que en el fondo no era sino un
anhelo de reformar 8 los estatutos fundamentales de la vida política española por la vía legal, organizando una España nueva, desde el punto de vista político , para cuando vol.viese Femando VII.
Las Cortes se instalaron el 25 de setiembre de 1810 e iniciaron su ac- '
tuación declarando la soberanía nacional de las Cortes y la invalidez de la
abdicación a favor de José I , hermano de Napoleón, a qu e había sido sometido Femando VII por los franceses en Bayona.
Frente a la instalación de las Cortes, la Regencia actuó como un cuerpo conseivador, y haciendo patente su distanciamiento se orienta al sostenimiento del poder real sin limitación alguna y dentro de los moldes tradicionales. En cambio las Cortes, integradas por americanos y españoles, representan el cuerpo liberal e innovador que se propone actuar como cons-

Bajo el respaldo de la razón y la ley actuaron en las Cortes nuestros
representantes. Procuraron, siguiendo sus propósitos de lograr un mayor
liberalismo político, la unión entre España y América dentro de los términos de igualdad política y social, pero desgraciadamente el regreso de
Femando VII (1814) representó una vuelta al absolutismo y una buda de
la monarquía española a los sagrados derechos que los americanos habían
defendido en las Cortes:
Su mayor conato ha sido - dice la comisión de Constitución en

su

Proyecto de Constitución Poli'tica de la Monarquiá Española- re-

coger con toda diligencia( ...) de entre todas las leyes del Código
Godo y de las demás que se publicaron desde la restauración hasta la decadencia de nuestra libertad, los principios fundamentales
.de una monarquía moderada(... ).9
La Constitución Política de la monarquía española fue promulgada el
19 de marzo de 1812. De espíritu liberal, decretada "para el buen gobierno y recta administración del Estado" señala en su artículo primero que
"la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios" y eu su artículo tercero "Que la soberanía reside esencialmente en
la Nación y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de
establecer sus]eyes fundamental~ ".10
El artículo catorce limitaba el poder absoluto del monarca estableciendo que "El gobierno de la Nación española es una Monarquía moderada
hereditaria" y en el artículo quin~e se decía que "la potestad de hacer las
leyes reside en las Cortes con el rey ".11 Los artículos veintisiete y veintiocho estaban referidos a la representación: Art. 27, "Las Cortes son la
reunión de todos los Diputados que representan la nación, nombrados por
los ciudadanos";12 Art. 28, ''La base para la representación nacional es la
misma en ambos hemisferios''.~3

�128 Sigk&gt;XIX
A través de estos artículos asi como los del capítulo Unico, artículo
trescientos setenta y uno, que señala: "Todos los españoles tienen libertad
de escribir sin revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo
las restricciones y responsabilidad que establescan las leyes",14 se evidencia la transfonnación de los principios discriminatorios que había venido
operando en principios únicos de tipo liberal y que estaban referidos a reconocer la igualdad de los españoles nacidos en dos hemisferios, la soberanía de la nación, la igualdad de españoles y americanos para la representación en las Cortes y por último la libertad de expresión de sus ideas políticas.

3) Fracaso de la Tendencia Ilustrada Liberal y l.a Vuelt.a al Absolutismo
Bajo el amparo de la Constitución la tendencia ilustrada liberal, llamada comunmente fidelista, parece haber logrado un triunfo definitivo en
sus luchas a través de la razón y la justicia. La pluma del ilustrado discurre optimista y se acrecientan las publicaciones referidas a planes, programas, proyectos integrales, proyectos regionales, obras que permiten apreciar las necesidades de reforma más apremiantes del momento en las colonias americanas. Como es lógico suponer, el liberalismo político de que
gozaron los americanos y luego la represión impuesta al regreso del monarca español Femando VIl determina una acentuación de la tendencia
que pretendía la separación definitiva de España, es decir, la línea separatista que, a partir de estos acontecimientos, se acrecentará en forma indeclinable.
J)

Acentuación de la Tendencia Separatista

Esta tendencia separatista no había, por supuesto, permanecido inactiva durante todo el proceso. Mientras los amantes de la razón y la justicia1 de tendencia ilustrada liberal, esperaban el nombramiento por parte
de España de un monarca criollo y confiaban en gestiones de tipo diplomático para obtener la realización de los cambios y refonnas que habían
programado, los partidarios de la tesis de que nada era posible sin una definitiva ruptura con la península habían venido utilizando la rebeldía y la
violencia, a fin de lograr sus propósitos.
Constituían un grupo de ideología romántica social, contrario a la idea
de que la fonna de gobierno que convenía a América era la monárquica,
aún cuando fuese moderada, y pensaban, más bien, que a través del sistema
republicano podrían obtener la destrucción definitiva de la estructura colonial.

M. L. Rivaro De Tuesta: Ru&amp;tración y romanticismo en el Perú 129

5) A bascal, Opositor de los Avances de la Revolución Americana
El gran opositor de los avances de la revolución americana fue el virrey
del Perú Fernando de Abascal (Oviedo 1743 - Madrid 1821). Su fidelismo
a la monarquía española y su sagaz inteligencia político-militar fueron la
causa del retardo de fa culminación del proceso libertario.
A) La Formación de un Ejército Regular.- Llegado al Pení en 1806,
una de sus múltiples preocupaciones por reorganizar el país fue la de constituir las milicias y realizar el alistamiento de reclutas con el fin de repeler
el posible ataque de los ingleses que por entonces se encontraban en guerra
con España. Esta medida habría de ser de suma importancia cuando tuvo
que emprender la lucha con los americanos que adoptaron la decisión de
rebelarse de la dominación española, pues había logrado formar un ejército regular que reforzado con los contingentes que arribarían de la península, no solo consiguió detener los avances de los ejércitos patriotas sino
que salió victorioso en muchas batallas por su disciplina y preparación técnica para el combate.
Abascal tuvo noticia de la abdicación de Carlos IV y de la unanimidad
con que en España se había jurado fidelidad a Femando VIl. Hizo lo propio en Lima el 13 de octubre de 1808. Las ciudades de Huamanga, Cuzco
y Arequipa mostraron igualmente sus sentimientos de adhesión al nuevo
monarca reiterando así el país su espíritu fidelista. Con estas medidas no
fue posible que se constituyesen Juntas en el territorio del virreinato peruano tal como se había hecho en España y se haría en otros lugares de
América.
Muy pronto las provincias del Alto Pení inician la insurrección. En
1809 y con extraordinaria rapidez se levantan Chuquisaca, el 25 de mayo,
La Paz, el 16 de julio, y Quito, el 10 de agosto. Constituyeron movimientos que no contaron con el apoyo de la multitud y fue fácil al virrey restituir las provincias sublevadas al orden habitual.

Los insurgentes de la Paz, sin embargo, delinean propósitos claramente separatistas en su proclama del 27 de julio, en la que manifiestan:
Ya es tiempo, de sacudir el yugo tan funesto a nuestra felicidad
como favorable al orgullo nacional del español. Ya es tiempo de
organizar un sistema nuevo de gobierno, fundado en los intereses
de nuestra patria, altamente deprimida por la bastarda política de
Madrid. Ya es tiempo, en fin, de levantar d estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título
y conservadas con la mayor injusticia y tiranía.15

�130 Siglo XIX
Poco tiempo después, el 19 de abril de 1810, el capitán general Vicente Emparán es depuesto en Caracas constituyéndose una Junta Suprema que, aduciendo sujeción al monarca, inicia .y fomenta el espíri~ ~
rebelión en las provincias: convoca un Congreso General de las provmc1as
que proclama la independencia de Venezu_ela el ~ de ju~io ~~ 1811. El 2~
de niayo 1:a1cede algo similar- en Buenos Aires: baJO la direcc1on de Castelli
los patriotas solicitan al virrey Cisneros la creación de una junta que él debía presidir. Organizada ésta, se le obliga a renunciar y se p_rocede a ins~
lar otra formada por Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuenaga, Alberb,
Maltheu y Larrea, teniendo como secretario de la misma a ~~ano Moreno director espiritual de los trabajos que inmediatamente 1ruc1a la Junta
G~bemati.va, la cual proclama el libre desenvolvimiento de la econon;iía Y
dd comercio y el gobierno representativo de origen popul31:. ~n su afan de
asegurar su autonomía y contribuir a la extensión del movuruen':° ~volucionario, la Junta decide enviar expediciones núlitares a las, provincias d«;
pendientes de su virreinato: al Alto Pení, al mando de Balcarcel Y Castelli;
al Paraguay, de Belgrano, y al Uruguay, d~ ~ondeau. El ~o~ern~ establecido por la Junta de Buenos Aires fue el unico que consiguio, asi, mantenerse definitivamente alejado del poderío borbónico.
El cambio se produjo sin derramanúento de sangre tanto en Caracas Y
Buenos Aires como en Nueva Granada, México y Chile: las autoridades
españolas al frente de los respectivos gobiernos ac~ptaron sin may~r oposición la realidad del nuevo orden que se estallec1a adoptando la formula
política de "Juntas".
En el Perú con Ahascal al frente del gobierno las cosas no podían hacerse tan fácilmente. El centro de la oposición y el despotismo pasaría
así a constituirse, paradójicamente y contra la volunta~,del grupo libe~,
en centro fidelista de América. Los conatos de revoluc10n que se pro&lt;bJeron en Lima (mediados de 1809) recibidas las notici~ de los disturbios de
La Paz y Quito, así como de la invasión del Alto Peru ~r las tropas argentinas fueron inmediatamente controlados por las autondades. Pese a esto,
con ia llegada de José de la Riva Agüero y Sánchez _Bo~ete (Lima ~ 7831858), quien había abrazado las nuevas ideas r~voluCionanas establecien,do
contactos en Europa con los americanos de ideas avanzadat1i comenzo a
tomar cuerpo la tendencia primigenia separatista de Túpac Amaro y Viz.
cardo y Guzmán que comenzaría a actuar a partir de ese momento.
Se producen a continuación las in~rrecciones de Ta~ en los añ_os

18ll y 1813. La primera y la segunda guardan ~trecha relacion con la~ mvasiones de Castelli y de Belgrano al Alto Peru. La derrota de Castelli en
los campo, de Huaquí significó el fracaso de la primera. En cuanto a la se-

M. L. Rívoro De TuatJ: Iluwación y romantici,mo en el Perú 131

gunda, d revés de Belgrano en Vilcapuquio disipó toda esperanza de continuarla.
En provincias distantes de Tacna, Huamanga y Huánuco, lo mismo
que en la capital, continúan las conspiraciones. En 1812 se produce un levantamiento de indígenas en Huánuco exasperados por el maltrato y extorsiones de los subdelegados que habían reemplazado a los corregidores;
por otro lado, las po,ibles prohibiciones de beneficio y siembra de tabaco
exasperaron aún más a indios y criollos que habían sido influenciados por
las proclamas revolucionarias de Castelli. Abascal tan pronto tuvo noticia
de las alteraciones de Huánuco envió tropas que tin mayor esfuerzo cODSÍ·
guieron controlar la rebelión: se produjo la dispersión de indios y la sanción respectiva a los que habían formado una Junta Gubernativa Provisoria.
Simultáneamente en Huamanga, teniendo conocimiento de los avances

de los patriotas de Río de la Plata en el Alto Perú, se comenzaron a ~tar
los ánimos a través de propaganda de tipo subversiva. Una denuncia sobre
el día en que se daría el golpe puso en aviso a Abasca~ quien controló de
inmediato todo conato de insurrección.
El Cuzco volvió a agitarse a partir de noviembre de 1812 con motivo
de la elección de Diputados a Cortes. Se formaron dos bandos, el de la
Audiencia y el de los constitucionales encabezados por Rafael Ramírez de
Arellano; posteriormente, y llegado al Cuzco el texto de la Constitución
española, se exigió su publicación en un documento que firmó el indicado
Ramírez de Arellano, lo que motivó su detención. Los constitucionales
lograron introducir a sus representantes en la elección de cabildante, libe,.
rara su líder y constituirse en un ayuntamiento opuesto a los dictámenes
y resoluciones del gobierno.
Durante 1813 el movimiento se incrementó alentado con las noticias
de las victorias de Tucumán y Salta y la retirada del ejército realista del Alto Perú. En agosto de 1814, se da el golpe reduciendo a prisión a las autoridades y formando una Junta de tres sujetos que aparentando fidelidad
al monarca inició relaciones con los patriotas argentinos del Alto Pení;
pero el virrey notificado de los acontecimientos envió una Proclama a los
habitantes del Cuzco en la que les invitaba a deponer las annas advirtiéndoles que tropas dispuestas al rigor de la guerra eran enviado, en esa dirección. Y efectivamente, las fuerzas que se destinaron a controlar el movimiento fueron de tal magnitud que al final de la batalla había unos mil
cadáveres en el campo, en tanto que las tropas realistas solo tuvieron siete
muertos y seis ahogado, en el paso del río Halli.

�132 Siglo XIX
Estos movinúentos y otros muchos de menor trascendencia fueron hábilmente controlada; por el virrey Ahascal quién no escatimaba esfuerzo
alguno por convertir al Perú en el centro del fidelismo americano. Con los
recursos del rico virreinato peruano combatió a los ejércitos revolucionari~ en el Alto Pení, Quito, Chile y pudo contener el avance dela revolución argentina por la zona de Charcas. Balcárcel, Belgrano y Rondeau
fueron vencida; sucesivamente en 1811 en Huaqui, en 1813 en Vilcapuquio y Ayohwna y en 1815,en Viluma o Sipi-Sipe. ~on ~stasv~ctorias l_os
argentinos perdieron la region de Charcas que quedo baJo la cucunscnpción del Virrey del Perú. Los chilenos patriotas fueron derrotados en la
batalla de Rancagua en 1814.
En cuanto a la Junta de Quito, la hizo sucumbir en 1809. El segundo
levantamiento de Quito, en 1810, fue controlado por Abascal y el presidente de la Audiencia. Logrado este propósito, la ofensiva realista se prolongó al sur de Nueva Granada hasta la región de Pasto.
Hasta 1816 en que se retira Abascal del vi"einato del Perú, pudo
jactarse de haber pacificado el Perú y mantenido bajo control muchas secciones del continente. Impuso para esto sacrificios de hombres y de dinero
a las provincias bajo su dependencia, pero advirtiendo que sus esfuernos a
la postre resultarían estériles pidió aJ rey le permitiese retirarse del territorio peruano (1816).

En la lucha contra la revolución americana y peruana, AbascaJ había
logrado establecer un centro de operaciones militares sumamente s~lido
en el Perú. Unida a la condición de centro operacional se daba la calidad
del ejército que en su disciplina y estrategia siguió los lineamientos del virrey y, más aún, se vió constantemente enriquecido con los contingentes
enviados desde España integrados por veteranos de la guerra contra Napoleón; y por último la experiencia adquirida en las batallas tanto locales
como americanas les permitía un conocimiento cabal del territorio donde
se libraban las luchas. Todo esto explica, en parte, las dificultades y vicisitudes de los ejércitos patriotas para penetrar en el territorio peruano
y dar la batalla decisiva que consiguiese definitivamente arrojarlos del
suelo americano.
AbascaJ comprendió que el centro fidelista debía cimentarse en el
Perú no solamente concentrando en ese territorio el fuerte del ejército,
sino también emprendiendo una campaña de propagación de ideas favorables a la causa fidelista y tendiente a desacreditar la causa revolucionaria americana.
Conviene aquí referirnos a esta doble preocupación del virrey Abascal

M. L. Rivara De Tuesta; llustmción y romanticilmo en el Perú

133

porque ambas cuestiones, por haber sido sólidamente establecidas, por haberlas afianzado sobre bases cuidadosamente pensadas, pasarán a constituir problemas fundamentales a resolver en el proceso libertario americano.
No queremos extendernos en lo tocante a la necesidad de liquidar el
poder realista en una batalla en los campos peruanos. Simplemente reiteraremos que no era posible considerar el movimiento libertario terminado
si los ejércitos españoles no habían sido vencidos y arrojados del virreinato peruano.
B) La Formación de una Conciencia Antirrevolucionaria.- En lo que
concierne al fomento de las ideas contrarias a la revolución americana es
necesario señalar que el virrey Abascal emprendió aquí otra batalla. Aparte
de controlar los movimientos ideológico-libertarios, se dedicó a crear un
órgano antirrevolucionario y al servicio de la autoridad virreinal, la Caceta
del Gobierno de Lima (1810-1821).

Se trataba de dar noticias hábilmente controladas con el fin de crear
una conciencia de respaldo y afianzamiento al régimen que él representaba, y de rechazo, temor y angustia frente a la nueva ideología.
Creemos conveniente aquí presentar algunas versiones del proc~so
libertario vistas desde el ángulo antirrevolucionario por dos razones. La
primera, demostrar que se usó un órgano periodístico con el fin de controlar ideológicamente el movimiento y la segunda, para conocer con
cierto detalle cuáles eran las razones o argumentos que respaldaban el
pensamiento de los partidarios del continuismo colonial.
Como contestación a la proclama de los comandantes de la expedición militar de Buenos Aires, que seguramente era conocida en el Perú,
se dice que el desorden y la anarquía marchitan las antiguas glorias de la
capital del Río de la Plata, que las pasiones y los odios son las que animan
a los demás delincuentes y que el temor y el engaño es el que seduce a los
débiles y por último que el pueblo se decide por la novedad y la codicia.
Una obscura asamblea de hombres nuevos y turbulentos, profanando sin pudor el sagrado nombre de la patria y del rey, enarbola el sedicioso estandarte y amenaza a los pueblos que la rodean
con la forzosa alternativa de la traición o el estrago iPueblos seducidos, que de atentados no abortan los delirios de una imaginación exaltada( ... ) Estos caudillos revolucionarios son los mismos
que poco antes eran el desprecio de la sociedad y perseguidos por
las leyes no podían subsistir sin trastornarlas. No es vuestra seguridad sino el propio interés que los anima; no es la Patria, ni su
inmu:Udad. ni sus derechos que pretenden vengar: son sus ruino-

�M. L. Rivara JJe Tueata: Dustroci6n y romantici1mo en el Perú 135

134 Siglo XIX
sas fortunas y privados resentimientos que atizan la sanguinaria
tea de la discordia. 16
Más adelante se dirige el articulista a los incautos que ~reen en re~&lt;:
luciones diciéndoles que las más podersoa~ siem~re ~an temdo muy debiles 'pñncipios y han sido fomentadas por 1de~s lL5onJeras, pero que sobreviene a ellas la desorganización del orden soc1al, lo que conduce al h?mb_re
de abismo en abismo hasta llegar a la anarquía y por último a la brama.
La invocación última está dirigida a los españoles americanos Y al pueblo de Lima:
Si el honor y la generosidad no os animan: si la gr~~~d Y la ~speranza no os reunen a la sombre del majestuoso edif1c10 de l.a mt~ridad del gobierno hispano-americano: vuestro v~rdadero mteres
~s habla, el reclama por el seguro de vuestras prop1e.dades, vu~~ra
existencia civil y vuestra gloria. Separados por una mmens: . e
desiertos menesterosos aun en el medio de la misma abun n_c1a,
oprimid¿s por enemigos domésticos, codiciad?s por los ex~anos,
sin representación ni relaciones, vu~stra segu1:dad sflo es~1ba:~
la subordinación, la hermandad y la concordia. A a s&lt;?m ra e
magistrado prospera aquella libertad de que es susce~tible
den social: más allá está el horrible caos de la anarqm a fnb on /
el hombre solo hace alarde de su razón para exce~e!se en ª. ruta 1dad de las fieras. Deslumbre la seducción a los debiles y agite a los
delincuentes: que Lima entretanto que hace resp_etar el ~on?r nacional y su propia seguridad, reposa so!&gt;~e la r~ctitud de as intenciones de un jefe activo popular y benefico. F1Tme como un escollo ve romperse a sus pies las fur~osas olas, )'. en la calma .e~p.era
con dignidad el éxito de la gran hd, el premio de sus sacrif1c1os,
y el fruto de su lealtad y cordura.17

¡1 o¡-

Refiriéndose a la formación de la Junta de Caracas se dice:
Nada es más imprudente que la proclama de C~cas: tejido a,bsurdo de falsedades, de principios torpemente apl~:idos, Y de p~rfidas protestas. ¿Es ya España víctima de la opre_s1on? Eso qu1~1eran sus enemigos. ¿Han cesado por eso las c~nex1ones qu_e hab1an
hecho en Caracas compañera de su suerte? tlnfie!es y viles_ ,comañeros los que en la angustia rompen los lazos! &lt;.L~ opres1on de
ks aña está consumada? iDescarados embusteros! &lt;.Vrrtu~•.m°;
p "
f raterm'dad, unión y generosidad
son1avuestras divISas.
d erac1on,
• d'
¡ Os habéis mostrado incapaces de tanta v1r1:11 •
Se señala a Francia como promotra de los trastornos en América:
N O bastaban -dice el editor- las traiciones que _PUSO en prác~ca
1
de España· era menester en su SJStema revoluc10paral
sol"}?~esa es pan· olas.( ....
) Con este objeto envía emisarios
nar asa amencas

a Indias que cual otros comisionados de vacuna vienen a comunicarnos su pus, su lue y sus humores, que en efecto pegaron en las
partes en que no se precavieron.
Así por efecto de efervescencia se originó la fiebre y de repente
delira Buenos Aires, cae en convulsión Caracas, y el reino a que
pertenece; Quito pierde el equilibrio, Chile se desentona, México
no está de acuerdo, y el cuerpo político de ..\.mérica se parece a un
enfermo de accidentes complicados.
Exáltanse las pasiones, férmentanse los odios, la ambición toma el
ascendente y empiezan los hombres a matarse sin saber porqué,
ni como. Encendida una vez la llama de la discordia ya no es menester soplarla, ella misma hace progresos con el ambiente más leve ¿que será cuando sobran hombres perdidos, fanáticos, o belicosos que atizan la hoguera aunque el mundo se consuma, con tal
que ellos se lisonjeen de que van a figurar?
Este es el estado a que se han reducido nuestras Américas con sentimiento de todos los buenos; pero por fortuna Lima y su distrito
en medio de ta!ltos desórdenes, y de unos ejemplos tan contagiosos se ha mantenido tranquila porque la han hecho cantar los peligros ajenos (.. ,) no es menester muchos cálculos, para conocer
la mano diestra que ha conducido esta nave por en medio de las
borrascas del dulce puerto de la paz, que al presente disfruta. E9peremos continúe aun el piloto, a quien no separaran de sus planes las agitaciones de unos pequeños inquietos.19

La noticia de la liberación española alienta la esperanza de paz en el
continente. Se confía en el imperio de la razón que actuará a través del
Congreso para extender los monumentos de las ciencias y la prosperidad
pública a las regiones del continente, al mismo tiempo qu.e se vinculan ambos acontecimientos con elogiosas frases al virrey:
Las veleras naves traen a nuestras dilatadas orillas las nuevas de
las derrotas, y expulsión de las falanges enemigas de la Madre
Patria, al mismo tiempo que el acelerado correo del Alto Peni
publica las victorias que han acabado de reducir este imperio a
una dulce paz, desde el Ecuador hasta el trópico de Capricornio,
y desde las márgenes del Océano Pacífico hasta los dilatados llanos del Amazonas.
Estos fueron sus antiguos límites, y estos son los mismos en que
los presenta íntegros y quietos al genio prodigioso del Virrey del
Peni. i Qué dulce satisfacción reunir en un mismo tiempo los sentimientos que hacen de la patria libertada de un enemigo feroz, y
los de ver coronados sus cuidados, disgustos y afanes con la salvación total, no solamente de los países que se le habían confiado,
sino de otros muchos más, sumamente interesantes)D
Como es posible apreciar por el tenor de los artículos presentados anterionnente, el cuadro que se pinta de América es de caos y de desorden.
Los lugares donde ha prendido la insurrección es pasto de ambiciosos que
sólo pretenden el poder y riquezas, se trata de descarados embusteros que
no miran el bien de la patria sino el de sus propios intereses. Por otro lado

�M. L. R.ivara De Tue,ta; Rustración y romanticismo en el Perú

137

136 Siglo XIX
.
del Perú es asignado como el hombre que ha controlado estos m&lt;:
el virrey
. h
d la paz en el ternvimientos subversivos y quien con su gemo a conseiva o
.
torio peruano.

IV. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA
(1817-1818)
P
a los esfuerzos de Abascal por controlar los movimientos re~olu.
-:se tanto en los límites del territorio como en sus efectos en el _mtecJOnanos,
l
A , · estaba perdida y
. d I ís, vislumbró que la causa españo a en menea
:~~:cit: ~trey ser reemplazado por el generalJ_oaquín de laPezuela (17611830 España) vencedor de los ejércitos argentinos de Belgrano y Rondca~
y qui~n conti~uando los linea~ientos establecidos por su antecesor estana
al frente del virreinato del Pero hasta 1821.

nato y d pillaje: que todas sus teoría y proyectos no han traído a
estos pueblos otras ventajas que la desolación y la ruina: que se
han destruido entre sí mismos sin cesar: sin que hasta ahora hayan podido venir a conciliarse los intereses opuestos del indio, del
negro de las castas y del español (...) ; qúe todos ~-us caudillos se
han dirigido siempre por las pasiones más torpes y violentas; y
finalmente que desde que injusta y neciamente derrocaron la base
del orden sobre que reposaba este cuerpo social lo han conducido
ciega y precipitadamente a su extenuación y agonía( ... ).
Cesa ya la ilusión: convénzasr todo hombre de bien de que la rebelión es el mayor de los crímenes, y todo rebelde el mayor de nuestros enemigos; que en esta materia no hay venalidades; que es preciso arrancar de raíz esta semilla malvada que ha cundido tanto
entre nosotros y que es el origen de todos nuestros males: que
nuestro verdadero interés: nuestro sosiego, nuestro bien, nuestra
prosperidad consisten en ser fieles al rey en mantener el orden y
las autoridades legítimas, y en hacerlas obedecer y respetar corno
antes se obedeci'an y respetaban (... ) y la América entera disfrutará la misma paz y la misma abundancia en que poco ha la veíarnos (...) .2l

1) América en el año 1817
El virreinato del Perú al iniciarse el año 1817 se enco,ntraha e_n apar.-nte calma. Chile había sido tranquilizado. En el Alto Peru se hab1a controlado el avance de Buenos Aires. Quito se encontra~a en potr: ~s a~t:
idades es añolas. Morillo se imponía en Vene~ue a 'f :n . an
e.
:bsolutis:o de Femando Vil parecía ser la medida mas mdic~da
controlar la insubordinación a que había dado luga~ el_ desarr~ o e pe~samiento liberal y por lo tanto era mejor a sus des1gmos a~lrr la Co_n~~tu.,
bl
l I
. . . , y enviar tropas que termmasen def1m bv ac1on resta ecer a nqu1S1c1on
men~e con todo vestigio de rebelión Pn América.

:rª

2) La Gaceta del Gobierno de Lima y la Propaganda Ideológica Antirevolucionaria de Pezuela.
.
d
ta total y el editor de la
Todo parecía presagiar una pronta erro . .
.
Gaceta del Gobierno de Lima al iniciar las pubhcac10nes de 1817 mamfiesta:
Reflexionando en el año anterior sobre el _cur~o de nuestros ne.
habíamos llegado a concebir la hsonJera esperanza de
goc1os
.
,
al dar a luz nuestro primer
numero
en este ano , no. tenqu; o a ue hablar de revolución; ni que recordar el o~moso
sd! cdmenes, de debi~dades, de errores y de_de~gra~~sctua~

:::o

hS:J:t:;~~c;:::i:~t~

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~\~n;:s
~~~B3:e~os:ire~;
0 ;f~j~:a
a convencerlos de que todos sus esfuerzos a_la_m~ep~n en~1_a
y par serán siem re ineficaces; no pudiendo existir Jan:1;l8 ~ol_itlson y
. l ~ón de la metrópoli: en cuya protecc,1on umc~t;u:e: hallar una salvaguarda contra la anarqma, el ases1-

=~:

Pese a todo el alega to en favor de las autoridades legítimas y el orden
t¡uc ellas proporcionan, se evidencia a través del artículo que la situación
que se vive en esos momentos es de mera apariencia y que la causa revolucionaria está en el corazón del propietario, el empleado, el eclesiástico o
cualquier otro miembro de la comunidad, pues hace esta última invocación:
pero si así no fuese; si por una parte se destruye lo que por otra
se edifica; si la mala fe y la infidelidad prevalecen siempre en el
corazón, si el propietario, si el empleado, si el eclesiástico, aun
qué se yo que mas, se empeñan en servir a un tiempo a dos amos:
a pedir al rey el honor y la subsistencia y a desear interiormente y
fomentar la revolución, en una palabra a complacer a Dios y el
demonio: sepan todos que hallarán siempre como todos los que
siguen este camino su desengaño y su ruina: y por de pronto muchos y continuados sacrificios para sostener una fuerza armada y
proporcionada a la obstinación de nuestros enemigos, al inmenso
territorio que este país ocupa y a la mayor inmunidad que exige
la desconfianza (...) 22
El artículo en su tono final, amenazante, parece mostrar la impotencia de las autoridades para contener el movimiento subversivo que lo amenazaba desde lo que había considerado como su más seguro baluarte.

3) José de la Riva Agüero, Lúler del Grupo Separatista Peruano
•♦

Y efectivamente los peruanos que en términos generales había propiciado las gestiones a través de la razón y la ley, confiado en las Cortes,
procurado la reforma sin evidenciar un rompimiento definí tivo con España, a partir de 1816 convencidos por el restablecimiento del despotismo

�138

M. L. Rnma De Tue&amp;ta: Ilustración y romantici,mo en el Perú

Siglo XIX

monárquico que sus gestiones y sus esfuerzos han sido vanos, cambian de
métodos y ven necesario, entonces, el afianzamiento de la corriente ideológica separatista. Línea separatista que vió claramente desde el grito revolucionario de Túpac Amaro la necesidad de la violencia para conseguir
la liberación de España.

sante "Memoria sobre la pacificación de la América Meridional" dirigida a
Fernando VIl, certifica que solo el disimulo estudiado debido al temor es
lo que puede darse pero no lealtad al monarca. En dicha memoria se hace
patente la desesperación del.ilustrado liberal que confió en la justicia y la
razón. Urge al monarca a rectificar los sistemas dictados por la tiranía, el
furor y la torpeza preguntándole:

En Lima, "centro de la opresión y del despotismo", escribe en 1816
José de la Riva Agüero (Lima 1783-1858) "Las 28 causas de la Revolución Americana". Folleto de corte ilustrado que plantea definitivamente la
necesidad de salir del despotismo por medio de las bayonetas:
El deseo de la felicidad común es un precepto divino, que está
gravado en el corazón de todo ser virtuoso. Este deseo inherente
a la justicia y engendrado por la naturaleza, se manifiesta claramente cuando los hombres cansados de sufrir el grave peso de las
injusticias, conocen hasta donde llega el insoportable imperio del
despotismo. Entonces armándose los ciudadanos deponen las humildes súplicas y apelan solamente a lograr la victoria por medio
de las bayonetas: y he aquí la verdadera causa de casi todas las
revoluciones del mundo, y la única que ha impulsado la América,
conocida por colonia española o patrimonio de los españoles.23
Más adelante Riva Agüero sostiene:
La actual guerra intestina de la América en que van corridos más
de seis años, se hubieran evitado seguramente si los mandatarios
del antiguo gobierno hubieran depuesto algo de su ferocidad, insaciable codicia, y extremado amor a mandar sin respeto a las leyes,
o si hubieran tenido un mejor conocimiento de política.
Dejando ·os primeros tiempos de la conquista de América y los
lastimosos sucesos de ella, por ser tan sabidos, solamente asePtaremos que el origen de la discordia en estos países es tan antigua
como la conquista misma.24
Hay en esta última observación de Riva Agüero una evidente conexión
ideológica con Juan Pablo Vizcardo y Guzmán al remontarse a la génesis
de la causa separatista. Sin embargo consideramos que el precursor jesuita
estuvo más cerca de la evidencia histórico al considerar que la revolución
debía hacerse con la colaboración de las diferentes razas que poblaban el
Perú y considerando como elemento básico el aporte indígena. En cambio
Riva Agüero advierte que no tiene origen ni la menor relación con los' indios,25 lo que hace evidente la mentalidad del criollo en esta etapa del proceso libertario, mentalidad a la que hicimos referencia en páginas anteriores.
4)

Vidaurre y la Verdadera Situación Americana

En 1817 Manuel de Vidaurre (Lima 1773-1841), al escribir su intere-

139

¿Creerá V.M. que los maericanos han de ser fieles continuando esta política? Es muy grande el talento de V.M. para que se persuada de un sistema que reprueba la más vulgar razón. Podrá lograrse
que algunos pueblos desarmados callen sus sentimientos por algún tiempo que estudien el disimulo, que se cautelan de aquellas
mismas personas, cuya confianza es inspirada por la naturaleza;
pero en su interior renuevan diariamente sus votos: sus ruegos a
la deidad, tienen por objeto la independencia y esperan la ocasión
favorable en que realizarla.26
5)

La Acometida Final a la Estructura Pol{tica Española

Pese a la calma aparente se inicia en el año 1817 la acometida final a la
estructura política española. Los esfuerzos realizados por el virrey del Perú, Pezuela, se verán sin efecto, tanto en el terreno de la lucha revolucionaria como en la campaña ideológica. El torrente avasallador de la rebelión
americana, así como el acuerdo de la multitud expresado en su afán de
desprenderse para siempre del yugo español, son incontrolables.
6)

Derrotn del Ejército Español en Chacabuco

El 19 de marzo de 1817 se conoce en Lima la derrota del ejército español en Chacabuco el 12 de febrero. El plan de San Martín (Buenos Aires, 1778-Francia, 1850) concretado en la idea de que eltriunfo de la revolución sólo se obtendría por el paso de los Andes hacia el sur, libertando a
Chile para de ahí pasar al Pení, y abandonando la primera idea de avanzar
a través del Alto Pení, había sido coronado por el éxito.
7) Inquietud en Lima frente a los Avances de la Revolución

Dos años después el órgano oficialista no puede menos que transparentar la inquietud reinante por el avance de la revolución:
Los insurgentes del Río de la Plata -dice- rompieron al fin unos
vínculos tan sagrados, y los apóstatas de su libertad mal entendida de la sinceridad y buena fe de aquellos habitantes que obedecían por el hábito, y no por principios, se han impresionado con
unas ideas surgidas con el artificio, que al paso que lisongean sus
pasiones irritadas con d fatal origen de su destrucción y ruina
(...) y no satisfechos con haber arruinado su propio suelo, des-

�140 Siglo XIX
truyendo las minas, la industria y la agricultura quieren llevar la
tea de la insurrección a los lugares más remotos y envolverlos en
su ruina,
El reino de Chile ha sido la presa de esos sanguinarios, que no
obedeciendo otra ley que la de su capricho, se oponen a cada paso a estos mismos principios con que han querido cimentar su sistema revolucionario. Ellos se han servido de esta conquista como
de un medio para prepararse a otras, y sus criminales deseos de
avanzar hasta las riveras del Rímac. iTe-merarios! Vosotros pagaréis bien caro el arrojo con que intentáis turbar el orden y la obediencia que hacen el carácter de sus afortunados habitantes(...) 27
Se evidencia asi la proximidad del avance patriota a Lima y se intenta
todavía hacer campaña ideológica contra la fuerza de las annas buscando
el respaldo de los letrados de la capital.
No es la gloriosa carrera de las armas lo que únicamente sostiene
los inviolables derechos del rey y del Estado. También las letras
tienen a su vez un especial influjo sobre los reinos, turbados por la
discordia inducida por el fanatismo de una opinión engañosa y
mal fundada. Dócil el hombre a la primera insinuación de la naturaleza, luego se convence de la necesidad en que se halla de
obrar bien; y deduciendo unas verdades de otras, fácilmente se
persuade de la en que está de vivir en sociedad y sujetarse a las leyes fundamentales que la han constituido, y cuyo trastorno, si
quedase al arbitrio de los súbditos, sería más pernicioso que el
mismo mal que intentan evitar".28
El propósito del virrey era formar un cuerpo de juristas y letrados que
luchasen contra los enemigos del orden en el país, hombres que al amparo
de las leyes siguieran respaldando los inviolables derechos del amado monarca. Si bien es cierto que la institución formada por el virrey cumplió su
cometido temporalmente, pronto y paradojalmente se vería convertida en
un centro de oposición a muchos de los designios de los precursores de la
independencia americana, llegando en última instancia a decidir la fórmula
política que convenía al Perú y más aún decidir, mediante campañas ideológicas emprendidas a través de la prensa, sobre las actividades y decisiones del pueblo peruano.

8) La Proclama de San Martín a los Limeños y Habitantes de todo el Perú
Lima continúa así como aparente centro fidelista tanto militar como
ideológicamente, pero en verdad todo está convulsionado. Nadie ignora
las conexiones dd grupo separatista con los ejércitos revolucionarios que
preparan su ingreso al territorio peruano. La Gaceta publica la proclama de
San Martín del 13 de noviembre de 1818 y si bien es cierto al hacerlo al
texto está lleno de anotaciones que pretenden refutarle, lo que se persgue

M. L. Rivara De Tue,ta: Ru,tración y romanticilmo en el PenS 141

es informar a la opinión pública del avance del ejército patriota y de la proximidad de los acontecimientos que, todos saben, pronto han de producirse.
No nos es posible insertar aquí la proclama completa de San Martín

("A los limeños y habitantes de todo el Pení '}. Procuraremos sin embargo
presentarla en sus aspectos más significativos frente al proceso libertario
americano, al mismo tiempo que evidenciar el ideario que se propuso el
héroe de Chacat.lco.
Establece en primer lugar la necesidad de entrar al territorio peruano
para defender la causa de la libertad americana ya que
el virrey del Pení se esforzó a persuadir que había sido capaz de
aniquilar en los habitantes de Lima y sus dependencias hasta el
alma misma para sentir el peso e ignominia de sus grillos (..•)
La guerra siguió incendiando este inocente país; pero a pesar de
todas las convinaciones del despotismo, el evangelio de los derechos del hombre se propagaba en medio de las contradicciones
(...); mas la opinión fortificada por nobles pasiones, hacía sentir siempre su triunfo. Y así el tiempo regenerador de las sociedades poli'ticas acabó de preparar el gran momento que va a decidir lá suerte de la América del Sur.29
Ofrece luego la emancipación política al Perú, y se anuncia no como
conquistador que trata de sistemar una nueva esclavitud sino como el instrumento accidental de la justicia y agente del destino: "Sensible a los horrores con que la guerra aflige a la humanidad, siempre he procurado llenar mis fines del modo mas conciliable con los intereses y con mayor bien
de los peruanos". Por eso agrega que propuso al virrey se convocase al ilustre vecindario de Lima para que se oyese la exposición de sus quejas y derechos "y que se permitiese a los pueblos adoptar libreménte la forma de
que creyesen conveniente, cuya deliberación espontánea sería la ley supréma de mis operaciones". La respuesta a tal proposición liberal fue el insulto y las amenazas de las autoridades virreinales.
y así el orden de la justicia tanto como la seguridad común me
precisan a adoptar el último de los recursos de la razón, el uso de
la fuerza( •.. ), el resultado de la victoria hará que la capital del
Perú vea por la primera vez reunidos sus hijos eligiendo libremente su gobierno, y apareciendo a la faz del globo entre el rango de
las naciones. 30
Se refiere a los éxitos de la jornada de Chacabuco y a sus ideas de federación en los términos siguientes: "El ejército español fue enteramente
derrotado, Chile se hizo un Estado independiente, y sus habitantes empezaron a gozar de la seguridad de sus propiedades y de los frutos de su li-

�142 SiBlo XIX
bertad ". Buenos Aires, Chlle y luego el Pení unidos fonnarán tres estados
independientes lo que
acabará de inspirar a la España al sentimiento de su impotencia
y a los demás poderes el de la estim~ción .Y del ,r~speto. Afianzados los primeros pasos de vuestra ex1stenc1a pohtlca, un congreso
central compuesto de los representantes de los tres estados dará
a su respectiva organi,zación una n~eva estabilida~~ y la Cofstitu•
ción de cada uno as1 como su alianza y federac1on perpetua se
establecerán en medio de las luces, de la concordia y de la espe•
ranza universal. Los anales del mundo no recuerdan revolución
más santa en su fin, más necesaria a los hombres, ni más augusta
por la reunión de tantas voluntades y brazos.31
Aborda también la problemática del nuevo orden que ha de establecerse conseguida la libertad política, y manifiesta:
Bajo el imperio de nuevas leyes y de poderes nuevos, la misma actividad de la revolución se convertirá en el más saludable empeño
para emprender todo género de trabajos que mantienen y multi•
plican las creaciones y del orden, esos mismos escombros que ha
sembrado la gran convulsión política de este continente serán como las lavas de volcanes que se convierten en principios de fecundidad de los mismos campos que han asolado. Asi' vuestras cam•
pañas se cubrirán de todas las riquezas de la naturaleza, las duda·
des multiplicadas se decorarán con el esplendor dt: las ciencias, y
la magnificiencia de las artes; y el comercio extenderá libremente
su movimiento en ese inmenso espacio que nos ha señalado la naturaleza.32
Así tenemos programada en admirable síntesis la inmediata tart&gt;,a que
correspondía realizar: el uso de las armas para libertar al Perú y por ende
a América; dar a los pueblos una forma de gobierno conciliable con los intereses y el bien de los pueblos y adoptarla libremente; fonnar una gran
confederación integrada por Buenos Aires, Chile y el Perú; y crear de los
escombros de la estructura colonial en vías de desaparecer un nuevo orden bajo el imperio de nuevas leyes y poderes.

V. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA
(1819-1820)
1)

El Ejército Libertador y la Pretendida Esclavitud de Lima

El 3 de abril de 1819 anuncia la Gaceta la retirada de la escuadra que
bloqueaba el puerto del Callao. Pezuela aprovecha la ocasión para asegurar que Buenos Aires y Chile están exhaustos ya, y que los monstruos insaciables que las han destruido son los que dirigen ahora sus ambiciosas
miras a Lima.

M. L. Rivara De Tuuta: llultración y romantici1mo en el Perú

143

La que ora poco fue señora de todo el continente, y centro de
sus riquezas, vendría ser i que ignominia! esclava de sus provincias
(... ).
Limeños, vuestra fidelidad pasará por proverbio de generación en
generación, y de siglo en siglo. Muchos son los sacrificios que habéis hecho en diez años. Habéis auxiliado a la Peni'nsula, a los rei·
nos.de Quito y Chile y Santa Fé: y hasta el mismo Buenos Aires
que hoy trata de esclavizaros, debió a los socorros vuestros haberse podido libertar del yugo de la Inglaterra. El mundo ha visto
con asombro los inagotables recursos de la capital del Perú. Pero
aun restan sacrificios que hacer, y que serán las últimas acaso. Sin
estos, serían inútiles todos los pasados( ... )
Si continúan vuestros auxilios, como espero, no dudo en punto
triunfo de los enemigos de vuestro reposo. Vengan de nuevo, y
saldrán de nuevo confundidos (...) _33
Como es posible apreciar por el tenor de la exposición del virrey Pe.
zuela, un gran peligro acecha al Perú: su esclavitud. Dadas sus ingentes riquezas así ~orno el haberse constituido en centro y baluarte del fidelismo,
sosteniendó con sus enormes recursos económicos las campañas de represión en las provincias sublevadas-, es ahora mirado por Chile y Buenos Aires
como el lugar donde les será posible resarcirse de las pérdidas sufridas. El
Perú y Lima serían así devastadas por un nuevo conquistador y después de
haber sido el centro colonial de mayor importancia económica y política
pasaría a constituirse en zona dependiente de los chilenos y bonarenses.
Se sostiene en otro artículo:
El oro de vuestras minas es quien ha traido a vuestras costas a esos
hombres desmoralizados que abandonaron Europa para venir a
proteger la tiranía y el despotismo en la América. Y los persuadiréis por ventura que unos hombres que no han podido vivir bajo
del orden que hace felices a los pueblos; vengan de buena fe a
predicaros y a daros el ejemplo de lo que ellos mi'lmos no conocen ni quieren conocer? No: ellos vienen a privaros de la tranquilidad y el reposo, a llevarse vuestros bienes, a violar a vuestras
vírgenes, a profanar vuestros templos, y a desfigurar enteramente
la religión de vuestros padres.34
Se dirige a los ministros de la religión, a los varones esclarecidos a, los
comerciantes beneméritos, a los artistas de todas clases y por último a los
hombres ilustres pintándoles la situación que les espera por los cambios de
la estructura social que ha de presentarse.
A los hombres ilustres les manifiesta:
De nada os servirían vuestros estudios entonces; pues todo se
mudaría, ideas y palabras y sistemas. El ciego charlatanismo ven•

�144

M. L. Rivara De Tuuta: flu1tración y roman lici,mo en el Perú

145

Siglo XIX

dría a suceder a la verdadera filosofía: todas las ciencias se verían
reemplazadas por la ignorancia y la barbarie.
Los males que acabo de pintaros, y que serían consiguientes al
restablecimiento del orden, son bienes verdaderos en cotejo de
aquellos que deberían predecirle. Entonces; contribuciones enormes, prisiones, cadalsos, insultos, fuego, cuchillo, saqueo, y cuanto pueda imaginarse de horroroso!
Tal es el cuadro de los males que el enemigo os tiene preparados
en castigo del valor, la fidelidad y la constancia que os honran
tanto a vosotros, y que han desconcertado y destruido sus miras y
sus planes.35
Con esta política se procura crear un nuevo factor de resistencia frente al avance de los ejércitos patriotas. Y en verdad los documentos de la
época muestran la desconfianza surgida en el Perú en lo concenúente a este delicado tema y las providencias que se tomaron para evitar que el territorio peruano se convirtiese en un lugar de saqueo y devastación. Pero
quedó siempre en pie la problemática de qué Jugar le correspondería ocupar al Perú dentro de los planes de federación o confederación americana.
Dado el lugar que había venido ocupando el virreinato peruano, tanto
por sus riquezas como por haber sido el centro político más importante en
Sudamérica, pasará este punto a constituir una de las cuestiones más delicadas que habrían de decidirse trastornando los planes federativos programados para el continente.

2) La I deologi'a Antidemocrática y Antiliberal
La ideología revolucionaria se verá enriquecida aún más por las publicaciones de documentos que teorizaban sobre sistemas políticos o temas
filosóficos propios del pensamiento ilustrado liberal. Las publicaciones oficiales abordan esas cuestiones en un intento de controlar el avance de dos
ideas fundamentales a través de las cuales se atacaba el sistema colonial: las
ideas de democracia y libertad. ·

A) La Defema de la Monarquía.- Nos reíerimos en primer lugar a la
defensa del sistema monárquico y a los peligros de la democracia. Sostiene
el articulista que es una verdad incontestable que no existe forma de gobierno que no presente defectos. Pero que después de haber consultado la
histl'ria de los pueblos y la experiencia de los siglos, los políticos han tenido que concluir a favor de la monarquía, cuando ésta es moderada por leyes dictadas según el carácter y genio de los pueblos, así como teniendo en
consideración su situación geográfica, clima, población, producciones y extensión del territorio.
En cambie la democracia exige terrenos de poca extensión y bastante

poblados, que estén al abrigo de las invasiones y que se hallen favorecidos
por un clima que les permita producir lo suficiente para sostener todas las
necesidades de sus habitantes, a fin de que no se vean precisados por su miseria a mantener inquietos a sus vecinos, ni excitar con su abuñdancia su
codicia y sus celos.
Si falta alguna de las circunstancias descritas el edificio de la sociedad
se desploma y se arruina, por sólido y consistente que hayan parecido sus
principios de establecimiento.

El caso de Francia ejemplifica -dice el autor- esta verdad indiscutible:
Empeñado en perseguir la sombra alhagueña de la libertad e independencia derribó a la monarquía y se víó luego cargada de hierros por Napoleón que sedujo a sus soldados con promesas de
pillaje, licensiocidad y desenfreno. Y esto sucedió porque Francia
quiso dar a su gobierno una forma absolutamente inadaptable a
las cifcunstancias de su suelo, lo que la obligó a someterse a un
nuevo rey. 36
A renglón seguido motiva a la reflexión manüestando:
Juzgad vosotros, peruanos, si con la posición geográfica de vuestro país, con sus riquezas, con la grande extensión de su terreno,
y con su corta población, puede acomodarse por ventura ese nuevo sistema de que os hablan y con que intentan seduciros los enemigos vuestros.
Si queréis aseguraros completamente de la falsedad de sus promesas, volved la cara a los chilenos, a los desgraciados habitantes de
ese Estado llamado soberano; y los veréis gemir bajo el peso de las
cadenas más duras, y servir de instrumento a la ambición y a los
caprichos de los déspotas del otro lado de los Andes que tienen
ahora fijas sus miradas sobre las riquezas de vuestro suelo; y que
en su loco frenesí las cuentan suyas.37
Se inicia así a través de la propaganda ideológica anti-revolucionaria la
reflexión sobre la forma de gobierno que más conviene al Perú, al mismo
tiempo que se alienta la formación de una conciencia antifederativa sobre
la base de las formas económicas y recursos naturales delimitados dentro
de las antiguas estructuras coloniales.

B) El Terna de Mayor Polémica: La Libertad.- Artículos de índole fi.
losófica se dan de contínuo, utilizando los temas de mayor polémica. Tenemos por ejemplo el trato de la libertad, que es planteado en los siguientes términos:
Es la libertad el a tribu to más precioso de la criatura racional. Y

�146 Sislo XIX
aquella admirable propensión que nos arrastra a su disfrute con
una fuerza irresistible; y que jamás nos abandona desde la cuna
hasta el sepulcro; es la árbitra del hombre, y la rcyna absoluta de
todas sus pasiones (. . .) .
Pero esta libertad len qué consiste? lQué es? lAdonde se halla?
lLe conocen todos los que pelean por ella? lSaben todos cual es
este ídolo famoso. a quien dobla la rodilla el universo entero? La
libertad hablando filosóficamente, es la facultad de obrar o de no
obrar, y de hacer esto o aquello, con tal que ninguno esté prohibido por la ley (...). No hay libertad en un pueblo en que no se
respeta la virtud: y la virtud no puede respetarse en donde no hay
un freno con que se contengan los delitos (.. .) Es preciso vivir
bajo un gobierno; porque sin él, no hay orden, no hay seguridad
individual, no hay virtudes ni propiedades ni derechos.
Hay además, empero, una falsa libertad cuyo_exterior brillante se•
duce y arrebata; y que no viene a ser, en el fondo, sino el despotismo y la tiranía disfrazados con el traje y los atavíos de la líber•
tad (. . . ) Libertad pronunciada por cuatro sediciosos. Y lCuál ha
sido hasta aquí el fruto de sus esfuerzos?. .. Empobrecerse, des•
poblarse, y hacer efectivo un yugo que era imaginario. Buenos Aires y Chile y los otros pueblos sublevados lson más libres hoy
día que cuando estaban sujetos a la dominación española? (. .•)
iAh! Si fuesen preguntados por ventura en uno de esos momentos en que, calmado las pasiones, se deja oír la voz de la razón y
quisiesen ellos hablar de buena fe: contestarían que no; y ~e,
tiempo hace, están arrepentidos de haber cometido tantos críme•
nes, y de haber inmolado tantas víctimas en los terribles altares
de la insaciable libertad. iO libertad, hija primogénita del cielo!
Mejor no hubieras jamás bajado sobre la tierra, si habías de servir
a los tiranos para deslumbrar a los pueblos, y conducirlos a su
ruina.38
Creemos que no es necesario excederse en comentarios sobre el texto
anterior. La libertad, como motivo de reflexión, es una de las cuestiones
básicas que se replantean los ilustrados, pero fundamentalmente desde la
perspectiva política.

3) Primeros Intento, de Entrada a Lima de los Ejércitos Pa"triotns.
Pese a toda la acción desplegada por el virrey en septiembre de 1819
se hace evidente que la entrada de los ejércitos patriotas está próxima a
llevarse a cabo. En la Caceta del Gobierno de Lima se inserta la proclama
del director de Chile a los pueblos, esta vez con una nota editorial muy
breve que manifestaba:
Los esfuerzos importan tes del Director O'Higgins ( 17 76-184 2
Chile) para animar a los chilenos a venir contra el Perú, son nacidos de la desesperación y del miedo que se han apo.derado así de
él como de los demás jefes insurgentes al saber que se hallan próximas a Buenos Aires y a Lima las expediciones de España que
no creyeron hasta ahora llegasen a realizarse.3 9

M. L. Rfoara De Tuuta: Ilustración y romantici,mo en el Perú 147

El ~ext_o de la_ proclama _dirigida a ~os ciudadanos chilenos y signada en
el palacio directonal de Santiago de Chile el lo. de septiembre de 1819, sin
embargo, se publica sin anotación alguna lo que revela la infiltración del
grupo patriota en el órgano oficialista así como hasta qué punto se encuentra desorgani:iada la censura periodística del hasta hacía poco férreo control colonial.

4) La Pr1Jclama de O'Higgins
Hemos llegc1:do - dice O'Higgins- al período del último sacrificio,
y es necesano arrostrarlo: o el premio inalterable de los trabajos o
el aniquilamiento de la patria.
'
La empresa urgente de dar al Pení su independencia y todo el esfuerzo de la España para acabarnos, forman este contraste tan glorioso como terrible. Nada ha conseguido Chile arrojando de su seno a los enemigos, si no asegura su tranquilidad destruyendo a
los opresores de Lima, y ~anquéandose aquellas relaciones capa•
ces de recompensar sus fatigas. Todo lo hemos perdido, y los tiranos lo han ganado todo, si logran la victoria del golpe fuerte que
nos amaga.
(...) para vosotros suena el grito de un segundo interés. Chile se
consume en sí m i;ma si no emprende la expedición al Pení en circunstancias que la España se propone acabar con la de 'todo el
Sud( ...) Vamos pues a vencerlos. Vamos a imponer silencio a todos los derechos mientras se asegura el de la conservación de la
patria y su inalterable felicidad, vamos a mostrar todo su poder
~ontra el _de los tirll!1os(. . .) Probemos estar penetrados de que es
mcompaoble que ahente la libertad y vivan sus verdugos. Hemos
jurado sostenerla.
Los encarnizados enemigos nos cobran la palabra con el puñal.
Arrebatémoslo de su mano sangrienta, y no tendrán más contra
los que saben cumplir con su honor, y buscan la vida en los campos de la muerte antes que esperarla tranquilos en el fn'o cadalso(...)40

5) El Tratado entre los Estados de Buenos Aires y Chile para asegurar
la Independencia del Perú
Se hacía asi cada día más inminente el ingreso del ejército libertador al
territorio peruano y la opinión pública es informada, transcribiendo el
Corrier de Londres del lo. de junio de 1819, del tratado especial entre los
estados de Buenos Aires y Chile, firmado en la ciudad de Buenos Aires el
5 de febrero de 1819, para procurar a los habitantes del Pení una fuerza
annada para expeler al gobierno español y establecer otro que fuera análogo a su constitución física y moral.
Establece el tratado en su fundamentación que
El excmo. Director Supremo del Estado de Chile en uso de los po-

�148 Siglo XIX
deres que le están conferidos por la Constitución provisional de
los Estados respectivos; deseando poner fin a la dominación tiránica del gobierno español en el Perú, y procurar a sus habitantes
la libertad e independencia de que se hallan tan injustamente privados, y a efecto de. dispensar el auxilio que los habitantes de Lima han solicitado de ambos Estados contratantes, han resuelto
concluir el presente tratado.41
Se trataba así de responder al llamado del propio pueblo peruano y
por tal razón el ejército combinado de las Provincias Unidas y de Chile, se
comprometía, según lo estipulado en el artículo 11, a dirigir sus acciones
contra las autoridades actuales de Lima, y a la ayuda de aquellos
habitantes, cesará de permanecer en aquel país desde el momento que haya establecido un gobierno conforme a la libre voluntad de los habitante, a no ser que pida este gobierno y convenga a
las circunstancias así de las dos partes, como a los tres Estados de
Chile, Provincias Unidas y Lima, que este ejército subsista sobre
aquel territorio por cierto tiempo.42
E igualmente en el artículo IV se estipulaba que "Las dos partes contratantes ~ranti2:an mutuamente la independencia del Estado que se forma en el Perú, cuando la capital estuviere libre".43
Quedaba así clarificado el objetivo primordial de la expedición patriota al territorio peruano, al mismo tiempo que se garantizaba la existencia
de un gobierno independiente y conforme a la libre voluntad de sus hahi•
tantes. Pero esto no era todo. A fin de borrar la impresión dejada por lo
tantas veces repetido por la prensa oficilista en el sentido de que el interés
de la expedición era esclavizar y aprovechar las riquezas del Perú, se estipulaba en el artículo lli:
A fin de evitar toda causa de discordia entre los dos Estados contratantes, y el nuevo gobierno que se forma en el Perú, respecto
al pago de los gastos de la expedición liberatriz, y deseando remover para lo futuro todo pretexto que pudieran alegar los enemigos de la América para atribuir a esta expedición algunos motivos interesados que se hallan muy ajenos de ella, las dos partes
contratantes se convienen en no tratar del reintegro de sus expensas hasta que puedan arreglarse con el gobierno independiente
de Lima. El ejército combinado observará hasta entonces y después una conducta conforme a su objeto, que es de proteger, y no
de obrar hostilmente contra los habitantes, y respecto a todos estos puntos, los gobiernos darán órdenes expresas a sus generales
respectivos.44
Es necesario reconocer la importancia de los efectos de esta publicación en el ánimo de la población limeña que vivía en esos momentos las
más angustiosas expectativas. Para acrecentar aún más su conflicto y para

M. L. Rivaro De Tuetta: llunración y romanticilmo en el Pení 149
que medite acerca de la de~erminación que esÍá a punto de tomar, se prepara de inmediato un suplemento de la Gaceta a fin de dar una idea política del estado del Perú en el año 1819.

6) La Importancia Estratégica de Lima
Se dice allí entre otras cosas:
Lima colocada en el corazón de América Meridional es el punto
céntrico para su conservación y defensa; es como un escollo situado en el medio de una mar borrascosa, á cuyo pie vendrá
siempre á romperse de todas partes la furia de las olas revolucionarias. Mientras &lt;)Ue Lima subsista, mientras que se conserve la integridad del Peru, serán siempre vanos los esfuerzos más bien
combinados de los rebeldes para su independencia. Si Lima hubiese sucumbido, si no hubiese sido el depósito de la fidelidad
más constante, se hubiera ya decidido la suerte de este continente, ya habría perdido acaso para siempre la España esta vasta porción de sus dominios. De aquí como de un centro vuelan en todas direcciones con la rapidez necesaria los auxilios; desde aqui'
se ahogan en su misma cuna las maquinaciones más ocultas de la
malicia, y se frustran sus planes. Lima en fin, dividiendo las fuerzas enemigas impide e impedirá siempre la decantada unión continental: rica por naturaleza extiende a todas partes su benéfico
influjo, y aunque a veces pueda escasear de recursos, no los verá
jamás agotados.
Conocieron estas verdades los insurgentes mismos: conocieron la
importancia de este suelo para llevar a cabo sus planes, y ya por
su situación geográfica, ya por sus auxilios, cuando estamparon en
sus proclamas que era preciso clavar el puñal en el corazón de
América.45
Parece haber llegado así para el Perú el momento de su decisión final.
Ambos extremos dialécticos le requieren y reconocen su importancia estratégica para decidir la victoria de la causa realista o de la causa revolucionaria.

7) Lima y la Cau-sa Revolucionaria
No sería justo afirmar que en ese momento elige o se decide a abrazar
la causa revolucionaria. Podríamos afinnar más bien que el proceso ha sido
largo, que a través de interminables pasos, después de un lento proc~o de
incorporación de nuevas ideas, intentos de rebelión, gestiones a traves de
la razón y la justicia, luchas internas -motivadas por haberse constituido
en el baluarte realista, tanto en el aspecto militar como ideológic~, proceso ascendente de aceptación como único camino posible para obtener
la liberación de España, está preparada y ha asumido su compromiso frente a la coyuntura histórica en que se encuentra América.

�150 S;p, XIX
Acepta así unirse a la causa de sus hermanos americanos y desde ese
momento 1U participación en el proceso revolucionario contribuirá en mucho al logro de los fines inmediatos que se ha propuesto el mCNimiento libertorio. De otro lado su inserción en el proceso, aparentemente tardío,
le permite estar idológicamente preparada para el debate y el examen
racional de las problemáticas que se plantearían en la conformación de la
nueva estructura de gobierno para América.

8) Instrucciones que debe observar el Ejército Libertador del Perú.
Las instrucciones que debía observar el ejército libertador del Pení
le son dadas el 23 de junio de 1820 en la ciudad de Santiago de Chile.46
Su propósito fundamental quedaba establecido al indicarse que el espíritu
que lo animaba era sacar de la esclavitud y de la dominación del rey de
España a los habitantes de las vastas provincias peruanas, uniformar el sistema de la libertad civil y nacional en toda la América Meridional, acabar con los serviles partidarios de Fernando VII que refugiados en el
Pení sostenían obstinadamente una guerra destructora, y constituir unos
nuevos Estados independientes, que unidos para la defensa de la causa común con los que ya habían conseguido su libertad se hicieran impenetrables a los nuevos ataques que pudiera planear el gobierno español.
El ejército libertador debía actuar ciñéndose inviolablemente a las instrucciones estipuladas a través de veinticinco artículos que en síntesis señalaban que no debía usarse de la fuerza con los pueblos, haciéndoles entender más bien que el sistema de la libertad civil tenía como objetivo
primordial el espíritu de beneficencia y amor a la humanidad. Producida
la entrada en algún pueblo debía procederse a reunir las corporaciones
y vecinos principales a fin de efectuar la elección de las nueva.~ autoridades y a las cuales el ejército solicitaría hospitalidad. En caso de tener.que
recurrir a la fuerla para tomar un pueblo, había de evitarse en cuanto
fuera posible los saqueos, violencias y excesos. En la capital del Pení
debía procederse a elegir un Director o Junta Suprema y a esta ~pre_~ª
autoridad se le solicitaría la elaboración de un proyecto de Consbtuc1on
provisoria. Para la formación de la Constitución se o~rv~~ un r~peto
prudencial de las antiguas costumbres ya que su exbrpac1on, deb1a ~r
obra de la prudencia y el tiempo, y por lo tanto no se efectnanan modificaciones en lo que respecta a orden jerárquico de los nobles, caballeros,
cruzados, títulos, a quienes se les trataría con las distinciones establecidas
por su rango. No se producirían secuestros de bien~. La iglesia f sus bi~nes se declaraban inviolables, igualmente se apoyana y respetana la religión católica. A españoles e indios que no ofreciesen r~i~encia al n~f'~O
sistema se les aceptaría benignamente. En cuanto a los mdios se les ahviaría en cuanto fuera posible de las pesadas pensiones que les exigía el go-

M. L. Rivara De Tuutu: llu,tración y romanticismo en el Perú 151

biemo español; a los negros y mulatos se les aceptaría en el ejército, sin
libertarlos; y en principío debía respetarse el derecho de propiedad de los
amos.
Por el tenor del texto es posible concluir, en primer lugar, que las autoridades chilenas tomaroñ todas las precauciones posibles para no arriesgar una posible resistencia en su penetración al territorio peruano. En segundo lugar, se tomaba el poder mediante la creación de un nuevo cuerpo
político y separando de sus cargos sólo a las autoridades que continuaran
siendo fieles a la causa realista. Y por último se procuraba que la estructura
colonial no fuera modificada en sus aspectos fundamentales, excepto en lo
político.
VI. DESINTEGRACION DEL REGIMEN POLITICO REALISTA

(1820-1821)

La Entrada del Ejército Libertador al Perú
El 18 de agosto de 1820 se en con traba ya el ejército en Valparaiso
dispuesto a embarcarse en dieciséis transp~rte~. ~120 zary&gt;~r?n :rrnbando a
las costas del Pisco el 7 de septiembre, al día S1gu1ente se 1ruc1ana el desembarco en la Bahía de Paracas. Horas más tarde era ocupado el pueblo de
I)

Pisco sin que las fuerlas realistas ofreciesen resistencia.
El Cuartel General fue establecido en la ciudad de Pisco, desde donde
de inmediato San Martín, general en jefe del Ejército Libertador, dirige a
los habitantes del Perú una proclama.47
Mientras se encontraba en viaje al Perú la expedición libertadora, Pezuela había recibido instrucciones desde España de jurar la Constitución
&lt;le 1812 y proceder a la abolición del Tribunal dd Santo Oficio.
2)

La nueva Jura de la Constitución de I 812 y la Proclama de San Mart{n

San Martín es enterado de este nuevo giro de la política de Fernando
VII después de su salida de Valparaiso f _temeroso de los posibles_ e!~ctos
que esta novedad pudiera causar en el animo de los peruanos, decidiendolos a abrazar nuevamente la causa fidelista, se apresura a expresarles lo que
piensa de esta nueva actitud del monarca:

El rey juró la Constitucion, P'?rque no le quedaba otro arbitrio
para salvar su trono, que seguir la tendenaa de la voluntad general: el virrey ha imitado la conducta de su ~º• con _la esperanza de oponer una barrera al voto de la Amenca y evitar que

�M. L. Rivara De Tue,ta: Bu,tración y romanticúmo en el Peni

153

152 Siglo XIX
coopereis a su emancipación. Sólo los conflictos en que se halla
pueden excusar la injusticia que ha hecho a vuestro discernimiento, persuadiéndose que la Constitución de las Cortes sea capaz
de aletargar vuestra energía y de engañar a vuestros deseos: él
ignora que este cn·t&gt;r es un nuevo escollo con_tra sus desi~io~ p&lt;;&gt;rque es pasado ya el tiempo en que los amencanos vean sm indignación los planes impostores de la política española para pernubar. sus dominios sobre un vasto continente, que tiene la voluntad
y el poder de gobernarse por sus propias le~es .. ,
.
La América no puede contemplar la Consbtuc1on de las Cortes sino como un medio fraudulento de mantener en ella el sistema colonial, que es imposible conservar más tiempo por la fuerza.48
Recuerda San Martín a los peruanos que en esta ocasión el virrey Pezuela obra por iguales principios que su antecesor Abascal cuando en 1813
se valió del prestigio de las Cortes para deslumbrar a los intelectuales de
Lima con la idea de que una reforma era lo más conveniente para verificar
cambios ventajosos para el Perú y América. Por eso les dice:
Vosotros conoceis por experiencia la verdad de lo que os digo:
yo apelo a los hechos, y someto a vuestro juicio el examen de la
sinceridad de los españoles. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad, alhagando vuestras esperanzas con una Constitución extranjera, que os defrauda el derecho representativo en que ella misma se funda, y que no tiene la
menor analogía con nuestros intereses. El tiempo de la impostura
y del engaño, de la opinión y de la fuerza, está ya lejos de nosotros; y solo existe en la historia de !~~calamidades pasadas.( . . )
Fiad en mi palabra, y en la resoluc1on de los bravos que me Siguen, asi como yo fio en los sentimientos y energía del pueblo
peruano.49
El tenor de la proclama pesó en el ánimo de los peruanos y el bando
no separatista, es decir el núcleo amante de la razón y la justicia, procuró
entonces llegar al poder logrando la instauración de la monarquía constitucional.
3)

La Tendencia Monárquica

Esta tendencia consideraba que la continuidad histórica exigiría que el
nuevo ré~men a instaurarse fuera la monarquía moderada. Veía en ella la
forma de gobierno más adecuada para las nuevas naciones americanas. Pensaba este !!IUpo que instaurar un sistema democrático sería inoperante ya
que sus principios constitutivos eran demasiado novedosos y c?ntradictorios con el sistema que había venido operando a través de tres siglos de gobierno español.
Procuran así formar opinión favorable a la instauración de un sistema

monárquico en el Perú. Cuentan para esto con recoger los frutos de la campaña ideoló~ca antirrevolucionaria y continúan publicando artículos que
contribuyen a cimentar esta concepción.
A fines de 1820 se editorializa sobre "política" en los términos siguientes:
La idea más sublime de cuantas ha producido el adelanto de las
ciencias poüticas, el más noble resultado de la perfección que se
ha dado a las instimciones sociales, es el carácter tan respetable
como benigno de que se halla revestido el mortal venturoso a
quien la Providencia coloca en un trono constimcional. Puesto en
la dichosa imposibilidad de hacer daño, depositario de una autoridad cuyos inconvenientes recaen solo en sus agentes subalternos,
exento de todo cargo, de toda responsabilidad, sus acciones no
pueden producir mas que bien, sus labios solo pronuncian palabras de paz y perdón, su presencia no enuncia sino respeto, ternura, y aquella sumisión racional que se apoya en la que se debe
a la ley. Un rey constitucional no ofrece ninguna de aquellas
ideas que hacen aborrecible al poder, sospechoso su ejercicio y
humillante su aparato.50
Se procura así conformar una conciencia general favorable aJ sistema
monárquico que actuaría en el momento en que la nueva nación americana debiera decidir su forma más conveniente de gobierno, la cual hasta el momento no estaba formulada en forma categórica. En las regiones
donde la experiencia revolucionaria había sido temprana no había sido
nada fácil establ~r on orden político estable, y el caos y el desorden habían imperado. tíconocimiento de esta cuestión constituía una evidencia
explotable por los monarquistas para ganar adeptos a su causa.
La corriente monarquista en el Perú era heredera de la corriente ilustrada liberal que había cifrado sus esperanzas de construir una nueva estructura colonial bajo el amparo de la razón y la justicia. Pensaban y confiaban en que mediante un nuevo cuerpo constitucional seria posible llegar a un nuevo orden de cosas en América. Su participación en el logro de
la Constitución Liberal de 1812 los hacia pensar qoe podía ser aplicada en
América eliminando, por supuesto, a Femando VII, y substituyéndolo por
un monarca criollo o un príncipe extranjero. Pero d tiempo transcurrido
entre la dación de la Constitución mencionada y el avance de las nuevas
tendencias románticas, que confiaban en la soberanía del pueblo, determinarían un giro muy distinto de la cuestión.
La problemática sobre la forma de gobierno que debía adoptar el Perú
pasa de la simple presentación de argumentos al debate ideológico en la
etapa del Protectorado, y constituye una resolución a adoptar impostergablcmente en los momentos en que San Martín viaja a Guayaquil.

�154 Sigb XIX
VII.LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL
Iniciado el año de 1822 la perspecliva americana se nos present.a ttatando de solucionar sus más urgentes problemas. Guayaquil no ha decidido
aún su incorporación a una de las dos grandes repúblicas americanas. El
Peru se debate en problemas de organización política y primea, y en este
sentido t.ampoco ha decidido si adopt.ará la forma monárquica o republicana. Tanto la república de Colombia como el Perú no han culminado aún
su empeño de arrojar definitivamente a los ejércitos realist.as del suelo americano. Todos estos problemas por resolver obligan a un acuerdo americano
fonnal, a través del cual se recogerá lo que la realidad misma eviden~iaba:
la necesidad de trabajar unidos, sin separaciones del norte y sur amencano,
para poder finalizar exitosamente las guerras que conmovían al continente.
De est.a necesidad histórica ha de surgir el ideal de una confederación americana, no como el sueño de un visionario o de un ambicioso sino como
una necesidad vital propia al equilibrio y normal desenvolvimiento de
América hispana.

M. L. Rivara De Tuesta: llustración y romantícismoen el Peni

155

Tanto los temas tratados en la entrevista, referidos a las más importantes problemáticas a resolver en ese momento, así como los acontecimientos que se suceden posteriormente, nos prueban que San Martín y
Bolívar, verdaderos conoee9ores de la realidad sur y norte de nuestro continente, intercambiaron ideas. No es posible afirmar por lo tanto, "que en
la entrevista loe personajes decidieron sobre esas cuestiones" sino que " la
entrevista les sirvió para clarificar sus conceptos presentes y su quehacer
futuro", lo que en última instancia da significado lústórico a la reunión
y explica el interés que ha suscitado y suscitará entre los historiadores.
Es decir que el hecho del encuentro y la conversación sostenida entre
San Martín y Bolívar les sirvió para acelerar sus decisiones, no llegar al enfrentamiento personal y escoger entre las posibilidades de reali1.ación la
más acorde con las circunstancias históricas que enfrentaban. En suma, la
idea de su encuentro fue un acierto político y producido éste se observarán
sus efectos favorables en la causa general americana.

Guayaquil: 26 y 27 de julio de 1822
La primera mit.ad de ese año muestra decisiones import.antes en punto
a estos urgentes problemas. En lo que respecta a la documen~ción qu~
ofrece información sobre la entrevista que sostuvieron San Martln y Bohvar, tendríamos que aceptar que efectivamente, y pese a todo lo que se
pueda especular sobre los detalles de la entrevista, los puntos
que trataron no se dieron al azar ni por casualidad: eran más bien consecuencias del
proceso histórico que vivía América. Dado que San Martín y Bolívar eran
en ese momento los dos grandes personajes que dirigían las cuestiones de
América, es lógico y hasta natural que en la coyuntura histórica en que los
colocaban los propios acontecimientos sintieran la urgente necesidad de intercambiar ideas y conocerse personalmente. No fue tampoco, en nuestra
opinión, d hecho de la entrevist.a lo que determinara a San Martín a aball•
donar el Perú.
En cuanto al lugar de la entrevista tendríamos que decir que ambos
apreciaban en Guayaquil una zona estratégica importante para el avance de
sus efectivos, ya que a ambos les quedaba por terminar campañas en los territorios en que actuaban los ejércitos bajo su mando; pero el que alguno
de ellos lograse decidir la opinión pública a favor dd núcleo que representaba era en realidad un avance no solo estratégico si.no político. La guerra a-si, prácticamente ganada -ya que los españoles no poseían reductos
de la import.aneia de Lima o Guayaquil-, pasaba a ocupar un segundo plano. Incluso podía ser alargada temporalmente sin mayor riesgo de pér,ü_da
y más bien con logros a travé.s de una táctica por agotamiento y eansan•!l?·
Esto explica en última instancia lo que podríamos llamar "la carrera hacia
Guayaquil de los personajes de la entrevista".

La documentación que consideramos como básica, y que, justa1111·nt&lt;',
ex.presa las problemáticas que abordaron está referida a las siguient!'s f1wntes: "La relación enviada al gobierno de Bo¡rotá ":51 "La relación enviada
al intendente de Quito, general A. J. de Suere ", 52 ambas firmados por PI
secretario de Bolívar, J. G. Pérez; la carta dirigida aJ Vieeprl'si1lente Santander sobre la conferencia de Guayaquil53 firmada por el propio Bolívar:
y la Relación del primer Edecán de San Martín, Rufino Guido.54
Prescindiendo de los detalles externos y apreciaciones personales sohrc•
la misma entrevista, los puntos más importantes que fueron tratados son
los siguientes: la forma de gobierno más conveniente a América, la organización política de las repúblicas, la colaboración f'll la lucha rontra los
realistas, el estado de Guayaquil y la necesidad de la confederación amnieana.
Nos remitiremos a las propias palabras de Bolívar a Santandrr cuando
le manifiesta haber logrado cosas bien importantes en la entrevista:
primera, la libertad del sur; segunda, la incorporación a Colombia de Guayaquil, Quito y las otras provincias; tercera, la amistad
de San Martín y del Perú para Colombia; y cuarta, salir del ejército aliado que va a damos en el Perú gloria y gratitud por aquellas
partes. Todos quedan agradecidos, porque a todos he servido, y
todos nos respetan, porque a nadie he cedido. Los españoles mismos van llenos de respeto y de reconocimiento al gobierno de
Colombia.
Ya no me falta más, mi querido amigo, si no es poner a salvo el

�156

Siglo XIX

tesoro de mis prosperidad, escondiéndome en un retiro profundo,
para que nadie me lo pueda robar, quiero decir que no me falta
más que retirarme y morir. Por Dios, que no quiero más: es por la
primera vez que no tengo nada que desear y que estoy contento
con la fortuna.55
Para nosotros los resultados de la entrevista fueron los siguientes:
1) Bolívar pudo comprobar lo que se venía diciendo de San Martín en
punto a sus ideas monárquicas; pero que él no pretendía ser monarca y que
sus planes consistían más bien en hacer venir de Europa a un principe.
2) Bolívar supo la determinación de San Martín de dejar el Perú después de asegurar al triunfo patriota y dejar bien establecidas las bases del
{!Obiemo.
3) Se acuerda la federación de los ejércitos del Perú y Colombia,
cuestión que San Martín consideraba fundamental para la continuación de
la guerra y al momento Bolívar embarca los auxilios.
4) San Martín no tuvo otro cosa que hacer, por el momento, que aceptar que Guayaquil estuviese ocupada por fuertas colombianas.

5) San Martín estuvo de acuerdo con la existencia de una Federación
americana.
Aparte de estas consideraciones sobre los resultados de la entrevista
queremos insistir en lo que atañe a la situación coyuntural americana
pues, después de la entrevista, se observará que las problemáticas abordadas adquil'ren un sesgo definido y comienzan a resolverse en forma más
adecuada.
En lo que respecta al Perú, éste ha de convertirse en el campo de la
lucha contra los realistas ya que el baluarte espa.t1ol había logrado ci.tnentarse en nuestro territorio y, a través del debate ideológico, ha de decidir
desechar la fórmula monárquica y adoptar la republicana.

vm.
1)

¿MONARQUIA O REPUBLICA? (1821-1822)

La lucha entre Monarquistas y Republicanos

El plan de monarquizar al Perú fue acordado el 24 de diciembre de
1821 por el Consejo de Estado bajo la presidencia del Protector del Pení.56
El acta señalaba las bases de las negociaciones que entablarían ante los
altos poderes de Europa los enviados Juan García del Río y Diego Pareissien.

M. L. Rivara De Tuesta: llustración y romanticilmo en el Perú

157

La primera consideración decía que para conservar el orden interior y
a fin de que el Estado peruano pudiera adquirir la respetabilidad exterior
convenía el establecimiento de la independencia, y la alianza o protección
de una de las potencias de primer orden en Europa. La Gran Bretaña y Rusia aparecían como las naciones más indicadas para proporcionar un príncipe que pasaría a coronarse como emperador del Pení.
Despachada esta misión se procede a fundar la Sociedad Patriótica 57
el 20 de enero de 1822. El Ministro de Gobierno Bernardo Monteagudo, su
presidente, esperaba reunir a los académicos del país a fin rlt&gt; discutir todas las cuestiones que tuvieran influjo directo o indirecto sobre el bien
público.
El 22 de febrero se propone como asunto de discusión ¿Cuál es la
forma de gobiemo más adaptable al Estado peruano, según su rx trnsión,
población, costumbres y grado que ocupa en la escala de la civilización?
El lro. de marzo de 1822, se abre el debate. El grupo liberal que integraba la academia quiso aludir a la discusión de este tf'ma dadas las manifiestas tendencias monárquicas de Monteagudo y concluyó diciendo qu"
se discutiese la cuestión, pero que se hiciese entender que la decisión sería
meramente académica, ya que
las secciones que la viesen discrepar del sistema que han abrazado
temerosas de que engrandecido tratase de privarlas de su libertad,
se estarían pasivas, y no le auxiliarían contra el invasor y se expondría por consiguiente a fracasar la libertad peruana.58
Luego de esta aclaración paso a presentar su exposición rl miembro de
la Sociedad José Ignacio Moreno, defensor de la monarquía y vocero del
gobierno, quién después de haber indicado en términos genrrales los abusos a inconvenientes de las diversas formas de gobierno, ohsl'rvÓ qui' era
"el mayor de todos los males la oclocracia y tras ésta la anarquía Pn qu"
suele degenerar la democracia".59
Dado el grado de ilustración y civilización que tenía el Perú no era
susceptible de otra forma de gobiemo que la monarquía. El país debido a
la dominación española se encontraba en su infancia de su ser político.
Empezaba recién a abrir los ojos a la luz y esta no podía comunicarSI' t·n
un momento a todas las clases de sus ciudadanos ya que por el mom1·nto
era sólo atributo de un corto número de hombres ilustrados.
El resto del país, su gran masa, se encontraba en las tinieblas dr la ignorancia y por consiguiente no se hallaba en estado de conocer bien y calcular por sí mismo sus propios intereses, ni de caminar siempre a un mismo
fin, y esto solo lo conseguiría poniéndose

�158 Siglo XIX
en manos de uno solo que ayudado de las luces de los sabios Y
moderado bajo el imperio de las leyes fundamentales que establezca el Congreso Nacional lo gobierne y conduzca el alto ~unto de grandeza, prosperidad y gloria ~ que pued~ ~ ?ebe asRirar.
La autoridad del Monarca; constitwda as1, rec1b1ra tamb1en el
carácter de suavidad que comunica el clima benigno del Perú
aun a las costumb'res ásperas y genios feroces que naturaleza formó al otro lado del Océano bajo de un cielo distinto y menos
apacible,60
Agregó como inconveniente al sistema democrático la heterogeneidad
de los elementos que formaban la población del Perú, los variad~ usos,
costumbres y opiniones de sus pueblos. Por otro lado la democracia o el
poder difundido entre todos los ciudadanos solo era aplicable a los pueblos de corta extensión territorial.
¿cómo pues -terminó preguntando- podría constituirse un _gobierno popular o democrático en el Perú que, cuando la suerte
formidable de las armas le permita hacer un solo todo con nosotros debería extenderse por lo menos desde Guayaquil o Tumbes,' hasta el Desaguader~, y desde las costas del Mar Pacífico hasta encontrar con las enmarañadas selvas que forman lo que se llama Montaña Real de los Andes, comprendiendo en su seno tantas y tan dilatadas provincias, diferentes en genio_s,. como en climas? ¿cómo sería posible que una tierra tan prodigiosa que (...)
derrama sus tesoros a medida del deseo de los que la habitan,
se sujete a la pobreza y austeras costumbres, únicas virtudes que
pueden conservar por mucho tiempo la igualdad y libertad republicanas?
,
No es adaptable pues -concluye- la _f?1:11ª _';1emocráti&lt;:~ al Peru,
visto de una parte el estado de su c1Vihzac1on, poblaoon Y cos· . 61
tumbres y considerada de otra la grandeza de su temtono.
Como se trataba de un debate público, con fecha lo. de marzo de
1822 y bajo el seudónimo de "El solitario de Sayán" escribe Faustino Sánchez Carrión "Sobre la inadaptabilidad del gobierno Monárquico al estado
libre del Perú", manifestando:

..

No nos deslumbremos por el sacro amor que nos merece lapatria con instituciones pomposas. Restablezcamos en todo su explendor la dignidad de hombres propiamente tales ( . ..) . No olvidemos, de que la mano regia es de~asiado poderosa, y que
quien llega a sentirla en toda su, exteI?~on,_ no tiene per~na, no
conoce propiedad, no siente en s1 el magico rmpulso de la libertad.
Estas prerrogativas solo se conservan por los que están habituados
a defenderlas, y de hecho las defien~en per~nnemente con las eficacia de su carácter, librado en las mst1tuc1ones popular~s (. _. .)
Asi que, la oportunidad de oprimir solo depende de la mepntud
de resistir; y a la manera que en el estado natural, ella_ c_ons~st~ en
la debilidad física, en el social nace de la flaqueza cIVil. .:Como

M. L. Rioora De Tueda: llustraci6n y romanticilmo en el Perú

159

n.~ defenderíamos de la real opresión, si poco diestros en el ejerc~c1O de nuestros derechos, no hemos sabido más que obedecer
c1egan_:iente? Un trono en el Pe~ serí~ acaso más despótico que
en ASia, y asentada la paz, se disputanan los mandatarios la palma de la tiranía.62
Se agitó la prensa de Lima con diversas publicaciones del grupo liberal y en el interior de la Sociedad Patriótica el 28 de marzo continuando
los debates expuso su pensamiento Manuel Pérez de Tudela. Dijo que el
Perú "que es pueblo libre, soberano e independiente debía elegir de propia voluntad el gobierno que exijan sus necesidades y facultades combinadas con sus circunstancias". 63
Expuso que "la maxima invariable de los tiranos era dividir para
mandar, que debíamos unirnos todos los pueblos dt&gt; América... " y
concluyó que "era preciso fonnar todos un cuerpo contra el Déspota para
conservar nuestra libertad ".64

Para contestar a Moreno pidió la palabra Mariano José di; Arce y dijo
que el discurso le había parecido digno de Bossuet y del siglo ele Luis
XIV, y además mucho más a propósito para afianr.ar el trono y el altar qut&gt;
una forma de gobierno.
Sobre el principio sos-tem-do por Moreno de que un gobirrno republicano solo puede mantenerse en un territorio pequeño, y que uno dilatado
solo puede gobernarse bajo la monarquía, aseguró que rse aserto era mirado como erróeno, después de haberse descubierto el sistema. representativo, el cual era adaptable desde el más pequeño hasta el más grande territorio. Concluyó que "los argumentos del señor Moreno no le convencían,
tal vez por ser idénticos a los que muchas veces oyó hacer para sostener el
cetro de Fernando".65
San Martín consideraba que la forma de gobierno que convenía al Perú_ ~ América era la monarquía, pero hasta que el Congreso Constituyente
eligiera la fonna de gobierno que considerase más conforme a nuestras costumbres y más acorde a las circunstancias políticas, económicas y sociales
en que nos encontrábamos, no pretendió imponer su voluntad. Preparaba
c~n estas ~scusiones San Martín el ambiente sin violentar la orinión. Con
miras a afianzar las ideas monárquicas estableció la Orden del Sol y declaró suh!istentes, como hemo. visto en el Estatuto, los títulos de nobleza.
Su ministro Monteagudo participaba de las mismas ideas, pero su plan
consistía en restringir las ideas liberales y democráticas y actuaba con métodos muy diferent.es al Protector.

�160 Siglo XIX
La idea de establecer un sistema monárquico no era privilegio solo del
Pero. Los desastres y convulsiones en que se agitaban las antiguas provincias hispano-americanas hacía pensar en muchas secciones de América en la
conveniencia del establecimiento de monarquías.
En los momentos más álgidos del debate es que San Martín emprende
viaje al norte. Asi pues sienao esta cuestión una de las grandes problemáticas a resolver es posible afirmar que el asunto fue tratado en la entrevista de Guayaquil tal como lo señalan las fuentes que hemos mencionado.
Lo que queda por aclarar sería lo siguiente: no se decidió en Guayaquil, el
sistema republicano; los acontecimientos que se suceden a la vuelta del
Protector, así como la opinión general a favor de la República, que San
Martín sabía respetar, son los que deciden la forma de gobierno para el
Perú.
2)

La deposición de Monteagudo y el Triunfo del Partido Liberal Peruano

Según Alberto Tauro del Pino se esperaba una ocasión propicia para
deshacerse del ministro Monteagudo y ésta se presentó justamente cuando
San ,1artín emprendió viaje a Guayaquil. La violencia de la tensión pudo
manifestarse cuando el ministro infirió vejámenes a ciudadanos prestigiosos que en alguna forma habían desaprobado sus medidas antiliherales. El
procrclimiento subversivo fue improvisado por el ciudadano Mariano Tramarria desde la tienda de venta de tabacos y papeles impresos que poseía.
Buscó ami¡!oS para protestar por el atropello que implicaba también la
deportación de esas ilustres personas, preparó una reclamación en que
constauan hechos de su autoritarismo y pedía su inmediato retiro del gobierno. Apoyado por Riva Agüero, Francisco Javier de Luna Pizarro, Francisco Javier i\fariátequi, José Faustino Sánchez Carrión y otros patriotas,
la reclamación se convirtió en un memorial respaldado por centenares de
finnas y una Comisión a la municipalidad de Lima la sometió a la consideración del Supremo Delegado, José Bernardo de Tagle. El Consejo de
Estado discutió sobre el asunto. El ejército intervino para controlar la agitación callejera y al final Bernardo Monteagu do optó por renunciar el 25
de julio de 1822. Como no se calmaron los ánimos fue necesario protegerlo de posibles atentados. Se pidió, incluso, un juicio de residencia y para
contener la agitación que este asunto seguía suscitando se decidió que
abandonara la ciudad. Monteagudo fue conducido al Callao y embarcado
sigilosamente con destino a Panamá.66

La deposición de Monteagudo significó el primer triunfo del partido
liberal peruano y publicaciones como las de la Abeja Republicana fueron
consecuencia de la agitación popular de esos momentos. Contribuyeron
esas publicaciones en mucho a conducir la opinión pública a favor del
sistema republicano.

M. L. Rivara De Tuesta: Dustración y romanticismo en el P,m,

161

. Para San Martín la deposición de Monteagudo fuc- una seria contraneda~ Y al reasumir el poder p~ocuró insistentemente reunir al Congreso
Constltuyente lo que se efectuana el 20 de septiembre de 1822.
Ante los representantes al Congreso entregó la handa bicolor insignia
de su autoridad, y manifestó:
'
Al depon~r la insign_ia que caracteriza al Jefe Supremo del Estado

n? hag~ smo ~umphr con mis deberes y con los votos de mi cora-

zon. S1 algo tlenen que a~adece_rme los peruanos es el ejercicio
del supremo poder que el nnpeno da las circunstancias me hizo
obtener. Hoy que felizmente lo ~ito, yo pido al Ser Supremo
que conceda a es!e. Congreso el acierto, luces y tino que necesita
para hacer la fehc1dad de sus representados. Peruanos ! !!Desde
este momento queda instalado el Congreso Soberano, el pueblo
reasume el poder supremo en todas su partes. 67
.. Saliendo ~el Congreso se retiró a su residencia para allí preparar 91
viaJe. ~¡ presidente, ?,el Congreso recién instalado, Francisco Javier de
Luna Piza~o de~l~ro hallarse_ solemnemente instalado ti Congreso y que
la Soheran1a resuba en la Nación y su ejercicio en el Congreso que legítimamente la representa ".68
Se embarca esa misma noche dirigiendo a los peruanos la siguiente
proclama:
'
Presencié la declaración de la independencia de los estados de
Chile y el ~ero.; existe ~n mi poder el estandarte que trajo Pizarro
p~ra _esclavizar al, Impeno de los Incas, y he dejado de ser hombre
publico: he aqu1 recompensados con usura diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra est~ cumplidas; ~acer su independencia, dejar a su
voluntad la elecc1on de sus gobiernos. La presencia de un militar
afortunado, por mas desprendimiento que tenga, es temible a los
E~tados qu~ de n~evo se co~stituyen: por otra parte ya estoy abur~1do de ou ~ec1r que qwero hacerme soberano. Sin embargo,
siempre estare pronto a hacer el último sacrificio por la libertad
del país, pero en clase de simple particular y no mas. En cuanto a
mi conducta pública, mis compatriotas como en lo general de los
más divich'rán sus opiniones, los hijos de estos darán el verdadero
fallo.
i i iPeruanos: os dejo establecida la Representación Nacional; si
depositais en ella una entera confianza, cantad el triunfo, sinó, la
anarquía os va a devorar. Que el asierto presida vuestros destinos
y que estos os colmen de felicidad y paz.69
'
Quedaba así cerrado el debate sobre la forma de gobierno que más
convenía al Perú: la Republica.

�162 Siglo XIX

IX. EL ESTABLECIMIENTO DE LAS BASES DEL GOBIERNO
1) Coruideración Previa
Frente a las luchas de la independencia se daba el hecho de la desnucción de la estructura colonial. N-0 podía considerarse que destruido el
poder político español representado en la institución del virrey estuviese
todo logrado porque se habría tratado simplemente de un golpe de Estado
y de la sustitúción de una estructura de poder por otra. Las ideas que habían sustentando el movimiento revolucionario portaban principios liberales que obligaban a crear una estructura opuesta en su esencia a la que se
estaba rechazando, pero si nos ubicamos en la verdadera perspectiva histórica comprenderemos que esta era la tarea más delicada por realizar. No era
posible que un continente que había vivido dominado durante tres siglos
por un sistema autoritarista, un continente sin experiencia histórica en las
prácticas y métodos utilizados para ejercer la soberanía popular pudiera
crear conciencia inmediata sobre estas cuestiones. No se 'trataba de un acto
simplista de reemplazar un virrey por un pr~idente y que este actuara bajo
la etiquet.l de la democracia pero tal como lo hubiese hecho la autoridad
colonial Se trataba justamente de tomar el poder para desde todas las esferas actuar dentro de las normas liberales: el derecho, la religión, la economía, la sociedad, la cultura, en fin todo, debía ser modificado.
Esta fue en verdad una aspiración imposible de realizar en forma efectiva, más aún teniendo en consideración que se actuaba bajo la presión de
la inseguridad total en la victoria: que los gobernantes eran al mismo tiempo los lideres de la lucha emancipatoria; que las pasiones e intereses más
bajos afloraban de contínuo en la conciencia de los hombres que no quE&gt;
rían correr el riesgo de un cambio y que no podían después de tres siglos
de esclavitud estar capacitados para aceptar y asimilar el verdadero mensaje
del movimiento emancipatorio.
Así pues mucho se planeó y poco se podía realizar a este respecto.
Nos hem&lt;S detenido un tanto en esta consideración porque pensamos
que es justo emitir un juicio de reconocimiento a la labor y esfueraos que
en este sentido realizaron nuestros llamados héroes de la emancipación y
comprender todos los obstáculos que se presentarían a sus proyectos de
implantación de una verdadera estructura liberal.
Procuraron pese a todo crearla, ya hemos visto antes los esfuerzos de
San Martín al crear el Reglamento de Huaura y el Estatuto Provisorio, y
luego tratarán de afianzarla. Pero cada medida que se logró tomar significó
constantes oposiciones, en algunos casos discusiones estériles y retardatrices, y en algunos puntos más se retrocedía que se avanzaba.

M. L. Rivara De Tuesta: Ilustración y romanticismo en el Perú

163

Y es qur, en verdad, los problemas de establecer las bases de un gobiemo que procura cambios es realmente significativo para la movilización
y los logros de los intereses humanos. Es donde se ohlerva, casi siempre,
que mucho se planea y poco.se consigue en la realidad. Asi pues, mirada
desde esta perspectiva la emancipación y considerando la hora prrsrntr dr
nuestro compromiso frente a todo lo que queda por hacer en nuestra \rnérica, es que podemos apreciar que mucho de lo que trataron o programaron nos queda aún por realizar y constituye así nuc,,tra urgente tarea para
el futuro.
:!)

La .llemoria de llonteagudo

El 15 di' julio de 1822, mientras que San .\lartín emprendía \'iaj&lt;- al
norte rumbo a la entrevista con Bolívar, su ministro de Estado y Relaciones Exteriores Bernardo l\1onteagudo presentaba al Consejo de Estado una
memoria de las tareas administrativas70 que el gobierno había realizado.
Drspués de la entrada del Ejército Libertador -diceLa situación de esta capital exigía bien los miramientos con que
fue tratada, no solo por las ideas de justicia que animaban los libertadores, sino por el derecho que le daba su deplorada decadencia. El país estaba oprimido por el exceso de las con tribuciones,, y aún _más agobi~do por el peso enorme del desprecio que
hac1an sentir los espanoles, no solo en los actos de administración, sino en los más indiferentes de la sociedad y hasta en el
se~o mismo de las más estrechas relaciones. El c~mercio gemi'a
baJo el yugo del monopolio más injusto y de las trabas más ridi'culas, que han podido inventarse por los gobiernos que ignoran la
ciencia económica. La administración de rentas era un caos que
n~ con,venía desenredar por_que de él resultaba la ventaja de oprimrr _mas al pue_b!o .Y de hab1,tuarlo a no pensar en su prosperidad.
El Sistema Judic1ar10 se hab1a convertido en un plan de agresión
con~ra todos los der~chos; ya no eran inexorables las leyes, sino
los Jueces que las aplicaban, y que solo mantenían aquel carácter
contra los que habi'an tenido la suerte de ser americanos. En fin, a
mas de estas calamidades que exisu'an tiempo ha, diez años de
guerra sostenida casi en todo el continente por el gobierno de Lima, a expensas de la sangre y recursos de sus habitantes, y diez
meses de hostilidad y atrevidos amages del libenador para aislar
al enemigo de todo recurso, habi'an puesto a esta capital en el
colm_o ~e la angustia y de la necesidad, participando las demás
provmc1as de los males afectos a esta incomunicación; todo presentaba un cuadro de ~olor, de aniquilación y de desorden, hasta
que evacuado esta capital por las tropas del fey, cam bió su destmo, y la mano de la libertad empezó a curar las heridas de que
estaba cubierto el cuerpo político del Estado_71

Presenta Monteagudo un cuadro veraz de la situación porque atravc-

�164

Siglo XIX

saba _el gobiemo de Lima al tomar las riendas de éste el general San Martín.
Su smtesis apreciativa nos permite considerar la urgente tarea que se debía
efectuar para poder asentar las bases de un verdadero gobierno liberal.
La voluntad universal quedó cumplida en el acto de la independencia
pero para sostenerla
e~ preci~ que apare~ies.e una auto~idad que restituyese el movim1ent~ a es~ gran maquina, preparandola a recibir nuevas formas
Y modi~cac1ones (...). Se n~cesitaba un grado de corage que no
es c.omu!1 ~ 1~ 9Ue no ~an VlSto los co~bates, y una abstracción
de mteres mdiv1dual, digna del que hab1a dirigido esta empresa,
para ~ncargarse del mando y presidir a la administración de un
vast? territorio que al pasar de la servidumbre a la libertad debía
sufnr tremendos sacudimientos. 72.
•
Apenas existió el gobierno se empezó según Monteagudo a reedificar
el templo de la libertad, del que al fin de tres siglos no había quedado ni
aun escombros, y se hicieron ensayos para regularizar la administración
del Perú en todos sus ramos.
Luego enumera todos los cambios estructurales que se efectuaron
come~•.zando. por et de dividir al territorio libre en cinco departamentos,
se deJo sancionado el reglamento provisional de Huaura y se decretó la
erección de la Alta Cámara de Justicia que sustituyó a la ~udiencia.
Se dictaron providencias para prohibir el aUanamiento de las casas y
evitar los riesgos de que la revolución se convirtiese en desbordamiento
pasional, se trató en ~to -dice- de respetar la seguridad individual. El
sistema de rentas comenzaba a sentar en preliminares de su nueva administración mediante relaciones exactas sobre el estado de los fondos públicos. Se dió la abolición del tributo y de todo servicio personal a que estaban sometidos los indígenas.
Al ponerse las primeras bases de reforma y organización el gobierno
fue detenido en su marcha, y precisado a convertir toda su energía hacia
la preocupación primordial de salvar la tierra. Con esto se tuvo que hacer
un paréntesis al giro regular que e&amp;taban siguiendo los negocios ya que
"todos los esfuerzos del pueblo no tenían ni podían tener más fin que rechazar la agresión de un enemigo, que venía repleto de sentimientos éspañoles ". 73 Cuando el ejército español se retiró se restableció la calma de
la administración y en el mes de octubre se reiniciaron las tareas administrativas en los departamentos del Gobierno y Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, y Hacienda.
En lo que se refiere al primer departamento, se sancionó el Estatuto
Provisorio.

M. L. Rivara De Tuala: Ilustración y romanticwno en el Perú

165

Si el pueblo no entró a gozar de la plenitud de sus derechos, se
empezó a poseer los más inapreciables. El poder de aplicar las leyes se separó desde aquel día (... ) esta es la suprema garantía
de las prerrogativas civiles, y todo es quimérico Sdl ellas. 74
El tribunal de justicia_ debía aparecer bajo una forma análoga a las
circunstancias. Su reforma para ser completa debía extenderse a todos los
códigos, pero
mientras la sabidurt'a de nuestros legisladores destruye las tablas
góticas en que están escritas las antiguas leyes, no ha sido obra de
poco momento establecer la Alta Cámara de Justicia bajo los
principios que el día de su instalación se le recomendaron (...)
en el se han abolido errores y sostenido máximas así en lo civil
como en lo criminal que al menos producirán el gran efecto de dejar trazada la marcha que deben seguir las ideas y hacer que el
pueblo piense lo que tiene derecho a esperar por lo que ya ha otr
tenido. 75
La instrucción ¡xíblica que durante el gobierno español consistía en
"saber lo que podía entretener y confundir la razón de los americanos".
se encaminaba ahora a "alzar el velo que les ocultaba las realidades que
existen en el mundo, abrir la puerta a los grandes pensamientos de qu e es
incapaz el hombrP mientras vive en entredicho con su razón, porque no
se atreve a consultarla, y terne que su luz lo precipite ".76 Para su realización demanda tiempo y recursos de hombres que en las circunstancias de
la guerra Pra imposible lll'var a cabo. Pero la Sociedad Patriótica de Lima y
la Biblioteca 'lacional que ponían al alcance de todos los conocimientos
útiles prestaría a la juventud peruana medios sobreabundantes para enriquecer su inteligencia y dar rxpansión a su sensibilidad.
Se había procurado difundir en las varias clases del pueblo sus derechos y la necesidad de sostenerlos. "La opinión de patriota es hoy el bien
mas estimable que todos ambicionan y disputan(... ) ". n
Se da cuenta luego de diversas misiones al extranjero enviadas con el
fin de entablar negociaciones de interés común y de acordar cuanto convenga a la independencia y prosperidad del país.
En lo que respecta al departamento de Guerra y Marina relata tod:ts
las operaciones militares realizadas y la tarea de
organizar la milicia en todos los departamentos, aumentar el
ejército, buscar arbitrios para surtirlos y equiparlo con menos gravamen del pueblo, repasar su argumento y activar los trabajos
del parque y maestrapza, metodizar la contabilidad en el ramo
de guerra, establecer y clasüicar las graduaciones militares, y ane-

�M. L. Rivara De Tuesta: Ilustración y romantici1mo en el Perú

166 Siglo XIX

167

glar en fin otros pormenores, que no contribuyen menos a la actividad y al acierto de las empresas ( ...) . 78

nos aguarda, si marchamos con firmeza al objeto de nuestros sacrificios. 83

El ramo de hacienda que fué encontrado en el mayor desorden fue dirigido a "destruir el antiguo edificio para levantar otro nuevo: la reforma
era imposible de otro modo ".7 9

Prescindiendo de la consideración que todo mensaje político lleva en
su mismo ser -el engrandecimiento de la obra realizada- lo que nos parece
interesante a nuestro propósito del examen de esta fuente, es la constante
preocupación por crear básicamente una nueva estructura en oposición a
la anterior y sobre principios ideológicos realmente renovadores propios de
un verdadero tecnócrata.

Mientras se reunía información que pudiera seivir de base al orden de
la tesorería se ordenó a la Cámara de Comercio que formase una comisión
para que presentase un nuevo plan de derechos equitativos. Pasad_~ los
conflictos del mes de setiembre pudo publicarse el reglamento prov!Slonal
de comercio que bajo los principios de una sana economía trató de _reg~amentar el comercio interno y externo; en lo tocante a las mercadenas mgresadas del exterior trató de controlarse el contrabando.

No podía Monteagudo dejar de mencionar en su mensaje la problemática existente sobre la forma de gobierno que debía decidir el Perú y considerando que ese asunto sería solucionado muy pronto, apenas se llevase
a cabo la planificada campaña a puertos intermedios, dice:
Tenemos fuerzas para combatir y opinión para triunfar: al hablar
de la opinión, es necesario hacer saber al enemigo, que ella es uniforme y general en todas las clases del pueblo iDesgraciado el que
imagina lo contrario! Ya no hay sino un solo sentimiento acerca
de la independencia de América y en prueba de su universalidad,
la única cuestión que ocupa a los que piensan, es acerca de la
forma de gobierno que convenga adoptar: el nombre de rey, se
ha hecho odioso a los que aman la libertad: el sistema republicano
inspira confianza a los que temen la esclavitud: este gran problema será resuelto en el próximo Congreso: la voluntad general dará
la ley y ella será respaldada y sostenida. 84

Considerando que el ramo de Minería debía proporcionar a la Ha~i~nda sus principales ingresos, fue reorg.inizado mccliantc Banco~ de hab1~1tación a cargo de su director del ramo y que consultase sus rneJoras a geologos hábiles, y propusiese los medios de realizarlas. 80
Profundas medidas de organización variaron igualmente e~ _régimen
económico de las oficinas de Hacienda y el sistema de contab1hdad. Se
creó la dirección de censos y obras pías y el Banco auxiliar de papel mone-

da. SI
Refiriéndose luego a la situación del país y los medios que PO t&gt;l nuevo
orden de cosas se le ofrecían para su prosperidad dice
a nadie parecerá exagerado el concepto de los grandes _pr~gre_sos
que ha hecho a la sombra de la 1ibertad. Aunque se h_an ~!mmu1do
los capitales por los consumos de la guerra y la emigrac1~n que es
consiguiente a ella, la suma de los que han queda~o, nnde hoy
más productos que antes( ...) sin las trabas d~l a~ngu_o monopolio y porque en fuerza de nuestras nuevas 1nst1tuc1ones se ha
pu~sto en el mercado un gran número de capitales que estab~
sustraidos a la circulación (...) Subdivididas las fo!tunas, hoy VI·
ve con decencia una porción considerable de amencanos, que _no
ha mucho tiempo tenían que mendigar al amparo de los espanoles (... ) 82

Terminada la exposición referida a las tareas realizadas por el gobierno
en cada departamento de la administración dice:
aquí es necesario volver a recordar el pu~to de donde hei:no.s partido: pensar cual era la situación del pa1s en el mes de JUhO del
año anterior, y cuáles los adelantamientos en que hoy se _halla:
comparar lo pasado con lo presente, para calcular el porverur que

Estaba pues aceptada por '.\1onteagudo y por San Martín la decisión
del pueblo peruano que a través de los debates y confrontamientos de opiniones se había manifestado. Se trataba de gobernar escuchando la opinión
de los pueblos, superando los criterios y opiniones personales y esto era
sentar las bases de un buen gobierno. El Congreso afianzaría la adopción y
sobre principios sólidamente establecidos emprendería su vida la naciente
república peruana.
3)

El restablecimiento de las Bases del Gobierno al regresar San Martín
de Guayaquil

Es posible ahora comprender el profundo desaliento que se apoderó
de San Martín al enterarse de la deposición de su ministro y colaborador.
Su- propósito ya anunciado en la entrevista de dejar el Perú tan pronto pudiera asegurar el triunfo patriota }' dejar bien establecidas las bases del
gobierno se reafirmó profundamente en su ánimo a tal punto que solo
pensó en retirarse aún sin cumplir con el compromiso de llevar personalmente a la victoria a los ejércitos peruanos; pero en punto a esta cuestión,
habiendo planificado cuidadosamenle su campaña por puertos interme-

�168 Siglo XIX
dios, consideró que el éxito era seguro y que su presencia personal en este
aspecto tampoco era indispensable.
En síntesis pues, la conversación entre Bolívar y San Martín acerca del
establecimiento de las bases del gobierno peruano y el propósito del Protector de abandonar el país se cumplieron de acuerdo con el curso que había seguido el debate ideológico romántico y liberalista. Por otro lado el
hecho del encuentro no fue un factor detenninante ni al establecimiento
de bases republicanas en el Perú, que Monteagudo anuncia en su mensaje,
ni a la-salida de San Martín del país, ya que en todo caso habría sido un
factor de mayor fuena el hecho de la deposición de Monteagudo, pero en
verdad la determinación ya había sido tomada hacía mucho tiempo por el
Protector.
4) Bol{var en el Perú

Hasta el momento no había sido posible arrojar de nuestro territorio
a los ejércitos realistas, y Sucre desde su llegada, con hábiles maniobras diplomáticas, había logrado crear un ambiente favorable a la venida de Bolívar.
Mientras tanto el jefe realista Canterac desde la Sierra Central se puso
en marcha sobre Lima a principios de junio de 1823. El 18 de ese mes ya
estaba en la ciudad obligando a las autoridades a retirarse al puerto del
Callao. Permanecería en ella algún tiempo para luego retirarse.
Viendo crecer las posibilidades de éxito del ejército realista, el Congreso decidió crear un Poder Militar que encargó a Sucre y acordó invitar a
Bolívar para que pusiera fin a la guerra emancipadora en territorio peruano.
El lro. de setiembre de 1823 Bolívar se encontraba en territorio peruano. El 10 de setiembre asumía por decreto del Congreso la suprema
autoridad militar en toda la república; sin emmrgo, en el mes de enero
de 1824 la situación se tomaba crítica frente a los españoles. El 5 de fe.
brero una sublevación en las fortalezas del Callao vuelve a colocar en manos de realistas tan importante fuerte·militar; y conocedor de la ayuda que
Canterac envía a los sublevados, Bolívar ordena evacuar la capital. Se
echan a pique los barcos que no pueden ser evacuados del Callao y el Congreso que luego se declara en receso, decreta el 10 de febrero la entrega de
la plenitud de los poderes al Libertador Bolívar.
5) La lucha con/Ta los Realistas. La última Campaña

Al abandonar Lima, Bolívar ordena replegar sus tropas sobre PativiÍco. Desde este lugar inicia la reorganización de guerrillas en la costa y

M. L. Rivara De Tue&amp;ta: llu1traci6n y romanticí,mo en el Perú 169

en la sierra estableciendo al mismo tiempo una férrea disciplina en la tropa. Se trasladó luego a Trujillo donde establecería su cuartel general y la
sede de su gobierno. Se preocupó de disciplinar y equipar las tropas que
estaban en las zonas de Cajamarca y Huaraz, hasta lograr contratar con un
ejército eficiente.
Sucre actuaba, mientras tanto, en la sierra preparándose para la acometida final contra los ejércitos realistas. Las tropas patriotas wiidas estaban constituídas por unos 10,000 hombres que resultaban todavía insuficientes frente a los ejércitos realistas que contaban con unos 18,000.
En el Alto Perú Olañeta con 4,000 hombres se subleva y el virrey se
ve obligado a enviar a Valdéz con las fuerzas que tenía en Puno a reducirlo. Aprovechó esta magnífica oportunidad Bolívar para iniciar la campaña y acomete contra el ejército de Canterac que se encontraba entre
Jauja y Huancayo. Para los efectos concentró su ejército en el valle de
Huaraz y a principios de julio ordena emprender la marcha hacia las
zonas de Huánuco y Cerro de Paseo.
Con unos 8,000 hombres se encuentra el 2 de agosto cerca de Paseo.
Sorprendido Canterac decidió salirle al encuentro, movilizándose desde
Jauja hacia Paseo con igual número de hombres. Después de varios movimientos estratégicos ambos ejércitos convergen a la pampa de Junfo el
6 de agosto de 1824. La victoria fue de los independientes y los realistas fueron obligados a huir en dirección a Tarma. Bolívar que se encontraba muy cerca del lugar es informado por Miller del triunfo alcanzado.
De Tarma se dirige Canterac hacia el Cuzco y Bolívar hacia Chalhuanca donde establece su cuartel general, de alú después de dar órdenes a
Sucre, vuelve a Pativilca donde continúa sus esfuenos para incrementar
reservas.
Habiendo concentrado todos sus e1erc1tos en el Cuzco el virrey se
propone entrar en campaña. Con unos 10,000 hombres sale del Cuzco a
fines de 0&lt;¡tubre en busca de Sucre. Después de varias maniobras los
ejércitos se ¡encuentran cerca de la ciudad de Ayacucho el 8 de diciembre de 1824. Se trataba del último enfrentamiento que se produciría en
suelo americano entre independientes y realistas. Al amanecer del 9 de
diciembre todo estaba listo para dar la batalla final por la independencia americana: el triunfo fué de los patriotas, el virrey la Serna fue hecho
prisionero y los realistas pidieron la capitulación. Esta fue firmada en el
campo de batalla por Canterac y Sucre, estipulándose que el territorio que
cuidaban las tropas españolas en el Per.í, hasta el Desaguadero, con todos
sus elementos militares, serían entregados al ejército libertador. La plaza

�170 Siglo XIX
M. L. Rivara De Tueata: llustraci6n y romanticismo en el Perú

del Callao sería desocupada. En cuanto a los pnSioneros de guerra, todos
quedaban en libertad. Se respetarían las propiedades de los españoles en
el Perú y se comprometía al gobierno peruano, después de consultar al
Congreso, a reconocer la deuda contraída por el gobierno español

171

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

l. Valcarcel, Daniel. La Rebelión de Túpac Amaru. MéKico, Fondo de Oiltura
Económica, 1965, pág. 234.

En cuanto a las fortalezas del Callo fueron entregadas el 22 de enero
de 1825, por capitulación que firmó el general español José Ramón Rodil.
Quedaba así terminado en el Perú el poderío político español y sellada para la América su independencia. Se había cerrado con esto el ciclo
de una de las grandes problemáticas del continente, tal vez la más importante y capital de todas porque con su solución se podría atender con más
propiedad a otras cuestiones que aún no habían podido ser superadas.
De:.de una perspectiva integracionista es importante concluir que,
asimismo, se había llevado a feliz término la inquietud que San Martín
y Bolívar habían mostrado por unir a los ejércitos americanos para terminar a la brevedad posible con los últimos baluartes del poder realista.

2. Ob. Cit., págs. 235-236.
3. Vizcardo y Guzmán, Juan Pablo. "Propuesta al Cónsul Inglés en Llvomo para
que ayude a 1Üpac Amaru". En Raúl Ferrero, El Liberalúmo Peruano. Urna,
Tipografía Peruana, 1958, pág. 74.
4. Art. Cit., pág. 75.

5. Art. Cit., pág. 77.
6. "Carta dirigida a los españoles americanos''. En Rubén Vargas Ugarte, La carta
a los españoles americano&amp;. 2a. ed., Lima. Edit. Librería e Imprenta Gil, S. A.,
1964, pág.157.
7. Art. Cit., págs. 128-129
8. Hombres como Jovellanos y Campomanes habían introducido planes y reformas
que se dirigían a limitar el poder real y a acentuar los derechos del pueblo.
9. Proyecto de la Constitución Pol{tica de la Monarquía Española. Cádlz, lmprentz
Real, 1811. Parte Relativa al Gobierno Interior de las Provincias, etcétera, pág.
12.
1 O. Constitución Política de la Monarqu(a Española. lima, Imprenta de los Huérfanos, 1812,págs. 1-2.
11. ldem, Título 11, Cap.111, pág. 4.
12. ldem, Título III, Cap. 1, pág. 5.
13. ldem, Títulolll,Cap.I,pág.6.
14. ldem, Título IX, Capi'tulo Unico, pág. 46.
15. Vargas Ugarte, Rubén. llútorii General del Perú. Barcelona, Editorial Carlos
Milla Batres, 1966, Tomo V, pág. 196.
16. "El verdadero interés del Pe!Ú". En Gaceta del Gobierno de Lima, No. 2, octubre 20 de 1810, pá~. 19-20.
17. Art. Cit•• pá~. 20-22.
18. "Poütica". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 73, junio 28 de 1811, pág.
608.
19. "Félix quem facient aliena pericula cautum". En Caceta del Gobierno de Lima,
No. 1, enero 3 de 1812, pá~. 1-3.

�M. L. Rivara De Tuesta: Rustración y romanticí,mo en el Perú

172 Siglo XIX
20. "Introducción". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 1, enero l de 1814. págs.
1-3.
21. "Introducción". En Gaceta del Gobierno de Lima. No. 1, enero 4 de 1817,
págs. 1-3.

1 73

41. "Tratado especial entre los estados de Buenos Aires y Chile". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 88, noviembre 27 de 1819, pág. 890.
42. Art. Cit., pág. 891.
43. Loe. Cit.

22. Art. Cit., págs. 3-4.

44. Loe. Cit.

23. Riva Agüero, José de la. "Las 28 causas de la revolución de América". En Boletín del Museo Bolivariano. (Lima), año 11, No. 17, enero y mano de 1930,
pág. 61.

45. "Idea política del Estado del Pení en el año de 1819". Suplemento a la Gaceta
del Gobierno de Lima. No. 88, noviembre 27 de 1819, pág. 5.

24. Loe. Cit,

25. Art. Cit., pág. 59.
26. Vidaurre, Manuel de. "Memoria sobre la pacificación de América Meridional".
En Boletín del Museo Bolivariano, (Lima), año ll, No. 13, noviembre y diciembre de 1928, pág. 16.
27. "El Editor". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 11, febrero 13 de 1819, págs.
83-84.
28. Art. Cit., pág. 83.
29. "Proclama de D. José de San Martín". Gaceta Extraordinaria del Gobierno de
Lima. marzo 11 de 1819, pág. 142.
30. Art. Cit., págs. 142-144.
31. Art. Cit., pág. 144.
32. Art. Cit., pág. 144-145.
33. "El virrey del Perú a los habitantes de Lima". Gaceta del Gobierno de Lima.
No. 22, abril 3 de 1819, págs. 209-211.
34. "El verdadero amigo de los hombres". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 23,
abril 7 de 1 ~19, pág. 220.
35. Art. Cit., págs. 221-222.
36. Art. Cit., págs. 218-219.
37. "El verdadero amigo de los hombres". Art. Cit., pág. 219.
38. J. L. "Artículo remitido". Gaceta del Gobierno de Lima. No . 48, agosto 12 de
1820, págs. 397-402.
39. "El Editor". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 73. septiembre 29 de 1819,
pág. 768.

46. "Instrucciones que debe observar el Ejército Libertador del Perú". En Mariano
Santos de Quiróz. Colección de leyes, decretos y órdenes desde su independencia. Tomo 1, Lima, Imprenta José Masías, 1831, págs. 1-4.
47. San Martín, José de. "El geneial en jefe del Ejército Libertador, a los habitantes del Perú". En Manuel Odriozola, Documentos Históricos del /&gt;eni. Tomo
IV. Lima, 1873, págs. 32-34.
48. Art. Cit., pág. 33.
49. Art. Cit., págs. 33-34.
50. "Política". Gaceta del Gobierno de Lima. No. 71, noviembre de 1820, pág.
601.
51. Pérez, J. G. "Relación enviada al gobierno de Bogotá". En Vicente Lecuna. La
Entrevista de Guayaquil. 4a. ed., Tomo l. Caracas. Ed. ltalgráfica, 1962, págs.
237-241.
52. "Relación enviada al Intendente de Quito, general A. J. de Sucre". Ob. Cit.,
págs. 242-245.
53. Bolívar, Simón. "Carta dirigida al Vice-presidente Santander". Ob. Cit., págs.
246-248.
54. Guido, Rufü10. "Relación del primer edecán". Ob. Cit., págs. 248-253.

55. Bolívar, Simón. ''Carta dirigida al Vice--presidente Santander". Ob. Cit~ pág.
247-248.
56. Odriozola, Manuel de. Documentos Literarios. "Documentos notables", Tomo
XI, Lima, 1877, pág~ 415-416.
57. "Acta de la Sociedad Patriótica". En Ob. Cit., págs. 417-495.
58. Act. Cit., pág. 422.
59. Act. Cit., pág. 423.
60. Act. Cit., págs. 424-425.

40. O'Higgins, Bernardo. "Proclama del Director de Chile a los pueblos". Gaceta
del Gobierno de Lima. No. 73, septiembre 29 de 1819, págs. 765-768.

61. Act. Cit., págs. 427-428.

�La función social de las mujeres

174 Siglo XIX
62.

...
1

entre los liberales latinoamericanos

Sánchez Canión, Faustino. "Sobre la inadaptabilidad del gobie~o mo~árquico
al Estado libre del Perú". En Bolet(n del Museo Bolivariano (Urna), ano l, No.
3, noviembre de 1928,págs. 33-34.

53. Odn·ozola, Manuel de. "Actas de la Sociedad Patriótica" En Ob. Cit., pág. 430.

Alberto Saladino García*

64. Act. Cit., pág. 431.

65. Act. Cit., pág. 432.
66. Tauro del Pino, Alberto. "Prólogo y Notas". En Lo Aveja Republicana. Lima,
Ediciones Copé, 1971, págs. XIV-XV.
67. Paz Soldan Mariano Felipe. Historia del Perú Independiente. Primer Peri'odo ,
pá~. 343-344.
.
68. Ob. Cit., pág. 344.
69. Ob. Cit., pág. 346.
70. Monteagudo, Bernardo. "Memoria". En Vicente Lecuna, Ob. Cit., págs. 206-230.
71. Mem. Cit., págs;. 208-209.
72. .\1em. Cit., pág. 209.
73. Mem. Cit., pág. 211.
74. ,\ fem. Cit., pág. 213.

75. .l1em. Cit., págs. 213-214.

76. Mem. Cit., pág. 216.

77. Mem. Cit., pág. 217.
78. Mem. Cit., pág. 221.
79. Jfem. Cit., pág. 224.
80. Mem. Cit., págs. 225-226.
81. Mem. Cit., págs. 227.
82. Mem. Cit., pág. 228.
83. Mem. Cit., pág. 229.
84. Mem. Cit., pág. 229

-

PRESENTACION

La interpretación liberal acerca del desenvolvimiento de la sociedad
señala el mejoramiento paulatino e ilimitado de ésta. Empero, en la realidad no acontece así. El mejoramiento de las condiciones de vida de casi todas las sociedades ha partido de transformaciones revolucionarias que han
abarcado tanto los factores estructurales como los superestructurales.
En los cambios introducidos por elementos de una sociedad determinada se evidencian aspectos benéficos que intentan alcanzar a una mayor
cantidad de personas. Al menos esto es lo que justifican las ideologías de
esos cambios: el capitalismo es un sistema superior al feudalismo, así como
el socialismo respecto de aquél. Eso lo sostiene en el primer caso el liberalismo y en el segundo el marxismo. No oootante los fundamentos racionales de ambas idrologías, han dado pie para cuestionar las relaciones sociales que pregonan. Este ha sido el caso del feminismo, por cuanto es conceptuado como la teoría y práctica de la lucha de la mujer por participar en
condiciones de igualdad frente al hombre en la sociedad civil y política. Ve
a las mencionadas ideologías como propias del patriarcado.

De ahí que no sea gratuito el surgimiento y fortalecimiento del feminismo a partir del siglo XIX y su creciente expansión hasta nuestros días,
pues corresponde con el enfrentamiento más agudo de las ideologías y sistemas que hoy dividen al mundo en bloques de poder. En el largo, lento,
pero sólido desarrollo del feminismo pueden destacarse dos fases reales y
necesarias: primero, la etapa de autoconciencia ele las mujeres sobre su
condición y la lucha por modestas pero necesarias reivindicaciones para
mejorar su situación social; y, segundo, la propiamente feminista donde la
claridad política de sus demandas por la emancipación del patriarcado y la
intención de coadyuvar al establecimiento de relaciones de igualdad humana entre los sexos es lo determinante.

* Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma del estado de México.

�176 Siglo XIX
Ambas fases son detectables en el estudio de la evolución del feminismo en los países europeos, pero ¿cuál ha sido su situación en América
Latina? &amp;te planteamiento exige una respuesta sustentada en el reconocimiento de lo que realmente ha representado la participación de la mujer
en la historia de Latinoamérica para evitar reproducir explicaciones mecanicistas.
La comprensión del problema mencionado es lo que orilló a enfocar
al presente tema como la determinación histórica que desempeñó este sector social en los proyectos nacionales de los políticos que guiaron la infancia de nuestros países. Por tal motivo daré cuenta de los lineamientos del
liberalismo, ideología en la cual orientaron sus deseos, el proyecto de nación, la forma como se educó a la mujer así como la práctica y concepción
que sobre ella tuvieron. Debido a la ausencia de escritos sistemáticos que
pudieran conformar una teoría sobre la mujer, ejemplificaré con datos de
diferentes liberales latinoamericanos.
CATEGORIAS DEL LIBERALISMO
Como sa hemos, el liberalismo no constituyó propiamente una determinada filosofía, ni un programa político o económico homogéneo, aunque aportaron elementos que hoy lo definen tanto filósofos, políticos como economistas. El liberalismo desbordó todo encajonamiento de sus más
ilustres representados: ha sido una ideología en permanente renovación. Es
ideología porque surgió como respuesta a las exigencias históricos de la
burguesía: "El capitalismo hizo del liberalismo su expresión más acabada,
su peculiar concepción del mundo, de la sociedad y del hombre ". 1 Es tanto una doctrina como un modo de ver. 2 El liberalismo, que nació como la
ideología de una clase social, se universalizó al convertirse en una concepción de toda una época histórica del hombre, la del capitalismo.
El liberalismo se convirtió en la ideología que mejor respondió a las
necesidades de la burguesía, ya que ha tratado de proteger al individuo
que, dentro de su cuadro social, es siempre libre para comprar su libertad.3
Entre los principales rasgos que lo caracterizan tenemos, además, a los siguientes: sostiene que por medio de la riqueza es aún más fácil alcanzar ~l
bienestar social concediendo al individuo la mayor libertad para sus inic.iativas; es una teoría individualista y racionalista; emancipó al hombre de
la conciencia teológica; conformó la teoría democrática del gobierno al dividir en tres órganos el poder (legislativo, ejecutivo y judicial); justificó el
nacimiento de los estados nacionales al unificar las ciudades, independientes durante el feudalismo; aportó la teoría de los derechos naturales o inalienables de todo hombre: libertad, igualdad, fraternidad, respeto a la propiedad privada; redujo la función dd gobierno a posibilitar la iniciativa pri-

A. Saladíno Carda: La mujer y 108 liberales latinoamericano,

177

v~d_a en el aspect~ económico y a la creación, para los propietarios, de con~i~10nes de _se~?dad: de esta forma el buen ciudadano (el que adquiere
exito) es el _mdividuo -~e logra la_ prosperidad económica; planteó el lucro
como esencia de la actividad economica.
~n la conformació? _de esos y otros rasgos del liberalismo, contribuyer~n mtele~tu~les que viv1~r~n en diferentes siglos y países, pero con relaciones capitalistas hegemorucas, pues expresaron sus exigencias. Por ello
P.ueden aglutinarse como teóricos dd liberalismo a Maquiavelo, Hohbes
Hooker, _Burke, ~ocke, Hume, Smith, Grocio, Milton, Calerdge, James'.
Stuart Mill, Ausbn, Bentham, Diderot, Voltaire, Montesquieu, Rousseau
Constant, Toqueville, Franklin, Hamilton, Jefferson, etcétera.
PROYECTO NACIONAL
. La bjst?ria de ~mérica Latina exhibe como rasgo común la dependencia econom1ca, pohtica y cultural. Las raíces de esta situación obviamente, ~011 l~st_ó_ri?as. Se originó ~011 la conquista ibérica. El coloniaje hispánico -~~?51bilito un desenvolvimiento autónomo. Para superar el coloniaje
se uu_c10 la lucha por la independencia, a la cual -hay que subrayarloco?tnbuyeron mu1eres, ahora consideradas heroínas: Josefa Ortiz de Dommguez, Leona Vicario, Manuela Taboada, Manuela Saénz, entre otras.
Al tri~fo de 1~ independencia, los libertadores pretendieron convertir
a los nov1S1mos paises en progresistas y modernos, a imagen y semejanza
d~ los modelos europeos (Inglaterra, Francia) y de &amp;tados Unidos. Quenan ~~cerios "Los Estados Unidos de América del Sur". Para intentar sus
p_r?pos1tos adoptaron la doctrina liberal como, básicamente, programa p0l1tico, y la adaptaron a las circunstancias latinoamericanas. Del liberalismo
tomaron d°'; ideas fundamentales a través de las cuales quisieron acercar a
nuestros pa1ses a ese prototipo de naciones libres y modernas mencionadas:
el sistema jurídico que decretaba, de una vez por todas, la igualdad cm~&lt;l:t~ª ante la ley4 ; 2) asignar a la educación la tarea suprema de
formar mdw1duos capaces que respondieran satisfactoriamente a las exig~ncias de la conformación de las naciones latinoamericanas. Sobre estos
p1lar~s es como pensaron erigir repúblicas de pequeños propietarios con la
finalidad de desterrar las relaciones precapitalistas dominantes.

9

Los políticos independientes y postindependentistas del siglo XIX encontraron en el liberalismo la ideología capaz de ,;atisfacer las demandas
Y propósitos de la etapa de afianzamiento de la independencia mediante
la conversi?n e~ _ciuda?an,o~ a los hombres habitantes de esta ;e~ón, decreta~do _d1SpOS1C1ones JUndicas y educativas. Creyeron que con garantizar
constitucionalmente la participación política de los individuos y con la

�•
A, Saladino Gardo: La mufer y los liberales latinoamericanos 179

178 Siglo XIX
expansión de la educación quedaría superada toda reminiscencia colonial.
Las mujeres no fueron consideradas como ciudadanas, estuvieron excluidas
de toda participación en el poder; sin embargo se les adscribieron funciones a partir de la propia concepción. de los liberales para transformar a los
países latinoamericanos.
EDUCACION ESCOLAR PARA LAS MUJERES
Consideraron a la educación como un instrumento de cambio o progreso inevitable para C!itas naciones. Encontraron en ella el elemento primordial para crear la mentalidad anticolonial y por tanto nacional. Así
José María Luis Mora, el liberal más destacado de los primeros años del
México independiente, sostuvo que al gobierno le corresponde la obligación de impartir la edueación porque sin ésta es difícil que el sistema republicano subsista e, igualmente, mediante ella el sstema político puede
generar la mayor suma de bienes para su gobernantes al servir de freno a las
pasiones e impulsar el amor a la libertad.5
Por tal motivo, a partir del mismo año de 1824 se iniciaron las acciones tendientes a sentar las bases del ideal de país. De ahí que en el campo
de la educación inmediatamente se hayan dictado los ordenamientos que
la regularían y orientarían. Si bien la atención se dirigió a la instrucción de
los niños, la hubo también, aunque en menor medida, para las niñas.
Educación pal'{l las niñas sólo se impartió en poblaciones grandes donde se localizaban los centros conocidos como "Amigas", que surgieron
desde el siglo XVID. En este caso, a diferencia de las instituciones donde
los niños recibían instrucción que eran públicas, casi siempre estuvieron
sostenidas por particulares:
Las niñas que asistían a estos centros eran enseñadas a leer, escribir cantar recitar el catecismo religioso y a realizar labores femenin'as com~ costura y bordado, dando más preferencia a éstas últimas actividades que las primeras.6
Hay que aclarar que la poca atención gubernamental prestada a la educación de las mujeres no fue sólo típico de México. En uno como en otro
país lo que sucede es que reproduce las relaciones de desigualdad social del
modo de producción capitalista, fomentadas por los propios "padres de las
naciones latinoamericanas", quienes consideraron al sexo femenino débil
y, por tanto, subalterno frente al masculino.
En las mencionadas escuelas, fueron pocas las mujeres de la clase dominante las que asistieron. Por ejemplo, en el estado de México sólo las
hubo en Toluca, a partir de 1828 anexa al Instituto Literario, y en el inte-

rior se ~ndaron en 1831_ las de Tulancingo, Tula, Pachuca, Taxco (estas
cua~ ci~_dades pertenec1an en ese entonces a esta entidad, pero con la
co~tituCion del estado de Guerrero en 1849, Taxco pasó a formar parte
de este, y las otras tres ciudades de Hidalgo, cuando se eri~ó en 1869), Temascaltepec, El Oro y Sultepec.7 Otro rasgo de este tipo de escuelas se
evidencia en las percepciones económicas que recibían como salario las
directoras y en general las empleadas, que fueron siempre inferiores a los
asignados a loa hombres con semejantes responsabilidades.
Esta visión de la necesidad de instrucción sobre las mujeres fue reproducida y en algún sentido completada por el Libertador Simón Bolívar. De
los diferentes documentos que suscribió, tomo como base el decreto titulado "Estableciendo wi colegio y academia de niñas" dado en la ciudad de
Caracas el 27 de junio de 1827. Allí justifica en tres considerandos la razón
de ser de esta institución y enwicia, luego, las medidas para su funcionamiento:
1 o)

~e el importante objeto de la educación pública quedaría
imperfecto no mejorando la de las niñas;

2o)

Que no hay en esta ciudad establecimiento alguno en que
ésta s~a adecuada a su fin; y

3o)

Que l?uede conseguirse tan inapreciable bien mejorando el
Colegio General, llamado de Niñas Educandas, en uso de las
facultades extraordinarias que ejerzo,
Decreto.
Artículo lo. A las rentas de que goza el Colegio de Niñas
Educandas acrecerán dos mil pesos anuales que le dará de
sus rentas la Universidad de Caracas; y acrecerán también
los réditos caídos, y los frutos o réditos, o arrendamiento
de la hacienda de Cumanibare... 8

El reconocimiento de la importancia de la instrucción de la mujer lo
hace El Libertador no como el planteamiento de la necesaria igualdad entre hombres y mujeres lino como exigencia de las condiciones y proyectos
que impulsa: la educación de la mujer es necesaria para el complemento de
la tarea histórica de los hombres. Esto es, no puede entenderse el cumplimiento cabal de la responsabilidad de los ciudadanos en tanto no cuenten
con el apoyo de compañeras capaces de impulsarlos en su misión. A las
mujeres ha de instruírseles para ese propósito.
Una cuestión reveladora de la escasa libertad con que contaban las mujeres para concretar proyectos en los centros que les permitían dirigir lo

�180 Siglo XIX

A. Saladino Carda: La mujer y los liberales latinoamericanos

era el hecho de que iiempre estaban supeditados a los lineamientos y organismos de los hombres. En el decreto que comentamos, Simón Bolívar
especifica que:
Artículo 3o. Habrá una Junta Inspectora de la educación de las
niñas, compuesta del intendente del departamento, del ordinario
de este arzobispado, del presidente de la Corte Superior de Justicia, del rector de la Universidad, y el del seminario de esta ciudad.
Artículo 4o. Las atribuciones de esta junta serán:

2.

Proponer al gobierno la planta que se deba dar a este establecimiento en cuanto a su régimen doméstico y de educación; y
aprobada, nombrar los maestros de los diversos ramos de educación que se vayan estableciendo.
3.
Proponer las reformas y mejoras que en adelante estime
convenientes.
4.

Nombrar rectora cuando vaque este encargo.,

9.

Nombrar administrador.9

Los transcrito nos revela que tal Junta era quien dirigía la institución,
tanto la cuestión académica como la determinación del personal docente y
administrativo. Todos sus integrantes eran hombres. A la rectora se le adscribieron tareas exclusivamente de administración escolar.
Con hase en lo señalado se hace conveniente cuestionar ¿cuál fue la
principal razón de impartir una educación escolar tan limitada a las mujeres? La respuesta puede obtenerse analizando la concepción y práctica social que sobre ellas se estableció durante el iiglo XIX en Latinoamérica. En
d ámbito escolar, como se ha demostrado, la función que les fue impuesta
por parte de nuestros liberales consistió en instruirlas para que auxiliaran
a los ciudadanos en la edificación de nuevas relaciones políticas para la
concreción de sus ideales de nación. Las mujeres fueron concebidas como
auxiliar complementario de la acción de los hombres. Esto lo patentiza la
educación escolar. Pero veamos brevemente lo propio de la educación fa.
miliar de aquella época.

LARAZoN DE SER DE LAS MUJERES: SERVIR AL HOMBRE
Si ha si.do definido el patriarcado como el poder de los hombres para
explotar el trabajo de las mujeres, esta práctica logra su correspondencia
ideal en la fonna como se educaba en el hogar -en cierta forma continúa
presente en nuestros días- a la mujer del siglo XIX. No &amp;bstante que existe
en tal centuria una gran cantidad de periódicos, vari08 de los cuales difun-

181

den cuadros de la vida familiar de las mujeres es difícil reconstruir sucotidianidad. Afortunadamente el profesor Hor:.cio Cerutti me hizo llegar
un insólito documento que ahora tomo como hase para dar cuenta sobre
el fin de la educación familiar entre las mujeres.
El señor Mariano Ospina Rodríguez dirigió el 21 de octubre de 1864
una carta a su hija María Josefa Ospina Barrientos con motivo de su mat~o~o- en Guatemala, con José Mariano Roma y Batres. En esta ilustrativa JlllSlVa le plantea un conjunto de consejos que evidencian la vercladera
fun~ión de la educación familiar y los cánones dominantes para el comportamiento de las mujeres en su relación con los ciudadanos. De en trada le
advierte:
1 Querida hija mía:

Mañan~ va Ud_. a entrar en una nueva carrera de la vida, que es

necesano continuar hasta la muerte. En cada nueva existencia a
que Dios la llama, su felicidad dependerá principalmente de su
conducta, hasta en los actos más insignificantes.1º
, Como padre, Mariano Ospina, desea a su ruja felicidad. Toda vez que
esta, se ha transcrito, dependerá de la conducta que sepa guardar María
Josefa, es conveniente indicar cuáles son las cualidades que deberían normar su comportamiento. En la misma carta se estipulan:
la fe~cidad depende... de la práctica sincera y constante de estas virtud~, modestas: la h~ildad, la paciencia, la resignación,
la abnegac1on, y ... de la bienandanza de nuestras relaciones domésticas que dependen de esas mismas virtudes cristianas.U
La moral cristiana, que en ningún momento discute el liberalismo
pues m~ bien busca adaptarla a nuevos contextos, no estuvo ausente e~
las relaciones sociales y familiares del siglo ''laico": continúo siendo la
rect~1: de ellas. Tal significado de la felicidad sólo pocha concretarse en la
relac10n con el esposo, una relación de supeditación total. Bajo estos criterios le recomienda:
De hoy e_n adel~te, la primera persona para Ud., la más interesante, el obJeto prunero de todas sus atenciones de todos sus cuidados, de todas sus inquietudes, es su marido .. .'
Su_ esposo es su am3:11~e, es su primer amigo, su protector, su companero ~rante el viaje de la vida, y estas consideraciones, producen relaciones y deberes cuya práctica ocupara todos los instantes
de la existencia de Ud.12

':'1

~n
lógica, es obvio que la recompensa de la entrega &lt;le la mujer se
ve cristalizada en tener consigo a su protector, el encargado de prodigarle

�182

Siglo XIX

toda seguridad. La imagen de debilidad propalada sobre el sexo femenino
es un producto genuino de la moral cristiana. El recoginúento con el hombre y la supeditación que reconoce ante él es una consecuencia nonnal de
su educación. Esa es, por tanto, su naturaleza, la que los liberales latinoamericanos cultivaron.
Con base en semejante concepción de la función de la mujec, como
esposa, sigue aconsejando Mariano Ospina a su hija:
Una de las primeras atenciones de Ud., será estudiar las inclinaciones, los hábitos y los gustos de su esposo, para no contrariarlos. No pretenda Ud. imponer su voluntad; ni siquiera el sacrificio de aquellos hábitos y gustos por insignificantes que le parezcan; por el contrario, haga Ud. de manera que él pueda seguirlos
sin estorbo.
Frecuentemente sucederá que haya entre los dos, hábitos y gustos
opuestos; no vacile Ud. un instante en sacrüicar los suyos propios;
antici'pese siempre a hacerlo.13
La mujer latinoamericana del siglo XIX era moddada tanto por la educación Í&lt;'rmal como, sobre todo, por la familiar para cumplir la misión de
apoyar las acciones del ser más importantes de nuestros países: el individuo, el ciudadano, el encargado de los asuntos públicos. La importancia
adscrita implícita o explícitamente al sexo femenino estribaba en actuar
conforme las necesidades y deseos de los hombres. Por tales motivos no
había razón de que otro tipo de consejos o habilidades se le enseñaran.
El "alma del hogar" sabía que su paso por el mundo estaba circunscrito a ser madre y ama de casa. El éxito de su misión consistía en realizar
adecuadamente esas funciones. Su "felicidad" la conseguía acoplándose a
las exigencias de su hombre. Para esto la preparaba. Las advertencias de
cómo debía proceder en el matrimonio respondía a los lineanúentos de la
moral dominante.
He aquí las últimas citas de esta carta que no resisto la tentación de
transcribir por ser tan ilustrativas:
. . .No hable Ud. con palabras cuando se sienta ofendida, retírese
de la escena si es posible, y pocos minutos después, sentirá Ud.
el contento y la satisfacción de haberse dominado y de haber
evitado una disputa, un disgusto, quizá un largo sentimiento que
amargara su corazón y el de personas queridas que es tan doloroso haber ofendido. No dispute Ud. jamás por ningún motivo con
su esposo...
...si es Ud. la enojada, calle también. Cuando sienta Ud. que estalla el fuego de la ira, grande o pequeña, acuérdese de su padre;
figúrese que esté delante de Ud., con el corazón lleno de doloro-

A. Saladino Garcfa: La mujer y l01 liberales latinoamericano&amp;

183

sos recuerdos, impasible el rostro, y que con el dedo sobre los labios, le dice "silencio".14
Las "tiernas" palabras de un padre que dice que así lo ha practicado y
de lo que en todo el texto~ expresa es la viva experiencia de la manera
como se educó a la mujer; radiografía el verdadero papd que a ésta le adsc?bió la sociedad decimonónica de nuestras naciones: la razón y existencia de la mujer fue el hombre. 'La mujer para d hombre, no para sí, fue la
conducta que le imprimió tanto la educación escolar como la familiar. Esta función la reforzó la concepción e imagen de la mujer prototipo entre
los políticos liberales latinoamericanos.
ELMACHISMO
Los cuadros y retratos femeninos contenidos en las obras de nuestros liberales decimonónicos reflejan fielmente como cualidades de la mujer la resignación, debilidad, humildad, paciencia, abnegaci~n. Todas istas frente a1 hombre. De ahí que el ideal de mujer era aquélla que mos•
traba esas cualidades, porque sólo así contribuía a la empresa de los ciudadanos, lograba erigirse en heroína. Es este d sentido del retrato de "Doña
Manuela Taboada de Ahaso]o" escrito por José María Luis Mora: la considera ''heroína mexicana" por los rasgos femeninos de su decidida intervención en la defensa de la vida de su esposo Mariano Ahasolo. En un pasaje donde describe las cualidades de su acción afirmó:
. . .Madame t-basol~, luego que su marido fue preso, se rev~tió
de una fnerg¡a supeno~ a su edad, a su delicadeza y a su sexo, se
presento a los que deb1an condenarlo, y sus reclamaciones apoyadas de sus lágrimas y de las protestas de justificar los servicios de
su marido a muchos españoles, le hicieron obtener una especie de
promesa... en todas partes rogó, suplicó, interesó a cuantos pudo a. f~vo~ de su marido. Después de haber sufrido mil desaires,
mort1f1cac1ones y escaceses, de haber atravesado el virreinato dos
veces y corrido de la manera más incómoda cerca de setecientas
leguas, logró, por recomendaciones y empeños, salvar la vida de
Abasolo, y se resolvió a acompañarlo en su deportación a Espa- ...15
na
Como puede oh.ervarse, Mora destaca los aspectos "más femeninos"
como los esenciales para describir la hazaña de esta mujer. Lo que está
revelando en realidad, es la manera propia de los liberales de idealizar y
prac1icar las relaciones con el sexo femenino. En forma semejante escribe
Joaquín Femández de Lizardi, periodista mexicano que interpreta magistralmente la situación nacional. De los muchos pasajes donde hace intervenir a personajes femeninos, 6;tos desempeñan el papel ideado por la
sociedad. Sentimientos de conmiseración y resignación son los más fre-

�184

A. Soladino García: La mujer y lo, liberalu latinoamericanos

183

Siglo XIX

cuentes en los cuadros de El Pemador Mexicano que retratan las actitudes
de las mujeres.16

En una posición extrema, en las descripciones de Domingo Faustino
Sarmiento se manifiestan en forma nítida los aspectos aparentemente
inexistentes del machismQ. En su Facundo, el personaje principal encama
todas esas actitudes. Desde provocar, por su trato, verdadero terror entre
las mujeres hasta pasar por alto las más duras atingencias de sus "seres
queridos", como en aquella ocasión en que enfenna su esposa y su madre,
sale en busca de un médico, pero en camino se le atraviesa un avestruz al
cual persigue olvidando la situación en que ~e encuen~an. sus enfermas. 17
En esta época de vida bronca, la fuerza se enge en el pnnc1pal rasgo de dominio del hombre sobre la mujer.
Facundo Quiroga es el prototipo de hombre capaz de hacer enten~~
a la mujer su función mediante la fuerza, el encargado de revelar su delihdad y supeditación total al hombre. Dice Sarmiento:
Quedaban en la Rioja, no obstante la orden de F_acun_do, una niña
y un sacerdote: la Severa y el padre Colina. La historia de la Seve-

ra Villafañe es un romance lastimero, es un cuento de hadas en
que la más hermosa princesa de su tiempo andaba errante :y fugitiva disfrazada de pastora unas veces, mendigando un asilo y un pe~o de pan otras, para escapar a las acechanzas de algún gi~te
espantoso, de algún sanguinari~ Barba Azul._ La Severa ha ten~do
la desgracia de exitar la concup1scenda del a.rano, y no hay qu_ien
le valga para librarse de sus feroces halagos... La Severa _resiste
años enteros. Una vez escapa de ser envenenada por su tigre _en
una pasa de higo; otra, el mismo Quiroga, despechado toma _opio,
para quitarse la vida. Un día se escapa de las manos de los aSIStentes del general, que van a extenderla de pies y manos en una m~ralla por alarmar su pudor; otro, Quiroga la sorprende en el pano
de ~ casa, la agarra de un br8;Zo, la baña en san~e y bofetadas, la
arroja por tierra y con el tacon de su vota le _quiebra la cabeza....
La Severa huye al fin a Catamarca, y se encierra en un beatario.
Dos años después pasaba por allí Facundo y manda que se abra
el asilo y la superiora traiga a su pr~sen~~ a las. reclu5a;5. Una ~ubo que dió un grito al verla y quedo exarume. tNo es este un hndo romance? iEra la Severa!.lS
Semejante "romance" demuestra de manera cruda pero real la fonna
como llegaba a ser tratada la mujer si intentaba resistir la omnipresencia
del hombre. Seguramente ese conjunto de elementos descritos hayan refonado el enjuiciamiento sintetizado en el refranero popular: "el qu~ te
pega te quiere" El sujeto de este reveladora frase es el sexo masculino.
Domingo Faustino Sarmiento escribe en Facundo varios pasajes donde
se vislumbran las actitudes sociales frente a la mujer. Y estos retra~ pue-

den ser obtenidos de toda la literatura generada por los liberales latino.
americanos, lo cual pennitiría ampliar considerablemente este texto. Sin
embargo, con lo transcrito creo es suficiente para comprender la institucionalización que se hizo de la supeditación de la mujer ante el hombre.

INSTITUCIONALIZACION DEL SOJUZGAMIENTO
El jacobinismo de los liberales latinoamericanos posibilitó que tomaran
conciencia de que el Estado debía encargarse de testificar el matrimonio.
En México, Melchor Ocampo, quien contribuyó a erradicar las ataduras coloniales fortaleciendo al Estado, fue el liberal más radical de la generación
encabezada por Benito Juárez. A él se le adjudica la autoría dela "Exhortación" que desde el siglo pasado se lee a los novios en la ceremonia del
matimonio civil. Confonne lo que nos ocupa, es conveniente aclarar que
tal texto no surgió por la mera inspiración de un liberal eminente. El valor
de su autor consistió en haber expresado magistralmente la ideología y
práctica social dominante. Con ese escrito se institucionalizó la subordinación de la mujer frente al hombre. A éste le otorgó una función específica
en los siguientes términos:
...El hombre, cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y
la fuerza, debe dar y dará a la mujer, protección, alimento y dirección, tratándola siempre con la parte más delicada, sensible y
FINA de sí mismo y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil, esencialmente cuando este DEBIL
se entrega a él y cuando por la sociedad se le ha confiado.
Como es factible confrontar, la claridad de ~te texto no deja dudas
sobre la obligación social del hombre: dar seguridad a la mujer, porque su
naturaleza así lo exige. A ésta, la sociedad patriarcal le impuso, para corresponder a la protección que le garantiza, las siguientes fonnas de conducta, explicitadas en tal "Exhortación" matrimonial:
. .. La mujer, cuyas principales dotes sexuales son la abnegación,
la belleza, la perspicacia y la ternura, debe dar y dará al marido
obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándole
siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya
y defiende.

O sea, lo que este documento resume es la práctica de las relaciones
sociales entre hombres y mujeres propugnada por los políticos más progresistas de la pasada centuria.
CONSIDERACIONES FINALES
Para los liberales latinoamericanos del siglo XIX la mujer tuvo como

�186 Siglo XIX
función social ser madre o esposa de los ciudadanos. La mujer ideal, entonces, fue aquella que debía esmerarse en cumplir con esas exigencias. Sus
cualidades quedaron circunscritas a la resignación, entrega total, humildad,
paciencia, abnegación, comprensión ante los deseos, propósitos y actitudes
de los hombres.
La formación de ese tipo de mujer corrió a cargo de dos instituciones:
la escuela y la familia. La sociedad de esa época concibió como normal tal
situación de la mujer, porque el hábito, la práctica de tratarlas así se convirtió en lo natural. La costumbre se transformó en ley. El "exhorto matrimonial" fue la expresión institucional más genuina de las relaciones sociales imperantes.
En realidad, ni la independencia ni los liberales transformaron la relación de supedítaciqn de la mujer ante el hombre. Su principal logro consistió en legislarla. Pero esta medida tampoco resolvió la permanente lucha,
aún no organizada, de las mujeres para superar tal subordinación. De todas maneras introdujo la posibilidad de autoconciencia para mejorar sus
condiciones de vida al grado de que continuaron practicando el derecho
a decidir el destino de sus vidas manteniéndose solas como viudas, divorciadas, separadas, abandonadas, "escapadas" o enclaustradas.

A. Saladino Carda: La mujer y los libera/e&amp; latinoamericano•

REFERENOAS BIBLIOGRAFICAS

1. Francisco López Cámara, ¿Qué e, el liberalismo?, Xalapa, Cuadernos de la Facultad de Derecho, UniversidadYeracruzana, 1962,p. 18.

2. Harold J. Laski, El liberalismo europeo, México, Fondo de Cultura Económia,
1974-, p. 15.
3. lbid-., p. 53.
4. Alexis de Tocqueville, La democracia en América, México, Fondo de Cultura
Económica, 1973, p-. 70.

5. Cfr. José María Luis Mora, En1ayo&amp;, ideo, y retrato., México, UNAM, 1964,

w.77-85.
6. Comisión de Estudios Históricos, 150 ailo, de Educación en el Es111do de México, Toluca, Dirección General de Edlrcación PuNica, 1974, p. 54.
7. lbid., P: 54.
8. Miguel Acosta Saignes, Antología dé Simón Bolí11ar, México, UNAM, 1981, pp.
241-242.

9. l~id., pp. 242-243

Con la conversión del capitalismo en modo de producción dominante a fines del siglo pasado en Latinoamérica, se presentó la necesidad
de contar con personas más capacitadas ténicamen te. A la mujer, como
nunca ha estado al margen de la producción, también le alcanzó esta exigencia. Entonces, en pleno siglo XIX se crearon las primeras instituciones de capacitación para ellas como las escuelas de artes y oficios, las escuelas normales y las escuelas de enfermería. Lo que no comprendieron los
liberales fue el carácter revolucionario de estas medidas pues al profesionalizar a las mujeres, se les estaban otorgando las armas para desarrollar y
demostrar Slls capacidades, iguales a las de los hombres: así, fueron colocadas en condiciones para ya no nada más luchar por mejorar sus condiciones en la relación con los hombres, sino para pugnar por su emancipación. Esta lucha encontró sus gérmenes en pleno siglo XIX.
Por consiguiente, la posibilidad de liberación de la mujer se la permitió el mismo desarrollo capitalista, con lo cual es factible corroborar lo que
Marx sentenció sobre el capitalismo, pero ahora en otro sentido: éste engendra su propia destrucción. Esto es, si entendemos el feminismo como la
revolución de la vida cotidiana en aras de relaciones sociales más humanas
y de completa igualdad, su propósito es desterrarlo como sistema de vida.
Contribuye a superarlo.

187

I

1 O. Academia Colombiana de Historia, Boletin de Hi&amp;toria y Ant~üedaáes, Vol.
LXXU, Bogotá, 1985, p. 241.

11. lbid., p. 242.
12. lbid., p. l4 3.
13. lbid., p. 244.
14. lbid., p. 249.

J.5. José María Luis Mora, ()p. tít., p.150.
16. Joaquín Famánde;z de Lizardi, Et l'enscdo• .We:\ irono, ~téxioo, UNAM, 1979,
pp. 28-36.
17. Domingo Faustino Sannier.to, facundo o cfoili:m:ión y barbarie, México, Ed~
tora Nacional; 1972, p. 212.

18. lbid., p. 145.

�~l &lt;;ERL \Cf..\

El tratamiento del tema utópico
en el siglo XIX latinoamericano
Horacio Cerutti Guldberg*

-

C ompartida por la mayoría de los especialÍ'lt.as la importancia de la temática utópica en relación con nuestra América, actualmente se renueva la
exigencia de mayores y más acabados tra t.amientos de la misma . .\fe permito realizar algunas sugerencias en relación a la consderación de esta temática en nuestro siglo XIX, con vistas a la programación del volumen para lo
cual estamos reunido; aqui'.

A pesar de la presencia reiterativa del lenp,uaje en &amp;i uso cotidiano, es
obvio que el tratamiento de lo que de un modo mu~ amplio y general denomino el tema utópico, reclarna un sentido de ·'u topía ,. diferente al de
mera quimera o rótulo de imposibilidad... Instalándonos en otro nivel
de consideraciones, el de las virtualidades filosófi co-po líticas de la utopía
y del utopizar, por lo t.anto en el plano renovador y rrmovedor del pensamiento y de la práctica que ejercen los utópicos, vale ronsignar dos precauciones metodoló¡;cas. Por un lado, la utopi'a e,, un /!P-nero con características cspeci'ficas que nos permiten reconocer como integrantes del mismoa obras como Peregrinac ión de Luz del D10 del argentino Juan Bautista
Alberdi o La -lrmon1a del Universo del mexicano Juan '\epomuccno
Adorno (ob~s de 1887 y 1882 respectivamente). Pero, por otro lado, hay
un horizonte utópico en todo discurso poli'lico, hay una dimensión utópica del proyecto en toda prác tica polt'tica. Esta &lt;limrnsión e;, quizá más dificil de identificar, pero incluye todo lo alternativo a la insli tu cionalidad vigente - inclui'dos sus valores- en un momento his tórico detrrminado; alternativas que se proponen como lo a.xiológicammte drseaLle, como lo
nuevo, d cambio, la transformación ineludible. En este sentido, es daro
que si bien Bolívar no escribió una utopía al estilo de \loro, laboró in• Facultad de Filosofía y Letras/Centro Coordinador y Difusor de Estudios
Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de '.\féxico. Comunicación
enviada a la Reunión de Consulta sobre 1-listoria de las Ideas, Quito, noviembre de 1982.

�190 Siglo XIX
cansahlemente por una utopía mucho más maravillosa y deseable: la urúdad de nuestra América. Magna utopía en cuya búsqueda tantos lo acompañaron y acompañan. Con esto quiero indicar que no sólo es posible
sino deseable un tratamiento·no peyorativo de la temática utópica. En ella
late la fuerza de los sueños acumulados e irreal~ados (o parcialmente irrealizados) de la humarúdad y, muy especialmente, de las clases subalternas.

H. Cerutti C.: ITatJmiento del tema utópico en el Siglo XIX 191

desarrollada en Estados Unidos a partir de la tradición de la sociología del
conocimiento de Scheller-Mannheim y desarrollada inicialmente por
Merton.Sorokin es muy importante. Conviene tomar en cuenta estos aportes que intentan rigorizar el tratamiento sociológico de la utopía.Inclusive
presentan la posibilidad de analizar las contrautopías. En nuestro caso se•
ría interesante examinar por qué el pensamiento conservador, principal
generador de antiutopías según la consideración teórica a que nos referí.
mos, coincide, sin embargo, con el utopismo de la versión bolivariana. El
cuencano Benigno Malo constituye un ejemplo ilustre de este fenómeno
con su Nuevo Mapa de América (1866).

Dada la brevedad que requiere este texto, no me voy a detener aquí
demasiado en el segundo aspecto que he mencionado, porque en relación
a Bolívar ha sido abundantemente estudiado y .no creo que pueda estar
ausente del volumen que programamos. Más bien, quisiera aprovechar la
ocasión para destacar el género utópico, porque generalmente se desvalori•
za su estudio o se lo deja como mero pasatiempo para husmeadores de ra•
rezas. El tratamiento del género utópico, no enfocándolo como mero deva.
neo de autores ingeniosos, sino tratándolo con el desarrollo vertebral de las
temáticas ideológicas de nuestros pensadores y filosófos, puede albergar
sorpresas muy interesantes. Pero, además, este género ha solido ser parte
de una práctica u tópica de colonización y urbanización no ajenas a tradiciones religiosas y de lucha social dignas de ser recuperadas integralmente
por nuestra memoria histórica.

Las relaciones con España han sido señaladas varias veces en lo que al
erasmismo se refiere. Convendría, sin embargo, reconocer otras líneas de
desarrollos como, por ejemplo, las manifestaciones utópicas de la ilustración. De,cripción de la Sinapia, pen(nsula en la tierra austral es un ejemplo
importante de Antitopía. Anti- la topía de la España existente. Pro la España por la que luchaban los Aranda, Floridablanca y Campomanes. Pro.
hable obra de un "jansenista" hispano, tiene muy poco de "utópico" en el
sentido peyorativo de lo irrealizable, si uno la compara con la obra de la
ilustración española y de la dinastía borbónica.

No se s nuestro sglo XIX podría ser calificado con justicia de, más
corto o más largo que otros siglos XIXs. En todo caso, la cro~ologia ~o
puede primar sobre los contenidos y, ~n ese sentido, me atreve~1.a ~ _cons1g•
nar tres amplias etapas del género utopico que merecen, a ffll JWCIO, una
consideración más detallada y que coinciden, no seguramente por azar,
con tres momentos importantes de la evolución de nuestra conciencia.
Todavía en el siglo XVIII, pero con una problemática que ya anu~cia ~uestr~ siglo XIX, se utopiza desde la ilustració~. En el siglo XIX el lfberal~mo
culmina uno de sus ciclos intelectuales mas fecundos en utop1a. El agio
se cierra con los primeros pasos de, la or~iz~ción del movimiento obrero Y
ahí reaparece con toda fuerza el genero utop1co.

Gran importancia histórico.social revestiría el rastrear las manifesta•
ciones de la utopía indígena y/o campesina, que de algún modo continúa
y relanu la utopía magna de Túpac-Amaru. También los mesianismos in•
cluyen marúfestaciones utópicas entremezcladas en la compleja trama
político.religiosa que los caracteriza. La demanda por la tierra y por una
refonna de la propiedad que realizaban los campesinos vendrá a coincidir
con las posiciones sustentadas por ilustres exiliados socialistas utópicos,
que recalan en México despu&amp;; del 48 y difunden las ideas de Víctor
Considérant. Habrá que esperar hasta la revolución mexicana de 191 Opara
que estos reclamos comiencen a satisfacerse.

Por su parte, parece de suma importancia atender a las relaciones ~tre
el utopismo en los Estados Unidos de Norte América y nuestra~ expenen•
cías utópicas. Como parte del movimiento colonizador y urbanizador, como instrumento del avance de una cierta "civilización", los experimentos
utópicos también han abundado. Baste señalar la mezcla entre tradiciones
religiosas y reivindicaciones sociales en las colo~as "c~erativas" ~
Owen en Sinaloa (México). FJ arraigo y procedencia de esas ideas en mon
mientos norteamericanos que remontan, inclmive, al ~raower, ~ ~uy
fuerte y ha sido ya señalada su relación con el movimiento founensta
(Oneida) norteamericano.
En otro orden, cabe señalar que la teorización acerca de la utopía

Hasta donde llegan mis informaciones, no contamos con trabajos que
aborden suficientemente estos aspectos aquí sugeridos para nuestro siglo
XIX. Por ello, propongo que se los tome en cuenta en el volumen cuya
programación nos reune.

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                    <text>-.

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.

ºXIX
Revista
de Historia

LIBERALISMO: REFORMA
Y CONTRARREFORMA
EN EL SIGLO XIX
(Chile, Perú, México, Venezuela,
España y Portug,d)
Año II, número 3
enero - junio de 1987

Facultad de
F ilosofla }'. Letras

U ni,·ersjdad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

,

,

·.

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica del
Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias de
la Información de la Universidad Complutense de

Madrid, España
Recibió asimismo la adhesión económica del Centro de
Estudios Latinoamericanos de la Unwersidad de California
en Berkeley, Estados Unidos

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGO RIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Tipografía: Andrea González Corona
Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Impresión: Impresora Gralex
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $4.

�I

.AÑO

II

NUMERO

3

ENERO - JUNIO DE
$ 111!1

1987

!111

sigloXIX
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO

61!eO lffll ~Ji IIÍO
Nota del Editor• .•...•...·. . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . .

3

La Sociedad de la Igualdad: liberales y artesanos en la vida
política de Santiago de Chile . . . . . LUIS ALBERTO RoMERO

15

Progreso, inmigración y libertad de cultos e11 Perií
a mediados del s~lo XIX . . . . . . . . PILAR GARCIA JORDAN

37

El agrarismo liberal en México . . . LUIS GoNZALEZ Y GoNZALEZ

63

Liberalismo y problemas estructurales: el Noreste de México
a mediados del XIX. . . . . . . . . JosE RESENDI.Z BALDERAS

87

Sin fe. sin ley y sin caudillo. Cambio cultura~ liberalismo e
i11surgencias populares . . . . . . . . . . . . . . . . MIQUEL IZARD

113

Revueltas y revoluciones en España
(1766-1874) . . . . . . . . . . . . . . . . . ALBERTO GIL NOVALES

133

Colonialismo y absolutismo español: el contrapurito
balear del Dieciocho. . . . . . . . . . LLu1s RoURA I AULINAS

165

la Revolnción de 1820. Notas para &lt;'l e.~tudio del liberafümo
portugués y rle su correlación
pe 11i11sulnr . . . . • . . . . . . . . . . . . ISABFL NoB RE VARGUES

173

�4

Siglo XIX

Industrial no alcanzó a trastocar radicalmente, en el siglo pasado, todo el occidente europeo. Y la forma de proyectarse sobre
su periferia más cercana -España, Portugal, verbigracia- no parece haber sido excesivamente distinta a la que golpeó buena
parte del continente americano.

...

Cuando se abordan problemas o temas como la formación
del mercado .nacional, del surgimiento y desenvolvimiento de
núcleos burgueses, de la aparición de la producción capitalista,
de la vinculación creciente con el mercado mundial, de los brotes de industrialización, de la consolidación de un poder central
frente a las pugnas regionales, del tan condicionado triunfo del
liberalismo ante los recortes que a las reformas planteaban los
sectores conservadores, de la reconcentración que la propiedad
de la tierra tuvo pese a su laicización creciente, las historias
española y mexicana -por ejemplo- presentan un cuadro riquísimo para el cotejo, para el paralelismo y para una diferenciación enriquecedora. Tanta, que se puede dudar que resulte mis
provechoso, en este sentido, aproximar España con Inglaterra,
o México con Haití. Es que, como en Europa, esta Ammca no
sajona que dificultosamente fue generando la Latinoamérica
que hoy conocemos presentó situaciones tan distintas que, al
menos, obligan al historiador a matizar.
Con suma cautela pero con no menor fervor queremos señalar que los historiadores españoles, portugueses e italianos
quizás tenga mucho que decir sobre procesos y fenómenos que
apasionan a los latinoamericanos. De allí que uno de los objetivos de esta publicacion haya sido- y continuará siendo- reunir
materiales conjuntos, latinoamericanos y europeos, sobre el
siglo que nos preocupa.
Si existía un tema muy pertinente para iniciar este puente
de intercambio y comunicación, era seguramente el de las reformas liberales y de las respuestas contrarrefonnistas que suscitaron en el XIX.
El liberalismo. Bueno es acotar que hoy es centro de un re-

�Nota del editor

Noto del Editor

5

novado interés en Latinoamérica. La trágica actuación de recientes regímenes militares ha obligado a revalorar usos de la vida
cotidiana que, sin ninguna duda, estuvieron contenidos en el
liberalismo (como concepción del mundo) desde los grandes
combates del siglo pasado.

-

\l inaugurar su segundo año de vida, Siglo XIX. Revista de
Historia concreta otro de los objetivos por los que fue gestada:
incorporar a los debates y aportes sobre el siglo pasado estudi~s
dedicados a procesos acontecidos en países de la Europa meridional.
Una mirada atenta sobre este período -especialmente para
quienes lo trabajan con un enfoque concentrado en ámbitos regionales - sugiere lo fructífero que podna resultar el cotejo de
ciertos fenómenos y procesos españoles, portugueses y hasta
italianos con otros, acaecidos en nuestro continente.
Se trata de un planteamiento delicado. Para empezar, significa una fuerte fractura con la muy asentada concepción de
observar lo europeo como antagónico u opuesto a lo latinoamericano: visión sensiblemente alimentada por las nociones
dependentistas que tan fulminante éxito obtuvieron desde fines
de los años 60. Además, puede llevar no solo a una eventual
controversia entre historiadores lationamericanistas, sino con los
mismos colegas europeos o dedicados a la investigación sobre el
siglo XIX en Europa.
Pero, ¿cual Europa? ¿Sólo la de la Revolución Industrial?
¿1'10 hubo otra Europa, menos conmovida por dicha ruptura
histórica? ¿ Y España? ¿ Y Portugal? ¿ Y esa misma Italia tan
condicionada, atrapada por el feudalizado Sur? La Revolución

Las libertades de opinión, de prensa, de asociación, de selección y cambio de gobernantes por vía del sufragio universal y
secreto, de manifestacion abierta de tendencias políticas y profesionales no eran simples concesiones burguesas, o al servicio
de una burguesía inevitablemente maquiavélica. Por el contrario,
y como lo han sostenido europeos de la lucidez de Enrico Berlinguer, ese racimo de derechos fue producto de grandes luchas
y conquistas de los hombres en sociedad, y a lo que ninguna
excusa moral, pretexto ideológico o justificación teórica debe
obligar a renunciar. Su destrucción puede conducir -en Latinoamérica condujo -a que se vulneren y pisoteen derechos aún
más sustanciales ( si cabe): la integridad física y moral de los
individuos, la misma vida humana.
Encontramos una doble satisfacción, pues, en la presentacion de este dossier. El sumergirse en el estudio histórico de
una corriente que basó en buena medida sus propuestas de reforma en lo arriba indicado, no nos aleja en lo más mínimo dt
un presente urgido de esclarecimiento y, en algunos casos, de
definiciones. Esto probablemente tome menos académica a una
publicación que aspira a ser esencialmente académica. Pero,
realmente, no lo lamentamos. Entre otras cosas, porque ha dado
ocasión de reunir materiales sobre seis casos nacionales diferentes: Chile, Perú, México, Venezuela, España y Portugal.
El dossier se abre con un artículo sobre Chile, a cargo de
Luis Alberto Romero. Se analiza allí la situación que vivía el
liberalismo concentrado en Santiago a mediados de siglo, con
énfasis en el surgimiento de una de sus expresiones más radicales: la Sociedad de la Igualdad, que agrupaba en su seno a figuras significativas de las clases acomodadas y a representantes

�6

Siglo XIX

de los núcleos artesanales de la capital chilena.
Fue una experiencia organizativa que no excluyó sucesos
violentos, insertos a n1 vez "en una guerra _civil m_ás e:~ensa¡ y
en el cuadro de agitaciones que al promediar el Siglo sacu eron a muchas capitales hispanoamericanas y afectaron la estabilidad de los regímenes autoritarios".
Es en estos términos que Romero profundiza en el analisis
de la Sociedad de la Igualdad, cuya actuación se sitúa e°: la crisis política chilena que se prolongó desde 1849 a ~851 (~pactada por la sucesion presidencial) y en el contexto mternac1onal
dado por ola revolucionaria europea del 48.

Las fases socialista y liberal son también mencionadas como
momentos del devenir de la Sociedad, cuyos ímpetus serian
clausurados tras el motín de Santiago, en abril de 1851. ~omero
termina haciendo alusión a la aureola mítica que posteriormente envolvió estas jornadas, a las cuales procura ubicar en un contexto histórico más ajustado.
--Pilar García Jordán recuerda en su ensayo so~re Peru ~n~
de las grandes claves del liber~smo la~oamencano decimononico: el progreso, la inmigrac1on, la lib~rtad de cult~s. Pero a
diferencia de Romero no adopta como e1e de su estud10 una ~r. · , adscripta a esa corriente ideológica. Por el contrario,
gamzac1on
d e ,r ~
muestra las caractensticas de la llamada Socieda
ato ico- eruana cuva mision era oponerse, precisamente, a las_ reformas
que s; pr~pugnaban para la transformación de la sociedad vernácula.
La descripción es útil para conocer las características d~ los
planteamientos de innondores y conservad~res e~ el Peru de
mediados dt· siglo. y las limitaciones que al liberalismo l~cal le
impuso 110 sólo la t'ontrarreforma sino una estruc~ra soc10económit'a heredada desde la colonia y en la que hab1a -como en

Nota del Editor

7

México- un altísimo componente de desigualdad racial.
Libertad de cultos, inmigracion y progreso eran una misma
y simultánea propuesta para estos liberales, finalmente no
excesivamente distintos a correligionarios de otras latitudes.
Todo aquello era n_ecesario para abrir el camino al desarrollo
del capitalismo, muy particularmente en la agricultura, uno de
los objetivos troncales para estos cambios que se deseaban
implementar. Frente a ello, los católicos insistían que en Perú
la única religión debía ser la católica "con exclusión de otra
alguna".
Como en Mé~ico, la defensa ideológica conlleva en Perú la
proteccioo, también, de los intereses económicos de la Iglesia:
la cuesticn de la desamortización de sus bienes y del ataque a
otros derechos es aludida, con amplitud, en el trabajo de Garcia
Jordán.
Si hubo un contexto en el que las transformaciones propugnadas por el liberalismo- y los antagonismos que supuso- acercaron el proceso histórico a la revolución liberal que mencionan
con frecuencia los colegas europeos, fue el de México. Las reformas se fundieron aquí con una guerra civil que, además,
terminó con la invasión extranjera. ·
El caso mexicano es de una riqueza notable no sólo para la
comprensión de los grandes procesos liberales del XIX, sino
para intentar cotejos con situaciones como la española~ la arriba
citada cuestión de la desamortización de los bienes eclesiásticos
(y los municip'ales, menos estudiados en México, por cierto) es
un ejemplo de lo que afirmamos.
Luis González y González aborda en su trabajo un matiz interesantísimo: el radicalismo agrario. Al pretender erradicar ·
tradiciones que se consideraban obstáculos para la construcción de la modernidad anhelada, al intentar incorporar lo científico y una cultura sustentada en técnicas diferentes a las usua-

�8

SigloXIX
Noto del Editor

les, los liberales mexicanos- en su expresión más pertinaz- propugnaban modificaciones profundas en el ámbito rural.
En México tambiln se deseaba la inmigración dinamizadora
e inteligente, edificar nuevos far wests, ya en la sureña Yucatanía
ya en los desiertos norteños recorridos por apaches y comanches.
Además, había que transformar esa zona central en la que los
herederos de las culturas precolombinas pon Íl1l un componente
racial que no siempre agradaba a los pensadores reformistas.

Sin dejar de recordar los usos del ejército y los combates
contra la Iglesia, González alude principalmente a ese nuevo orden que se quería consolidar repitiendo o imitando el proceso
norteamericano: "El agrarismo liberal -destaca- se propuso
rehacer la vida del campo". Por ello procuró atraer el capital
extranjero, introducir cultivos, modernizar la labranza, suprimir las alcabalas, aumentar la población, construir ferrocarriles,
dividir los latifundios, liberar la fuerza de trabajo, repartir los
bienes comunales. Pero no todo finalizó como se anhelaba, y
el porfiriato dibujaría resultados muy diferentes a lo que se
planteaba en los épicos años de la Reforma.
Interesa remarcar que el artículo de González fue elaborado
varios lustros atrás. Ha sido incorporado a este dossier porque
prosigue siendo un instrumento eficaz para conocer aspectos del
liberalismo en México, sobre todo para colegas de otros países.
Ya hemos señalado que es una de las tareas primordiales de
Siglo XIX recuperar y redifundir en un marco distinto materiales con un reconocible nivel de calidad. Esta tesitura se ha
aplicado en número anteriores, y en el actual se extiende a los
aportes de Romero, Miquel Izard y Alberto Gil Novales.
José Reséndiz Balderas sitúa, por su lado, al liberalismo de
México entre cotas algo distintas a las de González: 1) ofrece
antecedentes que explican matices del estallido de 1855; 2)
pero agrega un análisis sustentado desde el punto de vista de
un espacio regional, el noreste.

9

Ej€rcito regular e Iglesia saturan con su presencia la estructura social y las disputas políticas en la primera mitad del XIX.
Son, para el autor, escollos fundamentales para modernizar la
sociedad mexicana, para hacerla avanzar hacia formas burguesas
y hasta para que se defina como Estado Nacional diferenciado.
Revisando este proceso casi desde la Independencia, Reséndiz describe cómo se manifestaron en una alejada área que se
transformaría imprevistamente en fronteriza tras la catastrófica guerra con Estados Unidos (1846-47). Es por eso que se
encuentran alusiones al liberalismo en los años 30 y a un personaje que tiende a convertirse en protagonista principal: el
general Antonio López de Santa Anna, expulsado en 1855
precisamente por una rebeldía generalizada.
En este devenir y en esa explosión del 55, las fuerzas regionales jugaron un papel cuya importancia no ha estado a la par
de las escasas investigaciones que se le han dedicado. En el
noreste, la cuestión liberal-conservadora quedaba entrecruzada
por problemas locales: no eran los menores la nueva relación
con Estados Unidos y el permanente trajinar frente a los grupos
indígenas no sometidos en esta área de frontera.
La aparición de un jefe militar y político como Santiago
Vidaurri, desde 1855, indicaba por un lado la pujanza de los
liberales en el norte oriental, pero por otro la clara autonomía
que respecto al poder central se intentaba defender con una
visión marcada por los dilemas locales. Vidaurri mostro que el
liberalismo, al menos en México, no tenía nada de homogeneo.
Uno de sus matices centrales residía, nítidamente, en los antagonismos regionales.
Si en Luis González se percibe cierta ironía en cuanto a lo
que fueron los anhelos de la gestión liberal, en Miquel lzard
aparece un juicio de contenidos críticos, por momentos ácido.
El énfasis recae en el tipo de sociedad que se edificó en la América de raíces coloniales, y en la modernidad y usos culturales
que trajo consigo el capitalismo.

�10

SigloXIX

Izard hace una referencia-final al caso venezolano, pero no
por ello deja de revisar con rápidez otras situaciones nacionales
y presenta un esbozo de mirada unificadora. Su acento está en
las insurgencias populares que acompañaron -aunque no siempre
en su favor- estos intentos de reformas o de transformaciones.
Insiste en que los protagonistas centrales del nuevo orden
liberal no dejaron de ser parte de una elite, cuyas ideas y proyectos no encajaban con frecuencia en el contexto en que
operaban. Para el autor, muchas veces las propuestas liberales
eran sélo una repetición excesivamente mecánica de las nacidas
en países centrales.
Al aludir al caso venezolano recuerda que, finalmente, liberales y conservadores decidieron pactar ante la generalización
de la insurgencia popular. Con ello, de paso, lzard muestra su
desacuerdo con corrientes historiográficas que hicieron de los
próceres del liberalismo figuras representativas de las clases
desposeídas. Eso no habría sido así, señala. Y una buena
manera de profundizar en el conocimiento de dichos procesos,
y terminar con las tendencias a mitificar, es intensificar las investigaciones regionales sobre el siglo XIX, además de llevar
adelante un cotejo más amplio y persistente entre diferentes
situaciones latinoamericanas y algunas europeas.
Postura ésta que, claro está, compartimos totalmente desde
Siglo XIX.

Con su reconocida erudición, Alberto Gil Novales practica
un minucioso recuento de. las revueltas y revoluciones que
atravesaron la España de finales del XVID y mas de la mitad del
XIX. Abre su recorrido con el motm de (contra) Esquilache, en
1766, y lo agota con los vaivenes que sucedieron a la g~oriosa
revolución de 1868.
La crisis del Antiguo Régimen, las luchas por la In.dependencia (la española, frente a Francia, por cierto), _el emerger del

Nota del Editor

11

fenómeno juntista, el contrarreformismo de Fernando VII, el
Trienio Liberal, el sinuoso camino hacia una monarquía parlamentaria tras la muerte del rey, el bienio progresista y el sexenio
qu~ sigue a 1868 serían algunos de los picos de esta amplia histona por transformar una España que dudaba en ingresar a la
modernidad.
Modernidad que, como en no pocos casos latinoamericanos,
tuvo que enfrentar a actores conocidos: los grandes terratenientes, la Iglesia Católica, un ejército que oscilaba entre el conservad~rismo y los arr~stos . liberales, las dificultades para que
surg¡era ~na burgues1a pupnte en el plano de la producción,
la ausencia de Revolución Industrial, la marginación sistemática
de enormes masas campesinas, la no integración del mercado
in_terior. Y, para insistir en lo comparable, las alianzas que
nucl~os burgueses y representantes del orden antiguo terminarían
configurando en la segunda parte del siglo.
Es asombrosa, sin duda, la actividad insurrecciona! española.
Que fue matizándose de visos anarquistas, utópicos, republicanos, en medio de batallas rurales y del amanecer, en urbes como Barcelona, del fervor obrero. Y por supuesto, hablando de
España, con claros elementos regionales, aspecto que ha continuado vigente en tiempos más contemporáneos.
La voluntad popular, dirá Gil Novales, fue sistemáticamente
dejada de lado. Y muchos conflictos irresueltos entrarían al siglo XX con un vigor tal que no puede sorprender -entonces- su
capacidad para hacer germinar algo tan dramático como la guerra
civil que detono en julio de 1936.
Aunque breve, el material que nos envió Lluis Roura i Aulinas constituye un aporte novedoso: está dirigido a tratar el caso
de las_ Baleares en. ~l contexto de la desarticulación del imperio
colomal y de la cns1S que azotaba al Antiguo Régimen. Además,
Roura lleva adelante una rápida comparacion con las situaciones
americanas: destaca allí la diferente respuesta que cupo a los
núcleos dirigentes frente al hecho posible de la Independencia.

�Nota del Editor

12

13

SigloXIX

El fenómeno del criollismo y el impacto del pensamiento
ilustrado liberal son dos aspectos que, según el autor, diferencian
nítidamente la situación americana de lo sucedido en estas islas
mediterráneas. Convertidas en refugio de muchos españoles
privilegiados -en el momento de la invasión napoleónica - quedará
reafirmada en las Baleares un sistema de dominación y de vinculación con la metrópoli que se traducira en resultados históricos
distintos.
La reacción absolutista establecerá aquí un verdadero bloqueo al liberalismo que se alimentaba en Cadiz, y sus posturas e
intereses se reafirmarán cuando Fernando VII restaure el viejo
orden.
Sólo vientos más modernos, mucho más contemporáneos,.
infiere el autor, readecuaron
este panorama para acentuar la
integración balear al funcionamiento peninsular.

Las páginas de este número 3 se cierran con el ensayo de
Isabel \obre Yargues, orientado a Portugal. Su exposición
conecta firmemente los procesos políticos que en 1820 se suscitaron en ambas partes de la península ibérica. "El proceso liberal
portugués- destaca- se puede correlacionar directa y principalmente con el español".
La elite intelectual y política venía preparando desde tiempo
atrás "el universo mental" que debía contribuir a las tranformaciones sociales que tendrían al liberalismo como fuerza motriz.
Como en España, las invasiones napoleónica precipitaron los
acontecimientos, condicionados también por la situación colonial y por el enorme peso que asume Brasil.
La república queda esbozada en 1820, pero genera resistencias contundentes. La "regeneración" y la Constitución que
aspira a reemplazar el anterior orden son puestos en marcha.
En todo el proceso se perfila el impacto de la revolución francesa y las conexiones con una España que vive el Trienio Liberal.

"Quien lee su texto (el de la Constitución portuguesa de 1822)
ve nítidamente la influencia de Constitución española de 1820",
recuerda Nobre.
Liberalismo equivale a subversión. Las logias y sectas proliferan, y no fue la península su escenario menor. Por momentos hay quienes sugieren la construcción de un único Estado
Nacional.
El trabajo termina con una referencia a la prensa y la funcién cumplida en tan críticos momentos históricos, en el extremo
occidente de una Europa que se mostraba impedida de acercarse a su revolución industrial, aunque caminara la revolución
liberal.
Clausuramos estas notas con un párrafo dedicado a los
apoyos institucionales receptados, y que han tornado más
factible no solo la aparición de este número de Siglo XIX sino
un mayor afiatamiento hacia el futuro. Esos respaldos fueron
de dos tipos: a) económico, generosa y espontáneamente brindado por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berkeley, en California, Estados Unidos. Su ayuda
resultó decisiva ante los costos cada vez más elevados que en
materia de impresión soporta México; b) académico, gracias a
la inmediata y solidaria actividad de colegas de la Universidad
Complutense de Madrid, que remitieron los materiales referidos
a España y Portugal.
No nos cansaremos de insistir en el valor que guardan estas
contribuciones. Sin ellas buena parte del sentido por el que se
lanzó este proyecto carecería de sentido. Es que, finalmente,
Siglo XIX pretende cimentar un espacio que requiere ser llenado
por investigadores de diversas latitudes. Nuestra invitación
inaugural, por lo tanto, está más vigente que nunca.

Mario Cerutti
Monterrey, México, diciembre de 1986

�La Sociedad de la Igualdad:
liberales y artesanos en la vida política
de Santiago de Chile

Luis Alberto Romero*

-

L a creación de la Sociedad de la Igualdad, en Santiago de Chile en
1850, y la posterior participación de sus miembros en el "motín de Santiago" de ese año -episodio que a su vez se inscribe en una guerra civil más
extensa- es parte del cuadro de agitaciones que hacia mediados del siglo
pasado sacudieron a muchas capitales hispanoamericanas y afectaron la
estabilidad de los regímenes autoritarios constituidos en las décadas postrevolucionarias.
En la mayoría de los casos, los agitadores se identificaron con el liberalismo y tacharon de conservadores a sus adversarios (quienes, en ocasiones, asumieron tal calificación). Su existencia política tuvo que ver, a veces, con fracciones identificables dentro de un patriciado que se homogeneizaba lentamente: mineros norteños en Chile, comerciantes costeños en
Ecuador, financistas de paupérrimos estados en varias partes; pero generalmente su núcleo se componía de abogados, periodistas o simplemente políticos -la versión decimonónica de los antiguos letrados- sin ubicación en
un régimen administrativo dominado por militares o grandes propietarios.
Menos difusa que su raigambre social era su identificación política: el
liberalismo constituía una filosofía y un programa para emprender la reforma de la sociedad y sacarla de su atraso, más visible por la permanente
comparación con Europa. La inspiración era heterogénea: desde el utilitarismo de Bentham hasta el romanticismo social También variaban las propuestas políticas: los cañones se enfilaban alternativa o simultáneamente
contra la Iglesia, los militares o los grandes terratenientes.
*Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Cientfücas y Técnicas (CONICET), Buenos Aucs,
Argentina. El texto se basa en un trabajo más amplio: La Sociedad de la Igualdad.
Lo, artuano, de Santiago de Chile y 1111 primero, experiencia, polítiau, 1820-1851,
Buenos Aires, Instituto Torcuato Di Tella, Serie Historia, 1978.

�L. A. Romero: Liberales y arte,anos en Santiago de Chile

16

SigloXIX

Pese a eso, el liberalismo ofrecía un conjunto de soluciones mucho
más coherente que las que aplicaban los adversarios, símplemente consagrados a defender pragmáticamente el orden establecido. Sobre todo, el programa liberal, cuando era predicado desde la oposición, reforzaba 1~ identidad de facciones lanzadas hacia el poder, aunque, una vez conseguido, hacían adecuaciones igualmente 1:'ragmáticas de sus principios.
De cualquier modo, una política programática, aunque inconsecuente,
ya era una novedad en la Hispanoamérica de mediados de siglo, como lo
eran otras formas nuevas o remozadas de hacerla. Fueron casi siempre los
liberales quienes percibieron los cambios que se estaban produciendo en
las principales sociedades urbanas y los aprovecharon con fines políticos.1
Aunque con lentitud, fos puertos y capitales crecieron y prosperaron
en las décadas posteriores' a la Independencia. SilS sociedades se diversificaron y sus elites se modernizaron en hábitos, costumbres y formas de consumo. Una población urbana acrecida, y sobre todo una elite exigente, impulsaron el desarrollo de una vasta capa de artesanos e hicieron la fortuna
de algunos, dueños de capacidades y conocimientos pocó frecuentes e11 un _
medio rústico. Prósperos y seguros de sí, respetables pero todavía marcados por el estigma que, en sociedades aun fuertemente hidalgas, representaba
el trabajo manual, estos artesanos tuvieron con las elites relaciones ambiguas,· signadas alternativamente por el deseo de incorporación, el rechazo o
la confrontación. Por otra parte, las diferencias que separaban a maestros
de oficiales, o las que dividían a las ramas prósperas y retrasadas de los artesanos, crearon conflictos y tensiones en el sector. Todos estos factores
seguramente estimularon distintos tipos de acciones de estos nuevos sectores y los convirtieron en potenciales protagonistas de una escena política que comenzaba a agitarse y complicarse.
No fue raro, entonces, que quienes eran sus protagonistas tradicionales aspiraran a aprovechar esta fuerza, movilizarla y encuadrarla. Lo hizo
Rosas en Buenos Aires, en un contexto autoritario y conservador; lo hizo
Belzú en Bolivia y también los liberales neogranadinos, que aprovecharon
las tensiones ocasionadas por la política librecambista; quizá también lo
hizo el caraqueño Antonio Leocadio Guzmán. La constitución de la Sociedad de la Igualdad, y el motín que le siguió, ocupan un lugar entre estos episodios: reveladores de una mayor diversidad de la escena política y
de la aparición, bien que tímida, de nuevos sectores, muestran el intento
de los grupos liberales de encontrar apoyos entre los sectores más respetables del pueblo, según la persistente tradición revolucionaria europea.
LOS ARTESANOS DE SANTIAGO
E.l crecimiento de la población de Santiago - señalaba El Progre-

17

so a fmes de 1842- es aún más rápido de un tiempo a esta parte,
dejándose percibir fácilmente en la acumulación espontánea de
casas, calles y barrios enteros, que antes no existían.

Esta precoz percepción, debida probablemente a Domingo Faustino
Sarmiento, es complementaria de otra, del economista liberal Marcial González:
al mismo tiempo que se ven extenderse las poblaciones, formarse
pueblos nuevos al lado de los antiguos, mejorarse las construcciones, levantarse la capital, y en las provincias templos y edificios
públicos. . . vemos la ebanistería, la carrocería, la ferretería, la
curtiduría y tantas otras artes cuyo ejercicio era poco conocido
contribuir con sus útiles y perfectas creaciones a la comodidad de
nuestras vidas y al progreso y embellecimiento de nuestras jóvenes ciudades.2

Efectivamente, en las tres décadas que siguieron a la Emancipación,
Santiago experinientó un crecimiento relativamente importante -mayor
que el de casi todas las capitales hispanoamericanas- que reflejaba la prosperidad económica y la estabilidad política del país, también excepcionales
en su época. Los hacendados del Valle Central, los mineros del Norte Chico
y los comerciantes de la ciudad o de Valparaiso, radicados en la capital, requirieron una variada gama de bienes y servicios. Mucha gente emigró por
entonces , la capital, cuya población creció considerablemente, hasta rondar los 90,000 habitantes a mediados de siglo. Entre la masa de rotos sin
profesión definida, que poblaban "las rancherías.,., que hay en todos los
suburbios", fue recortándose un sector artesanal de fisonomía cada vez
más precisa.
La mayoría eran zapateros, carpinteros, panaderos, herreros, dueños
de técnicas tradicionales y rudimentarias y limitados en sus posibilidades
por la escasa capacidad adquisitiva de sus compradores. Algunas profesiones inclusive se hallahan en franco retroceso, como la de los tradicionales
plateros o la de las tejedores, víctimas de la competencia de los textiles
importados.
Eme tipo de artesano se encontraba, en mayor Q menor medida, en
cualquier pueblo o ciudad de entonces, grande o pequeña. Pero en las
capitales, como Santiago y también Valparaiso, comenzó a emerger un
grupo singular: ebanistas, carroceros, boteros, joyeros, modistas, con&amp;tructores y decoradores, tipógrafos o litógrafos. . . es decir un conjunto
de profesiones vinculadas al consumo de las elites, que estaban adoptando los nuevos modos europeos. Su desarrollo estuvo ligado a la llegada de
artesanos extranjeros, principalmente franceses y alemanes, portadores de

�18

SigloXIX

técnicas novedosas y capaces de satisfacer unas exigencias que en ocasiones ellos mismos creaban.
Tan impreciso era el gusto y el juicio de las élites criollas, que carpinteros de ribera podían echar plaza de ebanistas. Tal era la diferencia de
conocimientos, que mediante un "terrible monopolio" estos artesanos podían cobrar "precios exorbitantes" y hacer fortuna con rápidez.3 Se dibujaron así dos sectores entre los artesanos. La división entre "dignos" e
"indignos" se combinaba, y a menudo se superponía, con la de extranjeros y criollos, y las tensiones que esto originó se sumaron a las que, en talleres de alguna envergadura, comenzaron a separar a patronos de oficiales.

Más allá de esas diferencias, el artesanado santiaguino comenzó a di&amp;tinguirse del resto de los sectores populares y a adquirir una fisonomía
propia. En distintos niveles de la sociedad comenzó a percibirse una cierta
movilidad, como lo muestra el desarrollo del sector que Blest Gana llamaba del medio pelo, nutrido de pequeños empleados, rentistas modestos, militares o gente de posición venida a menos.
Las nuevas posibilidades beneficiaron a los artesanos, sobre todo a los

más prósperos y a quienes, por ser extranjeros, afectaba menos la capitis
dimírwtio del trabajo manual. Según el norteamericano Gilliss, singular testigo del Santiago de los igualitarios, "cualquiera que a prende un arte mecánico llegará a ser independiente si se dedica a su vocación con esmero". Para Sarmiento -quien sin embargo consideraba vedados para los decentes
esos oficios manuales- "un hombre de pueblo, con economía, talento natural y constancia puede, ejercitándose en su oficio, llegar a la fortuna y
enrolarse en el número de los capitalistas''.4

La fortuna estaba íntimamente asociada con la respetabilidad. El buen
artesano no frecuentaba las chinganas sino el teatro popular o la Iglesia.
Algunos leían el periódico; otros vestían elegantemente.
Hay un deseo de aseo y orden en su vida doméstica. Pero en público, su pasión es la ropa refinada, y un extranjero difícilmente
sospechará que el hombre a quien encuentra con una capa de fina
tela, acompañando a una señora envuelta en joyas y pieles, ocupa en la escala social un rango no más alto que el de un hojalatero, carpintero o tendero.•.s

A los ojos de los decentes, los artesanos adquirieron una fisonomía

peculiar. Su presencia suscitó reacciones variadas, pero no fue ignorada, y
los "trabajadores" fueron cada vez más claramente diferenciados del
"populacho". Los problemas relacionados con ellos se convirtieron en acuciantes, sobre todo a la luz de las experiencias europeas contemporáneas.

L. A. Romera: Liberale, y arte.ano, en Santiago de Chile 19

Hubo quienes se preocuparon por su condición moral y procuraron inculcarles hábitos de ahorro o templanza. Otros se inquietaron por "las coaliciones. • . para hacer subir los salarios" y por la escasez de trabajadores calificados, que permitía a los más capaces cobrar salarios desmedidos. Algunos creyeron que era posible comprometer a los más respetables en la
conservación de un orden que temían amenazado, "ligándolos ya por medio de la propiedad, ya por medio de una pequeña fortuna". Hasta se
pensó que era importante autorizar la expresión de las inquietudes del sector y permitir el funcionamiento de las "válvulas de seguridad de las sociedades democráticas". Hubo quienes, finalmente, advirtieron en ellos una
fuerza capaz de ser volcada en la política.6
LAS FORMAS TRADICIONALES DE CONVOCATORIA POLITICA
Hasta mediados de la década de 1840 es difícil distinguir entre los artesanos una acción política diferente de la del conjunto tradicionalmente
denominado como "pueblo de Santiago". Este constituyó, desde los movimientos iniciales de 1810, una masa potencialmente utilizable en la lucha política, hacia la que ocasionalmente se dirigieron los distintos bandos
que se disputaban el poder; sin embargo, sólo lo hicieron en momento de
crisis, cuando su acción podía desequilibrar una situación irresoluta, y en
general los conflictos post Tevolucionarios se mantuvieron dentro del ámbito de la elite.
Ocasionalmente estos grupos participaron, en favor o en contra de los
españoles; luego apoyaron al partido carrerino y más tarde a pipiolos o
pelucones. Más que objetivos de largo plazo, los guiaba la perspectiva del
saqueo u otros beneficios inmediatos. "Pululaban como lobos en las calles,
en la expectativa del saqueo, cuando se ofrece alguna reyerta o revolución".7 Los pipiolos los usaron para montar una maquinaria electoral en la
que se combinaban la compra de votos con la "acción directa". Los pelucones, que incluyeron a los artesanos en cuerpos armados para respaldar el
orden, en la oposición utilizaron a los grupos más bajos para provocar desórdenes y socavar la autoridad del gobierno pipiolo.
Luego de la batalla de Lircay (1830), que inicia el largo predominio
conservador, estos grupos fueron naturalmente reprimidos y el gobierno
abandonó toda idea de movilización. Los artesanos fueron incluidos en la
Guardia Cívica, bajo el mando de oficiales del Ejército, y de allí en más
este tipo de iniciativas quedó exclusivamente en manos de los pipiolos.

En 1840, en vísperas de la renovación presidencial, hubo posibilidad
de una breve agitación. Estos episodios se repitieron en 1844, durante el
entierro del dirigente pipiolo José Miguel Infante, y poco después, cua'ldo

�ID

SigloXIX

fue juzgado Francisco Bilbao por su Sociabilidad chilena. También durante la campaña electoral de 1845, en el juicio al periodista opositor Pedro
Godoy. En los tumultos, "si bien. .. dominaban los jóvenes estudiantes,
se encontraban algunos caballeros de otras condiciones y muchos hombres del pueblo de la clase de artesanos".8
La capacidad de los pipiolos o liberales para ganar la calle era un elemento original en la escena poütica santiaguina. Otra novedad, más importante, era la incorporación a la oposición liberal de un grupo de intelectuales y universitarios, que se unían a los antiguos opositores profesionales e introducían algunos elementos ideológicos nuevos.
La vida intelectual santiaguina estaba cobrando por esos años una
gran intensidad. La acción de destacados maestros -como Bello o Mora-,
la del grupo de emigrados argentinos -Sarmiento, Alherdi, Gutiérrez,
López o Mitre- y sobre todo la intensificación de los contactos de todo
tipo con Europa despertaron nuevas inquietudes, que adquirieron forma orgánica cuando en 1842 se creó la Sociedad literaria. El influjo de las
nuevas ideas no se limitó a los círculos intelectuales; aunque simplificadas
y convertidas en apenas algo más que una moda, fueron recihidaa. por toda
la sociedad decente santiaguina.
El romanticismo había llegado a Santiago. No solamente el de Lamartine o Hugo, sino el de los pensadores sociales. Francisco Bilbao siguió a
Lamennais en su Sociabilidad chilena: pese a lo confuso de sus ideas, el
libro impresionó tanto a los santiaguinos que se ordenó su quema pública,
con lo que Bilbao terminó convirtiéndose en el mentor de todos los jóvenes con inquietudes. Uno de los componentes de esta nueva sensibilidad
romántica era la actitud de acercamiento al "pueblo", al que se debía instruir e interesar en la vida política. La apelaci'ln al pueblo de la década del
cuarenta -y sobre todo a su capa más ilustrada, los artesanos- fue en buena medida una consecuencia de esa actitud de filiación romántica.
Durante la elección presidencial de 1846 este tipo de apelación creció
y la agitación popular pareció incrementarse, al punto de preocupar a los
grupos adictos al gobierno que constituyeron una Sociedad del Orden (su
presidente, Ramón Errázuriz, sería paradójicamente el candidato presidencial liberal en 1850). La oposición liberal, por su parte, constituyó la
Sociedad Caupolicáo, que debió "atraer a su seno a la gente de la clase
obrera". La apelación al pueblo seguía siendo de estilo tradicional Se lo
convocaba para una coyuntura electoral, sin fines ulteriores, aunque sus
enunciados "filantrópicos", en los que se afirmaba la necesidad de sacar
"el sufragio popular de la afrentosa tutela que lo encadenaba y envilecía",
permitían adivinar la incipiente influencia del nue\"o pensamiento social.

J.. A. Romero: Liberale, y arte,ano, en Santiago de Chile 21

El resultado fue mediocre, pues apenas medio centenar de artesanos concurrieron a la Sociedad. De cualquier modo, resuelta la elección, la agitación desapareció totalmente.
A lo largo de los años que van desde la Independencia hasta 1846, los
distintos sectores políticos recurrieron, en lo más agudo de la confrontación, a los sectores populares. Lo hicieron generalmente quienes estaban
en la oposición y trataban así de equilibrar los recursos de que disponían
quienes gobernaban: la policía o las clientelas electorales formadas por
guardias cívicos o empleados públicos. Sin embargo, y pese a que no hubo
respuestas importantes de los artesanos, comenzaba a percibirse en esa apelación la presencia de otras motivaciones, inspiradas en el pensamiento social europeo. Esas son las tendencias que maduraron en el período siguiente.
LA CRISIS POLITICA(l849-1851)
Una sucesión presidencial muy compleja, una situación económica deteriorada como consecuencia de la crisis europea de 1847-48, y además las
repercusiones locales de la marea revolucionaria europea, crearon en Santiago, y en menor medida en otras ciudades, las condiciones para la emergencia de una situación política nueva en la que, por primera vez, los artesanos fueron llamados a desempeñar un papel importante.
En los años anteriores a 1851, el grupo que rodeaba al presidente Bulnes se enfrentó con motivo de su sucesión; la presencia de dirigentes liberales, fuerte en el próspero Norte Chico minero, agudizó una división que,
sin embargo, era interna al grupo dirigente. Desde 1846 era jefe del gabinete Manuel Camino Vial, quien organizó una suerte de clan político familiar, nutrido principalmente con jóvenes. Frente a éi Manuel Montt aspiraba también a la sucesión.
En las elecciones de 1849, aunque en general Vial pudo imponer sus
candidatos, sufrió derrotas en cuatro distritos importantes, a manos de candidatos liberales pero también conservadores (Francisco Tocomal triunfó
en Valparaiso, con el apoyo, siempre errático, de los artesanos). Bulnes
reemplazó a Vial por Montt y aquel pasó a la oposición, uniéndose a los
liberales en una activa campaña, parlamentaria y periodística. Edward Vives describió esta "fronda liberal" como el producto de la unión de los clanes Vial y Errázuriz. Se trataba realmente de una fronda aristocrática: el
Club de la Reforma, fundado a fines de 1849, languideció pronto, cuando
sus jefes marcharon a sus fundos a dirigir las tareas de la cosecha. La designación de Antonio Varas, mano derecha de Montt, como ministro de Inte-

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SigloXIX

rior, auguraba no solo el fin de la "fronda" sino la segura elección de
Montt.
No obstante, la división entre sectores oficialistas había sido mucho
más profunda que en ocasiones anteriores, y los grupos liberales, antiguos
o recientes, no se resignaron a ceder el terreno sin dar una batalla. La crisis económica que se vivía contribuía a crear un clima de intranquilidad
propicio para la propaganda electoral.
Por entonces, la economía chilena tenía con las metropolitanas vínculos comerciales lo suficientemente importantes como para que recibiera los
efectos de la crisis de 1847-48. Primero se sintió la disminución del comercio de tránsito, que alimentaba la actividad de V alparaiso; luego, la declinación de las exportaciones de cobre y trigo, aunque muy poco después la
apertura del mercado californiano restableció la prosperidad. Momentáneamente la preocupación era general y los periódicos dedicaban largos artículos a examinar las posibles repercusiones de la declinación del comercio de
tránsito sobre la economía interna. El principal de ellos fue la disminución de las rentas de Aduana y, consecuentemente, de los ingresos del Estado. Aunque es difícil precisar sobre quienes repercutió esta crisis, es indudable que el clima de intranquilidad que se generaba estuvo presente en
toda la coyuntura política de 1849.
Sin embargo, el factor más importante fue de otro tipo. " La revolución francesa de 1848 tuvo en Chile un eco poderoso". Estas palabras_, con
las que Vicuña Mackenna inicia su libro Los jirondinos chilenos, parecen
resumir la intensidad del ~pacto ideológico del proceso revolucionario
francés. Los demócratas republicanos que triunfaron en las jornadas de febrero tuvieron sus émulos en el Club de la Reforma:
Se ha dicho que en Chile no había patriotismo ni opinión y se ha
engañado - escribían en el número inicial de La R eforma- ; faltaba solamente una palanca que la removiese, un acontecimiento
grande y sublime que nos sacudiera, para presentarnos tan patriotas y republicanos como cualquier otro pueblo de la tierra. Los
últimos acontecimientos de la Francia. .. han dispuesto aquel entusiasmo ambiente, que se sintió en los grandes y gloriosos días
de nuestra revolución de Independencia.

L. A. Romero: Liberale1 y arte,am&gt;s en Santiago de Chile 23

~nservah:m todavía la confusión y ambigüedad que durante las ~tapas iniciales tuvieron para sus propios protagonistas, y legítimamente podían
ex~erse ~e los suces~ distintas consecuencias. Los sectores más jóvenes
del liberalismo,, y _especialmente los uniyersitarios, se sintieron atraídos por
la aureola romantica de los sucesos y recibieron, entremezclados todos los
mensajes de la revolución de febrera. De la Historia de los Girdndinos de
Lamartine, que llegó a Chile por entonces, se vendieron muchísimos ejem. OliZa&amp; cad a uno" , y sus tem~ estuvieron de moda durante
plares, " a selS
1849 Y 1850. Gustaban los jóvenes liberales de llamarse entre sí con los
nombres de los principales protagonistas de la Revolución Francesa: hubo
un D~nton, un Brissot, un Mirabeau; Eusebio Lillo, el poeta, fue Lamartine; Bilbao, el orador fogoso, fue V ergniaud; Santiago Arcos, Marat. Y así
co~o tomaron los nombres, repitieron sus actos y apelaron al pueblo, a
quien c~nvocaron, para ~e se i l ~ a primero y luego para que participara activamente en pohtica, resolviendo en favor de los jóvenes liberales
la lucha por el poder que entonces se estaba librando.
-Difícil sería exagerar la importancia de este impacto ideológico sobre
los jóvenes liberales. ·Santiago Arcos, uno de los fundadores del Club de la
Reforma, había estado en París hasta 1847. En febrero de 1850 volvió a
Santiago Francisco Bilbao, exiliado desde la condenación de su Sociabilidad Chile-na en 1844: no solo había convivido en Pana con Quinet, Michelet y Lamennais sino que había asistido activamente a las gloriosas jomanadas.de febrero y las más trágicas de junio. El ejemplo estaba demasiado
a la VlSta para que nó se sintiera tentado de buscar, en el apacible Santiago, al pueblo que debía educar y conducir y, sobre todo, a su parte más
culta, el artesanado.
También los moderados defensores del orden coincidían en atribuir
importancia a la experiencia francesa, y atacaban, con ironía mezclada con
preo_cupación, a "los que están viendo en todas partes jornadas de febrero,
barricadas, balazos, como la intención o el principio de una revolución. ..;
(los que) ~ he~ho alianza con la masa bruta del pueblo, enarbolando la
chaqueta roJa, súnholo del comunismo roto y también de la mashorca
de Rosas''_10
LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD LA FASE SOCIALISTA

Con moderación y aparente ingenuidad, el conseivador El Comercio
~e Valparaiso, redac~do por A!herdi, respondía que, aunque esos propósitos ~ran loables,, Chil? ya ~ab1a superado la etapa recién cumplida por la
Francia, pues hacia vanas decadas que tenía un gobierno republicano.9
No era solo hipocresía lo de El Comercio . .. Las noticias de Francia

(MARZO- JUNIO DE 1850)
El n~cleo inícial de la Sociedad de la Igualdad11 estuvo integrado por
Arcos, Bilbao, Recañarren, el poeta Eusebio Lillo y Benjamfu Vicuña
Mackenna, separados todos del Club de la Reforma. En las reuniones iniciales, de marzo de 1850, quedó definido el propósito básico: "atraerse al
pueblo, es decir a la clase ofüera. .. y esto por medio de sus más recomen-

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SwtoXIX

dables jefes de taller". El texto de Vicuña Mackenna sintetiza admirablemente el proceso intelectual seguido por un sector de la élite en su percepción del elemento popular; también define los medios seguidos por este
grupo de jóvenes intelectuales y políticos para acercarse a las clases laboriosas. Los maestros artesanos o jefes de taller, es decir la capa superior
de los trabajadores, aquellos que se distinguían por "su afición a la lectura
de diarios" o por "cierto tinte de ilustración"12 serían los convocados en
primer término, correspondiéndoles a ellos traducir las enseñamas recibidas al lenguaje más sencillo de los trabajadores comunes. Los jóvenes igualitarios contaban con capitalizar la organización del trabajo existente, y
también con aprovechar el ascendiente de los jefes de taller, ·pero al mismo
tiempo proyectaban aprovechar el otro ámbito donde los artesanos estaban
organizados, la Guardia Cívica, de la que muchos maestros eran sargentos.

En el núcleo fundador bahía "seis obreros, jefes de taller" (los términos eran considerados equivalentes), a los que agregaron otros cuando se
organizó la primera Junta Directiva. Entre estas diez personas (que constituyeron el grupo artesanal inicial de la Sociedad) bahía cuatro sastres, un
zapatero, un sombrerero, un talabartero, un carpintero, un tipógrafo y un
músico. En algunos casos, se aclaraba que eran jefes de taller, y en un caso
se especificaba que se trataba de un sargento de la Guardia Cívica. Con
excepción del tipógrafo, y en cierta medida del músico, todos los demás
pertenecían al artesanado tradicional y al conjunto de profesiones que, en
mayor o menor medida, se encontraban en cualquier ciudad chilena. Este
carácter tradicional del núcleo artesanal de los igualitarios está reforzado
por el hecho de que entre ellos no bahía ningún nombre extranjero. Podría agregarse que, posiblemente, no se tratara de artesanos muy prósperos, o por lo menos que hubieran realizado alguna de aquellas brillantes
carreras propias de los extranjeros especializados.
El resultado inicial de la convocatoria no fue muy exitoso. En la reunión inicial del grupo fundador, en el mes de marzo, se intercambiaron
noticias
acerca de la disposición en que se hallan los obreros de Santiago.
Solo oímos palabras desconsoladas -comenta Zapiola- que hubieran desalentado a los más entusiastas, pero no a nosotros, que
teníamos fe en nuestra obra.
Aunque la Sociedad creció mucho en los meses siguientes, nunca atrajo a un número considerable de artesanos ni logró dar a los pocos que concmrieron formas organizativas sólidas, capaces de resistir la represión gubernamental. A fines de 1850, uno de los dirigentes renegaba de la "soñolienta capital", donde con la excepción de veinte jefes de taller "no bahía prácticamente pueblo".

L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chüe

25

La misma convocatoria había sido limitada, pues los igualitarios recortaron claramente a su interlocutor dentro del conjunto de los sectores
populares santiaguinos, y en ningún momento pensaron en acudir a los
rotos; por el contrario, hay evidencias posteriores del deseo de evitar cuidadosamente su participación, especialmente durante el motín del 20 de
abril de 1851. Luego de su fracaso, Santiago Arcos, el más lúcido de los
dirigentes igualitarios, reconoció que "los que por entonces estuvieron en
contacto con usted (Bilbao) fueron muy pocos", aunque a diferencia de
los que participaron en otros movimientos en ese año se trataba de "pobres inteligentes".13
'
Santi~~, Arcos había sido precisamente quien inició el viraje de los
~pos m3&amp; JQvenes del Club de la Reforma hacia posiciones novedosas. Segun recuerda Zapiola, en una de las sesiones del Club a fines de 1849 manifestó ~e "nuestros trabajos no solo deben tener p;r objeto el trilUlfo de
un candidato_ progre~~,sino también sacar al pueblo de la vergonzosa tutela que lo tiene SUJeto . En febrero de 1850 regresó de Paris Francisco
Bilbao; su person:tlid~d vigoro~, el prestigio que le daba su emigración de
184.5 y ~ expenenci~ e~ las Jornadas de 1848 hicieron que sus vagas y
confusas ideas se convirtieran en el programa inicial de la Sociedad. El Estatuto que pr~paró incluía tres puntos lo suficientemente generales como
para que pudieran ser aceptados por cualquier liberal, y solo suscitaron roces en el aspecto religioso.
. ~l progr~~ ~e la Sociedad adquirió expresión más clara con la puhli~c10n del penodico El Amigo del Pueblo, dirigido por Eusebio Lillo·
Vicuña Mackenna lo definió como "más socialista que democrático m~
rev~lucionario ~e ~~ítico". En l?s editoriales de El Amigo del Pueblo se
adVIerte la comhmac10n de la antigua problemática política con la nueva
perspectiva social. El objetivo inmediato seguía siendo la reforma electoral
Y_l~ lucha por l~ libertad y la justicia; pero apartándose de la vieja tradición
pipiola, El Amigo_ del ~ueblo desechaba la vía electoral o golpista, se defima como revoluc10nano pero no violento y, reafirmando su fe en las ideas
Y, la. prop~anda, proponía "una revolución pacífica y santa, que nos dejara bienes m.mensos y con un horizonte político sereno y bien extendido".
Para lo~arlo, era necesario acceder a quien debía ser el agente de esa
transfonnacron: el pueblo, llevando hasta él aquellas ideas que en su sen?, hi:!'rí3!1 de fructificar. "Liguémonos al pueblo", proclamab~ el perió~co, ah~º?ºª p~ ~n nuestras ideas hasta el corazón del pueblo, deJ~do alli el ~~en vivificador _de los buenos principios. ..".14 Organizac1on y educacr~n eran los cammos para una reforma pacífica pero profund~ de la ~ciedad f p~a ello era necesario "ilustrar al pueblo, dándole
una IDStrucc10n gratuita; mculcar el principio del amor y la fraternidad".

�26

L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chile

'l:l

SigloXIX

Esa función docente se habria de cumplir en forma sistemática, por medio
de cursos, pero también a través de la convivencia entre los "caballeros" y
la "gente del pueblo", como lo expresaba con entusiasta ingenuidad el
mismo José Zapiola:
Los resultados (de la Sociedad) correspondieron a sus miras,
pues el hombre culto modelaba por e1 su porte, con tanta mejor
voluntad cuanto que era tratado con consideraciones que le eran
desconocidas hasta entonces .

Santiago Arcos expresó con más claridad que ninguno de sus compañeros los contenidos programáticos del grupo societario. En su Carta a
Francisco Bilbao, escrita en 1852, separó claramente a la Sociedad del viejo partido pipiolo, al afirmar que estos diferian de los pelucones solo en
matices. Es curioso sin embargo que, en el vasto programa de transformaciones del país que proponía, y que incluía el reparto de los latifundios y
la inmigración en gran escala, no se hiciera la menor mención a los arte~
nos y a sus eventuales intereses. Los artesanos, cuya voz apenas se 01a,
fueron convocados a apoyar un programa de objetivos generales, que no
incluía sus reivindicaciones específicas.
Los jóvenes igualitarios dieron a la organización de la Sociedad más
importancia que a las formulaciones programáticas. Sus reglas se establecieron con toda formalidad. El grupo inicial que integraban cinco intelectuales y seis artesanos, decidió adoptar una organización desceptralizada,
fomentando la constitución de distintos grupos barriales, donde se di..&lt;ieu•
tirian los problemas, aportando iniciativas que debía canalizar la Junta Directiva. Cada grupo podía tener un máximo de 24 miembros, procurando
así facilitar la participación de los integrantes; cada uno de ellos recibía del
secretario del grupo una credencial como socio, que le permitía concurrir
a las reuniones plenarias de toda la Sociedad, que se celebraban quincenalmente. Estas eran coordinadas por la Junta Directiva central y en ellas se
discutían las proposiciones elaboradas por los grupos.
Dos eran las tareas principales de la Sociedad y ninguna de ellas se relacionaba con la política práctica o con la lucha de partidos. La primera
consistía en discutir diversos proyectos que hacían a la reforma poüticao al
mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo. La segunda, en el dictado de cursos en los que cada uno de sus miembros aportaba sus conocimientos, sin distinciones ni jerarquías. Manuel Recabarren enseñaba economía política, Bilbao filosofía, Arcos tocaba temas políticos; junto con
ellos, Zapiola enseñaba música, el sastre Rojas costura y "un negro... Mr.
Moore, inglés a los ciudadanos de poncho".
Para los igualitarios estos cursos satisfacían varios objetivos. Además

t • •

1

..

t r

de cultivar a los artesanos y prepararlos para su misión trascendente, los
apartaban del vicio, del juego y la bebida. Finalmente, obreros y artesanos
instruidos no podrian ser captados por los partidos oficialistas u opositores mediante los tradicionales mecanismos del soborno o el alcohol. Esta
confianza en la pedagogía y en los resultados que se podían obtener a largo
plazo se acompañaba de un rechazo a la posibilidad de constituir un movimiento masivo, que pudiera obtener rápidos resultados electorales. Ambas
notas caracterizaron esta primera fase de la Sociedad, que podria calificarse de socialista.

LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD: LA FASE LIBERAL
(JULIO- NOVIEMBRE DE 1850)
En sus primeros meses de vida la Sociedad se mantuvo dentro de los
lineamientos trazados por sus fundadores y procuró mantenerse por encima de la lucha de partidos, que arreciaba a medida que se acercaba la elección. La Sociedad, que inicialmente había absorbido al Club de la Reforma, tenía cada día más miembros y adherentes, aunque entre los nuevos,
antes que los artesanos, predominaban los jóvenes de buena familia. Hacia
el mes de julio los concurrentes a las reuniones desbordaban el patio de la
casa que servía de sede y salían a la calle; entre los sectores adictos al gobierno crecía el temor de que la Sociedad, inicialmente no comprometida
en la lucha política inmediata, fuera absorbida por la oposición liberal.
La coyuntura política influyó en el cambio de orientación de la Sociedad. La designación de Varas en el ministerio de Interior y la ya segura
candidatura de Montt llevaron a Vial, los liberales y sus seguidores, a acercarse a la Sociedad, "único elemento de poder que le queda a la oposición". Esto desató conflictos entre los directivos originales de la Sociedad
y los nuevos adherentes liberales. Momentáneamente los primeros mantuvieron el control, gracias al apoyo de los artesanos, como se reveló en el.
cuestionamiento que los liberales hicieron a Bilbao por la publicación de
sus Boletines del Espíritu, en los que, siguiendo a Lamennais, atacaba algunos dogmas del catolicismo.
Sin embargo, no pudieron mantenerse fuera de la lucha política partidista. A principios de agosto los miembros de la Sociedad comenzaron a
concurrir en grupos a la Cámara. El 19 de agosto, un grupo policial, al que
se unió gente reclutada en los barrios bajos, asaltó la sede de la Sociedad,
donde había finalizado una de las reuniones plenarias " rompiendo algunos
huesos en la disputa que se produjo, magullando a unos cuantos y capturando a algunos para enviarlos a prisión". La noticia conmovió a la ciudad
y en pocos días la Sociedad triplicó sus adherentes, que pasaron de 600 a
2000. Fue necesario alquilar para las reuniones un local descubierto en la

�28

SigioXIX

calle Duarte, a pocos pasos de la Alameda. Buena parte de los nuevos adherentes provenía de la oposición liberal y de la fracción de origen conservador de Manuel Camilo Vial, que ingresaron masivamente en la sociedad.
Tal como lo dejó testimoniado Blest Gana en Martín Rivas, la politización
de la ciudad alcanzó un punto muy elevado, que no decrecería sino a m&amp;
diados de 1851.
Desde el mes de octubre la Sociedad apareció volcada definitivamente
a la lucha política. Apoyaron la candidatura presidencial de Ramón Errázuriz, figura difícilmente identificable con un programa progresista. En
octubre, el poeta Eusebio Lillo componía una marcha, La Igualitaria, al
estilo de las de la Francia revolucionaria, llamando al pueblo a la lucha. El
periódico La Barra, abandonando la prédica pacifista y reformista de los
primeros tiempos, desafiaba al gobierno con lenguaje encendido: "¿Qu&amp;
réis hacer fuego sobre el pueblo? ¡Cuidado! Porque el pueblo obrero os
cargará las víctimas de una cuenta terrible y sangrienta" .15

L. A. Romero: Liberalu y artesanos en Santú,go de Chile

29

que fueron excluidos algunos suboficiales que simpatizaban con lós Igualitarios, y reforzando la vigilancia. Como se vio, el 19 de agosto, un grupo organizado y protegido por oficiales de la policía había asaltado el local dela Sociedad. El ataque fracasó porque otra partida policial, que desoonocía el suceso, entró al edificio y arrestó a los asaltantes. La integración del grupo
asaltante muestra el intento del gobierno de movilizar a otros grupos populares, tanto de artesanos como del bajo mundo, para oponerse a los iguali·
talios. Habían en él gente de la calle de la Bandera (por,entonces una de las
zonas peligrosas de Santiago), y también dos zapateros, un carpintero y un
jornalero. Su jefe era Isidro Jara "El Chanchero", de variadas profesiones:
herrero en Valparaiso, bodeguero en Santiago, y luego agente electoral del
gobierno, "enganchador de reclutas mediante los garitos tolerad9s" y en
ese momento sargento de la Gu&lt;1Idia Cív,ica. El fracasado a.salto resultó contraproducente: aumentó las adhesiones a la Sociedad y despertó fuertes
críticas entre los sectores altos santiaguinos, sobre todo por Sil poca eficacia.17

A mediados de octubre, luego de una de las sesiones plenarias, se orga-

nizó un desfile por la Alameda hasta el Cuartel de Artillería, ubicado en el
extremo este del paseo; en respuesta el gobierno decidió prohibir las manifestaciones públicas. Un par de semanas después se realizó lo que sería la
última reunión pública de la Sociedad, a la que asistieron unas 1500 personas, "entre las cuales había no menos de 200 personas de distinción"; a
sn término hubo una nueva procesión por la Alameda, realizada por "200
personas decentes. .• y algunos artesanos", reclamando que el gobierno declarara formalmente que no auspiciaba la candidatura de Montt. Poco después se produjo el motín de San Felipe; llegado ese punto, el gobierno decidió declarar el estado de sitio y ordenó la disolución de la Sociedad.
El gobierno había demorado varios meses en decidirse a tomar esa m&amp;
dida, a lo largo de los cuales su preocupación fue en aumento, al igual que
la de los sectores altos de la sociedad santiaguina: "un buen pueblo debe
contentarse con el derecho de divertirse en las festividades públicas y no
meterse en lo que no entiende. Si cada artesano da su opinión en política,
no veo la utilidad de estudiar", dice uno de los personajes de Martín Rivas.
A los fantasmas de igualitarismo y el comunismo se unía el temor de una
sangrienta insurrección, que prepararían los jóvenes igualitarios "con apoyo de las masas, a las que darían los despojos del saqueo de las casas de los
ricos".16
En lvS primeros meses, el grupo político que ocupaba el gobierno pudo pensar en disputar la calle a los liberales e igualitarios, pero en ese terreno fue totalmente derrotado. Se preocupó en cambio por controlar los
aspectos más peligrosos de la situación, depurando la Guardia Cívica, de la

Luego del asalto fracasado el gohiemo se mantuvo a la expectativa,
limitándose a circunscribir las manifestaciones c,allejeras. Pero . el mitín
producido en la vecina capital departamental de San Felipe, donde participaron igualitarios y artesanos, lo llevó a declarar, el 7 de noviemhre, el
estado de sitio y la disolución de la Sociedad, detefliendo a muchos de sus
dingent~. Según el gobierno, los responsables de los desórdene~ eran los
políticos, in,telectuales y periodistas, culpables de "explotar la ignorancia y
mala$ pasiones de la clase acomodada",
La acción del gobie1110, muy rápida, evitó cualquier posible oposición,
perq la Sociedad tampoco fue capaz de ensayar resistencia ltlguna. Lamayoría de los dirigentes apresados fueron deportados, a Lima alguno.a, al
penal de Magallanes los menos afortunados. "Las prisiones de artesanos
continúan a destajo -anota Vicuña Mackenna en su Di.ario- y no pasa día
sin que tomen a diez o doce de estos infelices, de los cuales muchos han sid9 enviados a V alparaiso". Los que quedaron, v:ieron con amarga desilusión que la esperad¡¡ reacción popular no se producía y que, de los 5000
artesanos con que Bilbao declaraba poder contar, solo había algunos grupos pequeños, impotentes y faltos de organización.
.
Por unos días, imaginaron que era posible asaltar. el Cuartel de Artill&amp;
ría, "armar al pueblo, reunirlo to.c ando a rebato en el campanario, y generala, en los cuartel.es. .. y esperar al enemigo en la Alameda". Sin embargo,
las noticiaa. qu~. fy.eron llegando resultaron desalentador1113: las partidas,
mucho más reducidas que lo supuesto, optaban por disolverse por falta de
elementos para combatir, o habían sido delatadas a las fuerzas del gobierno. De, los.300 ~nos que, según se decía, estaban reunidos en San Mi-

�L. A. Romero: Liberalu y artuano, en Santitwo de Chile

30

31

SigtoXIX

dos eran escasamente doscientos.
goel (el sohurlrio del Sur), solo quedaban partidas sueltas, que se disol'rieron "por no tener annas, ni siquiera piedras con que hacer frente a los
granaderos y al (regimiento) Y ungay, que se acercaba a dispersarlos." Similares noticias llegaban de las parti1las que el sastre Rojas tenía (o debía
haber tenido) en el Tajamar, o de la de Melcbor Ugarte al sur de la Alameda.

A estas anotaciones de su Diario, Vicuña Macketma agregaría, aiios de&amp;pués, amargos oomentarlos sobre la capacidad y el valor de algunos dirigentes, que gastaron todo su talento en encontrar insólitos escondrijos
para eludir la detención. ba Sociedad, dueña basta entonces de- la calle,
fue rápidamente derrotada por un gobierno que, además, se benefició
con la llegada del verano y el fin del aiio político.

EL MOTIN DE SANTIAGO (20 DE ABRIL DE 1851)
Lentamente, a medida que el verano concluía, los dirigentes radicales
reanudaron la actmdad con la esperanza de una nueva confrontación con
el gobierno, La posibilidad de movilizar y organizar a los sectores populares que habían simpatizado con la Sociedad de la Igualdad no bahía sido
descartada; Vicuña Mackenna recorrió los talleres, hablando con los artesanos y repartiendo ejemplares de La Bon-a. Sin embargo, la mayoría se inclinaba por lograr el respaldo de alguna unidad militar e intentar un golpe
contra el gobierno, para lo cual consiguieron el apoyo del coronel Urriola,
jefe del regimiento Valdivia, la unidad militar más importante de Santiago,
a quien se comprometió la adhesión de "cinco mil igualitarios". Pese a que
se insistía en las ideas originarias de movilización del pueblo al estilo de las
jornadas parisinas, el apoyo a un golpe militar que, en definitiva, solo reclamaba la renuncia del ministerio y el retiro del apoyo a Montt, significó
empero un retroceso considerable respecto de los postulados iniciales de la
Sociedad.
En la madrugada del 20 de abril de 1851, el Regimiento Valdívia ocupó la Plaza de Armas; en ese momento el gobierno no disponía de una
fuena militar equivalente. Rápidamente se juntó en las inmediaciones una
enorme cantidad de gente; las esquinas "estaban atestadas de curiosos y de
paseantes, especialmente de sirvientes domésticos, que iban al recaudo del
aLasto". Urriola y los dirigentes igualitarios arengaron a la muchedumbre
pero C'&gt;n escaso éxito: la mayoría optó }l'&gt;r irse, aunque muchos se queda•
ron a presenciar un cspectáeúlo que prometía ser animado. Pn grupo reducido se incorporó al movimiento, pero entre ellos escaseaban los obreros y
artesanos 1fUÍCnes, según se supo dcspuéí!, en su mayon'a estaban en ese
momento acudiendo al llamado de los cuartele I de la Guardia; abundaba,
en caml,io, "el ¡10pulacho d,~ 1()1; arrabales". Par cnton~, los civiles arma-

Con lentitud, Urriola ocupó el Cuartel de Artillería, decisivo para el
triunfo de cualquier motín. Los civiles llegaban a cuatrocientos, aunque
muchos solo estáhan armados con adoquines. El motín comenzó a tomar
la apariencia de una jornada parisina, con barricadas cerrando la Alameda
y tiradores en los techos de las casas vecinas. Pero poco pudieron hacer
cuaildo dos regimientos gubernamentales, y coinpaiiías de la guardia Civil, asaltaron el cuartel
La derrota militar del levantamiento estaba de algún modo preannnciada por el fracaso en la movilización del artesanado. Muchos permanecieron indiferentes y otros, inclusive, acudieron a la convocatoria de los
regimientos de la Guardia Cívica y terminaron combatiendo contra los
igualitarios. Los jóvenes dirigentes, que soñaban con condncir al pueblo
al poder, se vieron así enfrentados con una realidad bien distinta. Un Ji.
beral puro, como José Victoriano Lastarria, con escasas veleidades populares, atribuía esta defección del puebló a "su imbecilidad" innata y a los
erróres de condncción. Vicufia Mackenna lo atribuyó, en cambio, a la falta
de convicciones ideológicas profundas de los obreros, tocados solo superficialmente por la prédica de la Sociedad. Esta había sido eficaz mientras
todo se limitara a escuchar conferencias o, inclusive, a ganar la calle, pero
no resultó lo suficientemente fuerte como para que tomaran las armas.
¡

Sólo le quedó a los igualitarios la adhesión de "cincuenta o cien hombres resueltos, la mayoría jefe de taller o aprendices". En cambio, los igualitarios descubrieron en la jornada de abril un aliado tan sorpresivo como
poco deseado.
En cuanto a la turbamulta que nos había venido siguiendo desde
los arrabales -escribe Vicuña Mackenna- esta solo pedía dinero;
pero al mismo tiempo pedía fusiles. Esta era la leva revolucio~
ria del motín, la carne de cañ6n de las batallas. Esos querían pelear.

El rechazo al "bajo pueblo", a los "rotos", es aquí bien explícito.
La represión que siguió al motín fue lo suficientemente intensa como
para que, en momentos en que la guerra civil agitaba todo el país, Santiago
no volviera a ser escenario de hechos de importancia. En mayo se proclamó en Concepción la candidatura del general Cruz, militar y conservado,r,
pero hombre del sur. Los liberales santiaguinos y los propios igualitarios
sobrevivientes la apoyaron, aunque muy poco del programa del general
tenía que ver con la tradición igualitaria. En Santiago las elecciones fu~
ron canónicas y triunfó Montt, con la colaboración de la maquinaria ele-o- .

�32

SipXIX
L. A. Romero: Liberale• y anuano• en Santiago de Chile

toral integrada por los habituales "apretadores", "discutidores", "compradores" y "banqueros".

A la oposición liberal solo le quedó realizar una manifestación frente
al periódico El Progreso, atrincherándose "detrás de las montañas de tierra
de un edificio en construcción, y combatir a pedradas con la policía", es
decir poco más o menos lo que había podido hacer en 1840 o 184.5. ~uego
del triunfo de Montt se inició en el norte y el sur el vasto levantamiento
que encabezó d general Cruz y que culminó con su derrota en Loncomilla.
Durante esos agitados días, nada ocurrió en Santiago, celosamente vigilada
por la policía, y muchos de los jefes igualitarios y liberales prefirieron trasladaJSe a otros lugares para desarrollar su acción. Así culminó esta experiencia, la primera de importancia, de convocatoria política del artesanado

santiaguino.

33

esta experiencia intelectual aumentó, a los ojos de los jóvenes igualitarios,
la visibilidad social y política de los artesanos.
La convocatoria de 1850 incluyó dos vetas diferentes, que acabaron
mezclándose. La primera se inspiraba en el pensamiento social europeo
de ~vanzada, aunque recogía motivos de la más tradicional Ilustración. A
través de la Sociedad se pensaba realizar una lenta y paciente tarea de
educación, en la que lo político era solo una de las dimensiones. La segunda se vinculaba con necesidades más inmediatas: encontrar apoyos para jaquear a una faccjón adversa que, con el monopolio del poder, estaba
asegurándose los beneficios de la sucesión. Esta segt&gt;.nda veta, que suponía una manipulación de la movilización popular, también reconocía precedentes europeos, como el reformismo británico de 1832 o la revolución
parisina de 1830.

CONCLUSIONES
Estos episodios pemúten sacar algunas conclusiones acerca de la vida
política de la capital chilena y la acción de los grupos liberales. También,
aunque en menor medida, sobre la historia de los sectores populares san-

tiaguinos.
La creación de la Sociedad de la Igualdad marca una separación entre
dos maneras de convocar a los sectores populares para dirimir conflictos
políticos en d seno de la élite. Tradicionalmente, en los momentos de crisis, alguno de los dos sectores convocaba al temido y despreciado populacho. Lo hacían generalmente quienes estaban en la oposición, y si tenían éxito se apresuraban a desprenderse de tan incómodos aliados. El
período 1849-51, cuando se decidió la sucesión del general Bulnes, tuvo
todos los ingredientes para estimular estas formas tradicionales de convocatoria.
Pero la apelación de 1850 fue distinta. En parte contribuyó a ello la
experiencia de quienes advirtieron el desarrollo del artesano santiaguino.
Objetivamente, los artesanos eran más numerosos, se los encontraba en
más lugares, suscitaban más comentarios y preocupaciones, mostraban más
aristas conflictivas. Pero taniliién influyó otra experiencia, de naturaleza
más ideológica: el impacto del proceso revolucionario europeo, en cuya
vanguardia siempre l10día encontrarse a los herederos de los míticos sans
culottcs. transfonnados en los más modernos trabajadores. Con él, la influencia de muchos escritora;: románticos, republicanos, demócratas, socialistas, utópicos, cuyas ideas, rara wz leídas de primera mano, podían sin
embargo cncontrars..· en la profu..--a literatura dt• dinilgarión qlll' circulaba
por las manos de cual11uier jown ilustrado. Es difícil saber hasta que punto

. Así, el proceso político de esos años transfonnó la naturaleza de la Sociedad, convirtiéndola en el ariete de la oposición liberal que se adueñó de
su dirección. A ella ingresaron todos los dirigentes opositores, quienes la
utilizaron para reeditar en Santiago una joumée paririna. Luego, el grupo
dirigente se apartó cada vez más de las líneas originarias: jugó sus cartas a
un "pronunciamiento" a la española, en el que la participación popular
fue escasa e inútil, y luego las depositó en manos de un general conservador.
Todo culminó en un fracaso inmediato pero dejó sus l\,uellas. La escena política se hizo más compleja que antes; por otra parte, y por caminos
diversos, el advenimientó de Montt inició una larga transiciÓJ\, {{lle dos
décadas después llevaría -a la presidencia a un liberal definido, Federico
Errázuriz, cualquiera que sea el significado que tal denominación política
tenga.
El episodio taniliién dice algo, si no mucho, sobre la historia de los
sectores populares santiaguinos. Los sucesos tienen un carácter menos
épico que lo que la tradición ha presentado hahitualniente. La Sociedad
no movilizó a demasiados artesanos. Aunque no lo sabemos con seguridad,
parece que quienes respondieron a la convocatoria se encontraban entre
los grupos más rezagados y menos beneficiados con las transformaciones
económicas generales, de modo que su participación pudo haber expresado algún tipo de disconformismo generado en esa situación. Pero no se manifestarón ní objetivos propios ni formas autónomas de organización. Más
aún, la Sociedad no pudo romper las formas tradicionales de encuadramiento: los artesanos respondieron en ,buena medida a la convocatoria a la
Guardia Nacional y participaron en la represipn de los igualitarios.
·

�34

L. A. Romero: Liberales y artesanos en Santiago de Chile

SigloXIX

Y sin embargo, este movimiento ocupa legítimamente un lugar en la
historia,. fragmentaria y discontínua, de unos sectores populares que medio
siglo después serían protagonistas principales de las luchas sociales y políticas de Santiago y de Chile. Algunos de los artesanos que hicieron sus primeras experiencias en la Sociedad aparecen, en las décadas siguientes, animando los movimientos mutualistas, antecesores de las formas más modernas de sindicalismo.
Pero sobre todo, la experiencia de la Sociedad pasó a convertirse en
algo así como la piedra inicial de una historia, más mítica que real, de estos
sectores. En ella, lo real se combinó con lo imaginado, aprovechando episodios realmente ocurridos con otros que forjaron a posteriori sus protagonistas y otros- proyectados por quienes se sentían sus sucesores. La validez
de estas tradiciones no tiene nect.Sariamente que ver con la opinión de los
especialistas acerca de su veracidad, pero establecer qué hay de cierto y
qué hay de mítico en ellas -como se trató de hacer en estas páginas-, ayuda a entender los aspectos más específicamente ideológicos a través de los
cuales los sectores populares van construyendo su identidad.

3.5

celo Segall, Ltu luchas de clases en las primeras décadas de la República de Chile,
1810-1846. Santiago, 1962.
9. Artículos del Comercio de Valparaiso a propósito de la Revolución Francesa de
1848, Valparaiso, 1848. La cita de La Reforma está tomada de Luis Vitale,
Interpretación marrista de la hútoria de Chile, Santiago, t. 11, 1971.

10. El Comercio de Valparaiso, 2-5-1849.
11. Los testimonios referidos a la Sociedad de la Igualdad son escasos. Una de las
fuentes principales es el folleto La Sociedad de la Igualdad y ,,u enemigos (Santiago, 1850), escrito por uno de sus miembros, el músico José Zapiola, quien
fümó con las iniciales E. A. La otra fuente importante es la Hútoria de la jornada del 20 de abril, de Vicuña Madcenna. La obra fue escrita en 1878 y el~
toriador y político liberal analiza los hechos, en los que participÓ, con una perspectiva influida por los casi treinta años tmnscunidos. Muchas de sus apreciaciones contrastan con las de su Diario, escrito entre 1850 y 1851, que sirvió de base
para su historia. Cf. "Diario de don Benjamín Vicuña Mackenna desde el 28 de
octubre de 1850 hasta el 15 de abril de 1851", Revúta Chilena de Hútoria y
Geografía, I, 2 a 4, Santiago, 1911. También tiene interés el "Diario de don
José Victorino Lastarria desde junio de 1849 hasta maizo de 1852", en Revista
Chilena, 1, 1 y 2, 1917/18.
12. Barros Arana, cit., l XV, p. 383. La cita recuerda el texto en el que Sanniento
se admiraba de que un artesano se hubiera suscripto a El ho(freso.

NOTAS
l. Sobre los cambios en las sociedades latinoamericanas y sos ideologías, véase:

José Luis Romero, Lotinoarnérica,

la, ciudades y la, ideas. México, Siglo Vein-

tiuno F.ditores, 1976.

2. "Santiago", en El Prope,o, Santiago de Chile, 19-12-1842. Marcial González,
"Situación económica", en Revista de Santiago, 1, 1848, p. 36.

13. Santiago Aloos, Carta a Francilco Bilbao (1852). Reproducida en Hemán Godoy UIZúa, Estructura social de Chile. Santiago, F.ditorial Universitaria, 1971,
p. 200 y ss.
14. Los textos de este periódico están tomados de Julio César Jobet, Santiago Arcos
Arlegui y la Sociedad de la Igualdad. Un socialista utopúta chileno. Santiago,
F.ditorial Cultura, 1942, p. 121. El artículo parece haber sido escrito por Arcos.
En todo el texto, el único sinónimo de "pueblo" que se emplea es "artesano".
15. Los textos de La Barra

están tomados de Vicuña Madcenna, Hútoria, cil

3. Domingo F. Sarmiento, "Las madezas", en Obru, t. X, Santiago, 1887, p. 190.
16. Gilliss, cit., p. 478.

4. James M. Gilliss, Tlie U.S. Astronomical Expedition to Southem Hemúphere
during the yean 1849 to 1852. Washington, 1855, t. 1, "Chih..,, p. 214. "Santiago". cit.

5. Gilliss, cit., p. 219.
6. Sarmiento, "El salario", en Obras, X, p. 232. "El crédito en manos del pueblo",
en El Comercio de Valparaiso, 12-1-1849. "Las válvuJas de seguridad", en El
Comercio de Valparairo, 19-2-49.
7. Richard Longevillc VoweU, Campa&amp;u y cruceros en. Venezuela y Nueva Granada
y en el Océano Pacíftco, de 1817 a 1830_ En J.T. Medina y G. Feliu Cruz, Viaje,
relativo.a Chile, IV, Santiago, 1962, p. 261.

8. Diego Bauo5 Arana, Un decenio de la liidoria de Chile, 184"-1851. En Obra,
Completa., XIV, Santiago. 1913, p. 99-100. Sobre estos episodios, véase: Mar-

17. Vicuña Madcenna, cit., p. 139. Véase: Abél Valdés A., "El asalto a la Sociedad
de la Igualdad en 1850", en Revilta Chilena de Hi6toria y Geografía, no. 116,
Santiago, 1950.

�Progreso, inmigración y libertad
de cultos en Perú a mediados
del siglo XIX
Pilar García Jordán*

-

Si á los prodigiosos esfuenos que hicimos para emanciparnos debemos nuestra existencia política, á los que empleemos para
atraer la inmigración deberemos nuestra prosperidad futura. .. La
intolerancia. ese funesto legado del coloniaje y de la ignorancia
de nuestros padres, es uno de los graves inconvenientes que tenemos que combatir para facilitar la inmigración europea, que es la
preferible en el estado de infancia de nuestra sociedad. Goze el
inmigrado de amplia seguridad y proteccion, desaparezca el esclusivismo que lo reduce á la condicion de peregrino ó mendigo,
respétese el santuario de su conciencia. y de su culto, y se purificará nuestro hermoso suelo del contajio venenoso que auyenta á las
poblaciones del antiguo mundo, y se llenarán de hombres nuestros grandes vacios territoriales, y cambiarán de aspecto los inmensos desiertos, en donde, por falta de recursos, no ha podido
aun la tienda del viajero desplegar su dosel hospitalario.1

Con estas palabras el ministro de Gobierno, Juan Manuel del Mar, propuso al Congreso, en 1849, la aprobación de un proyecto de le~, sobre inmigración extranjera; la tesis fundamental aducida fue la estrecha dependencia existente entre prosperidad, desarrollo eeonómico y entrada de inmigrantes - mejor si fuesen anglosajones- los cuales aportarían 1aano de
obra y/o capitales. Como he señalado en otros artículoi en 1845 se inició una progresiva adaptación del Pení al mercado exterior, cuando la explotación del guano generó los capitales suficientes para proceder a la
transformación de las estructuras existentes, proceso propugnado por los
sectores emergentes de la costa y algunos grupos terratenientes del interior, interesados en principio en la vertebración de un Estado moderno.
Este proyecto implicaba necesariamente la abolición de los fueros personales y corporativos y la desaparición de gravámenes o cargas existentes
sobre la tierra, tales como censos, diezmos, capellanías, vinculaciones, etc.,
*Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona

�38

P. Garcw Jordán: Progruo, inmisración y culto• en Perú

Si&amp;foXJX

privilegios de los cuales la Iglesia era sino la única, sí la princiral ~en~~
ciaria En consecuencia la influencia social de la que gozaba la ínstitucion
fue taniliién cuestionada, iniciándose un proceso secularizador de la vida
pública cuyas características son prácti~ente d~sconoc~d'.'51 aunque
foizosamente debió afectar en alguna medida la Vida cotidiana de los
peruanos.
No es de extrañar que la Iglesia ante esta "ofensiva liberal" planteara
una defensa a fondo tarito de sus bienes como de su ideología, o lo que es
lo mismo se esforzara en reivindicar cuán necesaria era la presencia de la
religión y de una institución e~esial fuerte ~n ,1a sociedad pei:uana Los mecanismos utilizados fueron varios pero aqui solo voy a refenrme a uno, la
organización de laicos que fueran capaces de presionar, a través de la pre~sa y mediante actos públicos, en la calle o e? el templo, S_?bre el poder Civil siempre que la influencia social de la Iglesia fuese cuestionada
El tema más conflictivo fue sin duda alguna la polémica alrededor de
la tolerancia de cultos, quebrando así fa tradicional unidad r~,ligiosa en
tomo a la religión católica De acuerdo con toda la documentacion consultada3 la posible aprobación por la Cámara Constituyente en 1867 _de la
libertad de cultos fue la causa inmediata del surgimiento de la Sociedad
Católico-Peruana - SCP-; como intentaré demostrar en este trabajo, aquélla es sólo una de las razones, no la más importante pero sí la más efectiva,
en aras a lograr una mayor movilización de las masas populares frente al
poder legislativo. De esta forma la defensa de la religió~ enmascara la defensa del status ideológico y socioeconómico de la IgleSia y de unos sectores sociales más vinculados al pasado que al futuro, en el período en que se
produjo el primer intento de vertebración del Estado moderno peruano.

"LA REIJGION DE LA REPUBIJCA DEL PERU ES, Y SERA SIEMPRE
LA-CATOUCA, APOSTOIJCA, ROMANA, UNICA VERDADERA CON
EXCLUSION DE OTRA ALGUNA"

4

El F.statuto Provisional dictado p0r San Martín con fecha 8 de octubre de 1821, primer documento constitu~i?~al de} !erú repuhli~3!!º, reconocía en su artículo primero que la religion catolica era la religion del
Estado el cual se encargaría de conservarla defenderla de cualquier ataque a sus dogmas o principios fundamenq¡).es .

¡

En consecuencia no debe extrañamos que cuando en 1823, la Comisión encargada de redactar las bases constitucionales del nuevo Estado
planteó la posibilidad de incluir entre las m~as. la tole~an~a de cult~s,
el hecho levantase un cierto malestar entre las fuerzas Vivas de la sociedad limeña que enviaron rápidamente una carta al Congreso. El texto de-

39

nunció la redacción "confusa" del artículo So. de las bases constitucionales, cuya formulación era susceptible de interpretaciones "siniestras",
esto es la tolerancia religiosa, reivindicando por el contrario la unidad religiosa permanente en el Pení, aunque ello supusiera "renunciar.. .a cuantas
ventajas temporales podría proporcionarles la mezcla con los heterodoxos',6
Por vez primera se relacionan directamente dos cuestiones que a lo largo
del siglo XIX aparecerán unidas -positiva o negativamente según quien
sea el personaje que lo haga- como son la libertad de cultos y el progreso
del país.

La Asamblea de 1823 se inclinó finalmente por la opción conservadora, con una mayoría de votos favorables a que la religión y la Iglesia estuvieran protegidas por el F.stado, el cual habría de velar y asegurar el mantenimiento de ambas. El hecho subrayaba aun más si cahe el significado de la
independencia, proclamada en el Pení como única alternativa que garantizaba la continuidad de las estructuras socioeconómicas vigentes hasta entonces, de las cuales la Iglesia era institución fundamental y la religión,
principal instrumento ideológico de los grupos dominantes. Además h1&gt;
mos de tener en cuenta que el papel de la religión nunca fue cuestionado
ni siquiera por los sectores progresistas que participaban de la idea utili~a de la misma y del clero secular que la propagaba Por ello todas las
constituciones que siguieron a la Carta de 1823, la llamada constitución
"vitalicia" del 26 con Bolívar de presidente,7 la aprobada en 1828 con
La Mar de presidente con claras connotaciones liberales,8 el texto de 1834
y la carta de Huancayo -que aprobada en 1839 estuvo vigente hasta la
"revolución liberal" promovida por Castilla en 1855- todas ellas mantu•
vieron prácticamente sin cambios los artículos relativos a la religión y la
institución eclesial.
Sólo de forma esporádica, a lo largo de las dos primeras décadas republicanas, se publicaron escritos atacando a la Iglesia como institución detentadora de privilegios seculares y bienes materiales considerables, la cual
era considerada al miSlno tiempo el principal obstáculo para el desarrollo
del país y el bienestar de sus habitantes. En esta línea de pensamiento se
incluyen por ejemplo un largo artículo de Vicente Albistur y algunos escritos de Tobías ~eón, todos fechados en 1825,9 donde a pesar de criticar
a la Iglesia como receptora de diezmos, capellanías, vinculaciones, etc., se
elogia la función de la religión:
Nosotros por fortuna profesamos la creencia mas segura de cuantas se predican sobre el Globo. La Religión Católica Apostólica
Romana, es la que se há jurado al frente de nuestra CONSTITUCION POLITICA y ojala que ella conservada en toda su pure-La
acompañe á nuestra Nacion hasta la segunda regeneracion de la
tierra lo

�40

P. Garc(a Jordán: Progruo, inmigración y cultos en Pero

SigloXlX

INMIGRACION, PROGRESO Y LIBERTAD DE CULTOS
La subida al poder del primer gabinete Castilla (184.5-1851) y con_ ~I,
el ascenso de los grupos socioeconómicos interesados en la vertebrac1on
de un nuevo Estado en el que desaparecieran los obstáculos existentes a la
vinculación del Pcní a la economía de lihrecamhio, tales como mayorazgos,
fueros personales y corporativos, esclavibld, tributo indígena, diezmos,
capellanías, etc., trajo UD deterioro creciente en las relaciones entre el
poder civil y la Iglesia. Investigaciones recientes han señalado la voluntad
política del general Castilla de desarrollar parte de la normativa liberal relativa al :igro peruano legislada por los gobiernos "libertadores" entre 1821
y 1828, 11 y cuya aplicación bahía sido mínima, por no decir nula, hasta
entonces.
Uno de los temas más frecuentes en los escritos de la época fue sin
duda algona la apremiante necesidad de la agricultura costeña de obtener
mano de obra para sus haciendas, coyunturalmente en expansión; a ello se
refería el ministro José Gregorio Paz Soldán, cuando en su Memoria al
Congreso Ordinario de 1847 subrayaba que:

l. La agricultura costera se encontraba en
decadencia".

UD

"estado lamentable de

2. La razón fundamental era el insuficiente número de brazos que trabajaban en las haciendas.
3. Los "hombres del interior", es decir los serranos, nunca se trasladarían a la costa, bien por la diferencia de clinta y forma de vida, bien porque el período del año en que más nec~ios eran los b_razos en _la c~sta
coincidía con los meses en que su traba10 era necesano en el mtenor.
4. La emigración espontánea procedente del extranjero no tenía suficientes alicientes en el Pení, fundamentalmente por las dificultades en que
se encontraban los posibles colonos para acceder a la posesión de tierras.

En consecuencia el Gobierno esperaba del legislativo la aprobación del
proyecto de ley presentado, relativo a la reglamentación de las empresas
particulares encargadas de encauzar hacia el Pení los colonos contratados,
poniendo especial énfasis en que los inmigrantes tendrían plenas gar:.ntías
12
sohrc d cumplimiento de los contratos estahlecidos.
El

III ismo

Paz Soldán, ahora en funciones de ministro de Relaciones

41

Exteriores, Justicia y Negocios Eclesiásticos, tras señalar el fortalecimiento de la religión en el Pení a lo largo del siglo XIX, "siglo de ilustración"
pero también "siglo creyente y religioso", se quejaba de la oposición que
hah ía encontrado el Gobierno en el ejercicio del patronato y de sus regalías, por parte de las jerarquías eclesiásticas a'las que sarcásticamente denomina
Cuerpos mas respetables de la sociedad; cueipos que llenos de
ilustracion sostienen sus fueros y prerrogativas con teson y constancia, que nunca ceden el terreno sino palmo a palmo, reputando sacrilegio y considerando agravio el que siquiera se ponga la
mano sobre la arca de sus fueros;13
el texto era suficientemente ilustrativo de la voluntad del poder civil de
ejercer un control de la Iglesia, reforzando la supremacía del Estado sobre
la misma14
Pero volvamos al tema central de nuestro trabajo de la mano del ministro Juan Manuel del Mar que en 1849 reclamaba de la Cámara legislativa
la aprobación de un proyecto de ley ~ue de ser sancionado, otorgaría a los
inmigrados europeos un trato de favor, viendo respetados sus conciencias
y cultos. Punto fundamental de la defensa la constituía el hecho que, de
no aprobarse la citada ley facilitando la entrada de mano de obra extranjera, se perdería definitivamente el tren del progreso pues:
Si nuestra arruinada agricultura clama imperiosamente por brazos
que la adelanten, si nuestros inagotables veneros de riqueza se
mantienen ocultos, y nuestra ilustración é industria se conservan
como estacionarias en el siglo de la electricidad y del vapor: si
cuanto depende, en fin, de nuestra situación interior, con respecto á la inmigración, no acreciese la necesidad de procurarla,
si todos estos elementos no eran suficientes, señalaba el ministro, debía
tomarse en consideración un nuevo acontecimiento que reclamaba urgentemente la aprobación de la citada ley: se refería a la posibilidad de transitar por el Istmo de Panamá que facilitaba la entrada de población extranjera hacia el Norte, es decir, hacia los Estados Unidos de Norteamérica15
El proyecto fue uno de los muchos intentos realizados, bien por el
Gobierno bien por algunos sectores de la Cámara, con el propósito de establecer las condiciones legales que posibilitaran la emergencia del capitalismo y la transformación de ciertas estructuras, proceso en el que obviamente debieron enfrentarse con aquellos grupos más vinculados al antiguo
régimen -entre los cuales se encontraba la Iglesia- que no a los nuevos
tiempos "liberales". Así a lo largo de 1849 se produjo lo que he denomi-

�42

SigloXIX

nado en varias ocasiones "ofensiva a gran escala" contra la institución
eclesial, cuando algunos diputados propusieron la supresión del fuero
eclesiástico, reducción de diezmos, cambios en la elección de prelados
regulares, etc.;16 cueBtiones que si momentáneamente no fueron aprobadas por las disensiones en el seno de los grupos hegemónicos, pr~figur-aban varias de las medidas discutidas y aprobadas en la Constitución de
1856.
Recordemos que tras el triunfo de La Palma, el mariscal Castilla se
apresuró a convocar una Convención Nacional -elegida por primera vez
por sufragio directo- que abrió sus sesiones el 14 de julio de 1854, siendo
violentamente disuelta por el coronel Arguedas el 2 de noviembre de
1857.17 Fue entonces cuando se aprobaron una serie de medidas encaminadas a acabar con los privilegios y bienes de los que la Iglesia hah ía gozado secularmente, cuya pervivencia no podía ser tolerada por un Estado que
pretendía el progreso del país.
Una de las cuestiones sino "la cuestión" por excelencia, que hizo correr ríos de tinta, fue la tolerancia de cultos, tema aparentemente poco
importante pero fundamental pues una vez rota la unidad religiosa la influencia social de la iglesia católica estaría gravemente amenazada. Esta es
la razón por la cual pocassemanasantes de la apertura de las sesiones constituyentes, el obispo José Sebastián de Goyeneche publicó una pastoral18
en la que ponía en guardia a los católicos ante los impresos que circulaban
contra la religión, publicados por los "enemigos de la verdad". Según el
prelado arequipeño estos "falsos apóstoles de la felicidad de los pueblos"
que defendían la aprobación de la libertad de cultos, considerada como de
conveniencia pública, en realidad pretendían acabar con los derechos de la
Iglesia, ignorar la autoridad del papa, e independizar todas las "iglesias
particulares", es decir nacionales, del Vaticano. Es uno de los primeros textos salidos de la iglesia institucional en que se mencionan y vinculan todos
los elementos presentes en el tímido proceso reformista liberal desarrollado entre 1845 y 1867 aproximadamente, razón por la cual no puede sorprendemos que Goyeneche proclamase la necesidad de que los católicos se
unieran en la defensa de la"causa de Dios"; si bien deberemos esperar algunos años a que esta llamada cause efecto, es el precedente inmediato de la
Sociedad Católico-Peruana, fundada en Lima en 1867.
En consecuencia a lo largo de 1855 y 1856 se sucedieron una serie de
escritos cuyo denominador común fue la defensa de la unidad religiosa en
torno al catolicismo y la protección de los privilegios y propiedades de la
iglesia secular y regular.
Los más interesantes son, sin duda alguna, la Exposicion del Capítulo

P. Garcrá]ordán: Progr~ inmigraciónyculto•enPerú

43

Metropolitano de Lima a la Convención Nacional, 19 el Ensayo sobre los
principios _de tolerancia expuestos por Julio Manuel del Portillo,31 el folll}to, de autor desconocido, El clero regular y sus bienes ante la leí política
y civuZl y el informe de Mariano Salcedo Sobre los proyectos de "ley de
supresión de diezmos y obvenciones parroquiales.22 No obstante sólo comentaremos los dos primeros porque por una parte sintetizan la totalidad
de las preocupaciones, objeciones y censuras de la iglesia institucional a los
proyectos liberales de la Asamblea del 56, y por otra parte vinculan claramente la libertad de cultos al proceso desamortizador y al progreso.23
El primer texto, enviado por el Capítulo metropolitano limeño al
Congreso con fecha 8 de agosto de 1855, se estructura en 3 apartados:

l. "Exclusión de los falsos cultos", donde se sostiene que la sociedad
pedecta es imposible fuera de la Iglesia católica - institución encargada de
velar por la unidad católica, creencia que mantiene unidos en una sola comunidad nacional a razas tan diferentes como las existentes en el Peníque ha formado y conservado la unidad de la patria. En consecuencia dl}nuncia las posiciones de aquellos que consideran la libertad de cultos el
medio imprescindible para asegurat el progreso del país y concluye:
Ni la religión, ni la razon, ni el ejemplo de las otras naciones de la
tierra, ...suministra apoyo á la declaracion de la libertad de cultos... al contrario, ella se opondria directamente á la ley de Dios,
y de la Iglesia, á la unidad social del Perú, al derecho, á la voluntad solemnemente declarada, y á la felicidad de los pueblos.34

2. "Libertad de la Iglesia", apartado que defiende la independencia de
la institudón eclesial respecto el poder civil Toda la argumentación constituye un ataque a la existencia del patronato que desde l!ll8 orígenes, se
afirma, redujo a la Iglesia a la "esclavitud", situación agravada tras el surgimiento del Pení republicano.
3. "Derecho de propiedad de la Iglesia", tema al que se dedica el mayor número de páginas, expresando bien cuáles eran las preocupaciones de
la institución. Tras unas consideraciones generales sobre los derechos históricos, divinos y canónicos que "asistían" a la Iglesia en la defensa de 808
bienes, percepción de diezmos, disfrute de capellanías, vinculaciones, etc.,
se atacaban los argumentos utilizados por los legisladores sobre la desamortización de bienes, proceso que de ninguna forma debía aplicarse a las propiedades eclesiásticas:
La Iglesia es soberana e independiente. Este es al mismo tiempo
un dogma de fé y un hecho palpable... Esta perentoria contestacion comprende a todo pensamiento de reforma de la Iglesia en

�44

Si61oXIX
cualquier materia por el poder secular y de intervenci~n ~e est~
en la administración de sus bienes: se extiende por consigwente a
la idea de que la Convención suprima el Diezmo y la primicia y
los derechos parroquiales y señale otro im~uesto, que sum~tr~
fondos al Gobierno, para que pueda asalariar el clero, y acudir a
los gastos del culto. lQué iría a ganar la Nacion con este atropellamiento y esta esclavitud de la Iglesia.25

El escrito finalizaba defendiendo la existencia de todos y cada uno de los
bienes poseídos por la Iglesia secular y regular, situación que decía, sólo
podía ser ignorada por los socialitas y comunistas de 1848 seguidores de
las filosoñas de Saint Simon y Proudhon.
El segundo de los textos citados se dedica íntegramente a criticar la
tolerancia de cultos, punto fundamental del programa propuesto por Julio
Manuel Portillo a sus conciudadanos limeños en la campaña para la elección de diputados a la Cámara del 56, donde se consideraba la aprobación
de la medida como ineludible en aras del progreso del país. El escrito lamenta los extravíos de una filosofía que
llama progreso social á la propagacion del error, luz civilizadora á
las tinieblas, ilustracion á la inmoralidad, tolerancia al despotismo intelectual, y derecho á_la licencia de costumbres... (lo cual)
es insultar al sentido comun, es la ironía del progreso, la civilización y el derech~,

tras lo cual se pregunta por el porvenir del Perú -país agonizante ya, por

el espíritu disolvente del partido liberal- en el caso de que llegara a rompCl'SC la unidad religiosa; la respuesta no puede ser más que una, catastrófica, la mina del país, ya que la tolerancia ele cultos permitiría la entrada
en el Peni de los panteístas modernos como Kant, Fichte, Schelling, Hegei
Cousin, los racionalistas, comunistas y socialistas como V oltaire, Robespierre, Leroux, Strauss, Weitting, Proudhon, y los chinos, musulmanes, etc.
En consecuencia el documento exhorta a los legisladores a respetar la unidad del culto -salvaguarda de las instituciones republicanas, de la independencia peruana y base de toda la comunidad nacional- que no puede ser
deshecha para facilitar la entrada de emigrantes, que por otra parte pueden
buscarse en naciones europeas católicas.27
El ana1isis de estos documentos permite afirmar que si bien la defensa de la religión fue importante, no lo fue menos la relativa a la propiedad eclesiástica, tema que figuró en todos ellos. El mismo obispo Goyeneche no dudó en enviar una carta, en agosto de 1856, al ministro de Gobier~
no, Justicia y Culto, en la que acabados todos los argumentos utilizados
hasta entonces por la jerarquía eclesiástica para impedir la supresión del

P. García Jordáo: Progre,.o, inmigración y culto, en Perú

45

fuero eclesiástico, vinculaciones, etc., solicitaba del poder civil que tratase
con la Santa Sede, única autorizada para negociar estos temas, y suplicaba
del presidente Castilla que "liberase" a la Iglesia peruana de todos los males que la amenazaban, de llevarse a la práctica todas las medidas aprobadas en la Cámara,28 entre las cuales destacan la abolición del fuero eclesiástico y la supresión de las vinculaciones y diezmos. No obstante la fórmula relativa a la libertad de cultos fue desestimada al ser mayoría los que
se pronunciaron contra la misma -46 contra 22-, por lo que la r~óo
continuó siendo protegida por el Estado, el cual como rezaba el articulo
cuarto, no permitiría el ejercicio público de otra alguna.29
La Constitución de 1856 apenas estuvo vigente unos meses pues el
levantamiento de Arequipa a fines de ese mismo afio, junto a la sublevación del coronel Arguedas un año más tarde -ambos movimientos de
claro signo conservador- permitieron a Castilla desprenderse de los elementos " ideológicamente" más radicales y poner en suspenso el texto
aprobado.~ No obstante el proceso reformista liberal iniciado en la década de 1840 no sufrió modificaciones substanciales pues todas las medidas
"anticlericales" sancionadas en 1856 subsistieron en la constitución reformista y conservadora de 1860 a pesar de que algunos de los participantes en la misma habían protestado entonces el que no se hubieran
guardado el respeto y los fueros a los "Ministros de la Religión".31
Hemos de llegar a 1867 para que las variables imrugración, progreso,
libertad de cultos, aparezcan claramente vinculadas en los distintos debates parlamentarios desarrollados en ese afio, ¿qué había sucedido? Bonilla afirma que a lo largo de la década de 1860 el grupo terratenient~omercial luchó por la utilización productiva de los recursos guaneros. Uno
de sus representantes más destacados, Manuel Pardo -primer presidente civil del Pení en 1872-, ministro de Hacienda ·del gabinete del coronel Mariano Ignacio Prado, pretendió hacer de la construcción de ferrocarriles el
arma que propiciara el desarrollo económico del país; el medio que posibilitaría el proyecto sería el capital extranjero obtenido con la garantía de la
hipoteca del guano. En consecuencia Pardo tomó una serie de medidas como disminución del aparato burocrático, reducción de salarios de los fun.
cionarios, imposición de tasas de exportación a la producción nacional y
sobre todo, el restablecimiento del progra_I!la trihutario.32 Este proceso
parecía necesitar de una nueva constitución.33
Diferentes analistas de los procesos constitucionales peruanos han afir.
mado que la Carta del 67 contenía la mayoría de los postulados de la
Constitución de 1856, con tonos más radicales. Señalan entre otras la aprobación de la total libertad de enseñanza, quebrando el monopolio ejercido hasta entonces por la Iglesia, la libertad de imprenta, el mantenimiento

�46

Siglo XIX

P. García Jordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

de la supresión de los privilegios hereditarios, fueros personales y vinculaciones, la restauración del sufragio directo; la religión católica continuó
siendo considerada creencia oficial del Estado el cual no pennitiría el ejercicio público de otra, aunque es evidente el avance de los partidarios de la
tolerancia que en 1867 sumaron 40 votos contra los 43 que se mostraron
contrarios, a diferencia de lo sucedido en 1856 cuando los primeros ascendieron a 22 contra 46 votos negativos.34
No puede sorprendemos que justo un día antes de que la Comisión
Constitucional presentara su proyecto en la Cámara, lo que sucedió el 8
de marzo de 1867, Juan Ambrosio Huerta, obispo de Puno, publicara una
pastoral señalando las reglas de conducta que debían observar sus diocesanos en aquellos momentos, documento que dirigió también a la Cámara
constituyente.35 El texto, tras una consideraciones generales atacando las
posiciones progresistas que hacían de la tolerancia de cultos condición
imprescindible para el bienestar y progreso social, encomiaba 1a labor de la
Iglesia en pro de la libertad de pensamiento a lo largo de la historia y fundamentalmente cuestionaba la permisividad religiosa a partir de varias pr&amp;
guntas:

l. ¿Las sociedades exigen la tolerancia religiosa para poder conseguir
sus objetivos?
2. ¿Es la tolerancia condición indispensable para el progreso del país?
3. ¿Los soberanos, el poder civil, pueden ordenar la tolerancia en sus
&amp;tados?
La respuesta era obviamente negativa y todas las razones aducidas por
el prelado puneño giraban en tomo al hecho de que la tolerancia de cultos
supondría la ruina material de la sociedad. En este contexto no resisto citar uno de los párrafos, a mi entender muy ilustrativo de la ideología eclesial del momento:
¿Le sería grato al Perú verse transformado en Nacion comercial
como Inglaterra, teniendo que presenciar al mismo tiempo el horrible espectáculo del pauperismo? Casi no hay pais protestante
que no se sienta trabajado por esta tremenda enfermedad desconocida antes de tres siglos.36
Era pues inadmisible según el prelado, que el progreso necesitase de la tol&amp;
rancia religiosa, de la misma fonna que los legisladores no estaban facultados para introducir la medida en la Constitución por mucho " ¡Qué.. .
nos hablen de la necesidad de inmigración!" .

47

A continuación el escrito defendía la capacidad de la Iglesia para poseer bienes adquiridos a lo largo de la historia, propiedades que el Estado
no podía desamortizar con el pretexto de que el erario nacional necesitaba
con urgencia de los mismos, operación que de aprobarse supondría una declaración de guerra al catolicismo y en realidad beneficiaría a unos pocos:
Mas, estos bienes que se usuzpan á la Iglesia, ¿se destinarán en
efecto para algo provechoso á la Nacion? iOh hijos carísimos,
antes de un año, dichos bienes habran ido á engrosar las arcas
de individuos particulares, sin que el tesoro público haya logrado
remediar la mas pequeña de sus necesidades. Que se pregunte á
la Francia, é Inglaterra, en donde está el caudal de que despojaron á sus iglesias respectivas: que conteste la España, que nos diga
lo que ha hecho, lo que ha ganado su erario con el brusco despojo
de los bienes de la Iglesia!.37
La pastoral finalizaba exhortando a los católicos a sostener el catolicismo;

parecía llegado el momento de organizar grupos de laicos capaces de ·ejercer presión sobre los poderes públicos. Permítaseme antes hacer un breve
comentario sobre este proceso desamortizador que "amenazaba" las propiedades eclesiásticas en 1867. Hasta la fecha me ha sido imposible consultar los debates parlamentarios alrededor del tema, pero me consta que
Femando Casós, representante por Trujillo, presentó un tímido proyecto
al respecto que fue sometido al juicio del Gobierno por las Comisiones de
Culto y Hacienda de la Cámara; el gabinete solicitó a todas las jerarquías
eclesiásticas un informe sobre el mismo que obviamente fue negativo. Todas las respuestas, informes, memoriales enviadas por los onispos al Ejecutivo presentaban la misma estructura: legitimidad de las propiedades
eclesiásticas y exenciones tributarias a lo largo de los síglos; consideración
de los fundos rústicos como productores de riqueza, negación de la denominación de bienes de mano muerta a las propiedades de las comunidades
religiosas y memorial de agravios recibidos por la Iglesia a lo largo de la
República.38
El proyecto desamortizador fue desestimado y la Constitución fue
promulgada el 29 de agosto de 1867, aunque su vigencia fue mínima pues
Arequipa - que se había negado a jurar el texto- se levantó nuevamente
contra el Gobierno lim~ño a fines de 1867, al tiempo que el coronel José
Balta se alzó en el Norte. El gabinete del coronel Prado cayó y Díez
Canseco, líder de la sublevación arequipeña, ascendió a la jefatura del Estado el 20 de enero de 1868, restableciendo tocos días después la constitución de 1860 vigente en el Perú hasta 1920.
Los acontecimientos posteriores se encargaron de mostrar cómo, en
palabras de Heraclio Bonilla:

�48

SisioXIX
La e1ite económica modemizante al no poder asumir por su propia cuenta la tarea de transformación integral del país, se limitará
a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX a participar en el proceso productivo en calidad de asociada de los capitalistas británicos, extrayendo de esta situación parte de sus beneficios. Además,
y es esto lo fundamental, los obstáculos institucionales... y la
persistencia de los rasgos señoriales en la mentalidad de esta nueva
clase, los hicieron reticentes a toda inversión productiva.40

SOCIEDAD CATOLICO-PERUANA, SURGIMIENTO
Y ORGANIZACION
La primera noticia que tenemos de la SCP sitúa su nacimiento en Lima
el 22 de mayo de 1867 -momento en que se debatía el proyecto constitucional en. la Asamblea Nacional- cuando una serie de personas "notables",
fuerzas V1Vas de la capital, se reunieron en la residencia del obispo de Huánuco, Manuel Teodoro del Valle, con el propósito de organizarse como
grupo de presión capaz de defender la re!it.ón y la iglesia de los ataques
que estaba recibiendo en los últimos años, procedentes del partido liberal. La Asociación pretendía ser:
No solo el sosten del catolicismo en el Perú, sino el apoyo de los
Gobiernos, el élemento sin el cual nada bueno se haga, y con el
que cuenten siempre como. base todos los mandatarios de la República.41
Aun cuando en un primer análisis el debate alrededor de la tolerancia
de cultos aparece como la causa inmediata y principal del surgimiento del
grupo, un estudio más profundo de todos los discursos pronunciados por
quienes participaron en las sesiones públicas organizadas por la SCP tan42
to en Lima como en sus filiales de Arequipa y Puno permite señalar como causas fundamentales:

l. El ataque a las inmunidades y privilegios seculares de las cuales ha
gozado la Iglesia.
2. La existencia del patronato, cuyo ejercicio por el poder civil se ha
ido radicalizando a lo largo del período republicano con el propósito de
lograr la total subordinación de la Iglesia al poder civil.
3. La supresión de conventos y monasterios y la enajenación de sus
bienes.
4. El recorte progresivo de todas las rentas percibidas por la iglesia
secular, que amenazaba con acabar con ella.

P. Gatera Jonláll: Progre.o, inm~n,. culto• m Pení

49

Los dirigentes, de la SCP seftalaron oomo responsables de todo este
proceso al partido liberal, cuya
Siniestra influencia se ha hecho sentir en difeientes ocasiones
con varias medidas que hieren de muerte-los intereses católicos.
No contento con haber despojado á la Iglesia de sus inmunidades y privilejios seculares: con haber estrechado el círculo de su.
accion, y sometídola al influjo de la potestad civil hasta en las
mas simples operaciones de su régimen anterior: con haberla privado de una gran parte de sus rentas, y rodeándola de numerosas
trabas en la administracion de su exiguo patrimonio: con haber
suprimido un gran número -de conventos y arrojado al viento sus
despojos; todavía se propone ir mas léjos, todavía pretende ~
tarle la direccion de sus obras piadosas, hasta de las cofradías,
arrebatarle el derecho de propiedad sobre sus bienes y enajenar estos en provecho del fisco nacional, dejando al clero sin medios de
subsistencia y al culto sin los recursos que la piedad de los fieles
le había dedicado desde los tiempos mas remot·:&gt;s. En una palabra,
se ha querido y quiere desnudar á la Iglesia. reducirla á la miseria,
para romper en seguida el vínculo sagrado de la alianza que la liga
con el Estado, proclamando tardíamente su separacion recíproca
bajo el pretesto de darle libertad.43
Todo este proceso, cuyos postulados esenciales se plantearon públicamente por vez primera en la Convención de 1855 como denunció la SCP,
se pretendió desarrollar con y en nombre del progreso, civilización y desarrollo del país. Esta transformación exigía como premisa básica la aprobación de la tolerancia religiosa que propiciaría la entrada de inmigrantes y
de capitales procedentes de los países anglosajones; esta es la razón por la
cual la unidad religiosa figuró siempre en ,tmner plano en todos los discursos y escritos de los dirigentes de la SCP, aunque es evidente después de
todo lo dicho hasta ahora que la "cuestión religiosa" iba mucho más allá
de la tolerancia y/o libertad de cultos y cuestionaba toda la in&amp;.encia social de la Iglesia en la sociedad peruana.
En consecuencia y a pesar de que tanto el Reglamento de la Sociedad
como destacados personajes de la misma proclamaron la no injeffllcia de
la SCP en asuntos políticos, desarrollando una labor ajena por completo
a la política,45 la afirmación no sólo era discutible sino decididamP.11te falsa
por cuanto los mismos dirigentes de la entidad señalaron que la misma no
podía mantenerse inactiva ante las medidas dictadas o susceptibles de ser
aprobadas por el poder civil, el cual debía legislar de acnerdo con las doctrinas y preceptos religiosos. Por otra parte está suficientemente demostrado
qu en todos los países de tradición católica, la entrada de los católicos
-como fuerza organizada- en la política, fue planteada cuando la t:ran.
fonnación socioeconómica operada desde fines del siglo XVIll y a lo largo
del siglo XIX, comportó una progresiva secularización de la vida pública y
privada y por lo tanto cuestionó la presencia social de la Iglesia.

�50

SigloXIX

P. García]ordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

51

46

He señalado en otros trabajos que la ideología católica tiene dos caracteres que le son propios, naturaleza totalizadora y carácter sagrado en
tanto única vía de acceso a lo desconocido, cuestiones que permiten a la
ideología religiosa realizar una acción perdurable y efectiva en las sociedades donde está presente, en las cuales configura unas determinadas concepciones políticas, sociales, económicas y en consecuencia un cuerpo de valores; así vemos cómo la Iglesia aduciendo su origen y fines trascendentales,
se adhiere o rechaza acontecimientos, personas e ideas políticas_ No es extraño que cuando la influencia social de la Iglesia sea cuestionada, la institución organice grupos capaces de ejercer presión sobre los poderes públicos, como en el &lt;:a$().que nos ocupa fue la SCP impulsada por el obispo de
Huánuco, Manuel Teodoro del Valle, quien dibujó también las líneas fundamentales del Reglamento de la Sociedad.47
El análisis de los 47 artículos y 5 disposiciones transitorias contenidos
en los Estatutos nos permite afirmar:
lo. La SCP perseguía la defensa del catolicismo y de sus derechos en
el Pení, la propagación de las doc~ católicas a partir de la enseñanza,
fundación y/o protección de periódicos y folletos, y el rechazo de todas
las medidas que "atentaren" contra la Iglesia y la sociedad católica. Esta
posición supuso una declaración de guerra a las tímidas reformas "liberales" proyectadas a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX.
2o. La organización de la entidad era rígidamente piramidal: de arriba
hacia ahajo contaba con el Consejo Central Permanente con sede en Lima,
órgano supremo de la Sociedad, del cual dependían los diferentes Consejos Departamentales que a su vez controlaban los Consejos Provinciales y
así sucesivamente hasta llegar a los puestos más bajos, legionarios, centurionea y decuriones; nótese el uso de terminología militar nada extraño en
una Sociedad que pretendía agrupar "soldados" en la defensa del reino de
Dios en la tierra
La falta de documentación me impide por el momento analizar el papel efectivo desarrollado por la SCP en los años posteriores. No obstante
es evidente que la entidad fue precursora de la Unión Católica, surgida tras
la Guerra del Pacífico, que a fines de siglo - coincidiendo (?) de nuevo con
una fuerte polémica en la calle y en el Parlamento sobre la libertad de cultos, matrimonio civil, cementerios laicos, etc., - organizó el Primer Congreso Católico del Pení en 1896.

REFLEXIONES FINALES

F.s evidente que la vinculación del Pení a la economía de librecambio a

partir de las explotaciones de guano, azúcar y algodón, comportó en el plano interno el intento del grupo terratenient~omercial por vertebrar un
Estado moderno, que posibilitara su consolidación como grupo hegemónico. El proceso implicaba la transformación -por tímida que esta fuese- de
las estructuras socioeconómicas existentes y la abolición de fueros personales y corporativos, la supresión de diezmos, vinculaciones, capellanías, en
suma de las situaciones de privilegio -de las cuales la Iglesia era sino la única sí la principal beneficiaria- que obstaculizaban el desarrollo del país.
Esta es la razón fundamental por la cual a partir de la década de 1840
asistimos a un enfrentamiento progresivo entre el poder civil y la institución eclesial, poco dispuesta a renunciar a la influencia ejercida hasta entonces. La oposición se acentuó en los períodos constituyentes cuando la
presencia social de la iglesia fue cuestionada, es decir, cuando surgieron los
primeros intentos de secularización de la vida pública y privada de los
peruanos, como sucedió en la Convención de 1856 y se repitió en la Asamblea de 1867.
Durante estos años las jerarquías eclesiásticas señalaron a los católicos
la necesidad de luchar contra las médidas "anticlericales", proclamas que
cristalizaron finalmente en 1867 con el surgimiento de la Sociedad CatólicerPeruana. El grupo, exclusivamente laico aunque formado a instancias y
bajo la supervisión de la iniciativa eclesiástica, tenía como objeto directo la
defensa de la unidad religiosa en tomo al catolicismo pero también la salvaguarda del orden social, de los bienes de la Iglesia, de los principios "verdaderos y eternos".
A lo largo del siglo XIX, fundamentalmente a partir de 1840, asistimos a la publicación de libros, folletos y artículos periodísticos favorables
o contrarios a la tolerancia de cultos. En opinión de sus partidarios la inclusión de la medida en los textos constitucionales posibilitaría el progreso de la agricultura e industria peruanas al facilitar la entrada de emigrantes
y capitales anglosajones; por el contrario sus detractores sostenían que la
tolerancia religiosa permitiría el ingreso de todas las teorías y doctrinas disolventes defendidas por el partido liberal, acabaría con el orden social y
arrojaría a la Iglesia y sus ministros a la mendicidad.
Aunque el crecimiento de los primeros fue constante a lo largo de los
años, la medida no fue aprobada hasta 1915. Hemos de considerar además
otros hechos como: a) la aprobación entre 1850 y 1867 de una serie de leyes y decretos de corte liberal tales como la supresión de diezmos, capellanías, vinculaciones, la abolición de fueros personales y corporativos, medidas que no impidieron la bancarrota del Estado peruano unos años más tarde, insalvable tras la Guerra del Pacífico; b) el fracaso del primer proyecto

�52

Siglo XIX

P. García Jordán: Progreso, inmigración y cultos en Perú

vertehrador de un Estado moderno.
Estos datos nos obligan a cuestionar si no la existencia sí la vastedad
del proyecto secularizador planteado por unos grupos, una clase, que al
tiempo que renunció a la transformación real del país, necesitó de la Iglesia
y de la religión para homogeneizar y someter a una población indígena que
le era extraña y desconocida. Por las mismas razones la actividad de la Sociedad Católico-Peruana se vería considerablemente reducida porque al fin
y al cabo, el león, es decir los liberales, no era tan fiero como parecía.

53

30, BN. D.11644 y de Tobías León en El Censor Ecle,iástico (Cuzco, 14 y
21 de abril de 1825), pp. 4 y 15 el cual pretendía "discurrir sobre la erogacion Y
administracion de los diezmos en su parte hlstórica teológica y económica: del
derecho de las obvenciones Parroquiales en su origen, p1ogresos y abusos: del
método con que ,e há manejado la piedad y devocion de los fieles; y en fin de
cuanto sea condueente á ilustrar la materia para el desengaño de la gente super~
ticiosa, para la satisfacción de los verdaderos creyentes, y sobre todo para establecer un nuevo método correspondiente á nuestra constitución Uberaf'.
10. Tobías León, El Censor Eclesiástico (Cuzco, 14 abril 1825), p. 2.

11. Jean Piei Capitalisme agraire au Pérou. París, Ed. Antlu:opos, 1975-83, 2V.; He-

NOTAS
l. Memoria del Ministro de Gobierno del Perú a la Legislatura Ordinaria de 1849.
Lima, Imp. Eusebio Aranda, 1849, p. 20. Todas las citas textuales que aparecen
a lo largo de este artículo (incluidos los apéndices) conservan la ortografía utilizada en las fuentes originales.
2. Pilar García Jordán,"¿Poder eclesiástico frente a poder civil? Algunas reflexiones
sobre la Iglesia peruana ante la formación del Estado moderno (1808-1860l'
Boleh'n Americanilta, Año XXVI, no. 34 (Barcelona, 1984), pp. 45-74; La
Iglesia peruana ante la fomiación del Estado moderno (1821-186 2). Histórica
-en prensa-.
3. Documentación localizada en el Archivo General de la Nación, -AGN- Bibli~
teca Nacional-BN- y Biblioteca Vargas Ugarte, -BVU- de Lima.
4. Afinnación contenida en la Repre.tentación suscrita por 11ecinos de Lima para
que se uclarezca el significado exacto de un decreto relativo a la profesión de la
religión católica por el Estado en función de otros credos. Lima, 30 de noviembre de 1822, en BN. D. 8596. El texto completo íigura en Apéndice 1.

5. Artículo primero de la Sección Primera del Estatuto Pro11isional dado por el protector de la libertad del Perú, para el mejor régimen de los departamentos, ínte·
rin se establece la Constitución permanente del Estado, con fecha 8 de octubre
de 1821, en José Pareja Paz Soldán. Las Constituciones del Perú. Madrid, Ed.
Cultura Hispánica, 1954, p. 415.

6. Representación suscrita. .. p. 2.
7. Constitución que en su artículo 147 sancionaba: "Quedan abolidos los empleos
y privilegios hereditarios y las vinculaciones; y son enajenables todas las propi&amp;dades, aunque pertenezcan a obras pías, a religiones o a otros objetos".J. Pareja
Paz Soldán, Ob. cit.,_p. 499.
8. La Asamblea estuvo presidida por el eclesiástico F. Javier Luna Pizarro, años
más tarde arzobispo de Lima El texto constitucional ratificó en su artículo 160
las disposiciones anteriores relativas a la supresión de vinculaciones y enajenación de propiedades eclesiásticas. J. Pareja Paz Soldán, Ob. cit., p. 536.
9. Artículos de Vicente A1bistur en Suplemento a la E,trella de A.)'OCucho, número

raclio Bonilla, Guano y burguesÚJ en el Perú. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1974; Ernesto Yepes del Castillo, Perú 1820-1920 ¿un siglo de desarrollo
capitalista?. Lima, Ed. Signo, 1981; P. García Jordán, Art. cit.
12. Memoria que el Ministro de E,tado en el De.tpacho de Gobierno, Instrucción Pública y Beneficencia de la República Peruana presenta al Cong,6$0 Ordinario de
1847. Lima, Imp. "El Comercio", 1847. En el mismo documento hay algunos
comentarios relativos a la buena disposición de Castilla para establecer los medios adecuados para que se enajenen las propiedades de interés público susceptibles de producir un "aumento del número de propietarios y contribuyentes, que
han cubierto la tierra antes eriasa y abandonada, de vejetales productivos de .riqueza, y que han mejorado las fincas con todas las novedades poSioles de com~
didad, aseo y ornato" p. 7.
13. Memoria que el Ministro de fatado en el Despacho de Relacione., Exteriores,
Justicia y Negocios Eclesiásticos del Perú, presenta á la Legislatura Ordinaria de
1847. Lima, Imp. "El Comercio", 1847, p. 62.
14. El siguiente párrafo es lo suficientemente explicativo: "Nuestro clero moderado
y pacífico no tiene pretensiones á influir y dominar, como en otras partes: sus
rentas no son bastantes para ese objeto: contraído á la predicacion evanjéUca y á
la administracion de los sacramentos, se:rá un apoyo del orden y de las instituci~
nes", lbid., p. 55.
15. Memoria del Ministro de Gobierno del Perú a la Legislatura Ordinaria de 1849.
Lima, Imp. Eusebio Aranda, 1849, pp. 19-21.
16. Cuestiones que f"¡guraron constantemente en el epistolario cruzado entre F. J.
Luna Pizarro, arzobispo de Lima, y J. S. Goyeneche y Barreda, obispo de Ar&amp;quipa entre 1849 y 1851. BN. D.8618.
17. En esta Asamblea destacaron entre los sectores moderados Pedro Gálvez, Manuel Tonoio Ureta, Juan Gualberto Valdivia, Santiago Távara, Juan Unánue,
el coronel Manuel Ignacio Prado, Monseñor Pedro José Tordoya, y entre los
progresistas Ignacio Escudero, Juan C. Cavero y José Gálvez, según J. Pareja
Paz Soldán, la f"igura más representativa del Congreso, ob. cit., pp. 215 y ss.
18. José Sebastián de Goyeneche y Barreda. Pastoral que con motivo de los impresos que circulan en la República contra la Religión, dirije al Yenemble Dean
y Cabildo, Clero Secular y Regular, y a todos los fiel&amp; de su Dióce.fis. Arequipa, Imp. F. lbáñez y Hnos, 1855, publicada también en Arequipa Católica
no. 9 (Arequipa, 11 de junio 1855). Días antes - 13 de mayo de 1855- apare-

�54

Sip,XIX
P. García Jordán: Pr&lt;&gt;sruo, inmwoot6n y culto• en Perú
cieron en Cuzco unas hojas volantes tituladas Rupecto de que por vario, papele, público• de lo capital ,e ataca la Religion Católú:a Apostólica Romana, y se
pretfflde la sancion de lo contrario a ella en la procsima Asamblea ,e hace la
npiente PREV-ENCJON y fumadas por el Fiscal de la Corte Superior de Justicia
Bonifacio Alvarez y una 1aiga lista de personas "notables" donde afümaban que
"en la nueva Constitución que ha de darse, no admitiran variacion alguna que
directa ni indirectamente altere la religion del Estado, que no es ni puede ser,
sino la Católica, Apostólica, Romana con esclusion de toda otra. Por lo que los
representantes de la Convencion prócsima tendran presente ser tal la voluntad de
este pueblo haciendolos responsables de los males que resuhen si obran en sentido contrario", BVU. 011210. Perú. Iglesia 39, No. 46. Algunas semanas más
wde aparecieron en Lima, Imp. "El Católico", hojas volantes bajo el título de
Cuemon trmc~ntal reirindicando que los diputados debían jurar sostener la
religión católica. BVU. 011185. Perú. Iglesia 1, No. 14. El texto iigura en Apéndice 2.

19. &amp;poáción del Capítulo Metropolitano de Lima a la Convención Nacional, ,obre
la e:xclunon de lo, faho•·culto1 y ,obre lo, derecho, de libertad y de propiedad
de 1a lgk,ia. Lima, Imp. Feo. Solís, 1855; texto fümado por José Manuel Pasquel y Lozada .-obispo Eretria-, Lucas Pellicer, Bartolomé Herrera, Carlos
OJbea, Manuel Antonio Urrismendi, Nicolás Garay, Pedro de Benavente, Pedro
José Tordoya, Pedro Pablo Rodrígues, Francisco M. de la Banda, Miguel de los
Santos Bennejo, Mateo Gomes, Joaquín Jordan, Manuel l. Menacho, Julian Enderica. José Cebrlan, Toribio Salcedo, Camilo José Garrido.

20. E11M1:yo sobre lo, principio, de tolerancia 1entodo1 por D. Julio Manuel del Portillo en m pr&lt;&gt;srama publicado en El Comercio del 13 del presente me&amp;. Lima,
Imp. J. M. Masias, 1855.
21. El ckro regular y m, bienes, ante la lei polítú:a y civil. Arequipa, Imp. Feo. lb~
ñez y Hmnos., 1855.
22. Mariano Salcedo.lnfonne que a solicitud de la Vú:aría de la lJiócesü de Arequipo emite fpánoco de Orurillo, sobre lo, proyectos de ley de ,up,emn de dieftmo, y obllffldona parroquialea.Lima, Imp.del "católico", 1856.

55

mosvisto hasta ahora", lbid.,pp.12 y ss.
28. José Sebastián de Goyeneche y Bmeda. Representación del obúpo de Arequipa al
Supremo Gobierno PrOllinonal de la República, aobre el fuero ecluirútico,
10$ diezmo1, primicia,, y derecho, parroquialea. Arequipa, lmp.Fco. lbáñez y
Hmnos, 1856 (24 de agosto).
29. Uno de los puntos más controvertidos de la Constitución de 1856 -texto no
aceptado por ningún obispo peruano alegando que los legisladores no habían
consultado las cuestiones referidas a la instituciÓn eclesial con la Santa Sed~
fue el relativo a los fueros personales; la jerarquía eclesiástica enrió un memorial
al Congreso oponiéndose a la supresión, texto que fue defendüo en la Cámara
por Pedro José Tordoya, aunque la redacclón final del artíruJo sexto, correspondiente al Título m sobre las Garantías Nacionales no reconoció pririlegios
hereditarios, fueros personales, empleos en propiedad ni vinculaciones y d~
claró que toda propiedad era enajenable en la founa en que lo determinara la
ley, en J. Pareja Paz Soklán. Ob. cit., p. 660.
30. Es significativo que el Gobierno su¡gido de los sucesos del 1857, hechos que
habían permitido a Castilla aislar a los elementos más radicales de la Cámara,
estaba dispuesto a ielanzar los planes de colonización, continuación de los
proyectos de 1853, relativos a la entrada de colonos alemanes en el Peni, pob.J.a.
ción que se consideraba beneficiosa para la apicultura e industria del país.
Memoria que pruenta al Congre.o Extraordinario de 1858 el Minútro de
Gobierno, Culto y Obra, Públicas. Lima, Tip.Nacional, 1858,pp.19-29 y 31-51.
31. En la Cámara de 1860, Bartolomé Herrera realizó una férrea defensa del fuero y
de la existencia de vinculaciones, basando su argumentación en los beneficios
que comportaban para la conservación de capitales y sustento de los sacerdotes,
procedentes de todas las clases sociales del país. Cf. todo lo relativo a los planteamientos de Herrera y su proyecto constitucional en J. Pareja Paz Soldán, Ob.
cit., pp. 239 y ss. y pp. 845-880. También en esta Asamblea se realizó un nuevo
intento, por parte del diputado Silva Santistevan, para excluir del artículo ~
lativo a la religión la fónnula "(La Nación) no pemúte el ejercicio público de
otra alguna", moción que fue derrotada por 79 votos contra 12.

23. Todas estas publicaciones nos proporcionan informaciones interesantes relativas
a aspectos económicos de la ig)esia, sobre los cuales no podemos detenernos en
este artículo.

32. Heraclio Bonilla.Guano y burguuía en el Perú.Lima, Instituto de Estudios
Peruanos, 1974, pp.55 y ss.

24. E,q,orici6n del Capítulo Metropolitano._, Ob. cit, p. 13; características similares al texto citado es el que afuma: "fue proclamada con refouna esencial á
los progresos materiales del pais, el establecimiento del cuho de la razon y de la
libertad. la aboticion de la moral y la confusion intrínseca de lo bueno y de lo
malo", en El clero regular y sw biene&amp;•., Ob. cit., p. 4.

33. La comisión que preparó el proyecto constitucional estaba formada por los repiesentantes del Norte: Pedro J. Saavedra, Juan Luna y Femando Casós; del
Centro: Manuel M. Rivas, Manuel Pérez y Francisco Lazo; del Sur: José M.
Quimper, Francisco García Calderón y Annando de la Fuente; en J. Pareja Paz
Soklán, Ob. cit., p. 261. Esta Comisión presentó su proyecto en la Cámara que
fue aprobado en sus líneas generales, el 8 de marzo de 1867.

25. &amp;poa:i6n del Capítulo Metropolitano.-,Ob.cit.,p.11.

26. Eruayo sobre l0$ principio, de tolenmcia.•., Ob. cit., p. 4.

'1:/. "¿Cómo se lab:raran nuestros campos si no admitimos ó llamamos la imnigraciÓn? ¡, y cómo vendrá esta de las naciones no católicas sin tolerancia de cultos ? Puede tzaeise de las naciones católicas europeas. La ley de intolerancia
no impide que vengan emigrados que no profesen nuestro cuho, como lo h~

34. A tal situaci6n había conducido probablemente tantos las transfounaciones
-por mínimas que fuesen- operadas en la sociedad peruana, oomo las publicaciones de personajes como Francisco de Paula González Vigil que en una de sus
obras decía: "El profundo convencimiento que tenemos de la suma utilidad,
por no llamarla necesidad, de atraer la concurrencia de t&gt;.stranjeros intelijentes
é industriosos á nuestras Repúblicas despobladas, nos ha movido á considerar el
punto de tolerancia y hl&gt;ertad de cultos bajo de diferentes formas en varios
opúsculos, y á fundarlo y defenderlo de los buenos y repetidos ataques de los
intolerantes", en De la Libertad civü de cultos, rin relijion del &amp;todo. Tacna.

�56

P. García Jordán; Progre.ro, inmwraci6n y culto, en Perú

57

SigloXJX

veneros de riqueza que yacen sepultados en el seno de nuestras inexploradas
montañas" en Anale, de la SCP, Arequipa, 1868, pp. 32-33.

Imp. "El Potvenir'', 1861, p. 3.
35. Juan Ambrosio Huerta.. Instrucción piutoral que obispo de Puno da a sus amado, diocesarnn, marcandole, la regla de conducta que deben observar en la ac•
tualidad. Puno, Imp. Popular, 1867 (7 de marzo).
36. Ibid., p. 14.
37. lbid., p. 34.
38. Manuel Teodoro del Valle. Expolición sobre la deaamorti:~ion de bienes
e(:k,iásticos dirigida al Soberano Consreso por el¡obupo. de Huánuco. Lima,
Imp. lose M. Noriega, 1867 -texto original en BN. D. 2569-; José Francisco
Ezequiel Moreyra. Al limo Sr. Dr. D. ]oaé Sebastiin de Goyeneche (Informe
sobre deaamorti:ación de biene.r ecle,iá,tico,). Ayacucho, 1867 -texto original en BN. D.2722; Pedro de la Flor. (Informe de vicario capitular de Arequipa,· ,obre deaamormación de biene, ecle.riómco,). Arequipa, 1867, BN. D.
2795; Francisco Orueta. &amp;policion que/obúpo de Trujillo, dirije al Ilmo.
S. D. D. Joaé Sebamán de Goyeneche. • •,obre el proyecto de lei de de,amortizacion de biene, eclu:iámco1. Trujillo, Imp. Francisco W. Rázuri, 1867.
39. No obstante el artículo relativo a la religiÓn católica fue reformado el 11 de
noviembre de 1915, cuando por la ley 2193 se mantuvo la religión católica c&lt;r
mo creencia oficial de la Naci6n pero se excluyó la fórmula "(El Estado) no
permite el ejercicio público de otra (religión alguna)" lo que equivalía a intr&lt;r
ducir la tolerancia de cultos.
40. Heraclio Bonilla, Ob. cit., p. 63.
41. Anale, de la Sociedad Católico-Peruana in,ialada en Lima en 22 de mayo de
1867. üma, Imp. José Masias, 1868, p. 5._
42. Analu de la Sociedad Católico-Peruana inaugurada en Arequipa el 19 de julio de 1868. s.p.i, Anale, del Con,ejo Departamental de la Sociedad CatólicoPeruana. Arequipa, Imp. Santiago Galdos, 1869, T. 11, Anale, de la Sociedad
Católico-Peruana inaugurada en Puno el 1 de noviembre de 1868. Puno, Imp.
"La Iglesia puneiía", 1868, Anale, de la Sociedad Católico-Peruana. • •Lima. •. ,
Lima, Imp. José Masías, 1868, y José Sebastián de Goyeneche y Barreda.
(Circular ,obre el ettablecimienw de la Sociedad Católico-Peruana), fechada
en Lima el 20 de IIlllIZO de 1868.
43. Analel de la SCP/Arequipa 1868, pp. 33-34. Los miembros de la SCP afirmaban que el "proceso revo~cionario" que los liberales pretendían imponer en
el Perú procedía de teorías y doctrinas swgidas en Europa, donde habían causado el mal de todas las naciones, filosofías tales como el panteismo, protestafr
tismo, deísmo, racionalismo, socialismo, comunismo, y todos los "ismos" p&lt;r
sibles.
44. En palabras de Pedro José Bustamante, Presidente de la SCP arequipeña, ni la
civilización ni el progreso estaban reñidas con la unidad religiosa pues: "El c&lt;r
mercio y la industria en general . . nada deben a la libertad de cultos, pues es
notoño que florecieron ántes que ella. Un país nuevo y despoblado como el
nuestro, nece.sita ciertamente de la afluencia de industriales estranjeros que
vengan á dar vida y animacion á nuestro inculto territorio, á explotar tantos

45. Según rezaba el artículo 4o. del Reglamento -cuyo extracto figura en Apéndice 3-- "La Sociedad no podrá ingerirse en manera alguna en asuntos políticos" en Analu de la SCP Lima 1867, p. 12. Sobre el mismo tema se pronunciaron varios de los dirigentes de la entidad en las respectivas inaugunciones públicas, entre ellos Pedro José Bustamante, Manuel M. Cornejo, José Ma.
La Jara, etc.

46. Pilar García Jordán. Et, ctrt6lic, catalanl i la Segona República, 1931-1936.
Barcelona, Publicacions de r Abadía de Montsenat, 1986. Cf. también
J. A Portero Molina. Púlpito e ideolop, en la E,palla del riglo XIX. Zaragoza, Pórtico, 1978, o J. Klaiber. Religi6n y revolución en el Perú, 182¼1976.
Lima, Universidad del Pacífico, 1980.
47. Analel de la SCP, Lima, 1867, p. 6.

APENDICES
l.

Representación suscrita por vecif!&lt;&gt;S d~ Lima para q~~ se esclarez~~ !l
significado exacto de un decreto relatwo a la profeswn de la relrgwn
católica por el Estado en funcwn de otros credos. Lima, 30 de noviembre de 1822.
El Pueblo Heroico de Lima, hace presente a Vuestra Soberanía, que
habiendo dado el 7 de Septiembre del año pasado las pruevas mas relevantes de amor al Patrio suelo con que Dios le favoreció, se halla resuelto á dar las mayores para conservar en su seno, sin ruga ni manS1lJa
la Religion Santa Catolica Apostolica y Romana, unica verdadera. Y
creyendo firmemente que el art. 5o. de bases en los tenninos que se há
sancionado, deja abierta la puerta á interpretaciones siniestras, distantes sin duda de la fé de todos los Sres. Diputados que se hán conformado con el, Suplica á Vuestra Soberania, el que se exclaresca sumente, de un modo difinitivo con la adiccion propuesta por el Sr. Larrea, a
saber, con exclusion de otra alguna. 1
Esta Sr., es la voluntad expresa de todo este Vecindario, y lo es igualmente de los Pueblos de su Departamento pues el Teniente Gobernador de Chilca don Juan Nepomuceno Manco, bá hecho saber á varios
Vecinos de esta Ciudad, el disgusto grande que se nota en los naturales
de dicho Pueblo, y en los de Conchucos, Yayos, y Huarochiri,2 por haber sabido que se trataba de alterar la Religion unico vinculo que los
liga á Vuestra Sobernia.
La misma decisión há manifestado el Sr. Larrea por el Departamento
de Huaylas y el Sr. Sanchez Carrion por el de Trujillo. De modo que
todos los Pueblos Libres del Perú declaman altamente contra la tolerancia Religiosa, y piden que se exprese claramente en el citado artículo la negativa á todo culto fuera del Catolico que profesan.
Y si algunos de los Sres. Diputados Suplentes de las Provincias ocupadas por el enemigo, tienen voluntad presunta de que los Pueblos que
representan quieren admitir la tolerancia, que aboguen enhorabuena

�58

SiBfoXJX
P. Carda Jordán: Progruo, inmigración y culto.en Perú

por ella. Mas este Pueblo Sr. que reconoce, y ama el divino don de la
fé, como la Joya mas preciosa que debe conservar, y transmitirá sus
hijos, y nietos de generacion en generacion, pura y sin mansilla como
la recibio de sus Padres, y Pastores, renuncia á la faz del mundo cuantas ventajas temporales podria proporcionarle la mescla con los heterodoxos, 3 y protexta el que ni ahora ni nunca se conformará ni admitirá
ninguna sancion en contrario.
L?s ~dadanos bo~dos que subscriven esta representacion, creén
dár a Vu~stra Soberarua, con ella, la mayor satisfaccion y consuelo,
por que siendo estos sentimientos los mismos que le animan, le será
m~y grata la resolucion que piden, tán conforme á la voluntad de los
mismos que los representan; cual es, el que la Religion de la Republica
del Perú es, y sera siempre la Catolica, Apostolica Ro ,na~ unica verdadera con exclusion de otra alguna.
Lima Noviembre 30 de 1822. Señor Pedro Tbadeo Bravo Zaval (rúbrica)5
2.

Cuestión trascendental. Lima, 13 de julio de 1855.
Una cuestión importante se ventila en estos dias en la Convencion Nado~ el juramento que su~ miemb;os deben prestar de sostener la
~e~on que profesamos, y d~ creeran los pueblos del Perú? ¿podrian
rmagmarse que en nuestro pais, y despues de sus protestas tan termi~tes, los Di~utados á la Convencion, pensarán hacer cuestionable, el
J~amento pedido de respetar y sostener la Religion Católica, Apostólica, Romana? pues ello es cierto, y si parece inconcebible una tal aberración, mas increíble será, que una gran parte de estos mismos con su
Preside!'~e al frente, esten elu~en?o de todos modos se apruebe esta
prop0S1c1on, y procuren reducir a la nulidad el tal proyecto con el
nombramiento de dos nuevos comisionados para ahogar el catolicismo, despues de haber sujetado á comision el concienzudo proyecto
que deb~ó aprobarse por unanimida? tan luego que se presentara, y qu;
aun debieran haber deseado se pusiese en planta esa proposicion para
hacer patente á los pueblos su decision de justicia dejando ver al mundo entero, que eran realmente Católicos, y no mazones ocultos con la
capa del catolicismo.
i~~eblos del P~ní! ~~stros representantes os venden, iDiputados Catolicos! ~aced unprrmtr los nombres de los enemigos del Catolicismo
que t~nets en vuestro seno, para qµe el pueblo conozca quienes son sus
enemigos y los q_ue p_or sus protestas no son realmente diputados,
puesto que en debido tiempo les retiraran sus poderes; y siendo el pueblo el soberano, segun su misma opinion, y desempeñando los convenci_onales el encargo de ese pu~bl_o su soberano y su juez, no pueden de
nmgun modo traspasar los hm1tes, que sus poderdantes les confiaran
pues es principio de derecho, que es nulo todo lo que obre un apode~
rado, mas allá de sus poderes respectivos. Por nuestra parte recordamos de nuevo sus deberes á los Sres. Portillo6 y Cortés, nuestros representantes en las Cámaras y les decimos también que si sus nombres
no estan entre los defensores de nuestra Santa Religion les retiran su
nombramiento.
Lima, á 13 de julio de 1855. Los Limeños.
Advertencia.- La nota del Sr. Ministro del Culto que se ha publicado
en "El Comercio" del Martes próximo pasado, está victoriosamente

59

destruida por el artículo á los Editores de ..El Comercio" que se rejistra en el número 11 de periódico Católico, y la publicidad de esa nota
tanto tiempo despues de pasada, demuestra á toda luz la intención
hostil del Ministerio para con los Editores de "El Católico".
3.

Extracto del Reglamento de la Sociedad Católico-Peruana. 7
Haciendo uso del derecho de asocíacion, cuyo inicio garantiza el artículo 17 de la Constitución de la República, se ha formado la "Sociedad Católico-Peruana", con el fin de defender el Catolicismo y sus
derechos en el Perú, de los ataques que directa ó indirectamente pudieran dirigírsele; de propagar las doctrinas católicas, procurando ademas la union y recíproco auxilio de sus miembros.
Los medios que empleará la Sociedad para conseguir (?) su fin serán
puramente pacíficos, protestando de palabra ó por escrito, de cualquier acto, discurso ó publicacion, que tienda a dañar la integridad de
la fé ó á destruir la unidad católica en el Perú, y haciendo publicaciones periódicas ó de cualquiera otra clase, con el objeto de defender ó
propagar el Catolicismo.
Como la Sociedad no se propone otra cosa que defender y propagar la
verdad católica, no tendrá injerencia alguna en asuntos poüticos, que
deberán serle completamente estraños.
Y debiendo obrar á la luz del di&amp;, no aceptará como miembros á los
que lo sean de alguna sociedad secreta.
Se consideran como socios, los 9ue libre y espontáneamente manifiesten su voluntad de pertenecer a la Sociedad. No serán admitidos en
ella los que á juicio de los respectivos consejos, observen una conducta
reprensible.
Son obligaciones de los socios: obedecer las ordenes de sus superiores
inmediatos; inscribirse en una decuria determinada; protejerse y socorrerse mutuamente, sin perjuicio de hacer estensiva la caridad á las personas estrañas á la Sociedad.
La Sociedad será rejida por un Consejo Central, residente en la Capital
de la República, y por Consejos Departamentales. Sus miembros se
distribuirán en secciones de á mil ó lejiones de á ciento ó centurias y
de á diez ó decurias. Cada una de estas secciones reconocerá un jefe
diverso. De una á diez decurias se formará una centuria y de una á diez
centurias una !ejión.
El Consejo Central se compondrá de doce vocales vitalicios. Para remplazarlos y ayudarlos en sus labores, se elejirán tambien doce vocales
honorarios, igualmente vitalicios.
El Consejero Central nombrará los cinco miembros de que deben
componerse los Consejos Departamentales, en cuyo cargo durarán dos
años, pudiendo ser reelejídos.
Los Consejos provinciales se compondrán de tres miembros elejidos,
por el Consejo Central á propuesta de los respectivos Departamentales.
La duracion de sus cargos tambien es de dos años.
Para remplazar y ayudar en sus labores á los miembros de los Consejos
departamentales y provinciales, nombrará el Consejo Central tantos
Consejeros honorarios, cuantos sean los propietarios que forman aquellos Consejos.
Para ser lejíonarío, centurion ó decurion, se necesita tener veinte y un
años de edad, la plena confianza del Consejo que los nombra, no haber

�60

SiBfoXIX

P. García Jordán: Progre.o, inmi,sración y cultcn en Perú

manifestado doctrinas y tendencias contrarias al espíritu de la Sociedad y no haber sido condenado por sentencia judicial á pena infamante.
Los deberes de los lejionarios son: velar sobre la conducta de los
centuriones y decuriones de su lejion, trascribir á los centuriones las
comunicaciones del Consejo de que depende, llevar un rejistro de los
asociados de su lejion, expresando el nombre, apellido, profesion y
estado de cada uno de ellos, esforzarse por tener completo el número
de centurias de su lejion, avivar el celo de sus centuriones, consultar
al Consejo las dificultades con que tropiece en el cumplimiento de
sus deberes, é informar trimestralmente al Consejo sobre el estado de
su lejion, evacuando además todos los informes que este le pidiere.
Los deberes de los centuriones son: vijilar sobre la conducta de los
decuriones, trascribir las órdenes que reciban de los lejionarios,
llevar como estos un registro de las personas que componen su ::entuña; esforzarse por tenerla completa, reunirla siempre que lo permitan
las circunstancias, para conservar vivo el espíritu de la Sociedad,
consultar con el lejionario las medidas que crea necesarias emplear
para conservar la disiplina de su centuria, é informarle mensualmente
sobre el estado de ella.
Los deberes de los decuriones son: estrechar cada vez mas sus relaciones con los asociados de su decuria, procurando captarse su confianza,
con afabilidad y modestia, y evitando toda manifestacion de superioridad, procurar la conciliacion en las cuestiones que se susciten entre
los asociados de su decuria, reunirlos para leerles las instrucciones
que les dirija el lejionario inmediato, avivar su celo, auxiliarlos y consolarlos en sus necesidades, manifestar á los centuriones las dificultades que encuentren en el cumplimiento de sus deberes, y llevar
como los lejionarios y centuriones, un rejístro de los miembros de su
decuria
Los miembros de la Sociedad erogarán diez centavos mensuales, para
la formacion de rentas de la Sociedad, pudiendo ser eximidos de esta
obligacion los, que, á juicio de los respectivos Consejos, no puedan
cumplirla La recaudación de esta renta correrá a cargo de los Tesoreros que nombren los diversos Consejos, ayudándolos en la recaudacion
los respectivos lejionarios, sin exijir ni unos ni otros retribucion alguna.

NOTAS APENDICES
l. Subiayado en el original

2- lbül
3. lbüJ.
4. lbül

S. ZavaJa es d primero de una laiga lista de nombres, todos ellos "fuerzas vivas''
de la sociedad limeña

61

6. Este pezsonaje es el mismo que í,gura en la nota 20 del texto.
7. El Reglamento completo íigu.ra en Anaie, de la Sociedad Cotólico-Püutalada en Lima en 22 de mayo de 1867. Lima. Imp. José Masías, 1868,
pp. 11-21. El extiacto del Reglamento enlbül, pp. 8-10.

�El agrarismo liberal
en México

Luis González y González*

L

El credo de la Reforma se define el mismo día en que los insw:gentes
de Ayuda se autonombran liberales y llaman consetvadores y "cangrejos"
a los paladines de la dictadura santárúca. Ese credo compartía, a la mexicana, las filias y las fobias del liberalismo europeo y del estadounidense:
la voluntad de enriquecimiento, libertad, orden, democracia y ciencia, y la
,ioluritad de tradición. Comportaba también un par de dogmas nacionales.
Uno, formulado por Miguel Lerdo en 1856, dice: " El suelo de México es
uno de los más fértiles del mundo." 1 El otro, con palabras de don José
María Vigil, afirma: "(los mexicanos no podemos) hacer física, material,
positivamente efectivos los dones de que se nos ha colmado".2 En la raíz
de la grandeza natural se entrevió la obra de la Providencia; en la pequeñez
humana, la labor &lt;le la Historia.
Según los reformadores, existía un indomable antagonismo entre los
antecedentes históricos de México y su engrandecimiento futuro. En vez
de considerarlos " como hase indispensable de cualquier cambio, como sucede en general en todos los pueblos", se bablaha de " removerlos radicalmente para lanzarse por una vía del todo nueva".3 "Queremos romper
-decía Julio Záratc- con las tradiciones que nos k-gara un pasado de inmensos errores y de imper&lt;lonahlu.- locuras" f y Francisco Zarco: " No somos como esos legisladores que capitulan cou el pasado. .. ; legislemos ¡,ara
el porvenir.''5 Ellos gravitan hacia un futuro CU}'OS principales ingredientes
eran la libertad, el saber científico}' el confort.
Componían la prl--visla Libertad nna media docena de libertades, apellidadas económica, tH&gt;líLica, intelectual, religiosa, pedagógica y de Lrc1liajo.
*El Colegio de Michoacán. Una versión previa de este trabajo se publicó en 1/istoria
M..xicana, 28, El Colegio de México. abril-junio de 1958.

�64

L. González y González: El agrarismo liberal en Méxie-0

SigloXIX

Este surtido laissez-faire presuponía la supresión del Tirano y la noble tiranía de la Ley, la cual, para mantenerse equidistante entre el despotismo
y el cao!&gt;, necesitaba de la democracia entendida como gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, siempre y cuando el pueblo fuera capaz de hacer buen uso de su razón. Nuestros reformadores temían que el
mexicano no llenara este requisito. " ¿Cómo se han de establecer y afirmar
las instituciones liberales -se preguntaba Castillo Velasco en el Congreso
Constituyente d~ 1856-:- si hay una mayoría de ciudadanos para quien la
libertad es una quimera y tal vez un ahsurdo?''6 La democracia mexicana,·
si quería prevalecer, debía educar.
La ciencia moderna, metódica, convincente, válida para la totalidad de
los hombres, capaz de descifrar todos los enigmas y vencer todas las resistencias (según se anunciaba la del siglo XIX), debía educar al mexicano para la democracia. El grupo que se arremolinó alrededor de J uárez no se
propuso que su patria colaborase a corto plazo en el desenvolvimiento del
espíritu científico; contentábase/con difundirlo, rápidamente, en su última
fase, en todos los ámbitos del pa~ y también, con igual premura, se empeñaba en obtener de sus derivaciones técrúcas una mejor explotación de los
recursos naturales y una economía mecanizada para sacar a México de la
pobreza (que "encierra en su seno lacerado el germen de todos los males")
y llevarlo a un estado de bienestar material.

La sed de enriquecimiento vino a ser actitud plausible. Si los promotores de la Reforma no se enriquecieron; no fue por falta de ganas rú de
oportunidades. Estimaron que su papel de apóstoles de la nueva doctrina
les imponía la obligación de introducir el bien en la casa ajena antes que en
la propia. También cometieron otra anomalía: en vez de perseguir la riqueza nacional por el camino de la industria, a la manera europea del siglo
X1X, la procura.ron por el rumbo de la agricultura, quizá por no apartarse
del modelo norteamericano que se habían impuesto, pero más presumiblemente por creer que el país contaba con recursos agrícolas potenciales
muy superiores a los entonces efectivos, creencia que no podían des-mentir las inexistentes estadísticas agrarias, y mucho menos la precaria
rusticidad de los reformistas.7
El hecho de que la Reforma haya nacido en el minúsculo caserío de
Ayutla, acaudillada por un hacendado, no debe hacemos creer que sus autores fueran rancheros. Los más se habían educado en la ciudad, y ejercían allí oficios de burócratas, médicos, ahogados, periodistas o poetas.
Eran personas de modestos recursos económicos, de clase media urbana,
que no desconocían del todo la vida campestre. En algunos, este conocimiento provenía de sus experiencias infantiles; en otros, de haber convivido transitoriamente con labriegos durante los rigores de la lucha civil.

65

Su saber acerca del campo les permitió darse cuenta de la mala situación
de los campesinos, pero no de la verdadera magnitud de los recursos agrícolas. Así pudo mantenerse la idea de un paraíso mexicano "donde no
sólo es eterna la primavera, sino eternos, si puede decirse, los elementos
de vida, de prosperidad y de progrcso".8

Las peculiaridades apuntadas no agotan los temas de la "actitud primaria" y la "cosmovisión" de los hombres de la Reforma. Pero bastan como introducción a tres rasgos de aquel partido: el rumbo agrícola_ que
tomó su concupiscencia económica, su imagen del p~blema agr31:10, y
( dentro de las timideces ~r~pias de la escuela) la_ a~dacia de_ su agransmo.
Mientras los gobiernos similares de Europa resist1an heroicamente a la
tentación de entrometerse en asuntos del campo, el nuestro se empeñó en
convertir las tierras vírgenes en madres fecundas, a los miserables sin tierra
en terraterúentes prósperos, a las víctimas del peonaje en seres libres, y a
los esclavos del mito en señores de la ciencia positiva.

IL
El problema agrario, para comenzar, fue descompuesto en sus partes
por la inteligencia reformista. En el orden técrúco se lamentó la escasez de
brazos para el cultivo de la tierra, el uso rudimentario del abono y el riego,
el atraso de la labranza, la tala de bosques, la carencia de capital y los raquíticos medios de comunicación y transporte; en el orden institucional,
la abundancia de terrenos baldíos, las comurúdades indígenas, las deprt&gt;
daciones de los "bárbaros", los diezmos, la mano muerta, ~l latifundio, el
peonaje, la discordia civil y la leva; en el orden intelectual, las co~cepciones mágicas y arúmistas, la religiosidad aunada al desapego cientifico, la
ignorancia del idioma español en unos y la falta de letras en todos.
La sociedad rural -escribe José María Vigil- "no guarda proporción
con su territorio"; su número está muy por debajo de "los infinitos elementos de riqueza que encierra el suelo que ocupa"'. Hacia 1857 había
ocho millones de mexicanos: menos de dos habitaban en ciudades: más
de seis eran campesinos que sólo labraban una mínima parte de la superficie del país, y no la mejor, que se mantenían en "estado de naturaleza".
Así en el inmenso Norte la península de Baja Califorrúa, el delta del Colorado, la mesopotamia sonorensc, la Sierra Madre Occidental, y lo más de
las llanuras de Chihuahua, Coahuila, Durango y Tamaulipas, tierras que
podían convertirse en un Far West mexicano. También en la región tran&amp;tehuana había fertilísimas zonas vírgenes: ciénegas de Tabasco, selvas del
sur de Yucatania y del noroeste de Qriapas, y la llanura costera del Soconusco. Aun la porción media del país, la más poblada y productiva, tenía
feraces reservas territoriales en ambas costas.

�66

SigloXIX

La exigua población-rústica se limitaba a cultivar el suelo que habían
amansaqo las sociedades precolombinas y los colonos españoles: el Anáhuac, la zona oriental del Válfe del Balsas, los vallecitos de la Sierra Madre
del Sur, el norte de Yucatania, el centro de Veracruz, e islotes rodeados de
desolación en lo restante del país. El estómago, que no el apetito de lucro,
decidía los cultivos: maíz, frijol, trigo y chile para las comidas; caña de
azúcar, café y tabaco para los postres del beau monde, y maguey para aperitivos y digestivos de la gran- masa del pueblo. La excepción a la regla la
ofrecen algunas haciendas de ganado, las fincas henequeneras de_ Y ucatá~
el cultivo del añil y la vainilla y las explotaciones forestales en las zonas
costeras de Veracruz, Tabasco y Campeche; las últimas, navajas de doble

filo.
Ya se veía en la tala caprichosa de los bosques rm factor adverso a la
agricultura. En su estudio sobre la propiedad territorial, dice Manuel
Payno:
En México, generahnente los indígenas que tienen bosques en
común y los propietarios que trafican en madera, han abusado de
una manera escandalosa de la tolerancia o descuido de las autori•
dades, y día tras día v~mos tornar frondosas selvas en eriazos y
descarnadas lomas que alejan la población, hacen tardía la estación de lluvias y acaban con todos los elementos de subsistencia y
vida.9
Con todo, los pronósticos de Payno no quitan el suefío a los taladores
de bosques, quienes, como todos los campesinos, permanecen fieles al imperio del hábito.
En rm folleto de 1848, atribuído a Mariano Otero, se dice lo que después se repetiría incansablemente:
Hasta ahora han sido vanos para los labradores de México todos
los descubrimientos y mejoras que se han hecho en otros países
de algunos años a esta parte para abreviar y hacer más económicas
las operaciones de la agricultura.10
Las herramientas y los sistemas de cultivo seguían siendo tan añejos
como ineficaces. Muy pocos agricultores regaban y abonaban sus tierras, y
ninguno conocía los modernos medios para procurarse agua y beneficiar
con abonos químicos sus sembradíos. Eran hombres del pasado, y aun a
los administradores de las haciendas les daban miedo las mejoras técnicas
introducidas por los norteamericanos en los métodos de producción.
Al misoneísmo &lt;le los labriegos se sumaba la carencia de capital: eran

L. Conza1ez y Conzález: El agrarismo liberal en México

67

desconocidos los bancos de crédito agrícola, y las tareas agropecuarias no
permitían la capitalización. Ni los pocos labradores adinerados obtenían
ganancias apreciables, salvo si después de un año fértil venían dos o tres
estériles, y si sus sementeras colindaban con alguna ciudad o puerto que
consumiera o diera salida a los productos. Generalmente cada comunidad,
rancho o hacienda producía ni más ni menos que lo necesario para satisfacer el consumo estrictamente local. Trasponer este punto era exponerse a
los riesgos de la superproducción, y no cultivar en cada sitio lo necesario
para vivir era signo premonitorio del hambre. "La falta de consumidores
-escribe Ignacio Ramírez- hace que el labrador sólo siembre lo muy
preciso." 11
Varios factores concurrían a esta desgracia. Uno era "la odiosísima
servidumbre del sistema de ruuilialas". Otro, lo disperso, escaso e indolente de la población nacional Y sobre todo, la ineficacia de los medios de
comunicación y transporte. Las recuas de mulas y las carretas de bueyes no
pennitían excesos en la agricultura, por ser transportes caros, lentos e insuficientes, que hacían incosteable el tránsito de mercancías de los centros
productores a los mercados del país, y aún más a los extranjeros.12 La fal.
ta de vías férreas, fluviales y marítimas era funesta, y el pésimo estado
de las pocas carreteras existentes ponía en el cuadro una última y sombría
pincelada.
Agréguense a la lista de factores adversos las instituciones rurales, rémoras de la economía y sobre todo de la libertad, la democracia y el orden. A esta especie pertenecían los terrenos baldíos, administrados oor F.spaña en la época de la dominación y por el gobierno mexicano a partir de
1821, de los que se sabía que ocupaban una gran parte del país, pero no su
exacta ubicación, extensión y calidad. Los más eran vírgenes; muy pocos
estaban cultivados por ocupantes indígenas sin título de propiedad, y una
porción mayor era frecuentada por la apachería, gente nómada que hacía
sumamente difícil la vida, la agricultura y el pastoreo en los estados de
Sonora, Chihuahua y Coahuila.
Los apaches, habilísimos en el manejo del caballo, la lanza, la flecha y
las armas de fuego, conocían el arte de la guerra y eran insuperables en la
caza. A la nútad del XIX, cuando los f arwesteros yanquis empezaron a disputarles la tierra, se enfurecieron hasta el punto de convertirse en el peor
azote de vidas y fortunas a uno y otro lado de la raya fronteriza. Conducidos por capitanes que añadían a su nombre el epíteto jaské, que significa
"valiente", iluminados por el "capitán del cielo", caían en grupos de diez,
quince o veinte individuos sobre caravanas, haciendas y pueblos. Eran aficionadísimos a asesinar varones y a convertir en botín las bestias, las mujeres y el cuero cabelludo de sus víctimas. Debido a su eficacia en el ejercí-

�68

SigloXIX

cio de la devastación se retardó el poblamiento del Norte y se despoblaron
velozmente las pocas zonas habitadas y en cultivo.
Los sonorindios (pimas, yaquis, mayas, tarahumaras, etc.) buscaban,
como los apaches, el abatimiento del blanco; pero, aparte de tener un delgado barniz de civilización occidental, practicaban la agricultura, aunque
(para su desdicha) en terrenos,que se presumían baldíos. Lo mejor del suelo sonorense, la mesopotamia situada entre el Yaqui y el Mayo, la poseían
ilegítimamente. En acatamiento a la ley, se procedió en 1825 a medirla y
evaluarla, lo cual no llegó a conseguirse porque sus ocupantes se declararon
en rebeldía. Desde entonces yaquis y mayos siguieron en pie de lucha contra los posibles invasores de sus tierras. En guerra e independientes los sorprendió el gobierno emanado de la revolución de Ayutla.
En el otro extremo del país, la creencia de que "los indios no oyen
sino por las n;tlgas", puesta en práctica por los terratenientes yucatecos,
hizo estallar en 1847 una guerra crudelísima. Durante tres años se mató,
se robó, se quemó sin tregua ni piedad. Al cabo de ese tiempo, se convino
tácitamente que los insurrectos ocuparan el sur de la Península, y los ru
tiguos amos, más los indios fieles, el norte. Los del Sur se organizaron en estados libres, se dieron una religión nueva, trabaron amistad con los angloheliceños, y con las armas que éstos les daban a cambio de madera invadían y devastaban periódicamente las haciendas de sus antiguos señores
quienes, por su parte, hacían también frecuentes incursiones a las guaridas
de sus ex siervos y a cuantos lograban pillar los vendían como esclavos a las
negreros de Cuba. Este ir y venir de unos y otros produjo un sinfín de males y una nueva actividad agrícola: la industria henequcnera.13

La mayor parte de los indios mansos (nahuas, otomíes, tarascos, zapotccas, mixtecas, totonacos, huaxtecos, etc.) se repartía en cinco mil pequeñas aldeas que, en vez de considerarse partes de un todo nacional, se sentían como mundos cerrados. Cada una era dueña de un territorio de escasa
superficie y generalmente de mala calidad, dividido en "fundo" (lugar donde se asentaba el caserío), "propios" (terrenos destinados a sostener el
ayuntamiento), "ejido" (para los usos comunes de la población) y "tierras de común repartimiento" , usufructuadas individualmente por los vecinos y poseídas en común. Cuando cesó la tutela sobre el indio en virtud de
la implantación del régimen de igualdad jurídica, las haciendas arrebataron a los pueblos parte de sus posesiones hasta el punto de hacerlas insuficientes para sostener al vecindario y obligar a los vecinos a engancharse
de jornaleros. Por su parte, un clero hostil al partido liberal y negligente en
la administración de los bienes celestiales por apego a los de la tierra, manejaba las comunas a su antojo y recibía de ellas diezmos y obvenciones
parroquiales.

L González y González: El agrarismo liberal en México

69

IIL

La riqueza estancada del clero, la célebre "mano muerta", comprendía bienes muebles e inmuebles, productivos e improductivos, rústicos y
umanos, destinados al beneficio de órdenes religiosas, sacerdotes seglares,
seminarios, cofradías e institutos de enseñanza. Según los cálculos de
don Miguel Lerdo de Tejada, que concuerdan con los de don Lucas Atamán, el valor de esos bienes ascendía, a mediados de siglo, a cerca de trescientos millones. El hecho de que no estuviesen a la venta se consideraba
nocivo para la hacienda pública y para la economía privada. Aquélla dejaba de ganar lo correspondiente a traslaciones de dominio, y ésta no podía invertir su dinero en la compra de unas propiedades entre las que se
contaban ochocientas o novecientas fincas rústicas arrendadas a particulares, quienes, además de no poder hacerlas suyas, las atendían indebidamente.14
Los terrenos de propiedad individual se llamaban, según su extensión,
ranchos o haciendas. Los ranchos (pequeñas propiedades) eran vistos con
simpatía por los prohombres del liberalismo; las haciendas, con superfi.
cíes de más de mil hectáreas y población de más de cien vecinos, fueron
mal vistas. En 1854 había 6,092 haciendas y un número sensiblemente
menor de hacendados. Las del Norte y de las costas eran tan vastas que,
para recorrerll\S de punta a punta, se caminaban días enteros. Ponciano
Arriaga, el orador de locución tarda y frase dura, se pronunció contra
ellas en el Congreso Constituyente:
La acumulación en una o pocas personas de grandes posesiones
territoriales, sin trabajo, sin cultivo, sin producción, perjudica el
bien común y es contrario a la índole del gobierno republicano
y democrático.15
Como es sabido, sólo una parte de las haciendas era explotada, ora
por cuenta exclusiva del propietario, ora, parcialmente, por cuenta de
los arrendadores, pero casi nunca bajo la vigilancia directa del dueño. Los
hacendados no solían vivir en sus haciendas por temor al bandolerismo y a
los pronunciamientos. Hacían sus veces los administradores que, según don
Luis de la Rosa, más que en los negocios del latifundio, se ocupaban "en
los placeres lícitos o ilícitos de la vida rústica: los coleaderos, los gallos,
las carreras de caballos y los amoríos con las jóvenes del lugar".16 De ellos
dependía toda la población de la hacienda: mayordomos, capitanes, vaqueros, caporales, peones libres y acasillados. Llamáhanse "peones libres"
los vecinos de los pueblos que trabajaban temporalmente en las haciendas,
y "acasillados" los adscritos de por vida al fundo.

�70

SigtoXIX
Me he convencido hasta la evidencia - prosigue don Luis de la
Rosa- que el sistema de cultivar las grandes propiedades territoriales por medio de jornaleros, a que se da el nombre de peones,
es funestísimo para la moralidad pública, y cada d{a ha de ser
más perjudicial para los intereses de los grandes propietarios.17

El jornalero, en especial el acasillado, era un pésimo labrador. El jornal apenas daba para mal comer, medio vestir y abrigarse en una choza de
varejones y zacate. Lo de menos era que una parte se les pagase en especie
y otra en vales canjeables en los tendajones de raya Lo verdaderamente antiliheral era la servidwnhre por deudas. Para cubrir gastos extraordinarios
(matrimonios, bautizos, borracheras y entierros) el peón se endeudaba
hasta el punto de quedar vendido al patrón, del que sólo podía clesprenderse mediante la fuga o porque otro amo pagara el monto de su deuda En el
primer caso era perseguido por las autoridades y, algunas veces, devuelto;
en el segundo, ¿qué podía ganar?
Dondequiera los administradores y mayordomos eran la misma cosa.

Las excepciones se cuentan con los dedos de la mano. Todos pagaban poco y pegaban mucho. A fuerza de látigo y puntapiés querían vencer la indeclinable pereza del peón, y a fuerza de entlapixcarlo, purgar sus pe&lt;[Ueños delitos, sobre todo el de embriagarse en lunes. Por más que las almas
liberales disculpaban al trabajador, p~es tenían la culpa el misérrimo salario, la servidwnhre por deudas, las agobiantes jornadas de sol a sol y los
castigos físicos, la casta de capataces insistía en su táctica y se negaba a ver
en d bandolerismo una secuela del maltrato, y en la tolerancia liberal un
buen remedio para la pereza y la sed de pulquc.1s

IV.
El peón, víctima del peonaje, era vengado por el bandolero, quien
nunca robaba a los pobres,
antes les daba dinero.

"Ladrón de caminos" le llamaron sus detractores, y "héroe del camino real", algunos liberales que reconocieron la justicia de su causa. Con
todo, nadie se atrevió a defenderlo abiertamente, pues no eran defendibles por moral alguna sus atentados a mano annada contra la vida, la hacienda y honor de propietarios y caminantes. Para asesinar y raptar se
agavillaba. Las gavillas, que se contaban por docenas en los Fstados centrales, no tenían bandera política aunque a veces buscaran el amparo de alguna con el fin de evitarse riesgos. Al frente de cada gavilla iba un capitán
"trigueño, robusto, curtido al sol y a la intemperie", hábil en el manejo
de caballos, sogas y armas. Durante uno de sus viajes entre Toluca y Méxi-

L. Gonzákz y Gonzála: El agrari,mo liberal en México

71

co, Ignacio Manuel Altamirano comprobó la destreza del capitán Roca, el
terror del Monte de las Cruces.19 Manuel Payno reveló los motivos, propósitos y fechorías de los bandidos de Río Frfo.3&gt; Perrohlillos, con menos
éxito, intentó hacer otro tanto con los plateados que caían sobre sus víctimas al grito de " ¡Viva l'hacha y santo filo!"21 Manuel Lozada y sus compañeros son todavía personajes en husca de autor.
Lozada fue el máximo bandido de su tiempo. Pobre e iletrado, en
1853, tras de ser peón en las Mojarras y huésped en la cárcel de la hacienda, inicia sus andanzas de bandolero al frente de una pequeña gavilla en la
que figuran indios coras. En menos de un lustro se convierte en amo y
señor del Séptimo Cantón de Jalisco. con capital en Tepie. Desconoce la
Constitución de 1857 y el gobierno de Juárez; devuelve a los indios de la
sierra de Alica la tierra de que habían sido despojados por los voraces
latifundistas; se señala como protector de los débiles y desvalidos; se pronuncia por el Segundo Imperio; Maximiliano lo condecora y el partido
liberal le planta el membrete de "Tigre de Aliea", nombre adecuado al
oficio de bandolero que tan heroicamente ejerció.22
No debe confundirse a un bandolero como Lozada con un jefe sedicioso o "pronunciado", incansable redentor del ejército en los cincuenta
primeros años de vida independiente. El "pronunciado" es militar experto, hombre de alguna educación, incapaz de alzarse en armas sin antes seducir a la tropa con promesas de grados, empleos y botín, y sin difundir
oportunamente, por medio de manifiestos y proclamas, los propósitos de
su "pronunciamiento": poner o quitar un gobernante odiado para sustituirlo con su persona Mientras lo consigue, se constituye en "árbitro y
dueño de todas las haciendas que recorre. Se apropia los mejores caballos,
mata los toros más finos, sus hombres desperdician las semillas y aniquilan los sembrados". Al conjunto de todos los pronunciamientos habidos
desde la consumación de la independencia hasta la victoria liberal, se da
el piadoso nombre de "lucha civil".23
Entre otros males, la "lucha civil" propició la leva que, aparte de
mancillar la libertad del hombre, robó sus mejores brazos a la agricultura.
Para hacerse de tropa -que oficiales y jefes los había en abundancia-, lo
mismo las partidas de sediciosos que el tirano en turno nunca prescindieron de la "comisión de leva" que caía en pueblos y haciendas, acorralaba
a los labrantines, seleccionaba a los más robustos y, seguida del llanto de
madres, viudas y huérfanos, los arreaba a un cuarte~ de donde, tras de
ejercitarse en el manejo de las armas, salían con rwnho "a todos los mataderos del país", a morir sin gloria, sin conocimiento de la "causa" por la
que peleaban y dejando una familia al garete.ai

�72

SigloXJX

V.

Hay todavía un tercer punto de la vida nística condenado enérgica•
mente por la Reforma: la supenivencia del mito. Las agrupaciones indígenas, sobre todo las más alejadas del centro, continuaban ~isas a_} imperio de una tradición mágica animista. El resto del campesinado, SI menos supersticioso, se aferraba a creencias y actitudes religiosas que, por lo
menos en parte, no se entendían con el progreso científico. La raza vernácula, por añadidura, desconocía el español y el arte de leer y escribir;
los otros labriegos se resignaban a sólo ser analfabetas; nadie en el campo
marchaba al compás de los ideales del siglo XIX, el siglo de la plenitud de
los tiempos.
El indio creía en un mundo donde todo era animado, regido unas veces por las reglas de la magia, y otras por 1a caprichosa voluntad de los
espíritus que habitaban en astros, cumbres, ríos, bestias y plantas. A esta
imagen del cosmos correspondía un ritual mágico y un culto, celosamente
cultivados por el pueblo y muy bien protegidos por un ejército de brujos.
Las creencias y las costumbres de apaches y sonorindios paraban en esto;
pero los demás indígenas injertaron en la magia y el animiSlno la religión
traída por la invasión española, y esto produjo, al decir de Guillermo Prieto, un "ponche" de "costumbres p6hlicas e íntimas dignas de la mayor
censura", toleradas por los párrocos católicos, ora por temor, ora por
descuido. 25

La superstición se conciliaba con la ignorancia del castellano. En vez
de idioma de los muchos, usábanse, entre indios, lenguas minoritarias y
pobres, tan opuestas a la unidad nacional como a la de los indígenas mismos. Cada etnia se entendía a su manera y había más de cien etnias aborígenes. Casi millón y medio de indios se expresaban en nahua; alrededor
de quinientos mil en otomí; un cuarto de millón, en maya; otra cifra igual
en idiomas zapotecas; poco menos, en mixteco; unos cien mil, en tarasco,
y grupos menores en alguna de las hablas restantes: totonaca, tzotzil,
tzeltal, huaxteca, popoloca, rarámuri, zoque, yaqui, chontal, etc.26 Ya
para entonces, ningún idioma de la vieja raza se escribía. "En vano buscaremos -afirma Ignacio Ramírez- quien componga en elegante azteca o
en sonoro tarasco", las dos lenguas de mayor tradición literaria.'Zl
Los demás labriegos, con ser hispanohablantes, no llenaban los requisitos de la modernidad. Su ideario religioso, aparte de no ser puramente
evangc'lico, de estar contaminado de superstición, amparaba actitudes intolerantes y misoneístas. Su saber profano era bien poco; su falta de letras,
total Y ni siquiera tenían oportunidades de instruirse. A las escuelas urha-

L. González y Gonuílez: El agrarismo liberal en Mmco

73

nas no iban los niños del campo, y en éste, teníase por cosa extraordinaria
la existencia de una escuela. Las empresas educativas de Alamán, Mora,
Alcocer, la Sociedad Lancasteriana y otras personas e instituciones de la
primera mitad del siglo XIX se señalan por su nobleza de propósitos y su
fracaso. Un censo de 1857 contó dos mil cuatrocientas veinticinco escuelas
que enseñaban a leer, escribir y rezar a unas ciento ochenta y cinco mil
criaturas, casi todas citadinas y decentes. Lupe Monroy escribe: "feliz podía considerarse el pueblo que tenía una escuela miserahle";lll y aquí, la
palabra "feliz" hay que tomarla como exageración retórica, pues ningún
pueblo lo fue por poseer una escuela donde un tirano impone su ciencia
apolillada a fuerza de chicote.

-

VI.

El agrarismo liberal se propuso rehacer la vida del campo. En lo que
mira a lo económico, trató de atraer capital extranjero, introducir nuevos
cultivos, modernizar la labranza, suprimir las alcabalas, y principalmente
aumentar la población, cultivar las zonas vírgenes con colonos de aquí y
de fuera, y construir ferrocarriles, canales, carreteras y telégrafos. En el
orden social, buscó el deslinde y la.venta de los baldíos, el reparto entre
sus condueños de las comunas indígenas, la desamortización de los bienes
eclesiásticos, la división de los latifundios, la libertad de trabajo y la guerra contra los apaches, los indios rebeldes, el bandidaje y la sedición. El
problema de orden intelectual quiso resolverlo con la laicización, difu.
sión y obligatoriedad de la escuela primaria y con un instituto de enseñanza agrícola. Algunos puntos de tan vasto programa ya habían sido intentados por las generaciones precedentes, en especial por la que en 1833 encabezó don Valentín Gómez Farías; otros son totalmente nuevos: sólo
quiero detenerme en los más importantes.
Escritos de Luis Robles, José María Iglesias, Sehastián Lerdo de Tejada, Francisco Zarco y Francisco Zamacona dejan traslucir una fe ciega en
la capacidad redentora y lucrativa de los ferrocarriles. Robles dijo:
La paz, el aumento de la población, el equilibrio entre las rentas
públicas y los gastos y la exportación de los varios frutos de
nuestro suelo, son las necesidades de México: todas el.las quedarán satisfechas cuando tengamos una red de ferrocarriles que
una nuestros distritos productores con las costas.29

Zamacona aseguró: "Los caminos de hierro resolverán todas las cuestiones
políticas, sociales y económicas que no han podido resolver la abnegación
y la sangre de dos generaciones." Como índice de la admiración y enbisiasmo que suscitaban los ferrocarriles, baste decir que el grupo porfirista denominó su vocero, en los años de 1867 a 1872, El Fe"ocnrril. 3&gt;

�74

L. Gonzo1ez y Gonza1ez: El ograri&amp;mo liberal en México

75

Sip,XIX

En 1856, la mayoría de los países europeos y los Estados Unidos disponían de una vasta red de caminos de hierro. México, en cambio, no había unido siquiera so capital con el mayor de sos puertos. La construcción
de ferrovías llegó a tomarse en serio cuando el partido liberal se hizo del
del poder. Siendo presidente de la República don Jwiacio Comonfort, se
otorgaron concesiones a varias compañías constructoras. La discordia
política y la inexperiencia de a1gunos concesionarios retardaron la tarea
Pasada la tempestad, se hacen nuevas concesiones y comienzan a entreverse los frutos de las antiguas. El 20 de diciembre de 1872 se unen en las
Cumbres de Maltrata los rieles que venían de V eracruz con los que iban de
México. El lo. de enero de 1873, el presidente Lerdo de Tejada inaugura
el camino por donde ingresarían, junto con un sinnúmero de bienes, los
anhelados extranjeros.
"La inmigración ha sido el sueño constante de nuestros gobiernos",
escribe Juvenal en 1871.31 Desde que México se hizo independiente llamó a inmigrantes agrícolas de los países más adelantados. En aquella edad
santánica vinieron muy pocos por temor al desorden y a la intolerancia religiosa de los mexicanos, según se dijo. El Constituyente de 1856, después
de acalorados debates, se decidió por la libertad de cultos. Y en el mani-

fiesto que desde V eracruz lanzan los prohombres del liberalismo, el 7 de
julio de 1859, se lee:
La inmigración de hombres activos e industriosos de otros países
es, sin duda, una de las primeras exigencias de la República, por•
que del aumento de su población depende ya no únicamente el
progresivo desarrollo de su riqueza y el consiguiente bienestar interior, $ino también la conservación de su nacionalidad. Por estas
razones el gobierno se propone trabajar muy empeñosamente en
hacerla efectiva, y para que ello se ejecute del modo que es conveniente. . ., cuidará de allanar las dificultades prácticas que se
oponen a su ingreso y a su permanencia en el país.32
El inmigrante acarrearía al país incalculables beneficios: mejoraría,
con el ejemplo, la situación moral de los mexicanos, y, sobre todo, haría
del nuestro "uno de los países agrícolas más ricos del mundo". Con él, se
convertía en tarea de años la colonización de las tierras vírgenes; sin él, en
obra de siglos. Por tanto, urgía apresurar su venida y establecer las primeras colonias. Comonfort sentó las bases: por ley de primero de afio de 1856
autorizó a los extranjeros a adquirir en la República toda clase de tierras;
en febrero ordenó el establecimiento de una colo,úa mixta de alemanes
en el estado de Nuevo León; en mayo dispuso la fundación de cuatro colonias agrícolas a los lados del camino de Veracruz. "En fin - escribe Anselmo
de la Portilla-, no perdonó medio de cuantos estaban en su mano para aumentar la !.)Oblación de la República."33

El presidente Juárez sigue por la ruta de su predecesor. En marzo de
1861 concede gracias a los extranjeros compradores de tierras mexicanas.34
En 1864 cede a una compañía estadounidense la mayor parte de la Baja
California, y otorga a sus colonos libertad de cultos, libre administración
municipal y exención de impuestos y contribuciones durante un decenio.'6
A cambio de tan manifiestas ventajas, la compañía se obliga a reservar
una parte de los terrenos a labriegos mexicanos, cumplir la Constitución y
las leyes de México, pagar cada sitio de ganado mayor a bajo precio, levantar planos de los pueblos que funde, asentar en la superficie concedida,
dentro de un plazo de cinco años, cuando menos, doscientas familias de
extranjeros, y repartir entre éstos, después de veinte años, lotes no mayores de tres leguas cuadradas.36 Hacia 1867 se inició el arribo de los colonos. A fines de 1871 ya habían llegado 480, quienes, en vez de labrar la
tierra, se dedicaron a rapar los campos de orchilla, liquen tintóreo muy
apreciado por la industria inglesa de casimires.37 Estos y otros abusos de la
compañía obligaron a nulificar la concesión. 38

VIL
A raíz de la derrota del Imperio, se dijo:
Cambiada _del todo la escena, el país en masa desea y busca la colonización. Y vendrá, porque en el extranjero se sabe ya perfectamente que el México de ahora es muy diverso al México de antes.39

Los años vuelan y los colonos no vienen; la opinión pública comienza a intranquilizarse y el Congreso lanza la ley de 31 de mayo de 1875, que confía la ejecución de la tarea colonizadora a la empresa privada y no sólo al
Estado; ofrece a los inmigrantes tierras a precios módicos y pagaderos a
largo plazo, facilidad para adquirir la ciudadanía mexicana y diversas ayudas económicas, así como notables privilegios. Para afrontar los primeros
gastos de la colonización, el Congreso aprueba una partida de doscientos
cincuenta mil pesos.40
Como coadyuvante del poblamiento y la colonización se propuso el
deslinde y la venta de terrenos baldíos. El 9 de junio de 1856, el presidente determinó los trámites a que debían sujetarse las solicitudes de tales
terrenos. El 20 de julio de 1863, cuando el gobierno republicano se hallaba en San Luis Potosí, se expidió una ley general de enajenación de baldíos que, a la vez que fomentara la colonización y la pequeña propiedad,
le diera a la República los fondos indispensables para proseguir la lucha
contra las huestes napoleónicas.

�76

L. González y Gonza'le:&amp;: El agrarumo liberal en México

SigloXIX

La ley de 1863 adolecía de los defectos naturales propios de los
tiempos en que fue dictada Contenía preceptos incompatibles
con el régimen constitucional .. ; otros invadían la soberanía y
lastimaban los derechos de los Estados. .. ; los había meramente
circunstanciales. .. ; y por último, perseguía fines cuyo logro iba a
resultar delicado, pues a más de facilitar los denuncios de los baldíos, y hacer más breve y sencilla su adquisición, tendría que reprimir las resistencias de los detentadores ilegítimos de ellas.41
Entre éstos se contaban algunos pueblos indígenas cuyos terrenos fuoron denunciados y adjudicados al denunciante. Pasado un lustro, el gobierno cayó en la cuenta de su error y quiso enmendarlo. El 30 de septiembre
de 1867 dispuso que los baldíos se adjudicaran sin perjuicio de tercero y
que se diera a los indios, tras previa denuncia, título de propiedad de los
que ocuparan.42 La política de baldíos, así reformada, no favoreció a los
indígenas, que nunca se enteraban de las leyes hechas a su favor. Tampoco
produjo pequeños propietarios; pero sí benefició a los grandes latifundistas, igual que las leyes desamortizadoras.

El 25 de junio de 1856, don Miguel Lerdo de Tejada mandó adjudicar las fincas nísticas de las corporaciones civiles y eclesiásticas a los arrendatarios o, en su defecto, a los denunciantes y a quienes las comprasen en
subasta pública. El artículo 8o. de esa- orden exceptuaba de la adjudicación
el fundo y los ejidos de los pueblos, pero abandonaba a su suerte los propios y las tierras de común repartimiento, en los que de hecho se perpetraron despojos. Para impedirlos en el futuro, se expidió el decreto de 9 de
octubre de 1856, y para repararlos, el 20 de diciembre se ordenó dividir
los bienes de cofradías entre los indios.43 Luego el artículo 27 de la Con&amp;
titución dispuso el reparto de los ejidos,44 y días después se mandó que se
tomase de ellos lo indispensable para panteones, rastros y otros institutos
públicos, y el resto se repartiera entre las cabezas de familia de cada pu&amp;
blo.45
Los indios se opusieron a todas estas medidas, tanto por carecer de
espíritu individualista, sq;ún se dijo, como por miedo a los abusos. El
Constitucional denuncia:
Multitud de terrenos que se llamaban de comunidad y que cultivaban los indios por su cuenta, han pasado a manos de denunciantes, quedándose aquéllos, de la noche a la mañana, sin un palmo
de tierra en que poner un pie, y expuestos a las arbitrariedades de
los nuevos dueños.46
Ignacio Ramírez pide en 1868 que se 8118penda la parcelación de la propiedad indígena, pues sobre "los bienes comunales la usurpación ha ostentado la variedad de sus recursos. •. , comprando jueces y obteniendo una fá-

77

cil complicidad en autoridades superiores".47
En los diez años de la República Restaurada sólo se consigue repartir
los bienes de algunos pueblos; otros, a duras penas, logran impedirlo.
Aquéllos, lo que no pierden en los trámites de la parcelación, suelen perderlo después. El indio, ya dueño de su parcela, se encuentra un día con
un cacique que lo amenaza con quitársela por no haber pagado contribuciones. El indio acude con un leguleyo que está de acuerdo con el cacique.
El leguleyo le aconseja vender el terreno antes de perderlo. El indio acepta
y se lo cede al cacique a cambio de cualquier cosa. Y ésta fue sólo una de
las múltiples formas en que se consumó el despojo.

VIlL
Con la primera ley de desamortización (la del 25 de junio de 1856) se
quiso, más que dividir las comunas indígenas, repartir la "mano muerta"
eclesiástica entre muchos y poner en circulación grandes riquezas estanca-

das,
y todo esto por una sabia.combinación en virtud de la cual no
sólo no quedaba perjudicado el clero sino más bien favorecido,
puesto que se le aseguraba el rédito de sus capitales, y se salvaba
su propiedad de atentados, haciéndola cambiar de forma.

Por añadidura, se conseguiría el aumento de los fondos de la hacienda
pública, y otros beneficios menores. Pero todos los obispos -que no los
curas del pueblo- protestaron contra la ley, lo que no dejó de influir en
su aplicación y resultado.48
En lo que toca al campo, los más de los arrendatarios de las fincas rusticas clericales y en general los pequeños agricultores, unos por falta de
dinero, otros por escnípulos de conciencia, no hicieron suya la propiedad
eclesiástica. Ningún pobre remedió su pobreza con la ley de Lerdo; pero
muchos terratenientes y comerciantes ricos aumentaron su fortuna sin
importarles un bledo las excomuniones lanzadas por los obispos, quienes,
dispuestos a matarse con cualquiera, fomentaron las guerras de Reforma.
Como respuesta a esa actitud belicosa, y para obtener un empréstito de los
Estados Unidos, Juárez dispuso la nacionalización de la mano muerta del
clero.49 Este, doblemente herido, siguió en pie de lucha, pero cuando fue
derrotado empezó a vender perdones a bajo precio a los que habían acrocentado su riqueza con la del templo.
Contrá el latifundio laico no se tomaron medidas enérgicas. La mayoría del Congreso Constituyente de 1856 se hizo sorda a las proposiciones
de Isidro Olvera, José María Castillo Velasco y Ponciano Amaga. Olvera

�78

Sip,XIX

L. Gonuílez y Gonzáles: El agrarismo liberal en México

propuso que a los terratenientes con fundos mayores de diez leguas cuadradas de labor, o veinte de dehesa, se les prohibiese adquirir más terreno.
Castillo V elasco pidió la compra oficial de tierras para el uso común de los
vecinos. Aniaga fue más lejos en 811 celebre voto: "Para que del actual sistema de la propiedad ilusoria, porque acuerda el derecho solamente a una
minoría, la humanidad pase al sistema de la propiedad real, que acordará
el fruto de sus obras a la mayoría hasta hoy explotada", pide que se di&amp;
tribuyan "nuestras tierras feraces y hoy incultas entre los hombres laboriosos de nuestro país"; propone, pues, entre otras medidas prácticas, el oh&amp;
gar a los dueños de fincas con una extensión mayor de quince leguas cuadradas a cercarlas y cultivarlas, so pena de perderlas; dar ejidos a los pueblos que carezcan de ellos, y repartir solares a censo enfitéutico entre el
vecindario, comprando con este fin terrenos a las haciendas colindantes.ro
Los García lcazhalceta, Octaviano Muiioz Ledo, Juan Gomar, Manuel
Escandón, Longinos Muriel y otros ochenta hacendados, todos "agenos a
los movimientos de la política" y poseedores de propiedades adquiridas
con el fruto de 811 trabajo, según reza la representación que hacen al Congreso Constituyente, se lamentan de las palabras oprobiosas emitidas por
los señores diputados Olvera, Castillo y Arriaga contra el sagrado derecho
de la propiedad, y estiman que por razones económicas, ya no sólo de justicia, deben echarse en saco roto.51 El Congreso, en fin de cuentas, los dejó tranquilos; pero J uárez, Ocampo, Ruiz y Miguel Lerdo volvieron a poner el dedo en la llaga en el manifiesto veracruzano de 7 de julio de 1859.
"Otra de las grandes necesidades de la República -se dijo allí- es la subdivisión de la propiedad territorial." 52 Con todo, fuera de confiscarse las fincas de algunos imperialistas y repartirse una de ellas entre setecientos gañanes, no se hizo nada para abatir el latifundio laico, nada para detener su ensanchamiento.

La aversión liberal al sistema de peonaje se traduce en algunas medidas de orden jurídico. Es fama que el presidente Juárez, al oír a un peón
lamentarse de los azotes que había recibido por habérsele roto una reja del
arado, dispuso la abolición de los castigos corpor:-!es. Por otra parte, el
artículo 5 de la Constitución de 1857 prohibe tácitamente la servidumbre
por dcudai-:. Agreguemos a estas disposiciones una del gobierno de Puebla
eucarninad:i a obtener el alza del salario rural, eximir a los sirvientes de l.as
deudas contraídas con el amo y limitar, en adelante, el monto de los présl.11110&lt;;; otra, 111• J8&lt;,H, del gobernador de la Baja California en favor de la
scrvidumlm· ..~.&lt;leudada y contra el uso "del cepo, prisión, grillos y demás
1:1pn:mios con 1¡uc se· ha et•mpclido hasta aquí a los trabajadores"; la del
;;ohforno tic Coahuita, simultánea y semejante a la anterior; la ley tamauli1'(,'Ca 1lr l H70 1¡11r r,,cfut·c la jornada de trabajo a "tas tres cuartas partes
,Jd ,ifo h.íhff.., 1¡11o· va rfosd,· la aurora hasta el ocaso; y otras del gobierno

79

de Veracraz que se omiten en gracia a la hrevedad.53

La leva, tan antiliheral como el peonaje o más aún, fue proscrista sin
entusiasmo por don Juan Alvarez.54 Después, cuando era ministro de Relaciones y Gobernación el donquijotesco León Guzmán, ordenó, por apego
a los principios constitucionales, y en plena lucha de tres afios, que se 8118pendiesen las levas. Según Justo Sierra, "todos los gobernadores, todos los
jefes políticos, todos los oficiales conminados por el ministro se apresuraron a no hacerle caso".55 Para algunos, la leva era un mal necesario; otros
le ne.;aron necesidad, y huho quien la llamó civilizadora, pues veía en el
acuartelamiento de los "enlevados" una manera de relacionarlos con el
mundo de la civilización; pero no vio que, para morir al día siguiente, no
era indispensable instruirse el anterior.

IX.

A otros P{ohlemas agrarios ee les atacó con la terapia del rifle. Leyes,
medidas policiales y campañas se enderezaron para abatir el bandolerismo.
Las leyes de 6 de diciembre de 1856, 5 de enero de 1857, 3 de junio de
1861, 25 de enero de 1862 y 13 de .abril de 1869, establecieron el modo
de juzgar y punir a los salteadores.56 Para llenar el requisito previo de
aprehenderlos, don Ignacio Comonfort creó una guardia de seguridad, y
don Benito Juárez, un lustro después, los cuerpos de rurales, o "acordada".
En 1861, con el nombre de "Resguardo del Comercio", empezó a batallar
el primer cuerpo y a él se sumaron cinco más en la década siguiente. Rancheros en su mayoría (algunos matones de oficio~ los rurales hicieron boquetes de consideración en las filas del bandidaje.

La campafia contra los indios rebeldes costó mucho. En 1858, Pe&amp;
queira somete a los yaqnis. En 1859, los yllquis y los mayos, a las órdenes
de Juan y Refugio Tánori, deponen a Pesqueira de la gnhematma de Sonora y le dan el gobierno a Gándara, general conservador. En 1866, Pe&amp;
queira recobra el mando. En 1867, Juárez concede a Ignacio Gómez del
Campo parte de las tierras que poseían los yaquis y los mayos para co''&gt;nizarlas. Los indios, que no entienden la colonización, se alzan y Pe&amp;
queira los somete; vuelven a sublevarse en 1368 y 8l1Íren nuev-a derrota. En
1875, José María Leyva Cajeme, alcalde mayor de los pueblos del Y aquí,
organiza un respetable ejército, hace una matanza de yoris (blancos), vence al gobernador, 8118trae del imperio de las autoridades legítimas a su alcaldía, y la organiza en Estado independiente con leyes e instituciones
propias.
En Yucatán, la guerra contra los mayas insurrectos sigue un curso
desigual En 1860, se envía un ejército de 3,000 hombres bien armados

�80

SigioXIX

contra Chan Santa Cruz, centro religioso y político de los cruzoob, los más
numerosos y aguerridos entre los rebeldes. En tres sucesivos encuentros el
ejército expedicionario queda fuera de combate; pierde 1,500 hombres,
2,500 fusiles y más de 500 mulas. En venganza, vuelven a venderse indios
prisioneros a Cuba. Enterado del infame comercio, el presidente "prohibe
la extracción para el extranjero de los indígenas de Yucatán, bajo cualquier
título o denominación que sea". Al restablecerse la República, las principa•
les poblaciones de Yucatán y Campeche estaban en serio peligro de caer en
manos de los cruzoob. El peligro se conjuró al poco tiempo. Tras una tregua de dos años, los indios arremeten otra vez contra los blancos; pero éstos se mantienen en su puesto y en él continuarán por lustros. A su sombra, la industria henequenera alcanza su culminación.
En el otro extremo del país, las incursiones apaches se recrudecían y
comenzaban las de los comanches. En Sonora, los generales Elías, Morales,
Urrea, Carrasco, Yáñez, Flores y Pesqueira combaten día y noche y sin
buen éxito contra la tribu apache de Cachise. En Chihuahua, Joaquín y
Luis Terrazas obtienen sonados triunfos, gracias a lo cual logran hacer de
su E.atado el imperio ganadero más grande del país. Coahuila y Nuevo
León, que contaban con el valiosísimo auxilio de los indios kikapus, destiemm a los comanches y aprenden a escamotear a los apaches. En 1868,
el gobierno del centro decide tomar cartas en el asunto. El Congreso ordena la fundación de tránta colonias militares en la zona amagada por los
bárhar-OS, con el doble fin de arrasar a éstos y cultivar el desierto. Cada
una se compondría de cien jinetes bien armados y provistos; una mitad
sería de miembros del ejército y la otra de voluntarios oriundos de las regiones depredadas. Los colonos iban a recibir un sueldo mensual, lotes, útiles de labranza y materiales de construcción; en cambio, debían observar
estrictamente la disciplina castrense, so pena de perder sus lotes y ser sometidos a trabajos forzados. Siete años después, en 1875, se erigieron las
primeras colonias, con colonos tan miopes que nunca distinguían el paso
de los apaches.58

X.

Una lucha de otro orden se emprende -contra la ignorancia y los hábitos viciosos de la población pacífica. José María Luis Mora había dicho:
"El elemento más necesario para la prosperidad de un pueblo es el buen
uso y ejercicio de su razón, que no se logra sino por la educación de las
masas".!9 Ignacio Manuel Altamirano dirá: "Lo que necesita México..• es
abrir escuelas de enseñanza primaria,· por todas partes, en todos los ámbitos del país, con profusión, con impaciencia, casi con exageración."8&gt; Justo Sierra atestigua que el mayor anhelo de Juárez fue la escuela, sobre todo
lo que debía sacar "a la familia indígena de su postración moral, la supers-

L. González y Gonzá/ez: El agrarismo liberal en México

81

tición; de la abyección mental, la ignorancia; de la abyección fisiológica, el
alcoholismo, a un estado mejor, aun cuando fuese lentamente mejor".6l.
La Carta Magna de 1857 dispuso: "la enseñanza es lihre".62 La ley de
15 de abril de 1861 ratificó la libertad de enseñanza e hizo gratuita la oficial. La ley Martínez de Castro, promulgada el 2 de diciembre de 1867,
aplicable al Distrito y territorios federales, fue más lejos al hacer obligatorio el aprendizaje de las primeras letras y dar a la enseñanza una orientación positiva, inspirada en las ideas de Augusto Comte, traídas a México
por don Gabino Barreda. La ley del 15 de mayo de 1869 redondeó la del 2
de diciembre y puso especial empeño en la reglamentación de la enseñanza
elemental Al ejemplo del Distrito acudió la mayoría de los Estados: se expidieron leyes que declaraban gratuita, cientista y obligatoria la primera
enseñanza y sancionaban a los padres de familia remisos.63
Tras las leyes venían las apasionadas discusiones sobre métodos pedagógicos, y se erigían escuelas. José Díaz Covarruhias, encargado de la in.strucción pública, infonnó en 1875 que había 8,103 escuelas primarias
(5,679 más que en 1857) y cerca de 350,000 educandos (164,000 más que
en 1857). Casi las tres cuartas partes de las escuelas apellidábanse oficiales.
Entre las sostenidas por la iniciativa particular sobresalen las de la Sociedad
Lancasteriana y ocupan un si~io poco decoroso las sostenidas por el clero,
escasas y conservadoras. Son éstas, sin embargo, las que monopolizan la
instrucción rural La nueva escuela se abstuvo, por razones económicas, de
ir al campo.64
Algunos campesinos (muy pocos) vinieron a la escuela capitalina de
Agricultura y Veterinaria. Dejémonos de antecedentes: el 4 de enero de
1856 se promulga la ley que la crea; el cinco de mayo su primer reglamento,85 y el último de diciembre Comonfort dispone: "En la Escuela Nacional de Agricultura se aumentarán las cátedras necesarias y los medios materiales de enseñanza, para que desde luego queden establecidas las carreras
de agricultor, de veterinario y de ingeniero." Dentro de la primera, cabían
las especializaciones de profesor, administrador y mayordomo; dentro de
la segunda, profesor y mariscal; dentro de la tercera, topógrafo, mecánico e
ingeniero de puentes y calzadas. Todas las carreras presuponían la instrucción elemental;66 pero años después se inventó una para los analfabetas,
la de peón. El interés puesto en la escuela nunca correspondió a los resultados. En 1867 se dijo: "El principal defecto de la Escuela de Agricultura
consiste en que los alumnos son muy pocos. .. Los ricos no quieren concurrir, a los pobres no encuentran porvenir".67 Ningún hacendado quería
súbditos instruídos.
Una mitad de la población rustica, la indígena, no alcanzó nada y perdió lo poco que tenía. Las misiones venían languideciendo desde 1821 y

�82

L. González y González: El Olf"aTismo liberal en México

SigloXIX

dejaron de existir a mediados de siglo. El régimen liberctl no pudo establecer escuelas para indios. A la de los hispanohablantes no podían asistir por·
que ignoraban el español, y era difícil encontrar dónde y con quién apren•
derlo. Ignacio Ramírez sugirió inútilmente, entre otras medidas prácticas,
que se enseñara a los indios en su propio idioma. Entre las razas vernáculas y la mexicana se abría el abismo de la lengua. El salvarlo era urgente y
poco menos que imposible. La gran generación liberal, encabezada por
don Benito Juárez, no lo salvó y, por ende, se abstuvo de cumplir el vehemente anhelo de transportar al indio de la remota cultura en que vivía al
presente liberal

83

la Revolución en la educación mexicana (México, 1956) y en Do&amp; etapa&amp; del
pensamiento en Hi&amp;panoamérica (El Colegio de México, 1949) analiza, a propósito de la introducción del positivismo en México, el espíritu científico y otros
muchos aspectos de la "cosmovisión" hoeral Eli de Gortari ha publicado La
ciencia en la Reforma (México, 1957). Que yo sepa, no hay casi nada escrito sobre la actitud reformista frente a la tradición, y nada acerca del rumbo agrícola
que tomó la concupiscencia económica de entonces; por lo que parece, hasta se
ignora el hecho, pues sólo así se explica la frecuencia con que se le cuelga el mote de "industriar' al liberalismo juarista

8. Cf. Luis González y González, "El hombre y la tierra" en Daniel Cosío Vlllegas
(ed.), Hi&amp;toria moderna de México. La República Re&amp;taurada: Vida &amp;ocial, p.
133.

La derrota del agrarismo reformista ha permitido a los historiadores de
derecha y de izquierda el placer de explicarla. Unos dicen: el plan agrario
de la Reforma no era para cumplirse en todas sus partes; fue una treta para
uncir la clase pobre al carro de la insaciable sed de gloria, confort y poder
de la clase burguesa. Otros, fanáticos de la disciplina, niegan a los gobiernos democrático-liherales la facultad creadora, que no la destructora. Miradas las cosas de cerca, entre el dicho y el hecho del agrarismo liberal, en
vez de mala fe o ineptitud, se ve la confabulación de distintas circunstancias adversas: la enemiga del clero, el ejército y los terratenientes, la intromisión napoleónica, la división del grupo liberal en puros y tímidos, la
apatía del pueblo, las escaseces de la hacienda pública, et caetera.

9. Manuel Payno, Tratado de la propiedad, bnprenta de L Cumplido, México,
1869, p. 203.
10. Comideracion&amp; sobre la situación política y social de la República Mexicana en
el afio de 1847, V aldés y Redondas, México, 1848, p. 11.
11. El Archivo Mexicano, tomo V (México, 1861), p. 449.
12. Luis Robles Pezuela, Apunte&amp; sobre la&amp; mejora&amp; materiale&amp; aplicable&amp; a la América Latioo, Brachet, París, 1869, p. 14; Comideracion&amp;, op. cit., p. 11.
13. Luis González y González, "fil subsuelo indígena", loe. cit.
14. Lucio Mendieta y Núñez, El problema agrario de Mé:icico, México, 1946, pp.
111-122; Porfirio Parra, Sociologi'a de la Reforma, México, 1948, pp. 7&amp;-92.
15. Zarco, op. cit., pp. 392-402.

NOTAS
l. Miguel Leido de Tejada, Cuadro &amp;inóptico de la República Mexicana, Imprenta
Cumplido, Méxioo, 1856, p. 32.

2 "fil poIVenir de México", en El Siglo XIX, 25 de diciembre, 1872.

3. Loe. cit.
4. El Sigfo XIX, 18 septiembre, 1867.
5. Fran&lt;isco Zaroo, Hutoria del Congruo Comtituyentc, 1856-1857, El Colegio de
México, 1956, p. 575.

5. lbúl., p. 362.

7. Investigaciones recientes han esclarecido varios de estos puntos. Daniel Cosío Villegas en su J/istoria m.:xlerna de México. /,a Rrp,íblica Restaurada: Vida
política (México, 1955), y Walter V. Scholcs en MPxican politics during the
)uárnz regime, 1855-1872 (Columbia, Missouri, 1957), definen la democracia, el
oroen y la libertad política por que lucharon Juárez y sus amigos. Leopoldo Zea
c.:n El po&amp;itivumo mexicano (El Colegio de México, 1943), en DPI liberalismo a

16. Cf. Francisco Pimentel, Obra&amp; completa&amp;, México, 1903, vol Ill, p. 224.
17. !bid., p. 226.
18. Luis González y González, "La escuela socjal'', loe. cit., pp. 340-346.
19. Ignacio Manuel Ahamirano, Pai&amp;aj&amp; y leyenda&amp;, tradicione&amp; y co&amp;tumbru de
México, México, 1949, pp. 241-242.
20. Manuel Payno, Lo&amp; bandido&amp; de Río Fr(o, Eds. México Moderno, México,
1919.
21. Perroblillos, Lo&amp; plateado&amp; de Tierra Caliente, Tipografía de Filomeno Mata,
México, 1891.
22 Luis González y González, "El subsuelo indígena", loe. cit., pp. 230-23L
23. Manuel Payno, op. cit., p. 209; Morales, El gallo pitag6rico, pp. 17-18.
24. Justo Sierra, Juárez. Su obra y &amp;u tiempo, México, 1948, p. 258; El Monitor
Republicano, 24 febrero, 1876; La llun:ración Potorina, 1869, art de J. T.
Cuéllar, pp. 217-219.

�84

SigloXIX
L. González y Gonza1e:r:: El agrarúmo liberal en México

25. "Fidef', Viaje, de orden suprema, Imprenta de Vicenta García Torres, México, 1857, pp. 189-190.

85

41. El Siglo XIX, 20 de noviembre, 1868.
26. Manuel Orozco y Berra, Geografía de ku lenguas y carta etoográfica de México, Méxicn, 1864.

48. Anselmo de la Portilla, op. cit., pp. 68-70; Walter V. Scholes. op. cit., p. 55.

27. El Monitor Republicano, 5 septiembre, 1867.

49. Mendieta y Núñez, op. cit., pp. 127-129.

28. Guadalupe Monroy, "Instrucción pública" en La República Re&amp;taurada: Vida
,ocia~ pp. 634-650.

50. Zarco, op. cit., pp. 690-697, 363-365, 387-404.

29. Luis Robles Pezuela, op. cit., pp. 11-12.
30. Francisco Calderón, en Cosío Villegas (ed.), Historia moderna de México. La
República Renaurada: Vida económica, pp. 610 y 612.

51. Repruentación que hacen al Congreso Comtituyente vario&amp; dueño&amp; de propredades territoriale&amp;. .. , Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1856.
52. Informes y manifiestos, vol II, p. 427.

31. El Monitor Republicano, 9 junio, 1871.

53. González y González, " La escala sociaf', loe. cit., pp. 347-350; Zarco op.
cit., p. 1345; Francisco Hemández y Hemández, Memoria pre,entada
Honorable Congre&amp;o del E&amp;tado de Veracru:r:. • . el día 13 de mano de 1869.

32. Informe, y manifie,tos de los podere, ejecutivo y legi&amp;lativo de 1821 a 1904,
Imprenta del Gobierno Federal, México, 1905, vol II, p. 427.

54. Archivo Mexicano, tomo 1, p. 97.

33. Anselmo de la Portilla, México en 1856 y 1857, Imprenta de S. Hallet, Nueva
York, 1858, pp. 272-273.

ai

55. Sierra, op. cit., p. 259.
56. Cosío Villegas, op. cit., pp. 237-250; De la Portilla, op. cit., p. 264.

34. Archivo Mexicano, tomo VI, pp. 591 y 594.

57. González y González, loe. cit., pp. 357-361.
35. Francisco de la Maza, Código de colonización y terrenos bald ÍO&amp; de la República
Mexicana, años 1451 a 1892, Tipografía de la Secretaría de Fomento, México,
1893, p. 69.
36. Femando Iglesias Calderón, La conce&amp;ión Leese, México, 1924; Luis González
y González, "El hombre y la tierra", loe. cit., pp. 21-25.

58. lbid., pp. 216-219, 294, 192-195.
59. José María Luis Mora, Obra, sueltas, Lfürería de Rosa,
229.

París, 1837, vol J. p.

60. Cf. Guadalupe Monroy, loe. cit., p. 654.
37. /bid., p. 140.
38. /bid., pp. 142-143.

61. J~~ Sierra, Evolnción política del pueblo mexicano, El Colegio de México,
Mexico, 1940, p. 423.

39. De la Maza, op. cit., pp. 633-634.

62. Zarco, op. cit., p. 1345.

40. Colección de leye, sobre tierra&amp; y dispo&amp;iciones sobre ejidos, Imprenta y Fototipia de la Secretaría de Fomento, México, 1910, pp. 5-11.

63. Guadalupe Monroy, loe. cit., pp. 662-674.
64. lbid., pp. 692-698.

41. Francisco Calderón, loe. cit., p. 63.
42. De la Maza, op. cit., p. 784.

65. Francisco González de Cosío, Hútoria de la tenencia y e:rplotaci6n del campo
de~~ la época precortuiana hasta ku leyes del 6 de enero de 1915, tomo L
Mexico, 1957, p. 169.

43. Moisés González Navarro, en Métodos y resultados de la política indigeni&amp;ta en
México, México, 1954, pp. 125-126.

66. Archivo Mexicano, vol 1, pp. 405-414; vol lI, pp. 577-580.

44. Zarco, op. cit., p. 1348.

67. Guadalupe Monroy, loe. cit., p. 732.

45. Colección de leyes, p. 17.
46. El Con&amp;tituciona~ 23 octubre, 1867.

�Liberalismo y problemas estructurales:
el noreste de México a
mediados del XIX
José Reséndiz Balderas*

-

l. PROBLEMAS DEL NUEVO TIPO DE ESTADO
La vida política posindependiente en el estado de Nuevo León -en el
norte oriental de México- emergió matizada por la incertidumbre, producto de las expectativas que se planteaban después de 300 años de colonización: los esfuerzos desplegados por la conformación de un nuevo tipo de
Estado no se apartan en lo fundamental de los que el grupo gobernante nacional realiza. El sentimiento nacionalista impreso por la dirigencia política, el atishamiento en el lenguaje de los gobernantes hacia el comportamiento de otras naciones (de manera especial de España) y el esfuerzo descollado en la organización y administración de la Nación, son elementos
que sobresalen también en la política local.
Los primeros gobernantes nuevoleoneses -José María Parás (18251826), Manuel Gómez de Castro (1827-1828) y Joaquín García (18291832)- ejercieron sus mandatos en estricto apego a los lineamientos y normas fijados por el gobierno central. Se mantuvieron fieles al jefe naeional
de turno, definiéndose abiertamento cuando las circunstancias lo exigieron.
&amp;Í, el 19 de diciembre de 1828 Manuel Gómez de Castro manifiesta su
apoyo incondicional al gobierno federal en su lucha contra Antonio López
de Santa Anna, levantado en armas en V eracruz contra el poder estahlecido. 1
Corresponde a ellos la responsabilidad de establecer las bases organi*

Facuhad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México). Ponencia presentada en el V Encuentro sobre "La formación del capitalismo en México. El enfoque regional", Zacatecas, noviembre de 1986.

�88

SígloXIX

zativas sobre las cuales habrá de regirse la vida institucional de Nuevo
León. Con sus particularidades distintivas, la etapa administrativa que
abarcan se conforma por una serie de acciones que no se apartan de la política nacional.
En esta dimensión se ubica la posición que adoptan contra el peligro
de la agresión española Confficto en el que el estado norteño no se limita a
ser simple espectador, sino que participa activamente: pone en movimiento, en mayo de 1830, 645 mulas y 84 caballos a fin de conducir los víveres, municiones, armamento, equipaje y demás implementos, rumho a
2
Tampico, con el fin de defepder al país de un posible ataque exterior.
También en junio de 1830, el gobernador Joaquín García dispone que un
grupo de reclutas sea conducido a Matamoros y entregado al comandante
Mier y Terán con el fin de que se integre a la lucha contra los españoles.:.
Responde a la misma inquietud nacional la organización de las milicias
y el monopolio estatal sobre la producción y venta del tabaco. La creación

de las milicias cívicas es una disposición federal que el gobierno de José
\1aría Parás concreta en noviembre de 1826. Por su orden se forma una milicia activa y otra permanente. La primera, formada con dos compañía de
100 plazas cada una; y la segunda, de i25 plazas.
La organización de estas fuerzas armadas es de vital importancia para
una época como la analizada, donde la guerra será una constante. Para el
estado de Nuevo León adquiere relevanci.a especial además por el acecho
cotidiano de los ataques indígenas. Precisamente la milicia permanente se
estableció en Punta de Lampazos por ser uno de los lugares más frecuentados por los indios.
Aunque Nuevo León no era un centro productor de tabaco, se mantuvieron vigentes, con bastante celo, todas las reglamentaciones gubernamentales de· carácter federal atinentes a su producción y mercantilización.
También se legisló con la mira de establecer jurídicamente las normas bajo
5
las cuales se orientaran las relaciones sociales de producción. Se fijaron
así las primeras bases sociales por las cuales se regirían los dos agentes principales de la producción agraria: peones y amos.
Otras dos medidas trascendentales en la evolución institucional de
Nuevo León son las dictadas por el gobernador Manuel Gómez de Castro
sobre los rubros de extracción de ganado y el registro de fierros. La primera de las dos leyes ya la había reglamentado José María Parás, y Gómez de

J. Ruénd~ El liberalinno en el norute de Mésico

89

Castro le dio el carácter de ley en marzo de 1827; en relación a la segunda, se decreta que el registro de los fierros se haga en la Tesorería del Estado en lugar de la intendencia de San Luis Potosí, como tradicionalmente
ocurría 6 Estas medidas son relevantes no sólo porque representan fuentes
importantes de captación de recursos, sino porque impulsan la creación de
dependencias que permiten atender con diligencia las nuevas necesidades
de la sociedad local.
Este panorama regional está inmerso en un contexto político nacional estigmatizado por la lucha, que en la mayoría de las veces se dirime
por medio de las armas, que sostienen los grupos políticos impulsados por
el control del poder. Las facciones en pugna son capitaneadas por caudillos que sobreviven a la guerra de !~dependencia (Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, por citar algunos), y por generales que habían luchado al lado
de los realistas: Anastasio Bustamente es un ejemplo nítido.
La doctrina y el programa de las tendencias dominantes se identifican
plenamente con el proyecto de nacién que sustentan laa logias escocesa y
yorkina, ritos que en estos tiempos juegan el papel de verdaderos partidos
políticos y a quienes se deben las primeras experiencias de educación política 7 La tendencia que se agrupa en torno al rito escocés considera que la
mejor opción del país para enfrentar los problemas que plantea la naciente
vida independiente, es el establecimiento de una república central donde el
ejército y la iglesia jueguen un rol semejante al que desempeñaban en la
época de la colonia. La yorkina sostiene con plena convicción que la alternativa es la realización de una república popular federal, cuyo principio
motor sea la soberanía e independencia de los estados y la extirpación de
todo residuo colonial; la iglesia y el ejército deben estar subordinados a las
exigencias del poder civil, lo que implica que sus fueron y privilegios sean
reducidos en buena medida.
República Federal o República Central son las banderas que tremolan
las asonadas militares y las fricciones electorales, son las formas de gobierno que va experimentando el país según la tendencia que arriba al poder.
Entre estos dos tipos de experiencia de gobierno va evolucionando la vida
organizativa del país. El tránsito resulta demasiado costoso debido a que la
guerra intestina se convierte en la pesadilla del momento. Con excepción
de Guadalupe Victoria, que gobernó de 1825 a 1828, ninguno de los presidentes que le siguieron hasta 1833 terminó su períoJo, consecuencia de
golpes militares que provocaron sus caídas. Guerrero apenas duró un año

�90

J. Reséndiz: El liberalúmo en el norute de Mkico

Si,gio XIX

de los cuatro que debía ejercer, Bustamante permaneció dos de los cuatro
que le correspondían; Manuel Gómez Pedraza ejerce los tres meses para
los que fue electo, y su estancia sólo sirve de puente para que Antonio López de Santa Anna llegue a la presidencia de la República.

La inest.ahilidad política, traslucida en cambios bruscos de gobiernos,
dificultaha sobremanera la realización de los proyectos de los grupos dominantes y mantenía sumido al país en el pantano del atraso económico, al
tiempo que Inglaterra invadía el mercado mundial con sus mercancías, especialmente de algodón, hijas de la Revolución Industrial que desde el
último cuarto del siglo XVID había empezado a sacudir su estructura económica.
La revolución económica inglesa sorprendía a México con una deficiente planta productiva, sin la menor posibilidad de poder competir
eficientemente, en tanto que los gobiernos mexicanos apenas acertaban
a prohibir la introducción de artículos extranjeros en un afán por proteger
la incipiente producción nacional. A dicho propósito responde la prohibición de introducción, que decreta Guerrero el 22 de mayo de 1829, de
54 artículos extranjeros;8 con la misma intención, Guadalupe Victoria
decreta el 28 de febrero de 1828 que los tejidos de algodón, lana y seda
de fáhricación mexicana quedan lihrés de todo derecho en el Distrito Federal y territorios de la federación; 9 también encuadra dentro del mismo
objetivo la creación del Banco de Avío en 1831. 1 º

Empero, todos los esfueizos tendientes a proteger la industria contra
las manufacturas extranacionales, así como las encaminadas a modernizar
y transformar las técnicas de producción que hicieran factible que el país
arribara a niveles de competencia internacional, resultaron infructuosos.

Múltiples y variados factores se i::onjugan en el fracaso. Uno de ellos,
sin pretender establecer primacías, lo constituye la grave limitación de reCWSOII financieros, problema que agobia a México desde los primeros momentos de su vida independiente y lo obliga a recurrir al crédito extranjero, con las funestas consecuencias que ello implica.11 Simultáneamente,
uno de los más serios obstáculos se encasillaba en elementos estructurales:
los privilegios del clero y del ejército.
El clero había demostrado gran habilidad de mutación, adaptándose a
la transformación política de México sin menoscabo de sus fueros y privilegios: aprovechaba la coyuntura para crear un poder paralelo al civil.

9'1.

Concentró sus esfuerzos en la tentativa de depender directamente del poder papal, desconociendo el derecho de patronato eclesiástico al gobierno
mexicano. 12 Sus bienes eran cuantiosos y en su gran mayoría improductivos
a la vez que de origen bastante censurable. Sus privilegios, como los diez.
mos y demás, aparecían como serios valladares para cualquier programa
encaminado a transformar radicalmente el aparato productivo: ello llevaría ineluctahlemente a la afectación de sus intereses.
El ejército era una rémora colonial que lejos de convertirse en el garante del gobierno representaba el principal instrumento de su inseguridad.
Hacía de los asaltos militares la principal ocupación de su vida rutinaria.
En los levantamientos sus integrantes encontraban la manera más fácil de
obtener ascensos, prebendas, bienes materiales y puestos públicos. Sus cabecillas, lo primero que hacían era apoderarse de las arcas públicas utilizándolas a su antojo con el pretexto de sufragar los gastos de guerra; luego
obligaban a los particulares a otorgarles préstamos, sometiéndolos a toda
clase de vejaciones o desapareciéndolos en caso de negativa. Este mecanismo motivó que, de pronto, surgiesen militares de grado con enormes
fortunas cuyo origen se ignora. 13
Era el ejército una fuerza no controlada por el gobierno y, por lo m.i&amp;mo, uno de los principales responsables del caos reinante. Todo intento de
reforma en esta época implicaba enfrentarse con las fuerzas militar y clerical. Los gobiernos posindependientes, antes de 1833, prefirieron eludir
el choque, optando por actuar en acuerdo con las dos instituciones.
2.

EL LIBERALISMO DE LA DECADA DE LOS 30

En 1833 es electo presidente de la República el general Antonio López de Santa Anna, jefe de ideas conservadoras y de una ambición personal sin límites. La responsabilidad de la vicepresidencia recae en Valentín
Gómez Farías, hombre de ideas liberales, identificado plenamente con el
pensamiento progresista que empieza a pennear la esfera nacional. Es él el
artífice intelectual de la reforma de 1833-1834. Las medidas transformadoras abarcaban tres aspectos principales: educación, ejército y clero.
En el nivel educativo se pretendía minar el monopolio eclesiástico y
dar, así, el primer paso para que el Estado se convirtiera en rector de la
política educativa. Con esta intención se creó la Dirección de Instrucción
Pública y se suspendieron centros católicos importantes como el Colegio
Mayor de Santa María de Todos los Santos y la Universidad Pontificia.

�92

SigloXIX
La reforma eclesiástica iha encaminada a atenuar los privilegios de la

iglesia en d0$ frentes: el político y el económico. Los decretos reformadores así se interpretan. Los atinentes a educación contrarrestan grandemente su influencia en este renglón. Otros la subordinan al Estado, como
el que consigna el derecho de patronato al gobierno. En el mismo sentido
está el decreto que deroga las leyes civiles que hnponen· cualquier género
de coacción para el cumplimiento de los votos monásticos. 14 De esta ~
nea el gobierno pasaba a desempeñar el papel que antes ejercía tocante al
nomhramiento de las autoridades religiosas, es decir, las supeditaba a su
determinación. Asimismo invadía espacios de incumbencia de la iglesia,
pues normaba el derecho de los religiosos o a abandonar voluntariamente
los conventos y garantizaba protección ·a todos los que lo hicieran.

J. R&amp;éndi:: El liberalúmo en el norelte de México

Siendo De Llano diputado del Congreso local, el gobernador J oaquín García ordenó la renovación, mediante elecciones, de todos los representantes populares (diputados, senadores, etc.), según lo estipulado en
el artículo 3o. del Plan de Pacificación{*) . Esta disposición provocó una
enérgica protesta de siete diputados propietarios y un suplente, de los once
propietarios y cuatro suplentes que constituían el Congreso. AJ frente de
los inconformes se encuentra Manuel María de Llano. En su escrito, entre
otros conceptos, expresa:
Investidos los que suscriben de los poderes públicos del Estado
bajo las formas constitucionales, próximos a reemplazar esa honorable asamblea sin que haya objetado el más leve vicio ni defecto,
a la elección ni a sus personas, acaban de saber que las destituyen,
con desaire y deshonor del derecho justamente aquirido para representar este Estado, con notoria infracción de todas las formas
tutelares de las leyes fundamentales. y del Estado. 18

El poder económico religioso es atacado con leyes de desamortización
como la dictada el 17 de agosto de 1833, que ordenó
la secularización de los bienes de la misión de ambas Californias
y más tarde que cedía a los Estados la propiedad de las fincas que
habían pertenecido a los jesuitas y que se encontrasen en sus respectivos territorios. 15

Con igual significado está el decreto que dicta la suspensión del pago
civil del diezmo eclesiástico, reduciendo su obligatoriedad al aporte voluntario de cada individuo. 16

Al P-jército se pretendía restarle poder mediante la delimitación de
funciones y una reducción considerable de sus miembros. Su papel se limitaría a defender el país de cualquier ataque exterior y a conservar el orden interior: todo en estricto acatamiento de lo señalado por el Ejecutivo.
También se preveía la disolución de los cuerpos que se hubieran sublevado
contra las instituciones.
Las iniciativas progresistas de V alentín Gómez Farías encontraron
acogida entre la clase media liberal, a la que pertenecía y que, sobre todo
en el interior, había ganado presencia en la sociedad con sus ideas renovadoras sensiblemente influenciadas por la enciclopedia francesa. 1 7
En l\Jucvo León los airl's innovadores del pensamiento encamaron en

1,, pn:cmna d1· Mamwl '\1aría de Llano, un hombre de gran formación cul-

,1,· notal,lr

n.pninu-ia polítit·a y administrativa resultado de su del&lt;rrrtpr110 ,·01110 alt-ald,· pri111ero dl'I i\yunlamicnto de Monlcrrey y como
l,·:.-i--l.11lor.
l 111~,i,

93

Su inconformidad empero, sólo queda manifiesta de esta manera, sin
poder evitar que se realicen los comicios previstos, en los que de Llano es
ratificado como diputado local.
Pocos días después, febrero de 1833, se llevan a cabo elecciones para
gobernador y vicegobernador, recayendo la responsabilidad en Manuel
Gómez de Castro y Manuel María de Llano respectivamente. Debido a la
renuncia del primero, quien no tomó posesión del cargo, de Llano asciende
al Poder Ejecutivo en su calidad de vicegobernador. Es así como se le presenta la oportunidad de intentar concretizar su doctrina liberal, momento
coincidente con un gobierno central de identica tendencia.
La innegable influencia nacional de la corriente liberal reformadora
dio pábulo a que las fuerzas no coincidentes se inquietaran y organizaran
alzamientos militares contra el gobierno legítimamente constituído. De
manera especial, contra el vicepresidente.
En mayo de 1830 la guarnición de Morelia, al mando del coronel
Ignacio Escalada, ocupa el poder político del Estado por medio de la
fuerza. Protesta sostener a toda costa "la santa religión de Jesucristo, los
fueros y privilegios del clero y del ejército amenazados por las autoridades

•

El Plan de Pacificación o de Zavaleta, firmado en diciembre de 1832
por Santa Anna y Bustarnante, pone fin al movimiento armado en
contra de este último y reconoce corno presidente a Manuel

Gómez Pedraza.

�94

SigloXIX

intrusas". 19 Apoya incondicionalmente al presidente Santa Anna y se
declarl!- ~espetuoso de la seguridad individual y de las propiedades.

J. Ruéndiz: El liberali,,no en el norNte de Mésico

95

las medidas de julio de 1833 sino del conjunto que incidía en la merma de
prerrogativas. La administración de de Llano, pretendiendo ser congruente con la política nacional, no cejaba en su intento de cristalizar la
reforma eclesiástica tomando medidas que iban mostrando creciente radicalización. Así, el 20 de febrero de 1834, se propone al Congreso un proyecto de ley que pretende abolir los derechos parroquiales y demás que
por costumhre se salían cobrar por el servicio de los sacramentos. En el
artículo 2°. se dejaba en libertad a los particulares que quisieran una distinción especial en el servicio sacramental, y para que entraran en convenio
con los párrocos o vicarios respectivos, pero sujetándose siempre a las prevenciones del reglamento impuesto por el mismo gobiemo.24

BUS

Dicha asonada es paralela a un persistente cuestiona.miento del origen
de los bienes de la iglesia. El Congreso local se declara solidario con el
gobierno federal y se pronuncia contra los sublevados en una declaración
que remarca que, contra la iglesia, no se tiene la más leve intención de
actuar. El señalamiento de no pretender chocar con el clero es un rasgo
peculiar de las diversas manifestaciones partidarias del gobierno nacional.
Si bien el pronunciamiento de Escalada es secundado en varias partes
20
del país, para principios de julio prácticamente está controlado.
Inmediatamente después sigue un período de crítica del origen y monto de los
bienes del clero por parte de los liberales. A fines de 1833 se resiente más
la relación Estado - iglesia y los dictámenes civiles reformadores que aten21
tan contra el poder clerical se multiplican.
El gobierno nuevoleonés, debido al cobro arbitrario e irregular del
clero por los sacramentos, decreta el 23 de julio de 1833 el arancel común
para todas las parroquias y capillas en lo concerniente a bautismos, casamientod y entierros. Se establecen cobros topes y se eliminan costumbres que
sólo servían para encarecer estos servicios.
Por ejemplo, en una de las prevenciones se señala que sólo se cobrarán
dos reales, sin distinción, por entierro. También se elimina el uso de la
cruz alta de plata o cruz baja y de madera, hábitos que accionaban como
pretexto para encarecer el oficio (ver anexo 1).
Más tarde el gobierno del estado de Tamaulipas (vecino de Nuevo
León) expide un decreto donde se rebajan los derechos que cobran los
.
·
. enberros,
·
curas por b autismos,
matnmomos,
ete. 22
Disposiciones civiles como éstas provocan la reacción violenta del
clero en toda la nación. En Nuevo León, Belauzarán, Obispo de Monterrey,
aprueba en mayo de 1834 la posición de los curas encamjnada a cerrar
las parroquias a causa de la baja de los precios de los sacramentos. En
abril del mismo año, el Obispo de Puebla es acusado de ser el cabecilla de
la reacción católica y de invitar a Valentín Canalizo a acercarse a Puebla
con el fin de que encabezara un movimiento popular.23
La actitud del clero nuevoleonés era, en tanto, producto no sólo de

En mayo de 1834 se promulga un decreto donde se trasluce la inten•
ción de controlar las acciones del clero: su propósito era hacer respetar
la política del gobierno civil. En el documento se indica que toda disposición eclesiástica debe contar con la aprobación del Ejecutivo estatal
para que sea legítima y obligatoria. También se establecen sanciones para
los transgresores, religiosos o civiles, qne implican hasta expulsión del
estado por un tiempo determinado.
Para mayo de 1834 -justamente- la reacción conservadora, guarecida en
la iglesia y el ejército, había cobrado bastante importancia manifestándose
en distintos lugares del país. Los pronunciamientos con el lema Religión
y Fueros sé hicieron comunes. Santa Anna, traicionande a los liberales,
se pone al frente de los sublevados en Veracruz. Por otra parte, la clase
media liberal gobernante ante la presión del clero, del ejército y la actitud
de Santa Anna se ve obligada a abandonar el poder. Duefto absoluto de la
situación y con su investidura de presidente, Santa Amia dispuso de inmediato la disolución del Congreso de la Unión y preparó el camino para el
establecimiento de una república centralista.
El 10 de junio de 1834, el gobernante de Llano declara en Nuevo León
que desconocerá las medidas adoptadas por Santa Anna mientras éste no
reconozca y garantice el ejercicio del Congreso de la Unión.25 Sin embargo, el poder político de los liberales iba en franco retroceso. A su influencia reformadora sólo le quedaban días de existencia. Sin apoyo de los sectores humildes y sin garantía de fuerza armada a través de la milicia cívica,
dos meses después de 811 declaración Manuel María de Llano se ve obligado
a abandonar el Ejecutivo del Estado, dejándolo en manos del jefe de las
fuerzas de la guarnición, Domingo Ugartechea.

�96

SigloXIX

Toda la intención reformadora de la clase media liberal en Nuevo
León se había concentrado realmente en procurar reducir los fueros y privilegios del clero. La educación y el ejército fueron poco o nada tocados
aunque a de Llano se debe la creación en el estado de las dos primeras
escuelas oficiales, que vinieron a sustituir a las dos religiosas que el clero se
vio obligada a suspender. Igualmente hubo intentos de reformar la milicia
cívica.26
La limitacion, no la eliminación de los privilegios y fueros del clero
y del ejército, fue el rasgo distintivo de la primera reforma. No se planteó
la extirpación de las prerrogativas eclesiásticas y castrenses. Pero el dilema
de la reforma era que se pretendía realizarla en un momento en que los
dos elementos estructurales mencionados determinaban la directriz del
país. Si se suma a esto a la existencia de una sociedad marcadamente religiosa, resulta comprensible que sus alcances fueran reducidos, que su
proyecto difícilmente rebasara el nivel de un planteamiento romantico.
3.

LIBERALISMO, PODER CENTRAL Y PROBLEMAS REGIONALES
DE INTEGRACION

La caída de Valentín Gómez Farías no sólo representa el truncamiento de los ideales condensados en la primera reforma liberal sino que significa el inicio de una nueva forma de gobierno adoptada por el Estado: el
centralismo republicano, con Santa Anna como .actor principal. Es la tercera forma de gobierno que se experimenta desde el fin de la dominación
española y se mantiene hasta el triunfo de la revolución de Ayutla, en
1855 (movimiento acaudillado por J nan Alvarez y dirigido contra el
gobierno dictatorial de Santa Anna).
Santa Anna había encontrado su más sólido apoyo en las fuerzas
reaccionarias del clero y del ejército, remedos coloniales y parapetos
fundamentales de la corriente conservadora. En tal virtud, su caída debe
interpretarse, además, como la pérdida de la hegemonía política conservadora y el repunte decisivo del liberalismo que habrá de culminar en la
realización acabada de su doctrina.

•

Pero el tránsito que ha de recorrer el liberalismo sustentado por la
nueva generación de políticos - Alvarez, Juárez, Degollado, Guillermo
Prieto, Lerdo de Tejada- es sumamente escabroso. Tiene que hacer frente
a una guerra civil, enfrentar las amenazas sistemáticas e intentos de invasión norteamericanas y europeas, manejar una política que concilie y

J. Ruéndiz: El liberalúmo en el norene de México

97

enrole en la mecánica nacional a los diferentes poderes regionales con marcada tendencia autárquica, defender la seguridad y legitimidad de su gobierno ante el imperio de Maximiliano y la intervención francesa.
Corresponde a un momento histórico donde la sociedad mexicana
se haya parcelada por la ausencia de fuerzas cohesionadoras intrínsecas
de un desarrollo capitalista en ascenso, circunstancia que acicateaba la
presencia de autonomías regionales con inclinación caudillista. Las que,
a su vez. dificultaban la configuración de un gobierno central con la
fuerza política y económica indispensables para establecer su jefatura sobre
los grupos regionales e insertarlos en el compromiso de una política nacional. Así, pues, problemas estructurales derivados del escaso desarrollo
del país conspiran en la dispersión del poder político y económico.
Para el caso del norte de México se conjugan aditamentos estructurales que singularizan la problemática regional y que Santiago Vidaurri
sabe manejar como parte consustancial de su política. Este personaje
arriba a los primeros peldaños de Ja esfera política en mayo de 1855,
cuando toma Monterrey luego de declararse en rebeldía contra el gobierno
de Santa Anna. Desde 1855 hasta 1864 -desde Nuevo León- se convierte
en agente primordial de una política que, con respecto al gobierno del
centro, se desliza desde la oposición verbal y cautelosa hasta la armada
y frontal. Siempre - empero- manteniéndose en el marco del proyecto liberal.
Como gobernador y jefe principal de gruesos contingentes militares,
Vidaurri delineó- una política que se sustentaba en tres aristas vertebrales:
adhesión al plan de Ayutla e integración, en líneas generales,
a la causa y programa liberales.
manifestacion expresa de la autonomía del poder político (y
militar) estatal, a la que procuró ampliar con sus intentos de
unificación de Nuevo León con Coahuila (consumado efectivamente en febrero de 1856) y con Tamaulipas (nunca logrado, pese a ocasiones en que adquirió un dominio relativo).
sostenimiento de esa autonomía echando mano a recursos que
formalmente correspondía al gobierno federal. El más significativo y conflictivo sería el control de las aduanas fronterizas que
se habilitaron sobre el río Bravo, frente a los territorios que
desde 1848 pasaron a ser norteamericanos. 27
La inclinación hacia la autarquía del vidaurrismo se vio favorecida por
la debilidad política y económica del gobierno del centro, distraído en

�J. Reléndiz: El liberalwno en el noreste de México

98

99

Siglo XIX

repeler la agresión armada de los enemigos (además de la incidencia de elementos infraestructurales como los precarios medios de comunicación y de
transporte).
El motor de su expresa autonomía lo constituyen los recursos pecuniarios provenientes de las aduanas fronterizas, especialmente de Piedras

Negras.
El control de las aduanas le generaba indirectamente importantes
recursos financieros, pues esta prerrogativa le permitía maniobrar para
obtener cooperación económica de los comerciantes locales (préstamos,
por ejemplo). En recoprocidad los mercaderes recibían estímulos a sus
actividades mediante el cobro de aranceles prefereJ1ciales, además de brin2
darles toda clase de oportunidades a la importanción de mercancías. s
La captación de recursos por vía de estos mecanismos, así como
mediante el cobro de impuestos a metales preciosos que buscan salida
hacia el norte; le permitían mantener importantes contingenten militares
por todo el territorio bajo su autoridad. La justificación de los efectivos
militares la encontraba en su destacada participación en la lucha contra
los conservadores y los intervencionistas. También, en la necesidad inaplazable de contar con un contingente bien equipado en lucha contra el indio
rebelde, considerado por el gobernador norteño como uno de los problemas
más acuciantes por atender.30
Este problema se gestó a mediados del siglo XVI, cuando los españoles
colonizarón la región norte de México. La dinámica colonizadora trae
entre sus consecuencias la expulsión de la mayoría de los indios que habitaban la región, obligándolos a replegarse en una vasta área ubicada más
allá del río Bravo. Desde allí realizarán visitas sistemáticas a los poblados
norteños, a quienes hacen objeto de múltiples depredaciones. En vísperas
de la sublevacióu de los texanos -1836 - se multiplican los ataques de las
tribus nómadas (indios rebeldes), dejando tras de sí una estela de pesadumbre, desolación y muerte. Después del cambio de frontera suscitado
por la guerra de 1847, el problema adquiere proporciones mayores y complicaciones nuevas. En los tiempos en que más comunes se volvieron sus
incursiones, llegaron a realizarse en un área que abarcaba más de la mitad
del territorio ~acional. El teatro común de SU8 correrías lo constituían los
estados de Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, Durango, Sonora, Zacatecas,
San Luis Potosí, y algunas veces Jalisco y Aguascalientes.

Con la nueva lfoea fronteriza (a partir de 1848) el problema indígena
involucró tanto al gobierno mexicano como al estadounidense en la búsqueda de mecanismos para enfrentarlo. En este contexto se origina el filibusterismo, lastre que junto con el contrabando, el .tráfico de caballada
y el bandolerismo, amén de las depredaciones indígenas, constituyen la
maraña de la problemática fronteriza. 31
Frente a tal estado de cosas resulta justificada la persistencia de Vi~urri por obtener asistencia financiera del gobierno del centro, el cual Siempre se mostró renuente a hacerlo en los términos planteados por el jefe
d~ Nuevo León. Las discrepancias entre ambos radicaba en el tipo de ayuda:
mientras uno ofrecía asistencijl militar, el otro, la exigía en moneda. Este
rejuego pone de manifiesto la tendencia caciquil de uno y el recelo y temor d~l otro._ La d4:5aveniencia subyacerá en la intransigencia que muestra
el gobierno vidaurnsta en cuanto a preservar el privilegio del control de
las aduanas aún en los momentos más críticos para el país*. Tal obcecación sería una de las causas fundamentales de su ruptura definitiva con
Benito Juárez, circunstancia que la llevaría finalmente a abandonar el
gobierno estatal e incorporarse luego a las fuerzas intervencionistas a las
que permanecerá fiel hasta su muerte Gulio de 1867).
'
4 . LA ESTRUCTURA AGRARIA Y LA POLITICA LIBERAL
A pesar de todas las dificultades vividas entre el gobierno central y
Vidaurri, éste, con su estilo muy personal representó en el norte oriental
de México lo más consistente del proyecto liberal. Todas sus acciones estuvieron normadas por el programa y la doctrina liberales, tanto en la actividad mercantil como en la agrícola. En el comercio puso en práctica medidas que repercutieron en el incremento sustancial de la circulación de
mercancías, objetivo identificado plenamente con la sociedad liberal.
En materia agraria se preocupó sobremanera por sentar las bases legales de la organización del uso del agua y de la tierra para facilitar una
explotación más racional desde la perspectiva del Estado. Con este fin puso

*

Hacia -?11es de 1863 con la intervención francesa había necesidad de
centralizll; los rec~rsos '! las fuerzas armadas. Así lo plantea el presidente Juarez a V1daum en su.peregrinar por el norte. Para entonces
los co~erv~dores e invasores tenían casí el control absoluto del resto
del temtono.

•

�]. Ruéndü:: El liberalwno en el noreste de México

101

l 00 Siglo XIX
en práctica un paquete legislativo que haría cimbrar de raíz la estructura
agraria prevaleciente: se hayaba conformada por la gran propiedad, representada por la hacienda, y por la pequeña propiedad, en sus modalidades
de ejidos, propios y accionistas particulares.
El contenido legislativo se enmarcó en lo contemplado en las leyes del
25 de junio de 1856, del 16 de octubre de 1857 y del 9 de marzo de 1858.
La primera fue sostén del golpe demoledor que los liberales asestaron a la
iglesia, propiciando con ello el inicio de la pérdida del poder económico
del clero; la segunda vino a cubrir el vacío dejado por la ausencia de una ley
agraria que regularse el problema,del agua y de la tierra: planteaba como
objetivo esencial la determinación, el arreglo y registro de las aguas y de las
caballerías mercedadas en el estado; la última, normó la enajenación de las
tierras de propios y ejidos.
Las tres leyes cuidaban de no propiciar, aunque no lograron evitarlo,
la concentración de los recursos naturales en cuestión. Esta intención la
encontramos plasmada en los artículos 30, 4° y 5° en la ley del 16 de oc32
tubre de 1857; en el artículo 12º de la del 9 de marzo de 1858; y en la
tercera prevención de las cuatro que ordenó Santiago Vidaurri, con aprobaacion del gobierno nacional, conforme a las cuales debía hacerse la enajenación de las corporaciones civiles en el estado unificado de Nuevo León
Coahuila.33
La realización de la política agraria vidaurrista inició la desaparición
paulatina de formas tradicionales de propiedad, pero también motivó la
transferencia y el acaparamiento en manos de flamantes propietarios, por
lo común identificados con los nuevos grupos sociales dominantes. Las
tierras de ejidos y de propios fueron objeto de compra-venta con bastante
regularidad, constituyéndose en fuente importante de los municipios, a
· de constantes conflictossoc1ºales.34
a 1a vez que en motivo
Lru¡ propiedades del clero serían también sometidas a un proceso de
enajenación que aparentó no ser tan violento debido, tal vez, al hecho de
que los bienes eclesiásticos no contaban la magnitud que en el centro del
país, donde el conflicto Iglesia-Estado adquirió tintes sumamente dramáticos. Empero, el gobierno vidaurrista no cedió a ninguna presión por
las leyes de desamortización, siendo inflexible y firme ante cualquier intento del clero de desoír los mandatos gubernamentales sobre la materia.

5.

LIBERALISMO Y PODER CLERICAL

La iglesia, confiada en su poder económico, se mostró arrogante y
prepotente ante el proyecto liberal, el cual pretendía acabar muy partí•
cularmente con los fueros y privilegios del clero. Antes de la segunda reforma encamaba al primer terrateniente y prestamista del país:
(. ..) tenía más ingresos anuales que el gobierno nacional. Las estimaciones del ingreso anual de la iglesia varían, pero era cuando
menos de 23 millones de pesos sino es que llegaba a una cifra tan
alta como 100 millones de pesos.3 5
En tales condiciones desafiar su poderío era para los liberales una
aventura sumamente riesgosa y que finalmente costó al país tres años de
una guerra intestina, más otros tres de sometimiento a un emperador ex•
tranjero.
El enfrentamiento tenía que ser a muerte debido a que en el proyecto
de nación de la Reforma el matrimonio entre la iglesia y el Estado debía
abolirse bajo el principio del establecimiento de la hegemonía política del
último. Su cristalización implicaba para el poder religioso la pérdida de
preferencias tradicionales, algunas de las cuales eras incumbencia de las
funciones del poder secular: estadísticas sobre bautismos, matrimonios,
defunciones, etcetera. La eliminación de tales prerrogativas era una condicion insoslayable para allanar el desarrollo de la sociedad en gestación.
El triunfo de los liberales en la guerra de Reformas hizo factible la
puesta en marcha de las leyes de desamortización, pero su impulso se vio
compelido por la inestabilidad institucional del gobierno liberal a partir de
1862, a causa de la ocupación del país por las fuerzas francesas. En el norte
de México siguió avanzando, aunque también en forma conflictiva, gracias
al aumento de la clase media liberal, a los intereses de los nuevos grupos sociales dominantes identificados sobre todo con la actividad mercantil, a
la toma de conciencia de la pléyade de liberales locales y la tardía llegada
de la guerra extranjera.
En Nuevo León, el gobierno vidaurrista abrazó con entusiasmo y decisión los postulados liberales y enfrentó abiertamente a la iglesia. Su política fue secundada por los sectores modernizadores que pugnaban por un
nuevo orden regido por los principios de la libre competencia, de la liberación de la fuerza de trabajo y de la libertad para la producción y la circulación. Precisamente la realización de la política liberal y el resquebraja-

�102 Siglo XIX
miento de las estructuras caducas se les ofrece como una coyuntura que
les permitiría acaparar los bienes desamortizados, tanto religiosos como
seculares.
Los nuevos propietarios accionan en la esfera de la circulación mercantil y de la política, están estrechamente vinculados a la pJutocracia. Entre otros muchos tenemos a Julián Quiroga, lndalecio Vidaurri, Gregorio
Zambrano, Manuel María de Llano, Patricio Milmo, Mariano Escobedo y
Jesús Dávila y Prieto.36 Julián Quiroga,junto con Zuazua, es el hombre de
confianza de Vidaurri; Indalecio Vidaurri es hennano del gobernador;
Gregorio Zwnhrano, reconocido político local y jefe de una familia de
connotndos comerciantes locales; Patricio f\.1ilmo, yerno de Vidaurri y uno
de los más destacados mercaderes de Monterrey; Mariano Escobedo, brazo
armado fundamental de los liberales en el norte y quien dirigiera las fuerzas liberales que tomaron prisionero a Maximiliano en Querétaro; Manuel
María de Llano, ex gobernador e impulsor local de la primera reforma;
Jesús Dávila y Prieto, hombre de vasta experiencia política y administrativa.
La venta de las tierras eclesiásticas contribuyó a sufragar los gastos
ocasionados por la guerra. El Estado es quien se convierte en subastador
de dichos bienes y establece que todo el producto derivado de sus ventas
sea depositado en la tesorería.
Debido a las exigencias de la guerra y a la escasez de recursos suele
disponer de dichos capitales en calidad de préstamo. Un ejemplo: en julio
de 1864, Ignacio Arizpe pide al gobierno del estado se le pague la cantidad
de tres mil quinientos sesenta y cuatro pesos y los intereses correspondientes, a partir de 1858, por la venta de la capellanía de San Pedro de los Nogales, que fue objeto de desamortización. Dicha cantidad ingresó a la
tesorería del estado en febrero de 1858 y fue utilizada para sostener los
gastos del Ejército del Norte, ocupado en la lucha contra los intervencionistas.37
Paralelamente a la realización del programa liberal el vidaurrismo movilizó las fuerzas sociales y productivas en función de la defensa de la soberanía nacional, basado en la aplicación de una virulenta legislación que
se manifiesta en medidas como las siguientes:
-

Establecimiento de contingentes extraordinarios a los municipios para
sufragar los gastos ocasionados por la guerra.

J. Re,éndiz: El liberalúmo en el nore,te de Mhico

-

103

Reducción temporal de salarios a los empleados civiles y militares.
Imposición de tasas de contribución sobre capitales muebles e inmuebles.
Obligatoriedad de todos los ciudadanos, que estén dentro de los requisitos exigidos, de enlistarse en la guardia nacional o en cualquier
organización armada dispuesta por el Estado.38

El avance de la reforma liberal iba aparejada a una profunda tirantez
de las relaciones entre el poder secular y el religioso. Si bien el conflicto en
Nuevo León no se manifiesta con la misma intensidad que en el centro, en
cambio la renuencia del clero es inobjetable en cuanto a acatar las leyes de
desamortización, las leyes sobre obvenciones parroquiales y el juramento
de obediencia a la Constitución de 1857.
Su obcecada posición en tomo a estos puntos conlleva a que el gobierno vidaurrista haga uso de todos los recursos con el fin de establecer
e imponer la autoridad civil y el acatamiento de sus lineamientos. Cuando
se hizo imprescindible hacer uso de la violencia no vaciló ni un instante.
Así, el 12 de julio de 1857 el párroco de la iglesia de Marín, Manuel Martínez, es red~cido a prisión por haber pretendido difundir una carta pastoral no sancionada por la autoridad civil.39 Acusados de conspirar contra
e! orden establecido e incitar a la sublevación al pueblo de la Villa de Santlag~ Y de Monterrey, en 1859 son sentenciados a 8 años de prisión, en el
C~tillo de_ S~ Juan de Ulúa, el Presbítero Lorenzo de León y Santiago
Suarez. AsIIDJSmo se condena a 6 años de trabajos forzosos, en el mismo
reclusorio, a Anastacio Casas, Félix Marroquín y Jesús Villalón.4 º
En el ~mo ab~co de justificaciones se ubica la expulsión del
estado del ohJSpo de Lmares Francisco de Paula, puesto que insiste
e?, su propósit~ de no recibir a las autoridades en la solemne func1on que esta CIUdad celebra hoy en honor de la patrona tutelar,y
q:,ie n~ pued e, porque en su concepto es pecado, derogar las prov1de~cias__que ha dictado para que no se cumpla la ley de desa~ort1zac1on, 1~ ~e. obvenciones parroquiales y algunas contingencias que a su Jwc10 estan en contraposición con los dogmas de
la Iglesia. .. 41
. La salida del obispo de Linares no significó el arrodillamiento del clero
m, ~ucho m~os_, su derrota final. La batalla se siguió dando a través del
Cabildo Ecles1astico de la Catedral. Pero la preeminencia de la autoridad

�104 Si¡j/o XIX

J. Relindi.r: El liberalúmo en el norute de México

civil sobre la clerical era cada vez más clara y se consolidaba en la medida
en que el tiempo transcurría.
Los primeros saldos favorables del enfrentamiento con la iglesia impulsa al gobierno liberal a no detenerse en su programa reformador. En
tal virtud, el 10 de agosto de 1859 se suspenden en todos los pueblos del
~tado el derecho de fábrica, y a partir de 1861 se hace más palpable la
severidad de la vigilancia para el cumplimiento de lo estipulado en la ley
del Registro Civil (ver anexo 3).
La marcha ascendente de los postulados liberales continúa hasta 1862,
año en que el gobierno se compromete en una guerra intervencionista
que llega a su fin en 1867 y, con ello, marca el triunfo definitivo del liberalismo.

105

bilidad de dirigir las fuerzas mexicanas. AGENL, Circulares, caja 8, 13 de junio
de 1830.
4. AGENL, Memorias de Gobernadores, Memoria de 1826 presentada por José
María Parás el 21 de febrero de 1827, hoja 10 frente y vuelta, y boja 11 frente.

S. El gobierno de José Mana Parás decreta el 29 de abril de 1826 un proyecto de
cinco artículos en los cuales se tipifican con claridad los derechos de los sirvientes y de los amos. AGENL, Circulares, caja 4,1826. En relacion al mismo
tópico, el gobernador Joaquín García, el 9 de mayo de 1831, promulga un de:
creto en el se establece que "los amos a quienes se les muera algún peón o sirviente deviéndoles cantidad de dinero, no están obligados a pagar el entierro de
aquel mozo. Exceptuándose en estos casos los derechos de fábrica como que
están destinados exclusivamente paralosgastos del culto divino ( ... ) AGENL,
Circulares, caja 9, 1831 - 1832.
6. El decreto contemplaba que por el registro de fierros se pagaría en adelante seis
pesos en lugar de los veinte que pagaban. Los de escasos recursos pagarán sólo
tres pesos. AGENL, Circulares, caja 4, decreto 21, 1827, 18 de febrero,

A manera de conclusión señalaremos que:
-

-

El movimiento liberal de mediados del siglo XIX se diferencia del de
los años treinta en que aquél se planteó la abolición de los fueros y
privilegios del clero en tanto que éste sólo quería limitarlos.
La lucha liberal de los cincuenta coincide con una clara transición
hacia renovadas estructuras económicas; con un momento en que la
iglesia es sumamente poderosa pero su aliado natural, la fuerza militar,
se haya disperso entre los ejércitos regionales y ya no constituye una
fuerza directriz a manera de los años treinta.
Al lograr el resquebrajamiento del poder de la iglesia y del ejército,
haciendo posible la transferencia de los bienes eclesiásticos, el movimiento liberal sentó las bases para futuras transformaciones estructurales en el país, que lo situaría en el sendero de una economía burguesa.

7. "Si bien escoceses y yorlcinos agitaron al país con sus disputas y luchas, no puede
desconocerse que además de constituir los primeros partidos en la vida nacional,
con su acción establecieron las bases .de nuestra educación política, y que, en el
caso de los segundos, proporcionaron los principios de una doctrina y un programa ltl&gt;eral y democrático, antecedentes de los ideales y planes de transfonnación social y política que habían de cubninar con el triunfo del partido del progreso, en el histórico año de 1867 ''. Agustín Cué Cánovas, Hútoria Social y
Económica de México. 1521 • 1854, editorial Trillas, México, 1976, p. 314.
8. La prolubición del decreto comprende entre otros los siguientes artículos:
"algodón en rama de cualquier procedencia extranjera, añiles, cinta de algodón
y lino ordinario, cobertores y sobrecamas hechas de lana y algodón, cartoncitos
de algodón, cuya calidad no llegue a la de la indiana inglesa fina, dulces, flecas
de algodón y lana, pañetes, o medios paños papel de colores, sorgas de lana,
quesos de todas clases, tajalos de algodón, tejidos o lienzos trigueños y blancos
de algodón cualesquiera que sean sus dimensiones y denominación, cuya calidad
no llegue a la del coco fino". AGENL, Ministeóo de Hacienda, 1829, 22 de
mayo de 1829.
9. AGENL, Ministerio de Hacienda, 1828, primero de febrero de 1828.

NOTAS
l. Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), Circulares, caja 6, 19 de
diciembre de 1828.
2. Los animales fueron aportados por los municipios del Estado. Pesquería Grande
contnl&gt;uyó con 100 mulas. AGENL, Circulares, caja 8, 26 de mayo de 1830.
3. Los generales Mier y Terán y Antonio López de Santa Anna tenían la responsa-

10. En el artículo 10° que crea el Banco de Avío, se asienta:" Se fomentarán de
manera preferencial los tejidos de algodón y lana, cría y elaboración de seda
Pero tambien se estimularán otros ramos tanto industriales como agrícolas
que sean de interés para la Nación. " AGENL, Circulares, caja 8, 1830 - 1831,
4 de noviembre de 1831.
11. En circular de 21 de noviembre de 1827, el gobierno de Nuevo León hace del
conocimiento de los nuevoleoneses que el gobierno federal fue autorizado para
rectl&gt;ir un crédito, en dinero, hasta de cuatro millones de pesos. AGENL, C ~
lares, caja 5, 1827. En relación al mismo asunto el ministro de Hacienda en funciones, José Ignacio Pavón, pide al gobierno de Nuevo León haga llegar cuanto
antes los mayores aportes posibles. Esta exigencia se debe a que hay una caren-

�106

J. Ruéndú: El liberalúrno en el no,,- de Múico

Sigk&gt;XlX

cia notable de recursos financieros, hasta para atender lo más indispensable.
Asimismo notifica que el préstamo de cuatro millones de pesos no se ha podido
conseguir. AGENL, Ministerio de Hacienda, 1828, 12 de enero de 1828.
12. En virtud del patronato eclesiástico, el verdadero jefe de la iglesia en las colonias
españolas era el monarca españoL Al independizarse México, dicho derecho debena derivar al Estado Mexicano y en consecuencia el clero convertirse en un
subordinado del gobierno civiL Ver Alfonso Toro, La Revolución de lndepen•
dencia y Múico lndependienUJ, Editorial Patria, México, 1963, pp. 310 y 311.
También consultar Agustín Cué cánovas, op. cit., p. 322.
13. Alfonso Toro, op. cit., pp. 314 y 315. Agustín Cué Cánovas, op. cit., p. 334.
14. AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 6 de noviembre de 1833.
1S. Agustín Cué Cánovas, op. cit. p. 323.
16. El artículo primero del decreto que signa la abolición del diezmo dice textualmente: "Cesa en toda la República la obligación civil de pagar el Diezmo Eclesiástico, dejándose a cada individuo en entera hoertad para obrar en esto con
arreglo a lo que su conciencia le dicte: AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 27
de octubre de 1833.
17. Charles A. Hale, El Liberalilmo Mexicano en época de Mora. 1821 · 1853, Siglo XXI, Editores, México, 1972, pp. 42 • 73.
18. Los diputados que fuman el escrito de protesta, y que en su mayoría han de
conformar el equipo político de Mánuel María de Llano, son Pedro TreYi:ño y
Pereyra, Francisco Tomás de Iglesias, Joaquín Caso, Camilo Gutiérrez, Antonio
Ayala y Bernardo Quiroz (suplente), además. del propio de Llano. AGENL,
Periódico Oficial, 8, 1833, 19 de enero de 1833.
19. AGENL, Periódico Oficial, 26 de mayo de 1833.
20. Ante las mínimas posibilidades de que su movimiento triunfará, Escalada pide
a principios de julio de 1833 el indulto al gobierno de Morelia y en septiembre
es hecho prisionero. AGENL, Periódico Oficial, 8, 1833, 4 de julio y 23 de septiembre de 1833.
21. El 20 de noviembre de 1833, el gobierno del Estado comunica a todos los ha·
bitantes que con el 31 de octubre recibió del ministro de Justicia y Asuntos
Eclesiásticos una disposición que contempla entre otras cosas las síguientes prevenciones que "debo cumplir en mi territorio de mando":
1 Que vigile para que los eclesiásticos no toquen en el pulpito materias
políticas, ni para apoyar ni para secundar los principios de la administración
pública.
2°. Que si advirtiere algún exceso en esta materia use de los medios represivos propios de su autoridad, y dé aviso al supremo gobierno para los que fueren de su resorte.
3º. Que al respecto se tenga presente la ley 19, tít.
lib. 1°. de la Recopilación de Indias que a letra es como sigue: ..Encargam~! a los Pr~~os
seculares, que tengan mucho cuidado de amonestar a los clengos y religiosos
predicadores que no digan ni prediquen en púlpitos palabras escandalosas tocante al gobierno público y universal, ni de que se pueda seguir pasión o diferen-

°.

xn,

107

cía". AGENL, Periódico Oficial, 8, 14 de noviembre de 1833.
22. AGENL, Periódico Oficial, 9, 1834, 1 de mayo de 1834.
23. El citado obispo de Puebla, Francisco Pablo Vázquez, en flagrante violación a
la ley de votos eclesiásticos y en abierto reto al gobierno civil, en abril de 1834
excomulgó a una monja por abandonar la profesión monacal Ver AGENL,
Periódico Oficial, 9, 3 de abril, 24 de abril y 14 de mayo de 1834.
24. En lo referente al tiempo regular en el que deben realizarse los sacramentos el
gobierno establece uno de invierno y otro de verano. El primero comprende del
15 de septiembre al 1S de marzo, con una duración diaria de doce horas que
comenzarán a correr desde las seis de la mañana a las seis de la tarde para la celebración de los casamientos y bautismos; y el segundo, del 1S de marzo hasta el
15 de septiembre, en un horario que vaya desde las cinco de la mañana hasta las
siete de la tarde. Los entierros también estaban bien sujetos a las especificaciones
del reglamento. AGENL, Circulares, caja 10, 1832 - 184S.
25. AGENL, Circulares, caja 10, 1832 • 184S, 10 de junio de 1845.
26. ldem. 19 de diciembre de 1833.
27. Mario Cerutti, "Poder regional, gobierno central y periodismo liberal en México
en años de la Reforma. Santiago Vidpurri y los estados fronterizos del noreste
(18S5 - 1864)", en Alberto Gil Novales (ed.), La prerua en la Revolución LiberaL
E1pa11a, Portugal y América Latina, Madrid, Universidad Complutense, 1983,
p. 243.
28. los estímulos en materia aduana! conllevaron a que los comerciantes intensificaran
sus importaciones de producto europeos y norteamericanos ante las airadas protestas de los comerciantes del centro del país. El disgusto de éstos se explica si
consideramos que " ( ... ) Vidaurri tomaba decisiones en materia aduana! que
alteraban o modificaban las ordenanzas nacionales. Un ejemplo nítido fue su
rebaja de los derechos aduanales: por los puertos terrestres bajo su dominio, las
importaciones se hacían con rebajas que llegaban a más de un cincuenta por
ciento de lo fijado por la reglamentación de 1856, sancionada por Comonfort '.
Mario Cerutti, op. cit., p. 261
29. En 1862 el gobierno de Vidaurri decomisó un cargamento de plata en pasta, por
valor de 9824 pesos, perteneciente a la casa Uhde y Cª de Matamoros. Dicho cargamento procedía de San Luis Potosí y se dirigía a Matamoros. AGENL, Concluídos, caja 7, 1862.
30. Este tema lo trato más ampliamente en "La política de Vidaurri y la expulsión
de las tnous nómadas en el noreste de México", tesis que presenté en la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León con opción
al título de Licenciado en Historia.
31. Para una información más detallada acerca de los problemas de la frontera
méxico-estadounidense en el período de 1848-1870, ver Informe de la Comúión
Pe,qui,idora, facsímil publicado en junio de 1984 por el Archivo General del
Estado de Nuevo León.

�108 Siglo XIX

J. Ruindú: El liberulümo en el norufe de México

32. Este artículo textualmente dice: "Al prudente arbitrio de los alcaldes primeros,
se deja el repartimiento de los terrenos de ejidos y de propios, recomendándoseles muy especialmente la mayot post"ble subdivisión. En consecuencia, nadie
podrá tener más de cuatro fanegas de sembradura y los que por renta disfruten
de mayor cantidad, midiéndose toda, se les enagenará por el avalúo ó se adjudicará en subasta, según lo dispuesto en el artículo 3º". AGENL, Periódico Ofi·
cial, de enero uno de 1858 a septiembre 20 de 1859. Boletín Oficial, Monterrey,
mano 16 de 1858.
33. Se previene que las aguas y tierras sobrantes que no estén en arriendo sean divididas lo más posl"ble con el fin de que sea mayor el número de propietarios.
AGENL, Periódico Oficial, 3 de diciembre de 1857.
34. Este tema lo desarrollo más ampliamente en "La Propiedad del Agua Y de la
Tierra en Nuevo León (1855-1870)" presentado en el cuarto encuentro sobre
lA Formación del Capitalúmo en México, Jalapa, Veracruz en diciembre de 1985.
35. Parra, "Grandes Tendencias",p. LXXVII;C.Cumberland,México: 'TheStruggle
for Modernity (Nueva Yorlc, 1968), p 177, citados por T. G. Ppwell en El Liberolumo y el Camperinado en el Centro de Mérico {1850 a 1876), Sepsetentas,
122, México, 1974, p 28.
36. AGENL, Concluídoscaja 65, 1861. Ver también AGENL, Legajo no clasificado,
1857 -18S8.
37. AGENL, Concluídos, caja 19, 1864 · 1865, julio de 1864.

CASAMIENTOS
Art. 3
monios.

°. Bases para el cobro de derechos por celebración de matri-

ª·

1 Por la declaracion de los novios, o sea el ducho, se cobrará dos
pesos si el párroco va a la casa; en caso de que la distancia sea más de una
legua sin pasar de dos, se cobrará cuatro pesos; y si la distancia es mayor
de dos leguas entonces se convendrán párroco y pretensos.
2ª. Por las informaciones matrimoniales no se cobrará derecho
alguno, sino que se continuará pagando un real por el papel, y dos al escnbiente por cada declaración.
3ª. Se pagarán tres reales por cada una de las tres moniciones que preceden al matrimonio.
4ª. Dos pesos por el matrimoni~.
5ª. Un peso por velación o bendición nupcial.
6ª. Dos reales por desgaste de lás candelas que arden en el altar y las
que se entregan a los contrayentes.
7ª. Se continuarán pagando trece reales por las arras.

38. Ver trabajo señalado en nota 34, pp. 3 y 4.

8ª. Los que soliciten madrugada pagarán además de lo dicho en las
prevenciones anteriores, lo acostumbrado en cada pueblo, siempre que no
pase de tres pesos.

39. AGENL, Legajo no clasificado.
40. AGENL, Concluídos, caja 47, 1859.
41. AGENL, Legajo no clasificado. Ver también anexo 2.

ANEXO

109

9ª. Si los contrayentes pertenecen a parroquias diferentes pueden casarse en la iglesia que lo deseen. El cura que celebra el matrimonio y hace
la velacion, cobrará los derechos contenidos en estas prevenciones y al
del otro contrayente, solamente se le pagarán_Jos seis reales designados en
la tercera base de este arancel.

1

El gobierno del Estado decreta el establecimiento del arancel común
para todas las parroquias y capillas del Estado, tocante a bautismos, casamientos y entierros.
BAUTISMOS
Art. 1°. Se establece la cantidad de pago único de cuatro reales el
bautismo sin distinción de clase ni persona.
Art. 2°. Se prohiben los decretos de Capa, Cruz Alta, y Altares.

ENTIERROS
El cobro de los entierros se sujetará a las prevenciones siguientes.

°.

Art. 4 Queda prohibida para siempre en el Estado la desigualdad de
obvención que por la desigualdad y origen de clase y aún por la localidad y
sitios, en los campos santos y templos, se ha exigido a los fieles hasta
ahora por los curas por el entierro de un adulto o párvulo. En consecuencia sólo se cobrará dos reales por cada entierro sin distinción alguna. Cuatro reales por cada acompañado y dos reales por cada doble, cualquiera
que sea el número de las campanas que se toquen, y su duración.
1

ª· Queda igualmente abolida la distinción, de entierro mayor o m

�J. Ruéndiz: El liberalúmo en el nore,te de México

111

llO SigloXIX
nor, así como, la costumbre de cruz alta, de plata o baja y de madera.
2ª. ·para la fábrica se continuará pagando, sin distinción alguna, por
cada persona un peso por el entierro que se haga.
3ª. Se renuevan las reiteradas prohibiciones de enterrar a los cádaveres
de cualquier persona en los templos y capillas del Estado. La contravención de esta orden será objeto de un castigo consistente en el pago de cien
pesos.

de la iglesia de Nµevo León y Coahuila, que por su ministerio espiritual y
como pastor del rebaño de Jesucristo, debió dar á este ejemplos más saludables y más dignos de su alta misión.
COMPATRIOTAS: el boletín que se circula hoy os instruirá de los pormenores de este suceso. El Gobierno está resuelto á sostener íntegro el
sagrado depósito que le habeis confiado, la paz y el órden legal. Mientras
caminemos como hasta aquí, formando un cuerpo compuesto, nada hay
que temer aunque la reacción se presente bajo cualquier forma. Tal es el
norte de vuestro Gobernador y amigo.
Santiago Vidaurri.
Monterrey, Septiembre 9 de 1857.

4ª. Se prohiben las exhibiciones de los cádaveres descubiertos por las
calles y plazas públicas de los pueblos.
5ª. Queda prohibido para siempre el depósito de cádaveres en las capillas y parroquias para hacerles honras y funerales. La violación de esta
prevención se sancionará con cien pesos.

Fuente: AGENL, Legajo no clasificado relativo a la correspondencia entre
el gobierno de Nuevo León y la iglesia durante el año de 185 7.

6ª Sólo son permitidos los entierros en los templos en aquellos pueblos que carezcan de campo santo.

ANEXO

7ª. Lo no derogado expresamente en este arancel, queda vigente,
hasta la resolución del Honorable Congreso del Estado. Dado en Monterrey a 23 de julio de 1833.

Secretaria del Gobierno
del Estado Libre y Soberano de
Nuevo León y Coahuila

Y para que llegue a noticia de. todos, y se le de el debido cumplimiento, mando se imprima, publique y circule. Fecha ut supra.- Manuel M.
de Llano.- Ancelmo R. de Marichalar. Secretario.

Circular Núm. 27

Fuente. AGENL, Circulares, caja 10, 23 de junio de 1833.

ANEXO 2

Santiago Vidaurri,
a los Nuevoleo-Coahuilenses.
CONCIUDADANOS: ayer ha tenido lugar en esta capital un acontecimiento que debo dar cuenta al Estado, pues tal es su gravedad.
El Prelado diocesano creyendo que podía impunemente sobreponerse á
las leyes y á las autoridades, mandó que se hiciera un desaire público al
Ayuntamiento de esta capital, o más bien que se ejerciera una nueva
venganza en el templo de Dios. Despues de este atentado, la autoridad de,l
Gobierno habría sido un sarcasmo y objeto de burla: por su parte agoto
todos los medios de prudencia para evitarlo; y habiendo sido inútiles no
le quedó otro recurso que empicar su poder para reprimirlo y cortar de raíz
un mal que si se hubiera dejado cundir por mas tiempo, nos habría traído
muy funestas consecuencias. El trastorno de la paz, nultificando ante~ la
Ley y la potestad temporal, á esto tendía visiblemente la conducta del Jefe

3

El Exmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores y Gobernación, con
fecha 23 de próximo pasado Mayo dirigió al Exmo. Sr. Gobernador la
comunicación siguiente:
Exmo. Sr.
Habiendo consultado el Prefecto de Tulancingo á este Ministerio si los curas párrocos deben hacer los bautismos
antes ó despues que se haya verificado la inscripción que previene la ley de
Registro Civil, el Exmo. Sr. Presidente se ha servido resolver por punto
general que, sin ingerirse la autoridad civil en lo relativo á los actos eclesiásticos del bautismo, está en su derecho, y en la obligación, conforme á la
ley de obligar á los padres de familia á que inscriban en el referido Registro civil á sus hijos, lo cual deberán verificar dentro del tercero día de nacidos.- Y tengo el honor de comunicarlo á V. E. de orden suprema para su
conocimiento y efectos consiguientes.
Y de órden superior lo trascribo á V. para su inteligencia y cumplimiento.
Manuel G. Rejón.
Dios y Libertad. Monterrey,Junio 5 de 1861.
Fuente: AGENL Circulares, caja 10, circular 27, 1861.

�SIN FE, SIN LEY Y SIN CAUDILLO

Cambio cultural, liberalismo
e insurgencias populares

Miquel Izard*

Mientras la Historia oficial sigue repitiendo que sólo se podía comerciar con la Metrópoli y la Nueva España (lo que provocaba el malestar del
mantuanaje), que sólo se aceptaba la ideología impuesta por Madrid, que
el poder estaba en manos de la burocracia peninsular o que las prolúhici&lt;&gt;nes no sólo se acataban sino que además se cumplían; la realidad, descrita
por Ramón Aizpurua, tendería a mostrarnos el norte de la actual V enezuela convertido en una enorme plantación, con miles de esclavos, comercializando la mayoría de la producción (azúcar, tabaco, cacao o bienes pecuarios) a través de una vía sumergida o subterránea. Este norte de Venezuela
era una pieza importante de un ámbito mayor comunicado por una navegación circular, puesta en marcha por los curazoleños (en buena parte sefardíes), que llegaba también a Jamaica, Cuba, los puertos sureños de las
1
Trece Colonias, Santo Domingo, Puerto Rico y las Antillas menores.
Por este circuito llegaron a Venezuela no sólo alimentos, manufacturados y esclavos, sino también nuevas ideas, de las que quisiera destacar cuatro, dos americanas y dos europeas: la secesionista que culminó en la revuelta de las Trece Colonias, el rechazo a la esclavitud que desencadenó los
sucesos de Haití, la ilustración que provocó la revolución francesa, y el liberalismo que degeneró en el capitalismo. La primera y la tercera influyeron a Gual, España o Miranda, la última a Bolívar, y el rechazo a la esclavitud o a la moral capitalista pudieron esclarecer las insurgencias populares.
Los enfrentamientos convirtieron a la Tierra Firme en uno de los principales escenarios mundiales de la transición final de la sociedad autosuficiente
a la sociedad excedentaria.
*Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona. Este trabajo es, en par·
te, una reelabo.raeión de la ponencia "El hoeralismo y el federalismo como reconocimiento e intento de institucionalización de los poderes de hecho y del caudillismo", presentada en el Primer Congreso del Pensamiento Político, Caracas, 29 de junio al 2 de julio de 1983.

�M. lzard: Cambio cultura~ liberalismo e insu,gencias populares

115

114 Siglo XIX

Y el incremento de las insurgencias populares en el siglo XIX se debió esencialmente a que las guerras de la Independencia no supusieron
transformaciones estructurales, sino la consolidación de la primera etapa
de la revolución capitalista, acelerando las transformaciones que (gestándose en favor de la oligarquía desde, como mínimo, mediados del siglo
XVIll) perseguían en parte resquebrajar el entramado que permitía el funcionamiento de la sociedad autosuficiente, que había servido para alcanzar
todos los elementos que constituían su identidad, para satisfacer todos los
objetivos que cada grupo había escogido para existir, para defenderse de
los ataques desde el exterior.
Los futuros beneficiarios de las transformaciones, y 8118 apóstoles, proponían el paquete de medidas que podríamos calificar de programa liberal:
abolición de viejas trabas como monopolios o diezmos; algún tipo de desamortización, fingiendo que se vend(an los bienes de manos muertas (pero
por encima de todo los bienes comunales y los resguardos), terrenos de
donde cada comunidad obtenía buena parte de lo que necesitaba para subsistir y era por ello menos vulnerable; obviamente, la de$amortización favoreció, indirectamente, a la vieja oligarquía o creó una nueva burguesía,
agraria o urbana, que si no pertenecía ya a él se convertía al nuevo orden
para defender sus adquisiciones; un desarme arancelario frente a la invasión
de bienes industriales del exterior que acabarían arruinando, uno tras otro,
los restos de manufacturas y obrajes; o la construcción de redes de transporte para facilitar la depredación de los bienes del interior y la invasión de
los forasteros.
Pero, por encima de todo, debían imponer una nueva cultura, la suya,
sin lo que habría sido imposible e impensable el triunfo de la Buena Nueva~ un conjunto de creencias, esencialmente represivas, que, entre otras
cosas, debían servir para justificar los castigos y anatemas que recibirían
infractores y contestatarios; una nueva moral que hablaba de las excelencias del crecimiento, el triunfo y el éxito individual, de una sola idea válida
de progreso o de los beneficios de la laboriosidad y el ahorro; el engaño del
parlamentarismo, como única forma deseable de gobierno supuestamente
democrática; una forma distinta de organizar la producción, no para satisfacer necesidades, sino para producir más para vender más; una escuela peculiar, que tardaría mucho en extenderse suponiendo que llegara a hacerlo,
para transmitir unos conocimientos técnicos y para estabular a la chiquillería con la finalidad de rohotizarla, podarle su natural espíritu imaginativo,
inconformista y contestatario e inculcarle los nuevos códigos; el ocio convertido en una mercancía de consumo que serviría para rematar la tarea
estandarizadora iniciada en las escuelas.

Quizás lo que acabo de decir se clarificaría señalando, o recordando,

alguna de las diferencias entre la cultura de las sociedades autosuficientes y
la cultura liberal o capitalista. A nivel de las creencias, una especie de pan♦
teísmo protoecologista y una satisfacción con todos los placeres de los sentidos frente a una religión atolondradora y unas normativas victorianas que
lo que no tenían por maligno, lo tenían por pecaminoso; a nivel de la moral, la solidaridad, la reciprocidad y la cooperación ante el egoísmo; en
cuanto a la política, si antes debía lucharse contra la opresión, cuando la
hubo, ahora había que proseguir la misma lucha contra la opresión y además contra la alienación; la producción para satisfacer los objetivos que el
grupo había escogido para existir, ante una producción para conseguir excedentes a través del trabajo, pesado y no satisfactorio, presentándolo como una maldición bíblica (aunque se estaba gestando una maldición peor,
el paro, la carencia de trabajo); del aprendizaje por simple observación se
pretendía pasar a una escuela alienante y embrutecedora; a cambio de,un
ocio variado y participativo, se presentaba un ocio como bien de consumo
pasivo, controlable y manipulable desde el poder, formado por un corp~
único, estandar, centralizado y, por supuesto, escrito.
Los futuros beneficiarios y sus apóstoles no sólo debían imponer la
~ueva cultura: debían perpetrar los cambios mencionados a la vez que realizab~n una, tarea pedagógica compleja, comprometida e imprescindible;
no solo deb1an cantar las excelencias del nuevo proyecto, de la Tierra Prometida, sino que debían vituperar la cultura anterior. Demostrar, valiéndo~e de todos los ~djetivos necesarios, que puesto que estaba superada y era
nnprocedente e madecuada, no quedaba otra alternativa que prescindir de
ella. Y en las Indias no se trataba solamente de denigrar la cultura occidental anterior, ~o que, por ene~ de todo, era imprescindible desprestigiar
Y menospreciar la cultura ahongen y las que se habían ido creando desde
la invasión europea, la de los esclavos, mestizos o llaneros.

l.

LA CRISIS DEL CAMBIO DE SIGLO

Lo ocurrido en las décadas inmediatamente anteriores y posteriores a
1800 fue trascendental para todo el ámbito europeo y sus enclaves americanos. Se sucedieron y entrecruzaron una serie de acontecimientos de consecuencias irrevocables para toda el área hasta la actualidad.
En las Indias y en buena parte del Viejo Continente la transición final
de la sociedad autosuficiente a la excedentaria, provocó un sinfín de insurg_enci~ de las masas. En las ~días y el Caribe la revuelta podían protagomzarla. esclavos que no quenan serlo; mestizos o mulatos que protestaban, entre o~as c~sas, por una brutal segregación racial; indios que se negaban a traha!:11" mas a fin de ~o~eguir para los propietarios de los medios
de producc10n mayores rendimientos y por lo tanto mayores beneficios,

�M. lzard: Cambio cultural, liberalúmo e insurgencia. populares

116 Siglo XIX
pero no para ellos mismos; pequeños blancos que se revelaban dentro de
unos conflictos de intereses, contra la opresión ejercida por quienes aparecían calificados con el mismo apelativo étnico que ellos pero eran grandes·
propietarios de tierras, plantaciones o minas, o controlaban los intercambios y los mantenían a ellos. en una situación de subordinación; y en último lugar, pueblos libres de las fronteras, que habían conseguido defender
su tierra y sus peculiares formas de vida frente al acoso de la oligarquía
criolla (los llaneros del Apure pongo por caso), pueblos de frontera que
podían incrementar desmesuradamente su potencial desestabilizador si
acogían en su seno a las personas de los grupos anteriores que huían de la
zona controlada por los blancos en un desesperado intento de escapar, en
forma centrífuga, del acoso de quienes querían explotarlos.
Obviamente, el riesgo que existía en cada región indiana de que la
situación deviniera explosiva dependía de la cantidad y cualidad de cada
grupo insurgente y podía llegar a un límite, en Caracas o en Buenos Aires,
casos paradigmáticos donde la oligarquía debió enfrentarse a la exasperación sumada de negros, castas, indios, pequeños blancos y hombres de la
sabana.
Por añadidura, a partir de 1805, cuando tras la batalla de Trafalgar
Napoleón decretó el bloqueo contin':ntal y los británicos se vieron en la
necesidad de asegurarse al precio que fuese el mercado americano para la
ingente cantidad de bienes generados en la isla a partir del estallido de la
revolución industrial, a los grupos étnicos mencionados hasta este momento se fueron añadiendo, unas tras otras, las impresionantes avalanchas
de obreros de los obraies, arruinados definitivamente por la llegada de los
productos ine:leses ya que, de la noche a la mañana y en cantidades que
ya no cesarían de crecer, dejaban de ser obreros altamente cualificados
y remunerados más o menos en consonancia con su habilidad, para convertirse en un ejército de parados, de miserables, que ya nunca más se
reubicarían en la nueva sociedad resultante, no sólo privados de sus ingresos monetarios sino también de la actividad a través de la cual su vida
tenía sentido.

117

dirigidos por la oligarquía o por distintas facciones de las burguesías locales se reanudarían repetidamente desde entonces, pero los rechazos oligárquicos iniciados en 1810 tuvieron unos resultados inmediatos de consecuencias irreversibles: se desmoronó el imperio ultramarino de Castilla y
las Indias se fraccionaron en unas cuantas repúblicas que se constituyeron
como estados formalmente independientes.
Pienso que en región indiana alguna (premoniciones irrelevantes al
margen), las oligarquías locales deseaban ni habían previsto la secesión.
Los acontecimientos ocurridos en la Metrópoli, que provocaron sus actitudes de rechazo, las sorprendieron sin proyectos alternativos de ningún
tipo. ~omo la separación no llevaba tiempo preparándose no había grupos
o partidos que desde más o menos tiempo estuvieran madurando sus planteamientos y hubiesen ya escogido formas de recambio para cuando triunfasen sus intentos. Creo que esta hipótesis, caso de ser cierta, habría tenido
diversas consecuencias que ayudarían a comprender la temática de estas
notas.
En primer lugar -y por lo que !engo dicho- en cada región indiana
los beneficiarios políticos de la secesión debieron hacer frente, desde el
primer momento, a la continuada insurgencia popular, que ya no cesaría ni
un momento, insisto en ello, y que mayoritariamente iba dirigida contra la
oligarquía El resultado concreto de lo que acabo de mencionar es que una
de las múltiples características de las nuevas repúblicas fue una inestabilidad política y social perenne. La insurgencia de las masas de finales del período colonial y la de la actualidad es la misma y continuada. Si de algunos
momentos no tenemos noticias es debido a que los investigadores no han
buceado en los archivos en búsqueda de la información precisa, a que gobiernos más o menos dictatoriales pudieron controlar los medios de expresión escritos hasta el extremo de conseguir la apariencia de una tranquilidad casi total, o a que las revueltas populares no eran detectadas por los
observadores de otros grupos sociales y los protagonistas no sintieron la
necesidad de dar a conocer sus gestas o sus memoriales de agravios.

Por todas partes, a partir de 1810, estas insurgencias populares se entrecruzaron en un endiablado y complejo fenómeno todavía muy mal conocido y peor estudiado, pero bien enmascarado, con el rechazo de las oligarquías indianas (criollas y peninsulares) primero a la monarquía metropolitana de José Bonaparte y a partir de 1820 a la monarquía constitucional de Femando VII.

En segundo lugar, al fracasar los contados intentos de crear un solo estado plurinacional con todos los pueblos de las Indias, éstas se fraccionarían en un número -en un primer momento indefinido e indeciso- de repúhli~~ ~e no tenían u?os límites precisos. No existían unos precedentes histoncos, o qo se tuvieron en cuenta los precolombinos, sobre los cuales se pudiesen inv~ntar unos determinados límites fronterizos. Estos como
e~ to~as part~ ~ trazaron artificialmente, sin tener presente ni la geografia, m las nac10nalidades, ni la división administrativa virreinal.

Las insurgencias populares ya no cesarían, y han continuado, con mayor o menor virulencia, hasta la actualidad. Sus cruces con movimientos

De esta manera regiones naturales concretas, el Chaco para poner un

�118 SigloXIX
solo ejemplo, quedaron abruptamente repartidas entre estados limítrofes;
antiguas naciones, con una seilas de identidad muy anteriores a la invasión
europea, vieron a sus gentes convertidas en súbditos, que no ciudadanos,
de estados vecinos, frecuentemente enfrentados por absurdas rivalidades
(los Mayas sin ir más lejos, que si hasta 1821 habían padecido la opresión
de los virreyes ahora sufrirían la de los gobernantes de México, Guatemala
y Honduras); ilógicas pero más o menos consolidadas circunscripciones administrativas, levantadas en algunos casos hacía trescientos años, no fueron
tenidas en cuenta porque tampoco había razón para ello, pero el territorio
sin ninguna trabazón humana, geográfica, económica o política que se había llamado Charcas desde la llegada de los castellanos, que había formado
parte del virreinato del Perú y más tarde, por bien pocos años, del Río de
la Plata y por el cual se enfrentaron las oligarquías de ambas capitales a
partir de 1810, se convirtió desde 1825 en la actual Bolivia, que el Libertador quiso crear como estado modélico y ha conseguido alcanzar tristes y
notorios récords de inestabilidad, no porque las personas encerradas dentro
de sus fronteras sean especialmente ingobernables, sino por viejos problemas estructurales iniciados en 1535, y por no tan viejos problemas políticos que acabo de mencionar.
Todo lo que he venido señalando en este segundo apartado ha tenido
una serie de consecuencias sobradamente conocidas. Las artificiales fron-

teras perpetradas en los ailos veinte del siglo pasado no se han sostenido:
Bolivia, de nuevo un caso paradigmático, ha perdido más de la mitad del
territorio de 1825 en beneficio de sus vecinos, que han visto, en consecuencia, aumentado el suyo. Globalmente, esta cuestión ha degenerado en
el sinfín de pleitos de límites que son un motivo más de fricciones y malos
entendidos, de actitudes parafascistas y de enfrentamientos fratricidas tan
absurdos como cualquier guerra.
Contrariamente han sido también frecuentes los movimientos secesionistas de grupos regionales o comarcales que no se sentían excesivamente
vinculados a un determinado proyecto estatal o que pensaban solucionar
sus problemas concretos a través de la segregación o uniéndose al estado
vecino.
Una tercera consecuencia de lo impremeditado de la independencia
fue que las oligarquías que construyeron los nuevos estados en beneficio
propio, se vieron en la necesidad de organizar una parafernalia política
como simulacro institucional, sin tener, como ya he indicado, un concreto proyecto que hubieran estado madurando durante largo tiempo. La absurda actitud adoptada primero por la regencia de Cádiz y más tarde por el
necio Femando VII, supuso que debiera recurrirse sin entusiasmo alguno a
la organización republicana. Pero aquí -y ni siquiera en todos los casos-

M. lzard: Cambio cultural, liberalismo e insurgencias populares

119

se te~ó _el acuerdo. Por añadidura la inestabilidad política, sobre la que
ya he msJSti~o, y el atraso económico del que hablaré de inmediato, hacían
pensar a qtnenes creían en los poderes taumatúrgicos de determinadas alternativas, que todos los problemas dejarían de serlo tan pronto como se
adoptara una organización determinada, federal, centralista o la que fuere,
tan pronto como se recurriera al sufragio universal o se pidiera la intervención de un gendarme a todas luces innecesario.
Acabo de mencionar el atraso económico. La inesperada independencia de las Indias tuvo lugar, como ya he señalado, en el mismo momento
en que se producía la transición final y una de las múltiples consecuencias
de esta transición fue que el mundo quedó dividido, a partir de este momento, en países capitalistas centrales y países capitalistas periféricos, con
unos intercambios entre los mismos que a partir de ahora se harían en condiciones de desigualdad: los primeros serían cada vez más ricos materialmente a costa de los segundos, que cada vez serían más pobres. En todos
los estados _de la_ ~érica Latina, que se vieron inmersos en este segundo
grupo, pod1a atribuuse el subdesarrollo al pasado hispánico, a la composición, étnica o al cariz de la independencia, pero también en todas partes
pod1an aparecer quienes pensaran, o dijeran pensar, que bastaba con importar las formas de organización estatal susceptibles de ser presentadas
co!11o las causas del crecimiento económico, para que éste se produjera sin
mas.
De esta manera quizás sería más fácil entender las actitudes políticas
de los distintos grupos sociales, aunque debe realizarse una advertencia
previa: salvo casos tan excepcionales que no vale la pena mencionarlos,
desde un primer momento se decidió que intervenir, pensar o manipular
e~, la co8;" pública era potestad e~clusiva de quienes tuvieron la pigmentac1on cutánea de un color determmado y pertenecieran a una cultura bien
concreta, lo que pudo degenerar en que fueran consultados, y eso en el
mejor de los casos, sólo el uno por ciento de los súbditos.
De entre estos superdotados que personalmente se habían autoconcedido la cualidad de padres de la patria, habría que segregar a la inmensa
mayoría de la oligarquía (detentores de los latifundios, las mayores empresas comerciales, las pocas minas de plata o similares que se salvaron de las
guerras civiles), los cuales, por el monto de sus recursos, devenían casi automáticament-e en conservadores reaccionarios, enemigos de cualquier alternativa, temerosos de cualquier cambio, pacatos ante cualquier iniciativa,
contrarios a cualquier novedad.
El resto de la burguesía, mayoritariamente, se aferró cada vez que pudo a algo intangible e inconcreto que podríamos llamar saintsimonismo, in-

�M. Izord: Cambio cultura~ liberalismo e insurgenciM populares

121

120 Siglo XIX
tentó transplantar a sus países unas reformas tarde y mal inútadas de los
países capitalistas centrales con la esperanza de que miméticamente darían
los mismos resultados.
Algunas veces, lo veremos en las páginas próximas, se pensó que un liberalismo político de inspiración más o menos británica, podía dar excelentes resultados mezclado con el federalismo, forma de organización estatal a la que se podía atribuir la aparente expansión de los Estados Unidos.
Pero pudo ocurrir, y ocurrió, exactamente lo contrario, que los liberales no
fueran federalistas como en Venezuela, Nueva Granada o México, sino unitarios y centralistas como en la Argentina o incluso que quienes decían defender las propuestas más progresistas en lo económico o en lo social, se
mostraran partidarios, siguiendo más o menos el caso alemán, de un ejecutivo ilustrado, fuerte y despótico, bien porque así lo creyeran, bien porque como intelectuales orgánicos de algún caudillo estuvieran dispuestos a
hacer pensar que les parecía la solución más correcta.
Se ha escrito bastante sobre estas diferentes, y en algunos casos contradictorias, alternativas. Como veremos en los próximos epígrafes la cuestión no está clara en absoluto y serán necesarios todavía muchos trabajos
monográficos para que pueda empezarse a detectar alguna claridad. Dada
la cantidad y la calidad de los trabajos realizados basta el momento, descontando los análisis puramente deSGriptivos en que se mencionan exclusivamente cambios constituyentes, guerras civiles y pronunciamientos sin
que asome el más mínimo interrogante en un primer y tímido intento de
encontrarles respuestas a tantas cuestiones, y sobre todo, dado el ámbito
geográfico del Continente, sólo puedo aspirar en los próximos apartados a
mencionar algunas de las propuestas liberales y/o federales en algunos países concretos y centrarme, algo más monográficamente, en el caso venezc&gt;lano para denunciar las falacias del federalismo.3 Pero quizás valdría la pena, con todo el riesgo que comporta, intentar previamente una primera
aproximación, necesariamente muy general, al liberalismo ideológico latinoamericano.

2. LOS LIBERALES
Hay quien ha afirmado que proceden más o menos directamente de
los ilustrados del setecientos, y en varias de las nuevas repúblicas, dadas las
dificultades para organizarse en las primeras décadas de la independencia,
se agruparon en asociaciones más o menos secretas, más o menos masónicas, lo que quizás ayudaría a comprender su furibundo anticlericalismo militante, del que jamás llegarían a sanar. Creían ciegamente en la razón y el
progreso, lo que les hacía sumamente pragmáticos, y para alcanzarlo pensaban que era imprescindible el orden, y para conseguir ambos podían lle-

gar a justificar a un caudillo si garantizaba el orden que facilitaría el prc&gt;greso. Eran regeneracionistas y acérrimos defensores de lo urbano, lo que
les llevaba a veces a menospreciar lo rural y al campesinado que solían ver
como representante del atraso. Se creían parte de un movimiento internacional y panamericano, y protagonistas de un debate ideológico; decían querer romper con el aislamiento intelectual de sus países respecto de los que
consideraban los países adelantados, lo que les llevaba a deslumbrarse ante los Estados Unidos, admirar a héroes míticos como Garibaldi o inspirarse exclusivamente en pensadores europeos, de Proudhon a Comte, pasando por Considérant.
Este internacionalismo, esta dependencia tan marcada frente a pensadores foráneos (que contrasta con la escasez o irrelevancia de los pensadores autóctonos, las más de las veces meros traductores), está en notable
contradicción con las opiniones de quienes los tienen por forjadores de un
sentimiento nacional, por quienes rompiendo con la vieja sociedad jerárquica, con los anteriores vínculos, especialmente los religiosos, iniciaron el
culto a los libertadores o a los héroes de la independencia y fundaron la religión de la patria.4
Su programa político era en principio el de cualquier liberalismo: libertades básicas (de imprenta, de palabra, ete.), abolición de Ja esclavitud, secularización legal y moral, reforma del sistema judicial y del tributario, libertad de enseñanza. Pero también propui,iaban, lo que enmascaraba racismo y un deslumbramiento ante lo europeo, blanquear la población, intentando la atracción de inmigrantes del viejo continente ofreciéndoles tierras baldías. Al margen de este contraste entre liberalismo y racismo, obviamente los inmigrantes europeos empezaron a llegar en cantidades
estimables, no cuando fueron solicitados por los liberales latinoamericanos: sino cuando fueron expulsados de Europa, porque se alcanzó un cierto grado de desarrollo material que exigía la eliminación de personas que
ya no eran necesarias y, sin embargo, podían ofrecer al imperialismo mejores rendimientos trabajando en las tierras vírgenes de América.
El paquete de medidas económicas convertía a los liberales en abogados del capitalismo exterior, en correveydiles, conscientes o no, de los intereses forasteros, así el fomento de la navegación fluvial a vapor, el librecambio, o lo que el profesor Jordi Nadal ha llamado la desamortización del
subsuelo (la cesión de los yacimientos mineros a empresas extranjeras), y
favorecía la exportación de bienes primarios sin elaborar y la introducción
de bienes industriales que arrninaría las manufacturas aborígenes.5 Este desanne ante la oferta o la demanda exterior solía ir acompañado de la creencia en las virtudes taumatúrgicas que tendrían los capitales de los países
capitalistas centrales, se invirtieran en la construcción de una red ferrovia-

�M. 1 ~ Cambio cultura~ liberalúmo e in,urgenciaa popularu

122 Siglo XIX
ria o fueran simples préstamos para oxigenar haciendas siempre tambaleantes.
En otro orden de cosas, no cabe la menor duda de que d cuerpo doctrinal de los liberales, porque fuera el suyo o porque aparentaran que lo
era, fue el bagaje ideológico del que se sirvió uno de los dos bandos en muchos de los enfrentamientos que se sucedieron en los nuevos estados. Estos
enfrentamientos se dieron entre caudillos aglutinadores y los caciques regionales a los que pretendían someter (y no olvidemos que en muchos casos la historia del liberalismo fue esencialmente la historia de su personalidad dominante), entre oligarquías capitalinas enfrentadas por conflictos de
intereses y burguesías pro,-inciales, entre "progresistas" de la costa y conservadores del interior. En este último caso los primeros podían coincidir
con intereses de la capital o representarlos (Buenos Aires) frente a un interior "tradicionalista", o los del puerto abierto al exterior frente a uncentro cerrado sobre sí mismo (Guayaquil vs. Quito), pero en otras circunstancias los enfrentamientos podían oponer a grupos, clases o regiones de forma mucho más enmarañada y compleja, hasta el punto de que todavía hoy
no se han podido descifrar los códigos que nos permitirían deshilvanar el
ovillo, incluso en casos en que el antagonismo llegó a situaciones límite comola violencia colombiana de los años cincuenta.
Como he dicho, los liberales se vieron reiteradamente enfrentados con
las masas que podían pensar que sus enemigos y los causantes de sus problemas no era la "modernización" capitalista, sino quienes la preconizaban
y eran capaces de aparecer como sus responsables. Pero aunque no fueron
excesivamente frecuentes también hubo dirigentes liberales con carisma suficiente para, en lugar de enfrentarse a los desposeídos, ponerse, aparentemente, al frente de sus huestes. Sin embargo, en todos los casos encontramos los mismos obstáculos: si nuestros conocimientos sobre el liberalismo
son confusos, el papel de estos dirigentes está totalmente por esclarecer, lo
que pennite que cada quien los pueda mirar desde su óptica o los reivindique como caudillo propio. Nada sabemos del fascinante caudillo neogranadino Vicente Herrera; el chileno José Miguel Carrera sigue envuelto por
u.na impenetrable nebulosa. Hacia mediados del ochocientos los aborígenes del estado de Guerrero siguieron al general mestizo Juan Alvarez, el
"patriarca del sur", insurgente de la independencia, caudillo liberal y tambien, en principio contradictoriamente, defensor de los peones, de los humildes y de los indios, en fin de los desposeídos de la tierra, y más tarde
uno de los rebeldes frente a Maximiliano.6 Este, el emperador, resulta también enigmático: apoyado por el conservadurismo más reaccionario, no
hay duda alimna que también propugnaba una "modernización" tan ligada al capitalismo exterior como la del liberalismo de Benito J uárez. Y se
sentía a su vez inclinado hacia los indígenes, aunque de ello no sepamos

123

nada.
Más sorprendente, si cabe, fue el caso de Ezequiel Zamora, que consiguió armonizar las ideas y los intereses de los llaneros con las de las masas
de los valles del norte y con los de la oposición liberal al gobierno de Caracas, y fue capaz de pertrechar a los segundos (los primeros se bastaban con
sus armas herramientas) desatando la guerra federal en 1859. Fue asesinado un año más tarde, posiblemente por sus propios correligionarios atemorizados por el cariz que había adoptado la contienda, que muchos compararon con las guerras de la Independencia. Pienso que el resto de aquélla,
hasta abril de 1863, no fue sino un largo paréntesis que se prolongó el
tiempo que centralistas y federales tardaron en detener la revuelta social
que entre todos habían dejado desatarse, y en devolver las cosas a la situación anterior a la guerra.7
No cabe la menor duda de que el análisis de toda esta temática tiene
un extraordinario valor propedéutico: debería analizarse con mayor profundidad cada caso estatal, sin olvidar los imprescindibles cotejos con los
similares pero también discrepantes casos de las otras repúblicas latinoamericanas y con otros casos de la perireria capitalista, los de los estados del
sur de Europa pongo por caso. Sería altamente aconsejable que los historiadores españoles conocieran lo que se está investigando en América Latina y viceversa. Ya Francois Chevalier ha insistido al respecto, y Mario
Cerutti ha sugerido e iniciado en cierta forma una propuesta de comparación entre el País V asco, Cataluña y Monterrey, en México. 8
Y podríamos preguntarnos: ¿el liberalismo supuso, para América Latina o para España, el triunfo de la revolución burguesa? No voy aquí a entrar en una discusión que se ha enconado innecesariamente. Si entendemos
por revolución burguesa un despegue político, social y económico similar
al que bahía tenido lugar en los países capitalistas centrales, es evidente
que todavía no se ha producido, mientras que si por revolución burguesa
entendemos el ascenso de una burguesía local subordinada que realizó buenos beneficios pero, por encima de todo, facilitó el ensamblaje desfavorable de sus países al sistema económico mundial, la respuesta ha de ser afir.
mativa.9 Y podríamos añadir como colofón a este apartado que el liberalismo no significó en la América Latina la superación de viejos problemas
estructurales que se habían ido forjando a lo largo del período colonial: al
contrario, los agravó, desbrozando el camino que llevaba al subdesarrollo
y a la dependencia.

3. DE LOS MASONES A LOS CIENTIFICOS
Ciro Cardoso y sus colaboradores, que han llevado a cabo un intere-

�M. lzard: Cambio cultural., lil&gt;l'ralümo &lt;&gt; imu,gencias popularu

125

124 Siglo XIX
sante y estimulante intento de aproximación al ochocientos mexicano,
apuntan las que a su juicio serían las principales características económicas de la reforma liberal en su fase formativa, la que transcurrió entre
1854 y 1867. En primer lugar los reformadores, repr~entantes de la
fracción más progresista de la oligarquía dominante, debieron desarrollar
su programa pensando en responder a la creciente demanda mu~dial d~
bienes primarios, enfrentándose conflictivamente con los secto~es mmov1listas de la oligarquía virreinal En segundo lugar, la reforma liberal comportó una reordenación profunda de la estructuras materiales del país para adecuarlas al abastecimiento de la creciente demanda de bienes de exportación. Señalan en tercer lugar que la refonna liberal supuso también, a nivel interno, un proceso de acwnu.lación originaria en sus dos vertientes ineludibles: acwnulación de capital y medios de producción en manos de la burguesía (esencialmente a través de la desamortización), y separación entre los trabajadores y los medios de producción creando y/o ampliando el mercado de trabajo. En cuarto lugar, las reformas lib~rales no
supusieron -como tampoco ocurrió en España, por ejemplo- la libertad Y
la igualdad de derechos para los trabajadores. En último lugar, los autores mencionados llegan a la conclusión de que no existió una contradicción entre las intenciones de los líderes liberales y el resultado final de la
Reforma, que fue, no una expansión de la mediana propiedad, sino, con10
trariamente, el fortalecimiento del latifundismo.
Desde el punto de vista ideológico y político, Ciro Cardoso y ~s co~aboradores enfatizan los siguientes puntos. Siguiendo a D. A. Bradmg, msisten en que la ideología liberal -con las características generales que he
señalado en el apartado anterior- estaba formada por un conjunto de abstracciones importadas de los países capitalistas centrales, que podía ser
reivindicado por grupos sociales bien dispares, mientras que los conservadores no pretendían nada más que eso, conservar privilegios y ventajas
que se habían ido consiguiendo durante el período colonial Sin embargo,
unos y otros coincidían en algunos puntos: la exclusión de las masas populares del juego político (sobre lo que vol~eré de inmedia~), la p~eponderancia dada a las actividades agropecuanas sobre las demas actmdades
productivas y la total oposición téorica al intervencionismo estatal en lo
económico.
Por lo que acabo de señalar, la política estaba restringida a un grupo
bien limitado de súbditos, y se pueden distinguir dos etapas nítidamente
separadas: la que transcurrió desde la "independencia" hasta 1854 y, una
segunda, desde esta última fecha hasta la consolidación del porfiriato en
1884. La primera se habría caracterizado por la actuación a través de organizaciones protopolíticas -las logias masónicas principalmente- y por
la discusión de una problemática que podríamos calificar todavía de co-

lonial, ventilándose cuestiones que se había empezado a debatir en el período del reformismo borbónico. En la segunda ya se habían definido los
dos grupos opuestos, liberales vs. conservadores, que luchaban por planteamientos nítidamente diferentes.
También cabría insistir en que quizás México fue el único país latinoamericano donde en el enfrentamiento mencionado y en el resultado
final, jugó un papel bien importante la intervención militar extranjera y
la oposición a la misma de uno de los dos grupos, el liberal.
He mencionado la exclusión de las masas de la discusión política. Creo
que es necesario insistir sobre este punto -aunque serían necesarios muchos más trabajos monográficos para esclarecerlo al máximo- porque precisamen te una determinada historiografía, invirtiendo los términos, ha
querido atribuir un cariz popular a un movimiento que no lo tenía en absoluto. En todas las nuevas repúblicas latinoamericanas las masas fueron
explotadas y nadie pensó que pudieran ser consultadas para conocer su
parecer sobre la construcción nacional. Pero en el caso de México, y quizás en alguna otra república, las mas3!1 no sólo fueron marginadas: fueron
derrotadas a principios de siglo en las guerras que se siguen llamando de la
independencia, y a partir de este momento (tal fue el pánico producido
por la insurgencia de los de ahajo), los campesinos y el proletariado urbano serían no solamente tenidos como marginales sino también como
enemigos a los que se había vencido y a los que debía tenerse constantemente bajo vigilancia para poder sofocar antes de que se extendiera
cualquier nueva insurgencia.
4.

CIEN AAOS DE VIOLENCIA

En la Nueva Granada el liberalismo surgió, aparentemente, algo más
tarde que en México, pero igual -que en esta república representado por
grupos emergentes que acusaban a una oligarquía conservadora de continuar manteniendo al país, en todos los aspectos, como en el período colonial, lo que, todo sea dicho de paso, confirmaría una vez más que los
enfrentamientos desencadenados entre 1810 y 1830 no habían acarreado
transformaciones estructurales.
En 1848, fecha que algunos autores señalan como la del orto del
liberalismo, La América, periódico de esta tendencia, acusaba a los gobernantes de lo que acabo de señalar.11
Gerardo Molina; un buen especialista sobre el liberalismo neogranadino y al que he seguido en estas notas, hace un ponnenorizado recuento
de los grupos sociales burgueses contrarios a la oligatquía colonial, co-

�126 Siglo XIX
merciantes, mineros del oro que invertían sus beneficios en otras actividades, manufactureros, pequeños o medianos propietarios de tierras Y !os
arrendatarios de las rentas públicas. Pero si todos estos grupos se opoman
a la oligarquía no podían llegar a un acue~do a l~ hora de ?rop?ner reformas determinadas: los comerciantes ped1an el librecambio mientras los
manufactureros pedían proteccionismo y transformaciones social~ que
ampliaran la capacidad adquisitiva de sus paisanos, los radicales ped1an el
federalismo mientras otros más timoratos pensaban en un estado central
fuerte que pudiera garantizar el orden social, que fuera capaz de emprender costosas obras de infraestructura o que tuviera recursos para atraer
inmigrantes europeos.
Estas y otras cuestiones más doctrinales o ideológicas provocaron la
escisión del liberalismo en dos ramas, la liberal propiamente dicha y la
democrática, una inspirándose en los postulados franceses de 1789 y la
otra inspirándose en teóricos más radicales como Proudhon, por ejemplo.
Estas no podían ponerse de acuerdo en la forma de organizar la enseñanza,
en la manera de mam{mitir a los esclavos o en la actitud a adoptar frente
al monopolio del tabaco.
Florentino González, que en sus años mozos y en la época bolivariana había mostrado veleidades muy radicales, regresó convenientemente
moderado tras una larga estancia en l.íl Gran Bretaña, plausiblemente como
abogado de los intereses ingl~es, y durante la primera administración Mosquera llevó a la adopción del librecambismo o a dar facilidades para la navegación por el Magdalena.
Poco más tarde las dos fracciones liberales se conocieron como draconianos y gólgotas. Y la más radical, precisamente con este calificativo, dominó en Colombia entre 1863 y 1877, defendiendo las libertades más absolutas, el federalismo a ultranza, la total separación entre iglesia y estado,
0 minimizando el papel del gobierno. Pero los radicales, tremendamente
idealistas, moviéndose en las esferas intelectuales sin tocar de pies en el
suelo, pensando que sólo en las ciudades vivían gentes "civilizadas" o convencidos del poder taumatúrgico del federalismo, fueron incapaces de consolidar su programa y contrariamente y sin quererlo, beneficiaron a sus
máximos opositores; así, por citar un solo ejemplo, la vieja oligarquía virreinal fue la gran beneficiaria de la desamortización.
El programa radical no solamente no cuajó, por añadidura supuso el
ascenso al poder de un liberal tan peculiar y, valga la paradoja, tan poco
liberal como Rafael Núñez, que d~ r.adical devino mosquerista para acabar
fuIJdando do¡¡ partidos, el Independiente y _más tarde el Nacional, qu~ d~
generó tn autoritario, autocrático, aristocrático, de{ensor de la Iglesia, y

M. Izard: Cambio cultura~ liberalúmo e insurgencias populares

127

partidario de una democracia restringida al máximo, a la que él llamó
"democracia convenientemente dirigida". 12 Cabría insistir en que en Colombia fue, aparentemente, donde alcanzó mayor violencia el antagonismo entre liberales y conservadores.

5.

LOS OLIGARCAS QUE NO TEMBLARON

En los apartados anteriores he insistido sobre las limitaciones del liberalismo y del federalismo en México y Colombia. El caso argentino (sobre el que se empezó a trabajar a fondo hará unos quince años, tarea que
se vio entorpecida por condiciones políticas bien poco propicias), es aparentemente más complejo, ya que quizás en este caso hubo enfrentamiento entre liberalismo y federalismo, y no tengo la osadía ni siquiera de intentar pergeñar algunas generalidades.
Desafortunadamente tampoco es suficiente la información bibliográfica sobre el caso venezolano: también aquí serán necesarios muchos análisis monográficos para empezar a vislumbrar un poco de claridad.
Años después de 1830, el liberalismo venezolano fue escindiéndose:
mientras la facción moderada se sentía cada vez más próxima a los conservadores, la facción radical se iba separando rápidamente y llegó a crear un
partido nuevo, el federal, populista, con un desdibujado programa en el
que se exigían garantías formales pero no se planteaban las graves cuestiones estructurales heredadas del período colonial Así, se hablaba de una tenue vinculación con el programa bolivariano, se mencionaban taumatúrgicas virtudes de la organización descentralizada o se prometía una serie de
libertades formales, pero se olvidaban las relaciones de producción, la propiedad de la tierra o las reivindicaciones llaneras.
No tengo la menor pretensión de aportar ninguna novedad en una temática en la que recién me estoy adentrando, pero quisiera proporcionar,
como colofón, algunas muestras de los calificativos con que la oligarquía
conservadora obsequió a sus oponentes a lo largo de una cruenta guerra
civil que muchos consideraron como la continuación de la de la Independencia. Oponentes con los que, a pesar de estos calificativos, perpetraron el
contubernio de Coche precisamente porque el desarrollo de la contienda
había llegado a tal extremo y las masas populares y los llaneros del Apure
habían pensado que protagonizaban una verdadera revolución, lo que provocó que la burguesía federal prefiriera pactar con sus enemigos antes que
verse arrastrada por unos correligionarios que habían llegado a creerse sus
proclamas. Una vez más las masas y los llaneros perdieron la guerra cuando
tenían la victoria en sus manos. 13

�128 Siglo XIX
A finales de marzo de 1858, el general Castro escribía al licenciado
Rodríguez sobre el curso de la guerra y lamentándose de la lentitud de las
operaciones del ejército gubernamental, añadía que Sotillo, batido en
Oriente, se limitaba, huyendo siempre de sus oponentes, "a atacar las poblaciones indefensas, si bien cometiendo todo linaje de excesos, con el propósito de arrastrar prose1itos; pero su plan es inútil: el eco de la muerte sólo responde a sus gritos desenfrenados". El 7 de enero de 1860 era el Dr.
Pérez de V elasco quien escribía a Rodríguez: "Hoy la revolución ha degenerado en salteamientos de bandoleros. Batidos los revolucionarios por todas partes, ya no pretenden medirse en guerra regular con los sostenedores
del Gobierno y agrupados en partidas poco considerables, siembran el espanto dondequiera". En la Memoria de lo Interior y Justicia del mismo
1860, decía el Secretario: "Todas las facciones mencionadas (•..) tienen
un mismo carácter: manifiestan las más disociadoras tendencias, cometen
atentados de todo linaje contra la propiedad y la familia, y dejan por huella de su paso el incendio, el saqueo, el deshonor de las mujeres y la orfan•
dad de los niños". A mediados de este mismo año, el 7 de mayo, el licenciado Siso escribía a Rodríguez y le decía "asaltan y asesinan todos los
días, es decir, Cisneros multiplicado por diez". Esta comparación con el
guerrillero "realista" obedecía, plausiblemente, a un sentimiento de desesperación: a finales de enero de este año Pedro Gual le bahía escrito a
Rodríguez: "Mi esperanza, pues, no está ahora en los hombres sino en la
Providencia".
A mediados del año siguiente, el 19 de julio, en un decreto declarando en estado de asamblea a las provincias "acosadas por los facciosos", se
afirmaba: "la sociedad está amenazada en sus bases fundamentales; la fortuna pública y privada desaparece; la seguridad personal apenas existe en
las grandes ciudades; la anarquía todo lo invade, todo lo trastorna, todo lo
destruye, hasta los restos de la civilización cristiana que heredamos de
nuestros padres y que procuramos cultivar con esmero en los felices días
de la República". A finales de este mismo año Rodríguez, hablando de la
dictadura de Páez, decía que la sociedad venezolana quería "probar si por
este medio se le restituía el perdido tesoro de su sosiego y civilización, a la
vez que volvía a ejercer su ~perio e} olvidado ~espeto.ª la propiedad, que
había sido atropellado, y mas todavta escarnecido y p1SOteado por hordas
analfabetas y anárquicas a las que se les había hecho pérfidamente creer
que así era como se hacía patria".
En febrero de 1862 el Secretario del Interior oficiaba a todos los gobernadores y decía de los insurgentes que eran "hordas desalmadas, sin fe,
sin ley, sin religión y aún sin caudillo". El 20 de septiembre el gobernador de Aragua enviaba a los concejos municipales un curioso proyecto para acabar eon la revuelta, proponiendo, entre otras muchas cosas, oponer

M. lzard: Cambio cultural, liberalúmo e inmrgencio, populare1

129

"a sus pasiones y rencores la tolerancia en las opiniones y las ideas de concordia y de paz y a esa propaganda demagógica y socialista, que exalta el
ánimo de los ciudadanos incautos y les lanza a armar su brazo contra el
gobierno y contra la sociedad, doctrinas sanas que hagan renacer en ellos
el amor al trabajo y a las artes de la paz y medidas benéficas que sean capaces de producir este resultado".
El 25 de enero del 63 enviaban desde Calabozo documentos sobre el
asesinato del comandante Juan Vicente Alvarez y se hablaba de "la traición, instrumento ordinario de los bandidos que han declarado a la sociedad una guerra de exterminio". Añadían que Alvarez había sido "muerto
por aquellos bárbaros que no podían perdonarle su decidido amor al orden".1ª
Insisto en que sólo es una muestra de que, dado el nivel alcanzado por
los enfrentamientos, no debe extrañarnos que los dirigentes federales decidieran pactar con los conservadores cuando éstos tenían irremediablemente perdid:¡¡ la guerra. Tampoco deberíamos escandalizamos por las limitaciones programáticas de federales o liberales en los países latinoamericanos. Lo que no tiene justificación alguna, lo que es una falacia, es haberlos querido presentar como lo que no fueron, como dirigentes revolucionarios abjurando de sus vinculaciones de clase y misteriosamente dirigiendo unas revoluciones populares. Tales anacronismos y chapuzas han
sido perpetrados no por quienes están interesados en saber lo que ocurrió,
sino por quienes inventan un pasado para u.nos grupos actuales bien concretos.

NOTAS
l. "El contrabando de la provincia de Venezuela en tiempos de la Compañía Guipuzcoana. 1730-1784 (Curazao y la costa de Caracas)", tesis de doctorado
leída en la Universidad de Barcelona, septiembre de 1985.
2. Para facilitar la comprensión de lo que sigue es necesario que defina lo que e&amp;
tiendo por cultura: todo lo que los pueblos o naciones han imaginado, escogido,
6reado, aprendido o constru{do para adaptarse y vivir en un medio concreto (y

en unas condiciones históricas detenninadas) y para realcionarse entre ellos.
Agradezco la imprescindible colaboración de los profesores Caridad Martínez,
Marielsa López y Mariano Heuera que tanto me han ayudado a clarificar mis
confusas ideas al respecto.
3. Como un notable e¡jemplo de estos estudios puramente descriptivos puede citatse VV AA, Lo, riltema, federrdu del continente americano, México, 1972, FCE
yUNAM, 677.
4. Sobre esta temática ta bibliografía es todavía muy

escasa. pero existen ya ~

�M. lzard: Cambio cultural, liberalismo e insurgencias populares

130 Siglo XIX
nas obras excelentes: D. Brading, Los orígenes del nacionalúmo mexicano,
México, 1973, Sep-Setentas, 224; J. Lafaye, Quettalcóatl y Guadalupe. La formación de la conciencia nacional en México, México, 1977, 483; o G. Carrera
Damas, El culto a Bol(var, Caracas, 1969, UCV, 309.

5. Joroi Nadal, El fra,xuo de la revolución industrial en España, 1814-1913, Barcelona, 1975, Ariel, 315.
6. Existe alguna información, muy escasa, en Jean Meyer, Problemas campe,inos y
revueltas agrarw (1821-1910), México, 1973, Sep-,Setentas, 235.
7. He intentado una prúnera aproximación a esta temática en "Oligarcas temblad,
viva la hbertacl Los llaneros del Apure y la Guerra Federal", en Boletfn Americanúta, Universidad de Barcelona, 32 (1982), 78-134.
8. Chevalier, América Latina de la independencia a nuestros días, Barcelona,
1979, Labor, Nueva Clio 44, 271. Cerutti ha publicado ya una primera aproxi•
mación, "Burguesía regional, mercados y capitalismo. Apuntes metodológicos y
referencias sobre un caso latinoamericano. Monterrey (1850-191 O)", en Revista
Mexicana de Sociologfa, Universidad Nacional Autónoma de México, vol XLV,
1 (enero-marzo 1983), 129-148.

9. Véase un completo estado de la cuestión para el caso español en Carlos Martínez Sbaw, "Sobre el feudalismo taroío en España: algunas acotaciones a Bartolomé Clavero", en Teoría, Madrid, 4 (enero-marzo 1980), 163-186.
10. Ciro Cardoso (cooroinador), México en el siglo XIX (1821-1910). 1-listoria económica y de la estructura social, México, 1980, Nueva Imagen, passim. Todo el
libro es sumamente sugestivo, véase por ejemplo la desmitificación del nacionalismo reformista de Juárez en páginas 277-279. Puede encontrarse más bibliografía en el útil bbro de Enrique Florescano (coordinador), México en 500 libros, México, 1980, Nueva lmagPn, 187.
11. Sobre este tema también José M. Samper en su Ensayo sobre las revoluciones
políticas y la condición ,ocial de las repúblicas colombianas, Bogotá, sf, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, pauim.
12. Geraroo Molina ha escrito un útil resumen sobre el tema con una buena información bibliográfica: Las ideas liberales en Colombia. 1849-1914, I, Bogotá,
1978, Tercer Mundo, 339.
13. La bibliografía sobre el federalismo venezolano es escasa y muy desigual Existe
una obra clásica de Lisandro Alvarado, Historia de la revolución federal en
Venezuela, Caracas, 1956, Ministerio de Educación, 314 (la primera edici9n es
de 1909). Se pueden citar varios estudios más recientes F. Brito Figueroa, Tiempo de Ezequiel Zamora, Caracas, 1976, OCI, 529; Miquel Izard. "Oligarcas temblad", y "Tanto pelear para terminar conversando. El caudillismo en Venezuela", en Nova Americana. Torino, 2 (1979), 37-82; Adolfo Rodríguez, Exequiel
Zamora, Caracas, 1977, Ministerio de Educación, 356; y José León Tapia, Por
aquí pasó 7..amora, Caracas, 1976! Centauro, 293.
14.

José Santiago Rodríguez, Contribución al estudio de la guerra federal en V enezuela, Caracas, 1960, Imprenta Nacional, 1, 235 y 11, 41; Memoria de lo Interior
y Justicia, 1860, Caracas, 1860, Imprenta Zarzamend~ 7; Rodríguez, Contribu-

!I.

131

ción,
~~ Y 42-43; AGN, Interior y Justicia, DCXCIU, 9, 27-61; Rodríguez
Contnbuc10n, 11, 224-229; AGN, 1 y J, DCCV 20 50-56· DCCXXV 59 22i
226 y DCCXXXII, 5, 45-53.
'
'
'
'
'

�Revueltas y revoluciones en
España (1766-1874)

Alberto Gil Novales*

L

El título de este trabajo podría ser también Revueltas y revoluciones
en la formación de la España actual Ciertamente que todo el pasado de un
país contribuye a formar su estado presente, y en este sentido incluso las
investigaciones arqueológicas lo cobran para entender determinados rasgos,
persistentes o no, en nuestra historia. Y por supuesto que revueltas y revoluciones, alteraciones como se decía con palabra clásica, tuvieron lugar en
el solar de Hispania a todo lo largo de la existencia de sus pueblos. En la
España moderna, ¿cómo no mencionar a los comuneros de Castilla, los
agermanados de Valencia y Mallorca, las alteraciones de Aragón con motivo de la huida de Antonio Pérez, etc.?, movimientos que serán ampliamente recordados en el siglo XIX. ¿Cómo no recordar la crisis del siglo
XVII, con las sublevaciones de Cataluña, Portugal y Nápoles? -la famosa
crisis de la Monarquía Hispánica de los Felipes, en la que tanto insisten los
historiadores de hoy. ¿Cómo no hablar del carácter popular y multitudinario que tomó entre nosotros la Guerra de Sucesión?
Razones no faltan para recoger todos estos movimientos, y aun los
medievales e incluso de la Antigüedad, a la hora de trazar la historia revolucionaria o tumultuaria de la España actuai. No obstante, y sin perjuicio de hacer quizá alusiones rápidas a ese pasado, creo que no debemos
perdemos en el, sino que por el contrario debemos tomar como punto de
partida el que marca el comienzo del fin del Antiguo Régimen, es decir
1766. Las Comunidades de Castilla han sido definidas como una revolución burguesa temprana1 -y a ello deben su rabiosa actualidad en el siglo
XIX. Pero en ningún momento ese movimiento puso en peligro la existencia misma del Antiguo Régimen- como no sea que lo interpretemos como
un aviso a tres siglos vista
*Facultad de Ciencias de .la Información, Universidad Complutense de Madrid. Este
trabajo fue publicado previamente en Revista de História da&amp; /fkias, vol 7, Facultad
de Letras, Universidad de Co.irnbra (Portugal), 1985.

�A. Gil Nooole.,: Revueltas y revoluciones en fspaña

135

134 Siglo XIX
Decididamente mejor es partir de los llamados Motines de Esquilache
(es decir, contra Esquilache) en 1766, porque aunque tampoco con ellos
desaparece el Antiguo Régimen, sin embargo su naturaleza a !a vez arcaica
y modernísima, su incidencia geográfica, su dimensión -la&amp; más grandes
alteraciones sociales de Europa hasta la Francia de 1789, al decir de Pierre
Vital- confiere a estos motines el significado inequívoco de que con ellos
empieza a cuartearse la fábrica de nuestro Antiguo Régimen. Pierre Vilar y
Gonzalo Anes3 han insistido en que el motín madrileño contra Esquilache
es un motín de subsistencias, originado en la ordenanza de libre circulación
de los granos, es decir, algo muy semejante a la guerre des farines francesa.
Otros han visto sobre todo el aspecto político, de conjura aristocrática y
antiilustrada.4 La interpretación tradicional, presente ya al día siguiente de
los acontecimientos y en toda la tradición liberal, echó la culpa a los jesuitas; y de aquí la expulsión de éstos en 1767. Recientemente Giovanni
Stiffoni, al utilizar una fuente hasta ahora no empleada a este respecto, las
relaciones de los embajadores vénetos, ha venido a confirmar documental5
mente la tesis de Pierre Vilar.
Observemos que los motines de 1766 se extendieron no solamente a
Madrid, sino a Aragón, Castilla, Guipúzcoa - las machinadas vascas- Valencia y Murcia, llegando incluso a Andalucía, en donde asistimos al insólito espectáculo de la insubordinación de todo un regimiento en Sevilla; lo
cual tiene, por lo menos, carácter ptemonitorio del futuro papel del Ejér6

cito en España.

Después de la gran prueba que el año 1766 había planteado a la Monarquía., pareció entrar ésta en un período de normalidad con las grandes
reformas ilustradas de Carlos ID y su continuación bajo Carlos IV. La resistencia a las reformas, que de tan aguda manera conmocionará a la España del siglo XIX, no da lugar en esta época a graves alteraciones del orden,
aunque los intereses amenazados no dejan de hacer sentir su presencia,
presagiando acaso el futuro. El año 1776 tiene lugar la fulminante destitución de Olavide, con el proceso inquisitorial consiguiente -y naturalmente todo el equipo gobernante era o~eto de vigilancia, y aun quizá de
algo más grave: de momento, contenido.
De manera 1fUe la Ilustración encontraba su correctivo en la Inquisición, y aunque la caída de Olavide no significó el abandono total de la
política ilustrada,8 sin embargo indicaba bastante bien la función que en
la sociedad española empezaba a jugar la Iglesia. Actitud ya manifiesta en
la dramática representación del Obispo de Cuenca, D. Isidro de Carvajal
y Lancaster, tantbién de 1766, en la que el piadoso Prelado se quejaba de
"la persecución &lt;le la Iglesia, saqueada en sus bienes, ultrajada en sus Mirústros, y atropellada en su inmunidad", a la que contestó el gobierno con un

Memorial-ajustado.9

Esto pareció de momento disensiones originadas en el celo por el bien
de la Patria, ~. ciertamente el rei~~do de Carlos III no presentó ninguna
nueva revoluc,on o contrarrevoluc1on (en España; sí en América). Al año
de su muerte, 1788, estallaba la revolución francesa, que por miedo y rabia
va a lanzar a la más extrema reacción a algunos de los ilustrados de mayor
nombradía, a comenzar por FloridaJ&gt;lanca. 10 La guerra contra la República
francesa en 1793, con su emoción patriótica, fue aprovechada también por
las fuerzas reaccionarias para movilizar al pueblo, no sólo contra la Francia
regicida, sino contra las mismas ideas de la Ilustración monárquica española.11 Un título del famoso Fray Diego José de Cádiz indica muy bien el espíritu con el que la Iglesia, o un sector de ella - porque convendrá matizar- se dispone a encarar la llegada del mundo contemporáneo: El soldado
católico en guerra de religión, 1794.12
_ Sin emb~rgo una clase mu) diferente de alteraciones tenía lugar en Esp~a, las denvadas de la escasez de primera materia, típicas de toda econom,a de Antiguo Régimen; como los célebres motines de Barcelona del año
prec~ente_, 1789.13 Carentes de finalidad social o política a largo plazo'.
no dejaron sm embargo estos motines de preocupar a las autoridades. Sintomático parece el caso de los "albo~otadores de la UUoa", protesta antifi~al manipulada o aprovechada por la Iglesia: al grito de Viva el Rey:
L'IVa la Ulloa: muera la Unica (contribución) estos gallegos de la provincia
d~ Lugo llegaron a caer clamorosamente sobre Orense el 22 y 23 de noviembre de 1790, siendo apaciguados por la mediación eclesiástica.13a Mayor dimensión tuvieron los motines valencianos de 1793-1794y 1800-1801.
El primer motín, el de 1793, "año de precios altos", fue una conmoción
cont~a _los sacerdotes franceses España había entrado en guerra con la
República- en la que parece adivinarse una intriga del Capitán General,
Duque de la Roca, contra el Arzobispo. Al año siguiente, 1794, la orden
de formación de un cuerpo de Milicias, llamado de Voluntarios Honrados
confiado por el Capitán General a tres magistrados de la Audiencia, entr;
ellos el fiscal Don Juan Romero Afpuente, dio lugar a la protesta de éstos,
Yª. que el reclutamiento se hacía a expensas de los reclutados, gente humilde que no podían pagar elevadas cantidades. El Duque de la Roca metió en la cárcel a los magistrados, y de aquí se derivó un motín contra el
Capitán General y a favor de los magistrados, al que se sumó la nobleza
valenciana, lo que obligó a Godoy en 1795 a ordenar la liberación de los
tres magistrados, y en definitiva a dar marcha atrás. 14
El miedo a la Revolución francesa, unido a las dificultades econórrúcas
de buena parte de la población, explican estos desórdenes. Carácter diferente tiene la conspiración de Juan Picornell, llamada del "Cerrillo de San
~las", que buscaba proclamar la República, según la interpretación tradic10~, o por lo menos una Monarquía Constitucional. Aunque la conspirac,on lleve una fecha concreta, febrero de 1795, venía incubándose de

�A. Gil Novales: Revuelta.! y revoluciones en España

136 Siglo XIX
tiempo atrás: así lo demuestra el Catecismo político, de 1787, qu~ descubrió Iris M. Zavala. Pero la amplia represión provocada por esta inten14
tona se relaciona naturalmente con el miedo a la Revolución francesa. ª
La aparición en Galicia de una burguesía que plenamente podemos
llamar feudal, por usar con los campesinos de los peores métodos d~l
antiguo orden, explica que en esa región se den motines populares antJburgueses, como los que en 1797 y 1798 a~caron la_ empresa.~e Sargadelos, del famoso Don Antonio Raimundo Ihañez. La mtervenc10n -0e los
notables de la comarca en el motín, entre ellos muchos eclesiásticos, confiere a estos sucesos el aspecto de "ensayo general de la guerra civil que
apenas treinta años más tarde había de desgarrar el país", se~n h~_puesto luminosamente de relieve María Rosa Saurín de la Iglesia Ihanez no
14
llegó hasta la guerra civil: fue asesinado por sus vasallos en 1809. b
Por un problema semejante, pero con otro planteamiento inicial, en
diciembre de 1800 estalló en Valencia un motín contra el intendente, el
cual tuvo que escapar disfrazado; motín que se reprodujo, y se comunicó
a otros puntos además de la capital, con motivo de la ~~lut~ de las llamadas Milicias Provinciales, que violaba un supuesto pnV1leg10 foral, pero
que al mismo tiempo atentaba contra el carácter aristoc~tico de~ mand~.
En agosto y septiembre de 180leste motín se transformo en una¡acquene
campesina, que anuncia ya los intensos m~~miento de ~~~8, en la_ que
apareció un cabecilla, persona real, pero rap1damente mitificado baJo el
apelativo de Pep de l'Horta. En nombr~ del Rey y a las órdenes de Pep de
15
l'Horta, la revuelta adquirió clara connotación antifeudal.
La prepotencia de Godoy y la presión francesa iban muy pronto a
conducir a estallidos revolucionarios. En octubre de 1807 la famosa Causa
del Escorial -conspiración de Fernando contra su padre Carlos IV- indicaba que incluso en la cúspide monárquica del país la situación se iba deteriorando. Unos meses después, ya con media España ocupada por las tropas de Napoleón, se produjo el_ motín de Aranju~z -17-19 d~ marzo de
1808-- contra Godoy, que obligo a Carlos IV a abdicar._ Se ~ato de un_ motín popular, por el odio al valido todopoderoso, pero mstigado po~ cierto
sector aristocrático que políticamente tomaba la forma del partido fernandino. El nombre del Tío Pedro -Conde del Montijo- simboliza bastante bien la conjura para convertir España en dominación directa de la aristocracia, que estará presente en sus actuaciones durante la Guerra de la lndependencia.16
La cual, desde el punto de vista que aquí nos interesa, es ~~a extrao~dinaria concatenación de motines y revueltas. La artera ocupac,on del pa1s
por los franceses produce creciente descontento, que sabrán aprovechar para sus fines las fuerLas reaccionarias, que explotarán para ello la fibra de lo

137

patriótico. Pero la Guerra de la Independencia no se reduce a este aspecto,
sino que es también una formidable movilización popular, aparte de representar, por la presencia de tres ejércitos en nuestro suelo, una gran destrucción de la riqueza material de España, factor que va a retrasar durante largos aiioR el progreso nacional.

IL
La insurrección madrileña del Dos de Mayo de 1808 no es meramente
una conmoción popular contra el invasor, motivada por la salida de los últimos miembros de la familia real camino de Francia, sino que es, como
justamente se ha dicho muchas veces, un símbolo de toda la contienda.
Madrid empieza así a mostrar revolucionariamente rango de capital de Es1paña, que sabrá refrendar a lo largo de todo el siglo XIX, hasta 1936. Insurrección seguida de represión -los fusilamientos del 3 de mayo, inmortaizados por Goya- que no hace más que sembrar más indignación, y como retruque, más coraje nacional El pueblo, víctima pero protagonista,
ha hecho su aparición en la escena histórica.
De repente, todo se precipita en España. Movimientos, motines y
proclamaciones de Gijón y Oviedo -5 y 9 de mayo- con evidente emoción antifrancesa, y la aparición de una Junta que envía delegados a Inglaterra a negociar la inversión de las alianzas. La Corufta -29-30 de mayocon formación de Junta, origen de la Suprema de Galicia. Santiago de
Compostela, con movimiento de origen popular, pero que termina típicamente con su Junta presidida por el Arzobispo. Santander -27 de mayo-idéntico caso, Badajoz -30 de mayo- asesinato del Capitán General
Conde del Fresno. Sevilla -Z? de mayo- con proclamación de la titulada
Junta Suprema de Gobierno de España e Indias, con influjo inmediato sobre Córdoba, Jaén y Granada, y con envío también de representantes a Inglaterra. Cádiz -29 de mayo- asesinato del Capitán General Marqués del
Socorro, y formación de Junta.Cartagena, lo mismo (el asesinado se llamaba Don Francisco de Borja). En Murcia preside el viejo Conde de Floridablanca La violencia se ceba en Valencia, con la acción del canónigo Baltasar Calvo -asesinato del harón de Alhalat y de 300 franceses. Junta en
Palma de Mallorca -30 de mayo- presidida típicamente por el Capitán
General. En Lérida -finales de junio- se forma la Junta General del Principado de Cataluña, ya que Barcelona se halla ocupada por los franceses.
Juntas en Aragón, con la de Zaragoza el 26 de mayo. Destitución del Capitán General en Canarias, y formación de Junta presidida por el nuevo Capitán General.
Sobre el fenómeno que las Juntas representan en el orden militar y
político, ya muy estudiado17 -aunque nos falten datos de análisis concreto18- sólo insistiré en el hecho de que en todas ellas el movimiento

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en ¡.;,paño

139

138 Siglo XIX

La pérdida de la libertad fue fácil. Recobrarla no lo será tanto. Aparte
popular aparece controlado por las clases superiores, y que el recurso a
formar Juntas, típico de todo el siglo XIX, pasará del elemento feudal a
la burguesía, y servirá para burlar al pueblo protagonista los efectos buscados con su acción.
Pero de momento las Juntas son un poderoso elemento de encauzac
miento y movilización controlada del pueblo, y de soberanía desparramada por todo el país. Las necesidades de la guerra, y la conciencia de unidad nacional que se había ido forjando en la centuria anterior, lleva a es-tas Juntas a crear la Central -25 de septiembre de 1808. Esta medida determinó nada menos que la aparición del golpismo militar, que trataba de
impedirla, cuando el Capitán General de Castilla y León, Gregorio de la
Cuesta, manda detener por subversivos a los delegados de León en la Central. Mejor que ningún comentario, bastará reproducir un pJrrafo de la
carta que el también general Castaños le escribe a Cuesta para hacerle desistir de su acción:
....si los generales, a quienes está confiada la fuerza militar para
derrotar a nuestros enemigos, se han de hacer independientes y
aun superiores a la autoridad civil, procediendo por sí mismos
contra las personas en quienes reside, no se diga ya que los objetos para que se arman los pueblos y se crean los ejércitos son la
defensa de Fernando VII, la independencia y libertad de España,
ni la conservación de las leyes; sino que se trata de establecer
una anarquía militar, que desp)lés de derramar torrentes de sangre, nos ha de hacer caer en las manos de nuestros enemigos y nos
ha de precipitar en el despotismo y la esclavitud.19
Palabras que el tiempo se encargó de hacer proféticas.
No podemos seguir aquí todos los avatares de la Guerra de la Independencia, con la acción de las guerrillas y la reunión de las Cortes de Cádiz,
pero naturahnente habremos de tenerlos presentes para entender los acontecimientos posteriores. Las Cortes de Cádiz habían tratado de convertir
España en una monarquía constitucional Quedaba la incógnita de cuál sería la actitud de Femando VII, a su vuelta de Valencey, en 1814. La Constitución tenía muchos enemigos que deseaban volver sin más al Antiguo
Régimen. Y así el 17 de abril de 1814 el Capitán General Francisco Javier
Elío, en Valencia, se pronunció en favor del absolutismo, lo cual, unido al
Manifiesto de los Persas - 69 diputados de las Cortes ordinarias que invitaban al rey a lo mismo- permitió a Femando dar el célebre Decreto del
4 de mayo por el que se abolía la Constitución, mientras otro de la misma
fecha suprimía la libertad de expresión. El golpe de Estado del Rey fue
protegido por las tropas de Samuel Whittingham, general británico al servicio de España.

las tropas de Elío y del inglés, el resto de los militares habían estado pasivos, ~niéndose sólo a ohdecer _lo que resultase. Los aflos siguientes
c~ianan en gran manera esta actitud. Parece ser que contra el cumplinnento del Decreto se suscitó un motín en el Barrio de Santa María de Cádiz para forzar a la resistencia al gobernador militar de la plaza. La cosa no
pasó de intentona, y su principal autor tuvo que refugiarse en Gihraltar.20
~mediatamente comenzaron las conspiraciones. La primera fue la de
Franc1SC0 Espoz y Mina, antiguo guerrillero, que se alzó en Puente la
Reina el 25 de septiembre de 1814, pero fracasó ante Pamplona y tuvo que
re~arse en Francia. El carácter de Mina antes de esta fecha -se sahe que
hab1a ordenado el fusilamiento del libro de la Constitución- y en su actución posterior, arrojan muchas dudas sobre la naturaleza de esta acción.
Que Espoz y Mina no era un liberal convencido, su vida lo demostró; pero
en 1814, si quería tener éxito, su actuación sólo podía ser liberal. El marquesito Juan Díaz Portier logró fugarse del Castillo de San Antón, en donde e5!aba pres~ po~,liberal, y al f¡-e~te de la guarnición de la Coruña proclamo la Constituc1on el 19 de septiembre de 1815. Sólo en El Ferrol encontró e,co, y en consecuencia, derrotado y juzgado, fue ajusticiado a los
pocos d1as. En febrero de 1816 se descubrió la conspiración llamada del
~~ulo, cuyo agente principal era Vicente Ramón llichart, y cuyo propoSJto se dice que era matar al rey. Aparte su índole triangular, poco sabemos de esta conspiración y de sus pretendidas conexiones en las altas esferas, a pesar de haber sido publicada y analizada su causa dos veces.21
Mayor resonancia alcanzó la conspiración tramada por los generales
Don Luis Lacy y Don Francisco Milans del Bosch, quienes en abril de 1817
trataron en Barcelona y Gerona de restablecer la Constitución. En este movimiento encon~amos ya una importante participación burguesa. Habiendo fracasado Milans pudo escapar, mientras Lacy era hecho prisionero.
Una segunda conspiración, destinada a darle libertad, fracasó también y
Lacy fue ajusticiado en el castillo de Bellver, en Mallorca, por orden 'de
Castaños cu3?do todo el mundo esperaba el perdón. Castaños ganó así
ante sus coetáneos fama de general absolutista amigo de derramar la sangre
de sus compañeros de armas. En pocos años, el vencedor de Bailén, el increpante de Cuesta, se había transformado en un servil de nota. En estos
años difíciles, los acontecimientos parecían no tolerar medias tintas.
Nueva conjuración, la del coronel Vidal en Valencia a comienzos de

1819._ El propio capitán general Elfo apufl.aló a Vidal, que murió á consecuencia de las heridas; sus compañeros fueron ejecutados. Todas estas conjuraciones fueron seguidas de represión, con detenciones en cadena; y sin
embargo, como hemos visto, hubo casi una conjuración cada año, mientras

�140 SigloXIX
la Inquisición, los escándalos gubernativos y la falta de horizontes políticos desprestigiaban al régimen. Este llegó a preocuparse por su propia imagen en Europa, y acaso a esto se debió que cuando se descubre la siguiente
conspiración, la llamada del Palmar, 7 de julio de 1819, aunque hubo detenciones, no hubo muertes, y el gobierno mostró una extraña parsimonia.
Protagonista de la conjuración del Palmar había sido el cuerpo expedicionario reunido en tomo a Cádiz, para reconquistar Buenos Aires, llave de
la América del Sur. Los mismos elementos van a ser los autores de la Revolución de 1820, hasta el punto de que podemos considerar como uno solo
a los dos movimientos. Entre las tropas destinadas a Ultramar habían cundido las ideas liberales, en parte como consecuencia de la democratización
del ejército operada durante la Guerra de la Independencia: al querer volver el absolutismo al ejército aristocrático del Antiguo Régimen, paralizando la promoción de los oficiales de otra extracción, era lógico que éstos se
sintiesen dispuestos a la acción. Además hasta estas tropas llegan las noticias sobre las terribles condiciones de la guerra colonial, y también la propaganda, y a veces el dinero de los gobiernos insurrectos, y en consecuencia surge un sentimiento de solidaridad entre los combatientes por la Libertad a ambas orillas del Atlántico: para Riego y los suyos, la vuelta a la
Constitución resolverá los problemas tanto de América como de España.

m.
De este modo, con el pronunciamiento de Riego el lo. de enero de
1820 en Cabezas de San Juan (Sevilla) empieza el llamado Trienio liberal,
y podemos hablar por primera vez acaso de revolución. Pero conviene ver
en síntesis el desarrollo de los acontecimientos. El pronunciamiento de
Riego, seguido por su famosa marcha por Andalucía, aunque en sí mismo
no logró el triunfo, sirvió para que el movimiento repercutiese en otras
partes de España: La Coruña, 21 de febrero; Zaragoza, 5 de marzo; Barcelona, 13 de marzo; Pamplona, 11 de marzo; Cartagena y Murcia, Sevilla,
Granada, Valladolid y Madrid. En todas estas ciudades actuó el ejército en
sentido liberal, o acaso mejor sectores del mismo; hubo también alguna
colaboración civil, en ocasiones muy intensa, y en Barcelona se señala la
presencia de los gremios. Después de cada pronunci~ento generalmente
se forma una Junta. Femando VII se decidió a aceptar la Constitución de
Cádiz el 7 de marzo de 1820, pero un motín del día 9 entregó el poder a
una Junta Provisional, presidida por el Arzobispo de Toledo, que inmediatamente reclamó para sí la soberanía sobre toda España.
Este resultado, triunfo de la Constitución pero con el poder escamoteado a los revolucionarios, se había dado ya en algunas actuaciones locales, Zaragoza, Barcelona, Pamplona, etc., y llega a su madurez el 9 de

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

141

marzo con la Junta provisional. ¿Revolución? Sí, en lo formal, porque
vuelve a regir la Constitución gaditana, habrá elecciones y Cortes y vida
políti~ y esperanza de libertad. Por primera vez el pueblo, todas las clases sociales, empieza a vivir una vida política abierta, y hay lógicos enfrentamientos de intereses contrapuestos, y apasionamiento, escrito y oratorio,
por manifestar las opiniones. La Revolución amenaza con extenderse al
pueblo, y yo creo que esta amenaza es decisiva porque muchos interpretarán los sucesos nacionales, miméticamente, a la luz de lo sucedido en Francia en su gran revolución. La burguesía nacional, débil y mal cohesionada,
puede hacer avanzar en las Cortes su propio programa, dando origen a una
legislación que será fundamental para todo el siglo XIX; pero vivirá entre
dos temores, el del pueblo y el de la contrarrevolución realista. Desde el
punto de vista revolucionario -empleemos ya la expresión: de revolución
burguesa- los gobiernos liberales dejan insatisfechos a sus propios seguidores, actúan con recelo y con frecuencia contra el pueblo -el cual está
lejos de ser un pueblo unívoco, pues aparte la separación geográfica
(tradiciones, cultura)- entre unas regiones y otras- hay una separación
fundamental, difícilmente salvable, entre pueblo urbano y campesinado.
Todo esto explica la difícil vida política del Trienio liberal, la serie de
intentos contrarrevolucionarios y de otro cariz, que aparecen ya en 1820
pero se generalizan en 1821. En 1820 y 1821 aparecen las partidas absolu:
tistas, avanzadilla del carlismo -incluso el nombre de Don Carlos como
rey de España se propone por primera vez en 1821- expresión de la crisis campesina que la política liberal no sabrá remediar. Al no atreverse la
burguesía a acaudillar decididamente al campesinado en la lucha contra el
orden feudal, y contentarse de momento con soluciones intermedias sobre. el campesino cae _I? peor de los dos sistemas; que la timidez y falt~ de
honzontes en la soluc1on de los problemas de la Hacienda, no hará más que
agravar. La Iwesia reaccionaria sabrá aprovecharse de la coyuntura convirtiendo a los campesinos en feotas, o defensores de la fe.
'
El pueblo urbano, sobre todo, sinceramente liberal, atemorizado con
la posibilidad de la recaída en una situación semejante a la de 1814, reacciona contra las claudicaciones de los e;ohiernos, sobre todo el de 1821
promoviendo unos vastos movimientos de desobediencia cívica, con cen:
tro en Cádiz y Sevilla, que afectó junto a estas ciudades a Córdoba, Cuenca, La Coruña, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Cartagena, Murcia, Granada y Badajoz, movimientos populares urbanos, sobre los cuales ya Marx
llamó la atención.22
Cuando el movimiento popular decae, a comienzos de 1822, tiene lugar la represión oficialmente orquestada contra los patriotas, preparación
a su vez de la gran contrarrevolución de 30 de junio - 7 de julio de 1822;

�A. Gil Novales: Revuelta&amp; y revolucione, en &amp;paila

142

143

Siglo XIX

adelantada en algunos puntos, como Valencia, por impaciencia, a mayo
del mismo año. Este desequilibrio temporal y la ausencia de identidad de
miras entre los contrarrevolucionarios, ya que unos querían volver lisa y
llanamente al Antiguo Régimen, y otros se contentaban con implantar un
régimen de cámarm, explica la derrota de la contrarrevolución, en Madrid, el 7 de julio de 1822. Pero se hace necesario hablar también para entenderla de la movilización liberal de los barrios de la capital, la aparición de las guerrillas urbanas, el No pasarán y el heroísmo innominado
-todo tan moderno- de las clases bajas, sin más organización que la Milicia Nacional y el Ayuntamiento -frente al Rey y la familia real, los palaciegos, las tropas de élite Guardias de la Real Persona, el Gobierno, la Iglesia y la inactividad de la Diputación permanente de las Cortes. La victoria
popular del 7 &lt;!e julio hizo necesaria la intervención exterior, de la Santa
Alianza. Muchos liberales moderados se asustaron de las consecuencias
mismas del triunfo del liberalismo, y juzgaron que de Francia -país que en
definitiva se regía por una Carta- les vendría la ayuda necesaria para desembarazarse del pueblo, y no la terrible represión que inmediatamente se
desató y de la cual, los que no pudieron marchar al exilio, fueron las primeras víctimas. El ajusticiamiento de Riego el 7 de noviembre de 1823 es
el mejor símbolo de esta época aciagl!,-23

-

IV.
Los siguientes diez años del restablecido absolutismo, 1823-1833,
se parecen en algún sentido al período anterior 18141820, lo que explica los intentos repetidos de volver por la violencia al régimen liberal. Pero la pasada aceptación de la Constitución por el Rey, el no restablecimiento en esta etapa de la Inquisición y acaso cierta frustración teocrática explican que también los ultrarrealistas fragüen continuas conspiraciones para imponer su programa. Conjuras liberales y conjuras ultrarrealistas se suceden las unas a las otras hasta la muerte del rey en 1833.
Acaso la primera es la intentada por el coronel Francisco Valdés que, partiendo de Gibraltar, el 3 de agosto de 1824 se apoderó de Tarifa. Pensaba
Valdés llegar hasta la Serranía de Ronda, pero la impaciencia de Cristóbal
López Merino, quien al frente de unos paisanos proclamó la Constitución
en Jimena, le obligó a acudir a defenderlo: unos días después absolutistas
españoles y franceses le derrotaban. Valdés pudo escapar, pero el 24 de
agosto fueron fusilados en Algeciras treinta y uno de sus partidarios. Otros,
separándose de Valdés, se habían dirigido hacia Almería, siendo también
derrotados, con los consiguientes fusilamientos. Uno de ellos, el célebre
Pablo Iglesias - no confundirlo con el socialista- fue conducido a Madrid,
y ahorcado allí el 25 de agosto de 1825.
También en 1824 se descubrió en Cartagena una nueva conspiración,

esta vez para favorecer un _d~mbarco de emigrados. Las cosas no quedar~n muy dem~tra~as - ~ bien parece tratarse de una provocación ingeniada por el bngadier• realista Don Francisco Nebot pero los conjurados
fueron fusilados.

'

En septiembre de 1824, por el contrario se descubre la llamada Conjuración Caro~ o de la Ancora o de la Estr~lla,que trataba de proclamar
~ Carlos V,_ quitan?º a ~ernando VII, por haber indultado S.M. a algunos
liber~es (sic), C011Jurac1on que se extiende por la Mancha, acaso Madrid,
Arago~ Y on:os puntos, y que debe estar en relación con la de los generales
&lt;?-pape y Gnmarest en Zaragoza. (Aunque esta conjuración se llama Carolina, ya en ella consta la palabra carlista, que muy pronto prevalecerá).
Para el.
siguiente las J ~tas Apostólicas preparaban al parecer una insurrecc1on general, pero solo tuvo lugar la intentona de Bessieres. Fracasado éste ante Sigüenza, el Conde de España lo hizo prisionero el 25 de
~ o de 1825 y lo fusiló al día siguiente, quemando sus papeles, para encubnr acaso más altas responsabilidades.

:mº

En 1826 aparecía el Manifiesto de la Federación de Realist&lt;u Puros
y a la vez el desembarco de los herm·anos Femández Bazán en Guardamar'
cerca de Alicante, el 18 de febrero. Perdida la acción de Muchamiel el 22'
pocos días después fueron fusilados en Alicante y Orihuela. Los intento~
liberales tienen si_empre este air~ de impreparación, que sólo sirve aparentemente P~. obligar al ~soluhsmo a cubrirse de sangre, y por tanto para
~ desprestigio. A este genero pertenecen también la conspiración descub1~rta, o que se alegó haber descubierto, en Canillas de Aceituno, cerca de
Vel~ Málaga -enero de 1827- y la del coronel Don Miguel Nogueras, en
S~e~-ª (Huesca) el 2 de mayo de 1827: ambas terminadas en fracaso y
e1ecuc10n.

1827 es también la fecha de la llamada Guerra de los Agraviados
-els Malcontents- con dos fases: una primera en primavera, superficial
porque no fue seguida, pedía Inquisición, aplastamiento de los liberales
y cambio de Fernando por Carlos; la segunda, en el verano, con el mism~
programa, excepto en lo relativo al destronamiento de Femando Vll cobró enonne fuerza, con ~iudades importantes como Manresa, Vic, oiot y
Cervera en poder de los msurrectos, y con la formación en Manresa de una
Junta superior provisional de gobierno. Barcelona misma estaba amenaza~a.Jemando VII aplastó el movimiento, trasladándose él mismo a Cataluna.
La muerte de Juan VI de Portugal inau~ra la crisis constitucional &lt;le
este país -Don Miguel, reaccionario, contra Doña María de la Gloria, niña
de corta edad- despertando las esperanzas de los emigrados españoles, que

�144 Siglo XIX
en 1827 intentan sin éxito aprovecharse de la coyuntura portuguesa para
sus propósitos en España. Todavía mayor esperanza va a despertar la revolución francesa de 1830 y las europeas en general de este año. Para estas
fechas ya toda España se había cubierto otra vez de Juntas clandestinas
,
'
mas o menos _autónomas, en relación siempre y en dependencia muchas
veces mal consentida de los emigrados. Pero hay que advertir que revolucionarios del interior y del exterior se hallaban en todo momento con infiltrados absolutistas, que por otra parte dejaban correr rumores falsos, por
lo que era muy difícil para aquellos liberales saber quién era amigo y
quién enemigo. Así tiene lugar el intento de invasión de España por la
frontera de Navarra y Aragón -la expedición de Vera- en 1830. Fracasó,
lo mismo que los intentos de Cataluña y Galicia. En febrero de 1831 Torrijos desembarca cerca de Algeciras, teniendo que reembarcar inmediata~ente. Salvador M~anares pagó con su vida un intento semejante el propio año. En combmación con su acción llegó a darse una sublevación en
Cádiz, pero fue prontamente traicionada y vencida. Finalmente Torrijos
fue atraído a una auténtica emboscada desde Gibraltar a Málaga, y fusilado con sus compañeros sin proceso.
. , Todavía en marzo de 1831 un espía denunciaba la llamada conspirac1on de Marco-Artu, eco de las actividades de Espoz y Mina. En 1832 seguían los fusilamientos. Al afio siguiente murió el rey. Asombra en la
etapa femándina el número de conjuraciones e intentonas revolucionarias,
asombra también la división mortal de los liberales desde el principio has~ el fin, cómo después de cada fracaso -ahogado en sangre- siguen consprrando, para ser delatados una vez más por el supuesto amigo. Esto pare~e demost~ar que el absolutismo se mantiene por inercia, más que por pu1anza propia, pero la forma de hacerse el intento revolucionario a lo largo
de tantos años explica que a la muerte de Femando VIl el liberalismo no
implique una profunda revolución social25

v.
Mientras comienza la primera guerra carlista (1833-1839-40), un nuevo período revolucionario se abre en la España que sigue a la reina niña
Isahei y que por comodidad llamaremos liberal. El miedo al carlismo explica muchos de los sucesos de estos años, aunque no lo explica todo. El
sistema político llamado del despotismo ilustrado no contenta a nadie, por
lo que en abril de 1834 es sustituido por el Estatuto _R~ especie de carta
otorgada con dos cámaras. Bajo su vigencia ocunen en España sucesos muy
dramáticos, a través de los cuales la burguesía se hace con el poder.
La aparición del cólera morbo en Madrid -julio de 183426- hace correr la especie de que los frailes había envenenado las aguas, y de aquí la

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en lispaña

145

matanza de los mismos, típica estampa que todavía será recordada en
1931.27 Digamos de paso que la situación económica de muchos conventos, las deserciones debidas a la guerra y a los pasados disturbios y las
matanzas que empiezan en 1834 van a hacer posible la desamortización
realidad social antes que legal. Unos días después del degüello de los frai:
les se descubre la coaspiración llamada la Isabelina, en la que aparecen
comprometidos importantes personajes desde el general Palafox hasta el
anciano Romero Alpuente -a éste la prisión le costará la vida- pero en la
que no se sabe dónde acaba la verdad y donde empieza la suposición alarmista del Gobierno, acaso para desembarazarse de posibles críticos. J oaquín María López, procurador en las Cortes del Estatuto, se refirió a "esa
conspiración, que más bien puede llamarse ridícula farsa".28 Todo había
partido al parecer de Eugenio de Aviraneta, fundador de una sociedad
secret~
Los guardadores de la inocencia o Isabelinos, cuyos Estatutos 1mpnrruo. De acuerdo con Don Juan Olavarría y con otros liberales,
dirigió una Exposición a la reina madre, sugiriéndole la conveniencia de
cambiar el Estatuto Real por una Constitución inspirada en el modelo
belga de 1830, menos radical que la del 12, pero todavía con disposiciones altamente revolucionarias.

ti~ª?,ª

En su intención lo que se pedía era perfectamente legal Solamente
si la reina se negaba a seguir el consejo se recurriría a la sublevación con
transformación del Estamento de procuradores en Asamblea Nacio~al y
nombramiento de un gobierno. Después de esta agitación, todo quedó en
agua de borrajas. Pero de nuevo la revolución estalló en 1835 y 1836.
~s acontecimientos de 1835 recorren rápidamente toda España,
constituyendo la prolongación lógica de los movimientos de desobediencia cívica de 1821. Comienza con la acción del Ayudante Cardero c.:&gt;ntra la
Casa de Correos de Madrid, de la que se apodera -18 de enero- y de cuyas
resultas muere el general Canterac. Sigue un motín de subsistencia en
Huesca, seguido de un alboroto en Málaga por haberse querido prohibir
en la ciudad los cantos patrióticos. En abril asesinato de frailes en Zarago~a, y en_ Murcia, y enjulio más asesinatos de religiosos en Zaragoza, bajo la
mfluenc1a de la quema de conventos y matanza de frailes de Reus, de donde se corrió a Barcelona -asesinato del general Bassa el 5 de agosto, y
quema de conventos. En Barcelona la asonada adquiere un matiz luddita
con quema de la fábrica El V apor, lo que asustará a la burguesía. Nuevos
desórdenes en Valencia, Murcia y Zaragoza. El Gobierno declara el estado
de sitio en Madrid, y ordena la detención de varios procuradores. Entre
agostv y septiembre pronunciamiento de Cádiz, Tarifa, Algeciras, Huelva,
Málaga, Córdoba, Jaén, Granada, Sevilla, La Coruña y el Ferrol, Murcia,
Badajoz y Cáceres, Asturias y Santander. El 14 de septiembre de 1835 la
reina llamaba a formar gobierno a Mendizáhal, quien rápidamente fue Jo-

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en E,paña

146 Siglo XIX
grando la pacificación. Sólo en Valencia hubo todavía una nueva conm&lt;r
ción contra el jefe político, culpable de tibieza frente a la facción.

Más difícil se presentaba aparentemente la situación de Andalucía, en
donde las diferentes Juntas habían organizado una Central, llamada de
Andújar, por la plaza de su residencia, y un ejército que, al mand~ del Conde de las Navas, se dírigía contra Madrid. Pero la Junta de Andúpr fue un
órgano de corta duración -del 2 al 19 de octubre de 1835- tardío -ya
que se constituye después del decreto de 28 de septiembre de convocatoria de Cortes, que desarma al movimiento ciudadano, y finalmente entreguista, gracias a una negociación semisecreta en la que intervienen la Junta
de Barcelona, interesada en yugular el movimiento andaluz, para concentrarse todos en la lucha contra el carlismo, Mendizábal, Istúriz y por la
Junta de Andú_jar, Bartolomé Gutiérrez Acuña y Pedro Antonio de Acuña,
además del Conde de las Navas. Intervienen también Argüelles y Alcalá Galiano.29
El movimiento revolucionario resurge en 1836 como consecuencia de
que el 15 de mayo María Cristina sustituye a Men~záhal por Fran~isco
Javier Istúriz, antiguo exaltado súbitamente convertido al moder~tts~o
-al decir de los autores- pero a quien hemos visto en secreta combmac1on
con el propio Mendizáhal. Esta vez la insurrección comenzó en Málaga! se
corrió a toda Andalucía, siguió luego a Zaragoza y Barcelona, estallo en
Madrid el 3 de agosto y culminó en el llamado Motín de los sargentos d~
La Granja, quienes el 13 de agosto obligaron a S.M. a restablecer la Constitución de 1812.
Los movimientos de 1836 ofrecen agudas contradicciones, en las que
no entraré ahora.3&gt; Baste decir que de ellos salió la convocatoria de Cortes
constituyentes, que redactaron la Constitución de 1837; Constitución d~
rivada de un pacto entre progresistas y m~erados, que no r~~oge las asp1raciones populares, y desde el punto de vista de la rev?luc1on burguesa,
aunque equivale a la asunción del ~oder por burgues1~, ~o hace renunciando al mismo tiempo la burgues1a a acaudillar el movmuento popular,
y tolerando la perduración de muchos eleme~~os del pasado ~e~?al.
así esta Constitución pudo presentarse como un hecho de c1V1lizac1on

!ª

~'!!1

frente al carlismo.31
Típica del momento político que se vivía en España en vísperas de la
promulgación de la Constitución de 1837, fu~ la "soñada conspir~ción de
noviembre de 1836", tan parecida a la Isabelina: se habla de reumones de
elementos liberales, pero lo efectivo fue la detención de una serie de pr&lt;r
hombres que habían manifestado inclinaciones demócratas, como 32
Benito
Alejo Gaminde, Lorenzo Calvo de Rozas, José María Orense y otros.

147

.,Ü: lógico pensar_que Larra se suicidase (1837), awique algw10 de los
penodicos que mantienen la llama revolucionaria se lo censure 33 Desde
1837 hasta el final de la primera guerra carlista, 1839 en el fren~ vascongad? Y 1840 e~ el_ ~~án, no en~~n~os más movimientos -aparte los
carlistas- que md1Sc1p1!11a en el eJ~rc1to, duramente reprimida por Espar•
tero, Y la pugna entre este y Narvaez por el dominio militar-y político-en España.34 Los generales Luis Fernández de Córdoba y Narváez trataron. de ponerse en Sevilla al frente de una Junta contrarrevolucionaria,
noV1embr~ 1838, pero fracasados tuvieron que salir de España.35 Es interesante, sm embargo, señalar ya en esta época la presencia de intentos revoluci~narios de. tipo republicano, muy mal conocidos, como los de los
subternentes Doti y Guisasola en León, enero de 1838: ambos fueron
prontamente fusilados.36
En 1840 se produce la llamada revolución de este año triunfo de EsP~_rtero sobr~ María Cristina, con la marcha de ésta a Fran'cia y la exaltac1~n _de aquel a la _8:egencia. Frente a los proyectos retrógrados de María
~nsti_na -le~ m::rnc1~al, etc.- y frente a los hombres del llamado "partido Jove~anísta -nnemhros de la Sociedad jovellánica, continuadora de
la del ~~ se levantaron los liberales en septiembre de 1840, y le diero~ la VIctona a Espartero.37 Existe ya en esta época un intenso movimiento p~pular, del mejor estilo zurriaguesco de antaño, que es frenado
Y perseguido por el poder oficial, y tampoco prospera un movimiento de
Juntas pro~~iales y Junta Central, como el de 1808.38 Pero a pesar de
esta, '.11oderac1on del poder, empiezan en seguida la sublevaciones, que la
pohtica desacertada del Regente va a intensificar.
, Adu~iendo como pretexto que el partido moderado no reconocía
mas legalidad que la de María Cristina, se preparó una contrarrevolución
para 1841, a cargo de Diego de León y otros en Madrid, Leopoldo O'Donnell en Pamplona, Borso di Canninati en Zaragoza, Narváez en Andalucía,
~ Mont~ ~e Oca en las Provincias Vascongadas. De todos los comprometido~ el ur~co que tuvo cierto éxito fue O'Donnell. Los demás pagaron con
81_1 Vlda el m!ento, excepto Narváez, que no se movió de Gibraltar, es decir, no acudio a sublevar Andalucía.39
. Todo esto repercutió en Barcelona, donde comenzó a derribarse la
Cmdadela para evitar que se repitan en la Ciudad Condal las escenas de
Pamplona, con un muy notable matiz foralista, contra Felipe V, pero
donde come~aron a ser desarmados con cierta alarma estudiantes y jorna1:ros, des~amisados y anarquistas, partidarios todos ellos de Espartero el
ano antenor.40
En noviembre de 1842 Barcelona volvió a inflamarse contra el Regen-

�148 Siglo XIX
te con participación obrera y republicana, y cierto matiz anti-militar41 que
derivó en una Junta Popular Directiva, que contó con amplio apoyo social,
y que pedía descentralización, proteccionismo y reforma liberal del Estado.42 La torpeza de Espartero consistió en no haber encontrado otra r~
puesta que la de bombardear la ciudad. Se puede decir que éste fue el pnncipio del fin de su Regencia.
Al año siguiente, en efecto, moderados y progresistas catalanes ~
unen al movimiento generalizado en toda España contra Espartero, movimiento centralista, es decir, propugnador de una Junta Central a partir de
las Provinciales, al estilo de 1808, contra el progresismo anglófilo y centralizador del Regente. Aunque en la España de entonces había una gran variedad de pensamiento político radical -comuneros, isabelinos, federalistas, carhonarios, al decir de Tanski43- bastó la acción solidaria promovida
por el Eco del Comercio para defender la libertad de imprenta -25 de octubre de 1843- para congregar en la oposición al gobierno a moderados y
progresistas, y a que, mediante la victoria militar de Narváez, oportunamente desembarcado en Valencia, el glorioso movimiento nacio~al de
1843 se transformase en una fecha más de las que marcaron la contrarrevolución en España. A los progresistas, por apocados, se la jugaron los moderados. También es normal en nuestra Historia. En este rápido desarrollo
de los acontecimientos Zaragoza, Valencia y Sevilla ocupan, junto a Barcelona, un puesto esencial.44
Espartero perdió la Regencia, y la reina, inconstitucionalmente, fue
proclamada mayor de edad. Olózaga tuvo que huir de España. Mientras
tanto comenzaban las persecuciones. Doscientos republicanos sevillanos se
apoderaron de Morón, pero batidos en Benamejí, fueron pasados por las
armas. Lo mismo ocurrió con otros que se alzaron en La Carolina 45 Ya
con régimen oficialmente liberal comenzaba la larga queja de los hombres
sensibles, de los amantes de la Libertad, como en las mejores épocas absolutistas. La Guardia Civil se creó en 1844. Incluso las exhalaciones inocentemente poéticas se vieron perseguidas.46 Esta política moderada, con
exclusión total de los progresistas, determinará el destronamiento de Isabel II en 1868. Pero para llegar a esta fecha en algún sentido grande, todavía habrá que pasar por la revolución de 1854 y los diversos movimientos
que la prepararon.
Inspirándose en el levantamiento de septiembre de 1840 y contra la
ley de Ayuntamientos repuesta inmediatamente por el Gobierno reaccionario, se levantó Don Pantaleón Bonet en Alicante, seguido al poco de la
formación de una Junta en Cartagena.47 Pero fueron en seguida desbaratados. Bonet, ex-carlista pasado a t.:sparlero, pagó con su vida48 Esto no es
nuevo, pero sí lo fue que el ¡¡;ohierno cobró miedo, veía por todas partes

A Gil Nova/e,: Revuelta, y revoluciones en E.paila

149

partidari08 de la Junta Central, y de hecho, aunque no de derecho, pUS8
fuera de 1a ley al partido pro~ista, va que consideraba instigadores de
la revolución a Pascual Madoz y a su hermano Femando, Manuel Cortina,
Joaquín Garrido, Juan Antonio Garnica, Joaquín María López, M4,rucl
Ors y García, Joaquín Verdú y · Pérez, Mamés Benedicto, el Marque.,;¡ de
Tabuérniga, Ramón Calatrava, Becerra, Caballero, Velo,. etc_, v al obispo
electo de Jaén.49 A todos ellos se les formó proceso, y aunque fueron
absueltos, el efecto de considerar provisionalmente delincuente a
toda actitud política no moderada se había conseguido. Esto recuerda viejos procedimientos de 1820. Se diría que nada bahía cambiado en España.
Sin embargo 1a revolución era necesaria, y la conducta a diario del poder acrecentaba esta necesidad. Así lo comprendió el general Don Martín
Zurbano, quien en noviembre de 1844 se pronunció en Nájera en favor de
1a Constitución de- 1837: sólo le siguieron los pueblos de Hecho y Ansó,
en el Pirineo aragonés, por lo que fueron todos prontamente vencidos. La
ejecución de Zurbano se hizo celebre en los anales de España.50 Esta situación, más 1a aprobación en 1845 de 1a reforma tributaria de Mon, determinó el eatallido de la revolución gallega de 1846, llamada de "los márt:ites del Carral". por el d~o que tuvieron sus protagonistas: ser fusilados en el pueblecito de Carral Iniciada la sublevación en Lugo por el coronel Miguel Solís y Cuetos a los gritos de ¡Viva 1a libertad! ¡Viva la Reina
libre y constitucional! ¡Abajo la camarilla y el dictador Narváez! ¡Abajo el
sistema tributario!, se pronunciaron sucesivamente las ciudades de Santiago -con 8118 estudiante&amp;- Pontevedra y Vigo, fonnándose una- Junta Suprema del Reino de Galicia. Esta es la primera vez que empiezan a notarse
ciertas tendencias galleguistas, ejemplificadas en 1a persona de Antolín
Faraldo, director del periódico La revolución. Solís se comportó en su sublevación con una caballerosidad que recuerda 1a de Riego en 1820. El premio ya se ha dicho: sorprende en efecto la vesania con que 108 sublevados
de 1843 fusilan a los que contra su violación del derecho se sublevan posteriormente.51
Todavía en esta época se señala la existencia de motines del pan, como
el de Sevilla de 6 de mayo de 1847, motfu que dio lugar, como era sólito,
a que el jefe político resignase su poder en el capitán general, quien curándose en salud prohibe 1a salida antes de la hora acostumbrada de los ohrl}ros de la fábrica de tabacos.52 También en La Coruña, 20 y 25 de marzo de
1847: oposición al embarque de maíz; Granada, 4 de mayo de 1847, provocado por el precio del pan,53 etc. Esta situación explica la aparición de
partidas carlistas, autorizadas a la rebelión por el fracaso, público ya en
1845, de los planes matrimoniales entre Montemolín (Carlos VII) e Isabel
II. Las partidas aparecen en Cataluiia (Berga), y por lo menos La Mancha y
Andalucía. Fenómeno interesante es la colaboración entre carlistas y repu-

�A, Gil Nova/e,: Revueltas y revolucione, en España

150 Siglo XIX
blicanos, motivada a mi juicio por la guerra sin cuartel a ~e se entregr ~
fumas del orden, con frecuente utilización de la que mas tarde se amo
ley de fugas. Aun así no deja de ser políticam_ente sorprendente la formación de la llamada conspiración cario-republicana en tomo de Cabrera.
Aunque Montemolín ya el 12 de septiembre de 1846 dio un _manifiesto en el que dice que los resultados de la acción ~arlista no han sido como
se esperaba, y en consecuencia predica concordia entre los españoles, las
-de la insurrección la prolongan hasta enlazar con la revolu-_
causas de f ondo
l , ·
dir
Esp ción francesa de 1848. La vigilancia de Narváez ogro _unpe en
ana
una fuerte participación revolucionaria, pero aun as1 hubo conatos e?
l Ah d) Madrid y Sevilla, además de Cataluña. MontemohHuesca (Manue
ª '
·
y
final d 1848
nistas hubo también en Navarra y en el País asco, pero a . es ~.
· · to está terminando en todas partes. Algunos motines militares
el movmuen
. d
ha
un·1cado
- Sevilla, diciembre 1848- indican que la inquieto se
com
54
también a las fueraas armadas.

Lo e en 1848 no pudo lograrse, se realizará unos añ~s después, ya
que exiJ: en todo el país una sorda oposición al n:1oderanttsmo; h? u~
erenne actitud de expectativa, que busca el desquite. Conocem~ a eXt&amp;iencia de alguna Junta revolucionaria en, 1853, como l_a de C;~ª,
uesta de rogresistas avanzados y democratas repuhlicano8: . ero a ~
!olución v"! a comenzar bajo la fonna clásica de un pronunctam1ento militar, protagonizado por los generales O'D~mnel y Dulce.

tm•

-

151

hecho decisivo de la revolución hay que ponerlo en Madrid o en provincias.57

Lo que sí es evidente es la continuidad que esta serie de revoluciones
tienen con los momentos revolucionarios anteriores del pueblo español.
Es el espíritu de 1820 y de J 835-36, y de 1840-1848. Todavía el 7 de julio el ministro de la Guerra, Áuseh10 Blaser, para acabar con el alzamiento,
ofrecía el perdón de la Reina a los sublevados. Unos días después el pronunciamiento de la división que mandaba el propio Blaser dio al traste con
toda resistencia. Nada indica mejor el ánimo de la insurrección que el siguiente fragmento de carta de la Junta Popular de Gobierno de Pozoblanco:
Once años hace que día por día están anhelando los que tienen la
honra de componer esta Junta Popular, el triunfo de la libertad,
la libertad de la Patria y la reparación de sus inmensas pérdidas
desde el año del 43. Once años de esclavitud, de persecuciones, de
amargura y conflictos han desaparecido como en fugar meteoro...57a
ante el triunfo de Espartero y San Miguel Estos nombres, fantasmas del
pasado, como decía Marx,58 eran el producto de la revolución en provincias, especialmente en Aragón, y en Madrid. Interesante tema, que aquí no
podemos ni tocar, es ,.J de la conducta ante la revolución de la guardia civil, que sólo contaba diez años de vida.59 Llama la atención, entre los telegramas que envían las Juntas revolucionarias, la mención de que reina la
más completa tranquilidad, lo que parece indicar que los elementos de orden dominan y encauzan las fuerzas populares.60

VI.

La

l'tica
de los llamados ministros de Palacio, los proyectos de reví1
.,
nstituPº.ci·onal _ 1·nspirados en parte por el éxito de Napoleón ID en
s1on co
·
·' d
las concesiones ferroviarias dieron lugar a una S1tuac1on e ~o1851- Y
·t-'!,.,__º y militares preteridos en las -preferencias
lestia de unos cuantos cap1 illll&gt;""'
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56
l Conde de San Luis buscaron novelescamente el cammo para arsel.d
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ah d
or tanto una revue ta e
En un -primer momento la cosa no pas a e ser, P,
1' 28 d . . d
,rivile .ados. El -pronunciamiento de Leopoldo O Do°:°e. ~ 1umo e
1
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,
1!- d ""otarse en sí mismo ante la mdiferenc1a general
1854- coma pe~o e....,
'
. , d el famoLa conciencia de la situación en que se encontraba le obligo¿ ar. Cá
so Manifiesto de Manzanares -6 de julio-, redacta~o por
t~?1º novas del Castillo, el futuro cabecilla de la Restauracion. El Manifies~ _con,
d
aJid~d pública y buen gobierno y el restahlec1ID1ento
tema promesas e mor ..
,
l ., . B
de la Milicia Nacional. Por él la revuelta se transfonno_ en r~vo uc1on. arcelon Valencia, San Sebastián, Valladolid y en Madri~ nus_~o tuvo l~ar
la cél:,bre revolución de Julio. No voy a enlrar en la discuSion sobre SI el

Esto es justamente lo que pasó en Madrid, en donde la revuelta popular dio lugar a la formación de Juntas, como la llamada del Sur, con fuerte acento demócrata: frente a ella la Junta de Salvación, Armamento y
Defensa, constituida por San Miguel, no tenía más finalidad que salvar a la
Monarquía, evitando los aspectos más peligrosos de la revolución. La solución estaba en Espartero y O'Donnell a la vez. Pero es sintomático que
mientras O'Donnel camino de Madrid pregunta por telegrama el 24 de julio si ya ha llegado Espartero, éste informa el 28 desde Guadalajara que viene bastante fatigado, por lo que hasta el día siguiente no saldrá de Alca-

lá.61
Así dio comienzo el llamado Bienio progresista, que temina en 1856
con la eliminación de Espartero del Gobierno. Durante este tiempo todavía más abiertamente de como lo hiciera en épocas pasadas, el Trono conspira contra la revolución, se convocan unas Cortes constituyentes, redactoras de una Constitución que no llegará a regir, se promulga una nueva ley

�A. Gil Noooles: Revue/uu y reoolucionu en E,palla

152 Siglo XIX
desamortizadora, que dará lugar a conflictos con la Iglesia, se asiste a una
62
nueva rebelión carlista y hay una intensa agitación popular. Los problemas sociales dieron lugar en Barcelona a una gran actividad luddita, contra
las selfactina.s, a su prohibición y reposición alternativa por la autoridad, al
comienzo de una gran represión en la que se fusiló al líder obrero Josep
Barceló, y finalmente en julio de 1855, siempre en Barcelona, al desencadenamiento de la primera huelga general de España.63 Las ideas socialistas
utópicas cundían por el país.
En 1856 la situación social, incluso campesina, se agravó. Sequía y escasez dieron lugar a motines del hambre, pronto reprimidos. En este ambiente de "peligro rojo", un tanto exagerado, se produjo la sustitución de
Espartero por O'Donnell, es decir la contrarrevolución, frente a la cual la
resistencia que opusieron las clases populares en el mismo Madrid fue notable -Sixto Cámara se encontraba allí-.Hubo también alguna resistencia en
Galicia, y sobre todo en Andalucía, y una vez más en Barcelona, en donde
64
la situación llegó a ser muy seria, y otras ciudades de Cataluña. La represión fue durísima.615
Todavía intentó Sixto Cámara, escapado de Madrid, la resistencia en
Málaga, en noviembre de 1856, con Romualdo de Lafuente, Bernardo García y otros, y en Zaragoza, mediante la creación en abril de 1857 de la Junta Nacional Revolucionaria, en cuyo manifiesto dice no querer
abandonar al pueblo a la funesta dominación de los once años;
a aquella dominación que por abajo difundía el terror y la míseria y por arriba se fonnulaba en escándalos y orgías.Ei6
La citada Junta de Zaragoza formaba parte, probablemente, de la
Nueva Carbonaria, vasta conspiración revolucionaria dirigida desde Portugal por Eladio Manuel Guerra, quien suele firmar "Yo soy el que soy", y
Sixto Cámara, aunque éste no parece haber llevado los hilos de la trama.
De marzo a mayo de 1857 se extiende esta conspiración demócrata, con
aspectos muy arcaicos - la traducción como arma de lucha de un libro B&lt;r
bre Paralelo entre Jesucristo y los Papas, por ejemplo- con voluntad de
extemúnio de toda la familia real española y de todas las autoridades de
Madrid, pero también dando entrada en la conspiración a las organizaciones obreras, de hiladores y tejedores -al hablar de ellos, sin embargo, se
piensa en la Inglaterra de Carlos 1- y lo mismo que en las vísperas de 1848
se acepta la colaboración, como hermanos, de republicanos y carlistas. La
finalidad es la liberación del pueblo y la regeneración de toda la humanidad. En muchas cartas se repite la hase de que "la justicia nacional castigará a todos los traidores, a todos los tiranos del pueblo, a todos los opresores de la humanidad".

153

Se fijó el día de la ruptura en el 10 de mayo de 1857, pero como todos los documentos ultrasecretos -ingenuidad de los revoluóonarioshabían caído en manos del Gobierno, fue fácil desbaratarla. El resultado
fue un centenar de fusilamientos y un millar de deportaciones.67
Yo no sé si en este cómputo ehtra la represión de las gavillas aparecidas en Andalucía en el verano de 1857. Como decía un jefe de la Guardia Civil de Sevilla, "el partido republicano es aquí socialista". Circulan
proclamas impresas sobre la Milicia (Nacional), sobre libertad de imprenta. Se temen los ataques a la propiedad en la fonna de incendios y robos.
De hecho a finales de junio de 1857 apareció en Utrera, Pruna, Arahal,
Paradas, etc., una facción de 120 o 150 hombres, capitaneados por D. Manuel Caro, comandante expulsado del ejército por la reacción de 184.5, partida que difunde el grito de "Viva la República, mueran las quintas y los
consumos". Típico del movimiento es que a él se sumaron los obreros del
ferrocarril y los segadores de Puente Genil. Después se dijo que el motín
de Arahal era comunista.
La represión fue feroz. El ejército les pemiguió y derrotó, e incluso en
algún comunicado oficial se habla de que los habitantes de los pueblos colaboraron a la derrota de los revolucionarios; pero habría que saber de qué
clase de habitantes se trata. Los principales jefes, Manuel Caro, Gabriel
Lallave, Rafael Latorre, fueron inmediatamente fuailados, lo mismo que
Antonio Romero, alias "el Buñolero", y otros muchos. Las ejecuciones se
sucedieron desde el 8 de julio hasta el 15, en cuya fecha se dio la orden de
que siga en sus tareas la Comisión militar, pero que no se mate a nadie antes de consultar con S.M., por si tiene a bien ejercer la regia prerrogativa. A
esta orden tardía se había llegado como consecuencia de las peticiones de
indulto de Sevilla, del 13 de julio de 1857, que todavía hoy nos impresionan: imploran misericordia el pueblo sevillano (95 páginas de firmas), la
Asociación de Beneficencia Domiciliaria de la capital -vicepresidenta, la
Marquesa Viuda de la Motilla; secretaria general, la Marquesa del Moscoso- y el propio Ayuntamiento de Sevilla.
Además de las ejecuciones, hay que contar las deportaciones, muchos
enviados al Penal de Ceuta y al correccional de Badajoz "a fin de alejarlos
del trato y relaciones que pudieran tener con sus respectivas familias" (sic).
A algunos, como al capitán general de Andalucía Atanasio Aleson, no les
parece esto suficiente. Aleson solicita del Gobierno que, después de que se
haya cumplido la ley en todo su rigor, se le permita mandar al servicio de
las armas en Ultramar a los jóvenes de los pueblos que hubiese simpatizado
con la rebelión. El Gobierno lo pensó acaso mejor y sustituyó a Aleson por
Manuel Lassala y Solera, quien el 19 de julio dio un manifiesto en el que
decía que el ejército ha sido, y será, "la tahla salvadora del trono, de las

�154 SigloXIX
instituciones y del orden", y anunciando tamhiin que a partir de ese día
cesan las penas de muerte.li8
En mano y abril de 1860 tuvo lugar una intentona carlista, con el coronel Jaime Ortega en San Carlos de la Rápita. Fácilmente vencido, Ortega
fue ajusticiado, mientras el pretendiente Montemotín huía en tartana.69
Con las insurrecciones andaluzas de 1857 hemos enoontrado ya las famosas agitaciones de la región. Clásica fue la acaudillada en 1861 por Rafael Pérez del Alamo, el albéitar de Loja, quien había montado una conjus
ra con ramificaciones en varios pueblos, Alhama, Loja, Antequera, Mollina,
lznájar y otros; pero la acción se precipitó por un decreto judicial de prisión contra Pérez del Alamo, al que respondió el 28 de junio poniéndose a
la cabeza de 600 hombres, luego aumentados a varios miles con los que t°"
mó la villa de Iznájar y a continuación Loja, al grito de "Viva la Repúhlica
y muera la Reina".
En Loja se hizo fuerte, y resistió el asedio hasta el 4 de julio, en cuya
fecha salieron de la ciudad en todo orden, dispersándose y poniéndose otra
vez a trabajar en el campo. La ideología de Pérez del Alamo es republicana
y anticlerical, con fuerte acento social, aunque no sea del todo exacto llamarle socialista. Todo lo más se ha visto alguna diferencia entre la actitud
del líder y la de la masa que le sigue, -ésta más radical acaso en todo. La represión no fue tan sangrienta como en 1857. Pero el susto, incluso entre
los progresistas, n,.e enorme: Olózaga, en un famoso discurso del propio
año 1861, no dudaba del carácter socialista de los sucesos de Loja, y lo
que es peor, le parecía que toda Espafia lo era, hasta hacerle temblar: incluso a la sopa de los conventos la reputaba propagadora del socialismo.70
También en Aragón en 1861 se persigue a los carbonarios, sin que podamos precisar la exactitud de la acusación.71
El susto no logró, sin embargo, la reconciliación de los partidos pr°"
gresista y demócrata con la Monarquía. Isabel II corría hacia su destronamiento. En 1863 se produce el retraimiento de los progresistas, y la inútil apelación -aún es tiempo, Señora- de Carlos Rubio.72 El general Prim,
cuya historia no era precisamente la de un enamorado de la libertad, se
distanció también de la Corona y pasó al extranjero, dispuesto a conspirar,
tras haber brindado en Oviedo por la Virgen, por Don Pelayo y por el general Riego.73 Los afios siguientes son, en gran parte, los de sus intentos
revolucionarios, que culminarán en septiembre de 1868.

-

VIL
En 1864, puesto al habla Prim con los demócratas, pudo formarse un
directorio revolucionario y dos juntas, una progresista y otra demócrata.

A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

155

Se trabaja activamente en lograr adhesiones militares, puesto que en los
planes de Prim y sus amigos el ejército lo era todo. La conspiración penetró
profundamente en los medios militares, pero no se encontraba nadie que se
atreviera a ser el primero, el tiempo pasaba entre la impaciencia de los conjurados. Aiií s~ llegó a la intentona del 6 de junio de 1864, que fue un fr~
caso, y despues a la del 5 de agosto del mismo afio, que fracasó también...
antes de nacer.74
Las dificultades en que se hallaba el Tesoro decidieron a Isabel II a autorizar la venta de una parte del Patrimonio Real, _750/o para la nación,
250/o para su presupuesto particular, lo que fue muy elogiado por toda la
pr_ensa moderada. Emilio Castelar replicó con su artículo "El rasgo", publicado en La Democracia, en el que satirizaba la supuesta generosidad de
la reina Narváez exigió al Rector de la Universidad de Madrid que lo expulsase de la cátedra, el Rector se negó, los estudiantes se manifestaron, la
Guardia Civil ocupó la Universidad: en la noche de San Danie~ 10 de abril
de 1865, hubo nueve estudiantes muertos y más de cien heridos.75
Más gravedad todavía revistieron los sucesos de 1866: sublevación en
Aranjuez y Ücaña de los regimientos de caballería de Bailén y Ocaña, 3 de
enero de 1866, que se pusieron a las órdenes de Prim, sublevaciones militares también en Avila y en Tarragona y en Béjar, aparición de una partida
en Alhama de Aragón. El 22 de junio tuvo lugar el acontecimiento más duradero por su fama posterior: la insurrección de los sargentos de artillería
del cuartel de San Gil, sin sus jefes y oficiales, pero a las órdenes del general Pierrad. Esta sublevación fue seguida el 23 d~ intentos en Cataluña, pero como el resto del país no se sublevó a la vez -cosa frecuente en los pr°"
nunciamientos- los sargentos fueron vencidos, y lo mismo Milans del
Bosch y sus amigos catalanes, que encontraron en Francia su salvación.
Durísima represión se ejerció sobre los sargentos.76
Ya era imposible aguantar por más tiempo a Isabel II. Los preparativos
se hacían febrilmente, la conspiración crecía. Una entrada por tierras de
~uesca en 1867 no dio todavía el resultado apetecido.71 Al final, en septiembre de 1868, la escuadra fondeada en Cádiz, de acuerdo con los militares y con los partidos, dio el grito de insurrección, que rápidamente fue
secundado en todo el país por las Juntas clandestinas o que inmediat~
mente se fundaron.
. De manera que la revolución de 1868, la gloriosa revolución de septiembre, fue un pronunciamiento militar de acuerdo con hombres civiles,
inmediatamente secundado por el pueblo. La narración de lo sucedido en
numerosos puntos de España adquiere tintes inconfundihlemente dem°"
cráticos. Pero nunca se mezclaron ambos elementos, el militar y el dem°"

�A. Gil Novales: Revueltas y revolucione, en E,paiia

157

156 Siglo XIX
crático. Las Juntas provinciales querían repetir el programa de 1808, tan
buscado a lo largo del siglo XIX, pei:o Prim impuso su criterio: Monarquía, aun con otra dinastía, sometimiento de las Juntas y de los Voluntarios de la Libertad, control del Ejecutivo. El instrumento para burlar la
revolución popular fue la Junta revolucionaria de Madrid, quien ahusando
de sus poderes, reconoció al Gobierno provisional, es decir a Prim y a los
generales.78
No es de este lugar detallar las diferentes candidaturas al trono. Sí, en
cambio, decir que el desencanto popular produjo los alzamientos republicanos de 1869, a cuya represión se aplicó el ejército.79 Como en ningún
momento en el curso del llamado Sexenio (1868-1874) hubo una profunda reforma de la Hacienda, la contrarrevolución vendrá por sí sola, por
agotamiento y conspiración, y los mismos hombres de la situación de
1868, con muy pocas excepciones, se incorporarán a la contrarrevolución
borbónica.

tividad, y aunque tendrá momentos de euforia, el pasado le pesa y siempre
la recaída es más dolorosa. Por lo menos la conflictividad nacional ha contribuido a desenmascarar a las fuerzas de la reacción, que ya no podrán
abroquelarse en palabras cándidas y generosas. Y otra consecuencia importante: a lo largo del siglo XIX, cualquiera que sean las ideologías proclamadas, la actitud, sincera o calculista, del revolucionario es lo esencial,
pues en esa centuria se irá dando un cambio paulatino de fuenas que pasarán de la revolución clásica decimonónica a la reacción ya en términos del
siglo XX. Esta inserción de ex-izquierdismo en las sucesivas reacciones, y
no sólo las actitudes políticas, sino las fuenas sociales representadas, contribuirá de manera eminente a la fuerza del franquismo, el fenómeno social
y político más importante de nuestra época en Espaiia. Pero desarrollar este tema no cabe en los límites del presente trabajo.

NOTAS

Antes de llegar a este resultado, las Cortes han aprobado la Constitución de 1869, la más avanzada del país, que vuelve a enlazar con la de
1812, y se ha proclamado rey de España a Amadeo I de Sahoya, y por abdicación de éste en 1873 las dos cámaras reunidas han proclamado la Primera República. No faltaron los conflictos: guerra de liberación en Cuba,
nueva guerra carlista en el Norte, insúrrección cantonal por impaciencia de
los federales y de sus aliados los internacionalistas, pues de 1868 las doctrinas de Bakunin, difundidas por Giuseppe Fanell~ se han adueñado de
gran parte del proletariado español.
Hay falta de entendimiento entre los republicanos antiguos y los nuevos, los ex-radicales que habían sido partidarios de Amadeo. Prohombres
radicales, como Martos, intentan repetidas veces el golpe de Estado. Frente a la triple subversión, carlista, cubana y cantonal, los gobernantes de la
República, no obstante con frecuencia su altura moral, no encuentran más
solución que el restablecimiento de la disciplina en el ejército puesto en
manos de generales monárquicos y contrarrevolucionarios. El golpe de Estado del general Pavía, que disuelve manumilitari las Cortes, es la consecuencia de esta política. La Restauración no se hace esperar: el 29 de diciembre de 1874el general Martínez Campos, a! frente de la brigada Dahán,
proclamaba a Alfonso XII en Sagunto.00
No termina con ello la historia revolucionaria de España. El siglo siguiente se iba a revelar igualmente conflictivo e igualmente insatisfactorio. España en este lapso se ha transformado: va siendo cada vez más un
país burgués, con resabios arcaicos y gran dependencia del exterior. El
pueblo, mientras tanto, ha buscado su liberación con una tesonera acome-

l. Cf. Manfred Kossok, "Comuneros und Gennanfas. Spanien an der Schwelle der
frühbürgerlichen Revolution", Zeit,chrift for Guchichte, Heft 1, 1979, pp.
46-65.
2. Cf. ~erre Vilar, "El 'motín de Esquilache' y las crisis del Antiguo Régimen",
Revista de Occidente, 107, febrero de 1972.

3. Vilar, ob. cit., y Gonzalo Anes, "Antecedentes próximos del motín contra ~
quilache", Moneda y Crédito, U8, maIZo de 1974, pp. 219-224.
4. Cf. Vicente Rodríguez Casado, "La 'revolución burguesa' del XVIIl españof',
Arbor 61, enero de 1951; y Laura Rodríguez Díaz, "The Spanisb Riots of
1766", Panand Pruent 59, mayo 1973, pp. 117-146.

5. Cf. Giovanni Stiffoni, "Diplomazia ed 'opinione pubblica' vene-ziane di fronte ad
una crisi dell'assolutismo rifonnatore: le rivolte di Madrid e provincie del 1766"

NU-OVa Rivista Storica, V-VI, 1982, pp. 511-546.

'

6. Remito a Alberto Gil Novales, Política y Sociedad, en Manuel Tuñón de Lara
(dir.), Hutoria de E,paila VII, Centralúmo, Ilustración y agoniá del Antiguo
Rigimen (1715-1833), Barcelona, Labor, 1980, 221-227 (en adelante Centralismo).
7. Cf. Marcelin Défoumeaux, Pablo de Olavide ou l'Afrancuado París, PUF 1959·
y del mismo: "Régalisme et lnquisition: une campagne co~tre Campo~anes"'
Me'lange, a la mémoire de I ean Sarraiih, París, lnstitut d'Etudes Hispaniques:
1966, l, pp. 299-310.

8. Cf. Franco Venturi, Settecento riformatore. IV. La caduta de0'Antico &amp;gime

q;;i-::.89),

Tomo I, I grandi stati dell'Occidente, Turin, Einaudi, 1984, p.

�A. Gil Novales: Revueltas y revoluciones en España

158 Siglo XIX
9. Cf. Memorial-ajustado hecho de orden del Consejo-Pleno, a instancia de los Señores FÍ8Cale&amp;, del e:rpediente consultivo vilto por remisión de Su Mag. a él. sobre el contenido, y e:rpresiones de diferentes Cartas del Rev. Obispo de Cuenca
D. Isidro de Carbajal y Lancaster. Con licencia Barcelona, Thomas Piferrer,
1768. El ejemplar de mi propiedad lleva al fmal una nota ms., en la que se da
cuenta de la muerte del obispo en 1771, y se ponderan sus virtudes ejemplares,
modelo para prelados y sacerdotes.

10. Cf. Alberto Gil Novales, ob. cit., pp. 251-252.
11. Cf. ob. cit., en n. ant., pp. 254-256.
12. Ecija, Imp. de D. Benito Daza, 1794. Palau registra otras eds. de 1794, 1795,
1813, 1814, 1815, 1840 y 1895.

13. Cf. Irene Castells, "Els rebomboris del pa de 1789

a Barcelona", Recerques I,

1970, pp. 51-82.
13a. Cf. Juan Manuel Bedoya: Retrato histórico del Emmo. Excmo. e Rmo. Señor
Don Pedro de Quevedo y Quintana, Madrid, Imp. que fue de Fuentenebro, 1835.
14. Cf. Manuel Aidit Lucas, Revolución liberal y revuelta campesina, Barcelona,
Arle), 1977, pp. 96-98; y mi Introducción a Juan Romero Alpuente, Hiltoria de
la revolución espaflola (en prensa).
14a. Cf. Iris M. Zavala: "Picomell y la revolución de San Blas: 1795", Historia Ibérica, 1, 1973, 35-58; la misma: "Cabarrús y Picornell: un documento desconocido", Cuadernos hispanoamericanos, ·Junio 1969, 774-782; M.ª Jesús Aguirrezábal y José Luis Comellas: "La Conspiración de Picomell", Revista de Historia
Contemponinea, Sevilla, 1, diciembre de 1982. 7-39; Giovanni Stíffoni: "Dal
'Motín' contro Esquilache al 'Motín' di Aranjuez: la transformazione di un
modello nella crisi dell' Antico Regime in Spagna", Annali di Ca' Foscari, XXI,
1-2, 1982, 200-204.
14b. Cf. María Rosa Saurín de la Iglesia: Reforma y reacción en la Galicia del siglo
XVffl (1764-1798), La Coruña, "La Voz de Galicia", 1983, pp. 135-165.
15. Cf. Ardit Lucas, ob. cit., pp. 9!Hl9.
16. Cf. A. Gil Novales, Centralismo, pp. 262-263, y Claude Morange: "El Conde del
Montijo durante la Guerra de la Independencia Apuntes para su biografía",
Trienio 2, de noviembre de 1983, pp. 3-40; del mismo, "El Conde del Montijo.
Reflexiones en tomo al 'partido' aristocrático de 1794 a 1814" Trienio 4
de noviembre de 1984, pp. 13-67.
'
' '
17. Cf. Jean-René Aymes, La Guerre d'lndépendance E,pagnole, París, Bordas,
1973, pp. 72-74; Alberto Gil Novales, "El problema de la revolución en el lfüeralismo español (1808--1868)", Estudios de Historia socia~ 22-23, julio-diciembre de 1982, pp. 12 y ss; del mismo Centralismo, 270.
18. Cf. Antonio Moliner Prada, &amp;tructura, funcionamiento y terminologú, de la,
Juntas suprema, provincialu en la guerro contra Napoleón. Los casos de Mallorca, Cataluña, A1turias y León, tesis doctoral inédita leída en la Universidad Autónoma de Barcelona en 1981.

159

19. Cf. Impugnación que hacen lo, individuos que compusieron la Suprema Junta
Central al Manifiesto del Capitán General Don Gregario de la Cuesta, Cádiz,
Imp. del Estado-Mayor-General, 1812, p. 6. de los Documento, puestos a modo
de Apéndice. La carta de Castaños está fechada en Madrid a 18 de septiembre de
1808.
20. Cf. Alberto Gil Novales, Las Sociedade, patrióticas, Madrid, Tecnos, 1975, p.
803 (entrada Diego Correa, quien habría sido el dirigente del motín). En adelante, Soc. Patr.
21. Cf. "Causa contra D. Vicente Ramón Richart, D. Baltasar Gutiérrez, D. Ramón
Calatrava, D. Juan Antonio Yandiola, D. Simón la Plaza y otros, formada en
1816 sobre conspiración contra la persona del Rey", en Colección de la, causas más célebres e interesantes de lo, mejores modelo, de alegatos, actuacione,
frscales, interrogatorios y la, más elocuentes de/ensa, en lo civil y criminal del
foro espaiio~ francés e inglés por una Sociedad de Jurisconsultos. Parte española. Madrid, Libr. de D. Leocadio López, 1863, VIII, pp. 77-291; y Ma. Pilar Ramos Rodríguez, La conspiración del triángulo, Univ. de Sevilla, 1970.

a

22. Cf. Karl Marx, "La intervenció
Espanya", presentado por Jaume Torras,
Recerques, 6, Barcelona, 1976, pp. 7-11 (fragmento de un texto de 1864, incorporado en alemán a las Marx Engel, Werke, Berlín, 1970).
23. Cf. para toda la época mis libros Céntrafümo, cit.; Soc. Patr.; y El Trienio libera~ Madrid, Siglo XXI, 1980.
24. Cf. Jaime Torras Elías, La guerra de los Agraviados, Univ. de Barcelona, 1967.
25.

et

sobre las conspiraciones de este periodo mis artículos "La contrarrevolución femandina (1814-1820 y 1823-1833)", Hiltoria 16, extra 111, junio de
1977, pp. 7-26, y "Repercusiones españolas de la Revolución de 1830'', Anales de Literatura española, Universidad de Alicante, n. 0 2, 1983, pp. 281-328.
Cf. también Irene Castells Oliván, "Torrijos y Málaga",]ábega, Málaga, 1982 El
contexto europeo en Clive H. Church: Europe in 1830, London, Geo¡ge Allen &amp;
Unwin, 1983. Del mismo: "Success and failure in 1830", Trienio, 2, de noviembre de 1983, pp. 41-72.

26. Cf. Francisco Javier Puerto y Carlos San Juan, " La epidemia de cólera en 1834
en Madrid", Estudios de Historia Socia4 15, octubre-diciembre de 1980, pp.
9-63.
27. Cf. Roberto Castrovido, La quema de conventos, en José M.a de la Chica, Cómo
se incendiaron los conventos de Madrid, Madrid, Edit. Castro, s. a. (1931),
pp. '.Vi.
28. Cf. Diario de la, sesiones de Cortes, No. 32, 6 de septiembre de 1834, p. 199.
29. Cf. mi art. " El movimiento juntero de 1835 en Andalucía", Cuaderno, de F11ología, Universidad de Valencia, III, 3, 1983, pp. 85-118.
30. CT. mi art. "El problema de la revolución en el h"beralismo español (1808-1868),
Estudios de Hiltoria Socia~ 22-23, julio-diciembre 1982, pp. 7-22.

�A. Gil Novales: Revueltiu y revoluciones en Lpaña

160 SigloXIX
31. Cf. el cap. V. "Liberalism and Carlisrn" de Raymond Can, Spain 1808-1939,
Oxford, Clarendon Press, 1966.
32. Cf. El Duende liberal, Madrid, No. 82, 19 de noviembre de 1836, y números siguientes hasta el 232, 13 de mayo de 1837. Y El Matamoscas, Madrid, cit. en
nota siguiente.
33. Cf. mi art, "Prensa satírica de la época de Larra: El Mawmos00$", en Albert
Dérozier (ed.), Revisión de Larra, París, Les Belles Lettres, 1983, pp. 133-140.
34. Cf. Luis Bordas, Historia de la revolución y guerra civil de España, Barcelona,
Imp. Hispana, 1847, p. 302 y ss..Ramón María Narváe.z, Manifiesto del Mamcal
de Campo• .. en contutación a las acU11aciones del Capitán General Conde de
Luchana, Madrid, Imp. Comp. Tipográfica, 1839.
35. Cf. Exposición de lo, sucesos de Sevilla en el mes de noviembre de 1838, Sevilla,
Imp. de D. J. H. Dávila, 1839.
36. Cf. Fray Gerundio, León, 4.0 Trimestre, 1838, pp. 72-94.
37. Cf. Reselfa histórica del glorioso alz-amiento de 1840, Madrid, Imp. de Vicente
de Lalama, 1840.
38. Cf. Enrique Rodríguez Solís, Historia del partido republicano españo~ Madrid,
Imp. de Fernando Cano y Domingo del Val, 1892-93, II, pp. 376-77; J. A. González Casanova, Federalume i autonomía a Catalunya, Barcelona, Curial, 1974.
39. Cf. Carlos Navarro y Rodrigo, O'Dormel y su tiempo, Madrid, Imp. de la Biblioteca Universal Económica, 1869, pp. 53-55.
40. Cf. Manifiesto de la Milicia Nacional armada de Barcelona. Barcelona, Imp. delConstitucional, 1841.
41. Cf. Manuel J. Risques, "La insurrecció de Barcelona pel novembre de 1842. La
seva dinámica sociar', Recerqu1!4, 10, 1980, pp. 93-112.
42. Cf. González Casanova, ob. cit.,
43. Cf. J. Tanoo, L'Espagne en 1843 et 1844, París, A René, 1844.
44. Cf. Joaquín María López, Exposición razonada de los principales ,ucesos polí-

ticos que tuvieron lugar en España durante el Ministerio del 9 de mayo de 1843,

ª

y después en el Gobierno provisiona~ Madrid, José M. Canalejas, s. a. Rayrnond
Carr, Spain 1808-1939, Oxford at the Clarendon Press, 1966, pp. 224-27.

José Amador de los Ríos, Alzamiento y defensa de Sevilla, Sevilla, Alvarez y

Cia, 1843.
45. Cf. Mario Méndez Bejarano: Idealismo jurídico-político e historia interna de la
Revolución de Septiembre de 1868, Madrid, Real Acad. de Jurisprudencia y
Legislación, 19192, p. 10.
46. Cf. José Ordás y Avecilla, Defensa verbal que el abogado. .. pronunció en el
Jurado celebrado el veinte y seis de junio del presente año, para calificar el folleto titulado Proscriptos y encarcelados, en Causas, cit., VI, pp. 345-37 6 (el

161

folleto comprendía los siguientes canw,: La noche,. de José Ferrer; La expatriación, de Julián Santín Quevedo; Recuerdo, de la Patria, de Amires Avelino
Benítez; La libertad perdida, de Alfonso García Tejero; La esperanza, de Luis
Díaz y Montes; Al 101 de la libertad, de Bmulio Antón Ramírez).
47. Cf. Evaristo Escalera y Manuel González Llana, La España del Siglo XIX, Madrid, J. J. Marfínez, 1865, III, pp. 370-372.

48. Cf. Tansk~ ob. cit.
49. Cf. Causa criminal. • .contra. • •D. Joaquín MarÚJ López y D. Manuel Cortina y
lo, leiiore, D. Pascual Madoz, D. Juan Antonio Gamica, D. Miguel On y García,
D. Joaqu{n Garrido, D. Joaquín Verdú y Pérez y D. Mamé, Benedicto por,ospechas de complicidad en el alzamiento de la ciudad de Alicante verificada en
28 de enero de 1844, en Caiuos, VII, 1863, pp. 5- 222.
50. Cf.. Eduardo Chao, Historia de la vida militar y política de Martín Zurbano, Madrid, Est. li-tip. de P. Madoz y L Sagasti, 1846. Femando Garrido, Historia del
reinado del último Borbón de Lpaña, Barcelona, S. Manero, 1868-69, 11, pp.
604-606.
51. Cf. Francisco Tettamancy Gastón, La revolución gallega de 1846, La Coruña,
Imp. y Fotograbado de Ferrer, 19092.
52. Cf. Diario de Sevilla de Comercio, Arte, y Literatura, 8 de mayo de 1847.
53. Cf. Archivo Militar General de Segovia, Sección 2.0 , Div. 4.0 , Leg. 197.
54. Id. id., leg. 196. Cf. también Teatro de la guerra: Cabrera, los montemolinistas
y ;epublicano, en Cataluña, Madrid, B. González, 1849, y Joan Carnps i Giró,
La guerra deis matiner, i el catalanilme polític (1846-1849), Barcelona, Curial,
1978.

55. Cf. Francisco Rispa y Perpiña, Cincuenta allos de conspirador, Barcelona, Librería Villela, 1932, pp. 7-8.
56. Cf. V.G. Kiernan, The Revolution of 1854 in Spani,h History, Oxford, At the
Clarendon Ptess, 1966. Angel Fernández de los Ríos, Estudio histórico de las luchas política, en la España del ,iglo XIX, Madrid, English y Gras, 1880, 2. a ed.,
II,p. 331 yss.
57. Cf. Mari.e-Claude Lecuyer, "Los pronunciamientos de 1854", Estudio, de Hiswria Socia4 18-19, julio-diciembre, 1981; id.: "La formación de las Juntas en la
revolución de 1854", id., pp. 22-23, julio-diciembre de 1982. José Ramón Urquijo y Goitía, La revolución de 1854 en Madrid, Madrid, CSIC, 1984.
57a. Archivo General Militar de Segovia, Sección 2.ª, Leg. 198. En adelante AGM
Segovia.
58. Cf. Karl Matx-Friedrich Engels, Revolución en E,paña, Caracu-Barcelona, Ariel,
1960 (trad. de Manuel Entenza), p. 37, en donde la frase "ilusiones del pasado"
se aplica a Espartero.

�A. Gil Novales: Revueltas y revolucione, en Espaifa

163

162 SigloXIX
59. Siempre al servicio del Gobierno, según Alfredo Pisso, La Guardia Civil y su
tiempo, Barcelona, s. a., I, p. 80.
60. Así p. ej. ta Junta de Cádiz comunica su instalación el 22 de julio en los siguientes ténninos: "Cádiz se ha adherido al alzamiento nacional Se ha constituído
una Junta. Ningún servicio público se ha interrumpido, y continúa reinando la
más completa tranquilidad" (AGM, Sección 2.ª, Leg. 198 ; estos legajos han
sido trasladados al Servicio histórico militar de Madrid, conservando las signaturas de Segovia).
61. Cf. AGM Segovia, Leg. 198.
62. Cf. Kieman, ób cit. Antonio Ignacio Cervera, La voluntad nacional Como el
pueblo espera que la interpreten la&amp; Corte, Constituyentes, Madrid, Imp. de Tomás Núñez Amor, 1854 (reproducido por Antonio Elorza en Estudios de Historia Socia4 10-11, julio-diciembre 1979, pp. 432-444).
63. Cf. Josep Beneti Casimir Mart4 Barcelona a mitjan segle XIX. El movimiento
obrer durant el bieniprogre,mta (1854-1856), Barcelona, Curial, 1976, dos vols.
64. Cf. Ramón Garrabou, "Un testimonio de la crisis de subsistencia de 1856-57:
el expediente de la Dirección General de Comercio", Agricultura y Sociedad,
14, enero-marzo 1980. Benet i Mart4 ob. cit.; Kieman, ob. cit..
65. Cf. Alberto Columbrí, Memorias de un presidiario político (1857), Barcelona,
lmp. Española de l. López, 1864. Rafael Pérez del Alamo: Apunte, sobre dos
revolucione, andaluzas.. Introducción de Antoruo María Calero, Madrid Zero
1971, p. 51 (desarme de la MN de Loja, la patria de Narváez y de Pé~ez dei

AJamo).
66. Cf. Sixto Cámara, La Junta Nacional Revolucionaria al Pueblo, Zaragoza y abril
de 1857 (hoja suelta, sin pie de imprenta, existente en la BN de París, Oc 1323);
Fernando Garrido, "Sixto Cámara", Obras escogidas, Barcelona, Salvador Manero 1859, I, pp. 389-420.
67. Cf. Pedro de Répide, "Un conspirador de ayer", en Los e,pejos de Clío Madrid, Edit. América, s. a., pp. 107-152. Y AGM de Segovia (ahora en Madrid)
Leg. 175. Pierre de Luz, Isabel JI reina de España, Barcelona, Juventud, 1937'.
p. 202.
68. Cf. Manuel LassaJa. Habitante, del Distrito Militar de Andalucía, Sevilla 19, de
julio de 1857 (bando impreso, en leg. 175 AGM Segovia). Maximiano García
Venero, Historia de la&amp; Internacionales en España, Madrid, Eds. del Movimiento,
1956, I, pp. 51-52.
69. Cf. Miguel Villalba Hervás, Recuerdos de cinco lustros,1843-1868 Madrid La
Guirnalda 1896, p. 197 ss.
'
'
70. Cf. Juan Díaz del Moral, Historia de la&amp; agitaciones campesinas andaluzas - Córdoba, Madrid, Alianza Edit., 1973, pp. 78-81. Rafael Pérez del Alamo, ob. cit.;
El discurso de Olózaga en La Iberia, Suplemento 19 de diciembre de 1861. A.
Gil Novales, "Las contradicciones de la revolución burguesa española", Coloquio Internacional de Lcipzing, noviembre de 1983 (en prensa).

71. Cf. (Eduardo Ruiz Pons), Historia de la causa formada en Zaragoza el año de
1861 contra el Ex-constituyente. •• y consorte&amp;. .•, Porto, Typographia de D.
Antonio Moldes, 1864, pp. 19, 44, 132 y 135.
72. Cf. Carlos Rubio, "Reverente carta que dirige a S. M. la Reina Da. Isabel If',
La Iberia, 12 de diciembre de 1863.
73. Cf. Rafael Olivar Bertrand, Prim, Madrid, Tebas, 1975. p. 385.
74. Cf. Rispa y Perpiña, ob. cit., p. 61 ss.
75. Cf. F. G. Bruguera, Histoire contemporaine d'&amp;pf18ne,1789-1950, París. Ophrys,
1953, pp. 246-247. Andrés Sánchez del Real, Emilio Gaste/ar, Barcelona, Manero, 1873, pp. 128-136.
76. Cf. Pérez del Alarno, ob. cit., pp. 94-98. Enrique Rodríguez Solís. Memorias,
Madrid, Plutarco, 1931, pp. 35-43. Es muy curiosa la novela de Vicente Mor~
no de la Tejera, La sangre de un héroe, Madrid, Robles y cía., s. a., que trae al
final la lista de todos los fusilados.
77. Cf. Juan Massanet y Ochando, Memoria sobre los sucesos de Aragón en agosto
de 1867. Madrid, Imp. de Tejado, 1868. Eugenio García Ruiz La Revolución en
España, París, Ch. Lahure, Octubre de 1867.
'
78. Cf. Manuel Ibo Alfaro, Historia de la interinidad e,paflola, 2 vols., Madrid. Alvarez, 1871 y 1876. Felipe Ducazcal, "Memorias de un empresario", Heraldo de
Madrid, de 4, 8, 12, 22 y 28 de noviembre y de 4 y 17 de diciembre de 1890.
Mario Méndez Bejarano, Idealismo jur{dico-político e historia interna de la Revolución de Septiembre de 1868, Madrid, Real Acad. de Jurisprudencia y Legislación, 1919 (l. a ed. 1889). MM. de Lara, El cronista de la revolución espafiola de 1868, Barcelona, Celestino Verdaguer, 1869. Alberto Gil Novales, La
Revolución de 1868 en el Alto Aragón, Zaragoza, Guara, 1980.
79. Cf. Romualdo Lafuente, Málaga y sus opresores; relato verídico de los últimos
suce,os de Málaga, Orán, 1869. Amalio Gimeno y Cabañas: El partido republicano de Valencia ante la Historia, Valencia, 1870.
80. Cf. Francisco Pi Y Margall Y Francisco Pi y Arsuaga, Historia de España en el
,iglo XIX, Barcelona, Miguel Segu4 1902. t. V.; C.A.M. Hennessy La República federal_ en EsJJ'!fa, Madrid, Aguilar, 1966. Nelly Clémessy, L'Espagne de
la Restaurafion, Pans, Bordas, 1973. Earl R. Beck, A Time of Triumph and of
Sorrow. Spanish Política during the reign of Alfonso XII. Southern Illinois Univ.
Press 1979. A. Houghton, Les origines de la Restauration de, Bourbons en
Espagne, París, Pion, 1890. Manuel Espadas Burgos, Alfonso XII y los orígenes
de la Rutm,ración, Madrid, CSIC, 1975.

�Colonialismo y absolutismo español:
el contrapunto balear del Dieciocho

Lluís Roura i Aulinas*

l.

El proceso de implantación de las monarquías absolutas europeas
viene a ser un "tour de force" permanente desde la Baja Edad Media hasta el final del Antiguo Régimen. Aque1 viene dado por la resistencia que
ofrecen la infinidad de poderes que, bajo una gran diversidad de formas,
se resisten a desapareer o a modificarse. Se trata del peso del "privilegio"
-estamental, local, territorial, dinástico...- en la sociedad feudal.
En el caso español, cuya monarquía deriva hacia la formación de un
imperio, la fragilidad de su carácter absolutista se patentiza especialmente
en la resistencia a la unión por parte de algunas de las coronas y territorios que la configuran (unión tardía, por ejemplo, de la Corona de Aragón
-cuya oposición no será superada con éxito prácticamente hasta finales
del siglo XVII-; o el abierto enfrentamiento de los Países Bajos - verdadera gangrena del principal requisito en la estabilidad del poder absoluto:
la salud de sus finanzas--).

En este marco, la organización del poder y la administración de los
territorios del "Nuevo Mundo" - en los que se impone tabla rasa del elemento indígena- aparece, teórica y formalmente, como tierra propicia
para el establecimiento del ideal absolutista de la corona.
Virreinatos, gobernaciones, capitanías, corregimientos, audiencias...
una estructura que aspira a garantizar la vinculación directa al ejercicio del
poder real. No parece exagerado decir que se pretendía establecer una
"Castilla ideal" en las Américas - al menos a efectos de la monarquía- . Su
fracaso, al que tanto contribuyó la lejanía de los nuevos territorios, pero
sobretodo su subordinación a las urgencias de Castilla y la Corona, no obs-

*Facultad de Letras, Universidad Autónoma de Barcelona

�166 Siglo XIX
ta para poner de manifiesto aquellas pretensiones ni para reconocer la voluntad de la monarquía de estructurar un nuevo modelo de Estado.

El cambio dinástico en el siglo XVIII no supuso un viraje sustancial
respecto de los planteamientos de los Austrias españoles: ni en cuanto a las
colonias (se aspira a mayor eficacia en la satisfacción de un móvil incuestionable: la apropiación de riquezas), ni mucho menos respecto de la aspiración de culminar el estado absolutista en España.
La consolidación en el trono de Felipe V, tras la Guerra de Sucesión
(1700-1714), va a permitir a este monarca ampliar las parcelas del absolutismo especialmente sobre aquellos territorios, peninsulares e insulares, que
aparecían derrotados (fundamentalmente los de la Corona de Aragón). La
reestructuración formal del poder y la administración supondrá, en primer
lugar, un barrido de las instituciones -consideradas puntales de la resistencia secular-. No es de extrañar que luego, en lo que se supone la nueva
planta institucional-absolutista, se tienda al modelo que se tiene a mano:
aquel que se había establecido en las colonias y en el cual se seguía confiando. Que su planteamiento responde a la aspiración de racionalidad absolutista, lo ratifica la reestructuración de la fiscalidad que acompaña a la
nueva planta administrativa.
11

En este marco, pues, creo que es útil, tanto epistemológica como metodológicamente, llamar la atención sobre el paralelismo y las divergencias
que se dan entre las realidades coloniales y la balear, en el marco del establecimiento de una misma monarquía absoluta. Resulta difícil considerar
meras coincidencias a determinados rasgos paralelos, así como aceptar que
obedecen a factores que no tengan en común más que la mera formalidad.
Por lo que se refiere a los dominios de la Corona de Aragón, se ha insistido mucho, tradicionalmente, en el cambio que supuso la implantación
de los decretos de Nueva Planta. Por ellos se suprimían, en el caso de Baleares (25 de noviemhre de 1715), sus instituciones propias y multiseculares ( el Gran i General Consell, los Jurats de Palma y del Reino, las Univer•
sitats. .. ). En su lugar se establecían la Audiencia, la Capitan(a Genera~ los
Regidores municipales, el Intendente. .., todos ellos dependientes, en última instancia, del Consejo de Castilla.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la situación bajo el reinado
de los Austrias estaba lejos de ser tan halagüeña como supone la historiografía romántica. Como ya hemos indicado, más bien hay que considerar
qu los decretos de Nueva Planta imponían, con la facilidád de la victoria
militar, lo que también había sido una vieja aspiración austriacista, y resolvían una dinámica de poderes enfrentados que venía siendo característica

L. Roura i Aulinas: Colonialismo y abaolutúmo espaliol

167

de los tiempos modernos, desde sus inicios.
Para los territ~~os peninsulares el planteamiento borbónico suponía
~le~er una pohtica claramente centralizadora. Sin embargo, para los
te~t?nos de fuera d~ la Península, y éste es el caso de las Baleares, aquella
P?htica se decantaria -dados los condicionamientos del momento, por
eJemplo en algo tan elemental como las comunicaciones- hacia un carácter
~u~h~ más propio al de su área de procedencia, institucionalizando una
dinánuca de dependencia equiparable a la que es propia de las relaciones
entre colonia y metrópoli.

Mallorca había tenido hasta el siglo XVIII una situación que derivaba
de una dependencia institucionalizada de hase feudal, respecto de la Penín.
sula -fundamentalmente respecto del Principado de Cataluña-· situación
establecida, fund~en~en~e, soh_re la hase de las rentas ~arias, por
~~e de una !!'an divel'Sldad Jerarqmzada de señores e instituciones. En el
siglo XVIII, sm embargo, se da el paso a una situación en la que la dependencia _respecto de la Península -ahora fundamentalmente Castilla- se
ª?°Yara en un esquema que podemos denominar de tipo colonial-absolu~ La fal~ de conci~~cia de esta situación en la sociedad balear no desVll'tú~ esta mterpretac1on. Como se sabe, el mismo fenómeno colonial
amencano nunca fue planteado y reconocido como tal por la monarquía
esp~ola, y hasta el siglo XVID tampoco parece que lo reconocieran O explicitaran así aquellos pueblos.
Sin embargo, no creo que pueda aplicarse de manera genuina el esquema colonial a_las ~as Baleares. Entre otras razones porque no representan
un ce~tro de mteres ~ara la explotación colonial No hay bienes de los que
aprop~ (en cu:i!quier caso la confiscación de las salinas de Ibiza confirma la mterpretac10n
que estamos dando)·, su "micultura
es defic1·tan·a,yel
.
~-comerci? ~e se es~erza_ en resurgir no atrae más que a ciertos sectores de
las r~op1as islas. El mteres estratégico -tanto a efectos económicos como
~hticos- P:U-ece ser, pu~, una de las razones de mayor peso en el empeno metropolitano -especialmente tras la situación internacional estahlecid? en Utrech~-:· No debe extrañar, pues, que se procure el control y dominio con e~ m1rumo cost~. Por ello, a nivel ~terno, la sociedad mallorquina
va a funcronar y evolucionar -tanto economica como socialmente- b ·
e~emalas " autar'qwcos
• " . Es d ecir:
· los propios de una sociedad agraria traªJº
dicion
ABí pues, el paso a una forma de dependencia colonial-absolutista en
l~ ~al~es -que se pone de manifiesto tanto en la dinámica política y admmIStra~a com? ~n las reformas tributarias y en el control sobre sus in~rcamhios econonncos, aunque tímidos-, va acompañado de la ersistencia de formas de dependencia
de tipo "feudal", que siune
~ , d
. .
"b- n enratZan ose
en la estructura tradicional de la sociedad isleña.

�168 SigloXIX
En esta situación, a lo largo del siglo XVID cristaliz~n o cobr:irán
impulso en Mallorca una serie de elementos y comportamientos sociales
y económicos que difícilmente pueden hacemos ol~dar los que s_e d_an en
gran parte de los ámbitos coloniales de la monarqu1a españo!~ Si ~1en su
razón de ser depende de una compleja red de factores, tamhien ,está claro
que resulta enormemente facilitada por una estructura que hahta establecido el marco propicio para ello.
Por un lado es evidente la importancia de las .clases urbanas como
grupo dirigente. Fundamentalmente propietarios, administrad?res, "hidalgos" ("ciutadans", en el caso de Palma), grandes arrendatarios y comerciantes.
Por otra parte la venalidad de títulos y/o cargos se presenta como un
medio eficaz para el rápido acceso a aquella categoría social, por parte de
los sectores que se encuentran en una situación de expansión económica
- tal es el caso, en Mallorca, de los más activos arrendatarios-.
En tercer lugar, la aristocracia terrateniente aparece como un pro~
gonista indiscutible, detentando el poder. Mientras la estructura colonial
permanece estable, ello se traduce ~n u~ declarado colaboracio~o. Las
modificaciones en el poder la llevaran, sm embargo, a las contranedades de
la adaptación: ya sea jugando un papel fundamental en el surgimiento del
criollismo (caso americano), ya sea sorteando las d~cultad~ de su P~ºf':
siva pérdida de protagonismo con escaramuzas de diversa mdole -dinásticas, funcionariales, caciquiles. ..- (caso mallorquín).
.
Los grupos sociales inmediatamente inferiores (pequeños comerciantes, artesanos. .. ) aparecen claramente subordinados. Pero la existe~cia de
sectores extraordinariamente oprimidos y/o marginados (indígenas, 'esclavos) estimula actitudes de superioridad y confoanismo que obstaculizan
la toma de conciencia de su propia situación real. En este sentido no debe
subestimarse, para el caso mallorquín, la importancia social y de mentalidad que supone la permanente marginación y desprecio de que son objeto
los "xuetes" (familias con los apellidos que se consideran exclusivos de los
descendientes de judeoconversos).
El eslabón social inferior se caracteriza, en fin, por la gran importancia de mano de obra en claras condiciones de sobreexplotación Gornaleros,
esclavos).
.
Por último, no podemos dejar de señalar la trascendencia, tanto cuantitativa como de prestigio, que caracteriza a los sectores "pasivos" en la
sociedad colonial (clero, funcionariado y ejérc~, princip~ente). Así como 1;10 debemos dejar de recordar la trascendencia de la venalidad, la corrupción, el agiotismo... como principales ejes de la movilidad social

La constatación del paralelismo que acabamos de reseguir nos advierte
al mismo tiempo de la fragilidad de los esquemas y periodizaciones " clási-

L. Roura i AulinM: Colonialumo y ab.alummo espaflQI

169

cas" aplicadas de forma genérica a las sociedades europeas. Ciertamente~ en
nuestr-0 caso, conceptos como "Antiguo Régimen" o "Revolución Burguesa" son definidores d~ fenómenos COD$tatahle11 en la sociedad mallorquina,
pero no puede olvidarse hasta qué punto vendrán condicionados por la dialéctica que se mantiene en una situación de duplicidad de poderes (195 que
se hasan en las rel~ciopes internas de la isla, y aquéllos que se derivan d~ la
v.inculació.n al poder y a las estructuras del Estado). Así se comprend~, por
ejemplo, que los cambios de la sociedad del Antiguo Régimen no lleguen a
ser, en un determinado contexto, más que fonnales, y que no comporten
n~amente su propia superación en coincidencia con las transformaciones que tienen lugar en la Península.

-

IlI.

La situación de los territorio.e coloniales en el siglo XVIIl, y su vinculación a la metrópoli, se encontraba, sin embargo, muy distante de los
esquemas en los que se movía la situación balear. Sería absurdo fonar el
paralelismo.
Pero, así como los factores concordantes pueden ayudarnos a dar luz
sobre ambas sociedades, los elementos y dinámicas discordantes pueden
semos, por lo menos, tan útiles como los primeros. Tal puede ser el caso
de poner en consideración tres factores decisivos en la última etapa colonial, que no sólo no coinciden sino que se contraponen· a la trayectoria
balear -a pesar de que "a priori" se habría podido presumir un cierto paralelismo-. Me refiero a la aparición e importancia del criollismo, a la difusión e influencia de los planteanúentos ílustrado$-liberales, y a la consecución de la independencia.
Un mismo contexto de crisis -el de la Guerra de la Independencia en
España- va a facilitar la culminación de resultados contrapuestos.
Aunque sin reduccionisrnos, hay que considerar lógico que la fuerza
del criollismo, apoyado en el racionalismo ilustrado-liberal, desemboque en
la independencia. De la misma manera, pues, la ausencia del primero y el
peso de la Reacción actuarán como elementos multiplicadores del integracionismo, v como lastre frente a cualquier asomo de despe~e.
Este último es el caso que registramos en la situación balear. El contexto excepcional que se configura en los años de la Guerra de la Independencia española resulta, en este marco, muy clarificador de la dinámica que
subyacía a la estructura colonial-absolutista.
De 1808 a 1814 las Baleares se mantendrán a salvo de la presencia napoleónica en España. La distancia de la Península convierte a Mallorca en
un resguardo seguro para los sectores privilegiados. Estos van a ser los primeros eu emigrar a una isla que llegaría a acoger cerca de unas 20.000 personas a lo largo de seis años -la mayor parte de las cuales en condiciones
mucho menos favorables de las que gozaron las jerarquías eclesiásticas, los

�L. Roura i Aulina,: C.OloniaJumo y abiolutumo e,palfol

170 Siglo XIX
grandes comerciantes o las dignidades llegadas en los primeros momentos-.
Mallorca se convierte así_ en un lugar de refugio y "privilegio"; aunque estas mismas condiciones desembocarán en el carácter limitado de ambas. Todo ello en una inevitable situación de provisionalidad.
Pero no sólo la llegada de refugiados va a sacudir a la sociedad mallorquina: la culminación de los principios liberales, en Cádiz, y la vinculación
a las necesidades de sostén de la guerra van a sumarse y entrelazarse con lo
primero.
Se pondrá de manifiesto, en estos aílos, la debilidad del sistema demográfico en Mallorca, así como las limitaciones de un abastecimiento endémicamente precario y de una economía de subsistencia cuyas consecuencias pueden llegar a ser trágicas.
En este conte¡cto, la estructura de dominación colonial-absolutista estimulará una respuesta institucional propia de los intereses de aquéllos sectores sociales que la detentan. La urgencia en los problemas de abastos, los
imperativos de la guerra y los apasionamientos ideológicos proporcionarán
argumentos más que suficientes para una actuación que interesa, fundamentalmente, por motivos difícilmente explicitados.
As~ en la tan frecuentemente proclamada identificación a la causa nacional-patriótica, subyace el recurso de los poderes locales a lo que se adivina como garantía de su status político y del afianzamiento de su peso social La coyuntura permite, precisamente, a estos sectores, ver potenciado
su distanciamiento de privilegio respécto del resto de la población -tanto
autóctona, como inmigrada-. Lo viene a corroborar el peso del carácter
formal en la identificación con la causa patriótica, frente a una realidad
bastante menos generosa -como lo demuestran los balances de su contribución económica y militar-.
También así se comprende mejor la trascendencia que en definitiva
adquirirá el debate ideológico -que no debe verse tan sólo como el eco de
una problemática exógena. Y conviene no olvidar que el protagonismo en
el debate ideológico registrado estos años en Mallorca será, a fin de cuentas, de la Reacción, tanto por la jerarquía de sus defensores, como por la
cantidad y características de sus medios de actuación.
De esta manera tenemos, por una parte, junto a la intrascendencia real
de la Ilustración, el peso del bloqueo que la Reacción establece en el momento decisivo del liberalismo gaditano. Y, por otro lado, la falta de conciencia de la situación de dependencia que establecía la estructura colonial-absolutista. Con razón no hallamos, pues, el menor asomo de criollismo (*). La falta de verdaderos motivos que pudieran hacer sentir el peso
No hay que olvidar dos puntales básicos en el criollismo americano: el propio
carácter de la emigración ttansoceánica, y el comportamiento de la nobleza local
Si no hace falta indicar la ausencia del primero, en Mallorca, tampoco se puede olvidar el carácter acomodaticio de la nobleza mallorquina en momentos clave para

{*)

ella, como lo fue el siglo XVIIL

171

de la explotación metropolitana debe entenderse como elemento fundamental de la "docilidad" de los terratenientes y comerciantes de la isla, así
como de una fácil canalización del malestar social.
,La r~taur~~ión absolutista de 1814 -y, claro está, de 1823- reafirmara el uunovilismo y la dependencia. Ambos factores, tanto a nivel estructural como mental, van a perdurar en las islas a lo largo del siglo XIX.
Y, probablement~, h~ta el momento en que la penetración de la banca, las
modernas comumcaciones y las nuevas fuentes de ingresos requerirán unas
formas de dependencia mucho más ágiles y eficaces, hasta desembocar en
una perfecta integración.
~n cualquier caso, los afios de la Guerra de la Independencia pueden
ser VIStos como la c~nstatación de ~a imposibilidad de dar un viraje a unas
formas ~e de~ndencia que, establecidas en el siglo XVIII, van a verse claramente distancllldas del proceso que van a seguir los genuinos territorios coloniales de la monarquía espafiola.
No creo que pueda hablarse, para Mallorca, de los aílos de la Guerra de
1~ Independencia, como de una "ocasión perdida". Sería no haber entendido nada del dieciocho balear y español. Sin embargo considero que estos
~os d~ el marchamo de la irreversibilidad al integracionisrno que había
ido culmmando a lo largo del setecieRtos.

IV.
Como balance, en fin, el ensayo comparativo que hemos venido realizando nos lleva a constatar cómo la estructuración e institucionalización
del poder monárquico, que facilita una estratificación social determinada
queda en segundo lugar frente a los intereses de las mismas clases social~
a 1~ que ha contribuido a _consolidar. Creo que la divergencia en la trayectona de estos sectores sociales en el marco de una .c,isma monarquía, tal
como lo consta~os. en la_ confrontación de los ámbitos colonial y balear,
puede haber contnhu1do a ilustrarlo satisfactoriamente.

NOTA BIBLIOGRAFICA
El lecto~ puede encontrar bibliografía complementaria sobre los aspectos tratados en
este articulo en las obras que recogemos en esta breve nota, todas ellas dotadas de
amplias referencias bibliográficas.
~~r _lo que se refiere al contexto global de la monarquía española en el siglo XVIII e
llll:1?s del XIX, puede verse el volumen VII de la Hútoria de E&amp;paña dirigida por M.
Tuñon de Laza: ~entralúm?, flu&amp;iración y agonía del Antiguo Régimen (1715-1833),
obra de E. Femandez d_e ~~º• A
Novales y A Derozier (Barcelona, 1980, ed.
Labor). Respect? a la sit~ac10n eco~nuca ~e España es fundamental la obra que r~
coge las aportaciones recientes de diversos historiadores, La economía e,pail-Ola al¡;.

?il.

�172 Siglo XIX
LA REVOLUCION DE 1820
nal del Antiguo Régimen (4 volúmenes coordinados por G. Anes, J. Fontana, P.

Notas para el estudio del liberalismo
portugués y de su correlación peninsular

Tedde y M. Artola; Madrid 1982, ed. Alianza-Banco de España). Un abanico de temas que interesan directamente el marco tratado en nuestro artículo, puede hallarse
en A. Gil Novales (ed.): Homenaje a Noel Solomon. Jhutración upaflola e independencia de América (Barcelona, 1979, ed. Universidad Autónoma de Barcelona).
Sobre el período de la guerra de la Independencia española, véase la síntesis -ya merecidamente clásica- de J. R. Aymes: La Gue"a de la Independencia en E1pafla
{1808-1814) (Madrid 1974, ed. Siglo XX[). Puede enmarcarse en el conjunto de la
problemática de la crisis del Antiguo Régimen en España con la útil guía para este
período de J. Fontana: La crim del Antiguo régimen, 1808-1833, (Barcelona, 1979,
ed. Crítica).
Respecto a la situación específica de las Islas Baleares y de Mallorca, me remito fundamentahnente a mi trabajo L'Antic R¾im a Mallorca. Aba,t de la commoció dela
any, 1808-1814 (Pahna de Mallorca, 1985, ed. Dirección General de Cultura del
Gobierno Balear). Sobre los aspectos socio-económicos del ámbito interno de Mallorca, véase L Moll-J.Suau: "Senyors i pagesos a Mallorca (1718-1860/70)" en &amp;tudú d'Hiatoria Agraria 2 (1979), pp. 94-170 (Barcelona, ed. Curial). Para un esbozo
en torno a la nobleza mallorquina en el siglo XVIU puede verse A. Le Senne-P.
Montaner: "Introducción al estudio de 'Ses Nou Cases"', en Bolletí de la Societat
Arqueoqica LuUiana, 35 (1977), 385-394 (Palma de Mallorca).
Por lo que se refiere al ámbito de las colonias americanas, me remito a alguna de las
excelentes visiones generales que existen, como pueden ser las obras de R. Konetzke
(América Latina. La época colonia~ Madrid 1971, ed. Siglo XX[); G. Cespedes del
Castillo (América Húpana, 1492-1898, Barcelona, 1983, ed. Labor); o la síntesis que,
de la mano de diversos especialistas, ofrecen los volúmenes XX y XXI de la Hi,toria
Univer,al Salvat (Barcelona, 1984, ed. Salvat). Me pennito recordar, sin embargo, re9pecto a la problemática tratada, obras como &amp;tructura ,ocial de la colonia. En,ayo
de Hútoria de América Latina, de S. Bagú (Buenos Aires, 1952); Spanuh .Colonial
Adminútrotion (1782-1810). The intendant 8)'lfem in the oiceroyalty of the Río de
la Plata. (Londres 1958); y La, revolucione, hi,panoamericana&amp;, 1808-1826 (Barcelona, 1976, ed. Ariel) de J. Lynch.

Isabel Nobre Vargues*

-

Son por demás conocidos los reflejos de la Revolución Francesa de
1789 en la Península. Y también es un lugar común afirmar que contribuyó en gran parte a la liquidación del Antiguo Regimen, tanto en Portugal como en España. Además de esto, hay que tener presente que en ambos países, antes del 89 y merced a coyunturas y realidades muy específicas, estaban en cul'SO mutaciones sociales que concurrirían con la influencia ideológica revolucionaria en· la explosión liberal de principios del
siglo XIX.
Nuestro propósito será intentar mostrar, a través de ejemplos extraídos
del momento político y de la opinión pública, cómo el proceso liberal
portugués se puede correlacionar directa y principalmente con el español,
sobre todo cuando la revolución liberal que ocurre en la Península solo
puede/debe ser comprendida en toda su extensión y complejidad si analizamos en conjunto los dos estados ibéricos. Esto es, teniendo siempre presente su situación política, diplomática y militar, la situación socio-económica y la cultural.
No podemos ignorar que además de las relaciones familiares de sus
monarquías hay otro tipo de problemas comunes en el siglo XIX, como
por ejemplo el de la cuestión colonial o el que resulta de su situación de
países "satélites" de Francia o de Inglaterra.

l.
Entre la e1ite intelectual y política portuguesa se preparaba hacía ya
algún tiempo el universo mental que contribuyó a la transformación social.
Los acontecimientos se suceden vertiginosamente en respuesta a esa nece*Universidad de Coimbra, Portugal. Traducción de Leticia Gámez.

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

174 Siglo XIX

sidad: las invasiones napoleónicas acentúan la situación caótica en que el
país estaba sumido desde 1801. La condición de colonia en que Portugal
se encontraba con relación a Brasil, el malestar sentido en el cuerpo militar, sobre todo con la falta de pago y con el comando entregado a los ingleses (Beresford era simultáneamente, jefe político y militar), una situación económica deficitaria en la que particularmente la agricultura denotaba una necesidad urgente de transformación, la crítica y propuesta de reforma dirigidas por los emigrados portugueses en sus periódicos publicados
en Londres y en París (entre ellos se destaca O Campeao Portugués, redactado en Londres por José Liberato F. de Carvalho), son algunos de los factores que explican uno de los momentos más significativos de la revolución liberal que ocurre en Portugal: merced no solo de esa especificidad, sino también del "fermento" revolucionario que estaba a la orden del día en
Europa.
Desde principios del siglo XIX circulan en Portugal escritos revolucionarios así como las obras de los Enciclopedistas y Filósofos, y esto a pesar
de su prohibición. Con las invasiones, el flujo político y cultural francés se
intensifica. Surge un nuevo elemento en la sociedad portuguesa: el grupo
de los "afrancesados" que luego, en 1810, será perseguido. Algo se iba
transformando.
A pesar que la Revolución de 1820 tuvo fundamentos propios, resultado de una coyuntura interna de crisis en varios niveles, no le fue extraña
una afinidad ideológica y política con el modelo inglés ( que no analizamos
aqm), con el francés y, aún, con el español. Se sabe que la formación de
los hombres que promovieron la revolución liberal en Portugal se bahía hecho, en gran parte, bajo el acervo mental que originó el 89. A ese propósito
recordemos la definición de la Revolución veintista practicada por Alexandre Herculano, en moldes aparentemente ingenuos pero no por eso menos
reveladores:
Fue un fuego cruzado de banquetes, procesiones, cohetes, discursos arcos de triunfo, revistas, Te Deum, elecciones, artículos de
periódicos y cañonazos. Cada día traía su fiesta nueva, la gente se
desenfrenaba. Era una lluvia fuerte de himnos, sonetos, canciones,
cortes de ropas, formas de zapatos liberales. Las logias masónicas
se multiplicaban. . . Las Cortes fueron convocadas. Se hizo una
Constitución más o menos republicana pero perfectamente inaplicable en el país.
Se repitió palabra por palabra, traducidos al portugués, los discursos más destacados del Choix des Rapports o las páginas más excéntricas de Rousseau y de Bentham; lo que se hacía con la probidad literaria más escrupulosa con respecto a las ideas omitiéndose solamente el nombre de los autores. El pueblo se sorprendía

175

de encontrarse tan grande, tan libre, tan rico en derecho teórico,
porque en lo que respecta a la realidad. ... eran muy pocas las
cosas que permanecían las mismas*.
Uno de los miembros de las Cortes veintistas, Xavier de Aráujo, decía
también en 1846, analizando la acción de sus compañeros diputados:
Había una predilección ciega y fanática en algunos por las doctrinas francesas de 1789... Si hay abusos se debe examinar primero si
al extirparlos se hará mayor daño a ese cuerpo que se pretende
mejorar... no se hizo esto en 1821 y fueron las teorías' bebidas
en el Choix des Rapports que nos llevaron más allá de lo justo
(Revela9oes e Memórias para a história da revolu9ao de 24 de
Agosto de 1820 e de 15 de Setembro do mesmo ano, por...,
Lisboa, T. Rollandiana, 1846).

-

I I.
Veamos el momento político.
En 1820 y en vísperas del pronunciamiento militar de Porto se notan
en Portugal (y también en el extra~jero) síntomas de efervescencia de la
opinión pública, acentuándose cada vez más las manifestaciones de descontento y deseo de cambio bajo la influencia directa del país vecino.
En su análisis sobre la revolución espafiola M. de Pradt, arzobispo de
Malines, sugiere que una de las consecuencias que los sucesos de España
pueden tener es su influencia directa en Portugal: en ese sentido acumula
varios ejemplos que lo comprueban.

También Lesseps, el encargado de negocios de Francia en Portugal,
lo refiere en oficio del 27 de marzo de 1820:
Los espíritus fermentan en Portugal bajo la influencia de los
acontecimientos de España, se habla más libremente que nunca,
se pide a voces un cambio próximo, pero Lisboa no es el punto de
donde partirá la primera explosión. Las provincias del Norte, cuya
opinión parece haber sido más fuertemente entusiasmada por el
ejemplo español, meditan secretamente en seguirla. ..

. Más tarde, en oficio del 22 de abril de 1820, el mismo Lesseps da
cuenta que la intervención directa de D. José María de Pando, el encargado
de negocios español en Lisboa, activa sustancialmente el proceso revolucio-

*

A. Herculano - "Mouzinho da Silveria ou La Révolution Portugaise,
1856", in Opusculos, Tomo Il, Lisboa, 1873, pp. 177 -178.

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

176 Siglo XIX
nario en Portugal. En efecto, Pando y el agregado
teniente coronel Barrero, probablemente actuando por cuenta propia y/o tal vez por orden expresa del gobierno español, no escondieron sus simpatías por los proyectos
de revolución que existían en ese momento en nuestro país. Esto es, no
ocultaron sus simpatías por la acción de los hombres que desde 1818 preparaban activamente la revolución en Portugal. En julio de 1820 negocian
apoyos con los sinedristas y entablan conversaciones particulares con el
principal representante de esa asociación cívica: Fernandes Tomás.
Además, durante su estancia en Portugal al frente de la diplomacia e1r
pañola (hasta 1822), Pando fue dando cuenta en sus oficios diplomáticos
de la realidad político-social portuguesa y sus visicitudes. Y fue tan nítida
su actuación en pro de la revolución portuguesa que la regencia (el gobierno) solicita su remoción a Madrid, así como la de Barrero, en septiembre
de 1820.
Ya antes (13 de abril de 1820), nuestro embajador en París, el Marqués de Marialva, mandaba un oficio a D. Miguel Pereira Forjaz exponiendo lo que era de su conocimiento sobre los intentos revolucionarios
relativos a Portugal. Pormenorizaba cómo la revolución española se forjaba
en asociaciones secretas. Cómo éstas eran accionadas por otras con sede en
París y compuestas por emigrados españoles. Relataba cómo se seducían
los ánimos de los militares prometiéndoles la posesión de tierras; cómo era
fuerte la vinculación entre las logias portuguesas y españolas. En fin, cómo
desde España se prometía que Lisboa sería la capital de la Península luego
que se hiciera la unión ibérica
Y de España, António de Saldanha de Gama, nuestro representante
diplomático, ~estacaba el papel secreto de Pando (6 de julio de 1820):
... una revuelta militar cuyas cabezas imponen al soberano una
constitución fundada en la soberanía del pueblo y en la cual el
poder ejecutivo es nulo, el principio de rebelión consagrado y los
jefes revoltosos premiados, son consideraciones que ofrece este
país en el actual estado de los acontecimientos a todos los gabinetes de Europa A esto se agrega la consideración de que todo es
manejado por las sociedades secretas... Los efectos de tal sistema y del espíritu de proselitismo son bastante manifiestos por los
éxitos de Nápoles. El mismo club que instituyó Mr_ de Oniz para
revolucionar el reino de Nápoles fué el que instituyó el señor Pando para revolucionar el reino de Portugal. .. La intención de este
país (España) es la intención actual de estos reformadores, dividirlo en siete repúblicas formando una confederación y siendo su
constitución análoga a la de Francia.
El 1 de agosto de 1820 Saldanha de Gama participaba que los liberales

177

españoles preten~ían constituirse en república, incluyendo Portugal en su
proyecto. Despues, el 4 de agosto (o sea, a 20 días del pronunoiamiento
porteño), es publicado en el periódico español de tendencia exaltada El
Conservador (no. 131) una proclama dirigida a los portugueses:
P~rtugu:ses: no seais los últimos en tomar una resolución que
afianzara vuestr~ dicha. No p~rdáis el momento favorable que
ofrece esta Espana, vuestra amiga que estrechará sus vínculos de
fraternidad para unir vuestros intereses a los suyos.
. ~ declaraciones nos prueban también que el movimiento de con1r
pi~acion ~~ era sorpr~ para el gobierno portugués. Era del dominio público el VIaJe de revolucionarios portugueses de Madrid con el fin de buscar_ a~yos, así como se sabía que en Lisboa un español llamado Villaroel
recib10 cerca de 200 ejemplares de la Constitución española y otros panfletos.. En Badaj~z, un_ port~és llamado Macedo hasta se ofreció para
traducrr del espanol e mtroducrr en Portugal todos los escritos revolucionari?s.que le enviaran. En Portugal se conocían los miembros de la logia
m~omca que en Madrid era el cent~o/sede de todos los planes revolucionan~s europeos. ~ ~ esta logia ~atriz pertenecían Pando y Barrero. El
P_rop10 Pando escrib1a para la logia de Madrid afirmando haber establecido en Lisboa un~ asociación compuesta por portugueses y españoles,
cuyo _fin er~ traba1ar para la "reg~neración e instrucción de Portugal".
En Lisboa circulaban entonces vanas proclamas de las sociedades secretas madrileñas.

. . . Consun:,ado el mo~~:ento de Porto del 24 de agosto de 1820, se daba
rmc~o a ~a r~generac1on . El 15 de septiembre, en Lisboa, el gobierno
adhiere ~m Pr,1~ ante la pasividad en el resto del país. Una de las primeras
referencias públicas a la Constitución española fue hecha en esa fecha
(15 de septiembre), cuando el pueblo lisboeta reunido en Ros.sio con los
cu~171os militares apla_udía y repetía incesantemente los "vivas" a la revoluc1on. Veamos el cunoso relato de un testigo:
En ci~rta. ?casión se oyó ~na voz que gritaba: - iQueremos una
Constttuc10_n!- Lo qu_e fue estruendosamente repetido por todos.
Entonces vmo al balcon el Conde de Sampaio (uno de los gobernadores) sombrero en mano y dijo: -Sí, señores, ha de hacerse,
ha de hacerse-. Estas palabras fueron aclamadas con grandes
aplausos. Luego, una voz gritando: - iQueremos una Constituc1on como la de España!- . A lo que el Conde respondió muy
amablemente: -_Ha de hacerse-... Y aparece otra voz, grit~do
fuertemente: -:: 1Queremos una Constitución mucho más liberal
que la de Espana!-. A esto el Conde no respondió nada, Jimitán-

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

179

178 Siglo XIX
dose apenas a menear el sombrero (Francisco José de Almeida,
Apontamentos da Vida de um homem obscuro, Lisboa, 1985, p.
69).
Y continúan surgiendo las apelaciones hasta diciembre de 1820 en el
sentido de que se convocasen las Cortes, que se eligieran los diputados que
trazarían una nueva ley constitucional. Se elaboraron instrucciones electorales, pero el 11 de noviembre un sector radical del ejército, apoyado por
la Casa de los 24 de Lisboa, se manifiesta contra éstas y contra el gobierno
que las presentaba declarando que "no estaban confonne las de España,
que todos los liberales portugueses sabían de memoria." Gaspar Texeira es
el militar que lidera ese movimiento de descontento, intimando a los gobernadores del reino para que se eligieran "unas cortes tan libremente escogidas como las de España y una Constitución no menos liberal que la de
Cádiz". El gobierno cedió prometiendo reformular las instrucciones electorales y proclamando la Constitución española.
Después de reunidas las Cortes, desde enero de 1821, y a propósito
de la discusión de las Bases Constitucionales y, luego, del proyecto de
Constitución,_ son varias las referencias al texto español. Hubo casos en
que algunos diputados pretendían aprobar sin alteraciones el articulado de
la Constitución española (actitud frecuente en Botges Carneiro), lo que
una vez llevó a la siguiente afirmación de nuestro "patriarca de la revolución", M. Fernandes Tomás, en la sesión del 13 de febrero de 1821: "La
Constitución española no es un evangelio. Soy portugués y estoy aquí para hacer una constitución portuguesa y no española".
La Constitución se hizo y fue aprobada en 1822. Quien lee su texto
ve nítidamente la influencia de la Constitución española de 1820 o de las
constituciones francesas de 1790 y 1791. Es que ya en 1820 se publicaba
en Portugal una Colleci;ao de Constituii;oes antigas e modernas com o
projecto d'outras seguidas de hum exame comparativo de todas ellas (Por
dois Hacharéis, Tomo I, Lisboa, T. Rollandiana, 1820), en la que, tal como
su título indica, se presentaban los textos constitucionales franceses (1789,
1790 y 1791) y español_ (de 1812), precedidos por las Leyes Fundamentales de Lamego. Así se beneficiaban nuestros políticos de otras experiencias, que ahora podían comparar con nuestra anterior vivencia de Cortes.
Recordemos su significativo epígrafe: "Aquí es el momento donde cada
ciudadano debe ofrecer a su país el tributo de sus reflexiones, someteir
sus pensamientos a aque11os a quienes los une un interés común con él"
(Condorcet, sobre las asambleas provinciales, primera parte, p. 5).

Otro ejemplo que no podemos omitir cuando se analiza la revolución

de 1820 reside en el tema de la unión ibérica, siempre tan debatido y siempre abierto.
Ya vimos que la revolución portuguesa de 1820 no fue ajena a la revuelta de Cádiz. Había simpatía española por el proceso portugués y también había acuerdos con respecto a eso.
Del lado español, ya en 1813, se pensaba hacer un solo reino de la
Península, tal como lo verificamos en el análisis del trienio liberal portugués, tendencioso pero sintomático, hecho por un representante del
pensamiento conservador: el Señor de Pancas, José Sehastiao Oliveira e
Daun. Nos dice:
En 1813 lo oí yo mismo en Cádiz y en Sevilla~ no solo en el Sa•
Ión de las Cortes sino en las sociedades, en los paseos y hasta en
el Real Alcázar de Sevilla a donde fuÍ invitado a cenar por el Intendente de aquel palacio, D. Alvaro Flores d' Estrada; allí oí establecer el principio de que era no solo necesario sino político abandonar las Colonias y hacer de la Península Española un solo reino
que con su población e islas y por su posición continuaría siendo
una de las potencias de primer orden en Europa: principio verdaderamente quijotesco y que considere como un mero sueño (Diorama de Portugal nos 33 mezes constitucionaes ou golpe de vista
sobre a revolurao de 1820 - a Constituifao de 1822- a restaurafªº de 1823, Lisboa, Impressao Régía, 1823).
Pero es en 1817 que las cuestiones en torno de una unión ibérica toman gran vigor. Lo prueban los innúmeros encuentros entre el brigadier español Cabanes y el general portugués Gomes Freire, realizados en Lisboa
En aquel tiempo nuestro representante en Madrid era D. José Luís de
Sousa. Fue para él que D. Miguel Pereira Forjaz (uno de los miembros del
gobierno portugués) mandó una ficha detallada de todos los pasos de
Cabanes durante su estancia entre nosotros.
E~, ~erismo tampoco era una corriente muy secreta en Portugal: en
el p_enod1c~ O Campeao Portugués -editado en Londres y redactado por
J ose L. Freire de Carvalho-, se publicó en 1820 un curioso artículo titulado "Destinos futuros de Portugal", que defendiendo el iberismo creía
defender el liberalismo peninsular. Allí se afirmaba:
E°: las actuales circunstancias Portugal solo puede ser considerado
baJo_ tres puntos ~e vista: como país independiente, como unido a
Brasil o como UD1d~ .ª Españ:i, El primer caso es inadmisible porque aun cuando qws1era realizar esa independencia, sería siempre

�L Nobre Vargues: La Revolución de 1820 en Portugal

180 Siglo XIX
nominal, pues en su posición y fuerzas comparativamente pequeñas sería constantemente un muñeco, o en manos de un protector
0 de un rico rival. El segundo es el más propio y natural, cuando
Brasil, conociendo sus verdaderos intereses quisiera hacer cuanto
pueda y cuanto debe en favor de los portugueses de E~opa. El
tercero solo puede ser un último esfuerzo de desesperac1on cuando Brasil como ya dijimos no haga cuanto pueda y cuanto deba,
porque en última instancia es mejor_ formar PM:e de una grande,
vecina y libre nación, que ser colonia de otra distante, mal gobernada y que en vez de proteger es opresora. .. (s1;1brayado nuestro).
Y continúa:
...
. . .admitida la hipótesis de que Portugal no puede VIVIT mdepe~dientemente por sí solo, ninguna unión después de la de Brasil
le es más natural que la de España. En todos los tiempos Portu~al
fue considerado una parte de España. .. (O Campeao Portugues,
No. 27, vol 3o).
La doctrina iberista así expuesta por J. Liberato muestra que el liberalismo peninsular encontraba sus defensores en aquellos que lo c~locaban
arriba de los simples valores patrióticos. En iulio de 1820, en el nusmo periódico (No. 25), afirmaba:
Dijimos que era necesario confiar ciegamente en la supuesta antipatía de los portugueses coñtra los españoles; aI:~ra veremos que
tuvimos razón en hablar así cuando se nos participa que en Portugal se escribieron y distribuyeron los siguientes versos:
Es infeliz Portugal

Pois promete abrir-te a cova
Quem contigo se apelída
Antepondo Vila Nova

A tua sorte fatal
]!ura compaixao me mete
Es desgrar;ado con seis
Porque nao procuras sete?
(Mientras que en el primer cuarteto se ve la nítida alusión al ministro
Tomás Vila Nova Portugal, cuya actuación era contraria al proyecto de
unión, en la segunda también es clara la referencia a Juan VI y a Fernando

VII).
Líneas antes notamos que el encargado de negocios español, Pando,
era un agitador en Portugal. En algunas proclamaciones en Porto, en 1820,

181

se hablaba de tropas españolas colocadas en la frontera para intervenir en
cualquier momento en auxilio de la revolución portuguesa Sin embargo
nunca los revolucionarios de Porto adhirieron a la idea de una unión ibérica, mostrándose sí fieles a la dinastía de la Casa de Braganza Es esto lo
que nos confiesa uno de los hombres de 1820, el ya citado José María
Xavier de Araújo:
Esta fidelidad fue sujeta a una ruda prueba cuando el coronel español Barreto llegó a Porto en junio de 1820 con misión del encargado de negocios de España José María Pando para promover
una revolución en Portugal prometiendo, de parte del gobierno de
Madrid, todos los auxilios en gente y dinero con tal que Portugal
se uniera a España. El coronel Barreiros (sic) tuvo una conferencia
con Fernandes Tomás, Ferreira Borges y Francisco Gomes en un
jardín de la calle de Cedofeita a media noche. Las propuestas arriba citadas fueron hechas y oídas: Fernandes Tomás respondió
que la Revolución iba a hacerse; y solo Dios sabe lo que pasaría;
pero que unir Portugal a España era imposible de ejecutarse y hasta absurdo de intentar. Repitió muchas veces con vehemencia al
enviado: - iPerdemos nu!l6tra nacionalidad! Nunca, nunca-.
Barreiros no replicó (Revelar;oes e Memórias para a história de
revolur;ao de 24 de Agosto de 1820, cit.}.
A medida que la revolución y la contrarrevolución avanzaban en los
dos países comenzó a pensarse con mayores probabilidades en una alianza
peninsular, que tendría como fin coligar las fuerzas liberales en una lucha
común contra la Santa Alianza Nunca llegó a hacerse efectiva a pesar de
los contactos diplomáticos habidos en ese sentido hasta 1823, y a pesar de
su defensa en un sector de la prensa portuguesa.
Afirmaba O lndependente (No. 27, 27 de diciembre de 1821) -periódico redactado por Fernandes Tomás y Ferreira de Moura, dos de los
más activos "hombres de 1820"-: "En la política de los dos gobiernos todo
es peninsular... y ambos han tomado por divisa: Independencia y Unión".
Razones de política interna y externa que abordaremos solo superficialmente se oponían a la realización de un acuerdo luso-español Preguntaba Pierre Chapuis, un periodista francés y observador crítico de la escena
política liberal en los dos países:
lPor qué no existe un tratado de alianza entre España y Portugal?
lEs error del primero de estos gobiernos, o es el segundo? Es
error del ministerio portugués... Portugal y España deberían dai·
el ejemplo de una alianza parecida, Portugal se rehusó y esta es la

�L Nobre Vargue.: La Revoluci6n de 1820 en Portugal

182 Siglo XIX
consecuencia que deduzco de la persuasión íntima hasta donde
sigo los esfuerzos que ha hecho España por contraer un tratad~
con aquél . . ¿Quién se opone entonces, quien se opone todav1a
a tal unión? El ministerio portugués o mejor, el Sr. Silvestre
Pinheiro, primer ministro. Este diplomático de quien estoy lejos
de poner en duda el carácter, el_mérito y la finez,a. ..p?c_o acostumbrado al sistema representat:Ivo•.. se cree mas el m1D1Stro de
un rey déspota que el de un rey constitucional. Cree por ejem~lo
que Portugal no podría ser el aliado de España sin ser el ~nenugo
de potencias extranjeras: prefiere entonces aceptar o meJor mantener la alianza de Europa y rechazar la de España (Du Portugal
en 1822 :, por P. Chapuis, Lisboa, T. Patriotica, 1822).
Palabras violentas éstas y que con seguridad no pasaron desapercibidas a los diputados portugueses que se manifestaron desde temprano co~
tra el asilo político de Pierre Chaupies, acusándolo de que ya en Fr;mc1a
bahía cometido abusos de libertad de prensa En 1823 se cerraba, as1, una
página más de la cuestión ibérica; que no nació con el veint~o e irá rea~areciendo siempre en periódicos críticos, a lo largo del siglo
hasta nuestros días.

XIX. Y aun

-

I ll
V amos a finalizar señalando todavía algunos indicadores de una acción política común a Portugal y a Espafia en el trie~? ~e~~ que n~
tienen otro fin que el de probar que el proceso pohtico ihenco tema
apoyos internacionales que lo querían salvaguardar.
Es el caso de la llegada y ac~ación_, en Port~al y Esp~a, ~el g~neral
napolitano Giuseppe Pepe, del pU11Dontes J. Pech10, del militar ingles Robert Wilson y aún del francés Pierre Chapuis, entre otros.

El ya citado Oliveira y Daun afirmaba: "El conde Pechio Piamo_n!es
autor del folleto Mes quinze jours a Lisbonne y el general Pepe no vuueron en balde dos veces a Lisboa en 1822". Y más adelante:
El general Pepe Napolitano sien~o ~útil su r~sistencia _'.'1 ejércit~
austriaco... destruida la Constituoon napolitano-espanola huyo
y vino a Portugal, donde recibió hospedaje y una ayuda de diez
mil cruzados.
Se cree que el general Pepe fue re~nsahle en Portugal y España ~e la
instalación de la sociedad secreta conocida por el nombre de Carbonana. Y
es sabido también cuál fue el papel de esas sociedades secretas y patrióticas

183

en la revolución liberal ibérica*.
En e1 periódico portugués Gazeta de Lisboa, informándose en 1824 de
su congénere de Ma-drid; se indicaban las actividades.de las sociedades secretas en España. Dándoles así al conocimiento del público portugués, se
leía:
El Carbonarismo, proscripto en su país natal, vino á pagar su tributo al genio de la Revolución Española. Entre nosotros apenas
era concicido antes de la lleg¡ida de los italianos y piamonteses emigrados~ sin embargo estos tratarían de arraigarlos rápidamente,
comenzando por ~arcelona y otros puntos de Cataluña; siendo
sus primeros apóstoles Pacchiarotti y D. Atelly; llevándolo otros a
Valencia y Málaga y hasta probaron suerte en Madrid y para eso
trabajó bastante un tal Pechio...
Y continúa:
El general Pepe, fugitivo de Nápo1es llegó a Báiéelona .yluego presentó al Gran Oriente Liberal un plano de Conspiración para regenerar Europa. El Gran Oriente Liberal pareció aprobarlo en sus
bases. . . más temió comprometerse y abandonó a Pepe y su proyecto, -el cual sin esperanzás de conseguir en España lo que deseaba fue a tentar fortuna en otra parte y marchó para Lisboa y Londres {Gazeta·de Lisboa, No. 135, 8- de junio de 1824}.

Como se ve, la península era el refugio de los revolucionarios de todos
los países que se unían en defensa del ideal liberal.

El caso del general Robert Wilson es muy curioso: ya desde 1808 se
bahía colocado en defensa de la causa de la libertad, creando en Londres
*La sociedad secreta -de mayor influencia en aquel tiempo parecía ser la de- los
Carbonario!. Se cree que fue establecida en Portugal en el año de 1822, o en 1823,
habiendo venido a Lisboa para este fin el general italiano Pepe y su ayudante, el coronel Pizza. De las cartas que en 1823 cayeron en manos de los ministros despóticos o
del rey absoluto en Portugal, constó a punto de no poderse dudar de esto, que los
oficiales italianos dispersos por las dife1entes capitales de Europa eran los que procuraban revolucionar todo el medio día de EUiopa por medio de las sociedades secretas.
Pero les constó que las dichas sociedades eran de hecho las carbonadas; que éstas ex~
tían en Portugal, en España. en Inglaterra y en Francia. En Portugal se designaban como socios de ellas los siguientes individuos: Lobo de Moura, Jore da Silva Carvalho,
general Sepúlveda, Cristovao Ped.Io dé Moillis-Sarmento, apareciendo el general Joao
fleire de Andrade como canal para una comunicación de Francia para España. Los
socios en España eran D. Evaristo S. Miguel, general Riego, general B.allesteros, Luis
ijurtado de Mendoza, Onis, Galliano, Isturiz Bertran de lis, Moreno Guerra, José Armero, Vela.seo, Calatrava, Lopez Baños, Del Parque y Aguilar. En Inglaterra eran reconocidos también como socio~ Robert Wilson, Hutchinson y Bowring. ..". {Copia
de un extracto de los oficios del Conde de Porto Santo, en Luz Soriano, Historia da
Gue"a Civil e do &amp;tabelecimiento do Sistema parlamentar• .., 3a. época, tomo II,
parte 1, p. 181-182).

�184 Siglo XIX
l. Nobre Va'81Je1: La Revolución de 1820 en Portugal

la Leal Legión Lusitana, cuerpo militar para ayudar la resistencia en Portugal contra el invasor francés. Había tomado partido desde hacía tiempo
por la causa de los revolucionarios de todos los países, y en particular la de
los portugueses y españoles, de lo que son prueba las numerosas cartas y
proclamaciones que en ese sentido hiciera. A tal punto llegó su consideración en Portugal que el gobierno le otorgó el cargo de Comendador de la
Orden de la Torre y la Espada, honra que le sería retirada posteriormente
(ley del 11 de agosto de 1823).
Respecto a Pierre Chapuis y avanzando un poco más lejos de lo que ya
afirmamos, diremos que fue el redactor de un importante periódico, Le
Regulateur, que se publicó en Madrid y en Lisboa y, aunque por poco
tiempo, contribuyó fuertemente con sus editoriales para la agitación en la
Península.
En su prospecto Le Nouveau Regulateur, que mandó imprinúr en Lisboa, el lo. de febrero de 1822, hacia la siguiente profesión de fe:
...nos proponemos publicar en Lisboa un periódico francés desti•
nado a defender y propagar las ideas liberales... no pertenecemos
a ningún partido; ciudadanos del mundo, fieles súbditos de buenos reyes. . . creemos que los reyes se dejan cegar por sus consejeros, que las quejas de los pueblos quieren libertad, rechazamos
el libertinaje... seremos IMPARCIALES.

185

cos opiniones extraídas de los españoles El Universal (afrancesado), El
Conservador (exaltado), El Zurriago (satírico), entre otros.
Además, se sabe de la existencia de suscripciones a periódicos españoles en Portugal. Borges Carneiro, uno de nuestros diputados exaltados,
clasificó El Universal de "excelente periódico". El redactor de un polémico periódico publicado en 1822 (El Patriota Sandoval), fue en España el
responsable del Diario Guipozcoano.
Libros versados sobre contenidos constitucionales son ofrecidos también condicionantes internos muy específicos y sólo puede/debe ser analiDireito Publico Constituciona~ de Ramón Salas, que fue traducido por
Diogo Goes Lara de Andrade.
En fin, podríamos anotar muchos otros ejemplos pero no queremos
extendemos. Creemos haber conseguido mostrar que el proceso político
revolucionario, esto es, la revolución liberal que ocurre en la Península a
principios del siglo XIX, si tuvo modelos (el francés o el inglés), tuvo también condicionantes internos muy específicos y sólo puede/debe ser analízada en toda su complejidad teniendo presente el desarrollo histórico en
los dos países ibéricos.

IV
Y no queremos olvidar tampoco la contribución de la prensa periódica que informando y hasta tomando partido en algunos casos, como ya
vimos también, colocaba la revolución en el orden del día.
Desde 1808 circuJaban en nuestro país -asimismo- periódicos españoles, algunos traducidos (como es el caso del Semanario Patriótico 1808;
del Di.ario de Badajoz, 1809; del Diario do Governo da Corunha, 1808; El
Veddico, 1812). En estas fechas son también muy asiduos, los panfletos
y otros escritos que unen Portugal y España en el combate contra el invasor francés. Pero es durante el Trienio Liberal (1820-1823) que surge una
prensa de opinión política extremadamente fuerte.

En Portugal, como en España, los periódicos ofrecen en sus páginas
artículos dedicados a los proyectos de reforma en curso, y se citan mutuamente. Es común en casi todos los periódicos portugueses el extracto de
opiniones y de noticias de lo que pasa en España, mejor dicho, de lo que
pasa en el mundo. En efecto, frecuentemente se leen en nuestros periódi-

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                  <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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Il

NUMERO

4

JULIO -DICIEMBRE DE

1987

SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LONGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

sigloXIX __El&gt;ª ~
REVISTA DE HISTORIA

·Al·~~ñ~~--·

1¡~

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . • · · · · • · • · · · · · · · · · · · · ~

-Ll~iJWITJ&gt;6'IJ3
0

De Veracruz a Durango: un análisis regional de la Nueva España
borbónica . . . . • • . . . . . . . . JUAN CARLOS GARAVAGLIA
JUAN CARLOS (;Rosso

9

El gran norte oriental y la formación del mercado nacional en
México a finales del siglo XIX . . . . . . . . . . '1ARIO CERUTTI

53

Mercado de mercancías, mercado monetario y mercado de capitales
en el Litoral argentino de la f1rimera mitad del XIX: el caso de
Corrientes . . . • . . . . • . • . . . .)OSE CARLOS CHIARAMONTE

81

ltafma: comercio y frontera en el Paraguay del doctor Francia.
Algunas consideraciones . . . . . . • . . • . . . NIDIA ll MECES

Editor Responsable

NORA E. BoUVET

l 1:1

lúpacios coloniales y economías nacionales: Bolivia y el norte
argentino (1810-1930) .. . . . . . . . . . . . l•:RICK 1). I.ANGER

1:1:,

MARIO CERUTI'I

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Silvia Eloísa Morán y Diana Correa.
Tipografía: Andrea González Corona
Impresión: Editora El Sol
Aparición semestral
Para envios al exterior, U. S. A. $7.

La formación del mercado interior en condiciones coloniales. Inmigración y comercio catalán en las Antillas españolas durante el
sigloXIX .••. · ·· · · •· · • · JORDI MALUQUER DE MoTES

161

f,;l impacto de la guerra de Independencia en la economía
catalana . . . . • . . . . . . . . . . . . ANTONIO MOLINER l'RADA

ta:!

La formación del mercado interior en la España del
siglo XIX . l{AMON (;ARRABOU y J1-:sus SANZ FERNANDEZ

199

�Nota del Editor

En este número 4 de Siglo XIX se agrupa una masa de información y un conjunto de pautas interpretativas que, muy probablemente, resultarán útiles para avanzar en el conocimiento histórico de la cuestión de los mercados en América Latina y España, esas dos significativas periferias de la Revolución Industrial.
Como otras relevantes aristas del devenir decimonónico latinoamericano (la configuración del Estado-nación, la consolidación de un poder centralizante), o latinoamericano y español -los brotes de producción bajo dominio del capital, la aparición y desenvolvimiento de franjas burguesas, la modernización paulatina de porciones considerables del sistema productivo-, el funcionamiento de los mercados estuvo ampliamente
condicionado por mecanismos de dimensión regional. Y fueron
tan vigorosos y persistentes esos mecanismos que la aparición
de un mercado de rasgos nacionales - tanto en ciertas sociedades de nuestro continente como en España- no puede ser vista
corno una característica del siglo XIX sino como uno de sus resultados.

�4

SigloX/X

Si de América Latina hablamos, es evidente que uno de los
datos medulares a tener en cuenta es el peso que, en ciertos casos, mantuvieron las estructuras edificadas durante la colonia.
Por ello es oportuna la descripción que Juan Carlos Garavaglia
y Juan Carlos Grosso practican de la Nueva España borbónica,
de aspectos centrales de la producción y circulación que se observó -justamente- en determinados y discriminables espacios regionales. Apoyándose en fuentes derivadas de la percepción de
alcabalas, recorren con minuciosidad y destacan las diferencias
que mostraba el mapa del México pre independiente. Esas distinciones íntimas no dejarán de golpear por décadas los posteriores proyectos unificadores de una sociedad que sólo a fines
del XIX (tras perder la mitad del territorio heredado de España)
quedó realmente constituída como Estado nacional y nutrida
por un mercado de sesgos nacionales.

En el otro extremo del continente, el virreinato del Río de
la Plata también fue sometido a fuerzas centrífugas tras la ruptura con la metrópoli. Pero si en el plano político se caminó hacia la desarticulación, en el económico insistían en perdurar muchos de los antiguos lazos mercantiles y sus fuentes de dinamismo.

!I

Frente a este último fenómeno se encuentra coincidencia
en lo planteado por Nidia Areces-Nora Bouvet y Erick Langer,
al analizar las situaciones de Paraguay y el Alto Perú. Los autores recalcan que para la primera mitad del XIX, tan tumultuosa, es poco fértil adoptar áreas de estudio recortadas por las
muy recientes y aún inestables fronteras políticas. Si Paraguay
necesitaba respirar por los viejos circuitos de intercambio, la
flamante Bolivia se empeñó en sostener su influencia sobre el
ámbito en que alguna vez -en tiempos más prósperos- reinó la
plata potosina.

Nota del Editor

5

En el caso paraguayo, Areces-Bouvet detallan también el
rigor y precauciones que impuso al comercio -al abrirse la etapa independiente- ese Estado dirigido por el doctor José Gaspar R. Francia: de tal magnitud que, por momentos, dificultaba una más fluida vinculación con las provincias argentinas y
con el mismo mercado mundial. Desde el Alto Perú, en cambio,
las fuerzas económicas más poderosas arrastraban a la reintegración con el nuevo noroeste argentino. Para Langer, este hecho
fue tan contundente -y tan duradero- que perturbó la construcción de una efectiva economía nacional. Por ello, concluye
señalando que, para Bolivia, no podría hablarse de un mercado
de características nacionales hasta muy avanzado el siglo actual.
Las décadas inmediatamente posteriores a la Independencia
es el tiempo elegido por José Carlos Chiaramonte -asimismopara revisar lo acaecido en una provincia argentina citada con
asiduidad en el trabajo de Areces-Bouvet: Corrientes. Su objetivo es perfilar las distintas vertientes que alimentan la configuración de un mercado (producción, tierra, moneda, capitales) y
evaluar su peso en la economía de la entonces pujante Corrientes. Una pujanza que, advierte Chiaramonte, nunca logró
desbordar los límites precapitalistas -lo que denuncian, entre
otras cosas, los usos comerciales-, y que fue en muchas ocasiones sometida a mecanismos no muy reñidos con el mercantilismo. Las pugnas regionales -Corrientes versus Buenos Aires- matizaron claramente estos procesos: indicaban, simultáneamente, cuán alejada se hallaba Argentina de poder articularse
sobre un sistema económico de dimensión nacional.
Si fuesen necesarios más datos sobre el peso de las estructuras coloniales en el XIX, Jordi Maluquer de Motes los aporta al
reseñar el panorama de Cuba y, en menor medida, Puerto Rico.
Ultimos fragmentos del imperio que comenzó a montarse en el
siglo XV, se asentaban a mediados de la centuria pasada sobre
una economía que no por colonial descartaba el funcionamiento

�6

Siglo XIX

de un mercado interior. Hacia este punto dirige Maluquer su
análisis, mientras destaca el impacto global de un sistema productivo orientado a la monoproducción y los inconvenientes
que planteaba para alimentar un mercado nacional. Simultáneamente, informa con amplitud en torno a la participación que tenían los catalanes en el comercio con Cuba y Puerto Rico, en
las décadas previas al más tardío ciclo independentista hispanoamencano.

Pero América Latina no gozaba de exclusividad alguna al enfrentar un siglo XIX tumultuoso y complejo. España, vecina inmediata del área donde se desató la Revolución Industrial pero
históricamente ubicada en similar posición periférica, inauguró
el período no sólo con el derrumbe colonial: a la par de ello, vivió su propia guerra de Independencia. Abriría entonces un ciclo de intervenciones, conflictos, pugnas civiles y militares e
inestabilidad que no diferenciaron excesivamente el proceso hispano de los transcurridos en sus antiguas posesiones. Antonio
Moliner Prada estudia el impacto de esa guerra (contra las huestes napoleónicas) sobre el funcionamiento productivo y comercial peninsular. Adopta como marco uno de los espacios que
más activamente se habían desenvuelto durante el XVIII: Cataluña. Y menciona cómo se trastocó un ritmo de crecimiento
sumamente llamativo en el contexto español, además de acentuarse en una escala más global las desconexiones de la escasamente vinculada economía nacional.
Tras la lectura de este artículo, el aporte de Ramón Garrabou y Jesús Sanz Femández podrá ser mejor precisado. Porque esboza el elevado grado de invertebración que presentaba
España en la mitad inicial del XIX. Sin embargo, tanto España
como al,gunas sociedades latinoamericanas lograrían reformular -al amparo de las reformas liberales y durante la segunda
mitad del siglo- tan perturbado funcionamiento.

Nota del Editor

7

Es en este sentido que el artículo a mi cargo -dedicado a
México y a su norte oriental- coincide con el de GarrahouSanz Fernández respecto a visualizar un proceso sustancial: la
configuración, en ambos casos y a finales del XIX, de un mercado que tiende a ser nacional. Lo regional no era ya necesariamente un coto que dificultaba la integración de un mercado
de dimensiones mayores y globalizantes, sino asiento de dinamismos que, con frecuencia, exigían su unificación (en un mismo movimiento con la exigencia de ligarse al intercambio internacional).
Lo que según Maluquer no podía protagonizarse en Cuba
por la dependencia colonial, lo que Langer puntualiza que se
retardó de manera marcada en Bolivia, en España y México empieza a materializarse como consecuencia de las transformaciones que propugna el liberalismo (y sus aspiraciones de edificar
una sociedad burguesa), con las políticas de apertura al capital
extranjero, con el tendido de los ferrocarriles y la expansión de
los medios de comunicación (telégrafos, correos, teléfonos), la
especialización creciente de la producción -tanto en términos
empresariales como regionales-, la legislación modemizante del
poder central, los brotes cada vez más generalizados de producción bajo dominio del capital y capitalista, la aparición de mecanismos unificadores de los precios (sobre los que se atarean ampliamente Garrabou-Sanz Femández), el crecimiento de sectores
burgueses interesados en transferir capitales a la producción y lo
que Edward J. Nell ha llamado "el desarrollo de las instituciones
r,apitalistas "(* ).

*Nell, "Población, revolución de los precios y acumulación primitiva", en Histuria
y teoría ecun6mica, Barcelona, Editorial Crítica, 1984, p. 143.
El fortalecimiento de estas instituciones, en Jo cual el Estado juega un papel smgular,
sería un dato central en los procesos de acumulación originaria: es decir, en ese período histórico en que se gestan las condiciones para la aparición generalizada de las
formas capitalistas de producción.

�8

SígloXIX

Mientras Garrabou-Sanz Fernández adoptaron como uno de
los ejes de su trabajo la producción cerealera y su circulación
entre 1830 y los tramos finales del siglo, en mi caso procuré
poner atención en el impacto que el norte oriental de México
habría tenido en la constitución del mercado nacional (debido
al notorio dinamismo que lo caract~rizó, y a la enorme influencia de la próspera frontera estadounidense).

De esta forma, el cuerpo de materiales nucleados en este
número 4 ofrece referencias suficientes como para observar distinciones y similitudes en dos niveles: a) entre lo que fue la primera mitad del siglo XIX y lo que representó su parte final en
América Latina y España; b) entre diversos casos latinoamericanos, y entre algunos de ellos y España.
Aunque sería apresurado procurar obtener excesivas conclusiones a partir de estos contenidos, abrigamos la esperanza
de que lo aquí informado y planteado revitalice las discusiones en lo que atañe al problema de los mercados en América Latina (en forma análoga, sería esperable, a lo ya sucedido en el
contexto de la rica historiografía española, apoyada -dicho sea
de paso- en exhaustivas investigaciones regionales). Si algo de
esto ocurre, el esfuerzo de sostener Siglo XIX. Revista de Historia continuará satisfaciendo el propósito por el que fue puesto
en marcha, dos años atrás.

Mario Cerutti

Monterrey, México, julio de 1987

De Veracruz a Durango: un Análisis
Regional de la Nueva España Borbónica

Juan Carlos Garavaglia*
Juan Carlos Grosso**

l.

NOTASINTRODUCTORIAS

En un estudio anterior hemos realizado un ensayo de regionalización económica de la Nueva España a fines del período colonial a partir de dos tipos de indicadores: alca.balas y datos demográficos.1 Aquí nos proponemos avanzar en esta línea, penetrando en el análisis deJ comportamiento
de algunas áreas de las regiones que se han caracterizado por su mayor dinamismo, realizando un trabajo similar al que hemos efectuado con los datos poblanos en otro artículo reciente. 2

EJ concepto de "región" ha sido muy utilizado por Jos historiadores,
pero, salvo contadas excepciones, la reflexión teórica acerca del mismo por
3
parte de éstos ha sido escasa. Nuestro análisis se halla condicionado por
las restricciones que presenta la fuente, en cuanto a que las diversas "regiones" coinciden en realidad con los límites administrativos de las jurisdicciones alcahalatorias.
*Ex profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa y ex investigador Nacional/SEP (México). Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (fandil, Argentina).
•~entro de Investigaciones Históricas y Sociales de la Universidad Autónoma de Puebla (México) y Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (fandil. Argentina).
Los autores agradecen la inestimable colaboración del ingeniero Francisco Javier Castro Godoy en todo el proceso de elaboración de los datos de las alcabalas. También
debemos mencionar la generosidad de Alejandra Moreno Toscano y Leonor Ortiz Monasterio quienes, desde su posición de directoras del Archivo General de la Nación de
México, nos dieron todas las facilidades para trabajar esta documentación que se halla
aun en vías de clasificación. Por supuesto que este agradecimiento se debe hacer extensible a todos los empleados de ese archivo, cuya ayuda para localizar e iniciar la
ldasificación de este enorme fondo documental fue invalorable.

�10

SigloXIX

Metodología de la fuente

La alcabala es una figura fiscal muy antigua en el regimen hacendístico hispano. Los primeros vestigios de ella en los reinos castellanos datan del siglo
XIV y su vigencia llegó hasta mediados del siglo XIX en el marco del regimen fiscal español. Se instaura desde temprano en América y si bien era
un impuesto que gravaba las transacciones mercantiles de bienes muebles,
inmuebles y semovientes, funcionó en realidad como un impuesto a la
circulación: su pago debía efectuarse en el momento de introducir los efectos en la jurisdicción alcabalatoria. Tanto en la metrópoli como en la Nueva España, la Real Hacienda recurrió a tres sistemas para el cobro de las
alcabalas: la administración directa por parte de funcionarios reales, su
arrendamiento a particulares y el encabezamiento realizado por determinadas instituciones como los ayuntamientos y los consulados de comercio.4
Los datos en los que se basa el trabajo surgen fundamentalmente -si
bien no exclusivamente- de los "resúmenes anuales" de la reacaudación de
las alcabalas que cada una de las receptorías encargadas de su cobro debía
hacer llegar a la Dirección General del ramo una vez al año. Este organismo fue creado en 1776 como consecuencia de la instauración del sistema
de recaudación directa por parte de la Real Hacienda, pero no contamos
con información regularizada sino desde 1778 en adelante. De ahí que
nuestro análisis d~ la fuente se inicie en ese año; se cierra en 1809 porque
los cambios que se suceden desde entonces en los mecanismos de presión
fiscal, unidos a los problemas ocasionados por la guerra insurgente, hacen
que la continuidad de las series se interrumpa a la par que se multiplican
las dificultades en la interpretación de los datos.
El territorio de la Nueva España fue dividido en 12 Administraciones
Foráneas de Alcabalas que se correspondían grosso modo, pero no completamente, con las jurisdicciones de las Intendencias borbónicas recientemente creadas. 5 Cada una de estas administraciones tenía un número variable
de receptorías y, a su vez, cada una de estas poseía una cierta cantidad de
suhreceptorías y de pueblos aún de menor jerarquía.
Por supuesto hay que recordar que esta fuente presenta algunos
problemas metodológicos importantes: hay excepciones de personas (indios, eclesiásticos) y de cosas (maíz, insumos mineros, etc.) que limitan en
cierto sentido su representatividad. No insistiremos aquí en ello pues lo hemos analizado en algunos trabajos a los que una vez más remitimos al paciente lector.6
Ahora bien, hay que señalar que la tasa sobre la cual se calculaba la alcabala, sufrió variaciones durante el lapso de estudio (6 °/o entre 1776 y

Garavaglia-Grouo: Análiris regional de la Nueva E,paña borbónica

11

1780; 8°/o entre esa fecha y 1791 y nuevamente se redujo al 6% entre
1791 y 1810). Además, por razones de política de promoción fiscal, la
administración colonial había decidido otore;ar exenciones mediante tasas
menores a ciertas regiones. 7 Por lo tanto, la única forma de hacer compatible y comparable a los distintos períodos y a la totalidad de las receptorías
es convertir a las sumas recaudadas en montos {{lobales, mediante una simple multiplicación que de cuenta de los diversos porcentajes.
Los montos asi obtenidos, nos han permitido efectuar un análisis comparativo y mostrar cual era la regionalización del grado de actividad económica en la Nueva España de fines del siglo XVIII. Con estas palabras queremos decir que la alcabala novohispana expresa una serie compleja de variables (consumo, producción y circulación) que la hace totalmente apta para
los fines que estamos persiguiendo.
2.

LAS ADMINISTRACIONES FORANEAS Y LAS GRANDES REGIONES NOVOHISPANAS

Para profundizar en el tema que nos interesa, hemos reagrupado a las diferentes administraciones en cinco grandes regiones. El Norte, donde se hallan Sonora, Durango, San Luis Potosí y Zacatecas (las áreas que están todavía más al norte se hallan bajo un régimen fiscal especial y escapan a nuestra fuente). El Occidente, compuesto por las administraciones de Guadalajara y de Valladolid. El Cent,·o, donde se encuentran las de Guanajuato y
México. El Oriente, con Puebla y Veracruz. Y, finalmente, el Sur, donde
se hallan Oaxaca y Tabasco, en Yucatán.
Esta reagrupación, que tiene sentido en tanto estos conjuntos tuvieron
en muchos casos estrechos vínculos económicos y vivieron una historia común, podría haber sido diferente. Por ejemplo, el lector interesado en una
historia de la minería novohispana estaría mucho más dispuesto a agrupar
las Administraciones que incluyen los grandes centros mineros eu una sola
categoría. En el caso de la minería hay que recordar de todos modos que la
falta de pago de la alcabala de los insumos mineros siempre va a dificultar
un conocimiento realista de esa problemática a partir de estos datos. Otros,
más preocupados por los grandes centros de producción agrícola orientados hacia el mercado interno, tendrían una opción distinta. Y así sucesivamente. Las cifras desagregadas del apéndice le dan al lector interesado esa
posibilidad (ver apéndice, cuadro 1).

Asi definida nuestra opción, veamos ahora el gráfico l.

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Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Análi.tis regional de la Nueva España borbónica

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Podemos comprobar algo evidente: salvo el caso del Sur (pero, el hecho de que la grana no pague la alcabala en Oaxaca8 y que los datos yucatecos se refieran en realidad sólo a Tabasco,9 hace del caso del Sur, una situación bastante peculiar), existe una enorme paridad entre las cuatro
grandes agrupaciones. Más hay algo que merece señalarse: hay un desnivel
notorio entre el eje Centro/Norte y el eje Centro/Sur. Desnivel que no cottesponde con lo que sabemos de otros indicadores, como es el de la pobla.' (e1 Norte novohispano es tradic1on
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Veamos ahora que ocurre cuando nos volcamos a estudiar nuestro
problema desde el punto de vista diacrónico. Para ello, hemos dividido al
período 1778-1809 en cuatro suhperíodos, homogéneos y lo suficientemente amplios como para evitar -dentro de lo posible- que las alteraciones coyunturales influyan excesivamente en la interpretación de los resultados. Seguidamente, hemos calculado el porcentaje de crecimiento entre
el primero (1778-1785) y el último (1802/1809) de los suhperíodos elegidos.
Los resultados que se refieren a las grandes regiones, se pueden ver
en el gráfico 2. Allí es posible comprobar, nuevamente, que el Norte y el
Occidente se comportan "mejor" que el resto. Aquí la buena performance
de Veracruz no puede evitar que el Oriente también descienda.
Este mayor dinamismo del Norte y del Occidente se ve considerablemente reforzado por otros indicadores (relación positiva entre alcabalas y
población; bajo porcentaje de participación de las mercancías importadas
en el total de la recaudación, etc.) tal como lo hemos mostrado en un trabajo anterior. Debemos recordar, además, que en el Norte se acumulan las
receptorías que cuentan con un status privilegiado; en algunas de estas
existen exenciones totales y en otras la producción local escapa totalmente
11
al pago de la alcabala. Una razón más para destacar la peculiar performance del Norte. Por el contrario, el Centro, el Oriente y el Sur presentan
un panorama totalmente distinto. Aunque, por supuesto, hay que matizar
esta afirmación, pues tanto Zacatecas en el Norte, como Veracruz en el
Oriente son ejemplos opuestos y que hablan de comportamientos absolutamente diversos.
En este esquema, además, sobresalen tres Administraciones Foráneas
(con el posible acompañamiento de otras dos, que serían la de Guadalajara y la de México) que son San Luis Potosí, Veracruz y VaUadolid, en ese
orden, en las cuaJes todos los indicadores -equilibrio entre los diversos polos económicos internos, mayores índices de actividad económica, alto
consumo de productos de la tierra y porcentaJCS de crecimiento superiores
a la media- nos hablan de la existencia de zonas económicamente muy

�14

SigloXIX

V)

Garavaglia-Grouo: Análisis regional de la Nueva España borbónica

dinámicas.

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Nos ocuparemos en el acápite siguiente de Veracruz. Sólo quisiéramos
aquí hacer algunos brevísimos comentarios sobre Valladolid y San Luis
Potosí.

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Tradicionalmente se ha considerado a Valladolid como un área muy
dinámica a fines del período colonial: no hay dudas de ellos. De todos modos, hay diferencias internas notables. Mientras algunas zonas, como la llamada "Media Luna tropical" efectivamente tuvo un crecimiento destaca12
do en sus alcabalas, en otros lugares como Zamora, las cosas se presentan en forma más contradictoria y no sólo porque de esta receptoría se
irán desprendiendo muchas suhreceptorías menores, sino porque hay notables discrepancias entre las cifras de esta fuente y la de los diezmos. 13
Pero, además, hay que llamar la atención ~bre algunas afirmaciones que se
han hecho sobre el comportamiento de las alcabalas michoacanas y que están basadas en una interpretación errónea de la fuente. 14 De todos modos, la impresión de un comportamiento muy dinámico de algunos sectores regionales sigue siendo una realidad, remarcándose, en especial, un mayor desarrollo de las receptorías menores de la Administración frente a las
tres dominantes en los inicios de la serie. 15
Finalmente, para terminar estas notas generales, no hay que olvidar,
respecto a la peculiar performance de San Luis Potosí, el boom minero
que sacude a esta jurisdicción desde mediados del siglo XVIIL En efecto,
después de los años de bonanza de 1690/1709 (con promedios anuales que
superan ampliamente los 150 000 pesos de recaudación en impuestos relacionados con la actividad minera), San Luis Potosí había caído a un promedio bajísimo que no llegaba a los 60 000 pesos durante el largo período 1710/1749. De allí en más, el boom no hace sino crecer hasta fines
del período analizado, con 143 000 pesos en las tres décadas que van de
1750 a 1779, alcanzándose finalmente la suma de 326 000 pesos de pro16
medio en los años 1780/1809. En resumen, si a mediados del XVIII era
la séptima caja novohispana -siempre hablando de impuestos relacionados
con la actividad minera- se convertirá en los primeros años del siglo XIX
en la tercera, detrás de la caja de México y de la esplendorosa Guanajuato
de la Valenciana... No olvidemos por otra parte que Catorce - uno de los
reales de minas más importantes de esa época- está ubicado en San Luis
Potosí. 17
3.

ANALISIS DE ALGUNOS CASOS REGIONALES

o
Veracruz
Comenzamos este estudio pormenorizado de algunas regiones novohis-

�16

Siglo XIX

Garavaglia-Grouo: Análi8is regional de la /!{ueoa España borbónica

17

panas por aquélla que representa uno de los comportamientos más originales a fines del siglo XVIlI y que, salvo escasas excepciones, no parece
haber llamado en demasía la atención de los estudiosos.

más, como ya lo dijimos en el acápite precedente, se trata de la única administración alcabalatoria situada en las regiones surorientales que tiene un
comportamiento tan dinámico.

En primer lugar, hay que señalar que la Administración Foránea de
Alcabalas de Veracruz comprende las siguientes receptorías: Acayucan,
Antigua, Córdoba, Cosarnaloapan, Orizaba, Tampico, Tuxtla y Xalapa. Es
decir que aquí, como ocurre en otros casos, no hay coincidencia entre los
límites administrativos de la Intendencia veracruzana y los de la Administración Foránea correspondiente, pues, por ejemplo, Papantla, pese a formar parte de esta Intendencia, esta bajo la jursidicción de la receptoría
poblana de Zacatlán para el cobro de las alcabalas.

Son varios los indicadores que coadyuvan a este dinamismo veracruzano: alto porcentaje de crecimiento en todo el período; marcada diferencia
entre la participación porcentual de las alcabalas respecto a la población;
incremento de su participación poreentual relativa respecto al total de la
Nueva F.spaña entre 1778/85 y 1802/09, como podemos ver en el cuadro
siguiente:

Por lo demás, los resúmenes localizados y los Libros Reales de Alcabalas no incluyen ningún dato para las alcabalas del puerto de Veracruz,
dado que éste depende -desde época muy temprana- de la Dirección de
Aduanas de la Capital. Ello quiere decir que si bien los efectos del Libre
ComeL"Cio se harán sentir en forma de multiplicación de la demanda de
bastimentos y alimentación para un número cada vez mayor de naves y
de la expansión en la demanda de algunos productos tropicales, como el
azúcar, nuestros datos no están directamente ligados a la coyuntura mercantil del puerto.

CUADRO 1

De todos mo.dos, la información trabajada es altamente representativa del movimiento que experimentó el intercambio y la actividad económica en el ámbito de la intendencia, ya que incluye al grueso de esa región
y a sus polos económicos más importantes: Orizaba, Córdoba y Xalapa.
Ya en la época, algunos escritores poblanos, como el agudo Fernández
de Echeverría y Veytia, habían comprendido el caracter dinámico de esta
región y no dejaron de señalarlo en algunos de sus escritos con amargura
18
-pues a sus ojos contrastaba más con la decadencia de Puebla. Y es interesante recordar que este cronista escribe antes de la liberalización comercial borbónica y antes del inicio de las series que estamos analizando;
ello nos muestra que esta situación de bonanza tiene raíces bastante profundas.
Veamos unos primeros datos alcahalatorios. Vista desde las alcabalas,
las receptorías de Veracruz conforman una de las áreas más dinámicas
durante todo el período 1778-1809. El movimiento del monto global
creció un 56.11 °/o, porcentaje superior al general de la Nueva España y
sólo superado por el de la Adnúnistración Foránea de San Luis Potosí
(el caso de Sonora que también posee un porcentaje superior, es bastante
especial, como explicaremos más adelante al estudiar esta región). Ade-

VERACRUZ Y NUEVA ESPA/1/A: CRECIMIENTO Y POSICION
RELATIVA SEGUN MONTOS GLOBALES
Nueva España
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1778/1785
1786/1793
1794/1801
1802/1809

Veracruz

1778-1809
1778/85 - 1802/09

7.2
29.53

56.11

Y finalmente, uno de los indicadores más relevantes en este sentido:
Veracruz es la primera de las doce Administraciones Foráneas en cuanto al
peso del rubro de efectos de la tierra en el total de la recaudación de alcabalas para el año 1796 con un 67.47°/o; y además, comparte con la Administración de México el último lugar (con un porcentaje del 16.76º/o) en
cuanto a la participación de los productos importados.
Otros datos cuantitativos a nuestra disposición, como son los diezmos,
reafirman de modo evidente este comportamiento regional y demuestran,
una vez más, el carácter plenamente confiable de la fuente de alcabala para

�18

19

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

Siglo XIX

medir en un área determinada lo que hemos llamado en otros estudios
"grado de actividad económica".
Según documentación del archivo de Sevilla y de México -parcialmente confirmada por los datos publicados por Medina Rubio en su libro,
pese a ciertos problemas que sus cifras presentan para el siglo XVIII~ los
diezmos veracruzanos, desagregados de la masa del obispado de Puebla a
la que pertenecían, crecieron en forma acentuada desde 1775, con 42 362
pesos para ese año, 61,881 para 1783 y una suma de 98 546 para 1790.

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Esto también e.s distinto a lo que ocurre en otras Administraciones
foráneas. Aquí, al revés de lo que sucede en la de Puebla o en la de Guadalajara, no existe una ciudad que funcione como polo aplastante y que determine en forma unilateral el comportamiento de toda una región. En Veracruz son tres las áreas que tendrán influencia decisiva en ese desarrollo.

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Más, sí bien son ocho las receptorías que componen la Administración
Foránea veracruzana, tres de ellas concentran el 83.79°/o del total del
monto global durante el lapso 1778-1809: Orizaha, Córdoba y Xalapa.

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Volviendo a las alcabalas, veamos ahora qué ocurre al interior de la
Administración Foránea. Podemos advertir ciertas diferencias en la dinámica de las distintas áreas representadas por sus respectivas receptorías.
Pero, pese a ello -y dejando de lado los altibajos sufridos por algunas receptorías en determinados períodos- ninguna de ellas tuvo un comportamiento negativo si comparamos las cifras de 1778/85 con las de 1802/09.
Como veremos, esto marca una diferencia significativa respecto a otras
Administraciones foráneas de alcabalas.

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Este incremento, muy superior al del total de la masa poblana, hace
que la participación porcentual de los predios decimales de Veracruz pase
del 15.03°/o en 1775, al 20. 11 °/o en 1783 y finalice con casi el 26°fo en
1790.20 Y hay que subrayar, pues resulta de particular importancia a la
luz de los datos de las alcabalas, que este crecimiento de los diezmos veracruzanos se debe casi exclusivamente al boom de un solo predio decimal: Orizaba/Córdoba, que pasa de 35 715 pesos en 1775 a 84 771 en
1790, convirtiéndose (y de lejos) en el predio decimal más destacado de
todo el obispado de Puebla. 21
Es decir, estamos ante un crecimiento de la producción -siempre que
aceptemos que los diezmos son un buen indicador indirecto de ese movimiento- que es mayor que el aumento de la población y que el incremento de los precios.22

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SigloXIX

Garavaglia-Grosso: Análim regional de la Nueva Espafia borbónica

En este sentido, el notable dinamismo de Orizaba, se verá contrabalanceado por la fluctuante evolución de Córdoba.

CUADRO 3

CUADRO 2

COMPOSICION DE LAS ALCABALAS DE ORIZABA
1782 Y 1806

PARTICIPACION RELATIVA DE LAS TRES RECEPTORIAS
PRINCIPALES: 1778-1809

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1778185

1802109

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Orizaba
Córdoba
Xalapa

34.99
30.34
17.39

43.29
24.53
17.83

Totales

82.72

85.65

Orizaba no sólo es la que presenta un mayor dinamismo. Además, es
la única receptoría que mantuvo un crecimiento sosterúdo durante todo el
período. Este hecho debería relacionarse en gran parte, según creemos, con
el auge del cultivo del tabaco, principal producción local. Ya un trabajo de
Susan Deans nos ha mostrado de qué forma el cultivo de esta planta en
Orizaba dio como resultado la proliferación de sectores productivos bastante diferenciados, entre los que abun8an los pequeños y medianos pro23
ductores.
Es bien sabido que el tabaco es un tipo de cultivo que exige
grandes cuidados: ello favorece, obviamente, la explotación intensiva y no
extensiva.
Hay que recordar que no sólo el tabaco paga alcabala: por otra parte,
los adelantos que realiza la Renta de Tabacos entre los cosecheros, inyectan ingentes cantidades de dinero fresco en los diversos circuitos mercantiles de la región. Un sondeo realizado en los Libros Reales de Alcabalas de
la receptoría de Orizaba nos muestra claramente este hecho y la expansión
del tabaco:

castilla*

1782
1806

tierra

viento

ºlo

ºlo

ºlo

15.27
8.67

68.06
72.78

16.68
18.55

* Incluye las cortas partidas de efectos de la China.

Fuentes: Libros Reales de Alcabalas de Orizaba, años 1782 y 1806,
en AGNM-Indif. RH.

En una palabra: mientras el total del monto global de la receptoría
creciQ.,en un 19.31°/o entre las dos fechas consideradas, el monto referido
a lo recaudado en concepto de tierra y viento lo hizo en un 28.59º/o.
Además esta actividad tuvo otros efectos multiplicadores a través de la instalación en la ciudad de la Fábrica de Tabaco. Por otra parte, Orizaba fue
siempre -y esta especialidad debió acentuarse después del Libre Comercio- una ciudad/estación, donde la arriería daba ocupación y ganancias a
. ' 24
un sector .tmportante de supoblac1on.
Xalapa, que entre 1778 y 1809 experimentó un crecimiento elevado,
se vio afectada sin embargo por una marcada caída en el lapso 1786/1793;
en el período siguiente la receptoría recupera sus rúveles anteriores.
En cuanto a Córdoba, la segunda receptoría, contrasta con Orizaba
por sus altibajos y por un porcentaje de crecimiento muy inferior al de las
dos receptorías más dinámicas y al del total registrado por la entera Administración veracruzana: ello se expresa en la marcada disminución de su
participación relativa en el conjunto de esa urúdad administrativa. Llama
también la atención el comportamiento de Cosamaloapan, tierra de producción algodonera y la más destacada de las receptorías menores. Sus

�22

Siglo XIX

flu??1aciones coinci~en bastante con las de Córdoba, pese a que su recuperac1~n _es mucho mas finne, como se puede advertir por el porcentaje de
crecuniento alcanzado entre 1778/85 y 1802/09 (ver cuadro 2 del apéndice).
Hay dos hechos de particular relevancia, más alJá del ya referido al establecimiento de la Renta de Tabacos, que explican el comportamiento de
es_ta región: 1~ _cercanía del puerto de Veracruz, con el excepcionaJ crecirruento del trafico mercantil, ocurrido en los últimos dos decenios del siglo
XVID - los datos de las cajas reales veracruzanas, tal como nos los muestra
el excelente artículo de Herbert Klein, 25 son una prueba fehaciente de
ell~; Y estrechamente relacionado con esto, la enorme expansión que expe~mentaron los productos tropicales a fines del siglo XVlll. AJ respecto
es interesante verificar cómo este dinamismo caracteriza también a otras
áre,'!8 de tierra calien!e, como el c~ que vimos de la "Media Luna tropical en la Intendencia de Valladolid, o el territorio representado por la
receptoría poblana de Yzúcar.

Una de las producciones tropicales &lt;¡ue parece haber tenido gran expansión es la caña de azúcar. Hacia 1788, las cosechas de los obispados de
México, Valiado! id y Puebla apenas llegaban a las 800 000 arrobas. 26 Según un informe del Consulado de México, las causas del escaso desarrollo
lo~do hasta et1tonces por la producción azucarera radicaban en la competencia de las Islas de Barlovento y en la reiterada prohibición de fabricar el
27
aguardiente "de la tierra". Según el sabio alemán, la in tendencia de Vera~ruz será una de las principales regiones responsables de la expansión del
azucar:
Desde que el consumo del azúcar ha tenido un aumento considerable, y que el comercio del Nuevo Continente proporciona a la
Eu!opa muchos productos que en otros tiempos se sacaban de
A~1a Y A~ica, las tierras cali~ntes no hay dudas que presentan
mas ~tr_act1vos para el establecimiento de colonias; por esto se han
multJphcado en la provincia de Veracruz las plantaciones de caña
Y de algodonales, principalmente desde los funestos sucesos de
Santo Domingo, que ~fl dado un gran impulso a la industria en
las colonias españolas.
También ~oreno Fraginals, en su obra clásica sobre el ingenio cubano, subraya especialmente este aspecto de la coyuntura internacional como uno
de los pilares en los que se asienta el auge que desde ese momento experimentó el azúcar de la isla. 29
~n el caso d~ la I\Jueva España, si bien el crecimiento general de la producc1on estuvo ligado principalmente a la expansión de la demanda interior, el azúcar también alcanzó a inicios del sigfo XfX un lugar destacado

Garavaglia-Gro$$o: An6/í$i., regional de la Nueva España borbónica

23

en sus exportaciones agrícolas: en 1802 salieron para España 431667
arrobas por un valor de 1 454 240 pesos, y en el año 1803 fueron 483 944
arrobas con un valor en pesos de 1495056 (en este último año, la grana,
el principaJ producto agrícola de exportación novohispano, alcanzó un
vaJor de 2 191 399 pesos). 30
Y hay que recordar que Veracruz tenía una ventaja comparativa muy
grande respecto a ot-ras zonas de Tierra Caliente: se haUaba casi en la boca
del puerto... En la Intendencia, los principales plantíos de caña estaban
localizados en las jurisdicciones de Córdoba, Orizaba y Xalapa. Pero, al
parecer, desde mediados del XVIII se estaba produciendo una redistribución de los ingenios en perjuicio de Córdoba.
Si esta hipótesis se confirmara, tendríamos un elemento explicativo
para entender en parce el errático comportamiento que caracterizó a las
alcabalas de esta jurisdicción en el período que eslanlos considerando. En
efecto, hacia la mitad del siglo XVIII, había en Córdoba 33 ingenios y
trapiches y un número no precisado en XaJapa, Orizaba, Tuxtla y otras localidades menores. 31 En 1804, las "haciendas de fabricar azúcar" de Córdoba se redujeron a 23, en tanto que Xalapa contaba con 11 trapiches e
ingenios y Orizaba con un número no aclarado de "grandes ingenios".32
No hay que olvidar, por otra parte, que las villas de Orizaba, Córdoba
Y Xalapa - al igual que el hasta ese entonces humilde pueblo de Perote- se
convierten en esta época en localidad que fueron centro de importantes
acantonamientos de tropas. El documentado trabajo de Christon Archer
muestra los efectos económicos multiplicadores que tuvo el estacionamien•
lo de las tropas en todo el área sobre la estructura productiva local y el
mercado regional.33
En Orizaba, por ejemplo, tanto el tabaco, como el azúcar y la nueva
presencia de las tropas acantonadas en la ciudad, dieron como :resuJtado el
incremento de las actividades artesanales y manufactureras. En 1803 la viUa cuenta, además de sus ingenios y de la Fábrica de puros y cigarros, con
''...tres molinos de pan moler, tres sombrererías, como treinta telares de ha•
cer manta, tres curtidurías de vaquetas, seis gamuzerías y nueve ladrille•
ras y tejerías... ,,34 Con una población que alcanzaba casi los 10 000 habitantes (en 1791 se habían empadronado unas 7 074 personas), Orizaba
era también sede de un " . . .crecido número de comerciantes. . . ,,35

Sonora y Durango
Sonora

Si tenemos en cuenta el monto de las aJcabaJas recaudadas en el período

�21

SigloXIX
Garavagtia-Crouo: Análi,i, regional de la Nueva España borbónica

1778-1809, la Administración Foránea de Sonora es una de las menos importantes de la \iueva España: su participación en el monto global total es
apenas del 2.4 °/o, ocupando el anteúltimo lugar entre las 12 Administraciones Foráneas de Alcabalas.
Pese a elJo, su caso presenta especial interés por ser la jurisdicción que
en ese mismo período presentó un mayor índice de crecimiento (con un
pon-enlaje superior al 500°/o... ), seguido de muy lejos por San Luis Potosí, con un 70°/o, y Veracruz con el 56°/o.
Sin duda este porcrntaje está sobrevaluando la expansión de los intercambios mercantiles ya que, por ser un área hasta entonces exenta del
pago de la alcabala, la recaudación en los primeros años de la aplicación del
sistrma de administración dirrcta por parle de la Real llaricnda, no abarcó la totalidad de las actividades gravables ni todo el territorio; tanto unas
como el otro se fueron incorporando gradualmente a la captación fiscal. 36
Ütas regiones no fueron las únicas qur gozaron dr un status privilegiado y
de una situac-ión mu} peculiar, favorrcidas por la política de promoción
fiscal de la corona.37
Volviendo a Sonora hay que subrayar que, pese a lo dicho, si comparamos los monlos globales en el segundo de los períodos considerados
(1786/1793), cuando ya la administración de las alcabalas se había extendido a gran parte de la jurisdicción, con el último de ellos (1802/1809), el
porcentaje de crecimiento sigue siendo muy elevado y es superior al 100°/o.
Creemos que este caso, como el de Durango, son especialmente representativos del dinamismo que experimentó el norte minero en la última década
de la época colonial. Los dalos decimales confirman plenamente lo que se
ve a través de la fuente de alcabalas.

lt

1

La región del noroeste, con una tradicional actividad minera que se
remonta a la segunda mitad del siglo XVII, gracias al descubrimiento en
1655 de la primera veta de plata en el Real de Minas de Nuestra Señora del
Rosario, experimentó un notable crecimiento económico en las áltimas
décadas del período colonial: debido, en buena parte, a la incorporación
de nuevos territorios y a la reactivación de las áreas ya ocupadas y explotadas. Ello posibilitaría la expansión de la frontera y del gradual sometimiento de las poblaciones indígenas hostiles.
Este proceso se había iniciado con la visita de don José de Gálvez a
los pueblos y "presidios" del norte en la década de 1760; esa visita impulsó
una reorganización total del sistema defensivo español y se concretó en un
avance de los presidios al norte del río Bravo, rn campañas prrmanentes
contra los indígenas hostiles, en alianzas con otros y en una fortificación
de la frontera con los apaches. Todo ello dio como rrsultado finalmente
que, hacia 1780, Sonora y el norte de Sinaloa pudieran go?..ar de una situación de relativa paz.38
Esta vigorosa intervención de las autoridadrs españolas en el norte se
completó con diversas medidas tendientes a reorganizar y fortalecer la administración civil y eclesiástica: en 1776 Sonora y Sinaloa quedaron sujetas a la jurisdicción de las recientemente creadas Provincias Internas y en
1786 conformaron la Intendencia de Arizpe. Desde 1780 estos territorios
constituyeron además el obispado de Sonora, cuyos vicarios residieron primero en Rosario y luego en CuJiacán, a pesar de ser Arizpe la sede oficial
de la silJa episcopal.

El distrito de Sonora comprendía aproximada'Tlente el territorio que
en 1786 conformó la Intendencia de Arizpe y que con anterioridad com·spond ía a las provincias de Sinaloa y Sonora. Inicialmente, en los años
1778/1785, contó con :mio tres suelos alcabalatorios: Alamos, Arizpe y
Rosario. Estos constituyen en toda la época estudiada las principales receptorías y son responsables de un 66º/o del total del monto recaudado
entre 1778 y 1809.

Entre tanto, la expulsión de los jrsuítas (1767) y la secularización de
las misiones del sur del valJe del Yaqui, favorecieron el avance colonizador
de españoles y mestizos y la movilización de la población indígena como
fuerza de trabajo para minas y haciendas. En 1773, en el Real de San Ildefonso de la Cienaguilla, cuyos placeres de oro habían sido descubiertos dos
años antes, residían 786 españoles y unos 1 500 indios. Las haciendas y
ranchos fueron extendiéndose gradualmente en áreas hasta ese entonces
despobladas } en las mismas tierras de las misiones; las rancherías } pueblos abandonados facilitaron el proceso legal de la "denuncia", que se sumó a la creciente usurpación de tierras mdígcnas. 39

A fines de la década de los ochenta e inicioi. de la siguiente se crearon
cuatro nuevas receptorías: San Antonio de la Huerta (l 789), Sinaloa
(l 790), C.Ulia&lt;'án (1791) y Cosalá (1792); posteriormente se establecieron
receptorías en Horcasitas (1801) y CienaguilJa (1804). Esta misma expansión de la red de captación fiscal t•s un claro indicador del crecimiento de
las actividades económi('as objeto del gravamen.

Hacia 1780, Sonora y Sinaloa contaban con 30 reales de minas, 7
villas, 106 pueblos, 35 misiones y 6 presidios. En p0&lt;·0 más de una década la población de los centros más importantes y estables creció notablemente: entre 1777/1780 y 1791/1794 la poblafión de Arizpe se elevó de
1 540 a 9 000 habitantes; la de Los Atamos de 5 000 a 9 000; la de Rosario de 3 600 a 7 200 almas; y para 1793, Culiacan tenía 13 800 habitantes.40

25

�26

Siglo XIX

l&lt;:l sector de población flotante, que se trasladaba de un distrito minero a otro siguiendo los diversos momentos de auge y decadencia de sus vetas, creció con el aporte de nuevos contingentes de españoles y mestizos y
con el de la población indígena que había abandonado sus tradicionales
lugares de residencia. Así Cienaguilla, en su época de mayor bonanza, hacia 1805, llegó a concentrar cerca de 5 000 pobladores; el antiguo presidio
de San Miguel de Horcasitas, en Sonora, se transformó en pocos años en
próspero mercado de un distrito agrícola en crecimiento que atrajo a los
indígenas de las cercanas misiones y a inmigrantes españoles.41
El desarrollo de la actividad minera fue el principal motor del crecimiento demográfico y económico del noroeste. Gálvez había otorgado en
su visita gran importancia a la minería de la región. Posteriormente ideó un
ambicioso plan para la promoción de las actividades productivas que, en
gran parte, no llegó a implementarse por falta de recursos.
De todos modos, los yacimientos de Sonora y Sinaloa se vieron favorecidos por las medidas generales adoptadas por la Corona en las décadas
subsiguientes a la visita de Gálvez (reducción del precio del azogue y de la
sal, beneficios fiscales, etc.) y por otras disposiciones más específicas como
el establecimiento de las Cajas Reales en Alamos y en Rosario. Este hecho
no sólo redujo los riesgos y los costos de los cargamentos de minerales que
hasta ese entonces deh ían llevarse hasta Guadalajara: también, acortó el
tiempo que debían esperar los mineros para el reintegro en moneda de los
envíos en minerales; las Cajas fueron provistas de un fondo revolvente en
efectivo -aún cuando fue siempre insuficiente, a juicio de los mineroscon el cual se compraba a éstos el mineral. El establecimiento de las Cajas
también aligeró la crónica escasez de azogue que afectaba, sobre todo en
los momentos de bonanzas, la producción minera.42
Este conjunto de medidas estimuló el desarrollo de los distritos mineros en especial, de aquéllos situados en las áreas de influencia de AJamos y
Ro~rio: vivieron una época de gran prosperidad en las décadas de los
ochenta y noventa, hecho que no dejó de manifestarse en los montos de las
alcabalas en ambas receptorías (si consideramos los promedios anuales de
los períodos 1778/85 y 1794/01, la recaudación en las dos receptorías
creció en un 31 °/o y un 175°/o respectivamente). Y no hay que olvidar
que esta fuente tiene en este aspecto un sesgo marcadamente negativo y
que tiende a subvaluar el peso de la actividad económica real: todos los
medios de producción destinados en forma directa a la minería no pagan
la alcabala y por lo tanto, dada la cantidad de distritos de minas que existen en estas receptorías, los montos deberían ser mucho mayores.
Ahora bien, hay que señalar que el incremento de la actividad minera

Caravaglia-Gros.to: Análisis regional de la Nueva España borbónica

27

no se limitó a esas dos jurisdicciones nombradas. Se descubrieron placeres
de oro en el noroeste de Sonora; se abrieron nuevas minas de plata en el
noreste, en las regiones de Opata y Ostimuri y en la región central de Sinaloa, a los pies de las montañas de la Sierra Madre. El crecimiento de Arizpe
no sólo se debió a sus nuevas funciones administrativas sino también al desarrollo de su distrito minero (la recaudación se incrementó entre 1786/93
y 1794/01 en un 60%). Una década más tarde, el área minera de Cienaguilla atravesó su momento de mayor auge: en 1803 se descubrió en sus
inmediaciones un rico yacimiento a flor de tierra, San Francisco de Asís,
que en pocos meses concentró más de 3 000 pobladores. En el mismo real
de Cienaguilla fueron descubiertos nuevos placeres de oro que reanimaron
la producción y la vida económica de la villa: en 1802 tenía 42 tiendas de
vivanderos, 71 de rescates y 21 de comercio. No es casual que para entonces se estableciera allí una nueva receptoría de alcabalas que -durante el
período 1802/1809- captó casi el 10°/o del monto total de toda la Administración Foránea sonorense, pese a haber ini&lt;;iado sus actividades en
1804.43
El crecimiento económico del noroeste no se debió exclusivamente a
la minería. Como ya ha sido destacado reiteradamente por la historiografía, alrededor de los centros mineros se formó un complejo económico que
integró la producción minera con la agrícola y ganadera a escala regional.
El cuadro 4 permite apreciar cual fue el crecimiento de la ganadería
de la región entre 1783 y 1805, especialmente, en el caso del ganado vacuno y caballar. Obviamente, ello se tradujo en una reducción del precio del
ganado: por (ljemplo, las reses vieron descender sus precios en forma considerable, con lo que fue posible que se constituyera un mercado mucho más
estable de abastecimientos·para las áreas mineras. 44
En los alrededores de Culiacáo se desarrolló un importante distrito
agrícola tributario de una amplia zona desde los yacimientos ubicados en
las cercanías de la Sierra Madre hasta AJamos. En 1802 existían en la juridiscción cuatro haciendas y 126 ranchos; en el territorio del suelo alcabalatorio de Sinaloa se localizaban 82 ranchos dedicados a. siembra de maíz
y a la cría de ganado vacuno. Ya hemos mencionado el desarrollo de una
importante área agrícola en el fértil valle del río Dolores, en las inmediaciones de San Miguel Horcasitas. En San Antonio, según el administrador
de alcabalas, había tres haciendas y varios ranchos que producían
" . . .abundante maíz, cría de ganado vacuno, cría de caballada... ". La producción triguera de la región daba lugar ocasionalmente a modestos envíos
de harinas, por tierra y por mar, a California, San Bias y Acapulco. Según
un informe de 1805 se ex;portaron a Acapulco 500 cargas de hanna desde
Sonora.45

�28

SigloXIX

Garavaglw-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

CUADRO 4

RIQUEZA PECUARIA DE SINALOA Y SONORA: 1783-1805

ganado

vacuno
lanar
caballar
mular
asnal

número de cabezas
1783

1805

120 000
31 500
18 400
17 000
2 000

272 723
35 550
62 794
19 907
4 228

Fuentes: 1783 -Navarro García, L., Don José Gálvez. . ., cit., p. 417.
1805 - "Resultado general de las noticias que pide el Real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", en Florescano, E. y
Gil Sánchez, l. (comps.), Descripciones. . .provincias del
Norte, cit., p. 146

i,

1,

Indudablemente, esta actividad agrícola y ganadera debió ser responsable de una parte no despreciable de los intercambios captados por los registros alcabalatorios, de modo tal que aquéllos no pueden ser reducidos tan
sólo al consumo de efectos de ultramar y de la tierra provenientes de otras
regiones.
Sin embargo, la participación de los efectos de Castilla en el comercio
regional parece haber sido mucho mayor que en otros distritos alcabalatorios. Según los datos reunidos para el Consulado de Veracruz en 1805, el
valor de los efectos de Castilla y de la China comercializados en la Intendencia se habría elevado a la suma de 770 800 pesos; de acuerdo a nuestras cifras, el promedio anual del valor de intercambio captado por la
fuente para el período 1802/1809 es de unos 1 358.00 pesos, con lo cual
podríamos deducir que la participación de los efectos de ultramar sería de
alrededor del 50º/o; del restante 50% serían responsables los diversos
efectos de la tierra comercializados en el distrito, parte de los cuales -como es el caso de los textiles- provenían del occidente y del centro del virreinato. 46

29

Esta presencia de los efectos importados muy superior al promedio de
la Nueva España v que también es claramente perceptible en el caso de
otra receptoría y distrito de clara vocación minera de la región norteña,
Durango, merece algunas líneas. Es probable que el tipo de explotación
minera muchas veces superficial y de "placeres" diera lugar a inesperados
booms, seguidos pocos años después de un rápido agotamiento (como hemos visto que ocurrió en Cienaguilla en 1803). Ello impediría la formación
en determinadas ocasiones -que habría que estudiar en forma pormenorizada- de los clásicos "cinturones" de abastecimiento: en especial, en el rubro de bienes duraderos como textiles y otros, para los cuales es indispensable una cierta estabilidad y arraigo de la población.

Esto quiere decir que, para esta Administración Foránea, como para
el caso de la receptoría de Durango en la Administración homónima, podría ser válida la observación que nos han hecho algunos colegas de que la
fuente de alcabalas mediría en esta circunstancia particular más el consumo que lo que hemos llamado en otros estudios "grado de actividad económica". Mas dejemos para el final, cuando hablaremos brevemente del
caso duranguense, una nueva discusión sobre este problema que es tan decisivo para evaluar los lúnites concretos de la fuente que estamos utilizando.
t

Culiacán y Rosario fueron los centros más relevantes del comercio regional, cuyo crecimiento acompañó al desarrollo minero y agropecuario.
En 1755 en toda la gobernación de Sonora y Sinaloa había 15 establecimientos mercantiles. En 1806 tan sólo en Cienaguilla había 27 casas de comercio y 41 tiendas de vivanderos. Culiacán se vio favorecida por su localización en el cruce del camino procedente de México y Durango por la
ruta de la Sierra y que desde allí continuaba hacia Sonora y California, en
tanto que se hallaba comunicada con Guadalajara -el gran centro mercantil y productivo del Occidente- por el camino de la costa. Por su parte,
Rosario controlaba gran parte del comercio de un vasto territorio que se
extendía por el sur de SinaJoa y parte del territorio del actual estado de
Nayarit: ya hacia fines de la década de los setenta y contaba con algunos
mercaderes que manejaban caudales de regular importancia.47
El lento y oneroso transporte terrestre de las mercancías desde el centro o desde el puerto d-e Veracruz, determinó que el abastecimiento de la
región fuera irregular y que e_l precio de los artículos fuese excesivamente
alto (se decía que una casulla de damasco comprada en México a 30 pesos
podía costar 60 en la Pimería... ). Es obvio que esta estructura de "mercado imperfecto", que man1enía siempre a la oferta muy por debajo de la

�30

Siglo X1X

demanda, era alentada por los propios comerciantes de México, Guadalajara, Veracruz y Puebla y por sus representantes locales que dominaban en
el ámbito mercantil regional: ello les daba la posibilidad de grandes ganancias.48 También era evidente que este permanente suhabastecimiento terminaría favoreciendo la práctica del contrabando, que en estas regiones adquirió un desarrollo mucho mayor que en otras áreas del virreinato. Desde
la década de 1790 -probablemente como consecuencia de una creciente
presión de la demanda- la presencia de buques ingieses y n,orteamericanos
en las costas del Pacífico septentrional se hizo cada vez mas frecuente, resultando inútiles los esfuerzos desplegados por las autoridades virreinales
para controlar el contrabando practicado a lo largo de un extenso litoral
imposible de vigilar.

Un caso muy llamativo en este sentido es el de la fragata nort~ericana Dromo que atracó durante varios meses en Guaymas y Mazatlán ( desde
septiembre de 1808 hasta enero de 1809), vendiendo mercaderías por un
valor superior a los 180 000 pesos con la autorización expresa de _las autoridades locales. El estudio realizado por Vidargas del Moral permite apreciar el fuerte impacto que tuvieron las ventas del Dromo en el peculiar sistema mercantil del noroeste. Mientras algunos mercaderes locales -respaldados ·como era de suponer por sus habilitadores de M~xico- proteslBhan por el daño que experimentaría el comercio establecido, otros acudieron desde diversas localidades de la Intendencia e incluso desde Durango
para aprovisionarse por lare:o tiemvo de artículos de baio precio _V buena
calidad. 49 El propio comandante de las Provinci~ Internas, Nemes1? Salcedo, justificaba el hecho argumentando que debido al es~do de _mdefensión de las extensas costas y a la carestía de las mercanc1as proVIstas mediante el tráfico regular, era imposible controlar ~I ~omerci? il~ci!&lt;&gt;_, V
que todas las medidas que se adoptaren para repnmrrlo senan mutil~
" ... porque siempre las harán ilusorias la facilidad del contrabando y la utilidad del contrabandista... ". 50
A pesar de que en este caso los compradores presentaron sus facturas y guías en las aduanas respectivas, y p~aron 1~ alcab~a correspondiente, es evidente que no siempre suced1a lo mlSlllo. S1 t~n~mos e~
cuenta el volumen que alcanzó el comercio ilícito en las dos '."tunas decadas del período colonial, es notorio que la actividad mercantil de Sonora y Sinaloa debió haber alcanzado valores ~?.n mayores que los expre~dos a través de nuestra fuente. Pero, parado11camente, este hecho -le1os
de contradecir nuestro análisis- se suma a la serie de indicadores que atestiguan el notable crecimiento económico del Noroeste en los últimos decenios del siglo XVIII.

Caravaglia-Crosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

31

A propósito de la discusión "consumo" versus "actividad económica": una
apostilla sobre el caso de Durango.

La Administración ForaIÍea de Alcabalas de Durango tiene sólo dos receptorías, la de Chihuahua Qa más importante y que cubre el 66.8% del monto global totaJ durante el período 1778-1809) y la homónima de Durango (ver apéndice, cuadro 5).
Esta región norteña fue siempre un área donde la minería tuvo un
desarrollo excepcional. Tanto los distritos mineros de primer orden como
los secundarios se cuentan por decenas. Destacan los de Parral, Chihuahua,
Yndé, Cuencamé, Batopilas, Cosiguriachi y Santa Eulalia, en la jurisdicción chihuahuense. Y sobre todo en el caso de Durango, los mineraJes de
Guarisamey, Mapimí y otros menores tuvieron también relevante actividad
a fines del período colonial.
No debe extrañarnos entonces que la minería se refleje en la importancia creciente que tendrán estas dos jurisdicciones en el marco de los
impuestos relacionados con esa actividad en las Cajas Reales de la Nueva
España Pasando de un 4.8°/o del total novohispano en el decenio 17801789 a un 5.9°/o en el siguiente y cuando finaliza la serie publicada por
Klein en el oeríodo 1800-1809, alcanzan ya un porcentaje del 8.7% sobre
51
el total del reino. Y en los años 1806-1809, el 74.5% de la recaudación
de alcabalas de la receptoría de Chihuahua proviene de distritos mineros
(véase ap~ndice, cuadro 6).
Pero también nos hallamos en Chihuahua, y en menor medida en Durango, con los clásicos cinturones de abastecimiento que rodean a las minas
con sus haciendas, estancias de ganado mayor y ranchos anexos: San Bartolomé, un valle célebre por sus recursos agrícolas, Santiago Papasquiaro,
Nombre de Dios y San Juan del Río son los más destacados. 52
Ahora bien, si comparamos la evolución de las alcabalas de estas dos
receptorías con la de sus diezmos, comprobamos algo bastante llamativo:
mientras que en Oiihuahua la marcha de los diezmos es bastante armónica
en relación a la de las alcabalas, en Durango es posible percibir un salto en
el lapso 1794/1801, seguido de un retroceso bien marcado en el período
1802/1809 (ver cuadros 5 y 9 del apéndice). El gráfico 4 nos muestra en
fonna más evidente ese disímil comportamiento entre diezmos y alcabalas
del que estamos hablando.
¿Cómo explicar este hecho contradictorio? Durango es la Administración Foránea de alcabalas donde en 1796 es mayor la participación de los
efectos importados respecto al total novohispanos, con un 4-0.07º/o

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GRAFIC04
en

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DIEZMOS
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Chihuahua

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Durango

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70
60
50
40
30
20
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o
1760/ 1764

1796/1800

1774/1781

1806/1812

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ALCABALAS
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1802/1809

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�34

Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

(siendo el 28.7°/o el promedio para toda la Nueva &amp;paña (ver cuadro 7
del apéndice). Además, ello se debe fundamentalmente a las cifras relativas a la receptoría de Durango, pues en Chihuahua las cosas son diversas
como se puede ver en el siguiente cuadro:

CUADRO 5

COMPOSICION DE LAS ALCABALAS DE CHilIUAHUA
Y DURANGO, EN PESOS: 1796

castilla
Durango
Chihuahua

41 453
11 789

china
821
1 048

tierra

viento

igualas

12 901
28 258

14 615
2 096

3 855
2 757

35

evolución de la relación diezmos/alcabalas, podríamos justamente reafirmar aún más el carácter de esta última fuente como documento privilegiado para estudiar las relaciones entre consumo, producción y circulación.
En este caso específico y donde la participación de los efectos importados es casi exactamente el doble que la del promedio general novohispano, esta contradicción entre los diezmos y las alcabalas, es decir, esa serie de alcabalas que parece tener independencia respecto a los datos contemporáneos sobre la evolución de la producción, nos está mostrando claramente uno de los límites de la fuente. O dicho de otra forma y llegando
a una conclusión que a esta altura será obvia para el lector: cuanto más alta sea la participación de los efectos importados, menos representatividad
tendrá la fuente para medir lo que hemos llamado el "grado de actividad
económica"...

4.

CONCLUSIONES.

¿Cuáles son las conclusiones más relevantes a lo que hemos llegado gracias
al análisis de estos casos regionales mediante la fuente de las alcabalas?

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

Y no solo ello es así, sino que este comportamiento de la receptoría
de Durango, con un 57 .4°lo de la recaudación referida a los efectos importados, se destaca incluso entre las 66 receptorías de la Nueva España para las cuales poseemos datos al respecto en ese período (se trata de las receptorías más importantes del "reino" y que suman más del 85% del total de lo recaudado en concepto de alcabalas durante ese año)53 . Sólo la
receptoria de Sierra de Pinos la supera entre las diez primeras receptorías
novohispanas donde los efectos importados ocupan un lugar destacado
(ver el cuadro 8 del apéndice).
Y como se puede ver consultando la lista, no sería lícito llegar a la
conclusión, un tanto apresurada, de que esta característica tiene que ver
sólo con la condición de asiento de minas que tenga una receptoría, pues
de las diez sólo se destacan tres jurisdicción netamente mineras: Sierra
de Pinos, Duran¡¡;o y Zacatecas. En otros casos -esa sería probablemente la
situación de Tehuacán y Oaxaca- esta dominancia de los efectos importados debe ligarse con la persistencia de los repartos como sistema de mercantilización forzosa. Y para Saltillo y Coahuila la explicación debe remitimos al peculiar comportamiento de ciertos mercados norteños de frontera.
Volviendo al caso de Durango, si conectamos este hecho con la disímil

Ante todo, una reafirmación: la alcabala novohispana, tal corno fun.
cionaba desde 1776 en adelante, es un instrumento privilegiado para estudiar las complejas relaciones entre producción, circulación y consumo en
un espacio y un momento determinado. En especial, si controlamos a esta
fuente con el auxilio de otros indicadores, como los diezmos o la población. Sea que hablemos de Veracruz y su variada vocación económica en
tierra caliente, orientada tanto al consumo interno como al mercado exterior (tabaco, algodón, arriería, azúcar, etc.), como de aquellas regiones norteñas de Sonora y Sinaloa con una dinámica frontera minero/agraria donde
la minería aparece como la actividad productiva dominante, la alcabala resulta ser un fiel indicador de esa vida económica tan rica y diversa.
Pero, además (y los casos que hemos mencionado de Zamora y Durango son ejemplos claros en este sentido), es necesario poner mucha atención en el uso que se hace de este tipo de material estadístico. A veces
-cambios administrativos en el caso zamorano y enorme peso de los efectos importados en Durango- los datos esconden serios problemas y una
evaluación superficial puede llevarnos a conclusiones completamente equivocadas.

E?.r~idad, este tip,o de trabajo sólo puede damos las Iíneas generales
de anáhSJs y, como dec1amos arriba, es indispensable acudir a otros indicado~es que s~an de "control" para verificar las coincidencias o explicar
las dISCr~panc1as. Y Fr supuesto, el único camino finalmente válido para
profundIZar el estudio en este sentido es trabajar con la información de los

�36

GaravaglP-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

SigloXIX

Libros Reales, donde la enorme riqueza del material aporta siempre las
respuestas a casi todas las preguntas que surgen de las series.

REFERENCIAS DE REPOSITORIOS DOCUMENTALES

AGI
AGNM
AGNM-Indif. RH

Archivo General de Indias, Sevilla
Archivo General de la Nación, México
Archivo General de la Nación, México, Indiferente de Real Hacienda en proceso de clasificación.

-

NOTAS

l. Véase "las regiones novohispanas en la época borbónica: un análisis cuantitativo
(1778-1809)", a ser publicado próximamente en la Rivista Storica Italiana..
2. "La evolución económica de la región poblana (1778-1809). Una visión a través de la fuente de l!lcabalas", en Anuario.segunda época, vol. 12, Facultad de
Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario (Argentina, en prensa).
3. Ver en este sentido, las reflexiones de E. Van Young, en "Doing Regional History: Methodological and Theoretical Considerations", mimeo, 1985.
4. Véase el estudio preliminar a nuestro libro Las alcabalas novohispanas (17761821), Archivo General de la Nación, México (en prensa).

5. Es decir, el principio general es el de la correspondencia entre los límites de la
Intendencia y los de las Administraciones Foráneas, pero hay algunos casos que
no concuerdan totalmente con esta norma general. Las doce Administraciones
Foráneas fueron: Durango, Guadalajara, Guanajuato, México, Oaxaca, Puebla,
San Luis Potosí, Sonora, Valladolid, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. Las alcabalas del casco de la ciudad de México y sus receptorías subalternas dependían de
la aduana capitalina.
6. Ver las alcabalas• .., citado.
7. Para más detalles sobre este aspecto de la política fiscal borbónica, véase nuestro
trabajo: "Estado borbónico y presión fiscal en la Nueva España, 1750-1821",
presentado en el VIl Congreso de AHILA, Florencia, 1985.
8. La grana, una de las producciones mercantiles más importantes de Oaxaca no paga alcabala, pero sí lo hacen todas las mercancías que se siguen repartiendo entre
las comunidades para el laboreo de la grana. .. De todos modos, es obvio que
este hecho da como resultado una subrepresentación de Oaxaca, pues según las
cifras que apoota ..Biian Hamnett el valor de la grana registrada en la capital de

37

la Intendencia durante los años del período 1778-1807 sería de alrededor de 35
millones de pesos; ello elevaría considerablemente el monto global de la Administración Foránea de Oaxaca. Ver: Hamnett, B .. Politics and trade in southern
México, 1750-1821, Cambridge University Press, 1971, p. 171.
9. Respecto a Yucatán, hay que señalar que no hemos hallado, pese a repetidos
intentos, datos sobre las alcabalas de Mérida y es muy probable que la villa yucateca y gran parte de la península tuvieran un status especial en este ramo; la
única receptoría que se incluye en la Administración Foránea de Alcabalas de
Yucatán es la de Tabasco. Los autores, que han usado la documentación de alcabalas del año 1792, tampoco han podido hallar datos para Mérida. Ver Moreno Toscano, A., "Economía regional y urbanización: tres ejemplos de relación
entre ciudades y regiones en Nueva España a finales del siglo XVIII", en AAVV,
Ensayos sobre el desarrollo urbano de México, SEP/Setentas, México, 1974,
pp. 95-130 e Izard, M., "Metropolitanos, criollos y reformistas. La Nueva España de Revillagigedo (1789-1794)", Boletín americanista, Universidad de Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, año (XXII), 30, 1980, pp. 180-222. Esto
hace que la posición de Yucatán aparezca como muchísimo más subalterna respecto al total de la Nueva España de lo que debió ser en realidad por la sencrna
razón de que Tabasco -única región efectivamente representada por los datos
que se esconden detrás del nombre de la Administración Foránea yucatecaposee a fines del siglo XVIII sólo el 10 °/o del total de la población de la península. Ver: Cook, S. F., y Borah, W., "La población de Yucatán, 1517-1960",
en Ensayos sobre historia de la población: México y el Caribe, Siglo XXI, México, 1978, tomo II y "Descripción de la provincia de Tabasco, pedida por el
excmo. virrey de este reyno, conde de Revilla Gigedo y formada por su actual
gobernador don Miguel Castro y Araoz" (1794), en Florescano, E. y Gil Sánchez, L, De.scripciones económicas regionales de la Nueva España.. Provincias del
centro sud11$te y sur, I 766-1827, INAH, México, 1976, pp. 276-283.
10. Según los datos de Fernando Navarro y N oriega, el Norte contaba con 770 550
habitantes, es decir sólo el 14.2°/o del total de la población vivía en esta región.
Ver los datos en Navarro y Noriega, F., "Memoria sobre la población del Reino
de la Nueva España", en Catálogo de los curatos y misiones de la Nueva España,
seguido de la memoria. .•, México, Instituto de Investigaciones HistóricasJurídicas, 1943, citado por Victoria Lerner "Consideraciones sobre la población de la Nueva España, 1793-1810. Según Humboldt y Navarro Noriega",
Historia Mexicana, 17 (3), enero-marzo de 1968, pp. 327-348.
11. Los reales de minas de Catorce, en San Luis Potosí y de Guarisarney, en Chihuahua, tuvieron durante una época exención total de la alcabala; en Nuevo Santander, también de la administración foránea potosina y en el Nuevo Reyno de
León y en Chihuahua, hay importantes exenciones parciales referidas a toda la
producción local agraria, artesanal y manufacturera. Para más detalles. véase
nuestro trabajo "Estado borbónico y presión fiscal .. ", cit Y los comentarios
que hacemos en la sección referida a Sonora y Durango en este mismo artículo.
12. Nos referimos a las receptorías de tierra caliente de Apatzingán, Ario Y Huetamo
cuyos territorios se extendían por una vasta depresión en forma de media luna
encerrada entre montañas. Si hacemos el cálculo de crecimiento de los montos
globales de estas tres receptorías entre 1786-1793 y 1802-1809 (donde la incidencia de los cambios administrativos de que hablaremos en la nota siguiente
tuvo mucho menos peso), comprobamos altos porcentajes de crecimiento:
Ario 124º/o; Apatzingán 84°/o y Huetamo 67°/o.

�38

SigloXIX

Garavagló-Gro$$O: Análisis regional de la Nueva España borbónica

13. Las tres receptorías más importantes de la Administración Foránea de Valladolid son las siguientes:
Participación relativa de las tres receptorías principales: 1778-1809
1778/85

1802/09

Valladolid
Zamora
Pátzcuaro

35.60°/o
32.86°/o
16.65°,b

33.71°,b
15.27°/o
14.07°/o

resto

14.89°/o

36.95º/o

Como se puede apreciar, hay un incremento del papel de las receptorías menores, Y la caída de Zamora parece enonne, pero una parte no despreciable de esa
ca1da se debe a los desprendimientos administrativos que sufre la receptoría
cuando en 1784/1785 se separan algunos territorios hasta ese entonces sometidos a Zamora como Apatzingán, Ario y Huetamo; en 1796 se incorporaron a éstas tres otras 12 subreceptorías, también segregadas de Zamora. En 1795 lar~
caudación de Zamora fue de 44 719 pesos y en 1796 se redujo a 26 645 pesos
(AGNM-Indif. RH, Resúmenes Anuales, año 1796 y Libro Real de Alcabalas de
Zamora). Pero, hay que señalar que al hecho administrativo se habrían sumado
otros de diversa índole. Luis González subraya la crisis de la ganadería mayor
zamorana en esos años (González y G., L., Zamora, Monografías Municipales
del Estado de Michoacán, Gobierno del Estado de Michoacán, 1978, p. 63) y si
bien la producción agraria, según el indicador decimal gozaba de un momento
excepcional precisamente en la década del noventa, ello no incluía a la caña
de azúcar que se estaba desplazando hacia tierra caliente (González, L., op. cit.
Y Morin, C., Michoacán en la Nueva E$paña del Siglo XVDL Crecúniento y de$igualdad en una economía colonial, FCE, México, 1979, pp. 120-121).
14. Claude Morin en su excelente lfüro Michoacán en la Nueva España. •• , transcribe una serie sobre el "rendimiento de las alcabalas de Michoacán" que tiene un
serio error: mientras que para los primeros años de la serie maneja cifras correspondientes a la cabecera de la Intendencia, para los últimos años los datos ser~
fieren a toda la administración foránea. .. y entonces el autor af"rrma que " ... el
valor de los intercambios de Michoacán se triplica entre 1794 y 1809... "(ver
op. cit., pp. 150-151). Como hemos dicho en repetidas ocasiones, la utilidad de
esta fuente es enorme, pero debe usarse con un máximo de cuidado pues la casuística es realmente interminable.
15. No se puede dudar que Valladolid tuvo un desempeño particularmente destacable hasta fines del período que estamos analizando. La prueba más evidente de
ello son sus diezmos, comparados con los de los restantes obispados. El obispado
de Michoacán y el de Durango fueron los obispados que más crecieron entre
1771 Y 1810. En el caso de Durango, incluso,elcrecimientodebióhabersido mayor, pues desde los años ochenta se Je restan las cabeceras decimales que formarían el obispado de Sonora. También hay crecimiento sostenido en Puebla
(aquí habría que '·culpar" por ello a las cabeceras decimales veracruzanas, como
veremos mas adelante) y en Oaxaca. México y Guadalajara, después de un p~
ríodo de gran crecimiento entre 1771/76 y 1784/89 se estancan en los años
1806/10. Por supuesto que un tipo de indicador corno este debe ser usado con
muchísimo cuidado por las casi infinitas variantes regionales y locales que enci1&gt;
rran cada uno de los territorios cubiertos por los diversos obispados. De todos

39

modos creemos que la impresión sobre el crecimiento de Valladolid sigue siendo
válida. El cuadro 10 del apéndice nos da los datos sobre los promedios anuales
de los diezmos de los seis obispados más importantes de Nueva España para tres
períodos plurianuales entre 1771 y 1810.
16. Klein, H. S. "La economía de la Nueva España, 1680-1809: un análisis a partir
de las Cajas Reales", Historia Mexicana (en prensa),
17. El Real de Catorce está esperando un trabajo que Je haga justicia; algunas referencias en Brading. D. A., Mineros y comerciantes en el México Borbónico
(1763-1810), FCE,México, 1975, pp. 265-268.
18. Dice Fernández de Echeverría, hablando de las ferias de Xalapa instituidas desde
los años veinte del siglo XVID: " ... aq~i (en Puebla) se hacia la provision que
hay el día de hoy en los territorios de Orizaba,_ Jalapa y otros mas inmediatos
a la costa... ". Ver: Historia de la Fundación de la ciudad de Puebla de los Angeles, Ediciones Altiplano, Puebla, 1962, I, p. 297.
19. El libro de A. Medina Rubio La Iglesia y la producción agrícola en Puebla, 15401795, El Colegio de México, 1983, es bastante confiable en los datos para los
siglos XVI y XVII, pero lamentablemente su serie para los años 1749-1795,
en pp. 164-170, posee muchos problemas (estos son particularmente notables en
las series de Atlixco y Cercanías de Puebla que son casi inservibles en el estado
que el autor las presenta). De todos modos, en términos generales y pese a que
Medina Rubio no discrimina en su serie entre Córdoba/Orizaba y el resto de los
predios decimales veracruzanos, sus datos confirman los nuestros, pues del quinquenio 1769/1773 Córdoba pasa del 10.5°/o del total poblano al 40.4°/o en
1779/1783 y alcanza el 25°/o en 1789/1793.
20. Las cifras de 1775 y 1783 en AGI-México 2576 y la que corresponde al año
1790 en AGNM-RH, Diezmos 20.
21. En efecto, en 1775, los primeros tres predios decimales eran Tepeaca con
53 178 pesos, Orizaba-Córdoba con 35 715 y Cholula con 35 565. En 1785
Orizaba ya ha pasado al primer lugar con una suma de 48 861 pesos, Tepeaca
cuenta con 48 280 y Tuxcala es el tercero con 38 756. En 1790 Orizaba tiene
84 771 pesos, Tepeaca 54 145 y Tlaxcala 42 630 (la serie de Cholula está incompleta, pues Je falta para este año nada menos que el rubro de los trigos).
22. Sobre el problema del incremento de los precios a fines del XVIII, véase Garner,
R., "Price Trends in Eighteenth-Century México", Hispanic American Historical
Review, 65 (2), 1985, pp. 279-325. Este autor confirma en líneas generales lo
que ya sabíamos acerca de este problema del incremento de los precios en esta
época gracias al estudio clásico de Enrique Florescano, Precios del maíz y crisis
agrícola$ en México {1708-1810), El Colegio de México, pp. 180-181 y el más
reciente de Eric Van Young Hacienda and market in eighteenth- century Mexico.
The rural economy of the Guadalajara región, 1675-1820, University ofCalifornia Press, Berkeley-Los Angeles, 1981, pp. 81-82.
23. Deans, S., "The Money Plant. The Royal Tobacco Monopoly of New Spain,
1765-1821", mimeo, 1982.

�40

Siglo XIX

Caravaglia-Crouo: Análisis regional de la Nueva Espaíía borbónica

24. Moreno Toscano, A., "Economía regional... ", cit.

1776-1780

ºto

25. Klein, H. S., "La economía de la Nueva España. .. ", cit

26. Chávez Orozco, L. y Aorescano, E., Agricultura e industria textil de Veracruz,
Universidad Veracruzana, Xalapa, 1965, p. 49.
17. Cuadro de la situación económica novohispana en 1788, Recopilación Y adver-

tencia de L. Chávez Orozco, Publicaciones de la Secretaría de la Economía
Nacional, México, 1934, p. 61 y ss.
28. Humboldt, A. de, Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España, Porrúa,
México, 1980, p. 284.

'•

19. Moreno Praginals, M., El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar,
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, I, pp. 39-62.
30. Humboldt, A. de, Ensayo político.•. , pp. 177,285 y 472480.
31. Chávez Orozc-0, L., y F1orescano, E., Agricultura••. , cit. p. 49.
32. Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones.• • provincias del centro.. • , cit.,
pp. 76-83.
33.- Archer, Ch., El ejército en el México Borbónico, 1760-1810, FCE, México,
1983; ver en especial, el capítulo V, pp. 141-176.
34. Chávez Orozco, L., y Florescano, E., Agricultura. . ., cit. p. 57.
35. Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones. • . provincias del centro. .•, cit.,
p. 83.
36. Los comerciantes de Sinaloa y Sonora habían logrado exitosamente oponerse a
la actitud de los arrendatarios de las alcabalas de Guadalajara que en diversas
oportunidades habían pretendido gravar los cargamentos que se dirigían a esas
provincias. Cuando en 1780 T. de Croix se hizo cargo de la Comandancia de las
Provincias Internas se puso en marcha una nueva política de impulso hacendístico tendiente a lograr de Sonora y de la Nueva Vizcaya los recursos suficientes
con que sostener las milicias provinciales. De acuerdo a esta política, Croix ordenó el cobro de las alcabalas adeudadas desde el 15 de agosto de 1777 y de allí
en más se hizo efectivo su cobro regular; en la zona meridional de Sinaloa, donde su cobro ya había sido introducido, elJ,orcentaje sería del 6°to; en los lugares
donde se la exigía por primera vez, el 4 /o y en aouellos territorios que aún padecían hostilidades el 2°/o. Sólo quedan exentos del pago de las alcabalas los
presidios y los lugares situados en un radio de diez leguas alrededor de estos. Cf.
Navarro García, L., Don José de Cálvez y la comandancia general de las provincias internas del norte de la Nueva España, Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1964, pp. 127-128 y 363-364.

Alamos (Sonora)
Arispe (Sonora)
Chihuahua (Durango)
Cienaguilla (Sonora)
Coahuila (SL PotosO
Cosalá (Sonora)
Culiacán (Sonora)
Horcasitas (Sonora)
Mazapil (Zacatecas)
Monterrey (SL PotosO
Saltillo (SL PotosO
San Antonio H. (Sonora)
Santander (SL PotosO
Sinaloa (Sonora)

41

1781-1790

1791-1809

ºto

ºto

4
2
2
2
2
4
4
4
4
2
2
4

4

4
4

5.33
4

4
2
2.33
2
2
4
4
4

5
2.33
2

4
2
2
2
2

4
4
4
4
2
2
4
2.66
4

Para más detalles sobre este aspecto de la política fiscal borbónica, véase nuestro
trabajo: "Estado borbónico y presión fiscal .. ", cit.
38.- Navarro García, l., Don José de Gálvez• .. , cit., pp. 205-212. Florescano, E.,
"Colonización, ocupación del suelo y 'frontera' en el norte de la Nueva España, 1521-1750", en Tierras nuevas, México, El Colegio de México, 1973, pp.
48-51; Voss, S. F., On the periphery of nineteenth century México. Sonora
and Sina/oa 1810-1877, The University of Arizona Press, Tucson, Arizona,
1982, pp. 19-20.
39. Radding de Murrieta, C., "The function of the market in changing economic
structures in the mission communities of Pimería Alta, 1768-1821 ., The Ame•
ricas, vol XXXIV (2), 1977, pp. 161-169; Voss, S. F., On the periphery. .. ,
cit., pp. 20-22; Navarro García, L., Don José de Gálvez.• •, cit., pp. 406-407.
40. Navarro García, L., Don José de Cá/vez. .. , cit, p. 417; Voss, S. F., On the
periphery. •. , cit., pp. 28-29; Humboldt, A. de, "Tablas geográficas del reino
de Nueva España. .. ", en Florescano, E. y Gil, l., Descripciones económicas ge•
nerales de la Nueva España, 1784-1817, INAH, México, 1973, p. 156.
41. Navarro García, L., Las provincias internas en el Siglo XIX, Escuela de Estudios
Hispano-Americanos de Sevilla, Sevilla, 1965, p. 6 y Voss, S. F., 0n the periphe•
ry. .., cit., p. 28.
42. Navarro García, L., Don José Gálvez.. •, cit., pp. 153-157 ; Voss, S. F., On the
periphery. •• , cit., p. 23 y Brading. D. A., Mineros y Comerciantes. •• cit., pp.
197-198.
43. Navarro García, L., Las provincia&amp; .., cit, pp. 4--9; Voss, S. F., On the periphe•
ry• ••• cit., pp. 23-29 y Brading, D. A., MinPJos y comerciantes. •., cit., p ..268;
Stagg, A., The Almadas and A/amos, 1783-1867, Tucson, 1978.
44. Navarro García, L., Las provincias. .. , cit., p. 11.

37 .- Las siguientes receptorías (entre paréntesis la Administración Foránea correspondiente) gozaron de porcentajes diferenciales:

45. Florescano E., "Colonización..., cit., pp. 55-56 y 67-72; Nakayama, A., Culia•
cán, Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, 1981, p. 24; Navarro García,

�42

SwloXIX

L., Las provincias• .., cit., pp. 10-11; el documento "Resultado general de las
noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", publicado en
Florescano, E. y Gil Sánchez, I., Descripcionu económicM regionales de la Nueva España. Provincias del Norte, 1790-1814, INAH, México, 1976, p. 146 Y
Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-lndif. RH.
46. "Resultado general de las noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz...", en Florescano, E. y Gil Sánchez, l., Descripciones económicas regionales. .. provincias del norte... , cit., pp. 145-146.

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva Espaiia borbónica

43

ticipación de productos importados relevante). De este modo, los datos del
cuadro expresan, como decimos en el texto, un 85.6º/o del total recaudado en
ese año y es por ello que, pese a las falencias de la fuente, afinnam os que estas
cifras son muy representativas; ver Resumen de Alcabalas, en AGNM-Indif.
RH. Por supuesto que todas estas cifras no toman en cuenta a los datos del casco de la capital y sus receptorías subalternas; a partir de los datos promedios de
los ~os 1791 y 1792 para la ciudad de México, podríamos calcular en un
35.5 1/o el porcentaje total de los efectos importados tomando en cuenta a las
alcabalas de la capital

47. Viveros, G., "Introducción" a J. Rafael GaJlardo Informe sobre Sinaloa y Sonora. Año de 1750, México, Archivo General de la Nación-Archivo Histórico de
Hacienda, 1975, pp. XX-XXVill; Navarro García, L., Las provincias. .., cit.,
p. 6 y Don /osé de Gálvez. .•, cit., pp. 112/129; Nakayama, A., Culíacán, cit.,
pp. 4-10 y del mismo autor Documentos para la historia de El Ro80Tio, Culiacán, Editorial Sinaloa, s/f, p. 8.

APF;NDICES

48. Viveros, G., "Introduoción", cit., p. XXVI.
49. Vidargas del Moral, J. D., "Un caso de contrabando en Sonora y su repercusión
en los Consulados de comercio deNueva España", en VII Simposio de Historia
de Sonora, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad de Sonora, Hermosillo, 1982, pp. 147-163. En su infonne, ya citado, "Resultado general de las
noticias que pide el real Tribunal del Consulado de Veracruz... ", Alejo Gaxcía
Conde anotó: "Contrabandos... En estos últimos años pueden haber sido considerables, porque los puertos están despoblados, abiertos y sin defensa, no hay
guardacosta y los ingleses y angloamericanos se han presentado varias veces en
ellos, siendo imposfüle el remediar que abran comercio clandestino con los habitantes de estas provincias no obstante que sobre el particular se han tomado muchas providencias y se ha contenido el exceso en lo posible, pero aquellos extranjeros como no ven la oposición de un sólo canon entran y salen con desverguenza", op. cit., p. 146.
50. Navarro García, L., Las provincias.. •, cit., p. 12.
51. Klein, H. S., "La economía de la Nueva España. .. ", cit.
52. Consultar, entre otros estudios y fuentes: Hadley, P. L.. Minerfa y Sociedad
en el centro minero de Santa Eulalia, Chihuahua (1709-1750), FCE, México,
1979; Alatriste, O., Desarrollo de la Industria Minera de Hidalgo del Parral durante la segunda mitad del #glo XVOI (1765-1810), UNAM, México, 1983.
Cano fuentes, véanse: el informe de los administradores de alcabalas de las
receptorías de Durango y Chihuahua de 1788, en AGNM-Alcabalas, volumen
617; "Lista o noticia de las jurisdicciones o partidos de la compresión de la
provincia de Nueva Vizcaya. .. ", de Bernardo Bonavía (1803), Florescano,
E. y Gil Sánchez. l., Descripciones económicas regionales. .. provincias del
norte•.., cit., pp. 85-96; Humboldt, A. de, Eruayo político. .., cit., pp. 186190 y Ward, G. H.,México en 1827, FCE, México, 1981, pp. 624-643.
53. Hay que aclarar el procedimiento utilizado. Tenemos datos para 81 receptorías
sobre un total de 94 existentes en toda la Nueva España ese año. La recaudación
de estas 81 receptorías representan un 90.3°/o del total novohispano, pero, hemos preferido restar las cifras de las receptorías donde los rubros de viento e
igualas son dominantes (aquí las igualas pueden esconder un porcentaje de par-

CUADRO I

MONTOS GLOBALES PARA LAS 12 ADMINISTRACIONES
FORANEAS: 1778-1809

Guadalajara
Puebla
México
Guanajuato
SL Potosí
Veracruz
Valladolid
Durango
Zacatecas
Oaxaca
Sonora
Yucatán

1778-1785

1786-1793

1794-1801

1802-1809

37 501 958
41102 820
35 247 712
31 266 741
19 125 960
16 692 612
16 628 425
14 388 987
16 312 834
16 429 008
1772062
2 610 287

38 722 350
35 858 733
31398208
26 555 308
20 215 005
15 196 241
19 261 808
16 634 002
12 890 012
13 709 542
5 278 779
1702217

40 887 249
45 169 415
40 641 165
30 179 499
26 422 487
22 180 782
22 600 232
22 872 256
18 497 066
17 086 749
8 614 533
1 868 705

53 824 764
43 509 132
41358432
33 494 399
32 556 924
26 060 016
23 682 432
21 120 700
18 045 408
16 807 249
10867250
1 324 383

Fuentes: Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-Indif.

�:t

CUADRO 2

(,:)

di:i'

o

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
VERACRUZ 1778-1809

Acayucán
Antigua*
Córdoba
Cosamaloapan
Orizaba
Tampico
Tuxtla
Xalapa
Totales

1778/1785

1786/1793

825 590

571 432

5 065 726
864 015
5 841 798
844 405
347 750
2 903 339
16 692 612

1794/1801

1802/1809

~

1778/1809

4435576
782 680
6 564 482
823 897
444 893
1 573 293

735 267
98 883
7 220 418
1430033
8 169 818
916 450
555 900
3 054 017

948 268
122 367
6 394 450
1 223 133
11 283 800
891 432
549 650
4 646 919

3 080 557
221 250
23 116 170
4 299 861
31 859 898
3 476 184
1 898 193
12 177 565

15 196 241

22 180 782

26 060 016

80 129 678

*Se abre como receptoría en 1 794.
Fuentes: Resúmenes de Alcabalas, varios años, en AGNM-lndif. RH

CUADRO 3

•

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
SONORA: 1778-1809
1778-1785
Alamos (1)
Arizpe (2)
Cienaguilla (3)
Cosalá (4)
Culiacán (5)
Rosario
SA Huerta (6)
SM Horcasitas (7)
Sinaloa (8)

822 550
57 400

892 112

~

{ª
is·

1786/1793

1794/1801

1 734 750
835 000

1 723 475
1334400

176 625
424 150
1441105
513 224
153 925

1 030 125
1 046 800
2 457 133
573 850
59 975
388 775

2 188 825
1 410 400
878 200
718 775
1 075 700
2 731 200
942 800
605 625
315 725

5 278 779

8 614 533

10 867 250

1802/1809

1778/1809
6 469 600
3 637 200
878 200
1 925 525
2 546 650
7 521 550
2 029 874
665 600
858 425

r
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ª-

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s-

~

"'
E

C&gt;'J

Totales
1)
2)
3)
4)

1 772 062

Se abre como receptoría en 1781
ldem en 1785
idem en 1804
ídem en 1792

5)
6)
7)
8)

Idem en 1791
idem en 1789
idem en 1801
ídem en 1790

26 532 625

~
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::,,
e,

~
8:
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g·
Fuentes: AGNM~ Indif. RH

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&lt;:J\

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~

CUADRO 4

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
VALLADOLID: 1778-1809
1778/1785

1802/1809

418 480
933 750
286 947
1 690 654
2 474 223
881 210
6 319 557
657 709
5 599 278

632 933
1 771 365
475 183
2 906 683
3 365 184
755 034
7 157 833
1 138 300
4 397 716

772 252
2 093 999
480 416
3 197 017
3 333 265
911 000
7 985 500
1290517
3 618 466

1 868 928
4 922 489
1 301 058
9 074 487
11 941 859
3 350 252
27 383 403
3 250 126
19 080 294

16 628 425

19 261 808

22 600 232

23 682 432

82 172 898

1)
2)
3)
4)

~

1778/1809

Apatzingan (1) ,
45 263
Ario (2)
123 375
Huetamo (3)
58 512
1280133
Marav/Zitac (4)
Pátzcuaro
2 769 187
Tlalpujahua
803 008
Valladolid
5 920 513
Xiquilpan (5)
163 600
5 464 834
Zamora
Totales

•

1794/1801

1786/1793

en
~-s-

siderando a la dupla Maravatío/Zitácuaro como

Se abre como receptoría en 1785
ídem en 1785
idem en 1784
Maravatío se desprende en 1806 y se constituye en
receptoría independiente, pese a lo cual seguimos con-

una s6la receptoría.
5) Se abre como receptoría en 1784

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

CUADRO 5

MONTOS GLOBALES DE LAS TRANSACCIONES REGIDAS POR LAS ALCABALAS
DURANGO: 1778-1809

f

&lt;!!..
is·

~

~

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is,

Chihuahua
Durango
Totales

~

1778/1785

1786/1793

1794/1801

1802/1809

1778/1809

!.;•

10 653 357
3 735 630

12 715 698
3 918 304

14 849 650
8 022 600

15 894 600
5 226 100

54 113 305
20 902 634

i-a

14 388 987

16 634 002

22 872 250

21 120 700

.,

~

s-75 015 939

~

2

r

~·

~
8:
::,

g·

Fuentes: AGNM-Indif. RH.

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�48

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nu eva España borbónica

Siglo XIX

CUADRO 6

CUADRO 7

ALCABALAS DE LA RECEPTORJA DE CHIHUAHUA
1806/1809

NUEVA ESPARA: COMPOSICION DE LAS ALCABALAS
DE LAS 12 ADMINISTRACIONES.l 796

monto recaudado en ps.

...

Cabecera*
Parral*
Valle de San Bartolomé
Yndé del Oro*
Santiago Papasquiaro
Cuencamé*
Batopilas*
San Juan del Rt'o
Cosiguriachi*
Ciénaga de los Olivos
Santa Eulalia*
Basuchil
Valle de Carretas
Babonoyava
Santa Isabel
Cajurichi

56 339
24 467
17 059
14 777
14 275
13 978
9 903
9 182
7 167
2 318
658
317
310
63
36
28

porcentajes
33
14.3
10
8.6
8.4
8.2
5.8
5.4
4.2
1.3
0.4

castilla
º/o

china
º/o

tierra
º/o

viento
º/o

igualas
º/o

Guadalajara
Puebla
México
Guanajuato
SL Potosí
Veracruz
Valladolid
Durango
Zacatecas
Oaxaca
Sonora
Yucatán

32.32
29.72
15.09
26.28
22.99
16.58
21.86
44.51
27.87
35.73
s/d
34.08

1.93
0.47
1.35
2.06
2.15
0.16
0.58
1.56
8.67
0.39
s/d
0.00

24.62
17.27
29.54
30.88
22.83
67.46
14.35
34.41
25. 71
49.77
s/d
59.76

28.55
41.56
31.69
32.72
48.04
15.00
37.25
13.97
29.33
10.11
s/d
3.66

12.55
10.94
21. 75
8.03
3.74
0.80
25.93
5.52
8.39
3.97
s/d
2.46

Totales

26.74

1.95

30.22

30.59

10.40

Fuentes: Resúmen de Alcabalas, año 1 796, en AGNM-Indif. RH
,;

1

Total

170 877

*reales de minas

127 289

Fuentes: AGNM- Indif. RH

100

74.5

49

�50

...

Garavaglia-Grosso: Análisis regional de la Nueva España borbónica

SigloXIX

51

CUADRO 8

CUADRO 9

NUEVA ESPAAA: PARTICIPACION PORCENTUAL DE LOS
EFECTOS IMPORTADOS POR RECEPTORIAS 1796

DIEZMOS DE LAS CABECERAS DECIMALES CORRESPONDIENTES
A LAS JURISDICCIONES ALCABALATORJ.AS DE LA
ADMINISTRACION FORANEA DE DURANGO: 1760-1812
(PROMEDIOS ANUALES EN PESOS)

Sierra de Pinos (Zacatecas)
Durango (Durango)
Saltillo (SL Potos11
Tehuacán (Puebla)
Tepic (Guadalajara)
Monterrey (SL Potosi)
Tuxtla (Veracruz)
Zacatecas (Zacatecas)
Coahuila (SL Potosí)
Oaxaca (Oaxaca)

Fuentes: AGNM-Indif. RH

67.79
57.40
56.94
47.87
47.17
39.39
39.24
39.10
38.54
38.51

1774/1781

1796/1800

1806/1812

CHIHUAHUA
San Bartolomé
10 200
7 713
Chihuahua
Yndé del Oro
4 992
3 743
Cuencamé
San juan del Río
1 660
Santiago Papasquiaro
798
Batopilas

8 121
2 305
10 461
5 570
1 978
1 560

15 848
7 600
15 885
9 630
5 700
3 070
277

19 666
14123
22 756
16 241
7 811
3 808
313

Totales

29 106

29 995

58 010

84 718

10 158
7 815

7 961
10 853

15 383
14 641
125

27 289
22 756
198
1 680

18 033

18 814

30 149

51 923

1760/1764

DURANGO
Durango
Villa Nombre Dios
Gurisamey
Mezquital
Totales

Nota bene: hemos reagrupado a las cabeceras decimales de acuerdo a los
diversos suelos alcabalatorios de las dos receptorías duranguenses y es obvio
que éstas no son todas las cabeceras del obispado.

Fuentes: AGI-Guadalajara 549.

�52

SigloXIX

El Gran Norte Oriental y la Formación
del Mercado Nacional en México a finales
del Siglo XIX

CUADRO 10

NUEVA ESPA~A: PROMEDIOS ANUALES EN PESOS DE LOS
DlEZMOS DE LOS SEIS OBISPADOS MAS IMPORTANTES (1771-1810)

México
Puebla
Valladolid
Guadalajara
Durango
Oaxaca

1771/76

1784/89

1806/10

346 297
287 317
269 600
171 833
93 514
70 236

731 583
354 298
319 300
270 238
105 986
84 315

582 601
432 391
485 037
192 142
175 214
102517

Fuentes: Los datos de 1771/76 y 1784/89 fueron publicados por Enrique
Florescano en Origen y desarrollo de los problemas agrarios de México.
1500-1821, Era, México, 1981, p. 69; los de los años 1806/10 los hemos
tomado de la Memoria sobre el estado de la agricultura e industria de la
Repú,blica, que la Dirección General de estos ramos presenta al Gobierno
Supremo en cumplimiento del artículo 26 del Decreto Orgánico de 2 de
diciembre de 1842, México, Imprenta de J. M. Lara, 1843.

Mario Cerutti*

l.- Las últimas décadas del siglo X1X y los años inmediatamente anteriores a la Revolución ofrecieron en México -de manera paralela a su integración a una economía munilial hegemonizada por los países de gran avance
industrial- un triple y simultáneo fenómeno: a) la articulación y expansión de un mercado de características tendencialmente nacionales; b) el
rápido crecimiento de amplios núcleos burgueses que, con su inserción y
dominio ascendentes en el manejo de la producción, se estructuraban como una clase social diferenciada; c) la consolidación del estado nacional.
En este apretado trabajo se brindará una referencia sobre el primer
punto, con explícita mención al impacto que tuvo en el desenvolvimiento
del mercado nacional -y, a la vez, en la de grupos burguese&amp;- lo que hemos convenido en denominar el sistema del norte. Se conformaba, este
último, con un vasto territorio escasamente poblado que abarcaba siete
estados ubicados en el norte central y en el nort!' oriental: un extf'nso
ámbito económico regional que incluía porciones considerables de San
Luis Potosí, Zacatecas, Durango y Chihuahua, además de los estados de
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
La atalaya que nos permitió visualizar el funcionamiento de este espacio económico -más allá de barreras geográficas o de límites jurisdiccionale&amp;- y separarlo en el análisis del resto del país, fue el comportamiento y actividades de los segmentos burgueses que operaban desde
Monterrey. Una ciudad que lenta pero firmemente comenzó a convertirse -desde los años en que el cambio de la línea fronteriza y las políticas
de Santiago Vidaurri le otorgaron un status diferente- en uno de los centros fundamentales (si no al principal) de est!' ámbito regional. Asumiría

"'Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México).
Una versión previa de este trabajo fue publicada en Deslinde, 7, Universidad Autónoma de Nuevo León, enero-abril de 1984.

�54

Siglo XIX

entonces un papel que quedaría visiblemente ratificado desde 1890, al
arrancar su proceso de industrialización y al perfilarse como un nudo de
comunicaciones ferroviarias de la mayor importancia, tanto en el marco
del sistema del norte como a nivel nacional. 1

...

La perspectiva alcanzada, fincada en buena medida en lo que contienen documentos revisados en archivos locales, muestra que en este ancho
~pacio norteño se entretejió un movimiento económico global que emergio como uno de los fragmentos vertebrales del mercado nacional. Casi
nos atreveríamos a afirmar que el mercado interno que a finales de siglo
se encuentra en estructuración -aunque con limitaciones- no podría haber asumido características nítidas sin la concurrencia, vigorosa y múltiple, del sistema del norte. Su significación en el nacimiento y desarrollo
del capitalismo en México, empero, no parece haber sido evaluada aún con
toda precisión.
2.- Es menester aclarar desde ya que la noción de mercado que aquí instrumentamos no se restringe a señalar el consumo de la población que ingresa en los circuitos monetizados (visión que ha sido frecuente en estudios latinoamericanos hasta años recientes).
Atañe no sólo a que más mercancías recorran con mayor velocidad
espacios más extensos con la creciente intensificación de los intercambios. También supone la aparición de flujos masivos de fuerza de trabajo,
que en el período analizado se robustecieron con la quiebra parcial de los
mecanismos de rete.nción que los nuevos asalariados soportaban en las
zonas rurales y con el tendido de los ferrocarriles. Simultáneamente, y
esto fue muy perceptible desde la Reforma, tiende a incluir la mercantilización de la tierra: ya fuere la que se encontraba amortizada (en manos de
la iglesia, de comunidades indígenas o de municipios), o que era baldía o
bajo el control formal del Estado. Habrá que sumar, a lo mencionado, una
más compleja bifurcación de los capitales acumulados durante los tumultuosos años que precedieron a la afirmación de Porfirio Díaz en el poder:
su circulación, es decir la construcción pausada pero concreta de un mercado de capitales, fue dinamizada en primer lugar por casas mercantiles y
-hacia fines de siglo y sin que lo anterior quedase suprimido- se tomaria más efectiva por el establecimiento de una red bancaria que, al menos
en términos regionales, logró funcionar.
El fortalecimiento del poder central y su legislación modernizante,
así como la generosa red ferroviaria y de comunicaciones (telégrafos,
correos, teléfonos), implementados al terminar el siglo jugaron un rol
decisivo en la articulación del mercado nacional. Coadyuvaban a la VP.Z a

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

55

posibilitar cierta unificación relativa de los precios, aspecto que marchaba
a la par del crecimiento de la producción en gran escala y a su rápida diseminación más allá de límites comarcales, zonales e incluso regionales.
Y si, siguiendo esta línea, nos detenemos en la circulación estricta de
productos convertidos en mercancías, notamos que el mercado tendencialmente nacional que se va configurando desde mediados de la centuria se
fue ampliando horizontalmente por el aumento de la población integrada
a una economía en la que se aceleraban los intercambios. Se multiplicaron
los consumos de carácter masivo y no directamente productivo: vestidos,
alimentación y bebidas, artículos para higiene, elementos dedicados a la
construcción de viviendas, entre otros. Era un fenómeno que se percibía
con claridad en las áreas urbanas y en regiones o comarcas que tendían a
especializarse en producciones mercantiles, las que denotaban una firme
expansión demográfica alimentada principalmente por el arribo de trabajadores procedentes de otros puntos del país.
Pero es imprescindible recalcar que se incrementó, con mucho vigor,
otro tipo de consumo, cuya importancia era central en la confonnación y
-sobre todo- expansión del mercado interior: se trataba de un consumo
en profundidad, gestado por los innumerables abastecimientos que requería el propio proceso productivo, ya fuere -éste- capitalista o no totalmente capitalista. El intercambio, las compras y ventas entre productores,
entre empresas, la circulación de bienes destinados a ser insumidos en la
producción enriquecía notoriamenle el tráfico mercantil: hecho ligado, es
obvio, a la especialización y división social del trabajo, tanto entre unidades productivas como en el caso de comarcas o regiones. El algodón de La
Laguna, el carbón que se extraía en Coabuila, los metales -especialmente
hierro y acero- que lanzaban las grandes fundiciones asentadas en Monterrey (para citar casos insertos en el sistema del norte) son algunos ejemplos
del estímulo que el mercado receptaba por el intercambio ascendente entre
2
productores, entre empresas.
3.- La expansión de un mercado de dimensiones que apuntaba a lo nacional durante la segunda fracción del siglo XIX debe vincularse, inevitablemente, a procesos de acumulación originaria y de concentración de fortunas y bienes acaecidos en es~s tiempos, y que tuvieron como protagonistas
principales a los núcleos burgucs&lt;'.s en constitución.
De ambos movimientos surgirían con nítidez en los últimos veinte
años los mecanismos capitalistas de producción, o, en O&lt;) pocos casos, la
evidente sujeción al capital de importantes segmentos de la producción.
Un ejemplo contundente de la aparición acelerada del capitalismo como

�56

SigloXJ_X

sistema•productivo se dio en Monterrey, hacia 1890, tras varias décadas de
actividad burguesa destinada a la concentración de bienes y a la formación
de fortunas., Una muestra de las formidables transformaciones que arrastró
el dominio del capital sobre la producción, aun cuando las relaciones sociales no resultasen estrictamente capitalistas, fue Yucatán: territorio que,
desde la década de los setenta, se convirtió en una gigantesca plantación
henequenera.3
En términos de una geografía de los mercados, estas transformaciones
se vincularon a demandas gestadas en un doble contexto: por un lado, en
el espacio nacional, el que rigurosamente se definía por el funcionamiento
de ámbitos regionales de notorio dinamismo -como el sistema del norteunidos por el ferrocarril; por otro, en la economía mundial, en especial las
derivadas del desarrollo capitalistas de las naciones avanzadas. Y ucatán, sin
duda, creció estructuralmente conectado a mercados externos a México.
La zona lagunera, por su parte, fue u_n caso de desenvolvimiento exclusivamente orientado a demandas nacionales, provocadas por la industria textil.
Monterrey y sus plantas fabriles, a su vez, sería un ejemplo de crecimiento
ligado tanto al mercado interior como al internacional.

4.- El caso de Yucatán nos recuerda con contundencia cómo México -como la mayoría de los países latinoamericanoir se convirtió en un productor especializado de materias primas: respuesta a la división del trabajo que
desde el último tercio del siglo plantearon las economías de mayor desarrollo industrial.
Diversas zonas del territorio mexicano -y franjas del norte estuvieron
decididamente entre ellair iniciaron o incrementaron actividades de visible prosperidad para los grupos propietarios, en un movimiento que acompañó y pennitió la famosa estabilidad.porfiriana. De esta incorporación
regular y necesaria al mercado mundial, según diría Bujarin, devino la significación espectacular de la nueva minería (y su anexo inmediato, la metalurgia básica), del ya citado henequén, del café, del ixtle, de la expansión
en la cría de ganado y del aprovechamiento de sus pieles, así como la intensificación de la explotación maderera, la aparición de la producción
petrolífera y de ciertos frutos tropicales y semitropicalcs. Además, claro
está, de llevarse a escalas inusuales la antigua producción de minerales y
metales preciosos.
El cuadro del comercio exterior mexicano verifica el auge que se suscita a partir de los años 80. Sin olvidar la tendencia a la devaluación que
registraba la moneda nacional, no deja de ser impactante observar que los
valores en pesos de las exportaciones se duplican entre 1877 y 1888, se

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

57

vuelven a duplicar para 1897 y se aproximan a una nueva duplicación hacia 1906, en vísperas de una crisis que se sintió con vigor económica y socialmente (índice evidente, por lo tanto, de la significación acentuada que
las exportaciones mantenía en los ritmos internos).
Pero lo que interesa remarcar por ahora es que la especialización productiva que -por dicho auge exportador- tuvieron que asumir ciertos espacios de la geografía nacional, resultó decisiva en la configuración, integración y expansión del mercado interior.
Esas comarcas, zonas y regiones requerían para su propio y cotidiano
funcionamiento un conjunto de elementos: fuerza de trabajo, capitales,
tierras libremente abiertas a su utilización, un subsuelo sin trabas para su
apovechamiento rentable, insumos variados y masivos para nutrir los procesos productivos, ahasteómiento sistemático de las necesidades vitales de
sus trabajadores, una infraestructura de transportes y comunicaciones suficientemente densa.
Con ritmos de intensidad ascendente, una mercantilización en espiral
y demandas incrementadas, la especialización de esas áreas obligó a ,otras
especializaciones, las tornó rentables. Pero, ahora, vinculadas al propio
mercado interno. Y que llegaron, en no pocos casos, a provocar sensibles
transformaciones tanto en las relaciones sociales como en la organización
del trabajo y en los instrumentos y medios de producción. La elaboración
del azúcar en Morelos, las alteraciones y fortalecimiento de la manufactura textil en estados del Centro, las industrias liviana e intermedia que en
Monterrey prosperan desde 1890 (sumándose al tronco fundfil.[lental que
fue la industria pesada), el desenvolvimiento de las ya mencionadas producciones de algodón y carbón, las maderas de Chihuahua y Nuevo León;
el tabaco veracruzano, los cereales de El Bajío y Jaliseo, el pulque de los
estados de México e Hidalgo, las carnes y cueros provenientes del mismo
Jalisco y de la árida geografía norteña son datos que,cntre otros, tienen qui'
agregarse a este movimiento acelerado de espeeialización derivado de la
ampliación de las demandas internas~
5.- Se ha señalado oon frecuencia, y atinadamente, cuánta significación alcanzó en este proceso la red ferroviaria. El porfiriato se inaugura con poco más de 600 kilómetros de vías bajo concesión federal, y se despide con
casi 20 000.
En fuerte medida - y es lo que importa indicar aquí- esta teleraña de
rieles apuntó hacia el norte. Si en un momento inicial México pareció intentar las experiencias de otras naciones latinoamericanas, y llevó hacia su
puerto atlántico el primer camino de fierro (paso inevitable, en tanto el

�/

58

Siglo XIX

comercio exterior miraba preponderantemente hacia Europa), desde los 80
la proyección sería muy distinta. Es que sus expecta?vas ~e _comer~io_ exterior ofrecían una variante única en el continente: solo Mex1co tema Junto a alguna de sus fronteras a una de las más grandes ec_onomías ~el mundo
industrializado. La mirada hacia el extremo septentrional, hacia Estados
Unidos, no puede asombrar.
El sistema del norte se vería entonces rápida y febrilmente atravesado
por los ferrocarriles. Con tres llamativas consecuencias: una inter~te comunicación en su seno, una ligazón adecuada con el mercado nac10nal y
-muy particularmente- una conexión eficaz con el mercado norteamericano. Las dos grandes líneas -el Central y el Nacional- cruzaron este inmenso espacio en .su búsqueda de Estados Unidos. Otras dos destacadas
empresas se instalaron en el interior del sistema: el Internacional, que descendía desde Piedras Negras hacia Torreón -y se prolongaba hasta Durango- tras acercarse a Monterrey; y el Ferrocarril de Monterrey al Golfo, que
unificaba el Nacional con el Internacional y marchaba desde Monterrey
hacia el principal puerto marítimo del área, Tampico.
Un superficial vistazo al mapa ferroviario de principios de este siglo
destaca dos cosas: a) el sistema del norte absorbió una parte sustancial de
la red de transportes y -más importante aún- le permitió tener a su alcance el mercado de una de las más dinámicas potencias del mundo capitalista;
b) Monterrey, urbe que nos permitiremos recordar repetidamente en este
trabajo, era el punto de mayor concentración de vías en el sistema (y probablemente uno de los principales del país). Sólo Torreón se le acercaba en
este sentido, lo cual no hacía sino robustecer el peso de Monterrey en el
ancho mundo del norte: las relaciones entre las casas mercantiles y _los capitales regiomontanos con la comarca: lagunera ya eran más que múltiples
antes de que el ferrocarril llegase por esos rumbos y uniera (por varias líneas) a ambas ciudades.
La red se bifurcaba desde los caminos troncales y enlazaba las zonas
de mayor capacidad productiva y los centros urbanos preponderantes:
Chihuahua con Torreón; Torreón con Durango, Zacatecas y Monterrey;
Monterrey con Ciudad Victoria, San Luis Potosí y Tampico; San Luis con
Tampico. En fin: las zonas productoras de minerales, de carbón, de algo·
dón, de madera, trigo e ixtle, las ganaderas, se vieron atravesadas, entrecruzadas o tocadas por el camino de fierro. El arribo del ferrocarril provocó alteraciones fundamentales en no pocos lugares: sin dejar de recordar el
caso excepcional de Torreón, bueno es mencionar también el de la comarca citrícola de Nuevo León, que desde mediados de los 90 comenzó a abastecer d mercado del sur norteamericano mientras quedaban desplaiados
en tomo a Montemorelos y Linares cultivos más tradicionales (caña de
azúcar, maíz).

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

59

El sistema del norte se integraba por este medio a Estados Unidos a
través de cuatro puntos: El Paso, Piedras Negras, Nuevo Laredo y Matamoros. Tres de estos polos fronterizos tenían conexión directa con Monten-ey, que también podía unirse al cuarto (El Paso) vía Torreón.

6.- Como señaló y sistematizó hace tiempo Jorge Espinosa de los Reyes,
Estados Unidos pasó a jugar un papel preponderante en el conjunto del
comercio exterior mexicano hacia 1880: desplazó, con firmeza y nítidez
desde entonces, a los países europeos. De acuerdo con lo que indica Espinosa de los Reyes, en 1872-73 fluía hacia Estados Unidos el 36.1 % de
las exportaciones, mientras que Inglaterra y Francia recibían el 54.2%.
Para 1909-10, Estados Unidos absorbía el 75.7%, en tanto que los citados
estados del viejo continente adquirían el 15.7°/o. 6
Según los Anuarios Estad(sticos coordinados por el doctor Antonio
Peñafiel correspondientes a los años 1898-1901, ese panorama queda totalmente ratificado. En 1898, verhigracja,. Estados Unidos compró el
71.2% de los productos mexicanos exportados, y en 1901 rebasó el
80%. Muy atrás quedaba, ya, Inglaterra, que en 1901 no pasó del 9%.6
Si se alude a varios de los artículos que encabezaban o se situaban en
un rango muy significativo en el conjunto de las exportaciones, es factible
confeccionar el cuadro siguiente para 1898:

CUADRO I
0

artículo

café
henequén
mineral de plata
plata en pasta
plomo
cobre
ganado vacuno
ganado menor
pieles de chivo
pieles de res
ixtle en rama

/o exportado a

EEUU del total
72.5
98.9
89.9
81.8
83 .7
63.5
66.4
93.3
99.8
94.9
35.9

(FUENTE: Anuario estadístico de la República Mexicana. 1898, México,
Ministerio de Fomento, 1899).

�60

M. Cerotti: La formación del mercado nacional en México

SigloXIX

Y si se revisan las cifras que los anuarios de Peñafiel detallan para el
lapso que corrió entre mediados de 1887, en algunos casos, o mediados de
1888, en otros, hasta la mitad de 1894, se tendrá una idea precisa del giro
que ya venían protagonizando las exportaciones de México:

CUADROII

artículo
café
henequén en rama
mineral de plata
plata en pasta
plomo
cobre
ganado vacuno
ganado menor
pieles de chivo
pieles de res
ixtle en rama

º/o exportado a
EEUU del total
92.9
92.2
80.9
72.7
97.4
8.1
90.7
97.9
98.9
88.1
71.5

(FUENTE: Anuario estadístico de la República Mexicana, 1896, México,
Ministerio de Fomento, 1897).

7.- Vinculado con eficacia por los grandes troncos ferroviarios, ubicado en
la inme_diata trastienda de las franjas más vigorosas del mercado estadounidense de la época (las que iban desde el pujante Texas hasta los grandes lagos y Nueva Inglaterra), dotado de una variada gama de recursos naturales
y partero de ávidos grupos burgueses que habían acumulado enormes for-

tunas y bienes durante las difíciles e inestables décadas previas a 1880
-Monte~re!, con toda seguridad, es uno de los ejemplos más verificables
de esto ult1mo-, no puede sorprender que el sistema del norte se convirtiera en u~o de_los grandes proveedores de la vecina potencia. Posibilidad que
se ~ntia estimulada por el arribo del capital extranjero, por las políticas
que implementaba el poder central y por la identificación creciente que se
daba en~e los gobernadores - delegados que dirigían los estados y los grupos dommantes. El general Bernardo Reyes, que tuvo a su cargo el ejecutivo en Nue~o León c:15i rermanentemente entre 1885 y 1909, aparece
como una figura paradigmatica en este sentido.

61

Así como la historia del desenvolvimiento que transitó Sonora por estos años no puede entenderse sin tener en cuenta la costa occidental de
Estados Unidos (según lo comprueban investigaciones recientes), el análisis del desarrollo y de las transformaciones económicas del sistema del
norte resultaría absolutamente incompleto si no se dibuja el enorme peso
que asumieron las relaciones con aquel país: se emplazó como una inmensa área adherida al mercado de más espectacular crecimiento en el mundo
capitalista.
En primer término, la minería. Pero sólo en primer término, porque el
impacto fue más generoso. y, sin duda, dinamizó múltiples actividades que
a su vez -y reiteramos esto- generaron un amplio movimiento ligado al
mercado interior.

CUADRO III

estado
1.- Chihuahua

2.- Durango
3.4.5.6.7 .8.9.10.-

Sonora
Sinaloa
Zacatecas
Hidalgo
Coahuila
Guanajuato
San Luis Potosí
Baja California

valor de la producción minera
(1897-1900)
$ 42 723 406

38947909
26 441 398
24 876 783
23 007 077
22 089 652
19 805 374
18 665 219
15 492 843
13 898 693

Total 10 estados más importantes

245 948 354

Total de producción nª-cional

279 998 227

Estados del sistema del norte

139 976 609

(FUENTE: Anuarios, de Antonio Peñafiel, años 1898 a 1901).
Como se observa en el cuadro ID, con datos de los años 1897 a 1900,
los principales estados mineros del sistema del norte (se exrluyen TamauJipas y Nuevo León) ~neraron al 50°/o de los valores de esta rama a nivel
nacional, y casi el 57% de lo que computaron los diez estados de vanguardia en la actividad.

�62

Siglo XIX

Sólo ~ntre Chihua~ua y Duran&amp;º' que se encon_trahan ~ la ~aheza en
los años citados, produ1eron el 30 1/o del total nacional. Si reVISalllos el
Anuario de 1901, por ejemplo, encontramos esto:

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

salía más de un tercio del plomo mexicano, además que estaban -largamente- a la cabeza en la producción de plata y sulfuro de plata.

*Durango fue el primer productor de minerales con contenidos de
oro-plata-plomo (casi el 70°/o del país).

WADROW

*Zacatecas y Chihuahua eran los principales en minerales de plata:
rebasaron conjuntamente el 51°lo del total.

valores de los metales
beneficiados (1897-1900)

estado.

*Zacatecas encabezó las cifras en minerales de plata-cobre.
*Cinco estados del sistema (Durango, Zacatecas, Coahuila, Chihuahua
y Nuevo León, en ese orden) generaban cerca del 90% de la producción
de minerales con plata-plomo.
*Nuevo León fue el más fuerte productor de minerales con plomo:
más del 960/o.
*Y junto con Coahuila, ese estado registró más del 92°/o en minerales
con plomo-fierro-plata.

8.- La existencia de ricos yacimientos -entre los que no debe olvidarse los
de carbón, requerido en grandes proporciones como combustible por tocemotoras y plantas de fundición-, el tendido de líneas troncales y com~mentarias de ferrocarril , las necesidades del mercado estadounidense (a las
que se sumarían con énfasis las demandas internas) y la sanción de leyes
.que protegían a la minería norteamericana, permitirían -en el sistema
del norte- el surgimiento de establecimientos dedicados a la fundición de
los minerales, a su transformaclpn en metales. Algunos de ellos, como sucedió en Monterrey, de dimensiones que estaban muy por arriba de lo que
se vefa en otras ramas de la industria fabril.
El cuadro IV destaca la gravitación de la gran metalurgia de Nuevo
León y de la que funcionaba en San Luis, y puntualiza que Durango y
Chihuahua y Zacatecas también mantenían una actividad remarcahle. Estos cinco estados, con Nuevo León-Monterrey al frente, registraron entre
1897 y 1900 más del 51 O/o de lo producido en México.
Estos números dicen que los estados del sistema del norte allí mencionados cubrían el 57°/o de la producción de los diez principales del país,
que Nuevo León. brindaba el 23°/o del total nacional, y que junto con San
Luis alcanzaba el 31.6 °/o. De las grandes plantas fundidoras de Monterrey

63

1.-

Nuevo León

$ 68 948 271

2.- Aguascalien tes
3.4.5.6.-

7.8.9.10.-

30 000 862
25 503 284
23 022 454
21 435 647
20 554 406
20 073 877
19 200 405
18 969 882
18 961 405

San Luis Potosí
Sonora
Hidalgo
Baja California
Durango
Sinaloa
Chihuahua
Zacatecas

Total 10 estados más importantes

266 670 493

Total producción nacional

298 225 978

Estados del sistema del norte

152 456 719

(FUENTE: Anuario, de Antonio Peñafiel, de 1898 a 1901).

9.- El estar a la cabeza de las producciones de minerales y metales, tan solo, deja constancia de la significación global de este espacio del territorio
mexicano. Retener ese dato coadyuva, sin duda, a esclarecer el inipacto
que sobre el conjunto de la economía nacional mantuvo el sistema a finales de siglo.
La preeminencia global de las actividades minero-metalúrgicas se desen el cuadro que sigue, en el que se sintetizan las exportaciones
registradas entre 1887 y 1897, con exclusión de la plata acuñada. Están
incluidos todos los rubros que en ese lapso superaron los diez millones de
pesos.

tac:1

1

1

�64

SigloXIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

CUADRÓ V
artículo
1.- plata en pasta

2.3.4.5.6.7 .8.9.10.11.12.-

minerales de plata
café
henequén en rama
plomo argentífero
oro en pasta
cobre
pieles de chivo
plomo
maderas tintóreas
sulfuro de plata
plata mixta (con oro)

exportaciones (1887-1897)
$ 119 270 077

91 765 186
73 936 599
71 201 054
18 859 404
18276961
18 193 617
12 485 342
12 445 140
11605 409
10 799 020
10 538 916

(FUENTE: Anuario estadútico de la República Mexicana. 1897, México,
Ministerio de Fomento, 1898).

Pero en el gran norte-oriental había otras cosas para exportar. Al margen de las pieles de. chivo, que figuran en el octavo lugar del cuadro que se
acaba de ver, en la tabla de comercio exterior encontramos artículos de
evidente importancia: entre 1887 y 1897 se vendió ganado vacuno por valor de 8 849 868 de pesos; pieles de res por 6 933 191; ixtle en rama por
más de seis millones. Como ya se ha mencionado, de todos estos productos
el principal comprador era Estados Unidos.
El impacto que desde estas actividades se dio sobre el conjunto de la
economía nacional no resulta difícil de imaginar. De la multiplicación de
demandas que se crearon surgieron nuevas producciones, o se ampliaron algunas que ya existían: el sistema del norte participó, con amplitud, en esta
alimentación interior.
10.- Aunque la producción destinada a la exportación resultó un elemento
fundamental en el desarrollo del capital y del capitalismo durante el porfiriato, de ninguna manera puede sostenerse que el resto del funcionamiento
de la estructura económica era marginal, apenas complementario.
El dinamismo, los entrelazamientos y mutuos incentivos que generaban el acentuamiento de los procesos de acumulación originaria, la apari-

65

ción y veloz crecimiento de numerosos núcleos burgueses, el rápido y hábil traslado de fortunas y bienes a la producción subsumida al capital o
abiertamente capitalista, el arribo sistemático del capital extranjero, el tendido de los ferrocarriles y de otros medios de comunicación y las modificaciones jurídicas que desde el aparato estatal acompañaban todos estos
fenómenos, propiciaron en el México finisecular una serie de vigorosas demandas internas. La producción para el mercado interior, así, recibió buena parte de los esfuer.ws empresariales, debió absorber una posición significativa de los capitales invertidos y seguramente generó ganancias suficientes para quienes proyectaban hacia este tipo de demandas sus labores productivas.
El nivel de estas demandas es constatahle por las cifras que recogieron

las estadísticas de la época. Aunque es muy probable que contengan ciertas imprecisiones, no dejan de mostrar tendencias nítidas.
El cuadro VI, centrado en productos agrícolas, evidencia cómo uno
de los rubros volcados en forma prácticamente total en el consumo interior
-el trigo-, marchaba a la par del henequén, que destacaba con amplitud,
por su lado, entre las exportaciones que no incluían la plata.
El algodón, a su vez, no parece quedar demasiado atrás del café, y
algo similar oourría con el azúcar. Significa esto que producciones exclusiva o preponderantemente volcadas al mercado interno (azúcar, algodón,
trigo), a un mercado que se iba articulando sobre la hase de la unificación
de diterentes ámbitos regionales antes no vinculados con la fluidez que trajo el ferrocarril, asumieron un peso no desdeñable en la economía mexicana de finalr,s de siglo. Esta conclusión es suficiente par-a justificar la profundización de las investigaciones sobre la formación, articulación y expansión del mercado nacional en el México decimonónico. Y muy particularmente en las décadas previas a la Revolución.

ll.- Parece visible que el sistema del norte participó con amplitud en este
movimiento interior, tanto como área generadora de mercancías como en
lo que atañe a la generación de demandas.
Con respecto a lo primero, bueno es recordar ejemplos como el del algodón. Su consumo creció verticalmente con la expansión que la renovada
industria textil tuvo desde los años 80. Hacia 1895 pasaba las 20 000 toneladas anuales, y para 1900 subía ya a 30 000. La zona lagunera (en Coahuila-Durango) comenzó a tultivar algodón en forma sistemática en los 70,
gracias -en buena medida- a las habilitaciones que los grandes comerciantes de Monterrey realizaban a los agricultores. En pocos años la Laguna
proveería casi las tres cuartas partes de toda la producción nacional, como

�66

Siglo XIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en Méxiro

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67

puede verae en el cuadro VII.

CUADRO VII
PRODUCCION DE ALGODON (en kilogramos)

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año
1893
1894
1895
1896
1897
1898
1899
1900
1901

total nacional

Coa.huila

Durango

Coah/Dgo

8 905 693 5 916 510 1 048 665 6 965 175
16 609 823 5 211 572 4 454 335 9 665 907
35612531 14935947 10724965 25660912
29 185 522 9 167 845 12 178 000 21 345 845
32 915 394 17 968 187 5 533 043 23 501 230
45 525 767 9 620 825 25 978 043 35 598 868
22487517 8601327 4847453 13448780
21 795 895 6 067 743 9 744 493 15 812 236
22 364 092 6 984 845 9 311 500 16 296 345

º/o del total
78.21
58.19
72.05
73.14
71.40
78.19
59.80
72.55
72.87

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(FUENTES: Anuarios, de Antonio Peñafiel, 1893-1902).

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.....

De este espacio norteño se extraería también el carbón ( con Coahuila
a la cabeza, que para 1905, según el gobtlrnador del Estado, generaba diez
mil toneladas diarias), cuya demanda fue sensiblemente multiplicada por
las locomotoras y los establecimientos de fundición. Su rentabilidad en
función del mercado interno supo ser captada por los grupos empresariales, entre los que no podían faltar los de Monterrey: en 1902 se fundó en
la capital nuevoleonesa la "Compañía Carbonífera de Monterrey SA", con
una inversión inicial de un millón de pesos (casi medio millón de dólares).
Su significación puede inferirse por los accionistas que tuvo, entre los que
no sólo había individuos, sino empresas: la "Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey"; la "Compañía Minera, Fundidora y Afinadora
Monterrey SA "; la "Cervecería Cuauhtémoc "; la "Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey" ; la "Ladrillera Unión", entre otras. En su conformación fusionó a la "Compañía Mexicana de Carbón de Piedra", que tenía entre sus principales miembros a Enrique C. Creel; componente poderosísimo del grupo Terrazas, de Chihuahua, gobernador de este Estado y
ministro de Porfirio Díaz en los años iniciales del siglo XX. 7
Del amplio ámbito norte-oriental que aquí analizamos muy brevemente salían volúmenes destacables de ganados vacuno y menor, pieles,
una fracción no desdeñable de trigo ( de la misma comarca lagunera) y manufacturas textiles ( de Coahuila, Durango y Nuevo León). Un insumo clave para las más diversas actividades era la madera. Pues bien: las cifras de
finales de siglo verifican la significación de Nuevo León en las maderas de

�68

SigloXJX

álamo, nogal y mezquite; de Coahuila con el huizache; de Chihuahua con
el cedro. Nuevo León, en tanlo, encabezaba los valores en corteza para
curtir, y siempre figuraba entre los primeros en piloncillo.
No puede cerrarse esta síntesis sin detallar que fue en estos años en
que comenzó el primer auge de la industria liviana asentada en Monterrey,
totalmente vinculada a las demandas del mercado interior: textiles de diferentes clases, sombreros, calzados y otros artículos de cuero, almidón, pan
y galletas, pastas alimenticias, harinas, vinagres y aceites, mantequilla, cerveza, licores varios, aguas gaseosas, hielo, chocolates y derivados, dulces,
cerillos, velas, jabones y cosméticos de diversa índole, perfumes, cigarros,
escobas, baúles, artefactos de cobre y hojalata para el hogar, camas y catres, libros y demá&lt;s impresos, materiales escolares, muebles caseros y para
oficina, mosaicos, cal y afines, carnes conservadas. E inclusive una industria de mayor complejidad, que también realizaba sus mercancías en el
mercado nacional: tubería de plomo, válvulas de bronce, ladrillos y piedras artificiales, productos refractarios, glicerina y antiselenitas, hormas y
artefactos de madera, carruajes, cortinas y persianas, aguarrás y alcoholes,
niquelado y dorado de metales, alambres y otros derivados del lúerro, cartuchos y armas, accesorios de cartón, cemento, botellas y derivados del
vidrio. 8
Pero el sistema del norte era, simultáneamente, un gran consumidor,
un notorio generador de demandas. Todo este conjunto productivo requería a su vez una alimentación constante: desde los trabajadores que fluían
de regiones de menor desarrollo relativo y se convertían en asalariados en
las minas y fábricas norteñas, hasta los centros mineros y agropecuarios
que necesitaban una serie de insumos para la propia producción, pasando
por las gigantescas solicitudes del sistema ferroviario (tan vastas que permitirían surgir, a principios de siglo, la más grande planta fundidora de fierro
y acero que por décadas existió en Latinoamérica, y que se instaló justamente en Monterr!!y).
Precisamente la industria pesada que se alzó en Monterrey sirve de
ejemplo en este punto: el desenvolvimiento del capitalismo y el ascenso del
donúnio del capital sobre la producción provocarían múltiples demandas
en el mercado nacional. En un trabajo anterior, en este sentido, hemos
puntualizado:
Los grandes establecimientos fundidores que se levantaban en
Monterrey coadyuvaron abiertamente a reactivar la producción
minera nacional, sobre todo en el norte de México. Las demandas
que gestaron incitaron a los más destacados componentes de la
burguesía local a trasladar fuertes capitales a este sector de la
producción, en un mismo movimiento con las persistentes inver-

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

69

siones que arribaban desde los países avanzados(... ). La "American Smelting" era propietaria y arrendataria de una densa cadena
de fundos (y) a mediados de la deéada primera del presente siglo
beneficiaba minerales auríferos, argentíferos, cobrllos y plomosos procedentes de casi todos los estados del país. En un año tan
temprano como 1896, la entonces "Gran Fundición Nacional"
informaba que en su planta de Monterrey había utilizado minerales por un valor superior a los tres millones de dólares. La "Compañía Minera, Fundidora y Afinadora", en 1896, realizó compras
por casi dos millones de dólares: la materia prima se había traído
de Coahuila, Nuevo León, San Luis y Durango.9
Una intensificada división del trabajo social se registraba en el norte-oriental de \itéxico, cimentando una de las claves para la formación y expansión
del mercado interior. Su minucioso estudio puede resultar fundamental para explicar aspectos importantes de la consolidación de los grupos burgueses, del capitalismo y del propio estado nacional.
12.- Los estados del extremo norte del país, junto con la península de Yucatán, fueron los más conmovidos por ese gigantesco movimiento de privatización de tierras que se tejió durante el porfiriato. Extensiones enormes
de terrenos públicos pasaron a manos de compañías e individuos, fueron
lanzados a la circulación mercantil y -en no pocos casos- comenzaron a
ser puestos en producción: la causa fue la vigencia efectiva de las leyes de
colonización.
En el sistema del norte este proceso afectó con vigor a Chihuahua,
Coahuila y Durango, mientras que en Tamaulipas, San Luis y Nuevo León
tuvo una repercusión menor.
Si se toman las cifras atinentes a los terrenos baldíos adjudicados por
denuncios ("conforme a las leyes del 22 de julio de 1863 y del 26 de marzo de 1894") se puede estructurar el cuadro VID, entre los años 1880 y
1899.

&amp; detecta que en esle lapso - las dos Meadas finales del siglo XXmás de la tercera parte de las tierras cedidas por denuncios (a precios bajísimos y en forma masiva) fue traspasada en los estados del sistema. En los
m?mentos ~n que la repercusión de esta política alcanzó uno de sus picos
mas soberbios -los años del presidente Manuel González- se llegó a comp~tar en el espaci~ nor:re-oriental del país casi el 70°/o de las tierras adjudicadas por esta via. Solo entre Coahuila y Chihuahua, en 1884 sumaron
casi 800 mil hectáreas.
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Poc otro lado, de todas las tierras enajenadas entre 1877 y 1910, en

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Siglo XIX

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

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Para que se observe cómo esta tarea colonizadora implicó no sólo la
transferencia a manos privadas de terrenos antes usufructuados por las trirus indígenas que corrían por el desierto, sino también el arranque de una
tarea concreta dirigida a la producción -plasmada en muchos casos- sintetizamos a continuación algunos párrafos del informe que el doctor
Chas Gresswel efectuó en 1891, tras una inspección de los terrenos "El
Burro" y "San José de las Piedras", de los qui' era dueño Naranjo. Gresswel, que había cumplido esta labor "a ruego y expensas de la 'Denver
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Nos atrevemos a recordar aquí, brevemente, que en el lapso en que
Manuel González fue mandatario se integró una compañía deslindadora
que contaba entre sus accionistas más destacados a dos jefes militares y
políticos de primer rango en el norte: los generales Gerónimo Treviñ.o y
Francisco Naranjo, ambos muy vinculados -incluso en cuestión de negocios- al presidente. De esta actividad empresarial -que se intensificó en
los 90, especialmente en el caso de Treviñ.o-, los dos hombres de armas
obtendrían centenares de miles de hect.áreas en el norte, sobre todo en el
occidente septentrional de Coahuila.

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estos estados se llegó a poco menos del 32°/o (6 629 448 hectáreas), y
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sistema. 10

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*El suelo (en áreas de Coahuila, MC) es muy fértil, y produce grandes cosechas de cereales, algodón y uva. La irrigación es necesaria
(en la mayoría de las) partes y los medios para tener el agua á las
tierras son faciles en muchos distritos. El pasto para los caballos,
reses, borregos y cabras es bueno. Las industrias á que se dedican
los habitantes son: cría de ganado vacuno, caballar, lanar y de pelo; agricultura, manufactura de efectos de lana y algodón; elaboración de vinos de uva, y últimamente á explotar el carbón.
*La calidad de la tierra en ambos lotes (los de Naranjo, MC) á propósito para ganado vacuno y caballar es la que está comprendida en
los valles de 'Salada Grande', de 'San Vicente' y de 'San José', en
el lote de San José de las Piedras, y en los valles de 'Guasalobo',
'Zorra' y 'el Burro', en el lote del Burro(... ) Haciendo un cálculo brusco hay como 350 leguas cuadradas ó sean 1 540 000 acres
(616 000 hectáreas, MC) de pasto para ganado vacuno y como
USO leguas ó 5 72 000 acres (casi 230 000 hectáreas) de pasto para
lanar y pelo ( . ..) El clima es todo lo que puede desearse y en
ninguna parte he visto lugar más á propósito para la cría de ganados.
*En la actualidad la demanda (de ganado vacuno) es considerable y

�72

SigloXIX

conforme el presente desarrollo de la industria ganadera en los Estados Unidos, es de esperarse que la demanda de ganado mexicano en la América crezca.
*Estimo que los productos de este negocio, después de deducir el
5 por ciento anual para mejoramiento de sus tierras y aguas... y
a la vuelta de cinco años, debe(n) calcularse en su mas baja estima en un 60 ó 75ºto al año del capital invertido en ganados. Este
es el cálculo que se hace también en el norte de México en esta
línea de negocios; pero con frecuencia resultan mayores ganancias cuando (hay) un buen manejo.
*Apenas es necesario aludir al gran valor que tiene el carbón de
piedra en México ...y a la cantidad comparativamente tan pequeña que se extrae en este País; y siendo notorio el hecho de que
México está obligado á importar de 4 á 5 millones de toneladas
anualmente, de Estados Unidos e Inglaterra, habla por sí mismo.
La demanda en el Norte de México crece por (el) establecimiento
de fundiciones, especialmente en Monterrey.
Gresswel estimaba que en el lote "San José de las Piedras" existían extensiones enormes con carbón de piedra. Sus indicaciones principales estaban
"en La Salada Grande y Salada Chica". Y más adelante recordaba la propiedad del general Treviño:
La Babia es el establecimiento central de la enorme propiedad del
Gral. Treviño y se compoQ.e de una buena residencia v numerosas
cas~ para los trabajadores y maquinaria. Como 200 hombres trabajan aquí para la mejora de esta propiedad, (lo) que se hace con
rapidez. Para establecer el lugar y fomentar la agricultura, se han
hecho trabajos de irrigación (y) presas... para pastos. También
hay cría de caballos y últimamente se explora el carbón. A 50 millas de esta propiedad están los terrenos del Gral. Naranjo. 11
La transferencia masiva de tierras formalmente del Estado a manos privadas contribuyó claramente a la estructuración de un mercado de tierras.
Este proceso coronó las políticas de desamortización que se venían cumpliendo sobre todo desde la reforma liberal, y que hahían afectado aterrenos eclesiásticos, de comunidades y municipales. En el extremo norte, de
baja densidad de población, limitada influencia de la iglesia y sin grupos
indígenas sedentarios, el impacto se dio con la transferencia de tierras
nacionales, que en no pocos casos comenzaron a generar productos destinados al mercado interior o al norteamericano.
13. En este movimiento global -tanto a nivel nacional como en el espacio
que estamos considerando- habrá que incluir someramente el de la pobla-

M. Cerotti: La fonnación del mercado nacional en México

73

ción.
Con excepción de San Luis Potosí y Zacatecas, en los que la sociedad
colonial había tenido gran arraigo, el resto de los estados del sistema llega
al siglo XIX con muy escasa densidad demográfica.
Cuando a finales de la centuria dehe ponerse en marcha todo el mecanismo productivo del que se han dado atgunos matices en este resumen, la
cuestión de la fuerza de trabajo será fundamental. Resultó obviamente importante, aquí, el papel del ferr~arril. Junto a salarios que solían ser más
altos que en otras zonas del país -lo que se observa con nítidez en Monterrey y, menos fuertemente, en los centros mineros del extremo septentrional- este medio de transporte facilitó claramente las migraciones internas.
L~ trahajadores podían llegar desde estados ajenos al sistema, o bien fluir
internamente desde las áreas de menor dinamismo y hacia las más activas:
la ciudad de Monterrey, por ejemplo, recibiría en estos años un fuerte volumen de migrantes provenientes de San Luis Potosí, Zacatecas, Tamaulipas y Coahuila, pero también de Guanajuato, Jalisco y Aguascalientcs. 12
Se conoce con bastante precisión de qué manera se intensificó la circulación de personas con el advenimiento del ferrocarril. Los de concesión
federal movían a fines de los 70, en México, unos 800 mil pasajeros. Pero en 1906 la cifra desbordó los 16 millones (es un incremento que, asimismo, se verifica en la carga transportada: recién en 1880 se pasó las
200 mil toneladas anuales; en 1905, en cambio los ferrocarriles federales
fletaron casi 15 millones de toneladas).13
Esto modificaría el cuadro demográfico nacional. Y dentro de los
ámbitos regionales efectivamente incentivados por la expansión de la producción, el comercio y los servicios, las diferencias internas quedarían definidas por el mayor o menor dinamismo de ciertas ciudades o comarcas.

Globalmente, el sistema del norte acompañó con cierta ventaja el crecimiento nacional. Pero, como se enumera en el cuadro IX, hubo estados
que saltaron dramáticamente en términos porcentuales entre la instalación
porfirista y la Revolución.
De acuerdo con estas cifras, la población mexicanan habría aumentado en un 59.9°/o entre 1877 y 1910, en tanto que la del sistema lo hizo en
un 70.3°/o. Pero internamente existieron fuertes diferencias, que mostrarían las dispares necesidades de flujo demográfico planteadas a finales de
siglo y en los albores de la caída de Díaz. Así, Coahuila elevó su población
en un 248°/o entre 1877 y 1910; Chihuahua la vio ascender en un 124%;

�74

Siglo XIX

M. Cerutti: La formaciim del mercado nacional en México

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Durango en un 153°/o; y Nuevo León, más moderadamente, en un
92.5°/o. Por el contr.u-io, para Zacatecas el incremento resultó mínimo
(15.5°/o), muy por debajo no sólo del sistema sino del nacional; y situación similar transitó San Luis Potosí: subió en un 19.5°/o.

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32 866
31 092

35 414
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12 103
25 900
31 763

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Si bien el crecimiento porcentual más elevado corresponde a Chihuahua (117°/o) en estos años -que constituyen buena parte de los de mayor
auge del porfiriato- , es Monterrey la urbe capitalina que aparece, con claridad, con un peso tendencialmente preponderante. No sólo porque se
incrementa con vigor el número de sus residentes (72%), porque es un foco permanente de atracción de fuerza de trabajo y porque deja atrás a
San Luis en 1900, sino porque pasa a ser la cuarta ciudad del país en 1910.
Además, Monterrey presenta otra particularidad: se toma hase casi exclusiva de la expansión demográfica de Nuevo León, cosa que no sucede tan
abiertamente con las restantes capitales en sus respectivos estados.

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El otro gran centro de veloz aglutinamiento humano en el sistema,
curiosamente, no era capital: Torreón. Su ascenso en este plano parece explicar los altibajos de Saltillo , urbe que quedó situada un poco al margen
de las comarcas de mayor dinamism·o en Coahuila, agrícolas y mineras.
Mientras que en los inicios del porfiriato vivían en tomo al rancho del
Torreón un par de cientos de personas, en 1900 había ya 13 845, y para
1910 estaba casi a la altura de Saltillo. Como la proyección no se frenó,
pese a la Revolución y sus efectos, en 1921 Torreón contaba con 50 902

�76

SigloXlX

habitantes, es decir 10 000 más que Saltillo. Fue sin duda el caso más espectacular, y a la vez el más mostrativo, de las modificaciones demográficas operadas en el sistema del norte. Sus causas estuvieron en la transformación de Torreón en un nudo ferroviario de primer orden, en que en su
derredor inmediato prosperaron las producciones de algodón y trigo, y en
las vinculaciones que brotaron con las áreas mineras próximas, en medio
de un espacio que no era fácilmente abastecido por otras ciudades. Podría
decirse que Torreón simbolizó la expansión de la propia comarca lagunera:
un dato que ayuda a recordar que el norte no era sólo minería y grandes
extensiones rurales inexplotadas o mal utilizadas. 14
Pero es indudablemente cierto que la minería ocupaba un papel vertebral en todo este dinamismo. Por ello fue que en muchos casos las ciudades capitales no acompañaron el ribno de expansión poblacional que se
daba a nivel de los estados. Así, mientras que Coahuila aumentó su población entre 1895 y 1910 en un 50°/o, Saltillo lo hizo en un 32%. Mientras
que la del estado de Durango se incrementó en un 64°/o en esos años, su
ciudad capital lo hizo en un 20%. La ciudad de San Luis bajó en población, en tanto el estado aumentaba. Lo mismo sucedía con la ciudad de
Zacatecas y su entorno. Sólo Chihuahua y Monterrey presentaron una
tendencia distinta, que resultó mucho más marcada en la capital nuevoleonesa (tanto en términos absolutos como relativos). Fenómeno, este último, que se explica por el inicial auge de la industria fabril en la urbe regiomontana.
La minería y su prolongación, la gran metalurgia, concentrarían una
porción importante de la fuen:a de trabajo que arribaba al norte. Destacarían, inclusive, en el contexto nacional.

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

77

CUADRO XI
TRABAJADORES OCUPADOS EN LA MINERIA (1898-1900)
estado

1898

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Chihuahua
Durango
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Sinaloa
Sonora
Zacatecas

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4 852
7 652
13 000
3 434
3 483
3 989
3 210
4 982
8 090

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1901

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2 903
3 885
6 350
7 048
17 683
9 406
3 520
7 646
4411
4104
9 850

2 777
2 869
6 357
8 478
8 053
8 759
3 310
10 768
4 572
3 577
21 862

30 909

56 254

38 299

53 644

89 072

106 536

95 523

98 196

52.8

40.1

54.7

34.7

7 361
9 692
8 310
11 886
9 158
3 915

(FUENTE: Anuarios, de Antonio Peñafiel, 1898-1901)

*sin Tamaulipas

El cuadro XI enumera los trabajadores ocupados a fines de siglo en

la minería: se contabilizan los estados de más alta producción y se agrega Nuevo León, de mediana envergadura. Las estadísticas parecen mostrar debilidades (como las tan perceptibles o&amp;:ilaciones que aparecen en
casos determinados), pero de todos modos ayudan a detectar ciertos rasgos vertebrales.
Con estas advertencias, cl cuadro muestra que la fuen:a de trabajo
ocupada en el sistema del norte (en el que se.excluye Tamaulipas) rondaba
el cincuenta por ciento del total nacional. Si se suman esos cuatro años y
se extrae el porcentaje global se tendrá que en el norte se ocupó el 46 %
de la mano de obra empleada en la minería. Esta importante atracción de
brazos se percibió también en la metalurgia básica. En 1898, los estados
del sistema (con exclusión de Coahuila y Tamaulipas) requirieron el
35.5°/o de la fuen:a de trabajo del sector; en 1899 el Índice suhió a
42.1%, y en 1900 la demanda llegó al 34%.

ta

Pese a mostrar enormes zonas vacías, el norte-oriental evidenció en esfase del siglo XIX una notoria agilidad demográfica. Estudios que hemos

reaJizado sobre Monterrey verificarían que en este ámbito la circulación de
trabajadores jugó un papel clave en ese dinamismo, fenómeno que, por
otro lado, solía ser multiplicado por la constante migración de mexicanos
a Estados Unidos. El sistema del norte, muy probablemente, resultó uno
de los espacios en los que con mayor eficacia se plasmó un mercado de trabajadores libres, dato central para la construcción del mercado interno y
para el establecimiento del capitalismo como mecanismo productivo.

14.- Si se recuerda que a finales de siglo aparece en México un sistema bancario moderno, y se detalla que para esos años Chihuahua contaba con dos
bancos, el Minero (instalado en 1888) y el Comercial (1890); que en Monterrey funcionaban otros dos, el de Nuevo León (1892) y el Mercantil

�78

Siglo XIX

(1899); y que también habían surgido estas casas en Zacatecas (1891),
San Luis Potosí (1897), Durango (1891) y Coahuila (1897), habrá que enumerar cntrt\ otros aspectos la neta in&lt;;orporación del norte oriental al
movimiento de capitales que estas instituciones permitían.15
De un total de 19 bancos que funcionaban en el país en 1899, 8 estaban en el área que nos ocupa (es decir, el 42°1o). Debe agregarse a ello
que el Banco Nacional dt&gt; México tenía sucul'Sales en Chihuahua, Durango, Monterrey, San Luis, Zacatecas y Tampico (6 sobre 14 a nivel nacional). Y que el Banco de Londres y México abrió para entonces filiales en
Lerdo, Monterrey y San Luis (3 de 10). Por otra parte, los bancos locales
se bifurcaron con rápidez. Un ejemplo contundente lo protagonizaron los
dos bancos con asiento en Montl'rrcy: con indiscutible eficaci.a montaron
una densa red de agencias, sucursales y corresponsales por todo el noreste,
además de establecer vínculos con otras áreas de México y con el exterior.
15.- Esta más que suscinta descripción -dado el amplísimo margen que
puede permitir una investigación de mayor minuciosidad- quizás resulte
suficiente para cubrir el objetivo básico de este trabajo: llamar la atención
sobre el impacto que debió tener en la constitución del mercado interno
este conjunto de estados que hemos agrupado bajo la denominación de
sistema del norte.

El dinamismo que ofreció estuvo conectado a las demandas del mercado norteamericano, por un lado; pero, también, a las necesidades, movimientos y transformaciones del propio mercado nacional.
El hecho -irrepetible en Latinoamérica- de encontarse en la puerta
de Estados Unidos significó un motor vertebral para ese dinamismo. La
frontera del norte emerge como un dato clave para entender el surgimiento y consolidación del capitalismo en el sistema y en México en general.
El mapa Ít·rroviario, la produc&lt;"iún minera, la nwtalurgia básica, la ganadPría r«'novada y m mayor 1'-Scala, la,; inversiones rstadounid«•ns«•s )' rrgional,•s:
todo ello comprueba con persistencia la importancia de este contacto.
Todo esto, empero, sería enmarcado y, simultáneamente, coadyuvaría
a las claras transformaciones que se operaban en México a finales de siglo.
La estructuración de un mercado nacional, con demandas propias, no fue
una de las menores, como tampoco es desdeñable el nacimiento y crecimiento de sectores burgueses tan relevantes como los que se instalaron en
Monl«·rr«·y. Aunqu«' las «·sladísti«·as 11lifü:adas no si«•mprr n·sullan ,·onfiabl«•s, no purdl' dudarsr t¡ur pn•sc•ntan l1•nrlN1cias llamativas, las q111· ~in
corroboradas, por otra parte, por los estudios que hemos realizado sobre la
aparición del empresariado en Monterrey.

M. Cerutti: La formación del mercado nacional en México

79

Un empleo más a fondo de fuentes directas, sobre todo regionales,
seguramente tenninará de esclarecer matices básicos de estos procesos forjadores del capitalismo y, en fuerte medida, del estado nacional mexicanos.

-

NOTAS

1.- Parte de la visión alcanzada en nuestras investigaciones desde Monterrey puede
encontrarse en Burguesw y capitalismo en Monterrey {1850-1910), México,

Claves Latinoamericanas, 1983.
2.- Un avance sobre el surgimiento de la industria pesada en Monterrey y la dinamización de un mercado multirregional lo hemos realizado en "División capitalista
de la producción, industrias y mercado interior. Un estudio regional: Monterrey
(1890-1910)", incluido en El siglo XIX en México: cinco procesos regionales,
México, Claves Latinoamericanas, 1985.
3.- Sobre el funcionamiento económico de Yucatán desde mediados de siglo y el
significado económico y social que asumió la producción de henequén, véase
Alejandra García Q., "La formación de la estructura económica de Yucatán,
1850-1915", infonne final, Mérida, 1983.
4.- Trabajos que brindan una idea enriquecedora sobre estos procesos son -entre

otros- los de Manuel Plana, respecto a la comarca lagunera; Mario Aldana Rendón, relativos a Jalisco; Domenico Sindico, en torno a Morelos; Héctor DíazPolanco, que se refiere al Bajío; Juan Felipe Leal y Mario Huacuja Rountree,
sobre las haciendas pulgueras de los estados de México e Hidalgo; Alejandra García Q., en Yucatán. Deben sumarse asimismo los que se desenvuelven en el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Puebla, en el
Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Veracruzana, los que
realizamos desde la Facultad de Fílosofía y Letras de la Universidad Autónoma
de Nuevo León, en Monterrey, y los de Mario Ramírez Rancaño sobre la industria textil. Una más amplia referencia biblio~ráfica ouede encontrarse en Cerutti,
"Contribuciones recientes y relevancia de la investigación regional sobre la segunda parte del siglo XIX en México", de próxima publicación.

5.- Jorge Espinosa de los Reyes, Relaciones económicas entre México y Estados
Unidos. 1870-1910, México, Nacional Financiera, 1951, p. 53.
6.- Anuario estadístico de la República Mexicana. 1898, México, Ministerio de Fomento, 1899. También, los Anuarios, de Antonio Peñafiel (así serán denominados en adelante) de 1899, I 900 y 1901.
7 .• La referencia a la producción carbonífera en Coahuila está en el Informe del
gobernador de ese estado, 15 de noviembre de I 905, p. 3. La escritura de constitución de la "Compañía Carbonífera de Monterrey, SA" en Archivo General
del Estado de Nuevo León (AGENL), protocolo de Francisco Pérez, diciembre
de 1902, fs. 191-214.
8.- Isidro Vizcaya Canales, Lus orígenes de la industrialización en Monterrey
(1867-1920), Monterrey, Librería Tecnológico SA. J971, pp. 74-87; Cerutti,
Burguesía y capitalismo, cit., pp. 107-130, y "División capitalista de la producción .. .'\ cit.

�80

EL CASO DE CORRIENTES

SJgloXIX

Mercado de Mercancías, Mercado
Monetario y Mercado de Capitales
en el Litoral Argentino de la primera
mitad del XIX 1

9.- Cerutti, "División capitalista de la producción... ", citado.
10.- Estadúticas Socialll$ del porfiriato, 1877-1910, México, Secretaría de E:conomía, 1956, p. 42, ofrece las cifras sobre las que se practicaron estos cálculos.
11.- AGENL, Documentación del general Francisco Naranjo, "Informe que rinde el
Dr. Chas Gresswel" tras una inspección hecha en mayo y junio de 1891 (traducido del inglés por Leopoldo Naranjo).

José Carlos Chiaramonte*

12.- Cerutti, Burgues(a y capitalismo, citado, pp. 137-169.
13.- Anuario Estadístico de los &amp;tados Unidos Mexicanos. 1939, México, Secretaría de la Economía Nacional. 1941, p. 516.
14.- Sobre La Laguna consúltese Manuel Plana, "El algodón y el riego en La Laguna:
la formación de la propiedad agraria en una región económica del norte de México durante el Porfiriato, 1877-1910", Nooo Americana, 4, 1981; y Plana, 11
regno del cotone in Messico. La strottura asroria de La Laguna (1855-1910),
Milán, Franco Angeli Editore, 1984. Las cifras demográficas sobre Torreón y
Saltillo de 1900, 1910 y 1921, en Anuario Estadístico, citado, p. 43, basadas en
los censos respectivos.
15.- Anuario. 1899, de Antonio Peñafiel, p. 63, brinda la referencia a los bancos existentes en ese momento.

Durante la mayor parte del período comprendido entre la crisis de 1820 y
la caída de Juan Manuel de Rosas, la provincia de Corrientes desempeñó
un destacado papel en los conflictos surgidos en tomo a las nuevas iniciativas de organización nacional, y sobresalió por su enconada oposición a la
política de la de Buenos Aires. Ciertos aspectos de su programa políticoeconómico dieron lugar a presumir un grado de desarrollo económico cercano, en alguna medida, al capitalismo.
Sin embargo, las características de esa economía provincial eran todavía sustancialmente tradicionales, rasgo que se observa tanto en su comercio interior y exterior como en las formas de movilizar recursos para actividades productivas: un limitado desarrollo de relaciones mercantiles y la
inexistencia de un sistema moderno de banca y crédito, son algunas de sus
principales características. En las páginas que siguen considerarnos ciertos
aspectos de su comercio y producción que corresponden a lo apuntado.

l.

COMERCIO INTERIOR Y EXTERIOR DE LA PROVINCIA

Agricultura y ganadería en pequeña escala, caza y pesca, en una región natural como la correspondiente a Corrientes, facilitaban la subsistencia de
gran parte de la población, con escasa necesidad de transacciones mercantiles. El cultivo doméstico de maíz, batata, mandioca, zapallos, cítricos y
otros vegetales, contribuía, junto a la leche de algunos vacunos, la pesca
en el amplio sistema hidrográfico provincial, la abundante caza de diver*Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos
Aires, Argentina. Este trabajo fue elaborado cuando el autor pertenecía al Instituto
de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue presentado como ponencia en las Vll Jornadas de Historia Económica Argentina (Rosario, octubre de 1985). Publicado previamente en Anuario, 12, Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, 1986.

�82

Siglo XIX

sas especies de aves y mamíferos, a resolver, en distinto grado, el problema de la alimentación en buena parte de la población rural. Los ovinos,
abundantes en la provincia, proporcionaban la lana que, como el algodón,
se utilizaba ampliamente en la producción doméstica textil. Recursos a los
que se sumaba la fácil provisión de cuero característica de la época.
La facilidad de la reproducción de ganado mayor y menor en la provincia era notable, al punto que, por ejemplo, a fines del período colonial,
el bajo precio de los equinos había impulsado a los hacendados a sacrifi•
carios sin utilización lucrativa. 2 Otro testimonio, de 1822, permite también inferir la relativa facilidad de la posesión de ganado, en este caso v-acuno:
Estas campañas -escribía el Alcalde provincial- principalmente
la de entre el Batel y Río Corrientes, se hallan llenas de tristes albergues y miserables tugurios cuyos moradores no alcanzo a concebir cómo pueden mantenerse, si no es del robo, y del pillaje.
Muchos no tienen una lechera y la mayor parte no alcanzan a
poseer díez.3
Como el alimento, también la vestimenta era por lo común de producción
doméstica: todos los tejidos, incluso ponchos, se hacen en las campañas,
escribe D'Orbigny, en telares de una sencillez difícil de creer. Cada familia
posee el suyo, en el que tejen mujeres e hijas. 4
El comercio interior

Las actividades mercantiles tenían, por lo tanto, persistentes línútes que
provenían de esa amplia vigencia de la producción doméstica. En la medida en que ellas fuesen necesarias, el trueque persistía como el recurso más
generalizado, tal como admirara en la misma capital provincial a uno de los
Robertson hacia 1815:
. . .no dejó de sorprenderme el oir los curiosos pregones de una
cantidad de rapazuelos congregados en mi puerta... Sal por velas,
gritaba uno. Tabaco por pan, chillaba otro. Yerba por huevos,
vociferaba un tercero. Tomates por azúcar, aullaba el cuarto. De
tal suerte, una docena de rapaces - varones y mujeres- ofrecían:
papas en cambio de almidón, leña en cambio de harina, cigarros
por jabón, verduras por azul de lavar, manteca por pimienta, chorizos por aceite, leche por vinagre y en este quid pro quo, cantidad de provisiones caseras culinarias en que pueden competir correntinos y correntinas para satisfacción de sus necesidades por
medio del trueque.5

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 83
Sin embargo, ciertas necesidades monetarias eran insalvables. Exigencias de
la vida social, como los servicios religiosos o el juego, y algunas compras
que no pudiese efectuarse por trueque, demandaban el uso de moneda en
6
cierta escala. Así, las cuentas de peones de un establecimiento rural, registran, junto a mercaderías de diversa naturaleza, la entrega de cortas cantidades de reales. 7
El mismo testimonio de los Robertson agrega a continuación del párrafo recién citado: "Debo decir que a tales gritos se añadían otros, proferidos por un mayor número de muchachos que anunciaban también variedad de artículos pero todos por 'plata ' ". La circulación monetaria era ló
gicamente mayor en la ciudad capital, pero la escasez de moneda de plata, que más adelante comentamos, afectaba las transacciones.
En este medio de crónica escasez monetaria, el trueque no era sólo un
recurso de los consumidores, pues también lo empleaban comerciantes y
productores para negocios de mayor monto, tales como ventas de ganado a
cambio de tabaco, o de mercancías importadas a cambio de productos ganaderos.8
Como especialización, el comercio era manejado por dos clases de
mercaderes. Una de ellas, la de los comerciantes legalmente autorizados de
la capital, villas y pueblos del interior de la provincia, quienes solían auxiliarse con el empleo de corredores, a los que proveían de mercaderías para
~tercambiar por los productos de especial demanda, tales como tabaco o
cueros. La otra, la de los propietarios rurales que comerciaban no sólo sus
productos, sino también los de su región, y reunían, entonces, las dos condiciones de productores y comerciantes.
Por prescripción constitucional estaban excluidos del comercio en el
interior de la provincia los extranjeros que no fuesen domiciliados -esto
es, los que ingresaran la suma de cuatro núl pesos como mÍnimo, o tuviesen un oficio o profesión útil y supiesen leer y escribir. Se les prohibía expresamente recorrer el interior y se les fijaba como único lugar de residencia la ciudad de Goya; autorización ampliada, en 1830, a los puertos de Bella Vista y Esquina. Se exceptuaban también los dueños de establecimientos agrarios que, según las reformas constitucionales de 1824, superasen un
valor mínimo de 2 000 pesos fuertes. 9
El comercio por medio de corredores, reglamentado por el estado provincial, poseía características comunes a las de toda Hispanoamérica colonial y post-colonial. Para el caso correntino, fueron descritas por los Robertson (1815) y por D'Orbigny (1826/27). La forma de comerciar en Corrientes - dicen los súbditos británicos- es la de habilitar a los productores

�84

SigloXJX

rurales con dinero o mercancías, entregadas a cuenta de futuros acopios de
frutos del país. Los rie~gos de una operación -que denominan "habilitaciones o créditos"- fundada en un convenio verbal obligaban, añaden, a
fijar precios muy por encima de los reales a las mercancías entregadas al
productor rural y pagar muy bajo las suyas. Este debía entregar luego al
comerciante, al precio previamente convenido, los frutos acopiados. Operaciones mercantiles que comprobaremos al describir las actividades de un
establecimiento rural.
Por su parte, D'Orbigny describe similares procedimientos en la producción de tabaco. ''Multitud de pequeños comerciantes recorren el campo, cuando se aproxima la temporada, ofreciendo sus mercaderías a los
agricultores". Estos las compran a crédito, debiendo pagarlas más adelante
con el tabaco. Los comerciantes venden sus mercaderías asegurándose
''un beneficio mínimo del ciento por ciento'' y las adelantan a los compradores según el mayor rendimiento que estimen de la futura cosecha.
"Varias veces - recuerda- asistí a tales transacciones sin moneda". El
comercian le
empieza por doblar el precio de su mercadería y conviene recibir
antes de que se haya establecido el precio de la cosecha del año,
por ejemplo, cada mazo de venta -es decir, de un calibre conocido en el país- a razón de un peso, o sea cinco francos, seguro de ganar bastante sobre el precio, pues vi comerciantes de esos que
vendían tabaco a doce reales, vale decir, siete francos con cincuenta el mazo, en el momento más favorable del mercado.
El tabaco se lleva luego a Corrientes en carretas y allá se vende a comerciantes mayoristas que lo expiden a Buenos Aircs. 10
Esta forma de vender hacía depender a los productores de los comerciantes, tanto respecto del precio de esos productos, como del de las mercancías que recibían en calidad de pago o anticipo. La succión del capital
comercial está presente en todos los niveles, hasta en el salario en especie
de los peones, como veremos enseguida. Sólo escapaban a esta situación de
usufructo de las actividades productivas por el capital comercial, aquellos
productores que por su disponibilidad de recursos y experiencia mercantil
podían establecer contacto directo con el ~ercado. Pero, en tal caso, el
productor era sobre todo un mercader, para el que la actividad de hacendado o agricultor consLiluÍa un complemento desu más decisiva función comercial.
La informaci~.l} más detallada que poseemos al respecto data de los
años 1838 y 1839. Es la contenida en la citada contabilidad de León

J.C. Chü:uamonte: Mercados en el Litoral argentino

85

Spalding, propietario de dos establecimientos rurales y de una tienda. Se
trata de las cuentas de dos propiedades cercanas al río Santa Lucía, no distantes de San Roque, y de una tienda en sociedad con un comerciante, en
la población de Bella Vista. Ellas indican un grado de desarrollo de actividades mercantiles mayor que el mostrado por otros casos en los que el productor rural realiza una función intermediaria entre los comerciantes que
los habilitan con mercancías y los consumidores residentes en su propiedad
y zonas vecinas -a la vez que pagan esas mercancías tanto con productos
suyos como con otros acopiados. Casos, éstos, como los descritos por los
Robertson: he visto con frecuencia, recuerda uno de ellos, a propietarios
rurales
...salir con seis u ocho mulas cargadas con nuestra mercancía en
dirección a sus estancias donde vendían al menudeo a peones y
vecinos, prendas de vestir, para volver después al frente de sus
carretas cargadas con cueros, a pagarnos con esos productos las
, comprad as. u
mercanc1as
Según los asientos de la contabilidad de Spalding, éste realizaba actividades
ganaderas y, aparentemente, también agrícolas (aunque no surge con claridad de sus cuentas, en el segundo caso, si lo vendido es cosecha suya o
fué acopiado). En cambio, la condición de acopiador es clara para parte de
esas ventas, tanto de productos ganaderos como agrícolas (maíz, batatas,
rrúel de caña, tabaco), mercancías que se transportaban por el río Santa
Lucía hasta Goya, y en ocasiones hasta Buenos Aires, en un lanchón de
su propiedad. Consta asimismo que en julio de 1833 se asoció en compañia
con un comerciante de Bella Vista, que le proveía de mercancías para vender a sus trabajadores y a pobladores del lugar. Amplió luego sus actividades mediante la compra de otra tienda, esta vez en Goya, en 1838, tienda
de una firma con la que tenía trato comercial anterior. La compañía con el
comerciante de Bella Vista estaba convenida "al partir por mitad de utilidades" al concluirse el negocio; negocio que tenía por objeto la venta de
un conjunto limitado de mercancías, inventariadas por un valor total de
1 252 pesos fuertes; sin perjuicio de su renovación, legal o de hecho, como
en este caso en que se vuelven a registrar otros envíos de mercancías posteriores a la primitiva fecha de extinción de la compañ fa_ Spalding paga a su
socio ya sea mediante remesas de metálico, ya de productos como ganado
en pie, tabaco o crin.
·
El com piejo de actividades mercantiles de Spalding incluía otras operaciones, menudas o grandes, características de la actividad del capital comercial en economías como la correntina. Por ejemplo, entrega de mercancías a un hermano, aparentemente estanciero, y recibo de ganado como
parle de pago (aunque también podría describirse la transacción como adelanto, en mercancías, de una parte del precio del ganado)- Adelanto, tam-

�86

Siglo XIX

bién, de mercancías o de pequeñas cantidades de metálico, tanto a peones
como a pobladores del establecimiento, y contabilización, como parte del
pago de la deuda, de cortas cantidades de maíz, batata u otros productos,
posteriormente inclutdos en alguna operación de venta de acopios.
Pero una de las operaciones más notables de esta contabilidad es un
pequeño y transitorio contrato con un vendedor "al partir por mitad de
utilidades". Este recibe de Spalding miel y huevos por valor de 89 pesos,
para vender -aparentemente correteando por la zona rural cercana, dado
que en los gastos figura el alquiler de bueyes y carro-, y entrega como devolución del capital, más utilidades, la suma de 253 pesos. Cantidad que,
restados 28 pesos de gastos, significó una utilidad a repartir de 136 pesos
fuertes. Para Spalding se trató de una inversión de 89 pesos y una utilidad
de 68;esto es, una ganancia del 76.4°/o.
Pero como esta operación deriva de otra, efectuada un mes antes, la
utilidad es en realidad mucho más notable: unos treinta días antes, al partir también de utilidades, Spalding había entregado a otra persona cuarenta
y un cabezas de ganado vacuno para ser vendidas a dos pesos cada una, y
con la condición de invertirse de inmediato el importe de esa venta en la
compra de tabaco y de miel, al precio fijado anticipadamente en el contrato, de 3 y 5 pesos por arroba, respectivamente. Como esta transacción es
inmediata anterior a la de miel y huevos, y fué asentada en el folio inmediato posterior, es claro que la miel comprada con la suma obtenida por la
venta del ganado fué la que se vendió luego a través del corredor. Esto permite una mayor aproximación a la utilidad real obtenida por Spalding,
dado que ha comprado la miel a 5 pesos la arroba, la entregó al socio-corredor a 7 pesos -precio que determina su integración del "capital" asentado en su libro-, quien la vendió luego con una nueva utilidad que hace
ascender el precio final de la miel --sumando los 7 pesos por arroba a lo
qw• resulta de lo ganado por Spalding- a 12,34 pesos por árroba. La difer!'ncia entn~ el precio pagado inicialmente -5 pesos por arroba- y el de
la venta final -12,34 pesos- significa un 1470/o de utilidad. Esto es, un
margen d,· ganancia enorme qui', en economías precapitalistas, es propio
di' la posición monopolista del mercado, y de su consiguiente dominio sobre la producción, qui' caracteriza al capital comercial. Esos márgenl's de
ganancia fueron conocidos por los Robertson en sus operaciones en Corrientes hacia 1815 y los observaría D'Orbigny una Meada más tarde.
Ellos denuncian los rasgos arcaicos de la economía correntina que volveremos a comprobar en las páginas que siguen.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 87
hierno provincial reglamentó la profesión de corredor entre otros motivos
por algo que ya había preocupado en tiempos coloniales: la necesidad de
reprimir actividades mercantiles clandestinas, calificadas de vagancia. Por
decreto de octubre de 1829, cuyos considerandos refieren los perjuicios
causados a los productores rurales por sujetos de dudosas condiciones que
actuaban como corredores, declara el cese de todos los existentes hasta el
momento. Y dispone que, de allí en adelante, los comerciantes que quisieran emplear corredores debían presentarlos a los jueces de policía y otorgarles una fianza. El funcionario, a su vez, proveería de un distintivo especial a dichos sujetos para ser utilizado durante sus operaciones. En los artículos finales del decreto se describen las actividades consideradas ilícitas
en relación a la compra-venta de cueros y crin, y las penas correspondientes. Pocos años después, la persistencia de los mismos problemas es alegada en los considerandos de otro decreto que prohibía el corretaje en la
campaña y centralizaba en las villas las operaciones mercantiles: el único
mercado de cada departamento será "su plaza respectiva ".13 No sabemos
si el decreto fué cumplido, pero la práctica de las habilitaciones continuó
y datos dispersos indican que los corredores continuaron en actividad.
En cuanto respecta al comercio urbano, observemos que, además del
ocasional en la ya descrita forma del trueque y de los vendedores ambulantes, existían negocios minoristas y mayoristas, de las tres variedades entonces habituales: pulperías -de "menudeo" exclusivamente-, tiendas y
almacenes. La reglamentación del impuesto de patentes las describe con
mayor precisión, al clasificarlas a los efectos che aplicarles la escala del impuesto. Las tiendas eran de tres clases; las que reunían en sí solas " .. .la
venta de efectos secos, caldos por mayor y menor, con comestibles u
otros artículos''; las que sólo vendían " ...efectos secos, caldos, por mayor,
armas, etc."; y las que solo vendían efectos secos. Los almacenes, de
una sola categoría impositiva, vendían caldos u otros efectos, por mayor
y menor, o so'l o por mayor. 14

Los registros del impuesto de patentes y los papeles de escribanías permiten comprobar que gran parte de los comercios minoristas y mayoristas
de las ciudades estaban en manos de los comerciantes que ejercían, también, el comercio exterior de la provincia. Pues, en realidad, las tiendas y
almacenes solían no ser otra cosa que locales, muchas veces transitorios,
en los que el comerciante introductor daba salida a sus mercancías.

El comercio exterior de la provincia

Las habilitaciones a los productores y el empleo de corredores no eran
exclusivos de la producción tabacalera y pecuaria. Se utilizaban para la
captación de todos los frutos del país de importancia mcrcantiJ12. El go-

La ubicación geográfica de la provincia había favorecido el desarrollo de
sus actividades mercantiles. Situada su capital sobre el Paraná, práctica-

�88

SigloXJX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

89

mente frente a la confluencia con el río Paraguay, unió a las posibilidades
que podía ofrecerle su zona de control político, las ventajas de su vecindad con el Paraguay y las buenas cualidades de su puerto para el calado de
las embarcaciones de la época. Asimismo, la red fluvial del interior de la
provincia, especialmente los ríos Corrientes -con sus afluentes Batel y
Batelito- y Santa Lucía, contribuyó a facilitar la salida de los "frutos del
país" hacia sus puertos exportadores.

el aguardiente cuyano- en el consumo de los habitantes de Corrientes. Las
mercaderías importadas, comentaba D'Orbigny

La ley de aduanas de enero de 1825 habilitó los puertos de Goya y
Esquina, además del de Corrientes, para el comercio exterior. El de Goya,
próximo a la desembocadura del Santa Lucía; y el de Esquina, junto a la
del río Corrienles. Unos meses después, en mayo del mismo año, se añadió
el puerto de la recientemente fundada población de Bella Vista, al norte
de Goya. 15

CUADRO l

El comercio por el río Uruguay, con los vecinos estados del Brasil y

el Uruguay, fué de casi imposible regulación dada la falta de control político de la provincia sobre su despoblada franja oriental, en la que sólo
existían los restoi; de algunos ex pueblos guaraníes que habían sido parte
de las misiones jesuíticas Recién en 1830 se efectuó un intento de controlar el tráfico por aquella zona mediante el establecimiento de dos rutas
obligatorias: una, por el paso de Itaquí y el camino a Curuzú Cuatiá. La
otra, por el paso de Los Higos y su respectivo camino a la misma ciudad
del sur correntino, en la que se había establecido una receptoría de renta
en 1821. Y en diciembre de 1830 se habilitaba el paso de Santa Ana, sobre
el Uruguay, para el comercio con las misiones orientales.16
Luego de los efectos destructivos de las luchas civiles que culminaron
en 1820, el comercio exterior de la provincia se habría de recuperar, aunque no en la medida que deseaban los correntinos. Para una evaluación de
ese comercio en el período que nos ocupa, sólo tenemos cifras a partir de
1825 (véase el cuadro 1). En una primer lectura, lo más llamativo de ese
cuadro es el continuo déficit de la balanza comercial, que constituyó una
de las raíces de los conflictos de Corrientes con Buenos Aires y de su política global del período. La expansión del comercio libre había penetrado también su economía al punto que las importaciones ultramarinas compon :an ya parte del consumo popular.
Los registros comerciales no permiten distinguir el origen, fuese rioplatense o ultramarino, de las mercancías importadas, como para lograr
una estimación discriminada de esas importaciones. Textiles ingleses y
franceses, y ferretería inglesa, sobre todo, así como artículos suntuarios de
diverso origen, figuraban junto a productos sudamericanos y de otras provincias rioplatenses - como el tabaco brasileño, los ponchos cordobeses o

consisten principalmente en paños ingleses y franceses, sobre todo
de estos últimos porque son muy baratos; en franelas de todos
colores, que sirven para hacer o forrar los ponchos o para fabricar
chiripás; en indianas, y particularmente en vestidos de muselina,
en bordados verdes o rojos, de producción inglesa; en sombreros
de lana, etc... 17

COMERCIO EXTERIOR DE LA PROVINCIA DE COlUUENTES
1825 - 1841 ( en pesos plata)
Año

hnportaciones

Exportaciones

1825
1826
1827
1828
1829
1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1841

357 624
391 074
385 411
196 801
626 448
462 934
349 008
426 243
407 147
394 953
540 279
399 967
502 511
308 640
96 779
387 991
397 076

172 232
258 322
286 879
206 550
411 203
241 967
322 287
332 325
374 832
334 733
455 809
435 387
350 183
213 088
64 221
202 987
314 175

Balanza
185 392
132 752
98 532
9 749
215 245
220 967
26 721
93 918
32 315
60 220
84470
35 420
152 328
95 552
32 558
185 004
82 901

FUENTES: años de 1827 y 1828, Registro Oficial de la Provincia de Corrientes (ROPC), II, págs. 219 y 333. El resto de los años, Archivo General
de la Provincia de Corrientes (APC), E. A. (se trata de planillas sueltas, con
el título "Estado General que manifiesta las entradas y salidas que ha habido en la Caja General y Receptorías de la Provincia, con distinción de ramos, capitales de importación y exportación en todo el año de... ", título que, con variantes de detalles, se mantiene a lo largo del período; las
planillas de cada año se encuentran intercaladas generalmente entre los expedientes administrativos de los primeros meses del año siguiente).

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�90

Siglo XIX

El consumo de las importaciones textiles era abundante hasta en las capas
populares. Así lo muestran las listas de mercancías enviadas desde los puertos a lugares del interior y aún las mismas cuentas de peones de los Q}encionados establecimientos tie Spalding: lienzo, bramantes, hilo, sarasa, hachas,
bayetas, pañuelos casimir, pañuelos de seda, chales casimir, figuran -las
cuatro mencionadas en primer término con frecuencia- en las cuentas de
sus peones, junto a tabaco, sal y otros productos de posible origen correntino y rioplatense. Importaciones ultramarinas, por ejemplo, enviadas de
Buenos Aires a Goya en 1833, incluían tijeras, cuchillos, estribos de metal,
agua de colonia, peines de marfil, papel té, peinetas, jabón americano, aceite, arroz, vinagre, vino Cartón, Málaga, fideos, muselinas, crisoles, limas y
alambres para plateros... 18
Sin llegar, entonces, a la situación subrayada por Parish para Buenos
Aires donde, según el diplomático inglés, salvo las bolas de potro y las boleadoras, el resto de lo que utilizaba el gaucho en su vida cotidiana era de
origen europeo, el consumo de productos importados estaba bastante extendido en la provincia de Corrientes. Contribuía a ello no sólo la falta o la
insuficiencia de la producción local, sino también el menor precio de algunas importaciones textiles con respecto a las producidas en la provincia:
. . .debe decirse -recuerda Mackinnon- que los vestidos, casi todos de fabricación regional, aunque comparativamente toscos, estaban hechos a mano muy acabadamente y, por lo tanto, eran
mucho más caros que las ropas femeninas europeas de la misma
calidad.19
En ese consumo de importaciones existen, evidentemente, productos que
podemos considerar de lujo, lujo modesto y esporádico, pero al que no
eran reacios los pobladores del Río de la Plata cuando disponían de algún
recurso. Aunque también en esto primaba la ventaja de la baratura de algunos productos importados. 20
En cuanto a las exportaciones, los rubros principales los constituían
los productos ganaderos -sobre todo los cueros sin curtir-, las maderas
y el tabaco. Y, asimismo, productos de similar origen que los anteriores
pero con cierto proceso de industrialización, como maderas trabajadas,
suelas y cigarros. Poseían también cierta consideración las exportaciones
de pieles de nutria, de troncos de palmera y cañas bambú, y de cítricos.
Los cuadros 2 y 3 ofrecen una aproximación al volumen de lo exportado por el puerto de la ciudad de Corrientes -que constituía alrededor de
un 60°/o del total del valor de las exportaciones de la provincia. Por las
características de la fuente utilizada -según se explica en las observaciones
de los cuadros-, carecemos de datos sobre la exportación de carretas y em-

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

91

barcaciones, así como de textiles u otros productos. 21
Sólo para una aproximación al valor de las exportaciones de cueros,
así como del conjunto de las exportaciones pecuarias, nos son útiles las
series elaboradas por Julio Broide, indicadoras de la tendencia general de
los precios de las exportaciones pecuarias de Buenos Aires. La gráfica l,
CUADRO 2

ADUANA DE LA CIUDAD DE CORRIENTES-EXPORTACIONES,
PRINCIPALES PRODUCTOS 1826 - 1841
PRODUCTOS VARIOS - CANTIDADES
Medidas: pieles de nutria en docenas, el resto en unidades.
Cueros Cueros
Cueros
vacunos equinos vacunos
Años Suelas curtidos curtidos (sin curtir)

1826
1827
1828
1829
1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1841

3 122
4626
5 594
4249
1 914
5 498
4480
4 901
6 098
9 104
5 934
3 423
2 225
1 725
2 679
6 707

326
267
137
129
328
459
400
174
211
416
484
223
64
567
640

722
365
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1 211
90
484
473
54
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519
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1 058
769
859
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4 819
18
4 164
17 203
9 208
21 703
22 238
18 924
22 115
22 931
34 183
32 824
11 617
55
21 962
26 697

Astas
11 060
5 400
6 425
5 143
11300
34 830
48 221
48 057
56 261
54 010
40 923
36 131
6 928
6 900

Pieles de
Nutrias

42
6 975
4 108
266
58
1 947
16 850
20 502
12 912
6 186
4 394
19 500
1 080

Naranjas

462 200
184 500
245 000
193 500
301 300
650 300
1 166 300
1 114 100
460 500
242 000
987 800
361 000
72 000
33 000
39 000

Observaciones: En las cantidades de cueros vacunos sin curtir hemos incluido una parte de las cantidades de cueros anotadas en los registros
de gtt"Ías sin especificación. Para ello, dividirnos esas cantidades en dos partes proporcionales a las cantidades de cueros vacunos y equinos de cada
año. . . En varias de las columnas se omiten pequeñas partidas de cueros
anotadas "en fardos".
FUENTES: Archivo General.de la Provincia de Corrientes, Toma de Razón
de Guías.

,,

�92 SigioXJX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

tomada de la serie de precios pecuarios en pesos oro de Broide, nos muestra la fuerte caída iniciada en 1835 y acentuada desde 1837.

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Contamos también con información relativa a los precios del cuero
rioplatense en el exterior, en Londres y en Hamburgo -de estos últimos
hemos calculado números índices (véanse cuadro 4 y gráfica 2). Ellos
muestran una tendencia declinante desde mediados de los años 1821-30,
cosa que constituye un trasfondo probablemente tanto o más decisivo
para los problemas de la economía correntina que los efeclos de la políLica bonaerense (es posible que la discordancia con la serie de Broide en
1838-40, se deba a la escasez del producto en Europa derivada del conflicto de Buenos Aires con Francia y el bloqueo francés del Río de la Pla-

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Las informaciones de diversas fuentes respecto del carácter lucrativo de la
producción agropecuaria, así como los cálculos respecto del valor de las
propiedades y de sus ganancias, no significan que existiese en Corrientes

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2. MERCADO Y PRODUCCION

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OBSERVACIONES A LOS CUADROS 2 Y 3
Los cuadros de las exportaciones de la Aduana de Corrientes son sólo una lejana
aproximación a este aspecto del comercio exterior correntino por sus varias limitaciones. Una. la que deriva de ser sólo lo exportado por el puerto de la capital -del
que sabemos, empero, que representaba aproximadamente el 60°/o del total de las
exportaciones de la provincia. Otra. que proviene del hecho de constituir el cómputo
de solamente las salidas por vía fluvial, debido a que las guías terrestres consignan como destino poblados tales como Gaya o Curuzú Cuatiá y dejan sin definir si se trata
de destino final o lugares de reexpedición para fuera de la provincia. Quedan así sin
registro productos que, como ganado en pie o carretas, tenían salida casi exclusivamente terrestre. Tampoco reflejan los cuadros la posib)e exportación de mercancías
exentas de derechos de aduanas; tales como los tejidos, mencionados como componentes de las exportaciones correntinas, cuya real magnitud hubiese sido útil conocer
por ser uno de los productos más afectados por la competencia no sólo ultramarina sino también rioplatense. Por último, los cuadros informan sólo de la cantidad de productos exportados y no del valor de los mismos.
Hay otros productos (sobre todo tabaco y cigarros, pero también sebo, grasa.
crin, yerba mate...) cuya variedad de unidades de medida - la mayoría de las cuales
no nos es posible convertir a alguna de las otras- no hace posible incluirlas en los cuadros; sobre todo porque muy pocas de esas medidas tienen registro constante. Por
ejemplo, las del tabaco son las siguientes: bolsa, bolsita, bulto, bultito, bocoy, cajón,
saco, barrica. arroba. petacón, barril, sobornal, petaca, rollo, fardito, petaconcito,
saquito. No hay, tampoco, alguna medida que predomine en forma tal que pudiera
hacer posible prescindir de las otras siquiera a manera de ilustración.

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GRAFICO No. 1

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NUMl•:ROS INDICES DEL NIVEL GENERAL DE PRECIOS
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1833

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lll'l.:'\OS ,\ IIU .S, l:'\STITUTO DE F.CONOMIA, FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMIC.\$, UNIVI. RSIDAD UF.
BCl.:'\OS \ IIU .S, 1951.

CUADR04
PRECIOS DEL CUERO "DE BUENOS AlRES" EN HAMBURGO, 1814-1845
Mios

1814
1815
1816
1817
1818
1819
1820
1821
1822
1823
1824
1825
1826
1827
1828
1829

Precios
(marcos)

Núm. índice

0.88
0.89
1.01
0.89
0.90
1.00
1.10
1.08
1.08
1.10
1.00
1.13
1.05
1.00
1.00
0.99

104.8
105.9
120.2
105.9
107.1
119.0
130.9
128.6
128.6
130.9
119.0
134.5
125.0
119.0
119.0
117.9

Afios
1

1830
1831
1832
1833
1834
1835
1836
1837
1838
1839
1840
1941
1842
1843
1844
1845

Precios
(marcos)
0.94
0.92
0.87
0.84
0.80
0.78
0.74
0.78
0.78
0.80
0.86
0.76
0.71
0.68
0.71
0.72

Núm. índice

119.8
109.5
103.6
100.0
95.2
92.9
88.1
92.9
92.9
95.2
102.4
90.5
84.5
80.9
84.5
85. 7

FUENTE: Jacobs, Alfred und Richter, Hans, Die Grosshandelpreise in Deustchland von 1792 bis 1934,
Berlín Hanseatische Verlaganstalt, Hamburgo, 1935, pág. 68.
Observación: En la serie de números índice, 1833 = 100.

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�96

un mercado de tierras generalizado. 23 Las noticias dispersas que se encuentran sobre el particular, más bien indican que la tierra entraba en circulación dentro de condiciones limitadas. En primer lugar, como es lógico, las
tierras con cierto mínimo de extensión, una adecuada ubicación respecto
de las posibilidades de transporte de los productos, y ciertas características
de aptitud para la explotación agropecuaria -terrenos no anegadizos, buenos pastos, zonas no expuestas a riesgos de bandidos o de incursiones de
indígenas-, entre otras.
Pero, junto a los testimonios de ventas de campos para explotación
pecuaria, agrícola o mixta, que se encuentran en los registros de escribanos y otras fuentes, consta la habitual ocupación de tierras sin operación
mercantil ni título legítimo. La abundancia de tierras públicas, por una
parte, y la de tierras de propiedad privada con explotación extensiva, unida
a las situaciones tradicionales semejantes al colonato, por otra, facilitaba
el asentamiento de la población sin título alguno. Los esfuerzos del gobierno para lograr la regularizacion de estos tipos de tenencia, aún llegando al
extremo de ofrecerla con bajos canones enfitéuticos y, en cierto momento,
gratuitamente sin otra obligación que los trámites administrativos para la
obtención de los títulos, fueron infructuosos. 24

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Así, la facilidad con que se reproducían la producción doméstica para

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autoconsumo y la pequeña producción mercantil conspiraba contra el
desarrollo del mercado de·tierras, como también del mercado de mano de
obra. Ambos mercados eran hipotéticamente libres. La tierra no estaba
vinculada a privilegio alguno, y la mano de obra -a excepción del corto
número de esclavos cuya participación en actividades productivas iba en
acelerado declive- carecía de lazos de sujeción personal.

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La tendencia fue a constreñir a la población al trabajo productivo,
especialmente en producciones mercantiles, y a facilitar un acceso a la

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En cuanto respecta a la tierra, el estado correntino iniciaría y llevaría adelante con tenacidad una política de afianzamiento de esa libertad e
igualdad de derechos -que establecía el reglamento constitucional de la
provincia-, por medio de una abundante legislación. Diversas leyes o decretos tendieron a facilitar los trámites administrativos y pagos necesarios
para la regularización de los títulos de propiedad, la legalización de la
ocupación productiva de tierras públicas, y el acceso de familias de escasos recursos, ya fuera a la propiedad, ya al usufructo en enfiteusis de la tierra pública. Mientras que, en cambio, respecto de la población trabajadora -o potencialmente tal-, desarrollaba una firme política de restricción
de su libertad de movimientos y de su posibilidad de subsistencia al margen de las formas legalizadas por el estado provincial.

97

J.C: Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

SigloXIX

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�98

Siglo XIX

tierra legalmente ordenado -cosa que, entre otros aspectos-- significaba
que todo lo que se hiciera fuese capaz de rendir ingresos al fisco.
Con respecto a la propiedad de la tierra, la respuesta de buena parte
de la población que debía haber estado interesada en regularizar su situación o en aprovechar las facilidades concedidas para convertirse en propietaria, muestra que, o bien juzgaba innecesarios tales procedimientos
dada la facilidad con que se podían ocupar gratis terrenos públicos o privados, o bien carecía del mínimo de recursos necesarios para llevarlos a

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

3.15°/o con respecto al lapso 1825-1830, mientras el promedio anual de
las exportaciones subió un 34°/o. El déficit de la balanza cayó entonces
un 54.6 °/o con respecto al primero de esos lapsos. Es claro que, pese a
todo, un promedio anual de déficit de alrededor de 63 763 pesos plata era
todavía un problema no despreciable, sobre todo si se tienen en cuenta
que el conjunto del comercio exterior, estimado por la suma de sus exportaciones e importaciones, subió apenas un 15.3°/o entre los dos lapsos
(véase cuadro 5).

cabo.

..

,

Dadas las reiteraciones de los ofrecimientos gubernamentales y las
sucesivas ampliaciones de los plazos establecidos, es posible partir del
juicio vertido en uno de esos documentos públicos, en el que se califica
esa actitud como ''apática e indiferente" respecto de una tal posibilidad
de asegurarse la propiedad de la tierra poseída. Y reintrepretar este texto
en el sentido de la primera de las dos hipótesis recién anotadas. Esto es, de
la falta de interés, sobre todo de quienes no eran productores mercantiles,
en el esfuerzo necesario para garantizar la propiedad de un bien relativamente abundante y cuyo usufructo era prácticamente gratuito.
Las limitaciones de los mercados de tierra y mano de obra se correspondían con las del mercado de dinero. Las dificultades de la economía
provincial y del fisco vinculadas a la creciente escasez de metálico contribuían a ello pues, como en todo el Río de la Plata, los tiempos posteriores a la independencia habían conocido un continuo flujo del metálico hacia el exterior.
El déficit de la balanza comercial y el problema monetario
La balanza comercial de Corrientes entre los años 1825 y 1838 sintetiza el
conjunto de problemas que condicionaron su política económica antes y

después del tratado de 1831. En primer lugar, si los datos de Mantilla para
alrededor de 1815 fuesen representativos del comercio exterior regular, las
importaciones y exportaciones de la provincia habrían descendido de
750 000 y 500 000 pesos plata, respectivamente, " antes de trastornar la
provincia el caudillo oriental", a lo que muestra nuestro cuadro 1. 25 En
segundo lugar, la magnitud del déficit daba a los correntinos una med~d~
de su pérdida de riquezas, identificada por ellos con la penuria de metalico que lo acompañaba.
Pero, al mismo tiempo, los años posteriores a 1830 muestran que esa
política económica había tenido efectos bastante destacados. Entre 1831
y 1838, las importaciones anuales aumentaron, en promedio, apenas un

99

CUADRO 5

BALANZA COMERCIAL, 1825-1841; PROMEDIOS ANUALES
a. Cifras de los promedios anuales

Período hnportaciones Exportaciones
1825-30
18!11-38

403 382
416 093

262 859
352 330

Suma hnportaciones
y Exportaciones
666 241
768 424

Balanza
140 523
63 763

b. Porcentajes de aumento o disminución del período 1831-38
con respecto a 1825-30.

+ 3.15°/o

+ 34.03°/o

+ 15.34°/o

-· 54.62º/o

FUENTES: Véase Cuadro l.

No estará de más agregar aqu~ como dato comparativo interesante,
que un cuadro del couiercio exterior de Mendoza, publicado en Buenos
Aires en 1835, muestra una situación inversa a la de Corrientes en los tres
años -1828, 1833 y 1834- que contiene esa infonnación. Importaciones
y exportaciones, que fueron en el primero de esos años de 590 389 y
227 740 pesos plata, respectivamente, habían descendido a 245 389 y
36 500 en 1833, y a 244 490 y 50 438 pesos plata, respectivamente en
1834. El déficit fue de 362 649, 209 395 y 194 052 en cada uno de esos
años. Déficit elevado, pese a la reducción conseguida, especialmente, merced a la disminución de las importaciones desde Chile.26
En cuanto a Corrientes, la disminución del déficit de la balanza es llamativa y podría haber sido un argumento de peso contra la observación
que El Lucero efectuara en 1831, si las cosas no hubiesen llegado a otro ni27
vel de exasperación. Además, aunque el déficit había disminuido notablemente, esto no satisfacía las expectativas que los hombres de negocios
correntinos y sus líderes políticos cultivaban respecto de las posibilidades
de la economía provincial. Por otra parte, a la lista de agravios de Buenos
Aires podían añadir las pérdidas sufridas en la venta de sus productos de

�100 Siglo XIX

exportación derivadas de Ja f.alta de contacto directo con el mercado exte. 28
nor.
Si el lento desarrollo de la economía de Corrientes limitaba el crecimiento de las rentas públicas, eJ casi permanente déficit de la balanza comercial añadía un grave problema: la escasez monetaria derivada de la
práctica habitual del comercio de cubrir con metálico el exceso de las importaciones sobre las exportaciones. Las disposiciones fiscales tendientes a
combatirla abarcan todo el período. Fundamentalmente, consistieron, por
una parte, en atacar el déficit de la balanza mediante una conjunción de
medidas que incluían el proteccionismo aduanero, el fomento de las actividades productivas y la incorporación al mercado de habitantes marginales a
e1. Y, por otra, en prohibir la extracción de oro y plata, así como de joyas
o monedas de esos metales. Estas prohibiciones, adoptadas en enero de
1825 y reiteradas en varias oportunidades, fueron refonadas por la obligación impuesta a los comerciantes (decreto de diciembre de 1826) de cubrir el valor de las importacionP-S con el importe de exportaciones de productos de la provincia. La medida del gobierno reglamentaba las formas de
cobro y pago de las mercancías introducidas en el territorio provincial y las
penalidades a los infractores. 29
Por otra parte, se establecían procedimientos relativos a las libranzas
para otras plazas, disponiendo la obligación de ser infonnadas al gobierno
a los efectos de conceder a éste prioridad para tomarlas en caso que nece. dos en otras provmc1as.
--aoLos
sitase girar contra fond os suyos depos1ta
considerandos del decreto, relativamente extensos, comenzaban con una
referencia adversa al papel moneda de Buenos Aires -que se quería, denunciaba, «introducir en los demás pueblos de la nación"- al que adjudica el
efecto de alterar las relaciones que existían en el comercio antes de su aparición
.. .las causas que obligaron a echar mano de aquel recurso -afirma con un criterio cuantitativista respecto de la moneda- obligan y obligarán siempre, a que la emisión del papel sea excesivamente preponderante sobre todos los artículos y mercaderías
cuyos valores entran en la circulación al estímulo del interés real
que busca el comercio, y en esta desproporción en que la mercadería moneda pierde el nivel que siempre procura con todos los
artículos de cambio, ella es forzoso que decaiga al último abatimiento, y por una contraria proporción adquieren los efectos de
valor real un precio, el más alto, y excesivamente extraordinario.
De allí se sigue la pérdida de la estimación pública por el papel moneda.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 101
Por otra parte, añadía el decreto, otra consecuencia nociva del papel era
la inevitable escasez y quizás total desaparición del metálico. De manera
que, considerando que la prohibición de extraer metálico, establecida en
enero de 1825, no surtió el efecto buscado, el gobierno se ve obligado a
prevenir los males que pudiesen sobrevenir, adoptando las medidas ya
comentadas.31
El decreto es en parte un recurso defensivo contra la depreciación del
papel moneda de Buenos Aires, comenzada en febrero de 1826 y agravada
en la segunda mitad del año. Proceso inflacionario que continuó hasta
1830, con una breve pausa durante el fugaz gobierno de Dorrego. 32 Esta
depreciación había tenido efectos inmediatos en Corrientes, al punto que
en julio y agosto de ese año dos comerciantes demandaron a colegas que
habían entregado libranzas pagaderas en Buenos Aires a cambio de sumas
de metálico recibidas en Corrientes. Los dos demandantes informaban que
el pago de las libranzas había sido hecho en papel moneda y no en metálico, con pérdidas sensibles para ellos, pues se había tomado el cambio oficial de diecisiete pesos papel
onza de oro, mientras ésta se cotizaba
en realidad a veintitrés pesos. 3

¡or

La escasez de metales preciosos no era nueva pero parece haberse
agravado al coinienzo del período que consideramos. Hemos visto que los
Rohertson describen con frecuencia el trueque en las compras al menudeo
pero también, junto a él, dan testimonio del uso de moneda de plata. En
cambio, hacia 1822 el gobernador Blanco debió solicitar autorizaci~n del
Cabildo -en funciones sustitutas del Congreso en receso- para enviar un
mensajero a Buenos Aires con dos mil pesos en onzas de oro a fin de cambiarlas por monedas de plata. El gobernador explicó que, pese a haber realizado las mayores diligencias en Corrientes, no había podido cambiar las
onzas debido a la escasez de plata, cosa que impedía el pago de las tropas y otros gastos indispensables. 34 Y, en mayo Je 1826 se intentó un
rudimentario papel moneda provincial, en una emisión cuyo monto alcanzaba a 3 000 pesos fuertes. Modesta cantidad que indica, en realidad,
la limitada pretensión de atender con estos billetes, más bien vales, el pago de ciertas obligaciones del estado, especialmente sueldos burocráticos
y militares, así como facilitarles a las familias de ese personal sus compras
menudas.

Los billetes, del valor de un peso fuerte, eran canjeables por onzas de
oro en la colecturía general cuando el portador reuniese los diecisiete pesos
fuertes papel equivalentes. El gobierno hacía obligatoria su aceptación en
mercados y en cual~er operac~ón comercial, así como ~os ~dmit~a en el
pago de impuestos. 5 Los considerandos del decreto atribu1an la mnovación a la extrema escasez de moneda de plata, que causaba quebrantos a la

T

�102

Siglo XIX

tropa y a las familias de todas las clases en el cambio de onzas de oro por
plata, aparentemente por el premio de la plata sobre el oro derivado de esa
escasez.
Pocos meses después de la emisión, a fines de octubre del mismo año,

el gobierno tuvo que retirar de la circulación el papel emitido porque " ...algún genio enemigo de todo orden físico y moral" había lanzado a la circulación billetes falsificados. Un año después, vuelve a lanzarse otra emisión,
por la misma suma. Esta vez, los billetes eran en parte del valor de un peso
de a ocho reales, como en la anterior, y en parte de dos reales. El decreto·
alude a la desaparición de la causa que obligó al retiro de la emisión anterior y a la subsistencia de los mismos problemas que la motivaron.36

...

Al rechazo del papel moneda de Buenos Aires, Corrientes añadió,
entonces, las medidas referidas a la existencia de metálico y a su disponibilidad, la limitada emisión de papel moneda convertible con una relación oro-plata-papel :fijada oficialmente, y la fiscalización de las libranzas
sobre otras provincias como parte de la obligación que impuso a los comerciantes de exportar por igual valor de lo importado.

No vuelve a tenerse noticia de otras emisiones. Sí de la persistencia de
la escasez de metálico, testimoniada por la referida reiteración de los controles sobre extracción de moneda o de metales, y por la introducción,
descubierta en enero de 1833, de moneda falsa de plata, del valor de dos
reales. Y, asimismo, por otra medida del gobierno provincial que, en 1835,
reglamentó la venta de joyas u otros objetos de metal precioso, imponiendo la intervención de la policía para convalidar las operaciones. 37
Sin embargo, algunos comentarios oficiales pueden permitir suponer
que las disposiciones legales relativas al comercio exterior y al fomento
de la producción tendieron a aliviarla por su sensible efecto, ya comentado, sobre el déficit de la balanza de comercio: cuando el gobierno de Buenos Aires solicita al de Corrientes hacer suya la prohibición de exportar
metálico, adoptada en 1837 en Buenos Aires cuando el conflicto con
Francia, el gobernador correntino le expresa a Rosas su satisfacción por ver
triunfar
...unos principios que el Gobierno de esta Provincia había adoptado desde mucho tiempo atrás para impedir la extracción de plata y oro y cortar anticipadamente los males que la codicia extranjera ha hecho sentir en otras partes.
Con evidente regocijo ante la oportunidad de desquitarse de las críticas recibidas de la prensa porteña por el rigor de la legislación local, el gobernador correntino señalaba que, fuese por la severidad de la ley o por su es-

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 103

tricta aplicación, " ...nunca han faltado los medios de cambio y circulación tan necesarios al comercio... ,,as De manera que, aún habida cuenta
de la probable exageración del gobernador, el efecto conjugado de las disposiciones legales que prohibían la salida del metálico, y de la reducción
del déficit de la balanza comercial, parecerían haber aliviado la escasez de
moneda.
En el agravamiento de la escasez de plata, a comienzos del período,
debe haber conc11rrido también un refuerzo de la tendencia a la tesaurización, derivada de la inseguridad vivida por la población correntina d11rante la ocupación de la provincia por tropas artiguistas y bajo la subsiguiente dominación del caudillo entrerriano Ramírez. D'Orbigny advertía
que en Corrientes el dinero "se echa a tierra", hábito que unido al déficit de la balanza comercial le hacían parecer razonables las medidas oficiales de prohibir la exportación del metálico. 39
No es de extrañar, entonces, que perdurase la extendida vigencia del
crédito, tanto en el comercio como en la producción, conocida ya desde
antes de la independencia. El trueque y el crédito eran modalidades de amplio predominio en la vida económica correntina, como ya tuvimos oportunidad de comprobarlo más arriba. Una fuente importante de crédito eran las
casas comerciales de Buenos Aires que enviaban mercancías y recibían letras de cambio, giradas contra otros comerciantes de Buenos Aires de quie- '
nes los correntinos eran acreedores por el envío de productos locales.
En el ámbito del comercio exterior de la provincia era común la letra
de cambio, cuya utilidad se acrecentaba, como es conocido, por la posibilidad de sucesivos endosos. Las letras de cambio pagaderas en Buenos Aires permitían facilitar las transacciones entre ambas plazas tanto a los mercaderes como al mismo estado correntino que, en su ya comentada resolución de diciembre .de 1826, se reservaba el privilegio de disponer de las libranzas efectuadas por aquellos mercaderes que debían docul'!1entar los
saldos negativos de sus balanzas individuales. 40
Por otra parte, ya lo señalamos, no existían en la provincia instituciones modernas de crédito y banca. Ni siquiera, casas mercantiles que tuviesen cierta especialización en algunos servicios de tipo bancario. Préstamos
en metálico se podían obtener, como era normal en este tipo de economía,
de parte de algunos mercaderes de fortuna, con garantía de hipotecas sobre
establecimientos rurales, al 6°/o de interés, y con plazos que variaban de
meses a años (algunos hasta cinco años, cosa posible por la hipoteca del inmueble). Pero, por la abundancia de registros en los inventarios de bienes
de los testamentos, se infiere que eran más frecuentes los préstamos en metálico de cortas cantidades.41

�104

Siglo XIX

Asimismo, una de las fonnas más difundidas para lograr capital, fuese
para el comercio o para la producción, comportaba también una variante
tradicional del crédito. Nos referimos a la conocida con el nombre de
habilitación, que ya describimos más arriba. El crédito podría ser en dinero
o en mercancías, caso este último más común por la comentada escasez de
moneda metálica. En caso de ser efectuada en dinero, consistía en lo que la
jurisprudencia designaba con el nombre de mutuo, una de las formas de
contratos reales. En caso de realizarse mediante la entrega de mercancías
poseía la naturaleza jurídica de una venta al fiado: esto es, una variante de
la compra venta, una de las formas de contratos consensuales. 42
Las habilitaciones se encuentran con frecuencia en las relaciones de
comerciantes mayoristas con sus colegas minoristas de las localidades del
interior de la provincia o con corredores que cumplían análogas funciones.
Pues, más allá de su estricta forma jurídica, cumplían la más compleja función, en las condiciones de esa economía pre-capitalista, de poner en marcha un mecanismo de succión de las producciones locales: el comerciante
lugareño habilitado por su colega de la capital o de algún otro puesto exportador de la provincia saldaba sus obligaciones así contraídas mediante
el envío de "frutos del país" de los que era acopiador natural por mérito
de sus conexiones mercantiles y de su disponibilidad de mercancías. En
este punto la inicial habilitación comercial daba lugar a otro tipo de habilitación: la del productor por el comerciante. Este entregaba mercancías,
habilitaba, al productor a condición de una futura entrega suya de sus
productos en forma de pago. Sustancialmente, las habilitaciones a los
productores configuran un fenómeno similar al conocido con el nombre
de trabajo a domicilio y utilizado en Europa desde la baja Edad Media por
los mercaderes para ampliar la producción industrial. 43
Otro procedimiento habitual de obtener o completar un capital, fuese
para operaciones comerciales o productivas, era la constitución de compañías, la antigua y difundida forma de sociedad mercantil que en Europa
surgió a fines de la Edad Media en sustitución de la commenda. Compañías de hecho o legalizadas ante escribano, familiares o no, se utilizaban
para múltiples fines. Los protocolos de escribanos registran la constitución,
o disolución, de diversas compañías, tanto para explotación de una tienda,
como para la de una estancia o la de una embarcación fluvial, entre otras.
Los compañeros podían aportar dinero o, más frecuentemente, mercane ías, en calidad de capital. Asimismo, caso también usual, uno aportaba
mercancías e instalaciones y otro su trabajo personal. Los contratos respectivos suelen incluir estipulaciones sobre otras obligaciones de cada
miembro de la compañía y sobre reparto de utilidades. En caso de omisiones, la legislación española aún vigente contemplaba normas precisas.44

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

105

Mediante este tipo de asociación mercantil se evitaban desembolsos monetarios, aprovechándose la disponibilidad de bienes por parte de unos -que,
dado el carácter frecuentemente aleatorio de las comunicaciones transoceánicas podía abarrotar de mercancías en los momentos menos esperados a cualquier comerciante- y la experiencia mercantil por parte de
otros.
Mientras el valor de la exportación no iguale al de la introducción,
no podrá el comerciante dar por concluído el negocio: será considerado como verdadero deudor, con arreglo al tenor y espíritu del
art. 2 y sufrirá los mandamientos de apremio prevenidos en el
art. 3.
Fae artículo 5o. del ya citado decreto de diciembre de 1826, con su in•
tento de aplicar en escala individual la doctrina de la balanza favorable
-medida empleada ya a fines de la Edad Media en Venecia-, traduce en la
fonna más aguda no solo la necesidad de mejorar la recaudación fiscal sino,
sobre todo, la urgencia del estado correntino en promover la mercantilización de la vida económica provincial: urgencia manifestada en otros ámbitos de su política económica, además del comercio exterior. Y revela, también, las mayores limitaciones para el desarrollo y transformación de esa
economía provincial: aquellas que provenían de la escasa magnitud del excedente capaz de ser comercializ11do.
Esas limitaciones se observan en la amplitud de la economía de subsistencia, en la frecuencia del trueque junto a esporádicas operaciones mone•
tarias, en la difusión de distintas formas de crédito tradicional para compensar la escasa circulación monetaria -desde las ventas con pagos diferidos hasta las habilitaciones, tanto para el comercio y producción del interior de la provincia, como para el comercio exterior.
Ese escaso desarrollo del mercado monetario corría parejo, señalamos,
con el limitado desarrollo de los mercados de tierras, mano de ohra y capitales. Habilitaciones y compañías, junto a la sociedad familiar tradicional, fueron procedimientos habituales para compensar aquellas caracterís•
licas mediante la reunión inmediata de medios de producción diversos:
mercancías y tierra, men:ancías y trabajo personal capacitado, esto mismo
Y tierra, entre otros, fueron frecuentes casos de poner en marcha empresas
comerciales, industriales, agropecuarias o navieras, sin desembolsos monetarios.
A través de estos procedimientos, un grupo mercantil antiguo, y aún
fuerte pese a las viscisitudes posteriores a la independencia, continuó
IL'!ufructuando las posibilidades de expansión mercantil de esa economía,
al par que intentaba desesperadas medidas de ruptura de sus limitaciones
en el plano de la poi ítica interprovincial rioplatense.

�106

Sig/Q XIX

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

-

cional, Río de Janeiro, Brasil, t. I 30, 26, 89. Este personaje, al que parece habérsele confiado la misión de ayudar al pueblo de Belén, en Paraguay, consulta si
dado el infeliz estado de la población de Belén, la podrá "fomentar y auxiliar"
con sus "propios intereses" para que sus habitantes puedan emprender algunos
trabajos útiles, " ...llevando una cuenta exacta -agrega- a fin de que se me pague con preferencia, como es debido a todo Habilitador... ".

NOTAS

1.- El texto de esta ponencia reúne varios fragmentos de un trabajo a publicar, cuyo título es Mercaderes del Litora~ la cuestión regional argentina en la primera
mitad del siglo XIX y el caso de la provincia de Corrientes. El autor agradece el
apoyo del Social Science Research Council para la investigación que hizo posible
ese trabajo.
2.- "Informe del Diputado por Corrientes, Dn. Isidoro Martínez Cires", Telégrafo
Mercan~ Rura~ Po/ítico-&amp;onómico e Hi$toriográf,co del Río de la Plata,
(1801-1802), Reimpr. Facsimilar por la Junta de Historia y Numismática Argentina, T. Vl, Año 1801, Buenos Aires, 1914, pág. 368 -número del 22/VIll/801.
3.- Informe del Alcalde Provincial, José J. de Goytía, al Gobernador Blanco, Batel,
19/ll/822, Archivo General de la Provincia de Corrientes, Documentación Hi$tórica, Años 1821 y 1822, Corrientes, 1928, pág. 156.
4.- A. D'Orbigny, Viaje a la América Meridional Tomo I, Buenos Aires, Futuro,
1945.
5.- J. P. y G. P. Robertson, Cartas de Sud-América, Primera Serie, Andanzas por el
Litoral Argentino (1815-1816), Buenos Aires, Emecé, 1950.
6.- Véanse los aranceles eclesiásticos para bautismos, casamientos, y entierros; Ley
del 22/V/827, Registro Oficial de la Provincia de Corrientes, t. ll. pág. 112.
7 .- Cuentas de León Spaldin&amp; Archivo General de la Provincia de Corrientes, Papeles de Particulares, Leg. Unico.
8.- Asiento de venta de 41 cabezas de ganado vacuno a cambio de tabaco y miel
(uno de los negocios por trueque asentados en las cuentas de Spalding), ldem,
Leg. cit., Correspondencia de José Cayetano Femández con José Fontenau,
septiembre de 1834 a noviembre de 1835 (pago de efectos diversos, parte en metálico y parte con productos ganaderos de San Antonio del Palmar, al comerciante residente en Corrientes), en "Fernández, José Cayetano, Concurso",
ldem, Expedientes Administrativos, Sec. Judicial. 1835, Leg. 83, Expdte. Civil
2253.
9.- Reglamento Provisorio Constitucional (1821), y Ley Constitucional (1824),
Regi$tro Oficial de la Provincia de Corrientes, t. I, págs. 25 y 247; Ley del
22/1/830, Id., t. 11, pág. 359.
10.- J. P. y G. P. Robertson, ob. cit., págs. 195 y sigts.; A. D'Orbigny, ob. cit.,
pág. 232. En la obra de Robertson se ilustra la situación privilegiada del habilitador frente al productor: los productores. .. "encontraban más cómodo llevar sus
pocos cueros a Goya que viajar con ellos a Corrientes. Nada sabían de números,
cuentas, medidas o pesas... "(pág. 178).
11.- J. P. y G, P. Robertson, ob. cit., pág. 249.
12.- A. D'Orbigny, ob. cit., págs. 158 y 321; J. P. y G. P: Robertson, ob. cit., pág.5.
195 y sigts; Decto. del 19/X/829, Reg. Of,cial. .., cit., t. ll pág. 344; Oficio de
Teófilo Yusi, Belén, 29/1/812, Col~o Visconde do Río Branco, Biblioteca Na-

107

13.· Dectos. del 19/X/829 y del 23NIII/833, Reg. Oficial. • ., cit., t. II. pág. 344, y
HI, pág. 191, respectivamente.
14.• Reg. Oficial. .., cit., t. I, pág. 35 7.
15.- Ley de arancel y reglamento general de aduanas, 26/1/825, ldem, ldem, pág.
3~4; Ley del 17/Vl/825 -habilitando el puerto de Bella Vista para las operaciones de carga y descarga-, ldem, ldem, pág. 375. La exclusividad de esos tres
puertos volvió a ser ratificada por decreto del 17/X.11/829 -Idem, t. II, pág. 328.
El puerto más importante, luego del de Corrientes, era el de Goya, sobre el que
explicaba D'Orbigny:"...Goya no creció realmente hasta 1812, porque, esperando que las leyes provinciales se sancionaran. ese lugar empezó por servir de
puerto a las mercaderías extranjeras y para la exportación de los numerosos product?s de estas comarcas, lo que determinó que, en 1823, se le diera el título
de ciudad Y fuera el segundo puerto de la provincia. El comercio es aJJ í tan libre
como en Corrientes. Gran número de comerciantes se establecieron para embarcar.los cueros_ del abundante ganado que cubre las orillas de los tres grandes ríos
vecinos Y debido a la concentración de los productos de los tabacales, en medio
de los bosques de palmeras yatais, que se extienden desde allí hasta Caacaty...
Todo anu~cia que Goya será muy importante por su comercio, siendo, por derecho, la saltda de todos los productos de las regiones australes de ese país tan ricas en establecimientos donde se cría ganado...Hay numerosos negoci¿s atendidos por extranjeros e indios... ". Ob. cit., pág. 3_47.

16.- Decto. del 30/VII/830 y Ley del Il/XTl/830, Reg. Oficial. .. , cit., t. II, págs.
393 y 381, respectivamente.
17.- A. D'Orbigny, ob cit., pág. 320. Del mismo autor: "Se fabrica en Córdoba la
mayoría de los ponchos de lana usados en Corrientes; son más o menos finos y
generaimente gnses con rayas rojas y azules. Hay también de otros colores y de
distintas telas. Los colores más usados son el azul, el rojo y el verde. Las mujeres
hacen en Corrientes ponchos de lana, adornados de vivos colores y que son de
una gran solidez. Se emplean como mordentes el alumbre y los orines putrefactos. Ellas tejen también ponchos de algodón, de un tejido muy cerrado y casi
impermeable, rayado alternativamente de blanco y azul". ldem, pag. 355.
l8.- Cuentas de León Spalding, Cuentas de Peones, Archivo G. P."Corrientes, Papeles
de Part., Leg. único; "Razón ... de los efectos que introdujo con guía de Buenos
Aires Don Baltasar Forman", Goya, 20/Ill/833, ldem, Expedientes Administrativos, 1833, Leg. 38. Este documento, representativo del conjunto, permite distinguir con seguridad el origen de cada producto, pues los clasifica a los efectos
de aplicarles los distintos aranceles correspondientes a mercancías rioplatenses y
extranjeras.
19

-· Woodbine Parish, Buenos Aires y las provincias del R(o de la Plata, Buenos Aires, Hachette, 1958, pág. 527; L B. Mackinnon, La /!$Cuadra anglo-francesa en el
Paraná, 1846, Buenos Aires, 1957, pág. 119.

�108 Siglo XIX
20.- "De los géneros que Ud. me ofrece -le escribe al importador un comerciante del
interior correntino- si hay pañuelos de lanilla de bonitos colores y buen gusto
podrá mandarme una 1/2 docena y otra 1/2 docena de los de punto blancos, 2
docenas de muselina de 4/4 con cenefa color y sin ella, una docena de espumilla
si son medianos y baratos, o de seda medianos de buen gusto baratos; si hay
algunas 3 o 4 medias piezas de linón estampado de colores _que si es posible no
sea el fondo blanco y que su precio no sea caro; algunas docenas de cuchillos de
cabo blanco medianos como de 2 pesos docena y ordinarios de 10 a 12 rs., 4
docenas de vainas de cuchillos diferentes tamaños; dos cajitas de zarcillos de
diferente gusto que los que me mandó; y una de sortijas, y alguna otra chuchería
si tiene siendo barato para estos destinos", La insistencia en la baratura concuerda con el rechazo de otros artículos: " ... debo decirle que los 4 velos de punto
son enteramente inútiles para estos destinos, si a Ud. no le sirve de inconveniente se los devolveré muy bien acondicionados. Los pañuelos de espumilla ha hecho bien de no mandarlos pues son muy caros". Correspondencia de José Cayetano Fernández con José Fontenau, cit.
21 .- Las cifras de las exportaciones correntinas, cuyos principales rubros hemos mostrado en los cuadros 2 y 3, corresponden a cantidades de cada producto y no a
valores. No nos es posible estimar el valor de esas exportaciones a partir de la
fuente utilizada, pues solo consigna cantidades de las mercancías exportadas, y
no valores, ni precios. Y, en cuanto a las series de precios pecuarios elaboradas
por Julio Broide (La evolución de los precios pecuarios argentinos en el período
1830-1850, Buenos Aires, Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenns Aires, 1951.) ellas corresponden, en el caso de los
cueros, a una medida y una calidad del producto -la pesada de cueros de 35 libras y la mejor calidad de cueros de buey- que torna muy incierta su aplicación
a las cifras de nuestro cuadro, referidas a unidades y sin especificación de calidad. Aspecto, este úitimo, que hace también más riesgosa la conversión de unidades a pesadas. Por otra parte, las series de Broide no incluyen suelas y solo
nos servirían para seis años de exportaciones de astas, y para los tres de tasajo
que registró el comercio exterior correntino en el período. Respecto de las medidas de peso utilizadas entonces en Buenos Aires, escribía Senillosa: Los cueros
vacunos y caballares... "Se venden al tirar o por piezas, o al peso constando la
pesada de 35 libras si son secos y 60 libras si son salados. Los cueros vacunos secos menores de 18 libras se consideran como becerros o de desecho. Los cueros
de vaca pesan regularmente de 21 a 23 libras, si son cueros secos, y de 55 a 60
si son cueros salados. Los cueros de novillo secos pesan, término medio, de 28
a 33 libras, y de 70 a 80 si son salados". Felipe Senillosa, Memoria sobre los pesos y medidas eacrita. .. en 1835, Buenos Aires, 1876, pág. 48.
22.- Sobre los precios de Hamburgo, véase el citado cuadro 4. Los de Londres, en
Tulio Halperín Donghi, "La expansión ganadera en la campaña de Buenos Aires
(1810-1852)", Desarrollo económico, vol 3, no. 1-2, 1963, págs. 61 y sigts.
Respecto de los mercados de las exportaciones, así como del contrabando con
los países limítrofes, nos ocupamos en el trabajo mencionado en la nota 1, del
que están extraídas estas páginas.
23.- Véanse las referencias sobre propiedades y negocios en LB. Mackinnon, ob. cit.,
págs. 153 y sigts.; J. P. y G.P. Robertson, ob. cit., págs. 270 y sigts.; A. D'Orbigny, ob. cit., págs. 121 y 122.
24.- Respecto de la ocupación irregular del suelo, la política de tierras del gobierno
de Corrientes, y otros aspectos del mismo asunto que mencionamos en esta

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino 109
página y las que le siguen, véase nuestro trabajo "Organización del Estado y
construcción del orden social: la política económica de la provincia de Corrientes hacia 1821-1840'', Anuario del Instituto de Investigaciones Hístóricas, Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Rosario,
1985.
25.- M F. Mantilla, pág. 202. El dato coincide con el de los Robertson: ob. cit.,
pág. 74.

26.- C~municación del gobierno de Mendoza al de Buenos Aires, del 7 /1/835, en Hamilton a Wellington, 4/11/835, Public Record Office, Foreign Office, Londres,
Gran Bretaña, no. 15, fs. 133 a 135. Se trata de una nota del gobernador Molina
a Rosas en la que exh.tbe el déficit de la balanza, describe la abultada salida de
metálico que ha reducido el comercio, afirma, al trueque practicado en los primeros tiempos del poblamiento de la provincia, y señala: "Una situación semejante, aleja indefinidamente la época tan deseada de poder constituirnos· siendo
éste otro de los males de gravedad que es preciso prevenir". Sé trata de' una de
las presiones que llevaron a la ley de aduanas de 1835. Rosas remitió la nota a la
Cámara de Representantes para su consideración.
f

27.- Nótese que la serie de importaciones y exportaciones de Corrientes que analiza
F1 Lucero -y que reproducen Ravignani (Documentos para la Historia Argentina, Tom_o XVII, Relaciones int~provinciales, La Liga Litoral, 1829-1833),
Buenos Aires, Facultad de Ftlosofia y Letras, Instituto de Investigaciones Históricas, 1922, pág. 201) Y Miron Burgin (Aspectos económicos del federalismo
argentino, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1960, pág. 297) -termina en 1830.
La serie de nuestro cuadro 1, al incluir los años siguientes a las medidas del más
fuerte proteccionismo correntino, se presta a distintas inferencias. Sin haberse
conseguido eliminar el déficit, su acentuada reducción era un argumento más
que acicateaba la lucha contra el monopolio del comercio exterior por Buenos
Aires.
28.- Por una factura de venta de cueros del estado correntino en Buenos Aires, en
1837, se comprueba una pérdida (por diferencia de precios, impuestos bonaerenses y comisión de venta) de 2.13 pesos papel por pesada de cuero vacuno de buena calidad (0.26 pesos plata según la cotización del peso papel en julio y agosto
de 1837, meses de esta operación). Un 6°/o de pérdida por pesada: "Cuenta de
venta y gastos de 110 cueros vacunos que de parte del Estado de la provincia de
Corrientes remitió a mi consignación con fecha 5 de mayo el Sr. Colector General, Y 1 200 dichos que remitió el Receptor de Alcabalas de la Villa de Goya en
la Goleta Cincinati con fecha 20 de mayo pasado", Buenos Aires, 19/VII/837
firmado por el consignatario Rem_igío G. Moreno. Archivo G. P. Corrientes,
Exps. Admvos., cit., 1837. El promedio de peso de los cueros era de 31, 18 libras cada uno, lo que los colocaba en la cotización más alta de mercado: 35 a 36
pesos papel por pesada, según La Gaceta Mercantil; o un promedio de 35.44 pesos en julio y 36 pesos papel en agosto, según la serie de Julio Broide (ob.cit.,
pág. 41, cuadro 16). Los cueros del gobierno de Corrientes habían sido vendidos
por su consignatario, al mejor precio que pudo obtener, a un promedio de 30.89
pesos papel por pesada de 35 libras.
29.- Decreto del 20/Xll/826, Reg. Oficial P. C., cit., t. II, pág. 65. Reiterado por
Decto. del 8/1/830, Id., pág. 389. Las prohibiciones sobre el metálico formaban
ya parte de la Ley de arancel y reglamento general de aduana de enero de 1825,
cap. VII, art. lo., ya citada previamente; el Cabildo había dispuesto similar me-

�110

Siglo XIX

dida en 1822, en un decreto sobre comercio de mulas, en el que un artículo
prohibía a los arrieros la extracción de alhajas de plata y oro y de moneda sellada (Id., t. 1, pág. 121). Las prohibiciones se Ieiteraron en años posteriores:
Dectos. del 3/XII/829, Id., t. ll, pág. 347, y el ya citado de 1830.
30.- Decto. del 30/XIl/826, cit., art. 6, pág. 67.
31.- Id., págs. 65 y sigts.
32.- M Burgin, ob. cit., págs. 82 y 103.
33.- "Domingo Latorre contra Domingo Dagorret sobre cambio de letra en moneda
de oro" y "Ramón Bejarano contra Juan Manuel Bedoya sobre un contrato de
préstamo", el primero iniciado el 11/VII y el segundo el 2/Vlll/826. Archivo
G. P. Corrientes, Archivo de los Tribunales de Corrientes., Expdtes. Civiles,
1826.
34.- Sesión capitular del 4/XI/822, en Archivo G. P. Corrientes, Documentación
Histórica. .• , cit., pág. 273.
35.- Dcto. del 30/V/826, Reg. Oficial P. Corrientes, t. II, pág. 49.
36.- Dectos. del 31/X/826 y 20/V/827., Reg. Oficial P. Corrientes, t. ll, págs. 59 y
163.
37 .- Id., t. lll, pág. 185; Id., Dcto. del 12/Xl/835, pág. 298.
38.- Rosas a Gramajo, Buenos Aires, 12/X/837; Gramajo a Rosas, Corrientes,
22/XI/837. Ambas (la de Rosas es un borrador) en Archivo Gral. de la Nación
Buenos Aires, Aigentina, Gobierno, Corrientes, X-5-7~.
39.- A. D'Orbigny, ob. cit.
40.- Respecto de la difusión de la letra de cambio en Buenos Aires, véase Samuel
Amaral, "Comercio y crédito: El Banco de Buenos Aires (1822-1826)", América, no. 4, año ll, Buenos Aires, abril de 1977.
41.- Entre los préstamos de cierta magnitud: Pedro Leoncio Cabral presta a Machado 250 pesos plata al 6°/o anual sobre hipoteca de la Chacra, Archivo Pcia. de
Corrientes, Expedientes Administrativos, Sección Judicial, 1835, Cabral a Machado por cobro de pesos. Rolón recibe de Pedro Ferré 100 onzas de oro al
6 °/o, con hipoteca; Isasa recibe de los herederos de Juan Francisco Cabra! 1794
pesos con hipoteca; Ferré presta Juan Oporto y A. Pacheco 8 500 pesos plata
con hipoteca: Idem, Protocolos de Escribanos, 1835, varios. Seis años más tarde
el interés es el mismo: Miguel lsasa recibe de Isabel Cabra! 1794 'besos 5 rs.
plata, correspondientes al testamento de Juan Francisco Cabra!. al 6 '/o con hipoteca de un campo, ldem, Idem, Protocolos de Ramón Beláustegu~ 1841.
42.- Pedro Somellera, Principios de Derecho Civil (Curso dictado en la Universidad
de Buenos Aires en el año 1824), Buenos Aires, Instituto de Historia del Derecho argentino, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, 1939, pág. 223, José
María Alvarez, lnstituciones de Derecho Real de Castilla y de Indias, t. II, México, UNAM, 1982, Libro III, págs. 40 y 100.

J.C. Chiaramonte: Mercados en el Litoral argentino

111

43.- Véase, al respecto, nuestro trabajo Formas de sociedad y economÚJ en Hispanoamérica, México, Grijalbo, 1984, págs. 180 y sigts.
44. Hemos ya referido las compañías formadas por Spalding para la venta de productos agrarios - compañía de corta duración- y para la explotación de una
tienda. Eran frecuentes también en la instalación de estancias, para explotar el
transporte fluvial en diversos tipos de embarcaciones, entre otras, según consta
en los protocolos de escribanos y en las testamentarías. Respecto de las prescripciones jurídicas, véase J. M. Alvarez, ob. cit., pá~. 179 y sigts.

.. .

�Itapúa: Comercio y Frontera en el
Paraguay del Doctor Francia
ALGUNAS CONSIDERACIONES

Nidia R Afeces y Nora E. Bouvet*

INTRODUCCION
La problemática global en la cual se encuadra el caso que estudiamos se
centra en la conformación y consolidación del estado paraguayo en la época del doctor José Gaspar Rodríguez Francia, Estado-nación que se organiza en su conjunto sobre una matriz no capitalista y que, a pesar de su acción "reguladora" para impedir la penetración colonialista, entra en contacto con el sistema mundial capitalista dominado por Inglaterra. Sin embargo, estos CQntactos están muy mediatizados por la fuerte presencia e&amp;
tatal.
ltapúa y su comercio durante la Dictadura evidencian que el mercado paraguayo mantuvo relación con el exterior bajo el control de un estado que :fiscalizaba la entrada y salida tanto de personas como de productos, asegurando los circuitos de comunicación e intercambio en una frontera bélica y móvil por medio de la vigilancia y acción del ejército. El funcionamiento de Itapúa, como centro nodal de esta frontera, tiene su hase
de sustentación en la política socio-económica de la Dictadura.
El objeto de estudio abordado en algunos de sus aspectos nos permite
acercarnos a la comprensión del proceso histórico que se desarrolla en un
amplio espacio ligado a los ríos Paraná y Uruguay, cuya salida hacia el
Atlántico se logra vía Brasil o Río de la Plata, amplio espacio que incluye
el Paraguay (entre el río del mismo nombre y el Paraná), el litoral argentino, Río Grande del Sur y el Uruguay; y, con esta comprensión, poder salir
de las estrechas historias nacionales para aprehender un espacio que, en
la primera mitad del siglo XIX, tiene una coherencia dada por condiciones
estructurales semejantes.
En este abordaje inicial utilizamos fundamentalmente como hase do*Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario (Argentina)

.,.

�114 Siglo XIX

cumental los oficios de Francia a sus funcionarios en Itapúa: correspondencia constante y minuciosa que contiene valiosos infonnes sobre la actividad administrativa, las fonnas y mecanismos de realización de los intercambios entre el Estado y los comerciantes extranjeros, la atención y el
movimiento de la tropa así como de la situación del distrito misionero y
de sus repetidos con:llictos. La documentación empleada deberá ser complementada con otras fuentes (Libros de Caja, Registros de Aduana, Comprobantes de Alcabala, etc.) para lograr comprender en su complejidad el
nivel de la circulación y el mercado paraguayo en la primera mitad del
siglo XIX.
ITAPUA Y SU ESPACIO
En la frontera sur paraguaya, consolidada la dictadura francista, durante
las décadas del 20 y 30, los dos puertos abiertos al comercio exterior son
Pilar e ltapúa.
Pero es este último el que a partir de su apertura, en 1823, permanecerá habilitado sin experimentar interrupciones. Pilar -centro comunicante con el litoral argentino- sufre en cambio clausuras temporarias por el
bloqueo del río Paraná y por el problemático resguardo de su área de influencia, debido a ese estado de "guerra no declarada" entre Paraguay y
Corrientes. 1
En la frontera norte, desde los primeros tiempos del gobierno del
doctor Francia y hasta 1819, el comercio con los portugueses se venía
realizando por Borhón y Concepción. El acrecentamiento de las fuerzas
portuguesas en Coimbra y el auxilio que éstas brindaban a los mbayás y
guanás en sus continuos asaltos depredatorios, llevó a que el Estado paraguayo prohibiera todo tráfico por el Matto Grosso y que estableciera y
reforzara presidios para impedir el avance brasilefio en una zona de muy
difícil control.
En lo que se refiere a la cuestión de fronteras la posición de la Dicta-

mra es defuúda y consecuente. Cerrado el norte, habilita y resguarda el sur
cuyas condiciones y posibilidades son mejores tanto para lograr contactos
más directos con el exterior como para la fiscalización de su espacio. La
Dictadura proclamó sus derechos al dominio sobre todo el Otaco hasta el
río Jaurí, al norte, y la isla de Atajo, al sur: es decir, hasta la confluencia
del río Paraguay con el Paraná, así como sohre las Misiones hasta el rÍo
Uruguay.2
Implementó una política de puestos defensivos con tres frentes: en
el norte, para contener el expansionismo brasileiio y a los mbayás y gua-

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

115

nás; en el Chaco occidental, para contener a los indios no sometidos; y en
el sur, para asegurar los dominios misioneros cuya posesión era cuestionada por artiguistas y correntinos.

El espacio que con1rola Itapúa -área de las antiguas misiones jesuíticas- llegó a tener en el período que estudiamos un dinamismo en lo político, económico y militar que borra la imagen de un Paraguay completamente cerrado al exterior durante la Dictadura que dieron viajeros de la
época. En este antiguo espacio de circulación de las misiones, ltapúa, fundada en 1619, era una de las ocho reducciones que la orden había establecido entre los río, Paraná y Paraguay, hoy en territorio paraguayo, ubicada
frente a Candelaria, cabecera de las reducciones. San Borja, cabecera de las
siete reducciones portuguesas, en el actual territorio de Río Grande del
Sur, conectaba estos pueblos con Buenos Aires, la Banda Oriental y el
Brasil.3 Para llegar de ltapúa -en la margen derecha del río Paraná- a San
Borja -en la margen izquierda del río Uruguay- había que atravesar el
territorio de Candelaria, cuyo dominio estaba en disputa entre correntinos y paraguayos.
La organización económico-social que la orden jesuita había impuesto
a estos pueblo., conjuntamente con condiciones naturales favorables
-abundancia de vegetales, tierras aptas para agricultura y pastoreo, un
clima templado subtropical-, posibilitaron el aumento demográfico, el
incremento de la productividad y un fluido y floreciente tráfico interno y
externo. El área de las reducciones era un espacio integrado entre sí y, al
mismo tiempo, conectado con otros espacios a través de los mecanismos de
la misma orden.
Esta integración espacial se fue modificando a partir de la expulsión
de los jesuitas, cuando las reducciones pasaron a ser controladas por otros
administradores laicos y religiosos: entraron en una general decadencia,
acentuada durante el artiguismo y los con:llictos en el litoral. La población de ltapúa, cuyo crecimiento había sido significativo en1re l 750 y
1767 -de 3 276 a 4 600 habitantes-, ya en 1784 había descendido a
2 800 y en 1801 a 2 100 habitantes.4
En plena etapa del artiguismo, hacia 1815, cuando el comerciante inglés Rohertson visita las Misiones, describe así a Itapúa:
Triste, melancólico, desolado era su aspecto y el de su pueblo. Todas las cosas estaban destruyéndose -iglesia, colegio, chozasmuchas de las últimas estaban en ruinas; los hombres de a pie, indiferentes en sus puertas; malezas y zarzas brotaban por doquier;
la población mermaba diariamente; y con dificultad dos curas en
cada pueblo podían arañar lo bastante del trabajo de toda la co-

�116

SigloXJX

munidad, para escasamente alimentar y malamente vestir a los indios... E.n ltapúa se nos informó haberse destruido la balsa que
antes servía para transportar carruajes a través del río y que había
tan poco tráfico entre Paraguay y Candelaria, la capital de Misiones, que nunca se había creído necesario construir una nueva... 5
En los momentos iniciales de la apertura de ltapúa hacia 1823, el agente
francés Grandsir, que tramitaba la liberación de Bonpland, señala:
Itapúa tiene 2000 habitantes... Este magnífico país puede llegar
a ser un día de la mayor importancia para el comercio europeo,
pero al presente sólo es accesible a los habitantes del Brasil. Doce
o quince comerciantes de esta nacionalidad mantienen ellos solos
las relaciones comerciales con la provincia de Matto Grosso...6
Mientras que, en el mismo año, el enviado brasileño Antonio Manuel Correa da Cámara, retenido en ltapúa por Francia, influenciado por el fracaso
de su misión diplomática y comercial dice:
Este Povo, cercado de Ríos, e de Arroyos sujeitos a repetidas enchentes annuaes, que inundao o Territorio adjacente cobrindo-o
de hum Limo infecto e prejudicial; he ao mesmo tempo rodeado
de Pantanos, e €barcos inmundos dónde fluem continuamente
pestíferas miasmas. Bosques impenetraveis, e sombríos, que se
perdem coro a vista por hum Terreno inmenso, e alagadico ...
Tempestades temerozas, ventos dezabridos, hum ár já seco, e
humido, a calma ardente e hum frío penetrante e insoffrivel, a
chuva de pedras, ou descarregada por torrentes, tudo isto se
succede nó curto espaco de hum día, e hum día nao tero aqui
differenca de que se lhe segue en todo hum anno. Tal he o clima
do Mercado Paraguayo aberto ao Commercio do Brazil-! 7
La ruta que unía Itapúa a Asunción por un lado, e Itapúa a Buenos Aires,
la Banda t1riental y Porto Alegre, por San Borja, por otro, permaneció
asegurada durante las décadas de estabilización de la Dictadura por efectivos militares paraguayos que tenían órdenes expresas de proteger a los comerciantes autorizados por el Estado.
El tramo Asunción-Itapúa, que atravesaba los pueblos de ltá, Yaguaron, Villa Rica, Caazapá, Yuti, Jesús -66 leguas según Robertson8 - se
cubría en carretas, carruajes, cargueros y caballos siguiendo los mejores pasos de los rÍos y las mejores sendas de los bosques. Arenales y pantanos dificultaba el tránsito en amplios sectores y el paso de los ríos más caudalosos se realizaba en balsas.
De Itapúa a San Borja, el camino se extendía apenas 34 leguas que se

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

117

recorrían aproximadamente en dos días a través del actual territorio misionero y correntino. En Itapúa era preciso atravesar el río Paraná para llegar
a Candelaria, cruce que era escoltado frecuentemente por el ejército paraguayo que patrullaba la región. La mayorÍa de los comerciantes que llegaban a ltapúa, intermediarios de mayoristas de plazas más importantes, tenían su residencia permanente en San Borja. Hasta esta población, el tráfico por la conflictiva área de Candelaria se hacía en caravanas de carretas
fuertemente custodiadas. Salto era el puerto de mayor significación sobre
el río Uruguay donde desembocaban los productos paraguayos para alcanzar los mercados brasileños y del Río de la Plata. 9
En el período estudiado, Itapúa era una de las cuatro delegaciones,
junto con San Isidro de Curuguaty, Pilar de Neembucú y Villa Concepción. La delegación de Itapúa era administrada por un Delegado, cargo que
entre 1820 y 1840 desempeñaron José Norberto Ortellado, José León Ramírez y Casimiro Roxas.
El Delegado poseía una amplia jurisdicción en lo político, económico y judicial como ejecutor de Jas órdenes y agente de información por
excelencia del Dictador con quien mantenía un trato directo y permanente.
Esta jurisdicción comprendía los pueblos misioneros de Candelaria,
al sur, y los partidos de Jesús, Trinidad, Carmen y San Cosme, al norte,
hasta Yutí, sobre el río Tebicuary. De la delegación de Itapúa dependía la
subdelegación de Santiago, a la que Pstahan subordinados los mayordomos de los Pueblos de Indios. Los Comandantes de Urbanos ejercían una
actividad predominantemente militar con la función específica de promover el reclutamiento y la instrucción de dicho cuerpo, y colaboraban
con la tropa en la defensa del territorio y la protección del comercio que
se realizaba por el área. En los distintos pueblos de la jurisdicción de Itapúa, Jueces Comisionados cumplían diversas funciones realizadas para el
fomento de la · agricultura, la instrucción popular y el mantenimiento del
· · • 10
orden y de la JUSbc1a.
El Receptor de la Aduana de Itapúa, Ramón León entre otros, fiscalizaba la entrada y salida de productos y cobraba los derechos aduaneros,
controlaba los fardos, cajones y bultos y hacía el inventario, memorial o
razón, completo y detallado, de los efectos que intentaban introducir los
comerciantes. Lo enviaba, junto con muestras de los mismos, a la Tesorería en Asunción para ser aforados, así como enviaba las remesas de lo recaudado en la Aduana cuyo registro era muy estricto y supervisado directamente por el Dictador.

�118 Siglo XIX

APERTURA DE ITAPUA. INTERCAMBIO Y CONTROL ESTATAL
Durante la primera década del Paraguay independiente, su comercio exterior, que se realizaba primordialmente por el sur siguiendo la vía natural de
los río,, se vio afectado por los agudos conflictos con Buenos Aires y las
provincias del litoral argentino.
Si bien este comercio no cesó enteramente, su decadencia era notoria
hacia 1822: fue ésta una de las causas de la creciente oposición oligárquica
que culmina en "la gran conspiración de 1820", reprimida enérgicamente
por la Dictadura Suprema y Perpetua.
Las exportaciones cayeron de 391 233 pesos en 1816 a 291 564
pesos en 1818;a 191852en 1819,asolamente57493en1820.
De la misma manera, como se refleja en los impuestos de importación, cayeron de 83 640 pesos en 1816 a 58 840 pesos en 1820
debido al desarrollo de la guerra civil de ese año, sólo para continuar declinando a 44 346 pesos en 1821, alcanzando finalmente
su punto más bajo de 4 828 pesos en 1822. 11
La necesidad de revertir esta situación para que el Estado contara nuevamente con la importante fuente de recursos proveniente de los derechos de
importación y exportación, así como de los otros impuestos que recaían
sobre el comercio, y la presión del capitalismo inglés -vía Brasil-, confluyeron en la apertura de ltapúa hacia 1823. La coyuntura era favorable para dicha apertura en la medida en que el mercado paraguayo requería mínimamente de ciertos productos manufacturados. Al mismo tiempo, necesitaba abrir una vía de comercio legal, una válvula, que pudiera controlar y
reducir de esta manera el contrabando (que si bien en términos absolutos
no era importante tenía un peso relativamente significativo en la economía
paraguaya) y, por otro lado, obligar a los comerciantes particulares a no
operar sin licencias, a pagar los derechos e impuestos y a respetar los precios que fijaba el Estado.
En la década del 20, Brasil, buscando garantizar la neutralidad paraguaya en la inminente guerra Cisplatina con las Provincias Unidas del Río
de la Plata, envía distintas misiones oficiales que fracasan.
En enero de 1822 llegó a Asunción, don Pablo Machado, emisa,rio Brasilero para proponer al Dictador, entablar relaciones entre
ambos países y el Dictador después de estudiar la propuesta, la
aceptó: pero con la condición de ser provisoria y como ensayo
por un año, designando a "ltapúa" como único punto para el intercambio comercial debiendo los brasileros llevar sus productos a
dicho puerto, sin poderse extender más de una legua de aquél lu-

Areces-Bou11et: Comercio y frontera en Paraguay

119

gar. Los brasileros con las condiciones expuestas, no les convenía el negócio, así que pocos llegaron a Itapúa, pero en cambio.
se aventuraron a llegar varios comerciantes Correntinos y Entrerrianos, y éstos con pasaportes de Montevideo y como los productos de mercadería que llevaban tenía un precio excesivo, debido a
que el viaje que tenían que hacer por tierra era largo, fueron pocos los que se exponían a un negocio que no les rendía ganancia
y más bien pérdidas, por las grandes trabas que se les ponían, de
manera que el arreglo comercial con los brasileros pudo darse
por fracasado. 12

En 1824 arribó a Asunción el cónsul brasileño Antonio Manuel Correa da
Cámara. El doctor Francia presionó para que terminaran las incursiones
brasileñas en la frontera norte y el apoyo d~do a los indios. Correa reconoció las quejas paraguayas como legítimas y aseguró al gobierno que las
violaciones cesarían, lo que no se cumplió.

Es a partir de una gestión directa entre el comandante de las Misiones de San Borja y el delegado de Itapúa, que comerciantes brasileiios
residentes en San Borja logran la habilitación del puerto. Este primer intercambio permitido legalmente está encuadrado en los términos de una
simple operación mercantil: traían diversos efectos y "algún Dinero con
intención de imhertirlo en Yerba y Tabaco", no traían "cosa mayor por
no saber el estado de este País" y solicitaban "auxilio de Soldados y Cargueros hasta las inmediaciones del Uruguay" para el transporte de las mer13
caderías. La operación se centró en la compra inmediata de 3 tercios de
yerba y 8 aITohas de tabaco por lo que se pagaron respectivamente 8 y 30
reales la arroba.
Los dos primeros comerciantes brasileños habilitados, Antunes y Al'taeta, acordaron negocios posteriores: uno con el pueblo de Trinidad por
100 arrobas de yerba a 9 reales, puesta la mercadería en Itapúa; y otro por
200 arrobas también de yerba, para lo cual depositaran en poder en dos
personas las onzas y el resto de sus efectos, para el P3&amp;° de los tra~ concertados prometiendo volver cuanto antes con los art1culos anunciados y
'
asegurando
que con ellos han de venir otros trayendo carretas y bueyes. 14
Se están exportando los productos tradicionales, yerba y tabaco, que desde
la época colonial tenían mercado en el exterior, y, al mismo tiempo, se
están concertando distintas operaciones, lo que seiiala el interés por mantener abierto el tráfico.
En el transcurso del mismo año 1823, la Dictadura dispuso que una
tercera parte de los productos llevados al mercado de ltapúa debía ser yerba perteneciente a los propios de la ciudad, la cual tenía que adquirirse de
los respectivos almacenes a razón de un peso la arroba ( quedando exonera-

�120 Siglo XIX

A reces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

da de pagar el impuesto de 4 reales por tercio fijado anterionnente). Así
se daba salida a la "crecida porción de Hacienda destinadas al bien común
y exigencias públicas, aprovechando el comercio abierto en la Frontera de
la República con los Portugueses Americanos del Brasil ". 15
Hasta fines de la década del 30, por Itapúa, la yerba y el tabaco serán
los rubros de exportación más importantes. Seguían el ganado, los cueros y
otros productos primarios que nunca alcanzan los elevados procentajes de
los primeros. 16

...

Los frutos del país eran intercambiados por productos manufacturados de diversa índole y de procedencia sobre todo inglesa: gran variedad de
tejidos de lana y algodón (paño, brin, bayeta, lienzo, casimir, lanilla, etc.);
herramientas y utensilios (hachas, tijeras, azadas, clavos, limas, calderas,
jarros, cuchillos,. navajas, sierras, etc.); metal en bruto (hierro y acero); sus•
tancias alimenticias y farmacéuticas (condimentos, canela, pasa de Málaga,
añil, etc.); artículos varios (vidrios, espejos, cuadernos, papel, lentes, botones, loza, adornos, etc.); material de guerra (pólvora, municiones, sables,
pistolas, tercerolas, etc.); y juguetes e instrumentos musicales.
El siguiente memorial de los efectos comprados en Itapúa a un comerciante brasileño que "corresponde a la tropa de carretas despachada a
Asunción el 14 de febrero de 1837 con las mercaderías adquiridas a un
sólo comerciante", es una muestra de la procedencia y de la variedad de
los productos introducidos:

Razón de algunos de los efectos comprados a Olivera
2
2
1
1
6
3
24
15
12

docenas... tijeras de costura las mejores
a
gruesas.... cuerdas romanas comunes
para guitarra, cada gruesa a
docena .... sombreros negros de pelos
finos de los de inferior calidad a
arroba .... anís, la arroba a
libras .... comino, la libra a
libras .... pimienta, la libra a
sombreros negros de pelo, fábrica porteña copa ancha arriba, calidad inferior de
a 8 y 1/2 pulgadas de alto a
.... sombreros blancos de pelo de la misma calidad inferior de a 8 y 1/2 pulgadas
de alto a
.... abanicos de papel, varillas de hueso
caladas de buena vista, de 1O pulgadas de

4 $ 4 reales
6 reales
4$
2 reales
2
,,
2

alto a
.... abanicos de papel, varillas de madera
ordinaria a
1
docena ..... anteojos de patillas, vidrios blancos ovalados de
32
estuches de a 2 navajas, cabos blancos
de hueso para barba, calidad inferior, el
estuche a
16
.. . . estuches de cartón negro de a 2 navajas, cabos negros de asta para barba de
mejor calidad, el estuche a
1
gruesa . ... cuerda de Chile para guitarra
surtidos en grosor - en
24
.... armónicas de a 4 y 3 y 1/2 pulgadas
de largo a
24
.... armónicas de a 3 pulgadas a
48
.... armónicas de a 2 y 1/2 pulgadas y a
figuras de peras a
1 y 1/2 docenas .... tijeras elásticas de a una pulgada oja por docena a

a

4$

6

12
4$

12 reales

24

1 y 1/2 docenas .... tijeras elásticas 6 y 1/2 pulgadas oja por docena a
20
calderas de fierro estañadas de a 6 pulgadas de fondo y 3 de boca a
6
. • .. pizarras de a 12 pulgadas largas de alto y 8 de ancho con 80 lápices para ella a
20.000 .... agujas a saber 4.000 del No. 1 - 2.000
del No. 2 - 6.500 del No. 3 - 4.500 del No.
4-2.000 del No. 5 y 1.000 del No. 6, buena calidad, el millar a
20
.... azuelas inglesas, corbadas ojos cuadrados de a 7 y 1/2 pulgadas de alto y
4 1/2 de boca a
18
.... azuelas buenas ojos redondos de a 7
pulgadas de alto y 3 y 1/2 de boca la docena a
8
docenas .... azadas de fierro de a 1/4 de
varas de alto y de boca y 3 y 1/2 la docena a
32
arrobas .... acero grueso bueno la arroba

arrobas .... fierro en 6 planchas de 1 y
1/2 pulgadas de ancho la arroba a
arrobas .. . . fierro en 7 barras cuadradillos
la arroba a

121

3 "
12 $
8 reales

10
6

2

"

1 y 1/2 real
1 real

9$
9$
7 reales
8

2$
10 reales

15 $
12 $

9 $ 3 reales
10 reales
10

La calidad de los variados productos transportados en convoyes que cada

�122

Siglo XIX

uno de los comerciantes aforaba en ltapúa, era controlada en Asunción_por
medio de las muestras enviadas. Eran revisados cuidadosamente asimismo
el peso y las medidas declaradas de los productos que los comerciantes intentaban ingresar al país, y muchas veces rechazados "para que vean que
también aquí entendemos y queremos cosas buenas supuesto que se las ha
. "18
de pagar bien
.
Por ejemplo, se rechazaron al comerciante Palmeiro
9 piezas que trabe por lila, diciéndole que no son verdadera lila.
sino el que llaman Chamelote de Olanda que es una tela muy sencilla, que no sirve aquí para nada y mucho menos para tropa por19
que casi es los mismo que la lanilla delgada.
!k• .....

a 111,

.,,,

o "hcchisos inservibles en figura de sable" con recomendación de decirle al
comerciante que
en el Paraguay no se admiten tales disparates inútiles y que así lo
lleve y remita de nuevo otra vez, porque no se le ha de permitir
poner en venta, pues no se han de aforar, para que no se engañe a
ningún simple y también, para que esos Lucitanos no se acostumbren a traher basuras para llevarse los buenos ganados que tanto
le sirven, y necesitan, así como las buenas haciendas, que tanto se
.
, :1)
estunan
y valen en otros patses.

Palmeiro es uno de los tantos comerciantes que llegan a Itapúa como Peralta, Guimarais, Ximénez, Farías, Yardin, Souza, Rego y Olivera Blanco.
La extensión y los inconvenientes que presentaba la ruta obstaculizaban el traslado de los chasques que hacían el recorrido entre Itapúa y
Asunción y, por lo tanto, dilataban las operaciones. Estas y otras demoras
dificultaban la vehiculización del capital comercial, retenido por largos meses en Itapúa. Correa da Cámara informa acerca de estos inconvenientes:
Os chamados Negociantes Portuguaes, que aquí soiao negociar,
demoravao-se a concluir os seos tratos, quando muito seis mexes;
durante este tempo faziao repetidas visitas a S. Borja para mudarem de ares; os seos Peons, e Domesticos permaneciao sobre a
margem esquerda do Paraná em frente de ltapúa para fogirem
quanto !hes hera possivel a peste que o devasta; apezar de todas
estas precaucoens viviao huns, e outros huma vida enfoerma. e
mizeravel. A Escolta que para qui mandei com o Capitao Silva
volveo toda a S. Luis estropeada, Hum d'aquelles que a compunhao morreo poucos días depois de chegar a S. Niláo. . . 21

Una vez que el Dictador autorizaba la operación y ésta se concretaba, gran
parte de los efectos comprados por el gobierno se depositaban en los alma-

Arece1-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

123

cenes o tiendas del Estado. Su encargado era directamente el ministro de
Hacien~a quien "8&lt;:omo~ en Cajones numerados los efectos siguientes
...po~~ndo a continuacion de esta Orden Nota individual de lo que trai~
cada caJon, para que se traslade a los almacenes de la casa de Gobierno". 22
Los efectos almacenados eran ofrecidos en venta directa al público con
precios fijados por el Estado.
En este medio de ese~ monetaria los efectos se intercambiaban por
otros efectos, la mercaderia por otra mereadería, siendo éste el mecanismo
más ~cuenteme°:te utilizado ~or los comerciantes y por el Estado para
negociar. De este tipo de operaciones seleccionamos algunos casos que consideramos significativos:
Dile á Acuña que supuesto que a Silva le han venido paños de
la estrella _Proc~e componerse con él, para que le cesa al me?ºs una ~ieza, o todo lo que le queda. sea a pagarle en dinero,
o a camb10 de otros efectos que tenga. ó le haga traher de cuyo m?do f~ tendrá menos que retomar, de lo que debe ~ la Tesorena, diciéndole igualmente que también se le recibirá paño
de menos an~ho qu~ sea de buena calidad dando algunas varas
~as. Puedes ir vendiendo a los siete pesos los mancarrones vieJOS, que te parezca, pero solamente a cambio de paño regular
de la estrella, que no se destiña, y a los precios de su aforo. De
ese mo_&lt;lo el qu,e quiera Caballos, diligenciará esos paños con
otros, º, los hara traher. De azero y bayeta tiene muchísimo la
Tesoreria. por que los Correntinos tambien han trahido
mucho. 23

En otra transacción, por ejemplo, se acuerda que
Se tomarán las cinco piezas paño de segunda de Rego con ciento
treinta y cuatro y media varas a los tres pesos que ha ofrecido las
que se pagarán en puras zuelas á tres pesos c~atro reales y as/ correspon?e darle ciento, quin~e zuelas faltando un peso, 'que debe
~sprec_iars~! respecto a que a mas de darsele estas a bajo precio, y
sm obligacion de pagar su extracción, sus paños son todos defectuosos. Supongo que quedará contento. 24

O se estipula que
Se entregarán desde luego a Barbosa las 200 arrobas de tabaco y
a Ribero los 26 cueros de garra comunes, por la seda verde, de la
que cada chasque me vendrá trayendo a 2 libras. De los mismos
cueros se entregarán a Hurtado los 336, que se le deben por el trato anterior.25

Aparece aquí d débito o el crédito de uso comente en la colonia y

�124

Siglo XIX

que se mantiene para llevar a cabo las transacciones:
Los restos, trapería, y cosas despreciables, é inutiles para Tezorería que manifiesta Farias, no son abono para el c~o porque t~poco han de producir el dinero, ni los efectos utiles del deb1to.
Así rio solo no se Je hade permitir mas extracción de cosa alguna,
sino que con él y con los otros deudores se hade tener el cuidado,
que ya hé indicado, de que á nombre de otro, ó en cabeza agena
no hagan alguna extracción clandestina, fraudulenta; pero se l~s
puede decir, que haga priniero traher algunas cosas p~~-Tezorena
á cuenta de sus obligaciones, y entonces se le perm1trra extraher
otra vez, pues que despues de la primera remes~ que hizo, aun no
ha hecho traher cosa alguna. Supongo, que asi el como Sousa ya
remitieron algunos productos de sus ventas, y el total de sus debítos ya es de consideracion. 35
Est.amos considerando las operaciones que el mismo estado par,.guayo realiza con los comerciantes extranjeros, observando cómo dicho Estado intenta regular las mismas obligando a la compra de detenninados efectos.

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

125

sus funcionarios es el de ser infonnantes y hasta espías, lo que llevaba a
una cierta complicidad en el trato. La Dictadura repetidamente encarga,
por ejemplo a Morínigo, subdelegado de Santiago, que
reservadamente averigüe siempre con los comerciantes que están
allá y con los que en adelante vengan de las noticias, que hayan de
Europa porque se aguardan grandes novedades sobre las Américas
y los Portugueses del Janeiro y Montevideo por su situación las
pueden saber primero que en Buenos Aires. De cualquier noticia
que adquiera, se me avisará inmediatamente. 29
Apreciamos algunos de los límites del mercado paraguayo: básicamente, la
persistencia de una economía premonetaria en la que las mercancías anticipadas son las que dan vida a la circulación de mercancías. Este cuadro no
está completo en la medida en que no incorporamos al comerciante particular paraguayo, para de esa manera poder testimoniar su participación y
peso en el comercio por Itapúa.
Este comercio, que fue muy importante durante las décadas estudia-

das -representa el 74.50% del total de las exportaciones en 1829, el

En 1831, uno de los años de gran incremento del ganado, los comerciantes deudores son obligados a comprar los ganados de las Estancias de
la Patria a cambio de traer "para su pago los generos y efectos que ya saben ellos cuales son los que conviene a la Tezorería ". Z1

92.49°/o en 1832, el 90.42°/o en 1835 y el 79.95% en 183730 - , no estaba acompañado por la presencia fluida de la moneda metálica en la órbita de la circulación, fenómeno más acentuado en otras villas y pueblos
del interior paraguayo donde, en general, prevalecía el trueque.

La necesidad de conocer los precios de los productos en el mercado
exterior para acordar un trato equivalente es preocupación constante del
gobierno, lo que explica -entre otros motivos- los pedidos insisten~s de
gacetas (La Gaceta Mercantil, El Lucero, El Diario de la Tarde, El ~ibera/
y otros). Sus principales proveedores eran estos mercaderei; que arnbaban
a ltapúa. Las gacetas aportaban los valores de las mercade~1&amp;: en el mercado exterior. Conociendo éstos se intentaba obtener un prec10 JU5to para los
efectos del país.

De todas maneras, siendo Itapúa un centro de concentración mercantil se realizaban pagos en moneda, aunque aparentemente en forma limitada, interviniendo el Estado en la circulación de metálico. Desde antes
de la apertura de Itapúa, la Dictadura instrumentó severas medidas para
evitar la evasión de moneda, con algunas excepciones referidas a la compra
de material bélico cuya adquisición se privilegiaba.31

De todas maneras, el mismo mecanismo del capital comercial hacía
que los comerciantes obtuviesen ventajosas ganan~ias a pesar de las protestas y reclamos de la Dictadura, que se repiten en las décadas que ~alizamos. Por ejemplo, en 1829 el gobierno se quejó de que los comerciantes
brasileños se resistían a pagar 20 reales (menos de 3 pesos) la_~oha de
yerba que vendían en Buenos Aires a 50 pesos. 28 Esta explot::ic1on _del capital comercial de uno de los polos productores en par_te explica la importante afluencia de comerciantes de distinta procedencia, pero sobre todo
brasileña, al puerto de Itapúa.
Otro servicio que el Estado requiere de los comerciantes a través de

Al iniciarse el comercio por ltapúa, las operaciones mercantiles realizadas durante los dos primeros años no se ajustaron a las reglamentaciones
y disposiciones vigentes sobre extracción de metálico. Esta situación se re.lleja en los considerandos del Decreto -francista de noviembre de 1825:
.. .los Comerciantes que vienen a Ytapúa, exportan algunas cantidades no solo por varios informes de los que de aquí han ido al
Comercio de aquel Pueblo, sino por el hecho mismo de que no todos los sobredichos Comerciantes llevan en haciendas, o frutos del
país todo el valor de los efectos, que introducen, lo que manifiesta evidentemente, que lo demás del importe de sus géneros lo llevan y sacan en plata sellada, siendo un comprobante de lo mismo
las considerables ventas, que se les ha tolerado hacer en dinero
efectivo, que no vuelven a emplear en compra de haciendas, o fru-

�126 Siglo XIX
tos, cuando uno de los motivos, que se ha tenido en la observancia de no percibirse de ellos sino en sus mismos generos casi toda,
o la mayor parte de los Derechos de introducción, ha sido el excusarse la precisión de hacer crecidos expendios a plata selladas, y
que así verificasen generalmente extraher y con cuya condición
se abrió y franqueó el comercio en el expresado pueblo.. .
y se encarga al mayordomo Receptor que
en adelante no consienta la frecuencia y continuación de tales empleos, ó compras á dinero efectivo no siendo en aquella moderada
y muy precisa porción, ó cantidad, que se considere indispensable
para pago de algunos Derechos, y de los gastos precisos, que tengan para su subsistencia los mencionados comerciantes, y que no
puedan proporcionarlos con sus mismos Efectos, zelando al propio tiempo con particular cuidado por todos los medios que le
dicten la prudencia, y las circunstancias del régimen, que aquellos
comerciantes obserban asi en sus pasages á la otra banda, como en
el de sus peones ó sirvientes, y en los transportes de sus Haciendas, el que en ninguna ocasion se vuelvan á hacer exportaciones
de dinero, practicando al efecto los registros y reconocimientos
que convengan, ó sea necesario en sus Equipages y en las mismas
Haciendas, que se transportan ...32
En 1829, cuando el comercio se normaliza después de la guerra Cisplatina,
se vuelven a reiterar esas disposiciones porque
hubo en esto gran abuso, y los portugueses extrajeron algunas
cantidades de dinero, habiéndose sabido, que uno llamado José
López, se llevó hasta tres mil pesos y así otros porque no se ponía
reparo por total descuido y falta de celo del Mayordomo Morínigo, que hacía de Comandante...33
Para evitar entonces la extracción clandestina de metales se debía efectuar
un registro minucioso no sólo de las personas de los mercaderes sino de sus
mercaderías y monturas: "Años pasados, yo (Francia) mandé hacer aquí
barrenas largas que atravesaban todo el tercio de yerba de un costado a
otro, porque no hay arbitrio y artificio o fraude que no discurran para extraer monedas. " 34

Arece1-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

127

efectos convenientes, no menos que p. r. la falta de anteriores correspondencias y relaciones comerciales bien que el giro mismo y
el curso de los ne~cios podrán ir facilitando sus progresos. Además la franca y libre Navegación del Paraná, q. e debe sostenerse
como de una vía pública exenta de toda traba, y la entera franqueza de los Puertos de la Rep. ca, que con absoluta libertad de
comerciar, ha resuelto mi Gov. no el modo q.e otros Estados y
Países de América constituídos independientes como el Paraguay, dan lugar a Ex tensas especulaciones mercantiles.
Puede ser q.e de aquí a algun tiempo vayan de esta parte otros
Negociantes llevando hasta el paso de Santo Tomé Azúcar., Miel,
Sal, Yerba, y Tabaco bien q.e no en mayores porciones, pr. ignorarse, si en este Destino se encontrarán a cambio los géneros, q.e
se busquen aunque de los más usuales.35
En una de las comunicaciones de rutina que el Dictador envía a sus Comandantes sintetiza los objetivos dd comercio paraguayo reactivado por
Itapúa:
de este modo se contribuirá al comercio, yendo muchos pobres
con sus cortas partidas a expenderlas allá con estimación, y proveerse de géneros baratos. No habrá el monopolio de los europeos
y extraños que abarcando todo el comercio (roto) recogiendo miles en dinero sin beneficio, utilidad, ni adelantamiento alguno de
los hijos del país, que hasta aquí sólo han enriquecido a extraños.
Y por último se guardará en mucha parte la ocasión y facilidad de
sacar la plata en lo que debe tenerse un contínuo e incesante cuidado y vigilancia a prevenir las fatales consecuencias de la escasez
y falta de dinero.36

CANDELARIA: FRONTERA BELICA
~ara_ concretar los objetivos económicos del gobierno paraguayo era prion~o asegurar la, ruta c~ercial a través del distrito de Misiones y alcanzar
d no Uruguay, v1a de salida no bloqueada al exterior.

Estas medidas, referidas al metálico y el intento de bloquear la salida
de los mismos, están englobadas en el programa económico que la Dictadura implementó. En particular respecto al comercio exterior expresa:

La situación de conflicto entre Corrientes y Asunción data de 1810:
cuando la convocatoria de la Junta de Buenos Aires fue acatada por Corrientes mientras que Asunción continuaba su lucha frente a la supremacía portefta. La Junta ordenó a las autoridades correntinas que interrumpieran todo comercio y correspondencia con el Paraguay.

El tráfico en nuestras respectivas Fronteras será acaso limitado en
sus principios por la dificultad de los transportes, y por las distancias al interior p. a. el surtimiento de los artículos, frutos y

LI)! aflos 1811 y 1812 estuvieron mareados por una tregua armada,
sin grandes hostilidades reales. Sin embargo, respondiendo a las órdenes de

�128 Siglo XIX

A reces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

129

Buenos Aires, el teniente gobernador de Corrientes estableció un bloqueo:
capturó los buques paraguayos que iban en tránsito hacia el sur y se impusieron nuevos y altos impuestos a los productos paraguayos en los mercados rioplatenses ( de todas maneras, a través del contrabando, se mantuvo
una relativa comunicación).

amenaza para el Paraguay. Se ordenó entonces desmantelar Santa Ana y
las patrullas paraguayas capturaron a Bonpland, hecho que tuvo gran repercusión. Bonpland fue obligado a permanecer en el Paraguay nueve años,
durante los cuales montó establecimientos rurales, se dedicó a la agricultura y a la fabricación de medicamentos y dulces.

Uno de los problemas más difíciles de resolver era determinar a
quién pertenecía el departamento de Candelaria. Durante la época colonial había dependido de Asunción. Sus pueblos formaron parte de las Misiones del Paraguay que, a partir de 1810, se consideraron integrantes de
Corrientes. El tratado del 12 de octubre de 1811 había dejado sin resolver los límites entre Corrientes y Paraguay y en misiones diplomáticas pos37
teriores esta cuestión no llegó siquiera a plantearse.

Cuando había preparado una buena provisión, partía cada ocho
días del lugar de mi residencia para Itapúa, acompañado de un
carguero, llegado a esta pequeña villa, alquilaba una pieza y exponía allí mi mercadería. También establecí una fábrica de aguardientes y licores; en fin tuve un taller de carpintería y un aserradero, que no solamente me sirvieron para la explotación de mi donúnio sino que me procuraron algunos recursos pecuniarios.40

Todavía en 1831, el doctor Francia continuaba reafirmando el dominio paraguayo sobre el distrito misionero:
... aún se les puede decir que a más de otras razones, Velazco
último Gobernador Europeo del Paraguay era al mismo tiempo
Gobernador de Misiones hasta Yapeyú, y la Cruz, porque Misiones ha sido siempre un Gobierno político y militar distinto del de
Buenos Aires, y que si van a Buenos Aires, digan por allá que
los paraguayos conociendo que se le quiere estorbar su comercio,
están dispuestos a destruir y desbaratar cualquier establecimiento
en esos lugares. 38
La aparición y constante incf!'mento del comercio brasileño por Itapúa,
cruzando el castigado departamento de Candelaria, hizo que patrullas paraguayas entraran desde 1821 en ese territorio para asegurar la ruta comer•
cial. El gobierno paraguayo tenía sobrados motivos para defender a toda
costa Misiones. A este respecto Francia decía que debía impedirse que los
enemigos sacasen la yerba "para sostenerse y criar fuerzas contra el Paraguay", y que la República -consultando su propia seguridad y tranquilidad- debía dominar hasta el río Uruguay.39
Un intruso famoso, Aimé Jacques Bonpland, naturalista francés, con
el apoyo de Francisco Ramfrez y habiendo recibido una concesión del gobierno entrerriano, puso en marcha en Santa Ana una empresa yerbatera.
Esta instalación fue considerada por el Dictador como amenazante para los
intereses paraguayos por su cercanía a Itapúa. Temía que se estableciese
allí una hase de operaciones que permitiese la invasión de los ejércitos de
Ramírez, conociendo la relación que éste tenía con Bonplancl.
Luego de la derrota del entrerriano, el científico francés se alió con el
caudillo Nicolás Aripi, considerado también por el Dictador como una

El incremento del comercio hizo que el doctór Francia adoptara la medida de ocupar Candelaria por la fuena, y comenzaron los trabajos de construcción del fuerte San José sobre el río Paraná. En 1832, una expedición
de aproximadamente un mes de duración apresó a toda la gente sospechosa y estas acciones preocuparon a los correntinos que las consideraban como una invasión a su territorio. La guerra entre Paraguay y Corrientes no.
se declaró en 1832, porque esta provincia no encontró en las otras del litoral argentino el apoyo necesario para iniciar la lucha. 41 La Dictadura estableció guarniciones al sur del Paraná, envió patrullas y expediciones regulares por las rutas comerciales y por los ríos con la orden de aprehender a
toda persona que anduviese sin licencia. De esa manera mantuvo el control
,obre Candelaria.
Entre 1831 y 1832, patrullas correntinas, partiditas y algunas emboscadas, irrumpen en el área. Francia insiste en qur. los terrenos entre el
Aguapei y el Uruguay, incluso las poblaciones de Yapeyú y La Cruz, pertenecen al Paraguay.42 En octubre de 1832, Ferré declara la guerra, tropas
correntinas ocupan Candelaria y la guarnición paraguaya se retira sin luchar. A pesar de las fuertes recriminaciones a sus oficiales, Francia no ordena una decidida ofensiva para reconquistar Candelaria, sino que se limita
a proteger el tráfico comercial:
El fin es proteger el pasaje de hacienda, para lo que basta que la
tropa se mantenga en alguna de las dos picadas, de las que se me
informara cual será la más aparente, supuesto que en cualquiera
de ellas pueden alojarse en tiendas, y barracas aunque sean .doscientos hombres. Ni hay necesidad de tanta gente, y mucho menos de andar con Artillería lo que sería una faena bien escusada.
Tampoco es preciso meterse en el monte, que será intolerable de
sabandijas, y la emboscada puede hacerse cuando bien se proporcione. Un oficial, o sargento, que supiese portarse con cincuenta
fusileros, era muy suficiente para ahuyentar a esos salvajes, que en

�130

SigloXIX

percibiendo haver tropa, ninguno se acercaría a tiro.- Lo que
estoy previendo es, que de resulta se a~arán y ya no andarán
con confianza lo que trastorna mis planes.
El tono y contenido de este oficio se repite en las distintas comunicaciones de Francia al delegado de Itapúa en estos años. Durante los enfrentamientos, el Paraguay ordenó abandonar el campamento de Salto y cerró
las tranqueras de Loreto y San Miguel, lo que obligó a arrear el ganado a la
banda occidental. Entre 1832 y 1834 se produjeron continuos enfrentamientos. La provincia de Corrientes dominó transitoriamente Candelaria,
explotó sus yerbales y estableció puertos sobre el rÍo Uruguay al sur de
San Borja. En los años finales de la Dictadura, el Paraguay ejerce progresivamente el control: es intensa la activiaad militar de tipo defensivo.
La consideración de Itapúa como centro nodal de esta zona de opera•
ciones, reforzada con otros fuertes, guardias y fortale'las, hace de esta villa
sede de una importante concentración de efectivos militares. En 1832, año
de auge del comercio por Itapúa y de recrudecimiento de la ofensiva correntina, se encuentran destacados en ltapúa "133 individuos entre soldados y Tambores de las dos Compañías de Cavallería y troeo de fusileros,
44
18 Cabos, 5 Sargentos y 3 Sub-tenientes", sin tener en cuenta que en
los otros puestos, fuertes y guardias existentes en el distrito se encuentran
igualmente destacadas otras guarniciones militares.
En otros documentos se habla de escoltar a los comerciantes con
45
250 hombres. Y en distintos oficios, el mismo Dictador llega a fantasear con un ejército de 4 000 hombres que se concentraría en Pilar para
asaltar a Corrientes.46 No se tiene conocimiento exacto del total de efectivos: como una medida de seguridad, las cifras exactas sólo eran conocidas por el Dictador y su tesorero.
De todas maneras las fuerzas armadas llegaron a constituir el sector
más importan te y costoso de los egresos de la Tesorería. R A. White,
contabilizando los sueldos anotados en los Libros Manuales de la Tesorería General, calcula para 1828 un total de 1 167 efectivos distribuidos entre 5 compañías de carabineros, 4 de granaderos a caballo, 3 de infantería,
3 de caballería y 2 de artiUería; y, en 1837 un total de 1 760 organizados en
4 compaf\Ías de infantería, 4 carabineros, 4 de caballería, 3 de lanceros, 3
de granaderos, 1 de artillería y 1 banda militar.4 7
Dicho historiador considera como promedio válido un poco más de
1 200 soldados incorporados durante todo el período del gobierno de
Francia,48 núentras que Andrada estima 3 000 hombres en servicio con una
reserva de algunos miles de Urbanos considerados como la continuación de
las antiguas milicias. 49

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

131

La milicia colonial había llegado a la revolución controlada por las
clases propietarias, y es esta milicia proveniente de las encumbradas familias terratenientes la que es decapitada por Francia, quien depura y
controla el cuerpo de oficiales. Su gravitación política también tennina por
ser severamente limitada, aunque sólo luego de un complejo proceso entre
1810 y 1816, fecha del último Congreso que otorga la perpetuidad a la
Dictadura y donde los militares ya no tienen peso político.
El reclutamiento se realizaba entre los hombres más fuertes de cada localidad, excluidos los de familias distinguidas; no por privilegio sino para
evitar su inclusión en las filas del ejército y, desde esos cuadros, tener la
posibilidad de organizar y fomentar alguna fuena de oposición a la Dictadura. La oficialidad estaba integrada por los .Comandantes de fuertes y
puestos, los Delegados jefes militares con amplia jurisdicción en sus respectivas delegaciones, y los Comandantes de Urbanos en sus respectivos partí•
dos.
La formación de esta oficialidad era precaria puesto que prácticamente
no recibían instrucción militar ni había escuela preparatoria alguna. No
existían rangos mayores a capitanes y tenientes y entre los mismos se realizaba una rotación periódica de los lugares de destino. Los ascensos eran
minucioSélÚlente estudiados, teniendo en cuenta principalmente la aptitud
y la adhesión a la causa de la República, aplicando severos castigos y reprimendas a los contraventores. Los sueldos de los militares eran superiores a
cualquier categoría burocrática, reteniéndose parte de ellos para alimentación y vestuario. Las Provisiones eran regularmente remitidas por el Estado
a los distintos cuarteles y provenían de las Estancias de la Patria.
Una gran diversidad de documentos muestra la preocupación de la
Dictadura por las fuenas armadas: desde el unifonne, :fijando las telas
correspondientes para las estaciones del año, y el alojamiento (estableciendo pautas para la construcción), hasta la salud de la tropa, que Jbozaba de
períodos de descanso sobre todo las establecidas en las fronteras.
Al no existir una Escuela de preparación militar, el Dictador ( que
ejercía las funciones de ministro de Guerra, comandante en Jefe y Auditor de Guerra) personalmente se encargaba de la instrucción, en particular de la caballería. En Asunción, el centro militar más importante seguido de Itapúa y Pilar, recibía los partes de los jefes de las distintas unidades y sin demoras resolvía sobre las distintas cuestiones que se le presentaban. A partir de 1819 un decreto del Dictador organiza los regimientos de Milicias de costa arriba y costa ahajo con sus presidios. 51 El doctor
Francia entendía que la renovación del ejército no era posible sin su modernización: buen equipamiento técnico y efectivas tácticas y estrategias.

...

�132

Siglo XIX

Areces-Bouvet: Comercio y frontera en Paraguay

Este ejército, que mantuvo una posición defensiva en la conflictiva
frontera sur -juego político-rrúlitar frente a los correntinos de avances y
retrocesos, de emboscadas y partiditas-, logró asegurar las antiguas vías
de circulación del espacio misionero.

-

NOTAS

133

12.- Wisner de Morgenster, Enrique, El Dictador del Paraguay. Dr. José Gaspar
Rodríguez de Francia, Concordia, 1923, p. 123.
13.- Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (BNRJ) Colee. Río Branco, 1-30, 21, 86.
José Pedro César a José Norberto Ortellado, San Borja, lo. de febrero de 1823.
14.- BNRJ, Colee. Río Branco, 1-29, 23, 28. Ortelladoal Dictador. ltapúa 8 de mano
de 1823.
15.- ANA, Sección Historia (SH), 237, Decreto Supremo, 12 de septiembre de 1823.
16.- White, R. A., op. cit., pp. 246-252.

1.- Williams, John Hoyt, "La guerra no declarada entre el Paraguay y Corrientes" en
Estudios Paraguayos. Vol. 1, No. 1, Asunción, noviembre de 1973, pp. 35-43.

2.• Los derechos sobre el área misionera son afirmados en los oficios a Comandantes, que eran transmitidos a los comerciantes con licencia que frecuentaban la
zona sur.
3.- En territorio paraguayo: San Ignacio Guazú, Santa María de la Fe, Santa Rosa,
Santiago, San Cosme, Itapúa, Tónidad y Jesús. En la actual República Argentina: Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní, Corpus, San Carlos, San
José, Mártires, Concepción, Apóstoles, Santa María Mayor, San Javier, Santo
Tané, La Cruz y Yapeyú. Al este del río Uruguay, hoy en Brasil: San Borja,
San Nicolás, San Luis Gonzaga, San Miguel Arcángel, San Lorenzo, San Juan
Bautista y San Angel..
4.- White, Richard Alan, Paraguay's autorwmous Revolution. 1810-1840, University of New Mexico Press, Alburquerque, 1974, p. 26.
5.- Robertson, Juan P., y Guillermo P., La Argentina en la época de la Revolución. Cartas sobre el Paraguay comprendiendo la relación de una residencia de
cuatro años en esa República bajo el gobierrw del Dictador Francia, trad. y
prólogo de Carlos Aldao, La Cultura Argentina, Buenos Aires, 1920 pp. 67-64.

17.- Vázquez, José Antonio, El Doctor Francia visto y oído por sus contemporáneos,
Eudeba, Buenos Aires, 1975, pp. 321-322.
18.- ANA, SH. 24J, 12. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 25 de octubre de 1832.
19.- ANA, SH, 241, 12. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 17 de marzo de 1832.
,¡

20.- ANA, SH, 241, 7. Oficio de Francia al Deleg. de ltapúa, 18 de junio de 1831.
21.- Anais do ltomaratí, cit., p. 245.
22.- ANA, NE, 3106. Orden de Francia, 28 de diciembre de 1825.
23.- ANA, SH, 240-2. Francia al Deleg. de ltapúa, 2 de octubre de 1829.
24.- ANA, SH, 241-12. Francia al Deleg. de Itapúa, 25 de octubre de 1832.-

25.- ANA, SH, 243-12. Francia al Deleg. de ltapúa, 27 de junio de 1838.

26.- ANA, SH, 241-7. Francia al Deleg. de ltapúa, 18 de junio de 1831.
27.- ANA, SH, 241-7, cit.

6.- Carta de Grandsir a Humboldt, Itapúa 10 de septiembre de 1824. En Pérez
Acosta, "Juan F. Francia y Bonpland" Instituto de Investigaciones Históricas,
No. LXXIX, Buenos Aires, 1942.
7.- Anais do ltamaratí, t. 111, introducción de Aurelio Porto, Río de Janeiro, 1938,
p. 247.

28,- ANA, SH, 240. Decreto del 11 de mano de 1829 y Oficio de Francia al Delegado de ltapúa, junio de 1829; BNRJ, Cuaderno de Autos Supremos, 17-2-8, pp.
3841. Decreto 4 de noviembre de 1825.
29 .- ANA, NE, 2561. Oficio de Francia aJ Subdelegado de Santiago, 17 de junio de
1824.

8.- Robertson, op. cit., p. 65.
30.- Whlte, R. A., op. cit., en base al cuadro de p. 145.
9.- Andrada e Silva, Raúl, Ensaio sobre a Dictadura do Paraguay, 1814-1840.
Universidad de Sao Pablo, Fundo de Pesquisa do Museu Paulista, Sao Pablo,
1978,pp. 217 y 220.

31.- ANA, SH, 218. Decreto de la Junta, 7 de julio de 1812.
ANA, SH, 223.-4. Decreto del Dictador, 13 de noviembre de 1814.

10.- Archivo Nacional de Asunción (ANA), Nueva Encuadernación (NE). 3111.
Auto de Francia,27 dejuniode 1827.
11.- White, R. A., op. cit., p. 108.

ANA, SH, 226. Decreto del Dictador, 8 de septiembre de 1816.
32.- ANA, SH, 237-10. Decreto 4 de noviembre de 1825.
33.- ANA, SH, 240-2. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 9 de febrero de 1829.

�134 Siglo XIX
34.- ANA, SH, 240-2. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 17 de junio de 1829.

Espacios Coloniales y Economías
Nacionales: Bolivia y el Norte Argentino
(1810-1930)

35.- BNRJ, Colección Río Branco, 1-29-23-28. Francia a Norberto Ortellado febrero
de 182;:3, en Justo_ Pastor Benítez, La Vida Solitaria del Dr. J. G. de F,;ncia F1
Ateneo, Buenos Aires, 1937, pp. 254-255.
'

36.- ANA, NE. 3107. Oficio del Dictador al Cte. de Pilar, 16 de noviembre de 1825.
37.- Archivo General dela Nación Aigentina (AGNA), Leg. X.1-9-12; Leg. X. 1-9-13.

Erick D. Langer*

38.- ANA, S. A. 241-7. Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 30 de diciembre de
1831.
39.- BNRJ, Col. R. Branco oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 3 de febrero de
1822.
40.- Louis Adolphe Brunel,Biographie de Aimé Bonpland Pari's, 1871 pp 84-85
A t v
.
Bonpland, cit. p. 43.
•
, .
, en
J• »e'
e, rez cos a, rranc,a y
4 1.- Willi~s, John N., "La guerra no declarada entre Paraguay y Corrientes" en
Estudws Paraguayo,, Vol 1, No. 1, Asunción, noviembre de 1973, pp. 3543.
42.- ANA, SH, 241, 12- Oficio de Francia al Delegado de Itapúa, 14 de agosto de
1832 Y 28 de octubre de 1832.
43.- ANA, SH, 241-7. Francia al Delegado de ltapúa, 27 de febrero de 1833.
44.- ANA, SH, 241-12. Orden de Francia. 17 de marzo de 1832.
45.- Ver Supra.
46.- ANA,_ SH, 241-12-Francia al Delegado de Itapúa. 25 de octubre de 1832;
Francia del Delegado de ltapúa, 28 de octubre de 1832.
47 .- Wbite. R A., op. cit., apéndice, pp. 259-261.48.- White RA., op. cit., Y_ol. DI, No. 2, diciembre de 1975, p. 120. Rengger, Juan
J., ~ongc~p, ~arcelmo, Ensayo hútórico ,obre la Revolución del Paraguay y
go_bierno dictatorial del Doctor Francia, Imprenta y librería de Mayo Buenos
Arres, 1883, p. 148.
'
49.- Andrada e Silva, Raúl de, op. cit., p. 184.
50.- ANA, ~H, 243. 12. Oficios de Francia, 14 de noviembre. 22 de noviembre y 29
de noVJembre de 1838.
51.- ANA, SH, 229-9. Decreto de Francia, 13 de marzo de 1819.

Para la mayoría de los historiadores latinoamericanos, el siglo XJX representa un período durante el cual las repúblicas recién establecidas se consolidaron como naciones, aunque este proceso fue en ocasiones difícil y
soportó intensas disputas internas y el nacimiento del caudillismo divisivo. No obstante, los historiadores tradicionales que han tratado temas
políticos del siglo XIX aceptaron implícitamente a la nación como unidad
apropiada de análisis. Los pocos historiadores económicos que han escrito sobre el siglo XIX (a menudo como "antecedente" de temas del siglo
XX) han aceptado generalmente a las fronteras de los nuevos países como
límites económicos viables. Hasta cierto punto este enfoque fue impuesto
por las fuentes disponibles y el aumento de las economías de exportación
ligadas al comercio británico. Obviamente, el comercio con Europa dependía en gran parte de las políticas seguidas por los nuevos gobiernos latinoamericanos, haciendo factible un análisis basado en las unidades nacionales.
Durante los últimos quince años, en la medida que los historiadores

han empezado a descubrir y usar los abundantes recursos documentales de
las regiones fuera de las ciudades capitales, se ha hecho aparente que el comercio regional era mucho más importante de lo que indicarían los registros en las capitales nacionales. Aunque muchos de estos nuevos estudios
se concentraron con frecuencia precisamente en sus propias regiones particulares, se tomó visible que el comercio interno conservó su importancia.
Este intercambio incluía el comercio dentro de los límites nacionales,
así como el comercio entre los países latinoamericanos basado frecuentemente en patrones coloniales. Por supuesto, el comercio interno y los mercados eran más importantes lejos de las ái-eas costeras a las que los comer•
ciantes británicos poaían llegar con faciliélad. Sin embargo, estas regiones
*Departamento de Historia, Carnegie-Mellon Univeuity (Pittsburgh, USA). Traducción de Laura Gorena M. y Guadalupe Almaguer S.

·11'

�136 Siglo XIX
no costeras representaban áreas sumamente importantes en donde vivía
la mayor parte de la población latinoamericana en la primera mitad del
siglo después de la independencia, como en el centro de México y la región
andina.
Para mostrar la dinámica de los mercados internos durante el siglo
XIX este estudio examina el comercio en la región central de los Andes,
donde se incluye al sur del Perú, Bolivia y la parte norte de Argentina.
Aunque se enfoca en los primeros cincuenta años después del establecimiento de las nuevas repúblicas y especialmente en Bolivia, el centro económico de la región durante el período colonial, la hipótesis es que, a través de la óptica de las relaciones comerciales, es necesario ubicar la consolidación económica de los estados latinoamericanos hacia la década de
1930.
Queda mucho por hacer al respecto para esclarecer los puntos espe~íficos y lo que aquí se incluye es un bosquejo basado e~ gr~ p~rte_ en mfonnación secundaria así como en algunas fuentes pnmanas. Sm embargo de esta evaluación tentativa es posible discernir ciertas tendenci~
generales. Durante el período que se extiende desde la Independencia
hasta la división de la región en sus respectivas economías nacionales en la
década de 1930, se manifiestan cuatro etapas en las relaciones comerciales
entre Bolivia y el norte de Argentina. Desde luego, esta periodización es
sólo aproximada: las fechas proporcionadas son, en el mejor de los casos,
preliminares ya que el proceso del cambio económico varió de un área a
otra.
La primera etapa, de 1810 a 1825, abarcó los trastornos de las luch,as
por la independencia. Durante la segunda fase, de 1825 a 1860, el patron
comercial colonial siguió siendo débil pero permaneció intacto en su mayor parte. El período de 1860 a 1890 fué de transición: mientras que 1~
econ~mía de extracción de plata boliviana disfrutó de un breve resurgimiento y hasta cierto punto fortaleció al comercio interno, se desarrollaron tendencias centrífugas que con el tiempo provocaron la desintegración
de la red colonial. En la última fase, de 1890 a 1930, la floreciente economía argentina llenó el vacío comercial que dejó el declive abrupto de la
economía basada en la extracción de plata en la región sudeste de Bolivia. Sólo durante la Gran Depresión y la Guerra del Chaco (1932-1935),
la región se dividió en economías particulares siguiend~ en ~n part~ las
fronteras políticas nacionales a la vez.que los estados nnpoman ":'e~das
proteccionistas y se fortalecían en general al tratar asuntos econom1cos.

E. Langer-: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

137

rante la mayor parte del período colonial el motor de la economía sudameric~na española. Como ha demostrado Carlos Sempat Assadourian,
el funcwnamiento de las minas de Potosí requirió la creación de una extensa red comercial que abarcaba casi todo el continente y era alimen~da por_ la circulación interna de la plata extraída de las mina8 para pagar
bienes diversos, como telas baratas, mulas, ganado, trigo, coca, yerba mate y otros bienes necesarios que no eran proporcionados por España.2 La
demanda de productos provenía tanto de las regiones mineras como de la
ciudad de Potosí, la que durante el siglo XVllalcanzó un total de 160 000
habitantes.
Es evidente que la importancia de otros centros comerciales aumentó
al declinar la productividad de Potosí en la segunda mitad del siglo XVII.
Uno de los casos más nótables fue el desarrollo impresionante de Buenos
Aires durante el siglo XVID, lo que en 1776 obligó a la Corona Española a
separar Bolivia (llamada Alto Perú en el período colonial) y lo que ahora
es Argentina, Paraguay y Uruguay del antiguo virreinato de Lima. La floreciente ciudad de Buenos Aires se convirtió en la capital del nuevo virreinato. Sin embargo, la intensa presión ejercida por los comerciantes limeños
para que la Corona devolviera a Lima la jurisdicción del Alto Perú, demuestra que la región platera de Potosí siguió siendo un importante centro económico que los peruanos no estaban dispuestos a perder. 3
En vísperas de la independencia, a pesar de la disminución de la producción de plata, Alto Perú permaneció como uno de los mercados más
importantes de Sudamérica. Con un millón de habitantes, contenía aproximadamente el doble de la población de la futura nación dr Argentina.4
No obstante que una cantidad importante dr residentes del Alto Perú
eran indios comunitarios, autosuficientes en sus necesidades, P.staban más
atados a la economía mercantil a través de la necesidad de pagar tributo
y la mita (tributo pagado principalmente en plata, no en mano de obra)
que i;ná~ adelante e~, el siglo XIX. 5 Como resultado, d antiguo "espacio
econom,co peruano tomando la frase de Assadourian, con Potosí como su centro, mantuvo su atracción como un mercado importante a pesar del flujo de_ plata a través del pu~rto de Buenos Aires. Las regiones que
rodeaban las minas de plata dependian todavía de esos mercados. Eso sucedía especialmente en el mismo Alto Perú y en las provincias norteñas de
la actual Argentina: Catamarca, Santiago del Estero Tucumán Salta
Jujuy y parte de Córdoba. 6
'
'
'
EL PERIODO DE LA INDEPENDENCIA.1810-1825

EL LEGADO COLONIAL
El caso de Bolivia resulta especialmente ilustrativo, puesto que tas minas de
plata de Potosí, localizadas en la región central sur del país, fueron du-

La larga guerra civil de quince años que acompañó a las luchas por la independencia afectó seriamente a los patrones del comercio colonial. Esto
sucedió particularmente en la región que comprende el norte de Argentina

�138

Siglo XIX

y Bolivia. Aunque Alto Perú pertenecía al virreinato de la Plata, los patriotas en Buenos Aires no lograban apoderarse de esa región. En cambio, las
incursiones de las fuerzas argentinas semejaban las acciones de las fuerzas
realistas: ambas vaciaban la Casa de la Moneda en Potosí de todo el metálico que ésta había acumulado. La falta de seguridad y la fuga constante de
recursos durante la guerra obstaculizaron la extracción a gran escala de
minerales; los pozos mineros fueron inundados y sólo mineros a pequeña
escala, con frecuencia indios, explotaban los residuos de minerales. Como
resultado, el mercado minero, que había mostrado cierto repunte durante
los últimos años del régimen colonial, decayó significativamente.
La capacidad productiva de las regiones que tradicionalmente abastecían a las minas en Potosí fue arrasada durante las guerras de independencia. ~n la provincia de Cinti, una área que suministraba vino, aguardiente y fruta· a los mercado adyacentes de las tierras altas, los lados
contrarios en la larga contienda guerrillera destruyeron los viñedos, confiscaron el ganado, y saquearon las casas de hacienda. Los peones de las
haciendas huyeron hacia la frontera, a las junglas de las tierras bajas en
donde los guerreros chiriguanos recapturaron sus tierras ancestrales en posesión de las misiones españolas y los pocos soldados realistas apostados
allí.7 La destrucción masiva de la base agrícola se generalizó en todo Alto
Perú, que no se independizó sino hasta 1825.
Las provincias del norte de Argentina se vieron igualmente afectadas.
Jujuy y Salta, por ejemplo, sufrieron repetidas veces las invasiones de las
tropas españolas entre 1812 y 1822; el "sistema Güemes," que mantenía
abastecido al ejército gaucho patriota, se nutría de las fuertes extorsiones a
los grandes terratenientes y comerciantes, precisamente quienes dependían
de las conexiones con los mercados del Alto Perú para mantener sus posiciones financieras, relaciones ahora difíciles de mantener debido a la guerra
y a la pérdida constante de capital otorgado a los caudillos patriotas. Martín de Güemes, líder militar de la revolución en el norte, con conocimiento
de causa, afirmó que "esta provincia por todos sus aspectos no me repre8
senta más que un semblante de miseria, de lágrimas y agonía."
A pesar de estos problemas, el comercio continuó, i~cluso a través de
las líneas enemigas. Los circuitos comerciales coloniales, que unían al
norte de Argentina con Bolivia, permanecieron intactos porque en realidad no había alternativa. Además, indudablemente los comerciantes veían
grandes oportunidades de lucro a pesar de los altos riesgos durante el conflicto. Existen pruebas suficientes que confirman que el comercio continuó
y que de hecho era pennitido. Por ejemplo, un comerciante de Santiago
del Estero en 1820 cuya mercancía textil estaba destinada a Tupiza (en
Alto Perú) y presumiblemente hacia regiones al norte, la perdió en el sa-

E. Lariger: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

139

queo de Salta de ese año. Además, los altos oficiales del gobierno patriota
no prohibieron el comercio con el Alto Perú durante la lucha, solamente lo
gravaban con impuestos más altos. Sólo se prohibió la venta de mulas a AJ.
to Perú debido a su valor militar, aunque incluso é'stas penetraron en grandes cantidades a los territorios en posesión de los realistas. En 1823 las
autoridades de Salta permitieron la entrada de casi 3 000 mulas a las regiones controladas por los españoles. Esto se sumaba al probable contrabando
masivo de estos animales con los enemigos realistas.9
La evidencia sugiere que el intercambio entre el Bajo Perú (El Perú
actual) y P_o tosí revivió durante las luchas por la independencia a costa
del _comercio con _las provincias argentinas, mientras que las tierras altas
andinas perma~e~1~ en ~anos de los r~listas. El viajero inglés Joscph
Pe~tland, que visito Potosi un año despues de la victoria de los rrvolucionanos, estimó que el comercio con Perú era mucho más importan~ que
con las provincias bajo el gobierno de Buenos Aires. Este retroceso de los
patrones de finales del siglo XVIII, de los que Perú había sido excluído,
ocurrió mucho antes de que se diera la independencia final en 1825. Entre la producción peruana se incluía algodón para la fabricación de tela
en Cochahamha, vinos y aguardiente de Moqur,gua y Tambo, así como lana
de Cuzco, Puno, y otros puntos en las tierras altas del sur de Perú. 1º De
esta manera perduraron los antiguos circuitos comerciales, aún cuando las
guerras de independencia representaron una gran desorganización en el
comercio y casi con certeza los trastornos sociales y económicos más graves del siglo XIX. De hecho, la separación de las provincias argentinas del
Alto Perú, la ocupación de la costa del Pacífico por las fuerzas patriotas de
San Martín, y la integración efímera de las tierras altas peruanas y bolivianas bajo las fuerzas realistas ayudó a la restauración de la mitad norte del
"espacio económico peruano" que había desaparecido cuando en 1776 la
C_orona Española había prohibido el comercio entre Alto Perú y Bajo Peru.

CONSERV ACION POR ABANDONO. 1826-1860
Sin embargo, la descripción del comercio en Potosí realizada por Joseph
Pentland subrayaba el declive del comercio interregional como resultado
de la acometida de los textiles ingleses, que estaban desplazando a los
productores tradicionales. Por esta razón, afirmaba Pentland, el comercio
~n~ Argentina y Bolivia había disminuído considerablemente. El viajero
tngles colocaba esto dentro del contexto de la producción de plata que era
extremadamente débil después de la independencia. Los tejidos de Cochahan1ba y Mojos, la única exportación importante de Bolivia a la Argentina
(después del comercio de la plata suspendido temporalmente), no podían
competir con las telas que los comerciantes británicos volcaban en América

�140

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

Siglo XIX

141

del Sur. Esto significaba que los bolivianos no podían vender sus productos
de exportación y obtener el capital suficiente para comprar mulas y caballos en la Rioja y Tucumán, uno de los pocos intercambios todavía existentes entre los dos países. 11 Por supuesto, tampoco facilitaba las cosas el
impuesto del 40°/o que las autoridades bolivianas exigían en 1827 a todos
los productos argenlinos; es probable que esta medida haya aumentado el
contrabando de manera considerable, poniendo en duda las cifras aduaneras como fuente.

poco más de 30 000 pesos, mientras que los productos importados de Argentina y Perú hacia Potosí eran valorados en
poco menos de los
10 000 pesos. En 1841 la situación era aún todavía peor, si nos confiamos
en los registros aduaneros de Potosí. Mientras que el valor de la categoría
"efectos de ultramar'' se ~antenía constante alrededor de 800 000 pesos,
los productos de otras regiones del interior de Bolivia habían declinado a
8 500 pesos las importaciones de Argentina y Perú a un poco más de los
3 000 pesos. 4

Los ingleses también se interesaron brevemente en las minas de, plata
de Potosí pero no lograron llegar más allá de una actividad especulativa.
Desafortunadamente para los que esperaban que los ingleses invirtieran
grandes cantidades en las minas de plata, la quiebra de la bolsa de valores
londinense en 1825, tras la independencia boliviana, dió fin a esta oportunidad. Aparentemente una compañía, _la Asociación Minera Peruana de
Potosí y La Paz, acumuló un capital de un millón de libras esterlinas; sin
embargo, sólo se invirtieron 80 000 en maquinaria y otros bienes. La
compañía quebró después de ciertas dificultades. De allí en adelante, la industria minera boliviana no dispuso de fuentes importantes de capital extranjero hasta la segunda mitad del siglo XIX. Los capitalistas locales continuaron la obra que los ingleses abandonaron; para finales de la década de
1820 los inversionistas locales, prin~ipalmente las antiguas familias involucradas en la minería durante el período colonial, empezaron a invertir sumas importantes en la rehabilitación de las minas, aun1ue estas empresas
1
seguían experimentando una escasez general de capital.

Estas cifras, aunque valiosas, son engañosas por varias razones.
En primer lugar, los artículos de lujo obviamente son más costosos
que las mercancías producidas localmente y para un mercado más amplio.
En _s~ndo luga~, en 1841 las importaciones aumentaron pues el gobierno
hoh~ano levanto breve~ente las restricciones sobre las importaciones extranJeras. Lo que es mas importante, los registros aduaneros subestiman
gravemente al comercio interno. Mientras que todas las mercancías importadas de Europa e_r~n gravada~, esto ?º suc~día con los artículos producidos, dentro de_ Bol1V1a o los pa1ses vecmos. Solo las bebidas alcohólicas aparec1an e~ las hsta_s de los productos domésticos bajo impuesto. De Argentina Y Peru, telas, Jabones y el alcohol pasaban la revisión del agente aduanero. De ~ta m_a~era, no existe información sobre algunos de los renglones
de comerc1? mas unportantes, como el trigo, las telas y el ganado domésticos. Del mismo modo,
en el norte de Argentina
por lo menos, las p·1c1es,
.
_
las mulas y otro tipo de ganado eran probablemente artículos mercantiles
mucho más importantes que los que eran gravados.

La expansión de los tejidos y el capital ingleses en las tierras altas andinas demostró ser de corta duración. Se hizo evidente para finales de la
década de 1820 que las oportunidades mercantiles se mantenían restringidas para los fabricantes europeos. La industria minera no revivió hasta el
punto anticipado por los especuladores británicos, haciendo a esta área
menos atractiva de lo que esperaban. Los productos importados continuaron llegando, pero eran canalizados principalmente a través de un puerto,
Cobija (también llamado La Mar), y es probable que se limitaran a artículos de lujo. Desafortunadamente los registros aduaneros disponibles con
frecuencia no especifican el producto preciso; y cuando lo hacen, aparecen en los registros artículos como "una docena de teteras y media arroba
13
de coñac", artículos difícilmente considerados de consumo popular.

?tras evidencias sugieren que hasta la década de 1860 el sistema comercial con hase ~n Potosí? q~e incluía_!ª mayor parte del sur de Perú y
el norte de Argentina, contmuo manteruendose más o menos intacto. Esto
lo sugiere la observación de Joseph Pentland de que la feria en las tierras
altas holivian_as en Paria (O~ro) co?tinuaba abasteciendo grandes cantidad_es de algodon peruano a la mdustna textil de Cochabamba. En 1826 por
eJemplo, Pentland calculó que los habitantes de Cochabamha compr~ron
8 O~ cargas ~e algo~ón, co~ un valor de $600 000. Hasta cierto punto esta cifra desm1e?te la rmpres1~n que Pentland, quien tenía interés en exagerar l~s opo~mdade~ comerc1ales británicas, intentó crear con respecto aJ
d_e,chve de la mdu~!X'ª te~til local. Lo mismo se puede argumentar en relac1on a la prod_ucc1on de VInos la cual reconoció el viajero inglés al referirse
a los terrateruentes de Cinti: "produce... en abundancia una industria
que se incrementa a diario",16
'

Al calcular el valor de los diferentes tipos de mercancías, se tiene la
impresión de que las mercancías importadas de Europa superaban al comercio local. Por ejemplo, de acuerdo a los registros aduaneros de 1839 la
importación de "efectos de ultra.mar" en Potosí excedía los 800 000 pesos. Las mercancías de las regiones del interior de Bolivia sólo sumaban un

l

Asim_ismo, durante la primera mi~d del siglo XIX, el comercio de granos, particularmente el tngo y el ma1z, provenía exclusivamente de los
productores locales, incluyendo Cochabamba, el norte de Potosí y Chu-

�142 Siglo XIX
quisaca. Lo interesante son los métodos diferentes de producción que se
utilizaban en cada región para abastecer de granos a los mercados de las
tierras altas. En Chuquisaca, las haciendas de la añeja aristocracia minera y terrateniente abastecían a "las provincias más frías" con trigo
y maíz. A su vez, los pequeños productores de Cochabamba cultivaban y
vendían granos a los mercados de las tierras altas como consecuencia de la
desintegración de las haciendas durante el siglo XVIII cuando se redujo el
mercado minero. El valle de Cochabamha, el granero tradicional boliviano
desde el siglo XVI, con toda probabilidad abastecía la mayor parte de los
productos agrícolas, el maíz en particular. Las comunidades indígenas del
norte de Potosí, que rodeaban a algunas de las minas de plata más importantes, abastecían también cantidades importantes de trigo no sólo a los
pueblos mineros, sino incluso a las demás regiones del altiplano del sur de
Perú. Tristan Platt supone que los caciques indígenas dominaron este comercio, práctica que se remonta al período colonial.16
José María Dalence, cuyo Bosquejo estadístico &lt;k Bolivia, escrito en
1846, es la fuente publicada más importante sobre la condición económica
del país a mediados del siglo XIX, consideraba que el valor del comercio
interior superaba al comercio extranjero por casi seis veces. Aunque Dalence podía haber exagerado un poco, puesto que era un partidario del grupo
dentro de las élites b9livianas que apoyaban las medidas proteccionistas
para los productores locales, sus meticulosas recopilaciones siguen siendo
recordatorios apremiantes y sugerentes de la importancia contínua de los
circuitos comerciales que se concentraban ~n las regiones mineras de plata.17

-.

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

143

cer brevemente la Confederación peruano-boliviana (1835-39) y también
intentó incorporar a las provincias de la parte más septentrional de Argentina a la esfera boliviana mediante una anexión forzada. Explotó con habilidad los sentimientos separatistas en Jujuy en 1837, pero sus planes grandiosos se vieron frustrados cuando Chile ganó la guerra contra la Confederación en 1839 .19 La contienda sobre el contorno territorial de los nuevos
estados republicanos no disminuyó porque todavía en 1841 el caudillo peruano Agustín Gamarra invadió el altiplano boliviano con la intención de
unir nuevamente a Perú con Bolivia. La muerte de Gamarra en el campo
de batalla de lngavi ese mismo año destruyó todas las esperanzas de unificar los dos países.
Si la circulación de la plata potosina era el indicador principal de la
extensión del espacio económico peruano, como lo definió Carlos Sempat
Assadourian para el s~lo XVI, la influencia de las minas de plata bolivianas
debió habet sido enorme. Esta influencia abarcaba desde los departamentos de Tacna, Moquegua, Puno y Cuzco al sur de Perú hasta casi todo el interior de Argentina, desde d sector norte a Cuyo, cerca de la frontera de
Chile a la altura de Santiago. Cuando el gobierno argentino intentó imponer su papel moneda en 1854 prohibiendo la circulación de los pesos de
plata bolivianos, hubo disturbios en La Rioja, Córdoba y otras provincias.
En Tucumán así como más al norte, los comerciantes simplemente se negaron a aceptar la nueva moneda nacional.20

Como ha señalado Antonio Mitre, la visión de Dalence era hasta cierto punto estrecha, pues el definía el "comercio interior" a lo largo de los
límites nacionales en vez de tomar en cuenta la dependencia económica en
los mercados mineros bolivianos de regiones como el norte de Argentina y
el sur de Pení. El que Dalence no tomara esto en cuenta condujo quizá a
la eventual derrota en la segunda mitad del siglo XIX de los proteccionistas asociados con los productores, artesanos y ciertos grupos de terratenientes coloniales a manos de un grupo nuevo de mineros de plata y comerciantes de productos importados y exportados.18 Hay indicaciones que
durante este período el comercio entre el norte de Argentina y el sur de
Pení con Boliria siguió siendo fuerte y no existían aún mercados nacionales verdaderos, delineados por fronteras políticas.

De hecho, a pesar de los graves problemas que ocasionaba a los mineros de plata el uso creciente del gobierno boliviano de las monedas de pla!:a devaluadas, llamadas pesos febles, ayudó a mantener al antiguo espacio
económico. Las devaluaciones efectivas de la moneda encarecieron las
importaciones extranjeras, puesto que los comerciantes europeos sólo
aceptaban el valor intrínseco de la plata en las monedas. De esta manera,
los fabricantes y los productores agrícolas dentro de la región donde circulaba la moneda boliviana estaban protegidos de la competencia externa
hasta cierto punto en tanto dedicaron su producción a la compra dentro
de la región. Esto aparentemente provocó un intercambio comercial importante: como un observador de la época anotó, "la moneda feble acumulada en el Sur de Pení es la• que ha fomentado y desarrollado con una
rápidez inesperada las industrias que hoy dan tanta importancia a aquellos
departamenlos límilrofes ". 21

En realidad, durante la primera mitad del siglo XIX las propias fronteras políticas eran precarias en el mejor de los casos. Andrés de Santa
Cruz, presidente de Bolivia entre 1829 y 1839, por ejemplo, intentó unificar bajo su dominio la mayor parte del área andina central. Logró estable-

Antes de 1854 el gobierno de Buenos Aires ayudó y estimuló implí•
citamente fa dependencia del norte de Argentina con Bolivia porque no hizo nada por romper las numerosas baneras aduanales de las provincias que
con frecuencia hacía de las importaciones lejos de la costa prohibitivamen-

�144 Siglo XIX
te costosas, aun exceptuando los costos de transporte. 22 El caudiJlismo
que invadió a la política argentina, señal de una falta de centralización
política, ayudó a mantener antiguos patrones de comercio. Buenos Aires
no podía imponerse por completo en las provincias; aún si lo hacía mediante alianzas políticas y asesinatos, no era capaz de afectar de ninguna
manera a los patrones económicos debido a la debilidad inherente del modelo político caudillista.23
El comercio entre las provincias continuó a pesar de las numerosas barreras, y especialmente después de que la fuerza del comercio británico diminuyó en Ja década de 1830. Por ejemplo, Cuyo enviaba cantidades considerables de muJas y licores a Salta, que obviamente se encontraba todavía
bajó la influencia de la economía minera boliviana. A su vez, Salta pagaba
con la plata que adquiría de los productos vendidos en Bolivia, muchos de
los cuales provenían de las provin&lt;:ias argentinas. En cierto srntido Salta,
con su feria importante, servía de intermediario entre los mercados mineros de plata bolivianos y el interior de Argentina, además, en Argentina el
oro era especialmente codiciado y la mayoría de las «&gt;Xportaciones de oro
boüviano iban dirigidas a ese país en lugar de exportado directamentf" a
través de los puertos del Pacífico. 24 Hasta la década de 1860 Salta exportaba más mercancías hacia Bolivia, y de aU í a Perú, que a !as ciernas. provincias
argentinas. En comparación las importaciones europeas hacia Salta permanecieron en un nivel insignificante. Mientras que Bolivia no correspondía
con mucho más que coca y chocolatf" el antiguo patrón colonial de intercambiar mercancías por metálico debió continuar en este período. En
1851, por ejemplo, Salta exportó mercancías con un valor de 345 500
pesos a Bolivia y Perú, mientras que sólo vendió 258 300 pesos al resto de
Argentina. En la categoría anterior, 9 000 muJas, valoradas en 227 000 pesos, representaban claramente la exportación más importante. Las exportaciones a la segunda área consistían casi exclusivamente en oro y plata;
puesto que la mayor parte de estos metales preciosos provenía presumiblemente de Bolivia, esta es otra indicación del predominio de las conexiones
comerciales de Salta con el norte. En palabras de la Cámara de Comercio
Exterior de Salta en 1852, "~se dinero sencillo (boliviano) y onzas de oro
de todos los cuños es el qut&gt; el comercio de SaJta desparrama rn las provincias interiores de la Confederación por la carrrra de Buenos Aires y algún
tanto por la de Cuyo". A su Vt&gt;Z, Salta sólo compró el equivalente a
110 000 pesos de productos importados europeos.26
Aunque los detalles anteriores apoyan enérgicamente la persistencia
del espacio económico colonial ubicado en Potosí, no debe exagerarse la
importancia de la fuerza y el tamaño de este mercado interno. Tristan
Platt ha criticado correctamente el argumento historicista de muchos bolivianistas que veían los primeros años del siglo XIX meramente como un

E. Langer: Bolivia y el n-0rte argentino (I 810-1930)

145

preludio del dominio del modelo económico liberal en la segunda mitad
del mismo siglo. Platt asevera que el desarrollo de los mercados internos,
mediante la política de producción de pesos febles, representó una alternativa viable a la economía no intervencionista orientada a las exportaciones que las nuevas élites políticas impusieron en la década de 1870.26
A pesar de las cualidades atractivas de este argumento y su rectitud esencial para las primeras décadas después de la independencia, el mercado
interno que sobrevivió al período colonial tenía serias debilidades que provocaron su rápida desaparición en la segunda mitad del siglo XIX.
Tres problemas, la naturaleza de la demanda del mercado interno, el
papel de la plata como mercancía y moneda, y las políticas inciertas en
relación con las importaciones extranjeras son esenciales para comprender
la dinámica del cambio económico que abarcó a la región desde principios
de la década dt&gt; 1860. En priml'r lugar, los mercados mineros siguieron operando a pequeña escala en comparación con los períodos anteriores. Aunque hubo un pequeño auge en la producción de plata durante la década de
1840, muy pocos trabajadores regresaron a las minas. La ciudad de Potosí,
que había sido tradicionalmente el centro de la actividad minera, perdió
importancia respecto a las minas en las provincias del departamento de
Potosí. Esto estuvo estrechamentl' ligado ron la abolición, después de la independencia, de la mita qui" obligaba a la mano de obra minera india a trabaj;ir en las minas de Potosí. Aunque la producción de plata de las regiones
qut&gt; no tenían t'I beneficio de la mita impuesta por el gobierno prospt•ró
también durante el período colonial y de hecho, para los siglos XVII y
XVIII la mita se había convertido Pn otra exacción monetaria para los indios más que en un tributo laboral, el dinero que los propietarios de las
minas recibían para pagar a los trabajadores voluntarios o sencillamente para subsidiar a las empresas mineras de Potosí había tenido una gran importancia en la evolución del mercado minero de Potosí.27

U na vez desaparecido este impuesto excesivo, los campesinos que habitaban las comurúdades indígenas, la gran mayoría de la población rural
de la nación, volvían genf"ralmrntr a las ac·tividades de subsistrncia. Claro
que la exacción de los pagos tributarios no relacionados con la mita continuaron y representaron una gran fuente de ingresos para el estado durante casi todo el siglo XIX. 28 De igual manera, las exacciones tributarias continuaron estimulando la participación en el mercado de los miembros de
la comurúdad quienes tenían que adquirir dinero para pagar el impuesto
principal y explica la importante, ~~d_ucción de trigo en e! ~~ea domina~a
por el ayllu del norte de Potosi. No obstante, la aboltc1on de la mita
disminuyó significativamente la participación en el mercado de una gran
parte de la población dC"bido a la disminución de la demanda de efectivo
entre el campesinado autosuficiente. Esto sucedió junto con la desurbani-

�146

Siglo XIX

E. Langer: Bolivia y el ,wrte argentino (1810-1930)

147

zación de la región, tendencia que se inició en la segunda mitad del siglo
XVll. Para 1800 la población de la alguna vez poderosa Potosí oscilaba entre los 20 000 habitantes, de los 160 000 que eran en 1640. La disminución de la población urbana se estabilizó alrededor de 1800; después sólo
La Paz y, durante un corlo período Cochabamba, experimentaron un au30
mento en la población durante el siglo XIX.

sentó una fuga de la moneda de plata boliviana hacia la esfera de influencia
chilena.31 También debe tomarse en cuenta el grado de comercio en plata
con Buenos Aires y sus efectos pero resulta muy difícil su cuantificación
debido al uso de la moneda boliviana como divisa en los ámbitos del norte
de la Confederación y la importancia del conlrabando sin registrar hacia la
capilal argentina.32

En esencia, lo que había hecho al Alto Perú un mercado importante
en casi toda Sudamérica fue la monetarización de la economía regional debido a las intensas actividades mineras. La mayor parte de la comercialización de las actividades había sido impuesta por el gobierno colonial; una
vez que las parles principales de esta actividad coercitiva fueron abolidas
por la independencia, la demanda del mercado disminuyó correspondientemente. Esto, por supuesto, no niega el hecho que incluso las poblaciones
rurales autosuficientes participaban en el mercado. La disminución en las
actividades comerciales en la región durante el siglo XIX debe verse como
una baja de niveles anormalmente altos a niveles más "nonnales" compatibles con la gran población campesina de la región.

Las políticas del gobierno lampoco eran consistentes. Aunque, como
Tihor Wittman ha señalado, existió un debate progresivo sobre la promoción de las importaciones/exportaciones o el comercio interno, incluso los
líderes que parecían favorecer a los productos locales, como Andrés de
Santa Cruz, tenían políticas contradictorias. Aún cuando Santa Cruz ponía en circulación pesos febles, por lo menos al principio, con la justificación de que deseaba proporcionar el dinero suficiente para la demanda interna, también fue uno de los principales promotores del puerto de Cobija
en el Pacífico el cual, gracias a políticas ara_ncelarias favorables, funcionaba
como un punto importante de entrada para los efectos de ultramar que
contribuyó a la ruina de las manufacturas locales. Quizás sólo Manuel Belzú (1848-1855) permaneció fiel a sus aliados artesanos, pero para entonces
ya se había hecho mucho daño. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, incluso el grupo proteccionista definió su posición en líneas puramente nacionalistas, y no logró comprender la importancia de sostener
los lazos de las porciones complementarias de las cercanas Argentina y Pero que mantenían la autosuficiencia del mercado interior. 33

Otro problema se relacionaba con el papel de la plata como mercancía y como moneda. Al principio los pesos febles servían como moneda
en el mercado interno mientras que el gobierno producía pesos fuertes
para exportación. Este sistema, sin embargo, se desintegró cuando el gobie1no aumentó la producción de pesos febles a costa de la acuñación intrínsecamente más valiosa. Esto obligó a los comf'rciantes importadores/
exportadores a aceptar pesos febles, provocando la pérdida de la moneda
para los mercados internos.

UN PERIODO DE TRANSICION: 1860-1890

Este problema se presentaba especialmente en dos regiones: a lo largo
de la costa del Pacífico en Bolivia y en la región de Cuyo en Argentina. A
pesar de los esfuerzos por parle de varias administraciones bolivianas por
fomentar el desarrollo de una economía a lo largo del litoral boliviano
junto con las Lierras altas del interior del país, los chilenos desde un principio empezaron a dominar el comercio del territorio costeño boliviano.
Los chilenos, que estaban estrechamente comprometidos con los intereses
comerciales ingleses, aceptaban cada vez con mayor frecuencia los pesos febles como pago de las importaciones del extranjero, aunque al valor inherente. Puesto que las áreas costeras se encontraban extremadamente aisladas de los centros de las tierras altas, tenían que depender en gran parte
de las mercancías importadas, y de esta manera comerciar incluso con
pesos febles.

Resulta irónico que el declive del espacio económico supranacional con base en los mercados mineros de Potosí coincida con el resurgimiento de las
minas de plata en Bolivia durante la segunda mitad del siglo XIX. ¿Cómo
fue posible? Tanto los cambios internos como en las economías de las naciones vecinas precipitaron el colapso de los antiguos circuitos comerciales.
Internamente, el surgimiento de una élite minera nueva y dinámica ligada
al capital chileno, la imposición exitosa de su programa de reformas no intervencionista y la forma como se exportaba la plata provocaron un cambio en la estructura productiva de la economía regional. También fueron
factores importantes el desarrollo del comercio mundial y sus efectos en
Perú y Argentina, los que ayudaron en gran parte a integrar a regiones
periféricas en sus respectivas economías nacionales. Todos estos elementos provocaron la desintegración de los vestigios del antiguo "espacio económico peruano" a finales del siglo XIX.

En el mismo caso, la economía de Cuyo, que durante la primera mitad
del siglo XIX comerciaba más con Santiago que con Buenos Aires, repre-

Como ha afinnado Antonio Milre, para la década de 1860 había sur-

�148

Siglo XIX

gido una nueva élite de mineros de plata. Las antiguas famil~as de la ind_ustria minera al enfrentarse al fracaso de sus empresas, recumeron a capitalistas y comerciantes que recorrían los caminos del Pacífico que contaban
con los requisitos o conexiones con los mercados financieros chilenos
para rescatar sus empresas. Con el tiempo estos nuevos empresarios se
hicieron cargo de las minas de plata inyectándoles nuevo capital y la maquinaria más moderna. Esto provocó aumentos importantes en la producción. Por ejemplo, entre 1865 y 1895 se cuadruplicó la producción de plata en la Compañía Huanchaca, una de las empresas mineras más grandes.
Otras compañías experimentaron curvas de producción similares, creando
grandes fortunas para los accionistas de las compañías mineras. La producción aumentó a pesar de una baja notable en el precio de la plata,
lo que se hizo notable especialmente a principios de la década de 1870.34
Una vez que los nuevos mineros lograron un predominio económico, !11·
gresaron a la política para instituir un número de reformas que eUos cre1an
• sus propios
· bo1s1·11os. 35
traerían progreso al país y, de paso, llenanan
El primer punto que unificó a los mineros fue en tomo a la exporta•
ción libre de la plata y la emisión de pesos febles. Los gobiernos republicanos habían continuado la práctica colonial de exigir a todos los mineros que llevaran su plata a bancos mineros especiales en los que el metal
era acuñado y los mineros recibían un precio inferior que en el mercado
abierto. Además de los impuestos gubernamentales sobre la acuñación, las
ganancias de los mineros disminuían todavía más por el pago de una proporción creciente de sus utilidades en pesos febles. Para la década de 1850,
esto costaba a los empresarios hasta el 28% del valor original del mineral.36 Para 1873 los mineros, aliados con los comerciantes de importaciones/exportaciones, lograron una victoria importante cuando el estado declaró que el mineral de plata podía ser exportado libremente, sin pasar
por los bancos. Todavía de una mayor relevancia resultó que después de
1871 la casa de moneda de Potosí dejara de producir el peso feble. Aunque
los esfuerzos del gobierno por cambiar al peso feble fracasaron, estas medidas condujeron inevitablemente al declive del espacio económico supr~nacional cuando la reducción en el suministro de las monedas de plata eliminó la desventaja comparativa de los precios de las mercancías importadas.
Este proceso de contracción no fue de ninguna man&lt;'ra repentino: los
pesos bolivianos continuaron circulando en un área más allá de los límites
nacionales. 37 De igual manera, el resurgimiento de la extracción de plata
creó temporalmente nuevas demandas que dieron por resultado el resta·
blecimiento, o , en algunos casos, la creación de circuitos comerciales locales ubicados en los distritos mineros. Esto sucedió con la producción azucarera en Santa Cruz, la cual aumentó dramáticamente durante el período

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

149

del auge minero. Desde finales de la década de 1870 el departamento exportó firmemente más de 800 000 kilogramos de azúcar al afio; éste fue
un aumento substancial sobre las exportaciones en años anteriores, cuando
estas promediaban un poco menos de los 600 000 kilogramos. 38 Del mismo modo, la provincia de Tomina en Chuquisaca experimentó una prosperidad considerable durante la segunda mitad del siglo XIX con la crianza
del ganado: los comerciantes de Cochahamba se establecieron en la región
y compraron pieles que después vendían a la floreciente industria peletera
en su departamento de procedencia, industria 1ue había logrado una importancia considerable desde la década de 1830. 9
No obstante, la nueva prosperidad en las minas· tuvo mucho que ver
con la destrucción de muchos circuitos comerciales que habían sobrevivido
desde el período colonial. Esto se hizo evidente por primera vez en el comercio del trigo. Como se explicó con anterioridad, las comunidades indígenas del norte de Potosí producían trigo que vendían hasta el sur de
Perú y el altiplano boliviano. Durante la presidencia de Mariano Melgarejo (1866-1871), quien favorecía los intereses chilenos, las importaciones
de harina de trigo de ese país empezaron a desplazar a la producción del
norte de Potosí.40
La actitud no intervencionista hacia las importacionl',s extranjeras que
caracterizó el régimen de Melgarejo no cesó después de su caída; a pesar
del repudio de los gobiernos subsecuentes a las políticas de Melgarejo, esto
no se extendió hacia su inclinación por un comercio liberal. Como lo demuestra el ejemplo de la extracción librt&gt; d&lt;· plata, las nuevas élites políticas de Bolivia favorecían en la década de 1870 las políticas no intervencionistas y de libre comercio. Esta actitud se extendió también a las importaciones extranjeras; la harina de trigo chilena continuó invadiendo al país.
En 1876 una vía férrea de Moliendo en la costa peruana a Puno, m el lado
peruano del Lago Titicaca, reorientó al comercio del norl&lt;: de Bolivia, La
Paz en particular, hacia Perú. Desde esta fecha hasta los inicios del siglo
XX el altiplano boliviano, con su gran población indígena.cayó bajo la influencia de la región económica de Arequipa. A cambio de la lana de ovejas y alpaca, las firmas comerciales de Arequipa aprovisionaban la región
con productos importados del extranjero.41
Las políticas de libre comercio adoptadas por el gobierno boliviano
produjeron la fragmentación del país en tres esferas separadas que provocó la desintegración efectiva del antiguo espacio económico localizado
en las minas de Potosí. La Paz y el norte de Bolivia, por medio del ferrocarril Moliendo-Puno y la ruta Arica-La Paz, orientó el comercio hacia
Perú. Con el tiempo la región sureste de Bolivia, se convirtió en una dependencia de la economía de Buenos Aires; y la región central se rela-

..

�150 Siglo XIX
cíonó con la economía chífona, La Guerra del Pacífico (1879-1884), en
la que Bolivia, aliada con Perú, perdió su costa del Pacífico en favor de
Chile, fué un elemento crucial en esta transformación. Al principio, la
guerra reorientó el comercio hacia Argentina, fortaleciendo quizá temporalmente las relaciones del norte de Argentina con el sur de Bolivia. Entre
1879 y 1880 el comercio de Bolivia con Argentina se triplicó a casi
700 000 pesos argentinos, puesto que el estado de guerra a lo largo de la
costa del Pacífico imposibilitaba el comercio.42 Los comerciantes bolivianos en Tarija, a lo largo de la frontera argentina, se beneficiaron más que
todo de este cambio en los patrones comerciales, a pesar de sus quejas frecuentes sobre los medios deficientes de comunicación. Las firmas familiares como Trigo Hermanos, V. Navajas e Hijos, Paz Hermanos, y M. Araoz
e Hijos, lograron importancia durante este período aliándose con los bancos y las compañías comerciales de Buenos Aires.43
Sin embargo, las relaciones con Argentina fueron efímeras en lo que
respecta a las regiones mineras del centro de Bolivia. El Pacto de Tregua de
1884 con Chile dió a la nación victoriosa un control substancial sobre el
comercio de Bolivia. Los productos chilenos entraron sin ninguna barrera
arancelaria, creando grandes dificultades a la industria nacional. Todavía
más destructiva resultó la construcción de vías férreas entre la costa del
Pacífico y los centros mineros de Bolivia. Uno de los planes más importantes de los mineros de plata era construir ferrocarriles para exportar hacia la
costa los minerales a bajo costo. Esto se hiw finalmente posible después de
la guerra cuando los capitalistas chilenos y también los ingleses S(' aliaron
con los mineros bolivianos en la construcción de los ferrocarriles di" la costa del Pacífico (ahora propiedad de Chile) hacia los centros mineros. Así
por ejl"mplo la comp;tñía Huanchaca, la cual contaba con una participación
importante de financieros chilenos, logró que se extendiera una vía férrea
que llegaba a los depósitos dP. nitrato hasta la región minera boliviana.
El ferrocarril llegó al pueblo minero de Uyuni en 1889, Oruro en
1892, y La Paz en 1908. La compañía Huanchaca estableció también ramales tributarios hacia sus minas ubicadas en el centro de Potosí, reduciendo en gran parle los costos de tra11sporte. 44 Los ferrocarriles eran una necesidad indudable para la prosperidad de las compañías mineras, pues los
precios de la plata continuaban disminuyl"ndo al transcurrir el siglo. De
esta manera las empresas mineras podían reducir no sólo los costos de
transportación, sino además los gastos de refinamiento enviando los minerales en un estado de menor pureza. 45
DE LA PLATA AL ESTAÑO. 1890-1930
A pesar di" los esfuerzos de los mineros por conlrarrrslar la caída en los

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

151

precios de la plata, esto resultó imposible para principios de 1890. Las
compañías mineras explotadoras de plata fueron quebrando una tras otra,
ocasionando esto grandes dificultades no solamente entre los trabajadores
sino a la vez entre la oligarquía minera antigua. No fue sino hasta finales de
siglo cuando el estaño empezó a ocupar el lugar de la plata como metal
principal de exportación. Como resultado, se fue desplazando el centro
económico del país hacia el norte, concretamente a La Paz, en donde ya
grandes empresas extranjeras habían asentado sus centros de operaciones.
Incluso Simón Patiño, el gran magnate boliviano del estaño, contaba con
apoyo importante de intereses norteamericanos.46 Las tendencias emergentes en la última década del período anterior se acentuaron cada vez más.
Aunque la influencia del ferrocarril vino a ser una bendición para los
mineros del estaño, resultó desastrosa para los remanentes del mercado interno. Costaba menos transportar granos por ferrocarril desde Chile hacia
los centros mineros y urbanos que desde los centros de producción más
cercanos y tradicionales. Como declaró en 1894 un administrador de haciendas tanto en Cochabamba como en Chuquisaca:
El año agrícola ha sido bueno, y será mejor con la perspectiva de
buenos precios, salvo la competencia lo haga bajar, y en especial
la que nos hace el ferrocarril, que vomita en cada tren cientos de
quintales de harina de trigo que se sobreponen en el mercado a las
que rinden nuestros molinos.47
Asimismo, las telas fabricadas en telares al igual que otros productos importados eran vendidas con mucha frecuencia más baratas en las regiones
mineras que lo que se producía en la localidad.
A pesar de esta tendencia, los pequeños poblados esparcidos por el altiplano boliviano experimentaron un resurgimiento en importancia comercial y política. Silvia Rivera ha formulado la hipóLesis de que los mestizos
que predominaban en estos poblados fueron capaces finalmt&gt;nte de monopolizar el comercio en las provincias como resultado di• la llegada dl"I ferrocarril que reemplazó a los numerosos arrieros, indios en su mayoría,
quienes habían impedido inicialmente la concentración de mercados en los
pueblos dominados por los mestiws.48
El proceso de expansión de las haciendas durante finales del siglo
diecinueve y en los inicios del veinte, que daría por resultado la incorporación de grandes partes de tierras comunitarias a las fincas del altiplano, también indudablemente tuvo mucho que ver con el desarrollo de las
poblaciones provincianas. Aunque muchas haciendas mantenían relaciones
tradicionales en las tierras recientemente adquiridas, la organización del

�152 Siglo XIX
área rural en haciendas encauzó un porcentaje mucho mayor del excedente
del campesinado del altiplano hacia la economía monetaria y contribuyó
a proporcionarle a las poblaciones una importancia comercial adicional,
como nexos importantes entre el campesinado y la economía urbana.
Los ferrocarriles de la costa del Pacífico no llegaron a Potosí hasta
1911 y no lograron integrar gran parte de las porciones este y sur del
país a la red minera central. Estas regiones, incapaces de competir con las
importaciones baratas, e ignoradas en gran medida por la oligarquía argentífera dominante. se fueron convirtiendo en dependencias económicas de
los países cercanos. Tal vez el caso más flagrante fue el de las zonas de
Acre y Beni, productores de caucho en la parte noreste de Bolivia, pero
esta área siempre había permanecido extremadamente marginada de la red
comercial en la parte central del Potosí.49 Lo que es mucho menos conocido es que ocurrió un proceso similar a lo largo de la frontera sureste de
Bolivia. Hacia finales del siglo diecinueve, cuando millones de inmigrantes
inundaron el litoral argentino, el estado federal consolidó finalmente su
control político sobre las áreas alejadas, y (en forma relacionada) se construyeron ferrocarriles desde Buenos Aires hacia el interior. La economía
de la región sureste de Bolivia (Tarija, el oriente de Chuquisaca y el sur de
Santa Cruz) fue quedando cada vez más bajo el control de la economía
del Atlántico basada en Buenos Aires.
Los comerciantes establecidos en Tarija, quienes empezaron a prosperar durante la Guerra del Pacífico, estaban en una posición de sacar ventaja
de innumerables contactos con sus colegas argentinos y empezaron a importar enormes cantidades de textiles de fabricación europea desde Buenos
Aires hasta el sureste de Bolivia. Transportaban su mercancía de Buenos
Aires por ferrocarril al extremo de la línea cercana a la frontera boliviana, y
luego transbordaban sus productos a lomo de burro y de mulas, en caravanas de hasta 200 cabezas, conducida por muleros provenientes de la provincia de Catarnarca al norte de Argentina. Otros iban hacia la feria en
Yavi, cerca del centro ferroviario argentino, para comprar mercancía europea. Compraban algunos artículos de lujo y telas ligeras, al igual que algo
de azúcar de Jujuy, con los que abastecían gran parte de la región marginada por el desplome de mercados de plata y la reorientación del comercio
de las regiones montañosas occidentales hacia el Pacífico. 50
El comercio no se restringía al movimiento hacia el norte de manufacturas extranjeras principalmente al sureste de Bolivia. Asimismo y en
forna creciente se desplazaban hacia el sur hombres y animales del Chaco
Boliviano. Los indios Chiriguanos, el grupo étnico más numeroso a lo largo
de las estribaciones de los Andes en Bolivia con 46 000 miembros en 1880,
emigraban cada ve--¡; más hacia los ingenios florecientes de Jujuy para traba-

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

153

jar durante la zafra. Aún cuando este desplazamiento puede remontarse a
la década de 1850, empezó a tener importancia durante los últimos años
del siglo diecinueve, ya que innumerables indios permanecieron en Argentina, ocasionando esto una escasez laboral excesiva en las haciendas de Bolivia de donde habían venido.51
Esta migración a su vez se debía en gran parte no solamente a la
atracción que ejercía en los indios la próspera economía azucarera del
noroeste Argentino, sino también a los patrones de colonización ocasionados por el éxito de los comerciantes de Tarija. Conforme dichos
comerciantes acumulaban capital, invertían grandes porciones del mismo
en terrenos. Esto a su vez condujo a una concentración de tierras en los
valles alrededor del Tarija en manos de ricos comerciantes y a la expulsión
de pequeños granjeros, quienes habían vivido en estas tierras, hacia territorio fronterizo al norte y al este en las márgenes del Chaco. La presión
ejercida por estos colonizadores condujo al éxodo de los Chiriguanos hacia
la Argentina, donde percibían muchos mejores sueldos y eran tratados con
mayores consideraciones que en su tierra natal. Hacia principios del siglo
veinte los cultivadores de la caña azucarera, particularmente en el valle de
Ledesma en el Jujuy, ya se habían vuelto extremadamente dependientes
de los Chiriguanos y de otras tribus del Chaco para su fuerza laboral. Como señaló un observador contemporáneo,
el chiriguano es irremplazable en el trabajo de pala y en la labor,

como el mataco (otra tribu Chaco) lo es en el corte y en la hacha. El ingenio es su creación; suprímase el indio, y todas esas
riquezas, toda esa civilización naciente, muere, falta de trabajo
que elabore. 52
Además, el comercio de la ganadería del Chaco boliviano unía la región con el norte de Argentina. Sin embargo, este ganado no era consumido en la Argentina, sino engordado en Salta y reexportado hacia las minas de nitrato del norte de Chile, varias en territorios anteriormente bolivianos.53 Así nació un nuevo circuito comercial, que hasta cierto punto
reunificó un área que había sido subdividida entre tres estados diferentes.
No obstante, este nuevo circuito utilizó la red ferroviaria argl'ntina extensamente para traer ganado a los mercados. La culminación de este negocio
comercial ocurrió entre los inicios de la Primera Guerra Mundial y la Gran
Depresión cuando, conforme a un cálculo, Bolivia exportó 25 000 cabezas
de ganado a la Argentina en 1921, cuando tuvo su máxima prosperidad.
Desafortunadamente, las cifras oficiales son totalmente inadecuadas para la
medición de este comercio, ya que con demasiada frecuencia se sufría de
contrabandos a lo largo de la frontera escasamente poblada e indefensa.64

...

�154

Siglo XIX

La dependencia económica del suroeste de Bolivia con Argentina fue
observado con alarma sólo cuando el gobierno central se interesó en el Pilcomayo y en otros ríos en el Chaco como una vía para disminuir su dependecia de Chile para las exportaciones. Como observó el Ministro de Colonización, el proceso de integración de la región a la economía argentina había ido demasiado lejos. De acuerdo a este oficial
hasta ahora Cordillera, el Azero y el Chaco, no tienen más comercio que con la Argentina, donde exportan su producción ganadera... De otro lado, los consumos del Chaco principalmente en la
región del Pilcomayo, son atendidos desde Fonnosa,JujuyySalta.
El Chaco, siendo una región políticamente boliviana, es una de55
. d el extranJero
.
' ·
pendencia
en lo comerc1"al y econom1co.
La sangrienta Guerra del Chaco (1932-35), que entablaron Paraguay y
Bolivia en esta región, puso fin a estos patrones comerciales. La guerra aniquiló los grandes rebaños de ganado, y los Chiriguanos huyeron de los
ejércitos hacia el interior o permanecieron como refugiados en la Argentina. Además, la Gran Depresión virtualmente cerró las minas del norte de
Chile, destruyendo esta oportunidad de mercado. En efecto, la Depresión
de los años 30 eventualmente condujo a una mayor participación del estado en asuntos económicos en todo el hemisferio. Las medidas proteccionistas adoptadas en todas partes anunciaron el fin de la economía regionaJ
que abarcaba la región central de los Andes. Efectivamente, este fue el fin
de lo que quedaba del espacio económico en el antiguo Potosí.
CONCLUSIONES
En realidad, las fronteras políticas no correspondieron a las regiones económicas en el corazón de América del Sur hasta muy avanzado el siglo XX.
Como ha sido cada vez más evidente, patrones heredados de la época colonial jugaron un papel mucho más importante en el desarrollo de la región
de Jo que se pensaba anteriormente. Aún aceptando que el área centTal andina es fuertemente representativa de este fenómeno -dado el aislamiento
de la región hasta fines del XIX y la fuerza del "espacio económico peruano" con centro en la minería y los mercados urbano.s de Potosí- la persistencia e importancia de patrones comerciaJes supranacionales en América
Latina durante el XIX es un asunto de extrema importancia, que ha sido
casi completamente ignorado como consecuencia de la más reciente concentraci~n de los enfoques sobre el comercio ultramarino con las economías del Atlántico norte.
¿Qué implicaciones tiene esta perspectiva sobre los mercados internos
para el estudio histórico de la América Latina del siglo diecinueve? Por
una parte, el modelo orientado hacia la exportación que logró predominio

E. Langer: Bolivia y el norte argentino (l 810-1930)

155

a finales del siglo diecinueve tuvo que reemplazar a otro sistema económico viable, aunque quizá no tan dinámico, ya implantado. Así, el triunfo
del liberalismo implicó la destrucción de un orden anterior que había proporcionado un cierto nivel de prosperidad o cuando menos una mínima
seguridad económica a un extenso segmento de la población en Latinoamérica.
Aunque es un truismo que el nuevo modelo económico ocasionó una
gran miseria, especiaJmente entre la población ruraJ, las causas de esto,
fincadas en un profundo conocimiento de los cambios en la estructura económica desde el movimiento de independencia y no solamente desde finales del sigfo XIX, no se han esclarecido. Más aún. debemos redefinir nuestras unidades de análisis. Como he tratado de sugerir en estP bosquejo sobre un área particular, el concepto de "economía ~acionaJ" es, en gran medida, irrelevante para una interpretación de la historia económica de la región hasta el siglo veinte.
En el caso de la región central andina, aún la destrucción de los antiguos patrones comerciales supranacionales no implicó el establecimiento
de nna economía nacional. De esta manera, Bolivia quedó dividida en tres
o hasta cuatro regiones económicas (si uno considera la economía del caucho dr las regione.s selváticas marginales del noreste) para fines del siglo
diecinueve. Cada una de ellas tenía mayor contacto con alguno de los países vecinos que con otras regiones económicas dentro de la nación. ¿No
podría ser aplicable este modelo, por el cual no queda establecida una verdadera economía nacional hasta mucho después de las declaraciones formales de independencia, para otras partes de América Latina?

NOTAS

1.- Cualquiera que esté trabajando sobre el problema de los efectos de la economía
minera argentífera en el Potosí debe sentirse agradecido con Carlos Sempat
Assadourian y con Tristán Platt, Antonio Mitre y Heraclio Bonilla. Para un deuneamiento bastante sugestivo de un proyecto en colaboración que enfoca este
problema. ver Minería y eapacio económico en los Andes, siglos XVI-XX, de
Carlos Sempat Asi.adourian, Heraclio Bonilla. Antonio Mitre y Tristán Platt (Lima. 1980).

2.- Carlos Sempat Assadourian, El sistema de la economía colonial: Mercado interno, regiones y espacio económico (Lima. 1982).

�E. Langer: Bolivia y el norte argentino (1810-1930)

156 Siglo XIX

157

3.- Guillenno Céspedes del Castillo, "Lima y Buenos Aires: Repercusiones económicu y políticas de la creación del virreinato de la Plata", Anuario de Estudios
Americanos, 3 (1946), pp. 669-874; Jonathan Brown, A Socio--Economic History of Argentina, 1776-1860 (Cambridge, 1979), pp. 9-49.

10.- Joseph Barclay Pentland, Informe sobre Bolivia, tr. de Jack Aitken Soux (Potosí, 1975), pp. 103-105.

4.- Asthenio Averanga Mollinedo, Aspectos generales de la población boliviana (La
Paz, 1974), p. 2. Aunque esta cifra data de 1831, presumiblemente la población
de Bolivia no había cambiado mucho (y quizá hasta hubiera disminuído) desde
1800. Para el caso de Argentina, ver Ernesto J. A. Maeder, Evolución demográfica argentina desde 1810 a 1869 (Buenos Aires, 1969).

í2.- Para una estimación de las inversiones británicas dentro de la industria minera en la Bolivia republicana de los primeros años, ver de William Lofstrom,
"Attempted Economic Refonn and lnnovation in Bolivia under Antonio José de Sucre (1825-1828)", Hispanic American Historical Review, 50:2 (1970),
,&gt;p. 279-299 y de Guillermo Ovando Sanz, "British interests in Potosí", Hispa11ic American Historical Review, 45:1 (1965), pp. 64-87; Antonio Mitre, Los
patriarcas de la plata: Estructura socioeconómica de la minería boliviana en el
siglo XIX (Lima, 1981 ), pp. 80-88.

5.- Para valoraciones recientes de las tramfonnaciones de la mita, ver Peter Bakewell, Miners of the Red Mountain: lndian Labour in Potosí, 1545-1650 (Albuquerque, 1984), y Jeffrey A. Cole, The Potosí Mita, 1573-1700: Compulso'!
lndian Labor in the Andes (Stanford, 1985). Por supuesto, gran parte de lo nusmo podría decirse acerca de la orientación subsistente de otros grupos en el
Virreinato de Buenos Aires; como en el caso de la "cultura de la ganadería" en
gran parte autosuficiente que floreció a lo largo de la frontera de las pampas.
Ver Ricardo E. Rodríguez Molas, Historia social del gaucho, 2a. ed. (Buenos
Aires, 1982), y Richard W. Slatta, Gauchos and the Vanishing Frontier (Lincoln, 1983).
6.- Con relación al tema del comercio de mulas, ver de Florencia Cornejo, "El Litoral, Salta y el Perú, unidos por una compañía de mulas (Olavegoya-Candioti~,
1798-1810" Tercer Congreso de Historia Argentina y Regional, 4 (Buenos Aires, 1977), ;p. 151-161; y "El comercio de mulas de Salta con el Litoral, Córdoba, Alto y Bajo Perú (1800-1810)", Cuarto Congreso Nacional Y_,Regional
de Historia Argentina, 1 (Buenos Aires, 1979), pp. 365-373. Ta,rnb1e~ ver de
Carlos Sempat Assadourian, "El sector exportador de una econom1a reg10nal del
interior argentino, Córdoba, 1800-1860 (Esquema cuantitativo Y form~~ de
producción)", en El sistema de la economía colonial, pp. 222-276. Tamb1en se
incluye una buena parte de material sugestivo en Nils Jacobson Y Hans-Ju.rgen
Puhle, eds., The &amp;onomies of Mexico and Pero During the Late Colonial
Period 1760-1810 (Berlín, 1986).
7.- Erick D. Langer, "Rural Society and Land Consolidation in a Declining Economy: Chuquisaca, Bolivia 1880-1930", Tesis Doctoral (Stanford, 1984), pp.
130-133.
8. Citada en Emilio A. Bidondo, La Guerra de la independencia en el norte argentino (Buenos Aires, 1976), p. 159. Además de la obra excelente Y detallada de
Bidondo ver Tulio Halperín Donghi, Poli tics, Economics and Society in Argen•
tina in the Revolutionary Period (Cambridge, 1975), pp. 264-269 para un análisis sucinto del "sistema Güemes".
9.- Archivo Histórico de la Provincia de Jujuy (en lo sucesivo, AHPJ), 1821, Caja
No. l 20 Hacienda, "Expediente referido a productos que consignaba el comerci~nte'Santiagueño José Benigno Frías para la población de Tupiza". Para
el comercio de mulas en 1823, ver Archivo Histórico de la Provincia de Salta,
Hacienda 449, "Libro auxiliar del ramo de Sisa del año 1823". Las prohibiciones contra el comercio están especificadas en AHPJ, 1825, Caja No. 1, 1.1.2.
"Agustín Dávalos al Inte. de Exerto. Don Antonio del Pino Teniente Tesorero de esta Casa", f. l.

11.- /bid., pp. 102-105.

13.- Archivo Nacional de Bolivia, Sucre (en lo sucesivo ANB), Tribunal Nacional
de Cuentas (en lo sucesivo TNC), 2256, "Libro Manual principal de la Aduana
Nacional del Departamento de Potosí. .. 1839", No. 364.
14.- ANB, TNC 2256, passim; TNC 2197, "Libro Manual principal de la Aduana
Nacional de Potosí. . .1841 ". Para 1839, las cifras exactas eran: efectos de
ultramar: 833 817 pesos, bienes domésticos: 30 818 pesos, estados limítrofes:
9 694 pesos. Para 1841, efectos de ultramar: 809 588 pesos, bienes domésticos: 8 593 pesos, estados limítrofes 3 262 pesos.
15.- Pentland, p. 103. De acuerdo al autor, 8 000 cargas equivalían a 200 toneladas
de .algodón limpio. La cita acerca de Cinti es de la pág. 60. Ver también de Edmond Temple, Travels in Various Parts of Pero, 2, (Londres, 1830), p. 346, para otro enfoque de la Cinti republicana de los primeros años.
16.- Para Chuquisaca, ver a Pentland, pp. 56-60; para Cochabamba, ver de Brooke
Larson, "Economic Decline and Social Change in an Agrarian Hinterland: Cochabamba (Bolivia) in the· Late Colonial Period", Tesis Doctoral (Universidad
de Colombia, 1978); ver también del mismo autor, Explotación agraria y resistencia campesina en Cochabamba, 2a. ed. (Cochabamba, 1984), especialmente
pp. 165-191; Erwin P. Brieshaber, "Survival of lndian Communities in Nineteemn-Century- Bolivia", Tesis Doctoral (Universidad de North Carolina, 1977),
p. ~28; P~ra el nor~e del Potosí, ver de Tristán Platt, Estado &amp;liviano y ayllu
andino: Trerra y tributo en el Norte del Potosí (Lima, 1982), pp. 23-35. De
acuerdo con José María Dalence, el Potosí en 1846 produjo las máximas cantidades de trigo, -~92 354 fa,negas, mientras que Cochabamba obtuvo el primer lugar en producc1on de ma1z, aportando 476 794 fanegas. Chuquisaca quedó en
ter~r lugar de la p'toducción de trigo co~ 60 400 fanegas y tercero (después de
Tar1Ja pero antes del Potosí) en produccion de maíz con 242 266 fanegas. Ver
de Dalence, Bosquejo estadístico de Bolivia (1851: reimpreso La Paz 1975)
p. 238.
'
'
. '
17.- Dalence, pp. 278-281; ver también de Tibor Wittman, "Reflexiones sobre las
ideas económicas de José María Dalence", &amp;tudios Históricos sobre Bolivia
(La Paz, 1975), pp. 177-193.
18.- Assadourian, et. al; Antonio Mitre, "Espacio regional andino y política en el
sigl~ XIX", Historia Boliviana, 2:2 (1982), pp. 165-178; Mitre, Los patriarcas,
capitulo 6.

�158 Siglo XIX
19.- Phillip T. Parkerson, Andrés de Santa Croz y la Confederación Pero-Boliviana,
1835-1839 (La Paz, 1984). Para detalles acerca de la invasión del Jujuy, ver
pp. 239-244. Para un mayor contexto geopolítico, ver de Robert N. Bun,
By Reason or by Force: Chüe and the Balancing of Power in South America,
1830-1905 (Berkeley, 1965).
20.- Para el Perú, ver de Assadourian, et. al., pp. 90-91; para efectos de la imposición
del papel moneda en la Argentina, ver Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, Colección Anselmo Rojas, Correspondencia, Vol. 2 (años 1854-1856),
José Hilario Carol a Manuel Taboada, Paraná, 19 de agosto, 1854, y Roque Alvarado a Anselmo Rojas, Jujuy, 7 de septiembre, 1854.
21.- Citado en Assadourian, et. al., pp. 90-91.
22.· Para un resumen de asuntos comerciales, ver de David Bushnell, Reform and
Reaction in the Platine Provinces, 1810-1852 Gainesville, 1983). Mi argumento
en gran parte contradice la obra clásica de Miron Burgin, Aspectos económicos
del federalismo argentino, trad. de Mario Calés (Buenos Aires, 1960), quien
postuló que la industria del interior se deterioró rápidamente con la intromisión impetuosa de los fabricantes británicos. Creo que su concentración sobre
los años iniciales de la república (principalmente la década de 1820) y su enfoque en la provincia de Buenos Aires Jo condujeron erróneamente en cuanto a
los efectos de las importaciones a largo plazo.
23.- Para un análisis sobre el caudillo, ver de Eric R. Wolf y Edward C. Hanson,
"Caudillo Politics: A Structural Analysis", Comparative Studies in Society and
Hi4tory, 9:2 (1967), pp. 168-179.
24.- Por ejemplo, en 1839 todos los embarques de oro, excepto uno (de valor no determinado) iban dirigidos a Salta o a Jujuy, por un valor total de 3,066 pesos.
Ver ANB, TNC 2256.
25.- Las estadísticas comerciales proceden de la Comisión de Comercio, "Informe
económico de los señores Victorino Solá, Juan G. Leguismon, Atanasio Ojeda,
Vicente Ansóategui y Segundo D. de Bedoya, comisionados el 17 de mayo de
1852 por la Junta General de Comerciantes de la Provincia de Salta", Revi4ta de
Economía R~ona/ (1964), pp. 67. La cita es del mismo reporte, p. 68, también
mencionado en Graciela Lloveras de Arce, "Aportes para el estudio del comercio
entre Salta-Cuyo durante el siglo XlX", Cuarto Congreso Nacional y R~onal de
Historia Argentina, 1 (Buenos Aires, 1979), p. 143.
26.- Tristán Platt, Estado tributario y librecambio en Potosí (siglo X[X): Mercado indígena, proyecto proteccionista y lucha de ideologías monetarias (La Paz, 1986),
p. 16.

E. Langer: Bolivia Y el norte argentino (1810-1930)

159

29.- Platt, Estado boliviano, pp. 23-35.
30.- Wolfgang Schoop, Ciudades bolivianas (La Paz, 1981).
31.- Platt'. Estado tributario y de Lloveras de Arce, "Aportes". Salta también tenía
r~lac1ones comerciales con Chile, y la plata pudiera igualmente haber sido canalizada a través de esta región.
32.- Ver _por ejemplo los constantes intentos de Dámaso de Uriburu un comerciante
Y _mmero de_S:i1ta en Bolivia, de extraer mineral como contraban'ao hacia Buenos
~~s. De ~ilham Lofstrom'. f!ámaso de Uriburu: Un empresario minero de princ1p1os del siglo XIX en Bolivia, tr. de Marta Urioste de Aguirre (La Paz, 1982).
33.- Para _el ~esarrollo de Cobija como puerto principal, ver de Femando Cajías, La
prov1~cra de Atacama (1825-1842) (La Paz, 1975), pp. 248-252. Para una valorac10~ de la administración de Belzu, ver de Herbert S. Klein, Bolivia: The
Evolutwn of a -~ulti-Ethnic S?ciety (Nueva York, 1982), pp. 128-131; igualmente, en relacion con las pohticas monetarias, ver de Platt, Estado tributario,
pp. 34-38.
34.- Mitre, Los patriarcas, pp. 25-42.
35.- lbid., pp. 66-{;7; para un contexto mas amplio que la minería, ver de Herbert
S. Klein, Parties and Política/ Change in Bolivia 1880-1952 (Cambridge 1969)
pp. 18-38, y de Langer, "Rural Society", pp. 23-31.
•
'
36. Mitre, Los patriarcas, pp. 46-49; Julio Benavides, Historia de la moneda en
Bolivia (La Paz, 1972), pp. 38-39.
37.- Este fue el caso en Tucumán durante 1875. Ver por ejemplo, de Donna J.
Guy, Argentine Sugar Politics: Tucumán and the Generation of Eighty (fempe, 1980), p. 20.
38.- Gustavo Rodríguez O., "Capitalismo, crisis de mercado y luchas regionales en
Santa Cruz (1891-1932)", Correo, (Cochabamba, 6 y 13 de febrero, 1986),
pp. 4-5.
39 .· ~ara Tomina, ver de Erick D. Langer, "Rural Society and the Mining Economy
m Southem Bolivia", manuscrito sin publicar (1986), capítuJo 7 sobre Cochabamba; ver de Gustavo Rodríguez O., "Análisis histórico del proceso de constru5cción de una región", Los Tiempos (Cochabamba, 14 de septiembre, 1985),
p. .
40.- Platt, Estado boliviano, p. 35.
41.- Alberto F1ores-Galindo, Arequipa y el sur andino (siglos XVII-XX (Lima, 1977),
pp, 61-145.

27 .• Para la mita colonial, ver nota 5. Evidentemente hubo una resurrección parcial
de la mita durante el período republicano como "la mita voluntaria" en 1829.
Ver de Platt, Estado tributario, pp. 31-32. Ver también el Archivo de la Casa de
la Moneda (Potosí), PD 109 "Correspondencia del Tribunal de Minería", Martín
de Jáuregui al Prefecto de Potosí, Potosí, 24 de junio, 1831.

42.- ~in.i~terio de Hacienda, Estadística del Comercio Exterior y de la Navegación
1ntenor y exterior de la República Argentina correspondie,¡te a! año 1880
(Buenos Aires, 1881), pp. 61-{;2.

28.· Nicolás Sánchez Albornoz, Indios y Tributos en el Alto Perú (Lima, 1978),
pp. 187-218.

43.- ":'er por ejemplo La Estrella de Tarija, 6:159 (28 de abril, 1882) p. 2. La histona del desarrollo de las empresas comerciales de Tarija es un relato fascinante

�160 Siglo XIX
que no se há escrito.
44.- Thomas P. O'Brien, "The Antofogasta Company: A Case Study of Peripheral
Capitalism", Hispanic American Historical Review, 60:l (1980), pp. 1-31; Mitre, Los patriarcas, pp. 166-179.

LA FORMACION DEL MERCADO INTERIOR
EN CONDICIONES COLONIALES

Inmigración y Comercio Catalán en las
Antillas Españolas durante el Siglo XIX

45.- Mitre,Lospatriarcas, pp. 191-192.

Jordi Maluquer de Motes*
46.- Herbert S. Klein, "The Creation of the Patiño Tin Empire", lnteramerican &amp;onomic Affairs, 19:2 (1965), pp. 3-23.
47.- Biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz), Colección Gregario
Pacheco, "1893 Jilio (sic) de 1893 a mayo 11 de 1895, libro del Dr. José Ma.
Valda, 1895", p. 274.
48.- Silvia Rivera, "La expansión del latifundio en el altiplano boliviano: Elementos
para la caracterización de una oligarquía regional", Avances, 2:2 (1978), pp.

95-118.

..

49.- Para un panorama general acerca de la economía del caucho en Bolivia, ver de
Valerie J. Fifer, Bolivia: Land, Location and Po/itics Since 1825 (Cambridge,
1973).
50.- Entrevista, Alberto Navajas Trigo, Tarija, 14 de julio, 1986.
51.- La primera noticia sobre el desplazamiento de los Chiriguanos a la Argentina

para laborar en los campos de caña de azúcar proviene de El Comercio (Salta),
3:175 (7 de enero, 1857), pp. 1-2 y 3:178 (10 de enero, 1857), pp. 1-2. Las
formas de migración de los Chiriguanos y sus efectos en la economía rural del
sureste de Bolivia se discuten en Erick D. Langer, "Franciscan Missions and
Chiriguano Workers: Colonization, Acculturation and Indian Labor in Southeastern Bolivia", The Americas, 42 (enero, 1987).
52.- Juan Bialet y Massé, El estado de úu cúues obreros argentinas a comienz:os del
siglo (1904; reimpreso, Córdoba, 1968), p. 83.
53.- Dirección General de Aduanas, Sección de Estadística Comercial, Comercio
especial deB.olivia, afio 1918 (La Paz, 1919), pp. 17-18.
54.- Manuel S. Mendieta, Tie"a rica, pueblo pobre: Por nuestras fronteras (Sucre,
1928), p. 58. Para una discusión sobre el comercio ganadero en el sureste de Bolivia y sus implicaciones, ver de Langer, "Rural Society", pp. 198-204.
55.- Biblioteca Nacional de Bolivia (Sucre), Publicaciones Oficiales, A. Melean, Memoria de Guerra y Coloniz:ación, 1927 (La Paz, 1927), p. 116.

56.- Para los efectos de la gran depresión en Bolivia, ver de Lawrence Whitehead,
"El impacto de la gran depresión en Bolivia", Desarrollo Económico, 12:45
(1972), pp. 49-80 Para el Perú, ver de Rosemary Thorpe y Geoffrey Bertram,
Perú 1890-1977: Growth and Policy in an Open &amp;onomy (Nueva York, 1978);
para la Argentina, dos de los mejores volúmenes son: de Carlos F. Díaz Alejandro, Essays on the Economic History of the Argentine Republic (New Haven,
1970), pp. 94-105 y de Laura Ranclall, An Economic History of Argentina in
the Twentieth Century (Nueva York, 1978).

Cuba y Puerto Rico durante el siglo XIX constituyen un excelente ejemplo del proceso de formación del mercado interior bajo dominio colonial
en régimen esclavista. Las razones son, por lo menos, de dos tipos. En primer lugar, el haberse tratado de un fenómeno tardío le proporciona la
ventaja de la abundancia de información y la posibilidad de contrastar
suficientemente el análisis. En segundo lugar, la rápidez con que tuvo lugar, sobre todo en el caso cubano, le confiere una gran claridad, lo que facilita su estudio. En este trabajo me propongo desentrañar la naturaleza de
los mecanismos más sobresalientes que intervienen en ello y poner de relieve sus principales consecuencias. El importante papel de los comerciantes catalanes en este proceso será el hilo conductor fundamental.
LA ESTRUCTURA DE LA ECONOMIA COLONIAL Y LA FUNCION
DEL COMERCIO EXTERIOR
La estructura de la economía colonial puede ser descrita por medio de un
modelo extraordinariamente simple capaz de mostrar los sectores fundamentales en que está dividida. La fórmula más idónea para lograrlo consiste en agrupar aquellos procesos y productos que, pese a su diversidad, contienen elementos en su comportamiento y/o en su naturaleza suficientemente uniformes como para justificar su agregación. La información concreta sobre la que se ha procedido a diseñar el modelo corresponde fundamentalmente a la isla de Cuba1 y en la definición de los sectores que lo
componen se ha dejado de lado el factor tiempo.
Los principales subconjuntos que integran la producción en el ámbit0
colonial y las corrientes comerciales gue les están asociadas son cinco:
"'Departamento de Economía e Historia Económica. Universidad Autónoma de
Barcelona.

�162

Siglo XIX

1) Agricultura exportadora fuertemente especializada y en régimen de
monocultivo. Constituye una muy elevada proporción del producto nacional y vende la casi totalidad de su producción en el exterior, bien sea de
forma directa o después de su procesamiento por la industria transformadora. Es el sector líder de la economía hasta el punto de que su trayectoria influye decisivamente sobre los restantes que le están subordinados.
Además confonna de un modo muy acusado a la sociedad entera.
2) La industria transformadora de los bienes agrícolas de exportación
tiene un papel auxiliar respecto de la agricultura exportadora: su propia
entidad es función del tamaño de la misma así como de las relaciones con
los mercados externos, que pueden causar la extracción tras un procesamiento parcial o incluso sin ninguno. Obviamente, dirige una proporción
abrumadora de las mercancías elaboradas al exterior.
3) Agricultura y ganadería auxiliar orientadas a cubrir las necesidades
de las actividades exportadoras. En este caso, la producción presenta un
muy alto coeficiente de comercialización y también un carácter de inmediatez, en ocasiones incluso geográfica, muy claro frente a sus habituales
frentes de demanda. Para los consumidores de los bienes producidos por
este grupo, las mercancías se extraen del ámbito local y cuando no pueden
obtenerse de ese modo se adquieren en el área con excedentes más próxima en términos de costes de transporte.
4) Agricultura y ganadería local dirigida a la satisfacción de la demanda final de alimentos, con un fuerte componente de cultivos de subsistencia tanto en las estancias próximas a las poblaciones como, y mucho
más todavía, en los conucos de los esclavos2 • La producción comercial
es distrihúida fundamentalmente en el ámbito local a través de los mercados y de la venta ambulante.
5) Artesanado y pequeña industria urbana aplicados a la producción
de una parte reducida del total de los bienes manufacturados demandados
internamente. Tienen un carácter marginal, limitado a aquellos tipos de
bienes para los cuales los consumidores exigen condiciones específicas, o
complementario respecto de los manufacturados de importación.
Todo el sistema está regido por el sector exportador que determina
la capacidad de importación, la entidad de los sectores orientados hacia la
demanda interna e, incluso, los niveles de la recaudación tributaria. Dado
el carácter esclavista de la economía de plantación (azúcar, café. ..), la

]. Maluquér de Mote,: El mercado interior en la, Antilla, e1pañoúu

163

~uricultura exportadora condiciona el monto total -de la población al prop~rcionar los recursos necesarios para proceder a la inmigración forzada
de mano de obra exterior. Existe, por consiguiente, una fuerte interdependencia estructural bajo el liderazgo de las actividades exportadoras.
Resultados del elevado grado de especialización de la economía y del
escaso desarrollo de la producción orientada hacia el mercado interior son
una peculiar división de la oferta entre productos locales e importaciones,
y la práctica inexistencia de comercio interregional.
Las mercancías de oferta local no precisan generalmente de un sistema
de distribución específico. Tienen, además, carácter de bienes sustitutivos en la mayor parte de los casos, lo que significa que la elevación en el
precio de cualquiera de ellos provoca el desplazamiento hacia la derecha de
la curva de demanda de los demás y un relativamente rápido ree,ruilibramiento del mercado. Por otra parte, su elasticidad-renta suele ser baja y, en
consecuencia, su sensibilidad al crecimiento del ingreso reducida. En algunos casos, registran sensibles incrementos en las cantidades demandadas
cuando desciende la renta de los consumidores y con ella la posibilidad de
adquirir productos de importación. De todos modos, este conjunto de mercancías de oferta local se caracteriza por la estabilidad de sus precios relativos, a Ja vez que por la pronunciada similitud de sus niveles y variaciones
en las distintas regiones.
Por el contrario, las mercancías producidas para el mercado exterior
presentan precios, aunque homogéneos en el conjunto del territorio, fuertemente variables en el tiempo. Las 0uctuaciones pueden llegar a ser extraordinariamente intensas, con aumentos del orden del 1000% (desde 3 a
30 pesos el quintal, por ejemplo) en el caso del café. La determinación de
los ¡,recios depende sólo de factores ajenos a las condiciones internas de
la oferta puesto que se genera en el mercado mundial y tiene carácter externo. A esta fuerte variabilidad de los precios se le une, agravándola en
ocasiones, una segunda circunstancia que afecta cs11ecíficamente a los productos coloniales. Me refiero a la incidencia de la política comercial de los
gobiernos de los países que constituyen los mercados 11rincipales (en este
caso los Estados Unidos): someten a represalias la importación de bienes
de procedencia colonial, del tipo del establecimiento de derechos diferenciales, como forma de 1,resión sobre su respectiva metrópoli. En consecuencia, la economía de las colonias se encuentra afectada de una gran
vulnerabilidad, tanto mayor cuanto menos diversificada sea la gama de
mercados a que tiene acceso. Además, en segundo lugar, los niveles de la

�164

Siglo XIX

renta interior resultan asimismo enormemente fluctuantes, habida cuenta
del gran peso en la misma de las mercancías de exportación.
En razón del mecanismo que se acaba de describir, también varía
con intensidad el consumo interior, lo que priva a la demanda, sobre todo
de productos no imprescindibles, de la conveniente regularidad y estabilidad, cosa que actúa decididamente como factor desincentivador de cualquier tipo de orientación industrializadora. En la misma dirección de bloquear, o por lo menos dificultar, la industrialización, opera la estructura
de la demanda que deriva de la característica disparidad entre los diferentes tipos de ingresos propia de las economías esclavistas. Los esclavos tienen, por definición, un acceso mínimo, casi nulo, a] consumo de manufacturados. Si disponen de alguna capacidad de ahorro, la invierten indefectiblemente en la "coartación", o adquisición de su libertad mediante pagos a plazos, lo que limita el uso de bienes manufacturados en una elevada
proporción de la población total a las "esquifaciones ", o entregas de vestuario por parte de los dueños. La extremada desigualdad de las rentas,
típica del sistema, concentra una gran parle del ingreso total en manos de
un grupo muy restringido de familias. Estas últimas acumulan una fracción muy alta del consumo global, lo que se traduce en una acentuada
diversidad de los manufacturados demandados. En resumidas cuentas, la
disparidad entre los distintos grupos de ingresos condiciona el consumo
privado de modo tal que impide la formación de un mercado masivo de
bienes de consumo corriente y restringe las posibilidades del sistema productivo, sobre todo en el sector industrial.
La marcada especialización productiva hacia bienes de exportación
crea, lógicamente, un gran déficit de alimentos y de manufacturados de
consumo: debe cubrirse a través de la importación, como también la maquinaria e incluso el material de embalaje de las mercancías vendidas al
exterior. En el caso del azúcar, como ejemplo de esto último, la industria
cubana de la tonelería se limitaba a dar forma a los distintos envases (ban-iles, bocoyes o pipas) componiendo un conjunto de piezas de madera y
arcos metálicos importados. De todos los productos procedentes del exterior, sólo los comestibles y bienes de consumo corriente, vestido y calzado
muy principalmente, requieren de un sistema de distribución específico dada la regularidad de la demanda en el tiempo y la necesidad de su suministro.
En esas condiciones, la circulación de mercancías está fundamentalmente formada por flujos de "internación " 3 de bienes procedentes del ex-

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas 165

terior y, en consecuencia, la gestación del mercado interior no guarda nin-

gú,~ tipo de relación con el proceso de formación del mercado nacional que
esta en la base del desarrollo económico moderno. Esto no es conlradictorio, desde luego, con el hecho de que pueda producirse un crecimiento
muy rápido, como sucede en el caso cubano durante los dos primeros tercios del siglo por lo menos. El mercado interior es complementario del comercio_ exterior y plenamente subordinado a él. Así, comercio detallista y
mayorista dependen del comercio de importación-exportación a todos los
efectos. A ello debe unírsele todavía que el sistema depende de los importadores incluso para proveerse de fuerza del trabajo. Un hecho peculiar de
las Antillas, sobre todo de Cuba, es que gran parte del transporte interior
se efectúa a través del tráfico de cabotaje, lo que acentúa más aún la complementariedad entre el comercio interior y el exterior que es siempre,
naturalmente, marítimo.
Las condiciones de privilegio para el comercio metropolitano (¡ue
comporta el régimen colonial proporcionan a los mercaderes peninsulares
la exclusividad o, por lo menos, grandes ventajas en los mercados antillanos, al entregarles el control de los mecanismos de distribución interior
que residen precisamente en la esfera de los intercambios exteriores. Algunos importantes factores extra-económicos, drl tipo de facilidades y
protección proporcionadas por el poder político, que los contempla como
instrumentos de reforzamiento de su dominio, completan el conjunto dr
circunstancias causantes de la peculiar trayectoria adoptada por el proceso de gestación del mercado interior. El uso ~cneralizado del ténnino
despectivo de pulperos4 en el México colonial para designar al conjunto
de los residentes españoles muestra hasta qué punto podía identificarse a
este conjunto humano con el tráfico interior de mercaderías y el comercio detallista. En las Antillas se produjo un fenómeno de estas características, con un muy acentuado protagonismo de inmigrantes de origen
catalán, en los dos primeros tercios del siglo XIX.
La existencia de una corriente migratoria desde Cataluña hacia América y la importante presencia de catalanes en la esfera de los intercambios
comerciales a fines del siglo XVfil y en los primeros años del XIX es algo
bien documentado. 5 Es menos conocida, en cambio, la continuidad dr
esos flujos en los dos primeros tercios del siglo pasado. Entre los estudios
histórico~conómicos dedicados a la Cataluña del ochocientos aparece como un tópico, ampliamente invocado pero escasamente explorado. En los
-apartados siguientes me propongo precisar un tanto su magnitud y sus características.

�166 Siglo XIX

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en la, Antillas española, 167

LA INMIGRACION Y EL COMERCIO CATALAN EN LA REGION DE
SANTIAGO
El análisis estará dirigido a la zona oriental de la isla de Cuba a -la región
de Santiago, por consiguiente-, a cuyo comercio suele imputársele una notable presencia catalana durante el siglo pasado. El registro de la Matrícula
de Comerciante,6 establecido en la isla en 1833, permitirá medir su alcance
sobre cifras seguras y establecer una base de aproximación sólida. Es sabido que esta fuente constituye un listado nominal de los individuos legalmente habilitados para dedicarse a cualquier tipo de actividad comercial.
En nuestro caso, el registro consigna el lugar de nacimiento y el estado civil de cada uno de los inscritos, con lo que pueden clasificarse por procedencias y nacionalidad. Faltan en cambio, desgraciadamente, los datos
necesarios para determinar de manera precisa la clase concreta de actividad a que se dedicaban, el volwnen de sus negocios, sus relaciones con
otros comerciantes de la propia isla o del exterior, etc. Esto significa, por
lo tanto, que la documentación consultada no consiente un conocimiento
completo del segmento más elevado (mayorista y exterior) del comercio
de la zona.

conjunto -un llOCO más del 7°/o-, que deben relacionarse con la emigración desencadenada en la parte francesa de la isla de Sanlo Domingo al
producirse la revolución encabezada por Toussaint Louverture. Sorprende,
en cambio, la bajísima cifra de comerciantes criollos, que no alcanza siquiera un 5°/o del total. Evidentemente, el comercio de esta parte de la
isla estaba, en gran medida, en manos de españoles.
La afirmación que cierra el párrafo anterior es todavía demasiado imprecisa. El cuadro 2 muestra que el grupo dominante en el comercio de la
zona del Oriente cubano era, sin ninguna clase de duda, catalán. Los nacidos en el Principado, hasta un total de 230, representaban el 86.l°lo de
los españoles y nada menos que el 71.4% del total de los comerciantes
de la región. El segundo de los grupos españoles era muy reducido, ya que
sólo integraba ocho personas, y tenía su origen en las Baleares. El hecho de
compartir la lengua con los catalanes explica 1¡ue en Cuba se le confundiera
habitualmente con este otro conjunto mayoritario.

CUADRO 2
CUADRO 1
COMERCIANTES ESPA~OLES DE LA ZONA
DE SANTIAGO EN 1833 POR REGIONES

COMERCIANTES DE LA REGION DE SANTIAGO
EN 1833 POR PAISES DE PROCEDENCIA
España
Antillas Españolas
Francia
útados Unidos

267
13
23
8

Italia
Gran Bretaña
otros
total

3

3
5

322

El principal elemento con que se cuenta en la documentación manejada es un registro exhaustivo de los comerciantes, de todo tipo -conviene recordarlo-, establecidos en la región en el momento de la instauración
de la Matrícula, es decir en el segundo semestre de 1833. Merece la pena
añadir que la inmensa mayoría de ellos actuaban en la misma ciudad de
Santiago. El cuadro l agrupa las cifras totales d.e los comerciantes según
países de procedencia. Resulta especialmente evidente la abrumadora mayoría de los comerciantes españoles que totalizan casi el 83%. En cuanto
a los extranjeros, destaca la lista de los mercaderes franceses, veintitrés en

Cataluña
Baleares
Andalucía
Castilla

230
8
6
6

Cantabria
Galicia
otras
total

5
4
8

267

Los datos relativos al lugar de nacimiento de los mercaderes establecidos entonces en la zona son también de un gran interés. Al margen de una
pequeña fracción de catalanes de quienes no consta el lugar de nacimiento,
más de la mitad de los restantes procedían de una única comarca y, más
concretamente, de Sitges y de la población vecina de Sant Perc de Ribes.
En realidad, la casi totalidad de los inmigrantes había nacido en un número
muy pequeño de poblaciones situadas, sin excepción, en la costa. :"Jo existía emigración alguna a las colonias desde el interior de Cataluña.

�J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolm

168 Siglo XIX

informaciones indirectas y en alguna ocasión por la propia matrícula,
consta el retorno de muchos de ellos a la península.

CUADRO 3

POBLACIONES DE ORIGEN DE LOS COMERCIANTES
CATALANES DE SANTIAGO EN EL AÑO 1833
Sitges
Sant Pere de Ribes
Barcelona
Mataró
La Escala
Calella

85
19
14
13
8
7

Vilanova i la Geltrú
Begur
Sant Feliu de Guixols
otros
desconocidas*
total

169

6
6
6
44
22
230

(*) se indica únicamente "Cataluña".

Las cifras presentadas hasta aquí corresponden a un momento histórico muy concreto y proporcionan una visión estática del tejido mercantil de
la zona. Los datos sobre las actividades específicas de los comerciantes matriculados, sin embargo, no consienten un conocimiento cabal de sus estructuras internas. Se puede afirmar, tan sólo, que la inmensa mayoría de
los inscritos se relacionan con pequeños negocios del comercio al detalle
y con diversos oficios menores. Las anotaciones del documento contienen
principalmente clasificaciones del tipo de "comercio por menor", "tienda
mixta ", "pan, tabaco, azúcar", "tienda de víveres", "pulpería", "panadería", "fonda", "ferretería y quincallería" o "sombrerería". En algunas
ocasiones constan menciones explícitas de sociedades mercantiles de que
formaban parte los matriculados, pero no aportan información cualitativa
al respecto. Así pues, hay que limitarse, de momento, a subrayar el predorrúnio de los pequeños comerciantes y la falta de datos sobre el tráfico de
media o gran importancia.
El resto de la documentación sobre el comercio santiaguero no permite
trazar un cuadro completo de los comerciantes de la región, puesto que registra las nuevas incorporaciones pero no las bajas. Sin embargo, ele las mismas anotaciones del re~tro se deduce claramente que en algunos casos los
nuevos comerciantes ocupaban el espacio dejado por otros que abandonaban la actividad, normalmente a través de la adquisición de un negocio ya
existente. Ignoramos la suerte de quienes salían del comercio, aunque, por

En cualquier caso, sí puede efectuarse una clasificación idéntica a la
que se acaba de presentar y evaluar algunos aspectos relativos al establecirrúento ~e n~ev~s comerciantes en la región. Cabe señalar antes 4ue nada
que- las mscnpc10nes durante los años 1834-1840 son escasísimas. Desde
1841 hasta 1862, fecha final del período cubierto por la documentación
que utilizamos, los datos son, en cambio, bastante abundantes. La clasificación s_egún su o~gen de los matriculados se ha agrupado en dos conjuntos sensiblemente iguales, de alrededor de un millar de personas en ambos
casos, que corresponden los años 1841-1849 y 1850-1862. Algunos de los
dernentos característicos del primer grupo de comerciantes, ya analizado,
vienen confirmados por estos otTos dos. Lo más destacabale es, sin duda la
c?ntin~da~ del predominio aplastante de los nacidos en España, t¡ue s~situan 11racllcame11te al mismo nivel, alrededor del 80% del tola! con una
ligerísima tendencia declinante.
'

CUADRO 4

COMERCIANTES ESTABLECIDOS EN LA REGION
DE SANTIAGO POR PAJSES (1841-1862)

España
Cuba
Francia
Alemania
Italia
otros países europeos
1:1841-1849

l

2

829
95
47
7
6
8

818
210
25
3
2
9

l

2

Venezuela
14
Estados Unidos
7
Haití
4
Santo Domingo
5
otros países americanos 12
totales
1034

6
4
7
4
9
1097

2: 1850-1862.

~estaca ne!amcnte la caída en términos relativos del contingente
de ongen frances. Creer en cambio, como es natural, el grupo de los comerciantes criollos, pero sigue anclado en porcentajes muy bajos por debajo del 10% y del 20% en 1841-1849 y 1850-1862 respecti;amente.

�170

J. Maluquer de Mote,: El mercado interior en hu Antilla, e.1pailoku

Siglo XlX

El resto de las procedencias corresponde a grupos de dimensiones reducidas. Hay que adv~rtir todavía •1ue una parte considerable de &lt;¡uienes han
sido clasificados como americanos, por haber nacido en la misma isla de
Cuba o en otros territorios del continente, eran hijos de inmigrantes españoles y continuadores del negocio familiar. Es imposible establecerlo con
claridad en el caso de 4uienes tenían apellidos castellanos, pero resulta
muy claro para los de origen catalán. He anotado así como criollos a los
santiagueros Magfu Robert, Juan Savanell, Justo Bilhé, Juan y Francisco
Sarret, Jorge Isal~uué, Luis Roca, Juan Roger y Francisco Celí; al bayamés
Francisco Coll; Pooro Rogé y José Barceló, de Baracoa; Mercedes Bonet,
de Trinidad; Juan Arché, de Santa Catalina de Cuantánamo; y Santiago
7
Puncet y Jaime Esteva de Maracaiho.
La distribución por regiones de nacimiento de los comerciantes españoles instalados en la zona santiaguera presenta asimismo algunas diferencias de interés con la que contienen los cuadros del momento inicial de
nuestra documentación, en el año 1833. El contingente mayor corresponde aún a los procedentes de Cataluña que alcanza un total superior a los
1 200 individuos conjuntamente en los dos períodos considerados. Se
trata de una cifra muy alta, sobre todo si tenemos en cuenta que el total
general sobrepasa escasamente los 2 000 inscritos. El contingente de los
comerciantes catalanes es, sin embargo, decreciente en ténninos relativos
puesto que aparecen grupos nuevos con cierta importancia, fundamentalmente procedentes de las regiones cantábricas.

Se encuentran, en efecto, cifras bastante respetables de vascos, gallegos, asturianos y, sobre todo, montañeses. El arranque de la emigración
cantábrica, hacia esta wna por lo menos, parece haber sido bastante más
tardío que el producido en Cataluña, lo que no se aleja mucho de las propuestas que sobre la cuestión han formulados algunos especialistas como
Ojed!i y San Miguel.8 Hay que subrayar otra vez el contingente balear.
Es digno de atención también el hecho de que, como en el caso de los comerciantes criollos y extranjeros, encontramos entre los nacidos en otras
regiones españolas algunos apellidos que sugieren un origen catalán de segunda generación como los de Tomás Vila, de Madrid; José Planell, de Andalucía; Manuel Masforrol, de Cádiz; y Rafael Martí, de Córdoba. Parece
bastante probable, a la vista de estos datos, que algunas parte de las redes
comerciales catalanas extendidas en los mercados español y americano continental a fines del siglo XVIII hubieran sido trasladadas a la isla.

171

CUADRO 5

COMERCIANTES ESPA~OLES EN LA ZONA
DE SANTIAGO POR REGIONES (1841-1862)
l
Cataluña
Baleares
País Vasco
Gálicia

Asturias
Cantabria

...!.

635 573
39 13
11
17
20 30
22 37
52 78

País Valenciano
Castilla-León
Andalucía
otras
totales

l

2

8
13
19

12
27
17
14
818

10

829

1: 1841-1849 2: 1850-1862.

~l aná.~sis de los des conjuntos de comerciantes catalanes que tomo en
cons1d~ra~10n no puede llevarse aJ terreno de su origen según localidades
de nacumento
de . la
·"
·'
fr
1 a causa
•
. disminución de la cali"dad de la 10
10rmac1on
que, su e e registro utilizado. Es factible solamente para el primer
periodo, pero no para el segundo. Habrá que proceder, pues, por separado.
, . En el Japso 1841-1849, bien documentado, se mantienen las caractensticas presentes antes, ya conocidas por los datos que recoge el cuadro 3,
hasta el punto de que las primeras ocho localidades de aquella lista coinciden de una manera casi exacta con las que contienen el cuadro 6. Las variaciones de o~en, incluso, son poco significativas. Se confirma el papel
destacado de S1tges y de Sant Pere de Rihes, así como el carácter casi exclusivamente costero, con muy pocas excepciones y de mínima entidad
~ las poblaciones originarias de los inmigrantes. Cuando se trata, exce/
~onalm~nte, de localidades del interior coinciden siempre en la circunstanCla c~mun de una gran proximidad al mar. Por otra parte, con la única excepc1on de ;Barcelona, cuyas cifras son insignificantes en relación con el ta~ño de la ciudad, no existe ningún tipo de emigración desde las poblaCiones de carácter industrial de Cataluña hacia la :,,ona de Santiago de
Cuba.

�172

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

Siglo XIX

~jercicio -~e la comparación en sentido estricto, toda vez que contiene
mformac1on menos detallada.

CUADRO 6

COMERCIANTES CATALANES DE SANTIAGO
SEGUN SU ORIGEN (1841-1849)
Sitges
Sant Pere de Ribes
Barcelona
Sant Feliu de Guixols
L'Escala
Mataró
Lloret

174
63
47
35

28
26
24

Begur
Vendrell
Calella
otros
descQnocido*
total

173

22
21
15
127

El período del que poseo la información corresponde en este caso a
los años 1833-1841. Se encuentra en la estructura del área mercantil habaner~ Y matancera mayor_complejidad que en Oriente, lo que no impide
el caracter ,ne~mente dommante, también aquí, del grupo de los nacidos
e~ la metropoli, que supera las tres cuartas partes del censo. Los comerc1~ntes cubanos apenas superaban, en cambio, el 8%. El conjunto siguiente, formado por los comerciantes norteamericanos residentes sólo
~cendía al 4%.
'

53

635

CUADRO 7

(*) consta exclusivamente el origen catalán.

Para el período 1850-1862 los datos son menos precisos. En las inscripciones figura normalmente la región de procedencia, pero ,s~lo en una
cuarta parte, más o menos, el lugar concreto de forma exphc1ta. D~ los
comerciantes catalanes consta el origen exacto de 132 sobre 537 registrados en la Matrícula. En general, esta muestra reducida confirma de nuevo
las características apuntadas anteriormente, con una posición muy destacada de Sitges (49 personas) y Sant Pere de Ribes (18 matriculados). El
, comercio catalán en la zona de Santiago mostraba, pues, una fuerte concentración en la procedencia de sus efectivos: las dos localidades recién
citadas son lugar de nacimiento de casi la mitad de los mercaderes del Principado consignados en el registro con indicación exacta de su origen.

LOS CASOS DEL OCCIDENTE CUBANO Y DE PUERTO RICO
El otro gran foco d~ actividad comercial y de recepción de inmigrantes
europeos en Cuba, mucho más importante todavía c1ue el de Oriente,
corresponde al área de La Habana y Matanzas. He utilizado de forma parcial los datos del registro comercial de esta zona para la etapa inicial del
mismo, con la finalidad de obtener un contrapunto para valorar los de Santiago presentados más arriba. La documentación empleada no admite el

COMERCIANTES ESTABLECIDOS EN LA PROVINCIA
DE LA HABANA POR PAISES (1833-1841)

España
Cuba
Estados Unidos
Alemania
Francia

946

102
50
46

36

Gran Bretaña
Italia
Suiza
otro.s
total

18
13

8
39

1258

En cuanto a la composición interna del grupo de comerciantes procedentes de la metrópoli, se comprueba nuevamente la presencia mayoritaria
de los catalanes, como muestra el cuadro 8. En esta otra área occidental de
la isla, con diferencia la de más importancia comercial, alcanzan ya cifras
bastante considerables los grupos procedentes de las regioncs cantábri~s
Qa propia Cantabria, Galicia, País Vasco-Navarra y Asturias) así combandaluces y canarios. El análisis de los comerciantes catalanes no puede efectuarse, como en Oriente, mediante la clasificación según las localidades de
nacimiento a causa del deterioro de la información que contiene la Matrícula.

�J. Maluquer de Motu: El mercado interior en ltu Antilltu espaifoltu 175

174 Siglo XIX

CUADRO 8

COMERCIANTES ESPA~OLES EN LA PROVINCIA
DE LA HABANA POR REGIONES (18.33-1841)
Cataluña
Cantabria
Galicia
Pais Vasco-Navarra
Andalucía
Asturias

373
115

98
80
77
74

Canarias
Castilla la Vieja&gt;II
Baleares
otras
total

61
32
19

17
94€

(*) puede incluir algunos individuos del grupo cántabro.

AW1que el peso relativo de los comerciantes catalanes instalados_ en la
zona de La Habana y Matanzas hacia 1833-1841 era menor que en Oriente,
la cifra total era más elevada allí. Interesa subrayar, sin embargo, que
todo apunta a la existencia de muy estrechas relaciones entre ambos
grupos.

..

,

El control cuasimonopolístico de las actividades mercantiles en el
Oriente cubano desde los años treinta hasta los sesenta por parte de los
comerciantes catalanes, y su fuerte presencia en el área occidental, aparece
igualmente constatada, y con mayor intensidad todavía, en la otra Antilla
9
bajo dominio español en el lapso 1800-1830. En esta etapa, en efecto'. el
00º/0 de los comerciantes de origen conocido instalados en Puerto Rico
eran catalanes. Quizá sea todavía más significativo el dato relativo a la
participación porcentual de la inmigración catalana, sin distinción profesional, en el total de los españoles de origen conocido en la pequeña Antilla: alrededor de las dos terceras partes.
La naturaleza de esta inmigración catalana en Puerto Rico es idéntica
a la que se ha encontrado en Cuba. Su origen coincide en un número limitado de poblaciones, con especial relieve de Lloret de Mar, T~, Blanes,
Sant Feliu de Guixols y Vilanova i la Geltrú. Acaparaban una fracción muy
importante del comercio de importación y exportación en San Juan, pero
también, y principalmente, mantenían una gran cantidad de pulperias Y
tiendas mixtas en los pueblos, sobre todo en las áreas de Ponce, Mayagücz
y Aguadilla.

Un rasgo muy destacable de la emigración catal_ana a las Antillas en
la primera mitad del siglo XIX es su estrechísima relación con las actividades mercantiles. Existe una casi total coincidencia entre el número de
catalanes residentes y el de quienes se dedicaban al comercio. En Puerto
Rico la proporción correspondiente para todo el período 1800-1830 asciende al 89%. Para la isla de Cuba no puedo alcanzar una concreción
completa, pero sí .señalar que multitud de indicios y pruebas indirectas
apun_tan _exactamente en la misma dirección. No se encuentran, por ejemplo, inmigrantes catalanes en la gran Antilla que se dedicaran al cultivo de
la tierra. El único intento de esta clase, promovido por Miguel Estorch en
el ingenio "La Colonia" durante los años 1840 y 1841, terminaría con un
estrepitoso fracaso. 1º
Otro trazo igualmente destacable es la enorme cohesión interna de
estos grupos o "colonias" de comerciantes originarios de la costa catalana.
La inmensa mayoría de los que llegaban a cualquiera de las dos islas tenían
ya previas relaciones familiares o de amistad con otros emigrantes instalados desde bastante antes, lo que les facilitaba la inserción en los circuitos
de la intermediación comercial en ambas sociedades coloniales. Muy frecuentemente tales vínculos vienen determinados por la procedencia de los
mismos lugares de nacimiento. Esto explica la impresionante concentración de vecinos de Sitges y Sant Pere de Rihes en el comercio de la región
santiaguera. Existían, por lo tanto, unos complejos sistemas de acogida que
ayudan a entender la relativa intensidad del flujo de la emigración catalana
a colonias, un tanto insólita en el contexto de una sociedad poco inclinada
a generar corrientes emigratorias en la primera mitad del siglo XIX. 11
Por otra parte, los inmigrantes catalanes en las Antillas no se identificaban demasiado, por lo menos en el primer tercio del siglo, con el espíritu del colonizador ni se esforzaban por consolidar el dominio colonial en
aqu.ello.s territorios. Esto les procuraba una actitud de hostilidad decidida
por parte de las autoridades españolas, como reflejan las Instrucciones al
Diputado del Cabildo de San luan del año 1809. En este texto se advertía
en tono de abierta censura, que "estos hombres -los catalanes- en quien~
se absuelve todo el numerario rara vez construyan fábricas, fomenten haciendas, ni tomen otro destino que la salida, o el transporte con el metálico que han grangeado ". 12
En cambio, los inmigrantes catalanes de aquella primera hora no motivaron, que se sepa, enfrentamíentos con la población criolla. Rosa Marazzi no encontró ni una sola prueba de animadversión hacia los catalanes

�J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

176 Siglo XIX
en los numerosos informes sobre forasteros de los municipios de la isla de
Puerto Rico para el período que estudia. Del mismo modo, tampoco se detectan eo Cuba, durante las primeras décadas del siglo, señales de rechazo
¡,,ntre la población local. Fl testimonio de José Antonio Saco nos aclara
que, durante su infancia en Bayamo, los Españoles eran
casi todos catalanes, casi todos taberneros o tenderos, ninguno
tenía aspiraciones políticas, carecían de influencia social, no pensaban más que en buscar dinero con su industria, y felizmente no
existían entre ellos y los bayameses los odios fratricidas que des·
13
pués se despertaron con tanta fuerza.

Los conflictos aparecieron sólo cuando la ubicación, cada vez más céntrica,
de los comerciantes catalanes en ambas sociedades antillanas acabaría
por interesarles muy directamente en la política colonial.
UNA EMIGRACION DETERMINADA POR FACTORES DE ATRAC-

CION
La emigración catalana a las Antillas en las dos primeras décadas del siglo
XIX no constituye un flujo mu} grande desde el punto de vista cuantitativo. El conjunto de los emigrante$ conocidos a través de las fuentes utilizadas alcanza una cifra inferior a los tres mil individuos. Es cierto que no dispongo de un censo exhaustivo. Algunos de ellos pudieron haberse insta·
lado allí con sus familias, aunque no parece ser una situación frecuente. Para Cuba faltan todos aquellos 1¡ue se ubicaban en el exterior del ámbito
mercantil o incluso dentro de él pero sin disponer de la titularidad de un
negocio. Todo junto no podría sobrepasar, en mi opinión, un total de
10 000 personas para más de sesenta años. Aunque la cifra real resultara
doble de la que he calculado, la proporción que supondría sobre la población catalana total, que se mueve durante el mismo lapso entre cerca del
millón y más del millón y medio de habitantes, no constituye un límite
muy alto. Claro que los porcentajes sobre la población específica de las
localidades concretas de origen ya suponen algo muy espectacular, a la
vista de la fortísima concentración de las procedencias. Pero aún así habría que matizarlo mucho teniendo en cuenta la duración de la estancia
de cada inmigrante, probablemente breve en muchos casos, y el monto,
14
en apariencia muy considerable, de la tasa de retornos.
Es preciso, por consiguiente, situar el terna en el terreno de la valoración cualitativa. Desde la óptica de las sociedades receptoras, las con·
secuencias de esta inmigración catalana, una vez establecido el modelo de

177

creci~ien_to hacia f~era, deben ser consideradas como muy Jlositivas ya
que_1mplicaba una nnportante aportación de caJlilal humano de que las
Antillas estaban escasamente dotadas. Se trataba de un flujo de &lt;.'ntrada
de ho~bres en. edad de trabajar con un tipo de ca1,acitación técnica muy
determmado, liga~o al comercio ultramarino y a la navegación atlántica,
Y_~uy apt~ par~ impulsar el comercio y el transporte interior en las condi~iones mas arriba descritas. Además, la formación de esta fuerza de trahaJo, probablemente bastante calificada, no había producido en las islas
coste alguno en su, infancia o en su adolescencia. Queda JIOr establecer, sin
~n~argo, hasta que punto modificaría estas apreciaciones un mejor conocmue_nt~ del tema de los regresos de los inmigrantes y de sus consecuencias
economicas.
Para Cataluña, la aplicación en el exterior de estos recursos no debió
supon_er una _pérdjda real apreciable puesto que la independencia de las
~lomas contmentales de España y el drástico debilitamiento del comerc10 ultra~arino dejarían, presumiblemente, sin empleo alternativo a estos
grnpos vinculados a la navegación y al tráfico internacionaJ.15 Por otra
parte, se obtuvieron, sin duda, muy importantes ventajas del hecho de contar con _u~~ _organización comercial extendida en el exterior y constituida,
por ~efuuc1~n, en la representación más segura y activa de la producción
~op1a. Gracias a ello, Cataluña sería uno de los principales proveedores de
tmentos Y manu~acturado~ ~iversos en lós mercados coloniales. Por si
e~a. ~o~, ambas islas se er1g1eron en una suerte de cabcza de puente que
~sibil1to alguna conti11uidad del tráfico con las repúblicas independientes
n_uentras no se regularizaron sus relaciones con la antigua metrópoli e hizo
~able ~l mantenimiento de una conexión, fundamental para la economía
mdustnal catalana, con los puertos sureños de los l.:stados Unidos para el
aprovisionamiento de algodón en rama.
R_esta to~avía, de otro lado, la cuestión de los retornos. El flujo rnigratono cons1dc~ado pres~nta la característica de ser en gran medida -no
de forma e~clus1va- de_ tipo t~m¡,oral, I? que significa qui' había de generar una comente de capital hacia la mctropoli en forma de remesas, más 0
menos regulares, o de transferencias. De esa 'repatriación' de capitales existen pruebas abundantes como también de su canalización, directa O indirecta, hacia la moderna industria algodonera y hacia muchos otros sectores
~e 1~ eco~omía catalana. Pero la cuestión de la inversión del capital de los
'indianos queda un poco lejos del tema de este trabajo.
En cuanto a la frecuencia del regreso de Los emigrantes, me limitaré

�178

Siglo XIX

a reproducir dos referencias de la época relativas a poblaci~nes muy
significativas. En 1833 se escribe que una buena parte de los habitantes de
Sitges eran
comerciantes o marinos retirados del comercio y tráfico de la
América, especialmente de la isla de Cuba, que es e! punto_al que
se han mostrado más inclinad?s _Y dirigido des~e l~¿mos tiempos
por sus operaciones y establecumentos mercantiles.

De la ciudad de Vilanova i la Geltrú se nos dice, en el mismo. momen~o,
que sus habitantes se dedicaban mayoritariamente al comerc10 colorual
fundando establecimientos en la América, cuyo emporio ha sido
la ciudad de la Habana, donde la mayor parte de individuos de las
clases pudientes han permanecido muchos años, hasta que _favore·
cidos por la fortuna han regresado a sus hogares para disfruw
tranquilamente en el seno de sus familias el fruto de sus afanes.

De estos y otros muchos testim~~os se d~uce de fonna incontrovertible que se trata de una emigrac10n detenmnada fundamen~ente por
factores de atracción. A.sí, en el centro mismo de nuestro penodo, el ~tahlecimiento de la fábrica de hilados de algodón_ de la e~rresa Batllo Y
Cía en Sitges, que tantos vecinos tenía en las Antillas, ob~o ~ rec_lutar lo~
1
cerca de cien trabajadores ocupados fuera de la poblac1on. , V1l31:1ova 1
la Geltrú debía contratar para la vendimia y otras faenas_ 3lNcolas Jornaleros procedentes de los más lejanos rincones de Ca':81una. Desde ~ta
ciudad se observaba en 1843 que "a las comarcas vecmas no las ha per.iudicado directamente. la aglomeración de obreros en Barcelona; lo q~e. les
que tenían los mozos de pasar a nuestras Amencas
perjudicó fue la manía
,,20
para probar fortuna •

J. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas 179

de un activo comercio con las colonias, fenómeno ron el t¡uc mantenía
una relación de causa y efecto de doble dirección. Esto creaba mecanismos de información y sistemas de acogida, incentivos y oportunidades
para maximizar el aprovechamiento de la capacitación específica que abundaba en las poblaciones de la costa catalana. La emigración y el comercio
catalán con las Antillas a lo largo de los dos primeros tercios del siglo
XIX no son otra cosa, en última instancia, que las dos vertientes de un
único fenómeno histórico.
El proceso de gestación del mercado nacional, o, si se prefiere designarlo de otro modo, la formación de una economía de mercado, contiene
cierto tipo de re&lt;¡uerimientos que las sociedades esclavistas incumplen por
definición. Falta en todo caso, evidentemente, la condición necesaria ele la
movilidad de los factores de producción desde el momento que el mismo
trabajo está sometido, por lo menos en parte, a restricciones insalvables.
Todo mercado se halla políticamente determinado en sus dimensiones y
en la normativa que rige su evolución a través de su legislación fundamental
y de la política económica del gobierno. Cuando la dirección política opera desde el exterior y con criterios orientado~ a garantizar las ganancias
obtenidas en el exterior, el proceso tampoco puede encaminarse hacia la
diversificación productiva y hacia un desarrollo económico relativamente
armónico. La formación del mercado interior en las economías exportadoras, mucho más todavía cuando están estructuradas bajo condiciones coloniales, aparece como un fenómeno complementario del comercio exterior y subordinado a él.

-

NOTAS

Evidentemente, los catalanes marchan a colonias durante los primeros sesenta años del siglo pasado no por la necesidad de emigrar sino por
Ja existencia de oportunidades económicas, por la posibilidad de forjar una
fortuna O "hacer la América". Como advierte Estela Cifre de Loubriel, rara vez el catalán atraviesa el Atlántico durante ese período sin contar previamente con una ocupación.21 Naturalmente, esto no significa que falten del todo factores de expulsión. Toda corriente migratoria encuentra
alguna base en dificultades surgi_das en lo~ focos d~ origen de la_ m~m~- Pero, sin duda, Cataluña incorporo en la prunera mitad del XIX mc~ugr~t~
en número bastante superior a los emigrantes que dejaron su temt~no. ~1
se generaba un flujo de salida de cierta consideración era por la existencia

1.- Existe una información impresa muy abundante fonnada por libros de viajeros

v, mejor aún, por análisis realizados en la época, sobre la economía cubana de
los dos primeros tercios del siglo XIX. No son pocos, asimismo, los estudios
modernos sobre el tema. En cambio es más escasa la información disponible sobre Puerto Rico, a pesar de que una joven historiografía, muy reciente y también muy calificada, está cambiando radicalmente el panorama. Dejo p-ira una
versión ulterior de este trabajo, mucho más extensa, las referencias bibliográficas precisas.
2.- Las estancias eran las explotaciones rurales próximas a las poblaciones destinadas a la producción de alimentos, tales como legumbres, verduras, hortalizas,
volatería, leche, queso o forraje, para el mercado urbano. Los conucos eran pequeñas suertes de tierra que los propietarios cedían a los esclavos para cultivar

�180

Siglo XIX

]. Maluquer de Motes: El mercado interior en las Antillas españolas

181

en su propio beneficio. Los esclavos más laboriosos y con escasas cargas familiares podían alcanzar la libertad en el conuco por medio de su auto-compra a
término o "coartación".

15.- Para el marco general del comercio colonial en el XlX, mi estudio "El mercado
colonial antillano en el siglo XlX", en Jordi Nadal y Gabriel Tortella (eds.):
Agricultura, comercio colonial y crecimiento econ6mico en la España contemporánea, Barcelona, 1974, pp. 322-356.

3.- Tomo el empleo de este expresivo concepto de un texto de la época Véase
"Cuba", Gaceta de Madrid, 4 de febrero de 1841.

16.- Diccionario Geográfico Universal, Barcelona, 1832-1834, vol. lX, p. 108.

4.- Harold D. Sims: La expulsión de los españoles de México (1821-1828), Madrid,
1974.
5.- Josep M. Delgado Ribas: "La emigración española a América Latina durante la
época del comercio libre (1765-1820). El ejemplo catalán", Boletín Americanista, XXIV (1982), 32, pp. 115-137.
6.- La documentación pertenece al Archivo Nacional de Cuba, de la Habana. He
empleado fundamentalmente una Relaci6n de los individuos que desde Julio de
1833 hasta Dicieml,r,e de 1849 han sido presentados. .. en la matrícula de Comerciantes y su continuación, así como el Registro público y general de comercio de la provincia de la Havana.
7 .- En algunos casos, como en el de Juan AIChé, consta el origen catalán de su padre
(J. A. Arché).
8.- Germán Ojeda y José Luis San Míguel: Campesinos, emigrantes, úulianos, Salinas, 1985. Sobre algunos aspectos de la emigración gallega en estos mismo años,
Norma Peraza: "'Esclavos· gallegos en Cuba", Revista de la Biblioteca Nacional
José Martí, XXII (1983), 3, pp. 111-132; y Ma. Xosé Rodryroez Galdo y Fausto
Dopico: Crisis agrarias y crecimiento económico en Galicia en el siglo XIX, La
Coruña, 1981.

9.- Rosa Marazzi: El impacto de la inm.igraci6n a Puerto Rico, 1800 a 1830: análisis
estadístico, San Juan, s. a.
10.- Jordi Maluquer de Motes: "La burguesía catalana y la esclavitud en Cuba: polÍtica y prÓducción", Revista de la Biblioteca Nacional losé Martí, XVIIl (1976),
2, pp. 11-81.
11.- Según Jordi Nada!, la población catalana creció entre 1814 y 1857 con una tasa
anual del 1 °/o. En cambio, entre 1857 y 1910 lo haría sólo con el modesto ritmo del O 43º/o. Véase su capítulo en Joaquim Nada! i Farreras Y Philippe
Wolff (dirs.): Hiswria de Catalunya, Barcelona, 1984.
12.- R. Marazzi: op. cit., p. 39.
13.- José Antonio Saco había nacido en el año 1797. La cita, tomada de su Autobiografía, está reproducida en Eduardo Torres-Cuevas: La polémica de la esclavitud, José Antonio Saco, La Habana, 1984, p. 7.
14.- En este punto discrepo de las afirmaciones de Estela Cifre de Loubriel, que tiende a minimizar los retornos en su monumental estudio La formaci6n del pueblo
puertorriqueño. La contribución de los catalanes, baleárico, y valencianos, San
Juan, 1975.

17 .- ld. id., vol. X. p. 735.
18.- Lluís Jou Mirabent: Notes pera l'estudi de la Marina de Sitges, 1840-1880,
Villafranca del Penedes, 1977.p. 32.
19. - Alb.ert Virella i Bloda: ''De quan Vilanova i la Geltrú era un empori del vi",
Miscel. lania Penedesenca, 1978,pp. 205-240. Véase pp. 217-218.

20.- "Industria vitícola catalana", El &amp;o del Comercio, 5 de marzo de 1843.
21.- E_ Cifre de Loubriel: op. cit., p. 25.

�El Impacto de la Guerra de
Independencia en la Economía Catalana

Antonio Moliner Prada*

Esta,; breve,; nota,;, extraída,; de un trabajo sobre la ]unta Superior de Cataluña, pretenden ofrecer una primera aproximación sobre las repercusiones que tuvo la guerra de la Independencia en la economía catalana.
El desarrollo espectacular del último cuarto del siglo XVIll quedó
bruscamente interrumpido por esta guerra. La prosperidad de la manufactura algodonera se debía a la exportación de tejidos y aguardiente al
mercado colonial español. La introducción de tejidos franceses e ingleses
durante esta guerra, la ocupación de los principales puertos por los franceses y el mismo levantamiento de las colonias americanas, suponían un
golpe mortal contra la naciente industria catalana. A ello hay que añadir
las consecuencias negativas de la grave crisis de 1811-1812, que afectó
con dureza al Principado de Cataluña, así como la destrucción de las cosechas, ganados y propiedades, acaparamiento de los productos de primera necesidad y aumento de la presión fiscal en los pueblos.
Ante el vacío de poder creado por Jas autoridades, incapacr,s de hacer
frente a la situación de la invasión del ejército francés, nace la Junta Superior de Cataluña, al igual que en las demás provincias del Estado espailol. La comisión de hacienda, creada en el interior de la Junta, intentó
desde el principio reunir los fondos necesarios para sufragar los cuantiosos
gastos existentes, obligando a todos los pueblos y grupos sociales a prestar su colaboración. Pero el sistema fiscal que impuso no funcionó. En el
mejor de los casos no llegó a recaudar ni la mitad de los gastos, sin contabilizar la fiscalización de los ejércitos de José I y Napoleón y lo incautado
por las tropas francesas.
Por otra parte, el gobierno central (Junta Central, Consejo de Regencia, Cortes) se vio en serias dificultades en la Hacienda. Uno tras otro fueron fracasándo los diversos proyectos emprendidos, como lo ha puesto de
*San Juan, Alicante (España}

�184

Siglo XIX

manifiesto J. Fontana recientemente (Guerra y Hacienda. La hacienda del
gobierno central en los años de la guerra de la Independencia (1808-1814),
Alicante, 1986).

La depresión general de la economía europea tras las guerras napoleónicas dificultó después la reactivación catalana.
L

••

LAS TRANSFORMACIONES DEL SIGLO XVIII

A pesar de que Cataluña perdió su organización institucional propia, tras
la guerra de Sucesión y los decretos de Nueva Planta de principios del siglo
XVUI, a lo largo de esta centuria conoció una serie de transformaciones tan
importantes que provocaron un cambio profundo en el modo de producción. La aportación de P. Vilar al conocimiento de estos cambios en su
obra La Cat.alogne dans l'Espagne moderne (París, l'.162, 3 vols.) es fundamental.1
a)

El crecimiento de la población.

A lo largo del siglo XVIIl la población catalana se duplicó. En poco menos
de 70 años pasó de 407 432 habitantes en 1718 a 814 412 en 1787
(año del Censo de Floridablanca~2 lo q'!e significaba una densidad de población de más de 27 habitantes por km 2 . El crecimiento de su población
era superior al del resto de España, invirtiéndose el equilibrio demográfico
peninsular a favor de 1~ periferia marítima respecto del interior. Este impulso demográfico catalán lo sitúa P. Vilar entre los años 1715-1748,
época de bajos precios de trigo. A partir del 48 y en la década de los 60 los
salarios se mantuvieron bajos y los precios subieron provocando una corriente migratoria hacia el exterior (América, etcétera).
Este crecimiento no fue homogéneo.3 Hubo un movimiento de lapoblación de la montaña hacia el llano, buscando tierras más aptas para los
cultivos. Las comarcas que tuvieron un crecimiento rápido se sitúan a lo
largo de la costa catalana, desde Blanes hasta el delta del Ebro y excepcionalmente algunas interiores, como el Segria. Dicho crecimiento no se debió sólo al crecimiento vegetativo o natural sino al fenómeno de la inmigración. Como áreas deprimidas o estancadas cabe situar a las zonas de montaña, el Pirineo y el Prepirineo.
Este crecimiento demográfico supone la entrada en una etapa moderna de la historia de la población catalana, con un crecimiento casi ininterrumpido y por la pirdida de la virulencia de 1~ m~rtali~ades catastró~cas
de siglos anteriores, aunque afectaron todav1a ep1dem1as como el colera
en el siglo XIX.

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

185

b) El desarrollo de la agricultura

La expansión demográfica de los primeros años del siglo está unida a la
expansión agrícola. Las transformaciones que sufrió la agricultura catalana
a lo largo del siglo fueron profundas. En primer lugar la producción aumentó debido a la ampliación de la superficie de l¡¡s tierras dedicadas al
cultivo, mediante la roturación de nuevas tierras de bosques y la desecación de tierras pantanosas y fluviales-marítimas (delta del Ebro y del
Llobregat). Esta agricultura, basada en la utilización de nuevas tierras, se
dió preferentemente en la franja litoral y en las depresiones interiores. En
segundo lugar la producción se intensificó mediante la introducción de
nuevas técnicas agrícolas, la utilización de abonos y nuevos sistemas de
rotación de cultivos (suprimiendo el barbecho), la expansión de cultivos
arbustivos de secano en la costa (principalmente la vid), 5 así como otros
productos que desplazaron a los clásicos mediterráneos (cereales, olivo)
por otros nuevos como el maíz, la patata, los forrajes, el cáñamo o el arroz .
Tales transformaciones no fueron iguales en toda la geografía del
Principado. Hay que distinguir entre las zonas montañosas, poco fértiles,
que proseguían la tendencia al autoconsumo y que no dispoman de núcleos importantes de población, y las zonas costeras, más aptas para una
especialización agrícola, incluso rayando el monocultivo (vid, arroz). En
una zona intermedia, en las depresiones interiores, se produjo una disminución del barbecho y una extensión de los cultivos.

Tal prosperidad agrícola se logró por la posibilidad de comercialización de los excedentes en el mercado y el aumento de la demanda. A lo
largo del siglo se da un proceso de integración del mercado regional, que
posibilita pasar de una economía agraria de autoconsumo, ligada en cuanto a los precios a las variaciones cíclicas y estacionales, a otra de tipo moderno, donde las variaciones periódicas son más moderadas.6 El comercio
regional se ensanchó con el mercado colonial donde los catalanes vendían
sus productos, principalmente vino, aguardiente y textiles.
El alza de los precios desde 1784-85, el paro y el estancamiento de los
salarios provocaron en Barcelona y otras ciudades (Vic, Mataró, Valis) los
célebrf'..S " rebomboris del pa" (tumultos populares por la carestía del
pan). 7 En el último tercio del siglo se produjo tatnhién un aumento de la
presión señorial en el campo catalán, provocando serios conflictos entre
señores y vasallos en muchos pueblos al oponerse éstos a pagar tales derechos (así por ejemplo los vecinos de Vimbodí se negaron a pagar los diezmos y demás derechos al real Monasterio de Poblet).

�186
c)

Siglo XIX
La formación del capital comercial y las transformaciones de la
manufactura.

El incremento de la población hasta 1740 se basó en el bajo precio de los
granos y condujo a un descenso del salario agrícola y a un aumento de la
renta señorial. P. Vilar calcula que durante el siglo XVIII mientras las rentas señoriales se cuadruplicaron, los precios agrícolas se triplicaron y los
salarios se doblaron. Una parte de estas rentas señoriales se canalizaron hacia actividades mercantiles a través de un triple canal: el arriendo del cobro
de las rentas señoriales por la burguesía barcelonesa, la compra de fincas, y
la conversión en mercaderes de los segundones de las familias que se veían
obligados a abandonar las masías catalanas.
A mediados del siglo la crisis del comercio catalán con Inglaterra hizo
que éste se orientase hacia las colonias americanas, primero a través de
Cádiz, después directamente con las Antillas americanas: la acumulación
comercial refor.¿Ó de este modo la primitiva acumulación agraria. El aumento de este comercio, que se legalizó oficialmente a partir de 1778 con
la libertad de comercio con América, queda demostrado por la proliferación de las destilerías de aguardientes entre 1760 y 1780, que se multi8
plicaron por tres, y por el desarrollo del crédito.
A mediados del siglo, un nuevo desequilibrio entre hombres y recursos. por la reducción en beneficio de la vid del área destinada ~ los cereale~,
reintrodujo la crisis demográfica. Al contra~o de lo que_ ~ucediera en la p~mera mitad del siglo, hacia 1770-7 5 sobreviene una cns1s basada e~ la disminución de la fuerza de mano de obra, el incremento de los salanos y el
descenso de la renta agraria. A partir de 1778 también se p~odujo un de~
censo de los precios de las exportaciones de vino~ y aguardien!es: Esta situación orientó al burgués catalán hacia otras acbVJdades econom1cas relacionadas con las posibilidades del comercio americano: la fabricación de
tejidos de algodón de una fonna industrial, sector nuevo en el que no había ningún control gremial.9 Así, el beneficio industrial sustituía a la
renta señorial como medio de acumulación de capital.
No hay ninguna duda de que a finales del siglo, a partir de 1768-70, ya
se había establecido en el Principado el tipo de trabajo empresarial, superando el trabajo de tipo doméstico. Del estudio de Grau y López se desprende que ya a mediados del siglo XVIII, y no tan tardí~~nte co~o _se
afirmaba, existían muchos telares: en concreto, las ocho fáhncas de mdia10
nas establecidas en Barcelona sumaban más de 300. En la difusión de las
nuevas técnicas jugó un papel importante la Junta particular de comercio
de Barcelona, instaurada en 1758, siendo muy escaso el de las Sociedades
Económicas de Amigos del País establecidas en Cataluña a partir de 1776.

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

187

En t~as las tr~nsformaciones apuntadas, íntimamente relacionadas,
tuv_o una_ rmportanc1a capital la estructura de la propiedad de la tierra la
cas1-prop1e~ad de los contratos enfiteúticos. Los cultivadores enfiteu~,
con su caracter perpetuo, sometidos a un censo fijo y módico, pagado ge~eralmente en productos, se beneficiaron de la subida de los precios del
siglo, au~que p~gasen también los diezmos y otras cargas señorialessll
lo que hizo posible que parte de los beneficios se reinvirtieran en las tierras.
Co_n el algodón, detrás de los vinos, Cataluña se había acostumbrado a
produci_r n_o _para el consumo sino para la venta, lo que suponía un cambio
en el pnncipio del modo de producción.
Estas transformaciones se vieron truncadas por los efectos negativos
de las guerras, con Francia en 1793-95 y 1808-14 y contra Inglaterra en
1799-1801 Y 1804-1808, que bloquearon el comercio colonial Según R
Ferr~r, contemporáneo de la época, las fábricas y el comercio. quedaro~
paralizados después de la guerra de 1804. La Junta de Comercio en el balance de 1807 ~~aluaba di~has pérdidas en una disminución de las 2/3
partes ~e la ac~IVld_ad economica catalana. 12 Tras la e:uerra del frances el
comercio colorual solo se recuperaría ya parcialmente. r3

2 .- LA CRISIS DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
De 1808 a 1814 la Guerra de la Independencia
can:ibió el he1?°oso semblante que presentaba Cataluña; dirigió las
meJores Y mas fundadas_ esperanzas; paralizó el trabajo; detuvo
~s progresos que se babia consagrado al beneficio de la mina más
nea '.}ue tienen los Estados, de aquella que nunca se apura y que
continuamente se está produciendo. Aquellas ostentosas manufacturas que eran ya la envidia del extranjero, si no por lo que elaboraban por lo que podían elaborar, dirigidas por hombres activos Y naturalmente industriosos, redujéronse a cenizas, y a montones de escombros las mayores fábricas. 14
Según Vicens Vives la invasión francesa, la guerra, la destrucción de

las cosechas Y ~l acap~ramiento de los productos de primera necesidad
15
provocaron
' para
1
, un ciclo alcISta de carácter inflacionan·o • U n d uro reves
a econom!a catal?na, sobre todo para el campesinado que se vió sometido
a una creciente tributación directa y vió disminuir sus cosechas y ganados.

. ¿Cómo refleja la documentación de la época esta difícil situación? Lógicamente la guerra suponí~ una sangría para la economía del Principado
en hombres, productos y dinero. Desde el principio la C01nisión de Hacie-

�188

Siglo XIX

da, creada dentro de la Junta Superior, dirigió todos sus esfuerzos para lograr que todos los pueblos y grupos sociales contribuyeran a la marcha de
la guerra. La excesiva presión fiscal a la que se sometió a los pueblos provocó una cierta pasividad en sus gentes y al mismo tiempo su repulsa contra los excesos cometidos por los soldados en las cosechas de los campesinos. Las Juntas locales y los guerrilleros se incautaron sucesivamente de
sus productos y en ocasiones se vieron sometidos a la .fiscalidad francesa
cuando sus territorios caían en sus manos.
a)

Los problemas económicos

Los problemas económicos fueron graves durante estos años. A las malas
cosechas de 1809 y 1811 hay que añadir la pobreza, hambre, miseria,
epidemia y desesperación de 1812. Como ha demostrado J. Nada! esta
crisis de subsistencia desató otra vez la crisis demográfica. Más que por las
campañas militares, las muertes se debieron a las penalidades sufridas y al
hambre. En una muestra de doce localidades catalanas, los muertos pasaron de 1 704 en 1808 a 4 203 en 1809 (año en el que hubo una
campaña
16
militar desastrosa) y 2 308 en 1812, año de hambre catastrófica.
Los precios del trigo se incrementaron más aún en las ciudades sitiadas. Así por ejemplo en Gerona, según el Informe de E. l. Ruiz (Capitán
Comisario de Guerra), el pan de libra llegó a valer 8 reales de vellón y la
cuartera de trigo candeal 112 reales. 17 La escasez de granos provocó el
consiguiente acaparamiento de ellos y la subida de precios, beneficiándose
los hacendados y perceptores de diezmos. En el mercado de Igualada, que
se celebraba los miércoles y sábados, los precios del trigo casi se duplicaron en el corto período de tres semanas (finales de marzo a mediados de
abril de 1810): "(...) el que se compraba a 3 duros y medio la quartera
se pagó el día 14 a seis duros y medio y el que se compraba a 4 duros y
medio se vendía a 8".18 En Sant Feliu Sassera la cosecha de 1810 no llegaba ni para cubrir las necesidades de una tercera parte del año, por lo que
su Ayuntamiento pidió a la Junta Superior el penniso para valerse del
trigo correspondiente al noveno.19 A finales de este año la situación era
preocupante en Reus. Según un Informe de su Ayuntamiento la falta de
brazos había provocado un aumento de los salarios, el éxodo de los fabricantes había hecho disminuir la producción y el comercio y los propieta20
rios no podían hacer frente a tantas contribuciones.
La incipiente industria textil catalana su.frió un gran revés en 1808 al
autorizar al Capitán General y Gobernador de Cádiz Tomás de Merlo, con
el consentimiento de la Junta sevillana, la libre entrada de tejidos ingleses
de algodón por el puerto gaditano. Por este motivo, los diputados catalanes
en la Junta Central pidieron medidas proteccionistas para la industria tex-

A. Moliner Prada: Gue"a de Independencia y economfo catalana

189

til catal ana y por consiguiente la prohibición de los textiles ingleses:
~adíe ignora que en España la industria acaba de nacer, que necesita de t_?da la p~otección del Govierno (... ). Las fábricas de hilazas y teJidos estan muy diseminadas y emplean a más de 150.000
~a~ entre hombres y mujeres y niños de ambos sexos (•.. ).
c:.'?ue haremos de la rica y abundante cosecha de algodón de Motril y de Menorca y de nuestra América(... ), entre todas las manufactur~ que h_ay en ~uestro país no hay otra que reuna más
las ventajas de la mdustna popular que la del algodón que ocupa a
las personas de todas las clases y edades de ambos sexos, que sus
operaciones pueden hacerse en cualquier parte y a cualquier hora
(... ), que son de fácil ejecución. De ello es una prueba irrecusable
el habers~ extendido tanto en la población rural, en la que por
este medio se ha amalgamado la agricultura y la industria con notable mejora de la primera (... ). Se trata de arruinar la Provincia
~ás industriosa de España; se trata de arruinar no sólo esta preciosa rama de nuestra industria, sino también a todos los capitalistas que se ocupan en ella.21

La Central acogió favorablemente esta petición y suspendió la orden dictada por el Capitán General.
La industria lanera se vió afectada en 1810 por el impuesto introducido ~60 reales por arroba) por las Juntas de Valencia y Murcia. J. Bautista
G:ah_,, en nombre de los fabricantes de la ciudad de Terrassa, exigió la med_1ac1on d~ la J~ta C~?greso de Tarragona para que dichas Juntas permitieran la libre c1rculac10n de la lana de sus territorios respectivos. Dos eran
las razones aducidas: 1) por los vínculos fraternales que unían a ambos reinos ~on el P?nc~~ado ca1:3lán _; y 2) por las nefastas consecuencias que
ti:aena la aphcac10n de dicho impuesto a muchas familias de Olesa, Momstr?l, _F.sparraguera e Igualada que perderían su trabajo por el cierre de
l~s fáhncas. 22 Dicha peticion fné aceptada por la Junta valenciana en noviembre y por la de Murcia en octubre de este mismo año.
. La penuri~ e~~ó~ica fue t?davía mayor en 1811. La Junta Supenor de Cataluna dirtg10 al arzobispo de Valencia una llamada de auxilio
exhortándole para que sus fieles socorrieran al desdichado pueblo cata~
lán. El hambre empezaba ya a aparecer:
Dígase al arzobispo de Valencia que así como ofreció continuos
auxilios, que ahora debemos reclamar todo recurso, y que espera
la Junta qu~ exh_ortarf a su Cab~do y sus feligreses para que socorran, en la mtehgencia que aqu1 se apurarán todos los tristes recursos que puede prestar a esta desolada Provincia hasta ~uedarse
sin comer sus habitantes. 23

�190

A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y econom(a catalana

Siglo XIX

La cosecha de este año fue notablemente inferior a la de años anteriores.
La imposibilidad de importar granos del e:'tranjero y su ext~acci~~ de lo~
pueblos cercanos a la capital, hicieron mas vulnerable esta Situac~on. As1
lo denunciaba la Junta corregimental de Manresa a la Junta Supenor en el
mes de noviembre:
En la calamitosa época en que nos hallamos, y en la ocasión que
aumentando diariamente los apuros, nos encaminamos a padecerlos considerable es por la falta de trigo y otros granos, por causa
de la cortísima cosecha, y no venir del extranjero (... ). Se observa la más escandalosa extracción (...) de infinitos negociantes
que permanecen en Sabadell, Tarrasa y Caldes y demás pueblos
rayanos al Corregimiento de Barcelona, donde se transportan a
tropel granos de las citadas especies, carbón y otros efectos para
introducirlos en dicha plaza. 24
Como medida la Junta Superior prohibió tajantemente la salida de productos a zonas ocupadas por las tropas francesas.

r

El corregimiento del Valles sufrió gran carestía de trigo otros _víveres a causa de los continuos saqueos de la tropa Su voz llego al gobierno
central que se limitó a ordenar al Intendente prestase la ayuda solicitada. 25
El problema se agravó más aún en 1812. La escasez de alimentos provocó el hambre y apareció una fuerte epidemia. En febrero la Junta del
Principado nombró a tres de sus vocales (V. Sis~ennes, J. Ferr~r y J. Bta.
Galí) para que "mediten y propongan los medios para remediar la suma
escasez que experimenta la Provincia y evitar el hambre, que amenaza de
cerca". 26"

Las peticiones de ayuda se sucedieron a lo largo del año. En _e~ mes de
febrero la Junta solicitó de la comisión enviada a Mallorca que h1c1era ges·
tiones a través del cónsul español o británico en Argel para adquirir granos. La situación era dramática:
Las devastaciones que el enemigo aflige a este Principado -afir-

maba-, se hacen tanto más sensibles para quanto le han reducido
a la más lamentable miseria y a una escasez absoluta de granos
siendo la carestía de estos otro poderoso enemigo, que se hace
aún más terrible, que los mismos vándalos que intentan oprimirnos. Antes que es~e ~al llegue ~ su colmo y al extremo de hacer
experimentar al Pnnc1pado los ngores del hambre (... ). 27
Al mismo tiempo la Junta se dirigió a los diputados en Cortcssolicitando
su ayuda: "Todo, todo, Srs. Diputados -manifestaba- presenta en Catalu-

191

ña el aspecto más lúgubre; y lo que es más sensible, la hambre va a sellar
mui en breve el heroísmo". 28
En febrero la Junta elaboró un plan para procurar los víveres necesarios. Para solucionar la carestía de cereales pensaba reunir un fondo de
cincuenta o sesenta mil duros mensuales para su compra, facilitando su entrada en los puertos de mar sin ningún recargo y embargando los buques
que llevasen este cargamento. 29 Con el mismo objeto elaboró un plan de
recaudación de trigo, distribuido equitativamente entre todos los corregimientos y pueblos, cuyas cantidades debían &lt;'ntregar en el punto señalado antes del 15 de agosto. En septiembre se dirigió al Consejo de Regencia pidiéndole tomara cuantas medidas fueran necesarias para evitar el
hambre en todo el territorio.30
Sin embargo en la Cataluña franct&gt;sa, aunqu" no SI' manifestó la crisis de 1812 con tanta virulencia, su menor efecto se debió a las precauciones tomadas por Decaen prohibiendo las exportaciones de granos a zonas
enemigas, y a una St&gt;ril' de medidas sanitarias que combatían la epidemia.
En definitiva, a pesar de la guerra, la situación fue más favorable en las zonas ocupadas por los franceses. J. Mercader ha señalado que el comercio,
aunque no recuperó el ritmo anterior de 1808, no permaneció estancado:
trabajaban algunas fábricas de estampados y los tejedores de lino, en cuyas
industrias estaban empleados no pocos jóvenes que habían desertado del
ejército de la Provincia.31
Ante esta crisis que afectó duramente a toda España, el gobierno exhortó a los prelados, Juntas Superiores e intendentes, para que orientasen
a los campesinos de los pueblos en los cultivos agrícolas (granos y legumbres) y así remediar "la escasez de subsistencias que aflige a gran parte de
32
la península". Difícilmente tal situación podía subsanarse con estos consejos gubernamentales sin tomar otro tipo de medidas en el sector agrario.
b) Los problemas de la Hacienda.

Uno de los problemas básicos que tuvo que afrontar la junta de Cataluña
desde su constitución fue la cuestión financiera. La situación era crucial
en esta guerra al estar ocupada gran parte del territorio del Principado por
las tropas francesas. Según un cálculo prudencial, realizado por la Junta,
las Rentas en un año normal ascendían a un total de 57 614 611 reales de
vellón. 33
Básicamente lo recaudado debía emplearse en la manutención del
ejército. Si bien la Junta suprimió algunas contribuciones antiguas, las
circunstancias le obligaron a introducir otras nuevas, que fueron una pesa-

�192

A. Moliner Prado: Guerra de Independencia y economía catalana

SigloXIX

da carga para los campesinos en una coyuntura económica recesiva y de
crisis, cuyo punto álgido fueron los años 1811-1812. Entre los impuestos abolidos estaban el odioso tributo personal (30 junio 1808), el del
cuartillo de vino y aguardiente (6 julio 1808), el del tres y tercio de los
frutos que no diezman y el de los diezmos exentos (6 julio 1808). En
febrero de 1809 se aplicó el decreto real (20 noviembre) que abolía las
tasas sobre los legados y sucesiones colaterales. En octubre de 1809 la
Junta suprimió el derecho de peaje sobre los puentes; el 28 de abril de
1810 el congreso de Solsona abolió el derecho del 25°/o (que cargaba
sobre los diezmos percibidos por laicos) y en diciembre del mismo año
el de Tarragona anuló la percepción del veinteno de todas las rentas.

193

gar los gastos del ejército, al oro y a la plata de las Jnlesias
1
ueblos " · uil d
.
&amp;
Y nunca a os
.
,
aruq
a
os
por
la
larga
decadencia
del
comercio
como
y
de
la
P
contmua ex:inc10~
., d. ~ pagos en los años anteriores, circunstancias
'
ue les
han dexado imposib1litados a practicar lo que harían gustosos »_36 q
La_ crítica situación económica, debida a las malas cosechas a la crisis
c~mercial de años anterio~ y a la presencia de las tropas enemi~as, motivo que algunas Juntas particulares le pidiesen una disminución en sus tributos o su total exención.
En 1809 la Junta creó en cada distrito una caja especial para sufra ar

1~ g~stos de los somatenes. La desorganización de la Hacienda era to!J •
La política de la Junta se basó en exigir con prontitud todos los
impuestos que se cobraban anterionnente, tal como señalara en el plan de
contribuciones de 26 de junio de 1808, e introdujo otros nuevos con el
fin de resolver situaciones apuradas ( donativos, capitación, subsidios eclesiásticos, pensiones, carnes, carrozas, diplomas, loterías, etcétera). Sin
embargo fue incapaz, por las muchas dificultades que encontró, de estructurar un sistema eficaz para recaudar dichos impuestos.
Para tener una breve idea de la situación económica y financiera del
Principado conviene ver su evolución a lo largo de los años de la guerra, a
través de la documentación de la Junta en el ramo de Hacienda.
Una de las primeras decisiones de la Junta fue adoptar un plan de
contribuciones y arbitrios para formar el fondo necesario para la manutención del ejército y otros gastos (26 de junio de 1808). Comprendía este plan los siguientes tributos: doble catastro;salinas; aduanas; papel sellado; casas diezmeras y noveno decimal; vacantes eclesiásticas; fondo beneficial, subsidio eclesiástico, bulas de cruzada y carnes; patrimonio real; dona·
ti vos voluntarios de propietarios, comerciantes y eclesiásticos; el 17 .50°/o
con que contribuían al Rey los propios y arbitrios de los pueblos del Principado; contribuciones sobre carnes; impuesto del 5°/o sobre el producto
de las fraguas de hierro y otros minerales; bienes y rentas de la orden de
San Juan de J erusal~n; la capitación general y otros arbitrios (puertos, canales, puentes y caminos).

34

Sin embargo, a pesar de las exhortaciones de la Junta a pagar los viejos y nuevos tributos impuestos, todos los grupos sociales se resistían a
aportarlos, principalmente los campesinos. Incluso algunas Juntas -eomo
la de Tarragona- se negaron a satisfacer los arbitrios señalados, enfrentán35
dose directamente con la Junta Superior. Las quejas fueron frecuentes.
El baile de Ribes de Freser, del corregimiento de Puigcerda, le envió un
memorial señalando que debía recurrir a las personas pudientes para sufra-

exJSlrnn ~uchos empleados de hospitales y finanzas sin ser necesarios.
contable~ inexpertos, gente que cobraba los impuestos fraudulentament;
Y n_ioroSidad en l_o~ p~o~, Las medidas introducidas por la Junta fueron
antJpopulares: ~x1gir mas impuestos. Intentó cobrar Lodas las contribuciones atrasadas e impuso una contribución extraordinaria de 24 millones de
reales
7 millones a los clériaos
y 481 000 reales a l as congre. a los seglares,
. .
i:,
gaciones re1igiosas. Para hacer frente al sitio de Gerona el congreso d M
sa
d,
, . f
e an~e _a,cor o un ~mpr~tlto orzoso de 40 millones de reales y para su amorbzaci?n ~e penso en imponer un veinteno sobre los frutos, lucros y rentas
del Pnncipado. 37
Durante 1_810 lo~ co~fesos de Solsona y Tarragona intentaron hacer
frente
· ., con
1 • a la delicada s1tuac10n hacendística· Se nombro' a u na com JS1on
e ob1eto de buscar los recursos oportunos, como el aumento de los derech~ de aduana de algunos productos (cochinilla, café, cacao, azúcar, algodon, cuero, madera, etcétera) y la supresión del contrabando canal,·
.
d 1
· , .
,
zan
. º, ~ _co'.°erc10 um~amente a través ~el puerto de Tarragona. 38 Todo fue
mut'.l. m los em_penos de 1~ Junta, ru los congresos sirvieron para sanear la
Hacienda. Las cifras obtemdas eran muy inferiores a las de un año normal
Desde el lo. de junio de 1809 al 31 de mayo de 1810 el producto total d~
las ~entas Y contribuciones ascendía a un total de 48 201 432 reale d
~M~
se
_L~ crisis se agravó en 1811. Los resultados fueron muy pobres, de poco SJ.rV1eron los buenos propósitos de la Junta para obtener más recursos.
Las Juntas se negaban reiteradamente a dar eumta de los wbros de im~uesto,s, desobedeciendo las llamadas del lntendenll'} de la Junta. El exceSJ.vo numero de empleados en la Hacienda se llevaba cuantiosas sumas de lo
recaudado rar~ pagar sus ~arios. El crecido número de oficiales existentes en el e1erc1to en, relacion con la tropa acrecentaba más aún el déficit
40
mensual, que ascendia a 3.5 millones de reales.

�194

A. Moliner Prada: Guerra de Jndependencia
. Y econom,a
, catalana

Siglo XIX

Un nuevo plan de reorganización de la Hacienda se puso en práctica
en 1812. Su objetivo era recaudar las rentas con prontitud, proporción y
equidad para remediar las necesidades del ejército. Se establecieron comisarios de guerra contra el carácter ele ministros de la Reaf Hacienda, representando al Intendente en cada cantón, para activar el cobro de las contribuciones ordinarias y extraordinarias, procurar la asistencia a la tropa, cuidar de su
socorro en los casos urgentes, evitar la percepción de ayudas dobles, dar razón a los caudales existentes en cada cantón, instar a las comisiones populares a que presentasen sus cuentas y ser intermediarios entre el Intendente, administradores y contribuyentes. Sin embargo, la aplicación de este
nuevo plan solucionó muy pocas cosas. Más aún, ocasionó continuos roces ep.tre la Junta y el Intendente. El saneamiento de la Hacienda fue
imposible conseguirlo en un año tan crítico como el de 1812. A juicio de
la Junta la situación caótica de la Hacienda se debía principalmente a la inseguridad reinante en todo el territorio, al extravío de papeles y a los continuos cambios en su administración:
Puesto el gobierno de Cataluña, como el de las demás provincias, en tantas manos divididas, en tantos trozos quantos son los
partidos de que consta, la variación de gobernantes quasi continua
o a lo menos muy frecuente y la inseguridad general del Principado con las fugas, emigraciones, extravíos o pérdida de papeles y
otras causas, tal es el origen funesto del caos en que se halla el ra41
mo de contribuciones y de la hacienda pública en Cataluña.
Los proyectos de la Junta a lo largo de este año tampoco se cumplieron. A
finales de noviembre trazó un balance de lo recaudado en concepto de
arriendos de medios diezmos, noveno decimal, casas mayores dezmeras y
contribución extraordinaria: de los 10 704 374 reales previstos sólo había
obtenido una tercera parte de ellos, 3 611 518. Esta era la cruda realidad.42
Evaluar los costos de la guerra de la Independencia en Cataluña es
difícil de realizar. La tesorería general señalaba en febrero de 1814 la cantidad de 488 224·657 reales gastados por el ejército en los cinco primeros
años de la guerra. Cifra a la que hay que añadir los 40 mil millones aportados para el sitio de Gerona y unos 500 000 en razón de alimentos. En
total más de 1 000 millones de reales. Sin embargo, estas cifras no son de
ningún modo exactas, pues es claro el fracaso de la Junta en llevar a cabo
un plan eficaz en la Hacienda durante estos años. El dinero se sacaba de
donde se podia. Los guerrilleros y las Juntas locales pedían a los pueblos
los impuestos neresarios para subsistir en forma de préstamo forzoso. En
ciudades y pueblos se constituyeron Juntas de recursos para hacer frente
a las necesidades más perentorias. Sería necesario tener muy en cuenta las

195

cantidades
a ambos bandos, la fiscal.izac10n
. , mme
.
d"iata de los
bJ ( entregadas
, .
pue _os todav1a sm contabilizar), el número de muertos, los robos destrucciones de casas, cosechas y ganados.43
y
. Una vezb más, los gas~os recayeron principalmente sobre los campesmos
re la pequeña
. rural . La h urguesia,
, en su mayor parte hu ,y soMali
, mdustna
,
yo
a
orca
llevandose
consigo
gran
parte
de
sus
.
Laguerra sup
nquezas.
totalm us; ~~ ~ptut traumática para la economía campesina que quedó
. en, e e enora_ a. La protesta del campo se alzaría des ués en 1
zonas mas empobrecidas por la contienda. En defirútiva ¡
p d
as
de la r l ·, · d
J
, a segun a etapa
evo uc1on m ustria en Cataluña se construiría sobre la ruina del
campo y no sobre su esplendor como en la primera etapa.

-

NOTAS

1.- Existe una tradm;ción catalana de esta obra en Ediciones 62 Importa sob

t
do ~.1 volumen. ~11: "Les transformacions del segle X:Vlll ca tala''
re oIV, La formac10 Jel capital comercial", Barcelona, 1966-68.
Y el volumen

2 ·• ~~~:: e~Ce~;~r¡~ri~ab~: en Cataluña El cens del Compte de Fl(&gt;l"idalgl .
• ª
e at unya. lntroducció, edició ¡ index per Jo
eSJes. Barcelona, Fundació Vives Casajuana, 1969-70, 2 vols.
sep
3.- Vilar, P., op. cit., pp. 57 y s.
4.- ~-.N~dal señala que la reducción de la mortalidad catastrófica, especialmente .
d~•ca. ya ~b?zada
el _s,iglo XVl1I español. no culminaría hasta 1900 cue~~
s~ gla,eneralizo la utihzac1on de la vacuna contra la viruela. Cfr La pob'la .,
espano Barcelona,1971,p.1 4 .
·
c1on

~~

5·- n·
Giralt•. EM
"La
d vificu lt ura Y el comercio catalán del siglo XVIII" en E tud· d
1$1ona
o erna 'Barcelona, II (1952), pp. 157-176.
•
s ws e
6

··

~~~ª!:~~~¡:~º~:¡~~~~:~~
Barcelona, L (1970), pp. 83-121.

!~!

rnercat ca~a en el segle XVUI. Una prim~
s grans a Tarrega: 1732-1811", Recerques,

7 •· Castells,
"Els
rebomboris del pa de 1789 a Barcelona", Recerques, Barcelona,
l (1970),l.pp.
51-81.
8.- Sobre ~ irnpor~ncia del comercio colonial Nada!, J. Y Torrella, G A . 1
comercio colonial y crecimiento econó .
la Es ., 15;rcu tura,
celona, 1975 (
d
.
,
m,cuen
pana contemporanea Barlzard),
son e gran •nteres las aportaciones de Fontana, García .Baq~ero e
9.- Sobre
la indóstria
M lndwtr·
r .,algodonb er~ se d ebe consultar entre otros los trabajos de lzard.
.,
,a izacron y o rerumo, Barcelona, 1973 y Nada!, J., El fracaso de In

�A. Moliner Prada: Guerra de Independencia y economía catalana

196

197

Siglo XIX
revolución industrial en España (1814-1913), Barcelona, 1975 (capítulo 7o).

10.- Grau R. y López, M., "Empresari i capitalis~ ~ la ma~ufa_ctur~, catalana del
segle XVIIL Introducció a I 'estudi de les fabnques d md1anes , Recerques,
Barcelona, IV (1974) pp. 19-47.
11.- Balcells, A., Cataluña Contemporánea (siglo XIX), Bar~lona, 1977, P: 5. La
situación de los nuevos enfiteutas nacidos a lo largo del siglo XVIII fue diferente
a la de los antiguos, pues los nuevos "establiments" ya no eran perpetuos Y no
rentaban un censo fijo.
.
Respecto a las rentas señoriales éstas ascendían a unos 20 millones de reales, no
existiendo grandes latifundios. La lglesia poseía alrededor de una cuarta parte de
las tierras.
12.- Ferrer, R, Barcelona cautiva o sea diario exacto de lo ocurrido en la misma ciudad mientrru la oprimieron los franceses, esto es, desde el 13 de febrero de 1808
hasta el 28 de mayo de 1814, Barcelona, 1815, vol 1, pp. 3-4.

25.- A.C.A., G.I., vol. 4, fs. 358-358v.

26.- A.J.S.C., sesión 15 de febrero de 1812, A.C.A., vol. 2, f. 282v.
27.- A.C.A., G.I., vol 29, fs. 63-63v.
Sobre la tributación de los distintos corregimientos en este crítico año existe el
estudio de Corona, C. y Asensio, E., "Reparto y cobro de tributos en los corregimientos catalanes en la cosecha de 1812", en Estudios de la Guerra de la Independencia, Zaragoza, 1864, vol. 1, pp. 363-376.
28.- A.C.A., G.I., vol. 19, f. 24.
29.- AC.A., GI., vol. 29. Biblioteca de Cataluña (B.C.). folletos Bonsoms, no. 8481.
30.- A.C.A., G.I., vol 19, fs. 346-347.
31.- Mercader, J., Catalunya i l'imperi napoleónic, Barcelona, 1978, p. 307.
32.- A C.A., G. L, vol. 10, f. 7v.

13.- Fontana, J, "Formación del mercado nacional y ~orna de ~onciencia de la burguesía" en Cambio económico y actitudes políticas del siglo XTX, Barcelona,
1973, pp. 43-48.

33.- A.C.A, G.I. vol. 4, f. 72v. Sobre esta cuestión ver mi artículo "Los problemas
de la Hacienda en Cataluña durante la guerra de la Independencia". en Anales
de la Universidad de Alicante. Historia contemporánea, 2 (1983) pp. 35-ó7.

14.- Texto citado por Nada! (en El fracaso de la revolución i'!dustrial, p. 192) de M.
Ma. Gutiérrez, Impugnación a las cinco proposiciones de Pebrer sobre los gra1;·
des males que causa la ley de los aranceles a la nac_ión en general, a la Cataluna
en particular y a las mismas fábricas catalanas, Madnd, 1835, p. 145.

34.- Plan de las contribuciones y arbitrios para la manutención del ejército de Cataluña, Lérida, 26 de junio de 1808. A.J.S.C., sesión 25 de junio de 1808, vol. 1,
fs. 45-52; B. C. folletos Bonsoms, no. 8463.

15.- Vicens Vives, J., lndustrials i politics (segle XIX), Barcelona, 1972, p. 177.

35.- A.C.A., G. L, vol. 33, fs 275-276v.

16.- Nada!, J.,Lapoblación española, cit., pp. 122-123.

36.- A.C.A, G.L, caja 150.

17.- Precios de los comestibles de la Plaza de Gerona durante el_ sitio ~e.~ 809 des~e
el módico hasta el mas subido según crecía la escasez y la 1mpos1bilidad de 111troducirlos, Mataró, 22 de diciembre de 18~9. Citado_ por el Conde de T?re~o,
Historia del levantamiento, guerra y revolución, Madri?, 1948, vol. 2, ~pend1ce
no. 1, pp. 26-27. (La fanega de trigo se pagó en Aragon y en Andaluc1a a 450
reales y en Madrid llegó hasta 540).

37.- A.C.A., G.L,caja 117.

18.- Oficio de la Junta del Principado, Igualada, 18 de abril de 18 ~O. Archivo. de la
Corona de Aragón (A.C.A.), Sección Guerra de la Independencia (G. l.) caJa 12.

38.- AC.A., G.I., vol. 28, fs. 289-291.
39.- Informe Comisión de Hacienda, A.C.A., G,l, vol. 174.
40.- A.C.A., G.I., vol. 41, f. 140.
41.- AC.A., G.I., vol 19, f. 303v.

19.- A.C.A., G. l,.caja 178.

42.- A.C.A., G.I., vol 29, f. 616.

20.- A.C.A., G. I.,cajas 175 y 178.

43.- J. Fontana ha señalado reiteradamente la necesidad de realizar estudios locales
con este fin. Cfr., "La financiación de la Guerra de Independencia", Hacienda
Pública &amp;,,añola, Ministerio de Hacienda, Instituto de Estudios Fiscales", Madrid, 1981, pp. 209-217; Qui va pagar la Guerra del Frances? en La invasió
napoleónica, Bellaterra, 1981, pp. 7-20. Sobre la guerra de la independencia en
Cataluña ver mi tesis doctoral "Estructura, funcionamiento y terminología de
las Juntas Supremas Provinciales en la Guerra contra Napoleón. Los casos de
Mallorca, Cataluña, Asturias y León", Universidad Autónoma de Barcelona,
1981 (inédita), vol. II: Id "Movimientos populares en Cataluña durante la Guerra de la Independencia", en Estudios de Historia Social, III-IV (1982). pp. 23-40.

21.- A.C.A., G. l., caja 3.
22.- A.C.A, G.L, vol 40, fs. 145v-146; Id. caja 117.
23.- Actru Junta Superior de Cataluña (J.S.C.), Sesión 2 de junio 1811, A.C.A., vol.
2, f. 183.
24.- Oficio de la Junta corregimental de Manr~ a la Junta Superior del Principado,
22 de diciembre de 1811, A.C.A., G. l., caJa 16.

�La Formación del Mercado Interior en
la España del Siglo XIX

Ramón Garrahou* y Jesús Sanz Fernánde,¿**

Uno de los elementos estructurales de la economía del antiguo régimen
era la fragmentación del sistema de intercambios en una multiplicidad de
pequeños mercados locales y comarcales con un funcionamiento autónomo y escasamente relacionados entre sí. Sólo determinadas mercancías, generalmente de valor elevado en relación a su peso, podían superar estas
barreras y tenían un área de distribución mucho inás amplia. Los efectos
sobre el sector agrario de esta estructura de mercados son bien conocidos:
generalización de un policultivo que cubriera las necesidades de autoahastecimiento con predominio de cereales, violentas oscilaciones de los precios que en poco tiempo pasaban de cotizaciones muy alLas a precios Ínfimos, inversamente a las fluctuaciones de las cosechas; Lodo ello se traducía en la inexistencia de estímulos para incrementar la producción y frecuentemente desembocaba en una caída de la remuneración.
G. Anes1 ha demostrado mediante el análisis de los precios, con sus diferencias de nivel y sus agudas fluctuaciones, multiplicadas por maniobras
especulativas, el escaso grado de integración de la economía española a
fines del siglo XVIll. P. Vilar2 estableció la distinta dinámica de la agricultura catalana con una clara tendencia a la especialización, lo que conlleva
unas estructuras mercantiles más evolucionadas, posible gracias a la extracción de determinados productos agrarios hacia los mercados europeos y
americanos. A su vez J. Fontana3 mostró cómo el crecimiento económico
del siglo XVIII catalán se hizo a espaldas de la España interior: las importaciones de cereales extranjeros hicieron posible una dedicación creciente a
aquellos productos que encontraban una salida en los mercados exteriores.
Quizá se tendría que matizar esta afirmación en el sentido de que una par*Colegio Universitario de Gerona. Universidad Autónoma de Barcelona
**Universidad Complutense de Madrid
Este artículo reproduce una parte de la introducción al tomo II de H istorw agraria de
la España contemporánea. Expansi/m y crisis (1850-1900), Barcelona. Crítica-Grijalbo, 1985.

�200

Carrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

te del consumo catalán de cereales se cubría con gran9s procedentes de
4
Aragón y del litoral mediterráneo, como observ_a J. M. Fra~era ~n- su estudio sobre los circuitos comerciales catalanes a fines del antiguo regimen. Es
de suponer que gran parte del trigo que se importaba del_ litor~ medi~erráneo procediera del área manchega, pero, con todo, el trafico mterregional
entre la España interior y el litoral era muy limitpdo e irregular. El elevado
coste del transporte de la mayor parte de los productos agrarios, que según
los datos aportados por Santos Madrazo5 frecucnt~~ente doblaba el ~recio del punto de origen al .superar los 400 o 500 kilometros de recomdo,
bloqueaba un tráfico regular y sólo podía resultar rentable en años de precios excepcionalmente altos.
En estas circunstancias una gran parte de la p~oducci~n agrari~,' especialmente la de cereales, era autoconsumida: semilla y ahmentac10~ humana y animal absorbían una porción sustancial de la cosec~a. Ciertamente los agricultores vendían en el mercado pero no produc1an para el
mercado, ya que una gran parle de ellos realizaba sus ventas de una forma
irregular y escasa, excepto en los años de buenas cosechas c~ando los precios eran mínimos. Es verdad que el segmento de la poblacion ~ue c~~
guía disponer de excedentes comercializables de una manera SISte1?atica
-perceptores de rentas feudales, grandes propietari~s y arre_ndatanos de
una cierta cuantía- acumulaban voluminosas ganancias, gracias al_c~n~ol
que ejercían sobre estos mercados; pero tambié~ l~ es que una dm~?ª
semejante enlorpecía más que estimulaba el crec1m1ento de la producc1on
agrícola. Sin posibilidad de dar salida a un hipotético aumento de las cosechas, los precios se derrumbaban, la remuneración ~inuía, y creemos
que ésta es una de las claves para explicar el estancamie~to de ~a producción agrícola a corrúenzos. del siglo XIX: las notables difere~c1a~ de p~cios entre localidades relativamente cercanas, y una extraordinana amplitud del movimiento cíclico, se convierten en el testimonio evidente de la
escasa integraci6n económica del estado español a comienzos del siglo
pasado.

A) LA REORJENTACION DE LA ECONOMIA ESPAÑOLA A PARTIR
DE LA PROHIBICION DE LA ENTRADA DE CEREALES
♦

La pérdida de las colonias y las dificultades de funcionamiento del estado
absolutista impusieron un giro radical a la política económica, cuyas líneas
maestras han sido definidas con claridad por J. Fontana: problemas presupuestarios, dificultades financieras, crisis de los sectores agrícolas y manufactureros que se habían desarrollado en contacto con los mercados coloniales, tendencia a la baja de los precios, obligaron a adoptar una serie ~e
medidas que fundamentalmente pasaban por el impulso de las exportaciones y la reducción de las importaciones con Europa por un lado y, por

201

otro, por el ~~Ímulo de la producción autóctona. Así, se procuraba activar la extracc1on de aquellos productos que ya tenían una cierta tradición
y se ~tent:ma i~troducir otros en el marco de la división intraeuropea del
trabaJo agncola mherente al desarrollo del capitalismo.
De todos modos, el esfuerzo oásico pasaba por incrementar la producción, y este objetivo estaba estrechamente unido con el establecimiento de
intercambios interregionales, con una profundización de la división del
trabajo y con una especialización en las actividades para las que cada zona
estaba mejor d?tada. En la medida en que los excedentes de cada región
encontraran salida en los mercados interiores o exteriores y se regularizaran los intncambios, sr evitaría el derrumbe de los precios, se procednía
a una nivelación de las cotizaciones, las áreas más deprimidas percibirían
una mejor remuneración por su trabajo y el consumidor adquiriría los productos más baratos. Así se crearían las condiciones necesarias para incremen ~r la prod~cción, y de forma progresiva la explotación agrícola que
se onentara hacia el mercado desplazaría a la que estaba centrada en el autoconsumo.

A partir de 1820 estr modelo de desarrollo basado en la potenciación
del mercado interior y en las exportaciones se formula con loda claridad, y
en las décadas siguientes se convirtió en el eje fundamental de la política
económica española. Sin embargo, la articulación de un mercado inlerior
exige cambios en la produccion, en la distribución y en la circulación, y su
puesta en funcionamiento resulta más compleja que la promulgación de
medidas arancelarias o de política comrrcial. Todavía estamos muy maJ inf?_rmados sobre la cronología y el ritmo con que se procrdió a la integracion de la economía r.spañola. Las crisis de subsistencias, muy activas hasta el último tercio del siglo XIX, las fluctuaciones intensas dr la produceión }
de los precios a comienzos drl siglo actual, frecurnlrmenle han sido interpretadas como uno dr los indicadores más expresivos del inmovilismo de la
agricultura española y de la lentitud en la formación del mercado interior.
Nosottos mismos, en más de una ocasión, habíamos mantenido posiciones
similares.
Ciertamente, este texto no puede sustituir la falta de investigaciones
sobre las décadas centrales del siglo pasado. Pero disponemos de elementos
para avanzar algunas hipótesis sobre la dinámica real de la agricultura española durante la etapa expansiva que se inicia a partir de la década de
1830-1840, que cuestionan aquellas interpretaciones. Dada la imposibilidad de seguir en toda su amplitud un proceso tan complejo centraremos
nuestra atención en un producto, el trigo, e intentaremos reconstruir la
cronología del establecimiento del tráfico regular de cereales y harinas entre la submeseta Norte, en especial el área estructurada alrededor de Valladolid, y el litoral mediterráneo. La importancia del cultivo cereal, y el vo-

�Gorrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

202

203

Siglo XI'!(

1828
1829
1830
1838-1842
1846

lumen de su producción en la meseta casteUana, pensamos que justifican
la elección.

B) EL FLUJO DEL TRIGO CASTELLANO HACIA LOS MERCADOS
DEL LITORAL MEDITERRANEO
La extracción de cereales de Castilla septentrional con destino a los centros
de consumo del Meditemfueo había sido prácticamente inexistente hasta
las primeras décadas del siglo XIX. El transporte hasta cualquier punto del
litoral y su posterior envío por cabotaje significaba frecuentemente doblar
el precio de los mercados de origen, y excepto en momento de alzas espectaculares no resultaba rentable. Además, para que su transporte por cabotaje no fuera excesivamente caro requería disponer de carga de retomo, lo
que implicaba un cierto grado de organización, y esto explica que no se
pudiera improvisar de la noche a la mañana.
Así no ha de sorprender que a pesar del decreto de 1820 prohibiendo
la introducción de cereales extranjeros, el envío de los excedentes de granos castellanos hacia Cataluña no fuera inmediato sino que exigió una
etapa de preparación. Como es sabido, la ruta elegida fue la que los conducía hacia el Cantábrico, sobre todo hacia Santander, y posterionnente
eran transportados por cabotaje hasta el ~editerráneo. Según J. M. Fradera,6 de hecho no fue sino hasta fines de la década 1820-1830 cuando se
consolidó un flujo regular de cereales del interior hacia los mercados mediterráneos. En los primeros años de este de&lt;"l'nio los granos llt•gados a Barcelona procedentes de Santander fueron más bien escasos. Gran parte de la
demanda catalana continuó cubriéndosr con granos extranjeros, bien fuera a
lraVt'S d1· autorizaciones tcmporall's o a través dr la 1•11trada fraudulenta
mediante el contrabando, en cuyo tráfico parece que estaban implicadas
algunas casas comerciales catalanas para las cuales el comercio de granos
constituía una piPza fundamental de su sistema mercantil.
Si bien es cierto que desde 1820 se cotizan cereales procedentes de
Santander en el mercado barcelonés, lodo Ueva a suponer que durante
es7
tos primeros años su volumen era muy reducido. Martínez Vara, basándose en una memoria de la Junta de Coml'rcio de Santander, evalúa que el
promedio anual entre 1824.-1832 de las extracciones desde el puerto del
Cantábrico a Cataluña fue solo de 4 950 trn. Esta cifra quizás es válida para
los primeros años de la década 1820-1830, pero proba.l?lemente es baja
para los años finales del decenio. En efecto, según los datos contenidos en
la Información Arancelaria di' 184'78 que parecen bastante sólidos, las salidas de trigo y harina por cabotaje desde Santander fundamentalmente clirigidai:; a los puertos catalanes evolucionaron así:

20 727
8 631
32 739
27 664

tm

"
"
"

31 716 "

1:

~i se aceptan estas cifras se constata que alrededor de 1830 las salid
de tngo y harina hacia los puertos españoles se sitllan alrededor de
~O ~00 tm, c1~a ya re~prtahle y que al parecer se mantuvo en las décadas
9
61_gu~entes. Segun Martmez Vara, a partir de 1846 se inicia un notable crecumento, hasta ll3:&gt;3, después disminuye, hasta llegar a cifras ínfimas en
1855-1858. Las pnmeras e~dísticas regulares del comercio de cabotaje
cree~os que confirman la validez de las cifras que hemos manejado hasta
aqu1, como se puede ver en el cuadro siguiente:

CU tDRO J

TRIGO SALIDO POR CABOTAJE DEL PUERTO DE SA'\JTA.NDER
(EN TM)

Trigo
1857
1858
1859
1860
1861
1862
1863
1864

2 563
5 116
2 405
3 826
1502
22

Harina reducida
a trigo
3 781
7 092
33 099
67 957
77 085
86 985
80 024
39 856

Total
3 781
7 092
35 662
73 073
79 490
90 811
81 526
39 878

FUENTE: Estadísticas del comercio de cabotaje (reducción de harina a trigo: 100 kg de trigo igual a 70 kg de harina}.

Observ_emos en primer lugar la escasa importancia del tráfico de trigo.
Ya ~n la de&lt;:3da de 1840-1850, se comprobaba la rápida sustitución de los
env1os de tngo por harina a partir del desarrollo de una industria harinera
casteUa~_a. Pero hay que destacar sobre todo el volumen alcanzado por la
extracc1on d~ cereales castellanos por el puerto de Santander. Dejando al
n_iargen las cifras de 1857-1858, anómalas debido a la crisis de subsisten~as de estos años y a la autorización de la importación de granos extranJeros, en 1859 se recupera el nivel de los años cuarenta y casi Uega a tri-

�204

Ga"abou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

plicarse en 1862-1863. Estos años fueron sin nin~na duda la ~tapad~ máxima expansión del comercio de trigo por cabotaJe santandenno: mas de
1 000 000 hl de trigo castellano se enviaban regularmente hacia los puer10
tos del Atl"1tico y, sobre todo, a los del Mediterráneo. El ferrocarril representó un primer golpe para este tráfico de cereales organizado a través
del eje Valladolid-Santander. La caída de 1864 no es casual: el año anterior se habían terminado los enlaces ferroviarios que permitían el transporte directo desde Valladolid a Barcelona. Los comerciantes trigueros
optaron de forma creciente por el nuevo sistema ~e tr~porte, aun~e
eran tantos los intereses alrededor de este comple30 hannero-mercantil,
que todavía las salidas por cabotaje se mantuvieron unas décadas, si bien a
un nivel muy inferior.

C) LA AMPLIACION DEL MERCADO INTERIOR A LAS COLONIAS
ANTILLANAS
Santander, aJ mismo tiempo que canalizaba las extracciones hacia los mercados de la periferia peninsular, se convirtió en el principal y durante m~chos años único puerto de exportación de los cereales castell~os hacia
Cuba. Este tráfico se había iniciado en el siglo XVIII y de fines de ese
siglo data una cierta implantación de la industria h~era montañesa. Per~
todos los testimonios coinciden en señalar que la hanna se elaboraba casi
totalmente con granos importados del extranjero y sólo de fonna marginal
se utilizaban cereales castellanos; unas 1 500 tm en 1787, 0,09 tm en 1790
11 Ad
'
, estas
y unas 300 en 1793, se elaboraron con granos autoctonos.
emas,
exportaciones escasas e irregulares se interrumpieron durante la guerra de

205

~cultura, sobre una petición de las diputaciones de Zamora y Valiadolid para que se prohíba la entrada de trigos extranjeros en Cuba ante la noticia de que se va a construir en la isla una gran harinera moderna. Según
este organismo,
~as col~nias deberían carecer de grandes focos de ilustración y de
mdustna que no pueden menos de confluir a un punto diametralmente opuesto al que se busca. Nada de universidades, ni de Academias ni de grandes fábricas. Las primeras no deben autorizarse:
las segundas no es menester prohibirlas directamente. 12
En consecuencia, el Consejo acaba proponiendo que se prohiba la entrada
de granos extranjeros en la isla; así, indirectamente, se impedirá que se
construya la harinera y se garantizará el disfrute exclusivo de este mercado
para la metrópoli. En este tipo de literatura nadie pone en duda la legitimidad de mantener los mercados antillanos reservados a las harinas españolas.
Cuando en 1830, por razones fiscales, se imponga un gravamen de 30 reales por barril, la Junta de Comercio de Santander inicia una campaña para
conseguir su eliminación y encuentra eco en varias ciudades castellanas.
Conjuntamente, a comienzos de la década siguiente presionaron para que
se prohibiese la entrada en la isla de harina norteamericana, su principal
competidor. A pesar de que no alcanzan plenamente el objetivo, ya que la
harina española continuó gravada y la extranjera continuó entrando en la
isla, sin embargo, como puede versr en el cuadro 2, se mantuvo una posición privilegiada para los harineros castellanos. 13

la Independencia.

CUADR02

Constituye un tópico situar el punto de arranque de la exportación de
harinas castellanas hacia Cuba en la circular del intendente de La Habana
de 5 de septiembre de 1819, por la que se gravaba con 170 reales el barril
de harina extranjera y se decretaba la libre introducción de harinas españ~
las. En la abundante literatura sobre el comercio hispanocubano de la pnmera mitad del siglo XIX se hace referencia constante a esta circ?l'.'-1°? Y ~
la elogia con parecidos términos que los dedicados al decreto prohih1c1orusta de 1820. Los argumentos que se utilizan para justificar la reserva del
mercado interior a los agricultores españoles son muy similares a los que se
emplean para exigir que las harinas castell:m~ tengan un mer~do reservado en las Antillas Se plantea con frecuencia s1 Cuba debe coJlSlderarse una
provincia o una colonia. En el primer cas?, se_ dice, debe seguirs? la mis~a
legislación prohihicionista que en la metropoli y, en conse~u?nc1a, debena
eliminarse cualquier recargo a las harinas españolas y prohihrrse la entrada
de las extranjeras o mantener aranceles tan altos que impidan su introducción. Si, por el contrario, Cuba se conceptúa como u;°a colonia, a~n tienen más argumentos para reservar su disfrute excl_u&amp;vo a la metropo~. No
nos resistimos a transcribir un párrafo de un dictamen del Conse10 de

5?

PRECIOS Y GRAVAMENESDELA HARINA
(REALES POR BARRIL)

1830
1834
1843
1863

Derechos a la harina
española
(bandera española)

1mpuestos a la harina
extranjera
(bandera extranjera)

Precio medio del
barril en
La Habana

30
40
44
45

160
190
200
195

150 a 200 (1841)
250 (1860)

Las elevadas tarifas con que se gravaban las harinas extranjeras, cuatro o cinco veces superiores a las españolas, que algunos años igualaban el
precio de venta de la harina en La Habana, significaban un auténtico muro que mantenía los mercados antilJanos prácticamente reservados a los

�206

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

exportadores españoles. Por estas razones creemos que es adecuado considerar el mercado cubano una extensión del mercado interior.
El flujo de cereales castellanos hacia Cuba, a pesar de las frecuentes
quejas de los exportadores castellanos, es perfectamente comparable al que
por estas mismas fechas se dirigió hacia el litoral mediterráneo. También
fue a partir de la década 1820-1830 cuando empezó a consolidarse, aunque el arranque se inicia un poco más tarde que las extracciones hacia Cataluña,14 como puede verse en el cuadro que sigue:
CUADR03
EXPORTACION A CUBA DE HARIN '\ REDUCIDA
A TRIGO, PROMEDIO ANUAL (EN TM)
1825-1829
1830-1834
1835-1839
1840-1844
1845-1849
1850-1854
1855-1859
1860-1864

,,

7 685
8 007
12 233
18 718
28 887
37 309
42 540
49 691

100
104.2
159.2
243.6
375.9
485.4
553.5
646.6

Las exportaciones inician desde 1835-1839 un crecimiento notable
en cuyo período superan en un 60º/o las cifras iniciales. Se mantiene
la misma tendencia en los años siguientes y en 184.5-1849 se multiplican
por cuatro las cantidades iniciales, y en 1860-1864 cerca de siete veces.
Señalemos, asimismo, la extraordinaria regularidad de la serie a diferencia de lo que sucede en el comercio de cabotaje y todavía más en las exportaciones a Europa. Conviene no olvidar que estas cifras se refieren al
total de las extracciones españolas; hasta finales de la década de 1840-1850
los testimonios son unánimes en afirmar que la casi totalidad de las salidas
se realizaban desde Santander. Sólo diez años después la Dirección General
de Aduanas empezará a facilitar el detalle de los puertos de exportación, y
según estas informaciones los envíos de harinas a Cuba se realizan desde diversos puertos. pero Santander continúa canalizando un alto porcentaje de
este tráfico y por regla general supera el 70% de las exportaciones. Bilbao, los puertos guipuzcoanos y algunos puertos de Galicia tienen una
cierta entidad y también empieza a aparecer Barcelona como puerto exportador. Pero no creo que sea exagerado considerar que hasta comienzos de
la década 1860-1870 un mínimo del 80°/o de los envíos de harinas a Cuba
procede de granos castellanos canalizados a través de los puertos del Cantá-

207

brico. De ser exacto este porcentaje representaría para aquellas fechas unas
40 000 tm. Además, a estas cantidades extraídas por cabotaje y hacia Cuba, habría que añadir las exportaciones a Europa, que también tnvieron en
Santander su puerto natural de salida y que gozaron de años de esplendor
en las décadas centrales del siglo pasado.
Conviene no olvidar que la importante movilización de los excedentes
trigueros castellanos a través del comercio de cabotaje fue posible en la
medida en que se consiguió articular un tráfico de ida y retomo entre el
Atlántico y el Mediterráneo, sin el cual hubiera resultado muy costoso:
flujo de mercancías bastante más complejo que el tópico intercambio
trigo contra tejidos. Ya en una etapa tan temprana como la de 1824-1832,
la contrapartida a los envíos de harina y cereales a Cataluña desde Santander eran el aguardiente, el vino, el aceite, el papel y el jabón,15 sin que ni
tan siquiera se mencionen los tejidos. Era el sector agrario catalán el principal beneficiario de la activación del tráfico. El mismo comentario tendríamos que hacer respecto al envío de harina a Cuba, que sirvió de hase
a un sistema de intercambio bastante complejo. En este caso la contrapartida eran productos coloniales, el azúcar sobre todo y también el café. Esto explica en parte la extraordinaria estabilidad del envío de harinas desde
Santander a las Antillas. Los enormes capitales comprometidos en este comercio, así como las inversiones en la industria harinera, no permitían la
paralización del tráfico, y así resulta comprensible que, incluso en años de
dificultades de abastecimiento interno tales como 1847 o 1856-1858 las
exportaciones se mantuvieron muy altas.
'
D) EL COMERCIO DE CEREALES A :\lEDIADOS DEL SIGLO XIX
Hasta ahora nos hemos referido al surgimiento y desarrollo de intercambios de gran entidad entre Castilla y Cataluña a través de Santander entre
1830 y 1860, pero es de suponer que procesos similares tuvieron lugar entre otras regiones y lógicamente que afectaron a una serie más amplia de
productos que el trigo y la harina. Sin que podamos disponer de datos tan
concluyentes como los que hemos utilizado hasta ahora, diversos testimonios parecen indicar tendencias similares en otras regiones, especialmente
las que podían utilizar fácilmente el transporte marítimo. Quizá, como
recuerda J. M. Fradera,16 se ha tendido a prestar menos atención al tráfico
de cabotaje por el litoral mediterráneo por el hecho de que este tipo decircuitos comerciales contaban con una larga tradición, mientras que el comercio con el Cantábrico fue la gran novedad.
Siguiendo con el tráfico de cereales, sabemos que desde siglos anteriores los trigos aragoneses llegaban hasta Cataluña y que los manchegos &amp;yudaban a cubrir el déficit crónico del País Valenciano, e incluso algunas can-

�208

Garrabou-Sanz Fernández: Lafonnacwn del mercado interior en España

Siglo XIX

tidades se enviaban hacia Cataluña a través de los puertos de esta región.
Asimismo, en Andalucía el comercio interregional de granos debía
tener
una cierta actividad. Las extracciones hacia Portugal, utilizando el Duero,
eran una de las vías tradicionales de salida de los granos castellanos. Resulta significativo que a partir de 1820 se hicieran diversos proyectos para
adecuar la navegación por este río desde Salamanca; incluso se pensaba que
desde Valladolid se podía llegar hasta Oporto. Sin embargo, dichas salidas
de cereales nunca tuvieron entidad y sólo se extraían pequeñas cantidades.
La primera visión de conjunto del comercio de cabotaje de cereales
conocida por nosotros es la contenida en la Información Arancelaria de
1847, ya que las estadísticas regulares de cabotaje no se empezarán
a ela17
borar hasta 1857. Con estas fuentes se ha elaborado el cuadro 4.
Empecemos con algunas observaciones sobre las cifras de 1846. No se
trata, a diferencia de las columnas siguientes, del saldo regional de las entradas y salidas de trigo y harina, sino sólo de los puertos por donde se han
realizado las extracciones con destino al conjunto de puertos catalanes.
Además, en el caso de Santander y Sevilla se dan también el total de las
salidas. Por tanto, para 1846 no hemos podido establecer el saldo regional
entre salidas y entradas, y lógicamente las cifras tienen un valor más aproximado que los datos referidos a períodos posteriores.
A pesar de estas limitaciones, pensamos que dibujan con claridad las
grandes rutas de circulación de los cereales españoles a mediados del siglo
pasado, desde un centro productor a los puntos de consumo de la periferia.
La suhmeseta Norte extrae masivamente sus excedentes por Santander y
cantidades insignificantes por Asturias, Galicia y País Vasco. Hasta aquí
una confinnación más de lo que se ha venido argumentando. El dato revelador, y pensamos que de enorme interés, es la aparición del País Valenciano como un área exportadora, con un volumen superior incluso al de Santander. Así como por este puerto la harina domina sobre el conjunto de las
extracciones, en el caso valenciano trigo y harina mantienen una posición
equilibrada. Evidentemente, no se trata de cereales autóctonos; con toda
probabilidad nos encontramos ante los excedentes de la submeseta inferior que llegan a Cataluña a través del País Valenciano. Las salidas murcianas, especialmente el trigo de Aguilas, puerto de embarque de los excedentes de la zona de Lorca, se cotiza regularmente en el mercado barcelonés y alcanza un cierto relieve. Nos queda finalmente el caso andaluz, que
si aceptamos estas cifras se convertiría en la principal región exportadora.
Los autores de la Información Arancelaria de 1847 destacan el surgimiento
de Sevilla, un puerto tradicionalmente receptor, como el gran centro de
extracción de trigo, que llegaría a superar a Santander. Probablemente sea
cierto que el puerto andaluz se consolidó como puerto de salida de los excedentes de cereales del valle del Guadalquivir, pero la cifra que le atribu-

209

CUADR04

TRANSPORTE DE TRIGO Y HARINA POR CABOTAJE
(TM)

1846

Santander

+ 31 593

A

B + 1057

e
Asturias

1875
1879

1885

lll89

1890
1894

51.7 463
A+ 2 109+ 2 922.2 + 4 742.4+
B + 29 484 + 67 237.2 +48637. 4 + 23 049.9 + 18 528

e
P. Vasco

1859
1863

+ 70 159.4 + 53 379. 8 + 23 101.6 + 28 065
152. 4+
157.4
+ 1 945.9 +
+ 11 261.8 + 4840. 1 + 9 607.8

+ 1 057 + 13 207.7 + 4 992.5 + 9 765.2

A+
B +

708
369

-

508.7 7 474.3 -

816.3
1 761.9

-

-

78.8
6 882.9

-

e +
Galicia
.

6 .961. 7
7 983.0
2 578.2
1 077
169 +
444.6 +
363
A+ 1538 + 1 702.9 +
B +
194 - 8 482.7 - 14 963.9 - 6 534.7 - 6 422
6 059
e + 1 732 - 6 779.8 - 14 767.9 - 6 090.1
A

Andalucía

B

+ 40 995 + 1 563 -

3 756.6 + 6 378.8 + 14 866.9 + 13 072
25 529.6 - 20 004.5 - 12 209.9 -39 754

e

+42 558 - 29 286.2 - 13 625.7 + 2 657
35
2 732 + 4 312
+ 643.8 B
- 5 883.6 - 2 898.7 - 3 126.5

26 682

A +

Murcia

e +
P. Valenc.

2 732 -

-

+ 25 018.9 + 6 333.0

3 161.5

16 614.1

40 204

A - 24 911 - 23 732.6 - 12 941.6 - 5 205.2 - 3 806
B -22 870 - 39 486.1 + 3 198.8 + 18 419.1 + 65 910

e - 47781 - 63 218.7
Baleares

2 254.9

A + 12 539 + 18 958.5 + 4 490.7 - 6 264.3 - 6 768
B + 11 202 + 6 060.4 + 1 842.3 - 10 349.8 - 33 436

e + 33 741
Cataluña

1 5 71.6

A+
B +

345 69 -

5 550.7 2 841.6

e +

414 -

8 392.3

-

9 742.8 + 13 213.9
2 954.8 - 2 116. 7
2 954.8 -

+ 62 104

2 116.7

A ~ Saldo general del comercio de trigo. B = Saldo general del comercio de
hanna reducida a trigo. C = Saldo de A y B.

�210

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

yen los autores de la Información Arancelaria de 1847, pensamos que es
muy exagerada. A falta de otros testimonios creemos que es suficiente
comprobar que las cifras más altas de salida de trigo por Sevilla que conocemos a partir de 1857 en ningún caso llegan a la mitad de la supuesta cantidad de 1846. Santander, País Valenciano y Murcia y de forma menos clara Andalucía serían las zonas de salida de un importante tráfico de trigo y
harina que se encamina hacia los mercados catalanes. En 1846 se introdujeron en los puertos catalanes 47 .7 millares de toneladas que superan ampliamente los 37 o 40 millares de tonaledas de granos extranjeros que se
importaban antes de 1820.
Las cifras ya mucho más seguras del período 1859-1863 confirman
en lo esencial esta estructura del mercado triguero. Santander ha reforzado su posición, multiplicándose por más de dos su saldo positivo; y el País
V asco, concretamente Bilbao, se consolida como puerto de salida, relativamente importante, de los cereales castellanos; por el contrario, tanto en
Asturias como en Galicia las entradas superan ampliamente a las salidas,
aunque en esta última el tráfico de trigo tenía un saldo ligeramente positivo. También el País Valenciano mantiene su posición de zona extractora, aunque con un retroceso respecto a 1846, atribuible parciahnente a las
deficiencias de las estadísticas de cabotaje de 1859, que sólo dan una cantidad agregada para cereales y que no se ha contabilizado. Señalemos, sin
embargo, que la salida de trigo ha crecido sustanciahnente. Alicante se
confirma como el principal punto de extracción de trigo mientras que las
salidas de harina por Valencia han disminuido de forma notable. El caso
más sorprendente es Andalucía, que ha pasado de región exportadora en
1846 a la más deficitaria después de Cataluña. Inexplicablemente registra
un saldo negativo también de trigo. Estas fluctuaciones del comercio de
cereales andaluz por cabotaje, se repetirán como veremos en las décadas
siguientes.
Las cifras aportadas hasta aquí son suficientes para comprobar cómo a
mediados de siglo XIX, antes de que el ferrocarril tuviera una eficacia real,
el comercio interregional del trigo y de la harina había adquirido una importancia indiscutible y mostraba una clara tendencia alcista, como se pone de manifiesto al examinar el total de salidas por cabotaje:
TRIGO Y H \RL\ \ REDUCIDA A TRIGO (EN TM)

No. índice
1846
1857-1859
1860-1864

103 970
58612
168 270

100
56
161

21 l

Es probable que el crecimiento entre la primera y la última fecha sea
incluso más alto, debido a los problemas de las cifras de 1846. La caída de
1857-1859 no significa un cambio de tendencia sino que es el resultado de
la fuerte incidencia de las malas cosechas, como la de 1856-1857, que reduce drásticamente los intercambios entre el interior y el litoral al abastecerse este ~timo con cereales extranjeros. Estas cifras también sirven para
constatar como a lo largo de estos años flujos crecientes de cereales del interior llegan a la periferia, y que el tradicional tráfico de la periferia mediterránea se ha_ ~ctivado. De todas fo?°as, no deja de impresionar la capacidad de absorc1on del mercado catalan por un lado, que importa más de la
mitad del trigo y harina transportados por cabotaje, y, por otro, el volumen
extraordinario de los excedentes castellanos. Para el período 1859-1863,
si sumamos las extracciones realizadas a través de Santander y del País
Vasco, evidentemente de trigos castellanos, alcanzan un promedio anual
de 86 715 tm. Si a esta cifra agregamos las exportaciones a Cuba y a Europa realizadas por estos puertos del Cantábrico, que dan un promedio
anual de unas 80 000 tm para 1861-1863 (únicos años de esta etapa en
que cons,ta_n las salidas por provinc!as), llegamos a la conclusión de que,
como mrnuno, los excedentes de tngo y harina de Castilla la Vieja-León
alcanzaban las 166 000 tm, cifra inferior pero perfectamente comparable
a la que obtiene J. Sanz18 para el período 1890-1894, que calcula
l&lt;:&gt;5 excedentes de esta región en 282 513 tm. Es cierto que las exportaClones en 1861 fueron elevadas, y al promediar sólo con los dos años siguientes nos ~a ~na cifra un p~co más alta, pero no podemos olvidar que
computando umcamente las salidas por los puertos del Cantábrico no se
contabilizan las cantidades extraídas por vía terrestre hacia el Sur, especialmente hacia Madrid.
E) LOS PRECIOS CO~1011\DICADOR
Los precios pueden proporcionar informaciones bastante precisas acerca
del grado de integración de un mercado; los historiadores han recurrido
frecuentemente a este indicador y de modo especial han interpretado la
existencia de violentas oscilaciones como el claro exponente de una economía escasamente integrada. ¿Cómo evolucionaron los precios españoles del
trigo después de las terribles alzas de comienzos de siglo? Poco se ha publicado e investigado sobre el tema para el período que transcurre entre el fi~al de la gue~a de la Independencia y mediados de siglo. Las series de precios que publicaba de forma regular la Gaceta de Madrid a partir de 1856,
permitieron a Nicolás Sánchez Albornoz constatar la gravedad de las crisis de subsistencias de 1856-1857 y de 1867-186819 que han contribuido a
reforzar las interpretaciones de que poco habían cambiado las cosas en la
agricultura española por aquellas fechas.
Pero volvamos a la pregunta quf' formulábamos anteriormenle acerca

�212

Gorrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

SigloXIX

de la evolución de los precios del trigo entre 1814 y 1860. L_a e~casa información } reflexión disponible sobre el tema creemos que_ Justifican la
formulación de algunas hipótesis a partir de unas cuantas senes, la mayor
parte de ellas publicadas y las restantes cedid: ~nerosamente por c?le2
gas amigos. Como se puede ver en el cuadro 5, disponemos de las cotizaciones de tres mercados de zonas productoras, y de otros dos que corresponden a mercados de consumo del litoral.

CUADR05
AMPLITUD DEL MOVIMIENTO CICLICO
(°lo ENTRE EL MINIMO Y MAXIMO DE CADA PERIODO)

Valladolid
1815-1819
1820-1830
1831-1840
1841-1850
1851-1860
1861-1870
1871-1880
1881-1890

77

57
109.7
107.6
168
110.6
46.6
45.3

Zaragoza

Sevilla

Barcelona

Valencia

85.6
150
196
38.6
106.2
87.5
34.7
74.6

19.6
85.9
93.2
98.9
127.5
55.7
58.4
66.4

65
32.5
44.4
62.4
53.0
36.7
14.7
35.4

41.3
53.3
35.7
45.1
73.6
25.7
30.5
27.9

Una primera observación nos permite constatar una ve~ ?1:ás el distinto
comportamiento de los mer?ados que v~os a ~amar perif~~cos respe~~
a los del interior. En los pnmeros, las diferencias entre maxunos y m1rumos siempre son menores y tienden a reducirse más pronto. Pensamos que
es interesante observar la notable atenuación de las oscilaciones que los
mercados del litoral habían alcanzado a comienzos de los años 1840, a
pesar del establecimiento de la política prohibicionista. Después de un~~ve período inicial, las dificultades parec~n super~ y ~os ~ercados perifericos son abastecidos sin problemas, casi se podría decir meJor que cuan~o
se importaban granos extranjeros, por lo menos esto es lo que parece mdicar la evolución de los precios.
La ausencia de alzas violentas en los mercados del litoral en el período
1835-1840, parece confirmar este supuesto. En cambio, Valladolid, Zaragoza y Sevilla aparecen como un símbolo de contin~ida~. ~-duso se puede
pensar que la situación ha empeorado respecto al c1?lo 1mc1al; ?ºr l~ menos Sevilla y Zaragoza en la década 1820-1830 registran una mtensificación de las oscilaciones, mientras Valladolid parece reducirlas. Sin emhar-

213

go, en la década siguiente el movimiento ríclico tanto en Sevilla (1835) como en Zaragoza (1838) o Valladolid (1~;$5-1838), se activa enormemente.
Destaquemos la diversidad de fechas como una manifestación más de la falta de homogeneidad, y señalemos que en 1837-1838 también registran un
máximo importante los mercados mediterráneos.
De todos modos, resulta lógico que el proceso de integración de los
mercados del interior fuera más complejo y lento, y que la intensidad de
las oscilaciones se mantuviera hasta la década de los cuarenta.
Más difícil de explicar resulta en cambio lo que sucede en las décadas
posteriores. Por un lado, nos encontramos con un signo de homogeneización: las crisis de 1847, 1856-1867 y 1868, se manifiestan en todas las series. Es significativo que las dos primeras fechas significan, tanto para V alencia como Barcelona, una inlensiíicación del movimiento cíclico;
pero, sobre todo, asombra la amplitud de Valladolid y Sevilla durante la
crisis de 1856-1857 y de 1867-1868.
¿Cómo interpretar ei agravamiento de las crisis de subsistencias entre
1840-1870? ¿Se rompió el equilibrio población-subsistencias? ¿Las frágiles
estructuras del mercado triguero perdieron eficacia a partir de estos años?
¿La agudización del movimiento cíclico se debe ver como un retroceso en
la articulación de un mercado interior?
Con la información disponible no parece creíble que la producción registrara un estancamiento sino más bien al contrario; consideraciones similares podrían hacerse respecto a los mecanismos comerciales y a su capacidad de movilizar los excedenles de las regiones productoras. No creemos
que las explicaciones tengan relación con ello. Nos parece más razonable
relacionar la agudización de las crisis de subsistencias con el proceso de integración a un mercado interior y de la producción española en los mercados internacionales.
En efecto, a medida que se abren nuevos mercados a las wnas productoras las extracciones tienden a aumentar hasta liquidar cualquier reserva,
y el advenimiento de una mala cosecha se puede convertir en una auténtica
catástrofe. Más todavía en el caso español, que a diferencia de los restantes
países europeos mantiene cerradas las fronteras a los cereales extranjeros y,
lógicamente, en un momento de carestía como los que todavía se producen en la Europa de mediados del siglo XIX, tiene muchas más dificultades
que los restantes países para abastecerse. Todo ello sin olvidar los grupos
de presión partidarios de una política prohibicionista y que en estas circunstancias accionan para for1,ar el alza. Esta hipótesis parece bastante verosímil cuando se comprueba que en los años inmediatamente anteriores

�214

Garrabou-Sanz Fernóndez: La fomiación del mercado interior en España

Siglo XIX

a las crisis de subsistencias, las exportaciones de cereales a las Antillas Y a
Europa, según las estadísticas del comercio extP,rior, registran un alza espectacular como se puede comprobar en el cuadro 6.

CUADRO 7
COEFICIENTE DE VARJACION VALLADOLID-BARCELONA

CUADR06

Porcentaje

EXPORTACIONES TOTALES DE TRIGO Y HARINA
(l'ROMEDIO ANUAL, EN TM)

Trigo
1846
1849-1852
1853-1855
1862-1864
1865-1867

26 816
3 411
87 366
1 887
43 126

Harina
21 188
27 600
69 383
39 748
55 314

Harina reducida
en trigo
30 299
39 468
99 218
56 840
79 099

Total
57 115
42 879 100
186 584 435
58 727 100
122 225 208

La incidencia de las exportaciones creo que es indiscutible, sobre todo en el desencadenamiento de la crisis de 1856-1857. No olvidemos que
en el período de máximo esplendor del comercio de cabotaje, 1860-1864,
se extrajeron 168 270 tm. Además, otro hecho a tener en cuenta es que las
exportaciones a Cuba, en contra de lo previsible, en el momento más agudo de la crisis. por ejemplo, en 1856-1857, no se reducen sino que tienden
a aumentar l~eramente; la naturaleza del comercio colonial así lo exigía,
aunque ello significara desabastecer el mercado interior.
Otro de los métodos utilizados para conocer el proceso de formación
de un mercado interior y de homogeneización de los diversos mercados locales y comarcales es el coeficiente de variación. Un valor alto expresa que
el grado de autonomía de los mercados que se comparan es muy elevado, y
su ritmo de reducción nos puede proporcionar pistas interesantes respecto
a las etapas decisivas en que se logran avances hacia la fusión en un único
mercado. Con las series anteriores hemos elaborado el cuadro 7.
Observemos en primer lugar los altos valores del período inici~l, que
confirman nuevamente la escasa o nula articulación del mercado tnguero
español en general y entre Barcelona y Valladolid en particular. Una evidencia más de un sistema mercantil que actúa con un alto grado de autonomía en cada zona. Pero tan interesante como esta constatación, previsible
por otra parte, es la notable reducción que se produce en el período siguiente del orden del 30º/o y que se consolidará entre 1845-1854
hasta valores que representan una caída superior al 40°/o respecto ~l
período inicial. Somos conscientes de la precaución con que se han de uti-

215

1817-1829
1830-1844
1845-1854
1855-1864
1865-1874
1874-1884
1885-1896
1897-1906

43.65
31.59
28.30
15.30
11.50
13
7.80
5.97

No. Indice
100
72.4
54.8
33
24.8
28.1
16.8
12.9

!izar estas cifras, pero creemos que expresan modificaciones importantes
de las estructuras mercantiles durante este período. Es cierto que todavía los
valores son muy altos. Baste recordar que hacia 1840 el coeficiente de variación de los precios del trigo en Francia era de un 16 por 100,21 pero
tanto como los valores absolutos interesa detectar la tendencia, y ésta nos
parece que se muestra con toda claridad.
Juntamente con el movimiento cíclico y los coeficientes de variación
que en cierto modo reflejan la dinámica de cad;i serie, el nivel de precios
alcanzado en cada uno de los mercados constituye otro indicador significativo del grado de homogeneización de una estructura mercantil al que se
ha prestado menos atención hasta ahora. A las economías precapitalistas
corresponderían diferencias sustanciales en los niveles de precios durante
un mismo año, mientras que las economías capitalistas se caracterizarían
por una tendencia a la igualación. El estudio desde esta perspectiva de estas series pensamos que aporta muchas enseñanzas, como puede comprobarse en el gráfico l. La comparación entre los precios del trigo de Valladolid y Barcelona resulta altamente ilustrativa. El trigo entre 1815-1830 se
cotiza en la ciudad catalana entre dos y tres veces más caro que en Valladolid. Un indicador más de la total falta de conexión entre ambos mercados.
Asimismo, ante estas cifras queda perfectamente justificada la queja tan
frecuente desde fines del siglo XVIII de la extraordinaria desvalorización
de los cereales en la España interior en años de cosecha normal, mientras
en la periferia alcanzaban elevadas cotizaciones. Otra consideración que sugieren estas cifras, y hasta ahora muy poco tenida en cuenta, es la escasa
remuneración que percibían los productores de cereales castellanos, en re-

�216

Siglo XIX

Carrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

GRAFICO 1
PRl~CIOS DEL TRIGO EN VARIOS MERCADOS ESPA~OLES
(PTAS. /hl)
35

217

ferencias, pero en todos los casos es moderado, y no contradice en nada la
tendencia general a la reducción cuyos momentos decisivos se sitúan en los
quinquenios 1830-1834 y 1855-1859. Conviene recordar que por estas
mismas fechas el coeficiente de variación entre Barcelona y Valladolid registra una notable reducción, y que fue a partir de 1830 cuando se consolidó la extracción de cereales y harinas por Santander hacia Cataluña y
Cuba.

30

Señalemos, además, que hasta los años cincuenta la reducción de las
25

GRAFICO 2

20

DIFERENCIAS DEL PRECIO DEL TRIGO ENTRE
15
10

5

Barcelona
- - Valencia
- · - Zaragoza
---- Sevilla
........Yalladolid

VALLADOLID Y BARCELONA
35

30

PRECIOS DEL TRIGO
EN BARCELONA

25

o 4---.----,-..---,---r--,--r--,--r--ir---r---r--,--r-"T"""-r.....,.--,
1815
1825
1835
1845
1855
1865
18/!,
1865
1895
1~
19 1820 29 1830 39 1840 49 1850 59 J&amp;.0 69 1870 J'J 1&amp;80 89 1&amp;90 \19 1900 O!/
24
34
44
54
64
74
64
94
04

20
15

10
PRECIOS DEL TRIGO EN VALLADOLID

!ación con otros agricultores mejor situados para abastecer los centros de
con.sumo. El trigo castellano bien poco vaJía, y en consecuencia el estímulo para impulsar la producción era escaso. Las rentas diferenciales que podía obtener un agricultor catalán o de otra zona que le permitiera acceder
al mercado barcelonés eran enormes, aunque los costes de producción fueran más altos, como se señala en determinadas ocasiones. Pensamos que estas cifras aportan sugerencias interesantes para explicar el distinto grado de
desarrollo aJcanzado por la agricultura castellana y la catalana a fines del
antiguo régimen. Pero esto no es todo.
Como puede comprobarse en los gráficos 1 y 2, el desnivel entre ambas series empieza a reducirse significativamente a partir de 1830, y entre
esta fecha y mediados de la década sii,iiente los precios barceloneses se
sitúan sólo entre un 80 y un 100°/o ~r encima de los de Valladolid,
lo que significa una drástica reducción de la diferencia respecto al período
anterior. Sigue la misma tendencia en la década siguiente, aunque con menor intensidad, y de nuevo entre 1855-1864 se sitúa otra etapa de sustancial disminución. Ciertamente, el movimiento no es lineal: en los períodos
1840-1844, 1850-1854 o 1860-1864 se produce un incremento de las di-

1815
19

1825
29

183 5 1845
39
49

~~t

~~~;

1855
59

1865
69

1875
79

1885
89

1895
99

Costes del transporte de VaUadolid a
Barcelona más gastos de comercialización

diferencias es el resultado de un doble fenómeno: tendencia a la baja
de los precios de Barcelona y movimiento de signo contrario en Valladolid. Los precios de esta ciudad registran un incremento notable a partir
de 1830 hasta 1850-1854. Tampoco en este caso se trata de un alza continuada entre ambos períodos; en 1840-1844 o 1850-1854 se producen ligeros retrocesos, pero los mínimos siempre se sitúan en puntos más altos y
el movimiento alcista es indiscu tibie. En el caso de Valladolid el final de
la depresión se puede situar a fines de la década 1820-1830.
El otro período durante el cual se produce un acercamiento entre las
dos series, 1855-1859, coincide con una etapa de alza en las dos series, pe-

�218

Siglo XIX

ro '!'lucho más intensa en el caso castellano que en el de Barcelona. Con
mucho, es el tirón más importante y que estabilizó las diferencias hasta
la etapa de la crisis finisecular. En esta ocasión, la demanda europea, estimulada por las dificultades de abastecimiento provocadas por la guerra
de Crimea, junto con la canalización de las extracciones hacia los mercados periféricos y antillano, fueron los factores que provocaron el espectacular incremento.
Ante los hechos que evidencian la evolución comparada de los precios de Barcelona y Valladolid, resultan mucho más comprensibles las frecuentes alusiones respecto al crecimiento de la agricultura cerealística castellana y a las expectativas favorables de que España se convirtiera en un
país exportador. Frases como "las frraces llanuras castellanas son un gra22
nero inagotable que la naturaleza renueva sin cesar" o los campos
"castellanos arrojan espontáneamente los tesoros que depositó en sus entrañas la fecunda naturaleza",23 pueden ser consideradas como algo más
que meros recursos retóricos; por el contrario pensamos que expresan los
cambios cualitativos que se habían producido en unas pocas décadas. Sin
duda, manifiestan la toma de conciencia de que se había conseguido impulsar el aprovechamiento de unos recursos, improductivos hasta aquel
momento.
El secreto del dinamismo de la agricultura castellana en las décadas
centrales del siglo pasado, como diría P. Vilar al referirse a la agricultura
catalana del siglo XVlli, está en el hecho de que encontró salida para sus
productos, trigos y harinas, y esto determinó que se produjera de forma
creciente para el mercado. El contraste entre los campos castellanos de los
años veinte y de los cincuenta es señalado una y otra vez: "Las Castillas
yacían también en el abandono más lastimoso, depreciados sus campos,
depreciados sus ricos frutos y pereciendo de necesidad los labradores en
medio de la abundancia, mas el tráfico harinero comenzó a desarrollarse
y todo cambió de aspecto", explica el secretario de la Junta de Comercio de Santander, y prosigue:
F.I comercio, por su parte, se dedicó con ardor a mejorar la ela·

boración de las harinas, a establecer fábricas por los métodos
más adelantados de la maquinaria, a construir buques, a facilitar
arrastres, a introducir, en fin, el espíritu de la más estricta economía en todas las operaciones de tráfico. Hasta qué punto han llegado sus esfuerzos lo demuestran más de 500 000 fanegas de tierra de sembradura, hoy convertidas por el arado en feraces mieses,
cuando hace pocos años eran en totalidad presa lastimosa del parásito abrojo y de la estéril maleza; lo demuestran cincuenta fábricas, planteadas con inmensos costos en las provincias produc·
toras y en la de Santander; lo demuestran más de 60 barcos con
14 000 toneladas, que el comercio de esta plaza adquirió para los

Garrabou-Sanz Femández: La formación del mercado interior en Espo,la

2 L9

tran~orte~... lo demuestran millares de familias, que cifran su
su~sistenc~a en la pr?ducción, en los transportes, y en otras operaciones aJenas al trafico de harinas ... ; lo demuestran en fin más
de 500 millones de reales puestos en movimiento en tierras, fábricas, buques, carros, bestias, embases y jornales para dar alimento
al comercio de harina.24
Testimonios semejantes son frecuentes durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado y en todos ellos sorprende la coincidencia en la
caracte~ación del cambio, sus causas e incluso su cronología.25 Las transformaciones dr la a¡,-icultura castellana rntre 1820 y 1850 furron sin duda
profundas cuando dejaron estas huellas.
La formación de un mercado triguero a escala estatal comportaba de
fo~a fundamental ~a homogeneización de los mercados castellano y catalan pero no excluSivamente. Otras regiones contaban también con excedentes para ~astecer los centros de consumo. Cataluña había recibido
d~s~e muy ~nt~uo crre~les aragoneses'. ) aunque hay noticias de que este
tráfic_o contm~o en el _siglo XIX no d1Sponemos de información que nos
perm~t:1 cuanti~carlo m conocer su evolución durante estos años. La comparac1on del mvel d~ precios entre Barcelona y Zaragoza indica un fenó~~no bastante parecido al que acabamos de describir para Castilla. Tamb1e_n ~n el caso_ a~agonés los precios de trigo inician un movimiento alcista,
pracb~ente mmterrumpido desde 1830-1834 hasta 1855-1859, sólo con
una ~aida en los_años anteriores a este último período. Dada la tendencia
de s~o c~ntrano que reg~tran los precios barceloneses, se produce una
apro~a~1on de ambas senes como puede verse en los gráficos 1 y 3. Las
modificaciones operadas entre la etapa inicial y mediados de siglo, aunque
men?s espectac~lares ~ue en el ejemplo de Valladolid, son también significativas. Las diferencias en la etapa inicial no alcanzan los valores del
mercado castellano, perfectamente explicables si tenemos en cuenta las
rel~cio~~s cxiste?tes entre mercados catalanes y aragoneses. Hasta 1840 la
cotizac1~n del tngo ,en Zaragoza se sitúa alrededor de un 50% por debajo
~el precio barceJones, aunque ~n el período_ 1_8~5-1829 el desnivel puPJe
acercarse al 100 1/o. Pero a partir de 1840 se m1e1a una clara rrducció11. Las
~erencias en términos absolutos se sitúan entre 5 y 7 pesetas por hectoli~o, lo que representa que las co~izarione;, aragonesas perma111·ce11 habitualmente entre un 30 y un 35 1/o por debajo de las de Barcelona.
. Más complej,o es el movimiento de los precios en Sevilla, con oscilac1on~ mucho mas b":'scas ~ue parecen expresar un movimiento de la prod~cc1on con fluctuaciones intensas, que pasan fácilmente de la abundancia a la c~tía. ~~bablemente, estas variaciones de la producción dificultan la arbculac1on de un sistema comercial, como sucedía en regiones
con excedentes regulares. Es significativo que Cádiz y Málaga fueran las

�Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

221

Siglo XIX

220

GRAFICO 3
DIFERENCIAS ENTRE LOS PRECIOS DE BARCELONA Y LOS DE
VALLADOLID. Z \RAGOZA, SE\ Il,LA Y VALENCIA (PT \S./hi)
25

Sevilla

20

Valladolid
Zaragoza
Valencia

- .-.-

15
10
5

o
/

·-·__.,.

1825
29

1835
39

'\

Finalmente, resulta interesante el análisis del caso valenciano: tanto
en el movimiento de la serie como en el nivel muestra una extraordinaria
similitud con los precios de Barcelona. En ambos mercados la tendencia
es clarame~te descendente hasta 1850-1854. Como corresponde a los
mercados htorales altamente integrados, las diferencias nunca superan el
14% y puede~ ~r tanto de s~no positivo como negativo; prohablemen~ las caracteristicas de la sene de precios de Barcelona, formada excluSlv~en te con las ~otizaciones de trigos de Santander, que por regla general siempre son mas baratos que los procedentes de Valencia dificultan la
comparación entre el nivel de precios valenciano y barcelon6s. De lo contrario ~o se explicana_ que desde Valencia se pudieran mandar granos a
Cataluna como lo atestiguan numerosos testimonios.

F) ELSISTEMADETRANSPORTETRADICIO 'AL, ¿UI\ OB~TACULO
INSALVABLE?

.... ✓

-5
1815
19

~ones hacia Cataluña p~ce que se han estabilizado. Pero en el quinqueruo 1855-1859 los prectos sevillanos se sitúan al mismo nivel que los de
~~elona, y la reducida diferencia del quinquenio siguiente no parece suf1c1ente para hacer rentable el rnvío de granos andalucPS a los puertos catalanes.

1845
49

1855
59

1865 1875
69
79

1885
89

1895
99

1905
09

únicas provincias que recurrieran de una forma ilegal a las importaciones de granos extranjeros en 1835,26 y que en Sevilla, en 1847 o 1856, los
precios se duplicaran respecto a los años anteriores. Sería interesante que
se investigara sobre el funcionamiento del mercado triguero andaluz, para
eitplicar cómo se puede pasar tan fácilmente de extracciones voluminosas
a las importaciones y, en definitiva, que dieran razón del hecho sorprendente de que Andalucía disponía de mejores condiciones que Castilla
(tierras, situación geográfica) y no aprovechara las posibilidades que se
abrían a los productores trigueros con las ventas en los mercados catalán
)' antillano e incluso al propio mercado andaluz. De todos modos, los
precios sevillanos participan de las mismas tendencias que los de las regiones productoras. Inician un movimiento alcista a partir de 1830 hasta
1850-1854, pero poco activo y con retrocesos en 1840-1844 y 1850-1854.
En el quinquenio 1855-1859 la serie da otro salto que iguala los precios
de Sevilla a los de Barcelona. Respecto a las diferencias entre ambas series,
también se observa un movimiento particular, nunca alcanzan los valores
de Valladolid ni de Zaragoza; como máximo se sitúan en un 46% por debajo de las cotizaciones de Barcelona, pero pueden descender a cifras
mucho más bajas. A partir del período 1835-1839 la diferencia se esta·
biliza alrededor de las 4 o 5 pesetas, que representan entre un 25 y un
30%. Durante esta etapa, que se mantiene hasta 1850-1854, las exporta-

La may?r parte de los autores que desde el siglo XVIII se han preocupado por unpulsar el desarrollo económico español, se refieren de una for~ obsesiva ~ _mal estado de caminos y carreteras y a la persistencia de los
SÍStemas tradictonales de transporte, que encarecían extraordinariamente
los productos hasta el punto de que· su comercialización ofrecía escasas
expectativas de beneficios. En especial rsto es palpable en aquellos artículos que, como los cereales, tienen un valor relativamente escaso en relación
con su peso. Otras mercancías más valiosas soportan mejor los altos costes
del transporte y ello explica su radio de circulación mucho más extenso.
28

Los trabajos de Ringro~,27 de P. Ponsot y, más recientemente, de
Santos _\1adra~o. aportan _e~1dencias suficientes para constatar que a fin~
del antigu? reg':°1~n el sl.Sl:ema de transportes era lento, irregular, tenía
una capactdad limitada y, sobre todo, era extraordinariamente caro. La
constatación, hecha tantas veces, de que mientras una comarca se encuentra en una situación miserable por un exceso de producción, otra relativamente cercana sufre los rigores de la carestía, se debe en gran parte al
coste elevado del transporte, que desanima los intercambios hasta que los
d~niveles de pre~ios no alcancen un margen remunerador para el comerctante o transportista.
S~n Santos Madrazo,29 el valor de productos como el trigo podía
verse mcrementado en un 50 y hasta en un 100% al recorrer una cierta

�222

Siglo XIX

distancia. Lógicamente este porcentaje descenderá en años de precios altos, pero en otros puede incrementarse, y su costo podrá variar si existe un
transporte organizado o si se dispone de carga para el retorno. En consecuencia, es arriesgada cualquier generalización. También resulta muy complejo establecer unos precios medios del coste del transporte. Los datos
aportados por los autores citados muestran tales discrepancias - lógicas por
otra parte, dada la heterogeneidad de las fuentes y la diversidad de factores que influyen en la fijación de tarifas- que no permiten ver con suficiente claridad si entre fines del siglo XVID y mediados del siglo XIX se
redujeron o si, por el contrario, se mantuvieron sin grandes variaciones.
Santos Madrazo, sin aportar demasiadas evidencias empíricas, afirma:
En 1850, con respecto a la centuria anterior las tarifas habían
bajado como consecuencia del alza del precio del trigo, de las mejores comunicaciones y del aumento de la carga útil en un grado
superior al del precio del ganado y forrajes y al menor de salarios
de conductores y empleados de este sector. Aunque no puede generalizarse, debido a la diversidad de los ejemplos que van desde
los 45 a los 100 M/T/K (es decir de 0,33 a 0,75 pesetas por tonelada y kilómetro, R.G. y ].S.F.) el transporte de mercancías en
galeras y mensajerías supone un descenso de los costes pese a la
especialización de dicho. tráfico.30
No hay ninguna duda de que a mediados del siglo XIX el sistema tradicional de transporte era un obstáculo importante para la homogeneización del
mercado interior. Los contemporáneos se refieren constantemente al tema
y no cesan de reclamar al estado que tome medidas. La comisión que elaboró un proyecto de ley de cereales en 1842, que no llegó a aprobarse, se
lamenta de que las medidas liberalizadoras del comercio interior de granos
de poco servirán si no se destruyen las trabas ñsicas
que internamente le imposibilitan por falta de caminos, canales,
ferrocarriles, únicos medios que facilitan las comunicaciones de
las provincias entre sí, cuya falta o mal estado impiden que de
una a otra se transporten con facilidad y economía sus respectivas
producciones. Entonces y sólo entonces podremos prometernos
los grandiosos resultados de este comercio de cereales como los de
las demás fuentes de nuestra agricultura.31
Si interpretásemos de una forma mecánica este tipo de observaciones, probablemente válidas a nivel general, ¿cómo explicar el indiscutible avance
de la producción agrícola castellana y su creciente especialización cerealística, en gran medida posible gracias a la oportunidad creada por la política
prohibicionista de acceder a mercados tan alejados como los de la periferia

Ca"abou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

223

mediterránea y los de las Antillas? Es evidente que en este caso se consiguió superar el obstáculo que representaba el precario sistema de transporte, y ello nos lleva a destacar la importancia de otros factores. El hecho
fundamental era la capacidad de producción de excedentes y de conseguir
mercados donde venderlos. El fenómeno ya constatado para la Cataluña
del siglo XVID pensamos que se repite en Castilla a partir de la cuarta década del siglo pasado.
Centrándonos de nuevo en el caso castellano, creemos que simultáneamente al crecimiento de los excedentes estimulado por la reserva del
mercado interior y colonial, y a la organización de un importante comercio
de trigo y harina en el que Santander desempeñó un papel fundamental, se
consiguió comprimir de forma sustancial el coste del transporte. Como recordará el secretario de la Junta de Comercio de Santander a mediados de
la década 1840-1850, el éxito de la etapa inicial de este comercio
(1820-1830) se basaba en el bajo precio del trigo en los centros de producción, que permitía absorber con éxito costes elevados de transporte, fabricación de harina y corretaje. Pero a medida que la demanda se incrementó,
los precios pagados al agricultor aumentaron notablemente y surgieron dificultades de venta; para mantener el beneficio fue necesario comprimir los
restantes gastos, entre ellos el transporte. El consulado de Santander presionó para que se mejoraran las comunicaciones, y consiguió "la compostura de la carretera de Reinosa y su continuación hasta el interior de la provincia de Palencia". Se forzó a los transportistas, empacadores y barrileros
32
a que redujeran a más de la mitad los precios de sus operaciones.
Veamos en qué medida las cifras disponibles sobre tarifas de transporte confirman estas afirmaciones. Los cereales de Tierra de Campos para acceder hasta el puerto de embarque de Santander podían utilizar en una
parte del trayecto el -canal de Castilla, pero tenía que cubrir la última parte, unos 138 kilómetros por rutas terrestres, es decir la distancia entre
Alar del Rey y la capital de la Montaña. De nuevo aquí tropezamos con la
diversidad de cifras, como puede verse en el cuadro 8, en donde se intenta
establecer el coste del transporte. 33
Digamos, de entrada, que la heterogeneidad de las cifras obedecen al
hecho de que el coste de los transportes fluctúa
constantemente por multitud de causas. Cuando el comercio recibe noticias funestas, que desalientan a los especuladores; cuando
en la estación de verano los caminos se hallan más transitables;
cuando la miseria pública atrahe mayor número de carros que el
ordinario, cuando el canal de Castilla se halla espedito y algo mejor servido. Y en ocasiones semejantes, los transportes se hacen
con bastante economía, pues que exceden muy poco o nada de 4

,.

�224

Siglo XIX

Garrabou-Sanz Fernández:: La formación del mercado interior en España

mrs. por arroba y legua por tierra (0,46 pesetas por tonelada y
kilómetro, R. G. y ].S.F.). Al contrario, en la estación en que los
carreteros, que también son labradores, se dedican al cultivo de sus
haciendas, cuando las nieves y temporales del invierno obstruyen
los caminos, o hacen muy penoso el tránsito; cuando se hiela el
canal; y cuando otras causas imprevistas exigen celeridad y aumento en los arrastres, suben los portes de una a dos terceras
partes. 34

CVADROB

36

d~ verano y 0.1~5 pesetas por tonelada y kilómetro los de invierno. A la
VISta_ de estas cifr~ _vensamos que el ~anal fue un elemento decisivo para
explicar la expans1on de la econom1a cerealística castellana a partir de

1830.
Con todas estas informaciones conviene que intentemos contestar a la
pregunta que formulábamos al principio de este epígrafe: ¿los transportes
bloquearon el proceso de especialización triguera y comercialización de la
agricultura castellana? Un artículo publicado en una revista gerundense en
1852, en donde se expresa la preocupación por la creciente llegada de cereales castellanos, ayuda de forma adecuada a esbozar la respuesta; según

COSTE DEL TRANSPORTE DE TRIGO ENTRE ALAR DEL REY Y
SANTANDER (EN PESETAS POR TONELADA Y KILOMETRO)

{

Respuesta de la Junta de Comercio de Santander
al cuestionario de 1845
L. M. de la Sierra (Cuestión de harinas)

1830

1845

N. Heras de Puig
Nicolás Sánchez Albornoz
A. Gómez Mendoza

1852
1855
1850

0.761
0.460
0.860

{

0.349
0.262
0.293
0.474
0.532

Sin entrar a discutir cada una de estas cifras parece aceptable admitir que
el transporte de trigo entre Alar y Santander oscilaría entre 0.262 y 0.470
pesetas por tonelada y kilómetro, que si lo comparamos con las 0.411 pesetas por tonelada y kilómetro que Santos Madrazo35 calcula para otras
regiones, pueden ser tomados como unos costes relativamente favorables
para el transporte terrestre del grano castellano hacia el Cantábrico. Sin
embargo, la posicion ventajosa para el transporte de los cereales de Tierra
de Campos se basa sobre todo en la posibilidad de utilizar casi en la mitad
del trayecto (130 kilómetros entre Valladolid y Alar) un sistema de transporte mucho más barato: el arrastre por el canal de Castilla Desde fines
del siglo XVIII se utilizaba el ramal norte; en 1835 entró en servicio el canal sur que ponía en comunicación Valladolid con Alar, y en 1849 se inauguró el tercer canal de Campos. Los costes del transporte por el canal son
sustancialmente más bajos. Desde mediados de la década de 1840-1850,
tenemos constancia, y esta vez coincidente, de que las tarifas que impuso
la Compañía del Canal de Castilla, oscilan entre 0.173 pesetas los meses

225

CUADRO 9

COSTE DEL TRANSPORTE DE UN HECTOLiTRO DE TRJGO
DE VALLADOLID A BARCELONA
Transporte Valladolid-Alar
(Canal de Castilla)
Transporte Alar-Santander

1.66 ptas. (0.163 ptas. tm/km) 1.66
3.15
(0.293 ptas. tm/km) 4.95 (0.46
ptas.t~km).
3.15

3.15

7.96 ptas.

9.76

Almacenamiento, comisiones,
embarque y seguros
1.53 ptas.

1.53

Santander-Gerona
Total transporte

TOTAL

9.49 ptas.

11.29 ptas.

Narciso Heras, el autor del artículo, la estructura de costes del transporte
37
de cereales entre Valladolid y Gerona era la expresada en el Cuadro 9.

La primera columna del cuadro corresponde a las cifras de N. Heras

y la segunda se ha modificado, considerando que la tarifa entre Alar y
Santander fuera de 0.46 pesetas por tonelada y kilómetro. Estos cálculos
disipan muchas dudas: para que el trigo de Valladolid pudiera venderse en
Barcelona sin pérdidas, como mínw10 debía cotizarse a 9. 49 pesetas por
hectolitro menos que en Cataluña según los cálculos de N. Heras, o de
11.29 pesetas por hectolitro, según las correcciones introducidas. Conviene

�226

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

recordar ahora las diferencias del precio del trigo entre ambos mercados,
recogidas en el cuadro siguiente:

1825-1829
1830-1834
1835-1839
1840-1844
1845-1849
1850-1854
1855-1859
1860-1864

14.30 ptas.
10.21 ,,"
12.00
11.28 "
,,
10.31
9.76 ,,"
5.14
7.28 "

De estas cifras se deduce que hasta el período 1840-1844 las diferencias del nivel de precios entre ambos mercados superan ampliamente las
929 pesetas, y en consecuencia es perfectamente admisible que los trigos
castellanos pudieran venderse en Cataluña aunque el transporte fuera más
caro. Pero en el período 1845-1854, la posibilidad de extracción exigía
que el coste del transporte y comercialización se contuviera alrededor de
las 9 pesetas, cifra que como puede comprobarse coincide con la que da
nuestro autor. Unas tarifas de transporte más altas hubieran hecho ruinoso el tráfico, como sucedió durante la crisis de subsistencias de 1856-1857,
en que al elevarse el precio d.el trigo castellano por estas fechas, Santander
no realizó envios a Cataluña. Probablemente, en los primeros años de la
década 1860-1870, antes de que entraran en funcionamiento las grandes
redes ferroviarias, todavía este sistema tradicional de extracción de los cereales castellanos vía Santander redujo las tarifas. De lo contrario no se
explicaría que se siguiera mandando harina por cabotaje hacia Cataluña,
habiendo disminuido la diferencia de precios hasta 7.28 pesetas por hectolitro. Pero estos años fueron el canto del cisne de la ruta ValladolidSantander. La Compañía de Ferrocarriles del Norte concluyó en 1863 la
red que ponía en comunicación Valiadolid y Barcelona; al año siguiente
las salidas por Santander cayeron a menos de la mitad y el ferrocarril
acabó captando gran parte del tráfico de cereales entre la submeseta
'orte } Cataluña.
Es indiscutible que con el ferrocarril la integración en un único mercado se aceleró, pero lo que hemos intentado mostrar a lo largo de estas
páginas es que el proceso había empezado antes y que a mediados de siglo
se habían dado pasos importantes, especialmente por parte de aquellas regiones que habían conseguido dar salida a su producción. Otras, el caso
más evidente es Extremadura, continuaron bajo el predominio de una
agricul1ura de autoabastecimiento y de fragmentación del mercado. Igual
sucedió en las áreas de difícil acceso dentro de cada región. En el fondo,

227

1~ cut:5tión i~portante es poder detectar cómo una nueva clase de propietarios actua, s~ mue~e, ~ara sentar las bases sobre las que pueda funcionar. un~ econori:na capitalista. El caso castellano, o mejor dicho, el del
tem!ono organizado alrededor del eje Valladolid-Santander, pensarnos
que ilustra con bastante claridad cómo, a partir de la tercera o cuarta décad_a del siglo pasado, se ponen en funcionamiento fuerzas económicas y
~•al~ ~e rompen con las formas tradicionales de producción y dis~-uc1~?• impulsa~ un crec~ento de la producción, intensifican la espeaaltzac1on y constituyen una tmportante red comercial. En definitiva, fuero~ 1~ necesidad:5 ~readas por estas nuevas formas de organización de las
actiVtdades econolTUcas las que exigieron encontrar una alternativa más
ooi:ata al sistema de transporte. Ello nos lleva a pensar que el mercado intenor no surgió a partir del ferrocarril sino al contrario: el ferrocarril se
construyó, precisamente, por la presión que ejercieron aquellos sectores de
~ economía ~pañola, y entre ellos los agricultores castellanos, que a mediados del Siglo pasado necesitaban reducir los costes del transporte.
RECUENTO
El aná~isis del crecimiento y consolidación de los intercambios de trigo entre regiones productoras y consumidoras y la constatación de cómo se pasa de un movimiento de precios del trigo, sometido a violentas fluctuaciones, con un alto grado de autonomía y con unas enormes diferencias de nivel entre unos y otros mercados, a un comportamiento distinto f'n el que
el ~novimiento cíclico se ha reducido, igual que las diferencias y todas las
senes adquieren una dinámica semejante, han sido los dos principales instrumentos que nos han permitido seguir el proceso de formación de un
mercado interior. Proceso evidentemente prolongado, que se dilata a lo
largo de varias décadas ya que, arrancando de la década 1830-1840, ha
alcanzado ya un gran dinamismo a comienzos de la década 1860-1870
se ha intensificado con la construcción de la .red ferroviaria y a comienzo~
del siglo XX el mercado triguero se encuentra sólidamente homogeneizado.
Paralelamente, otros sectores agrícolas registran procrsos similares e
incluso más rápidos. Todo ello ha sido causa y efecto, a la vez, de la imp~a~tación de nuevas formas de organizar la producción en las que las tradicionales exp1otacionf'-S orientadas aJ auto-abastecimiendo se han visto desplazadas por otras cuyo objetivo fundamental es la producción de mercancías. En este contexto, en la medida que se ha conseguido dar salida a unos
crecientes excedentes han desaparecido viejos obstáculos y la producción
registró un incremento muy notable, aunque difícil de medir, pero creemos
que indiscutible.

�228

Garrabou-Sanz Fernández: La formación del mercado interior en España

Siglo XIX

Para evitar confusiones quizá convenga recordar que la formación de
un mercado interior, el crecimiento de )a producción, la llamada modernización en definitiva no significó superar la mísera situación de una parte
numerosa de la población rural española sino que, a corto plazo, probablemente muchos jornaleros, colonos o pequeños propietarios vieron empeorar
su nivel de vida. Es necesario tener presente que la implantación de una
economía capitalista, de la cual el mercado interior constituía una pieza
fundamental, no fijaba su horizonte en mejorar el nivel de vida del conjunto de la población sino en crear las condiciones para que el capital pudiera reproducirse lo más ampliamente posible, y desde este punto de vista el
éxito de la burguesía española parece indiscutible.

-

NOTAS

l. Gonzalo Ancs, "Las crisis agrarias en la España moderna", Taurus, Madrid,
1970, y del mismo autor, "Las fluctuaciones de los precios del trigo de la cebada y del aceite en España (1718-1808): un contraste regional", en Economía
e llustración en la España del siglo XVW, Ariel, Barcelona, 1969, pp. 43-70.

2.- P. Vilar, Catalunya dins l'Espanya moderna. Les transformacions agraries del
seg/e XVlll catala, vol. Ill, Barcelona, 1966.
3.- J. Fontana, La quiebra de la monarquía absoluta, 1804-1820, Ariel, Barcelona,
1971, y del mismo autor, "Colapso y transformación del comercio exterior español entre 1792 y 1827", en Moneda y Cridito, no. 115 (1970), pp. 3-23.
4.- J. M. Fradera, "Crisi colonial i mercal interior, 1814-1837 (Les basescomercials
de la industria catalana moderna)", tesis doctoral inédita, presentada a la UAB,
1983, especialmente cap. 1, apartados 3 y 5.
5.- Santos Madrazo, "Precios del transporte y tráfico de mercancías en la España de
finales del Antiguo Régimen", en Moneda y Crédito, no. 159 (1981). pp. 39-71.
6.- J. M. Fradera, "El comercio de cereales y la prohibición de 1820. El caso del
mercado catalán", en curso de publicación en Agricultura y Sociedad. Según este autor, entre julio de 1821 y marzo de 1822 sólo habían entrado por cabotaje
un poco más de 2 000 tm de trigo español, y una cifra ligeramente superior entre mayo y diciembre de 1826. Ambas cantidades están muy alejadas de las
37 000 a 40 000 tm que se importaban del exterior en los años inmediatamente
anteriores a la prolúbición. Es interesante la constatación que hace este autor respecto a la actitud adversa al prolúbicionismo triguero que mostraban determinados sectores de la burguesía mercantil catalana.
7.- T. Martínez Vara, Santander de villa a ciudad (un siglo de esplendor y crisis),
Santander, 1983, p. 215. El autor reproduce sin ningún comentario ni aclaración
las cifras de esta Memoria y las de la Información Arancelaria de 1847 (véase
nota siguiente), que son muy diferentes.

229

8.- "Dictamen que la sección de cereales someta a la aprobación de la Junta General de Información creada por R D. de 4 de marzo de 1847", publicado en la
Gaceta de Madrid el 15-16 y 20 de mayo de 1847 y reproducido en Agricultura
y Sociedad (enero-marzo de 1979). A partir de ahora se citará como Informa- ,
ción Arancelaria de 1847.
9.- T. Martínez Vara, Santander de villa a ciudad.. . Esto se puede desprender del
gráfico que publica en la p. 223.

10_- Ante estas cifras uno no deja de sorprenderse de que A Gómez Mendoza, despues de laboriosos cálculos sobre el tráfico ferroviario de cereales descubre que
"En 1909, los barceloneses comían pan de trigo cosechado en España, a 800 kilómetros de sus tahonas" (Antonio Gómez Mendoza, Ferrocarriles y cambio
económico en &amp;paña, 1855-1913, Alianza Editorial, Madrid, 1982, p. 200).

11 .- "Memoria sobre el estado del comercio que publica la Real Junta de Santander,
redactada por su secretario, D. Luis María Sierra", Santander, 1833, p. 567, citada por M. Terán, " Santander puerto de embarque para las harinas de Castilla",
en Estudios Geográficos, no. 29 (noviembre 1948), p. 748.
12.- Dictamen elaborado por una comisión del Consejo de Agricultura, Industria y
Comercio en 1849. Archivo Ministerio Agricultura, leg. 6, exp_ 11 _
13.- Las cifras de los aranceles de 1830 y 1834 proceden de la Información Arancelaria de 1847. La de 1843, de M. Torrente, Memoria sobre la cuestión de Harinas, Madrid, 1845; y la de 1863, de Consulta elevada al Excmo. Sr. Ministro de
Ultramar por la )unta provincial de Agricultura, Industria y Comercio de Santander sobre la introducción en las Antillas de las harinas nacionales y extranjeras, Santander, 1863. De este mismo folleto procede el precio medio del barril
de harina de este año. El valor correspondiente a 184 I procede de una exposición de la Junta de Comercio de Santander al Congreso de Diputados (Archivo
Congreso Diputados, leg. 63, no. 48).
14.- L~ cifras correspondientes al período 1825-1845 proceden de la Información
Arancelaria de 1847. Para 1846 he preferido la cifra que se publica en Gaceta
de Madrid de 17-lV-1848. La exportación de 1847 procede del Diccionario de
Madoz (t. 13, p. 768) y corresponde sólo a Santander_ La cifra de 1848 del
Boletín Oficial del Ministerio áe Hacienda, t n. no. 34 (agosto 1850), pp. 236238, parece más fiable que otra estadística referente a la exportación de harina
a la isla de Cuba, publicada en este mismo boletín (t. Ill, no. 57, 1851, P- 150).
Para los restantes años, proceden ya de las Estadísticas de Comercio Exterior.
15.- T. Martínez Vera, Santander de villa a ciudad..., p. 215.
16.- J. M. Fradera, " El comercio de cereales", art. cit.
17 .- Para el período 1890-1894 aparecen agrupadas las cifras de Santander, País
Vasco y Asturias y también las del País Valenciano y Murcia. Las diferencias que
se observan entre el volumen de las extracciones realizado por Santander correspondientes al período 1859-1863 y las que constan en el cuadro 2, se deben a
que en este último caso no se han descontado las cantidades entradas en los
puertos de estas zonas.
18.- Esta cifra la obtiene J. Sanz tras una minuciosa elaboración de los datos conteni-

�230

Siglo XIX

dos en el Informe acerca de la producci6n, comercio y consumo de trigo en España, Madrid, 1896, estudio contenido en su tesis doctoral inédita.
19.- NicoJ;f, Sánchez Albornoz, Las crisis de subsistencias de España en el siglo XIX,
Instituto de Investigaciones Históricas, Rosario, 1963.
20. La procedencia de las series del cuadro es la siguiente: para el tramo 1891-1906,
Grupo de Estudios de Historia Rural, Los precios del trigo y la cebada en España, 1891-1907, Servicio de Estudios, Banco de España, Madrid, 1980; para el
período 1847-1890, excepto 1850-1852, Gaceta de Madrid; en ambos períodos
se trata de cotizaciones medias de las provincias. Menos homogeneidad tienen las
series de la primera mitad de siglo, que proceden de fuentes locales que recogen
las cotizaciones de un único mercado, generalmente el de la capital de la provincia
Las fuentes son las siguientes:

BARCELONA (1815-1846 y 1850-1852). Precios publicados en el Diario de
Barcelona y recogido por A. Segura, "El mercat de cereals i llegums a Barcelona
(1814-1868)" en Recerques, no. J4 (1983). La serie se ha construido ~xclusivamente con las cotizaciones del trigo de Santander, excepto para un numero reducido de años en que no se cotiza. y entonces se toma la media de las diversas
variedades de trigo cotizados en el mercado barcelonés. En todos los casos los
precios corresponden a la primera quincena de julio.
VALLADOLID (1815-1840). Condiciones del trigo en el mercado de Medina de
Rioseco, procedentes del Archivo Históri~o Municipal de e~ta localidad (caj~
266, no. 4 843), recopiladas por Bartolome Yun cuya generosidad nos ha permitido disponer de las cotizaciones de este mercado castellano, que era clave para
nuestra argumentación.
VALLADOLID (1841-1848 y 1850-1852). Precios de la ciudad de Valladolid
publicados por Germán Rueda Hemanz, La dcsamortizaci6n de Mendizábal en
Valladolid (/836-53). Transformaciones y constantes en el mundo rural y urbano de Castilla la Vieja, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1980, p. 597.
ZARAGOZA (1815-1846 y 1850-185i). Precios en el mercado de esta capital
según datos de Ja Sociedad Económica de Amigos del País publicados a fines del
siglo pasado por Pío Cerrada, La riqueza agrícola y pecuaria en España. M~ograf(a presentada al concurso abierto en 31 de enero de 1893. ~ea/ Academia de
Ciencias Morales y Políticas, Madrid, 1896, pp. 52-53. Esta sene presenta graves
deficiencias y sólo de torma muy imprecisa y aproximada registra el movimiento y el nivel de los precios zaragozanos. A pesar de ello hem_os decidido utiJ!·
zarla. con todas las reservas que se quiera. ya que hemos considerado que tema
interés disponer de los precios de otro mercado interior. Sin embargo para medu
la amplitud cíclica del período 1831-1840 (Pío Ce~ad~ da para 1_836 un valor
absolutamente increfüle) hemos preferido las cotJzacmnes publicadas por el
Diario de Zaragozo. Esto ha sido posible gracias a la investigación ~ue está realizando Antonio Peiró sobre los precios zaragozanos y a la generosidad con que
nos ha permitido utilizar sus resultados.
SEVILLA (1815-1846 y 1850-1852). Cotizaciones de la Alhóndiga de Sev~a,
por tanto corresponden al precio de esta ciudad. El tramo 1815-1833 ha sido
publicado por María José AJvarez Pantoja, Aspectos econ6micos de la Sevilla

Garrabou-Sanz Fernándl'z: /,a formació11 del mPrcado interior"" f;spaña

:!:J 1

Jnnandina (1800-1833), ScviUa, 1972, vol. 11, pp. 113-114. Los valores de los
períodos 1834-1846 y 1850-1852 nos han sido facilitados amablemente por A
M. Bernal Y coinciden con la serie publicada por J.M. Benavides a mediados del
siglo pasado y reproducida por Nicolás Sánchez Albornoz, Las crisi.~ dP subsistencias de f;spaña &lt;'n el siglo)./'(, cit., p. 122.

VALENCIA (1816-1846 y 1850-1852). Precios de la ciudad de Valencia. publicados en la prensa de esta ciudad y que han sido recopilados por Telésforo Marcial Hemández y J. Piqueras."Materiales para la historia de los precios t:n Valencia durante el siglo XIX", en Estudis, no. 7 (1978), pp. 155-216, especialmente
apéndices l a 4. Las cifras de nuestro cuadro proceden de promediar, a partir de
1821, las series de "Trigo Huerta de Valencia" y "Trigo fuerte de Castilla". Para 1816-~81 sólo se dispone de la rr!rnera serie, y para 1820 no se registra ninguna cotízac1on. .Al comparar esta sene con las elaboradas a partir de los datos
de la Gaceta de Madrid en los años cincuenta, se comprueba un movimiento similar pero diferencias de nivel significativas: los precios de la ciudad de Valencia. que son los que utilizamos para la primera mitad del siglo, siempre se sitúan
por encima de los precios provinciales que da la Caceta de Madrid. Conviene tener presente estos problemas para interpretar adecuadamente el nivel de los precios a partir de 1853, ya que utilizamos los datos provinciales.

?,

21.- Roger Price, The modernization ofrural f'rance, Hutchison University Library,
1983,p. 310.
22.- "Exposición de la Junta de Comercio de Santander al Congreso de Diputados,
junio de 1840", leg. 63, no. 48, Archivo Congreso Diputados.
23 .- "Exposición al Congreso de Diputados del Ayuntamiento y de la Junta de Comercio de Santander, mayo 1842", leg. 62, no. 11, AIChivo Congreso Diputados.
24.- L. M. de la Sierra, Cuestión de harinas, contestación al Sr. D. Mariano Torrente,
Santander, 1845, pp. IV y 50.
25.- Veamos cómo captan el mismo fenómeno un grupo de ciudadanos de Valladolid en una exposición dirigida al Congreso de Diputados, solicitando que se indemnice a los propietarios de las fábricas de harinas destruidas durante los motines por la crisis de subsistencia de 1856: "La prosperidad actual de Castilla,
el repentino desarrollo de la agricultura, principal riqueza de su suelo, la acumulación de capitales en estas provincias, tan pacíficas como leales; la fabricación
de harinas en una escala que honra a nuestra Nación y el haberse triplicado el valor de la propiedad rústica y urbana de pocos años a esta parte ha sido todo consecuencia de la apertura de los canales de Castilla, fundamento principal de la
exportación de cereales, de la que surgen como consecuencia enlazadas todas las
ventajas indicadas". Concluyen la exposición expresando temor de que las destrucciones de fábricas aludidas, espanten a los capitalistas e impidan "que los
naturales elementos para que Castilla sea agrícola y fabril no se utilizarán y empezará desde hoy la decadencia de estas provincias" (''Exposición a las Cortes
Constituyentes, junio de 1856 ", Archivo Congreso Diputados, leg. 104, no. 39).
26.- En el &lt;\!Chivo General de Sirnancas, Sección Consejo Real de España e indias,
legs. 24 y 25, se conserva un amplio expediente titulado "Málaga y Cádiz. Sobre las importaciones de granos extranjeros 'lUe se han hecho por aquellos puertos, 1835", que concluye con una severa conden~ y una negativa explí-:ita de

�Siglo XI\'

que continúen la~ importaciones sin una previa autori1.ación del Conscio.
27 .- D. R. Ringrose, Lo., transportes y rl Pstuncamirnto 1•conómico .J,, f.&lt;.spañtL
1750 1850, Tecnos, Madnd, 1972.

28.- P. Ponsot. "Andalousic occidcntalc: systcmes de transports et développcmcnt
économique (XVlc-XIXe siecles)", en '111nu/,,., (1976), pp. 1 19S-l 212.
29.- 1:1 tngo adquirido por la ciudad de Cácercs entre 173S y 1739 doblaba su precio a partir de los 260 km, según Santos Madrazo. Fn cambio, otros datos aportados por el mismo autor muestran que la duplicación del precio se realizaría
entre los 426 y 766 km. A mediados del siglo XIX. en un año de precios relativamente bajos, el precio del trigo doblaba su valor al superar los S00 km. (Santos
Madrazo, "Precios del transporte", cit., pp. 43, 57 y 67).

l:l.· Santos Madrazo, "Precios del transporte", cit., p. 67.
31.- "Proyecto de ley de cereales, 1842", Archivo Congreso Diputados, legajo 22,
11.
32.- L. M. de la Sierra, CuPstión de harinas, cit., pp. 50 y 61. en una nota a pie de la
última página, dice: "Los fletes que llegaron a pagarse a 100 reales barril, hoy
son de 28 a 30; costaba un barnl para empacar harina de IS a 18 reales, hoy no
pasa de 8 a 9; costaba el porte de una arroba de harina 3 o 4 reales desde Reinosa a Santander, hoy cuesta de 9 a 12 cuartos aunque los portazgos han subido.
33.- La Junta de Comercio de Santander, en la contestación a un cuestionario que le
envió la administración y reproducido como apéndice en el texto ya citado de L
M. de la Sierra (CuPstió11 de harinas, p. 88), se refiere a las frecuentes variaciones
del coste del transporte y dice que en condiciones favorables resulta a 0.461
ptas. por tm/km, pero que en otras se encarecen y en tiempo de guerra llegó a
pagarse hasta a 0.761 ptas. por tm/km. En unas páginas anteriores (pp. 61~2)
de este mismo texto, L. M. de la Sierra dice que al iniciarse el tráfico de harinas
por Santander, que hemos situado hacia 1830, se pagaba entre tres y cuatro reales por arroba entre Reinosa y Santander, y que en 184S costaba de 9 a 12
cuartos; hechas las oportunas reducciones, son las cifras que constan en el cuadro. Para las restantes cifras las referencias son las siguientes: Narciso Heras de
Puig, "Porvenir del cultivo de trigo en la provincia de Gerona", en La Granja,
No. 7 (18S2), pp. 172-174 (debo el conocimiento de este interesante artículo,
al que más adelante me referiré, al amigo J. M. Fradera). Nicolás Sánchez Albornoz. Las crisis de subsistencias en &amp;paña, cit., p. 72, nota 38. Y A. Gómez Mendoza, "La Compañía del canal de Castilla y el ferrocarril de Isabel JI: dos empresas de transporte en Castilla", en Historia económica y pen&amp;11miento social.
Estudios en homenaje a Diego ,'tfateo del Peral, Alianza/Banco de España, Madrid, 1983, p. 375.
34.- L. M. de la Sierra, Cuestión de harinas, cit., Apéndice, pp. 88-89.
35.- Santos Madrazo, "Precios del transporte", cit., p. 6 7.
36.- A. Gómez Mendoza (op cit., p. 376) dice que al constituirse la empresa del canal de Castilla en 1831 se lijaron las tarifas en 0.3516 ptas. por tm/km y que al
transformarse en una compañía por acciones, en 1842, se redujeron a 0.17S8
ptas. por tm/km. Tanto la Junta de Comercio de Santander como Narciso H.

Garrabou-Sanz Fernández·· Lajiormac,on
., d e 1mncado interior e11 España

23:{

de Puig Y los datos del Dicci n · M d
• .
diados de la década 1840-1 o un~ a oz _c_omc1den en señalar que, desde meperíodo del año, que oscilan8;~;r~ª ;~;jan1~ aphca tanfas ~1ferentes, según el
por tm/km de mayo a noviembre.
.
en os meses de tnVJcrno Y 0.115 ptas.
37.- Narciso Heras dePuig "Porvenir d 1 1 .
.
ctt, p. 173. La tarifa de 0.46 pt:Scu t1vo d/e~1go en la provincia de Gerona",
reunidas en el cuadro anterior.
· por tm
procede de otras estimaciones

��JUAN CARLOS ÜARAVAGLIA Y JUAN CARLOS ÜROSSO,

Un análisis regional de la Nueva España borb6nica
• MAiuo CERUTII, El gran norte oriental y la
formaci6n del mercado nacional en México • JosE
CARLOS ÜIIARAMONTE, Mercados de mercancías,
monetario y de capitales en el Litoral argentino •
NIDIA ARECES Y NoRA BOUVET, Comercio y
frontera en el Paraguay del doctor Francia • ErucK
LANGER, Espacios coloniales y economías
nacionales: Bolivia y el norte argentino • JoRD1
MALUQUER DE MoTES, La formación del mercado
interior en condiciones coloniales: las Antillas
españolas en el XIX• ANTONIO MoLINER PRADA,
La guerra de Independencia y la economía catalana
• RAM:oN GARRABOU y JESUS SANZ FERNANDEZ, la
formación del mercado interior en la España del
siglo XIX•

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                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Revista
de Historia

FINANZAS, INVERSIONES
Y POLITICA ESTATAL EN
EL SIGlO XIX
(Brasil, Ecuador, Argentina,
Uruguay y México)
Año 111, número S
enero-junio de 1988

!"acuitad de
Filosofía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León

•

Monterrey-México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue realizado con la contribución académica del
Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana
lztapalapa, México - D. F.

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LoNGORIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTII

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Sylvia Eloísa Morán y Mario Cerutti
Tipografía: Andrea González Corona
hnpresión: Editora El Sol
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $7.

�ÁÑO

fil

NUMERO

5

ENERO- JUNIO DE

1988

sigloXIX_
REVISTA DE HISTORIA

FONDO UNIVWITAltlO

SUMARJO

Nota del Editor. . . . . . . • . . . • . • . . • . . . . • . . • . • . . . . . • • •

1

La revolución republicana en Brasil: ¿ La burguesía en el
poder?. .... ..•. •. . ... .• .. ••.••... STEVEN TOPIK

9

Las finanzas públicas en el Ecuador del
siglo XIX . . . . . . . . . . . . LINDA ALEXANDER RODRIGUEZ

45

Políticas de desarrollo económico y deuda externa en
Argentina (1868-1880) . .. . • •.•.... . CARLOS MARICHAL

89

Las inversiones francesas en los ferrocarriles
argentinos (1887-1900) • .... ANDRES MARTIN REGALSKY

125

Los grandes negocios en Uruguay . ... . .. JULIO C. RODRIGUEZ

167

El poder de las finanzas y las finanzas del poder en México
durante el siglo XI.X. ....••... . . BARBARA TENENBAUM

197

Crisis fiscal y reforma hacenda ria en el siglo XIX
mexicano . . .•.....• . . . . . . . . . JAVIER PEREZ SILLER

223

�Nota del Editor

Finanzas, inversiones y posibilidad de funcionamiento efectivo
de un aparato estatal fueron tres variables ampliamente vinculadas durante el siglo XIX en las sociedades latinoamericanas. En
la medida que recientes investigaciones profundizan estos aspectos, se perfila la necesidad de conectarlos aún más firmemente,
y de brindarles un peso estructural en el trabajoso y lento proceso que llevó a la configuración de los estados nacionales en el
continente.
Este número 5 de Siglo XIX se nutre, precisamente, con materiales referidos a esta temática. Como sucediera con nuestros
números 2 ("El siglo XIX y las ideas") y 3 ("Liberalismo:
reforma y contrarreforma en el siglo XIX"), el dossier que ahora
se presenta fue compilado gracias a la gestión directa de un
reconocido especialista: Carlos Marichal, jefe del área de Estado
y Sociedad del Departamento de Filosofía de la Universidad

�Nota del Editor 3

2 Sig!oXIX

Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, de la ciudad de México*.
.
·
' una de sus propuestas
S. l XIX mantiene en VIgenc1a, as1,
.
ig o
.
, .nas a es ecialistas capaces de sugenr
inaugurales: abnr sus pagi
.p
· tes de diferentes
un tema central y de reunir trabaJOS provemen
países de América Latina.

,
abre con el firmado por Steven
El cuerpo de articulos se
.
B il En tono
d
l evolución republicana en ras .
Topik, centra o en, ª. r To ik se permite dudar de interpretapor momentos polemico, P , .
, · as adoptadas por
e las pohticas econom1c
ciones que aseguran qu
.
destinadas a favorecer el
los gobiernos po~ impe~i_ale_s estuVI~:º~nas de esas interpretacrecimiento fabril. El e1erc1tob, .segu , . dustrial y a la clase mehab ía aliado a la urgues1a m
ciones, se
r .
d
los cambios hacia el capitadia urbana en un mtento e ace1erar
lismo.
d
álisis Topik refuta esos
Susten~ndose en un edeta:~i:h:políticas -entre otras, la
puntos de VIsta y con~y. qu Rui Barbosa- fueron más bien
impleme~tada. ~ord:l 1:~e:ales, y no una ruptura con ellas.
una cont_muac1~n . ificati~as no habrían sido proyectadas para
Las medidas mas ~~- al de la industria brasileña: por el contrafavorecer el auge imci
di
•erto desenvolvimiento
niega que se era c1
rio -y aunque no se
"
po generalindustrial- se motivaron para complac~r a_un gru 1m erío"
.
d . la 'lite comercial y financiera del
p . .
mente ignora 0 ·
e
.
n estas décadas de finaTopik remarca la impoi:tanc1~ que e_
s a la banca, y los
l de siulo asumieron los nucleos ligado
1
l'
es
·-o
usufructuando as po 1grandes negocios que consumaron
ticas del Estado central.
•
Universidad de Harvard (U . S. A.). EntJe
$(:arios Marichal es doctor en Histona
la
México (1800-1925), México, 1986,
sus publicaciones se cuentan &amp;:nea y :e:oz:;:n liberal y los partidos políticos en Es·
ue editó con Leonor Llldlow' Y La
~ña, 1834-1844, Madrid, 1980.

pod

El ensayo de Linda Alexander Rodríguez ofrece un interesante panorama sobre el Ecuador decimonónico. Si bien alude básicamente a los problemas que planteaban las finanzas
públicas y sus requerimientos siempre urgentes en materia fiscal, insiste en un aspecto que nos parece fundamental para todo estudio de la época: las hondas diferencias regionales que
obstaculizaban o frenaban la constitución del Estado-nación.
La autora es explícita desde el principio: el regionalismo, los
aislados y casi autosuficientes mercados serranos, el gran sector
de subsistencia, las barreras geográficas que limitaban los flujos
de bienes e ideas y las dificultades para alcanzar un consenso
político global perturbaban la eficacia de las prácticas fiscales.
Es decir, resquebrajaban todo proyecto de alimentar con recursos a un Estado que tenía mucho de invertebrado.
Una atención particular se destina a la costa, con centro en
Guayaquil: por sus exportaciones de cacao se ubicó en un lugar
estratégico frente al sistema fiscal nacional. Otra referencia destacada es la de los ingresos aduanales: en Ecuador, como en la
mayoría de los países latinoamericanos, los recargos al comercio
externo, muy particularmente a las importaciones, constituían
una fuente inmediata y segura de recursos para la avidez nunca
complacida de los gobiernos.
La tributación que se exigía a determinados sectores sociales o raciales, el peso de la deuda exterior y la aparición de los
primeros bancos en Ecuador completan el amplio trabajo de
Linda Alexander Rodríguez.

El caso argentino es revisado por dos artículos. El primero,
a cargo de Carlos Marichal, concentra su atención en los vínculos que se plasmaron entre la conformación de un gobierno central efectivo, la deuda externa y el desarrollo económico desde

�4

SigloXIX
Nota del Editor

finales de los años 60. Para el autor, el estudio del papel del Estado "en la promoción del desarrollo económico en Argentina y
en otros países latinoamericanos durante el siglo XIX constituye
un tema todavía poco explorado". o deja de reconocer, empero, que estudios recientes mencionan que los gobiernos influyeron más de lo que se supone en el desenvolvimiento capitalista
que se protagonizaba en la segunda fracción de la centuria
pasada.
Marichal pone énfasis que en Argentina se dio, inclusive, una
institucionalización de estas políticas de promoción. Entre 1868
y 1880, por ejemplo, la modernización de los sistemas d~ _comunicaciones y transportes fue prioritaria. o sólo para facilitar las
cada vez más generosas transacciones mercantiles: también, para acentuar el peso e influencia de la administración pública en
una escala nacional.
Se describen en el trabajo la implantación y expansión del
correo y los telégrafos, del sistema de caminos y puentes, de los
puertos y de la navegación fluvial, y finalmente se alude a la
política ferroviaria: tareas todas impulsadas por el ministerio del
Interior, convertido en una auténtica agencia de desarrollo. El
examen se agota con el empréstito de Obras Públicas de 1871,
calificado como una operación financiera cara pero no impro•
ductiva. La promoción del desarrollo económico era ya, a estas
alturas, "una de las prioridades de las funciones del Estado" en
Argentina.
Andrés Martín Regalsky prosigue esta temática. Pero la circunscribe a las inversiones extranjeras en los ferrocarriles argentinos, particularmente las de origen francés y en décadas siguientes a las investigadas por Marichal.
Apunta que si bien las inversiones ferroviarias francesas nunca se situaron en la dimensión de las británicas, no dejaron de

5

resultar significativas en estos años: cuando Argentina se integraba -con una pujanza que jamás recuperaría en su historia
contemporánea- al mercado mundial de cereales y carnes.
Regalsky delínea la actividad de tres grupos inversionistas
que, por lo general, solían entrelazar a poderosos grupos bancarios con grandes compañías metalúrgicas. Un especial interés
presentó la instalación de redes en la provincia de Santa Fe,
donde el auge en las explotaciones cerealeras se llevó adelante
conjuntamente con un aluvión inmigratorio y un sistema de
utilización de la tierra poco frecuente en el contexto latinoamericano.
Explica asimismo las condiciones generales de la inversión
francesa, la recaudación de los respectivos fondos, la marcha de
las empresas una vez concretada la construcción de las redes y
las características de los contratos, que requerían de amplias
garantías por parte del Estado. Su exposición ratifica no pocas
de las apreciaciones previas de Marichal, y ofrece nuevos elementos para esclarecer ese protagonismo al que Linda Rodríguez perfiló al hablar de "el Estado activo".

El análisis que Julio Rodríguez efectúa sobre el Uruguay del
siglo XIX retoma en fuerte medida algunos de los planteamientos de Topik sobre Brasil: insiste en los grandes negocios que derivaron del surgimiento de las instituciones bancarias y del usufructo de la deuda pública.
· Remontándose al momento inmediatamente posterior al
desprendimiento de España, recuerda que las repúblicas del
continente nacieron con "un oneroso y, hasta si se quiere, heróico estigma: la deuda pública", contraída con suma frecuencia por urgencias bélicas, para atender guerras civiles e
internacionales. Así, el vivaz puerto de Montevideo se conver-

�6 Siglo XlX

tiría, en el sureño Uruguay, en un inevitable abastecedor de recursos aduaneros destinados a la amortización de deudas viejas
y de nuevos y sedientos empréstitos.
Rodríguez efectúa una minuciosa descripción de las formas
con que operaban los grupos burgueses ligados a las penurias
estatales, y muestra sus diferentes facetas en el devenir decimonónico. Destaca la sensible intervención de acreedores extranjeros (sobre todo de ingleses y brasileños), la febril actividad de la bolsa en la capital del país y el nacimiento de los bancos en la década de los 50.
El trabajo se cierra con una mención al auge bancario de las
décadas finales del siglo, en el que sobresalió la creación Y derrumbe del Banco Nacional, entre 1887 y 1890. De tanta inestabilidad, resume el autor, surgiría en Uruguay "el presupuesto
económico-financiero, ético y psicológico que permitió el establecimiento del Banco de la República", al que considera una
institución que logró asumir una "formidable proyección" en

Nota del Editor 7

La autora dedica un largo tramo de su exposición a la gestión de Agustín de lturbide, a quien ciertos núcleos dominantes
apoyaron con impaciencia porque esperaban que la independencia les devolvería ''su antigua gloria y trajera la prosperidad". No fue así, sin embargo, y el mismo Iturbide se vio obligado a alterar sus iniciales propuestas en materia fiscal.
Su caída abrió un período en que la inestabilidad política
fue la norma. La primera república federal, el lapso del centralismo, las experiencias administrativas de Santa Anna y la situación gestada por la guerra con Estados Unidos son descritas en
el ensayo, que no deja de destacar la insistencia de los gobernantes en recurrir -para solventar sus urgencias implacablesª los bienes y recursos de la Iglesia.
Habrá que aguardar al porfiriato, tras el impacto de las reformas liberales, concluye Tenenbaum, para que se avizoren
soluciones al déficit público y para que, a la vez, el poder político se establezca con mayor firmeza.

la economía uruguaya.

Tras un muy sugerente título, Barbara Tenenhaum traza el
panorama de las vinculaciones entre necesida~e_s fiscale~, _fmancimiento del aparato gubernamental y estabilidad pohtica en
México: procura explorar "la relación entre liderazgo político
y los ingresos hacendarios", o "entre el poder y el dinero".
Las luchas de independencia dejarán a los nuevos administradores -como en Uruguay- dificultades financieras serias.
Los gastos militares llegarían a tener un peso abrumador. Frente
a ello, Tenenhaum señala la negativa casi permanente de los grupo$ propietarios para admitir cargas impositivas fijadas por un
poder político que no sólo era inestable, sino que en ocasiones
acudía a recetas tan impensables como originales de tributación.

Javier Pérez Siller, precisamente, enfoca su análisis hacia la
parte última del siglo en México: la reforma hacendaría que
impuso el liberalismo, indica, se convirtió en un elemento vertebral para lograr soluciones a la crónica crisis señalada por
Tenenhaum.
Sus planteamientos rozan aspectos metodológicos destacables. Como apuntaran tiempo atrás en España historiadores como Josep Fontana, el estudio de la hacienda pública no se agota
en un simple ejercicio técnico, sino que constituye un paso fundamental para la comprensión de procesos de significación estructural en una sociedad que procura transitar hacia el capitalismo. Por ejemplo: la conformación del mercado interno y la
consolidación del Rstado Nacional.

�8

Siglo XIX

La reforma liberal enfrentó aspectos estructurales y -quizás ·
por ello- se atrevió a avanzar en el plano fiscal. Entre las vías
propuestas estuvieron, comenta el autor, modificaciones administrativas, reformulación en cuanto a crédito y moneda y
alteraciones en lo estrictamente tributario. En la hase de todas
estas medidas se encontraba el fomento a la producción-para la
exportación.
Tras detallar las diferentes fases que atravesó esta reformulación, Pérez Siller brinda relevancia a un hecho llamativo: los
ingresos provenientes del mercado interior, en 1893-94, igualaron los derivados de los productos importados y/ así, "pudo superarse la dependencia del erario con relación a esos impuestos". Quedarían ratificadas de esta manera las afirmaciones de
quienes han puesto énfasis en la importancia que asumió el mercado nacional en sociedades como la mexicana, a fines del XIX.
El ensayo termina destacando que la reforma hacendaria logró sus objetivos, y pudo sentar entonces los cimientos materiales para el Estado que dirigió el país hasta 1910.

La Revolución Republicana en Brasil:
¿La Burguesía en el Poder?
Steven Topik*

Los años transcurridos entre 1888 y 1894 han sido considerados un pe:
ríodo clave en el desarrollo económico del Brasil. Los analistas concuerdan en general con Albert Fishlow en cuanto a que dicho período repre- ·
sentó la primera experiencia brasileña de industrialización basada en la
sustitución de importaciones,1 y las manufacturas se desenvolvieron con
rápidez. La mayoría de los estudiosos argumentan que las políticas del
Estado fueron en gran parte responsables de tal desarrollo. Anm'bal Villela y Wilson Suzigan, por ejemplo, sostienen que ''los primeros años de la
república fueron tal vez el único período anterior a los treinta en el cual
las políticas
del gobierno manifestaron interés por promover el desarrollo ".2
Se menciona generalmente que la inclinación del Estado en favor de

Estimamos, en síntesis, que este número de Siglo XIX reitera el objetivo alcanzado por algunos de los precedentes: en forma paralela ofrece una gruesa cantidad de información y proporciona puntos de vista que, seguramente, enriquecerán la aún
parcial visión que se tiene de una centuria fundamental. La respuesta obtenida por autores de diferentes latitudes, tanto americanas como europeas, es. un estímulo inestimable para los
editores.

Mario Cerutti

Monterrey, México, enero de 1988

la industria fue causada por la revolución política ocurrida en esos años: la
abolición de la esclavitud en 1888, la sustitución de la monarquía por la
República en 1889, y el régimen militar de 1889 a 1894 permitieron las
primeras políticas de estado progresistas encaminadas al desarrollo del
Brasil. Durante los turbulentos y caóticos años iniciales de la República,
el ejército supuestamente se alió con la burguesía industrial y la clase media urbana para acelerar la transformación de un régimen esclavista a relaciones capitalistas plenas. Hélio Silva, por ejemplo, afirma que "la naciente burguesía industrial (era la) fracción hegemónica del bloque gober3
nante ", mientr'ls que Nelson Werneck Sodré sostiene que "la burguesía
(estuvo) en el centi:o del escenario ".4 En efecto, ciertos eruditos han
afirmado que la revolución republicana fue una revolución burguesa. Como el diputado Alexandre José Barbosa Lima dijo en esa época, ''la bur*Departamento de Historia de la Universidad de California en lrvine, U. S. A. Ponencia presentada en el encuentro sobre Historia Económica organizado por la
Universidad de California en Los Angeles, en mayo de 1985. Traducción de Isabel
Mata y Miguel A. González Quiroga.

�10

S. Topik: Revolució11 republicana y burgue,ía e11 Bra,i/

Siglo XIX

guesía se alzó intrépidamente contra los aristócratas'~

5

Las medidas económicas seguidas por el Estado en los años 1889 a
1894 se señalan como una marcada desviación de las políticas de laissez
faire hasta entonces prevalecientes. Esto se refiere sobre todo al programa de Rui Barhosa, quien presidió el ministerio de Finanzas desde noviembre de 1889 a enero de 1891: se lo considera uno de los pensadores
económicos más iluslrados del Brasil y, según Sodré, "el intérprete de la
6
ascendente burguesía ".
Por desgracia, según la versión general, la clase terrateniente se alió
con los especuladores para luego derrotar este atrevido intento para estimular el desarrollo. El activismo del Estado cayó en el descrédito. La
oligarquía exportadora recuperó algo del poder en 1891 y retomó el gobierno en 1894, regresando al régimen de laissez faire e impidiendo la
corriente industrializadera.7 Fue hasta después de 1930 que la burguesía industrial pudo de nuevo ejercer una gran influencia en las políticas del
Estado. El período de 1889-94, por tanto, se considera como una oportunidad perdida que hay que lamentar; el fracaso de las políticas de ese
período se juzga como evidencia de los obstáculos para implementar una
política progresista de industrialización en una economía de exportaciones dominada por los latifundios.
Este trabajo tiene como propósito demostrar que las políticas económicas de los gobiernos militares, así como su legado, han sido malinterpretados. Las medidas económicas republicanas fueron la continuación de las
imperiales, y no su ruptura. Esto no debe sorprender ya que, en realidad,
ni los industriales habían alcanzado la hegemonía, ni los militares gozaban
de autonomía suficiente como para crear un proyecto industrial independiente. De hecho, el supuesto paladín de la industria y pensador económico progresista, Rui Barbosa, no tenía como preocupación principal a
los industriales. Sus medidas más importantes suponían más bien, como
objetivo primordial, complacer a un grupo generalmente ignorado: la élite
comercial y financiera del Imperio. Cuando un gobierno militar más interesado en la industria asumió el poder en 1891, trazó un rumbo que se asemejaba más al de los regímenes terratenientes que prevalecieron a partir
de 1894, que al del primer equipo militar. La política monetaria expansionista de Rui Barhosa cayó en descrédito basta la depresión de la década
de 1930 no porque favoreciera a la industria, sino porque intentó recompensar principalmente a un pequeño grupo de especuladores y financieros que poseímt importancia política. Así, la revolución de 1889 no dio a
luz la clase de República con que habían soñado los republicanos militantes.

11

LA REVOLUCION REPUBLICANA
Cuando los sol~ados del Campo de Sant'Anna de Rio de Janeiro derrocar??1 al lmpeno, el Economist de Londres reportó que "ninguna revoluc1on de .,
tal magnitud se había efectuado con tan escaso alhoro.
to" s
La revoluc1on, a 1a que algunos ~e sus más radicales defensores compararon con _l~ ~rancesa, fue en realidad un golpe palaciego.9 Los únicos disparos se dirigieron, a un perro que intentaba morder los talones de un soldado. Uno de los lideres republicanos recordó después:
Casi r_io ~ubo colaboración de parte del sector civil, (la gente) se
quedo_ sm h_acer nada, atontados, como bestias, atónitos y sorprendidos, _sm saber lo que estaba sucediendo. Muchos de ellos
creyeron sinceramente que estaban presenciando un desfile!º
El S~uth American Journal reportó que la revolución ocurrió "sin derramamiento de sangre Y con apenas un ~oco más de la emoción acostumbrada en las calles durante el Carnaval".1 El Imperio se desmoronó más por
falta de ~poyo_ que por una fuerte oposición. Los paulistas anhelaban la
a~tonom1a regional y el apoyo a la inmigración; los dueños de plantacwnes en el Valle de Paraíha estaban resentidos por la pérdida no indemniza~a de su~ esclavo~; l?s s~_ldados fueron impulsados a la rebelión por los
baJOS salarios y la mc1tac1on de los civiles; los clérigos estaban molestos
por la falta de apoyo del Imperio.
Los republicanos no contaban con la suficiente cohesión interna ni
con el apoyo n~cional para imponer un programa económico radicalmente
nuevo e~ ~l. pa1s. En los reductos republicanos del Centro.sur, el partido
es_taha d1~dido entre reformadores radicales, como Antonio de Silva Jardm, Y anti~os esclavis~ como Manoel Ferraz de Campos Sales. Mientras
q~e _los seguidores del pnmero soñaban con un Brasil urbanizado e industrializado, muchos de los miembros del ala conservadora deseaban sobre
todo ~~rar una mayor autonomía local y detener la reforma agraria.12
La f~cc!on c?nservadora ~unfó: ~ampos Sales llegó a la presidencia de la
Republica mientras que Silva Jardm nunca desempeñó un puesto público.
, ~uera del Centro.sur, el republicanismo era aún más débil como fuerza
pohtica. Era_ ~asi inexistente en el noreste, que aún contenía más del 40%
de la poblac1~? d~l B~as~., El Jornal de Notícias de Bahía reportó en mayo
de 1890 que la mscnpc1on en la antigua bandera ha cambiado los hombres en el poder son invariablemente los mismos'? Luego explicaba que
la adhesiór_i a la Repúb~ica no implica un cambio completo para
ellos (los lideres de_Bah1a). S~n Republicanos porque se rindieron
a la fuerza de las crrcunstanc1as, son, y seguirán siendo, ambicio-

�12

Siglo XIX
sos. 13

Asimismo las fuenas armadas estaban demasiado débiles y divididas para
efectuar ~a refonna profunda. El ejército sólo contaba con 17 000 _soldados en todo el país. Importante era asimismo que el cuerpo de oficiales
estaba dividido en dos: los jóvenes y politizados subalternos y los d~ rango
superior más sumisos que se oponían al cambio. Los celos prof~10nales
' crearon discordi ~ tan senas
que
entre el ' ejército y la' marina taro b"1en
.
culminaron con la revuelta de la marina en 1893. Estas diferencias se manifestaron en desacuerdos sobre la política económica en el seno de las
fuenas annadas. 14
El mariscal Deodoro da Fonseca, que gobernó del 15 d? noviembre de
1889 al 24 de noviembre de 1891, pertenecía al grupo mas conservador.
Según sus propias palabras, se creía "competente sólo para coman~ar las
tropas".15 Así que se apoyaba en los civiles, pero no en los republicanos.
El Rfo News observaba en el obituario de Deodoro, en 1892:
Soldado simple y de educación regular, se vio c~&gt;nducido, tr~
más de cuarenta años al servicio de la monarqu1a, a un movimiento político con el cual nunca había te~do contacto personal y por el que parecía sentir poca simpat1a. No cabe duda de
que la revolución de 1889 torgó tanto por sorpresa al General
Deodoro como a Don Pedro II.
Quintino Bocayuva, dirigente del Partido Republ~cano _Nacional en 1889,
recordaría más tarde que Deodoro "desconoc1a casi por completo al
,, 17
grupo rep ublicano .
Aunque Deodoro designó a prominentes republicanos como ministros en la mayoría de los puestos después del. }5 de novie'!'~re, quie_n
más responsabilidad ejerció en la implementac1on d~ la pol~tica econ~mica, el ministro de Finanzas Rui Barbosa, no se hab1a adhen~o al moVImiento republicano: obtuvo el puesto gracias a sus estrech?~ vm_~ulos con
el ejército tras su campaña en la prensa a favor de la pohtiz~,c1on de 1~
fuerzas armadas(lo que resulta irónico en vista ~e la repu~c1on ~u~ Rm
tiene en la historiografía brasileña como palad m d_el gob•~rno CIVll por
su fallida campaña presidencial de 1910). Rui afirmo postenonnente que
"era un monarquista sincero en ese tiempo (1889)". 18 Luego de que Barbosa y el gabinete completo renunciaran ~n enero de ~891, Deodoro ~ostró de nuevo su alejamiento de los republicanos al designar a monarquistas
del noreste para sustituir a los salientes del Centro-sur.
Dado el escaso entusiasmo popular que suscitó la Revolución 8:epublicana, la estrecha y dividida base política de los republicanos y los militares,

S. Topik: &amp;volución republicana y burgue,ía en Bra,iJ

13

y la inclinación conservadora del mariscal Fonseca, no es de sorprender
que el gobierno de Deodoro no rompiera abruptamente con la política imperial. El programa económico del primer gobierno republicano estaba motivado principalmente por la necesidad de conseguir simpatizantes del régimen entre la clase dominante imperial, y no para recompensar a la recién llegada clase industrial.

EL PROGRAMA ECO OMICO
La meta de la primera política economica republicana consistía en reducir y descentralizar la intervención estatal y estimular los mercados de tierras, productos, mano de obra y capital. Brasil estaba efectuando la misma
transición a relaciones capitalistas que gran parte del resto de Latinoamé19
rica realizaba en ese momento. Pero ésto no era una innovación republicana. El proceso ya estaba en marcha desde la última década del Imperio.
Más aÚn, la mayoría de las reformas pretendía beneficiar a los banqueros y
terratenientes, y no a los industriales.
El paso más importante en la transformación de las relaciones de producción fue sin duda la abolición de la esclavitud, el 13 de mayo de 1888.
Pero ese fue un logro del Imperio. Cierto que los dirigentes imperiales actuaron con lentitud y Brasil fue el último reducto de la esclavitud del
mundo occidental. Pero ésta ya había perdido importancia en forma dramática desde que el tráfico de esclavos africanos fuera abolido a mediados
de siglo. Para 1889 apenas un 5% de la población brasileña aún se mantenía esclavizada (además, muchos de los republicanos sostenían una posición ambivalente en cuanto a la abolición, o incluso se oponían a ella).20
La oleada de inmigrantes, una de las principales contribuciones atribuida a la República, ya se había iniciado con anterioridad. Los últimos
tres años de la monarquía contemplaron el ingreso al país de 150 000 inmigrantes europeos. Si bien es cierto que la provincia de Sao Paulo cubrió
gran parte del subsidio para el pasaje de estos europeos, el gobierno central
había dedicado una cantidad mucho mayor para tal propósito en los últimos años. El presupuesto de 1889 destinó 10 000 contos para los inmigrantes, equivalente a unos cinco millones de dólares, la cuarta parte del
presupuesto del ministerio de Agricultura. Los subsidios gubernamentales
aumentaron rápidamente después de 1889. Tan sólo en 1890 Francisco
Glycério comprometió al gobierno a aportar 700 000 contos en contratos
de colonización, equivalentes a todo el presupuesto federal del cuatro
años. Aunque la mayoría de las compañías colonizadoras eran empresas especuladoras que nunca cumplieron sus contratos, el objetivo, tanto antes
como después de la Revolución, era proporcionar trabajadores agrícolas

�14

SigloXIX

que reemplazaran a los esclavos liberados, en vez de crear un proletariado
industrial.21
Los republicanos también intentaron estimular lps n:iercados d_e _tierrs
para incrementar el crédito y la líquidez rurales. El gobierno pro~sional,
como parte del proyecto de colonización, otorgó gener~~ concesion~s a
particulares en 1890 (lo que provocó quejas de corrupcion). La Consbtución de 1891 concedió la gran mayoría de las tierras federales a los estados
para facilitar su distribución, otorgándoles jurisdicción ~?bre los der~chos de agua y minerales. Como resultado, el _E~do_verdio el monopolio
de los derechos de aguas y minerales que habia e1ercido dur3:11te el Imperio, que pasaron a ser propiedad privada. Asimismo, el gobierno central
intentó establecer un registro de tierras en 1890 para aclarar lo co~cerniente al título de propiedad de las tierras y el alcance de los-gravamenes.22
Muchas de estas medidas no eran nuevas. En 1845, el gobierno imperial había intentado demarcar y distribuir la tierra de las comunidades indígenas, y en 1850 había emitido una ley para regularizar los_ tí~los_ ~e
los posesionarios y proporcionar un proceso ordenado para la distribucion
de la tierra pública restante. Hubo también intentos f~Uidos para estahl~cer
un registro de hipotecas. Fracasaron porque el gobierno _ce?tral sencillamente no podía evitar la apropiación privada de ti~~as publi~ Y_~orque
los endeudados terratenientes se rehusaban a perm1br una legislacion que
facilitaría las ejecuciones hipotecarias. ~ampoc? l~ gobiem~s repub~canos tuvieron éxito en salvaguardar las berras publicas Y, legalizar_ l?s btulos de propiedad.23 Una vez más, las medidas pre~ndi:m b~?eficiar al
sector -dinámico de la clase terrateniente y alentar la mrrugracion para la
mano de obra rural.
El nuevo gobierno republicano puso especial atención en el mejoramiento del transporte y las comunicacion~ _para ref?r,zar el ?1ercado de
productos. El ministro de Agricultura, Glyceno, autonzo_ ~ solo en 189~
certificados de garantía de participación en la constru~ci~&gt;n d~ 15 000 kilómetros de nuevas vías férreas cuando la red ferroviaria eXIStente en el
Brasil era de unos 9 000 kilómetros. El sistema telegráfico se extendió
rápidamente. La República también alen~ó e~, desarrollo del~ marina mercante mediante subsidios y la nacionalizacion del comercio costero en

1891.24
El Imperio ya había realizado grandes avances en las com_~cacion~s
internas. En términos absolutos, la década de 1880 presencio un cre~imiento de la red ferroviaria que fue el segundo en importancia en la historia del Brasil (mucho mayor que el de la década de 1890) gracias a los

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Br08i/

15

generosos subsidios públicos y a las inversiones directas en los ferrocarriles estatales. De hecho, una tercera parte del sistema nacional era propiedad d~l ~stado e~ 1889; En efecto, Brasil disfrutaba de la más amplia red
fe~~ana ~n ~atmoamerica. La marina mercante también había recibido
su~SI~os p~licos_ ~urante mucho tiempo, y el sistema telegráfico había
recibido una atencion notable, aunque inadecuada.25
Del mism~ mod? _que en los_ mercados de tierras y mano de obra, los
~e~os por mtensificar el flu10 de mercaderías tenía como propósito
pnncipal ayudar al sector de exportaciones agrícolas. Los ferrocarriles se
concentraban en_ las regiones cafetaleras del Centro-sur, y en las cañeras
del nores~. Los ~ntereses ~e motivaban a la red telegráfica eran la defensa
de la nacion, su mtegracion, y la expansión de la autoridad del Estado. El
apoyo a los _embarques internos tenía como propósito auxiliar a los productores agncolas, com_o los cultivadores de arroz y los ganaderos de Río
Gran~~ do Sul, ª. ~?mmar los merc~dos nacionales. Aunque Ja industria
t.:imhien se beneficio con la expansion del mercado interno, sus retribuciones ~~ron más b!en una coincidencia. Más aún, al mismo tiempo que
la Repu~lica extendia el sistema de transportes, obstaculizaba el flujo de
mercanc1as enn:e los estados al concederles el impuesto de exportación
~ste se aplicaba_ a los artículos cuando cruzaban los límites estataJes, estu:
vieran o no destinados al extranjero.
. , Es ~n hec~o que el incremento a los derechos de importación beneficio a la mdustría . En 1890 Barbosa estableció derechos aduanales pagaderos en oro y no en devaluados milreis; esto ayudó en forma efectiva a
ma~tener la tasa impositiva real de un 10 a un 20% por encima de lo que
h~biera sumado de no aplicarse tal medida. No obstante, el objetivo princi~~ de _Barbo5;3 no era proteger la industria nacional. Antes de ingresar al
miruSten? babia declarado ser "intrínsecamente hostil" a la protección
arancelana para la industria. 26 Implantó los derechos pagaderos en oro en
1891 para defender las finanzas federales y el valor de la moneda. Esto Jo
demuestra el hecho de que el arancel de Barbosa estableció impuestos en
oro_ a todos los artículos de importación antes que conceder privilegios especi~~ a los bienes de capitaJ importados y a las materias primas, como
lo hicieran los aranceles de 1889 y 1892. Además, al utilizar el oro de los
derechos ~e importación para combatir la caída del milreis, Barbosa socavaba parcialmente la barrera protectora de la industria: un milreis debilitado hacía ~bir el precio de las importaciones, lo cual ayudaba a los produ~tores nacionales. Por otra parte, el nivel protector de la tarifa arancelaria de 1890 fue de hecho inferior al de 1889.27
. Otra medida tomada por el gobierno provisional a favor de la industria, la lei dos similares decretada en 1890, era en realidad sólo una ver-

�16

SigloXIX

sión disminuida de la promulgada tres años atrás. Con el objeto de proteger la industria local, el gobierno imperial había decretado que ningún
artículo quedaría exento del pago de derechos de importación si se producía uno similar en el Brasil. La revisión de 1890 estipulaba que sólo los
artículos producidos en cantidades suficientes para satisfacer toda la de. ' 28
manda ·mterna tendr'1an derecho a tal protecc1on.
El compromiso que el gobierno de Deodoro tenía con la industrialización fue también puesto en tela de juicio por el tratado comercial
Blaine-Mendonca entre los Estados Unidos y Brasil. Este último, para
evitar los derechos de aduana estadounidenses sobre el azúcar y el café
brasileños, otorgó la exención total, o bien una reducción del 25°/o a las
tarifas arancelarias a un gran número de productos norteamericanos, algunos de ellos industriales. El tratado provocó una fuerte oposición de
parte de los industriales, la clase obrera y las organizaciones comerciales
porque "golpeaba duramente a . .. las nacientes industrias, que indiscuti29
blemente se hallaban en un período de considerable desarrollo". El
tratado de hecho socavó la única industria que había recibido ayuda gubernamental sustancial y directa, en forma de préstamos y garantía por utilidades : las centrales azucareras. El acuerdo comerciaJ sólo permitía al Bra30
sil exportar hacia Estados Unidos el azúcar relativamente no refinado.
Muchos economistas sostienen que el desarrollo de la industria durante los inicios de la década de 1890 en realidad se debió más a una po31
lítica monetaria expansionista que a la protección arancelaria. La política monetaria fue considerada en esa época como el principal instrumento económico del gobierno, y desde entonces se le ha visto como el
elemento más controvertido del programa económico republicano.
La escasez de capital y de empresarios capitalistas han sido durante
mucho tiempo citadas como las razones principales por las que el Brasil
no habría realizado su enorme potencial. Si el gobierno hubiese estado
dirigido por una ascendente burguesía industrial, una de sus preocupaciones
principales habría sido la de incrementar la disponibilidad de crédito.
Es en esta área donde Rui Barbosa se ganó su reputación. Por lo tanto
la examinaremos con cierto detalle. Para poder apreciar el significado
de 1as reformas emprendidas y a quienes pretendían beneficiar, es necesario recordar el sistema financiero de los últimos años del Imperio.

'
POLITICA MONETARIA
BAJO EL IMPERIO
La abolición de la esclavitud en mayo de 1888 creó serias dificultades pa-

S. Topik: Revolución republicana y burgue,ía en Brasil

17

ra el subdesarrollado sistema financiero del Brasil, llevando finalmente a
una reforma ~ompleta. En 1888 eJ país tenía sólo 26 bancos que totalizaban un capital de 145 000 contos -apenas diez milreis o cinco dólares
per capita. Incluso, sólo siete de los veinte estados brasileños contaban
con bancos. El prósper? _estado. de Sao Paulo apenas poseía una séptima
parte de todos los depos1tos, mientras que el Distrito Federal albergaba
más de las dos terceras partes.
A~arte de estar subdesarrollada y concentrada por regiones, la red
~ancana e~a co~rv~dora. En parte por la inseguridad legal y la incertidumbre inf1ac1onana, los bancos preferían manejar préstamos a corto
plazo, descuentos y operaciones cambiarias, en lugar de prestar a largo
plazo. El crédito agrícola era escaso.32
El gobie~o ~perial ~~ía desempeñado un importante papel en
cuanto a restringir el crecumento de los mercados financieros. Con el
fin ~e incrementar el valor de la moneda oficial, el milréis, y de regresar al
p~tr~n oro, el ministerio de Hacienda había hecho que bajara un 30°/o en
·termmos reales la cantidad de circulante per cápita en los años de 1870 a
1888. Asimismo, había solicitado grandes préstamos internos. La deuda interna, de la cu_al unas tres cuartas partes se había contraído con personas
dentro del pa1s, era tres veces y media más grande que los depósitos en
todos los _bancos nacionales. ~l mercado de valores estaba dominado por
el comerc10 de bonos del gobierno, y muchos de los bancos más importantes ~ran acreedores de enormes deudas flotantes, aparte de la consolidada.3
. Con el rá~ido crecimiento que la economía experimentó en la segunda
~~~ de la decada de 1880, la abolición de la esclavitud y la afluencia de
lDillgrantes para la mano de obra asalariada, fue necesario efectuar cambios importantes. La primera medida consistió en firmar acuerdos con el
B3!1co do Brasil y el Banco de Bahía en el segundo semestre de 1888 para
prestamos por 18 000 contos (unos nueve millones de dólares) a la agric~ltura. En noviembre, el gobierno autorizó a los bancos privados la emiSion de moneda hasta por un total potencial de 600 000 contos, tres veces
la reserva monetaria existente. Sin embargo, la cautela de los bancos causada por la inestabilidad política y los estrictos requisitos para la emisión
de mon~da invalidaron las medidas. Se dedicó poco dinero para préstamos
a la agricultura (4 300 conto:¿, y ningún banco aprovechó las concesiones
para la emisión de circulante.
El último primer ministro del Imperio, el Vizconde de Ouro Preto,
~u8? en marcha un programa mucho más generoso de crédito agrícola en
Jumo de 1889. Firmó contratos con diecisiete bancos, ofreciéndoles un

�18

S-,glo XIX

total de 86 000 contos sin intereses; los bancos debían proporcionar un
fondo equivalente, y concederlos en préstamos a largo plazo y al 6% a
la agricultura. Considerando que la deuda total del sector cafetalero se había calculado en 300 000 contos en 1883, se pensaba que el préstamo de
Ouro Preto tendría un gran impacto.35 Al parecer el Estado transfería fondos del sector financiero al agrícola, ya que el ministerio de Hacienda emitió bonos para pagar ~l préstamo, en lugar de imprimir moneda o utilizar
las contribuciones recaudadas.
Ouro Preto también emprendió la expansión de la reserva monetaria y
por tanto del crédito, mediante la revisión de la ley sobre bancos de emisión. En vista de que la nueva ley prometía niveles más generosos de circulante y de que la moneda del Brasil había estado a la par durante nueve
meses y se tenía la confianza de que así permaneciera, trece bancos solicitaron y recibieron concesiones para emitir billetes convertibles en oro. Tal
paso fue un importante punto de partida pues el ministerio d~ Hacie~da
había intentado recuperar el monopolio de emisión durante mas de vemte
años. Ouro Preto no sólo concedió el privilegio de emisión a bancos privados, sino que previó el eventual retiro de todos los billetes de ~ t~rería.
El Banco Nacional debía sustituir dicha moneda con sus propios billetes
en un período de cinco años. Sin embargo, la medida no significaba un
rompimiento abrupto con la ortodoxia económica. Ouro Preto no intentó
acelerar las imprentas para crear dinero barato que aliviara la carga de los
endeudados dueños de cafetales. Los bancos tenían que emitir billetes convertibles en oro a una tasa de cambio de 27 centavos, nivel alcanzado sólo
un par de veces en los últimos cuarenta años del lmperio.36 De tal modo
que al retirar la moneda no convertible de latesorería y sustituirlo por dinero convertible a la par, la reforma pretendía en realidad estabilizar la tasa de cambio a un alto nivel. Esto no representaba un prospecto agradable
para los cafetaleros insolventes del valle de Paraiba, quienes preferían recibir más milréis por libra esterlina ya que asi reducirían sus deudas y gastos por mano de obra. Sin embargo, la medida fue aplaudida por los acreedores de los terratenientes y los tenedores de títulos públicos.

La ayuda al préstamo agrícola fue con mucho la mayor en su género
en la historia del Brasil de aquella época. Fue también una de las más controvertidas. A simple vista parecía ser una operación de rescate de los acorralados y endeudados esclavistas para asegurar una lealtad prolongada al
Imperio. Como tal se le podría considerar como una medida que benefició
en primer lugar al sector precapitalista. Ouro Preto declaró que los préstamos realmente salvaron a muchos fazendeiros del valle de Paraíba de
caer en bancarrota.37

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

19

En realidad, se emplearon principalmente en las ciudades, donde originaron el boom del mercado de valores conocido como el encilhamento.
Para empezar, la mayoría de los bancos que recibieron fondos gubernamentales en forma de préstanios agrícolas eran empresas especulativas
creadas precisamente para aprovechar tales fondos. Los principales beneficiarios de los préstamos de la tesorería, el Banco de Crédito Real do Brasil
y el Banco dd Lavoura e do Commércio do Brasil, que debían recibir casi
la mitad de los fondos gubernamentales (40 000 contos), tan sólo habían
desembolsado 7 740 contos de su capital oficial de 40 000 contos y tenían
reservas combinadas de apenas 268 contos. El Banco Lorena recibió la
concesión para ayuda agrícola incluso antes de que el público se enterara
de que tal banco existiese. Por otra parte, el Banco do Brasil, que contaba
con un amplio historial sobre préstamos de fondos gubernamentales a la
agricultura, recibió sólo 2 000 contos sobre la suma otorgada por la legislación de 1888.38 Hasta Francisco de Paula Mayrink, cuyo Banco de Credito Real receptara una de las mayores concesiones, acusó a muchos de los
bancos de ser puramente especulativos (con excepción del suyo, por SU·
puesto), y el presidente del Banco do Brasil denunció la existencia de una
"especulación (que era) más que irregular".39 Algunos de los bancos prestaron todos sus fondos gubernamentales y luego acudieron de nuevo a la
tesorería para obtener más dinero público, en lugar de facilitar su propio
dinero como se había convenido.40
Aún cuando los fazendeiros obtuvieron dinero, por lo común no se
quedaron con él. Uno de los principales propósitos del préstamo era el de
ayudar a los terratenientes a cubrir deudas contraídas con bancos y comerciantes, y no a ampliar la producción y pagar a los trabajadores. 41 Lo.s
préstamos agrícolas a largo plazo representaban un riesgo y no eran muy
provechosos. El Banco do Brasil había dejado de concederlos en 1884 y
sólo aceptó el contrato del gobierno en 1888 por "espíritu de patriotismo". 42 Cuando los bancos extendían crédito a largo plazo bajo el programa de ayuda agrícola, lo hacían a menudo mediante comisarios, que ya
eran clientes suyos, para otorgar los préstamos a terratenientes que habían
tenido dificultades en saldar deudas a corto plazo. Con frecuencia, los terratenientes no llegaban a ver el efectivo: una cifra registrada en su cuenta
pagaba la deuda a corto plazo y establecía una hipoteca en su lugar. El resultado para el banco que otorgaba el préstamo era que contaba con
efectivo y una hipoteca en lugar de una deuda vencida a corto plazo. El
efectivo podía luego ser prestado donde mejor pareciera, por lo general en
las ciudades.
Los fondos gubernamentales también se empleaban en pagar deudas
morosas a largo plazo. Muchas hipotecas pendientes estaban garantizadas
por esclavos. Este era el caso, por ejemplo, del 61°lo de las hipotecas del

�20

Siglo XIX

Banco do Brasil en 1888. La abolición de la esclavitud significó que nuevas
43
' habr1an
' de negociarse.
.
formas de garant1a
Las concesiones del derecho para emitir billetes también recompensaron más al sector financiero y comercial que al agrícola. El principal diario especializado del Brasil, el Jornal do_ ~omercio, pensaba que 1~ refo~a
era sólo otra manifestación de una poütica gubernamental de quince anos
de antigüedad, que otorgaba préstamos sin in~er~ ~ los bancos ~ero,~o a
la agricultura. Afirmaba que los bancos eran 'los umcos favorecidos por
la ayuda al programa agrícola.44
Aunque Ouro Preto autorizó que trece, bancos e~itie~~n circulante,
apelando al sentimiento federalista que tem1~ la centralizac1?n y el mo~~polio en un solo banco emisor, el Banco ac1onal fue autonzado a _effiltrr
más de la mitad del circulante. Para muchos observadores, parec1a una
elección dudosa ya que había sido fundado apenas en septiembre de 1889.
Por otra parte, había desembolsado tan sólo el 20°/o de ~ capital y casi_ n~
tenía reservas. El banquero Mayrink (ciertamente resentido por no recibir
la concesión) secundó el sentimiento común de ese tiempo: el Banco Nacional había sido "inventado" por "exigencias políticas", es decir, para
"contribuir poderosamente al triunfo en unas elecciones que producirían
una Cámara (de Diputados) que obedecería a Celso (Ouro Preto)".44
Muchos argumentaban que la necesidad de comprar amigos no sólo para la monarquía, sino también para el gabinete liberal de Ouro Preto, era
un factor más importante de la política bancaria que las exigencias de la
economía. La amistad y las relaciones comerciales que unían a Ouro Preto con el Conde de Figuereido, organizador del Banco Nacional, tal vez
expliquen por qué la concesión fue otorgada al Nacional y no al del ~rasil. Después de todo, el Banco do Brasil contaba con el doble de car1ta1
realizado y un gran fondo de reservas. Asimismo poseía un largo ~torial como agente gubernamental en el extr~jero y com? banco_ eIDJsor
(1853-1864). Mientras que el Nacional tema fuertes vmculos internacionales ya que la mitad de sus accionistas eran franceses, el Banco do
. , . Banng.
. 46
Brasil mantenía estrechas relaciones con la casa bntan1ca
El resultado más notable de los préstamos agrícolas fue el arranque
del boom del mercado de valores: el encilhamento. Entre la abolición de
la esclavitud en mayo de 1888 y el fin del Imperio, la Bolsa de Río presenció tantas negociaciones como las realizadas en los, sesent:i años anteriores. La mayoría de las nuevas transacciones se referia a acciones bancarias, y no a compañías agrícolas o industriales: Casi ~160% de todo el capital accionario en diciembre de 1889 estaba invertido en bancos. De los
cuarenta bancos en funcionamiento para fines de 1889, no menos de ca-

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Bra8ÍI

21

torce habían sido fundados un año antes.4 7 Las acciones bancarias se compraban on margin, así que se desembolsaba poco capital y se apartaban pocas reservas. El capital real de todos los bancos equivalía apenas al 29%
del capital; en contraste, las otras corporaciones en la bolsa de valores habían realizado el 60% del capital. 48 Surgieron nuevos bancos mientras
que los antiguos incrementaban su capital con el objeto de aprovechar los
privilegios gubernamentales: préstamos y el derecho a emitir criculante.
Los especuladores invertían en acciones bancarias, las utilizaban para solicitar préstamos con los que compraban más acciones, y repetían la operación varias veces. Mientras las cotizaciontS estuvieran al alza, las ganancias
continuaban. Hasta noviembre de 1889 las acciones subieron con rapidez.
El Jornal do Commercio describía el ambiente: ''La compra (tomada) de
acciones era hecha no sólo con emoción, sino con locura, con delirio, con
49
vértigo y aturdimiento ''.
ingur.o de los bancos creados en Río era en
realidad banco hipotecario agrícola.5 0
Aunque Ouro Preto pertenecía al partido Liberal, que tenía al federalismo como uno de sus puntos principales, la reforma bancaria reforzó la
concentración del capital en la ciudad de Rio de Janeiro. Los bancos con
base en Río recibieron menos de la mitad de las concesiones para ayuda
agrícola, pero percibieron el 84% de los fondos. Del mismo modo, se les
había concedido sólo cinco de las trece concesiones para la emisión de circulan te, pero estaban autorizados para emitir el 84%.51 Esta política condujo a Rui Barbosa y a otros liberales más radicales a denunciar el ministerio de Ouro Preto como '&lt;un ataque en contra del partido Liberal", y una
"transparente invasión de la corona" que había convertido al ministerio en
"un instrumento del Imperio en contra de la nación".52
Frank Colson ha argumentado que la reforma bancaria de Ouro Preto
constituía una desesperada medida de la élite conservadora de Río para evitar el ascenso de la burguesía terrateniente de Sao Paulo. Los inversionistas de Rio, que controlaban muchas de las más importantes empresas fe_
rroviarias, bancarias, de embarques, portuarias y de inmigración de Sao
Paulo, trataron de utilizar los fondos para mantener su posición.53
Aún cuando hay algo de verdad en esto, lo más probable es que exagere la situación. Los paulistas aprovecharon la expansión de los medios
de pago, combinada con la escalada en los precios del café, para ampliar
en gran forma su cartera de inversiones durante 1889 y 1890. El Banco do
Brasil, con hase en Rio y anteriormente uno de los principales prestadores
de Sao Paulo, vendió su sucursal de Sao Paulo porque no pudo competir
con los numerosos bancos paulistas que surgieron. Pero ya fuera que las
reformas intentaran mantener el dominio de Río o siniplemente ayudar a
todos los financiros y comerciantes, originaron una acalorada oposición.

�22

SigloXIX

La Gazeta de Noticias lanzó una advertencia en el sentido de que a causa
de las políticas de Ouro Preto "la revolución republicana llegará mucho antes de lo que hasta ayer suponíamos".54
Parece extraño que Ouro Preto no asignara más fondos a la agricultura, considerando el supuesto dominio político de los fazendeiros. La razón
es que el Brasil no estaba dominado únicamente por los terratenientes, sino por terratenientes adinerados, banqueros y comerciantes. Como mencionó el secretario de la Associnrao Commercial de Sao Paulo:
En el ·estado de Rio de Janeiro, que incluye el Distrito Federal,
así como en la vida financiera del país, siempre se ha dejado sentir la influencia benéfica o dañina de los acaudalados, ya sean nacionales o extranjeros.55
_

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

23

Preto. El Banco da Repuhlica, el mayor de la nación desde 1890 contaba
entre sus accionistas a veintiún barones, tres condes y dieciocho ~condes
y vizcondesas. Posiblemente Ouro Preto deseaba ganarse a los ricos terratenientes, comerciantes, banqueros y altos personajes del Imperio mediante
su reforma bancaria, ~ás que acudir en auxilio de los f azendeiros en quiebra. O, com? lo creyo mucha gente de su tiempo: podría haber estado inter~do, mas IJ?e nada, en enriquecerse a sí mismo y a sus amigos. El Financzal News afirmaba que ''Este ~nisterio Liberal es el más corrupto que
haya_ ocupado el poder en el Imperio, y se han realizado algunos de los más
ultraJantes contratos. Es (el ministerio) propiedad del Conde de Figueiredo
(presidente del Banco Nacional)!-.6 1

POLITICA MONETARIA BAJO LA REPUBLICA
Muchos de los ricos terratenientes del valle de Paraíha habían invertido
siempre en bonos, acciones y bienes raíces urbanos. Ya en 1878 un terrateniente insolvente de Rio hacía notar que había diferentes fracciones en
la clase de los fazendeiros, y que poseían intereses diferentes: "Hay tres
tipos de terratenientes: los capitalistas, los cómodos y los que sufren".56
Esta tendencia se aceleró a medida que los ten:atenientes ricos invertían
en las casas bancarias y comerciales de Rio. También en Sao Paulo lo practicaban cada vez más en acciones, bonos y empresas urbanas conforme su
liquidez aumentaba en la década de 1880.57
El grupo de banqueros y comerciantes fue adquiriendo cada vez mayor influencia durante la última década del Imperio. Los comissários
(agentes de venta de café a comisión) acumularon riquezas y emprendieron diversas actividades. En 1885, Van Delden Laeme hizo su famosa observación: "los comissários, de ser agentes de los agricultores, se convirtieron en sus banqueros". 58 Y a diferencia de lo que sucedía en el comercio
mayorista de importaciones y exportaciones, la gran maioría de comissários eran brasileños e inmigrantes que invertían en Brasil. 9
También los banqueros acrecentaron su importancia en la década de

1880. La inminente abolición de la esclavitud liberó al capital. El gobierno
imperial concedió diversos privilegios para fortalecer al sector y el capital
extranjero entró al país, estableciendo tres bancos europeos y realizando
inversiones en algunos brasileños.60
Durante mucho tiempo la clase imperial gobernante había hecho importantes inversiones en bonos de gobierno, y cada vez más en otros documentos financieros. Por ejemplo, muchos de los primeros ministros del Imperio pertenecían a las juntas directivas de los bancos y poseían considerables inversiones: ltaborahy, Souza Dantas, Cotegipe, Joao Alfredo y Ouro

La ~toriografía br~ileña generalmente ha dado por hecho que el ministro
de Fmanz~ del gobierno provisional, Rui Barbosa, rompió abruptamente
con la ~ohllca de Ouro Preto para favorecer a la burguesía industrial sobre
la agrana, a la que,en apariencia había brindado su apoyo Ouro Preto. Nelso~ Wemeck Sodr~ co1?entó: ''En su posición como ministro de Finanzas,
Rw Bar~osa contribuyo al desarrollo de las relaciones capitalistas gracias a
las medidas que propuso o ejecutó en detrimento de los intereses de los la62
tifundi
, a Barbosa como el "ministro de la
_
os" • Hu mh
. erto Bastos aludra
:?de~endencia económica hrasileña".63 Pelaez y Suzigan concluyen que
Rw Barb_osa fue uno de los pocos ministros de fazenda del período (Primera Republica) que consideró acertadamente la necesidad de impulsar el
desarrollo del país". Y Hélio Silva se refiere a Rui como a "uno de los líderes más activos de la naciente burguesía industrial': 64
Su reputaci?n se debe a su política arancelaria (ya discutida) y a sus
reformas bancanas. De hecho, las reformas financieras de Rui tenían como
objetivo poner de su parte a los mismos especuladores de bolsa entusiasmados por las medidas de Ouro Preto. La declaración más citada de Rui (''El
desarrollo de la industria no es para la nación una cuestión principalmente
económica, sino política') supuestamente demuestra su apoyo al sector fabril.65
En realidad, Barbosa no se refería únicamente a fábricas cuando mencionó "la industria", sino más bien a la formación de nuevas corporaciones,_ Y_ª fu~ra_ en la banca,_~l transporte, la cons!1"'1cción, o en empresas de
~~c10 pú_hlico. ~a cuestion era sobre todo pol1tica: no porque la burguesia mdustnal hu~1era logrado acrecentar su poder, sino porque, al igual que
'?uchos terratementes, comerciantes, financieros y políticos, tenían inversiones en tales empresas.

�24

SigloXJX
S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

Cuando Barbosa se hizo cargo de la cartera de finanzas, el mercado de
valores iba en picada a medida que el número de vendedores sobrepasaba
al de compradores. El cambio de regimen había ocasionado que muchos
de los poseedores de la moneda convertible del Banco Nacional la cobraran
en oro temiendo una caída de la tasa de cambio. Esto provocó una contracció~ del crédito. La Asociación Comercial de Rio y los especuladores
de bolsa exigieron acción de parte del gobierno para auxili~ a los banc~s.
El Jornal &lt;!o Commércio, vocero conservador de la comurudad comercial
de Rio, se oponía a una nueva ayuda a los bancos: "¿Sería justo imponer
un sacrificio a catorce millones de personas para favorecer a tres o cuatro
mil hombres imprudentes o ambiciosos?".66 Sugería no dar ayuda a los
bancos y poner fin a la compra de acciones on margin, una práctica cada
vez más común pero ilegal.
Sin embargo, Rui decidió continuar con la política de ayuda de Ouro
Preto a bancos y especuladores de bolsa. Barbosa había reconocido que la
revolución republicana "se originó por accidente ... Ciertas reformas... la
hubieran evitado... La Nación lo aceptó (al movimiento republicano) pero
., )"67
no era suyo (de la nac1on
.
Para ganarse el apoyo de la élite imperial, Rui intentó primero mantener en funcionamiento los bancos respaldados en oro y emisores de Ouro
Preto, y firmó contratos para emitir billetes convertibles con nueve insti~ciones, así como confirió un préstamo de 18 500 contos al Banco Nacional y al Banco do Brasil para canalizarlos al mercado. Asimismo continuó con la ayuda al &amp;rograma agrícola durante algún tiempo, pero más
tarde le puso término.
La revolución republicana provocó temores en el extranjero que a su
vez causaron la caída del milréis. Los Rothschilds suspendieron el crédito
extranjero del erario brasileño y el Banco de Pay Bas se negó a adelantar
divisas al Banco Nacional. Como resultado, los bancos emisores rehusaron
emitir circulante convertible a la par.69 Rui encontró entonces otro medio
de hacer frente a las exigencias de los inversionistas.
En diciembre Je 1889 se entrevistó con miembros de la élite imperial
("algunos banqueros, comerciant~s, y corredores debo~'.), foero ~on ningún industrial, para hallarle soluc1on a la escas~z de credi_to. Mas tarde,
junto con el banquero Francisco de Paula Maynnk, redacto uno de los proyectos de ley más controvertidos del siglo XIX. Esta ley, promulgada el 17
de enero de 1890, facultaba a tres bancos regionales la emisión de hasta
450 000 contos de circulante no convertible, más del doble de lo que se
hallaba entonces en circulación. Privilegios sin precedentes fueron concedidos a los bancos para crear empresas industriales, comerciales, agrícolas

25

y de transporte así como preferencia en los contratos de gobierno para las
concesiones, terrenos gratuitos para el establecimiento de colonias o vías
férreas, y exención de impuestos para la importación de bienes necesarios
para sus empresas. Algunos autores han afirmado que Rui intentaba crear
el equivalente brasileño de los grandes bancos alemanes para estimular la
industrialización.71
Dos elementos más ponen en tela de juicio el propósito de las concesiones de promover el desarrollo: la ley permitía que los valores corporativos se negociaran tras
haber cubierto apenas el 10% de su valor (a lo
cual se había opuesto en forma enérgica el Jornal do Commércio, por considerarlo una medida en favor de los especuladores) y el banco que operaría en el centro del país, desde Paraná hasta Espirito Santo, fue concedido
al hombre que había ayudado a redactar la legislación, Mayrink. El banco
que recibió tal privilegio, el Banco dos Estados Unidos do Brasil (BEUB), y
a cuyos promotores el South American Journal Uamara "gavilla de especuladores", se creó solo diéciséis días después de que se promulgara la ley .72
La ley provocó una tremenda protesta pública. Rui admitió que los
industriales se oponían a ella porque concedía a Lres bancos privilegios
casi monopólicos para la creación y financiamiento de nuevas industrias.
También la mayoría de los republicanos históricos en el gabinete del gobierno provisional se oponían a tal medida porque abandonaba el patrón
oro, otorgaba excesivos privilegios a unos cuantos bancos y ceBtralizaba el
crédito. Sao Paulo quedaría bajo la jurisdicción de un banco regional con
base en Rio, exactamente el tipo de maniobra que Rui había denunciado
en la reforma de Ouro Preto. La discusión fue tan violenta que todos los
ministros estuvieron a punto de renunciar por su causa. Sólo el apoyo de
Deodoro permitió que la ley de Rui fuera aprobada.73 Incluso entonces tuvo que reformarla al conceder primero a Sao Paulo un banco emisor y autorizar después tres bancos más en el norte. Asimismo se redujo la cantidad que cada banco podría emitir. La cuota del BEUB cayó de 200 000
contos a 50 000.
La decisión de Rui de elegir a Mayrink como consejero y a su BEUB
como base del sistema bancario nacional subraya su dependencia de la
clase gobernante imperial. Mayrink había sido uno de los más importantes
financieros del Imperio y estaba íntimamente ligado a la monarquía. Su
padre había sido miembro importante de la corte de Pedro II, su tío senador y presidente de la provincia de Pernambuco, su hermano vizconde, y
el mismo Mayrink fue concejal imperial. Cuando Dom Pedro huyó a Europa, lo hizo en uno de los barcos de Mayrink. Tan estrechamente estaba
ligado aJ Imperio, que cuando se declaró la República fue arrestado por
fervorosos soldados. No obstante, pronto se congració con miembros pro-

�26

SigioXIX
S. Topik: Revolución republicana y bu,gue,ía en BrtUil

minentes del gobierno provisional y Hegó a ser uno de los arquitectos de la
,. financ1era.
• 74

pol1tica

Parece desconcertante que el banco de Mayrink resultara elegido para
recibir la concesión por el distrito central. Es probable que sus antecedentes imperiales no le perjudicaran mucho porque los presidentes de _los o~os
dos grandes bancos del país, el Banco Nacional y el Banco do Brasil, ten~an
vínculos semejantes con la monarquía. Sin embargo, el banco de Mayrink
acababa de iniciar su existencia, había desembolsado escaso capital, no
contaba con reservas ni había entablado relaciones con bancos extranjeros.
Desde el punto de vista económico, el Banco nacional y el Banco do Brasil ambos con experiencia como instituciones semioficiales, constituirían
m;jores opciones. Pero la cuestión no era simplemente económica.
Rui estaba en contra del Banco acional porque había sido creado por
Ouro Preto. Aunque se le había invitado a formar parte del gabinete de
Ouro Preto, Rui se había negado porque pensaba, que era ''un inc~eíhle
ataque al partido Liberal" y "no representaba mas que a la co~e _lffip~rial".75 Como castigo por sus virulentos y constantes ataques al m1ruSteno
de Ouro Preto y sus tendencias centralizantes (irónico en vista de las políticas que más tarde el mismo Rui adoptaría), el partido Liberal negó a
Barbosa un escaño como diputado federal. Fue esta acción la que reparaba Rui cuando en esencia anuló la concesión del Banco Nacional y eligió al
BEUB en su lugar.
La razón por la que no se eligió al Banco do Brasil es un poco más
oscura. El Banco do Brasil contaba con un capital desembolsado de 66 500
contos y una enorme reserva (18 077 contos), un largo historial de relaciones estrechas con el gobierno, y un presidente, Manoel Pinto de Souza, que
era amigo íntimo y protector político de Rui. Que su amistad~ enfrió algo después de que Rui asumiera el cargo, se hace evidente a traves de su correspondencia, pero las razones no son claras. Tal vez se d_,~ba en parle al
resentimiento de Rui por no haber sido designado en el gabinete de Dan tas
en 1884.76
Aunque las medidas de Rui se han explicado siempre en términos de la
racionalidad de la teoría económica, puesto que fue así como en forma elocuente justificara Rui su programa, es probable que un aspecto no teóric_o
influyera profundamente en la decisión. El triunfo de Mayrink al consegu!r
la concesión se debió en parte al hecho de que era uno de los hombres mas
ricos del Brasil. La riqueza del financiero quedó manifestada en f?rn:1ª elocuente al ceder al gobierno ff'deral el Palacio Catete, cl_que ha~1a s1~0.adquirido a un cafetalero con problemas fmancieros. ~ayn~ hab1a dec~d1do
entregar Catete, que se convirtió en la suntuosa res1denc1a de los presiden-

27

tes de Brasil de 1897 a 1960, porque era más pequeño que la residencia
del banquero en Engenho Velho. Pasada la Revolución de noviembre, los
republicanos se apresuraron a disfrutar de sus canonjías políticas, colocando a amigos y familiares en importantes puestos del gobierno. También
vendieron su influencia al mejor postor. Por ejemplo, Quintino Bocayuva,
presidente del partido Republicano nacional antes de la Revolución y ministro de Justicia en el gobierno provisional, había sido secretario en una
compañía ferroviaria propiedad de Mayrink y aún mantenían estrechas relaciones:
Mayrink ya está en la capital y tal vez sería conveniente que usted
le comunicara mis intenciones (de comprar una fazenda cafetalera) y mis necesidades. El prometió ayudarme en este aspecto y
supongo que estaría de acuerdo en cumplir su promesa. Mi situación actual no es mala y puedo vivir en fonna modesta. Sin embargo, eso no me bastaría. Acaso no tengo derecho a aspirar a algo en este país y esta república para la cual, creo, he trabajado
con esfuerzo y buena voluntad.n
La riqueza de Mayrink puede haber influido en la economía personal de
Rui. El Río News afirmaba que Rui vivía sin pagar renta en una casa perteneciente a Mayrink, quien ofreció también comprarle una casa a Rui cuando abandonó el ministerio. Barbosa era el director de tres compañías propiedad de Mayrink y su cuñado se hizo rico especulando en valores que en
parte eran coinversiones con Mayrink. 78 Algunos años después, enzarzado
en la lucha política con Barbosa, el diputado Ceasar Zama lo acusó de
enriquecimiento inexplicable durante su período como ministro de Finanzas: "Durante el gobierno provisional poseía carruajes con un tiro de cabalJos, y numerosos diamantes hasta el punto de deslumbrarnos con el lujo ostentoso que demostraba''. Y concluía: "Siempre he dicho que no hay
nada peor para una sociedad que un gran talento combinado con la ausencia de escrúpulos (como en el caso) del señor Rui Barhosa". La Cámara de
Diputados le respondió con exclamaciones de "muy bien, muy bien".79
Las acciones de Rui demuestran un interés por ayudar a los grandes
bancos al costo que fuera. Su genio residía en la habilidad para justificar
de manera convincente acciones contradictorias. Después de permitir al
BEUB la emisión de moneda inconvertible, pero a costo del retiro gradual
de la deuda interna pública, en marzo concedió al BB y al BN el derecho
a emitir 25 000 contos de circulante inconvertible respaldado en oro sin
costo algunos para los bancos. En septiembre, todos los bancos recibieron
autorización para emitir circulante inconvertible respaldado en oro. Cuando los bancos no contaron con dinero suficiente para la compra de bonos
de gobierno o de oro que sirvieran como garantía, Rui les prestaba la ga-

�28

Siglo XIX

S. Topík: Revolución republicana y burgue,ía en Bra,il

29

80

rantía, socavando por completo el propósito de ésta.

A pesar del hecho de que por lo común se ha considerado al nacimiento de la República como un triunfo de la descentralización federalista,
los tres grandes bancos, dirigidos todos por prominentes monarquistas, llegaron a dominar la reserva monetaria, el crédito y las inversiones, concentrando así el poder en el Distrito Federal. Para septiembre de 1890 los tres
bancos de Rio suministraban el 87% de todos los billetes de banco. Además, el Banco acional poseía una cuarta parte de las acciones de otro
banco emisor. El BEUB ayudó en la fundación del banco emisor de Sao
Paulo, el Banco Uniao.
El Mail and Express reportó en junio de 1890 que la mayoría de los
bancos de Sao Paulo estaban pasando apuros para formar el capital y tenían que depender de los financieros con sede en Rio: "Parece haber una
sed de ... monopolios, a la cabeza de la cual se encuentra el señor Mayrinch (sic), hábil maquinador y financiero'.' 81 El BEUB también poseía :,Odas las acciones de uno de los bancos del norte. Por lo tanto, solo el 5 1/o
de todos los billetes no estaba controlado por ellos. Por añadidura, el
BEUB tenía también participación importante en otros cinco bancos.
Para acentuar aún más la concentración de la banca, el presidente del
Banco acional y el hermano del presidente del BEUB eran directores del
Banco do Brasil.82 Los Bancos eran también los principales inversionistas
de valores, y organizadores de numerosas emisiones accionarias. El BEUB
había invertido 21 540 contos en veinticuatro compañías para agosto de
1890, y el Banco do Brasil 11 133 en acciones en 1891_. Rui ~bservó en
1890: "raras son las compañías creadas (lanchada) este ano aqu1 o en Sao
Paulo, que no hayan sido ayudadas efectiva y poderosamente por el BEUB
y sus filiales ".83
En diciembre de 1890 la concentración de la banca se elevó aún más
cuando Rui permitió la fusión del hiperextenso Banco acional y el Bl!:UB
paraºintegrar el Banco da República dos Estados Unidos_d~,Brasil. E~to reforzó también la influencia de Mayrink cuando se convut10 en presidente
del nuevo banco mientras se dejaba al margen a Figueiredo. El nuevo b~co poseía un capital autorizado de 200 000 contos y el derecho de emitir
hasta 600 000 contos: en otras palabras, el derecho a duplicar la moneda
en circulante a voluntad.
El Banco da República despertó especial hostilidad a causa de su magnitud y privilegios. Alfonso Peña, futuro presidente, escribió: "El eje de
todo fraude financiero es el Banco da República, que trata de imponerse

como la encarnación del nuevo régimen, haciendo que la estabilidad de este último dependa de su (del banco) destino".84 Esta concentración de poder provocó una especi_al preocupación porque una buena parte de los
fondos del BR fue prestada a un puñado de los mismos directores del
banco. Por tales acciones Rui se ganó la reputación de "Law del Brasil",
en referencia al especulador de bolsa responsable del auge especulativo al
que siguió un espectacular derrumbe en la Francia del siglo XVID.85
Inclusive, después de que Barbosa renunciara a su puesto en enero de

1891, el gobierno de Deodoro continuó cortejando a la comunidad financiera mediante el otorgamiento de amplio crédito para su inversión en valores. De hecho, el cónsul británico C. F. Frederick Adam reportó que
los especuladores de la bolsa de valores están firmemente a su favor (de Deodoro), y muchos de los miembros de la Asamblea se
han contagiado de la fiebre especulativa... y por consiguiente es
probable que voten por él. 86
El mini~tro británico relató más tarde que Deodoro había de hecho ganado
las elecciones en buen parte debido a que los especuladores que se enriquecieron a su amparo sobornaron a los electores titubeantes.87
La influencia ininterrumpida de la élite imperial se hizo más evidente
cuando Deodoro sustituyó a los ministros republicanos que renunciaban
por prominentes mo11arquistas del noreste. El nuevb dirigente de su administración no sólo había sido monarquista, sino también miembro del
partido Conservador imperial, gobernador de Pernambuco, terrateniente
cañero, y propietario de esclavos: el Barón de Lucena. A Lucena, que desde su elevación al poder había sido descrito como un "saqueador" por el
ministro británico, se le dejó la avalancha creada por la legislación banca88
ria de Rui. Continuó los vínculos amistosos con Mayrink y otros banqueros, y siguió favoreciéndolos, particularmente al banquero Henry Lowndes,
Conde de Leopoldina.
El efecto colateral del vertiginoso encilhamento había sido un índice
inflacionario cercano al 50%, que ocasionó un irónico comentario del
Rio News: "Si la tasa actual de progreso financiero se mantiene por mucho tiempo más, pronto tendrá uno que organizar una compañía de cien
contos ($50 000) cada mañana para poder desayunar".89 Para hacer frente
al perpetuo crecimiento de la demanda de crédito, Lucena propuso aumentar la emisión de circulante. Además prestó sumas considerables del
erario público a bancos debilitados por inversiones imprudentes. Supuestamente brindó a cuatro bancos el equivalente de más de $10 000 000 que
nunca fueron reembolsados.90

�30

SigloXIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

Durante el segundo trimestre de 1891, la burbuja accionaria mostró
signos de estallar. Los precios de las acciones comenzaron a desplomarse;
los suscriptores, que habían pagado entre el 10 y el 40% del valor de las
acciones, se negaron a aparecer con el resto, perdiendo la inversión original.
Los bancos con excesivos préstamos, en especial el Banco da República y
el Banco do Brasil, fue perdiendo solvencia a medida que muchos de sus
préstamos asegurados por acciones se iban quedando sin valor. En el tercer trimestre el valor del milréis se desplomó en forma dramática. El Congreso se rebeló y exigió que ya no se emitiera circulante debido a la devaluación e inflación que se estaban provocando.
Sin embargo, en septiembre Lucena sugirió al Congreso que autorizara un aumento en las emisiones del Banco da República aunque estas
no contaran con un respaldo real. Ponía como razón que
era natural que el gobierno de la revolución completara su proyecto de coparticipación directa en el movimiento en marcha,
facilitando la creación de compañías y bancos que pondrían su
capital a disposición de la mano de obra, y de las muchas otras
(actividades) que explotan la riqueza nacional.

los días de dinero fácil del encilhamento. La importaci·o'n de maqumana
· ·

.,
tamhxen
comprobaba el arranque de la actividad industrial.94

, . Pero el cr~cimiento de la fabricación fue un efecto colateral de la po-

hti~ monetaria,_ no su interés principal. De hecho, apenas el 5% de las
acc1on~s comerciadas en la bolsa de Río pertenecían a la industria textil.
Ade~as, gran parte del crecimiento del capital accionario de las compañías
te~es no ~r~ prueba de nuevas inversiones en las fábricas, sino que eran
accmnes ~lllltidas
ya como dividendos, o para comprar compañías textiles
que se uman.95
.
La_ mejor evidencia del poco interés que sentían Rui y Lucena por la
mdus!1"1a es el hec,h~ de que los industriales y los partidarios del sector se
o~oman a ~s políticas monetarias. Los representantes del Congreso Indus~al, por ejemplo, s~ alzar~n en contra de la política de dinero fácil. El
~putado Barbosa Luna, energico defensor de la industrialización denuncio
de Deodoro , que desvirtuaba "una de '1as pnn•
· alel "falso industrialismo"
•
c1p . ~s conquJStas de la sociedad moderna, la corporación" .96 Continuaba
queJandose de que
El ej~c~tivo (utilizó) ~l prestigio y la fuerza del gobierno para encubrir ~numerables irregularidades, vicios, fraudes, organizados
por ~~dia docena de individuos altamente protegidos... con el
propos1to de hacer fortuna rápido.97

Proseguía diciendo que el gobierno "tenía que acompañar la febril marcha
de la libertad de asociación de las compañías... para fortalecer la fe en las
instituciones repuhlicanas'.'.91 El congreso no estuvo de acuerdo.
Las diferencias entre el ejecutivo y la legislatura se pusieron de manifiesto cuando Deodoro clausuró el Congreso el 3 de noviembre de 1891 y
gobernó por decreto. Permitió que Lucena autorizara_velozmente una
mayor emisión de billetes, reformara la ley corporativa para que los bancos
pudieran recibir sus propias acciones como garantía de préstamo, prestara
a bancos sus propias garantías depositadas en el erario público para que pudieran utilizarlas como respaldo a nuevas emisiones de circulante,"/ prestara fondos del gobierno depositados en Londres al Banco da República.92
Es cierto que la ayuda a los bancos durante los dos primeros años de la
República dio origen a una considerable industrialización. En Río, el aumento real en las empresas textiles de algodón fue mayor en 1889 que durante todos los seis años anteriores. Fue aún mayor en 1890. Los tres grandes bancos financiaron muchas empresas industriales. En Sao Paulo la fabricación creció con rapidez; el Banco Uniao era su principal h1versionista.
El crecimiento de la fabricación se extendió hasta Pernamhu.co donde el
cónsul británico relató en 1894: ''La evolución industrial de los últimos
cinco años ha sido grandiosa" .93 De las fábricas industriales existentes en
Río en 1905, por lo menos el 30% habían sido fundadas entre 1890 y
1895, y muchas del 50% iniciadas antes de 1889 se expandieron durante

31

Como hizo notar un crítico, a causa del encilhamento, mucha gente llegó
te9~
que las corporaciones eran "sinónimo de asalto a mano annada . . En lugar de fundar una nueva política monetaria progresista y vigo~ar los mercados de capital, como bancos y mercado de valores el
encilh~mento o~ó un regreso a la economía ortodoxa y la desconfianza hacia las pol~ticas de desai:rollo gubernamentales. El problema no era
que ~os terr~ten~entes se opusieran a las políticas porque negaban apoyo
a la mdustn~, smo porque las reformas bancarias favorecían sólo a unos
cuantos, y dejaban en la miseria a miles.99
·

ª

Las políticas de Deodoro no eran populares entre la ·población en general. El sucesor de Deodoro, Mariscal Floriano Peixoto era mucho más
P~P?lar. A diferenci~ de Deo~oro, basó s? apoyo en los ;epuhlicanos. Sus
rmrusn:os eran de vemte a tremta años mas jovenes que los de Deodoro; la
mayona eran del Centro-sur. Sólo dos de los designados habían sido conse1:adores bajo el Imperio (uno de ellos era el representante de los terratementes paulistas, Franciso de Paulo Rodríguez Alves), mientras que
cuatro eran republicanos históricos.
Floriano era especialmente popular entre las clases media urbana y

�32

SigloXIX

obrera, y los oficiales subalternos y soldados de tropa de la milicia. Se le
considera el presidente que más favoreció la industrialización durante la
Primera República. Sodré afirma que durante su administración "la burguesía estuvo en el centro del escenario ". 100 Y sin embargo adoptó una ~lítica monetaria diametralmente opuesta a la de Deodoro. Por lo comun,
la expansión de la reserva monetaria no era considerada un acto a favor de
la industria.
Floriano redujo el crecimiento de la reserva monetaria e ~tentó equ_il~brar el presupuesto. En 1892 se suspendió el derecho bancano para eIDJllr
moneda y el ministerio de Hacienda reanudó la emisión de circulante. A
fines de 1893 el Banco da República se fusionó al Banco do Brasil. Pero esta unión representó la incautación del poder financiero por parte del Estado, más que su concentración en manos de unos cuantos banqueros co~o
sucediera con la fusión de 1890. El presidente del nuevo banco, el vicepresidente y uno de los directores fueron designa~os por _el g~biemo !
ejercían el poder de veto. Por otra parte, se desterro a los fmanc1eros mas
importantes del encilhamento. Mayrink fue obligado a ab~donar la presidencia del BR y marchó al exilio en el interior de la nac1on. El banquero conde de Leopoldina, amigo íntimo de Lucena, fue desterr~do al Am_azonas por una supuesta complicidad en un complot monarqu1Sta. Al ffilSmo tiempo el gobierno inició un proceso de bancarrota en contra del
'
'
101
conde, haciéndole perder la mayor parte de su fortuna.
El gobierno de Floriano mantuvo la práctica de otorgar ~uantiosos
préstamos a los bancos privados. Durante 1892 y 1893, presto 120 ~
contos. Pero ahora el banco más grande estaba bajo el control del gobierno. Los bancos más gequeños perdieron sus privilegios gubernamentales Y
muchos fracasaron. 10 El propósito de la fusión, más que ampliar la inversión y las emisiones monetarias de la nueva institución como sucedió co~
la primera fusión, era el de enmendar el caos creado por los numerosos billetes. Como se informó en febrero de 1892:
Noticias del interior afirman que el comercio se ha vuelto casi imposible por la incertidumbre r~la~ionada con_ la v~dez de la ~oneda. Es del conocimiento publico que vanos billetes han sido
retirados de la circulación, pero nadie parece ser capaz d~ determinar cuales son, por consecuencia los campesinos vacilan en
aceptarlos. 103
Este problema debía corregirse con la apropiación de todos los billetes, tarea realizada por el BR con la supervisión del gobierno.
El grado hasta el cual los intereses fabriles se oponían a la con~~ción que el gobierno hacía a los bancos quedó ilustrado por el empresti-

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

33

to de apoyo a la propia industria, en 1893. Autorizaba una emisión en bonos por 100 000 contos para su uso en créditos industriales, y a menudo es
mencionado como el primer préstamo considerable con miras al desarrollo
en el Brasil. El ministro de Finanzas Felishello Freire aducía que con el
préstamo "los poderes públicos entraban a una nueva fase de proteccionismo, al dar preferencia a la industria sobre la agricultura~' 104
Sin embargo es un hecho que muchos indus~ales se opusieron a la
medida. Una carta supuestamente firmada por 405 industriales rechazaba
el decreto por considerar que la industria ya había recibido suficiente ayuda del gobierno y no necesitaba más. Temían que los bonos, que se tomaban en las oficinas del gobierno como pago por deudas, aumentaran el suministro monetario, crearan inflación y devaluaran el milréis. Como muchas industrias importaban alrededot de la mitad de sus materias primas
así como su maquinaria, las afectaría adversamente.105
La otra queja principal era que el préstamo no era para las industrias.
El diputado Oiticica resumió una posición común: "Se puede decir que los
bonos no se emiten para ayudar a la industria; se emiten para ayudar al
Banco da República ". 106 Nilo Pa~anha, enérgico defensor de la industrialización, estaba en contra del empréstito porque pensaba que iría a parar
en manos de amigos de políticos y sería usado por el Banco da República,
el que se suponía iba a administrarlo para auxiliar a las empresas en deuda
con el banco y para colocar a gente allegada en el consejo directivo de las
compañías.107 El parecer de muchos de los diputados, aún de aquellos que
eran industriales como Pacifico Mascarenhas, era que en la mayoría de los
estados la industria estaba prosperando (las fábricas textiles de su familia
estaban distribuyendo dividendos de más del 20°1o) .Sólo las grandes plantas textiles padecían porque se había unidoa la fiebre especulativa al invertir en otras industrias y fundirse con otras más pequeñas. 108 El grado de
inquietud que se tenía de que el BR empleara los fondos del empréstito
para fines distintos del fomento de la industria, se reveló con la forma alterada en que al final se lo aprobó. En lugar de permitir que el BR prestara a
quien deseara como lo habría hecho Mayrink, el Congreso estipuló que
sólo una tercera parte de los préstamos se destinara a empresas del Distrito Federal. Puesto que el Distrito Federal es donde el BR concedió la gran
mayoría de sus préstamos, y donde se localizaban la mayor parte de las
grandes fabricas del país, ésta fue una clara medida de descentralización,
así como contraria al BR. Parece que esto se hizo cumplir: al final el Distrito Federal recibió sólo un tercio de los préstamos mientras que Sao
Paulo recibía casi un 30°/o, suma que excedía en mucho a su porcentaje en
la industria nacional. Aunque el 20°/o de los préstamos se dedicó a la agricultura, la industria recibió más de la mitad del capital. 109

�34

Siglo XIX
S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

CONCLUSION
La transición del Imperio a la República no señaló un rompimiento brusco
en política económica con una burguesía progresista que llegaba al poder.
La abolición de la esclavitud en 1888 había sido el parteaguas. De hecho la
República no presenció iniciativas nuevas en el campo de la política económica. La agricultura no se hizo acreedora a ningún favor particular, ni fue
la industria la beneficiaria en especial.
En realidad, durante los dos primeros años de la República, la fuerza
directriz detrás de la política era la élite financiera imperial, grupo al que a
menudo se considera parasitario más que empresarial. Contrario a lo que
sostienen la mayoría de los estudiosos de este período, en el sentido de
que Rui Barbosa representaba a la burguesía industrial y bahía puesto en
práctica una política de desarrollo perspicaz y progresiva, Rui buscaba ganarse el apoyo político de la clase imperial gobernante. En lugar de estimular la acumulación de capital en el sistema bancario y crear bancos de
desarrollo, las reformas de Barbosa condujeron a fracasos masivos y a la
bacarrota de algunos de los financieros más acaudalados del país.
El hecho de que sus iniciativas del uso de bancos como instrumentos
de desarrollo y la separación del patrón oro no fueran adoptadas por subsecuentes administraciones, no es prueba del limitado pensamiento económico de la burguesía agraria, sino una crítica al modo en que Rui ejecutó
sus políticas: desacreditó los análisis estructuralistas y devolvió la ortodoxia económica a los forjadores de la política económica del país. La milicia en el poder no parece haber sido un breve interludio de poi íticas progresistas sino, al menos durante la administración de Deodoro, una carrera para disfrutar de las canonjías del oficio. Plus ga change. ..

35

de Jaime Larry Benchimol (Rio: Editora Campus, 1979), p. 91. Flávio Rabelo
Versiani afirma en "lndustrializa~o e economía de exporta~o: a experiencia
brasileira antes de 1914", Revi.sta Brll$ileira de Economía, 34 (1980), p. 9, que
el gran aceleramiento industrial de Brasil comenzó en la década de 1880, mucho
antes de la política monetaria expansionista del año final del Imperio.
2. Anníbal Villela y Wilson Suzigan, A política do governo e crescimento da economía brasileira, 1889-1945 (Rio: IPEA/INPES, 1973), p. 127. Véase también
E. Bradford Burns, A History of Brasil, 2a. edición (NY: Columbia University
Press, 1980), p. 293; y Humberto Bastos, O pensamento industrial no Brasil
(SP: Livraria Martins, 1954), p. 19. Fishlow en ''Orí.gens" p. 12 sostiene que el
crecimiento industrial de la época no solamente no fue planeado, sino a veces lo
opuesto a las metas de las poi íticas.
3. Helio Silva, 1889: A república na esperou o amanhecer (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1972), p. 76.
4. Nelson Werneck Sodré, Hi.stória da burguesía brasileira (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1976), p. 162.
5. Brasil, Congresso, Documentos Parlamentares, Alexandre José Barbosa Lima,
Di.scursos parlamentare&amp; (Brasilia: Camara dos Deputados, 1963), p. 120. En una
versión modificada de este punto Nícea Vilela Luz afirma en ''O papel das classes médias brasileiras no movimento republicano", Revista de Hi.stória 68
(1964) p. 20 que "por primera vez, con el advenimiento de la República se unieron los elementos de una nueva clase, de una nueva burguesía": Florestan Fernándes concluye en A revo/Ut;ao burguesa no Brasil, Ensaio de interpreta,;ao
wciológica (Rio: Zahar Editores, 1974 ), pp. 203-205 que 1888 y 1889 marcaron el inicio de la transición de la "era señorial" a la "era burguesa". Hubo muchas alusiones conscientes a la Revolución Francesa a principios de la década de
1890. Los oficiales de gobierno aludían unos a otros como "ciudadano", el grupo republicano más combativo se denominaba "Jacobinos" y una revuelta en el
sur fue llamada la "Vendee" del Brasil.
6. Sodré, Burguesía brasileira, p. 189.
7. Véase, por ejemplo, de Carlos Manuel Pelaez y Wilson Suzigan, Hi.stória monetária do Brasil: análise da política, comportamento e institu&lt;¡oe&amp; monetárill$ (Rio :
IPEA/INPES, 1976), pp. 179-185.

NOTAS

8. Economi.st, Londres, nov. 23 de 1889, p. 495.
9. Para los sucesos del golpe de estado véase a Silva, 1889, pp. 87-136; Delso Renault, O dia-a-dia no Rio de ]aneiro segundo os jornai.s, 1870-/889 (Rio: Civiliza~o Brasileira, 1982), p. 236.

l. Albert Fishlow, "Origens e conseqüencias da substitui~o de importa~oes no
Brasil", en Flávio Rabelo Versiani y José Mendo~ de Barros (eds.), Forrn&lt;u;ao
económica do Brll$il, A experiéncia da industrializat;ao (Sao Paulo: Saraiva,
1978), pp. 8, 12. Para puntos de vista similares ver Wilson Cano, Raize&amp; da concentraf(lo indu&amp;trial em Sao Paulo SP: DIFEL, 1977), p. 145; Eulália Maria
Lahmeyer Lobo, Hi.stpria do Rio de laneiro, (Do capital comercial ao capital
industrial e financeiro) (Rio: IBMEC, 1978), vol. 2, p. 456; Nícia Vilepa Luz,
A /uta pela indmtrialízaf'lo do Brll$i/ (1961 rpt. SP: Alfa Omega. 1975), p. 66;
Stanley Stein, Origen&amp; e evolu,;ao da indrútria textil no Brasil, 1850-1950, trad.

10. Citado en Silva, 1889, p. 88.
ll. South American ]ournal, diciembre 14 de 1889, p. 757.
12. George C. A. Boehrer, Da monarquía a República, história do Partido Republicano do Brasil ( 1870-1889), trad. de Berenice Xavier (Rio: MEC, Servicio de Documentac;ao, 1954), passim; Hildiberto Ramos Cavalcanti A. Junior, "Os republicanos fluminense na legislature de 1888", en Richard Graham (ed.), Ensaios sobre

�36

SigloXIX
a político e a economia do provincia fluminen&amp;e no seculo XIX (Rio: Arquivo
Nacional, 1974), pp. 248-283; Richard Graham, "Landowners and the Overthrow of the Empire", Luso-Brozilion Review 1 (1970), p_p. 44-5 6; Barbosa Lima
Sobrinho, Preseni;.a de Alberto Torres (suo vido e pell.$0mento) (Rio: Civiliza~o
Brasileira, 1968), pp. 69-103; Joao Sebastiao Witter ed. Jdeias políticos de Francisco Glicério (Rio: Funda~o Casa de Rui Barbosa, 1982), pp. 31-36.

13. D. Burke al Departamento de Estado de EEUU, Salvador, Bahía, 19 de junio de
1890. Burke concordaba con la apreciación del periódico. Le Temps informó
el 18 de noviembre de 1889 que Bahía estaba en contra de la revolución republi-

cana.
14. En "Soldiers in Congress, 1890-1894", un manuscrito inédito, he .demostrado
mediante un análisis de los Anois de la Camara dos Deputados de 1890-1894 que
los 31 militares activos que ocupaban un escaño en la Cámara Federal de Diputados disentían en cuestiones económicas. En las cinco votaciones que localicé, los diputados militares se dividían en la misma proporción de 60°/o-40°/o
que la Cámara en general.
15. Joao Moura de Dunshee de Abranches, O golpe de Estodo, otos e otos do Governo Luceno (Rio: Oficinas Gráficas do Jornal do Brasil, 1954).

S. Topik: Revolución republicano y burguesía en Brasil

37

25. Alfonso Celso de Figueiredo, (Visconde de Ouro Preto), A décoda republicano,
(Rio: Companhia Typ. do Brasil, 1899), p. 63; Castro Carreira, Histório Finonceira, vol. 2, pp. 477, 837; Frederic Stirton Weaver, Clos&amp;, Stote, and Industrial
Structure (Westport Ct.: Greenwood Press, 1980), p. 80.
26. Citado en Luz, Luto pela industrializ:~o, p. 169.
27. Versiani, "lndustrializa~o antes de 1914", p. 36; J. P. Wileman calculaba en
Brazilian Exchange: The Study of an Inconvertible Currency (1896 rpt. NY:
Greenwood Press, 1969), p. 215, que la protección aduana! promedio de la
tarifa arancelaria de Barbosa era casi idéntica a la de la tarifa anterior 44º/o a
43°/o. Los derechoss de aduana del oro no fueron una innovació; radical.
Como escribió D. Burke al Departamento de Estado de los Estados Unidos el
23 de mayo de 1891 en "Despachos de los Cónsules de Estados Unidos en
Bahía, Brasil, 1889-1895", Archivos Nacionales, Registros del Departamento
de Estado, Grupo de Registros 5 6, la tarifa arancelaria había tenido niveles
flotantes que dependían del tipo de cambio. Cuando la moneda brasileña se
depreció, el impuesto aumentó para compensar el valor real de los derechos,
que se calculaban sobre un valor de 24 peniques ingleses por milreis.

16. Río News, 22 de agosto de 1892.

28. Ministério da Fazenda, Relatório 1893, p. 123; Centro Industrial do Brasil a
Alfonso Pena, sin fecha, archivo Alfonso Pena, Arquivo Nacional, AP 11-1.2.
1382.

17. Quintino Bocayuva, 31 de julio de 1902 en archivo Q. Bocayuva, QB 01.02.05
cp.

29. Camara dos Deputados, Anois, 1891, vol. I, pp. 222-224; Congresso Constituente, Anois, 1890, vol. 3, p. 52.

18. Rui Barbosa, A queda do imperio vol. 1 (Rio: MEC, 1952), p. 15.

30. Congreso Constituente, Anois, 1890, vol. 3, p. 65. Para mayor información
acerca del tratado véase Steven Topik, "Informal Empire? The U.S.-Brazilian
Trade Teaty of 1891 ", M. A. thesis, University of Texas, Austin, 1974.

19. Ciro F. S. Cardoso y Héctor Pérez Brignoli, Historio económica de Américo
Lotino, vol. 2 (Barcelona: Editorial Crítica, 1979), pp. 29-63.
20. Robert Conrad, The Destmrction of Brazilion Slavery, 1850-1888 (Berkeley:
University of California Press, 1972), pp. 95, 220.
21. Brasil, D.iretoria Geral de Estatistica (DGE), Anuário estotístico, 1939/I 940
(Rio: Imprensa Nacional, 1940), p. 1307; Liberto de Castro Carreira, Histório finonceiro e or(}Omentário do império no Brasil vol. 2 (1889 rpt. Brasilia:
Senado Federal/ MEC, 1980), p. 642; Witter, ldeios de Glicério, vol. 1, pp.
88-91.
.
22. Rio News, 17 de marzo de 1891; Banco Hypotecário a Floriano Peixoto, Río de
Janeiro, 18 de octubre de 1893 en archivo F. Peixoto, ArquivoNacionalCaixa
8L Pacote 5.
23. Thomas Holloway, lmmigrants on the Land (Chapel Hill: Univ. of North Carolina Press, 1980), p. 317.
24. Witter, Ideias de Glicério, vol. 1, pp. 86, 87; Brasil, Ministério de Via~o e Obras
Públicas, Relat6rio, 1921, pp. 188-191; Camara dos Deputados, Anois, 1892,
vol. I, pp. 100-110; Pan American Union, Bulletin, marzo de 1894, p. 665. La
nacionalización del transporte costero no se realizó de hecho sino hasta fines
de la década de 1890.

31. Fishlow, "Origens", p. 7; Werner Baer y Anníbal Villela, "Crescimento industrial e ind ustrializa~o: revisoes nos estágios do desenvolvimento económico
do Brasil", en Wemer Baer, A industrializafQO e o desenvolvimento económico do Brosi~ 4a. edición (rio: &amp;litora de Funda~o Getúlio Vargas, 1979). pp.
288 289. Versiani, en "lndustrializa~o antes de 1914", afirma que la proteCCJon arancelaria fue importante.

.r

32. Almanok Laemmert, 1889, pp. xvii. 1205-22; M. F. J. de Santa Anna Nery,
Le Brésil en 1889 (Paris: Librairie Charles Delagrave, 1889), pp. 347-351;
Joao Ribeiro, Bancos, memoria apre1entada ao Congresso lndustriol de Minos Gerais (Juiz da Fora; Typ. Central, 1903), p. 48.
33. Nery, Le Brésil, p. 452; Contadoria Geral do Império, Balam;o do receito e
despesa para 1888 (Río: lmprensa Nacional, 1891), p. 11 y 1925 (Rio: Imprensa Naciona,
prensa Nacional, 1926), p. 248; Atada Se~o do Conselhode Estado, Rio, 12 de
marzo de 1885 en Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Cole~o Instituto, Pasta 55, Lata 545; O. J. Placido e Silva, Caixas económicas federais e
opera!(oes bancárias (SP: FAitora Rumo, 1930), pp. 12, 33, 66; Maria Bárbara
Levy, História da bolsa de valores (Rio: IBMEC, 1979), pp. 107, 108, 280;
Gustavo Henrique Barroso Franco, Reforma Monetário e instobilidode durante
a transi!,{lo republicano (Rio: BNDES, 1983), p. 146.

�38

SigloXlX

34. Banco do Brasil, Relatório de 1889 (Río: Typ. Carioca, 1889), p. 121; L.R.O.
Quatro mezes de adminútra~o financeira (Lisboa: Typ_ Universal, 1890), p.
18; Anón. Os projectos sobre banco de credito real (SP: Typ. King, 1889),
pp.4-17.
35. Ernília Voitti da Costa, Da senzala a colonia (SP: Difusao europeía do livro,
1966), p. 215. El Provincia de Sao Paula calculaba en octubre 23 de 1889 que
la deuda agrícola de Sao Paulo se aproximaba a los 160 000 contos y que el
total de la deuda flotante del estado tal vez no era menor.
36. Contrato del Banco Nacional con el Ministerio de Fazenda, 2 de octubre de
1889 en Casa Rui Barbosa, Pasta Banco do Brasil; DGE., Anuário estatístico,
1939/ 1940, p. 1353.
37. Figueiredo, Década republicana, p. 245.
38. Castro Carreira, Hút6ria financeira, pp. 696, 697; Memorándum de Francisco
de Paulo Mayrink, Casa Rui Barbosa, Pasta Banco do Brasil. Mayrink de hecho
aseveró que Ouro Preto intentaba arruinar al Banco do Brasil.
39. Banco do Brasil, Relat6rio, 1890, p_ 14.
40. Ministério da Fazenda, Aux,1ios a lavoura (Rio: (mprensa Nacional, 1889), p.
53.
41. Banco do Brasil, Relatório, 1888, pp. vü, 22.
42. !bid, 1890, p. 32. El Banco do Brasil continuó reduciendo sus obligaciones hlpotecarias, de las cuales más de la mitad estaban atrasadas. De un alto nivel de
29 000 contos en 1879, bajó a 19 120 contos en 1888, 17 600 en 1889, y
13 034 en 1890, Relatório 1889, p. 20, 1890, p. 32, 34.
43. Amaro Cavalcanti, Resenha finaceira do império (Río: Imprensa Nacional,
1890), p. 50; Banco do Brasil, Relatório, 1888, p. 18. El Diario Popular observó el 30 de noviembre de 1889 que la ayuda a la agricultura no benefició a
aquéllos que realmente la necesitaban: "Los miles de contos ya entregados (por
el gobierno) han servido principalmente para consolidar las cuentas de dichos
establecimientos (bancos) y ayudarlos a liquidar deudas vencidas".
44. Jornal do Commércio, 8 de septiembre de 1889 en Casa Rui Barbosa, Recortes,
1889; véase también A Na~o que exponía que el plan daba "ayuda a los bancos Y no a la agricultura" en Joma/ do Cammércio, 30 de agosto de 1889 en
Recortes de CRB.
45. Memorándum Mayrink, CRB; O Dia, 30 de agosto de 1889, Recortes de CRB;
el South American Journal declaró el 14 de diciembre de 1889, p. 757, que
"durante más años de los que pudieran contarse la rama administrativa estuvo
podrido hasta la médula".

S. Topik: Revolución republicana y burgue1ía en Brasil

39

Re,enhafinanceira, p. 76.
48. Calculado de Castro Carreira, Hút6riafinanceira, vol 2, p. 776.
49. Jornal do Commércio, diciembre de 1889, CRB, Recortes 1889.
50. Juca Faro a Quintino Bocayuva, Río de Janeiro, 4 de enero de 1892 en QB
891.03.31 cp; Banco Hypotecário a Floriano Peixoto, Río de Janeiro, 18 de
octubre de 1893, en archivo F. Peixoto, AN Caixa 8L, Pacote 5.

51. Franco, Reforma monetória, pp. 84, 85. El crédito de la ayuda agrícola no se
con~ntró en la m!5"1a proporción en beneficio de los deudores de Rio, ya que
la ?1~tad de los prestamo_s del Banco do Brasil fueron a parar a Sao Paulo (Relatorw, 1~90, p. 4~) Y solo una cuarta parte al estado de Rio, aunque sin duda
la mayor1a de las hipotecas que ayudaban a refinanciar estaban en poder debancos C?n base en Rio. Más de tres cuartas partes de la ayuda a fondos agrícolas se
~lizaron a las provincias centrales de Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais.
52. Cazeta de Noticias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889.
53. Colson, " On Expectations", pp. 281,292.
54. Cazeta de Noticias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889; Banco do Brasil
Relatório, 1891, p. 4. Si bien no hay duda de que el control carioca sobre Sa~
Paulo era bastante fuerte, es probable que Colson exagere. Por ejemplo Colson
afirma que Sao Paulo aún dependía comercialmente del puerto de Río• cuando
en realidad, de acuerdo con el Relatório apresentado ao Ex. Sr. Presidente da
Provincia de Sao Paulo pela Commissao Central de Estatística, (SP: Leroy King
Bookwalter, 1888), pp. 128, 258, casi el 90º/o del café de Sao Paulo salía por
Santos ya en 1886-S7. Por otra parte, los bancos propiedad de paulistas como
el Banco de Comércio de Sao Paulo y el Banco de Ocdito Real de Sao Paulo ya
eran bastante importantes en 1887.
55. Joao Pedro de Veiga Filho, Estudo económico e financeiro sobre o estado de
Sao Paulo (SP: l'Yp. do Diario Oficial, 1896), p. 16.
56. Congresso Agrícola, cole~o de documentos (Río: 1878), p. 134.

57. Ze~ M. ~doso de Mello. "Contribui~es ao estudo da natureza do empre~nado paulista", en e] X encontro nacional de economía de la Associa~o Nactonal dos Centros de Pos-Gradua~o em Economía, Aguas de Sao Pedro, Río
Gr~e do ~ul, 1982 (Porto Alegre: 1982), 1060. 1064, 1068; Jospeh Earl
Sweigart, "Financing a.nd Marketing Brazilian Export Agriculture: The Coffee
Factors of Rio de Janeiro, 1850-1888", PhD. Dissertation, University of Texas,
Austin, 1980, pp. 225, 226.
58. C.F. van Delden Laerne, Brazil and Javo: Report on Coffee-Culture in Ame.
rica, Asia and A/rica to H. E. the Minúter of the Colonies (Londres: W. H.
Allen, 1885), p. 212.

46. Frank Colson, "On Expectations - Perspectivcs on the Crisis of 1889",lournal
of Latin American Studie3, 13 (1981), p. 285; Franco, Reforma monetária, p.
92; Banco do Brasil, Relatório, 1891, p. 3.

59. Sweigart, "Financing Exports", pp. 69, 70,225.

47. Almanak Laemmert, l 890, passim, Castro Carreira, ~l. 2, p. 77 6; Cavalcanti,

60. Los bancos británicos se habían fundado en 1862 y 1863, y un banco alemán en

�40

Siglo XIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

41

1888. Inversionistas franceses suscribieron la mitad del capital del Banco NacionaJ, Ministro de Fazenda a N. H. Rothschild, Rio, 8 de febrero de 1887 en
Cole',30 Francisco Belisário, IHGB, Lata 277, Documento 31.

71. Francisco de Paula Mayrink, Financas do Brasil; Discursos proferidos na Camara_dos Deputados nas sessoes de 25, 26 28 de agosto de 1891 (Rio: Companhia Impressora, 1891), p. 44.

61. Financia! News, Noviembre 26 de 1890 en Recortes de CRB. 1890; Banco da
República. Relatório, 1892, p. 22; Almanak Laemmert, 1889, passim.

72. Cazeta de Notícias, 16 de marzo de 1892; Almanak Laemmert, 1890, pp.
1132, 1211, 1212, 1~22; The South Americanlournal, 21 de junio de 1890,
p. 79_8. Uno d~ los duectores del BEUB incluso sugirió que la efigie de Rui y
~ayr_mk apare~~eran en la moneda del BEUB, idea que fue rechazada por considerars~le_pohtI&lt;:3~ente irrealizable. Resulta irónico que, cuando el gobierno brasdeno dec1d10 en 1985 crear el billete de mayor denominación a causa
de la peor inflación en la historia del país se imprimiera la efigie de Rui en el
billete de 10 000 cruzeiros.

62. Nelson Werneck Sodré, História militar do Brasil (Rio : Civiliza',30 Brasileira,
1965), P. 164.
63. Humberto Bastos. Rui Barbo&amp;a, ministro de independencia económica do Brasil
(Rio: Casa Rui Barbosa, 1949).
64. Pelaez y Suzigan, História monetária, p. 179; Silva, 1889, p. 73.
65. Véase, por ejemplo, Versiani. "lndustrializa,¡ao antes de 1914", p. 27; Rairnundo Faoro, Os Donos do poder; formai;ao do patronato político brasileiro, vol.
1 (SP: Editora Globo, Editora da USP, 1975), pp. 517-519; Sodré, Histório da
burguesía, p. 189.

e

73. Ministério da Fazenda, Relatório, 1890, p. 46; véase también Abranches, Atas
do govemo provisório.
74. Francisco de Paula Mayrink Lessa, Vida e obra do Conselheiro Mayrink (Rio·
Pongetti, 1975), pp. 27, 49, 54.
·

15. Cazeta de Notícias, 9 de junio de 1889, CRB, Recortes 1889.
66. Jornal do Commercio, diciembre de 1889, Recortes de CRB, 1889. Esta cita
pone en duda la opinión común recabada a partir del Visconde de Taunay, O
Encilhamento, Cenas contemporaneas da Bolsa do Río de laneiro em 1890,
1891, e 1892 (1893 rpt. Belo Horizonte: Editora Itatiaia. 1971), según la cual
todos, desde el recadero hasta la alta burguesía, estaban involucrados en la especulación de vaJores. El banco que con mucho era el mayor y más activo en
actividades bursátiles. el Banco da República, reportó tener apenas unos 1 250
accionistas en 1892 (Banco da República, Relatório, 1892 (Rio: TYp. da Gazeta
de Noticias, 1892), pp. 20-24.
67. Citado en Silva, 1889, pp. 88, 89.

76. Carlos Viana Bandeira, Lado a lado de Rui (1876-1923) (Rio: MEC y Casa de
Rui Barbosa, 1960), p. 25.
77. Quintín? Bocayuva a R. Abreu, Valen(?, Rio de Janeiro, 11 de mayo de 1892
en archivo Q. Bocayuva, CPDOC, QB 891.03.31 cp. Véanse también: Ministério
da . F~nda, archivo en la Casa Rui Barbosa para solicitudes de cargos; Américo
Jacobina Lacombe, (ed.), Correspondencia do Conselheiro Manuel P. de Souza
Oantas
Dant°:' (Rio: Casa de Rui Barbosa, 1962), pp. 98, 106, 108, 121, 123; Lessa.
Mayrmk, pp. 149, 179-182, 195, 204; Barbosa Lima Sobrinho, Alberto Torres,
PP. 91, 92. El ofrecimiento de cargos llegó a los niveles más aJtos. El Almanak
La_e_mmert reportó en 1891, pp. 43, 44, 47, que Oeodoro designó a cuatro familiares en altos cargos y realizó maniobras para ganar senadurías para uno de
ellos.

68. Rui afirmaba que había puesto fin a la ayuda al programa agrícola porque los
bancos y no la agricultura, eran los que recibían los fondos. En cambio, autorizó al' Banco Hypotecário Nacional, en potencia el mayor banco hipotecario
en la historia del Brasil. la emisión de hasta 100 000 contos por hipotecas en todo el país. No es de sorprenderse que el presidente del banco fuese hermano de
Francisco Mayrink; más tarde el mismo Mayrink se hizo cargo de la empresa.
Véase Raimundo MagaJhaes Júnior, Ru~ o homen e o mito (Rio: Editora Civiliza,;ao Brasileira, 1965 ), pp. 5 6-58. Se suponía que el banco estaba financia~o
por capital extranjero, pero en realidad fue establecido por financieros _de R10.
Al mismo tiempo, Rui escnl&gt;ió a Prudente de Morais de Sao Paulo (R10, 9 de
agosto de 1890, archivo P. Morais IHGB) que no autorizaría un banco hipotecario regional para Sao Paulo porque "los bancos hipotecarios regionales nunca podrán producir resultados en un país que no puede organizar un sistema
de crédito sin capital extranjero".

81. Mail and Express, 7 de junio de 1890, CRB, Recortes, 1890.

69. Agencia Havos, Lisboa, 14 de diciembre de 1889, Recortes de CRB 1889;
Wyndam a Salisbury, Rio, 23 de diciembre de 1889, British Foreign Office
Box 658; Franco, Reforma Monetária, p. 100.

82. Mayrink a Rui Barbosa, 22 de agosto de 1890, CRB Pasta BEUB· Mayrink
Questao financeira, p. 42; Almanak Laemmert, 1890, p. 1207 ; Vítor Viana:
O Banco do Brasil (Río: JornaJ do Commercio, 1926), p. 609.

70. Banco do Brasil, Relatório, 1890, p. 14; Camara Syndical dos Corretores de
Fundos Publicos da Capital Federal. Relatório, 1895, P. 25.

83. Ministé!io da Fazenda, Relatório, 1890, p. 15 ; Mayrink a Barbosa, ibid; Felisbello Freue, Hislória ~o Banco do Brasil (Rio : Typ. d'O Economista Brasileiro,
1907 ), p. 171. El Diputado federal Oiticica observó en Documentos Parlamen-

78. Bandeira, Lad'! a lad~, pp. 41, 49, 50; Almanak Laemmert, 1891, p. 1261 ;
Magalhaes Junmr, Ruz, 71-80; John Schulz, " The Brazilian Army and Politics:
1850-1895)", PhD. Dissertation, Princeton University, 1973, p. 209.
79. Camara dos Deputados, Anais, 1896, vol. 6, pp. 331, 332.
80. 675.
Adams a Salisbury, Rio, 23 de enero de 1891 , British Foreiun
..,.. Office, Box

�42

Siglo XIX

S. Topik: Revolución republicana y burguesía en Brasil

tares Meio circulante 1893-1894 (Rio: Imprensa Nacional, 1917) que a principio~ de la década d~ 1890 "el Banco da República organi~ba todo lo que
fuera empresa, viable o no viable, posible o im~sible". Veiga en Estudo financeiro, p. 25, señaló que el Banco Uniao orgamzado en ~o Paulo por Ma}'rink debía 4 000 oontos en capital industrial Esto oontrad1~ un
el parecer de werner Baer y Anníbal Villela en "Alguns co~entanos a O~igens ,~
conseqUéncias da substitui~o de importa~es no Brasil de Albert Flshlow
en Estudos Económicos 3 (abril de 197 3), p. 130, en C?3nto _a que expansión de crédito a inicios de la década de 1890 no benefici? a la mdustna ~rq~e
prácticamente no hubo crédito bancario para ellos: casi toda la expans1on md ustrial provino de sus propias utilidades reinvertidas.

P:&gt;~

!ª

84. Alfonso Pena a F.P. Rodrigues Alves, Barbacena M. G., 2 de diciembre de
1891, en archivo A. Pena AP. 2-1.1.512.
85. Mayrink en Quest.ao financeira, pp. 28, 38, 39, admitió ~ue tanto el BEUB ~mo el Banco Nacional habían hecho préstamos a sus drrectores, co~o lo ~ciera casi la totalidad de los bancos. Mientras que refutaba la afümac1on de F1gueiredo en el sentido de que el banco da República prestaba sus fondos a
"media docena de personas" Mayrink concedió que el banoo prestaba "sumas
extremadamente grandes" a ~as cuantas personas que recibían la mayor parte
de los préstamos bancarios.
86. Adams a Sanderson, Petrópolis, 4 de febrero de 1891, British Foreign Office,
R.G. 13.
87. British Foreign Office, 27 de febrero de 1891, Box 675.
88. Taunay, Encilhamento, p. 4.
89. Río News, 17 de enero de 1891.
90. Figueiredo, Década republicana, pp. 92, 94,215; Gazet.a de Notícias, 16 de marzo de 1892.

43

Economía brasileira, uma visao histórica (Rio: Editora Campus, 1980).

96. Barbosa Llma,Discursos, p. 154; Luz, Luta pela industrializar;ao, p, 174.
97. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, p. 352.
98. Cazet.a de Comércio e Finanr;as, 5 de diciembre de 1895, p. 2.
99. Wileman en Brazilian Exchange, p. 172, calculaba una baja real del 21º¡o en los
salarios entre 1890 y 1894. La gravedad de la situación fue descrita por el Ministério da Justi~ en Relatório 1892, p. 3: "Las crecientes estadísticas de crímenes cometidos recientemente en contra de la propiedad y en contra de la
seguridad individual; la audacia de sus autores; la vertiginosa velocidad con la
que crece la clase de los vagos y malvivientes; la enorme avalancha de los hetereogéneos elementos que actualmente componen la población de esta capi. tal. .. (demuestran) la urgencia de medidas apropiadas".
100. Sodré, História da burguesía, p. 162.
101. Arlindo A. Leoni, Embargos n. 2 286: Henry Lowndes, Conde de Leopoldina,
Embargados Banco do Brasil e a Uniao Federal (Rio: Typ. do Jornal do Commercio, 1918), pp. 9, 10, 13, 17, 22, 26. En una carta mecanografiada al reverso de la oopia del hl&gt;ro hallado en la biblioteca de Rui Barbosa, éste admitía que Floriano había provocado la quiebra de Leopoldina por razones políticas. Lessa,Mayrink, pp. 93,168,169.
102. Veiga Filho estima en Estudo Financeiro, p. 126, que se liquidaron dieciséis
bancos y cuarenta y siete oompañ ías tras del estallido del encilhamento en Sao
Paulo. En Río, según Levy, Bolsa de valores, p. 174, el número de bancos que
comerciaban en la bolsa cayó de cuarenta y tres en 1890 a catorce en 1892. Muchos de los más grandes fracasaron como el Banco Universal. El Banco da
República salió tan mal librado que el otrora gigante, producto de la fusión del
Banco Nacional, el BEUB y el Banco do Brasil, hubiera ido a la ruina en 1900
debido a las deudas contraídas durante el encilhomento, de no ser porque el
gobierno lo nacionalizó y lo sacó del apuro.

91. Barao de Lucena, Exposir;ao de motivos sobre a situ~ao financeira e ideias de
reforma (Río: Imprensa Nacional, 1891), pp. 11, 12; Ca.mara dos Deputados,
Anais, 1892, vol. 3, p. 134.

103. Rio News, 22 de febrero de 1892, p. 5.

92. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, p. 135. _El Jornal do Commérc'.? dijo en su Restrospecto comercial de 1891 que el Cierre d~! C~ngreso era_ un,~
conspiración en contra del erario" destinada a ayudar a los amigos financieros
de Lucena.

104. Freire, Banco do Brasil, p. 195. Stein en lndúslria texti4 p. 91, sostiene que esta emisión de bonos representaba la victoria de los industriales y que de allí en
adelante hubo un vínculo reconocido entre "el desarrollo industrial y la intervención del gobierno".

93. Pan American Union Bulletin julio de 1895, pp. 13, 14. F. P. Mayrink a R.
Barbosa, Rio, 22 de ;gosto de' 1890, CRB Pasta B~UB; _Freire, &amp;neo do Br~il,
p. 171 ; Viana, Banco do Brasil, pp. 603-604; Veiga Filho, Estudo financeiro,
p.25.

105. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, pp. 150,217; vol. 4, pp. 300, 329,
330. Los defensores del proyecto sostenían que todos los fümantes de la carta,
con excepción de 69, eran extranjeros que representaban a importadores, y no a
industriales. En cualquier caso, un considerable número de ellos eran industriales.

94. Franco, Reforma monetária, p. 122; Versiani, "Industrializa~o antes de 1914" ,
p. 10.

106. Congresso, Meio circulante, 1893, p. 61.

95. Levy, Bolsa de valores, p. 175; Camara dos Deputados, 189P2ul, voNI. 3uh,P. 14ed0.
Véase también: Maria Bárbara Levy, "O Encilhamento" en a o e aus .

107. Jornal do Commércio, 12 de junio de 1894, p. 4.
108. Camara dos Deputados, Anais, 1892, vol. 3, pp. 139-142, 148, 149. Wileman, en

�44

SigloXIX
Brazilian Exchange, muestra que muchas empresas aún realizaban ganancias de
más del lOºJo.

109

Las Finanzas Públicas en el
Ecuador del siglo XIX

Banco da República, Relatório, 1895, p. 24; Ministério da Fazenda, Relatório,
· 1895, p. 112; Congresso, Meio circulante, 1893, a 1895., p. 11.

Linda Alexander Rodríguez*

Las condiciones estructurales que retardaban el desarrollo político, social
y económico del Ecuador ~ l regionalismo, los aislados y casi autosufi-

cientes mercados serranos, el gran sector de subsistencia, las barreras geográficas que limitaban el flujo de bienes y de ideas, y la ausencia de consenso poi ítico- perturbaban también sus finanzas públicas. Fueron esos
factores, y no las ideologías, los determinantes fundamentales de las prácticas fiscales ecuatorianas. Como esas condiciones prevalecieron durante
todo el siglo XIX, no debe sorprender que existieran similitudes en los
problemas financieros que tuvieron que enfrentar sucesivas administraciones y en las soluciones propuestas para resolverlos. La persistencia de
tales obstáculos tampoco debe llevar a la conclusión de que en la economía política del Ecuador no cambiaba nada. Los gastos gubernamentales aumentaron y se diversificaron a medida que cambiaban las actitudes
hacia el papel del estado. En varias etapas de ese proceso evolutivo, sin
embargo, tentativas gubernamentales de equilibrar el presupuesto, cobrar y administrar los ingresos derivados de los impuestos, negociar préstamos extranjeros y efectuar otras operaciones fiscales fracasaron debido
al aislamiento geográfico, el regionalismo, la pobreza y la lucha civil. En
suma, aun cuando el sistema se desarrolló y se hizo más complejo, las condiciones físicas, económicas, políticas y sociales subyacentes restringían
la capacidad del estado de formular e implementar una política financiera.
Igual que en otros aspectos de la vida nacional, el regionalismo afectaba las finanzas gubernamentales. La costa proporcionaba la mayor parte de los ingresos del gobierno central. Desde 1830 la aduana, y en particular los impuestos a las importaciones, han sido la más importante fuente
de ingresos ordinarios del estado (v. cuadro 1). La costa y su principal ciu-

-Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de California en Los Angeles,
U.S.A.

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°'
CUADRO 1

en
di:j·
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~

INGRESOS ADUANALES COMO PORCENTAJE DE LOS INGRESOS
GUBERNAMENTALES EN Al"IOS SELECCIONADOS, 1830-1900

Afio

Cantidad absoluta1
en millares

1830
1832
1839
1846
1852 1ª 1
1853
1854
1855
1856
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871

312
200
321
371

310
546
503
498
559
623
927
559
542
549
565
745
752
765
880
1 346
1 463

1872

1873
1874
1875
1876
1877
1878
1879
1880
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1895
1896
1897
1898
1899
1900

1 681

1 768
1 525
1 127

1 329

1 278
1 438
1 830

981

1 155
1 775

385
2 817
2 478
3 181
3

2 333

2 860

3 509(b)

3 236(b)

3 678

5 373
6 129

º/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios

44
36
39
34
41
53

51

47
53
49
64
50
40
38
36
54
47
53
53
60
59
58

57
49
40
56
59
59
60
40

4:6

56
76
70
80
76
65
75

8h&gt;

~ ~( b)

78
79
6 008
79
7 396
91
l. Pesos corrientes de 1830 a 1880; sucres corrientes de 1885 a 1900.
(a) Incluye solamente los ingresos desde el lo. de noviembre de 1852

hasta el 30 de junio de 1853.
(b) Para este año fue imposible calcular el _porcentaje por disponer solamente de datos incompletos sobre los ingresos gubernamentales.

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FUENTES: Cálculos basados en datos de Ecuador, Ministro Secretario de
Estado, Exposición 1831; Ecuador¡ Ministro de HacíendaÁ Informe 1833,
1847, 1894,
1853, 1902.
1857, 1863, 1867, 873, 1880, 1885, 18i57, 1888, 1890,
1892,

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~

�48

Siglo XIX

dad, Guayaquil, eran la principal fuente de ingresos de la nación porque
producían casi todas las exportaciones del país y recibían la mayoría de
sus importaciones. La economía monetaria de la costa, en contraste con
la economía principalmente de subsistencia de la sierra, daba además al
estado oportunidad de imponer una variedad de impuestos directos e indirectos. Así, aun cuando la región contenía pocas personas, rendía al
gobierno ingresos mucho mayores que la populosa sierra. Además, empresarios costeños proporcionaron a los regímenes ecuatorianos la mayor parte de sus fondos de emergencia hasta la fundación del Banco .Central en
1927.
En el siglo XIX, los gobiernos frecuentemente recurrían a arbitrios
extraordinarios para financiar sus actividades porque los ingresos ordinarios, incluyendo los impuestos y los derivados de servicios y propiedades
del estado, no les proporcionaban fondos suficientes para cubrir los gastos del gobierno. Hasta la creación de bancos comerciales en la década de
1860, los capitalistas costeños aportaron préstamos voluntarios o forzosos
para cubrir el déficit presupuestario. El gobierno también buscaba tales
préstamos en la sierra, pero los nego.ciantes de la costa parecían ser blanco
fácil para tales exacciones porque poseían más capital líquido que sus contrapartes de la sierra. En la sierra la riqueza consistía generalmente en tierra, con la cual el gobierno nacional no interfería. Entre 1860 y 1925 los
bancos costeños reemplazaron a los individuos particulares como principal
fuente de préstamos al gobierno.
Los impuestos eran el segmento más importante de los ingresos ordinarios del gobierno, pero por una variedad de razones las diversas administraciones nunca fueron capaces de formular o aplicar un sistema tributario
eficaz. La pobreza del país y su escaso potencial de desarrollo, en vista de
la tecnología contemporánea, reducían la hase imponible. Al mismo tiempo, la política limitaba la capacidad impositiva. Había obstáculos geográficos, sociales y políticos para el desarrollo de un gobierno nacional fuerte.
Hasta bien entrado el siglo XIX el Ecuador fue una serie de regiones
tenuemente articuladas más que una nación. La tributación eficaz requiere
autoridad y eficiencia del gobierno, pero los regímenes ecuatorianos fueron en general débiles e ineficaces. La inestabilidad y la división civil características del sistema político ecuatoriano hacían la recaudación de impuestos difícil y en muchas ocasiones imposible. Aun en períodos comparativamente tranquilos, las actitl.ldes individuales dificultaban la recaudación: los ecuatorianos no tenían inclinación a pagar impuestos y el estado
no tenía fuerza para imponer en general el cumplimiento de la ley. Una de
las convicciones más intimas del país es que pagaba exceso de impuestos.

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

49

Sin datos exactos sobre la economía, el gobierno oo estaba en condiciones
de refutar semejante idea, ni de formular un código tributario racional ni
de juzgar la eficacia de sus sistema fiscal. Por último, durante el siglo XIX
los regímenes ecuatorianos no disponían de una burocracia entrenada para
administrar impuestos. Por consiguiente, el país se sirvió de los impuestos
fáciles de cobrar, sin considerar su equidad, su productividad o su racionalidad económica.
Los esfuerzos por aumentar la productividad del sistema tributario se
centraban en el procedimiento relativamente simple y generalmente ineficaz de modificar las leyes fiscales en lugar de corregir los problemas estructurales que dificultaban el proceso impositivo. Cuando la legislación
se reveló incapaz de resolver la cuestión, los gobiernos empezaron a pedir
préstamos para obtener los fondos necesarios. Como no podían obtener
fondos en el extranjero porque el Ecuador había dejado de pagar préstamos
anteriores y no podía reanudar el servicio de la deuda, la única alternativa
era el préstamo interno.
Los gastos gubernamentales aumentaron durante el siglo XIX a medida que el campo de su actividad se ampliaba. En el momento de la independencia, el papel del estado consistía principalmente en mantener el orden interno y la seguridad exterior, pero gradualmente se fue expandiendo
para incluir el bienestar social y el desarrollo económico, y la tendencia
culminó en la multiplicación de las funciones gubernamentales a medida
que el gobierno intentaba resolver algunos de los problemas sociales y económicos más complejos y apremiantes de la nación. El desarrollo del estado activo, que requería un aumento del gasto gubernamental, no dejó de
encontrar oposición ni evolucionó en forma sistemática. Los regionalistas,
por ejemplo, lograron más a menudo canalizar los nuevos recursos estatales hacia sus propios proyectos, que el gobierno modelar un consenso nacional. Con frecuencia el estado fracasó en la persecución de objetivos nacionales si requerían transferir recursos de una región a otra. Con todo, los
gastos gubernamentales nacionales aumentaron con el tiempo y el papel
del estado se expandió.
LA LUCHA POR EL CONTROL FISCAL
A lo largo del siglo XIX hubo una lucha de regionalistas y nacionalistas por
el recurso cada vez más valioso que era el estado. El conflicto entrañaba

enfrentamientos anuales entre grupos de interés que reclamaban porciones
mayores del creciente presupuesto nacional, así como un choque ideológico entre quienes intentaban centralizar el control fiscal y quienes defendían la descentralización. El Ecuador heredó de España un sistema financiero descentralizado que asignaba ingresos específicos a proyectos o acti-

�50

SigloXIX

vidades individuales. Después de la independencia, los regionalistas trataron de preservar y expandir el sistema antiguo, prefiriendo que agencias
especiales, juntas locales autónomas creadas para cumplir funciones específicas, recaudaran y desembolsaran la mayor parte de los ingresos gubernamentales. Por el contrario, los nacionalistas trataban de extender el poder del estado a través del control centralizado de los ingresos gubernamentales. En general los legisladores y los funcionarios locales defendían
la descentralización mientras que la rama ejecutiva era favorable a la centralización. Cada lado creía que su sistema era el que mejor satisfacía las
necesidades del país. Los nacionalistas argumentaban que un sistema de fi.
nanzas centralizado permitiría al gobierno asignar sus escasos recursos en
forma eficiente y así superar los obstáculos a la unidad nacional. Los regionalistas defendían un sistema descentralizado porque las dificultades
de la comunicación y la continua inestabilidad política hacía impráctico
un sistema centralizado. Creían que la descentralización aseguraría financiamiento ininterrumpido para proyectos y servicios locales vitales.
Los argumentos de los regionalistas y los nacionalistas encubrían desacuerdos más fundamentales relativos al desarrollo nacional. Los regionalistas juzgaban la eficacia y el valor de los gastos del gobierno según el impacto inmediato que tenían en sus respectivas áreas. Por lo tanto, favorecían los proyectos y servicios locales e insistían en que los fondos fueran
asignados de manera que imposibilitara su reorientación hacia otros fines.
Los nacionalistas preferían una asignación integrada y, en su opinión, más
racional de los recursos nacionales. Daban prioridad a los proyectos que
impulsaban el desarrollo nacional general, sin preocuparse por su impacto
en regiones particulares. Para emprender programas nacionales de desarrollo, el gobierno necesitaba el control fiscal centralizado que le permitiera transferir recursos de un área a otra. El conflicto entre esas dos posiciones se intensificó en la segunda mitad del siglo XIX mientras el crecimiento de la economía exportadora de cacao generaba nuevas expectativas sobre el papel deJ gobierno nacional. Tanto regionalistas como nacionalistas trataron de moldear el estado activo en emergencia a sus propios propósitos. Ninguno alcanzó una victoria duradera en la lucha que
abarcó todos los aspectos de las finanzas gubernamentales, incluyendo la
contabilidad, la tributación y el manejo del presupuesto. 1
Los ministros de finanzas trataron de tomar el control de las cajas o
tesorerías locales a comienzos del período nacional. En 1831 el ministro
de finanzas se quejó de que la nueva nación era en realidad cuatro estados diferentes en términos de finanzas gubernamentales: los departamentos de Quito, Guayaquil, Cuenca y Cauca -en ese tiempo este último era
considerado parte de el Ecuador-. Cada uno de los departamentos era intensamente regionalista y defendía sus propios intereses por medio de una

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

51

administración fiscal independiente. l&lt;:s posible que el sistema hubiera funcionado bien para la Gran Colombia, cuando la capital de la ~ación es~a
en la lejana Bogotá, alegaba el ministro, pero ahora con,ced1a demasiado
poder a departamentos individuales. En cambio prop~&gt;n1a_ una estructura
fiscal nacional en que las cajas departamentales actuanan simplemente como oficinas recaudadoras de impuestos. Sólo la tesorería nacional tendría
autoridad para desembolsar fondos gubernamentales. En opinión del ministro el control fiscal unificado no sólo fortalecería el estado nacional
sino q~e debilitaría y por fin eliminaría las sublev~ciones oc~i~n~das por
intereses regionalistas. Además, el sistema centralizado perm1tiria al gobierno uniformar los procedimientos de contaliilidad y simplificar las auditorías de las cuentas estatales.2 El congreso respondió instaurando un
sistema centralizado de finanzas gubernamentales. Como siempre, era más
fácil aprobar leyes que hacerlas cumplir.
Los informes de ministros de finanzas del siglo XIX están llenos de
quejas contra las autoridades locales que se negaban a obedecer la _ley y
las directivas ministeriales. Por ejemplo, los esfuerzos hechos para mtroducir un sistema de contabilidad único y para hacer auditorías en las cajas provinciales tuvieron escaso éxito. Eran demasiado pocas_ l:15 personas
fuera de Guayaquil que poseían habilidades contables suf1c~ente~ para
aplicar los nuevos métodos. Al mismo tiempo, muchos fnnc1onanos locales ignoraban la orden de presentar sus cuentas para su examen.3 El
impulso hacia la uniformación de la contabilidad recibió nuevo ímpetu
cuando en la década de 1850 e] ministro de finanzas introdujo una versión simplificada de la contabilidad de doble en~rada. Recibido por los
contemporáneos como un adelanto notable, el sistema nó parece haber
tenido éxito. La primera administración de García Moreno tuvo que introducirlo nuevamente en la década de 1860. En años posteriores, los
ministros de finanzas continuaron informando que las cuentas locales
se llevaban en forma irregular, que en el país se usaban muchos métodos diferentes y que era extremadamente difícil hacer auditorías en las
cajas locales. En consecuencia el gobierno no tenía un cuadro correcto
de las finanzas nacionales. Todavía en 1897 a los lilierales les costó mucho
implementar un procedimiento contable reformado porque había escasez
de personal con conocimiento ade~uado del sistema de r~gistro ~~ doble
entrada en las provincias internas. La lucha por la umformac1on y el
control de las finanzas gubernamentales continuó hasta bien entrado el
siglo XX.
La legislación impositiva constituía otra fuente de conflicto entre regionalistas y nacionalistas. Legisladores regionalistas introducían leyes
impositivas y modificaban las viejas de modo de asignar los ingresos a
proyectos o funciones específicos. P.ara impedir la desviación de esos

�52

Siglo XIX
L. A. Rodríguez: úu /inan'Z04 públicas en el &amp;uador

dineros, creaban juntas autónomas para recaudar y/o ~dmin~~rar esos
fondos. Las leyes de ese tipo condujeron a un sistema unpos1t1vo muy
complicado donde a los impuestos existentes se añadían muchos ~ gos
extra. Las tarifas aduanales en particular soportaban numerosos y finalmente ridículos cargos adicionaJes pese a los intentos del gobierno de simplificar los procedimientos aduanales consolidando los numerosos cargos
adicionales en un derecho único. Por ejemplo, la tarifa aduanaJ reformada
de 1885 sustituyó muchos cargos extra por un solo 20% adicional, c~~os
fondos serían subdivididos entre cincuenta y nueve proyectos y servicios
financiados por medio de los cargos adicionales. Tales reformas pr~ducían
solamente mejoras momentáneas, porque el congreso nunca vacilaba ~n
crear nuevos impuestos adicionales o suhllividir el producto de ~os eXJstentes.5 En consecuencia, la recaudación y el desembolso de los ingresos
siguió siendo un proceso tedioso y complicado hasta bien entrado el
siglo XX.
La legislación impositiva de intereses especiales tenía efectos negativos de largo alcance. Los impuestos adicionaJes prolif~~aban porque. e~an
la principal fuente de capital de desarrollo, y cada region estaba dec1d1da
a recibir su parte. Por ejemplo, la expansión del sistem~ _de trans~rtes en
el siglo XIX fue financiada con fondos especiales. Tamh1en del mismo modo se financiaron proyectos de educación, agua corriente, salubridad y
construcciones públicas. Inevitablemente, la legislación de intereses esp~ciales socavó los intentos gubernamentales de tomar el control de las fi.
nanzas nacionales; despojaba a la rama ejecutiva de autoridad para regular la recaudación de impuestos y asignar los fondos gubernamentales. El
costo de la recaudación de impuestos y la administración de programas
aumentaba a medida que se multiplicaban_ las age? cias especiales: La te~dencia a dividir los ingresos entre un creciente numero de agencias au!onomas reducía los ingresos de muchas juntas; algunas a veces no ten 1an
dinero ni para cubrir sus propios costos administrativos: En otros caso~, organismos autónomos tenían un e~cedente que ?? ~d1an gastar. El ~Jecutivo estaba impotente para corregir esos desequilihnos porque la ley 1mped ía la transferencia de fondos de una agencia a otra. Los problemas de la
contabilidad y las auditorías también aumentaban con la proliferación
de juntas. Muchos organismos utilizaban sus propios proc~dimientos pa~a
llevar sus libros, ignorando los pedidos del gobierno de umformar l~s metodos de contabilidad. En algunos casos, las agencias no estaban obligad~
por la ley a someter sus registros aJ gobierno nacional, y en consecuencia
el gobierno no tenía conocimiento ni control de un segmento grande del
ingreso y los gastos nacionales.6
Los esfuerzos de los regionaJistas en el congreso por utilizar el goh~~rno nacionaJ para capturar para sus áreas los s ímbolos del progreso tamb1en

53

tuvieron un efecto pernicioso sobre la formación del presupuesto nacional.
A medida que el campo de la actividad del gobierno se expandía en la segunda mitad del siglo XIX para responder a las crecientes demandas de
progreso material, los legisladores con frecuencia aprobaban gastos incompatibles con proyecciones realistas de los ingresos ordinarios. En lugar de
limitar el número de proyectos a los que el estado pod Ía efectivamente fi.
nanciar, el congreso aumentaba arbitrariamente las estimaciones o6ciales
de los ingresos gubernamentales de manera que, en el papel, los ingresos
cubrían los egresos que habían votado para sus distritos. Los ministros de
finanzas exhortaban infructuosamente a la legislatura a adoptar proyecciones reaJistas de los ingresos gubernamentales, basadas en las recaudaciones pasadas, para que el proceso presupuestario pudiera irse volviendo
más racional. El gobierno necesitaba presupuestos realistas para no tener
que buscar ingresos extraordinarios en préstamos a fin de pagar gastos ordinarios y necesarios. Pocos legisladores aceptaron tales proposiciones, especialmente durante el boom del cacao. En consecuencia, el estado con
tinuó soportando graves déficits hasta los últimos años del siglo XIX.
LA TRIBUTACIO
El sistema tributario ecuatoriano era a la vez inadecuado e injusto. Los ingresos tributarios nunca eran suficientes para cubrir los gastos ordinarios
corrientes porque los ecuatorianos eran renuentes a pagar impuestos. Las
recaudaciones más fructíferas de la nación eran impuestos indirectos, como derechos de aduana, que se recaudaban principalmente en la costa. La
clase gobernante ecuatoriana sólo aceptaba dos impuestos directos signi6cativos: el tributo de los indios y el diezmo, impuestos que recaían principaJmente sobre los pobres y sobre la región costeña, menos poblada. Los
gobiernos ecuatorianos trataro n de mejorar la recaudación de impuestos a
la vez que intentaban inútilmente convencer a los terratenientes de la sierra de que pagaran la parte de los impuestos que en justicia les correspondía.
El Ecuador del siglo XIX confiaba principalmente en los impuestos indirectos para los ingresos ordinarios del gobierno. De esos impuestos, los
más productivos eran los derechos de aduana (v. cuadro 1). Los ingresos no
derivados de impuestos, como los provenientes de servicios y propiedades
estatales, apenas contribuían una pequeña cantidad a los ingresos ordinarios del gobierno. Los impuestos directos no generaban ingresos sustanciales. Esto estaba en marcado contraste con el período coloniaJ cuando el
tributo de los indios, un impuesto directo a la población indígena, constituía la principaJ fuente de ingresos de la colonia (v. cuadro 2 ). El principal cambio en la estructura tributaria post erior a la independencia fue el
aumento en la recaudación de derechos de aduana. En la última parte del

�54

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

CUADRO 2

INGRESOS GUBERNAMENTALES
Fuente
Tributo de los indios

Aguardiente
Alcabalas
Temporalidades, Noyenos, Vacantes
Mayores y Menores
Tabaco
Papel Sellado, Habilitaciones,
Timbres Móviles
Orden de Carlos JU
Aduanas
Total

1807

1830

248 951 *
91 727
32 252

201 379*
39 618
69 605

71592
5 539

60 138
9 329

11317
81 663

15 892
1 000
311 500

543 041

708 461

* Pesos
FUENTE: Ecuador, Ministro Secretario de Estado, Esposición, 1831, Cuadro 1, 2.

período colonial los derechos de aduana se establecían en general en España, o en alguna otra parte del imperio, al exportar hacia el Ecuador. A
la entrada a la jurisdicción de la Audiencia de Quito sólo se cobraba una
modestasuma.7
La costa se había beneficiado con los camhios imperiales en las reglamentaciones del comercio de fines del siglo XVIII. En el momento de la
independencia la región estaba en medio de un boom de las exportaciones de cacao mientras que la sierra, el área más poblada del país, sufría
una prolongada depresión. Los tejidos, su principal industria de exportación, ya no podían competir con las telas europeas, mejores y más baratas. Además, tamhién su principal mercado, las minas del Perú, estaban
en declinación. En consecuencia, lejos de producir ingresos gubernamentales, la sierra los consurn ía. Por eso el gobierno nacional se apoyó en la
creciente economía exportadora costeña corno fuente principal de impuestos indirectos.8
Las exportaciones de cacao eran fundamentales para la economía y

55

el sistema fiscal de la nación. Aún cuando los productores de cacao pagaban impuestos a la exportación y diezmos - este último sustituido por
un cargo especial a la exportación cobrado sobre el cacao en la década de
1890- éstos no proporcionaban ingresos grandes al gobierno. En camhio,
las exportaciones de cacao contribuían a los ingresos nacionales en forma
indirecta. Las exportaciones de cacao producían los ingresos que permitían a los ecuatorianos adquirir un volumen relativamente alto de productos importados.9 Cuando la producción de cacao disminuía, o cuando había dislocaciones del mercado, las ganancias derivadas de la exportación caían; en consecuencia había que reducir las importaciones y los
ingresos del gobierno caían tamhién. La espectacular actuación del cacao como exportación hasta la década de 1920 pagó la expansión del
gobierno y la emergencia del estado activo en el Ecuador, pero el boom
del cacao no transformó a un país pobre, dependiente de la exportación
de un solo producto de la agricultura tropical, en una nación rica. Aún
durante los mejores años del cacao los impuestos a las importaciones no
fueron suficientes para superar los obstáculos al desarrollo que enfrentaba el Ecuador.
Durante el siglo XJX los ingresos de los gobiernos ecuatorianos dependían de los derechos de aduana, y sólo ocasionalmente se usaron para
promover el desarrollo. De las veinte leyes tarifarias promulgadas entre
1830 y 1894, ninguna era proteccionista. En algunos casos los códigos
eximían de impuestos a la maquinaria y bienes necesarios para industrias locales y proyectos públicos, o les aplicaban una tarifa reducida. Pero tales exenciones eran generalmente de corta duración. Como la inestabilidad política del país generaba reiteradas crisis gubernamentales, regímenes en guerra, enfrentados a la necesidad urgente de aumentar los ingresos, gravaban nuevamente los bienes antes exentos y aumentaba las cargas sobre la importación.10
Los regímenes del siglo XIX ensayaron varios métodos para estimar
los derechos de importación con el fin de crear un sistema tributario que
fuera a la vez productivo y fácil de administrar. Todos los gobiernos trataron de mantener los derechos equivalentes al 25°/o del valor en el mercado de los bienes importados. En el siglo XJX ese objetivo se alcanzaba
por medio de tarifas que daban el valor específico de los derechos por
cada artículo importado. El sistema tenía dos grandes dificultades. Pese a
las periódicas revisiones de las tarifas fijadas, los funcionarios aduanales
no lograban seguir el paso ni del aumento de los precios de los artículos
importados ni de la introducción de productos nuevos en el pa-ís, y la
aduana estaba siempre envuelta en complicados litigios sobre la clasificación correcta de importaciones no incluidas en la lista de tarifas. En consecuencia , los artículos que sí estaban en la lista y tenían tarifas fijadas ra-

�56

Siglo XIX

ra vez pagaban el 25°/o ad valorem; a veces los derechos de aduana caían
hasta el 10°/o del valor en el mercado antes que los funcionarios pudieran
aumentar los derechos para reflejar los precios aumentados. En la década
de 1860 se hicieron esfuerws por sustituir el 25°/o del valor por el sistema
de derechos específicos, pero esa reforma y otros esfuerzos por modificar
la estructura tarifaria fallaron. Los defensores del sistema existente alegaron que el estado podía mantener la productividad de la tarifa con sólo
revisarla frecuentemente; pensaban que era más fácil hacer esas revisiones
administrativas que tratar de controlar el fraude que un sistema ad valorem
pod ía acarrear.
Para la década de 1880 las tarifas específicas habían llegado a ser demasiado engouosas. En 1884, por ejemplo, importaciones legales estimadas en 15 416 163 gesos pagaron solamente 1 668 917 pesos de derechos
de aduana, el 10.8 1/o del valor declarado. Y la declaración aún de ese
modesto impuesto era una operación dificuJtosa. Antes de calcuJar la
tarifa, los importadores y los funcionarios aduanales tenían que ponerse
de acuerdo sobre la clasificación correcta de los artículos imponibles. Los
desacuerdos a menudo desemhocaban en prolongadas disputas que tenían
que resolverse en los tribunales o por funcionarios gubernamentales de
mayor categoría. Una vez que las autoridades acordaban una clasificación,
tenían que computar los derechos. Algunos gravámenes se calcuJaban en
base al peso, otros en base a las dimensiones de los artícuJos importados,
otros más según el número de piezas del embarque. Una vez establecido el derecho básico, los funcionarios aduanales tenían que sumar la
miríada de cargos adicionales destinados a financiar agencias o proyectos especiales. Esto a menudo requería una docena de cálcuJos diferentes antes de Uegar a lo que debía pagar determinada importación, y cada paso ofrecía amplio espacio para divergencias entre el servicio aduana)
y el importador.
La campaiia de la década de 1880 por la reforma de la aduana trató de
simplificar la administración aumentando al mismo tiempo la productividad de las tarifas. Las reformas se concentraron en dos puntos: el establecimiento de un derecho general uniforme y la eliminación de los numerosos
cargos adicionales. Varios ministros de finanzas propusieron un derecho único basado en el peso bruto de las importaciones, sistema que se
utilizaba con éxito en Colomhia, Venezuela, Costa Rica y icaragua. Los
reformadores afirmaban que México y Chile habían decidido pasar del impuesto ad valorem a otro basado en el peso bruto debido a la dificuJtad para controlar el fraude. Sostenían que sería más fácil administrar ese derecho que una tasa uniforme ad valorem porque no se pedía, al servicio aduana!, que estableciera el verdadero valor de los artículos importados, tarea
difícil porque los comerciantes podían presentar declaraciones falsas. 11

L. A. Rodríguez: úu finanzas públicas en el Ecuador

57

Finalmente el gobierno promulgó un nuevo código aduanal basado en
el peso en 1885. Pero la nueva legislación no establecía un derecho uniforme: en cambio dividía las importaciones en nueve clases, imponibles a tasas diferentes cada una. Los viejos cargos adicionales se consolidaban en
uno solo, del 20°/o. El derecho básico iría al tesoro nacional; los cargos
adicionales se distribuirían entre los proyectos y las agencias autónomas
autorizados por el congreso a recibirlos. El nuevo sistema impositivo aumentó por algún tiempo los ingresos de la aduana, pero para 1896 la recaudación ya había descendido al 21.69°/o del valor declarado de las importaciones legales. El ministro de finanzas se quejaba de que los ingresos
del Ecuador decaían en el momento en que otras naciones estaban cobrando derechos hasta del 38% ad valorem. Además, el 20% de cargo
adicional resultó insuficiente para financiar las agenciás autónomas, por
lo que el congreso impuso nuevos cargos adicionales. Para el nacimiento
del siglo el nuevo sistema aduanal había llegado a ser tan complicado, tan
engorroso y tan ineficaz como el que había reemplazado.12
En contraste con los impuestos aduanales indirectos, los directos disminuyeron en importancia durante el siglo XIX. Sólo dos impuestos directos, el tributo de los indios y el diezmo -un impuesto del 10% sobre
la producción agrícola bruta- eran significativos. Aun cuando en el
período colonial habían sido las principales fuentes de ingresos, después
de la independencia declinaron en relación con otros gravámenes. Los
enemigos de esos impuestos afirmaban que no eran equjtativos y que
constituían una traba para el desarrollo nacional. Sin embargo, el tributo
de los indios subsistió hasta 1857 y el gobierno no abolió los diezmos hasta
1889. Muchos ecuatorianos urbanos de clase media y alta se negaban a pagar impuestos directos, pero estaban perfectamente dispuestos a apoyar
los que recayeran en la población indígena. Los indios no sólo tenían que
pagar el tributo sino que en la sierra contribuían con una parte desproporcionada de los diezmos. La pesada carga fiscal sobre ese segmento de la población estaba en relación directa con su importancia en la sociedad ecuatoriana.
El tributo de los indios, el impuesto directo más productivo de la nación, se recaudaba únicamente en la sierra. En la costa no se había cobrado
desde 1820.13 Durante la primera década de vida nacional el tributo de los
indios representó entre un tercio y un quinto del total de los ingresos ordinarios del gobierno. Su importancia declinó en los años siguientes y finalmente fue abolido en 1857 (v. cuadro 3).
La campaña por la abolición del tributo indio y la contraria lucha por
mantenerlo constituyeron un aspecto de los conflictos regionales que dividieron la nación en el siglo XIX. Las condiciones locales }'. los valores so-

�L. A. Rodríguez: Las finanzas pública., en el Ecuador

58

59

Siglo XIX

ciales conformaban las actitudes en conflicto de la costa y la sierra sobre el
tributo de los indios. Los costeños se oponían al impuesto arguyendo que
los indios de la costa, liberados de esa pesada carga, producían más que sus
contrapartes de la sierra. Afirmaban que la abolición del tributo estimularía la producción en la sierra e integraría a los indígenas a la economía de
mercado, pero sus argumentaciones dejaban de lado dos problemas importantes. Sólo unos pocos indios vivían en la costa, y la población de la región estaba más integrada económicamente porque escaseaba la mano de
obra y porque la costa era el centro de la economía exportadora. Esas
condiciones no existían en la sierra. Los políticos y los terratenientes de la
sierra alegaban que el impuesto era necesario porque los indios eran perezosos y no trabajarían a menos que se les obligara a pagar tributo. Advertían además que el estado no podía permitirse perder tan importante
fuente de ingreso. Los legisladores serranos lograron frustrar los intentos
de varios gobiernos de abolir el tributo de los indios. Hicieron falta los
esfuerzos combinados de las administraciones de José María Urvina
(1851-1856) y Francisco Robles (1856-1859) para abolir el tributo en
1857 .14 Esos presidentes alcanzaron su objetivo porque ambos eran militares con fuertes vínculos con la costa. La insatisfacción en la sierra por la
abolición del tributo constituyó un elemento importante en el derrocamiento del gobierno de Robles y la subsiguiente llegada al poder de Gabriel García Moreno y los conservadores.

CUADRO 3
TRIBUTO DE LOS INDIOS, 1830-1857

Año

Cantidad en pesos

º/o de la renta
gubernamental ordinaria

1830
1831
1832
1839
1847
1855
1856
1857

201 379
205 652
197 000
176 845
168 188
150 558
156 995
147 289

28.4
26.4
35.6
20.3
15.2
15.2
14.9
12.6

Como se había previsto, los ingresos derivados de impuestos declinaron en forma dramática tras la abolición del tributo de los indios. En 1858
el ministro, de hacienda señaló que las cajas de las provincias del interior
ya no pod1an hacer frente a rus obligaciones. Para remediar esa situación
el ?obiemo t_uvo que_tra_nsferir fondos recaudados por la aduana de Guayaquil_ a las caJas de P1chmcha, Cuenca y Loja (v. cuadro 4). Como para el
gobierno la transferencia de ingresos de Guayaquil hacia las provincias del
interior era ~a solución de~adable pero necesaria, instó al congreso a
proveer a la sierra de sus propias fuentes permanentes de financiamiento. 15
El pr?b~ema de cobrar impue51:os ~n una región densamente poblada pero
econom1camente atrasada contmuo frustrando a generaciones de funcionarios gubernamentales. Mientras la industria y la agricuJtura de la sierra siguieran aisladas de la costa, la sierra tendría que recurrir a transferencias
de fondos de la costa para pagar servicios necesarios. Esa situación convenció a los costeños de que su área estaba siendo explotada para mantener a
un interior improductivo.

CUADRO 4
EFECTOS DE LA ABOLICIO DEL TRTBUTO E 1857

Provincia
Pichincha
Imbabura
León
Chimborazo
Cuenca
Loja
Total

Ingresos

Gastos

Déficit

3 499
1 857
1636
1 949
1 436
573

12 588
1 721
1 232
1 259
3 289
681

9 089

10 950

20 779

11 059

Superávit

136
404
690
1862
108
1200

l.

Sólo las cifras para Quito incluyen gastos militares.

2.

Estos déficits habrían sido mayores y más provincias hubieran tenido
déficit, a no ser porque en las cuentas de 1857 se incluyeron cobranzas tardías de tributos.

FUENTE: Ecuador. Ministro de Hacienda, Esposición, 1858, p. 5.
FUENTE: Cálculos basados en datos en Ecuador, Ministro Secretario de
Estado, Esposición, 1831; Ecuador, Ministro de Hacienda,Memorúz, 1833;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposición, 1847, 1855, 1857, 1858.

~us quejas pasaron a formar parte de la retórica regionalista y siguieron siendo fuente de conflictos hasta bien entrado el siglo XX.

�60

Siglo XIX
L. A. Rodríguez: La8 finanzu pública8 en el Ecuador

El diezmo era el otro impuesto directo importante en el siglo XIX
(v. cuadro 5). Los diezmos sustituían a un impuesto colonial llamado los.
novenos. El producto del diezmo se repartía entre la iglesia y el estado.
Hasta 1867 dos tercios del total recaudado iban a la iglesia y un tercio a1
gobierno. Posteriormente, como resultado de enmiendas al Concordato de
1862 negociadas por Antonio Flores Jijón, la parte del gobierno aumentó
a la mitad. El Vaticano además cedió al gobierno ecuatoriano una donación especial de diezmos de 1863 a 1866 que elevó transitonamente la
parte del estado a los dos tercios. A partir de 1872 el gobierno recibió el
60°/o de los diezmos. En todos esos acuerdos el estado aceptaha que la
iglesia tendría prioridad y el gobierno devolvería parte de esos fondos en
el caso de que la parte de la iglesia no alcanzara para atender a sus necesidades.16
Como el estado no poseía la burocracia necesaria para administrar
los diezmos, confiaba la recaudación a contratistas particulares. El sistema era ineficaz y daba lugar a muchos abusos; el gobierno recibía apenas una ínfima parte de lo recaudado mientras que los recaudadores a
menudo robaban a los indios y pequeños propietarios rurales. El gobierno
advirtió repetidamente a los recaudadores que no estimaran más del 10%
de la producción agrícola y que se abstuvieran de aceptar pollos, cuyes y
otros productos que era imposible dividir en diez partes. Pero los ministros de hacienda denunciaban que los recaudadores ignoraban los reglamentos y que sus abusos perjudicaban a la agricultura.17 El impuesto resultaba particularmente oneroso para los indios de la sierra, que se veían
obligados a desprenderse de bienes cuyo valor a menudo excedía al de todo el henefjcio anual de sus pequeñas parcelas. Como los diezmos se calculaban sobre la producción agrícola bruta y no neta, en los años buenos los
terratenientes podían llegar a pagar el 20 o el 30°/o de su ingreso. En los
años malos las obligaciones del diezmo podían obligar a agricultores pequeños a abandonar la tierra. Dada la estructura socioeconómica del
Ecuador del siglo XIX, los indios eran particularmente vulnerables a la explotación por los recaudadores de impuestos. A veces las exacciones terminaban en choques s.angrientos entre comunidades indígenes y recaudadores; en otros casos los sobrecargados indios abandonaban sus tierras y
huían a la costa para salvarse de los impuestos.
El diezmo rindió más altos ingresos en la sierra que en la costa durante
la primera mitad del siglo XIX. Hasta 1850 la mayor suma producida por
los diezmos en la diócesis de Guayaquil ascendió a 34 761 pesos, pero después de la mitad del siglo la situación tuvo un cambio dramático. En 1854
el diezmo de Guayaquil produjo 43 842 pesos y para 1857 había aumentado a 127 589 pesos, mientras que los diezmos de Quito y de Cuenca
producían tan sólo 88 226 y 28 188 pesos, respectivamente. Como los

61

CUADROS
INGRESOS GUBERNAMENTALES PROCEDENTES DE
DIEZMOS, 1830-1889

Año
1830
1832
1846
1854
1855
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878
1882
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1
a.
b.

c.

Cantidad ahsoluta 1
60 138ª
37 820
37 634
57 075
43 107
81 334
117 723
92 537
200 518~
152 881b
431 089b
66 109
326 279
36 166
100 712
118 666
181 632
228 478
296 882
347 039
141 007
367 496
224 497
266 269
187 132
308 223
390 008c
448 378
451 656
392 150
363 754

º/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios

8.5
6.9
3.4
5.6
4.1
6.3
8.1
8.2
14.9
10.6
27.2
4.8
20.2
2.5
6.1
5.3
7.3
7.8
9.6
11.2
4.9
15.4
10.4
10.8
8.5
9.7
15.5
14.1
10.1
9.7
11.7

Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
Estimación del ministro secretario de estado en 1831
Los ingresos gubernamentales por diezmos aument~on en esos años
p~r una donación especial de la iglesia católica, impuesta por la enmienda al concordato del 26 de septiembre de 1862.
Ingresos gubernamentales procedentes de diezmos, 1830-1889.
Rentas gubernamentales estiniadas. El total recaudado por diezmos en
1885 fue de 686 663 sucres.

FUENTES: C~1;1!-1os basados en dato~ &lt;!e: E_cuador, Ministro Secretario de
Estado, Esposicton 1831; Ecuador, Ministeno de Hacienda Informe 1833
184?, 1855, 1857, 1858, 1863, 1867, 1880, 1885 1887 '1888 1890· EÍ
N,
acional (Quito) no. 327 (1868).
'
'
'
'

�62

SigloXIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

diezmos de todo el país para 1857 ascendieron a 244 004 pesos, Guayaquil sola había contribuido más de la mitad. De ahí en adelante la recaudación de diezmos aumentó lentamente en la sierra, pero en la costa se elevó en forma dramática debido al boom del cacao. Como eso coincidió con
la abolición del tributo de los indios, que constituía el mayor impuesto de
la sierra, el papel de la costa como principal fuente de ingreso g~ernamental se hizo aun más pronunciado. En un intento de aumentar sus mgresos, el gobierno tomó directamente el control de la recaudación del diezmo
en la costa en 1869. Sin embargo los contratistas particulares continuaron
cobrando el diezmo en la sierra hasta que se abolió en 1889. A partir de
1869 el gobierno se benefició directamente de la expansión económica de
la costa porque a través del diezmo recibía una cantidad sustancial del
del principal cultivo de exportación del país. Préstamos del Banco del
Ecuador financiaban la comercialización de las exportaciones de cacao del
gobierno.18
Muchos ecuatorianos criticaban el diezmo como un impuesto regresivo
que perjudicaba a la agricultura. Pero su importancia como fuente de ingresos y la ausencia de un impuesto alternativo en la sierra s~lenciaba~ a
sus opositores. En varias ocasiones diversos reformadores hab1an sugendo
que el gobierno debía reemplazar los diezmos por impuesto~ a la renta, y
a la propiedad, pero nadie aceptaba seriamente tales alternativas. Ad~mas,
la iglesia se oponía a su abolición hasta que encontrara un nuevo ~etod_o
de financiar sus actividades. Finalmente en la década de 1880 el mteres
económico indujo a los terratenientes conservadores y proclericales de la
sierra a unirse a sus contrapartes liberales y anticlericales de la costa para
suprimir el diezmo. El 16 de noviembre el gobierno ecuatoriano llegó a un
acuerdo con el Vaticano que abolía los diezmos y destinaba al sostén de la
iglesia un impuesto de tres sucres por mil al valor de la propiedad rural.19
Igual que en el caso del tributo de los indios, la abolición de ~os die~n:i~s
redujo el ingreso gubernamental, obligando al estado a cuhnr el deficit
con préstamos bancarios e impuestos adiciona1es sobre el cacao. La supresión de los diezmos no puso fin a los abusos relacionados con su recaudación en la sierra. Los cobradores de los nuevos impue.stos siguieron explotando a los pobres que cargaban con una parte desproporcionada del nuevo gravamen. Y quienes no podían pagar veían sus bíenes confiscados y
vendidos.
El bajo rendimiento del nuevo impuesto directo a la propiedad rura1
demostró que los grandes terratenientes serranos no estaban dispuestos
a pagar. Utilizaban su influencia para evitar el pago o subestimaban grandemente sus posesiones y por lo tanto su irnponihilidad. El gobierno no
podía derrotar a los intereses arraigados locales. Las actitudes hacia la
tributación no habían variado desde la década de 1850, cuando el gobier-

63

no fracasó en su intento de sustituir el tributo m·di'gen
·
d.
1
•
a por un impuesto
,recto a a pr?pieda_~ rura1. Como los ecuatorianos ricos rechazaban el
concepto de trihutac1on progresiva la practica coloru·a1 de
l
.
,
pasar os costos 0el gobierno a los menos capaces de pagarlos continuó hasta el siglo

1

XX.

La admini~tración de la tributación ha planteado problemas serios al
estado ecuatonano. Durante el siglo XIX y comienzos del XX
' ·
mente t 0 d l
. .
d h
, practica.
os os_ mmistros e acienda se quejaron de que los reglamentos
CXJstentes
eran madecuados , afirmando que la recaudac,on
·' d e impuestos
·
.
, .
meJ?raria si s~ _contara con legislación adecuada. Casi todas las administraciones modificaron las leyes impositivas convenci·das de
1
·
hah' fall
,
que as antenor~s
'.~ . ª~?, _pero pese a los numerosos cambios el rendimiento de
1~ tributac1~n- s1gw? _siendo bajo y los gobiernos escasamente podían financiar los servicios bas1cos. La historia de los impuestos al aguardiente local
hecho de caña de azúcar, es un excelente ejemplo de los problemas'.
.
Los fun;ionarios ecuatorianos estaban divididos entre la necesidad de
unJJ?ner algun gravamen al producto y el deseo de limitar su uso. La maY?na de los ~dministradore~ . deploraban, el amplio consumo de aguardiente, q~e ve ian como un Vicio que aflig1a a las clases bajas inutilizando a
los trabaJador~. Peco no podían abolir el impuesto porque lo consideraban una lucrativa fuente de ingresos; en realidad, funcionarios guherna'.11entales buscaban ~I modo de aumentar los ingresos procedentes de los
impuestos a las bebidas alcohólicas. Justificaban su acción destinando 1
productos del aguardiente a empresas meritorias como la manumisión
esli~lavos, Y proyectos de lazaretos, escuelas y obras para el bienestar púb co.

J:

f

El gobiern~ ~e Antonio Flores Jijón estableció el modelo de buscar
ormas de maxu~~zar los ingresos derivados del aguardiente. En septiem~~e de 1830 ahoho ~1- monopolio estatal del alcohol que existía, reemplanandolo p~r el reqws1to de u~a ~~encia para los productores. Pero la ley
O
e prov~y~ nada sobre ~u ~phc~c1on y la accidentada topografía facilitaba
1
flo1:e~1m1e~to de destilerias sm licencia. Como era de esperar, el sistema
restto maphcahJe, para junio de 1831 el gobierno de Flores reconoció
su, acaso Y lo abolio. A continuación introdujo un impuesto a la caña de
azu~ar, que se cobraba a nivel local y se basaba en la cantidad de tierra
:1tivada.. Para estimular una administración eficiente, la ley autorizaba
as ~utondades canto~ales a re~audar el impuesto y a retener el 5°/o de lo
0
_hterudo.
nuevo metodo fallo cuando los propietarios se negaron a refstrar sus _tie~as. Como los funcionarios cantonales tenían vínculos sociaes Y econom1cos con los terratenientes locales, no podían imponer la ley.

r,

E!

�64

Siglo XIX

El congreso suspendió la medida en noviembre de 1831 y de ahí en
adelante se asignó a todos los destiladores, importadores y distribuidores
de alcohol conocidos, un cargo mensual de entre uno y seis pesos, según la
magnitud de las- operaciones y las circunstancias locales. Pero el nuevo
arreglo tampoco generó mucho ingreso. En 1835, sólo cinco años después
de su abolición, el gobierno de Rocafuerte volvió a imponer el estanco de la
producción de- azúcar en la sierra, conservando para la costa un sistema de
cargo mensual modificado. Pero el estanco volvió a fracasar y,fue abolido
otra vez en 1837. De ahí en adelante, el gobierno volvió a la política de
regular la producción y la venta de aguardiente.21
En las siguientes décadas los gobiernos ensayaron, descartaron .y volvieron a instaurar una variedad de enfoques en su búsqueda del mejor método de extraer ingresos al aguardiente. El congreso aprobó catorce leyes
que reestructuraban los impuestos a las bebidas alcohólicas entre 1830 y
1893. Todas resultaron por último inadecuadas. Sucesivos ministros de
hacienda pidieron cambios en las leyes que regulaban el tráfico de alcohol
en la vana esperanza de terminar con el fraude y el contrabando, aumentando a la vez los ingresos gubernamentales. La mayoría de Los administradores creían que si pudieran descubrir el modo de cobrar impuesto a
todo el aguardiente que efectivamente se producía y se comercializaba en
Ecuador, podrían recaudar ingresos inferiores solamente a los aduanales.22 Por consiguiente, muchos gobiernos dedicaron cantidades extraordinarias de tiempo y esfuerzo a tratar de aumentar una fuente de ingreso que
raramente producía siquiera el 5°/o del ingreso estatal (v. cuadro 6).
Pero ni leyes perfectas hubieran podido asegurar la recaudación eficiente de impuestos al aguardiente. El problema estaba en las actitudes del
público hacia la tributación y en la incapacidad de los funcionarios públicos para imponer las leyes fiscales. El gobierno simplemente no tenía
el personal necesario para aplicar las leyes fiscales y cobrar los impuestos. Sus empleados, mal preparados y mal pagados, encontraban más conveniente acceder a los deseos de los que debían regular que obedecer las
instrucciones del gobierno.
Además, gracias a las influencias locales los funcionarios del aguardiente solían ser parientes y amigos de los destiladores clandestinos: los
lazos de parentesco y las relaciones clientelares hacían improbable que personas influyentes fueran castigadas o la producción ilícita en gran escala
terminara. En cambio la aplicición de la ley solía desviarse hacia el pequeño productor y el transgresor modesto. Pero aún en los casos en que los
funcionarios se proponían aplicar la ley, se lo impedía la escasez de personal para regular la producción y r:ecaudar impuestos en las regiones aisladas. Aún en condiciones ideales las reglamentaciones del gobierno sólo

L. A. Rodríguez: Las finanzas públietu en el Ecuador

CUADR06

INGRESOS GUBERNAMENTALES DERIVADOS DEL AGUARDIENTE
1830-1924
0

Año
1830
1832
1836
1837
1838
1839
1846
1852
1853
1854
1855
1856
1857
1861
1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878
1879
1882
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1895

Cantidad absoluta1
39 618
15 400
27 150
37 942
30 370
27 841
44 007
14 483
50 170
31 468
40 170
51 636
56 127
52 517
72 036
56 291
62 744
69 258
71 440
71400
66 493
90 687
100 404
100 844
112 074
118 410
122 632
121 408
134 627
97 667
122 436
124 165
83 425
180 633
149 558
154 198
146 234
112 794
112 714
132 643
171827
185 834
176 679
75 430

/o de los ingresos
gubernamentales ordinarios
5.6
2.8
3.6
4.9
3.8
3.4
4.0
1.8
4.8
3 .1
4.8
4.9
4.4
3.7
6.4
4 .1
4.4
4.3
5.2
4.4
4.6
5.5
4.4
4.1
3.9
3.8
4.0
4.2
5.7
4.5
5.0
4.1
3.8
5 .7
5.9
4.8
3.3
2.8
3.6
3.2
4.8
4.9
4.1
a

65

�66

Siglo XIX

L. A. &amp;dríguez: Las fuumz&lt;U pública&amp; en el Ecuador

CUADR06

Año
1896
1897
1898
1899
1900
1901
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924

Cantidad absoluta1

tenían probabilidades de ser aplicadas en las inmediaciones de las grandes
ciudades o junto a los principales caminos.

(sigue)

°lo de los ingresos
gubernamentales ordinarios

267 822
322 106
330 205
337 553
379 826
339 093
356 786
343 758
355 861
254 161
541 525
384 678
586 900
832 361
721 323
752 404
797 847
962 265
1 023 099
928 297
1048251
1 035 865
1 260 761
1 020 461
976 480
743 401
953 563
1 511 240
1 485 824

l.

Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

ª·

Datos incompletos impiden calcular el porcentaje.

67

a

4.7
4.2
4.4
4.7
3.2
3.8
3.4
4.2
2.2
4.2
3.1
4.6
5.2
5.4
5.6
4.0
4.8
6.0
6.2
6.5
6.3
9.1
6.7
5.7
4.7
5.l
8.2
7.0

FUENTES: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministerio de Hacienda Informe 1833 1847 1855 1857, 1858, 1863, 1867, 1880, 1885, 1887,
1888, 1890, 1892, 1894, 1898, 1901, 1902, 190~,. 19~6, 1912, _1913,
1915 1916, 1917, 1919, and 1921; Ecuador, M1msteno de Hacienda,
Boletín de estadística fiscal y comercial III {1912), VII (1_917); El Nacional (Quito) no. 327 (1868); Ecuador, Ministerio Secretario de Estado,
Esposición 1831· Ecuador Ministerio de Hacienda, libro de balances
1919-1920, 1922-1925; E¿uador, Ministerio de Hacienda, Balance general
y sus anexos 1920.

Para superar esas dificultades, muchas administraciones confiaron la
recaudación de los impuestos sobre el aguardiente a contratistas particulares, puesto que la experiencia había demostrado que éstos eran más
eficientes. Cuando el gobierno nacional intentó recaudar los impuestos,
los ingresos cayeron abruptamente. Peco también los recaudadores independientes tenían sus defectos. Como el estado carecía de datos sobre la
producción y el consumo de aguardiente, no podían establecer un precio
mínimo basado en una estimación realista del rendimiento del impuesto,
y tenía que aceptar la oferta más alta. Así, el gobierno actuaba sin CO·
nocer la cantidad de beneficio que obtenían los recaudadores, lo que en las
áreas más alejadas planteaba problemas serios. Los recaudadores privados
tenían además el poder de impedir al gobierno que los reglamentara o
creara competencia. Muchos de ellos, que se dedicaban a la compra en
gran escala y la distribución de aguardiente, compraban grandes cantidades del alcohol y las almacenaban. Si el estado intentaba cobrar directamente los impuestos o rematar el contrato a algún otro, el recaudador saliente lanzaba al mercado su provisión de aguardiente. Esa venta no sólo
atascaba el mercado sino que, como ese licor ya había pagado el impuesto,
reducía profundamente los beneficios del nuevo recaudador y los ingresos gubernamentales. Así unos pocos individuos monopolizaban las subastas del impuesto al aguardiente, y el estado raras veces pudo desafiar con
éxito su posición de privilegio.25
La experimentación con diversos enfoques para aumentar Ja eficacia
de la tributación no se limitó a un solo artículo. Los legisladores modificaban continuamente las leyes impositivas en su esfueczo por aumentar los ingresos gubernrunentales, pero, al igual que en el caso del aguardiente, esos esfuerzos fracasaron porque no apuntaban a los obstáculos
reales. La legislación no podía modificar las actitudes públicas hacia el
pago de impuestos, y el congreso nunca creó la burocracia adecuada, bien
preparada, necesaria para imponer la tributación a una población renuente.

LA DEUDA EXTER A
Mucho gobiernos latinoamericanos del siglo XIX recurrieron a los préstamos extranjeros como forma de atender gastos extraordinarios, especialmente a comienzos del período independiente. Pero el Ecuador no podía negociar préstamos porque no había pagado su parte de las sumas obtenidas en préstamo por la Gran Colombia durante la guerra de independencia. 24 En 1838, el Ecuador asumió el 21.5 por ciento de la deuda,

�68

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las rmanztu públicas en el &amp;uador

equivalente a 1 424 579 libras esterlinas (7 122 896 p~s).2 ~ Durante los
diez años siguientes no pagó nada debido a que los co~flictos mtern?s ocupaban toda la atención y todos los fondos de l°:' gobiernos del pa,s. Para
1848 la deuda había aumentado, con los intereses no pagados, a
17 210 475 pesos.26
El gobierno ecuatoriano inició, en 1850, renegociaciones con los representantes de los poseedores ingleses de bonos de la deuda de la Gran
Colombia. Después de cuatro años de difíciles regateos,, las ~a.rtes llegaron
a un acuerdo para el pago de la deuda. El Ecuador acepto emitir nuevos bonos en septiembre de 1855 por valor de 1 824 000 libras esterlinas
(9 120 000 pesos) para refinanciar la deuda original y 339 421 libras esterlinas de intereses atrasados. Esos ''bonos ecuatorianos de la deuda extranjera consolidada" pagarían un in~rés del 1% ~ual mientras los ingresos
de la aduana de Guayaquil estuVIeran por debaJo de los 400 000 pesos
anuales· de ahí en adelante la tasa de interés aumentaría proporcionalmente ~ lo recaudado hasta alcanzar un máximo del 6%. El gobierno retuvo un cuarto de los ingresos de la aduana de Guayaquil para pagar capital e intereses. Los nuevos bonos no consolidaban todos los intere~s no
pagados que se habían sumado al ~apita! original. El Ecuador cancel~ ~a~te de los intereses cuando entrego a los poseedores de los bonos bntán~cos ciertos documentos peruanos que tenía; el resto de la deuda se amortizaría cediendo a los acreedores grandes extensiones de tierr~ en Esmer~:
das y en el Oriente. Esa parte de la deuda no producía interes_ y se cuhn?
con una emisión especial de bonos, llamados "bonos ecuatonanos provisionales"1 por la suma de 996 646.50 libras esterlinas (4 98~ 232.50 pesos). Los adquirentes de los bonos tenía~ veintiún añ~~ a partir de la_fecha
en que entró en vigor el acuerdo para ejercer su opc10n sobre las- tierras.
, automati;31Den
, ·
te .27
Si no lo hacían, los bonos se cancelar1an
El acuerdo de 1854, igual que todos los arreglos suhsiguien~ ~ntre el
Ecuador y sus acreedores extranjeros, se convirtió en blanco de _c~1tícas severas y cada vez más duras. Desde el momento en que se ratificaban los
acuerdos sobre la deuda, empezaban los ataques de los críticos internos
del gobierno, que pensaban que los términos eran demasiado one~os&lt;:&gt;5.
Los vecinos de Ecuador, Colombia y Perú, también plantearon ob~ec10nes al tratado porque afirmaban tener derecho sobre algunas _de las tierras
cedidas a los poseedores de bonos.28 Esos prolongados vo~1íerantes a~ques al acuerdo sobre la deuda proporcionaban una rac1onal1dad al subsiguiente incumplimiento.

r

Entre 1855 y 1891 el Ecuador hizo apenas unos pocos pag~s según el acuerdo de 1854. Inic!alm~~te suspendió los pagos durante periodos
de perturbación interna e mvasion externa, como en 1859-1860, 1863

69

y 1864. García Moreno trató, sin éxito, de renegociar la deuda durante sus
dos administraciones (1861-1865 y 1869-1875) con la esperanza de obtener un nuevo préstamo para construir un ferrocarril de Guayaquil a Quito
y liquidar la deuda del gobierno con los bancos locales. En 1869 ordenó
una suspensión de pagos hasta que fuera ratificado un nuevo acuerdo. Los
representantes de Ecuador no podían renegociar la deuda anterior ni obtener un nuevo préstamo porque ni el congreso ni el público tenían expectativas realistas: se negaban a tomar en cuenta la historia de inestabilidad po·
lítica del país, su mal desempeño como deudor y su limitado potencial
para el desarrolle a corto o mediano plazo, e insistían por el contrario en
obtener términos similares a los acordados a las naciones europeas, mayores y más estables. Por ejemplo, los ecuatorianos proponían un préstamo
a cincuenta años al 6%de interés con un descuento de sólo 14%, garantizado por el 25°/o de los ingresos aduanales del país. Esos términos resultaban inaceptables para los financistas extranjeros, y el Ecuador seguía en
mora. Asediados por las dificultades internas, la mayoría de los gobiernos simplemente ignoraban la deuda externa. Aun cuando los acreedores
formaron la Ecuador Land Company Ltd., sus esfuerzos por llevar a la
práctica el acuerdo de transferir tierras a los poseedores de bonos extranjeros fracasaron. 29
En 1888, el presidente Antonio Flores Jijón dio prioridad a la restauración del crédito exterior del Ecuador porque el país necesitaba
capital extranjero para desarrollar un sistema de transportes moderno. Evidentemente no podía obtener capital mientras estuviera en mora. Después
de dos años de negociaciones, el congreso aprobó un nuevo acuerdo en
1890. El Ecuador accedía a emitir 750 000 libras esterlinas (3 750 000
sucres) en nuevos bonos para reemplazar las 1 824 000 libras esterlinas
(9 120 000 sucres) de los bonos consolidados de 1854 y las 442 560
libras esterlinas(2 112 800 sucres) de intereses no pagados que se habían
sumado en los veintitrés años que el país había estado en mora. Como
los poseedores sólo presentaron para su conversión bonos antiguos por
valor de 1 753 500 libras esterlinas el Ecuador sólo emitió bonos nuevos por valor de 713 900 libras esterlinas (3 569 500 sucres), al 4.5%
de interés anual durante los primeros cinco años y al 5°/o de ahí en adelante. Un impuesto adicional del 10% sobre las importaciones se destinaba a la amortización de la deuda. En el caso de que el nuevo impuesto
no produjera ingresos suficientes para pagar la deuda, el gobierno se com,
prometía a cubrir la diferencia con otras rentas.
Aún cuando el nuevo acuerdo beneficiaba al Ecuador, parte del público y algunos funcionarios gubernamentales sotuvieron que el gobierno
había reconocido una cantidad excesiva de la deuda original, que el plan
de pago era demasiado largo y los !f1tereses demasiado elevados. Los crí-

�70

Siglo XIX

ticos no tomaban en cuenta que el nuevo acuerdo consolidaba la deuda a
aproximadamente el 40% de su valor original y cancelaba completamente los intereses atrasados. no pagados. Sin embargo, los críticos triunfaron. En 1894, después de sólo tres pagos semianuales, el congreso suspendió los pagos a la espera de la resolución de la crisis monetaria mundial y
de una revisión del acuerdo de 1890. La administración Cordero logró
obtener un acuerdo nuevo y más beneficioso que entró en vigor en marzo
de 1895. El nuevo arreglo resultó tan efímero como sus predecesores.
Cuando los liberales llegaron al poder suspendieron los pagos de la deuda
externa en marzo de 1896 con el argumento de que la revisión de 1895
no servía a los intereses nacionales.30 El viejo problema de la deuda externa quedó sin resolver.

L. A. &amp;dríguez: úu finanzas públicas en el &amp;uador

oscila_ban entre 5?0 000 y 800 000 pesos. Pese a decididos esfuerzos por
reducir la deuda interna, para 1864 había aumentado y se estimaba en
3 903 201 pesos. Pese a que continuó creciendo durante el resto del
siglo, la expansión de los ingresos gubernamentales procedentes del cacao redujo la tasa de crecimiento de la deuda, de modo que sólo aumentó a 5 528 929 sucres para 1891 (v. el cuadro 7).32

CUADRO 7
DEUDA PUBLICA INTER A
1831-1891
Año

LA DEUDA INTERNA
Incapaz de cubrir sus gastos por medio de la t~utació? o de n_egociar nuevos préstamos extranjeros, el Ecuador recumo al prestamo mtemo para
cubrir su perenne déficit presupuestario. En 1836 Vicente Rocafuerte describió el tesoro nacional como agotado por la guerra, la falta de exportaciones y el estado de subdesarrollo de la agricultura. Esa situación subsistió todo el resto del siglo. A pesar de que los recursos gubernamentales aumentaron, especialmente después de la mitad del siglo, debido ~ la expansión de la demanda mundial de productos de la agricultura tropical, nunca
alcanzaban a cubrir las obligaciones del gobierno, que también habían aumentado. Los efectos de la inestabilidad política sobre las finanzas del gobierno se agravaron en 1852 cuando el congreso aprobó una ley que hacía
responsable al estado por los daños a la propiedad pri~~da re~ultantes de
invasiones extranjeras, insurrecciones y otros actos polthcos VIOientos. De
ahí en adelante las reclamaciones individuales por tales pérdidas aumentaron considerablemente la deuda interna .31
Los registros de las fmanzas públicas en el siglo XIX eran caóti~os, lo
que acarreaba pérdidas tanto para los particulares como para el gobierno.
Los acreedores o sus herederos con frecuencia no podían establecer la validez de sus reclamaciones. El desorden, sin embargo, favorecía a los inescrupulosos que presentaban con éxito reclamaci?n.es fraudule~tas o cobraban varias veces la misma deuda. umerosos mmtStros de hacienda trataro n valerosamente de imponer un control a los registros de la deuda interna, pero su éxito fue limitado : el Ecuador no poseía ni los recursos financieros ni el personal preparado para poner en orden sus finanzas. Por
eso fue imposible establecer la magnitud precisa de la deud_a interna ~e _la
nación en el momento de la independencia. Durante la pnmera adm1rustración de Flores (1830-1834 ). lo~ ,-álculos oficiales de la deuda interna

71

183 1
1865
1877
1888
1889
1891

Cantidad
absoluta1
800 oooª
3 903 201ª
4 432 99{'í
4 981 985
5 424 398
5 528 929

a. Estimados.
l. Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

FUENTES: Cálculos basados en datos de:
Ecuador, Ministro de Estado, Esposición, 183 1, p. 16;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposición, 1865, p. 12-13.
Ecuador, Ministro de Hacienda, Mem oria, 1880, p . 26 ;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 18 90, cuadro R;
Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1892, cuadro P.

La deuda interna estaba formada por diversas obligaciones. Las deudas heredadas de la Gran Colombia constituían la parte más importante
en .e! momento de la independencia: esa obligación consistía en bo nos
emtltdos por la Gran Colombia en 1827 que Ecuador aaimió al independizarse. Aun cuando el nuevo gobierno sólo fue amortizando lenblmente
esa deuda su importancia di,sminuyó rápidamente a medida que crecían
otras obligacio nes. Los s.alarios no pagados, las pensiones y beneficios de
retiro, los préstamos voluntarios y forzosos, los intereses y el valor de bienes Y servicios requisados sustituyeron pronto a los bonos grancolornhia-

�72

SigloXIX

nos como elementos más significativos de la deuda interna. En la segunda
mitad del siglo XIX los préstamos de bancos locales contribuyeron a la
creciente deuda interna.33
Los salarios civiles y militares atrasados se convirtieron en una forma
particularmente perturbadora de endeudamiento público. El gobierno no
podía reclutar empleados públicos capaces porque los salarios eran inadecuados y se atrasaban con frecuencia. Quienes ingresaban a la burocracia estaban tan preocupados por cobrar su sueldo que el gobierno quedaba casi paralizado. Los altos funcionarios del ministerio de hacienda tenían que dedicar una cantidad de tiempo tan desproporcionada a la consideración de exigencias de pago de salarios atrasados que sus demás tareas se resentían. La situación generaba además otros problemas porque
los empleados públicos no pagados con frecuencia no tenían otro camino
para sobrevivir que la corrupción. Y, desde luego, un ejército al que no se
pagaban sus sueldos constituía la peor amenaza' para el gobierno y el orden público: los soldados en la miseria recurrían al tumulto y el saqueo
mientras que sus oficiales tramaban revoluciones. Pese a esos peligros, la
mayoría de los gobiernos del siglo XIX suspendían periódicamente el pago
de los sueldos del ejército.
El estado intentó resolver el problema de los salarios por varias vías.
A corto plazo, recurría al expediente de pagar a sus empleados con boletas
de crédito que servían para pagar los impuestos o podían cambiarse por
tierras públicas en disputa, en el Oriente. La práctica se inició en 1830
cuando el gobierno emitió 100 000 pesos en títulos de crédito y se prolongó por todo el resto del siglo. Pocos empleados públicos estaban en
condiciones de utilizar los títulos para los fu:ies previstos o de esperar su
eventual redención; como tenían que venderlos para sobrevivir, se depreciaban rápidamente. Los importadores los adquirían con enormes descuentos y los usaban para pagar los derechos de aduana, reduciendo así los ingresos gubernamentales. En períodos de crisis financiera, el estado, desesperado por dinero en efectivo, se negaba a aceptar los títulos o bien los
aceptaba solamente como pago parcial de impuestos, deprimiendo aún
más su valor.
La única solución a largo plazo para el estado era amortizar la deuda,
pero aunque la mayoría ~e los presupuestos incluían sumas destinadas a
pagos atrasados, en general los fondos resultaban insuficientes para cancelar la deuda o se desviaban hacia el pago de otros costos. No era nada inusitado que los pagos de la deuda interna tuvieran décadas de atraso. Por
ejemplo, el 15 de agosto de 1855 el presidente de la Dirección General del
Crédíto Público anunció con satisfacción que la administración había

L. A. Rodríguez: Las finanZQ8 públicas en el Ecuador

73

amortizado una porción sustancial de la deuda interna acumulada hasta
e~ 6 de marzo de 1845. Pero más de 500 000 pesos de obligaciones del gob_1~mo, g_eneradas entr? marzo de 1845 y agosto de 1855, fecha de redacc10n,del mforme, segu 1an en pie y no se pagaron por otros diez años. Hasta
1~ _decada de 1890 los ~resupuestos incluían provisiones para la financiac10n de pagos atrasados.
_Durante los ~rimeros treinta años de vida nacional, los préstamos de
part1cul~res conshtuy~ron la principal fuente de ingresos extraordinarios
del gobierno. En penodos de desorden interno esos préstamos co~ frecuencia fueron la única fuente de ingresos del gobierno, porque la activid~d de los rebeldes impedía a la administración cobrar los impuestos.35
Sm embargo, a pesar de su importancia, la mayoría de los ecuatorianos
consideraba que los préstamos extraordinarios eran nocivos para el estado.
·
Los primeros dos presidentes ecuatorianos, Juan José Flores y Vicente Rocafuerte, criticaron severamente el costo de los préstamos de particulares. Durante esos años turbulentos, empresarios costeños exigían tasas
de interés de hasta el 3°/o mensual en préstamos a corto plazo al gobierno.
Y esas ~asas no eran excesivas si se consideran los riesgos que corrían los
prestamistas. Aunque algunos individuos hicieron fortunas considerables
prestando dinero al estado, otros, como Miguel Anzoátegui que ayudó a fi.
nanciar el movimiento independentista y además garantizó el préstamo para la guerra de 1832 contra Colombia, murieron en la pobreza. Los gobiernos generalmente pagaban con mucha lentitud a sus acreedores.
Pero además, _después de cada cambio de gobierno los nuevos dirigentes a menudo obligaban a los acreedores a renegociar los términos de sus
ª:uerdos, en especial si habían sido sus adversarios políticos. Las reclamaciones de esos infortunados individuos en general se reducían drásticamente y a veces eran rechazadas por entero. En vista de tales circunstancias, las altas tasas de interés estah'an justificadas. La literatura oficial sobre las finanzas gubernamentales en el primer período nacional en América ~atina está llena de referencias a los "agiotistas" que desangraban a los
gobiernos con s_us altas tasas de interés. Esas acusaciones, provenientes gener~mente d~ Jefes de estado o ministros de hacienda, no dicen que los
gob1e~nos teman una historia crediticia desastrosa y que los que prestaban
prove1an de fondos a regímenes que no tenían ninguna otra fuente de recursos. 36

BANCOS Y POLITICA
Dada la crónica insolvencia del estado y su limitada capacidad para au-

�74

Siglo XIX

mentar sus ingl"esoS ordinarios u obtener préstamos extranjeros, era natural que el gobierno usara su poder de autorizar la creación de bancos co~o
medio para obtener más fondos. La primera legislación sobre la au~~nzación de bancos vinculaba la aprobación de sus estatutos a la conces1on de
préstamos y otros servicios al gobierno. En las décadas de 1830 y 1840 v~rias administraciones trataron infructuosamente de promover el establecimiento de un banco en Guayaquil; buscaban impulsar el desarrollo económico de la nación y también crear una institución que refinanciara la deuda interna y le prestara al gobierno al 9°/o anual. Esos esfuerzos fracasaron
hasta la década de 1860, cuando la expansión de la economía costeña había alcanzado dimensiones suficientes para sostener nuevas estructuras financieras. Si bien los gobiernos siguieron endeudándose con p~rtic~ares
debido a su incapacidad para pagar salarios y responder a sus obligac10nes,
desde la década de 1860 se volvieron cada vez más hacia los bancos de
37
Guayaquil para cubrir el déficit de su presupuesto.
Entre el gobierno ecuatoriano y los bancos existía una r~lación de
dependencia mutua. Los bancos suministraban fondos al gobierno Y el
gobierno fijaba los límites de la actividad bancaria. La b~~a en el Ecua~~r,
era una empresa tan política como e~nómica. La expans1on o ~ntracc1on
del crédito generalmente dependía mas de las demandas de prestamos del
gobierno que de las condiciones económicas del país o de las instituciones
prestadoras.
Gabriel García Moreno, pür ejemplo, pidió al Banco Luzarraga, establecido en Guayaquil en 1860, que prestara a su administración 100 000
pesos a cambio del derecho a emitir billetes por valor de 500 000. El
estado se comprometía a aceptar los billetes como moneda legal en tod;1¡
las transacciones públicas, incluyendo el pago de derechos de aduana.
Acuerdos similares precedieron a la fundación de otros dos bancos de Guayaquil: el Banco Particular y el Banco del Ecuador. Entre 1860 y 1861
la administración de García Moreno pidió prestado a los bancos 500 000
pesos para defenderse de sus enemigos. Corno el conflicto político se_r~olongó por algún tiempo, el gobierno no pudo pagar sus deudas ~ _obligo ~
los bancos a renegociar la forma de pago. En 1863 y 1864 el regimen pidió prestados 800 000 pesos más para cubrir el déficit ~el presupuest~ Y
pagar la deuda anterior. De ahí en adelante el pago de prestamos bancarios
39
se convirtió en parte importante de! presupuesto n~cional. General_me~te
se daba prioridad al pago de los prestamos bancanos so~re otras obligac1~nes del gobierno porque el estado necesitaba nuevos prestamos P'";ª seguIC
funcionando. Pero los bancos, igual que antes los acreedores parbculares,
no tenían ninguna garantía de la lealtad o el apoyo del gobierno. Durante
el siglo XIX varios bancos de Guayaquil naufragaron cuando el estado, des40
pués de depender de ellos, los abandonó.

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

75

Los gobiernos ecuatorianos no siempre negociaban préstamos con los
bancos; en algunas ocasiones simplemente se apoderaron de los fondos.
En 1867 ~arcía Moreno o~li~~ al Banco Particular a entregarle 3 902 pesos depositados por el mumc1p10 de Guayaquil. Esa práctica llegó al extremo en 1882-1883, durante la lucha contra el gobierno de Veintimilla. En
esa época Guayaquil quedó en manos del presidente Ignacio de VeintimiUa mientras que Quito estaba bajo el control de una coalición de liberales
y conservadores autodesignada gobierno provisional. La coalición serrana
financió su campaña de dos maneras: primero se apoderó de 174 000 pesos de la cuenta personal de V eintirnilla en el Banco de la Unión de Quito
afirmando que probablemente los había robado al tesoro nacional. A continuación el gobierno obligó al Banco de la Unión y al Banco de Quito a
prestarle 130 000 y 125 000 pesos respectivamente. Veintimilla respondió
afirmando que el Banco de la Unión había transferido el dinero al Banco
del Ecuador en Guayaquil donde tenía una cuenta con saldo de 115 000
pesos. En Guayaquil el banco se negó a entregar el dinero sin autorización del banco de Quito. Entonces el general Veintimilla envió a sus soldados a cobrar un préstamo de 200 000 pesos. Estaba considerando pedir
un "préstamo" adicional al Banco de Crédito Hipotecario cuando lo derrocaron sus contrincantes a mediados de 1883.41
Generalmente los gobiernos empleaban formas más sutiles de coerción para obtener préstamos bancarios. Por ejemplo, el gobierno tenía derecho a aceptar o rechazar determinados documentos bancarios en las oficinas gubernamentales. Las instituciones cuyos documentos eran aceptados por las oficinas fiscales prosperaban; las que eran rechazadas enfrent:m~n una perspectiva desastrosa. Las licencias concedidas por el gobierno
limitaban el derecho de los bancos a emitir moneda, de modo que los bancos siempre estaban cortejando al gobierno para obtener el derecho a emitir más dinero. El 7 de noviembre de 1871 la administración introdujo una
ley bancaria uniforme que entre otras cosas exigía a los bancos mantener
una reserva de oro y plata igual a un tercio de la cantidad emitida en billetes. La misma ley establecía la regulación gubernamental a través de una
inspección periódica de los registros bancarios. Aun cuando ]a legislación
fue revisada en 1878 y de nuevo en 1886, el requisito de la reserva y la
provisión sobre la inspección gubernamental no fueron alterados. El estado utilizó ese poder de regulación en forma selectiva de acuerdo con su
propio interés. Los bancos que apoyaban al gobierno tenían tratamiento
preferencial. En algunos casos los inspectores bancarios entendían que
''.billetes en circulación" significaba solamente el dinero que estaba efectivamente en manos del público, mientras que en otros incluían también
lo depositado en las bóvedas de los bancos. Eso era importante porque en
el siglo XIX los bancos generalmente imprimían más billetes de los que la
ley les permitía. La reacción gubernamental variaba entre exigir el retiro

�76

SigloXlX

inmediato de todos los billetes con respaldo insuficiente, aunque el banco
estuviera en condiciones de acrecentar su reserva metálica, e ignorar el
asunto y dar a la institución un plazo ilimitado para retirar de la circulación el papel sin respaldo o aumentar sus reservas. La respuesta del gobierno en tales situaciones dependía de la relación que tuviera el banco con
el régimen.42
El gobierno aplicaba deliberadamente una poi ítica bancaria flexible
para fortalecer o desgastar la posición de determinados bancos. Por eso
para las instituciones financieras era conveniente cooperar plenamente con
el estado y conceder préstamos que eran parte integrante de la poi ítica fiscal del gobierno. El alto precio de no responder a las exigencias de una
administración y las recompensas a la complacencia se hicieron evidentes
antes de 1870. También quedó claro que los pasados servicios al gobierno
no aseguraban la posición de un banco: mucho más importante era la capacidad de proporcionar ayuda futura a regímenes eternamente escasos de
fondos. Sucesivas generaciones de banqueros no desaprovecharon esas
lecciones, y por consiguiente la política de los bancos reflejaba la comprensión de que las únicas instituciones no desechables en Ecuador e~
las que mantenían estrechos laws con el gobierno. Los banqueros ten1an
que estar dispuestos y en condiciones de subordinar una poi ítica bancaria
prudente a la conveniencia política.

L. A. Rodríguez: úu /inan%a4 públicas en el Ecuador

77

yó la fundación de un nuevo banco con capital y reservas suficientes para
prestar al gobierno 800 000 pesos y para convertir sus billetes en especie
cuando se le pidiera. Después de varios intentos infructuosos, un grupo de
empresarios de Guayaquil fonnó en 1867 el Banco del Ecuador, con capital y reserva considerablemente mayores que los del Banco Particular. Uno
de los primeros actos del nuevo organismos fue conceder al gobierno un
préstamo de 500 000 pesos en 1868, a cambio de un contrato que concedía al banco en exclusividad el derecho a presentar sus bilJetes a la par en
las oficinas públicas. Eso selló el destino del Banco Particular. El Banco
del Ecuador pasó a ser la principal fuente de ingresos extraordinarios de
García Moreno hasta su muerte en 1876. A fines de 1873 el gobierno deb Ía al banco 1 254 263 pesos y tenía una Iínea de crédito adicional de un
millón de pesos, que podía utilizar a voluntad. Para garantizar los préstamos García Moreno hipotecó el 90°/o de los ingresos aduanales de la nación, los diezmos de la diócesis de Guayaquil y la mitad de los ingresos
gubernamentales por el monopolio de la sal. En esencia García Moreno
cambió las principales fuentes de ingresos futuros del gobierno por un
crédito ilimitado del Banco del Ecuador.

La relación de dependencia mutua entre el gobierno y los bancos
prósperos que caracterizaba al sistema bancario ecuatoriano se establ_eció apenas se inició la banca moderna en 1860. Dos bancos de Guayaqwl,
el Particular y el del Ecuador, tipifican esa relación. El Banco Particular
fue el sostén de la administración de García Moreno en los años de 1862
a 1864, prestando al gobierno 800 000 pesos. A cambio de ello la administración se comprometió a aceptar a la par. los billetes del banco en
todas las oficinas públicas como pago de impuestos y contribuciones. Como el dinero a menudo se descontaba al trasladarse de una región a otra,
la aceptación de los billetes por el estado por su valor declarado _f~rtaleció
la confian7,a del público en la institución. Pero el apoyo del regimen no
duró mucho. En 1865 García Moreno resolvió no aceptar los billetes a la
par en la sierra; esa acción debilitó al Banco Particular y contribuyó a su
desaparición en 1870.43

Una expansión rápida de la cantidad de dinero existente a través de
la emisión de moneda por los bancos precipitó una crisis monetaria y financiera. Entre 1872 y julio de 1874 el valor del peso declinó de $1,02 por
dólar a Sl,63. En consecuencia el público perdió confianza en el Banco del
Ecuador y empezó a redimir sus billetes cambiándolos por oro y plata. Para
salvar al banco, el gobierno prohibió la exportación de esos metales y limitó el derecho del público a redimir billetes, dando al Banco del Ecuador
ocasión de reducir el volumen de su moneda en circulación y fortalecer su
posición financiera. El banco reclamó la mayor parte de sus préstamos a
particulares pero no exigió al gobierno que pagara su deuda a pesar de que
el estado era con mucho el mayor deudor. En ese caso las acciones del gobierno protegieron al banco, porque el gobierno continuó dependiendo de
él por su crédito. El Banco del Ecuador sobrevivió y continuó dando crédito a otras administraciones; siguió siendo el banco dominante en el país
durante el resto del siglo XIX y la principal fuente de crédito del gobierno.
En 1890 el estado debía al Banco del Ecuador 1 183 710 sucres, de los
2 046 148 que había obtenido en préstamos de bancos ecuatorianos.44

La quiebra del Banco Particular rstuvo directamente relacionada con
la campaña de García Moreno para obtener otro préstamo grande. En
1865, el gobierno decidió que la institución no era suficientemente grande
para proporcionar aJ estado otro préstamo importante y por lo tanto apo-

El monto de los intereses pagados a los bancos en el período de 1883
a 1889 (v. el cuadro 8) indica la continuada importancia de los préstamos
al gobierno y su carácter regional. Los bancos de Guayaquil, las instituciones más grandes y mejor capitalizadas del país, cuya fuerza derivaba del ac-

�78

SigloXIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

. extranieras
generadas por la economía
ceso al oro Y Ias diVisas
~
f costeña,
· ah 1
tenían la mayor parte de la deuda del gobierno. ~ fuerza en atiz a a
importancia de la región como principal fuente de mgreso gubernamental,
realidad que exacerbaba los antagonismos regionales.

CUADRO 8
INTERESES PAGADOS A LOS BANCOS, 1883-1889

Año

Instituciones
de Guayaquil1

Instituciones
de Quito2

1883
1884
1885
1886
1887
1888
1889

74 257
80 071
80 071
88 145
306 552
116 242
166 834

9 665
13 222
3 466
7 352
10 561
8 460
6 191

l.

2.

Total

83 922
93 293
83 537
95 497
317 113
124 702
173 025

Incluye: Banco del Ecuador, Banco Internacional y Corporación Comercial.
Incluye: Banco de Quito y Banco de la Unión.

FUENTE: Calculados a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1890.

LA EMERGENCIA DEL ESTADO ACTIVO
Los presupuestos del siglo XIX reflejan el ~umento del al~nce de la activi~
dad estatal. La tendencia secular aumento tanto en los mgr~so~ como e
los gastos gubernamentales en el período 1830-1895. El crec1m1ento de la
economía de exportación de la costa hizo posible el aumento d_e escala de
la actividad estatal. En 1830 los ingresos y los gastos se esti_n_iahan en
708 000 y 692 000 pesos respectivamente, aparte de gastos militares extraordinarios. Para 1893 el ingreso gubernamental había aumentad~ a
4 326 000 sucres y los gastos a 4 433 000. Ese aumento en los gastos iba

79

de la mano con la multiplicación de las funciones gubernamentales.
En los primeros decenios de vida nacional, los gastos militares y el servicio de la deuda consumían casi la mitad del presupuesto nacional. En
esos años, el gobierno en buena parte se limitaba a autopreservarse. Por
ejemplo, en 1830 el 73.9°/o del presupuesto se destinó a los militares. Durante los treinta años siguientes, los gastos militares siguieron
siendo eJ elemento más importante del presupuesto, absorbiendo cuando
menos el 30°/o del presupuesto y superando con frecuencia el 50%.
Esas cifras subestiman el nivel real de los gastos militares, porque grandes
gastos extraordinarios de guerra no se incluían en el presupuesto. Si bien
los gastos militares disminuyeron como porcentaje del presupuesto en la
década de 1860, siguieron siendo el renglón más importante deJ presupuesto de la nación durante todo el siglo. En la segunda mitad del siglo XIX las
fuerzas armadas insumieron entre un cuarto y un tercio de todos los ingresos ordinarios del gobierno. Períodos de guerra civil e inestabilidad política aumentaban los gastos militares; cuando se producían, el gobierno tenía que pedir prestados ingresos extraordinarios importantes. Como los
préstamos internos eran una necesidad política, el servicio de la deuda se
convirtió en el siglo XIX en parte significativa del presupuesto. Entre 1830
y 1878 el servicio de la deuda insumía normalmente entre un cuarto y un
tercio de los egresos ordinarios, pero en algunos casos llegó al 40°/o de los
gastos presupuestados.
Los gobernantes ecuatorianos, empezando por Flores y Rocafuerte.
aspiraban a expandir la actividad gubernamental en la educación, las obras
públicas y el bienestar general. Sus discursos, informes y legislación servirían como ideal para el futuro. Rocafuerte, por ejemplo, sostenía que los
caminos no sólo mejorarían la comunicación y el transporte sino que impulsarían el desarrollo económico. También creía que la educación era
imprescindible si el país había de tener una población ilustrada y productiva.45 Pero a pesar de que esas opiniones eran ampliamente compartidas
no había mayores posibilidades de llevarlas a la práctica en la primera mitad del siglo XIX. La pobreza de] país y su constante agitación política
impedían a los gobiernos destinar recursos a esos propósitos en cantidades
significativas. Durante los veinte años siguientes a la independencia el gobierno destinó menos del 10% de sus ingresos a la educación, las obras públicas y el bienestar.
El potencial de acción estatal empezó a cambiar en la segunda mitad
del siglo XIX, como resultado del rápido crecimiento del sector exporta-

�80

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanza, pública$ en el Ecuador

dor. Además el gobierno aumentó sus rentas al introducir en la costa un
sistema más eficiente de recaudación de impuestos. El aumento en los ingresos gubernamentales coincidió con un aumento de la demanda pública
y de que el estado adoptara un papel más activo en la expansión de la infraestructura socioeconómica de la nación. Los empresarios costeños en particular exigieron la introducción de mejores sistemas de comun~cación y
la expansión del sistema educativo.46
·
La mayoría de los historiadores han aceptado la idea de que García
Moreno fue el principal arquitecto del estado activo en Ecuador. Frede~ck
B. Pike distinguido estudioso que ha examinado cuidadosamente la literatura ~cundaria, resumió recientemente esa actitud al escribir: ''Pese a
la enconada oposición que provocó, García Moreno llevó más progreso a
Ecuador que ningún otro presidente antes que él o después. ,,47 Esa creencia está ampliamente difundida debido a la escasez de investigaciones sobre
la historia de Ecuador en el siglo XIX. Un examen de la acción gubernamental en la educación y las comunicaciones, sin embargo, muestra que
García Moreno no obró en forma distinta de otros dirigentes nacionales.
Pese a que el principal presidente conservador de Ecuador hizo contribuciones importantes en ambas áreas, no fue el primero en hacerlo y tales
empresas no se acabaron con su muerte.48

81
'

Un ~t,udio del -~eri~o 1841-1894 indica que la educación primaria
se expandio en relam~n directa con el crecimiento de la economía exportadora de cacao. El numero de escuelas aumentó de 166 en 1841 a 254 en
1857. Después de la asunción de García Moreno en 1861 la educación
contin,uó expandiéndose aproximadamente al mismo paso.' Y no declinó
despues de su muerte en 1875. En realidad, para 1894,justo antes de que
tomaran el poder los liberales, había el doble de escuelas, con dos y media
veces de los alumnos existentes en 1875, cuando García Moreno fue asesinado (v. el cuadro 9).
Las cifras del cuadro 9 obviamente no pueden evaluar la calidad de la
educación. Sin un análisis detallado de la educación en el Ecuador del siglo
XIX, no es posible sino extraer conclusiones elementales de los escasos datos disponibles. Sin embargo, el creciente énfasis puesto en la educación
el crecimiento del ~istema escolar y 1~, rápida expansión de los fondos gu~
bemamentales destinados a la educac1on, todo atestigua la importancia del
estado en la provisión de los servicios sociales necesarios para el desarrollo
de un sector urbano modernizante en Ecuador a fines del siglo XIX (v. el
cuadro 10).
CUADRO 10

GASTO GUBERNAMENTAL PARA EDUCACION, 1847-1893
CUADRO 9

EDUCACION PRIMARIA, 1841-1894

Año
1841
1854
1857
1867
1873
1875
1885
1890
1892
1894

Número de escuelas
166
212
254
343
433
526
800
853
1106
1 209

Número de alumnos
4 769
5 862
10 348
13 495
22 448
31 795
51 000
56 126
68 274
76 152

FUENTE: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministro de Instrucción
Pública. Informe, 1890, 1894; Ministro de Interior, Esposición, 1857.

Año

Cantidad1

Año

Cantidad1

1847
1855
1857
1863

3 052
7 639
15 234
35 307

1884
1887
1888
1889

244 638
284 397
317570
336 174

1865
1871
1879

50 952
151 189
191 624

1890
1891
1893

459 902
491492
379 005

1 Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.

FUENTE: Calculado a ¡.,artir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda
Informe, 1847, 1855, 1858, 1865, 1873, 1880, 1885, 1888, 1890, 1892:
1894.

. Durante la se~nda mitad del siglo XIX también preocupaban al gobierno las obras publicas, en especial las comunicaciones (v. el cuadro
ll). En 1830-40 gastó en obras públicas 1 256 pesos, pero para 1891 ese

�82

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: úu finanza, públicas en el &amp;uador

gasto ascendió a 685 005 sucres. Como ya se ha indicado previamente'. ~l
gobierno dedicaba una parte considerable de sus recursos a la construcc1on
de caminos y más tarde a la construcción de vías férreas. En realidad , los
re novados esfuerzos por refinanciar la deuda externa de la década de
1880 estuvieron directamente ligados a los deseos de la administración de
obtener dinero para proyectos viales y ferroviarios. Aun cuando las administraciones de García Moreno y Antonio Flores hicieron contribuciones
importantes a la construcción de caminos en la sierra , fracasaron en el intento de construir un ferrocarril.

CUADRO 11

GA TOSGUBER AME TALE PARA OBRA PUBLICA
1839-1891
Afio

1839-40
1846-47
1854-55
1863
1865
1871
1879
1887
1891

Cantidad1
1 256
3 776

20 517
11073 1
139 017
430 025
512254
588 695
638 005

l. Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
FUENTE: Calculados a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1847, 1855, 1865, 1867, 1880, 1888 y 1892.

Para realizar tan gran proyecto los ecuatorianos necesitaban capital
extranjero que no podían conseguir en términos aceptables. ~os p~yectos de telecomunicaciones en cambio eran realizables, y el gobierno instaló un sistema telegráfico entre la cost a y la sierra entre 1880 y 1900. El
aumento de velocidad de la comunicación tuvo un impacto tremendo en
el país al provocar una dramática expansión de la autoridad guherna~ental.
El telégrafo permitió un grado de control fiscal de los fondos centralizados

83

nunca antes imaginado. Y el mejoramiento de las comunicaciones no sólo
hizo más fuerte y eficiente el gobierno nacional sino que condujo a un aumento de la demanda pública de servicios estatales que la prosperidad de la
nación a fines del siglo XIX paree ía posihilitar.49
La expansión de la educación y el mejoramiento de las comunicaciones son sólo los ejemplos más prominentes del surgimiento del estado
activo en Ecuador. Para el final del siglo la esfera de acción del gobierno
estaba altamente diversificada. Los ecuatorianos percibían cada vez más
al gobierno como encargado de un papel importante en la promoción del
desarrollo social y económico. Esa opinión derivaba en mucho ímpetu de
la continuada expansión económica de la costa y, paralelamente, de una mayor complejidad de la sociedad. También estaba ligada con deseos regionales de mejoramiento local. Guayaquil y la costa fueron las primeras en beneficiarse de los nuevos programas gubernamentales sobre los proyectos
de obras sanitarias y salud, así como embellecimiento urbano. Pero al poco tiempo Quito y otros centros serranos aspiraban a similares comodidades modernas.
Para las décadas de 1880 y 1890 era ampliamente aceptada entre los
Pr11atorianos la idea de que el estado tenía la responsabilidad de promo-

CUADRO 12

GASTO GUBER AME TAL E BIE ESTAR SOCIAL
1854-1893
Afio
1854-55
1863
1871
1878
1884
1888
1890
1893

Cantidad1
615
6 574
20 921
79 479
91 826
139 473
124 874
249 299

1 Pesos hasta 1884 y sucres en adelante.
FUENTE: Calculado a partir de datos de Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe, 1855, 1865, 1873, 1880, 1885, 1890 y 1894.

�84

Siglo XIX

L. A. Rodríguez: Las finanzas públicas en el Ecuador

ver el bienestar económico y social, aunque es~an en ~esacuerdo sobre
el grado de participación gubernamental necesano. Por e1emplo, los gastos
en bienestar social aumentaron de 615 pesos en 1854-55 a 249 299 sucres
en 1893 (cuadro 12).
Para 1893 la educación, el bienestar social y las obras públicas ~r3'.1
depositarias del 26.8% de los gastos del gobierno. Sin embargo el p~nc1pal costo gubernamental siguió siendo el manteni~ent~ del ord~n mterno y la defensa exterior. Hasta el siglo XX no _h:ilma un mtento exito~o de
efectuar una diversificación masiva de las act1V1dades estatales a traves de
la asignación de una parte mayor de los recursos públicos a funciones no
militares.

Ec d Director del Tesoro "Informe. June 12, 1931 "; Ecuador, Presidente,
l. ''M::~j; especial", en Ecuador, Ministro de Hacrenda, Informe, 1930, p. 359.
2. Ecuador, Ministro de Estado, Memoria 1831.
3 _ Ecuador, Ministro de Hacienda, füposición, 1855, Documentos; Memoria,
1858, 36~ p. 5-8;Esposición, 1865, p. l.
4. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1863, p. 4; 1896-97, p. 60-61.
Ecuador Ministro de Hacienda, Esposicwn, 1873, p. 9; Informe 1883, p. 18;
· Informe: 1896-97, p. 25-26; Ecuador, Director del Tesoro, Informe, 1930,
Ec11ador, Ministro de Hacienda, lnfon-:ie, 1890, p._ 3~-3~j 1892, p. 5.1-52 ;
· 1894 P 26-27· Esmeraldas, Gobemacion de la Provmc1a., Info~e, abril 11,
' ·en Ecuador
'
· ,fo l n1orme,
r.
1894·• Leon,
1894"
Ministro de Hacren......,
. . Gobemad H
ción d~ la Provinci~ "Informe, Abril 18, 1894", en Ecuador, MIIllstro e acienda, Informe, 1896-97, p. 26.

7 Este mismo fenómeno ha sido señalado para la Gran Colombia ~r ~avi~
· Bushnell en The Santander Regime in Gran Colombia, Newark: Umvers1ty o
Delaware Press, 1954. p. 79.
8

10. Ecuador, Ministro de Estado, Informe, 1831; "Lei de Octubre 25, 1833", en
Ecuador, Primer registro auténtico nacional, Quito, 1839, I, p. 427-28 (cit. en
adelante como PRAN); Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1883, p. 18.
11. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1885, p. 18-22; füposici6n, 1867, p.
12-13; 1855, p. 11-12; 1857, p. 18-19; 1858, p. 19; 1873, p. 18-19;lnfonne,
1883, p. 14-18.

12. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1888, p. 7-11; 1896-97, p. 25.
13. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 12. Hamerly, en Historia social parece indicar que el tributo continuó cobrándose en la costa. Como el mismo autor indica que el resurgimiento demográfico de los indios de la costa es
atribuible en gran parte a la migración de la sierra, es posible que esos inmigrantes serranos hayan continuado pagando tributo.

15. Ecuador, Ministro de Hacienda,Esposicwn, 1858, p. 2-6.
16. El Nacional (Quito), no. 235 (6 de julio de 1866); no. 225 (14 de abril de
1866); Ecuador Ministro de Hacienda, Esposición, 1867; 1873, p. 10-11, 22;1nforme, 1888, p. 12. Para un examen de la política que rodeó la aprobación del
Concordato y las subsiguientes enmiendas v. César Bustos-Videla, Church and
State in Ecuador : A History of Politico-Ecclesiastical Relations in the Age of
Gabriel García Moreno. 1860-1875 , Tesis doctoral, Georgetown University,

1966, p. 57-97, 287-308, 326-334.

p. 21.
6

9. Ecuador, Ministro de Hacienda,Memoria, 1857, p. 18-19.

14. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria 1857, p. 8-13; Esposición, 1858, p.
2-3. Acerca de la dificultad para abolir el tributo de los indios cf. Marck van
Aken, 'The Lingering Death of lndian Tribute in Ecuador",Hispanic American
HistorÍCfJ/ Review, 61:3 (Agosto de 1981), p. 429-459.

NOTAS

5

85

s bre la economía de obrajes en la sierra ver Robson Tyrer, "The ~mographic
· ;d Economic History of the Audiencia of Quito". Sobre la econo~ 1a d~ la ~sta durante el primer período nacional, véase Michael T. Hamerly, Hutorwils~c~~
• · de la an,;=,n
y econom,ca
•.,._ provincia de Guayaquil.1763-1842, Guayaqu •
chivo Histórico del Guayas, 1973.

~

17. Ecuador, Ministro de Hacienda,lnforme, 1887, p. 8; 1885, p. 12; 1883, p.11;
Esposición 1855, p. 2; Memoria, 1857, p. 14, 21-22; Esposición, 1865, p. 6;
Memoria, 1880, p. 14-15. Para un estudio de la carga dediezmosaplicadaalos
indios v. Piedad Peñaherrera de Costales y Alfredo Costales, Historia social del
Ecuador, 3 vols. Quito: Llacta, 1964, I, p. 98-116.
18. Ecuador, Ministro de Hacienda, Esposici6n, 1885, Cuadro A; 1858, p. 15-16;
1873, p. 10-11; Banco del Ecuador, Historia de medio siglo, 1868-1918, Guayaquil, Imprenta de El Independiente, 1919, p. 61.
19. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1833, p. 17; Informe, 1885, p. 12;
1890, Documentos xili-xv, p. 12-13; 1892, Cuadro E; 1894, p. 33-35. Para un
análisis del papel de Antonio Flores Jijón en la abolición de los diezmos v. Luis
Robalino Dávila, Orígenes del Ecuador de hoy, 7 vols., Puebla: Editorial Cajica,
1967-1970, VI, p. 219-247.
.
20. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 2-6; Ecuador, Gobernador
de la Provincia de Pichincha, "Informe, Abril 27, 1894 ", en Ministro de Hacienda, Informe 1894; Ecuador, Presidente, ''Mensaje, 15 de mayo de 1890", en
Alejandro Noboa, Recopilación de meTl$0jes dirigidos por los presidentes y vicepresidentes de la república, jefes supremos y gobiernos provisorios a las conven-

•

�86

L. A. Rodríguez: úu finanzas públicas en el Ecuador

SigloXIX

ciones y congresos nacionales desde el año de 1819 hasta nuestTos días, 5 vols.,
Guayaquil. Imprenta de A. Noboa e Imprenta de El Tiempo, 1900-1908, t. IV,
p. 1-13; Ecuador. Ministro de Hacienda. Informe, 1892, Cuadro E; Ecuado~•
Contaduría Mayor del distrito del Guayas, "I,nforme. 10 de agosto de 1853 •
en Ministro de Hacienda. Esposición, 1853.
21. Las leyes que regulaban el aguardiente en el prim~r período se encuentran en
PRAN, l, p. 56-57. 14647, 185-86, 317-18, 523-34.
22. V. por ejemplo Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición, 1845, p. 4-5 ; 1867,
p. 18;/nforme, 1863, p. 13; 1885, p. 10-12;E&amp;J]osición, 1873, p. 7; lnfonne,,
1887, p. 10; 1888, p. 16-17; 1890, p. 10; 1892, p. 15-17.
23. Los Informes de los ministros de hacienda contienen mucha informaci~n acerca
del aguardiente. V. especialmente los lnfo~es de 1901 1904. El,metodo _de
recaudación de los impuestos al alcohol vanaba en el pa1s: algunas_areas tenian
contratistas mientras que en otros el gobierno se encargaba de ello drrectamente.
V. Los Informes de. los gobernadores de Tunguragua, Chim borazo Y ~uay, en
Ecuador, Ministro de Hacienda. Infonne, 1901, para algunos de esos diferentes
enfoques.

,ª

24. Para una discusión de la fuente de esa deuda original v. David Bushnell. The
Santander Regime, p. 112-117• y Emilio M. Terán,lnfonne al Jefe suprem? General Eloy Alfaro sobre la deuda anglo-ecuatoriana, Quito, Imprenta Nacional,
1896,p. 147.
25. Ecuador, Ministro de Hacienda. lnfonne, 1912, CXLVIIJf-CL; Terán, Informe,
p. 61-95.
26. TeránJnfonne, p. 95.
27. /bid., p. 222-231; Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición, 1853, p. 7; 1855,
p. 5-7;/nforme, 1912, CXLVIII-CL; 1863, p. 5-7.
28 _ Para un estudio de las críticas a las diversas negociaciones y acuerdos del siglo
XIX entre Ecuador y los poseedores de bonos extranjeros v. Terán. Informe.
29. /bid., p. 417-597 ; Ecuador. Ministro de Hacienda. Esposición, 1865, p . ll_-12;
1867, p. 29-30; 1873, p. 22; Informe, 1888, p. 32; Documento XVII; Alejandro Noboa. Recopilación de mensajes, t. lll, p. 3-14. 19, 132.
30. Terán, Informe, p. 701-735, 743. 788-793; Ecuador, Ministro de Hacienda,
Informe 1890 Documento XVDI ; 1894, p. 44-50; 1912, CL-CLX; Ecuador,
Diario Oficial, 'no. 245 (20 de febrero de 1894); no. 287 (4 de agosto de 1894);
"Mensaje del Presidente al Congreso Extraordinario''. 24 de mayo de 1890,
en Noboa.Recopilación de Mensajes, t. IV. p. 15-31.
31. Ecuador Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 18, 19, 31-33; Informe,
1863, p.• 1-3; "Informe del Gobernador de la Provincia del Guayas", en Ecuador, Ministro de Hacienda. lnfonne, 1894.
32. Ecuador Ministro de Estado, Memoria, 1831, p. 16; PRAN, t. I. p. 35-36;
Ecuador: Ministro de Hacienda. Memoria, 1833, p. 34; Esposíción, 1865, p.
12-13; 1867, p. 33-35; 1858, p. 6, 10.

•

87

33. Ecuador. Ministro de Estado. Memoria, 1831, p. 15; Ecuador. Ministro de
Hacienda. Esposición, 1847, p. 11-12; 1853, Cuadro 3-4; 1867, p. 33-34;
1873, p. 15-21 ; 1875, p. 20; Memoria, 1833, p. 3; " Informe de la Dirección
Jeneral del Crédito Público", en Ecuador, Ministro de Hacienda. Esposición,
1857; Ecuador, Jeneral Jefe del Estado Mayor. Memoria, 1833.
34. Ecuador, Ministro de Estado, Informe, 1831, p. 17; Ecuador Mirustro de Hacienda, Memoria, 1833, p_ 3, 7; Esposición, 1853, Cuadro 3, 71; "Informe de
la Contaduría Mayor del distrito del Guayas", 1847-1853; p. 11-12; 1858, p.
6-10; 1865, p. 12-13; 1873, p. 15.
35. Ecuador, Ministro de Hacienda_ Memoria, 1833, p. 1-2; Esposición, 1853, p.
13; Ecuador, Secretarío Jeneral, Sección de Hacienda. lnfonne, 1861. p. 10-11.
36. Ecuador, Presidente, "Mensaje, 1831 ", en Noboa. Recopilación de mensajes,
t. l, p. 183-95; Ecuador, Ministro de Estado. Informe, 1831, p. 16 ; Ecuador,
Ministro de Hacienda, Esposición, 1853, p. 9; 1865, p. 3; 1855, p. 10; 1873,
p_ 15.
37. Julio Estrada Y caza, Los bancos del siglo XIX, Guayaquil, Archivo Histórico
del Guayas. 1976. p. 19-30, examina los primeros bancos.
38. La Unión Colombiana (Guaya,quil), no. 9 (5 de diciembre de 1860).
39. Ecuador, Presidente. Mensaje, 1863, p. 4; Ecuador, Ministro de Hacienda.
Informe, 1863; 1865, Cuadro D; 1867, p. 37, Cuadro R. '
40. "Mensaje del Jefe Supremo, 1896-97", en Noboa, Recopilación de mensajes,
t. IV, p. 222; Ecuador. Ministro de Hacienda. Informe, 1887, p. 14, Cuadro E;
1888, p. 29.
41. Estrada, Los bancos, cit.,
me, 1883, Documento V.

p. 89-100. Ecuador, Ministro de Hacienda, Infor-

42. Ecuador. Ministro de Hacienda, Informe, 1894, p. 41 ; Estrada. Los bancos, p.
59-123.
43. Estrada, Los bancos, cit. p. 33, 48-49; Ecuador, Ministro de Hacienda.Informe,
1867, p. 37-38; Aurelio Noboa, Colección de las leyes, Guayaquil, Imprenta de
A. Noboa. 1901, p_ 37-38.
44. Luis A. Carbo,Historia monetaria y cambiaria del Ecuador, Quito: Imprenta del
Banco Central, 1953, p_ 33-34; Estrella de Panamá (Panamá), 10 de jumo de
1874; Ecuador, Ministro de Hacienda. Informe 1892, p. 29; Banco del Ecuador,
Historia de medio siglo, p. 91-96, 135; El Nacional, lo. de septiembre de 1886;
Ecuador. Ministro de Hacienda. Infonne, 1890, p. 30.
45. V. las cartas de Rocafuerte a Flores en Jaime E. Rodríguez, Estudios sobre Vicente Rocafuerte, Guayaquil, Archivo Histórico del Guayas. 1975, p. 194-341;
Ecuador, Ministro del Interior, Memoria, 1833; Ecuador, Mirustro de Estado.
Esposición, 1841, p. 25; Noboa, Recopilación de mensajes, t. 1, p. 259-60.
46. Ecuador, Ministro de Hacienda, Memoria, 1857, p. 18-19, 31-32; Ecuador, Mi-

�88

Siglo XIX
nistro del Interior y Relaciones Exteriores, Esposición, 1863, p. 5-6, 11-15;
1865, p. 12-27.

47. Frederick B. Pike, The United States and the Andean Republics: Peru, Bolivia,
and Ecuador, Cambridge, Mass.. Harvard Unive!sity Press, 1977, p. 114.

48. Entre los estudios sobre la educación, ver Darío Guevara, Rocafuerte y la educación pública, Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1965 y ~ranci~o ~ira?.da
Ribadeneira, La Primera escuela Politécnica del Ecuador, Qwto, Ed1tonal La

Políticas de Desarrollo Económico y Deuda
Externa en Argentina (1868-1880)
Carlos Marichal*

Unión", 1972.
49. Ecuador, Ministro de Hacienda, Informe, 1894, p. 4.

El estudio del papel del Estado en la promoción del desarroJlo económico
en Argentina y en otros países latinoamericanos durante el siglo XIX constituye un tema todavía poco explorado. Sin embargo, en los últimos años
un creciente número de historiadores ha comenzado-a prestarle mayor
atención, si bien las publicaciones detalladas al respecto siguen siendo todavía relativamente escasas.1 Debe añadirse, por otra parte, que este tópico también ha despertado el interés de algunos científicos políticos y sociólogos contemporáneos, los cuales han insistido en la necesidad de analizar la evolución del Estado dentro de las sociedades latinoamericanas' desde una Óptica propiament~ histórica.2 Ello contribuiría, en principio, a
que se pudiese traspasar el marco estrictamente coyuntural y posiblemente
encaminaría a los investigadores hacia la formulación de un enfoque de
"largo plazo" del cambiante rol económico del Estado.
Quizá la hipótesis más innovadora que emerge de los estudios (todavía preliminares) sobre esta problemática sea aquella que subraya que en la
mayoría de los países latinoamericanos del siglo XIX los gobiernos ejercieron una influencia mayor en eJ proceso de desarrollo capitalista de lo
que generalmente se suponía.3 Es decir, ya no parecen aceptables aquellas
interpretaciones tradicionales que tendían a subvalorar el peso del Estado
dentro de la economía o, alternativamente, sostenían que el establecimiento de los regímenes "liberales" en América Latina, desde mediados
del siglo, podían definirse sencillamente en términos de una serie de poi íticas del más puro laissez-faire. Al contrario, las investigaciones actuales
tienden a enfatizar que la paulatina construcción de los estados/naciones
*Universidad .Autónoma Metropolitana-IztapaJapa, México.
Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en la reunión del Conference
on Latin American History celebrada en San Francisco, 27-29 de diciembre de 1983.
Agradezco los comentarios de Stev_en Topik y Barbara Tenenbaum. asf como las
"Valiosas correcciones y sugerencias de Adela Harispuru.

�90

Siglo XIX

en la región no sólo sentó los cimie~tos legales pa~a un incipiente proceso
de desarrollo capitalista, sino ademas que las entidades gohem~men~es
contribuyeron al establecimiento de los primeros sistemas bancarios nacionales a la modernización de la infraestructura urbana y de transportes Y,
en al~os casos, a la defensa de sectores manufacwreros locales.
El grado relativo de éxito o fracaso de tales programas ~arió ~nsiderablemente, dependiendo del país y del período que se a~alice. EVIdentemente el Estado como tal no llegó a jugar un rol tan prommente d~ntro de
las economías latinoamericanas como había de ser el caso a partir d_e los
años de 1930. Ni tampoco resultan aceptables los ~nfoques que su~er~n
que el Estado fue, en si mismo, uz pieza clave y artic~adora del c~p1talismo del siglo XIX:.4 Pero al mismo tiempo debe enfatizarse, que sm efectuar un análisis crítico de esta problemática- y ~ás espe~1fi~amente de
la relación entre gobierno, clases sociales y cambios econonnco~- andaríamos profundamente errados. Pues como ha señalado Jean BouV1er en un
reciente artículo de síntesis:
¿Qué ha sido el Estado, en los siglos XIX y XX, sino... la mayor
y más grande de las empresas? Por l_a ~asa de su personal, por 1~
enormidad de sus negocios y el movumento d~ fondos de los ~~a
les era el receptor, por la diversidad de las fun~iones que ª~~10 Y
los servicios que proporcionó, el Estado fue siempre el mas m(lu,
•
5
yente de los agentes econom1cos.
Existen varios posibles métodos para interpretar el ?apel del Estado
como promotor del desarrollo económico durante el siglo XIX, de l~s
cuales citaremos tres de los más relevantes.-~º~ nos ,e~plaza a c~ntrar ~
atención sobre los cambios en la formulacwn 1deolo~tca de los ~roy~
t de desarrollo,, de los grupos dirigentes en una sociedad dete~mada.
segundo enfoque pone mayor énfasis en el análisis de las políticas concretas que se adoptaron y la manera en que~ implemen~on ? lJn~ ter~e~
ra perspectiva resalta la necesidad de estudiar_ los ~canismos de financia_
miento de los programas económicos del gobierno mcluy~ndo, claro ~ta,
tanto los ingresos y egresos como la poi ítica de endeudamiento del gob1erno.8

J:

Nuestra intención en el presente trabajo se encamina a vinc~ar tale~ enfoques- ya que son en cierto sentido inseparables- per?, haciendo hincapié en la institucionalización de las políticas de promoc1on del desarrollo
económico en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX. En otras
palabras, consideramos fundamental tratar de exp_licar como lo~ proyectos
económicos del gobierno nacional fueron traducidos a la reali~a~. En el
caso argentino ello implica pres~r una a~encf~n especial al crec~ent? ~~
las funciones de aquella institucion mult1facet1ca que se denomino Mlllls

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

91

terio del Interior. Aunque este organismo fue creado en 1862, no cobró vida sino hasta la administración de Sarmiento (1868-74) a partir de cuando
fue adquiriendo su carácter de principal "agencia del desarrollo" del Estado nacional, función que seguiría cumpliendo hasta fines de siglo.9
Pero debemos enfatizar que el ejemplo argentino no fue de ninguna
manera singular sino al contrario más bien típico de lo que ocurría en el
resto del suhcontinente. Desde mediados del siglo XIX, la mayoría de los
Estados latinoamericanos establecieron varios géneros de ministerios y organismos que asumieron la responsabilidad por la planificación e implementación de los proyectos para el crecimiento económico. En sus inicios, tales
agencias administrativas eran de pequeñas dimensiones y se limitaban a tareas relativamente simples como podían ser la supervisió_n y reparación de
los sistemas rudimentarios de caminos, la operación del servicio de correos
o la recopilación y publicación de informes estadísticos y técnicos sobre
algunos importantes sectores de actividad, agricultura, minería, etc. Pero,
con el pasar del tiempo, las funciones asignadas fueron multiplicándose y
haciéndose más· complejas, incluyendo planes para la modernización de los
principales puertos, la construcción de ferrocarriles, la promoción de la
inmigración, colonias agrícolas, canales y regadío o proyectos para la realización de obras de infraestructura urbana.
El origen y la evolución de tales organismos estatales varió de país en
país dependiendo de una amplia gama de factores que no se veían circunscritos al nivel de estabilidad política o de desarrollo económico alcanzados
en la respectiva nación sino que, además, podían ser determinados por el
acceso al poder de ciertas élites que deseaban impulsar la modernización
del Estado y la economía. Entre tales iniciativas puede citarse la creación
de la "Secretaría de Fomento" (1853) en México bajo la inspiración de las
ideas deJ político conservador Lucas Alaman.10 En Brasil fue unos años
más tarde, en 1861, que se estableció el "Ministerio de Agricultura, Comercio y Obras Públicas" mientras que en Venezuela y Guatemala no fue hasta
principios de los años de 1870 cuando los respectivos "Ministerios de Fomento" fueron organizados. u En Chile se siguió un camino administrativo
algo distinto ya que la mayoría de los programas económicos estatales fueron colocados bajo la jurisdicción del "Ministerio del Interior" , entidad pública que también cumplía una serie de funciones políticas claves. Pero ya
desde 1837 este ministerio chileno se responsabilizaba por los pequeños
departamentos de obras públicas, caminos, correos y programas de sani~ad, hecho que tiende a sugerir el considerable grado de madurez y estabilidad alcanzados por la administración gubernamental en ese país desde fechas relativamente tempranas.12 En Argentina, como ya se ha señalado, las
mismas funciones también fueron colocadas bajo el techo del Ministerio
del interior, aunque ello no pudo efectuarse de manera definitiva hasta la

�92

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deudo externa en Argentina

SigloXlX

consolidación del gobierno nacional a principios del decenio de 1860.
Si uno se propusiera efectuar una comparación de tales entidades estatales en los düerentes países mencionados, ser_ía razonable esperar a
priori que se descubrirían diferencias sustanciales de carácter tanto ideológico como administrativo entre ellas. Pero esto no debe oscurecer el hecho primordial -en nuestra opinión- de que los gobiernos latinoamericanos de la época efectivamente intentaron realizar esfuerzos coordinados
por definir prioridades para el desarrollo económico, creando mecanismos
institucionales para cumplir esos objetivos.
·

93

re~ultaha_ casi invariable .que los políticos saludasen los rinci ios del
laissez-faire con r~v~renc1a, frecuentemente denigrando la ~apacfdad del
Estado como admm1Strador de empresas. 14 No obstante cuando e ah
b
J t
.
,
s
oca_an a a area ~oncreta ~e Implementar los programas económicos, los dir~entes argentmos tend1an a fa\Torecer una participación creciente del gobierno en las esferas del transporte, las comunicaciones, la banca, etc.

Nuestro plan de trabajo en el presente ensayo consiste en efectuar
primero un rápido repaso de algunas de las principales propuestas económicas de la élite argentina de mediados del siglo XIX, para luego adentrarnos en el estudio específico de su implementación a través de la ampliación
de las funciones del Ministerio del Interior desde 1868 hasta 1880. Ello
nos llevará, por otra parte, a enfocar la atención sobre el ámbito económico más importante de actividad estatal: la política ferroviaria y las
formas que el gobierno utilizó para su financiamiento.

Tropezamos
· ·
, aqui' por conSigWente
con una serie de contradicciones
que. no eran solo aparentes sino que tenían algunas consecuencias práctiCl_lS mesperadas. ~Uo se debía en parte a que ese conjunto de ideas O ·de
pro~ectos financieros, comerciales, agrícolas y fiscales que propug ah
los mtelectuales y políticos era -en verdad- bastante heterogeneo.
, n pan
or
1ado hay que tener en cuenta que hasta 1852
otro
·
ti"'
b
no ens o un p1an gu~rname~tal ~~y consistente para favorecer el desarrollo económico a
nivel n~ciona_J. Es más, inclusive durante el decenio siguiente, 1852-62
~a dcoe~~tenc1a _de dos entidades estatales rivales -el gobierno de la Con~
~ e:acion Y ~I de 1~ provincia de Buenos Aires- impuso un sello conflictivo ªi la Vida politi_~ Y por, ende a la elaboración de planes sistemáticos para a transformac1on economica.

IDEOLOGIAS DEL DESARROLLO.ECONOMICO

a

Los políticos e intelectuales argentinos más destacados de mediados del
siglo XIX compartían una serie de conceptos acerca de cómo estimular el
crecimiento · económico del país tanto en el plano interno como en sus
transacciones internacionales. En una reciente revisión de los escritos de
los principales ideólogos del período, Halperín ha argumentado que "Un
sólido consenso va a afirmarse entonces en torno a los princifios básicos
1
para la renovación económica postulada para la Argentina ..."
La inmigración, la apertura al capital extranjero, el libre comercio,
una política monetaria más o menos estable, y la expansión de la frontera agrícola y ganadera fueron, sin duda, algunos de los instrumentos que
se consideraron indispensables para impulsar el desarrollo o el "progreso", para utilizar la terminología correspondiente de la época.
Sin embargo, tales proposiciones no fueron ni inmóviles ni totalmente inflexibles. Las opiniones de los voceros más renombrados de la élite
política y económica cambiaron frecuentemente, de acuerdo con las
circunstancias, y el consenso podía verse transformada en virulenta disensión dentro de los salones legislativos o en las páginas editoriales de los
más influyentes periódicos. Tales contradiccion~ fueron especialmente
manifiestas en el terreno de la discusión sobre el papel del Estado en el
proceso de expansión económica, aún cuando en sus discursos y artículos

Pero debe sug~r~e. ~ue ya a partir de este último decenio comenzó
per?-1arse una d~mc1on entre las posiciones de los ideológos que fa.
v~rec1an. la adopc~on de políticas liberales más puras (libre comercio
~zssezfazre) y aquellos que abogaban por un programa de carácter saint~
Simomano favorable a una fuerte intervención del Estad
J
' E 1
•
·
o en a econo~ z~. n e gobierno de la Confederación este enfrentamiento se expreso un~amentalm~nte en la confrontación de las ideas de Juan Bautista
~erdi Y de M:U-1ª.~º Fragueiro. Los influyentes escritos de Alberdi reeJahan la destilac1on de algunas de las tesis centrales de J
I d
Adam Smith
dº ,
.
a escue a e
e. d
y sus_ JS~1pul~s, rruentras que Fragueiro se apegaba a una
8
~e planes samt-sunomanos para permitir la monopolización del
cred1to por el Estado, cuya finalidad consistía aparentemente en lograr
un esarroUo económico dirigido desde arriba. 16
. En la provincia de Buenos Aires los contrastes entre diferentes poi':as no e~an menos significativ?s, pues aún cuando las autoridades l~«:8 tendieron .a favorecer, el libre comercio e intentaron atraer a los
°'.1P1talest; extranJeros, el prospero gobierno provincial dedicó una atenc1on pre e~ente a dos entidades económicas que fueron apoyadas luego progreSJvamente controladas por el Estado: el Banco de I p Y. ·
y el Fe
arriJ O
.
a rovmcia
rroc
este, ambas las pnmeras empresas importantes del país
1
en os ramos de banca y transportes.17
A raíz del establecimiento del gobierno nacional en 1862, los de-

�94

Siglo XI.X

bates legislativos pronto revelaron que existía un acuerdo tácito entre
diputados y senadores para continuar con las políticas de desarrollo ensayadas por los gobiernos anteriores. Las críticas anti~statistas siguieron
siendo frecuentes pero también persistía alguna conciencia que, al menos en ciertos terrenos, no podía prescindirse de la participación activa
del Estado. Sin embargo, la relativa penuria -fiscal no pennitió avances de
mucha importancia durante la administración de Mitre (1862-68) cuando
las finanzas del Estado se vieron de tal manera subordinadas a las necesidades de cubrir los costos de operaciones militares (especialmente la
Guerra del Paraguay) que resultó ilusorio proponer que se realizase un esfuerzo sistemático por promover un programa de obras públicas. En este
terreno la función del Estado se limitó a ser garante de la inversión privada.
A partir de 1868, en cambio, la nueva administración encabezada por
Sarmiento adelantó un plan para acentuar el papel económico del Estado,
aún cuando simultáneamente seguía defendiendo la libre empresa. En su
discurso inaugural ante el Congreso, en 1869, el nuevo presidente subrayó
su deseo de dibujar un nuevo curso político y económico fundado en la
promoción de una amplia gama de proyectos que incluían la construcción
de ferrocarriles y telégrafos, la modernización de los puertos, el apoyo a la
colonización agrícola y la celebración de una primera exposición nacional
de industria y agricultura en la ciudad de Córdoba.18 La elección de Córdoba resultaba sin duda significativa pues esta ciudad era el eje principal
del comercio este/oeste y norte/sur del país. Implícito en tal decisión podía vislumbrarse el deseo de impulsar un mayor grado de unidad riacional
tanto en el plano mercantil como en el político/militar.
Para Vélez Sarsfield, ministro del Interior-desde 1869, verdadero estratega de las políticas de desarrollo económico de la administración, los
mayores enemigos del progreso los constituían "la distancia" y "el desierto". La construcción de caminos y puentes, la extensión de los telégrafos
y el fomento de los ferrocarriles se presentaban por consiguiente como
los instrumentos indispensables para vencer tales obstáculos. Vélez Sarsfield afirmó en su informe al Congreso: "Adelantos materiales: ese es en el
día la política única que en el Litoral y el Interior de la Refsública, hacen
hoy tanto el Gobierno General como los Gobiernos locales". 9

Y ello se vinculaba estrechamente con los cambios que se iban produciendo en el plano político y social:
Nuestros pueblos aprenden paulatinamente que la paz es la mejor
garantía del trabajo... Ya no son ni las ambiciones ni los disturbios los que hacen la política argentina. La República se ha

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

95

lanzado ansiosa de adelantos, por el camino del progreso, y hoy
son la pal~ Y el arado los que abren la tierra, donde, hasta hace
P?co, la pica y sable del montonero abrían heridas en el corazon de la patna.

rJ

Para
,, dlas ¡ autoridades
•. nacionales' por lo tanto , la "paz" ( osea larepreSion e os movmnentos P?puJares ~egionales y disidentes) constituía un
~aso fu~da~ental para abnr el cammo hacia un desarrollo sostenido de
tipo c~p1tal1Sta; Pero la realización de las metas económicas enunciadas
req~ena ~de~as la ~ues~ en m31:cha de una serie de reformas adminis~ativas, teci:ucas Y. fmanc1eras. Mas específicamente, la nueva cúpula dirtgeJJte se vio obligada a determinar con precisiÓJJ cuál de los departa~~ntos gubernamentales iba a hacerse cargo efectivo de la implementa~•on de sus pr?gramas_. ~~iento y V élez Sarsfield evidentemente no duaro~ en elegir al Mm1Steno del Interior como el instrumento idóneo
ampliando sus funciones de manera que se pudieran institucio al'
1'
proyectos que ya habían sido esbozados.
n izar os

~io~i~~TERIO DEL INTERIOR COMO "AGENCIA DEL DESADe _los cinco _ministerios que fu_eron establecidos en 1862 poi: el nuevo
g~bi_ern~ nacmnal, cuatro teman funciones claramente definidas: el
M1n1Ster10 de Guer~a, el de H~ciehda, el de Justicia, Educación y Culto~ _Y e! de Relac1?nes Extenores. Pero el quinto departamento -el
~mISteno_ del Interior- era mucho más heterogéneo desde el
t d
vista _fu~c1onal y administrativo.21 El organigrama de su complefa°:;uc~
tura mdica que, desde mediados de los años 60 esta i·nsa·tu . ,
abili ab
, .,
,
c1on se respo~ , z ,a por 1a supems1on y administración de gastos de un mu
v_anad? catálo~o de entidades que incluían al Congreso Nacional, la Pr[
S1denc1a, el sIStem~ ~acional de correos, el departamento de caminos
P_~entes Y obras púhhcas, el Archivo Nacional las oficinas de · · '
c1on y est d 1' 1·
1
. ,
'
mrmgra,.
a st ~a, a po1_1c1a municipal de Buenos Aires, el Consejo de
Htgtene de la capital, y vanas otras agencias.22
E_I M~~erio. del Interior aparecía, por consiguiente, como un pote
~o cab1an estrictamente dentro de la Jºurisdicción de los de '
· _qu
no E 1
, •
mas m1Il1Stes. n a prac~1ca, no obstante, este repartición vino a asumir esencialm~n_te d_os funciones, una política y la otra económica. Siendo el único
mimsteno ve!daderamente "político", era lógico que se responsabili
Jl?r el,,mane~o ! la coordinación de las complejas y cambiantes "si:~
;;ones provmc1ales y municipales. En otras palabras, le incumbía la taa de mantener el control sobre los jefes poi íticos regionales y locales,
poum ~d.minis~atívo, al cual eran relegadas todas aquellas actividades

�96

Siglo XIX

premiándoles por su lealtad o alternativamente cas~i,gándoles e~ casos
de disidencia pronunciada. A ello se agregaba la func1on de orgaruzar las
elecciones de tal manera que el régimen en el poder pudiese esperar res~tados relativamente favorables, aunque debe indicarse que en los decenios
de 1860/70 la maquinaria electoral todavía no estaba suficientemente bien
. tales obºJetlvos.
. 23
aceitada para garantizar
Al mismo tiempo, el Ministerio del Interior era virtualmen!e _la única
agencia nacional dedicada a la promoción del desarroU? eco11onuco. Los
dineros requeridos para tales fines naruralmente proveman de las arcas del
Ministerio de Hacienda pero el del Interior era el organismo encargado de
gastarlos y administrarlos. Al principio sus funciones "econói_ni~" no estuvieron bien definidas, pero desde fines de los años 60 y pnnc1p1os de l?s
70 los encargados de la cartera fueron ampliando los departamentos exJSte~tes y creando algunos nuevos: entre las suhreparticiones administr~~vas
más importantes -de carácter económico- pueden señalarse las oficm~s
de correos y telégrafos, el Departamento de camino~! puen~es Y obras publicas, la Oficina nacional de ingenieros, la Inspecc1on nacional de ferrocarriles, y el Departamento de agricultura.
Durante este período la prioridad del Ministerio consistió clarame~te
en la modernización del sistema de comunicaciones y transportes a ruvel
nacional. Que así fuese no tenía nada de extraño pues este programa
efectivamente unía los objetivos claves de la adininistración en la esfera
política y económica. El establecimiento d~ _una red más ext~nsa Y eficiente de comunicaciones, por ejemplo, facilitaba las tr~sacciones ~ercantiles, pero de manera igualmente importante contrihma a la c?n~hdación de la administración política a nivel nacional.24 De forma sunilar, la
promoción de los ferrocarriles no sólo fa~or~cía la expansión d_el_ comercio sino que representaba un instrumento mdISpensable para el rap1do despliegue de las fuerzas militares donde eran requeridas: por ejemplo e~ el
caso de incursiones de diversas tribus de indios guerreros o, alternativamente, para reprimir levantamientos provinciales dirigidos en contra del
gobierno central.25
.
El análisis detallado de la compleja relación entre la esfera económica
y la político/militar, no obstante, trasciende los límites del presente ensayo. Nuestro propósito aquí consiste en limitarnos a la revisión de las
funciones del Ministerio del Interior, estrictamente en términos de los
programas de desarrollo económico adoptados por los gobernantes contemporáneos, y las formas de financiamiento que utilizaron para llevarlos
a cabo. Para evaluar la importancia relativa de los diferentes proyectos
emprendidos nos parece esencial proceder a la deli~~ación de 1~ c~tegorías funcionales en las que se encuadraban las actiVJdades economicas

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

97

bajo la jurisdicción del Ministerio. Comenzaremos con unos breves come!1tarios acerca de la operación del sistema de comunicaciones (correos y
telegrafos) para pasar luego al de transportes (puentes caminos navega.,
f
arril 26
,
'
c1on Y erroc .. es). Este _enfoque nos ayudará a explicar por qué un
campo de actIVJdad en particular - la construcción de ferrocarriles- se
converti~ía. e~ el objetivo econóinico primordial del gobierno nacional
desde pnnc1pios del decenio de 1870.

EL ESTADO Y LA EMPRESA PRIVADA EN LA ORGANIZACION DEL
SISTEMA NACIONAL DE CORREOS

~l primer paso qu~ e~prendió la administración nacional para mejorar el
sistema de comumcac1ones fue el establecuniento de un servicio de correos que abarcó a las catorce provincias de la república. Para realizar esta
tarea, ~to el gobierno de Mitre (1862-08) como el de Sarmiento (186874), tuVJeron la fortuna de poder construir sobre las bases que habían sentado los gobi~mos anteriores. Más concretamente, durante la década
1850/60 !ºs_ ~1der~s de la Confederación ya habían formado el esqueleto
de. un prurutJvo sistema de correos al autorizar la contratación de una
sene de po~t~ Y dil~encias regulares para transportar la correspondencia
entre las pnnc1pales cmdades del interior y a lo largo de los ríos Paraná ·y
Uruguay.21
Estas iniciativas fueron continuadas después de 1862 y por una nueva ley d_e _1866 el Congreso Nacional estableció las condiciones a regir en
los semc1~s contr_atados con los empresarios que se encargaban de las
c?ntadas lmeas eXISt~ntes: De acuerdo con esta legislación, varias diligencias de corre?s deb1an ~1rcular por las cuatro principales rutas que conectaban la cmda~ de Cordob_a con las de Jujuy, Catamarca, La Rioja y
Mendoza, respectivamente, mientras que la correspondencia entre los
pue~los secundarios de las provincias del norte y occidente se conducía
mediante postas de a caballo.28

. A P~ de l~s avances logrados a mediados de los años 60, la hurocraci~, Y las 1nstaJac1ones de estos servici&lt;&gt;s seguían siendo exiguas, no amph~ndose hasta unos años más tarde cuando la Administración Nacional
de C~?'eos co~e~ó a consolidarse. En 1869 el Congreso autorizó la construcc1on de. edifi~1os adecuados para las oficinas en Buenos Aires y en
?tras poblaciones unpo~ntes y por primera vez se delegaron una serie de
mspectores para superVISar las operaciones en todas las provincias. Los
contratos pronto se multiplicaron en base a negociaciones con una multit~d de pequeñas compañías. El correo a reinitirse por el Río Paraná, por
eJemplo, fue contratado con el naviero David Bruce y el del Río Uruguay

�98

SigloXIX

con el empresario Uladislao Barañao. En 1872 se firmaron acuerdos para
el establecimiento de postas regulares entre Tucumán y San Juan Y para
varias rutas en regiones del centro y oeste del país. Las comunicaciones ya
existentes entre las capitales provinciales fueron complementadas por una
serie de correos a los ·pueblos rurales pequeños, como podía notarse a
raíz del establecimiento en 1873 de veinte líneas nuevas en la provincia
de Buenos Aires y varias otras que llegaron a las colonias agrícolas recien29
temente fundadas en la provincia de Santa Fé . En el año 1876 _Y~ estaban
en operación noventa y dos líneas de diligencias de correos subsidiadas por
el gobierno nacional y unas treinta y cinco postas a caballo que alcanzaban, en su conjunto, a la mayoría de los distritos más poblados del país.Jo
El sistema de correos nacionales creció con rápidez en años subsiguientes, según lo atestigua el hecho de que existi~~n unas, 400 oficinas
postales a mediados de los años ochenta. Pero tamhien habria que rem~car que seguía siendo un servicio manejado esencialmente por firm~ pnvadas pues eran éstas las que efectuaban el transporte _terrestre y flu~al de
la correspondencia. El gobierno, por supuesto, superYISaba las operacio?es
pero su función fundamental consistió en apoyar a los numerosos capitalistas involucrados mediante el otorgamiento de subsidios y contratos.JI
EL SISTEMA TELEGRAFICO: PRIORIDADES MILITARES Y MERCANTILES
En contraste ·con los correos, la red telegráfica nacional fue controlada más
directamente por el Estado. La construcción de este segundo y más moderno sistema de comunicaciones arrancó verdaderamente bajo la administración de Sarmiento. En octubre de 1869, el Congreso Nacional creó la Inspección General de Telégrafos y a partir de entonces esta oficina inició n~gociaciones con una serie de compañías contratistas para el tendido ~e miles de kilómetros de cables hacia el norte, sur y oeste de Buenos Aires Y
2
Rosario, incluyendo una línea que llegó hasta la frontera cbilena.J
El costo abultado de estos proyectos requirió nuevas formas de fi.
nanciamiento. En 1869 la legislatura nacional resolvió acudir al mercado
local de capitales autorizando la venta de un monto considerable de ~onos estatales -llamados "acciones de caminos y puentes"- para financiar
el programa de construcción de telégrafos así como algunas otras obras
públicas.J3 De esta manera el gobierno pudo invertir unos 880 000 pesos
(obtenidos en la Bolsa de Buenos Aires) para tender las largas líneas que
cruzaron las provincias del interior y otras más cortas en el litoral. Para
1876 ya existían más de 8 000 kilómetros de telégrafos, de los cuales
aproximadamente el 60% pertenecía al Estado.

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

99

Debe agregarse que tal empresa supuso 1a importación de grandes volúmenes de materiales -especialmente cables desde Inglaterra- lo cual obligó al gobierno a abrir una cuenta especial con la casa bancaria londinense
de Cristóbal Murrieta and Co. para agilizar los pagos por el equipo contrátado.34
Ello revelaba la complejidad técnica y financiera que ya comenzaban
a alcanzar los planes de desarrollo económico del joven gobierno argentino.
L~ _importancia mercantil de estos proyectos era igualada por su utilidad militar como ha demostrado Colin Lewis en sus estudios acerca de las
c:1~pañas co~tra los indios pampas en los años de 1870. El telégrafo ejerc10 un papel 1DStrumental en las mismas, facilitando de manera inédita los
movimientos coordinados de tro~as a lo largo de las fronteras sur y oeste
~e la provincia de Buen?s Aires. 5 Por otra parte, no hay duda que políbcamente, este nuevo sIStema ultra/rápido de comunicaciones facilitó el
proceso de centralización administrativa que había de culminar en los
años 80.36
LA MODERNIZACION DEL SISTEMA TRADICIONAL DE
TRANSPORTES: CAMINOS Y PUENTES
Si ~ien el mejo~ami~nto de las comunicaciones mediante el correo y los
telegrafos constituyo un objetivo vital dentro de los planes de desarrollo
del Ministerio del Interior, más importante aún fue la reforma de los sis37
t~mas básicos de transporte. La tarea no resultaba fácil. A mediados del
siglo XIX el vasto Y poco poblado territorio argentino contaba con una
red caminera rudim~ntaria de raig;tmbre colonial.38 En la zona pampeana
los ganaderos Y .:igr1cultores segu1an dependiendo de las lentísimas carret:18 de buey~, vehículo universal para el transporte de mercancías. A par~ del decemo 1830/40, algunos ricos propietarios y comerciantes establecieron empresas de carre~ qae pe~itieron un flujo de tráfico algo más
regular, pero el gran ohstaculo contmuaba siendo el tiempo: se requerían
semanas para trasladar el creciente volumen de lanas, caeros y granos hasta los puertos. Y el, problema se tomaba cada vez más agudo en la medida
qae la frontera agr1cola/ganadera se iba extendiendo hacia el sur oeste y
norte.
'
En las provincias del interior los arrieros, con sus largas recuas de mulas, se encargaban del transporte a través de las zonas montañosas mientras
que en los valles y las estepas semidesérticas se utilizaban diversos tipos
~e carros Y carr~tas que transitaban por las mismas rutas de hacía tres
stglos. _La urgenc'.a de modernizar era aquí todavía más apremiante que en
las regiones del litoral, pues las trayectorias de los viejos caminos no resul-

�100

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

Siglo XIX

ta.han adecuadas para las cambiantes nece~idad_es de sus _eco~?~ías. ~rante la colonia, el grueso del tráfico del mtenor se habia_ dirigido hacia
las zonas mineras del Alto Perú o, alternativamente, a Chile, pero desde
mediados del siglo XIX el comercio se reorientaba en direcci?n a los dinámicos polos de crecimiento surgidos alrededor de Buenos Aires Y Rosario.
A partir de la independencia y has~. los años '60 l~ _gobiernos provinciales poco habían hecho para modificar la ~ed trad1:1onal d~ transporte, no sólo por la frecuencia de los conflictos mte~-regionales smo fundamentalmente a causa de la escasez de fondos. Umcamente en la provincia de Buenos Aires podía encontrarse una tesoreria lo suficientemente
próspera como para pagar a las empresas contratistas e~ca~adas de re~aración y construcción de caminos. En el resto de la rep~~ca,_ en cambio,
la implementación de un programa de reformas recaena meVItablement~
sobre los hombros del gobierno nacional y, más específicamente, del Ministerio del Interior.
Durante la presidencia de Mitre, no obstante, los recursos ~~tales
disponibles para tales fines fueron tan limitados que no s~ logro smo
reparación de algunas viejas rutas.39 ~esde 1869, e~ ~amh10, se prod~JO
un notable avance, especialmente a ra1z del establec1mtento_ d_~ la Ofi~ma
Nacional de Ingenieros.40 A pesar de ser ésta una reparttc1on relat~vamente pequeña, habría de cumplir una misión fundamental en la reah_~ción del conjunto de los ambiciosos proyectos de desarroll~ que se m'.·
ciaron bajo la administración de Sarmiento. Y así _lo reconocieron 1~ rru·
nistros que llegaron a ocupar la cartera del Interior en años postenores.
En 1878, por ejemplo, se señalaba:

!ª

Hasta 1869 las obras públicas se contrataron con empresas o
compañías particulares sin intervención las más veces de personas competentes... ; creada la Oficina de'lngenieros en esa fecha,
empezó a establecerse un sistema más regular en este impo~tante servicio de la administración pública. .. Fue... en ese periodo
de 1869 a 1875, que se contrataron y empezaron en su mayor
parte los ferrocarriles, puentes, caminos, líneas telegráficas, etc.,
., 41
que hoy posee 1a N ac1on.
Ingenieros nacionales como Pompeyo Moneta, Knut Lindmark, Carl~
Chriesternsson, Guillermo Villanueva y Julio Lacroze, entre otros, reali·
zaron una tarea fonnidable, recorriendo el país para trazar los planos de
los nuevos caminos, puentes y líneas ferroviarias proyectadas, publicando
42
sus informes y efectuando la inspección de las. obras en marcha. Fue
precisamente a partir de este esfuerzo que se pudo comenzar a articular ~
programa coherente para expandir las principales arterias del comercio,

101

especialmente en las provincias del centro y occidente.
En algunos casos, los mismos ingenieros estatales se encargaron de la
construcción de las carreteras y puentes pero en general su labor consistió
e? la sup_ervisión _de la 1ecución _de aquellos contratos negociados con
diversas firmas pnvadas.4 Es decir, el E!&gt;tado proporcionaba el financiamiento y la asesoría técnica mientras que los empresarios individuales se encargaban de reunir la mano de obra y llevar a cabo-la mayor parte de la construcción. Ilustrativo de tales capitalistas fue el multifacético
catamarquefio. Adolfo Carranza, q~en tuvo especial empeño en promover el desarrollo de las provincias del noroeste del país. Habiendo obtenido los contratos para el transporte del correo desde Tucumán a Catamarca y San Juan en los aiios 60, pronto captó los contratos para el tendido de líneas telegráficas a lo largo de las mismas rutas. Por ello no. fue
sorprendente que en 1873/74 decidiera entrar en negociaciones para la
construcción de caminos entre estas ciudades ni que más tardíamente se
convirtiera en activo promotor de los primeros proyectos ferroviarios en
dichas regiones.44
El ejemplo de Carranza refleja con precisión de que' manera los programas de modernización de los sistemas de correos, telégrafos, caminos,
p~entes y ferrocarriles estaban basados en una integración mutua y func10nal. En este sentido el gobierno jugaba un papel regulador fundamental
fª que era la única instancia con capacidad técnica y financiera para
unpulsar este paquete de servicios esenciales para el incipiente desarrollo
capitalista. Los resultados iniciales, en lo que se refiere al transporte terrestre tradicional, no fueron espectaculares pero sí constituyeron un
avance prometedor. Entre 1870 y 1875 el gobierno nacional financió el
tendido de diez puentes importantes en las provincias de Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y la construcción de 18 nuevas carreteras en las provincias.45
LOS PUERTOS Y LA NAVEGACION FLUVlAL: LA NEGLIGENCIA
ESTATAL
El mejoramiento de las instalaciones portuarias existentes y de los sistemas de navegación fluvial fueron objetivos complementarios asumidos
por el Ministerio del Interior, pero en este caso, el monto de fondos
efectivamente invertidos fue tan reducido que las iniciativas guhername~tal~ resultaron francamente decepcionantes. Es cierto, como ya se
ha md1cado, que las autoridades nacionales firmaron una serie de contratos con diversas compañías de navegación para transportar el correo
entre los puertos fluviales durante los aiios de 1863-74, pero posteriormente se cancelaron la mayoría de los subsidios, dejando el fomento del

�102

Siglo XIX

tráfico fluvial y de la marina mercante enteramente en manos de empresas privadas, locales o extranjeras.46
Más sorprendente aún fue la negligencia casi total del Estado con
respecto a la modernización de los puertos, cuyas instalaciones no se
habían modificado sustancialmente desde la época colonial a pesar del
enorme incremento en el tráfico naviero internacional realizado a través
de ellos. En 1869 dos grupos de capitalistas anglo/argentinos presentaron
propuestas para dragar el puerto de Buenos Aires y construir algunos
muelles, lo cual hubiese permitido que los navíos de mucho calado pudieran descargar directamente sin tener que efectuar el lento y engorroso proceso de transbordage como seguía siendo la práctica habitual.
Pero ni la legislatura provincial ni la nacional aprobaron los proyectos a
pesardelas enérgicas gestiones a su favor por parte de Sarmiento.47 Por
consiguiente, el mayor puerto de la república seguiría operando con graves deficiencias hasta fines de los años 80. De acuerdo con las Memorias
del Ministerio del Interior (1873 y 1874), las únicas obras portuarias emprendidas consistieron en el establecimiento de algunos faros, almacenes
de aduanas y lazaretos, estos últimos sirviendo como oficinas de cuarentena establecidas a raíz de la terrible epidemia de fiebre amarilla de 1871 y
de los brotes de cólera (durante 1871) en Buenos Aires y Corrientes. Las
sumas ridículamente exiguas gastadas durante el período, claramente sugieren que las prioridades del gobierno no se orientaban a impulsar el tráfico fluvial o marítimo sino que se centraban en los requisitos del transporte terrestre y, de forma cada vez más acentuada, en la expansión de
ese nuevo y revolucionario instrumento que era el ferrocarril.

LA POLITlCA FERROVIARIA DEL MINISTERIO DEL INTERIOR
Dentro del campo del desarrollo económico puede argumentarse que la
organización de la red ferroviaria nacional representó el mayor desafío
técnico, administrativo y financiero que enfrentó el Estado argentino durante la segunda mitad del siglo XIX. De hecho, la construcción de los fe.
rrocarriles absorbió cerca del 75°/o del total de gastos públicos asignados
para proyectos de desarrollo a lo largo de los años '60 y '70 (véase cuadro I). Ello ayuda a explicar por qué en el año de 1880, el Estado ya
controlaba cerca del 50°/o del kilometraje nacional de ferrocarriles, además de proporcionar cuantiosos subsidios para la mayoría de las líneas
privadas (véase cuadro II).
El repaso de los documentos contemporáneos revela, una vez más, el
rol crítico de la administración de Sarmiento en la implementación de esta
estrategia económica, aunque no debe hacerse caso omiso de aquellos an-

C. Marichal: PolítiCO$ de desarrollo y

deuda externa en Argentina

103

tecedentes legislativos y prácticos que contribuyeron a la formulación paulatina de_ ~na poi íti~ ferroviaria nacional.48 No hay duda, por ejemplo,
que el regimen antenor, encabezado por el general Mitre, había considerado que la introducción de la locomotora era un prerequisito indispensable para el crecimiento económico. Pero es igualmente cierto que no sería
hasta 1870 cuando el gobierno comenzó a determinar con precisión cual
debía ser el papel del Estado en este sector.
La experiencia extranjera sugería una serie de modelos posibles, como
bien lo sabían los miembros más educados de la élite argentina. En Gran
Bretaña y Francia el gobierno había asumido un rol insignificante en el desarrollo ferroviario, política que podía atribuirse a la extraordinaria abundancia de capitales que existían en aquellos países y que fueron canalizados hacia este tipo de negocio. En Estados Unidos, el Estado tampoco tomó una participación directa en las compafiías, pero las autoridaiJes federales las favorecieron ofreciéndoles una serie de atractivos incentivos en
la forma de concesiones de vastas extensiones de tierras ricas en recursos
naturales. En contraste, desde 1860, en Australia se produjo una situación radicalmente distinta, pues los gobiernos provinciales sostuvieron un
virtual monopolio sobre la red ferroviaria, tendencia que podía atribuirse,
al tnenos en parte, a la falta de interés por parte de ·ganaderos y mineros
locales en invertir sus fuentes relativamente limitadas de capitales en empresas de esta naturaleza.49
. , Nu~~':°sos historiadores han sugerido que en el caso argentino tamb1en ex1s~~ una esc~ez de capital privado local, lo cual explicaría porqué
se depend10 alternabvamente de empresas extranjeras o del mismo Estado
para financiar su construcción. Esta disyuntiva, asimismo, podría considerarse como una de las causas del carácter contradictorio de las políticas
adoptadas por el_ E~tado, La primera compañía ferroviaria argentina fue
estatal; las dos s1gwentes fueron de capital británico y la cuarta de tipo
"~xto'_', en la cual coparticipaban accionistas privados argentinos y britámcos Juntos, con el gobierno nacional.50
Al comenzar la década de 1870, sin embargo, la administración de
Sarmiento resol~~ _imponer un programa algo más coherente para el fo.
m~nto Y supervis1on del sector. Su iruíovación técnico/administrativo
mas destacada fue la creación de una repartición especializada llamada
Inspección Nacional de Ferrocarriles que dependía indirectamente de la
Oficina Nacional de Ingenieros. Este nuevo departamento, encabezado inicialmente por el ingeniero Pompeyo Moneta, tuvo jurisdicción sobre el diseño d~ !odas las rutas proyectadas, además de ser responsable por la implementac10_n _de 1~ leyes sobre operación de ferrocarriles que fueron ratificadas casi sunultaneamente por la legislatura nacional.51

�....
o

~

CUADRO 1

en

~
o

~

INVERSIONES ESTATALES REALES EN PROGRAMAS DE DESARROLLO ECONOMICO*
(en miles de pesos fuertes)

(1863-1880)

Año

Obras (a)
Públicas

1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874

104
135
100
43
20
82
197
195
205
178
419
424

44
46
122
69
1 591
614
325
890
1 160
2 136
3 728

1875
1876
1877
1878
1879
1880

299
250
67
132
71
89

5 149
1 560
359
1,122
530
1 430

Construcción (c)
Telégrafos

Construcción (b)
Ferrocarriles

-

-

-15
1

1

;-

'

25
293
298
297
60
70

13
25
78
40
30

Construcción
Edif. Publ.

22
34
21
15
6
14
21
79
53
66
159
177

Inmigración

L"

2
15
15
15
22
25
71
53
66
159
177

Agricultura

-r

12
12
28
46

~

232
223
59
30

232
223
321
379
498
396

~
.,¡:;•

41

*

La infonnación incluída en este cuadro se refiere únicamente a inversiones de capital para ampliar instalaciones, etc. No se incluyen aquí los gastos ordinarios por operación de los servicios.
Este rubro incluye esencialmente inversiones en construcción de caminos y puentes aunque ocasionalmente algunos gastos de subsidios a empresas de navegación o referentes a algunas obras portuarias.
b) Este rubro incluye inversiones directas por el Estado en los ferrocarriles Andino y Central Norte adec) más de garantías pagadas a compañías privadas en proceso de construcción.
En este rubro se incluye el monto de capital líquido y de bonos entregados a los contratistas para la
construcción de los telégrafos estatales. No se incluyen los 30 000 pesos anuales que se pagaron a la
empresa del telégrafo transandino entre 1869 y 1880 ni los dineros invertidos en telégrafos militares;
éstos últimos comenzaron a ser importantes en 1875.
a)

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FUENTE: Memoria de Ministerio de Hacienda {1863-1880), en particular las "Cuentas de Inversión". De
particular
utilidad fueron los resúmenes estadísticos de las Memorias de 1876, pp. LXXXVI-XC y de 1880,
p. XLV-LXXIX.

(1)

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�106

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

CUADRO II

FERROCARRILES ESTATALES Y PRN ADOS COMPARADOS
(1865-1880)
(en ºJo de 1as variables elegidas)

.
,,(a)
Ferrocarriles estatales y " mixtos

Kilometraje
Capital declarado
Pasajeros transportados
Carga transportada
Ingresos totales

1870

1875

1880

ºlo

ºJo

º/o

º/o

EL EMPRESTITO DE 1871 Y LA POLITICA FERROVIARIA

58
50
32

78
68
31
74
40

70
50
36
55
53

65
54
34
56
55

El 16 de mayo de 1870, el mandatario argentino Domingo Sarmiento presidió las ceremonias de inauguración del Ferrocarril Central Argentino
que unía las ciudades de Rosario y Córdoba. Esta línea, iniciada cinco años
antes, había sido construída con capitales mgleses y argentinos.52 Para Sarmiento, su terminación significaba una combinación de adelantos de carácter económico y político. Declaró :

71

Ferrocarriles privados (b)

Kilometraje
Capital declarado
Pasajeros transportados
Carga transportada
Ingresos totales

El otro paso impo.rtante que emprendió el gobierno nacional fue la
planificación y construcción de un esqoeleto de Iíneas a través de las provincias, extendiendo la ruta ya existente de Rosario-Córdoba hacia el norte
a Tucumán y hacia el oeste a Me,1doza. Pero para realizar estas obras se
requería una cantidad sin precedentes de capitales, recursos materiales y
mano de obra. Para cumplir con taJes necesidades, en 1870 el Congreso
Nacional aprobó la emisión de un gran empréstito extranjero -conocido
como el ''Empréstito de Obras Públicas"- que, dicho sea de paso, fue el
mayor préstamo que ·el gobierno argentino había solicitado hasta entonces.

1865

53

42
50
68
29
47

22
32
69
26
60

30
50
64
45
47

35
46
64
44
45

a)

Ferrocarriles estatales y "mixtos" se refiere a 4 em_presas fer~oviart;
El Ferrocarril Oeste de la Provincia de Buenos Air~s (propiedad e
obiemo de la Provincia de Buenos Aires; Ferro~arril Andmo Y ~en~ral Norte del gobierno nacional; y el Ferrocarril Central Argentmo,
empresa mixta.

b)

Los ferrocarriles privados eran cinco empresas pr?piedad de ca1;&gt;italistas británicos: Ferrocarril Gran Sur de Buenos Arres; Ferrocru:z-il Buenos Aires-Ensenada; Ferrocarril Argentino del Este; Ferrocarril Norte
de Buenos Aires; Ferrocarril Buenos Aires-Rosario.

FUENTE, El cuadro está basado en un resumen de las estadístic~ detall~:
das sobre todos los ferrocarriles que se encuentran en las Memorias del M
nisterio de Obras Públicas (1898-1899).

107

El ferrocarril inaugurado será el resorte principal de la unión
de la República en sus intereses materiales, como conductor de
sus progresos morales y como agente para la realización de sus
instituciones. ..53
La construcción del Central Argentino constituía, sin duda, un primer paso
en esta dirección, pero además, las autoridades gubernamentales tenían
muy claro que debía ser ampliado y completado con una serie de líneas
troncales adicionaJes que alcanzaran a las demás capitales del interior. Dentro de este programa , dos prioridades concretas, de carácter geo/político y
económico se perfilaban con nitidez: la primera consistía en la necesidad
de construir una línea ferroviaria (que se llamaría Ferrocarril Central del
Norte) desde Córdoba hasta las provincias norteñas de Tucumán, Salta y
Jujuy. La segunda meta se abocaba al tendido de una vía férrea (que se llamó FerrocarrilAndino)haciael oeste, hacia San Luis, :,an Juan y Mendoza.
En realidad ambas trayectorias habían sido proyectadas desde hacía
algunos años. La propuesta más antigua -aceptada por el gobierno de la
Confederación en la década del '50- había contempJado la posibilidad de
crear una ruta transcontinental desde Rosario, pasando por Córdoba y
llegando eventualmente a Valpara íso en Chile, uniendo el Atlántico con
el Pacífico mediante el riel. Tales esperanzas, excesivamente ambiciosas,
pronto se vieron frustradas, pero a partir de principios de los años 60

�108

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de de8arro/lo y deuda externa en Argentina

.
· · ·
l · portancia
numerosos legisladores naci~nales volVIer:n a ~IS~rl:nco~:cción de
que tendría para la formac10n del Emlerca od na~1?t Sarsfield afirmó en
una línea troncal de este a oeste.
sena or e ez
1862 que
El ferrocarril creará un gran centro de comercio en Córdoba~ al
. , sin duda todos los pueblos que hoy comercJ.aD
cual Chile
concurrrran,
• se hallan al pie
• de la Cordillera
busLos pueblos que
.
con,
. . .m as' u' til y más fácil • las mercaderías
caran como
. 54 que vienen del
Atlántico al puerto de Buenos Aires o Rosano.

, tard e, en noVI·embre de 1867 ' el gobierno 1nacional. ratificó
Unos años mas
. d
un decreto que asentaba_ la urgenJte ne)ces;dad de a~erc~l ~i:;~VI;::ori~
Cuyo (Mendoza, San Luis y San uan a os merca, os
:
d
b la realización de un detallado estudio topografico y ~nanc1ero e 1a
za a línea. Esta se !Jamaría "Ferrocarn.1,Andino,, y su pnmer .tramo
futura
h co/
, d de Villa María (la última estacion del Central ArgentJno) asta
rrenaCuarto
es ambas en la provincia d e Cor
, do ba.55 por otratalparte' se .,
anunRío
' para llevar las v1as
, h asta Mend za aunque
extens10n se
ciaron planes
percibía como todavía algo prematura.

°

·

La idea de construir•un ferrocarril hacia el norte a •~_provincia de T;cumán (que pronto se convertiría en una importante regi~n ~rod;ctorad e
azúcar) era más novedosa. Pero desde fines de los añ~s , O, os iputa os
senadores de las provincias nortefias estaban preSiona~~o con mayor
!hínco aún que sus colegas de Cuyo para lograr la/ontrat~~: .de u::.:;:
troncal que diese salida a los productos locales. orno sen
a e1s . nal.
de Jujuy, Araóz, este proyecto era indispensable para el desarrollo regio ·

P~ºi

Por falta de este ferrocarril se puede decir que está, muerta_ la
d ·ón O ahogada en todas esas provincias (Tucuman, Santiago e
. Y Salta) • • • Este será la gran arteria ·que llevad lal sanEucci
stero, JUJUY
gre vivificante las acción de los capitales, de las ideas Y e. proe o de Ei:ir;pa y especialmente del litoral y de Buenos A~es a
gr
s estas provmcias
. . que se encuen tran casi en completa mactodas
•,
56
cion.,.

El roblema principal que enfrentaban los legisladores de_ 187~ se cifraba
en 1as formas de financiar la deseada red ferroviaria en el mten?r de la nación. El capital local era extremadamente escaso en estas regiones y los
obiernos provinciales no contaban con los abundantes recurs~s ~e las
gh
as provincias del este. Las únicas opciones reales, por consigment~,
erman
.
consegwr
consistían en ofrecer concesiones a empr~9:19 extranJeras O en
que el gobierno nacional asumiese esa prodigiosa tarea.

109

Las opiniones estaban divididas. Inicialmente se abrieron negociaciones con el empresario William Wheelwright, que estaba terminando la línea de Rosario a Córdoba. En conversaciones preliminares las autoridades
estatales sugirieron que se le adjudicaría la concesión para la nueva ruta a
Tucumán y J ujuy, pero paulatinamente las relaciones entre el flemático capitalista y el gobierno se enfriaron.57 Que así fuese se debió, en buena
parte, a la emergencia de un movimiento popular en la ciudad de Córdoba.
Más concretamente, cuando los rieles del Central Argentino finalmente llegaron a Córdoba en la primavera de 1870, los habitantes de la provincia,
comerciantes, ganaderos y pequeños agricultores, esperapan grandes transformaciones pero pronto fueron defraudados. Los directores británicos
de la empresa inmediatamente aumentaron las tarifas sobre el transporte
de pasajeros y mercancías. Por lo tanto no fue sorprendente que unas semanas después de la inauguración las-protestas se multiplicasen y que se
celebrasen reuniones públicas en la ciudad para protestar contra los abu58
sos de la compañía. Al mismo tiempo, algunos artículos comenzaron
a circular en la prensa cordobesa sugiriendo la conveniencia de nacionalizar al ferrocarril.
Estas propuestas pronto se hicieron escuchar en los salones del Congreso Nacional. Varios senadores recordaron que, tanto Mitre como Sarmiento, habían invertido cuantiosas sumas de dineros públicos en el Central Argentino desde sus inicios en 1865. De hecho, entre esa fecha y 1870,
el Ministerio del Interior había desembolsado aproximadamente dos millones de pesos para adquirir acciones de la empresa, además de concederle
cerca de 200 000 hectáreas en tierras públicas y otorgarle subsidios anuales que ya totalizaban un millón de pesos.59 A pesar de ello, ni Wheelwright, ni los demás directores extranjeros de la firma manifestaron su
disposición a rebajar las tarifas.
Cuando la administración de Sarmiento decidió hacer públicos sus
proyectos ferroviarios, en junio de 1870, quedaban pocas dudas que el único camino políticamente viable consistía en el control estatal sobre los
nuevos ferrocarriles a construirse. El ministro de Hacienda, Gorostiaga, hizo notar que sin estas vías resultaba dudoso que la economía argentina pudiese lograr los niveles de prosperidad de los países capitalistas más avanzados, afiadiendo:
Estamos conformes en que es más conveniente que esas grandes
obras se ejecuten por cuenta de la Nación y no por empresas particulares (ya) que sería necesario formarlas con fuertes garantías
y con grandes recompensas...60
La cuestión clave entonces no era el control privado o estatal - pues

�110

SigloXIX

ya se había decidido a favor de este último- sino específicamente cómo
reunir los dineros requeridos. En general existía consenso que sería virtualmente imposible conseguir suficientes fondos en la Bolsa de Buenos
Aires. Por consiguiente, el poder ejecutivo propuso que se emitiera un gran
empréstito externo por valor de 30 millones de pesos fuertes (aproximadamente 6 millones de libras esterlinas) en los mercados europeos de capital.
De esta enorme suma aproximadamente 60°/o se destinaría a proyectos ferroviarios estatales, 20°/o para obras portuarias y para la cancelación
de algunos créditos impagos, y finalmente, 20°/o para cubrir los gastos de
colocación, comisiones de banqueros, etc. (cuadro III).

En su conjunto la propuesta de un " préstarn¿ para el desarrollo" fue
aceptada por unanimidad en las Cámaras de Diputados y Senadores, pues
aún los más acérrimos opositores del gobierno, como Nicasio Oroño, senador por Santa Fé, reconocían que la nueva transacción financiera representaba una ruptura, en cierto sentido radical, con el pasado y en particular con el endeudamiento militar que había caracterizado a la administración de Mitre. Oroño hizo notar en el recinto que
Es sabido que las deudas casi todas de la República Argentina han
sido contraídas para sostener guerras fratricidas. Ahoia (el gobierno) piensa de otro modo, piensa que debe contraer esos emprés61
titos para hacer ferrocarriles...
_
Y luego añadió: "Acepto ese empréstito en las condiciones que viene porque se destina por primera vez en la República Argentina al desarrollo de
los intereses materiales del país...''62
A pesar del consenso acerca de los beneficios a obtenerst mediante
empréstitos para el crecimiento económico (en contraste con préstamos
para la guerra) existían ciertas discrepancias con respecto al destino de los
fondos que se obtuvieran. Para un grupo de senadores encabezados Por
Aiaóz, de Jujuy, el dinero debía utilizarse en primer lugar para estatizar
el Ferrocarril Central Argentino y luego para financiar la construcción de
nuevas I íneas.63
Tales propuestas incitaron al ministro de Hacienda a acusar a los legisladores disidentes de estar proponiendo medidas que violarían los derechos
a la propiedad privada establecidas por la Constitución de 1853. Más pertinente y convincente fue su argumento de que cualquier plan de nacionalización casi seguramente haría fracasar la negociación del empréstito externo.

C. Marichal: Políticas de desarrollo Y deuda externa en Argentina

111

El ministro Gorostiaga exclamó.entonces:
No se podría ir con esa ley señor
.d
ropeos, y mucho menos a' la
pres1 :nte, a los mercados eumundo, como se ha dicho d Igranl capital de los capitales del
•
e ng aterra a pedir c · tal
verur a expropiar una propiedad en ue , , . a~1 es para
los principales accionistas.64
q los subditos mgleses son
El argumento era contundente y or co . .
retirar su propuesta aunque n .P d . ns1gu1ente los senadores decidieron
lativamente moderadas.
o sm e1ar constancia de sus protestas, ya rePor último, quedaba pendiente la cuestión de)
,
de las condiciones a exigir por lo b
monto del prestamo y
gabinete opinaba que la colocac· ,s danqlueros _encargados de la emisión. El
,
ion e os tremta ·11
d
nos deh1a ser negociada con una fuert fir b
~ ones e pesos en boanunciar públicamente cual había de :er
a~can~ ~e Londres, pero sin
biemo. El responsable de Hac·e d
. -~ prec10 m1,mmo aceptable algosistiría en otorgarle poderes~ nli;/;:¡mº que el _metodo más efic'._1Z conestaba en camino a la capital: lesa :;:nte ofic1~ de Argen~a (que ya
la mejor oferta.
g
) P que pudiese detennmar cual era

7ª

Por otra parte, la poderosa casa de B . B h
do al ministro de Hacienda que si I
t ~;gd rot ers ya le había adverticar los bonos exitosamente te d :18 au on a es argentinas deseaban coloción, tanteando a los difer~ t n ~an que pro~eder con la máxima discremiento público que despertarnaesl anc?~, y ealvitando cu~quier pronuncia.
a avanc1a o ternati
!os mversores potenciales.65
'
vamente, e1 temor de
Los legisladores no se opusieron a este ar
caron el gran volumen del présta
El
d gumento pero algunos critihincapié en los peligros que pres::.~ , sena or Or?,ño, por ejemplo, hiw
se podían invertir los fondos recib .dna una operac1on tan cuantiosa si no
mente designada. El caso del empr~:s c:~ rapi;e~ y en la fonna previa1858 era ilustrativo: los fondos ohte -~ c e~ ~ errocarriles del año de
absorbidos por un grupo de ca italis m os _en on r~ fueron rápidamente
sidente Montt. El oro extr . p habt::18 chil_enos, arrugos o aliados del preanJero
ia semdo par
t· J al
1ocal pero no contrihu ó d
. . . . a es imu ar comercio
. .
y
e manera significativa a la
tr . , f
VIana. Ahora en 1870 el Estad
.
cons ucc1on erro.
o argentmo enfrentab
•
.,
Jante ya que no era probable
1
.
.
a una s1tuac1on semeque os seJS millones de lib
1·
diesen ser invertidos inmediatamente en Jo f
. ras ester mas pusenador Oroño observó que
s errocarriles programados. El
La oportunidad ·es la más brillante
difícilmente se podrá encontrar
para hacer el empréstito y
otra mejor por el bajo interés

�112

C. Moricha/: Políticas de de,arrollo y deuda externa en Argentina

Siglo XIX

del dinero en Europa... Pero en e~ta mateJiª· .. la experiencia
y la historia nos aconsejan ser muy discretos.
La "discreción", sin embargo, no constituía la máxima prioridad de los
dirigentes políticos en esa coyuntura. Lo urgente era aprovec~ar la fie~re
especulativa en Ja Bolsa de Londres para obtener el oro req~endo para implementar los ambiciosos lroyectos. de desarrollo que hab ian hecho presa de la imaginación de la ebte argentma.
EL DESTJNO DE LOS FONDOS DEL EMPRESTITO DE
OBRAS PUBLICAS DE 1871.
Cuando el agente oficial del gobierno argentin~, ~ariano Vare!~, ~ornen, a negociar los términos específicos del emprest1to de obras públicas en
~: ciudad de Londres, recibió una carta de Sanniento e~ la cual se le recomendaba que abriera discusiones con la casa bancana de Tho?15on,
Bonar. Ello ocurría en octubre de 1870, pero pocas semanas despues Vareta estaba celebrando conversaciones paralelas y secretas con por ~o _menos dos firmas londinenses adicionales, Lo~s Cohen and Son~ y Cnstobal
· ta and Co67 Las negociaciones continuaron hasta abril cuando el
Murne
.
L
. .
, . rta sen
contrato definitivo fue firmado con Murrieta. a noticia causo_ c1e
:
sación entre los círculos financieros de Europa y de Buenos Aires, no~lo por el desplazamiento de los dos primeros me;chant ~anks mencionados, sino sobre todo porque el gobierno no habia ~refendo bu_scar los
servicios de la prestigiosa banca de Baring B~ot~ers, la firma financiera ~ue
se habí!\ encargado de los ante~ores ~mp~estitos ~xtemos de Argenbna:
Pero la casa de Murrieta tambien tenia vmculos _1mportant~s. con el gol
biemo argentino desde hacía algún tiempo, habiendo participado e~ e
financiamiento del Ferrocarril Oeste de la Provincia de Buenos AtitS
68

(empresa estatal) desde 1860.

Posiblemente el hecho de que la firma de Murrieta n? fuese de las~
meras del mercado londinense haya sido un fact~r ~ue dific~tara la ve do
de los seis millones de libras en bonos del emprestlto argentino. En to
caso, Murrieta solamente pudo colocar tres millon~ de1lib~as en _1~71/72:
después de lo cual las ventas amainaron.69 En ello mfluyo la_ ~nSlS finan
ciera internacional de 1873 que provocó una baja en l:15 act1V1dades bur:
'til
E última instancia los banqueros se vieron obligados a vender pe
sa es. n
,
d, d
· d h~·
queñas parcelas de bonos argentinos durante toda la eca a no sien ? .
ta 1880 cuando se vendió el último lote de los valores de este empre¡;tito.

d:

En la práctica, por consiguiente, tanto la re~epción de los fondos
empréstito de 1871 como su desembolso efectivo tardaron m_ucho ~ .
70
tiempo de lo que se había estimado en un principio. Para explicar cu es

ll3

fueron los métodos empleados por las autoridades hacendarías argentinas
para escalonar las operaciones financieras puede resultar conveniente prestar una atención especial al "ciclo de vida" del empréstito, o sea sus distintas etapas.
En la primera etapa -correspondiente a los años de 1871 y 1872- el
gobierno recibió el grueso de los fondos del empréstito. De acuerdo con los
objetivos marcados por la ley de agosto de 1870, los dineros debían destinarse para la construcción de ferrocarriles estatales, la modernización de
puertos y, en menor grado, la devolución de algunas deudas pendientes
(véase cuadro ID). Sin embargo, desde fines de 1872, apenas se habían
iniciado las obras públicas proyectadas. Por lo tanto él ministro de Hacienda resolvió que se utilizaran los dineros para cancelar un viejo préstamo otorgado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires al gobierno nacional, colocando el oro restante en cuentas abiertas con varias instituciones bancarias de la capital. De acuerdo con el informe anuaJ de 1872
_(presentado al Congreso por el Ministerio de Hacienda), la mayoría de los
fondos fueron depositados en el Banco de la Provincia a una tasa de interés del 5°/o anual, en bancos privados a 7°/o, y otra porción en letras de
crédito a 8°/o. Un año más tarde el poder ejecutivo informaba que m:ás de
ocho millones de pesos fuertes seguían en las cajas del Banco de la Provincia.71 El Estado, evidentemente, estaba recibiendo intereses sobre sus depósitos pero, al mismo tiempo, tenía que efectuar todavía mayores pagos
a los tenedores de los bonos.
Durante los dos primeros años de vida del empréstito, por lo tanto, el
oro de Londres no fue utilizado para financiar actividades productivas, sino que fue transferido para su custodia a las arcas de diversos bancos bonaerenses. De esta manera, tales instituciones financieras recibieron una
tremenda inyección de capital a corto plazo que pudieron utilizar para incrementar sus operaciones ordinarias de crédito.72
Pero, eventualmente, el gobierno si pudo comenzar a canalizar los
ingresos externos hacia las obras públicas proyectadas, lo que constituía
una segunda etapa en la vida del préstamo. La mayor parte del efectivo
fue utilizada para la construcción de los ferrocarriles estatales. Más concretamente, las primeras partidas se destinaron al ambicioso proyecto del
tendido de) Ferrocarril Andino desde la provincia de Córdoba hasta la de
Mendoza. Dos millones de pesos fuertes del préstamo se gastaron entre
1872 y 1874 en la construcción del primer tramo- que cubría el trayecto
de Villa María a Río Cuarto- alcanzando unos 132 kilómetros. Una ex~nsión de Río Cuarto a Villa Mercedes en la provincia de San Luis iniciada en 1873, absorbió otros dos millones de pesos73 (véase cu~dro
III). En su conjunto para 1875 las dos secciones del Andino cubrían

�114

Siglo XIX

254 kilómetros, siendo equipadas con varias locomotoras y varias docenas
de vagones de pasajeros y de carga.
De acuerdo con los planes del Ministerio del Interior la línea debía
seguir avanzando hacia el oeste para dar salida a la creciente producción agrícola y frutícola de Cuyo. Pero la grave crisis fiscal que sufrió el
gobierno nacional, a principios de 1876, trajo el virtual congelamiento de
las obras públicas en marcha. Por ello, no sería sino hasta 1880 que las autoridades pudieron reemprender e impulsar la construcción del Andino para alcanzar su meta definitiva. Con el dinero proveniente de un nuevo empréstito, negociado en 1881 con banqueros franceses e ingleses, los ingenieros y obreros argentinos lograron colocar los rieles que llegaron hasta
San Luis en 1882, La Paz en 1883, Maipú en 1884 y las capitales de Mendoza y San Juan en 1885. Al presidir la inauguración de la línea ya completada- después de 15 años de trabajos- el presidente Roca se refirió a la
ciudad de Mendoza como "la Chicago Argentina", añadiendo que el ferrocarril permitiría un gran aumento en la exportación de vinos y frutas de
esa región, "nueva tierra de Canaan que se abre a-la inmigración y a los capital~s argentinos y extranjeros".74
El otro gran proyecto ferroviariG estatal iniciado con los fondos provenientes del empréstito de 1871 fue la construcción de la ruta denominada "Central Norte" que unió a las ciudades de Córdoba y Tucumán. Iniciada en 1872, se llevó a cabo bajo la dirección del contratista Telíener
(un empresario y aristócrata de origen austriaco) cuya empresa trajo docenas de técnicos y obreros especializados de Europa para realizar los trabajos,
aunque el trazado básico fue efectuado por miembros de la Oficina Nacional de Ingenieros. El gobierno financió el conjunto de las obras entregando
al contratista una mitad de los fondos en efectivo y la otra mitad en bonos del empréstito.75 A su vez, Telfener entregó los títulos a varias firmas
financieras para que procedieran a venderlas en la Bolsa de Londres. Con
ese dinero, la empresa pudo adquirir el equipo esencial que requería para
la puesta en marcha del ferrocarril: rieles, materiales para puentes, locomotoras, vagones, etc. Para mediados de 1875 la vía ya había llegado a
Tucumán, siendo la línea ferroviaria más larga de la nación (547 kilómetros).
Poco después de concluída la obra, el influyente periódico el London
Times atacó al conde Telfener, sugiriendo que había robado ingentes
cantidades de dinero merced al contrato. Esta difamación, sin embargo,
no tenía fundamento pues -como ha señalado Scalabrini Ortíz- una
comisión oficial realizó una detallada investigación a raíz de las denuncias levantadas y encontró que el contratista había cumplido al pie de la
letra con las estipulaciones acordadas con el gobierno.76 La crítica britá-

C. Marichal: PolítiCM de desarrollo y deuda externa en Argentina

115

nica parecía obedecer a los recelos de las compañías privadas ferroviarias
(de capi~ inglés) que habían comenzado a operar en el Río de la Plata,
pues tem1an los avances del Estado en este terreno.

CUADROIII
EL EMPRESTITO DE OBRAS PUBLICAS DE 1871
CUENTA DE FONDOS AUTORIZADOS Y GASTADOS
(en miles de pesos fuertes)

Objetivo
Empréstito Banco
de la Provincia
Ferrocarril Andino
Ferrocarril Central Norte
Puerto de Buenos Aires

Fondos Autorizados

2 800 000

2 800 000

ººº

4 696 255

14 700 000

9 276 208

4 000 000

184 893

2 150

Puerto de Rosario
Gastos Emisión de los Bonos
Totales

Fondos Invertidos

350 000
6

ººº 000

30 000 000

350
6

ººº

ººº 000

23 307 356*

*Saldo: De acu_erdo con la Memoria de Hacienda de 1880 el saldo restante
de 5 845 643 pesos fuertes se gastó de la siguiente manera:
1) 3 837 144 en compras de annamentosporley del 16 de mayo de 1879
2) 1 161 4?2 e.~ gastos finan~ieros dive~sos incluyendo pagos de intereses
y amortizac10n sobre el mismo emprestito.
3) 694 008 en bonos sin colocar

FUENTE: Memoria del Ministerio de Hacienda (1880), p. 100. Para un
d~sglose detallado de los desembolsos hasta 1876, véase Memoria de Hacienda (1876) sección 11, Parte IV, p. 83.

�116

SigloXJX

No había dudas: el establecimiento de esta poderosa em~res_a estatal abría una parte del centro/ norte del país al d~ll~ cap1tal1sta. Y
régimen pres1denc1al
de 1880-86
sob re esta 1,mea troncal el subsim,,ente
i,,
al
· t
había de construir una espesa red de ram~es qu~ alcanz:i-nan . con1un o
de los distritos más productivos de la region. As1 lo hab1a preVIsto el pi~
original de 1870 y así Jo previó el presidente Avellaneda en su mensaJe
oficial de 1877:
Este hecho Qa inauguración del Ferro;ai:ru Có~doba-T~cumán)
es el acontecimiento capital de los úl_ttmos tiempos,. por sus
efectos sociales y económicos que empiezan ya a sentrr~e. Los
habitantes del norte de la República han q~edado ap~oxrmados
en diez o doce días a las ciudades comerciales del litoral que
proveen con las mercaderías extranjeras a la may?~ parte de ~s
consumos y los valiosos productos de aquella reg1on de la Rep~blica se e~cuentran a su vez en posesión de nuevos mercados. ..
Por último, cabe agregar que los fondos restantes del Empréstito _de Obras
Públicas -unos cinco millones y medio de pesos fuertes- tuvieron un
destino bastante distinto del que se había proyectado o~almente. ~e
acuerdo con la legislación de 1870, algo más de cuatro mill?nes deb 1an
utilizarse para la modernización de los puertos de Buenos Aires Y Rosario. En la práctica, apenas medio millón se desembolsaron para este fin
mientras que casi 4 millones se gastaron en la compra de armamento en
Europa. ¡Era éste el precio que había que pagar por el progreso!

REFLEXIONES FINALES
En resumidas cuentas, el Empréstito de Obras Públicas de 187~ r~ultó
una transacción financiera cara, pero no improductiva. Sus pnnc1pales
defectos fueron dos. En primer lugar, el largo plazo que ocuparon tanto
la recepción como la inversión de los fondos imp~CÓ :nertes gastos fi.
nancieros sobre capitales que no produjeron beneficios smo hasta algunos
años más tarde. En segundo lugar, el propósito original de utilizar una
porción de los fondos en obras portuari~ quedó ~~virtuado ya que_ ~e
desembolsaron principalmente para finalid~des m~~res_- ~~ro tamh1en
fue cierto que la mayor parte del oro extran1ero recib1~0-s1Mo_ para la r~lización de una serie de importantes proyectos ferroVIanos baJo las administraciones de Sarmiento y Avellaneda.
El volumen de fondos invertiaos en el sector ferroviario demostró
con claridad que éste se había convertido en el ámbito_ prioritari~ de los
programas de desarrollo económico del ~s~do ~entm?. ~ cifras de
inversión estatal en infraestructura econonuca as1 lo md1can, aunque

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

117

variaron sustancialmente de año en año: antes de 1870 no alcanzaban al
5°/o de los gastos totales del gobierno nacional; entre 1870 y 1875 la inversión ascendió hasta cerca del 20°/o de los desembolsos globales; pero
luego de la crisis internacional tendíó a decaer ya que entre 1876 y 1880
bajó a poco menos del 10°/o?8 Sin embargo, la nueva tendencia era manifiesta: la promoción del desarrollo económico se había convertido en una
de las prioridades de las funciones del Estado argentino. Tales logros, como ya se ha sugerido, constituyeron precedentes fundamentales para la
administración del general Roca (l.880-1886), cuyos programas de expansión ~conómica se asentaron, por lo tanto, en bases ya sólidamente establecidas.

NOTAS
1.- En el caso argentino resulta curioso constatar que existe un mayor número de
estudios detallados sobre las finanzas estatales de la primera mitad del siglo

XIX que sobre la segunda mitad. Para el período de 1800-1850, véanse por
ejemplo, Miron Burgin, The &amp;onomic Aspects of Argentine Federali.sm, 18201852 (Nueva York, 1946); Tulio Halperín, Gue"a y finanzas en los orígenes
del Estado argentino {1791-1850) (Buenos Aires, 1982); Juan Carlos Vedoya.
La verdad sobre el empréstito Baring (Buenos Aires, 1971); y Sergió Bagú. El
plan económico del grupo rivadaviano {1811-1827) (Buenos Aires, 1966).
2.- El ejemplo más relevante posiblemente sea el reciente trabajo del sociólogo
Osear Oszlak, La formación del Estado argentino (Buenos Aires, 1982).

3.- Véanse, entre otros, los trabajos de Steven Topik, The Political Economy of
the Brazilian State, 1889-1930 (Austin, Texas, 1987); Heraclio Bonilla, Guano y burguesía en el Perú (Lima, 1974); y Linda Alexander RodrÍguez, The
Search for Public Policy: Regional Politics and Govemment Finances in Ecuador, 1830-1840 (Los Angeles, 1986).
4.- Por ejemplo, Oszlak llega a afirmar en una oportunidad que el Estado argen-

tino del siglo XIX se encargó de "crear, transfonnar, promover y_ .. ensamblar
los diferentes factores de la producción, regulando sus relaciones." Ello sugiere una imagen equivocada de un Estado casi omnipotente. Oszlak, op. cit.,
p. 141.

5.-

Jean Bouvier, "Histoire financiere et problemes d ·anafyse des dépenses publiques", Anales E.S.A. no. 2 (marzo-abril, 1978), pp. 207-215.

6.- Un excelente trabajo en este sentido es el de José Carlos Chiaramonte, Nacionalismo y liberalismo económicos en Argentina, 1868-1880 (Buenos Aires,
1971).

7 .- En el caso argentino se ha prestado particular atención a la implementación de
políticas monetarias: A. G. Ford,El patrón oro, 1880-1914. Inglaterra y Argen-

�118

Siglo XIX
tina (Buenos Aires, 1966); J. H. Williams, Argentine lntemational Trade under
Inconvertible Currency, 1880-1900 (Cambridge, Mass. 1920); H. Cuccorese,
Historia de la conversión del papel moneda en Buenos Aires (1861 -1867) (La
Plata, 1959). Sobre la implementación de políticas arancelarias véase Chiaramonte, op. cit., y Carlos Díaz Alejandro, Ensayos sobre historia económica argentina (Buenos Aires, 197 5).

8.- Sobre el tema específico del financiamiento estatal del desarrollo económico
hay pocas muestras en la bibliografía histórica argentina. Para el periodo 18601890 quizá las obras más útiles sigan siendo las de Alberto Martínez, El presupuesto nacional (Buenos Aires, 1890), y la de Eteocle Lorini, La República
Argentina e i suoi migliori problemi di economia e di finanza (Roma, 19021910), 3 vols.
9.- A fines de la dúcada de 1890 se llevó a cabo una importante reforma administrativa a partir de la cual se desdoblaron las principales funciones económicas del
Ministerio del Interior en dos nuevos ministerios: el Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Agricultura y Ganadería.
10.- Véase Barbara Tenenbawn, "Hwnboldt's Heirs: Development Planning in Mexico under th~ Reforma and the Empire", trabajo presentado al X Congreso del
Latín American Studies Association.

ll .- Para el caso brasileño véase la discusión acerca de las consecuencias del decreto

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

119

Gregorio Weinberg, Mariano Fragueiro, Pensador Olvidado (Buenos
1958).
Aires,
17.- ~bre la ~storia temprana del Ferrocarril Oeste véase Eduardo Zalduendo,
1
~ b"!" -&gt;; ne/es &lt;But:n~s Aires, 1975), pp. 264-283. Sobre el Banco de la Provtncta vease O. Gamgos. El Banco de la Provincia de Buenos Aires (Buenos Aires, 1873).
18.- Para el texto ~el discurso de Sarmiento véanse los Diarios de Sesiones del Con.
greso; alternativamente, D. F. Sarmiento, Obras (Buenos Aires, 1920), vol. 50.
19.- Véanse los detaJJados comentarios de Vé lez en la Memoria del Ministerio del
Interior (1869), pp. 7-14.
20.- Memoria del Ministerio del Interior (1871), p. XI.
21.- Para un muy apretado resumen de sus funciones véase Oszlak (1982) p. 159.
22.- Para detaJJes. v~anse Memoria del Ministerio del Interior (1863-1866) y la lista
de subr~partic1~nes enumeradas en las Memorias del Ministerio de Hacienda
de los mismos anos, en las secciones de las "cuentas de inversión".
23.- Sobre el funcionamiento electoral en períodos posteriores véase Natalio Botana, El orden conseroador. La política argentina entre 1880 y 1916 (Buenos Aires, 1979).

fundacional del 16 de febrero de 1861 en Relatorio da Repartii;ao dos Negocios
da Agricultura, Comercio e Obras Públicas (Rio de Janeiro, 1861). En el caso
venezolano véanse los comentarios acerca de la importancia del decreto del 24
de agosto de 1874 por el cual se organizó el ministerio correspondiente en Memoria del Ministerio de Fomento (Caracas, 1876). Sobre Guatemala véase la reciente monografía de David McGreery, Desarrollo económico y política nacional; el Ministerio de Fomento de Guatemala, 1871-1885 (Guatemala, 1982).

24.- A título de e~emplo puede citarse la opinión del Inspector de Postas y Caminos
del ?e~te, Irineo ~ega, quien señalaba en 1865: "aproximar la capital de la
Republica las relac10nes que hoy existen a distancias remotas es una medida
polí~ca que por sí sola se recomienda, pues así se hace efectiva la acción del
Gobierno", Memoria, Ministerio del Interior (1865).

12.- Para información detaJJada sobre el caso chileno véase la "Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento del Interior presenta al Congreso Nacional" ( 1839) contenido en el volumen Documentos Parlamentarios, Discursos de
Apertura, Memorias Ministeriales, correspondientes a la Administración Prieto
(1831-1841) (Santiago de Chile, 1858), vol. I, pp. 99-100.

25.- Para una descripción de la importancia del ferrocarril y del telégrafo en la lucha contra las poblaciones indÍgenas véase Colin Lewis "La consolidación de
la_!~ontera argenti_na a fmes de la década del 70: los indios, Roca y el ferrocar~ en G. Ferran Y E. Gallo eds., La A,gentina del 80 al centenario (Buenos
Aires, 1980), pp. 469496.

13.- Tulio Halperín Donghi, Proyecto y construcción de una nación: Argentina,
1846-1880 (Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1980), p. LXXIX.

26.- ~o intE:11taremos. aqu[, ~ ¡¡nálisis del "Departamento de Agricultura" ni del
'Co~seJo de lnm¡grac1on . Ambos comenzaron a tener cierta efectividad desde
los ~ -o s de 1870 pero con presupuestos mucho más reducidos que los de las reparticiones encargadas de comunicaciones y transportes. Véase nuestro Cuadro . I al respecto. Para el primer informe escrito sobre el Departamento de
Agricultura puede consultarse la Memoria del Ministerio del Interior (1874)
p.XLV.
'

14.- Véanse, por ejemplo los textos de Mitre, Hernández y Alberdi recopilados en
Halperín, op. cit., (1980).
15.- La preocupación central del gobierno de Rosas en la provincia de Buenos Aires fue siempre la militar como se demuestra detaJJadamente en Halperín, op.
cit. (1982).
16.- Cwiosamente las diferencias ideológicas referidas no llevaron en la práctica a
conflictos profundos en la implementación de las políticas económicas de la
Confederación. Para una confrontación de las propuestas formales de reformas
económicas véanse Juan Bautista Alberdi, Sistema económico y rentístico de la
Confederación argentina (Buenos Aires, 1854) y Mariano Fragueiro, Organización del crédito (Santiago de Chile, 1850), de la cual existe una reedición en

27.- Sobr~ la~ co°!~nicaciones ~n esta_época véa~ Walter Bose, "Historia de lascomurucac1ones en Academia Nacional de Historia, Historia Argentina Contemporánea (Bue~os. ;-üres, i96?), vo!. 3, pp, 575-655. Para una escueta pero
detaJJada descnpc1on del funC1onam1ento de los servicios de correos bajo la Con- ·
federación véase Moussy (1860), vol. II, pp. 569-571. Debe añadirse que la misma empresa que se había encargado de las diligencias de correo en el Interior du~te la Confederación- "Lasmcnsagerías Nacionales" (establecida en 1854)disfrutaba de esta concesión en 1864. Cinco años más tarde en 1869 el Ministro

�120

Siglo XIX

C. Marichal: Políticas de desarrollo y deuda externa en Argentina

121

del Interior, Vélez Sarsfield informaba al Congreso que el empresario Pedro Ramayo era el encargado de administrar esta empresa. Para detalles véase Memoria
del Ministerio del Interior (1864), pp. XLI-Lll; (1869) pp. 11-12..

pone al desarrollo comercial e industrial d I
b .
.
objetivo de mis labores
,, Memo . d Me.~ po_ laciones, ha sido el punto
I
· · · • · r,a e m1Steno del Interior (1869), p. 8.

28.- Para el texto de la ley de Correos véase Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados (1866), p. 406. Para información detallada sobre el servicio de correos
en ese año véase la Memoria del Ministerio del Interior (1866), pp. 308-380.

38.- Sobre el transporte en la primera tnitad del .
,
Historia de los medios de comunicación tr. Siglo X1X vease R~~n Carcano,
na, (Buenos Aires 1893) y 1 - t
Y ansporte ~n la Republlca Argentide1 año
1863 citados e; Osz:t0 ;~:~t:~.c~; ~~~'.os del ministro Rawson
7

29 .- Para detalles acerca de los contratos de correos durante estos años véanse Memoria del Ministerio del Interior (1873), pp. 31-38 y (1874), pp. XXV-XXXXI,
y el anexo "correos", pp. 330-395.
30.- Para una excelente reseña estadística véase Memoria del Ministerio de Hacienda
(1876 ), sección I, Parte I, p. XI.
31.- Durante los años de 1863-67 el promedio de las apropiaciones de fondos por el
Congreso para subsidios a las compañías denominadas "mensajerías" alcanzaron
un promedio de 30 000 pesos fuertes por año, subiendo a cerca de 60 000 pesos
en 1873/74. Para mayor información véase Estadística del Comercio y de la Navegación de la República Argentina, correspondiente al año de 1883 (Buenos Aires, 1884 ), pp. 290-97.
32.- La creación del puesto de Inspector General de Telégrafos fue ratificada por la
ley 350 del 6 de octubre de 1869 en el Senado y el 7 de octubre en la Cámara
de Diputados. Para información sobre contratos aprobados inmediatamente después véase la discusión breve acerca de las leyes 353 y 359 del 7 y 9 de octubre en
el Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados.
33.- Los bonos internos llamados "acciones de puentes y caminos" fueron autorizados por las leyes 61 y 362 de los años 1863 y 1869 respectivamente. Pero la venta de tales bonos no comenzó hasta 1869. El procedimiento normal consistió en
que el Ministerio del Interior pagaba a los contratistas de telégrafos con bonos
en vez de líquido. Entre estos contratistas los más destacados fueron las firmas
de E. A. Hopk.ins, Fusoni Hermanos y A.N. Rojo; ellos luego vendían los bonos
a través de intermediarios financieros en las bolsas de Buenos Aires y Rosario.
Para información precisa sobre las emisiones anuales de estos bonos entre 1869
y 1874 véase Memoria del Ministerio de Hacienda (1874), pp. 105-106.
34 .• Para detalles sobre la cuenta de telégrafos abierto con Murrieta véase, por ejemplo, la información en Memoria del Ministerio de Hacienda (1874), Anexo A.,
p. 236.

39.- Memoria del Ministerio del Interior (1864), pp. XXXII-XXXm.
40.- No conocemos ningún estudio hist' ·
ros a pesar del rol clave que ju ó co;:co de _la O~ci~a Nacional de Ingeniemayor parte de las obras púbicas de 1:pe!"1~r tecmc~ Y -ª~ministrador de la
oficina fue establecida por la ley 325 s anos 70 Y pnnc!p1os de los '80. La
septiembre de 1869.
aprobada por la legislatura nacional en
4 1.- Memoria del Ministerio del Interior (1878), p. 20l.
42-· ~ responsabilidades del Departamento ·
, .
.,
cion de caminos· 2) supe .. , d ti
me_1u1an. 1) construcc10n Y conservaestatales; 4) obr~s hidráui;;::;n5) eotrro~iles ,na~ionales; 3) telégrafos civiles
del Interior (1878), p. 201. '
ras O ras publicas. Memoria del Ministerio
De acuerdo con la Memoria d I J,,lº .
. d H.
nda
(1878), p. 49, el Departamenti de i~';!':u":'roseco
' "Cu:nta de lnv~rsión"
ros y 6 ayudantes de ingenieros, cifras que aumen~ a en e~ ano con_ 13 ingenielos demás ingenieros nacionales de 1 - 70 aron en ~os postenores. Entre
ber, White, Stavelius Dumesnil Tao~ anos . pued~n citarse a Dahlquist, Hubre su actuación co~súJtese la
~~VI~, Pdelllelschi f Castilla. So73, 74 y 78).
m,s eno e nterwr (1871, 72,

ª:~

Me:~~ s;:~~-

43.- Para información sobre contratos de camino·
,
Ministerio del Interior (1873) PP 39 51 (187,4 y puentes vease Memoria del
•
• • Y
), pp. 33-38.

44 -- Algunos datos sobre los contratos de Carr

mes anuales del Ministerio del Inte .
~ pueden encontrarse en los inforPara mayor información sobre el p~rºsor,npoa·er e1empArmloen el de 1873, pp. 34, 40.
• .
~ vease
ando Bazan "R fl ·
so bre 1a h 1stona contemporánea de Cat
,, Bo ,
, e ex1ones
nal de Historia, vol. XLy (Buenos Aire
l~tm de la 1cad~,mia Nacio fo Esteban Carranza, el Wheelwright de~tam) Y ~~úl E. ?onzález, Don Adoltoria de Catamarca, vol. III (Catamarca, 1966).arca , en Primer Congreso de His-

~~c;3 •

35 .- Lewis, op. cit., p. 489.

45.- Memoria del Ministerio de Hacienda (1876), Parte I, pp. XI-XIII.

36.- Un testimonio elocuente de ello se encuentra en las palabras del Ministro del Interior del año de 1875: "El Gobierno encuentra en él (el télegrafo) al mismo
tiempo un poderoso auxiliar del orden y la paz. La rapidez con que fue vencida_
la última rebelión lo prueba evidentemente, pues allí donde llega el hilo eléctrico
está también la acción, la influencia y el poder de la nación".
Memoria del Ministerio del Interior (1875), p. XVII.

46.- Los subsidios presupuestados para las corn - ,
.,
guientes (en pesos fuertes):
panias de navegac1on fueron los si-

37 .- El ministerio del Interior, Vélez Sarsfield, sintetizaba esta aspiración en su informe de 1869 señalando: "Abrir caminos; facilitar el tráfico y la comunicación;
abreviar las dificultades que la distancia, ese enemigo constante del progreso,

1863

61 000
1868
83 000
1864
61
1869
58
1865
69 000
1870
45 000
1866
57 000
1871
70 000
1867
80
1872
4
, . del Comercio y de la3Nav
Fuente.. Estadistica
correspondiente al año de 1883, (Buenos

ººº
ººº

ººº

ººº

1873
1874
1875
1876
1877 , .

Aire:~~;:)~;: f;g_~:~~
.,

43
43

ººº
ººº

_
Argentina,

�122

Siglo XIX

47 .- Sarmiento inclusive Je escribió al famoso promotor del Canal de Suez, Lesseps,
para obtener su opinión sobre la modernización de los puertos del Río de la
Plata. Posteriormente el presidente argentino 1&gt;_resionó para que se aprobaran
los proyectos presentados por el ingeniero británico Bateman para el puerto de
Buenos Aires.
48.- El análisis más detallado de las políticas ferroviarias iniciales se encuentra en
Raúl Scalabrini Ortiz, Historia de los ferroca"iles argentinos (Buenos Aires,
1974, 60. ed.), y en Zalduendo, op. cit.
49 .- Sobre la inversión estatal en ferrocarriles en Australia véase Noel G. Butlin,
"Colonial Socialism in Australia, 1850-1900" en Hugh Aitken, ed. The State
and Economic Growth (Nueva York, 1959). Para una visión general de la política ferroviaria en varios países contemporáneos véase Henry Parry, Govemments and Railways in the 19th Century (Londres, 1965).
50.- Nos referimos al Ferrocarril Oeste (ets. 1857) que era propiedad del gobierno
de la provincia de Buenos Aires; el Ferrocarril Gran Sur (1862) y el Ferrocarril
Buenos Aires.Campana (1863), ambos de propiedad británica, y el Ferrocarril
Central argentino (1865), empresa mixta en la cual participaban como accionistas el gobierno argentino y capitalistas argentinos y británicos.
51.- Para el texto íntegro de la ley de inspecciones de ferrocarriles véase Diario de
Sesiones, Cámara de Diputados (1872), pp. 894-899.
52.- Sobre el Ferrocarril Central Argentino véase Scalabrini Ortíz, op. cit., pp. 118155; Zalduendo, op. cit., pp. 286-302; Lewis, op. cit., pp. 55-68; Y Alberdi,
La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del
Sur (P&amp;rís, 1876).
53.- Sarmiento, Obras, vol. 50, p. 375.
54.- Diario de Sesiones, Cámara de Senadores (1862), p. 186.

55 .• Para detalles véase Scalabrini Ortíz, op. cit., pp. 287 y ss.
56.- Diario de Sesiones, Cámara de Senadores (1870), p. 40.

57. Para una interpretación algo parcial de las relaciones entre Wheelwright y el gobierno véase Alberdi, op. cit., pp. 225-228.
58.- El senador Araóz observó que la protesta nopular fue tan virulenta que eventualmente la empresa ferroviaria se vió obligada a reducir sus tarifas de 22 a 16
pesos por tonelada de mercancía transportada entre Rosario y Córdoba. Diario
de Sesiones, Cámara de Senadores (2 de junio, 1870), p. 40.
59.- Los datos son de Scalabrini Ortíz, op. cit., p. 149, pero deben ser comparados
con la información reunida en los informes anuales del Ministerio de Hacienda.
60.- Diario de Sesiones Cámara de Senadores (1870), p. 326.
61.- !bid. p. 321.
62.- !bid. p . 333.

C. Marichal: Políticas de desarrollo Y deuda extema en A rgentina

123

63 .· En caso de no proceder a la nacionalización Araóz sostu
"
de media República va a quedar trib t .
F
. vo que el comercio
1
sometido a sus caprichos.,, Diario d uf~ e ;r_rocarril Central Argentino y
p. 353.
e esiones, uimara de Senadores (1870),

¿

64.- Ibid. p. 351.
65.- Ibid. pp. 330-331.
66.- !bid. p. 324.
67.· lnformación detallada sobre estas tr
.
préstito de 1871" Carpet
/nsacctones P~ede encontrarse en "Ero209
tema de Argentin; (Minist~o de Econ!;?a~~• Archivo de la Deuda Pública Ex68.- Sobre las transacciones de M •
(1975), p. 285. Para otros de~~:~o~: el F~rrocarril Oeste véase Zalduendo
véase Memoria del Departamento de H. su_s vmculos ~ las finanzas provinciales
Buenos Aires (1871), pp 204-0
ac,enda, Go?ier"? de la Provincia de
5
1
forme de la Comisión de A.guas C Y_e ante~o II del mismo informe titulado "Inornen es.

69.- ~l precio inicial de la emisión en 1871 fue de

o
,
unplicaba que el gobierno cobraría un
t d 89.5
Despues de gastos ello
los bonos. Pero después de 1873 1
ne ~ e 86.5 /o del valor nominal de
d
,
as proporciones recaudadas se red ·
d b.
o a 1a ca1da de los precios en la Bolsa V,
Alb
. UJeron e I·
argentinas. Estudios e ideas sobre
. ease , . erto de Guemco, Finanzas
1886); Y H. E. Peters, The Foreig:i;;::::¡';,t~stitos _extRemos {!3uenos Aires,
1934).
e rgentine epublic (Baltimore,

tg.

70.- Para información adicional véase H J Cuccore
"E
, . .
obras públicas, Contribución a la hi¡to¡;.a finan _se, d I Iaempre_suto _mglés para
to" en Humanidades t XXXVII
(L p
ctera e pres1denc1a Sarmien• ·
, no. 2 a lata, 1961).

71.- Véase información en Memoria d ¡ Mi ·
•
Y (1874), pp. 31-32 Y Anexo B {amb~~isterio -~e HaCcienda (1873), pp. 24-29
.
n consu tese uccorese (1961), p. 271.

72.- Véase Chiaramonte (1971), pp.1I0-l 20.
73.- Sobre el financiamiento del And.
,
M
.
(1875), p. LVII y p. 223.
mo vease emona del Ministerio de Hacienda
74.- Citado en William Fleming "Mendoza el
cional entre 1854 y 1884 ,: 1
. . Y de:rrollo de la red ferroviaria nade 1977 (Buenos Aires).
• nvestrgacwnes y nsayos, no. 23 julio-diciembre,
75.- La inversión anual del Ministerio del Interi
1 ,
,
aproximadamente la s' ient .
or en a línea Cordoba.Tucumán fue
1874. 3 400 000· I81f\
pesos fuertes; 1873 - 484 000·
Véase información en Memo . d ;l Mi" : 1 ~00 000.
'
(1873) p . XXIX; (1874) An::o ; ..
d~ H~cienda _(1~72), p. 135;
(1875) p. LVIJ ; (1876) V, pp. 82-83.
pres o e bras publicas" pp. 2-3;

1tó ¿gJ\s~iº ººº

~;ist~ri:t

76.- Scalabrini Ortíz, op. cit. (1974), pp. 212-213.

�124

Siglo XIX

.. Ort'z
1 • o•n
77 _. Citado en Scalabnru
,... cit• (1974), pp. 211-212.
"Cuentas de inversión" de las Memorias del
78 . Calculado en base a datos de las
ial los excelentes resúmenes en
· Ministerio de Hacienda (1~?2· 1880),
Y en la Memoria de 1880 pp.
la Memoria de 1876 Secc1on 1, PP'

[~;!

LXI-LXXV.

Las Inversiones Francesas en los
Ferrocarriles Argentinos (1887-1900)
Andrés Martín Regalsky ~

En el presente trabajo nos proponemos estudiar el desarrollo de las inversiones francesas en el sector ferroviario argentino desde mediados de la
década de 1880 hasta el final del siglo pasado. Estas inversiones, si bien
fueron mucho menores que las británicas, revistieron especial significación por tratarse de las primeras inversiones extranjeras de otro origen que
se registraron en el sector. Su desarrollo comprendió dos fases: una de auge, previa a la crisis de 1890; y otra de liquidación, en el curso de la década
posterior. Nuestro análisis estará centrado en la actividad de los grupos
inversores que intervinieron en ese proceso, deteniéndonos particularmente en los factores que llevaron a su introducción, las modalidades con que
recaudaron e invirtieron sus capitales, y los resultados que arrojó su accionar.
Los últimos años de la década de 1880 se caracterizar,-,n por una copiosa entrada de capitales extranjeros en la Argentina, mucho mayor que la
registrada en la primera mitad de esa década. Una de las características más
notables de este flujo fue la gra¡i proporción en que se volcó hacia las inversiones ferroviarias (ver cuadro 1). Sin duda los inversores extranjeros se
veían a.traídos por las perspectivas de una elevada rentabilidad, que era posihle bajo las nuevas condiciones del comercio internacional. La aptitud de
los territorios argentinos para la producción de los bienes primarios más
demandados auguraba un creciente tráfico para los nuevos fen;ocarriles. 1
En ese contexto, no puede extrañar que una porción significativa de
los capitales franceses que ingresaron al país en esos años se invirtiera
también en el rubro mencionado. Las primeras inversiones francesas en la
Argentina habían tenido lugar a principios de la década de 1880, cuando
'Consejo Nacional de Investigaciom:s Científicas y Técnicas (CONICET) y U:niversi•
dad Nacional de Luján, Buenos Aires, Argentina."Ponencia presentada en las VII
Jornadás de Historia Económica Argentina, Rosario, octubre de 1985.

�126

A. M. Regalsky: Inversiones france/laS en "err~M....:¡
.
J'
v ~ . . esargentinos

Siglo XIX

CUADRO 1

INVERSIONES EXTRANJERAS ANUALES ACUMULADAS
1881-85 Y 1886-90
1881-1885
miles de pesos oro

Empréstitos públicos
Cédulas hipotecarias
Compañías ferroviarias
Compañías diversas
Total

0

1886-1890
/o

31 313
13,000

68.1
-22.5
9.4

199 287.2
170 619
215 121
60 023

138 859

100.0

645 050

94546

--

0

miles de pesos oro

/o

30.9
26.5
33.3
9.3

para atraer capitales externos intervinie d
vasta que si lo hacía como tom d dirn o como garante era mucho más
buscara promover de esta maneª olr
ectdo. Es probable que el gobierno
.
ra a entra a de nu
•
en el negoc10 ferroviario para qu
..
evos grupos mversores
,
e compitieran con l
tahl .
provecho de los terratenientes de l
.
os ya es
ec1dos en
rantir un 5% de beneficios
~ zonas involucradas. El sistema de gatroducción de grupos finan _por u~ apso muy prolongado favorecía la inc1eros ªJenos a la activid d
obtener sus recursos mediante la
.. , d ,
ª , porque les pennitía
sultaban de más fácil colocac'ó emlis1on e titulos de interés fijo, que re1 n en os mercados europeos.

CUADR02

CAPITALES FRANCESES EN LA ARGENTJNA AL 31-DIC-1890.

100.0

FUENTES: J. Williams, Argentine lnternational Trade under Inconvertible Paper Money, Cambridge, (Mass.), 1920, pp. 41-3, 85, 91, 93
y 101. Hemos suprimido en el rubro empréstitos 1886-90 22 861 000
correspondientes a créditos de corto plazo y empréstitos reemboldos. Aún así las cuentas de Williams presentan otras imprecisiones que
obligan a tomar las cifras con reservas.

Capitales franceses

l:.mpréstitos nacionales
Empréstitos provinciales
Compañías ferroviarias
Compañías diversas
Total

importantes consorcios de bancos franceses contrataron los empréstitos del
gobierno nacional. A raíz de la crisis de 1882, que sumió aJ mercado financiero de París en una profunda depresión, esos grupos fueron desplazados
por otros británicos y alemanes de esa esfera de negocios.2 Con la reactivación del mercado francés en 1886 se reanudó el interés de los grupos inversores de ese origen por la Argentina, pero esta vez se dirigieron principalmente a la contratación de empréstitos provinciales y a la creación de compañías ferroviarias (ver cuadro 2).
Su irrupción en el campo de los negocios ferroviarios tuvo relación
con las oportunidades abiertas a raíz de la nueva política implantada por
Juárez Celman en 1887, que mediante la aplicación en gran escala del régimen de beneficios garantizados dio gran aliento a las inversiones ferroviarias directas. Esto significó un viraje profundo respecto de la política seguida por la administración Roca, de encarar grandes construcciones ferro·
viarias recurriendo al endeudamienl:9 extemo.3 La capacidad del Estado

127

miles de pesos oro

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15 181
19 736
26 457
8 800

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100.0

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c1ones de compañías hem
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�128

Siglo XIX

A. M. Regauky. Inversiones francesas en ferrocarriles ªllfentinos

Es de destacar que todas las compañías formadas por los grupos franceses se hicieron bajo este régimen de los "ferrocarriles garantidos". En tal
sentido podemos afirmar que las inversiones francesas no se proyectaron
en función de obtener una elevada rentabilidad derivada de la explotación,
sino sobre la hase de que la prosperidad económica de la Argentina posibilitaría a sus ,gobiernos actuar como garantes de una rentabilidad mínima, y
permitiría entretanto a los inversores obtener una serie de ventajas o beneficios de tipo indirecto.

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Lo podemos advertir examinando la composición de los grupos inver•
sores que participaron en la creación de las compañías ferroviarias. Se hallaban integrados por un lado por financistas y bancos de negocios, dotados de abundantes fondos propios que les permitían intervenir en operaciones de riesgo, y por otro, por compañias metalúrgicas con una larga trayectoria en el ramo ferroviario. Con su participación, tanto unos como
otros buscaban asegurarse un nuevo mercado para sus operaciones habituales: los banqueros, encargándose de la emisión de los títulos con que se
financiaría la inversión y adelantando los fondos necesarios; y las compañías metalúrgicas, mediante la provisión de locomotoras, rieles y otros materiales. Esta asociación de intereses financieros e industriales en pos de
mercados externos fue estimulada por las condiciones de estancamiento
absoluto en que se desenvolvió la economía francesa durante la década de
1880, que redujeron sus posibilidades de acción en el mercado interno.

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Paribas y Fives Lille fundaron dos compañías: FCA (Compagnie
Francaise de Chemins de Fer Argentins) y FCSF (Compagnie Francaise de
Chemins de Fer de Santa Fe). Con la primera, que cubría el trayecto de
Tucumán a San Cristóbal (Santa Fe), buscaban participar en el pujante
auge azucarero de aquella provincia. La línea acercaba su producción a los
puertos de Santa Fe, mediante un empalme con la segunda compañía,
FCSF. Est.a última servía una región con una producción cerealera ya desarrollada y con abundantes recursos forestales. Ambas compañías forma•
han en realidad un mismo sistema, y si se habían constituído separadamente era porque la primera tenía origen en una concesión nacional y la segun·

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En el p-eríodo que estudiamos intervinieron tres grupos inversores
franceses o con participación francesa. El más importante estaba integrado
por el poderoso banco de negocios Paribas y la compañía metalúrgica
Fives Lille, de dilatada actuación en la construcción de ferrocarriles en Europa. Los otros dos grupos estaban constituídos por un sindicato de financistas franco-belgas y por la Société de Batignolles, otra firma metalúrgica
interesada en las construcciones feroviarias.4 Todos estos grupos formaron
compañías que funcionaron bajo concesiones otorgadas en 1887, o cuyo
origen puede rastrearse en ese año (ver cuadro 3).

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129

�130

Siglo XIX

da en una de la provincia de Santa Fe.
En cuanto a los otros dos grupos, sus inversiones presentaban un patrón de localización diferente, más acorde con las tendencias prevalecientes
en materia de concesiones ferroviarias en 1887. El sindicato franco belga
fundó la GFCCSA (Compagnie du Grand Chemin de Fer Sud-Américaine),
de Reconquista a Fonnosa y Pilcomayo, en plena región chaqueña, donde
el auge de concesiones estaba ligado a la adquisición de _la~ndios con
propósitos especulativos. La Societé- de Batignolles constituyo el ~NOA
(Compagnie Francaise de Chemins de Fer du Nord-Ou~t Arge~tin), de
Villa Francaise de Chemins de Fer du Nord-Ouest Argentin), de Villa Mercedes (San Luis) a La Rioja. Esta línea se internaba en la región andina, en
comarcas de antiguo poblamiento y ahora marginales, donde también hubo abundantes concesiones, relacionadas más bien con la política oficial
de alianzas provinciales.5
Ahora bien estos dos últimos grupos constituyeron sus respectivas
compañías en ~omentos en que se iniciaba la crisis de 1890, y esta circunstancia les impidió realizar la emisión de obligaciones con que proyectaban financiar las construcciones. Con recursos propios muy menguados,
Batingnolles apenas logró construir un pequeño tramo de la línea o~al,
mientras que el grupo franco-belga ni siquiera pudo completar las pruneras
construcciones.6 Por eso en los puntos siguientes nos vamos a referir solamente a las actividades desarrolladas por el grupo de Fives Lille y Paribas,
que fue el único que pudo llevar a cabo íntegramente sus planes de inverSJOn.

LA CONFORMACION DEL GRUPO FRANCES Y EL ORIGEN DE SUS
INVERSIONES
El interés del grupo Paribas-Fives Lüle en los negocios ferroviarios argentinos puede comprenderse claramente si analizamos las características y antecedentes de las fumas que lo integraban.

Paribas era el más importante establecimiento especializado en operaciones de banca de inversión en Francia. Junto a otros grandes bancos de
París se había beneficiado del proceso de concentración de recursos que se
venía experimentando en el mercado financiero francés desde la década de
1870 y con mayor intensidad en la de 1880. Esto lo había llevado a ex:p~dir su radio de actividades a escala internacional, inicialmente en el continente europeo, y luego a países de ultramar. Entre 1881 y 1887 había e!1·
cahezado el sindicato encargado de colocar en Francia los grandes emprestitos argentinos de obras públicas. También bahía desarrollado su accionar

A.M. Regaltky: Inversiones francelaS en ferrocarriles argentinos

131

en otros países sudamericanos. Esto lo convertía en el establecimiento de
mayor influencia entre el público comprador de títulos de ese origen en
París.7
La creación de compañías ferroviarias en la Argentina atraía su interés por cuanto le permitía abrir una nueva línea de negocios en el mercado
financiero francés, con perspectivas de un fructífero desarrollo. Por Lo menos, así lo dejaba entrever el ejemplo de los títulos ferroviarios en el mercado de Londres. Por otra parte, la apertura de esta línea de negocios le resultaba necesaria para mantener en movimiento el mercado de títulos argentinos, hasta entonces confinado a los empréstitos públicos nacionales,
un rubro que por la nueva orientación del gobierno tenía pocas perspectivas de actividad emisora.
El otro socio, Fives Lille, era una de las principales empresas francesas
dedicadas a la construcción de maquinaria, locomotoras y otros materiales de uso ferroviario. Bajo su antigua razón social,Parent, Schaken et Cie.,
había tenido participación en las construcciones ferroviarias del continente
europeo desde la década de 1860. Sin embargo sus posibilidades en ese
mercado se veían menguadas por la atenuación del ritmo de construcciones
y la competencia de las industrias locales. Esto la bahía llevado a buscar
nuevas oportunidades en ultramar.
A fines de la década de 1870 había logrado penetrar en el mercado argentino, en el rubro de maquinaria para los ingenios azucareros de Tucumán, y en poco tiempo obtuvo un completo predominio sobre los competidores ingleses. En el rubro ferroviario sus resultados fueron menos exitosos. A principios de la década de 1880 había conseguido algunos pedidos
para los ferrocarriles estatales, principalmente para la provisión de puentes
metálicos, pero no había logrado colocar locomotoras ni rieles, cuya provisión estaba en manos de los competidores ingleses, belgas y norteamericanos. Con respecto a estos fabricantes se hallaba en inferioridad de condiciones por el alto costo de los insumos en Francia.8 De ahí que apareciera,
como una alternativa interesante, la creación de compañías ferroviarias,
por la posibilidad de hacerse de mercados cautivos a los cuales pudiera vender sus productos al abrigo de toda competencia.9
Ahora bien, si estos antecedentes explican suficientemente el interés
de los inversores por participar en estos negocios, no bastan para entender
la forma en que se produjo su entrada, que estuvo influida en gran medida
por circunstancias locales. Es precisamente la confluencia de intereses locales y de otros grupos extranjeros con los del grupo francés lo que nos
pennite explicar las características peculiares con que se dio ese proceso.

�132

Siglo XIX
A.M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

En efecto, el origen de las dos comp~í'.18 se puede relacionar con un
proyecto formulado por el gobierno provmcial ya a fines. ~e 1884. En ese
proyecto el gobierno de Santa Fe se planteaba la ~xpans10n, de su re~ de
trocha angosta en dos direcciones: por un lado hacia Tucuman_ y Santia~o,
con el objeto de transformar a los puertos provinciales en el eJ_e com~rc_1al
del interior del país (lo que daría lugar al FCA); por otro, ~a~ia las ~tintas zonas de la propia provincia de Santa Fe, de m~era de engir un s~ma
elI
paralelo al de la trocha ancha , que con fletes. mas baratos favoreciera
,
•
aumento de la producción y del valor de las tierras (lo qµe dana ongen a

FCSF). 10

La red provincial había sido construida y financiada por un gru~o ~ritánico constitmdo por las firmas de J.C. Meiggs ( contratistas ferrovi:ri~s)
y C. de Murrieta (banqueros). Este grupo, a principios de 1~87, paso a mteresarse en un nuevo negocio que consistía en la construcc1on del Cen~
Córdoba y la compra del Central No~. Esta circu:"~cia es la IP;1e posib'.litó la intervención del grupo frances, pues Mumeta iba a necesitar desligarse de sus negocios anteriores par~ co~centrar sus ~ecursos en las nuevas
operaciones, y el gobierno santafecmo iba a requerir el concurso de un
nuevo grupo para poder concretar su proyecto.

LAS NEGOCIACIONES PRELIMINARES
El grupo de Fives Lille y Paribas co~enzó la búsqu~da de n~evos ne~ocios
en la Argentina aún antes de que surgiera la oporturudad de mtroduc~ en
los ferrocarriles de Santa Fe. En un principio int~ntó obtener diver~s
negocios de construcción _Y ~anciación de _obras public_as con los gobiernos nacional y de la provmc1a de Buenos Aires. En septiembre-octubre ~e
1886 inició gestiones por intermedio de Portalis (representan~ &lt;:°mercial
de Fives Lille) para obtener la contratación de 1~ obras ~1ntrias de La
Plata, a la vez que envió un agente directo ( el ingeru~ro Soulie~ para pro~oner la construcción y :financiación de un canal de crrcunvalac1on en la cmdad de Buenos Aires. Estos proyectos, cuyo trámite se prolongaría durante
1887 fueron finalmente rechazados por motivos técnicos y financieros,
pero dan cuenta del interés de los inversores por abrir nuevas líneas de ne. en el pa1s.
, u
goc1os
La orientación del grupo francés hacia los ferrocarriles de Santa Fe data de un tiempo después, de los meses de abril y may_o de 18_8!. Fue en c~
momento cuando el grupo deMeiggs y Murrieta tomo la _dec1S1on de _adquirir la concesión de J. Temple para construir el ferrocarril ~en?"al Cordoba
y comprar al gobierno nacional el Ce_n~ Norte, qu~ constitu1a el compl~mento natural del priniero. Que ello nnphcaba su retirada de los ferrocarn-

133

les de Santa Fe parece haber quedado claro desde un principio, pues casi al
mismo tiempo el gobierno de Santa Fe comenzó a buscar nuevos interesados para proseguir su programa de expansión ferroviaria y transferirles el
control de la red provincial. 12 Enseguida entró en negociaciones con el
grupo francés a través dePortalis, con quien acordó el 31 de mayo la construcción de una línea de San Cristóbal a Tucumán ( el futuro FCA ). Esta
concesión, que se hacía bajo el réginien de los beneficios garantidos, configuraba un paso previo para la transferencia al grupo francés de toda la red
provincial existente.U Es probable que el gobierno provincial exigiera su
construcción como requisito para otorgar el resto del negocio. Pero también podía revestir un interés especial para el propio grupo francés, pues la
línea permitiría la ampliación de uno de sus mercados tradicionales: al
proveer una comunicación más directa de Tucumán y Santiago con los
mercados del Litoral, favorecía la expansión de la industria azucarera,
abastecida casi exclusivamente por Ja propia Fives Lille.
Este proyecto sufrió un serio traspié antes de que llegara a ejecutarse,
porque la poderosa compañía británica del Ferrocarril Buenos Aires al Rosario - FCBAR - decidió construir una Ünea más directo y con un trazado
paralelo que uniría Rosario con Tucumán. Esto sin embargo no llevó a un
abandono del proyecto, sino a una reformulación del mismo. Como las
perspectivas de rentabilidad de la línea de San Cristóbal se veían comprometidas, el grupo francés requirió una mayor sólidez de la garantía estatal. Para eso pasó a negociar la concesión con el gobierno nacional, cuya
solvencia como garante era mucho mayor. 14 Bajo Ja nueva concesión, que
se aprobó en septiembre de 1887, Portalis obtuvo condiciones más favorables, que examinaremos en detalle en el próxinio apartado.
No obstante, deberían transcurrir todavía muchos meses hasta que se
firmará el contrato definitivo, y Fives Lille asumiera directamente sus ejecución (el 15 de mayo de 1888). Aún entonces, quedaban pendientes las
gestiones para el traspaso de la red provincial, que constituía la segunda
parte del negocio (el futuro FCSF), y que recién se concluyeron el 12 de
octubre de 1888 (ver cuadro 3).
Estas demoras se pueden atribuir en parte a los avatares en la discusión
de las condiciones, que registraron numerosas modificaciones en el curso
de la negociación. Pero también advertinios que guardaron una estrecha
correlación con las dificultades del grupo Murrieta para concretar la compra del Central Norte. Al respecto debemos recordar que del resultado de
esas gestiones dependía que Murrieta se retirara del negocio de los ferrocarriles de Santa Fe, lo cual era una condición indispensable para que el grupo francés pudiera introducirse en el mismo. Este verdadero reparto de esferas de influencia entre ambos grupos no quedó totalmente definido sino

�134

Siglo XIX

después de varias contramarchas.
El proyecto de enajenación del Central Norte, que Murrieta pensaba
obtener mediante la adjudicación directa, luego de un agitado debate legislativo desembocó en una licitación. En ésta se interesaron también un
sindicato británico que representaba el Central Argentino, y el propio grupo de Paribas. La licitación fue finalmente ganada por Murrieta, luego de
15
un trámite más que dudoso, recién en diciembre de 1887. Al discutirse
los mecanismos de pago en 1888, afloraron nuevas dificultades por la imposibilidad de rescatar el empréstito nacional de Ferrocarriles de 1881, que
tenía un gravamen lúpotecario sobre el Central Norte. Como ese empréstito no contaba con una cláusula que permitiera su amortización anticipada se decidió propiciar su conversión voluntaria por los títulos de la nueva
compañía que explotaría el ferrocarril. Esta solución supuso a su vez un
acuerdo más estrecho con Paribas, cuya colaboración er&amp; indispensable
para obtener el consenso de los tenedores franceses de dicho empréstito.16

LAS CONDICIONES GENERALES DE LA INVERSION
Resulta interesante examinar las condiciones pactadas por el grupo francés
en los sucesivos contratos y concesiones, porque nos permiten apreciar las
perspectivas con que encaró el negocio en sus diferentes aspectos y en los
distintos momentos de su tramitación. En términos generales, la estrategia
del grupo inversor consistió en procurar las garantías más sólidas por par•
te de los respectivos gobiernos, que redujeran a un mínimo los riesgos de
una baja rentabilidad de la explotación. Unido a esto, pusieron especial
énfasis en asegurarse ventajas en aspectos ajenos a la explotación, referidos
a la construcción y financiación de las líneas. No obstante esa inclinación
por los beneficios de tipo indirecto, también intentaron dotar a su red de
un trazado que le permitiera cierta competitividad e independencia frente
a los sistemas vecinos, como el del FCBAR.
Con respecto a la primera concesión, otorgada por el gobierno de Santa Fe para la construcción del ferrocarril de San Cristóbal (FCA), contenía las disposiciones habituales en el régimen de los ferrocarriles garantidos. El gobierno garantía un 5°/o sobre un capital calculado en base a un
costo de construcción máximo de 18 mil pesos oro por kilómetro. Las sumas
garantidas se entregarían previo descuento de los beneficios de la explota·
ción, para lo cual se establecía un coeficiente máximo de gastos del 50°/o
del producto bruto. 17 Los contratistas obtenían la línea en propiedad perpetua, pero el régimen de garantía se concedía por 20 años, con cargo de
devolución.

A.M. Regalsky: lnvertiones france8a8 en ferrocarriles argentino,

135

. Al renegociarse la misma concesión con el gobierno nacional, en septiembr~, de 1887, Portalis hizo incluir otras cláusulas que equiparaban la
o~eracion a un verdadero empréstito. La vigencia de la garantía se extendia a ~5 ~os, al cab,o de los cuales la línea sería entregada al gobierno. Esto equiv~1a a un prestamo de los contratistas por 55 años contra el pago
de an?ali~~des del _5% (es decir un 4.5% de interés y un 0.5% de
amortizacion, aproXImadamente), pero con la ventaja para el
po inver~r. de _que la co_nstrucción y explotación quedaba a su cargo. 1 Otras modificaciones teman por objeto elevar el margen de beneficios de fundador
que los inversores podrían obtener, que dependía de la diferencia entre el
costo de construcción reconocido por el gobierno y el efectivamente reali19
zado . _P?r un lado se aumentaba el costo reconocido por el gobierno hasta~~ maxuno de _18 500 pesos por kilómetro, y por otro se reducía el peso
exigido para los neles de 25 a 21.5 kg. por metro lineal.2º

Fr

En el contrato definitivo de la línea de San Cristóbal, del 2 de abril de
1888, Portalis h~? incluir todavía nuevas modificaciones, que probablemente fueran exigidas por el grupo inversor para tomar directamente a su
cargo la con?esión. Esta~ ~_?dificaciones, referidas al mecanismo de pago
de_ 1~ garanbas y a la fiJac1on del costo de construcción, apuntaban a su~i:irmr los elementos_ de condicionalidad que subsistían en Ja ley de conces10~. C~n ellas, l_os m~ersores aumentaban las garantías de la operación,
equiparandolas aun mas con las de un empréstito, a la vez que se asegurab~n un mayor 1?,argen de beneficios de fundador. Con respecto a las garanhas, se está.hlec10 que el gobierno las pagaría automáticamente sin descontar los beneficios de la explotación, que podrían ser retenidos indefinidamente por los empresarios. En cuanto al costo de la construcción se transformó el costo máximo en costo fijo, librando a los contratistas de una ulterior inspección estatal y facilitándoles la obtención de una diferencia con
el costo efectivo.21
Esto h_abla bien a las claras de cuáles eran las perspectivas que los inversores avizoraban para el negocio FCA, que pasaban fundamentalmente
por las g:3;11ancias de ~po indirecto, mientras que sus expectativas de que la
explotacion fuera redituable eran escasas. Su principal interés radicaba en
~btener las ma~?res garantías posibles del gobierno, con el objeto de facilitar la colocacion de los títulos de la futura compañía entre la habitual
clientela de títulos públicos argentinos en París.
En cuanto al contrato con la provincia de Santa Fé para la toma de
c?ntrol de la red provincial ( el futuro FCSF), presentaba marcadas diferenc~as con el c~ntrato del F~A. Por ~n lado comprendía una serie de operaciones financieras complejas, relacionadas con la retirada de Murrieta del
negocio y con la menor solvencia del gobierno provincial. Estas operacio-

�136

A. M. Regahky: Inversiones france&amp;a&amp; en ferrocarriles argentinos

Siglo XIX

LOS FERROCARRILES DE SANTA FE ANTES
DE LA ENTRADA DEL GRUPO FRANCES

137

nes constituían una interesante fuente de beneficios, ajena por cierto a los
resultados de la explotación. Por otro lado, el hecho de que la garantía
estatal resultara menos sólida implicaba un mayor riesgo, pero este riesgo
se compensaba por las perspectivas más tangibles que se avizoraban en la
rentabilidad de la explotación.

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Las disposiciones referidas a la retirada de Murrieta nos permiten advertir el grado de interrelación que tenía la entrada del grupo francés en este negocio, con la reorientación del grupo británico hacia el Central Córdoba. Para tomar el control de la red provincial existente, el grupo francés debía rescatar previamente un primer tramo de los títulos provinciales emitidos por Murrieta para su construcción (por valor nominal del 079 500 Ji.
22
bras esterlinas) , y asumir el compromiso de retirar el resto (2 191100 libras esterlinas) en los tres años siguientes. Esto resultaba particularmente
beneficioso para Murrieta pues le permitía liberarse de una porción sustancial de títulos que retenía en cartera por el fracaso parcial d._e las emisiones, y contar así con fondos adicionales para respaldar la conversión del
empréstito nacional de Ferrocarriles de 1881.23

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Había además otros elementos que permiten sugerir la existencia de
un acuerdo previo entre ambos grupos en sus respectivas operaciones.
Murrieta necesitaba la colaboración de Paribas para obtener la conversión
de los títulos del empréstito de Ferrocarriles que habían sido colocados
en Francia precisamente por dicho banco. Por su parte el grupo francés
necesitaba del consentimiento de Murrieta para tomar el control de la red
provincial sin haber retirado todavía la mayoría de los títulos que la gravaban, máxime si consideramos que sus tenedores venían administrando la
red hasta ese momento.

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- - - - • red provincial.
- - - - F. C. Buenos Aires al Rosario
····-··········--····· otros

Para financiar el retiro de los títulos provinciales, el grupo francés estaba autorizado a emitir otros títulos de la nueva compañía que iba a explotar la red provincial. Sin embargo, solo podía hacerlo por una cantidad
equivalente a la de los títulos que se retiraran. El gobierno provincial había
exigido este condición para no tener que afrontar el pago de las garantías
sobre una suma mayor de la que pagaba hasta entonces. Esto implicaba un
quebranto para el grupo inversor, por lo menos en lo que respecta al primer tramo de títulos, pues debía rescatarlos por su valor a la par, mientras
que de momento solo podía colocar los nuevos títulos en Francia a un precios bastante inferior a la par.
Este quebranto, que formaba parte del precio de la transferencia, se
compensaba en realidad con la autorización para construir 500 kilómetros
de nuevas líneas en condiciones de costo más ventajosas que las que el
mismo grupo había obtenido en el caso del FCA. El costo reconocido por

�138

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

kilómetro se fijaba en 20 400 pesos oro, y el peso de los rieles en 18 kg.
por metro. Esto dejaba suficiente margen como para costear el quebranto
del primer tramo del reembolso y aún para obtener las correspondientes
ganancias de fundador.

LOS FERROCARRILES FRANCESES HACIA 1893

Tucumán,/

Resistencia

!

139

La Sabana

1 -·-·-·-·-·-·
I

1
1

En cuanto a la garantía de los beneficios, las condiciones eran similares a las convenidas en el contrato del FCA. Regía sobre el capital invertido en las líneas ya construídas de acuerdo al monto de títulos emitidos, y
sobre el de las líneas a construir en hase al costo kilométrico mencionado.
De tal manera el gobierno abonaba en concepto de garantías las mismas sumas que antes hacía por servicio de los empréstitos. La diferencia con el
régimen anterior consistía en que el grupo francés aceptaba tomar en pago
de las garantías una nueva emisión de títulos provinciales, según su cotización en Europa, y acordaba un plazo de espera de tres años para su servi-

c10.

I

Este sistema equivalía a una refinanciación del servicio de los anteriores empréstitos con la emisión de otros nuevos, y puede ayudar a explicar
el interés del gobierno por transferir la red al grupo inversor. También
puede explicar el interés de este grupo por lo menos de Paribas, ya que
además de la emisión de los títulos de fa nueva compañía :francesa (FCSF),
daba lugar también a dos operaciones conexas (el rescate de los títulos de
Murrieta y la emisión de los nuevos títulos con que se pagaría la garantía)
de las cuales podía obtener ganancias.

nta Fe

_ _ _ _ Central Norte Y
Central Córdoba
.•• ·-··--······· otros

Otro aspecto interesante del contrato era el referido a la construcción
de los 500 kilómetros de nuevos ramales. Ante todo debemos destacar que
los inversores se hicieron autorizar esta longitud de líneas antes de tener
noción de qué rutas eran convenientes.24 Como hemos visto, esto les interesaba para poder licuar en su costo los gastos de rescate de los títulos de
Murrieta y también por la gran magnitud de pedidos de material que involucraba. De todo modos el trazado finalmente elegido nos permite
advertir que la preocupación por la rentabilidad de la explotación no
estaba ausente (ver mapas).
Dos de los ramales proyectados apuntaban a mejorar la poS1c1on
del sistema frente a la competencia de la línea Rosario-Tucumán del
FCBAR. Se trataba de las nuevas líneas directas entre San Cristóbal y
Santa Fe, así como entre Santa Fe y Rosario. Con la primera se mejoraría la articulación de la red provincial con la futura línea San Cristóhal-Tucumán 25del FCA, proveyéndole una salida más corta por el puerto de Santa Fe. Con la segunda se dotaría al conjunto del sistema de una
salida propia hacia Rosario, que hasta entonces dependía de los empalmes
con el FCBAR. Por otra parte se proyectaba una línea hacia la estrihacio-

�140

Siglo XIX

nes del Chaco santafecino, en una zona despoblada pero que despertaba
gran interés por su rique~a de recursos forestales, y particulannente de un
producto cuya exportación presentaba perspectivas muy favorables: el
quebracho colorado. Al contrario de las otras rutas, servía un área muy
alejada del radio de acción de las compañías ya establecidas y permitía
establecer allí un lucrativo monopolio de zona:

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en J'
-rerrocam·1esargenttnos
.

141

marcha de la explotación de las com - ,
nes, etc.). Es por eso que el mer dp~n;, 5?b~e el curso de sus cotizaciopicio para la colocación de em rf ti~ e _ar1~ siempre había sido más prorísticas de una renta fija y la p ~, ~públicos, que reunían las caractemos visto al analizar los conJ:anha . ecta de los gobiemos.21 Como hetía estatal sobre los ferrocarrilesos, losimil~versores procuraron que la garan, .
se as
ara lo ,
ihl I d
prestítos, para aprovechar la rece ti .d d
. mas pos e a a e los emcia los títulos públicos arge tm· p VI a creciente del mercado francés han os.

LA RECAUDACION DE LOS FONDOS PARA LA INVERSION
Una vez concluida la fase de negociaciones con el gobierno, el grupo francés procedió a encarar la siguiente etapa, que correspondía a la recaudación de los fondos necesarios para llevar a cabo la inversión. El primer paso
consistió en la creación de las compañías que iban a tomar la explotación
de las respectivas concesiones. Para ello Fives Lille transfirió los derechos
obterúdos del gobierno, a cambio de hacerse cargo de la construcción. El
capital accionario fue suscripto en su totalidad por el propio grupo inversor. La mayor parte debió haber sido tomada por Fives Lille, puesto que
sus directores ocuparon la presidencia y vice-presidencia de las dos compañías. A su vez Fives Lille parece haber retrocedido una parte de sus acciones a una tercera firma con la que estaba muy ligada, la Banque Russe et
Francaise. Sabemos que esta última detentaba el 14% del capital acciona26
rio del FCA y el 7.3°/o del de FCSF.
De todos modos la magnitud de fondos aportados por vía de la suscripción de acciones era bien modesta: un millón de pesos oro nominales
en el caso del FCA y dos millones en el del FCSF, integrados en un principio sólo en la cuarta parte. El objetivo era simplemente asegurarse el control de las sociedades a un mínimo costo,atender los gastos de constitución,
conformar una garantía para las obligaciones con que se iban a financiar las
construcciones y eventualmente proveer el capital de trabajo que se necesitará en el curso de la explotación. Mediante el control accionario de las
sociedades, los inversores se aseguraban su participación en aquellas operaciones que les interesaban: la provisión de los materiales en el éaso de Fives
Lille y la emisión de obligaciones y demás operaciones financieras en el caso de Paribas.
La adopción del sistema de emitir obligaciones de interés fijo (S°lo)
para financiar las obras se debía a que esa era la forma más factible de recaudar fondos a través del mercado de París. La clientela de títulos-valores
estaba compuesta principalmente por pequeños ahorristas, más proclives a
colocar sus fondos en títulos de renta fija que a hacerlo en valores de interés variable (acciones). Par.a operar con estos últimos se requerían una serie
de conocimientos especializados que los ahorristas no poseían (sobre la

Por otra parte este ,sistema presentaba vari
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�142

Siglo XIX

Los inversores emitieron en primer término las obligaciones del FCA,
el 10 de agosto de 1888. En realidad realizaron esta emisión con mucha
anticipación con respecto a las fechas en que necesitaban los fondos. Tenían plazo hasta marzo de 1889 para presentar los estudios (que recién
estaban comenzando) y, luego de que fueran aprobados, otros tres meses
para iniciar las otras. Estas anticipación para concretar el lanzamiento de
los títulos se puede explicar por la situación del mercado financiero y las
perspectivas futuras. A mediados de 1888 el mercado de valores argentinos en París pasaba por su mejor momento, con una gran receptividad del
público ahorrista y un alza general de las cotizaciones. Sin embargo las
perspectivas futuras no eran muy favorables porque había un gran número de emisiones provinciales en vista, que amenazaban con provocar una
saturación del incipiente mercado.31 De ahí la premura del grupo de Paribas por anticiparse a esa avalancha.
Las obligaciones fueron ofrecidas a un 90.5% de su valor nominal y,
descontados los plazos de pago, a un 89.6% efectivo.32 Aparentemente
los resultados fueron exitosos. Paribas anunció que hubo 14 mil suscriptores que hicieron pedidos por una suma total diez veces mayor que
la ofrecida. No obstante, este éxito queda relativizado si tomamos en consideración la evolución posterior. En los meses siguientes, en que Paribas
y sus allegados debían recolocar sus propios pedidos, las cotizaciones no
llegaron a superar el precio de emisión, como resultado de la saturación
del mercado a que hicimos referencia. Después de la crisis de 1890 Paribas.
todavía mantenía en cartera un monto equivalente al 10.2°/o de la emisión.33
Esta desfavorable evolución del mercado financiero puede haber influ ído también para que los inversores postergaran la emisión de la segun·
da compañía, FCSE, que se realizó recién el 25 de abril de 1889. Esta demora resulta más notoria si tenemos en cuenta que Paribas ya había adelantado fondos propios a principios de enero, para efectuar el rescate de
los títulos provinciales de Murrieta, según lo estipulado en el contrato.
Por entonces la situación era poco propicia porque a la saturación de títulos argentinos se agregaba la desconfianza del público europeo por la
creciente alza de la prima del oro en Buenos Aires. La decisión de emitir
en abril no parece haber respondido a que esta situación se hubiera revertido sino más bien a que las perspectivas futuras eran más inciertas. Esto incluyó en el precio de la emisión, que se fijó en un 85.5% (85°1o
efectivo), bastante inferior al de las obligaciones del FCA.
Los resultados de la emisión fueron mediocres. El anuncio oficial de
que los pedidos habían sido dos veces superiores a los títulos ofrecidos era
ya de tono menos optimista que en el caso anterior. Por otra parte las

A. M. Regalsky: Inversiones franc= en J'
.rerrocam·les argentinos
.

143

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LA INVERSION DE LOS FONDOS
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�144

A.M. Regalsky: lnversione4 francesas en ferrocarri/e4 argentinos

Siglo XIX

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145

En el cuadro 4 hemos volcado nuestras estimaciones sobre la distribución de los fondos. Estas estimaciones tienen un carácter solamente áproximado, pues la información disponible no siempre es suficientemente precisa. Particularmente en el caso del FCA contamos con algunas cifras muy
poco desagregadas, que hemos debido desglosar por analogía con el

FCSF. 36
Entre los principales rasgos que podemos señalar, se destaca la baja
participación del rubro construcciones en el capital total de las compañías: un 30°/o en el FCSF y un 55u/o en el FCA. Medido en relación a la
longitud de las líneas, el monto gastado en obras ascendía a 10 100 pesos
por kilómetro en el FCSF y 9 700 pesos en el FCA. Esto representaba en
ambos casos aproximadamente la mitad del costo kilométrico reconocido
por el gobierno para el pago de las garantías. Este bajo nivel resultaba coherente con las condiciones generales en que se efectuaba la inversión. Como el gobierno reconocía anticipadamente un costo fijo, los inversores
tendían a maximizar sus beneficios cuanto más lograran reducir sus gastos
por debajo de los costos oficiales.
En este sentido podemos destacar también las elevadas comisiones percibidas por Paribas y los demás banqueros participantes en las emisiones.
De acuerdo a la diferencia entre los fondos recaudados y los disponibles
para la inversión, estas comisiones habrían alcanzado un 8.50/o·en el caso
del FCSF y un 13.5% en el del FCA. Estos niveles se pueden considerar
muy altos para los parámetros de la época. Lo que llama la atención es que
hayan sido más elevados en la emisión del FCA que en la del FCSF, ya que
la primera fue una operación más segura, por las mejores condiciones del
mercado y la mayor sólidez de las garantías. Esto podría explicarse por la
existencia de otro tipo de gastos financieros, como la adquisición de la
concesión a Portalis. En el FCSF este gasto no existía porque la concesión
fue tomada directamente por el grupo inversor. Si bien la actividad de gestor de Portalis no era realmente independiente del grupo inversor, como
para justificar una suma tan abultada, también podía suceder que una parte
de esa suma retomara a dicho grupo por vías informales. En efecto, era habitual que los financistas franceses que dirigían sociedades anónimas (como Paribas) buscaran percibir una parte de sus comisiones fuera de contrato para no tener que rendir cuentas a sus propios accionistas.37
Finalmente, podemos señalar el alto costo de los servicios financieros
de las obligaciones del FCA (un 18.5% del total). Esto fue el resultado de
haber emitido las obligaciones con más de un año de anticipación con respecto al comienzo de las obras, que a su vez demandaron casi tres años más
para su conclusión. Este elevado costo fue entonces la contrapartida de los
beneficios que los inversores recogieron por disponer libremente de esos

�146

Siglo XIX

A. M. Regalsky: lnver&amp;iones francesa&amp; en ferrocarrile&amp; argentinos

fondos durante un período tan largo.
La valuación de los gastos destinados a las construcciones también es
útil para medir el mercado que estas inversiones representaron para Fives
Lille, en su condición de proveedor de materiales. Sin embargo, no todas
esas sumas se canalizaron hacia dicha firma. Una parte sustancial correspond ía a la adquisición de terrenos38 y a diversas obras subcontratadas
con empresarios locales (desmonte, terraplenamicnto, durmientes). Lamen•
tablemente, no disponemos de información suficientemente detallada co~o para desglosar esos rubros. En cambio, podemos esbozar una imagen
del mercado que obtuvo Fives Lille por el volumen de los materiales empicados. Con respecto a la vía permanente, podemos calcular, en hase a
las especificaciones de los contratos, que representó pedidos por unas
48 mil toneladas de rieles. En cuanto al material rodante, disponemos de
un estado detallado, clasificado según los distintos fabricantes.
En el cuadro 5 se puede observar que las firmas que tomaron la mayor
parte de los pedidos fueron la propia Fives Ljfü, y Dietrich, que probable•
mente estuvieran relacionadas. Significativamente, ninguna de las dos ha•
hía logrado acceder al mercado argentino en esos rubros. En cambio, Dyle
et Bacalan, la más importante constructora francesa de vagones, y la única
que tenía una posición competitiva en el mercado argentino (donde ya había colocado unas 770 unidades) apenas tuvo una participación marginal.
Esto permite apreciar cómo el negocio estaba concebido como un medio
de procurar la penetración comercial de firmas que de otra manera no tenían acceso al mercado argentino. También se puede destacar que las firmas británicas que habían sido habituales proveedoras de la red provincial antes que entrara el grupo francés, fueron prolijamente excluídas de
los pedidos.39
Con respecto a la marcha de las obras, ya hemos aludido al considerable retraso con que se iniciaron las del FCA. A pesar de que los fondos se
hallaban disponibles desde el segundo semestre de 1888, las obras no cobraron impulso hasta principios de 1890. Esto puede atribuirse s61o en
parte a factores externos, como los trastornos climáticos que asolaron la
provincia de Santa Fe en 1889. También fue un reflejo de la improvisación
con que los inversores abordaron inicialmente los aspectos técnicos del negocio, interesados como estaban en sus facetas financieras e industriales.
El estudio y aprobación de la traza demoró un año (hasta julio de 1889) y
aún después los contratistas debieron pedir importantes modificaciones,
para suprimir tramos que atravesaban áreas totalmente improductivas o
que ofrecían muchas dificultades técnicas. Lo mismo sucedió con la línea
del FCSF hacia el Chaco santafecino. En un principio no se había establecido ni su punto de arranque ni el de su terminación, y su relevamiento re-

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147

�148

Siglo XIX

A. M. J!.egalaky: Inversiones francesas en fe"ocarri/es argentinos

cién se completó en 1891.

CUADR06
CONSTRUCClON DE LAS LINEAS FRANCESAS (FCSF Y FCA)

Compañía

FCSF
red
antigua

FCSF

Secciones

Santa Fe - Rafaela- San
Cristóbal

Longibtd Fecha
(en km.) apertura

200.9

15-VIII-85

Contratista

J. Meiggs
&amp;Co.

Ramales diversos (a San Carlos, Gálvez, Colastiné, S. José,
Soledad y frontera de Córdoba)

295.3

Santa Fe-San Justo
Reconquista

l-III-88/
316.6 24-11-90 J. Meiggs

Santa Fe-Rosario y ramales

180.9 1-VI-91/
l -Xll-91

Fives Lille

M. Gálvez (Nelson) - San
Cristóbal

119.7 2-Xl-91

Fives Lille

Vera - Paralelo 28 (La Sábana)

179.8 l-XI-92

Fives Lille

San Cristóbal-Fortín Inca
Fortín Inca- Fortín Melero

161.4 1-V-91
141.1 l-II-92

Fives Lille
Fives Lille

F. Melero - Suncho CorralAurora

152.4 7-VII-92

Fives Lille

Aurora - Tucumán

144.7 7-Vll-92

Fives Lille

35.0 7-VIl-92

Fives Lille

l-Vll-86/
l-VI-88

líneas
nuevas

FCA

Ramales diversos

149

J. Meiggs

-

FUENTES: R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de
Ferrocarriles en explotación (1892 y 1914), Tabla l.

El desarrollo posterior de las obras nos muestra, entre otros aspectos,
la importancia que los inversores asignaron al tráfico de Tucumán como
eje articulador del sistema FCSF-FCA, y su preocupación por la competencia de la línea rival del FCBAR (ver cuadro 6). Las construcciones que
abordaron en primer Lérmino fueron las de las secciones de Rosario a Santa Fe y de Santa Fe a San Cristóbal, que iban a permitir el acceso del tráfico del FCA por la vía más corta. En el otro extremo del sistema, incorporaron al plan de obras una nutrida red de ramales y desvíos hacia los ingenios ubicados en las proximidades de la ciudad de Tucumán. 40
El intento de los inversores de disputar el transporte de la producción
tucumana se aprecia también en la precipitada terminación de las últimas
secciones del FCA, que se habilitaron con un año de anticipación sobre los
plazos del contrato. De esta manera intentaban aminorar el retraso que llevaban con respecto al FCBAR, que bahía llegado a Tucumán en febrero de
1891. Empero, la razón más decisiva para apurar los trabajos fue la de anticipar la fecha en que el gobierno se haría cargo del pago de la garantía
sobre toda la línea. Esto los eximiría de seguir distrayendo recursos propios que ya se estaban agotando.
Hacia fines de 1892 el grupo francés completó también los últimos
tramos del FCSF. La conclusión de estas obras, que se ajustó apenas a los
plazos establecidos, resultaba irrelevante para el cobro de los intereses garantidos, pues el gobierno provincial ya había entrado en cesación de pagos. En cambio, tenía importancia para afianzar la posición de los inversores en las negociaciones que por entonces se desarrollaban para canjear
las garantías por la propiedad perpetua de la red.

LOS RESULTADOS DE LAS INVERSIONES Y LA MARCHA DE LA
EXPLOTACION
En los puntos anteriores hemos examinado el accionar del grupo francés en
las sucesivas fases del desarrollo de las inversiones. A través de ese análisis
hemos podido apreciar cómo su intervención estuvo guiada por la obtención de una variada gama de beneficios. La mayor parte de estos beneficios
los podemos calificar de indirectos: se relacionaban más con el control
que dicho grupo tenía sobre el proceso de inversión que con el uso de sus
fondos propios.
Como hemos visto, los resultados no siempre estuvieron a la altura de
Jas expectativas de los inversores. Su éxito dependía del mantenimiento de

�r·

150

Siglo XIX

las condiciones generales existentes en 1887-88, cuando tuvieron su origen
las inversiones: creciente interés del público europeo en las colocaciones
argentinas, alza del valor de la tierra y mantenimiento de una mínima estabilidad cambiaría. Sin embargo, en el período en que se ejecutaron las inversiones (1889-1892), se produjo un viraje hacia condiciones más adversas, tanto en la coyuntura internacional como en la situación de la Argentina. Esto impidió realizar plenamente los beneficios previstos, que dependían de la completa colocación de las obligaciones y de la continuidad en
el proceso de especulación y colorúzación de tierras. Al respecto, cabe consignar que el grupo francés había hecho varias inversiones colaterales~ tanto para promover la explotación de las tierras servidas por el ferrocarril co41
mo para beneficiarse de la valorización que el mismo engendraría.
Ahora bien, el hecho de que los inversores estuvieran prioritariamente
interesados en este tipo de beneficios no significa que descartaran totalmente la obtención de los beneficios directos, vale decir los derivados de la
inversión de fondos propios, en su condición de accionistas. Como hemos
visto, el hecho de que el capital .accionario fuera una porción minoritaria
del capital total les permitía potenciar al máximo los beneficios derivados
de un excedente cualquiera. En los contratos habían hecho incluir una
cláusula para devolver las garantías sólo cuando los beneficios de explotación superaran el 6 %. El excedente que esto implicaba les permitiría repartir hasta un 10% de dividendos sobre el capital accionario. Por otra
parte, el hecho de que aceptaran fijar los gastos de explotación en el 55°/o
de los ingresos brutos indicaba cuando menos que esperaban obtener un
rendÍIJliento suficiente como para cubrir esa proporción.
La experiencia de la explotación de los ferrocarriles hasta 1895, año
en que los inversores renegociaron las condiciones con el gobierno, demostró que esas expectativas de una mínima rentabilidad no se cumplieron.
Los resultados fuer~n tan pobres que no sólo impidieron repartir dividendo alguno sobre el capital accionario, sino que tampoco bastaron para
atender el servicio de las obligaciones ni para cubrir el coeficiente de explotación estipulado en los contratos. En el caso del FCA, los ingresos ni siquiera alcanzaron a equiparar los gastos de la explotación, dando !ugar a
un drenaje de recursos de los propios inversores para mantener la !mea en
funcionamiento.
Estos resultados se pueden explicar en parte porque la explotación
comenzó cuando ya se había iniciado el proceso de aguda depreciación
del papel moneda. Entre 1889 y 1892 el papel perdió un 42°/o de su valor en términos de oro, que pasó de 0.52 a 0.30 pesos oro. Esto reducía la
significación de los beneficios en relación al capital invertido. En cambio,
los altos coeficientes de gastos y aún los resultados deficitarios sólo pueden

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

151

explicarse por el escaso tráfico obtenido en las áreas de influencia.
La e~olución del FCSF, si bien en términos generales arrojó resultados mediocres, se puede dividir claramente en dos períodos: 1889-92
en qu~ la red funcio?? con _sólo una parte de su longitud total, por esta;
todav1a en construcc1on vanos ramales a cargo de Fives Lille y deMeiggs,
Y !893 en ~delante, en crie la red funcionó con su longitud completa. El
pnmer periodo comenzo con un resultado deficitario en el año 1889
debido a los trastornos provocados por las inundacion;s de ese año. Pos~
t~riormente los ingresos comenzaron a aumentar, aunque con menor rapidez qu~ el aum~~to de la longitud de la red, por el escaso aporte de las
nuevas_ lme~ ~abihtadas. Esto se reflejó en un coeficiente de gastos, que
alcanzo su maximo en 1892 con el 91.3°/o de los ingresos brutos.
_ En el segundo período los resultados globales experimentaron una leve
meJora por el aumento del tráfico en las nuevas líneas del área forestal
Mie~tras tanto, el de las lín_eas antiguas del área cerealera registró un estan~
caimento que se prolongar1a hasta el final de la década. El coeficiente de
gastos comenzó a bajar, y se situó en un promedio de 85.9%. De todos
~odos, se~ía estando ~uy por ?n?ima del 55°/o reconocido por el gob1crno, y aun del obterudo en el ultimo año de la administración inglesa
del 76.4°/o (ver cuadro, 7). Los beneficios promedio tanto en el primer~
co~o en _el segundo perwdo resultaron insignificantes en relación al capital mv_er:iido: alr~dedor del ~-5%, es decir un décimo de lo necesario para
el semc10 financiero de los titulos afectados a las líneas.
Mucho más estrepitoso fue el fracaso de la explotación del FCA. En
1~91 -92, en momentos en que la línea funcionó con una parte de su longitud ~tal, los gastos ~eron más de 10 veces superiores a los ingresos.
Todav1a en 1893, el prlDler año completo en que funcionó toda la línea
el ?ºeficiente de_ gastos llegó al 187% de los ingresos (ver cuadro 7). Pos:
te~1ormen!e _los mve~res lograron mejorar l~s resultados, hasta llegar al
pnmer y umco superav1t en 1895. Esto se debio en parte a un aumento del
tráfico,_ que creció a un ritmo inferior al de los ingresos. En mayor medida
~e posible por el aumento tarifario que los inversores obtuvieron del gobierno en 1894, y fundamentalmente por el drástico recorte de los gastos. ~ste recorte c~?'espondi? enteramente a los rubros de vía y obra,
tracc1on y conservac1on de veh1culos, lo que significa que los inversores desaten~ieron las necesidades de mantenimiento de la vía y el tren rodante,
pre~1sa~ente cuando el mayor_ tráfico generaba un mayor desgaste. Este
desmteres por el estado de la !mea se puede vincular con el hecho de que
ya estaban en marcha las tratativas para transferir la propiedad al gobierno.
Otro indicador claro del fracaso de esta línea fue la baja participación

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VI
~

CUADRO 7

ti)

~

&lt;fil·
0

~

RESULTADOS DE LA EXPLOTACION DE LOS FERROCARRILES FRANCESES
FCSF
1888
A) Longitud media en explotación
(en km.)
1

B)

Tráfico
(miles de toneladas)

l.

Volumen carga
Recorrido medio (km)
Composición carga:
Cereales
(º/o sobre total)
Maderas
(º/o sobre total)
Azúcar
(º/o sobre total)

2.

'

l.

Producto total
Producto carga
(º/o sobre total)

3.

1 307 1 635

341.3

460.5
161

588.11
220

201.5
43.7
150.3
32.6
14.9
3.2

162-1
27.6
269.5
45.8
22.4
3.8

--

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726.5
75.7

1 558,7
266.9
81.3

422.8
76.4

624.2
83.6

824.7
85.9

--

--

168.7

--

--

--

----.
--

--

- -1

·,

--

--

553.1

J

'

Gastos totales
(º/o sobre producto)
Composición:
Vía y obra
Tracción y conservación
vehículos
Tráfico estaciones
Movimiento trenes
Administración
Directorio y representantes
locales

..!._

--

-'

.

746.6

--

,_

Beneficios totales
Media por kilómetro

--

--

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1

---

--

- -

1

1897-9

1 307

1_1· _ _

.-

1893-5

943

210.8

Resultados de la explotación
(en miles de pesos oro):

2.

453

--

C)

~

1890-2

FC A
1892*

130.3
0.28

122.8
0.13

1894

1895

635

635

635

73.2

187-2
121

195.6
133

273-2
136

--

6-2
3.3
99.1
52.9
10.8
5.8

5-3
2. 7
82.5
42.1
28.9
14.8

5-2
1.9
83.8
23.7
23.7
8.7

74.9
66.8
89.3

220.5
182.2
82.6

320.1
262.1
81.9

415.9
364. 7
89.9

251.6
80.3

143.4
191.5

412.3
187

391.2
122

374.1
89.9

365.9

--

124.8

114.4

100.4

318.6
125-5
84.2
84.2

480.1
192.7
90,2
90.2

40.3

59.3

138.2
0.11

1893

314.2
0.24

--

--

-,
--

--

--

133. 7
3 1. 7
58.6
58.6

127.2
32.9
64.4
64.4

--

20.3

20.5

16.0

· 191.8
-0.30

· 71. 1
·0.11

41.8
0.07

· 68.5
· 0.11

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27.3
58. 7
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FUENTES: R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de Ferrocarriles en explotación (1892-1899), passim.
Provincia de Santa Fe, Mensajes del Gobernador (1889-92), passim.

*

datos del 2o. semestre solamente.
L

il
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.....

VI

w

�154

Siglo XIX

del azúcar y la caña en el tráfico total. Ese rubro, en el que los inversores habían basado grandes expectativas, participó entre 1893 y 1895 con
sólo el 10.5% de la carga total. Los mediocres resultados del transporte
del azúcar se pueden apreciar mejor si comparamos su volumen con el de
las otras lfoeas que unían Tucumán con el litoral.
En 1894 el FCA transportó solamente 28 915 toneladas, frente a las
69 986 del FCBAR y las 97 101 del Central Córdoba. Por otra parte ni siquiera esa magra cantidad se volcó a la red del FCSF, que ·ese año transportó ll 968 toneladas. En realidad la mayor parte de la carga transportada
por el FCA no se canalizó hacia el FCSF sino que más bien correspondió a
un tráfico local, entre las estaciones de la última sección, que concluía en
la ciudad de Tucumán. Esto significaba un serio revés para los planes franceses, desde que la carga total del FCA había alcanzado en 1895 a ~~presentar un 56% de la del FCSF y hubiera ayudado a elevar la rentabilidad
de esta última compañía.42

LA CUESTION DE LAS GARANTIAS Y LA RENEGOCIACION DE LOS
CONTRATOS
Como podemos apreciar por los resultados de la explotación, el cobro de
las garantías asumía para los inversores una importancia vital a los efectos
de mantener en pie el esquema financiero sobre el que habían montado sus
negocios. Sin embargo, la crisis de 1890, al colocar_a l?s g?~~ernos na~ional
y provinciales en un estado de completa insolvencia, 1mp1d10 que los mv~rsores pudieran recurrir a este mecanismo. Esto dio. lugar a un compl~Jº
proceso de negociaciones, en que las distintas parte.s mvolucradas en las mversiones intentaron liquidar sus pérdidas al menor costo posible.
En el caso del FCSF los inversores habían reconocido tácitamente la
insolvencia del gobierno santafecino desde el momento mismo de la firma
del contrato, cuando aceptaron recibir el pago de las garantías en nue~os
títulos provinciales en vez de efectivo. A fines de 1889 el go~ierno provmcial autorizó la emisión de tres millones de pesos oro en titulos, con los
que entonces se pensa~a cubrir el se~~cio de la ga_~tía d~-los tres pr~eros años. La negociacion de las cond1c1ones de em1S1on rec1en concluyo en
junio de 1890. Los inversores acordaron tomar los títulos al 75% de su
valor nominal (cotizaban entonces al 88/90%) ! hacerse :argo de sus ~ntereses en los tres primeros años. La transferencia de los titulos todavia se
demoró hasta agosto y ya para entonces las cotizaciones h_abían cajdo p~r
debajo del precio pactado. En los meses siguientes la ca1da no hizo mas
43
que acentuarse, hasta llegar a sólo un 30% de su valor nominal.

A. M. Regahky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

155

Ante esta situación, y el fracaso de su intento de obtener un lote adicional de títulos, los inversores adoptaron la decisión de suspender los
servicios financieros afectados a la garantía. Como esto involucraba a los
empréstitos provinciales de Murrieta aún en circulación, se llegó a una situación muy compleja en la que los inversores franceses reclamaban algobierno el pago de la garantía, el gobierno reclamaba a los inversores el pago
d~I servicio de los empréstitos provinciales, y los tenedores ingleses de esos
titulos demandaban a ambos por los intereses caídos. Además, como el
crédito exterior del gobierno provincial había virtualmente desaparecido
,
'
no se pod1a recurrir al expediente de una nueva emisión que saldara los
intereses de las anteriores.
. ~~ situació~ pareció destrabarse en 1892 cuando el gobierno nacional
dec1d10 concurrir en apoyo del de Santa Fe, y los franceses accedieron a
hacerse cargo del arreglo con los tenedores ingleses. Por el contrato del 29
de septiembre el grupo francés obtenía la propiedad "absoluta y definitiva" de toda la red, incluso de la parte hipotecada por los empréstitos ingleses, a cambio de su renuncia a las garantías y su compromiso de reembolsar los empréstitos pendientes. En realidad, esta última condición ya fi.
guraha en el contrato de concesión, según el cual los inversores debían haber co~pletado_ el rescate de los títulos en octubre de 1891. Por su parte
el gobierno nac1onal aportaba al grupo francés tres millones de pesos oro
en títulos 6°/o del empréstito Morgan (con garantía de las aduanas nacionales) en reemplazo de los títulos provinciales recibidos en 1890. 44
Las condiciones no fueron muy bien recibidas en la legislatura cuando
se debatió el contrato, y si bien éste fue aprobado, se incluyó una cláusula
para el caso de que fracasara, que propiciaba como alternativa la retención de las líneas en manos de la provincia y la entrega a los inversores
franceses de una cantidad menor de títulos. Sin duda los terratenientes
santafecinos veían esfumarse con esta operación el proyecto de una red
~e transportes con tarifas de fomento, más bajas que las de las líneas particulares.
, De todos modos, el convenio quedó en suspenso porque el grupo frances no logró el, consentimiento de los tenedores ingleses, que se negaron a
cancelar sus titulos contra la transferencia de los bonos nacionales. En
esos momentos las cotizaciones de los títulos santafecinos en Londres llegaban a su mínima expresión, por debajo del 20°!o de su valor nominal.
Desde principios de 1892, en que se produjo la quiebra de Murrieta, regis~aban una continua caída mientras los demás valores argentinos evidenciaban una tímida recuperación. El grupo francés seguramente entendía
que esta circunstancia debía llevar a sus tenedores a reducir el nivel de aspiraciones. Por su parte estos últimos, representados por la influyente

�156

Siglo XIX

River PI.ate Trust Co. confiaban en que sus conexiones con las esferas oficiales argentinas les permitirían conseguir un mejor resultado por la vía
judicial. En abril de 1894, asesorados por Manuel Quintana, iniciaron un
juicio contra la provincia por el pago de los intereses atrasados que ya sumaban 2 318 960 pesos oro.45

Mejores resultados tuvo el grupo inversor en sus negociaciones con los
tenedores franceses de obligaciones. A diferencia de los títulos provinciales, la mayor parte de esos valores estaba afectada a la construcción de las
líneas nuevas, y su servicio se atendía con los fondos destinados a las mismas. No obstante, el grupo francés había suspendido los pagos desde principios de 1892, cuando todavía faltaba un tramo importante de las obras.
Luego de fracasar sus intentos por convertir las obligaciones en nuevas
acciones, los inversores consiguieron hacer aceptar su canje por nuevas
obligaciones de interés variable. Estos valores tendrían derecho al 90%
de las utilidades hasta que fueran saldados los intereses originales, período
en el cual no se podrían repartir dividendos a las acciones.46
En cuanto al FCA, su situación hizo crisis bastante después que el
FCSF, a mediados de 1893. Hasta ese momento los inversores habían pagado el servicio de las obligaciones normalmente, inclusive el del primer semestre posterior a la habilitación total de la línea. A su vez habían logrado cobrar en títulos Morgan la primera cuota de la garantía, correspondiente a una sección abierta en 1891. Sin embargo desde. mediados de
1892 era perceptible un viraje en la política del gobierno nacional, que se
negaba a seguir emitiendo títulos Morgan para las garantías, y exigía a las
compañías ferroviarias la entrega del 45% de su producto bruto para retomar el pago en efectivo.
Frente a estas perspectivas inciertas, los inversores resolvieron colocar
a la compañía en liquidación judicial, en julio de 1893. Según el informe
de los liquidadores sólo quedaban 204 178 pesos oro (correspondientes al
saldo del capital accionario) para seguir atendiendo los gastos de funcionamiento del ferrocarril. En octubre de ese año el grupo inversor arribó a un
concordato con los tenedores de obligaciones similar al del FCSF. Los tenedores obtenían derechos sobre el 95% de las utilidades pero a diferencia del caso anterior aceptaban que se repartiera el 5% restante entre los
accionistas, aún cuando no se hubieran cancelado los intereses originales.
·Esto era importante porque las posibilidades de obtener un saldo distribuible por vía de la garantía eran mayores que en el caso del FCSF (pues
el gobierno nacional conservaba cierta solvencia).47
La situación de la compañía se mantuvo sin variantes hasta principios
de 1895. En el interín los escasos fondos disponibles se consumieron rá-

A. M. Regalsky: Inversiones francesas_en ferrocarriles argentinos

157

p~damente por los continuad~s déficit ~e explotación. Los inversores pudieron mantener el ferrocarril en funcionamiento sólo porque a mediado~ de 1894 el gobie~~ retor_:t el pago de las garantías, aunque por un
40 1/o de los valores ongmales. A comienzos de 1895 se prod ·
· ·
1
J' •
UJO un nuevo Vlr_aJ_~ en a po 1tica,oficial, tendiente a cancelar las garantías mediante
la em1S1on ~e nuev_o~ htulos públicos. Bajo esta nueva situación los inversores negociaron rapu]~mente, la transferencia al gobierno de la línea. Evidentemente, e~, ausencia del regimen de las garantías, no les convenía mantener _la poseSion de una línea deficitaria que iba a requerir un contínuo
drenaJe de fondos. Por otra parte, la transferencia no afectaría sus intereses
en el FCSF,
'
· d pues en, razón. de su diseño la línea de San Cns·tóbal segu·1na
man temen o su caracter tributario de esa red.
Las ?ondi~io~es del contrato de transferencia establecieron que el grupo frances recibina el pago en títulos nacionales a razón de 16 000
kil ,
d ,
. .
pesos
o~o por ometro e v1a _principal y auxiliar, además del monto de garanbas _que se hallaban pendientes de pago. Este sistema implicaba una mayor
longi~d (670 km.) que _el _que se venía utilizando para la liquidación de las
garantias (650 km.). AsimlSJJlo el precio kilométrico era más favorable que
e! calculado por la Comisión Especial de Ferrocarriles Garantidos, que estimaba el valor de la línea a razón de 10 000 pesos oro. 49
Estas cues~~nes así como las críticas habituales sobre la pobre calidad
de la co~cc1on y las malas condiciones de mantenimiento motivaron
que el gobierno ~ope~~a con muchas dificultades para hacer aprobar el
contrato, Y su _rati:6cac1on se demoró desde abril de 1895 (en que fue firmado) ~asta enero de 1896. T?d_avía l~s invers?res debieron aguardar has~ com1enzos de 1898 para recibir los htulos puhlicos, que resultaron suficientes para reembolsar a la par todas las obligaciones concordatorias
Duran~e el período de demora (1896 y 1897) recibieron los intereses d~
esos tJtulos, del 4% anual, lo que les permitió repartir un módico dividend? _sobre el capita} obligatorio y sobre su propio capital accionario. En
de_fimtiva, la o~eracion les pe~i~ó recuperar el capital invertido y restituir el que habia aportado el publico ahorrista, aunque sin reportar intereses durante un~ parte del ti_empo e~ ~e estuvo inmovilizado. Igualmente
quedaron en pie_ las ganancias de tipo mdirecto que habían logrado obtener en las operac10nes de recaudación e inversión de los fondos.

LA NEGOCIACIONES FINALES Y EL COMIENZO DE UNA NUEVA
ETAPA
Al mismo tiempo que arreglaban su salida del negocio del FCA, los inversores franceses reanudaban sus negociaciones con los tenedores ingleses pa-

�158

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

.
.
. , del FCSF. En enero de 1896 lograron ratifi~
ra regulanzar la S1tuac1on l
tim"e to de los tenedores ingleses. Sm
el convenio d~ 189~ con ed ~o:::n ea~an or la negativa del gobierno ?ª·
embargo, su e1ecucion que o M qu
. ~ almente convenidos. Debian
cional a. apo~t.ar los tí~os org:°re:~su posición, lo que se produjo
transcumr mas de tres ~o~ para_ 4;Ill Roca
e procuraba concluir con totras el ascenso de la ad~mmstrac1on timulJ'1una nueva oleada de inversiodas las cuestiones pendientes para es
nes extranjeras.
- 'ashcuya. situación
En 1899 el FCSF era una de las P?:as co~panih
.dido en sefa.
.
P
t.ambien debieron a er mc1
guía sin regul~ar. or ~-ntonces~e ·ones del obierno provincial, que se
vo~ de una rap1~a soluc1on l::U~ d:sfavorableg en el litigio entablado en
veia comprometido por ~n
almente interesado estaba el grupo
1894 por los tenedores ingleses. Igul
er en marcha nuevos pla,
d se ha llegar a un arreg o para pon
,
1
frances,.
que
.
,e
a
.
ta
de
la
favorable
evolución
de la compañia en os
nes de mvers1on, en VlS
últimos años.
sultados de la explotación fueEn efecto, en el período 1897. 99
- 1os rtee . s El promedio de los in.
. es a los anos an nore .
ron notoriamente supenor
. al d 1
,odo 1893-95 y el aumento
fu
62% supenor
e pen
. d
b
gresos rutos e un
b fi .
del 127 .3%. En matena e
fue aún mayor en el caso de los, ene c1os~
acteres definitivos:
tráfico, la red del FCSF co~olido en esos an:~:n el principal comel tráfico forestal siguió creciendf
coQ~izás lo más significativo fue
ponente de la carga total, con e
. odi.. on a las líneas más nuevas y
ás grandes correspon er
E
l
que os progresos m
el área forestal como en la ce~alera. sdistantes de la cabecera, tanto en l d
11 del tráfico p9d1a deparar
to era un índice elocuente de qu~ e -~sarr;ot otra parte, esas líneas, que
todavía mejores result:idos de e~! ::~:; con el territorio nacional del
en un caso se extend1an hasta
C, d ha tenían por delante grandes
. •
t h ta la frontera con or o ,
Chaco y en o ro as
,
. . 1 b·etivo de futuras amp1iacioáreas sin explot.ar que pod1an constJtuu e o ~
nes de la red.50

4~ª;~

.
, . . o a reducir la incidencia
El desarrollo del tráfico contribuyofias~JSmthaJ·ó a un promedio del
d
plotación cuyo coe cien e
,
de los gastos e ~x .
' º'/o ara 1899 Este descenso fue mas mar80 3°1o para el tnemo, Y 75.5
P
· dir ., lo que siunifica
.
d
. . nto de trenes y
ecc1on,
&gt;t&gt;·cado en los rubros e movume ,
un mejor aprovechamiento de la
que se pudo atender el mayor tráfico con .
A su vez este menor coefi· · t·
operab\ia
,
misma estructura admuustra wa y , 1 . .
res incrementar fuerteti
ennitio a os mverso
,
ciente de gastos opera vos .P .
de vías del tren rodante, que veman
mente los gastos de manterum,~nto .
- : por la escasez de recursos.
siendo postergados desde hacia varios ano

159

Este mayor interés de los inversores por la mejora del estado de la red
se advierte también en su política de distribución de beneficios. En el
período 1897-99, en que los beneficios de la explotación acumulados represent.aron un 5.6% del capital en obligaciones, los inversores repartieron sólo un 30% de los mismos a sus tenedores. Con los beneficios reinvertidos emprendieron diversas obras de mejora, la ampliación del puerto
propio de Colastiné y la adquisición de nuevo material rodante. Al concluir el período, las existencias de vagones se habían incrementado en
228 unidades, o el 18.75º/0 •51
Esta política de capitalización puede interpret.arse también como
una política de redistribución de ingresos. Con recursos obtenidos a partir de una situación de suspensión de pagos que perjudicaba a los tenedores de obligaciones francesas tanto como a los tenedores de empréstitos
ingleses, el grupo inversor aumentaba la capacidad de la red de generar
utilidades, a la vez que desplazaba el momento de su distribución hacia
una etapa futura, en que la reforma del concordato le permitiera percibir dividendos sobre su capital accionario.
Esa nueva etapa se abció a partir de los acuerdos celebrados en diciembre de 1899. Por esos acuerdos los inversores obtuvieron la reforma
del concordato en el sentido apuntado, así como la aprobación de los postergados contratos con la provincia de Santa Fe y con los tenedores ingleses_s2
El contrato con Santa Fe tenía las mismas características que el de

1892. Los inversores recibían en propiedad perpetua la totalidad de las
líneas y tomaban a su cargo el rescate de los empréstitos en poder de los
tenedores ingleses. Asimismo recibían del gobierno nacional unos 4 875 000
pesos oro en títulos de 4%, en vez de los tres millones de pesos oro en bonos de 6% que se habían convenido en 1892. Por el contrato con los tenedores ingleses les transferían esos títulos nacionales junto con otros
3 170 000 pesos oro en nuevas obligaciones de 3% de la compañía francesa. De tal manera, los tenedores ingleses recibían en total nuevos títulos
por el 74% del valor de los empréstitos que tenían en cartera, aunque en
términos de intereses esos nuevos títulos les reportaban sólo el 53% de lo
que percibían antiguamente.
Este arreglo puede calificarse como satisfactorio para los tenedores ingleses, si tenemos en cuenta la debilidad de su posición. Los empréstitos
que mantenían en cartera tenían una muy baja cotización (en enero de
1899 era del 34% y un año antes del 22%) La antigua casa emisora
rMurrieta) había quebrado y no jugaba ya ningún papel en la captación de
capitales para la Argentina que hubiera permitido exigir un tratamiento es-

�160

Siglo XIX

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

·a1 Finalmente las líneas hipotecadas contra los empréstitos eran mepectretazos
.
' principal, y su posesion
, no o fre ct,a
, o t ra ven taJ·a que la
ros
de la red
de ser una herramienta de presión sobre el grupo frances.
Más satisfactorio resuJtaha el arreglo para el grupo francés que ohte~ía
la ropiedad perpetua de toda la red, aunque sólo bahía ap~rtado el 60 fo
deicapital invertido en la misma. Además concretaba el rearo_ de los tenedores ingleses utilizando mayormente títulos del g?hiemo nacto~~- ~e tal
manera la operación implicaba un gravamen equt~alente al 22 .'º e 1os
beneficios de la compañía en 1899, y con perspecbvas d~ reducll"SC ª medida que los resuJtados de la explotación continuaran me1orando. P?_r
parte el retiro de los títulos ingleses implicaba una verdadera defl~c1on e
"tal que quedaba reducido a una cifra más cercana a lo efectwame~te
=~d~ en obras, y más adecuada para obtener una rentabilidad atractiva
en un plazo más corto.

o:~

En cuanto a la reforma del concordato pactada con los ten~d~res_ ~e
obligaciones francesas, tos inversores ofrecieron una mayo~ parbc1pac1on
a los tenedores en los beneficios distrihuihles. (de~, 93.25 fo en ~ez del
90%) y como contrapartida obtuvieron autortzac1on para repartrr el ~manen~e como dividendos para su capi~ ªC&lt;;ion:t"o, Y que~ru:on facu_ ·
tados para emitir nuevas obligaciones de mtercs fiJo cuyo servicio ~oz~ria
de prioridad sobre los anteriores títulos emitidos. Desde el P~_nto e vista
de los tenedores esta solución implicaba una nueva postergact0n en sus aspiraciones a retomar el interés del 5°1o estipulado .º~~~mente, aun:
se compensaba en el largo plazo con la mayor parbc1pac1on que toma ,
1 saldos distrihuibles. Desde la óptica de los inversores el ~pecto m~
en os
,
. • bliga
es que si
favorable estaba tal vez en la autorizacion para emitir o
c1on , .
de momento apuntaba a la conclusión del arreglo con los te?edores m~eses los colocaba nuevamente en condiciones de poder recumr al merca 0
de París para alimentar los planes de expansión que ya se estaban gestando.s3

161

2. Hemos descrito este proceso en nuestros trabajos: "Las inversiones francesas en
empréstitos provinciales en la década de 1880", V Jornadas de Historia Económica, Universidad de San Juan, 1983 y "Las inversiones francesas en empréstitos
públicos nacionales, 1881-1890", VI Jornadas de Historia Económica, Universidad de Córdoba, 1984.
3. Mientras en el gobierno de Roca se otorgaron sólo 3 concesiones por 459 kilómetros, en el de Juárez Celman se dictaron 25 leyes de concesión garantidas por
13 482 kilómetros. Particularmente en 1887 se concedieron 14 líneas con garantía por 7 724 kilómetros, además de la enajenación de las dos líneas estatales por unos 1 200 kilómetros. En cuanto a las construcciones ferroviarias, .e n
1881-86 totalizaron 3 651 kilómetros y en 1887-92, 6 956 kilómetros.R. A., Dirección General de Ferrocarriles, Estadística de Fe"ocarriles en Explotación
(1895), passim.
4. El sindicato franco-belga estaba integrado entre otros por Deves (Cfedit Foncier de Francia), Otlet (Compañía de Gas de Río de Janeiio) y Empain (ferrocarriles del Perigord). SAJ (fhe South American Journal), 27-IX-90, 377. Sobre la Société de Batignolles y su fundador Gouin hay abundante información en R. Cameron, Francia y el deaarro/lo económico de Europa, 1800-1914,
Madrid, Tecnos, 1971, pp. 76, 106-7, 274 y ss.

5. Sobre la especulación con latifundios en el Chaco hay abundantes referencias en
los periódicos de la época. Al debatirse la concesión de Peláez, El Diario (4VIII-87) publica una "nómina de los que han obtenido tierras en el Chaco y se
verán favorecidos por este ferrocarril", que incluía a P. Groussac, Langworthy,
T. Malbrán, Casares y otros. En 1887 también se otorgaron concesiones en el
Chaco a F. Younger (Paraná-Tartagal), A. Lanús (Resistencia-Metán) y J. Martínez (Nanducito-Presidencia Roca). En cuanto al área andina, hubo también
abundantes concesiones ese año: l. Quiroga (S. Juan.(:humbicha), P. Prud'home
(Chilecito-Mejicana), Sánchez e lgarzábal (S. Juan.(:hilecito) y A. Carranza
(Chumbicha Tinogasta). R. A., DSCD (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados), 1887, II, 1.107.08.
6. Batignolle, habilitó 86.5 kilómetros el l-Xll-90 (V. Mercedes-La Toma). En
1891 redujo las obras a un mínimo (14 hombres trabajando) por falta de fondos. En cuanto al grupo franco-belga, en agosto de 1890 debió suspender las
Qbras por un litigio con Peláez, y en octubre de 1891 las interrumpió definitivamente. R. A.,Memoria de Obras Públicas (1889-91), 11, 21-7, 156-9 y 252-6.
SAJ, 20 y 26-IX-90, 335 y 373.
7. E. Baldy, Le, Banques d'Affaires depuis 1900, París, 1922, 28-30 y 140-159.
Sobre su participación en los empréstitos argentinos, véase nota 2.

NOTAS

t:: :t

l. Entre 1880 y 1886 se registró una fuerte baja de los ~ete~ m~í~o~
mitió abastecer el mercado europeo de productos pnmanos e . e P 1
.
alejados, como la Argentina. H.S. Ferns, Gran Bretaffa y Argentma en el_ s'8l0
XIX Buenos Aires, Solar, 1966, p. 407. También se encuentran referencias en
L
(L 'Economiste Francais), 15-1-1887, p. 78.

'EF

8. The Economist, 25-VII y l-VIIJ-85, 906 y 958. Sobre la actividad deFives Lille en
Europa puede consultarse R. Cameron, ob. cit., 70, 107, 274 y ss. Su predominio en el mercado azucarero es testimoniado por el cónsul británico Egerton. The Ecorwmist, 12-11-81, 1 400. También, L 'EF, 7-1-82, 15. Sus ventas a
los ferrocarriles estatales en R. A., Registro Nacional, 22-Vll-84.
9. Este interés por la exportación de capitales como vía de penetración comercial
se reflejaba en la prensa financiera francesa. "Inglaterra nos vence en el terreno
del gran consumo. Lo hace por un procedimiento que ignoramos: la importa•
ción de capitales. Es así como se ha apoderado de todas las grandes empresas que

�162

Siglo XIX
dan a los capitales ingleses rendimientos que... casi nunca bajan de 10°/o... y
no consumen más que productos ingleses. Lo que muestra el cuadro general de
nuestras relaciones con la República Argentina es que allí como aquí permaneciendo estacionarios perdemos terreno. ·No hemos hecho nada por ganarlo, buscando en este país nuevo el empleo de capitales que abundan en Francia sin empleo" LEF, 14-Xll-86, 755.

10. Ley de la provincia de Santa Fe promulgada el 2-1-85, en E. Schlatter (DGVC),
Leyes, contratos y resoluciones referentes a ferrocarriles, Buenos Aires, 1903,
IV, 141-2. Los propósitos de esta expansión fueron claramente explicitados por
el gobierno."...nuestro engrandecimiento como pueblo está hoy perfectamente
asegurado, desde que el sistema de ferrocarriles de trocha angosta está destinado
a formar en la República, con Santa Fe como centro, una red completa que
atraiga el comercio y la producción andina, chaquense y del extremo noroeste,
a los puertos principales del Litoral. .. " (ministro Cafferata, en PSF, Memoria
de Gobierno 1887, LXIX). " ... el transbordo de una línea ancha a una angosta
quedará suprimido por el único medio natural y practicable que consiste en dar
a la trocha angosta todos los Puertos que tiene la trocha ancha ... De este modo
la carga podrá tomar/ una u otra / aprovechando de las competencias en los precios que con beneficio del país tienen forzosamente que establecerse dentro de
lúnites prudentes y racionales " (gobernador Galvez, en PSF, Mensajes del Gobernador (1888), 25-VI).

A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

163

17. A partir del undécimo año de explotación. PSF.Memoria.. ., 73.
18. Ese fue el argumento de Láinez para oponerse a la concesión: "El 5º/o durante
55 años viene a ser la amortización del capital entre 42 y 45 años con el 4º/o de
interés y l de amortización. Luego, a los 45 años, si la nación mandara a construir por su cuenta este ferrocarril, sería completamente dueña de él, después de
haberlo explotado durante ese tiempo". DSCD, 10-X-87, 58.
19. Esta categoría de beneficio es analizada con especial detalle-en R. Hilferding,EI
Capital Financiero, Madrid, Tecnos, 1973, cap. VII. "Mientras que el capitalista
monetario recibe interés por prestar su capital, el Banco emisor de acciones, que
en este caso no presta nada, tampoco recibe ningún interés. El interés lo reciben
más bien los propietarios de acciones como dividendos. Al Banco afluye la ganancia del empresario; pero no como ingreso anual sino capitalizado como ganancia de fundador. . . Este método asegura para los fundadores tos beneficios
extraordinarios que han de esperarse de la fundación y de todos los progresos futuros y coyunturas favorables, mientras la ganancia del público poseedor de títulos queda fijada en un límite constante que no sobrepasa demasiado el interés."pp. 122 y 136-7.

20. Ade1!1~~ se recono~ía un coeficiente de gastos ?e 55º/o por los 55 años. Según la
Com1s10n de In tenor del Senado, Portalis hab1a pedido una garantía del 6 /o sobre un capital kilométrico de 20 mil pesos oro. DSCS, 27-IX-87, 636.

11. E/Diario, 21-1-87 y 10-V-87,y LEF, 29-X-87.
12. Para la tramitación del Central Córdoba puede consultarse E. Schlatter, op.
cit., íll, 5-10. Las primeras negociaciones de Murrieta para comprar el Central
Norte y del gobierno santafecino para vender la red provincial se hallan testimoniadas en El Diario, 14-IV-30-V-87.

13. PSF,Memoria de Gobierno (1887), 72. " ... lanzada la concesión al mercado, ~a
despertado tal interés que sus concesionarios han realizado operaciones ventaJosísimas para ellos y para la Provincia, atrayendo capitales franceses ... Se puede,
en ese concepto, anticipar una idea que germina ya en las combinaciones financieras de algunos sindicatos europeos. Nuestros ferrocarriles serán objeto dentro
de poco de negociaciones para que pasen á la acción particular. Estas negociaciones se producirán sin que el gobierno las provoque, demostrando así que somos
objeto del estudio de las eminencias financieras de la Europa, que ... tratan de
vincularse con grandes capitales a nuestro porvenir económico" (ídem, LXIX-

LXXIO.
14. Las dificultades acarreadas por la concesión del FCBAR son reconocidas en la
Memoria de Gobierno ya citada (p. LXX). La nueva propuesta ante el gobierno
nacional contó con el apoyo explícito del gobierno de Santa Fe. DSGS (Diario
de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Nación), 1887, 383.
15. El Diario (21 y 23-XII-87) informó acerca de tres propuestas, de las cuales la
más alta era la de Bouwers (FCCA). Luego el gobierno dio a conocer una cuarta
oferta a cargo de Hume Hermanos, que resultó triunfadora. Lo llamativo es que
los Hume eran meros representantes de Meiggs, que había presentado una de las
propuestas más bajas. R. A., Memoria del Interior, 1888, 623.
16. R. A.,M. de Hacienda, Archivo de la Deuda Pública, carpeta 2088.

21. E. Schlatter, op. cit., III, 121-3. "Como se ve, por el contrato se alteraba la ley
de concesión, puesto que no debían entregar al gobierno el 45º/o del Producto
Bruto.. . comprobándose la negligencia, por no usar de una palabra más fuerte,
de los gobiernos que violentaban las leyes en sus contratos, perjudicando al tesoro público en beneficio de los particulares " (senador FigueJoa, en DSCS,
21-XII-1895, 920).
22. El monto emitido había sido en realidad de 1 039 500 libras esterlinas. La diferencia (40 000) corresponde al costo de construcción del ramal S. Fe-Colastiné.
Sin embargo este ramal estaba incluido en el prospecto de emisión de las
1 039 500 libras esterlinas. The Economist, 12-XII-85, 1.521.
23. Sobre el fracaso parcial de las primeras emisiones, SAJ, 5-l-89, 3. Con respecto a
las últimas, hay testimonios de que Murrieta retenía un importante stock en
Reuiew ofthe Riuer Plate -RRP-, 27-U-92, 12 y SAJ, 3-11-94, 129.
'
24. Por la ley del 19-IX-88 se autorizaba a Fiues Lüle "la construcción de 500 kilómetros de líneas nuevas, que se determinarán de acuerdo con el Excmo. Gobierno." E. Schlatter, op. cit., IV, 153.
25. La ruta de Tucumán a Santa Fe vía San Cristóbal quedaba reducida a unos 750
kilómetros, mientras que la ruta de Tucumán a Rosario vía Sunchales (FCBAR)
era de 850 kilómetros.
26. LEE (L 'Economiste Européen), 1-IX-1894, 273. El presidente de FCSF -Ewald
integraba simultáneamente los directorios de Fives Lille y de la Banqu; Russ/
Esta última institución estaba involucrada en negocios en Santa Fe desde fines
de 1887, cuando se ocupó de emitir las primeras obligaciones de CFSF Crédit Foncier de Santa Fe. El Diario, 14-X-87 y LEF, 5-XJ-87.

�164

Siglo XIX
A. M. Regalsky: Inversiones francesas en ferrocarriles argentinos

27. Véase R. Cameron, op. cit., 96 y 440. En 1852-81 los emprésJitos representaron el 51.6º/o de las inversiones externas, y en 1892-1913, el 62 /o.
28. R. Cameron, op. cit., p. 481.
29. Véase las memorias de ambos bancos

en LEF, 16-Il-1889 Y 27-IV-1889.

30. Así pues a fines de abril de 1887 se explicaba la débil cotizaciÓn del empréstito' argentino de Obras Públicas emitido a principios de enero de ese año porque
su colocación no estaba todavía suficientemente avanzada (LEF, 27-IV-87,
486).
31. "Se anuncia un empréstito de 10 millones de la provincia de Catamarca, ~ ~mpréstito de 7 y medio de la provincia de San Juan y finalmente dos emprestltos
de 60 millones en conjunto de la ciudad y provincia de Córdoba. La simultaneidad de todas estas operaciones puede impedir por un tiempo que estos títulos
alcancen la pa.i:." LEF, 4-VIII-1888, 151.
32. Se debía abonar el 25º/o al contado, el 30°/o a dos meses y el 35.5°/o restante a
4 meses. LEF, 4-VIII-88, 156.
33. "El Banco, que ha prestado sus mostradores a las compañías /FCA y F~S~! para la emisión de sus obligaciones, posee desde hace tiempo 21 355 obligaciones
de FCSF y 11 433 de FCA ". Memoria de Paribas en LEF, 2-Vll-1892, p. 30.
34. LEF, 13.7 y 24-VIII-1889.
35. (Ver nota 32). Fives Lille tomó la construcción de las líneas mediante un c~ntrato de riesgo, Jo que significa que aceptaba recibir parte del pago en obliga.
ciones (LEF, 18-V-89). En su asamblea del 30-XI-95, los directores de esta firma
declararon un saldo acreedor de 751 094 francos, pese a las amortizaciones
anuales de 200 mil francos. LEE, 4-1-1896, 11.
36. En la cuenta de construcciones de FCA correspondiente al primer año, se incluía también la prima de las obligaciones emitidas. Para poder desagregar ambos
rubros partirnos del supuesto de que los gastos específicos de construcciones debieron representar c;n eJ primer año el mismo porcentaje sobre el total gastado
hasta el final de las obras que en el FCSF (11°/o).
37. Un testimonio de esta práctica aparece en los informes de Pellegrini sobre las
negociaciones por el empréstito de Obras Públicas: "Me han hecho pedir una
comisión extraordinaria y fuera del contrato por una parte del anticipo ... Me
han hecho decir que en esa comisión estaba todo el secreto de la operación ...
/Los / franceses ... son sociedades anónimas y las comisiones son una parte para
los Directores y otra para la Sociedad. . . y por consiguiente la parte de los Di·
rectores no figura ... o si figura será a nombre de un tercero - Mallman, Bem•
berg o cualquier otro, quien recibe y distribuye." R. A., M. de Hacienda, Archivo• .•, carpeta 2096, Pellegrini a Pacheco, 20-V-1885.
38. Las sumas a gastar en terrenos estaban especificados en el contrato del FCSF
(unos 500 mil pesos oro). En cambio no lo estaban en el-caso del FCA. SegÚn
la versión disponible de su balance de 1889, se habí;in imputado 1 742 000
mil pesos oro en "Securities on land" (SAl, 9-Vlll-90, 173).

165

39. Las secciones construidas por Meiggs habían sido equipadas con materiales de
firmas inglesas, exclusivamente (Railway Carriage, Brown Marshall, Cloucester
Wagon, etc.). Dirección General de Ferrocarriles, op. cit., 1894, .passim.
40. El gobierno no aceptó otorgar garantías sobre una parte de esos ramales: "porque los hubieran construido los dueños de ingenio por propia conveniencia."
DSCS, 21-XJI-95, 920. El FCBAR peticionó contra la garantía de esos ramales,
que conducían a ingenios ya servidos por dicha compañía. RRP, 24-Xl-94, 7.
41. El grupo francés había invertido en tierras indirectamente, a través de CFSF.
Esta compañía había tomado posesió.n de tierras próximas a la línea del FCA
Y al ramal chaqueño de FCSF, C. Chapeaurouge, Atlas Catastral de la República Argentina, Buenos Aires, 1901. También hubo inversiones directas. Tras su
liquidación, se supo que la Banque Russe había invertido 453 797 francos en
lotes Y terrenos de Santa Fe, Santiago y Tucumán, y ouos 473 800 en acciones
de la Société des Terres de l'Inca, con 142 500 hectáreas cerca de Fortín Inca
(FCA). LEE, l-IX-1894, 273.
42. En 1896 y 1897 alrededor de un 90°/o de la carga fue despachada desde estaciones ubicadas a más de 500 kilómetros de San Cristóbal, mientras que el re.corrido medio del total fue inferior a los 140 kilómetros.Dirección General de
Ferrocarriles, op. cit., l 896 y 1897.
43. SAJ, 7-111-1891, 301.
44. J. B. Peña, Compilación de leyes... y contratos sobre la deuda pública nacional
Buenos Aires 1907, 1.097-99. Ya en 1891 Cafferata anunciaba la intervenció~
de PeUegrini en la resolución del conflicto PSF,Mensaje..• (1891), 24.
45. SAJ,24-IV-94,477.

46. Concordato celebrado el 26 de abril y ratificado el 6 de julio de 1892. LEF,
2-VlIJ Y 13-Vlll-92, 30 y 220. Annuaíre Générale, Paris 1910.
47. CFC -Cámara Francesa de Comercio en Buenos Aires- agosto-noviembre
1893.
'
48. Junto al FCNEA fue la única compañía que solicitó el pago en papel a fin de
atender los gastos de funcionamiento (CFC, febrero 1895).
49. El texto inicial y las observaciones de la Comisión Especial, en DSCS, 21-XII-95,
920-3 y DSCD, 7-I-96, 1.015.
50. Entre 1896 Y 1899 las líneas de Pilar a Frontera de Córdoba y de Humboldt a
Sobedad aumentaron su participación en la región cerealera de un 20.7 a un
330 /o. Las de Vera a Reconquista y a Paralelo 28, que en 1896 aportaban el
47_ /o ~~ la carga procedente del área chaqueña, en 1899 despacharon el 54.3º/o.
Duecc10n General de Ferrocarriles, op. cit., 1896 y 1899.

51. ldem nota 50. CFC, octubre 1899 y LEF, 7-VIl-1900.
52. El l-Xll-1899 la River Plate Trust infonnaba haber obtenido el consentimiento
de suficientes tenedores como para ratificar el acuerdo (SAJ, 2-XII-99, 639). La
asamblea de tenedores franceses que aprobó los contratos y aceptó reformar el

�166

Siglo XIX
concordato se celebró el 8-XH-99 (LEE, 15-Xll-99, 750-1). Para el texto del
contrato con Santa Fe ver E. Schlatter, op. cit., IV, 176-77.

53. A partir de la finna de estos convenios el grupo francés, comenzó_ a _preparar el
mercado francés para nuevas emisiones de FCSF, a traves de una ms1stente propaganda sobre sus títulos, y ya a fmes de 1900 an~nció su_propósito de prolongar las líneas al territorio del Chaco y a la provmc1a de Cordoba (RRP, 15-XIl1900, 15).

Los Grandes Negocios en Uruguay

Julio C. Rodríguez*

El Uruguay del siglo XIX, conmovido cotidianamente por las guerras civiles, poseía, sin embargo, una segura póliza contra la bancarrota económica:
la producción natural de pasturas y ganados. Con o sin guerras, averiado
apenas el ciclo biológico por secas y epizootias, la ca111paiia oriental producía año tras año millonarias pariciones de terneros y corderos, prodigiosamente dispuestos a seguir comiendo pastos a pesar de las tormentas que
de tanto en tanto, surgían en el mundo de sus pastores.
La escasa población que se disputaba el beneficio de aquellos ganados
y el monopolio de aquellas pasturas, con un rtl ínimo gasto de fuerza de
trabajo, obtenía varias veces más -&lt;lecenas de veces más- cueros y kilos
de carne por habitante que los más desarrollados países del Atlántico
Norte. La sociedad cimarrona que allí crecía casi ignoraba que detentaba
una gruesa cuota de lo que los clásicos de la economía poi ítica habían
llamado renta diferencial del suelo. Fue a caballo de ese prodigioso margen
de exceso sobre la ganancia media de la explotación agrícola-ganadera
mundial, que el Uruguay del siglo XIX fue realizando su acumulación de
capital nacional.
A ese elemento primordial de acumulación agregóse, ya desde los
umbrales coloniales, el usufructo del puerto montevideano, que incluso
luego de la separación nacional continuó desarrollándose por encima de las
estrictas necesidades del mercado uruguayo, para derramarse como puerto
de tránsito para buena parte del Cono Sur. Esta segunda forma de acumulación de capital conoció períodos de amplia expansión, tanto en la Guerra
Grande (complicidad mediante el bloqueo anglofrancés a Buenos Aires)

*Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay.
Este trabajo fue publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República en 1970.

�168

Siglo XIX

como, y en especial, en la Guerra con Paraguay, en que Montevideo se
transformó en la base marítima de operaciones de los expedicionarios
brasileños.
De más está decir que el mejoramiento del proceso productivo y económico de la ganadería, la sucesiva expansión de la demanda mundial de
nuestros productos no hicieron sino reforzar estos elementos excepcionales de acumulación uruguaya.
Para la sociedad dominante que comandaba el usufructo de esa alta
renta nacional y de esa altísima productividad hora/ hombre, uno de los
más divertidos modos de entretenimiento lo constituyó el cómo distribuir
y redistribuir esa renta nacional. Los "grandes negocios" del siglo no fue~on -en una primera instancia- la producción misma obviamente nacida
de los trabajadores, ni la administración concreta de esa producción, desde
el estatuto de estanciero hasta el de empresario y comerciante urbano. La
altísima y excepcional valoración social del banquero y del bolsista uruguayo del siglo XIX no hizo sino reflejar un fenómeno económico real.
Allí, en su privilegiado giro, se organizó la más formidable acumulación de
capital. La banca y la Deuda Pública fueron los "grandes negocios" del
Uruguay precapitalista.
EN EL PRINCIPIO FUE LA USURA...

Las repúblicas latinoamericanas nacieron con un oneroso y, hastá si se
quiere, heroico estigma: la deuda pública. Contraída para atender las urgencias de los ejércitos revolucionarios, se transformó de necesidad con cara de hereje, en hereje sin necesidad. En el Uruguay, aquellos modestos
compromisos del Cabildo rebelde de 1822-23, y los todavía aceptables
sometimientos de los que financiaron la revolución de 1825, fueron adquiriendo un carácter progresivamente más turbio con la cohorte usurera que
financió la expedición de Rivera a las Misiones y que aprendido el oficio se
descargó sobre el país independiente a partir de 1830.
En el país que entonces nacía, sin rentas establecidas, sin estructura
económico-social moderna, con islotes mercantiles en un océano de producción seminatural y de intercambio de subsistencia por trabajo y servicios, la posibilidad de erigir una arquitectura tributaria ágil, eficiente y
barata era una utopía. La extrema facilidad con que el país podía obtener
sus rentas de aquel puerto casi· monopolista de Montevideo, transformó
tempranamente las Rentas de Aduana en la casi única fuente de amortización.de deudas viejas y empréstitos nuevos.
Si se enfoca la situación del país con esa forma abrillantada de la igno·

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

169

rancia que se llama .ª sí misma "técnica financiera apolítica", podría suponerse que nada hu?1e~~ co~ta~o levantar de inmediato un empréstito a largo plazo con_ suscnpcwn publica que hubiese fácilmente enjugado la deuda
flota~te sem11Tecon?cida y semiclasificada. Pero la escasa oligarquía de comerciantes que tenia los comandos en sus manos, había bebido hasta las
heces los_ valore_s de~ mundo colonial semifeudal, donde la privis legio y el
monopolio hab ,an sido las formas consuetudinarias e institucionalizadas de
acumula~ión de capital. El crédito moderno con las técnicas correspondiente~ ?ahria de ser en el Uruguay también, el fruto tardío del completo dom1ruo de las relaciones capitalistas en toda la estructura económico-social
Y, ~~r Jo ta?to, -~el t?tal ~orecimiento de su réplica teórica en economía
pohtica, legislac10n fmanc1era, y en su contexto ético en el mundo de los
valores y estilos de vida.
Cuando los ministerios de hacienda de Pereira, Santiago Vázquez y
Lucas Obes (1830-34) vendían por uno, cinco y diez años los anticipos
de las rentas de patentes, sellados, corrales, tablada, etc., no habían avanzado un centímetro ?e los modales publicanos de la república y el imperio
romanos. Eran el ep ,gono charrúa de aquellos judíos y lombardos medievales que amamantaron, crecieron, quebraron y engordaron con los barones feudales y las monarquías de fe púnica.
El país conocí? tempranamente (1834-35) la división de la proto-Bolsa de valore_s en guelfos (Lacas Obes, Antonio Montero, Doming_o Vázqucz, ~tm _de Castro, José E!lauri, Manuel Herrera y Ohes) y gibelinos
(Juan Marta l'erez, Jorge y R.amon de las Carreras, Ramón Masini Francisco Muñoz, Antonio Díaz) con el triunfo aplastante del clan usur~ro encabezado por Juan María Pérez y que dio lugar a la que hubiera sido una
~rillante op~~ación d~ bolsa ~Co~solidación de la deuda de 1836 y postenor convers10n en prestamo mgles) de no haber mediado el levantamiento
de Rivera.
·
De 1843 a 1851 , la ciudad aislada de la Campaña, sostenida intermitentemente ~or el in_íl~~iento de sus negocios en los períodos de bloqueo
de Buenos Aires, vend10 una lras otras sus rentas a sucesivas sociedades de
com_erciantes en su mayoría extranjeros residentes, cuyos montos de usura
hubieran hecho palidecer a los logreros judíos del muy católico reinado de
Casti~la y León o a los l~mbardos que sangraban a Francia e Inglaterra en
la baJa Edad Media. La llamada ''Sociedad de Aduanas del 48" o la del
''51 ", aquellos Antonini, Lafone, Hocquard, Weill, que prorrateaban los
abastos _de armas, vestuarios, alimentos, a las legiones extranjeras y cuerpos nacionales de la Defensa, no sólo se enriquecieron en contratos fraudulentos Y dolosos, sino que además consolidaron un estilo financiero todo
un género de vida, alimentaron determinado espíritu de empresa' y un
mundo de valores ético-poi íticos siniestro para los intereses de la nación.

�170

Siglo XIX

El especulador el bolsista, fue desde en-tonces la más alta caracterización de un objetiv~ de vida. Fue no sólo, la más rápida ,Y. fulminant~ forma de acumulación de capital que conocio el Uruguay decimonono smo, Y
además, la más paralizante y reaccionaria forma de aplastar el desarrollo
económico y productivo. En el seno de las clases altas ~~uguayas, se ~e
larvando una tradición según la cual, determinadas fam1l1as sol~ pod1an
dedicar su ocio a la rueda de Bolsa y al trajín bancario. Lo demas, el desarrollo tecnológico de la ganadcr ía, la aplicación del capital a ~a manufactura y a la industria era cosa de gringos, de vascos o de transfugas.
Sin embargo, gran parte de la fortuna gringa _(inglc~es, !ranceses) apli~
cada al desarrollo moderno de la ganadería hab,a nacido Justamente ali,
en el inframundo de la usura, de la compra de sueldos al 5 por mil, de pensiones de viudas y huérfanos al l por ciento, en la venta de vcst~arios,
apolillados al precio de cachemiras, de trigo ardidos para la tr~~a cotizados
como especias de las lndias. Ellos, venidos de un mundo versahl Y mercantilizado en todos los poros, giraban rápidamente en sus posturas Y como el
tordo ponían el huevo en todos los nidos.
~] país conoció sus Jacques Coeur, en personajes ~e alucina~1te, c~rrera y catastrófica plancha final. Samuel Lafone, el ~ron de M~ua, bm1lio Reus fueron las más altas cumbres euyas trayectorias han deJado en la
sombra a traficantes más ladinos y más grises porque se retiraron tempranamente a invertir el fruto de sus felices operaciones en los rubros que el
mundo moderno exigía: la ganadería moderna y la industria desarroll~da
silenciosamente a la sombra de las altas tarifas aduaneras que ~mort•~ban la deuda pública. Los hijos y nietos de los usureros de la primera mitad del siglo fueron en definitiva los que ajusticiaron a los usureros de la
segunda mitad.

EL ESQUEMA Y LA TECNICA
Sobre la historia de la deuda pública del Uruguay es posible construir un
modelo comprensivo de sus más peculiares atributos. Un p~Ís siempre escaso de rentas, incapaz de cubrir su presupuesto anual c_n. e?ocas no~ales por la inflación de su lista civü y militar, acumula def1c1ts,- Al mLSIJIO
tiempo la guerra civil permanente impone gruesos compromJSOs para el
pago d~ armas, vestuarios, alimentos. Déficits presupuesta(~s Y gastos de
guerra son apenas los cimientos para edificar las pagodas afiligranadas con
que luego los operadores montan sus birlibirloques de Bolsa.
La concurrencia de todos los acreedores a las sucesivas llamadas del
gobierno (representado en cada etapa por un Junta ele Crédito Público)

f. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

171

supone:
a) El reconocimiento de la legitimidad de la deuda.
b) Su clasificación, o sea el orden de prelación de cada crédito.
c) Creación del plan de consolidación o sea su transformación en nuevos
títulos de deuda con fondo amortizan te.
d) En caso de que las rentas normales no proporcionen el capital suficiente, contratación de um empréstito a largo plazo que proporcione
el capital para la amortización ele la deuda consolidada, de modo tal
que el largo plazo permita aminorar las partidas anuales del servicio de
la deuda.
En cada etapa se ha diseñado un proceso que es más o menos así: el
sector más rico de los acreedores no acepta que sus contratos de remate de
rentas, o de abastecimientos, etc., pasen a ser depreciados en la conversión
del conjunto de la deuda flotante. Logran generalmente ser separados de
la convención y mediante presiones diversas (embajadas, escuadras de guerra, etc.) obtienen servicios especiales de amortización para sus deudas. El
sector menesteroso de los acreedores, funcionarios públicos y militares,
jubiJados y pensionistas, vende sus sueldos a los grupos bajistas que justamente impiden r l pago de sus haberes o provocan por sus conexiones en el
aparato de gobierno la desesperación en este sector.
Del mismo modo, los pequeños tenedores de créditos por abastos,
préstamos, letras de tesorería, etc., lejos ele la estrategia de la Bolsa y de la
poi ítica, venden sus documentos apenas leen en el diario de la mañana que
el Estado no podrá pagar a sus acreedores. Cuando esta enorme masa de
documentos de crédito contra el Estado se halla en manos del grupo que
hasta entonces jugó a la baja, comienza la segunda operación. En primer
lugar, el grupo pugnará por acceder de inmediato al gobierno si ya no se
encontraba en él. Se le verá entonces pontificar sobre la ignominiosa situación del crédito nacional que por su incumplimiento nos coloca aJ nivel de las tribus africanas.
Una bien orqurstada campaña poi ítica y period ísitca, elevará poco a
poco los valores de sus títulos en la Bolsa. Con los valores en alza, podrá
entonces o vender sus documentos y quedar satisfechos con la diferencia
de una mera alza de los valores, o ir mucho más lejos, y comienza entonces la tercera etapa ele la operación: la conversión. El grupo ahora alcista
aumentará el ritmo ele su desconsuelo público por ver el crédito de la nación despreciado por los pulperos de campaña y los mercachifles de la ciudad, recordará la&lt;; viudas de la fndependencia o de la Defensa que no cobran sus haberes; conmovidos suficientemente los que están y los que no
están en la pomada, será entonces fácil arribar a la extrema necesidad en

�172

Siglo XIX

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios ,en Uruguay

, ·
t a jero que al traer los
que se halla el paí~ de co~f~rat~ u:~:::e~=gt:c~:s \ npennitirá enjugar la
capitales del exterior toru •~~a n
deuda que nos oprime y averguenza.
. . , de los que no están en
la, pandilla
no es
A todo esto si la opos1c1on
mhº
ali' e puede
'
1
t
quito y ta ien , s
muy rui~osa, pu~den ~os valo~es ab~::: :e:p)ados. Per.o el buen jugador de
vender s1 no se tiene os nerviods . 1
tener la ganga de ser enviado a
· ,
e ando Pue e me uso
.
b 1
o sa, segwra esp r l . , ft con lo cual el bolsista traga los vientos
Londres a corretear e empres ' o, d
.
t dos ·los alcistas, allá marde la gloria. Pero como no se pue e enV1ar a o
chan dos o tres y el resto espera.
, .d demasiado las formas. Se coloca
'
En Londres no hay por que cm ar d las condiciones las imponen
el empréstito como sedpBuede,ddeRtodtso~; i:s quebrantos del monto del
Bari
Thompson an
onar ' o e
.
. .
fl
ng,
. ,
40% otro diez se irá en com1s10nes, ecapital oscilaran desde el 25 al
, .
al país llegará lo que pueda.
rimeras cuotas y conversiones Y
.
., d
tes, seguros, P
f . t
a coronar la operac10n e conPero eso que Uegu_e debe ser su 1c1en pt:nces los bolsistas que organizaversión de deuda mterna en elxtema. n t 'tulos (o el oro) y vender enseron la trama pueden cobrar os nuevos '
guida, porque sólo Dios sabrá qué pasará dentro de un mes.

i

e edecir
los escanAdemás, claro, están los negocios de 1as " p1ay,ºtas"'bass
un documen. .
d
'ditos que toman como
dalosos reconoc1m1entos e crel
tt· 1· por miJ· así cobró Carlos de
1 d
esos y os mu 1p 1can
'
.
to por va or e unos P, .
1 . li d
o 4· y otro tanto pero multiCastro en 187_1 ~n cMred1to lmHu tip acay ~is:Cl~ussen con un terreno sub•
li d or mil hizo anue errer
. d
.
~a~n: ~a " playita" ) que justamente-dio el nombr~ para los negocia
fi
·t cosas surgen todos los d ,as y pasan a engrosa
candalosos. En m, ei; as .
uh
baja hasta que bien eneadeuda flotante que cual plumlagr::ep:'qºu:te eq;e se consolidará por la pandenada con otras pasa ª ser e
dilla de tumo.

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económica de la época.

173

En esos años finales del siglo XIX y de principios del XX, los nuevos
hombres de la industria y ganadería capitalista, los Vidiella, Serrato, Acevedo, Gallina!, Barreiro y Ramos, Lanza, Caviglia, etc., eran los representantes de un mundo de valores totalmente distinto, donde la burguesía había
por fin interiorizado la libre concurrencia de los capitales en la deuda pública como el acceso democrático, igualitario y proho de todos los poseedores de capital a la suscripción del crédito público, que debía además ser
el instrumento de las inversiones reproductivas. Eran ya la burguesía nacional, pujante, austera y honrada.

LA HISTORIA CONVULSA (1851-1859)
El Gobierno de Juan Francisco Giró, fruto de un compromiso político,
férreamente vigilado por el Imperio brasileño y las potencias europeas,
caminando sobre el filo de una navaja, debió enfrentarse a una situación paradoja!. Dirigía un país sin rentas, o mejor dicho con rentas que
estaban en manos de particulares. Incapaz en un principio de enfrentar a
los "propietarios" de las rentas públicas contrató para salir de sus primeros apuros un empréstito de 300 mil pesos y declaró las tierras públicas
afectadas al pago de la deuda general. Al mismo tiempo las cámaras autorizaron al gobierno a proceder al arrelgo, clasificación y liquidación de la
deuda, previa venia legislativa. Como en 1853 aún nada habíase resuelto
sobre el tema, las cámaras autorizaron al gobierno a contratar un empréstito de un millón de pesos, pero como de todos modos subsistía el problema de fondo , el gobierno nombró una com_isión de 30 personas. La-Comisión, sabedora del aluvión de créditos a liquidar, consideró necesario acceder a la conversión y consolidación de la deuda general mediant_t un empréstito de 8 millones de pesos y otros arbitrios para el servicio de la conversión y de los intereses que variarían según el origen de la deuda. Para
entonces la comisión que recibía la información sobre los créditos contra
el Estado la estimaba en 30 millones de pesos, que devengaban J millón
230 mil pesos anuales de intereses.
En abril de 1853, propuso el gobierno se le armara desde ya con rubros capaces de realizar la amortización cuando se finalizara la liquidación de la deuda, pidiendo se autorizara la creación de una caja de amortización que recogiera los fondos de los diversos arbitrios amortizantes.
Poco después el gobierno presentó un proyecto de clasificación de la
deuda según una jerarquía que recibiría diversos abatimientos del monto. De todo lo discutido sólo se transfonnó en ley un proyecto de Eduardo Acevedo, por la cual se creaba la ~a de amortización y rescate a la
puja de la deuda general del Estado, que recibiría el 5°/o de, prácticamente, todas las rentas del Estado.

�174

Siglo XIX

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay
Entretanto la Junta de Crédito Público informaba que la estimación
de la deuda reconocida llegaba ya a 40 millones de pesos y que toda ella
se hallaba ya en manos de un escaso grupo de especuladores que había
comprado los documentos originales a precios ruinosos, cuando no casi
gratuitos (los sueldos incobrados se habían vendido al medio por ciento) y caJculaba que, con exageración, los 40 millones habían sido comprados al 10°/o de su valor por especuladores que esperaban agazapados el
arreglo de la deuda.
Como el país así endeudado era una bicoca se vio a truhanes de todo
género (Gounouilhou -el popular Guruyú-, Agell, Murguiondo, Maines),
poseedores de 3 millones
500 000 pesos adquiridos por algunas decenas
de miles, o como f'emando Menck, en representación de inversores franceses, o a Jaime Estrázulas (en representación de conspicuos comerciantes extranjeros y caudillos rurales agrupados en una "sociedad de población y fomento"), ofrecer increíbles contratos supuestamente capaces
de aliviar al país del peso de aquella deuda de granito.
Las cámaras, muchos de cuyos integrantes participaban del cohecho,
aprobaron algunas de esas propuestas, cuya total inviabilidad fue en definitiva la que ahorró al país las terribles consecuencias que aparejaban.
Una accidental formación política que jugaba a la baja tuvo la nefasta idea de inaugurar en todo el planeta la creación de la deuda por perjuicios de guerras a particulares Qey de 14 de julio de 1853), cuerda con la
que nos ahorcarían sucesivamente los gobiernos inglés, francés, italiano,
español, brasileño, y cuanto selenita tenía en el Uruguay un compatriota,
haeiéndose pagar onza sobre onza los más funambulescos montos de
"pérdidas", cuyos expedientes de liquidación se inventaban como folletines por entregas, y fueron posteriormente cobrados a libro cerrado y
puño en alto por los embajadores extranjeros. Y como el país exhausto
y hepático rechazaba una taza, las cámaras le ofrecieron dos con la Ley
de Reforma Militar, que suponía el retiro del supernumerario plantel de
oficiales sin guerra a la vista, mediante el precio de 2 a 6 años de sueldo.
Pero había un sector, rico, restringido y en lo fundamental integrado por comerciantes extranjeros residentes en el país, que no hallaba satisfactorio el curso de las cosas. Formado principalmente por acreedores hipotecarios y prestamistas con contratos bien timbrados, habían
recibido y administraban con sus propios empleados, la aduana, la oficina
de patentes, mercado, correos, etc., ya desde los años anteriores de la
Guerra Grande. A estos ricos, bien situados y protegidos, acreedores ex·
tranjerus, no les gustaba que se jugara con sus contratos ni aceptaban que

175

se arrojase al fondo común de la de d
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�176

Siglo XIX

solidación que reconocía como deuda la liquidada por la Junta de Crédito
Público (la misma que antes se había rechazado_f&gt;r inm?r~), compl~tando
aparentemente el círculo de la perfec~a ope~ac10n hols1s~ca que exige que
primero se clame contra la deuda espurea (jugar a la baJ~) y luego se considere su pago como una cuestión de honor de la nac1on Gugar al alza).
Para entonces laJ unta estimaba la deuda general en 48 000 000 de pesos donde titilaba con detonante brillo la cifra de 23 000 000 por sueldos
atrasados bocato di cardenale de los usureros de levita, que habían comprado ~ hermoso paquete de deuda en poco más de 100 000 p~o~;- la
Junta comunicaba que en la cifra no se hallaban computados los per.JUICI~
de guerra y suministros de ganado que ya andaba p~r los 12 000 000_, ?1
los 2 millones y medio de otra deuda externa, el millon y pico del subs1d10
francés y el millón y medio del brasileño.
Cuando la Junta estimó finalmente la deuda de carácter interno en
60 000 000, no supuso jamás que los "perjuicios de guerr~" la har!an trepar
otro poquito h·asta los 100 millones. La Junta propogia amortizar sen:ie_jante deuda en 32 años a un precio no mayor del 25 ~o de su_ valor origi·
nal. El plan de consolidación de julio de 1854 fracaso estrepitosamente,
amortizándose a menos del 4 °/o los primeros documentos pre~~t~dos, de
modo tal que el gobierno en 1855 estableció que no _se admitir~an propuestas que superasen el 5°/o del precio eriginal. Alguien estaba ~ugando
nuevamente a la baja, lo que parece tonfirmarse cua~~o se lee el mform~
de la Junta de crédito público, donde la deuda clas1f1cada llegaba en diciembre de 1856, a 102 572 240 de pesos, apenas 50 años de presupuesto
nacional.
Los fatigados ingleses integrantes de la ~ocieda~ de Aduanas !~~aron
por fin que la embajada inglesa respaldara e mspecc1onara el cum~limiento
de un contrato arrancado al gobierno de Flores, por el cual un mto~~le
octavo de la renta de Aduana debía dedicarse mes a mes a pagar s~s vieJOB
créditos... y el costo de las tropas de marinería ingle~ en la capital que
habían aprendido del Imperio brasileño cómo se garantizaban los c~ntra·
tos en el Uruguay. Así garantizados, su l 077 000 pesos, los comerc1ant~
ingleses de Montevideo se repatingaron en sus s~ones y vieron entonces si
con inocultable alegría, cómo el resto de los onentales se despedazaba en
el jueguito de alza y baja ... con la d~uda de otros_. Pudo entonces aceptar
que el gran jugador a la baja, don Irineo Evangehsta de Souza, ~arao de
Mauá, repleto ya de los Bonos de la Consolidada co~prad~ en c~as que
iban del 1 por mil al 3°/o, hiciera uno de sus _neg~~1os del siglo (hizo muchos en el siglo) con la grande y famosa Consohdacion del 59 •
Cuando los bolsillos de Mauá se hallaban desbordantes de Bonos de la

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

177

Consolidada, cuando comprendió que la cabeza ya se estaba uniendo con
la cola, es decir cuando aquellos Bonos debían por fin convertirse en onzas
de oro sellado, ruvo la indescriptible suerte que las Cámaras declararan cerrada la conversión de la deuda por perjuicios de guerra en Bonos de la
Consolidada, impidiendo de ese modo que los Bonos por él comprados de
tanto acelerar en la baja llegaran al abismo de venderse a menos de lo que
por ellos había pagado.

DE LA CONSOLIDACION MAUA AL AÑO TERRIBLE (1859-1875)
A me~iados de 1~59, don Andrés Lamas, en representación de Uruguay, y
el Baron de Maua en representación de un grupo de acreedores formalizaron un convenio por el cual todos los créditos convertidos en Bonos de la
Consolidada se le aceptarían al 5°/o de su valor, y todos los créditos (fundamentalmente sueldos devengados desde 1854) de la Deuda Exigible se
le aceptarían al 10°/o de su monto original. A todos los acreedores que firmaran el convenio se les entregaría títulos de Deuda Fundada (la. serie) con
6°/o de interés anual_ y 1°/o de amortización anual a la puja (si los títulos
se halJ~an por dehaJo de la par) o a sorteo (cuando estuviesen a la par o
por encuna de ella); como garantía se destinaban el 2°/o de importación el
4°/o de exportación, cuyas cantidades serían depositadas semanalmente,en
el Banco _Mauá (fundado en 1857). La Ley que aprobó el convenio, exigió
que los firmantes por lo menos reunieran 80 millones de pesos nominales
de Bonos Consolidados y extendió a 5 años el plazo dado a los acreedores para entrar en el Convenio. Cuan.do el arreglo se hizo definitivo, 89 millones y medio de pesos de la Consolidada se transformaron en la Deuda
Fundada de 4 790 713 pesos con un servicio mensual de 28 744.
En febrero de 1860, 80 millones de Consolidada habíanse transformado en Fundada. Andaban por ahí 14 millones de pesos que remoloneaban sin querer aceptar el quebranto. Ya volverían muchos de sus tenedores, diez años después, briosamente enhorquetados en un ministerio, a hacer su propia conversión a un tipo que haría poner amarillo de envidia al
propio Mauá.
El peor de los arreglos de la deuda pública, por más que haya sido fru.
to de una operación de bolsa siniestra, por más que signifique que un grupo de especuladores le junte la cabeza a centenares de pequeños o medianos especuladores, siempre que posea un regular y no demasiado oneroso
servicio de amortización, era una bendición para el Uruguay que recibió
d~n Bernardo Berro en 1860. De ahí que por más que 4 millones y medio de pesos era una deuda terriblemente alta, era por lo menos una cifra
terrenal, lejos de aquella sideral, superior a los cien millones, que ni se pa-

�178

Siglo XIX

gaba, ni estaba garantizada, ni daba paz a los hombres en su perpeluo darse
de codos para cobrar los unos anles que los otros. Corno todo triunfo
espectacular de una muy bien colocada pandilla de bolsistas, era por fin
un triunfo, y por lo tanto un tratado de paz en la Bolsa. De tocios modos, era esperable, y los primeros años de gobierno de Berro así lo confirmaron, que el crecimiento económico del país abatiera el ¡,orcenlaje anual
de cada presupuesto destinado a la amortización de aquella accidentada
deuda pública.
Pero estaban los derrotados. Estaban aquellos que no aceptaban arrojar el valor de sus documentos de crédito al fuego de la conversión con un
quebranto del 95º/o, estaban los ricos comerciantes ingleses, franceses y
los hacendados brasileños. que se consideraban demasiado poderosos para
comer la migaja de la Conversión al 5°/o. El fuego fue roto por ingleses y
franceses residentes en el país, que llamaron en su auxilio a sus respectivas legaciones para que cohonestaran con amenazas y con la armada en el
puerto de Montevideo, que ellos no eran acreedores como aquellos que
Mauá había comprado al uno por mil. Ellos se llamaban Young, 'tirling,
Jackson, Tomkinson, Duplessis, Mclntire, McEachen,McColl, Cash, eran ricos comerciantes; o poseían apellidos vasco-franceses y de creer sus expedientes habían poseído más ovejas que Australia. Ellos no solo se cobraron lo que quizás habían perdido en incidentes bélicos, sino lo que hubieran podido perder. Cobraron sustos, incomodidades, fantasías, todo a Ji.
bro cerrado. El gobierno de Berro, por más que mostró en la oportunidad
toda la dignidad de que era capaz, debió resignarse y aceptar el reconocimiento de la llamada Deuda-Franco-Inglesa con un capital de 3 millones
200 mil pesos.
uevos e insatisfechos acreMores, y los llamados acreedores hipotecarios que poseyendo rentas amortizantes propias no habían acudido a la
Conversión de Mauá,aceptaron convertir sus créditos en la llamada Deuda
Interna de 1861 que se vio enormemente acrecentada con motivo de la
invasión de Flores y de los gastos de guerra consiguientes. Acudieron solícitamente a la suscripción lanzada en 1863 el Banco Mauá, el Banco Comercial y la Casa Platero, que tomaron 2 millones y medio de pesos
(1 550 000, 250 000 y 700 000 respectivamente) al ruinoso tipo de
40-40 1/2°/o. El fuego de la guerra impuso al gobierno de Berro someterse
casi incondicionalmente a la bolsa de Mauá, quien por convenio celebrado
en octubre de 1863 se constituyó en proveedor de fondos del gobierno
hasta la suma de 6 millones nominales al 4!J°/o, bajo el rubro Deuda Interna, comprometiéndose el gobierno a no hacer otras emisiones bajo dicho
título.
El apoyo financiero que Mauá ofreció al gobierno de Berro provocó

J. C. Rodrí((UPZ: Los grandes negocios Pn Uruguay

179

la ira de Flores, quien amenazaba continuamente a los prestamistas con
desconocer por siempre jamás la validez de los títulos de Deuda con que
creían estar garantizados. La preocupación de Mauá ante tales amenazas lo
obligó a aprovechar la autorización legislativa y emigrar a Londres donde
convirtió 4 millones 700 mil pesos de Deuda Interna en el primer empréstito externo que oprimió al país: el Empréstito Montevideano Europeo
por un millón de libras esterlinas.
Cuando Flort"s se recibió del gobierno tuvo a bien enterarse 1¡ue como
consecuencia de la invasión y guerra por él precipitada, la deuda pública
del Uruguay había pasado en dos años aproximadamente de 6 a 12 millones de pesos (7 millones localizados en Montevideo y 4,7 en Londres).
[ra el turno de Flores. Para abrir el apetito, los herederos de la Casa
de AJzáihar-Solsona, Lavalleja, etc., habían logrado que se les reconociese
el derecho a 250 leguas cuadradas de tierra; de inmerliato cedieron sus
derechos a los Magariños Cervantes, a Samuel Lafone y al grupo RowleySolsona. Estos, ávidos por hacer fructificar aquellas inconmensurables leguas no encontraron mejor expediente que aprovechar la ausencia de los
que guerreaban en Paraguay para ocupar sus campos. El escándalo fue tal
que Flores se vio obligado a detener la inicua acción, canjeando sus derechos a "ubicar tierras fiscales" por los títulos de deuda de Rescate de tierras que en enero de 1869 alcanzaba ya a 2 millones de pesos.
Para todos los gastos de guerra efectuados por Flores como para los
sueldos impagos de sus oficiales y tropas y demás créditos, a fines de
1866 se estableció una comisión encargada de estudiar las reclamaciones.
En enero de 1868, los acreedores reconocidos fueron llamados a convertir sus documentos en títulos de Deuda Jnterna (2a. serie), cuya emisión
fue cerrada un año después con el bonito rubro de 6 838 676 pesos. En
1867, Mauá reconciliado con Flores realizó un convenio que dio lugar a
la Deuda Fundada, 2a. serie, por casi 2 millones. Por último, Los subsidios brasileños aumentaron la deuda nacida en 1851 de 1.7 millones a
más de 3 millones. Era el carnaval. A fines de 1868, el Estado se reconocía deudor por 31 millones de pesos. Se estaba nuevamente a fojas cero.
Cuando el general Lorenzo BatUe ocupó el gobierno, los amagos revolucionarios de Máximo Pérez, Caraballo y sobre todo la larga y devastadora "revolución de las lanzas" de Timoteo Aparicio, aumentaron hasta
el paroxismo la deuda pública, pero nada de ello fue tan importante como
el desbarajuste que sobre el fisco produjo el desastre bancario y la incontrolada emisión que sin respaldo fue enjugada por el gobierno mediante un
nuevo empréstito extranjero, el "Empréstito Uruguayo", celebrado en octubre de 1871, por 3 millones y medio de libras esterlinas, destinado en su

�180

Siglo XIX

mayor parte a enjugar los 7 millones de billetes sin respaldo. El Empréstito Uruguayo por un valor real de 10 472 673 pesos, comprometió al país
en 16 450 000 millones de pesos, pero ni aún aquella cifra llegó físicamente al país, porque por comisiones, primera cuota y otras yerbas, llegaron realmente al país, 8 695 000, o sea ¡ ¡la mitad!! ¡ ¡La usura inglesa
era así más del 50º/o1 ! Terminada la guerra civil, diversas emisiones de empréstitos ("Pacificación", la. y 2a. serie, "Consolidados del 72", etc.)
empujaron la deuda reconocida a 40 millones de pesos, cuya cifra siguió
creciendo bajo la administración Ellauri (fue en su período que la Legación
italiana arrancó su famoso crédito de 1 millón 200 mil pesos por perjúicios de guerra a sus connacionales en la Guerra Grande!!).
En 1873, la situación financiera del Uruguay era si se quiere terriblemente peor que aquellos divertidos años de 1854, en que la deuda estaha estimada en 116 millones de pesos. En esta fecha, se sabía que tal
cifra era meramente nominal, y toda la riña se hallaba en quién atrapaba
el negocio de la conversión y a qué tipo de quebranto se realizaría. Pero en
1873 era sustancialmente distinta. La deuda era en cifras, inferior a la mitad, no alcanzaba quizás a los 50 millones. Pero los tenedores de esta deuda no eran de arrear con el poncho ni se iban a dejar convertir sus papeles
con un quebranto del 95%. 16 millones se hallaban en Londres y en Londres nadie jugaba a las muñecas. 2 millones y medio era perteneciente a la
Franco-Inglesa, cuyo servicio se cumplía como los dioses bajo la severa mirada de ambas embajadas. Y el resto se hallaba repartido entre los favoritos del régimen que estaban dispuestos a cualquier cosa menos a jugar a la
baja contra sus propios títulos.
Fue justamente para cobrarse esta deuda interna que frisaba los 19 millones y que se hallaba en sus manos, que el grupo de tenedores nacionales decidió hipotecar al país en otro empréstito extranjero que pagara en
oro los documentos que poseían. El país no podía soportar el pago anual
de 3 millones y medio por concepto de amortización e intereses. Esto lo
sabían muy bien los acreedores. En cualquier momento, y por cualquier
circunstancia, el fisco haría agua, y la suspensión del servicio de la deuda
llevaría sus papeles al abismo. En cambio, la conversión permitiría traer
oro al país, tonificar los negocios y reducir a la mitad el servicio anual de
la deuda. Si de este modo se hipotecaba el futuro y se ahorcaba a la nación bajo la cuerda inglesa no era asunto que preocupara demasiado a los
cortacupones de la nación charrúa.
Aprobada la autorización legislativa, partieron a Londres los Dres. Pérez Gomar y Bustamante, quienes ad referendum contrataron con Thompson Bonard y Cía. de Londres un empréstito con un quebranto del 25 °lo,
cuyo monto líquido dejaría 19 763 500, suficientes para quitar el susto

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Ur"glJay

181

a los atribulados acreedores uruguayos y convertir su paquete de deuda
de incierto futuro en oro de contacto cierto. Las cámaras rechazaron el
acuerdo provocando gravísimas consecuen~ias con ciertos contratos recientemente realizados bajo la garantía de ser cubiertos con el oro de la
conversión inglesa. "La situación es a:fligente -diría un ministro de hacienda- y no podemos demorar, porque el agua nos llega a los labios".

EL DELIQUIO DE LAS CONVERSIONES (1875-1887)
Las cámaras prefirieron que el a1:,rua les llegara a la coronilla, por lo cual no
puede extrañar 11uc el 15 de enero de 1875, hubiera 1¡uienes creyeran necesario derribar al gobierno y ver •Jué pasaba con la dictadura. Pero la situaciún había llegado al término previsto por aquellos IJUC habían perseguido la conversión externa. El país, además gravemente empapelado por
emisiones de bancos privados sin respaldo, llegó al límite de sus fuerzas y
el 27 de marzo de 1875, se suspendió el servicio de las deudas nacionales
y de la externa; de la bancarrota sólo se salvaron la deuda franco-ingfosa
y la italiana.
'
La situación llegó a su peor grado al comienzo del año 76. Los títulos de deuda se cotizaban entre 15 y 21, y a,¡ucllos 11ue en esos meses compraron los depreciados títulos de deuda interna, debieron ser conceptuados o demasiado locos o demasiado clarividentes. El caos en la Bolsa y el
boicot orista derribaron al gobierno de Varela-Lemus y dieron paso a
Lorenzo Latorre. Los arreglos hechos por éste con los tenedores de títulos elevaron sus cotizaciones casi al doble, por lo que en pocos meses los
compradores a la baja de febrero vendieron al alza a mediados de año, duplicando sus inversiones, exactamente poco antes 1111e en 1877 el gobierno
volviera a incumplir el convenio y dejase de pagar los servicios de la deuda. Las violentas oscilaciones de la Bolsa entre fines del 74 y mediados del
77 son quizás uno de los períodos más interesantes para la técnica de las
operaciones de Bolsa y para probar la sólidez cardíaca de sus participantes.
Las conversaciones iniciadas con los tenedores de deuda interna y externa a fines de 1877 y los buenos auspicios con que fueron realizadas elevaron su cotización de tal modo, que los arreglos ,lefoútivamente firmados
en 1878 estabilizaron las cotizaciones de la deuda interna entre 30-35 e impulsaron la deuda franco-inglesa y la italiana a 65-75. Como éramos pocos,
la deuda pegó otro cstironcito con el reconocimiento de la deuda francesa
por subsidios (2 millones) y las garantías al ferrocarril inglés (otro milloncito).
Al finalizar 1879, la deuda consolidada se hallaba en 30 millones y la

�182

Siglo XIX

pendiente de arreglo en 9 más. En la administración Santos-Vida] hasta
mediados de 1882 se reconocieron viejos créditos y se contrataron nuevos
em1,réstitos por casi 10 millones. El país estaba maduro para otra conversión. Todo comenzó con un nuevo convenio con los tenedores de deuda
interna con los cuales se convino un nuevo plazo de diez años y un servicio mensual de 105 mil pesos oro con amortización a la puja. La operación fue en realidad una excelente operación de bolsa realizado por los
favoritos del régimen.

AJ comienzo del 82, bajaron las cotizaciones de al¡.,'lmús papeles, y los
rumores inciertos sobre la finalización del convenio del 78, hi:r.o 11ue el grupo bajista incorporara a su cartera la mayor parte de los títulos de deuda
interna. Fueron ellos 1¡uicncs celcbrar011 el convenio del 82 y quienes se
garantizaron a sí mismos un servicio decoroso pero firme para el pago de
esos títulos. El mejoramiento de la balanza de pagos del país permitió al
1nismo tiempo vislumbrar con cierta esperanza la posibilidad de una conversión extc-rna de la deuda. De tal modo, los papeles tJue al nacer 1882 se
hallal,an entre 20 y 35, fueron convertidos (luego de una acelerada alza de
los valores) en mayo de 1883 en una escala que iha del 75 al 100°/o de
su valor nominal. Fue seguramente la más grande y mejor organizada operación de bolsa t¡uc haya realizado jamás un grupo alcista en el país.
El "Empréstito Urúficado" fue aprobado el 12 de mayo de 1883 bajo
el ministerio de José Ladislao Terra, primo del Barón de Mauá. Su destino
era retirar el "~mpréstito Urub'l.1ayo" radicado en Londres, y todas las deudas internas consolidadas, mediante la emisión de un nuevo empréstito en
Londres. El 18 de octubre de 1883 fue aprobado el contrato con la casa
Thompson Bonard y Cía., que suponía la emisión de 11 127 000 libras
esterlinas nominales.
El defecto capital de esta combinación financiera - diría años
después Eduardo Acevedo- consiste en el abandono del sistema
ya definitivamente conquistado de la amortización a la puja, imponiendo al tesoro público la obligación de efectuar el rescate sobre la base del valor escrito.
Efectivamcntl\ los 11uc enhebraron, bordaron y cerraron la operación de
alza de valores de 1882 a 1883 y la conversión, la habían realizado para
hincharse de oro a reventar. Veamos el increíble curso de esla operación
financiera.
'
La administración Santos finalizó con continuas emisiones de deuda, particularmente bajo el rubro de la llama1la Deuda Consolidada de
1886, cuya 2a. serie fue lanzada por Taj(·s apenas tomó el poder en no-

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

183

vie~re del m~mo año. Por el canal de esta emisión fueron emitidos gran
cantidad de millones de pesos de deuda a un tipo lamentable de alrededor del 50%. Era demasiada carnada para una caña como la que usaba
Emilio Reus y su pandilla.
Denominación de

Antes de

la Deuda

aprobarse
la ley

"Billetes del Tesoro"
Títulos adicionales.
Empréstito Extraordinario .....................
Empréstito Extraordinario, 2a. serie ......
Deuda Fundada, 2a.
serie (bis) .................
Empréstito Pacificación, la. serie..........
Empréstito Pacificación, 2a. serie...........
Deuda Rescate de
Tierras......................
Otras deudas.............

Cotización en el
momento de la

Tipo a que se
convirtió (º/o)

la conversión

58
48

72
61

126
100

48

55

100

46

52

100

46

51

100

44

51

100

44

51

100

44
10-35

49
15-40

100
30-78

En los primeros días de 1887, una febril actividad se produce en la
Bolsa, un desconocido grupo de inversionistas, cuya residencia se halla
en Buenos Aires, comienza a comprar febrilmente los bonos de la Consolidada del 86. El año 87 se abre con los Consolidados a 55 en febrero
están ya a 60, marzo cierra a 82 , de allí emprc11J,c11 una veloz 'carrera 1,ara
saltar a 96 en mayo. Quienes se habían dedicado a inflar los valores de los
Consolidados del 86 (Aquí estamos comprando Deuda Consolidada de la
la. Serie, desde el día en que se pusieron de mal humor unos cuantos bolsistas, dice Emilio Reus en La Nación del 28 de abril de 1887), sabían lo
1¡uc hacían. El 29 de julio de 1887, cJ gobierno fue autorizado para contraLar con el Banco Inglés del Río de la Plata un empréstito de 20 millones
destin~do al rescate en metalico a la par de las Deudas Consolidadas, la. ;
2a. sene. A,¡ucllo era un negocio dodccaé«lrico. Realizado en definitiva el
empréstito con Baring Brothers, el país reconoció una deuda de 20 millones, de Jos que recibió 15 y medio para pagar en oro, 12 millones y medio de ~onsolidados del 86 a la par, y que antes de que Reus los acaparara ten1an un _valor de Bolsa de 6 millones. Fue con ese oro que se fundó
el Banco Nacional. Reus no era un banquero, era un prestidigitador.

�184

Siglo XIX

EL CREDITO PREBANCJ\RIO

El establecimiento dd crédito privado en el Urut,ruay conoció los humildes
orígenes que suelen hallarse detrás de los pn.-stigios de la b~nca escocesa_o
de los Bancos de Inglaterra y de F'ra11cia. En la época ~loma], ~le lenta c_irculació11 &lt;le mercancía transoceá11ica, la moneda metálica deb ta ncccsanamentc acumularst" en mayor proporción c¡ue la conocida en Europa en relación a la masa de mercancía circulada. A pesar de ser la Ba~da Oric~1~al uua
plaza relativamente cercana a las fuentes de produccwn me~1ca de
Potosí y Brasil, la moneda fue escasa y tendió a atesorarse ~o solo por
los hábitos prccapitalistas, sino y sobre todo por~1uc la m_oclal1d~d del ~omercio así lo exigía. , ólo los grandes 111011opohstas -: Vilanlcbo, l\1ac1_el,
Magariños, J11a11icó, etc.- dispusieron drl 1·xcc5? de circulante nccr5:1~0,
y en esa condición fueron tcmpranamc11tc los pnmcros agentes del c~d1to
privado a los escasos eslabones mercantiles de la estructura de su epoca.
La ruptura del monopolio español - coincidente ~011 d proceso de independencia- y la sucesiva inserción de la ~anda Onen~ en l?s conglomc:rados monetario-financirros de Buenos \ires ) de Brasil, traJcron a¡,an·jados profu11dos eamhios. Por 1111 lado, la a_Ita valorización d~· los prod~ctos exportables nacionales y la ma) or vrloc1dad de los cambios co111erc1alcs produjeron un ritmo mucho más alto de afluencia del rnctal, c!uc no St'
tradujo necesariamente en un balancc· favorable por la coi:respomhenlc' elevación de las importaciones. Esta ''escasez'' de ml'lal '.'º nen_~ 11ada 1¡11t· vc·r
con la antigua, se procrsa en un momento en c¡111· la circulae1011 de mercancías c•s 111uclias veces mayor, y en c¡uc ha invadido vcrc·das antes 110 fn•.
cucntadas.
Por otro lado la Banda Oriental conoce por primera vc1. la emisión de
papel bancario - s~rgido del Banco de la Provincia clc Bue11os \ircs ) la
invasión de la 111011eda fraccionaria clr cobrc· brasileña. La galopante ) desmesurada emisión de: ambas especies, no sólo 110 se detuvo e~ la Inclcp~·!•·
tlrncia de 1828, sino 1¡uc aumentó vertiginosamente por la mtro~ucc!1111
en especial de la mom·da de vellón brasilciia. El Urugu~y se asomo a~• l'll
1830 con un mercado dinerario totalmente corro111p1do y dcpend1l'nt1•
de- centros c·conómicos 110 manrjables por la I lacimcla pública nacional.
El cobre brasileño en especial. sobrcprcciado un 35°/o en \lontevideo
con relació11 a Río dt· Janeiro, fue 11articularmentc i111¡,ortado por el grau
comercio montevideano vinculado a ac¡urlla pla1.a, eonstitu)c111lo así un
fraudulento mc,lio de acumulación cli· ga11a11cias) di' distorsión de nuestro
mercado. '\l mismo tiempo, el litoral urugua) o y en especial el "hintc·rland" ,¡uc iba de Colonia a Mercedes usaba rl billete argentino con prrfc·-

J.

C. Rodríguez: Lo, grande, negocio, en

Uruguay

185

rmcia a otros instru111cntos. Fue entonces una de las primeras providencias la de desterrar estas monedas c¡uc inundaban la plaza y provocaban el
atesoramiento de las buenas) antiguas monedas espaiiolas. Cna sociedad
de comerciantes, por suscripción rública, al tiempo c¡uc logró el retiro paulatino de la rmisic'm mediante un préstamo al Estado a111ortizablc con un
adicio11al ,le Aduanas, impuso en el país el primer antecedente de billete
11acional emitido 11or la misma sociedad, pero de inmediato cancelado, apenas la buena moneda afluyó nuevamente a la circulación.
Este lento proceso de deyección de las fiducias argentina y brasileña se
desarrolló desde 1825 a 1835 aproximadamrntc. Selló sin duda la conciencia de los co111ercia11tes c¡ur en esa época ad,¡uirieron sus primeras armas de
la ciencia económica. Desde rntouccs, u11a larvada co11eic11cia orista y despreciadora del curso de los papeles 1¡uc Juraba11 pagar oro al portador y a la
vista se fue gestando ya no sólo en los eslabones comerciantes de la sociedad, sino incluso cutre los gaucl1os ,¡uc habían anuado sus cigarrillos con el
deprcciacl ísi1110 papel del Banco dr la provincia de Buenos Aires. La sociedad oriental se su111crt,rió nm·varnentc en el n1u11do monetario y bancario
porteño, claro está, durante el período 184.3-51, } sin oh'Ídar esa nueva
experiencia papelista de la campaiia oriental, alcance con pensar c¡uc el
Uru¡.,rua) independiente ) comerciante leía atentamente las locas aventuras
de la depreciación del papel argentino dura11tc las décadas de 1820-50.
o 1111cdc extrañar entonces c¡ue el primer senado posterior al pacto
ele la unión del 5 l, fuese extremadamente dcscon fiado y pacato e11 el tratamiento de los J.lroyectos dt• fu11dación de bancos &lt;¡ur fueron surgiendo.
La deficfrntr experiencia papelista de 1825-34, y la tradición aún 1,cor del
proceso monetario y bancario argentino, furron los primeros tratados de
economía política ,¡ue leyeron los financistas de entonces.
También el crédito público, las urgl'llcias dinerarias del gobierno provocaron en nuestro país los primeros amagos de casas dedicadas al descuento de documentos y tomadoras de letras de tesorería. ~in olvidar c¡ue muchos y ricos comerciantes ejercieron dichas funciones durante las presidc•ncias de Rivera ) Oribe (tales como Juan \1aría Pércz, Jorge ) Ramón
de la Carreras, etc.), un grupo financiero (Agustín di' Castro, Antonio
\1ontcro, i\ntonio \1aría \1arc.¡ues Guirnararns, Domi11go \ á:r.c¡ucz, José
\1aría Estévc1., Cayetano Regalía, etc.) fue el primero c¡ue contrató con el
gobierno (ministerio Lucas Ohes) la provisión regular de fondos en cuenta
&lt;'orricnte, emitiendo sus propios documentos privados c111c circulaban
como billete de buena ley t·n las transacciones usuales del comercio.
La debilidad drl crédito público y la insaciabilidad de Rivera, y sobre
to1l0 el enfrentamiento del grupo de comerciantes dirigido ¡,or Juan \1aría

�186

Siglo XIX

J.

Pérez, no sólo provocaron la derrota de esta primera experie~cia semi~ancaria, sino incluso la estrepitosa 11uicbra del grupo prestanusla Y ennsor.
En el período 1835-1851, '\1ontevideo sólo conoci~ la ma}or o me,~or
seguridad de los documentos ele los principales comcrc1~ntcs, 4ue pod 1an
circular con cierta reguJaridad asistidos o no de los sucesivos endosos_en ~a
medida en que su primer emisor fuera, por demás, fuerte ~ seguro cap~talista. 0 fue entonces, sino después de 1851, en 1p1e el l'ª's se enfrento a la
ncct"Sidad de solucionar la creación de una estructura bancaria.

LA DISCUSIO

TEORICA

Inmediatamente de la paz del 51, y antes de la fundación d_c los Jtrimeros
bancos, tanto la Agencia Mauá, fundada para atender el trafic~ de _do~umentos de crédito contra el Estado, como la Sociedad de Cambios, CJ~fCleron sin reglamentación ni fiscalización de nin¡,runa clase las oprracio_nes
normales de descuentos de efectos del comercio y de letras d_c :csorena Y
de Aduana. Las antiguas Sociedades de Aduana, q_ue admimstraban las
rentas de exportación c importación, fueron necesanamc_n~c arrast~ad~ ~
tráficos similares, creando desde bastante antes las cond1c1oncs ¡1s1col~gicas y las facilidades comerciales 1¡ue terminaron por imponcrsr como 1111postcrgahles.
Las primeras discusiones sobre creación de b~ncos dividieron. ~a opinión entre la actitud conservadora - cuyos moltvos hc1~1os a,~~n,;ado
,1uc no aceptaba 1¡11e la e111isió11 de billetrs superara~ enca1c m~l?~co, )' la
opiniÍ&gt;n audaz de los jóvenes 1¡uc sostenían la vcnlaJa de la e1111s1on 1~r el
duplo y triple del encaje, basados en los resultados de las plazas financieras
desarrolladas. Con motivo de la discusión del banco propuesto por Men_c_k,
viosr ) a 1¡uc la mayoría de los csprcialistas co11cd.1ía anll· todo la func1011
bancaria como servicio particularmentr vinculado a las finanzas estatales,
pagando tributo desde temprano no sólo aJ prcsti~o del Banco ~e Inglaterra y de Francia sino, y sobre todo, al ~rra~o. CJem¡1lo ~aucano po_rtt·ño, CU}as notorias incapacidad1•s se 1·nknd1an fac1lmentc evitables n11·~1ai'.te la emisión contenida y el control público y férreo por parte de las_ mstitucioncs y d comercio. Pero no faltaron los pro) celos que en_tcn~I '.ªn la
funciún bancaria como u11 giro privado de irrestricto derecho 111d1V1dual.
Los 1 ►roy&lt;'ctos prcsrntados por Juan José Arkaga, Ambrosio V daY.ru y t''.1
¡,articular el de José Cabrid Palomc&lt;JU!', se amparaban en la muy con_oc1da &gt; exitosa organización de la banca t·scoc1•sa, por la_ cual se re~o,!ocia d
derecho de crear bancos a todos los particulares o sociedades anorumas de
n,-sponsahilit!ad ilimitada, con 1lerccho a emitir billet1:s ~e acuerdo a reglamentaciones corrt.-sporulicntcs. Oc lodos modus las opunones sobre la cr&lt;·a-

C. Rodríguez:

Los grandes negocios en Uruguay

187

ción de bancos no adt¡uiriero11 el tono de aííos posteriores. Será luego de
1865, }' en particular en los grandcs debates sobre libertad bancaria de las
cámaras principistas, 1¡ue los acton-s lanzarán sobre el ruedo el peso de las
contrapuestas opiniones de M. L. Wolowski (en especial "La question des
banques", París, 1864), de J. E. Hom ("La liberté desbanques", París,
1866), J. G. Courcelle-Seneuil (''Tratado teórico y práctico de las operaciones de banca", edición española, París, 1874) y de otros autores, que
en la década del 60 habían convulsionado Francia sobre las tesis enfrentadas de libertad bancaria y reforzamientos de los privilegios del Banco de
Francia.
El ¡•aís llegó hasta 1865 sin posl'cr otra lc¡,rislación fina11ciera 1¡uc la
que se resolvía en la autorización concreta a cada sociedad o persona que la
solicitaba. Y si en esa peripecia se fue resolviendo de hecho la libertad de
creación de bancos, no fue sino el 23 de marw de 1865 11uc, bajo el rubro
de reglamento orgánico de bancos, se consagró definitivamente el principio
de libertad bancaria con las restricciones que veremos en el período correspondiente, y que recogía en reaJidad las escaldaduras singuJares que el país
había sufrido en los 7 u 8 rulos de funcionamiento de los bancos de plaza.
Para entonces, el autor del Reglamento, do11 Tomás Villalha, poilría recoger aííos dl'spués (1868) la rxpt&gt;riencia urugua} a, afinnando 1¡ue ..1pcli¡,rro
no se haJlaba en la libertad de bancos sino en el demasiado estrecho contacto de los bancos con el Estado, cuyas aventuras financieras y descrédito
hah ían arrastrado al sistema bancario en su caída. El brra,1 comercio orista
} los representantes del Banco de Londres y Comercial hicieron oir su voz,
tambiÍ'n contra los bancos cursistas vinculados a las operaciones cll' gobi1•r110 ) a las cspcculaeio111·s Je Bolsa; y si bien, José Pedro Ra111írl':t., Elbio
Femández, etc., sostuvieron entonces lo irrestricto de la libertad bancaria
como única gara11tía 1lc funcionamiento r1·g11lar del siskma, era) a cvidcntt- 1¡11c la discusión de principios disimuJaLa aprnas la dl'fcusa de situaciones de hecho vinculadas a las tradiciones bancarias ('11frentadas en la rt·alidad del país.
Cuando e11 1873 José Pedro Ra111 írez sostuvo nucvament1' la libertad
absoluta de c111isió11, par('cía difícil qui' el Júpiter d1• los irrcstrictos derecl1os individuaJt•s se topara con u11a cámara legislativa 111ás papista 1¡u&lt;' el
papa } c¡U(• votaba corazón contento el derecho de todos los habitantes de
la república para emitir notas y billetes por cuaJ1¡uicr cantidad, convertibles a la vista en metálico. La violencia con c¡ue sc enfrentaban los partidarios de entonces impidió toda innovación sobre el reglamento de 1865, que
no sufrió prácticamente cambios hasta el surgimiento del Banco acioual en 1887.

�188

Siglo XIX
J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

SE VIENEN LOS BANCOS... !!
En 1854, el diputado Hordeñana presentó en Cámara w1 proyecto ,¡ue
autorizaba al Poder Ejecutivo a promover la organización de un Banco Nacional de Descuentos y Depósitos, con facultad de emisión, pero sin curso
forzoso. Luego de sucesivos rctot¡ucs parlamentarios, la ley fue ¡,romulgada el 15 de julio de 1854, con w,a severa limitación, según la cual, la cmisió11 no 11odría sobre¡,asar el encaje metálico.
Fue de acuerdo a esta ley que en 1855 se presentó Femando Menck, a
nomhre de un sindicato europeo de inversores, solicitando autorización para fundar un banco con un capital de 3 millones de pesos. La ley de su
aprobación le garantizaba el monopolio de emisión, cuyo monto no podría sobrepasar el duplo del encaje. La autorización solicitada no fue de todos modos aprovechada. Quien sí usó de la puerta fue el Barón de Mauá,
poseedor del mayor y más suculento paquete de deuda flotante y Consolidada. El 2 de julio de 1857, la ley que autorizó el funcionamiento del
Banco Mauá, establecía que ~ capital provisorio alcanzaba un millón
200 mil pesos y podría ser ampliado hasta 6 millones. La emisión no podría exceder el triple del encaje. Parecido origen tuvo la Conversión de la
Sociedad de Cambios en Banco de emisión, depósitos y descuentos, cuyo
nuevo giro dio lugar al Banco Comercial, autorizado a funcionar por ley de
23 de julio de 1857 y convertido en sociedad anónima w1 año después. Pero las condiciones de su giro fueron mucho más duras que las sufridas por
el Banco Mauá. AJ Banco Comercial se le impuso en su primer año la responsabilidad ilimitada de sus fundadores, se abatió a 600 mil pesos su capital inicial co11 facultad de ampliar a 2 millones y se le impuso un poder
emisor &lt;le sólo el duplo de su encaje.
En el período que va desde 1857 hasta la entrada del General Flores
en Montevideo (febrero de 1865), el derrotero de ambos Bancos fue divergente. El Banco Mauá era ante todo el proveedor de fon~os de un Es~do
crónicamente exhausto, razón por la cual, durante los gobiernos de Pererra,
Berro y Aguirre fue el directo impulsor y beneficiario del "arreglo" de la
Deuda pública y de la primera conversión de deuda 11acio11al en deuda extranjera (1865). El Banco Comercial, donde junto a escasos ca¡,italistas nacionales (Juan M4,,uel Martínez) prosperaban comerciantes ingleses (Tom·
kinson, Jackson), españoles (Cibils, Sácnz de Zumarán), franceses (Duplcssis), ¡rero de estricta residcucia en el ¡1aís, eligió fumlamcutalmente la tradicional manera de la banca escocesa, giro solvenh- con transacciones comerciales, industriales y de comercio exterior. Quizás hacieudo de la necesidad virtud, transformó lo 'JUe fue en su orige11 una limitación legal -escaso poder emisor- en atributo de respetabilidad y seguridad para sus depositantes. Alejado siempre del carnaval de la Deuda, no fue asiduo toma-

189

dor de los papeles del Estado, y cuando fue 11restamista del mismo sus lristoriadores no dejan de agregar t¡uc lo hizo en carácter forzoso olvidando
1¡uc. ~or esa violencia hecha a la voluntad del Banco se le otorgó '1a adrninistrac1on de rentas para su amortización.
Ya en la agonía de la administración blanca, corrido el Banco Mauá
por ~a saca de oro de los que emigraban y de los que se quedaban con desconfianzas, amenazado por Flores que no olvidaba en cada manifiesto de
d_eclarar como no r~ados_los empréstitos otorgados al gobierno constitucional de Berro, logro Maua que el gobierno le arrojara la tahJa del curso
forzoso que pe~tió salvar su B~nco, mientras él corría a Londres para
transformar_ s_~s títulos de deuda mterna en deuda inglesa. Garantizada su
doble cond1Cion de banquero y bolsista por este doble cerrojo de seguridad -curs~ forzoso y ~onversión-, Mauá esperó entonces tranquilamente
que el Gobierno Flores Inaugurara una nueva política bancaria.
Obra de Tomás Villalha, el decreto-ley del 23 de marzo de 1865 fue
como lo definiera Eduar&lt;lo Accvedo "el primer reglamento orgánico de
Ba,_•~~s". Por dicha ley, se autorizaba la creación de Bancos de depósito,
em1s10n y descuento. La emisión sería cu billetes pagaderos en oro seUado al portador y a la vista sobre un III ínimo de diez pesos. La emisión
de fracciones no podría exceder del 20% de la circulación de cada banco.
Se prescribía la liquidación inmediata del Banco que no convirtiese en oro
todo billete llevado a sus ventanillas. Se uniformaba el tope de emisión
e~ el_ triple del encaje metálico, los tenedores de billetes eran acreedores privilegiados. El Gobierno 110 podría imponer emprestitos a los Bancos ni
otorgar concr-sioncs 11ue fueren contra las leyes generales del giro bancario,
etc.
~ue bajo ~l imperio de esta ley que, junto a los bancos Mauá y Comercial Y al pruner banco extranjero (Banco de Londres y Río de la Plata,
1865), se ~egaron los bancos Montevideano (1865), Navia, Italiano
(186.6) y Or~ental (1867). Poco después abrían sus puertas el Banco Mercantil de] Rio de la Plata, el Banco Alemán-Belga del Kío de la Plata y el
Banco Hcrrcra-Eatsman y Cía. y las "casas de cr[-ilito" de Lcgrand, EsteVt&gt;,S, Hoffma11, Platero, etc., enriquecidos con los préstamos a corto plazo
al Estado y en el buen manejo de las deudas mejor servidas (sus nombres
son los q~e c?n mayor fre?uencia se encuentran entre los que concurren a
las amortizaciones a la puJa de la deuda franco-inglesa y de la Fundada).
ORISTAS Y CURSISTAS

Las primeras noticias llegadas a Montevideo sobre la terrible crisis financiera

�190

Siglo XIX

inglesa no hicieron sino precipitar los factores de la que ~quejab,a ~ endeble
país que no conocía la paz desde Asencio. En pocos d1as el p~li~o depositó en el Banco Mauá más de un millón y medio de billetes solic1tando el
oro contante y sonante. Nuevamente el curso forzoso decretado por el gobierno salvó al Banco Mauá de la liquidación. Sólo el Banco de Londres y
el Banco Comercial ("oristas") no sólo no 11eccsitaron sino que protestaron
por la medida dirigida a salvar al Banco Mauá y a los demás pequeños, endebles y audaces bancos de plaza. Alentados, antes que pr~cavidos, por el
curso forzoso los bancos "cursistas" llevaron hasta el paroxISrno la especulación y la emisión. Un ministro "orista", Pedro Bustamahte, sosteni~o por
una sólida alianza de "banca seria" y "prensa seria", por el comercio mayorista de exportación e importación y por la bastante sólid~ autoridad militar de Lorenzo Batllc, despreciamlo las amenazas de Mana y los amagos
militares, conminó a los Bancos a someterse al decreto-ley de 1865, reabriendo sus puertas el lo. de junio de 1868 para someters? ~ la prueba de
fuego de la conversión. Ni Mauá ni los pequeños bancos resIStieron la prueba. Su cierre tuvo graves consecuencias entre la amplísima masa de tenedores de billetes de los "quebrados", pues la cotización de los mismos descendió a valores irrisorios.
El brote "orista" tuvo corta vida. Poco después de un mes caía el ministerio Bustamaute y el gobierno de Batllc lanzaba el decreto de 16 de
julio de 1868, por el cual declaraba moneda legal por el término de 2~ ~eses los billetes de los bancos que acreditaran su solvencia ante una com1S1on
nombrada al efecto y que ofrecieran valores que garantizaran su monto.
Apenas si en medio de la cohonestación del Curso forzoso, el gobierno
aminoró las posibles reiteraciones de la crisis obligando a los _bancos "cursistas" a reducir su enúsión hastc el tope del duplo del encaJe. Los pasos
sucesivos y contradictorios llevaron al Banco Mauá a un nuevo cierre y el
estallido de la guerra civil del 70 frustró todos los planes.
Establecida la paz en 1872, fue necesario el Empréstito Uruguayo en
Londres para rescatar la emisión que en 1871 ascendía a un circulante de
7 millones. En 1874, quedaban apenas 500 000 pesos en billetes, pero la
grave crisis financiera y económica impidió que el triunfo orista ll??ara a la
defi11itiva extinción del papel. El motín de enero de 1875 reabno 11ucvamente el viejo panorama.
Otro Bustamante, José Cándido, fue el encargad~ desde el ministe~o
de Hacienda de promover los defü1uios del triunfo cursista. A diez d1a_s
apenas del motín se creó la Junta de Crédito Público encargada de emitir hasta 3 millones de pesos en billetes ,¡ue serían canjeados al qu~ se pre·
sentase con no menos de 4 pesos 70 centavos. La Junta adelantana algo•
bierno hasta 2 millones de pesos quien garantizaría su pago con hipotecas Y

J. C. Rodríguez: Los grandes negocio&amp; en Uruguay

191

bienes. F.sta primera y curiosa institució11 oficial de emisión recibió la orden Je conservar un encaje metálico no menor a la tercera parte de su circulante, pero c1_i !onna ,flor demás divertida no recibió los medios para hace~ del escumdizo y aureo metal. Claro está, sólo el curso forzoso podía
~bhgar a !?s tene~ores ~e oro ª. vo!car en la Junta el metal necesario para
compr~ los billetes 1mprescmdihles en los pagos al Estado y demás
transacc10ncs. E11 marzo se obligó a los tenedores de deuda a recibir los
pagos en billetes, se decretó la proscripción de la moneda metálica en los
pago~ 3! gobierno, fuer?n nacionalizados los billetes derrengados del Banco NaVIa_ Y se establecieron fortísimas multas a c¡uienes operaran en oro.
La euforia de los cursistas llegó a tal fiebre que se declaró retroactivo el
uso del papel moneda para los contratos anteriores 11ue lo prescribieran
expresamente en oro. En agosto la soberbia cursista debió someterse a las
buenas maneras de un hombre de Mauá, pero infinitamente más prestigioso y paciente: Andrés Lamas.
El famoso plan financiero de Lamas descansaba fundamentalmente en
la creación de un gran Banco Nacional privilegiado, de emisión y descuent~s, con un ~eso capital inicial d~ 20 millones de pesos. El proyecto supon 1a la absorc1on de los bancos existentes, y en cuanto a la emisión la "limitaba" a los 3 millones autorizados en enero de 1875 a los bille~es naciona~zados de Mauá y al saldo de los billetes nacio~alizados del 68,
amortizados en su casi totalidad. Lamas, comprendiendo la utopía que perseguían los pequeños bancos "quebrados" -no era lo mismo el cursista Na1
via ¡ue el cursista Mauá- derogó la increíble disposición de la retroactividad del curso forzoso y se disruso al concordato con los tenedores de deude cuyo servicio estaba interrumpido. Las reclamaciones brasileñas alimentad:i5 por Mauá enc~ntraron un comprensivo interlocutor en Lamas quien
al firmar las convenciones del 22 de octubre y 9 de noviembre de 1875 entregó n~,evamente a Irineo, Evangelista de Souza el suculento negocio de la
eo~vers1_on de la _Deuda__Publica. El proyecto del Banco Nacional pasó a
meJ~r VIda, M~ua reabno, sus p~ertas con algunos privilegios que empalid~c1an los antiguo~: pod1a ex1gu el r•ago en oro de las obligaciones pend'.cntcs, se le ¡,cruutía subrogar la emisión nacional de billetes por la propia cuyo to~e se elevaba nuevamente al triple de su capital realizado, para
cuya ~arant,a el Estado ofrecía su solidaridad )' bien&lt;,-s, y rentas afectadas
espec1ficamente; la emisión Mauá sería la única recibida en las oficinas del
Estado, y gozaría además del privilegio de la emisión fraccionaria de los
depósitos judiciales y del servicio de la deuda pública. Los billetes ~acionalcs se canjearían por la emisión l\1auá y pasarían a transformarse en deuda
11acio,,1al sii!,i11~e~és _( i,',wtahl~ desprendimiento!). Por su parte, el gobierno
tcndna el pnVIlc¡,'lo de girar en descubierto contra el Banco hasta el
monto de dos 111illo~1es de pesos... cmiti&lt;los por Mauá, cuyo valor (vale
la pena recordarlo) solo estaba garantizado por la solidaridad financiera del

�192

Siglo XIX

Estado y por las rentas afectadas para su amortización. Por tamaño esfuerzo, el Gohicmo Varcla-Lamas logró que el Luperio retirara sus notas de encendida reclamación. Los buenos modales 11uedaron a salvo.
Los oristas clamaron y ejercieron su oficio, depreciaron los billetes y
con la loca carrera hacia el abismo del papel, se derrumbó la ca¡1acidad fiscal del gobierno y su posibilidad de servir la deuda con .billetes ~e nadie
aceptaba -sino con el descuento correspondiente que variaba ~d~mas todos
los días. A fin~ del 75, la casi unanimidad del mundo economico montevideano firmaba el ''Convenio del Comercio" por el cual los suscriptores se
comprometían a no usar otra moneda que el oro en sus transacciones. El
21 de febrero de 1876 caía Andrés Lamas, pocos días después el ex-banquero quebrado Pedro Varela seguía sus pasos. Allí estaba Latorre.
Los oristas, reunidos en la casa del Juez de Comercio Juan A. Vázquez, no sólo impusieron a Latorre como el candida~o d~eable para oc~par el gobierno sino que impusieron también al prop10 Vazquez co~o Ministro de Hacienda, una de cuyas primeras medidas fue la anulacion del
contrato Mauá y la conversión de la emisión circulante mediante una
sólida amortización garantizada por rentas nacionales, de modo tal que en
1877 habían sido extinguidos 6 millones de pesos. La rescisión del contrato con Mauá -realizado de común acuerdo- supuso una fortísima erogación en letras de Tesorería (un millón 700 mil pesos) y el reconocimiento a
favor de Mauá de una deuda nacional por 12 millones en billetes. El gran
comercio montevideano se salvaba de Mauá y el cursismo pagando un
grueso rescate cuyo monto, claro está, sería pagado multitudinariamente
por todos los uruguayos.

EL BANCO NACIONAL
De 1875 a 1886, el aumento de la ca11acidad productiva del país, particularmente ganadera, y el mejoramiento de los precios inte~acionales Y
cierto comienzo de sustitución de importaciones por produccion m~~acturera nacional provocan un vertical mejoramiento del balance econo~cofinanciero del país. La balanza comercial arroja un superávit &lt;le 19 nnlloncs de pesos oro, la colocación de deuda pública en el exterio~ atrae -~O
millones de pesos nominales y los emprestitos arrojan sobre la crrculac,on
35 millones de pesos oro. Este aumento brusco y desmesurado de valores
sobre una plaza particularmente prC'capitalista y especuladora (aumento
precipitado especialmente con la hipoteca .de las ren1:3s nacional~ encar••adas de enjugar en el futuro los compro,msos financieros conlra1dos) '~º
hiw sino agudil'.ar la cocaínica estructura comercial y bancaria del pa1s.

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

193

El gabii~ete de la "con~ili~ción" de 1886 fue el fruto de una plaza que
ya no necesitaba del pretonamsmo para la custodia de la tradición orista.
El oro ya no sólo a11cgaba los "ca11alcs rle circulación" monetaria sino , ,e
11
se derrama}&gt;a ~'~ el atcsoram~~nto, y en su flexible conversión en alhajas
y en la mas ngida trasmutacion en palacios, muebles, carrozas y menage
suntuario. Veintisiete bancos aplastaban la plaza en lugar de sostenerla.
más de cien sociedades anónimas con m1 .fantasmal capital de más de 400
millones de pesos ofrecían al uruguayo la posibilidad de integrar una "sociedad del ~iencstar" av~nt la lettre. Fue en el curso de ese apresurado'
amontonamiento de sociedades de fomento, de crédito hipotecario, de
trazado de puentes y caminos, de explotación de minas, de loteo de quin~ solariegas, de construcción de barrios, de edificación suntuaria, que surgio en la cresta de la ola especuladora, el Banco Nacional y su artífice
Emilio Reus.

E,~ el mensaje por &lt;'l cual se enviaba al parlan1ento el proyecto d&lt;' Banco Na~10nal (25:4'-18~7J, el ¡'.residente Tajes anunciaba orgullosamente que
el gobierno hahia rec1h1do diez propuestas de fundación de Bancos apoyadas en otras tantas ofertas &lt;le capital proporcionado por inversores extranjeros. El capital financiero internacional rompía, hacía ya tiempo, las
c?sturas de las ~e~.ópolis nacionales y se derramaba sediento de ganancias sohre las prumtivas plazas del mundo americano. Una habilidosa tra".1ª ~&lt;' C01~1pad~azgos políticos y financieros definió la puja a favor del
smdicato fmanciero encabezado por un grupo de capitalistas residentes en
Buenos Aires, a cuya cabeza se hallaba el dos veces quebrado aventurero
español Emilio Reus.
El Banco Nacional, creado el 24 de mayo de 1887, estaba inscrito dentro de los modelos conocidos del banco Lamas-Mauá de 1875 y del abortado Banco del Uruguay (1883) autorizado bajo el ministerio del primo de
Mauá -José Ladislao Terra- que no llegó a nacer por el fracaso en la recolección de capitales. El Banco Nacional de 1887 fue creado con un capital de 10 millones en acciones de 100 pesos. Se le otorgó la facultad de
acuñar moneda nacional hasta 10 millones y establecer Casa de Moneda.
Se le autorizó a emitir billetes hasta el duplo de su capital en billetes de
10 a 500 pesos y emitir billetes fraccionarios hasta el 40%, con la obligación de un encaje metálico del 25°/o. El Banco además monopolizaría
el sci:vicio de la deuda pública y los depósitos judicial&lt;'s, poseía exenciones fiscales y otorgaba al gobierno un giro en descubierto hasta 1 millón
500 mil pesos. El gobierno designaría el Presidente del Banco, la tercera
part~ del Direct?rio y al jefr del dcpartarncuto de Emisión. El Banco posecria dos secciones: co111ercial e hipotecaria; S11 concesión duraría 40
arios.

�194

Siglo XIX

El "apogeo ) caí&lt;la" del Banco acional pertenece ya al acervo folklórico del Uni¡,ri1ay, y sus principales detalles fueron profusamente divulgados en el sc'.ili&lt;lu Uruguay que va desde el nacirni~nto del_ Ba~\co República hasta el reavaJúo de 1935. En la sesuda y sena orgaruzac1on bancaria del Estado batllista, hasta sus muy recientes epígonos de la inmediata
postguerra (1946), la tradición bancaria Mauá-José L. Terra-Emilio Reus
fue el ogro con que se espantaba toda alocada expansión del capital bancario privado y de su conmi.xtión con la peripecia financiera del Estado.
Claro está, en el Urnguay 1¡uc conoció la crisis bancaria de 1965 } la cam·ra devaluacionista 11ue llega a nuestros días, no se encontrará un niíio 11ue
se espante por a1p1cllas maniobras de los filibusteros y financistas del siglo
pasado, pero entonces, el pánico que provocó la catástrofe del Banco Nacional, fue el presupuesto económico-financiero, ético y psicológico que
permitió el establecimiento del Banco de la República de formidable y
positiva proyección en la historia y desarrollo económico del Uruguay y
de( primer tercio del siglo XX.
El Banco acional lanzó la suscripción pública de sus acciones en julio
de 1887. Ofrecida una suscripción de 20 mil acciones por un total de 2 millones de pesos, en diez días los registros recibieron ofertas por 16 111illo11cs.Lanzadas a la Bolsa, las acciones meramente suscritas, adquirieron rápidamente el duplo de st.¡ valor nominal. La Bolsa fue entonces teatro de
alquitaradas operaciones por las cuales la pandilla de bolsistas que medraba
en el Banco ¡ aeional jugaba al monito con los funcionarios públicos y artesanos, pC(JUeños comerciantes, amas de casa, empresarios, estancieros, y
que presas de terible codicia o de pánico estupidizante? :1°daba~ a la c~a
de rumores, noticias, confidencias, datos, que les pcnmbcra abnr a la baJa
y cerrar al alza, por más que el balance semanal los di&lt;'~a ~orno pcnn~11t·ntes perdedores en la selva inextricable de aquellas oscilac1011es de pizarra
por la que sentían un religioso r&lt;'spcto.
En tanto 11ue en la Bolsa jugaba al alza y a la baja. el Banco acional
comprometía en su casa central el oro del capital suscrito y de sus depositantes y clientes. Los incrcibles capitanes de empresa 1¡ue haliía11 organizado el Banco habían realizado w1a ya vieja Y. conocida maniobra: habían integrado la mayor parte del capital con oro contante y sonante (~acido a su vez de la jugada de Bolsa dt· la consolidada del 86 y convcrs1011
Baring Brothers del 87), con dicho capital habían dominado -obviamenteel paquete de acciones y la dirección del Banco - era su criatura, but'nO
fuera- ; pero apenas abiertas las puertas d&lt;' la honorable casa de crédito, se
habían prestado a sí mismos el capital que habían integrado, y posteriormente, en su inmensa mayoría, habían vendido al alza las acciones de un
banco que ya no tenía capital. Cuando arrastrado por la caía de las eotizaciont's de Bolsa } &lt;le los valores territoriales y por las especulaciones sin

J. C. Rodríguez: Los grandes negocios en Uruguay

195

freno, el Banco Nacional suspendió el 5 de julio de 1890 la conversión de
los billetes, el pánico ll1'111, las calles de gente y las bocas, dt' silencio.
Producida la quiebra, las cámaras aprnas pudieron hacer otra cosa
que homologar el desastre: se suspendió la conversión de billetes por seis
meses; se separó el departamento de emisión que fue puesto bajo el control de una comisión fiscal encargada de vigilar el circulante, cuyo precio se
intentó sostener. La inconversión fue prorrogada continuamente hasta que
la caída de la Banca Baring precipitó la definitiva liquidación del Banco
Nacional. Un intento del presidente Julio Herrera y Obes y de su ministro
de finanzas Carlos María R.am Írcz por crear otro Banco -acional servido
con capitales europeos fracasó tempranamente. Recién bajo el gobierno
de Idiarte Borda y ¡K&gt;r iniciativa de su ministro Vidiella, prosperó la
reconstrucción de un banco nacional que comenzó a funcionar en 1896
regido por la Ley Orgánica del novel Banco de la República, y posible entonces por la nueva y próspera situación económica del país expresada en
continuos y favorables saldos de la balan:,,,a comercial y de pagos y por el
remanente de un nuevo empréstito iuglés.

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Viesca, Carlos. Emilio Reu, y su époce, Banda Oriental, 1963.

�El Poder de las Finanzas y las Finanzas del
Poder en México durante el siglo XIX
Barbara Tenenhaum*

Muchas de Jas naciones de Hispanoamérica llegaron a ser independientes
como consecuencia, en parte, del heroísmo y la determinación de un sólo
líder. Pero a menudo el comandante de las tropas -ya fuera Bolívar,
Santander, O'Higgins o Iturbide- se vio imposibilitado para gobernar.
Este ensayo explora la relación entre el liderazgo político y los ingresos
hacendarios o, dicho de un modo más directo, entre el poder y el dinero.
La mayoría de las recién independizadas naciones de Latinoamérica
durante los años de 1820 carecía de ambos. Habían sufrido más de una
década de luchas por su independencia, y en países como México, Venezuela, Colombia y Pení, las guerras habían destruido propiedades y trastornado el funcionamiento normal de la economía. Más aún, este trastorno económico iba aparejado con una crisis de legitimidad política tras la
liberación de la Corona española. Durante las prolongadas luchas, los virreinatos regidos por España habían si'do reemplazádos por un conjunto de
feudos controlados por insurgentes o por jefes realistas. A las nuevas naciones les llevaría décadas restablecer la autoridad sobre los territorios
que España había poseído en 1790. Sin embargo, aunque España había
mantenido el control político sobre sus posesiones del Nuevo Mundo por
el resto del período colonial, fue perdiendo con rapidez su capacidad para
solventar su administración.

EL CONTEXTO FISCAL DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
Las Reformas Borbónicas de fines del siglo XVID alteraron en forma importante la estructura fiscal de la colonia. En 1760, la Corona recaudó
impuestos por un total de 4 675 178 pesos; en 1790, acumuló 11493 748
"Colaboradora de l Handbook -of Latin American Studies, Washington, D. C., U.S.A

�198

Siglo XIX

-un aumento del 246°/o para un período de treinta años. La mayoría de
los ingresos se presentaron en forma de tarifas, cobros diversos, e impuestos a los salarios. El nuevo monopolio del tabaco, establecido en 1766 y
cuyas ganancias iban directamente a España, proporcionó un 9% de la
recaudación total de 1790.1
El aumento en los cobros fiscales, combinado con el pago por mercancías únportadas, contribuyó a la escasez generalizada de efectivo en toda la Nueva España. Como resultado, el comercio se realizaba con frecuencia a crédito. En una sociedad donde la tenencia de tierras era en general
la única garantía aceptable para los préstamos, los comerciantes, por su
actividad y su acceso al efectivo, formaron alianzas con los hacendados,
con los que a menudo se involucraron en operaciones mineras, sobre todo
en el Bajío. Como resultado, se formó un tipo de empresa familiar-elitista
que llegó a ser la hase de la sociedad colonial, apuntalada por la riqueza del
clero.2
Según TePaske, en las décadas de 1770 y 1780, cuando las ganancias
mineras dieron un espectacular salto, los gastos de guerra y defensa aumentaron de un modo igualmente brusco. Además, los ingresos enviados a España casi se quintuplicaron entre 1700 y 1790. Para los años 90, la real hacienda en México debía un poco más de tres millones de pesos déficit que
para 1810 sumaba 31 millones. Hacia 1798, la hacienda había engullido
hasta 16 millones de pesos de sus reservas, y afirma TePaske que para 1810
"las instituciones laicas y clericales y los mexicanos ricos habían sido muy
duramente exprimidos, casi hasta el punto en que era poco lo que les quedaba por dar al gobierno virreinal. ,,3
Para fines del siglo XVTII, las necesidades monetarias de la Corona
amenazaron incluso el papel tradicional de la Iglesia. En 1798, España
ordenó a la Iglesia vender todas las propiedades pertenecientes a instituciones benéficas, hermandades, obras pías y funcionarios eclesiásticos, y
la forzó a prestar los beneficios a la real hacienda, al 3% de interés anual.
Luego, el 26 de diciembre de 1804, el Virrey José ltnrrigaray promulgó la
Ley de Consolidación, culminación del ataque borbónico al poder y riqueza clericales, iniciado con la expulsión de los Jesuitas en 1767. La Ley de
Consolidación decretaba que los préstamos que se debían al clero fueran
pagados, y que los fondos se enviaran a España. Para 1809, la Iglesia había remitido más de diez millones de pesos, 25% de los cuales procedía de la arquidiócesis de México exclusivamente.4
La situación empeoró con el comienzo de la rebelión de Hidalgo
en septiembre de 1810. Como resultado, los funcionarios de la ciudad
de México aumentaron las tasas de Los impuestos de venta (alcabala) y del

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

199

comercio (almojarifazgo), gravaron el pulque y el tabaco, exigieron nuevos
donativos, y descontaron los salarios de todos los funcionarios púhlicos.5
. No ?hstan~e, la rebelión de Hidalgo asustó tanto a españoles como a
nacionalistas cnollos, y los indujo a una nueva lealtad hacia España. Desde
1808 a 1810, los terratenientes proporcionaron a la Corona ocho millones
de pesos y, hasta 1812, prestaron en forma voluntaria sumas adicionales
6
al gobierno colonial. Pero en 1812, los préstamos dejaron de ser voluntarios, y el Virrey Venegas se vio forzado a imponer tasas más altas a todos
los artículos consumidos en las áreas urbanas. En la ciudad de México los
funcionarios fijaron un impuesto del 10°/o a todos los bienes raíces u~han~s, y uno del 3 al 12% sobre la renta. También fijaron un impuesto especial a las conductas y fueron especialmente insistentes en el cobro de la
alcabala.7
Cuando se hizo evidente que la Corona no podría liquidar los préstamos anteriores, los comerciantes y otros acreedores se volvieron muy reacios a prestarle más dinero. Después de 1812, los comerciantes empezaron
a rechazar las peticiones de fondos, a menos que tuvieran la certeza de obtener garantías complementarias satisfactorias, tales como hipotecas sobre
futuros cobros fiscales. El virrey Félix Calleja se quejaba ya en 1813 que
el ~ohierno había ca~d? _completamente en manos de sus acredores, y para
abril, calculaba un def1c1t mensual de 260 000 pesos: cuando acudió a las
élites para solicitar un préstamo, le exigieron una hipoteca sobre los ingresos por alcabalas de la ciudad de México y las áreas circundantes sobre el
impuesto al pulque, el del dos por mil por uso de caminos, y el de guerra
sobre los alimentos. Calleja tuvo que comprometer la mitad de la recaudación fiscal de la ciudad de México para poder conseguir suficiente dinero
Y mantener el monopolio del tabaco, la fábrica de pólvora y la Casa de Moneda en funcionamiento. 8
El 13 de septiembre de 1813 las Cortes españolas promulgaron un
Nuevo Plan de Contribuciones Públicas que sugería el reemplazo de las alcabalas _Y los monopoli~s por impuestos portuarios y capitaciones, junto
con un rmpuesto del 1O 1/o sobre la propiedad urbana, de 1% sobre la plata acuñada, y un incremento del 50% al precio del tabaco. Calleja envió
una carta a sus superiores en la corte, donde señalaba que si tal plan fuera
puesto en práctica " mi gobierno será inevitablemente detestado!''IJ
El 21 de julio de 1814, Calleja estableció nuevos principios para aumentar la recaudación fiscal mediante comités que evaluaran tasas y redactaran listas en todo el virreinato, para efectuar cobros regionales por
mes. Después de la caída de las Cortes en 1814, Calleja rebautizó los nuevos inipuestos como "subvención temporal de guerra", y tuvo tal dificuJ-

�200

Siglo XIX

tad en hacer que los residentes contribuyeran a un préstamo forzado que
debió amenazarlos. A fines de 1815, la situación se había agravado tanto
que intentó establecer una lotería forzosa, idea que pronto abandonó.10
Como ha señalado TePaske, para fines de 1815 la tasa de incremento
de la deuda había disminuido considerablemente porque se había ya extraído hasta el último centavo de la colonia. Hasta la plata doméstica y la
de las iglesias había sido donada para financiar la guerra. Para fines de
1816, un cálculo aproximado indicaba que el Ministerio de Hacienda de
México debía 81 millones de pesos.11
Para empeorar las cosas, muchos españoles ricos prefirieron abandonar
México después de la revuelta de Hidalgo o simplemente enviar su riqueza
fuera del país en espera de mejores tie_mpos. Lamentablemente, aún es imposible calcular el monto de la fuga de capitales, pero José María Quiroz
la fija en 786 millones de pesos. 12
Con el objeto de hacer la independencia más aceptable, Agustín de
Iturhide prometió en su Plan de Iguala que la Iglesia Católica estaría segura en el nuevo entorno político, y queios españoles también encontrarían
ahí un hogar protegido. De esta manera, el movimiento iturhidista aseguró a sus partidarios que se restablecería el crédito en la misma medida que
antes, y que los peninsulares ricos no necesitarían enviar su capital a ninguna otra parte. Estas promesas tranquilizadoras, y los temores de lo que
podría acontecer en una Nueva España gobernada por unas Cortes españolas liberales, ayudaron a preparar el terreno de la independencia.
Los poderosos grupos elitistas -la Iglesia, los comerciantes, los propietarios de miiias, los terratenientes, el ejército- esperaban que la independencia les devolviera su antigua gloria y trajera la prosperidad predicha por
Alexander von Humboldt. Pero la república mexicana tendría que reconciliar esas expectativas con el legado de minas anegadas, enormes deudas y
dafios generalizados a la propiedad. Por lo tanto, antes de que pudiera convertirse en una nación en vías de consolidación, la república mexicana tendría que resolver tres problemas prioritarios.
Primero, restablecer el control político y fiscal sobre su territorio. Como lo ha demostrado TePaske, los erarios regionales casi habían suspendido el pago de impuestos anuales a la caja central de la ciudad de México; la
nueva nación necesitaría esos fondos para establecer un régimen viable.13
Segundo, lturbide tenía que recobrar la lealtad de una población descontenta por las frecuentes exacciones y la constante inseguridad, y hacerlo rápida y convincentemente para poder revertir la añeja tendencia ha-

B. Tenenbaum: Finonz&lt;U y poder en México

201

cia la enaje~a~ión y la atomización. Hecho esto, la nueva república podría
esperar un facil acceso a los préstamos y la confianza pública.
. Terc_e~o, el nue~o régimen tendría que crear una nueva y aplicable hase unpoSitiva, a partir de las ruinas de la estructura colonial, de tal modo
que pudiera pagarse al ejército. El gobierno nacional debía diseiiar un sistema fiscal que pudiera satisfacer sus necesidades sin sacrificar demasiado
su popularidad.
Iturhide, al igual que la mayoría de los líderes del movimiento independentista, creía que su popularidad personal como liberador de México
le otorgaría poder suficiente para construir un gobierno viable para la nueva nación. Ignoraba que las élites criollas esperaban que la independencia
mexicana las liberara de las cargas del sistema tributario colonial español, y
de las incesantes exigencias de préstamos no respaldados por parte de la
Corona. No tenían intención de proporcionar a ningún líder mexicano más
recursos suyos, aún cuando la nueva nación necesitara ayuda para establecer u~ gobierno estable. Más bien, pensaban que Iturhide (y sus sucesores)
dehenan buscar esas sumas en alguna otra parte. Dadas estas premisas,
lturhide solo contaba con su popularidad; no tenía poder para obligar a
las élites a hacer lo que se requería para construir la clase de nación que decían desear, pero que estaban muy poco dispuestas a pagar.
Como lo demostrará este artículo, no existió dicotomía entre el poder
y el dinero durante gran parte de la historia de México del siglo XIX. Las
élites, con excepción importante de la Iglesia, que era demasiado pública y
demasiado vulnerable a la intervención gubernamental, se rehusaron a pagar contribuciones, dejando a los gobiernos demasiado empobrecidos para
proporcionarles la estabilidad que ellas supuestamente requerían. La solución a este dilema llegó recién durante el porfiriato, cuando las exportaciones mexicanas volvieron a tener valor y las élites al fin reconocieron la necesidad de un gobierno nacional fuerte y estable.

ITURBIDE Y EL PRINCIPIO DEL DEFICIT
Durante sus cuatro primeros meses en el poder, la administración de Iturbide fue poco a poco descubriendo la naturaleza del sistema fiscal que había heredado, a medida que emprendía la construcción de una estructura
fiscal interina. Pronto abolió los impuestos sobre el aguardiente y el mezcal, las subvenciones temporales de guerra, el impuesto directo de guerra, el de las conductas, el del 10% sobre el valor y renta de casas y exportaciones, los impuestos sobre el henequén, y todos los pagos extraor-

�202

Siglo XIX

'.linarios. Además, redujo 1a alcabala sobre artículos nacionales, del 16%
al 6°1o, y el de los importados, del 16°/o al 8°/o. Con el objeto de ayudar
a los propietarios de minas, el gobierno asimismo combinó once impuestos
14
separados en uno solo del 3% ad valorem.
Además, el Ministerio de Hacienda tranquilizó a las élites en cuanto a
la posibilidad de impuestos adicionales poniendo fin a la Administración
de Arbitrios, que había determinado nuevos impuestos durante las guerras
de independencia. El gobierno estableció una junta de crédito público para investigar el estado de la deuda pública, aparentando con ello asegurar
a los acreedores criollos que sus créditos serían redimidos. Más tarde, Hacienda publicó una nueva tarifa del 25% ad valorem (que anteriormente
era del 36.5 °lo) y decretó la restitución de la propiedad confiscada durante
la guerra. Además restableció el monopolio del tabaco.
Al mismo tiempo, el gobierno fijó el salario de lturbide en 120 000
pesos anuales y fijó el pago d~ los tres regentes a 10 000 ca~,ª ~n~, el d~ los
secretarios en 8 000, y asigno a la viuda de Juan O'DonoJu, último VUTey
de la Nueva España, una pensión de 12 000. Más tarde, la regencia estableció reglamentos para la organización de los cuatro ministerios (de Relaciones Exteriores, Guerra, Justicia y Hacienda) a un costo anual de 21 720
pesos cada uno. 16
Sin embargo, la estructura fiscal mexicana no se recuperó tan rápido
como se esperaba. El 31 de diciembre de 1821 el erario contenía tan sólo
6 647. A principios de enero, el gobierno autorizó que lturbide solici~a
en préstamo 1 500 000. El 4 de enero lturbide instó a la junta de gobierno a atender sus súplicas y pagar al ejército. Cinco días más tarde, pidió a
los obispados de Guadalajara, Durango y Oaxaca 750 000 pesos en un plazo de seis meses.17

B. Tenenbaum: Finanzll$ y poder en México

203

general. Por consiguiente, se reabrió la casa de moneda en Zacatecas, se
prohibió la fabricación de pólvora y se mejoraron las instalaciones portuarias en Guaymas y Mazatlán de tal modo que pudieran ser reabiertas para
recibir buques extranjeros. Once impuestos separados sobre monedas y plata se combinaron en uno solo del 3% sobre su valor en efectivo, y se redujeron los gravámenes sobre aquilatamiento y otros impuestos de acuñación, subieron los impuestos al aguardiente extranjero a 20°/o (del 6%
anterior), y se fijaron los de licores nacionales en 12% (febrero 20). 18
El primer congreso de la nación mexicana fue instalado en forma oficial el 24 de febrero de 1822. Tres días más tarde, el ministro Rafael Pérez Maldonado presentó su Memoria de Hacienda. Su presupuesto para
die-.t meses ( de septiembre de 1821 al 30 de junio de 1822) mostraba que
los gastos (11 311 063 pesos) sobrepasarían los ingresos (10 212 373) por
1 921 973 pesos, pero el reporte tenía un tono confiado y optimista. Pérez
Maldonado pensaba que el sistema tributario colonial pronto empezaría a
funcionar de manera normal, y que generaría aumentos considerables en
los ingresos.
El ministro de Hacienda sostenía que el restablecimiento de paz tras
las guerras de independencia pronto estimularía el comercio y la agricultura y que las élites, ahora liberadas de impuestos arbitrarios, regresarían
a los negocios como siempre y reinvertirían su riqueza. Instó a Iturbide a
alentar la minería y mejorar la administración del monopolio del tabaco
para que las ganancias regresaran a sus altos niveles anteriores. También
sugirió simplificar el gobierno civil, reduciendo el ejército mediante la
creación de milicias nacionales, y estableciendo una contribución directa moderada, ya que el erario había tenido que pedir prestados 900 000
pesos en menos de seis meses.

Aunque se había restablecido la paz, las élites seguían sin estar dispuestas a invertir lo que les quedaba de sus fortunas en México. En un
obvio intento por detener la seria fuga de capitales, el gobierno ordenó una
sobretasa del 15% en la exportación de monedas. Pero la crisis persistió
sin cambio de tal modo que el 16 de febrero la Regencia prohibió especialmente la exportación de efectivo, con excepción del necesario para el comercio, sin un permiso específico.

Pérez Maldonado era demasiado optimista, pero tenía escaso conocimiento de la situación que la nación mexicana había heredado de la Nueva España. Supuso incorrectamente que el nuevo régimen podría rescatar
una estructura tributaria colonial española completamente funcional que
pronto produciría sustanciales ingresos dándole el tiempo y el manejo adecuado. Además, el ministro de Hacienda, interesadamente, olvidó incluir
las enormes deudas que la nueva nación había accedido a pagar para ganar el apoyo de las élites.

A principios de febrero de 1822, el régimen de lturbide ya estaba
adoptando las tácticas de sus predecesores. Se declaró ante la Junta ~e
como el gobierno necesitaba con urgencia recursos para mantener el e1ercito el erario había transferido fondos del consulado de la ciudad de
México, de la Casa de Moneda y de donativos para obras pías, a la reserva

Lo que es más importante, Pérez Maldonado no tuvo en cuenta la suposición tácita de las élites sobre que podían evitar contribuir al mantenimiento del nuevo gobierno. La fuerza del compromiso de la élite con esta
posición condujo a una seria confrontación entre el Congreso y el liberador de México.

�204

Siglo XIX

ITURBIDE Y EL CONGRESO
Las élites pronto demostraron que no tenían intención de apoyar fin~ci~ramente al nuevo gobierno. Durante su primer mes, el Congreso actuo rapidamente para proteger la riqueza de las élites a costa de la hacienda del
país. El 16 de marzo de 1822, transformó el préstamo f~rzado de
l 500 000 pesos en donativo voluntario, y el 22 de marzo revoco la ley en
contra de la exportación de efectivo y permitió a la gente abandonar el
país en el plazo de un mes con las sumas que desearan.20
Durante todo el resto del período de sesiones, el Congreso no promulgó una sola nueva ley fiscal, aunque sí permitió un pré~tamo de 60~ 000
pesos que sería recaudado principalmente de los comerciantes de la c1?dad
de México y reducciones de salarios de hasta un 20°/o para los ~nc1onarios. La insuficiencia de ingresos se manejó recurriendo a extran1eros ~~
proveyeran los fondos necesarios. Por consiguiente, el Congres? autorizo
un préstamo externo de 25 a 30 millones de pesos con todo el mgreso ~acendario nacional como garantía. Ordenó el inventario de todas las propiedades pertenecientes a los misioneros filipinos y los "santos lugares de Jerusalén•: hizo que el impuesto del 2°/o sobre oro y plata acuñados abarca'
ra al cobre, y al tero' 1os gravamenes
sobre 1·icores.21
Mientras tanto la crisis fiscal empeoraba debido a que muchos en el
ejército se creían ~erecedores de f~vores especiales, asce~s. o gratifi~ciones, a semejanza de lo que suced1a en el resto de la rec1~n lib~rada Hisp anoamérica. Como Lorenzo de Zavala dijo exagerando, 'la nntad de la
· · ' no e~a nada desu·
nación pedía tal o cual recompensa. ,.22 Su aprec1~c1on
sada, pues cuando Iturbide no recibió lo que ~0~1der~a ?n JUSt~ reconocimiento a su lealtad hacia la Corona, se conVlrtlo de súh1do en msurgente.
Como observó Joel Poinsett, "en tanto que (lturbide) posea los me:
dios para pagar y recompensar (a los oficiales y soldados), se mante?dra
en el trono; cuando éstos le falten, se verá arrojado de él. •'24 En abril de
1822 Iturbide enfrentó un ejército ávido de recompensas y un Congreso
reaci¿ a decretar los nuevos impuestos necesarios para proporcionarlas.
Más aún, desde que el Congreso había empezado a reunirse, la recaudación se había desplomado en forma drástica. De acuerdo con la conta;
bilidad de marzo de 1822, el gobierno recaudó 819 184 pesos y gasto
813 612 pesos, dejando un excedente de sólo 5 672.,La may?r parte de
esos ingresos (304 854 pesos, o sea el 37%) provema del prestamo forzado de los consulados, o de ingresos aduanales (163 000 pesos, o sea el
20°/o). Pero para cuando el préstamo forzado fue rescindido en mayo,

B. Tenenbaum: Finanz04 y poder en JI.léxico

205

los ingresos habían disminuido a 302 892 pesos, de los cuales 143 502,
o sea el 47°/o procedía de un excedente hacendario del mes anterior.
Debido a que el ministerio de Hacienda contaba sólo con 969 pesos para
el primero de junio, el ingreso para los 28 días siguientes disminuyó hasta 245 419, de los cuales la mayor parte (79 886 pesos, es decir el 32.5°/o)
provenía de ingresos arancelarios.25
Iturbide intentó hacer frente al problema mediante el cambio de su
ministro de Guerra, Antonio Medina, al de Hacienda, el primero de julio de
1822. Sin duda pensaba que Medina podría hallar la solución a sus dos
problemas más urgentes: el descontento del ejército, y las arcas vacías. Pero para octubre de 1822, la situación fiscal se había vuelto tan desesperada
que Iturbide se vio forzado a apoderarse de una conducta que transportaba plata con un valor de 1 200 000 pesos y que pertenecía a comerciantes
de Perote. Justificó su "expropiación" observando correctamente que
no había fondos para pagar al ejército ni a los empleados de gobierno, las arcas estaban vacías, no se conseguía dinero a préstamo en el país, y los préstamos extranjeros se llevaban más tiem-

po.26

Medina presentó su clara y realista Memoria de Hacienda el 28 de octubre
de 1822, y después de reportar que el erario tendría un déficit de
2 826 630 pesos para fines de 1822, aconsejó a lturbide en forma franca:
Sin duda Su Excelencia preferirá dar los pasos más convenientes
para equilibrar los ingresos y los egresos... f¡ero en el futuro, serán necesarias nuevas fuentes de recaudación. 7
Medina atribuyó el obvio desequilibrio entre el ingreso y los gastos a las
reducciones en los cobros fiscales y a las necesidades adicionales del
ejército, que incluían los costos de manutención de los soldados españoles
que habían capitulado ante el ejército insurgente y estaban en espera de
ser repatriados a España.28 Sin embargo, dedicó la mayor parte de su reporte hacendario a un examen sumamente detallado de todas y cada una
de las categorías tributarias existentes desde los tiempos de la Colonia.
Hizo notar que los costos por cobro, particularmente de los salarios, permanecían fijos, y que la recaudación de cada tributo había descendido
excepto la alcabala, que debería haber producido más a causa del mayor
comercio. ¡Incluso la lotería registró una baja del 75°/o debido a la pobreza general!29
El ministro de Hacienda sugirió que México pidiera préstamos voluntarios o iristituyera nuevos impuestos. Como la nueva nación no podía proporcionar reservas para pagar los cargos por intereses y amortización de un

�206

Siglo XlX

préstamo voluntario, éste pronto se convertiría en una exacción forzada.
Aunque Medina también"trlencionó la posibilidad de emitir papel moneda,
hizo notar que, al igual que un préstamo voluntario, también requería confianza en el Ministerio de Hacienda, el cual "estaba en estado crítico" porque había que pagar a las tropas sus sueldos atrasados y los corrientes.

Medina concluyó que lturbide debía presionar por el establecimiento
de un impuesto provisional que sería dividido entre los residentes adinerados para cubrir el déficit y darle tiempo al Congreso para tomar acción
más permanente. Estas nuevas recaudaciones ayudarían también a restablecer el monopolio del tabaco y alentarían la minería. Luego se podrían
agregar impuestos directos e indirectos en el futuro. De otro modo, advertía, las quejas se acumularían y Hacienda (y todo el gobierno) quedarían
desacreditados.30
Pero las élites ya estaban hartas de Iturbide. El 26 de agosto de 1822,
el Emperador se enteró de un complot en contra de su gobierno y arrestó
a quince prominentes diputados y a otras treinta y cinco personas. En represalia, el Comandante de las Provincias Interiores de Oriente, Felipe de
la Garza, encabezó un levantamiento para conseguir su liberación, y Vicente Rocafuerte laboró incansablemente entre sus contactos diplomáticos para aseJrrarse de que lturbide no recibiera mucha ayuda de los Esta·
dos Unidos.
Dada la situación, el Congreso permaneció impasible ante las conclusiones o sugerencias de Medina, y se mantuvo firme en su determinación
de no contribuir el mantenimiento del gobierno. Un día después de que
Medina presentara su reporte, el Congreso emitió una nueva ley quepo·
nía fin al monopolio del tabaco en 1825, privando así al gobierno de una
de sus más importantes fuentes d ingresos, y rehusó aprobar planes para
un nuevo préstamo, a pesar de las promesas de reembolsarlo por parte de
lturbide.32

Así pues, Iturbide concluyó en forma sensata que no estaba en posibilidades de poner en práctica las recomendaciones de Medina para aumentar la recaudación, dada la fuerte oposición por parte del Congreso. Como
ha sefialado Anna: "durante sus nueve meses de existencia, el Congreso
había fracasado en cuanto a plantear las cuestiones básicas de la consolidación del imperio".33 Peor aún, el Congreso probablemente había estorbado todos y cada uno de los esfuerzos por decretar medidas apropiadas para
solucionar la crisis.
El 31 de octubre de 1822, lturbide disolvió el Congreso, quejándose

B. Tenenboum: Finanzas y poder en México

207

de que, entre sus otros pecados no había dis - d I
ria propia de una nación indepe~diente 34 L e~a o. a estructura hacendates de la desesperada confrontación .
i°s h1Stonadores, poco concienca de las medidas fiscales han
d entrde e emperador y el congreso acer'
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1o que creyeron una medida arbitraria Sin e b
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IMPUESTOS Y TIRANIA
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·· e J Congreso el 31 de octubre de 1822 Iturb"de tabl
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cit. El 5 de noviembre la Junta d r nu~vos unpuestos para reducir el défines de pesos, seguido ;or la emisi:c:e: ~n pres~o forzado de 2.8 millomoneda el 20 de diciembre A] d, . . uatro lm~o~es de pesos en papel
· 'ª siguiente' eahmm18tro Medina presento,
su presupuesto para 1823 en I al
,
e cu enumer a gastos por 20 328 740
pesos previendo un déficil de 6 000 000 T
1
.
Iturbide declaró que cada provi .
, . ras ed anuncio del presupuesto,
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ncia sena grava a con el pago d ·
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d talp pers?na (Mex1co y Querétaro
piedades seculares tendríanpesos e trib~ma). fodos los dueños de prod
.
que con wr con el 40% del al tasad
e sus berras; la Iglesia pagaría sólo el 5%. 35
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e a nación, pero la rebelión de Santa Ann
. ,
r o pnngobierno de tales ingresos. 36
ª pnvo por completo al
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aunadas a alternativas cad
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, ·
bide falló EUos tamb •, tu . '
runguno tuvo exito donde Itur.
,en vieron una extraordinaria popularidad en el

�208

Siglo XIX

inicio de sus regímenes, que se evaporó en proporción directa con la escalada de sus exigencias fiscales. Sin embargo, el destino y la historia fueron más benévolos con la mayoría de ellos que con el liberador de México.

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

209

PRECEDENTES PERNICIOSOS

tructura hacendaría colonial, la destrucción de la economía minera y los
once años de incertidumbre política, por no mencionar la nula disposición
de las élites a pagar más impuestos o a prestar sumas adicionales a tasas nominales.38 La persistente fijación en los gastos alimentó la lucha de facciones ya que cada bando acusaba al otro de derrochar y pagar favoritos, interpretación que continúa en tiempos modernos.

La caída de Iturbide estableció tres desafortunados precedentes fiscales
que determinarían gran parte de la historia del México del siglo XIX.

LA PRIMERA REPUBLICA FEDERAL, 1824-1836

El primero y más importante fue la firme negativade las élites a pagar
impuestos. Su falta de disposición para contribuir al mantenimiento de su
gobierno alimentó el faccionalismo y la inestabilidad. Esta situación se vio
también exacerbada por el hecho de que ningún grupo elitista -fueran mineros, comerciantes, la Iglesia, o los hacendados- era lo suficientemente
fuerte como para dominar al resto, como lo hicieron los estancieros aliados de Rosas en la Argentina.
El comportamiento de las élites condujo al segundo precedente problemático. Durante todo el período, los gastos militares siguieron siendo
una considerable sangría a una recaudación inadecuada. A excepción del
costo de los préstamos agiotistas en la década de 1840, los salarios militares resultaron la partida más grande del presupuesto mexicano durante
gran parte del siglo XIX. Cuando las arcas se vaciaron, el ejército se quedó
sin paga, y los soldados se rebelaron, lo que explica el gran número de
distintos gobiernos que rigieron México de 1821 a 1856. La inestabilidad consecuente hizo poco por convencer a las élites de que debían mostrarse más cooperativas en cuanto a proporcionar fondos al erario, y estropearon los esfuerzos de México por obtener más préstamos, o atraer inversiones de capital europeo.

Con el objeto de crear apoyo suficiente para un gobierno viable, la estructur~ fiscal de la primera república federal (1824-1836) pasó la carga trihutana a los derechos aduanales sobre el comercio exterior. Durante los años
de 1824 a 1827, la ganancia inesperada proporcionada por los dos préstamos bancarios ingleses liheraron a la administración de Guadalupe Victoria
de agobiar a los ricos, aunque el cobro de impuestos por sí solo no podía
aún solventar los costos de gobierno. Cuando las arcas se vaciaron de nuevo, sin embargo, el gobierno aprendió con rápidez a obtener préstamos internos de los agiotistas, a plazos cortos con altos intereses, a menudo reembolsables directamente en la aduana, la única fuente confiable de recaudación.
No obstante, para 1829 se hizo evidente que los derechos de importación por sí solos no podían mantener el erario, así que el ministro de Hacienda Lorenzo Zavala decretó nuevos impuestos. En el plazo de seis semanas, el gobierno anuló esos impuestos y destituyó a Zavala. 39 La siguiente administración, de Anastasio Bustamente y Lucas Alemán, proml",tió erróneamente que podría pagar los costos de gobierno mediante la reducción de los gastos, pero también se vio forzada a tomar dinero a préstamo.40 Sus sucesores liberales, como Gómez Farías y Zavalá, idearon la estrategia de llenar las arcas ordenando a la Iglesia vender sus propiedades a
nuevos dueños que pagaran impuestos por ventas, idea que con el tiempo
condujo al colapso del gobierno y de la primera república también. De este modo, durante los años de 1821 a 1834, los gobiernos se vieron en la
imposibilidad de añadir un sofo nuevo impuesto aJ inadecuado sistema hacendario.

El tercer precedente fue el resultado de la testarudez y el carácter interesado del debate acerca de problemas fiscales, que permaneció sin cambio desde la independencia hasta después de la Reforma. Si bien los costos
administrativos eran en gran parte fijos, como correctamente hizo notar Antonio de Medina en 1822, los líderes políticos mexicanos persistieron en afirmar que los gastos, y no la falta de ingresos, era el problema fundamental. Naturalmente que esta interpretación surgió de la
negativa elitista a pagar impuestos.

CENTRALISMO, 1836-1847

Su insistencia en considerar los gastos como el problema, y no a los
ingresos insuficientes, queda ampliamente demostrado en los ataques al
régimen de lturbide, tanto contemporáneos como históricos, que resaltaron su lujosa corte y extravagante salario, y no la desintegración de la es-

De cualquier modo, la administración federalista de 1832-1834 dejó un
importante legado para el desarrollo del centralismo y de una estructura
fiscal independiente. Su disposición para destruir la Iglesia tradicional con
el objeto de financiar el nuevo Estado amenazó el status quo lo suficiente

�210

Siglo XIX

como para hacer añicos el sólido frente elitista en contra de las contribuciones. La Iglesia consideró oportuno dar a Santa Anna pagos mensuales
para postergar la inevitable desamortización de sus propiedades. Pero se
enfrentó a una amenaza inmediata y tangible que no afectó en forma directa a otros grupos. Estos empezaron a contribuir también por miedo a
la desestabilización social que resultaría del restablecimiento del control
federalista/liberal, y por el consentimiento de los centralistas de dejarles
llevar la voz cantante en sus localidades. Más aún, como en algo había
revivido la economía, podían permitirse ser un poco más generosos.
Sin embargo, como demuestra este breve resumen, las élites no se
apresuraron a contribuir con su gobierno. Los centralistas habían planeado al principio evitar los impuestos mediante la simplificación de las
administraciones tanto nacional como estatal, pero la sublevación en
Texas los forzó a imponer su "subsidio de guerra extraordinario", una
sobretasa en el precio de venta de la propiedad urbana en noviembre de
1835. Las élites se quejaron tan enérgicamente que el gobierno tuvo que
convertir el impuesto en un préstamo, pagando el 6°/o de interés anual.41
Enseguida, el ministerio de Hacienda decretó un préstamo forzoso sobre
las corporaciones religiosas, terratenientes y comerciantes, para "cubrir el
déficit nacional" el 16 de junio de 1836. 42 Cuando esta táctica falló, el
gobierno implantó los primeros impuestos nuevos en la historia de la república -dos pesos al millar sobre la propiedad urbana, tres al millar sobre
la propiedad rural, e impuestos sobre la renta en comercios urbanos proporcionales a su tipo y ubicación ("propiedades, rentas y giros"). Durante los años de 1836 a 1844, estos impuestos rindieron tanto como el
17 .3°/o de la recaudación Lolal.43
Asimismo, el gobierno buscaba recaudar mayores contribuciones del
comercio bajando los derechos aduanales un 10°/o, hasta sus niveles de
1821. Estas Lasas se revocaron en 1842 porque Santa Anna quería complacer a los algodoneros de Veracruz y sus aliados empresariales, pero sus resultados no fueron nada espect.aculares.44 Cuando los franceses bloquearon
el puerto de Veracruz durante la Guerra de los Pasteles, el gobierno de
Bustamantc implantó un "impuesto extraordinario" sobre el comerrio, las
profesiones, el capital (invertido o en bonos), y los artículos de lujo (definidos como carruajes, caballos y otros animales de carga, sirvimtas, cm
barcaciones, fincas, y literas) divididos en sectores. Estos impuestos produjeron cantidad ínfimas durante 1839 y 1840 y fueron revocados.45
Cuando el gobierno decretó un impuesto mensual sobre las cabezas de familias, comunidades y corporaciones eclesiásticas (capitación mensual), las
élites se resistieron a tal extremo qut&gt; el erario pudo recaudar tan sólo
10 717 pesos.46 Más Larde el gobierno elevó el impuesto sobre artículos de
importación vendidos fuera de los puertos, de un 5 a un 15%, pero se vio

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

211

obligado a revocarlo al mes siguienle.47 El 11 de mar1.,0 de 1841, la administración de Bustamanlc decretó un impuesto del 3 al millar sobre la propiedad, y el 8 de abril añadió una capitación mensual de entre 2 reales y
2 pesos por cada mexicano de más de 18 años de edad.48
La combinación dt&gt;I 10% de aumento en el impuesto al consumo y
los impuestos directos a la propiedad y a los individuos, finalmente destruyeron la coalición centralista. El 28 de septiembre de 1841, Santa Anna,
Paredes y otros promulgaron las Bases de Tacubaya, que exigían al Congreso rrdactar una nueva Constitución. El experimento centralista original
había llegado a su fin.
Santa Anna y su nuevo gobierno no estaban en posición dr aprender
de los errores de sus prr&lt;lecesorrs. Al principio, solicitó el apoyo de las
élites eliminando por completo el impuesto del 15% al consumo y modificando el de tres al millar sobre la propiedad urbana y rural. Pero el ministro de Hacienda Trigueros pronto decretó nuevos impuestos sobre establecimientos industriales, sueldos y salarios, pro[esiont&gt;s y ocupaciones, artículos de lujo, y una capitación de medio real al mes. En efecto, el nuevo
sistema proponía gravar a cada habitante de México. El paquete fiscal se
parecía mucho a un sistema tributario moderno, y como tal requería una
bien organizada } eficiente administración (o su equivalente para fijar las
tasas y recaudar los nuevos impuestos), que México no poseía.
Aunque los nuevos impuestos produjnon una mayor recaudación,
los costos de la misma fueron astronómicos. Sólo en 1842, los impuestos
produjeron el 42.1 °/o de los ingresos totales del año, pero los cestos de
recaudación constituyeron el 69°/o de los gastos de operación de todo el
sistema hacendario.49
En septiembre de 1843, el gobierno aumentó los derechos de importación a 3Oº/o, su nivel más alto, con un 1°/o de sobretasa } un 5°/o extra de impuesto sobre la venta en puertos y en el interior. Más tarde el ministerio de Hacienda agregó una sobretasa del 2°/o para pagar la construcción de un ferrocarril de Perote a San Juan. De inmediato, los comerciantes protestaron, Uamando a la nueva contribución "la hija de la tiranía y
de la reacción''?l Finalmente, el 21 de agosto de 1814, el gobierno decretó un aumento del dos al millar al gravamen sobre la propiedad rural, un
nuevo impuesto de 3 al millar sobre el valor estimado de las fábricas de paños e hilos, el equivalente a un año de impuestos en bonos, y uno y dos
al millar sobre el dinero invertido en el fondo para la minería o en el gremio mereantil.51
Por afiadidura, Santa Anna continuamente solicitaba dinero a la Igle-

�212

Siglo XIX
B. Tenenbaum: Finanz08 y poder en México

sia. Al principio había buscado el apoyo de los clérigos permitiendo que
los Jesuitas regresaran a México, y autorizando el establecimiento de la
Congregación de las Hermanas de la Caridad. Sin embargo, pronto exigió
500 000 pesos (que más Larde redujo a 200 000 pesos) y el derecho de venta de una antigua propiedad Jesuita. Durante 1842 y 1843, el gobierno
emitió muchos decretos anticlericales incluyendo un impuesto del 15°/o
sobre todas las recién adquiridas propiedades y capitaJ, y la prohibición
en contra de Ja venta de ornamentos eclesiaJes, so pena de enjuiciamiento
por robo. Santa Anna obligó asimismo a la Iglesia a vender las propiedades del Fondo Pío de las CaJifornias a precios determinados caJculando la
tasa anuaJ de rendimiento aJ 6%.52
Los nuevos impuestos y el ataque a la IgJesia contradecían las prome-

sas fiscales del centraJismo y revelaron su bancarrota política y financiera.
Posteriormente, los líderes de Jalisco y Querétaro convencieron aJ generaJ
Mariano Paredes y Arrillaga a pronunciarse en contra de la dictadura el
2 de noviembre de 1844. l-Iacia fines del mes, la nación estaba bajo ley
marciaJ, el Congreso había sido suspendido, y Santa Anna se había facu!tado para administrar el erario y el ejército. El gobierno cayó el 6 de diciembre de 1844.

213

Estas cifras reflejaban la respuesta del gobierno a Ja presión referente aJ pago de préstamos atrasados, supuestamente para recibir nuevos préstamos. Según Ja Memoria de Hacienda de 1841, aunque los gastos del Departamento del Tesoro en 1840 fueron de 12 484 048 pesos,
se desglosaban en 2 375 314 para verdaderos gastos hacendarios, y
10 108 733
"préstamos, pago de intereses, y liquidación de dine, . para
. ,,5s
ro en depoSito
en eI erario.
Así pues, los centraJistas no lograron sacar aJ erario del ruinoso patrón de empréstitos que sus predecesores habían iniciado. Peor aún, los
centraJistas necesitaban los préstamos aún más que los federaJistas. Primero, porque se suponía que el centraJismo, después de todo, iba a suprimir los estados en nombre de la eficiencia fiscaJ. De ahí que sus proponentes no quisieran reconocer que aún no podían encontrar fondos suficientes para administrar el gobierno, ni siquiera con un sistema centralista. Segundo, a diferencia de los federaJistas que pJaneaban resolver el
problema fiscaJ mediante la expropiación de la lgJesia, los centrali~tas ya
habían agotado todos sus ardides, así que se vieron forzados a pedir prestado más que sus predecesores cada año.
La incapacidad básica del centraJismo para poner fin aJ federalismo y
las revueltas que engendraba exigía gastos ruinosos, pero fue la herencia
de pasadas deudas -extranjeras y nacionaJes- lo que mantenía las arcas
vacías, y débil aJ gobierno nacionaJ. Y estos préstamos se atribuyen directamente a la negativa de las élites para pagar impuestos.

La raída de la dictadura militar de las Bases Orgánicas puso un caUado fin a la era centraJista de la historia de México. Después de 1844, hasta sus proponentes admitían en forma tácita que el centraJismo no había
cumplido sus promesas cuando respaldaron el golpe supuestamente promonárquico de Paredes. Posteriormente, los centraJistas se presentaron a
las élites como protectores del modo mexicano de vida ante los federaJistas, y no como proponentes de un método superior de administMción
fiscal.53

LAS FINANZAS DURANTE LA GUERRA MEXICO-AMERICANA

El centraJismo logró crear una estructura fiscaJ un poco más confiable, pero los déficits presupuestarios de cada año fueron mayores que
durante el anterior período federalista. A pesar de la creciente actividad militar que caracterizó esos años, los déficits se produjeron por la necesidad de liquidar los préstamos intPrnos iniciados en 1827 cuando el
gobierno, desesperado por más fondos, había tenido que acudir a los comerciantes convertidos en agiotistas.

Desde el 6 de diciembre de 1844 aJ 20 de junio de 1848, diez diferentes
administraciones "gobernaron" México: Herrera, Paredes y Arrillaga, Bravo SaJas Gómez Farías Santa Anna Anaya, Santa Anna, Peña y Peña,
~aya, P~ña y Peña, y finaJmente He:rera. Durante este c~ótico perío~o,
ninguna administración se las arregló para cobrar nuevos tmpuestos e mcluso las declaraciones de tal intento muJtiplicaban la inestabilidad, provocaban revueltas.

A partir de 1835-1836, los gastos hacendarios eclipsaron a t~d?s
los demás. Por ejemplo, en 1839 la diferencia en gastos entre los m1rusterios de Hacienda y de Guerra sobrepasó los diez millones de pesos, en
1842 subió a casi doce millones, y el año siguiente aJcanzó los catorce
millones. En efecto durante los años del centraJismo, los gastos hacendarios sobrepasaron' los costos militares por un promedio de casi siete
y medio millones por año.

Cuando Santa Anna llt:gó a México para saJvar a la nación, reimpuso
la constitución federaJista de 1824 y su distribución de ingresos entre los
gobiernos nacionaJ y estataJ. También abolió la aJcabaJa y volvió a fijar impuestos sobre la propiedad así como una sobretasa del 50% en los impuestos aJ comercio, la renta y los artícuJos de lujo cobrados por los estados.
Esta ley pronto fue revocada junto con un cambio de ministro de Ha-

�214

B. Tenenbaum: FinanZ08 y poder en México

Siglo XIX

cienda, y el erario acudió de nuevo a la Iglesia.56 Después de la caída de
Monterrey, el gobierno no pudo darse el lujo de seguir esperando. El 2 de
octubre de 1846, el gobierno decretó que todas las corporaciones tenían
que contribuir con la renta de un mes al erario, calculada ésta al 5% del
valor total de 1~ propiedad. Pocos días antes que el ministro de Hacienda Antonio Haro y Tamariz renunciara, ordenó a la Iglesia aceptar
una hipoteca de dos millones de pesos sobre su propiedad que serían proporcionados por los agiotistas.57
La Iglesia rehusó vender su propiedad pero consintió en prestar al gobierno un total de l 850 000 pesos, con toda la propiedad no hipotecada
como garantía. En los primeros días de 1847, las tropas de Santa Anna
combatían desesperadamente a los invasores norteamericanos en Buena
Vista, mientras otras unidades militares trataban de repeler la toma de
Veracruz por parte de Estados Unidos. Las arcas estaban vacías otra vez y
el gobierno ya no tenía nada para asegurar más préstamos. Por lo tanto, el
II de enero de 1847, el vicepresidente Gómez Garías decretó la nacionalización y venta de propiedades de la Iglesia con valor de quince millones
de pesos.
No es de extrañar que la Iglesia pusiera un hasta aquí. Convenció a
la guardia nacional de la ciudad de México para que organizara la "rebelión de los polkos" (llamados así por su supuesta adhesión al presidente
norteamericano James Polk). Aunque la rebelión no logró derrocar al
gobierno, obligó a Santa Anna a regresar a la ciudad de México, revocar la
ley y despedir a Gómez Farías a cambio de una garantía por un préstamo
de l 500 000 pesos. Empero, eL daño ya estaba hecho. En los meses anteriores, el gobierno había autorizado préstamos hasta por 20 000 000 pesos que serían asegurados por piezas específicas de propiedades de la Iglesia.51f
Las exigencias centralistas en cuanto a las riquezas del clero, iniciadas
en 1834, debilitaron en forma considerable a la Iglesia como institución financiera, y ayudaron a precipitar la división de las élites. La guerra Méxicoestadounidense y sus constantes solicitudes de fondos impactaron en forma durísima sobre la Iglesia y asestaron el verdadero golpe de gracia a la
institución de "manos muertas". Para 1848, los agiotislas habían adquirido gran parte de la riqueza que la Iglesia había perdido, y aún así la venerable institución seguiría siendo el blanco más fácil para los erarios necesitados.
FEDERALISMO Y SANTA A

A, DE UEVO (1848-1855)

Los años que van de 1848 a 1855 parecen una versión exagerada de los

215

períodos de 1824 a 1827, y 1842 a 1844. Tras la firma del tratado de
Guadalupe Hidalgo en 1848, que puso fin a la guerra, Estados Unidos pagó a México una indemnización de quince millones de pesos en plazos
anuales de tres millones cada uno. Como resultado, el presidente José
Joaqufu Herrera, al igual que Guadalupe Victoria antes que él, cumplió
Lodo su período en el cargo sin que el gobierno pudiera convencer a las
élites, tambaleantes aún por el impacto de los préstamos forzados durante
la guerra, de que pagaran más impuestos. Todas y cada una de las propuestas gubernamentales acerca de nuevos impuestos, ya fueran destinados a
ricos o a pobres, eran rechazadas sin miramientos. Lo que es más conmovedor, el gobierno nacional falló por completo en sus intentos por obligar
a los estados a pagar sus contingentes o cualquier otro impuesto al erario
nacional.59 Cuando el dinero de la indemnización se agolÓ en 1852, el presidente Mariano Arista cayó poco después.
En este momento de incertidumbre, Santa Anna regresó como la opción de los centralistas/conservadores. Los agiotistas de inmediato presentaron al ministro de Hacienda, Antonio Haro y Tamariz, una propuesta
para fundar un banco que manejara los préstamos y transacciones en
efectivo del gobierno, y emitiera papel moneda. Se comprometieron a dar
al gobierno nacional 9 000 000 pesos anuales a cambio del derecho de cobro y administración de todas las contribuciones. Haro y Tamariz rechazó
el plan y en vez de ello acudió a la Iglesia.60 Propuso que la Iglesia prestara
al gobierno 17 000 000 pesos y emitiera una suma equivalente en bonos al
6% de interés anual. La Iglesia se negó y Haro y Tamariz renunció a su
cargo.61
Santa Anna encontró, en cambio, nuevas entradas por la venta a EE.
UU del territorio conocido como La Mesilla en quince millones de pesos,
los que más tarde se redujeron a diez millones. Tras la firma del tratado de
venta, Santa Anna emprendió la guerra en contra de su viejo enemigo
federalista, el caudillo Juan AJvarez. Durante los dos años comprendidos
entre la renuncia de Haro y Tamariz en agosto de 1853, y la de Santa Anna
en agosto de 1855, el ministerio de Hacienda decretó la reimposición de la
alcabala y de impuestos directos. Más aún, implantó una serie de impuestos indirectos que incluían el de tres pesos por devanade.ra sobre las máquinas de fabricación de hilo de algodón, lana y lino, y ordenó el cobro de
un peso por perro por familia cada mes, así como sumas adicionales por
ventanas y puertas exteriores.62 A medida que las necesidades monetarias
de Santa Arma aumentaban, disipó los fondos provenientes de ventas de
tierras, con préstamos por adelantado a intereses exhorbitantes, obtenidos
de unos cuantos agiotistas favorecidos.63 AJ final, dejó a sus sucesores un
erario vacío, y la determinación nacional de no vender más territorio a los
1-:stados Unidos para llenarlo.

�216

Siglo XIX

CONCLUSION: REFORMA, RESISTENCIA Y RESULTADOS
A PARTffi DE 1855
Los revolucionarios de Ayutla que habían derrocado a Santa Anna retuviron su sistema hacendario, a excepción de los impuestos mensuales por
puertas, ventanas y perros. El nuevo ministro de Hacienda, Guillermo Prieto, tomó una I Ínea de conducta centralista. Aspiraba a equilibrar el presupuesto mediante el recorte de la burocracia y el rjército. Había afirmado: ''la organización del erario reside en el ministerio de Guerra ".64
Pero las reducciones en los gastos no pagan las cuentas.
Como era de esperarse, Prieto solicitó primero al Arzobispo de México un préstamo de l 500 000 pesos. Enseguida propuso la venta de
12 000 000 en bonos del gobierno, disponiendo que la lgleisa comprara
1 500 000 y forzando a los empleados a pagar en proporción a sus salarios. Finalmente, propuso que la Iglesia hipotecara sus propiedades y diera
al gobierno 3 000 000 de pesos en abonos con más de la misma propiedad
como garantía.65 La Iglesia rechazó todos estos proyectos.
Después que Puebla se sublevara el 12 de diciembre de 1855, en respuesta a la emisión de la Ley Juárez, las contribuciones bajaron bruscamente porque los cobros aduanales de Veracruz, el puerto más grande,
tenían dificultad para llegar a la ciudad de México. in embargo, buscando
ganarse el favor de los agiotistas, el gobierno abolió el monopolio del tabaco que algunos de ellos controlaban", y les pagó sumas considerables.66 Para
abril de 1856, después de la victoria del gobierno sobre los rebeldes de
Puebla, México estaba al borde de la bancarrota.
Por último, el gobierno ofreció una nueva solución al problema hacendario con la Ley Lerdo, que decretaba que la Iglesia debía vender sus
propiedades a sus arrendatarios o, tras un período indicado de tiempo, a
cualquiera que ofreciese dinero. El erario recibiría entonces un 5°1o por
el impuesto de venta, y en el futuro se recaudarían los impuestos a la propiedad. El gobierno desea·ba hacer uso de la Ley Lerdo como la base de
una estructura tributaria completamente nueva.
En lugar de ello, la nueva ley provocó una serie de conflictos que culminaron en el establecimiento de un imperio extranjero en 1863. Aunque
las élites siempre habían creído que los extranjeros debían pagar los gastos de administración de la república a través de los impuestos sobre artículos de importación, no deseaban ver que todas las oportunidades comerciales dentro de la nación fueran usurpadas por empresarios y comerciantes europeos.

B. Tenenbaum: FinanZQ.f y poder en México

217

Al finaJ Juárez y los liberales derrotaron a las tropas francesas y ejecutaron al emperador Maximiliano. Sin embargo, serían necesarios muchos
años más, y las habilidosas maniobras políticas de Porfirio Díaz, para convencer a las élites de que México merecía su apoyo financiero desinteresado.

NOTAS

1. Fabián Fonseca y Carlos de Urrutia. Historia General de Real Hacienda vol. I
México, Imprenta de Vicente García Torres, 1845, introducción, pp. i~xxxvüi
Y cuadro 3; John TePaske en colaboración con José y Mari Luz Hernández
Palomo, L:1 _Real Hacienda de Nueva España: La Real Caja de México (15761816), Mex1co, Departamento de Investigaciones Históricas, Colección Científica. Fuentes (Historia Económica de México) 41, 1976, sin número de página; y "Sumario General de Cartas Cuentas de Veracruz", proporcionado por el
profesor TePaske, Duke University.
2. John E. Kicza. Colonial Entrepreneurs: Famílies and Business in Bourbon
México City, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1983, pp. 13-42;
Richard B. Lindley, Hacienda.f and Economic Deve/opment: Guadalajara, Mexico at lndependence, Austin, University ofTexas, 1983, capítulo 2.
3. John J. TePaske, "The financia! disintegration of the royal government of México during the ePoch of independence, 1791-1821", de próxima publicación en
Proceedings of the Conference on lndependence and the Creation of the Federal
Republíc, Universidad de California en Irvine, febrero de 1987. La autora agradece aJ profesor TePaske el haberle permitido citar esta obra.
4. Doris M. Ladd, The Mexican Nobílíty at lndependence 1780-1826, Austin,
Instituto de Estudios Latinoamericanos, University of Texas, 1976, p. 99, tabla
20,pp.100-101 y 102-103.
5. TePaske, "Financia! disintegration", pp. 11-12.
6. Lindley, Haciendas, pp. 89-J 22; Brian R. Harnnett, "Royalist Counterinsurgency and the Continuity of Rebellion: Guanajuato and Michoacán, 1813-1820",
en Hispaníc American Historícal Reuiew, vol. 62, 1982, pp. 19-48; Timothy
E. Anna, The Fa/1 of the Royal Government in Mexico City, Lincoln, University
of Nebraska Press, 1978, pp. 151-158.
7. TePaske, "Financia] disintegration", p. 12.
8. Brian R. Harnnctt, Reuolucíón y contrarreuolución en México y el Perú (líberalí&amp;mo, realeza, y separatismo 1800-1824), México, Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 87-88.
9. /bid., pp. 93-94.

�218

Siglo XIX

10. Anna, Fall of Royal Government, pp. 155-158.
11. TePaske, "Financia) disintegration", p. 15.
12. Ladd, Nobility, pp. 148-153. Para un interesante punto de vista acerca del problema de la fuga de capitales, véase a Romeo Flores Caballero, Counterrevolution. The Role of the Spaniards in the lndependence of Mexico, I 804-1838, trad.
de Jaime E. Rodríguez O., Lincoln, University of Nebraska Press, 1974, P- 72.
13. TePaske, "Financia! disintegration", p. 9.
14. Rafael Pérez Maldonado, Memoria que el Ministro de Hacienda present~ al soberano Congreso sobre el estado del erario, México, 1822, p. 9; Memorw de Hacienda 1870, PP- 67-68.
15. Pérez Maldonado Memoria de Hacienda 1822, pp. 9, J9;Manucl Dublán Y José
María Lozano Legislación mexicana o colección completa de las disposiciones
legislativas es/edidas desde la independencia de la República, México, Imprenta
del Comercio, 1876-1912, vol. 1, p. 590.
16. Dublán y Lozano, legislación mexicana, vol. 1, pp. 552-553.
17. William Spence Robertson, lturbide of Mexico, New York, Greenwood Press
Publishers, 1968, pp. 152-153.
18. Pérez Maldonado, Memoria de Hacienda 1822, pp. 10, 21; Dublán Y Lozano,
Legislación mexicana, vol. 1, pp. 594-596; Robertson, lturbide, p. 153.
19. Pérez Maldonado,Memoria de Hacienda 1822, pp. 15-17, 21.
20. Colección de órdenes y decretos de la soberana junta provisional gubernativa Y
soberanos congresos generales de la nación mexicana, vol. 2, México, 1839, pp.
13, 17, 34.
21. /bid., pp. 7, 49, 52-53, 56-57, 72-73; Dublán y Lozano, legislación mexicana,
vol. l,pp. 617-619.
22. Lorenzo Zavala, Ensayo histórico de las revoluciones de México, vol. 1, México
1918, p. 126, citado en Robertson, lturbide, p. 203.
23. Timothy Anna, "The independence of Mexico and Latin America", en ~slie
Bethell (ed.), The Cambridge History of Latin America, vol. 3, Cambndge,
Cambridge University Press, 1985, p. 87.
24. Joel Poinsett, Notes on Mexico, Filadelfia, 1824, p. 68, en Robcrtson, lturbide,
p.192.

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

219

(1823-1946), México, El Colegio de México, 1968, p. 15.

27. A~tonio de Medina, Memoria de Hacienda, México, 1822; Iturbide Papers, Biblioteca del Congreso, Washington, D. C., microfilm, rollo 9, pp. 1-2. La autora
desea agradecer la ayuda de Wanda Turnley, Colección Latinoamericana Benson
University of Texas, Austin, para armonizar el manuscrito de este reporte co;
la versión impresa.
28. /bid., pp. 2, 3, 7. Según Medina, costaron aproximadamente 35 000 pesos al
mes.
29. Medina, "!1;moria de Hacienda 1822. Aunque su cuidadoso análisis palidece en
comparac1on con el de Manuel Payno y Bustamante en 1844, era muy superior
a la clásica discusión del sistema tributario colonial que Matías Romero tomara
de Fonseca y Urrutia para utilizarlo en su Memoria de Hacienda 1870.
30. Medina,Memoria de Hacienda 1822, pp. 2-7.
31. Timothy Anna, "The Rule of Agustín de Itrubide: A Reappraisal", ]ourna/ of
Latín American Studies, vol. 17, p. 100; Jaime E. Rodríguez, The Emergence of
Spanish America, Berkeley, University of California Press, 1975, pp. 60-64.
32. Colección de decretos, vol. 2, pp. 87-88.
33. Anna, "lturbide", pp. 100-101.
34. /bid.
35. "Presupuesto por el año de 1823", Antonio de Medina, México, 21 de diciembre
de 1822, INAH, T-3, 35, Colección Antigua. Decreto del Emperador y de la
]unta Nacional Instituyente, el 21 de diciembre de 1822. Se dispuso que los comerciantes aceptaran hasta un tercio del pago de sus mercancías en el nuevo papel moneda. La autora desea agradecer al profesor Timothy Anna (Universidad
de Manitoba) por proporcionarle información sobre esta cita.
36. Robertson,Jturbide, pp. 221-225.
37. "Quejas del pueblo control el papel moneda", México, 1823, Colección Hernández Y Dávalos, Colección Latinoamericana Benson citado en Anna, "Iturbide", p. 99. Por ejemplo, en los primeros tres meses de 1823, el gobierno recaudó 49 303 pesos, 49 143 pesos, y 43 259 pesos, respectivamente. Véase la Gaceta imperial de México, 9 de enero de 1823, p. 16; 8 de febrero de 1823, p.
70; 6 de marzo de 1823, p. 120; Gaceta de México, 10 de abril de 1823, p. 182.
38. Anna, "lturbide'', pp. 96-99.
39. Memoria de Hacienda 1870, pp. 97-98, 100-103.

25 _ Gaceta imperial de México, cuadro opuesto, emisiones del I de abril, 5 de junio
y 1 de julio de 1822.
26. Lorenzo Zavala Umbral de la independencia, México, Empresas Editoriales,
1949, p. 196, ~itado en Jan Bazant, Historia de la deuda exterior de México

40. Memoria de Hacienda 1832, pp. 10, 1 J, y estado general;Memoria de Hacienda
1833, cuadros 12 y 13.
41. Memoria de Hacienda 1838, p. 15;Memoria de Hacienda 1840, p. 21; Memoria
de Hacienda 1841, p. 20, segunda parte, 1841, p. 19; Memoria de Hacienda
1844, p. 5.

�220

B. Tenenbaum: Finanzas y poder en México

Siglo XIX

42. Memoria de Hacienda 1870, pp. 152-154, 162-163.
43. Memoria de Hacienda 1838, p. 75; Memoria de Hacienda 1840, p. 21 ;Memoria
de Hacienda 1841, p. 20, segunda parte, 1841, p. 19; Memoria de Hacienda
1844, p. 5.
44. Memoria de Hacienda 1836/37, pp. 73-74; Memoria de Hacienda 1839, p. 10;
Memoria de Hacienda 1840, p. I0;Memoria de Hacienda 1841, p. 19.
45. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, vol. 3, pp. 512-533; Memoria de Hacienda 1840, p. 22;Memoria de Hacienda 1841, p. 19.

46. Memoria de Hacienda 1840, p. 20.
47. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 3, pp. 673-674; t. 4, pp. 11-12.
48. /bid., t. 4, pp. 11-12.
49. Memoria de Hacienda 1845, p. 5
50. Guillermo Prieto, Indicaciones sobre el origen, vicisitudes, y estado que guardan
actualmente las rentas generales de la federación mexicana, México, Cumplido,
1850, p. l6;Memoria de Hacienda 1870, pp. 245-246.
51. Memoria de Hacienda 1870, pp. 255-256.
52. Hubert Howe Bancroft, History of Mexico, vol. 5, San Francisco, A. L. Bancroft
and Company, 1885, pp. 239, 246, n. 58; Jan Bazant, Alienation of Church
Wealth in Mexico. Social and Economic Aspects of the Liberal Revolution
1856-1875, trad. de Michael Costaloe, Cambridge, Cambridge University Press,
1971, pp. 25, 27-28.
53. Véasi;, por ejemplo, el manifiesto Conservador en los cinco volúmenes de Lucas
Alamán, Hiswria de Méjico.
54. Memoria de Hacienda 1870, pp. 118-119; Memoria de Hacienda 1835, pp.
55-61; Memoria de Hacienda 1837, pp. 33-34; Memoria de Hacienda 1839, pp.
73-75; Memoria de Hacienda 1840, segunda parte, pp. 5-7,Memoria de Hacienda 1840, pp. 3-7; Memoria de Hacienda 1841, pp. 19-21; Memoria de Hacienda
1845, p.5.
55. Memoria de Hacienda 1841, p. 14.
56. Dublán y Lozano, Legislación mexicana, t. 5, pp. 175-177. José Fernando Ramírez afmna que los impuestos fueron revocados debido a sobornos pagados al
ministro de Hacienda Antonio Haro y Tamariz. Véase a José Femando Ramírez,
México during the War with the United States, ed. Walter V. Scholes y trad. de
Elliott B. Scherr, Columbia, Missouri, University of Missouri Press, 1950, p. 90.
57. Bazant, Church Wealth, p. 29; Jan Bazant, Antonio Haro y Tamariz y sus aventuras políticas l 8ll-1869, México, El Colegio de México, 1985, pp. 48-50.
Para la explicación que da Bazant sobre la renuncia de Haro, véanse las pp. 5051.

221

58. Véa~ Mic~ael Cos!eloe, '_'The_ Mexican Church and the Rebellion of the Polkos"
en H';'pamc Amencan Historical Review, vol. 46 1966 pp 170-178 T b"' '
Ramuez Mé · d · w
•
• ·
. am 1en,
.
,
xico uring ar, pp. 104-107. Ramírez sostiene que el Vicario
Capitular Juan Manuel Irisarri financió la revuelta y que a los rebeldes les sobraron 9 3 000 pesos después de los gastos. Culpa a la Iglesia por la pérdida de Ve
r~~ruz (p. ~ 13_) Y afmna que hubo un notable descenso en el respeto a la reli:
g¡on tras el mc1dente (p. 114)
59. Documentos relativos a la reunión en esta capital de los gobernadores de los estados convocados para pr~veer a las exigencias del erario federal, México, J.M.
L3!a, 1851. _Para un estudio completo acerca del intento del gobierno por institu~ ~uevos unpuestos, véase Bárbara A. Tenenbaum, México en la época de los
agzotutas 1821-1857, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, capítulo 4.
60. Ant?nio Haro _Y Tamariz, Informe presentado al presidente por el Ministro de
H,acienda, México, 1853, pp. 23-25.
61. /bid., pp. 9-14.
62. Memoria de Hacienda 1870, p. 412.
63. ~anuel_ Olasagarre (ed.), Cuenta de la percepción, distribución e inversión de los
diez_ millones de pesos que produjo el tratado de la Mesilla celebrado por el
gobiern? _supremo de la república con el de los Estados Unidos de América el
13 de diciembre de 1853, México, 1855.
'
64. Guillermo _P~ieto, Circular del ministro de hacienda a los gobernadores de los
estados, Mex1co, 1855, pp. 8-15.
65. "Pr~yecto de préstamo", Fondo Bustarnante 50, núm. 54, Archivos del Museo
Nacional de Antropología, México. lldefonso López, "Préstamo patriótico",
15 de octubre de 1855, Fondo Bustamante 50, núm. 25, Archivos del Museo
Nacional de Antropología, México.
66. M~m?r_ia de Hacienda 1855-1866, pp. 43-53. El gobierno ganó algún dinero al
pnnc1p10 con la vent~ de un poco de tabaco y cuantos artículos poseía por
813 238 pesos._Deb?r~ recordarse,q~e el entonces ministro de Hacienda, Manuel
Payno, era amigo intuno del mas importante prestamista, Manuel Escandón.

�Crisis Fiscal y Reforma Hacendaria en el
siglo XIX Mexicano
Javier Pérez Siller*

La cuestión más difícil que se puede presentar a los hombres de
estado en México, y cuya solución ha ofrecido siempre muchas y
muy graves dificultades es la de nivelar los ingresos con los egresos del erario público. Esta cuestión ha ocasionado la caída de
varias administraciones, y no podría considerarse que la Nación
disfrute de una manera estable y sólida, los beneficios de la paz
y la seguridad mientras no se le dé una solución conveniente y satisfactoria.
Matías Romero

PRESENTACIOt\t
El artículo sostiene la tesis siguiente: que la reforma hacendaría realizada
durante el periodo 1867 a 1892, es un elemento decisivo para comprender
la conformación del mercado interno y la consolidación del Estado Nacional en México.
Desde la Independencia, los gobiernos vivieron en una continua crisis fiscal que les impidió tener estabilidad. A partir de 1867, con la restauración de la República, se inició un proceso de reformas radicales a la
hacienda pública para solucionar dicha crisis. Se tomaron entonces medidas para fomentar la producción de excedentes económicos y para establecer los instrumentos fiscales de captación de recursos.
Las distintas crisis económicas que conoció el último tercio del siglo
X1X aceleraron este proceso: con la de 1890-92, la reforma alcanzó sus
objetivos.

*Facultad de Ciencias Políticas, Universidad Nacional Autónoma de México. Este
Uabajo fue originalmente presentado en el " Il Encuentro Nacional de Historiadores Mexicanos de la ADHILAC", Puebla, abril de 1983. Aquí sólo se agregan algunas
cifras para tomar más compren51ble las tendencias que describe.

�J. Pérez Siller: Cri8u fiscal y hacienda en Méxi~

224 Siglo XIX
Advertiré que el artículo es el resultado de una investigación sobre los
ingresos federales y el gasto público en México de 1867 a 1913 que vengo
realizando, y de la que hasta ahora he concluido la parte relativa a los ingresos. Este estado inacabado de la investigación quizá se revele en la argumentación que sigue. Las fuentes para la investigación de las que hablo han
sido las Memorias de Hacienda y las Cuentas del Tesoro Federal del periodo, así como libros y documentos de la época.1
Así pues, el tema que trataré es el de la reforma hacendaria del siglo
XIX. Para ello veré primero la crisis fiscal, luego las medidas que se propusieron para superarla, las que llegaron a adoptarse y sus resultados. Finalmente ofreceré algunas consideraciones para la reflexión.

I.

CRISIS DE LA HACIENDA PUBLICA

Durante el periodo de 1821 a 1867, aunada a la constante inestabilidad
económica, política y social, los gobiernos que se sucedieron experimentaron una permanente crisis fiscal. Este fenómeno provocó el derrumbe de
varias administraciones, pues sin ingresos suficientes para cubrir su gastos,
los gobiernos no podían enfrentar las sublevaciones opositoras. ¿En qué
consistía la crisis fiscal'? y ¿cuáles fueron sus elementos?.
A grandes rasgos la crisis se reflejaba en una continua situación deficitaria que impedía a los gobiernos solventar sus gastos y los obligaba a
buscar recursos vía créditos o la ampliación de impuestos.
Algunos de los elementos de esta crisis fueron: el caos del sistema
hacendario, la baja de los ingresos, los altos gastos y los ruinosos compromisos del crédito.
El sistema hacendario de ese periodo, 1821-1867, seguía siendo el mismo que el que había funcionado durante la Colonia después de las Reformas Borbónicas; lo nuevo estaba en que, debido a las necesidades de los
gobiernos en turno, se le habían agregado, de manera anárquica, una serie
de disposiciones impositivas y organizativas que ahondaban más la crisis;
se había provocado un caos en la aplicación y recaudación de los gravámenes y no existía un control sobre los gastos. Los ingresos recaudados generalmente no llegaban al Gobierno Federal, sino que eran utilizados por
las autoridades o los jefes militares locales.
Por otra parte, a pesar de que se creaban y abolían impuestos, los ingresos federales recaudados durante este periodo se redujeron casi a la
mitad de lo obtenido por la Real Hacienda durante los últimos años del

225

Virreinato.2
CUADRO 1

COMPARACION DE INGRESOS EFECTIVOS 1792-1867
(miles de pesos)
años

monto

1792
1802
1812 a 1816
1821 a 1866

19 522
20 200
11 726
472 344

promedio anual

19 522
20 200
2 345
10 268

FUENTE: para 1972 y 1802, Humboldt A., Ensayo pol{tico sobre el reino
de la Nueva España, México, 1978, pág. 540; para 1812-16, Macedo P.,
la evolución mercantil; comunicaciones y obras públicas; la hacienda pú.
blica; 3 monograf{as, México, 1905, pág. 369; para 182 Hi 7, Memoria de
Hacienda, 1870, págs. 834-835.

Por otra parte, la estructura de los ingresos tenía el inconveniente de
que cuatro de los impuestos aportaban más del 80°/o del total de ingresos,
y uno solo, el impuesto a las importaciones, concentraba más del 60º/o.3
Lo reducido de los ingresos y la excesiva concentración de ellos en los
product9s de los impuestos a la importación hacía muy vulnerable al erario. Una guerra que bloqueara el comercio exterior, la toma de una aduana
o una sublevación bastaba para que el Gobierno no contara con más de la
mitad de sus ingresos.4
Por el lado de los egresos, la inestabilidad política, los constantes levantamientos y las luchas contra las invasiones extranjeras hicieron que los
gastos destinados a gobernación y a guerra ocuparan el primer renglón del
presupuesto. A lo largo del periodo ambos rubros representaron en promedio el 77°/o del totaJ.5
Además, el caos administrativo hacía más costosa la recaudación de
los impuestos. Según Matías Romero, de 1825 a 1867 el costo de la recaudación fue en promedio de 16°/o del producto de lo recaudado.6 De
esta manera, el costo del control interior del país y de su defensa, unido a
los gastos de recaudación rebasaban el 89°/o del total. Con un 11°/o del
presupuesto los gobiernos quedaban incapaces de realizar cualquier polí-

�226 Siglo XlX

J. Pérez Siller: Crisis fi1cal y hacienda en México

CUADR02

RECAUDACION PROMEDIO DE LOS PRINCIPALES IMPUESTOS
1822-1867

Impuestos
Producto de aduanas ( 1)
Alcabalas en el D. F. (2)
Contingente (3)
Papel sellado (4)
Total de ingresos efectivos (5)

Producto Medio
(Miles de pesos)

º/o del total
efectivo

6 399
1 027
863

62.3
10.0
8.4
1.4
100.0

148

10 268

FUENTE: Memoria..., 1870, págs. 835-846.
l.

2.
3.

4.
5.

Incluye los impuestos a la importación y exportación, así como los
servicios aduanales. Es un promedio de 44 años.
Término medio de 18 años y medio, 1825-26 a 1836-37, 1841 a 1844,
1848-49, 1853 y 1856.
Corresponde por término medio a 15 años y medio de Contingente,
1825 a 1835-36, y de 1848 a 1851-52.
Corresponde por término medio a los 26 primeros años de papel
sellado, 1825 a 1845 y de 1848 a 1856.
Corresponde por término medio a los ingresos habidos de 1822 a
1867.

CUADR03

DISTRIBUCION PORCENTUAL DE GASTOS FEDERALES
POR RAMOS
1821-1867

Guerra
70°/o

SHyCP

Deuda
10°/o

Gobernación

Total
99°/o

FUENTE: M. Romero, Memoria de Hacienda . .. 1870, y G. F. Aguilar,
los presupuestos mexicanos desde los tiempos de la colonia . ..
Los porcentajes son un promedio anual demasiado relativo.

227

tica. en materia económica. Peor aún, el 10% de los ingresos estuvo
destinado al pago de las deudas. Esto condujo a una constante situación deficitaria que puso en quiebra permanente a la hacienda pública y
con ello a los gobiernos en turno, pues, sin ingresos suficientes, éstos se
volvían inestables. AJ respecto Pablo Macedo comentaba lo siguiente:
el señor ingeniero Don Francisco Bulnes ha condensado la ley
que rigió la relación entre nuestro deficiente y nuestras revoluciones, le.y que puede expresarse así; "mientras el deficiente no
llegaba al 25 por 100 de los egresos, aunque surgiera una revolución, la dominaba siempre el gobierno establecido, si el deficiente excedía del 25 por 100, la revolución triunfaba y el nuevo gobierno venía a desempeñar una función liquidadora de los
compromisos de su antecesor, pasándolo al capítulo de la deuda
pública".7
Una de las formas de aminorar la bancarrota fue la venta de los bienes de
la Nación y los préstamos de los particulares; pero en lugar de resolver la
situación, ambas medidas la prolongaron: la venta de bienes, además de esporádica y limitada, se realizó a bajos precios en la mayoría de los casos a
crédito.
Los préstamos, por su parte, metían a la hacienda en un "círculo vicioso". AJ otorgar crédito al Gobierno, los prestamistas imponían tan altos
intereses que no podían ser pagados, a la vez que exigían la hipoteca o el
arrendamiento de las principales fuentes de ingresos, con lo cual se reducían las recaudaciones y se obligaba al erario a recurrir nuevamente al
crédito.
La crisis fiscal, y con ello la inestabilidad de las administraciones fue
objeto de múltiples críticas de distintos sectores de la población.8 La
opinión mayoritaria era realizar una reforma a la hacienda pública que produjera un aumento de los ingresos y así superar el deficiente.
Se había tocado el meollo del problema: necesidad de mayores re.cursos para sostener al gobierno. Sin embargo, la forma de obtener esos recursos no estaba resuelta. Los conservadores proponían el proteccionismo
y el fortalecimiento de la industria nacional, mientras que los liberales se
inclinaban por el lihre cambio, la reducción de la deuda y la enajenación de
los bienes eclesiásticos. Si bien ambas propuestas se encaminaban a obtener
mayores recursos para el erario, ninguna de las dos fue totalmente viable.
Pues lo que se debatía en el fondo de esta lucha por imponer una política para aumentar los ingresos era el tipo de Estado que se quería crear
y, como éste dependía de la reestructuración de las fuerzas sociales, que

�228 Siglo XIX

aún estaban en proceso, esto no podía llevarse a cabo. Aún no se daban
las condiciones para imponer un Lipo de Estado.
En 1867, con el triunfo de la República sobre el Segundo Imperio, se
marcó un momento definitivo en el proceso de consolidación del Estado
Nacional y, con ello, se pusieron las bases para que el nuevo grupo en el
poder impulsara un nuevo tipo de Estado. En estas circunstancias, la reforma hacendaría no sólo se presentó como algo viable, sino necesaria para
el sostenimiento del Estado y de su consolidación política.
Sin embargo, la reforma debía de elaborarse y ajustarse a las grandes
tendencias de la sociedad y a las posibilidades del nuevo grupo en el poder,
así como debía enfrentar los obstáculos que se le presentaran. Por ello, la
reforma hacendaría no pudo darse de golpe, en una acción que diera respuesta definitiva a las necesidades para superar la crisis hacendaria, sino
mediante transformaciones paulatinas que se realizaron a lo largo del periodo. Cada una ofreció soluciones parciales al problema y venció la resistencia opositora; pero entre todas esas medidas existió una coherencia
para superar el caos financiero. Aquí es donde se ubica la continuidad de
la política seguida por los gobiernos que se sucedieron de 1867 a 1910.
¿En qué consistió esa reforma hacendaría?; ¿cuáles fueron los planteamientos y las medidas que se impusieron?; ¿qué resultados tuvo?

II. PLANTEAMIENTOS DE LA REFORMA HACENDARIA
Fue hasta después de 1867 cuando las iniciativas encaminadas a modificar la crisis hacendaría se concretaron y dieron origen a la revolución de
las instituciones estatales. Esa revolución fue uno de los pilares que fortaleció al Estado recién consolidado y ~eguró su permanencia.

J. Pérez Siller: Cri3is fecal y hacienda en México

229

crediticios que el gobierno manejaba en esos años.
Para incrementar esos recursos se propusieron tres vías, cuya orientación estuvo dirigida a impulsar las actividades productivas y el intercambio mercantil del país. Estas fueron: la administrativa, la del crédito
y la moneda, y la fiscal.
La vía administrativa estuvo encaminada a modernizar el aparato de
recaud;ción y distribución de ingresos y a reducir el gasto público. Se
pretendió reformular el papel de la Secretaría de Hacienda, el de la Tesorería de la Federación y el de las oficinas recaudadoras en el interior
de la República, con el objetivo de centralizar la toma de decisiones por
el Ejecutivo.
La centralización de las decisiones era de vital importancia, pues durante los 45 años de vida independiente se habían arraigado prácticas en
el manejo de los recursos y la toma de decisiones en materia hacendaría
que ya no dependían de la Secretaría, sino de las urgencias monetarias de
las autoridades o los jefes militares locales.
De aquí que la reorganización se enfocara a centralizar las decisiones sobre la aplicación de las leyes y la distribución de ingresos a partir de
un plan fiscal general que controlara el propio Secretario de Hacienda.
Con relación a la reducción del gasto, se pretendió modernizar los
aparatos administrativos y recaudatorios, y reducir el gasto de guerra. Para
administrar los recursos se propuso organizar los presupuestos y las Cuentas del Tesoro mediante la creación de un sistema de estadística fiscal que
funcionara en todas las dependencias y principalmente en la Tesorería.
Con ello se esperaba reducir los costos de la recaudación y mejorar la administración de los recursos.

Estos cambios institucionales tuvieron dos momentos: el primero
comprende la elaboración jurídica de las reformas y el segundo las medidas adoptadas para llevarlas a cabo. Es a este proceso que denomino
reforma hacendaría.

Gran parte de los deficientes presupuestales te~ía su ori~_en_ en los altos gastos de la Secretaría de Guerra, la que sostenia a un e1erc1to de entre 70 a 80 mil hombres. La reforma se proponía reducirlo de 16 a 18
mil soldados. 10

Los planteamientos de la reforma hacendaría comenzaron a ser elaborados por el grupo en el poder durante los primeros años del periodo. De
1867 a 1875 se produjeron una gran cantidad de informes, proyectos, iniciativas de ley y Memorias,9 documentos donde se exponen los principales
planteamientos que durante todo el periodo de 1867 a 1910 sirvieron de
hilo conductor para la reforma hacendaría. Su objetivo central fue superar el continuo deficiente mediante el aumento de Los recursos fiscales y

La vía del crédito y la moneda buscaban allegar recursos al erario
para aliviar el deficiente y fomentar la circulación de mer?~cías. Las m~didas propuestas fueron: el arreglo de la deuda y la em1s10n de 18 oullones de pesos en billetes del Tesoro.
Ya en 1867 se tenía una visión general sobre el estado de la deuda
externa y cierto conocimiento sobre la intema.11 Sólo faltaba tomar

�230 Siglo XIX
medidas. Fue entonces que el Gobierno propuso una iniciativa para que
todos los tipos de deuda pública se redujeran a una sola clase de títulos,
causantes del mismo interés y pagaderos de la misma forma. 12 .

A pesar de que se sah ía que esta iniciativa para arreglar la deuda era
una respuesta provisional -pues en tanto el erario no registrara excedentes
era imposible atender los pagos de la deuda- se pretendía obtener con
ello la confianza de los prestamistas.
No obstante, mientras no se obtuvieran excedentes o se lograran nuevos préstamos, se propuso emitir 18 millones de pesos en billetes del Tesoro con el fin de cubrir el faltante del dinero que resultaba del desfase
entre la lenta recaudación y los apremios de los gastos. La curiosa propuesta -que tendía a la creación de un banco de emisión ligado al Estado- consistía en emitir billetes equivalentes al presupuesto de ingresos,
darles curso forzoso entre los acreedores del Gobierno, erogar cada mes
sólo la duodécima parte del monto total y recibirlos en todas las oficinas
federales para el pago de impuestos o para su reconversión en dinero metálico. 13
La tercera vía: la fiscal, fue el punto central a partir del cual se puso
en práctica la reforma hacendaria. El planteamiento más acabado sobre
la vía fiscal se encuentra en la célebre Memoria de Hacienda de 1870,
donde Matías Romero, después de hacer un balance histórico de la hacienda mexicana, propone los cambios radicales para la reforma~
Los cambios propuestos por Romero enfocan tres rubros: f omeny superar la dependencia del
erario con relación a los impuestos a la importación. Para fomentar la
minería se proponía desde la reducción de los múltiples impuestos a uno
solo, que pesara sobre las ganancias de los mineros, hasta la recuperación
de las casas de moneda por el Gobierno.
to., la minería, estimular el intercambio

Con relación al intercambio se propusieron varias medidas: para el comercio interno, la política estatal se centró en la abolición de alcabalas y
el impulso a la construcción de medios de comunicación que comunicaran
a toda la República. Para el comercio exterior se propuso rebajar los impuestos a las importac_iones, abolir los derechos de exportación, fomentar
las líneas de vapores y prohibir a los estados gravar las importaciones y las
exportaciones.
Finalmente, para suprimir la dependencia con relación a los impuestos a la importación, la vía fiscal propuso la creación de un gravamen a la
riqueza interna y al consumo denominado Renta del Timbre.

J. Pérez Sil~r: Crisis fucal y hacienda en México

231

La hase de todas estas medidas se encontraba en el fomento a la producción para la exportación, especialmente a los metales preciosos. Se
pensaba que el desarrollo de la minería traería como consecuencia el florecimiento de la agricultura y de la industria y, con ello, el de los intercambios. De esta manera aumentarían los ingresos internos y podría superarse Ia crisis fiscal.
Estos objetivos -fomentar la minería, estimular el intercambio y superar la dependencia- apuntaban hacia las grandes tendencias que marcaron la historia de México en el siglo XIX: la conformación del mercado intemo y la consolidación del Estado Nacional.

III. MEDIDAS ADOPTADAS Y RESULTADOS DE LA REFORMA
HACENDARIA
¿Se realizó este plan de verdadera regeneración económica y fiscal?, fue
la pregunta que se hizo Pablo Macedo en 1904.15 A ella responderé con la
descripción de las medidas adoptadas por el Gobierno a partir de los objetivos que se iban logrando en cada una de las vías de la reforma hacendaria.
Primero describiré cómo se superaron las dificultades para que se llevara a
cabo la reforma y el modo en que se establecieron sus bases, proceso que
se apoyó en la respuesta estatal a la crisis de 1873-76. Luego veré cómo la
crisis de 1884-86 puso los cimientos para consolidar la reforma, y finalmente describiré los resultados obtenidos por la reforma después de la
crisis de 1890-92.
1) Condiciones y bases para la reforma: 1867 a 1882

La experiencia hacendaría de la primera mitad del siglo XIX demostró que
no podía existir un erario estable sin obtener la paz social. También enseñó que el establecimiento y la recaudación de los impuestos era un punto de conflicto con las autoridades regionales. No se podía llevar a cabo
ninguna reforma radical a la hacienda hasta que se consolidara la paz y
los gobiernos locales aceptaran un estado de derecho federal. 16
En 1867, el triunfo sobre el imperio permitió al nuevo Gobierno establecer la paz en todo el territorio y legitimarse ante la nación. Sin embargo, hasta después del triunfo del Plan de Tuxtepec se logró enteramente la
paz social. Mientras tanto, el establecimiento del sistema de derecho federal para los ciudadanos y las autoridades de los estados se fue afianzando
en el Congreso de la Unión.
Se puede afirmar que la primera prueba de ambas condiciones -paz

�232 Siglo XIX
social y sistema legal federal- fue el cambio de poderes de 1880, cuando
Manuel González asumió la presidencia de la República de forma constitucional. Paralelamente a la superación de esas dificultades, se empezaron
a erigir las bases de la reforma hacendaría para cada una de) las vías establecidas.
En relación a la vía administrativa, de 1867 a 1882 se llevó a cabo la
reorganización de la Secretaría de Hacienda y se redujo el gasto público.
En ese tiempo, el Gobierno estableció mediante diversas iniciativas que se
sintetizaban en las Memorias de Hacienda una política fiscal general
aprobada en el Congreso, a la cual se subordinaron todas las dependencias, las autoridades y los gobiernos regionales; además, se modernizó desde 1867 el aparato hacendario y en 1882, con la creación de la Dirección
General de Estadística se formalizó el sistema de estadística nacional para
controlar y administrar los recursos! 7
Con estas medidas la Secretaría de Hacienda se convirtió en un potente aparato que centralizó la autoridad fiscal del país y estableció los mecanismos administrativos adecuados para recaudar los ingresos en toda la
República. Con el establecimiento del plan fiscal se pudieron reducir los
gastos, vía economías, en la administración y la reducción del presupuesto de la Secretaría de Guerra. En 1881, el gasto de guerra se redujo del
50°/o del total de egresos que había mantenido desde 1867, a sólo el
30°/o. A partir de 1882, el gasto militar permaneció por debajo del
25°/o.18 Con estos ahorros se aminoró el déficit del erario.
En relación a la vía del crédito y la moneda, en esta primera etapa,
1867-1882, el Gobierno reconoció parte de la deuda externa y llevó a cabo
almonedas para el reconocimiento de la deuda interior, operaciones que
concluyeron en 1871. Además en 1873, se reconocieron las deudas con
Estados Unidos. Todo ello dio como resultado el restablecimiento del
crédito interno, y en consecuencia la obtención de préstamos para cubrir los deficientes del gasto público y para fomentar los medios de comunicación.
Señalamos antes que la vía fiscál estaba orientada a tres objetivos:
fomentar la minería, estimular el intercambio y superar la dependencia
del erario de los impuestos a la importación. En esta primera etapa de la
reforma, 1867-82, las medidas tomadas para lograr estos objetivos fueron:
para la minería, a principios de 1868 el Gobierno nombró una comisión
encargada de examinar los impuestos que pesaban sobre este rubro y proponer las modificaciones en la legislación. 19 La comisión tomó medidas para enfrentar la crisis minera que se desató en 1872 y los problemas que trajo la baja de la planta de 1873.

l. Pérez Siller: Crüü Fiscal y hacienda en México

233

CUADRO 4
DISTRIBUCION PORCENTUAL DEL GASTO FEDERAL
POR RUBROS.1868-1913
1868-1881

1882-1890

1892-1913

ºlo

ºlo

º/o

Guerra
Deuda
Comunicación
Fomento
Gobernación
Hacienda
Instrucción

47.2
6.3
8.4
1.6
8.8
14.0
2.3

25.4
35.9
11.9
1.8
6.7
11.6
1.3

20.1
33.7
12.4
1.9
9.8
10.6
4.9

Total

88.6

94.6

93.4

FUENTE: El Erario Federal en el último decenio y Memorias de Hacienda,
Cuentas del Tesoro Federal ·de los años correspondientes.
Los totales no cubren el 100°/o a causa de otros rubros no incluidos en
el cuadro.

Como resultado, en 1872 se derogó la prohibición de exportar metales
preciosos en pasta, implantada nuevamente en 1877. Al año siguiente,
1878, se declararon libres de todo derecho de im~rtación a los insumos
para beneficiar el metal y en 1882 se redujo el 50 1/o a los derechos de exportación a los metales preciosos.
Por otra parte, la crisis influyó para que en 1874 el Gobierno pudiera
recuperar, a excepción de la de México, las casas de moneda que tenía
arrendadas a los particulares desde la Independencia. Este logro fue efímero, pues en 1876 la crisis financiera del gobierno de Lerdo de Tejada
obligó a éste a arrendarlas de nuevo a cambio de algunos préstamos. Todas estas medidas fomentaron la minería, que desde 1873 veía reducir los
precios de sus principales productos.
Para estimular el intercambio se dieron varias medidas relacionadas
con el comercio exterior, el interior y las comunicaciones. En cuanto al
comercio exterior: con el objeto de frenar el contrabando, se estable-

�234 Siglo XIX
cieron de 1868 a 1871, los contraregistros en la frontera norte y, mediante los aranceles de 1872 y 1880, se redujeron los impuestos a la importación y a la exportación de metales preciosos. Para estimular el mercado
interno, en 1872 se emitió una iniciativa para la supresión de alcabalas
que no tuvo eco en el Congreso.
Por otro lado, desde 1868 el Gobierno emprendió el fomento a las
comunicaciones mediante el impulso a la reconstrucción de caminos y la
subvención a vapores que tocaran nuestros litorales. Además, dieron concesiones para la construcció~ de los ferrocarriles y en 1873 se terminó el
ferrocarril México-Veracruz. Gracias a ello estimuló de manera sustantiva
el intercambio en esa zona comercial.
Como vimos, en los planteamientos de la reforma, sobre la base del incremento del mercado interno y mediante la creación de rentas interiores,
se pretendió superar la dependencia del erario. En 1871 se creó la renta del
timbre, la innovación fiscal más importante del periodo. La renta del timbre fue el símbolo de la reforma hacendaria. Consistía en establecer un impuesto en todo el país orientado al intercambio mercantil. Aunque establecida en 1871, la renta del timbre empezó a funcionar hasta 1875, debido
a la oposición de comerciantes, mineros, industriales y gobiernos locales y
a la falta de máquinas impresoras. En 1876 se decretó una nueva ley del
timbre que no afectó a las mercancías y sólo abarcó a las estampillas comunes y a la contribución federal. Con la ley de 1880 y la de 1881 el
timbre se extendió a varias mercancías, con lo que se venció la oposición
que se Je tenía.2º Así, el Gobierno Federal estableció con el timbre un instrumento fiscal capaz de transferirle recursos de los estados y municipios y
darle a él cierta autonomía.
Con todas estas medidas, para 1882 se cubrieron los requisitos y se
erigieron las bases de la reforma hacendaria.
2) Consolidación de la reforma hacendaría: 1884 a 1892

La crisis nacional y mundial de 1884-86 puso a la hacienda pública en
quiebra; ya no podían cubrirse los deficientes con los empréstitos internos
como en los años anteriores, y las rentas afectadas por las deudas en un
90°/o habían disminuido. Mientras tanto, los gastos crecían por los compromisos del Gobierno en el fomento de los ferrocarriles, telégrafos y vapores, y las reservas del Banco Nacional de México se encontraban agotadas. De tal suerte que el erario no tenía de donde echar mano. Fue entonces cuando la dinámica de la situación aceleró las medidas de la reforma hacendaria.

J. Pérez Siller: Crisi8 fiscal y hacienda en Méxwo

235

Ante _este panorama era urgente la búsqueda de créditos externos y
el arreglo mterno de las deudas. Después de múltiples negociaciones en el
Congreso, en noviembre de 1884 el Gobierno reconoció la deuda de Londres, cuyo arreglo definitivo tuvo lugar el 23 de julio de 1886. A la par se
dio la iniciativa de junio de 1885, mediante la cual, después de cuatro
años de trabajo, el Gobierno logró convertir 1os diversos tipos de crédito
que formaban la deuda interior y exterior en una sola categoría de bonos.
Como lo refiere Pablo Macedo "esta medida fue la piedra angular del edificio de nuestro crédito público", gracias a que con ella se consiguió el tan
buscado arreglo general de las deudas y se abrió la puerta del crédito exterior.21
A la vez que se solucionaba el problema del crédito, en 1884 el gobierno alentó la fundación del Banco Nacional de México y emitió el Código de Comercio, con el que se reglamentó el funcionamiento de los
bancos. Este Código otorgó al Banco Nacional múltiples privilegios, entre
ellos el de auxiliar en la administración de los recursos del erario y del
crédito público. En suma, con el arreglo de la deuda pública y los convenios realizados con el Banco Nacional, se liberaron las rentas afectadas y se redujeron las presiones sobre los ingresos del erario. Además, el
gobierno pudo enfrentar sus gastos gracias a los empréstitos extranjeros.
Por otra parte la crisis de 1884-86 tuvo efectos en el mercado interno
y en el externo: ambos se contrajeron. Esta situación forzó al Gobierno a

tomar nuevas medidas. En relación al comercio exterior se emitieron las
Ordenanzas Aduanales de 1885, 1887 y 1891, que redujeron los impuestos y las tarifas. En cuanto al comercio interior, en 1883 se celebró una
reunión de representantes de los estados para estudiar la desaparición de
los impuestos alcabalatorios, que representaron una verdadera traba al intercambio y, que en esas circunstancias ahondaban la crisis. En esa reunión se vio que los ingresos de los estados dependían de un 30°/o a un
70°/o del cobro de las alcabalas, razón por la cual no podían suprimirse
de golpe.22 Para 1890 se realizó otra conferencia donde se establecieron
las bases para su abolición definitiva.
La crisis también afectó a la minería que vió reducir nuevamente los
precios de sus productos. Ante ello, en 1884 el Gobierno decretó el Código Minero, que redujo los diversos impuestos existentes a uno sólo, y
bajó las tarifas.23
Por el lado de las comunicaciones, el Gobierno continuó subsidiando
con los empréstitos extranjeros la construcción de medios de comunicación (Véase cuadro 4). De 1882 a 1890 aumentaron las subvenciones a los
vapores, se extendieron los telégrafos y el correo, y sobre todo, se cons-

�236 Siglo XIX

l. Pérez Siller: Crim fucal y hacienda en México

truyó la mitad de la red fer,oviaria que se tendió durante el porfiriato. Con
esta infraestructura quedó unida gran parte de las zonas productoras y comerciales del país.
Finalmente, con las leyes de 1885 , 1887 y 1892 el impuesto de la
renta del timbre se amplió a todos los productos del intercambio, y con
ello se consolidó como instrumento fiscal de captación de recursos: al
grado de que, en 1892 aportó el 24% del total de ingresos24 (Ver cuadro
5). Así, pues, la reforma hacendaría salió consolidada de la crisis de
1884-86 y vio sus frutos después de 1894.
CUADRO 5

CRECIMIENTO Y PORCENTAJE DE LA RE TA DEL TIMBRE
1867-1913

1867-1882
1884-1890
1892-1913

Monto

Cree. Prom.

(Miles p. c.)

Anual
'01o

2 572
6 749
26 718

5.7
9.0
6.6

0

/o del Tot.

de Ingresos

13.8
22.5
34.8

FUENTE: El Erario Federal en el último decenio y cuentas del Tesoro Federal de los años correspondientes.

3) Resultados de la reforma ha(;endaria: 1894 en adelante

De 1890 a 1892, la crisis internacional por la que atravesó el mundo tam·
bién afectó al país. En estos años se desplomó el precio mundial de la plata
y se perdieron gran parte de las cosechas nacionales, lo que influyó fuerte•
mente en la economía.
La caída de los precios de la plata afectó a la minería, que se vió
obligada a fortalecer sus técnicas para compensar con productividad la pérdida en los precios, a la vez que obligó a los capitales con poca productividad a concentrarse en los más fuertes o a abandonar esa rama productiva.
Por otra parte, la baja de la plata provocó una devaluación de hecho
que redujo la capacidad de importación, amplió las perspectivas para la
exportación y ofreció muchas ventajas a los inversionistas extranjeros. Es-

237

ta s!tuación atr~jo a lo~ capi!3les nacionales retirados de la minería y a los
capitales extran1eros a invertir en la agricultura de export .,
1 ·
d
· L
·
.
ac10n y en a m~tna. a primera, favo~ec1da por los precios competitivos a nivel mund,aldy, 1la ~gunda, _protegida por los aranceles e indirectamente por locostos e as unportac1ones.
Con estos cambios, y las medidas que la reforma hacendaría había impuesto en los ª~?s anteriores, el país salió de la crisis con una economía
fuerte,· 'que erecto
de forma acelerada hasta 1907-08· El crec1m1ento
· ·
1
repercut10 en e merca~o interno y con ello en los productos de los ingreso1s ffederales. De aq~1 que desde 1894 se empezaron a ver los resultados de
a re o~a hacendana.
.
En primer _lugar, la renta del timbre aumentó considerablemente sus
mgreso~ ~n el mcremento del mercado interno, de tal suerte que en 189394 llego a igualar a los productos de los impuestos a la importación y pudo
superarse la depende~cia del erario con relación a esos impuestos. Con
ello, el E_stado :iseguro una fuente de ingresos propia que incrementó su
autonom1a relativa.
CUADRO 6

ESTRUCTURA PORCENTUAL DE LOS INGRESOS FEDERALES
1867 -1913
Ramos e Impuestos

Importación
Timbre
Contribuciones
Correos
Telégrafos
Exportaciones
Casas de Moneda
Otros
Total

1867-1882

1884-1890

ºlo

ºlo

0

53.7
13.8
10.4
2.6
0.5
5.7
2.3
11.0

53.2
22.5
8.3
2.3
0.7
0.7
0.3
12.0

42.4
34.8
8.2
4.9
1.7
1.3
1.2
5.5

100.0

100.0

100.0

1892-1913

/o

FUENTE: EI_Erario Federal_ en el último decenio y cuentas deJ Tesoro Federal de los anos correspondientes.

�238

Siglo XIX

J. Pérez Silkr: Crim fecal Y hacienda en México

En segundo lugar, la propia expansión del mercado interno no pudo
tolerar las alcabalas; éstas mantenían los privilegios de circuitos comerciales regionales, razón por la cual se les derogó en 1896. Este hecho eliminó la última traba que tenía el mercado interno, y demostró la fuerza
del Estado Nacional frente a los grupos regionaJes.25
Finalmenle, el crecimiento económico incrementó los produclos de
los impuestos federales al grado de que
por primera vez en nuestra historia como pueblo independiente, o
más bien desde que estalló la guerra de Independencia de 181 O, el
año fiscal de 1894-95 presentó un superávit en nuestras rentas públicas y la nación aplaudió con alborozo hecho tan importante e
insólito.26
De esta manera, el proceso de reforma hacendaria logró sus objetivos y sentó la base material sobre la que el Estado se mantuvo hasta 1910. Sin embargo, aunque la estructura del Estado permaneció inmutable, esa base
material fue socavada por los movimientos sociales y económicos que se
dieron entre 1892 y 1907. La crisis que se inició en este último año obligaría al Estado a adecuarse a las nuevas condiciones, como se haría evidente
con la Revolución de 1910.

CONSIDERACIONES FINALES
A lo largo del artículo hemos visto cómo el Estado superó por medio de la
reforma hacendaria la crisis fiscal que lo ahogaba. La reforma hacendaria
fue decisiva para la constitución del aparato estatal ya que sin una base
económica firme el Estado no habría podido intervenir en la constitución
del mercado interno y en todo lo que esto implica para el desarrollo del
capitalismo en México. Para concluir este trabajo, qoiero compartir algunas de las ideas que surgen a partir de esta afirmación.

1.- La reforma hacendaria ofrece elementos indispensables para entender
los cambios que experimentó el Estado durante las crisis del último tercio del siglo XIX. En otros términos, el estudio de la reforma hacendaria
es un puente para integrar de manera más orgánica las modificaciones del
aparato estatal con las crisis económicas.
2.- La reforma hacendaria ofrece también los elementos para entender la
reestructuración de las fuerzas sociales: los grupos regionales, la burguesía con proyección nacional y el propio Estado en tanto fuerza política.

239

3.- .El ~~tudio de la reforma hacendaría ofrece una vía alte
.
explicac,on muchas veces politicista de la dictadura
. . mabva a la
~ite c_omrend; la _eficiencia de una estructura econ!:~;::t:~::~::
a ecuo a as ten enc,as de la acumulación de ese periodo.

4.- En suma, el estudio de la reforma hacendaría -dicho e t, .
;~es, de la_ constitución del aparato económico del Esta~oe:1:i°;i;i:
- ~~ un mstru~en_to de análisis más fino para entretejer los elementos poi tltcos y econom,cos de la historia del siglo XIX
d .
estos hilo 1
· ·, d
, es ec1r, para atar
inte
atahcolns~t~cion e la clase capitalista, la creación del mercado
mo, e es
ec1m1ento del estado nacional y lru, fo
1• .
que se tradujo.
rmas po 1t1cas en

r

~OTAS
1 P,
Sill
·
.- ere~
er, Jay¡er., Los ingr~sos federa/e, en México: 1867-1913, Tesis de licenCJatura, FCPyS. UNAM' Mex1co, 1982, 492 pa'gs., 2 T .
2.- P~. el añ? de 1802 _la Real Hacienda obtuvo 20 millones de pesos de recaudaCJon de ingresos, mientras que para el periodo de 1821 a 1867 se obtu
promedio anual 10 millones de pesos. Ver Pérez Siller ob cit P~º 53
drvo e4n
, • - ...,. , cua o .
3.- Ver, Pérez Siller, ob. cit. pág. 66, cuadro 5.
4.-

~ esto se d~be que bl?&lt;Jueo o la_ toma de aduanas fuera el primer paso que reali_zaran los mtervenCJorustas enenugos que vio el país de 1821 a 1867; en es _
~al la de Veracruz, pues es~ sola aduana aportó casi el 35°¡0 del total de ios
1t1,F.esos federales en ese periodo. Ver Pérez Siller, ob. cit., pág. 132, cuadro

e!

5.- ~éase,_Aguilar, Gustavo F., Los presupuestos mexicanos desde los tiempo, de la
oloma hasta nuestros días, México 1940, SHyCP, pág. 21.
6.- Los cistos de la recaudación ~scal de 1825 a 1867 fueron en término medio de
16.05 '/o sobre el producto. Vease Memoria de Hacienda 1870, pág. 852.
7.- Macedo Pablo, Tres Monografías.• . México, 1905, J. Ballescá y Cía., pág. 423.
8.- Muc~as opiniones sobre 1~ necesidad de una reforma a la Hacienda Pública se
pub~caro~ durante el periodo de 1821 a 1867: en la mayoría de los informes
preSJdenctales el ejecutivo planteó al Congreso la necesidad de una refo
para _superar el ~ntinuo deficiente. Ver México a través de los Informes
denc,ales: la llac,enda Pública, T. 4, L. 1, SHyCP, México, 1976, págs. 1 a 121
Por el lado de lo~ particulares la propuesta que tuvo más éxito fue la de lo·
conservadores, quienes en 1830 propusieron el impulso a la industria mediant:

p:::t

�240

Siglo XIX

el proteccionismo y la creación del Banco de Avío. Ver Cañas Domínguez,
Manuel. La lnduslTia Textil Mexicana.1790-1845, Tesis de licenciatura, FCPyS,
UNAM, 1981,Cap. IX.
Otras iniciativas que los particulares impulsaron para la reforma de la Hacienda
fueron hechas por: Esteban de Antuñano en 1838, Marcos Amaud el mismo año
y Manuel Escandón en 1853. Este último propuso la fundación de un banco
nacional con 6 millones de pesos de capital para administrar por cuenta propia
las rentas del Estado. Ver Trápaga Delfín, Yolanda, Bibliografía de la historia
económica de México: 1821-1857, Tesis de licenciatura, FCPyS, UNAM, México 1978, Cap. VI.
9.- Al respecto ver el balance bibliográfico de Rodríguez López, Guadalupe, Bibliografía de la historia económica de México: 1857-1876, Tesis de licenciatura,
FCPyS, UNAM, México, 1980, Cap. 6.
10.- Exposición que el Ejecutivo dirige al Congreso de la Unión•.. , México, 1870,
pág. 27.
11.- Ver Rodríguez López, ob. cit., pág. 175.

12.- Exposición e iniciativa del Ejecutivo Federal sobre la situación Hacendaria . •.,
México, 1869, pág. 1J.
13.- Exposición e iniciativa. .•, 1869, págs. 83-87.
14.- Memoria de Hacienda•.. , 1870, México, págs. 1003 a 1006.
15 .- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 4 28.
16.- Memoria de Hacienda . .•, 1868, enero, págs. 7 a 12.
17.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 79.
18.- Consultar los cuadros estadísticos del tercer anexo de Pérez Siller, ob. cit., pág.
423.
19.- Memoria de Hacienda••. , 1868, septiembre, pág. 16.
20.- Con relación a la oposición que enfrentó la renta del timbre, ver Sierra, Carlos Y
Martínez Vera, Rogelio, El papel sellado y la ley del timbre; 18211 1871, 1971,
México, 1972, SHyCP. Estos autores afirman que uno de los motivos de levantamiento del Plan de Tuxtepec fue la oposición a la renta del timbre.
21.- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 443.
22.- Memoria de Hacienda ... , 1883-84, México, pág. XXXV.
23.- Memoria de Hacienda • .., 1883-84, México, pág. XXXLX.
24.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 105, cuadro 13.
25.- Ver Pérez Siller,ob. cit., pág. 183.
26.- Macedo, Pablo, ob. cit., pág. 475.

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                    <text>Revista
de Historia

TRABAJADORES, VIDA
COTIDIANA Y FORMAS DE
RESISTENCIA EN EL XIX
(Uruguay, Argentina, México,
Cuba, Bolivia y Venezuela)
Año III, número 6
julio-diciembre de I 988

Facultad de
Filoso[ ía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey- MéXlco

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 - Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Programa de Estudios de Historia Económica y Social
Americana (PEHESA) d~I Centro de lnvesligaciones Sociales
sobre el Estado y la Adminislración (CISEA), Buenos Aires,
Argentina

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO f ARIAS LONGO RIA

F acuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
'.\1ARIO CERllTIJ

Editor Adjunto
MIGUEL GO"'ZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Sylvia Eloísa Morán y Mario Cerutti

Tipografía: Andrea González Corona
Impresión: Editora! El Sol
Aparición semestral
Para envíos al exterior, U. S. A. $7

�AÑO

ill

NUMERO

6

JULIO-DICIEMBRE DE

1988

5igloX1X
REVISTA DE HISTORIA

SUMARIO
Nota del Editor. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 1
FCMIPO u1uvw1TAA

º

Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay. El Centro
Internacional de Estudios Sociales .... CARLOS ZUBILLAGA

11

Condiciones de la vida material de los sectores populares
en Buenos Aires, 1880-1914 . . . . . . . LEANDRO GUTIERREZ

41

La clase obrera textil del valle de O rizaba, en México. Migraciones
y origen . ..... .. ... . . . . . . . .BERNARDO GARCIA DIAZ

77

Trabajo, inmigración y colonización en Cuba
(1789--1847) . ..•.. . ... .... .. ... EDUARDO BITLLOCH

109

Evolución y persistencia del colonaje en las haciendas
de Cochnbamba . ..... .. . . . . . . . . . ROBERT H. JACKSON

145

La formación de la clase obrera en Venezuela.
Notas introductorias . . . . . . . . . . . . . . . . . ALhERTO PLA

163

Conflictos obreros y legislación laboral en Nuevo León
(1885-1918) . . . . . . . . . . . . . . . JAVIER RoJAS SANDOVAL

187

Estructuras de dominación y formas de resistencia
en las haciendas yucatecas a fines del
porfiriato . . .... .. . GILBERT M. JOSEPH Y ALLEN WELLS

215

�Nota del Editor

El mundo de los trabajadores en el largo siglo XIX que se abrió
con las reformas borbónicas y terminó con la Primera Guerra
Mundial, la extrema diversidad que en nuestro continente matizaba ese mundo, las formas de resistencia que se pusieron en
marcha contra los propietarios y -en algunos casos- las propuestas de alternativas a la dominación que los trabajadores
soportaban, constituyen el eje de este número 6 de Siglo XIX.
Revista de Historia.
Con el aporte de nueve especialistas que abordan seis casos
nacionales, así, se cierra el tercer año de vida de esta publicación: un proyecto que si nació con timidez en el extremo norte
de Latinoamérica, bajo el vientre mismo de Texas, ha sido generosamente alimentado por instituciones, colegas y amigos de las

�Nota del Editor

2

Siglo XIX

más variadas latitudes. Este dossier, por ejemplo, fue articulado
en parte gracias a la contribución del Programa de Estudios de
Historia Económica y Social Americana del Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración (CISEA), de
Buenos Aires.

La compilación se abre con el artículo de Carlos Zubillaga,
dedicado al Uruguay finisecular. Tiempos en que el proyecto
modernizador que llevaban adelante los propietarios rurales estaba en pleno desenvolvimiento: haría factible la integración de
este pequeño país al mercado mundial de alimentos.
Eran años en que, simultáneamente, despertaba una limitada industria urbana y Montevideo se convertía en el corazón de
las prácticas políticas y del debate ideológico. La ciudad veía
emerger, a la vez, un conjunto de sectores populares que no dejaría de mostrar su disgusto con el llamado orden oligárquico,
ante una específica "cultura del poder".
Una cultura saturada del positivismo spenceriano, con su impacto inevitable en los ámbitos universitarios. Y a su lado, señala Zuhillaga, la menos hegemónica pero también activa acción
de los conservadores católicos que "levantaron la alternativa de
un retorno a los supuestos solidaristas del corporativismo medieval".
En una actitud de franca ruptura con liberales y católicos,
especialmente en lo que hacía a la cuestión social,_surgirían, empero, corrientes claramente contestatarias: el socialismo inspirado en el marxismo y el tempestuoso anarquismo fueron las fundamentales. Como en la vecina Buenos Aires, esta disidencia se
vio nutrida por el arribo de inmigrantes europeos: dieron forma
a una resistencia que Zubillaga describe en términos de una cultura alternativa.

3

Fue en este plano que sobresalió el Centro Internacional de
Estudios Sociales, tema central del ensayo, fundado en 1897
bajo el impulso "de un núcleo de inmigrantes italianos, en su
mayoría sastres". Con trazo ágil, el autor narra las actividades
del Centro y de qué manera contribuyó a discutir la cultura del
poder y el poder de la cultura dominante. O, como dirán Joseph
y Wells al hablar sobre Yucatán, el idioma del poder. Capítulo
particularmente interesante es el referido al uso del teatro como
instrumento de comunicación y rebeldía.
Para Zubillaga, el Centro Internacional configuró "una experiencia inédita" en Montevideo, "una peculiar forma de protagonismo intelectual por parte de sectores tradicionalmente excluidos de una reflexión socialmente legitimada".

Leandro Gutiérrez aborda la vida de los sectores populares
en la otra gran urbe del Río de la Plata: Buenos Aires. Pero en
este caso se pone énfasis en las condiciones de la vida material
de estos segmentos sociales, ampliados drásticamente por el
auge exportador y el arribo de decenas de miles de europeos.
No obstante las transformaciones que se operaron en el Buenos Aires de fines de siglo, Gutiérrez se extraña por la escasez de
estudios dirigidos a la vida cotidiana de semejante masa urbana,
a sus necesidades de consumo y de servicios.
Buenos Aires creció aceleradamente con tanta migración extracontinental (en la que sobresalían italianos y españoles). Y
un grueso paquete de problemas técnicos, administrativos y sociales tuvo que ser enfrentado por sus capas dirigentes.
Es en este contexto que Gutiérrez analiza el agudo dilema

�4

SigloXIX

de la vivienda y brinda pormenores sobre la alimentación de los
grupos populares urbanos. La aparición del conventillo (residencia colectiva) y la difusión de los asentamientos periféricos al
casco céntrico de Buenos Aires fueron dos momentos diferenciables en el primer tema. La contradicción que viviría la ciudad -capital de una sociedad exportadora de cereales y carne
pero con serias dificultades para proveer alimentos baratos a sus
pobladores- es el segundo punto discutido.
Vivienda y alimentación, termina Gutiérrez, eran en verdad
componentes de una realidad única. Implicaban un uso alternativo de recursos: el acceso a una mejor habitación podía obligar
a optar por un comer más precario, a menos que la propiedad
de un lote urbano facilitara la cría de animales domésticos y el
cultivo de hortalizas. La acción del Estado y sus organismos, por
otro lado, nunca resultó suficiente para paliar las difíciles condiciones de la cotidianeidad popular.

Bernardo García Díaz -como Gutiérrez- sugiere mecanismos nuevos y campos distintos en el estudio de los trabajadores.
En su caso, investiga la constitución de los núcleos obreros de la
industria textil del valle de Orizaba, en el pujante Veracruz del
México porfiriano.
Tras explicar las características empresariales de la concentración fabril de Orizaba, García Díaz pasa a describir las peculiaridades de la fuerza de trabajo ocupada. Un predominio completo de brazos provenientes de otros ámbitos regionales mexicanos fue la más relevante: de paso, queda evidenciado cómo se
estaba conformando en el México posterior a 1880 un mercado
de fuerza de trabajo libre. Y en contraste con los casos de Montevideo y Buenos Aires, los migrantes no provenían de distantes
tierras europeas.

Nota del Editor

5

La novedad más notable, según manifiesta el autor, sería la
importancia numérica de los oaxaqueños: llegaban desde comunidades muy alejadas de Orizaba, desde el extremo sudocc1dental del país. Significativa era, asimismo, la ola de poblanos, revestidos de una experiencia fabril que no habían viVIdo los oaxaqueños.
El itinerario no siempre finalizaba en el valle de Orizaba.
Con frecuencia era sólo un escalón de un ciclo mayor ligado a
oportunidades de empleos rurales y urbanos, abierto gracias a la
profunda penetración del capital en la producción. En Orizaba,
sin embargo, quedaban muchos. Allí arraigarían obreros con antecedentes vitales en conflictos y en organizaciones que pugnaban por ocupar su espacio en el rígido sistema porfiriano.
El autor rescata este matiz y no olvida otro: el conectado
con las solidaridades étnicas. Todo eso influyó en la formación
de la clase obrera en Orizaba, creada por medio "del desplazamiento geográfico de cientos de hombres", por una "abigarrada
multitud que ingresaba y salía incesantemente" de las fábricas
algodoneras: escenario propicio para una maduración social que
"se alcanzó relativamente en pocos años y de manera más cabal" que en otras áreas del mismo México.

Si Uruguay y Argentina crecieron gracias al arribo de trabajadores libres europeos, y si México logró conformar un mercado laboral austentadb en caudalosas migraciones internas, diferente fue el caso de Cuba durante el mismo siglo XIX.
Eduardo Bitlloch puntualiza los matices que asumió la producción en esta isla caribeña a partir de la gran expansión provocada por la insurgencia e independencia que golpearon a
Haití, en la cercana Santo Domingo. Con tierras aptas para el

�6

Nota del Editor

SigloXIX

cultivo del ílZÚCar y del café, Cuba se amparó en la legislación
borbónica para dinamizar su desarrollo agrícola. Pero la mano
de obra utilizada sería, aquí, de otro continente: Africa.
"Se sentaron así las premisas históricas que permitieron la
transformación de Cuba en una 'gran plantación"', detalla
Bitlloch. Y, simultáneamente, comenzó un gran debate, minuciosamente seguido en el artículo: ¿debía usarse indefinidamente el esclavo negro o atraerse -también- agricultores blancos? La opción, ya se sabe, fue la primera. La mayor o la más
segura rentabilidad del esclavo habría determinado el camino,
seguramente estimulado por el uso intensivo que se podía hacer
de su energía, de su consideración como un instrumento de trabajo, como capital constante.
Se implementó un régimen laboral sensiblemente cimentado
en la violencia abierta -sobre este punto se habla asimismo en el
ensayo dedicado a Yucatán-, en el que las condiciones de vida
diferían de las que se desenvolvían en otros espacios latinoamericanos. La alimentación de los esclavos, por ejemplo, puede
mostrar esas distinciones: el autor dedica a este punto parte de
su exposición.
Bitlloch cierra su aporte aludiendo a las dificultades que la
clase dominante cubana enfrentó para modificar este régimen de
trabajo. La importación de asalariados europeos resultaba "absolutamente inviable". Hacia mediados del XIX se intentó establecer un régimen de servidumbre que, estrictamente, no alcanzó a alterar el sistema esclavista.

Rohert Jackson y Alberto Pla analizan otras dos situaciones
sudamericanas: Bolivia y Venezuela. La aguda diversidad regional del continente queda reafirmada por estos trabajos.

7

Jackson alude a esos vínculos en la producción rural que se
denominaron colonaje. Hasta fines del XIX, comenta, era la
''forma principal de relación laboral en las haciendas de Cochabamba", su área de estudio en el contexto boliviano. Su perdurabilidad devenía de "la habilidad de los hacendados para obtener este tipo de trabajo servil": es que se trataba de "un importante factor para la propia rentabilidad de la agricultura" a pesar
de los limitados y cambiantes mercados.
Jackson polemiza con otros especialistas en tomo a los orígenes y desarrollo del colonaje. Insinúa una reinterpretación de
este sistema, basado en el uso minucioso de fuentes primarias.
Especifica que el arriendo de tierras a cambio de trabajo se originó en el siglo XVII, en respuesta a la inestabilidad de la fuerza
laboral y al dinamismo del mercado de granos en el Potosí.
Además de enumerar las obligaciones complementarias que
el colono soportaba en el siglo XIX, apunta que realmente la revolución de 1952 terminó de extirpar este régimen en el Altiplano. Su decadencia, empero, se "había iniciado al transformarse
la estructura de la tenencia de la tierra en los valles centrales" en
las décadas primeras del siglo actual.

Pla, por su lado, centra su artículo en la formación de la clase obrera venezolana, un proceso que comenzó a transitarse en
el último tercio de la centuria pasada.
Destaca con amplitud ciertos mecanismos organizativos del
proletariado incipiente: sus puntos de referencia son las manifestaciones mutuales, por una parte, y la emergencia de segmentos de asalariados ligados a las explotaciones petrolíferas, por
otra.
Pero todo ello se protagonizaba en un marco fuertemente

�8

SigloXIX

precapitalista, en el que los levantamientos campesinos eran el
dato fundamental del conflicto social.
Tras un repaso a la actividad de las organizaciones mutualistas, Pla practica una revisión de determinados elementos de expresión de la clase obrera en constitución: la prensa es uno de
ellos; las huelgas que comienzan a desatarse es otro (en ferrocarriles, puertos, servicios como el telegráfico o de tranvías, petróleo); las relaciones entre los escasos inmigrantes europeos Y
la Internacional, un tercero.
Ya en la década inaugural del siglo XX, los movimientos de
protesta se acentúan: influye en ello la lleg~da más ~o.rosa del
capital extranjero y la difusión de las relaciones capitalistas. La
·dictadura de Juan Vicente Gómez, desde 1908, pondrá un veloz
límite a estas expresiones, en forma análoga a lo que Díaz concretaba en México. Pla finaliza con una alusión a la polémica SO·
bre las influencias anarquistas y comunistas en los peldaños
inaugurales del devenir proletario, y a los embates descargados
para derrocar a Gómez (que moriría, en el poder, en 1935).

México es tema de estudio en este dossier con otros dos
trabajos que perfilan no sólo la diversidad regional en escala
continental, sino en ese mismo y múltiple Estado-nación.
Uno de ellos, el de Javier Rojas Sandoval, enfoca los cambios que en la legislación laboral se vivieron en Nuevo León
(en el noreste), adoptando muy particularmente a Monterrey
-una urbe en proceso de industrialización desde 1890- como
núcleo de atención.
Rojas investiga un aspecto de la realidad que -desde su perfil jurídico- también brinda pistas para analizar las transforma-

Nota del Editor

9

ciones sociales. Sobre todo porque el examen se realiza en un
período caracterizado por esa enorme explosión que fue la Revolución Mexicana.
Para destacar las diferencias que se van definiendo, el autor
reseña primero la escasa legislación de los tiempos porfirianos,
cuando el estado de Nuevo León era administrado por el general Bernardo Reyes. El advenimiento de la Revolución -como
en Yucatán- trastornaría las relaciones de poder: los nuevos gobiernos -desde el tímido momento de Francisco I. Madero hasta
los que siguen a la Constitución de 1917- fueron forzados a
responder a la tempestad social, y también es verdad que resultaron más sensibles a las necesidades y requerimientos de los
trabajadores rurales y urbanos.

En el otro extremo, en Yucatán -más cerca de Cuba que de
Estados Unidos- existía un mundo sustancialmente distinto.
Gilbert Joseph y Allen Wells ofrecen un aporte enriquecedor de
un tema vastamente estudiado: el impacto del henequén en el
devenir de esa península.
Luego de definir los mecanismos de explotación a que fueron sometidos los peones yucatecos -los herederos de la cultura
maya- tras la instauración de la finca de monocultivo, señ.alan de cuántas maneras se resistió la opresión derivada del auge exportador.
Obligados a modificar drásticamente sus ritmos de producción -al ser desmontada la hacienda maicero-ganadera y al inventarse formas mecánicas de desfibramiento de la hoja del henequén-, los peones locales quedaron insertados en un esquema
que combinó la ·coerción, el aislamiento y el patemalismo. La
fusión de estos tres elementos, nítidamente descritos por

�10

SigloXJX

Luchas Populares y Cultura
Alternativa en Uruguay. El Centro
Internacional de Estudios Sociales

Gilbert y Wells, conformó el idioma del poder de la esplendorosa casta divina asentada en Mérida.
Pero los autores intentan sobre todo poner énfasis en las actitudes de resistencia de aquellos mayas convertidos en peones
acasillados. Pese al silencio y a una cotidianeidad en apariencia
pacífica, el conflicto estuvo siempre presente y tuvo sus expresiones violentas.
Cuando llegó la Revolución, Yucatán estalló en insurgencias
impensables para un ojo no avizor. Y los ejércitos que bajaron
del norte se vieron obligados a desmontar aquel aparato de poder construido sobre la impresionante expansión del henequén.
Un nuevo mundo, una distinta relación sociopolítica amanecería entonces a orillas del Caribe mexicano.

En síntesis, el dossier de este número 6 de Siglo XIX evidencia la notoria diversidad de la América Latina decimonónica. De
tal magnitud que cada día cuesta más asumir un enfoque global
de este continente, y cada día parece más urgente insistir en la
importancia metodológica de la investigación regional para tan
decisiva centuria. El mundo de la producción, del trabajo y de
los trabajadores no fue, es obvio, una excepción.
Nos satisface pues editar y suscribir este conjunto de materiales sobre la Hispanoamérica que discurrió entre Carlos ID y la
Primera Guerra.

Mario Cerutti
Monterrey, México, agosto de 1988

Carlos Zuhillaga*

l.

LA "CUESfIO SOCIAL" COMO PROBLEMA IDEOLOG ICO

Los ori'genes de la "cuestión social" en Uruguay

El proyecto modernizador que a partir de la década de los 70 llevó adelante el núcleo de propietarios representado por la Asociación Rural del
Uruguay, supuso una racionalización de la empresa pecuaria (el alambramiento de los campos y la consiguiente consolidación de la propiedad, la
mestización del ganado criollo, el desarrollo de la explotación ovina, el
desplazamiento de la mano de obra excedente hasla entonces "agregada" a
la estancia tradicional o "cimarrona"), tendiente a ofrecer una producción
primaria de calidad y de precio aceptables, así como de volumen creciente,
para los mercados consumidores de las sociedades industrializadas (en particular, de la Gran Bretaña).
Este programa, para cuya implementación hubo de recurrirse al poder
militar (como único factoF político con capacidad para imponer los profundos cambio~ socio-económicos que el modelo modernizador requería),
se complemento con un proyecto industrial concebido como sustituidor de
importaciones en ramos elementales de la producción (alimentos, vestimenta, materiales para la construcción, que requerían escasos insumos

*Ce~tro ~atinoamericano de Economía Humana (CLAEH) y Departamento de Histonolog1a, Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad de Montevideo Uruguay.
•

�12

C. Zubillaga: Luchm populares y cultura alternativa en Uruguay

Siglo XIX

tecnológicos como valor agregado).
La política arancelaria de signo proteccionista fue el instrumento al
que se recurrió para fomentar la industria nacional incipiente, que tempranamente (1879) articuló un organismo defensor de sus intereses: la Liga
lndustrial. 1
El primitivo carácter artesanal de la industria uruguaya inhibió el desarrollo de organizaciones sindicales formales, aunque ciertas modalidades de
asociacionismo asistencial (sociedades de socorros mutuos) entre elementos asalariados se registraron ya en 1870. Fueron asimismo tempranas las
expresiones de interna&lt;·ionalismo obrero que alcanzaron a manifestarse en
el país, aunque más bien como reflejo de la problemática europea.
A medida que se incrementó el papel de la industria en el sistema productivo nacional, expandiéndose correlativamentf' el volumen y la significación del sector servicios, Jas necesidades de los sectores populares urbanos fueron siendo objeto de continuas demandas que se tradujeron en una
conflictividad social de ritmo e intensidad crecientes.
Amparado en la inexistencia df' una legislación social previsora o reparadora de los perjuicios dimanados de la condición asalariada, el capital
acentuó sus aspiraciones de lucro: sometió a los sel'tores populares a condiciones de vida y de trabajo que nacionalizaron la "cuestión social", rt'produeiendo en d país las ya viejas injusticias que el liheralismo manchesteriano venía generando en los centros del sislt'ma.
En qué medida esta probkmática fue asumida por la socie,lad uruguaya eomo un desafío a las práctil·as poi íticas, es tema quP hac1· a la identificación de los condi&lt;'ionami1·ntos que sufría la "cultura del podt&gt;r" (en tanto rellt'xión desde y al scrvil"io del statu quo), ya t•n sus manifcstal"Ío111·~
formalizadas (la educación univt'rsilaria, por ejt'mplo), }ª l'n ;.us expn·siones ideológico-organizativas (d neocorporativismo eatólico, como la más
audaz de las implemt"ntadas).

que hizo batir en retirada a las concepciones espiritualistas no sin severas
(y declamadas) confrontaciones. Evocando esta situación señalaría en
1945 Dardo Regules: "La ciencia se enclaustró en lo experiencia!. Y la
moral, y el derecho, y la cultura, y el arte, y la religión, quedaron reduci2
dos a la medida de un común denominador positivo ".
El ventarrón positivista que se filtró en los claustros universitarios fue
sustancialmente de cuño spenceriano. No sin razón, pues, el rector Vásquez Acevedo despedía a los egresados en 1887 recordándoles que pertenecían
a esa hermosa escuela que lo espera todo de las leyes naturales;
que no admite las transformaciones rápidas ni el cambio de las
viejas instituciones por otras nuevas antes que se hallen bien organizadas para ocupar el lugar de aquéllas; que tiene grandiosos
ideales, pero que no se empeña en alcanzarlos mientras se encuentran en contradicción con el estado real de la sociedad.3
Las teorías sociales individualistas )' liberales que Spcncer expuso rigurosamente en sus obras Social Statics (1850) y The Man versus the State
(1884) encauzaron su pensamiento en el marco filosófico del darwinismo
social: cimentaban el convencimiento en la ninguna utilidad social df' los
individuos ineptos (en consecuencia, en la falta de pertinencia de las políticas estatale:-i de asistencia a los sectores menesterosos), en que la libre
competencia fructifi,·aría en _un mejor sistema económico, en la inconvenirncia de la intervención del Estado en la economía (salvo para hacer
cumplir los contratos y salvaguardar los dem·hos individuales). Un aporte
de ~la naturaleza transferido a los dau~tros universitarios tradujo la función q11/ la sociedad uruguaya le atribuía a la formación superior de sus
élites: la de convalidar intelectualmente (resguardando) las relaciones sociales de dominación existentes. Con agudeza lo advirtió Alberto Zum Felde al señalar:
Razones de orden social determinaban asimismo la adopción de
esa doctrina fría, por parte de Jo que podría llamarse la intelectualidad de las clases conservadoras, en un sentido jurídicoeconómico. El individualismo social de Spencer, liberal y progresista afirmaba sin embargo, en su integridad, la razón del orden
4
jurídico existente, es decir, del régimen capitalista y propietario.

El auge del positivismo spenceriano
Las r«·formas programáti«·al' :y la ori«·nta«·ión el«• los plam-s inlrodm·idas t'n
la Universidad dt&gt; Mont«·vidco a partir dt' 1885 (m:lorado del do1·tor Al fredo Vást1uez Ae.-wdo) rnnfiguraron un ava111·1· del positivismo filosúfirn,

13

La

proyect·1on del evolucionismo spcnceriano en las cátedras que tenían
particular la

por misión abordar los problemas económicos y sociales (en

�14

Siglo XIX

de Economía Poi ítica y Finanzas) resulLó significativa. Las Lesis doctorales
5
de los estudianles, así como las orientaciones de los cursos, pagaron
tributo al liberalismo individualista que tan caro resultaba a los sectores
empresariales de la induslria nacional en crecimienlo. Tanto Carlos María
de Pena como Eduardo Acevedo (que ocuparon alternativamente la
referida cátedra en las dos últimas décadas del siglo XIX y primera del XX)
sostuvieron criterios spencerianos en lomo a la "cuestión social". En
particular Acevedo defendió en sus clase.-, conceptos incqu ívocamente
inspirados en las enseñanzas del filósofo inglés:
Apenas tenemos necesidad de agregar que el trabajo para ser fecundo reclame la más amplia libertad. La reglamentación industrial por medio de la ley, pone obstáculos insalvables al progreso
sofoca el espíritu de reforma y coloca al Estado en (...) fataÍ
pendiente (...) La intervención del Estado es grande y fecunda
en lo que se refiere a las leyes de higiene. Lo demás, debe y pue?e quedar li~rado a la concurrencia sin trabas ... (... ) problemas
igualmente mteresantes plantean el antagonismo entre el obrero
y el capital y la intervención del poder público en la reglamentació~ de! ':1'abajo (... ) Su grande y fecunda misión es la de garantir
el eJerc1c10 de los derechos. Fuera de esa intervención indiscutible, sólo puede actuar el Estado en circunstancias muy limitadas
para garantir la higiene y la seguridad del obrero en los talleres,
para reglamentar el trabajo de los niños que carecen de voluntad
propia y que no pueden quedar sacrificados a la voracidad de los
padres y de los patrones.6
En ese semillero de políticos y dirigentes sociales y económicos que fue la
universidad uruguaya de fines del siglo XIX y comienzos del XX, menudearon los "estudiantes que juraban por Spcmcer ", como recordaba en
1963 el líder socialista Emilio Frugoni, evocando el escándalo que su
marxismo juvenil provocara en tal contexto.7

C. Zubillago: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

15

-particularmente en Francia-, varias experi~ncias de ~rgan_i~ción originadas en la creciente preocupácion de la Igfes1a por la s1tuac1on de- las clases
trabajadoras. La mayor parte de estos intenlos por Íncidir e~ la orientac!ón
de la ''cuestión social " estuvo sjgnada por un fuerle conterudo paternahsta
y caracLerizada por una metodología asistencial-caritativa.
Fundada en 1855 por el abate Charles Maignen y por Augusto Cochin,
y reorganizada en 1871 por René de la Tour du Pin y Albert de Man, la
obra de los Circulo!; CaLólicos de Obreros tuvo en Francia un desarrollo
importante y logró una proyección internacional considerable. Sobre sus
limitaciones en el plano de la acción social deT catolicismo inserto en el
proceso dé industrialización, ha dicho Federico Rodríguez:
Los Círculos se fundaban en la desigualdad de las élases sociall!S
como en un hecho consumado, no sólo en cuanto al hecho de la
desigualdad, sino también en cuanto a las circunstancias de su
atribución concreta. Eran patemalistas, y creían, con una ingenuidad que vivía cincuenta años retrasada entonces, en la posibilidad de organizar corporaciones mixtas en las que trabajadores y
patrones conviviesen pacíficamente, por supuesto sin colocar a
8
ambos en situación de verdadera igualdad.
No ohstanlt' '11 earencia referida, y partiwlarmente con anteridad a 1891,
loi; Círculos gozaron de cierto predicamento, avalados por León XIII en su
virtualidad operaliva. El papa no había dado -todavía- el paso fundamental en su prédica so1:ial: la consagraciím dd sindicato obrero como instrumenlo de acción de los trabajadores; paso que rncién se haría explícito en
la Rerum nouarum, y cuya significación en el plan&lt;'&gt;: de las definiciones
1."Clesiales rnntemporáneas fue muy grande,

Discrepantes con los fundamenlos filosóficos del evolucionismo spenceriano, pero convergentes con sus propuestas económico liber.tles los sectores
católicos conservadores levantaron la alternativa de un reto:no a los supuestos solidaristas del corporcttivismo medieval. La expresión organizativa
de esta propuesta fue la denominada Obra de los Círculos.

En este marco de gravitación creciente de las opciones paternalistas en
el seno de la Iglesia universal, se op,:ró en 188!) el nacimiento del Círculo
Católi(•O de Obreros de Montevid,•o, germen del Const&gt;jo Superior de los'
Círculos Católicos de Obreros instalado en 1900. El nacimiento del Círculo no fue ajeno a la corriente palernalista qut&gt; lo inspiró, con su t:orrelato
de alternativa pat:ifisla a la violencia revolueionaria de socialistas y anarquistas. 0 1, allí que el discurso inaugural de Francisco Bauzá -SU primer
presidente- revelara una especial preocupación por tomar dis~cia frente
a las experiencia:,; de sindicalización obrera, presentadas como instrumentos de acc:ión de opl'ionf's ulÓpi1·as:

La segunda mitad del siglo XIX vio surgir en el seno del catolicismo

Se ha querido hacer ele! obrero, un elemento de trastorno social;

La avanzada neocorporativista

�16

S;gtoXIX

cuando' es por excelencia la base de todo orden regular; y pretextando darle mayores recursos a trueque de grandes esperanzas, se
le ha dejado sin esperanzas y sin recursos. Díganlo si no los millares de hombres honestos que distraídos de sus ocupaciones por
ilusos propagandistas, se han encontrado sin trabajo ni medios
para obtenerlo, al día siguiente de aquel en que sus Mentores les
habían ofrecido un paraíso terrestre.9
En esta concepción el movimiento de los Círculos debía traducir un acuerdo social pleno: capital y trabajo dispuestos a cumplir con fidelidad sus
respectivos deberes en un clima de armonía derivado de la común aceptación de los valores cristianos. El planteo adolecía -sin embargo- de una
carencia sustancial: creer en la igualdad de condiciones de actuación del
capital y del trabajo, y confiar excesivamente en la justicia contractual
(que suponía ineludiblemente aquella igualdad). Semejante enfoque
-ajeno a la realidad- ubicó a los sostenedores de los Círculos muy cerca
de los liberales conservadores, con su m Ítica confianza en el valor de los
contratos (que León XID pondría en entredicho en la Rerum novarum).

Los balbuceos socialistas
En una actitud de franca ruptura con las respuestas que el liberal-eonservadurismo (de matriz spenceriana) y el neocorporativismo católico dieron
a la "cuestión social", se ubicó el socialismo inspirado en los supuestos
teóricos del marxismo, que tuvo en la última década del siglo XIX sus primeras expresiones en Uruguay. Concibió la lucha de los asalariados como
un esfuerzo org-,mizativo tendiente a lograr la presencia activa de un nuevo
actor socio-político (el partido de clase), mediante la inserción en' la dinámica del sistema político vigente (democrático-representativo).
La propuesta socialista implicó el reconocimiento de la vía legislativa
como modo de convertir la realidad. Para ello estribó su acción en la organiztción gremial de los asalariados y en la prédica pubJicística (periodismo
de tesis, literatura "comprometida'), todo ello en la perspectiva de la sanción de una legislación social previsora y reparadora, que ampliara el espacio protagónico de los sectores populares a la vez que mejorara sensiblemente sus condiciones de vida.
Hacia 1895 esta vertiente tenía ya definidas sus propuestas de acción
a través de organizaciones sindicales (como la Sociedad Cosmopolita Unión
de Obreros Panaderos y la Sociedad Cosmopolita de Obreros Albañiles de

C. ZubillQga: Lucha, popularea y cultura alternatioo en Uruguay

17

Mutuo y Mejoramiento) y órganos de prensa (como el semanario ~l Defendel Obrero): encabezaron un movimiento tendiente a la conqwsta de la
sor
·
da laboral de ocho horas (en el marco del reclamo de 1as "tres ocho " :
JOrna
' '') l
l
.,
"para el descanso, para el trabajo, para la il_ustra~ion , a reg :mientac10n
legal del trabajo de niños y mujeres, y el me1oranuento de los ruveles de retribución salarial.
En 1896 el periódico El Grito del Pueblo dio a publicidad el programa
de principios del Partido Socialista Obrero, concretado en cuatro puntos
fundamentales:
lo La transformación de la propiedad individual o corporativa de
los instrumentos de trabajo en propiedad colectiva, social o común. 2o. La organización de la sociedad sobre la b~e. de la fun~ción ec-onómica, cuya unidad la forma la colectMdad gremial
obrera, la sección industrial o agrícola, con el derecho de _usufructo de los medios de producción, confederadas estas s~cc1ones locales en comunas autónomas que a su vez se hallan umdas a grandes federaciones regionales que robustezcan y garanticen la administración por todos y para tod?s. 3o. La_ igualdad de tod?s ante
los medios de desarrollo y accion; es declf, que a cada miembro
de la sociedad se le garanta la enseñanza general, científica y especial en cada profesión, y su participaci~n en el ~~ajo. 4o. La
igualdad de todos en las ventajas, es decir, la ~olic1on del asalariado la realización del derecho de cada trabajador a una parte
alícu~ta en el valor de los productos, cuyo valor se medirá por la
cantidad de tiempo de trabajo social necesario para su producción; y la satisfacción por la sociedad de las necesidades de los impedidos por edad o padecimiento, 10
0

Los intentos de promoción del partido, en cuanto a la capaci~ad de operar electoralmente con mínima relevancia, resultaron frustraneos hasta
1910 en razón de la legislación electoral restrictiva por entonces vigente,
así ~mo del fuerte condicionamiento tradicionalista que las prácticas políticas conservaron hasta bien entrado el siglo XX.

Las concepciones socialistas chocaron con los postulados anarquistas
en sus diversas vertientes, a partir del rechazo frontal que todas éstas hacían del Estado ( en consecuencia, de la vía parlamentaria para allegar soluciones a la "cuestión social') y de la prédica antiorganizacionista de que
hacía gala un vasto sector de los elementos ácratas (que inhibía todo intento de federar las organizaciones sindicales de base y potencializar la
acción conjunta de las clases populares).

�18

Siglo XIX

La tradición &lt;lJnarquista
Co~áneam;nte con el proceso de industrialización sustitutiva ae importaciones a que. s~ ha hecho r~ferencia, un grupo de trabajadores de origen
e~opeo orgamzo en MonteVJdeo la Federación Regional de la República
Onental _del Uruguay _(ta~ién denominada Federación Montevideana),
com~ ~~al de la Asoc1act0n Internacional de los Trabajadores, iniciando
la difusion local de los principios doctrinarios del internacionalismo de
tendencia federalista libertaria (inspirada por las enseñanzas de Proudhon
Y Bakunin). Los estatutos de la nueva organización consignaron el concepto-meta de "emancipación económico-social" en término inequívocos:
Librarnos de toda tiranía, así social como económica, cualquiera
se~ su nombre y cualquiera sea la forma en que se halle constituida. Hacer que el capital, las primeras materias y los instrumentos ~~ trabajo, vayan a parar a manos de los que directamen~ l~s utili~an, o se~, a manos de trabajadores organizados en asooaciones libres, agricolas e industriales, a fin de librarse de la esclavitud del salario y conseguir que la sociedad llegue a ser una libre federación de libres asociaciones obreras.

Dos años m1 tarde el Comité Federal de la AIT con sede en Chaux-auxFonds (Suiza, que nucleaha a organizaciones obreras de Francia Italia
España, Suiza, Bélgica y América Latina, enfrentadas a ·1a conducció~
marxista del movimiento internacional y que, en consecuencia, no habían
reconocido la disolución de la Primera Internacional declarada en Nueva
Yo.rk en 1876) aceptó la adhesión de la Federación Montevideana, la que
en m~yo de 1878 dio a luz El Internacional ("órgano de las clases trabajadoras ), desde cuyas columnas predicó la irreconciliabilidad del capital y
cl trabajo~
La i~eal aven~ncia. ~e ambos elementos es una quimera, y los
1PabaJa~or~ solo VtVImos de realidades (... ); en tanto cuanto
los capitalistas sean los verc!,ugos de la humanidad, los sacrificadores del trabajo, el duelo entre las vÍ&lt;;timas y lo.s verdugos entre
nosotros y ellos, tiene que ser un duelo a muerte.11
'
El inicio de la década de los 80 vio debilitarse el intento Federacionista
uruguayo, al compás de la crisis irreversible que había hecho desaparecer
formalmente a la Primera Internacional.
En 1884 un grupo de inmigrantes franceses y españoles fundó en Montevideo la Asociación Internacional de Obreros, en vinculación con las actividades de la rama francesa del anarquismo, qne en el Congreso de Londres

C. Zubillaga: Lucha, popularu y cultura alternativa en Uruguay

19

de 1881 había concurrido junto con las organizaciones ácratas de España,
Austria, Italia, Inglaterra y Estados Unidos a la Fundación de la lnternational Working People's Association, considerada como continuadora de la
Primera Internacional.
La entonación ideológica de esta nueva expresión del anarquismo en

Uruguay difirió de la de la década precedente. Sustentada en la idea de
''la unión de los trabajadores ( ...), sobre la base de la solidaridad en la lucha del trabajo contra el capital", lucha que debía "tener por coronamiento la completa libertad de_l trabajo", la Asociación apeló al combate
"sin tregua ni descanso" por el camino de "la persuación, por el buen
ejemplo, jamás por la violencia". Las ideas matrices de la organización
anarquista, difundidas por La Lucha Obrera (periódico semanal "defensor
de las clases obreras') se sintetizaron en la cuaternidad: "Libertad, Igualdad, Fraternidad y Justicia ".12
La acción anarquista de los años posteriores estuvo representada fundamentalmente por la difusión de las ideas que llevaron a cabo diversas
hojas periodísticas y grupos ácratas (no siempre integrados a una programación común), formados por asalariados inmigrantes y criollos y por
propagandistas extranjeros que operaban indistintamente en Montevideo,
Buenos Aires y Rosario.
Los periódicos anarquistas explicitaron la controversia propia de los
sectores ácratas entre "antiorganizacionistas" y "federacionistas". Los
primeros se expresaron en numerosos órganos de prensa obrerista 13 (El
Libertario, La Aurora, El Derecho a la Vida, entre otros); los segundos
tuvieron su tribuna tanto·en hojas obreras14 (El Obrero Panadero en su
segunda época fue uno de los ejemplos más claros), como obreristas (El
Internacional, Federación de Trabajadores, entre otras).
Los "antiorganizacionistas" centraron su prédica en la doctrina ácrata,
dejando de lado la práctica sindical, por considerarla "una cosa transitoria
en las luchas de íntegra emancipación". El énfasis de esta prensa estuvo en
la difusión de un pensamiento que apostaba al espontane~mo revolucionario de los sectores postergados de la sociedad, que llegarían a la acción sin
necesidad de una organización previa ni de una regimentación de sus conductas (regimentación que, aún consensual, era vista como expresión de
autoritarismo que resultaba preciso ahogar para que no se filtrara en el
mundo de los desposeídos el "perjudicial engranaje" del poder coercitivo).
"¿A qué reglamentar, a qué federar estas agrupaciones ya federadas por el

�20

SigloXIX

dolor común y por la esperanza futura?", se pregunta en 1901 La Aurora,
en un ejercicio, sin duda ingenuo, de confianza en la capacidad espontánea
de los trabajadores para descubrir el camino de su redención y transitado
sin forma alguna de ordenación y potenciálización de sus fuerzas. El fondo
individualista de esta vertiente ácrata se manifestaba en la concepción
medular de su prédica.

Al rech~ los modos organizativos de los "federacionistas", postulaba la idea de la huelga general revolucionaria como el cwnplimiento de
un imperativo histórico ( en una suerte de ''neoprovidencialismo "). Textos
como el de El Derecho a la Vida en su edición del 29 de abril de 1894 resultaban, así, paradigmáticos:
Cuando llegue la ocasión no se precisará forzar a los seres inconscientes a empuñar las armas. Cada desheredado comprenderá que
pelea por su redención económica, por el bien de toda la humanidad, y ya se sabe de lo que es capaz el hombre cuando lucha sin
que le hagan héroe forzoso.
Desde su perspectiva, los "federacionistas" propugnaron a través de su
prensa e impulsaron en las organizaciones sindicales el principio de la solidaridad entre los obreros de las diversas profesiones en cada país, y la
unión fraternal entre los trabajadores de todas las naciones. La prédica periodística resumió esta aspiración en la idea de la asociación de todas las
fuerzas obreras como presupuesto para "derrumbar las bases" del régimen
social imperante y "sobre nuevos cimientos", levantar una sociedad en que
las riquezas fueran socializadas y "la libertad reemplazará a la tiranía".

La fe en la instrucción

Descubrir su condición de clase supuso en el seno de los sectores asalariados una labor educativa que estuvo en el centro de la prédica anarquista.
En 1878 lo advirbó El internaoional al definir su programa e identificar el
origen de la lucha reivindicativa con la capacidad de los hombres de reflexionar sobre sí mismos y sobre su situación ("llegó un día, no muy lejano,
en que las clases obreras, desheredadas de todo bien, menos de la inteligencia, comprendieron su angustiosa situación").

Esa tarea educativa tuvo un marco de cumplimiento preferencial en
el movimiento sindical: la instrucción de los jóvenes, para que tuvieran

C. Zubillago: Lucha&amp; populares y cultura alternativa en Uruguay

2l

"íntima
cncia de sus derecbQs,,'.', comenzó con el establecimiento de
"clases especiales\ que permitieran desarrollar las capacidad intelectuales
generalmente "adorme~das" por el trabajo sin descanso. Esa labor didáctica encontró en la prédi\;a periodística una continuación natural. La Voz
del Trabajador lo señaló clarame~te, en 1889, al decir: "(...) este semanario (...) se consagrará ( ...) a i'\iciar (a la clase obrera) al estudio y desarrollo de los descubrimientos de la~ leyes de la ciencia sociológica, que pueden llevarla a su completa emancipación moral y material".

Una confianza de fuerte signo racionalista en la eficacia de la instrucción presidió esta apuesta estratégica del movimiento sindical, y caracteri-

zó un tramo importante d~ su historia. "A regenerar por medio del estudio" convocaba con términos inequívocos La Voz del Obrero, al esbozar
1896. Con similar entusiasmo reflexionaban los editores de
Tribuna Libertaria al comenzar el si_glo: ·

su Programa en

La instrucción de las clases trabajadoras debe forzosamente preceder a su emancipación,,porque nunca una clase ignorante o más
atrasada que las otras se &amp;a elevado ni ha salido de su abyección.
El primer deber de las clases obreras, su más imperiosa y urgente
necesidad es la de instruirse.. Todo debéis sacrificarlo a este sagrado deber.

La labor educativa que implicó la autopercepción clasista fue considerada
por las diversas vertientes del tronco ácrata como un camino para la revolución social y, consecuentemente, la alternativa al sindicalismo reivindicativo (o economicista). "Los males sociales no se curarán con sueldos más o
menos grandes" -advertía El Derecho a la Vida en 1895-, sino con "la
revolución social que acabe con la desigualdad de explotados y explotadores"; y la revolución no sería un fruto espontáneo de la dinámica social, sino la consecuencia de un esclarecimiento ideológico logrado mediante un
esfuerzo pedagógico llevado a cabo por los propios trabajadores.
En esta línea de acción el Centro Internacional de Estudios Sociales
fundó en noviembre de 1902 una escuela "nocturna y libre" para trabajadores, en la que se impartían cursos de sociología, historia, economí~, fi.
siología e idiomas, con el concurso de "varios intelectuales" montevideanos.

Se trató, en consecuencia, de una modalidad de autogestión en el plano intelectual que ignoró el sistema educativo formal (por considerarlo

�22

C. Zubíllaga: Luchas populare, y cultura alternativa en Uruguay

SigloXIX

funcional al régimen capitalista) y cimentó las bases de una cultura alternativa, cuyas manifestaciones alcanzaron los campos de la creación literaria,
las ciencias sociales, la plástica y la música. Rasgos identificadores de esta
cultura alternativa fueron, según la ajustada observación de Carlos Real de
Azúa, tanto
el optimismo y la ingenuidad con que desconoció la capacidad de
resistencia de las fuerzas orgánicas sociales o confió en el nudo
impulso de un entusiasmo suscitado por la palabra tonante y

exaltada (como la) tonalidad ética que concebía la reforma social como una parte, casi como una consecuencia, de la reforma
individual, una palingenesia de lo íntimo con sentido religioso, al
modo del evangelismo tolstoiano.15
Más que de un autodidactismo cabría hablar en el caso de un mutuodidactismo, en cuanto los participantes de esta experiencia nunca desdeñaron el
hecho de compartir con sus iguales el descubrimiento del mundo: de los
defectos de la organización social, de las utopías entrevistas al impacto de
lecturas de diversas matrices ideológicas, de los parámetros de una nueva
ética. Ese mutualismo cultural signó la conducta de varias generaciones de
asalariados, más allá de su adhesión o rechazo final a las propuestas ácratas. Se trató, más que de un avance del anarquismo como doctrina encauzadora del cambio social, de una aceptación generalizada por vastos secto•
res de las dases trabajadoras de los modos más eficaces de acercarse al conocimiento de los supuestos de ese cambio.
En este proceso jugó un papel relevante no sólo la prensa obrera y
obrerista (canal de tesis y de denuncia) sino también la difusión de las ediciones Sempere, de VaJencia, que vendidas a precioJ muy accesibles para
los sectores populares -quince centésimos el volumen- pusieron al alcance
de ávidos (y desprevenidos, en más de un sentido) lectores, las obras de
~roudhon, Nietzsche, Marx, Jaures, Bakunin, Reclus, Kropotkin... Un
esfuerzo local comparable (si se tienen en cuenta las dimensiones del mercado uruguayo} inauguró hacia el 900 el anarquista italiano Orsini Bertani,
cuya librería fue a la vez cenáculo literario de avanzada.

II. EL CENTRO INTERNACIONAL DE ESTUDIOS SOCIALES
Una función peculiar

Así como el Oub Católico (fundado en 1875) y el Ateneo de Montevideo

23

,.
· · ·' us acti"vidades en 1877) fueron los ámbitos de la polémica
,que imc10 s
. .,
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que pautó el proceso de seculanzac1on de la socieda
filoso co-reliaiosa
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uruguaya durante la etapa de la modernización, el Cuc ~
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Montevideo
la
Universidad
y
el
Centro
Internacional
de EstuObreros d
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·ales
constituyeron
los
reductos
en
los
que
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1 eodios Soc1
. •,
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lógica sobre la "cuestión social" adquirió mayor dunens1on_ e~ e timo
· 1 XIX y primera década
del XX:.
,
,. En .1904
. surgma
. un nuevo
, .
lustro de1 sigo
protagonista del debate: la Union Democratico Cnstiana, vertiente cato1•ca diferenciada netamente del neocorporativismo conservador. Que postuló un modelo social autogestionario y coadyuvó acti:a~ente _en la con·sta de las reivindicaciones básicas del movimiento smdical: Jornada de
qm
ab . d ·ocho horas, descanso dominical, regulación legal del tr ªJº e mnos Y
mujeres, previsión y reparación en accidentes de trabajo, etc.
El Centro Internacional de Estudios Sociales (denominado indis~tamente Círculo Internacional. ..) comenzó sus actividades e~ 1897, al~italianos, en su mayona sastres: ms1 de un núcleo de inmiurantes
~so
~
ámh' d
·tos en la corriente del anarquismo, decidieron crear un
1to e
en
. .d.
I
discusión y capacitación abierto a todos los que comc1 , 1~ran en ~ n~cesidad del cambio social en profundidad. El rec~zo aJ re~men cap~tallSta
y a los valores que le eran funcionales, co~figuro el comun. den~m_ma~or
de los elementos integrados a la nueva entidad. El espectro 1deologi~ un. do en los participantes de esta experiencia fue desde• el, comumsmo
pl1ca
1
·
anárquico hasta el socialismo científico, si bien predommo a vertiente
ácrata de entonación antiorganizacionista hasta transformar al Centro en
sinónimo de anarquismo a ultranza.

16

Como señaló acertadamente Zuro Felde, "el individuo libre en 1~ comunidad libre, fue el lema del Centro"¡ y. en él_ se, n~garon y comb~tieron
en absoluto "todos los principios econom1cos, 1undicos y moral~ sobre
los cuales se fundó "la sociedad contemporánea desde la Revoluc1on Francesa ". 17
Ambiente propicio para la lectura de los "cl~icos" revol~cionarios
y de la prensa avanzada de todo el mundo, el Centro fue a un tiempo palestra de debates foco irradiador del activismo social, campo abonado para
el surgimiento d~ una cultura alte~ativa (o pop~ar), escuela de_ ''.agitadores" sindicales cenáculo de bohemtos que combmaron su estetic1SID0 decadente con
encrispada aspiración de la utopía libertaria, lugar de encuentro (de esparcimiento y de relación afectiva) de numerosos compo-

¡¡

nentes de los sectores populares.

18

�24

SigloXlX

C. Zubíllaga: Lucha, populares y cultura alternativa en Uruguay

La significación que el Centro alcanzó en su época se reflejó no sólo
en la adhesión que casi sin excepciones le brindaron los elementos avanza19
dos, sino más bien en el reconocimiento de los sectores funcionales al
sistema, cuyos voceros fueron vehículo constante de información de las
actividades del Centro (tal fue el caso de El Día, órgano periodístico de la
-fracción populista del Partido Colorado) o llegaron a formular evaluaciones
no exentas de advertencia precautoria. En este último caso se inscribió la
revista Rojo y Blanco, semanario dirigido por Samuel Blixen, que en 1901
señaló:
El Centro Internacional (... ) desempeña un rol de importancia
';1'1e conviene no desconocer, entre las clases obreras pues que en
el, franqueadas sus puertas a todas las ideas y tendencias sociales,
se elaboran Y han elaborado la mayor parte si no todos esos movimientos_gremiales que de algún tiempo a esta parte suelen agitar
a Montevideo (... ). Las huelgas producidas aquí han encontrado
inmedi~ta ac?gida en el Centro Internacional de donde han partido de ~~diato las voces amigas que alientan y contribuyen a la
pr~longacion de aquellas hasta obtener el mejoramiento o las ventaJas para cuya adquisición se lucha. En la tribuna del Centro van
formándose, además, oradores que adquieren mayor vuelo cada
día Y no extraña, por esta misma circunstancia, escuchar al mismo tiempo q_~e la palabra ruda y áspera del trabajador inculto, la
de hombres Jovenes educados e instruidos que han caído tal vez
e~ las primeras_ Iu_chas de su existencia y que hablan con persuasion y convencrmiento.... no es suficientemente conocido en el
~aís el Centro Internacional que puede convertirse en (. . . ) el
~~ulsor poderoso de ocultas fuerzas sociales, con sorpresa de los
mdiferentes y aún de los hombres estudiosos que no se hayan detenido a examinar su marcha y tendencias. Bueno es que todos vivan advertidos. . . no esperar a que truene para acordarse de
Santa Bárbara (... ).

t

25

tendencia a polemizar respecto de todo lo que los componentes de la "sociedad burguesa" opinaran, creyeran o defendieran,

La confrontación con la Iglesia Católica constituyó una de las prácticas permanentes en la acción del Centro Internacional de Estudios Sociales. Resultaron frecuentes las reuniones anti-clericales o las polémicas sobre temas relativos al dogma, las definiciones teológicas o las prácticas litúrgicas, mediante las cuales se intentaba inhibir las tareas catequísticas
de la Igleisa uruguaya o desvirtuar las propuestas del neocorporativismo en
términos de una real atención a los pr'oblemas de los asalariados.
Dirigida "al pueblo en general y al obrero en particular", la invitación
a una "reunión anti-clerical" moti~ada por la celebración del Primer Congreso de los Círculos Católicos de Obreros del Uruguay en mayo de 1900,
que formulaba en grandes caracteres y en primera página Tribuna Libertaria, 21 constituía un ejemplo del aludido plano de confrontación. Temas
conexos con los religiosos (tales como el del "amor libre" o el de la emancipación femenina), que permitían atacar convenciones sociales con sustento tradicional en preceptos o criterios eclesiales, fueron frecuentemente
abordados en la tribuna del Centro Internacional de Estudios Sociales por
divulgadores del ideal ácrata como el argentino Pascual Guaglianone, el
italiano Rómulo Ovidi y el vasco Julián Basterra.

La intensidad de estas acciones preocuparon a los sectores católicos
conservadores que contrapusieron la imagen de los Círculos Católicos de
Obreros (ámbitos de concordia social, de "buenas lecturas" y de adhesión
a las "sanas costumbres'') con la del Centro Internacional de Estudios Sociales ("antro revolucionario" en el que "se predica el odio y la guerra
contra la sociedad y su actual organización", como advertía El Amigo del

Obrero).22
La polémica como principio
La controversia (oral y escrita) constituyó no sólo el modo de operar sobre
la realid~d. social que los _anarquistas privilegiaron, sino un principio básico
de su predica, desde que esta se justificaba por su- capacidad cuestionadora
del orden existente. Se trataba de poner todo en entredicho (instituciones,
costumbres, valores, prejuicios, adhesiones) de forma de encontrarse en
condiciones de impulsar un trastocamiento cabal de la sociedad, para cimentar sobre nuevas bases la Acracia redentora. Una propuesta de tal naturaleza exigía de sus partidarios una firme capacidad dialéctica dotes de oratoria, habilidad para la réplica punzante u oportuna, y una' como obsesiva

Pero no sólo la religión configuró el objeto de las polémicas que tuvieron lugar en el Centro Internacional de Estudios Sociales; también la
prédica liberal-conservadora y los ataques al ideal ácrata que protagonizó
la mayor parte de la prensa montevideana resultaron motivo privilegiado
de controversia. En agosto de 1900, el Centfo Internacional, junto a los
Círculos anarquistas de Montevideo (Redención, Justicia, Antorcha, Tierra y Libertad, Aurora, Vida Nueva, Germinal, El Hambre es Terrible,
1
Acrata, Nuestra Patria es el Mundo Entero, Libre PenfladOrC!j y Progreso),
desafió a los diarios El Siglo, El Bien, La Razqn, La Tribuna Popular, 23
El Pa{s y La Espaff.a "a pública discusión", a efectos de evitar que siguie-

I

�26

Sigl-OXIX

ran "tergiversando y difamando el ideal de la anarquía". Más que una invitación al debate, se trataba de imponer la polémica, a riesgo de que su
elusión fuera asimilada a un reconocimiento de derrota ("si huyen y no
discuten, tendremos el derecho de creer que los periódicos citados están
escritos por hombres farsantes, embaucadores del pueblo y causantes de
todos sus males").24
Este perfil cuestionador, por momento incisivo en la opinión pública,
tuvo consecuencias no deseadas por los anarquistas pero que reflejaron
el grado de préocupación con que el sistema política advirtió la capacidad
"desquiciadora" del statu. quo que poseía la continuidad de aquella prédica, sobre todo en instancias electorales en las que la práctica tradicional del
clientelismo exigía la "participación tutelada" de los sectores populares.
En octubre de 1901 el Jefe Político y de Policía de Montevideo clau•
suró varios locales sindicales y la sede del Centro Internacional de Estu•
dios Sindicales: prohibió la celebración de reuniones gremiales, bajo el
pretexto de la creciente conflictividad social que se registraba en la ciudad,
coincidente con los aprestos electorales para el mes de noviembre en que se
celebraron comicios padamentarios. El cotidiano El Trabajo, vocero oficioso del Centro Internacional, comentó el hecho a lo largo de varias ediciones. Bajo el título ''Por el derecho de reunión" señaló:
En ningún artículo de la Constitución se determina que el Jefe
Político pueda por sí y ante sí cerrar ningún centro político ni
social (... ) lPretende el Jefe Políti,co no renovar esos derechos e
imponer su voluntad educada en el cuartel? (Para concluir con
una amenaza:) si continúa el poder burlándose de los trabajadores, estos entonces tomarán sus medidas y declararán la huelga general y conste que únicamente falta una chispa para que estalle.25
Con recurso a otros argumentos, El Trabajo contrapuso la clausura del
Centro ("donde antes se estudiaba, se diecutía y se enseñaba al pueblo')
cpn la complicidad policial con el juego de azar clandestino, manifiesta en
la impunidad que le aseguraba la Policía a los garitos donde aquél se practi,
caba (''El juego da resultado. La ciencia es cosa vieja y cosa de tontQS, y
no da para comer. Ya sabemos bastante. Para qué queremos estudiar más?",
ironizaba el vocero anarquista),26 y con las toleradas prácticas fraudulentas
y sediciosas de los clubes políticos tradicionales ("en los clubs de blancos y
colorados... se politiquea, se conspira, sin que nadie incomode a nadie ").27
La apertura de los centros clausurados, dispuesta ~ los pocos días

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

27

de celebradas las elecciones parlamentarias, confirmó las razones de fondo
de la medida policial, mereciendo la alusión punzante de los anarquistas:
"galantería gubernamental".

La contribución al movimiento sindical
Intimamente vinculado al movimiento sindical, el Centro Internacional de
&amp;tudios Sociales no constituyó, sin embargo, ni una central obrera, ni un
organismo· integrado a una estructura formal de los sectores asalariados.
Fue más bien una entidad solidaria, concurrente a la lucha sindical, que
ofreció a la vez un ámbito para reuniones gremiales,28 una tribuna para el
esclarecimiento de los problemas que estaban informando las plataformas
reivindicativas, un "proveedor" de oradores y propagandistas (de "agitadores" en el lenguaje de la prensa defensora del statu. quo, que los periódicos anarquistas hicieron suyo como un nuevo desafío). Todo ello en la
perspectiva de un avance de las ideas ácratas como fruto de una participación activa en la conflictividad social creciente que se registraba en Uruguay al finalizar el siglo XIX.
Así lo valoraba en 1901 Tribuna Libertaria, al realizar un balance general del movimiento obrero, señalando que el Centro Internacional, "sos•
tenido, a través de todas las reacciones y de todas las persecuciones que
esta gran agitación trajo, por grupos de compañeros batalladores y entu•
, siastas", fue el que dio "e) contingente de oradores y de agitadores a las.
masas".~

Si bien, como se ha visto, la labor desarrollada por el Centro Internacional distó mucho de configurar el intento de creación de una central
obrera, la persistente contribución a las luchas reivindicativas de las sociedades de resistencia (que en 1901 alcanzaron a representar a la mayoría de
los sectores asalariados),30 dio en los hechos a la entidad los Easgos de una
proto-central obrera, en cuyo seno los componentes de organizaciones sindicales de oficios comenzaron a reconocer la interrelación de sus situaciones, a comprender la globalidad de la ·"cuestión social" y a comprobar la
eficacia de la solidaridad en el combate.
Por lo mismo, resultó frecuente la imputación de personería delegada
del Centro Internacional, que se hiw respecto de los agitadores que actuaron en las grandes huelgas del período. En noviembre de 1901, por

�28

SigloXIX

ejemplo, el di~o El Día señalaba que la huelga que mantenían los recolectores de basura (dependientes de la Junta Económico Administrativa
de Montevideo) había sido declarada por "dos delegados del Centro Internacional". Similar señalamiento efectuaban por entonces los gerentes
de las compañías (británica y alemanas) de tranvías de Montevideo.
"Varios socios" suscribieron en el cotidiano El Trabajo una aclaración
que resumió el sentido que los militantes anarquistas le atribuían a su tarea, así como el· deslinde que de la misma hacían respecto de la labor del
Centro Internacional, que aunque funcional a aquélla, no revestía carácter
de directiva y orientación sindical específica:
(. . . ) el Centro Internacional no da ninguna delegación oficial
a nadie, pues todos sus socios toman participación en la lucha
o~rera :spontáneamente, por libre iniciativa; y toman participac1on, pr!111ero, porque esto concuerda con sus principios y luego,
para evitar que los obreros sean engañados por procuradores y
políticos.31

La reflexión como sistema: las conferencias
El instrumento fundamental de que se valio el Centro 'Internacional para
la prédica del cambio social (también, en ocasiones, para explicitar su solidaridad con las luchas sindicales concretas) fue el de las conferencias. La
tribuna del Centro irradió así, intensamente, el ideario anarquista, ya a
través de acreditados propagandistas extranjeros, ya a través de fogosos
orado~~ locales (un po~o.literatos, un poco bohemios, un poco agitadores)
que h1c1eron de esta predica un modus operandi personal que no se prolongaba demasiado en el tiempo.32
Entre los conferenciantes extranjeros se destacaron Pietro Gori y
Enrico Ferri (que editaban en Buenos Aires la revista Criminología Moderna); del primero diría en 1899 el periódico anarquista El Derecho a la
Vida que predicó cual nuevo Cristo en la tierra, sin odio, sin alteración,
con mucha calma y sangre fría, haciendo el retrato exacto de las miserias
humanas, y anunciando el advenimiento de una era de felicidad en toda
la superficie de la tierra".33
Los temas abordados, por lo general en régimen de "tribuna libre"
(es d~cir, permitiendo la participación, sin restricciones de los asistentes), fueron del más variado espectro, aunque todos conc'urrentes a ta acción contestataria que configuraba la metodología del centro: el derecho

C. Zubillasa: Lucha, populare, y cultura alternatiúa en Uruguay

29

de reunión, la "cuestión social", las luchas econom1cas, el delito y la
"cuestión social", "las huelgas ante la Razón", la emancipación femenina,
la religión y el Estado como enemigos de la libertad . . . Celebradas en la
mayoría de los. casos durante la tarde de los domingos, estas conferencias
se complementaban con actuaciones teatrales o musicales (entre estas últimas era de rigor la interpretación del himno "Hijos del Pueblo", a cargo
del Orfeón Libertario).
Particular relevancia adquirían las conferencias del lo. de mayo, en
las que intevenían varios oradores: centraban la atención en el conjunto de
los problemas sociales que afectaban a los asalariados y en la dimensión internacional de esas circunstancias, a partir del señalamiento de la tríada
responsable: Capitalismo-Gobierno-Religión.
La confianza en la capacidad persuasiva de esta modalidad de la prédica social, que evidenció su reiteración por parte del Centro Internacional
de Estudios Sociales, denotó un cierto esquematismo operativo, que derivó en prácticas ritualizadas que, al promediar la primera década del siglo
XX, habían dejado de preocupar a los sectores conservadores, seguros ya
de que el "apocalipsis social" tantas veces anunciado como inininente por
los anarquistas, constituía más un motivo de reflexión que un ejercicio
creíble de prospectiva política.

Una comunicación alternativa: la actividad teatral

En el seno del Centro Internacional de Estudios Sociales alentó una modalidad de acción cultural que habría de tener consecuencias relevante en el
desarrollo intelectual del Río de la Plata: el teatro social.
Un grupo de jóvenes, conformado entre otros por Florencio Sánchez,
José Eulogio Peyrot y Edmundo Bianchi, dio vida a un conjunto "filodramático" que se dispuso a trasladar la protesta social a las tablas. Piezas cortas, escritas y representadas tanto en castellano como en italiano, verdaderas "declaraciones de fe, trasladadas desde el folleto de propaganda o desde
34
la oratoria (...) que(...) conseguían apenas presumir de teatro", alimentaron entonces la labor de este núcleo: Senza Patria, "escenas sociales"
de Pietro Gori; Si fuera cura, monólogo de Rómulo Ovidi; Felice il Cerimoníoso, farsa en un acto de Bartolomé Ardy; ¡Mártir!, "drama en.cinco
cuadr~s y una apoteosis", de Mario Lazzoni ... Pasos de comedia, pequeños dramas, breves bocetos escénicos, estas obritas fueron muchas veces el

�30

SigloXIX

sucedáneo eficaz de la disertación sociológica, profunda pero aburrida, que
el auditorio escuchaba con más disciplina que entusiasmo.
Florencio Sánchez, que al correr de la década siguientt se convertiría
en el primer dramaturgo rioplatense, participó con entusiasmo de esta nueva modalidad de militancia. Como señaló García Esteban en su biografía
de Sánchez,
Florencio intervino en las veladas como actor de muy principalísimo papel. Hacía en ellas unas conferencias dialogadas, en las
que hartaba a sarcasmos a la policía y, sobre todo, al comisario
La Sota, terror de los anarquistas de entonces. Lo hacía en tal
fonna, y con tal arte, y tanta chispa, que el heterogéneo auditorio se retorcía de risa y premiaba aquellas inolvidables Conversaciones con estruendosos aplausos.35
Un paso más en esta labor fue el que en ese mismo año de 1897 cumplió
Flor~ncio Sánchez escribiendo su "scherw en un acto" Puertas adentro,
cruda sátira sobre la sociedad montevideana a cargo de dos sirvientes, que
al paso revelan aspectos relacionados con las condiciones de trabajo del
servicio doméstico.
Faltos de obras en las que la inmediata reaJidad montevideana resultara aludida, el grupo filodramático del Centro Internacional debió recurrir a sus integrantes más audaces para escribir piezas ad hoc. Hacia 1901,
y al impulso de Florencio Sánchez, éste, José Eulogio Peyrot y Edmundo
Bianchi, produjeron sendas obras. Sánchez escribió ¡Ladrones!, que sería
el primer esbozo de su popular Canillita ( obra estrenada en 1902 en
Rosario, Argentina); Peyrot produjo Desquite; y Bianchi dio forma al
"boceto social en un acto" Nobleza de Esclavo. Las tres piezas se estrenaron simultáneamente en el Centro Internacional en julio de 1901.36

El teatro social fue un inteligente recurso frente al desafío de encauzar popularmente, la denuncia de situaciones injustas y la promesa de un
futuro redimido. La burla, la compasión, la protesta, el sarcasmo, se convirtieron en los breves actos de estas piezas, en nuevas armas de lucha, cu•
ya incidencia en los sectores populares reveló nuevas posibilidades de propaganda y ancho campo para la receptividad del discurso revolucionario.

C. Zubillaga: Luchas popular&amp; y cultura alternativa en Uruguay

31

La mútica revolucionaria

M' de diez órganos de la prensa obrerista estuvieron vinculados en su surgi:iento, organización, redacción o difusión, al Centro Internacional. ~e
Estudios Sociales. 37 Algunos de estos periódicos tuvieron_ una ~elac1on
institucional con el Centro, como en los casos de Tribuna Li~ertarw, cuya
(calle de
direcCI·o'n y administración se localizó en la sede de la entidad
U d. ·a1
Río Negro número 274) y ·que llegó a publicar bajo su se o e 1t?n.
38
("Biblioteca de Tribuna Libertaria'") fo~le~os anarq~stas que se d1stn~
buían en las conferencias y veladas artISticas orgamzadas por el Centro,
del cotidiano El Trabajo, la idea de cuya aparición y los primeros pasos
:rganizativos tuvieron lugar en el Centro Internacional, al impulso del
entusiasta Florencio Sánchez.
Sin perjuicio de jugar un importante papel como difusores del ideal
ácrata, como receptores de denuncias sobre violacion~ a los de~ec~os
humanos en el mercado laboral montevideano, como vmculos solidanos
con organizaciones obreras de otros países, estos periódic~s cu~plieron
f inalidad pecuJiar: la de contribuir a la mística revoluc1onana, es de~
~
cir a la sublimación de la utopía-posible Oa Acracia). El lenguaje u izaOa entonación voluntarista de todo el discurso p~riodístico) no_ difirió en todo caso sustancialmente, del de las conferencias, y por lo mismo,
car~ió de proy~cción intensa en los medios aslaria~os por más q~e provocara inquietud en los círculos gobernantes y motivara el sosterudo recelo policial.

d&lt;/

En una similar lfuea de servicio a la mística revolucionaria se inscribieron los homenajes que el Centro Internacional tributó a las grandes figuras
internacionales que encarnaban en ese momento los antivalor~ ~e los que
el anarquismo hacía su bandera de lucha: Emile Zola y EIIBee Reclus.
C
tivo de la muerte de Zola, el Centro Internacional, junto con
on mo
d
• · · d
o umvers1tano
los eIement oS liberales (Club Liberal) y el estudianta
. ,
•f
·' e
Montevideo (Asociación de Estudiantes), orgam_zo una ~aru estac1o_n c~Uejera, en la que fueron discernibles el contmgente liberal-estudiantil
(trescientos hombres) que marchó al frente y separado del resto -~e la columna y el nucleamiento anarquista (estimado por La Rebelwn entre
cuatro' y cinco mil personas), encabezado por el estandarte rojo Y ~egro
del Centro Internacional con la inscripción "Germinal. Los anarqmstas.
Emilio Zola apóstol de la Verdad y del Trabajo".

�32

SigloXIX

El ritualismo cuasi litúrgico de las manifestaciones ácratas tuvo en
la ocasión un abrupto epílogo, del que diera cuenta la crónica de la época:
De regreso los i:nanifestantes al punto de partida, el grupo de liberales Y estudiantes doblaron hacia la calle 18 dirigiéndose a
sus locales (...). Los anarquistas al contrario continuaron en
línea_ ~ecta hasta el centro de la Plaza, donde 'y aunque estaba
proh1b1do hablar por ser silencioso el mitin, el compañero Roberto de_ las C~eras pronun,ció un pequeño, pero vibrante discurso.
1:ermmado e~te, p~esentose el Jefe Político pidiendo se disolvi_eran. Se disponian los compañeros a hacerlo, cantando el
himno de los trabajadores, cuando fueron brutalmente atropellado~ por el_ Escuadrón de Seguridad, siendo un compañero
agredido a punetazos por un esbirro, educado en los prostíbulos
Y en los b?~i~hes de barrios bajos. En pequeños grupos y escol~dos _se ding1eron luego al Centro Internacional, al cual les fue
1mpos1ble entrar por impedirlo la policía que lo tomó por asalto.39

Como complemento de este homenaje eJ Centro Internacional editó un
"número único" de Pro-Zola, con trabajos de Angel Miranda, Enrique
Crosa, Emilio Frugoni, José Ingenieros, Edmundo Bianchi, Perfecto B.
López, José Santos Chocano, José Eulogio Peyrot, Leopoldo Durán y
Soledad Gustavo.40

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

33

La solidaridad internacional
La concepción internacionalista informó la prédica ácrata como lógica derivación del repudio aJ Estado (apreciado en tanto estructura política de
dominación en manos del capital) y a las divisiones nacionales que tenían
al Estado como categoría sustantiva. De allí que los sentimientos de fraternidad proletaria representaran tanto el reconocimiento de una común problemática (y en consecuencia, de una común lucha), como una expresión
negatoria del Estado en cuanto modalidad organizativa de la sociedad.
"Internacionalismo versus nacionalismo" constituyó una de las constantes de la prédica anarquista, manifestada de múltiples maneras en la
actividad del Centro Internacional de Estudios Sociales. En esa perspectiva se inscribió la lectura pública de sus Cart,as de un flojo, que Florencio
Sínchez realizó en 1901 en el salón del Centro. Texto en el que se enjuiciaban las prácticas belicistas de la política criolla (el frecuente recurso a
la guerra civil para dirimir las contiendas partidarias), Cartas de un flojo
fue también el testimonio personal deJ joven dramaturgo (que había participado en 1897 de la revolución saravista) de su ruptura con un "orden"
social sustentado en valores darwinistas:

El duelo por la muerte de Reclus por su parte, fue solemnizado por
el Centro Internacional de Estudios Sociales mediante una velada artísticoliteraria celebrada en el Victoria-Hall de Montevideo el 23 de julio de
1905 : inte~nieron c~n sendos trabajos Pascual Lorenzo, José Eulogio
Peyrot, Emilio Frugoru, Angel Falco, Edmundo Bianchi y Julio R. Barcos.
41
Reco~dos en un folleto, junto a un texto de Kropotkin traducido expresamente de Les Temps Nouveaux de París, los trabajos aludidos constituyeron el homenaje de los sectores avanzados de la sociedad montevideana (incluidos los socialistas), que no contaron en la oportunidad con
el concurso de liberales ni de estudiantes, lo que llevó a Pascual Lorenzo a
advertir que

Te declaro con toda franqueza que quisiera ser más optimista
acerca de la suerte de este país; pero no puedo ver de color rosa
lo que se está poniendo de un gris muy oscuro. Creo que tengan
ustedes las bellas condiciones de que me hablas, pero nada positivo espero de ellas, desde que veo a esa intelectualidad joven
quemándose las cejas sobre amarillos mamotretos, empeñados en
desentrañar enseñanzas de las epopeyas de nuestra raquítica existencia americana, en vez de ocuparse de los hermosos problemas
científicos que agitan las mentalidades contemporáneas, agrupada
en pos de las tibias resacas del primer gaucho clásico que se le
ocurre héroe, enarboladas a guisa de ideal, o de las piltrafas vivas
de cualquier pseudo caudillo, tropero de pasiones, en lugar de estar con los que desde ahora trazan rumbos sobre el porvenir,
desperdiciando en una subordinación lamentable de lo que vale a
la insignificancia, toda su exhuberante vitalidad. No creo en ustedes, patriotas, guapos y politiqueros.43

entre (... ) los habitantes de Montevideo, ni existen liberales ni
existe juventud estudiosa que rebelándose a los viejos y aplasta~res prejuicios sepan pensar de acuerdo con los grandes ideales
unpuestos por el ininterrumpido progreso en su marcha triunfal
hacia la libertad. 42

Conteste con la opción que Florencio Sánchez establecía en su contestatario texto, el Centro Internacional mantuvo una permanent~ preocupación
por los sucesos internacionales que afectaban la situación de los trabajadores, manifestando su solidaridad mediante conferencias y mitines que, según el grado de compatibilidad que sus objetivos presentaban con respe&lt;;to

�34

SigloX/X

a los supuestos locales del orden establecido, resultaban en ocasiones
acompañados por organizaciones liberales y estudiantiles. La enumeración
taxati~ de estas expresiones resultaría fatigosa, pero su mención parcial
puede ilustrar los extremos de una conducta que se encauzó fluidamente
en la vocación internacional del Uruguay.
En septiembre de 1901 la protesta del Centro Internacional se refirió
a ~'la injusticia de que eran víctimas los proletarios de La Coruña (...) a
ra1z de una huelga en que el pueblo fue despiadadamente atropellado ,,_44
En e~e~~ de 1905 e! Centro encabezó Gunto al Partido Socialista y a la
~c1ac1on de Estudiantes) la convocatoria al mitin de protesta ''por los
cr1menes perpetrados por la autocracia rusa, que inhumanamente sembró
de cadáveres de obreros las calles de San Petersburgo ".45
En marzo del mismo año el Centro Internacional y el Partido Socialista volvieron a protagonizar un mitin de solidaridad, referido en la ocasión
a los obreros argentinos, víctimas de la represión dei;atada por el gobierno
de_ Quintana al imponer el estado de sitio para dominar la huelga portuaria .46 En mayo de 1909 la demostración organizada por el Centro Internacio1;1 estuvo referida a los sangrientos sucesos bonaerenses del lo. de mayo, en tanto que en octubre del mismo año protagonizó la más importante demostración popular registrada hasta entonces en Montevideo, en
repudio al fusilamiento en España de Francisco Ferrer. El mitin celebra~º. en ~~ ocasión'. a iniciativa del Centro Internacional, contó con la. par~c1pac10n oratona de, eleme~tos liberales (incluidos legisladores del parti_do gobernante: Rodo, Martmez Thedy) y de connotadas figuras anarquistas Ouana Buela, Angel Falco, Francisco Corney) y socialistas (Emilio
48
Frugoni). No obstante lo cual, los anarquistas dieron su impronta al
acto, portando carteles que reivindicaban el carácter de la movilización
(''Protesta del Pueblo"), y que terminaron en manos de la policía.

CONCLUSION
Fermento de luchas ideológicas por demás gravitantes en la historia uruguaya contemporánea, el Centro Internacional de Estudios Sociales
configuró una experiencia inédita en el ambiente urbano de la capital,
condicionado por la modernización. Implicó una peculiar forma de protagonismo intelectual por parte de sectores tradicionalmente excluidos de
una reflexión socialmente legitimada. En su tribuna, antes qúe la significación de los grados académicos, se consagró el valor ético de la militancia

C. Zubillaga, Lucha&amp; populares y cultura alternativa en Uruguay

35

social. No fueron, en consecuencia, los "bachilleres" quienes hicieron en
sus salones uso y abuso de la retórica, al compás de los últimos textos universitarios no siempre bien traducidos del francés; si hubo retórica (y en
verdad la hubo) esta fue mucho más "ingenua", como propia de quienes
hacían las primeras armas en el esfuerzo por comunicar ideales asumidos
como verdades indiscutidas (y por lo mismo, como los únicos medios para
"despertar a la sociedad adormecida" y conducirla por los senderos de una
"redención" definitiva).
Más allá de sus carencias (de sus debilidades ideológicas, de la excesiva
confianza en el poder transformador de la palabra), la acción del Centro
Internacional de Estudios Sociales marcó un estilo y señaló una conducta
que no resultaron ajenos a la conformación del movimiento sindical ni al
surgimiento de los "partidos de ideas", factores ambos que habrían de
profundizar, en las décadas siguientes, los cauces de una acción unitaria.

NOTAS

l. Sobre el rol cumplido por esta entidad como grupo de presión, cfr. Jacob,
Raúl, "Política -industrializadora y grupos de presión (1875-1898)", en Siglo
XIX. Revista de Historia. No. l. Monterrey (México), enero-junio de 1986,
pp. 146 ss.

2. Regules, Dardo, "Sobre la creación de la Facultad de Humanidades", en Anales de la Universidad. Entrega 155. Montevideo, 1945, p. 40.
3. Citado por Odoone, Juan y París, Blanca. La Universidad uruguaya desde el
militarismo a la crisis (1885-1958). Montevideo, Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República. 1972. tomo l, p. 12.
4. Zum Felde, Alhe~o, Proce$o intelectual del Uruguay. Crítica de su Literatura,
tomo II. La Generación del Novecientos. Montevideo, Ediciones del Nuevo
Mundo, 1967, p.17.
5. Ejemplo de est.a tendencia fue la tesis presentada en 1884 para optar al grado
de Doctor en Jurisprudencia por José T. Piaggio, que versó sobre "El Socialismo y el trabajo a partir de los principios metodológicos de Spencer".
6. Acevedo, Eduardo, Economía Política y Finanzas. Extracto del Curso dictado
en la Universidad. Montevideo, Imprenta El Siglo Ilustrado, 1903, pp. 39, 183184.

�36

SigloXIX

7. Frugoni, Emilio, "Eduardo Acevedo, evocación de un maestro", en Gaceta de lo
Universidad. Año VI. No. 2. Montevideo,junio-julio 1963.
8. Rodríguez, Federico (comp.), Doctrina Pontificia. lli. Documentos sociales.
2a. edición. Madrid, Bfülioteca de Autores Cristianos, MCMLXIV, pp. 196-197.
9. Círculo Católico de Obreros de Montevideo, Album de los Bocla4 de Oro. 18851935. Montevideo, 1936.
10. El Grito del Pueblo. Montevideo, 11 de noviembre de 1896 ("Aspiraciones del
Partido Socialista"),
11. El Internacional. Montevideo, 12-5-1878 ("Un favor y un disfavor").
12. La Lucha Obrera. Montevideo, 13-7-1884, p. l ("Nota").

n.

Denominamos prensa obrerista a aquellos órganos periodísticos que respondían
con su prédica a alguna corriente de pensamiento que perseguía la instauración
de un proyecto social de cambio, sin que en todos los casos sus propulsores pertenecieran• claramente a los sectores asalariados y a sus organizaciones de clase.

14. Denominamos prensa obrera en cambio a aquellos órganos periodísticos publicados por organizaciones gremiales específicas.

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

37

20. Rojo y Blanco. Montevideo, 18·8·1901, p. 137.
21. El texto de la invitación alud fa al motívo de la reunión: "Para protestar contra
el Congreso clerical que en perjuicio de la clase trabajadora pretende imponerse
por medio de la mistificación, arma de la que se han valido siempre los negros
sayones de la Inquisición". (Tribuna Libertaria. Montevideo, 20-5-1900, p. 1).
22. El Amigo del Obrero. MonteVideo, 25-8-1901, p. 2 ("Los anarquistas").
23. La confrontación del Centro Internacional de Estudios Sociales con el diario
La Tribuna Popular tuvo ribetes de agresividad. En octubre de 1901 "varios so•
cios del Centro Internacional" requirieron que el periódíco rectificara su insinua•
ción de que afiliados a la institución anarquista intervenían "en las huelgas como
agitadores interesados" que vivían a costa de los obreros. Ante el silencio de La
Tribuna Popular y bajo la firma de más de quinientos adherentes al Centro lnter•
nacional de Estudios Sociales (que encabezaban Edmundo Bianchi y Pascual
Guaglianone), los anarquistas reiteraron su desafío en lenguaje de inequívoca
provocación: "nosotros, que tenemos virilidad sobrada para poderle dispensar al·
guna de limosna al que nos injuria rastreramente (...), volvemos a desafiar al
tilingo y estulto redactorzuelo que (... ) ha escrito alevosa y vilmente, escudado
en el anonimato(...)". El Trabajo. Montevideo, 25·10- 1901, p. 2; 31-10-1901,
p. 1.
24. Tribuna Libertaria. Montevideo, 2a. quincena de agostoJ.900, p. 3.

15. Real de Azúa, Carlos, Ambiente espiritual del 900. Montevideo, Biblioteca del
Autor Nacional, 1984, p. 25.
16. No deja de resultar significativo que el vocero anarquista El Obrero (de tenden•
cia federacionista) formulara en 1905 la siguiente crítica a la orientación de los
responsabl~ del Centro: "Los administradores del Centro Internacional, ultra·
libertarios, por excelencia enemigos de los reglamentos, partidarios acérrimos de
la libre iniciativa a parole se entiende, porque en los hechos son todo lo conúario,a no ser que por libre iniciativa se entienda reducirla a una cuestión determinada, como hacen ellos, que consideran a todo aquel que no comulgue en
su capilla. antianarquista, como si la propaganda de una idea pudiera reducirse
a un medio tan estrecho" (El Obrero. Montevideo, 10·9-1905, p. 3.).
17. Zum Felde, ob. y tomo cit., p. 28.
18. Alvaro Armando Vasseur (el primer crítico y difusor serio de Marx en Uruguay)
precursor del P'artido Socialista, señaló en una ''nota autobiográfica" escrit;
en 1955 Y dedicada al primer senador socialista, doctor José Pedro Cardoso
•
que tenía ''idea de que hasta ciertos domingos por la tarde se bailaba (en el Cen~
tro)".
19. El citado Vasseur fue una de esas raras excepciones. En una "memoria autobiográfica" de años posteriores, enfatizó al respecto: "Si bien nunca me permití
concurrir a dicho Centro, por no haber sido nunca profesional teórico del 'anar·
quismo' (...). sabía por diversos conocidos y amigos, cuán extraordinario era el
pres~igio que había alcanzado en razón de la frecuencia y del interés social que
suscitaban las conferencias doctrin_arias de tantos intelectuales extranjeros y las
~esoluciones huelguísticas de los líderes anárquicos" (Vasseur, A. A., Infancia y
¡uventud. Montevideo, Editorial Arca, 1969, p. 74).

25. El Trabajo. Montevideo, 5-11-1901, p. l.
26. El Trabajo. Montevideo, 5-11-1901, p. 2 ("Ciencia y vicio").

21. El Trabajo. Montevideo, 21-11-1901, p. 1 (''El Círculo Internacional-Sigue la
clausura").
28. El Trabajo informaba en septiembre de 1901: "El Cúculo Internacional de
estudios Sociales nos comunica que pone sus salones a disposición de todos
los gtemios o sociedades que deseen celebrar reuniones (...)" (El Trabajo. Montevideo, 17-9-1901, p. 2. "El Círculo Internacional de Estudios Sociales-Ofrt.
ciendo su local gratis a los obreros").
Por su parte, Rojo y Blanco ofrecía frecuente cobertura gráfica de las reunio•
nes obreras celebradas en el Centro (véanse por ejemplo: 13·10-1901, p. 268.
"La huelga de cigarreros. En el Centro Internacional"; 20-10-1901, p. 278, "La
lucha obrera. En el Centro Internacional. Asistentes a las Conferencias. . .").
29. Tribuna Libertaria. Montevideo, 7-1-1902, p. 2 ("1901. Balance general del
movimiento obrero").
30. Los gremios en conflicto a lo largo del año fueron los de fideeros, panaderos,
obreros de la construcción del p_uerto de Montevideo, zapateros, conductores
de carruajes, molineros, cerveceros, pelloneros, cigarreros, cartoneros, curtidores, alpargateros, horneros, tranviarios, herreros, peones de barraca (Cfr.: Zubi·
llaga, Carlos y Balbis, Jorge, Historia del movimiento sindical uruguayo. Tomo
I: Cronología y Fuentes (hasta 1905). Montevideo. Ediciones de la Banda
Oriental, 1985, pp. 73/78).
31. El Trabajo. Montevideo, 2-11-1901, p. l. ("Movimiento obrero-Ecos de la huel-

�38

SigloXIX

ga de basureros").
32. Un ejemplo claro de esta situación lo ofreció el caso del argentino Pascual
Guaglianone, quien entre 1897 y 1902 desarrolló una intensa actividad en los
medios asalariados de Montevideo como conferencista, orador y periodista,
siendo objeto (en noviembre de 1901) de un atentado criminal cuyos autores
nunca fueron identificados por la policía local. Retornó por entonces a Buenos
Aires donde continuó hasta 1904 su labor agitativa, para pasar - como recordará
alguna vez- "a trabajar seriamente", ingresando al Ministerio de Instrucción Pública y dedicándose a la docencia. En esta carrera culminó su actuación como
Subinspector General de Enseñanza Secundaria y Profesor universitario en La
Plata y Tucumán, alejado de "todas las locuras que se hacen antes de echar la
muela del juicio" (según su propia confesión).
33. Et Derecho a la Vida. Montevideo, diciembre 1899, p. 2 ("La verdad en marcha").
34. Cúneo, Dardo, Anotación a "Puertas adentro", en Sánchez, Florencio, Teatro
Completo. Veinte piezas seguidas de otras páginas del autor compiladas y anotadas por Dardo Cúneo. 3a. edición. Buenos Aires, Ed. Claridad, 1964.
35. García Esteban, Femando, Vida de Florencio Sánchez. Con cartas inéditas del
insigne dramaturgo. Santiago de Chile, Ediciones Ercilla, 1939, p. 72.
36. La Razón. Montevideo, 2-12-1920 ("Autores uruguayos"."Creo que daremos
al mundo - dice el señor Edmundo Bianchi- nuestra gran cooperación artística").
37. Fueron ellos: El Derecho a la Vida (1898-1900), La .Aurora (1899-1900), El
Amigo del pueblo (1899-1900), El Libertario (1900), Tribuna Libertaria (19001902), Et Trabajo (1901-1902). La Rebelión (1901-1903), Vida Nueva (1902),
Tiempos Nuevos (1903), Futuro (1904-1905), El Combate (1905).
38. En 1900 dio a las prensas el trabajo de Kropotkin La anarquía en la evolución
socialista.
39. La Rebelión. Montevideo, 12-10-1902, pp. 23 ("Manifestación pro-Zola").
40. Pro-Zola. Número único. Montevideo, editado por el Centro Internacional de
Estudios Sociales (1902) (18 pp.).
41. Elueo Reclus. Homenaje. Montevideo, 1905 (original conservado en el lnternational instituut voor Sociale . Gechiedenis - Amsterdam ).
42. lbidem, pp.14/ 15.
43. Sánchez, Teatro Completo. ..• cit., pp. 503/504 (Cartas de un flojo. ll. No creo
en ustedes).
44. Et Trabajo. Montevideo, 16-9-1901,p. 2.
45 . Diario Nuevo. Montevideo, 28-1-1905, p. 2.
46. De este mitin, que convocó a más de 4 000 personas, participaron los dirigentes

C. Zubillaga: Luchas populares y cultura alternativa en Uruguay

39

argentinos Alfonso Grijalbo (anarquista) y Alfredo Palacios (socialista) (El Obrero. Montevideo, 11-3-1905, p. l).
47. Caras y Caretas. Buenos Aires, 15-5-1909.

48. Caras y caretas. Buenos Aires 23-10-1909.

�Condiciones de la Vida Material de los Sectores
Populares en Buenos Aires, 1880-1914

Leandro Gutiérrez*

El siguiente trabajo tiene como propósito describir y analizar algunos aspectos de la vida material de los sectores populares en la ciudad de Buenos Aires en los años que median entre 1880 y 1914. En Buenos Aires,
como en otras ciudades latinoamericanas, estos fueron años de profundas transformaciones en la sociedad en su conjunto y en los sectores populares en particular: fueron adquiriendo una dimensión antes desconocida y s.e fueron conformando sus actitudes y modalidades.
No obstante su relevancia, este acontecer histórico no recibió, hasta
hace pocos afios, un tratamiento equivalente entre los historiadores profesionales, que se orientaron más bien a efectuar la historia de gobiernos
y gobernantes antes que la de la sociedad. Sin embargo, desde otros campos del quehacer intelectual surgieron libros, folletos y diversos tipos de
publicaciones que sí tuvieron a algunas fracciones de los sectores populares como sujeto de sus análisis. Existen algunos trabajos paradigmáticos
~e marcaron ciertas orientaciones en obras posteriores- de los que conviene reseñar brevemente sus características para estimar sus logros y limitaciones.
En nuestro caso, y para el período que nos ocupa, son fundamental-

*Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos Aires,
Aigentina. Una versión inicial de este trabajo fue incluida en Revista de Indias, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Espafia), vol. XLI, 163-164, enero-junio
de 1981.

�42

SigloX/X

mente tres los textos que reúnen esas características.1 En primer lugar,
cada wto de ellos es producto dpl trabajo de dirigentes sindicales de los
distintos signos ideológicos (anarquismo, socialismo y sindicalismo) que
dominaron la escena en esos años formativos. Constituyen cada uno un
ferviente alegato en favor de sus posiciones, a la vez que una fuente de información de singular valor. No obstante esta fuerte diferencia, tanto las
fuentes utilizadas como las dimensiones recorridas son comwtes. Las
fuentes son los periódicos y actas de los congresos de diferentes organizaciones aunque, naturalmente, interpretados de manera distinta según
cada autor. En cuanto a las dimensiones analizadas, todos se ocupan casi
exclusivamente de la organización sindical, las ideologías dominantes y la
acción de protesta. Cabe señalar que estas orientaciones establecieron una
cierta tradición en los estudios posteriores: aún hoy historiadores y sociólogos profesionales continúan por esos caminos iniciales, aunque profundizando la información y aportando algunos nuevos conocimientos.
Pero para nuestros efectos la reseña efectuada tiene por objeto remarcar que importantes aspectos de la historia de los sectores populares no
fueron atendidos por esos textos y, tampoco, por quienes siguieron sus
lineamientos. Las condiciones de la vida material fue uno de ellos. Esta
particularidad parece compartirla nuestra historia con lo acontecido en
otros contextos. Eulalia María Lahmeyer Lobo sefiala idénticas situaciones para el caso brasileño cuando afirma:
Estos enfoques dejaron de lado aspectos ·fundamentales, tales como las condiciones de vida en general de la clase obrera y, en
particular, en la fábrica, las peculiaridades de la clase obrera en
función del proceso de transición de la artesanía hacia la manufactura y de ésta hacia la industria, y perjudicaron el hallazgo de
un método más adecuado de mvestigación.2

Las disgresiones precedentes tuvieron por objeto fundamental mostrar
wta de las causas de la legitimidad de emprender una investigación tendiente a esclarecer las singularidades de las condiciones de la vida material de los sectores populares, y tratar de hallarles alguna explicación. Pero, además de las carencias bibliograficas, existen otras de carácter más
teórico que incrementan tal legitimidad.

En primer término, los estudios sobre organización, ideoJogía y acción toman a los trabajadores instalados en su lugar de producción: espacio sin duda relevante para comprender su constitución como tales pero

L. Gutiérrez: Condicione, de vida populares en B. Airea

43

que deja al margen el lugar del consumo, donde también se articulan y estrechan componentes de tal constitución. Particularmente en contextos como Buenos Aires, donde por las características del mundo del trabajo ~
comparten más experiencias fuera del lugar de trabajo que en su propio
~no.
Este conjunto de experiencias compartidas se trasmutará en el proceso histórico en atributos de la cultura popular que permitirán a estos sectores, al mismo tiempo, identificarse y diferenciarse del resto del conjunto
social.
El conjunto de problemas que encierra el tema es muy amplio y alcanza desde algunos inmateriales y de muy difícil medición hasta otros
más claramente definidos,3 que indudablemente le corresponden. Los
tratados en este artículo corresponden a este último grupo: habitación y
vivienda son sin duda aspectos centrales de las condiciones de vida de los
sectores populares, particularmente en context~s de rápida urbanización.
Estas dos dimensiones procurarán ser analizadas con una proyección
más extensa que lo simplemente cuantitativo y, con ello, resolver el problema planteado por la vertiente de la historiografía que se detuvo particularmente en el análisis de los nive]es de vida obviando el problema de su cali-

dad.
En este sentido resulta de interés conocer los lineamientos de la discusión surgida en tomo al pr'oblema de los niveles de vida de las clases trabajadoras inglesas a comienzos de la Revolución Industrial. La diferenciación
existente entre ambas corrientes se tradujo o provenía del uso de determinadas fuentes y métodos de investigación. Así, quienes estudiaban fundamentalmente el nivel de vida emplearon el salario real como el indicador
más apropiado. Este indicador merece sm embargo algunas objeciones provenientes del mismo campo de los economistas que Taylor resume: 1) conciernen básicamente a los salarios y no a los ahorros; 2) no dicen nada acerca del desempleo; 3) no toman en cuenta los cambios en la distribución de
ocupaciones dentro de la economía; 4) no permiten ver las continuas variaciones en las necesidades y carencias como lo que se expresa a través de los
presupuestos familiares. Por otro lado, quienes se inclinan más por estudiar la calidad de la vida convienen en señalar que "se da el caso -el fenómeno es perfectamente posible- de que las medias estadísticas y las experiencias humanas lleven direcciones opuestas".4

�44

SigloXIX

El Buenos Aires de los años bajo estudio ofrece un estimulante campo
de análisis de esa divergencia. Aún aceptando totahnente el crecimiento de
los salarios reales, como lo demuestra para ciertos conjuntos de trabajadores quizá la única investigación realizada con esta perspectiva,5 las condiciones de habitación, salud y alimentaciór{, la incertidumbre laboral y los
trastornos y frustraciones de numerosos inmigrantes desesperanzados parecen haber sustraído parte de las ventajas posibles de obtener con mayores
recursos monetarios. La pieza de conventillo* ~e habrían podido pagar
no sólo confinaba a los trabajadores arribados a Buenos Aires a un clima de
insalubridad y hacinamiento semejante quizá al que dejaban atrás, sino
que también los obligaba a reestructurar relaciones familiares y crear, no
siempre con éxito, nuevos sistemas de solidaridad.
Algunos problemas semejantes podrían plantearse en el campo de la
alimentación. No parece suficiente demostrar que se podían adquirir alimentos sino también preguntarse por su calidad cuando, en parte por problemas derivados del mismo crecimiento urbano, su adulteración era un
hecho frecuente. Y la elaboración afinada de esos alimentos era imposible
por las características de la vivienda y el pobre instrumental doméstico
existente.
Finalmente es preciso indicar que las fuentes utilizables no son muy
abundantes, aunque tampoco escasas. Existen presupuestos familiares tp1e
no son muy frecuentes y que merecen un análisis minucioso. Hay informaciones de periódicos y ensayos parciales sobre algunos temas conexos; y las
tesis universitarias referidas a las condiciones de los sectores populares y a
problemas de consumo de bienes básicos para mejorar la vida, son abundantes y utilizables. De cualquier manera, el tratamiento de la cuestión
exige gran versatilidad en el empleo de fuentes puesto que, como afinna
Kula,
el sistema de consumo se halla ligado a todos los elementos de la
vida social. Necesita ser analizado en su más amplio contexto y

sobre la base de fuentes documentales más diversas. No es posible abandonar la tarea cuando no existan presupuestos familiares
o datos cuantitativos. Los ritos populares, los proverbios, las diversas metáforas, etc. : . todo ello es susceptible de abrimos camino hacia el examen de unos problemas humanos trascendentales.6

*Nota del Editor: véase la definición de conventillo brindada por el autor y la descripción de Eduardo Wílde en el apartado dedicado a vivienda.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Air.es

45

BUENOS AIRES ENTRE 1880 Y 1914
La República Argentina inició hacia 1880 ~ pro~ que hab~a de concluir con su incorporación plena a la econom1a mundial como pais p~o~uctor de alimentos. Fue una inserción dependiente a un mercado capitalista
desarrollado facilitada por agentes externos, capitales y mano de obra, e
internos, como la disponibilidad de tierra abundante para la expansión de
las actividades agropecuarias productoras de bienes exportables.
Entre 1880 y 1914 el crecimiento de la población, el intercambio comercial y la renta por habitante fueron notables. Junto al desarrollo de las
exportaciones fue reordenándose la estructura pr~uctiv~ interna en fa_vor
de rubros más modernos que los cueros, lanas sucias, tasaJO y otros art1culos de escasa elaboración, que constituían las anteriores listas de productos
negociados con el exterior. Las importaciones también aumentaron en
estos años. Su composición incluía el capital y materias primas para manufacturas locales. Las inversiones externas, particulannente británicas, se
volcaron, en una primera etapa, hacia los préstamos al gobierno bajo_~ersas formas. Luego de la retracción de inversiones siguiente a la c ~ de
1890 se reiniciaron en los primeros años del siglo XX con una nueva onentació~: ferrocarriles, compañías de tierras, bancos y frigoríficos fueron, a
partir de entonces, quienes se beneficiaron.
El crecimiento de la población fue acelerado y basado en la incorporación de migrantes europeos, especialmente italianos y españoles. El total
de habitantes pasó de 1 836 490 en 1869 a 3 955 060 en 1895 y 7 ~5 237
en 1914. La expansión territorial constituyó el factor interno que, J?nto a
los señalados, permitió la incorporación del país al mercado mun~al. La
conquista y ocupación de tierras inexplotadas modificaron sustantivamente la extensión de las áreas cultivadas.7
Así como factores internos y externos contribuyeron a la expansión
final resultante, agentes de igual carácter influyeron para que _en su proceso
se registraran etapas diferentes de distinto signo. Para el periodo que estudiamos se encuentran por lo menos tres:

a) La década de 1880 hasta la crisis de 1890, durante la cual ~ubo u~ elevado saldo inmigratorio positivo, crecimiento del comercio extenor Y
de las inversiones de capital británico en la Argentina.

�46

SigloXIX

/,. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

b) Desde la crisis de 1890 hasta los primeros a.fios del siglo XX, en que e)
ritmo de ingresos de migrantes externos disminuyó y se interrumpió el
flujo de capitales.
c) A partir de los primeros a.fios de la centuria y hasta 1913, en que se retoma la expansión de la inmigración, con afluencia de capitales y de
inversiones en infraestructura.
El carácter exportador del modelo económico trajo como consecuencia el crecimiento rápido de la ciudad de Buenos Aires: lugar de embarque
de los productos y de arribo de la mano de obra, se instaló en ella una parte considerable de la población y de la red de comercialización. Es preciso
agregar que su carácter de capital y centro administrativo del país. contribuyó a tal crecimiento, al tiempo que la necesidad de procesar, por lo menos en parte, algunos de los productos exportables y el auge de la demanda
urbana misma, decidieron la instalación de establecimientos de transformación de cierta magnitud y una considerable cantidad de pequeños talleres manufactureros.

CRECIMIENTO DE LA POBLACION Y LA OCUPACION (1869-1914)

1869 .•.......
1887 .........
1895 .........
1904 ...... .•.
1909 ........•
1914 .........

1

Población P.oblación
total
ocupada Argentinos ºlo Extranjero@ º/o
177 787
433 375
663 854
950 891
1 231 698
1 575 814

98 723
203 272 54 607 26.9
305 124 84 500 27.7
406 681 141 443 34.7
641944 254 019 39.6
792 361 279 678 35.3

La incorporación de nuevos espacios modificó el tamaño del radio urbano donde, además, se realizaron diversas obras de mejoramiento. Las distancias interurbanas se acortaron con la instalación progresiva de vías de
tranvías que dibujaron una apretada malla. Naturalmente, el crecimiento
de la población total resultó acelerado y, simultáneamente, se e~p~dió la
ocupada. El cuadro I permite apreciar una y otra cosa como, asmusmo, la
participación de los extranjeros.

Una información más desagregada de esta población empleada puede
verse en el cuadro II. Muestra, en primer lugar, el mantenimiento, en l~eas
generales, de una cierta distribución de las ocupaciones d~nde_ predo~an
las actividades de servicios, junto a otras con denommac1ones mas o
menos estereotipadas que no permiten una clara diferenciación en ténninos de relaciones de producción. Es decir, no sabemos cuantos de ellos son
trabajadores dependientes con relación salarial definida, y cuántos especi~listas con algún grado de autonomía. De cualquier manera, para los prop~
sitos de la investigación, esta diferenciación no parece ser un dato decididamente significativo: ambos conjuntos forman parte sin duda de los
sectores populares, cuyas condiciones materiales constituyen el objetivo
de la investigación.
LA VIVIENDA

CUADRO 1

Afio

47

148 665
220 634
265 538
387 925
512 683

73.1
72.3
65.3
60.4
64.7

FUENTES: Censos Nacionales de 1869, 1895 y 1914.
Censos Municipales de 1887, 1904 y 1910.
Scobie, Buenos Aires, del centro a los barrios, 1870-191 O, citado.

Las condiciones de habitación de los sectores populares en el período
8
estudiado pueden dividirse, como lo ha hecho Yujnovsky, en dos etapas
definidas: la) 1880-1900, cuando predomina el conventillo; 2a) 19001914, en que el conventillo se reduce parcialmente y se difunde el asentamiento periférico.
Los conventillos eran viviendas colectivas donde alquilaban habitaciones los trabajadores. Las mismas se caracterizaron por sus condiciones de
habitabilidad deficientes en extremo, por la ~arencia usual de un número
de baños suficiente, carencia de cocinas, aire e iluminación poco adecuados, etc. Los testimonios de contemporáneos son probablemente los aportes más precisos para su conocimiento. Algunos de ellos provienen de destacados hombres públicos que, sensibles a lo crítico de la situación, emprendieron campañas para su mejoramiento. Eduardo Wilde, por ejemplo,
describía en 1893:
No trataremos de las casas de las personas bien acomodadas o que
tienen una mediana posición; hablemos de lo que son las casas de
inquilinato para los pobres.

�48

Siglo XIX

L. Gutié"ez: Condiciones de vida populares en B. Aires

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En est.as condiciones vivía una cantidad de personas cuya magnitud fue
considerable como puede observarse en el cuadro III.

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No sé si todos las conocen.
Yo, por mi profesión, me veo obligado muchísimas veces a penetrar en ellas, y tengo ocasión de observar lo que allí pasa.
Un cuarto de conventillo, como se llaman esas casas ómnibus, que
albergan desde el pordiosero hasta el pequeño industrial, tiene
una puerta al patio y una ventana, cuando más; es una pieza cuadrada de cuatro metros por costado, y sirve para todo lo siguientes: es la alcoba del marido, de la mujer y de la cría, como dicen
ellos en su lenguaje expresivo; la cría son cinco o seis chicos debidamente sucios; es comedor, cocina, despensa, patio para que
jueguen los niños, sitio donde se depositan los excrementos, a lo
menos temporalmente, depósito de basura, almacén de ropa sucia
y limpia si la hay, morada del perro y del gato, depósito de agua,
almacén de comestibles, sitio donde arde de noche un candil, una
vela o una lámpara; en fin, cada cuarto de éstos es un pandemónium donde respiran, contra las prescripciones higiénicas, contra
las leyes del sentido común y del buen gusto y hasta contra las
exigencias del organismo mismo, cuatro, cinco o más personas.
De manera que si hubiera hecho algo con el propósito de contrariar todos los preceptos higiénicos, al hacer un conventillo, no se
habría acertado mejor.9

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49

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Naturalmente estos indicadores resumen situaciones de diferente orden. En efecto , la distribución de los conventillos fue desigual dentro de
la ciudad: se nucleaban más en algunas secciones que en otras, como lo informan tanto los datos censales como las fuentes cualitativas. 10 . El mayor número de conventillos por extensión se registró en las áreas centrales
de la ciudad donde, como lo señala el comentarista del censo municipal de
1887, se concentraban las fuentes de ocupación de los habitantes de los
. .
11
mismos.
También se registraban diferencias en lo relacionado al porcent.aje de población habitante de los inquilinatos respecto del total de
la población. Existieron barrios do~de la población habitante de los mismos llegaba al 40%, como por ejemplo La Boca. Los del centro de la ciudad, por la razón anteriormente apuntada, agrupaban una porción considerahle de la población, entre un tercio y un cuarto, en estas deterioradas viviendas.
Durante el subperíodo 1880-1900 los barrios más alejados, como
Belgrano y Flores, casi no contaban con este tipo de viviendas.

�50

SigloXIX

L. Gutiérrez: Condicione, de vida populares en B. Aires

51

El promedio de personas por cuarto para toda la ciudad escondía
asimismo realidades diferentes. Ciertamente muchos albergaban sólo a un
matrimonio con sus hijos o un número de personas cercano al promedio.
Pero eran numerosos los casos, como los que da noticias Scobie, donde la
aglomeración era sensiblemente mayor al promedio. En efecto, cuartos de
conventillos donde vivían ocho o más personas no eran infrecuentes. Así,
por ejemplo:

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El conventillo de la calle Salta 807 tiene ocho piezas habitadas
por 48 personas. En el cuarto número 5, de 5 varas por 6, dormía
un matrimonio, una niña de quince años y seis hombres. En la
pieza número 2, de 5 por 5, dormía una mujer, cuyo marido estaba en el lazareto, y cinco hombres más. Dos cocinas albergaban
once hombres y la pieza número 7 a seis hombres más.
Algunos años después, en una sorpresiva visita nocturna a los conventillos de La Boca, el jefe de servicio de salud pública encontró habitaciones en las cuales dormían doce personas. 12

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CUADRO IV

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CONVENTILLOS EN EL CENTRO DE LA CIUDAD (1887-1904)

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877

30.9

35 277

32.5

30.3

1904 (distritos
13-14)

647

26.3

34.790

26.8

25.2

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FUENTE: Scobie, citado, cuadro 5.

�52

Siglo XIX

También respecto a las características de la construcción de las casas convertidas en conventillos el dato global oculta diferencias. En los barrios
centrales lo predominante lo constituían las casas de material de construcción antiguas, a muchas de las cuales se les habían agregado instalaciones
más precarias con el objeto de obtener mayores beneficios con su arrendamiento. En otras secciones de la ciudad, especialmente en el barrio de La
Boca, lo dominante eran las construcciones de chapa y madera sin mejoras atenuantes del frío o el calor.

Las diferencias apuntadas no anulan las semejanzas, vale decir lo que
era común a todas estas viviendas. En primer término, las nacionalidades
dominantes. No es extraño que en una ciudad que creció por la incorporación de trabajadores inmigrantes, el grueso de la población habitante de
estas barracas, además de trabajadores, fuesen extranjeros. En el año 1887
la proporción de extranjeros inquilinos para toda la ciudad era del 66%.13
En verdad, aunque se hallasen casas donde una nacionalidad prevalecía, en
la mayoría de ellas la plurinacionalidad se reiteraba.
Luego, las condiciones de habitabilidad. Las casas construidas o adaptadas para conventillos carecían en mayor o menor medida de elementos
necesarios para una vida confortable. Los extremos de aquella casa con
300 habitantes, con sólo seis llaves de agua, dos baños - que los menores
de diez a catorce años no podían usar- y tres mecheros de gas para alumbrar todo el edificio, parecen poco corrientes. 14 Sin embargo, fue característico que sólo tuvieseil una puerta como única comunicación al exterior
y logar de entrada de aire y luz. La falta de duchas, canillas y baños fue
constante a pesar de las disposiciones municipales reglamentarias. 15

La preparación de las comidas se realizaba habitualmente en braseros

de carbón colocados a la entrada de las habitaciones, ya que las piezas no
poseían cocinas individuales ni el conventillo las tenía comunes. El equipamiento doméstico era por demás escaso probablemente porque los ingresos no eran suficientes para mejorarlo pero, además, porque el tamaño de
las habitaciones no lo permitía. El espacio en ellas estaba ocupado fundamentalmente por personas. El activo en moblaje lo formaban habitualmente una cama, una mesa, alguna silla, a veces un lavatorio, aunque generalmente el aseo personal se efectuaba fuera de la habitación, en algún
recipiente sencillo. Estaban también los que los contemporáneos llamaban
"los efectos morales" derivados de la convivencia en un único ambiente de

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

53

matrimonios con hijos de diferente sexo y edades, de adultos no emparentados con menores y adolescentes.
El hacinamiento y las malas condiciones de habitabilidad de los edificios hicieron de la vivienda popular un foco de generación y difusión de
enfermedades infecciosas, epidémicas y otras relacionadas con las carencias que apuntamos. Médicos preocupados por la higiene pública, funcionarios de la administración, estudiosos, dirigentes de organizaciones populares diarios del origen más variado y otras fuentes dan cuenta de este fe,
·
•
16
nómeno que no es menos grave por ser conocido.
El rápido crecimiento de la población y el no igualmente rápido de la
vivienda provocaron el hacinamiento.
El costo de la vivienda tuvo significativa incidencia en los gastos de la
familia trabajadora. Las estimaciones de los contemporáneos, aceptadas
posteriormente, lo ubican entre el 20% y el 30% del gasto total. Cortés
Conde obtiene un 22% promediando presupuestos de diferentes años entre 1897 y 1918.17 Asimismo el costo del alquiler consumía una parte importante del salario. Esta participación tendió a crecer en la década de 18801890. Posteriormente, en la siguiente, podría haber descendido en términos nominales. "Sin embargo, el dato para 1896 indicaría que se habría
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· sobre el salario
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mantenido o incluso aumentado la mc1
El crecimiento notable del número de conventillos ocurrió entre 1880
y 1890, disminuyendo luego para alcanzar los anteriores niveles nuevamente en 1904. El movimiento está estrechamente vinculado a las fluctuaciones en el saldo inmigratorio y a los ciclos de la economía en su conjunto.
De cualquier manera, en la última etapa las condiciones de la vivienda mejoraron no tanto porque los edificios donde se agrupaban los trabajadores
hubieran cambiado sustancialmente, sino porque la difusión del servicio de
aguas corrientes, cloacas, recolección de desperdicios y otros mejoraron la
higiene pública, particularmente en los barrios céntricos de concentración

de la vivienda popular.
En los años que siguieron a 1900, hasta 1914, hubo cambios que permiten diferenciarlos del anterior período. En primer lugar se redujo el porcentaje de ocupantes de los conventillos sobre el total de la población. Por
otro lado, un conjunto de circunstancias favorecieron la descentraliza-

�54

SigloXIX

ción de la población y la adquisición de lotes de tierra urbana, donde luego _se construiría, o de casas construidas por parte de los trabajadores que
meJoraron de esta manera sus condiciones de vivienda. Los conventillos
continuaron existiendo en el centro de la ciudad.

El proceso de traslado de la población basado en la adquisición de la
propiedad de lotes de tierras periféricas fue posibilitado por algunas circunstancias concurrentes: a) electrificación de la red tranviaria que acortó
las distanc~as entre los barrios alejados y los lugares de trabajo, y abaratamiento de las tarifas del transporte por ese medio; b) incorporación al
mercado de tierra urbana que, fraccionada, se ofrecía a precios accesibles
Y con facilidades de pago; c) nuevo ciclo de auge de la economía nacional
con cierta estabilidad monetaria.
Durante estos años, hasta 1910 aproximadamente,19 " ... la adquisición de un pequeño lote y de una casa modesta estuvieron al alcance del
obrero especializado, del artesano o del empleado de Buenos Aires".20
Esta situación, al desagregarse, muestra que " . . . han quedado en
los conventillos las capas de población de menores recursos, sin ingresos
suficientes para el acceso a -la propiedad inmobiliaria",21 y que eran los
italianos los mayores adquirentes en el anillo periférico.

No parece haber duda que en esta etapa hubo una modificación favorable en la cuestión vivienda de los sectores populares. De cualquier forma,
persistieron algunos problemas relacionados con el tipo de servicios colectivos ejecutados usualmente por alguna instancia del Estado. Muchos de
los terrenos en que se asentaban las nuevas viviendas eran anegadizos, sin
obras que resolvieran el drenaje de las aguas. Tampoco le alcanzaban las
extensiones de agua corriente ni los servicios cloacales.22 Allí los problemas de morbilidad consecuentes con el conventillo habían desaparecido
en lo que hace a la propagación, ya que el hacinamiento difusor de enfermedades cedió terreno con la vivienda aislada. Lo que, en cambio, no
se solucionó fue la persistencia de enfermedades infecciosas y gastrointestinales derivadas, sobre todo, de la utilización de aguas con~inadas,
provenientes de pozos cercanos a sumideros o de las compradas a aguadores sin condiciones de higienización suficiente.
Otro problema preocupaba por lo menos a los inspectores del Depar-

L. Gutiérre~: Condicione, de vida popularu en B. Aire,

55

tamento Nacional del Trabajo y seguramente también a los sectores populares: el tamaño de la vivienda.
En la vivienda del obrero inglés -decía el Boletín del Departamento Nacional del Trabajo- predomina el tipo de 4 y 5 piezas,
en el alemán de 3 piezas y en la del francés 2. Entre nosotros la
vivienda de una pieza predomina con 70 por 100, alcanzan las de
2 piezas a 24 por 100 escaso y el tipo de tres y más piezas, que
numéricamente da el 6 por 100, es en realidad parir el obrero desconocido.23
Todavía en 1919 la mitad de las familias obreras vivía en una pieza y el

38% en dos.24

No hay ninguna duda de que el crecimiento de la población y, consecuentemente de la demanda de vivienda, abrió la posibilidad de obtener
grandes beneficios a los propietarios urbanos. Esta posibilidad estuvo favorecida por la acción del Estado, que no intervino en el funcionamiento del
mercado de vivienda.25 Los poderes públicos, nacionales o municipales, se
abstuvieron de iniciar cualquier acción significativa tendiente a mejorar
la situación habitacional de los sectores populares. Es cierto que hubo algiinos intentos provenientes en primer lugar de los poderes municipales,26
pero o sólo fueron iniciativas o tuvieron poca extensión sea en cuanto al
número de viviendas construidas como a los grupos que pudieron favorecerse con ellas. El análisis de la política estatal ha demostrado que la ideología liberal dominante fue la que orientó su no participación en el mercado de vivienda, dejado, en consecuencia, libre para la acción de la actividad privada (favorecida y estimulada a su vez por diversos mecanismos).
Si bien el Estado no mostró preocupaciones por solucionar la vivienda del trabajador, sí las tuvo por los problemas que la mala vivienda podía ocasionar al conjunto de los sectores sociales. Esto determinó que se
dictasen nonnas municipales tendientes a disminuir en lo posible, y sin
afectar los mecanismos del mercado, los perjuicios de las viviendas insalubres: la mayor parte estuvo orientada contra la proliferación de gérmenes
e insectos portadores, y se originó y reactivó en períodos epidémicos.
Otras disposiciones eran más puntuales y obligaban a denuncíar los casos
de enfermedades cuya propagación era incontenible si no se procedía a un
rápido aislamiento del afectado. La viruela mereció especial atención en
este sentido.
Todas estas disposiciones fueron frecuentemente eludidas. Periódicos

�56

Siglo XIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

57

e instituciones daban cuenta frecuente de ello y de los mecanismos con
los que se eludían las posibles infracciolies y las sanciones de la autoridad
de aplicación. En última instancia, el medio que el Estado empleaba para
proteger la salud pública amenazada por estas viviendas y sus habitantes
era su desalojo. Casi a diario los periódicos y otras fuentes informaban sobre estas acciones.27 Pero al margen de la efectividad que se haya observado en el cumplimiento de las ordenanzas, importa señalar que siendo el
cuidado de la higiene pública su principal objetivo, poco se cuidaba la
situación de los habitantes de las casas desalojadas. La fuerza era el
instrumento empleado frecuentemente contra inquilinos de viviendas
cuyos propietarios no realizaban las mejoras obligadas, simplemente porque usaban intensivamente su capitaI.28

dieron construir allí su vivienda, en medio de un ciclo de auge de la ec9nomía y de estabilidad monetaria que permitió la adquisición y construcción
financiada. Esto pudo haber significado un mejoramiento en las condiciones de la vivienda popular a pesar de no alcanzarles las obras de mejoramiento urbano y sanitario. También habría representado un proceso de
diferenciación al interior de los sectores populares, donde los nuevos propietarios se distingu Ían de los que nada poseían. Estos últimos continuaron viviendo en los hacinamientos de los antiguos barrios que, sin embargo, habían mejorado relativamente con la extensión de los servicios de
aguas corrientes, cloacas, pavimentos, barrido de calles, etc., aunque no en
todas las zonas por igual, dado que algunas, como La Boca, no perdieron
sus carencias.

Por otro lado, mientras la oferta de viviendas no crecía al ritmo de la
demanda, y la casa Ómnibus, con gran concentración de población, era
la alternativa habitacional (por el costo del alquiler) para los sectores populares, los desalojos no conseguían otra coas que desplazar el hacinamiento de un lugar a otro, con lo cual el propósito de mejorar las condiciones de higiene pública volvía a quedar insatisfecho. Esta paradoja, ya
señalada por los contemporáneos, ha sido retomada por los estudiosos
actuales.29

Algo, con todo, se mantuvo inalterable y fue el costo de la vivienda.
"El alquiler en la Capital Federal -decía el Boletín del Departamento Nacional del Trabajo en 1912- es mucho más elevado que en otras partes del
mundo y pesa mucho más sobre el inquilino que en los países europeos y
más que en las ciudades norteamericanas ".30 Para los que habían adquirido
ai parcela el precio de las cuotas pesaba de igual manera y los obligaba a
serias restricciones en otras áreas del consumo.

En síntesis, el rápido crecimiento de la población de Buenos Aires
durante los treinta años recorridos no fue acompañado por un proceso
semejante en el parque de vivienda. Consecuentemente, viejos edificios y,
en medida mucho menor, otr.os construidos al efecto, constituyeron la
habitación de los sectores populares. En ellos se agruparon en condiciones deficitarias: al elevado número de personas por habitación se agregó
la insuficiencia de instalaciones confortables dentro (falta de baños, cocinas y llaves de agua) y fuera (cloacas, pavim.entos, drenajes, etc.) de la casa. Los poderes públicos nada hicieron por mejorar la situación de la vivienda de los trabajadores en los conventillos. Se ocuparon, sí, de los aspectos en que la mala vivienda se vinculaba con la higiene pública. El
éxito de esta preocupación estuvo limitado fundamentalmente por la paradoja señalada.
Estas condiciones, sin embargo, no fueron iguales a lo largo de todo
el período. En los últimos diez años, particularmente, hubo una expansión
hacia los suburbios basada en la adquisición de la propiedad privada de tierra urbana en lotes que fueron reduciendo su tamaño. Los trabajadores que
participaron en este proceso, los de mejores y más estables ingresos, pu-

A pesar de estas circunstancias adversas, son escasos los hechos colectivos en relación al problema de la vivienda. Un movimiento de protesta de
alguna magnitud tuvo lugar con la " huelga de inquilinos" de 1907 que, si
bien se extendió por la ciudad y tuvo repercusión amplia y aún reconocimiento de su justeza por parte de agentes del Estado, no pudo provocar
modificaciones definitivas en lo que constituían sus demandas. 31 Ciertamente, a partir de entonces los partidos políticos más sensibilizados con
las preocupaciones populares propiciaron cambios en las políticas públicas
Y privadas respecto de la vivienda; poco es lo que se obtuvo, sin embargo,
salvo la definición más explícita de parte de los sectores dominantes en favor de la no intervención del Estado en la materia.32 Los sectores populares, por último, tampoco organizaron instituciones destinadas a solucionar
colectiva y autónomamente el problema. El único conocido y exitoso, una
cooperativa de crédito, requería para poder utilizar sus ventajas la posesión
de un cierto capital inicial y la capacidad de amortización del préstamo. El
campo de beneficiarios se limitó, consecuentemente, a los trabajadores de
mejores y regulares ingresos.

�58

SigloXIX

ALIMENTACION
En la Argentina no existen estudios sobre la cuestión de la alimentación
que permitan observar qué tipo de modificaciones resultaron, por lo menos coetáneas, al proceso de urbanización e incipiente industrialización registrado en la ciudad de Buenos Aires para el período en análisis. Obviamente no pueden hacerse inferencias sobre si la inserción de los migrantes
en el ámbito urbano en formación provocó desajustes en su dieta alimentaria.
Sería deseable llegar a conocer con certeza, por lo menos, dos circunstancias: la composición de la canasta de consumos alimenticios en diferentes años, y la relación entre el tipo de alimentación en el país de origen y
la consumida en la ciudad de Buenos Aires. Sin duda alguna, la primera
cuestión, junto con la posibilidad de plantear algunas hipótesis referidas a
si la dieta satisfacía o no los requerimientos de la recuperación cotidiana
de la fuerza de trabajo, parece más probable de resolver que la segunda,
que exigiría de un trabajo comparativo con los países de origen inmigratorio, en particular Italia y España.
En el estudio de los problemas de alimentación en la ciudad de Buenos
Aires debe tenerse en cuenta por lo menos dos características importantes:
1) la ciudad era, y es, el nudo central de un país exportador de alimentos,
en particular carne y cereales; 2) no contaba con una estructura industrial
importante productora de los alimentos requeridos por una población en
rápido crecimiento. Buena parte de los productos alimenticios, en consecuencia, provenía de la importación.
En líneas generales puede afirmarse que el precio de los alimentos en
d período estudiado, habida cuenta de fluctuaciones, mantuvo una tendencia a subir .33 Este crecimiento parece vincularse fundamentalmente
al registrado en los precios de los principales productos componentes del
gasto en alinfentos en la población: la carne y el pan.34 A ellos puede
sumarse la leche, otro artículo significativo en la dieta popular.
La carne fue, a diferencia de lo ocurrido en otros contextos, un con91mo habitual y abundante en la ciudad de Buenos Aires. Naturalmente,
se combinaba con otros productos para constituir el alimento cotidiano,
pero la incidencia de los mismos era decididamente menor a ella.35 El
consumo de carne por habitante en la ciudad, según las cifras de que se
dispone, fue siempre superior a los 100 kilogramos por año, llegando en .
oportunidades a 180: a formarlo concurrían las carnes vacunas, ovina y

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

59

porcina, aunque en diferentes proporciones, alcanzando la primera de ellas
d 85% del total. "La abundancia y el precio de la carne son legendarios
, un VIaJero
..
·
ali1,..."d
, ec1a
en 1888.36 El testimonio
de un europeo daba
cuenta de las diferencias de cantidades registradas entre las ciudades de su
continente y las que observaba en la rioplatense. De cualquier manera,
d problema de la carne estuvo presente desde los años iniciales del período
dado que las variaciones en el precio y, luego, en el consumo, preocuparon
a los habitantes de Buenos Aires alejados de las ventajas comparativas.
Ya en 1880, a continuación del conflicto armado que decidió la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la constituyó en capital de la
nación, un incremento en el precio de las carnes agravó la situación de los
habitantes de un medio enrarecido en todos sus aspectos por efectos de
37
la guerra. Aunque parecía que la coyuntura bélica era la responsable del
aumento registrado, el mantenimiento de los niveles alcanzados obligó a
buscar los motivos en otros lados. ''Hemos tratado de inquirir las causas
de este grave inconveniente -decía La Prensa- y no se nos ha podido explicarlas".38 El hecho fue de tal significación que provocó pequeños tumultos protagonizados por "gente de modesto vivir" en una ciudad que
desconocía las manifestaciones de protesta por el precio de los alimentos.39
Al tiempo que continuaban las conjeturas en relación al posible ori-

gen del fenómeno, la mayoría de las cuales pasaban por atribuir la responsabilidad a los comerciantes minoristas, se ofrecieron alternativas para
su solución que informan sobre las orientaciones e intereses de sus proponentes. En efecto el Cluh Industrial -una institución que reunía a propietarios de la incipiente manufactura urbana y apreciaba acciones estatales que favoreciesen el desarrollo de sus actividades- proponía un control
más estricto en la formación del precio y la intervención municipal en la
comercialización de la carne. Sin duda a este sector le preocupaba seriamente el aumento del costo de la vida y las consecuencias previsibles en
té~nos de los salarios, sobre todo en una etapa histórica donde el capitalJSta no estaba muy alejado de sus trabajadores.40 Desde otra perspectiva, el diario La Prensa, vinculado estrechamente al liberalismo económico
propiciaba como medio necesario para producir un abaratamiento dei
precio no el control por parte de las autoridades sino, por el contrario, el
mejoramiento de los mecanismos de mercado libre y de los métodos de comercialización. La propuesta reclamaba un mayor número de bocas de expendio, atacando la concesión de radios privilegiados a los constructores de
mercados, y el abastecimiento de la venta, a precio libre, por unidad de pe-

�60

SigloXIX

L. Gutiérrez:: Condiciones de vida populares en B. Aires

so y no a destajo (por pieza, como era y siguió siendo el método habitual a
lo largo de los treinta años). 41
Dado que el problema continuó subsistiendo, la autoridad municipal
intervino aunque no con medidas directamente vinculadas al precio. En
efecto, al tiempo que se disponía efectuar una investigación en tomo a la
posibilidad de la existencia de especulación abusiva en el abastecimiento de
carne y pan, se suspendieron algunos impuestos y se facilitó el traslado de
animales solicitando la cooperación de las compañías ferroviarias en el
abaratamiento del flete. 42
0

Ninguna de las medidas adoptadas fue efectiva. Tampoco prosperaron
intentos de consignatarios que ofrecieron carnes de cordero a precios menores,43 o la de crear carnicerías cooperativas "imitando a las de Europa"
donde los suscriptores adquirían carne a precio de costo.44 Lo que se había presumido de importancia capital para ordenar el mercado y disminuir los precios, la venta por peso y no por pieza, no resultó cierto: los
precios se mantuvieron elevados aún donde se efectivizó la norma.
Probablemente las causas fuesen otras. El ofrecimiento de un introductor de ganado de proveer carne a la ciudad a un precio sensiblemente
menor al corriente volvió a hacer pensar en la especulación como origen ele
los trastornos. En este punto se enfrentaban comerciantes por mayor y al
menudeo en la atribución de responsahiliclades.45 1880 transcurrió sin que
se hallasen soluciones aceptables y, por las noticias recogidas, la inquietud
persisitió en años siguientes aunque sin alcanzar niveles críticos. La descripción del suceso tiene importancia, sin embargo, porque aparecen todos
los actores involucrados de allí en más en torno a la cuestión de la carne:
consumidores, comerciantes en toda su gama y poderes públicos y algunas
instituciones que, como la red ele intermediación, se convertirán en objeto
sistemático de la acusación.

61

pal que lo comparaban con datos de las ciudades europeas.47 La comparación denunciaba una posición favorable a Buenos Aires en cuanto a la cantidad. Nada decía, en cambio, del problema de la calidad, que ya se insinuaba con una relación inversa. Los primeros cuatro años del siglo XX
mantuvieron tales características, aún teniendo en cuenta el alerta que hacía el Anuario Estadístico de la Municipalidad de Buenos Aires en tomo a
las importantes cantidades de carne que, figurando como consumidas en la
ciudad, eran embarcadas para alimento de tripulaciones y pasaje de las embarcaciones salidas del puerto.48
En cuanto a los precios, en los primeros años del siglo volvieron a
elevarse. Las fuentes municipales dan cuenta de este proceso y salen al paso de quienes atribuyen su existencia a los impuestos. 49 Es claro que el
aumento del precio de los alimentos parecía más generalizado, al punto
de motivar estudios acerca del encarecimiento de la vida.50 Los datos que
poseemos dan cuenta, asimismo, de la reducción del consumo anual por
habitante. Aunque las fuentes oficiales se inclinan en alguna oportunidad
a explicarlo por presuntas fallas estadísticas, el consumo medio durante
la primera década disminuyó respecto de fines de] siglo XIX. Algunos otros,
en cambio, atribuían al aumento de los precios la retracción de] consumo:
La disminución que se observa en el consumo del principal producto de alimentación - se afirmaba en 1914- no es sólo del año
que estudio, sino también de los anteriores y provienen sin duda
alguna del encarecimiento que ha tenido la carne procedente de
los animales bovinos y ovinos y de las dificultades para la vida que
se anotan como resultado de las perturbaciones económicas que
pasa el país.51

Lo cierto es que hacia 1912 el Boletfn del Departamento Nacional del Trabajo daba cuenta de la alarma por el precio alcanzado, semejante al de al-

Los primeros tiempos posteriores a la crisis de 1890 observaron· también un fuerte incremento en los precios, pero en esta oportunidad sí se
pusieron en marcha recursos por parte del poder municipal para detenerlo.
Se distribuyó carne gratuita a los necesitados y fuertes controles de precios fueron implantados,46 destinados seguramente a aliviar tensiones sociales en medio de una situación conflictiva y amenazante.

gunas ciudades europeas y mayor que los vigentes en Estados Unidos e
Inglaterra, a pesar de ser este último importador de carnes argentinas. Justamente el papel del mercado externo en una economía abierta aparecía
ahora como una de las causas probables del encarecimiento del producto.
La demanda externa provocaba no sólo tal elevación de precios sino, también, la desmejora relativa del animal dedicado al mercado interior que, sin
embargo, costaba más por efecto de las inversiones en el mejoramiento de
planteles destinados a la exportación.52

El consumo anual de carne por habitante continuó siendo elevado en
la década de 1890, y alegraba a los compiladores de la estadística munici-

Además de esta circunstancia se observaban también las características de la estructura de la oferta. El exceso de intermediación seguía sub-

�62

SigloXlX

sistiendo y era, para algunos analistas, el factor decisivo en la determinación del precio y su crecimiento.53 El argumento sostenía que el monto
de las ventas que esos pequeños comercios alcanzaban no satisfacía márgenes de utilidad aceptables sino con precios comparativamente altos. Y
estos pequeños comerciantes, que no comerciaban sino media o una res
por día, er~ numerosos. A ellos se agregaban carniceros ambulantes.54
Existían otras circunstancias que contribuían al aumento de los precios. Una de ellas era la venta por piezas y no por unidad de peso. Obtener la adopción de este sistema que permitía una menor arbitrariedad en la
negociación constituía un antiguo intento de las autoridades. No obstante
la existencia de disposiciones en ese sentido, todavía a finales del período
que estudiamos continuaban las ventas con un sistema tan poco preciso
como el destajo. Es difícil saber si su persistencia era producto de una
acción consciente por parte de los comerciantes solamente o los hábitos de
los consumidores seguían teniendo peso en su mantenimiento. Los sistemas de faena del ganado destinado al consumo también aportaban a, por
lo menos, la no disminución de los precios. En 1896, el intendente doctor
Francisco Alcobendas seilalaba que siendo la carne el primero de los artículos del consumo, se podría exigir mataderos más acordes con los adelantos tecnológicos existentes y más aptos para obtener una carne "fresca
apta para la alimentación".55
Nuevas y mejores instalaciones comenzaron a construirse para habilitarse ailos después aunque sin poder emplearse por la oposición de gremios vinculados al comercio de carnes.56 Más todavía, enl911 la matanza
en mataderos municipales estaba léjos de efectuarse con procedimientos
mecánicos adecuados para reducir costos de producción en condiciones
higiénicas aceptables. Esto provocaba los temores de una monopolización
del mercado por parte de los frigoríficos que ofrecían a precios menores,
seguramente, por una mejor estructura de costos.
La higiene de la faena era en general deficitaria y se hacía en lugares
que un intendente, en 1901, no vaciló en denominar "inmundos corrales",
como de antihigiénica a la costumbre de transportar la carne en carros.57
Esta carencia de higiene no sólo atentaba contra la salud de la población
sino también con el nivel de precios, porque las sucesivas limpiezas originaban una pérdida que debía ser compensada y la suma de compensaciones Uegaha al consumidor final imposibilitado de transferirla. Si bien la
acción de la policía municipal podía atenuar los efectos insalubres en mercados, su acción alcanzaba mucho menos a otros comercios y menos aún a

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

63

los vendedores ambulantes, cuya existencia puede encontrarse en parte
justificada por la dispersión pohlacional en algunos barrios periféricos.
El aumento del precio de la carne, junto con el registrado en otros
rubros de la alimentación, preocuparon a las autoridades municipales que
decidieron medidas tendientes a contenerlo sin afectar la libre competencia, que era la hase del funcionamiento de la economía nacional. Con este
objeto crearon instituciones que procuraban poner en contacto directamente a productores y consumidores. En 1907 fue el primer intento de
instalar las "ferias francas" con ese objetivo, sin éxito continuado. Nuevamente se lo procuró en 1911, con éxito en lo relativo a la estructura del
mercado. Sin embargo, el precio de la carne continuó su alza sin duda alguna por la influencia del comercio exterior, que constituía una causa
más estructural que la intermediación o la red comercial, compleja y pocoeficiente.
Los datos que se poseen para el resto de los alimentos son menos frecuentes y más imprecisos. Esto es válido para el pan y la leche, no obstante su importancia en la dieta de los sectores populares. Los precios medios
anuales del pan parecen haber registrado un aumento, a partir de 1885,
que alcanzó su punto culminante en 1891, afio en que la Unión de Panaderos alertaba sobre dicho aumento: lo vinculaba a las exportaciones de trigos y harinas y a los acaparadores.58 El encarecimiento que tuvo la carne
desde los primeros años del siglo alcanzó también al pan, como dan cuenta
los testimonios. Esta situación Se prolongó hasta 1914. La investigación
llevada a cabo por el Departamento Nacional del Trabajo en 1912 comprobó que el precio en dicho aAo era un 33% superior al de 1902.59 El pan
más barato había subido de 13 centavos el kilo en 1900 a 22 centavos en
1909 ... ; "el pan costaba más que en París, Londres, Amsterdam o Nueva
York", afirma Scohie.6 Ciertamente, el crecimiento relativo de los precios
fue en este período mayor en Buenos Aires que en las ciudades señaladas.

°

El encarecimiento de los alimentos registrado desde comienzos del
siglo alcanzó también a la leche aunque, parece, en medida menor. Fueron
los de la carne los que subieron relativamente más y eso explicaría que, a
pesar del aumento de los precios, el consumo del pan por habitante -tomando como indicador la cantidad de harina elaborada en panaderías- haya crecido de manera notable. La fuente estadística municipal señalaba
que en 1894 se habían elaborado 64 kilos de harina por habitante en las
panaderías y que

�64

SigloX/X

este consumo de pan por habitante que resulta para Buenos Aires
es notablemente bajo, comparado con el que tuvo París en 1887
y en 1889. En dieciocho años... cada habitante de París consumió, respectivamente, 148 y 140 kilos de pan. Si faltó, pues, carne al parisiense comparado con el habitante de Buenos Aires, en
cambio le sobró pan; y vaya lo uno por Jo otro .61
El consumo de pan continuó aumentando a largo plazo, con oscilaciones
intermedias, llegando en 1914 a 116 kilos por habitante. Ciertamente estaba ocurriendo un cierto proceso de sustitución en los consumos alimenticios, presionado por el crecimiento de los precios de la carne.
A primera vísta este aumento {el del pan) resulta injustificado
-comenta la fuente-, desde el momento que la estadística comprueba una disminución de carne y leche en el consumo, pero si
se reflexiona un poco se ve que él puede explicarse por las mismas
dificultades económicas... A falta de esos dos productos de mayor precio, la población ha recurrido al pan...62
Respecto de la leche, aunque los precios parecen haber subido en los períodos en que crecieron más notoriamente el pan y la carne, es decir los
tiempos inmediatos a la crisis de 1890, sin embargo no se observó en el siguiente ciclo tal aumento.63 Lo que es cierto, con todo, es que el consumo por habitante no era elevado, alcanzando para 1909 a 357 gramos por
día por persona. Habría que tener en cuenta, no obstante, el papel que en
este mantenimiento jugó la adulteración del producto. Según los propios
expendedores, se agregaba un litro de agua por cada 16 de leche; otras opiniones, en cambio, indicaban que el aumento de volumen alcanzaba el

30%.
El problema de la adulteración no se restringía a la leche. En su caso
confluían la falsificación del producto y los problemas de salud muy francamente al mezclar una leche sin control sanitario con agua muy probablemente contaminada. Pero no era el único caso. El hecho parecía bastante
frecuente dado que estos dos problemas -adulteración y condiciones sanitarias deficiente- mantuvieron insistentes reclamos :vrovenientes, en particular, de círculos médicos y quírnicos64 y también desde diferentes órganos de expresión.
El fenómeno de la adulteración no era nuevo en Buenos Aires, que bahía tenido una Oficina Quúnica para controlar alimentos, suprimida por
un tiempo por cuestiones presupue,starias y luego reinstalada. Pero ahora

L. Gqtié"ez: Condiciones de vida populares en B. Aires

65

parecía reactivarse, al tiempo que se descubría la inexistencia de normas
que regularan el estado sanitario de los alimentos para prevenir que su insuficiencia actuase como disparador de enfermedades difusivas.
El pan, la leche, los vinos eran objeto de manipuleos frecuentes. Una
investigación realizada por una junta de médicos en diciembre de 1878 sobre el pan fabricado en 151 panaderías concluyó con el siguiente dictamen:
pan de mala calidad, 38 panaderías; pan malísimo, 51 panaderías; pan mal
elaborado, 55 panaderías; y pan bueno, 7 panaderías. Las falsificaeiones se
realizaban eon productos químicos tendientes tanto a mejorar el aspecto
del producto como a acelerar el proceso de elaboración, disminuyendo la
mano de ohra.65 Recién entrado 1892 se propone una reglamentación para
la fabricación y venta de pan, donde se incluye no sólo la calidad de la
harina que debe emple,_~ sino también la prohibición de emplear en su
factura agua de pozo.
La leche es el objeto de falsificaciones por parte de los expendedores, que no solamente le extraen la manteca sino que le ,agregan
agua en gran cantidad y algunas sustancias, tales como feculas y
Pedazos de cerebro de cordero o de buey para darle la densidad
que normalmente debe tener y el aspecto que posee la manteca.66
Ya se ha visto como todavía en 1914 la leche seguía adulterándose mediante el empleo de agua pero, además, la ordenanza municipal sobre higienización de la leche fue proyectada por Emilio Coni y aprobada por el
Concejo Deliberante años después ..
La carne provenía hasta 1881 de la faena de animales inspeccionados
deficientemente. La renuncia del veterinario municipal por la falta de asistencia a sus funciones por parte de los empleados del matadero, permitió
comprobar que la inspección de carnes no estaba sometida a reglamento
alguno, se practicaba de manera imperfecta y sólo en el matadero municipal, quedando absolutamente fuera de control las matanzas hechas en establecimientos particulares, en especial de lanares y cerdos. A propuesta de
la Sección de Higiene Municipal de la Municipalidad, se dictó un reglamento circunstanciado para la inspección de carnes siguiendo los lineamientos
del Congreso Internacional de Higiene reunido en Turín a fines de 1880.
No obstante, un artículo adicional proponía la creación de la inspección
veterinaria en establecimientos particuJares faenadores de lanares y cerdos
y también vacuna.67 Por otro lado, ya se ha señalado de qué manera las
características del establecimiento municipal, y el transporte desde allí a

�66

Siglo XIX

los mercados, afectaban la higiene de la carne; que, también, era adulterada, "estirada", por la acción de los carniceros, aun cuando entró en plena
.
. Ia ord enanza que unpoma
.
' Ja ven ta de carne por peso.68
VIgencia
Las autoridades municipales dictaron disposiciones y crearon organismos de control en procura de mejorar las situaciones descritas. Sin embargo·, es sostenida la opinión de que no eran suficientes. Cuando se reereó la
Oficina Química Municipal, el químico designado declinó el ofrecimiento
porque " ... el trabajo que se acumularía sobre una persona sola sería excesivo y los resultados, por consiguiente, deficientes... ";69 y el autor del
reglamento de inspección de carnes apuntaba, diez años después, el extremadamente reducido número de profesionales a cargo de la tarea especí70
fica. Es probable que esta circunstancia se vincule a problemas supuestamente presupuestarios o de cierta despreocupación estatal hacia los problemas de la alimentación destinada fundamentalmente a los sectores populares. Pero también es legítimo suponer que el crecimiento del consumo,
derivado del de la población, era más acentuado que el posible de supervisar en los organismos de control e inspección.
Los alimentos transitaban por varias manos, como se ha insinuado, en
su trayecto entre el productor y el consumidor. Esto constituía la red de
intermediación a la que se atribuye una considerable participación en
el crecimiento de Jos precios. La carne, la leche, las frutas y verduras llegaban al consumidor luego de cuatro o cinco etapas que no introducían modificación al producto. En el extremo estaba el comerciante detallista. Estos comerciantes podían estar agrupados en mercados municipales; en mercados privados, que gozaban del privilegio del monopolio sobre una zona
circundante al mismo; dispersos en diferentes lugares de la ciudad o ser
vendedores ambulantes.
En los primeros, los controles por parte de la autoridad eran factihles
y los alquileres de los locales más bajos que los que se abonaban en los
mercados particulares. En éstos la municipalidad no tenía ningún control
sobre los precios. A pesar que ya en 1903 un intendente propuso municipalizar todos los mercados particulares, en 1912 seguía en estado de proyecto. En estas concentraciones de vendedores las condiciones de higiene
estaban lejos de lo óptimo. Muchos carecían de techados, estaban recorridos interiormente por caminos adoquinados que transitaban los carros
proveedores, donde se concentraban abundantemente materias orgánicas.
La instalación de piletones para el lavado de frutas y verduras y eJ reem-

L. Gutúírrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

67

plazo de los mostradores de madera por mármol eran considerados, en
1901, avances significativos.
Si las condiciones de higiene y calidad eran difíciles en los inercados,
lo fueron aún más, sin duda, en los comercios aislados y entre vendedores
ambulantes. En este complejo conjunto de comerciantes (a quienes se pensaba responsables del incremento de los precios y en donde se había comprobado la proveniencia del mayor número de adulteraciones), adquirían
sus alimentos los sectores populares, usualmente al contado porque "para
conseguir libreta en el almacén -que se retira en épocas de huelga- es
· ,,.71
menester presentar b uenas referenc1as

CONSIDERACIONES FINALES

La revisión hecha a las condiciones de vivienda y alimentación de los sectores populares en Buenos Aires permite efectuar algun~ reflexi~nes, ~e
pueden hacerse separadamente para una y otra cu~~on. La diferenciación, sin embargo, tiene carácter meramente expositivo dado que en la
vida cotidiana ambas situaciones constituían solo una. En primer término,
pon¡ue implicaban uso alternativo de recursos; en segundo _lugar, los trabajadores que accedieron a la propiedad del lote urbano tuvieron la op~rtunidad de disminuir el gasto en alimentación y, presumiblemente, meJorar
su calidad mediante la cría de animales domésticos y el cultivo de verduras
para el autoconsumo. Vivienda y alimentac~ón, en consecuen~a, ~ vi~culahan en estos casos estrechamente. Es dificil, por el contrano, lfilagmar
buenas condiciones en la alimentación de los habitantes de los conventillos donde, por las de la vivienda, desde la cocción hasta la ingesta se
efectuaba en un contexto material y social deteriorado.
Las malas condiciones de la vivienda popular, su deficiente habitabilidad y su carestía, parecen estar estrechamente vinculadas al proceso de
rápido crecimiento de la población urbana, constituyente de una demanda
· que no podía satisfacerse rápidamente. La vivienda para trabajadores no fue
una preocupación empresarial. No se registraron, por lo menos hasta
1914, planes de construcción ni públicos ni privados con ese destino de
importancia.

,

En el caso de los alinientos, el fenómeno del crecimiento urbano parece haber sido determinante en el aumento de los precios de los principales
artículos del consumo popular, como parece indicarlo el hecho de que el

�68

SigloXIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

mayor incremento es contemporáneo a un nuevo ciclo de auge de la inmigi-ación. Tampoco la oferta se acomodó inmediatamente a la demanda. El
fenómeno del crecimiento y, después de 1904, sobre todo la dispersión de
la población, han de haber operado favorablemente en el desarrollo de una
red comercial compleja, numerosa y encarecedora de los productos. El
mismo incremento de la demanda y la laxitud del aparato de control, originado en la diferencia entre la inercia de crecimiento del aparato administrativo y de la población, facilitaron sin duda la práctica de la adulteración (destinada casi siempre al "estiramiento" de los productos).
Asimismo, en tanto país exportador de alimentos, el mercado exterior
jugó un papel importante en el alza de los precios del pan y la carne, especialmente a partir de los primeros años de este siglo. Los testimonios son
reiterativos en este sentido.
Había en consecuencia, en el caso de los alimentos, dos tipos de causas
presionando sobre ellos. U nas, que compartían con la vivienda, estaban vinculadas al proceso de urbanización, finalmente coyunturales y de soluciones tecnológicas. Al finalizar el período estudiado algunas han sido practicadas, pero no se ha superado aún el desajuste. La otra presión sufrida por
los alimentos, conectada con el carácter exportador de la economía nacional, se vinculó al modelo de acumulación dominante. Era, entonces,
estructural, y cualquier solución aparecía incompatible con aquél.
Los sectores populares no podían esperar acciones estatales tendientes
a mejorar su situación que, al mismo tiempo, alterasen los mecanismos del
mercado y las bases del proceso de acumulación. En todo caso, esas acciones tenían como objeto mejorar esos mecanismos: ya fuese aumentando la
competencia, como con la instalación de las ferias francas, ya procurando
normalizar la operación mediante la fijación de unidades de venta (venta
de carne por peso y de leche de acuerdo al sistema métrico decimal) y de
otras medidas con igual orientación. Dentro de esos mecanismos, parte de
los sectores populares pudieron acceder a otro tipo de vivienda que los alejó de los conventillos. En relación a la alimentación, en cambio, habrían
reorientado sus recursos, desplazándolos de la carne al pan.

'

69

NOTAS

l. Nos referimos a los libros de D. Abad de Santillán, La FORA: ideología y trayectoria, 2o. ed., Buenos Aires, Proyección, 1971; Sebaslián Marotta, El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Lacio, 1960-61; y Jacinto Oddone,
Gremialismo proletario argentino, Buenos Aires, La Vanguardia, 1949. La
persistencia de esta corriente orientada a las ideologías, organizaciones y acciones tiene manifestaciones más recientes en los libros de Iaacov Oved, El
anarquismo y el movimiento obrero, México, Siglo XXI, 1978; y Edgardo
Bilsky, La FORA y el movimiento obrero (1900-1910), Buenos Aires, CEAL,
1985, y La semana trágica, Buenos Aires, CEAL, 1984. Son muy pocos los
ejemplos de un traamiento diferente de los problemas de los sectores populares. En parte ello puede encontrarse en estos títulos: H. Spalding, La clase trabajadora argentina, Buenos Aires, Galerna, 1970;José Panettieri, Los trabajadores, Buenos Aires, Jorge Alvarez, 1967; James Scobie, Buenos Aires, del centro
a los barrios, /870-1910, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1977; y Roberto Cortés
Conde, El progreso argentino, I 880-/ 914, Buenos Aires, Sudamericana, 1979.
2. Eulalia María Lahrnever Lobo. "Las condiciones de vida de los artesanos y de
la .clase obrera en Río de Janeiro en la década de 1880 hasta 1920", en H/LSA
V, lo. semestre de 1985, pág. 91.
3. A. Taylor, The standard of living in Britain in the Industrial Revolution, Londres, Methuen, 1975, "El poder adquisitivo, la habilidad para comprar alimentos y ropa, el costo y calidad de la vivienda y la salud y la expectativa de vida,
todos estos temas están comprendidos dentro de la esfera de la existencia material. Igualmente las virtudes comparativas de la vida urbana y la rural y los
efectos psicológicos que la transición del campo a la ciudad ejerce sobre los
individuos, ambos pertenecen a lo que Hobsbawm llama 'territorios no materiales'. Pero entre estas dos esferas existe una amplia tierra de frontera donde las
condiciones de existencia material y la calidad de la vida se dan frecuentemente
mezcladas al punto de hacer imposible su separación".
4. E.P. Thompson, La formación de la clase trabajadora inglesa, Barcelona, Laia,
1977, T .11, pág. 39.
5. Roberto Cortés Conde, El progreso argentino, Buenos Aires, Sudamericana,
1979.
6. Witold Kula, Problemas y métodos di&gt; la historia económica, Barcelona, Península, 1973, pág. 225.
7. Para un examen más acabado del período véase Roberto Cortés Conde y E. Gallo, La formación de la Argentina moderna, Buenos Aires, Paidós, 1967; y La
República conservadora, Buenos Aires, Paidós, 1972.
8. Osear Yujnovsky, " Políticas de vivienda en la ciudad de Buenos Aires, 18801914", en Desarrollo Económico, IDES, No. 54, Vol. 14, Buenos Aires, julioseptiembre de 1974.

�70

Siglo XIX

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

71

9. Eduardo Wilde, Obras completaf, tomo II, pá~. 29-30.
10. Guillenno Rawson, ''Estudio sobre las casas de inquilinato", en Escritos y Discursos, tomo 1, Buenos Aires, Compañía Sudamericana de Billetes de Banco,
1891. "Suponiendo dividida la ciudad por la calle de la Victoria, se puede
apreciar que los barrios del Sur han sido siempre descuidados por la autoridad, de suerte que los trabajos concurrentes aJ saneamiento van aJlí más despa,cio que en el lado Norte. Las grandes casas, los edificios públicos mismos, los
hoteles, están, con rarísimas excepciones, todos en el lado del Norte; y hacia el
Sur gran parte de las caJles no están pavimentadas, y la edificación, por tanto,
se resiente de la escasa atracción de esta región para los capitales. No es que la
población sea aquí menos numerosa seguramente, pero es indudable que ella
por lo generaJ está poco acomodada. Es tradicional el hecho de que las epidemias, sea de las enfermedades exóticas, sea de las enfermedades endémicas que
suelen tomar forma difusiva, tienen su origen y su punto de arrastre en los barrios menos cuidados del Sur, lo que probará, sin más demostración, que son
éstas las secciones donde menos se ha atendido a la salubridad de la ciudad"
(págs. 164 y si~.).

ll. Censo General de Población (Edificación, Comercio e Industria de la Ciudad de
Buenos Aires), 1887, tomo 11, pág. 78: "Resulta que la sección 20 es la que
tiene mayor número de conventillos, debiendo observar que en esa sección son
todos ellos de madera y constan de dos pisos, pero la 5a., una de las más centrales de la ciudad y que se compone sólo de 40 manzanas, es la que con relación a su extensión tiene más conventillos... En las nuevas secciones (Flores
y Belgrano ~ .. el censo no menciona conventillos, no siendo esto extraño porque los moradores de conventillos son siempre jornaleros y operarios que, por
razón de sus ocupaciones, no pueden alejarse del centro del municipio".
12. Scobie, citado, pág. 199.
13. Scobie,citado, pág.194.
14. La Protesta, 30 de mayo de 1905.

15. Scobie, citado, pág. 189: " ... como en 1983, cuando se estableció que debían
proveer por lo menos una ducha para hombres y otra para mujeres( . .. ); sin
embargo, el Concejo Deliberante insistió en 1899 en que hubiera una ducha por
cada diez habitaciones. En la práctica, dichas instalaciones jamás alcanzaron los
niveles establecidos por la Municipalidad; en 1904 había aún un promedio de un
cuarto de baño con ducha para cada 60 personas".
16. Guillermo Rawson y Eduardo Wilde, citados, y Samuel Gache, Les logements
ouvriers aBuenos Aires, París, 1900.
17. Roberto Cortés Conde, ''Tendencias en la evolución de los salarios reales en la
Argentina, 1880-1910. Resultados preliminares", en Economía, año XXII,
No. 2-3, mayo-diciembre de 1976.
18. Yujnovsky, citado, pág. 356.En pág. 358: Relación del alquiler promedio de un
cuarto de conventillos o casa de inquilinato al salario en la ciudad de Buenos
Aires:

Monto del alquiler por lO0tsalario mensual
estimado

Año

Alquiler
mensual
$

1881 ............
1883 ... ,........
1886 ............
1890 ............
1896 ... .........
1903 ............
1904 ............
1907 ............
1907 ............
1912 ............
1913 ............
1914 .., .........

5.23
5.44
11.00
15.51
18.00
14.90
15.47
21.69
27.50
28.15
27.40
23.20

Promedio obreros
industriales
ºto

Oficial
albañil
ºto

Oficial
Carpintero
ºto

13.6
9.6
16.4
18.7
19.2

30.l
27.2

17.7
16.5
18.l
22.7
27.6
22.1
24.0

18.3.
21.5
21.4
16.6
18.4

26.0

19. Esto puede observarse en la curva de superficie vend(da. El Boletín del l_)e~tamento Nacional del Trabajo, No. 21, del 30 de noviembre de 1912, dice. La
gran extensión de nuestra capital, la tendencia de las familias a vivir se~aradas
unas de otras en una sola casa, y la facilidad existente, hasta hace P?Cos anos, ~e
adquirir relativamente barato el terreno para edificación de la vivienda pro~!ª•
ha causado entre nosotros la prevalencia del sistema de casas para una fam~a,
el que recién en los últimos años se ha visto obligado a ceder su lu?~ al caseron
de alquiler, tipo común en las grandes ciudades de Europa y America del Norte", pág. 422.
20. Scobie,citado, pág. 229.
21. Yujnovsky, citado, págs. 263-265.
22. F .R. Cibils: "La descentralización urbana en la ciudad de Buenos Aires", en
Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, No. 16, 31 de marzo de 1911.
En pág. 89 dice: "En busca de los terrenos más ~~atos, los nuev?5 pobladores
los han adquirido generalmente en la especulac1on, muchos baJos Y algunos
hasta inundables ( ... ). En el deseo de hacerse propietarios ~isponiendo gene~almente de fondos limitados... han poblado en terrenos baJos, de subsuelo unpermeable, y donde los pozos de agua común y los de agua servida_están_ ~lo a
tres, cuatro o cinco metros de la superficie y, por tanto, en necesana Y fac~ ~municación. Al Sud y al Oeste, en los bañados y bajos de Barracas,_San Cnstobal Flores Vélez Sarsfield y San Carlos; en el Norte, en los anegadizos de San
Ber~ardo, Palermo, cuenca del Arroyo Maldonado, barrio de Darwin Y Alvarez
Thomas Sportiva bajos de Belgrano, de Saavedra, etc., se han levantado en pocos año; numero~s centros de población y edificación que carecen en gene:aJ Y
salvo raras excepciones de servicios de aguas corrientes, empedrado, desagues Y
alumbrado".

�72

Siglo XIX

23. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, 1912, pág. 426.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

73

37. Scobie, citado, pág.. 176-177.
38. La Prensa, 15 de julio de 1880.

24. Carlos M.' Coll, "Casas para obreros", en Boletín del Museo Social Argentino,
año VIII, 'fo. 5, julio-septiembre de 1919, p~. 91-93 (CoU era entonces presidente de la Comisión Nacional de Casas Baratas).

39. La Prensa, 19 de septiembre de 1880.

25. Yujnovsky , citado.

40. En la sesión del Concejo Deliberante del 27 de julio se leyó una nota donde el
Club Industrial indicaba las resoluciones tomadas por su comisión administradora: I) que se fije diariamente por una comisión adhoc el precio de las reses en

26. El único proyecto exitoso a nivel nacional durante el período fue el presentado
por Juan F. Cafferata en 1912, convertido en Ley en 1915, que creo la Comisión Nacional de Casas Baratas.
Z"/. Yujnovsky, citado, pág. 336: "Por ejemplo, la intendencia de Torcuato de Alvear desalojó 210 casas en 1884, y en 1892 se especifican: 'La inspección ha sido severa y enérgica, habiéndose desalojado en los años 1891 y 1892, 890 casas
por las mal&lt;!S condicione,s y 336 piezas por exceso de habitan tes' .

los mataderos; 2) que se fije su venta por libra al menudeo y su precio consiguiente con el aumento que sea justo; 3) que se supriman los impuestos muoicipales a la carne aplicándolos al cuero; 4) que se establezcan carnicerías municipales en todos los barrios; 5) que se bajen los alquileres de los puestos de carne
en los mercados municipales. En muoicipalidad de Buenos Aires.Actas de Sesio•
nes del Concejo Deliberante, 27 de julio de 1880.
41. La Prensa, 19 de septiembre de 1880.
42. Actas del Concejo Deliberante, 24 de septiembre de 1880.

28. La Prensa, 21 de enero de 1885: " ...a un inspector cualquiera le parece que tal
o cual casa está en mal estado higiénico y pasa a sus dueños una intimación. Por
una u otra causa el dueño de la casa o negocio no puede encontrar un alojamiento adonde poder trasladarse en un término perentorio. ·Qué hace entonces
el inspecto de Higiene? Haciendo de lado toda clase de co~deraciones solicita
el auxilio de la Policía e imponen por la fuerza a los propietarios a abandonar las
casas sacando el menaje de las habitaciones".

43. La Prensa, 26 de septiembre de 1880.
44. La Prensa, 26 de septiembre de 1880.
45. La Prensa, 24 de septiembre y 17 de octubre de 1880.

46. Scobie,citado, págs.177-178.
29. Gaché,Scobie y Yujnovsky,citados.
30. Boletín del Depart,amento Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de
1912, pág. 427.

47. Anuorio Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1896. Se compara el consumo de Buenos Aires con Roma.

48. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1904.
31. Yujnovsky , citado, y Hobert A. Spalding, "Cuando los inquilinos hacen huelga ...", en Extra, Buenos Aires, septiembre de 1966; Scobie, citado.
32. Yujnovsky, citado, pág. 346.
33. Cortés Conde, El progreso argentino, citado, pág. 144.
34. A. Bunge, "El costo en la vida en Argentina, de 1910 a 1917", en Revista de
Economía Argentina, año 1, Lomo !,julio de 1918, págs. 39 y sis,.: "En nuestro
país los dos artículos de mayor consumo son la carne y el pan; cada uno de ellos
absorbe el treinta por ciento del valor total invertido en alimentación ...".
35. Scobie, citado, pág. 76: "La comida si bien más modesta y menos abundante,
era muy parecida a la que se servía en las casas acomodadas. Con frecuencia el
desayuno consistía en uno o dos mates. El maíz, Ja harina de maíz, guisada o
como polenta, constituía un importante rubro de la dieta. Sin embargo, la carne seguía siendo su componente más importante. El puchero, principalmente de
carne, zapallo y papas, era a menudo eJ plato fuerte del almuerzo, y hasta de la
cena'".

36. E. Daireaux, Vida y costumbre del /'/at,a, Buenos Aires, Lajouane, Lomo f, 1888,
pág. 173.

49. Memoria Municipal, 1903.
50. Por ejemplo: " Los obreros y el trabajo", serie de 40 artículos publicados por La
Prensa a partir del 16 de agosto de 1901. El primero se titula "El encarecimiento
de la vida. Falta de ocupación y miseria en el país de la carne y el trigo";Juan
B. González, El encarecimiento de la vida en la República Argentina, Buenos Aires, l908;y otros.
51. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, l 914.
52. Boletú1 del Departamento Nacional del Trabajo, 30 de noviembre de 1912,
pág. 340: " .. .hay que agregar, como factores de alza, los malos años y también
el exceso de exportación que ha hecho que día a día los criadores vayan mejorando el tipo de exportación, con detrimento y encarecimiento a la vez del animal destinado al consumo interno del país''.
53. ldem, pág. 342: "En cuanto a las tarifas de detalle se ha puesto en evidencia,
una vez más, la influencia perniciosa que ejerce en este comercio la extrema subdivisión de la venta sobre una cantidad de carne más o menos constante, destinada a satisfacer las necesidades del consumo".

�74

Siglo XIX

54. "De las 600 carnicerías de esa naturaleza establecidas en el municipio fuera de
los mercados no es aventurado decir que 500 operan con una sola o media res
de carne", Boletín Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de 1912,
pág. 347.

L. Gutiérrez: Condiciones de vida populares en B. Aires

75

66. Jdem, noviembre de 1880.
67. La l'rensa, 6 de enero de 1901.
68. La Voz de la Iglesia, 9 de enero de 1902, publica una nota titulada "El triunfo
de la chacra: la venta de carne al peso. Ordenanza de ñanga pichanga. Mucho
peor que antes".

55. Memoria presentada al Honorable Concejo Deliberante por el intendente municipal don Francisco Alcobendas, 1986, pág.113: "Los animales cuya carne es destinada al consumo de la población son sacrificados a causa de la defectuosidad
de las instalaciones, en la forma implantada por nuestros padres los españoles
en los antiguos saladeros .. . , esperamos la terminación de los nuevos mataderos
para asimilamos los procedimientos que permitan obtener una buena carne fresca apta para la alimentación".

70. Emilio R. Coni, Memorias de un médico higienista, Buenos Aires, 1918, pág.
218.

56. Memoria de la Intendencia Municipal, 1898-1901, pág. 67.

71. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, pág. 309.

57. "La carne Uega por la noche del matadero, de donde la traen largas filas de carros cubiertos; su viaje no es muy largo, pero en cambio es peligroso .. · ., y dichos carros están construidos para atravesar profundos lodazales, donde a veces
se quedan enclavados.( ... ) Es una maravilla ver... que hombres y caballos puedan en los Uuviosos días de invierno emprender y Uevar a cabo este trabajo hercúleo; dos caballos bastan para arrastrar esta carga por un camino empedrado;
pero antes de llegar a dicho empedrado tienen que emprender una especie de escalamiento por calles llenas de baches donde apenas son suficientes para salir del
paso seis caballos de refuerzo, rudamente azotados y hostigados por los gestos,
gritos y espuelas de los gauchos que los montan; entran en la ciudad los carros
Uenos de lodo y entregan, de mil vaivenes, su mercancía traqueteada, que a no
ser por este penoso viaje no tendría sin duda valor alguno. A veces, para completar el cuadro, el carro lleva, colgada por las partes de afuera, una ternera muerta
al nacer, cuya carne temblona y mueUe agitada a cada vuelta de las ruedas con
movimiento de pólipo viscoso constituye, según parece para los aficionados, un
plato escogido, el bacaray. A las diez, todo el mundo se ha marchado ; el mercado vacío no es más que un pasaje invadido por las moscas, cuyo número es tal
que a los hombres asistan" (E. Daireaux, citado, pág. 1775 ).
58. La Prensa, 21 de abril de 1891.
59. Boletín del Departamento Nacional del Trabajo, No. 21, 30 de noviembre de
1912, pág. 325.
60. Scobie, citado, pág. 180.
61. Anuario Estadístico de la Ciudad de Buenos Aires, 1894, pág. LXXI.
62. ldem, 1914
63. "Las casas revendedoras sotienen, a su vez, que la leche es uno de los pocos
artículos de primera necesidad que ha mantenido uniforme su precio en los últimos diez años...", Boletín del Departamento Nacional del trabajo, pág. 376.
64. La Revista Farmacéutica y la Revista Médico-Quirúrgica abundan en denuncias
sobre adulteraciones y falta de medidas sanitarias respecto a los alimentos.
65. La Revista Farmacéutica, 21 de enero de 1879.

69. Revista Médico-Quirúrgica, año VIU, No. 5, 8 de julio de 1881.

�La Clase Obrera Textil
del Valle de Orizaba, en México
MIGRACIONES Y ORIGEN

Bernardo García Diaz*

l.

.,

Edward Thompson en su libro sobre la formación de la clase obrera inglesa, convertido en clásico desde la primera edición, s11brayaha la importancia de estudiar la clase obrera en SllS relaciones con el pasado y otros
grupos sociales. Escrihía en 1963, fecha de aparición de la obra:
La formación de la clase obrera es un fenómeno de historia política y cultural tanto como de historia económica. No nació por
generación espontánea, producto del sistema fabril. Sería lamentable suponer una fuerza exterior - la revolución industrialque habría operado sobre una materia prima humana indiferenciada y fantástica convirtiéndola por arte de mecanismos mágicos
en una "nueva raza de hombres". La relaciones de producción en
proceso de cambio y las condiciones de trabajo existentes en la
revolución industrial obraron, no sobre una materia prima de
ninguna clase, sino sobre el "inglés libre de nacimiento", tal como lo había dejado Paine o lo había moldeado el metodismo. 1

En la década siguiente, en ocasión de la presentación de un número monográfico de Le Mouvement Socia~ dedicado al nacimiento de la clase
obrera, la profesora Rolande Trempe lamentaba el hecho que uno de los

*Centro de Investigaciones Históricas, Universidad Veracruzana, Jalapa, México. Una
primera versión de este ensayo fue publicada en Historias, 19, Instituto Nacional de

Antropología e Historia (lNAH), México.

�78

SigloXIX

problemas peor estudiados fuera precisamente el de los orígenes geográficos, sociales e históricos de la clase obrera.2 Rolande Trempe aprovechó la presentación para desarrollar un largo alegato sobre la necesidad de
investigar estos orígenes, en general vagamente definidos.
Por fortuna, desde entonces a la fecha se ha escrito un respetable número de trabajos al respecto en diversos países .de Europa y en los Estados Unidos, que se podrían considerar ejemplares desde el punto de vista
metodológico. Atrás de ellos sin duda estuvo el impulso inicial dado por
trabajos pioneros como los de los dos grandes historiadores antes mencionados. En América Latina, en cambio, son menos frecuentes las investigaciones emprendidas desde una óptica de historia social.
La historiografía mexicana sobre el tema no es excepcional. Se posee
un amplio acervo bibliográfico sobre la historia del movimiento obrero:
sobre sus luchas más dramáticas y sus sindicatos y centrales más importantes. Empero, no se cuenta sino con pocos estudios que ofrezcan una
explicación totalizadora del complejo proceso de formación de la clase.
De hecho se insiste en equiparar la historia del movimiento obrero con
la historia de la clase obrera. Debe señalarse sin embargo que -afortunadamente- algún cambio comienza a observarse desde principios de la presente década, con la aparición de diversos ensayos y más aún con la conclusión de numerosas w,gis, elaboradas con una óptica diferente.3
El presente artículo pretende colocarse precisamente dentro de estas
nuevas vertientes de la historiografía de Ja clase obrera. Nos interesa describir y comenzar a analizar el caso de las migraciones que nutrieron las
fábricas de textiles de algodón del valle de Orizaba, entre los años 90
del siglo pasado y la primera década del actual. Específicamente, tenemos la preocupación de relacionar los desplazamientos de población con
el problema de la formación de la clase obrera orizaheña y las formas de
conciencia que adquirió y heredó.
A partir de la década final del siglo XIX asistimos al auge del desarrollo textil de Orizaha, protagonizado dentro del proceso de expansión
que vivía la industria para esos años. En efecto, en este período, que alcanzaría su final hacia 1904-1905, se crearon varias sociedades anónimas,
encabezada sobre todo por franceses, que fundarían compañías en una escala descono~ida anteriormente. Fue la concentración de capitales acumulados en el país, a través del comercio, principalmente, y en menor
medida, de capitales europeos canalizados a través de "La Sociedad Fi-

B. García Díaz: L~s obreros textiles de Orizaba

79

nanciera para la Industria de México", fundada en París en 1890, lo que
permitió una inversión masiva para la modernización de la industria. Pero
también contrihuyeron las modificaciones en el comercio internacional de
los países centrales: hacían ahora hincapié en la exportación de bienes de
capital (un cambio fundamental para la industria fue la introducción de la
energía eléctrica: permitió innovaciones tecnológicas, en tanto que hizo
posible la introducción de husos de alta velocidad, telares automáticos y
estampadoras).4
El proceso de modernización vino a inaugurarse, precisamente, con
la creación de la Compañía Industrial de Orizaba (CIDOSA). Esta compañía fundó la fábrica Río Blanco en 1892, la cual sería entonces la más
grande y moderna del país; compró además San Lorenzo, Los Cerritos
y la Cocolapam, las renovó y amplió e integró a la Río Blanco, para constituir un solo proceso productivo. Mientras estas tres últimas.fábricas se
especializaron en el tejido y la hiladura de telas, la Río Blanco se encargó
de su blanqueo y estampado.
A estas factorías se sumarían en los años siguientes la Santa Gertrudis,
elaboradora de productos de yute, y la Mirafuentes, una hilandería establecida en Nogales, ambas compañías de capital extranjero. El proceso culminaría con la creación de la Santa Rosa, inaugurada en 1899 y también propiedad de inversionistas franceses agrupados en la Compañía Industrial Veracruzana, S. A. (CIVSA). La Santa Rosa tendría 1 400 telares, 40 183
husos y cuatro estampadoras; la Río Blanco en cambio, llegaría a contar
1 650 telares y 43 000 husos. Si se piensa que una década antes las fábricas
tenían como promedio cien telares y 2 000 husos, se puede tener una idea
de la magnitud de estas factorías. Para mover en 1905 la Santa Rosa, por
ejemplo, se necesitaban alrededor de 1 800 operarios, sin contar los técnicos extranjeros.5

La elección de Orizaba para instalar fábricas grandes y modernas no
fue fortuita: una conjunción de circunstancias creaba allí un medio favorable para la intalación-de empresas textiles. El valle no sólo sacaba provecho
de la presencia cercana del Citlaltépetl, que desempeñaba el papel de distribuidor de abundantes aguas, sino de la humedad de su clima, que permitía la confección de telas de textura más fina que las elaboradas e!! el clima relativamente seco de la Mesa Central. Además el ferrocarril pennitía a
los industriales explotar la condición intennedia del distrito entre el puerto
de Veracruz, lugar en que se concentraba el algodón, y el populoso Altiplano, principal centro de consumo y de distribución de los textiles hacia

�80

Siglo XIX
B. García Díaz: Los obreros text,1es de Orizaba

81

el resto del país.
No obstante el valle sufría una limitación esencial: no tenía suficiente
gente interesada y capacitada para echar a andar la industria de la zona.
Las dos fábricas más grandes, antes mencionadas, se esta:blecieron en terrenos casi deshabitados, pertenecientes a dos pueblos indígenas instalados en
las mon_tañas que circundaban el valle. La San Lorenzo, que se ubicó en el
pueblo más importante del valle, después de Orizaba, también tuvo, como
veremos enseguida, que importar una gran cantidad de tejedores; y así pasó
en cada una de las fábricas.
¿De dónde viene la gente, de dónde salen los inmigrantes que permi-

tirán la elaboración de telas? A partir de la información de un padrón electoral de 1892 del municipio de Nogales, se pudieron identificar 427 obreros que trabajaban en su mayor parte en la San Lorenzo y, en porcentaje
menor, en la recién inaugurada Río Blanco.6 La gran mayoría era inmigrantes, a excepción de 54 nativos de la región, 30 de Orizaba y 24 de Nogales. El estado que más proporcionaría inmigrantes sería Puebla, que
aportó aproximadamente la mitad del total (144 de la capital y 66 del interior del estado). En segundo lugar se colocaría la ciudad de México con
66 textileros. Después, pero a mucha distancia, vendrían los grupos de inmigrantes de los estados de Tlaxcala y Oaxaca, 27 del primero y apenas
once del segundo, y un minúsculo grupo que llegó de otros lugares de Veracroz, especialmente de Xalapa. Por último estaban unos cuantos de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato. Otros más tenían un origen no precisado.
Estos inmigrantes eran en su mayoría jóvenes. Entre ellos predominaban los solteros: constituían alrededor de un 57%. Los obreros casados y
solteros que vivían con su pareja y sus hijos conformaban un 26.46%; y
los casados que vivían solos alcanzaban un 13.58%. Los solteros tenían
24 años de edad promedio, los casados 31 años y sus esposas 27, y sus fa.
milias eran pequeñas, con dos hijos como promedio. Los obreros casados
que vivían solos se colocaban alrededor de los 34 años como media. En
suma, una población joven: el 62% del total de esta población obrera oscilaba entre lo 18 y 30 años. Un rasgo interesante de estos migranLes es el
gran número de los que sabían leer y escribir: 183 de 427, más del 42%.
Pero esta migración, que es fruto de las primeras oleadas que llegan,
sufrirá sustanciales modificaciones para mediados de la década siguiente,
que coincide con el funcionamiento pleno de las dos fáhricas más grandes.
De acuerdo con datos desglosados de la muestra de 603 obreros de la fá-

brica Santa Rosa -un tercio de su total- el radio de atracción se ampliará
y se volverá más variado. 7 Puebla seguirá manteniéndose a la cabeza como
el principal proveedor de inmigrantes, con 47%. Oaxaca que en la década
anterior ocupaba un lugar irrelevante, pasará en cambio al segundo lugar
con el 23%. México y su región textil circundante ofrecerán un 13°/o. En
seguida se colocará Tlaxcala con un 8% y, un poco después, Querétaro
con 5%. Estados como Hidalgo, Michoacán y Guanajuato también aportarán algunos inmigrantes.
La novedad más notable será la importancia numérica que adquiere,
en forma impresionante, la migración oaxaqueña. Menos evidentes pero
tan significativos serán los cambios que sufre en su composición la migración poblana. La ciudad de Puebla, que predominaba con 144 de los
210 inmigrantes poblanos en 1892, pierde ahora peso frente al ascenso de
los que provienen del interior del estado: la proporción se invierte y ahora
son solamente 41 angel~nos frente a 212. El descenso de inmigrantes de la
ciudad de Puebla implica, como contrapartida, un aumento de importancia
de los que vienen del campo: combinado con el aumento notable de la migración oaxaqueña, originaria en gran medida de la Mixteca, conlleva a que
el número de inmigrantes de procedencia rural se convierta en mayoritario
en forma clara. Por lo que se refiere al valle de México, aunque del segundo
lugar pasa al tercero, sigue conservando numéricamente su importancia. Lo
mismo pasa con la migración tlaxcalteca: si bien minoritaria, sostiene su
continuidad en el flujo. Querétaro sigue ocupando el último lugar dentro
de los estados que ofrecen una cuota regular de mano de obra, pero aumenta el número de sus inmigrantes en ténninos absolutos.
Si colocáramos a todos los inmigrantes dentro de dos categorías
-aquellos proveniente de sitios con industria textil y aquellos originarios
de sitios que carecen de ésta- encontraríamos la siguiente proporción:
34°/o para los primeros y 66°/o para los segundos.
Sin embargo, aún cuando estas informaciones son útiles no bastan
además de ser muy generales. Es necesario saber quiénes era~ estos tlax~
caltecas, oaxaqu~ños y queretanos: ¿por qué están saliendo de localidades
tan diversas como Tlaxcala, San Angel o Tajimaroa?; ¿qué experiencias
vividas o heredadas traían consigo?: ¿cuál era el fardo cultural e histórico
que aportaban cuando se trasladahan?8 Estas y otras preguntas similares
están detrás de este ensayo. Desde luego, las respuestas áÚn tienen un car-.ícter bastante provisorio y están cargadas de demasiados quizás y muchos
muy probablemen/e. Aún así, una de nuestras pretensiones principales es

�82

SigloXIX

llamar la atención sobre una línea de investigación que privilegie el estudio
de las connotaciones históricamente determinadas por las estructuras socia1es que preceden a la fábrica.

II.
f,os poblanos

Una de las mayores especia1idades de la ciudad de.Puebla, desde la época
virreinal, fue la producción de textiles; y no sólo de algodón, seda o lana,
sino de textiles de carne y hueso, es decir de artesanos y operarios textiles.
Se podría recordar aquí el barrio formado en la ciudad de México, en los
primeros años del siglo XIX, a partir de la llegada de decenas de artesanos
textiles que migraban de Puebla.9
A medida que el siglo avanzaba la vocación textilera de Puebla se acendraría y, ya para mediados del siglo y sobre todo con fuerza después de
1870, se daría un proceso de autorreproducción de la fuerza de trabajo
fabril por la heredabilidad del oficio. Esto se encontraba en relación con el
desarrollo de una nueva industria textil, ya mecanizada, que surgió desde
mediados de los años 30 en las márgenes del río Atoyac, en los a1edaños
de Puebla, tras la inauguración de la Constancia (la primera fábrica textil
del país) en 1835. Con ~os establecimientos se fue imponiendo de manera
lenta y gradua1, en convivencia con la producción artesanal, la industria
textil. A las diez fábricas que en 1843 podría conferírseles ese título, en
los años siguientes se sumaron otras más: para 1877 podían contabilizarse
veintiuna en el municipio.10
Alrededor de v¡µias de estas fábricas se organizaron villas fabriles para
garantizar el aprovisionamiento estable de mano de obra. En estas vi_llas se
autorreproduciría la clase obrera de una manera clara a partir de 1870, si
bien el proceso de captación de mano de obra continuó haciéndose, en parte, por el reclutamiento de una mano de obra en proceso de proletarización, tanto de sectores urbanos como del campesinado de pueblos circunvecinos. En las villas fabriles, como en los pueblos aledaños, que se podían
considerar como extensiones de las villas, se dio un proceso de reproducción a través de la promoción del trabajo familiar, lo que permitió por otro
lado mantener bajos los sa1arios individuales. Si las mujeres participaron
sólo marginalmente en este proceso, su ausencia se vió compensada por el
alto porcentaje de niños que ingresaba en la fábrica y constituía cerca de
una cuarta parte del tota1 de operarios textiles en 1878-1879.11

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

83

Así, para el período de máxima expansión de la industria en el país,
Puebla pudo contar con un proletariado textil avezado en los modernos
métodos de producción. Proletariado que estuvo en condición de migrar
hacia otras regiones, como experto, en el momento en que se inauguraban
fábricas. Esto sucedió cuando los poblanos formaron parte del primer grupo de cien obreros contratados para Tajimaroa, Michoacán, en 1895,
"mientras se enseñan los hijos de la comarca", para iniciar los trabajos de
la fábrica La Virgen. 12 Lo hicieron también en años anteriores, cuando
fueron a la San Lorenzo, en Veracruz, en 1881 y posteriormente cuando
se trasladaron hasta Juanacatlán, Jalisco, en 1896.13
Según algunos autores, los poblanos migraban buscando mejores salarios. Por ejemplo Keremitsis anota que en la década 1880-1890 los industriales poblanos pagaban un sa1ario mínimo de 25 centavos, "uno de los
más bajos del país";14 en contraste con Orizaba, el mínimo era de 35. Juan
C. Grosso coincide con esa apreciación, pero agrega que existen diversas referencias sobre una situación de desempleo en la ciudad de Puebla, consecuencia de la incapacidad de la estructura productiva de absorber una creciente disponibilidad de fuerza de trabajo ligada al proceso de proletariza., de sectores campesmos
.
c1on
y artesanales.is
Pero no sólo saldrían poblanos de la capital del estado y pueblos circunvecinos. También migraron de los distritos agrarios de Chalchicomula,
Tecaniachalco y Tehuacán. Sobre todo de los pueblos de San Andrés Chalchicomula, Tecamachalco, Tochtepec, Auecholoc, Cañada Morelos, San
José Ixtapan, San Agustín del Palmar y de otras muchas localidades dominadas por las grandes haciendas.
Por ahora, en espera de estudios locales sobre estas regiones en la era
porfirista, sólo conocemos en forma particular el caso de los campesinos
de San José Ixtapan. Asfixiados por las haciendas cercanas, los josefinos se
vieron obligados a cultivar las tierras de estas haciendas como aparceros o
dedicarse a otras actividades rurales, como la arriería o la cría de vacunos.
Inclusive salieron en cuadrilla a trabajar cuando se tendió la vía del ferrocarril Esperanza-Tehuacán; también fueron a laborar a una cantera de mármol vecina. La construcción de la Santa Rosa, que ofreció trabajo a los
canteros, y su posterior funcionamiento, aparecería como una alternativa
' ante e1despOJO
· de sus medios de vi"da. 16
mas
Estos poblanos no sólo llegaban hasta Orizaba sino que seguían, en su
descenso, hasta las tierras más bajas del distrito agrícola de Córdoba, al

�84

SigloXIX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

85

trabajo en haciendas y plantaciones tropicales. 17 Contribuían así a renovar el material humano de la tierra caliente, tan escaso y tan propenso a
ser víc~ima de las fiebres y enfermedades tropicales. Por último debe
agregarse que algunos de estos migrantes rurales procedían en algunos casos de un contexto productivo artesanal, más que exclusivamente campesino. En el distrito de Tecamachalco existía en algunos pueblos, por
ejemplo, la tradición de] tejido de la lana en telares de manos. 18

la Mixteca no sufrieron a mediados del XIX los embates de los hacendados.
Aún así, al interior de Jas comunidades se dio un proceso de privatización
de las tierras comunales. El derecho de usufructo devino gradualmente en
una form_a de propiedad privada, que avanzó sobre todo debido al crecimiento de la agricultura mercantil en la región. De hecho se ha propuesto
una desamortiz~ción informal en parte de la Mixteca antes de 1856.21 Esta
desamortización parcial contrihu ía a la separación de algunos productores
de sus medios de vida.

Los oaxaqueños

Tan importante en la expulsión como la parcial disociación de sus medios de producción, o quizás más por ser un elemento permanente, sería el
embate que siempre han sufrido los mixtecos por la pobreza de su medio
natural. Insertos en una abrupta región, los recursos que les ofrecen sus
montañas son escasos. Incluso en sus valles, la agricultura de temporal es
difícil e inconstante: debido a su altura viven bajo las amenazas del hielo
negro y por otra parte las lluvias no están garantizadas. Ciertamente el
hambre es la gran espoleadora de la diáspora de la Mixteca. A ellas se podrían apljcar las palabras de Fernando Braudel sobre las montañas: fábricas de hombres para uso ajeno.22

Del estado de Oaxaca vendrían remontando a pie sus anchas serranías,
sembradas de órganos y candelabros, los indígenas de la Mixteca. Especialmente saldrían de los distritos de Tepozcolula, Coixtlahuaca, Tlaxiaco y
Nochistlán, ubicados en la Alta Mixteca. También llegarían de la región de
los valles centrales: de la propia ciudad de Oaxaca y de algunos pueblos de
su distrito. Unos cuantos saldrían incJusive de la región de la sierra de Juárez .19 Los oaxaqueños, los últimos en llegar al valle de Orizaba, para la primera década del siglo constituirían el segundo grupo estatal de inmigrantes, colocado solamente después del formado por los poblanos.
La migración de la Mixteca contrasta con la resistencia e indiferencia
de los indígenas nahuas de la sierra de Zongolica que no ingresan al trabajo
fabril. Mientras los nahuas se encuentran en las montaijas circundantes del
valle textil, los hombres de la Mixteca se localizan a muchos kilómetros de
distancia. Kilómetros que se multiplican si se considera el área no en términos de distancia-espacio, sino en términos de distancia-tiempo. La ida a
Orizaba implicaba para alguien que saliera de Santa Catarina Tayata, distrito de Tlaxiaco, un viaje de varios días. 2 Cargado su morral con totopos,
su harina de frijol, hecha con ºfrijol tostado y molido, y sus calabazos de
agua, dejaban atrás sus jacales de bajereque y se lanzaban hacia el cañón de
Tomellin que los Hevaba al valJe de Tehuacán. Tardaban hasta cinco días
en llegar a Tehuacán, en un viaje fatigante y pesado, subiendo y bajando
por montes y quebradas en ásperos caminos. Al sexto día, después de mecli_a jornada de camino, llegaban hasta Puerto del Aire: desde sus alturas pod,an ver finalmente con alivio, a sus pies, las tierras labrantías de AcuJtzingo, que iniciaban el valle de O rizaba por su parte sur: necesitarían entonces
de sólo unas horas para desencumbar y entrar en las primeras villas fabriles
del distrito.

°

A diferencia de las comunidades del centro del país, los habitantes de

AJ parecer la migración a Orizaba fue precedida por migraciones temporales de jornaleros agrícolas hacia las tierras del Golfo. Por una protesta
de las comunidades sabemos que, a finales del siglo XIX, anualmente subían enganchadores a reclutar cuadrillas al distrito de Huajuapan de
23
León. Estos comision~dos de los propietarios extranjeros, de las fincas
tabacaleras de la región de San Andrés Tuxtla, reparten dinero a los que
quieren comprometerse a trabajar por un periodo de seis meses en el levantamiento de la cosecha. Una vez que reúnen suficiente gente, la traen
hacia Tehuacán, donde se embarcan las cuadrillas para la costa en el ferrocarril. Ahí se toma el ramal de Tehuacán a Esperanza, Puebla, y después
transbordan al F crrocarril Mexicano para ir hacia Veracruz. Durante el
viaje, después de descender las cumbres de Maltrata, atravesarán los pueblos fabriles de O rizaba, que en esos años acaban de inaugurar sus fábricas
más grandes. Según el jefe político de Huajuapan de León, la oposición de
los pueblos nace del abuso y los atropellos que cometen con las cuadrillas.
Sostiene que los contratistas se aprovechan de la necesidad de los individuos y por un puñado de dinero se los llevan prometiendo beneficios que
recibirán y un clima saludable, aunque después resulte todo lo contrario.24
Es posible que estos migrantes pendulares que se anotan en las cuadrillas, sean los que vayan posteriormente hacia Orizaba. De hecho, la moder-

�86

8. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

SigloXIX

nizac1on de la industria hizo que el proceso productivo se volviera más
complejo y se subdividiera en un mayor número de etapas.25 Así por un
lado se hacía necesaria la contratación de obreros experimentados para las
actividades que requerían mayor calificación; por otro, apareció una gama
de empleos que no requería ninguna especialización: podían ser ocupados
por migrantes que vinieran directamente del campo a trabajar por temporadas. Esto pasaba en particular en los departamentos de estampado, tanto de la Río Blanco como de la Santa Rosa, donde al lado de oficios calificados como el de grabador o tintorero, había grupos de trabajadores que
sólo desarrollaban labores manuales de fácil ejecución. Además en todas las
fábricas necesitaban cuadrillas de peones para realizar trabajos duros y desagradables. Ya familiarizados los jornaleros con la ruta de inmigración de
la Mixteca hacia Tehuacán y de aquí hacia Veracruz, podían probar fortuna en las fábricas de Orizaba. Allí los empresarios franceses los necesitaban tanto como ocupaban tejedores expertos.
Si el trabajo fácil les resultaría mucho más extraño que las labores
agrícolas a desarrollar en las fincas tropicales, no sufrirían las mismas
coacciones para permanecer por prolongados períodos. En las fábricas
podían estar durante algunas semanas, hasta que se cansaran o les pareciera insoportable el trabajo, la disciplina fabril tan terriblemente novedosa
para· ellos, o el tipo de vida que se llevaba ahí, y regresar libremente a sus
pueblos. Y de hecho tardaron en afincarse en la región. Todavía en el cuarto lustro de este siglo, durante los primeros años del sindicalismo, los militantes gremiales sufrirían su desinterés en la organización: en tanto que
eran trabajadores temporales, en incesante ir y venir, entre la fábrica y sus
comunidades, poco entusiasmo mostraban en la causa sindical.26
Pero también cabía la alternativa opuesta de que se fueran familiarizando, desde su trabajo en la cuadrilla de peones, con los diferentes departamentos, y terminaran aprendiendo las labores en algún puesto de trabajo.
Y efectivamente, así lo hicieron algunos. Quizás Orizaba y sus fábricas aparecieron como una forma de opresión menos terrible, si bien más extraña,
que el trabajo en las fincas. Además conforme la corriente migratoria se ensanchó con la llegada sucesiva de parientes y paisanos, los mixtecos pudieron desarrollar formas de solidaridad que les hicieran la vida menos adversa
en esta lejana tierra. Numerosos testimonios de historial oral27 coinciden
en señalar los fuertes lazos de hermandad que se creaban entre ellos: "ay
hermano", decían cuando moría alguno. Algunos viejos trabajadores se
quejaban de lo montoneros que solían mostrarse los mixtecos cuando de
pelear se trataba: no se podía tocar a uno, porque todos se venían encima.

87

Esto lo supieron bien los queretanos que tendrían pleito casado con ellos,
. d ustr1·a1es como en Atlixco.2s
lo mismo en V eracruz que en otros centros m
Esta cohesión interna, que era en parte una respuesta al menosprecio por
parte de los mestizos arribeños y en parte una solidaridad impuesta por las
mismas necesidades de la emigración, nacía también de la profundidad e
identidad étnica mixteca: no desaparecía con la migración, que no implicaba automáticamente una renuncia a su cultura, ni una descaracterización étnica.29
De la región de los valles centrales saldrían de la ciudad de Oaxaca y
del distrito de Etla. Aunque más distante que la Mix:teca, se volvería cercana con el ferrocarril Mexicano del Sur, que comenzó a circular desde
1892, comunicando desde entonces a la Antequera con el resto del país.
En Etla se habían instalado dos pequeñas factorías: la San José y la Vista
Hennosa, en 1875 y en 1885 respectivamente.30 De aquí saldrían operarios para Veracruz.

La tercera región oaxaqueña que aportaría inmigrantes sería la de la
Sierra de Juárez. En Xía, Tomás Grandison, un empresario inglés, instaló
m 1875 una fábrica textil, en medio del campo, para aprovechar la riqueza hidraúlica del lug-.ir.31 Enemigo de importar trabajadores y con un
proyecto de dominio patriarcal que incluía viviendas, tienda, escuela y
capilla, creó su propia fuerza de trabajo a partir del reclutamiento de serranos. Su proyecto de forjar obreros y obreras en el campo se revelaría al
parecer exitoso, durante el período que funcionó la fábrica: de aquí salli-ían asalariados textiles lo mismo para Veracruz que, posteriormente, pa32
ra Etla, cuando dejó de trabajar la fábrica.

los mexicanos
Fue de la ciudad de México, de Tlalpan, de Contreras, de San Angel, de
Miraflores, de Tlalnepantla y de Toluca, es decir, de las poblaciones y zonas con industria textil, de donde saldrían los obreros que del estado de
México y de la capital del país irían a Veracruz. Esta zona de México vivió tempranamente un proceso de instalación de fábricas textiles que le
pennitieron competir con Puebla por la supremacía textil. En algunos años
llegó a tener más trabajadores textiles que Puebla, como en 1877: había
3 261 operarios ubicados en catorce fáhricas, mientras en las veintiuna de
Puebla se encontraban sólo 2 760. 33

�88

Siglo XIX

La instalación de fábricas se inició en la tercera década del siglo '&lt;IX y
para 1843 eran diecisiete las factorías establecidas. 34 La mayor parte de
las fábricas grandes se ubicarían en tres zonas: an Angel y Tlalpan, Tlalnepantla y Chalco. Las trt's estaban comunicadas entre sí, y de hecho se
podría hablar de una sola región textil. La concentración de más de 3 000
trabajadores en una misma zona permitiría el desarrollo temprano de una
red de comunicación y solidaridad. 35
Aquí también se dió un proceso de reproducción de la fuerza de trabajo semejante al de Puebla. -\sí, para 1870 había varios casos de maestros, algunos de ellos salidos de las filas obreras, otros del artesanado, que
habiendo iniciado su trabajo en los salones textiles desde niños, ya podían
sustituir a maestros y operarios calificados extranjeros. A esto contribuyó
la fundación de algunos talleres escuela desde 1830, pero también la
transmisión del oficio textil de una generación a otra, facilitado por la conformación de comunidades en los alrededores de algunas fábricas que contaban con viviendas para sus trabajadores, como La Fama y San Fernando
en Tlalpan. tn estos barrios se comenzaron a formar pequeños núcleos de
obreros que romperían con su entorno rural, y empezarían a ensayar formas asociativas y de lucha 1¡ue marcaron el inicio de una identificación de
clase. Ilustrativos de una idrntificarión a partir del trabajo son los desfiles
que hacían con sus instrumentos de trabajo. Por ejemplo, en 1873, en
Contreras, los trabajadores desfilaron con sus lanzaderas y otros instrumentos para recibir a una comisión del Gran Círculo de Obreros.
Pc,-o más significativas fueron las numerosas luchas regionales que sostuvieron, así como los intentos organizativos que levantaron lo obreros:
ya fuera en forma autónoma, como la experiencia de "Las Fábricas Unidas", o en los que participaron bajo la dirección del artesanado, como con
el Gran Círculo de Obreros (GCO). Por lo que se refiere a las luchas, de la~
41 huelgas textiles que estallaron en el país en el período 1850-1883, 2i
tuvieron lugar en el Distrito .Federal} en rl estado de ~léxico, es decir casi
36
dos l!·rcio:;. En este sentido se podría afínnar que el centro de gravedad
de la lucha textil, en las déeadas de aparición del sistema de fábrica, estaba
t·n la zona. Las mutualidades se vinieron creando desde los años 60 y paulatinamente se transformarían en sociedades de resistencia; cuando se formó el GCO, se afiliaron, } para 1875, de las 28 sucursales que coordinaba
d Gran Círculo, do&lt;·e &lt;"Orrespond ían a fábricas textiles. El importante peso
que los textiles tenían en la composición del GCO se reflejaría en la atención que el periódico oficia] del Gran Círculo daba a los problemas y luchas de los obreros, lo que provocaría a su vez que algunos operarios fue-

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

89

1311 asiduos lectores y sostenedores de esta prrnsa. ,\ través de su par~ci~ación en el GCO, los obreros obtendrían O&lt;'asionalmrntc a}-uda econom1ca
01 sus huelgas y la difusión de sus problemas.

En el difícil camino de su constitución como clase, más importante
fue sin embargo la experiencia de "Las Fábricas l rudas", que funci?naba
como una suerte de coordinador de las organizaciones del Valle. Scrra una
agrupación más netamente obrera que el GC?: su dirección estuvo en manos de los propios trabajadores y ya no mas en las de l?s artesanos. ~u
importancia estribaba en que contribuyó a superar el caracter l~cal y aJSlado de las luchas y generó w1a red de solidaridad. En este sentido fue u~
antecedente del Gran Círculo de Obrero;; Libres creado en 1906 en Onzaba, sólo que más limitado geográfÍl·amentc. Acle,~~• dc_b~_mencion~
que la población de la región textil del \ alle de Mex.ico VlVlO la expcnencia fundamental de luchar en la guerra de Intervención, contra los franceses. Algunos tejedores que se &lt;·onvirtieron en guerrilleros y lucharon en
contra del Imperio de Maximiliano, y a favor de las Leyes de Reforma, serían reconocidos como líderes de sus comunidades después de la guerra.37
Los obreros mPxicanos se caracterizaron, en los años previos a que un
contingente de ellos se trasladara a Orizaba, por una gran riqueza en su vi:
da asociativa y por su constante efervescrncia y disposición a la lucha. S1
tomamos como índice el número de huelgas y los proyectos organizativos
que promovieron, debemos admitir que sin lugar a dudas constituían una
de las vanguardias del incipiente prolt'tariado industrial.

Coincidentemente, en los años inmediatamente anteriores a la apertura de las fábricas francesas de \, ecacruz, se dio una oleada de represión patronal para acabar con la org.inización de los trabajadores: se elaboraron
listas de operarios que no eran aceptados en ninguna fábrica, se disparó
contra huelguistas y asambleístas y se encan:eló a dirigentes destacados.
Entre los más golpeados estuvieron los trabajadores de Tlalpan, a quienes
la prensa calificaba como "hábiles, tenaces y testarudos,-.38 Verdaderamentc qut&gt; lo eran: a pesar de haber sufrido una severa derrota en 1875, se
declararían en huelga en cuatro ocasiones en el bienio 1876-1877; y su
Dlf'sa directiva terminó en prisión en 18,i.
Entre las filas de la migración vrnían -con seguridad- algunos de estos curtidos militante o algunos otros luchadore del valle de Anáhuac,
tan testarudos o cmpednados como ellos. De la misma manera que se ha

�90

Siglo XIX

relacionado la llegada de migraciones transatlánticas con la efervescencia
política en los puertos de arribo, deberían conectarse estos desplazamientos internos (por ahora poco estudiados) con Ja extensión de la agitación
y de la organización.

Los tlaxcaltecas
Y o viví en Nogales. .. como yo era el mayor, recuerdo cuando
llegamos a Nogales. Allá trabajó mi papá por un tiempo. Según
mi papá fuimos porque mis abuelos también se habían ido en
busca de trabajo. Mi familia completa ya tenía la costumbre de
irse para Veracruz, le habían probado en algunos pueblos de Tiax.
cala, habían buscado en fábrica la cosa de los textiles por todo
11axcala, pero había mejor paga allá en Veracruz, además había
más movimiento en topo. La cosa fue que a veces también vendíamos, llevábamos comida; la fruta de aquí, carne, quesos, en
fin muchas veces las vendíamos entre nuestros parientes o compadres. Allá en Río Blanco también teníamos familia que trabajaba
en las textileras...

Este testimonio de Gregorio Serrano,39 "campesino-obrero" de Santa
Inés Zacatelco, nos da algunas de las razones de la migración hacia Orizaba. Nos habla de la búsqueda de trabajo y de un salario mejor, pero también de los hábitos de los tlaxcaltecas (de la región sur-centro del estado)
de salir de sus comunidades a buscar trabajo, de probar suerte en las fábricas textiles y de dirigirse hacia el estado de V eracruz. Don Gregorio Serrano, que ~duvo por tierras veracruzanas en la última década del porfiriato,
pertenec1a a un grupo que se caracterizó tanto por su movilidad geográfica
como ocupacional.
Históricamente, los pueblos ubicados en el corredor Apizaco-Puebla
fueron como los barrios pobres, las reservas proletarias de la Puebla colonial. A Puebla y a su región circundante la proveían de gente para la construcción de edificios públicos, para sus talleres y para que trabajaran como
segadores.
En el siglo XIX la favorable ubicación de la zona, surcada por los ríos
Atoyac y Zahuapan y por el Ferrocarril Interoceánico, y la crianza intensiv~ de ov~!as; hicieron de los pueblos de la región lugares escogidos para
la ms~ac1on d: -~na docena de fábricas textiles, que pudieron aprovechar
ademas la tradic1on en la producción textil doméstica. Con la instalación
de las fábricas se fue creando un proletariado de tiempo parcial que com-

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

91

binaba su trabajo en el campo con el de las factorías. La experiencia de
buscar un ingreso adicional fuera de la agricultura, como artesanos, comerciantes ambulantes y arrieros o fabricantes, no era una novedad en la zona. El exceso de población rural de la región, que radicaba en pueblos con
terrenos comunales fraccionados en minúsculas e insuficientes parcelas,
que se explotaban individualmente, hacía indispensable la búsqueda de un
· 40
ingreso complementano.

Así, cuando vino el despegue industrial de Orizaba, que se tomó
cercana con el tránsito permanente de ferrocarriles, la ida a las factorías
no implicó una gran aventura, ni siquiera un cambio drástico en las formas de ganarse la vida. Realmente lo que pasaba era que se hacía más
amplio el radio de acción dentro del cual deambulaban los "campesinosobreros", que también fueron a trabajar a otra zona textil de Veracruz,
la de Xalapa-Perote. 41 Aunque el hecho de alejarse de Tlaxcala por.temporadas de semanas, o ~un de meses, hacía más marcados y definidos los
tiempos ocupados en el trabajo de la industria y los tiempos utilizados en
las labores agrícolas: lo que llevaría a que algunos inmigrantes tlaxcaltecas
en el mediano plazo tomaran una decisión más definitiva respecto al trabajo fabril .
Los habitantes de este minúsculo estado del centro de México se significaban por provenir de pueblos con una tradición de protesta y lucha
contra los hacendados. Más singular resultaba, no obstante, la reciente difusión de un movimiento religioso disidente en la región: el metodismo.42
El metodismo se propagó con éxito en la zona centro-sur de Tlaxca-

la y buena parte de su membrecía estaba constituída precisamente por estos trabajadores móviles que, trasladándose de un lugar a otro, portaban
consigo su credo. Este fue el caso de Agustín Flores Serrano, tejedor tlaxcalteca: lo primero que hacía una vez que se instalaba en el trabajo era localizar un lugar vecino donde hubiera reunión evangelista, lo mismo estu-·
viera en Santa Cruz, Tlaxcala, en Metepec, Puebla, en la ciudad de México
o en Río Blanco, Veracruz. Agustín Flores había transcurrido su infancia
en el pueblo de Zompantepec, que además de ser un centro metodista era
un foco liberal. En algún 16 de septiembre -recuerda don Agustín-, su
tío Petronilo Serrano, que era juez local, en un momento importante del
discurso oficial diría: "en una mano la santa biblia y en otra la santa Constitución". Con la misma emoción rememora, y aun entona, algunos fragmentos en francés de La Marsellesa, que uno de sus maestros liberales le
enseñó en su educación prirnaria. 43

�92

SigloXIX

El metodismo, además de conformar un espacio de solidaridad de tipo mutualista, tuvo un papel importante como fuente educativa para los
trabajadores tlaxcaltecas. A través de la celebración de veladas, o más
precisamente actos cívicos-religiosos, celebrados el 5 de febrero, el 21 de
marzo, el 5 de mayo y el 11 de septiembre y otras fechas fundamentales
del santoral liheral, se exaltaba la figura de Juárez, Hidalgo y Morelos y se
ponderaba lo que se consideraban lás virtudes del liberalismo mexicano.
Ahí surgían precisamente las críticas contra el gobierno porfirista; aJ observar el abismo entre la realidad política y los principios democráticos de
la Constitución liheral.
En esta labor eran importantes, además de la circulación de periódicos
protestantes como El A bogado Cristiano Ilustrado, la actividad y el· celo
de los propagandistas locales, que después de haber asistido al seminario
de Puebla, regresaban a sus comunidades en entusiasta labor proselitista.
Varias familias tlaxcaltecas que se adhirieron al metodismo, cuando emigraron a Orizaba participaron en la. conformación de una congregación en
Río Blanco, junto con migrantes que arribaron de Miraflores, ChaJco y de
otras partes del país donde el metodismo había cundido. La congregación
de Río Blanco, dirigida por José Rwnbia, jugaría un papel clave a la vuelta
del siglo. Sería sede, bajo el impacto de los militantes del Partido Liberal
Mexicano, de la primera organización obrera militante de la zona: el Gran
Círculo de Obreros Libres (GCOL). Además de Samuel A: Ramírez, nativo
de Zompantepec y personaje central de la historia local del GCOL, saldrían
desde las filas del metodismo otros militantes de los círculos, como Manuel
Avila y Andrés Mota.44

Queretanos y de otros estados
Vinieron además migrantes de los estadt&gt;s de Querétaro, Hidalgo, Michoacán y Guanajuato. Pero serían unos cuantos, a excepción de los queretanos que constituían alrededor de un 5% del total de los inmigrantes que
arribaron a la región. Los queretanos provenían de la capital del estado y
del poblado textil creado alrededor de la fábrica Hércules; cuando fue fundada esta planta, en los años 40 del XIX, se trajo la maquinaria de Francia,
de donde también se importaron artesanos y obreros calificados para que
durante tres años instruyeran a los mexicanos que luego los sustituirían.45
Después de varias décadas, también Querétaro exportaba operarios para
Jnanacatlán, Jalisco, para Uruapan, Michoacán, para Veracruz e inclusive
para la zona de Atlixco, Puehla. 46

B. Gorcía Díoz: Los obreros textiles de Orizobo

93

m.
La riada de inmigrantes que vino a nutrir las fábricas y a revitalizar la condición de tierra de forasteros de Orizaba fue muy variada, en tanto que era
bija de un México decimonónico caracterizado por una marcada diversidad
regional. Aún así se podrían agrupar principalmente dos tipos de inmigrantes. Aquéllos para quienes las factorías no representaban sino una ocupación esporádica y temporal, una forma de ganar el pan entre otras, aceptaih únicamente por razones de sobrevivencia; una mano de obra que tenía
aún como lugares fundamentales de su identidad las comunidades rurales,
la familia agrícola y el campo. Otros, en cambio, que salían de regiones
textiles, para los cuales la fábrica ya formaba parte de su destino o aJ menos así lo consideraban. En el medio de los dos tipos se ubicaba además
una gran diversidad de inmigrantes, como los llamados "campesinos-obreros" del altiplano.
Los miembros del segundo grupo, si bien no constituían la mayoría
del contiugente de migrantes, desempeñarían un papel central para que la
masa de trabajadores lograra avanzar en su autoreconocimiento de clase.
Ellos serían los promotores de las agrupaciones de resistencia y los animadores de las luchas en Orizaba, aunque nunca sus únicos protagonistas. Orizaba se vio favorecida en este sentido por el arribo de un grupo pequeño,
pero a la vez consistente, de obreros que ya habían pasado por experiencias fabriles en diferentes grados. Algunos eran verdaderos operarios expertos, con años de trabajo en el ramo; otros eran jó'!enes que recién habían
ingresado al mundo fabril en sus regiones de origen, pero que en ciertos
casos habían tenido ancestros relacionados con las fábricas: realmente se
harían obreros en Orizaha o en algún otro nuevo centro industrial como
Atlixco, distinto a su lugar de origen.
Estos obreros vendrían a formar parte de un proletariado textil que
se caracterizaba por su transhumancia a través de un eje o corredor textil
que se extendía desde el valle de México hasta Veracruz, atravesando desde luego la regiim textilera Puebla-Tlaxcala, y que incluía eventualmente
las fábricas del Bajío, establec\das en Querétaro, Jalisco y Michoacán. En
tanto no tenían propiedad de la cual vivir, estaban condenados al mercado
de mano de obra de una industria que se caracterizaba en general por su
inestabilidad, y debían 1:!asladarse a donde les compraran su fuerza de tra-

bajo.
Este proletariado nómada se movía en forma colectiva: ya fuera en

�94

Siglo XIX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

equipos volantes -integrados por pequeños grupos de amigos o parientes
solteros- que surcaban las regiones textiles, o en colectividades enteras de
docenas de operarios que, ante el cierre de su fábrica o el despido masivo
se veían ohligados a emigrar l1evando a cuestas sus familias y sus e ~
pertenencias.
Los movimientos, que en ocasiones se daban al interior de una misma
región y otras veces de un estado a otro, eran numerosos. En 1865 106
huelguistas de San Ildefonso, en el estado de México, son desalojados y
se trasladan a la fabrica La Colmena y Barrón.47 En 1868 hay un éxodo
masivo de trabajadores de Tlalpan, Contreras y Tizapan hacia la zona tex48
til de Tialnepantla. En 1875 huelguistas de La Fama y San Femando, de
Tlalpan, no son aceptados en su trabajo al término de su movimiento y dehen emigrar hacia las fábricas de San Angel y Tlalnepantla.49
Exodos mayores fueron el de 1868, de los huelguistas de la Magdale.
na, La Fama Y San Fernando, hacia el estado de Pueblafº el de 1873, de
~uelguistas de ~~peji del Río, Hidalgo, hacia San Ildefonso;51 el que realizaron 300 familias de huelguistas que, en 1877, emigraron desde Hércules, Querétaro, a La Fama de Tlalpan;52 el de 1889, de 200 obreros, que
acompañados de sus familias llegan de Jalisco como esquiroles a una huelga en San Fernando, en el Valle de México ;53 el que se hace de Puehla hacia San Antonio Abad, en 1893, para romper otra huelga;54 el de 1896, de
San Fernando hasta Juanacatlán, Jalisco, de cien obreros con sus fami.
' do sena
, conservado en la memoria por un corrido:
lias .55 Este u'ltimo
exo
Ya se acabó San Femando
Y a los obreros se van,

'

Se llevan la maquinaria,
Se van a Juanacatlán.
Conrado Carranza y otros
se van a armar los telares
pa cuando llegue la gente
ya estén listos sus lugares.
Roberto Carlos y algunos
Juan Pérez y don Sarnuel
se fueron a armar las mulas
y tróciles a nivel.
Adios, pulquito curado
con plátano de manila

95

...

nos vamos para Jalisco
a tomar puro tequµa.56

AJ igual que de San Femando llegarían contingentes de obreros de Querétaro, Puebla y de la región de Guadalajara. Los éxodos están lejos de ser
excepcionales y no pasan muchos años para que ocurra alguno.
Pero también estos trabajadores se movían en forma individual. Sin embargo: ¿cómo aprehender, cómo reconstruir capilarmente los movimientos,
las direcciones, los posibles itinerarios de estos tejedores e hilanderos girovagos, para los cuales las fábricas más que un sitio de estabilidad o de certidumbre parecía ser un lugar de continuo pasaje, un puerto de permanente
circulación?
Sus historias son agitadas y difíciles de seguir. Aún así, a través de la
historia oral se conoce algo de ellas. Un caso _sería el de Primitivo Soto:
mtivo de Puebla, se mudó a Nogales en donde trabajó como tejedor en
57
1904; posteriormente se trasladaría hacia Contreras y San Angel. Tras
una huelga en la Hormiga se tuvo que ir para La Carolina. Más tarde viajaría a Metepec, Atli.xco, donde también después de una huelga hubo vacantes. Posteriormente deambularía por las fábricas del municipio de Pue.
bla, finalmente regresaría a Orizaba y se instaló en la Santa Rosa. Otra historia es la de Alberto Lara Rojano, un obrero sobreviviente de la huelga del
7 de enero de 1907, originario de Miraflores, Chalco.58 De tradición familiar textil, pues su abuelo materno fue tejedor y sus tíos obreros del ramo, a los pocos meses de haber nacido Alberto su familia se dirigió a TlaJ.
pan, a la San Femando: su padre iba siguiendo a su tío, que era engomador. Cuando cierra San Femando, el padre de Alherto se traslada a Contreras; en cambio su tío se va a la Providencia y la San Pedro, fábricas de
Uruapan, Michoacán. Más tarde migran su padre y sus tíos a Puebla y fi.
mlmente llegan a Río Blanco; ahí los alcanzará Alherto, para ingresar en
el departamento de telares. Un caso más es el de Agustín Ramírez, un
chiquillo tlaxcalteca del puehlo de San Salvador Tzompantepec que cuando no ha cumplido aún los diez años de edad ingresa a la Trinidad, en Santa Cruz; de aquí pasará junto con su hermano a Metepec, donde un tío lo
ayudará; la siguiente escala será La Carolina, en el Valle de México, donde
también encuentra parientes, y en 1911 vendrá a Río Blanco, lugar en el
que se estahlecerá.59 De Querétaro tenemos el caso de Antioco Mosqueda,
que llegó en 1901 a la Santa Rosa después de haber estado en La Reforma,
e.n Salvatierra; del valle de Orizaba regresaría a Occidente a La Virgen, de
Tajimaroa, y sólo retornaría a Orizaba hasta 1918.60 Estas, pensamos, son

�96

SigtoXJX

B. García Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

97

lústorias menudas entre decenas.
Y son historias de gente que se arraigó finalmente en Orizaba. Pero
más numerosas serían las de aquellos que no se quedaron y sólo se detuvieron temporalmente. Por ejemplo, para la fábrica Santa Rosa se ha observado en el período 1901-1906 una tasa de entradas y salidas bastante alta: de
1 348 obreros que trabajaban en 1901 sólo el 14°/o de ellos continuó laborando cinco años más tarde.61 ¿A dónde se trasladó el otro 86°/o?, ¿se
dirigió a otra fábrica del mismo valle o lo abandonó en búsqueda de una
mejor suerte?. Es una investigación todavía por hacerse. Lo evidente es que
era una clase obrera difícil de sedentarizarse, y al movimiento permanente
de población que llegaba correspondía otro flujo igualmente vigoroso de
gente que se iba. El valle debió. dar la impresión, en esos años, de ser un
honniguero con toda esa masa colorida y fluctuante que entraba y salía
permanentemente.
A la movilidad contribuían varios factores. En el caso de la gente que
venía directamente del campo, y regresaba a éste, desde luego su retomo
tenía que ver con las dificultades para adaptarse, y atrás de ello estaba
quizás un intercambio estacional entre agricultura e industria. En cambio,
para los integrados de manera menos parcial a las textileras, la inestabilidad expresa la creación de expectativas y no sólo insatisfacción. La movilidad era signo del deseo de mejorar la propia condición, tanto como reflejo de la crisis en que caían algunas fábricas. Como las ocasiones de trabajo habían aumentado, los obreros calificados no se sentían obligados a
adaptarse a un mal empleo ligándose a la primera oportunidad que encontraran. Así, se movían con el afán de encontrar una mejor posición y salarios más elevados. Si no hallaban con la migración una mejora, no aceptaban establecerse y continuaban viajando o regresaban a la región de la
que habían salido.
Este sector de trabajadores, a pesar de que se caracterizaba por no permanecer fijo, perteneció a una generación que estaba preocupada más por
la existencia de un puesto de trabajo, eventual o permanente, y por la creación de asociaciones de resistencia, que por el regreso a la tierra. La dimensión de este contingente, formado por varios centenares de obreros, es
mínima si se le compara con la del proletariado textil ocasional o semicampesino, pero disminuye más aún su presencia si se le pone en relación
con los trabajadores de un México central fundamentalmente agrario, o
con el más amplio mundo artesanal del período. Es un sector minoritario
que coexiste en las textileras con aquellos operarios que ingresan directa-

mente del campo a la fábrica y que viven la actividad textil como una p~sihilidad de rehabilitar.su economía campesina, a la cual regresan. Con~ve,
...._L· •
ianwten, c0 n aquellos
- que combinan en forma permanente labores
l
)agnc&lt;r
las e industriales, ya sean campesinos libres (como los tlaxca tecas_ o peoe entran al trabajo fabril, de acuerdo con los ritmos de la agncultura
Ías órdenes del propietario textil que es, al mismo ~empo,.hacen~ado.62 En este último caso no sería difícil enc~~trar trabajadores_ md~str1ales controlados y retenidos por sistemas tradicionales de eeonaJe, tíend~
de raya y dependencia por deudas. Aún así, e~tos p~~eros obreros textiles modernos, a pesar de ser más bien personajes at1p~~os en_ la estructur~
iaJ de la segunda mitad del XIX, en período de crJS1s seran muy sens1soc
, all'
bles a la agitación y tendrán capacidad para ampliar sus protestas mas a
de los límites del escaso número que representan.

~

Estos fabricantes se formaron en la comparación y en el inte~cambio
de ideas y de experiencias regionales. Habían madurado ademas en el
con~to y en la discusión con otros sectores, _c~mo los art~san~s, Y en varios oasos no sólo sabían leer, sino hasta escrih1an y contrihu1an al mantenimiento de periódicos. Y no raramente además h~~ían -~dquirido ~s
¡ropias convicciones poi íticas, maduradas en su partic1pac1on en asociaciones obreras y artesanales.
Comenzaron a existir como grupo desde los años 60 y 70, o al menos
así lo hace suponer la serie de migraciones que efectúan entone~, que nos
muestran grupos de operarios que no regresan al camp~, o a ~c~VIdades artesanales, ni aún por razones de sobrevivencia, y prefie~e~ VIaJar e~ busca
del trabajo textil. Pero de hecho su presencia se consolido en el te11do social con la aparición de las grandes fábricas fundadas en lugares como
Orizaba O Atlixco, y con la modernización y ampliación de al~as del
Valle de México. Es decir, su existencia se afirmó con la expans1on Y el
auge de la industria en los años que se colocan a caballo entre el pasado
agio y el presente.
Se puede decir que empiezan ya a constituir parte de lo que sería_un
mercado libre de trabajo, si bien se valen de lazos de parentesco y paISanaje para tener acceso a algunas de las fábricas, particularmente en las menos grandes (en donde eran fundamental~ tal~- lazo~ para el control del
merca~o de trabajo). E_fect~;amente, la migrac10~, leJos de ser_ un desorden, exigía cierta orgaruzac1on de contacto~, no solo para es~ mformado
sobre las zonas en que había realmente demanda de trabajo y sobre las

�98

SigloXIX

condiciones de éste, sino para el moment~ del arribo. En el caso de Orizaba, el mercado de información fue creado por los primeros en llegar que
transmitían las noticias hasta sus lugares de origen. Con el crecimiento de
la inmigración, la familia y la más amplia red de parientes irían adquiriendo una siempre mayor importancia como transmisores de comunicaciones
sobre la oferta y la demanda de trabajo. Esto era aplicable tanto para los
que venían del campo como para los que salían desde distintas factorías.
La comunicación fue facilitada por el tránsito permanente de los ferrocarriles, que contribuyeron así al desarrollo de la migración interna en
estos años. No fue una casualidad que la mayor parte de las rutas de inmigr-ación concidieran con el tendido de vías férreas. El ferrocarril, a través
de sus empleados y pasajeros, no sólo hacía posible la difusión acerca de
las nuevas oportunidades que se abrían, sino que -como se ha señalado
acertadamente-, su gr-an velocidad pudo haber disminuido los costos psicológicos de la separación del hogar y la familia para muchos inmigrantes.63

La estructuración de los desplazamientos tuvo como consecuencia
que se formaran cadenas de migración: iban desde pequeños pueblos, algunos de ellos apenas minúsculos caseríos encerrados por las montañas,
como Santa Catarina Tayata, y desde las villas fabriles de la mesa central,
hasta Orizaba, hacia las fábricas en que se encontraban trabajando familiares, amigos o conocidos de la patria chica. Ahí, en los barrios obreros,
se recrearían en la mayoría de los casos relaciones de solidaridad entre
paisanos y parientes.
Esto, que fue un rasgo particular de los migrantes oaxaqueños de la
Mixteca -bastaba que se reunieran cuatro o cinco de ellos para recrear
:Ñuñuma, el país de las nubes, es decir la Mixteca-, no era exclusivo de
ellos. Según Gregorio Serrano los tlaxcaltecas establecidos en Nogales
"siempre apoyaban a sus paisanos y los ayudaban, ya con comida, con
dinero, con asilo, hasta que entraran a trabajar a la fábrica".64 Con él
coincide Agustín Ramírez, que recuerda la alegr-ía que sentía cuando
llegaba alguno de su rumbo y cómo él mismo fue auxiliado por sus pa·
rientes de Tlaxcala cuando arrib&amp;' a Río Blanco.65 Los de San José lxtapan, Puebla, contaban con un paisano, Marino López, maestro de preparación de telares, que funcionaba como una llave de entrada a la fábrica. Los mismos josefinos se agruparon en un barrio llamado San José,
en las orillas de Santa Rosa. 66 El mapa de movilidad bien puede reflejar
las redes de parentesco y de paisanaje, que a su vez reflejan otra geografía: la que nace de las constricciones del mercado de trabajo, que mueve

B. García Díaz: Los obreros textües de Orizaba

99

a los grupos de inmigrantes de un lado hacia otro.
Si en el conjunto se podría hablar de una clase obrera joven, tanto
biológicamente -por su edad- como socialmente (por su reciente pasado
preindustrial), también es posible afirmar que en su seno contenía ya un
sector que pertenecía a la segunda generación de la clase obrera textil del
país, y que formaba parte de un grupo de trabajadores que nacionalmente
se dedicaba de manera profesional a ser obreros. En este sentido se podría
decir que no toda la clase textil 0rizabeña comenzó a formarse en ese lluvioso valle en los últimos lustros del siglo XIX. Una porción de ella se
venía creando desde varias décadas antes en diversas zonas, al menos desde
la mitad del siglo pasado.
Sería este grupo ya más familiarizado con el incipiente mundo industrial del país, y más próximo a su constitución como clase, a pesar de su
movilidad, el que comenzaría a absorber a los nuevos. Una parte de esta
fracción de trabajadores se encargaría informalmente de integr-ar a los recién incorporados al mundo fabril, tanto en el sentido de enseñarles a
trabajar como en el de transmitirles, por vía del ejemplo cotidiano, los
hábitos del comportamiento obrero. Ellos debieron enseñarles cómo adquirir un concepto urbano del tiempo tanto como las propias sirenas de
las fábricas. Algunos de estos obreros, y esto como influencia del metodismo, asumirían abiertamente la función de promotores del orden y la
ll&gt;hriedad entre la masa de los inmigr-antes.67
Pero la influencia de los obreros asimilados al sistema fabril no sólo se
daría en un sentido disciplinario. También contribuía a acelerar el proce!l&gt; de definición social de los recién incorporados a través de la dirección
de los primeros movimientos y de las primeras organizaciones: si observamos las luchas obreras, y la lucha proletaria por excelencia, la huelga, nos
damos cuenta que no tuvieron que pasar muchos años antes de que se pusiera en práctica. Las formas de resistencia colectiva comienzan desde el
momento mismo en que inician sus actividades las fábricas. En San Lorenzo estalló una huelga en 1881, año de su inauguración.68 Lo mismo sucedió en Santa Rosa en 1899, donde hubo una huelga a pocos meses de haber iniciado las labores en forma regular, y cuando ni siquiera Porfirio
Díaz había llegado a inaugurar oficialmente la factoría.69
Estos datos revelan que los primeros migrantes, los que llegaban a
"domar" las máquinas, ya estaban familiarizados con las formas modernas de lucha obrera y no ten Ían que recorrer un largo camino antes de en-

�100

Siglo XIX

frentarse colectivamente a los empresarios. Igualmente es notable la
precocidad que mostraron en superar el localismo de sus proyectos organizativos. Cuando en 1906 se funda el Gran Círculo de Obreros Libres
(GCOL), se decide promover la fundación de filiales a lo largo de todo el
altiplano y aún en Oaxaca. Este temprano rompimiento con los límites locales tiene que ver, desde luego, con los proyectos magonistas de crear
W1a oposición nacional al régimen porfirista, y con los lazos de los migrantes con sus orígenes. Pero es, al mismo tiempo, una herencia de las experiencias de ''Las Fábricas Unidas" , y de la del Gran Círculo de Obreros
(GCO), que se levantó 34 años antes en el valle de México. La similitud de
nombres que tienen el "GCO" y el "GCOL" no es mera coincidencia: el
recuerdo y la tradición del primero persiste en el segundo, aún cuando sean
dos organizaciones sustancialmente diversas que corresponden a distintos
momentos históricos del acontecer de la clase.

B. García Díaz: Los obrero, textües de Orizaba

101

pionera, aún siendo estrechos, eran mayores a los existentes normalmente
ro. las fábricas enclavadas en el campo.

Además, el funcionamiento más o menos regular y permanente de las

distintas fábricas contribuiría a que se fuera creando un núcleo de trabajadores estable. Esta fracción, si bien numéricamente fue ínfima al inicio,
año con año fue creciendo en forma paulatina hasta convertirse en un conjunto importante, que se reproduciría a sí mismo. Así, en la Santa Rosa
vemos que en 1898, año de apertura de la fábrica, se quedaron más de 23
trabajadores; al año siguiente se les agregan otros 12; en 1900 otros 33: así,
con cuentagotas, hasta llegar a 190 en 1905 y a 347 en 1909.71 En esta
forma, para un grupo de textiles transhumantes, su último movimiento sería precisamente hacia Orizaba. De esta manera, simultáneamente a la
persistencia de la movilidad de la gran mayoría de los trabajadores, se
inicia una tendencia en contrario, de sedimentación de un núcleo obrero.
Esta contratendencia no concluiría sino hasta la tercera década del siglo,
con la afirmación del sindicalismo y su control del mercado de trabajo, y
con la constitución de comunidades obreras.

Si en Orizaba asistimos a un punto de arribo de este proceso de formación de la clase obrera textil decimonónica, es también gracias al carácter de las fuerzas económicas que ahí tenían sede. En efecto la modernidad de las fábricas francesas actuaría en el sentido de ofrecer la base material .para que cristalizara este proceso en relativamente pocos años. Las
compañías francesas fueron de las pocas firmas de carácter monopólico en
el ramo, en esta época, organizadas en verdaderas sociedades anónimas y
centralizando considerables volúmenes de capital. El tamaño de sus establecimientos concentraba en unos cuantos recintos a un importante conglomerado de obreros. En estas plantas las relaciones de producción eran
más anónimas, más carentas de cualquier participación afectiva y personal, lo que hacía que las relaciones de clase fueran más advertibles.

El proceso no se dio ciertamente en forma automática. Los distintos
componentes de la masa proletaria lo vivieron con diferente ritmo y diversa conclusión. Así, a pesar de la modernidad del sistema fabril en Orizaba,
no se constituyó en el corto plazo una clase obrera moderna más que parcialmente. Una buena parte de los contingentes que se congregaron en el
valle conformaban una clase obrera que no quería serlo, o al menos no de
tiempo completo, y que encontraba muchas dificultades para convertirse en tal. El nuevo tipo de trabajo y la vida que conllevaba les eran muy
extraños, representaban todo un choque cultural, y sólo lo aceptaban en
la medida en que les era impuesto y en que eran empujados por la necesidad.

Una mentalidad empresarial más moderna, más urbana que la de la
mayoría de la patronal textil, se reflejaba en las relaciones laborales. 70 La
dominación de tipo patriarcal, en la que el patrón se apersonaba con frecuencia para mantener su dominio por medio de su presencia física, con
su mansión construida en medio de la fábrica, no existía más en Orizaba.
Aquí los obreros lograban sacudirse el ordenamiento social jerárquico a
que estaban sujetos en aquellas fábricas establecidas en el campo (que formaban en ocasiones parte de una hacienda), en donde los propietarios o
sus administradores intentaban ejercer un modelo de relaciones de corte
paternalista. Los márgenes de libertad e independencia de la población

Dado que se trataba de una clase rica en contrastes y pobre en homogeneidad, el camino hacia una toma de conciencia colectiva sería sinuoso
y cuesta arriba. No debe haber sido fácil la convivencia y la creación de
lazos de solidaridad entre grupos de obreros con tan diferentes orígenes
geográficos, sociales, culturales y hasta étnicos. Si no hubo más que parcialmente los problemas de falta de comunicación, nacidos de la diversidad de lengua, que existieron históricamente en numerosos países en el
momento de constitución de la clase, sí debieron manifestarse fuertes diferencias culturales y de procedencia social en su interior. En la fábrica
trabajaban lo mismo el obrero que vestía flex de casimir y sombrero de

�102

Siglo X/X

fieltro, que venía de un pasado fahril y estaba orgulloso de su oficio, que el
recién llegado del campo, que usaba calzón de manta y huaraches. La relación entre ambos no siempre fue fácil.

Los agrupamientos regionales informales y las mutualidades serían
los que originariamente buscarían resolver los problemas y, al mismo tiem.
po, los promotores de la solidaridad. No sería sino en un segundo momento cuando organizaciones más generales retomaron en sus manos la
búsqueda de soluciones, una vez que los primeros organizadores hubieran
librado algunas batallas al interior de la clase a fin de ganar consenso para
la construcción de agrupaciones que fueran más allá de la solidaridad entre paisanos o parientes, y que arribaran al enfrentamiento con los empresarios como vía de solución de los problemas.
Si los militantes tuvieron que trahajar arduamente para encuadrar en
sus proyectos a gente con tan diversos orígenes y expectativas, para los
administradores extranjeros no fue más sencillo pugnar con este multiforme proletariado. A la vez que enfrentahan a los militantes y sus simpatizantes, que al menos en forma parcial habían interiorizado y asumido el
sistema de fábrica (y que luchaban por mejoras salariales), tenían que
bregar con un proletariado más incontrolahle y espontáneo, más sensible
a rechazar las formas de administración:72 sus formas de resistencia eran
tanto o más difíciles de combatir que las colectivas medianamente organizadas.
En este sentido debe decirse que el movimiento obrero orizaheño, en
sus primeros años, no sólo fue hijo de las experiencias de la segunda generación de textiles: también descendía en línea directa de las formas de protesta y de resistencia de los recién llegados del campo. Después de todo no
se debe olvidar que el movimiento más dramático de esos años no fue una
huelga precisamente, sino una revuelta: la del 7 de enero de 1907.

IV. CONSIDERACIONES GENERALES

La clase obrera textil congregada en -el valle de Orizaba durante el Porfiriato se creó a través del desplazamiento geográfico de cientos de hombres,
provenientes de un vasto espacio territorial. De un área amplia que comprendía tanto los territorios de México, Puebla y Tlaxcala -que consti-

B. Garcfa Díaz: Los obreros textiles de Orizaba

103

tuían la principal sede de la industria textil del período- como al suriano
ec¡tado de Oaxaca, y que abarcaba inclusive a otros estados más distantes
de Veracruz, como los del Bajío. Dada la extensión del espacio, se localizaban en su seno variadas y diversas regiones, poseedoras cada una de ellas
de específicos y singulares rasgos históricos, sociales y culturales. De ellas
salieron las migraciones que confluyen en Orizaba desde los aiíos 80 del
¡¡glo XIX.
.
Dentro de estos flujos migratorios se hallaban hombres de distintos
oficios y condiciones sociales, que junto con sus familias traerían consigo
una diversidad de formas de vida y de pensamiento. Venía el indígena de la
Mixteca, para quien el ingreso a la fábrica no era sino una de las vari~ modalidades económicas -la más diversa seguramente-, que le ofrec1a su·
descenso temporal a las tierras intermedias y bajas de Veracruz; las otras alternativas podían ser el corte de caiía en los ingenios del Papaloapan, o el
trabajo como jornalero en las fincas tahaqueras. Arribaban también los
obreros del valle de México, en algunos casos tejedores de segunda generación, que venían en pos de las oportunidades que ofrecía esta nueva zona
en expansión. Con ellos compartieron la experiencia de la migración los
"campesinos-obreros" de Tlaxcala, que con su viaje a Orizaba ampliaban
91 ámbito de circulación entre la factoría y el campo. Otros más que se
desplazaron fueron el campesino poblano, que huía de las presiones territoriales de los hacendados; el antiguo artesano ferrocarrilero, que proveniente ~e Apizaco mudaba de rama industrial; o aquél que combinaha el comercio pueblerino, la arriería y el trahajo en la industria.
En suma, era una abigarrada multitud la que _ingresaba y salía incesantemente de las compaiíías francesas productoras de géneros de algodón.
Como consecuencia de ello, esta clase se caracterizaría por conformar un
conglomerado heterogéneo y por ser un grupo muy difícil de fijar en el
espacio geográfico y social: un mismo obrero, debido a su movilidad, podía ser por ejemplo orizaheño o tlaxcalteca, de acuerdo al lugar en que laborara temporalmente, o ser campesino, artesano o trabajador, según la
labor que desempeñara. En realidad, esta falta de unidad y homogeneidad no era sino una confirmación de lo que ha sido una constante histórica en el momento de formación de la clase obrera en distintos países.
De importancia ha resultado identificar, dentro de ese conjunto de migrantes, a un núcleo de trabajadores que no inician su proceso de constitución en Orizaha, en el momento de apertura de las fábricas, sino que hunden sus raíces en la segunda mitad del siglo XIX, en la experiencia que re-

�104

Siglo XIX

presentaron las primeras fábricas textiles que se alzaron en el altiplano.
Fue un grupo que se consolidaría hacia los últimos lustros de la era porfi.
riana, cuando con el desarrollo de zonas textiles como Atlixco y Orizaha
empezó a defuúrse por su concentración geográfica el proletariado textil.
Fue en estas regiones fabriles (por mucho tiempo, desde el punto de vista
cuantitativo, realidades minoritarias), que el rostro del proletariado se dibujaría finalmente, de manera riítida e incontrastable, y hasta dramáticamente, en ese México aún profundamente agrario.
Estos antiguos obreros estuvieron preparados al comienzo del nuevo
siglo para absorber a los recién llegados al mundo fabril. Contribuirían sin
duda a producir auténticos semilleros de aprendices en los talleres en que
ingresaron, a la vez que socializaban de manera lenta y dificultosa las nuevas formas de vida y de pensamiento que traía consigo la aparición del sistema de fábrica. En medio de la renovación contínua de las filas proletarias, característica de la clase obrera en vías de constitución, el papel de
este núcleo, no siempre sedentario, sería fundamental para brindar alguna suerte de continuidad al proceso organizativo.
Las grandes compañías textiles constituirán, por otra parte, un escenario propicio en el momento en que este núcleo minoritario y los militantes del Partido Liberal Mexicano buscaran crear asociaciones obreras
con claros fines reivindicativos y de oposición al régimen porfiriano. Sin
duda la capacidad de amalgama de las modernas factorías contribuiría a
acelerar el proceso de unificación e identificación de los textiles "orizaheños". Mientras en las décadas anteriores se venía formando un proletariado sin grandes sobresaltos, a través de una lenta mutación que duró décadas, y que en ocasiones estaba fundada en una fuerte y secular tradición
artesanal o manufacturera (como en Querétaro o en Puebla), en el Valle
de nuestra atención esta maduración se alcanzó en relativamente pocos
años y de manera más cabal, en correspondencia con el desarrollo especta·
cular de la industria textil en la zona.

B. García Díaz:: Los obreros textiles de Oriz:aba

105

NOTAS

l. E.P. Thompson, ÚJ Formación Histórica de lo Clase Obrera, vol. l, Barcelona,
LAIA, 1977, pp. 16-7.
2. Rolande Trempe, "Presentación", en Le Mouvement Social, 97, París, octubrediciembre 1976.
3. Victoria Novello nos ofrece una lista que aun cuando incompleta recoge los
nombres de varios de estos nuevos trabajos en " Los Trabajadores Mexicanos en
el ~o XIX. Artesanos u Obreros", manuscrito, Ciesa, 1988.

4. Dawn Keremitsis, ÚJ Industria Textil Mexicana en el siglo XIX, México, SepSetenlas, 67, 1973, pp. 60-154.
5. Bernardo García D., Un Pueblo Fabril del Porfiriato: Santo Rosa, Veracruz,
~1éxico, Sep-Ochentas, 2, 1981. pp.11-29.

6. Padrórt General del Censo de Población del Municipio de Nogales (/892), Archivo Municipal de Nogales, Letra P. núm. 6. Los datos de este padrón fueron
procesados en computadora por los pasantes en lnfonnática Edda Arrez ReboUedo y Marte Meza, quienes diseñaron el programa de organización de la información.
7. Para aprender este flujo migratorio se trabajó en los libros de nacimientos del
Archivo del Registro Civil del municipio de Ciudad Mendoza. Se anotaron los
padres y los testigos que llevaron a registrar niños entre 1900 y 1908.
8. Algunas ideas desarrolladas en este ensayo fueron tomadas del proyecto colectivo "Formas y Formación: Historia Social de la Clase Obrera en México, 18801940", elaborado por Lief Adleson, Mario Carnarena y Gerardo ecoechea. Pero más importante aún fue la lectura de la iluminante conferencia que impartió en Roma en 1978 Rolande Trempe: "Storia Sociale e fonnazione della
classe operaia in Francia", en Annali della Fondazione Lelio e Lisli Bassolssaco, vol. IV, Roma, Franco Angeli Editore, 1982.
9. Juan Carlos Grosso, Estructura Productiva y F uerz:a de Trabajo: Puebla 1830.
/890, Cuadernos de la Casa Presno, 2, p. 31.
LO. Leticia Gamboa Ojeda, Los empresarios de Ayer, Puebla, 1985, pp. 25-33.

11. Véase para el problema de la reproducción de la fuerza de trabajo, el ensayo
citado de Juan Carlos Grosso.
12. José Alfredo Uribe Salas, ÚJ Jndustia Textil en Michoactin 1840-1910, Morelia,
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1983, p. 138.
13. Jorge Durand en l,n PURblo Obrero, Zamora, 1983, pp. 131-2.

�106

Siglo XIX

14.. Keremitsis, Op. cit., p. 202.

B. Carcfa Diaz: Los obreros textiles de Orizaba

107

34. Margarita García Luna, El movimiento obrero en el Ettado de México, México,
UAEM, 1984, pp. 36-7.

15. J. C. Gros.50, Op. cit., pp. 33-34.
16. Bernardo García Díaz, Op. cit., pp. 35-36.
17. Teodoro A. Dehesa, Memuria General del Estado de Veracruz 1896-1898,
Xalapa, Gobierno del Estado, 1898, p. 21.
18. J.C. Gros.50, Op. cit. p. 30.
19. Para la migración oaxaqueña véase Bernardo García, Op. cit., apéndice, p. 158.

20. Timoteo Reyes/Bernardo García, Programa de Historia Oral del Centro de
Estudios Históricos (PHO.CEH); Melesia Valentina Espinoza/Bemardo García,
PHO-CEH.
21. Esta tesis es sostenida por el profesor RodoÍfo Pastor; veáse: Francis R. Chassen,
"Oaxaca: del Porfiriato a la Revolución, 1902-1911 ", UNAM, Tesis de doctorado en estudios latinoamericanos, 1986, pp. 73-83.
22. Femando Braudel, El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en la época de
Felipe 11, vol. I, México, FCE, 1953, p. 148.

23. Archivo General de Oaxaca, Sec. de Gobierno, correspondencia, Reg. 96, exp. 7,
julio de 1903.

24. Karl Kaerger, "Tabasco en Chiapas", en Friedrich Katz, La Servidumbre Agraria en México en la Epoca Porfiriana, México, Ed. Era, 1982, pp. 77-82.

25. Cuauhtémoc Carnarena Ocampo, "Las luchas de los trabajadores textiles Mexicanos: 1865-1907", ENAH, tesis de Lic. en Antropología Social, 1985, p. 60.

35. Estas páginas sobre el Valle de México están tomadas fundamentalmente de la
excelente tesis de Cuauhtémoc Carnarena.

36. Cuauhtémoc Carnarena ''Las luchas de los Trabajadores Textiles, 1850-1907",
en Leticia Reina (coord.), Las Luchas Populares en México en el siglo XIX,
México, Cuadernos de la Casa Chata, 90, 1983, p. 189. Para la historia del
GCOL, que es bastante compleja, véase el importante trabajo de José Villaseñor
Orígenes del Movimiento Obrero Mexicano. El Gran Círculo de Obreros de México, 1870-1880, Avances de Investigación, 51, Cela, UNAM 1982.

37. Cuauhtémoc Carnarena, tesis cit., pp. 131-140.
38. [bid., p. 230.

39. Entrevista realizada por Beatriz Cano a don Gregorio Serrano, 12/sept/1979, en
la ciuda~ de México.

J. Buve, "Protesta de Obreros y Campesinos durante el Porfiriato", en Boletín de Estudios Latinoamericano,, 13, diciembre de 1972, pp. 1-20.

40. Raymond Th.

41. Abe) Juárez, "El trabajo en la hacienda de San José de Los Molinos", en Mario
Cerutti (coord.) De los Borbones a la Revolución, México, COMECSO-GV
Editores-UANL, 1986, pp. 204-5.

42. La infonnación sobre el Metodismo en Tiaxcala está tomada de: Jean Pierre
Bastián, Protestantismo y Sociedad en México, México, CUPSA, 1983 e "Itinerario de un Intelectual Menor de la Revolución Tlaxcalteca,José Rumbia Gu7.lllán,
Pastor y Maestro de Escuela Metodista, 1865-1913", mecanoescrito, 1986, pp.
7-11.

26. Francisco T. Olivares/Bernardo García, PHO-CEH.

43. Agustín Ram írez Serrano/Bernardo García, PHO-CEH.

27. Entrevistas realizadas con Luisa Muñoz, Gonzálo García Ortíz y Federico Madrid, PHO.CEH.

44. Peri~~c~, ~io Bl~nco,,, 28 de febrero y 13 de marzo de 1876, en Jean Pierre
Bastián, I tinerano. . . .

28. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García, PHO-CEH.

4.5. Margarita García Luna, Op. cit., pp. 23-4.

29. La vitalidad étnica permanece viva en el correr de los tiempos: lo demuestran los
etnólogos, que encuentran la reproducción de esta etnicidad en espacios poco
adecuados y alejados del ámbito comunal. Véase: Miguel A. Bartolomé/Alicia
M. Barabas ''La Pluralidad Desigual en Oaxaca", en Etnicidad y Pluralismo Cultural, México, INAH, 1986, pp. 73-75.

46. Para Juanacatlán, véase Jorge Durand, Op. cit., p. 131-2; para Tajimaroa véase
José Alfredo Uribe Salas, Op. cit., p.138.

47. Cuauhtémoc Camarena, tesis cit., p. 177.
48. lbid., p. 180.

30. Francis R. Chassen, Op. cit., p. 125.
31. lbi1., p. 126.

49. Cuauhtémoc Carnarena, Op. cit. (1983), p. 230.
50. lbid., p. 216.

32. Arturo Hernández/Bernardo García, PHO.CEH.
51. lbid., p. 221.
33. Moisés González Navarro, Las huelgas textiles en el Porfiriato, México, Cajica,
1970, pp. 36-37.

52. lbid., p. 236-7.

�108

Siglo XIX

53. lbid., p. 255-7.
54. /bid., pp. 262-3.

Trabajo, Inmigración y Colonización
en Cuba (1789-1847)

55. Jorge Durand, Op. cit., pp.131-2.
56. Jbidem.
57. Primitivo Soto/Bernardo García, PHO-CEH.

Eduardo Bitlloch*

58. Alberto Lara RojanofBernardo García.
59. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García.
60. Carmelita Mosqueda/Bernardo García.
61. Bernardo García, Op. cit., pp. 62-3.
62. Luis G. Morales, "Los obreros de Mayorazgo, 1912-1918", UAM-1, tesis de licenciatura, pp. 47-50, encontró el caso de peones endeudados todavía para la
segunda década del siglo.
63.

John H. Coatsworth, El impacto Económico de los ferrocarriles en el Porfiriato, México, Era, 1984, pp. 65-0.

64. Entrevista de Beatriz Cano con Gregorio Serrano.
65. Agustín Ramírez Serrano/Bernardo García Díaz.
66. Bernardo García Díaz, Op. cit., p. 39.
67.

Jean Pierre Bastian, "Itinerario ...", p. 7.

68. Cuauhtémoc Camarena, cit. (1983 ), pp. 244-5.
69. Periódico El Reproductor, 9 de febrero de 1899.
70. Es!as observacion~ _sobre el tipo de empresario textil francés que invierte en
Onzaha son de Letic1a Gamboa Ojeda.
71. Estos cálculos han sido elaborados en base a listas de personal del Archivo de la
Conpañía Industrial Veracruzana, S. A.
72. Para los problemas de indisciplina se puede ver Bernardo García Díaz. Op. cit.,
pp.46-48.

LA PLANTACION

La ruina de la colonia francesa de Saint-Domingue en 1791, gran productora mundial de azúcar hasta entonces (era llamada la reina de las islas azucareras), 1 significó la prosperidad de Cuba, a la cual consideraba ya
algunos años antes Thomas-Guillaume Raynal en su Histoire. .. que ella
sola podía valer un reino. 2 La insurrección haitiana tuvo para Cuha una doble importancia: por una parte, dejó libre un espacio en el mercado internacional del azúcar y del café; por otra, generó una inmigración de colonos franceses que aportaron capitales y esclavos, pero fundamentalmente
ó1i práctica en el manejo de plantaciones y su experiencia técnica.3
Ramón de la Sagra había señalado ya en 1831 la importancia de esos
hechos históricos:
El mismo suceso de Santo Domingo, cooperó poderosamente á
las medidas de protección dispensadas por el Gobierno supremo a
esta Isla, favoreciendo la industria agrícola y estableciendo el
comercio de la Habana sobre otras bases diversas de las que regian en el sistema colonial; con la mira de conseguir, que se llenase con los frutos cubanos, parte del hueco que aquel funesto
suceso· dejaba en el mundo mercantil.4

*Este artículo sintetiza diversos capítulos de la tesis doctoral que el autor prepara solre la formación de la clase obrera en Cuba en el siglo XIX, bajo la dirección del pr0fesor Gerrit Huizer, en la Universidad de Nijmegen, Holanda.

�110

SigloXIX

Es que en Cuba se dieron todas las condiciones requeridas para facilitar
su auge:

1. a) Tierras aptas para el cultivo del azúcar y del café ubicadas geograficamente en las cercanías de las zonas portuarias, requisito básico en esa
época en que la existencia de escasos caminos y su mal estado representaban un aumento excesivo en los costos de transporte;5 b) montes abundantes, que suministraban las maderas necesarias utilizadas tanto en la
construcción de ingenios y cafetales, como en carretas, en la fabricación de
utensilios y, más aún, como combustible; e) ganados suficientes, para ser
utilizados como fuerza motriz y, en parte, para la alimentación de los esclavos.6
2. Una legislación favorable al desarrollo de la agricultura; fueron dicta-

das en la última década del siglo XVID una serie dé leyes que propiciaban
no solamente el cultivo del azúcar, sino también los del café, añil y algodón. El más antiguo ejemplo al respecto es el llamado privilegio, por el
cual no se podían embargar los ingenios, concedido a Cuba por Felipe II
el 30 de diciembre de 1595. Posterior en el tiempo, aunque quizás objetivamente más importante, fue la Real Cédula del 30 de agosto de 1815 de
"libertad de montes y plantíos", que permitió la demolición de numerosas fincas antiguas y la formación de nuevos ingenios, cafetales y potreros. 7
3. La mano de obra necesaria, facilitada por la introducción masiva de
africanos -hasta ese momento la trata se hacía por el sistema de asientostras el dictado de la real Cédula del 28 de febrero de 1789 "(...) á fin de
acudir a la estrecha necesidad con que se hallan de estos brazos, sin los
cuales no pueden prosperar y florecer, ni producir al estado las inmensas
riquezas que ofrece su clima y fertilidad de sus terrenos. ,,s
A esas condiciones se sumó una aristocracia agraria que supo visualizar y hacer uso de su oportunidad, "(. ..) que consiste en aprovechar este
momento, el único en que puede darse un fomento increíble á la riqueza nacional, ó lo que es lo mismo á la agricultura.'~
Coincidiendo con tal propósito de favorecer la agricultura, en los artículos 7 o. y 80. de la cédula de 1789 se establecía, respectivamente, que:
a) la corona de España iba a gratificar a razón de cuatro pesos por cada
africano a los españoles que los introdujeran de "buena calidad"; b) que
como el principal objetivo para la concesión de libertades en el tráfico de

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

111

esclavos iba determinado a fomentar la agricultura, se imponía una capitación anual de dos pesos por cada africano_que no fuese destinado al trabajo rural, sino al servicio doméstico en las ciudades y pueblos.
Otras leyes prorrogando y ampliando el comercio esclavista fueron
promulgadas el 20 de febrero y 24 de n?viem_bre de 1791 Y_ el 22 de abril
de 1804, siendo esta última la qué_ cerro el ciclo de concesiones negreras
hasta la firma, el 24 de septiembre de 1817, del tratado entre España e
Inglaterra. Como consecuencia, a 'partir del cambio de ratificaciones el 11 .
de noviembre del mismo año, se prohibía la trata y se la declaraba totalmente abolida en todas las p~esiones españolas -eomo fecha tope- desde el 30 de mayo de 1820.
Pero vencido este definitivo plazo legal, se inició la era del contraband~ negrero que iba a durar hasta bien avanzado el siglo pasado, debido
a la tolerancia de las autoridades, que no encontraban otro modo de
reemplazar la fuerza de trabajo· esclava. Esto se agravaba, además, por. fiº
que la reproducción natural de los ese1avos era lllSU
ciente.10
Se sentaron así las premisas históricas que permitieron la transformación de Cuba en una "gran plantación". Simultáneamente con esos
cambios económicos, comenzaron los debates sobre el sistema de trabajo -esclavista o asalariado- y sobre la inmigración y colonización blanca. Resultaban cuestiones pri~ritarias en una economía de plantación que
era inconcebible sin esclavos debido a su mismo carácter: grandes extensiones de tierra y numerosos productores que efectuaban una labor rutinaria en extenuantes jornadas de 18 horas. Cuestiones que fueron debatidas prácticamente a lo largo de todo el siglo XIX, y que tuverion su
antecedente teórico más lejano en el que puede considerar el primer historiador cubano, José Martín Félix de Arrate, que hacia 1754 escribió que
los esclavos ·
(... } a más del preciso desembolso de su compra, sirven al _coste
y riesgo de sus dueños; quienes reportan los gastos de su ~unen-

to vestuario y curación, y la paga de sus fugas, hurtos y entierros,
pe~diendo muchas veces su valor antes de utilizar~e de su servicio:
espuestos continuamente a ser enfadosos y nocivos a los amo~,
por la rudeza y barbarie casi común en todos, y la mala condición y viciosa costumbre de muchos de ellos.11

�112

Siglo XIX

TRABAJO ESCLAVO Y TRABAJO ASALARIADO
En su sesión del 29 de febrero de 1844, la Real Junta de Fomento de
Agricultura y Comercio de La Habana consideró el nuevo plan de población por medio del cual se resolvía fundar sociedades anónimas de colonización blanca, disponiendo una serie de medidas prácticas: subsidios, reglas de funcionamiento, carácter que se debía dar a la inmigración, etc.
Pero una semana más tarde, en una nueva reunión efectuada el 7 de marzo, se decidió no fomentar colonias agrícolas -algo implícito en la resolución anterior- sino "importar inmigrantes" en ealidad de jornaleros.12

La burguesía cubana comenzaba así a buscar una solución posible al
problema de la carencia de mano de obra, agudizado progresivamente tras
los acuerdos de 1817. En el decenio de 1840 coincidieron distintos factores que agravaron esa cuestión que, suscintamente, se pueden compendiar
en: externamente, una mayor agresividad política inglesa, no sólo ya en lo
concerniente a la extinción del tráfico negrero, sino también de la esclavitud como sistema económico;13 internamente, en la conspiración de la Escalera de 1844, cuyos alcances verdaderos -como conjura- están todavía por precisarse, pero que aterrorizó a gobernantes y hacendados y que
sirvió, en última instancia, para liquidar a un sector social de africanos Ji.
bres -artesanos, comerciantes, profesionales- que podían tornarse una
amenaza potencial a nivel económico y político.
Raynal había señalado en 1780 que las pocas industrias artesanales
existentes en Cuba estaban en manos de mulatos y negros Libres;14 casi
cincuenta años más tarde, José Antonio Saco había advertido en la "Memoria sobre la vagancia en Cuba" tal peligro: "Por una desgracia harto lamentable, casi todas las artes se hallan en nuestra Isla en manos de la
gente de color."15
Pero en Cuba la controversia sobre el trabajo y la inmigración estaba
íntimamente unida a la cuestión del rendimiento de los ingenios. En las
firmas cubanas el crecimiento era condicionado por el propio método de
trabajo, por la competencia de otros países productores de azúcar y por
el progresivo desarrollo de una industrial europea de azúcar de remolacha.
Esta última, inicialmente relativizada como concurrente eventual en el
mercado internacional, terminó por provocar aprensión para una posible
expansión de las plantaciones cubanas .

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

113

El azúcar de remolacha, mirada á los principios con desden, y
con menosprecio cuando se indicaba en relación con el futuro
cultivo de la caña, ha llegado á inspirar verdaderos temores, tanto
por la masa de productos que ofrece al mercado, cuanto por los
medios que para favorecerla, adoptan los gobiernos de Europa.
Al mismo tiempo, la enorme producción del azúcar escediendo á
los consumos, ha producido en los precios una baja que no admiten las fincas actuales, establecidas sobre un plan vicioso de prodigalidad y desperdicios. 16
Su trascendencia se reflejó, igualmente, en Saco, quien dedicó un trabajo
a esa industria y analizó sus probabilidades de prosperar en Francia y sus
consecuencias, tanto para las propias colonias galas como para Cuba.17
Para poder continuar exportando, manteniendo, por lo tanto, precios
competitivos a nivel mundial, había que tecnificar la producción de las
haciendas cubanas. Pero esto era prácticamente imposible mientras sub!'istiera el trabajo esclavo como base principal de la economía. Los esclavos no tenían interés ni capacidad, dado el régimen embrutecedor en que
se desenvolvían, para hacerse cargo de tareas que requerían como precondición cierta fonnación técnica. La coacción u obligación extra-económica
tenía su correlato en los pobres niveles de las técnicas utilizadas, en la
rotura de los instrumentos de trabajo, en el desperdicio de las materias
primas. Circunstancias que
(... ) encarecen la producción basada en la e~clavitud. En ésta, según la notable expresión de los antiguos, el trabajador sólo se distinguiría del animal y de la herramienta inanimada como el instrumentum vocale se distingue del instrumentum mutum (. . . )
Pero el propio esclavo hace sentir muy bien a los animales y a los
instrumentos de trabajo que están muy lejos de ser sus iguales,
que él es el hombre. Para darse ese placer, los maltrata con amore.
Por consiguiente es un principio económico aceptado en ese modo de producción el de que se deben emplear los instrumentos de
trabajo más rudos y pesados, para que su bastedad y peso los hagan más difíciles de deteriorarse (... )18
Tal era la conclusión a la que llegaba Karl Marx, bruándose en las afinnaciones de dos hombres, John Elliot Cairnes y Frederick Law Olmstead, que
habían recorrido las plantaciones algodoneras del sur de Estados Unidos. 19
Sagra y Saco habían formulado apreciaciones similares. Según el primero, no dejaba de ser una fuente constante de inconvenientes para todo
intento de perfeccionamiento de la agricultura;

�114

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1189-1841)

Siglo XIX

115

(...)la clase de trabajadores que se emplean para el cultivo;porque el negro esclavo, por mal dirigido, es grosero en su trabajo,
no distingue la constancia y la asiduidad de la fuerza material, y
emplea esta siempre y cuando se propone cumplir mejor, por
voluntad ó por miedo. El grande y uniforme cultivo que se hace
en los ingenios y cafetales, y los vicios introducidos en su régimen, han hecho que s~ disponga de las masas de operarios como
máquinas de fuerza, y se deja poco ó nada al tino y a la previsión.20

Con Jo que, de hecho, los comerciantes perdían las garantías de sus
préstamos. Concretamente, en cuanto a la abolición de la esclavitud, proponía cuatro disposiciones:

Saco, por su parte y también refiriéndose concretamente a la labor esclava
en Cuha, escribió que

2. Borrar o destruir la preocupación de color: aconsejaba que se forma-

la indolencia y a veces la perversidad de los esclavos, es causa de
muchos quebrantos en un ingenio. El animal que se suelta, y es·
tropea el sembrado, el caballo que se pasma, el bu que se des·
nuda, la chispa que salta y quema el cañaveral (... )2

como una forma de ir obteniendo la desaparición paulatina de los preJW·
cios de color.

1y

l. Abolición efectiva del tráfico de esclavos: la única manera de lograr

tal objetivo era por medio de un estricto control legal, pero eso dependía de las autoridades, cómplices, hasta ese momento, del contrabando negrero.

ran colonias mixtas, compuestas por jornaleros blancos y mujeres ne~~•

3. Mejorar la condición de los esclavos. Indicaba una serie de medidas
tendientes a mejorar la situación de los africanos: disminución de los

El problema para los plantadores cubanos consistía, enlonces, en cómo
transformar esclavos en asalariados sin desestabilizar el orden existente.
Por otra parte, si se aceptaba el principio de la abolición, cómo ejecutarla,
traLando de armonizar los distintos intereses en pugna. Las soluciones pro. puestas eran disímiles. Arango y Parreño, el mejor representante de su cla•
se -como intelectual y como empresario-, el hombre que había pensado
a Cuha como una enorme plantación, que hahía pugnado por la introduc•
ción masiva de africanos,22 se había convertido, años más tarde, en 1832,
en un abolicionista, descubriendo que los esclavos"(...) trabajan en general, más de lo que deben. Se les castiga cruelmente. No se les alimenta, viste ni asiste en sus enfermedades(.. .f,23
Pero no había en ello arrepentimiento moral Oo que, obviamente, no
entraba en sus cálculos -en 1789 hahía calificado a la trata de "miserable comercio", pero al mismo tiempo se quejaban de no poder participar en la misma-), sino el más craso interés económico. Es que él veía
más allá que su clase, la que en conjunto se distinguía por su codicia y
por su atraso, percatándose de que el mantenimiento de la esclavitud
significaba a largo plazo la desaparición del ingenio y, por ende, la de un
grupo social. Simultáneamente su antiesclavismo era una expresión de la
contradicción hacendado-comerciante, ya que sugería la medida económica perfecta contra los segundos: "(. . .) que se declarenglebae adicti
los esclavos campestres, no pudiendo rematarse, ni aun para pagar al Fisco, y solo cuando ellos lo soliciten con justa causa, sea permitida su separación de la hacienda en que se hallen (...)',24

días laborables, menor intensidad en el ritmo de trabajo, mejoras en la
alimentación, en la vestimenta, en el alojamiento y en la asistencia médica, etc.

4. Establecer un sistema de manumisión gradual: debía ser elaborado y
puesto en práctica un sistema de manumisión que no superara los límites
. •25
señald
a os por la expenenc,a.
Otros aconsejaban separar las operaciones agrícolas de las de elaboración en los ingenios, dejando a colonos blancos la siembra y el cultivo, y
a los propietarios, la manufactura.26
A la polémica sobre la supresión de la esclavitud se sumaba otro inconveniente: cómo evitar el desequilibrio demográfico entre blancos y
oegros.27 La respuesta -tan difícil de implementar y que, por otra parte,
nunca asumió otra forma que la simple condición de un paliativo- era
dramáticamente sencilla: fomentar la población blanca. Es que el recuerdo de la revuelta haitiana de 1791 permanecía fresco en la conciencia
colectiva de los hacendados cubanos.

Pero había que ver si las condiciones de la economía eran favorables
para la inmigración, que carácter debía darse a la misma. Antes de respon-

�116

E. Bitlloch: Trabajo e inmigroción en Cuba (1789-1847)

Siglo XIX

der a estas y otras preguntas debemos interrogarnos qué es un esclavo y
qué es un asalariado, cuáles eran las diferencias de sus costos para los
plantadores cubanos. Finalmente debemos preguntarnos sobre algo que
resulta problemático y enojoso de responder: cuál era la rentabilidad del
trabajo esclavo.
Recapitularemos los pro y los contra en la labor esclava según el clásJ.
co estudio de Cairnes. Entre los pro mencionaba el poder omnímodo
(fundamental para la organización del trabajo en gran escala que requiere
toda plantación) que los amos ejercían sobre los esclavos y la apropiación
total de los productos del trabajo. Entre los segundos indicaba: a) se trata
de un trabajo hecho de mala gana y en consecuencia su productividad depende de la vigilancia que se ejerza: en el momento en que esta disminuye,
el esclavo relaja sus esfuerzos. i\sí, los costos del trabajo esclavo están proporcionahnente relacionados con el grado de concentración o de dispersión
de la fuerza de trabajo, según las necesidades de la producción, en el espacio de la plantación; b) es un trabajo inevitablemeente no calificado. No
existe interés del esclavo en su labor: a esto se suma el hecho de que es inducido a no ejercer ninguna de sus facultades. Se puede afirmar que la
Pducación en la ignorancia es prioritaria para el funcionamiento de la esclavitud; e) se trata de un trabajo carente de la más mínima versatilidad:
cuando los esclavos aprenden una tarea no pueden ser utilizados en otra
distinta.28
Estos aspectos perjudiciales del trabajo esclavo, continuaba sosteniendo Cairnes, tienen sus lógicas consecuencias. En primer lugar sobre la
agricultura y, en segundo lugar, sobre la industria y el comercio: inmoviliza
grandes sumas de capital en esclavos, lo que torna problemática la acumulación o la impide directamenle.29

117

queña en las actuales circunstancias, pues 5 Y ~ún 7°/o, no ~orresponden a un sistema de industria a l_a vez agronomo Y fabril, que
exige la anticipación de grandes capitales, y que se halla expues. 31
to a innumerables d esgrac1as.

Un historiador contemporáneo, Eugene D. Genovese, menciona a Edmund
Ruffin, autor de The Political Economy of Slavery (Washington, 18~7),
quien se oponía a las tesis del ricardiano Cairnes manif~tando, que m1~ntras hubo tierras fértiles y baratas, la habilidad en el trabaJO tema un caracter secundario. Fue el agotamiento de los terrenos lo que generó "(... )
las condiciones que exigían una participación inteligente de la fuer1;a de

. (...)',32
traba.Jº
Pero Ruffin, concluye Genovese, nunca terminó por elucidar su idea
al respecto, ni sacó las correspondientes conclusiones.

ORG t\..'JIZACIO - DEL TRABAJO
Aunque los esclavos trabajaran en relación a sus propias capacidades, los
límites a las mismas estaban determinados por condiciones quizás ajenas
a su voluntad. La vigilancia, por ejemplo, es necesaria en todo modelo de
sociedad cimentado en el antagonismo entre el productor y el propietario: cuanto mayor es ese antagonismo, más importante es el rol que adquiere el control laboral, que alcanza su apogeo en el sistema esclavista.
Charles S. Sydnor puntualizaba la eficacia de la supervisión del trabajo
en una plantación de M~issippi, especificando la diferencia de algodón
cosrchado en relación con un día habitual de trabajo:

Aún cuando Cairnes pueda haber caído en cierta desmesura en sus
observaciones, no existe la menor duda de que las mismas coinciden con
las de la mayoría de los economistas y viajeros de la época. Sagra, que
quizás escribió los mejores tratados sobre la economía cubana en el siglo
XIX, señaló la misma contradicción. Remarcaba: a) la imposibilidad de
toda organización científica de la agricultura mientras que el cultivo se
efectuase con esclavos; b) la irracionalidad de un sistema que consideraba
la estúpidez como una cualidad preciosa de los esclavos, a fin de mantenerlos en una perfecta sumisión.30 En una obra anterior decía:

El 27 de septiembre de 1830, un grupo de catorce esclavos, e?
una plantación algodonera de Mississippi, recolectaron 4 520 libras de semillas limpias. de algodón o sea, un promedio de 323
libras por esclavo. La mayor cantidad recolectada ese día, ~or un
esclavo fue de 415 libras y la menor fue de 240. El trabajo fue
concie~zudamente observado, por ser una labor pagada, Y los resultados fueron lo suficientemente inusuales para ser publicados
en la prensa. Por ello, es evidente que los esclavos calificados, bien
estimulados, podían recolectar dos o tres vec,es más que lo que_ un
esclavo común era capaz de efectuar en un d1a. El esclavo corriente, bajo condiciones normales, no era obligado a trabajar hasta el
33
límite de sus fuerzas.

De todos modos la utilidad que rinden los ingenios es muy pe-

Pero cuando la·vigilancia degeneraba en un castigo constante, la negligen-

�118

Siglo XIX

cia y la despreocupación eran incesantes en la vida de las plantaciones.
Cuba no fue una excepción a esa pauta de control de las tareas diarias. La
figura del mayoral, el barracón, el aislamiento, el castigo, emergen -como
símbolos de la estricta vigilancia- de la lectura de los escritos dejados por
los viajeros de esos años, aunque también se deducen matices divergentes
en el trato dado a los esclavos entre un ingenio y otro, y de acuerdo a las
34
distintas épocas. Louis-René Villermé reproduce un cuestionario que le
envió a Dé la Sagra:
(. . .) que ha vivido mucho tiempo en la Habana, de querer responder a esta pregunta: ¿quiénes son, en la isla de Cuba, los que
tratan mejor a sus esclavos, y quienes los que los tratan peor? He
aquí cual ha sido su respuesta:
En primer lugar hay que poner a aquellos que tratan peor a los esclavos, les exigen de más y se muestran crueles con ellos: los negros libres.
Después vienen los mulatos.
En tercer lugar los blancos de condición media.
En fin, aquellos que tratan mejor a los esclavos son los blancos
mas ricos.
Los esclavos más maltratados son los pertenecientes a hacendados
pobres y aquellos de la agricultura. Los últimos son puestos bajo
las órdenes de blancos sin educación y crueles, nacidos en los
campos de la isla de Cuba, o de naturales de las islas Canarias, que
fueron a Cuba a hacer fortuna, como administradores de explotaciones rurales. La mejor condición para los esclavos es la de domésticos de la clase rica; ellos viven mejor que un gran número de
obreros en Europa. Así por poco humano que sea su amo, ellos la
prefieren a la libertad.35
En general se puede sostener que el tratamiento dado a los esclavos estaba
determinado por la cantidad disponible, por su precio, por las técnicas de
producción y por las condiciones del mercado. Un buen paradigma al respecto es Arango y Parreño, que en el cénit de su desvelo abolicionista propuso que se premiara a los dueños de ingenios que lograran tener, entre sus
dotaciones, mayor número de esclavos nacidos que muertos.36

LA ALIMENTACION
Otro de los factores que debe haber influido en el ritmo de trabajo de los
esclavos es la dieta. Si bien por ley los propietarios de las fincas tenían la
imposición de suministrarles una cantidad de alimentos establecida como
escribió Frederika Bremer, ¿quién podía controlarlos?37 Evident:mente

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

119

die pues todo airaba en tomo a la obtención de superbeneficios que era,
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d ah"

na'

en última instancia, lo que determinaba las jornadas intensivas e tr . ªJº·
De modo que la dieta cumplía un cometido específi.~o, y era dependie~te

de los intereses económicos. Ambos aspectos determmaban los promedios
de vida de los esclavos.

Arango y Parreño se habían preguntado en su "Discurso,~bre la ~ culmra. . . " cómo lograr que los esclavos trabajaran el maxnno posible
con el menor costo de alimentación:
Los ingleses, franceses y portugueses en la mayor part_e ~ienen
un mismo modo de alimentar sus esclavos. No les dan m din~ro,
ni alimento (aunque esto último se Jo prevengan sus leyes), smo
un pedacito de terreno para que lo cultiven, y el tie~po que cada
nación ha juzgado conveniente. Nosotros dam_os el m!smo terre~o
y el mismo tiempo para el cultivo al que se qmere aplicar:; pero sm
perjuicio de la ración diaria de carne y menestra. Los m?Jeses Y
los franceses tienen menos días festivos y por consecuencia sacan
mayores tareas de sus esclavos.38

Los viajeros mencionan casi unánimemente y sin demasiadas variacio~es en
el devenir del siglo XIX, un régimen alimenticio consistente en tasaJO y/o
bacalao, harina de maíz, arroz y plátanos. Alimentos que variaban -para
bien O para mal- entre las distintas plantaciones, ~e~ido no sol_ament~ a
los criterios particulares con que cada plantador adrmrustraha su finca, smo
también en función de las existencias -en el sentido de capacidad de producción- de materias alimentarias en cada región.39
En cuanto a la calidad de los alimentos podemos ver las observaciones
del médico negrero Honorato Bemard de Chateausalins, que sostuvo que el
tasajo y el pescado salado llegaban muchas veces con un principio de fermentación pútrida sumamente dañosa, así como las del cónsul inglés
Richard R. Madden, su antípoda ideológica, quien aseveró que el tasajo
de Brasil era extremadamente duro, de escasa materia nutritiva, de mal sabor y peor olor.40

En cuanto a la cantidad de comestibles suministrados a los esclavos
podemos formular un modelo hipótetico de dieta41 cotidiana basado en:

�120

Siglo XIX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

tasajo:
arroz:
harina de arroz:
bananas:

230 gramos
112 gramos
336 gramos
6 u 8 piezas

~

t.)

Al analizar los componentes de dicha dieta es posible establecer el
cuadro de la página siguiente.

3 400 unidades
85 gramos
100 gramos

todo lo referente a la dieta de los esclavos.

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*Mi agradecimiento a la doctora Paula Poldennan por sus consejos y asesoramiento en

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En general podemos decir que, de acuerdo con la comida que se suministraba, no se pueden deducir otras deficiencias alimentari~, aunque
esto no implique negar otro tipo de enfermedades debidas a las condiciones higiénicas de trabajo y vivienda o a la calidad de la comida.42 Además,
debemos tener en cuenta que, después de cierta cantidad de horas diarias

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En conclusión, se puede afirmar, teniendo en cuenta el ritmo de trabajo de los esclavos, que eon esa alimentación sufrían un proceso progresivo de adelgazamiento y, por consiguiente, de debilidad, provocados por
la escasa cantidad de calorías y grasas que recibían. Dos enfermedades
concretas originadas en la falta total de vitamina A son la _xeroftalmía y la
alteración de la capacidad visual nocturna. Las vitaminas B y C se adquie1
ren con 1a ingestión de bananas, por lo que este alimento cumple un papel
tan importante que se lo podría considerar "el salvador de los esclavos".

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10 miligramos
0.45 miligramos
1.4 miligramos
50 miligramos*

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Un hombre entre los 20 y los 35 años y de un peso aproximado de
70 kilos y que desarrolla diariamente una labor física intensa necesita:
calorías:
albúminas:
grasas:
hidratos de carbono:
hierro:
Vitamina A:
Vitamina B :
1
Vitamina C:

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�122

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

Siglo XIX

de labor intensa, el ritmo de trabajo decrecía por agotamiento físico.
Madden, refiriéndose a los esclavos del ingenio O/anda, dijo: ''El aspecto
de los negros en esta propiedad, era miserable en extremo, lucían muertos
de cansancio, indiferentes, estupefactos, macilentos y extenuados(... )"43
En las sociedades de economía de plantación la estructura del trabajo determina que los beneficios de los hacendados se obtengan por simple
extensión del tiempo total de labor de los productores, es decir, mediante
la prolongación del proceso de trabajo:

•

Es en Cuba, hoy día, cuyos ingresos se cuentan por millones y
cuyos plantadores son príncipes, donde vemos que la clase servil
paga el precio más alto, con la labor más exhaustiva e infatigable, y aún más con la destrucción absoluta de una parte de sus
miembros cada año, causada por la lenta tortura de trabajar demasiado y dormir y descansar insuficientemente (... )44

COSTO DE LA MANO DE OBRA, INMIGRACION Y COLONIZACION
Pero si la jornada laboral y la dieta influían objetivamente en el rendimiento del esclavo, ¿cuál era la rentabilidad del trabajo esclavo? De
esta pregunta se derivan otros interrogantes: ¿cómo transponer legítimamente a un modo de producción esclavista el problema de la rentabilidad, propio de un modo de producción capitalista? Y si fuera posible
hablar de rendimiento: ¿se trata del rendimiento del esclavo o de un modo de producción? Pero si bien en Cuba existían problemas de rendimiento (tal como lo prueba la existencia misma del debate sobre los sistemas de
45
trabajo), éstos no eran lo suficientemente profundos como para que
pudieran provocar una transformación de las relaciones de producción.
Lo que no implica desconocer las diferencias, en la capacidad y el interés
en su labor, entre un esclavo y un asalariado.
La fluidez del capital, la versatilidad del trabajo y la indiferencia del
trabajador por el tipo de labor que tiene que cumplir -en tanto que perciba que siempre le reditúa el mismo producto: dinero- son propias de una
46
sociedad capitalista. Además el esclavo pertenecía a un amo, equivalía a
capital constante y debía ser amortizado -igual que una máquina- proporcionalmente con su vida útil, que oscilaba entre 10 y 15 años. 47 El esclavo recibía en especies los elementos necesarios para su manutención.

123

El asalariado, por su parte, debe venderse al capital, no a un patrón determinado, por lo que dentro de ciertos límites lógicos tien~ posibilidad de
elegir y de cambiar, y recibe los medios para su subsistencia en forma de
dinero.
Al analizar las diferencias entre un esclavo y un asalariado dejamos de
lado todo juicio de valor sobre las condiciones de vida de uno y otro. En
este aspecto, quizás, no había demasiadas disparidades considerando la
miseria en que vivían los proletarios europeos.48 Moreno Fraginals dice:
El bárbaro sistema de explotación de los asalariados ingleses durante la primera mitad del siglo XIX fue un poderoso argumento
justificador de la esclavitud. Quien lea las trágicas descripciones
de Engels sobre los irlandeses en Gran Bretaña o el vibrante White
Slaves in England de John C. Cobden, dará en cierta forma la razón a los negreros cubanos.49
Lo cual no deja de sorprendernos porque si -refiriéndonos a un aspecto
tan específico como el de las condiciones de vida- en algún momento los
esclavos fueron tratados mejor se debía, simplemente, a que eran una inversión de capital. Además, un proletario europeo o sus hijos podían socialmente progresar, mientras que un esclavo ni siquiera tenía existencia
jurídica: era simplemente una cosa.
Llegados a este punto nos debemos preguntar si, en términos estrictamente económicos, la transición del trabajo esclavo al trabajo asalariado
no afectaba la competitividad del azúcar cubano en el mercado internacional. Vázquez Queipo, en el anteriormente citado Informe fisc.al. .. , ya
se había formulado tal pregunta y agregaba:
Para ello se hace preciso fijar el salario en que hoy puede regularse el jornal de los esclavos, y el precio ínfimo del azúcar que
permite cubrir este salario, sin beneficio alguno para el propietario. Sin estos datos carecería absolutamente de base el proyecto
de inmigración de jornaleros blancos, y si la Real Junta no los
reunió y discutió, preciso es confesar que su determinación en
materia tan grave ha sido menos el resultado del convencimiento
emanado de un detenido y concienzudo examen, que el de una
noble impulsión espontánea, que se parece mucho á la tentativa
ó ensayo de aclimatación de una planta que se juzgase útil, pero
cuyas condiciones de cultivo y temperamento se ignorasen.50

�124

Siglo XTX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba {1789-1847)

125

pesos (anuales)

Su análisis precisaba los costos anuales de un esclavo de la siguiente manera:

120

Salario mensual a 10 pesos
pesos (anuales)
Cecina o tasajo, 1/2 libra diaria a 2 pesos la arroba

14

Dos esquifaciones o vestidos de lienzo completos,
con una frazada

4

Maíz, plátanos u otras viandas de la finca a 1/8 de ·
real el día

Cecina o tasajo, la misma ración y calidad
que para un esclavo

14

Maíz, plátano, etc., etc.

5

Médico y botica para las enfermedades, que no
excedan de cuatro días

1

5
Total

Médico y botica para una finca de 200 negros, 400
pesos

2

Interés del capital de 300 pesos valor medio de un
negro de la dotación

30

Amortización del capital, suponiendo 5% de mortandad o 20 la vida media en este país

15

Total

140

70

Tal era el costo de un esclavo anualmente.51 A estos cálculos de Vázquez Queipo corresponde efectuar dos observaciones: en primer lugar,
en la tan manoseada palabra costos solamente pudo verificar aproximadamente los alimentos producidos por los propios esclavos, cuando esto
es básico para la obtención de los costos reales; en segundo lugar, como lo
señaló Juan Pérez de la Riva, no es menos cierto que la competencia del
azúcar de remolacha había iniciado un período de baja en los precios del
52
azúcar de caña. Según Vázquez Queipo el precio de la arroba de azúcar,
necesario para cubrir los gastos de producción, en este caso, era de 5 1/3
reales.
Determinando esto para los ingenios con esclavos africanos, resta
imaginar el hipotético cultivo por asalariados blancos de una plantación.
Sin tener en cuenta los gastos de inmigración de los jornaleros europeos,
los mismos serían:

De tal manera el salario anual mínimo para un jornalero europeo, estimándolo lo más bajo posible, duplicaba los costos de un esclavo.53 El salario
mensual de diez pesos Vázquez Queipo lo calculaba en base a lo que se
pagaba por el alquiler de un esclavo -que sabía un ofi.ci&lt;&gt;-:- y que oscilaba
entre 15 y 17 pesos mensuales, siendo para los simples braceros de diez
pesos. 54 Reconocía, además, que ni la comida -tasajo-- ni la casa -barracón- podían ser dadas a los europeos. A ello se debía añadir el hecho de
que los últimos no aceptarían el severo régimen de disciplina a que eran sometidos los esclavos.ss Por último es preciso señalar que el precio de la
arroba de azúcar necesario para solventar los gastos en esta "hipótesis de
plantación" debería ser de 8 reales.
Antt&gt;riormente, Arango y Parreño y José Antonio Saco, entre otros,
bahían manifestado apreciaciones parecidas -en cuanto al costo de la
mano de obra-, pero particularizadas por las diferentes épocas en que
fueron formuladas, por los intereses distintos y por los enfoques divergentes de las posibles soluciones.Arango, en 1805, calculaba en 200 pesos anuales el costo de un esclavo (comprendía los gastos de subsistencia
y amortización anual) y en 400 pesos el de un trabajador libre, aunque advirtiendo lo bajo de este último cómputo.s6 Saco, si bien no lo verificaba
con cifras, aseveraba: "(...) bien se que el trabajo de los esclavos, materialmente considerado, y atendiendo a las circunstancias del momento, es
más barato que el de los lihres. ,.r:,J
Estas elementales estimaciones salariales -a las que debemos adicionar
los elevados precios de artículos de primera necesidad: carnes, pescados,

�126

Siglo XIX

ropas, así como arrendamientos de viviendas-,58 evidenciaban la impractibilidad de todo proceso inmigratorio de operarios europeos mientras perdurara la misma organización esclavista del trabajo y, por consiguiente,
idénticas técnicas de producción. Como prueba de esto tenemos el fracaso
de los diversos -y sucesivos- ensayos y tentativas de colonización y elaboración de azúcar con obreros a sueldo. Es que, en la práctica, faltaban
las condiciones de producción que permitieran la formación de una clase
trabajadoras asalariada barata.59
Para el autor del Informe fiscal. .. , la única viabilidad real de promover la población blanca en la isla de Cuba residía en modificar su mapa
econtmico, desarrollando otras industrias y cultivos, especiahnente el tabaco. Con lucidez sustentaba que el problema esencial de los plantadores no radicaba en incrementar la productividad -dada la transformación
que, por entonces, se operaba en el mercado mundial en azúcar, café, tabaco- sino en reducir los gastos en la producción, y esto no se obtenía
con la introducción de emigrantes provenientes de Europa. Enunciaba
así -con otras palabras y en otro contexto- algo que ya bahía sido expuesto teoréticamente en 1836 por Andrés de Zayas: ante las dificultades
concretas de innovar tecnológicamente, lo que debería hacerse era efectuar una reorganización del trabajo esclavo.61
Pérez de la Riva, en su artículo antes citado, parte de una realidad innegable: las altas renumeraciones que se abonaban a los jornaleros rurales
-y en particular, a los que sabían una profesión- en todas las colonias
europeas del Caribe con economía de plantación. Terminaba afirmando
que "(...) los salarios cubanos eran de tres o cuatro veces superiores a los
europeos de la misma época, afios 1845-1850, pero si se tiene en cuenta
el poder de compra de la moneda en la adquisición de alimentos, serán sólo
del doble(.. .)':62
No sabemos adónde quiso llegar Pérez de la Riva con esta afirmación:
nos parece incorrecta la comparación de los jornales entre dos sociedades
cualitativamente, absolutamente diferentes como la Cuba colonial y esclavista por un lado y Francia e Inglaterra (no sólo en plena expansión industrial, sino las potencias hegemónicas del momento), por otro. Por otra par·
te la evolución de los salarios es diametrahnente opuesta entre esos países:
mientras que en Cuba aumentan los estipendios rurales, los urbanos per·
manecen estables -algo ya marcado en 1861 por el hacendado Francisco
Diago en su informe a la Real Junta de Fomento-; a su vez en Francia e
Inglaterra recorren la vía inversa. Además debemos sefialar que le quita

E. Bitlloch: Trabajo e inmigraci6n en Cuba (1789-1847)

127

valor a la comparación el hecho de que utilice una moneda (el peso) sin
uso en el comercio de la época, pues los valores dependen de la tasa de
63
cambio aplicada en uno y otro caso.
Pero los elevados estipendios que se pagaban a los jornaleros rurales
en todos los países con economía de plantación (y Cuba no era una ex64

cepción a la regla), y el aumento progresivo del precio de los bozales,
obligaban a los hacendados cubanos a resolver el ~ema de 1~ i~~~iencia
de mano de obra, especiahnente de aquella con cierta espec1al1z~c1on. Como el plan de población de la Real Junta de Fomento de Agricultura Y
Comercio -que contemplaba la importación de inmigrantes blancos- era
absolutamente inviable, resucitó una vieja institución: la servidumbre contratada. Así implementaron la compra e introducción de trabajadores asiáticos chinos en el caso particular de Cuba, que también estaban siendo llevado~ a gran parte de las colonias francesas, holand~ e ~gl":8as. ~eonar~
Wray había elogiado, en los culíes chinos, su frugalidad, mtelige~cta, esptritu de iniciativa y capacidad técnica, considerándolos como los Jornaleros
65
ideales para las colonias europeas de las Antillas. El primer contingente
de los nuevos inmigrantes, que habían firmado contratos de labor por un
66
plazo mínimo de 8 años, llegó en 1847 .
En resumen, la servidumbre contratada no fue otra cosa que una solapada forma de reorganización del trabajo esclavo y, por ende, un intento,
el último, de perpetuar la sociedad esclavista.

NOTAS

l. Los ponnenores, así como las consecuencias de ese proceso revolucionario que
detenninó la ru,ina de Saint-Domingue como gran colonia azucarera son, en general, conocidos, pero, de todos modos, no esta de más_cit~, a título info~_ativo, algunas obras al respecto: José Luciano Franco, Huto~ra de la R~lucion
de Haití; David Patrick Geggus, Slavery, War and Revolut1on. The Bntuh Occupation of Saint-Domingue, 1793-1798. En 1789 Saint-Domingue tenía: 793
ingenios, 3117 cafetales, 3151 fincas en las que se cultivaba y elaboraba el
añil, 789 plantaciones de algodón, más de 170 destilerías de ron. Pien:e Plucchon en la introducción a Justin Girod de Chartrans, Voyage d'un Su,ue. ..,
p. 32. Obra fundamental sobre el Haití colonial es la de Médéric-Louis-Elie
Moreau de Saint-Méry, De3Cription. .. de la partie fraru;aise de / 'isle de Saint-

�128

Sigú:&gt;XIX
E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

129

Dom ingue, cuya primera edición fue hecha en Filadelfia en 1797.

2. T. III, p. 257.

3. Gabriel Debien, Colons de Saint-Domingue réfugiés aCuba (1793-1815).
4. Historia económica-política. •., p. 139. En las citas de libros antiguos respetamos la ortorgrafía de la época.
5. Véanse al respecto, José de Arazoza, ''O tro discurso sobre caminos . ..", en Memorias de la Rrol Sociedad Económica de la Habana... 1817, pp. 57-68;José
Antonio Saco, "Memoria sobre caminos...", en Colección de Papeles. . ., t.
1, pp.61-150.
6. "Al presente necesitamos comprar algunos cientos de miles de arrobas de carne
salada á los vecinos de Tampico y Buenos Aires, cuando en tiempos pasados
podíamos proveer a otros pueblos." Francisco de Arango y Parreño, "Discurso
sobre la Agricultura..." en Obras, t. 1, p. 95.
7. Saldándose, así,~ favor de los hacendados, el viejo conflicto que tenían con la
marina española por la posesión y utilización de los bosques. El desmonte indi&amp;criminado que siguió a esta ley fue denunciado por De la Sagra: "En estas tumbas se sacrifican todos los árboles, y caen bajo el hacha esterminadora ( ... ) árboles de maderas preciosísirnas que el fuego consume en pocos días. Los cortes
de leña, ya para los ingerúos ya para hacer carbón, sacrifican también árboles
del mayor precio, que ni se reponen ni es posible conseguirlo en cuatro generaciones. De resultas de esta tala asoladora y del sistema de imprevisión que 1a dirige, se ven transformados en llanuras estériles y abrasadas terrenos antes pingües y frondosos, se han abandonado fincas valiosas por falta de combustible,
se ha acrecentado el costo de los materiales para el establecimiento de las nuevas, y sucesivamente se verán subir la temperatura y escasear las lluvias en las inmediaciones de las ciudades...". Op. cit., p. 184.
8. José María Zamora y Coronado, Biblioteca de Legislación Ultramarina..., t. 1,
p.123.
9. Arango y Parreño, loe. cit., p. 54.
10. José Ahumada y Centurión, Memoria histórico-política. .., pp. 41-42. " La esclava preñada y parida es inútil muchos meses, y en este largo período de
inacción, su alimento debe ser mayor y de mejor calidad. Esta privación de trabajo, este aumento de costo en la madre, salen del bolsillo del amo. De él sale~
también los largos, y las más ( de las) veces estériles gastos del mismo recién nacido, y á este se unen los riesgos que se corren en las vidas de madre é hijo; y todo
fonna un desembolso de tánta consideración para el dueño, que el negro que
nace en casa ha costado más, cuando puede trabajar, que el que de igual edad se
compra en pública feria." Arango y Parreño, "Representación. .. ", en Obras,
t. 2, pp. 194-195.
11. Llave del nuevo mundo• .•, p. 40.
12. Manuscritos de América, 19519, hojas 1-5. En este mismo manuscrito se encuentran referencias sobre una serie de premios monetarios a concederse -por la alu-

dida Junta- a los propietarios que cultivasen sus fincas con .!amilias blan_cas,
(hojas 6-11 ). La.5 disposiciones de esas r~u11;iones fueron, tamb1en, reproducidas
por Vicente Vázquez Queipo en los apend1ces a su Informe f,scal• . ., pp. 1-7.
13 A este respecto pueden consultarse: Hubert H. S. Aimes, A History of Slavery in
· Cuba 1511 to 1868; Arthur F. Corwin, Spain and the Abolition of Slavery in
Cuba: 1817-1886; José Luciano Franco, Comercio c~ndestino de e~clav~s Y La
diáspora africana en el nuevo mundo; Franklin W. Kmght,Slave Soc1ety m Cu~a
During the nineteenth Century; Richard R. Madden, La ~s~ de Cuba; DaVJd
Murray, Odious Commerce. Britain, Spain and the A bolitwn of the Cuban
Slave Trode; Fernando Ortiz, Los negros esclavos; Rebecca J. Sco~e, Slave
Emancipation in Cuba, the Tronsition to Free Labor, 1_860-1899; DaVId Turnbull Travels in the west. Cuba, with notices of Porto Rico and the Slave Trade.
Sob;e la historia del movimiento aboliciorústa inglés, véanse: Thomas Fowell
Buxton, The African Slave Trade and its Remedy; íbid. _Memoirs; R. ~?land,
The British Anti-Slavery Movement; William Law Matl11e84?n, ~reat Bntam and
the Slave Trade, 1839-1865; ibid., British Slave Emanc1patton, ,1838-1~~9;
íbid., British Slavery and its Abolition, 1823-1838; Howard Temperley, Br1t1&amp;h
Antislavery, 1833-1870.

14. Op. cit., t. DI, p. 266.
15. En Colección de Papeles. .. , t. l , p. 188¡en pp. 216-221, se explaya más ~xtensamente .sobre este asunto. Su "Memoria..." es, también, sumamente interesante por las referencias que hace a asilos, casas de beneficenc!a y cárceles como
instituciones formadoras y educadoras de futuros proletanos, pp. 197-199.
Aunque posterior, el R(fflamento para el aprendizaj~ ~e _artes y o[icius, de
1849, es un buen ejemplo del trabajo tomado como d1SC1plinante social. A~go y Parreño había criticado en 1811 la existencia de una numerosa clase de libertos y el riesgo que ello entrañaba: "Por el más funesto descuido d~ nuestra
soñolienta policía, y por el más culpable olvido de todos nu~t~os mtereses,
nuestras casas en todas épocas han estado plagadas de esclavos Sll'Vlentes de ambos sexos, y principalmente de hembras, que viven comodísimamente, y por I?
mismo contraen todo género de vicios, siendo los más seguros la pereza y la liviandad. Todos tienen su~ión, y muy numerosa los más; y todos, la facilidad
de libertarse y libertarla á ella y á si mismos; de lo cual ha resultado en 1odas
nuestras poblaciones esa infinidad de gentes de color que con tánto cuidado, como nosotros habrá V.M. observado en los padrones que enviamos. El daño en
esta ciudad Úega á tan alto punto, que casi están á la par los libres de color con los
esclavos; y, unidas ambas clases, llegan á una asombrosa suma de 55.077, que es
muy superior á la de blancos, cuyo mal á cada paso !orna tan~ incr~mento,
que, en el número de bautismo de los dos años antenores, casi salimo~ a dos de
color por uno blanco. Pensar en medidas violentas para echar de las cmdades y
transportar á los campos estas gentes en lo general corrompidas, es pensar un
imposible( ... ):' "Representación...", p. 201. "El odio que tienen los libres de
color á la agricultura, ó quizá la poca protección que en ella encuentra t~o el
que la emprende sin caudal Di mayores proporciones, y sobre todo, el estunulo
que ofrecen las ciudades á sus vicios, ó á su aplicación preferente á las-~~
mecánicas, son causas que explican en gran parte su asombrosa propagacron .
Antonio del Valle Hernández, "Sobre la población de la isla de Cuba" en Ar311;go
y Parreño, op. cit., t. 2, p. 260. En los censos de 1827, 1841 y 1846 se percibe
la importancia numérica de los libertos - hombres y mujeres- en diferentes oficios: albañiles, carpinteros, jornaleros, sastres, tabaqueros, talabarteros, zapateros, costureras, lavanderas, tejedoras de sombreros, domésticas, etc. En lo re-

�Siglo XIX

130

lativo a los orígenes y eclipse de ese sector social, son esenciales dos obras:
una de Pedro Deschamps Chapeaux, El negro en la economía habanera del
siglo XIX; y la otra de este mismo autor y Juan Pérez de la Riva, Contribución
a la historia de la gente sin historia. En cuanto a las relaciones sexuales entre las
distintas clases y razas en la sociedad esclavista cubana, es imprescindible la
lectura de Verena Martínez-Alier, Marriage, Class ami Colour in NineteenthCentury Cuba.
16. Sagra, op. cit., p. 104.
17. "Manoria sobre el azúcar de remolacha" en Colección de Papeles• .., t. 2,
pp. 20-30. Emile Légier, en Histoire des Origines de la Fabrication du Smre en
Fmnce, realizó una inestimable síntesis sobre los comienzos y evolución de esta industria hasta 1850. Como prolegómeno a su obra repreduce la memoria
presentada en 1747 por Andreas-Sigismond Marggraf a la Academia de Ciencias
de Berlín, comunicando su descubrimiento sobre la posibilidad de obtener azúcar de la remolacha, pp. 8-14. Pero, como casi todo precursor, sus observaciones
pasaron desapercibidas hasta 1799 en que el químico y naturalista CharlesFrédéric Achard logró los primeros resultados prácticos tras trece años de experimentación en su finca de Caulsdorf, en las cercanías de Berlín.

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

131

'll. Sobre la evolución de la población cubana durante la primera mitad del siglo
XIX, véanse: Cuadro estadístico... correspondiente al año de 1827; Resumen
del censo de población. .. del año 1841; Cuadro estadístico. .. corre.fpondiente
al año de 1846. Sagra reproduce en su Historia • .. las estadísticas demográficas
de 1774, 1792 y 1817. Por su parte Antonio López Prieto llevó a cabo un extracto de los padrones y censos hechos en Cuba entre 1768-1879, Cuadro sinóptico . .. Una obra moderna sobre la historia demográfica cubana es la de Kenneth
F. Kiple, Blacks in Colonial Cuba . . .; sobre el tráfico de esclavos es de consulta
inprescindible el libro de Phillip D. Curtin, The Atlantic Slave Tmde, A Cen•
sus.

28. Caimes, op. cit., pp. 43-47. Análogas apreciaciones formuló Olmstead , op. cit.,
pp.104-105,337-339 .

29. Cairnes, op. cit., pp. 66-70.

·30. Estudios coloniale.f con aplicación a la Isla de Cuba. De los efectos de la supre#Ón en el tráfico de negros. Un óptimo -y al mismo tiempo olvidado- ensayo
sobre el sistema de la esclavitud en las colonias europeas, es el de Henri Wallon,
De l 'esclavage dans les colonies. ..

18. El capital, t. l, nota 18, pp. 202-203.

31. Historia . . ., p. 109.

19. Caimes, The Slave Power. ••, pp. 53-63 ; Olmstead, Seabord Slaves States. ..,
pp. 46-47, 402.

32. Genovese, Economía política de la esclavitud, p. 49. El historiador estadouni-

20. Op. cit., p. 87.
21. "La abolición del tráfico de esclavos ... ", en Colección de Papeles• .., t. 2, p.

118.

dense Ubich Bonnel Phillips -nostálgico del viejo sur esclavista- produjo la
mejor introducción, hasta este momento, sobre esta temática en su American
Negro Slavery, pp. 344-358.

33. "On Septernher 27, 1830, a force of fourteen slaves on a Mississippi plantation
picked 4 520 pounds of clear seed cotton, an average oí 323 pounds per hand.

22. Véanse al respecto: "Primer papel sobre el comercio de negros"; " Representación manifestando las ventajas de una absoluta libertad en la introducción de ne-

The largest amount picked by any one slave on this day was 415 pounds and the
smallest was 240. The work was closely observed hecause it was done on a
wager, and the results were sufficiently unusual to call for newspaper notice. It

gros, y solicitando se amplíe á ocho la prórroga concedida por dos años";
"Papel número 2 que se cita en la representación antecedente"; " Oficio acompa•
ñando copia de la representación sobre la introducción de negros, y corroborándola con razones muy sólidas", en Obras, t. 1, pp. 7-13, 31-38, 39-41, 43-45,
respectivamente.

is thus evident that skilled slaves with proper encouragement could pick two or
even three times as much cotton as the average slave picked in a day. The
average slave under normal conditions was, therefore, not driven to the limit of
this power ... Slavery in Mississippi, p. 16, y en general sobre el trabajo de vigilancia, ver pp. 6 7-85. En Phillips, op. cit., ver pp. 260-290.

23. "Representación al Rey sobre la extinción del tráfico de negros y medios de
mejorar la suerte de los esclavos coloniales", ibid., t. 2 , pp. 654-ó55.
24. lbid., pp. 656-657. A fin de fomentar la producción azucarera estaba legalmente prohibido confiscar ingenios por deudas, pero los esclavos no estaban incluidos en tal disposición por lo que podían ser embargados. Así, de aprobarse
la propuesta de Arango y Parreño, todo el aval sobre los empréstitos, a favor de
los comerciantes, se evaporaba irremediablemente. Manuel Moreno Fraginals, El
ingenio..., t. l, pp. 289-291.
•

25. "Representación al Rey ... " , loe. cit., pp. 647-658.
26. " Industria agrícola. ¿Puede suplirse á la falta de brazos esclavos en el establecimiento de un ingenio de fabricar azúcar?", en Memorias de la Real Sociedad
Económica de La Habana, no. 7, mayo de 1836, pp. 35-48.

34. Los libros de viajeros constituyen una fuente inapreciable para la recuperación
de la historia de las clases laboriosas cubanas. En ellos se encuentran referencias a comidas, viviendas, alquileres, horarios y fonnas de trabajo, fiestas, juegos, etc. En una palabra, reproducen la vida cotidiana de aquellos que un francés decimonónico llamó classes dangereuses. Abiel Abhot, John Abhot, JeanJacques Ampere, Frederika Bremer, Richard Dana, Walter Goodman, Samuel
Hazard, Julia Howe, Francis Robert Jameson, la condesa de Merlin, Amelía Murray, Arthur Morelet, F. Trench Townshend, Anthony TroUope, Edward Bean
Undemill, son los nombres de algunos de ellos.

35. " . . . qui a longtemps habité la Havane, de vouloir bien répondre

a

cette question: Quels sont, dans l'rle de Cuba, ceux qui traitent le mieux leurs esclaves, et
ceux qui les traitent le plus mal? Voici quelle a été sa réponse:
D faut mettre au premier rang de ceux qlli traitent mal les esclaves, en exigent le
plus et se montrent cruels envers eux, les m;gres libres.

�132

E. Bit/loch: Trabajo e inmigración en Cuba (/789-1847)

Sis/o XIX

Puis viennent les mulatres.
Au troisiime rang les blancs de médiocre condition.
Enfin, ceux qui traitent le mieux les esclaves sont les blancs les plus riches.
Les esclaves les plus maltraités sont les domestiques des mames pauvres et ceux
de l'agriculture. Les derniers sont placés sous des blancs sans éducation et
cruels, nés dans les campagnes de l'ile de Cuba, ou sous des naturels des ilea
Canaries, qui vont Cuba pour faire fortune, comme gérans de fermes ou d'
exploitations rurales. La meilleure condition pour les esclaves est celle de domestiques de la classe riche; elle veut mieux que celle d'un tres grand nombre
d'ouvriers en Europe. Aussi, pour peu que le maitre soiut humain, ils la préfe.
rent la liberté." Tableau . .., t. 2, nota 1, pp. 63-04.

a

a

36. "Documentos anexos á la Representación al Rey ... ", en Obras, t. 2, p. 655.
37. Cartas desde Cuba, Jl. 79. El 31 de mayo de 1789 había sido sancionada la na.
mada "Real Céduh, é instrucción circular sobre la educación, trato y ocupación
de los esclavos", reglamentándose minuciosamente en sus catorce artículos. En
su capítulo O, la vida del esclavo, referido a alimentos y \'estuario, se especifica.
ha: "Siendo constante la obligación en que se constituyen los dueños de esclavos de alimentarlos y vestirlos, y á sus mugeres é hijos, ya sean estos de la misma condición , ó ya libres, hasta que puedan ganar por sí con que mantenerse,
que se presume poderlo hacer en llegando á la edad de 12 años en las mugeres,
y 14 en los varones; y no pudiéndose ~ar regla fija sobre la cantidad y cualidad
de los alimentos, y clase de ropas, que se les deben suministrar, por la diversi•
dad de provincias, climas, temperamentos y otras causas particulares; se previene, que en cuanto á estos puntos, las justicias del distrito de las haciendas,
con acuerdo del ayuntamiento y audiencia del procurador síndico, en calidad
de protector de los esclavos, señalen y determinen la cantidad y cualidad de
alimentos y vestuario que proporcionalmente, según sus edades y sexos, deban
suministrarse á los esclavos por sus dueños diariamente, conforme a la costumbre del país, y a los que comunmente se dan á los jornaleros, y ropas de que
usan los trabajadores libres, cuyo reglamento, después de aprobado por la audiencia del districto, se fijará mensualmente en las puertas del ayuntamiento y
de las iglesias de cada pueblo, y en las de los oratorios, ó ermitas de las haciendas, para que llegue á noticia de todos, y nadie pueda alegar ignorancia." Zamora y Coronado, op. cit., t. 3, pp. 131-132. Este mismo autor se explaya más
extensamente, en lo concerniente a la legislación negrera en las pp. 108-142.
Sobre la condición jurídica de los esclavos ver, también, Ortiz, op. cit., pp. 309356, 401-487.

133

41. Elaborada en base a las informaciones dadas por tres libros: Justo Cantero, Los
Ingenios; Samuel Kazard, Cuba .. .; Ortiz, op. cit.

42. Sobre la vida cotidiana de los esclavos véanse: Barrera Y Domingo, Reflexiones•. •; Chateausalins, op. cit.

43. Op. cit., p. 70.

44. Weston, Progress 'of Slavery, citado endCaITllb.esilli,~P- cit.,dp. 1h11. "lit ist in Cubpa~t
this day, whose revenues are reckone y m ons, an w ose P an ers ~e
ces, that we see, in the servile class, the coarses! íare, the m~st exh~ustmg and
unremitting toil and even the absolute destruction of a portion of 1ts numbers
every year, by the slow torture of overwork and insufficient sleep and rest."

45. En el aspecto de la rentabilidad nos hemos limitado a enunci~ ~gunas cuesti~nes metodológicas sin desarrollarlas, a fin de no exceder los limites de estas paginas. Pero sí de~os agregar que, e? todo ~ríodo corres~ndiente a este
artículo, la producción de azúcar y cafe estuvo ~~l~ble~~nte !1gada a la COI?·
pra masiva de esclavos. Sobre el debate trabaJo-mn11grac10!1, veanse: Antomo
Conrado y Asprer, Cartas sobre inmigTación y colonias; J~ Curbelo, Proyect~
de inmigración nacional para la Isla de ~uba! Urbano Fe1~00 Sotomayor, Inmigración de trabajadores españoles; Fe~ m F~era, Es~1os sobre la Isla de Cuba La cuestión social; Doningo de G01couna, !tfemor,a/. .• para el aumento de
la ~oblación blanca; Ramón Hemández Poggio,Aclimatación e higiene de los europeos en Cuba; Cristóbal Madan, El trabajo libre y el (ibre cambi~ en_ Cuba; Carlos Palance Gutiérrez, Proyecto de inmigración tonk,na y cochmch1na para las
islas de Cuba y Puerto Rico; Conde de Pozos-Dulces, La cuestión del trabajo agrÍ•
cola y de la población en la Isla de Cuba; _Joa~ ín Rodr~ez San Pedro, La
cuestión social en las Antillas españolas; Jose Suarez Argudm, Proyecto o representación afectuosa sobre inmigración africana.

e!

46. Marx,EI capital, libro 1, capitulo VI (inédito), pp. 70-72.
47. Un viajero de esos tiempos, Gustavo d11espel d'Harponville, afirmó -al i~al
que Vázquez Queipo- que la vida útil era, aproxirnadarnent~, de unos 20 ~os.
A) otro extmno debe situarse F. Trench Townshend, para quien el promedio de
vida era de 5 años, Wild Life in Florida with a Visit to Cuba, pp. 198-199.

48. Por ejemplo, la mortalidad en Inglaterra, en_ la ~rim~ra mi~ad del sigto X~ -Y
tomando modelo comparativo tanto los d1Str1tos mdustnales como agr1colas
más importantes era la siguiente·

38. En Obras, t. l, pp. 66-67.
39. Del examen de las balanzas del comercio exterior de la isla de Cuba pueden deducirse, con bastante exactitud, las cantidades de alimentos importados destinados a los esclavos, pero simplemente consultando los escritos de Ramón de la
Sagra se infiere la c:yltidad progresiva de arroz. harinas, tasajo y bacalao impor·
tado; además, se puede deducir el atraso de la agricultura cubana, en cuanto a
métodos de cultivos y productos obtenidos: "El total de las especies vegetales
destinadas al alimento del hombre cultivadas así en las grandes como en las pequeñas fmcas es muy poco numeroso y muy escaso en variedades( ... )". Histo•
ria• .., p. 80. Una visión completa de la economía cubana se halla en el trabajo
de Julio Le Riverend, Historia económica de Cuba.
40. Chateausalins, El Vademecum . .., p.14;Madden, op. cit., p. 169.

Expectativas de
Sobre 10 000 muertos habían
vida
cumplido
Distritos más
40 años
:
10 años
manufactureros
años
5386
34
3369
Monmouth
20
5962
3959
York ( distrito Est)
121/2
6953
4852
Lancastl'r
,.,
Distritos más
agrícolas
43
4826
2801
Hereford
39
5044
2947
York (North)
, .
Villermé, Tableau .. . , tomo ll, pp. 267-269. En esta obra no se c1lan estad1sticas
sobre Manchester.

�134

Siglo XIX

E. Bitlloch: Trabajo e inmigración en Cuba (1789-1847)

Sobre l_as con~cio~es de vida: horas de trabajo, desocupación, enfennedades,
al~hohsmo, d1vel'Slones beneficencia, tasas de mortalidad, nacimientos, casarme~tos, salarios, ~entos, etc., se pueden ver abundantes referencias en
Eugene B';ll"et! La misere des classes laboriewes. .. ; John Cobden, The White Slaves• • :; Fnednch Eng_els, La situación. ..; H.A. Frégier, Des classes dangereuse.iM;
de Ger:rn_do. De la b1enfainsance• .. y Le visiteur du pauvre; F .M. L. Naville, De
la c"":1te• ..; Ro~rt A. Slaney, Stnte of the Poorer Classes•.. La literatura 00
fue a~ena a la.~dad des~ bem_po: Les Mysteres de Par-is, de Eugene Sue,es
una Viva_ descr1pc1on de la vida ml6erable de los trabajadores franceses. En cuanto a la literatura ~ubana merecen citarse tres magníficas obras: Anselmo Suárez
Y_ Rome~o, Francisco. El ingenio o las delicias del campo; Cirilo Villaverde, Cecilia Valdes o la loma del ángel; Antonio Zambrana, El negro Francisco. Novela de

costumbres cubanas.

135

Back• •.; Feijóo Sotomayor, op. cit.; D'Hespel d'Harponville,op. cit.; Hobsbawn,
Trabajadores•• .; E. Levasseur, Hist-Oire des classes ouvrieres.. ., y L 'ouvrier américan; Fran~s Simiand, Le salaire.. .; Mariano Torrente,Bosquejo...; Villenné,
op. cit.

64. Entre 1844 y 1858 se habían duplicado los precios de los bozales, Pérez de la
Riva, loe. cit., p.145.
65. The Pmctical Sugar Plante,. .., pp. 82-112.
66. Sobre los culíes chinos en Cuba, véanse. Denise Helly, ldéologie et ethnicité..•;
Pérez de la Riva, El barracón. .•

49. Op. cit., t. 1, p. 261.
50. P.18.
51. !bid., pp.18-19.

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53. Vázquez Queipo, op. cit., p. 23.
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60. Op. c~t., _PP- 37-49. En lo referente a la contradicción entre el azúcar y el tabaco
f su Stgruficado en la historia de Cuba, véase el excelente artículo de Agnes Toth
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Intendentes de 1786 y 1803; el Código de Comercio de 1829, con
su Ley de Enjuiciamiento; las reales Cédulas, Ordenes, Reglamentos y demás disposiciones legislativas aplicadas á cada ramo,
desde 1680 hasta el dt'a, en que se comprenden las del Registro
Ultramarino con oportunas reformas, y agregación de Acorda•
dos de Audiencias, Bandos y Autos generales de gobierno; y cuan•
tas noticias y datos estadúticos se han creido convenientes para
marcar el progreso sucesivo de las posesiones ultramarinas, y á
los fines de su más acertado régimen administrativo, mejoras que
admita, y represión de abusos. 7 tomos, Madrid, Imprenta de Alegría y Charlain, 1844-1849.

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�Evolución y ·Persistencia del Colonaje en las
Haciendas de Cochabamba

Robert H. Jackson*

El colon.aje era a fines del siglo XIX la forma principal de relación laboral
en las haciendas de Cochahamha, en Bolivia. La habilidad de los hacendados para obtener este tipo de trabajo servil de parte de los colonos
resultó ser un factor importante para la rentabilidad de la agricultura, a
pesar de los cambiantes o limitados mercados.
Algunos autores han analizado los orígenes del colonaje y su importancia en el seno de la economía interna de fa hacienda. Brooke Larson en
particular estudió la estructura rural de Cochabamba a fines del período
colonial, y Gustavo Rodríguez Ostria examinó la agricultura y la hacienda
bolivianas al término del siglo pasado. Si se hace un análisis más detallado,
sin embargo, se encontrará que la caracterización del colonaje hecha por
estos autores es inadecuada. Este ensayo intenta proporcionar una reinterpretación del colonaje, centrándose en las postrimerías del siglo XIX.

0RIGENES DEL COLONAJE
Larson sostiene que su origen en el siglo XVill sirvió para resolver el problema de mercados reducidos y escasez de capital. Según Larson, la obten-

*Este trabajo resume algunos tramos de la tesis doctoral "LiberaJ Land and Economic
Policy aod the Transfonnation of the RuraJ Sector of the Bolivian Economy-: The
Calle of Cochabamba. 1863-1929", que el autor presentó en la Universidad de California en Berkeley (USA), 1988. Traducción del inglés a cargo de Isabel Cristina Mata
Velázquez y Miguel A. González Quiroga.

�146

ción de mano de obra de los arrenderos redujo o transfirió el costo de
producción del hacendado hacia su inquilino. Por otra parte, al desarrollarse el arriendo de la tierra a cambio de servidumbre, el hacendado puso menos atención en la producción del demesne. * En otras palabras, con el descenso de la demanda de harina y granos de Cochabamba, los hacendados se
preocuparon menos por la explotación directa de las tierras agrícolas, y
por la participación en el mercado, y las rentaron -entre otros- a campesinos.
Como evidencia para su interpretación del colonaje, Larson presenta
una estimación del valor de la hacienda Aramasi en Calliri, en el valle del
río Tapacari. La superficie de la hacienda era de l 218.82 hectáreas, sin
incluir la estancia en las lomas vecinas. Del área total, .551.30 hectáreas
eran ~ierra cedida a arrenderos· (45%), más otras 80.46 hectáreas (l°lo)
trabajadas por el administrador indio. El demesne constituía menos de la
mita_d de la tierra agrícola localizada en el valle del río. La vasta superficie
de tierra arrendada muestra, según Larson, la emergencia del colonaje en
d siglo XVIII. 1
La explicación que da Larson a este surgimiento en función de cambios en el mercado está abierta a modificación. En gran parte ignora el
papel de los cambiantes patrones demográficos en lá evolución de las relaciones de trabajo de la hacienda. El arriendo a cambio de trabajo servil
desempeñó una importante función en el esquema de producción de la
hacienda en la época de su formación en Cochabamba, a fines del siglo
XVI e inicios del XVII, en la cúspide del auge minero de Potosí. Los productores de Cochabamba participaron activamente en el lucrativo comercio de granos y harina hacia Potosí, que llegó a tener una población de
160 000 habitantes hacia 1611.
~l hacendado atraía mano de obra, en un período en que escaseaba,
mediante el ofrecimiento de tierra. En tiempo de escasez de mano de
obra y tecnología estática, los terratenientes pueden usar su abundante
tierra como una forma no monetaria de pago a la mano de obra, la que
de otro modo constituiría el insumo más costoso en la agricullura si se le
· remunerara en efectivo. Además, el terrateniente podría tratar de exten-

147

R.H. ]ackwn: El colonaje en Cochabamba

Siglo XIX

der sus propiedades a costo de las comunidades campesinas con el objeto
de privarlas de sus tierras, y con ello forzar a los indígenas a vender su
fuerza de trabajo por temporadas, o a aceptar el status de colono.
La hacienda se desarrolló en los valles centrales de Cochabamha como respuesta a la demanda y a los altos precios en Potosí, pero también
durante un período de inestabilidad en la población rural. Antes de la
conquista española los valles centrales estaban escasamente habitados, y
la población rural permaneció poco estable hasta fines del siglo XVIll.
Nos concretaremos a su evolución en el Valle Bajo, uno de los tres que
fonnaban el centro agrícola de la región durante el período colonial.
La población indígena del Valle Bajo consistía de dos grupos con
status bien definido: originarios con plenos deyechos a usufructuar la
tierra en una de las tres comunidades indígenas del Valle, y forasteros
gn tierras, muchos de los cuales habían abandonado sus cemunidades
!'JI el Altiplano para evitar los tributos y el reclutamiento de mano de
obra fijados por el estado colonial. La mita, este reclutamiento forzoso
de trabajadores organizado por el virrey Francisco de Toledo en la década de 1570 para proporcionar mano de obra barata a Potosí, Huancavelica y otros centros mineros del Altiplano, resultó ser particularmente

CUADRO 1

NUMERO DE TRIBUTARIOS EN.EL VALLE BAJO, 1573-1804
Año

SipeSipe

1573
1633
1683
1732
1786
1798
1804

815
201
386
274
401
395
368

Quillacollo 4

Paso

Tiquipaya

Total

680
111
427
213
230
226
202

502
183
394
226
402
472
416

1 997
666
1 624
983
1317
1 430
1 252

171
417
270
284
337
266

*Tributarios categorizados como forasteros
~ierras explo_t;idas ~e manera directa por el propietario. Eran las mejores de la hacien~a; tarnb1en sohan ser trabajadas por colonos y la producción se destinaba al
dueno.

FUENTE: Nicolás Sánchez-Albomoz, Indios y tributarios en el Alto Perú
(Lima, 1978), p. 106.

�148

Siglo XIX

R. H. Jackson: El colonaje en Cochobamba

perturbadora para la economía de subsistencia de los indios incluidos en
sus distritos. La reacción generalizada de los miembros de las comunidades
era escapar hacia los valles de Cochabamha u otras áreas de frontera
donde, como forasteros, estaban inicialmente exentos de trabajos forzados.3 Muchos iban a trabajar como yanaconas a las haciendas y otras
propiedades prívadas en el Valle Bajo o bien ocupaban tierras comunitarias ociosas o parcialmente utilizadas como resultado de la declinación
en el número de originarios.
Hasta fines del siglo XVIII el total de tributarios del Valle Bajo,
tanto originarios como forasteros, fluctuó bajo el impacto de enfermedades y de cambios en la legislación colonial española que regulaba el
tributo. El número de tributarios descendió entre fines del siglo XVI y
principios del XVII de 1997 en 1573, cuando se organizaron las tres comunidades indígenas, a 666 en 1633. El arribo de forasteros hizo aumentar
su cantidad a 1624 en 1683, pero la cifra luego se desplomó hasta 983 en
1732. En la década de 1680, el virrey Duque de la Palata realizó un estudio general de condiciones en el Alto Perú, y modificó la estructura tri-

149

butaria para eliminar las exenciones de las que anteriormente disfrutaban
los forasteros. Con la supresión de las exenciones del tributo y la mita, los
forasteros tendrían menos incentivo para permanecer en Cochabamba. Es
probable que algunos regresaran a sus comunidades de origen o fueran a
Oruro y otros centros mineros como trabajadores libres. La emigración
de forasteros al final del siglo XVII contribuyó a la caída del número de
tributarios. A mediados y fines del XVID la cifra volvió a ascender, esta
vez debido a la reproducción natural y a un descenso en las tasas de migración. Según datos publicados por Larson, sólo un 3.4% de varones tributarios estaban ausentes de Valle Bajo en la dérada de 1780.4
El número de tributarios es un indicador insuficiente para medir

las dimensiones de la fuerza laboral de la hacienda. Algunos forasteros
vivían en las comunidades indígenas o bien trabajaban en las chácaras,
propiedades de mediana o pequeña extensión. Un censo de yanaconas

CUADRO 3
POBLACION DE YANACONAS EN COCHABAMBA EN 1692
PORJURISDICCION

CUADRO 2
TRIBUTARIOS EN JURISDICCION DE TRES COMUNIDADES

POR CATEGORIAS

Varones 18 a 50 años

SipeSipe

Paso

Tiquipaya

Año

o

F

y

o

F

y

o

F

t

1683
1732
1750
1786
1792
1798

65
70
116
68
156
132
133

222
204
147
333
264
263
235

99

113
56
94
38
108
95
99

232
157
107
192
128
131
103

82

66
158
138
90
143
142
143

257
66
84
312
290
330
273

71

1804

O = Originario
F == Forastero
Y = Y anacona
FUENTE: Nicolás Sánchez-Albomoz, Indios y tributarios en el Alto Perú
(Lima, 1978), p. 163.

Presentes

Jurisdicción
Valle Bajo
Capinota
Caraza
Sacaba
Valle Alto
Total

!

Presentes º/o

Ausentes

787
73
128
258
1 079

265
19
75
116
335

2 325

810

'

Ausentes

ºfo

100
13
22
42
147

34
50
28
29
38

198
13
58
101
244

66
50
72

324

35

614

65

71

62

FUENTE: José Gordillo Claure, "El proceso de extinción del yanaconaje
en el valle de Cochabamba. Análisis de un padrón de yanaconas (1692)",
Cochabamba, mimeo, 1987.

�150

Siglo XIX

en Cochabamba de 1692 documenta más directamente una de las causas
de la inestabilidad de la fuerza de trabajo, en este caso a fines del siglo
XVII. Alrededor de la cuarta parte de los yanaconas registrados como residentes en las haciendas habían huido, y la mayoría de los ausentes pertenec ían al grupo de varones con edades de 18 a 50 años. Un total de 810
yanaconas, el 26% de su población, h~bían abandonado las haciendas de
la región, y de esta cifra 614 (16%) eran varones cuyas edades iban de
los 18 a los 50 años.5 En otras palabras, un gran porcentaje de la fuerza
laboral de las haciendas abandonó la región de Cochabamba, probablemente como consecuencia del cambio en el status tributario propuesto
por el Duque de la Palata y formalizado por decreto real en 1689.

Contrario a lo que argumenta Larson, el arriendo a cambio de trabajo
servil se originó en el siglo XVII, si no antes, como respuesta a la inestabilidad de la fuerza laboral y no a cambios en el mercado. Un inventario reali•
zado en 1666 en la hacienda Londo, en Caraza, pequeño valle que colinda
con el Valle Bajo, muestra que la tierra cedida a yanaconas ocupaba 41.02
hectáreas, el 21% de la superficie total de la hacienda de 192.40 hectáreas.6
Los hacendados utilizaban la tierra para atraer la escasa mano de obra ya
desde mediados del siglo XVII, por lo menos.
La, orígenes del colonaje en Cochabamba guardan una estrecha semejanza con la evolución del inquilinaje y del peonaje en la parte central de
Chile y en el Bajío mexicano.
Los productores chilenos de trigo exportaban hacia un reducido mer•
cado en Perú a fines del período colonial. Según ciertos cálculos la cantidad de trigo exportada a Lima podía cultivarse en unas 45 000 hectáreas,
y las haciendas del área de Santiago dedicaban un promedio de unas 25 a
100 hectareas de tierra a la producción para la economía de exportación,
apenas un pequeño porcentaje del área total de las haciendas.7 El inquilinaje se desarrolló debido a la escasez de la mano de obra, pero con el crecimiento de la población rural durante los siglos XVlli y XIX los hacenrfat.los lograron que los inquilinos les proporcionaran servicios adicionales.
El excedente de mano de obra, junto con el crecimiento de la población,
permitieron al hacendado imponer condiciones aún más favorables. A fi.
nes del XVID y principios del XIX, el crecimiento del mercado en Guana·
juato creó, en el Bajío mexicano, una demanda del trigo abastecido por
los grandes productores de las tierras agrícolas aledañas al centro minero.
Los hacendados atrajeron trabajadores agrícolas ofreciendo tierra.8

R. H. Jack,on: El colonaje en Cochabamba

151

EL COLONAJE COMO FUENTE DE RENTA FUA EN EFECTIVO
O. arguyó que el
En un estudio realizado en 1977, Gustavo ·Rodríguez
dinero pagado por concepto de renta constituyo' una ·unpo rtante . fuente
de ingresos para los propietarios de haciendas, y que esto era refleJO de la
mentalidad rentista de los terratenientes de Cochabamba. Para prob~ tal
interpretación Rodríguez presentó datos que muestran que durante cmco
de los primeros años del siglo XIX las rentas fij:15 sobre la tierra sumaron
d 57º/o del ingreso de la hacienda CalaCala, SI?1ada en las afueras de la
ciudad de Cochahamha.9 La hipótesis de Rodnguez puede ser ~u~ta a
rueba si se verifica la superficie cedida a colonos dentro del temtor10 de
~s haciendas, la renta que pagaban y las alternativas abiertas a los hacendados para la explotación directa de sus tierras.
Algunos contratos de venta y tasaciones de haciendas contienen infonnación acerca del área de las parcelas concedidas a los colonos. El
registro en 1898 de la partición de la finca MolleMolle, en Punata, ~ ~~
Alto, consignaba no sólo el área total de los dos suyos. en que fue dJV1dida la hacienda, sino también el área de los terren~s asignados a los colonos. El lote oriental tenía un área de 63.46 hec~reas, Y las parc~l:15 de
subsistencia de los colonos 2.04 hectáreas (el 3.2 fo de la superf1c1e total) La fracción occidental medía de 65.79 hectáreas y las de los colonos. 2.18 hectáreas (3.3% del total). 1º En 1889, la finca Sopo'. en el
Cantón Sicaya, Arque, localizada en un estrecho valle del. Altiplano,
presentaba un área del 310.46 hectáreas, más las tierras de pastizal y -~onte. La, cultivo~ más importantes eran trigo, cebada y papa, los b:151cos
en la agricultura del altiplano. La renta de los pastizales, el herbaje, e~
también una fuente considerable de ingresos. Los colo:os ocupab'.111 terrenos con una superficie total de 8.70 hectáreas, el 2.8 1o de 1~ hac1en~a,
y pagaban una renta anual de 193 pesos. 11 Los do~ cas~s menc1ona~os mdican que el terrateniente facilitaba sólo un pequeno porcentaJe del
área de la hacienda, aunque los documentos no registran el númer? de _colonos ni indican las necesidades de mano de obra de los prop1etanos.
Otro ejemplo es el de Arocagua, localiz_ada en el v~e de Sacaba. En
1875 el cuerpo principal de la hacienda, mcluyendo tierras en el valle
2
y colinas circundantes, abarcaba un área de 1 2~.62 ~ectáreas: : Un reporte de 1869 sobre el manejo de la hacienda brmda mformac1on acerca
de otras fuentes de ingreso aparte de los de la venta de las cosechas. La
renta fija pagada por los 121 colonos totalizaba 1 485 pesos, Y sus par-

�152

R. H. ]ackron: El colonaje en Cochabam ba

Siglo XIX

celas ocupaban 143.78 hectáreas, el 11.5% del área total. También contabiliza renta de pastizales (90 pesos), chal,a de papa, venta de restos
que tras la cosecha servían como forraje (323 pesos) y la tasación de
papa y oca (100 pesos). 13
Un caso final es el de la hacienda Hornillos, uhicada en un valle del
Altiplano, en la provincia de Totora. La superficie de la propiedad en
1867 era de 77.08 hectáreas. El demesne ocupaba 4.16 hectáreas (5.8%),
y las tierras rentadas más las parcelas asignadas a colonos, 67.92 hectáreas
14
(94.2%). Al término dersiglo XIX la proporción de las tierras asignadas
a los colonos variaba de un caso a otro, y no pueden observarse tendencias
claras en los aquí documentados.
El diner9 pagado en renta fija por los colonos en algunos de los casos
constituía apenas un pequeño porcentaje de los ingresos totales de la hacienda.

mercado sin tener q~e invertir mucho capital, ni inmovilizarlo por largo
tiempo, o preocuparse por su depreciación.

CUADR04

RENTA DE HACIENDAS EN DETERMINADOS ~os, POR REGION

Muestra

Bajo

Valle
Alto

1860-1869
1876-1885
1890-1899

65
75
59

19
16
10

199

45

VaJle

Total

Un informe de los ingresos y egresos de una parte de la hacienda Tucsapucyo, en el valle de Sacaha, para los años de 1869 a 1876, da una clara
idea de la importancia de la producción agrícola en su economía interna.
El documento (1876) menciona dos fuentes de ingreso: la venta de granos,
7 261 pesos con un real por los ocho años (90.9%); y la .renta de pastos o
herbaje, 730 pesos (9.1 %). Los salarios pagados a colonos daban un total
de 663 pesos con 3 1/2 reales, lo que demuestra claramente que el negocio
de la hacienda era la agricultura y que no en todos los casos utilizaba
la tierra como sustituto del salario en moneda. 15

se

En 1880, la mayor parte del ingreso de la hacienda Changolla, en el altiplano de Araque, provenía de la venta de granos. Según un estudio catastral preparado hacia 1912, Changolla tenía una superficie tntal de 1190.08
hectáreas, con una pohlación de 140 colonos. 16 La venta de trigo y cebada
rindió un total de 2 595 pesos (92.l %), y la renta pagada por colonos,
223 pesos (1.9% ). 17
La evidencia presentada aquí sigiere que la venta de los productos
agrícolas -y no la renta pagada por colonos- constituía la fuenta más importante de ingresos, lo que refuta la hipótesis de Rodríguez. La alternativa más común para asegurar un ingreso de parte de la tierra sin los riesgos
ni gastos de la explotación directa era la renta a corto plazo de la hacienda
completa, lo que heneficiaba tanto al dueño como al arrendador. El terrateniente se aseguraba un ingreso estable, y el arrend.atario lograba entrar al

153

Chapare/
Sacaba

Provincias del
Altiplano

TotaJ

8
12

'.13
38
45

135
140
126

31

126

401

11

FUENTES: Protocolos notariales de Cochabamba y Quillacollo, Archivo
Histórico Municipal de Cochabamba.

El análisis de tres muestras de transacciones de tierra registradas en los
protocolos notariales entre 1860 y 1899 muestra que el arrendam_iento de
haciendas era una práctica común hacia fines del siglo XIX, espe~1almente
en los valles centrales. La renta de una hacienda resultaba lucrativa y por
lo tanto atrayente, por lo que siguió siendo una alternativa a la inversión a
largo plazo que representaba su compra. Po~ otra part~,.fue la fo~a preÍfrida de admi!Wtración en el caso_ ?e las orden~ rehgio~ que aun poseían propiedades rurales. La contahihdad de la hacienda ~liza en Valle AJ.
to en el año de. 1877, tras un período de tres años _de arnendo, demuestra
la rentahilidad de esta fonna de operación. Esta hacienda, propiedad del
monasterio de Santa Clara de la ciudad de Cochabamba, era la más extensa de Valle Alto. Segu'n un ·cálculo de 1828 la hacienda sumaba una superficie de 2 563 hectáreas, con valor de 300 000 pesos. 18 ManueI Sáinz Y
José Urquidi organizaron una sociedad limitada basada en partes d~~es
para trabajarla: 80% de las ganancias para Sáinz, y 20% para Urqwdi. ~
los tres años, el ingreso neto fue de 18 952 pesos con 7 reales, lo que eqwvale a un rendimiento del 19% del capital invertido.

�154

R. H. Jackson: El colonaje en Cochabamba

Siglo XIX

CUADRO 5
INGRESOS Y EGRESOS, HACIENDA CLIZA (1875-1877)

Egresos

Ingresos

Partida

Importe

Partida

155

les servicios. Hemos encontrado dos casos en la década de 1890 en los que
la producción se organizaba basándose en la aparcería (compañía): la e&amp;
tancia Uculapia en el Cantón Pazo di Valle Bajo (1890), y la finca Alalay
en el Valle de Sacaba (1892).2º La aparcería fue ganando importancia en
los valles centrales durante el siglo XX y sustituyó al colonaje como relación dominante en las haciendas.21

Importe

La mayoría de las obligaciones incluían trabajo directo en el demesne
Venta de maíz
87 532p 1 1/2 r
Venta de papa
13 732p 4 1/2 r
5 879p 1 r
Renta de huertos
Ingresos varios
12 504p 2 r

Total

119 048p 1 r

Renta
78 900 p.
Impuesto por "exceso de predios" en 18 75
para costear la guerra
civil
600p.
Diezmo y costos
de producción
20 595 p4r
100 095 p 4r

FUENTES: Escrituras públicas, expediente No. 129, Archivo Histórico
Municipal de Cochabamba.

SERVICIOS DE MANO DE OBRA Y ECONOMIA INTERNA DE LA
HACIENDA
Un artículo publicado en 1907 en un diario de Cochabamha resumía en
forma sucinta la importancia de las obligaciones laborales de los colonos en
la explotación directa de la hacienda
Existen enormes y numerosas estancias en lastue los costos de
producción se reducen a la compra de semilla, teniendo los colonos la obligación de transportar el producto al mercado en el que
el patrón cree conveniente vender. Por otra parte, existen fincas
en las que el costo de cultivo, a pesar del alto precio de los salarios y el transporte, permanece bajo a causa de estas circunstan·
cias. 19
Los servicios prestados por los colonos incluían tres tipos básicos de obligaciones: pongueaje o servicio personal, trabajo en los distintos aspectos
de la producción del demesne, y tareas de mantenimiento y transporte del
producto al mercado. Sin embargo, no todos los terratenientes recibían ta-

y las cachas, transporte del producto al mercado, lo que eliminaba o redu-

cía los costos de producción y transporte para el propietario de la hacienda. No obstante, las obligaciones no eran las mismas para toda la región.
Nuestra intención es ofrecer un resumen de ejemplos específicos en haciendas de los valles centrales y del Altiplano, registrados en sus tasaciones
La importancia de la mano de obra en lasescasamente pobladas yungas
de la región productora de coca, en la provincia de Chapare, en la región
oriental de Cochabamba, se manifiesta claramente en una tasación de la
hacienda de Santa Rita de Pucara de 1861. El valor de la finca era de
9 275 pesos con 3 1/2 reaJes, y el principal cultivo era la coca, planta
de hoja narcótica tradicionalmente masticada por los campesinos del Altiplano para aumentar el vigor, y que hoy se usa en la producción de cocaína.
Doce colonos proporcionaban la mano de obra directa, y se contabilizaban
en el valor de la propiedad a razón de cincuenta pesos por colono: seiscientos pesos, o sea el 6.5% del valor total.22
En 1863, los 51 colonos de la hacienda Montecillo, localizada en el
cantón Tiquipaya de Valle Bajo, pagaban una renta de doce reales por arroba de tierra concedida en usufructo, abastecían de leña al terrateniente,
limpiaban el canal de irrigación, sembraban, quitaban la maleza y levantaban las cosech~en el demesne, llevaban los productos al mercado por un
salario de diez reales, y prestaban servicios personales por dos reaJes a la semana. Montecillo era una típica hacienda de Valle Bajo, que contaba con
tierras tanto en el valle como en las laderas y colinas. Las tierras principales
de la hacienda tenían una superficie de 113.51 hectáreas, y la estancia no
estaba medida. Los cultivos principales incluían trigo, maíz, papa, oca, cebada, papa lisa, quinua y hortalizas.23
En 1867, los doce colonos de la finca Caico, localizada en el cantón
ltocta cerca de Cochahamha, tenían como obligación el abasto de leña y
mukear dos veces al año (mukear era moler maíz para iniciar el proceso de
fermentación de la chicha, cerveza de alto consumo en Cochabamha y

�156

Siglo XIX

R. H. Jacklon: El colonaje en Cochabambo
24

otras partes de Bolivia). Diez años después, el número de colonos se había elevado a dieciocho, y las obligaciones eran algo diferentes: abastecer
de leña, prestar servicios personales y producir sobre la hase de la aparcería. 25

Las obligaciones en otras haciendas de los valles centrales eran similares. La estancia Choroco, en el cantón SipeSipe de Valle Bajo, contaba una
fuerza laboral de veintidós colofios y un área de 467.17 hectáreas. Los eolonos prestaban servicios personales o quedaban exentos mediante un pago, transportaban el producto y la leña al mercado y elaboraban escohas.26
Los quince colonos de Lloquemayu, en el valle de Sacaba, brindaban servicio personal y mano de obra para la producción en el demesne. 27
Los colonos de las haciendas del Altiplano tenían obligaciones semejantes: los de la finca Queraya, en Ayopaya, llevaban el producto al mercado, lo que era importante si se toma en cuenta los altos costos del
transporte y las malas condiciones de los caminos del área.28 Podemos citar varios casos en Arque y Tapacari. En 1889 las cuatro haciendas de
Sopo, Larama, Huainapata y Cori, en el cantón Sicaya (provincia de Arque), tenían una fuerza laboral total de veintinueve colonos: pagaban una
renta de 1 215 pesos y proporcionaban servicios personales y mano de
obra para el demesne. 29 La hacienda Calliri, en el cantón del mismo nombre en la provincia de Tapacari, presentaba en 1885 una superficie de
701.52 hectáreas y un valor de 31 882 pesos con 11/2 reales. Los cultivos
principales incluían maíz, vegetales, alfalfa, trigo, papa y otros tubérculos.
La fuerza laboral estaba formada por colonos y trabajadores que recibían
un salario basado en las dimensiones de la parcela que cultivaban. Sus obligaciones implicaban producir en el de.mesne, tareas de mantenimiento remuneradas con la distribución de raciones alimenticias y de coca, y el
transporte del producto al mercado por un pequeño estipendio. El terrateniente organizaba el resto del trabajo de la hacienda bajo el sistema de salarios en efectivo.30
La hacienda Londo, en Caraza, pertenecía a José Aguirre, miembro de
una importante familia terrateniente con intereses en él altiplano de Colomi, en la provincia de Chapare, el valle de Sacaba, y el Valle Bajo. La superficie de la propiedad era de 190.97 hectáreas en la década de 1890. Los
colonos mantenían y limpiaban el sistema de irrigación y otras instalaciones de la hacienda a cambio de una ración de comida, proporcionaban mano de obra para el demesne, transportaban quince cargas de leña a la ciudad de Cochahamha cada quince días por una ración de alimentos con va-

/

157

Ior de veinte centavos, llevaban el producto al mercado por otra ración alimenticia, y prestaban servicios personales al terrateniente. Los hijos de los
colonos que trabajaban para el patrón en la casa de la hacienda percibían
un salario semanal de cuarenta centavos, mientras que las mujeres, que
31
proporcionaban el mismo servicio, no recibían retribución alguna.
Durante el primer lustro de nuestro siglo el gobierno municipal de
Cochabamha administró diversas propiedades estatales en Arque, Tapacari y Vacas, y arrendó dichas tierras con el fin de obtener fondos para
apoyar la educación pública. En 1917 y 1922 el ayuntamiento publicó las
~ligaciones de los colonos en siete fincas diferentes. Su arriendo incluía el
derecho a recibir las habituales obligaciones de trabajo de los colonos. Los
de Vacas aportaban mano de obra para la producción en el demesne y en
ciertos casos se establecieron acuerdos de aparcería, transportaban productos al mercado, y prestaban servicios personales. Los colonos de las otras
haciendas tenían obligaciones similares.32

EL OCASO DEL COLONAJE
El colonaje persisti6 hasta la reforma agraria de 1953, pero su decadencia
se había iniciado al transformarse la estructura de la tenencia de la tierra
en los valles centrales. Los colonos aprovecharon la expansión del mercado de tierra para adquirirla, y en muchos de los casos compraron las parcelas que ya laboraban. A partir de las últimas décadas del siglo XIX aumentó el número de propiedades en los valles centrales, la posesión de haciendas se volvió inestable y ¡¡e subdividieron algunas de ellas. Con la
adopción de la política de libre comercio y la construcción del ferrocarril
Antofagasta-Oruro, en 1892, para unir al Altiplano con la costa, Bolivia
abrió las puertas a la harina de trigo barata procedente de Chile y más
tarde de Argentina y Estados Unidos, lo que hizo que se malvendiera el
producto de Cochabamha en su principal mercado: los centros urbanos y
mineros del Altiplano.
Con la pérdida de esos antiguos mercados se inició un período de cri-

sis y estancamiento en la agricultura de Cochabamha que contribuyó al
decaimiento de la hacienda. Algunos terratenientes perdieron sus propiedades a causa de hipotecas, mientras que otros aprovecharon el valor ascendente y la demanda de tierras para vender pequeñas parcelas.33 Al
mismo tiempo, el número de colonos disminuyó. La participación en el
mercado local mediante la venta de excedentes permitió a los cam11esinos

�158

SwtoXIX

R. H. ]aéluon: El colonaje en Cochabamba

159

sin tierras acumular el dinero auf:iciente para comprarlas.34 Entre 1882y

La habilidad para obtener esos servicios concedía prestigio a los pro-

1912, aproximadamente, la cantidad de colonos del departamento de
Cochahamha cayó de 41 491 a 31 757 (ver cuadro 6). En las provincias altas del departamento mencionado, sin embargo, los hacendados mantenían

pietarios pero, como hemos visto, guardaba importancia secundaria en el
e;quema de trabajo de la hacienda. Ya desde 1923, el Congreso boliviano
consideró establecer una legislación que aboliera el pongueaje, pero no se
realizó ninguna acción.36

la tierra agrícola casi monopolizada, y el crecimiento demográfico de los
campesinos sin tierra les permitió sacar trabajo adicional de los colonos.

CONCLUSIONES

CUADRO 6
NUMERO DE COLONOS PORPROVlNCIA EN AROS SELECCIONADOS
Provincia•

c.1882

c.1902

Cercado
Cliza
Tapacari
Arque
Mizque
Ayopaya
Chapare

1 500
12 890
8 000
4 978
5 858
4000
4 265

1394
10466
5 016
4 830
5 858**
2 317
4 265**

c. 1912
1 074
7 888
4 567
4412
6 149
4046
3 621

Total
41 491
35 146
31 757
*Se han conservado las jurisdicciones políticas que existían en 1882 para
mantener la validez de la comparación.
**La misma cifra que en 1882, lo que indica que no se había efectuado un
nuevo estudio catastral.
FUt:NTES: El Heraldo, 23-IX-1898; Zenón Cosío,Jnforme del Prefecto y
Comanda_nte ~eneral d~I. Departamento, 1915-1916 (Cochabamba, 1917);
Y Honono Pmto, Bolw,a, tierra y población. 1844-1939 (Lima, 1978).
La persistencia del colonaje y los abusos con él asociados se convirtieron en una cuestión importante para los políticos reformistas del período
posterior a la guerra del Chaco (1932-1935), y el fracaso en sancionar una
legislación refonnadora en la década de 1940 contribuyó a desatar una
rebelión campesina en la provincia de Ayopaya, en 1947. Entre los abu806
se hallaban la amenaza de desalojo y el uso de la fuerza para expulsar colo~s de _los_ terrenos de la hacienda.35 Los servicios personales eran el objetivo pnnc1pal de la reforma, pero su abolición no alteraría en lo fundamental el régimen de trabajo de la hacienda ni mejoraría el status de los
colonos en cuanto a subordinación a su dueño.

El sistema de colonaje surgió en los valles centrales de Cochahamha a principios del siglo XVII, en respuesta al dinámico mercado de granos del Potosí y a una población rural inestable. Los terrateniente adquirieron grandes extensiones de tierra fértil, y utilizaron la superficie excedente de la
que requería la producción para el mercado para atraer fuerza de trabajo
(que era limitada y, por lo tanto, significaba el insumo más importante en
llll sistema agrícola caracterizado por escasos cambios tecnológicos y una
pesada dependencia de la mano de obra). Conforme funcionaba el sistema
en el siglo XIX, los colonos cedían una renta y su trabajo, pero era esto .
último el aspecto más importante.
A fines del XIX y principios del siglo XX la crisis y la transformación
de la economía agraria de Cochabamba contribuyeron a la disminución del
colonaje, especialmente en los valles centrales. Los hacendados lo sustituyeron por la aparcería que, a diferencia del primero, transfería los costos
y riesgos de la producción al campesino. El sistema de aparceros resultó
ser una alternativa viable 'll la explotación directa por parte de los hacendados, en la economía de mercados restringidos y variables de principios
de siglo. Asimismo, los propietarios vendieron tierras, con lo que el número de campesinos independientes aumentó mientras que el de colonos
disminuyó.
En las provincias del Altiplano del departamento de Cochahamha,
por otra parte, y en e~cial en la de Ayopaya, la crisis económica tuvo
menos impacto: los hacendados mantuvieron, así, el virtual monopolio de
la tierra. El aumento demográfico entre los campesinos sin tierra permitió a los dueños de haciendas modificar las obligaciones de servicios para
imponer trabajo adicional, como también ocurrió en el valle central de
Chile durante el siglo XIX. La persistencia del colonaje en el Altiplano
contribuyó a acrecentar la tensión social que desembocó en la agitación
eampesina de 1927 coincidente con un movimiento a gran escala en todo

�160

Siglo XIX

R. H. ]ack,on: El colonaje en Cochabamba

Bolivia, y que se repitió en 1947. El programa de reforma agraria decretado en 1953 eliminó el colonaje: su mayor impaeto se dio en las provin.
cías del Altiplano.

161

9. Gustavo Rodríguez Ostria, "Acumulación originaria, ca),pitalism
º 1 o ,.Y agricultura
precapitalista en Bolivia (1870-1885), Avance, 2 (1978 pp. 1 9-1...
3
10. Registro de Derechos Reales, departamento de Cochabamba, provincia de Punata, 1898.

ll. Escrituras Públicas, expediente 147, Archivo Histórico Municipal de Cochabamba (de aquí m adelante citado como EP).

NOTAS
l. Brooke Larson, ''Economic Decline and.Social Change in an Agrarian Hinterland:
Cochabamba (Bolivia) in the Late Colonial Period", tesis doctoral sin publicar,
Columbia University, 1978, pp.117, 126. Princeton University Presa prepara
el estudio de Larson para su publicación.

2. lbid., p. 33.
3. Para las migraciones de los siglos XVI y XVII;- en el Alto Perú, véase Nicolú
Sánchez-Albornoz, Indios y tributo&amp; en el Alto Perú (Lima, 1978), pp. 74-9;
Thierry Saignes, "Ayllus, mercado y coacción colonial: El Teto de las migraciones en Charcas (siglo XVD)", en Olivia Harris, Enrique Tandeter y Brooke
Larson Participación indígena en l01 mercado&amp; 1urandino1 (Cochabamba, de
próxim~ publicación); y Ann Zulawski, "Wages, Ore Sharing._ and Peasant
Agriculture: Labor in Oruro's Silver Mines, 1607-1720", The Hispanic American Historical Review 67 (1987), 405-430. Saignes destaca que los kura~
de los ayllus del Altiplano conseguían a veces aplicar y exigir tributo a los rrugrantes proveniente de distintas partes del Alto Perú, incluso de Cochabamba.
Zulawski sefíala que los trabajadores indígimas de Oruro recordaban su- ayDu
de origen durante varias generaciones. Por otra parte, según un censo de 1683,
había forasteros y yanaconas de Cochabamba en Oruro, o descendientes de
quienes habían emigrado de Cochabamba para trabajar en las minas de Oruro.
Loe indígenas recordaban su ayllu de origen, y es posible que hayan rete~o
Jos derechos de usufructo de las tierras de la comunidad a pesar de su ausenCll.
4. Larson, "Economic Decline", p. 106.

12. Protocolos Notariales de Cochabamba, 1873, Archivo Histórico Municipal de
Cochabamba (de aquí en adelante citado como PN).
13. EP, expediente 118.
14. PN Cochabamba, 1867.

15. EP, expediente 128.

16. Catastro de la Propiedad Rústica, provincia de Arque, cantón Tacopaya.
17. PN Cochabamba, 1880.

18. Larson, ''Economic Decline", pp. 79-80.
19. La Patria, 17/IV/1097.
20. EP, expediente 153; PN Cochabamba, 1890.
21. En la década de 1940 el colonaje seguía siendo la relación laboral dominante en
las haciendas de la provincia de Ayopaya, en el Altiplano, donde la hacienda fue
la fonna primordial de tenencia de tierras hasta la refonna agraria de 1953.
Jorge Dandler y Juan Torrico, ''From the National lndigenous Congress to the
Ayopaya Rebellion: Bolivia, 1945-1947", en Remtance, R ebeUion and Comciousneu in the Andean Peaaant World, 18th to 20th Centurie,, Steve Stern
editor (Madison, 1987), p. 336. Sobre la aparcería en los valles centrales de
Cochabamba, véase Rafael Reyeros,EI pongueaje, la servidumbre personal de lo,
indios boliviano, (La Paz, 1949), pp. 225-6.

2'l. EP, expediente 104.

5. José Gordillo Claure, ''El proceso de extinción del yanaconaje en el valle d_e
Cochabamba (Análisis de un padrón de yanaconas, 1692)", Cochabamba, Dll·
meo, 1987. Algunos autores establecen una distinción entre yanaconas y colonos, pero en la práctica parece haber sido lo mismo.

23. EP, expediente 107.

6. José Gordillo Claure, ''El origen de la hacienda en el Valle Bajo de Cochabam~
Confonnación de la estructura agraria (1550-1700)", tesis sin publicar, Urovusidad Mayor de San Simón, 1987, p. 229.

25. PN Cochabamba, 1877.

24. EP, expediente 115.

26. PN Cochabamba, 1875.

7. Amold Bauer, Chilean Rural Society from the Spanúh Conque,t to 1930 (Cam·
bridge, 1975), pp.13-15.

27. EP, expediente 123.

8. David Brading, Hacienda&amp; and Rancho, in the Mexican Bajío, Leon 1700-1860

28. PN Cochabamba, 1881.

(Cambridge, 1978), p. 12.

29. EP, expediente 147.

�162

SwloXIX

00. PN Cochabamba, 1885.

NOTAS INTRODUCTORIAS

31. EP, expediente 149.

La Formación de la Clase Obrera
en Venezuela

32. Citado en Alberto Rivera,''Los terratenientes de Cochabamba", Coohabamba,
mimeo, 1987.
33. Sobre la apertura de la economía nacional y la construcción del primer ferrocarril que permitió la importación de harina chilena barata, véase Antonio
Mitre, Lo, patriarCIU de la plata (Lima, 1981), pp. 156-179. La transformación
de la estructura de la tenencia de la tierra en Cochabamba entre 1860 y 1929 es
examinada con mayor detalle en ''Liberal Land and Economic Policy and the
Transformation of the Rmal Sector of the Bolivian Economy: The C- of
Cochabamba, 1863-1929", de Robert H. Jackson, tesis doctoral sin publicar,
University of California, Berkeley, 1988.

Alberto J. Pla*

34. En 1917, por ejemplo, al concluirse el ferrocarril Ormo.Cochabamba, surgió 111
gran número de colonos y pequeños propietarios que vendían sus productoe
en Oruro. Christine Whitehead, "Cochabamba Landowners and the Agrarian
Refonn ", tesis sin publicar, St. Hugh's College-O:xford University, 1970, p.17.
35. Roger Simmons, Palea and Pucaro, A Study of the Effects of Revolution on
Two Bolivian Haciendas (Berkeley y Los Angeles, 1974), pp. 70-71. Carlos dela
Riva anplea la historia oral para documentar la violenta expulsión de colonos de
una hacienda de Cochabamba en la década de 1930: "Sacabamba, 1U1a historia
para tomar en cuenta", en Historia y evoluci6n del movimiento popular (Cochabamba, 1986). pp. 311-29.

36. El Heraldo, l/Xll{l923.

I.
El proceso formativo de la clase obrera venezolana abarca un período que
podríamos acotar entre dos acontecimientos posibles de registrar: por un
lado la aparición de las primeras organizaciones mutuales de artesanos,
poco después de mediados del siglo XIX; y por otro, el surgimiento del
proletariado petrolero, que va a adquirir una personalidad en los años
veinte del presente siglo.
Si bien la aparición de organizaciones mutuales artesanales no es expresión directa de la existencia de una clase obrera, sí constituye el antecedente que permite registrar una serie de procesos sociales, económicos
y de organización que nos conducirán a su presencia. Por otro lado, el
hecho de que aparezca conformado un proletariado petrolero no debe inducir a pensar que es recién entonces cuando se constituye un sector obrero en el país. Por el contrario, en Venezuela, lo mismo que en los demás
países de América Latina, el proceso de formación de la clase obrera debe
identificarse con el proceso de cambio de las relaciones de producción, es
decir, con la aparición de relaciones capitalistas tanto en el campo como en

*Instituto de Investigaciones. Facultad de Humanidades y Artes. Universidad Nacio~ de Rosario. Argentina. El texto reproduce la introducción a "Sindicatos y política en Venezuela. 1924-1950", tesis doctoral presentada por el autor en París VIO.
1985.
·

�164

Siglo XIX

la ciudad. Y este proceso es tardío, en Venezuela, referido aJ contexto de
otros países latinoamericanos. :
Los movimientos de contenido social del siglo XIX fueron creando
las condiciones para romper con las sujeciones precapitalistas existentes
desde el período colonial. En tal sentido, se puede decir que las guerras
por la independencia son un lejano antecedente de la aparición de un problema social en el pa Ís, pero es recién a mediados de siglo en que aparecen
movimientos con mayor contenido. Y naturalmente esta convulsión aparece primero en el campo.
Ya en la insurrección campesina de 184748 s.- levantó un programa
que reclamaba "tierra y hombres libres", y asoma entonces un pensamiento social que traducen en ados los campesinos armados. En la nueva insurrección de 1858-63, en rl mareo de la guerra federal, se plantea en el programa la "igualdad social", que el autor venezolano Federico Brilo Figueroa interpreta &lt;'Orno "subjetivamente equivalente a la abolición de las clases sociales". Si bien es un tanto exagerada tal interpretación, en dicho
programa se dice "el pobre igual al rico, el negro al blanco", y éstt' fue el
credo de los oprimidos del campo "humillados y ofendidos".1 Como se
puede apreciar aún eslá vigente la reivindicación que corresponde a las relaciones sociales de la colonia, con la equiparación de las llamadas "castas".
En el mismo trabajo Brito Figueroa enmarca estas convulsiones campesinas dPntro de un proceso de difusión de las ideas socialistas utópicas en
VPnezuela de.scfe la década de los años 40. Señala distintos aconlccimien·
los: a) la ll&lt;&gt;gada de inmigrantes franceses después de l848; b) la &lt;:dición
del periódico Credo Igualitario, en La Victoria, entre 18:'&gt;2 y l8S5, por
parlt; de Pit'rre Cerreau; c) el hel'ho de que "uno ele los rnlaboradores más
Íntimos dt' Zamora en las dos insurre,·ciones campesinas fm· el inglés José
Brandford, 4ue en 1850 escrihía crónicas para The Red Republican, ~rna·
nario cartista que se edil.aba en Londres ".2
La guerra federal, verdaocra insurrcrción camp,·sina d1· rnntcnido social, pero manipulada al Lriunfar en 1863 por sus dirig1·nt1·s lilwralcs ya 4ut·
Eze(1uiel Zamora fue mucrlo hat·ia t&gt;I final de la campaña, ha dejado al
país en una siluaeión c:rÍLi,·a: desorganiza1·ión prorlut·Liva y 1·nd1•udamimto
con el exterior. En esas 1·ondii-ionf's el presidente liLt'ral Antonio (;uzrnán
Blam·o, 4u1• asurn1· f'n l870, lralará d ... modernizar al país. Las clas1·s domina ni c.~, derrotadas 1•n la expresión de sus vif'jos eaudillos, s1· acercan al
nuevo goht&gt;rnant,• y los acuerdos surgen naturalmente.

A. Pla:" Fonnación de la cltue obrero en Venezuela

165

Desde un punto de vista económico la construcción y reparación de
caminos se complementa con la introducción de capital extranjero para
tender líneas ferroviarias. Este hecho marca el comienzo sistemático de
una inversión imperialista del capital, inglés de manera esencial, y que
se une a la existencia de la deuda externa (empréstitos) para configurar
d carácter de la dependencia venezolana en sus primeros pasos de modernización capital_ista.
Guzmán Blanco domina el panorama poi ítico venezolano desde 1870
hasta 1887. Gobernó directamente en tres períodos (1870-77; 1879-84;
1886-87 ). Venezuela sigue siendo país agrícola y sus rubros más importanles de producción son el café y el cacao. Guzmán Blanco neutralizó a los
caudiUos, centralizó el poder del Estado y estableció una firme alianza con
los hacendados, los comerciantes (casas extranjeras), iniciando la inversión
sistemática de capital extranjero. Su política liheraJ se corresponde con la
onda dominante en ese momento (matrimonio civil, laicización de cementerios, el&lt;:.).
La construcción de puentes, vías férreas, carreteras, muelles .Y enseguida el telégrafo al.rae trabajadores, se contratan técnicos e ingenieros. La
producción minera es favorecida y ciertamente los capitales extranjeros
combinan la inversión productiva (minas de cobre de Aroa, por ejemplo),
con la construcción del ferrocarril (Tucacas-Aroa) todo de capital inglés,
y que acerca la producción al puerto. Es de notar que en Venezuela no se
construyó una red ferroviaria sino líneas troncales solamente. Más aún, ni
siquiera en la actualidad existe una verdadera red ferroviaria en el país.
Si por un lado Guzmán Blanco desvirtuó el contenido de la revolución
campesina federal, por el otro se constituyó en el gobernante que intentó
en Venezuela un proceso institucional de liberalización y modernización
del Estado. En otros países ese proceso se realizó hasta su expresión final
(por ejemplo, como lo hizo la burguesía argentina a partir de 1880), pero
t'll Venezuela el proceso quedó muy pronlo desvirtuado con el regreso de
los caudillos al poder.
La fuerza de trabajo se reclutó principalmente entre los campesinos,
y este desplazamienlo se acentuó enseguida con el crecimienlo urbano. Demás está decir que aún no existía legislación laboral, excepto para compulsar la gente a Lrabajar. Típicas de ello eran las reglamentaciones contra lo
que denominaban "la vagancia". Dicen unas Ordenanzas de los años setenta:

�166

Siglo XIX

será considerado vago y mal entretenido toda persona, que a pesar
de estar en perfectas condiciones físicas y mentales no esté trabajando por el bienestar de la nación y a1 contrario causándole gastos innecesarios al Estado. Las personas que trabajan no podrán
abandonar sus empleos sin previo aviso a los dueños, pues se considerará como causante de pérdida para la nación.3
Para tener una idea sobre las características de la organización del trabajo y
el avance tecnológico, se puede mencionar que recién en diciembre de
1874 se instaló la primera máquina a vapor, en los talleres tipográficos de

La Opinión Nacional.

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

167

En 1865, el Gremio, en un Memorándum a "Senadores y Diputados
de los Estados Unidos de Venezuela", al oponerse a la manera en que se
aplicaba el arancel aduanero, clecía:
El arancel favorece la importación del artefacto extranjero que
daña al consumidor, que pone en ocio y desaliento al artesano, que
mata a las artes como está sucediendo con la herrería, con la carpintería, con la sombrería, con la latonería, con la fundición y
· hasta con la imprenta... Ya la peinetería no ~xiste, la platería
expira... el extranjero se lleva el dinero... y sus artefactos a ~oco tiempo inutilizados completamente, a la vez que han perdido
el fruto de su trabajo, ha disminuído también las riquezas del
país. . .

II.
La existencia de gremios artesanales es un hecho que viene desde la época
colonial. No obstante, aquellos gremioi,: de artesanos privilegiados prácticamente van a desaparecer al vaivén de las guerras por la independencia y
las luchas caudillescas, que durante toda la primera mitad del siglo XIX
desorganizan la vida nacional. Con el proceso de modernización comenzaron a surgir nuevos gremios de artesanos que poco después intentarán ya
organizar mutualidades de otro tipo.
El primero es el Gremio de Artesanos de Caracas, cuyos principales organizadores son Valentín Espinal y su hijo Mariano. En el Archivo Histórico
del Congreso de la República figuran las notas enviadas por el Gremio al
Congreso Constituyente en abril de 1864, así como la lista de sus miembros; y por la correspondencia se puede apreciar el tipo de actividades
que realizaba, como por ejemplo conciertos gratuitos. Su tarea más importante fue establecer un Monte de Piedad y el Banco Popular de Crédito
Mobiliario. El Gremio dice que estas actividades no deben ser consideradas
"como industria", sino como "obras piadosas". Asimismo sostiene una
Academia de Instrucción Popular, "en donde se dará instrucción gratis a
quinientos alumnos". Dicho Instituto no sólo daba instrucción gratuita
sino que proporcionó "libros a los alumnos y aún vestido a los niños que
por su extrema pobreza", en caso contrario, se verían obligados a abandonar el estudio. El Gremio se pronunció también por la lucha para "mejorar
la condición de las clases más necesitadas". La intención era que a partir
del Monte de Piedad pudiera formarse una verdadera "Sociedad de Socorros Mutuos". 4

Aparte del contenido del alegato, es interesante la enumeración de las actividades productivas consignadas: como se puede apreciar son típicamente
artesanales, y aún no se perciben las características ni ele un modo de producción capitalista, ni de la existencia di' un proletariado verdadero.
El Memorándum abunda en argumt'ntos y dice: "De allí el espectáculo
de multitud de hombres sumidos en la vagancia", a quienes luego les aplicarían las Ordenanzas contra la vagan&lt;'ia ya mencionada. Por ello agrega
que dicho comercio, que favorece a los productos extranjeros contra la
producción local, es "la tumha de las artes".5 Lo que muestra un_a clar_a
percepción de estos artesanos, pero no alcanza a proponer alternativas diferentes al predominio del capital y de los comerciantes extranjeros, y
busca sólo mantener las condiciones preexistentes sin comprender que no
era ya posible. Su dt&gt;íensa de un proteccionismo comercial tiene como referencia la defensa del antiguo taller. Ello está ubicado en el pro&lt;:eso de la
Lransición hacia la incorporación de un modo de producción capitalista en
el país, lo que llevará también a eliminar talleres artesanales)' hará emerger
algunas fábricas, aun cuando al romienzo ocupen pocos obreros. En cambio van ir surgiendo se1;tores obreros en las adividades de servicios }'
construcción (transportes, comunicaciones, caminos y puentes, etc.).

a

En relación a la prensa artesanal, puntualit·emos que en 1879 aparece
un periódico llamado El Obrero. Será el anll'c1·dentc de varios pcriódi('.oS

&lt;lcl mismo nomlm• publicados en Caracas}' Maracaibo.

�168

Sigl-OXJX

El de 1879 revela una mezcla de posiciones: si por un lado torna del
Manifiesto Comunista la consigna de que la emancipación de los trabajadores será obra del proletariado mismo, por el otro se declara cristiano.
Se editaron sólo treinta y cinco números de este periódico,
pionero de
este tipo de actividades. En 1890 aparece otro periódico El Obrero, que
sólo publicará catorce números; más coherente que el anterior ataca a la
religión y cita a Proudhom como fuente de inspiración. Hasta l 911 seguirán apareciendo diversas publicaciones del mismo nombre.
En la década del noventa, con la presencia de una inmigración europea de origen obrero y artesanal, comenzarán las referencias a las actividades obreras en Europa y sus organizaciones. Hay que tener en cuenta
que esa nueva inmigración europea incluye algunos participantes en hechos
como La Comuna de París, así como perseguidos por las leyes de excepción de Bismarck contra los socialdemócratas. Se publican algunas noticias sobre el Congreso de Liverpool y el socialismo inglés (El Pueblo, 7 de
octubre de 1890): sobre la personalidad de Engels (El Avisador Comercial,
1896); sobre los sucesos de Chicago, en diversas oportunidades. La prensa
de la época se hace eco de af'ontecimientos mundiales y es sistemática la
difusión de artículos en defensa del proteccionismo comercial como manera dt&gt; promover el desarrollo de la manufac-tura (El Mensajero).
En 1893 aparecerá una información significativa: en el Café Caracas
se reúne, el 25 de julio, un grupo de obreros alemanes que eligen como
su representante ante el VI Congreso Internacional Obrero a Franz Schleese
y el al'to termina con el canto de "La Internacional". Esto no implicaba la
existencia de un movimiento obrero -en-el sentido de verdadera organización- pero muestra un dalo interesante de la actividad precursora de los
obreros ~ue, en Venezuela como en otros países de América Latina con
ma)or fuerza, introducen concepciones qut&gt; hacen a una comprensión internacional amplia, de acuerdo con las corrientes de pensamiento de la
época. En Venezuela, esta actividad no lcndrá continuidad posterior, a la
inversa de lo que SU&lt;:edió en países como Argentina o Uruguay. Decía la
información sobre esta reunión:
Acta de la primera reunión de trabajadores socialistas de Venezuela, realizada el 25 de julio de 1893 en Caracas, en el Restaurant
'Café Caracas'. La asamblea, con la asistencia de 14 camaradas,
fue abierta por el camarada Bruno Rossner a las 9.30 de la noche.
Luego de algunas palabras introductorias de su parte, se principió
por la elección de un Buró, y se escogió para integrarlo a los camaradas: Adolfo Pickel, H. Willhoft, Bruno Rossner. A proposi-

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

169

ción del camarada B. Rossner se elaboró un acta con el propósito
de legitimar al camarada Franz Schleese por ante el IV Congreso
Internacional Obrero y fue firmada por todos los camaradas presentes. La misma es del tenor que sigue: 'Los trabajadores socialdemócratas de habla alemana reunidos hoy aquí en Caracas, capital de la República de Venezuela, en virtud de la presente, nombran al ciudadano Franz Schleese, nacido en Magdeburg el 7 de
abril de 1861 como su delegado ante el IV Congreso Internacional Obrero d; Zurich de agosto de 1893. Después de la firma de
esta acta por todos los camaradas, y luego del agradecimiento de
Fránz Schleese por la confianza en él depositada, instó al camarada Picket a transformar esta reunión de provisoria en permanente y realizar, por tanto, a la brevedad, una nueva as:im~~ea.
Terminada la parte formal, a las 11 de la noche se pros1gwo la
reunión con una pequeña tenida durante la cual se formularon
y fueron acogidos múltiples deseos relacionados con nuestras
tareas. Tras el canto de la Marsellisa de los Trabajadores, finalizó la asamblea a la una de la noche.
En 1895 se realiza la primera manifestación de desempleados. Para esa
fecha existían en Caracas unos 3 000 desocupados, y el 20 de enero
salen a manifestar a la calle. Llevan carteles con leyendas tales como
"Pedimos protección para el Gremio de Artesanos" y "El pueblo perece" y aparece un dirigente llamado Antorúo Acosta. Es disuelta por la policía y se detiene a muchos manifestantes. Ante la protesta de la prensa,
el gobernador responde justificando la represión con el argumento de
que "es la onda del socialismo que invade al Viejo Mundo". Así lo narra
Ramón J. Velázquez:
El gobernador de Caracas, Juan Francisco Castillo responde a la
prensa: "no se trata de una manifestación sino de un motín",
afirma, y explica: "no se pidió permiso ni se dió aviso a ninguna
autoridad y además las leyendas de los carteles constituían la
más clara incitación a la asonada". Y agrega Castillo: "El pueblo
conoce la penuria del gobierno" y concluye al referirse a la manifestación de trabaJadores: "es la onda del socialismo que invade al Viejo Mundo".
Al año siguiente (1896) se realizará una importante reunión: se denominará "Primer Congreso de Obreros de Venezuela", y marcará toda una
etapa en la historia social venezolana y en los intentos de artesanos-obreros por hallar formas de aglutinamiento, de organización. Este Congreso
se instaló el 28 de octubre en la Biblioteca "Obreros del Porverúr",
su
presidente fue el doctor Alberto Gonzá]ez Briceño y su secretario Leopoldo Torres Abandero. No vamos a seguir ahora la polémica entablada sobre

�170

SigloXIX

el carácter de esta reunión, pero creemos importante que sectores artesanales e intelectuales tuvieran esta iniciativa. Es más, en el orden del día
se incluyó la propuesta de formar un partido político, que no llegó a plasmarse.
Organizaron este Congreso las siguientes instituciones (que dan una
idea de su composición): el Centro Popular, el Liceo Pedagógico, la Alianza del Trabajo, la Alianza Filantrópica, y los gremios de artesanos, de impresores gráficos, carpinteros, ebanistas, etc. En un remitido publicado en
El Tiempo de Caracas del 20 de octubre de 1896, se incluyen también
otras corporaciones benéficas del Distrito Federal tales como Mutuo Auxilio, Vínculo de Caridad, Amparo Recíproco, Aurora Benéfica, etc.8
Según informa El Tiempo, 9 en el Congreso se declaró fundado el
''Partido Popular". Y ya con fecha 9 de noviembre, ese mismo periódico
anunciaba haber recibido el primer número del periódico El Partido Popular, que apareció el 7 de noviembre de 1896 y que decía ser el órgano
del "Centro Popular y de los Gremios".

Las resoluciones def Congreso se refieren a la educación popular, al
fomento de 1a "economía entre las clases obreras", a "mejorar la situación de las clases obreras según los principios del trabajo", el ahorro y el
cooperativismo entre sus miembros, etc. Este Congreso es el síntoma más
significativo de los cambios que se iban produciendo en Venezuela, y del
surgimiento de nuevas preocupaciones sociales. En este sentido debemos
puntualizar que el gremio más importante entre los presentes en el Congreso es el de los impresores de Caracas, y que ya no se trata de un gre·
mio artesanal, sino obrero. Este gremio se constituyó en 1890.
Como se puede apreciar estamos ante los primeros pasos organizativos e ideológicos. Las expresiones que se encuentran son entonces fragmentarias, aisladas, faltas de continuidad, pero al mismo tiempo significa·
tivas. Hay periódicos, hay reuniones, hay presencia de ideas socialistas y
anarquistas. Si bien no existieron organizaciones socialistas (sociaJdemÓ·
eratas), sino sólo algunos intentos por constituirlas, las ideas socialistas
están presentes y en la prensa se recogen algunas de sus manifestaciones.
En 1893 escribía Pedro E. CoU sobre el lo. de mayo:
es un día grande y hermoso para todos los que aman verdadera•
mente al pueblo y anhelan el triunfo de la verdad... pero taro·
bién... es el día en que la gran familia obrera, compacta, for-

A. Pla: Formación de la cla# obrera en Vennuela

171

mando un solo cuerpo y una misma alma, se presenta al gobierno y a la sociedad reclamando derechos y pidiendo justicia. ..
así como también es el día cuando ... los gobiernos se rodean
con bayonetas, la policía se dispone a hacer fuego sobre el pueblo y la gente acomodada se va al campo, a sus quintas, lejos,
bien lejos... IO
Este Pedro Emilio Coll será luego ministro de Fomento del presidente de
Venezuela José Gil Fortoul, durante un breve interregno en el período
gomecista. Es decir, durante el largo período d?minado J&gt;C?r ~a dictadura
de Juan Vicente Gómez (1908-1935), en la que este gobemo directamente
0 a través de presidentes adictos. CoU era ministro en el año 1914, cuando
estalló la importante huelga de los telegrafistas que fue, aparentemente, la
primera huelga nacional de un gremio en Venezuela; y como ministro la
enfrenta y trata de derrotarla.
La formación de la clase obrera y las primeras organizaciones artesana-

les y de apoyo mutuo fueron suficientes para asustar a las clases dominantes, que creían o querían mostrar los peligros de la nueva situación social.
Sin haberse constituido un sector significativo donde ya se desarrollaban
relaciones capitalistas de producción, las ideas y los programas socialistas
0 anarquistas apuntaban a expresarse. Los inmigrados europ_eos, que no
eran muchos en Venezuela, encontraron así en algunos intelectuales (maestros, abogados) y algunos artesanos, un medio propicio para sembrar las
primeras inquietudes sociales de una nueva clase social, que existía más
como germen que como realidad significativa. Mientras esto fuera así, perscmajes como Coll podían ser sensibles a ciertas reivindicaciones, como lo
hizo en 1893. En 1914 se ha trocado en ministro del sistema gomecista y
su posición ha cambiado radicalmente.
EUo no significa que estas posiciones finiseculares de obreros, artesanos e intelectuales no encontraran contradictores que veían el peligro social inherente a las nuevas ideas. Con motivo de los acontecimientos de los
años 1895-96, el periódico El Obrero Católico exclamará refiriéndose a los
artesanos: "¡Qué ejemplo para enseñamos a comer el pan, amasado con el
sudor de nuestra frente, sin soñar nunca con imposible nivelaciones sociales!". Y se lanzaba contra "la revolución" que azuzaba a los obreros diciendo: "¿Por qué ha de haber pobres y ricos? ¿Quién es ese Dios que da a
wios tanto, y a otros tan poco? Así lo grita la Revolución a los Obreros, ·
excitando en ellos la ambición, el orgullo, la soberbia y el espíritu de rebeldía ".11

�172

Siglo XIX

En resumen, para fines del siglo XIX existían en Venezuela diversos
elementos destacables en lo que se atafle al lento proceso de modernir.ación del país: la introducción en algunos sectores de relaciones de producción capitalistas, con el consiguiente efecto de la aparición de núcleos verdaderamente obreros y ya no sólo artesanales; la inversión de capital extrañjero y sus consecuencias en cuanto a la dependencia de tipo imperialista, y no sólo comercial del país, frente a los centros metropolitanos
(especialmente Inglaterra); y por último, una confrontación de ideas sociales distintas, unido a intentos organizativos que no por incompletos o
fracasádos dejan de ser parte de las nuevas condiciones.
En lo que se refiere al petróleo, señalemos que ya en 1878 se había
otorgado una concesión para su explotación a la Compañía Petrolia del
Táchira. Sus operaciones son las primeras en este rubro, y sólo nos indica una fecha en que las actividades ligadas a este tipo de actividad económica comienzan a expresarse. Los trabajadores de estos campos son más
bien jornaleros en pequeño número, aunque al mismo tiempo constituyen
d antecedente de la formación del proletariado petrolero.

' en Caracas y
En 1902 aparecen varias entidades de tipo mutualista
en el puerto de La Guaira (en esta última se denominará "Sociedad Vínculos de Caridad'} Y también en otras ciudades del país comienzan a formarse mutualidades de trabajadores de talleres de pequeña producción.
Una de las características de la época, es que los diversos gobiernos, en
época de crisis, rebajan los sueldos de sus empleados. Así por ejemplo, en
agosto de 1901 se disminuyen los sueldos como consecuencia de la guerra
civil, y la rebaja es "proporcional de los sueldos que pasen de cien bolívares, desde un 15 hasta un 500/o. Esto último para los de mil bolívares en
adelante ...",12 según consta en el periódico El Obrero de Maracaiho. Un
poco más adelante se mencionan los sueldos que se pagan en las oficinas de
telégrafos: Jefe de estación, 120 bolívares; guarda, 60 bolívares; repartidores, 1 Oholívares.13

m.
En la primera década del siglo se hacen más frecuentes los movimientos de
protesta de diversos sectores de trabajadores.

A. Pla: Formación de la cime obrera en Venezuela

173

En 1908 hay una huelga en el puerto de La Guaira y otra de tranviarios de la ciudad de Caracas. Por fin, en 1909 se registrará un nuevo intento organizativo de las asociaciones activas en el momento, y que agrupan a
verdaderos núcleos obreros. Se trata de la "Asociación ele Obreros y Artesanos del Distrito Federal", que publica un órgano de prensa: Unión Obrera.

Ese mismo año se aprobó el Estatuto del Gremio de Tipógrafos, que
ya cuenta entre sus estipulaciones que quien·sea presidente de la República será Presidente Honorario de la sociedad. Así el Gremio se dirige a Juan
Vicente Gómez para comunicarle su designación como Presidente Honorario. Era un requisito legal para poder actuar, pero se debe tener·en cuenta
que el gobierno de Gómez, en sus primeros años, no era todavía la dictadura que fué posteriormente. En ese momento, era sólo el caudillo de turno.
Es oportuno señalar que Gómez había derrocado a su compadre el
general Cipriano Castro en 1908, quien gohemaba desde 1899. Castro se
caracterizó por oponerse a pagar las deudas a las potencias extranjeras, con
lo cual adquirió una cierta aureola de luchador nacionalista, y ello suscitó
un conflicto internacional en 1902. En ese año las escuadras alemana e inglesa bloquearon las costas venezolanas. Ese bloqueo se produjo mientras
se desarrollaba en el país una insurrección armada dirigida por Manuel A.
Matos. Fue la llamada "Revolución Libertadora " y estuvo financiada por
empresas como Raison and Co. de Londres, el Ferrocarril Alemán, The
New York and Bermúdez Co. y la Corporación del Cable Submarino, francesa.
La coincidencia del bloqueo llevó a que la burguesía y los comerciantes locales se unieran al reclamo de que Castro accediera a las demandas de
las escuadras que cerraban los puertos. Castro se niega. Hay una acción mi~tar con la cual, el 17 de enero de 1903, los buques de guerra alemanes trataron de romper la barra del puerto de Maracaibo, pero fracasan por la
eficaz acción de la artillería venezolana. No obstante, Castro debe acceder
a garantizar el pago de la deuda con el 30% de los ingresos del puerto de
La Guaira. Con todo esto se suscita una intervención holandesa y también
de los Estados Unidos, y continúan los roces con las grandes potencias
hasta que, el 20 de junio de 1908, este último país rompe relaciones con
Venezuela. Pocos días después también lo hace Holanda. Castro ha enfermado y Juan Vicente Gómez aprovecha para tomar el poder manifestando
que se trata de "una evolución dentro de la misma causa ".14

�174

Sigk&gt;XIX

Gómez cuenta con apoyo del exterior, y especialmente de los &amp;tados
Unidos. Se inicia así una larga dictadura que si comenzó como otro pron~~ciamiento ~udill~, será al mismo tiempo el último caudillo del tipo
mihtar-&lt;¼lmpesmo del siglo XIX. Sólo que Gómez aprovechará la bonam.a
petrolera para convertir al país en monoproductor, garantizando a las compañías extranjeras el orden necesario para su explotación. Se convierte así
en gendarme de las compañías para asegurar ei' funcionamiento de los campos de petróleo. Los grandes beneficiarios, a través de un proceso de traspaso de concesiones de exploración y explotación, serán la Standard Oi)
Co. y la Royal Dutch Shell.

Las relaciones de producción capitalistas -empero- se abren paso
muy lentamente. Un documento de 1911 explica cómo se realizaban las
tareas rurales. Según testimonio asentado en el Archivo Histórico de Miraflores,15 la carta que envía desde Santa Bárbara del Zulia el Jefe Civil del
Distrito Colón al presidente Juan V. Gómez, describe como "completa~ente desastroso y tirano (...) el mal tratamiento que tienen los peonesJOmaleros de las distintas haciendas del Distrito", y califica la situación no
como de ciudadanos libres sino "como de animales y esclavos". El mecanismo de explotación incluye multas y demás "cargos indebidos" a los
efectos de "sostener el hacendado una deuda de cada peón, para que éste
esté obligado a vivir esclavizado en un trabajo, perdidas por completo sus
garantías ciudadanas".
Como se puede apreciar se trata de la supervivencia de relaciones sociales de producción muy comunes en la América colonial, que se han
denominado sistema de "peonaje", o sea servidumbre por deudas. El salario rara vez supera los dos bolívares diarios, que generalmente recibe el
peón en mercancías, cuyo precio está recargado por el monopolio que ejerce la tienda de raya de la hacienda. A veces para mencionar el valor de una
hacienda no se dice cuánto cosecha, sino cuánto produce la pulpería. Estas
formas precapitalistas siguieron prevaleciendo hasta casi mediados del siglo
XX, pero en la época en que el Jefe Civil hizo su denuncia era lo común.
Sobre todo se debe tener en cuenta que nos estamos refiriendo a un distrito
e~ donde,se ha dado ya el impacto del desarrollo petrolero, y es de las reg10nes mas adelantadas del campo venezolano. Para terminar la anécdota
diremos que los hacendados de la zona y los personeros gomecistas acusarán
al Jefe Civil. Entre los acusadores se encuentra el general Régulo Olivares,

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

175

a quien veremos aparecer unos años más tarde en la escena política de Maracaiho, y un tal señor Ménd~z, que consiguen al poco tiempo una solución
acorde con la orientación del propio Gómez: la destitución del Jefe Civil.
Entre febrero y marzo de 1914 se llevó a cabo el movimiento de huel-

ga más importante del período que estamos tratando: la huelga de los telegrafistas, que adquiere carácter nacional. Se quejaban de Ja rebaja de sueldos y de la limitación de las partidas para el mantenimiento de los equipos.
Indica el documento del Archivo Histórico de Miraflores:
En marzo de 1914, los telegrafistas de todo el país fueron al paro
por razones laborales. La Dirección General de Telégrafos había
acordado una rebaja general de salarios y la eliminación de las partidas destinadas a la conservación de los equipos. A esta disposición que afectaba de manera grave a la vida familiar de los operarios, respondieron los trabajadores. Al movimiento de protesta
iniciado por los operarios de la Estación Central de Caracas respondieron los Jefes de Estación Oriente, encabezados por Jacinto
López, Carlos Savelli, Felipe Rivas, J. Fernández Ortíz y F.
Croes, de Irapa, Macuro, Yaguaraparo, Río Grande y Güiria, respectivamente. Otro tanto hicieron desde Río Chico Nemesio Parada, Abraham Carrillo, Femando Azpurúa y Domingo Russián.
Igual Valencia, Trujillo, Maracaibo. En San Cristóbal la intervención de Eustoquio Gómez impidió el movimiento de solidaridad.
El Presidente Provisional Dr. Gil Fortoul dictó medidas de prisión
contra los promotores de la huelga. 16
Los trabajadores, al recibir la comunicación con las mencionadas medidas,
envían inmediatamente un telegrama al Direclor General en el cual terminan manifestando: "Esperamos aumento de sueldo y mejor trato o reemplazo inmediato". El gobierno decide un aumento de 10 bolívares por
quincena, que es rechazado. El 2 de marzo, en otro telegrama, los trabajadores dicen que no sólo protestan sino que renuncian a sus cargos, "si no
se nos aumenta el sueldo. Los telegrafistas de Venezuela son demasiado
abnegados para tan poca recompensa".
El movimiento sigue y se forma una Junta de los operarios para hacer
frente al gobierno. Es interesante notar que los telegrafistas siguen en sus
puestos y controlan las líneas de la red, por lo que sus telegramas, organizando nacionalmente la huelga del gremio, es un instrumento esencial de la
lucha. Su actuación es legal y hasta las convocatorias a las reuniones las
hacen por la red nacional de telégrafos. Est.á insinuada una ocupación de
las fuentes de trabajo, y el gobierno reacciona ordenando la prisión de to-

�176

Siglo XIX
A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

dos los jefes de estación. Los operarios responden y desde Oriente llega el
primer telegrama a las autoridades: "Pedimos se suspenda la orden de prisión contra los jefes de estaciones de esta ciudad y de Carúpano, o si no
que se ordene también nuestra prisión, pues somos solidarios de nuestros
compañeros".
Este telegrama muestra la segunda faceta importante que podemos
destacar de este movimiento, no muy bien conocido por lo fragmentaria
de la información que nos ha llegado. Si por un lado es un movimiento
nacional y los operarios actúan durante varios días ocupando las estaciones y utilizando la red telegráfica, por fin demuestra un solidaridad en la
lucha que caracterizará m~chas luchas obreras venezolanas posteriores.
Digamos por último, que el propio documento del Archivo señala:
"No se encuentran en el Archivo documentos que relaten el finaJ de la
jornada, pero a deducir por uno de los últimos telegramas que aquí se
publican, los telegrafistas lograron las modificaciones del Presupuesto que
originó la protesta".
En 1918 se produce otro movimiento importante: la huelga ferrocarrilera del mes de junio. En la zona de Aroa se encontraban minas de cobre que habían S1do explotadas desde mediados del siglo XIX con intervención de capitales británicos. Asimismo, desde la costa. y aprovechando
el puerto de Tucacas se extendió la línea ferroviaria de Aroa-Tucacas, por
supuesto también de capital inglés. Citando a Carlos E. Febres se constata :
Desde principios de 1918 los empleados y obreros del ferrocarril
Tucacas-Aroa comenzaron a expresar su descontento por los bajos
sueldos y salarios que devengaban, así corno por las pésimas condiciones de trabajo que imperaban en la zona. Vale notar que las
relaciones de trabajo estaban regidas por el "Re;Iamento Interno
de Ferrocarriles Ingleses para América del Sur". 1
Y un poco más adelante:
Los primeros días de julio estalló la huelga y paralizó totalmente
las actividades de la "Bolívar Railway Company Limited" en sus
estaciones de Aroa, Tucacas y Duaca así como las actividades extractivas y procesadoras de la "South American Copper Synd.icate
Limited". El conflicto ocasionó también la paralización del tráfico de goletas entre Tucacas y las Antillas Holandesas, ya que por
el tren eran embarcados los productos agrícolas que abastecían a
Curacao, Bonaire y Aruba.

177

El gobierno de Gómez envió fuerzas policiales y un comisionado, ante lo
cual los huelguistas descarrilaron trenes de carga en diversos tramos de la
línea y paralizaron el tráfico en forma completa. Ante la gravedad de los
hechos las compañías ofrecen un pequeño aumento de salario, que los
obreros resisten. No obstante, la represión traducida en la detención de un
grupo de trabajadores termina por hacer que los ferrocarrileros acepten el
ofrecimiento de la compañía. Es interesante notar cómo aquí también aparece una acción obrera muy decidida, con el descarrilamiento de trenes,
métodos de lucha que no se volverán a repetir más adelante.
En ese mismo año de 1918 se publica en Caracas un periódico que
volverá a llevar el nombre de El Obrero. Su principal animador es Leopoldo Torres Abandero, a quien vimos como secretario del Congreso Obrero
de 1896. Los primeros siete editoriales están dedicados a explicar "Qué es
bolchevismo". Con respecto a este atrevimiento, es necesario aclarar que la
prensa del régimen gomecista venía sacando artículos sobre la revolución
rusa, terminando siempre por mostrar que los bolcheviques eran propiamente el diablo, arrasaban los campos y realizaban desmanes y saqueos de
todo tipo. Torres Abandero pensó narrar con mayor objetividad los hechos, lo cual en verdad lo ubicaba en una línea de simpatía hacia la revolución rusa y los bolcheviques, sin que se pueda afirmar que fuera comunista.
Sin embargo, y a pesar del tono descriptivo y periodístico de los textos, la
dictadura no se engañó:
El Obrero es clausurado violentamente, incinerados los ejemplares

localizados y solamente se salvan algunos números que sirven de
apoyo a esa referencia histórica. Los redactores son presos y conducidos a La Rotunda de donde jamás salen en libertad: allí mueren tal es la orden de Juan Vicente Gómez, quien sí intuye la
' que diSlffiU
. 1an aquellos e diton.ales... 18
verdad
Aclaramos que La Rotunda era la prisión gomecista, que se hizo famosa
pues allí iban a parar los presos políticos en -esta época. Salir con vida de
La Rotunda era casi un milagro.
En 1919 se organizó una Confederación General Obrera sobre la base
de los trabajadores tranviarios de Caracas, del Gran Ferrocarril y de Teléfonos, participando también obreros de la electricidad. Publicó otro periódico El Obrero de corta vida.
En ese mismo año hay diversas huelgas, como las de los zapateros,

�178

A. Pla: Formación de la clase obrera en Venezuela

Siglo XIX

tranviarios, tipógrafos, de miner&lt;?S dP cobre de Aroa (que consiguen un aumento de salario de 15,5 céntimos diarios), etc. Los tranviarios realizaron
diversos movimientos durante este período } se pueden contabilizar las
huelgas reivindicativas de 1913, 1919, 1921, 1925 y 1930, según testimonió más adelante Pedro Ortega Díaz, abogado del sindicato y dirigente comunista.19
Es dP destacar que en esos años se desarrollan divrrsas actividades económicas 4ue serán centro dr formación de núcleos proletarios: una fábrica
de cemrnto en La Vrga, varias fábricas de cervPza y de textiles, moderni1,ación dP los ferrocarriles, } otras. Con el fin de la Primera Guerra \1undial
Uegarán a Venezuela varios militante~ anarco-sindicalistas qut&gt; influyeron
para organizar diversos sindicatos di' oficios: zapateros, albañiles, carpinteros, panadt&gt;ros, empedradores de calles y caminos, etc. Estos sindicatos de
oficios muestran la existencia amplia de talleres donde se mezcla la vieja
relación artesanal subsistente con el proceso de la formación de una clase
obrera manufacturPra más diversificada.
Otra huelga importante de este período es la del puerto de La Guaira,
Pn junio de 1919. Los trabajadores de The La Guaira Harbor Corporation
Ltd ., ped Ían un aumento de sueldo dt&gt; tres bolívares por tont&gt;lada que S&lt;'
descargara. Estos trabajadores cumplían un horario de trabajo de 10 horas
todos los días, indu idos los domingos. La huelga duró menos de una semana. El administrador informó así sobre el movimiento:

. . . fuí infonnado por el caporal que él podía formar una nueva
cuadrilla para atender el trabajo, pues había hombres suficientes
dispuestos a trabajar. Le autoricé para ello y más tarde me informó que tenía una cuadrilla de 40 hombres y los extraordinarios
que necesitase... En las primeras horas de la mañana como 10 de
los huelguistas se estacionaron en la puerta inferior del rompe
olas diciendo que no pennitirían pasar a ningún hombre de los
muelles; informé al prefecto de esto y él ordenó a la policía que
hicieran salir dichos hombres de las propiedades de la compañía;
salieron todos y entonces la nueva cuadrilla pasó a los muelles y
se dió comienzo a la descarga del vapor; pero al salir el primer
tren de pasajeros y equipajes, los huelguistas aumentados por muchos otros hombres del pueblo, detuvieron el tren en aduana, diciendo que no permitirían descargaran el equipaje ...20
Con esta solidaridad del pueblo del puerto, los huelguistas consiguen hacer
retroceder a la compañía, que acepta una mediación del Prefecto. Los
trabajadores nombran una comisión que los presenta y se llega al acuerdo

179

de volver al trabajo pagando la compañía 2 ,25 bolívares por tonelada descargada, y un bolívar extra si la tarea se realiza después de las seis de la
tarde, o en d Ías domingo o feriados.
En relación a los ferrocarriles y sus trabajadores, sPñalemos que de
acuerdo con las investigaciones de José l. Urquijo se consiguió en ese sector el primer contrato colectivo en Venezuela, tan temprano como en

1919.
El ferrocarril tiene una larga historia en el país, pues los primeros intentos de trazar una línea se remontan a 1835. Luego de diversos proyectos fracasados, fue en 1877 cuando se logró este avance. Se trataba precisamente del ferrocarril que unía Tucacas con las minas de Aroa. En 1914
existían diez líneas de ferrocarril , con una extensión de 831 kilómetros
de acuerdo a los datos del ministro de Obras Públicas. La mayorÍa de ellas
df' capital extranjero. A ello había que agregar unos 98 kilómetros más de
vías locales para la actividad minera.
El Gran Ferrocarril de Venezuela, al cual sr lo conocía como el ferrocarril alemán por estar en manos de capitales alemanes, era una de las
mejores IÍneas y tenía una longitud dr 180 kilómetros. Su estación de partida estaba situada en Caracas y tocaba veinticinco estaciones hasta llegar
a la ciudad de Valencia. Para 1911 el ferrocarril alemán contaba con 423
trabajadores y es de hacer notar que la mayoría tenían alguna calificación,
dado el tipo de actividad .
En 1919, según el periódic? El Obrero, había dos gremios de trabajadores ferroviarios: la Corporación Obrera del Ferrocarril Central de Venezuela y la Corporación Obrera del Gran Ferrocarril de Venezuela (el ferrocarril alemán). La empresa del ferrocarril alemán era de las que se podían
drnominar progresista para su época, ya que había construido hospital para sus obreros, cuidaba las condiciones de trabajo y estimulaba el trabajo
con premios y reconocimientos. El 19 de julio de 1919 la empresa accedió a firmar un convenio con sus trabajadores. En dicho convenio, que
llrquijo considera legítimamente un convenio colectivo, se estipulan varias
conquistas de los trabajadores, que en esta oportunidad no fué necesario
arrancar por medio-de un movimiento de fuerza. El convenio, publicado en
El Universal del 18 de julio de 1919, lleva por título "En el Ferrocarril
Alemán; Bases del Acuerdo entre la Dirección y los Empleados y Jornaleros". Se consignan allí once cláusulas, de las cuales las más salientes dicen:
a) aumento de sueldos y jornales de un 25% siendo el minimum Bs. 40

�180

Siglo XIX

y el máximo Bs. 50; 2) todo empleado con más de cinco años de antigüedad tendrá sueldo mensual; 3) se fija 9 y media hora de trabajo para todos
los jornaleros; 4) se acepta un seguro por accidente que será entre 2 500
Bs. y 5 000 Bs. "tomando en consideración las condiciones de tiempo y
sueldo del empleado"; 5) se dará un descanso anual de quince días a todo
empleado a sueldo: 6) habría indemnización en caso de muerte del trabajador; etc.21

A. Pla: Fonnación de la clase obrera en Veneruela

181

ro se vio en aprietos para rescatar un pasado comunista que tuvo influencia
real en el movimiento obrero, al mismo tiempo que tomaba distancia con
las primeras actividades de esos comunistas.
Con respecto a Pío Tamayo, un comunista romántico de su época y
no un anarco comunista, los testimonios son unánimes al declarar que
hablaba no sólo de materialismo histórico, sino de organización sindical y
política.

IV.
Según Rodolfo Quintero, militante comunista de muy vasta y contradictoria trayectoria, el movimiento obrero venezolano se inició con la
influencia anarco sindicalista. En realidad esta visión es exacta a medias,
ya que si bien Uegaron anarcosindicalistas al país lo cit&gt;rto es que diferenciar a los primt&gt;ros comunistas de aquellos sindicalistas es tarea difícil.
Ha) elementos contradictorios de tipo ideológico a considerar. Quintero
dice así, por ejemplo, en un trabajo:
... el predominio del taller artesanal y la pequeña manufactura,
las prédicas y gestiones de los anarcosindicalistas europeos, espa-

ñoles e italianos principalmente, y el contacto con un grupo de
estudiantes influenciados por las charlas del anarco comunista
Pío Tamayo en los calabozos del Castillo de Puerto Cabello fueron los factores económico-sociales e ideológicos que signar~n la
propaganda obrerista de los primeros tiempos.22
Como dijimos, Quintero, como comunista, en sus escritos más actuales da
una versión matizada de los ht&gt;chos pasados. Hay que recordar que como
militante tuvo actuación destacada aún antes de participar en la fundación de un sindicato en 1932, en la zona petrolna.
Pero t&gt;I argumento de Quintero es que él mismo fué influenciado en
aquella época por las ideas anarquistas, razón por la cual se hizo una autocrítica. Era la manera más rápida y menos comprometida de borrar
la actividad de los comunistas venezolanos, especialmente a partir de
1928 cuando imperó el criterio de lucha de "clase contra clase" en la
lntrrnacional Comunista. Se descalificó toda una época, hasta 1935, invocando una influencia anarquista que part&gt;cc enorme ) en realidad ha
sido pequeña. Es sintomático que rsas influencias "anarquistas" se tra·
duzcan en incitación a actuar en política, lo que estaba más de acuerdo
con la posición comunista del llamado "tercer pt&gt;ríodo ". Sólo que Quinte·

A Pío Tamayo oímos por primera vez en su charla llena de imágenes poéticas, el relato de las luchas de los partidos políticos, de las
huelgas, de la constitución de los sindicatos.
A él, quien estaba en vigilia permanente de muerte, le escuchamos
por primera vez una concepción materialista de la historia y una
teoría cabal de cuanto acontecía en Venezuela.23

Pío Tamayo era un poeta, con lecturas del materialismo histórico y una inquietud política que lo hizo caer en los sótanos de la cárcel. Pero los comunistas, incluso aún dirigentes del Partido Comunista venezolano hasta pocos años 'atrás, se nutrieron de aquella influencia de la cual Tamayo fue
uno de los primeros en abrir un nuevo horizonte.
Sin embargo Quinteto dice que los rasgos anarquistas de aquel período
inicial se pueden observar por las "formulaciones, objetivos y tácticas,, de
las organizaciones de la época. La autocrítica de Quintero llegó a mencionar que
las "Lecciones Obreras" redactadas por mí y difundidas en Caracas en 1930 reflejan un estado de confusióo ideológico y los efectos de los planteamientos hechos por aquellos equivocados pero
respetables compañeros anarco-sindicalistas. Los gremios de panaderos, tranviarios y otros organismos denominados de "mutuo
auxilio" fueron seriamente penetrados por las ideas de Proudhom
y Bakunin.
Es más, sostiene que en el sindicato petrolero, SAMOP, fundado en 1932,
"predominaban tendencias anarquistas". Es importante señalar que esta es
la fecha también de la aparición del primer manifiesto del Partido Comunista. Y es interesante encontrar la coincidencia de lo que dice este manifiesto con lo que, a la distancia de los años; Quintero califica de anarquismo. La concepción de clase contra clase inspiró el primer manifiesto comunista.

�182

Siglo XIX

Ya volveremos sobre el problema del comurúsmo. No obstante no queremos negar la existencia de la influencia anarquista. Existió y se expresó
en la organización de los sindicatos por oficio, que es parte de toda una
concepción, pero en forma limitada. El periódico Compañero transcribía
un testimonio interesante de un viejo militante sindical:
Yo recuerdo, ya para los años 27 y 28, época de las luchas estudiantiles, que todavía existían muchos anarcosindicalistas. Ellos,
subestimaban al partido político y le daban fundamentalmente
importancia al sindicato. Consideraban que el sindicato era la
fuerza definitiva para la transformación de la sociedad y que la revolución tenía que fundamentarse en una huelga general que desquiciaría la actual sociedad y que necesariamente convertiría a la
clase obrera en el elemento determinante de la dinámica social.
Ellos predicaban esto e impulsaron organizaciones de las más antiguas, como la de zapateros, albañiles, y algunos grupos gráficos
que nacieron bajo el signo del anarcosindicalismo... Los anarcosindicalistas fueron los que enseñaron a los intelectuales las primeras cosas referentes a los sindicatos.24
Junto al proceso de formación de la clase obrera y las primeras manifestaciones organizativas así como de las luchas que entablaron, se va a ir
desenvolviendo un proceso de resistencia a la dictadura de Juan Vicente
Gómez: culminará en la formación de diversas organizaciones políticas.
Cipriano Castro fué el que inició el dominio de un grupo de caudillos
del estado Táchira de los Andes venezolanos. Los sucesivos gobernantes
desde 1899 hasta 1945 son tachirenses y generales (Castro, Gómez, López
Contreras, Medina Anagarita ), y especialmente Gómez combinó todas las
artes de la dictadura con la represión más violenta en beneficio del grupo
de hacendados, del qüe formaba parte, y de las compañías petroleras. En
el gobierno se convierte en el aliado de las empresas petroleras, que encuentran en el gobernante venezolano la garantía policial para la impunidad de sus actividades.
No obstante, esta situación generó recelos y resistencias. Hay una
combinación de elementos en esta resistencia a Gómez: viejos caudillos
desplazados, nuevos sectores sociales que buscan mejorar sus condiciones
de existencia como son los trabajadores de diversos ramos y por fin, el
surgimiento de un sector de intelectuales y estudiantes que van a nutrir
varias empresas antigomecistas.
Surgen entonces diversas organizaciones políticas, donde la mayoría

A. Pla: Formación de la clase obrera en Veneruela

183

de las veces. se confunden algunos viejos caudillos con los jóvenes estudiantes que quieren abatir la dictadura. Haremos una menció~ de algunas
de estas organizaciones, con la intención de mostrar que aun antes de
1928, fecha de la rebelión estudiantil, ya existía un gérmen de preocupación y organización política. Las diversas organizaciones que van emergiendo muestran los intentos, en c_ondiciones de clandesti~dad, r~r encontrar una respuesta política y aun social como alternativa al regimen.
Si la dictadura no fué abatida, ya que se mantuvo hasta la muerte de
Gómez, en diciembre de 1935, es importante señalar la existencia de
elementos que explicarán a los protagorúslas posteriores. En este ~er~odo
que cubre de 1918 hasta 1929 se pueden considerar dos etapas distintas
en cuanto a organismos de resistencia contra la dictadura.
En primer lugar una etapa de organizaciones en el exilio, que resumidamente comprende las siguientes:

1918- "La Nueva Venezuela", en Nueva York. Son conservadores, pretendían invadir

1918-

Venezuela, pero no lo consiguen.

"La Unión Patriótica". Del mismo carácter que la anterior.

1918- "La Sociedad Patriótica". Del mismo carácter que las anteriores.
1919- ''Partido Republicano Democrático", en Cúcuta, Colombia. Son
nacionalistas y como los anteriores se preparan a invadir a Vene•
zuela, sin lograrlo.

1922- ''Partido Republicano", en México. Se los ha calificado de socialistas utópicos, se inspiran en la revolución mexicana. Organizaron dos invasiones: una es la de Arévalo Cedeño en marzo de
1924 a través del Río Arauca (Colombia): y la otra es la de Rafael
Simón Urbina, que lo intentó por Coro en Venezuela.

1922- ''Unión Revolucionaria Venezolana", que se organizó también en
México y pretendió invadir, sin conseguirlo.
Estas organizaciones todavía reflejan la presencia de corrientes tradicionales de la política venezolana: viejos caudillos desplazados, en su mayoría de mentalidad conservadora o en el mejor de los casos nacionalista.

�184

Siglo XIX

Algunos de los protagonistas de estas luchas contra Gómez participarán en
las organizaciones que surgirán en Ja segunda etapa que hemos mencionado.
Esta segunda etapa ve nacer a otro tipo de organización, con una preocupación social mayor. Entre otras comprendió:
1926- "Partido Revolucionario Venezolano" (PRV), que se organiza en
México. Quieren invadir pero se fijan el objetivo político de
concientizar al pueblo, y buscan desarrollar en el interior del país
una acción coordinada con el grupo en el interior. Hay allí ya una
influencia de la Internacional Comunista que se combina con la
de la revolución mexicana. Plantean ''la emancipación del obrero
de la arbitrariedad capitalista". Intentó dos veces derrocar a Gómez. La primera invasión la dirigieron Gustavo Machado -luego
uno de los principales dirigentes comunistas hasta la época presente- y Rafael Simón Urbina, por la vía de Curacao. Esta invasión
tuvo ribetes de heroísmo y fué el más importante de todos los
intentos desde el exterior. Después de derrotada esta invasión en
territorio venezolano, Urbina realizará un segundo intento, también fallido.
1927- "Unión Cívica Venezolana", en Nueva York. Se pronuncia contra
el caudillismo y contra el comunismo.
1929- ''Partido de Liberación Nacional", en París. Organizan una invasión por el oriente de Venezuela, entrando por Cumaná. Antes de
ser derrotados tienen varios choques armados importantes.
Como se puede apreciar, al mismo tiempo que la dictadura se consoli-

da, se va modificando de manera paralela el tipo de organización que surge
para oponerse. El más importante sin duda es el PRV, que va a ser un centro de aglutinamiento de los pocos comunistas venezolanos de la época. Hay
que tener en cuenta que la presencia de la Tercera Internacional en el Caribe, por esos años 20, va a ser importante y también surge allí, con sede
en México, la Liga Antimperialista de las Américas, que publica un periódico llamado El Libertador por lo menos entre los años 1925 y 1928. En
dicho periódico figuran como miembros de su dirección dos destacados comunistas venezolanos: Salvador de la Plaza y Gustavo Machado. Se destaca
por el apoyo a las luchas de Sandino en Nicaragua, y si en general se queda
en un planteamiento antimperialista, preconiza la táctica de "frente único",
aprobada en el Primer Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista en diciembre de 1921.

A. Pla: Fonnación de la clase obrera en Venezuela

185

Por último mencionemos la existencia de una organización denomina-

da ''Unión Obrera" , formada por emigrados venezolanos en Nueva York
y cuyo principaJ dirigente es el doctor Carlos León. De este grupo, José
Rafael Pocaterra dijo en sus Memorias:
Venía a ser este grupo, chico y todo, un punto de contacto para
corrientes dispersas . . . Pero naturalmente fuera de los intereses
de los dos o tres que dragoneaban allí de jefes, acogióse con simpatía y algunos les prestaron ayuda -nunca mejor que el sacrificio que se imponían sus propios fundadores- a aquel grupo, y se
25
creyó que sería el núcleo de un partido obrero organizado".

OTAS
l. Brito Figueroa, Federico. TAS repercusiones de la revoluci6n socialista de Octubre en Venezuela. Ed. Vanguardia, Caracas, 1977.
2. Brito Figueroa, Federico. Las repercusiones. .. , op. cit., p. 17.
3. Ordenanzas 1870-1876. Resoluciones y Acuerdos sancionados por el Consejo
Municipal. C~nsejo Administrativo del Distrito Federal. Secció? XXV, p. 41~3.
Citado por Carlos E. Febres et. al." Antecedentes y primeros nucleos proletanos
venezolanos 1870-1914". Facuitad de Ciencias Económicas y Sociales, UCV, s/f,
mimeo, p. 64.
·
4. Arclúvo Históricodel Congreso de la República, Caracas, 1864.

5. "Solicitud de los Representantes del Gremio de Artesanos a los ciudadanos Senadores y Diputados de los Estados Unidos Venezolanos", Archivo Histórico
del Congreso de la República, 1865. Reproducido en el periódico El Eco de las
Artes, Caracas, 19 de mayo de 1865.

6. Citado por Naudy Suárez. "Un capítulo inédito en nuestra historia de las ideas.
Socialdemócratas en la Venezuela de fines del siglo XIX". En re\·ista Nueva
Política, no. 17-18, Caracas,julio-diciembre de 1975.
7. Velázquez, Ramón. La caída del liberalismo amarillo. Caracas, 1973, p. 327 Y
sigs.

8. Parra Aranguren, Femando Ignacio. Antecedentes de la ley del Trabajo de 1928.
Universidad del Zulia, Maracaibo, 1975, p. 45-43.
9. El Tiempo, Caracas, 16 de diciembre de 1896, no. 1122.
10. El País Caracas 2 de mayo de 1893. Citado por Leonardo Rodríguez, "El primero le mayo e~ el siglo XIX", en revista Esfuerzo, Caracas, no. 10, mayo-junio
de 1981, p. 16.
11. El Obrero Católico; Tovar, año 1 , no. 3, 20 de julio de 1896.

�186

Siglo XIX

12. El Obrero, Maracaibo, no. 35, 12 de agosto de 1901.

PORFIRIATO Y REVOLUCION

13. El Obrero, Maracaibo, no. 85, 10 de octubre de 1902.

Conflictos Obreros y Legislación Laboral
en Nuevo León (1885-1918)

14. Croes, Hemmy, El movimiento obrero venezolano, Ed. Movimiento Obrero,
Caracas, 1973, p. 47.
15. Archivo Histórico de Miraflores, no. 32, septiembre-octubre de 1964, p. 183189.
16. Archivo Histórico de Miraflores, no. 28-29, enero-abril de 1964.

Javier Rojas Sandoval*

17. Febres, Carlos Eduardo. "La huelga ferrocarrilera de junio de 1918", El Nacional, Caracas, 4 de mayo de 1980.
18. Brito Figueroa, Federico. La, repercusiones. .., op. cit. p. 21.
19. Ortega Díaz, Pedro, en Aquí Está, 31 de mano de 1943.
20. Arcila Farías, Eduardo. Centenario del Ministeriode Obra, Pública, 1874-1974,
Ministerio de Obras Públicas, Caracas, 1974, p. 265.
21. Urquijo, José l. R.P. "El primer contrato colectivo en Venezuela", en Revisto de
Investigaciones sobre Relaciones Industriales y Labora/e,, Universidad Católica
Andrés Bello, Caracas, septiembre-octubre de 1979, no. 2, p. 35-46.
22. Quintero, Rodolfo. "Bajo el signo anarquista se inicia el movimiento sindical
venezolano", en Jesús Prieto Soto, Las luchas obrera, por nue1tro petróleo, Maracaibo, 1970, p. xn.xm.
23. Femández, Carlos E. Hombres y sucesos de mi tierra, (1909-1920), Caracas,
1960, p.133.
24. Compañero, Carneas, no. 2, mayo de 1976.
25. Pocaterra, Rafael ;J. Memorias de un venezolano de la decadencia. Ed. Edime,
Caracas-Madrid, 1966, 4 lomos, vol. IV, p. 25.

Este trabajo es un breve estudio sobre la situación de los obreros fabriles
de Monterrey, y de los trabajadores en general de Nuevo León (en el noreste de México). Abarca dos períodos: el primero comprende el gobierno
del general Bernardo Reyes (1885-1909); el segundo, algunos momentos
fundamentales de la Revolución, entre 1912 y 1918.
El aspecto principal que se trata de describir es el relativo a los decretos sobre derechos obreros emitidos tanto por el régimen de Bernardo
Reyes como por los grupos de revolucionarios que se sucedieron en el poder local, desde los maderistas hasta los constitucionalistas.
Al final se hace una comparación sobre dichas medidas legislativas con
otros estados de México con el objeto de conocer el avance realizado en la
protección de los derechos de los trabajadores durante todo el período.

l.

LA LEGJSLACION LABORAL DURANTE EL REYISMO

En principio, cabe aclarar que no es del todo acertado hablar de una legislación laboral durante el mandato de Bernardo Reyes, como tampoco en el
régimen de Porfirio Díaz: los derechos obreros no estaban plasmados en

*Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México)

�188

Siglo XIX

instrumentos jurídicos específicos. Sin embargo en Nuevo León, durante el
reyismo, se produjeron algunas iniciativas legales que de alguna manera pretendieron regular las relaciones obrero-patronales. Tal fue el caso de la Ley
sobre Accidentes de Trabajo expedida en 1906, sobre la cual y en torno a
otras iniciativas jurídicas relativas a los obreros trataremos en el presente
trabajo.
El período que va de finales de la octava década del siglo XIX hasta
1909, que compr~nde parte del gobierno de Lázaro Gana Ayala y las dos
décadas del régimen de Bernardo Reyes, ha pasado a la historia regional
como el del despegue industrial de Monterrey.
Fábricas de- acero y otros metales, cerveza, vidrio, textiles y cemento,
entre otras, se instalaron y crecieron bajo la política liberal del Estado porfirista y de su representante local Bernardo Reyes.
Con lo anotado, no ..se pretende atribuirle el mérito exclusivo y determinante en el proceso de industrialización a los personajes que estuvieron
al frente del gobierno de Nuevo León, y de manera señalada a Bernardo
Reyes. Sólo se pretende subrayar que la política aplicada por Reyes constituyó un factor que, junto con otros, fue de primordial importancia para
el proceso de industrialización local.
El gobierno reyista no solo otorgó concesiones y exenciones de unpuestos a los empresarios. También les proporcionó un ambiente de paz
laboral mediante la aplicación de instrumentos legales como una forma de
control sobre la fuerza de trabajo, lo que permitió la formación de una
mano de obra segura, estable y disciplinada, y posibilitó una sostenida y
ascendente acumulación de capital.
Durante el reyismo, en ausencia de una legislación laboral que amparara los derechos colectivos de los obreros, el sistema que reglamentaba las
relaciones entre éstos y los patrones se basaba en los códigos Civil y Penal
y, en particular, en el contrato individual. Dejaba así en manos del con•
tratante las prerrogativas de fijar las condiciones de trabajo: jornada, salario, etc.. Por lo cual, en los casos en que el obrero no cumpliera con las
normas dictadas por los propietarios de las fábricas, podía ser despedido
sin ninguna responsabilidad para el empleador.
Primero fue la penalización de la vagancia (1886): todo aquel ciudadano que no ejerciera "alguna industria, arte u oficio honesto de subsistir"

J. Rojcu S.: Conflicto, y legulación laboral en Nuevo Le6•

189

era obligado a cpntratarse en las fábricas o las haciendas mineras en calidad

de prófugo de la justicia, o bien, enrolado en el servicio militar. En caso
contrario tenía que depositar una fianza de entre 100 y 300 pesos, hasta
que se ocupara en un trabajo honesto.* Era una forma de proveer de
mano de obra, por parte del Estado, a una industria urgida de fuerza de
trabajo ''libre ".1
Frente a las intenciones que los asalariados pudieran abrigar de realizar
huelgas o cualquiera otra forma de acción para mejorar sus condiciones de
vida ¡ de trabajo, el régimen aplicaba mano dura. Según el Código Penal de
la época, se castigaba con ocho días y hasta tres meses de prisión, o era
sometido a trabajos forzados -además de pagar de 25 a 500 pesos de multa-, quien empleara violencia física o moral con el objeto de hacer subir o
bajar los salarios o jornales obreros.2 Otro ejemplo de esta política de
mano dura lo constituyó el hecho de que en mar1.o de 1898, con motivo
de la huelga del Ferrocarril del Golfo, se envió una circular a los jueces de
Letras en la que se recomendaba proceder con todo el rigor de la ley, negando el derecho df' libertad bajo fianza a los involucrados en delitos contra la propiedad, el servicio o el orden público. Señalaba de manera especí- ,
fica a los huelguistas ferrocarrileros. 3
Para los efectos de capacitar la fuerza laboral que requerían las empre•
sas, '; recurría a los contratos de aprendizaje. Los aprendices, que podían
ser adultos o menores de edad, eran contratados por los patrones sin ningún compromiso de retribución salarial. Si el aprendiz abandonaba el centro de instrucción, el propietario tenía facultades para demandarlo (a él o
a su representante, en el caso de menores de edad) por los perjuicios ocasionados al abandonar el lugar de trabajo. 4
Pese a tal situación, Bernardo Reyes se dio a la tarea de sancionar leyes
en favor de los trabajadores. Francisco l. Madero sostendría en su libro La
sucesión presidencial que estas leyes obedecían a propósitos propagan•
dísticos, con el objeto de ganar adeptos en su promoción para la presiden•
cia de la repúhlica.5 Y es probable que esas hayan sido las motivaciones de
Reyes para impulsar algunas importantes disposiciones legales -como las
que se señalan abajo- en favor de los asalariados.

*Curiosa moral, cuando algunos de los capitales amasados por empresarios do Monterrey habían surgido del comercio ilegal realizado con Estados Unidos.

�190

J. Roj&lt;u S.: Conflict.o, y legulaci6n laboral en Nuevo Le/Jn

Sip,XIX

Jornales y fraude

Al parecer eran frecuentes los abusos cometidos por algunos patrones
~ecíficamente en las sociedades anónimas- quienes, aduciendo insolvencia económica, no pagaban los salarios. Ello hizo que el gobierno reyista tipificara como delito de fraude o robo sin violencia estos casos,
mediante una refonna al Código Penal del estado promovida en 1906.6

Accidentes de trabajo

En febrero de 1907, un periódico local, el Monterrey News, publicó un
artículo editorial sobre la necesidad de legislar en materia de accidentes
de trabajo. Decía el periódico:
En estos momentos en que los fatales acontecimientos de Río
Blanco se relacionan, parécenos oportuno llamar la atención hacia la falta de una ley sobre accidentes de trabajo. La industria comienza a desenvolverse con cierta amplitud y adquirir las formas
que tiene en los pueblos civilizados, en donde por desgracia la
pugna entre el capital y el trabajo reviste con no poca frecuencia
gravísimos caracteres. .. Entre nosotros el capital tiene como es
debido toda clase de garantías, y a esto debemos su inmigración
que tantos beneficios ocasiona, puesto que viene a fomentar la
riqueza y dar impulso al progreso y a la prosperidad de la Nación,
no acontece otro tanto con el trabajo que puede decirse carece
del apoyo del poder público. for estas tierras se ignora si los edificios q1.1e albergan las industrias tienen la necesaria amplitud para
contener a los que están expuestos a contraer enfermedades a causa de las substancias que manejan o de las emanaciones que aspiran, si trabajan más tiempo del que pueden resistir sin lesionarse el
organismo humano, si las mujeres y los niños son dedicados a
labores que los agoten, si la maquinaria está en buenas condiciones de seguridad e instaladas de tal manera ~ue aleje la posibilidad·dc una desgracia no imputable a descuido.
Del texto citado se pueden inferir en parte las condiciones de trabajo pre•
valecientes durante el reyismo, lo cual explicaría la expedición de la Ley
sobre Accidentes de Trabajo. Conviene tener presente que esta ley tuvo como antecedente inmediato la promulgada por Vicente Villalda en el Distrito Federal, en abril de 1904.
La reglamentación reyista obligaba al patrón a indemnizar a los obreros en casos de accidentes de trabajo. En su artículo cuarto se especificaba

191

que la indemnización comprendía "el pago por la asistencia médica y far.
macéutica de la víctima, por un tiempo no mayor de seis meses, así como
el de los gastos de inhumación".8
Había tres tipos de accidente en que el patrón quedaba eximido de
responsabilidad civil: a) los de fuerza mayor, extraña a la industria de que
se tratara; b) por negligencia inexcusable o culpa grave de la víctima; c) los
derivados de la intención del empleado y operario por causarse daño.
El artículo segundo establecía: "independientemente de la imputación
de la causa todo accidente se estima como accidente de trabajo y por lo
tanto es responsabilidad del patrón, hasta en tanto no se compruebe lo
contrario".9 No obstante lo anterior, en el considerando once establecía
que la prueba "de estas excepciones -se refiere a los accidentes en donde
el empresario era eximido de responsabilidad- queda a cargo del patrón o
propietario de la industria ". 10
Es importante hacer notar que la citada ley hace referencia exclusivamente a los accidentes de trabajo, y deja fuera de consideración las enfermedades profesionales. Tampoco se contemplan los casos del trabajo infantil o de mujeres embarazadas.
Según Santiago Roel, en un trabajo publicado en 1931, la aplicación
de la ley fue muy limitada:
Los patrones se rehusaban a cumplirla y obligaban a los trabajadores a acudir a los tribunales de justicia para reclamar sus derechos alegando siempre aquéllos que el operario sufría el accidente
por impericia o descuido y, tras una tramitación que duraba largos
años, o la acción deducida por la víctima era abandonada o se
concedía la razón al patrón. Aquella humilde ley de accidentes de
. era com bati'da energicamen
' .
t e por e1 cap1'tal.11
trab aJo

Ley de Jornales

Un año antes que renunciara a la gubematura de Nuevo León, Bernardo
Reyes decretó (agosto de 1908), la Ley sobre Jornales: prohibía los abusos
que cometían los hacendados con los peones agrícolas, quienes eran vinculados a las haciendas mediante el otorgamiento de préstamos o adelantos
monetarios. De esa manera los peones quedaban sujetos al hacendado de
por vida, y era frecuente que sus hijos heredaran las deudas.

�192

SigioXJX
J. Roja, S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

Dado que las industrias demandaban cada vez mayor número de ohr&amp;ros, el régimen reyista decretó la ley citada. Establecía que "e] salario de
los jornaleros no está sujeto al pago de anticipos que se hagan a éstos a
cuenta de trabajo... el pago del anticipo sólo será exigible hasta la tercera
parte de la cantidad que importe dicho jornal en un afio ".12 No prohibía
pues el trabajo por deudas: sólo reglamentaba dicho sistema.

Junto a la legislación del reyismo operaba la política laboral de los
propios empresarios. Consistente en el otorgamiento de casas y escuelas,
!lis acciones se dirigían a fijar y, por lo tanto, controlar la fuerza de trabajo.
Con respecto a los salarios que se pagaban en esa época en las industrias, era evidente su superioridad en comparación a los rurales. En 1906,
por ejemplo, mientras Cervecería Cuauhtémoc pagaba un peso por jornada diaria, en el campo los trabajadores agrícolas recibían en promedio cincuenta centavos. 13
Entre los trabajadores de una misma empresa existían diferencias salariales de consideración, que rebasaban los promedios. Sin embargo, cabe
advertir que ello obedecía, principalmente, a la existencia de técrúcos extranjeros -como sucedía en las grandes fundiciones y en la Fábrica de Vidrios y Cristales- quienes recibían salarios más elevados. En Fundidora
de Fierro y Acero, el salario era hacia 1906 de tres pesos con 75 centavos,
en tanto que en Vidrios y Cristales llegaba a cinco pesos el pagado a técrúcos alemanes.14
Conviene señalar empero que los obreros regiomontanos no disfrutaban de una situación de privilegio en comparación con otros de la república. Si se comparan los salarios devengados por los trabajadores textiles de
Veracruz (que en promedio ascendían a un peso 25 centavos en 1906) con
los obterúdos por los obreros de la misma rama industrial de Nuevo León,
la diferencia es negativa para estos últimos en 25 centavos.
Si bien es. cierto que los trabajadores regiomontanos recibían algunas
prestaciones, como casas y educación para sus hijos, es difícil considerar
que esto los convirtiera en obreros que gozaban de coqdiciones excepcionales: en otros centros fabriles del país se otorgaban similares prestaciones.

193

A) lado de estas prestaciones era frecuente el trabajo infantil en empresas

como las textiles, con salarios muy inferiores a los de los adul tos. 15
En cuanto a acciones huelguísticas y paros obreros, se tienen pocas
noticias: la de los ferroviarios de 1906, cuya demanda principal era la
igualación de los salarios de los obreros regiomontanos con los d~
extranjeros; la huelga de 1906 promovida por alemanes contra la fábrica de
Vidrios porque la empresa les descontó una parte del salario, debido a que
descansaron el 5 de mayo, lo cual no estaba contemplado en los contratos;
00 1907 se registraron conflictos menores en las fundicion~ Y_ otro en el
Ferrocarril Central, por aumento de salarios y por el reconocuruento de las
uniones gremiales.

1?8

De los datos consignados se puede anotar que la acción obrera durante
d reyismo fue mas bien débil. Ello puede explicarse a partir de una serie de
hechos combinados, como los siguientes: la política laboral de los emp~esarios; la legislación laboral del gobierno y su ac~itu~, conten~~ora_ ~, finalmente el desarrollo tardío del proceso de orgaruzac1on y politizac1on obrera (po; ejemplo, hasta
no han ~o~alizado e~presiones del an~~
mo u otras corrientes pohtícas e 1deologicas ohrerJStas durante esos anos.
tanto la organización como la ideología predominantes fueron el mutualismo y el cooperativismo).

ah~r:1 ~

Esto no significaba, empero, que no existiera en Monterrey el _pro~~ema obrero. Se expresaba justamente por la carencia de una legislac1on
que amparara los derechos fundam~ntale~ de los asalariados_, ~to de
sus condiciones de vida y de trabajo as1 como del reconocumento de
sus organizaciones. Es decir, no cab~a _el recono~imie~t? de los d~r~~?8
de asociación, de huelga, jornada maxuna, salarios ~numos, prohib'.~1on
del trabajo infantil, salarios iguales de los obreros meXJcanos con relac1on a
los extranjeros, días de descanso pagados, horas e~tras, etc., L~ prueba de
que tales prerrogativas no existían, ni en el pape~ ru en la practica, fue_ que
serían demandados reiterativamente por los trabaJadores durante el penodo
revolucionario.

ll. EL MADERISMO Y EL MOVIMIENTO OBRERO
En La sucesión presidencia~ Madero hace referencia de manera específica
a los conflictos de Río Blanco y Cananea. 16

�194

Sigi-OXIX

Sobre las huelgas textiles, si bien justificaba las acciones emprendidas
por los obreros y reconocía las causas que las motivaban, concedía no obstante la razón a Porfirio Díaz por no haber obligado a los empresarios a
que aumentaran los salarios, al mismo tiempo que criticaba a los trabajadores por haber decretado la huelga en un momento inoportuno. Asimismo
juzgó como un momento de extravío el asalto a la tienda de raya realizado por los obreros de Orizaba.
En relación a Cananea, Madero censuraba a D íaz por no haber procedido a formar colonias agrícolas con los desocupados. Lo mismo decía
respecto de los textiles de Orizaba y Puebla.
Ya en el poder, el maderismo se mostró más conservador que revolucionario en relación al problema obrero. Madero retomó las funciones del
Departamento del Trabajo creado por el presidente interino Francisco
León de la Barra. El organismo gubernamental se concebía como un instrumento para controlar y mediatizar las huelgas.

. Rosendo Salazar, un historiador del movimiento obrero nacional , ha
dicho que
la democracia maderista temía a los dirigen tes obreros y, a veces,
los mandaba al exilio; el órgano periodístico maderista Nueva
Era, tildó a la Casa del Obrero Mundial de ser un nido de anarquistas que difundían propaganda perniciosa y conspiraban contra el gobierno. Temeroso de la influencia que alcanzó la Casa del
Obrero Mundial entre los círculos obreros, Madero ordenó su
clausura, la supresión de su periódico, el arresto de sus dirigentes
mexicanos y el exilio de los extranjeros. Simultáneamente los
funcionarios del gobierno propiciaron la formación de una ~rganización rival y menos militante: La Gran Liga Obrera.17

En Monterrey, la familia de Francisco l. Madero tenía importantes intereses
económicos, tal y como lo han revelado las investigaciones de Mario
Cerutti. El abuelo del revolucionario, Evaristo Madero, había amasado,
desde la segunda mitad del siglo XIX, una respetable fortuna que sería
luego invertida en negocios industriales y otras empresas cuyos capitales
se encontraban asociados a los Madero.
Debido a ello, no es extraño que uno de los dos personajes que ocuparon la gubernatura del estado durante el período maderista haya sido,
precisamente, miembro. de la familia Madero: Viviano L. Villarreal, tío

J. Rojas S.: Conflictos y legislaci6n laboral en Nuevo León

195

político del presidente, casado con Carolina Madero, que fue presidente
del Consejo de Administración del Banco de Nuevo León (fundado por
Evaristo Madero). Villarreal figuraba además como accionista en importantes empresas locales. El otro gobernador fue el general Gerónimo Treviño, quien concluyó el ciclo maderista: mantenía múltiples lazos empresariales con los Madero, incluyendo al citado Banco de Nuevo León. 18
En el aspecto obrero, hasta ahora no se ha podido encontrar información que indique las repercusiones inmediatas del cambio de régimen
político entre los trabajadores regiomontanos. Existen algunos datos
que comprueban que dentro del marco de la apertura política creada
por el maderismo, algunos grupos obreros participaron en actividades
políticas.
Se tienen referencias de la constitución del Primer Círculo de Obreros Libres en abril de 1912, que agrupaba a los asalariados textiles de las
fábricas La Industrial y El Porvenir. Es probable que la constitución de
este organismo haya estado relacionado con la convención de industriales y obreros de la industria textil realizada en julio de 1912, cuando se
estableció el reglamento que normaría las condiciones de trabajo de esta
rama industrial a nivel nacional, problema que surgió durante el gobier•
no maderista. En este mismo lapso se tienen noticias de la huelga promovida por la Unión Fraternal de Obreros de la fábrica textil La Fama,
por aumento de salarios.
Hay que anotar que durante el ciclo maderista la economía regional
no sufrió alteraciones en su funcionamiento. Por el contrario -según ha
19
argumentado un historiador local- mantuvo su nivel de desarrollo.

ID. EL HUERTISMO
Ramón Eduardo Ruiz, historiador del movimiento obrero durante la revolución mexicana, asienta que "el régimen huertista, ya fuera deliberada
o accidentalmente, irónicamente contribuyó a ampliar la esfera de las
reformas laborales".
Agrega que si bien el dictador ordenó clausurar la Casa del Obrero
Mundial
al mismo tiempo .designó para la jefatura del Departamento del

�196

Siglo XIX

Trabajo a Andrés Molina Enríquez y a Rafael Sierra, reformadores muy capaces (. . .) Según reconocieron los mismos constitucionalistas, bajo el régimen de Huerta el gobierno aceptó por
primera vez en la historia de México la importancia del Departamento del Trabajo, el cual no sólo creció en tamaño, sino que
también contó con un presupuesto de ciento once mil pesos, suma dos veces mayor que la asignada por el gobierno de MaderoJ
mayor que la que más tarde le dieron los constitucionalistas.
La actitud del dictador Victoriano Huerta, en relación a los obreros, tenía
un propósito político muy preciso: evitar que los obreros engrosaran Jac;
filas de los eonstitucionalistas, ya que difícilmente podría atribuírsele alguna simpatía por aquellos.

A nivel local, al hacerse Huerta del poder, nombró gobernador de
Nuevo León a Salomé BoLello (ex-diputado reyista, asesor y apoderado de
varias empresas), quien se dedicó a organizar la contrarrevolución con el
apoyo de algunos industriales.21
Es esle gobernador quien promueve la instalación de la Cámara del
Trabajo de Nuevo León, a cinco meses de haber tomado las riendas de la
administración, el 18 de agosto de 1913.22 Medida que era consecuencia
de la política de Victoriano Huerta. El hecho tiene particular importancia
porque tal vez sea el primer organismo gubernamental creado específicamente para atender los asuntos obrero-patronales en Monterrey.
Aunque para el objeto de su constitución fueron convocados empresarios y trabajadores, los puestos principales de la junta direcliva de la
Cámara fueron ocupados por connotados empresarios y funcionarios
gubernamentales. La presidencia quedó bajo el mando del industrial Manuel
G. Rivero, varias veces diputado durante el período de Reyes.
Es probable que el organismo no haya logrado funcionar debido a los
conflictos políticos que desencadenaron Jas acciones armadas de los constitucionalistas.

IV. LA REVOLUCION CONSTITUCIONALISTA
A) El carrancismo y el movimiento obrero
Si bien el proceso revolucionario post-maderista entrelazó varias corrientes

]. Rojas S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

197

(la villista, la zapatista, la carraneista y la íloresmagonista), no obstante!ª
que determinó su rumbo fue la de los terratenientes del norte del pa1s,
representados por Venustiano Carranza.
Como se sabe, el punto de referencia del programa político del carrancismo fue el Plan de Guadalupe: tenía como fin desconocer a Victoriano
Huerta como presidente y nombrar a Carranza como primer jefe del Ejército Constitucionalista. El documento no contiene programa alguno de
reformas sociales.
o es sino hasta después de su ruptura con la Convención de Aguascalientes que Carranza -desde Veracruz, en diciembre de 1914- dio a conocer adiciones al Plan de Guadalupe. En ellas se comprometía a expedir
y poner en vigor una legislación para mejorar las condiciones del peón rural, del obrero y en gener-dl de las clases proletarias.
De una manera más amplia, Carranza expuso sus ideas sobre el problema del trabajo en su discurso del primero de diciembre de 1916, durante
las juntas preparatorias del Congreso Constituyente. Carranza planteó reformar la fracción XX del artículo 72 de la Constitución de 1857, mediante el cual se confería al poder legislativo federal facultades para expedir
leyes sobre el trabajo con las que se implantaran instituciones de progreso
social en favor de la clase obrera y de todos los trabajadores.
Carranza hizo además referencia a la reducción de la jornada de trabajo, las responsabilidades de los empresarios en casos de accidente, al ~eguro
de-enfermedad y vejez, los salarios mínimos, entre otras demandas. Sm embargo, no abordó el punto atinente al derecho de los obreros a formar
sindicatos.
A pesar de estos pronunciamientos favorables a la clase obrera, la práctica demostró que Venustiano Carranza estaba muy lejos de pretender realizar reformar profundas sobre sus derechos. Así lo confirmó el decreto
de agosto de 1916, con el cual Carranza condenó a pe~a de muc~te a los
electricistas que se habían declarado en huelga por meJoras salanales. En
los considerandos, Carranza fue tajante en su posición contra los trabajadores, al expresar que si bien la revolución había tenido como u_no de sus
principales fines la destrucción de la tiranía capitalista, no hab1a de permitir que se levantase otra tan perjudicial... como sería la tiranía de los
trabajadores.23

�198

Siglo XIX

Con esto Carranza pagaba el acto de adhesión que un año y medio
atrás la Casa del Obrero Mundial le había hecho patente, al formar los Batallones Rojos para combatir a los campesinos revolucionarios zapatistas.
Como argumenta un tratadista del derecho mexicano del trabajo
Nestor de Buen, "las consecuencias sociales de la revolución, y en particular las contenidas en el Artículo 123, se produjeron no gracias a Venustiano Carranza, sino a pesar de él".24

J. Rojas S:: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

199

l · ·ento del salario mínimo, acabar con la desigualdad entre los
estab ecum
, d I ah . inf til
obreros nacionales y los extranjeros, la prohibicion e tr ªJº
an ,
etc.
Justamente en noviembre de 1914, cuando los revolucionarios a~
mantenían controlada la ciudad de Monterrey, los obreros de~~ Comp~1a
Minera, Fundidora y Afinadora estaban reclamando la reducc1on de la Jor26

nada de trahajo.

B) De Antonio l. Villarreal a la Junta Central de Conciliación y Arbitraje

En la exposición de motivos del decreto, el jefe revolucionario ~frece
su visión de la sociedad regiomontana y en general de Nuevo Leon de

l. La prohibición del trabajo por deudas

esos tiempos. Decía Villarreal:

A mediados de 1914, Salomé Botello, adicto al huertismo, fue obligado a
renunciar por los revolucionarios constitucionalistas. Quedó al frente del
estado el general Antonio I. Villarreal, nombrado por V enustiano Carranza.
Como resultado de los enfrentamientos armados entre huertistas y
constitucionalistas, las actividades económicas de Monterrey se vieron
afectadas considerablemente. Se habla incluso de una semiparálisis de la industria, el comercio y las comunicaciones, lo que trajo escasez y el encarecimiento de múltiples productos de consumo popular.
Después de tomada la plaza, los revolucionarios procedieron a confiscar los bienes de las personas que habían colaborado con el huertismo, lo
que hizo que muchos propietarios de empresas y negocios huyeran y se
internaran en los Estados Unidos.25
En este contexto y a un mes de haber tomado posesión de la administración del gobierno de Nuevo León, el general Villarreal emitió ul\ decreto
prohibiendo los trabajos personales en compensación por deudas.
Resulta interesante hacer notar lo limitado del decreto, particular•
mente por cuanto su autor había sido un destacado militante del movi•
miento floresmagonista, movimiento que se había caracterizado por representar la corriente más radical del constitucionalismo en relación al
problema obrero.
El general Villarreal había firmado el programa del Partido Liberal en
1906: contemplaba la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas, el

En el Estado de mi gobierno -y este debe ser un timbre _de or~
gullo para los nuevoleoneses- puede decirse que n~, existe e
proletariado con los caracteres de miseria y abyecc10_n_ ~~e se
perfila en la mayor parte de los estados mexic_anos. ~a d1v1s1on de
la propiedad, la extendida costumbre de antano arraigad~ d~ celebrar contratos de aparcería con los labradores; la peq~ena industria siempre floreciente; la multitud de escuelas esparcidas por todo su territorio, etc., han contribuido a que sea un p~co menos
conflictiva la condición de la causa desamparada y huerfana, objeto de todas nuestras solicitudes...
Hasta aquí la parte optimista del documento, que r~ta el pro~eso ~e
Nuevo León. Luego menciona el problema que seg~m el revoluc1onar10
era el que más afectaba a algunos sectores de asalanados: las deudas de
peones y sirvientes:
pero todavía quedan resabios coloniales y restos ~-e tiranía
fe~dal; aún existen peones y sirvientes que de ge~erac1on en generación vienen soportando el peso de las cue?t3:8 inacabables debidas a los amos; aún en los talleres y en las fabncas se consum,en_
obreros sin poder redimir ni con su sangre las deudas_de_l patron,
, en e1 seno de las familias vegetan, desesperados s1rv1entes
aun
d
' de
todas las clases que no alcanzan jamas a ver el fruto e sus 1mprobos trabajos, porque todo lo abonan a_ la deuda, esa deuda que
mientras más se afana por solventarla, mas _c~ece; y es_p_o~ todo lo
expuesto, obligación de est~ _gobierno, ~x1gir el sacnf1c10 de los
pudientes en auxilio y benef1c10 de los miserables.

· Villarreal decretaba·· 1) Queda estrictamente prohibido
E n consecuencia,
exigir trabajos personales en compensación de deudas; 2) Los contravento-

�200

Siglo XIX

res serán considerados como enemigos de la causa y castigados severamente; 3) Amos, patrones, etc., quedan_ obligados a dar a conocer este decre~ a los sirvientes de _ambos sexos, fijándolo en lugares visibles; 4) Habrá
mspectores para el meJor cumplimiento de esta disposición.27
_ El documento tiene particular significado porque tal vez haya sido
Junto con la creación de la Junta Central de C011ciliación y Arbitraje del
estado e~ octubre de 1918, la instrumentación jurídica más importante
~e- realIZaron sobre los derechos de los trabajadores de Nuevo León los
disbntos grupos revolucionarios que se sucedieron en el poder local.2s
El de~reto de Antonio I. Villarreal revela que el trabajo por deudas no
era e_~clus1vo para los trabajadores del campo: el general revolucionario
tambien hace ~ef~renci~ ~ fábricas y talleres. El sistema de trabajo por
~eudas en las fabncas quIZas tuviera como base las Liendas de raya que func10"1&gt;an en algunas empresas.
icuán real era la visión optimista que expresara el general Villarreal en
la primera parte del decreto? Aunque el nivel de las investigaciones realiz~das hasta el presente no nos permite hacer generalizaciones, tenía razon _rl general revolucio~rio al comparar la situación de Nuevo León ( que
tenia e~ Mo~~errey un area industrializada y con alto desarroUo urbano),
con la ~1tuac1on muy d~erente de otros estados de la república en donde
p~edommaba la econom1~ agrícola. Acudiendo al estudio de algunos conflictos obreros que se ~egistran durante el gobierno del general Villarreal,
nos podemos dar una idea, aunque sea parcial, de las condiciones de trabajo en que se desempeñaban los obreros regiomontanos. .
Antes de esto, conviene apuntar un factor que habría de influir decisivamente como estímulo de las luchas obreras: nos referimos a la desarticulación de la aclividad económica como consecuencia de los enfrentamienlos ~~dos, como ya lo mencionamos anteriormente, lo que hará
que las peticiones sobre aumentos de salario sean la demanda más frecuente de los movim'.entos huelguísticos. Las otras demandas prioritarias
ohrera_s ~ran las relativas a la reducción de la jornada de trabajo y el reconoc1mienlo por parte de las empresas de las organizaciones gremiales.

De los conflictos obreros más importantes registrados durante el go-

J. Rojas S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

201

hiemo del general Villarreal, pueden anotarse los siguientes:
a) La huelga del Sindicato de Motoristas y Conductores de la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz de Monterrey, empresa de capital extranjero (canadiense) que e11 1916 fue intervenida por el gobierno.29
Esta huelga· generó una división entre los grupos revolucionarios, ya
que el general Ildefonso Vázquez envió una escolta de diez soldados, a
petición de la empresa, para brindar protección a los empleados de la
compañía. En tanto, otro militar revolucionario, el coronel José E. Santos,
remitió otro contingente armado el día siguiente de iniciada la huelga
con instrucciones para que no se obedecieran las órdenes de los representantes de la compañía, sino únicamente las que emanaran de las autoridades militares.
Entre las exigencias de los trabajadores huelguistas figuraban el reconocimiento del sindicato, aumento de 23 centavos por día a los salarios
y el retiro de tres empleados de la compañía, entre ellos el superintendente. La empresa no accedió a las demandas obreras. En particular, se
negó a reconocer al sindicato y a otorgar el aumento de salarios.
Este conflicto tiene particular significación por la crítica que hacen los
obreros al movimiento constitucionalista y por la respuesta que diera el general Villarreal a sus delegados, a quienes expresó que no era momento de
hacer huelgas.30
b) En octubre de 1914 los obreros de la Compañía Manufacturera de
Cerillos, agrupados en el Sindicato de Cerilleros, declaran una huelga, por
segunda ocasión, en demanda de la reducción de la jornada de trabajo de 9
a 8 horas, el reconocimiento del sindicato, para que la empresa contratara
obreros exclusivamente del sindicato, supresión del uso de fósforo blanco
por su alto riesgo para la salud de los trabajadores, cancelación del trabajo
. y aumento de salarios.
. 31
a destaJO
La empresa se niega a satisfacer las peticiones y amenaza con cerrar la
planta, despedir a los agitadores y recontratar nuevo personal. Al parecer
los empresarios hacen efectiva parte de la amenaza, ya que un año después
del conflicto, un grupo de obreros acude: ante el gobierno del estado pidiéndole interceda por ellos para que la empresa los reinstale en sus antiguos puestos de trabajo.
·

�202

Siglo XIX

J. Roja&amp; S.: Conflicto&amp; y legislaci6n laboral en Nuevo Le6n

203

e) Los gremios de la Compañía Minera y Fundidora de Monterrey van
a la huelga en noviembre de 1914, en demanda de aumento de 50 centavos
al salario y reducción de la jornada de diez a ocho horas.32

se expresaba como la libertad irrestricta de los patrones para contratar
fuerza de trabajo según sus necesidades e imponiendo sus condiciones en
cuanto a jornada, salario y otros. _,

La empresa juzga que la huelga es ocasionada por la acción de unos
cuantos descontentos y da a conocer, en carta dirigida al gobierno, que los
obreros reciben 25 centavos diarios como premio (anteriormente sólo era
para los que trabajaban domingos y días festivos y religiosos), que además
ofrece medicinas y servicio médico gratuito y la mitad del sueldo por enfermedad.

Lo que sí hicieron los sucesores de Villarreal fue instrumentar medidas
para la reconstrucción y la desconfiscación de los bienes, para ganar así la
confianza de los empresarios.

d) En este mismo período se producen otros conflictos obreros en las
fábricas textiles: por aumentos de salarios, por la reinstalación de trabajadores despedidos, por la creación de una bolsa de trabajo para los desempleados y por el reconocimiento del derecho de sindicalización.

El general Pablo A. de la Garza, gobernador designado por Carranza
en junio de 1915, duró en el cargo -exceptuando los tres meses que ocuparon la plaza los villistas- hasta 1917.
De la Garza procedió a desmantelar la Oficina Confiscadora y devolvió los bienes a los propietarios que habían sido afectados por los revolucionarios del gobierno anterior. La otra medida tomada por Pablo A. de
la Garza fue la de poner en vigor las antiguas disposiciones del Código Penal reyista, destinadas a castigar la vagancia y la mendicidad.

3. Las huelgas de l 918
Finalmente, es importante anotar que durante el gobierno del general
Antonio l. Villarreal se fundó la que, tal vez, haya sido la primera organización multisindical del estado: La Federación del Trabajo de Nuevo León,
en octubre de 1914.33
Aunque al parecer fue una organización que no agrupaba a los sindicatos y uniones obreras de las grandes empresas, no dejó de tener representatividad. Los sindicatos fundadores de la Federación fueron los panaderos, albañiles, carpinteros, pintores, curtidores y zapateros.
2.

De la confiscación a la reconciliación

Los gobernadores que sucedieron al general Villarreal hasta la promulgación de la Constitución local, en diciembre de 1917, no tuvieron ni el tiempo ni quizás la intención de introducir reformas significativas en favor de
los asalariados.
La reiterada demanda obrera de que les reconocieran sus organizaciones gremiales se topó con un empresariado que no estaba dispuesto a
aceptar un poder extraño dentro de la fábrica. De aceptarlo, significaría
renunciar a la vieja práctica del capitalismo liberal de la época reyista, que

El primer gobierno constitucional fue el de Nicéforo Zambrano: tomó las
riendas del estado en mayo de 1917 y permaneció hasta 1919.
Durante la administración de Zambrano se expidió la Constitución de
Nuevo León, se eligió la primera legislatura constitucional y se fundó la
Junta Central de Conciliación y Arbitraje de Nuevo León.

Entre 1917 y 1918 se computó un gran número de huelgas en las
cuales se vieron involucradas las más importantes empresas: las fundiciones, las cuatro fábricas textiles (La Leona, la Fama, el Porvenir y la
Industrial), la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz, la Cervecería
Cuauhtémoe. También,
los maestros de las escuelas municipales de
Monterrey.
Fue un período de auge huelguístico en demanda de aumentos salariales, reinstalación de obreros despedidos, firma de contratos colectivos,
aplicación de la Ley sobre Accidentes de Trabajo, reducción de la jornada y reconocimiento de las organizaciones gremiales.
La mayoría de esos movimientos exigían el cumplimiento de las dis-

�204

Siglo XIX

J. Rojas S.: Conflict-Os y legislación laboral en Nuevo León

205

posiciones del Artículo 123 de la Constitución Federal, recientemente
aprobado, lo que daba a las demandas obreras legitimidad frente al Estado y frente a los empresarios.

condiciones que probablemente existían en otras empresas de la misma rama. El documento es importante, también, porque los obreros toman como referencia lo estipulado por el Artículo 123. Decía:

Conviene tener presente que detrás de esta avalancha de acciones obreras se encontraba una serie de hechos que tomaba difícil la situación de la
población trabajadora. Entre ellos cabe mencionar la sequía que azotó la
región desde 1914 hasta 1917, provocando una reducción considerable de
la producción agrícola; y las dificultades para importar alimentos de Estados Unidos, debido a la Primera Guerra Mundial. Ello trajo como consecuencia la escasez de alimentos y su encarecimiento.

a) "no se respeta la jornada nocturna de 7 horas en varios departamentos" (por lo cual los obreros exigen el tiempo extra, como lo estipulaba la fracción 1 del art. 123).
b) ''La empresa no concede el día de descanso semanal obligatorio".
c) "No existe el reparto de utilidades".
,
d) ''Los técnicos extranjeros ganan de 6 a ~ pesos po~ d1~, en ~to
que los obreros mexicanos que realizan el mJSmo trahaJO solo reciben
de 2 a 3 pesos".
e) Se pedía que el gobierno nombrase una comisión del Consejo Superior de Salubridad para que inspeccionara las casas de los obreros,
ya que carecían de los servicios más elementales.
f) "No se respeta la ley contra accidentes de trabajo. Solo existen en el
interior de la empresa, para atender los accidentes, agua oxigenada,
alcohol y petróleo" ( reconocen los servicios de un médico en la planta, pero pocas veces lo localizaban. Agregan una descripción de las
condiciones antihigiénicas que prevalecen en la fábrica).
g) ''La empresa no respeta el derecho de los obreros a organizarse en
sindiéatos" ( denuncian que fueron despedidos en masa los miembros
35
de la directiva del sindicato).

Otro factor que contribuyó a agravar aún más la situación de la población, fue la epidemia de fiebre española que tuvo lugar a mediados de
1918. Según los informes del gobernador Zambrano, provocó alrededor de
5 600 defunciones.34
Ante la ola huelguística y las dificultades para resolver los conflictos
sólo bajo sus buenos oficios, y como consecuencia del mandato constitucional, Zambrano resuelve convocar a las uniones y sindicatos obreros, así
como a los gerentes de las negociaciones industriales y al presidente de la
Cámara de Comercio de Monterrey. Su objetivo era constituir la Junta
Central de Conciliación y Arbitraje del estado (JCCyA), de acuerdo con los
términos del texto constitucional (que en su preámbulo y la fracción X
facultaba a los gobiernos de los estados a legislar en materia del trabajo).
En marzo de 1918 quedó instalado el organismo conciliatorio, integrado por cinco miembros: dos patrones, dos obreros y un representante del
poder público.
Desde sus primeras intervenciones en los conflictos obrero-patronales,
el organismo oficial enfrentó las reticencias de los empresarios, que no
acataban los fallos emitidos por la Junta, sobre todo los extranjeros.
A dos meses de haberse constituido, la Junta intervino en el conflicto de los trabajadores siderúrgicos y metalúrgicos. Los representantes
obreros enviaron una carta al gobernador Zamhrano exponiéndole la actitud del gerente de la compañía ASARCO, quien no acataba las disposiciones emitidas por la Junta. Es importante citar algunos de los puntos de la
carta porque reflejan las concliciones de trabajo en la fábrica mencionada,

El gerente de ASARCO envió al gobierno del estado una respuesta a
las denuncias formuladas, negando su veracidad. Los obreros deciden lanzarse a la huelga poco tiempo después.
En general, la actitud adoptada por el primer gobierno constitucional
no fue más allá de la conciliación de los conflictos. Hasta ahora no se han
encontrado referencias que indiquen que se haya inclinado en favor de los
asalariados. Por el contrario, en algunos casos apoyó abiertamente a los
empresarios y no faltó ocasión para que amenazara con reprimir los mo~mientos de huelga, como el promovido por los trabajadores del Ferrocarril
36
Constitucionalista en septiembre de 1918.
Los conflictos más agudos estallados en 1918 fueron los de las fundiciones ASARCO, Compañía de Minerales y Metales, Fundidora de Fierro
y Acero, Compañía Fundidora y Afinadora Monterrey y Compañía de
Tranvías, Luz y Fuerza Motriz.

�206

Siglo XIX

A principios de junio de 1918, los obreros de Fundidora de Fierro y
Acero declaran un paro exigiendo de la empresa el pago de tiempo extra
por el trabajo de los domingos. Ante la negativa de la gerencia, buscan la
solidaridad entre compañeros de las otras fundiciones. Se suman los tranviarios, quienes incorporan su rechazo a un nuevo reglamento que quiere
imponerles la empresa.

El movimiento de las grandes fundiciones amplía su pliego de demandas al incluir el reconocimiento de las uniones gremiales y sindicales, el
cumplimiento de la Ley de Accidentes de Trabajo, mejorar la higiene y
seguridad en el interior de las fábricas y que ningún trabajador sea despedido sin causa justificada.

El conflicto obliga a realizar un congreso de sociedades obreras, con
el objeto de conjuntar fuer.i;as y así hacer una mayor presión sobre los
patrones. Las huelgas concluyen con la firma de sendos convenios en los
cuales los trabajadores logran sacar adelante la mayoría de las demandas.
Esto sucedió el 10 de junio de 1918. Pero un mes después, los trabajadores
vuelven a promover paros y otras acciones en protesta porque los empresarios se niegan a cumplir con lo pactado el 10 de junio.
El gobernador de Nuevo León, en su informe de 1918, expuso los resultados finales de los movimientos huelguísticos registrados durante ese
año. Informó que los obreros tranviarios fueron cesados en masa; los de la
Fundidora de Fierro y Acero regresaron al trabajo sin haber conseguido solución alguna a sus demandas; en tanto que los obreros de ASARCO y de
la Compañía Fundidora y Afinadora Monterrey (Peñoles) habían levantado sus huelgas por solidaridad.37

Dos años después, en 1920, se vuelven a plantear, en las mismas empresas, excepto en la de tranvías, nuevas acciones huelguísticas por las mismas causas que motivaron las de 1918.
. Puede anotarse que estos movimientos huelguísticos constituyeron las
primeras grandes derrotas que sufrió la clase obrera regiomonlana, según
se desprende de la documentación estudiada.

J. Roj&lt;U S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

207

CONCLUSIONES PRELIMINARES
En vista de que el trabajo desarrollado constituye un primer acercamiento

al tema sobre la problemática obrera durante el período aludido, no es
posible derivar conclusiones consistentes.
Sólo se puede dejar apuntado que en la documentación revisada se
observa que los distintos grupos de revolucionarios que se sucedieron en
el gobierno del estado, desde el maderismo hasta el primer gobierno constitucional no lograron instrumentar acciones legislativas de fondo que ampararan 1~ derechos fundamentales de los trabajadores (to~avía en 1918 el
Secretario General de gobierno recomendaba a la gerencia de la Compa•
ñJa de Tranvías Luz y Fuerza Motriz la instalación de una tienda de raya,
,
•
38
como tenían otras empresas de la localidad).
De una manera preliminar se puede dejar anotado que en términos
comparativos con otros estados, Nuevo León muestra un apreciable retraso
en el reconocimiento y reglamentación de algunos de esos derechos: de
huelga, reducción de la jornada, y prohibición del LTabajo infantil, entre
otros.
Como se sabe, el texto constitucional de 1917 contemplaba en el Artículo 123 el amparo de tales derechos, además de facultar a los congresos
de las entidades federativas a legislar en materia laboral.
A partir del mandato constitucional, los estado~ que primero reconocieron y legislaron sobre el derecho de huelga -.segun Alberto Trueba Urbina- fueron Veracruz, Yucatán y Nayarit en 1918; Sonora en 1919;
Coahuila y Sinaloa en 1920; Michoacán y Puebla en 1921. En Nuevo
39
León no se decretó hasta 1924.
La diferencia resulta todavía más notable si se compara a otros aspectos de la legislación laboral realizada en otros estados antes que se promulgara la Constitución de 1917. Para ilustrar lo anterior vale la pena c!~ a Mario de la Cueva, sobre la acción legislativa promovida por los pn·
meros gobiernos revolucionarios post-maderistas:
(... )Después de la caída de Huerta, enjulio de -~914, los jefes de
las tropas constitucionalistas iniciaron la creac1on de leyes protectoras de los trabajadores.
.,
E.l 8 de agosto de 1914, se decretó en Aguascalientes la reducc1on

�208

Siglo XIX

de la jornada de trabajo a 8 horas; se impuso el descanso semanal
y se prohibió cualquier reducción de los salarios.
El 15 de septiembre del mismo año se dictó en San Luis Potosí un
decreto fijando los salarios mínimos. Cuatro días después se fijaron en el estado de Tabasco los salarios mínimos, se redujo a ocho
horas la jornada de trabajo y se cancelaron las deudas de los campesinos. En Jalisco, Manuel M. Diéguez expidió un decreto sobre
jornada de trabajo, descanso semanal obligatorio y vacaciones; el
siete de octubre, también en Jalisco, Aguirre Berlanga publicó
un decreto que tiene el mérito de ser la primera ley del trabajo de
la revolución constitucionalista, sustituido y superado por el del
28 de diciembre de 1915 que contenía: jornada de trabajo de 9
horas; prohibición del trabajo de los menores de 9 años; salarios
mínimos en el campo y en la ciudad; protección del salario; reglamentación del trabajo a destajo; aceptación de la teoría del riesgo
profesional y creación de las juntas de conciliación y arbitraje. El
cuatro de octubre de 1914, se dispuso el descanso semanal en el
estado de Veracruz y el 19 del mismo mes, Cándido Aguilar expidió la ley del trabajo del estado, cuya resonancia fue muy grande
en toda la República: jornada máxima de 8 horas, descanso semanal, salario mínimo, teoría del riesgo profesional, inspección del
trabajo y reorganización de la justicia obrera. Un año después se
promulgó en el mismo estado, la primera ley de asociaciones profesionales de la República.
En el mismo año de 1915, el general Salvador Alvarado se propuso réformar el orden social y económico del estado de Yuca•
tán, a cuyo efecto expidió las leyes agrarias, de hacienda, del catastro, del municipio libre y del trabajo. Esta última reconoció y
declaró algunos de los principios básicos que más tarde integrarían el Artículo 123 de la Constitución de 1917 .40

J. Rojas S.: Conflictos y legi,loción laboral en Nuevo León

209

NOTAS

l. Código Penal del Estado de Nuevo León, art. 808, delitos contr~ el orddenNpÚ•
blito. Capítulo primero: vagancia y mendicidad. Imprenta del gobierno e uevo León, 1893.
2. [bid., capítulo XHI, art. 877, penas contra las huelgas.
3. La voz de Nuevo León, marzo 26 de 1898.

4 _ Código Civil del Estado de Nuevo León, capítulo V del contra~o de aprendi·zaje.
Impreso en 1891 y reimpreso con sus reformas correspondientes en 18 99 Y
1906.
5. Francisco l. Madero, La Sucesión Presidencial, Editora Nacional, México, 1967.
p.279.
6. Código Penal del Estado de Nuevo león, cit., art. 394, del robo sin viole;cia.:
particular la reforma al art. 395. fracción VHI : "S~ impondrá _la pena e ro__
sin violencia en los términos siguientes: al que habiendo obterudo la prestac1on
de servicios por jornal no pagara la retribución debida, conforme a los artículos
2391 y 2392 del Código Civil del Estado de Nuevo León ..."
7. Monterrey News, febrero 22 de 1907.
8. Ley Sobre Accidentes de Trabajo, Gobierno del Estado de Nuevo León, noviembre 9 de 1906.

Desde mucho antes que se expidiera la Constitución de 1917 se habían
puesto en marcha ya, en varios estados, importantes reformas en favor de
41
los asalariados. Nacionalmente, la reglamentación del Art. 123 consti•
tucional no se realizó hasta 1931, cuando se expide el Código Federal del
Trabajo. Previamente, el presidente Emilio Portes Gil, en 1929, había
promovido la primera reforma al Art. 123 federalizando la facultad de legislar en materia de trahajo.42

9. /bid.
10. lbid.

u.

Santiago Roel, La Ley del trabajo. Apuntes y breves comentarios, Talleres L.
Canlú Leal, Monterrey, 1931.

12. Ley Sobre Jornales, Imprenta del Gobierno del Estado de ~uevo León, 1908.
13. Mario Cerutti, Burguesía y capitalismo en Monterrey (1850 -1910), Claves Latinoamericanas, México, 1983, pp.146-149.
14. Cerutti, obra citada, p. 149; Archivo General del EstadoCde alNuev; León
(AGENL), documento sobre huelga en Fábrica de Vidrios y rist es, cretaría de Relaciones Exteriores, 1903.

�210

J. Roj&lt;u S.: Conflictos y legislación laboral en Nuevo León

Siglo XI&gt;.

15. Cerutti, obra citada, p.162.

211

traje del estado.

16. Madero, obra citada, pp. 211-16.

29. AGENL, carta enviada por el Sindicato de Motoristas y Conductores al general
Antonio l. Villarreal, noviembre 24 de 1914, Conclu ídos.

17. Ramón Eduardo Ruiz, La revolución mexicana y el movimiento obrero 19111913, Era, México, 1978, p. 58.
·

30. /bid.

18. Cerutti, obra citada, pp. 68 y ss; Cerutti, "Militares, terratenientes y empresarios
en el noreste. Los generales Treviño y Naranjo {1880-1910)", en Mario Cerutti
{~rd.). ~onterrey, Nuevo León, el Noreste. Siete estudios históricos, UniverSidad A utonoma de Nuevo León, Monterrey, 1987, especialmente anexo sobre
empresas con participación del general Treviño.

31. AGENL, comunicación del Sindicato de Cerilleros enviada a la gerencia de la
empresa, 9 de octubre de 1914. Correspondencia de gobernadores.

19. Isidro V~cay_a ~ales: Los orígenes de la industrialización de Monterrey (18671920), E di tonal Librena Tecnológico, Monterrey, I 971, pp. 127-128.

33. AGENL, carta enviada por el Comité Directivo de la Federación del Trabajo de
Nuevo León. Octubre de 1914. Varias carpetas.

20. Eduardo Ruiz, citado, p. 63.

34. Memoria del gobernador Nicéforo Zambrano, septiembre de 1918.

21. Aspectos_ de la gestión de Botello pueden consultarse en Rocío González M ·
El huertismo en Nuevo León. Un caso: Salomé Botello Monterrey Arch%:
General del Estado de Nuevo León, 1985.
'
'

35. AGENL, comunicación de los representantes obreros ante la Junta Central de
Conciliación y Arbitraje, dirigida al gobernador del estado, 22 de mayo de
1918.

22. AGENL, Acta constitutiva del comité organizador de la Cámara del Trabajo de
Nuevo León, Concluidos, caja sin número, 16 de agosto de 1913.

36. AGENL, carta de la Unión de Mecánicos Mexicanos Suc. No. 9, dirigida algobernador del estado 27 de noviembre de 1918.

23. Eduardo Ruiz, citado, p. 81.

37. AGENL, Informe del gobernador Zambrano, 1918.

24. Nestor de Buen, Derecho del trabajo, Ed. Porrúa México 1977 2 tomos vol J
p.299.
'
'
'
'
. '

38. AGENL, del Secretario General de gobierno, licenciado M. Treviño, a la Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz, 25 de febrero de 1918, Concluidos,
caja 2.

25. O~a_r Flores T?~es, "La presencia de la continuidad en el cambio. Grupos econormcos Y poi 1ticos en Monterrey 1909-1923". Ponencia presentada en Seminario de Historia Regional, organizado por la Asociación de Historiadores Profesionales de Noreste de México, A. C., Monterrey, 11 al 13 de febrero de 1986·
González Maíz,citado.
'
26. AGENL, comunica~ión enviada por el Sndicato Obrero Fundición No. 2, dirigíal _empresario Vicente Ferrara el 23 de noviembre de 1914, Concluídos, caja
sm numero.

~ª

27. AGENL, decreto del gobernador y comandante militar de Nuevo León general
Antonio l. Villarreal, 7 de mayo de 1914.
'
28. Hasta el momento se dispone sólo de información acerca de medidas legislativas
concretas para el amparo de los asalariados regionales desde 1922: cuando se
decret_:m la jo~ada de ocho horas y el domingo como descanso obligatorio.
Dos anos despues el general Porfirio G. González reconoce el derecho de huelga contenido en la reglamentación de la Junta Central de Conciliación y Arbi-

32. AGENL, documento del Sindicato Obrero de la Fundición No. 2, miembro de
la Casa del Obrero· Mundial, 23 de noviembre de 1914. Varias Carpetas.

39. Alberto Trucha Urbina, Evolución de la huelga, Ed. Botas, México 1950, pp.
133 y SS.
40. Mario de la Cueva, El nuevo derecho mexicano del trabajo, 2 vols., Ed. Porrúa, México, 1984, tomo I, pp. 45-46.
41. En Nuevo León podemos enlistar las siguientes reformas laborales a partir de
su fecha de expedición: Ley Sobre Accidentes de Trabajo 1906; Ley Sobre
Jornales, 1908 : Decreto prohibiendo el trabajo por deudas, 1914; Creación de
la Junta de Conciliación y Arbitraje, 1918; Reglamentación de la jornada máxima y Descanso Dominical, 1922 ; Derecho de huelga y Prohibición del trabajo
infantil, 1924.
42. Emilio Portes Gil, Quince años de política m exicana, Ed. Botas, México, 1941.

�....
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ANEXO

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LEGISLACION SOBRE DERECHOS LABORALES

en

cj¡¡·

Según el año en que fue emitida en diversos estados

o

~
~

Derecho
huelga

Estado

Reducción
jornada

Salario
mínimo

Descanso
semanal

Prohibición
trab. infantil

Distrito y T.
Federales

1917

1917

1917

1917

1917

Yucatán

1915

1915

1915

1915

1915

Veracruz

1918

1914

1914

Nayarit

1918

Sonora

1919

Sinaloa

1920

Coahuila
Michoacán

,,

Accidentes de
trabajo
1904*

1914

1920
1911

Puebla

1921

Durango

1922

San Luis Potosí

1922

Chihuahua

1922

Querétaro

1922

Jaliseo

1923

Guanajuato

1924

Nuevo León

1924

Campeche

1924

~

Colima

1925

Oaxaca

1926

~
~
o

Tabasco

1926

Tamaulipas

1926

'&lt;

Zacatecas

1927

{

Chiapas

1927

Hidalgo

1928

Aguascalientes

1928

1914

1914

1915

1914

1915

1922

1924

1922

1924

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que se indica. Durante la batalla contra Villa en Celaya (abril de 1915), Obregón expidió un decreto estableciendo el salario mínimo
y haciéndolo extensivo a los estados de Michoacán, Querétaro, Hidalgo y Guanajuato.

r

El cuadro fue elaborado a partir de la información contenida en las siguientes obras:
Alberto Trueba Urbina, Evolución de la huelga, Ed. Botas, México, 1950, pp 133-236.
Mario de la Cueva, El r1uevo derecho mexicano del trabajo, Ed. Porrúa, 2 tomos, México, 1984, vol. 1, pp. 50-52.
Nestor de Buen, Derecho del trabajo, Ed. Porrúa, 2 tomos, México, 1977, vol. I, pp. 300-305.

w

* La primera ley sobre accidentes de trabajo fue expedida en el Distrito Federal por el gobernador Francisco Villalda, en el año

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�EL MONOCULTIVO IIENEQUENERO
Y SUS CONTRADICCIONES

Estructura de Dominación y Formas de
Resistencia en las Haciendas Yucatecas
a fines del Porfiriato
Gilbert M. Joseph*
Allen Wells**

INTRODUCCION
iSí son conscientes!. .. En sus pechos los peones acasillados sienten odio y un deseo de venganza en contra de sus amos y de las
autoridades que ayudaron a esclavizarlos.

Tomás Pérez Ponce

La sensacional entrevista con Tomás Pérez Ponce, defensor público y organizador laboral radical, publicada a mediados de 1911 en El Ciudadano.
fugaz diario de Mérida, debe haber disgustado a los hacendados henequeneros de Yucatán, acostumbrados a dominar las condiciones del debate
tanto en la prensa local como en sus fincas. 1 Pérez Ponce, calificado por
periodistas pagados por los hacendados como "el líder del peonaje", exigía en forma provocadora el fin del acasillamiento del peonaje, la libertad
*University of North Carolina, Chapel Hill (USA).
**Appalachian State University y Bowdoin CoUege (USA).
Los autores agradecen el apoyo recibido, para la investigación y para la redacción de
este ensayo, del Center for U.S. Mexican Studies (University of California, San Diego), la American Philosophical Society, el University Research Comittee of Appalachian State University y del lnstitute of Latin American Studies de la University
of North Carolina, Chapel Hill. Traducción de Isabel Cristina Mata Velázquez y
Miguel A. González Quiroga.

�216

Siglo XIX

Joseph Y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

217

de movimiento para los jornaleros del campo2 y mejores salarios para los
trabajadores del henequén. El advenedizo abogado, que había pasado la
mayor parte de los últimos años del porfiriato en la penitenciaría Juárez
de Mérida por movilizar obreros urbanos y rurales, y por su desatada crítica de la oligarquía, aprovechaba ahora la apertura maderista para hacer
públicas sus visitas a las haciendas de la zona henequenera.3

que El Ciudadano concedió amplio espacio a Pérez Ponce para la exposición de sus radicales puntos de vista, el diario morenista mantenía distancia de esos comentarios. Una cosa era reclutar la ayuda de agitadores,
y otro muy distinta apoyar el tipo de cambios radicales y la lucha de clases que Pérez Ponce había hecho suya.

En la entrevista (que llevaba el conveniente título de "La gravísima
cuestión agrícola'), Pérez Ponce señalaba con astucia que el culpable de
este nefasto régimen laboral eran las demandas incesantes del monocultivo del henequén.

Es evidente que los problemas planteados por la entrevista guardaban
el propósito de asustar a los terratenientes de la región. Los morenistas en
busca del poder tenían mucho que ganar, al menos a corto plazo, al fo.
mentar el caos en la porción noroeste de la península: su intención era
maquinar un desasosiego "manejable" que provocara el derrocamiento del
gobernador maderista, José María Pino Suárez.

En su alegato a favor de la diversificación, prevenía a los henequeneros de que, a menos que se suavizara la despiadada presión de la producción mediante la siembra de maíz y frijol, y con la reintroducción de
la cría de ganado en la zona henequenera, existía la posibilidad de ,¡ue
los peones acasillados - hartos de que los terratenientes y políticos locales los embaucaran y se aprovecharan de ellos- recurrieran a la violencia contra sus antiguos amos y escaparan a los pueblos, cabeceras y centros urbanos aledaños: Mérida, VaUadolid y Progreso. Enseguida, Pérez
Ponce exhortaba a los jornaleros para que desconocieran sus "ilegales"
deudas y abandonaran sus fincas. Si los jefes políticos los arrestaban y los
hacían regresar a la hacienda, sus familiares deberían comunicarselo: Pérez Ponce aseguraría que "las autoridades hicieran cumplir las leyes".4
Tan descarada agitación hubiera sido inconcebible die~ años antes. La
puhlicación de la entrevista en julio de 1911 es significativa por varias razones: desde el punto de vista político, demuestra la voluntad de una
facción elitista descontenta, conocida localmente como los morenistas
(por su abanderado, el periodista Delio Moreno Cantón), de recurrir a
elementos progresistas de la sociedad meridana.5 Frustrados en sus intentos previos por alcanzar el poder en el estado, los morenistas sentían
que no tenían más alternativa que adherirse a organizadores del estilo del
elocuente Pérez Ponce, que tenía importantes contactos con las clases trabajadoras urbana y rural.
Por otra parte, la entrevista señalaba el reconocimiento de las élites
de que el problema "laboral" mral era lo que había que plantearse -al
menos en forma retórica- como el quid pro quo para lograr el apoyo de
persuasivos hombres claves, o de agitadores como Pérez Ponce, durante los
primeros meses del período maderista. Resulta interesante que, mientras

No obstante, la libertad de movimiento que Pérez Ponce preconizaba
en 1911 para los trabajadores del henequén, habría amenazado la esencia
del monocultivo al socavar de un modo efectivo las relacio~es sociales de
1
producción. Si los jornaleros partían de sus fincas hacia lQ.s pueblos y ciudades aledañas para convertirse en lo que entonces llamaban ''hombres libres", el mundo que los henequeneros conocían se vería en serio peligro.
El hecho de que esta cuestión pudiera salir a la luz pública en forma
tan dramática y abierta da fe de las divisiones que existían en Yucatán en
las postrimerías del porfiriato. El descontento rural, generalizado de 1907
a 1911, permitió a facciones elitistas descontentas (como los morenistas,
que luchaban por el control político del estado) reclutar peones de hacienda y campesinos marginados para participar en el mosaico de jacqueries,
disturbios y rebeliones que estremeció la península en los años iniciales de
la Revolución.
Este ensayo no intentará desenmarañar por completo la madeja de
contradicciones políticas, económicas y sociales que fomentó las olas de
rebelión por todo el estado durante los primeros años de la Revolución
(verdaderas "tiempos de rebelión" que sólo con grandes dificultades fueron reducidos a la inocuidad por las élites y las autoridades locales hacia
mediados de 1913). Se dedicará -tan sólo- a examinar las posibilidades
y limitaciones de la movilización dentro de una de las regiones más importantes de Yucatán: la zona henequenera.6
Es interesante notar que, tal vez debido a las comparaciones con
otras regiones mexicanas que sufrieron un pasado revolucionario más violento, los historiadores modernos siempre han subestimado la resistencia

�218

Siglo XIX

]&lt;&gt;&amp;&gt;eph y Wells: Dominación y resi.stencia en las haciendas yucatecas

219

que el campesinado yucateco mostrara antes del derrocamiento del dominio oligárquico por el Ejército Constitucíonalista del Sureste, al mando
del general Salvador Alvarado, en marzo de 1915. En particular se ha malinterpretado el comportamiento social y la mentalidad de los peones acasillados: a diferencia de los hacendados porfiristas y de su adversario Tomás Pérez Ponce, los escritores modernos han desestimado la capacidad de
los peones para oponerse o protestar ante las demandas de sus amos.

explícita la estructura de dominación formada por el Estado y los hacendados, que obstaculizó las posibilidades de movilización en la zona henequenera durante sus años de auge; 2) relatar el amplio espectro de formas "rutinarias" y "cotidianas" con que los peones respondían a las exigencias del monocultivo; y 3) esbozar a grandes rasgos las intensas contradicciones sociales que alimentaron reiterados ciclos de desasosiego en
todo el área rural yucateca durante los años finales del ancien régime.

Los henequeneros usaban con efectividad la táctica de la zanahoria y
el garrote: mezclaban incentivos paternalístas y cierto grado de seguridad
con mecanismos restrictivos de coerción y aislamiento. No es de sorprender, por tanto, que sus sirvientes carecieran del potencial revolucionario
- "movilidad táctica", según Eric Wolf7 - tan evidente en los comuneros,
vaqueros, mineros y campesinos serranos que formaron los ejércitos revolucionarios del centro y norte de México. No obstante, y por la misma razón, los peones acasillados que se afanaban en las haciendas henequeneras de Yucatán no eran de naturaleza pasiva. Su representación en la literatura histórica como una masa despreciable de dóciles sirvientes es una
profunda exageración. Lo más irónico es que tal descripción hace evocar
los estereotipos de aquella época propuestos (por muy distintas razones)
por cronistas extranjeros hipercríticos y apologistas henequeneros por
igual.ª

Primero, empero, caracterizaremos de modo breve la hacienda henequenera, con especial atención en el problema particular que el monocultivo representaban para las relaciones laborales en dicha zona.

Nuestra propia investigación en el Ramo de Justicia del Archivo General del Estado de Yucatán sugiere una caracterización muy diferente del
campesinado de fines del porfiríato. En particular, modifica la idea generalizada en cuanto a la incapacidad de los acasíllados para resistir a sus amos.
Afirmamos que sí bien la estructura de dominación característica del monocultivo del henequén restringía el potencial de insurrección autogenerada en las fincas, a menudo no podía evitar que los acasillados se unieran a
revueltas originadas en los alrededores de la zona henequenera en los inicios de la era revolucionaria. Además, el hecho de que los peones yucatecos no se rebelaran tan abiertamente como los comuneros que residían
fuera de la zona henequenera, no significa que no resistieran al régimen de
monocultivo. Por el contrario, sus testimonios personales así como otros
documentos locales sugieren que participaban "en formas de resistencia cotidianas" mas silenciosas: resultaban a la larga más seguras y exitosas para
impugnar, simbólica y materialmente, los acelerados ritmos de trabajo y
otros aspectos poco gratos del monocultivo henequenero.
Este ensayo, por lo tanto, se ha fijado las siguientes metas: 1) hacer

LA HACIENDA HENEQUENERA: UNA INSTITUCION HIBRIDA
El mundo que en las haciendas forjaron durante el auge henequenero peones y propietarios -mundo en buena medida autosuficíente- abundaba en
inconsistencias. El boom de finales de siglo fue tan repentino que no logró horrar los vestigios de la hacienda maicero-ganadera, unidad productiva que había dominado el área noroccidental entre 1760 y 1850. Una
breve comparación del monocultivo del henequén con el complejo azucarero, su equivalente caribeño de mayor desarrollo, confirmará que las fin.
cas henequeneras nunca llegaron a convertirse en plantaciones comerciales modernas.
Mientras que la industria azucarera del Caribe utilizó técnicas nuevas
para separar los sectores agrícola e industrial, y con ello hizo crecer la
productividad y la eficiencia durante la parte final del XlX, los henequeneros yucatecos no realizaron cambios importantes durante el auge en los
medios y factores de producción. El complejo agro-industrial azucarero
se singularizaba por ser una propiedad· corporativa, con amplia capitalización, ganancias máximas y una fuerza laboral diversificada (aunque dependiente), organizada para abastecer un mercado distante pero considerable. Todo ello característico del prototipo de plantación. En contraste,
la síncrética finca henequenera de Yucatán, en lugar de la administración
corporativa, quedaba en la categoría de propiedad familiar; se caracterizaba por una clase empresarial que deseaba seguir los pasos de sus antecesores, con desmesuradas aspiraciones de status que inhibían la reinversión de las ganancias; y enfrentaba una crónica insuficiencia de capitalización como consecuencia de las volubles fluctuaciones del precio de la
fihra en el mercado mundial. El resultado era un tipo de finca engranada

�220

Siglo XIX

a las operaciones comerciales modernas, pero carente de una clase gerencial y propietaria con sofisticación suficiente para completar su transformación.9
Si bien la hacienda henequenera pudo haber tenido semejanzas físicas con la plantación comercial moderna -maquinaria de reciente creación, sistemas internos de transportación tipo decauville, y cultivo intensivo del producto básico- la propiedad familiar, la administración y la
mentalité continuaron infundiendo a la institución características de la
hacienda anterior al advenimiento del henequén. Símbolo de una sociedad rural en medio de un complicado proceso de transición, la mejor
caracterización de la finca henequenera es la de una institución híbrida
que conservaba algunos de Jos rasgos de su antecesora, la hacienda maicero-ganadera, pero que reflejó ya inevitables ajustes de tecnología, mano
de obra e infraestructura.
Parece que la emergencia de una sociedad de plantación plenamente
desarrollada se encontraba inhibida - también- por vestigios persistentes de la institución anterior, como en particular, la forma en que los
hacendados enfrentaban sus problemas de mano de obra. En el modelo
de plantación clásica, los administradores se sirven de un mercado laboral libre (o relativamente libre) y pagan salarios en efectivo. 10 A diferencia de la hacienda, la plantación moderna no tiene que depender de
las deudas ni cultivar una relación patemalista.
Por el contrario, las fincas henequeneras se parecían más a su escasa·
mente capitalizada antecesora, la hacienda maicero-ganadera, que " ...
comprometía a la mano de obra ·por medios distintos al salario en moneda ". 11 Los terratenientes seguían dependiendo de prácticas laborales tra•
dicionales como el acasillamiento de peones y la tienda de raya para
asegurar un régimen de mano de obra dependiente e impedir la movilidad. Por otra parte, las técnicas coercitivas como el uso de la fuerza
bruta y la manipulación de deudas iban aparej~das con métodos más
sutiles e indirectos como el reparto de parcelas de subsistencia y la
"institucionalización de las relaciones personales entre el empleado Y
el patrón", 12 para asegurar una fuerza laboral sumisa al menos en apariencia.
Como resultado de su preferencia por la mano de obra dependien·
te y del rápido auge, los propietarios de Yucatán se enfrentaron con
la nada envidiable tarea de convertir las tradicionales relaciones de tra-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en lai haciendas yucatecas

221

bajo de la hacienda en la disciplina rigurosa que se requería para la producción del henequén. Forzadas por la demanda norteamericana, las exportaciones subieron de 30 000 pacas de fibra cruda en la década de 1870, a
más de 600 000 por afio en la década de 1910. lnevitablemente, en la medida que la economía henequenera se comprometía más y se subordinaba
a las demandas del capitalismo internacional, las condiciones de trabajo se
tomaban cada vez más rigurosas. Los encargados y sus capataces mayas
(mayacoles) guiaban las cuadrillas de peones que limpiaban, sembraban,
deshierbaban y cosechaban la fibra durante todo el año. Por otra parte, la
desfibradora, equivalente industrial del ingenio azucarero localizada en la
finca misma, requería equipos de trabajadores disciplinados que quitaban
la corteza y comprimían miles de pencas de henequén al día.
Empero, lo que resulta más interesante es que la naturaleza de la producción del henequén no hizo necesario un conjunto de especialistas entrenados que se hiciera cargo de tareas agrícolas e industriales específicas.
Si bien los adelantos tecnológicos aumentarían la capacidad productiva, la
industria henequenera nunca exigió una fuerza laboral especializada, sino
un grupo cuantioso y móvil de trabajadores que se desempeñara en todas
las fases de la producción, según las circunstancias. A diferencia de la caña
de azúcar, el agave fibroso se cosechaba durante todo el año, pbr lo que requería de mano de obra permanente, descartando desde el punto de vista
admirústrativo los esquemas de empleo temporal de mayor flexibilidad y
rendimiento.
En esencia, el monocultivo del henequén gestó relaciones sociales que
en cierto modo semejaban un proletariado rural ( cuadrillas de trabajo rutinario, trabajo a destajo, salario diario y una economía casi de contado)
pero, en otros aspectos, seguía encamando muchas de las características
de la paternalista hacienda maicero-ganadera.
Aunque las condiciones laborales en la híbrida finca henequenera eran
en realidad más pesadas que las de su antecesora de cultivo extensivo,
continuó ofreciendo una medida esencial de seguridad a los peones acasillados, por lo menos, como veremos, hasta las postrimerías del porfiriato. Las nuevas disposiciones agrarias y laborales implicaban la total dependencia de los mayas con relación al amo y al encargado para procurarse
alimentos, leña, agua, auxilio contra el hambre, justicia, protección, servicio médico y otras ayudas. Para los peones yucatecos, la vida en la hacienda henequenera representaba una especie de pacto: la institución del monocultivo les ofrecía un mínimo de seguridad, pero a costa de su autono-

�222

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

Siglo XIX

mía.
Aun c~ando los p~~es residentes mostraban la mayor preocupación
por el sentido de estabilidad y seguridad que las nuevas relaciones social~ f?m~ntahan, los henequeneros perseguían un proyecto muy distinto:
dismmmr el contacto directo entre ellos y sus siroientes. A diferencia de
sus_ padres Y ab~elos, esta generación de terratenientes consideraba prioritar1ame~te a. sus fincas como inversión comercial, y en segundo lugar como patnmoruo. La especulación de bienes raíces rurales -en particular dur~nte las é~ocas de quiebra en la economía regional- forzó a los empresano~ a co_ns1derar las haciendas henequeneras como activos. En este clima
de m:ers1ones imprevisibles, donde se hacían y deshacían fortunas con regularidad, resultaba difícil para los peones mantener una relación estrecha
con sus amos. Si bien existió una relación patrón-cliente en la zona henequ~nera, como veremos, nunca alcanzó el nivel de sofisticación que preval~cia en _el sur norteamericano previo a la guerra de Secesión, por la sencilla r~on de que la mayoría de los productores de henequén no dedicaba el ~empo Y el esfuerzo necesarios para nutrir tan compleja relación.
A m~dida que avanzaba el auge, y que se multiplicaban las inversiones 00•
merc1ales ~ que los_ crédi_tos hipotecarios se canjeaban a un ritmo vertiginoso, los vmculos clientelislas se deterioraban irremediablemente.

La incompleta transformación de las haciendas productoras de maíz
Y ganado del noroeste de Yucatán en modernas plantaciones comerciales
durante el bo~m de la ~ibra, y una debilitada actitud paternalista, estimularon las. te~smnes soc1~es entre autoridades, hacendados, encargados y
peones. Si b1e~ los mecarusmos de control social que utilizaban los supervisores de l~~ fmcas Y las autoridades locales durante el porfiriato sofocaron la acc1on colectiva, no evitaron que los peones acasillados mostraran
su de~contento con el nuevo orden. Antes de examinar la reacción de los
trabajadores frente a esta híbrida institución, primero caracterizaremos el
~ntorno de cooptación y represión en el que tenían que luchar los trabajadores henequeneros de Yucatán.

EL IDIOMA DEL PODER: AISLAMIENTO, COERCION y SEGURIDAD
¿Por qué la obediencia de los trabajadores henequeneros a sus amos llegó
porfiriato? La sola fuerza (o la amenaza de su uso)
no habna ~astado para mantener sometidos a los peones. 13 Si bien el temor al castigo es un ingrediente esencial en todos los sistemas coercitivos

ª tal gra?o durante el

223

de trabajo, debe combinarse la fuerza con la obediencia implícita a la autoridad para asegurar la sumisión. El triunfo final en la historia de estos
sistemas asimétricos ha dependido de la habilidad de las élites para convencer a sus trabajadores de que tal forma de existencia era la más beneficiosa. Incluso las más infames formas de servidmnhre tuvieron elementos
que al menos fingían apoyar los "derechos" y necesidades de los trabajadores dependientes.14
Las clases subordinadas deben· ser llevadas a creer que el sistema represivo es parte del orden lógico e inmutable de las cosas y que, por ende, la acción colectiva no es una alternativa viable. Asimismo, mientras
esas clases no comparen su propia condición con la de sus amos (aceptación implícita de su propia inferioridad), las perspectivas de rebelión disminuyen enormemente.15
Para poder apreciar cómo los henequeneros inculcaban la obediencia en los peones acasillados durante el porfiriato, nos concentraremos
brevemente en los idiomas del poder: es decir, las modalidades históricas de representación del aspecto coercitivo ante las clases subordinadas.16

En muchas de las sociedades premodemas, tradicionales, la fuerza
se presentó casi siempre de un modo transparente y directo, cara a cara.
Aunque a veces este idioma personalista del poder estuvo disfrazado por
estrategias tan ingeniosas como el compadrazgo, el patemalismo y los intercambios asimétricos de regalos, ni a los elementos subordinados ni a
los superiores les cabía duda de que la dominación era la esencia de tal
relación.
En épocas más recientes surgió un idioma materialista del poder:
la relación desigual se representaba como poder sobre los bienes, no sobre los individuos. Con el desenvolvimiento del capitalismo moderno,
las relaciones obrero-patronales se despersonalizaron cada vez más en la
medida que ambas partes se separaban de las mercancías que producían.
La dependencia estaba " disfrazada bajo la forma de relaciones sociales
entre los productos del trabajo ". 17 La relación de poder resultante, diluida por la creciente alienación del entorno laboral, ya no estaba representada por el poder sobre las personas, sino oculto como poder sobre
las mercancías.
Las relaciones sociales del monocultivo del henequén representan

�224

Siglo XIX
Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

algo así como el punto medio del continuum que une a los idiomas
personalista y materialista del poder. AJ,í como la sincrética finca hene•
quenera combinaba las características de la hacienda tradicional y los tipos
de plantación comercial, también sus relaciones de trabajo representaban
la amalgama de ll!l' dos modalidades de coerción. En efecto, muchos de los
elementos esenciales del idioma personalista de las sociedades tradiciona•
les, como el paternalismo velado, el compadrazgo y la omnipresente acción
de la violen~ia humana, ilustrada por las flagelaciones administradas por los
encargados, perduraron en la nueva sociedad estilo plantación.

FIGURA l

EL MECANISMO DE AISLAMIENTO

La comprensión de tres mecanismos complementarios de control social (seguridad, aislamiento y coerción) resulta útil para ilustrar plenamente el modo en que el idioma del poder en el monocultivo henequenero
adaptó algunas características de las tradicionales relaciones laborales a los
requerimientos de un más "proletarizado" régimen. Apoyados en el aparato político del Estado, estos mecanismos permitieron a los terratenientes
mantener disciplinados ritmos de trabajo en la producción. Aislamiento,
coerción y seguridad funcionaron simultáneamente para cimentar una re•
lación estructural que no sólo se ajustó a los requisitos de la producción,
sino que también sirvió a las necesidades de subsistencia de los trabajadores,
al menos hasta las vísperas de la Revolución Mexicana.18

PERIFERIA DE

YUCATAN
FRONTERA
Partición de

~

Aislamiento

Los henequeneros inculcaban la obediencia a la autoridad mediante un
diestro manejo del espacio físico y social. Haciendo uso de cuatro esferas
reforzadas del aisJamiento - conceptualizadas como círculos concéntricos
en la figura 1- las élites terratenientes de Yucatán y su aliado, el Estado,
lograban canalizar y sujetar a los jornaleros a las haciendas, al tiempo que
bloqueaban otras alternativas y vías de escape.
En el núcleo del mecanismo de aisJamiento se encontraba la misma
hacienda henequenera. Una serie de estímulos positivos y negativos asegu•
raba que los peones permanecieron atrapados en la finca. Aun cuando los
trabajadores estuvieran constreñidos por la deuda, la tienda de raya, el
castigo corporal y sus documentos de identificación, su condición se ha·
cía más tolerable gracias al pago del trabajo a destajo, la atención médica,
y el adelanto de fondos para bodas, entierros y bautismos (las estrategias
coercitivas y paternalistas se discutirán después con mayor detalle). Sin
embargo, a pesar de estos atenuantes aspectos paternales, la estrategia de

225

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Incursiones de
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Reclutamiento
para la guerra de

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Ocupación por
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Limitaciones
ecológicas

Castas

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Vigilancia fronteriza
en Campeche

Enfermedades

de la selva

�226

Siglo XIX

doble filo de los henequeneros ..estrihaba, a la postre, en la coerción: los
peones acasillados sólo podían salir de la hacienda con el consentimiento
expreso, por escrito, de los propietarios o de los capataces.
Los henequeneros promovían concientemente el aislamiento de sus
trabajadores al regular su comunicación con el mundo exterior. Si bien a
algunos lugareños se les concedía acceso periódico a la finca en calidad de
trabajadores por hora, los terratenientes se oponían a que sus peones trabaran amistad o contrajeran matrimonio con residentes de otras haciendas
y pueblos. Por lo general, los hacendados impedían el paso a visitantes citadinos y vendedores ambulantes, y confinaban sus peones a la finca. Por
supuesto, el primitivo sistema de caminos de Yucatán impedía de cualquier
manera tales relaciones e intercambios. Por último, la heterogénea composición de la fuerza laboral acrecentó el predominante clima de aislamiento.
Para hacer frente a la escalada en la demanda de fibra posterior a 1880, los
henequeneros agruparon diversos conglomerados humanos que diluyeron
las mayorías de peones mayas endeudados y de trabajadores por horas de
los pueblos en una mezcla de grupos étnicos y lingüísticos extrafios: yaquis deportados, asiáticos contratados, enganchados provenientes del centro de México. De este modo, la estrategia de los henequeneros de ''importar" trabajadores mexicanos por contrató y prisioneros de guerra, y lo
que ellos denominaban con eufemismo "colonos extranjeros", no sólo solucionaba una endémica escasez de mano de obra: también, disminuía las
posibilidades de creación de viables comunidades de trabajadores.
El poder y la influencia henequeneros, desde lnego, trascendieron los
límites físicos de la finca. Los propietarios contrataban regularmente cazadores y jefes políticos (estos últimos por lo común miembros de sus
extensas familias y clientelas) para hacer regresar a los peones fugitivos
que buscaban refugio en las áreas urbanas o, más probablemente, en los
pueblos o fincas vecinas dentro de la zona henequenera. Durante los afios
iniciales del auge de la fibra, los henequeneros anunciaban en los periódicos de Mérida y ofrecían recompensas por la devolución de los sirvientes
escapados. Sólo desaparecieron estos avisos cuando periodistas de la ciudad de México los citaron como clara prueba de ]a existencia de esclavitud
en la península. 19
Tan precaria era la existencia en los pueblos de la zona que, ellos
mismos, constituían en conjunto la segunda esfera complementaria del
mecanismo terrateniente de aislamiento. El hecho de que los henequeneros pudieran ejercer el poder tan libremente y que los fugitivos tuvie-

]o$eflh y WeU,: Dominación y re,i,tencia en hu hacienda, yucatecaa

227

ran tan sombrías esperanzas de encontrar refugio, sugiere en parte la existencia miserable de las comunidades a fines del porfiriato. A medida que
las alternativas económicas se estrechaban y la urdimbre social de la vida
en el pueblo se disolvía, se canalizaban más y más campesinos hacia las
grandes fincas henequeneras.
Como es fácil suponer, la lógica expansionista del monocultivo relegó
al olvido la vida tradicional del campesino. Al intensificarse el auge, el
cultivo del henequén requirió cantidades cada vez mayores de tierra y
mano de obra. Los henequeneros compraron las tierras de los pequeños
propietarios colindantes, tanto con el propósito de adquirir su fuerza laboral como para extender la producción a esos campos.
Absorbieron esas pequeñas propiedades auxiliados por la política
agraria del estado oligárquico: por disposición de las leyes de reforma de
1856, todas las formas corporativas de tenencia de la tierra habían sido
abolidas, y las tierras ejidales debían ser divididas entre los cabezas de
familia del pueblo, cada uno de los cuales recibiría una pequeña dotación.
Con el auge inminente de la fibra, los hacendados no perdieron tiempo y
compraron las tierras ejidales de los jefes de familia de la zona. Sesenta y
seis ejidos, que totalizaban 134 000 hectáreas, fueron adquiridas por las
haciendas invasoras y entregadas al cultivo del henequén desde 1878 hasta
1912.20 En ocasiones el deslinde y parcelación de los ejidos estuvo acompañado por disputas y actos de violencia, sobre todo en las menos controlables áreas periféricas del área henequenera. De cualquier modo, al final
los comuneros y pequeños propietarios resultaron impotentes para detener
la expansión.
Tarde o temprano, la mayoría de los campesinos acudieron a trabajar
en las haciendas henequeneras en calidad de inquilinos, jornaleros por horas o, más comunmente, como peones acasillados. Los censos de fines del
siglo XIX revelan que el número de peones se elevó de 20 767 en 1880, a
80 216 en 1900: un anmento del 386% en dos décadas.21
A medida que las fincas se robustecían, los pueblos se debilitaban. El
auge no sólo transformó las relaciones sociales de producción en la finca
henequenera: también alteró la compo~ción y el papel de los pueblos y
cabeceras de la zona (véase mapa).
El asalto efectuado por la hacienda a la tierra y mano de obra de los
pueblos se intensificó con el papel cada vez más importante del Estado

�228

Siglo XIX

Joseph y Wells: Dominació,n y resistencia en ku haciendas yucateca,

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229

en la vida rural, a partir de la segunda mitad del siglo. La elevación de impuestos, las frecuentes levas militares y las arbitrarias obligaciones de la
coroée (fajina) socavaron aún más los lazos corporativos de los pueblos y
debilitaron la relación simbiótica que habían mantenido con las grandes
fincas aledañas. Con algunas notables excepciones -como Hunucmá, cabecera situada a 25 kilómetros de Mérida, que siempre (y a menudo con
violencia) se opuso a la irrupción de la hacienda y a las exacciones del
Estado- los poblados campesinos de la zona henequenera se habían reducido para fines del porfiriato a una sombra de lo que había sido su existencia semiautónoma.
Para los campesinos que optaron por permanecer en los pµeblos, ahora desprovistos de tierra y con apenas un frágil sentido de comunidad,
el encontrar sustento se hizo cada vez más difícil. La mayoría se vió forzada a aceptar trabajo discontinuo en las fincas henequeneras de los alrededores, en donde se les pagaba " por pieza" en el corte de pencas de
henequén, o desmontando nuevos campos (planteles). Aparte de eso,
los pueblos de la zona ofrecían magras oportunidades de empleo a sus
residentes: unos cuantos afortunados consiguieron empleo en la estación
de ferrocarril cargando pacas de fibra; otros se emplearon en la Guardia
Nacional para restituir peones fugitivos a las haciendas vecinas, o hicieron cumplir el cobro de impuestos y los trabajos forzados en los caminos
para el jefe político; otros más trabajaban en establecimientos mercantiles
de la localidad o tejían hamacas y bolsos de henequén que se vendían en
Mérida. En ocasiones los campesinos tenían que combinar varias de estas
tareas en su lucha por mantener en los pueblos una existencia marginal
de "hombres libres".

Las condiciones de los campesinos se agravaron aún más a causa de las
limitaciones ecológicas de la suh-región.22 Debido a que el cuadrante noroeste de la península tiene un asentamiento de piedra caliza porosa, el agua
ha tenido históricamente un valor más elevado que la tierra. Al no haber
ríos, y con apenas unos cuantos cenotes a los cuales recurrir, el agua se
ha extraído de profundos canales subterráneos con ayuda de costosas
bombas y molinos de viento. El desarrollo de grandes latifundios durante
el auge concentró los escasos mantos acuíferos en manos de los henequeneros en expansión, que así contaban con otra herramienta para reclutar
campesinos como fuerza laboral.
A menudo, aún donde el agua no constituía un problema, lo era la delgada capa de tierra cultivable. Las cosechas insuficientes de maíz han sido

�230

Siglo XIX

siempre un problema para los campesinos mayas que residen en los calcáreos distritos del noroeste. La combinación de escasez de agua, baja calidad del suelo, plagas periódicas de langosta y expansión de latifundios redujeron al extremo la inventiva de los campesinos locales. Hacia fines del
porfiriato, muchos campesinos, despojados ya de la infraestructura colectiva que el ejido tradicional les había proporcionado, no pudieron sobreponerse individualmente a la pobre calidad del suelo del yermo, rocoso noroeste.23
Enfrentadas a las magras oportunidades de empleo y al inhóspito entorno social y físico de los pueblos que rodeaban la zona henequenera, la
mayoría de los campesinos tomó la decisión económicamente racional de
residir en las haciendas. La finca no sólo les proporcionaba empleo y artículos de primera necesidad (maíz, agua y leña): ofrecía también la exención legal de las levas militares y de la fajina. Por lo demás, el ámbito henequenero no presentaba otras alternativas. Incluso la huida hacia Mérida
o Progreso, principales centros urbanos, ofrecía pocas ventajas a los fugitivos o a los acosados campesinos. Podían encontrar refugio temporal en
los crecientes cinturones de miseria del puerto o la capital. Pero con su escaso conocimiento del español o de la ciudad, sin empleo, y exhibiendo las
maltratadas manos de un cortador de pencas, el jornalero maya era, al
final, blanco fácil de descubrir por las autoridades locales. Si tenía suerte, Jo regresaban a la finca para ser azotado o encarcelado; si no, podría
verse obligado a ingresar a la milicia estatal por orden de un prefecto de
distrito en busca de hombres aptos para cumplir con su cuota de leva.
Una tercera, reforzadora esfera de aislamiento redujo aún más la
posibilidad de fuga. A diferencia de sus ancestros, estos peones no se daban el lujo de "votar con los pies", de encontrar una zona de refugio en
plena selva del sureste.24 La brutal Guerra de Castas de mediados de siglo
había excluido efectivamente tal posibilidad al seccionar la península
en dos áreas distintas: la noroeste, de agricultura comercial dominada
por las élites de blancos, yucatecos, y las densas selvas plagadas de enfermedades de) sureste, último refugio del maya rebelde. En efecto, aún a
principios de este siglo, gran parte del sureste se encontraba bajo el dominio del implacable saqueador cruzob y del semi-autónomo pacífico, un poco más tratable. Aún cuando el aculturado maya del noroeste pudiera de
algún modo abrirse paso hasta la selva, salvando todos los obstáculos impuestos por las autoridades estatales, hallaba poco en común con sus hermanos, el cruzob y el pacífico, ya culturalmente distintos.25 No es de sorprender, por lo tanto, que pese a sus vastas extensiones de tierra fértil y

Joseph y Wells: Dominación y residencia en uu haciendas yucatecas

231

barata, el sureste permaneciera sin desarrollar, casi como tierra de nadie,
durante la segunda mitad del siglo XIX.
Una de las principales preocupaciones de las autoridades peninsulares
durante el auge fue la de mantener a salvo de las incursiones del cruzob a
los distritos del noroeste, entregados a la producción de henequén. Sin
embargo, desde la perspectiva del campesino maya o de los peones, ser llevado a los confines para prestar servicio en la primera línea de la milicia
estatal, en contra del cruzob (en caseríos remotos como Xoccén o Chemax ), significaba la mala suerte.
En 1901, cuando el presidente Porfirio Díaz envió un ejército federal
a erradicar el cruzoh de una vez por todas, insistió en que las colonias mili26
tares del sur yucatecas participaran en la campaña de "pacificación". Más
de 2 000 yucatecos morirían en la expedición, muchos de ellos campesinos
27
mayas de la misma zona henequenera.
Los reclutas aborrecían por igual las levas para las colonias Y para la
Guardia Nacional del estado; muchos de ellos intentaban escapar al vecino
Campeche al ver llegar los odiados jefes políticos. A l~s_hombres ~~ ~ntre
quince y sesenta años de edad se les exigía pre~~ sem~to ~n ~a.milicia cada año. Había tres modos de asegurar la exenc1on: a) s1 el individuo lograba pagar una cuota fija o encontrar quien lo r~mplazara en el se.~ cio;
b) si padecía una enfermedad debilitante (se exig1a compr?ban~ m~fico~;
c) 0 si se le clasificaba como trabajador permanente adscnto ~ease ac:1:'1llado ') a una hacienda.28 En vista de que normalmente la pnmera ?pcton
quedaba fuera del alcance de muchos campesinos, y ase~ar el ce~~fica~?
médico también resultaba costoso, los que deseaban evttar el semc10 militar en las colonias o en la milicia del estado a menudo se refugiaban (y endeudaban) en las haciendas.
De este modo, el estado usurpador y los intereses locales, a los que a
menudo servía, habían creado un mecanismo que era utilizado por el gobierno federal en su campaña para eliminar al cruzob, al tiempo que aseguraba a los henequeneros una fuerza laboral permanent~: Es importante
notar que los estatutos de reclutamiento creaban el espeJtsmo de una _alternativa, al hacer creer a los campesinos que ellos eran los que prefenan
la servidumbre en la finca a la "libertad" en los pueblos.
En 1902 las "alternativas" de los campesinos se restringieron aún
más, cuando ;l gobierno nacional seccionó la península con la creación del

�232

Siglo XIX

terri_torio federal de Quintana Roo.29 Ahora, el interior ya pacificado se
hab1a transformado en una vasta prisión federal para mexicanos criminales, desertores obstinados y prisioneros de guerra yaquis. Los opositores
del régimen de Díaz cumplían su sentencia en campos de trabajo infestados de paludismo y patrullados por el ejército federal, talando árboles de
ce~o y caoba, o laborando en concesiones chicleras auspiciadas por el
go~_1emo. La selv~. del sureste, refugio tradicional del disidente maya,
deJo de ser una opc10n viable en las postrimerías del porfiriato.
El ~ecino meridional de Yucatán, Campeche, no ofrecía mejores
perspectivas. Campeche fue en esencia un Yucatán en miniatura dura~te el po~iriato, con sus haciendas henequeneras, una leva propia, los
m1Smos confines hostiles y una milicia estatal que patrullaba la frontera
con Yucatán en busca permanente de jornaJeros rebeldes.
En resumen, el contorno de la península actuaba como una prensa
que confin~a a los campesinos, haciéndoles ver que su mejor opción
era el trabajo estable en las haciendas henequeneras. La leva, la Guerra de
Castas, los campos de trabajo de Quintana Roo, las fiebres de la selva y un
vecino en el sur que no ofrecía refugio seguro, todo conspiraba para enseñarle a los campesinos que "votar con los pies" estaba cargado de riesgos.
Por último, la remota ubicación de Yucatán, alejada del resto de ~éxico, constituyó el cuarto círculo de aislamiento que apuntalaba los idiomas del poder transmitidos por henequeneros y autoridades estatales. En
el fondo, por lo que concernía a los localistas campesinos mayas, Yucatán
era una isla encerrada en sí misma. Aun cuando los campesinos hubieran
d~s_eado abandonar por ~ompleto sus hogares y su patria chica (cosa que no
hicieron por un buen numero de razones culturalmente válidas), les habría
resultado muy difícil consumarlo: ferrocarriles y carreteras hacia el resto
de la nación no se implementarían sino hasta después de la Segunda Guerra \4undial. Entretanto, el único medio de comunicación con el resto de
la república lo constituía un irregular servicio de buques de vapor rumbo al
puerto de Veracruz. La geografía reforzaba el mecanismo de control concéntrico al restringir libertad de movimiento a las clases trabajadoras de
Yucatán.
Si la falta de movilidad sujetaba al maya yucateco a la zona henequenera, la distancia de Yucatán a la capital federal disminuía sus esperanzas
de alcanzar justicia social. La documentación existente sugiere que el gobierno central puso oídos sordos a las quejas de los campesinos durante

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las hacienda&amp; yucatecas

233

el porfiriato. Hasta su famo..a visita a la península en 1906, el presidente
Porfirio Díaz seguía siendo un concepto abstracto para la gran mayoría
del campesinado yucateco. Entre las decenac; de miles de cartas escritas a
Díaz durante el ejercicio de su cargo, apenas un puñado procedía de esos
campesinos, y menos aún de los peones acasillados.30 Si bien la política
porfirista era jerárquica y se basaba en el inOuyentismo, parece evidente
que los mayas se sentían excluidos de acudir a tal jerarquía. Rara vez se
tomaron la oportunidad de recurrir directamente al Gran Patrón de la
ciudad de México (aunque, sin duda, muchos peones se habrían sentido
demasiado apremiados para pensar siquiera en eso).
Incluso si los campesinos encontraban un abogado compasivo que
consignara sus quejas por escrito, eran escasas las probabilidades de recibir alguna respuesta significativa de parte del dictador. En general , Díaz
contestaba a peticionarios y gobernadores por igual, en un estilo mecánico y críptico. Muchas cartas parecen no haber obtenido respuesta alguna.31
El aparente desdén del dictador por enfrascarse en cuestiones puramente locales sólo habría sido igualado por la renuencia de sus gobernados a presentar quejas ante una autoridad superior. Los campesinos yucatecos de la época no mostraban los mismos sentimientos que sus ancestros de la colonia tenían por su soberano, el rey de España. La veneración
por el cargo presidencial brillaba por su ausencia y, sobre todo después
de 1910, los mayas acudían a instituciones locales, como el sistema judicial, en busca de remedio a la fonna injusta en que eran tratados.
En suma, los cuatro círculos concétricos de aislamiento actuaron a
semejanza de polos magnéticos, creando un campo de fuerza que repelía de los pneblos, de Mérida y el sureste a los campesinos (y peones rebeldes), y los atraía a las fincas henequeneras. En ocasiones esto se lograba mediante la coerción, pero con más frecuencia mediante la disminución del atractivo y posibilidad de otras alternativas. El mecanismo de
aislamiento no sólo predisponía al campesino a obedecer la autoridad de
la hacienda y facilitaba los aspectos coercitivos de las relaciones de poder: también, daba a los campesinos que "observaban desde fuera" una
visión distorsionada de la finca henequenera misma. Al evaluar sus alternativas, muchos campesinos acosados llegaron a preferir el status de residente en la hacienda que su mísera existencia en el pueblo (véase más
abajo el análisis sobre la seguridad).

�234

Siglo XIX

Joseph y Well&amp;: Dominación y resistencia en las haciendm yucateCIU

Es importante recordar que el mecanismo de control social de aislamiento no privó por completo a los campesinos independientes de la capacidad de decidir acerca de su propio futuro (y el de sus familias). Las
limitadas alternativas, se tratara de una preferencia personal por aceptar
el status de residente, contratarse como peón por horas, o no moverse de
las languidecientes cabeceras y pueblos de la zona henequenera, brindaban
a los campesinos mayas la sensación de ser actores independientes, aun
cuando las opciones concebidas por la élite terrateniente y el estado casi
equivalieran a elegir entre el menor de dos males. De cualquier modo,
quienes optaron por la permanencia en la finca henequenera, se toparon
con un tipo de coerción que explotaba su trabajo mediante la efectiva
combinación de los idiomas personalista y materialista del poder.

Coerción

/

Si el mecanismo de aislamiento otorgaba a los mayas yucatecos del noroeste cierta variedad ilusoria de elecciones, el embrollado asunto de la coerción les recordaba a los peones residentes en las fincas que podía emplearse
la fuerza directa si no se mantenían ritmos disciplinados de trabajo. Pero
incluso la coerción era un mecanismo multifacético que transmitía imágenes difusas de poder a los jornaleros. Esta cualidad ambigua, que permitía
impartir la coerción en algunos casos con furia catártica y, en otros,
transmitirla en forma más sutil para intimidar o ''imponer un castigo
ejemplar", era lo que confería a este mecanismo de control tal versatilidad.
A semejanza de las plantaciones azucareras del Caribe, la finca henequenera era un mundo aparte. Con la bendición del estado, los hacendados forjaron un poderoso sistema extra-legal de justicia que reforzaba su
relativo aislamiento. Los capataces (mencionados en los libros de cuenta
de las haciendas como "encargados", "mayordomos" o "personeros") sólo debían responder de sus actos ante sus patrones (que, en promedio, visitaban sus propiedades un fin de semana cada mes).32 Por ello, hasta que
la rebelión nacional maderista abrió un espacio político mayor, rara vez los
peones registraban sus quejas por la brutalidad del encargado o por otros
abusos ante las indiferentes autoridades estatales "de fuera".
El idioma personalista del poder tuvo su más clara representación en
el castigo corporal. Se creía que la flagelación era la herramienta más efectiva del encargado para controlar a sus peones. La representación más
gráfica de esta venerable práctica se encuentra en una fotografía que apa•

235

reció en la cruda narración de Henry Baerlein, México: Land of Unrest
(1914). La foto exhibe la espalda llena de cicatrices de un sirviente maya
de la hacienda de don Rogelio Suárez, yerno de Olegario Molina. Los encargados utilizaban el látigo por una variedad de razones: insubordinación,
rehuir el trabajo, disimulo, evasión y como antídoto regular contra la violencia generalizada que formaba parte de la rutina diaria en las haciendas
henequeneras. La flagelación, después de todo, no le costaba al hacendado
el trabajo diario de sus jornaleros, lo que sucedía al encerrarlos en el calabozo de la hacienda.33
El aforismo yucateco "d indio oye sólo con la espalda", era algo más
que simple humor negro: reflejaba la creencia generalizada entre la clase
dominante de que la disciplina debía ser reforzada por el ejemplo riguroso. El gobernador Santiago Méndez reafirmó este arrogante modo de pensar cuando observó: 34
En general se considera a los indios yucatecos como mansos, humildes, y que no se dejan llevar fácilmente por la ira y la crueldad... el castigo más usual entre ellos era la flagelación aplicada
con moderación. Este tipo de castigo no los ofendía, si se les informaba la razón por la que se les aplicaba, ni lo consideraban degradante ...

Aunque hoy nos repugna tal idea, muchos encargados compartían la opinión de que los azotes "con moderación" reforzaban la disciplina en el sitio de trabajo, y que eran una herramienta efectiva de control social. Otro
observador comentaba que los jornaleros mayas eran "dóciles, obedientes
y sumisos ante las órdenes del amo, la aplicación de unos cuantos golpes,
35
como último recurso, resulta invariablemente efectíva". Las implicaciones de la racionalización de los henequeneros era un mensaje inequívoco
para las clases trabajadoras: los jornaleros eran subordinados que requerían, incluso esperaban, el látigo, tal como los niños esperan que sus padres
los disciplinen. Esta deshumanización explícita asumió en Yucatán un carácter racista: los mayordomos y otros administradores invariablemente tenían apellidos españoles, mientras que los peones eran, en su mayoría, indios mayas.
Uno de los pocos casos hallados en los registros judiciales en que un
peón residente protestó por una flagelación, demuestra por qué tales
casos rara vez se llevaban ante el poder judicial del estado. En 1912 los padrastros de un sirviente de dieciséis años de edad condujeron ante un tribunal al mayordomo de una pequeña hacienda del distrito de Sotuta, por la

�236

Joseph y Wells: Dominaci6n y resistencia en las hacii&gt;ndas yucatecas

Siglo XIX

flagelación de su hijastro (debida a insubordinación). Sin embargo, avanzado el proceso, los demandantes se retractaron y dijeron que el mayordomo sólo había disciplinado a su ingobernable hijo, que tanto lo necesitaba. La madre, de hecho, contradijo su propio testimonio anterior: negó
que el muchacho hubiera sido azotado, a pesar del testimonio médico que
corroboraba el castigo corporal y que los mismos demandantes habían presentado.
Huelga decir que los cargos fueron retirados. Si bien tal vez nunca sepamos con exactitud qué sucedió, las implicaciones son claras: el hacendado (en este caso, Hemando Ancona Pérez) tenía tantos modos de ''persuadir" a sus sirvientes de la importancia de arreglar sus asuntos fuera de los
juzgados, que pocos acasillados aprovechaban sus derechos como ciudadanos mexicanos.36 El mínimo uso de los peones residentes de los recursos
legales de reparación muestra un contraste claro con la actitud de los campesinos libres, situados al margen del monocultivo: recurrían con regularidad a presentar sus quejas ante las autoridades judiciales.
La "Justicia"/coerción de la hacienda también se administraba mediante el uso de calabozos construidos para encarcelar provisionalmente a
los infractores. En vista de que el alcoholismo constituía un grave problema, muchos peones que provocaban desórdenes cuando se intoxicaban terminaban durmiendo la borrachera en el calabozo. En la hacienda Tamanché, camino a Progreso, la cárcel anexa a la tienda de raya era tan pequeña
que parecía poco más que una celda para confinamiento solitario. De techo bajo y con sólo dos ventanas pequeñas para contrarrestar el asfixiante sol tropical, aun una breve estancia en el calabozo de Tamanché debió haber sido una experiencia infernal.
El mecanismo de la deuda y su complemento, la tienda de raya, eran
dos componentes indispensables del personalista idioma de poder de los
henequeneros, adaptados ambos de la hacienda maicero-ganadera tradicional. Esas instituciones conjuntadas reforzaron la inmovilidad de los
peones. En 1882 la Ley Agrícola Industrial del Estado de Yucatán reiteró leyes de peonaje que estipulaban que el peón que abandonara el empleo sin pagar las cantidades que adeudaba sería e~juiciado legalmente.
Además, si el sirviente deudor escapaba y se refugiaba en otra finca el
propietario que lo ocultara podría ser arrestado.37 En contraste el 'artículo V de la Constitución de 1857 (por el cual nadie debía ser obligado
a prestar servicio personal sin justa compensación y pleno consentimiento, cláusula que tomaba ilegal el acasillamiento) era ignorado por las

237

élites: violaban el espíritu de la ley federal justificando el peonaje con
el eufemismo de que era un "simple contrato que convenía a ambas partes ".38
Después de todo, las deudas eran una práctica de trabajo establecida
desde la época de la colonia, y había impregnado a través de la historia
las relaciones sociales en la península. El peón tenía dos tipos de deudas,
la chichán cuenta y la no hoch cuenta. La primera representaba una pequeña deuda por compras diarias y sueldos semanales, mientras la última era una cuenta grande (utilizada para eventos importantes como matrimonios O bautizos) de la cual el peón raramente se libraba. De hecho
la deuda del peonaje estaba tan arraigada en las prácticas de trabajo locales que los contratistas ferroviarios yucatecos utilizaron esla institución
para limitar la movilidad de su escasa fuerza laboral. Además, los estatutos legales locales aceptaban el avalúo de la deuda del trabajador como
gasto legítimo, lo que concedía mayor legitimidad -sin m~ncionar la
ventaja financiera- aJ acasillamiento. Específicamente, el articulo 2030
del Código Civil del estado estipulaba que las deudas de los peones deberían incluirse en el inventario de la propiedad. Nelson Rubio Alpuche,
prominente abogado local, lo expresó sin rodeos en un expediente legal
de 1895 cuando dijo: "En Yucatán no existen cuadrillas libres de peones. . . La hacienda que no cuenta con personas obligadas por contrato
.
. , val ,,39
personal ... no tiene mngun or.
Por consiguiente, si el endeudamiento de la mano de obra era una
práctica establecida, lo que cambió durante el auge fue la apremiante ?ecesidad del henequenero de asegurarse de que sus jornaleros no saldarian
las deudas. 4º Como resultado, las relaciones relativamente flexibles que habían caracterizado el régimen laboral prc-henequenero se endurecieron con
rapidez. Ahora, los henequeneros conseguían la ayuda de la a~recentada
burocracia del estado para asegurar que las deudas no fueran cubiertas. Los
jueces de paz y jefes políticos a nivel de distrito ~?°peraron_ con los pr~pietarios para dificultar a los deudores la reparac1on en el sistema de tribunales. En muchos casos, la colaboración estaba consolidada por lazos de
parentesco entre hacendados y los funcionarios estatales.
El caso de Juan Bautista Chan es un ejemplo útil de tal colaboración
entre las élites.41 Para 1912, Chan, peón acasilJado de la hacienda San José en el municipio de Hoctún, había acumulado unos 400 pesos de deuda.
Por razones que no se especifican, huyó de San José y se estableció en
Tahmek, un pueblo distante. De acuerdo con Chan, trató de pagar la deu-

�238

Siglo XIX

da aJ juez de paz de Tahmek, Segundo Sergio Echeverría.42 Sin emhargo, el juez rehusó aceptar el pago porque el asunto quedaba fuera de su
jurisdicción. Aconsejó aJ peón regresar a Hoctún y pagar en el establecimiento comercial de Aurelio Gamboa, un hacendado de San José de gran
poder político. El abogado de Chao señaló que su cliente tenía el derecho
legal de pagar la deuda en la jurisdicción que eligiera, y solicitó al Tribunal
Superior que obligara al juez a aceptarlo. Por su parte, el juez Echeverría
negó conocer a Chao y presentó testigos que apoyaron su argumento. Como era de esperarse, el Tribunal Superior falló en favor del juez. El caso es
una ilustración implícita de la afinidad entre los henequeneros y el sistema
de justicia, e indica lo difícil que resultaba para los acasillados el pago de
su deuda, incluso en los raros casos en que podían hacerlo. Por otra parte,
sugiere que Chao no estaba dispuesto a regresar a Hoctún, ya que podría
ser atrapado por las autoridades locales confabuladas con Gamhoa para enviarlo de regreso a San José.
Si las autoridades trabajaban mano a mano con los henequeneros para
dificultar el pago de deudas, las tiendas de raya proporcionaban a los hacendados la excelente oportunidad de acrecentar el pasivo de sus jornaleros. La mayoría de los peones acasillados adquirían sus bienes en estas
tiendas, ya por la disponibilidad de crédito, ya por simple conveniencia:
como hemos visto, a menudo los peones tenían dificultad para salir de la
hacienda y hacer las compras en otra parte. Las tiendas de raya, que en
ocasiones pertenecían al mismo henequenero y en otras se rentaban a comerciantes locales, coadyuvaban a reforzar la inmovilidad de los peones.
Los hacendados pagaban los salarios en vales canjeables en la tienda.43 El
uso de vales variaba de una hacienda a otra y sólo en raras ocasiones podían negociarse en tiendas de los pueblos vecinos. Aunque a muchos jornaleros se les pagaba por pieza y no mediante un salario diario
fijo (para acelerar los niveles de producción), sería desacertado concluir que estos "proletarios rurales" eran asalariados en el sentido moderno del término. Nunca hubo pretensión de parte de los henequeneros
de que los jornales alentaran una economía monetaria o un mercado laboral libre en la zona. Los peones henequeneros tenían poco acceso al
dinero "real": el salario que ganaban se deducía de una cuenta que prácticamente nunca se saldaba.44 Por último, como para añadir afrenta al
agravio, algunos documentos de las haciendas revelan que los propietarios acrecentaban la deuda de sus jornaleros cobrándoles el desayuno.45
Como podrá imaginarse, el peón nunca tenía que salir del sagrado recinto de la hacienda. Desde el punto de vista de la comodidad, la tienda

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca&amp;

239

ofrecía una amplia variedad de artículos, que incluían alimen~os, manta
cruda y enseres domésticos, escopetas y pólvora para la caz~ Y finé!-illlente,
· • m odo último en popularidad ' licor. Los hbros de. cuenta
aunque de rungun
, .
de Ja Compañía Agrícola del Cuyo y Anexas, S. A._, empres:i mulbfacehca
de la remota región oriental, son evidencia del co_ns1der~le ~ngreso que generaba a sus propietarios la cantina anexa a la be~da. Si ~1en algu~as haciendas no tenían cantinas en el predio, la mayona v~n~1a aguardiente a
sus trabajadores. Los críticos sociales, afectos a fasbd1ar al g~bernad~r
Olegario Molina por sus intentos de infundir a las clases. trabaJadoras de
Yucatán una moralidad positivista y pistina que predicaba ~n fo~a
enérgica la abstinencia, se regocijaban en señalar esta evidente hipocres1a.
De este modo, el flexible mecanismo de coerción. qu~ &lt;:°mbinaba elementos de castigo corporal, un sistema extra-legal de JUSbc1a en favor del
propietario, el acasillamiento y la tienda de raya, era un arm~ -~dero5:1
el arsenal de control social del henequenero. Fue la yuxtapos1c1on de di: ~ instiruciones personalistas -en forma individual y combinada-:- Y
modo materialista de producción implantado en la finca, lo que al~en~o
las mayores contradicciones sociales en el monocultivo del h~~equen. Sm
em bargo, dado que la meta definitiva era, la máxima producc1on. de. fibra,

de!

los hacendados comprendieron que pod1an exagerar el autontartS~,º ,~
e a menudo, la fuerza era más efectiva si se aplicaba "con moderac1on .
:a' es la razón por la que instiruciones coercitivas ~orno 1~ deuda y 1~
· da estaban tan m
' tunº amente ligadas a otro mecarusmo mas aceptable.
ben
la seguridad.

Seguridad
Había que hacer creer a los peones residentes que las relaciones s?ciales de
la finca, aun cuando fueran de explotación, les ofrecían algo mas que flatos ocasionales y una deuda de por vida. El hecho de que los hen~quene:s pudieran emplear con eficacia instiruciones como el endeudauue~to
la tienda de raya para constreñir a los acasillados (al tiempo_que restnn~a
su movilidad y les proporcionaba un cierto grado de segundad), acenbia
la multiplicidad de papeles desempeñados por es~ instiruci~?es durante el
Yucatán porfírista. El mecanismo de seguridad Vta cooptac1on era el ~do
opuesto del aislamiento y la coerción, ya que proporcionaba algo tangible

'!

�240

Siglo XIX
]oseph y Wells: Dominación y resistencia en 10$ haciendas yucateCO$

a los peones residentes a cambio &lt;le su trabajo: una fundamental seguridad
47
de subsistencia. Como explica un estudioso del tema: "los peones permanecían en la hacienda (no obstante el maltrato) porque era lo razonable,
además de lo acostumbrado".48

241

con el de los periféricos.

CULTIVO DE MAIZ EN LA ZONA HENEQUENERA, 1896-1912ª
Al proporcionar un abasto continuo de maíz importado, frijoles y carne en la tienda, los henequeneros se convertían en los únicos en controlar
la clave para la subsistencia en la zona henequenera. Después de 1880, con
las atractivas ganancias del monocultivo claramente a la vista, los henequeneros se apartaron de la autosuficiencia y se apresuraron a convertir sus
maizales en henequén. A pesar de que el maíz importado era más costoso,
resultaba más rentable comprarle a los comerciantes de granos de Mérida
los alimentos básicos necesarios para los peones acasillados.
Es interesante hacer notar que estos esforzados importadores eran las
mismas casas exportadoras que compraban la fibra a los henequeneros.49
Lo más importante: los henequeneros ya no tenían que dar parcelas a los
milperos, puesto que podían conseguir maíz en la tienda. Aun cuando los
peones henequeneros se quejaban amargamente de la baja calidad del
maíz importado (al que algunos llamaban "rancio" y le atribuían erróneamente el origen de los brotes de pelagra, desorden nervioso causado por deficiencia de la vitamina B), para 1910 el maíz importado ya había reemplazado al autóctono como sustento principal en la dieta del campesino yucateco.50 Una vez más, perdían los campesinos: durante más de un siglo habían disfrutado de un considerable mercado interno, al proporcionar su
excedente de maíz y frijol a las haciendas cercanas.
La infraestructura del monocultivo (cuatro líneas ferroviarias que comunicaban las zonas agrícolas con Mérida y el puerto de Progreso) erosionó la viabilidad económica de los pueblos de la zona al transportar maíz
importado, frijoles y carne desde el puerto a la península. Para 1910 el
cultivo de maíz en la zona se encontraba en un estado de irreparable decadencia. Las estadísticas (véase el cuadro anexo) narran la historia: los niveles de producción de partidos comoMaxcanú, Mérida, Motul y Tixkokob
demuestran hasta qué grado los tentáculos del monocultivo habían usurpado las tierras de la milpa en d noroeste. Si comparamos las cifras referentes al cultivo en la zona con los de los partidos "periféricos", encontramos que el cultivo en los distritos henequeneros palidece en comparación

Partido

Promedio de hectáreas
cultivadasb

Acanceh
Hunucmá
Izamal
Maxcanú
Mérida
Motul
Progreso
Temax
Tixkokob
Promedio de la zona henequenera
Promedio de la zona no-henequenera
Promedio de Yucatán
a)

2 332
4 515
4 225
3 461
579
1 800
313
2 792
1 073
2 343
5 683
3 805

Existen datos confiables para cada partido para 1897-l?0~, 19081910, y 1912. Los datos del promedio de cultivo de Yucatan •~cluyen
todos los años mencionados más los de 1896 y ~ ~~~. El partido, Las
formaba parte de Yucatán antes de la d1vmon de la pe~tnsuI1
, de¡ tern·tono
· de QUJ ntana
las as,
en que
1902, con la subsecuente creacion
Roo, se excluyó para 1896-1901.

b) Los promedios por partido fueron calculados y redondeados po~ los
t
Debe tenerse cuidado con "rulS cifras: representan las milpas
en las haciendas y villas, y ~o s~n ci~r:is globales de_producción. Las plagas de langosta y las lluvias ,msuf1c1entes y ex~es1vas causaban estragos en la producción de ma1z en_ toda_ la pentnsula. Por
desgracia, los datos en el estado eran demasiado rrregulares para resultar estadísticamente útiles.

;r;;:~as

FUENTES: para 1896-1901, Boleti'n de Estadística, passim; datos sobre el
cultivo del maíz para 1907-1912, El Diario Yuc~teco, 22 d~ f:brero de
1910; El Agricultor, 1907-1908 passim; y Boletin de Estadistica, 19081910, passim.

�242

Siglo XIX

En efecto, en los distritos en que el henequén no invadió totalmente
las tierras y donde las comunidades campesinas pennanecieron relativamen.
te intactas (por ejemplo: los partidos de Tekax, Valladolid, Ticul, Espita,
Tizimín y Sotuta) el cultivo promedio de maíz superó en más del doble
al de la zona henequenera (5 683 has. vs.2 343 has.). Mientras que medio
siglo antes los partidos del noroeste suministraban los artículos de primera
necesidad a los distritos de la periferia, ahora importaban maíz mexicano y
extranjero. La parasitaria economía henequenera, al absorber la tierra y
mano de obra de los pueblos de la zona y negarle a esas comunidades un
papel de consideración en la economía regional, condenaron a los acosados
pueblos a una lenta y dolorosa muerte económica durante el porfiriato.
Obviamente, sin medios de vida suficientes en las comunidades, las abundantes reservas de la tienda de raya adquirieron mayor importancia dentro
de la estrategia general del hacendado para atraer (y confinar) trabajadores.
La tibia clase de paternalismo practicado en las fincas henequeneras
también sobresalió en el mecanismo de seguridad. Como hemos visto, la
mayoría de los hacendados yucatecos eran propietarios ausentes que deja•
han el manejo diario de las explotaciones a sus encargados. Por lo comun,
el jornalero planteaba sus problemas, quejas y peticiones a un empleado a
sueldo. Los hacendados escrupulosos visitaban sus haciendas los fines de
semana, prefiriendo pasar el resfo del tiempo en Mérida, donde podían
vigilar sus innumerables inversiones y disfrutar de los atractivos c~lturales
de la vida urbana. Esto no significó que ciertos hacendados no se mteresaran por sus peones, o que no existieran en Y ucatán durante el porfiriato
relaciones patemaJistas basadas en las obligaciones y responsabilidades mutuas. La institución del compadrazgo, por ejemplo, ataba inform~ente al
,
51
peon y su amo.
Pero sería un error suponer que ese patemalismo alentaba lazos vigorosos de adhesión. Menos aún, algún acuerdo o entendimiento cultural
entre el maya asimilado y sus amos.52 El sirviente maya y el dzul (el amo
yucateco) estaban divorciados por una polaridad cultural que socavaba la
confianza.
Un claro ejemplo de cómo esa división cultural debilitaba el paternalismo se reflejaba en las maneras diferentes en que dzules y mayas - durante
el porfiriat0- percibían los tratamientos médicos, la atención de la salud.
Los hacendados proporcionaban una mínima atención sanitaria e~ la hacienda. Puesto que los médicos no eran elementos permanentes en runguna
finca, salvo las más grandes, la mayoría de los sirvientes, cuando enferma-

Joseph y Welh: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca&amp;

243

han de&gt; gravedad, eran transportados por tren a la villa de su patrón en
Mériaa: allí los atendía el médico de la familia hasta que se recuperaban.
Si los acasillados requerían los servicios del hospital O'Horán de Mérida,
la única instalación sanitaria auténtica del estado, necesitaban ir acompa·
ñados de su amo o contar con penniso escrito de las autoridades de la hacienda.53 Sin embargo, los campesinos mayas se mostraban reacios a encomendarse aJ médico personal de su amo. Menos todavía a un hospital:
consideraban culturalmente desconcertantes, incluso aterradoras, las prácticas de los médicos citadinos.
Un ejemplo que viene al caso es la infortunada historia de Eleuteria
Ek, muchacha que vivía en la hacienda Santa Bárbara, cerca de Cansahcab,
en el partido de Temax.54 El 8 de octubre de 1907 Ciriaco Santos, mayordomo de Santa Bárbara, ordenó a los padres de la enferma Eleuteria, de
doce años de edad, trasladarla a la casa principal. Eleuteria estaba afectada
de influenza, atestiguó Santos, y la hacienda tenía por norma aislar tales
contagios. Al principio los padres de Eleuteria, Crisanto Ek y Micaela López (quien provenía del cercano Cansahcab pero que ahora vivía en la hacienda), rehusaron entregar a su hija, alegando que la necesitaban en casa
para los quehaceres domésticos. De acuerdo con el testimonio de Crisanto
y Micaela, fue entonces que los hombres del mayordomo arrastraron físicamente a Eleuteria hasta la casa principal, y se previno a los padres de que
los azotarían si se seguían oponiendo. Al día siguiente, Eleuteria fue llevada en tren a Mérida para recibir tratamiento médico y convalecer en casa
del hacendado, Pedro Luján.
La escena (descrita con emoción en el testimonio de los padres ante el
tribunal) de la niña sollozando histérica mientras su padre y su madre observaban impotentes en la estación ferroviaria de Cansahcab, pone de relieve los mundos diferentes en que vivían el campesino maya y sus paternalistas amos. Aunque en general, durante el auge, no se separaba a las familias
los campesinos mayas temían que después de que se llevaran sus hijos a la
residencia del amo, en la capital, podrían quedarse como sirvientes. Quizás
por ser oriunda de un pueblo, Micaela se atrevió a presentar la queja ante
el juez de paz de Cansahcab. El juez le concedió penniso para viajar a Mérida, recoger a su hija~ regresada a la finca. Resulta interesante el hecho de
que el expediente se cierra con la declaración de Micaela, quien dio fe de
que Eleuteria fue bien tratada en Mérida: un tranquilizante epitafio judicial para tan perturbador incidente. Es evidente que el tribunal deseaba ha.
cer saber que si bien se permitía que los padres condujeran su hija a casa,
también era preciso que la reputación del hacendado quedara absuelta de

�244

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

Siglo XIX

cualquier sospecha de maltrato.
. La historia de Eleuteria es una ilustración gráfica de la falta de confianza entre el maya y el dzul. Algo en apariencia tan inofensivo como el
tratamiento médico era distorsionado por tensiones culturale~ que debilitaban, en lugar d~ reforzar, los lazosclientelares. Tal vez la observación que
hace Nancy Far~ss acerca del maya yucateco de la colonia sea apropiada
para los ~e~e_nd1entes me~?r asimilados por la cultura de fines del siglo
XIX y pnnc1p1os del XX: Los mayas no tenían hospitales ni deseaban tenerlos, pues _habían llegado a la conclusión, no del todo infundada, según
sus observaciones, de que estas instituciones europeas eran para irse a morir" 55
Resulta irónico que tales sospechas fueran albergadas por las familias
mayas precisamente cuando las intenciones del amo eran a toda luces
altruis~s (si bien paternales). Los apologistas se han empeñado en elogiar a
los benevolos hacendados que se preocupaban por sus sirvientes enfermos
ya transportándolos a sus casas de Mérida, o llevándolos personalmente~
56
ho~pital O'Horan. El caso de Eleuteria, y otros semejantes, hacen necesar~o un _nuevo examen del paternalismo en la finca henequenera: el altruJSmo bien puede estar en los ojos del observador.
Aun~ue las discordancias culturales entre amo y sirviente templaron
sus relaciones, la fundamental seguridad de subsistencia que ofreció el
mon~cu~tivo durante gran parte del porfiriato, aparejada con el deceso
econom1co de los pueblos cercanos, permitía reclutar peones y engancharlos a los disciplinados ritmos de la producción de fibra. El hábil ma~ejo por parte de los henequeneros de los tres mecanismos complementa~os de control social (seguridad, aislamiento y coerción) mantenía a los
Jornaleros ~tados al trabajo. Sin embargo, pese a que se encontraban muy
a la defensiva durante el auge del henequén, con frecuencia lograron responder a la estructura de dominación por vías diversas y creativas.

LAS FORMAS DE LA RESISTENCIA

-

Con todo y lo formidable que era, la estructura de dominación del monocultivo henequenero no privó -de hecho, no podía privar- por completo
a los peones acasillados de recursos para protestar y para expresar su calidad de humanos. Una cierta cantidad de "juego" debe introducirse aún en
los sistemas laborales más coercitivos. La implementación de cualquier me-

245

dio de control social (trátese de azotes de parle del encargado, uso de documentos de identificación para inhibir la movilidad del trabajador en el
campo, reclutamiento a la despreciada Guardia Nacional o maniobras del
sistema de justicia penal), requiere un cierto grado de flexibilidad para
asegurar su máxima eficiencia. Si el mecanismo de control es demasiado rígido o restrictivo, si no permite excepciones, es probable que su
utilidad disminuya: aquellos a los que está dirigido se resistirán cada
vez más. No es de sorprender que hayamos descubierto que, pese a sus
aspectos coercitivos, el idioma del poder característico del monocultivo henequencro permitía a los peones residentes un cierto margen
de adaptación a las rápidamente cambiantes circunstancias, utilizando
los recursos culturales a su alcance. En el proceso, se convirtieron en
agentes activos en la reformulación de las condiciones de su propia
opresión.
uestro argumento en este punto apoya hallazgos recientes relacionados con el casi contemporáneo régimen esclavista que impulsó al monocultivo azucarero en Cuba. A pesar de profundas diferencias en otras cuestiones, tanto Manuel Moreno Fraginals como Rebeca Scott sostienen que
57
los esclavos cubanos consiguieron forjar una cultura altema. Incluso bajo
las brutales condiciones de trabajo de los ingenios -donde laboraban hasta
veinte horas al día durante la zafra, literalmente sonámbulos entre calderas hirvientes y peligrosa maquinaria que cobraba vidas y miembros- los
desarraigados esclavos no consintieron (ni permitieron ser doblegados por)
el tratamiento que sus amos les propinaban. Scott concluye: "Los esclavos podían ser engañados, y sin embargo participar en una economía monetaria. Podían estar mal alojados, y aún así luchar por mantener a sus familias. Podían ser tratados peor que a las bestias, mas no convertirse en
bestias ,,_ss
Comparados con los bozales nativos de Africa y los esclavos criollos
que se afanaban en los ingenios cubanos, los peones ma} as de Yucatán
(que siempre integraron la gran mayoría de la fuerza laboral de la finca
henequenera) disfrutaron de diversas ventajas que acrecentaron su capacidad de resistencia. Como hemos visto, pese a su aislamiento y subordinación al dzul, el maya del noroeste poseía todavía una cultura definida, basada en la familia nuclear y extensa, y reforzada por creencias y
prácticas religiosas sincréticas. ,\ diferencia de muchas sociedades esclavistas, la familia maya de la zona henequenera rara vez era separada, aun
por los amos más despóticos. De hecho, la escas1·z crónica de mano de
obra, característica permanente del auge, operó para limitar cualquier

�246

Siglo XIX

des~lazamiento del peón de una fir.ca a otra. Además, las familias de los
acas1llados habitaban viviendas de varas entretejidas y blanqueadas con
cal, y no en las barracas impersonales -en las que se separaba a los hombres d~ las ~ujeres, y que contenían hasta doscientos esclavos- de los
vastos mgemos cubanos. Es decir que, por lo menos, la unión familiar de
los mayas ofrecía un cierto grado de consuelo y refugio contra los estragos del sistema de explotación.59
Sin duda, la habilidad de los peones para moldear una cultura alte
. b
~. ~
se vio o stacuiizada durante el auge por la intensificación del régimen laboral. No obstante, los henequeneros siguieron considerando con cierta
ala~a. la potencia~ soli~aridad maya y, como hemos visto, diluyeron a
P~~~SJto la _aproxunac1on de los acasillados con grupos étnicos y lin~1~ticos foran_eos. Los dueños de las plantaciones cubanas adoptaron
SJmilar estrategia al c~ntratar trabajadores chinos. Sin embargo, ninguna
de las ~~s clases domma_ntes logró eliminar finalmente el espacio cultural
que legitimaba l?s des~fws a su heg~monía. Parece evidente que los indígenas de Yucatan teman mayor capacidad de resistencia que los esclavos
cubanos, muchos de los cuales eran "forasteros", desarraigados y trasplantados desde el extranjero.60
. _Por supuesto, las formas de resistencia que los peones de Yucatán cons~gu1eron mont_ar c~ntra el monocultivo fueron configuradas por las relacione~ de dommac1on en coyunturas históricas concretas. Hasta fines del
porfinato, los peo~es mayas de la zona henequenera, al igual que sus equivalentes en las soc1e~des esclavistas más formales, rara vez se arriesgaban
ª, to":1ar parte en acciones colectivas violentas contra la élite terrateniente.
Cons1derand~ los ni_veles múltiples del mecanismo represivo que los henequneros haluan ÍOIJado en colaboración con d Estado las revueltas e insurrecciones, así como las operaciones organizadas de' bandolerismo estaban condenadas al fracaso, incluso a la masacre. Sin duda se suscit.ilian
estallidos esporádicos, indicadores de las desesperadas respuestas locales a
los ~articularmente atroc~s abusos de los henequeneros (y que, por lo
comun, provocaban excesivas venganzas por parte del hacendado). Pero
de manera general los peones mayas, como los esclavos del sur de Estados
~ni~os los del Caribe, no eran suicidas: ellos también consideraban que
s1 bien el hombre puede ser muerto a hierro ... ninguno desenvaina la espada para morir, sino para vivir por ella " .61 Además contaban con otras
alternati~as, con estrategias más modestas con las que los peones acasillados_ ~odian asestar un golpe, material y simbólico, a las exacciones y dominac1on de sus amos.

!

Jo,eph y Welu: Dominación y ruistencia en /a¡¡ hacienda, yucateca,

247

Estas "silenciosas" o "cotidianas formas de resistencia", como las denomina James Scott, podían incluir pequeños actos de incumplimiento
en beneficio propio, tortuguismo, zafarse del trabajo y fugarse; o, en plan
más agresivo, actos clandestinos de robo, incendio premeditado y sabotaje.
Aunque los científicos sociales les han concedido poca importancia, este
"fuego de armas ligeras de la guerra de clases", estas "armas de los débiles"
que acontecen fuera de los límites de los movimientos organizados, siempre han constituido la mayor porción de la política campesina (y de la
propia clase obrera).68 Asimismo, como afirma Scott en tono persuasivo,
es probable que hayan logrado así lo que no obtuvo la infructuosa resistencia annada: "conferir ventajas materiales inmediatas y concretas al
3
·
·
tiempo
que se ruegan
recursos a 1as c1ases usurpadoras... ,'16
En la zona henequenera, tales "rutinas" de resistencia resultaban muy
apropiadas para el ambiente de la plantación, socialmente heterogéneo y
de máximo control: requerían poco planeamiento, apenas un mínimo de
espacio para maniobrar, podían ser realizadas en secreto por un solo jornalero o por informales grupos diminutos. Además, evitaba cualquier confrontación directa (y por fuerza costosa) con el amo o sus encargados. El
sentido de tal resistencia no era el irrealizable objetivo de derrocar el sistema de dominación del monocultivo, sino más bien el de sobrevivir dentro
de él: hoy, esta semana, esta temporada. Es que, tal como generaliza
Eric Hobsbawm, la aspiración fundamental de los campesinos ha sido
siempre la de operar dentro del "sistema con un mínimo de desventajas.,_64
Esta diaria resistencia plantea un problema metodológico desafiante al
historiador social. Se la menciona poco en los documentos oficiales porque
no genera declaraciones programáticas, encuentros violentos y manifestaciones públicas que tienden a cautivar la atención del Estado. De hecho, la
meta de sus ejecutores es, precisamente, no atraer la atención. Además,
la burocracia estatal y las élites terratenientes locales tenían poco interés
en divulgar la incidencia de la insubordinación campesina: hacerlo significaba reconocer la existencia de políticas impopulares y lo límites de su
hegemonía. De este modo, con mucha razón afirma Scott que la historiografía de la lucha de clases ha sido estadólatra. Las insurrecciones menores
predestinadas al fracaso que han dejado huella en el papel impreso continúan preocupando a los estudiosos más allá de toda proporción frente a
su impacto en las relaciones de clases; mientras, "los silenciosos actos de
evasión, sabotaje y hurto, que pueden tener mayor importancia a la larga,
65
rara vez son mencionados ".

�248

Siglo XIX

En tanto que antropólogos como Scott asumen el papel de observador
participante para comprender de primera mano tales estrategias no confrontacionales, a los historiadores se nos ha dejado una relación escrita
incompleta que, de manera sistemática, resta importancia a las formas cotidianas de resistencia. Por ejemplo, sólo unas cuantas muestras sohre
peones que se zafaban de sus obligaciones, se hacían los disimulados, o se
insubordinaban (principales fonnas de protesta en las fincas henequeneras) han logrado colarse por las grietas de la documentación histórica. Los
funcionarios del estado consideraban que dicho comportamiento era demasiado insignificante para documentarlo (excepto en contadas y enfadosas disgresiones burocráticas), mientras que los henequeneros prefirieron no extenderse sobre el lado oscuro de la vida de las haciendas en las
ilustradas memorias que encomendaron a la posteridad.66 Por desgracia, en
lo que respecta a los peones, se pudo entrevistar a pocos con edad suficiente para recordarlo: ya no quedan muchos ancianos que den testimonio
de ello. Además, las historias orales incompletas que se han obtenido aluden al pasado en términos nebulosos y no permiten una comprensión profunda de las formas cotidianas de resistencia.67
Este dilema metodológico explica en buena medida el retrato más
bien estático y monocromo que surge de la literatura histórica sobre la
vida porfiriana en la zona henequenera. Como ya hemos observado, se
ha caracterizado a los peones como criados dóciles y atemorizados, y a
los amos y sus representantes como patrones omnipotentes y ubicuos que
se negaban a tolerar la más pequeña crítica a su autoridad, mucho menos
un desafío constante a los estrictos ritmos de producción. Por supuesto, tal
imagen suprime de la documentación histórica no sólo las formas rutinarias de resistencia, sino también, como veremos, los actos de protesta de
mayor coordinación y violencia que los peones iniciaron o secundaron durante las postrimerías del viejo régimen.
Pese a estar incompletos y desorganizados, y plenos de prejuicios ofi•
ciales (problemas que hemos abordado en otro lugar68 ), los expedientes
penales de Yucatán ayudan a corregir las deficiencias metodológicas e interpretativas de la literatura histórica. Los testimonios de los tribunales
documentan casos de las formas más rutinarias de protesta69 (eludir tareas, tortuguismo e insubordinación) y captan las fonnas más agresivas
70
de resistencia (abigeato, incendio premeditado, sabotaje). Por último,
proporcionan también un mirador hacia los motines, revueltas e insurrecciones que brotaron durante la época maderista. Además de arrojar luz
sobre los modos de resistencia, los testimonios personales ante el tribunal

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca

249

revelan en forma gráfica (Y a menudo conmovedora) momentos de la clase trabajadora durante el auge hencquencro que son testimonio de la
dura lucha cotidiana por sobrevivir. Si bien aquí no nos es posible reconstruir la textura y los matices del proceso global, sí podemos ilustrar la
amplia gama de resistt&gt;ncia que culminó con la ola de insurgencia de los
afios iniciales de la revolución mexicana.
Pese a las diversas formas de coerción que se aplicaron, el rehuir responsabilidades y el ausentismo siguieron siendo un problema durante el
auge para los encargados de mantener los niveles de producción. Los hacendados y su personal se quejaban continuamente de los flojos e inútiles
mayas. Los libros de cuentas de las haciendas comunmente muestran listas
de peones que, por una u otra razón médica, no trabajaban determinado
día: resulta imposible indicar cuánlas de eslas enfermedades eran fingidas.71 Es evidente que los henequeneros no lograron inculcar una actitud
''proletaria" en sus acasiJlados: es que :;u régimen laboral híbrido no era el
apropiado para producir tal cambio de menlalidad. Los peones, obligados
materialmente a cortar de 1 500 a 2 000 pencas espinosas al día bajo el
implacable sol tropical, que subsistían en perpetuo endeudamiento y con
severa constricción a su movilidad, encontraban formas de evitar el trabajo.
Aunque se les hubiera pagado por pieza, la deuda aumentó tanto para fines del porlirialo que pocos tenían perspectivas reales de liquidar sus
cuentas. En realidad, ;,qué incentivos podían tener los peones para
realizar las tareas asignadas, sin hablar de adquirir una ética del trabajo, si lo
único que generaba su esfuer-i:o era una insignificantt' disminución de la
deuda?.
o es de extrañar (Jlle el jornalero buscara escapes en el alcohol, con lo
que se agravaba el problema del ausentismo. Ni siquiera las flagelaciones
sistemáticas evitaban la costumbre popular de prolongar los fines de semana para abarcar el San lune.~. El alcohol era, por supuesto, el principal alivio de los peones residentes: la facilidad para conseguirlo en la tienda de raya indica que, en otro nivel, los henequeneros apreciahan su valor como
mecanismo de control social. De ahí que el alcohol represenlara un asunto
complejo en términos sociales., y es probable que aumentara o disminuyera
la resistencia en las fincas. Además de estar vinculado con el ausenlismo,
parece ser que t&gt;Ste tipo de intoxicación tuvo importante influencia en el
crimen y la violencia, endémicos en el agro yucateco durante el porfiriato.
Por ejemplo, en 1906 y 1907 los arrestos por escándalos en estado de embriaguez representaban del 55 al 70% de todas las aprehensiones hechas

�250

Siglo XIX

por las autoridades estatales. 72 Si bien las estadísticas de gobierno son muy
poco confiables y reflejan tanto patrones urbanos como rurales, destaca la
asombrosa incidencia del abuso del alcohol. Por otra parte, las cifras de gobierno no incluyen los incidentes manejados con más "discreción", fuera
del sistema judicial del estado, por los hacendados y encargados en las mismas fincas.
Los expedientes penales abundan en muertes y crímenes en los que el
tribunal dedujo que fueron inducidos o estimulados por el alcohol.73 Los
crímenes recorren toda la gama de ofensas: desde simple hurto y abigeato
de ganado hasta incendio premeditado, desde riñas domésticas y agresión,
hasta asaltos y asesinato. En muchísimos casos (probablemente en la mayoría) los peones eran victimarios de otros peones, 74 el anverso de la noción de resistencia "rutinaria" que da Scott: afirma con validez que en
~to los camp~in~~ están reducidos a arremeter contra (o ahusar de) sus
iguales, la aprop1ac1on por parte de las clases dominantes se ve favorecida
w~de~~~
'
Sin embargo, los expedientes penales contienen también una variedad
de casos en que los peones robaban ganado u otros bienes (e incluso asaltaban y mataban) a encargados y hacendados. Invariablemente, los defensores y testigos invocaban el beber en exceso: ya como explicación, ya como atenuante. Al parecer, el tipo de preguntas planteadas por los acusadores influía o predisponía las respuestas de los defensores, lo que sugiere la habilidad de los delincuentes rurales pobres para "seguir el juego".
Como sabían que los crímenes premeditados se castigaban con mayor severidad, al defensor le convenía alegar que la ofensa había sido causada
por embrutecimiento alcohólico, o en forma imprevisible.76 En consecuencia, es probable que los expedientes penales presenten un exceso de
actos no premeditados. Las autoridades comprendieron la importancia del
alcohol como un escape para el campesino, y los jueces parecen haberse
complacido en el estereotipo del indio ignorante y borracho.77 Pero estos
mismos jueces (por lo general hacendados o clientes suyos) también reconocían que si cada infractor (borracho o en plena posesión de sus facultades) recibiera su "justa" sentencia, las cárceles se habrían desbordado y
quedarían pocos brazos para trabajar en los campos henequeneros.78
En contadas ocasiones se nos presentan caso2 evidentes de resistencia
(episodios de abigeato, hurto y sabotaje) en que los peones hayan sido
aprehendídos en el acto mismo. El incendio intencional, por ejemplo, se
convirtió en una formidable modalidad de resistencia en la zona heneque-

Joseph y Wells: Dominación y re&amp;istencia en /tu hacienda.! yucatecas

251

nera, y se vislumbró como una amenaza constante a la producción durante
su auge. En 1908 Santiago May, jornalero maya, fue sorprendido con los
cerillos en la mano prendiendo fuego a 120 mecates de henequén (valuados
en 3 000 pesos) en la hacienda San Pedro, partido de lzamal.79 Aunque el
peón alegó haber estado bebiendo aguardiente, el juez, apoyándose en el
testimonio de numerosos testigos presenciales, llegó a la conclusión de que
el maya había actuado con premeditación y que nunca perdió el control de
sus facultades. Fue declarado culpable y condenado a seis años de prisión,
sentencia en extremo rigurosa si se considera que los homicidas a menudo
recibían penas más leves en el Yucatán del porfiriato.
La severidad de la sentencia de May (y de otros veredictos, aplicadas
en casos de destrucción de planteles y demás bienes de la hacienda) sólo
puede ser interpretada como una clara señal del estado oligárquico a los
peones: los delitos contra la propiedad constituían la ofensa más grave, y
no serían tolerados.80 Por otra parte, el incendio premeditado representaba uno de los pocos casos en que las autoridades estatales sentían la imperiosa necesidad de meterse en los asuntos internos de la hacienda: es que
podía borrar en cuestión de horas los ahorros de toda una vida.81
Aunque el veredicto en el caso May fue muy claro, a menudo se dificultaba a los jueces decidir sobre hechos de incendio intencional a causa del
clima tropical de la región. Los accidentales eran comunes en la zona durante la prolongada estación seca que abarcaba desde octubre hasta abril:
sobre todo en los abrasadores meses de marzo y abril, en que los campesinos
de los pueblos cercanos, empleando técnicas de agricultura tradicional
(swidden ), prendían fuego a sus milpas y desmontaban la tierra para la
próxima siembra. En ocasiones, un cambio en la dirección del viento transportaba chispas a los planteles henequeneros aledaños: una vez iniciado el
fuego, poco podían hac8t los encargados para evitar la conflagración, ya
que la capacidad para combatir incendios era muy limitada en el árido
noroeste. Uno de los mayores incendios de fines del porfiriato ocurrió en
la hacienda Temozón, a unos cuarenta kilómetros de Mérida, durante la
temporada más cálida de la estación seca, a finales de abril de 1908.
31 700 mecates de henequén de primera, valudos en más de cuatrocientos
mil pesos, se convirtieron en humo.82 Aunque por lo regular los jueces
porfiristas ordenaban diligencias tras la destrucción de planteles, dada la
naturaleza de la ecología se veían en apuros para encontrar culpables (más
aún para juzgar el delito).83

�252

Siglo XIX

Es evidente que las consideraciones sohre la mentalidad del peón y la
ecología de la región, así como la representatividad y parcialidad de los
•
mismos documentos oficiales, loman problemático extraer conclusiones
sobre la incidencia de la "resistencia consciente". James Scott afirma que
el historiador social difícilmente alcanza una comprensión cabal de las motivaciones del campesino. La efectividad y seguridad de la resistencia cotidiana dependen del secreto y de la aparente conformidad. Más aún, sos-tiene que las intenciones pueden estar tan incrustadas en la subcultura
rural y en la lucha diaria por asegurar la subsistencia, que permanecen
"inarticuladas".
A falta de evidencia definitiva, finalmente, el historiador debe evaluar
&lt;' inferir la int1·nción o motivación de los hechos mismos.
Cuando los intereses materiales de las clases dominantes se encuentran en
conflicto directo con los de campesinos o peones (por ejemplo, en lo que
atañe al acceso a la tierra, a la subsistencia o salarios y condiciones de
trabajo), Scott sugiere que los actos de abigeato, hurto y sabotaje put'den
a menudo presumirse como hechos de resistencia.84 Es probable que Scott
considere las defensas expuestas ante los tribunales por los peones (deterioro mental, accidentes derivados del ambiente) como coartadas convenientes que disfrazaban actos clandestinos de la lucha de clases.

el ambiente local

Scott bien puede exagerar en cuanto a una estrategia constante de la
resistencia cotidiana, en particular en lo concerniente a incendios. Si del
contexto social se debe inferir la resistencia, el historiador necesita estar
preparado para presentar un argumento convincente, si no de máxima garanlía.85 En Lodo caso, nuestros datos sobre las fincas henequeneras de
Yuca tán bastan para concluir que los peones acasillados desafiaban el régimen del monocultivo en diversas formas, que se intensificaban según los
daños que inílingían } el riesgo que conllevaba~
Sin duda la respuesta más conmovedora, negativa y total a la explotación era el suicidio. Los expedientes judiciales documentan un aterrador
número de muertes autoinfligidas, mU1·has de ellas inducidas por la pelagra
(deficiencia de vitamina B que produce descamación de la piel, comezón,
y en sus etapas avanzadas, desórdenes mentales)- '\sociada con el alcoholismo endémico de la zona hencquenera, la pelagra a menudo tenía trágicas
coTIS&lt;'cuencias. Que tantos peones se colgaran de los árboles o de las vigas
de sus casas, o se arrojaran a las norias, era prueba de su pobre dieta, atención médica inade1·uada y sentimientos de desesperación, con&lt;licionr~ que
se agudizaron aún más duran t.- los últimos años del porfiriato.86

Joseph y Welb: Dominación y resütencio en las haciendas yucatecas

253

La investigación judicial de la muerte de José María Eb proporciona
un espeluznante relato de los efectos perniciosos de la pelagra y el alcoholismo, y destaca el deterioro del paternalismo y seguridad en las fincas de
fines del porfiriato. Eb era un peón maya de setenta años de edad de la hacienda San José, finca ubicada en el rico distrito henequenero equidistante de Cacalchén y Motul. Fue descubierto completamente sepultado bajo
las pencas de un plantel henequenero por sus compañeros de trabajo Isidro
May, de 84 años, y Toribio Escobarrubias de 75. Los ancianos camaradas
de Eh fueron guidos hasta su cadáver por una concentración de buitres. Lo
que encontraron era tan horrible que resultaba casi indescriptible: los buitres habían devorado el cuerpo hasta dejarlo casi irreconocible, y se logró
identificarlo sólo por la ropa característica de Eh y su sabucán (costal). El
médico que lo examinó encontró el cadáver cubierto de las lesiones indicadoras de un caso avanzado de pelagra. May y Escobarrubias atestiguaron
que, debido a la enfermedad y a las intensas borracheras, Eh se había desplomado y perdido repetidamente el sentido de las semanas anteriores. En
ocasiones hasta había d&amp;iconocido dónde se encontraba y lo habían te87
nido que llevar a su trabajo en los campos.
Si bien el caso de Eh no se manejó como suicidio, sino que se imputó
a una aguda congestión alcohólica, los desórdenes mentales que con frecuencia acompañaban los nexos de pelagra y alcoholismo solían empujar a
los jornaleros a quitarse la vida. Es significativo resaltar que, a menudo,
los peones se colgaban de árboles o vigas, una forma de adhesión a los ritos y usos tradicionales.88 Las creencias religiosas precolombinas de los
mayas sostenían que los suicidas, a diferencia de la mayoría de los muertos -que enfrentaban un arduo viaje al otro mundo- eran recompensados con un viaje directo al paraíso. Se les asignaba un cielo especial, donde junto con otros infortunados, como criaturas sin destetar, "pasarían
una vida de alegría y ocio con todos los deleites imaginables bajo la sombra de una ceiba gigantesca (la sagrada yaxché) ". En realidad los suicidas
eran transportados a este paraíso por la diosa maya Ix Tab, "La de la cuerda" o "Diosa de los ahorcados".89
Aunque los arqueólogos no están seguros en cuanto al motivo por el que
los mayas concedían tan especial distinción a los suicidas, el hecho de que
esta creencia cultural probablemente lograra persistir hasta el siglo XX
confirma nuestro argumento de que la élite terrateniente y la Iglesia nunca
remodelaron completamente la ideología de los aculturados mayas d~I noroeste. La práctica y la percepción mayas del suicidio por ahorcamiento
sugiere que pudo haber otras tradiciones y creencias indígenes sustentan-

�254

Sy¡to XIX

do los actos diarios de resistencia: así, los mayas reformulaban otras formas
culturales de la sociedad dominante, y les conferían una significación y
relevancia diferentes.90

Aunque en muchos aspectos las formas de resistencia "más calJadas"
que utilizaban los acasillados se asemejaban a las que emplearon los esclavos de toda América, los recursos culturales con que contaban los mayas
tomaban más efectivas tales estrategias. En conjunto, representaban más
que un escape de las diarias indignidades de un sistema de explotación:
con la notable excepción del suicidio (que tenía su propio fundamento
cultural), estos mecanismos revelan una tenacidad para perseverar y, cuando se presentaba la ocasión, para impugnar las exigencias de los henequeneros sin arriesgar una confrontación abierta (y desigual). En .realidad, hasta los últimos años del porfiriato estas "pequeñas armas" eran las únicas
en el arsenal de los peones. Pero les permitieron hacer valer sus propios
intereses dentro de un régimen brutal, aun cuando esto significara tan sólo operar "el sistema con un mínimo de desventajas".
No obstante, después de 1907 nuevas coyunturas históricas facilitaron patrones más dinámicos de resistencia. Las consecuencias de la crisis financiera mundial de 1907-1908 en México (y en particular su forma
de socavar el régimen de Díaz) han sido tema de reciente debate, pero
no cabe duda de que el pánico internacional tuvo un profundo impacto en
todos los niveles de la sociedad del monocultivo dependiente de Yucatán.91 Con el desplome de la cotización de la fibra en 1908 (que continuó
casi constantemente a la baja hasta 1912) y la escasez de crédito una reacción en cadena de bancarrotas y quiebras comerciales asoló la p~nínsula y
repercutió en numerosos pequeños y medianos henequeneros.
Entre la espada y la pared, los apurados productores pasaron al ataque:
redujeron salarios, restringieron anticipos a los peones, extendieron el crédito en la tienda de raya, con una reducción radical de los tradicionales beneficios e incentivos paternalistas. Al mismo tiempo, los henequeneros aceleraron los ya coercitivos ribnos de producción: sus mtensas demandas dejaban a los peones poco tiempo o energía para atender sus pequeñas milpas,
en los casos cada vez más raros donde la finca no las había subsumido totalmente al monocultivo. Aparte del trabajo adicional que extraían de los
jornaleros, es posible que los hacendado,¡ hayan empezado a apropiarse di-

]0$eph y Welll: Dominación y resistencia en /0$ hacienda&amp; yucateea&amp;

255

rectamente del esfuerzo de los familiares de los sirvientes. Durante mucho
tiempo, los peones habían aumentado sus ingresos domésticos mediante el
jornal extra de los hijos adolescentes y las labores hogareñas desempeñadas
por esposas e hijas. El henequenero, ahora, privaba al acasillado y a su fa.
milia de un recurso estratégico en la continua lucha por mantener asegurada su subsistencia, al explotar en forma directa la fuerza laboral de los fa.
92
miliares dependientes, en particular de hijas y esposas.
Después de 1907, cuando el paternalismo ya no era más que un simple
eco y las exigencias del trabajo se intensificaban a medida que el acceso a
la milpa y los ingresos familiares suplementarios disminuían, los peones
residentes se convencieron cada vez más de que su calculado intercambio
de autonomía por seguridad ya no proporcionaba garantías de una subsistencia permanente. Sequías periódicas y plagas casi anuales de langosta entre 1907 y 1911 desgastaron aún más su horizonte de expectativas.
No es de sorprender, por consiguiente, que la confrontación violenta
-antes el último recurso y el más peligroso- se convirtiera después de
1907 en una respuesta más frecuente.
No se necesita recurrir a una simplista teoría volcánica de la violencia colectiva para explicar los motines locales y las revueltas campesinas
que ocurrieron en la zona henequenera entre 1907 y 1911, o las oleadas
más vastas de rebelión rural que recorrieron el estado en 1911 y 1912,
en las que se logró considerable apoyo de los acasillados. Los modelos
volcánicos o de curoa J sugieren que, al empeorar las condiciones económicas, se generan una relativa escasez y descontento que, con el tiem93
po, desencadenan la furia de las masas y la aci:ión colectiva. Sin duda,
en lo que atañe a los peones, la creciente espiral en el deterioro de las condiciones de trabajo y bienestar económico abatieron el umbral de tolerancia hacia la opresión y, tal vez, generaron múltiples encuentros (aunque aislados) después de 1907. Pero, como veremos, el agravamiento de
las condiciones económicas nunca desencadenó una más generalizada ola
de protesta de violencia en el estado, y mucho menos dio origen a un movimiento masivo que hiciera tambalear al régimen oligárquico.
La prensa regional reportó una variedad de violentas controversias
sobre el recorte de salarios, el deterioro de las condiciones laborales y el
abuso físico ante la baja del precio de la fibra entre 1907 y 1911. Por
ejemplo, en 1909 un encargado redujo los salarios de cuatro maquinistas
de platafonna que se negaron a trabajar los domingos en la hacienda
Eknakán, propiedad de Luisa Hühbe de Molina, cuñada de Olegario Mo-

�256

Siglo XIX

lina (el hacendado más rico de Yucatán y dirigente de la facción oligárquica dominante). Cuando estalló la violencia, se envió la Guardia Nacional a restaurar el orden. Un capitán fue herido por los peones y la Guardia se vio obligada a retirarse; un sirviente resultó muerto y ocho más
resultaron heridos. Fue necesario enviar refuerzos desde Mérida, a toda
prisa, para sofocar el disturbio.94
Asimismo se reportaron episodios en que los peones protestaban por

el trato abusivo y por castigos en las fincas. A fines de 1907, ciento diez
peones marcharon desde la hacienda Oxcúm, propiedad de Avelino Montes, yerno de don Olegario, hasta el palacio municipal de la &lt;;ercana Umán
para protestar por el encarcelamiento de tres compafieros de trabajo. De
Mérida, a seis kilómetros de distancia, se despacharon tropas de la Guardia
Nacional. Sin intimidarse por el despliegue, seis peones de Oxcúm asaltaron
más tarde al odiado encargado de la finca. Se llamó de nuevo a la Guardia
Nacional, esta vez para arrestar a los seis transgresores.95
Varios afios después, en marzo de 1911, el régimen de trabajo por demás brutal de la hacienda Catmís, aislada en el sur, cerca de Peto, produjo
la chispa que encendió el episodio tal vez más violentq entre las protestas
de los ~casillados bajo el antiguo régimen. Con furia catártica, los peones
destruyeron maquinaria y acuchillaron al hacendado, miembros de su familia y del personal.96
En cada caso, la 1,iolencia se presentó en respuesta a causas locales específicas, y fue aislada y velozmente reprimida por las autoridades estatales. Como hemos observado, dichos motines y revueltas habían sucedido
esporádicamente durante el auge porfirista. Entre 1907 y 1911, sin embargo, su incidencia parece haber ido en aumento. De hecho, para 1911, tanto dentro de la zona henequenera como en su menos controlable periferia,
los motines y un abrupto incremento en actos afines de abigeato y robo se
convirtieron en las principales formas de resistencia entre el campesinado
maya.97

MOVILIZACION Y DESMOVILIZACION EN LA ZONA HENEQUENERA
Los jornaleros no estaban solos en su descontento. Pese a la fabulosa riqueza generada por el auge henequenero, la primera década de este siglo fue
un verdadero "verano de descontento" para la enorme mayoría de los productores regionales, comerciantes, trabajadores urbanos y campesinos Ji-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las hacienda.t yucatecas

257

bres, subordinados de una u otra forma a la camarilla oligárquica basada
en el parentesco de Olegario Molina y Avelino Montes. Esta facción dominante (o casta divina, como se le llamaba y llegó a autodenominarse a
principios de siglo) tenía intereses homogéneos, una membrecía relativamente cerrada y, debido en parle a su,colaboración con el principal con:iprador de la fibra cruda, la lntemational Harvester Company, mantema
tal control sobre las palancas, económicas y políticas del poder en la región que -en las postrimerías del porfiriato- era capaz de frustrar las oportunidades de grupos hacendados rivales.98
Para fines de 1909, cuando la represión molinista les cerró el camino
electoral, estos frustrados terratenientes, organizados ya en dos grupos
rivales comprendieron que la rebelión era el único medio para forzar a
una n~eva y más equitativa repartición del botín henequenero. Así como la coalición nacional maderista derribaría a la oligarquía porfirista,
los científicos, así las facciones de hacendados disidentes (popularmente
conocidos corno morenistas y pinistas por sus respectivos abanderados,
Delio Moreno Cantón y José María Pino Suárez) aspiraban ahora a romper el dominio absoluto de la casta divina. Cada ~arilla elitista hizo un
veloz intento por construir amplias coaliciones con mtelectuales de la clase media, la pequeña clase obrera y artesana urbana y, lo que resulta tal
vez más importante, pero que hasta ahora no ha sido explicado por completo, el campesinado maya. Con rapidez, el verano de desco~t~nto_ se agudizó y violentos períodos de agitación sacudieron el orden ohgarqu1co desde 1910 a 1913.99 Aunque nunca tuvieron un papel principal o autónomo
en estos ciclos de agitación, los peones acasillados de la zona henequenera
integraron a menudo un componente importante de los bandos rebeldes.
Por supuesto, los expedientes judiciales nos permien hablar con ~ayor confianza acerca del carácter de las movilizaciones que de las rnobvaciones de los peones que se incorporaban a ellas o que se negaban a hacerlo.
De hecho, muchos estudiosos de los movimientos sociales se preguntan
si alguna vez podremos determinar con exac~tu~, sob~e ~o~o en forma
retrospectiva y con datos incompletos, las motivaciones ~div1d~ales. En el
particular contexto de estos motines y rebeli~nes, los ~msmos insurgentes
pueden no haber estado conscientes sobre que los motivaba en el m~mento en que se unieron a un bando. Un peón yucateco, Mar~s Cha?, hi~o este sucinto comentario en el juicio: "Me preguntaron que SI quena unmneles y yo dije que sí" 100 ¿Cómo podemos ~canza~ a entender lo que p~ba por su mente? ¿Cómo podemos saber s1 habna actuado_ en forma di~tinta un día O una semana después si se le presentaba la misma alternalJ-

�258

Siglo XIX

va? Algunos estructuralistas encuentran tan subjetivo el ejercicio de juzgar la motivación, que desisten por completo de preguntar por qué actuaba
la gente. Intentan comprender tan sólo cómo actuaba.101

Sin duda estos críticos practican una observación válida. Una lectura cuidadosa de los expedientes penales sugiere que cada uno de los peones puede haberse unido o rehusado a unirse a los bandos insurgentes por
una multitud de motivaciones conscientes (a menudo interconexas): beneficios económicos, lazos familiares y un vivo deseo de venganza, entre
otras. Pero más allá de estas motivaciones evidentes había sin duda otros
factores inconscientes, de sustento psicológico, que tal vez influyeron en
las decisiones individuales.
Por ejemplo, los psicólogos han documentado la reducción colectiva de los umbrales de inhibición en turbas y otros fenómenos de masas:
de hecho, algunos episodios de la insurgencia yucateca semejaban fiestas
públicas en las que grupos enteros de personas, acompañados por la banda de la comunidad, desertaban en masse. 102 ¿Y qué papel desempeñaba
la relación mujer-hombre en la motivación? En algunos casos encontramos madres y esposas incitando a su.s familiares varones, retando de hecho el machismo: "¡Andale, por que no matas a ese cabrón ahora que
pu.edes, ten por segu.ro que él no se portaría tan blando contigo!".1º3
Es verdad que una diversidad de motivaciones y variables conscientes e inconscientes, así como muchas otras contingencias entran en juego cuando tenemos que examinar la cuestión de por qué los individuos participan en motines y rebeliones (y de hecho en cualquier acción social).
Empero, al intentar abordar analíticamente estos actos de resistencia y
rebelión, finalmente nos sentimos obligados a ensayar una explicación general, a ofrecer al menos una causa aproximada del por qué sucedieron y
por qué los peones decidieron incorporarse a ellos.
Para tal fin, estamos obligados a ver más allá de la propia creencia del
insurgente ante sus acciones. Debemos considerar mas bien estas convicciones en el contexto de las condiciones estructurales que afectaban al individuo como miembro de uno o más grupos, y como parte de una formación social más extensa. En efecto, esto significa que hay que evaluar todo el rango de relaciones "externas" de poder, además de las propias per-

Joseph Y WeU,: Dominación y re.tútencia en /tu hociendas yucatecas

259

cepciones "internas" de la gente en cuanto a sus condiciones y comportamiento.104
Se han analizado con cierto detalle las dinámicas relaciones de dominación en la zona heoequenera durante los últimos años del porfiriato.
Hemos sugerido que las condiciones cada vez más miserables de vida y el
present~iento entre los sirvientes de que la finca ya no podía garantizar
la segundad por la que habían canjeado su autonomía, probablemente
convencieron a muchos de que debían participar en la insurgencia. Del mismo modo, y aunque no era nuestro principal terna de interés, hemos mencionado la severa amenaza que significaba la expansión de la hacienda henequenera para la existencia de las poblaciones pobres pero libres del área
y de lsu menos controlable periferia. Esta amenaza, aparejada con el dete~ord del~ condiciones e~nómicas ~ con la ampliación del espacio político ~espues de 1910, sugiere por que tantos cabecillas y reclutas de estas
revubltas provenían de esos pueblos asediados pero de mayor movilidad
táctiba (como los de Temax, Unucmá, Muna y Santa Elena en particu~~
'

•

El historiador social británico E.P. Thompson proporciona lo que bien
podría ser el mejor indicador para la desafiante tarea de penetrar la mentalidad de los peones (o campesinos) durante los episodios de in.surgencia: 106
El grado de conciencia de un obrero no es una curva que ascienda
Y descienda con los precios y salarios; es de una vida de experiencia y socialización, tradiciones heredadas, luchas ganadas y perdi-

das . .. Es este pesado bagaje el que interviene en la formación de
la conciencia del obrero y proporciona la base de su comportamiento cuando las condiciones maduran y el momento se presenta.

La percepción de Thom pson puede ser provechosa a la luz de las evidencias del período. A los agitadores como Tomás Pérez Ponce y a los cabecillas ROSteriores se les recibía generalmente en forma ambigua cuando llegaban a ~s fincas henequeneras en brisca de partidarios o reclutas, entre
1909 y 1913. Pese a lo malas que llegaron a ser las condiciones, muchos
peones eludían aún la estrategia de confrontación. Probablemente pensaban q1M, como en el pasado, tales acciones estaban condenadas al fracaso:
los limitados beneficios que momentáneamente obtendrían no valían el
riesgo de perder la seguridad mínima que las fincas aún proporcionaban;
menos, la potencial pérdida de la integridad física o la propia vida. Además, no todos los henequeneros habían abandonado los incentivos pater-

�260

Siglo XIX

nales, ya que las condiciones variaban de una hacienda a otra. Sin duda,
muchos peones favorecían la estrategia de obtener cuanta seguridad pudieran y resistir a las exigencias del monocultivo con métodos más "rutinarios,, y menos riesgosos.107
Con todo, muchos sirvientes se arriesgaron a unirse a la insurgencia popular. Coincidimos con gran parte de la literatura de ciencias sociales sobre
revueltas campesinas en que, por afligidos o "motivados'' que estén, los
campesinos en general esperan a tener evidencias de que quienes detentan
el poder se han debilitado y/o dividido antes de asumir los riesgos de una
insurrección. La noticia de tales oportunidades para la revuelta a menudo
es llevada a los campesinos por elementos externos (casi siempre, élites disidentes) o por agentes locales intermedios con cierta experiencia cultural
en la sociedad dominante que les complementa (de hecho realza) su posición en la sociedad rural suhordinada.108 En el caso de Yucatán, los propietarios independientes, pequeños comerciantes, bandoleros, artesanos,
maestros y exoficiales del ejército con frecuencia se convertían en cabecillas e intermediarios: enlazaban los grupos encabezados por hacendados disidentes con los nucleamientos de peones y campesinos. Por lo común, los
hacendados morenistas y pinistas y los intelectuales de clase media radicados en Mérida planeaban una revuelta (sincronizando su complot regional
con una conspiración a nivel nacional) y luego, mediante una extensa red
de intermediarios que incluían contactos y espías locales conocidos popularmente como "orejas", movilizaban elementos simpatizantes (y no pocas
veces obligaban a los que no lo eran tanto) en rancherías pueblos y haciendas.109
Durante la serie de conjuras e intrigas elitistas que tuvo lugar en la
víspera de la rebelión maderista, un líder morenista declaró: "Tengo más
fe en la gente del campo que en los meridanos."11º Durante 1910 y principios de 1911 la tenue alianza entre las facciones elitistas disidentes de las
ciudades y los influyentes intermediarios rurales del interior continuó creciendo. Mientras las élites aseguraban armas y dinero, los cabecillas locales
reclutaban adeptos entre los pueblos y fincas vecinas. Sin embargo los morenistas y pinistas pronto se pusieron a reconsiderar la sensatez de su movilización de peones y campesinos. Para la primavera de 1911, la última ronda
de motines y revueltas empezó a girar fuera de control.
Lo que las élites no evaluaron plenamente cuan.do construyeron estas
redes rudimentarias de insurgencia fue que los incipientes rebeldes rurales
también tenían su propia agenda, y que no era congruente con los pro-

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en IIJ8 haciendas yucatecas

261

yectos políticos más bien limitados de la élite. Gradualmente, a partir de
la abortada conjura de Candelaria en octubre de 1909, pasando por la fallida rebelión en Valladolid de fines de la primavera de 1910, hasta las revueltas más incontrolables que con regularidad hicieron temblar a1 estado
durante 1911 y 1912, la movilización y protestas populares habían comenzado a adquirir vida propia, y concedían poca importancia a actitudes políticas o resultados de elecciones fraudulentas. Las élites contendientes de
Yucatán habían abierto la caja de Pandora y, por más que se esforzaron,
nunca supieron encauzar la furia que explotó en áreas l!eriféricas como en
Puuclll y el partido oriental de Temax.
Allí, en la periferia del monocultivo, durante 1911 y 1912, las haciendas fueron asoladas por bandas merodeadoras que "liberaban" a
peones y propiedades por igual, a veces de las mismas élites morenistas
y pinistas que al inicio fomentaron la movilización. En algunas fincas, las
revueltas surgieron desde dentro. En varias cabeceras, los rebeldes dinamitaron las casas y tiendas de los notables locales, atacaron los cuarteles de
los destacamentos de la Guardia Nacional y "sometieron a juicio" sumario
a los abusivos jefes políticos, autoridades municipaJes y personal de la hacienda.112 Durante dos días ocuparon Halachó, cabecera de regular tamaño
en el Puuc, y comenzaron a nombrar nuevas autoridades municipales.113
En ocasiones bandas dirigidas por popuJart:S cabecillas, junto con peones
locales, allanaban las casas principales para luego detrozar desfihradoras y
tramos de rieles del sistema Decauville, muy a la manera ludista. Tras años
de explotación y degradación racial, los sirvientes mayas se encontraban de
pronto en tienditas y bailes populares sabatinos, discutiendo -entusiasmados- sus acciones: "Yo encendí la dinamita que hizo volar la caldera", decía fulano; "Y o derribé las alharradas que rodeaban el nuevo plantel", comentaba mengano; "Imagínense", intervenía zutano, "todas estas ropas finas se pagaron con las ganancias sacadas de las costillas de nuestro pueblo ".114 En varias ocasiones durante 1911 y 1912 esta insurgencia popular
en la periferia henequenera amenazó con extenderse y paralizar la producción del corazón de la zona. 115
De este modo, a semejanza de la gran rebelión campesina del siglo XIX
conocida como la Guerra de Castas, la participación masiva de grupos subaJtemos en estas rebeliones de la era maderista comenzaron a infundir en
la lucha una resistencia local a la dominación elitista que se convirtió en
motivo de preocupación entre los mismos núcleos dominantes que en
principio precipitaron estas movilizaciones. Una vez más, en la lejana periferia de la nación, los campesinos y peones mayas comenzaban a sacar pro-

�262

Siglo XIX

vecho de las disensiones entre las élites: huyendo de las fincas, colocando
en la mira las propiedades y familias de los individuos abusivos y, en algunos casos notorios, estableciendo redes clientelares que más tarde se consolidarían en cacicazgos cuando la Revolución ganara arraigo en Yucatán,
desde 1915. Fue esta dicotomía estructural entre mentalidades y políticas
populares y elitistas, manifiesta en los tiempos de rebelión de la era maderista (como lo fue durante la Guerra de Castas), lo que constituyó el desafío más dramático a la hegemonía del monocultivo antes de la llegada del
ejército revolucionario del general Alvarado.116
Diversos factores, así como las provisionales estrategias de emergencia
de los henequeneros y el Estado, explican por qué en Yucatán -en última
instancia- el conflicto político y la insurgencia popular detuvieron secamente la generalizada rebelión que tuvo lugar en muchas otras partes de la
república. 117
Ante todo, en Yucatán el viejo orden tenía ciertas ventajas "inherentes" que le permitían contener el enconado descontento popular y mantenerse alejado del precipicio. La remota ubicación de la península (no hubo
carreteras hacia el centro del país sino hasta después de la Segunda Guerra
Mundial) impedía la comunicación con los jefes revolucionarios del centro y del norte de México, haciendo casi imposible la coordinación de
campañas. Segundo: hemos visto que el sistema de dominación del monocultivo del henequén, coercitivo y de alto control, que mantenían los
terratenientes y el estado, operaba para impedir la colaboración entre campesinos y peones y para mantener aislados los estallidos locales.
Por otra parte, la "memoria social" o mentalidad de la clase henequenera podría considerarse como otro factor estructural. La obsesión que
representaba para los henequeneros el inquietante espectro de una nueva
Guerra de Castas les hacía meditar sobre una movilización total de empleados portuarios y de ferrocarriles, sin hablar de los peones y campesinos mayas. Aunque los hacendados morenistas y pinistas estaban impacientes por derrotar a la camarilla molinista, la mayoría temía que al armar a las masas rurales se socavaran los elaborados mecanismos de control social que con tan buen éxito afianzaron el auge henequenero. Ahora
bien, si las movilizaciones encabezadas por hacendados suscitaban una revolución social, las élites contendientes en Yucatán podrían perder sus propiedades, su mundo social, y hasta sus vidas en otra Guerra de Castas. El
que ciertas élites corrieran ese riesgo, armando a los campesinos, demues-

}o&amp;eph y Wells: Dominación y re,istencia en la, hacienda, yucatecas

263

tra la disensión en el seno de la clase dominante en Yucatán, así como el
sentimiento de desesperación de algunos henequeneros durante el porfiriato tardío.
No obstante, incluso con la serie de obstáculos estructurales en su
contra, la insurgencia popular alcanzaba peligrosos niveles para fines de
1912. Esto obligó a los henequeneros, por lo pronto, a hacer algunas concesiones a los peones o, como lo expresa Knight para México en su conjun,
. . ,,11sra1 como 1as pnmeras
.
to: "Halagar y prometer, as1 como repnmir .
rebeliones esclavistas del Caribe o del sur de Estados Unidos, los tiempos
de rebelión popular en Yucatán generaron la redacción de una agenda reformista por hacendados progresistas Qa Liga de Acción Social) Y verdaderas concesiones materiales en algunas fincas, aun cuando provocaron medidas más severas de control en otras.119 En general, hemos encontrado
que, después de 1913, los tribunales locales, aun bajo el control de los hacendados demostraron más interés ert tomar nota de (e incluso en enmen,
120
dar) los abusos más atroces contra los peones.
El Estado desempeñó un papel complementario en la desmovilización
de bandos de campesinos sublevados. La imposición del régimen militar
por el general Victoriano Huerta, a principios de 1913, institucionalizó el
estancamiento político de las tres facciones elitistas contendientes en Yucatán: las obligó de hecho a aceptar una entente que preservara la paz social. Una vez resuelta la cuestión del poder del Estado, al menos de momento, se procedió a aplicar la justicia, unas veces con sagacidad porfiriana
y otras con creatividad. Los poderes Ejecutivo y Judicial indultaron! cooptaron algunos poderosos cabecillas y mandaron a otros al paredon. Para
mediados de 1913, el campo había sido desmovilizado.
Sin embargo, la promulgación de un decreto aboliendo el acasillamiento al año siguiente da fe de lo tenue que era en realidad la ~az
en ~ ucatán. El decreto nunca entró en vigor y parece haber sido emitido so,o
por conveniencia, para ganar tiempo, a raiz de la nueva andanada de ~~tines y violencia que precedieron a la caída de Huerta. De hecho, la elite
terrateniente se esforzó por mantener en calm;i al campo justo hasta antes
del desmoronamiento de su hegemonía, cuando el ejército constitucionalista de ocho mil hombres al mando del general Alvarado invadiera la pe-

soc!~

nínsula en marzo de 1915.
A su vez, el reformista Alvarado comprendió de golpe que el campe-

�264

Siglo XIX

sinado había cambiado con su participación en las recientes insurrecciones. El tribunal militar que instaló recibió oleadas de peticiones: los peones exigían aumentos de sueldo a sus patrones y mejores condiciones de
trabajo. Por ejemplo en un pintoresco proceso, el veredicto favorable del
tribunal no fue suficiente para calmar al líder de una delegación de peones,
quien siguió demostrando la arrogancia y crueldad del mayordomo hasta
que se le acusó de desacato y tuvo que ser sacado por la fuerza. El comandante que presidía la corte escribió al general que ese hombre estaría bajo
arresto hasta que se calmara, de mane¡a que " tan incendiario comportamiento no promoviera antagonismos de clase tan lesivos a la producción y
al espíritu de trabajo", principios rectores del régimen modernizante y progresista de Alvarado .121
Si bien el autoritario caudillo recibió con sorpresa tan agresiva conducta, los hacendados la habían observado fermentar a través de los años. Los
archivos judiciales y la prensa regioftal de 1910 a 1915 revelan que muchos
encargados y patrones se quejaban de que sus sirvientes ya no se quitaban
el sombrero ni les besaban la mano.122 La advertencia de Tomás Pérez Ponce a los hacendados había resultado profética: a pesar de las complejas
precauciones que habían tomado en el curso del auge porfirista para subordinar y controlar a sus sirvientes, los henequeneros dolorosamente descubrieron, durante el período de Madero, cuán conscientes eran sus peones.
Mientras que los campesinos libres conformaron el liderazgo y las primeras filas en los movimientos populares de Yucatán, muchos peones residentes aprovecharon la apertura que acompañó a la caída de Díaz para
combatir con violencia el régimen del monocultivo. Su participación en
estas efímeras revueltas representó la respuesta política apropiada en una
coyuntura dinámica y estratégica. En tanto que los peones acasillados del
noroeste habían elegido usualmente actos de resistencia "más callados" y
"cotidianos" para combatir una estructura de dominación en apariencia
inconmovible, ahora, muchos arriesgaban a asestar un golpe más efectivo
contra el régimen social que los sometía y explotaba. Para 1913, en el remoto y oligárquico Yucatán, como en otras partes de México, los modos
tradicionales de conducta y respeto retrocedían ante una asertividad y formas de autoridad novedosas: lo que Knight denominó "la nueva insolencia
plebeya ".123 Los tiempos de rebelión popular fracasaron en Yucatán, pero
echaron los cimientos de aspectos fundamentales para más extensas movilizaciones bajo regímenes revolucionarios radicales posteriores. 124

Joseph y Wel/.f: Dominación y re,istencia en las hacienda, yucatecas

265

NOTAS

1. El Ciudadano, 10 de junio de 1911, 34.

2. Debemos aclarar los diversos términos que empleamos en este ensayo para caracterizar a los trabajadores rurales de Yucatán durante el porfiriato. Jornalero
de campo es un tÚmino genérico aplicado al trabajador agrícola: lo utilizamos
libremente para abarcar trabajadores henequeneros, inquilinos y trabajadores de
tiempo parcial (llamados lunero, en Yucatán, por trabajar los lunes). Los peones
acasülados o 1irvientes eran peones de residencia permanente, atados a la finca
henequenera mediante el mecanismo de la deuda. Los campesino, o comuneros,
por otra parte, eran campesinos ''libres" que podían o no poseer tierra, pero que
vivían en las comunidades aldeanas y no se encontraban atados por deudas a las
haciendas vecinas.

3. Dentro de un radio aproximado de setenta a ochenta kilómetros de Mérida
(véase mapa).
4. El Ciudadano, 10 de junio de 1911, 34.
5. Los moreni,tas, que gozaron de poder político durante el cuatrienio de gobierno
del General Francisco Cantón (1897-1901), habían esperado con impaciencia,
durante más de una década, para retomar el poder estatal. Porfirio Díaz había
elegido a Olegario Molina y su camarilla (los molinistas) para que gobernaran el
estado de modo ininterrumpido desde 1902 a 1911. En este último año los morenistas se rebelaron cuando se les excluyó, de nuevo, con la imposición del
gobernador maderista, José María Pino Suárez. Sobre los orígenes del descontento morenista durante los últimos años del porfiriato, véase Gilbert M. Joseph y
Allen Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency in a Period of Transition, 1897-1913", enMexican Revolution,: Essay, on Regional Mexican History,
1910-1929, Thoma.~ Benjamín y Mark Wasserman eds., de próxima aparición,
University oí New Mexico P~.
6. Este ensayo representa sólo una porción de un extenso estudio, actualmente en
desarrollo, sobre política y sociedad en Yucatán titulado Summer of Discontent,
Seiuons of Upheaval: Elite Poli tic, and Rural Rebellion in Y ucatán, 1890-1915.
En este trabajo, más amplio, empleamos el rico testimonio personal de los casos
penales, así como la historia oral, para sondear la mentalidad del campesino y de
los participantes de la élite, con mucho mayor detalle del posible en esta síntesis.
7. Eric Wolf, Pecuant Wars of the Twentieth Century (Nueva York, 1969), introducción; John Tutino explica con mayor claridad: "En los lugares donde ocurrieron los cambios económicos más radicales del porfiriato, donde las comunidades campesinas establecidas fueron súbitamente incorporadas a la economía
en calidad de productoras, hubo escasa insurrección revolucionaria después de
1910". Tutino, From lmurrection to Revolution in Mexico: Social lJase3 of

I

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/

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Siglo XIX

Asrarian Violence, 1750-1940 (Princeton, 1986), p. 296.
8. Un retrato reciente del peón acasillado maya en el que se lo describe como tranquilo se encuentra en Alan Knight, The Mexican Revolution, dos vólumenes
(Cambridge, Reino Unido, 1986), 1:89. Para un análisis general de la literatura
sobre los trabajadores henequeneros durante el porfuiato, véase Wells, Yuootán 1
Güded Age: Haciendas, Henequen and lnternalional Haroester, 1860-1915 (Albuquerque, 1985), capítulo 6.
9. Este punto está tratado con mayor detalle en Wells, "From Hacienda to Plantation: The Transfonnation oí Santo Domingo Xcuyum ", en New Approaches to
Mexican Regional Hutory: Land, Labor, and Capital in Modern Yucatán, Gilbert M. Joseph y Jeffery Brannon eds., University of Alabama Press, de próxima aparición. Sobre la transformación de la industria azucarera del Caribe, véase
Manuel Moreno Fraginals, "Plantations in the Caribbean: Cuba, Puerto Rico,and
the Dominican Republic in the Late Nineteenth Century", en Between Slavery
and Free Labor: The Spanish-Speaking Caribbean in the Nineteenth Century,
Moreno Fragi.nals, Frank Moya Pons y StanJey L. Engarman eds. (Baltimore,
1985), pp. 3-21; y Christian Schnakenbourg, "From the Sugar Estate to Central
Factory: The Industrial Revolution in the Caribbean (1840-1905)", en Crisis
and Change in the lnternational Sugar Economy, 1860-1914, Bill Albert y
Adrián Graves eds. (Norwich and Edinburg, 1984), pp. 83-93.

10. En un trabajo fundamental escrito hace más de tres décadas, Eric Wolf y Sidney
Mintz intentaron dar una defmición rigurosa de haciendas y plantaciones. Una
"hacienda" es "una finca agrícola operada por un gran propietario. . . y una
fuerza laboral dependiente, organizada para abastecer un mercado a pequeña escala por medio de capital escaso, en la que los factores de pr?ducción se emplean no sólo para acumular capital sino también para sustentar las aspiraciones
de status del propietario". En contraste, una "plantación" es "una finca agrícola
operada por grandes propietarios (por lo general constituidos en corporación) y
una fuerza laboral dependiente organizada para abastecer un mercado a gran escala mediante capital abundante, en la que los factores de producción se emplean en primer lugar para acumular más capital sin considerar las necesidades de
status de los propietarios". Aunque esta clasificación de tipos ideales simplifica
instituciones coro plejas, pone de relieve las diferencias claves de la posesión de
tierras, capitalización, mercados y el deseo de consumo ostentoso de los terratenientes. Véase Wolf y Mintz, "Haciendas and Plantations in Middle America
and the Antilles", Social and Economic Studie1, 6 (1957): 380412.

11. /bid, p. 390.
12. /bid, p. 401.
13. La penetrante intuición de George Hegel en The Phenomenology of Mind resulta aquí particulannente apropiada: el poder personal llevado al extremo finalmente se contradice a si mismo, "pues la dominaciórt total puede convertirse
en una forma de dependencia extrema hacia el objeto del poder, y la carencia
total de poder puede convertirse en el camino secreto hacia el control del sujeto

Joseph y Welh: Dominación y re,istencia en las haciendas yucatecas

267

que intenta ejercer tal poder". Hegel citado por Orlando Patterson en Slavery
and Social Death: A Comparative Study (Cambridge, MA, 1982), p. 2.
14. Pltilip Mason, Patterns of Dominance (Londres, 1971), p. 11.
15. lbid, p. 11.
16. El siguiente análisis de los idiomas del poder se inspira en gran medida en Orlando Patterson, Slavery and Social Death, cap. l.
17. Karl Marx, El Capital, I :77, citado en Patterson, Slavery and Social Death, p. 19.
18. Diseñados por los henequeneros para limitar la movilidad y autonomía de los
trabajadores, los tres mecanismos se reforzaban mutuamente tanto y tan a menudo que, a veces, resulta difícil delimitar donde comienza uno y donde tennina
el otro. Por ejemplo, instituciones como la tienda de raya cumplían múltiples
funciones. En un plano, la tienda daba a los henequeneros un mecanismo seguro
para acrecentar la deuda del trabajador (coerción). Sin embargo, a otro nivel, al
suministrar alimentos básicos y útiles para el hogar, disminuía en los peones residentes la necesidad de salir de la propiedad para adquirir bienes, minimizando
así los riesgos de contacto potencialmente perjudicial entre los peones acasiUados y los campesinos y agitadores de las cercanías (aislamiento). Por úJtimo, la
venta de maíz, frijol y otros productos básicos aseguraba la subsistencia de los
peones residentes (seguridad). En suma, la tienda de raya era el vehículo perfecto para apoderarse de la mano de obra en un mercado en que escaseaba: facilitaba la dependencia y la inmovilidad, al tiempo que transmitía un cierto grado
de conveniencia y seguridad a los peones sin tierra. Sin embargo, para fines heurísticos desglosaremos estos mecanismos interconexos para esclarecer cómo se
hacía llegar e/ idioma del poder a los jornaleros y campesinos de la zona henequenera. Empero, siempre debe recordarse su convergencia estratégica.
19. WeUs, Yuca1án '., Giided Age, pp.161-162.
20. Antonio Betancourt Pérez, Revoluciones y crisis en la econom(a de Yucatán
(Mérida, 1953). p. 52.
21. Víctor Suárez Molina, La evolución económica, dos volúmenes (Mérida, 1977),
1:160.
22. Para un examen completo de la ecología de Yucatán, véase Eugene M. Wilson,
"Physical Geography of the Yucatán Península", en Yucatán: A World Apart,
Edward H. Moseley y Edward D. Terry eds. (University, Alabama, 1980). pp.
540.
2:J. Para un análisis de la pobre calidad del suelo y las bajas cosechas de maíz en la
wna henequenera, véase Malcolm K. Shuman, "The Town Where Luck Frll:
The Economics of Life in a Henequen Zone Pueblo" (Ph. D. Dissertation, Tulane University, 1974),cap. 5.

�268

Siglo XIX

Joseph y Wells: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

269

24. Nancy Farris.5 hace una enérgica defensa de su tesis en cuanto a la propensión
migratoria del maya yucateco durante la colonia en Maya Society Under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival (Princeton , 1984), especialmente en el capítulo 12.

36. Archivo General del Estado de Yucalán (de aquí en adelante, AGEY), Ramo
de Justicia, "Flagelación a Julio Pérez", 1912.

25. Para un análisis del nuevo trabajo en lomo a la Guerra de Castas, los cruzob y

38. Knight, "Mexican Peonage", p. 51.

los pacíficos a partir de la publicación de The Caste War of Yucatán de Nelson
Reed (Stanford, 1964), véase Joseph, Rediscovering the Past at Mexico's Periphery: Essays on the History of Modern Yucatán (University , Alabama, 1986 ),
capítulos 2 y 3.

37. Wells, Yucatán 's Gilded Age, p. 157 .

39. AGEY , Ramo de Justicia, "Incidente promovido por el apoderado de D. Dolores Guerra de Mendoza pidiendo la suspensión del remate de la hacienda
Xcuyum ", 1895. La cita en El Crédito del Estado, 15 de julio de 1895, 12; y
Wells, Yucatán 's Gilded Age, p.157.

26. La correspondencia entre Díaz e Ignacio Bravo, general a quien confió la campaña del cruzob, revela que ambos estaban decididos a eliminarlo por completo:
lo percibían como una raza perniciosa. Colección General Porfirio Díaz (de aquí
en adelante citada como CGPD), Ignacio Bravo a Porfirio Díaz, legajo 30, caja
25, 23 de junio de 1905, 009756. Véase también Marie Lapointe, Los mayas
rebeldes de Yucatán (Zamora, Michoacán, 1983).

27. Wells, Yucatán 's Gi~ed Age, p.105, n. 30.
28. lbid, p. 159.
29. El cerebro que ideó la separación de Quintana Roo fue Manuel Sierra Méndez,
científico confiable y hermano del ministro de Educación Justo Sierra. Es interesante notar que Sierra Méndez, nativo de Yucatán, sostuvo con fiermeza (pero
al final en vano) que la separación debería ser temporal y que tras la pacificación del cruzob, el territorio debería ser reincorporado a Yucatán. Véase CGPD,
memorandum de Sierra Méndez a Díaz, "Apuntes sobre la campaña de indios
presentados en croquis explicatorio de ellos", legajo 22, caja 17, 12 de julio de
1897, 008128-008140. Para un análisis detallado de la separación, véase Wells,
Yucatán 's Cilded Age, capítulo 4.

30. CGPD, passjm.

40. Un estudio reciente del peonaje en Puebla y Tlaxcala durante el porfirialo indica que algunos acasiUados buscaban en realidad incrementar su deuda: pensaban
que el tamaño de la misma indicaba sta~s social e_n la hacie~d~. Herbe~t J .
Nickel, Peonaje e inmovilidad de los traba1adores ogrico/as en Wex1co: la situación de los peones acasillados en las liaciendas de Puebla y Tlaxcala, lrad . Catalina Valdivieso de Acuña (Bayreuth, 1980), pp. 54-55. Aunque carecemos de datos sobre este fenómeno en Yucatán, es evidente que muchos acasillados acumularon altísimas deudas duran le el porfiriato. Lo que no queda claro es si restaban
importancia a la deuda y por lo mismo pedían prestado tanto como el administrador de la finca se los permitía, o s í, en efecto, consideraban a la deuda como
símbolo de status dentro de la comunidad de la hacienda.

41. AGEY, Ramo de Justicia , "Acusación presentada por el c. Juan Bautista Chan
contra el juez Segundo de Paz de Tahmek", 1912.
42. Un punto que no fue señalado en la queja presentada por Chan fue cómo ~l jornalero pudo pagar tan enorme suma: el salario diario en el campo en esa epoc:1
era de aproximadamente un peso. Sin otros apoyos financieros hubiera sido d1f ícil reunir tanto dinero para liquidar la deuda.

43. Sobre el pago con fichas o vales, véase Edwin C. Leslie y A.F. Pradeau , Henequen Plantation Tokens of the Yucatán Península (Washington, D. C., 1972).

31. En ocasiones, D íaz ~licitaba a sus gobernadores investigar las quejas específicas, pero es difícil discernir si los problemas eran tomados en cuenta. CGPD,
passim.

32. Wells, Yucatán 's Cilded Age, pp. 176-177.
33. Henry Baerlein, México: land of l/nrest (Philadelphia, 1914), pp. 19-20, 182;
Alan Knighl, "Mexican Peonage : What Was lt and Why Was il?", Journal of
Latin American Studies (de aquí en adelante citado como JLAS), 18:1 (mayo de 1986 ), 61.
34. Méndez, citado en Wells, Yucatán 's Cilded Age, p. 178.

35. Citado en Knight, "Mexican Peonage", p. 61.

44. Para un interesante análisis de deudas y salarios en las haciendas de henequén Y
maíz yucatecas durante el auge, véase Chrislopher J. Gill, "Regional Variation
and Patlems of Resistance: The Henequen Boom in Yucatán, 1880-1915"
(Seniors' Honors Thesis, University oí Michigan), capítulo 3. También véase
Wells, " From Hacienda to Planlation"; y Joseph, Rediscovering tl1e Past, pp.

59-81.
45. AGEY Ramo de Justicia, "Tercer cuenta de administración de la finca San Pedro sujeta al juicio hipotecario promovido por la repr~ntación ~e . Don Perfecto Eduardo Bolio Rendón y continuado por Don \\enceslao Lazarraga Patrón contra Doña Mercedes [rigoyen de Herrera", 1911 ; e ídem, "Segunda
cuenta de admin.istración que rinde el depositario de la finca sujeta al juicio que
siguen los Sres. Avelino Montes S. en C. contra Marcos Díaz Cervera", 1911.

�270

Siglo XIX

46. AGEY, Ramo de Justicia, "Cuenta de administración de la Compañía Agrí.
cola del Cuyo y Anexas, S. A.", 1910.
47. El concepto se analiza con mayor detalle en Tutino, From lnsurrection to Revolution.

48. Knight, "Mexican Peonage ", p. 64.
49. Para un análisis de los papeles múltiples desempeñados por las casas exportadoras durante el auge, véase Joseph y Wells, "Corporate Control of a Monocrop
Eoonomy: lnternational Harvester and Yucatán's Henequen industry During
the Poñrriato",Latin American Re.,earch Review 17:l (1982): 69-99.
50. Fernando Arjona,Breves apuntes sobre la pelagra (Mérida, 1898).
51. Knight, "Mexican Peonage", p. 64.
52. Aunque los asentamientos de acasillados predominantemente mayas carecían incluso de los escai;os recursos organizacionales y culturales de las comunidades
sitiadas de la zona, como veremos no estaban despojados por completo de afinidades y recursos culturales, sobre todo en la familia y la religión.
53. Esta también es una ilustración clásica del mecanismo de aislamiento en juego
Alejandra García QuintaniUa, comunicación personal, 20 de noviembre de 1987.
54. AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias en la averiguación del delito atentado
contra la libertad de la menor Eleuteria Ek, denunciado por Micael López", caja 658, 1908.

Joseph y Wel/8: Dominación y resistencia en hu haciendas yucatecas

271

60. Sir Mores Finley prefiere caracterizar a los esclavos como "forasteros" en vez de
"desarraigados": Ancient Slavery and Modern Jdeology (New York, 1980), capítulo 2. Las limitaciones de espacio y lo incompleto de los datos nos impiden
reconstruir aquí los patrones de resistencia de los trabajadores importados a la
zona henequenera (yaquis, asiáticos, enganchados y deportados del centro de
México). La resistencia y mano de obra de origen no maya (y las dificultades
que entraña su estudio) se discuten en Joseph, Rediscovering the Post, capítulo
4,en especial las pp. 70-81.
61. De james Harrington, A System o/ Politics, citado en Eugene D. Genovese,
From Rebellion to Revolution: Afro-American Slave Revolts in the Making o/
the New World (Baton Rouge, 1979), p. vi.
62. James C. Scott, Weapons o/ the Weak: Everyday Forms o/ Peasant Resistance
(New Haven, 1985), y "Resistance without Protest and without Organization:
Peasant Opposition to the lslarnic Zakat and the Christian Tithe ", Comparative
Studies in Society and History (de aquí en adelante, CSSH), 29:3 (julio de
1987): 417-452. Scott no puede atribuirse todo el crédito (y no lo hace)de enfocar la atención hacia las formas "calladas" de lucha que no dieron como resuJ.
lado la insurgencia. Reconoce que su trabajo se basa en estudios previos sobre
temas agrarios similares realizados por eruditos que se dedican a otra área: por
ejemplo, Eugene D. Genovese, Roll, ]ordan, Roll: The World the Stave, Made
(New York, 1972); y Michael Adas, "From Avoidance to Confrontation: Peasant Proles! in Precolonial and Colonial Southeast Asia", CSSH, 23:2 (abril de
1981 ), 217-247. Para un estimulante y actualizado estudio sobre la resistencia
campesina en sus diversas formas, véase Steve j. Stem, "New Approaches to the
Study of Peasant Rebellion and Consciousness: lmplieations of the Andean Experience" en Resistance Rebellion and Consciowness in the Andean Worls:
18th to 20th Centuries, Stem, ed. (Madison, 1988), pp. 3-25.

55. Farriss,Maya Sociely Under Colonial Rule, pp. 268-269.
63. Scott, "Resistance without Protest", 450.
56. Por ejemplo, véase Alberto García Cantón, Memorias de un ex-hacendado henequenero (Mérida, 1965).
57. Scott, Slave Emancipation in Cuba; Manuel Moreno Fraginals, El ingenio: complejo económico social cubano del azúcar, 3 volúmenes (La Habana, 1978).
Para reseñas del debate historiográfico sobre las condiciones de trabajo cubanas, véase Franklin W. Knight, "The Caribbean Sugar lndustry and Slavery",
LARR, 18:2 (1983): 219-229; y Wells, "The Terrible Green Monster: Recent
Literature on Sugar, Coffee, and Coerced Labor in the Caribbean ", LARR,
23:2 (1988), 189-205.
58. Scott, Suwe Emancipation in Cuba, p. 19.
59. La historia social de la familia maya aún no ha sido escrita,. Nuestras observaciones generales en cuanto a la zona henequenera de fines del siglo XIX y principios del XX derivan de una gran variedad de fuentes, 'incluyendo el Ramo de
justicia del AGEY y la prensa regional y datos contenidos en la literatura etnográfica y etnohistórica (p. ej., Farriss, The Maya Society Under Colonial Rule).

64. Eric J. Hobsbawm, "Peasants and Politics", Journal of P00$0nl Studies, 1:1
(1973), 12; también citado en lbid, 424.
65. Scott, "Resistance without Protest", 422; ef. Weapons o/ the Weak, capítulo 7.
Scott señala, por ejemplo, que la acumulación de miles de actos individuales de
evasión fiscal, robo o deserción pueden trastocar seriamente a las élites e, incluso, desestabilizar regímenes.
66. Si bien los juicios hipotecarios y documentos de la hacienda nos informan SObre categorías tales como salarios, deudas, producción, maquinaria, valores y
bienes disponibles en la tienda de raya, dicen poco acerca de la interacción diaria entre empleado y patrón en la finca. El Ramo de Justicia contiene menciones
aisladas de tortuguismo, excusas para evadir el trabajo, etc. (véase la nota 69),
pero se advierte la ausencia de tales detalles en las memorias de hacendados: por
ejemplo, García Cantón,Memoria.f de un ex-hacendado, y Gustavo Molina Font,
La tragedia de Yucatán (México, 1941).

�272

Siglo XIX
)oseph y We/ls: Dominación y resistencia en las haciendas yucatecas

67. Un ejemplo perfecto de este vago impresionismo se encuentra en el documental
de 1971, "México: The Frozen Re,olution ", en el que se entrevista a un anciano
sobre la naturaleza de las relaciones de trabajo durante el auge henequenero. En
Joseph, Rediscouering the Post, capítulo 4 y epilogo, se encuentran menciones
de la escasa literatura histórica oral.

68. "Summer of Discontent, Seasons oí Upheaval: Towards an Analysis oí Elite Politics and Rural RebeUion in Yucatán, 1890-1915 ", trabajo presentado en la
Conferencia sobre el Desarrollo Histórico de Yucatán, Mérida, abril de 1987.
69. Por ejemplo, en cuanto a eludir el trabajo: AGEY, Ramo de Justicia, "Denuncia que hace Lorenw Díaz de varios hechos delictuosos cometidos por Federico Trejo", 1910; ídem, ''Toca a las diligencias practicadas en averiguación de
las lesiones que presenta Francisco Lugo contra Temístocll'-S Correa Gutiérrez",
1914. En cuanto a tortuguismo, desobediencia e insubordinación, ídem, ''Toca
a la causa seguida a Antonio Puc y socios por los delitos de motín y destrucción
de propiedad", 1911.

70. Por ejemplo, en cuanto a abigeato y robo: AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida a Severiano Baas y socios, por el delito de abigeato", 1911; ídem, ' 'Toca a
la causa seguida a Hermenegildo Nah y socio por los delitos de robo y destrucción de propiedad ajena por incendio", 1912. En cuanto a incendio premeditado y sabotaje, ídem, ''Toca a la causa a Santiago May por el delito de de¡;trucción en propiedad ajena por incendio". caja 674, 1908; ídem: "Denuncia que
hace Manuel Ríos de destrucción en propiedad ajena ". 1914.

71. Por ejemplo, AGEY, Ramo de Justicia, "Cuenta dr administración de la finca
San José 11.uché y su anexa San Francisco correspondiente a un mes corrido de
25 de julio a hoy agosto 25 de 1897", 1897. La literatura comparada sobre la
esclavitud contiene un abundante análisis de enfermedades fingidas como forma
de resistencia. Los relatos de viajeros contemporáneos de Barlein and John
Kenneth Tumer, &amp;rbarous México, Chicago, 1910, entre otros, contienen diversidad de quejas de hacendados referentes a embriaguez y pereza de sus peones.

273

a la causa seguida a Manuel Baas por rl delito de de,strucción en propiedad ajena
por incendio", 1912. Baas alegó estar "completamente embrutecido por el al.
cohol" cuando incendió la cabaña. Se le impuso una sentencia muy leve.

77. Por ejemplo, véase la l'aracterización de los campesinos maya en AGEY, Ramo
de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Hermenegildo '.\jah y socio", 1912; e
,'dem, '1'oca a la causa seguida a \'isitación Gonzálcz } Magdalena \lcocer de
Gon?..ález por injurias a funcionario público y resistencia a la autoridad", 1914

78. Para un fascinante análisis de la actitud del sistema judicial colonial hacia el abuso del alcohol, qur ha resultado muy útil para el presente trabajo, véase ~illiam
B. Taylor, lJrinking, Homicide and Rebel/ion in Colonial Mexican I il/ages
(Stanford, 1979).

79. Un mecate equivale aprox1rnai.unente a un ane. AGEY, Ramo de Justicia, ..To.
ca a la causa seguida a Santiago May", caja 674, 1908.
80. Una muestra de algunos otros veredictos inusitadamente severos por destrucción
de propiedad ajena incluyen AGEY. Ramo de Justicia, "Toca a la causa seguida
a Felipe Medina por el delito de destrucción ajena por incendio" 1908 (siete
años y nueve mrses por incendiar una vivicnda);ídt&gt;m, "Toca a la causa seguida
a Pedro May y socios por el delito de robo ~.1912 (dos años y seis meses por robar una modesta cantidad de maíz); íclt&gt;m, "Toca a la causa se~ida a Francisco
Vázquez por destrucción de propiedad ajena", 1914 (un año por hacer milpa
ilegalmente en ocho hectáreas dr monte del hacendado). Compárese con la leve
sentencia por a;;esinato en ídem, ''Toca a la l'ausa seguida a \1anuel Femández y
Antonio Tos por el delito de homicidio". caja 680. 1908 (Femández recibió cinco a,ios y i;eis meses por matar a otro jornalero).

81. Las cortei; inglrsa.s del siglo X VIII defrndinon de un modo similar la inviolabilidad de la propil'dad privada. Vfase Douglas Hay, "Property, Authority, and
the Criminal Law ", en Albion '.f Fatal Tree: Crime and Societ_y in Eightl'l'nthCentury Englnncl, Hay, Peter Linebaugh, John G. Rule, E.P. Thompson y Carl
Winslow, eds. (Londres, 1975): 17-64.

82. Carlos R . Mcnéndez, Nouenla allos de liistoria de Yucatán {1821 1910) (Mfrida
1937). p. H7.

72. Diario Oficial, 9 de enero de 1908, 3096.
83. !'ara una investigación íru;;trada, véase AGEY. Ramo de .luslicia. "Toca a la l'au73. Para eJemplos de muertes atribuidas a congestión alcohólica, véase AGEY, Ramo
de Justicia, ''Toca a las diligencias practicadas en averiguación de la muerte de
Manuel J. Chávez", 1913; ídl'm, "Toca a las diligencias practicadas en averiguación del motivo de la muerte de Victoriano Chan " , 1913 .

74. llasta ahora, no hemos intentado cuantificar los datos sobre delitos del Ramo de
Justicia. Lo desorganizado e incompleto de los mismos torna extremadamente
difícil y problemática tal empresa.

75. Scott. Weapons of the Weak, p. 302.
76. Un caso que ilustra esto perfectamente está en AGEY , Ramo de Justicia, "Toca

sa seguida a Pedro Chi por el delito de deslrurción de propiedad ajena por incendio", 1912.
84. Scott, "Resistance without Protest ", 452.

85. !'ara un análisis y crítica dd razonamiento de Scolt, véaSI' Joseph, "On the Trail
oí Latin American Bandits: Recent Trends and New Concepts for the Study of
Peasant Reisistance ", /,.1RR, de próxima apari1·ión.
86. Un grupo de observadores contemporáneos, incluyendo al general Salvador Alvarado y al poeta yucateco Antonio Mt'diz Bolio, comentaron la endémi&lt;"a incidencia del suicidio entre los peones durantr el auge. Véase Jame;; C. Carey,
The ifexican Ret&gt;0/u1ion in Yucalán. 1915-1924 (Roulder, 1985), p 78, nota
29. Resulta interesante notar que las investiga,·iones sobre- el maya yucateco de

�274

Siglo XIX

la colonia realiz.adas por Nancy Farriss y Grant Jones no han descubierto una incidencia alta de suicidios (correspondencia personal, inviemo y primavera de
1988). Esto puede ser reflejo de diferencias en las condiciones sociales y/o en
la forma de llevar archivos_ El Estado porfirista estaba tal vez más dispuesto, y
por cierto mucho mejor equipado, para investigar muertes violentas en el campo practicando detalladas diligencias para cada episodio.

87. AGEY , Ramo de Justicia, "Diligencias en averiguación de la muerte de José
María Eh, vecino que fue de la hacienda San José", 1912. Algunas veces, la pelagra empujaba a sus víctimas a cometer actos socialmente agresivos, incluyendo el
homicidio. Por lo común las víctimas eran parientes cercanos o compañeros de
trabajo. En 1912, Hermenegildo Puc golpeó con sus sandalias a Desideria Canul
hasta dejarla inconsciente en su hamaca. Puc creía que Canul era una hechicera
que lo había embrujado "oscureciéndole la vista y negándose a sanarlo". El tribunal determinó que la pelagra había alterado a tal grado los sentidos del acusado que ya no era responsable de sus actos, de modo que se envió a Puc al sana torio Ayala, de Mérida, para su tratamiento.Jdem, "Toca a la causa seguida a
Hermenegildo Puc por el delito de homicidio", 1912.

88. Por ejemplo, AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias con motivo del suicidio de
Candelario Cauích, sirviente de la finca Chunkanán", 1913; ídem, "Diligencias
con motivo de la muerte de Vicente Cen", caja 714, 1908; ídem, Diligencias
en el suicidio del que se cree llamarse Valerio Godoy, verificada en la Hacienda
Vista Alegre", caja 296, 1897; e ídem, "Toca a las diligencias practicadas en
averiguación de la muerte de Enrique Canché Piña", 1912. Estos son episodios
conmovedoramente descriptivos, pero se podrían proporcionar múltiples referencias del Ramo de Justicia para cualquier año de este estudio.

89. J . Eric S. Thompson, Maya History and Religion (Norman, Oklahoma, 1970),
p. 301.
90. Por supuesto, la creación del culto de la CJUZ Parlante después de la Guerra de
Castas por parte de los mayas rebeldes del sureste, proporciona el ejemplo mas
notable de la reformulación de formas y símbolos tradicionales dentro de un
proceso dinámico y progresivo de resistencia.

91. Para 1ID debate sobre el pánico véanse Knigbt, TheMexican Revolution, 1: 64-65, y
Fried.rich Katz, "México: Restored Republic and Porfiriato", en Cambridge
History of Latin America (Cambridge, 1986 ), V: 62-68. El siguiente análisis del
pánico económico y sus consecuencias políticas en Yucatán se basa en gran medida en Joseph y Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency", y
"Summer of Discontent: Economic Rivalry among Elite Factions during the
Late Porfiriato in Yucatán ", ]LAS, 18:2 (noviembre de 1986 ), 255-282.

92. Gill, "Regional Variation ", capítulos 3 y 4, proporciona un estudio microhistórico del deterioro en las condiciones de trabajo, la escasez de crédito y la
amenaza a la seguridad de subsistencia del peón durante los últimos años del
poñlriato. Ver en particular su análisis preliminar del modo en que el hacendado se apropiaba de la mano de obra doméstica (pp. 39-40, 60-61 ).

93. Para una crítica perspicaz de tales modelos, véanse Rqd Aya, "Theoríes oí Revolution Reeonsidered: Conlrasting Models of Collective Violence", Theory and
Society 8 (1979): 39-99; y Aya, "Popular lntervention in Revolutionary Situations", en Statemaking and Social Movements: Essays in History and Thoory,

Joseph y Wel/s: Dominación y resistencia en las haciendas yucateca.t

275

Charles Brigbt y Susan Harding eds. (Ann Arbor, 1984 ), 318-43.

94. La Revista de Mérida, 20 de septiembre de 1909.
95. La Revista de Mérida, 5 de septiembre de 1907 ;El Imparcial, 6 de septiembre de
1907.
96. Sobre el incidente Catm ÍS y sus consecuencias, véanse el Diario Oficial, La Revista de Mérida y el Diario Yucateco del 8 al 12 de marzo de 1911.
97. Existe, sin embargo, el peligro de exagerar tanto la novedad como la amenaza
que representaban estos episodios violentos de fines del porfiriato. Hubo estallidos aislados durante todo el antiguo régimen, pero no fue sino hacia 1910 que
comenzaron_ a reportarse con persistencia, y a veces de manera exagerada, en la
prensa opoS1tora vinculada a las facciones elitistas que disputaban la hegemonía
a la oligarquía molinista. Institución largo tiempo reprimida y amedrentada, la
prensa opositora incrementó su cobertura de los disturbios de la zona henequenera cuando se abrió un espacio político a raíz del estallido de la rebelión nacional maderista. Véase José Luis Sierra Villarreal, "Prensa y lucha política en
Yucatán, 1895-1925", mimeo, 1984. Algunas indicaciones sobre la creciente
ola de bandolerismo y abigeato en la periferia de la zona henequenera aparecen
en AGEY, Ramo de Justicia, ''Testimonio de la causa seguida a Herminio Ba1~ y socios por los delitos de homicidio y robo por asalto", 1911; e ídem, "Diligencias practicadas con motivo del asalto y robo hecho a AbsaJón Váu¡uez, administrador de la finca Uayalceh ", 1911.

98. La economía poi ítica del henequén durante las postrimerías del poñiriato, y en
particular la preponderante influencia de la lntemational Harvester (tema que ha
generado considerable debate tanto dentro como fuera de Yucatán), se tratan a
fondo en Joseph y Wells, "Corporate Control" y Yucatán y la lnternational
Harvester Company (Mérida, 1986 ).

99. Para una reconstrucción más detallada del período de 1909 a 1913, véase
Joseph y Wells, "Yucatán: Elite Politics and Rural lnsurgency".

100. AGEY, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Juan Jiménez y socios por
el delito de provocación al delito de rebelión", 1913.
101. Véanse, por ejemplo, Joseph Foweraker, Personal Networks and Political Strategies: The Making of Democracy in Spain (Cambridge y Nueva York, de próxima aparición); y Theda Skocpol, States and Social Revolutions (Cambridge,
1979), en especial pp. 16-18.

102. Véase por ejemplo La R evista de l'tférida, 16 de mayo de 1911.
103. AGEY, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa seguida a Luís Uc y socios por los
delitos de amenaza e injurias", 1913.
104. Taylor, Drinking, Homicide and Rebellion, pp. 128-142, y Stem, "New Approaches", presentan análisis reveladores de la relación entre la mentalidad del
campesino y las relaciones estructurales de poder en el origen de las insurgencias
rurales.

�276

Siglo XIX
J~ph y WeU,: Dominación y re.Tistencia en las haciendlU yucatecas

105. La movilización y mentalidad de los poblados campesinos " libres" se tratan con
mayor detalle en Joseph y Wells, "Seasons of Upheaval: The Crisis of Oligar.
chical Rule in Yucatán, 1909-1915", en The Mexican Revolution, Jaime E. Rodríguez ed., de próxima aparición.
106. Thompson, citado en Peter Winn, Weavers of Revolution: The Yarur Workers
and Chile 's Road to Socialism (Nueva York, 1986 ), p. V.
107. Episodios que revelan mucho de esta ambigüedad y ~omplejidad se ~~cuentran
en AGE Y, Ramo de Justicia, ''Toca a la causa segt11da a Pedro Ch1 , 1912; e
ídem, ' 'Toca a la causa seguida a Juan Jiménez", 1913.
108. Véase por ejemplo Tutino, From lnsurrection to Revolutions, pp. 13-32.
109. Un caso que documenta en forma gráfica este sistema de reclutamien_t~, r~pleto
de agentes intermedios y orejas se encuentr_a en AGEY, ~amo de J~~c~~• Cau~
sa seguida a José Policarpo Mendoza y socios por el delito de rebelion , 1912,
véase también la nota 107 .
110. AGEY , Ramo de Justicia, "Causa seguida contra Alfonso Cámara y Cámara y
socios por el delito de rebelión ", 1909.
111. Lomerío que va de Maxcanú a Muna, en el partido de Ticul.
112. Para ajusticiamientos populares, véase AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida
contra Pedro Crespo y socios por el delito de homicidio, rebelión y robo",
1911; e ídem, "Causa seguida a Bemabé Escalante por suponérsele presunto
cómplice del delito de homicidio, para la continuación respecto de Juan Osorio, Juan Campos y socios" , 1912.
113. AGEY Ramo de Justicia, ''Toca a la causa a José Dolores Cauich Y socios por
los delitos de rebelión, robo y destrucción de propiedad ajena", 1912.
114. Véase, AGEY, Ramo de Justicia, "Causa seguida a Guillermo Canul y socios

por los delitos de daño y destrucción de propiedad ajena ", 1912.
115. Los henequeneros se sentían tan amenazados por la ~enerali,zación de 1~ violencia que a mediados de 1911 pidieron al gobernado~ Pmo ~~z y al _g~~1erno
federal protección militar adicional. AJ final P~o Suarez 5?hc1to y recib10 de la
ciudad de México dos batallones federales mas y un envio de ametralladoras.
Diario Oficial, 8 de julio de 1911, 4180, y 16 de agosto de 1911, 4213.
116 . Para una comparación de los dos ciclos de rebelión popular, véase Joseph, ' 'The
United States, Feuding Elites, and Rural Revolt in Yucatán, 1836-1915", en
Rural Revolt in Mexico and U.S. lntervention, Daniel Nugent ed. (La JoUa,
próxima publicación).
117. El siguiente análisis de la desmovilización de la insurgencia popular se basa en
gran medida en Joseph y WeUs, "Seasons of Upheaval".
118 . Knight, The Mexican Revolution, l: 221.
119. Véase por ejemplo, Genovese, From Rebellíon to Revolution, pp. 110-11~ ;
sobre '1a Liga de Acción Social. véase Ramón Chacón, " Yucatán and the Mex1-

277

can Revolution: The Pre-Constitutional Years, 1910-1918" (Ph. D. dissertation, Stanford University, 1981 ), pp. 118-131.
120. Esto sugiere un paralelismo con el sistema de plantaciones del sur de Estados
Unidos antes de la guerra de Secesión. Como Genovese y otros han demostrado, la ley cumplía en parte una función hegemónica, dejando -al menos- la
apariencia de un modelo desinteresado de jll8ticia en las mentes de los subordinados. Genovese, Roll, Jordan, Roll, pp. 25-49. Véase, por ejemplo, el juicioso
manejo en los tribunales del notorio caso "San Nicolás" de·•.abusos cometidos
contra los peones (uso consunte de grilletes, flagelaciones con alambre, etc.);
AGEY, Ramo de Justicia, "Toca a la call8a seguida a Pedro Pinto y socios por
los delitos de lesiones y atentados contra la libertad individual", 1914.
121. AGEY, Ramo de Justicia, "Diligencias contra Juan Córdoba", 1915.
122. Véase, por ejemplo, AGEY, Ramo de JU8ticia, "Incendio en la Finca Texán",
1914;y La Revista de Yucatán, 31 de marro de 1914.
123. Knight, The Mexican Revolution, 1:169.
124. Sobre movilizaciones más amplias bajo el régimen de AJvarado, del gobernador socialista Felipe Canino Puerto y, más tade, ~o el cardenismo, véase
Joseph, Reoolufion from Without: Yucatán, Mkico anti the United S1aie.,
1880-1924, ed. rev. (Durham, 1988), pp. XX-XXV y 93-298.

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de Historia

POBLACION, MIGRACIONES Y
CICLOS VITALES EN EL XIX
(Argentina, Brasil, Ecuador,
México, Costa Rica y España)
Año IV, número 7
enero.junio de 1989

Facultad de
Filosofla y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey•México

��SIGLOXIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 • Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica del
Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad
Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires
(Argentina).

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO F ARIAS LONGORIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Editor Adjunto
MIGUEL GONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Mario Cerutti
Arte y diagramación: Sylvia Eloísa Morán
Tipografía e impresión: Impresora Monterrey, S.A.
Aparición semestral
Para envíos al exterior: U.S.A. $7

�AÑO

ENERO-JUNIO DE

IV NUMERO 7

1989

SigloXIX
REVISTA DE HISTORIA
· FONDO

UNIVERSITARlO
SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5

Patrones de mortalidad en las tierras nuevas
de la provincia de Buenos Aires:
Tandil (1860-1895) .. . .... . .. . .... NORBERTO

ALvAREZ
EDUARDO MIGUEZ

9

Café, ferrocarriles y población. El proceso de
urbanización en Río Claro, Brasil ... . DANIEL J. HOOAN
MARIA COLETA DE ÜLIVEIRA
JoHN M. SYDENSTRICKER NETO

71

Camino a la fazenda: estructura de la
familia inmigrante y cultivo del café
en San Pablo . . . . . . . . . . . . MARIA s.

95

BEOZZO BASSANEZI

Ecuador en el siglo XIX: movimientos de la población
en la región de Cuenca ... .. .. . ..... SILVIA PALOMEQUE 127
El mundo del trabajo en una parroquia
de Puebla a través de los libros
matrimoniales (1640-1910) . . ]OSE LUIS

AR.ANDA ROMERO
MIGUEL ANGEL CUENYA

177

Natalidad y mortalidad en _Tecali (Puebla):
1701-1801 . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . LUTZ

BRINCKMANN

Costa Rica, 1866-1973: tablas modelo
de mortalidad . .. ... . . .... ... . RECTOR

PEREZ BRIGNOU

271

La emigración española durante las décadas
del comercio libre (1765-1820).
El ejemplo catalán . . . . .... .. JosEP M .

DELGADO RmAS

315

S. 219

�,,

Nota del Editor

La población, sus ritmos vitales y movimientos, el impacto que
sobre determinados núcleos demográficos guardaron variables
que incluyen desde las epidemias hasta el ferrocarril, sus relaciones con el mundo del trabajo o con políticas migratorias, concentran la atención de este número 7 de Siglo XIX. Revista de

Historia.
El dossier que aqui se ofrece -"Población, migraciones y
ciclos vitales en el XIX'' - alude a cinco países latinoamericanos y a la Espai'ía que vio morir el Antiguo Régimen. La recopilación de estos materiales fue factible en una elevada proporción
gracias a la labor de Norberto Alvarez y Eduardo Míguez*, especialistas del Centro de Investigaciones Histórico-Sociales de la
Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires

• Norberto AJvarez cursa su doctorado en Demografía en la Ecole de Hautes Etudes,
en París. Entre sus publicaciones se cuenta El Estado y la economía en la Argentina,
1910-1955, editado en Buenos Aires. Eduardo Míguez recibió su doctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Es director del citado Instituto de Estudios HistóricoSociales y autor de Las tierras de lo$ ingleses en Argentina, 1870-1914, Buenos Aires,

1985.

�6

Siglo XIX

Nota del Editor

Y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina.

Siglo XIX mantiene entonces la política de abrir sus páginas
a ~tudios?s de diversas latitudes que, por su adecuado conocirruento ~e areas específicas, se encuentren en condiciones de reunir
un dossier con aportes de diferentes países del continente.

. Son Alv~ez Y Míguez, precisamente, quienes abren el conJunto de articulos de este número 7. Lo hacen describiendo un
caso _de_la Argentina ~el XIX: el de Tandil, en el sureste de la
provm~ia de Buenos Aires. Los autores analizan los patrones de
~ortalid?d e? est~ }ncipiente centro urbano en décadas que arreciaba la ~~graci~n europea, volcada sobre las tierras nuevas
de la ubernma región pampeana.
La expansión poblacional y económica matiza asimismo los
dos ensay_os sobre Brasil. El primero, a cargo de Daniel J. Hogan, Mana Coleta de Oliveira y John Sydenstricker Neto está
enfoca~o a _las vinc~aciones entre cultivo del café, ferroca'rriles
Yurb~ción en Ri? Claro, en el estado de San Pablo. Los autores polenuzan con ciertas aseveraciones que se hao brindado en
d.erredor. de los moi_nentos de dicha urbanización, y ponen énfasis en la 1?1POrtaoc1a del mer~ado interior en este tipo de proceso~. M_ana Beozzo Bassane21, por su lado, sitúa su artículo en
el ~bito de la producción cafetalera: lo hace para encontrar las
relac1?nes entre las necesidades de fuerza de trabajo de los fazende1ros Yla estructura de la familia inmigrante. Aunque revisa sobre todo el caso de las familias italianas, Beozzo Bassanezi
no desdeña hablar sobre núcleos parentales autóctonos que de
~anera análoga a los anteriores, marcharon como colonos 'hacia la f azenda en tiempos que la agricultura del café transitaba
horas de esplendor.
Ecuador vuelve a ser analizado en Siglo XIX. Silvia Palomeque aporta ~a.síntesis de sus resultados de investigación en
torno a l?s moVJrruentos de la población durante la centuria pasada. El area de Cuenca es el espacio regional analizado, con una

7

núrada que sin dejar de tener en cuenta lo señalado por otros
autores incorpora una copiosa revisión de fuentes primarias. El
estudio atiende aspectos como los del trabajo en Cuenca y regiones aledañas, el fraccionamiento de la tierra y los vínculos
mercantiles.
José Luis Aranda Romero y Miguel Angel Cuenya, a su vez,
presentan su aproximación a los procesos demográficos en una
parroquia de Puebla (la de Sao Angel Custodio, Analco), a partir de la información de los libros matrimoniales y de lo que llaman el mundo del trabajo. El rastreo incluye una buena porción
de la etapa colonial y remata en 1910. Un segundo trabajo sobre
México -el de Lutz Brinckmaon-, también dedica su atención
a otra parroquia poblana, la de Tecali. En este caso, sin embargo, lo que se ofrece es una densa cantidad de datos atinentes a
natalidad y mortalidad durante todo el siglo XVIII.
Costa Rica, en cambio, es revisada por vez primera en nuestra revista: Héctor Pérez Brignoli adopta el período 1866-1973
para debatir sobre las tablas modelo de mortalidad. Junto a la
información específica de los procesos indagados, Pérez Brignoli alude a las peculiaridades de estos instrumentos de trabajo
y a la aplicación que han tenido en otras latitudes.
El conjunto de materiales se cierra con la colaboración de
Josep María Delgado Ribas, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sustentado en una ya reconocida tarea de investigación,
Delgado Ribas aborda el impacto y características de las migraciones catalanas en América en la segunda mitad del XVIII y en
vísperas de la independencia. Asumiendo como punto de partida la instauración del llamado régimen de libre comercio, menciona las actividades y distribución de los activos catalanes desde el Río de la Plata hasta México y el Caribe.

Como en algunos de los anteriores, este número de Siglo XIX
ha logrado entrelazar una densa información sobre el tema seleccionado y aportes significativos en lo teórico-metodológico.

�8

Siglo XIX

Para los responsables de su edición, esto parece ser una adecuada forma de inaugurar el cuarto año de existencia de la
publicación.

MORIR EN LA FRONTERA

Patrones de Mortalidad en las
Tierras Nuevas de la Provincia de
Buenos Aires: Tandil (1860-1895)

Mario Cerutti
Monterrey, México, mayo de 1989

Norberto Alvarez *
Eduardo Míguez *

In memoriam Marta Bruggi

En general la segunda mitad del siglo XIX es conocida, en lo que a
mortalidad se refiere, como una época de cambios. En algunas zonas,
especialmente el norte de Europa, se acentúa el movimiento de descenso que se había iniciado por lo menos medio siglo atrás. En otras, sobre todo en Europa del sur, recién durante este período -en algunas
regiones incluso hacia fines del mismo- se observa esta caída en forma sostenida, superando las oscilaciones de largo plazo que caracterizaron a los períodos precedentes, y se atemperaron los bruscos movimientos coyunturales de la mortalidad "de crisis", que sólo desaparecerán con los progresos de la medicina curativa y preventiva en el transcurso del siglo XX.

• Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la
Provincia de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET, Argentina). El presente trabajo es una versión abreviada y corregida de la
ponencia "De la Vida y la Muerte en una sociedad de frontera. Un análisis de la mortalidad en Tandil (Buenos Aires) en la segunda mitad del siglo XIX", en la que colaboraron como asistentes M.E. Argeri, M. Bruggi, S. Cosenlino, G. Medina, H. Otero, N.
Pastor, F. Urquiza y B. Zeberio, y que fue presentada en las Primeras Jornadas de Historia Argentino-Americana, organizadas por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Centro de la Provinciade Buenos Aires en Tandil, septiembre de 1983.
Debemos agradecer las observaciones de los asistentes a dicho evento y, muy especialmente, del comentarista Nicolás Sánchez Albornoz, que contribuyeron a mejorar esta
versión.

�10

Siglo XIX

Es ésta, sin embargo, una visión excesivamente eurocéntrica. En
vastas regiones del mundo -que son precisamente aquellas de las que
sabemos menos- no está muy claro que en este período se hayan producido cambios permanentes muy significativos, y es muy probable que
no haya sido así.
La idea, entonces, de esta etapa como un hito significativo en el
cambio de los patrones de mortalidad -y esto como un factor de la
"transición demográfica"- requiere ser considerada en una perspectiva regional. Los estudios existentes sobre la Argentina han señalado
que el inicio de la caída regular de la mortalidad se produce durante
este medio siglo (más precisamente alrededor de las décadas del
70-80 1), pero la gran mayoría de estos trabajos han considerado el
conjunto nacional o la ciudad de Buenos Aires.
Los resultados, entonces, se refieren al principal conglomerado urbano del país, con características singulares, o son el promedio de un
conjunto enormemente diverso. Así, un intento de regionalización efectuado por Somoza que ofrece datos sólo a partir de 1914, muestra que
la expectativa de vida al nacer (eo) en esta fecha es en la provincia de
Buenos Aires algo superior a los 51 años, en el Litoral se aproxima
a los 49 años, en tanto que en Cuyo y en el Noroeste se encuentra en
41.5 y casi 38 años respectivamente. Para la misma época MÜller estima la de la Capital en 48.5 años casi idéntica a la del promedio
nacional2 • La diversidad de estas cifras es más evidente si tenemos en
cuenta que ellas ponen a la provincia de Buenos Aires en una situación
no lejana a las áreas más avanzadas del mundo, en tanto que el Noroeste muestra una situación intermedia entre las zonas de mayor mortalidad y aquellas que, como Italia y España, están en pleno proceso
de cambio.
Esta diversidad regional, entonces, no se observa sólo en escala
mundial, sino nacional -no sólo en la Argentina: se encuentra también en los países avanzados (Inglaterra o Francia) o en los que atraviesan la etapa de arranque de la transición (España o Italia)-, existiendo incluso marcados matices dentro de cada región. De por sí esto
sugiere la conveniencia de abordar el tema no sólo en la escala nacional (macro) y en la regional, sino incluso desde la micro regional, para
ir construyendo el conocimiento desde "abajo" por agregado de fenómenos locales. Por otro lado, a falta de recursos masivos para la investigación, sólo la escala micro permite la suficiente profundidad de
análisis como para poder formular hipótesis de conjunto más acabadas. En contraste los análisis micro sólo cobran sentido cuando se los
inserta en un marco más amplio.

Es con esta perspectiva que en el presente trabajo nos propone-

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

I1

mos abordar los rasgos básicos de la mortalidad y su evolución a lo
largo de la segunda mitad del siglo XIX en un ámbito reducido, el partido de Tandil (en el sureste de la provincia de Buen?s Aires). P~a
ello contamos con los registros provenientes de los archivos parroquiales, católico y protestante, a partir de 1855 y 1861 respectivamente, Y
del Registro Civil a partir de 1889. Los datos parecen ser razonablemente continuos y completos sólo a partir de 1862/3, Y en lo que a
causas de muerte se refiere, recién a mediados de la década de 1870.
Esta información es completada con la proveniente de los censos nacionales de población de 1869 y 1895, el Censo Provincial de 1881 y
el Registro Estadístico del Estado de Buenos Aires de 18543•

El poblamiento blanco de Tandil se inició en la década de 1820,
como un fortín de frontera. Aunque la ocupación del suelo creció paulatinamente desde esa fecha -no sin algunos vaivenes- sólo a fines
de 1870 la línea de fuego de la frontera militar se alejó definitivamente
de la región.
Entre tanto una gran oleada de malones* a fines de la década de
1850 marcó el fin de la etapa más crítica del afianzamiento blanco en

la región; a partir de la década del 60 se inició un crecimiento demográfico y económico sostenido que para fines de siglo, cuando cerramos nuestro estudio, había hecho de la zona un núcleo destacado del
sur de la provincia, comparable en población y producción a zonas de
ocupación mucho más antigua.
El casco urbano declarado ciudad precisamente en 1895, fue un
centro comercial de ;elativa importancia ya desde la década del 60, Y
más aún desde su conexión a la red ferroviaria en 1883. Como tal se
fue desarrollando en él la oferta de servicios médicos y sanitarios _que,
aunque lejos de ser de avanzada, son visibles y crecientes a partir de
la década de 1870.
Como veremos más adelante, la inmigración ultramarina prov~yó
la parte principal de los contingentes ?umanos necesarios para realizar
esta transformación, los que predommaron en forma casi ~bsoluta :~
el ámbito urbano. En el espacio rural, en que la ganadena no ced10
• Nota del Editor: los malones consistían en ataques masivos lanzados por los _nú~leos
indígenas que ocupaban -con asentamiento P:~o- bu~~a parte de la p~ovmc1a de
Buenos Aires en la época analizada. La expuls1on y extenrumo de estos conungentes se
completó en el área pampeana argentina en los años 80, y facilitó la _explotación de una
vasta extensión de tierras fértiles para abastecer el mercado mundial.

�12

Siglo XIX

A/varez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

13

su pre~ominio en t?do el período -la agricultura se restringió a la z-ona pen-~rb~na, orientada al abasto local-, también son notorios los
gr~pos 4mm1grantes, aunque existió aquí mayor peso relativo de los
cnollos •

de partida no es el mismo, entonces, y si bien las condiciones de vi?a
también cambiaron aquí rápidamente, lo hicieron de forma muy distinta a Europa. Ni siquiera la difusión de la higiene y 1~ !ecnolo_gía sanitaria y médica fueron totalmente paralelas a las del vteJo contmente.

Un área de frontera, entonces, con rápido crecimiento demográfico, con fuertes contingentes migratorios, con amplios espacios "abiertos" a comienzos del período, que se "cierran" rápidamente en virtud
de una fuerte demanda de tierras generada por la creciente inserción
en el mercado i?terna~ional. Basta enunciar estas características para
perc~tarno~ de mmed1at?, que no sólo es necesario considerar la perspectiva regional en functon de sus propios ritmos: también hay otros
problemas.

Sin embargo, aunque se haya partido de situaciones diferentes Y
los factores de cambio no hayan sido iguales, existen puntos de contacto en la evolución del comportamiento de la mortalidad (a diferencia, por ejemplo, de lo ocurrido con_ la n~talidad). La tenden~ia general a una baja constante y regular, distorsionada por fluctuacion~ coyunturales, se inició en este período, al igual que _en algunas r~gionC;8
de migración. Más aún, buena parte de la po~lac1ón de Tan~ habia
vivido hasta muy poco antes en Europa, y eso impone la necesidad de
considerar el comportamiento de su mortalidad en relación al lugar de
origen. En resumen, no paree, posible interpretar la evolución regional mediante la aplicación mecánica del modelo clásico de la transición demográfica; pero resulta igualmente claro que la primera ~~
totalmente ajena a los fenómenos que el segundo trata de descnbrr .

El modelo clásico de la transición demográfica tiene en cuenta contextos q~e parten, o al menos parecen partir, de un cierto equilibrio
malt~~s1ano entre el nivel alimentario y las condiciones de salud. Si
las cns1s de escasez no provocan necesaria y directamente una alta mortalidad de famine, parece de todas maneras muy probable que los niveles globales de mortalidad se hallen en buena medida condicionados
por los alimenticios. En este contexto, las condiciones del medio ambiente natural introducen una variable relativamente más autónoma de
lo social en la conformación regional de la mortalidad.
El proceso de cambio que trae aparejado el crecimiento económico S?Stenido q~e se difunde progresivamente por Europa a partir de
mediados del siglo XVIII no sólo afectó, sin embargo, la disponibilidad de alimentos. Las condiciones materiales de vida en su conjunto
fueron variando -no siempre en sentido unívocamente positivo-, entre
ellas las condiciones de higiene y la tecnología de salud. AJ analizar,
entonces, la evolución espacial y temporal de la mortalidad, parece fundamental discutir cómo se conjugan estos factores en su caída.
Pero carnear un vacuno en campo abierto para pucherear, algo tan
remo!º com~ la luna para un campesino gallego, era aún posible para
su pnmo emigrado, que deambulaba por las cercanías de Tandil en
1860: Y si.esto no siguió siendo así por mucho tiempo, aún a fin de siglo
a casi_ nadie_ faltaba en la zona un pedazo de carne y una galleta; y quien
e_stuviera dispuesto al trabajo fuerte, seguramente no pasaría mucho
tiempo desocupado5 •
Por otro lado, dada la abundancia de tierra fértil y escasez de población, la productividad marginal del trabajo era bastante elevada
facilitando al trabajador el acceso a un nivel de ingresos considerable~
mente superior al de las áreas campesinas del viejo mundo. El punto

:s

Finalmente junto a las dificultades de interpretación que introduce un contexto t~ distinto al que dio origen a los modelos interpretativos mejor establecidos, existen problemas específicos en cuanto a la
medición de la mortalidad vinculados a estas sociedades "abiertas".
En efecto, todo parece indicar que a partir de la década d~ 1870 la información parroquial resulta razonablemente confiable. Sm embargo,
la gran movilidad física de la población, y la atípica estructura de edades provocada por la inmigración, vuelven inútil buena parte del arsenal metodológico desarrollado para el estudio de estos temas. Así, resulta impensable el uso de tablas de vida modelo1 , e incluso el intento de cálculo de la esperanza de vida por otros métodos no resulta totalmente confiable. Más aún, un indicador simple y descriptivo, como
la tasa bruta de mortalidad (T.B.M.) resulta difícil de interpretar: puede estar influido tanto por el nivel general de mortalidad como por una
estructura de edades muy favorable, con alta concentración en segmentos con menor riesgo.
Estos problemas, sin embargo, no deben desalentarnos. Si bien dificultan una caracterización demográfica de la sociedad estudiada, no
la impiden totalmente. Por otro lado, los fenómenos sociales vinculados al comportamiento poblacional no necesariamente deben ser_ interpretados en términos paramétricos; la descripción del comportamiento global -es decir, por ejemplo, la tasa de mortalidad independientemente de la estructura de edades, o la fecundidad total, en lugar de
la específica por edades- puede ser significativa para comprender el
desarrollo social, aunque no nos permita elaborar un modelo.

�14

Siglo XIX

Con esta perspectiva, pues, en las páginas siguientes comenzaremos por presentar muy brevemente los rasgos básicos de la población
de Tandil en el período en cuestión. A continuación veremos la evolución global de la mortalidad, y la existencia o no de "crisis", basados
principalmente en la T.B.M. En las secciones siguientes analizaremos
las causas de muerte, la estructura de edades de la mortalidad, con especial atención en la infantil, presentaremos el cálculo de la esperanza
de vida8 • Posteriormente veremos el ciclo estacional anual de la mortalidad, y al concluir abordaremos una cuestión clave en nuestro contexto: el comportamiento de la mortalidad de nativos y extranjeros,
relacionándolo con el de sus lugares de origen. Será en función de estos análisis, entonces, que en la sección fmal nos plantearemos una evaluación global de la mortalidad en el contexto estudiado.
LA POBLACION
Cuando el fundador de Tandil (entonces Fuerte Independencia) se retiró de la zona en 1823 dejó tras de sí 400 hombres de línea, unos pocos colonos y un cierto número de esos gauchos que habitualmente
deambulaban por la frontera sur de la provincia de Buenos Aires. Hacia 1836 sabemos que la inestable población de la zona estaba constituida por 689 personas, de las cuales 367 se encontraban en la campaña y 322 en el poblado. Para 1854 se había logrado una más amplia
estabilización de la población. Se observa un equilibrio mucho mayor
entre los sexos: 1 207 .mujeres de las cuales 512 eran menores de 15
años, y l 692 varones que incluían 513 de ese grupo de edad; de ellos,
2 210 habitaban la campaña y el resto -689- las inmediaciones del
Fuerte.
Como hemos señ.alado ya, en los años siguientes se producirán los
últimos grandes malones, y con ellos un considerable despoblamiento,
tras lo cual (a partir de 1858) el crecimiento poblacional será continuo
y vertiginoso, como se evidencia a través de los censos reseñ.ados en
el cuadro l.
Volviendo a las pirámides de población vemos que su forma es obviamente atípica. Los escalones inferiores, especialmente en 1869, muestran los rasgos clásicos de "antiguo régimen", pero a partir de los 15
años, especialmente en el sector masculino, se observan claramente los
efectos de la inmigración. En las edades activas se detecta un fuerte
desequilibrio entre los sexos, que como puede verse por los datos de
1881 y 1895, se debe, al menos en esos años, fundamentalmente a los
inmigrantes de ultramar. En las edades mayores se observa el rápido
aguzamiento de los regímenes antiguos, exagerado por el efecto inmigratorio. La inmigración también es responsable de que la base. es~

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

15

CUADRO 1

POBLACION DE TANDIL POR ORIGEN Y SEXO: 1869, 1881, 1895

Varones

Mujeres

Total

Pueblo*

4 103
767
4 870

2 181

6 389
2 373
8 762

3 561

9 967
5 015
14 982

7 088

84.3
15 .7
100

44.8

72.9
27.l
100

40.6

66.5
33.5
100

47.3

1869
Nativos
Extranjeros
Total

2 102
578
2 680

Nativos
Extranjeros
Total

3 419
1 751
5 170

Nativos
Extranjeros
Total

5 043
3 491
8 534

2 001
189
2 190

1881
2 970
622
3 592

1895
4 924
1 524
6 448

Porcentajes de lo anterior

1869
Nativos
Extranjeros
Total

43.2
11.9
55 .0

Nativos
Extranjeros
Total

39.0
20.0
59.0

Nativos
Extranjeros
Total

33.7
23.3
57.0

41.1
3.9
45.0

1881
33.9
7.1
41.0

1895
32.8
10.2
43.0

• Habitantes del " centro urbano"
Fuentes: Censos nacionales de 1869, 1895 y Provincial de 1881

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GRAFICO 1

PIRAMIDES DE POBLACION

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~
e

años

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~

CENSOS DE 1869, 1881 y 1895
90
80
NATIVOS

0

EXTRANJEROS ~
Mase.

Fuente: ver cuadro 1

Sigue gráfico 1
PIRAMIDES DE ~OBLACION
CENSOS DE 1869, 1881 y 1895

~

aftos

~
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90
80

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70

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�18

Siglo XIX

cialmente a partir de 1881, sea relativamente estrecha respecto a los
grupos adultos (y ello, pese a que sabemos que la fecundidad era muy
alta). Por otro lado, aunque las distorsiones señaladas dificultan una
adecuada "lectura" de la evolución temporal de la población, en general parece observarse una tendencia a la "modernización", lo que
coincide, como veremos, con los datos sobre mortalidad.
La información sobre población "urbana" tiende a marcar ciertas peculiaridades respecto de la región circunvecina. En 1854 Tandil
era sólo un pequeño poblado de campaña, pero para 1869 ya era un
pueblo que agrupaba el 440/o de la población del partido, siendo el principal centro comercial y de servicios del sur de la provincia (el segundo, !)a_hía Blanca, apenas superaba los l 000 habitantes).,Aunque el
creclilllento rural fue mayor que el del pueblo para 188 l, Tandil seguía
siendo el principal núcleo poblado de la región, seguido de Juárez (2 691
habitantes) y Bahía Blanca (2 096 habitantes). Para 1895 había perdido esa condición en favor de Bahía Blanca (distante 400 kilómetros),
pero el peso relativo de la ahora ciudad había crecido respecto de la
población rural del partido. Esta concentración relativamente alta de
habitantes en el casco urbano se explica por su carácter de centro de
abastecimiento de bienes y servicios a un sector rural de frontera mucho mayor que su propio partido.
El peso relativo de la inmigración fue mayor en Tandil que en el
resto del sudeste provincial. En 1869 era casi el 16% del total de habitantes, alcanzando el 27% en 1881 y el 33.5% al final del período, frente
a un 13.9%, 24.40/o, y 32.2% respectivamente en la región. La media
de toda la provincia, en cambio, supera claramente a Tandil en 1869
(19.9%) pero, con un crecimiento más lento, queda por debajo de nuestro partido en 1895 (30.9%). La comparación con la región y con la
provincia sirven para marcar la evolución del área estudiada durante
el período: a medida que pierde su carácter de zona de frontera se va
asimilando cada vez más a la media provincial.
LA MARCHA DE LA MUERTE
Como hemos visto, el aporte inmigratorio jugó un papel crucial en el
crecimiento poblacional que alcanzó niveles sorprendentes. La tasa media anual de incremento fue de 3.25% entre 1854 y 1869, 5.02% entre
la última fecha y 1881, 3.91 O/o desde entonces hasta 1895, y 4.42% hasta
el censo de 1914. Al mismo tiempo el volumen anual de muertes también evidenció un tendencia creciente pero en proporción mucho menor.
En consecuencia la tasa de mortalidad mostró una clara tendencia

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

19

a la baja. En el gráfico 2 hemos tratado de reflejar la evolución general de la tasa bruta de mortalidad (T.B.M.) anual a partir de las cifras
de mortalidad suministradas por los registros parroquiales y civil, y la
de población suministradas por los censos. Para los años intercensales
hemos estimado la población de acuerdo a la tasa indicada arriba.
Aunque nuestro trabajo termina en 1895 computamos hasta el censo
de 1914 para verificar la continuidad de la tendencia decreciente que
se evidencia en el último período. Para evaluar la evolución en el largo
plazo incluimos la recta de tendencia central estimada por el método
de los mínimos cuadrados, en tanto que para tener la medida de la mortalidad "normal" incluimos la media móvil propuesta por Livi Bacci
y Del Panta, sobre la que volveremos más ade1ante. Finalmente cabe
aclarar que, si bien es muy probable que exista un cuarto subregistro
de la mortalidad, particularmente en el sector rural del partido, este
no debe ser tan significativo como para alterar substanciamente los datos presentados. Por otro lado debe estar compensado en parte por un
subregistro similar en los censos. Por último, el subregistro debió ser,
sin duda, mayor hacia comienzos del período; si esto es así la disminución de la T.B.M. debió ser aún más marcada de lo que sugiere el
gráfico.
Disponemos de información de mortalidad para 1854, pero es muy
poco confiable: fijaría la T.B.M. en un 22.8 0100, valor próximo al de la
capital del estado al año siguiente. Pero si dejamos de lado este valor
inseguro, y partimos de 1863, cuando los datos se hacen más confiables, podemos establecer con claridad cuatro ciclos.
Durante la primera década, el accionar de la muerte parece haber
sido contundente; tres momentos críticos surcan la etapa: 1864, 1868
y 1871. Resulta difícil aseverar en los dos primeros la existencia de epidemias; las cifras lo sugieren, pero la falta de especificación de las causas de muerte plantea dudas. En cambio en 1871 sabemos con certeza
que la viruela se enseñoreó en la región, diezmando la población. Esos
once años (1863-73) fueron de alta mortalidad, con tasas claramente
de "antiguo régimen". En 1869, por ejemplo, un año "normal", la
T.B.M. fue de 45.2 0100, en tanto que para el conjunto del país se la
estima en 32 0/ 009 , y en la ciudad de Buenos Aires 35.2 010010• Y para
el año epidémico de 1871 ese indicador trepó al 66.1 0100 (el más alto
de todo el período), pero aún así quedó por debajo de la Ciudad Puerto, que padeció la fiebre amarilla.
A partir de 1873 y hasta 1895 el número de defunciones tiende a
volverse estacionario, lo cual, dado el crecimiento de la población, im-

�20

Siglo XIX

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

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La comparación de las tasas de mortalidad en Tandil y Buenos Aires
nos muestra una cierta semejanza. El punto de partida parece ser más
alto en la región de frontera, para aproximarse luego, e incluso aventajar, a la zona urbana en la medida en que Tandil supera su relativo
aislamiento inicial, se facilita el acceso a los servicios de salud y mejoran las condiciones de vida (vivienda, calidad de la alimentación, etcétera), sin ser tan afectada como el gran centro urbano por el hacinamiento y la marginalidad. Pero lo que predomina en los dos ámbitos
es la clara tendencia a la baja, amortiguada sólo por periódicas epidemias que, sin embargo, parecen perder letalidad a partir de 1891.

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Como hemos señalado ya en referencia al conjunto provincial, esta transformación es muy notable dado que en el breve período analizado se pasa de una situación típica de regímenes antiguos a una bastante avanzada para la época. Por otro lado, si bien el indicador presentado está afectado por la estructura de edades de la población, durante el período en consideración no se produjeron modificaciones que
pudieran afectar las conclusiones que proponemos.

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plicó una baja regular muy significativa de la T.B.M. En el año censal
de 1881, por ejemplo, alcanzó al 26.8 0100, frente a un 20.4 0100 de
11
Buenos Aires y 28 0100 para el total del país • En 1886 la muerte retoma su accionar violento y hasta 1892 la alta mortalidad vuelve a ser
dominante. Este nuevo ciclo estuvo marcado por dos ataques epidémicos: el de 1886-87, debido a la difteria y la viruela, y el de 1890-91,
cuando la segunda se combina con el tifus y algunos otros brotes menores. En los puntos críticos, 1887 y 1891, la T.B.M. llegó al 33.7 y
37.4 0100, siendo el punto más bajo 1889 con el 22.7 0100. Entre tanto, Buenos Aires exhibía una tasa de 30.0 0100, que descendió al 23.8
12
0100 para 1891 •
Desde 1891 se inicia otro ciclo de estabilidad en las cifras mortuorias, frente al cual el aumento sostenido de la población marca una nueva retracción de las tasas de mortalidad: para 1895 resultó del 20.3 0100 .
y continuó descendiendo en forma lenta pero regular hasta el final del
período de observación, siendo en 1914 de tan sólo 14.5 0100.

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Queda dicho que difícilmente pueda asociarse en la región la evolución de l~ mortalidad con el nivel de consumo de calorías y proteínas. La alimentación puede haber mostrado algún defecto en su condición higiénica -un problema recalcado con frecuencia por el periódico local, y que suele ser de preocupación para las autoridades
municipales- 13, y sobre todo un cierto desequilibrio por falta de frutas y verduras frescas, en especial hacia comienzos del período (supe-

�22

SigloXIX
Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

rado luego por la generalización de la práctica hortícola difundida probablemente por la inmigración).
'
. En cambio parec_e, proba?le la conexión del nivel general de mort~1dad ~on la evo!uc10~ de ciertas prácticas culturales ligadas a la higie~e. P_nvada ~ret1cenc1a a la vacunación, consenso al curanterismo,
preJmc1os o mitos medicinales populares) y con los poco fructíferos
esfuerz?s de la higiene pública, que no contó hasta fines de siglo con
una se_ne de c~no~í~entos científicos, una tecnología médico-sanitaria
Ymedios de d1fus1on capaces de provocar un impacto significativo sobre la marcha de la muerte.
Cabe por último plantearse si los picos de mortalidad constituyeron verdaderas "crisis". Como es bien sabido desde los trabajos de
J. Me~vret Y P. Goubert, el análisis de las crisis de subsistencia no puede
reduc_me.al ~s~udio de la mortali?ad. En nuestro caso, sin embargo,
no exis~e mdic10 alguno que perffilta suponer la incidencia de crisis alime~tanas en la evolución demográfica, y más bien todo sugiere lo contrano. En este contexto la pregunta tiende a centrarse en si Ja intensidad d~ sobre-mortalidad epidémica justifica considerarlas auténticas cns1s.

!ª

. . Existen varios métodos propuestos para medir la intensidad de las
cns1s. No entraremos aquí e~ _la discusió~ técnica de los mismos, pero
po~~I?os sefialar que, aun utilizando el cnterio más amplio para su defiruc1on, I?~ mayores picos obituarios no alcanzan a constituir una verdade~a cns1s de mortalidad. En efecto, el método propuesto por Livi
Bacc1 Y I?el P~~ta consiste en considerar como mortalidad "normal"
una media ~ovil de once años que descarte los cuatro valores extremos (es decir, los_ ~os superiores y los dos inferiores). Estaríamos ante
una (pequefia) cns1s cuando el total obituario de un año dado supera
en un _5~0/o el valor c?rrespondiente de la media móvil para ese año
(las .~ns1s mayores senan cuando la mortalidad real supera a la "normal en dos, tres, cuatro o más vecesf4 • Ni en 1871 ni en 1887 ni
en 1891 :--los picos máximos de mortalidad-, tomando tanto el t~tal
mortuono como la T.B.M. estimada, se alcanza un incremento del 500/o
respecto del valor de la media móvil o el de la tendencia central como
puede apreciarse en el gráfico 2.
'

Se ha ?bjet~do a este método que al adoptar el año calendario puede
ocultar la mtens1dad de una crisis ocurrida entre dos años. Pero en nuestro caso, aún c?n~iderando los doce meses de mayor mortalidad en
1886-87 (a~osto-Julio)_ Y_ 1~90-91 (septiembre-agosto), no alcanzaron ver1
daderos ruveles de cns1s . Esto es especialmente significativo porque

23

en un ámbito reducido el efecto de las epidemias suele aparecer más
marcado que en un espacio más dilatado, donde la alta mortalidad de
una villa suele compensarse con otras no afectadas .
En síntesis, la presencia de epidemias, si bien provocó espasmódicas alzas de la mortalidad, no alcanzó a ~enerar auténticas crisis: Sólo
en 1871, cuando se produce uno de los mas nefastos ataques de vuuela
en la región, sumándose a una alta mortalidad "de base'', se observan
tasas realmente agudas. En cambio, en los puntos álgidos de la década
del 80 y comienzos de la del 90 las tasas "normales" habían caído sensiblemente y aunque la difteria y la viruela afectaron severamente la
población,' no alcanzaron a provocar niveles de mortalidad que pusieran en peligro la dinámica demográfica de la región.
Se hace evidente, entonces, que por encima de las fluctua~iones
coyunturales, lo más significativo es la clara y marcada tenden~1~ a la
baja, que se halla gráficamente reflejada en la recta de los ?11mmos
cuadrados (más aún, si trazáramos esta recta sólo para el pen?do que
consideramos centralmente, 1863-1895, aparece con una pendiente levemente mayor). Por otro lado es también llamativo el paralelo entre
la recta mencionada y la curva de medias móviles. Esta última muestra
algunas divergencias con aquella al señalar las fluctuaciones de mediano plazo, con sus inflexiones a mediados de la dé~ada del 70, y a comienzos del 80 y nuevamente del 90. Pero en realidad estas no ha~en
más que marcar pequeñas aceleraciones o retras~s dentro de la_rá~1da
marcha descendente. Y a partir de 1892 el paralelismo y la proxirmdad
de las tres lineas apuntan a confirmar no sólo la marcada tendencia
general, sino incluso la limitación de las fluctuaciones anual~s (la mayor divergencia entre la media móvil y la T.B.M. real postenor a 1892
es en 1902, y es sólo del 220/o, frente a un 420/o en 1891 y 48.50/o en 1871).
LAS CAUSAS DE LA MUERTE
Si las condiciones en que se desarrollan las vidas de los seres humanos
determinan en buena medida su duración y fin, la forma en que éste
tiene lugar suele reflejar esas vidas:
La capacidad de observación del médico debe en realidad ser muy
limitada si no lo ha llevado a la conclusión de que el motivo de la
muerte de cientos de personas en este pueblo debe buscarse en la falta de los elementos imprescindibles para la existencia. Es posible que
mueran de enfermedad; pero esta es inducida por las malas condicio16
nes de vida combinadas con el agotamiento laboral •

�24

Siglo XIX

La cita corresponde a otro momento y lugar, donde las condiciones
de vida de los sectores bajos eran sin duda más duras que las del Tandil decimonónico, pero el criterio implícito tiene una validez mucho
más amplia que la situación que la inspiró. Estudiar las causas de muerte, entonces, no sólo sirve para comprender sus patrones básicos, sino
también para aproximarnos a las condiciones de vida. Por ello en esta
sección enfocamos el tema no sólo desde las estadísticas surgidas de
los registros parroquial y civil, que aunque con falencias aportan una
imagen bastante precisa de la incidencia de los distintos tipos de mortalidad, sino también la forma concreta en que éstos actuaban, sus idas
y venidas, e incluso la reacción de los contemporáneos frente a ellos.
Este relato menos numérico busca ahondar en ·1os efectos de estas
plagas sobre el hombre y la sociedad, teniendo especialmente en cuenta la calidad y forma de la vida cotidiana. Constituyen parte de él desde el exagerado temor provocado por la fiebre amarilla de 1871 (la plaga
nunca llegó a Tandil), o por una epidemia de cólera que fue mucho
menos grave de lo esperado, hasta el resignado silencio que acompaiía
la alta mortalidad anual tuberculosa, o las medidas de escasa eficacia
con que intenta responderse a las grandes pestes.
El análisis cuantitativo presenta algunas dificultades. Las quince
categorías que presentamos en el cuadro 2 son el resultado de la reagrupación de más de cincuenta rubros -algunos subdivididos por
edades- en que habíamos sistematizado originalmente la información.
En general hemos adoptado una agrupación similar a la utilizada en
otros trabajos de este tipo para facilitar las comparaciones, desglosando de ellas ciertas causales que por su importancia estadístico-social
requieren un tratamiento específico. Algunas categorías (notoriamente el cáncer) han sido incluidas en forma independiente pese a su escasa representatividad para remarcar la diferenciación con períodos más
recientes en que adquieren mayor gravitación.
Hasta la década de 1870 la información sobre las causas de la muerte, como se observa en el cuadro, era muy fragmentaria y la mayor
parte de los casos registrados corresponden a la categoría "otras y no
especificadas". Sólo a partir de 1875 la incidencia estadística de este
rubro dejó de ser significativa. Es por ello que además de la columna
de resumen total hemos incluido otra que abarca el período que va entre este afio y 1895 para evitar la distorsión que en los años iniciales
provoca la falta de especificidad de la información.
Otro problema está constituido por la discontinuidad o inadecuada especificación de las causas. Así, la desaparición de una causa puede deberse a su inclusión en otras más imprecisas (por ejemplo entre

AJvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

25

1876 1878 el tétano infantil parece hallarse encu~ierto en de(miciones v:gas como "fiebres y convulsio~es"). A p ~ de 187?, sm embargo, este tipo de caracterizaciones tienen un baJo y ~ecreciente peso
estadistico. En general puede afi.rll!arse_que la mayona de las ~us~
señaladas en la fuente pudieron ser mclwdas en nuestras categonas sm
an riesgo de error, Jo que crea cierta confianza al menos en lo que
refiere al panorama global ~ue, p~r º!ro lado,. es convergente con
estudios contemporáneos refendos a ambttos próximos -~ayormente
a la ciudad de Buenos Aires- y con la información provemente de las
fuentes cualitativas locales.

fe

Infantiles

Dentro de la mortalidad infantil encontramos un conjunto de ~os atribuibles a causas específicas que afectan sólo ª. este grupo, Junto con
otras que actúan sobre el conjunto de la población. Dada la lffipo~ancia de la mortalidad infantil en el total obituario parece convemente
analizar por separado estas causas.
Podemos distinguir t~es grupo_s. El primero, p~~~atales, .~º~~es:
ponde a cuatro consignaciones distmtas en la fuente_. al nacer , as
fixia" "falta de desarrollo" e "inanición". Las prlffieras dos Y p~e
de la t~rcera corresponden a decesos ocurridos en los primeros mmutos u horas de vida, las restantes en el primer mes. Se agruparon s~bre
el criterio de que pueden atribuirse mayorment~ a problem~ endogenos en la gestación O al parto. En consecuencia su ev_olucion parece
ligada en general al ritmo de crecimiento de ~a p~bl~ción, Y sus fluctuaciones parecen deberse a problemas de diagnostico.
Bien distinto es el caso del tétano infantil. Esta enfermedad proviene de la infección de la herida umbilical, hallándose ~strechamente
vinculada a las condiciones de higiene durante y despues del parto, Y
por lo tanto a las pautas culturales relacionadas con este p~oce~o. Como hemos señalado existen dificultades respecto a su clas1ftC3:ción que
complican la evaluación de su incidencia exacta y su e~olución en el
tiempo pero el diagnóstico parece confiable en la mayona de los c~os
por tratarse de una enfermedad de síntomas claros Y muy conocid~s
en la época. Más allá de las carencias a las que hací_~mos referenc~a
(que posiblemente se evidencien en una sobrevalor~c1on entre 1871 Y
1873, y una subvaloración entre 1876 y 187~)_, los numeros co~rman
que se trata de un mal endémico con una accion regular ~da ano,. aunque parece observarse una tendencia de_s~ndente, en pamcular_teruendo
en cuenta el creciente número de nac1m1entos. Esto puede vmc°!ars_e
con la difusión de pautas de higiene más avanzadas, en parte atnbmbles al proceso migratorio.

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CUADR02

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CAUSAS DE MUERTE (1859-1895)

Causas

S9

Perinatales
Tétano infantil
5
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
5
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
1
Vías respiratorias
1
Cerebrales
1
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
5
Otras y no
especificadas
14
Totales

32

60

61

63

64

5

4

1

5

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15

1
4

62

4
14

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5
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13
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1
1

18

41

64
83

41
43

27
7

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3
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29
19
14
11
1
4

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4
19

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10

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14

15

15

57

18

42

27

50

23

15

56

83

166

134

143

155

224

146

98

85

90

77

53

42

46

69

18

88

130

180

139

152

163

248

212

224

335

307

208

232

271

271

19
17

35

- 246

sigue cuadro 2

Porcentajes
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas

0.6

15.6 5.8

5.7

3.1

15.6 20.3

5.7

1.6 0.6
11.5 2.2

2.9
15.9
1.4

4.5
4.5

3. 1
3.1
3.1

4.4
4.4

5.6

5.6

0.8
4.6

2.2

4.6

4.6

3.1

3.8

0.7

1.8
0.6

0.8

1.1

1.1

4.4
0.4

1.2

2.1

0.4

8.5

7 .1
3.8

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14.3 12.3 13.4 19.2 10.3

1.9
5.5

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0.5
0.4

18.3 19.1 13.4 13.0 24.1 41.3 24.7 38.6
24.8 14.0 3.4 1.3 0.4 5. 1
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CAUSAS DE MUERTE (1859-1895)

Causas
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas
Totales

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Montos

78 79

80

81

82

83

84

85

86

87

88

89

90

91

92

93

94

Sub95 total Total

26 26
4 9
. 3

18
5
1

11
11
11

18
3
2

12
6
12

12
11
12

14
3
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13
5
17

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13
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28
5

35
11

28

33

32
4
1

62
64
78

SS
61
71

48
2
27

39

73
20
3

80
138
4

62

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48

63

1 213 1 524
347 504
210 210

25
38
18
13

14
26
22
16
2
1

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28
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3
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18
29
17
6
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19
34
21
10
6
1
1

17
34
32
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21
61
24
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17
51
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64
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19
8
2
1

6
5

539 579
791 923
307 319
287 360
114 118
67 107
SS
SS

.

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3
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395
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34

36

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21

640 2 202

255 210

208

230

182

168

215

199

385

412

340

268

389

476

306

291

286

638
a

299 5 907 8 644

sigue cuadro 2

PorctntaJes
Perinatales
Tétano infantil
Diarrea infantil
Infecciosas y
parasitarias
Viruela
Difteria
Tuberculosis y
consunción
Vías respiratorias
Cerebrales
Cardiovasculares
Cáncer
Parto
Alcoholismo
Accidentes,
violencia
Otras y no
especificadas

10.2 12.4
1.6 4.3
1.4

8.7
2.4
0.5

4.8
4.8
4.8

9.9
1.7
1.1

7.1
3.6
7.1

5.6
5.1
5.6

7.0
1.5
3.5

3.4
1.3
4.4

4.1
1.7
6.3

7.4
3.8
6.5

34.5 28.1 20.7 16.5 19.2 16.7 15.4 16.1 16. 1 13.4 14.1
. 2.0 16.6 14.9 0.6
1.9 12.2 6.0
0.5 20.3 17.2 7.9
0.4 1.9 2.2
12.2 17.2 12.0 6.1 15.4 11.9 11.6 10.1
9.8 9.0 18.3 11.3 12.6 16.7 22.3 9.1
6.6 7.4 14.6
8.6 7.6 8.7 9.6 7 .1
4.7
0.8
2.4

.

3.3
2.9
1.4
0.5

6.3
2.4
1.0
0.5

7.0
0.9
0.4

7.8

6.7

5.8 10.4

7.5

4.8

9.1

9.1

9.3 7.2
7.1 3.9
6.3 12.0

5.3
3.6
7.4

1.6
5.8
6.5

14.6 18.8 16.8 20.3
5.1 29.0
4.9 0.8 0.8

4.9
8.8
5.6

4.1 6.1 6.3 8.5
8.3 17.9 19.4 17.2
3.4 3.6
7.8 7.1

17.5 18.5 21.1 20.6 17.4
5.9 5.8
. 3.6 2.4

4.2
1.4
1.3
0.6

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7.0 10.8 25.5

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0.3

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0.5
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1.5
1.8
1.2

6.0
2.6
1.1
1.1

5.1
2.3
1.3
1.5

3.8
1.3
1.3
0.4

5.2
2.6

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3.4

4.9

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7.5

3.9

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16.5 15.5

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1.5

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1.0
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3.3
1.4
1.9

1.1

6.6
3.4
5.5

5.9 9.1 11.3 9.8 14.7 9.1 6.8
9. 7 21.9 16.8 22.4 10.0 13.4 10.6
2.1 2.6 2.1
1.8 4.7 5.2 3.7

4.2
1.8
1.2
0.6

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7.9 4.6 9.7
3.8 3.5 4.7
8.6 12.6 11.7

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1.0

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7.1

• Período 1875-1895
Fuentes: Registro parroquial de defunciones, 1859-1889, parroquias católicas y protestantes de Tandil. Registro Civil de Tan dil, libro de
defunciones, 1889-1895.

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ae.
~

�30

Siglo XIX

Esta enfermedad conocida generalmente como el mal de los siete
días, o simplemente el mal tuvo, como puede observarse en el cuadro,
un peso significativo en el conjunto de la mortalidad en la región, superior al que se evidencia en la ciudad de Buenos Aires. G. Rawson
sostenía que presentaba carácter endémico en la provincia de Buenos
Aires y amplias zonas del Litoral, y que se generaba por la falta de
higiene y la humedad del clima. En su tesis doctoral del año 1854, M.
Montes de Oca afirmaba que: '' ... del mal método de curar el ombligo
puesto en práctica por las comadres y los sectores del charlatanerismo
en nuestro país depende la extraordinaria frecuencia de una afección
tan mortífera" 17 •
Recién a fines de la década del 70 tomó difusión su etiología más
precisa: ''Es un hecho admitido en la actualidad, que el tétanus infantium o trismun nascentium conocido entre nosotros con el nombre de
mal de los siete días, no es otra cosa que un tétano producido por el
traumatismo del cordón umbilical" 18 •
Un médico danés que recorrió buena parte de la campaña bonaerense, a mediados del XIX, relataba en sus memorias:
Gran preocupación tenían los médicos por la frecuencia aterradora
del llamado "mal de los siete días", que se presentaba a este tiempo
del nacimiento, cuyo término casi seguro era la muerte de la criatura.
Todos los partos nos llenan de preocupación en la primera semana
que sigue al nacimiento, dicen los médicos ante el temor de que el
recién nacido sea atacado por la enfermedad denominada " mal de
los siete días'', que se anuncia por el hecho de que la criatura al quinto día suelta el pecho materno y grita. La boca no puede abrirse lo
suficiente para tomarlo nuevamente; le es imposible tragar nada líquido a lo cual se agregan calambres; la cara toma un color azul-negro
y adquiere una expresión horrible, terminando generalmente el proceso con la muerte de la criatura al séptimo día del nacimiento, de
lo cual deriva el nombre de la enfermedad. Acerca de los motivos de
la misma, así como su origen y tratamiento no se conoce nada concreto. La enfermedad era conocida también en otros países, pero nunca
con la misma asiduidad y violencia como en Buenos Aires 19 •

Esta letal afec~ión, que te~ía su origen, probablemente, en prácticas
culturales propias de la región (cortar el cordón con el facón• o tijeras
y untar Ja herida umbilical con bálsamos vegetales), 20 disminuyó fuer-

• Nota del Editor: cuchillo del peón rural o gaucho, de uso cotidiano.

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

31

temente al haber mayor cantidad de médicos y parteras en la pr~vi~cia además del cambio de prácticas culturales aportado por los mm1gr;ntes. Esto tiende a ser confirmado por la observación de E. ~a~elli,
quien insiste que el tétano infantil encontraba el grueso de sus victimas
entre los hijos de pobladores del campo, mientras que los lactantes de
los centros poblados de la campaña bonaerense eran asiduos pacientes
de las diarreas, debido al hacinamiento y la contaminación.
El caso que estudiamos muestra también la presencia de este último mal. La diarrea infantil presenta menos dificultades para su análisis aue las otras dos afecciones infantiles. Se han incluido en ella las
muertes de niños de entre cero y tres años consignadas como "diarrea",
"enteritis" o "colitis", "cólera infantil" o "colerina". Es necesario
remarcar el carácter fuertemente estacional de la afección. El 26.8%
de los casos registrados tuvo lugar en enero y el 17.3% en diciembre,
en tanto que en los meses invernales sólo julio (4.6%) superaba el 3%
de los casos. Los cinco meses de mayor mortalidad (diciembre-abril)
suman el 77 .8%. Así, en algunos veranos los picos adquieren rasgos
muy agudos provocando una fuerte alza de la mortalidad general. Es
sabido que esta enfermedad, que es esencialmente una diarrea que puede
deberse a distintos orígenes, y cuya gravedad consiste en provocar deshidratación en el infante, puede combatirse fundamentalmente mediante
extremos cuidados en la higiene y alimentación de los párvulos.
Consciente de ello, la municipalidad, a través del Eco, solía dirigir
recomendaciones a madres y nodrizas acerca de cómo alimentar "sanamente" a los recién nacidos, exhortándolas y mostrando su responsabilidad sobre el particular: " ... es menester, de una vez por todas,
que lo hagan, pues en la lucha contra las causas que dan mayor número
de defunciones, a ellas les toca desempeñar el papel primordial" decía, citando a la Academia de Medicina21 •
En este aspecto Tandil no era singular. En la ciudad de Buenos
Aires, entre el 35 y el 50% de la mortalidad infantil tenía origen en
problemas del aparato digestivo: " .. .la estadística señala a la gastroenteritis en primer lugar de la mortalidad de la infancia, viene enseguida
la enteritis y la enterocolitis. Digamos en fin que el raquitismo corona
la obra ruinosa del mal alactarniento. " 22
Los años 90 fueron testigos en la Capital de una campaña emprendida por los médicos higienistas, destinada a ilustrar a las madres sobre la necesidad de amamantar directa y personalmente a sus híjos,
evitando los "pechos mercenarios" y los "sucios biberones". La hígiene alimenticia del bebé ocupó largos espacios en diarios, revistas y
libros especializados. Estas preocupaciones eran, en parte, el correlato

�32

Siglo XIX
Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

de medidas sanitarias de los países industrializados europeos, vinculadas al trabajo femenino, pero también la visión de una realidad que
ya resultaba propia:
Durante las horas del día el trabajo absorve a la madre y la obliga
a abandonar su casa; el recién nacido queda a cargo de alguna vecina
a quien sus propios quehaceres y cuidado de sus hijos la ocupan demasiado para que pueda dispensar atenciones al huesped, arrojado
en cualquier sitio, sobre un mueble o en el suelo; se revolverá hambriento hasta que a objeto de acallar sus gritos se le dé unos tragos
de leche, si la hay, o se le haga succionar el nauseabundo chupón hasta
el agotamiento de sus fuerzas23 •

Estrechamente ligada a condiciones sociales y culturales, la evolución
de la incidencia de esta afección en la mortalidad infantil fue reflejando el cambio de las condiciones de vida, pero este último no fue suficientemente marcado en el período estudiado como para que se evidenciara una reducción sensible de su desarrollo. Este flagelo mantuvo su letalidad para la población infantil en la provincia de Buenos Aires
todavía por un largo tiempo.

Infecciosas y parasitarias
En esta categoría se ha incluido un amplio conjunto de enfermedades
que presentan la etiologia señalada, junto con algunas descripciones
sintomáticas que parecen corresponder a este tipo de males.
Podemos distinguir cuatro subgrupos: 1) algunas enfermedades claramente identificadas aunque de escasa difusión, y que tienen poco peso
estadístico; 2) la descripción de síntomas cuya causa específica no es
consignada pero que corresponden muy probablemente a una enfermedad infecciosa -fiebres, llagas, convulsiones, etcétera-, cuyo peso relativo en el conjunto del grupo depende sólo de la calidad de la
informa~ió~, Y~ que a medida que ésta se hace más regular este tipo
~e descnpc1ó:'1 tiende a ~esapar~r; 3) afecciones en el aparato digestivo o unnano, a veces 1mprec1samente caracterizadas, cuya incidencia es intermedia, y exhiben gran regularidad en la medida en que se
precisa el diagnóstico; 4) enfermedades epidémicas, cuyo diagnóstico
es en general bastante exacto.
Junto a ellos es necesario considerar otros tres rubros del cuadroresumen que fueron separados para destacar su importancia relativa.
Se trata de las dos enfermedades que provocaron las epidemias más
agudas del período, viruela y difteria, y el mal pandémico con una incidencia más regular y devastadora, la tuberculosis.

33

De las cuatro categorías señaladas concentraremos nue_stro an~sis en las epidémicas, que son las más significat_ivas en _ténrunos soc_iales, lo que se refleja entre otras cosas en un d1agn_óst1co más preciso
y un mayor cuidado en su asentamiento en los registros. Por otro lado, su presencia puede ser confirmada por otras fuen!es tal~ como
memorias, periódicos, etcétera. Incluimos en esta_ categona ~ las infectocontagiosas infantiles, el cólera, el tifus y la fiebre amarilla.
Esta última, que es la que ha dejado más ttistes recuerdos en la
historia argentina, se destaca por su total ausencia en la región. El único caso reconocido de muerte por esta causa en Tandil corresponde
a un comerciante porteño de paso por el pueblo durante la gran peste
del verano del 71, y no se encuentra registrado en los libros parroquiales, posiblemente por no haber sido inhumado en el cementerio lo~.
Pese a ello la posibilidad de la expansión de este flagelo en la región
dio lugar a una serie de medidas municipales -tales como la habilitación de un lazareto y la formación de "consejos de peste" por los médicos locales- que aunque demuestran un total desconocimiento sobre la propagación del mal, constituyen un avance significativo de la
organización vecinal en la lucha antiepidémica24 • En definitiya p_arece que el clima poco favorable para el desarrollo del mosqwto libró
a Tandil de la fiebre, algo análogo a lo que debió ocurrir con el paludismo, también ausente en la región.
Los brotes epidémicos de las enfermedades típicas de la niñez
-eruptivas, paperas, tos convulsa- en cambio, no eran infrecuentes,
pero no parecen, salvo excepciones, haber presentado carácter agudo,
lo que en parte puede deberse a que no afectaban a una població~ infantil que sufriera un gran déficit nutritivo. De ellas son la escarlatma,
el sarampión y la tos convulsa las que acusan mayor gravedad, lo que
se refleja por primera vez en una epidemia de las dos últimas, que causan nueve y once decesos respectivamente en 1875. Con posterioridad
a esta fecha su difusión se observa en varias epidemias en distintas áreas
de la campaña bonaerense: en 1883 la tos convulsa se expande por casi
toda la provincia; en 1884 hay una epidemia de sarampión en Azul y
en 1887 nuevamente la tos convulsa ataca Dolores25 •
En Tandil su recurrencia sólo se refleja en los registros de defunciones con apariciones esporádicas y reducidas (no más de tres casos
anuales). Las excepciones son dos epidemias de tos convulsa -la primera, causa seis decesos conocidos en 1891, y la restante, siete, cuatro
años más tarde- y una epidemia de sarampión que cobró siete víctimas en 1890. En esta última ocasión el ausentismo escolar llegó al 30%,
pero no encontramos referencias al cierre de escuelas para evitar el contagio, medida habitual en las epidemias mayores, lo que sugiere que

�34

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX
26

no se la consideraba entre las enfermedades temibles de la época

•

Más grave parece el caso de la escarlatina. En el período estudiado
registramos en Tandil sólo dos epidemias. De la primera, _que tuvo lugar a mediados de 1886, se hallan asentados en los _registros .~arroquiales sólo tres víctimas; pero si nos atenemos a la mformac1on del
periódico local, la mortalidad debió ser mucho mayor:
¡Estamos de desgracia! -decía un artículo-. Después de la viruela,
que todavía combatimos, un nuevo enemigo se ha presentado a nuestras puertas. La escarlatina con una complicación de angina gangrenosa. Ya hemos enterrado muchas víctimas y hay muchos enfermos ...27

El diario propone que los cadáveres sean tratados en forma similar a
los de diftéricos y variolosos, reflejando la honda preocupación provocada en una opinión pública sensibilizada por un año en que confluyeron varias epidemias. Las actas registran un cierto número de defunciones caracterizadas como "anginas", que pueden corresponder
a ta complicación indicada por el periódico, lo que incrementaría el
índice de letalidad del mal. También es posible que dada la coincidencia con el terrible brote diftérico de ese año haya habido una cierta confusión en los diagnósticos.
Pocas dudas caben, en cambio, de la gravedad de la epidemia de
escarlatina de 1890. Entre mayo y diciembre, la enfermedad provocó
dieciocho víctimas, casi el 7 .50/o de la mortalidad general en un año
en que ésta se vio incrementada por la viruela y la diarrea infantil. Con
posterioridad a esa fecha no se vuelven a registrar picos agudos, aunque pequeños rebrotes pueden observarse al año siguiente (siete ~os)
y en menor medida en 1893 y 1894. Todas estas enfermedades tuvieron
poca incidencia en la mortalidad global, evidenciando en cambio cierto peso en la de niños entre uno y diez años.
Entre las epidemias mayores fue el cólera una de las que produjo
mayor alarma, aunque ésta fuera poco justificada por su incidencia
real en las estadísticas obituarias. Existieron sólo dos brotes de este mal
en el período estudiado: el primero en el verano 1867-68, que produjo
siete víctimas fatales, y el restante en 1886-87, con igual número de
muertes registradas. Aparte de esto conocemos muy pocos casos aislados. Ya de por sí, la consignación precisa de la causa de muerte en un
periodo en el que más del 900/o de los decesos son asentados sin determinar esta información evidencia la impresión provocada por la primera incursión registrada de este mal en el pueblo, lo que es confirmada por las medidas adoptadas para combatirlo.

35

En efecto, se prohibieron bailes y velatorios, se cerraron escuelas
se estableció la recolección de residuos, se prohibió la venta de frut~
traídas en galeras y se dispuso que el chanchero* retirara su negocio
y faenara sus animales fuera del pueblo; los muertos coléricos debían
ser enterrados a un metro de profundidad en un baño de cal y los enseres y utensilios de las víctimas quemados. La municipalidad organizó
una comisión de higiene presidida por el doctor Fuschini para hacer
cumplir_esta reglamentación. Fue también en ocasión de esta epidemia
que se dispuso la reorganización y limpieza del cementerio para lo cual
se destinó un presupuesto de 25 000 pesos y se contó con' la colaboración de la tropa de la guarnición local. Una crónica de la época relata:
"el ambiente era de tragedia, muchas familias huyeron del pueblo" .28
La mortalidad causada por el cólera no parece justificar el pánico aunque es posible que haya habido más víctimas cuya causa de muerte no
fue asentada en forma precisa en los registros. Así lo sugiere el hecho
de que 1868 marca un pico de mortalidad.
La información referida al segundo brote, sin embargo, sugiere que
el t~mor pro~ocado por el cólera en Tandil no se origina en su trayectona local, smo en sus fuentes europeas. En septiembre de 1884 el Congreso Nacional resuelve la clausura de los puertos a buques provenientes de algunas zonas de Europa en función de "las proporciones alarmantes que ha cobrado la epidemia de cólera morbus en algunos puertos europeos ... " . Poco después el descubrimiento de un caso en un vapor italiano llegado a la capital provoca nuevas medidas sanitarias29 •
Meses más tarde el periódico de Tandil difunde informaciones sobre
los estragos que la peste causaba en Europa -se mencionan 120 000
víctimas en España- , lo que debió contribuir a crear un clima de
intranquilidad.
Entre tanto, en agosto de 1885 el gobierno de Buenos Aires volvió
a disponer la clausura de los puertos por el desarrollo de la epidemia
en Francia Y España. Pero pese a las medidas, y con un año de retraso
(octubre Y noviembre de 1886) el cólera se hace presente en Buenos
Aires, Y para diciembre el mal se ha extendido a Tandil. El Eco expres~ una vez más :1, temor provocado: " Calma, cordura, tranquilidad",
pide a la poblac1on en grandes letras, en una editorial que informa sobre la declaración de algunos casos en el medio local. A continuación
describe la enfermedad y el fallecimiento de los dos primeros atacad~s, reproduciendo una serie de recomendaciones dadas por ta Academia Española de Medicina en ocasión de la gran epidemia última. El

*Persona que hace la faena de puercos: chanchos en Argentina ( Nota del ·editor).

�36

SígloXIX

mismo número informa sobre la creación de una comisión de higiene
formada por los tres facultativos más antiguos en Tandil que "ha tomado medidas enérgicas para evitar la propagación del flagelo mandando aislar las casas afectadas, quemar la ropa y muebles de los fallecidos e inhumar sus restos en un paraje bastante retirado del centro
de la población ... ''. Se establece también una casa de aislamiento para
los e~fe_rm?s y la I~tendencia hace traer desinfectantes de La Plata para distnburr gratmtamente a las familias sin recursos30
El periódico continúa reflejando en los días siguientes la alarma
provocada. Sigue caso por caso la evolución de los afectados31 , y relata cómo "los ranchos de la quinta del Sr. Lasalle donde han muerto
dos coléricos, han sido reducidos a ceniza". Pese a la alarma el brote
pronto desapareció. El cuatro de enero El Eco informa que ~o se han
declarado nuevos casos, y los registros obituarios parecen confrrmarlo.
Entre tanto la epidemia asolaba otras regiones del país: además
de Buenos Aires resultan afectadas Mendoza y Rosario, y un año más
tarde el mal provoca seis mil víctimas fatales en Tucumán. En Tandil
en cambio, la difteria, que se hallaba en pleno auge, pronto hizo desa~
~arecer la impresión causada por el cólera. Tres meses después del úIttmo caso de cólera El Eco, tratando de remarcar la necesidad de combatir el crup, destaca precisamente que se trata de una epidemia con
características más agudas que la otra32 • Resulta claro por Jo señalado que el !error prov?;ado por el. gran flagelo europeo del siglo XIX
se prop~go _por la r~gion ~e Tandil -probablemente incentivado por
la expenenc1a pre-IDigratona de muchos de sus habitantes- mucho más
que el propio mal.
. Tampoco el tifus provocó una mortalidad tan alta como la diftena o la vrruela, pero su presencia fue mucho más constante y maligna
que la ?el cólera. Los primeros casos registrados datan de 1867 y 68
observando~e pequeños brotes epidémicos en 1870/71, sin que alean~
cen a const1turr el 3% de la mortalidad global. A partír de entonces
Yhasta 1890 la presencia del_ ?1al es constante en el partido (una media
anual de 3.5 casos)~ excepc1on de brotes de mayor importancia en Jos
mes~ d~ enero-abril ~e 1877 y 78, en que se registran doce y quince
falleclffilentos respectivamente. Entre 1891 y 1895 la acción del tifus
se hace más grave con ~rotes,re_currentes a fines de cada período estiv_a} ~rovocando unas vemte vtcttmas cada año. Esto se refleja en el pen~co local q~e hace f~ec~entes referencias al mal en la década de 1890,
exigiendo medidas S3:D1tanas para su erradicación. Esto, sin embargo,
no altera a las autondad~ local~s, que no parecen preocupadas mayorm~nte por este ~al, ~ diferencia de lo que ocurriera con Ja amenaza
del colera o las ep1deIDias agudas de escarlatina, viruela y difteria.

Alvarez y Míguez: Mortalídad en la provincia de Bs. Aires

37

La última de estas enfermedades tuvo una única y terrible incursión en Tandil en el período estudiado. Los primeros decesos se registran en 1877 y entre entonces y junio de 1886 observamos sólo algunos
casos aislados. En julio comienza a desencadenarse una prolongada epidemia cuyo auge se extendió hasta mayo de 1887 con un promedio de
trece muertes mensuales, continuando luego con menor intensidad para desaparecer en octubre de ese año. Los picos de mortalidad ocurrieron en agosto de 1886 (dieeinueve casos) y abril del 87 (dieciséis casos).
Nuevos brotes con vigor decreciente tuvieron lugar en los dos otoños
siguientes, para ír declinando hasta desaparecer en 1892. La mayor mortalidad se produjo entre los niños de 1 a 11 años, abarcando el 72%
de los casos letales, en tanto que su peso fue ínfimo entre los infantes
(5% del total de casos). Esto provocó un inusual crecimiento de la participación de los niños en el total mortuorio en 1886 y 1887, que es
un 50% superior a la media (c. 30% frente a un 190/o). Por otro lado,
si exceptuamos las grandes epidemias de viruela de 1871 y 1891, la mortalidad por difteria es la más alta provocada por una única causa en
todo el período, como puede verse en la parte del cuadro con datos
porcentuales.
Los peligros de la difteria no eran desconocidos para los pobladores de la campaña de Buenos Aíres antes de 1886. Ya en 1884, por ejemplo, El Eco daba cuenta de un cruento brote en Chascomús. Sin embargo, no parece existir conciencia clara sobre el peligro del flagelo.
Contrariamente a lo que ocurriera con el cólera, y pese a la solicitud
de los médicos locales en tal sentido, pasan largos meses antes que se
dicten disposiciones tendientes a evitar la propagación de la difteria33 •
Incluso El Eco, en general alarmista, demora en reflejar la gravedad
de la epidemia. Las primeras referencias coinciden con el inicio del brote
pero no es hasta principios de 1887 en que el diario comienza a tratar
el tema en forma sistemática. Sus comentarios no sólo reseñan el avance
del mal sino que ilustran sobre ciertas prácticas que, a su juicio, contribuían a la propagación del mismo. La principal era los velatorios
y entierros de las víctimas, en especial, los muertos en la campaña, que
debían ser traídos al pueblo para obtener la autorización legal y poder
ser inhumados en el cementerio. El trámite podía durar un par de días,
durante los cuales el cadáver era un foco de infección. Otra fuente de
contagio serían los mismos médicos, portadores del mal en sus visitas
domiciliarias: la muerte de las dos hijas de Fuschini debió contribuir
a sustanciar esta idea. El Eco proponia una serie de medidas para evitar estos peligros.
Finalmente en 1887, cuando la situación se agravó por un nuevo
brote de viruela, la municipalidad adoptó las medidas solicitadas (rá-

�38

Siglo XIX

pida inhumación de los fallecidos, un lazareto para los enfermos y los
encargados de atenderlos), junto a otras medidas habituales de lucha
antiepidémica (cierre de escuelas y casas de baile, creación de un cuerpo de desinfección, etcétera). A partir de entonces (aunque posiblemente
no como consecuencia de ello), el mal comienza a declinar. En junio
llega al pueblo un médico enviado por las autoridades provinciales para estudiar nuevas medidas, pero ya ese mes los casos son muy aislados y desaparecen totalmente en octubre.

... •

El registro parroquial señala un total de 149 decesos producidos
por la epidemia, y El Eco, en mayo de 1887, hablaba de más de 500
víctimas, refiriéndose probablemente al total de enfermos. Más del
1.5%, por lo menos, de la población total del partido falleció por la
epidemia, y su incidencia fue mucho mayor en la población joven. Pero salvo los "coletazos" de los años siguientes, ya no volvería el crup
a azotar el partido.
La viruela, en cambio, se destaca por la temible reiteración con
que ataca la región. De las epidemias, fue ella sin duda la gran asesina
en esta historia de la población de Tandil. En un trabajo que data de
1883, el doctor Federico Cuñado señalaba que
la viruela apareció en Buenos Aires con carácter epidémico a fines
de 1861 y diezmó a la población urbana hasta fines de 1862 propagándose a la campaña. Desde entonces ha reinado constantemente
con carácter endémico, asumiendo en diversas épocas la forma epidémica Y causando un número considerable de víctimas
anualmente~ ·

En dos cuadros que abarcan el período 1855-1877 resume la información sobre la mortalidad provocada por la viruela' en la ciudad y campaña de Buenos Aires, mostrando que en el sector rural hay un escaso
desarrollo de la enfermedad hasta 1862. Se genera entonces un brote
epidémico que continúa hasta 1864 con un máximo de 368 decesos registr_ados en 18_63. Los años 65-66 muestran cifras muy bajas, pero a
partu de 1867 _es~as se elevan para colocarse en un nivel que oscila entre 300 Y700 v1ctnnas anuales, a excepción de fuertes epidemias en 1871
Y72 (3 271 Y3 104 víctimas respectivamente), y 1877 en que baja a 114.
~stos datos coinciden notoriamente con los que disponemos para
Tan~l. Los valores absolutos son sin duda bajos en esta región aún
r~lat1vamente desp~blada, pero acompañan marcadamente la tendencia general. Es posible, por otro lado, que el número de víctimas en
la primera ~pidemia _haya sido considerablemente mayor dada la endeblez de la mformac1ón del período, pero esta falencia también debe

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

39

afectar los datos de Cuñado.
En los años posteriores el comportamiento de la viruela en Tan_~
mantiene el mismo patrón, con brotes epidémicos recurr_en~es de d1s1mil gravedad. En promedio se destaca como una de las pnnc1pal~ causas únicas de muerte, pese a hallarse ausente durante lar~os penodo~.
Pero Jo que hace de ella la principal malvada de la población de Tandil
es la ferocidad que alcanzan algunos de sus embates, lleg~ndo a provocar hasta el 290Jo de las muertes de un año: los mayores picos de mortalidad siempre coinciden con su presencia en el pueblo.
En la década de 1880 la viruela parece haber sido un habitante permanente de la campaña bonaerense, y es muy raro el año e~ ,que 1!1
Eco no traiga referencias a la existencia del mal en alguna ~eg¡on proxima a Tandil. En 1883, por ejemplo, la vemos en la Capital (6-1), Y
posteriormente en Balcarce (18-III), Azul (5-IV), Rauch (19, 26 Y29-IV)
y Dolores (3-VI), rodeando así a Tandil, donde sólo se producen unos
pocos casos benignos. Esto dio lugar a una intensa campaña de vacunación, pero, como veremos más adelante, eran escasos los resultados
que éstas producían.
En 1884 vuelve a desarrollarse una epidemia en la Capital Yalgunas zonas de la campaña y lo mismo ocurre en el 8535 • Finalmen~e en
1886 Je llega el turno a Tandil. Los primeros casos se dan en noviembre del 85, y El Eco vuelve a insistir sobre la nec~si_dad_ de la vacunación. En febrero el diario exige medidas a la mumc1palidad, y ante la
falta de inmediata respuesta, hace responsable a su presidente de la evolución ulterior. Haya o no habido descuido el mal continuó desarrollándose alcanzando su auge entre marzo y mayo. En agosto comenzó
a ceder, dejando su lugar como principal causa de muerte a la difteria,
para retornar en junio del 87, cuando la otra plaga comenzab~ a decrecer. Según El Eco este último brote puede vincularse con la 1mportación directa de la enfermedad por los inmigrantes:
Ahora nos ha venido a visitar la viruela a los vecinos de Tandil. .. Los
inmigrantes venidos para las canteras han llegado, puede d_ecirse, con
la viruela brotada, pues al día siguiente de llegar a Tandil se enfermaron diez, y llegaron aquí al día siguiente de desembarcarse~6

El registro parroquial confüma que fue entre las familias italianas de
picapedreros donde se produjeron los primeros casos fatales.

�40

Siglo XIX

Finalmente la enfermedad desaparece en noviembre de 1887, asolando en 1888 y 1889 otras áreas de la provincia. Tandil disfruta de
un par de años de respiro antaes del terrible embate de 1890-91. Entre
tanto la corporación municipal había tomado las habituales medidas
de combate antiepidémico en marzo del 86, reiterándolas en junio de
ese año y mayo del 87, sin lograr resultados visibles.

,.

Renglón aparte merece la vacuna como forma de lucha contra la
plaga. Esta había comenzado a ser utilizada en el país desde comienzos de la vida independiente, pero su aplicación y disponibilidad fueron irregulares hasta entrada la década de 1870. Durante ese período
se aplicó el método de la vacunación brazo a brazo, hasta que en 1878
se estableció en el país un laboratorio para producir suero animal, evitándose así el posible contagio de otras enfermedades (notoriamente
la sífilis) que podía producir la vacuna humana. Pero haya sido por
este temor, por la difundida idea de que con la vacuna se inoculaba
el mal37, o más probablemente por descuido o desinformación, la vacuna alcanzó poca difusión:
A pesar de toda la propaganda, a pesar del interés con que siempre
se ofrecía el virus y la constancia con que los poderes públicos se ocupaban de combatir la viruela, ni aún en las ciudades principales la
población respondía, y sólo cuando la enfermedad bacía su aparición
epidémica en algunos de los grandes centros urbanos y la prensa se
ocupaba del asunto llamando la atención sobre el contagio acudían
los habitantes a vacunarse. Así vemos en un período en que se llevó
estadística, de 1884 a 1885, en la ciudad de Buenos Aires sólo se inocularon 33 000 individuos sobre una población de 800 000 babitantes38 .

El comentario de Alvarez corresponde totalmente con la información
que disponemos sobre Tandil. La municipalidad disponía permanentemente de suero y los médicos vacunaban en forma gratuita. En reite•
radas oportunidades se insiste sobre el carácter obligatorio de la vacuna, especialmente para los niños en edad escolar. Pero el número de
personas inoculadas siguió siendo bajo.
Por otro lado cabe preguntarse sobre la eficacia de la inmunización lograda. Los estudios contemporáneos la confirman, aunque las
estadísticas en que se sustentan no son del todo concluyentes39 • Dada
la escasa vacunación en Tandil nuestros propios datos aportan poco
al respecto. Resulta llamativo, sin embargo, un cambio en la estructura de edades en la población afectada. De las epidemias de comienzos
de la década del 70 a las de comienzo de la década del 90 se observa

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aíres

41"

una caída del 10OJo de la participación de niños en la mortalidad variolosa lo que quizás pueda vincularse a la mayor difusión de la vacuna
40
entr~ estos, abundantemente atestiguada por El Eco •
Las medidas higiénicas y preventivas poco pudieron hacer para impedir la gran epidemia. de 1891. A _comienzos_ del año anterior hubo
un suave brote que motivó la adopción de medidas por parte de la municipalidad. Este brote cedió entre agosto y septiembre, pero algunos
casos vuelven a registrarse hacia fines del año, preanunc1ando la gran
epidemia. Esta cobró ímpetu a comienzos del 91, y alcanza su pico entre marzo y agosto. En mayo se registraron 48 casos fatales. En septiembre el mal comienza a disminuir su actividad para desaparecer totalmente en noviembre, y ya no se registrarán nuevos casos de viruela
en Tandil en el período considerado. Este último embate, sin em~3:1'go, se había llevado en unos pocos meses más del 1O/o de la poblac1on
total del partido.
¿Afectó el mal a toda la población por igual? No podemos dar una
respuesta concluyente, pero no pareciera ser así. Los higienistas ~e la
época señalan que su propagación era mayor ~ntre lo~ ~ectores soc1al~s
más bajos, debido al hacinamiento, la carencia de higiene y el descwdo en la asistencia a los afectados.
La difusión de las epidemias en Tandil tiende a confirmar esta opinión. En 1887, por ejemplo, se inicia en las canteras causando varias
muertes entre las familias italianas que trabajaban allí, como ya hemos señalado. De allí se extiende al "Pueblo Nuevo", barrio marginal
de precarias condiciones donde "en una sola pieza hay más de cinco
camas", y "otras sirven de comedor, cocina, dormitorio y letrina a
la vez". En ocasiones "se trae un enfermo de viruela de la campaña
y se lo deposita en uno de esos inmundos tugurios viviendo en man&lt;:omún con el paciente"41 • Finalmente el mal llega al centro de la cmdad, pero su paso por allí fue mucho más leve.
El mismo patrón se repite en la epidemia de 1891, pero esta vez
el grueso de la mortalidad se halla entre la población baja de la campa2
ña. Lo mismo ocurrió con la epidemia de 1888 en 9 de Julio y Rojas~
En conclusión, parece claro que si bien todos los sectores sociales eran
afectados, los estratos más bajos sufrían mucho más sus consecuencias.
La otra gran matadora de hombres de la época fue la tuberculosis
(TBC), pero debido probablemente a que su actuar era constante y no
provocaba picos muy agudos de mortalidad los contemporáneos no nos
han legado una visión tan nítida sobre su acción en Tandil como lo
hicieran con la viruela o el cólera.

�42

Siglo XIX

En efecto, durante el período 1875-95 la TBC fue, en promedio,
la principal causa de muerte, provocando casi 27 decesos por año, es
decir un promedio de más del 9% del total anual. La desviación standar es apenas mayor a 7 casos lo que señala una marcada regularidad.
Estos datos coinciden con los que disponemos para la ciudad de Buenos Aires para el mismo período. En los años que van de 1869 a 1877,
la tuberculosis provocó el 9.6% de los decesos, en tanto que en 1880
fue responsable del 10% y del 8.6% en 1887. Según los datos del doctor Emilio Coni en Europa y Estados Unidos, la mortalidad por esta
causa era algo mayor, con valores que oscilaban entre el 12 y el 18%
del total.

"I

Pero pese a ser el mayor flagelo para el mundo occidental poco
pudo hacerse para combatirlo en el período estudiado. Hace ya más
de 100 años realizó Kocb su importante descubrimiento, pero no sería
hasta bastante más tarde que se estaría en condiciones de aprovecharlo
para la cura y prevención del mal. Por otro lado era difícil contrarrestar esta enfermedad en las inadecuadas condiciones alimenticias y sanitarias que predominaban en los sectores sociales más bajos. Si bien
la situación argentina no era la más desfavorable en el primer rubro
(y quizás de alli la incidencia algo menor a la observada en Europa)
las condiciones de vida de buena parte de la población pueden haber
contribuido a su exposición a la TBc43 •
Una característica del desarrollo de esta enfermedad en Tandil es
su marcada predilección por el sector femenino. En efecto, en tanto
que entre los hombres producía un 7 .65% de las muertes, en las mujeres llegaba al 13.04%. La misma tendencia puede apreciarse en algunos países europeos, pero en forma menos marcada. Coni, en cambio,
señala para Buenos Aires un mayor número de muertes masculinas coincidiendo con la información presentada por Viale, pero al no tener en
cuenta el índice de masculinidad general de la población, estos datos
pierden valor. En Tandil llama la atención el alto número de mujeres
jóvenes (15-25 años) fallecidas por esta causa. Aunque es poco probable que muchas de ellas tuvieran noticias de las desventuras de Margarita Gautier, parecería que no eran pocas las que corrían la misma suerte
que las heroínas románticas de su siglo.

Vías respiratorias
Las causas de muerte que hemos agrupado por su vinculación con este
sistema (excluyendo, claro está, la tisis) conforman el segundo grupo
en importancia relativa. Podemos distinguir en ellas dos tipos de enfermedades. El principal consiste en afecciones no contagiosas

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

43

-laringitis, bronquitis, pulmonías-, y el restante, con una incidencia
relativa reducida, constituido por gripes y anginas.
En general la acción de ambos fue constante a lo largo del período
con algunos picos bastante pronunciados debidos a un alto númer_o de
bronquitis y neumonías. Se observa tambié_n una clara ~endencia_ al
aumento de los montos absolutos de mortalidad acompanando al mcremento de la población. En términos relativos su participación en
el conjunto de los decesos también crece, lo que indica que la tasa de
mortalidad por estas causas tiene mayor regularidad que la tasa de mortalidad general, en tanto que no se observa una mayor dif~renciación
de su incidencia por sexo o grupo de edad. Todo esto sugiere que se
trata de enfermedades de alta difusión, afectadas quizá por variaciones climáticas pero poco sensibles a los cambios de condiciones de vida ocurridos e~ aquella época o al desarrollo de la medicina-presulfarnídica.

Causas endógenas
Las tres categorías siguientes del cuadro 2 corresponden a esta caracterización, y muestran valores relativos no muy altos._ En general se destacan por una cierta regularidad y una suave tendencia al aumento tanto
de sus números como de sus valores relativos.
Excepción a ello es la mortalidad por afecciones cerebrales
-apoplegía, congestión, derrames- que muestran un ciclo de valores
altos en la década posterior a 1878, lo que contribuye a elevar su media para todo el período. Entre las cardiovasculares predomina el llamado "vicio orgánico del corazón", apareciendo también algunas afecciones circulatorias. Se incluyen además en esta causa las muertes denominadas "repentina" y que parecen corresponder a infartos de miocardio. Las distintas variedades de cáncer se hallan seguramente subregistradas por problemas de diagnóstico, pero aún teniendo esto presente parecería que su incidencia relativa fue muy baja en el período.
El incremento de sus montos totales hacia finales del mismo se vincula
en parte con el aumento de población sin que varíe la tasa de mortalidad por esta causa, pero también con la mayor precisión en los asien-.
tos del Registro Civil.
En general vemos que estas dolencias, atribuibles mayormente a
procesos de malformación o desgaste interno del organismo, y por lo
mismo más vinculadas a una edad adulta, suman sólo un 12% del total de la mortalidad en el período de información confiable, confirmando el peso abrumador de las infecciosas e infecto-contagiosas y las

�44

Siglo XIX

afecciones respiratorias en el régimen de mortalidad predominante en
la época.

Parto
Este rubro incluye a las muertes en el momento del alumbramiento,
o producidas como consecuencia de éste. Los casos más frecuentes son
las hemorragias e infecciones puerperales. El número anual de fallecimientos por esta causa es bajo, y también lo es su peso relativo en la
mortalidad general, aunque es significativo si consideramos sólo las
muertes femeninas (la media del período de información confiable es
de 5.60/o) y especialmente a las mujeres de edad fértil (casi el 15%);
porcentaje que se hace más elevado por tratarse de un grupo de baja
mortalidad.
Las edades de las mujeres fallecidas como consecuencia del parto
se distribuyen en forma proporcional a lo que debió ser la frecuencia
de edad en dicho momento. Los puntos extremos son 16 y 48 años,
y la media algo superior a los 28 años y medio, pero la mediana -26
años- y la moda -25 años- sugieren mayor juventud en el momento de dar a luz. Finalmente, si tenemos en cuenta la alta fertilidad reinante, apreciamos que la tasa de mortalidad de las parturientas no fue
alta.

Alcoholismo
Los relatos de la época sugieren que la embriaguez no fue un fenómeno inusual en el Tandil decimonónico. El doctor Lizarralde, refiriéndose en un informe sanitario a la frecuencia de las afecciones cardíacas, hepáticas y la estrechez esofágica en la región decía: " ... me inclino a creer que dependen del abuso del alcohol que es tan común en
la campaña44 •
Sin embargo las muertes provocadas por la dipsomanía no fueron
numerosas. Hemos incluido en esta categoría a los decesos atribuidos
directamente al alcoholismo y al delirium tremens, y el número total
de muertes en este rubro es marcadamente bajo. Su incidencia es mayor sobre los hombres que las mujeres, y obviamente entre los grupos
de edad más avanzados, pero todo indica que la fatalidad de la bebida
tuvo que ver más con su efecto inmediato de violencia en una población en condiciones de vida bastante precarias que con el lento deterioro del organismo provocado por el alcohol.

A]varez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

45

Accidentes y violencia
Este es uno de los rubros para el cual la información es más constante
y precisa, como se evidencia en el hecho de s~r el único para el cual
contamos con datos para todos los años del penodo. Su peso en el conjunto de la mortalidad es sin duda bastante s!~ficativ~, y lo es m~
aun si consideramos exclusivamente la poblacron masculina. La participación media de esta categoría en el conjunto de muertes de varones
para el período 1875-95 es de 10.40/o, y para el pe~odo total 10.5%,
con una desviación standar de 3.1 % y 5.3% respectivamente. La continuidad de la información se refleja en la similitud de valores_po~centuales entre el período 75-95 y el conjunto. Resulta bast~te_sigmficativa la mayor dispersión anterior a 1875, que ~uede atnburrse ª. dos
causas: en los años iniciales a defectos en el registro de 1~ mortalidad
general que sobrevalúa relativamente este rubro, y_en la ~ecada del ~O,
como veremos, a algunos brotes coyunturales de ~olenci~. Esto ~ugiere que como modalidad los accidentes y la violencia tendieron a merementar en algo su peso relativo.
Dentro de esta categoría hemos incluido tres tipos de asientos: las
muertes accidentales los homicidios, y un tercer grupo de casos descritos como "heridas;, o "golpes" y que pueden pertenecer a cualquiera
de los otros dos. Entre los primeros hemos contabilizado 182 decesos,
siendo los más habituales los ahogados, las quemaduras y los accidentes de caballo. También hay algunos golpeados por carros o carretas,
heridos por rayos y picados por serpientes. Hacia final~ d~l período
el ferrocarril y el trabajo en las canteras causan algunas VIctlfilas. Hay
163 casos asentados por "heridas" y "golpes" y suponemos que algunos deberían sumarse a la categoría analizada pero la mayoría fueron
probablemente homicidios. De hecho hemos podido comprobar a través de la información del periódico local que algunos de estos casos
corresponden a muertes violentas.
Al analizar estas últimas vemos que son preponderantemente masculinas salvo los suicidios, en que sobre un total de 19 casos hay nueve muj;res. En cuanto a grupos de edades predominan claramente los
adultos (mayores de 18), pero no se destaca ningún subgrupo específico entre ellos. Como hemos señalado los picos que presenta esta categoría en la década del 70 corresponden a hechos particulares de ~olencia: en 1872 hay 32 muertos en la llamada Masacre de Tata Dios, y
en el 74 y 76 ocurren sendas incursiones indígenas45 • La segunda produce 19 víctimas conocidas en tanto que en la primera se registraron
sólo nueve inuenes por los indios (además de un muerto durante la revolución mítrista), pero hay numerosos casos de decesos producidos
por "heridas" que pueden deberse al malón.

�46

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

Aparte de estos hechos extraordinarios, el cuadro que surge de la
"sección policiales" de El Eco indica dos tipos de hechos de sangre:
uno menos numeroso con móviles de robo, que va desde el asesinato
de un pobre verdulero italiano en la zona de las canteras, o la confabulación de una hija con su marido para robar y matar a su padre en las
quintas que rodeaban a Tandil, ·hasta la muerte de un estanciero a manos de un peón de 19 años (quien había declarado que lo iba a matar
porque "ese viejo ha vivido demasiado y bien puede morir para que
yo tenga algo, si no por la razón por la fuerza")46 •

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Más frecuentes fueron los enfrentamientos a cuchillo (hacia fines
del período aparecen también las armas de ruego) por disputas ocasionales, muchas veces vinculadas a las pulperías y "casas de baile". Tienen alta participación en estos hechos los sectores bajos y desarraigados -jornaleros, peones, trabajadores de las canteras-, tanto nativos como ex_tranjeros.

Otras y no especificadas
Se trata de una categoría residual en la que hemos incluido los decesos
sin causa consignada o los atribuidos a "muerte natural", "enfermedad" y "enfermedad natural". También se contabilizaron en este rubro descripciones de síntomas demasiado vagos para conocer su origen, o enfermedades poco frecuentes no incorporables a las categorías
anteriores. Estas últimas son características del periodo final, en tanto
que las anteriores lo son de los primeros años: preponderantes hasta
1869 y conservando un peso significativo hasta 1875, lo cual, como señaláramos, dificulta la interpretación de los datos de la mayoría de los
rubros hasta ese año.
LA EDAD DE LA MUERTE
En esta sección hemos tratado de averiguar en qué momento solía interrumpirse la vida o, de otra manera, cuál era la edad de la muerte.
En una primera aproximación hemos dividido la población en cinco grandes grupos: infantil (hasta el año de vida), niños (de uno a once
años), adolescentes (doce a diecinueve años), adultos (20 a 69 años)
y ancianos (70 y más). A su vez el grupo de niños lo hemos subdividido
en dos: primera niñez (1 a 5 años) y segunda niñez (6 a 11 años); y
al de adultos en tres: adultos jóvenes (20 a 29 años); adultos mayores
(30 a 49 años), y adultos viejos (50 a 69 años).
Las connotaciones sociales primaron en esta clasificación por sobre la tendencia a agrupar en intervalos homogéneos. Para evitar las

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�Sigue cuadro 3

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Adultos
Mayores (30-49)

Jóvenes (20-29)

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66-70
71-75
76-80
81-85
86-90
91-95

V

M

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V

M

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71
129
88
57
103
111

26
41
62
60
56
68
74

79
112
191
148

103
167
192
198
133
167
199

62
76
78
59
69
93
81

113

171
185

V

T

165 50
243 80
270 81
257 89
202 70
260 107
280 132

~

Ancianos
(70 y más)

Viejos (50-69)

M

T

V

M

T

13

42
29
36
34
62
45

63
122
110
125
104
169
177

8
20
36
30
31
67
61

6
15
17
15

14
35
53
45

0.3
0.5
0.3
0.4
0.4
0.4
0.3

0.5
0.6
0.4
0.5
0.5
0.5
0.5

24

55

32
57

99
118

Porcentajes divididos por nllmero de af\os del arupo

1.4
1.2

1861-65
66-70
71-75
76-80
81-85
86-90
91-95

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1.2
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1.0
1.0
1.2

1.3
1.1

1.4
1.4

1.4
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1.3
1.1

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0.9

0.8

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1.3

1.2 0.7
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1.1 0.6
1.0 0.6
0.7 0.5
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Fuente: ver cuadro 2

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�50

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

Siglo XIX

fluctuaciones erráticas de valores muy reducidos hemos agrupado los
datos en quinquenios. Hemos contabilizado el número total de óbitos
de cada grupo y la participación del mismo en el conjunto de la mortalidad. A este último porcentaje se lo dividió por el número de años que
abarca cada grupo, para hacer factible la comparación.

Sigue gráfico 3

O!o/aftos
grupo
29

Los datos muestran con claridad que la mayor frecuencia de muerte
se da entre los infantes y los niños más pequefios. Es evidente la alta
tasa de mortalidad infantil, que se prolonga en la primera infancia.
La participación de los restantes grupos, sin embargo, parece ser más
el resultado de la estructura de edad de la población que de diferenciales en la mortalidad específica.

28

27

Para salvar esta dificultad hemos calculado la tasa de mortalidad
específica para cada grupo de edad para los años en que esto fue posible. Para ello utilizamos la estructura de edades que proveen los censos de 1869, 1881 y 1895 cotejándola con la mortalidad de esos años.
Esta última fue estimada como la media de los cinco años pericensales
para evitar distorsiones que podían provenir de considerar un solo año.
En el caso del período 1867-71, descartamos este último año y el siguiente por tratarse de casos anómalos por su alta mortalidad, considerando el año 73 en su reemplazo (1867-70 más 1873 dividido 5).

26

25

24

El análisis de estos datos confirmó la alta mortalidad infantil y de
la primera niñez. A partir de ella se da una brusca caída, siendo la segunda niñez y la adolescencia los grupos con menor mortalidad. Desde allí se da un paulatino incremento de la mortalidad, que es lento
hasta los 40 años para hacerse mucho más marcado entre esa edad y
los 60, y volverse dramático a partir de entonces. Este patrón se mantiene casi inalterable durante todo el período (lo que no es sorprendente, ya que es un patrón habitual de mortalidad), aunque se observa una
clara disminución en las tasas.

23

22

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2

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1861-65 66-70

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71-75

76-80

81-85

quinquenios

86-90

Si volvemos a los datos del gráfico 3 se observa que en líneas generales se mantiene una gran regularidad. Esta sólo se ve alterada en el
quinquenio 1886-90 por un fuerte incremento de la mortalidad de los
grupos B,C y D (1 a 19 afios) y, por lo mismo, una caída relativa de
la mortalidad infantil, lo que debe atribuirse a la epidemia de difteria
de 1886-87. En cuanto a la evolución de la mortalidad infantil, el incremento entre 1861 y 1870 debe atribuirse a un crecimiento relativo
de este grupo etario en el conjunto poblacional, en tanto que desde este momento hay una cierta tendencia a la disminución que refleja una
auténtica mejora de ésta.

91-95

A partir de la mortalidad específica por grupo de edad fue factible

�52

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

calcular las expectativas de vida (eo). Estas no son enteramente confiables, en parte por la existencia de subenumeraciones tanto en los censos como en los registros obituarios, y en parte debido a que trabajamos con valores relativamente bajos, sujetos al azar de los pequeños
números. Sin embargo creemos que marcan adecuadamente la tendencia general de la mortalidad, confirmando lo que ya señaláramos respecto de la T.B.M.
En efecto, la eo en 1869 era de aproximadamente 25 años, elevándose bruscamente a casi 38 en 1881 , y más de 41 años en 1895. Como
puede apreciarse, era dramáticamente baja en el período en que Tandil se hallaba aislado como una sociedad propiamente de frontera, pero evoluciona muy rápidamente junto con el desarrollo socioeconómico de la zona.
Si se cotejan estos datos con la T.B.M. puede parecer exageradamente bajo el valor de 25 años para 1869, pero debe tenerse en cuenta
que la estructura de edad se hallaba muy abultada en grupos de mortalidad relativamente baja (20 a 40 años), lo que disminuye un poco la
mortalidad global en relación al conjunto poblacional. Por su importancia, la mortalidad infantil requiere un análisis más cuidadoso.
La mortalidad infantil

Al igual que en los regímenes demográficos antiguos, el primer año
de vida resultó una barrera difícil de franquear para los recién nacidos. Un editorial de El Eco comentaba: "Se ha dicho con razón que
la infancia es la primera edad de la vida, mas por la falta de higiene,
en nuestro pueblo suele ser con frecuencia también la última"47 •
La alta mortalidad infantil guardaba, por otro lado, correlación
con una también alta tasa de natalidad, dejando así fuera de peligro
el nivel de la reproducción vegetativa. Esto se refleja en los datos del
cuadro 4.
Como puede verse existe una considerable variación anual debida en
~uena medida a que _trabajamos con un universo relativamente pequeno, Y en parte t:11"b1~n ~ la posible existencia de subregistros. Pese a
ello, parece posible d1stmgwr claramente cinco ciclos en la evolución
de la mortalidad infantil, que por lo demás coinciden con los que pueden observarse para la mortalidad general.
El primero va hasta fines de la década del 60 evidenciando una
mortalidad relativamente baja (la media 1862-1869 está entre el 150 y

53

CUADR04

MORTALIDAD INFANTIL (1862-1895)
Año

Nac.

Def.

T.M.I.

Año

Nac.

1862
1863
1864
1865
1866
1867
1868
1869
1870
1871
1872
1873
1874
1875
1876
1877
1878

221
232
200
251
249
256
254
281
288
310
301
300
328
363
416
448
463

20

9.05
12.07
22.00
13.94
15.66
15.23
16.93
16.37
22.22
25.16
29.90
21 .33
17.68
27.00
17.79
19.20
15.12

1879
1880
1881
1882
1883
1884
1885
1886
1887
1888
1889
1890
1891
1892
1893
1894
1895

487
390
394
452
429

28
44
35
39
39
43
46
64
78
90
64
58
98
74
86
70

464

443
590
434
563
619
629
625
606
651
641
746

Def. T.M.I.
66
61
62
36
59
64
58
85
93
103
86
96
102
81
89
88
91

13.55
15.64
15.64
7.96
13.75
13.79
13.09
14.41
21.43
18.29
13.89
15.26
16.32
13.36
13.67
13.72
12.19

Fuente: ver cuadro 2.

160 0100 •) , aunque es probable que esto se deba en gran medida a un
subregistro bastante alto en estos primeros años. El segundo, el de mayor mortalidad de todo el período considerado, abarca desde 1870 hasta
1877, con una media de 225 0100 (probablemente para entonces el subregistro sea menor, aunque aún debía ser significativo). A finales de
este ciclo se observa una fuerte tendencia a la baja: se evidencia en una
media entre 1878 y 1886 de alrededor del 140 0/00, para subir posteriormente con las epidemias del ciclo 1887-1891, que arrojan una media del 170 0/00; y, finalmente, estabilizarse en 1892 en adelante en
valores próximos al 130 0/00 (a partir de 1890, en que el Registro Civil
comenzó a funcionar-adecuadamente, el subregistro tendió probablemente a ser mínimo)48 •
Puede observarse en general una suave tendencia a la baja. Pero
es evidente que es mucho menos marcada que la de la mortalidad en
general. Comparando la evolución en Tandil con otras regiones encontramos que no existe una gran discrepancia de los valores hallados con
los de otras áreas de la provincia. El alza que se produce hacia la década del 70 ya había sido observada para la ciudad de Buenos Aires49

�54

Siglo XIX

y para el total de la provincia50 • A fines de siglo Tandil mantenía un
nivel de 122 0/00 , similar a la región circundante (la región Sur muestra un 123 0100 ), y algo superior a las regiones Central y Norte de la
provincia de Buenos Aires (105 y 103 0100 respectivamente)51 • En la
Capital, a fines de la década del 80 se observan valores próximos al
170 0100 52 y en 1895 el valor había caído al l J2 o;oos3 • Estas tasas
eran superiores a las de París (103 0100) o Londres (115 0100 ) pero
inferiores a las de zonas más atrasadas de Europa54 •

.

En general se observa una mayor resistencia de la mortalidad infantil en las zonas rurales más nuevas que en las regiones más densamente pobladas o urbanas, lo que llevó al doctor Eduardo Berenguer
a una visión quizás un tanto exagerada del problema:

...

¡Qué distinta es, en efecto la suerte que le depara el porvenir al nacido en los grandes centros, donde al abrigo de la mansión confortable
y de todos los recursos asegura en parte su existencia, de la del pobre
de la campaña que en el rancho miserable donde vio por primera vez
la luz va a tener que correr todos los albures de una vida llena de
tribulaciones!
Otras veces la alimentación defectuosa por falta de elección en los
alimentos o por ingestión de éstos en malas condiciones, provoca tan
graves alteraciones que concurren rápidamente a la muerte cuando
no adquieren carácter de cronicidad. La leche, elemento indispensable en la alimentación del niño no es suministrada con los cuidados
exigidos en la lactancia artificial, unas veces por economía y las más
por negligencia o ignorancia de las madres, que desconocen las prácticas de esterilii.ación para impedir que sirvan de vehículo a tanto germen patógeno55 •

Es evidente que no son sólo las diferencias regionales sino fundamentalmente las sociales las que se hallan por detrás del diagnóstico del
higienista, pero quizás dé una pista sobre algunas de las causas de esta
persistente amenaza sobre la población local. Más adelante retomaremos este tema en la interpretación global de la evolución de la mortalidad en el período.
EL RITMO DE LA MUERTE
En la segunda mitad del siglo XIX era opinión generalizada entre los
médicos e higinistas que los factores climáticos condicionaban cuando no determinaban, el ritmo vital de la población. Son reiterad~ tanto
en los libros técnicos como en los periódicos, las referencias a' la influencia de las variaciones de temperatura, presión y humedad sobre

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

55

la evolución de la mortalidad. La información que disponemos sobre
Tandil no permite establecer una dependencia demasiado estricta entre mortalidad y clima, pero el estudio de las regularidades anuales del
comportamiento necrológico nos ha revelado un ritmo estacional de
la muerte.
El clima, sin embargo, es sólo uno de los factores que condicionan
estas fluctuaciones. La desigual incidencia de las distintas causas, la
participación de los diferentes grupos de edad en el total obituario, las
condiciones alimenticias, el ritmo laboral y otro conjunto de factores
económicosociales actúan sobre la conformación del ciclo obituario
anual.
La compleja articulación de todos estos factores hace que resulte
muy difícil simplificar una tipología, aunque algún progreso se ha logrado en este sentido. Los estudios realizados sobre distintas regiones
de Europa señalan que en el norte parece haber predominado desde
muy temprano un aumento invernal de la mortalidad, en tanto que en
la cuenca mediterránea -especialmente España- predominó hasta el
siglo XIX una mortalidad estival -especialmente marcada en la mortalidad infantil-, acompañada en algunas regiones por un suave pico
invemal56 • Hacia fines del XIX, sin embargo, este ciclo ha sido reemplazado en España por uno exactamente inverso -predominio invernal,
con suave pico veraniego- para alcanzar hacia 1960 un absoluto predominio invernal.
La complejidad del fenómeno, sin embargo, se hace evidente cuando se compara el ciclo español con el italiano. Ya para 1871 en toda
Italia hay un neto predominio invernal, y sólo en algunas regiones del
centro-sur aparecían picos veraniegos, patrón que se remarca aún más
hacia fines del siglo. El contraste se hace aún más notorio si observamos que aún en las regiones más frías y desarrolladas de España el predominio estival es marcado en 1863 (aunque ya ha desaparecido de ellas
para 1900), en tanto que en las más cálidas y atrasadas de ·Italia, en
un año próximo (1871) ya se observa un predominio invernal. Es cierto que Italia en su conjunto presenta un patrón de mortalidad más "moderno" que España en la segunda mitad del XIX, pero la diferencia
no es tan marcada, y no es probable que las regiones más avanzadas
de España muestren atraso respecto del mediodía italiano.
El otro ejemplo retomado por Sanchez Albornoz -el estado de
Massachussets, en la relativamente fría y progresista Nueva Inglaterrar~fleja a mediados del XIX un marcado predominio estival, que se convierte en bipolar (picos veraniegos e invernales) hacia comienzos del
XX, y en netamente invernal a partir de la tercera década de este siglo.

�AJvarez y Míguez: Mortalidad ea la provincia de Bs. Aires

56

57

SigloXIX

En definitiva, el modelo tipo parece ser, para las zonas templadas
con verano cálido, un predominio de la mortalidad en los meses de verano
asociado a los períodos de mortalidad "arcaica", que evoluciona pasando por un patrón bipolar intermedio, hacia un neto predominio de
la época fría del año, vinculado a la modernización de las pautas obituarias. Esto, sin embargo, sujeto a variaciones regionales y a dinámicas de evolución desiguales, que reflejan una relación no lineal con el
progreso demográfico.

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Infantil
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No.
254 12.6
201
9.97
194 9.62
138 6.84
140 6.94
162 8.04
167 8.28
168 8.33
117 5.80
137 6.80
6.50
131
207 10.27

Niños
%
No.
129
115
130
121
124
102
98
116
109
107
111
112

9.39
8.37
9.46
8.81
9.02
7.42
7.13
8.44
7.93
7.79
8.08
8.15

Adultos
%
No.
366 11.16
267 8.14
276 8.41
247 7.53
273 8.23
253 7.71
229 6.98
292 8.90
280 8.54
280 8.54
254 7.74
8.02
263

total

No.
749
583

600
506
537
517
494
576
506
524
496
582

% %C.
11.23 10.86
8.74 9.28
8.99 8.70
7.59 7.59
8.05 7.79
7.75 7.75
7.17
7.41
8.63 8.35
7.58 7.59
7.86 7.61
7.44 7.44
8.72 8.44

Fuente: ver cuadro 2
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Dentro de este marco Tandil refleja un patrón estacional marcado. En
el cuadro 5 y en el gráfico 4 resumimos información sobre las variaciones porcentuales de la mortalidad mensual.

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11-

Para esto hemos considerado sólo el período posterior a 1866 dado lo endeble de la información anterior. Originalmente los datos fueron agrupados en forma quinquenal, para evitar que las oscilaciones
anuales erráticas desdibujaran el patrón estacional, y al hacerlo surgió
con características similares a las que se observan en el cuadro. No se
observaba, por otro lado, que éstas fueran variando a lo largo del período, pero en ciertos quinquenios se presentaba un comportamiento
anómalo, siendo especialmente notorio el péríodo 1886-90. Esto se de-

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�58

Siglo XIX

bía a la alta mortalidad por difteria y viruela, cuyo comportamiento
no se ajusta al patrón estacional de los ail.os "normales", lo que quedó en evidencia al reelaborar las cifras descartando los ail.os de peste.
En el cuadro, sin embargo, hemos incluido el período completo
ya _que la in~uencia de lo_s ail.os anómalos se pierde en el conjunto de
la mformacion. Esto sugiere, sin embargo, que en los ail.os "normale_s" los ritmos tendieron a ser algo más marcados que los indicados.
Fmalmente, en la última columna se presentan valores corregidos a meses de !reinta días para evitar las pequeñas dístorsiones que producen
las desigualdades de los meses calendario. El mismo procedimiento se
adoptó para el gráfico 4.

• 1

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

59

a una estructura causal algo distinta a la del conjunto de la población
-mayor incidencia de infectocontagiosas no estacionales, como la difteria, viruela, escarlatina, sarampión, etcétera-. Los decesos de adultos, en cambio, se comportan de acuerdo al patrón general sobre el
cual tienen mayor peso relativo.
Este patrón de mortalidad continuó vigente en Tandil hasta la segunda década de este siglo, tendiendo a hacerse más pronunciado el
alza invernal, para ceder hacia la década de 1930 dando paso al predominío de la mortalidad invernal que se halla generalizado en la
actualidad59 •

L~ cifras. de! cuadro 5 muestran en forma clara que los picos de
mo~dad coi~ci~en con el período estival, y salvo un suave repunte
hacia fmes del mVIemo, se mantienen bastante constantes el re9'o del
ail.o. Este patrón coincide marcadamente -incluyendo el alza de
agosto- con el que presentan Coni y Viale para Buenos Aires en un
período similar. La única diferencia visible es un cierto adelanto en la
Capital del ciclo veraniego, vinculado a las diferencias térmicas entre
57
ambas regiones • El alza que se observa en los meses de verano debe
sin duda explicarse por la mayor facilidad de difusión y desarrollo de
algunas enfermedades infecciosas y la agudización de la diarrea infantil, en un clima caluroso. Esto sin duda tiende a coincidir con la estructura de causas de muerte que presentarnos más arriba.

Es notorio, entonces, el paralelismo con la evolución de Massachussets y Espail.a. Resulta en cambio destacable un cierto retraso en
~l avance hacia el predominio invernal, especialmente respecto del caso espail.ol. Esto es particularmente llamativo ya que, en lo que respecta a la T.B.M. o la esperanza de vida, ya a partir de 1880 la región
parecería hallarse en una posición de ventaja respecto a la mayor parte
de regiones espail.olas y probablemente parte de las italianas (sobre esto volveremos en la sección final del artículo). La comparación con
el ejemplo estadounidense, en cambio, sugiere la existencia de un ritmo de evolución occidental que guarda ciertas diferencias respecto del
europeo. Será necesaria, sin duda, mucha níás investigación para poder obtener algunas conclusiones más consistentes.

. Los contemporáneos, por otro lado, tenían clara conciencia del peligro que rep~esentaba la llegada del verano, como se refleja en varias
notas aparecidas en El Eco, similares a la siguiente:

CONCLUSION: INMIGRACION Y CAMBIO DE
LOS PATRONES DE MORTALIDAD

Aunque se goza actualmente de un buen estado sanitario (las enfermedades contagiosas que en la estación calurosa siempre visitan el
pueblo este año lo obviaron) no deben olvidarse algunas considerac~ones so~re la hi~ene, por ejemplo, frutas que se venden sin inspección preVIa, ~esc~do en la limpieza de establecimientos, inspección
de la leche, limpieza de las calles (algunas son todo un ejemplo de
desidia) casas o ranchos abandonados. Todo esto debe ser atendido
por las autoridades58 •

Hacia finales del período que analizamos, según ya señaláramos, más
del 40% de la población de la región estaba constituida por inmigrantes, casi en su totalidad europeos. Más aún, casi la mitad de los nacidos en el primer lustro de la década de 1890 eran hijos de inmigrantes,
Y más de un 10% de los restantes tenían padre extranjero y madre nativa. Para esa época había también un cierto número de hijos de nativos
que eran nietos de integrantes de los primeros contingentes de inmigrantes llegados a la región&lt;,() .

Al observar la estacionalidad de la muerte en los distintos grupos de
edad r~salta el infantil, debido sin duda a la agudización del ritmo necrológico provocado por la diarrea estival. En el grupo de uno a once
el patrón se hace menos evidente pese a que en los más chicos también
actúa este mal. Esto se relaciona a una mortalidad que corresponde

En resumen, para fines del período considerado el componente de
migrantes recientes y sus descendientes constituían bastante más de la
mitad (quizás cerca de dos tercios) de la población regional. A comienzos del período su presencia, si bien visible, era aún poco significativa.
Ante esto, es inevitable preguntarse qué influencia tuvo el flujo migratorio en las transformaciones de los patrones de mortalidad.

�60

Siglo XIX

Los mejores estudios sobre la mortalidad en la Argentina han coincidido en señalar que la expectativa de vida era considerablemente superior entre los extranjeros que entre los nativos. Para la ciudad de
Buenos Aires, MÜller marca aproximadamente cinco años de diferencia en la expectativa de vida a los cinco años de edad en 1887, extendiéndose a siete años para 1895 y reduciéndose en los años posteriores61 . Somoza señala una diferencia de casi seis para los varones y
ocho para las mujeres en 1913-15, para todo el país62 •

...

Lamentablemente, los datos que disponemos no nos permiten intentar un cálculo similar para la región estudiada63 • Una aproximación mucho más rudimentaria sin embargo, sugiere un diferencial en
el mismo sentido. En efecto, hemos comparado el porcentaje de participación de la población extranjera mayor de catorce años en el total
poblacional y en el total obituario, con los siguientes resultados64 •
En 1869 los extranjeros conformaban el 32.9% de la población masculina de quince y más años, en tanto que representaban sólo el 18.2%
de los decesos de ese mismo grupo de edad. En 1881, los valores respectivos eran del 48.6% y el 28.4% y en 1895 59.5% y 39.4%. Lo mismo puede observarse respecto de la población femenina. En tanto que
un 14.1 OJo de las mujeres mayores de 14 años eran extranjeras en 1869,
estas constituyen sólo un 4.54% de los decesos. Las cifras de fallecimientos femeninos extranjeros correspondientes a 1881 son demasiado exiguas para efectuar una comparación significativa, pero tienden
a confirmar, incluso de manera demasiado exagerada, la misma tendencia. Para 1895 los guarismos señalan un 38.4% de mujeres extranjeras adultas que constituían sólo el 12.2% de la mortalidad de ese
grupo.
En realidad todos estos porcentajes resultan poco confiables por
lo reducido de los valores implícitos (en especial los femeninos) pero
la consistencia de los resultados permite suponer que indican un fenómeno real65 • La cifra de los tres censos sugiere que entre los varones
la diferencia de mortalidad era favorable a los extranjeros en relación
1:1.75; y entre las mujeres mayor aún.
Obviamente, pese a la exclusión de los menores de quince años,
los resultados pueden reflejar tanto diferencias reales en la mortalidad,
como diferencias en la estructura de edades en la población nativa y
extranjera. Para 1869 no disponemos de la estructura de edades de la
población por origen. De la observación de la pirámide de 1881 surge
una concentración de extranjeros en las edades de menor riesgo, y una
presencia menor en las más avanzadas, lo que podría explicar parte

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

61

de la diferencia. En 1895, en cambio, la participación extranjera se halla mejor distribuida en todos los grupos de edad, siendo su presencia
muy importante en los de mortalidad creciente (70% de varones entre
51 y 60 años, 53% entre 61 y 70; 50% y 40% respectivamente entre
las mujeres), lo cual no sólo otorga mayor confiabilidad a los datos,
sino que tiende a confirmar la sobrevida de los inmigrantes.
Sabemos además que la mortalidad infantil era marcadamente menor entre los hijos de extranjeros que entre los descendientes de
nativos66 ¿Son estos fenómenos producto de una inserción socio67
ocupacional distinta entre nativos y extranjeros, de diferentes pautas
culturales, o es más bien el resultado de trayectorias vitales diferentes
o de la "selección natural" provocada por el proceso inmigratorio?
Difícil es saberlo. Lo que parece en cambio evidente es que el aumento
de la población extranjera debió jugar un papel importante en la reducción general de la mortalidad.
Esto nos remite a las preguntas anteriores: ¿se debió al hecho mismo de ser extranjeros, o al papel que jugaron en el proceso de conformación de la sociedad local? En cierta medida esto equivale a preguntarse si esta influencia se debió a un traslado de pautas demográficas
desde su país de origen, o a la conformación de pautas nuevas según
su inserción en la sociedad receptora.
Una primera aproximación al tema nos lleva a comparar la mortalidad local con la de los principales países de emigración. Somoza Y
MÜller han efectuado algunas comparaciones a escala nacional con Italia, llegando a la conclusión de que recién en la primera dé~da de este
siglo las esperanzas de vida (eo) en la Argentina alcanzan, e mcluso superan, las de la península mediterránea68 • Esta comparación es sin embargo problemática dadas las desigualdades regionales en uno Y otro
ámbito. Al respecto es necesario hacer notar que si bien éstas eran marcadas en Italia, lo eran mucho más aún en la Argentina, y que la inserción de inmigrantes se produjo en su enorme mayoría en áreas más avanzadas del país. Por otro lado, durante el período que nos interesa hubo muy claro predominio en la emigración a la Argentina de las áreas
de menor mortalidad en Italia.

M.C. Caccopardo y J.L. Moreno también compararon la esperanza
de vida en Italia y Argentina, utilizando para ésta última los mismos
datos de Somoza y Müller, pero en este caso con mayor preocupación
por la cuestión regional italiana. Tomando la esperanza de vida a los
quince años (e 15, por ser la edad en que comienzan a insertarse los
inmigrantes en la sociedad local), llegan a la conclusión de que las condiciones fueron consistentemente más favorables en Italia hasta la dé-

�62

SigloXIX

cada de 1930, o en todo caso que en el mejor período argentino no
existieron mayores diferencias. Cotejando en cambio la T.B.M. se observa una situación inversa: esto se debe en parte a una estructura de
edad mucho más favorable en el Río de la Plata, pero también a una
mortalidad infantil inferior69 •
Como se observa, la situación es muy compleja. Los resultados varían muy significativamente según sea el indicado utilizado (ei; e 15;
T.B.M.; M.I., etcétera.) o en el área comparada. Para peor no siempre disponemos de la información necesaria, especialmente para el caso argentino donde los estudios de demografía histórica se hallan aún
poco avanzados7º.
No es este el lugar para intentar una revisión cuidadosa del problema. Nos limitaremos, por lo tanto, a efectuar algunas consideraciones generales sobre la relación entre los indicadores observados por
nosotros en el área estudiada y los de ciertas zonas de emigración, al
solo efecto de plantear algunas hipótesis interpretativas generales sobre la evolución de Tandil71 •

1

i

i
-1

Los datos de 1869 son taxativos. La sitúación del Tandil fronterizo no era superior (y quizás incluso era inferior) que las de las regiones
más atrasadas de España, sin duda el país de mayor mortalidad de los
que aportaron contingentes importantes de inmigrantes. Los indicadores
se corresponden más bien a regiones atrasadas de Europa en el siglo
?(VJII. Sólo la mo_rt~idad infantil parece ser menor a la espafiola e
1t~~na, lo que quizas se deba a ciertas condiciones sociales; pero es
dificil estar seguro dado el subregistro existente en la campafia de Tandil.
E~ _los años posteri~res las tr~sfo~acione_s en esta región fueron
dramat1cas. Italia part1a de una s1tuac1on considerablemente mejor a
mediados ~el ,siglo ,x1x,. y ~m!'ié~ estaba atravesando un proceso de
n?table meJona. Aun as1 vanos mdicadores sugieren que para 1881 Tandil había alcanzado una situación similar o superior incluso a las mejores regiones de la península.
En otra península europea, Espafia, el período 1850-85, surcado
po~ ham!'runas (1~57 y 68) y epidemias de cólera (1855, 65 y 85), no
trajo mejoras sensibles, por lo que a fines del mismo su situación era
claramente des~avorable respecto de Tandil (y, hasta donde sabemos,
d_e toda Argentma). Y pese a que entre la década del 80 y fin de siglo
s1 hu~o una mejoría notable, la situación de Espafia, salvo quizás en
el Pa1s Vasco (sobre el que, por otro lado, no disponemos de datos
precisos), seguía siendo notoriamente inferior a la Argentina.

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de 8s. Aires

63

Italia, en cambio, continuó con su rápido proceso de ascenso, en
tanto que Tandil, afectado por el ciclo epidémico 1886-91, no avanzó
en la misma proporción que en el período anterior. Hacia fines de siglo las expectativas de vida al nacer en Tandil parecen ser similares al
promedio italiano y, por ende algo inferiores a las regiones más avanzadas (Veneto, Liguria), similares·a las intermedias (Piamonte, Italia
Central) y superiores a las de Italia Meridional. La mortalidad infantil, en cambio, parece seguir siendo inferior en el sur bonaerense.
Finalmente, Francia se halla en una situación extremadamente superior a mediados de siglo: salvo excepciones, las diferencias regionales parecen menores y si bien continuará mejorando hasta fin de siglo,
para entonces las diferencias se hacen mucho menos marcadas. Más
aún, en lo que a mortalidad infantil se refiere, la situación de Tandil
parece muy similar a la media francesa hacia fines de siglo (precisamente el período de información más confiable).

En sintesis: Tandil parte de una situación en general inferior a las regiones de emigración, pero ya para 1881 esta situación se ha revertido,
y a partir de entonces se produce un avance paralelo (aunque a distinto
ritmo) que tenderá a borrar las diferencias.
Persisten, sin embargo, fuertes peculiaridades, tales como una mortalidad infantil relativamente menor en Argentina, y una mayor mortalidad adulta. Cabría preguntarse si entre los inmigrantes la mortalidad de Tandil fue similar en las distintas nacionalidades, pero lamentablemente poco podemos señalar al respecto. La comparación de los
porcentajes de participación en la población inmigrante y en la mortalidad señalan una menor participación en la última parte de los italianos, los españoles con una intermedia, y sorprendentemente, los franceses y europeos del norte exhiben la más alta. Pero esto parece reflejar más los ritmos de llegada de la inmigración y su estructura de edad
que diferencias reales en las pautas necrológicas. Si algo puede deducirse de estos datos (lo que es dudoso), es que no parece existir una
correspondencia marcada entre la mortalidad en el país de origen y las
diferencias en el país de inserción.
Así las cosas, es difícil saber hasta qué punto existió una traslación de patrones de mortalidad por los inmigrantes, y hasta qué punto
éstos se amoldaron a una sociedad que estaba cambiando los suyos,
en parte como consecuencia de su propia llegada. Las diferencias en
el ritmo del cambio -el que, por otro lado, tampoco corresponde en
Tandil totalmente con el de la llegada de los inmigrantes-, en la es-

�64

Siglo XIX

Alvarez y Míguez: Mortalidad ea la provincia de Bs. Aires

tructura por edad y por causas y en el ritmo estacional, sugieren que
la evolución de los patrones de mortalidad en la sociedad receptora tuvo más que ver con su propia dinámica que con el simple traslado de
patrones europeos. Y que, por lo mismo la influencia en este proceso
de los inmigrantes se produjo por mecanismos más complejos.
La llegada de estos contingentes humanos influyó sobre el cambio
de patrones culturales y contribuyó al crecimiento económico. Por otro
lado, se adaptaron a una sociedad de relativa abundancia, o al menos
de menor escasez; a un mercado laboral con brutales exigencias que
tentaba con la perspectiva de ahorro y ascenso social, pero que cobraba a cambio -y sin seguridad de recompensas- un enorme desgaste;
quizás a un mejor cuidado de los hijos, facilitado por madres que en
general no tenían que hacer frente a las duras tareas campesinas, (los
niños no estaban sometidos al hacinamiento de la Europa en industrialización, y eran promesa de un futuro que parecía más abierto).
Todos estos factores articulaban una nueva realidad que, aunque
compartía con otras regiones la tendencia general de su evolución, remarcaba sus propias características. La rt-ducción de la mortalidad, tan
notable en la zona durante el período estudiado, en la que confluyen
un sinnúmero de factores sociales, económicos y poblacionales, forma
parte del proceso mismo de surgimiento de una nueva sociedad en un
territorio, también, nuevo.

65

4. En los trabajos mencionados en la nota anterior se describe en mayor detalle este
proceso, remarcando la utilidad del concepto de "frontera"~~ que.~acem~s referencia en el título), para comprender el proceso: frontera f1s1co-militar pnmero,
frontera económica (ocupación de nuevas tierras) luego, finalmente frontera de productividad (modernización tecnológica).
5. En los enormes espacios abiertos, sin cercos y poco poblados de la frontera s~r,
a la que perteneció Tandil por lo menos hasta la década de 1860, ~l ganado a~n
valía poco y casi exclusivamente por su cuero. En general no se c~ns1d~raba delito
el carnear ajeno, si era para comer y se entregaba el cuero~ pr~p1etano._ Ver relatos al respecto en W. Me Cano, Viaje a caballo por las provmc1as argeau~~s, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1969 (primera edición i~glesa de 1853); tamb1en J.~.
Suarez García (comerciante gallego llegado a Tandil e~ ~860'. e~ cuyas n:iem~nas
se inspira la frase del texto), Apuntes autobiográficos, ~crón lirni~da de cien eJemplares, 1943; y J. Fugl, Abriendo surcos, Buenos Aires, Altanura, 1972.

6. Sobre el carácter heterodoxo de la transición demográ_~ca argentina: ;er E. Pantelides, op. cit.; también E. Míguez, "Migraciones, familia y repoblac1on del sudeste
bonaerense a fines del siglo XIX", ponencia presentada en el LIV Congreso Internacional de Americanistas, Amsterdam, 1988.
7. Véase el artículo de H. Perez Brignoli, incluido en este mismo volumen.
8. En esta versión del trabajo hemos eliminado por razones de espacio casi t'?&lt;1a referencia a la mortalidad diferencial por sexo, tanto en cuanto a la mortalidad por
edad, esperanza de vida, como a las demás áreas estu~adas; ~í como los difere~ciales por estado civil. Estos temas pueden verse en De la vida Y la muerte. .. •
9. M. Müller, La mortalidad ea la Argentina, Buenos Aires, CENEP, 1978 p. 5.

10.

z. Recchini, La población de Buenos Aires, Buenos Aires,

ITDT, 1971, p. 71.

11. [bid., y Müller, La mortalidad en la Argentina.
NOTAS
l. J.L. Somoza, La monalidad en la Argentina entre 1869 y 1960, Buenos Aires, ITDT,
1971; M.S. Müller, La monalidad en Buenos Aires entre 1855 y 1960, Buenos Aires,
ITDT, 1974; Edit A. Pantelides, "La transición demográfica argentina: un modelo no ortodoxo", en Desarrollo Económico, 88, enero-marzo 1983. Una revisión
más amplia de la bibliografía sobre el tema en M.S. Müller, "Bibliografía para
el estudio de la p0blación argentina", en [bid., 48, 1973. Un encuadre clásico del
caso argentino en el marco latinoamericano, en l". Sanchez Albornoz, La población de América Latina, Madrid, Alianza, 1977.

2. Somoza, op. cit., p p. 19 y 28; Müller, "La mortalidad.... ", p p. 11, 17 y 19.
3. Más detalles sobre las fuentes y su utilización en "De la vida y la muerte... "; ver
también "Población e historia social. Notas teórico metodológicas para el estudio
de una sociedad de frontera: Tandil (Buenos Aires), 1854-1895", ponencia presentada en el Encuentro Internacional Sobre Cuantificación en la Investigación Histórica, Florianápolis, Universidad Federal de Santa Catalina, Brasil, 1984.

12. E. Kern, La mortalidad en la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Facultad de
Ciencias Económicas, 1948, p. 71.
13. El Eco del Tandil (en adelante Eco). Hemos revisado la colección_a_ panir d_e su
aparición en 1882, encontrando frecuentes denuncias sobre la condición Ycalidad
de los alimentos, que el periódico vincula, sobre todo en verano, a problemas de
salud. El diario también refleja la preocupación municipal sobre el tema, que se
tradujo en una serie de medidas sanitarias.

14. Esto es así porque con " ... un aumento del 50070 de los deceso~ _d e un afio dete~inado no puede ser equilibrado por la capacidad de recuperac1on de la generación
nacida en el año de la crisis; en tanto que una multiplicación por cuatro de las m~ertes
no puede ser compensada por la capacidad de recupera~!ón
las l ~ generaciones
que, al momento de la crisis, tenían menos de 15 años. , L1v1 Bacc1 Y Del Panta,
op. cit., p. 405 (trad. de E.M.)

?~

15. El pico de viruela de 1871 estuvo totalmente contenido en ~e afio: con su epicentro
en agosto, aunque se repitió al año siguiente con menor mtens1dad.

�66

16. G. C. Holland, The vital Statistics of Sheffield (1893), capítulo 8; citado por E.P.
Thompson, TheMakingoftheEnglish WorkingC/ass, Middlesex, Penguin, 1963,
p. 360 (traducción nuestra).
17. Ambos citados por Jacinto Velázquez en La Argentina Médica, Buenos Aires, 1902,
p. 19.
18. Cándido González, Etiología y Profilaxis del Tétano Infantil, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1888.
19. Citado por Ernesto Vivanco en Un héroe cívil: Carlos J. Furst. La vida de un médico danés al través de veinticinco años de historia argentina, Buenos Aires, 1959,
p. 140.
20. E. Caselli, La enfermedad de los lactantes en la provincia de Buenos Aires, La Pla-

ta, 1902, p. 58.
21. Eco, 18-XU-83.
22. Laureano Araya: Estudios de los casos de mortalidad en la primera infancia, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1882, p. 35.

38. Femando AJvarez, en La viruela y la vacuna, Buenos Aires, 1915.
39. AJvarez, op. cit.; Emilio R. Coni, Apuntes sobre estadistica mortuoria, s/edit., s/f.;
Cuñado, op. cit.; L. Rufino, Observaciones estadísticas sobre la viruela, Buenos
Aires, 188 l.
40. Eco, 14-IX-84, 13 y 19-XII-86, 24-VIl-87, etcétera.

41. Eco, 25-IX-87 y 19-IV-91.
42. Jbid., 24-V-91 y 14-Vlll-88.
43. Coni, op. cit.; Adrián Viale: Estudios sobre la morlalidad ocurrida en Buenos Aires
durante e/ año 1880, tesis de la Facultad de Medicina, UBA, 1882, p. 58; Kem,
op. cit. (e.l documento data de la década de 1880).
44. D. Lizarralde, "Tandil, condiciones higiénicas. Patología.", en Carlos A . Grau,
La sanidad en las ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires, Eva Perón,
Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1954, p. 258.

23. Enrique Day: De la mortalidad de los recién nacidos, Buenos Aires, Facultad de
Medicina, UBA, 1895, p. 92.
24. O. Fontana, Tandil en la historia, Tandil, Talleres Gráficos Di Tulio, Í943, s/n.

46. Eco, 26-VIII-83.

25. Eco, 29-11-83, 14-IX-84 y 6-V-87.

47. Eco, 26-11-86.

26. /bid., 6-VII-90.

31. Esto ~os _h~ permitido corroborar la información de los registros parroquiales y
la penodísuca, constatando su total coincidencia.

48. No presentamos los valores medios precisos porque tal exactitud sería ilusoria dado que los datos no son plenamente confiables. Debe tenerse en cuenta que hasta
la instalación del Registro Civil, los nacimientos son tomados de los registros de
bautismos. Con frecuencia éstos se apartan varios meses, e incluso años del nacimiento. Existieron sin duda muchos casos particularmente en la campaña, de niños que no llegaron a ser bautizados, y por lo tanto no figuran ni su nacimiento
ni su defunción. Si, sólo como ejemplo, suponemos veinte casos anuales de este
tipo en la década del 60, tendríamos una mortalidad infantil del 220 0/00, lo que
parece más probable. Al avanzar el período, el fenómeno debió disminuir, ya que
los bautizos tardíos se hicieron menos frecuentes, y con la mayor densidad de población rural se intensificó el control social de la Iglesia y el Estado, lo que hace
menos probable la abundancia de estas muertes "clandestinas".

32. Eco, 30-IIl-87.

49. Recchíni, op. cit., p. 73; Müller, La mortalidad en Buenos Aires...

33. Eco, 12-VIII-86.

50. Berenguer, op. cit., p. 72.

34. Vacuna y vacunación obligatoria, Buenos Aires, p. 60.

51. Berenguer, op. cit., p p. 61-63.

35. Eco, 24-VIl-84, 18-XI y 13-XIl-85.

52. M. Aberastury: La mortalidad de la primera infancia en Buenos Aires durante el
año 1889, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1890, p p. 16 y 40.

•
!

28. Ver Fontana, op. cit.

l

29. Eco, septiembre y noviembre de 1884.

~

-i

67

45. Sobre "Tata Dios" ver H. Nario, Tata Dios, Mesías de la última montonera, Buenos Aires, Plus Ultra, 1976. También E. Miguez "Política, participación, poder.
Los inmigrantes en las tierras nuevas de la provincia de Buenos Aires en la segunda
mitad del siglo XIX.", Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, 1987.

27. /bid., 4-VII-86.

.

A/varez y Míguez: Mortalidad en /a provincia de Bs. Aires

Siglo XIX

30. Eco, 12-VIII y 20-XII-85; 29 y 31-XIl-86.

36. Eco, 17-IV-87.
37. Ver, por ejemplo, Eco, 27-IV-90.

53. A. Lopez Córdoba, La lucha contra la mortalidad infantil, Buenos Aires, Facultad de Medicina, UBA, 1908, p. 47.

�68

SigloXJX

54. Berenguer, op. cit., p. 47; Perez Moreda, op. cit., p. 148.

55. Berenguer, op. cit., p. 43.
56. Sobre estos puntos ver N. Sanchez Albornoz, "La modernización demográfica. La
transformación del ciclo vital anual, 1863-1960", en su Jalones de la modernización de España, Barcelona, Aliel, 1975; también PerezMoreda, op. cit., p ;&gt;. 203-217.
57. Coni, op. cit., p. 29; Viale, op. cit., passim. Tandil posee un clima templado con
un verano menos caluroso que Buenos Aires (la media estival ronda en los 20 grados), y un invierno más frío (entre mayo y septiembre la media ronda los 8 grados).
58. Eco, l-III-91.
59. Debemos agradacer a G. Velázquez, que estudia con el apoyo de una beca del CONICET el componamiento demográfico de esta región posterior a 1914, los datos
referentes a ese período.
60. Sobre estos fenómenos ver E. Míguez, "Migraciones, familia ... ".
61. La mortalidad en Buenos Aires... , p. 32. Se toma la población a partir de cinco
años por los reducidos números de migrantes menores de esa edad.
62. Op. cit., p. 32. Hay que tomar, sin embargo, estas cifras con sumo cuidado ya que
al tomar al conjunto nacional reflejan no sólo las desigualdades según origen sino
también las regionales, ya que la mayor parte de los extranjeros vivían en zonas
de menor mortalidad.
63. Esto porque los valores absolutos de mortalidad por grupo de edad, desagregando
nativos de extranjeros, son demasiado bajos para producir resultados mínimamente confiables.
64. Excluimos a los menores de quince años ya que dada la alta mortalidad infantil
y la casi nula participación extranjera en este grupo de edad, su inclusión hubiera
distorsionado mucho los resultados.
65. Los valores de mortalidad utilizados para los años censales surgen del promedio
de cinco años, _el del censo más los dos anteriores y posteriores, para dar mayor
consistencia a la comparación.
66. Miguez, "Migraciones, familia ... ".
67. Sobre la desigual inserción ocupacional, ver N. Alvarez, E. Míguez y equipo Población y Sociedad, "La estructura socio-ocupacional de Tandil, 1869-1895 ", ponencia presentada a las VI Jornadas de Historia Económica, Vaquerías, Córdoba,
1984. También Míguez, "Política, participación, poder. Los inmigrantes en las tierras
nuevas de la Provincia de Buenos Aires en ta segunda mitad del siglo XIX", Estudios Migratorios Latinoamericanos, 6-7, 1987.
68. Somoza, op. cit., p p. 149-153, Müller, La monalidad en Buenos Aires, p p. 10-18.
69. Caccopardo y Moreno, "Características regionales, demográficas y ocupacionales
de la inmigración italiana a la Argentina (1880-1930)", en F. Devoto y G. Rosoli,
La inmigración italiana en la Argentina, Buenos Aires, Biblos, 1985, p-p. 77-80;

Alvarez y Míguez: Mortalidad en la provincia de Bs. Aires

69

sobre la mortalidad infantil italiana ver G. Caselli, "Mo~t~ e s~pravvi~e~ in
Italia dall'unita agli anni 30", en Asociación de Demograf1a H1stónca-S~1eta_ It~liana di Demografía Stórica, I Congrés Hispano Luso Italiá de Demograf1a H1storica, Barcelona, 22-25 de abril de 1987.
70. Para señalar sólo un ejemplo, Moreno y Caccopardo debieron conformar~e ~on
cifras de eo 15 sólo para la Capital y para el promedio nacional, por ser las urucas
disponibles para el período anterior a 1913-15. Hay_ buenas. razo~.es par~. supon~r
que en las provincias litorales (incluyendo Buenos Aires) la s1tuac1on deb10 ser mas
favorable que en los ámbitos señalados.
71. Los datos sobre la evolución italiana y española fueron mayormente tomados de
las ponencias presentadas en el mencionado congreso de Barcelon~ de 1987, espe:
cialmente la ya citada de Caselli y la de Lucía Pozzi, "Fattori ambientan, progres1
medid et evolucione delle cause di morte nelle regioni italiane fra la fine del XIX
e i primi decenni dal XX secolo". También Perez Moreda, op. cit.; M. Livi Bacci,
"Fertility and Nuptiality Changes in Spain from the Late 18th to the _Early 20th
Century", en Population Studies, XXII, 1968, 1 y 2; y Del Panta, op. cit.; N. Sanchez Albornoz, España hace un siglo, una economía dual, Barcelona, 1968, caps.
2 y 3; además de los datos citados por Somoza, Müller y Caccopardo Y ~oreno.
Para Francia nos limitamos a los conocidos datos retomados por E.A. Wngley en
Historia y Población, Barcelona, Crítica, 1985 (original e-n inglés, 1969).

�Café, Ferrocarriles y Población.
El Proceso de Urbanización
en Río Claro, Brasil

Daniel J. Hogan *
María Coleta F.A. de Oliveira *
John Marion Sydenstricker Neto *

l. INTRODUCCION

t

i

1
.f

La evolución de la red urbana del interior paulista, que se remonta a
los primeros días de la colonización del país, recibió su impulso definitivo en el siglo XIX. La configuración de esta red de ciudades preexiste a la economía cafetalera: se remonta al ciclo azucarero. Aunque
el desarrollo del cultivo del café condujo a la consolidación y expansión de la urbanización paulista, permanecen como objeto de polémica, entre los especialistas, los mecanismos responsables de dicho proceso. Cuna de la industrialización brasilera, esta región y su experiencia de urbanización nos brindan la oportunidad de reexaminar tanto
la teoría de la urbanización, como las transformaciones sociales, económicas y demográficas que marcaron al país a fines del siglo pasado
y a principios del XX.
Por un lado, las características de esta red urbana no confirman
algunos lugares comunes sobre la urbanización en el Tercer Mundo.
El crecimiento de la capital paulista, por ejemplo, nunca impidió la
expansión urbana del interior y, en el momento del primer censo na-

• Nucleos de Estudos de Popula~o (NEPO), Universidad Estadual de Campinas (Sao
Paulo, Brasil). El presente trabajo es resultado de un amplio proyecto de investigación llevado adelante por NEPO, referido a la transición demográfica en Sao Paulo
Y financiado por la fundación SEADE, FINEP y CNPQ. El período cafetalero
(1850-1930) representa el primero de los estudiados en el proyecto mayor. Sobre éste
y otros períodos ver Oliveira (1985) y Sydenstricker et al (1985). Traducción: María
Teresa Fantini.

�72

Siglo XIX

cional, San Pablo y Campinas casi se igualaban demográficamente.
C¿iando la capital adquiere "primacía urbana", una amplia y diferenciada red urbana ya se encontraba instalada en el estado. El gigantismo.de Sao !'abl?, hasta en escala internacional, no impidió la urbanización del mtenor a lo largo del último siglo.
. Por otra parte el hecho de que la urbanización emergiera fortalecida por la economía cafetalera no significó que el perfil de las ciudades estuviera marcado sólo por los servicios financieros y comerciales
generad?s por el café. Por el contrario, indicadores de las actividades
~nómicas pr~ntes en los principales centros urbanos del interior pauli~ta~ en _el penodo cafetalero, sugieren que la urbanización y )a industrialización marcharon juntas, y que la experiencia paulista contradice
la difundida ~eneralizac~ó!l de urbanización sin industrialización, típica de los pa1ses de Amenca Latina.
. Esta urbanización estuvo revestida de importancia e interés especiales. Ya fuese desde la perspectiva de la teoría de la urbanización
como de la comprensión del papel de la ciudad en las transformado:
nes. económi~ .Y demo~áfi~as de Sao Pablo en el siglo XIX, es necesano reconstitwr esta histona. El análisis de la urbanización sin embar_go_, es característicamente condu~ido a un nivel de agregación que
casi sie~p~e revela un proceso contmuo, de mayor o menor intensidad, comcidente o no con la evolución de otros procesos sociales y econ.~micos, pero siempre repstraodo aumentos en la tasa de urbaniza~ion. E~ "natur~ción" del proceso nos permite ver y evaluar )a
mfluenc1a de las diversas fuerzas que contribuyen al crecimiento urbano. En el ~so del interior paulista, por ejemplo, el impacto del café
Y de la asociada expansión ferroviaria tiende a ser evaluado mecánicam~nte. Ello fue r~ultado, por lo menos en parte, de una historiografia que en el penodo tomaba lo urbano como residual. Por todas
~tas ~azo_nes, el estudio de caso se presenta como una estrategia de
mvestigació~ capaz de poner al descubierto las raíces del crecimiento
urbano pauhsta.
~s datos e interpretaciones contenidos en este trabajo son fruto
precisamente, de esa estrategia de investigación. Buscando reconstruk
I~s proc~o~ demográficamente significativos entre 1850 y Ja grao crisis ~ononuca _del 29, el _municipio de Río Claro fue seleccionado en
f~~ión de su 1mportaoc1a como productor de café (tercero -en Ja provmcia de San Pablo en 1886) y como centro ferroviario. Además de
estos factor~, se es~~aba que la multiplicidad de estudios existentes
s?b~e la r~1on penrutlera una profundización de los mecanismos más
s1gruficat1vos. A estos estudios se agregaron una serie de fuentes nue-

Hogan _ C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

73

vas, especialmente anuarios y crónicas de la época con riquísimas informaciones sobre la vida urbana.
La estrategia adoptada se mostró adecuada: si bien no para tod~
las cuestiones de interés, sí al menos lo fue en lo que res~ta ~ crecimiento urbano en el período cafetalero. A partir ~e la histona de la
evolución del núcleo urbano de Río Claro, los mecamsmos por lo~ cuales
se relacionan café, rieles y ciudad son revalorizados. Se cuestiona la
línea explicativa que atribuye a la vía férrea e_l papel ~e _motor de l3i
ubanización, al mismo tiempo que son redefimdos el tJmm~ d~l crecimiento urbano y el papel del mercado interno en ese crecmuento.
II. LOS ORIGENES DEL ASENTAMIENTQ EN LA REGION:
RIO CLARO COMO "BOCA DE SERTAO" (1739-1835)
Río Claro, con origen semejante a una gama de embrio~es urb~~~s
en la región, se desarrolló en el borde interno de la depresión penfenca paulista a partir de caminos transversales que comenzaban en Carnpinas Itú ; Sorocaba. Esos pequeños lugares eran pobl~ciones a la vera dei camino, levantados en las últimas décadas del siglo XVII Y la
primera del xvm. Estas rutas iban en dirección a las nuevas áreas de
poblamiento: la meseta del Oeste y las tierras del Mato Grosso.
El descubrimiento de OIO en el Mato Grosso, en 1718, aceleró la
ocupación del área donde nacería Río Claro. El camino inicial par~
el Mato Grosso iba por el Río Tiete hasta la cuenca del Paraná. Evttaodo los riesgos de contaminación por las fiebres de los pant~nos, las
caravanas marchaban por tierra, desde Piracicaba, por un cammo muy
difícil debido a sus pronunciadas irregularidades. Entre 1719 Y 1727
se abrió una ruta en un área más suave y baja, abandonada luego Y
reabierta sólo entre 1765 y 1775. Ribeirao Claro era lugar de posta para el descanso de Jas mulas, antes de comenzar la subida. Con el tiempo, algunos arrieros se convirtieron en ~.ueños negoci~tes. Tras s~plantar las tropillas, iniciaron un comercio rrregular de art!culo~ de pnmera necesidad que sirvió por muchos años a una población dispersa.
Esta región en esa época era boca de sertao: más adel~te, en la ~eseta, comenzaba lo que se consideraba realmente el desierto, o sertao de
Araraquara.
'
La ocupación incipiente de la región de Sao Joao da Beira do Ribeirao Claro situada en los desiertos de Morro Azul, tuvo probablemente su m~co de iniciación en 1729-1732, cuando las Sesmarías YPatentes registraron la donación de una sesmaría en esta área a Francisco

�74

Siglo XIX

Pereira de Carvalho. Pero hasta el comienzo del siglo XIX Río Claro
todavía estaba deshabitado, como lo demuestran los diversos oficios
~u~ la caracterizaban como "habitación exclusiva de las fieras sin vest1~os de suerte hu_mana" (Diniz, 1973:p. 169). La etapa más representativa del poblamiento de esta región recién ocurrió de 1817 a 1821.
En e~te lapso se intensificaron las concesiones de sesmarías, antes que
ese sistema d_e, dona~iones se extinguiera en 1822. Las grandes fazend_as de la reg1on tuvieron origen en la división de las antiguas sesmanas: ~ue el caso de la del Morro Azul, desmembrada en las fazendas
de Ib1caba, Morro Azul, Santa Gertrudis y Paraguazú.
H'.18ta 1850 el único título de posesión de tierra válido venía de esas
donaciones de ~esmarías, efectuadas por el virrey o por el gobernador.
En general teman una superficie de una legua cuadrada (44 Km2) y
c?stab~~- en aquel momento de 300 a 400 mil réis por gastos de exped1ent~, 1mp?rte q~e. no estaba mucho más allá de la capacidad de un
colo~~do~. hbre, s1 el ya estuvi~se empeñado en algún tipo de cultivo
econom1co (Dean, 1977:p.8). Sm embargo, las donaciones beneficiaban con frecuencia a personas ricas y con influencia política en los poblados,_ lo que mostró ser una regla en Río Claro. De las diez sesmarías
concedidas, nueve pertenecían a la élite.

..,

1

l
i

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. . La p~opi~dad de la tierra estaba bastante concentrada. En la re~1on de P1rac1caba, donde se localizaba Río Claro, predominaba el cult1v~ de la caña: las mayores fazendas se dedicaban a ello al comenzar
el siglo XIX. ~ grandes fazendas poseían superficies medias en tomo
~ los 4 176 alque1res, 14.~% de las propiedades poseían 88.80/o de las
tierras en ~anto ~ue el 32.5% tenía sólo el 0.8%. La región de Morro
Azul se~ma el nusmo patrón: 5.6% de los propietarios sumaban más
de la nutad de las tierras, mientras que 460/o de ellos poseían apenas
2.6% de la superficie.
La d~isión de levantar una capilla (Capilla de San Juan Bautista)
en la r~g1~n de M?rro ~ul, a mediados de la década de 1820, llevó
a constlturr el pati:imomo de San Juan Bautista. Fue escogida un área
de 400 ?raza_s de tierra, en cuadrado, definida como "los terrenos en
los declives hndando con el corral de los Pereira y perteneciente a Ma~uel Alfonso Taborda y su suegro. Manuel Paes de Arruda". Posteno~mente fue do~ada por sus propietarios: los límites del patrimonio
cedido se exten~1an por. la actual avenida I, desde Ja calle 3 hasta la
calle 12, Ya ~artrr d~ al.U por las avenidas impares. El trazado de calles
desde el comienzo s1gmó el modelo utilizado en Piracicaba y Lº · .
· d
imerra.
en t a ble~o d e aJe r~z con calles casi paralelas en dirección de los puntos cardmales. Oficialmente la Capilla Curada de Río Claro fue cons-

Hogan _ C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

75

truida el 10 de junio de 1827: su primer capellán fue el padre Delfino
Barbosa. Río Claro pasó la feligresía el 9 de diciembre de _1830., cuando el núcleo urbano contaba con dos mil habitantes y poseia vemte casas de comercio.
Enmarcada en la urbanización de Río Ciar~ está la creaci~n d_e la
Sociedade Do Bem Comúm, en 1832. Dicha sociedad se co?stituyo en
una administración provisoria que durante siete años, aproXlllladame?te se ocupó de asuntos locales de la nueva ~oblación ~ue. el conseJo
m~nicipal de la sede del municipio (Constitución, ho! Prracicaba) d~cuidaba. Esa sociedad reunía a los más destacados cmd~danos ?e Río
Claro deliberando en asambleas generales, con resoluciones eJecutadas p¿r un mayordomo, un escribano y un procurador nombrados por
aclamación .
Luego de su organización, la sociedad di~i'!i~ _el área que sería el
centro del poblado, fijó el precio de los lotes e imct? su vent~. L~s fondos recaudados fueron utilizados para la construcción de la iglesia m~triz, que ftrmó su contrato a fmes de 1832. A medi~dos de 1833 la actividad de la sociedad disminuyó bastante, pero contm~ó en la con_st~cción de la matriz y en las cuestiones generales de la ciudad. Su última
sesión fue el 3 de enero de 1839. La disolución de la sociedad es desconocida, pero probablemente ~o de sus últimos actos fue el cierre del
cementerio en el centro de la cmdad y la apertura de una nueva etapa
de venta de lotes aún no trazados.
Por estar distante de los centros decisivos de la provincia, la sociedad asumió muchas veces funciones propias de las esferas del gobierno provincial o del poder judicial.. Pare~ que ~d~~~ de Río Claro,
solamente Limeira contó con semeJante tipo de 1IDc1at1va. Este h~ho
ya sugiere que Río Claro poseía en esta época (1830-40) un~ ?rg~ción social más sólida que la esperada de una poblac1on recién
constituida.
En cuanto a la actividad comercial, la clientela contaba en 1835
con sesenta residencias que desarrollaban actividades no agrícolas en
el centro del poblado: 23 en el comercio, 19 en la.co~trucción (~intería, principalmente) y quince en diversos ofic!os, mcluso una Joyería. Otros 34 se declaran joyeros, pagados por d1a, probablemente trabajando en la agricultura. Un secretario del Juez de Paz que funcio~aba como escribano público y el vicario completa~an el cuadro ~oci~.
Cinco de los anteriores declararon una renta supenor a los 200 mil réis,
siendo el más rico un comerciante que vendía telas y ganaba 500 mil

�76

SigloXJX

réis (Dean, 1977:pp.36-37). Según Dean, la actividad económica creció mucho en relación a 1822.
A partir del 8 de marzo de 1842, Río Claro pasó a estar subordinada al nuevo poblado de Limeira y no ya a Piracicaba. Río Claro fue
elevada a la categoría de villa el 7 de marzo de 1845, y a la de ciudad
el 30 de abril de 1857.

En esa época el café ya había entrado al municipio y comenzaba
a sustituir a la caña como principal producto. Mas, en una interpretación nada rara en los investigadores, el conglomerado urbano habría
sido entonces pequeño. Las razones apúntadas para las dimensiones
limitadas del núcleo han sido los precarios medios de transporte y la
autosuficiencia que caracterizaba a las fazendas de caña de azúcar y
de café de aquellos tiempos. Esos factores inviabilizaron el desarrollo
del comercio y de los servicios urbanos.
Diniz, por ejemplo, va en ésa dirección cuando afirma:
Río Claro, en esta lejana época de mediados del ochocientos, era poco más que un villorio sin vida propia, pues al estar rodeado de latifundios autárticos que se autoabastecían, no podían crecer su comercio, su industria, su artesanía, su burguesía: no había consumo para
lo que producían (1973: p.12).

Pero las informaciones sobre el período comprendido entre las décadas de 1840-70 son muy escasas. Los datos disponibles revelan que ocurrieron grandes modificaciones en el ámbito judicial y administrativo.
En diciembre de 1852 fue creado el distrito policial. Siete años después
Río CJaro pasó a ser la sede de la comarca, a través de ley provincial. En 1870 fue levantado un edificio para la cárcel, que en su segundo piso abrigaba el consejo municipal. En 1865 la ciudad tenía 466 casas y la escribanía del Registro General de Hipotecas sumaba 327 escrituras con un valor representado superior a 8 753 contos de réis.
Ocurrieron también algunos desmembramientos. En 1859 se formó el municipio de Brotas, que incluía una vasta región al oeste, abarcando un área delimitada por las actuales ciudades de Torrinha, Barra
Boníta, Bariri y Ribeirao Bonito. Descalvado, en el extremo norte de
Río Claro en 1857, fue desmembrado en 1865. Después de este período, con excepción del municipio de Analandia (formado en 1897 al sur
de Descalvado) sóJo ocurrieron desmembramientos en el siglo siguiente, a partir de 1935 (Itirapina, 1935; Santa Gertrudis y Corumbataí,
1948; y lpeúna, 1965) (Diniz, 1973: 16, mapa 2).

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

77

Río Claro permanecía, por lo tanto, como centro de una región
en la que haría sentir su influencia. Constituía el polo de la frontera
cafetalera. De hecho, basta aproximadamente el final de la década de
los 60, Río Claro era considerado el puesto más avanzado desde el punto
de vista de un poblamiento con bases relativamente estables. Esa condición estaba determinada fundamentalmente por las posibilidades de
acceso y de distribución de las zafras, que viabilizaban un mayor avance
de las fazendas de café hacia el interior.
III. RIO CLARO Y LA EXPANSION DE LA VIA FERREA

La construcción del ramal Santos - Jundiaí (1867) aseguró el avance
del café en el oeste paulista. En verdad, la frontera cafetalera estuvo
siempre por delante de la vía férrea que, el expandirse, satisfacía las
necesidades de los fazendeiros. De cualquier modo, la llegada de los
rieles tuvo por efecto la extensión de los limites económicos para el
transporte del café, al mismo tiempo que alteró la importancia relativa
de los núcleos urbanos preexistentes.
En 1872, el extremo del ferrocarril llegó a Campinas y, a pesar del
movimiento de los fazendeiros de Limeira y Río Claro para que avanzara más hacia el interior (ver Debes, 19 81, para un relato de esa actividad), solamente en 1873 el gobierno imperial autorizó a la provincia
la licitación de la obra. En 1874 se inició la construcción de la línea
por la Compañía Paulista de Vías Férreas y Fluviales, y concluida en
1876.

Al convertirse en punta de riel y permanecer en estas condiciones
basta 1884, Río Claro amplió su influencia sobre una vasta área: abarcaba el espacio comprendido entre las actuales ciudades de Torrinha
(al sur de Brotas), Jaú, Jaboticabal, Descalvado y Cordeiropolis (Diniz, 1973: 1970, mapa 7). En su condición de "terminal ferroviaria"
no sólo concentró toda la producción de las regiones interiores, sino
que reforzó su papel como centro de comercio para el abastecimiento
de las actividades que se desarrollaban en toda el área.
En la formación de la Compañía de Río Claro en 1882, que adquirió la concesión para la prolongación del ferrocarril más allá de Río
Claro, se manifiesta el grado de desenvolvimiento de la región y su poderío económico. Esa vía férrea fue la única construida hasta entonces
sin subvención del gobierno. La Compañía de Río Claro sucedió a la
Barao Do Pinhal &amp; Comp., que había obtenido la concesión para construir, usar y explotar durante cincuenta años una via férrea que, partiendo de Río Claro, llegara hasta Sao Carlos Do Pinhal. Su capital

�78

Siglo XIX

fue mayoritariamente aportado por los fazendeiros locales. En 1886,
año en que se terminó el ramal que desbordaba Río Claro, la compañía contaba con 254 accionistas. Cuatro grandes fazendeiros detentaban más el 50% del capital: el vizconde del Pinhal, el barón de Araraquara, el barón de Mello Oliveira y la vizcondesa de Río Claro.
Al transformarse en sede de una compañía ferroviaria, Río Claro
consolidó su influencia sobre el Sertaó y aprovechaba la posibilidad
de convertirse en un centro muy importante, en comparación con Piracicaba. El ferrocarril alcanzó San Carlos el 15 de octubre de 1884;
Araraquara el 18 de enero de 1885; Jaú el 19 de febrero de 1887 (Diniz, 1973: p. 165, mapa 6). Diniz ve en la extensión de los rieles el punto crucial para la retracción de Río Claro, ya que pasaba de punta de
riel a la condición de estación intermedia. Dean y Othake (después de
él) parecen ir en la misma dirección de Diniz, entendiendo el vaciamiento
de Río Claro como una etapa posterior a la dinamización impresa por
la llegada del ferrocarril.

...

.
La so~~evalo~ación de la importancia de esta verdad generó una
mterpretacion eqwvocada del proceso de urbanización. Se traza un perfil tal del crecimiento urbano que la proliferación de las actividades
urbanas y la explosión demográfica se dan como resultado de la llegada de los rieles a Río Claro en 1876 (trayendo vida al villorio aletargado). De esta manera, para simplificar, se escribe una historia de la ciudad pre y postferroviaria.
1

i
i

~
1

La interpretación se equivoca en ambas direcciones. Primero la
ciudad, a juzgar por los indicadores presentados hasta ese mome~to
no era tan insignificante como se creía. Como mostrará más adelant;
el análisis del Almanak de 1873 -tres años antes de la llegada del
ferrocarril- Río Claro poseía una notable y bien diferenciada insfraestructura que no podía ser atribuída a la llegada de los rieles.
La confrontación de las tasas de crecimiento de Río Claro en diversos momentos (cuadro 1) lleva a conclusiones semejantes. La etapa
que podría llamarse punta de riel, entre 1876 y 1884, presentó la tasa
menor (2.4% anual) en todo el siglo comprendido desde 1822 a 1920.
Tanto_en_el lapso anterior (1857-1872, con una tasa del 8.60Jo) como
en el s1gwente (1886-1890, con un 5.5%), se detecta una efervescencia
ausente en el momento en que Río Claro constituyó el más avanzado
punto del ferrocarril en la región.
~I impulso al crecimiento no se localiza, definitivamente alli. Los
análisis que se refieren a la autosuficiencia de las fazendas de caña de

Hogan . C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

79

azúcar y de café como factor inhibidor_ del d~arollo urbano padecen
de problemas semejantes. No solo fue la mclus1ón de m~ fazendas aut&lt;_&gt;suficientes en el radio de acceso de Río Claro, prop1C1ado por la VIa
férrea, lo que impulsaría su crecimiento.

CUADRO 1

POBLACION DE RlO CLARO {1882-1920)

Año

Total

1822
1835
1857
1872
1886
1890
1900
1920

1 514
2 906
6 564
15 035
20 133
24 584
38 426
58 262

Fuente: Dean, 1977 (cuadro 6.2).
AnaJandia.

Crecimiento
Anual%
6.5
6.0
8.6
2.4

5.5
5.6
2.6

1857 incluye Brotas; todos incluyen

Cerca de 1870, con el café ya implantado en la región, el efecto urbanizador del mismo ya comenzaba a sentirse a pesar de ser casi autosuficientes en alimentos, materiales para construcción, animales de tracción y algunos artefactos. Las fazendas no eran autónomas y _satisfacían algunas de sus necesidades en la ciudad. El algodón, por eJemplo:
aunque fuera tejido por esclavos, en esa época ya era com~n 1~ compra de productos ingleses por yardas. Por otro lado, la fabncac1ón de
ladrillos y materiales afines -localizada en las fazendas aprovechando los yacimientos de cal y arcilla- contaba con demanda para su expansión. Además de las alfarerías, las propiedades rurales poseían con
frecuencia molinos y aserraderos movidos a energía hi~áulica o a v~por, que proveían también a la ciudad. A su vez, la cmdad ab~tecia
algunos productos manufacturados, como arneses, carros, trabaJos de
carpintería y hierro fundido. Los pequeños productores _rurales eran
los principales abastecedores de la ~ame de cer~o consunuda e? las fazendas, pues raramente era producida en las nusmas. Les vendian tam-

�80

Siglo XIX

bién, con menos regularidad, maíz. Otros productos (como los tejidos
ingleses mencionados más arriba) eran importados. Vemos así una economía regional que, aunque volcada principalmente hacia el café, daba margen a la realización de una gama diferenciada de actividades
urbanas y a relaciones rural-urbanas sistemáticas.
La interpretación ferrocarrilera se apoya en datos de 1883 (siete
años después de la llegada de Tos rieles y un año antes de su expansión). En ese año la ciudad poseía un comercio bastante activo, con
34 almacenes generales, 24 ferreterías, 22 mercerías con ropa y sombreros, ocho zapaterías, dos orfebrerías y siete sastrerías. Contaba con
maquinarias para el cultivo de arroz y café, fábricas de cerveza y licores. Tenía servicios médicos y educativos, por lo que podía ser considerada como un centro cultural. Disponía de cinco médicos, dos dentistas, dos maestros de canto y piano, cuatro farmacias, seis colegios
particulares, seis sociedades recreativas, un teatro y dos periódicos (Diniz, 1973: p.171). En 1884 la Asamblea Legislativa Provincial autorizó
a la cámara municipal de Río Claro a contratar la construcción de una .
línea de bonds en el centro de la ciudad, cuando los trolis ya formaban
parte, hacía tiempo, del paisaje de Río Claro. Jolio Jacob Meyer, su
fabricante en Río Claro, había instalado su taller en 1854.
Pero el impacto de la vía férrea sobre la vida urbana de Río Claro
es visto en sus efectos contradictorios por los estudios realizados anteriormente. Dean presta atención al hecho que, si por un lado, ocurría
la modernización de las pautas de consumo y de servicios por "efectos
demostración" del desarrollo que se procesaba en la capital, por otro
lado había un achicamiento de las distancias, y los servicios postales
y telegráficos permitían que los grandes fazendeiros se mudaran hacia
la capital y, desde allí, administraran sus propiedades. En la ciudad
quedaban una clase media y un proletariado no muy diversificados que
influyeron y marcaron el paisaje urbano a través de la homogeneidad
en las edificaciones, que aún hoy se observa. "La política local quedó
abandonada en las manos de los boticarios, en los dueños de almacenes, escribanos y otras personas destacadas de la clase media local"
(Dean, 1977: 56).
Ese vaciamiento por lo tanto era de la elite cafetalera, y no tuvo
implicancias en el estancamiento de la ciudad. Eran "los grandes fazendeiros" que Dean apunta los que, trasladando su residencia a la
capital, acarreaban así cambios en la vida política y cultural de Río
Claro. Por lo lo tanto la contribución a la demanda de bienes y servicios representada por las fazendas no se alteró demasiado con la migración de sus dueños. Fue esa demanda la que determinó el crecimiento
de la ciudad, proceso que no fue interrumpido. Al contrario: el crecí-

Hogan • C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro

81

miento más lento del período punta de rieles (2.4% anual) fue inmediatamente seguido por la recuperación de altos niveles de crecimiento
(5.5%) en 1886-1890, cuando la ciudad pasó a ser una estación intermedia. El factor que parece haber impulsado su crecimiento fue justamente su carácter de centro ferroviario. Además de ser la residencia
de los trabajadores del ferrocarril, generando así una razonable demanda, se tomó también sede de los talleres de la Compañía Paulista de
Estrada de Ferro, con más de dos mil empleados en 1892.
La importancia del ferrocarril pareció tener implicaciones en esta
expansión del mercado de trabajo y en la consecuente demanda de bienes y servicios en la ciudad. Así, en el momento en que Río Claro dejó
de ser punta de riel, cuando la línea fue extendida hacia otras ciudades, es cuando aquella crece. Como sede ferro viaria, como residencia
de los empleados ferroviarios y, más tarde, en 1892, con los talleres
y sus dos mil obreros, Río Claro recibe su verdadero impulso. Estos
talleres debieron tener un efecto multiplicador, generando demandas
para otros servicios industriales y comerciales, que hicieron de la ci~
dad un centro regional industrial.
El desencuentro de los análisis sobre el efecto urbanizador de los
rieles se debe, entonces, a esa conclusión. Río Claro urbano crece y
se desarrolla por la presencia de un contingente de consumidores. Descartada así la explicación hinterland, deja de ser contradictoria la coincidencia constatada en esta investigación acerca o sobre la gran diferenciación de la estructura urbana anterior a la llegada de las vías. La
propia existencia de esa estructura refuerza y procura otras
explicaciones.
IV. EL ALMANAK DE 1873 Y EL TIMING
DEL CRECIMIENTO URBANO
El Almanak, una verdadera radiografía de la ciudad, identifica una
compleja estructura de actividades comerciales, industriales, culturales y sociales que revelan, ya en 1863, un centro bastante desarrollado.
El cuadro 2 presenta el número de establecimientos en funcionamiento en ese año. Se incluyen las actividades industriales de bienes de consumo personal, de materiales para construcción, de muebles, de metalurgia y mecánica, transporte y alimentos; de servicios de consumo personal, de esparcimiento, de comunicación y transporte. El sector de.
comercio incluía 127 establecimientos de los más variados productos.
Aunque algunas de las actividades relacionadas pueden represen-

�82

Siglo XIX

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

(Sigue cuadro 2)

CUADR02
ACTIVIDADES ECONOMICAS EN RIO CLARO (1873)

1.6

INDUSTRIA / ARTESANIA

1.1

Bienes de Consumo Personal
Sastre
Sombrerero
Costurero
Modista
Orfebre
Zapatero

-:

·'"
..
'1
1

1.2

33
15
05
07

II.

COMERCIO / SERVICIOS

Il.l

Servicios de Consumo Personal
Tintorero
Almidonadora
Relojero
Cigarrero
Barbero

11

1

'

1.4

Mobiliario
Mueblero
Colchonero
Ebanista
Tapicero

·1

1.5

01
01
01
01

Otros
Tonelero
Pirotécnico

Materiales de Construcción
Alfarería

.!

Industria de alimentos
Fábrica de licores
Fábrica de vinagre
Fábrica de cerveza
Refinación de azúcar

1.8

03
05

02
05

Construcción Civil
Carpintero y Maestro de Obras
Albañil y Maestro de Obras
Vidriero
Pintor

1.3

1.7

14
01
10
04
02
08

Transporte
Fábrica de Trolies
Talabartero

No. de Establecimientos
l.

83

Il.2

11
04
02
06

Metalurgia y Mecánica
Fábrica de Máquinas
Vías Férreas
Herrero
Fundidores de Hierro y Bronce
Hojalatero o Chapista
Calderero
Maquinista

04
07
05
04
05
05

Servicios de Recreación
Billares
Juegos de pelota
Fabricante de guitarras
Hoteles

11.3

01
04
01
04
02

01
03
02
04

Servicios de Comunicación I Transporte
Alquiladores o arrendatarios de viajes / carros
Conductores de Carrozas
Cocheras
EmpreSas de Transporte
Arrieros
Propietarios

08
12
07
06
04
06

�Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Río Claro
84

tar empleo sólo para un artesano, un examen de las categorías pone
en evidencia que muchas de ellas involucran más personas, mínimamente un ayudante.

(Sigue cuadro 2)

11.4

Comercio de productos alimenticios

Panadería
Confitería
Dulcería
Carnicería
Almacén de bebida, vajilla
Almacén de depósito de productos de la tierra
Depósito de azúcar
Depósito de harina de trigo
Depósito de sal

•. ..

11.5

• .,rw

1

i

11.6

04
04
03

09
63
08

06
01

09

18
08
05

PROPIEDAD URBANA EN RIO CLARO (1873)
01
03

06
02

04
04
08

04

Salud

~

Casas de Salud
II.7

CUADR03

04

;

i

Confiriendo a las actividades el nombre del artesano o propietario
para llegar a determinar el número de personas que realizaban
las múltiples actividades, se llega a un total de 269 personas diferentes.
Si se consideran sus familias, los empleados y sus respectivas familias,
una estimación conservadora daría una población de 1 500 personas
que vivían de actividades claramente urbanas. Esto representaba el 10%
de la poblacióq del municipio (15 000, según el primer censo, del año
anterior).

Comercio en general

Tienda de estancias
Ferreterías
Depósito de calzados
Depósito de Máquinas de costura
Y géneros americanos
Depósito de correas para máquinas
Farmacias
Depósito de sombreros
Depósifo de maderas
Depósito de suelas y cueros
Depósito de zinc, hierro, cobre, plomo, estaiio
Casa ~e Importación, Exportación Y comisiones
Depósito de cal

. •,'

85

Siglo XIX

03

Ofo
Propietarios con 1 inmueble
Propietarios con 2 inmuebles
Propietarios con 3 inmuebles
Propietarios con 4 inmuebles
Propietarios con 5 inmuebles
Propietarios con 6 inmuebles
Propietarios con 7 o más inmuebles

188

63

69

23
10

30
3
3

3
3 (1)

Total de propietarios (2)

298

Total de propiedades (3)

568

1
1
1
1

Otros

Abridor
Afinador de piano
Organizadores de fiestas y funerales
TOTAL GENERAL

01
01

03
430

(1) Incluido el senador Vergueiro que había vendido recientemente seis o siete
manzanas, donde se levantaron más de veinte casas.
(2) Además de los 298 propietarios nombrados, hay más de 90 "cuyos nombres no se pudo obtener" y un número descontado de "otros".
(3) lncluídos los 90 sin especificación del nombre del propietario.
Fuente: Almanak de Sao Jiio do Rio Claro para 1873

.
Jos:~r:.:!aª f!~/rgaruzado
por Tho-

Fuente: Almanak de Siio Jofio do Rio Cl
maz Carlos Molina y publicado por

�86

Siglo XIX

Hogan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

l Un segundo elemento que permite visualizar cuán desarrollado era
e ce;11tro urbano _Río Claro es la estructura de la propiedad urbana
L~ c1~:a~ ya h~b_1a !legado a presenciar en 1873 una razonable espe:
c ac1 n, mmobiliar1a. No era sólo el lugar de residencia de aquellos
~~e semana la economía cafetalera sino, también, un lugar de invers1 n,_ un~ fuente de rentas para una porción considerable de
prop1etanos.

La_ lista de pro~ietarios, analizados uno por uno, revela que de los
298 registrados norrunalmente, 37% tuvieron más de una propiedad (cua-

dro 3). Aunque no se conozcan estudios comparativos que apunten el
m~mento del desarrollo local en que surge la tierra urbana como fuente e rentas, ~?s dato~ indican un centro que es más que un conglomerado de serv1c1os destmados a la economía cafetalera.

CUADR04
OCUPACION DEL ESPACIO URBANO DE RIO CLARO (1827-1976)

Perfodo

Indice de Indice de
credmlentc: aeclmiento
Aumento Aumento
Total
de cuadras área/m2 a-no
de aaadras en área (m2) cuadras
anual

1827

(núcleo inicial)
1828-1835
1836-1870
1871-1881
1882-1886
1887-1900
1901-1945
1946-1953
1954-1964
1965-1976

1
8
35

7
26
71

244
296
227
564

10 000
80000
370 000
70 000
250 000
660 000
2 320 000
2 750 000
2 210 000
5 120 000

1
9
44
51
77

148
392
688
915
1 479

1
1.1

1
1
6.5
5.4

5.5
42.2
22.7
51

10 000
11 428
10 911
7 000
62 500
50 769
52 727
392 857
221 000
465 555

Fuente: Troppmair, 1978.

Este panorama es r~forzado por los datos presentados en el cuadro 4·
muestran la ocupación del espacio urbano de Río Ciar
1 , d.
d~ 1827 a 1976. Ya en_ 1~70, seis afios antes de la llega~:~:! ie~ca~
rril, el área urbana dehm1tada Y ocupada cubría cuarenta Y cuatro cua-

87

dras. El crecimiento regular y sustancial que caracteriza a la ciudad
en este período demuestra la importancia de la economía azucarera
en los comienzos de la urbanización rioclarense. Antes del predominio
del café y antes de la llegada del riel existía -ya- una estructura urbana sedimentada.
En cuanto a la importancia del ferrocarril, es interesante observar
que un mismo ritmo de crecimiento (ya en tomo del 1O/o al afio) se mantenía desde el núcleo inicial en 1827. El índice de crecimiento del período 1871-81 es ligeramente inferior al de los anteriores. A partir de 1882,
hasta la década de 1940, el crecimiento continúa en otro escalón, de
5 a 6% anual. Por consiguiente, no fue el momento de la llegada de
la vía férrea (década de 1870) el que asistió a un impulso de crecimiento, sino la década siguiente, marcada por la extensión de los rieles más
allá de Río Claro. Nuevamente, vemos que no fue la condición de punta
de rieles lo que hizo crecer a la ciudad, como no lo fue la pérdida de
esta condición lo que interrumpió el crecimiento.
Este hecho sugiere que no fue por su condición de medio de transporte que el ferrocarril contribuyó a la urbanización, sino principalmente por los empleos creados y la infraestructura de la industria, de
los servicios y el comercio generada. Es como sede, primero de la Compafiía Río Claro (1882) y después de los talleres de la Paulista (1892),
que el crecimiento urbano alcanza un ritmo acelerado.
Finalmente, es necesario notar que la conocida urbanización del
país de las últimas décadas también caracteriza a Río Claro con una
significativa expansión del área ocupada. Lo que esos datos sugieren,
en resumen, no son crisis y/o estancamiento del crecimiento de Río
Claro, sino una evolución constante. Su cambio de escala no indica
discontinuidad sino transformaciones en la relación rural-urbana.
V. RIO CLARO COMO CENTRO URBANO

El análisis desarrollado basta aquí permitió la reformulación de las interpretaciones comunes sobre el proceso de urbanización en el período
cafetalero y sobre el papel de la expansión ferroviaria en ese proceso.
A pesar de la importancia del cambio tecnológico que el transporte ferroviario representó, no es posible atribuirle un papel determinante en
las transformaciones responsables de la configuración de la red urbana. Ciertamente, el mayor o menor impacto de la vía férrea irá a depender de las especificidades locales y regionales. Pero seguramente a
su llegada ya se encontraban en acción las fuerzas que conducirían a
la consolidación de la vida urbana en el interior. Los datos consigna-

�88

Siglo XIX
Hogan •

dos a continuación reiteran las afirmaciones hechas más arriba y sugieren la necesidad de profundizar la investigación en la dirección
indicada.

..,

A partir de la mitad de la década de 1870 se registraron varias licitaciones para la iluminación de la ciudad por medio de lámparas de
kerosene. A mediados de la siguiente fue contratada, y en 1885 instalada, la iluminación eléctrica a través del sistema de arco voltáico: fue
así la segunda ciudad del país y la primera de la provincia en poseer
tal sistema. En 1889 se iniciaron una serie de cambios en el sistema y
en 1900 fue inaugurada la central eléctrica de Río Claro. Posteriormente ésta amplió su red para abastecer de energía a Limeira, Araras, Leme, a fazendas de estas regiones y a los poblados de Cordeiros y Pirassununga. Todos los sistemas de iluminación de Río Claro estuvieron
en manos de empresas particulares .
Antes de la instalación del sistema de agua corriente, la ciudad fue
abastecida por medio de pozos y vertientes. A comienzos de la década
de 1880 se abrieron licitaciones para la captación del agua de las nacientes de los ríos y abastecimientos de surtidores. En 1885 se inauguró el sistema de aguas de Río Claro. Todavia en esa época los domicilios no tenían agua corriente: el servicio fue inaugurado en 1887 con
las conexiones de cañerías en los domicilios particulares. El sistema cloacal se inició en 1898 con la instalación de cañerías y brazos recolectores. Tres años después fue inaugurada la red recolectora cloacal con
la instalación del primer filtro. El sistema de aguas y cloacas estuvo
siempre bajo responsabilidad de empresas particulares y sólo en 1929
pasó al poder público. En esta época el sistema contaba con 3 300 conexiones de agua y 1 700 conexiones cloacales.
A fines del siglo fue tendida la red telefónica de la ciudad, resultado de la formación, en 1895, de la Compañía Telefónica Río Clarense
de propiedad privada. Nueve años después la provincia concedió lo~
derechos, también a un particular, para comunicar a través de los teléfonos la ciudad de Río Claro con Aranas, Limeira y Anápolis (hoy
Analandia).
En lo que se refiere a salud, Río Claro desarrolló una red bastante
extensa. En 1863 fue designado un médico encargado de la vacunación
antivariólica. La enfermedad estaba presente en el municipio desde
1844, cuand~ apareció el prime: brote. En la últimas décadas del siglo
XIX ~l hospital ~ara el t:atamíento de la viruela se abrió y se cerró
en vanas oporturudades, siempre en función del control de la epidemia.
En 1872 Río Claro tenía tres asistencias públicas, mantenidas por

c. de O/iveira • Sydenstriclcer: Urbanización en Río Claro

89

la municipalidad y por hermanadades. En 1885 fue instalada ~a Santa
Casa de Misericordia, que en esa época er~ uno de los ,hospitales de
la provincia. En 1908 se inauguró el Hospital de los Lazaros. ~erró
sus puertas luego de dos décadas de_fu~c~on~ento y sus pacientes
fueron transferidos al hospital de P1rapitmg01.
Gracias a su excelente clima, Río Claro atraía a muchos ~nf~rmos
en busca de reposo. Muchos eran tuberc?losos, a pesar de la mexis~encia de un servicio específico para tratamientos pulmonares: En el siglo
xx fue inaugurada la Casa de Reposo, con baños y masaJes, Y reformada en 1919. ,En 1917 se creó el Sanatorio de Río Claro.
Los datos sobre la educación escolarizada en Río Claro son bastante dispersos y confusos. Sin embargo, es destacable el ~echo que,
junto con la creación de escuelas públicas, se desarr~ll_ó un numero considerable de establecimientos particulares. La apanción de escuelas en
Río Claro aparentemente data de mediados de la d~da de 1840, cu~do se formaron dos: una particular y otra subve~cion~da_por el murn:
cipio, que se mantuvo hasta 1885. La red ~ucatlva pubhca, como asi
también la privada, se consolidaron a partir de la década de 1870, de
acuerdo con los datos recogidos.
En la década de 1880 Río Claro contaba con cinco escuelas particulares. Destacaban entre ellas el Colegio Americano y l~ Escuela Alemana, embrión del actual Gimnasio Koelle. En la red pnv~da fue ~uy
marcada la presencia de instituciones prot_estantes_. A P~l!" del numero elevado de escuelas, el informe de la lQStrucción publica de fi~es
del siglo XIX apuntaba la insufici~mcia de esc~elas para la po~lac1ón
en edad escolar en Campinas, Río Claro, Sao Carlos do Pmhal Y
Piracicaba.
En los primeros veinte años de nuestro siglo surgieron aproximadamente cinco escuelas más, particulares. Entre ellas esta_ban las que
proporcionaban una formación profesional. Durante la decada del 20
surgieron algunos colegios más. Sobresalía la ~scuela Normal, desde
1928, que tuvo un papel importante e~ la ~ormac1ón de los!uturos ~aestros para toda la región. Durante casi tre~ta años 1~ Socie~ad Italiana
de Beneficiencia y el Círculo Obrero de Río Claro impartieron cursos
nocturnos de alfabetización para sus asociados.
En el campo cultural, Río Claro tuvo, luego de su consolidación
como ciudad, una actividad muy intensa, fomentada en gran parte por
los inmigrantes extranjeros.

�90

Siglo XIX

Hogan • C. de O/iveira • Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

En 1864 fue inugurado el teatro Sao Joao, de propiedad

articu-

~~~J;~~ el rgundo de la provincia, tenía dos palcos, 32 tertuli~, cuasit1·0 obli~gsaduogares e~ la platea Y la galería. El teatro de Sao Joao fue
para 1amosas comp - , líri
•
ras. En 1888 pasó a denominar aru~
cas nacionales Y extranjemente reformado En
s~h_e,mx, lu~go de haber sido entera1901
ciudad, en ese mi~mo teatr;.e e bio la pnmera película vista en la
Muchas sociedades artísticas, recreativas musicales ul
formaron Ydesarrollaron durante la década de 1870 Enir~ eJ:!es se
cen destacarse la orquesta de Río Claro (1871)· la Fil~óni Rí Cerlerense (1879) que en 1882 ·
, d
'
ca o ade Lectura ~on más de cua~~:f ~~ pianos de cola; Y el Gabinete
Revista do Gabinete. A fines del si;~~~;\: 1'!':e e~ 1910 d~tó la
del XX los clubes
•
.
pnmeras ecadas
Yde bailarin
grermos, soc1ed~des recreativas, grupos teatrales
.
es pro eraron en gran numero. Entre los r
. d
:xtr~Je!edos dmere~en anotarse la Sociedad de Ayuda
8~;)por
oy oci a ltahana del Brasil · la So 'ed d D
,.
Umberto I (1901) y el Club Glillil.ás' t' Ríe~ cªl rarnatica y de Danza
d, d
ico o arense En las p ·
eca as del XX se crearon dos escuelas de dib . .
i:meras
con el aporte destacable asimi
d
.UJO y una de pmtura,
•
smo, e extranJeros.

lit

1

i

¡

4

~!:~

El cine se instaló en Río Claro
.
.,
de proyección· Iris en 1905
con 1a maugurac1on de dos salas
con un proyector eÍéctrico. ~ : ~~~y~tordm~ual; Y. Bijou, en 1910,
En 1914 fue inaugurado el Teatro d/Vas_ ; ~ne tuv1er?,n poca vida.
con treinta Ydos palcos platea
. . ane a es, tamb1en particular
guración trajo consi o ~n m Yq~entos lugares populares. La inaudad. Algún tiempo ~espuésª:eº:~~ero de co!11pañías líricas a la ciuel cine Parques con aleo
t teron pehculas. En 1916 se creó
La década del 30 as· i"ó s Y pla~~as' pero cerró sus puertas en 1925
.
is t a 1a creac1on de Radio Club d Rí Cl
.
Ydel eme Excelsior (1938) 1 · 'al
e o aro {1933)
luego pasó a ser exclusiv~e:~ c::::n~: presentó obr~s teatr~es, pero
cia provocó una gran audiencia lo q · ll ~aaln s~tuos1dad e tmponen'
ue evo cierre del Teatro Phenix.
La intensa dinámica de la vida cult al d
,
bién en la gran cantidad de eriód. ur e Rt~ Claro se refleja tamla década del 70 Y que contuiuarontcos
suJgieron a comienzos de
renta años. Muchos fueron sus reda pro eran o dur~te más de cuacos tuvo vida efímera. Desde 1872 c::~es Y la _mayol?a de l?s periódiO
do Povo), hasta mediados de la
surgió el ~nmer diario (Echo
mente setenta periódicos.
poca del 20, surgieron aproximada-

{t;e

é

91

VI. CONCLUSIONES
La explicación sobre el desarrollo urbano como una secuencia de crecimiento incipiente pero reprimido por la falta de demanda de las fazendas, "boca de sertao ", un brote de urbanización en la etapa de punta
de rieles, y estancamiento con la extensión de los rieles (estación intermedia) y la pérdida de control del hinterland, no encuentra apoyo en
este análisis. El cuadro que emerge es el de un desarrollo bastante diferenciado ya antes de la llegada de los rieles, y que continúa en el tiempo. Si se estancó durante algún período fue justamente el de punta de
rieles. La vía férrea llegó cuando el café ya estaba bien establecido (y
había generado riqueza). O sea: la vía férrea sirvió a una producción
ya instalada, y no provocó ninguna extensión grande en la producción,
capaz de aumentar o diferenciar aún más la estructura urbana.
Los datos sobre la producción cafetalera (cuadro 5) en Río Claro
muestran que el nivel alcanzado en la década de 1870 sólo fue superado a fin de siglo, con su punto méUimo en 1901 (Dean, 1977: 52). Si
hubo retracción en ese período, con la marcha de los fazendeiros para
la capital, esto fue compensado con la extensión de los rieles más allá
de Río Claro. Lejos de haberle restado dinamismo a la ciudad, sustrayéndole el monopolio de acceso a una gran región productora de café,
fue el factor que más contribuyó para su crecimiento.
Frente a las tasas de crecimiento demográfico del período, y a la
compleja vida urbana revelada en el Almanak de 1873, es necesario
relativizar el obstáculo que para la urbanización representaba la autosuficiencia de las fazendas. Seguramente hacen falta más investigaciones para identificar y evaluar a los consumidores de la extensa gama
de bienes y servicios disponibles para la población rioclarense en 1873.
Pero no se puede negar la compleja estructura de la industria, del comercio y los servicios, la evidente especulación inmobiliaria, la vida
cultural rica y diferenciada, el ritmo de crecimiento del tejido urbano
que muestran a un centro urbano propiamente dicho.
Ese análisis llevó a la indagación sobre lo que diferencía a Río Claro
de otras ciudades que componen la red urbana del interior paulista.
Vale la pena recordar que fue en la fazenda lbicaba que se dio la primera tentativa de sustitución de mano de obra esclava por mano de
obra libre. Es posible que los inmigrantes hayan cambiado el perfil de
la demanda de bienes y servicios, además de contribuir, con el abandono de las fazendas por parte de algunos de ellos, a la población urbana. Hubo además cierto sector de la población que arribó específi-

,

�92

Siglo XIX

Hagan - C. de Oliveira - Sydenstricker: Urbanización en Rio Claro

camente para servir a los extranjeros: médicos, profesores y religiosos,
por ejemplo.

CUADR05
PRODUCCION DE CAFE Y CAÑA EN RIO CLARO (1822-1929)
en toneladas

alio
1822
1835
1851
1852
1853
1854
1855
1857/59
(media)
1862
1874
1876
1884
1886
1892
1894
1885
1897

1898
1899
1900
1901
1903
1905
1907
1909
1911
1913
1915
1917
1919
1929

café
0.5
294
470
756
1 671

caña

8 024
9 300
9 815
11 378
10 503
14 824
9 071
13 172
14 642
12 356
8 940
9135
10785
10 980
8 070
4 050

Fuente: Dean, 1977 (cuadros 2.1 y 2.5).

¿Qué nos enseña todo esto sobre urbanización y crecimiento poblacional?. En pocas palabras, que el motor del crecimiento urbano
fue el mercado interno. En último análisis residió en la economía cafetalera el origen del crecimiento: no como consumidora de productos
urbanos, sino por el efecto multiplicador que era capaz de gestar.

158
177
522

1 466
1 764
2 557
4 410
6 000
6 000
9 000
7 895
6 269

93

264

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Cidade de Río Claro". Campinas: FAU / USP.
Troppmair, Helmut
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citado.

INTRODUCCION
En el momento en que se produjo la crisis del sistema esclavista en Brasil, a mediados del siglo XIX, los fazendeiros paulistas buscaron solución para su problema de mano de obra para el cultivo del café -en
plena expansión- en la inmigración extranjera.
En torno a 1880 y principalmente después de 1884-1886, cuando
comenzó la inmigración subsidiada, fueron introducidos en San Pablo
y canalizados para la labranza cafetalera millares de trabajadores extranjeros, sobre todo italianos. Esta inmigración, al garantizar una gran
oferta de mano de obra para la agricultura del café, dio inicio también
a la constitución de un mercado de trabajo libre en el Brasil.
La continuidad de este flujo inmigratorio permitió la expansión
de la frontera cafetalera, al mismo tiempo que fue alimentada por ella.
Por otro lado, la propia forma en que estaba organizada la producción garantizó también esta continuidad (Vangelista, 1982).
Los fazendeiros de San Pablo, en este proceso de sustitución del
trabajo esclavo por el libre, insistieron desde el comienzo en contratar
no sólo trabajadores extranjeros, europeos de preferencia, sino tam-

• Núcleo de Estudos de Popula~ao-NEPO, Universidade Estadual de Campinas (Brasil). Este trabajo es parte de estudios que la autora realiza sobre la familia en el cultivo
del café en San Pablo. Una versión ampliada de los primeros resultados fue publicada
en Textos NEPO, 8, Campinas, UNICAMP, 1986. Traducción: María Teresa Fantini.

�M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo
96

bién trabajadores en unidades familiares. Dieron origen as1 al sistema
de organización de trabajo -característico de la labranza cafetalera
en el oeste paulista- conocido como colonato. En este sistema predominaban familias venidas de Italia septentrional, principalmente del Véneto. Familias ligadas a la agricultura y que eran las que más sufrían
con la crisis económica que entonces asolaba ese país (Alvim, 1986).
De esta forma, mientras que en Italia la emigración aparecía como la respuesta a la crisis de desempleo, para San Pablo la inmigración surgía como alternativa hacia la sustitución de la mano de obra
esclava en el cultivo del café.

..

lt.:

Por otro lado, al convertirse San Pablo en gran centro de atracción de mano de obra internacional, los cafetaleros acabaron por relegar a un segundo plano a los trabajadores nativos. Estos sólo comenzaron a ser reclutados cuando disminuyó el flujo migratorio internacional Ycuando un número cada vez mayor de extranjeros y sus descendientes dejaron la fazenda para dirigirse a los núcleos urbanos. Esto ocurrió de forma más acelerada en la década del 20, cuando grandes flujos de trabajadores oriundos del noreste del país llegaron a San
Pablo, en un momento de escasez de mano de obra y de una econornia
en expansión y diversificación.
Durante el proceso de introducción del trabajo libre, los fazendei-

ros se esforzaron no sólo por encontrar una nueva fuente de mano de
obra, s~o también por buscar otra forma de organizar y controlar est~ trabaJo, de modo que se presentase más rentable y con costos reducidos. El colonato representó el punto culminante de una serie de tent~tivas para ~daptar al proceso de producción de café a trabajadores
libres extranJeros en unidades familiares, los colonos 1•

•

l
i

J
1.

Colono pasó entonces a significar no el trabajdor aislado sino su
núcleo familiar. La ~a~ilia aparecía como unidad de producción, pues
al contratar los serv1c1os del colono, el fazendeiro estaba contratando
tod~ familia. Cada _je~e de familia se tornaba responsable de la
eJecuc1on de las tareas dianas que la familia -o al menos sus elementos aptos para el trabajo- debería desempeñar.

ª.

97

Siglo XIX

!ª

Al ecu:~cterizarse como un régimen de explotación del trabajo con
bases farm!1are_s: el colo?at~ entrelazó formas distintas de producción.
E~!,a com_bmac1on peculi~ tomaba este sistema muy complejo y tamb1en de ~1erto ?1odo ambigua 1~ figura de su personaje, el colono, que
era al rrusmo tiempo un asalanado, un trabajador de subsistencia un
productor Y negociante de mercaderías y un consumidor" (Hollo~ay,

1984: p. 126). Eso ocurría porque la actividad del n~cleo f~liar incluía el cuidado de los cafetales, la cosecha del cafe, trabaJo para la
producción directa de la subsistencia y prestación de servicios anexos
a la fazenda.

El colono recibía un pago fijo en dinero por el trato de cada mil
pies de café (el trato consistía en hacer limpieza de !as hierbas d~as
de tres a cinco veces por año). Ganaba una cantidad -tamb1en en
dinero- proporcional al volumen de café cosechado. Debía, segú~ su
contrato efectuar servicios sueltos (remunerados o no) al fazendeiro.
Al colon~ le era permitido el usufructo de mejoras y se le concedía vivienda gratuita. Podía cultivar maíz, porotos y arroz,. en terreno designado por el fazendeiro, mantener una pe_queña huert~ alrededor de
la casa, criar animales pequeños (aves, porcmos) y usar areas de pastoreo para algunas vacas y ~aball?s. Esta pro~~cción in~ependiente respondía no sólo a la subs1stenc1a de la familia: tamb~en generaba un
excedente que era comercializado, vendido al fazendeiro o a las poblaciones y ciudades vecinas (Bassanezi, 1973: pp. 208-209).
Para el fazendeiro, la explotación del trabajo familiar a través del
colonato era importante: al estimular la integración productiva de todos los elementos de la familia en condiciones de manejar Los instrumentos básicos de trabajo, conciliaba una mano de obra abundante
con la insuficiencia de recursos para el pago de salarios (Salurn, 1982).
La familia, al constituir una unidad de producción y consumo y obtener su subsistencia sin comprometer la producción volcada hacia el mercado, reducía los costos. Garantizaba para la fazenda una fuerza de
trabajo excedente, principalmente en el pico de la cosecha, cuando las
necesidades de trabajo aumentaban.
Para el fazendeiro también era interesante contratar trabajadores
en unidades familiares porque la propia familia funcionaba como elemento disciplinador: una vez establecido el contrato, la organización,
el funcionamiento y la calidad del trabajo quedaban a cargo del propio trabajador, dependiendo las ganancias obtenidas de su esfuerzo Y
del de su familia.
Finalmente, desde el punto de vista del fazendeiro, la familia grande con tres o más trabajadores, era ventajosa. Podría adaptarse mejo; a las condiciones de trabajo, cuidaría de un mayor número de pies
del cafetal, reduciría la cantidad de familias necesarias y el costo de
producción. Más aún, maximizaría la utilización de las mejoras y de viviendas en la fazenda.
Por otro lado, en la sociedad campesina italiana -origen de lama-

�98

Siglo XIX

yoría de los colonos- la producción agrícola ya se apoyaba en el trabajo familiar: éste, según Alvim, no era sólo un valor deseado sino
ta?Ib!én un valor a ser preservado por el inmigrante. El campesi~o inmigro como una forma de resistencia al proceso de proletarización des~t_ado en el país de origen, y veía siempre en la nueva tierra una posib1hdad de reconstrucción de su núcleo familiar. En este sentido concluye la autora, el trabajo en la labranza del café basada en el col~nato
representaba una atracción tentadora (Alvim, 1986: p.90).
El colono tenía interés, pues, en laborar dentro de la estructura
familia~: ~ra la cooperación de toda la familia la que aseguraba al grupo ;l mmur~o par~ su supervivencia. Era esta cooperación la que aparec1a como mcent1vo para la formación de un peculio; y éste, a su vez
dependía del grado de intensificación del trabajo y de la reducción deÍ
consu~o ª. lo estrictamente necesario, algo que el colono podría imponer a s1 mismo y a su propia familia.

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4
1.

. ~a form~ co_mo estaba organizado el trabajo reforzaba la cooperacion, la sohdandad y la combinación de esfuerzos de todos los miembros de_ 1~ familia para beneficio del conjunto. En esas condiciones,
las ~amihas grande~ po~ían sacar mejor provecho que las pequeñas:
hab1_a_ una proporc1~mahdad entre la cantidad de pies de café que la
fam1ha _tema ~ue cmdar y la cantidad de tierra disponible para cultivos
de subs1stenc1a. Cu~?to_ más trabajadores, más pies de café y más tier~a pa~a la p~oduccion m~ependiente: así, la producción para la subs1stenc1_a podia alcanzar ruveles por encima de las necesidades vitales
Ypermitía !ª_a_cumulación de excedentes que a su vez representaría una
mayor posi~1hdad de mej~ramiento social. Por otro lado, cuanto ~ayor e~a el numero de trabaJadores con que la familia podía contar más
ampha res~ltaba la división del trabajo. Las tareas serían ejecu~adas
con -~n meJor desempeño y con menor gasto de energía. Por eso la
fam1ha gran~e sería también valorizada por el trabajador: interes~ba
a su estrategia de supervivencia.
. Las ventajas que la familia grande presentaba tanto para el fazend~1ro com~ para el trabajad~r hicieron que el colonato apareciera asociado a!ª l~teratura y, también, a la tradición oral respecto a la familia
gr~~de 1tahana, ~orno se ,observa en el decir de un ex-colono: "las fam1has en a~u~I tiempo s1 que eran grandes. y las italianas de entonces ... Los itahanos tenían más hijos que las ratas".
El é~ito_ del sistem~ estaría relacionado al tamaño de la familia y,
por cons1gmente, a la idea de una prole numerosa. Esta sería el resultado de la forma en que estaba organizada la producción, como sugie-

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

99

ren o afirman varios autores que se preocuparon por el estudio del
colonato2 •
Stolcke, por ejemplo, afirma que
los intereses de los cultivadores de café en el tamaño y la composición de las familias inmigrantes influyó en el comportamiento demográfico al constituir un estímulo para la fecundidad( ... ) Aunque un
gran número de hijos pudiese representar inicialmente un peso considerable para la madre o el padre, esto significaba que, después de
los primeros años, la capacidad productiva de la familia aumentaría
anualmente. Como contrapartida, una familia con pocos hijos estaba en desventaja durante todo su ciclo de vida (Stolcke, 1986: p. 356).

Sostiene además que una madre con gran número de hijos pasaba una
parte considerable de su vida ocupada con su crianza. A pesar de ello,
según esta misma autora, la faena que representaba el trabajo en la
casa, la larga carrera reproductiva y los cuidados de los hijos, era reconocida como algo esencial, y consecuentemente valorizada bajo el
colonato. Por lo tanto, por ser socialmente reconocida, esta faena resultaba más fácil de soportar y no representaba problemas respecto al
aumento de la familia (Stolcke, 1986; p. 357).

Paiva, a su vez, intenta demostrar que en el colonato (y también
en la organización de la economía cañera del noreste), la importancia
notoria de la producción para el autoconsumo como garantía de la supervivencia familiar habría estimulado el mantenimiento de una fecundidad natural con efecto positivo sobre el tamaño de la familia. Este
autor sustenta que
la organización del trabajo, con sus diferentes formas desarrolladas
en la econonúa de subsistencia, mantuvo al proceso de reconstitución
de la fuerza de trabajo fuera de las relaciones monetarias. No estando su canasta de bienes de subsistencia expuesta a las variaciones de
precios, la pareja típica no era compelida, en el corto plazo, a ponderar los costos de sus hijos con los costos de otros bienes (Paiva,
1985: p. 215).

Por lo tanto, el colonato favorecía el mantenimiento de un patrón de
alta fecundidad: al permitir el usufructo de la tierra -aunque controlado- y la consecuente generalización de la producción de subsistencia,
evitaba la intermediación del mercado en el acceso a estos bienes3• Por

�100

Siglo XIX

eso, en la demanda de hijos, difícilmente la pareja podría evaluar sus
c~s~os en relación a otros bienes. En otras palabras, el colonato, al peroutir el acceso a la tierra, estimularía la reproducción ampliada de la
familia, a diferencia de situaciones donde el peso mayor del salario llevaría a la reducción de la prole vista como costo (Paiva, 1985: p.229).
Sin embargo, para Oliveira y Madeira, esta idea de que la forma
com_o es~ba organizado el trabajo en la labranza cafetalera podría haber mflwdo en el comportamiento demográfico, al premiar y/o estimular altas tasas de fecundidad, ganó fuerza mucho más como repetición que por respaldo empírico. Ambas autoras intentan demostrar que
los datos existentes no permiten sostener tales afirmaciones. Llaman
la atención sobre la importancia de las fases del desarrollo familiar en
la evaluación de los efectos de una prole numerosa:
La ampliación del tamaño de la familia significa una extensión de tiempo en que la unidad familiar se ve constituida por una minoría de
productores(... ) Sólo cuando la unidad familiar puede sacar partido
de una alta proporción de productores es que su tamaño ampliado
actúa en su beneficio(... ) Por lo tanto, la concentración de los beneficios en ~n período estrecho de tiempo deja dudas en cuanto a la
eficacia de la familia grande (Oliveira y Madeira, 1982: p.26).

Por otro l_ado, proc~~ también demostrar que predominó en el colonato un tipo de famiha bastante próximo al que hoy se conoce:

1

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J

Estimadas las probabilidades de supervivencia de la época, el grueso
de las familias no podía disfrutar de un tamaño final elevado ( ...)
Dadas las características de la producción cafetalera, esta adecuación
-de la f~a al sistema productivo- podría ocurrir, por un lado,
con una simple reorganización del trabajo y, por otro, por la acción
de mecanismos de distribución proporcional de tierras para los cultivos alimenticios (Oliveira y Madeira, 1982: pp. 26-27).

E? u~ trabajo ~ás reciente, Oliveira cuestiona aún más a fondo la hipotests q~e explica el ta~añ~ ~upuestamente elevado de la familia por
las necesidades de orgaruzac1on de la producción. Destaca la interfer~ncia de una ~erie de factores tales como la mortalidad infantil y el
ttem~o nec~sano para que u~ patrón de fecundidad se exprese en brazos dispombles para el trabaJo. La complejidad de la acción de estos
fac~ores reforzaría, para esta autora, la hipótesis de que el colonato
s_ena mucho más un sistema capaz de acomodar con éxito a las familias ~andes, que un sistema que demandaría estas familias. Por lo tanto:
un sistema capaz de absorber una oferta cuyos determinantes se encuentran en otra parte (Oliveira, 1985). En otras palabras Oliveira está

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

101

inclinada a buscar fuera de la organización del trabajo los condicio~
nantes del comportamiento demográfico del período cafetalero en San
Pablo. Tras afirmar que muy poco se sabe sobre la familia en el colonato y que una conclusión sobre el papel de la población en el período
está lejos de ser alcanzada, la autora apunta la necesidad de que se intensifiquen las investigaciones empíricas para que "aparezcan de modo más claro los contornos de la dinámica demográfica y sus componentes" (Oliveira, 1985: p.34).
De hecho, aunque en los últimos afios la literatura sobre el colonato aumentó sobremanera y muchos estudios importantes hayan surgido con la preocupación de estudiar la familia en este sistema de trabajo, aún no se sabe de investigaciones que demuestren que la familia
en el colonato fue realmente grande. Se desconoce la distribución de
las familias en cuanto al tamaño, a su fuerza de trabajo y a su posición
en los diferentes momentos del ciclo vital. No está clara aún la relación entre el tamaño de la familia y su capacidad de trabajo. No hay
datos suficientes, en tiempo y en espacio, para valorar el usufructo de
la tierra, la importancia de las retribuciones salariales y su impacto sobre la familia. Poco o nada se sabe sobre la nupcialidad, fertilidad,
morbilidad y mortalidad en el colonato. Muy poco también se especuló sobre las influencias que otras variables que no son económicas -religiosas o culturales, por ejemplo- ejercerían en su tamaño.
En este sentido es esencial también conocer y reflexionar sobre la
realidad de los migrantes -extranjeros o nacionales- en su región de
origen; sobre los valores que guiaban sus vidas. En fin: verificar cómo
eran las familias que se dirigían hacia el área del café. En el caso de
Italia, por ejemplo, Alvim apunta un elemento diferencial en la composición de los inmigrantes que arribaban al Brasil, en cuanto a época
y a región de emigración (Alvim, 1986: pp. 28-40). Se hace necesario,
también, acompañar a estas familias durante el tiempo que permanecieron en el cultivo del café, en un intento de captar posibles transformaciones ocurridas en el comportamiento demográfico mientras se incorporaban y fijaban en la labranza.
Para encontrar respuestas es que se está emprendiendo un esfuerzo de investigación en busca de evidencias empíricas esclarecedoras,
por lo menos en parte. Esta investigación se ha concentrado en el estudio de una subpoblación en un momento histórico dado: las familias
de colonos en la fazenda de Santa Gertrudis, entre 1890 y 1930.
La fazenda de Santa Gertrudis fue la más importante propiedad
cafetalera del municipio de Río Claro, en el Viejo Oeste paulista. Pro-

�102

p~edad mode~o, era una ejemplo de la compleja empresa capitalista dedicada al cafe. Poseía la mayor concentración de trabajadores extranjeros (y sus ?escendientes) entre las fazendas de la región, en el período en estudio.

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M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

_ El pres:nte trabajo, resultado de esta investigación, pretende analizar el perfil demográfico de la familia inmigrante -italiana y nacional (cearense)- y sus semejanzas y diferencias en el momento exacto
de su introducción en la agricultura cafetalera. Busca detectar la fuerz~ de t~abajo potencial de las unidades familiares y tejer algunas consideraciones sobre la participación de la mujer en el trabajo productivo Yen el de subsistencia. Presenta además algunos datos sobre el número de hijos nacidos y sobrevivientes de las mujeres casadas entre los
15 Y 49 ~os, en el m?mento de su ingreso en el cultivo del café, que
abren pistas y/o suscitan cuestiones relativas a la nupcialidad y a la
fecundidad.
. Para este e~tudio se utilizó como fuente principal de datos los Registros de Matnculas de Inmigrantes del Hospedaje de los Inmigrantes
de San Pablo, además de la documentación de la fazenda de Santa Getrudis y otras fuentes.

103

Entre 1895 y 1930, los trabajadores de origen italiano representaban, en promedio, cerca del 65% de la mano de obra ocup~da con el
régimen de colonato (Bassanezi, 1973: p. 141). Este por_ce~taJe fue mayor en los años próximos al 1900, cuando la entrada de_1talianos al ~rasil, con el cambio de siglo, resultó también más volummosa. Se estima
que entonces los italianos sobrepasaron el 75% del total de los trabajadores. Para 1909-1918, cuando la inmigración i!aliana para el café
ya había declinado bastante, los colonos de ese ongen alcanzaban, en
promedio, el 640Jo (variando entre 53% y 68%) del total en la fazenda
de Santa Gertrudis ( cuadro 1)
CUADRO 1

FAMILIAS DE COLONOS SEGUN SU ORIGEN
(1909-1918)

origen
año

italianos
%
cantidad

no italianos
%
cantidad

total

. _El ~ospedaje de los Inmigrantes fue uno de los múltiples canales
mstitucionales ~reados para atender las necesidades de la agricultura
cafe~alera paulista: Tenía como objetivo recibir a los inmigrantes extranJe~os Y (posten?n:nente, los nacionales) que llegaron a San Pablo
a partrr de las dos ultlDlas décadas del siglo XIX, y que allí aguardaban el momento de seguir hacia su destino. Aunque la función inicial
del Hosp~daje fue alojar hasta por ocho días a los recién desembarca?ºs,_ paso luego a ser punto de encuentro de los fazendeiros con los
mDllgrantes para la contratación de mano de obra.

1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918

116
120
124
116
101
111
111
101
86
68

57.0
67.5
66.2
67.3
68.4
68.3
63.l
67.4
58.2
53.0

50
45
42
38
32
35
41
33
36
32

43.0
32.5
33.8
32.7
31.6
31.7
36.9
32.6
41.8
47.0

166
165
166
154
133
146
152
134
122
100

FAMILIAS PARA EL CAFE: 1TALIANOS Y CEARENSES

Total

1 054

64.0

384

36.0

1 438

1.

La fazenda de Santa Gertrudis reflejaba, en el período, la situación
gene~al de la labr~nza del café respecto a la mano de obra. En ella predo~a?an trabaJadores europeos, tanto en el cultivo específico como
en activ!dades ~omplement~ias (Bassanezi, 1973). Los italianos y sus
~esce~dtentes,siempre constituyeron mayoría entre los colonos; a cont1~u~ción ve~an portugueses, españoles y algunos pocos de origen germamco. Los.Japoneses no se adaptaron al trabajo en estas propiedad~ Ylos nac1?n~les, hasta 1920, fueron una pequeña minoría (apareciendo con mas mtensidad después de esta fecha, cuando un gran grupo de cearenses fue introducido).

Fuente: AFSG, Registro de pés de café entregue aos colonos, 1909-1918.

Para cuidar aproximadamente un millón de pies de café, esta propiedad necesitaba utilizar trabajadores asalariados adicionales. El empleo
de éstos, los llamados camaradas, aumentaba mucho el costo de producción. Siendo así, para evitar los perjuicios que la inestabilidad del
colono provocaba, el reclutamiento constante de nuevas familias era
siempre la gran preocupación del fazendeiro.

�104

Siglo XIX

Los cálculos efectuados muestran que en Santa Gertrudis debían
ser contratadas un promedio de 35 nuevas familias todos los añ.os (Bassanezi, 1973: pp. 151-152). Provenían directamente del Hospedaje de
los Inmigrantes en San Pablo, o eran reclutadas en las fazendas cercanas y/o en los municipios de la región. Por eso. era que en una misma
fazenda se encontraban trabajando, codo a codo, familias extranjeras
y nacionales, así como recién llegadas a San Pablo y otras que hacía
más tiempo residían en el lugar o región (por lo tanto, con alguna experiencia en el cultivo del café).

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

-""""

Para este estudio fueron seleccionadas aquellas que provenían directamente del Hospedaje de los Inmigrantes. O sea: las recién llegadas a San Pablo y que tenían como primer destino a Santa Gertrudis.
Familias que probarían por primera vez el trabajo del café: italianas
que se dirigieron a aquella fazenda entre 1867 y 1902; y venidas del
estado de Ceará (noreste) que llegaron desde 1920.

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Estas familias son consideradas separadamente en cuanto a su origen, y también analizadas en cuanto a su tipo; o sea, si eran nucleares
o no (ampliadas). El primer tipo abarca todas las familias formadas
por la pareja, por la pareja con hijos solteros y por uno solo de los
cónyuges e hijo (s); el segundo, por aquéllas que no llenaban los requisitos establecidos en el primero, como por ejemplo: familias donde. había padre y/o madre, hermanos, sobrinos, nietos, etcétera, del jefe,
además de otras combinaciones.

Tamaño y composición
Las 63 familias italianas que se destinaron a la fazenda de Santa Gertrudjs entre 1897 y 1902 eran, en su mayoría, nucleares: el 81 %, con
tamafto medio de 4.84 personas (mediana igual a 5.O). De éstas apenas
6% estaban formadas por parejas sin hijos, el 90% por parejas que
poseían entre 1 y 7 hijos y 4% compuesta por apenas uno de los cónyuges e hijo(s).
El tamaño medio de las familias compuestas por la pareja e hijos
era de 5.15 miembros; 3/4 partes poseían entre 4 y 6 personas y por
consiguiente de 2 a 4 hijos, o sea 3.15 hijos en promedio (cuadros 2 y 3).

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Las unidades familiares diferían entre sí no sólo en cuanto al grado de experiencia en el cultivo, sino también en cuanto a composición
y tamaño: podían ser tanto familias nucleares como ampliadas; podían
encontrarse en diferentes etapas de su ciclo vital. Por lo tanto, familias con niveles diferentes de capacidad productiva trabajaban simultáneamente en la gran propiedad cafetalera bajo el régimen de colonato.

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105

�106

M.S. Beozzo 8.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

CUADR03
TAMAÑO Y COMPOSICION DE LA FAMILIA ITALIANA (1897-1902)

Tamaño

Familia

Cas. y Cas.

Nuclear

Familia

Total

no

general

Total

con hijo (s)

1 cónyuge
e hijo (s)

2

3

2

5

-

5

3

5

-

5

1

6

4

12

-

12

2

14

5

12

-

12

4

16

6

11

-

11

2

13

7

3

-

3

1

4

8

-

-

-

2

2

9

3

-

3

-

3

Total

49

2

51

12

63

nuclear

1

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Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registros de Imigrantes, 1897-1902.

1

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1 •

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En grupo d 7las no nucleares (190/o) las familias alcanzaban un tamano promedio de 5.5 personas. Por lo tanto eran un poco mayores
que las nu~leares; con todo, presentaba una gran dispersión en tomo
de la media.
En cu~nto a s~ comr.osición, lo más común era la familia formada po~ el Jefe, muJer, hiJos y el padre o la madre del primero. Otras
vece~ mtegraban el grupo hermanos, hijos casados, nueras, nietos y
sobrinos del padre, no verificándose casos de hijas casadas O suegra
y suegro.
L~ co~posición de estas familias estaba en parte relacionada con
las exigencias para la adquisición del pasaje subsidiado:

107

Los miembros dependientes de la familia que podían ser incluidos en
el pasaje eran padres, hermanos solteros, cuflados y sobrinos huérfanos del jefe de la familia. Mujeres casadas que se iban a reunir con
sus maridos, podían ser escogidas ya en el Brasil, pero no primos y
parientes más distantes (Holloway, 1984: p. 79).

Por otro lado, el tamaño y composición de las familias tenía que ver
con la propia estructura familiar del grupo en su país de origen. En
el caso de Italia, por ejemplo, Alvim demuestra que las familias de pequeños propietarios, arrendatarios y medieros del Véneto, que predominaron en la emigración hacia el Brasil en el período anterior a 1885,
eran familias ampliadas (formadas por 2 ó 3 hombres con sus respectivas mujeres e hijos). Las familias braccianti, también del Véneto, que
formaron el grueso de brazos para el café después de 1885, ya poseían
-según declaraciones de la época- cinco personas como máximo: normalmente la pareja con hijos; algunas veces la integraban el padre o
la madre paternos (Alvim, 1986: pp.28-40).
En 1920 fueron introducidos en la fazenda los cearenses: un total
de 132 familias, de las cuales 650/o eran nucleares (casi 15% menos que
las italianas) y cuyo tamaño era en promedio de 4.8 personas (cerca
de 71 O/o de las familias poseían entre 2-5 personas). De estas familias
nucleares 160/o estaban formadas sólo por la pareja, 730/o por parejas
con hijos y 11 O/o compuestas por cónyuge e hijo(s). Las familias con
una pareja e hijos poseían un tamaño promedio de 5.52, y de éstas 520/o
poseían entre I y 3 hijos ( cuadros 2 y 4). Las no nucleares llegaban
a un tamaño promedio de 5.9 (cerca de 760/o contenían de 3 a 7
miembros).
Diferenciándose de las italianas, las familias cearenses incluían con
mucha frecuencia -además de progenitores y hermanos del padreagregados, cuñados, tíos, primos, sobrinos, abuelos y nietos, en una
clara demostración de que disminuyeron las exigencias en cuanto a la
composición de la familia que debía recibir el pasaje. Se constata por
otro lado que mujeres como jefes de familia aparecían con cierta regularidad, lo que era bastante raro entre las italianas y europeas en general. Las viudas predominaban como jefes, pero había también casos
de mujeres solteras con hijos, y de mujeres casadas sin marido, con
hijos y otros parientes.
Para el estudio del tamaño de la familia, el conocimiento del reparto de las edades es fundamental. Aquí, su importancia aumenta una
vez que también se pretende medir la fuerza de trabajo en un grupo
donde los niños de temprana edad (a partir de los 7-8 años) se inicia-

�108

Siglo XIX

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

ban en la ayuda de la familia. A los 12 afios ya eran considerados, de
hecho, como personas de trabajo, elementos aptos para el cultivo del
café.

CUADR04
TAMAÑO Y COMPOSICION DE LA FAMILIA CEARENSE (1920)

Tamaño

Familia

Nuclear

Familia

Total
general

1 cónyuge
e hijo (s)

Total

con hijo (s)

no
nuclear

2

14

4

18

3

21

3

11

1

12

6

18

4

12

2

14

5

19

5

17

-

17

4

21

6

7

-

7

11

18

7

3

-

3

9

12

8

5

l

6

1

7

9

5

-

5

3

8

10

1

I

2

1

3

-

-

-

1

I

12

2

-

2

2

4

Total

77

9

Cas. y Cas.

1

1
¡

4

.,

11
1,

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920.

86

46

132

109

Los datos sobre la edad, sexo y estado civil de los miembros de estas
familias italianas y cearenses se encuentran en los cuadros 5 y 6. Indican la presencia de familias relativamente jóvenes en una fase del ciclo
vital en que la mayoría estaba en medio de su proceso reproductivo.
En las familias nucleares los nifios y jóvenes entre 0-14 afios llegaban
a representar un poco más de la mitad del total (52% para los italianos
y 51 % para los cearenses); 99% de las mujeres italianas no pasaban
de los 49 aftos, mientras que 100% de los hombres alcanzaban los 54
años; entre los cearenses apenas 2.4% eran personas entre 50 y 65 aftos.
Exceptuando a las familias con sólo un cónyuge, se observa que
las mujeres italianas tenían en promedio 33.8 años y las cearenses 27.4
años; los hombres casados italianos presentaban una edad promedio
de 37.4 años y los cearenses 30.7; y finalmente la edad promedio de
los hijos era de 7.2 aftos para los primeros y 6.8 para los segundos.
Por lo tanto, las familias cearenses eran en general más jóvenes que
las italianas.
Las familias no nucleares italianas también perfilaban una estructura etaria más vieja que las cearenses. lndividuos entre 0-14 años formaban cerca de 1/ 3 de la población (32% para los italianos y 36% para los cearenses). En estas familias la incidencia de personas con más
de 50 años era mucho mayor que en las nucleares, siendo que la mayor
proporción de viejos se encontraba en las no nucle~res italianas.
En cuanto al total de los elementos que componían las familias nucleares se verifica un desequilibrio entre los sexos en las familias italianas, con mayor peso en favor de los hombres, principalmente en las
franjas de O a 14 aftos (la razón de sexo en estas familias es 125). ¿Se
habrán seleccionado en Italia familias con mayor proporción de hombres? Las familias cearenses casi alcanzaban el equilibrio, con un mínimo predominio de mujeres (razón de sexo igual a 98.9). En relación
a las familias no nucleares, las italianas presentaban un equilibrio entre los sexos; en las cearenses era mayor la proporción de mujeres (razón de sexo, 96.2), principalmente en las franjas superiores a los 30
aftos (cuadro 5 y 6).
Si se observa el estado civil de los mayores de 15 aftos, en las familias no nucleares, se verifica que para los italianos predominaban los
casados: 59% hombres y 55% mujeres. Para los cearenses, los solteros
conjuntamente con los viudos excedían a los casados; 44% de los hombres y 39% de las mujeres eran solteros. En cuanto a los viudos, el
menor porcentaje se encontraba entre los hombres cearenses: 7%; los
italianos alcanzaban 23 % . Finalmente, las mujeres viudas llegaban al
20% y 18% entre cearenses e italianos, respectivamente.

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CUADRO 5

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FAMILIA ITALIANA; EDAD, SEXO Y ESTADO CIVIL (\897-1902)

Familia

Grupo
por
Edad
O- 4
S- 9
10-14
15-19
20-24
25-29
30-34
35-39

40-44
45-49
50-54

e

Hombres

s

e

V

Mujeres

s

35

e

V

23
18
10
7

25
18
8
2
8
7
14
7
7
4

Nuclear

1

s

e

V

6

Total

1
1

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88

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6
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2
3

1
1

1

1

1

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3

1

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2
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3

3
1

1
1

e

V

2
4
7
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4
1
1
1

2
3
4
1

1

Nuclear

Mujeres

2
2
4

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1

1

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V

no

4
4
2

SS-59
60 y+

Hombres

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8
17
21
23
12
13
4

s

1

Total
58
43
28

1

6
9
14
9

Familia

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s

14

12

18

Total
Total

Total

s

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Hom. Muj
Oral.

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10
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1
7
1

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20
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8
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29
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12
12
9
16
14
12
6
6
1

32
20
14
29
27
27
14
14
8

7

s

4

9

9

170

s

13
13

IS

34

68

SI

14' 313

Fuente: HI, Matrícula dos Imigrantes e Registro de lmigrantes, 1897-1902

CUADR06
FAMILIA CEARENSE: EDAD, SEXO Y ESTADO CIVIL (1920)

Grupo
por
Edad

Familia
Mujeres

Hombres

e

s

O- 4
S- 9
10-14
15-19 2
20-24 IS
25-29 12&lt;&gt;
30-34 14
35-39 14
40-44 6
45-49 2
50-54
SS-59 3
60 y+
3

47
38
16

Total t79

127

V

e

s

Nuclear
Total
V
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SS

11
12
2
1
1

7
24
23
14
4
4

33
20
8

s

3
2
1
1

1
1
1

78

124

4

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920.

9
39
43
28
18
10
2
1
3
4
157

V

102
71
36
19
17
5
1

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1
9

3
1
1

7
5
5
1
2

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Familia
Hombres
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30
13
16
10
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6
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36

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17

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1
1

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1
2

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Mujeres
Total
s V e s

5

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79

1

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14

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24
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1
2
1
1

170

Total Total
Hom. Muj
Oral.
V
77

SI
2
1
2
2
1
3
3
3
8
25

32
24
50
36
21
20
8

s

4

s

6
339

63
50
35
32

140
101
67

SS

108
75
45
34
16
10
12
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14

39
24
14
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s

8
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347 686

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�112

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

Diseñado, en líneas generales, el perfil de las familias que se dirigieron en diferentes momentos a Santa Gertrudis, siguen algunos comentarios sobre su significado en términos de la fuerza de trabajo.
CUADRO 7
FAMILIAS NUCLEARES. EDADES MEDIAS

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Padre

Madre

Hijos

Familia

Italiana
(1897-1902)

37.35

33.84

7.17

26.12

Italiana/
Austriaca
(1903-1914)

40.73

37.09

11.86

29.89

Portuguesa/
Española
(1903-1914)

37.11

33.56

9.87

26.85

Brasileña
(cearenses
1920)

30.74

27.44

6.80

21.66

·•

1

l

i
4

Nacionalidad

Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registro de Jmigrantes, 1897/1920

' -'

La fuerza de trabajo

Para el cultivo del café, lo que más importaba era la cantidad de elementos aptos para el trabajo, preferencialmente hombres. Se entendía
por "persona de trabajo" al individuo (hombre o mujer) a partir de
los 12 años y hasta alrededor de los 60-65 años. Al fazendeiro le interesaba también conocer, además del número de elementos de trabajo,
el tamaño y composición de la familia, pues los demás miembros podían ser utilizados en la cosecha (lo que podía ocurrir desde los 7 u
8 años).
El.propio Hospe~aje de los Inmigrantes, como agente de mano de
obra vmculado a los mtereses del café, además de clasificar a los invididuos por sexo los distribuía en tres grupos etarios: de 0-12 años, de

113

12 a 45 y con más de 45 años, en una clara demostración de conocer
el potencial y la fuerza de trabajo de las familias. Además, entre las
exigencias para que una familia pudiese obtener el pasaje subsidiado
estaban que fuese de agricultores, y que tuviese por lo menos un elemento masculino de 12 a 45 años.
En procura de una medida más precisa y para caracterizar mejor
el potencial de la fuerza de trabajo de las familias recién llegadas a la
fazenda, se optó por subdividir los dos primeros grupos etarios establecidos por el Hospedaje en otros dos. El tercer grupo, o sea aquel
que contenía a las personas con más de 45 años, fue conservado idéntico ya que la cantidad de personas con más de 55 años era poco significativa.
Así, a los efectos de este análisis, los elementos fueron clasificados en
cinco grupos etarios:
representado por niños que necesitaban cuidal. O a 6 años:
dos especiales y constantes por parte de una mujer, generalmente la madre, o hermanos más
grandes; grupo que no producía y, aparte de eso,
dificultaba el trabajo productivo del elemento
responsable de su cuidado.
II. 7 a JI años:
constituido por aquellos niños que estaban en
condiciones de prestar servicio al grupo doméstico; por ejemplo: cuidar de los hermanos menores, llevar comida para el campo, ayudar en
los servicios de la casa, cuidar de la huerta y de
los animales, participar de la cosecha dél café y
colaborar en la labranza de subsistencia. La importancia de este núcleo para la supervivencia de
la familia residía en que contribuía a reducir las
labores de la madre en la casa. Y porque, junto
a ella en las tareas del cutivo y en actividades
auxiliares, coadyuvaban con una parte del dinero recibido durante el año por la familia.
III. 12 a 16 años:
los "media azada", o sea adolescentes incluidos
oficialmente en la fuerza de trabajo; aunque no
hubieran alcanzado la plenitud de su capacidad
física, asumían un papel importante en la supervivencia del grupo.
IV. 17 a 45 años:

formado por los trabajadores adultos o "azadas" con plena capacidad física, dedicados de
tiempo integral a los cuidados del cafetal y de
las labores complementarias.

�114

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

V.- más de 45 años: constituido por personas que continuaban dedi-

CUADR09

cándose totalmente al trabajo del café; por lo
tanto, eran consideradas "personas de trabajo",
pero su capacidad física y rendimiento tendían
a disminuir a medida que avanzaban en edad.
Con el objetivo de detectar la fuerza de trabajo potencial en las unidades familiares, se presentan en los cuadros 8 y 9 los resultados del agrupamiento de los componentes de las familias en las cinco franjas etarias propuestas anteriormente.

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1

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Grupo
de

Edad

Familia

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Familia no Nuclear

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Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total General

O- 6

68

68

136

36

12

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184

CUADROS

7-11

26

29

55

14

19

33

88

FAMILIA 1TALIANA: EDAD Y SEXO DE LOS MIEMBROS
Potencial que representaban como fuerza de trabajo

12-16

12

15

27

12

19

31

58

17-45

93

92

185

59

72

131

316

46 y+

8

2

10

11

19

30

40

Total

207

206

413

132

141

273

686

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Grupo
de
Edad

FAMILIA CEARENSE: EDAD Y SEXO DE LOS MIEMBROS
Potencial que representaban como fuerza de trabajo.

Nudear

Familia

Familia no Nuclear

Total

Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total General

O- 6

43

31

74

6

7

13

87

7-11

28

17

45

4

4

8

53

12-16

13

8

21

-

3

3

24

17-45

42

48

90

14

16

30

120

46 y+

12

5

17

8

4

12

29

Total

138

109

247

32

34

66

313

,.

Fuente: HI, Matricula de lmigrantes e Registro de Imigrantes, 1897-1902

Para las familias nucleares italianas, 52% de sus miembros poseían más
de 12 años, por lo cual eran aptos para el trabajo productivo; para los
cearenses este porcentaje era un poco mayor, 54%. Por otro lado, las
familias nucleares italianas tendrían un 680/o de trabajadores en potencia mientras que las cearenses un 70%. Estos datos indican que para
el fazendeiro las familias no nucleares presentaban mayores ventajas
en el momento de llegada que las nucleares, porque ellas suponían más
trabajadores; mientras que las últimas sólo comenzaban a tener mayor

Fuente: HI, Registro de lmigrantes, 1920

proporción de productores después de algunos años, cuando los hijos
tomaban parte efectiva como fuerza de trabajo.
El argumento de que en las familias no nucleares habría más personas de edad avanzada que en las nucleares, no invalida la afirmación anterior. Sacando las personas con más de 60 años, probablemente
improductivas, aún así el porcentaje de elementos aptos sería mayor
en las familias no nucleares: 560/o y 670/o respectivamente para italianos y cearenses.
Es necesario destacar que no todas las mujeres participaban directamente en el trabajo productivo y que, por lo tanto, los porcentajes
presentados arriba, tanto en el caso de las familias nucleares como no
nucleares, podrían ser menores. Calcular sin embargo la real participación de la mujer adulta en el trabajo productivo se torna un problema de difícil solución. Es que una serie de variables, de lo más diversa,
interferían en el aumento o disminución de su participación.

115

�M.S. Beozzo B .: Inmigrantes y café en San Pablo
116

La mujer adulta, así como las menores de 12 a 16 años, era considerada "media azada", o sea que tendría condiciones de producir la
mitad que el hombre adulto. Pero en muchos casos, liberadas del "trabajo de la casa", llegaban a trabajar y a rendir tanto como el hombre.
Como observó un ex-colono:
Oh! sí trabaja. Había una mujer allá, qué barbaridad. Yo tengo una
cuñada ... Ella desafiaba a cualquier hombre con la azada ... En la cosecha hay mujeres que cosechan más que los hombres ... Ella trabaja
más en serio.

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1

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117

Siglo XIX

Con los datos presentados en los cuadros 8 y 9 se puede verificar
que el total general de los individuos de lo~ dos ~rupos (? sea, 55%
de los italianos y 60% de los cearenses) tema 12 anos o mas Y, por lo
tanto, eran considerados aptos para el trabajo.
Una muestra significativa de estas mismas familias, localizada en
la documentación de Santa Gertrudis, en el momento de su llegada a
la fazenda, apunta que el 49% de los italianos y también de los ce~~nses eran ''personas de trabajo''. La muestra se compone d~ 26 familias
italianas con 126 personas (62 "de trabajo") y 101 familias cearenses
con 498 personas (246 "de trabajo").

La ~articipaci~n de la mujer casada y su rendimiento en el trabajo
productivo del cafe y en el de su subsistencia dependían también del
mo~ento de_l ci_clo vital familiar en el cual se encontraba el grupo. Silva D1az YOhve1ra observaron en sus investigaciones sobre el colonato
para un período más reciente, que el nacimiento de los hijos colocab~
ª.la mujer impedimentos para la ejecución de su trabajo, exigía su atención constante y aumentaba su tarea en la casa. Cuando los hijos comen~aban a ~recer, liberaban a la mujer para la labranza, y cuando
los niños teman 7 u 8 años ya realizaba varias tareas domésticas. Finalmente a medida que los hijos crecían, asumían sus funciones en el
trabajo productivo y la madre podía retornar a los domésticos. Aunque esto es para un período reciente, se cree también es válido para
los anteriores (Silva Díaz, 1981; y Oliveira, 1982).

Si se parte entonces del presupuesto de que todos los ho~bres mayores de 12 años eran trabajadores efectivos, podría deducuse que la
diferencia entre los porcentajes presentados (550/o - 490/o = 60Jo para
los italianos· 600/o - 490/o = 11 O/o para los cearenses) fincaba en las mujeres con más de 12 años que no participaban del trabajo productivo.

Todavía hay que considerar, en cuanto al trabajo productivo de
la mujer, los aspectos culturales. En este sentido hay una interesante
declaración de Maistrello donde muestra que los casamientos entre nacionalidades diferentes, aunque menos comunes, no eran raros. Existían

Aplicándose estos porcentajes a las 26 familias identificadas en la
documentación de Santa Gertrudis, se obtiene que 70 de 126 personas
deberían tener 12 años o más (36 hombres y 34 mujeres). Si todos los
hombres con 12 años o más fueran considerados trabajadores, y si el
total de trabajadores era de 62, se concluye que de las 34 mujeres, apenas 26 estaban incluidas en la fuerza de trabajo, o sea 23 .50/o de ellas
no estaban entre las consideradas "personas de trabajo" .

casos de casamiento de hijas de extranjeros con hombres de color,
hecho éste que tiene explicación en el hábito del nativo de dejar siempre a la mujer en la casa para realizar los quehaceres domésticos, cuando el extranjero por el contrario la lleva para el trabajo pesado del
campo (MaistreJio, 1982: p. 554).

Estas actitudes demuestran la dificultad de obtener una real representatividad de la mujer casada en el total de la capacidad productiva de
las familias, ya fuere en el cafetal o en la labranza de subsistencia.
Sin embargo, un ejercicio con los datos recolectados permitieron
que se especulase un poco más sobre el trabajo de la mujer, y que se
llegase a algunas evidencias.

Tomando como verdadero dicho presupuesto, fue posible entonces obtener la proporción de mujeres que participaban o no de la fuerza de trabajo.
En el caso de las familias italianas encontradas en la documentación del Hospedaje de los Inmigrantes, había 313 personas de las cuales 173 eran mayores de 12 años (89 hombres y 84 mujeres)~ o sea, 55.30/o
de las mismas. De ellas 51 O/o eran hombres y 490/o muJeres.

Siguiendo el mismo razonamiento para el caso de l_as familias cearenses, en la documentación del Hospedaje de los Irurugrantes fue posible verificar que 60.30Jo de las personas tenía 12 años o más. De éstas, 470/o eran hombres y 530/o mujeres.
Estos porcentajes aplicados a las 101 familias cearenses identificadas en los documentos de la fazenda muestran que 300 personas tenían
12 años o más de las cuales 141 eran hombres y 159 mujeres. Por lo
tanto, de un tdtal de 246 trabajadores, 105 eran mujeres. En otros tér-

�118

Siglo XIX

mínos, del total de mujeres el 34% no estaba incluido entre las "personas de trabajo".
Por lo tanto, si los presupuestos fuesen correctos, los cearenses tenían proporcionalmente una cantidad menor de mujeres que se ocupaban del trabajo productivo respecto de los italianos, entre quienes más
de 3/ 4 partes de las mujeres eran consideradas como
fuerza de
trabajo.
Nupcialidad y fecundidad: algunas indicaciones

Además de la contribución de la mujer para el trabajo productivo de
la unidad familiar, las fuentes ofrecen algunas indicaciones relativas
a nupcialidad y fecundidad.
Retomando los números del cuadro 7, se verifica que las edades
medias de los hijos de las familias nucleares italianas y cearenses están
bastante próximas, aunque las edades de los padres italianos alcancen
valores más bajos que las de los cearenses. Esto por sí sólo conduce
a la suposición de que la edad media al casarse era más alta para los
italianos que para el grupo nacional. Tal constatación es reforzada cuando se calcula la edad del hijo más viejo que aparece en los registros.
Para los italianos era de 9.6 años; por lo tanto, este hijo habría nacido
cuando la madre tenía 24.2 años y el padre 27 .8. Para lós cearenses,
la edad promedio del hijo mayor era de 8.1, lo que demuestra que la
madre al concebirlo tendría 19.3 y el padre 22.6 afios. Aunque no se
puede saber si el hijo mayor era realmente el primero, estos datos son
indicativos de que las parejas cearenses -en las primeras décadas del
siglo XX- se uruan antes que los italianos a fines del XIX4 •

1

l

i

J

.....,

No hay manera, con estas fuentes, de obtener directamente tasas
de nupcialidad, fecundidad y mortalidad. Pero pueden ser practicadas
algunas observaciones en relación a los hijos tenidos y sobrevivientes
en el momento del ingreso de estas mujeres, entre 15 y 49 años, y así
abrir algunas pistas respecto a la fecundidad.
Los cuadros 10 y 11 indican que las mujeres italianas comprendidas
en las franjas etarias de 15 a 34 tenían en promedio menos hijos que
las cearenses. Esto ocurría porque los cearenses se casaban antes y tendían a espaciar el nacimiento de los hijos en una fracción de tiempo
menor que las italianas. Los datos existentes para las mujeres con dos
hijos o más mostraron (en el 68.5% de los casos examinados) que el
tiempo entre el nacimiento de un hijo y de otro variaba de 1 a 2 años
para los cearenses, mientras que para las italianas (70.5%) oscilaba de
2 a 3 años. Llama la atención inclusive el hecho que un aumento ma-

M.S. Beozzo B. : Inmigrantes y café en San Pablo

119

yor del número promedio de hijos ocurría en el pasaje de la franja de
25-29 afios a la de 30-34 afios, y que en el caso de las cearenses este
aumento llegaba a ser de 2.1 hijos; en otr~ p~abras, pasaba de 2.5
hijos a 4.6 hijos, mientras que para el grupo 1tahano pasaba de 2.0 para 3.0 hijos.
Entre tanto la tendencia de las mujeres cearenses a tener un número promedio 'mayor de hijos que l~s ita~a~as ocurría apenas h~t_a
los 30 afios. A partir de ahí la tendencia se mvierte en favor de l~s.últ1mas. Pero la pequefia frecuencia de mujeres cearenses en las ultimas
franjas etarias del período reproductivo d~ja dudas e~ cu?nto a esta
afirmación, así como sugiere algunas cuestl~:mes: ¿que vanables estarían interfiriendo en los resultados? ¿las muJeres cearenses en las edades más avanzadas del período reproductivo estarían sujetas a una tasa de mortalidad mayor que las otras? ¿problemas ligados a la salud
estarían interfiriendo en la capacidad reproductiva de estas mujeres,
más en uno que en otro grupo?
CUADRO JO
FAMILIAS ITALIANAS (1897-1902)
número medio de lújos, sobrevivientes por mujeres casadas
en el momento de su ingreso al cultivo del café
Número

Grupo de

de

hijos

Total

Total Prom.

Edad

o

1

2

3

4

s

6

15-19

1

1

-

-

-

-

- -

2

1

0.50

20-24

3

2

2

1

-

-

- -

8

9

1.13

25-29

1

2

7

2

1

-

-

-

13

26

2.00

30-34

-

2

2

6

3

-

-

1

14

43

3.07

35-39

-

-

3

3

3

2

-

1

12

44

3.67

40-44

-

2

-

-

2

2

- 2

6

20

3.33

45-49

-

-

2

-

2

1

- 1

6

24

4.00

Total

6

9

16

12

11

5

o

61

167 2.74

7

3

Mujeres Hijo!

Hijos

Fuente: HI, Matrícula dos lmigrantes e Registros de Immigrantes, 1897-1902.

�120

Siglo XIX

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

CUADRO 11

FAMILIAS CEARENSES (1920)
No. medio de hijos sobrevivientes por mujeres casadas
en el momento de su ingreso a1 cultivo del café
Grupo de

·,

l
j

~.

de

hijos

Total

Total Prom.

Edad

o

1

2

l

4

s

6

7

8

9 10

15-19

5

3

2

-

-

-

-

-

-

- -

10

7

0.70

20-24

9

12

6

9

-

-

-

-

-

- -

36

51

1.42

25-29

3

6

7

5

5

3

1

-

-

-

-

30

76

2.53

30-34

1

-

l

7

2

-

3

3

1

- 1

19

88

4.63

35-39

2

l

-

2

2

-

l

l

-

- -

9

28

3.11

40-44

l

-

-

-

2

-

-

1

-

- -

4

15

3.75

45-49

-

-

-

1

-

-

-

-

-

- -

1

3

3.00

21 22 16 24 11

3

5

5

l

- l

Total
1

Número

Mujeres Hijos Hijos

109 268 12.46

Fuente: HI, Registros de Immigrantes, 1920.
Nota: fueron retirados cuatro casos cuyas informaciones eran imprecisas.

¡,.

,.

·l

J .. .

Estas cuestiones, aún sin respuestas, apuntan a la necesidad de inve_rtir más tiempo_en la investigación para conocer mejor el comportamiento reprodu~t1vo de estas mujeres en las regiones de origen y, así,
detectar las posibles alteraciones ocurridas durante su inserción en la
agricultura cafetalera.
CONSIDERACIONES FINALES
Este retrato de las familias inmigrantes italianas y cearensc,s, en el mo~ento ex~cto de su introducción en la labranza del café, muestra que
(mdependientemente de su origen extranjero o nacional) eran en su mayoría nucl~~res, basta_n_te jóvenes y de un tamafio relativamente pequefio. Tan:ibien las famihas_ no nucleares o ampliadas eran pequefias en
promedio, aunque ofrec1an una estructura etaria más vieja que las
nucleares.

121

Esto demuestra que a pesar de la propaganda para atraer mano
de obra para el café e insistir en conseguir familias numerosas y con
muchos brazos, como querían los fazendeiros, y que los observador~
italianos desaconsejaban a las famiglia piccole emigrar para el Brasil,
eran éstas las que se dirigían a las fazendas. Y cuando la migración
nacional substituyó a la internacional, las familias venidas del noreste
del país poseían un tamafio semejante al de las europeas y eran, aún,
más jóvenes.
Tales evidencias tiran por tierra las afirmaciones, consagradas y
repetidas por muchos, de que las familias inmigrantes eran grandes.
Por otro lado, un análisis comparativo entre los dos grupos estudiados (italianos y cearenses) constató ciertas diferencias.
Las familias no nucleares aparecían en mayor proporción entre las
cearenses que entre las italianas: en su composición, las primeras incluían elementos que se presentaban en una gama más variada, con
diferentes grados de parentesco en relación al jefe, que las segundas.
Las familias italianas mostraban una estructura etaria ligeramente
más vieja que las cearenses: se formaban más tardíamente, ya que la
edad promedio para casarse era más alta. Las familias no nucleares
en ambos grupos, a su vez, poseían también una estructura etaria más
vieja que las nucleares y consecuentemente un mayor porcentaje de trabajadores. En tanto las no nucleares llegaban a tener 68% y 70% de
elementos aptos para el trabajo productivQ., (italianas y cearenses, respectivamente), las nucleares cont~nían para estos grupos 520/o y 54%
de elementos que podrían tomar parte en la fuerza de trabajo familiar.
Los datos recolectados permiten suponer que, en cuanto al trabajo productivo de la mujer con más de 12 años, era realizado por lamayoría de ellas. En el grupo italiano en una proporción más alta. En
otras palabras, del total de mujeres italianas, las que no trabajaban
la tierra sumaban una menor proporción que entre las cearenses.
Además fue posible presuponer la existencia de comportamientos
diferentes entre los dos grupos estudiados en relación a la nupciaijdad,
en cuanto al número promedio de hijos sobrevivientes que tenían las
mujeres en las diferentes franjas etarias del período reproductivo y en
relación al espaciamiento entre los nacimientos de los hijos. Las mujeres cearenses se casaban antes, poseían hasta la edad de 34 años un
número promedio de hijos mayor que las italianas, y presentaban un
espaciamiento menor entre un nacimiento y otro. Dudas surgidas, prin-

�122

Siglo XIX

cipalmente respecto al comportamiento reproductivo de las mujeres con
más de 35 años, sugieren una continuación de los estudios en este
sentido.
Como estas familias se adentraban en el cultivo del café todavía
jóvenes, la posibilidad de ampliarse continuaba abierta.
Estudios realizados para las familias de la fazenda de Santa Gertrudis en la segunda década de este siglo indican que poseían un promedio de 7 personas (Bassanezi, 1986). Tamaño éste que no puede ser
considerado muy grande, pero sí mediano, teniendo en cuenta criterios actuales que consideran pequeña una familia con 4 ó 5 elementos.
Relacionando el tamaño de las familias, su fuerza de trabajo, su
producción y salario y otros ingresos monetarios, estos estudios condujeron a la constatación de que el sistema de organización del trabajo
en la fazenda de café paulista, si tenía que ver con el tamaño de la familia, no era por las ventajas económicas de los hijos.
Los datos evidenciaron que, mucho más que el tamaño de la familia, era la cantidad de trabajadores lo que respondía por la producción
y el rendimiento de la unidad familiar (era la capacidad de trabajo la
que determinaba el número de pies de café a cuidar y, consecuentemente, la cantidad de tierras disponibles para la labranza de subsistencia). Más aún, y sobre todo, era la relación productor- consumidor la
gran responsable por el éxito o no de la familia dentro del colonato.

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Como el aumento de la fuerza de trabajo no ocurría en la misma
proporción en que crecía la familia, el colonato acomodaría con éxito,
por un tiempo limitado, a familias que se encontraban en un período
favorable de su ciclo vital, donde la relación productor-consumidor estuviese bastante próxima a uno (incluso en este caso, las familias pequeñas y medianas conseguían obtener saldos relativamente más altos
que las familias mayores). Por consiguiente, este régimen de trabajo
no aparecía como muy viable para las familias donde esta relación fuese
menor a 0.5.
Es preciso recordar, sin embargo, cuáles variables, difíciles o imposibles de cuantificar, estaban también interfiriendo a cada instante,
aumentando o disminuyendo la expectativa de éxito de la familia: las
condiciones de trabajo ofrecidas por los fazendeiros (que podían variar de año en año), la postura de la familia en relación al trabajo, sus
condiciones de salud y aquellas impuestas por la propia naturaleza,
entre otras.

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

123

Todo esto, por lo tanto, debe ser tenido en cuenta para entender
porqué muchas familias, con tamaño y composici~n diferen_t~ unas
de las otras, llegaban a obtener al final del año agncola rendimientos
brutos y saldos bastante semejantes.
Aunque estas evidencias inclinen al investigador a descartar el régimen de colonato como uno de los responsables por el tamaño de la
familia que predominó en las áreas de plantación del café, ello sería
una actitud prematura. A pesar que la investigación hasta ahora realizada ha conseguido algunos avances, solamente un estudio que acompañe a estas familias en el tiempo, y que informe sobre el comportamiento de la nupcialidad, fecundidad, mortalidad y permita la comparación con familias bajo otras experiencias, estaría en condiciones de
presentar una respuesta conclusiva a esta cuestión: la forma como estaba organizado el trabajo en las fazendas de café paulistas, ¿tuvo influencias en el comportamiento demográfico del período?
NOTAS

1. Estudios recientes corno los de Hall y Stolcke, por ejemplo, tienden a ver el colonato no sólo como resultado de la ausencia de un mercado de trabajo, de la abundancia de tierras y la escasez de capital, sino tambien como producto final de años
de experiencia de los fazendeiros para implantar una fuerza de trabajo barata y
disciplinada. En este sentido des.tacan la interrelación entre la explotación del trabajo y la resistencia de los trabajadores que tornaron al proceso económico y político, al mismo tiempo: "la dinámica de la situación resultó tanto de las r~ones
económicas de los fazendeiros como del poder de negociación utilizado por los trabajadores al resistirse a las imposiciones" (Hall y Stolcke, 1983: p. 81). A ~u vez,
AJvim demuestra que el colonato se presentaba como una forma de trabaJo bastante próxima a la desarrollada en el país de origen de los inmigrantes. Según esta
autora, el sistema evitaba la destrucción del núcleo familiar, "única arma para escapar de la proletarización inminente". "Por eso (los colonos) luchaban todo lo
posible para mantener cultivos de subsistencia y la unidad familiar, pautando su
comportamiento con los valores de su sociedad de origen. Y lucharon al mismo
tiempo, para ser reconocidos en un país en el cual el trabajo y el grupo del trabajador eran meros objetos que los fazendeiros manejaban en su provecho." (AJvim,
1986: p. 114).
2. Entre estos autores se citan: Bassanezi, 1973; Silva Dias, 1979; SalJum, Jr., 1982;
Holloway, 1984; Paiva, 1985; Stolcke, 1986.
3. Era limitado el número de bienes que necesitaba comprar el colono. Estos bienes,
no producidos por la familia, eran adquiridos en el almacén o proveeduría de la
fazenda o en los almacenes de las poblaciones y ciudades vecinas, a través del sistema de libretas y de pagos al finalizar la cosecha.
4. Entre 1871 y 1881 la edad promedio de la mujer italiana al casarse era de 24 años
(Cippolla, 1965: pp. 582-583).

�124

M.S. Beozzo B.: Inmigrantes y café en San Pablo

Siglo XIX

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El movimiento de la población y la posibilidad de que ésta encuentre
sus condiciones de reproducción en el lugar de origen, o tenga que abandonarlo desplazándose hacia otras partes, es uno de los problemas cruciales para cualquier estudio donde se quiera entender la forma en que
los hombres comunes viven los fenómenos económicos y sociales
generales.

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En las próximas páginas 1 intentaremos comunicar el resultado de
nuestras investigaciones sobre los movimientos de la población, y su
relación con los períodos económicos y grupos sociales, en una de las
regiones del Ecuador: la de Cuenca2, ubicada en lo que hoy son las
provincias de Azuay y Cañar. Principalmente observaremos la existencia
de comportamientos diferentes e incluso contrapuestos de la población
en distintos momentos. En un primer momento, de retracción de las
relaciones mercantiles extrarregionales -cuando la región se mueve dentro de sus propias fronteras-, encontraremos un crecimiento sostenido de la población sin mayor emigración. En un segundo, la activación mercantil y de las relaciones con el mercado mundial coincidirán
con traslados de la población como opción a las dificultades de diverso orden que debe enfrentar para su reproducción.
Cabe señalar que no sólo nos hemos preguntado sobre la relación
general entre movimientos de población y períodos económicos sino

• Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
La autora agradece las sugerencias y comentarios de Eduardo Míguez, cuya ·

colaboración y paciencia hicieron posible este artículo.

�S. Palomeque: Movimientos de Población en Cuenca
128

también cómo se da este proceso dentro de los distintos grupos sociales, subdividiéndolos de acuerdo a sus pertenencias al mundo rural o
urbano, a economías campesinas o de haciendas y también a su localización dentro del espacio regional.
1. ALGUNOS ELEMENTOS GENERALES SOBRE LA REGION
Durante el siglo XIX nos encontramos frente a la conformación de los
nuevos espacios administrativos republicanos luego de la ruptura del
pacto colonial. En el Ecuador se encierra en una frontera común a un
conjunto de regiones con identidades históricas propias y cuya integración en un proyecto nacional ha significado un largo camino que,
incluso, llega hasta el presente.

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Siglo XIX

La región de Cuenca, durante los últimos años del período colonial, ya es un espacio definido con características propias con respecto
a las regiones vecinas, con una vida económica, política y social nucleada alrededor de la ciudad de Cuenca, y con sus especializaciones
productivas regionales orientadas hacia la exportación al mercado interno colonial y al mercado mundial (Brownrigg, 1978; Deler, 1983;
Espinosa, 1981; Miaguashca, 1978; Palomeque, 1979y 1987; Wahburn,
1982). Estas especializaciones productivas consisten principalmente en
textiles baratos de algodón y lana que, junto a otras artesanías, se exportan hacia Lima pero también hacia el norte del Perú y a la costa
pacífica desde Panamá a Chile. Esta producción -de origen artesanal
campesino- vincula a la región con el mercado interno colonial y es
la base sobre la que funciona el resto del sistema mercantil. Junto a
ella también existe la exportación de cascarilla3 hacia el mercado mundial, vía monopolio comercial español.
En el segundo cuarto del siglo XIX la región verá disminuida significativamente sus relaciones con el mercado externo al suspenderse
las exportaciones de cascarilla a España y también las de sus textiles
por la competencia de los de origen inglés en los mercados del Pacífico, quedando así reducida a sus propias fronteras económicas.
Hacia 1850 se reinicia la vinculación con el mercado mundial a través de un ciclo intenso de exportación de cascarilla, que dura hasta 1885.
Aquí se dinamizan nuevamente todas las relaciones mercantiles y esto,
entre otras cosas, permite una fuerte acumulación de dinero pero sin
que existan modificaciones en las estructuras sociales regionales4.
Cabe señalar que - en el último cuarto del siglo- se da un fuerte
auge de las exportaciones del cacao que se produce en las tierras bajas
de la región vecina de la costa, cercana al puerto de Guayaquil, área

q?e se caracteriza por su clima malsano y una escasez de población agudizada por las demandas de la producción cacaotera. Esta situación
junto a la interrupción del ciclo cascarillero en 1885 y a que la regió~
d_e Cuenca no despliega ninguna economía sustitutiva hasta fines de
s1glo_,. hacen que la costa se convierta en el punto de destino de la migrac100 cuencana.
Otro elemento general que es necesario conocer es que la región
de &lt;?uenca es un mundo completo, con su centro urbano principal en
1~ cmdad de Cu~nca, y rodeado de un vasto espacio rural que a su vez
tie~e características diferenciadas. Si bien en términos generales puede
decrrse _que 1~ mayo_r parte de la población es campesina, debe anotarse la eXJstencia de diver_sas estructuras de distribución de la tierra. Hay
zonas donde predomman grandes unidades de producción -las
' ' haci~?~as''--;;, otras do~~e las medianas unidades son más importantes
-:-las fincas - Ytambien zonas donde la gran mayoría son campesinos que controlan pequeñas unidades con muy poca tierra5 •
2. LOS MOVIMIENTOS DE LA POBLACION
Investigacion~ anteriores ya habían realizado serios aportes sobre esto~ temas. To~as ellas concluyen que existió durante el XIX un crecimiento sosterudo de la población combinado con migración hacia la
Costa,el.que ~dquiere mayor ~ntensidad ~acia fines del siglo (Chiriboga, 1980, Espmosa, 1982; Espmosa y Achig, 1981; Estrada Icaza, 1977;
Hamerly, 1973; Wahburn, 1982).
_E ste trabajo.?º contr~dice ni discute aportes brindados por los invest~gadores recien mencionados6, sino que ha incorporado sus conclusiones ~enerales sus sugerencias, integrándolos como una de las
f~entes de mformacion. Lo que modificaremos es el sesgo que orientara las pre~untas, en t;anto trataremos de estudiar los movimientos de
la ~~blac1on en relación a la dinámica que se vive en el interior de la
reg100.

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Es indudable ~l cre~i,miento demográfico de la costa cacaotera alimen_tad? por 1~ _nugracion serrana, pero lo importante para nosotros
es dil~c1dar quienes son los migrantes, a qué grupos sociales pertenec~n, ~i se trata de migración definitiva que rompe con la sociedad originana o es _te~poral (en búsqueda de recursos) y cuáles son los ele~ent~s_que_mciden en 1~ deci~ión de ª?andonar el lugar de origen. En
smtes1s.- c_uales son las s1tua~!ones reg10nales internas que posibilitan
el mov~fillento de ~a poblacion. Además, ese movimiento no sólo se
da hacia la&lt;;osta smo_q~e ~ambien_existe dentro de la propia región,
donde adquiere una dmanuca propia -y previa- a la alternativa ex-

�130

Siglo XIX

trarregional. Todo esto se conjuga con los ciclos económicos regionales y las posibilidades físicas de reproducción dentro de la región.
Estimamos que las conclusiones a las que arribaremos, al igual que
las de los otros investigadores, deberán ser modificadas y revisadas en
futuros trabajos que consulten archivos parroquiales. En todos, hasta
el momento, nos hemos basado en estimaciones de población realizadas por distintos funcionarios del Estado con sistemas pre-estadísticos.

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medianas seguidas por la pequeña y escasa presencia de haciendas9•

Gl'l!po 2: con localización central, vinculadas al mercado de Cuenca
Y también del de Azogues'º. Predominio de unidades de producción
grandes Y medianas, siendo casi inexistentes las pequeñas 11 •

3. LAS FUENTES Y SU TRATAMIENTO

Grupo 3: localización centro-oriental, con difícil acceso a los mercados de Cuenca y Azogues. Claro predominio de pequeñas parcelas
acompa_ñadas
de escasas medianas y grandes unidades de
producción 12•

Los documentos pueden clasificarse en dos grupos: a) las estimaciones
de población en general; b) las planillas originales de censos.

G~upo 4: localización occidental, limítrofe con la zona de descenso hacia laCosta. Predominio de la gran propiedad territorial 13 •

El análisis de esta documentación ha sido prolongado y complejo.
En un primer momento se concentró sobre las fuentes más confiables:
las planillas censales y los análisis demográficos realizados por otros
investigadores. Posteriormente se incorporaron datos de las estimaciones generales de población, en tanto que las conclusiones globales que
se desprendían coincidían con las de las planillas censales y con el proceso socioeconómico que se vivía en la región .

(!rupo 5: l?Calizadas en la zona oriental, cercana a tierras cálidas
al .º~ente Y, al igual qu~ el grupo 4, lejos de Cuenca y Azogues. Predomtruo de la gran propiedad 14.

Las estimaciones de población en gen'eral
1.

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Se han localizado catorce estimaciones generales de la población7 pero la información que cada una entrega no es homogénea. En casi todas se incluyen parroquias y cantones pero no todas comprenden la
provincia de Cañar. Todas subdividen la población entre hombres y
mujeres pero pocas diferencian la población infantil, la ocupación o
la "raza".
Parte de la información ha sido desechada, otra ha sido corregida8 . También se ha modificado la subdivisión administrativa: al respecto se adoptó la existente en 1825 y se la mantuvo durante todo el
siglo.
Con las parroquias rurales -muy numerosas- se conformaron
grupos semejantes y para ello se cruzó la información de población con
la que se tenía sobre tenencia de la tierra y con criterios de localización
geográfica respecto a los distintos mercados. Se conformaron cinco
grupos:

Grupo 1: con localización central y vinculación directa con el mercado de la ciudad de Cuenca. Predominio de unidades de producción

Estas su~di~isiones entre población de la provincia de Azuay y Cañ_ar, de los distintos cant?nes, de la población rural y urbana, de los
cmco grupos de p~oquias. rurales, etcétera, permitirán comparar y
?bservar !os movurnentos diversos de la población al interior del conJunto regional.
Planillas originales del censo de 1871
De_ las planillas originales del censo de 1871 se seleccionó a tres parroquias: San Sebastián, una parroquia urbana, y Molleturo y San Cristó~al? que ~on rurales. Se ha elegido a estas parroquias por sus caractenstlcas diversas y por. la posibilidad de que su conjunto representa
un~ muestra de la variedad de situaciones existentes en el interior
regional15•
Mollet~ro se divide en dos secciones: Molleturo, que es el centro
de parroqwa, YChaucha. La parroquia se encuentra en el límite occid7ntal de la provincia, a unos 2 500 metros de altura y en las estribaciones mo~taño~as _que b~jan hacia la costa. Por allí pasa el camino
del NaranJal, pnnc1pal VJa de comunicación de la región en el XIX.
. Existe cierta diversidad entre sus dos secciones. Molleturo está hab!ta~a por una ~omunidad indígena especializada en el conocimiento
tec°!co del cammo del Naranjal, sumamente valiosa para los contemp~r~eos, Yque logra una relación especial con el poder político provmctal. Sus tierras son de comunidad y, en general, puede percibirse

�132

Siglo XIX

como un grupo que resiste mejor que los demás indígenas las exacciones a las que son sometidos.
Chaucha tiene otras características. En sus tierras se encuentran
algunas haciendas junto a los pequeños y medianos productores. Parece ser la zona de una comunidad indígena sobre la que se ha superpuesto un desplazamiento de población blanco-mestiza. También por
sus tierras pasa un camino a laCosta que es de menor importancia que
el del Naranjal.
La población de ambas secciones aparece como exclusivamente agrícola pero es licito suponer, por su localización, que se combina la agricultura con la arriería ( cuadto 1)

Si c.onsideramos que la presentación del listado censal es un indicador de los criterios sociales válidos para los informantes, cabe mencionar que en Molleturo la lista comienza por el padre del Teniente Político (en segundo lugar sigue éste) y que ambos son indígenas; luego
vienen todos tos varones, todas las mujeres y, al final, se anota al cura. En Chaucha no se observa esta jerarquización y la preeminencia
de los apellidos indígenas es menor.
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San Cristóbal se encuentra en la zona centro-oriental, con su cabecera parroquial situada a unos 2 800 metros ·de altura, en las cercanías del río Paute .
Su población combina agricultura con artesanía. Los hombres en
su mayoría son agricultores pero un 150Jo son registrados como sombrereros; las mujeres son artesanas, la mayoría hilanderas y un 100/o
son sombrereras o costureras. A esta parroquia se la puede caracterizar como una zona de pequeñas unidades de producción de tipo familiar, con combinación de agricultura y artesanía.

u,11

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

133

mos considerado que esto es un indicador de la presencia de migrantes
rurales de especialización artesanal poco calificada, que constituyen un
sector con fuerte movilidad.
En la presentación de las listas censales no se registran apellidos
ni familias que ocupen lugares prominentes, pero se observa que comienza la lista con los hombres adultos, luego con las mujeres adultas
y siguen los niños. Si en las zonas de Molleturo, de trabajo comunal
agrícola, vimos que se pone en primer lugar a los hombres, si en la
de San Cristóbal, de economías familiares, el criterio de ordenamiento
está dado por las unidades familiares, en San Sebastián encontramos
que no se encuentran familias o personas importantes encabezando la
lista. Esta es una sociedad urbana de artesanos de migración reciente
y las mujeres adultas ocupan el segundo lugar de la lista, en correspondencia con la importante situación económica que allí detentan. El 670Jo
de las mujeres se ocupa de actividades artesanales, un 70/o de actividades vinculadas a la venta de alimentos (gateras, pulperas, chicheras,
etcétera) y sólo un 260/o mantiene vinculación con la agricultura. Los
hombres adultos, menos numerosos que las mujeres, están más vinculadas a la actividad agrícola: un 750Jo son agricultores y el 250Jo son
artesanos -sobre todo sombrereros-. En síntesis, la mayor parte de
los migrantes son mujeres y su ocupación es artesanal.
Estas son las tres parroquias estudiadas: diversas en lo económico
y en lo social, estimamos que representan un conjunto diferenciado e
integrado en la vida regional. Su análisis se constituyó en el mejor indicador de los movimientos de la población de esta investigación. Aparte
del estudio individual se las agrupó en un cuadro de síntesis que se estima representativo del movimiento poblacional regional.
4. LOS MOVIMIENTOS DE LA POBLACION ANTES DE 1871
(ANALISIS DE LAS PLANILLAS CENSALES)

El listado censal se presenta por agrupaciones familiares en orden
de jerarquía: primero el padre, luego la madre, siguen los adultos incorporados (abuela viudo, tía soltera, etcétera) y luego los hijos por
orden de edad. La familia que comienza la lista es la del cura y, al final
del listado, como encerrándola, está la familia del Teniente Político.

A través del análisis de las planillas censales se pueden observar principalmente tres procesos: a) los movimientos de la población antes de
1871; b) la migración masculina dentro y fuera de la región; c) la migración femenina interna a la región ( gráficos 1-2-3-4)

La parroquia de San Sebastián, en su sección primera, es totalmente
urbana y pertenece a la ciudad de Cuenca. Tradicionalmente se la ha
calificado como centro de residencia de sectores populares urbanos.
Observando la población de esta parroquia durante todo el siglo se detecta que sufría fuertes oscilaciones en el total de su población, y he-

Los movimientos de población antes de 1871 16
Este proceso hay que observarlo en las pirámides de población, en el
sector de las mujeres y tomando como referencia el año de nacimiento, dejando de lado el sector de los hombres por las deformaciones que
produce la migración.

�134

Siglo XIX

En las tres parroquias, y sobre todo en su suma, se puede trazar
una línea oblicua que va desde 1812 a 1851 y también podemos ver que
la línea salta entre 1832 y 1841/6. La inclinación oblicua de la línea
implica un rejuvenecimiento de la población que se vuelve más intenso
en el momento del salto. Desde 1851 hasta 1861 la línea se vuelve vertical, y desde 1861 en adelante vuelve a inclinarse pero en un grado menor al del perído 1812-51. La linea vertical implica un período de estancamiento de la población, que es seguido por un rejuvenecimiento,
aunque menor que en la primera etapa. Esta línea imaginaria es fácil
de observar en la suma de las tres parroquias y también en Molleturo,
que no tiene migración femenina.
Considerando que esta información unifica tramos de 5 y de 10
afios -lo que impide precisar los afios exactos de los movimientos de
la población- puede plantearse como conclusión que existe un nota-

ble crecimiento de la población durante los años comprendidos en las
décadas del 30 y del 40, que este crecimiento se interrumpe bruscamente en la del 50 y que la población vuelve a crecer -más lentamenteen la década del 60.
Estas tendencias coinciden y dan veracidad a lo planteado por las
estimaciones generales de población que estudiaremos más adelante.

La migración masculina, dentro y fuera de la región

Ut

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Sin duda en 1871 se está frente a un proceso de emigración masculina.
Esto se ve claramente cuando se compara la distribución de la población regional con la del Cerro de Paseo (Perú), lugar caracterizado como centro receptor de migración (cuadro 2). La emigración es en su
mayoría de hombres solteros. Esto lo confirma el hecho de que las mujeres son el 58% de la población económicamente activa que permanece en la región (cuadro 3), y de ellas casi la mitad está constituida por
solteras (cuadro 4). Pocas tendrán posibilidad de constituir familia ya
que dentro de la población soltera las mujeres son el 84% y los hombres el 16% (cuadro 5).
La migración masculina en los afios previos de 1871 se pudo conocer estudiando la relación entre los sexos en cada segmento de edad.
Para ello hay que observar la información de las pirámides (gráficos
1-2-3-4), el coeficiente de masculinidad (cuadro 6) y la serie del año
de emigración que corresponde a cada rango de edad (se estimó en 20
años la edad de migración, ya que en los listados censales esa es la edad
donde "desaparecen" los varones solteros).
Realizada la comparación entre las diversas informaciones se pu-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

135

do ver que de 60 afios en adelante, con edad de migración anterior
a 1822, el número de hombres es menor que el de las mujeres en las
tres parroquias. Esto es más agudo en San Sebastián donde la presencia femenina se toma más importante por la emigración desde el campo a la ciudad.
De 50 a 59 años hay una relación normal entre hombres y mujeres
en la suma de las tres parroquias. Pero si se observa cada una de ellas
se ve que faltan hombres en San Sebastián y hay un exceso en Molleturo. De esto puede inferirse que en el período de 1832 a 1841 no hay
emigración hacia fuera del espacio regional, pero sí la hay internamente, y que se dirige hacia la estribaciones occidentales de la cordillera
(o quizás se trate de un movimiento general hacia tierras poco ocupadas que se encuentran alejadas de la zona del centro).
En el tramo que corresponde a los hombres entre 40 y 49 años,
con edad de migración entre 1842 y 1851, la suma de las tres parroquias señala un lento descenso del número de varones, que afecta sobre todo a San Cristóbal. Esto indicaría que hacia 1850 recomienza,
lentamente, el proceso de migración, en especial, desde las parroquias
con economías familiares y tendencia al minifundio, como San
Cristóbal.
De 20 a 39 años, con edad de migración entre 1852 y 1871, se detecta una notoria ausencia masculina, mucho más intensa que en el segmento de 40 a 49 años. Esta ausencia emerge en la suma de las tres
parroquias, pero es más notoria en San Sebastián y Molleturo que en
San Cristóbal. Se ha dado, entre 1852 y 1871, un marcado proceso de
emigración, más agudo entre 1852 y 1861. El que la ausencia masculina sea menos notoria en San Cristóbal se debe a que en esa parroquia
se da paralelamente una migración femenina hacia los centros urbanos
de la región, lo que trae aparejado una mayor regularidad en la distribución de la población entre los dos sexos.
La relación entre hombres y mujeres tiende lentamente a normalizarse de 15 a 19 afios, pero no en el grado que era dable de suponer.
Esto puede deberse a que algunos hombres migran cerca de los 18 años,
cuando comienzan a tributar o prestar servicios al Estado.
La información es irregular para los de menos de 14 años: por ello
se consideró incorrecto desprender conclusiones de estos datos.
En síntesis, esta información permite suponer que basta 1825-30
se da un proceso de emigración masculina que, combinada con la mor-

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S. Palomeque: Movimientos de población

en Cuenca

137

talidad de las guerras de la Independencia, origina la ausencia de varones det~da. En el período que va de 1830 a 1850 no hay emigración
en térnunos generales, salvo la población de las zonas minifundistas
que ya antes de 1850 comienza lentamente a desplazarse fuera del espacio. Sí hay movimientos intrarregionales. En la década del 50 se da
un P!º~º marcado de emigración masculina fuera de la región, que
continua en los 60 pero con menor intensidad.

ciendas en sus tierras. Si en Molleturo hay ausencia de hombres solteros pero también de casados, en San Cristóbal en su mayoría faltan
solteros. En Molleturo las mujeres -solteras o casadas- no migran;
en San Cristóbal migran las mujeres cuando no pueden conformar familia. En Molleturo las mujeres están asentadas como población agrícola, en San Cristóbal como artesanas, a pesar de que podemos suponer que en ambos lugares desarrollan ambas actividades (cuadros 1.4

La migración femenina

y 5).

El perfil femenino de la pirámide de San Sebastián muestra una irregular y abultada población femenina adulta que luego desaparece en
la _sum~ de las tr~ parroquias. Esto permite pensar que hay una clara
!1llgra~1ón fememn~ desde el campo hacia la ciudad, que toma distinta
mtens1dad en los diferentes períodos.

Estos datos aluden a dos comportamientos diversos cuando se podría haber supuesto lo contrario. Puede pensarse que en Molleturo parte
de los hombres emigran pero lo hacen en forma estacional o durante
el período en que se los denomina "económicamente activos"; luego
retornan cuando son mayores (ver el sector de ancianos del gráfico 2).
Mientras los hombres migran, la comunidad queda responsable de la
reproducción de las familias, lo que se realiza con fuertes contingentes
de trabajo femenino -de casadas o solteras-, y al retomo de los hombres éstos incorporan recursos monetarios que permiten una mejor reproducción económica de la comunidad. E, incluso, queda abierta la
posibilidad para las mujeres de casarse en algún momento.

En 1871 la migración es de mujeres solteras mayores de 25 años.
En la suma de las tres parroquias las mujeres solteras constituyen el
43% d~ la población femenina adulta en el promedio general. En San
Sebastlán sobrepasan la media y alcanzan a un 62% en San Cristóbal
están por debajo con un 36% y en Molleturo son ;l 430Jo, igual que
el general (cuadros 4 y 5).

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Siglo XIX

La conclusión es que hay un traslado de mujeres desde parroquias
n.u:ales como San Cristóbal hacia la ciudad, pero que en otras parroqwas -como Molleturo- la población femenina no migra.
. También h~y coincidencia entre los períodos de emigración masculina de la región y los de la migración femenina hacia las ciudades
lo que permite pensar que son parte de un mismo movimiento. Obser:
vando la parroquia de San Cristóbal y de San Sebastián en los listados
~nsales originales, viendo las edades de las mujeres solteras que no
tte°:en c~ntraparte de solteros masculinos, se ha podido inferir que la
m~~er IDigra cuando no tiene posibilidad de conformar su propia familia, a una edad mayor que la del migrante masculino.
Otro indica??r de la_s dificultades que tienen las mujeres para conformar una familia lo bnnda la parroquia de San Cristóbal donde pueden verse varias parejas de hombres de 50 a 60 años co~ esposas de
20 a 30.

Algunas conclusiones
Hay ~otorias diferencias _ent!e Molleturo y San Cristóbal, ambas parroqwas rurales y ambas md1genas, las dos sin mayor presencia de ha-

Este conjunto de datos nos habla de una reproducción social y económica de tipo comunitaria que se condice con los antecedentes que
teníamos sobre el acceso a extensas tierras de comunidad, la ocupación masculina en arriería y reparación de caminos, y la presencia de
un poder étnico muy consolidado.
En San Cristóbal en cambio, hay un proceso de parcelación de la
tierra y no se observan elementos que hagan pensar en la existencia de
actividades comunales (no se observa preeminencia de ningún grupo
étnico ni jefaturas), la producción se halla dispersa en unidades familiares individuales. Es así que cuando un hombre o mujer no tiene acceso a recursos que le permitan conformar una unidad doméstica debe
migrar, y sin retomo. No hay en este caso alternativas comunales de
reproducción que puedan absorber a ancianos, solteras, etcétera. En
cada grupo familiar se nota que algunas familias han incorporado a
algún abuelo o tía anciana pero no es lo común (posiblemente se trate
del pariente que les legó la tierra que ocupan).
El estudio de estos dos casos nos muestra que en las economías
agrícolas parceleras de organización familiar, cuanto más atomizadas
se encuentren y cuanto mayor sea el proceso de minifundización que
dificulte el acceso a la tierra a las nuevas unidades familiares, mayor
será la participación de su población en el proceso migratorio sin re-

�138

Siglo XIX

tomo. En contraposición a esto, los grupos indígenas que logran mantener formas de producción comunales e incluso la dirección de las autoridades étnicas, también se incorporan al proceso migratorio general
de la región, pero pueden incorporarlo en beneficio de su propia reproducción, no pierden su población femenina y la masculina retoma.
En ambos casos hay migración, una con retomo y otro sin él, pero
en un caso sin mayores desestructuraciones y en el otro sí. En ambos
casos se da en períodos similares como respondiendo a fenómenos generales externos a los grupos -aunque comunes a la región- pero la
respuesta a estas presiones externas dependen de la estructura interna
de cada núcleo a nivel social, y no tiene mucho que ver con su localización cercana o lejana de las zonas de atracción.

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También hay que pensar en el conjunto de la población regional.
La emigración de solteros sin retomo y la de solteras hacia las ciudades tienen que originar una disminución de la natalidad, lo que permite no sólo verificar sino también comprender mejor los movimientos
globales de la población. Comparando los flujos migratorios masculinos y femeninos con los movimientos de población para antes de 1871,
se puede concluir que el crecimiento de la población de los años 30 a
50, que fue muy intenso, se dio por la falta de migración fuera de la
región. Esto originó un incremento en las tasas de natalidad notable
y es esta población, la nacida entre el 30 y el 50, la que migrará desde
los años 50.
También podemos concluir en que se está observando un mismo
proceso desde distintos análisis estadísticos y que todos coinciden en
las conclusiones generales. Las tendencias planteadas en las estimaciones de población serán similares a las que hemos encontrado en las planillas censales.

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5. LAS ESTIMACIONES DE POBLACION Y SU RELACION
CON LOS PERIODOS ECONOMICOS17
Desde 1825 a 1850 aproximadamente la región vive un período donde
se retraen las relaciones comerciales externas y, consecuente a la falta
de interés de los sectores económicos dominantes por extraer plustrabajo a los campesinos, se da un crecimiento de la producción agrícola
de autosubsistencia.
En estos años encontramos un fuerte ascenso de la población originado por la disminución de la emigración y por un mejoramiento en
las condiciones de reproducción de la población. Este crecimiento alcanza hasta 1854: la población se ha incrementado en un 86% con res-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

139

pecto a 1825, en lo que suponemos un proceso de rejuvenecimiento desconocido para las generaciones anteriores (gráficos 5-6-7-8-9-10).
Según veíamos páginas atrás, esta situación se explica por la suspensión de las emigraciones masculinas fuera del espacio regional, y
la de las mujeres hacia las zonas urbanas de la región, lo que ocasionaría un rápido ascenso de la tasa de natalidad. Para su mejor comprensión habría que imaginar un espacio habituado al drenaje del sector
masculino adulto por las migraciones hacia la Costa desde fines del siglo XVIII y por las guerras de la Independencia (Hamerly, 1973: 65
y 66), el que bruscamente deja de sufrir ese drenaje y se encuentra con
un mayor número de adultos en edad de procrear.
Desde 1825 a 1849 se da un crecimiento general de la población
tanto urbana como rural, y parte de ésta migra lentamente hacia la ciudad de Cuenca: el total de la población de la región aumenta un 36%
desde 1825 hasta 1838, mientras que en el mismo período la ciudad crece
un 1250Jo; de 1838 a 1849 el total regional aumenta un 20%, mientras
la ciudad lo hace en un 660Jo.
La población rural no sólo migra hacia la ciudad de Cuenca sino
que también lo hace hacia otras zonas rurales regionales, con tendencias que corresponden con el proceso de avance de la agricultura hacia
tierras que antes eran de uso ganadero (ver crecimiento parroquias grupo
4). Si se observa el origen de los migrantes se verá que éstos corresponden a parroquias con agricultura minifundista (grupos 1,3) que, muy
tempranamente, pierden su capacidad para absorber el crecimiento de
su población, o al menos de una parte de ella (gráfico 11).
La migración hacia la ciudad ocasiona la aparición de pobladores
urbanos desocupados, que rompen con las normas de convivencia habituales. Por primera vez encontramos quejas de las autoridades al
respecto:
Encargado por las leyes de cuidar la seguridad individual y propiedades de los ciudadanos de estas provincias, he apelado al medio de
hacer perseguir a los vagos y malhechores, cuyo número desgraciadamente ha crecido en esta ciudad, en tal extremo que por las noches andan reunidos· de 18 a 20 ladrones, que con frecuentes robos
y asesinatos, han hecho desaparecer la seguridad que todos los habitantes de esta ciudad y aun de las parroquias inmediatas han reclamado a esta Gobernación ...

Incluso, debemos anotar que no se intenta " disciplinarlos" y convertirlos en trabajadores " libres" dentro de la región sino que se los remi-

�140

Siglo XIX

te a la Costa: " ... en estas circunstancias be acordado que siendo escasos los brazos en esa ciudad .... _deseo que VS se sirva recibir a los vagos que remito ... " (1846, marzo 27. Del gobernador de Cuenca José
Vega y Chica al gobernador de Guayaquil. ANH/SA, F.A.L. 44 f.
102v).
También existe un proyecto de enviarlos al oriente -zona extrema de frontera, sin pobladores aún- y dejarlos librados a sus recursos(" ... por necesidad tendrían que ser laboriosos y reformar su conducta ...") y poner en el camino de retorno una partida militar que
" .. .les imposibilitaría el regreso... " (1846, julio 7, ANH/SA, L.142,
f.32) (cuadro 7).
En la década del cincuenta se modifican sustancialmente las condiciones económicas regionales. Se da abruptamente la revinculación con
el mercado mundial a través de la exportación de cascarilla lo ,que ocasiona una serie de cambies en muy cortos años.
El análisis de la población en esta década puede ser bastante detallado en tanto contamos con mucha información. Las estimaciones de
población se han localizado para los años 1849, 1854, 1856, 1857, 1858
y 1861, constituyendo para nosotros el período con mejor relevamiento de datos.

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En esta década vemos que se da el desarrollo pleno y la crisis del
modelo anterior con crecimiento ilimitado de la población y con tendencia a la concentración urbana. La década culmina con una baja de
la población ocasionada por la mortalidad y la emigración fuera de
la región, precedida por varios movimientos intrarregionales. A esto
lo comprendemos como consecuencia de las bruscas modificaciones en
las condiciones de la repr(?ducción de la población: la activación de
las relaciones mercantiles origina un notable incremento de las cuotas
de plustrabajo para la extracción de cascarilla, la construcción de vías
de comunicación y otras actividades.
En los primeros años de la economía cascarillera se genera una fuerte concentración de actividades artesanales y mercantiles en la ciudad
de Cuenca, ampliándose el mercado consumidor urbano y las parroquias ligadas a su abastecimiento. Es así como de 1849 a 1854 mientras
la población total crece un 12%, la ciudad de Cuenca lo hace en un
35%, siguiendo dentro de los comportamientos anteriores. Lo que se
modifica es que no sólo crece la población de la ciudad sino también
la de las parroquias vecinas y las de las estribaciones occidentales de
la cordillera donde se recoge cascarilla. Al mismo tiempo tiende a des-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

141

cender la de la villa de Azogues, el centro urbano de Cañar, de localización cercana a la ciudad de Cuenca.

Este aumento de población con su veloz redistribución interna que
con~entra en la ciudad y sus parroquias cercanas un inusitado contingente de poblaciones, rompe con la relación tradicional que existía entre habitantes urbanos y rurales, ya que el 40% vive alejado de las tareas agrícolas. También comienza a darse un proceso de emigración
fuera de la región, todavía en forma lenta. Nuestras referencias de fines de la década del cuarenta nos hacen suponer que en este movimiento
participan sobre todo indígenas.
Ya a fines del período anterior podían observarse los primeros signos del proceso migratorio que aJiora se incrementa. Esto se infiere
de otras investigaciones (Estrada Icaza, 1977:17) y también de referencias documentales, donde se marca la preocupación por la fuga de indígenas tributarios a Loja y Guayaquil:
.. .informe de la Contaduría Mayor del Distrito de Azuai.. .los motivos a que se debe atribuir la rebaja que ha padecido el impuesto
personal de indígenas es la fuga de muchos de los de la Provincia de
Cuenca a la de Loja... (Quito, 1848, agosto l. En El Nacional n.
183) .. .las frecuentes inmigraciones que desde las provincias de Cuencia i Chimborazo hacen a la de Guayaquil en solicitud de jornales
para su subsistencia en donde perecen los más, en cada ailo por la
diferencia de la temperatura...(M. Hacienda 1848, en El Nacional,
n. 206). (tuadro 8).

De 1854 a 1861 observamos un brusco descenso de la población en general y sobre todo de la urbana. En siete años la población desciende
un 14% y la ciudad de Cuenca pasa de 38 056 habitantes en 1854 a
15 700 en 1861 18 •
El crecimiento sostenido de la población con su tendencia a la concentración urbana encuentra el limite a sus posibilidades. Al modificarse -en la década del cincuenta- el sistema económico regional,
se tenderá a orientar los esfuerzos productivos hacia la recolección, las
obras públicas y otras actividades, mientras los retornos monetarios
de origen cascarillero originarán un aumento general de los precios de
los alimentos que afectará principalmente a los pobladores urbanos,
alejados del acceso a la tierra.
Las referencias a los vagos continúan pero se modifica sustancial-

�142

mente el proyecto sobre su destino, con una nueva actitud que ya perdurará durante el resto del siglo:
.. .los delitos más comunes son robo y heridas ... el primero causado
más que por la pobreza por la falta de educación moral y religiosa
de la clase indígena y el segundo por la embriaguez y la prostitución
y vagancia que han cundido en el país... el abigeato ... causa inmediata del estado de atraso en que se hallan todas las haciendas y hatos de criar ganado ...

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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

...una ley de procedimiento contra vagos y mendigos, breve y sencilla, sería el acto más honroso a la nación y profundamente útil a la
sociedad... es obligatorio a las autoridades perseguirlos hasta que se
dediquen a alguna industria o se asilen en una casa de refugio... (1858,
agosto 4. ANH/Q, Com. y 1854, agosto 2, ANH/SA, F.A., L.61
f.50v).

El crecimiento de la población, su concentración urbana, el alza del
precio de los productos alimenticios, las coacciones para trabajar, las
malas condiciones de salubridad dentro de la ciudad sobre todo, son
elementos que se combinan y ocasionan que un fenómeno antiguo tome una dimensión diferente: la peste aparece como el elemento desencadenador del proceso de expulsión y reacomodamiento de la población.
Las pestes y enfermedades ya estaban presentes en la vida regional. En 1838 se informaba que" ... en el presente año el sarampión ha
desaparecido bastantes niños ... particularmente a los indígenas ... La
disentería ha conducido también al sepulcro a muchos hombres, lo mismo que las inflamaciones ... " (1838, diciembre 12. ANH/Q. Com.);
y en 1846 hay una peste de viruela (ANH/SA, F.A.L.42, f.54).
Pero en 1857 los informes tienen otro "tono" que condice con nuestras estimaciones de población. En 1856 ya hubo un "horroroso terremoto" (12-11-1856) y en 1857 el gobernador informa: " ... en el presente año la mortalidad ha sido considerable con la desoladora epidemia
de virual, que ha diezmado la población en todas las parroquias" (1857,
agosto 5. Informe del gobernador Valdivieso. ANH/Q, Com.).
Sin duda, a pesar del informe del gobernador que habla de "todas
las parroquias", esta peste tiene que haber sido muy fuerte en la ciudad por la concentración de la población y las pésimas condiciones sanitarias en las que se vive allí durante todo el siglo XIX.
En 1861 encontramos un informe municipal donde consta" ...que

143

la población de Cuenca se ve diezmada por la disentería a causa de las
aguas corrompidas que se beben i de no tener fuentes públicas que provean aguas potables". En 1890, ya con acueductos y pilas instaladas,
el problema de contaminación de las aguas sigue subsistiendo:
También carece la población de agua potable. Los acueductos que
conducen el agua a las pilas la reciben ya inmunda, después que ha
pasado haciendo el aseo del Colegio de los SSCC, casas de particulares, tintorería, curtidurías, etc. Hasta el agua del río es inmunda porque antes de llegar a la ciudad recibe una asequia de las letrinas del
citado establecimiento de los SSCC y de la casa de Ejercicios, y por
que además de ser el lugar donde arrojan animales muertos las lavanderas ensucian la pequeña cantidad de agua que lleva en ios meses de verano ... " (1890, febrero 25. Informe del intendente de Policía. ANH/Q.Com.).

En estos años las autoridades regionales demuestran en sus irtformes
la felicidad que los embarga por el auge de la explotación de la cascarilla Y el despegue económico de la región. Son muy parcos en todo lo
que sea referencia a áreas problemáticas como pueden ser las consecuencias desagradables que trae el auge económico mercantil y el increm~nto de
tas~ de e~plotación sobre las economías campesinas:
mencionan solo la existencia de varias sublevaciones (Vintimilla, 1980).

!as

Estos son entonces los años de la gran migración a lacosta o qui-

zá a otr~ regiones. La frecuencia de los datos que hemos lo•do
nos ~e1;111ten detenem~s, en su estudio para observar cómo operan los
movim1entos de poblac10n en este tipo de proceso vistos desde el interior de la región.
•
La emigración se da principalmente hacia laCosta. En el censo de
1858 de Guayaquil se observa que la población casi se duplica con respecto a_ la de 1840 (a~men_ta en 40 000 habitantes), además de que en
est~s anos se da el pnmer mcremento notable en el precio y las exportaciones de cacao. Este movimiento puede observarse si se compara
el ascenso de la población de Cuenca con respecto a las otras de la Sierra en 1858 (cuadro 8), donde se verá que es menor. No hay que dese ~ ,el qu~ parte de la migración se haya ido a Loja o Riobamba,
tambien vecmas, y con un inusual crecimiento de la población. ( cuadro 9).
Regresando a la región de Cuenca se observa que la población total pasa de 140 242 habitantes en 1854 a 128 420 en 1856, 122 243 en
1857, 120 846 en 1858 y se mantiene hasta 1861 en 120 407, en un pro-

�S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

144

145

Siglo XIX

ceso de decrecimiento sostenido menos brusco que el de la ciudad de
Cuenca.
En estos aiios se dan varios movimientos en el interior de la región. En 1857/8 uno se encuentra con que han "desaparee.ido" 30 ~
habitantes de la ciudad de Cuenca 19 pero que en la población to~al solo faltan 18 000. Es decir: parte de la población abandona la cmdad,
trata de no migrar fuera de la región y de reubicarse en otras áreas.
Así vemos que en 1856, 1857 y 1858 se da un crecimiento inusitado
de las parroquias de Deleg, Biblián, Azogues y Cañar, todas ~rte~:cientes a la moderna provincia de Cañar, zona de donde se babia onginado la migración hacia Cuenca e~ l~s aiios ~849-54 (gráficos 6 Y_8~.
Estos son los aiios donde aparecen insistentes mformes sobre la act1v1dad artesanal de Azogues.
En el resto de las parroquias rurales la población no crece o lo hace muy lentamente. Queda al margen de este pr~c~o de r:torno ?esde
la ciudad de Cuenca o incluso participa del moV1m1ento m1gratono negativo, dando la sensación de que en 1854 también hubiera encontrado su techo.
Pero las cuatro parroquias de la provincia de Caiiar tampoco pueden absorber permanentemente esta inmigración de origen ~rbano. Ya
en 1861 vemos que -mientras se mantiene igual la población to~ de
la provincia, indicador de que continúa el proceso genera! ~e em1gr~ción general- la provincia de Cañar se ha despoblado VlSlbleme~te.
Las parroquias de Azogues, Deleg y Biblián retorn~ a la pobl~~ón
de 1854 y la de Caiiar pierde la mitad de su población en relacion a
la de 1854. Parte de esta población retoma ~acia la ciudad de Cuen~,
las parroquias rurales cercan~ a ella o haci~ la n~eva zona de crecimiento de la actividad mercantil: las parroqUias onentales en sus laderas calientes, con grandes propiedades (grupo 5) donde se r_ecolec~ cascarilla para la exportación y desde donde se avanza hacia las tierras
orientales.
De esta forma en el aiio final de esta fase nos encontramos con
que mientras conthlúa el proceso de emigración se retorna a la distribución habitual de la población entre las provincias de Azuay Y Cañar. Pero se ha dado un cambio decisivo que será de larga duración,
la población urbana ha disminuido y en términos relativos pasa a constituir el 25% de la población total, mientras la ciudad de Cuenca sólo
concentra el 18% de los habitantes del Azuay y el 13% de los de la
región.

Desde una perspectiva estrictamente referida a los hombres y a la
forma de acceder a los recursos que necesitan, habría que señalar que
esta crisis aparece como el agotamiento de un sistema donde la población tendía a concentrarse en las ciudades alejándose de la producción
agrícola en una región que tiene, como condicionante estructural, la
dificultad de obtener alimentos de otras regiones por los altos costos
de transporte que implican sus caminos. A este condicionante de larga
duración se aiiadió un crecimiento inusual de la población y, coyuotU:ralmente, el desarrollo de la actividad de recolección de cascarilla, las
labores artesanales y la búsqueda de huacas, todas ellas que también
restan brazos a la producción agrícola.
La solución a esta crisis implicó dos cambios esenciales en el comportamiento de la población. El primero es la emigración, tanto por
la atracción que brindan mejores ingresos como por el agotarniento de
las condiciones de reproducción en el lugar de origen. El segundo, es
la reducción de la población urbana con respecto a la población rural
lo que será una constante para el resto del siglo XIX. Luego veremos
cómo se va imponiendo un tipo de producción artesanal (el tejido del
sombrero de paja toquilla) que no implica la concentración urbana.
También el estudio de esta fase nos ha permitido acercarnos al co~
nocimiento del proceso migratorio hacia la Costa, su lugar de origen
y las causas centrales de su desplazamiento: si bien se refiere a la década del 50, creemos que pueden extenderse -con cuidado- hasta finales del siglo. Lo que se ha percibido es que la población rural, sobre
todo La de las áreas rninifundistas con combinación de agricultura doméstica y artesanía, tiende a migrar hacia las ciudades (o quizás los
pueblos) en un primer momento. Cuando se llega a un punto en que
esta concentración es insostenible por la falta de medios de subsistencia, se origina un proceso donde, mientras una parte de la población
emigra directamente hacia fuera del espacio regional, otra intenta retornar a las áreas rurales o de origen: los que no lo logran migran nuevamente, esta vez fuera de la región. Es decir que parte de los que migran tienen un origen urbano pero con un pasado reciente de origen
rural. Esto permitiría sugerir que, durante el resto del siglo, la migración a laCosta podría haber tenido un comportamiento similar al descrito en este período.
Hasta 1885 continúa el ciclo cascarillero y se va incrementando paulatinamente la producción -para exportación- del sombrero de paja
toquilla. De 1861 a 1885 tenemos un período que podemos definir como continuación de la década del cincuenta. Aqui no encontraremos
cambios bruscos ni reacomodamientos de la población: lentamente vuel-

�146

Siglo XIX

ve a incrementarse su número mientras la economía regional se adecúa
a las nuevas circunstancias. En los últimos afios del período, cuando
la recolección de cascarilla toma un ritmo febril para lograr exportar
antes de que ingresen al mercado mundial las cascarillas provenientes
de las colonias inglesas, vuelve a desaparecer el movimiento migratorio hacia laCosta. Dentro de este nuevo sistema económico regional
emerge un nuevo elemento: la falta de alimentos, debido a las condiciones climáticas desfavorables.
De 1861 a 1871-75 la población se incrementa. En 1871 ha crecido
un 10% con respecto a 1861 y llega a 132 935 habitantes. El coeficiente
de masculinidad de 1871 es de un 82%, reiterándonos la información
de las planillas censales que continúa el proceso migratorio hacia el exterior de la región. La población de la ciudad de Cuenca vuelve a aumentar y llega a 24 052 habitantes en 1875~ con niveles similares a los de
1849 pero sin la desproporción entre población rural y urbaná de 1854.
En la década del 70 se encuentran las primeras referencias a dificultades para obtener los alimentos necesarios (ANH/SA, F.A.L.94
f.14) y en 1875/6 se desata la primera crisis de subsistencia ocasionada
por la pérdida de cosechas (ANH/SA F.A.Ll27, f.26v). Son situaciones que deben haber incidido en la continuación del proceso migratorio y la lenta recuperación de la población, también afectada por las
bajas tasas de natalidad que origina la migración. No se observan cambios con respecto a los criterios de distribución de la población de 1861.
Aumenta la población de la ciudad, a sus alrededores y en zonas de
las estribaciones montafiosas orientales donde se recoge la cascarilla
o viven pequeños campesinos que complementan sus ingresos con la
recolección. La migración a la ciudad debe provenir del resto de las
parroquias rurales ya que éstas, si bien aumentan su población, no lo
hacen al ritmo de la ciudad.
Desde 1861 a 1875 la economía regional se basa principalmente en
la exportación de sombreros y de cascarilla, ninguna de las dos en grandes volúmenes ya que baja la exportación de cascarilla y, en la de sombreros, Cuenca recién comienza a participar. También vuelve a cobrar
importancia el mercado urbano y en general pueden definirse estos afio~
como de una economía diversificada que no logra absorber todos los
crecimientos de la población.
Desde 1875 a 1880 hay un ciclo agrícola muy favorable (ANH/SA,
F.A.L.143, f.14v), que coincide con que entre 1875 y 1885 se da el período con mayores exportaciones de cascarilla (en las que Cuenca aporta
sustancialmente). Nuevamente la población responde a los movimien-

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

147

tos de la actividad mercantil: la población total se incrementa en un
12% con respecto a la de 1871, dando la sensación de que no hubo
retomo desde las zonas de emigración. Pero eso sí: la ciudad se despuebla en un 25% con respecto a 1875, y su población masculina se
dirige hacia las parroquias rurales ubicadas en las zonas de recolección
de cascarilla.
En los finales de la crisis de la década del 50 vimos cómo comenzaba a incrementarse la población del cantón Gualaceo y de Paute. Ahora este proceso continúa y tenemos que esa zona es la única que duplica su población con respecto a 1858. En la estimación de población
de 1880 vemos que Cafiar, con sus estribaciones occidentales, también
se ha incorporado a este proceso: su población aumenta un 72% con
respecto a 1861, cuando el total provincial sólo sube un 24% para el
mismo período.
El ciclo de la cascarilla persiste hasta 1885. Esto implica que si el
comportamiento de la población siguió siendo similar, que si mientras
se dio no hubo migración hacia la costa, deben haberse vuelto a incrementar las tasas de natalidad y en consecuencia vuelve a darse el aumento de la población sin que se modifiquen las formas de obtener los recursos alimenticios. En 1882 se dio una crisis de subsistencias que ocasionó una fuerte mortalidad debido a la imposibilidad de obtener alimentos baratos desde otras regiones (ANH/SA,F.A.L.153,f.28).
1880-1893. Hay muy poca información para 1893. Incluso han tenido que unificarse cifras que da T. Wolf con las que la gobernación
remite para lograr una mayor representación en los aparatos políticos.
Aún así se intentará sacar algunas conclusiones.

A pesar de la crisis de subsistencias de 1882 la población total en
1893 se ha incrementado en un 31 OJo respecto a la de 1880. Es un crecimiento muy alto, que impresiona nuevamente como la consecuencia
del período anterior, sin migración hacia fuera de la región: a pesar
de ser de corta duración (1875-85, en que dura este auge cascarillero)
debe haber incidido en las tasas de natalidad, produciendo su aumento.
En los años que van desde 1885 hacia adelante comienza a incrementarse la exportación del sombrero de paja toquilla a nivel nacional. Participa cada vez más la producción de Azogues, Sigsig, Cuenca
Y otras parroquias, a medida que bajan los precios y las calidades de
los sombreros exportados.
La producción artesanal del sombrero de paja toquilla no implica

�148

Siglo XIX

el desplazamiento de los productores hacia las ciudades, se teje dentro
de las unidades domésticas campesinas y se lleva a los pueblos, a Cuenca
o a Azogues en los días de feria, donde son adquiridos por un grupo
de comerciantes que organiza el proceso del "acabado" en el espacio
urbano y luego lo exporta.
Esto implica que mientras se produce una artesanía para el mercado el agricultor puede mantenerse en pequeñas parcelas de subsistencia y producir parte de lo que consume. Con este sistema productivo
vemos que la población de la provincia del Azuay crece al mismo ritmo en las zonas urbanas que en las rurales, pero la de Cañar alcanza
un crecimiento mayor que toda la región (31 O'/o) llegando al 570'/o, que
debe orginarse en.la mayor concentración de tejedores y artesanos en
la zona de Azogues y en la migración hacia los "calientes" de Cañar
con cascarilla.

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Con la crisis de la cascarilla las zonas comprendidas dentro de los
cantones de Gualaceo y Paute sólo crecen un 270'/o, lo que indica que
pierden población con respecto al resto. Si bien las economías familiaresparceleras de esta zona participan en el tejido del sombrero, esta alternativa no logra ser tan exitosa como la del período anterior cuando
combinaba la agricultura con el trabajo de recolección de cascarilla.
Aparentemente, junto al alza general de la población, se vuelve a
dar el proceso de migración hacia laCosta. El coeficiente de masculinidad de la provincia del Azuay, que en 1880 era del 90.690'/o, se reduce
al 83.400/o en 1893. Este coeficiente tendría relación directa con la crisis de subsistencias que se da en 1893/4, similares a las anteriores
(ANH/SA.F.A.L.183, f.69v), y con las presiones sobre los trabajadores para la apertura de un nuevo camino hacia la Costa (el GirónMachala) cuando la región busca salir de la crisis comercial que la abate con la caída de la exportación cascarillera.
En este caso la relación entre crisis de subsistencias y migración
se puede constatar documentalmente: " ... habiendo abandonado sus
hogares muchísimas personas de los pueblos que componen este cantón, a consecuencia del hambre... " (Gualaquiza, 1894, 8 de diciembre. ANH/Q. Com.); " ...continúa migración de gentes a la Costa a
causa de la calamidad del hambre que aflige a toda la provincia... "
(Gualaceo, 1894, octubre 27, ANH/Q. Com.).
De estos años, ante la falta de alimentos y el alto costo de los transportes desde zonas con excedentes agricolas serranas, o por los niveles
de los precios, se debe recurrir a la importación de frijol desde Chile

S. Palomeque: Movimientos de pobladón en Cuenca

149

y otros puntos del Pacífico, introduciéndolo por Guayaquil (ANH/SA
F.A.,L.192, f.145 y 206 r/v).
Varios factores pueden explicar la existencia de las crisis de subsistencias. El origen más lejano está en el alza sostenida de la población,
que se ha venido dando durante el siglo. Pero también inciden el que
parte de la fuerza de trabajo se ha retirado de la producción de alimentos, y a que muchos ocupen tierras sumamente subdivididas2(), que en
general son de pobres rendimientos si no incorporan en abundancia
horas de trabajo humano. También hay que considerar que las tierras
controladas por las haciendas tienden a producir caña y ganados.
Los hombres adultos, los "más calificados" para el trabajo agrícola, son los que han tenido que migrar, trabajar en obras públicas,
en el pequeño comercio, en la minería ocasional o en la recolección
de cascarilla. En la parcela de subsistencia han quedado trabajando
las mujeres, los ancianos y los niños, combinando la producción agrícola con las actividades artesanales.
En estos elementos se encuentra la explicación a la crisis ya que
todos, cuando se redujo la parcela y el tiempo de trabajo, se dedicaron
a cultivar lo más adecuado ecológicarnente: el maíz. Por lo tanto cualquier accidente climático en una región casi monoproductora de maíz
afectaba a todos por igual, sumiendo a la población en el hambre. En
síntesis: en una crisis social de subsistencias.
Sin ninguna duda los migrantes se dirigen hacia la Costa pero no
lo hacen en forma permanente ni hacia todos los lugares donde haya
producción cacaotera. Una parte se dirige a la ciudad de Guayaquil,
donde consta en los censos de la ciudad21 y se observa que muchos artesanos tienen apellidos cuencanos. Pero el contingente más importante fluye hacia la parroquia del Naranjal o a la zona de Balao. Todos
los papeles de particulares que hablan de viajes a la Costa o de parientes, mencionan estos lugares frecuentemente. En 1893, en el informe
de los peritos evaluadores de tierras sobre la parroquia del Naranjal,
puede verse que la mayor parte de la población de esta parroquia es
de origen azuayo o cañarejo, e incluso una de las haciendas cacaoteras
más grandes pertenece a una familia de origen cuencano -Ordóñez
Mata-1 que emplea "150 peones del interior".

�I 50

Siglo XIX

6. SINTESIS Y CONCLUSIONES
Con todos los elementos aportados en este capítulo intentaremos despegarnos un poco de los datos y llegar a conclusiones sobre los movimientos de población, definiendo los períodos y sus puntos de cambio.
l. De 1825 a 1850. Fuerte ascenso de la población originado por
la disminución de la emigración y por un mejoramiento en las condiciones de reproducción de la población. Esta situación debe relacionarse con el crecimiento de la producción agrícola de autosubsistencia, la reducción de relaciones comerciales externa y la consecuente falta
de interés de los sectores económicos dominantes en la extracción del
plustrabajo a los grupos subalternos.

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JI. De 1850 a 1860. Desarrollo pleno y crisis de un modelo de crecimiento ilimitado de la población, con tendencia a la concentración
urbana que culmina con una baja de la población por emigración y
mortalidad luego de varios movimientos intrarregionales. Esto debe explicarse por la brusca modificación de las condiciones de reproducción
de la población. La activación mercantil origina un notable incremento de las cuotas de plustrabajo que se exigen a los grupos subalternos
para dedicarlos a la extracción de cascarilla, la construcción de vías
de comunicación y otras actividades. Al mismo tiempo se dan más libertades que en general, ayudan a la movilización de población.
III. De 1860 a 1875. Lenta recuperación de la población por crecimiento natural mientras se mantiene la emigración y las condiciones
de reproducción de la fase anterior. Aparecen deficiencias estructurales en el sistema de producción de alimentos que continuarán en lo que
resta del siglo.
IV. De 1875 a 1885. Desaparece la emigración y comienza un mayor ascenso de la población, que se retira tanto de las ciudades como
de las actividades agrícolas. Culmina el período con una grave crisis
de subsistencias en 1882/3. Estos movimientos deben relacionarse con
el auge final de la recolección de cascarilla que resta fuerzas a la
agricultura.
V. De 1885 a 1900. Prosigue aumentando la población debido a
la falta de migración del período anterior pero se reinicia el proceso
de migración hacia la Costa y hay más crisis de subsistencias. Esto debe
relacionarse con la crisis comercial que origina el gran debilitamiento
de las exportaciones cascarilleras y la búsqueda de nuevas opciones mercantiles externas, que implican nuevos esfuerzos y coacciones destinadas a construir un camino a Machala.

S. Palomeque: Movimientos de pobladón en Cuenca

151

Si tomamos en conjunto todo estos períodos podemos observar la
existencia de dos situaciones diversas de formas de reproducción de la
población.
La primera, que va de 1825 a 1850, se da en un período de retracción de las relaciones mercantiles extrarregionales y durante este lapso
encontramos las mejores condiciones de reproducción de la población,
señalado por su notable crecimiento.
En la segunda mitad del siglo encontramos una situación marcadamente distinta. Allí, junto al incremento de las relaciones mercantiles y de las cuotas de plustrabajo exigidas a la población, aparece la
ruptura del sistema de reproducción anterior con sus consecuentes secuelas de migración y con dificultades, incluso, para la obtención de
los alimentos necesarios dentro de la región.
Ambas situaciones, planteadas en términos muy simples, nos remiten a la conclusión lógica de que cuando la región invierte tiempos
de trabajo en la producción para exportación reduce los tiempos de
trabajo destinados a la producción de alimentos. Esto debilita el sistema de reproducción, sobre todo porque se da junto a condicionantes
estructurales: la región se encuentra imposibilitada de importar alimentos por los altos costos de transporte que implica su localización en
zonas montañosas y con malos caminos, y no hay modificaciones en
la tecnología ni en las formas de cooperación en la producción agricolaganadera. El dinero que ingresa por exportaciones será destinado al
pago de importaciones no alimenticias, mientras no se modifican las
bases sobre las que se asienta la producción de alimentos ni la reproducción en general de la sociedad: la economía de exportación se desarrolla sólo aumentando las cuotas de plustrabajo a las economías campesinas preexistentes.
Estas economías campesinas constituyen el punto original de todos los movimientos de población y el abandono de sus lugares de origen debe relacionarse con la búsqueda de recursos monetarios que, por
una u otra causa, no puede obtener en su lugar de origen.
Dentro de la primera etapa ya comienzan a observarse las dificultades de los sectores campesinos con mayor grado de rninifundización
y también de los grupos indígenas, en especial, sometidos a la obligación de pagar el tributo en metálico, en una economía con difícil acceso al dinero. Son los grupos que tempranamente comienzan a migrar
a Loja o Quayaquil.

�152

En la segunda fase, que comienza en 1850, cuando se dificultan
las condiciones generales de reproducción de la población pero se incrementan las relaciones mercantiles, podemos ver que los movimientos de población se corresponden con el desarrollo de este tipo de relaciones. Cuando aumenta la recolección de cascarilla en Gualaceo o Cañar, aumenta la población; cuando la crisis, tiende a bajar; y el aumento
de población en Azogues también se da cuando hay aumento de la producción de sombreros. Esto significa que la población es atraída por
los centros productivos donde mayor desarrollo tienen las relaciones
mercantiles. Claro está que los migrantes primero buscan trasladarse
dentro de la propia región y, en última instancia, cuando se agotan las
posibilidades dentro d~ ella, se trasladan a la región de la Costa,
principalmente.
La migración a la Costa se da por períodos. Estos están definidos
por el agotamiento de las condiciones de reproducción dentro de la región más que por la atracción de los ingresos que la economía cacaoetera pueda brindar. De no ser así la migración debería haber continuado entre 1875 y 1885, pero no fue así.

..

...,

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

Si bien sólo hemos podido conocer dos casos de estructuras agrarias con economías campesinas -Molleturo y San Cristóbal-, inferimos que la migración desde las economías campesinas se corresponde
con los períodos generales de migración regional, aunque sus comportamientos son diversos.
En economías campesinas como la de San Cristóbal, con gran minifundización de la tierra y presencia de unidades familiares independientes, la migración será más intensa, de ambos sexos y sin retomo.

153

que es la ciudad de Cuenca. Ella será el último punto donde los migrantes probarán suerte antes de emprender el camino hacia la Costa,
o donde permanecerán en calidad de "vagos y malentretenidos", quizá luego de haber migrado dentro de las parroquias rurales de la región hasta que se vean obligados a migrar.
En el transfondo de todos estos movimientos existe un espacio geográfico bien delimitado por nudos montañosos al norte y al sur, por
agudas variaciones climáticas al este y al oeste. Condiciones geográficas que si bien implican encierro, en la vivencia cotidiana e histórica
se han convertido en espacio conocido y propio.

NOTAS
l. Este estudio es parte de una invesúgación más amplia que trata sobre las transformaciones económicas y sociales que se dan en la región de Cuenca durante el siglo
XIX los periodos económicos regionales, los movimientos de la población, la forma de distribución de la tierra y las formas de dominación y resistencia (Palomeque, 1987).

2. Esta región está situada en la parte sur de la sierra ecuatoriana, su zona más poblada son valles interandinos de una altura media de 2 500 metros, con tierras muy
fértiles. Hacia el oriente y occidente se encuentra rodeada de altas montañas, con
estribaciones tropicales que la comunican con la selva amazónica al este y la región
de la costa al oeste.
3. Corteza del árbol de la quina que se usaba como medicamento.

En otras, como Molleturo, donde todavía persisten las formas de
organización indígena, también hay migración pero masculina y con
retorno: esta será en beneficio de su reproducción.

4. Una información más completa puede encontrarse en Palomeque, 1987.

Los ciclos migratorios afectan en general a todas las economías
campesinas, con modalidades diversas de acuerdo a las estructuras internas de cada una. No habría una relación entre la migración y la localización geográfica, ya que San Cristóbal está al oriente y Molleturo
al occidente de la región.

6. Sólo ocasionalmente se han corregido algunos datos y, sobre todo, se ha modificado la forma de agruparlos.

Del conjunto de elementos estudiados podemos percibir una visión
donde la región aparece como el espacio propio de reproducción de
varios grupos sociales, donde las dinámicas económicas afectan al conjunto y también donde todos se mueven alrededor de un eje principal

s.

Si bien la mayor parte de la población campesina es indígena y mestiza, también
se encuentran blancos pobres.

7. Las fuentes en las que se basa el trabajo estadístico, tomadas del Archivo Nacional
de Historia, Sección Azuay (ANH/SA) y del Archivo Nacional de Historia de Quito (ANH/Q), son: Estimaciones de 1825, 1826 y 1827. ANH/SA, S. Expedientes,
E.87 f.1, E.88 f.l, E. 90 f.l y E. 1125 f.28,35,54,13 y 21.
"Razón... número de las Parroquias sus ayudas y anejos comprendidos a la Provincia de Cuenca... 30 de octubre de 1835"; ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca; 1836, sept. 23.
"Censo de la población de la Provincia de Cuenca, Cuenca, julio 3 de 1849''.
ANH/SA, Exp. 1138.
"Censo de la población de la Provincia de Cuenca, Cuenca, agosto I de 1854"

�154

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca, 1854.
"Censo de Ja población de la provincia de Cuenca, Cuenca, 1856" ANH/Q, Comunicaciones de la provincia de Cuenca, 1856.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca, Cuenca, 1857". ANH/Q, Coro.
de la provincia de Cuenca, 1857.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca, Cuenca 1858". ANH/Q, Coro.
de la provincia de Cuenca, 1858.
"Censo de la población del Cantón Gualaquiz.a, agosto 4 de 1861 ".
"Censo de la población del Cantón Paute, agosto 5 de 1861".
"Censo de la población del Cantón de Azogues, abril 11 de 1861 ".
"Censo de la población del Cantón Cuenca, 1861".
"Censo de la población del Cantón Gualaceo, 1861". ANH/Q. Coro. de la provincia de Cuenca, 1861.
"Censo de la población de la provincia de Cuenca 1875", ANH/SA, 1875.
"Censo de la población del Cantón de Cuenca en 1880", ANH/SA, Exp/1168,
1880, mayo 28, f.3.
"Resumen del censo de la población de la provincia del Azuay. Cuenca, junio de
1880" ANH/Q. Coro. de la provincia de Cuenca, 1880.
"Registro de la población de la provincia del Azuay en 1893, Cuenca, noviembre
27 de 1894", ANH/Q, Com. de la provincia de Cuenca, 1894.

155

las tendencias generales que son las que aparecen como más valederas. En las bruscas oscilaciones de la población en la década del cincuenta, debió incidir cierto grado de error en las estimaciones.
18. Estos "saltos" tan fuertes, sobre todo en la ciudad, pueden tener relación con la
redefinición de las parroquias urbanas. Pero estimamos que -aún así- estos movimientos tienden a reflejar la realidad.
19. Insistimos en recordar que esta cifra puede estar exagerada por existir en 1854/ 5
una reestructuración parroquial.
20. Ver Palomeque, 1987, cap. III.
21. El censo de población de la ciudad de Guayaquil en 1899 suma un total de 60 483
habitantes, distribuidos entre 27 767 hombres y 32 716 mujeres. También entrega
el lugar de nacimiento de la gente extraña a la costa: así vemos que originarios de
Quito son 2 828, de Ambato 1 342, de Riobamba 1 318, de Cuenca 1 768 y de Azogues 226 (En: Informe de la Policía Nacional, 1890-1911, G. 352, Biblioteca
Rolando).

8. Es el caso de totales y subtotales con errores de suma o copia.
9. Corresponde a las parroquias de San Roque, Baños, Sidcay, Valle y Cumbe.
10. Azogues es otro centro urbano secundario.
11. Corresponde a las parroquias de Paccha, Quingeo, Deleg, Biblián, Jadán y
Chuquipata.

BIBLIOGRAFIA

12. Corresponde a las parroquias de Sigsig, Ludo, San Juan, San Bartolomé, Gualaceo y Chordeleg.

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de Estudios Andinos, n. 14, Lima

13. Corresponde a las parroquias de Girón, Cañaribamba, Pucará, Juncal, Gualleturo, Suscal y a las que se le ha agregado Molleturo sólo por su localización cercana.

Chiriboga,Manuel

14. Corresponde a las parroquias de Guachapala, Paute, Taday, Navón, Oña, Gualaquiz.a y Rosario.

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(1790-1925). Ed. CIESE y Consejo Provincial. Quito.

15. En las planillas consta el nombre, apellido, sexo, edad, ocupación y si sabe o no
leer. Se ha realizado una sola corrección en los datos presentados en las planillas
censales. Se debió a que en los tramos de edad superiores (de 30 años en adelante)
la información tendía a "redondearse" alrededor de la década. Por esa causa se
ha trabajado la distribución de las edades con intervalos de 10 años a partir de los
30 años de edad.

Deler, Jean Paul
1983 "Estructuración y consolidación del área central (1830-1942)". En:
El Manejo del espacio en el Ecuador, Tomo I. Instituto Geográfico
Militar. Quito.

16. En este análisis existen varios supuestos en cuanto al comportamiento de la natalidad, mortalidad y edad de migración. Estimamos que aún en el caso de variación
de estos supuestos, las pirámides permiten observar señales inequívocas de las
migraciones.
17. Debe insistirse en el hecho de que en las estimaciones de población se rescatarán

Espinosa, Leonardo y Achig, Lucas
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157

Molleturo
Oficio
Hilado
Agricult.
Sombrer.
Costura
Músico
Zapatero
Herrero
Curtidor
Carpintero
Alfarero
Platero
Sastre
Panadero
Gatera
Pulpera
Chichera
Sillero
Chocolat.
Otros
Total

H

M

-

-

138

182

-

-

.-

-

-

-

-

S.Cristóbal S.Sebastün 3 parroquias
M

H

M

H

M

- 377
249
-

-

7
8
l

-

384
190

H

46

6
3

5

1

-

-

-

22
20

-

-

-

-

4

-

138

182

313

420

-

-

-

-

14
4

-

3
8

5

48

-

3
-

401
50

-

9
11

10

23

68

-

3

-

Total

'

384
591
83
68
9

14
10

-

13

14
1

7
4
3

14
1

-

3

1

15
13

1

15
15
10

16

13
12
6
4
3

-

-

12

-.
-

13

12
21
5
13

-

10
8

2
1
8

7
13

12

7
13

25

83

145

534

747

1281

2
1

8

-

10
8
2
8

Fuente: ANH/ Q. S. Empadronamientos caja l (elaboración de la autora).
Observaciones: en la fuente se considera "ocupados" a los mayores de 14 años
en la mayor parte de los casos. También hay adultos sin ocupación, de sexo
femenino

�158

S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

CUADRO2

CUADRO4

DISTRIBUCION POR EDADES DE LOS HABITANTES DE LAS
PARROQUIAS DE CUENCA (1871) Y LOS DEL CERRO DE PASCO (1876)

ESTADO CIVIL DE LOS HABITANTES ADULTOS DE
TRES PARROQUIAS DE CUENCA (1871)

Estado
San
Cristóbal

Molleturo

Edad

46.4
8.8

Paseo
44.6
51.3
4.1

45.8
44.5
9.6

44.0
45.9
10.1
100.0

...e--,,
-..

S. Sebastián

S. Cristóbal

Molleturo
M
98
13
52 84

204 213

H
67

13 57
112 154

16 100

H M
357 371
13 70
180 338

329 424

83 160

550 779

H

H
86

o

138 195

3 parroquias

M

M
60

o o

100.0

100.0

Observaciones: en la fuente se considera "niño/ a" a la población menor de
14 años. De allí en adelante se la califica de "soltera", etc., en la mayor parte
de los casos de "adultos"

., • .,fu

r~;
,. ~ :.~

Casados
Viudos
Solteros
Total

100.0

100.0

Total

San
3
Sebastün parroquias

47.0
43.2
9.8

44.8

0-19
19-59
60 +

Cerro

159

CUADRO3
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S.Cristóbal

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H M Total

H M Total

H M Total

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100 44
100 42

51
56
58

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100 40 60
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100 51 49
100 42 58
100 36 54

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100

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52
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46 41
10
8

42
47
11

46

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100 100 100

100 100 100

100

Total 43

44
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Molleturo

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Solteros

H M Total H M Total H M Total
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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

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100 mujeres. El año de migración es tentativo. Se ha estimado en base a la
suposición de que la edad de migración oscila alrededor de los 20 años para
los hombres.

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Fuentes: 1825, 1849, 1854, 1856, 1857, 1858, 1861, 1875 y 1880, nota 7; 1778 y 1838, de Espinosa; 1892, de Wolf (1975,604).
Observaciones: se considera que la ciudad de Cuenca la conforman las parroquias de Sagrario, San Sebastián y San Bias. A San Roque
se la considera rural. En Caflar se consideran urbanas a las parroquias de Azogues y Caflar pero en 1892 la estimación de Wolf se
refiere a los pueblos, que incluyen normalmente parte de áreas rurales.

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�164

Siglo XIX

S. Palomeque: Movimientos de poblaci6n en Cuenca

165

CUADR09
INDICE DE MASCULINIDAD DE LA POBLACION URBANA Y RURAL
DE AZUAY Y CAÑAR (1778-1893)

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67.03 80.01 94.26 82.83 91.90
94.78 77.98 88.55

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1797-01

1822-26

1802-06

1842-46

65-69
60-64
55-59
50-54
45-49

1847-51

40-44

1~52-56
1857-61
1862-66

35-39
30-34
25-29

1837-41
1842-46

1867-71

20-24

1847-51

15-19

1852-56
1857-6 1

1827-31
1832-36
1837-41

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DISTRIBUCION POR EDAD Y SEXO DE LOS HABITANTES DE LA PARROQUIA DE SAN CRISTOBAL (1871)
J ISO HABITANTES.

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Edad

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1807-11
1812-16

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80-84
75-79

1817-21
1822-26

70-74

1797-01

65-69

1802-06
1807-11
1812-16

1837-41

60-64
55-59
50-54

1842-46

45-49

1847-51

40-44

1852-56
1857-61

35-39
30-34

1862-66
1867-71

1827-31
1832-36

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S. Palomeque: Movimientos de población en Cuenca

Siglo XIX

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GRAFICO 11

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�CAMBIOS Y PERMANENCIAS.

El Mundo del Trabajo en una Parroquia
de Puebla a Través de los Libros Matrimoniales
(1640-1910)

José Luis Aranda Romero
Miguel Angel Cuenya **

*

La intención del presente artículo es describir el mundo del trabajo de
la parroquia del Santo Angel Custodio (Analco), la cual formó parte
de la ciudad de Puebla en el período comprendido entre 1640 y 1910.

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Si bien la parroquia a estudiar no puede considerarse representativa de toda la ciudad de Puebla, debido a ciertas peculiaridades, nos
permite en cambio analizar con mayor profundidad la inserción en el
mundo laboral de la población indígena. Por otro lado, para dos investigadores resultaría sumamente arduo abarcar las cinco parroquias
y el Sagrario Metropolitano en que se encontraba dividida la ciudad' : sus dimensiones y la populosa comunidad que residía en ella
implicaría una labor de años.
La parroquia del Santo Angel Custodio comprende una amplia zona del oriente y sureste de la ciudad, separada de ésta por dos ríos.
Su jurisdicción abarca toda la margen izquierda del río Xonaca, hasta
su desembocadura en el río San Francisco, y de allí, toda su margen
izquierda hasta que sale de ciudad y desemboca en el río Atoyac. Su
límite oriental es el río Alseseca. Pertenecen a su jurisdicción los barrios de Analco, La Luz y Nuestra Señora de los Remedios, los Molinos del Santo Cristo, Santa Bárbara y de Guadalupe, los Ranchos de
Carreto y San Bartolomé y el pueblo de San Baltazar2 .

• Centro de Investigaciones Históricas y Sociales, Universidad Autónoma de Puebla
•• Colegio de Historia, Universidad Autónoma de Puebla

�178

Siglo XIX

El origen de la parroquia data de 1618, fecha en que los religiosos
franciscanos erigieron una ermita en la zona de Huilocaltitlán ("lugar
de las palomas"), en virtud de que en dicho lugar existía una populosa
comunidad que se encontraba territorialmente alejada de los templos.
En 1627, debido al continuo crecimiento ooblacional que presentaba
la zona, el obispo Don Bernardo Gutiérrez Quirós determinó la creación de la parroquia del Santo Angel Custodio, encargando a los frailes franciscanos la administración de los sacramentos. En 1640, al secularizarse todas las parroquias del obispado de Puebla, se establece
el primer párroco secular y se la separa de la jurisdicción de la orden
franciscana, al mismo tiempo que se crean dos visitas de curato: una
en el barrio de los Remedios y otra en el pueblo de San Baltazar, distante un cuarto de legua3 :
En 1812 a causa de los estragos producidos por la epidemia de fiebres, la parroquia de la Santa Cruz se incorporó a la jurisdicción del
Santo Angel Custodio, quedando Santa Cruz como ayuda de Analco
(situación que se mantiene hasta 1913 cuando se vuelve a erigir la parroquia de la Santa Cruz).
En 1812 la jurisdicción de la parroquia del Santo Angel Custodio
se vio incrementada notoriamente: abarca toda la margen izquierda del
río Sao Francisco, el pueblo de San Baltazar, las haciendas del _Gallinero, la Calera, San Diego de los Alamos, Sao Bartolo y el Santo Cristo, las ladrilleras de Azcarate y de Benitez, los barrios de los Remedios, La Luz, El Alto, San Juan del Río, Xonaca y los ranchos de la
Rosa y Virgen de Guadalupe4 •
La ciudad de Puebla desde sus orígenes (1531) adquirió grao importancia económica, cultural y religiosa, llegando rápidamente a convertirse en la segunda del virreinato. Cronistas e historiadores poblanos señalan -con gran claridad- el importante papel desempeñado
por la Puebla de los Angeles durante el período colonial s , situación
que es confirmada por viajeros y religiosos que visitaron la ciudad durante los siglos XVII y XVIII6 •
La historiografía contemporánea centró su atención en el carácter
peculiar y único de su fundación. El experimento llevado adelante por
el obispo Garcés y el oidor Salmerón en 1531, le otorgaron otro rasgo
peculiar: el de ciudad de españoles no encomenderos, proyectada desde su misma fundación como ciudad e intentando nuclear en su seno
a todos aquellos españoles pobres que quisieran trabajar la tierra como lo hacían en España7 • De esta manera la planificación urbana de
la Puebla de los Angeles fue elaborada a conciencia y el reparto de so-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

179

lares se realizó con moderación dentro y fuera de la traza urbana, la
que se extendió alrededor de una amplia zona central.
La necesidad de contar con mano ~e obra indígena que participara en la construcción de la ciudad, motivó un acuerdo entre el oidor
Salmerón y caciques Tlaxcaltecas, Cholultecas, Calpantecas y Huejotzincas, por medio del cual "cada vecino pudo disponer de treinta indígenas para levantar sus casas, en un plazo de noventa dias, y otros veinte
prepararon sus campos de cultivo (en el Valle de Atlixco), sin especificar el tiempo en que tal faena habría de concluir ... " 8 • Repartimiento
temporal que fue convirtiéndose en permanente con el paso del tiempo, aunque el ñúmero de trabajadores indígenas fue disminuyendo.

La necesidad de contar con mano de obra indígena libre y permanente determinó que el ayuntamiento de Puebla dispusiera en 1550 el
otorgamiento de "algún sitio o solar para hacer sus casas", y que éstos "estén apartados y divididos de la traza de los españoles"9, dando origen -de esta manera- a los barrios indígenas, que rodearán
la traza por el norte, este y oeste, quedando solamente libre la zona
sur (que unía a la ciudad con las tierras comunales del ayuntamiento
poblano).
Los primeros asentamientos indígenas comenzaron a poblarse con
tlaxcaltecas y cholultecas, a orillas del río San Francisco, alrededor del
convento de los frailes franciscanos, asentamiento denominado Tlaxcaitecapan; al norte de la traza se formarán los arrabales de Xanenetla
y Xonacatepec; al poniente Cholultecapan y Huejotzicapan, los que
formarán el barrio de Santiago; en torno a la iglesia de San Sebastián
se formó el barrio de San Pablo de los Naturales y al noroeste el barrio
de Texcoco. A orillas de Tlaxcaltecapan surgirán los barrios del San
Juan del Río, del Alto y de Tecpan.
Al sur y sureste de la traza y separado de ella por el río Sao Francisco se fue formando la parcialidad de los tlaxcaltecas en un perímetro que formó el barrio de Analco ("al otro lado del río"), el que se
constituyó po11Tepetlapan (barrio de los Remedios), el arrabal de Huilocaltitlán ("lugar de los palomares"), que se convertirá en el más importante, el arrabal de Xochitlán ("lugar de las flores") y, al sur del
mismo, el arrabal de Yancuitlapan ("en la tierra nueva").
Durante los siglos XVI y XVII, diversas disposiciones del Ayuntamiento poblano, así como también virreinales, determinaban que los
indígenas se establecieran fuera de la traza al mismo tiempo que disponían que mestizos, negros y mulatos no habitaran en los barrios indígenas; disposiciones que se cumplieron estrictamente en lo referente

�180

Siglo XIX

al asentamiento de los indígenas, pero las restantes ordenanzas cayeron en letra muerta. Numerosos mestizos levantaron sus viviendas en
barrios indígenas, dando comienzo a importantes asentamientos de población mestizada en algunos barrios como San Sebastián, El Alto y
Analco, lo que producirá constantes quejas de los funcionarios
indígenas 10 •

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El recorrido de los ríos Xonaca y San Francisco separaba del centro de la ciudad una amplia zona, que en época de lluvias la incomunicaba por varios días. La construcción de puentes que dieran fluidez
al tránsito se tomó una de las mayores preocupaciones del Ayuntamiento, por cuanto a través de ellos se comunicaba con el camino a
Veracruz, la Mixteca y toda la zona sur de Puebla. Así también, porque en sus márgenes se instalaron varios molinos, curtiembres y diversos talleres artesanales. Por estas razones, muy pocos afios después de
su fundación (1555), se construyó el primer puente sobre el río San Francisco, "que unía al barrio del Alto con el centro de la población" 11 •
El segundo puente conocido como el de las "Bubas", data también
de 1555. Debido a la precariedad de su construcción, fue destruido varias veces por las aguas del río.
Hasta finales del siglo XVII (1699) el Alto y Analco se comunicaban con el centro de la ciudad por estos dos puentes. La actividad artesanal y mercantil de Analco, así como el creciente número de sus habitantes, determinó que se reestructurara el paso peatonal existente que
comunicaba la parroquia del Santo Angel Custodio con el centro "para mejorar las comunicaciones con Analco y que la obra se ejecutase·
a costa de los propios de la ciudad, con la mayor solidez posible para
que durase muchos años' 2".
Durante gran parte del siglo XVIII el puente del Santo Angel Custodio de Analco. como fue conocido, estuvo en ruinas, habiendo sido reparado varias veces pero con escasos resultados. En 1775, debido a la
imposibilidad de repararlo se construyó, dos cuadras al sur, el puente
de Ovando, que accede directamente a la plaza del barrio. Será recién
en 1795 cuando a instancias del Síndico Personero del Común se proceda a reparar el puente de Analco, el que quedará concluido y reforzado en 1808.
Durante gran parte del período colonial la parroquia se encontró
mal comunicada con el centro de la ciudad, situación que se agravaba
en época de lluvias debido al gran aumento del caudal que corría por
el cauce del río San Francisco (que en repetidas oportunidades desbordó). No obstante esta situación, la parroquia se fue consolidando, asu-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

181

miendo características propias de un barrio indígena y mestizo, mercantil y artesanal.
Nuestra jurisdicción presentó durante el período colonial un comportamiento demográfico fluctuante en el que se interrelacionaron la
crisis económica que afectó a la ciudad de Puebla desde el último cuarto del siglo XVII y la mortalidad epidémica. La crisis económica afectó a importantes sectores sociales, especialmente a grupos marginales,
creando condiciones favorables para que las distintas enfermedades (epidemias, pandemias y endemias) azotaran con fuerza inusitada ocasionando una mortalidad diferencial entre las clases sociales y por grupo
étnico. Crisis económica y mortalidad que se conjugaron cotidianamente agudizando aún más la situación y generando un proceso
emigratorio13 • Lamentablemente, para el siglo XIX no hay estudios
sobre el comportamiento demográfico de la ciudad o de la parroquia,
pero a partir de la escasa información con que se cuenta 14 podemos
inferir que a lo largo del XIX el comportamiento demográfico fue similar al registrado en el período colonial.
Durante la colonia, la parroquia de Analco presentó un crecimiento
demográfico vigoroso hasta comienzos del siglo XVIII (1705), durante
el cual se verá afectada por importantes picos de mortalidad epidémica. Empero, el mantenimiento de una elevada fecundidad permitió mantener un crecimiento elevado .
En el primer cuarto del siglo XVIII (1706-1723), se pierde el vigor
del XVII, viéndose sacudida la población por la mortalidad epidémica
de 1708/ 1710, recuperándose entre 1724 y 1736, volviendo a alcanzar
durante estos 13 años los niveles de finales del siglo XVII. La crisis
de sobremortalidad de 1737 (matlazabuatl) ocasiona una fuerte y profunda depresión demográfica que abarca 36 años, en el que varias epidemias (1747/ 1748, 1761/ 1762 y 1768) frenarán toda posibilidad de recuperación demográfica. A partir de 1773 se acelera el ritmo de crecimiento, aun~ue las epidemias de 1779 y 1784 moderarán las
recuperación1 •
La guerra de independencia habría afectado de manera bastante
notable a la ciudad ocasionando importantes pérdidas pero, como señala Keith Davies, "es difícil saber con exactitud el monto de las pérdidas humanas" 16 • Al mismo tiempo, la mortífera epidemia de fiebres
pútridas de 1813 causaba 7 603 defunciones 17 ocasionando la fusión de
las parroquias de Santa Cruz en Analco y la de San Sebastián con la
de San Marcos debido a la poca feligresía que había quedado en sus
jurisdicciones.

�182

Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

183

Entre 1823 Y 1827 se sucedieron casi ininterrumpidamente diversos brotes epidémicos que causaron la muerte de 10 046 personas situ~ción que se verá agravada en 1833 y 1850 con las mortíferas epidemtas de cólera morbus que ocasionaron la muerte de varios millares
de habitantes de la ciudad, especialmente los de menores recursos.

nas de las variables de su contenido: sólo se citan los nombres de los
contrayentes, la fecha de la ceremonia, la edad y estado civil. La mención del lugar de origen, tiempo de residencia o la ocupación del contrayente no aparecen.

LAS FUENTES

Sobre las omisiones en el contenido de las actas, Louis Henry nos
dice que éstas pueden ser de tres tipos: a) fortuitas; b) selectivas;- c)
sistemáticas.

Nuestro trabajo se basó en el análisis de los libros matrimoniales del
~chivo parroqui_al del S~to Angel Custodio, que por su carácter y
nqueza nos permtten aproXllllarnos al conocimiento del mundo del trabajo para el largo período que va de 1640 a 1910.
La parroquia del Santo Angel Custodio data de 1627 y su archivo
se encuentra muy bien conservado, estando los libros divididos en tres
grandes ~pos: libro~ de bautismos, libros de matrimonios y libros
~e defurtc1ones. No_ extste un ordenamiento numeral, lo que imposibilita s~ber con e~act1~ud los libros faltantes; no obstante, es posible determtnar la sene extstente guiándose por las fechas de las partidas al
comenzar y finalizar cada volumen.
La serie completa (1632-1910) consta de 50 libros, de los cuales corresponden 28 _al P:río_d~ colonial. El primero, muy incompleto
(1632-~670), re~stra mdistmtamente a indigenas, españoles y "gentes
de razon"; 1~ libros registran los matrimonios indígenas y once a esp~oles, mestizos y castas. Los libros matrimoniales correspondientes
al s1~o_XIX (!800-1910), son 22. A partir de 1810 desaparece la diferenc1ac1ón étmca de los contrayentes, agrupándose en un mismo libro
a españoles, mestizos, indígenas y castas.
. El. primer libro de matrimonios que se conserva comienza el 28
de Jumo ~e 1632. En _167_1 da comienzo a los registros separados, correspondiendo uno a md1genas y otro a españoles, mestizos y castas.
Entre 1743 y 1753 se abre un nuevo libro en la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, el que termina al comenzar el año 1754 volviendo
a asen~se los casamientos realizados en dicha iglesia, 'en la sede
parroqwal.
Existen al~as lagunas que es necesario mencionar. La primera
a~arca un peno~o d~_cuatro años (1634-1639), originada quizás en la
mtsma des~rganizac1on de los registros. Entre 1670 y 1710, los libros
correspondientes a españ.oles, mestizos y castas se han extraviado. La~as menores se encuentran en los años 1711, .1712 y 1718 en los registros matrimoniales de españoles. Entre 1876 y 1878 se omiten algu-

Las primeras proceden de imponderables (la enfermedad del párroco por ejemplo), o de los olvidos ... pero son menos frecuentes en
las actas matrimoniales a causa de su importancia. "La omisión selectiva ocurre cuando los padres creen inútil declarar un nacimiento, y
las omisiones sistemáticas afectan sobre todo a los decesos
infantiles" 18 • Es posible que las omisiones de 1711, 1712, 1718 y
1876/78 radique en la primera de las tres causas arriba mencionadas.
El contenido de las actas casi no varía en el curso del lapso estudiado, pero no siempre se asienta toda la información. Para los siglos
XVII y XVIII, una de las variables que se omiten con mayor frecuencia es la información sobre la o&lt;;upación del contrayente, pero nunca
se omiten nombre, estado civil o lugar de origen.
La estructura típica de un acta matrimonial es la siguiente:
• Nombre de la parroquia o templo donde se celebra la ceremonia.
• Datos del oficiante: nombre y cargo.
• Datos de los contrayentes: - nombre del contrayente
- estado civil (soltero, viudo)
- grupo étnico (para los siglos XVII y
XVIll solamente)
- ocupación
- edad (para los siglos XVII y XVIII
se omite esta variable)
- lugar de origen
- lugar de residencia
- nombre de los padres (si es soltero)
- nombre de la contrayente
- estado civil (soltera, viuda)
- grupo étnico (para los siglos XVII
y XVIII solamente)
- nombre de los padres (si es soltera)

�184

Siglo XIX

• Datos de los testigos:

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

- lugar de origen
- lugar de residencia

a) 1830-1860; b) 1870-1910._ D_e esta manera hem~s podido observar
el comportamiento de los distintos rubros ocupactonales.

- nombres
- grupo étnico (para los siglos XVII y
XVIII solamente)
- lugar de origen

Tratando de ser lo más claro posibles, r ~ o s el análisis del
mundo del trabajo tomando como base los pnnctpale_s ~bros, presentando en primer lugar un panorama general por ~&lt;:11vtda~ para todo
el período (1640-1910) y, posteriormente, un análisis particular, para
retornar al general en las consideraciones finales. La b~e~edad del p~esente trabajo nos impide incorporar dentro de &lt;:'lda act1vtdad a los distintos oficios lo que hubiera enriquecido considerablemente el panorama. No ob;tante, hemos incluido un apén~ce al final. en e! que d&lt;:5glosamos todos los oficios registrados en los libros matnmoruales, distribuido por rubros.

LA ESTRUCTURA OCUPACIONAL DE ANALCO
Nuestro interés se centra básicamente en la medición cuantitativa de
la presencia de los cónyuges en el "mundo del trabajo" de la parroquia de Aoalco. Es decir: abarca la población masculina cuyas edades
oscilan entre los 18 y 26 años. Si bien no cubre a la totalidad ~e lapoblación activa que vive y trabaja en la jurisdicción, permite acercarnos
al conocimiento de la estructura ocupacional existente, captando la realidad laboral colonial y decimonónica, observando los cambios y las
permanencias registradas.
Para este fin hemos tomado, en principio, la estructura de las ocupaciones que a través de diferentes trabajos ha sido diseñada por Carlos Contreras y Juan Carlos Grosso y ha servido de base para distribuir 19a la población ocupada en la ciudad de Puebla a lo largo del siglo
XIX • Por otra parte, la apropiación de dicha estructura proviene del
hecho de que después de conocer el inventario de las ocupaciones de
la parroquia, éste se adaptó a la disposición que ya habían tomado en
los trabajos de los investigadores arriba mencionados. No es una aplicación forzada aunque sí, de alguna manera, arbitraria; muy pocos oficios, una vez realizada la agrupación, quedaron sin solución.

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Cabe mencionar también que debido a la amplitud del período
a analizar, nos vimos obligados a utilizar para el período colonial un
muestreo, seleccionando tres años por década (años O, 1 y 2), obteniéndose de esta manera una muestra más que significativa (30% de los
matrimonios realizados), criterio que utilizó Juan Carlos Grosso cuando
analizó el "origen
y composición de la fuerza de trabajo fabril" para
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el siglo XIX • Empero, debido a la importancia del período porfirista, creímos conveniente contar con toda la información (año por año)
registrada en los libros matrimoniales.
Finalmente queremos señalar que para analizar la información y
poder observar los cambios y las permanencias en la larga duración,
hemos agrupado los datos de la siguiente manera para el período colonial: a) 1640-1699; b) 1700-1749; c) 1750-1802; y para el siglo XIX:

La estructura ocupacional de la parroquia estuvo de~ermin_ada durante todo el período por seis actividades laboral~ (textiles, ~entos
y bebidas, agricultura, curtido y pieles, construcción y comercio~, las
que nuclearán entre el 67% y el 71 % del total de co°:trayentes registrados (véase cuadro X). De las restantes ramas ocupactooales, cabe mencionar a cerámica y vidrio, metales, transportes, madera Y muebles,
confección e indumentaria y producción de artículos para el cons~m?
doméstico, que mantienen una presencia permanente pero se veo dilwdas frente a los seis principales rubros.
¿Cómo explicarnos esta estructura ?Cup~cion:n: Consideramos ~ue
esta concentración laboral no es gratwta, smo t_1p1ca ?e todas las ciudades coloniales novohispanas. El car~cter semimargmal de l? parroquia inserta en una ciudad de españoles, nucleará aquellas act1V1dades
propias de una población pauperizada, así como también aquellas que
por sus características y su ubicación harán concentr:11"se en las cercanías a los trabajadores del ramo. La grao cooc~otrac1ón_de panader_o s
en la jurisdicción no implicaba que las panadenas _d e la ciudad es!uv1eran ubicadas en gran número dentro de la parroqma, como ~~a con
los molinos, sino por el hecho -creemos- de que es~a ac~tvtd~d _e ra
un trabajo insalubre y de muy bajo estatus social. S1tuac1óo similar
encontramos en el ramo curtido y pieles ªU?que, en este ~º• en su
mayor parte las curtiembres se encontraban ~taladas a o~illas d_el ~o
San Francisco y los trabajadores del ramo vtvían en sus mmediac1~nes, dentro de la jurisdicción parroquial (constituyéndos~ e~ una ~ct1vidad tradicional de Analco). Por su p~e, la rama text~ t1en~ _cierta
importancia desde el siglo XVII, y mantiene una pr_esenc1a ~ -1 malterable durante todo el período, siendo ésta una acttvtdad trad1c1onal de
la ciudad de Puebla. Así también, desde el siglo _XVI se fueron poblando los barrios indigeoas de la ciudad con trabaJadores de la construc-

�186

Siglo XIX

ción, tradición que se mantuvo a lo largo de todo el período colonial
y decimonónico, no siendo la excepción el barrio de Analco, La Luz,
los Remedios, San Francisco y el Alto, que en gran número se concentrarán en sus calles.
Una mención especial, merece la actividad agrícola dentro de la
parroquia. Para comprender la importancia del mundo rural, debemos
tener presente que a excepción del Sagrario todas las parroquias de
la ciudad extendían su jurisdicción sobre un amplio territorio, dentro
del cual se encontraban pueblos, ranchos, molinos y haciendas, por
lo que un amplio porcentaje de su población habitaba en zonas rurales
y se dedicaba a las actividades agrícolas. La parroquia de Analco -tal
como lo señalamos anteriormente-, extendía su jurisdicción sobre el
pueblo de San Baltazar, los molinos del Santo Cristo, Santa Bárbara
y de Guadalupe y los ranchos de Carreto y San Bartolomé. A partir
de 1813 se incorporarán a su jurisdicción el territorio de la parroquia
de la Santa Cruz, ampliándose considerablemente el entorno rural, situación que se mantiene hasta finales de nuestro período (1910).

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Los flujos y reflujos de los trabajadores agrícolas, desde la colonia al porfiriato, dependieron de la actividad económica de la ciudad
y de la oferta de mano de obra existente dentro del espacio urbano.
La crisis económica que afectó a la Puebla de los Angeles desde finales
del siglo XVII -dando comienzo a un largo período recesivo que habría culminado en la década de 1850/60- habría incidido en un aumento de las actividades rurales dentro de nuestra jurisdicción. Somos conscientes de que los registros parroquiales presentan limitaciones, ya que
la ocupación anotada en los libros matrimoniales dependía de la declaración del contrayente. Sabemos que la actividad rural se concentra
fundamentalmente en épocas de siembra y de cosecha, por lo que un
porcentaje importante de los trabajadores agrícolas podrían haber sido eventuales y desempeñado, durante una importante parte del año,
otro tipo de labores dentro del espacio urbano (lo que se nos escapa
totalmente ante la falta de fuentes que hagan referencia a esta situación).
La actividad mercantil no registra una presencia significativa, pero el incremento del sector es permanente. ¿Cómo explicamos que en
una ciudad eminentemente comercial se observe, para la parroquia de
Analco, que dicho sector tenga tan escasa importancia? Diversos factores pueden explicarnos esta situación. Hemos mencionado el carácter semimarginal y mayoritariamente indígena de Analco, factor importante a ser tomado en consideración ya que la actividad comercial
de la ciudad se concentraba en el centro de la ciudad, en donde se intercalaban comercios mayoristas y minoristas dedicados en gran parte

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

187

a la venta de artículos de Castilla y de la tierra, instalándose en los barrios que rodeaban a la "traza" urbana pequeños almacenes minoristas dedicados a la venta de diversos artículos necesarios para la vida
cotidiana: comercio que se complementaba con la actividad mercantil
desarrollada por los artesanos que vendían directamente su propia producción, pero que las fuentes utilizadas los registr~ dentro del rubro
artesanal en el que se encuentran insertos. También, debemos hacer
mención al hecho de que el comercio es una actividad desempei'lada
por españoles y en menor medida mestizos mayores de 30 ó 35 años,
por lo que tos libros matrimoniales no captan al grueso de la ~blación dedicada a la actividad mercantil, ya que la edad promedio del
matrimonio es bastante m~nor. Finalmente, hay que destacar que la
estructura étnica de la parroquia determina que el mundo del trabajo
esté marcado por otro tipo de profesiones, haciendo dismin~ir -en
el contexto general- el papel del comercio.
Ahora bien, las curvas registradas por las distintas ramas laborales, desde la colonia al porfiriato, estarán condiciona~as -en ~a}'.or
o menor medida- por factores externos a la parroqma, lo que limita
el análisis general. Pero más allá de esos imponderables, es claro que
la estructura laboral de Analco es típica de un barrio indígena Y mestizo que se encuentra inserto en una ciudad de españoles.

El ámbito agrario
El ámbito agrario parroquial concentrará, de la colonia al porfiriato,
gañanes, segadores, campistas y jornaleros, los que representan el 14%
del total de los contrayentes para el siglo XVII (1644-1699); el 12%
para la primera mitad del XVIII; y el 17% entre 1750-1802, tal como
puede observarse en el cuadro X.
Entre 1830 y 1860 los trabajadores agrícolas constituirán el grupo
laboral más importante con 250/o de los contrayentes, revirtiéndose la
tendencia en el porfiriato en que disminuyen a niveles casi similares
a los registrados a finales del período colonial.
Estos valores porcentuales nos indican que entre 1640 y 1749 el
sector agrícola ocupó una posición importante dentro de la estructura
ocupacional de la parroquia, siendo superado solamente p~r los rubros alimentos y bebidas y textiles; posición que se ve modificada en
la segunda mitad del siglo XVIIJ, al incrementar su participación e i~alar a alimentos y bebidas. Una tendencia que se acelera durante el siglo
XIX (1830-1860) superando ampliamente a los otros rubros, para retroceder durante el porfiriato.

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Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

189

¿Cómo explicarnos la importancia del sector rural en el ámbito parroquial y sus cambios durante el largo período que estamos analizando? Cualquier tipo de explicación se enfrenta a imponderables que lo
relativizan. En primer lugar, el reducido universo de análisis nos impide generalizar ya que nuestra jurisdicción se integraba a un espacio mucho más vasto: la ciudad de Puebla. Pero si bien se mantendrán varios
interrogantes para los cuales no tenemos respuesta, nos atrevemos a
indicar que estos guarismos nos estarían indicando la pervivencia -de
la colonia al porfiriato- de un mundo urbano casi inalterado. Los cambios en la declaración de los contrayentes -de gañán a segador y de
campista a jornalero- no hicieron variar sustancialmente su identificación étnica, en el que los flujos y reflujos de la mano de obra dedicada a las actividades agrícolas estuvieron relacionados directamente con
la actividad económica de la ciudad y la demanda de mano de obra
en el mundo urbano. No obstante, volvemos a señalar que este tipo
de aseveraciones tiene que ser ratificada o rectificada después de haberse realizado un estudio que englobe a toda la ciudad de Puebla.

el 15% de los contrayentes se dedicaba a las actividades rurales, manteniéndose este porcentaje casi inalterable entre 1700-1749, para aumentar numérica y porcentualmente para la segunda mitad del siglo XVIII,
en que nuclea al 26% de los contrayentes indígenas.

Ahora bien,- para el período colonial contamos con un elemento
que desaparece después de la independencia: la composición étnica de
los contrayentes, lo que nos permite observar la relación existente entre etnia y ocupación, sus cambios y permanencias, posibilitándonos
comprender mejor el comportamiento de las distintas actividades .

Por las características de la parroquia y por la tendencia existente durante la colonia a concentrarse los miembros de un gremio en determinado barrrio, Analco nucleará los trabajadores de alimentos y bebidas (panaderos, molineros, mamoneros, semiteros, harineros, etcétera), a los herreros, loceros, curtidores y albañiles. Diversos factores
determinaron que desde sus orígenes Analco fuera seleccionado como
lugar de asentamiento de estos trabajadores. En primer lugar, el carácter indígena de la parroquia los marginó durante la colonia del centro de la ciudad. También determinó este tipo de concentración el que
sobre el río San Francisco se estableciera un importante número de molinos y curtiembres, por lo que sus trabajadores vivían en las
inmediaciones.

La distribución étnica de los contrayentes nos confirma el predominio indígena para todo el período colonial. Durante el siglo XVII
(1640-1699), el 90% de los matrimonios realizados corresponde al grupo indígena. Aunque el subregistro existente para el período, y la ausencia de registros de españoles, mestizos y castas entre 1670 y 1710, relativiza el porcentaje, la preponderancia indígena es absoluta21 •
El siglo XVIII muestra el proceso de mestizaje en la parroquia.
Para el período 1700-1749, los contrayentes indígenas representan el
74% del total, mientras que los matrimonios ·de españoles y mestizos
representan el 12% y 10% respectivamente. En la segunda mitad del
siglo (1750-1802) el proceso se acelera. Si bien los contrayentes indígenas representan la mayoría, disminuyen hasta el 56%, mientras que españoles y mestizos alcanzan el 21 % y 20% respectivamente. Las castas
tienen muy poca significación: mulatos, negros y pardos apenas llegan
al 2% para 1640-1699, y el 3% para la primera y segunda mitad del
XVIII (cuadros III y IV).
Analizando el mundo laboral por grupos étnicos, el panorama se
toma más claro. Si tomamos al indígena, vemos que entre 1640 y 1699

Por su parte serán muy escasos los españoles y mestizos dedicados
a las actividades agrícolas: solamente el 6% de los contrayentes entre
1640 y 1749, para disminuir al 3% en la segunda mitad del siglo (véase
cuadro VI). Las castas apenas tienen alguna significación en el mundo
rural (cuadro VII).
Vemos -por lo tanto- gue el grupo indígena casi monopolizará
hasta el siglo XIX las actividades rurales, situación que se habría mantenido hasta 1910. La participación de mestizos aumentaba en la medida que la parroquia se mestizaba.
Alimentos y bebidas

Así, los panaderos, mamoneros, semiteros y harineros habitarán
en número muy elevado en la jurisdicción parroquial, constituyéndose
en el grupo mayoritario, numérica y porcentualmente, de los contrayentes entre mediados del siglo XVII a mediados del XVIII, nucleando al 23%. Situación que se verá modificada a partir de 1750, en que
comienzan a perder fuerza dentro de la estructura ocupacional disminuyendo al 17%, una tendencia que continúa durante el siglo XIX de
manera inexorable (cuadro X y gráfica VII).
Este comportamiento puede explicarse a partir de los cambios en
Analco desde 1750. Es claro que el proceso de mestizaje de la ciudad
y de la parroquia incidirá directamente sobre el sector. Ello habría traído
aparejado una cambio en la dieta alimenticia, con la consiguiente disminución de las panaderías existentes en la ciudad, así como también

�190

Siglo XIX

el rechazo -suponemos- de los mestizos a desempeñar actividades
insalubres y de muy bajo estatus social. Por otro lado, el incremento
del sector agrícola, construcción y comercio a partir de 1750 hicieron
disminuir la importancia del rubro alimentos y bebidas.
En el cuadro V se puede observar con claridad la identificación
étnica existente dentro del rubro alimentos y bebidas. El número de
contrayentes indígenas que nuclea el sector es superior en todos los casos al 24%, mientras que la participación de contrayentes españoles
y mestizos es ínfima y de escasa significación (cuadro VI).

Los trabajadores textiles
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Esta rama de la estructura ocupacional mantuvo -tal como lo señalamos anteriormente-, una presencia importante y estable desde la colonia al porfiriato. Es sumamente conocida la significación que durante gran parte de la colonia tuvo la industria textil en la ciudad de Puebla. Producción que pierde fuerza en el siglo XVIII y que durante el
XIX constituye " ...un sector de escaso peso numérico en el mundo del
trabajo de la ciudad de Puebla y sus alrededores" 22 • No obstante este decrecimiento del sector y pérdida de importancia a nivel general
dentro de la estructura ocupacional de la ciudad, Analco mantuvo la
tradición sobrellevando los avatares del mercado. Con ello no queremos decir que gran parte de la producción textil de la ciudad se concentrara en la jurisdicción parroquial; sabemos que sería erróneo aseverar un planteamiento de esta naturaleza cuando otras parroquias de
la ciudad, como la de San José, concentraban mayor número de trabajadores. Pero al interior del espacio parroquial, el sector textil fue el
segundo rubro en importancia, a excepción del período 1750-1802, en
que es superado por alimentos y bebidas y agricultura (cuadro X y gráfica VII).
Durante el período colonial, los contrayentes indígenas dedicados
a esta actividad textil fueron en constante disminución frente a españoles y mestizos, quienes aumentaron casi permanentemente su participación en el sector marcando un claro predominio étnico dentro del
mundo textil, situación que se habría mantenido a lo largo del siglo
XIX (cuadros V y VI).

Los trabajadores de la construcción
El origen e importancia de los albañiles y trabajadores de la construcción en general en los barrios periféricos a la "traza" urbana poblana,
son bien conocidos y han sido señalados anteriormente. Uno de estos

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

191

barrios periféricos formados desde los siglos XVI/ XVII con albañiles
y trabajadores de la construcción será Analco, estableciendo una tradición que permanecerá inalterable durante todo el período. También
debemos señalar que en la circunscripción de la parroquia se encontraban buena parte de los establecimientos dedicados a fabricar materiales de construcción, situados a orillas del río San Francisco y en los
barrios de los Remedios, Xonaca y Xanenetla: de allí la permanencia
de los albañiles, canteros, areneros y ladrilleros en Analco.
Durante la colonia el rubro de la construcción no presenta un lugar preponderante dentro de la estructura ocupacional de la parroquia,
ubicándose en quinto lugar con aproximadamente el 4.5% de los contrayentes, recuperándose en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente durante el porfiriato, hasta convertirse en el tercer grupo en importancia en el mundo del trabajo (cuadro X y gráfica VII).
Merece destacarse la importante recuperación de la rama de la construcción durante el porfiriato. La "modernidad porfiriana" cristalizó
en la ciudad de Puebla en algunos aspectos:
el auge de las construcciones, sobre todo públicas, que a partir de 1880 alt~raron la planta arquitectónica de la ciudad, el
desarrollo de los ferrocarriles que integraron el espacio conectando a la ciudad con la capital del país y con las principales
ciudades del interior y el impulso de la urbanización después
de 1907 le dio a la ciudad una nueva fisonomía23 •

Los beneficiarios de la reconstrucción del centro de la ciudad fueron,
en el sentido ocupacional, los albañiles, areneros, ladrilleros, canteros,
etcétera. El lapso de mayor expansión del empleo de la industria de
la construcción lo observamos entre 1895 y 1900. En este proceso participan activamente los contrayentes de Analco, y ello explica el desmedído crecimiento del sector.
La identificación étnica existente durante el período colonial es indíscutible. Entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII ningún contrayente español o mestizo declara como ocupación ser miembro del "gremio" de la construcción, registrándose entre 1750 y 1802
solamente cuatro, que representan apenas el 2%. Por su parte, el sector indígena muestra que entre 1640 y 1749 el 6% de los contrayentes
pertenecen a la rama de la construcción, para ascender durante la segunda mitad del XVIII al 9%. Estos guarismos nos indican también
que, durante gran parte del período colonial, los trabajadores de la construcción no ocupaban un lugar destacado en la estructura ocupacional.

�I 92

Siglo XIX

Curtido y transformación de pieles
"Cerdo, cochino, puerco y marrano come el poblano" rezaba un dicho popular en la colonia, reflejando una realidad que se observa en
la gran cantidad de tocinerías, jabonerías, velerías, tenerías y curtiembres que existían en la Puebla de los Angeles. El río San Francisco sirvió de marco para instalar en sus orillas a un gran número de industrias del cuero que volcaban en su cauce los desechos originados en el
proceso de la curtiembre de las pieles.
Analco verá instalarse en sus cercanías y dentro de su jurisdicción
a estas empresas, por lo que en gran número sus trabajadores habitarán en la zona, ocupando un lugar de importancia dentro de la estructura ocupacional. En el siglo XVII, el 100/o de los contrayentes ~eclarará una ocupación relacionada con la industria del cuero, sobresaliendo
los curtidores y zurradores. Sube este porcentaje al 11.5 entre 1700-1749,
para decaer durante los cien años siguientes (1750-1860), alcanzando
los niveles más bajos a mediados del siglo XIX. El porfiriato verá recuperar al sector hasta niveles históricos de mediados del XVIII.

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La industria del cuero agrupó especialmente a mestizos y españoles y, en mucho menor medida, a indígenas. Durante la primera mitad
del siglo XVIII (1700-1749), el sector agrupaba al 90/o de los contrayentes indígenas y al 180/o de los españoles, mestizos y castas, porcentaje que se modifica en el segunda mitad del siglo en que los contrayentes indígenas que declaran laborar en el rubro cuero y transformación de pieles disminuye al 70/o. Sucede lo mismo con los españoles,
mestizos y castas (120/o). Al interior del grupo étnico español y mestizo, la preponderancia de los segundos es notoria: agrupa en la primera
mitad del XVIII al 31 OJo de los contrayentes, frente al 40/o de los españoles, mientras que en la segunda mitad aumentan los españoles (5.50/o)
y disminuyen los contrayentes mestizos (18.60/o) (cuadros V y VI) .

El comercio
Ya señalamos que en el primer cuadro de la ciudad y, con mayor densidad en los alrededores del zócalo, se concentraba el mayor número
de comerciantes. Grandes y pequeños, tratantes y corredores, dependientes y traficantes convivían allí cotidianamente, constituyendo_el
"núcleo central del comercio poblano", distribuyéndose en los barnos
que rodeaban la "traza urbana", especialmente en el nort~ de la ciudad, una actividad mercantil en la que el pequeño comerciante era el
predominante.

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

193

Analco no será un barrio comercial y, si bien el sector presenta
durante todo el período una tendencia constante al crecimiento, talcomo puede verse en el gráfico VII y en el cuadro X, ocupará el sexto
lugar entre las principales actividades laborales. Situación originada en
las características de la parroquia, en la preponderancia indígena de
su población y en que las fuentes captan a un reducido grupo de jóvenes contrayentes, dejando de lado a una población mayor de 30 años
(entre los que se habrían encontrado la mayor parte de los
comerciantes).
Dejando de lado el siglo XVII -ya que la ausencia de libros matrimoniales para españoles, mestizos y "gentes de razón" no nos permite tener un panorama completo- vemos que entre 1700-1749 de un
total de 1 100 matrimonios solamente 25 declaran tener una actividad
laboral ligada al comercio, entre los que encontramos tratantes, traficantes y en menor medida comerciantes:
en conjunto representan
apenas el 20/o del total de contrayentes registrados para el período. Esta actividad se incrementará en la segunda mitad del siglo (1750-1802),
nucleando al 4.50/o de los contrayentes, tendencia ascendente que continúa a lo largo del siglo XIX: agrupa el 6.50/o entre 1830-1860 y el 6. 70/o
entre 1870-1910 (cuadro X).
La composición étnica de los comerciantes indica que desde 1640
a 1802 los contrayentes indígenas que declaran como oficio la actividad mercantil es insignificante: en ningún momento alcanzan el 1OJo,
mientras que españoles y mestizos nuclearán para la primera mitad del
siglo XVIII al 8.80/o de los contrayentes del sector, para incrementarse
al 9.50/o entre 1750-1802 (confirmando claramente el predominio de este
grupo en el sector comercial). Si tomamos por separado, para el siglo
XVIII, a españoles y mestizos, encontramos que para la primera mitad el 14.80/o de los contrayentes españoles declaran ser comerciantes,
frente al 4.50/o de los contrayentes mestizos, distribución étcnica que
se mantiene en la segunda mitad: los españoles nuclean al 160/o frente
a los mestizos que agrupan solamente al 30/o (cuadro VI). Por su parte,
las castas se habrían encontrado totalmente marginadas de esta actividad, habiéndose registrado para todo el período colonial a un solo comerciante (cuadro VII).
Esta identificación étnica se habría mantenido a lo largo del siglo
XIX, en que el grupo mestizo habría tenido una mayor participación
en la medida que la parroquia fue perdiendo su carácter étnico originiario y mestizándose.

�194

Siglo XIX

El lado oscuro del mundo del trabajo

Hemos descrito y analizado seis actividades cuya significación numérica es importante en la estructura ocupacional de la parroquia de Analco. En una subdivisión de veinte sectores diferentes, catorce tienen una
participación cuantitativamente pobre. Este hecho resalta en parte la
diversidad del empleo en una parroquia cuya transformación cualitativa es muy lenta, al igual que la de la ciudad.

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La gran cantidad de oficios existente harían interminable un análisis minucioso que abarcara a todos ellos. No obstante merecen destacarse algunos que, por tradición, se mantuvieron: por ejemplo, los trabajadores nucleados en la rama de la confección e indumentaria, metales y cerámica y vidrio.

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Los sastres mantuvieron una actividad permanente, a pesar de no
ser una zona de la ciudad que nucleara tradicionalmente a este sector.
Empero, durante el siglo XVII concentrarán al 4.20'/o de los contrayentes, porcentaje que se eleva al 7 .60Jo en la primera mitad del siglo
XVIII, al 8.00Jo en la segunda mitad, para descender durante el siglo
XIX (7.70Jo en 1830-1860, y 4.70/o durante et porfiriato). Esta actividad congregará tradicionalmente a españoles y mestizos, participando
la población indígena en menor medida (cuadros V y VI).

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Los herreros, por su parte, se concentrarán en gran número dentro de la jurisdicción parroquial lo que explica la permanencia del sector dentro de la estructura ocupacional de Analco desde mediados del
siglo XVII hasta comienzos del XX. La falta de registros para españoles, mestizos y castas durante el XVII hace disminuir los guarismos para el periodo. No obstante, entre 1640-1699 el 3.70Jo de los contrayentes realizará una actividad ligada al rubro metales. Durante el siglo
XVIII y primera mitad del XIX el 7 OJo de los contrayentes se nuclearán
dentro de dicha actividad, para disminuir al 50'/o durante el porfiriato
(cuadro X). Debemos señalar también que esta rama concentrará a españoles y mestizos: la participación indígena es netamente minoritaria
(cuadros V y VI).
Otra de las ramas con tradición en la parroquia serán cerámica y
vidrio, que se mantiene a lo largo de nuestro período para incrementarse entre 1870-1910. El barrio de La Luz será la sede de esta actividad, en la que alfareros y loceros, principalmente, elaborarán la tradicional cerámica roja. Indígenas, mestizos y españoles participarán en
el oficio, aunque el predominio indígena es indiscutible (cuadros V y
VI).

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

195

Carboneros, tabaqueros, aceiteros, botoneros, cortadores dejabón, cereros, veleros, candeleros, etcétera, a quienes agrupamos en el
rubro "producción de artículos para el consumo doméstico" tienen importancia durante el siglo XVII, pero pierden significación desde comienzos del XVIII, lo que se acentuará desde 1750 en adelante: agrupa
menos del I OJo del total de contrayentes.
El resto de las actividades se diluye en una gran cantidad de ocupaciones que no inciden en la estructura ocupacional de la parroquia.
CONSIDERACIONES FINALES
En los umbrales del siglo XX la ciudad de Puebla no había logrado
recuperar el importante papel que desempeñó en el "sistema de ciudades coloniales", en oposición al norte y al Distrito Federal que significarían el poder político y ~onómico del país.
Extendiendo esta verificación al ámbito parroquial, el mundo del
trabajo de Analco revela la predominancia de una estructura muy cercana a la colonial. El proceso de mestización de la parroquia, ocurrido
a lo largo del siglo XVIII, no trajo consigo la desaparición ni transformación de las profesiones indígenas sino su readaptación a las nuevas
circunstancias. Esto significa que la evolución de los oficios y su distribución marcharon al margen de los acontecimientos de orden político
y que su desarrollo está regido por circunstancias de orden interno, cuasi
parroquial. En términos de la estructura profesional, parece que la colonia vivió mucho más allá del siglo XVIII.
Esto se puede verificar en el comportamiento de las actividades cuya
frecuencia resalta en la larga duración. Tales son los casos de la rama
textil, cuya especialidad mayor son los tejedores; agricultura, llámense
gañanes, segadores, campistas o jornaleros; alimentos y bebidas (panaderos, mamoneros, bizcocheros, semiteros, reposteros, etcétera); curtido y pieles, que agrupa a zapateros, curtidores, zurradores y peleteros; construcción, en el que encontramos fundamentalmente a albañiles; y comercio.
En el análisis individual, la estabilidad que mantiene la rama textil
a lo largo de dos siglos y medio resalta su peso en el mundo del trabajo
parroquial, en el que convive con una gran cantidad de oficios. Concentró durante el período colonial a españoles y mestizos, situación que
se habría sostenido a lo largo de todo el siglo XIX reflejando en su

�196

Siglo XIX

interior el proceso de mestizaje.
La importancia del sector agrícola revela claramente la pervivencia de un mundo urbano cuasi-inalterado. Los cambios producidos en
la declaración de los contrayentes, de gañán y segador a campista y
jornalero, no hicieron variar la identificación étnica durante la colonia
y siglo XIX. Las alteraciones en las curvas, especialmente la brusca
caída durante el porfiriato, genera algunas interrogantes sobre las cuales no tenemos respuesta al desconocer lo que sucede en el ámbito urbano más general.

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El sector de alimentos y bebidas, dominado durante el período colonial por los panaderos, muestra una constante declinación desde mediados del XVIII. Este comportamiento se debe al proceso de mestizaje que se verificó en la ciudad de Puebla y que definió un cambio en
los hábitos alimenticios de la población de la ciudad, lo que habría motivado una disminución en el número de panaderías, aunque perdurara la fabricación de panes de consumo popular como las semitas.
Curtidores, zurradores, zapateros y peleteros existieron en el ámbito parroquial desde sus orígenes por la cercanía del río San Francisco, lo que nos explica su permanencia durante todo el período colonial. Su decaimiento en la primera mitad del XIX coincide con el pico
del sector agrícola (incidiendo este en una disminución porcentual del
resto de las actividades, situación que se verá modificada durante el
porfiriato al disminuir la influencia de la agricultura y regresando a
los niveles de ocupación que mantuvo durante el período colonial).
Resulta clara la elevada proporción que alcanzó la rama de la construcción en el porfiriato; el embellecimiento del centro de la ciudad creó
una demanda de mano de obra que fue satisfecha, parcialmente, por
los contrayentes de Analco. Los albañiles se instalaron en la jurisdicción parroquial desde sus orígenes, con una actividad similar a la que
presentan los textiles durante el período colonial. El aumento de las
construcciones después de 1840 hará que el grupo se incremente hacia
los niveles del porfüiato.
Finalmente debemos referirnos al comercio, sin tomar en consideración los registros del siglo XVII. Su presencia durante el XVIII será
limitada, debido a que el grupo indígena sobredeterm.ina la estructura
ocupacional, situación que se modificará si tomamos sólo en consideración a españoles y mestizos. Tratantes, traficantes, corredores y comerciantes incrementarán su actividad hasta alcanzar a mediados del
XIX cierto peso, que se mantiene hasta finales del período. Lamenta-

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

197

blemente la fuente no nos permite vislumbrar el tipo de comerciante
existente dentro del ámbito parroquial, pero por sus características sociales y económicas suponemos que eran pequeños comerciantes.
En suma, el lento proceso de mestizaje que terminará con una clara identificación étnica, siguió independientemente de los cambios producidos en el mundo del trabajo de la parroquia. Habrá que corroborar lo aquí expresado con un estudio que cubra toda la ciudad.

NOTAS
1. En los siglos XVII y XVIII la ciudad de Puebla estaba dividida en cinco parroquias
(San José, Santa Cruz, San Marcos, San Sebastián y Santo Angel Custodio) Y el
Sagrario Metropolitano.
2. Antonio Carrión, Historia de la Puebla de los Angeles, Puebla 1896-1897, pp.
378/379.
3. Antonio Carrión, op. cit., pp. 378/379.
4. Cfr. José Luis Aranda, Nupcialidad, migracién y ocupación en la parroquia de Anal·
co 1870-1910, tesis de Maestría, UAMI, 1987, p. 11.

5. Cfr. Juan de Villa Sánchez, Puebla Sagrada y Profana, Puebla, 1962; Antonio Carrión, op. cit.
6. Fray Antonio Vázquez de Espinosa, Descripción de la Nueva España en el siglo
XVII, México, 1944; Joseph Antonio de Villaseñor y Sánchez, Theatro Americano, México, 1952.
7. Cfr. Julia Hirschberg, La fundación de la Puebla de los Angeles. Mito y realidad,
Puebla, 1981.
8. Fausto Marin Tamayo, La división racial en la Puebla de los Angeles bajo el régimen colonial, Puebla, 1960, p. 15.
9. Archivo del Ayuntamiento de Puebla, Libros de Cabildo, No. 6, Folio 68.
10. Fausto Marin Tamayo (coord.), Puebla a través de los siglos, Puebla, 1962, pp.
26/ 33.
11. Oiga Yolanda Couoh, Los puentes históricos en el rio San Francisco en la Puebla
de los Angeles, Puebla, 1965, pp. 14/ 19.
12. Oiga Yolanda Couoh, op. cit., pp. 22/23.
13. Cfr. Miguel Angel Cuenya. Evolución demográfica de una parroquia de la Puebla
de los Angeles (1660-1800), tesis de Maestría, UAMI, 1985.

�198

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

14. Cfr. Carlos Contreras Cruz, La ciudad de Puebla. Estancamiento y modernidad
de un perffl urbano en el siglo XIX, Puebla, CIHS-UAP, Cuadernos de la Casa
Presno, 1987.

199

CUADRO/

CIUDAD DE PUEBLA. DEFUNCIONES (1823-1827)

15. Cfr. Miguel Angel Cuenya, op. cit.
16. Keith A. Davies, "Tendencias demográficas urbanas en el siglo XIX en México",
en Historia Mexicana, vol. XXI, 23, 1972, p. 515.
17. Carlos Contreras Cruz, op. cit., pp. 35/39.
18. Louis Henry, Manual de demografía histórica, Barcelona, Crítica, 1983, p. 62.
19. Carlos Contreras Cruz y Juan Carlos Grosso, "La estructura ocupacional Y productiva de la ciudad de Puebla en la primera mitad del siglo XIX", en Puebla en
el siglo XIX, Puebla, CIHS-UAP, pp. 111/176.
20. Juan Carlos Grosso, Estructura productiva y fuerza de trabajo en Puebla 1830-1890,
Puebla, ClHS-UAP, Cuadernos de la Casa Presno, p. 27 y ss.
21. Cfr:Miguel Angel Cuenya, op. cit.

Nro.

parroquias
Sagrario
San José
Santo Angel
Santa Cruz
San Marcos
San Sebastián

2 731
1 111
1 593

Total

6 430

hospitales

Nro.

San Pedro
S. Juan de Dios
San Roque
Religiosas

3 331
195
27
23

995
3 576

Fuente: Carlos Coiitreras Cruz, La Ciudad de Puebla. Estancamiento y modernidad de un perfil urbano en el siglo XIX, Puebla, Cuaderno de la Casa
Presno, 6, CIHS/ICUAP, 1986, pp. 37.

22. Juan Carlos Grosso, "Notas sobre la formación de la fuerza de trabajo fabril en
el municipio de Puebla 1835-1905", en Boletín de Historia del Movimiento Obrero, CIHMO-UAP, 1981, p . 17.

CUADROII
23. Carlos Contreras Cruz, op. cit., p. 21.

POBLACION DE LA CIUDAD DE PUEBLA
año

1678
1746
1793
1803
1825
1830
1835
1848
1856
1862

pobladón

año

pobladón

69 800*
50 366
57 168
67 800
44 756
43 000

1868
1869
1870
1876
1878
1887
1889
1895
1900
1910

70 916

40 000

71 631
70 000
75 000

60 000

65 000
65 000
76 817
72 743
78 530
88 674
93 521
96 121

Fuentes: Miguel Angel Cuenya, "Puebla en su demografía. Una aproximación al tema 1650-1850", en Puebla: de la Colonia a la Revolución, Puebla
CIHS/ICUAP, 1987, p. 53; Carlos Contreras Cruz y Juan Carlos Grosso,
"La estructura ocupacional y productiva de la ciudad de Puebla en la primera
mitad de siglo XIX", en Puebla en el siglo XIX: contribución al estudio de
su historia, Puebla, CIHS/ICUAP, 1983; Keith A. Davies "Tendencias demográficas urbanas en el siglo XIX en México", en Historia Mexicana, Vol.
XXI, 23, 1972.
• La cifra de 1678 corresponde a comulgantes y no a población total.

�200

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

201

CUADRO IV
DISTRIBUCION DE LAS ACTIVIDADES DE LOS CONTRAYENTES
INDIOS, ESPAÑOLES, MESTIZOS Y CASTAS (1640-1802)

CUADROIII

1640- %
1699

Actividad
DISTRIBUCION ETNICA DE LOS CONTRAYENTES
(1650-1802)

16~
1699
Indios
Españoles
Mestizos
Mulatos
Negros
Moriscos
Chinos
Pardos
Morenos
Extranjeros
No declaran

851
34
30
13
10

Total

%

17001749
854

2

90.34
3.61
3.18
1.38
1.06
0.00
0.21
0.00
0.00
0.00
0.21

942

100.00

o
2
o
o
o

%

17501802
621
236
219
19
1
1

1
11
1
1
1

74.07
12.32
10.23
2.08
0.00
0.00
0.09
0.95
0.09
0.09
0.09

1 153

100.00

1 109

142
118

24

o
o

o
o
o
o

10

%

Tot.

56.00 2 326
21.46
19.75
1.71
0.08
0.09
0.00
0.90
0.00
0.00
0.00

414
367

56
11
l
3
21
1
1
3

100.00 3 204

Alimentos y Bebidas
Textiles
Agricultura
Curtido y Pieles
Art. Cons. Doméstico
Construcción
Transportes
Confec. Indumentaria
Metales
Otros
Madera y Muebles
Cerámica y Vidrio
Actividades Artísticas
Domésticos
Edo., Clero y Educación
Comercio
Emp. Particulares
Establee. Fabriles
Viven de rentas
Profesiones Liberales

l

'
'
1

-

182
118
110
82
63
48
35
33
29
27
21
18
12
3
2
1

o
o
o
o

23.16
15.01
13.99
10.43
8.02
6.11
4.45
4.20
3.69
3.44
2.67
2.29
1.53
0.64
0.25
0.13
0.00
0.00
0.00
0.00

17001749
252
146
133
127
35
53
60
84

15
20
22
46
16
3
1
25

o
o
o
2

%
22.91
13.27
12.09

11.55
3.18
4.82

5.45
7.64
6.82
1.82
2.00
4.18
1.45
0.27
0.09
2.27
0.00
0.00
0.00
0.18

1750- %
1802
181 17.00
144 13.52
181 17.00
101 9.48
9 0.85
60 5.63
41
3.85
86 8.08
80 7.51
18
1.69
14 1.31
57 5.35
18
1.69
10 0.94
14 1.31
48 4.51
o 0.00
o 0.00
o 0.00
3 0.28

Fuente: Libros matrimoniales. Parroquia de Analco 1640-1802
Totales

786 100.00 1 100 100.00 1 065 100.00

�7W'n

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CUADRO V
DISTRIBUCION ETNICA SEGUN ACTIVIDAD DE LOS
CONTRAYENTES DE ANALCO (1640-1802)

1640-1699
etnias %
Indios

Actividad
Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art.Consum. Domes.
Confec. e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Edo. Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Est. Fabriles
Viven de rentas
Otros

1
2
4

o
4
1
1

o
3
2

o
o
o
o
5

o
o
o
o
19

2.38
4.76
9.52
0.00
9.52
2.38
2.38
0.00
7.14
4.76
0.00
0.00
0.00
0.00
11.90
0.00
0.00
0.00
0.00
45.24

%

109 14.65
180 24.19
114 15.32
63
8.47
29
3.90
81 10.89
28
3.76
18
2.42
18
2.42
46
6.18
1 0.13
2
0.27
o 0.00
12
1.61
30 4.03
o 0.00
5 0.67
o 0.00
o 0.00
8
1.08

1700-1749
etnias %
Indios
10

3.66
1.83
56 20.51
o 0.00
31 11.36
50 18.32
41 15.02
JO 3.66
9
3.30
o 0.00
24
8.79
o 0.00
2
0.73
2
0.73
29 10.62
o 0.00
1 0.37
o 0.00
o 0.00
3
1.10

5

Totales
42 100.00
744 100.00
273 100.00
Fuente: Libros Matrimoniales. Parroquia de Analco, 1640-1802

123
247
90

~

%

etnias

1750-1802
% Indios

~
o
~
%

14.87
29.87
10.88
4.23
6.41
9.31
4.11
4.35
1.57
6.41
0.12
0.12
0.00
1.69
3.75
0.00
0.24
0.00
0.00
2.06

19 4.28
9
2.03
105 23.65
1 0.23
49 11.04
55 12.39
66 14.86
24
5.41
8
1.80
4
0.90
42
9.46
12
2.70
3
0.68
6
1.35
28
6.31
o 0.00
2
0.45
o 0.00
o 0.00
11
2.48

162 26.09
172 27.70
39 6.28
8
1.29
37
5.96
46
7.41
14
2.25
33
5.31
6
0.97
56 9.02
6
0.97
2
0.32
o 0.00
12
1.93
13
2.09
o 0.00
8
1.29
o 0.00
o 0.00
7
1.13

827 100.00

444 100.00

621 100.00

35
53
77
34
36
13
53
1
1

o

14
31

o
2

o
o
17

&gt;&lt;

CUADRO VI
DISTRIBUCION f'E CONTRAYENTES (ESPAl'IOLES Y MESTIZOS)
POR ACTIVIDAD (1700-1802)

Actividad

españoles
1700-1749 % 1750-1802 %

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consumo Doméstico
Confección e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
,.
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Estado, Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Establecimientos Fabriles
Viven de rentas
Otros

-

."

Totales

8
3
36

2

6.25
2.34
28.13
0.00
9.38
3.91
21.88
3.13
0.78
0.00
14.84
0.00
1.56
0.00
6.25
0.00
0.00
0.00
0.00
1.56

128

100.00

o

12

5
28
4
1

o
19
o
2
o
8
o
o
o
o

'

14
3

8

6.45
1.38
23.96
0.00
8.29
5.53
15.67
4.15
0.92
0.00
16.13
5.53
1.38
0.46
5.53
0.00
0.92
0.00
0.00
3.69

217

100,00

52

o

18
12
34
9
2

o

35
12
3
1
.12

o
2
o
o

Fuente: Libros Matrimoniales. Parroquia de Analco, 1700-1802

mestizos
1700-1749 % 1750-1802 %
1
2
13

o
o
o
o

0.89
1.79
11.61
0.00
12.50
31.25
8.04
5.36
5.36
0.00
4.46
0 .00
0.00
1.79
16.07
0.00
0.89
0.00
0 .00
0.00

112

100.00

o

14
35
9
6
6

o
5
o
o

2
18

'1

5
5

1

2.53
2.53
24.24
O.SI
13.64
18.69
13. 13
7.07
2.53
2.02
3.03
0.00
0.00
2.53
7.07
0.00
0.00
0.00
0.00
O.SI

198

100.00

48
1
27
37
26
14

5
4
6

o
o
5
14

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o
o

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�204

CUADRO VII

CUADRO VIII

DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES (CASTAS)
SEGUN ACTIVIDAD (1640-1802)

DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES
SEGUN ACTIVIDAD.1830-1860

Actividad

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Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XIX

1640- %
1699

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consum. Dom.
Confec. e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
a.. imica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Edo., Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Emp. Particulares
Domésticos
Establee. Fabriles
Viven de rentas
Otros

1

5.26
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
o 0.00
18 94.74

Totales

19 100.00

Fuente: Libros Matrimoniales. Analco, 1640-1802

1700- %
1749
1

o
7
o
5
10
4

o
2
o
o
o
o
o
3
o
o
o
o
1

3.03
0.00
21.21
0.00
15.15
30.30
12.12
0.00
6.06
0.00
0.00
0.00
0.00
0.00
9.09
0.00
0.00
0.00
0.00
3.03

33 100.00

17S0- %
1802

o

2

0.00
3.45
17.24
0.00
13.79
20.69
20.69
3.45
3.45
0.00
3.45
0.00
0.00
0.00
6.90
0.00
0.00
0.00
0.00
6.90

29

100.00

1
5

o
4
6
6
1
1

o
1
o
o
o
2
o
o
o
o

Actividad

No.

%

Agricultura
Alimentos y Bebidas
Textiles
Art. Consumo Doméstico
Confec. e Indumentaria
Curtido y Pieles
Metales
Cerámica y Vidrio
Madera y Muebles
Construcción
Comercio
Estadp, Clero y Educación
Profesiones Liberales
Actividades Artísticas
Transportes
Empleados Particulares
Domésticos
Establecimientos Fabriles
Viven de rentas
Otros

151
63
89
6
47
34
43
30
25

11

24.71
10.31
14.57
0.98
7.69
5.56
7.04
4.91
4.09
7.53
6.55
0.33
0.16
0.49
2.62
0.00
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0.00
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Siglo XIX

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

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DISTRIBUCION DE CONTRAYENTES
SEGUN ACTIVIDAD (1870-1910)

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Confecciones e Indumentaria
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ORAFICA V

DISTRIBUCION DE LOS CONTRA YENTES SEGUN ACTIVIDAD. 1830.1860

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Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

Siglo XJX

GRAFICA VII

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jardinero
agricultor
operario de campo
campero

2) ALIMENTOS
Y BEBIDAS
chilero
molinero
panadero
tocinero
mantequero
quesero
harinero
frutero
repostero
dulcero
semitero
bizcochero
fiderero
campechero
carnicero
tablajero
cervecero
obleitero
cernidor
lechero
3)TEXTILES

1640
1699

215

1700
1749

1750

1802

1830

1860

1870
1910

tejedor

cardador
cordelero
hilandero
sabanero
sariero
batanero
tintorero

6)CURTIDO Y
PIELES
curtidor
zapatero
zurrador
gamucero

calzonero

aparador
ensi.lelador

obrajero
pasamanero

talabartero

bordador
pañero

7) METALES
herrero
tilmero
ollero
guarnicionero
cerrajero
sedarero
fresadero
cuerdero
pailero
fabricante
platero
ovill~ro
cuchillero
indianillero
herrador
arpillador
arcabucero
flebotomiano
calderetero
campanero
4)ARTICULOS
entorchador
CONSUMO DOMESTICO barrero
velero
armero
carbonero
cobrero
jabonero
hojalatero
leñero
latonero
candelero
latero
tabaquero
jaulero
aceitero
guardafierros
cerero
fuellero
canastero
soldador

5)CONFECCION E
INDUMENTARIA

8) CERAMICA Y
VIDRIO

sombrero
guantero
sastre
botonero
galonero
camisero

locero
alfarero

9) MADERA Y
MUEBLES
carpintero

�216

Siglo XIX

perchero
sillero
tornero
entallador
ensamblador
serrador
carretero
guitarrero
carrocero
tapicero
10) CONSTRUCCION
albañil
pintor
cantero
arenero
pedrero
ladrillero
11) COMERCIO
tratante
comerciante
ambulador
viandante
corredor
traficante

12) ESTADO, CLERO
YEDUCACION
tte. de barrio
sacristán
escribano de cabildo
soldado
militar
guarda de aduana
fiscal de naturales
administrador del abasto
maestro
empleado de gobierno
13) PROFESIONES LIBERALES
oficial de la pluma
plumario
practicante de cirugía
amanuense de contaduría
farmacéutico
pasante de derecho
escribiente

Aranda R. y Cuenya: El mundo del trabajo en Puebla

14) ACTIVIDADES ARTISTICAS
cantor
músico
dorador
escultor
tallador de oro
tirador de oro
fotógrafo
grabador
novillero
dibujante
15) TRANSPORTES
arriero
cartero
cargador
cochero
enfardelador
maquinero
conductor
carrero
empleado de
ferrocarril
16) EMPLEOS PARTICULARES
empleado
mesero
caballerango

17) DOMESTICOS
sirviente
criado
lacayo
18) ESTABLECIMIENTOS FABRILES
operario de fábrica
industrial
fabricante de cerillos
mecánico

19) VIVEN DE RENTAS
propietario
20) OTROS
esclavo
peluquero
ciego
barbero
zarcillero

cohetero
rosariero
nagero
relojero
cajillero
ardero
tecalero
preso
calfonero
xatero
cigarrero
impresor
purero
artesano
limosnero
encuadernador
temascalero
guarda de tabaco

217

�EL SIGLO XVIII EN MEXICO

Natalidad y Mortalidad en
Tecali (Puebla): 1701-1801

Lutz Brinckmann S. *

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INTRODUCCION
El presente trabajo pretende un análisis de estructura y movimientos
de la población del distrito parroquial de Tecali en la parte del altiplano correspondiente al actual estado de Puebla durante el siglo XVlll.
La base principal de la documentación usada son los libros de bautismo, defunciones y matrimonios conservados en el archivo parroquial
de Tecali, v.g. las micropelículas de esta documentación original obtenidas mediante el apoyo de la Sociedad Mexicana de Historia y Genealogía y con fondos financieros proporcionados por la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG). La documentación relevante para la demografía del siglo XVIII comienza en junio de 1701 y termina en mayo de 1801. Para los capítulos de este artículo sólo se hace uso de los
libros de bautismos y defunciones con el intento de acercarse a los ritmos de vida y muerte palpables durante el último siglo de la colonia.
La segunda parte de esta investigación, en proceso, se basará en los
libros de matrimonios y en los dos censos generales de este Iugar y época que están a mi alcance: 1) el censo del virrey Fuenclara de 1744,
publicado por Villaseñor y Sánchez (1746); 2) el censo del virrey Bucareli de 1777 **

• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (México)
•• Archivo General de Indias (AGI), Sevilla: Aud. Méx. 2581.

�220

Siglo XIX

Peter Gerhard (1972) caracteriza el distrito de Tecali de la siguiente manera:
Tecali is in central Puebla, state, alonge the great bend in the Atoyac (Balsas) river where it changes course and heads westwards towards the Pacific. It is a bleak region, quite dry and cold, at 1 800
- 2 400 m. There is little surface water except in the river, which flows
at the bottom of a deep canyon.

El distrito político de Tecali en el siglo XVIII consiste -según la misma fuente- de las siguientes poblaciones:
Toe pueblos were Santiago Tecali (1950: Tecali de Herrera, villa), Sta.
Maria Aguatepec, S. Pedro Apaxtlaguaca, S. Salvador Ayotempan,
S. Buenaventura (Caltenpan), S. Martín (CaJtenco), Sta. Clara Huichitepec, S. Miguel Huiscolotla, or Acuexomac, S. Francisco Mixtla, S. Lorenzo Ometepec, S. Geronimo, Sta. Isabel, S. Bartholome
(TepetlacaJtechco), Tepeyehualco (¿Asuncion?), Sta. Maria Nativitas Tochtepec, Trinidad, and S. Juan Tzicatlacoyan. Three of these
places had acquires cabecera status by 1803. Twenty odd barrios which
appear in the 1777 padron of Tecali may correspond to old estancias,
moved in the congregacion.

Villaseñor y Sánchez es más explícito en su descripción del distrito y
de las actividades de sus habitantes a mediados del siglo XVIU. En la
página 321 dice:
Latitud 19 gr. 45 min. Longitud 275 gr. 10 aún. Cinco leguas de la
ciudad de Puebla a la parte del Suest, está la Jurisdicción de Tecali,
de que es capital el Pueblo de Santiago en donde reside el Alcalde
Mayor de la Provincia: y aunque el partido es de los de segunda classe, y pingüe, está reduzido a una sola cabezera, que es el referido Pueblo de Santiago, y a dos curatos de clérigos colados de este Obispado, empero el Gobierno de los Indios está dividido en dos Parcialidades, conviene a saber, la de Santiago Tecali, y la de Santa María
Toxtepec...

Y en las páginas 322 y 323 describe las siguientes actividades
económicas:
El trato y comercio de esta Jurisdicción por la mayor parte son las
siembras de maíz, trigo, frijol, sebada, alverjón, y otras senúllas por
lo general, aviendo en algunos Pueblos, y sus contornos crías, y engorda de ganado cabrío, en las partes que son aptas para ello, y assi-

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

221

messmo se ocupan los Pueblos de este Vecindario en algunos texidos
de mantas de algodón, y otra grangerías de su especie conque comercian y especialmente tratan en la fábrica de Esteras de palma, y canastos abundantemente bastantes para repartirle en todo el Reyno de
la Nueva España, aunque ay otras Jurisdicciones y Pueblos donde
se hagan, son éstos los más expendibles.
Cerca de tres leguas de esta Cabezera está una mina al modo de Cantera, de donde se corta el Mármol, y entre su betería sale mucha piedra Jaspe versicolorida, y blanca de que hacen muchas curiosidades
menudas, y se cortan lápidas para Aras, y clarabollas de iglesias para
resguardo del ayre, tan luminosas, que dan la mesma claridad, que
si fueran vidrieras, y de las que sacan diversidad en los colores se hacen exquisitas tablas para Mesas, y sólo en este Pueblo aprovechan
este beneficio natural de la tierra a distinción de otras partes donde
ay Alabastra y Pórfido, que por carecer de curia, y aver mucha desidia, no trabajan en el pulimento, y usufructo de dichas piedras, yéndose sólo a la cantería regular, fácil en su labor, y poco costosa en
su fábrica.

Podemos concluir que Tecali tiene un clima seco y generalmente frío,
"el clima semiárido y los suelos muy erosionados, delgados y pobres,
formados de barros y tepetates poco consolidados ... (M. Olivera,
1978:45)
Estas condiciones generales y la escasez de agua en la superficie
hacen a la agricultura aún hoy un oficio arriesgado, y con bastante seguridad lo era también en el siglo XVIll. En esta situación, tenían entonces y en la actualidad gran importancia las actividades de artesanía
mencionadas por Villaseñor y Sánchez, tales como la elaboración de
productos de mármol y alabastro (hoy llamado "Onyx"), y la elaboración y venta de carrizal y palmito. Estos últimos según M. Olivera
(p.43) actualmente elaborados por mujeres. Existe una posibilidad que
en el siglo XVIII formaran todavía parte de toda una industria especializada con considerable nível de calidad y amplia venta en el reino.
En los Libros Parroquiales de vez en cuando se menciona un cierto barrio de los amanteca y la existencia todavía en 1777 de barrios
de pedreros, carpinteros y albañiles, lo que indica la continuidad de
industrias artesanales pre-hispánicas durante la colonia. Hoy la industria del Onyx de Tecali y otros lugares ha conquistado al mercado nacional de ártesanías y es exportado en cantidad considerables al exterior.
La situación social de los habitantes de Tecali del siglo XVIII se
caracterizaba por el hecho de que la gran mayoría de los campesinos

�222

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

distrito de Tecali fue positivo; y aunque las cifras globales de nacimientos y decesos se reducen a partir de 1771 a causa de que el importante
subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan se convierte en curato independiente, en el año de 1801 hay un total de 9 149 individuos más que
en 1701. Tanto el promedio secular del 'ratio' entre bautismos y muertes de 2.2 como los 'ratios' promediales para cada cuarto de siglo demuestran que los nacimientos superaban a las muertes en forma
substancial.

indígenas trabajaba como terrazgueros en las tierras que eran propiedad de los caciques locales, herederos de la antigua clase de los Pilli
(pipiltin) o señores, y se empeñaban -junto con mestizos y mulatosen número crecido como trabajadores libres o gañanes en las haciendas y ranchos propiedad de familias españolas.
M. Olivera (p. 52) da las siguientes características generales:
En el siglo XVIII, la importancia de las repúblicas de Indios se había
reducido; la mayor parte de las comunidades que sobrevivieron dependían más de las haciendas que de la Corona. En efecto, el siglo
XVlll fue precisamente la edad de oro de la hacienda mexicana entendida como una propiedad rural que los colonos habían comprado
o quitado a los Indios, en la que solían agrupar las caballerías de cultivo y las estancias ganaderas que explotaban con mano de obra negra, esclava e indígena o mestiza, de supuestos trabajadores "libres"
llamados gañanes, que sustituyeron a los Indios de "repartimiento"
desde mediados del siglo XVII. Muchos gananes del siglo XVIll vivían en las haciendas y tenían prácticamente carácter de acasillados,
ya que además de su fuerza de trabajo podían venderse junto con las
tierras ... Otros muchos gañanes vivían en sus pueblos cerca de las haciendas de las que eran trabajadores temporales; su servicio segarantizaba a través de adeudos y la coerción.

223

GRAFICA I

TENDENCIAS DEMOGRAFICAS DEL SIGLO XVIII

10000
1000

A
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10

De sus cosechas precarias los indios comunes o macehualtin no sólo
tenían que pagar a los caciques la renta de las tierras que cultivaban,
sino también en muchos casos la renta de los lotes donde tenían sus
propias casas. Se requiere entonces de poca fantasía para imaginarse
el terrible impacto que tenían las cosechas pobres o fallidas sobre la
economía de la familia campesina indígena y se puede comprender, quizás mejor, que cada escasez de alimentos provocada por una cosecha
mala -originada por ausencia o abundancia exagerada de lluvias, sequías prolongadas o heladas- tenía como consecuencia el brote de enfermedades epidémicas entre un pueblo ya de por sí malnutrido.
Las epidemias más temidas del siglo XVIII fueron el matlazahuatl
-una especie de tifo, que atacaba principalmente a los adultos- la
viruela, el sarampión y la pulmonía (dolores de costado), que cobraron muchas víctimas durante el segundo tercio del siglo XVIll.
1. TENDENCIAS SECULARES DE VIDA Y MUERTE
A pesar de las epidemias y hambrunas concentradas principalmente en
el segundo tercio del siglo XVIll, el saldo demográfico global para el

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1-BAP.

En el promedio secular nacieron anualmente 8S.7 individuos más que
los que murieron. Estas tendencias se pueden apreciar también en la
gráfica, dado que el 'ratio' anda en la mayoría de los años arriba de
la línea del 1.
. Dividiendo el siglo en cuatro períodos de 25 años, se llega al sigmente cuadro general:
Período I (1701-1725)
El crecimiento acelerado durante este período arroja
una ganancia neta de 3 831 individuos debido a que

�L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla
224

225

Siglo XIX

GRAFICA 2

en
promedio nacieron anualmente 157.7 individuos
más que murieron.
Período II (1726-1750)
A pesar de sufrir cuatro epidemias fuertes hay un superávit de 1 794 individuos. En promedio anual _nacen 71.8 individuos más que los que mueren, reduciendo el superávit demográfico a la mitad.
Período III (1751-1775)
No obstante haber pasado tres epidemias y dos crisis
de subsistencia sube el superávit demográfico a 2 267
individuos. Nacen en promedio anual 90.4 individuos
más que los que mueren.
Período IV (1776-1801)
.
Aunque soportaron 3 epidemias, por lo menos una ensis de subsistencia y la disminución del distrito parroquial por la separación de San Miguel Tzicotlacoyan,
hay todavía un superávit de 1 163 individuos. Nacen
en promedio anual de 48.7 individuos más que los que
mueren.

2. RITMOS DE NATALIDAD
Esquema general de concepciones y bautismos

Como es de suponer en una sociedad como la de Tecali del siglo XVlll,
donde la mayoría de sus miembros vive de la~ activi~ades agrícol~,
la vida -y en especial la fertilidad humana- sigue el ntmo de las actividades agrícolas, dictadas por las estaciones climáticas.
La zona de Tecali como toda la zona central del altiplano de México, experimenta d~s períodos anuales de se~uía (enero-abril Y
noviembre-diciembre); y un período central de lluvias entre mayo Yseptiembre el cual llega a su clímax durante los meses de julio Yagosto.
Estas c~ndiciones climáticas se transmiten a los períodos de siembra
y cosecha para las variantes básicas del maíz, base de la ali~entación
de la población de Tecali. El período de siembra es determmado por
las variaciones climáticas y regionales entre marzo-mayo, Y el de la cosecha entre octubre-diciembre (Gibson, p. 304).
La gráfica calcula los promedios de todas las concepciones Yba~tismos por mes durante el siglo XVIII, y demuestra claramente 1~ diferencias estacionales en el comportamiento sexual de la población.

CONCEPCIONES Y BAUTISMOS EN GENERAL

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El tiempo de la sequía, de noviembre a marzo, es la temporada de máxima actividad sexual de la población adulta, debido obviamente al descanso por las pocas actividades en el campo. Durante los meses de diciembre y enero se registran las máximas concepciones por afio. Por
consecuencia, los meses de siembra y los meses de trabajo intensivo
de campo durante la estación lluviosa de mayo a septiembre están caracterizados por el descenso en el número de concepciones y el aumento en el de los nacimientos. Junio marca el punto más bajo de la actividad sexual, y julio y agosto son los meses del más alto promedio de
natalidad anual.
Concepciones y bautismos en tiempos de crisis

Las frecuentes crisis demográficas del siglo XVIII alteraron también
en cierta forma los ritmos seculares de concepciones y bautismos.
El alto promedio de concepciones en febrero y los valores también relativamente altos para enero, noviembre y diciembre demuestran que
los meses de la sequía invernal son poco afectados por las enfermedades epidémicas. El descenso más marcado que el normal entre los meses de marzo a junio (punto más bajo para ambos esquemas), y su recuperación más lenta hasta octubre demuestra -más allá del ritmo
estacional- que la mayoría de las muertes ocurre durante la estación

�226

Siglo XIX

L. Brinckmann: Nat.alidad y mortalidad en Puebla

Concepciones y muertes

de lluvias (a pesar de que muchas epidemias empiezan tan sólo al final
de la estación de lluvias).

En el mismo grado en que se acerca la estación de lluvias disminuye
la frecuencia de concepciones llegando a su punto más bajo en junio,
mes en el cual se dispara la mortalidad de verano hasta septiembre.
A partir de septiembre aumenta el ritmo de las concepciones en el mismo grado en que disminuye la mortalidad. Durante los meses de crisis
se observa una interacción diferente entre las concepciones y muertes.

GRAFICA 3
CONCEPCIONES DURANTE EL SIGLO XVlll

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CONCEPCIONES Y MUERTES EN TIEMPOS DE CRISIS

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GRAFICA 4

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CONCEPCIONES Y MORTALIDAD EN GENERAL

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La gráfica demuestra la preferencia de las epidemias para la segunda
mitad del año. La mortalidad es muy alta en los meses de julio y agosto, cuando la mortalidad estacional normal está reforzada por la mortalidad repentina de algunas epidemias que aparecen en verano. A diferencia de los tiempos normales, no baja en los meses siguientes en forma acentuada: sigue alta hasta el fin de año debido a otras epidemias
que brotan de octubre a diciembre.
Lo interesante es que las concepciones tienden a descender con tres
meses de anticipación al comienzo de la mortalidad. Esta disminución
es más marcada que la normal, provocada por la cercanía de las labores de siembra ai comienzo de la estación de lluvias. ¿Estaban antici-

pando algo los genes?
Nacimientos múltiples
Según la demografía moderna hay en toda regla un nacimiento de ge-

�228

Siglo XIX

L. Brinckm1111IJ: Natalidad y mortalidad en Puebla

melos por cada cien alumbramientos y en el caso de trillizos es de
1 x 10 000 nacimientos (Henry, Louis: Population, p. 64). Con un promedio secular de 0.38% era en Tecali, en el siglo XVIII, considerablemente por debajo de esta norma moderna. Lo mismo para los trillizos.
En el total de 25 043 bautismos registrados durante este siglo -debido
a algunas lagunas en la documentación (faltan los bautismos de 1717)debió haber sido aún más, y se podría esperar por lo menos dos nacimientos de trillizos. Pero si uno de éstos no se perdió en la documentación incompleta de 1717, hubo tan sólo uno (en 1710).
Con 48.1 O/o de varones y 51. 90/o de mujeres en nacimientos múltiples, estamos dentro del rango normal de proporción sexual entre recién nacidos. Durante todo el siglo no hay noticias sobre nacimientos
múltiples de cuatro o más individuos.
Dada la naturaleza de la documentación parroquial, no se puede
distinguir entre gemelos univitelinos y gemelos nacidos de dos óvulos.
Aunque es posible separar a los gemelos de sexo diferente, quienes con
seguridad son polivitelinos. Queda el gran resto de gemelos con el mismo sexo quienes pudieron haberse desarrollado de uno o de dos óvulos. El caso es inabordable. Por esta razón no se distingue en esta investigación entre ambas posibilidades y se toma tan sólo en cuenta el
número de nacimientos múltiples/ año y se calcula su porcentaje en
base al número total de bautismos/ año.

Durante la primera mitad del siglo XVIII los nacimientos múltiples son
notoriamente más frecuentes que durante la segunda mitad, tanto en
las frecuencias por año como en el total de nacimientos por período.
También son interesantes los períodos donde no hay ni un solo nacimiento múltiple como entre los años 20 y 30, 42 a 60 y 72 a 85.
GRAFJCA 7
RATIO BAP/ MUER Y EL% DE GEMELOS

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GRAFICA 6

229

El ratio entre bautismos (bap.) y muertes (muer.) está arriba del nivel
1 en los añ.os en que la natalidad supera a la mortalidad. El porcentaje
de los gemelos (gem. O/o) está arriba de la linea del 1O/o cuando hay por
lo menos un nacimiento múltiple en cada cien nacimientos por año.
El gráfico permite distinguir entre tres períodos claramente señalados:
1701-1730: Los seis casos de nacimientos múltiples en la línea del 1O/o
o arriba, y el ratio -con excepción de 1727- asentado entre los niveles 2 y 4 indican una población en un proceso
de fuerte crecimiento.
1734-1784: Sólo dos casos de nacimientos múltiples en la línea del 1O/o
o arriba. El ratio experimenta bruscos cambios entre los niveles 0.2 y 9, provocados por las epidemias y épocas de crisis de subsistencia de este período y los subsecuentes lapsos
de recuperación demográfica. Sólo dos de estos períodos

"

�230

Siglo XIX

de recuperación, el de 1742 después del Matlazahuatl de
1737 y el de 1755 que marca la recuperación de la natalidad hacia un nivel relativamente normal después de la brusca caída de 1749, se transmiten en números normales de
natalidad múltiple. En los demás años el porcentaje de gemelos sí se recupera cuando se aumenta la natalidad después de una epidemia, pero no alcanza el nivel normal del
1%.
1785-1801: El número de casos de nacimientos múltiples arriba del 1%
(5), y el ratio de bautismos / muertes asentado aun más bajo
que durante el primer tercio del siglo, pero sin grandes altibajos, señala la recuperación sostenida de la población hacia finales del siglo.

Parece entonces que un crecimiento sostenido de la población, expresado a través de un ratio arriba de 2, es la precondición indispensable
para alcanzar y/o superar las normas modernas para la gestación de
gemelos y trillizos, sobre todo en las condiciones demográficas reinantes en sociedades agrarias anteriores a la Revolución Industrial.
Falta mencionar por último el extraño caso ocurrido en septiembre de 1773. El cura menciona que le fue reportado el nacimiento de
gemelos muertos. Según el reporte, un pariente de la madre les había
administrado el bautismo en artículo mortis, pero en vez de notificar
al cura para sepultarlos, sus cadáveres fueron arrojados al río Atoyac.
Durante todo el siglo XVIII no hay otro reporte de semejante indiferencia y/o brutalidad con un cadáver humano, porque hasta los cadáveres de los bandidos ajusticiados por la Acordada recibieron siempre
sepultura eclesiástica. Puede ser que se tratara de un alumbramiento
ilegítimo, y la familia de la madre quisiera ocultarlo a toda costa, pero
no lo sabemos: no se menciona el nombre y el estado social de la madre, ni los nombres de los parientes. Parece que la investigación del
cura sobre este incidente no pudo aclarar nada.

Hijos ilegítimos y expuestos
Durante el siglo XV111 se bautizó un promedio de 10.8 niños nacidos
fuera de matrimonio. Anualmente, esta cifra corresponde al 4.4% en
promedio secular de los bautismos registrados en la parroquia de Tecali. La terminología empleada por los curas para distinguir estos niños de la mayoría de los hijos nacidos dentro del matrimonio eclesiástico era la de hijo (a) legitimo (a) de legítimo matrimonio, pero en la

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

231

mayoría de los casos se usaba la fórmula abreviada hijo (a) legítimo
(a). Hijo (a) natural o hijo (a) ilegítimo (a) era el nombre que se daba
a los hijos ilegítimos declarados en el bautismo por uno o ambos padres, y también a los hijos ilegítimos expuestos dejados por sus madres
desconocidas en las puertas de una iglesia o -más frecuentementeen las puertas de las casas de otras familias (y presentados por ellas
a la iglesia para el bautismo).
Las familias adoptivas de los niños expuestos eran muchas veces
-pero no siempre- vecinos prominentes (españoles, caciques, mestizos). de los pueblos, barrios, ranchos y haciendas del distrito de Tecali. Pero también hay casos en que las madres solteras depositaban a
sus hijos no deseados en las puertas de casas de viudas o mujeres no
casadas, permitiendo de esta manera una cierta duda hacia algunas
adopciones fingidas destinadas a mantener el niño deseado, pero ilegítimo, y salvar al mismo tiempo la reputación personal en una sociedad
rural sujeta a un rígido código sexual. Esta práctica era especialmenta
atractiva para las viudas relativamente jóvenes -y hubo muchas después de las grandes epidemias del segundo tercio del siglo- quienes
no podían o no querían casarse en segundas nupcias, pero tampoco
tenían intenciones de vivir como monjas.

Durante todo el siglo XVIII el sistema de adopciones era tao eficiente que absorbía -también en tiempos de epidemias- el 100% de
los nifios expuestos. Se criaban en las familias adoptivas eomo huérfanos junto con los hijos legítimos del matrimonio. Al menos en las familias socialmente prominentes, estos huérfanos eran los futuros criados y ganaban su vida como trabajadores domésticos y/o del campo.
El promedio secular de niños expuestos es de 5.4/ año (2.5 mase.
y 2.9 fem.). La diferencia en el sexo varía considerablemente en años
diferentes, y no permite afirmar una supuesta costumbre general de
abandonar a las hijas y retener a los hijos. La costumbre de exponer
a los hijos no deseados tenía como causa en estos tiempos, como hoy
en día, más bien la presión social que la económica, aunque también
motivaba en las sociedades preindustriales de Europa a muchos matrimonios pobres a abandonar hijos que ya no podían alimentar. (Ver
Haensel y (,retel de los hermanos Grimm).
Dada la pobreza manifiesta de los indígenas y castas en el campo
(la vasta mayoría de ellos no hacía un testamento al morir -a pesar
de las insistencias del cura- por no tener qué testar, muchos eran tan
pobres que los curas les daban los servicios de la iglesia de limosna,
i.e. sin cobrar) no podemos estar seguros de que todos los hijos expuestos fueron procreados por madres solteras o viudas.

�232

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

GRAFICA 8

GRAFICA 9

BAUTISMOS E HIJOS ILEGITIMOS

HIJOS ILEGITIMOS: DECLARADOS Y EXPUESTOS

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La comparación gráfica entre hijos ilegítimos declarado_s e_ hijos ilegítimos expuestos demuestra dos períodos claramente delimitados donde prácticamente todos los hijos ilegítimos son expuestos:

1- ILEB.X

GRAFICA 10

NIÑOS ILEGITIMOS: DECLARADOS/EXPUESTOS

Lagráfica demuestra que el fenómeno de los nacimientos ilegítimos tiene
mucho que ver con las consecuencias de las crisis agrícolas y demográficas que comienzan en Tecali a principio del segundo tercio del siglo
XVIII. Aunque los porcentajes más altos son las consecuencias inmediatas de las epidemias del matlazahuatl de 1737 y de la viruela de
1797/98, los nacimientos ilegítimos no vuelven a bajar entre las epidemias a los niveles del primer tercio del siglo, pero forman una plataforma bien estable de entre 3 y 6% de todos los bautismos entre 1730
y 1780. Durante el último tercio del siglo este porcentaje aumenta aun
más (entre 4 y 8%) e indica así que la población se estaba recuperando numéricamente -ratio mayoritariamente arriba de 1- pero menos en la calidad social.

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�234

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y monalidad en Puebla

1708-1713

Las epidemias de viruela y tabardillo de 1709 a 1711 (Florescano, cuadro 14) provocan un brusco ascenso en la mortalidad y bien pueden
ser la causa -junto con la altísima tasa de natalidad en estos años,
las malas cosechas y la escasez general, que anotan varios autores (Florescano, cuadro 10)- para la formación de una severa crisis demográfica y de subsistencia, ocasionando la abundancia de niños expuestos.
Llama además la atención que, tanto en 1709 como en 1712, fueron
abandonados mucho más niñas que niftos. El caso es bastante extrafio, y se repite-aunque no tan extremadamente- de 1764 a 1766, cuando también todos los hijos ilegítimos son abandonados.
1758-1767

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La crisis agrícola de 1759/60, las epidemias de viruela y matlazahuatl
de 1761/62 y el período de mal clima entre 1762 y 1768 (Florescano,
cuadro 10) ayudaron a que en este período casi no existieran hijos ilegítimos declarados. En 1759, el máximo con esta tendencia, predominó el sexo femenino entre los expuestos, ambos sexos están casi igualmente representados en 1760, y en 1762 predominó el masculino. Los
años de 1763 a 1766 parecen haber sido económicamente tan difíciles
para Tecali, que la gente abandonaba la totalidad de sus hijos ilegítimos.
A consecuencia de la epidemia de sarampión de 1768 hay nuevamente un alto índice de abandono de hijos ilegítimos, pero a pesar de
la crisis agrícola general de 1771 / 72, baja el número de hijos expuestos
hasta a finales del siglo drásticamente a O, a pesar también del nutrido
número de hijos ilegítimos declarados que caracteriza este período. La
crisis agrícola de 1801/ 02, que se inicia con el mal clima de 1797 y conduce a las malas y mediocres cosechas de 1800 y 1801, aumenta nuevamente el número de hijos expuestos con 500Jo más mujeres expuestas
que varones.
Por otro lado, hay la categoría de los hijos naturales declarados.
Durante la primera mitad del siglo XVIII estos hijos ilegítimos son presentados por sus madres -en toda regla solteras e indígenas, aunque
entre ellas hay una que otra viuda o hasta casada- para el bautismo
eclesiástico. En estos casos se anota en el libro de los bautismos nombres, casta y lugar de origen de la madre y de los abuelos matemos
del niño.
Este estado tradicional de las cosas -mater certa pater incertusempieza a cambiar en forma significativa desde mediados de siglo. A
partir del año de 1749 aparecen con más frecuencia ambos parientes

235

de un niño ilegítimo en el bautismo, y los curas tienen que inventar
el término técnico consorte para caracterizar al fenómeno nuevo de padres solteros que aceptan públicamente su responsabilidad paternal y
quienes, por supuesto, no siempre son solteros. Hay entre ellos viudos
-lógicamente- pero también uno que otro casado. Pero la mayoría
son solteros quienes viven obviamente en una especie de concubinato
o unión libre con la madre del niño y tolerados por el clero.
Esta nueva tolerancia moral, ca,acterística en los años 60 y 70 del
siglo XVIII, se refleja también en la terminología de los libros de bautismo, que llama a los hijos de estas uniones "hijo(a) de ..." y siguen
los nombres de ambos padres no casados sin el distintivo peyorativo
de natural o ilegítimo para la criatura. Pero si se conoce tan sólo a fa
madre, se siguen empleando los términos tradicionales de natural o ilegítimo. Aunque se puede apreciar durante algún tiempo una cierta tolerancia hacia los concubinatos y uniones libres, sin duda motivada por
las epidemias y frecuentes crisis de subsistencia, esta tolerancia no es
la regla general: a partir de 1780 ya predominan nuevamente los hijos
naturales en los registros parroquiales de Tecali, aún cuando ambos
padres sean conocidos.
La cronique scandaleuse de Tecali culmina en 1780 con el caso de
una hija -soltera- de un cacique local, que pretende pasar a su hijo
natural como hijo legítimo de otro matrimonio. Pero el esquema de
engaño falla -probablemente a causa de chismes-, hay una investigación por parte del cura, y como consecuencia una entrada oficial al
.libro de bautismos. Otra cause celebre ocurre en 1787: esta vez se presentan dos parejas de solteros como presuntos padres de un recién nacido, caso que quedó aparentemente sin "solución oficial".
En 1797 ocurre finalmente el único caso anotado en los libros de
bautismos en el cual una mujer casada presenta su hijo ilegítimo. Otra
rareza es la declaración de un hijo natural, cuyo padre es casado.
Pero a pesar de estos casos raros e interesantes y hasta excepcionales, hay que tener siempre presente que, a pesar de epidemias espantosas, hambrunas y conflictos sociales, se logra mantener intacto el esquema social tradicional, porque en promedio el 950Jo de los niños bautizados durante el siglo XVIII nace dentro de la institución del matrimonio eclesiástico.
3. MORTALIDAD INFANTIL

La calidad de los documentos parroquiales es por lo general tan buena
que sólo para 1701 , 1703 y 1711 existen insuficiencias graves. Los re-

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1

1

�236

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

237

gistros para los demás años permiten por lo menos el cálculo de la mortalidad infantil total para cada año, y ofrecen también la relación porcentual con la mortalidad total (i.e. de todos los individuos). Mientras
el término demográfico moderno -niño/nifla- comprende a los infantes de entre Odías y 4 años de edad, basándose en los conocimientos actuales sobre el desarrollo físico y psíquico de los infantes, en los
registros eclesiásticos de siglo XVIII se usaba el término párbulolpárbula, basado en la supuesta facultad del infante de compren~er y recibir los sacramentos de la iglesia. Por consecuencia este térmmo demográfico comprende en toda regla a los infantes de ambos sexos de entre
Odías y 6 años de edad. Debido al número considerable de párbulos
cuyas edades no fueron anotadas en la fecha de sus entierros, no se
puede aplicar el término moderno. Si se usa desde aquí en adelante la
palabra niño(a) se entiende infantes de hasta 6 años de edad.

Como se puede apreciar en las gráficas este valor promedial está sujeto a una variación muy amplia entre sus extremos, y durante el último
tercio del siglo generalmente más alta que entre 170l y 1771. La máxima mortalidad de niños ocurre durante la epidemia de 1734, año en
el cual el 76.20/o de los muertos (389 individuos) son niños; el mínimo
secular de 17 .20/o ocurre durante la trágica epidemia del matlazahuatl
de 1737 donde perecen 1 148 personas Oa máxima mortalidad/ afio en
este siglo), pero tan sólo 202 de ellos son niflos menores de siete años.

El promedio secular señala, que la mortalidad infantil_ (0 días a 6
años) era el 53.2% de la mortalidad total anual durante el siglo XVIII.

AÑOS DE MORTALIDAD INFANTIL ALTA

Un alto porcentaje de mortalidad infantil puede coincidir con períodos definidos por una alta mortalidad general, pero ocurre también
con frecuencia en años con una mortalidad general relativamente baja.
CUADRO 1

Años con epidemias
1708
1734
1746
1747
1768
1778/ 81
1797
1798

GRAFJCA 11

MORTALIDAD INFANTIL TOTAL

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Años sin epidemias
1701
1713

1716
1717
1739
1740/42
1752
1754
1792

Debido a la falta de datos adicionales a los registros parroquiales, se
puede explicar tan sólo algunos casos, como el de los años 1739-1742.
En este caso parece que la altísima mortalidad entre adultos -durante
el matlazahuatl de 1737- afectaba durante los años siguientes de la
catástrofe también a los niños, por la falta de atención o quizás debido
a la escasez de alimentos.
Mortalidad infantil total por sexo

0

MORINF.

■ T.MORT.

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MORT.%

En el promedio secular mueren 42.1 varones y 40.6 mujeres anualmente. Pero estas cifras son sujetas a variaciones muy considerables en años
específicos, como con la epidemia de 1734, cuando mueren 204 mujeres y tan sólo 185 varones. Pero en otros años los varones son mucho
más afectados que las mujeres: por ejemplo, 1727 (180 varones/ 116
mujeres).

�238

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

239

GRAFICA 12
MORTALIDAD INFANTIL TOTAL/SEXO

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Mortalidad infantil por grupos de edad

Niños sin edades
La calidad de los registros parroquiales para Tecali queda demostrado
por el hecho de que en promedio secular mueren tan sólo 12 nifios/ año
sin que el cura o sus vicarios anoten la edad en el momento de la muerte. Pero la falta de edades en las partidas de defunción se concentra
marcadamente en algunos años específicos.
Las deficiencias más altas las encontramos durante 1703 a 1706 y
1711/ 12. En todos estos años no hay epidemias ni una mortalidad muy
notable por otras razones. El problema radica más bien en el estado
caótico de la administración parroquial, porque parece que no hubo
cura propietario presente entre 1701 y 1706; pero seis vicarios que tenían a veces estancias muy cortas en el distrito, mezclaron frecuente-

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Durante el último tercio del siglo domina la mortalidad entre las mujeres, y tan sólo en 1780 y 1798 la mortalidad afecta más a los varones.
En lo general las cifras totales no demuestran grandes diferencias entre los sexos. Pero esta relativa homogeneidad se altera cuando se analiza la mortalidad infantil en sus diferentes grupos de edad.

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�240

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Siglo XIX

mente los registros de entierros con otros de bautismos en una manera
muy desordenada. La situación mejora con la toma de posesión del
Br. Antonio Vazques como cura propietario en enero de 1706. Quizás
debido a una ausencia del cura Vazques, y la falta de interés de sus
vicarios Brs. Manuel Cárdenas, José López de Aguilera y Joseph Alejandro de Alarcón, se produjo el fracaso de 1712 cuando menos del
10% de los niños muertos tienen sus edades anotadas. Las fallas de
l 720 son también atribuibles a funcionarios eclesiásticos, pero en el
caso de 1722 pudo haber influido la pequeña epidemia de este año. A
partir de 1723 podemos notar una mejoría drástica en la calidad de la
documentación a pesar de las grandes epidemias que se desataron. Tan
sólo los años de 1738 (siguiente a la gran epidemia de matlazahuatl),
y el de 1752 son una excepción.

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�242

Siglo XlX

La racha de mala documentación entre 1773 y 1778 puede haber sido
-por lo menos parcialmente- causada por la epidemia de 1773/74
y ocurre durante la larga tenencia del Br. Gerónimo Matheos Gil de
Taboada y Bunges como cura propietario de Tecali
(12.1.1773-21.IX.1797). Sus vicarios Joseph Antonio Bonfil, Mariano
Días, Francisco Matheos, Josef Gonzáles y Joseph Fabián tenían en
su mayoría cortas estancias -a veces repetidas- en el distrito. Durante los demás años y hacia el final del siglo XVIII la documentación
es muy satisfactoria a pesar de las epidemias que se presentaron en este
período.

L. Brinckmann: Natalidad Y mortalidad en Puebla

243

GRAFICA 16
MORTALIDAD l. 1701-1801 (HASTA UN MES DE EDAD)

Investigando la hipótesis de que la falta de edades tendría un trasfondo 'sexista', tanto la gráfica 15 como los promedios seculares demuestran
que esto no es cierto. Los promedios seculares para ambos sexos (varones 4.7, mujeres 4.5 individuos/año) son muy cercanos uno de otro
para atribuir las disparidades ocasionales a las tendencias generales de
mortalidad en aquellos años. Entre 1701 y 1771 el promedio anual es
de 4.2 varones y 3.6 mujeres, mientras en el último tercio del siglo hay
5.9 varones y 6.5 mujeres sin edades en promedio anual.

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Queda entonces establecido, que las deficiencias en la documentación parroquial no se deben al exceso de trabajo en período de crisis
demográficas, ni a prejuicios 'sexistas' sino al sistema r~tativo de los
vicarios y la vigilancia, a veces muy deficiente, por curas desinteresados y ausentistas.
El análisis de muertes infantiles por grupos de edad tiene que basarse en un cuerpo relativamente homogéneo de datos. Por esta razón
no se ha tomado en cuenta los años que tengan arriba de 10OJo de
niños sin edades.

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AÑOS
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En promedio ~ecular' el 5.1 % de los recién nacidos no sobrevive el primerl mes de ~1da, _Y la mortalidad relativa de este grupo es el 18 1%
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CUADR02

I

Mortalidad de niños hasta 1 mes de edad
Se estudiará la mortalidad de los recién nacidos tanto relacionada al
número de los bautismos/año para obtener la relación con la tasa de
natalidad anual, como en relación con el número total de niños muertos/año para establecer la conexión de este subgrupo con la mortalidad infantil total/año.

MORTALIDAD DE LOS RECIEN NACIDOS
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1701-1801
1701-1771
1771-1801

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durante el ultimo terc1_0_ del siglo, pero debido a la natalidad geneialme?te alta, las probabilidades de supervivencia del grupo son bastante
;e1ores que duran~e los años de 1771 a 1801 con descenso marcado
e la tasa de natalidad (nro. de bautismos/año).

o

�244

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

245

El alto porcentaje de los recién nacidos entre la mortalidad total inf~til se debe principalmente a 1801, cuando se registra una mortalidad
de 55.6% para los recién nacidos durante los primeros cinco meses del
año, sin que las fuentes documentales disponibles nos ofrezcan una
explicación.
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Como es de esperar, por lo general mueren más varones (6.6 individuos/ año) que mujeres (5.3 individuos/ año), pero la gráfica 18 demuestra que a nivel de años individuales hay fuertes diferencias entre los
sexos. Este es el caso de los aiíos de 1709 a 1718, afectados por la epidenúa de 1707/ 08, cuando se registra un exceso de mortalidad femenil; pero el caso más drástico proviene de la epidenúa de 1727, cuando
mueren más de dos veces más niiías que niiíos, núentras la mortalidad
masculina supera a la femenina durante los años de 1729, 1732/33,
1735/ 36, 1746/ 47, 1753, 1760 y 1764. En el último tercio del siglo hay
un donúnio de la mortalidad masculina muy marcada durante la epidemia de 1770/ 80, y una mortalidad alta, pero pareja para ambos sexos, durante la epidemia de la viruela de 1797.

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La mortalidad de este grupo tiene un promedio secular de 18.50/o de
la total infantil por año. Como en el grupo anterior, la tasa de mortalidad (MORT.0/o) aumenta hacia el fin del siglo.

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CUADR04
PROMEDIOS I

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1701-1801
1701-1771

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18.5
17.8

�246

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Por las epidemias de 1734 (52 individuos) y 1727 (44 individuos) la mortalidad individual de este grupo de edad llega a su máxima durante el
siglo XVIII. Pero fue en 1764 (44.23%) y 1794 (41.18%), cuando el
grupo de los niños de 2 a 6 meses de edad llega a su máxima secular.
1764 se caracterizó por una mortalidad general e infantil baja y un repunte notable de natalidad después de la epidemia de 1761/62. Tanto
en este caso, como en el de 1794, no disponemos de información alguna para poder explicar la alta mortalidad porcentual de los niños de
este grupo.

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�248

L . Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Siglo XIX

Según los promedios seculares mueren ligeramente más varones (6.8
individuos) que mujeres (6.1 individuos), pero como se puede apreciar
en la siguiente gráfica, mueren durante las epidemias de 1727 y 1734,
en 1770 y en la de 1773 mucho más mujeres que hombres.

249

Niños de 7 meses a 1 año de edad

Este grupo tiene con un promedio secular de 20% el valor más alto
dentro del rango de mortalidad de niños de hasta I año de edad.

GRAFICA 20

GRAFICA 21

MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 2 A 6 MESES DE EDAD 1701-1801

MORTALIDAD DE NIÑOS DE 7 A 1 AÑO DE EDAD 1701-1801

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Como entre los grupos anteriores, también en este grupo aum'!nta la
mortalidad porcentual durante el último tercio del siglo XVIII.

�250

Siglo XIX

L . Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

En el promedio secular hay poca diterencia entre la mortalidad de varones (8.9 individuos) y mujeres (8.8 individuos). Pero al igual que en
los anteriores grupos de edad, mueren mucho más niñas que niños en
las epidemias de 1734, 1747, 1762, 1779, 1797/ 98. Durante la de 1727
mueren más varones que mujeres.

CUADROS
PROMEDIOS 11
Individuos

1701-1801
1701-1771

Grupos

Mase.

Fem.

M.Grup.

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9.6
7

8.8
9.1
7.ó

17.6
18.7
15.9

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87.4

Niños de 2 a 3 años de edad
19.95
19.55
19.97

Los picos de la mortalidad individual coinciden generalmente con los
años de gr~des epi~emias como 1727, 1734, 1747, 1772, etcétera, pero las máximas relativas caen en años que se caracterizan por una mortalidad general baja, pero en ascenso, y una natalidad también en ascenso como en 1725 (44.4%), 1765 (32.6%) y 1785 (44.3%).

e

Con un promedio secular de 21.70/o, los niños de entre 2 y 3 años tienen la más alta mortalidad dentro del rango de la mortalidad infantil.
GRAFICA 23
MORTALIDAD DE NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS DE EDAD 1701-1801

GRAFICA 22

45

1

1

... ,.. ,

MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 7 Al AÑO DE EDAD 1701-1801

1

1

¡;

j

&lt;

\
1

Q1 ..

¡ii

ªl
.tS._._.~,

251

40

35

.\

30

1 /

al

1 •
' 1

25
1
1 20

D
E

- 21 26 30 34 39 43 49 54 58 62 66 70 79 83 89 93 97
AÑOS

- 18 24 27 30 33 36 40 43 47 51 55 58 61 64 67 70 72 81 85 89 92 95 98
AÑOS

■ FEM.

0

MASC.

-MORT.%

11 M.GRUP.

□ T.MOR

�252

Siglo XIX

L. Brinclanann: Natalidad y mortalidad en Puebla

253

La mortalidad culmina en el segundo tercio del siglo XVIII, entre 1746
a 1771, con un promedio anual de 24.8% de la total. Dos de los tres
valores más altos coinciden con las epidemias de 1768 (40.5%) y 1780
(30.80Jo), caracterizadas por una alta mortalidad infantil general.

En el promedio secular mueren ligeramente más mujeres (10.3 individuos) que varones (9.6 individuos), pero tanto en 1727 como en 1737
y 1780 -todos
años de epidemias- la mortalidad masculina supera a la femenina.

El tercer pico, el de 1742 (41.9%) cae en el período de recuperación demográfica después de la gran epidemia del matlazahuatl de 1737,
en un ambiente general de drástico descenso de la natalidad y ligera
alza en la mortalidad general.

Niños de 4 a 6 años de edad
El promedio secular de mortalidad relativa es con 18.1 o/o, notablemente
más bajo que los valores de los dos grupos anteriores.

CUADR06
PROMEDIOS III

GRAFICA 25
Individuos

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Grupos

MORTALIDAD DE NIÑOS DE 4 A 6 AÑOS DE EDAD 1701-1801

Mase.

Fem.

M.Grup.

M. lnf.

9.6
10.9

10.3
11.9

81.8
89.2

6.5

6.5

19.8
22.9
13.0

65.3

21.7
23.8
17.2

Este grupo también es el único, en que la mortalidad porcentual baja
significativamente durante el último tercio del XVIII.

400

5

1

N

1

n35o
0

40

l.. l . .

:

1

30

GRAFICA24

1

MORTALIDAD/ SEXO DE NIÑOS DE 2 A 3 AÑOS DE EDAD 1701-1801

■ FEM.

1

~
1

1

1

1

1

1

5

1

\

1

"9■ /■ 20

1•' 10

11

\./

0 MASC.

6

IIMfillAWl.._....._o
- 21 26 30 34 39 43 49 54 58 62 66 70 79 83 89 93 97
AÑOS

C'lO
A
f&gt;10

■ T.MORT.

o

~o

- 18 2427 30 33 36 40 43 47 5155 58 616467 70 72 818589 92 95 98
AÑOS

-MORT.%

0 M.GRUP.

�254

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La mortalidad relativa más alta ocurre entre 1730 y 1780, para disminuir durante el último tercio del siglo.

CUADRO 7

1701-1801
1701-1771
1771-1801

En promedio secular mueren anualmente 9.3 varones y 8.9 mujeres,
pero la mortalidad masculina domina en 1727 y la femenina en 1734
y 1780.
Resta constatar que, en la mortalidad infantil, están establecidos
dos subpattems bastante distintos: a) la mortalidad de los niños de O
días a l año de edad; b) la mortalidad de los niños de 2 a 6 años de edad.

PROMEDIOS IV
Individuos

255

Grupos

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.lnf.

8.3
10.6
6.6

8.9
9.4
7.6

18.1
19.8
14.2

81.8
89.2
65.4

El grupo con la supervivencia más arriesgada es el de los niños de
2 a 3 años de edad.
19.1
19.5
18.1

Los tres valores más altos coinciden con las epidemias de 1761/62,
1772/73 y 1779/80; el pico de 1740 corresponde a un año caracterizado por una mortalidad general muy baja y un repunte drástico en la
natalidad correspondiente a la fase de recuperación demográfica después del matlazabuatl de 1737. La mortalidad relativamente alta de los
niños de 4 a 6 años de edad en este afio puede ser causada por un pequeño rebrote de la epidemia y/o por la falta de atención durante los
tres aíios de vida, debido a la altísima mortalidad de adultos por la
epidemia.

4. MORTALIDAD DE LOS SOLTEROS
El grupo de los solteros comprende a todos los individuos de 7 años
en adelante que no se han casado. La edad inicial para este grupo - 7
años- significa la edad fijada por la Iglesia Católica, en la cual los
jóvenes de ambos sexos pueden recibir los sacramentos, y nv corresponde a los conceptos modernos del cambio de la infancia a la
adolescencia.
Para facilitar el análisis me parece permisible dividir este grupo de
solteros en los siguientes subgrupos:

Solteros sin edades: todos los individuos no casados ni enviudados

GRAFICA 26

MORTALIDAD/SEXO DE NIÑOS DE 4 A 6 AÑOS DE EDAD 1701-1801

Adolescentes:
Solteros adultos:

a partir de 7 años cuyas edades no fueron anotadas en sus partidas de entierros.
jóvenes con edades entre 7 y 16 aíios de edad.
jóvenes con edades entre 17 y 30 años.

Mortalidad total de solteros
En el siglo XVIII murieron en total l 642 solteros y solteras, lo cual
corresponde a un 10.3% de la mortalidad total en el distrito de Tecali.
Durante el período de junio de 1701 hasta mayo de 1771, cuando se
redujo el distrito parroquial de Tecali por la separación del subdistrito
de San Miguel Tzicotlacoyan, murieron l 117 solteros lo que equivale
al 9.5% de la mortalidad total. Durante el último tercio del siglo murieron 524 solteros y la mortalidad relativa de este grupo subió al 12.5%
de la mortalidad total.

03

E

e

2

At

s
o

~

- 18 24 27 30 33 36 40 43 47 51 55 58 616467 70 72 818589 92 95 98

■ FEM.

�256

Siglo XIX

L. BriDckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

GRAFICA 27

A pesar de la reducción de la población del distrito, debido a la separación del subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan en junio de 1771,
sube la mortalidad de los solteros durante el último tercio del XVIII.

MORTALIDAD TOTAL DE SOLTEROS

•

N120

•

1

R
01000

800

•

35

CUADR09

30

MAXIMAI

25

.J
•

1701-1801
1701-1771
1771-1801

120

1

Fem.

H.Grup.

H.Toul.

Hort.%

146
146
60

175
175
72

321
321
132

1 148
1 148
542

33.9
27.97
33.9

La máxima mortalidad en cifras absolutas ocurre durante la gran epidemia del matlazahuatl de 1737, pero es con la de la viruela de 1798
cuando alcanza su máximo relativo de 34% de la mortalidad total/año.
Durante el último tercio del siglo no hay cifras absolutas tan altas: las
máximas corresponden a la epidemia de 1779/80 (año en el cual también hay con 29.30Jo un alto porcentaje de solteros entre las víctimas,
notablemente menor que en 1798). Los promedios de mortalidad/ sexo
muestran cifras muy cercanlls para ambos sexos (masculino 8.1 individuos/femenino 8.0 individuos).

10

o
- 7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

•

Hase.

15

5

-MOR%

257

M.TOT.

□ M.GRUP.
GRAFICA 28

1

1

'

Las máximas de la mortalidad de los solteros coinciden con las grandes epidemias de 1737, 1779/80 y 1797/98. En estas ocasiones, la mortalidad de los solteros pudo alcanzar cifras de entre 30 y 350Jo de la
mortalidad total/año. Pero los promedios anuales de mortalidad alcanzados en estos años catastróficos se encuentran más bien entre 5
y 150Jo de la mortalidad total.

N
R

o
D
E

CUADRO 8
PROMEDIOS V
Mase.

Fem.

H.Gl'UJ&gt;.

H.Tot.

Mor.%

8.1
7.6
8.7

8.0
7.9
8.2

16.1
15.7
16.9

153.3
166.5
134.9

8.3
7.4
10.2

e
A

1701-1801
1701-1771
1771-1801

s

o

s

MORTALIDAD/ SEXO DE SOLTEROS

180
160

0 MASC.

1-CO
120
100
80
60
40

■ FEM.

20

o
-

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

AÑOS

�258

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La situación documental mejora drásticamente entre 1738 y 1769.
Durante estos años todos los solteros muertos aparecen con sus edades
anotadas. Pero durante el último tercio del siglo vuelve la mala situación documental, y es especialmente fuerte desde 1785 a 1798, caracterizado por una mortalidad bastante baja entre los solteros. Hay que
buscar la causa para estas fallas -como en el caso de los niños- en
las omisiones de la administración parroquial, por un lado: pero también en el hecho de que muchos de los individuos clasificados como
solteros eran en realidad adultos no casados, cuyas edades al morir tan
sólo se anotaban en casos excepcionales.

Empero, durante las epidemias de 1737 y 1779 mueren mucho más solteras que solteros; en la de 1734 y en la de 1772/73 mueren más hombres que mujeres.

Mortalidad de solteros sin edades
GRAFICA 29
MORTALIDAD DE SOLTEROS SIN EDADES

N

100

R 350f •
O 300 ~
· 250 ,,
D 200
E 150
100
e 50
A

s o

90
80
70
60
50
40
30
20

1
1

I

t •
i 1' l 11
111,1.a.wr~ ■

■,,.

I

,.•~
I
V

O

-

S

AÑOS

lw. l
••

10

l.

o

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

-MOR%

0 M.GRUP.

■ M.ADOL

GRAFICA 30

MORTALIDAD/SEXO DE SOLTEROS SIN EDADES

N

R40

º20
. 00

ºª
E60
40
c20
A

s
o

s

Un promedio secular de 31. 711/o de solteros muertos no tienen sus edades anotadas en las partidas de defunciones (valor que está muy arriba
del de 13.60/o de niños sin edades). Como demuestra la gráfica 29, los
años buenos y los años malos de la documentación para este grupo están claramente separados unos de otros. Las deficiencias se concentran en el primero y el último tercio del siglo XVIII, empezando con
valores altos a principios del siglo, pero disminuyendo claramente hacia los años 30 con excepción de las epidemias de 1727 y 1737, donde
quizá el exceso de trabajo (escuchar las confesiones, administrar los
sacramentos, etcétera) contribuía a que los curas olvidaran de anotar
las edades de muchos adolescentes in articulo mortis. De todos modos
no acostumbraron anotar las edades de los solteros adultos (aproximadamente arriba de 16 años de edad). La fuerte mortalidad de adultos (casados y viudos) en la epidemia de 1727 apoya esta hipótesis.

259

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

0

MASC.

■ FEM.

No existe un desequilibrio sexual en la práctica de anotar o no las edades de los solteros difuntos, porque las máximas representan las tendencias generales de mortalidad/sexo en las epidemias de 1737, 1774
y 1779/80.
Por desgracia no existe un método cuantitativo para repartir los

solteros sin edades entre los dos subgrupos de 'adolescentes' (07 a 16
años de edad), y 'solteros adultos' (17 a 30 años de edad). Pero, partiendo de la hipótesis de que la gente del siglo XVIII se casaba entre
17 y 25 años de edad, supongo que cerca de 3/4 de los solteros sin edades pertenecían al subgrupo de los adolescentes.

�260

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

Mortalidad de los adolescentes

261

en 1705 y durante las epidemias de 1722, 1724 y 1734. Las cifras absolutas de mortalidad alcanzan su máximo durante la gran epidemia de
1737, pero debido a los muchos solteros sin edades que mueren, el porcentaje de los adolescentes alcanza tan sólo el 30% de la mortalidad
total de solteros.

El subgrupo de los adolescentes, i.e. los solteros entre 7 y 16 años de
edad, comprende en el promedio secular a 49.6% de todos los solteros
muertos.

Entre 1739 y 1766 los adolescentes integran la mayoría de los solteros muertos, incluso durante algunos años de este período (1739, 1744,
1749, 1752/ 57, 1761 y 1767) todos los solteros muertos son del subgrupo de los adolescentes. Durante el último tercio del siglo baja la mortalidad promedio porcentual notablemente, y sólo 1794 y la viruela
de 1798 cobran un alto porcentaje de adolescentes muertos. Como demuestran los promedios anuales, mueren más mujeres que hombres,
una tendencia que se refleja también en las máximas.

GRAFICA 31
MORTALIDAD DE ADOLESCENTES

GRAFICA 32

N

MORTALIDAD/ SEXO DE ADOLESCENTES

R50

o

40
■ M.AOOL.

-MOR%

Llama la atención que entre 1742 y 1769 casi todos los solteros muertos pertenecían al subgrupo de los adolescentes. 1749 fue la excepción.

C10
A

s o
o -

CUADRO JO

1701-1801
1701-1771
1771-1801

S

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.Adol.

Mor.%

3.4
3.6
2.9

4.1
4.6
3.0

7.5
8.2

16.1
15.7
16.9

49.6
58.8
28.6

5.9

6 12 18 2-4 30 36 42 -48 54 60 66 71 77 83 89 95 1

AÑOS

PROMEDIOS VI

La mortalidad de los adolescentes aumentó durante el primer tercio
del siglo, aunque en una forma muy errática, alcanzando valores altos

O

MASC.

■

FEM.

Tan sólo en 1707, en la epidemia de 1734 y en 1776 mueren perceptiblemente más hombres que mujeres. Prácticamente en todos los demás años domina la mortalidad femenina. No puedo ofrecer una explicación a la debilidad de los adolescentes femeninos, que difiere tanto de la relativa robustez de las niñas menores de 7 años de edad.

�262

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en ~la

263

Mortalidad de los "solteros adultos"
del siglo XVIII. Junto con la reducción de la población en cifras absolutas después de la división del distrito parroquial en 1771, influye en
este caso definitivamente el drástico aumento de solteros sin edades (ver
parte 3) durante estos años. Por esta razón parece factible atribuirles
por lo menos una tercera parte de los solteros sin edades entre 177J
y 1801.

Este subgrupo comprende a los solteros de ambos sexos entre 17 y 30
años de edad. Durante el XVIII, en Tecali, estos solteros adultos aportan el 12% -en cifras absolutas- de los solteros muertos en el período. De este conjunto muere el 10.6% durante los primeros dos tercios
del siglo XVIII, y tan sólo 1.4% en el último tercio del siglo, después
de la separación del subdistrito de San Miguel Tzicotlacoyan.

En 1742 -el máximo secular- todos los solteros muertos pertenecen al subgrupo de solteros adultos, y en 1764 el 70% de ellos; cifras
fidedignas, porque en ambos años no se registraron solteros sin edades. No se sabe qué afectaba a los solteros adultos, porque ambos años
están caracterizados por una baja mortalidad general y una natalidad
relativamente alta (¡años buenos, pues!). Durante el último tercio del
siglo hay 21 años durante los cuales no hay muertes registra~as para
el subgrupo de los solteros adultos. Estos años ocurren especialmente
entre 1782 -una mortalidad relativamente alta para nuestro subgrupoy 1799, un año después de la epidemia de viruela. Tomando en cuenta
el incompleto estado de los registros parroquiales, se puede est~ seguro que un buen número de los solteros adultos (¿30%?) fue reg¡~rado
sin edades. La máxima corresponde a 1733, cuando muere un numero
inusitadamente alto de hombres (13) al inicio de las epidemias de
1733/34. La máxima para las mujeres (5) cae en las epidemias de 1762
(viruelas y matlazahuatl) y 1768 (sarampión y "fiebres").

GRAFICA 33

N
R 350

MORTALIDAD DE 'SOLTEROS ADULTOS'

:I

O 300
· 250

o

70
60
1- 50
40
30
20

200

E 150

e

100

A

s
o
s

10

o
AÑOS

MORTALIDAD/SEXO DE 'SOLTEROS ADULTOS'

0 M.GRUP.

■ M.ADOL

-MOR%

TABLA 11

o

PROMEDIOS VII

1701-1801
1701-1771
1771-1801

GRAFICA 34

E4

Mase.

Fem.

M.Grup.

M.Adol.

Mor.%

1.24
1.7
0.3

0.71
0.8
0.5

1.34
2.5
0.8

16.1
15.7
16.9

17.13
20.8
8.7

También los promedios anuales demuestran que la mortalidad de los
solteros adultos se reduce a más de la mitad durante el último tercio

c2
Aº-+ttt'Pi'""
6 12 18 24 lJ 36 41 49 =:;4~r1

S

O
S

AÑOS

■ FEM.

~

71

O MASC.

�264

Siglo XIX
L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

La mortalidad masculina domina hasta 1750 con picos marcados en
1701/12 y 1730-1736. Después cambia el cuadro y la mortalidad femenina sobrepasa a la masculina hasta el final del siglo XVIII. Esta tendencia está respalda~a también por las cifras de los años seguros, cuando no hay solteros sm edades. Entre 1735 y 1752 domina la mortalidad
mas~ulina; posteriormente domina la mortalidad femenina sin que se
pudieran aportar causas lógicas para la explicación de este fenómeno.

265

El máximo secular ocurre durante el primer año de la epidemia del matlazahuatl de 1772/73, cuando el 81.3% de los muertos corresponde
al grupo de los adultos. Durante la mayoría de los demás ~os del siglo XVIII, la mortalidad de los adultos oscila entre el 30% y el 50%
de la mortalidad total.
CUADRO 12

5. MORTALIDAD DE LOS ADULTOS

PROMEDIOS VIII

El término a~ulto es aplicado a todos los hombres y mujeres que aparecen en los hbros de defunciones del distrito parroquial de Tecali durante el siglo XVIII, con las siguientes clasificaciones: a) casado/casada; b) viudo/viuda; c) soltero viejo/soltera vieja.
La mayoría de los individuos muertos de estas categorías fueron
registrados sin sus respectivas edades en el momento del entierro. En
total mueren entre junio de 1701 y mayo de 1801, 5 975 adultos, cifra
que significa el 37.4% de todos los individuos muertos en este período. El 48.9% de ellos son hombres y el 51.1% mujeres, una proporción completamente normal.

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Mase.

Fem.

M.Cirup.

M.Tot.

Mor.%

28.6
29.8
25.9

29.9
31.1
27.3

58.6
60.9
53.3

156.8
166.5
134.6

38.6
38.2
39.5

Los promedios anuales de mortalidad indican un ascenso del porcentaje de los adultos muertos durante el último tercio del siglo.

CUADRO 13
MAXIMA 11

GRAFICA 35
MORTALIDAD DE ADULTOS

N

~1200¡
.1000

•
1

O 800

E400
60oi-l'
S "'~
- . ... 11¡

e

A

200

s

._... 50
"lll"'S 40
■

1

•

s

o

~

t ::
t ~~

-

I

1,

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

30

20
10

o

AÑOS

-MOR%

■ T.MORT.

0 M.GRUP.

1701-1801
1701-1771
1771-1801

Mase.

Fem.

M.Cirup.

M.Tot.

Mor.%

220
220
145

234
234
168

454
454
314

1 148
1 148
542

81.25
62.II
81.25

La máxima mortalidad en cifras absolutas no coincide con el máximo
porcentaje de adultos muertos. A pesar de que el matlazal_i?atl de 1737
cobró el máximo número de víctimas por año -tamb1en entre los
adultos- este grupo figuró tan sólo con el 39.6% en el total de las
víctimas debido al alto número de víctimas entre los niños y solteros.
Este cuadro cambia radicalmente en 1772. Esta vez la epidemia
-nuevamente el matlazahuatl- es precedida por varios años con mal
clima y malas cosechas. La crisis de salud coincide con el pico ~e la
crisis agraria con el resultado de que, por lo menos durante_ el pnmer
año de la epidemia, son los adultos -agotados y malnutridos- los
que mueren en cantidad mayor (81.3%).
Otro año de mortalidad inusitadamente alta entre los adultos es

�266

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natalidad y mortalidad en Puebla

el de 1766, con el 62. 1% de la mortalidad total anual. Esta vez no hay
epidemias, ni crisis agrícola, tan sólo hay noticias sobre lluvias abundantes. En ausencia de otra información, no tengo ninguna explicación para este fenómeno.
El mínimo secular de mortalidad entre adultos ocurre durante el
primer año de la epidemia del sarampión de 1779/80: sólo el 9.3%
de los muertos corresponde a los adultos.

GRAFICA 37

MORTALIDAD COMPARATIVA DE GRUPOS DE EDAD

~'ººº

o

100

GRAFJCA 36

o

MORTALIDAD/SEXO DE ADULTOS

E 10

N250T

R
0200

e
;.

150

s
o
s

D

EIOOt
e

267

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97
AÑOS

I

50

M.INF.

♦ M.ADUL

+

M.ADOL

A

s

,so
L.-.

7 14 21 28 35 42 49 56 63 70 76 83 90 97

AÑOS

■ FEM.

0

MASC.

Tanto los promedios anuales como la gráfica indican una mortalidad
femenina -en lo general- ligeramente más alta que la masculina. Esta tendencia se acentúa dramáticamente durante las epidemias de 1727,
1737, 1762 y 1772. Sólo en la de 1737 mueren más hombres que mujeres.

6. MORTALIDAD COMPARATIVA
La siguiente gráfica trata de visualizar -como conclusión- el distinto comportamiento de los diferentes grupos de edad frente a las crisis
demográficas del siglo XVIII.

El rango bajo de mortalidad está ocupado casi exclusivamente por _solteros, incluyendo a los adolescentes. Sólo en 1737 Y_ 1779 (esta vez Junto con los niños) entran en el área de alta mortalidad.
El campo del centro está dominado por los adult?s durante el -~rimer tercio del siglo; después se mezcla con la mortalidad de los runos
en el área alta del rango.
Los niños dominan el área alta del rango_ medio de mo~d~d.
Mortalidad infantil y mortalidad de adultos se Juntan en las ep1detn1as
de 1727, 1734, 1737, 1762 y 1772.
Una alta mortalidad infantil ocurre exclusivamente en 1701,
1747/48, y 1797/98.

�2ó8

Siglo XIX

L. Brinckmann: Natal1da
. d Y mon;úklad en Puebla

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ABREVIATURAS EN TABLAS y GRAFICAS

BAP.
BAP.0/o
CONCRIS.
CONGEN.
DEC.F.
DEC.M.
FEM.
GEM.0/o
ILEG.0/o
MASC.
MORGEN.
MORT.0/o
MORT.INF.
MOR.O/o
MOR.CRIS.
MOR.INF.
MUER.
M.ADOL.
M.ADUL.
M.GRUP.
M.INF.
M.TOT.
M.TOTAL
NACIM.
RATIO Bap./Muer.
T.BAP.
T.DECL.
T.EXP.
T.MORT.
T.MOR.

Número de bautismos/ año
Tasa de natalidad
. .
Concepciones en tiempos d~ cns1s
Número general de concepciones
Hijas ilegitimas declaradas
Hijos ilegítimos declarados
:::~~je de nacimientos múl~ples_(g~~elos)
Porcentaje de nacimientos de hiJos ilegit1mos
Masculino
Mortalidad general
= Mort. O/o
Mortalidad infantil
Tasa de mortalidad
. .
Mortalidad en tiempos de cns,s
= Mort.inf.
Número de muertes/ año
Mortalidad de adolescentes
Mortalidad de adultos
Mortalidad/Grupo de edades
= Mort. Inf. = Mor.lnf.
Mortalidad total
= M. Tot.
Número de nacimientos
Relación numérica entr~ bautismos Y muertes
Totalidad de hijos ~au~dos/ año
T talidad de hijos ileg1timos declarados
T~talidad de hijos ilegítimos expuestos
= M.Total = M.Tot.
= T.Mort.

269

�Costa Rica, 1866-1973:
Tablas Modelo de Mortalidad

Héctor Pérez Brignoli •

INTRODUCCION
En este trabajo presentamos cinco tablas de mortalidad de Costa Rica
para ambos sexos, en el período 1866-1973. Las tablas correspondientes a 19S0, 1963 y 1973, son oficiales. Las de 1866 y 1927 fueron calculadas como parte de la presente investigación. Las cinco tablas corresponden a aiios censales y aunque cubren un amplio espectro de variaciones en la mortalidad, presentan limitaciones importantes.
Las tres primeras están separadas por períodos de observación muy
largos, lo que dificulta el conocimiento de situaciones intermedias; y
los datos que sirven de base para la construcción de las dos primeras
tablas son, probablemente, de inferior calidad que los correspondientes a las tres tablas oficiales. Por todo ello resulta indispensable el recurso a las tablas modelo de mortalidad. Se estudian los diversos siste-

• Centro de Investigaciones Históricas, Universidad de Costa Rica. Este trabajo forma
parte de una investigación más amplia titulada "La población de Costa Rica, 17SO.l 950.
una historia experimental". El autor agradece los comentarios del profesor Robert
McCaa de la Universidad de Minnesota, y de los investigadores del programa "Cuantificación e historia interdisciplinaria" de la Universidad de Costa Rica: William Castillo, Rolando Cuenca y Arodys Robles. La colaboración prestada por el personal de
CELADE (San José) merece una mención especial; hubo tres sesiones de trabajo destinadas a su discución, y Antonio Ortega leyó y criticó el texto final con particular
agudeza y dedicación. Debe mencionarse también el apone de Juan Chaclciel y Dirk
Jaspers, en la fase inicial de la investigación, y recordarse también, como es usual,
que el autor asume plena responsabilidad por el contenido del trabajo. Este fue concluido durante el segundo semestre de 1986, mientras el autor, en goce de licencia sabática, se desempeiiaba como Fulbright Visiting Scholar en el Departamento de Historia de la Universidad de Minnesota.

�272

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mas ~po?ibles, ~n sus ventajas y desventajas, y luego de una comparación sistemática se presenta un sistema de tablas modelo adecuado al caso de Costa Rica, derivado de la Red 1 de Lederm~.
LAS TABLAS DE MORTALIDAD

clonadas. Las funciones más frecuentemente usadas son las siguientes:
función

definición

nqx

Probabilidad que tiene una persona de edad exacta •
de morir antes de cumpir la edad exacta x+n
Supervivientes de la generación hipotética hasta la
edad exacta x.
Defunciones en la generación hipotética entre las edades. y x+n.
Número de años ~vidos por la generación hipotética
J. entre las edades • y x+ ª·
Número de arios vividos por la generación hipotética
J. desde la edad hasta que la generación se extingue.
Esperanza de vida: número medio de años que le resta vivir a cada miembro de la generación hipotética J.
cuando alcanza una determinada edad.
Relación de supervivencia: probabilidad que tiene cada miembro de la generación hipotética de sobrevivir
cinco años más una vez que alcanza la edad •.

I

La ~la de mortali~ o tabla de vida constituye el instrumento más
prectSO para el estudio de la mortalidad y sus variaciones por edad,
sexo, causas de muerte2 y otros factores3 • Todos los índices que la
C?mponen son independientes de la estructura por edades de la población! con lo cual las comparaciones pueden efectuarse en forma directa, sm tener que recurrir a procedimientos de estandarización. Por lo
~emás, algunas funciones de la tabla tienen aplicaciones prácticas muy
IDlportantes en otros campos del análisis demográfico.
El principio básico para el cálculo de una tabla de vida es un conjunto de probabilidades de morir o sobrevivir, disponibles para una
población determinada. Esta idea se puede expresar con mucha claridad acudiendo a la imagen de una generación o cohorte. -digamos
todos los nacidos en Costa Rica durante los años 1840-45:_ sometid~
~ riesgo de morir durante un cierto período. Si escogemos'una duración de 80 o 100 años podremos observar la cohorte desde el nacimiento h_as~ su total extinción. El cálculo de las probabilidades es inmediato s1 disponemos del número de nacimientos (tamaño inicial de la cohorte) Y!os dat?s sobre las defunciones de esa generación cada año,
o cada cierto numero de años.
Aunque es sencillo razonar en estos términos, rara vez se dispone
de d~tos d~ esa cl_ase. La info~ación demográfica habitual para la población baJo,el_nesg? de monr proviene de un censo, y las defunciones, de estad1st1cas vitales. Tanto en un caso como en el otro disponemos de datos que corresponden a distintas generaciones y no tenemos
la posibil½iad directa de separarlos por cohortes. Las ~as específicas
de mortalidad, así calculadas, no constituyen una probabilidad. Afor~damente, no es difícil transformarlas y existen varios métodos prácticos para ese efecto"'.

1:85 probabilidades de muerte, comúnmente conocidas como nqx5,
constituyen la base de la tabla de mortalidad. A partir de ellas se calcul~ di~ers~s.índices o funciones, suponiéndose una cohorte o generación hipotetica compuesta de 100 000 nacimientos (este número se
denomina r_aíz de la tabla, a veces se usa 1 000 o 10 000, y en ciertos
casos especiales 1), y sometida a las probabilidades de muerte ya meo-

273

J.

nLx
Tx
o

e.
sPx.x+4

La tabla de vida puede calcularse por edades simples, y en ese caso se
denomina "tabla completa"; o bien con edades agrupadas, en cuyo
caso se obtiene una "tabla abreviada". Para la mayoría de las aplicaciones prácticas la tabla abreviada es suficiente. ·si se requiere una tabla completa puede procederse a estimarla mediante procedimientos
de interpolación, a partir de la tabla abreviada. O, si se dispone de datos de excelente calidad en cuanto a la declaración de la edad, a calcularla en forma directa.
Es también usual el cálculo de tablas de vida para ambos sexos,
para cada sexo por separado, y según distintos niveles de agregación
de los datos: todo el país, por regiones, por provincias o departamentos, para ciertas ciudades, etcétera. Es necesario, de todos modos, contar
con un número suficiente de casos en cada grupo de edad para evitar
la incidencia de posibles fluctuaciones aleatorias.

Habitualmente, la tabla de mortalidad se calcula para un año censal. El denominador de las tasas específicas de mortalidad es provisto
por la población por edades enumerada en el censo y el numerador se
calcula con un promedio de las defunciones ocurridas alrededor del año
censal. Existen también procedimientos para calcular una tabla de vida utilizando dos censos espaciados en cinco o diez años, y otros "mé-

�274

Siglo XlX

todos indirectos"6. Se trata, en todos estos casos, de tablas de vida
calculadas para un período o fecha determinada. Eso significa, en otros
términos, que la tabla refleja una experiencia de mortalidad que pertenece a un número relativamente grande de cohortes o generaciones.
Ya hemos explicado que, por la carencia de datos, es muy difícil el cálculo de tablas de vida por cohortes', aunque desde el punto de vista
teórico esa noción es de primordial importancia en el análisis demográfico. Debe mencionarse, sin embargo, que hay otras razones prácticas, además de la falta de datos apropiados, para no insistir mucho
en el estudio de la mortalidad por cohortesª.
LAS TABLAS DE MORTALIDAD DE COSTA RICA
(AMBOS SEXOS)

Tabla de 1865-67 (cuadro 1)

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

275

este hecho aparece confirmado en los registros de defunciones de todas las parroquias), por lo cual la tabla revelará una situación promedio de la mortalidad, pero con un nivel relativamente extremo.
La población enumerada en 1864 fue estimada al 30 de junio de
1866, y se procedió al cálculo de la tabla con el procedimiento que se
indica en seguida. En ese primer experimento se observó una relación
anormal entre la qo y la 4Q1 12. Una inspección de dicha relación en tablas correspondientes a niveles de mortalidad parecidos, confirmó enseguida esa presunción. Examinando las tablas modelo de CoaleDemeny y Ledermann, se escogió una corrección apropiada de la qo
original (1.678) de modo que la relación .qt!qo fuera igual a 0.95. Desde el punto de vista del ajuste de la información básica dicha corrección implica aceptar que las defunciones de los menores de un año tienen un subregistro mucho mayor que las defunciones de los otros grupos de edad13 •

Datos básicos
Cálculo de la tabla
La población por edades fue extraída del censo de 18649 • Las defunciones por edades fueron provistas por los curas de cada parroquia,
en informes correspondientes a los años de 1865, 1866 y 1867, según
lo requirió el director del censo Fernando Estreber, y publicadas como
anexos al censo de 18641º.

Ajustes
Las defunciones registradas fueron incrementadas en un 25%. Dicho
factor de omisión fue calculado utilizando un procedimiento diseñado
por Preston, Coale, Trussell y Weinstein 11 para corregir el subregistro de las defunciones de la población de 10 años y más. Para aplicarlo
se requieren las defunciones por edades, la población por edades enumerada en el censo, y una estimación de la tasa de crecimiento de la
población. Se efectuaron varias iteraciones, con diferentes tasas de crecimiento de la población (dentro de lo considerado plausible para el
caso en estudio), y tres hipótesis en cuanto a la estructura de edades
en la población total (población sin corregir, población corregida por
el método de las Naciones Unidas, población corregida mediante interpolación osculatriz).
Los resultados fueron siempre coherentes y se observaron muy pocas variaciones en torno al factor de 25% de omisión. Ello prueba tanto la calidad del valor estimado cuanto lo robusto del método propuesto
por Preston, Coale, Trussell y Weinstein. Debe notarse, por otra parte, que la mortalidad fue particularmente elevada en 1866 y 1867 (4 789
y 4 380 defunciones registradas, respectivamente, frente a 3 125 en 1865;

La qo fue estimada mediante el método de Greville14, haciendo uso de
las defunciones y los bautizos correspondientes a los años 1865, 1866
y 1867. El resto de las oqx de la tabla fueron calculados a partir de las
tasas específicas de mortalidad mediante el método de Reed y
Merrellis. Para evitar la influencia de la mala declaración en la edades (preferencias por ciertos dígitos) se calcularon las oq, para los grupos de edad de 1 a 4 años, de 5 a 9 años, y en forma decenal a partir
de los 10 años. Con ese primer conjunto de oq, se procedió al cálculo
de los supervivientes hasta la edad • (función h de la tabla de
mortalidad).
Enseguida se interpolaron valores de la h para los grupos quinquenales de edad, y se procedió a recalcular las oq,. Por último, se
efectuó un ajuste gráfico de las nq,. La tabla abreviada de mortalidad
fue calculada entonces con el paquete Pandero 16. Como opciones estandar, tanto en esta tabla como en las demás, se utilizaron las siguientes: a) un factor de separación de 0.3 y 1.24 para el cálculo de las Lo
y las 4L1, respectivamente; b) una estimación de la Lso+ mediante la
fórmula de Ortega1'.

Tabla de 1927 (cuadro 2)

Datos básicos
La población por edad fue tomada del censo de 192718. Las defunciones por edad del mismo año fueron extraídas de los Anuarios Estadís-

�276

Siglo XIX

ticos publicados por la Dirección General de Estadística y Censos. De

la misma fuente se tomaron los nacimientos y las defunciones por edad
correspondientes a los aíios 1921-1928.

Ajustes
Las tasas específicas de mortalidad fueron multiplicadas por 1.15. En
otros términos, fueron aumentadas en un 15 % . Dicho factor fue elegido con base en los siguientes argumentos: a) el censo de 1927 parece
tener una omisión no mucho mayor del 5% 19; b) los nacimientos de
ese período tienen una omisión aproximada del 5%, mientras que en
las defunciones el subregistro alcanza un 20%2(). Una prueba independiente de lo anterior fue proporcionada por el método de Brass para
estimar el subregistro en las defunciones a partir de la estructura por
edad de las muertes21, el cual produjo resultados equivalentes.

Cálculó de la tabla
Las qo, q1, q2, q3 y q4 fueron estimadas con el método de Greville22,
utilizando los nacimientos y las defunciones de los años 1921-1928. Enseguida se calcularon las tasas específicas de mortalidad y las oqx (Método de Reed y Merrell) pa.ta los restantes grupos de edad, de acuerdo
a la distribución por edad de las defunciones que aparece en los Anuarios Estadísticos: 5-14, 15-19, 20-29, 30-39, 40-49, 50-59, 60-69, 70-79
Y80 y más. Con ese primer conjunto de oqx se procedió a calcular las
respectivas lx, y luego por interpolación se obtuvieron los valores intermedios correspondientes a los grupos quinquenales de edad. Se recalcularon las nqx, y se procedió a su ajuste gráfico. La tabla fue calculada entonces con el paquete Pandero y las opciones ya indicadas
en el caso de la tabla de 1866.
Tablas de 1950, 1963 y 1973 (cuadros 3, 4 y 5)

En este caso se dispone de tablas oficiales, calculadas con base en las
defunciones por edad y la población censal. Los autores de dichas tablas efectuaron cuidadosas evaluaciones y correcciones de los datos originales. Para los fines de este trabajo no se consideró necesario revisar
esos cálculos 23 • El conjunto de oqx para ambos sexos fue extraído de
las tablas respectivas24• Enseguida se calcularon las tablas abreviadas
con el paquete Pandem y las opciones ya indicadas.
LAS TABLAS MODELO
Las cinco tablas de mortalidad muestran, como era esperable, un descenso gradual en la mortalidad. La medida más sintética de ese fenó-

H . P&amp;ez Brignoli: Tablas modelo de monalidad en C. Rica

2n

meno es proporcionada por la esperanza de vida al nacimiento (eo),
que pasa de 21.56 aftos en 1866 a 68.26 aftos en 1973. La función lx
es particularmente útil para analizar este fenómeno por edades. Con
esa finalidad se presenta en el gráfico 1. En 1866, la mitad de la generación (50 000) desaparecía antes de alcanzar los cinco aftos de edad;
en 1927, ello ocurría recién entre los 40 y 45 aftos. En 1950, ese momento solo se presentaba entre los 65 y los 70 aftos, y en las tablas de
1963 y 1973 todavía más wde, entre los 70 y los 75 aftos. En el mismo
gráfico puede observarse la existencia de cierta similaridad en la forma
de las curvas, y ese patrón común de variación puede también reconocerse en cualquiera de las otras funciones de las tablas de vida. En otros
términos, la mortalidad cambia de nivel a lo largo del tiempo, pero
se conservan ciertos rasgos comunes en el comportamiento del fenómeno por edad.
Esta característica peculiar de los cambios en la mortalidad se ha
observado en todas las poblaciones humanas para las cuales existen datos disponibles, y no resulta difícil en términos generales explicar por
qué se produce. Los cambios en la mortalidad tienen que ver con un
conjunto muy grande de factores entre los que se incluyen las enfermedades predominantes, las condiciones ecológicas y ambientales, las actividades económicas predominantes, aspectos socio-culturales y componentes genéticos y raciales. Aunque estos factores también se m~fican a lo largo del tiempo, su incidencia es permanente y se refleJa
en ese patrón específico de comportamiento de la mortalidad por edad.
La construcción de tablas modelo de mortalidad es posible, precisamente, por el hecho recién mencionado. Una tabla modelo representa, en consecuencia, una especie de promedio estadístico de diferentes
situaciones observadas empíricamente o, en términos más simples, una
representación de la forma de variación de la mortali~ por eda_d, desde
los niveles de mortalidad más altos, hasta los más baJos conocidos. La
utilidad de las tablas modelo queda, en todo caso, fuera de discusión:
permiten comparaciones, cálculos y estimaciones para situaciones intermedias entre dos tablas observadas, evaluación y corrección de datos de calidad sospechosa, estimaciones a partir de información incompleta, y muchas otras aplicaciones prácticas.

Existen dos métodos básicos para la construcción de tablas modelo. El primero puede llamarse "estadístico". El conjunto de tablas observadas es analizado con técnicas estadísticas que permiten agrupar
aquellas que presentan un comportamiento parecido. Cumplido este
primer paso se pueden elegir ciertos parámetros "de entrada" para generar las tablas modelo. Este método fue empleado para construir las
tablas modelo de las Naciones Unidas25 , el sistema de "tablas regio-

�278

Siglo XIX

n_ales" de Coale y Demeny2', y las tablas de Ledermann27, y más reC!entemente un nuevo conjunto elaborado por la División de Poblae1ón de las Naciones Unidas28•

Las tablas observadas en que se basan todos estos sistemas pertenecen sobre t&lt;&gt;:&lt;fo a la ;xperi~cia europea de la segunda mitad del si~o XIX Yel siglo XX . Urucamente en los sistemas más recientes se
mcl~yen como base tablas de las poblaciones del Tercer Mundo pero
cubn~ndo sólo una experiencia de mortalidad intermedia y baja. Así
por ej~mplo, en las nuevas tablas de las naciones Unidas el nivel de
mortalidad más alto elnpieza con una eo de 40 ailos.
En el primer sistema de tablas modelo de las Naciones Unidas el
P~ámetro_ de entrada utilizado fue la mortalidad infantil (qo). Ello
qwere decir qu~ ~ índice determina en forma unívoca el resto de las
nQ•, Ypor c?nsiguiente, el resto de la tabla. La extraordinaria rigidez
de esta opción llevó a construir otros sistemas.
. Co~e YDemeny observaron cuatro patrones regionales de mortalidad ~iferentes, después de analizar J92 tablas de vida diferentes. Introdujeron así _un ~nmer par~etro cualitativo: la región Norte, basad~ en el expenencia de los paises escandinavos (nueve tablas); ta región Este en la de Europa central y oriental (31 tablas)· la región Sur
e!l la de ~uropa m~terránea (22 tablas); y la región Ckste, una especie _de residuo que mcluye experiencias de Europa Occidental, Estados
Urudos, ~adá, Australia, Nueva Zelandia, Japón, Taiwan, Sud Afri~ (población blanca) e Israel (130 tablas). Una vez seleccionada la región, el parám~tro de entrada en las tablas de Coale y Demeny es la
esperanza de vtda a los 10 ailos (e,o).

H. P&amp;ez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

diferentes. En conjunto, el sistema es mucho más flexible aunque también más complicado de manejar. Provee varias "redes" o sistemas
de tablas modelo con un parámetro de entrada: eo, sqo, ,qo, ,sqo, 20Q30,
20Q•s y mso+ (tasa de mortalidad para la población de 50 años y más),
y tres redes con dos parámetros de entrada.

Las nuevas tablas de las Naciones Unidas se basan en 72 tablas
que cubren una experiencia de mortalidad reciente en países subdesarrollados de América Latina, Asia y Africa. El sistema incluye cuatro
patrones regionales diferentes (identificados mediante "cluster analysis"): latinoamericano, chileno asiático sudoriental y asiático oriental, mientras que un quinto patrón "general" resulta de la combinación de los cuatro primeros.
W. Brass30 desarrolló el segundo método para la construcción de
tablas.Jllodelo. El procedimiento puede denominarse "relacional". La
idea básica es que una tabla de mortalidad puede expresarse, previa
transformación adecuada, como una función lineal de otra tabla igualmente transformada, que puede llamarse "tabla estandar". La función logito aplicada a las h cumple bien con esos requisitos y constituye la base del sistema de Brass. Dos aspectos requieren aclaración:
la elección de la tabla estandar y el significado de los parámetros. Brass
mismo calculó una tabla estandar general, y otra especial aplicable a
las poblaciones africanas. El sistema permite, por otra parte, escoger
cualquier estandar que se considere conveniente. Flexibilidad en este
sentido, es uno de los rasgos más notorios del sistema de Brass. Los
parámetros especifican la relación entre la tabla estándar y la tabla observada según la ecuación:

Yx =A+ B Yu
La región Oeste, basa~a en un número apreciable de tablas, repre-

senta un patrón de mortalidad que puede considerarse como "estandar" (en 1~ prácti~ muy similar al presentado en las tablas modelo
de las Nac!ones Umdas). ~ demás regiones representan experiencias
~ás espec1ficas, que se desvian de dicho patrón "estandar". Así por
eje_mplo, el modelo Norte se caracteriza por una mortalidad infantil
baja, un~ mortalidad juvenil relativamente alta, y tasas de mortalidad
por debajo del promedio para los mayores de 50 ailos. El modelo Este
ofrece un patrón con alta mortalidad infantil y en la población de más
de 50 ailos. El modelo Sur, en cambio, presenta una elevada mortalidad en los niños menores de cinco ailos, baja mortalidad en los adultos (entre 40 y 60 años) y elevada en los mayores de 65 años.
El sistema de Ledermann parte de un conjunto de tablas (154 en
total) similar al utilizado por Coale y Demeny, pero utiliza parámetros

279

donde Y.

= logito de h (tabla
observada)

Yu

= logito de h (tabla
estandar)

El valor de A está asociado con el nivel general de la mortalidad, mientras que B representa la estructura por edad de la mortalidad en ~el~ción con la tabla estandar. Cuando B = 1 ambas estructuras comciden, mientras que cuando B es mayor o menor que la unidad dichas
estructuras divergen.
El sistema de Brass es sencillo y flexible, en muchos casos no es
fácil lograr un buen ajuste a los datos observados. Una posible s~lución consiste en aumentar el número de parámetros, lo cual ha sido
31
efectuado por Ewbanks, Gómez de León y Stoto • Se estiman entonces dos parámetros adicionales, a los ya mencionados: K que mide la

�280

Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mortalidad en los menores de 15 años y L que hace lo propio con los
mayores de 65 años.
ELECCION DE UNA TABLA MODELO
Las cinco tablas de mortalidad de Costa Rica recién presentadas cu~ren un ~p~o espectro de variaciones en la mortalidad y más de un
stgl? ~e histo~a de la población. Las tablas fueron calculadas con procedimi~ntos directos, para los año~ en que había datos disponibles. Aunque extsten otros dos censos nactonales, en 1883 y 189232, no se dispone para esos años de una estadística de mortalidad adecuada. Los
pocos datos disponibles exigen ajustes demasiado drásticos como para
otorgar a tablas así calculadas el mismo grado de confiabilidad que
a las que acabamos de presentar.
Para los años 1900, 1910 y 1920 disponemos de datos sobre la mortaµ?~3d mucho más confiables, extraídos del archivo del Registro
Civil . Pero esos años están demasiado alejados de los censos con lo
cual la estimación de la población total en cada grupo de edad ;e toma
problemática.
No hay medio directo pues, para llenar con alguna tabla de mortalidad los 6 l años que transcurren entre 1866 y 19'27. Afortunadamente,
entre 1927 y 1973 el espaciamiento de las tablas es relativamente adecuado. Las tablas modelo pueden ofrecer una buena solución a la situació~ presentada. Una vez identificado el sistema que mejor se ajusta
a las cmco tablas observadas se podrán efectuar estimaciones indirectas, utiliz.ando la información fragmentaria disponible para el período
1866-1927.
La elección de un sistema de tablas modelo presenta cierta comP!ej~dad. Prestaremos particular atención, en lo que sigue, a los procedimientos de comparación y a las opciones y supuestos implícitos. El
ejer~icio tiene valor, por otro lado, como test sobre la aplicabilidad
de diferentes tablas modelo en Ja demografía histórica latinoamericana. Utilizaremos las tablas de Coale-Demeny y Ledermann el sistema
logito de Brass y la reciente extensión de este sistema a 4 ;arámetros
efectuada por Ewbank, Gómez de León y Stoto. Se excluyen las nuevas tablas modelo de las Naciones Unidas debido a que cubren una experiencia de mortalidad más limitada.

Las tablas de Coale-Demeny y Ledermann
La comparación básica es sencilla. Para cada una de las tablas observadas (1866, 1927, 1950, 1963 y 1973) se selecciona una tabla modelo,

281

según las opciones ofrecidas por los diferentes sistem~. En el caso de
Coale y Demeny se escogió una tabla para cada región con una eo
igual a la de la tabla observada34• En el caso de Lederm~, ~uego _d_e
varias pruebas, se resolvió trabajar con la Red 1, lo que ~plica utilizar dos parámetros de entrada, la sqo y la 20Q4s. Se o_btuv1eron así 20
tablas del sistema de Coale y Demeny y 5 tablas del stStema de Ledermann. La comparación se efectuó sobre la función nqx, _un índice particularmente sensible ya que no tiene, como otras func1o?es de la tabla un carácter acumulado. El análisis gráfico de la relactón Rx35 permitió examinar las variaciones en el ajuste para_ cada _edad (gráfi~s
2.1, 2.2, 2.3, 2.4, 3.1 y 3.2), mientras que la cons1derac1ón de las diferencias entre las nqx de cada tabla observada y oqxm de cada tabla modelo (cuadro 6), nos provee de una medida resumen para escoger el
mejor ajuste.
Ambas comparaciones conducen al mismo resultado: el sistema de
Ledermann parece más apropiado que las tablas modelo de Co~e Y
Demeny. En este último caso, las v~aciones son bastante_ errá~tcas'.
y no hay coherencia en cuanto a la re81:ón que produce el meJor aJ~te.
en 1927 la diferencia mínima es ofrectda por el modelo Norte, mtentras que en 1866 y 1950 ocurre lo propio con el Oeste; el modelo Norte
vuelve a ser la mejor opción en 1963 y 1973.
Aunque el sistema de Ledermann prod~ce los mejor~ ajust~ (cuadro 6), los gráficos (3.1 y 3.2) revelan también que hay ciertas.diferencias sistemáticas entre aproximadamente los 10 y los 35 años. en esas
edades las nqx del sistema de Ledermann son invariablement~ más el~
vadas que en las tablas de Costa Rica. El carácter sistemá!1~0 de dichas diferencias permite pensar que se trata de ~na caractenst1ca específica atinente al comportamiento de la 1:llorta~dª?• Y n~ ~ errores en
los datos. Esto requiere, en todo caso, mvest1gac1ón adicional.

El sistema de Brass
Las primeras aplicaciones del sistema de Brass se efectuaron recurriendo a diferentes tablas estandar: las dos tablas propuestas por B~ass (estandar general y estandar afroasiático); una tabla correspondie~te al
modelo Oeste con eo = 39 años; la tabla de 1927, Y un pron_iedio de
las Ix en las cinco tablas de Costa Rica. Aunque las esttma~1ones _de
los parámetros A y B variaron un poco, ~o se obser:varo~ d1ferenc1as
significativas en la escala de dichas variaciones; la dispersión_ fue muy
parecida en todos los casos y lo mismo ocurrió con la relac1ó~ entre
el valor de los parámetros. Con base en estos resultados se resolvtó continuar el trabajo utilizando como estandar la tabla de 1927. Los parámetros así estimados se presentan en el cuadro 736•

�282

Siglo XIX

Los ajustes son satisfactorios, y los cambios en el parámetro A (nivel general de la_mortali~ad) corresponden a lo esperado. Pero el par~etro B también ~uctua: es mayor que 1 en 1866, iguala casi a la
~~ad.en 1950! descie~de en 1963, y vuelve a la unidad en 1973. La
utiliz.ación práctica del slStema de Brass implica pues una decisión acerca
del valor.que puede asumir el parámetro B. Las opciones son dos. La
más sencilla consiste en considerar B = 1, despreciando las mencionadas fluctuaciones, lo cual equivale a suponer que la forma de la curva
d_e 1~ L. &lt;:5 siempre similar a la de la tabla estandar. La segunda op.
C1Ón llDplica aceptar variaciones de B. Lo primero es muy simple pero
también ?3~Y drástico. Sus resultados pueden verse en el cuadro 6: las
tablas as1 aJustadas no son mejores que los modelos de Coale-Demeny
o de Ledermann.
Aceptar variaciones en B implica también alguna hipótesis plausib!e acerca de su .c&lt;:&gt;mportamiento a lo largo del tiempo, cuando se modifican las condic1on~ generales de l~ mortalidad. Si no existe un patrón general de cambios en B, es obvio que el uso práctico del sistema
logito se toma limitado. Para investigar el posible patrón de variaciones d~ los parámetro_s del sistema de Brass se efectuaron dos aplicaciones diferentes. La pnmera, a las tablas de mortalidad femenina de Suecia YFrancia. La segunda a las tablas modelo de Coale y Demeny. Los
resultados de la primera aplicación se muestran en el cuadro 8. Los
datos de Suecia y Francia, aparte de ser de indudable calidad cubren
un amplio espectro en la evolución de la mortalidad. Las variaciones
de A son monotónicas, y a_umentan en forma regular a medida que se
produce el descenso en el ruvel general de la mortalidad. Pero los cambios en B son irregulares, y más amplios en la experiencia sueca que
en la francesa. La segunda aplicación (cuadro 9), mostró, como era
de esperar, resultados mucho más regulares. Tomando como tabla estandar la del nivel 9, en el modelo Sur, el parámetro A se comportó
de acue~do a lo esperado, mientras que B presentó cambios monotónicos crecientes, alcanzando un valor de 1 justamente alrededor del nivel
9. Con resultados tan divergentes es difícil la construcción de una hipótesis plausible acerca de cuáles podrían ser las variaciones de B en
un caso como el de Costa Rica.
. Otra JX?Sibili~ad es la de usar la extensión a cuatro parámetros del
S1Stema logito recientemente propuesta por Ewbank Gómez de León
YStoto. Dichos autores argumentan que, con cuat;o parámetros es
posible, un ajuste virtualmente perfecto entre la tabla estandar y 1a'ta~la ob~ervada. Pero en ~a segunda etapa de cualquier aplicación práctica es llD~rtante también que los mencionados cuatro parámetros puedan_ reducrrse a por lo menos dos. De otro modo, la cantidad de tablas
posibles, entre por ejemplo dos situaciones observadas, es tan enorme

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

283

como inmanejable. Los resultados de la aplicación y el valor de los
parámetros estimados con este procedimiento se muestran en el cuadro 9. Lamentablemente, el patrón de cambio en los parámetros es errático, y no resulta posible una reducción a dos parámetros.

Discusión
Podemos evaluar ahora las ventajas y desventajas de cada uno de los
modelos presentados. El principal problema en las tablas de Coale y
Demeny parece provenir del hecho de que se basan en experiencias de
mortalidad algo diferentes de las de países latinoamericanos37• Aunque el sistema de Ledermann fue construido con una base similar, la
posibilidad de entrar con dos parámetros permite un ajuste a los datos
óbservados de mejor calidad. El sistema logito presenta dificultades
más serias. Las variaciones en el parámetro B resultan difíciles de interpretar y prácticamente imposibles de estimar a partir de información empírica indirecta o incompleta. Esas variaciones parecen ser, por
otra parte, independientes de la tabla estandar que se esté utilizando38•
La extensión del sistema a cuatro parámetros no provee, aparantemente,
una solución a este problema, sino más vale complicaciones adicionales. Por todo esto no parece que el sistema lo~to pueda reempl~
con ventaja las tablas modelo elaboradas a partrr de métodos estad1st1cos. Continua siendo, en cambio, un instrumento precioso por su flexibilidad y sencillez para la comparación y el ajuste de datos.
TABLAS MODELO PARA COSTA RICA
La identificación de un conjunto de tablas modelo de mortalidad de
aplicación aceptable al caso de Costa Rica puede ef~u~se a ~artir
de la red 1 del sistema de Ledermann. Nótese que la pnnc1pal discordancia encontrada con las tablas de Costa Rica sólo afectaba las edades comprendidas entre, aproximadamente, los ~O y 35 lm:os. _Aun~~e
podría efectuarse un ajuste para controlar esa discrepancia ststemat1ca ello afectará relativamente poco el conjunto de cada tabla ya que,
co~o es sabido, la fuerza de la mortalidad es baja en esas edades.
El uso práctico de la red 1 de Ledermann implica empero solucionar todavía otro aspecto. Es necesario encontrar una relación entre los
dos parámetros de entrada a las tablas, esto es la sqo y la 20Q4s. En las
tablas de Costa Rica 39 dichos valores se comportan de acuerdo a relaciones aproximadamente lineales, tal como puede verse en el grá~co
4. Cuando la mortalidad desciende y se observan esperanzas de vida
al nacimiento mayores de 55 años (tablas de 1950, 1963 y 1973), la relación sigue siendo aproximadamente lineal J&gt;t:ro la pendiente_ de la rect_a
se modifica. Por eso se calcularon dos ecuaciones de regresión: la pn-

�284

Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

mera para el período 1866-1950 (esperanzas de vida al nacimiento entre 20 y 55 años) y la segunda para el período posterior a 1950 (esperanzas de vida al nacimiento superiores a los cincuenta y cinco años):

período 1866-1950
20Q◄s

= 0.20417 +

0.632282 sqo

cr2

= o.9966) u1

período 1950-1973
20Q◄s

= 0.092476 + 1.255634 sqo

cr2 = o.895) r21

Ello permite, enseguida, una estimación de las combinaciones relevantes de los dos parámetros, y el cálculo, utilizando las ecuaciones de regresión provistas por Ledermann-40,de las nqx correspondientes a cada
nivel de mortalidad. Ello se presenta en el cuadro 11; como anexo se
facilita un programa de computación que calcula las nqx y genera la
tabla de mortalidad respectiva.
En los gráficos 5.1 y 5.2 se presentan dos comparaciones de las
tablas modelo de Costa Rica con el sistema de Coale y Demeny. Las
diferencias son sobre todo notorias en las nqx a partir de los 20 años
de edad. En el nivel 5 -una situación de alta mortalidad-, la tabla
de Costa Rica se aproxima al modelo Sur y diverge del Oeste, al menos
entre los 20 y los 60 años, y después de esta última edad se separa de
ambos. En el nivel 13 -representativo de una mortalidad mucho más
baja-, los tres modelos difieren mucho menos, pero el costarricense
se parece más a la región Oeste que a la región Sur.
En lo cuadros 12 y 13 se presentan dos ejemplos de utilización del
sistema. Para el período 1919-1921 es posible calcular, mediante el método de Greville, las nqx desde O hasta cinco años. En 1910 la información sólo permite calcular la qo. Con ambos datos como criterios
de entrada, es posible calcular las respectivas tablas de mortalidad. En
el primer caso, al disponerse de la sqo, la entrada en el sistema es directa por medio de la ecuación [I]. En el segundo, es necesario efectuar varias iteraciones, con diferentes valores de sqo y la misma ecuación [l), hasta que se encuentra una tabla de mortalidad con una qo
igual a la observada en 19l O. El programa provisto induye la ecuación
[l] en la instrucción 190, por lo cual el cálculo de las tablas se puede
lograr con un mínimo de operaciones.

285

CONCLUSIONES
Podemos enumerar ahora las principales conclusiones de este estudio:
1) las cinco tablas de mortalidad presentadas cubren un ~plio.~pectro de variaciones del fenómeno, y presentan una coherencia numma como para que sea plausible la entrada en algún sistema de tablas
modelo;
2) de los diferentes sistemas examinados (Coale-Demeny, Ledermann, Brass y Ewban.k-Stoto-Gómez de León) el de Ledermann (red
1) produce un ajuste más coherente y próximo a las tablas observadas;
3) hay amplia evidencia, -y la comparación de las t~blas costarricences con los diferentes sistemas de tablas modelo constituye una confirmación adicional-, de que existen uno o varios patrones "latinoamericanos" de mortalidad.
En lo que hace a este último punto hay que decir que se necesita
mucha investigación adicional. Las nuevas tablas modelo de las Naciones Unidas constituyen apenas un primer esfuerzo en esa
dirección41 • En demografía histórica necesitamos, ade más,tablas que
cubran apropiadamente situaciones de alta mortalidad, y en est_e sentido hay que decir que todos los sistemas de tablas modelo extstentes
tienen profundas limitaciones.

NOTAS

l. Ver Barclay, George W. Techniques of Population Analysis. New York, John ".Viley, 1958; Shryock, Henry S., Jacob S. Siegel, et al, Tbe M~ocI_s and Matenal~
ofDemograpby, 2 vols. Washington, D.C., U.S. Govemment Prin~g (?ffice, 1970,
Pressat, Roland. El análsis demográfico, Métodos, resultados, aplicaaones. Trad.
A. Joubet. México, F.C.E. 1967; Pressat, Roland. TheDictionaryo~Demograpby.
Edited by Christopher Wtlson. Oxford, BI~ckwell Reference, _1985; S~1egelman, Mortimer. Introduction to Demography. Chicago, Toe Actuanan Society, 1955.
2. Preston, S.N. Keyfitz and Robert Schoen. Caus~ of Deatb. Life Tables for National Populations. New York and London, Semmar Press, 1972.
3. Haines, Michael R. "The use of model life tables to estimate mortality for the United States in the late nineteenth century". Demograpby 16 (2), 1978, pp. 289-312.

4. Ver Shryock et al., op cit.; Pressat, El análisis demográfico, pp. 137-143; Ortega,
Antonio. Tablas de mortalidad, San José, CELADE, 1982.

�288

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica
34. El único parámetro de entrada que produce estimaciones insesgadas en el sistema
de Coale y Demeny, es la e10. Pero en las aplicaciones prácticas esto raramente se
respeta. En nuestro caso, no hubo prácticamente diferencias en cuanto a la tabla
escogida, entrando con la eo o la e10.
35. q, (tabla observada)/ qm. (tabla modelo).
e

36. En esta aplicación, al igual que en la que extiende el sistema de Brass a cuatro parámetros, se utilizó la transformación logito según la fórmula que se muestra en el
cuadro 3.7. También es de uso habitual la fórmula logito J. = 1/2 la ((1 - l.)/ !.J.
En este caso se modifica el signo del parámetro A.
37. No está de más notar que Coale y Demeny excluyeron las tablas latinoamericanas
porque su comportamiento difería considerablemente del de las tablas europeas más
confiables. Ver Coale y Demeny, op. cit. p. 12. Como lo muestran las nuevas Tablas Modelo de las Naciones Unidas, existen patrones específicos de mortalidad en
las poblaciones latinoamericanas.
38. AJ cambiarse la estandar se modifican obviamente, los valores del parámetro B. Pero sus variaciones peananecen más o menos constantes, como si al utilizarse otra
estandar se produjera apenas un cambio de escala.
39. Se efectuó también un estudio de las variaciones de OQ5 y 20Q•5 en las tablas del modelo Oeste de Coale y Demeny. La relación observada fue también lineal, con una
pendiente similar a la calculada para el caso de Costa Rica.

40. Véase, Ledermann, Sully. op. cit. pp. 73-76.
41. Vale la pena también mencionar el trabajo de grado de Ramiro Coa Clemente, Tablas modelo de mortalidad para América Latina, CELADE, Programa de Maestría
en Demografía 1985-86 (inédito), que desarrolla y mejora dichas tablas; y un intento pionero en Brasil: Frías, Luiz A. Medeiros y Paulo Rodríguez, "Brasil: Tábuas
Modelo de Mortalidade et Popula~oes Estáveis", Anais.Segundo Encontro Nacional Estudos Populacionais. ABEP, Sao Paulo. 1981, vol. l.

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289

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CUADR02

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o

COSTA RICA, 1927. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

o
1
5
10
15

20
25

30
35
40
45
50
55

60
65

70
75
80

nmx

0.22726
0.03465
0.00766
0.00407
0.00513
0.00693
0.00874
0.01058
0.01251
0.01456
0.01678
0.02027
0.02684
0.03845
0.05777
0.08446
0.12229
0.20240

0.19607
0.12649
0.03760
0.02014
0.02534
0.03408
0.04275
0.05155
0.06065

0.07025
0.08053
0.09647
0.12576
0.17539
0.25238
0.34868
0.46829

1.00000

~

,.

nQx

100 000
80 393
70224
67 584
66 223
64 544
62 345
59 680
56 603
53 170
49 435
45 454
41 069
35 904
29 607
22 135
14 417
7 666

&gt;&lt;

ndx

nlx

T.

e.

nP.,•••

19 607
10 169
2 640
1 361
1 678
2 200
2 665
3 076
3 433
3 735
3 981
4 385
5 165
6 297

86 275
293 506
344 519
334 516
326 917
3 17 223
305 061
290 707
274 433
265 512
237 222
216 307
192 433
163 778
129 354
91 379
55 206
37 873

3 953 220
3 866 945
3 573 439
3 228 919
2 894 404
2 567 486
2 250 263
1 945 202
1 654 496
1 380 063
1 123 551
886 329
670 022
477 589
313 811
184 457
93 079
37 873

Pb:
39.53
48.10
50.89
47.78
43.71
39.78
36.09
32.59
29.23
25.96
22.73
19.50
16.31
13.30
10.60
8.33
6.46
4.94
wP,,;

0.75956
0.90715

1472

7 718
6 751
7 666

0.97096
0.97729
0.97035
0.96166
0 .95295
0.94402
0.93470
0.92480
0.91183
0.88963
0.85109
0.78982
0.70642
0.60414
0.40689

CUADRO 3
COSTA RICA, 1949-51. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

.m.

nQx

lx

o

0.10414
0.01574
0.00274
0.00136
0.00193
0.00315
0.00375
0.00453
0.00565
0.00688
0.00929
0.01272
0.01964
0.02822
0.04182
0.06609
0.09988
0.17749

0.09706
0.06034
0.01361
0.00677
0.00960
0.01563
0.01858
0.02239
0.02784
0.03383
0.04538
0.06162
0.09360
0.13178
0.18929
0.28358
0.39961
1.00000

100 000
90 294
84 846
83 691
83 124
82 326
81 040
79 534
77 753
75 588
73 031
69 717
65 421
59 298
51 483
41 738
29 902
17 953

1
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55

60
65
70
75
80

ndx
9 706
5 448
1 155
567
798
1 287
l 506
1 781
2 165
2 557
3 314
4 296
6 123
7 814
9 745
11 836
11 949
17 953

nlx
93 206
346 139
421 341
417 038
413 627
408 415
401 434
393 217
383 354
371 549
356 871
337 846
311 797
276 953
233 054
179 101
119637
101 147

T.
5 565 725

5 472 519
5 126 381
4 705 039
4 288 001
3 874 374
3 465 960
3 064 526
2 671 309
2 287 955
1 916 406
1 559 535
1 221 689
909 892
632 939
399 885
220 784
101 147

ex

nPx,x+•

Pb:
55.66
60.61
60.42
56.22
51.59
47.06
42.77
38.53
34.36
30.27
26.24
22.37
18.67
15.34
12.29
9.58
7.38
5.63
wP1s:

0.87869
0.95902
0.98979
0.99182
0.98740
0.98291
0.97953
0.97492
0.96921
0.96049
0.94669
0.92290
0.88825
0.84149
0.76849
0.66799
0.45813

Fuente: Dirección General de Estadística y Censos, Tablas de Vida de Costa Rica, 1949-51 (San José, 1957).

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CUADR04

~

COSTA RICA, 1962-64. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

.m.

Edad

o
l
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80

0.08502
0.00795
0.00154
0.00083
0.00115
0.00163
0.00202
0.00252
0.00313
0.004) 7
0.00571
0.00802
0.01263
0.02004
0.03237
0 .05136
0.07530
0.15658

.q.
0.08024
0.03113
0.00765
0 .004)5
0.00573
0.00810
0.01004
0.01253
0.01554
0.02063
0.02815
0 .03933
0.06122
0 .09543
0.14972
0 .22759
0.31685
1.00000

l•

.el.

.L.

T,

e.

100 000
91 976
89 113
88 431
88 064
87 559
86 850
85 978
84 901
83 582
81 857
19 553
76 424
71 746
64 899
55 182
42 623
29 118

8 024
2 863
682
367
505
709
872
1 077
1 319
1 724
2 304
3 129
4 679
6 847
9 717
12 559
13 505
29 118

94 383
360 002
443 860
441 238
439 059
436 024
432 071
427 198
421 206
413 597
403 526
389 943
370 424
341 611
300 203
244 514
179 353
185 964

6 324 177
6 229 794
5 869 793
5 425 933
4 984 695
4 545 636
4 109 612
3 677 540
3 250 342
2 829 136
2 415 539
2 012 013
1 622 069
1 251 645
910 034
609 832
365 318
185 964

Pb:
63.24
67.73
65.87
61.36
56.60
51.91
47.32
42.77
38.28
33.85
29.51
25.29
21.22
11.45
14.02
11.05
8.57
6.39
.,p,,:

~
o

~

.,.....
0.90877
0.97684
0.99409
0.99506
0.99309
0.99093
0.98872
0.98597
0.98193
0.97565
0.96634
0.94994
0.92222
0.87879
0.81450
0.73351
0 .50905

Fuente: Romero et. al. Tablas de Vida de Costa Rica. 1962-64 (San José, 1967).

is.:- ----------CUADRO 5
COSTA RICA, 1971-1974. TABLA DE MORTALIDAD PARA AMBOS SEXOS

Edad

o
1

s
10
IS
20
25
30
35
40
45

so

SS
60
65
70
75
80

.m.

.q.

,.

.d,,

.L.

T,

e.

nP-....

0.05130
0.00324
0.00079
0.00059
0.00103
0.00144
0 .00154
0.00200
0.00263
0 .00351
0.00485
0 .00703
0.01069
0.01732
0.02865
0.04633
0.07120
0. 14830

0.04952
0.01283
0.00396
0.00293
0.00512
0.00716
0.00768
0.00993
0.01304
0.01738
0.02398
0.03453
0.05208
0.08300
0.13367
0.20761
0.30222
1.00000

100 000
95 048
93 829
93 451
93 183
92 706
92 042
91 335
90 428
89 249
87 698
85 595
82 639
78 336
71 834
62 232
49 312
34 409

4 952
1 219
372
274
477
664
707
907
1 179
1 551
2 103
2 956
4 304
6 502
9 602
12 920
14 903
34 409

96 534
376 826
468 214
466 600
464 723
461 871
458 444
454 410
449 194
442 368
433 233
420 587
402 438
375 423
335 164
278 859
209 302
232 024

6 826 213
6 729 680
6 352 853
5 884 640
S 418 039
4 953 316
4 491 445
4 033 001
3 578 591
3 129 397
2 687 029
2 253 796
1 833 209
1 430 772
1 055 348
720 184
441 325
232 024

Pb:
68.26
70.80
67.71
62.97
58.14
53.43
48.80
44.16
39.57
35.06
30.64
26.33
22.18
18.26
14.69
11.57
8.95
6.74
wPn:

0.94672
0.98913

Fuente: DGEC/ CELADE. Tablas de Vida de Costa Rica, 1972-74 (San José, 1976).

0.99655
0.99598
0.99386
0.99258
0 .99120
0.98852
0.98480
0 .91935
0.97081
0.95685
0.93287
0.89276
0.83201
0.75056

:l::

l

~

ig,
.,

;;;i
O'

f

l"
~

a

1
t

a
0.52514

!')

~
~

�294

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de monalidad en C. Rica

295

Sigue cuadro 6
CUADR06

COMPARACION DE LAS TABLAS DE MORTALIDAD DE COSTA RICA
CON LAS TABLAS MODELO DE LEDERMANN Y COALE-DEMENY
Y EL SISTEMA LOGITO DE BRASS

modelo

Diferencias entre las probabiDdades de muerte
de cada ubla con respeao .1 las talas modelo

SUffl.11

de las diferencbs
.JI Cll.1CIDdo

diferenm
cmdlida media

Tabla de 1963

modelo

SUN

de las diferend.Js
.11 cmchdo

clfef'ell(U

audmla medi.1

Tabla de 1866

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.002179
0.055227
0.065765
0.062852
0.074642
0.017842

0.000128
0.003249
0.003869
0.003697
0.004391
0.001049

Tabla de 1927

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur

Brass

0.000488
0.002438
0.002058
0.005641
0.007167

o

0.0000287
0.0001434
0.0001210
0.0003318
0.0004216

o

Tabla de 1950

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.000540
O.000623
0.003340
0.001920
0.002321
0.000934

O.00003 18
0.0000366
0.0001960
0.0001132
0.0001365
O.0000549

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.0011910
0.0052500
0.0014200
0.0073880
0.0027700
0.0041580

0.0000700
0.0003087
O.0000835
0.0004350
0.0001630
0.0002445

Tabla de 1973

Ledermann
Oeste
Norte
Este
Sur
Brass

0.0005926
0.0031850
0.0008298
0.0042610
0.0017320
0.0020710

0.0000348
0.0001874
0.0000488
0.0002500
0.0001019
0.0001218

Este Sur corresponden a las cuatro familias de las tablas
Nota: Oeste, Nalorte,D Y En el caso de Ledermann se utilizó la red 1 (dos
modelo de Co e Y emeny ·
parámetros: sqo Y lOQ•s).

�296

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

297

CUADRO 7
CUADROS
PARAMETROS DEL SISTEMA DE B
(TABLA ESTANDAR: COSTA RICA,~;~

Tabla de
mortalidad

A

B

PARAMETROS DEL SISTEMA DE BRASS
TABLAS DE MORTALIDAD FEMENINA (SUECIA Y FRANCIA)

Error
estandar
de la

esdmad6n
1866
1950
1963
1973

0.47416
0.47638
0.71516
0.95734

1.11898
0.99353
0.92593
1.05646

0.00965
0.02255
0.03563
0.02953

~ota: Lo~it? !. = 1/2 l.(lx/(1 _ l.)J
proceduruento puede resumirse como si .
en_ las tablas de mortalidad (incluida I
gue. a) se ~culan los logitos de l.
raiz de cada tabla debe ser igual a 1 . a que se va a ut1hzar como estandar, la
zando como variable independiente{~b)I se.calculan regresiones lineales, utiliY como variable dependiente los logitis
de l. de la tabla estandar (Yu),
rbla obtenemos una ecuación de regresió den! ~da tabla (Y,); c) para cada
os valores de Y. estimados con cada
n_ e ~ orma: Y,= A+ B (Yu); d)
versión a valores de lx) para el cálcul ec;ac1ón, sirven de base (previa recono e las tablas modelo del sistema.

~:ts

Suecia *
Año

1758-63
1801
1821
1841
1881
1901
1921
1941
1967

Francia +

A

B

Año

A

B

-0.2900
-0.2799
-0.0856
-0.0202
0.1526
0.3208
0.5407
0.9107
1.3100

1.04
• 1.17
1.11
1.01
0.92
0.98
1.12
1.34
1.48

1700-70
1805-07
1825-27
1845-47
1885-87
1905-07
1925-27
1947-50
1967

-0.4147
-0.1386
-0.0945
-0.0132
0.0557
0.1909
0.5407
0.5939
1.1314

1.16
1.05
0.987
1.04
0'.99
1.13
1.12
1.14
1.23

• Se usó como estandar la tabla sueca de 1861. La tabla de 1758-63 es la de
Wargentin recalculada por Dupaquier. Las del período 1801-1941 aparecen
reproducidas en el artículo de Brass, "Sobre la Escala de la Mortalidad"
(Ver Brass, Métodos para estimar... , pp. 135-180). La tabla de 1967 aparece
en Keyfitz y Fliegert. Demografía. Métodos estadísticos. Buenos Aires, Marymar, 1979.

+ Se usó como estandar la tabla francesa de 1871-72. Todas las tablas fueron
extraídas, a excepción de la de 1967, de Bourgeois-Pichat, J. ''The General
Development of the Population of France since the Eighteenth Century",
in Population in History, Essays in Historical Demography edited by D. V.
Glass y D.E.C. Eversley, Chicago, Aldine Publishing Co., 1965, pp. 474-506.
La tabla de 1967 proviene de Keyfitz y Fliegert, op. cit..

�298

Siglo XIX

H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 10

CUADR09

PARAMETROS DEL SISTEMA DE EWBANK,
GOMEZ DE LEON Y STOTO
(SISTEMA LOGITO CON CUATRO PARAMETROS)

PARAMETROS DEL SISTEMA DE BRASS
TABLAS DE MORTALIDAD FEMENINA
MODELO SUR. DE COALE y DEMENY'

eo
25.00
30.00
35.00
40.00
45.00
50.00
55.00

A
0.4622
0.2932
0.1416

o

-0.1360
-0.2741
-0.4167

299

B
1.2719
1.1537
1.0660

1.0000
0.9539
0.9196
0.8934

Tabla de
mortalidad
1866
1927
1950
1963
1973

A

B

k

-0.5942
-0.1049
0.4033
0.6673
0.8737

1.1340
0.9151
0.9544
0.8669
1.0616

0.1387
-0.0547
-0.3581
-0.5222
-0.4776

-0.2238
-0.0434
0.0840
0.1934
0.0180

Nota: Tabla estandar: modelo sur, nivel 9 (eo=40.00)
Nota: Los parámetros fueron calculados con el procedimiento iterativo descrito en Ewbank, D.C., J.C. Gómezde León y M.A. Stoto, "A Reducible FourParameter System of Model Life Tables". Population Studies, 37,1985, pp.
105-127, haciendo uso de la estandar general de Brass modificada. De acuerdo
a dichos autores los cuatro parámetros tienen el siguiente significado: A =
mide el nivel general de mortalidad; B = mide la forma general de la función
h, o, en otros términos, la mortalidad alrededor de los 50 años; k = mide la
mortalidad entre los 2 y los 35 años (pero sobre todo la mortalidad infantil
y juvenil); 1 = mide la mortalidad de los ancianos (compara la mortalidad de
70-74 años con la de 60-64 años).

�300

Siglo X])(
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 11

Sigue cuadro 11

TABLAS MODELO DE MORTALIDAD
(AMBOS SEXOS) PRO
PARA COSTA RICA
BABILIDADES
(RED I DE LEDERMANN)
DE MUERTE (.q,)

Niveles
Edades
eo

o
1
5
JO
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80
85
sqo
alQ4S

1
20.00
0.32874
0.34974
0.07508
0.04267
0.06040
0.08340
0.09108
0.09752
0.10681
0. 11543
0.12567
0.15124
0.19273
0.25030
0.32721
0.44012
0.54956
0.65857
1.00000

0.579
0.570

3
25.02
0.28606
0.27770
0.06225
0.03610
0.05151
0.01099
0.07698
0.08244
0,09051
0.09892
0.10944
0.13326
0.17140
0.22641
0.30175
0.41218
0.52525
0.64226

5

7

9

30.11

35.03

40.05

0.24763
0.21857
0.05133
0.03043
0.04385
0.06()35
0.06503
0.06968
0.07676
0.08491
0.09554
0.11778
0.15296
0.20541
0.27887
0.38664
0.50254
0.62665

301

1.00000

1.00000

0.21388
0.11134
0.04227
0.02566
0.03740
0.05143
0.05513
0.05913
0.06540
0.07327
0.08391
0.10478
0.13740
0.18740
0.25884
0.36390
0.48189
0.61209
l .00000

0.4935
0.5162

0.418
0.4685

0.353
0.4274

0.18205
0.13105
0.03420
0.02134
0.03157
0.04339
0.04631
0.04975
0.05533
0.06288
0.07345
0.09305
0.12334
0.17086
0.24005
0.34219
0.46176
0.59755

1.00000
0.293
0.389

Edades

11

13

15

17

19

21

eo

45.02

50.10

55.04

60.01

65.05

70.01

o

0.15242
0.09749
0.02715
0.01749
0.02635
0.03623
0.03857
0.04152
0.04651
0.05374
0.06419
0.08265
0.11084
0.15594
0.22272
0.32180
0.44244
0.58319
l.00000

0.12364 0.09675
0.06875 0.04564
0.02074 0.01520
0.01391 0.01072
0.02148 0.01709
0.02958 0.02362
0.03145 0.02516
0.03398 0.02731
0.03844 0.03133
0.04533 0.03787
0.05564 0.04804
0.07305 0.06458
0.09932 0.08921
0.14195 0.12948
0.20607 0.19082
0.30183 0.28312
0.42308 0.40448
0.56835 0.55355
l.00000 1.00000

0.07973
0.03322
0.01147
0.00819
0.01296
0.01774
0.01842
0.01991
0.02268
0.02771
0.03576
0.04871
0.06820
0.10293
0.15898
0.24468
0.36605
0.52451
1.00000

0.05908
0.02020
0.00770
0.00576
0.00932
0.01272
0.01306
0.01414
0.01623
0.02034
0.02720
0.03802
0.05431
0.08471
0.13574
0.21521
0.33496
0.49920

0.03931
0.01025
0.00453
0.00364
0.00613
0.00838

0.1405
0.2930

0.113
0.2343

0.080
0.1929

0.0499
0.1540

1
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
55
60
65
70
15
80
85
sqo
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0.01083
0.01409
0.01983
0.02877
0.04222
0.06829
0.11378
0.18625
0.30294
0.47153
1.00000 l.00000

�302

Siglo XIX
H. Pérez Brignoli: Tablas modelo de mortalidad en C. Rica

CUADRO 12
CUADRO 13
COSTA RICA, 1919-21: TABLA MODELO DE MORTALIDAD
COSTA RICA, 1910: TABLA MODELO DE MORTALIDAD

Edades

o

l.

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0.18046
77 934
0.04405
63 870
0.02660
61 057
0.03868
59 432
0.05319
57 134
0.05707
54 095
0.06420
51 007
0.06763
47 886
0.07555
44 647
0.08620
41 274
0.10734
37 716
0.14047
33 668
0.19098
28 938
0.26286
23 412
0.36849
17 258
0.48609
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0.61509
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291 415
40.88
278 071
37.43
262 756
34.39
247 232
31.32
231 332
28.20
214 803
25.06
197 476
21.90
178 460
18.73
156 515
15.69
130 875
12.84
101 673
10.28
70 390
8.06
41 248
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19 392
4.90
8 046
3.73

Edades

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L

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o

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0.18728
0.04537
0.02730
0.03962
0.05449
0.05852
0.06274
0.06928
0.07725
0.08790
0.10924
0.14275
0.19362
0.26581
0.37186
0.48916
0.61726
1.00000

100 000
77 436
62 933
60 078
58 438
56 123
53 065
49 959
46 825
43 581
40 214
36 680
32 673
28 009
22 586
16 582
10 416
5 321
2 036

84 205
269 717
307 529
296 291
286 402
272 968
257 560
241 960
226 014
209 488
192 235
173 381
151 703
126 485
97 919
67 495
39 342
18 393
7 584

33.27
41.87
47.24
44.36
40.54
37.11
34.10
31.07
27.98
24.87
21.75
18.60
15.58
12.75
10.22
8.01
6.27
4.88
3.72

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5
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15
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35
40
45
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60
65
70
75
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Nota: 5Qo = 375.5

20Q•s = 441.66

303

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TABLAS DE MORTALIDAD, 1866-1973,
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�314

Siglo XIX

La Emigración Española Durante las
Décadas del Comercio Libre. (1765-1820)
EL EJEMPLO CATALAN
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Josep M. Delgado Ribas *

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l. LA EMIGRACION ULTRAMARINA ESPAÑOLA
DURANTE EL SIGLO XVIII
No puede afirmarse que la preocupación por el fenómeno de las migraciones ultramarinas sea tardía en la historiografía del siglo XX: basta
con recordar los dos extraordinarios volúmenes editados entre 1929 y
1931 conjuntamente por el National Bureau of Economic Research
(Nueva York) y el Bureau International du Travail (Ginebra), o el coetáneo trabajo de Carrothers sobre la emigración colonial inglesa, aportaciones seguidas de una considerable literatura posterior que sería engorroso enumerar1•

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También a finales de la década de los veinte el tema comenzaría
a preocupar a los hispanistas como quedara de manifiesto en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929), donde se presentó un Catálogo de Pasajeros a Indias para los siglos XVI al XVIII que contenía re2
ferencias acerca de 70 000 personas que cruzaron el Atlántico • Curiosamente, este mismo año Im.re Ferenczi publicaba una nota en los Annales d'Histoire Economique et Sociale para comentar las informaciones recibidas desde España sobre la abundancia de fuentes existentes
para el estudio de las corrientes migratorias y la lentitud de unas investigaciones que contaban con tan rico material, además centralizado en

• Depanamento de Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas, Universi•
dad Autónoma de Barcelona. Este artículo fue publicado previamente en Boletín Americanista, 32, Universidad de Barcelona, 1982.

�316

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

el Archivo de Indias, atribuida a la falta de recursos económicos del
país para financiar un programa de vaciado a corto plazo de las fuentes que podría obviarse mediante la ayuda internacional3 •
Cuarenta y cinco años después, Magnus Mórner en su exhaustivo
trabajo "La emigración española al Nuevo Mundo antes de 1810" realizaba una síntesis del caudal bibliográfico editado sobre las migraciones ultramarinas durante la edad moderna, concluyendo que si bien
se habían producido importantes progresos por lo que respecta a los
siglos XVI y XVII, el siglo XVIII continuaba siendo prácticamente
desconocido4. Esta laguna, aun hoy no cubierta, dificulta considerablemente el estudio de las relaciones entre España y sus colonias durante el Setecientos, por constituir el flujo migratorio una de las pocas
aportaciones positivas de la metrópoli al desarrollo económico hispanoamericano, a la vez que una fuente de acumulación para la burguesía mercantil española, cuyos miembros se desplazaron al Nuevo Mundo
sin perder por ello la voluntad de retorno.
Por otro lado, existen suficientes elementos de juicio para sostener que los flujos migratorios transoceánicos de la época borbónica
poseen un carácter sustancialmente distinto a los de la etapa anterior
no siendo descabellado calificarlos en conjunto como el puente que enlaza los desplazamientos de población a larga distancia durante la etapa preindustrial con la consolidación de un mercado internacional de
trabajo, ya en los siglos XIX y XX. Los rasgos distintivos del fenómeno emigratorio en el siglo XVIII permiten distinguirlo tanto de unos
como de otros. En pocas palabras, podríamos decir que sus características esenciales son:

Un cambio en los incentivos. Durante los dos primeros siglos de
la Edad Moderna predominan los factores de expulsión ("push factors") en la determinación de los españoles de abandonar la
5
península • Entre ellos cabe destacar el progresivo empobrecimiento de
la vida campesina como resultado del incremento de la presión tributaria, las continuas levas, la persecución religiosa y el temor a las enfermedades epidémicas. En el Setecientos,a la vez que varían los factores de expulsión -cada vez es más importante la presión
demográfica- cobran superior relieve los factores de atracción (''pull
factors") que parten de la economía colonial (demanda de artesanado
cualificado, deseo de realizar especulaciones mercantiles, disfrute de
algún cargo público, etcétera).
Descenso en el flujo migratorio. Si aceptamos para el siglo XVI
la cifra de 200 000 emigrantes y 350 000 para el XVII, las estimaciones, un tanto aventuradas, que poseemos sobre el siglo XVIII, hablan

317

de 55 000 viajeros, contabilizando tanto la emigración legal como la
clandestina6 • Este descenso es aún más sensible si tenemos presente el
peso mayoritario del funcionariado y de los comerciantes en el cómputo total'.

La acción del Estado. La administración española siempre fue reacia a permitir el éxodo masivo de peninsulares al Nuevo Mundo y así
se refleja en las Leyes de Indias8• No obstante el intervencionismo llegaría a extremos desconocidos en la época borbónica, limitándose la
concesión de licencias de embarque a supuestos muy concretos: funcionariado, eclesiásticos, encomenderos con sus dependientes y familiares cercanos de algún español establecido en América.
Aumento porcentual de la emigración clandestina. El incremento
de las restricciones a la emigración no vino acompañado de una mejora en los sistemas para evitar el embarque de polizones. La habilitación sucesiva de una docena de puertos peninsulares para el comercio
libre actuó en sentido contrario al descentralizar las vías de acceso al
Nuevo Mundo. Cabría añadir que la presión ejercida sobre la marinería, obligada a matricularse y a prestar servicio en la Real Armada «estimuló» las deserciones de buena parte de los tripulantes de embarcaciones que arribaban a puertos americanos9 •
El peso de la periferia. El cuadro I nos muestra_ la procedencia ~eográfica de los emigrantes espaftoles, en cuatro peno~os de la doinJnación colonial. En él puede observarse cómo las regiones que proporcionaban la mayoría de sus efectivos (Andalucía, Castilla-León, Extremadura), durante los siglos XVI y XVII, pasan a un segundo plano,
según los datos que hemos elaborado para el_ trienio 1794-1796. ~ún
poniendo en duda la validez de estos porcentaJes -no ha~ que olvidar
que el papel de la emigración cl~destin_a nos es descono~tdo-, resulta innegable y perfectamente l_ógico ~l mcremento_ co~stderable de la
participación, en los saldos m.tgratonos, de la penfena. La raz_ón de
este cambio debe buscarse en la aparición, como elemento determ.tnante
entre los factores de expulsión, de la presión demográfica. Son efectivamente las regiones donde el equilibrio población-subsistencias se hace más precario, aquéllas que registran un incremento más notable en
sus porcentajes11 •

En la apertura comercial que se inició con los decretos de libre comercio, la regulación restrictiva de la emigració~ al Nuevo Mundo fue
objeto de una especial atención por parte del legislador. _El R~glam_ento de 1778 distinguía a la hora de conceder las preceptivas licencias

�318

Siglo XIX

J. M . Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

CUADRO/
PROCEDENCIA EN PORCENTAJE DE LA EMIGRACION
ULTRAMARINA ESPAÑOLA to

Hispano-

Hispano-

américa

américa

(1493-1539) (154~1579)
Andalucía
Castilla-León
Extremadura
País Vasco
Galicia
Aragón
Valencia-Murcia
Asturias
Cataluña
Baleares
Canarias

34.3
36.3
15.9

Total españoles

96.3

México
Hispano(dudad)
américa
1689 (1794-1796)

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0.7
0.8
0.6
1.1

36.9
35.6
17.7
4.1
1.0
0.5
0.5
0.5
0.6

-

-

-

0.6

1.1

5

-

98

30.2
29.9
2.9
19.5
6.8
1.5
0.7
2.7

5.4

95.7

24.6
16.2
6.3
16.1
11.2
0.9
1.1
7.5
15.1
0.2
0.8
100

319

- Poseer la nacionalidad española, garantizada con la presentación de una fe de bautismo.
- Ser mayor de 18 años y estar emancipado o contar con permiso
paterno.
- Los casados, obligación de presentar licencia conyugal.
- Documentar, mediante certificado expedido por la aduana, haber cargado géneros en una embarcación por valor mínimo de 52 941
rs. 6 maravedís 13 •
La decisión de impedir mediante los oportunos controles todo tipo de emigración ilegal se patentizaba en otra disposición de marzo
de este mismo año:
Con el fin de precaver los medios imaginables según conviene que
en las embarcaciones del libre comercio que salgan de los puertos habilitados de España para los de América se embarquen polizones, llovidos u otros pasajeros sin las licencias prescritas ... ha resuelto el Rey
por punto general que ningún individuo pueda pasar a Indias, excepto los comprendidos en el rol de matrícula que se forma a cada buque del enunciado comercio; bien entendido que siempre que en los
navíos de guerra o mercantes a los puertos de Indias se encuentre algún sujeto sin asiento formal en las listas o roles de matrícula, o que
no lleve Real Licencia expedida en virtud de orden dada por esta
vía reservada o el Consejo de Indias, será relnitido indispensablemente
a España bajo partida de registro en la misma embarcación que fe
hayan conducido, sin permitirle saltar a tierra 14•

entre _«tripulantes», «cargadores o encomenderos» y «pasajeros». A
los pnmero~ ~e les concedía la autorización a través de la Real Patente
d.e Navegac1on, en la cual el capitan se hacía responsable, bajo caución, de toda la dotación del buque:

La concesión de la licencia presuponía el retomo del cargador en la
misma embarcación, aplicándose a su estancia una prórroga máxima
de tres años «en el caso solamente de no despachar sus efectos y
géneros» .

... y_en lo que mira a la tripulación, que deberá componerse de gente
matnculada Yconstar que lo sea por lista certificada que ha de entregar, obligándose a cuidar de su conservación y responder de sus
faltas 12•

Como «pasajero» sólo excepcionalmente podría viajar un comerciante, reservándose tal condición a funcionarios, clérigos o militares
con plaza en América. La práctica del comercio colonial tendería a mitigar esta norma, tomando en consideración si el solicitante poseía al15
gún pariente allí establecido en cuya ayuda acudir •

La con~ición de cargad~r o encomendero -según se viajase por cuenta P1:0p1a o por c~enta aJena- presuponía la existencia de una partida
de ge~er?s ne~oc1ables en algún mercado colonial. Para obtener la necesana h~enc1a de embarque era necesario que el interesado se hallara
e~ p_oses1ón de una serie de requisitos que resaltaban el carácter restnct1vo de la concesión, recogidos en la Real Orden de 27 de junio de
1778:

Todas estas disposiciones, refundidas en los artículos 10 al 14 del
Reglamento de Libre Comercio se mantuvieron vigentes hasta que la
guerra de la independencia obligó a tomar medidas excepcionales que
evitasen la entrada en América de afrancesados y desertores. Así, una
R.O. Circular de 9-VI-1810, establecía nuevos requisitos para fa obtención del correspondiente permiso:

�320

Siglo XIX

- Haber sido «fiel a la Patria».
- No hallarse encausado en ningún proceso.
- Gozar de exención del servicio de armas.
- No estar inscrito en la matrícula de marina.

11. LA PARTICIPACION CATALANA
En el co?t~xto d~ las m~graciones transoceánicas, el caso catalán posee
caractensticas d1ferenc1ales que permiten aislarlo como un fenómeno
particular. Primeramente, por su corta duración cronológica. Los emigrantes del Principado sólo llegarán a constituir una partida de consideración dentro de la emigración española durante el último tercio del
siglo XVIII y primeras décadas del XIX: los datos reunidos en el cuad~o I po.nian ya de relieve su insignificancia para la época de los Austnas, nuen_tras que algunas investigaciones recientes sobre el período
1700-1765 mducen a pensar que antes de esta última fecha difícilmente
alcanzarían el centenar los catalanes instalados en América16• Una explicación excesivamente simplista tiende a asociar este hecho con la presencia de ciertas limitaciones legales que entorpecían el acceso de los
hombres de la periferia peninsular al Nuevo Mundo. Sin negar la posible existencia de restricciones17, las razones que justifican la ausencia
de cata}anes en la~ listas de pasajeros a Indias durante la mayor parte
~el penodo colorual -y su posterior eclosión en la etapa del comercio
libre- son de índole económica. Pierre Vilar ya puso de manifiesto
en su día la existencia de una coyuntura catalana cuya evolución a largo plazo no coincidía con la de la Espafia Imperial 18 • Así, al esplandor demográfico de Castilla en el siglo XVI correspondía una lenta recuperación de Cataluña, restañadora de los efectos de la crisis bajomedieval. Del mismo modo, la depresión del siglo XVII, c_uyo peso fuera
decisivo como determinante de los factores de expulsión demográfica
que actuaron en la meseta, resultó más corta y menos intensa en el Principado, donde el cambio de tendencia se anticiparía varias décadas. y
la influencia de la coyuntura también contribuiría a la especifidad del
fenómeno migratorio catalán durante el siglo XVIII.
Si aceptam~s el descenso general de los flujos ultramarinos, particularmente sensible en las regiones que tradicionalmente aportaban la
mayor parte de su caudal, aquél debe explicarse a través de un análisis
de la economía española que insista en la recuperación castellana y
muestre cómo el litoral comienza a sentir las consecuencias negativas
del crecimiento demográfico en el marco de una sociedad preindustrial.
Pero la presencia en progresión de los emigrantes catalanes en las rut~~ atlántic~s no ~e reduce al resultado de un desequilibrio entre poblac1on y subs1stenc1as que favorece la expulsión de la población exceden-

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

321

taria. En el siglo XVIII Cataluña es la región más densamente poblada, pero también es la más rica, y la base de su prosperidad se encuentra en un proceso de especialización productiva que culminará en el
último tercio de siglo merced a la conquista de un importante mercado
exterior: Hispanoamérica. El asalto a este mercado tras la liberalización de los intercambios propiciada por el libre comercio es la razón
última que justificará el desplazamiento de cientos de catalanes a los
principales núcleos comerciales de las Indias. De ello se deriva otra característica peculiar de la emigración catalana: su homogeneidad.Cerca del 98% de los casos documentados a partir de más de 3 600 referencias corresponden a sectores sociales que participan en el comercio
colonial 19 •
El deseo de aprovechar al máximo las posibilidades de especulación que esta actividad mercantil permitía se traducirá en el predominio de una emigración temporal -entre 3 y 9 años- y rotatoria que
aseguraba la continuidad de los negocios pero no de las personas. Es
la convicción de que su estancia en América no era definitiva lo que
provocaba la resistencia, observada por algunos contemporáneos, del
inmigrado catalán a dejarse asimilar por la sociedad criolla20 •
A pesar de tener en común una misma procedencia y pretender objetivos similares, la situación en que cada emigrante efectuaba su viaje
podía ser muy distinta. Hasta la última década del siglo XVIII perduraría la iniciativa individual cristalizada en pequeñas comendas cuyos
socios-factores marchaban a vender unas mercancías adquiridas a
21
crédito ; frente a esta figura del comerciante-aventurero la burguesía
mercantil catalana, necesitada de peones para mover sus negocios americanos, fomentaría la emigración de profesionales del comercio, asalariados o con una mínima participación en los beneficios, que poseían
unos conocimientos teórico-prácticos suficientes para manejar sin errores empresas de cierta envergadura22 • Numéricamente, el pequeño negociante quizá fuera mayoritario en el conjunto de la emigración catalana; sin embargo cada vez le correspondió un papel más modesto, hasta
quedar reducido a la condición de simple botiguer, supeditado a las
compañías mayoritarias de las cuales recibta el suministro.

La tienda y el almacén constituyen el centro de trabajo y principal
medio de vida de la mayoría de los emigrados. Su punto de partida
siempre es el mismo: una primera expedición como encomendero o con
mercancías propias que obliga, ante la dilación de las ventas, a comprar o alquilar una dependencia resguardada de las inclemencias del
tiempo donde depositar su cargamento y evitar así su deterioro hasta
el momento de darle salida, y que a la vez le servía de improvisada
vivienda23 •

�322

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

En función del tiempo de estancia de los catalanes en América podríamos hablar de tres tipos de asentamiento:
a) Temporal, inferior a tres años, tiempo con que, en principio,
contaban los sobrecargos para proceder a la venta de los géneros embarcados. Concluido con éxito tal empeño, el almacén o tienda se cerraba y el comerciante regresaba con el producto de su negociación en
plata o coloniales. Por su rasgo de inestabilidad, hemos omitido en el
apéndice toda referencia a este grupo de inmigrados, que apenas dejaron huella de su estancia en Indias.
b) Semipermanente, corresponde al de aquellos factores o encomenderos cuya estancia se prolonga hasta cuatro y seis años -tiempo
máximo permitido por la R.O de 12 de agosto de 179024- y que venía a coincidir con el período de duración de la compañia a cuyo cargo
se había realizado el viaje. El carácter temporal podia no afectar la permanencia de los establecimientos sino que se arbitraba como mecanismo ideal para relevar periódicamente a los que gestionaban el negocio
en ultramar.
c) Permanente. Fórmula adoptada en los negocios de tipo familiar. Los relevos, cuando se producen, tienen lugar en períodos mucho
más largos y siempre para dar paso a las nuevas generaciones. El asentamiento permanente actúa como polo de atracción para nuevos emigrantes, unidos por vínculos familiares o de afinidad.
El carácter modesto de sus negocios hace que la inmensa mayoría
de los catalanes establecidos en América {el 96.8%) no posean un peso
específico propio en la comunidad de adopción. Sólo unos cuarenta
nombres llegarían a formar parte de la élite mercantil colonial, matriculada en los consulados25•
En el apéndice hemos distribuido todas las observaciones en cuatro grandes distritos regionales, según el lugar de asentamiento: I Nueva España, II Barlovento y Costa Firme, III Colombia-Venezuela y IV
Virreinatos del Plata y Perú. Las cifras obtenidas hablan de una mayor densidad del asentamiento en el área caribeña (43%), seguida de
la América meridional (26.4%). Los motivos de esta predilección son
de tipo consuetudinario. En primer lugar, la corriente migratoria documentada en la época del comercio libre continúa una tradición anterior que se remonta al siglo XVII con la llegada de los primeros capuchinos catalanes al oriente venezolono26 y, más recientemente, aparece vinculada al área de expansión de la Real Compañía de Barcelona,
dos de cuyas zonas de privilegio, Puerto Rico y Cumaná, registran el
mayor número de referencias en sus respectivas regiones27 • También

323

se observa con claridad que la colonia catalana es tanto más nutrida
cuanto más anterior es la fecha de la inclusión en el libre comercio.
Ello explica la escasa implantación en Nueva España (12.43%), habili28
tada en 1789 , frente a las Antillas, cuyo tráfico se liberalizó en 1765,
o el Río de la Plata (1778).
Dentro de cada región en concreto, los catalanes muestran una clara
preferencia por los puertos habilitados, o mercados interiores urbanos;
sólo un 2. 71 % de los ejemplos observados, que corresponde a pequeños tenderos, escapa a esta regla.
Cinco localidades de la costa catalana aportan el 75% de los naturales del Principado establecidos en América: Barcelona, Vilanova iLa
Geltrú, Sitges, Mataró y Tossa. Si bien para Barcelona y Mataró
(24.07% y 12.03, respectivamente) este dato pudiera ser poco significativo, no sucede lo mismo, por ejemplo, con Vilanova y Sitges, que
conjuntamente aportan el 22.62% del saldo migratorio. En este caso
-y lo corrobora el peso relativo de otras poblaciones de la c&lt;;&gt;st~ de
poniente (Torredenbarra, Altafulla, Tarragona), todo parece md1car
una especialización de estas localidades en el surtimiento de efectivos
para la emigración comercial catalana. Ello no es nada extraño cuando ya hemos demostrado en otros trabajos cómo los pueblos de la costa
de Levante, singularmente Canet, Arenys y Blanes aportaban buena
parte de las tripulaciones de los buques que ~articipa_ban en la Carrera
de Indias y de los representantes del comercio catalan en los enclaves
coloniales de la Península29 •
La importancia de los nexos familiares o de pura amistad a la hora de elegir un destino se refleja en la coincidencia. de las pr~ferenciaJ
que manifiestan los miembros de una, misma com~dad de ongen. As1,
mientras los barceloneses son mayona entre los emigrados a Nueva España (48.4%), su presencia es residual en el área caribeña (13.6%); por
su parte, los naturales de Vilanova se dirigen en un 61.2% de los casos
a la región antillana donde representan el 28. 7%_ de los c~talanes establecidos, e igual destino eligen el 74% de sus vecmos de S1tges,- Dentro
de su modestia la presencia de los hombres del Levante catalan alcanza el 40.2% en Nueva Granada y Venezuela, destacando sólo las aportaciones particulares de Mataró y Tossa.
Un examen más detenido de la ubicación de los distintos emigrantes catalanes en suelo americano refuerza la hipótesis de dos movimientos migratorios superpuestos y de disti!1t? carácter. Uno, ~ue arranca
de mediados del siglo XVIII y se contmua durante el penodo del comercio libre se dirige a las áreas tradicionales de asentamiento: Puerto

�324

Siglo XIX

Rico, Santo Domingo, Santiago de Cuba, La Habana, Cumaná, Nueva Barcelona, distinguiéndose por el predominio de los hombres de raigambre marinera de Vilanova y Sitges, actores de un comercio a peqoeñ.a escala gestionado a través de comendas aglutinadoras de varias
unidades familiares a menudo emparentadas, para los cuales la navegación trasatlántica no era desconocida antes de 177830• El segundo,
característico del último tercio del siglo, nace de Barcelona y de los pueblos de la costa de Levante, singularmente Mataró y Tossa, y se encamina hacia las regiones más ricas del imperio colonial españ.ol (Veracruz, Campeche, Cartagena de Indias, La Guaira, Buenos Aires), enclaves fundamentales para los negocios de la gran burguesía mercantil
catalana donde tejerá una red de corr~porrsalías y factorías dependientes estrechamente de la metrópoli, regentadas por factores permanentes.
Esta distinción entre dos corrientes migratorias corresponde a otra
entre comercio a gran escala, practicado con las regiones ricas en plata
y coloniales apreciados, y que tiende a ofertar productos manufacturados de lujo e importación, y «comercio de abarrote», habitual en
la región antillana, que se agota en el menudeo de productos agrarios
catalanes y manufacturas de poco aprecio. En un informe al Consejo
de Indias, el gobernador de Santo Domingo, Joaquín García, describía con precisión este comercio de la pobreza, típico de los asentamientos catalanes en las áreas marginales del Nuevo Mundo:

J. M . Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

325

APENDICE

LA EMIGRACION MERCANTIL CATALANA (1778-1820)
La información que aparece resumida en este Apéndice reúne los datos disponibles acerca del l 263 emigrantes de procedencia catalana d~cumentados a través de 3 616 referencias contenidas en las fuentes utilizadas para la elaboración de mi tesis d~ctoral CatalunY_a y el sistema
de libre comercio, 1778-1820'2 • El matenal de base consiste en los expedientes individuales remitidos a través del Juzgado de Arribadas ~
Ministerio de Indias con los requisitos necesarios para obtener la licencia de embarque, que hoy se conservan fragmentariamente repart!dos entre el Archivo de Indias, Simancas, Corona de Aragón Y escnbanias de Marina de Barcelona y Mataró33 • A t~do ello hay q~e ~ñadir otro tipo de fuentes de carácter notarial y pnvado que no mdican
el momento en que se realiza la travesía, pero _sin embarg? _denotan
la presencia de un emigrante catalán establecido en Amenca Y su
actividad34 •

l. Comerciantes catalanes establecidos en América (1778-1820)

l. VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA
El Principado de Cataluña es casi el único que se emplea en la remisión de cortos renglones a esta ciudad, que son quincallería, zapatos,
pañuelos ordinarios, poco aceite, menos cantidad de vinos, y éstos
malsanos por-fuertes y adulterados: pasa, higos, almendras, algún
jabón, rara o ninguna vez harinas, ni velas de sebo, grasas, ni otros
tan precisos como indispensables a la subsistencia. Estas embarcaciones catalanas carecen de fondos para emprender un registro completo por lo cual se componen de tantos cargadores como marineros
las tripulan. Esta: razón tan concreta acredita la debilidad de los efectos que nos conducen; como pobres hacen sus empleos en muchos
renglones de corto o ningún momento, procurando por este medio
aumentar sus pequeños caudales31•

No.

lugar
Nueva Orleans
Veracruz
Puebla
México
Cayocan
Durango
Zimapán
Cocula
Campeche
Villahermosa de Tabasco
Total

localizadones
4
128
2

9

1
1

9
1
157

% zona

2.54
81.53
1.27
5.73
0.64
0.64
0.64
0.64
5.73
0.64
100.

% del total

032

10.13
0.16
0.71
0.08
0.08
0.08
0.08
0.71
0.08
12.43

�326

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

II. BARLOVENTO Y COSTA FIRME
«Barlovento»
Santo Domingo
Puerto Príncipe
Puerto Rico
La Habana
Santiago de Chile
Sancti Spiritus
Matanzas
Bayamo
Bonavacua
Villaclara
Honduras
Guatemala

2. Procedencia de los inmigrados

49
4
6
258
154

9.03
0.74
1.10
47.52
28.36
9.76
0.18
0.37

53
l
2
3
2

0.55
0.37
0.18
0.37
1.47

1
2
8

Total

543

100.0

3.88
0.32
0.47
20.43
12.19
4.20
0.08
0.16
0.24
0.16
0.08
0.16
0.53
43.0

III. NUEVA GRANADA Y VENEZUELA
Santa Marta
Cartagena de Indias
San José Cucutá
Maracaibo
Caracas
Puerto Cabello
La Guaira
Cumaná
Trinidad
Nueva Barcelona
Guayana

,,,..

Total

25
45
2

3
JO
5
47

58
17
12

JO
234

11.52
20.74
0.92
1.38
4.61
2.30
21.66
24.79
7.26
5.13
4.27
100

1.98
3.56
0.16
0.24
0.79
0.40
3.72

4.59
1.35
0.95
0.79
18.53

l. VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA
1. Nueva Orleans
Barcelona
Mataró
Vilanova
Torredenbarra
2. Veracruz
Barcelona
Mataró
Sitges
Vilanova
Arenys
Canet
Torredenbarra
Blanes
Quadres de Rocacrespa
Serdanya
Girona
Tossa
Sant Poi
Lloret
Vilanova de Palafolls
Manresa
Tarragona
No consta
3. Puebla
Vilanova

1
l

68
21
7
6
6

5
2
2
1
l
1
1
1

1
l
3

2

IV. VIRREINATOS DEL PLATA Y PERU
Montevideo
Buenos Aires
Lima
Chuquisaca
Puno
Potosí
Total

180
141

5

329

54.71
42.87
1.52
0.30
0.30
0.30
100.

14.25
11.15
0.40
0.08
0.08
0.08
26.06

4. México
Barcelona
Ripoli
No consta

5. Cayoc.in
Erp

6.Durango
Mataró

5
1
3

327

�328

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

7. Zimapán
Martorell
8. Cocula
Canet
9. Campeche
Canet
Mataró
Barcelona
Vilanova
No consta

2
2
2
2

II. BARLOVENTO y COSTA FIRME

1. Barlovento
Sitges
Barcelona
Vilanova
Tossa
Lloret
Caldes d'Estrac
Canet
Mataró
Arenys
Valls
2. Santo Domingo
Vilanova

17
8
6
4

4
3
3
2

4

3. Puerto Príncipe (Haití)

4. Puerto Rico
Vilanova
Sitges
Barcelona
Mataró
Tossa
Arenys

1
2

1

10. Villahermosa de Tabasco
Figueres

T?.radell
Tossa
Sitges

Caldes d'Estrac
Lloret
Torredenbarra
Igualada
Calella
Pineda
Artes
Canet
Blanes
Vilamajor
No consta

2

2
2

105

52
29
18
15
12

5. La Habana
Vilanova
Barcelona
Mataró
Sitges
Tossa
Canet
Torredenbarra
Arenys
Creixell
Blanes
Lloret
Les Guinyoles
Calella
Pineda
Vilafranca del Penedes
Sant Pere de Ribes
El Vendrell
Reus
Altafulla
No consta
6. Santiago de Cuba
Sitges
Tossa
Barcelona
Vilanova
Calella
Canet
Sant Pere de Ribes
Llers
Arenys
No consta

36
30

25
13
9
7
6
3
3

2
2

1
2

9

25
11
4
3

3
2
2

329

�330

Siglo XIX
J. M. Delgado R.: La emigración espaflola (1765-1820)

7. Sancti Spiritus
Vilanova

Mataró
Vilanova
Tossa
Lloret
Sitges
Sant Pere de Ribes
Blanes

8. Matanzas
Sitges
Arenys

9. Bayamo
Sitges
Vilanova

2

10. Bonavacua
Canet

12. Honduras
Palafrugell

2

13. Guatemala
Barcelona
La Bisbal
Figueres
Mataró

3
2

2
1

2

Arenys
Barcelona
Sitges
5. Caracas
Mataró
Sitges
Tossa
No consta

2
l

6. Puerto Cabello
Vilanova
Tossa
Barcelona

3
1
1

5

2

3
2

111. NUEVA GRANADA Y VENEZUELA

7. La Guaira
Tossa
Barcelona
Mataró
Sitges
Vilanova
Canet
Blanes
No consta

l . Santa Marta

11

6
4

4. Maracaibo
2

11. Villaclara
Sitges

1,

3. San José de Cucutá
Barcelona

13

Tossa
Barcelona
Sant Feliu
Blanes
Canet
Mataró
Sitges
Vilanova
Altafulla
Girona
Arenys
El Vendrell
2. Cartagena de Indias
Barcelona

14

8. Cumaná
Sitges
Barcelona
Vilanova
Tossa
Canet
Arenys

12
10
9
5
2
1
1

2

21
10
8

3
2
2

331

�332

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

Mataró
Vilafranca de Penedés
Reus
Caldes d'Estrac
Avinyonet
Altafulla
Tarragona
No consta

2
2

1
1
1
2

9. Trinidad
Tossa
Mataró
Canet
Arenys
Sitges
Calella
Altafulla

6
3
2
2
2

10. Nueva Barcelona
Vilanova
Barcelona
Blanes
Altafulla
Sitges
11 . Guayana
Tossa
Barcelona
Vilanova
Torredenbarra
Calella

4
3

2
2

3
2

t
2

IV. VIRREINATOS DEL PLATA Y PERU

1. Montevideo
Barcelona
Vilanova
Mataró
Arenys
Calella
Tossa
Sant Feliu
Caldes d'Estrac
Blanes

41
41
25
12
7

5
4
4
3

Lloret
Torredenbarra
Calonge
Figueres
Vilasar
Cubelles
Torroella de Montgrí
Santa María de Olost
Sant Pere de Ribes
Ripollet
Sant Andreu de Llavaneres
Sitges
Altafulla
Constantí
Reus
Els Pallaressos
No constan

2. Buenos Aires
Barcelona
Mataró
Vilanova
Calella
Arenys
Lloret
Castelló d'Empúries
Canet
Sant Sadurni d' ,.µoia
La Bisbal
Arbucies
Blanes
Sant Martí de Centelles
Artés
Pineda
Sabadell
Altafulla
Tarragona
No consta
3. Lima
Barcelona
4. Potosí
Barcelona

3
3
2
2
2

2
1
1
1
1

1
1
1
1
1
1

12

57

22
18
6

5
3
2

2
2

1
15

5

333

�334

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

5. Chuquisaca

Constantí
Els Pallaressos
Erts
Les Guinyoles
Les Quadres de Rocacrespa
Llert
Manresa
Martorell
Ripoil
Ripollet
Sant Andreu de Llavaneres
Santa María d'Olost
Sant Marti de Centelles
Sant Poi de Mar
Sabadell
Serdanya
Torroella de Montgrí
Valls
Vilamajor
Vilanova de Palafolls
No consta

Barcelona
6. Cocbabamba
Barcelona

3. Resumen procedencia

,,

-1

Barcelona
Vilanova
Sitges
Mataró
Tossa
Arenys
Canet
Lloret
Calella
Torredenbarra
Blanes
Caldes d'Estrac
Altafulla
Sant Feliu
Sant Pere de Ribes
Figueres
Pineda
Reus
Artés
Creixell
La Bisbal
Tarragona
Vilafranca del Penedés
Castelló d'Empuries
Cubelles
El Vendrell
Girona
Igualada
Palafrugell
Sant Antoni de Colonge
Sant Sadurni d'Anoia
Taradell
Vilassar
Vilassar
Arbucies
Avinyonet

304
255
157
152
80
47
33
21
20
17
15
14
10
6
6
4
4
4
3
3
3
3
3
2
2
2
2
2
2
2
2
2
2
1
l
l

24.07
20.19
12.43
12.03
6.33
3.72
2.61
1.66
1.58
1.34
1.19
1.11
0.79
0.47
0.47
0.32
0.32
0.32
0.24
0.24
0.24
0.24
0.24
0.16
0..16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.16
0.08
0.08
0.08

Total

l
l
1
l
l
1
1
1
1
1
l
l
l
57

0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
0.08
4.50

l 263

100.00

335

NOTAS
l.

Bureau Intemational du Travail (Geneve) - National Bureau of Economic Research
(N. York), Intemational Migrations. Vol. l Statistics, compiled on behaJf of the
IntematÍonaJ Labour Office, with introduction and notes by lmre Ferenczi, and
edited on behaJf of the NationaJ Bureau of Economic Research by WaJter F. Willcox. New York, N.B.E.R. 1929, y Vol. II lnt.erpretalions. New York, N.B.E.R. 1931.
Especial interés posee la información recogida en las páginas 229 a 1.087 del primer volumen que contiene todos los datos disponibles sobre migraciones internacionales, reunidos en 643 cuadros estadísticos para 116 países. A Ferenczi debemos
otros importante trabajo sobre el fenómeno migratorio en el marco de un mismo
continente, donde distingue cinco fases de evolución a lo largo de la historia: Emigración "solicitada" (s. XII-XV), "forzada" (s. XVI-XVln, "de reclutamiento"
(s. XVIIQ, "de proletarios" (s. IX-1914), y "macroemigración" (1914-1929). Cfdo.:
lmre Ferenczi, Kontinental Wanderungen und dieAnniiberung der Volker, Ein geschicbtlicher uberblic. Jena, G. Fisher, 1930. Por su parte, el estudio de Carrothers,
Emigration from the Britisb Isles, witb special referenre to tbe development of tbe
Overseas Dominions, London, P .S. Kingand Son, 1929, arranca de 1815, cuando
el problema de la sobrepoblación cobra nuevo realce, como resultado del crecimiento
demográfico de la segunda mitad del siglo XVIII y el empobrecimiento del país
provocado por las guerras napoleónicas.
Una bibliografía reciente y completa sobre el tema puede encontrarse en el volumen editado por la Commission Intemationale d'Histoire des Mouvements Sociaux
et des Structures Sociales, Les migrations intemationales de la fin du XVIII siecle
a nos jours, París, C.N.R.S., 1980.

e

�336

2.
3.

Siglo XIX

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

Ministerio de Trabajo y Previsión, Catálogo de pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVlll, Madrid, 1930.

8.

La legislación respecto a la emigración americana para los siglos XVI y XVII aparece resumida en Josep de Veitia y Linage, Norte de la Contratación de las Indias
Occidentales; Buenos Aires, Comisión Argentina de Fomento Interamericano, 1945
(ed. original, 1672), p. 302 y ss.

9.

"Los marineros que frecuentaban nuestras colonias creyeron que estableciéndose
en aquel Hemisferio lograrían mejorar fortuna y podrían al mismo tiempo evadirse del servicio de campaña que miraban con horror. Desde entonces empezó a notarse la baxa en las tripulaciones de los buques que regresaban a la península porque los individuos que aspiraban a mudar de residencia aprovechando las coyunturas favorables para quedarse en América" (Cfdo.: Ceferenio Ferret, Exposición
Histórica de las causas que más han influido en la decadencia de la marina española e indicación de algunos medios para restaurarla, escrita el año 1813, Barcelona,
Roca y Gaspar, 1819, pp. 89-90).

lmre Fe,re~czi'. "Comment s'elabore l'histoire des migrations intemationales", An-

nales d H1sto1Te Economique et Sociale, IV, (1932), pp. 295-300.
4.

5.

6.

M. Morner. "Spanish Migration to the New World prior to 1810: A Report on
the State of Research", en F. Chapelli (edit.), First lmages of America: The Impact of t~~ New World on the (!ld. Berkel~y, University of California Press, 1976.
Hay vers1on española en Anuano de Estud1o_s Americanos, vol. XXXII, pp. 43-131.
Vi~. Jordi Na~al._ La pobfación española (S. XVI a XX) Barcelona, Ariel, 1973
(3 .. ), pp. 60-71, Vicente Perez Moreda. Las Crisis de mortalidad en la España In~~rior (s. XVI-XIX). Madrid, s. XXI, 1980, pp. 245-326; Javier Malagón Barceló,
~oledo and the New World in the Sixteenth Century", The Americas, vol. 20,
n. 2 (1963), PP- 97-126, p. 98; Enrique Otte, "Die europaischen Siedler und die
Probleme der Neuen Welt", lahrbuch für Oeschichte von Staat Wirtschaft und
C:esellesch~ft Lat~i~amerikas (1969), pp. 140, pp. 32-33; Antoni¿ Domínguez Oruz,_ El Anuguo Regimen: Los Reyes Católicos y los Austrias, Madrid, Alianza Editonal, 1974, pp. 168-172, etcétera.
Cifras elaboradas a partir de M. Morner "La emigración española al Naevo Mun15, Y p.-~• teniendo en cuenta que los "factores de expuls10~ actuan de una forma mas mtensa en la segunda mitad del siglo XVII. Para
el siglo_~VII_!, recogem~s la estimación de Mario Hernández Sánchez-Barba, "La
poblac10~ H1spa_n_oamencana y su distribución racial en el siglo XVIII", Revista
de Estudios Pobucos n.º 78 (1954), pp. 117-118.

~~ ª.~tes ~e 18!0», p.

11

l
1

7.

Según una muestra a~alizada por Mario Hernández Sánchez-Barba, para los años
1729, 1749 Y 1?SO, cnados, comerciantes, funcionarios y eclesiásticos suponían el
5_7% de los emigrantes ("La po~lación Hispanoamericana ... ", p. 118). Creemos,
sm em_bargo, que estos porcentaJes no son representativos de la media secular· dado lo •~adecuado de los años elegidos para la cata, especialmente para realz:ir la
P_resenc1a del es~en~o mercantil. Las dos primeras fechas quedan fuera del penodo _de mayor 1_ntens1dad en las relaciones comerciales a raíz de la liberalización
del trafico colorual, Y la tercera corresponde a un año central de la guerra contra
Inglaterra (1779-1783) durante el cual los intercambios quedaron prácticamente colapsados. ~or otro ~ado, Boyd-Bowman calculaba en un 6.25% el porcentaje de
los comer~1an~es emigrados entre 1560 y 1579, añadiendo que manifestaba una clara tendencia a mcrementarse, especialmente para el siglo XVlll (Peter Boy-Bowman
"Patterns of Spanish Emigration to the New World (1493-1580)", The Americas:
vol. ~11. 1 (1976_), pp. 76-77), poco reflejada en el 13% que Hernández SánchezBarba ati:ibuye estncta~ente a la clase mercantil. Si consideramos como más representativa las observaciones efectuadas sobre J 721 emigrantes que se desplazaron entre 1794 Y 1796 al Nuevo Mundo, los porcentajes quedarían como sigue:
Comerciantes y negociantes ...... .... ... .. ......... .
Funcionarios civiles ............................... .
Militares con destino ...............................
Eclesiásticos ....................... ... ............ .
Artesanos .. ............... .... ..... . ............. .
Labradores ... ...... ... ..... ...................... .
Sin especificar .................................... .

724 (42.1%)
560 (32.5%)
51 (3%)
160 (9.3%)
106 (6.2%)
12 (0.6%)
!08 (6.3%)

337

JO. Fuentes:
Columna 1, P. Boyd-Bowman, "La procedencia de los españoles de América,
1540-59", Historia Mexicana, vol. 17, n. 0 65 (1967), pp. 37-71.
Columna II, P. Boyd-Bowman, "Patterns of Spanish Emigration to the New World
(1493-1580)", The Americas, XXXlll (1976), pp. 78-95.
Columna lll, J.l. Rubio Mañé Edit. "Gente de España en la Ciudad de México,
año de 1689", Boletín del Archivo General de la Nación, México, vol. VII, n. 0
1-2 (1966).
Columna IV, A.G.l., Indiferente general, "Relaciones de pasajeros y cargamentos
de embarcaciones que van y vienen de -Indias", legs. 2 168-2 169; "Licencias de
embarques y sobrecargos", legs. 2 118-2 119; A.G.S., Secretaría de Hacienda, legs.
887-888; A.H.P.B. (Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona), Escribanía de
Marina, manuales de 1794 yl796.
11. Vid., para establecer tal comparación, Emiliano Fe~á!ldez de Pinedo '.'Coyuntura y política económicas'', en Historia de España, ding1da por M. Tu ñon de Lara,
.Vll, Centralismo, Ilustración y agonía del Antiguo Régimen, 1715-1833, Madrid,
Labor, 1980, p. 21.
12. Este texto figura impreso en todas las patentes de navegación, buena pane de las
cuales se halla dispersa por los legajos de Indiferente General, en el A.G.I.
13. A.H.N., Hacienda, Colección de Ordenes Generales, lib. 8 030, fols. 335 y 338.
14. A.G.I., Indiferente general, leg. 2 422.
15.

Las solicitudes de real licencia a título de pasajero se fundamentaba casi siempre
en este argumento. Así, Antoni Pagés i Bosch de La Bisbal solicitó, y ob~vo en
16-11-1793, licencia para pasar a Guatemala "donde es llamado por su tJo !ºan
Pagés i Tort, para cuidar deél" (AGI, Indiferente general, leg. 2117). Del mismo
modo Gabriel y Joan Marwuach obtendrían licencia, en septiembre de 1804 para
unirs; "a la compañía de su tío Josep Marwuach, establecido en Montevideo con
casa de comercio" (A.H.P .B., Escribanía de Marina, manual de 1804, fo. 478).

16. Vid. Carlos Manínez Shaw, Cataluña en la carrera de Indias, Barcelon~, Critica,
1981, p. 137 y ss.; José Ma. Oliva Melgar, La Real Compañía de Comercio de Barcelona, tesis doctoral inédita, Universidad de Barcelona, 1982.

�338

Siglo XIX

17 · Sobre 1~ ~iscus!ones en torno a la posible exclusión de los catalanes en el comercio
con ~me_nca, vid., J • Ma. Delgado Ribas, "América y el Comercio de Indias en
(la H1stonografia catalana (1892-1978)", Boletín Americanista, Universidad de Bar0
celon~, n. ~8 (19;8), pp. 179-187; C. Martínez Shaw, "Catalunya i el comer\: amb
Amenca:_ Fmal d un~ legend~"• L'Aven9, n. 0 15 (1979), pp. 19-23; "Cataluña y
el comercio con Aménca. El Fm de un debate" Boletín Americanisca n • 30 (1980)
pp. 223-236.
'
' .
'
18. P. Vilar, Cata/unya dins l'Espanya Moderna Barcelona Ed 62 1973 (4a) vol
JI, p. 227 y SS.
•
•
•
•
. •
.
19. Este porcenca~e. equivalente a 1 263 emigrados, constituye la muestra utilizada en
nuestro trabaJo.

1

'

20. Así, F._ J?e_pons en s_u Voyage á la partie orienta/e de la Terre-Ferme, dans /'Amerique menru_ona/e, fait pendant les années 1801 á 1804, comentaba el comportamiento
de los emigrantes españoles establecidos en Venezuela:
''.Les Espagnols, gi-aves par caractere, sédentaries par habitude, se déplacent difficilment: Aucu_n, d'eux, une fois rendu en Amérique, ne conserve la moindre désir
~e revou ses dieux penates; il s'en fait de nouveaux ou le sort le jete; souvent meme
1I se d?nne une femme et des infants avant d'avoir pourvu asa ptopre subsistance.
Les B1~yen~ et les,;at~lans sont les seuls en qui l'amour patriotique ne s'eteigne
pas auss1_ fac1lment (Cit. por Jean Paal Duviols, Voyageurs Frani;ais en Amerique, Pans, Bordas, 1978, p. 253.

J. M. Delgado R.: La emigración española (1765-1820)

339

25. Veinte estaban matriculados en el consulado de Veracruz: Vicent Novella, Jaurne
Tutsó, Josep Gibert, Josep Grau, Bonaventura Martorell i Alsina, Mane! Pla i Coll,
Josep A. Feliu, Jaume Guañabens, Joan Bta. Soler i Plana, Geronim Font, Maurici Sagrista, Mane! Serrat, Maria Pujo!, Josep Nicolas Carbó, Lluis Seré, Francesc
Bagarola, Josep Penades i Magarola, Josep Julia, France5\: Mustich, y uno, Paul
Roset i Bavi, era corredor de comercio (Almanak Mercantil o Guía de comerciantes para el año de 1806, pp. 479-480; cinco fuguraban en el de Guatemala, Joan
Pagés i Font, Antoni Coloro, Antoni Pijoan, Tadeo Piño!, Jaume Mateu (lbidem,
p. 482), y dieciséis en el de Buenos Aires: JaumeAlsina i Verges, Joan Viola, Josep
Roca, Jgnasi Tomba, Francl:S\: Bosch, Antoni Ferrer i llavallol, Joaquim Pintó,
Adjutori Clasca, Miguel Cornet, Jaume Nada!, Joan Reixach, Santiago Flotats,
Montells i C., Joan Vilardebó, Josep Riera y Antoni Carbonen (Almanak Mercantil... para e/ año de /796, pp. 433-434).

26. Vid., Relaciones históricas de las Misiones de Padres Capuchinos de Venezuela,
Siglos XVII y XVIII, Madrid. Librería general de Victoriano Suárez, 1928; Pau
Vila, loan Orpi, L 'home de la Nova Cata/unya, Barcelona, 1967; Marc Aureli Vila, Els Caputxins cata/ansa Vea~uela, Barcelona, 1976.
27.

Puerto Rico, con 258 inmigi-antes documentados -un 20.4% del total- constituye la colonia catalana más numerosa. Por su parte, Cumaná, con 58, alberga una
cuarta parte de los catalanes establecidos en Nueva Granada y Venezuela.

28. Por Real Orden de 28 de febrero (A.G.I., Indiferente general, leg. 1 832).
21. Cf.: Josep _Ma. Delgado Ribas, Catalunya ye/ sistema de libre comercio, 1778-18/8.
Una_ reflexión S-Obre las raíces del reformismo borbónico, tesis doctoral inédita, Universidad de Barcelona, 1981, vol. 11, pp. 187-212, sobre la comenda y el papel en
ella del pequeño comerciante.
22. En mayo _de 1798, el Diario de Barcelona publicaba un "Discurso político sobre
el ~mercio Y lo que por punto general debe saber un joven para seguir esta carrera ' do~de se tr32é!b~ el grado de especialización elevada gue debía exigirse a los
comerciantes profesionales:
"U_n mozo destinado a la carrera de negociante, se coloca en una tienda o un escrit?no para apr~nder el comercio; adquiere en ellos el conocimienlb de las mercadenas de que quiere hacer el objeto de su negocio, se instruye de los parajes de donde
se sacan con mayor ventaja, y de los que pueden despacharse con mayor utilidad
de los seguros, etc ... . aprende los términos del arte, la aritmética, el modo de llevar
la cuenta Y rarzón y tener los libros. No basta esto, es preciso de que más a más
posea_ otros conocimientos de comercio; que sepa el modo de combinar muchos
cam_b1os,_ para conocer qué plaza ~ más ventajosa para el r.ecíproco giro de las letras,_ el cálculo Y las reglas del cambio, el modo de entablar la correspondencia mercantJI Y de mantenerla, las leyes y costumbres usadas entre los negociantes, el de
sacar todo el partido de la situación local del país; las producciones de su terreno·
l~s reglas de la navegación mercantil; y otras mil circunstancias que le son necesa'.
nas para gobernar con cierto su negocio y hacerlo florecer" (Diario de Barcelona
4--V-1798).
'
23. A.~.I., ~éxico, legajo 1 554, informe de Angel Puyade al virrey de Nueva España
Rev1llag¡gedo.
24. Cf.: A.H.P.B., Escribanía de Marina, Pablo Raurés, m. de 1794, fol. J.

29. Vid., al respecto, Josep Ma. Delgado, "Cádiz y Málaga en el comercio colonial
catalán posterior a 1778", en Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, Andalucía Moderna (s. XVIII), tomo 1, Córdoba, 1978, pp. 127-139.
30. En las expediciones indianas efectuadas por catalanes antes de 1778, los patrones
de Sitges y Vilanova gobernaban cerca del 35070 de las embarcaciones. (Cf. P. Vilar, Cata/unya dios l'Espanya Moderna IV, pp. 376-379; José Ma. Oliva, «La aportación catalana a la Carrera de Indias en el siglo XVlll», en Actas del I Congreso
de Ha. de Anda/llcía, Andalucía Moderna, IV. pp. 126-131; Carlos Martínez Shaw,
Catalunya en la Carrera de Jadias, Barcelona, Crítica, 1981, pp. 305-332.
31. A.G.I. Indiferente general, leg. 2 435.
32. Vol. I, pp. 2-87.
33. Cada expediente contaba de varias piezas: solicitud razonada del interesado, copia
del acta bautismal legalizada por el párroco, certificado de la aduana expresando
el valor de los géneros embarcados, licencia conyugal o paterna, caución notarial
garantizando el regreso y licencia regia para efectuar el viaje.
34. La mayor parte de estas informaciones proceden de escrituras de poder otorgadas
desde la Península a catalanes ya establecidos en América.

��NORBERTO AL V AREZ y EDUARDO MIGUEZ, Patrones
de mortalidad en la pro,·incia de Buenos Aires (1860-1895) •
DANIEL
HOGAN, MARIA C. DE ÜLIVEIRA v
]OHN M. SYDENSTRICKER, El proceso de urbanización en
Ria Claro (Brasil) • MARIA S. BEOZZO B., Familia
inmigranre v café en San Pablo • SILVIA PALOMEQUE,
,Hovimienros de población en Cuenca • ]OSE LUIS
ARANDA y MIGUEL ANGEL CUENY A, El mundo del
trabajo en una parroquia de Puebla • LUTZ BRINCKMANN,
Natalidad v mortalidad en T ecali (Puebla) • HECTOR PEREZ
BRIGNOLI, Tablas modelo de mortalidad en Cosca Rica •
]OSEP M. DELGADO RIBAS, La emigración española en
las décadas del comercio libre •

J.

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                    <text>Revista
de Historia

DESAMORTIZACION, IGLESIA,
TIERRA Y SOCIEDAD EN EL XIX
(Bolivia, México, Ecuador,
Colombia y España)
Año V, número 10

julio-diciembre de 1990

Facúllad de
Filosofía y Letras
Universidad Autónoma
de Nuevo León
Monterrey-México

�SIGLO XIX Año V, púmero 10 / jul

�SIGLO XIX
Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
Apartado postal 3024, 64000 - Monterrey, México

Este número fue compilado con la contribución académica del Instituto de
Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro
de la Provincia de Buenos Aires (Tandil, Argentina).

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LoNGORIA

Facuitad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUITI
Editor Adjunto
MIGUEL ÜONZALEZ QUIROGA

Cuidado de la edición: Mario Cerutti, Sylvia Eloísa M.
Arte y diagramación: Sylvia Eloísa Morán
Tipografía: Alfonso García Rivera
Impresión: Impresora Monterrey, S.A.
Aparición semestral
Para envíos al exterior: U.S.A. $7

�AÑO V N UMERO 10

J u uo-DICIEMBRE DE 1990

REV ISTA DE HISTORIA

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El liberalismo y el problema de la tierra
en Bolivia (1825-1920) ............. ERICK D. LANGER
ROBERT H. JACKSON
Propiedad, crédito y desamortización en
las haciendas mexicanas (1700-1870). El entorno
agrario de Tepeaca .... .. ... JuAN CARLOS GARAVAGLIA
JUAN CARLOS ÜROSSO

Desamortización y liberalización de mano de obra
en México. Pachuca-Real del Monte
(1850-1880) .. . .. .. . ... .. ..... .. RlNA ÜRTIZ PERALTA
La Iglesia y la consolidación de la propiedad
en Puebla (1810-1856). Capitales eclesiásticos
y réditos vencidos ..... FRANCISCO J. CERVANTES BELLO
Poder republicano y protesta indígena
en la provincia de Azuay.
El siglo XIX en Ecuador . . . . . . . . . . . MARTBA Moscoso
La expropiación de los bienes de la iglesia en México
y Colombia. Una comparación . . ROBERT J . KNOWLTON
Revolución liberal y grandes propietarios
en Castilla-León (1854-1875) .. RICARDO ROBLEDO Hoz.
La revolución liberal en España y los derechos de
propiedad sobre la tierra. Reflexiones sobre
el noreste catalán . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . RosA CoNGOST

5
9

33

77
105
121

149
169
209

�Nota del Editor

Las reformas liberales retornan como tema central a Siglo XIX.
Revista de Historia. Ya en su número 3 ("Liberalismo: reforma
y contrarreforma en el siglo XIX", enero-junio de 1987), nuestra publicación había brindado espacio a tan sustancial tema de
la historia contemporánea americana y europea.
En este número 1O, empero, los estudios atinentes a los cambios propiciados por las corrientes liberales se concentran, en gran
medida, en el proceso desamortizador y en los variados impactos que alcanzó: sobre la propiedad, sobre clases sociales y grupos raciales, sobre la iglesia católica, sobre los mecanismos de
crédito, en torno al derecho o a los sistemas fiscales.
Como en una ocasión anterior (véase Siglo XIX, número 7,
dedicado a "Población, migraciones y ciclos vitales en el XIX"),
la compilación de los materiales fue realizada con la colaboración de dos distinguidos especialistas del Instituto de Estudios
Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la

�6

Siglo XIX

Nota del Editor

Provincia de Buenos Air . J
los Grosso* .
es. uan Carlos Garavaglia Y Juan CarSe mantiene vigente así un d 1
. .
desde la creación de la r~vist~ enº19:5 ~s obáet1vos. enarbolados
sean resueltos -en cuanto a 1~ 1 . q~e etermmados temas
la ayuda de especialistas recon:c~dcc1 n e los materiales- con
1 os.

6

Erick D. Langer y Rob rt H J
en Siglo XIX En este n ~
. ackson habían contribuido ya
.
umero regresan con un t b .
' '
rre las políticas liberales relativas a I f
ra ªJ~ que recotaron los combates independentist! i;{ª e~~ª-Bohv1a que gesportamiento de una déb"l .
.
; . análisis sobre el com1 1g1es1a catolica -en part· 1 d ,
d
_1cu ar e or.
enes como la franciscana- sob 1
servador' agrupa una alta o:Ción ~e os ~art1dos L1~eral YConbos académicos estadounidenses. el articulo suscnpto por amJ uan Carlos Garavaglia Ju C
abren un conjunto de artícul~s d ª~. ~fos Gr~s~o, por su lado,
una amplia indagación en fuente e ic_a o~ a Mexico. Basados en
s pn~~tas, abordan la vida de
las haciendas su vincula . ,
durabilidad (~ no) de la c1~~ ~o~~ ~red~t? eclesiástico Yla perp e ª amihar · El área estudiada
es la villa de Tepeaca
importantísima Puebl/ L~se~!o~no, en ~s proximidades de la
impacto que la desamo~t. . n _menos e endeudamiento Y el
de las haciendas constitu~~t~~npí~bral !uv_ofiso~re la propiedad
u os s1gm 1cat1vos del ensayo.

¿

Rina Ortiz Peralta mi t
zador lanzado por los libe e~ ras, c&lt;?necta el embate desamortiindígenas, con la pérdida ~: ~ mexicanos con las comunidades
ierras que soportaron, con la ges-

• Juan Carlos Garavaglia obtuvo sud
.
.
tes ~tud~s, en París. Especialista e~f;:d~ en H1stor!a en la E cole des Haupubbcac1ones figura Mercado interno ona eco?óm1ca &lt;?olonial, entre sus
Ju3:11 Carlos Grosso ha trabajado am econom1a colonial, México, 1983.
el siglo XIX en el área de Puebl C p amente la economía novohispana y
novoh1spanas,
'
México, 1987. a. oautor con Ga ravag 11-ª de Las alcabalas

ii

7

tación de un mercado de fuerza de trabajo y con las alteraciones
demográficas que todo ello supuso. Su foco de atención es otra
llamativa porción del centro de México: Pachuca, territorio fa.
moso por su producción minera, por los arroyos de plata que
brotaron de sus entrañas desde tiempos coloniales.
Puebla es, también, objeto de atención de Francisco Cervantes
Bello. En su caso el énfasis se coloca en las complejas relaciones
crediticias que se manifestaron entre organizaciones y fundaciones piadosas católicas y propietarios, en las décadas previas a
las leyes de desamortización. Las capellanias, sus préstamos y
réditos -de notoria importancia en la dinámica económica del
obispado de Puebla- son particularmente atendidos por el autor,
quien insiste en la pérdida progresiva de influencia que soportaron los capitales eclesiásticos.
La cuestión indígena es prolongada por Martha Moscoso,
pero desde la realidad ecuatoriana. En su ensayo aparecen con
vigor los cambios a que, tras la independencia, se vio impelido
el status de las culturas indígenas, generalmente propiciados por
el liberalismo. El pasaje a la categoría de ciudadano, que poco
a poco se fue definiendo, no alteró, empero, la ya secular condición de explotación a que estabar1 sometidas las comunidades.
La autora sigue este proceso a través de los mecanismos impositivos -y de la pertinente acción del Estado- que se aplicaron
en provincias como la de Azuay, y que nunca dejaron de apuntar hacia una sistemática extracción del excedente.
Robert J. Knowlton es un investigador con mucha labor realizada en derredor a las reformas liberales y a los bienes de la
iglesia. Por ello es que pareció útil a Siglo XIX reeditar un esfuerzo comparativo que Knowlton realizó respecto de dos notables casos latinoamericanos: Colombia y México. Su mirada se
detiene en las constituciones sancionadas en 1857 y 1863, que
"simbolizaron la victoria de los liberales y consagraron sus principios". Empero, el autor no deja de recordar que -tanto en
Colombia como en México- la iglesia logró recuperarse relativamente a finales de siglo, una vez que quedaron atrás los momentos más ásperos del combate anticlerical.

�8

Siglo XIX

Como sucedió en el ya citado número 3, España cuenta con
un amplio y merecido espacio en este dossier. La revolución liberal -una definición que simpatiza a muchos estudiosos peninsulares, y que bien podría extenderse a algunas situaciones
latinoamericanas (la que transitó México, por ejemplo)- ha ocupado un vasto espacio en la excelente historiografía
postfranquista.

El Liberalismo Y el Problema
de la Tierra en Bolivia (1825-1920)

Erick D. Langer *
Robert H. Jackson **

En este número se incorporaron los aportes de Ricardo Robledo Hemández y Rosa Congost. Robledo Hernández se vuelca hacia las tierras castellanas y hacia el devenir de sus propietarios en años vitales: los que corren desde las vísperas de la desamortización general de Madoz hasta la Restauración. Uno de sus
instrumentos de indagación consistió en el análisis de las contribuciones fiscales de los propietarios, seguimiento que efectúa por
provincias y pueblos de Castilla-León.
Congost, por su lado, ubica su énfasis en otra problemática
decisiva: la de los derechos sobre la propiedad. Su terreno de investigación es, dentro del noreste catalán, el área que circunda
a Gerona: paraje donde la enfiteusis y la subenfiteusis, los mecanismos de arrendamientos y de reparto del excedente vigentes
durante el Antiguo Régimen se vieron sometidos a abruptas tensiones con las reformas liberales. Recuperando agudos destellos
del Marx de La Gaceta Renana, Congost remarca el aprovechamiento que hicieron -del orden jurídico liberal- los propietarios más aptos para adecuarse a los nuevos tiempos.
Mario Cerutti
Monterrey, México, diciembre de 1990

. .ó d 1 ropiedades inmuebles (tanto urEn Bolivia la desamort1zaci
as ~siones que adquirió en otros paíbanas como rurales)_no tuvodas im~·zac·ón de las propiedades de la
ses de Améri:a Latma. La es~ola •hist~ria de la república, y se evi-

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Se puede dividir el estudio en dos períodos·. En eallpesritam~f~~e::~
añ · ediatamente postenores
extiende ~ur~te los o~ •~ 1 h con la iglesia Yla desamortizaci~n
de la repubhca, predomm ª. ~e ª
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el :;;~~asºJ~das del XX, la
timos cuarenta añ~s del siglo ~IX Y -~ des indígenas adquirió maexpansión de la hacienda sobre_ as ~om~arnente estas reformas anti•miento del liberalismo, pero
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corporativas del segun?º penodo a su~~n a dos épocas distintas en el
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Y los efectos fueron muy diferentes.

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Cameg¡·e Mellon University (Pittsburgb, U.S.A.)
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• Department o f H1s ory,
•• Department of History, Urnvemty of M1amJ (U. . .

�10

Siglo XIX

Las reform~ liberales de la p_rimera fase se distinguieron por el
hec~o de haber sido adoptadas baJo la dominación de un ejército extran1ero que tenía en sus manos las riendas del poder. Este hecho explica la efectividad de algunas reformas y el fracaso rotundo de otras
a largo plazo.
!)e todos modos: el_ venez~I~no José Antonio de Sucre -primer
pres1dent~
la Re~ubhca_ Bohv1ana- no tenía que preocuparse por
una o~osic1on ;fect1va de intereses anti-liberales en un país postrado
~or mas de qumce años de guerra civil y la muerte de casi todos los
lideres revolucionarios bolivianos antes de la victoria final de las fuerzas patriotas.

?;

La iglesia católica también se encontraba postrada después de esta
larga lucha, y apenas podía mantenerse. La gran mayoría de los cléri~os altoperuanos, por ser españoles (especialmente importantes en las
ordenes regular;~) habían sido partidarios de los realistas y fueron en~rcelad_os o exilia~?s ?ura~te el conflicto 1• La ocupación de un ejército foraneo -el E1erc1to Liberador- sin muchos vínculos con las élites lo~a_Ies, y la_ d;?ilidad de la iglesia como consecuencia de las guerras civiles, posibilitaron la ejecución de reformas importantes durante los pocos años que duró la administración Sucre.
. No suce_di~ lo mismo con las comunidades indígenas. Aunque el
libertador Simon Bolívar d_e~de Cuzco había proclamado, ya en 1824
Y 18~~• ?ue~as leyes que ~eon~ente abolían el estatus legal de lapoblacion mdígena como tnbutar:ios y repartían las tierras de comunidad
ª.los co~uneros, esa legislación nunca se hizo efectiva. La importancia del tnbuto indígena en las finanzas estatales y la incapacidad en
la que se enco~traba el Estado p~a poder reprimir una potencial guerra d_e castas, lffi~ulsaron al gobierno a prorrogar cualquier reforma
del sistema co1orual.
Durante 1~ a~ministración de Andrés de Santa Cruz (1829-39), el
Estado form~zo el statu quo del sistema colonial, y no iban a surgir
grandes cambios hasta la administración Melgarejo (1864-1870).
A lo largo de este período, el discurso sobre las comunidades indígen~ Y su rol en la sociedad se transformó de un liberalismo bolivaria~o ~nge~uo, que anticipaba pocos problemas en la abolición de esta
mstitu~io~, hacia un recio debate sobre el destino de la población rural
mayontana dentro de la sociedad y la economía nacional.

Langer-Jackson: Liberalismo y cierra en Bolivia (1825-1920)

11

EL LIBERALISMO Y LA IGLESIA
La desamortización de las propiedades y capitales de la iglesia fue uno
de los elementos centrales de la política reformista liberal en varios países latinoamericanos. Los bienes de la iglesia, particularmente las propiedades rurales, constituían uno de los recursos que, según los id_eólogos liberales, eran un peso muerto sobre la economía. Según las interpretaciones más comunes, las propiedades de la iglesia no pod~ían ser
vendidas porque tenían el estatus legal de mayorazgos. Los liberales
usaron el término "manos muertas" para describir la tenencia y explotación de las propiedades religiosas. Además, los liberales argumentaron que la venta de las tierras de la iglesia y la liquidación de sus capitales contribuiría al desarrollo de la agricultura moderna y la economía nacional 2•
El primer intento de liquidar la riqueza de la iglesia ocurrió en 1804,
cuando el gobierno español, en situación de bancarrota a causa de su
participación en las costosas guerras de la revolución francesa, decretó
el pago en efectivo del valor nominal de los censos y capellanías, para
crear un fondo especial que respaldara el valor de los vales reales (un
instrumento de crédito real). Según el decreto, la iglesia hubiera debido recibir un monto de interés del 30Jo por año sobre el capital depositado en el gobierno.
La consolidación de vales reales fue consecuencia de la presión de
los gastos extraordinarios de guerra sobre la estructura fiscal del Estado español, pero los ministros ilustrados, como Jovellan~s, habían discutido durante la segunda mitad del siglo XVIII la necesidad de reformar y modernizar la estructura agraria y económica de España, y especialmente eliminar el mayorazgo y los bienes de "manos muertas".
El decreto de 1804 tuvo un impacto importante sobre los terratenientes de América Latina. Sin embargo, son pocos los estudios sobre
este tema tan importante, y la mayoría de ellos enfocan exclusivamente el caso de México 3.
El decreto de 1804 estableció una base legal para las reformas posteriores, y el discurso sobre la reforma agraria en España en el s!glo
anterior dio un respaldo ideológico a los programas liberales del siglo
XIX. Los liberales del XIX intentaron llevar la consolidación de vales
reales y la liquidación del capital de la iglesia a su conclusión lógica,
liquidando el capital en censos y capellanías y forzando la venta de las
propiedades urbanas y rurales. El cronograma de la implementación

�12

Siglo XIX

de los programas de desamortización varía de país a país; empero, hasta
la fecha, las reformas liberales en México han recibido más atención 4.
Los estudios sobre la política liberal en otros países de América Latina
describen un proceso muy parecido al de México 5•
Hay pocos trabajos sobre la riqueza de la iglesia en Bolivia, y específicamente sobre la implementación de la política de desamortización. Además, existe poca información en relación a la importancia
de la iglesia como dueña de tierras 6 • Como mostramos abajo, el desarrollo de la política anticorporativa fue muy diferente al de México.
El gobierno de Bolivia intentó liquidar la riqueza de la iglesia en una
fecha más temprana, durante la administración Sucre, y sólo tuvo resultados parciales. La mayoría de las órdenes femeninas no perdieron
sus tierras hasta este siglo y en algunos casos hasta la reforma agraria
de 1953, y no todas las órdenes masculinas fueron cerradas; además,
el programa de Sucre no afectó las tierras parroquiales.
El debate sobre la riqueza de la iglesia no llegó a causar inestabilidad política en los primeros años de la formación del Estado boliviano
()825-1880); recién a fines del XIX se expresó como discurso en relación al problema de las tierras de las misiones en la parte oriental de
la república: esta fue la manifestación más importante del anticlericalismo en Bolivia en el siglo XIX. Sin embargo, la inflación generalizada en la economía boliviana a fines del siglo pasado y principios del
presente forzó a algunas órdenes femeninas a vender sus tierras, e invertir su capital en instrumentos bancarios que dieran un mejor rendimiento frente a la inflación.
LAS TIERRAS DE LAS ORDENES REGULARES EN BOLIVIA
En la época colonial tardía la iglesia, y particularmente las órdenes regulares, tenía una influencia en la economía rural más profunda de lo
que indicaría el número de sus propiedades rurales. Sin embargo, la
falta de estudios sobre el papel de la iglesia en la economía altoperuana ha llevado a algunas conclusiones erróneas. Poco y nada se sabe
acerca de los motivos que tuvieron los administradores de los conventos y monasterios para adquirir o invertir sus capitales en bienes inmuebles y otros instrumentos que producían ganancias estables; también se desconoce el hecho que los miembros de las órdenes regulares
generalmente eran descendientes de !as familias más ricas de la sociedad altoperuana, y que la existencia de las órdenes regulares no amenazaba a los intereses de las élites.

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

13

Los liberales mexicanos, que atacaron ferozmente la _iglesia, generalmente no eran miembros de las familias m~ r!cas, .smo de_ la flamante burguesía no ligada a la jerarquía ecles1~~1c.a n.1 a las orden.es
regulares. Por el contrario, la evidencia para Bohv1a md1ca que no e:°stió un grupo de las élites locales que h~y~ prop.ue~to la desamo~!zación de la riqueza de la iglesia como obJetlvo pnnc1pal de su poht1ca.
Herbert Klein notó, respecto a la relación entre las élites altoperuanas
de la colonia tardía y la iglesia, que
A pesar de ser una importante fuente de crédito y activo a través de
unos cuantos conventos poderosos, la iglesia representó un peq~eño
sector de la clase terrateniente, poniendo de manifiesto ~a capa~1dad
de la sociedad secular por mantener un liderazgo fl~re~1ent~ e mdependiente en la agricultura a pesar de su dependencia fmanc1era con
la iglesia.

Diferentes instituciones religiosas tenían propiedades rurales Y dieron
préstamos, pero los censos impuestos sobre propiedades rural.es Y urbanas también constituyeron una importante fuente de ganancias para
las órdenes regulares. Algunos censos eran préstamos, pero 1? m~yoría
funcionaban como hipotecas sobre propiedades que produc1an mtereses y que eran pagadas a los conventos y monasterios.
El peso de los censos sobre l~ econo~ía alt~per~ana ~n la colonia
tardía es una cuestión que requiere más mvest1gac1on. Sm embargo,
datos de Cochabarnba nos indican la importancia de los censos en la
econornia local. En 1825, siete conventos y monasterios en. C~habarnba
tenían un capital nominal de 637 000 pesos, que produc1a mtereses de
22 000 pesos anualmente: del 5 al 100'/o del valor del trigo, maíz, Yotros
granos y las harinas exportados de la región a fines del siglo XVIII.
Por ejemplo, el convento de Santa Cla:-a recibió 41 OJo de sus ingresos
de los intereses pagados sobre censos .
La cuestión de la riqueza de las órdenes regulares concentró la atención del gobierno de José Antonio de Sucre O.8~5-1828). ~espaldado
por tropas venezolanas y colombianas en Bohv1a, Sucre unplementó
elementos del programa de reformas de Simón Bolívar, reformas que
quizás no gozaban del apoyo de las élites locales. Una. ley del 29 de
marzo de 1826 mandó cerrar los conventos y monasten~s c~n ~ocos
residentes, y dispuso la confiscación de los bienes de las mst1tuc1ones
así suprimidas 9 •
La documentación referente a Cochabamba indica que la l~y de
desamortización afectó fundamentalmente a las órdenes masculinas.

�/4

Siglo XIX
Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

El gobierno cerró tres monasterios de las órdenes masculinas y un hospital, y vendió las propiedades de dichas instituciones. Las nueve haciendas que antes pertenecieron a los monasterios de los agustinos de
la ciudad de Cochabamba fueron incluidas en la venta de las expropiedades religiosas, entre ellas la hacienda Collpa, que controlaba
más de I l00 hectáreas de tierras fértiles en el Valle Alto de Cochabamba '0.
La información sobre el departamento de La Paz demuestra que
aquí también las órdenes regulares perdieron sus tierras rurales. En 1780,
trece conventos y monasterios urbanos en La Paz y Oruro tenían 57
propiedades rurales en el departamento de La Paz. Un siglo más tarde, en 1880, seis instituciones eran dueñas de solamente 35
haciendas". Sin embargo, no es seguro que la disminución en el número de haciendas pertenecientes a las órdenes regulares se deba al programa aplicado por Sucre en la década de 1820.
Durante el transcurso del siglo XIX el gobierno nacional no tomó
otras medidas para atacar las órdenes regulares, ni tocó las tierras parroquiales, ni las pequeñas y medianas propiedades que proveían un
nivel de subsistencia básica para los sacerdotes seculares. Las órdenes
regulares femeninas no sólo no amenazaban los intereses de las élites,
sino que además tenían un papel social muy importante. Las familias
podían depositar sus hijas no casadas en conventos sin que corriese ningún peligro su estatus y prestigio social.
En algunos casos las órdenes regulares femeninas aumentaron el
número de sus propiedades rurales, en el siglo XIX, por donación o
compras. En la ciudad de Cochabamba, en 1867, dos monjas salieron
del convento de Santa Clara para establecer un nuevo convento. Miembros de la élite local donaron tierras para la nueva institución, y a finales del siglo el convento tenía por lo menos ocho propiedades rurales 12 •
Las órdenes regulares en Cochabam ba tenían como mínimo veinte propiedades a principios del presente siglo 13•
En las primeras décadas del presente siglo las órdenes regulares enfrentaron una crisis económica que amenazó su existencia. Información sobre las órdenes regulares de Cochabamba indica que las rentas
pagadas por el alquiler de sus propiedades rurales no alcanzaban el nivel de la inflación generalizada de la economía boliviana. Los administradores de varios conventos vendieron esas propiedades, e invirtieron su capital en instrumentos bancarios -letras hipotecarias- que
pagaban intereses más altos que la inflación. Por ejemplo, la renta de

15

la hacienda Cliza (convento de Santa Clara) se incrementó en un 130Jo
entre 1877 y 1901. En los mismos años, los precios de maíz y trigo (índices muy importantes del movimiento de precios regionales) crecieron 70 y 4111/o respectivamente. Además, la inflación fue aún mayor
después de 1900, incrementando la presión sobre las finanzas de las
órdenes regulares14. En 1911 y 1912 los adrninisttadores de los conventos de Santa Teresa y de las Capuchinas ofrecieron varias haciendas
. ..is .
en venta, a causa de "neces1.da d econórruca
La venta más extensa de tierras ocurrió entre 1901 y 1919. En estos años los administradores del convento de Santa Clara vendieron
partes de la hacienda Cliza con un valor de 2 000 000 de bolívares para
pagar el costo de la construcción de un nuevo complejo de edificios
para las monjas, incluyendo una iglesia. El excedente de fondos de las
ventas fue invertido en letras hipotecarias 16•
Es probable que futuras investigaciones confirmen que la pérdida
de las ganancias de los censos, junto con la inflación de fines de siglo
XIX y principios del XX, causaron una erosión de la base financiera
de las órdenes regulares, y que la política liberal, a pesar de su contenido anticlerical, no tuvo mucha importancia después de la administración de Sucre. La política del Partido Liberal (1900-1921) afectó las
propiedades rurales y urbanas que financiaron el programa de las misiones orientales, pero no tocó los conventos y monasterios en los principales centros urbanos del país.

EL CASO DE LAS MISIONES FRANCISCANAS
Se puede advertir más claramente el papel que jugó la ideología en relación con el tema de la iglesia en la actitud que asumió el Estado en
el caso de las misiones, aunque tampoco en esta situación los resultados fueron completamente obvios.
Para entender los cambios sufridos en la política estatal hacia las
misiones tenemos que volver brevemente a la historia política e ideológica. Cuando el sistema político boliviano se estabilizó a fines del siglo
XIX, se crearon, como en muchos otros países latinoamericanos, dos
partidos: el Conservador y el Liberal. Aunque llevaron los nombres
tradicionales de las dos grandes corrientes políticas, no tenían las mismas ideologías como los demás partidos del mismo nombre en otros
países. Esto se debía a que no nacieron de una lucha constante y feroz
entre fracciones de las élites durante el siglo XIX.

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SigloXIX

Como ha propuesto Tristan Platt, ambos partidos en sus rasgos
fundamentales eran de corte liberal en sus políticas: el deseo de fomentar
el comercio libre, el reconocimiento de la superioridad de los modelos
políticos surgidos desde la Revolución Francesa, y la necesidad de abolir
las comunidades indígenas, vistas como residuos coloniales poco
deseables17• Herbert S. Klein ha afirmado que la única diferencia sustancial entre los dos partidos fue la cuestión planteada en 1880 sobre
la paz con Chile: los conservadores fueron partidarios de restablecer
lazos comerciales y políticos con su enemigo de la Guerra del Pacífico
(1879-84) 18 •
La interpretación de Klein es esencialmente correcta, pero también
advierte que los conservadores asumieron el rol de grandes defensores
de la iglesia, mientras que el Partido Liberal atrajo a hombres de tendencia anticlerical. Al menos, en los periódicos de la época la cuestión
de la iglesia fue un punto de debate vigoroso, aunque efectivamente
la hegemonía política de los conservadores hasta fines del siglo hizo
irrelevante la corriente anticlerical de los liberales en la política nacional.
Un ejemplo de tales ideas sobre la iglesia católica fueron los escritos de Mariano Baptista, presidente de Bolivia (1892-96) e ideólogo principal del Partido Conservador: defendió a la iglesia católica ya desde
los ailos sesenta, cuando escribió artículos de prensa desde Europa, profundamente desconcertado por la persecución de la iglesia por los liberales en ese continente. Después fue el defensor más consistente de la
iglesia católica como institución. Vio a la iglesia como un baluarte de
la verdadera civilización europea y cualquier intento de suprimir sus
privilegios como un atentado que inevitablemente iba a llevar el país
a la anarquía 19•
Los sentimientos pro-católicos de los gobernantes tuvieron también consecuencias prácticas, especialmente para el restablecimiento del
clero regular. Los jesuitas, cuando fueron readmitidos en Bolivia en
1882, no volvieron a adquirir grandes propiedades en el campo como
antes, pero se constituyeron otra vez como los educadores de la élite
boliviana con el establecimiento de colegios en las principales ciudades
del país. Otras órdenes que entraron y, según el caso, volvieron a reocupar los edificios urbanos que habían abandonado en los primeros
ailos de la república, fueron los regulares de Santa Ana (1879), Hijas
de la Caridad (1883), Sacre Coeur (1883), Buen Pastor (1891) y los salesianos ( 1896)20•
Empero, los que más arraigo tuvieron en el XIX en Bolivia fueron

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

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los franciscanos. Fueron unas de las pocas órdenes que no habían desaparecido con la independencia del país. Aún durante la época colonial había sido la orden misional más importante en Bolivia tras el éxodo
de los jesuitas en 1767. Ya en 1833, el padre Andrés Herrero había conseguido permiso del presidente Andrés de Santa Cruz para conseguir
más frailes y fortalecer los conventos todavía existentes en Tarata, Tarija y La Paz. Viajó dos veces a Europa y trajo consigo un total de
64 frailes italianos y espailoles para Bolivia21 • Consecuentemente, los
conventos empezaron a abrir misiones entre los indios infieles de las
regiones fronterizas y, así, acapararon a veces grandes extensiones de
tierras.
El mejor ejemplo fue el de las misiones franciscanas tarijeñas entre los chiriguanos, sobre los cuales disponemos de una gran cantidad
de información. Después de la independencia de Bolivia, la única misión con la que se quedó el Colegio Franciscano, después de su gran
auge misional a fines del siglo XVIII, fue la de Salinas; recién en 1845
pudieron restablecer otra misión en ltau. Se puede puntualizar el auge
del sistema misional tarijeño entre esa fecha y 1872, cuando los franciscanos de Tarija fundaron un total de ocho misiones. Después, el Colegio de Potosí fundó seis misiones más entre 1876 y 1907. Sólo en el
Departamento de Chuquisaca, donde existían cinco misiones a fines
del siglo XIX, éstas ocupaban casi 100 000 hectáreas de la tierra más
fértil de la región22•
¿Por qué no les preocupó a los gobernantes durante el siglo XIX
la gran extensión de tierra que ocupaban las misiones? Primero hay
que reconocer que en buena medida el episodio de anticlericalismo del
gobierno de Sucre había resuelto ya la cuestión de la iglesia, y había p~esto a esta institución bajo el control del Estado. En segundo
lugar, las misiones estaban localizadas, casi por definición, en lugares
netamente marginales para la sociedad boliviana. Aún si hubiera preocupado el poder de la iglesia en los centros más poblados de las alturas, las misiones en la frontera no representaban ningún peligto ni siquiera para un Estado tan débil como lo fue el de Bolivia durante gran
parte del XIX.
La razón más importante que permitió la expansión de las tierras
misionales -a veces a costa de los colonizadores seculares- fue que
la misión era vista no tanto como una obra religiosa, sino como una
institución que podía resguardar la frontera; allí el Estado tenía muy
escasos recursos para controlar, y mucho menos reprimir, los diversos
grupos étnicos (entre los más importantes cabe mencionar a los chiri-

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Siglo XIX

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

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guanos). Esta situación y la política pro-católica que el gobierno mostró desde 1880, fueron los motivos más importantes para dar a los frailes
tantos recursos como necesitaban. Luis Paz, el prefecto de Tarija expresó muy bien las actitudes de la clase gobernante de esta época; por
eso vale la pena citarlo extensamente:

blos y los fortines de la frontera por haber "asegurado la tranquilidad
de las poblaciones25" . Con estas palabras desprestigió la labor histórica que habían hecho los franciscanos, e ignoró el papel importante
que habían jugado las autoridades locales al impulsar el enganche de
peones.

Es indudable que las misiones franciscanas son el único sistema se~o Y provechoso de colonización implantado en Bolivia. En cada mis1ó~ se levanta una estensa población con templo y escuelas, con espaciosas plazas, con praderas y huertas productivas y de recreo· se
da ocupación provechosa y permanente a los indios misioneros 'ensefiándoles las artes a la vez que las primeras letras arrancándolos
de la barbarie para convertirlos en fuerzas útiles pa.r'a la civilización
y la industria.
La barbarie diseminada en el desierto, sin centro de unión sin ocupación alguna, amenaza constante y aterradora de los pueblos vecinos, convertida en fuerza activa de trabajo, en elementos de progreso; tal es la grande obra que realizan los abnegados misioneros.
El ~obierno debe prestarles todo el apoyo que necesitan para la reali~c1ón de su~ fines, que reportarán los más grandes y positivos servic~os a la patna. Es necesario restablecer el pasado glorioso de las mis10nes, que transforman razas enteras, habilitándolas para el progreso Yque resguardan nuestras fronteras, llevando el signo de posesión
a nuestros desiertos23 •

Seguramente influyó en el cambio de opinión acerca de la eficacia
de las misiones el hecho de que la frontera había pasado más allá de
las misiones, y los vecinos ya no temian ataques de los chiriguanos u
otros grupos del Gran Chaco. La misiones en cierto modo, por lo menos desde la perspectiva de los colonos, ahora eran superfluas y había
que secularizadas. También tuvo mucho que ver en el cambio de actitud de los colonos y los funcionarios locales la codicia por la mano
de obra indígena que estaba bajo control de los misioneros, especialmente dentro del contexto de escasez de trabajadores en la frontera.

C:on tales palabras el gobierno también admitió que no tenía otros me~os para hacer efectivo su dominio sobre las tierras de la frontera. Ni
bien pudo hacerlo de otra manera, cambió bruscamente la política
colonizadora.
En los últimos afios de la época de predominio conservador (pero
después de la presidencia de Baptista), el gobierno de Fernández Alonso creyó haber encontrado un método más eficaz de colonizar la frontera: ,dar grande~ extensiones de tierras a empresas militares privadas.
Se~man reconociendo la labor de los misioneros, pero ahora la caractenzaban como "de resultados seguros (pero que) tiene que ser lenta"'. Yconsideraba_n que en aquel momento "no basta para garantizar
la vida y la propiedad de los colonizadores de los ataques de los
salvajes24".
Hubo otros problemas concretos que exacerbaron las relaciones
tensas entre fraile~ y gobierno. En 1897, el nuevo prefecto de Chuquisa~ estaba muy disgustado con los misioneros, a quienes acusó de perrrut1r el enganc~e de i~dígenas residentes en las misiones como peones
para la Argentma, rruentras que exaltaba a los habitantes de los pue-

Una vez que subió al poder el Partido Liberal, después de la Guerra Federal (1898-1899), la política del gobierno claramente anticlerical frustó cualquier intento de mejorar las relaciones con los franciscanos. Lo importante para el tema de la tenencia de la tierra por la iglesia, es que empeoraron de tal manera las relaciones en los últimos afios
del XIX que efectivamente se paró la expansión de los misiones en la
frontera.
Aunque hubieron intentos de fundar nuevas misiones en la región
aún durante la administración liberal, la oposición de los vecinos valió
más que los pedidos de los misioneros y se suprimieron en poco tiempo. Tal fue el caso con las misiones en el Parapetí, fundadas por uno
de los misioneros más ilustres de toda la historia misionera, Fray Bernardino de Nino. Establecidas en 1903 y 1905, fueron suprimidas en
191226• Otras misiones, más antiguas, también fueron secularizadas.
El caso más importante fue el de las misiones de San Antonio de
Padua y San Francisco Solano, a las orillas del Pilcomayo, que dieron
origen al pueblo de Villamontes en 1906. Aunque los indígenas de las
misiones deberían haber recibido tierras dentro de las reducciones, el
gobierno otorgó casi toda la extensión a Staudt y Cía., una compafiía
alemana que prometió desarrollar la economia de esta región. La compafiía casi inmediatamente empezó a acaparar otras tierras en los alrededores del centro poblacional y, antes de la Primera Guerra Mundial,
probablemente llegó a ser el terrateniente más poderoso de todo el Chaco boliviano.

�20

Siglo XIX

Los franciscanos se quejaron de esta política, pero no lograron cambiar la situación. Otra vez había triunfado el modelo de desarrollo centrado en entidades privadas, esta vez directamente a costo de las
misiones27•
EL PROBLEMA DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS
· Es bien conocido el debate protagonizado por las élites bolivianas sobre las comunidades indígenas, que en muchos aspectos se asemeja a
los que hubo en otras partes de América Latina28 • Lo único que queremos destacar aquí es que las exigencias fiscales estatales y el espectro
de una guerra de castas frente a un estado militarmente débil imposibilitaro~ cualquier reforma hasta la segunda mitad del siglo. Esto no quiere decrr que no haya existido un desarrollo ideológico, mayormente independiente de la situación contemporánea del agro o de la capacidad
del estado para hacer efectiva cualquier medida adoptada.
Recién en los años sesenta del siglo XIX se reanudó el debate sobre el rol de la comunidad indígena. Fue precisamente el momento cuando las élites bolivianas recibieron la influencia de la nueva corriente
liberal que iba a dominar el pensamiento de los gobernantes en toda
América Latina.
Como parte de los proyectos de desarrollo económico -un tema
que iba a preocupar a las élites bolivianas durante el resto del siglose empezaron a debatir las formas a través de las cuales se podría transformar el agro para utilizar plenamente la tierra y para aumentar la
producción y la comercialización agrícola. La ideología liberal postúló
que era necesario crear un mercado libre de tierras para llegar a esta
meta. Todos los publicistas estaban de acuerdo con este postulado; lo
que estuvo en debate fue cómo hacerlo.
Una importante corriente argumentó que los indígenas eran incapaces de transformarse en agricultores capitalistas, y consecuentemente que las comunidades tenían que ser reorganizadas abriendo lugar
~ las haciendas en manos de las élites. Uno de los representantes más
unportantes de esta posición fue José Vicente Dorado, quien arguyó
que los indígenas iban a prosperar sólo bajo la mano fuerte de los hacendados criollos. Los hacendados no sólo eran los únicos que ya poseían un espíritu capitalista, sino que también podían proteger a los
ex-comuneros de los abusos de autoridades y clérigos29•
La otra corriente, contrapuesta a la posición de Dorado, también

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

21

quería abolir la comuni~ad ~dí~ena, pero pensaba _que l~ única medida necesaria para cambiar al mdígena de un campesmo onentado s?lamente hacia la supervivencia a un agricultor capitalista, era abolir el
tributo y dar a cada comunero el derecho de propiedad en sus parcelas. Los miembros de esta linea propusieron que se debían dividir las
comunidades entre los originarios, porque sólo así tendrían el incentivo para invertir sus capitales y esfuerzos en la tierra. Fav&lt;?recer la hacienda, la gran propiedad, sería un error porque era un sistema poco
productivo y tampoco iba a agilizar el mercado de tierras30•
Hubo una dinámica regional muy importante en este debate. Los
que seguían la posición de José Vicente Dorado ,eran ~ayorment~ de
La Paz y el norte, donde las comunidades aymaras dommaban casi todo el altiplano. Los paceños se vieron restringidos en el desarrollo económico de su región por la predominancia de las comunidades alrededor de la ciudad de La Paz. Tomaron como región modelo el área de
Yungas, donde las haciendas obtuvieron buenas ganancias comercializando coca y otros productos subtropicales.
A la vez, los cochabambinos, potosinos y sucrenses estaban en favor de dar las tierras directamente a los indígenas, aunque por razones
diferentes.
En Cochabamba, los publicistas vieron como modelo la participación exitosa del campesinado, casi sin rasgos de comunidad indígena,
en el mercado. Los potosinos y sucrenses (muchos de los últimos dueños de minas de plata en Potosí) seguramente tuvieron en mente la gran
actividad comercial de las comunidades, especialmente las que habían
incorporado la producción triguera, que abastecía a los centros mineros y urbanos de la región. También mostraba un sentido muy agudo
del poder que tenían estas mismas comunidades, por las revueltas esporádicas que había sufrido la región durante el siglo_XIX.
Sin embargo, estos argumentos y sus fundamentos fueron ignorados por los funcionarios del régimen de Mariano Melgarejo (1864-70),
quienes buscaban desesperadamente fondos para subvencionar el ejército que el caudillo utilizó para suprimir la resistencia contra su gobierno. Así fue que, en cierta medida, se pusieron en efecto las propuestas de Dorado cuando Melgarejo hizo posible por primera vez la
venta de tierras de comunidad. Aunque hubo funcionarios que se basaban en un fundamento ideológico para sus acciones,._ es difícil creer
que el resultado -la adquisición de recursos para el Estado- no fue
más importante que los argumentos esgrimidos para •adoptar tales
medidas.

�22

Siglo XIX

Langer-JacksoQ: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

23

Dejando por ahora de lado los motivos políticos, es importante
r~~ordar este momento histórico más por los precedentes que establecio Y por crear un poderoso grupo de presión dentro de Ja élite que
e~taba en favor de transformar las tierras de las comunidades en haciendas, que por el poco éxito permanente que tuvo.

y Potosí, la creación de haciendas nuevas partiendo de comunidades
fue la excepción. En Cochabamba fue así porque las tierras de las comunidades ya eran pocas y las comunidades mismas habían sufrido un
fraccionamiento interno, tanto en la tenencia de la tierra como en la
organización social .

. De hecho, las ventas de "tierras de origen" como resultado de Ja
legislación mel~areji~ta de 1866 y 1868 no fueron permanentes, porque los re~olucionarios que derrocaron a Melgarejo en 1871 tuvieron
qu~ recumr a I_a ~ovilización masiva de las comunidades indígenas del
altip_lano. Los 1~dios retomaron a la fuerza las haciendas formadas con
las, tierras vendidas de las comunidades (por Jo menos en el norte del
pais) Ylos nuevos gobernantes no tenían ni el ánimo ni el poder militar
para sacarlos de las propiedades reconquistadas31 •

A la vez, en Chuquisaca y Potosí la fuerte resistencia campesina
hizo difícil la adquisición de tierras por ajenos, por lo menos en grandes cantidades. La gran mayoría de los casos de compras de tierras indígenas fueron acciones parciales y para satisfacer deudas relativamente
pequeñas. Donde sí se crearon haciendas enteras de las comunidades,
como el caso excepcional de El Carmen, los duefios tuvieron problemas endémicos con las comunidades vecinas que trataron de reivindicar sus antiguas posesiones33 •

Recién la "ley de exvinaulación de tierras indígenas" de 1874 implementada ~espués de 1880, efectivamente llevó a la abolición Íegal
de las comumd~?:s y ,l~ pa~atina incorporación de las tierras indígenas al mercado libre de tierras. El proceso de exvinculación fue diferente qu: el aplicado por la administración Melgarejo, porque ganaron los legisladores que estaban en favor de otorgar las tierras directamente a los indígenas para que ellos presumiblemente se transformaran en pequefios propietarios capitalistas según el modelo liberal.

Tampoco había un incentivo económico fuerte para comprar tierras. A mediados del siglo XIX era mucho más lucrativo para las élites
invertir su dinero en acciones mineras de plata, y cuando esta fuente
de riqueza decayó en los últimos años de ese siglo, la región entró en
una situación de decadencia económica que afectó el nivel de la renta
de la tierra34 •

El proceso de exvinculación fue extenso y no incrementó súbita~ente, como en el caso de las propiedades eclesiásticas, la tierra disporuble p~ra la c?~pra. ~a ley_ reglame~tó un proceso burocrático muy
compleJo para liberar las tierras. Pnmero, las comisiones tenian que
mensurar l~s chacras de cada indígena para otorgar títulos individuales de propiedad. Este proceso de ''revisitas" tomó muchos años, dad~ los escasos recursos del Estado y, en muchos Jugares, nunca se ter~mó. Además, la resistencia indígena a la mensura de sus tierras no
solo fue co1!1ún si~o qu: t~bién en muchos casos logró postergar -a
veces por tiempo mdef1rudo- el proceso de exvinculación32•

La situación fue muy distinta en el norte del país. El auge del estafio en los últimos años del siglo XIX y la ola de especulación subsiguiente, llevó a muchos miembros de la élite pacefia a comprar tierras
indígenas para utilizarlas como medios de obtención de créditos. También la construcción de varias lineas férreas en el altiplano llevó a una
expansión económica en el campo y dio mayor valor a la tierra.

, _Otro resultado de esta legislación fue que -al menos
teoncamente- los que querían comprar tierras de indígenas tenían que
hacerlo caso por caso y no podían, como durante la administración
Melgai:ejo, adquirir comunidades enteras. En la práctica no siempre
~ue as1, Y el proceso de adquisición mostró diferencias regionales
importantes.

Hubo entonces un fuerte incentivo para comprar tierras de comunidades enteras a un precio muy bajo, que llevó a muchos negocios
sucios y al uso del fraude y de la fuerza. El ejemplo más sobresaliente
de esta forma de adquisición fue la compra de gran parte de la península de Taraco al lado del lago Titicaca por el presidente Ismael Montes, a principios del siglo XX. Cuando los indígenas trataron de resistir, Montes mandó tropas a Taraco y tuvo que hacer efectivo su dominio a costa de sangre y fuego35 • Aunque Erwin Grieshaber recientemente ha cuestionado la imagen de la expansión de la hacienda paceña
según la cuál sólo se habrían vendido comunidades enteras, pareciera
que esa fue la situación prevaleciente en el norte del altiplano y no tanto en el centro o sur36 •

En todo el sur y el centro del país, en Cochabamba, Chuquisaca

Aparentemente, también la ideología racista del darwinismo so-

�24

Siglo XIX

cial, qu: concibió a los indígenas como seres inferiores destinados a
ser dommados por la gente de extracción europea, tuvo más adherentes en L~ Paz des~e fines del siglo XIX que en otras partes del país.
F~e ~na ideología ideal para justificar la usurpación de tierras comumtanas dentro del contexto boliviano37 •
Enton~~s, especi~l!°ente a principio del siglo XX, se puede notar
la corrupc1on del espmtu de la ideología liberal. A veces ni se preocuparon po~ mantener la fachada de que las reformas iban a beneficiar
a todos e iban a crear nuevas oportunidades para la mayoría campesina.
Tal fue el caso de las ll~madas ti~r:as sobrantes en el departamento de Cochabamba. El g~b1~rno def1mó como tierras sobrantes aquellas ocupada~ por comumtanos que excedían lo que el Estado consider~ba ne~esano para su subsistencia; también entraban en esta categona las t_1erras usurpadas P?r no-indígenas. En la mayoría de los casos,
los gobiernos local~. vend~:ron o alquilar?n dichas tierras, pero en Cochab~ba la adm1mstrac1on, o meJor dicho, la mala administración
d~ las tierras sobrantes, causó un escándalo político que duró unos cinco
anos (1909-1914) durante el período del Partido Liberal38•
Hemos centrado nuestro análisis de la administración de las tierras sobrantes (tierras del Estado) en el departamento de Cochabamba
(ver cuadro l). _Ini~ialmente, el gobierno vendió o alquiló las tierras
s?brantes a no-md1genas, y en algunos casos muy aíslados distribuyó
tl~~ras sobrant_es a ex-com?nitarios. En Cochabamba, el concejo mumc1~al. de la c1u~ad del mismo nombre recibió la responsabilidad de
adm1mstrar la~ tle~ras del Estado. Vendió algunas parcelas de tierra
en el Valle BaJo. Sm embargo, no hubo mucho interés en las últimas
décad~s del siglo XIX para comprar algunas estancias en los distritos
del altiplano cochabambino, y fueron alquiladas.
. Por e~emplo, en 1878 José Moscoso, un terrateniente cochabambmo, pago un alquiler de 2 208 bolívares por año por las estancias estatales en el Cantón Vacas39•
ljna ley ~el 15 de enero de 1900 estipuló que el concejo municipal
ven~,1ese las tierras del Estado en Cochabamba para los gastos de educac1on en los centros urban?s. El concejo tendría que invertir los capitales de las ventas de las tierras en letras hipotecarias.
. El consejo municipal no hizo casi nada para realizar la venta de
tierras estatales, y siguió ofreciendo las propiedades en alquiler. La evi-

Langer-Jackson: Liberalismo.y tierra en Bolivia (1825-1920)

25

CUADRO 1

TIERRAS ESTATALES EN COCHABAMBA A PRINCIPIOS DEL XIX

Cantón
Passo
Tiquipaya
VilaVila*
TinTin*
Vacas
Tapacari
Quirquiavi

Zona
ecológica

Número de
Propiedades

Valle
Valle
Altiplano
Altiplano
Altiplano
Altiplano
Altiplano

10
6
l
l

20
9
12

Hectáreas
24.66.12
26.19.06
10 330.56.00
983.92.50
5 183.04.80
2 446.75.61
834.33.81

• Tierras confiscadas por falta de pago de la contribución territorial.
Fuente: Catastro de la Propiedad Rústica, Archivo de la Prefectura de Cochabamba, varias jurisdicciones; El Ferrocarril y El Heraldo.

dencia indica que hubo ventas de pequeñas parcelas en el Valle Bajo.
En 1909 el prefecto de Cochabamba y miembro del Partido Liberal,
José Santos Quiroga (1908-1910), tomó ventaja de una ley de 1908 que
contradijo los términos de la ley de 1900, y vendió las estancias estatales en Cantón Quirquiavi (Provincia Arque) bajo circunstancias muy
sospechosas. Santos Quiroga publicó anuncios de la venta de dichas
estancias en un periódico temporal establecido en 1910 para promover
los candidatos del Partido Liberal en las elecciones del mismo año, y
no en los diarios de la ciudad de Cochabamba como era costumbre.
Los compradores de las estancias -algunos especularon con la adquisición de las tierras anticipándose a la llegada del ferrocarril OruroCochabamba que iba a pasar por Arque- revendieron una gran parte
de las estancias a un precio mayor, antes de pagar al gobierno el valor
de esas mismas tierras.
El Partido Republicano, la oposición del Partido Liberal, usó el
caso de la venta de las estancias de Quirquiavi como propaganda para
atacar la ética del gobierno en Cochabamba. Sin embargo, el caso de
las estancias de Quirquiavi indica plenamente la forma en que las élites
locales aprovecharon la política liberal para su propia ventaja. Este caso,
y la usurpación de las tierras comunarias en Taraco, mostró claramente la bancarrota ideológica del liberalismo boliviano a principio del siglo XX.

�26

Siglo XIX

CONCLUSION
En el caso del liberalismo boliviano se puede distinguir una divergencia en el tratamiento de las posesiones corporativas. Por un lado, las
tierras de la iglesia fueron enajenadas por la administración Sucre poco después de la Independencia. Por el otro, desde mediados del siglo
XIX se puede entrever una alianza entre el Estado y las órdenes religiosas que permitió el establecimiento de una serie de sistemas misionales en las fronteras bolivianas. A principios de la época republicana
no se restringieron las propiedades de las órdenes femeninas, las que
pudieron subsistir y mantenerse a un nivel más o menos constante durante todo el XIX.
A la vez, las políticas del Estado hacia las comunidades indígenas
(la única institución corporativa importante en Bolivia fuera de la iglesia católica) fueron casi exactamente lo opuesto a las aplicadas en relación a las comunidades religiosas. Al principio de la república, aunque
el gobierno trató de abolir las comunidades y crear una clase de pequeiíos propietarios según el modelo liberal clásico, por varias circunstancias no pudo lograr sus metas. Sólo en la segunda mitad del siglo XIX,
a partir de las reformas de la administración Melgarejo, empezaron
a activarse las tendencias liberales ya puestas de manifiesto unos cuarenta aiíos antes. Aunque la reforma melgarejista no fue efectiva, después de 1880 la llamada exvinculación de las tierras indígenas aceleró
y llevó a la expansión de la hacienda como también de la economía
aldeana en el agro boliviano.
¿Por qué hubo estas diferencias? ¿Fue porque los liberales bolivianos no fueron sinceros y consistentes en sus creencias? La historiografía ya ha comprobado que las élites latinoamericanas no copiaron
total y fielmente la ideología liberal traída desde Europa. Siempre adoptaron estas ideas a su percepción de la realidad de los respectivos países, aunque a veces esas percepciones estuvieron algo distorsionadas
por su posición de clase y por los intereses regionales a los que estaban
vinculados.
Eso, empero, no es suficiente para explicar las aparentes contradicciones en la ideología liberal ¿Por qué favorecer una corporación
y no otra? Hacer un argumento semántico y aseverar que, a fin de cuentas, el partido de los oligarcas de la plata no por nada se llamó Conservador, no es sostenible. A pesar de su nombre, y excepto en cuestiones
de la iglesia, los conservadores -a pesar de su nombre- siguieron el
rumbo de los otros partidos de ideología liberal. Fuera de la política

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (I 825-1920)

27

de exvinculación para las comunidades indígenas, establecieron un sistema de comercio libre con el exterior, fomentaron el sistema de transporte, pusieron al ejército bajo control civil, entre otras reformas netamente liberales.
La respuesta a esta aparente contradicción reside en tres factore~:
la falta de poder por parte de la iglesia ya desde los albores de la republica el poder relativamente grande de las comunidades, y el papel que
jugó '1a iglesia a fines del siglo XIX en la política desarrollista del Estado liberal.
El problema del poder de la iglesia ya se hab~a re~uelt~ a favor_del
Estado boliviano como caso excepcional de la h1stona latmoamencana. Ocupado por un ejército y un presidente d_e proceden~ia extranjera
al que no se podía presionar como a u_n_ go?1erno de cnollos. locales,
la iglesia no representó una fuerza poht1ca importante ~espues de las
reformas de la administración Sucre. Las órdenes femerunas no representaron ningún peligro político y más bien servían a la élite bolivia~a
para ubicar a sus hijas no casadas y no diluir demasiado la herencia
patrimonial. Con el caos político que siguió a la admini_stra~ión S~ta
Cruz (que era mucho menos anticle_ric~ q~~ Sucre), 1~ ~gles1a no Jugó
un papel importante: ya no era una mst1tuc1on con suf1c1entes recursos
que justificaran un conflicto con ella.
La política proclerical del Partido Conservador no c~~?ió mucho
la situación. La iglesia católica no llegó a tener una pos1c1on preponderante en la sociedad boliviana a fines del siglo XIX, aún con la ayuda de la retórica de Mariano Baptista y otros copartidarios. Más bien,
el único papel que el gobierno fomentó, entraba en un programa esencialmente liberal: el del desarrollo económico del país.
En esto, los conservadores reconocieron el papel que los franciscanos ya estaban jugando desde los aiíos cuarenta, apr~b_ad~ por ~dministraciones arlteriores. No se sabe si esto fue una política mtenc10nal (y no es necesario probarlo), pero la acci~n de la iglesia fu~ ~estringida a las fronteras poco pobladas de la nación. ~on esta p~h~1ca, ~os
conservadores también reconocieron (como tamb1en las adm1rustrac10nes anteriores) que el Estado no tenía los recursos para embarcarse en
esta tarea.
Es importante notar que,_ una vez qu~ h~~o un aug~ econó~ico
en la región que hizo más factible la coloruzac10n por entidades pnvadas, el gobierno conservador favoreció esas entidades a expensas de

�28

Siglo XIX

la empresa misionera. El cambio de gobierno después de la Guerra Federal simplemente aceleró un proceso empezado por el gobierno conservador: en el fondo, ese partido también era esencialmente de corte
liberal.
El caso de las comunidades indígenas es algo diferente. Los comuneros eran mucho más poderosos que la iglesia durante el siglo XIX.
La historia de los intentos por abolir la comunidad como entidad legal
s&lt;: remonta ~ambi~n a la ad~inistración Sucre, pero es obvio que el gobierno no d1spoma de suficientes fuerzas de represión para implemen!ªr las leyes bolivarianas. Esto nos sugiere, entre otras cosas, que la
iglesia católica sufrió más durante las guerras de la independencia que
las comunidades; una hipótesis que necesita de más estudios para probarse. De todos modos, la reinstalación del tributo por Andrés de Santa Cruz y la legislación de José Ballivian y otros gobernantes hasta Melgarejo, fueron acciones pragmáticas que tenían como meta regularizar
los ingresos fiscales y así, implícitamente, reconocieron los problemas
que implicaba la reforma de la sociedad rural.
Mariano Melgarejo y sus consejeros creyeron tener los recursos para
destr_uir el poder de las comunidades y así reformar, según prescripciones liberales de moda entre los publicistas de la época, la tenencia de
la tierra en Bolivia. Estaban equivocados y después de la derrota del
caudillo se volvió al sistema antiguo.
Sól~ una reforma gradual, como la implementada después de 1880,
fu~ factible, y el proceso de enajenación de tierras indígenas sólo podna acelerarse después de la Guerra Federal, cuando el ejército nacional derrotó a Pablo Zárate Willka, el caudillo de los indígenas del
altiplano.
Otra vez, el Partido Liberal heredó una situación en la cual la política liberal ya estaba vigente y sólo la llevó adelante de una manera
más decidida que sus antecesores.
Así se desvanecen en gran medida las diferencias observadas. En
ambos casos fueron los que irónicamente se llamaban conservadores
quienes prosiguieron la política liberal. Introdujeron suficiente estabilidad política y así libraron los recursos necesarios para disminuir el
poder de la iglesia aún en los últimos rincones de la república y abolir
las comunidades indígenas.
La política del Partido Liberal después de 1899 fue simplemente

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

29

una extensión de las medidas ya introducidas. La aparente corrupción
en la venta de tierras sobrantes de comunidad en Cochabamba mostró
la visión netamente pragmática de los gobernantes en lo relativo a la
cuestión de tierras indígenas.

NOTAS
1. Para una descripción de Bolivia inmediatamente después de la independencia, ver
Joseph B. Pentland, Informe sobre Bolivia, tr. Jack Aitken Soux (Potosí, 1975) y
William Lofstrom, El mariscal Sucre en Bolivia, tr. Mariano Baptista G. (La Paz,
1983). La obra fundamental sobre la guerra de independencia en Bolivia sigue siendo Charles W. Arnade, La dramática insurgencia de Bolivia tr. Luis Pellaloza C.
(La Paz, 1972). También ver René D. Arze Aguirre, Participación popular en la
independencia de Bolivia (La Paz, 1979). Para la situación de los clérigos, ver por
ejemplo Alejandro M. Corrado, El colegio franciscano de Tarija y sus misiones (Quarracchi, 1884), pp. 279-313.

2. Para una introducción general al papel de la iglesia en la economía de América Latina ver Arnold Bauer, "The Church in the Economy of Spanish America: Censos
and Depósitos in the Eighteenth and Nineteenth Centuries", Hispanic American Historical Review 63:4 (1983), 707-733. Un estudio mas detallado es Michael Costeloe,
Church Wealth In Mexico: A Study of the "Juzgado De Cape/lanías" in the Archbishopric of Mexico /800-1856 (Cambridge, 1967).
3. Para tos antecedentes de la consolidación de vales reales y la política reformista espallola del siglo XIX, ver Richard Herr, R ura/ Change and Royal Finances in Spain
at the End of the O/d Regime (Berkeley, 1989), especialmente capítulos I Y2. Para
la implementación de la consolidación de vales reales en America Lati?a ver Brian
Hamnett, "The Appropriation of Mexican Church Wealth by te Span1sh Bourbon
Government- 'The Consolidación de Vales Reales', 1805-1809", Jo urna/ of Latin
American Studies 1 (1969); Asunción Lavrin, "The Execution of the Law of Consolidación in New Spain: Economic Aims and Results", Hispanic American Historical Review 53:1 (1973), 27-49; Romeo Flores Caballero, La contrarrevolución en
la independencia. Los españoles en la vida política, social y económica de México
(1804-1838), México, D.F. 1969, pp. 34-36; Masae Sugawara H., La deuda pública de Esp;ma y la economía novohispana, 1804-09 (México, D.F., 1976); y Margaret Chowning, ''The Consolidación de Vales Reales in the Bishopric of Michoacán",
Hispanic American Historical Review 69:3 (1989), 451-778. El impacto de la política de la consolidación de vales reales ha recibido muy poca atención afuera de México. Para una excepción ver Lowell Gudmundson, "The Expropriation of Pious
And Corporate Properties In Costa Rica, 1805-1860: Pattems in the Consolidation
of a National Elite", The Americas 39 (1983).
4.- La política liberal acerca de la riqueza de la iglesia ha sido estudiada con más detalle en México, y a veces hay una tendencia a identificar la desamortización en los
otros países de América Latina con el caso mexicano. Para un bosquejo de la política liberal en México, ver Richard Sinkin, Tbe Mexican Reform, 1855-1876: A Study
In Liberal Nation-Building (Austin, 1979), especialmente capítulo 7; y Robert
Knowlton, Churcb Property and tbe Mexican Reform, (1856-1910) (DeKalb, 1976).

�30

Siglo XIX

Para estudios regionales más específicos ver Jan Bazant, Alienation of Church Wealth
in Mexico: Social and Eronomic Aspects ofthe Liberal Revolution 1856-1875 (Cambridge, 1971); y Charles Berry, The Reform la Oaxaca, 1856-76: A Micro History
of the Liberal Revolution (Lincoln, 1981), examina el impacto de la política liberal
en Oaxaca. lan Jacobs, Ranchero Revolt: The mexican Revolution in Guerrero (Austin, 1982), examina la estructura de la tenencia de la tierra en Guerrero en los años
después de la reforma liberal.

. 5. Para la política liberal en Colombia, incluyendo la desamortización de la riqueza
de la iglesia, ver Richard Hyland, "A Fragile Prosperity: Credit and Agrarian Structure in the Cauca Valley, Colombia, 1851-87", Hispanic American Historical Review, 62:3 (1982), 369-406.
6. Los estudios sobre la iglesia y sus bienes en Bolivia generalmente enfocan las actividades de los misioneros en los departamentos orientales, o la historia institucional.
Ver: por ejemplo, Joseph M. Barnadas, La iglesia católica en Bolivia (La Paz, 1976);
David Block, "Links To The Frontier: Jesuit Supply of Its Moxos Missions,
1683-1767", The Americas, 37 (1980); Eudoxio Palacio y José Brunet, Los Mercedarios en Bolivia (La Paz, 1975); y Walter Hermosa Virreira, Tribus selvícolas y
misiones jesuitas y franciscanas en Bolivia (La Paz, 1986). Hay varios articulos que
describen los bienes de los jesuitas en los años posteriores de su expulsión por Carlos lll. Ver, por ejemplo, René Arze Aguirre, "Las haciendas jesuitas de La Paz
(Siglo XVlll), Historia y Cultura, 1 (1973), pp. 105-124; y Edgar Valda Martinez,
"Datos sobre la Compañía de Jesús en Potosí", Historia Boliviana, 6 (1986), pp.
43-60.
7. Herbert Klein, "The Structure of the Hacendado Class in Late Eighteenth- Century Alto Peru: The Intendencia de La Paz", Hispanic American Historical Review
60:2 (1980), p. 212.
8. Lofstrom, El Mariscal Sucre, pp. 112-113; y Boroke Larson, Colonialism and Agrarian Transformation in Bolivia: Cochabamba 1550-/900 (Princeton, 1988), p. 223.
9. Lofstrom, pp. 133-142. Según el trabajo de Thomas Millington, los compradores
de las ex-propiedades podían adquirir las haciendas y cancelar los censos con certificados de la deuda interna del gobierno, que perdieron una gran parte de su valor
nominal en el mercado abierto. Ver Thomas Millington, Funded Debt Versus Floating Debt: A Neglected Battlefield ofthe Liberal Reforms In The 1820s, manuscrito
sin publicar, p. %. Por ejemplo, las élites de Cochabamba aprovecharon el decreto
de 1826 pagando por las haciendas confiscadas de las órdenes regulares en certificados con un valor nominal de 214 080 pesos, y cancelaron censos con certificados
con un valor nominal de 37 392 pesos.
10. Roberty H. Jackson, "The Alienation of the Lands of the Regular Clergy in Cochabamba, Bolivia, 1826-1929", manuscrito sin publicar.
11. Herbert S. Klein, "The Structure of the Hacendado Class", p. 202; y Herbert Klein,
"The Distribution of Landed Wealth in the Late 19th Century: The hacendados of
tbe Department of La Paz, 1881-1882", en prensa.
12. Damián Rejas, Tercer centenario de la fundación del Monasterio de Santa Clara
de Asís en Cochabamba-Bolivia, af1os 1648-1948 (Cochabamba, 1948), pp. 16-17.

Langer-Jackson: Liberalismo y tierra en Bolivia (1825-1920)

31

13. Jackson, "Alienation", cuadro 11.
14. Ibid. Para un índice de precios agricola en Cochabamba, ver Robert H. Jackson,
"Tbe Decline of the Hacienda in Cochabamba, Bolivia: The Case of tbe Sacaba
Valley, 1870-1929", Hispanic American Historical Review 69:2 (1989), p. 281.
15. Ver, por ejemplo, el anuncio publicado en El Ferrocarril, 25 de julio de 1911.
16. Robert H. Jackson, "Liberal Land and Economic Policy and the Transforrnatio~
of the Rural Sector of the Bolivian Economy: The Case of Cochabamba, 1860-1929
disertación doctoral (University of California, Berkeley, 1988), pp. 214-219.
17.- Ver por ejemplo Tristan Platt, Estado boliviano y a.rllu anclino (Lima, 1982); Y"Liberalism and Ethnocide in the Southern Andes", History Workshop, 17 (1984), pp.
3-18. El surgimiento de los partidos a fines del siglo XIX es descri~o en Herbert S.
Klein Parties and Political Change in Bolivia, 1880-1952 (Cambndge, 1971), pp.
17-30'. Para un tratamiento global del liberalis~o ?ºliviano, v~r Erick
~ge~,
"El liberalismo y la abolición de la comunidad mdígena en el siglo XIX , Histona
y Cultura, 14 (1988), pp. 59-95.

?,·

18. Klein, Parties, pp. 22-23.
19. Mariano Baptista, Obras completas (La Paz, 1932-5), especialmente t. VII, pp.
142-157, 227-236.
20. Barnadas, La iglesia católica, pp. 99-100.
21. Corrado, El convento franciscano, pp. 301-313.
22. Ferrnín Prudencio, Memoria de Guerra y Colonización 1917 (La Paz, 1917), p. 132.
23. Luis Paz, Informe que en cumplimiento de la ley ele~a_al S~premo Gobierno, el
Prefecto y Comandante General de Tarija, sobre la adm1mstraCJón del Departamento
(Tarija, 1890), pp. 31-32.
24. Fernando Quiroga S., informe de la Prefectura y Comandancia General del Departamento de Chuquisaca (Sucre, 18%), p. 44.
25. Joaquín Torrelio, Informe del Prefecto de/ Departamento de Chuquisaca (Sucre,
1897), pp. 25-26.
26. Bernardino de Nino, Las tres misiones secularizadas de la Provincia de la Cordillera
(Tarata, 1916).
27 Gerardo Maldini Franciscanos en Tarija (La Paz, 1988), pp. 131-139; Las indus. trias del Gran Ch;co y la Empresa Colonizadora Staudt y Compañía (Tarija, 1912).
28. Para un panorama general sobre el problema del tributo y las comunidad~ en ~oli_via, ver Langer, " El Liberalismo"; Joq1;e Alejandro Ovando Sanz, f:l tnbuto_ mdigena en las finanzas bolivianas del siglo XIX (La Paz, 1985); y E ~ P._Gnes?~ber "Survival of indian Communities in Nineteenth-Century Bohv1a , d1sertac1on
d~oral (Universidad de North Carolina, 1977).

�32

Siglo XIX

EL ENTORNO AGRARIO DE TEPEACA

29. José Vicente Dorado, Proyecto de repartición de tierras y venta de ellas enue los
indígenas (Sucre, 1964).

Propiedad, Crédito y Desamortización en las
Haciendas Mexicanas (1700-1870)

30. Pedro Vargas, Indicaciones económicas para la reforma del sistema tributario de
Bolivia (Potosí, 1864).
31. Ver Langer, "El liberalismo", pp. 78-79. En el caso de Cbuquisaca, en el sur del
país, muchos indígenas no pudieron recuperar sus tierras perdidas durante la administración Melgarejo. Ver Erick D. Langer, "Persistencia y cambio en las comunidades indígenas surbolivianas (siglo XIX)" Las comunidades campesinas en los Andes
del siglo XIX, Heraclio Bonilla, ed. (Quito, en prensa).

Juan Carlos Garavag1ia *
Juan Carlos Grosso **

32. Langer, Economic Cbange, pp. 65-66; Platt, Estado boliviano, pp. 73-111; Platt,
"Liberalism and Ethnocide", passim.
33. Langer, Economic Cbange, pp. 43, 79-80, 83-84.
34. Ver Jackson, "Liberal Land"; y Gustavo Rodríguez O., "Entre reformas y contrarreformas: Las comunidades indigenas en el Valle Bajo cocbabambino", Lascomunidades campesinas, para Cochabamba. Para Chuquisaca, ver Langer,Economic Cbange; para Potosí, Platt, Estado boliviano.
35. Silvia Rivera C., "La expansión del latifundio en el altiplano boliviano: Elementos
para la caracterización de una oligarquía regional", Avances 2 (1978), pp. 95-118.
Para Taraco, ver Silvia Rivera C. Oprimidos pero no vencidos: Luchas del campesinado aymará y qhechwa 1900-1980 (La Paz, 1986), p. 32.
36. Erwin P. Grieshaber, "Hacienda Expansion in the Department of La Paz, Bolivia
1850-1920", manuscrito.
37. Langer, "El Liberalismo", pp. 85-86.
38. Algunos historiadores han examinado el impacto de la implementación de la ley de
ex-vinculación en las otras regiones de Bolivia, pero no han identificado la importante categoría de tierras definidas por el Estado como tierras sobrantes. Las ventas
de tierras en los años 1860 incluyeron tierras sobrantes.
39. Protocolos notariales (ciudad de Cochabamba) 1878, Archivo Histórico Municipal
de Cochabamba.
40. El Heraldo, 11 de mayo de 1909, 22 de mayo de 1909, 27 de mayo de 1909, 18 de
septiembre de 1909; El Ferrocarril, 20 de marzo de 1914. Para la reventa por los
nuevos dueños de secciones de las estancias en Quirquiavi, ver Registro de Derechos
Reales, Provincia Arque, 1911.

El marcado endeudamiento que afectaba a la mayoría de las haciendas
mexicanas en el siglo XVIII es una realidad reiteradamente constatada
por los mismos contemporáneos y resaltada por la mayoría de las investigaciones sobre la historia rural novohispana. Sin embargo, at1n
son muchos los interrogantes que permanecen sin respuesta respecto
a las causas y características de ese proceso de endeudamiento y al papel que habría desempeñado la Iglesia como principal fuente de los recursos crediticios. No cabe duda que la Iglesia concentró, por lo menos hasta mediados del siglo XIX, el grueso de los gravámenes que pesaban sobre las propiedades rurales. Pero, tal como lo ha seiíalado Arnold Bauer, no sabemos hasta qué punto el endeudamiento de las haciendas fue producto de reales préstamos dinerarios, ni cuál fue el efectivo peso de los donativos o gravámenes impuestos por los mismos propietarios con distintos objetivos piadosos 1•

• Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de
la Provincia de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET), Argentina.
0

Instituto de Estudios Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro de
la Provincia de Buenos Aires y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET), Argentina; Centro de Investigaciones Históricas y Sociales
(CIHS) de la Universidad Autónoma de Puebla, México.

�34

Siglo XIX

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

urbana 4 • Aportes más recientes han permitido relativizar análisis reiterados, aunque poco fundamentados, sobre la desamortización de los
bienes de las comunidades indígenas 5• Mas poco sabemos sobre los
efectos de la desamortización y nacionalización de los distintos tipos
de censos eclesiásticos que gravaban las propiedades rurales, a pesar
de que, como parecería sugerirlo este acotado estudio regional, habría
provocado una importante circulación de bienes desde las manos de
la antigua élite de hacendados hacia otros sectores de propietarios que
supieron aprovechar las ventajas ofrecidas por la legislación liberal,
favorecidos por la liquidez monetaria que le porporcionaban sus actividades económicas y, en algunos casos, por sus vínculos con los sectores políticos triunfantes 6 •

Aún aceptando que, en el conjunto de los gravámenes que soportaban las propiedades, hubieran predominado los censos-préstamos originados en una real transferencia de dinero desde las arcas de la Iglesia
a los propietarios rurales, sería importante conocer el destino de esos
préstamos; es decir, poder precisar en qué medida esos créditos fueron
volcados a mejorar la productividad de las haciendas, o como afirma
Florescano, se orientaron a la adquisición de nuevas tierras, a cubrir
las pérdidas provocadas por los años de crisis y a los gastos suntuarios
que respaldaban el prestigio de los terratenientes 2 •
Por otra parte, la vulnerabilidad financiera de las fincas ante la
fuerte carga de endeudamiento que soportaban, habría provocado una
frecuente rotación de la propiedad. Diversas investigaciones parecerían
comprobar la existencia de un alto grado de inestabilidad en la tenencia de la tierra. Se manifestaba en que difícilmente una familia lograba
conservar sus propiedades por más de dos generaciones y que las haciendas que permanecían en las mismas manos durante largos períodos constituirían casos excepcionales, atípicos 3 • Esta excepcionalidad
no parece corresponderse con la realidad estudiada en este trabajo, ya
que son varias las haciendas del entorno agrario de la villa de Tepeaca
que permanecen en el patrimonio de los mismos grupos familiares durante varias generaciones, por lo menos desde la segunda mitad del siglo XVIII a mediados del XIX.
Esta mayor continuidad en la propiedad de haciendas fuertemente
gravadas reclama una explicación atenta a distintos aspectos, entre
otros, el funcionamiento económico de las unidades de producción. Pero también se relaciona a nuestro entender, con una cuidadosa estrategia de los clanes familiares que procuraba asegurar la trasmisión de
los bienes y tendía a evitar la dispersión del patrimonio, en coincidencia con los intereses de los acreedores que también se oponían a la parcelación de las propiedades en defensa de la seguridad de sus hipotecas. Una continuidad que habiendo superado difíciles coyunturas, como la de la misma guerra de la insurgencia, en no pocos casos encontró su límite en la etapa en que la aplicación de las leyes de desamortización impulsó una redistribución de la propiedad. He aquí también
un tema sobre el que la historiografía ha abundado en generalizaciones, pero sobre el que aún son muchos los problemas que permanecen
abiertos.
Sin duda, trabajos como los de Jan Bazant han revelado aspectos
importantes del impacto de la política liberal sobre los bienes de la Iglesia y la transferencia de la propiedad eclesiástica, sobre todo en el área

35

)

TEPEACA Y SU ENTORNO AGRARIO
La villa de Tepeaca fue el segundo asiento español de la Nueva España. Refundada por Hernán Cortés en 1520, fue heredera directa del
antiguo sefiorío de Tepeyac Tlayntic. En 1555 se creó la Alcaldía Mayor de Tepeaca que incluía los pueblos de Acatzingo, Tecamachalco,
Quechula, San Agustín del Palmar, San Andrés Chalchicomula, San
Salvador el Seco, Nopalucan y Acaxete, que habían formado parte del
señorío de Tepeyac: también dependían de esa cebecera los pueblos de
Tecali y Tep~xi de la Seda. Cuando se organizan las intendencias borbónicas, Tepeaca pasa a ser en 1787 una subdelegación y los últimos
7
dos pueblos nombrados se independizan de ella •
La jurisdicción de Tepeaca se caracterizó, durante toda la época
colonial, por poseer dos áreas cerealeras de particular relevancia: la
ya mencionada Chalchicomula -un centro de producción maicera de
riego muy importante para el aprovisionamiento del gran mercado de
la ciudad de Puebla- y el llamado valle de San Pablo, situado entre
la villa de Tepeaca y Nopalucan, un área triguera de temporal bastante
destacada. Era tal la relevancia de la producción agropecuaria de esta
región que para fines del siglo XVIII constituía la cabecera decimal
más importante del obispado poblano (sin tener en cuenta los predios
decimales veracruzanos) 8•
La mayor parte de las haciendas de españoles de la región se formaron a fines del siglo XVI, a partir de las ventas y enajenaciones de
tierras por parte de los señoríos étnicos, que habían perdido casi totalmente el control del trabajo de sus macehualtin; 9 ; para esa misma
época aparecen las primeras menciones a gañanes10•

�36

Siglo XIX
Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamonización en las haciendas mexicanas

En 1791 rodeaban a la villa unos 10 pueblos de indios y 24 haciendas. Para entonces en toda la jurisdicción de la subdelegación de Tepeaca existían más de 400 haciendas y ranchos y tres molinos 11 • Las
igualas de 1788 nos detallan la información para 315 de estas unidades
12
agrarias ; según esa documentación el entorno agrario de la villa de
Tepeaca se destacaba en cuanto al número de haciendas (fueron registradas 21, frente a 20 y 19 de Nopalucan y Acatzingo, respectivamente); en cambio San Agustín del Palmar, Chalchicomula y Tecamachalco poseían muchos más ranchos que haciendas.
De acuerdo a la detallada contabilidad de los diezmos de 1800,
el hinterland más inmediato de la villa pagaba un tercio del total de
la producción agraria de toda la jurisdicción decimal de Tepeaca, es
decir tenía una gran importancia como área maicera y triguera (ambas
sumaban un 75% del total de la producción agropecuaria sometida al
pago de diezmo en ese año) 13 •
En 1777 unos 5 129 individuos habitaban en la villa, sus haciendas
y ranchos y en los pueblos indígenas sujetos. Casi el 60% de ese total
residían en la villa y en los barrios indígenas anexos: un 23% lo hacía
en las haciendas y un 17% en los pueblos. Esta población se dividía
en un 66% indígena y un 34% de españoles y castas. Lógicamente la
mayor parte de este último sector habitaba en la propia villa (un 80%
del total), pero un hecho a destacar es que los indios que vivían en forma permanente en la haciendas sobrepasaban a los de los pueblos, y
los que lo hacían en la villa casi igualaban a la población indígena residente en esos otros dos lugares••.
CONTINUIDAD Y TRANSMISION DE LA PROPIEDAD
La propiedad de las haciendas del entorno agrario de Tepeaca experimentó una mayor estabilidad que en otras áreas de la Nueva España.
Así, en Guadalajara, entre 1700 y 1815, en promedio las haciendas permanecieron en las mismas manos cerca de 25 años 15 • En el Bajío, entre 1710 y 1865, unas 40 fincas de la jurisdicción de León cambiaron
de propietario poco menos de cuatro veces como promedio (es decir
casi cada generación) y sólo dos haciendas permanecieron en la misma
familia a lo largo de todo ese período 16•

En el área estudiada en este trabajo, aunque considerando un período notablemente mayor, doce de las 16 haciendas para las que contamos con suficiente información seriada, se conservaron en el patrimonio de algunas familias de la élite de hacendados durante más de

37

90 años. El caso más extremo, pero más fácil de explicar, fue el ~e las
fincas pertenecientes al mayorazgo de los Gorospe, al que es!uv1eron
vinculadas por lo menos desde fines del siglo XV~I. hasta la deca~a de
I850· pero también los García conservaron su dormruo sobre la hacienda
Sant; Inés Cuautla durante un siglo y medio. Los Tamayo pose~eron
las haciendas San Vicente y San José Capula alrededor de 120 anos ...
Como sucedió en la región de Guadalajara, en Tep~aca la r?tación de la propiedad fue muc~o mayor _en la primera m!tad del s1~lo
XVIII. En J702 rodeaban la villa 17 haciendas cuyos antiguos propietarios habían participado en la composición de 1643; muchos de ellos
formaban parte de la élite regional y algunos ocupaban cargos en el
Ayuntamiento de Puebla. Una lista de ese año recoge sus nombres: el
doctor Don José Martínez de la Parra, el licenciado Don Lore!12o León
de Beltrán, el capitán Don Juan Francisco Olineros, el capitán Don
Thomas de Palacios y Solórzano, Don Lorenzo de ~orospe ~ lrala,
el licenciado Don Gaspar Tamayo 17 • Ya_en los años ~emt~ y tremta de
este siglo, algunas haciendas han ~amb1ado de ~rop1etanos Y nuevos
apellidos reemplazarán a los antenores: el presb1tero Pe~ro del C~pillo, Don Alonso Ruiz de Bárcen~, Don G~briel Antomo de Arrut!.
Pero ni estos nuevos poseedores, m los antenores, lograrán _una continuidad que se extienda más allá de las últimas décadas del siglo; la excepción la constituyen los Tamayo y el mayorazgo de Gorospe.
Entre J740/79 ocho haciendas cambian de propietarios, Ydurante
las últimas décadas del XVIII lo ha_rán ot~as ~inco completando el proceso de desplazamiento de los ant~guos l_maJes de hacendados. Al~unos tradicionales apellidos de la éhte regional, como los Larrasqmto,
los Ruiz de Bárcena o los Vélez de las Cuevas son ree_mplazados por
tos Martínez, los Barroso, los Solís y Gorospe, o los rru~i:nos Tamayo.
A partir de estos cambios la propiedad tiende a es!abilizarse Y en la
primera mitad del siglo XIX sólo seis haciendas tuV1eron nuevos dueños (ver apéndice).
El derrumbe financiero de las fincas provocado por la a~~ulación de censos fue, en la mayoría de los casos, el facto~ prec1p1tante
de la transferencia de la propiedad18 • Algunos del?~ nuembros de la
élite de hacendados responsables de la mayor estabilidad que caracterizó a la propiedad en el área durante las últimas décadas del XV~II
y la primera mitad del XIX, adquirieron algunas fincas en las venta~~sas condiciones de los remates judiciales, aprovechando la vulnerabilidad financiera de sus antiguos poseedores.

�38

Siglo XIX

Así, don Gregorio Martínez Solís y Rivadeneira adquirió las haciendas San José Zahuatlán y El Pino en 1779, en el remate "en almoneda pública" de los bienes en concurso del licenciado José Antonio
Gálvez; por su parte los Tamayo compraron la hacienda La Purificación en 1783 al ser rematada en el Juzgado de Capellanías en 13 000
pesos (en 1727 sólo el valor de la tierra y de las edificaiones se elevaba
a 16 380 pesos), pagando, como era común en esos casos, sólo una ínfima parte al contado -2 000 pesos- y reconociendo el resto a favor
de los censualistas 19 • Probablemente estas compras a precios convenientes les permitieron equilibrar el riesgo que implicaba la adquisición de una propiedad fuertemente endeudada.
_Pero a diferencia de lo que solía suceder con este tipo de compras,
realizadas generalmente con fines meramente especulativos, los Solís
y los Gorospe conservaron esas haciendas durante muchas décadas. No
se trata en estos casos de aquellas compras "fraudulentas" a las que
hacía referencia el obispo de Puebla, Francisco Fabían y Fuero, cuando afirmaba que
... rara será la compra de hacienda en que ya se encuentre algún corto
desembolso de contado; en lo más, con aprontar el costo de la escritura y costas del remate, y con la obligación del reconocimiento de
sus principales entran en su posesión y manteniéndose en ellas algunos años sin pagar, vuelven a cederlas y a quedar los acreedores
burlados20•

Por supuesto, también en esta región hubo efímeros propietarios que
se ajustan a la descripción del obispo poblano, y no faltaron tampoco
aquellos que realizaban compras con fines claramente especulativos,
como en el caso de un par de operaciones que tuvieron como protagonistas a Don Genaro Alonso de Armiño y a Don Gregorio Juez Sarmiento, quienes ocuparon en distintos momentos los cargos de Alcalde Mayor de Tepeaca y de Huauchinango, en la Sierra Norte de
Puebla21 • Pero el hecho de que un buen número de fincas permanecieran en el patrimonio de algunos clanes familiares durante varias generaciones, nos habla de la excepcionalidad de esas situaciones.
La constatación de esta excepcionalidad no basta para explicar la
mayor estabilidad que habría caracterizado a la propiedad del entorno
agrario de Tepeaca a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Para
poder hacerlo, deberíamos contar con un mayor conocimiento de las
distintas etapas y coyunturas por las que atravesó la producción agraria de la región, con información sobre la rentabilidad de las distintas
unidades de producción, sobre sus posibilidades de acceso al crédito

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

39

y la disponibilidad de recursos por parte de las fuentes de financiamiento
a lo largo del período analizado.
Pese al estancamiento relativo por el que atravesó la región de
Puebla-Tlaxcala durante el largo periodo que corre entre fines del XVII
y comienzos del XIX (que se refleja también en el área de Tepeaca de
acuerdo a algunos indicadores, como los diezmos y la alcabalas22), el
patrimonio de algunos hacendados locales experimentó un indudable
crecimiento en la segunda mitad del XVIII, como fue el caso de los
Tamayo o los Martínez Borges.
Estos últimos encarnan un linaje de rancheros que se convierten
en hacendados; en nuestras fuentes ya aparecen como medianos propietarios de tierras en Acatzingo en los años treinta del XVIII, transformándose en uno de los clanes familiares más poderosos de los que
actuaron en la cebecera de Tepeaca a fines de ese siglo y conservando
la mayoría de sus fincas hasta mediados del XIX. Don Antonio Martínez, uno de los hijos del fundador del linaje, refleja claramente la rápida acumulación que caracterizó al clan: heredó de su padre un pedazo de tierra en el rancho de la familia y una casa en Acatzingo. Cuando se casó en primeras nupcias aportó " como mil y quinientos pesos"
y su mujer nada, pero al momento de sus segundas nupcias poseía ya
un caudal de ocho mil pesos. Al efectuar su testamento en 1788, poco
antes de morir, declaró entre sus bienes los de la herencia paterna más
la hacienda de San Francisco "en la que tengo de caudal con ganados,
semillas y aperos, como ocho mil pesos"23 •
La continuidad del patrimonio familiar de los Solís y Gorospe o
de los Tamayo no dependía únicamente del éxito económico de sus empresas, sino también de sus alianzas matrimoniales y relaciones de afinidad, de las vinculaciones con los diversos niveles de la administración civil y eclesiástica, de la organización y unificación del patrimonio alrededor de redes de parentesco y de las pautas adoptadas con respecto a la transferencia y repartición de la riqueza del grupo
familiar".
El recurso al patriarcalismo como forma de consolidar e incrementar el patrimonio y fortalecer la unidad del clan familiar puesto en relieve por Kicza y otros estudiosos de las élites novohispanas, no estuvo
ausente en este mundo provincial25 • Y como era común en estos casos, la mayor parte del patrimonio familiar solía adjudicarse a uno de
loa miembros del clan, quien asumía la responsabilidad de proveer por
el bienestar de los demás, tomando a su cargo el mantenimiento de los

�40

SigloXIX

miembros del linaje que permanecían a su lado, otorgándoles en el momento oportuno las dotes o el respaldo económico necesario para un
buen casamiento, para el ingreso a la vida religiosa o para emprender
una actividad relativamente autónoma aunque integrada al conjunto
de los negocios que conformaban, al decir de Lindley, "la alianza empresarial familiar" 26•
Al morir en 1790 Don Gregorio Martínez de Solís y Rivadeneira
sus bienes -que incluían las haciendas Zahuatlán y El Pino- fueron
adjudicados a uno de sus hijos, el deán doctor José Solís y Gorospe,
ya que los coherederos consideraron "ge. ellos no admitían división
(. ..) y que la prudencia resistía ge. los interesados se expusiesen a sufrir las bajas ge. en las Almonedas suelen proporcionarse"27•
Poco tiempo después, al no poder administrar el deán el patrimonio familiar, éste fue adjudicado al otro hijo varón con el objeto de
evitar "una venta precipitada ge. pudiera serles muy perniciosa" y lograr así "ge. conserbandose en la familia los bienes, permanesca ideleble la memoria de sus mayores" .
Don Miguel se obligó "a reconocer las hijuelas" de los demás herederos -entre ellos dos hermanas religiosas- pagándoles sus respectivos réditos e hipotecando el conjunto de sus bienes "al cumplimiento
de estas capitulaciones". Los réditos de los capitales correspondientes
a la herencia de sus hermanas doncellas, serían empleados en la manutención de las mismas, más las cantidades que fueran necesarias y que
voluntariamente proporcionarían el nuevo jefe del clan y su hermano
el deán.
Del mismo modo, Don Antonio Tamayo, el fundador del más importante de los linajes locales, en 1726 se adjudicó la totalidad del patrimonio dejado por el presbítero Don Gaspar Tamayo "por no tener
cómoda división los bienes", entregando algo más de 7 000 pesos "en
reales" a una de las coherederas por su respectiva hijuela. A la muerte
de Don Antonio, el acrecentado patrimonio familiar fue dividido entre la viuda y sus hijos, pese a lo cual se conservó su unidad al reagruparse la mayor parte en dos de los herederos varones que actuaron como nuevas cabezas del clan; además, todos sus miembros seguirán haciendo negocios juntos, en una compleja y a veces inextricable trama
de hermanos, primos, tíos y sobrinos, como formando parte de una
auténtica "empresa familiar" .
En la tercera generación la figura que se perfila como el "patriar-

Garavaglia.Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

41

ca" del linaje fue el capitán Don Francisco María, quien durante varios años concentró la gestión de las haciendas familiares arrendando
las que pertenecían a sus primos y encargándose de la comercialización de sus frutos a través de la tienda "del Portal"_.
Don Francisco María se había casado a fines del siglo XVIII, llevando un capital de 8 300 pesos, al que su esposa no sumó más que
los favores que podía brindar un suegro administrador de las Rentas
de Alcabalas de la ciudad. En 1810, al morir su padre se adjudicó la
hacienda La Purificación y poco después al fallecer su madre la de San
Vicente.
Las hijas de su difunta hermana recibieron dos casas en la vecina
Acatzingo como parte de la herencia de sus abuelos matemos, y del
resto se hizo cargo este tío pagándoles réditos y velando por su futuro;
en 1825, cuando una de sus sobrinas entró como profesa en el convento poblano de Santa Catarina, el capitán se responsabilizó por la dote,
reconociendo 1 400 pesos sobre una de sus haciendas.
Mientras otros miembros de la familia emigraron a Puebla huyendo de los insurgentes, el futuro capitán permaneció en Tepeaca y arrendó las fincas a los que se ausentaron. En los años veinte, cuando su
actuación política lo lleva a trasladarse a la capital del estado, formó
diversas compañías con sus hijos para la explotación de las fincas y
de la tienda, sin desligarse de los negocios ni del tutelaje familiar. Al
redactar su testamento en 1838, Don Francisco María debió haberse
sentido orgulloso de haber podido sobrellevar exitosamente los tormentosos años de las guerras de la Independencia, legando a sus herederos
los bienes que conformaban el antiguo patrimonio familiar, que continuarán en manos de los Tamayo varias décadas más.
Un caso no menos interesante es el del ya mencionado linaje de
los Martínez Borges. La muerte del prolífico Don Antonio (seis hijos
supérstites y de ellos cinco varones) puso en riesgo la reciente y limitada acumulación con la que había dado el salto de ranchero a hacendado. Pero los herederos supieron garantizar la unidad y la ampliación
del patrimonio familiar. El hijo mayor se adjudicó la hacienda San Francisco, formando con otros tres de los hermanos una "compañía para
las labores del fundo" , aportando cada uno "la suma de ochocientos
ps. qe. a cada uno nos cupieron". La "empresa familiar" fue lo suficientemente exitosa como para haber incorporado ya a fines del siglo
XVIII otra hacienda con su rancho anexo. Otro de los varones, Don
Miguel, dueño de una tienda en Tepeaca, no fue menos exitoso, ya que

�42

Siglo XIX

tuvo una prolongada y destacada actividad en la vida mercantil de la
villa, manteniendo siempre estrechas relaciones comerciales con sus
hermanos.
Don Miguel fue el único de los Martínez que se casó; los demás
quedaron solteros y sólo uno de ellos justificó su celibato por la vocación religiosa. La única mujer también permaneció soltera, viviendo
de los réditos de los 789 pesos de su hijuela y que su hermano mayor
reconocía sobre la hacienda paterna. Quizás el origen ranchero de los
Martínez les había vedado la posibilidad de un casamiento conveniente, pero también es probable que hubieran optado por no contraer matrimonio ya que cualquier unión relativamente ventajosa hubiera requerido una transferencia de fondos que habría resentido el patrimonio del clan; el mismo motivo debió haber limitado la tan común opción de la carrera eclesiástica únicamente a uno de ellos.
Paradójicamente, el tan cuidado patrimonio familiar terminó disgregándose por el profundo sentimiento piadoso y la tradición célibe
de sus miembros. Cuando en 1851 el último hermano supérstite, Don
Crisanto Rafael Martínez, nombró por su única heredera a una de las
hijas solteras de Don Miguel -que durante un tiempo había vivido
con sus tíos en la hacienda familiar- dejó asimismo diversos legados
que redujeron considerablemente los bienes transmitidos. En 1869 esa
heredera, Doña María Guadalupe, imitó el ejemplo de su tío, ordenando varios legados piadosos que debían cumplimentarse con el producto de la venta de la hacienda San Francisco, único remanente del
patrimonio acumulado por sus tíos medio siglo atrás: mil pesos para
el convento de los Capuchinos, otros mil para la casa cuna de San Cristóbal, cinco pesos para cada uno de los peones de la hacienda a quienes Don Crisanto ya había condonado sus deudas, una pequeña suma
para sus familiares y el resto para las monjas de la Caridad de Puebla.
La muerte del no menos prolífico Don Pedro González Barroso
-cabeza de otro linaje local- también puso en peligro la continuidad
del patrimonio familiar (la hacienda Santa Ana, varias casas y solares
en Tepeaca y otros bienes valuados, en conjunto en 1837, en 33 864
pesos, con deudas por la mitad de ese monto). Luego "de varias juntas y conferencias extrajudiciales", los herederos decidieron adjudicar
los bienes a la viuda "porque debiendo ser de poco valor las hijuelas,
por ser muchos los hijos del finado, no cabe cómoda división". Doña
Guadalupe Cacho adquirió el conjunto de los bienes al valor de inventario "con sólo la deducción de la décima parte", reconociendo y garantizando con una hipoteca general el haber de sus hijos y demás he-

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamonización en las haciendas mexicanas

43

rederos. De ese modo, argumentó la viuda, no sólo se evitaría "una
no conveniente venta a un extraño'', sino que los vástagos del difunto
"podrían continuar en su~ giros ~e comercio y agricultura q~~ des~e
su infancia tienen emprendidos", mtegrando una empresa fam1har baJo
la tutela materna; a la muerte de Doña Guadalupe la hacienda fue adjudicada a uno de sus hijos varones, permaneciendo en propiedad de
los Barroso hasta mediados de la década de los sesenta.
El último caso que creemos conveniente citar es el de Don Francisco Sanchoyerto, un comerciante residente en Puebla que, sin poder prever las consecuencias del incipiente movimiento insurgente, decidió
emprender una ambiciosa "negociación" comprando y arrendando algunas de las haciendas más importantes del entorno agrario de Tepeaca. Con este caso no se pretende ejemplificar la continuidad de la propiedad agraria -la hacienda de San Mateo perteneció a la familia durante cincuenta años- sino más bien la actitud de los acreedores, la
mayoría de ellos instituciones religiosas, que permitieron que un fundo recargado de créditos desde hacía mucho tiempo continuara en posesión de deudores morosos, con un perfil que se acerca al de aquellos
hacendados poco escrupulosos a los que hacía referencia el Obispo Fabián y Fuero.
Aprovechando la quiebra de sus antiguos propietarios, Sanchoyerto
adquirió San Mateo en 1811 en remate, por el precio de 41 300 pesos
de los que exhibió al contado 5 500 y 2 000 en calidad de redención
de capital; paralelamente arrendó varias fincas colindantes y compró
la hacienda de Santa Cruz en Acaxete:

,
La negociación que había emprendido Sanchoyerto -diría su viuda en 1818- es la mejor que podía proyectarse en el ramo de la agricultura, porque reunía en las quatro haciendas de San José (Zahuatlán), San Mateo, Gorospe (Santa María Atlacuilican y San Miguel
la Joya) y Santa Cruz Tlaxcaltepec, todo lo que desea un Labrador
para el fomento de su giro: son las fincas más apreciables de aquel
Territorio ... 28

Sin embargo, como sucedió con otros hacendados de la región, los negocios de Sanchoyerto se vieron muy afectados por el accionar de los
insurgentes, debiendo emigrar a la ciudad de Puebla, donde falleció
en 1817; para entonces la finca seguía debiendo a los acreedores del
antiguo propietario el resto del valor de la finca, es decir 33 800 pesos,
a los que se habían sumado 5 633 de réditos debidos desde 1815. Al
año siguiente, la viuda solicitó esperas a los acreedores de la testamentaria, citando la Real Cédula del 31 de mayo de 1815 que había reco-

�44

Siglo XIX

mendado "que se exhite a los acreedores y a los deudores censualistas
se compongan entre sí, evitando pleytos y costas, cediendoo cada uno
algo d.e .1? que c.rea correponderle"; en caso de que no se accediera a
su. pet1c1on, la vmda advertía a los acreedores que sólo quedaba el cammo del concurso "con sus funestas consequencias" para ambas partes:
... y es ocioso repetir lo qe. enseña la experiencia, porincipalmente
qu~ndo h~y mult_1tud de fincas, y falta la emulación de Postores, lograndose a lo mas, q_ue se vendan por una tercia parte menos: que
se consuman con escan~~o los más preciosos fondos en costas: que
las propuestas de los L1c1tantes se reduscan a exhibiciones parciales
Y!le. al fin ve?&amp;ª? a empeorar a los acreedores, si después de muchos
anos Y de salir ?1en los Depósitos, en que por lo común se pierden
las fincas, consiguen enagenarlas 29•

Los acreedores debieron haber compartido los argumentos y temores .~e Doñ_a María Villavicencio, pues llegaron a un "acuerdo de esperas . conf1ad?s en q~e e! ca~~al existente, cercano a los 120 mil pesos,
podna garantizar la h~u1dac1on de las diversas y elevadas deudas (con
un monto total s~penor a los 68 mil pesos) que gravaban los bienes
de la te~,tame~t~na. Durante ~arios años la propietaria de San Mateo
abo~ó ,!os red1tos _d e I_os ~P!tales que cupieron en la liquidación de
créditos . , au~~ue sm d1~minmr el monto de los mismos; empero hacia
1834 la s1tuac~~n se babia agravado "aumentando considerablemente
las responsabilidades de la Señora Villavicencio". Un nuevo acuerdo
c~n los acr~edores posi~,ilitó que la hacienda continuara, durante tres
decadas mas, en poses1on de los Sanchoyerto.
EL CREDITO ECLESIASTICO EN LA REGION DE PUEBLA
Cu~ndo en 1767 el Obispo de Puebla afirmó que los propietarios de
haciendas sólo tenían un dominio formal sobre e!Jas, ya que "las han
ca~gado de tal suerte de censos que todo su producto no es equivalente
~ importe de los rédi!os que tienen que pagar", dramatizó una situa~i?~ bastan~e generalizada en el mundo agrario novohispano30• Ya a
1ruc1os del siglo XVIII, las haciendas y ranchos de Tlaxcala poseían
gravámenes por un 41 % de su valor total: de aproximadamente 170
fun~os emp~dronad~s en 1712, por lo menos 108 reconocían censos
de diversos tipos y solo 11 declararon explícitamente estar libres "de
c_enso, empeño e hipoteca" 31 • Y ~ fines de ese siglo las fincas del parti_d o de Cholula, una de las más tmportantes áreas cerealeras de la región, soportaban gravámenes por el 70% de su valor32•
En el entorno agrario de Tepeaca las haciendas también se halla-

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

45

ban fuertemente endeudadas: según la información con la que contamos para algunas de ellas entre 1720/ 1820, los gravámenes variaban
entre el 40 y el 70% de su valor33 • Hacia 1806/ 1808, en el momento
de la aplicación del decreto de "Consolidación de Vales Reales", las
propiedades rurales y urbanas del corazón del área cerealera del valle
poblano (la ciudad de Puebla y sus alrededores, y los distritos de
Cholula-Huejotzingo, Atlixco y Tepeaca) cargaban hipotecas a favor
de la Iglesia con un monto cercano a los 2.2 millones de pesos, de los
cuales el 30% le correspondían a la subdelegación de Tepeaca34 • Con
motivo de ese decreto, que entre sus disposiciones establecía que las
personas o instituciones que reconocieran sobre sus propiedades capitales eclesiásticos debían redimir sus deudas para incorporarlas al empréstito forzoso impuesto a la Iglesia, los labradores de Tepeaca elevaron una representación argumentando que carecían " ...de arbitrio para hacer esa exhibición, ni en uno, ni en diez, ni en cincuenta años"35•
En esta representación, como en las que elevaron los labradores de Tehuacán y el Ayuntamiento de Puebla, los afectados afirmaron que la
mayoría de las fincas de la región de Puebla tenían gravámenes a favor
de la Iglesia cercanos a los 2/ 3 de su valor.
En la jurisdicción de Tepeaca los propietarios sólo redimieron el
I0.90Jo de la deuda registrada36• Entre las pocas haciendas del entorno agrario de Tepeaca que hemos localizado en los registros de pago,
sólo el propietario de las haciendas de San Miguel la Pila y Santa Catarina, el presbítero Francisco Antonio Tamayo, redimió en su totalidad
los 7 200 pesos aue gravaban sus fincas; los demás recurrieron a
"composiciones" 37•
Los cálculos realizados sobre los montos recaudados en el obispado de Puebla como consecuencia de la consolidación, coinciden en un
valor aproximado de dos millones de pesos38• Aunque es probable que
esa suma no representara ni siquiera un tercio del total de los capitales
eclesiásticos que debieron haberse redimido, sin duda la medida afectó
el sistema crediticio; como lo ha demostrado Francisco Cervantes, en
el obispado de Puebla la Iglesia dejó de prestar dinero a particulares
durante los años de la consolidación39•
En realidad, en el obispado de Puebla el crédito eclesiástico enfrentó serios problemas por lo menos desde fines del siglo XVIII. Ya
antes de 1800 las entradas del Juzgado de Capellanías del obispado
se vieron muy afectadas por la incapacidad de los propietarios rurales
para pagar los réditos de los capitales40• Por lo demás, los montos disponibles para las imposiciones a censo disminuyeron cuando los con-

�46

Siglo XIX

ventos femeninos reorientaron sus inversiones hacia la propiedad
urbana41 •
En la primera mitad del XIX los préstamos otorgados por las diversas instituciones eclesiásticas de Puebla experimentaron una marcada tendencia decreciente con montos muy lejos de la cifras superiores a los cien mil pesos anuales de inicios de esa centuria: un promedio
anual de 39 000 pesos en la década del veinte, 35 000 en la del treinta
42
y menos de 18 000 en el período 1840/ 47 • A la ya mencionada dificultad de la Iglesia por recuperar los antiguos créditos y recolectar los
réditos, se sumaron mayores exacciones y presiones fiscales y la disminución de las fundaciones de capellanías y obras pías que tradicionalmente habían sostenido la capacidad crediticia de la Iglesia43•
Como sucedió en otras regiones el crédito particular fue cubriendo parte del vacío dejado por la Iglesia, aunque es probable que, si
se mantuvo la tendencia observada en la primera década del siglo la
región haya experimentado una disminución del monto global de '10s
préstamos otorgados en efectivo44 • Por otra parte la agricultura se habría visto desplazada por la actividad mercantil como beneficiaria del
c~édito eclesiástico; más aún, hubo casos en que se hipotecaron propiedades agrícolas para financiar actividades comerciales45 •
En síntesis, la región se enfrentó a una crisis del sistema crediticio
que no pudo dejar de hacer sentir sus efectos sobre el sector agrario.
Hubo hacendados de Tepeaca que fueron beneficiados con nuevos préstamos, pero seguramente, ahora más que nunca, los vínculos de diverso tipo con los hombres de la Iglesia debieron haber jugado un rol decisivo para acceder a las empobrecidas arcas eclesiásticas y a sus créditos "blandos" (tanto por su tasa de interés como por la tradicional
predisposición a renegociar los términos originales)46• Una prueba del
carácter blando de esos préstamos está en el hecho de que casi 50%
de las operaciones realizadas durante la primera mitad del siglo XIX
sólo se cancelaron después de 1856, cuando la desamortización puso
a los deudores en la alternativa de redimir los censos o perder sus
propiedades47 •
EL PROCESO DE ENDEUDAMIENTO DE ALGUNAS
HACIENDAS DE TEPEACA
El recurso al crédito eclesiástico y un fuerte endeudamiento fueron
como hemos visto, aspectos bastante comunes a las haciendas de la re~
gión. Pero a nivel global resulta difícil poder precisar el origen de los

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

47

gravámenes que pesaban sobre las fincas, aunque contáramos con un
censo tan detallado como el que existe para las haciendas de Tlaxcala
en 171248 • Sin duda, parte de esas cargas correspondían a imposiciones piadosos efectuadas por los propietarios que se habían ido sucediendo en el dominio de la fine~; y otra parte era producto de verdaderos préstamos obtenidos principalmente de diversas instituciones religiosas: trataremos de precisar este doble origen del endeudamiento que
caracteriza a las haciendas novohispanas analizando algunos casos correspondientes a la cabecera de Tepeaca.
Empezaremos por la hacienda de La Purificación que, en 1727,
con 14 caballerías (ocho de ellas de riego permanente), un surco de agua
y diversas edificaciones -que incluían entre otras las viviendas, capilla y troje- fue valuada en 16 380 pesos, que sumados a los "llenos"
(ganados, semillas, aperos, etcétera) alcanzaba un valor aproximado
de 29 mil. Cuando Gaspar Tamayo la adquirió en 1783, lo hizo en buen
precio, ya que le fue adjudicada en remate por la suma de 13 000 pesos, pagando al contado tan solo dos mil; probablemente la finca había sufrido un proceso de deterioro y los llenos debieron de haber sido
liquidados con anterioridad al remate49• De acuerdo a los diezmos de
la primera década del siglo XIX, la hacienda continuaba produciendo
maíz, trigo y cebada, y en menor cantidad chile y frijol, dedicando parte
de sus tierras a la cría de ganado lanar50•
En 1810 al efectuarse la adjudicación de los bienes de Don Gaspar, las haciendas La Purificación y San Vicente -valuadas con sus
llenos en 51 619 pesos- se encontraban gravadas por un total de 19 388
pesos a favor de diversas instituciones religiosas. Años más tarde, en
1824, cuando su hijo y heredero, el capitán Francisco María Tamayo,
solicitó un nuevo préstamo para el avío de ambas fincas, las mismas
se hallaban hipotecadas por un monto total de 15 467 pesos. Las deudas que afectaban a La Purificación en esas dos fechas reconocían, como era de prever, el doble origen al que se ha hecho referencia.
Hasta inicios del siglo XIX predominaron los gravámenes producto de capellanías y dotes conventuales impuestos para asegurar la " opción" religiosa de algunos miembros de las familias de los sucesivos
propietarios5 1• A partir de entonces, cuando a las dificultades económicas ligadas a diversas coyunturas se sumaron la pesada carga de los
réditos debidos por antiguas imposiciones y por los que cada nuevo
propietario reconocía a favor de sus coherederos, la situación financiera de la finca se hizo más frágil y obligó a tomar nuevos préstamos
hipotecarios destinados a cubrir los adeudos anteriores y a fomentar

�48

SigloXJX

la producción.
La familia Ruiz de Bárcena, propietaria de La Purificación desde
la segunda década del siglo XVIII hasta 1783, fue la mayor responsable del endeudamiento de la hacienda, aunque por lo menos ya en 1631
se había impuesto sobre un rancho anexo un gravamen de 732 pesos
como parte del capital de la capellanía fundada por González Palacios.
En 1717 se fundó otra capellanía a favor del presbítero Don Cristóbal Ruiz de Bárcena, con un capital de 3 000 pesos; una década después se impuso otro gravamen de igual monto destinado a "una capellanía u obra pía" cuyo beneficiario sería el presbítero Don Francisco
hermano del anterior, a quien le había correspondido esa suma com~
parte de ~a herencia paterna52 • En esa misma época, en 1723, se obtuvo un prestamo de l 000 pesos del convento de Santa Catalina de la
ciudad de Puebla "para el cultivo de la hacienda (...) por el tiempo
de dos aílos"; el préstamo fue renovado durante casi cien aílos, hasta
1818, cuando fue redimido por el entonces propietario el capitán Fran'
cisco María Tamayo53•
En la etapa de la consolidación la finca reconocía gravámenes a
favor de la Iglesia por un total de 8 275 pesos. En 1807, el mencionado
capitán optó por la "vía de composición", pagando 500 pesos al contado y el resto en anualidades de igual monto54• No sabemos que suma llegó a redimir Tamayo, aunque es probable que no haya pagado
más de una anualidad ya que el decreto fue derogado en 180955•
De ese año de 1807 sabemos que, salvo el préstamo de 1723, solicitado para el avío de la hacienda, el resto, o sea casi el 88% de los gravámenes que pesaban sobre el bien, no había implicado una transferencia dineraria desde las arcas eclesiásticas, sino simplemente imposiciones de los propietarios (derechos de retención o censos-gravamen,
como propone denominarlos Bauer) obligándose al pago de los réditos
correspondientes56•
En 1824, el ya mencionado capitán Tamayo elevó al obispado de
Puebla una solicitud para que se le concediese un préstamo de dos mil
pesos "a depósito irregular, por el tiempo de cinco aílos", aprovechando la disponibilidad de un capital por igual suma correspondiente a
un censo que acababa de redimir otro hacendado de la región.
En esa oportunidad, Tamayo debió presentar un testimonio notarial de los gravámenes que reportaban sus dos fincas de acuerdo a los

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

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"Libros de censos": según ese documento las haciendas La Purificación y San Vicente se hallaban hipotecadas por una suma de 15 467
pesos. De los censos que en 1807 gravaban a la primera de esas dos
fincas, ya se había redimido el préstamo de _1723 (en 18~8) runa de
las capellanías de los Bárcena. Pero al mismo tiempo se hab1an impuesto
nuevas cargas, dos de ellas garantizadas conjuntamente con la otra hacienda: uno, de 2 000 pesos, correspondía a una dote conventual; y
el otro, por igual suma, a un crédito otorgado po~ ~l c~nvento de ~an
Gerónimo. El tercero impuesto sólo sobre La Punf1cac1ón, era reciente de febrero de 1824, y consistía en un "depósito irregular" por la
su'ma de 4 000 pesos a favor de diversas instituciones religiosas.
En total la hacienda se hallaba hipotecada en más de 1O 000 pesos, pese a lo cual el "Promotor fiscal y defens~r de Obras P!as" ~e
obispado consideró a la finca idónea para garanttzar la nueva 1mpos1ción de dos mil pesos ya que permanecía libre de gravámenes "más
de la tercera parte del valor". Sin du?a sus excelentes ~culos _c?n la
Iglesia y su posición política en la capital del Estado, hab1an_facilitado
su acceso al tesoro catedralicio a pesar de la escasez de capitales y de
la fragilidad financiera de sus fundos 57 • En menos de dos décadas La
Purificación se había endeudado en 6 000 pesos de nuevos censospréstamos más los 4 000 de las cargas que compartía con la hacienda
San Vicente.
Pese a esa situación, La Purificación debió haber rendido suficientes
ingresos como para poder liquidar buena parte. de la nueva deuda
-probablemente utilizada para mejorar la producción- ya que en 1837
los gravámenes se habían reducido al nivel que tenían tres décadas atrás
(unos 8 800 pesos), incluyendo las viejas capellanías, una nueva dote
conventual y los 2 000 pesos del último de los préstamos otorgados en
1824.
En ese año, Tamayo arrendó la finca a su hijo po~ una renta anual
de l 200 pesos, debiéndose hacer cargo el arrend~tano de los 44'.4 pesos de réditos anuales que debían pagarse a los diversos censualistas;
obviamente las ganancias estimadas debían garantizar las rentas del propietario y de los censualistas, más los beneficios que ~peraba ~~tener
el arrendatario, lo cual permite pensar en una rentabilidad pos!ttva de
la hacienda; suponiendo que se mant~viera el valor que se hab1a dado
en el inventario de 1810 a la tierra y los mmuebles -unos 10 000 pesosY considerando que en 1837 los llenos de la hacienda (que ahora incluían una pequeña fábrica de aguardiente) fuer~n valuados en 7 6?(},
sólo la renta obtenida por el propietario era de un 6.8% del capital

�50

Siglo XIX

invertido58 •
. En síntesis, hacia 1837 La Purificación se hallaba gravada por ca~it~es qu~ en su m_ayor parte habían sido producto de antiguas impos1cion~ pia~osas (~nc}uyendo aquí dotes y capellanías), en tanto que
ya habian sido redllllldos la mayoría de los censos-préstamos otorgados para el avío de la hacienda.
~n el caso de la ~acienda San Vicente resulta más difícil precisar
el ongen de sus gravamenes. Esta finca, que lindaba con terrenos de
la ~iudad de Tepeaca, se dedicaba fundamentalmente a la producción
maicera, ~unque como lo muestran sus diversos inventarios y los registros de diezmos, no desdeñaba sembrar trigo, cebada, frijol y chile.
~e sus 18 3/4 caballerías, 14 eran aptas para la producción agrícola, s1e~do las restantes de inferior calidad y "de cerro". Según el inventano de 1810 su valor era de casi 20 000 pesos y de ellos un 60.6%
correspondían a las tierras, un 12% para los ganados (animales para
la labranza y ganado lanar) y un 5.6% para edificios productivos; el
resto _se re~artía en sem~rados y semillas. El inventario de 1826 pone
en evidencia un notable incremento en la inversión ya que sólo las se~as, ganados y plantaciones valían alrededor de 19 000 pesos. El principal responsable de esta valorización fue la introducción de plantas
de maguey, valuadas en unos 10 000 pesos.
En 1824 la finca se hallaba gravada en 10 600 pesos a favor de diversos capitales piadosos. De ellos sólo uno era producto de una dote
conventual, en tanto que otros dos, cuyos beneficiarios eran la Recaudación de Vacantes del Obispado y el convento San Gerónimo probab!emente fueran censos-préstamos; un tercero, por 6 000 pes~s, cuyo tituJar ~ra Ana María de Borbolla, parecería ser producto de un préstamo particular que dos años después -y aún en 1869- era reconocido a favor de Don Sebastián Mier, un conocido empresario poblano59•
En 1825, Tamayo impuso sobre San Vicente un nuevo censo de
l 400 pesos, a ser entregado en el término de cinco años como dote
de su sobrina Ana María Aráoz, que deseaba profesar en' el convento
de Santa Catalina. Este gravamen, conjuntamente con otro de 2 600
pesos impuesto en 1826 a favor del Hospicio de Pobres de Puebla permanecerán sin redimisrse hasta la aplicación de las ley¡s de
desamortización.
En la vecina hacienda de San José CapuJa (que conjuntamente con

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

51

su anexa Santa Inés Tepango constituía una de las fincas más valiosas
del entorno agrario de Tepeaca) el endeudamiento también se consolida a fines del XVII e inicios del XVIII con donaciones piadosas de sus
propietarios.
En efecto, ya en 1727 San José reconocía un censo de l 500 pesos
a favor de una "memoria de misas"·que debían celebrarse en la capilla
de la hacienda impuesto por orden de su propietario, el presbítero Gaspar Tamayo, y 5 000 pesos de dos capellanías de las que éste había gozado en vida. Por su parte, la finca anexa presentaba diversos
gravámenes60•
Es decir que. para 1727 San José Capula y su anexa acumulaban
gravámenes por un total de 19 700 pesos, de los cuales por lo menos
el 89% no tenían su origen en préstamos sino en obras pías y capellanías fundadas por los mismos propietarios que habían implicado una
transferencia de derechos a favor de la Iglesia. Los gravámenes representaban el 50% del valor de la hacienda (que poseía tierras de distinta
calidad, algunas "superiores para sembrar toda clase de semillas" y
contaba con una presa y regadío).
Este temprano endeudamiento parece haber pesado sobre la situación económica de la finca. Si bien carecemos de información para el
resto del siglo XVIII, tenemos diversas referencias sobre las dificultades financieras por las que atravesó su propietario, José María Torija
-sobrino bisnieto del presbítero Gaspar Tamayo- a inicios del XIX.
En 1804 le había arrendado al Alcalde Mayor de Tepeaca nueve caballerías y media de tierras de la hacienda para pagarle una deuda de tres
mil pesos; posteriormente, en 1814, o,btuvo de otro de los arrendatarios de la finca diversos préstamos por la suma de 9 000 pesos.
Es probable que la precaridad financiera de la hacienda le haya
vedado el recurso a las arcas eclesiásticas y lo haya obligado a recurrir
al préstamo particular y a arrendar la finca, concentrándose en sus actividades mercantiles. Aunque en 1815 ya había saldado parte del anterior crédito, tomó nuevos préstamos que lo llevaron a tener que cel~brar una promesa de venta de la hacienda a favor de su arrendatario
y acreedor61 •
Finalmente, en 1828 debió concretar la operación vendiéndole
-en realidad, se trata de un mero traspaso del bien- a Don José Rafael Gómez (de quien era deudor de "cantidad considerable de pesos")
San José CapuJa, con su anexa Santa Inés Tepango, un rancho y el

�52

Siglo XIX

Molino Viejo en 40 000 pesos, pero el peso de los antiguos censos no
dejará de provocar serios problemas a los nuevos propietarios, especialmente en el momento de la desamortización62•
La hacienda de Santa Catarina, que colindaba con la anterior, era
una de las menos gravada a inicios del XVIII. En 1727, con sus 12 caballerías de tierras regadas tenía un valor aproximado de 9 000 pesos
y soportaba una carga de 2 500 pesos de censos. Un siglo después, Don
Antonio Vallejos compró la finca al presbítero Francisco Tamayo
-sobrino del mencionado Gaspar- en 10 000 pesos, de los que debía
seguir reconociendo 4 000 de censos; 3 000 de una capellanía al servicio de Tamayo y 1 000 de un capital cuyo titular era el convento poblano de Santa Inés.
El nuevo propietario realizó diversas mejoras (construyó "las casas de havitación y oficinas" y una obra hidráulica para aprovechar
"un chorro de agua manantial") que, según sus palabras, "le dan mucho más valor del que antes tenía". En efecto, según el inventario de
1837 sólo "las tierras y aguas" fueron valuadas en cerca de 13 000 pesos, en tanto que los llenos ascendían a unos 8 600 pesos (de éstos el
35% correspondían a semillas y sembrados de·maíz, trigo, cebada, chile
y frijol y el 43% a los animales de labranza y al ganado cabrío y lanar
para matanza): la valorización de la hacienda no se realizó en base a
nuevos préstamos hipotecarios ya que para entonces Santa Catarina
seguía reconociendo los mismos capitales que una década atrás.
En 1863, cuando se la adjudicaron las dos nietas y herederas de
Vallejos por un valor de 14 800 pesos, los gravámenes sólo se habían
incrementado por dos imposiciones realizadas por su abuelo: una fundación piadosa de 500 pesos y un principal de 1 000 pesos a favor de
una huérfana bajo su protección. Pese a ello, las nuevas propietarias
no pudieron enfrentar la desamortización de esos capitales, los que fueron adquiridos por un empresario poblano, Gumersindo Saviñon; en
1869 al estar "amagadas de un litigio" por el propietario de "los capitales píos" resolvieron vender la hacienda a un tercero, en el mismo
precio en el que se la habían adjudicado, haciéndose cargo el comprador del pago de los capitales desamortizados63•
La hacienda Santa Ana, en las inmediaciones de la ciudad y lindante con la mencionada San Vicente, corresponde al tipo más común
de propiedad ya fuertemente endeudada a inicios del XVIII. En 1728
reconocía diversos censos por un monto de 17 000 pesos. Su propietario, el presbítero José de Sol y Piedra -quien la había heredado de

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

53

su padre- se vio obligado a vendérsela al cura de Tepeaca. Don Pedro Ximénez del Campillo, quien le había prestado 5 136 pesos "con
que se libertó de las execuciones que por los rédi~os d~vidos le amenazavan": el precio de venta fue de 22 054 pesos e mclwa las 24 caballerías de tierra, diversas edificaciones productivas, un "xaguey", dos manantiales de agua salubre y los "llenos".
Los censos, que superaban el valor de la tierra y edific~ciones, se
incrementaron por las disposiciones testamentarias de Campillo que ordenaron donaciones piadosas por 1 300 pesos. Los propietarios se sucedieron hasta que, en 1806, Don Pedro González Barroso la adquirió
en remate judicial liquidando parte de los censos que gravaban la finca. Según el inventario realizado por sus herederos en 1837, Santa ~a
reconocía 3 000 pesos a favor del Juzgado de Capellanías y Obras P1as
y 2 840 de una capellanía; para entonces se habían introducido diversas mejoras a la finca, entre otras, nuevas obras de irrigaci_ón aprec~adas en conjunto en unos 4 500 pesos, en tanto que el avaluo total, mcluyendo los "llenos" se elevaba a 24 000 pesos64•
Como ya hemos visto, Santa Ana continuó en manos de los González Barroso hasta 1868. Cuando en 1865 Don Carlos Barroso la arrendó por cinco años, previó la _p~sibilidad_ de q~e tuviera que ~ende~!~
incluyendo una cláusula que limit~~a la Vigencia del ~~endamient_o s1
la venta de dicha hacienda se venf1que por que le extJan los capitales
que reporta". Al concretarse esta situación, 1~ h_acienda fue vendid_a
a la esposa de Pedro Ibargüen, quien había redimido parte d~ los capitales que gravaban la finca por unos 10 000 pesos. Per~. al 1gu~ que
los nuevos propietarios de San José Capula, los lbarg~en debieron
afrontar apremios fmancieros no menos graves que los obligaron a vender parte de las tierras de Santa Ana6S.
Las vecinas haciendas de San José Zahuatlán y La Concepción de
El Pino también soportaban elevados gravámenes a inicios del XVIIl.
El capitán Gabriel de Arruti, quien las ha~ía ~ompra~o cu~~do fueron
rematados los bienes de su anterior prop1etar10 por e1ecuc1on del Juzgado de Capellanías y Obras Pías, reconoció en 1735 la exi~tencia de
diversos censos por 50 000 pesos: una deuda muy elevada habida cuenta
que a fmes del siglo el valor de ambas fincas no alcanzaba esa suma.
Esta situación debió haber sido una pesada herencia para Arruti
y los posteriores propietarios, y nuevamente e':1, l ~79 las fin~~ fueron
rematadas a instancias de los acreedores ecles1asttcos adqumendolas,
como se dijo antes, Don Gregorio Martínez de Solís y Rivadeneira.

�54

Siglo XIX

. Una _déca?a después, el_caudal de la testamentaria de Don Gregono, que mclma las dos haciendas, platería y "dependencias activas"
era de ~O 275 pe~os y entre los pasivos se contaban 15 327 pesos de
los capitales de diversas censualistas eclesiásticos y unos mil pesos de
"réditos insolutos"; los gravámenes se habían reducido considerablemente, y en su totalidad correspondían a diversas capellanías cuyos fundadores no aparecen en la lista de los propietarios que tuvieron ambas
fincas en el siglo XVIII, lo cual permite suponer que se trataba de verd~deros censos-préstamos (o que fueran antiguas imposiciones
piadosas).
Para obtener los recursos necesarios para explotar la más extensa
de ambas fincas, los Solís recurrieron al avío de particulares y al arrendam_iento de la hacienda El _Pino. Así el presbítero Ignacio Saldaña y
Bomlla,_ recolector de los diezmos locales, les suministró en diversas
oportunidades semillas y efectivo "en clase de re faccionario'' hasta acumular en 1822 una deuda de más de 6 000 pesos; para saldarla se compr?metieron a entregarle 300 cargas de maíz y 200 arrobas de trigo,
mas las cosechas de ambos cereales de ese año y del siguiente.
La nieta de Don Gregorio y heredera de los bienes familiares siguiendo una política muy común entonces, desposó a un hijo de ¿tro
de los acreedores -el teniente Pascual Moreno- integrando los intereses del productor y los del prestamista. Aun así los Moreno-Solís continuaron soportando constantes apremios financieros que los obligaron a vender, en 1844, un rancho anexo a las fincas de 3 3/4 caballerí~s d~ tier~a parcialmente irrigadas en 4 500 pesos. El obispado otorgo la hcenc1a para la venta por considerar que el valor de San José Zah~atlán (34 663 pesos) y El Pino (21 393 pesos) cubrían los capitales
piadosos que reportaban ambas fincas y que se elevaban a 22 587 pesos; a los créditos existentes a fines del siglo XVIII se habían sumado
nuevas imposiciones de los Solís por 7 200 pesos destinadas en esta ocasión a )as dotes conventuales de profesas de la familia, en tanto que
los capitales necesarios para la producción se obtuvieron de préstamos
particulares.
Pero también en este caso los Moreno-Solís tuvieron dificultades
para hacer frente a la desamortización de los censos que gravaban las
fincas en casi la mitad de su valor y tuvieron que desprenderse de la
hacienda El Pino, que hacia 1880 estaba en manos de Antonio Viveros, uno de los nuevos miembros de la élite local (y que había sabido
lucrar exitosamente con la situación creada por la aplicación de las leyes de la Reforma).

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

55

Las haciendas Santa María y San Miguel La Joya pertenecientes
al mayorazgo de los Gorospe por lo menos desde mediados del siglo
XVII, constituyen un caso especial ya que los gravámenes que pesarán
sobre ellas a mediados del siglo XIX eran relativamente recientes y en
su mayoría verdaderos préstamos.
Los Gorospe, típicos propietarios ausentistas, arrendaron sus fincas a varios productores locales, entre los cuales figuraron los Martínez Borges. En 1791 Don Javier Gorospe obtuvo un préstamo por l 500
pesos pertenecientes a una obra pía para "avilitar sus fincas de mulas
y aperos"; cuarenta años después Don Joaquín Gorospe, "necesitando de numerario", solicitó un préstamo de 12 000 pesos a un comerciante de Puebla, para lo cual hipotecó Santa María66 • Si bien en ese
momento la hacienda, como también los otros bienes del mayorazgo,
se hallaba libre de todo censo, en las décadas siguientes las dos fincas
fueron gravadas considerablemente a tal punto que en 1858 reconocían 14 800 pesos de principales pertenecientes a una capellanía y a diversos conventos poblanos.
Quizás previendo que, a pesar de la reacción de los grupos conservadores, la aplicación de las leyes de desamortización se impondría de
un modo irreversible, en ese año los Gorospe decidieron desprenderse
de las dos haciendas que habían formado parte del patrimonio familiar por doscientos años: Santa María fue vendida en 26 000 pesos más
6 000 por sus "llenos" y La Joya en 14 500 pesos más 3 500 de "ganado de apero y majadas"67 •
En 1862, Mariano Oropeza, un comerciante poblano muy activo
en los negocios vinculados a la desamortización de los bienes eclesiásticos, redimió dos capitales que gravaban ambas fincas: uno de 2 000
pesos del convento La Concepción y otro de 3 000 del convento de los
Capuchinos68 •
Esta situación y las altas anualidades con que debían pagarse el
saldo del valor de las haciendas, debieron haber pesado en la decisión
tomada por Mariano de Ita de vender nuevamente las haciendas en un
precio menor: 35 000 pesos. En 1871 los nuevos propietarios ya habían liquidado la deuda con los Gorospe y habían redimido la mayor
parte de los censos eclesiásticos, de modo que en 1873 las dos haciendas sólo reconocían un capital de 3 000 pesos pertenecientes a la dote
de una monja exclaustrada.
Por último regresaremos al caso de la hacienda de San Mateo al

�56

Siglo XIX
Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización

que hemos hecho referencia en la primera parte de este trabajo. Esta
finca, con sus 31 3/4 caballerías "de tierra lavoria temporal" (19 de
ellas "de mui buena calidad") era la más extensa y "apreciada" del
entorno agrario de Tepeaca, pero al mismo tiempo una de las más endeudadas desde fecha muy temprana.
En 1735 cuando el capitán Gabriel de Arruti la compró a su antiguo propietario ya se hallaba gravada en 30 000 pesos a favor de diversos censualistas (en 1741 San Mateo y su rancho de agostadero con
sus respectivos llenos fueron valuados en poco más de 67 000 pesos)·
para liquidar parte de los antiguos censos Arruti obtuvo 22 000 peso~
de la testamentaria del general Bustamante Bustillo a redimir en ocho
años. Si este préstamo particular le permitió aliviar la carga de los capitales piadosos, poco tiempo después debió realizar una nueva imposición de unos diez mil pesos a favor de diversas obras pías para devolverle a su hermano -el licenciado José Ignacio, "Prebendado de la
Catedral"- un préstamo que le había facilitado "para avíos". Por
otra parte su esposa gravó la finca con un censo de 3 000 pesos a favor
del ~onven_to de San Gerónimo como dote de su hija y fundó una capellama con igual monto para que se ordenara uno de sus hijos o descendientes. De este modo sus herederos recibieron una hacienda recargada de censos y ya en 1791 afrontaron un concurso de acreedores. A
pesar q~e desde esa fecha se dejó de pagar los réditos de los capitales,
no fue smo hasta 1809 que el entonces propietario, capitán Pedro Manuel de Erroz -bisnieto del fundador del linaje- hizo cesión de bienes entregando la hacienda San Mateo a sus acreedores. Los capitales
P!adosos reconocidos en ese momento sumaban 21 300 pesos y los réditos que se adeudaban eran 14 060 pesos: un endeudamiento excesivo
si_ tenemos en cuenta qu~, según el inventario realizado en esa oportumdad, el valor ~e la hac1end~ sin "llenos" era de 38 700 pesos, y que
además reconoc1a otros gravamenes, entre ellos 7 900 pesos correspondientes a las "legítimas" de los coherederos de Erroz y otras partidas
menores que elevaban los pasivos del concurso a más de 53 000
pesos69•
Entre los capitales piadosos que gravaban la finca en 1809 unos
eran antiguas ii:nposiciones anteriores a la era de los Arruti 7º otros
eran responsab1hdad de los Arruti y de sus descendientes71 • Si bien es
difícil precisar el origen exacto de todos los capitales que gravaban la
fin~ en 18~9~ había algunos que eran producto de préstamos de instituciones rehg1osas, aunque parecería que predominaban los censos derivados de antiguas fundaciones de capellanias y dotes conventuales
que en la mayoría de los casos ya no gozaban los familiares de los pro-

y

en las haciendas mexicanas

57

pietarios, sino que actuaban como pesadas cargas heredadas de sus
antepasados.
Cuando la finca fue ofrecida en remate, varios de los hacenda~os
de la región -entre ellos Don Juan Martínez- se most~a~~n muy mteresados en adquirir San Mateo, elevando sus posturas m1_c1ales hasta
los 38 000 pesos. Sin embargo en primera inst~ncia la ha:!enda le fue
adjudicada a una hija menor de edad ~el cap!t~n ~rroz. ya ~ue por
la porción hereditaria de su Madre tiene pnvilegiado mteres en el
concurso".
Resulta de interés comentar los argumentos esgrimidos en tal oportunidad por Erroz, en especial los referent~ a r~~tabili?ad de la codiciada hacienda. Según sus palabras la ad1ud1cac1on sena muy favorable para la menor ya que se trataba "de una fine~ compuest~ de más
de treinta caballerías de tierra fértil que deben considerarse mas ~e 200
fanegas de sembradura'' que, cultivadas "con eficacia", ga~ant1za~an
excelentes réditos. Pero aún sin hacerse cargo de la producción, Ys"1!plemente arrendando las tierras a doce pesos la fanega, se o~ten,'!1°~ª
unas rentas de 2 400 pesos, equivalentes a 48 000 peso~ de capital" sm
amenaza de peligro". Por otra parte, contaba la hacienda con una
venta y paraje de arrieros que haciendo allí ind!spensable ~ornada del
camino RJ. en que transitan consumen necesariamente PaJa1 Pulques
y otros varios esquilmos que regulados sin la menor ponderac1?n ac1enden a la cantidad de tres mil pesos". De este modo, conclma Erroz,
se podrían obtener ingresos no menores de 5 400 peso~, con los que
se podían pagar dos mil de réditos, 1 500 anuales p~a 1T pagando los
capitales que no puedan ser renovados, restando libres 1 900 pesos.

!ª

Probablemente los cálculos de Erroz pudieran pecar de optimismo, pero lo cierto es que lo argumentado_ cor~espondía, al_ ~enos_ en
parte, con la práctica seguida por el prop1etar10 en la adm1DJstrac1_ón
de la finca: cuando el depositario nombrado por los acr~dores se hizo
cargo de San Mateo encontró que una parte de_ las tierras estaba~
arrendadas en un precio que se ajustaba a lo manifestado por el capitán y según las cuentas del nuevo administrador los arriendos del año
1810 sumaron 1 041 pesos. Por otra parte el cuaderno de diezmos correspondiente a la cosecha de ese año registró una pro_du~ción de 785
cargas de maíz en las tierras administradas por el depos1tar10 y 532 cargas de las que fueron responsables los arrendatarios. Y en 1819, cuando se efectuó un inventario "con todas Existencias de Semillas, ganados y Enseres" se encontraron 181 cargas de maíz regular más o~_ras
11 para semilla, 305 cargas de trigo largo, 170 de cebada, 63 de fnJol,

�58

Siglo XIX

40 fanegas de tierra barbechadas, 450 magueyes de raspa más 24 220
de diversos tamaños, 134 mulas y machos de carga y aparejo, 1 172
cabezas de ganado lanar y 71 cerdos.
Sin duda se trataba de una finca con un potencial productivo muy
importante, como lo sabían los mismos hacendados que pujaron con
mucho interés en el remate de la hacienda. Pero las elevadas cargas
de los censos contrarrestaban la rentabilidad de San Mateo.
Si bien la finca fue adjudicada en 39 000 pesos a la hija de Erroz,
ésta no cumplió con las capitulaciones del contrato (que preveía un pago al contado de 4 000 y anualidades de 3 000 pesos para cubrir lo no reconocible), adquiriéndola Don Francisco Sanchoyerto en precio de
40 500 pesos en un nuevo remate realizado en 1811. Siete años después
un nuevo concurso ponía en evidencia los problemas financieros del
nuevo propietario agravados por las pérdidas económicas provocadas
por la coyuntura bélica de la época. Para entonces, a los antiguos capitales eclesiásticos se les había sumado un principal de I 000 pesos
del convento de Santa Inés y una nueva capellanía a la que se le reconocía un capital e interés atrasados por un total de 2 900 pesos.
Como ya se ha visto, diversos acuerdos con los censualistas permitieron a los descendientes de Sanchoyerto continuar con la posesión
de la finca varias décadas más. Pero en 1862 se vieron agobiados por
los nuevos acreedores que habían adquirido los antiguos créditos. El
mayor de ellos, Jorge Berkenbuch, que reclamaba el pago de un crédito de 19 090 pesos documentado en pagarés con los que se habían redimido algunos de los capitales piadosos que gravaban la finca, fue uno
de los más importantes compradores de propiedades desamortizadas
de la ciudad de Pueblan .
Sin embargo quien se quedó con la codiciada hacienda de San Mateo no fue el hábil comerciante alemán, sino Ignacio Romero Vargas,
político liberal y gobernador de Puebla, miembro de una tradicional
familia de hacendados de Acatzingo, quien en 1862 se hizo cargo de
las deudas de la testamentaria (que superaban los 30 000 pesos), cubriendo el resto del valor de la finca con un par de casas situadas en
la ciudad de Puebla; al igual que lo sucedido con los herederos de algunos de los antiguos linajes de hacendados de Tepeaca, los del ambicioso Sanchoyerto pusieron fin a su inserción en el entorno agrario de
Tepeaca transformados en pequeños propietarios urbanos73 •
En síntesis, de estos detalllados ejemplos surge la idea de que el

Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

59

endeudamiento de las haciendas del entorno agrar~o de T~peaca tenía
su principal origen en los diversos tipos d~ fundac10n~s piadosas Y~n
dotes conventuales impuestas por las suc~1vas genera~iones de p_ropietarios, y no en auténticos préstamos _destmado ~l avio productivo ~e
las fincas, aunque también ellos contnbuyeron ~ mcrementar el ,excesivo monto de los censos que_ gra.":aban la propiedad rural del area en
el momento de la desamorttzac10n.
EL IMPACTO DE LA DESAMORTIZACION
La fragilidad financiera de gran parte de los hacendados del ento~no
agrario de Tepeaca se puso de manifiesto. coro~ se ~a mostrado reiteradamente en las páginas anteriores, con la aphcac1ón de ~a~ !eyes de
desamortización. Estas marcaron el fin de un sistema cred1t1c10 y~ en
crisis y que se había sustentado en la fluidez p~r,a acceder a los capitales controlados por la Iglesia. Llama la aten:10n -~ue,_ a pesar de la~
condiciones ventajosas estipuladas por la leg1slacion liberal (se llego
a rescatar los gravámenes al 25% de su valor), ~uchos ~e ~os hacen?ados de este pequeño mundo rural no hayan podido redimir los cap1~ales religiosos que gravaban sus propiedades, quedando a merced de quienes desamortizaron los antiguos censos. En general los nuevos acreedores no se mostraron tan complacientes con la liquidación de los créditos como lo había hecho durante tanto tiempo la Iglesia, lo cual no
es de extrañar cuando verificamos que, en la mayoría de los casos, la
adquisición de esas deudas constituyó un medio indirecto para la apropiación de las fincas gravadas.
Un breve comentario en relación a las ya mencionadas haciendas
de los Tamayo nos permitirá precisar algunos aspectos del impac!o de
la desamortización y de la posterior nacionalización de los bienes
eclesiásticos.
Don José Mariano Tamayo (sobrino tataranieto del presbítero Gaspar) quien heredó la hacienda La Purifica:ión, in_tentó redi~i_r algunos de los capitales que gravaban su prof'1edad sm may,or _exito. En
1861 desamortizó un capital que pertenec1a a una obra ~1a ligada~ la
parroquia de Acatzingo. Empero, los pagarés que entrego a la Hacienda Pública no fueron levantados (la situación política de esos años le
permitió postergar la liquidación) lo que facilitó s~ adquisición por Antonio Viveros, un advenedizo hacendado y comerciante de Tepeaca que,
en 1869 exigió el cumplirni~nto de la ~euda; para empeo~a_r, la ~nca
aún reconocía diversos capitales consignados a dotes rehg10sas7 .

�60

Siglo XIX

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamonización en las haciendas mexicanas

6/

Para enfrentar esta situación, Doña Concepción Tamayo, quien
había heredado la finca de su padre en 1868, vendió al mismo Viveros
una fracción de tierras de La Purificación por un valor de 4 064 pesos
y otros dos terrenos a diversos vecinos (indígenas) del Pueblo de La
Candelaria por 2 200 pesos75 •

San Agustín del Palmar, Quechula y Tlacotepec y dos molinos propiedad de los Ayuntamientos de Tecamachalco y Tecali. El precio global
de estas adjudicaciones fue de 83 764 pesos; ninguna de ellas correspondía al inmediato entorno agrario de Tepeaca77 •

Una situación aún más difícil debieron sobrellevar sus parientes,
los herederos del último Gaspar Tamayo -sobrinos bisnietos del presbítero del mismo nombre- quienes habían heredado la liacienda de
San Vicente. Al morir Don Gaspar en 1851 la finca entró en una etapa
de deterioro al punto que, según lo manifestó el apoderado de la viuda, "durante muchos años ha estado sin arrendarse y otros en un precio tan corto que apenas se ha podido cubrir algunos réditos"76•

En síntesis, la aplicación de las leyes de desamortización provocaron una importante rotación de la propiedad rural que afectó a un buen
número de los antiguos hacendados del hinterland de Tepeaca78 • Pocos de ellos pudieron desamortizar los censos eclesiásticos que recargaban sus fincas y algunos de los que lo hicieron no pudieron cumplir
con las obligaciones contraídas evidenciando su fragilidad financiera.
Esta última situación también se dio en el caso de algunos de los nuevos propietarios que, de beneficiarios, se transformaron ellos también
en víctimas del proceso desamortizador79•

Para entonces la hacienda se hallaba hipotecada por un monto de
14 400 pesos de los que 4 400 pesos correspondían a las hijuelas de los
demás herederos. En 1869, un tercero que había redimido un gravamen de 1 400 pesos pertenecientes al convento de Santa Catalina, demandó judicialmente el pago del capital y de los réditos debidos. Al
carecer de recursos para cubrir esa responsabilidad, los herederos de
Tamayo cedieron los bienes de la testamentaria a sus acreedores. San
Vicente fue rematada en 1870 en 18 000 pesos (un precio menor a los
21 600 pesos del avalúo efectuado en esa oportunidad), aquiriéndola
Pedro Ibargüen, el mismo que había comprado la hacienda Santa Ana
a los herederos de los González Barroso.
Pero tampoco el nuevo propietario pudo cumplir con las exigencias de todos los acreedores, vendiendo la finca en 1873 a otro hacendado de la región, quien la compró en 16 500 pesos comprometiéndose a liquidar un gravamen de 5 000 pesos que se reconocía al Colegio
del Estado en cinco anualidades con el elevado rédito del 10%.
Si bien las diversas instituciones eclesiásticas no tuvieron una importante presencia como propietarios de haciendas en la región (sus
bienes consistían fundamentalmente en fincas urbanas y en los diversos tipos de censos), las pocas que tenían fueron adquiridas en general
por los mismos arrendatarios: tal es el caso de la hacienda Macuila,
situada en Acatzingo, que había pertenecido a los dominicos de Puebla y que se la adjudicó José María Romero y Barba.
De acuerdo a los datos de los protocolos notariales de Tepeaca de
los años 1856-1857 fueron desamortizadas cuatro haciendas situadas
en Tecamachalco, Acajete y Acatzingo; cuatro ranchos localizados en

CONCLUSIONES
Una de las primeras conclusiones que recogemos de nuestro trabajo
se relaciona con los diversos momentos de equilibrio y de ruptura en
cuanto a la estabilidad de la propiedad agraria en la región. Los ejemplos estudiados muestran una estabilidad relativamente elevada para
las haciendas que forman parte del patrimonio de algunas de las familias de la élite local.
En los casos restantes, observamos que los momentos de ruptura
coinciden con lo estudiado para otras regiones en lo que hace a la primera mitad del siglo XVIII (como es el caso de Guadalajara analizado
por Van Young). La segunda mitad de ese siglo presenta signos de fuerte
estabilidad y el período de la insurgencia, pese a haber atormentado
las noches de los hacendados, fue mucho menos disruptor de lo que
nosotros habíamos imaginado. Por otra parte, el otro gran momento
de cambio acontece como efecto de las leyes de desamortización durante la segunda mitad del siglo XIX.
También hemos profundizado en nuestro análisis dos aspectos que
tienen que ver con las relaciones entre la estructura familiar y los negocios en el ámbito de las élites coloniales (y post-coloniales). Por un lado, la importancia del papel del "patriarca" como centro de gravedad
de una red parental muy extensa. Por otra, este patriarca con frecuencia es el que aparece como administrador (y hasta como dueño) único
del conjunto de los bienes inmuebles del grupo familiar -apelando a
diversos mecanismos jurídicos para evitar la dispersión de éstos o su
mal venta. Sin embargo, la contrapartida de ellos es su función de auten-

�62

Siglo XIX

tico paterfamilias moralmente obligado a ocuparse del bienestar de una
vasta parentela.
En cuanto a lo que hace al papel de la Iglesia como institución crediticia y al estado financiero de las unidades agrarias durante el período colonial, parece bastante claro que la mayor parte de éstas se encontraba sumida en una situación de muy frágil equilibrio financiero.
Los ejemplos analizados nos permiten asegurar que esa precaria situación financiera tenía más que ver con los variados compromisos de origen religioso y piadoso que habían gravado a las haciendas durante
más de dos siglos, que con auténticos préstamos destinados a solventar
inversiones productivas. En todos los casos estudiados, además, la gran
mayoría de las deudas de origen exclusivamente piadoso tenían ya una
venerable antiguedad a fines del XVIII.
Y eso nos lleva a otro tipo de problemas (aparentemente) muy alejados de la "vida económica". Es evidente que esas obligaciones religiosas y piadosas se relacionan con los valores más importantes a ojos
de los miembros de la élite: la piedad y el honor, con sus complejas
manifestaciones privadas y públicas. Estos valores son en realidad los
objetivos últimos de los racionales negocios a los que han dedicado una
parte sustancial de sus vidas. Como ya lo dijimos en otra parte80, no
hay que olvidar que las mayores energías de estos miembros de la élite
(y de los aspirantes a ingresar en ella) no iban encaminadas a hacer
una fortuna, sino a gastarla en salvaguardar los valores que consideraban fundamenta/es. Es decir: una posición relevante en el horizonte
social que les era propio y su piedad religiosa. Esta es una sociedad
de Antiguo Régimen y la ostentación pública de esos valores, a través
de una intrincada trama de formas ritualizadas de comportamiento,
era de vital importancia como elemento de afirmación y de diferenciación social.

En realidad, si se nos disculpa esta incursión filosófica, podríamos
decir que aquí esos valores son los que sobredeterminan a la vida económica "pura" (si es que este concepto puede tener algún sentido en
el marco del análisis de esta sociedad, hecho del que dudamos
fuertemente).
Volviendo ahora al tema central de este trabajo, señalemos también que los crédito otorgados por la Iglesia y que hemos llamado "créditos blandos", tenían características tan peculiares -en especial, para aquellos que habían anudado buenas relaciones con los responsables de otorgarlos (y aquí se cierra el círculo que va de la sociedad a

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

63

la economía)- que fue casi imposible para los hacendados adaptarse
posteriormente a las duras condiciones de un auténtico mercado crediticio. Mercado donde los créditos indefectiblemente tienen un plazo bien
terrenal y subidos intereses, pues ya lo dice el refrán: "En este mundo
no hay plazo que no venza ni deuda que no se pague ... "
Finalmente, reiterando algo que señalamos en el primer párrafo,
parece evidente que las leyes de desamortización provocaron una ruptura y que ésta afectó fundamentalmente a los viejos linajes de hacendados coloniales, favoreciendo a nuevos grupos. Estos estaban en mejores condiciones sociales y económicas -por sus relaciones con sectores políticos recientes y por su disponibilidad de efectivo, acumulado muchas veces en la especulación y el comercio- para hacer frente
exitosamente a la desamortización de los censos que gravaban a las haciendas. Gran parte de este nuevo sector social de hacendados será el
que funcione como uno de los sustentos del régimen que se avecina y
que llegará hasta las puertas mismas de la Revolución.

�ANEXO

PROPIETARIOS DE HACIENDAS EN EL ENTORNO AGRARIO DE TEPEACA.1700/1880
Hacienda

San José
Zahuatlán

El Pino

Santa Ma.
Atlacuil.

San Miguel

1700/1760
Cap. Jh. Zárate y
Vargas ( 1701...)
Presb. Rodrigo Rinc:on
Gabriel de Arruti
(1735 ... )
Lic. Jh. Palacios
(1701. .. )
Gabriel de Arruti
(1735 .. .)
Mat. Morón (1765 ... )
Mayorazgo Gorospe

Mayorazgo Gorospe

1770/1820
Lic. Anto. Gálvez
(1772 ... )

Solís-Moreno
Solís y Gorospe
(1779 ... )
Lic. A. Gálvez
(1772 ... )
Solís y Gorospe
(1779 ... )

San Francisco

Los Reyes
(c. 1850)

Santa Ana

Santa
Cruz

San José
de
Gracia

Lic. Lor. de León
Beltrán (1704... )
Lic. Sol y Piedra
(1723/28)
( ... 1765 ... )
Cap. Palacios y Solórzano (1683/ 1739)
Lic. Franco. Fernández Rondero
Franco. Calderón L.
de Guevara (1743 ... )
González Peláez
M. García Cortés
A. Gómez Cabildo
(1720/23)
Anto. Lezama
Jh. de Gracia
(1743 ... )

Solís-Moreno
( ... 1875)
Anto . Viveros
(1880)

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La Joya

Cap. Juan de Rivera
Barrientos
Greg. Sánchez Guillén ( ... 1712/27)
Br. Pedro Ximénez
Campillo (1728 ...)
Anto. Martínez Borges (.. . 1765 ... )
Bias Ovando y hered. ( ... 1750... )

1830/1880

Mno. de Yta (1858 ... )
Mig. Ramírez
Miranda (1869/ 73 ... )
.......
...... -----.
Crisanto Martínez
(1850 ...)
Mno. de Yta (1858 ... )
Nic. Vélez y hered.
(1862/87 ...)

------

Herederos de ------------------( ... 1857)
Martínez B.
Franca. Meza de Nava
(1865 ... )
-----------------1815-------------Martínez B. ---------------------Hered. Ponze
de León (1771/89 ... )
Gonz. Barroso
(1806 ... )

Hered. Gonz. Barroso
( ... 1868)
Pedro lbargüen
(1868/82)

Herederos ----------------------(c. 1860)
Juan Vara (1867/73)
de
Calderón

Pedro Carrillo

Herederos de
Gracia

Herederos de Gómez
( .. .c. 1850)

Anto. Carbajal
(1806... )
Andrés Gómez
(1810... )

Greg. Moreno y
hered. (1868/83...)

�Garavaglia-Orosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

67

NOTAS
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l. Bauer, A.J. (comp.) La Iglesia en la economía de América Latina, siglos XVI al
XIX, México, INAH, 1986. Véase la "Introducción" de Bauer, especialmente pp.
27/31. Sobre este problema también pueden consultarse los trabajos de Gisela von
Wobeser, en especial el artículo "El uso del censo consignativo como mecanismo
de crédito eclesiástico", Históricas, IIH-UNAM, México, núm. 23, 1988.

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2. Florescano, E., Origen y desarrollo de los problemas agrarios en México, 1500-1821,
México, ERA, 1979, pp. 116/117.

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4. Bazant, Jan Los bienes de la Iglesia en México (1856-1875): aspectos económicos
y sociales de la Revolución liberal, México, El Colegio de México, 1977. Entre otras
importantes contribuciones sobre el tema véase: Robert J. Knowlton Los bienes del
clero y la Reforma mexicana, México, FCE, 1985 y Charles R. Berry "The Fiction
and Fact of the Reform: The Case of the Central District of Oaxaca, 1856-1867",
en The Americas, v. XXVI (3), enero 1970.

5. En Oaxaca, según Ch. Berry (op. cit.) algunos pueblos indígenas habrían aceptado
y orientado en su beneficio la individualización de las tierras comunales. También
en la Huaxteca veracruzana algunos pueblos aprovecharon las leyes liberales para
regularizar su tenencia; por otra parte tanto aquí, como en Jalisco y Michoacán, a
pesar de la existencia de una legislación y de un proceso desamortizador previo a
la Ley Lerdo, el avance sobre las tierras de las comunidades habría sido lento, y
en algunos casos, como en la Huaxteca, recién se llevó adelante a partir de la década de los ochenta. Cf. Michael Ducey "Tierras comunales y rebeliones en el norte
de Veracruz antes del Porfüiato, (1821-1880): el proyecto liberal frustrado", 1987
(mecan.); Moisés F. Mendoza "La desamortización de bienes de comunidades indígenas en Michoacán", en Pedro Carrasco et. al. La Sociedad Indígena en el Centro
y Occidente de México, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1986 y J ean Meyer "La
Ley Lerdo y la desamortización de las comunidades en Jalisco", en ibid: Robert
Knowlton "La individualización de la propiedad corporativa civil en el siglo XIX,
Notas sobre Jalisco", Historia Mexicana, XXVIII (1), julio-septiembre 1978. Véase también el excelente trabajo de Andrés Lira Comunidades indígenas frente a la
ciudad de México. Zamora, El Colegio de Michoacán, 1983.

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3. Florescano, E., op. cit., p. I 18; cf. el análisis de Eric Van Young en "La historia
rural de México desde Chevalier: historiografía de la hacienda colonial", en Historias, México, núm. 12, enero-marzo de 1986, p. 43.

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6. Al referirse a "la nacionalización de hecho" aplicada por los gobiernos liberales en
el occidente con anterioridad a la legislación nacional, Ja,1 Bazant recoge la preocupación que en su momento manifestaron algunos gobernantes michoacanos ante la
posibilidad de que los capitales que los terratenientes debían a la Iglesia fueran redimidos por terceros que dispusieran de liquidez, quedando a merced de acreedores
más rigurosos que las corporaciones eclesiásticas. Pero, a pesar de que menciona
que en uno de los registros notariales de Morelia se asentaron varios casos en los
que los capitales fueron comprados por quienes no eran los deudores, no desarrolló
este problema (op. cit., pp. 171/175).
El mismo autor, en la ponencia presentada en el Congreso Internacional de Americanistas de 1970, "Una tarea primordial de la historia económica latinoamericana:

�68

SigloXIX

el estudio de la economía de las haciendas en el siglo XIX. El caso de México",
limita su consideración sobre la nacionalización de los bienes eclesiásticos al cambio que se habría operado en las pautas de inversión (concretada en la introducción
de mejoras) en la haciendas "exclericales" adquiridas por sus antiguos arrendatarios o en aquellas en las que los deudores hipotecarios habían liquidado los gravámenes. La historia económica en América Latina, México, SEP-Setentas, 1972, 11,
pp. 115/116.
Por su parte Herbert J. Nickel en su libro Morfología social de la hacienda mexicana (México, FCE, 1988; Ira. ed. en alemán en 1978), sólo le dedica seis páginas al
tema "Leyes de Reformas y política agraria liberal". Si bien sostiene que "todavía
son muy deficientes los conocimientos de los efectos inmediatos de las leyes de reforma sobre el sistema de la hacienda", considera que "es probable que la transferencia a particulares de las propiedades de las corporaciones haya conducido a una
mayor acumulación de terrenos por las grandes haciendas y a la creación de nuevos
latifundios (p. 97). David Brading ha constatado que en la década de 1850 y principios de la siguiente fueron vendidas cerca de la mitad de las haciendas de la jurisdicción de León, pero no lo relaciona con la política agraria del momento. Haciendas
y ranchos del Bajío, León, 1700-1860, México, Grijalvo, 198, p. 206.

7. Martínez, H., Tepeaca en el siglo XVI. Tenencia de la tierra y organización de un
señorío, México, CIESAS, 1984 y Gerhard, P. A Guide to the Historical Geography
of New Spain, Cambridge, Univ. Press, 1972.
8. En 1775. la jurisdicción de Tepeaca representaba el 26.6% del total de la masa decimal del obispado -sin contar las cabeceras de Veracruz- y en 1790 alcanzó a un
27.6%. La situación del hinterland agrario de la ciudad es totalmente diversa, pues ·
pasa de un 6.5% de ese total en 1775 a un 5.3% en 1783 y a un 5.6% en 1790. Ver
Archivo General de la Nación, México (AGNM), Real Hacienda (RH), Diezmos,
vol. 20 y Archivo General de Indias, Sevilla (AGI), México 2576. Para más datos,
consultar: Medina Rubio, A., La iglesia y la producción agrícola en Puebla, 154().I 795,
México, El Colegio de México, 1983.
9. La documentación existente en la colección "Tenencia de la tierra en Puebla" de
la Biblioteca Nacional de México (BNMEX-TIP), con abundante y rica información sobre Quecbula y Tecamacbalco, permite inferir que, para el inmediato entorno agrario de la villa, es probable que la época de mayor enajenación de tierras controladas por los pillis baya sido el periodo 1590/1615 como ocurrió en esas dos cabeceras citadas. Ver BNMEX-TIP, caja 37 Fram;ois Chevalier conforma esta cronología pai:a Tepeaca a partir de otros legajos de AGNM-Tierras que nosotros no
hemos podido consultar (ver La formación de los latifundios en México FCE México, 1976, pp. 263-264).
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10. Véase, entre otros, la visita del Obispo Mota y Escobar de 1613, en Biblioteca Nacional de Madrid (BNM), Mss. 6877, fs. 66-66 vta.

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

69

de producción se igualaran; ver nuestro libro Las alcabalas novohispanas (1776-1821),
México, AGNM-Banca Cremí, 1988.

13. Ver Archivo Diocesano de la Catedral de Puebla (ADCP), Diezmos de Temporal,
Trigos y Mestas mayores y menores de Tepeaca, año 1800; ese año, los diezmos de
la jurisdicción de Tepeaca incluían a Tepeaca, Hueyotlipan, Acatzingo, Los Reyes, Tecamacbalco, Tuxtepec, Santa Clara, Tecali y Zilcatlacoyan.
14. AGI, México 2578.
IS. Eric Van Young ha comprobado que 80 haciendas de esta región cambiaron de manos por venta 375 veces entre 1700y 1815, pero la frecuencia de este tipo de transferencia fue dos veces mayor en la primera mitad del siglo. Hacienda and Market in
Eighteenth-Century Mexico: Tbe Rural Economy of the Guadalajara Region,
1675-1820, Berkeley, Univ. of California Press, 1981, pp. 115/117.
16. Los dos momentos más importantes en los que se concentró el mayor número de
ventas de las propiedades de León fueron la década de 1790 (en la que, bajo el "influjo" del capital minero cambiaron de manos IS de 27 fincas) y, como ya semencionó, la década de 1850 e inicios de la siguiente. David A . Brading, op. cit., pp.

202/06.
17. De acuerdo a lo declarado en 1702 por el representante de "los labradores de la Provincia de Tepeaca" estos participaron de la composición de 1643 pagando 30 000
pesos "no necesitando de componerlas porque no eran tierras del Real Patrimonio,
sino de Indios Principales y Caciques"; en efecto, como decimos un poco más arriba, la mayor parte de los propietarios no habían obtenido las tierras por mercedes
reales sino que las habían adquirido de los líderes indígenas locales entre 1580 y 1610,
AGNM-Tierras 2870 y 2730 exp. l.
18. Basándose en la contabilidad interna del Juzgado de Capellanias del Obispado de
Puebla entre 1789 y 1812, Francisco Cervantes ha logrado constatar que mínimamente 100 propiedades tuvieron que cederse al menos en una ocasión por la incapacidad de los deudores de pagar los réditos; la mayoría de esas propiedades se localizaban en el entorno agrario de la ciudad de Puebla y en las jurisdicciones de Atlixco, Cholula y Tepeaca. "La Iglesia y la crisis del crédito colonial en Puebla
(1800-1814)", en L. Ludlow y C. Marichal (eds.), Banca y poder en México
(1800-1925), Grijalvo, México, 1986, p. 63.
19. Archivo General de Notarías de Puebla (AGNP), Puebla, notaría (not.) núm. 2, 1976
y AGNP, Tepeaca, 1727 y 1783. Para no colmar la paciencia del lector en las páginas que siguen limitaremos al máximo las citas correspondientes a los distintos tipos de documentos obtenidos de los protocolos notariales de la ciudad de Puebla
y de la cabecera de Tepeaca (años 1690 a 1882).

11. Flon, M. de "Noticias estadísticas de la Intendencia de Puebla", en Florescano E.
Y Gil Sánchez, l. Descripciones económicas regionales. Provincias del Centro Sudeste y Sur 1766-1827, México, INAH, 1976, pp. 172-173 y AGNM, Padrones, voÍ. 38.

20. "Colección de providencias diocesanas del Obispado de la Puebla de los Angeles,
Real Seminario Palafoxiano", Puebla, 1770, cit. por Florescano, E. op. cit, .p. 115

12. AGNM, Indiferente de Real Hacienda (lndif. R.H.), Igualas de Alcabalas, año 1788.
En todos los casos las igualas constituían un impuesto concertado entre el recaudador fiscal y el contribuyente, pero no era obligatorio que todas la unidades agrarias

21. Véase por ejemplo las operaciones de compra y venta de las haciendas San Bartolomé Y San Juan en Acatzingo efectuadas por el Capitán Juez Sarmiento siendo Alcalde Mayor de Tepeaca, AGNP, Tepeaca. 1788 y 1792.

�70

Siglo XIX

22. Véanse nuestros trabajos "La evolución económica de la región poblana (1778-1809)",
Anuario de la Escuela de Historia, Universidad Nacional de Rosario, vol. 12, 1986/87,
y "El abasto de una villa novohispana: mercancías y flujos mercantiles en Tepeaca
(1780-1820)", en Anuario IEHS, UNCPBA, Tandil, núm. 2, 1987.
23. Para una mayor información sobre los Martínez Borges y otros linajes de hacendados locales, ver nuestro trabajo "Mexican Elites of a Provincial Town: The Landowners of Tepeaca (1700-1870)", Hispanic American Historical Review, 70 (2),
1990, pp. 255-293.
24. Una situación distinta habría caracterizado a la transmisión de la propiedad en las
haciendas azucareras de Cuemavaca-Cuautla en el siglo XVIII donde no hubo continuidad y las fincas permanecieron pocos años en manos de una misma familia,
debido -según Von Wobeser- al elevado endeudamiento y "a las leyes de herencia que prescribían la división de la masa hereditaria, en partes iguales, entre todos
los hijos, lo que tenía como consecuencia que los bienes se tenían que vender para
satisfacer a los herederos". Von Wobeser, G. "Las haciendas azucareras de Cuernavaca y Cuautla en la época colonial", en Crespo, H. (coord.): More/os: cinco
siglos de historia regional, Cuernavaca, CEHAM-UAEM, 1984, p. 112.
25. Kicza, J .E. Empresarios coloniales, Familias y negocios en la ciudad de México durante los Barbones, México, FCE, 1986, pp. 47/ 48 .
26. Lindley, R.B. Las haciendas y el desarrollo económico, Guadalajara en la época
de la independencia, México, FCE, 1987, p. 159.
27. AGNP, Puebla, not. 2, 1796.

28. "Cuaderno corriente del concurso de San Mateo Parra", 1818, AGNP, Tepeaca,
Expedientes judiciales.

Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

71

en Ludlow, L. y Marichal, C. (eds.) banca y poder en México (1800-1925), Grijalvo, México, 1986.
37. Ante la aducida carencia de recursos para la liquidación de las deudas, se autorizó
a que los propietarios las redimieran mediante "composición", es decir reconociendo el monto global de los gravámenes y obligándose a pagarlo en anualidades. Así,
Don Juan Martínez, propietario de la hacienda San Francisco, pagó en 1807 500
pesos "por vía de composición" a cuenta de. los 3 000 que reconocía a favor del
Convento de las Carmelitas; y Don Mariano Suárez, que declaró una deuda total
de 20 990 pesos sobre la hacienda San Nicolás Tolentino y su casa de Amozoc, exhibió de contado 1 000 pesos, comprometiéndose a pagar el resto en anualidades de
500 pesos, AGNM, Consolidación vol. 8.
38. Hamnett, B. "The Appropriation of the Mexican Church Wealth by Spanish Bourbon Government: the Consolidación de los Vales Reales" en ]LAS, núm. 1, 1969
y Lavrin, A. "The Execution of the law of Consolidación Economics Aims and Results", en HAHR 53 (1), 1973.
39. Cervantes, F. op. cit., p. 59. En general existe un acuerdo entre los autores que han
1rabajado el tema sobre los efectos negativos que tuvo la consolidación en el sistema crediticio colonial. Así, Clara García ha comprobado la pérdida de la capacidad
crediticia de la cofradía de Aránzazu como consecuencia de las redenciones que tuvo que efectuar: "El comerciante y el crédito durante la época borbónica en la Nueva España", en Ludlow, L. y Marichal, C. (eds.), op. cit.
40. Cervantes, F. op. cit., pp. 62/63. Véase también el análisis que realiza el mismo
autor sobre los deudores de los capitales de la capellanías y obras pías en el trabajo
"Réditos vencidos y capitales eclesiásticos", incluido en este mismo número de Siglo XIX.
41. Rosalva Loreto, que ha estudiado la composición de la riqueza de algunos de los

29. lbidem.
30. Fabián y Fuero, op. cit., p. 177.
31. González Sánchez, l. (ed.) Haciendas y ranchos de Tlaxcala en 1712, INAH, México, 1969.

32. Chávez Orozco, L. (ed.) "El crédito agrícola en el Partido de Cholula de la Intendencia de Puebla en 1790", México, 1955.
33. Así, por ejemplo, la hacienda de Santa Ana, valuada en 1728 en 22 054 pesos poseía
gravámenes por 17 000 y la de San Francisco, con un valor de 24 800 pesos reconocía diversos censos por 13 000 (1712).
34. AGNM, Consolidación, vols. 4 y 8.
35. El texto de las representaciones de los labradores de Tepeaca, y las de los hacendados de Tehuacán y del Ayuntamiento de Puebla en Sugawara, M. La deuda pública
de España y la economía novobispana, INAH, México, 1976.
36. Cervantes Bello, F. "La Iglesia y la crisis del crédito colonial en Puebla (1800-1814)",

conventos de mujeres de la ciudad de Puebla a lo largo del siglo XVlll, ha comprobado una caída tanto en términos absolutos como relativos de los montos destinados a censos y obligaciones. Así, por ejemplo, el Convento de la Concepción, que
en 1677 tenía invertidos en ese rubro 450 mil pesos (el 890Jo de sus bienes), en 1788
los censos y obligaciones apenas sumaban 373 000 pesos, en tanto que sus propiedades urbanas componían más del 530Jo de su riqueza en ese último año. "La perfección y la riqueza: la vida conventual en Puebla en el siglo XVIII", El Colegio
de México, PIEM, 1988 (mecan.) Una situación similar se dio en los conventos de
monjas de la ciudad de México cf. Lavrin, A. "Los conventos de monjas en la Nueva España", en Bauer, A.J. (comp.) La iglesia... , op. cit.
42. Cervantes, F. "Iglesia y crédito en la región de Puebla: la secularización del crédito
eclesiástico en el siglo XfX", El Colegio de México, 1989 (mecan.), p. 38.
43. En el período 1830/47 las fundaciones piadosas fueron responsables del 480Jo del
crédito eclesiástico, en tan to que los conventos proveyeron el 420Jo de los capitales
prestados. !bid., p. 56. Sobre la reducción de los ingresos de la Iglesia ver el trabajo
del mismo autor "Réditos vencidos ... ", op. cit.
44. Sobre la relación entre crédito eclesiástico y particular en el Obispado de Puebla
en el período 1800/14, cf. Cervantes F. "La Iglesia y la crisis ... ", op. cit., pp. 62/68.

�72

Siglo XIX

Linda Greenow ha demostrado que la participación del crédito eclesiástico también
declinó en Guadalajara a lo largo del siglo XVIII, pasando de 71 al 25070 entre J721
Y 1820, en: Credit and Socioeconomic Change in Colonial Mexico: Loans and Mortgages in Guadalajara, 1720-/820, Boulder, 1983. Por su parte, Eugene Wiemers
quien ha trabajado sobre el mercado crediticio en Orizaba y Veracruz en el sigl~
XIX, antes de la desamortización, sostiene que la Iglesia tuvo un peso insignificante
en est~ región en relación con el crédito particular dominado por los comerciantes:
"Agnculture and Credit in Nineteenth-Century Mexico: Orizaba and Cordoba
1822-71", en HAHR, 65 (3), 1985.
'

45. Cervantes, F. "La Iglesia y la crisis...", op. cit., pp. 70/73.
46. Sobre 114 préstamos eclesiásticos otorgados en el Obispado de Puebla en 1830/47,
37 fueron respaldados por hipotecas sobre haciendas; de ellos ocho correspondieron a fincas de la jurisdicción de Tepeaca, por una suma de SO 229 pesos (el 9.5%
del monto correspondiente al total de los préstamos).Cervantes, F. "Iglesia y crédito... ", op. cit. p. 46.
47. lbi~. p. SO. E~!ª. cercana r~ón a _la que estaban integradas Orizaba y Córdoba,
el s1stem_a cred1uc10 no habna expenmentado mayores problemas en la primera mitad del siglo XIX, como parece sugerirlo el hecho de que la mayoría de los deudores
pag~o~ ~us créditos_r un alto porcentaje lo hicieron en término sin llegar a procesos Jud1c1ales. Cf. W1em~rs, E_. op. cit. pp. 538/45. Y esto, probablemente, tenga
que ver c~n el marcado dinamismo económico que se percibe en esta región desde
fines del s1gl~ XVIII y que contrasta claramente con la situación del área poblana.
H~mos estudiado en lineas generales algunos aspectos de este proceso en Garavaglia, J .C. YGrosso, J.C. "De Veracruz a Durango: un análisis regional en la Nueva
España bor?óni~"• en Siglo XL?C, Revista de Historia, 11 (4), 1987, pp. 9-52, Facultad de Filosof1a Y Letras, Uruversidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey.
48. En muchos casos el "Censo de haciendas y ranchos" de Tlaxcala de 1712 menciona
e_l mo~to gl?bal de los censos del "Principal" que reconoce la finca sin precisar el
tipo ru el ong~n del gravamen; pero aun cuando aclara que el propietario del censo
es una obra p1a o una capellanía, es difícil saber si se trata de una fundación disp~esta por al~no de l?s propietarios que tuvo la finca o de una imposición del capital perteneciente a dicha fundación piadosa (es decir, un censo-préstamo) González Sánchez, l. (ed.), op. cit.
'
49. Según el inventario de 17~7 el ganado-que incluía 46 bueyes y 92 mulas de arado,
69
Y caballos de trilla, una manada de 462 ovejas y algunas vacas y ternerasy diversos aperos fueron valuados en 3 300 pesos, en tanto que las semillas, sembrados Y ~arbechos en aproximadamente 6 000 pesos. En 1810 las 14 caballerías de tierra valían 7 800 pesos, las edificaciones 2 531 pesos, y los llenos J 998 pesos AGNP
Tepeaca, 1727 y 1810.
'

reguas

50. ADCP, Cuadernos de diezmos de la cabecera de Tepeaca, a!los 1800, 1805 y 1810.

SI. Las comillas tienen aquí el sentido de evocar una parte de la complejidad de este
pro_blema; pensemos que, con las debidas salvedades, esta "opción" era más bien
SOClal que ~rsonal. La inver~ión en dotes conventuales o en capellanías podía no
ser económicamente productiva, ~ro era socialmente muy redituable...

Garavag/ia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

73

52. En 1725 cuando Don Alonso Ruiz de Bárcena se adjudicó la hacienda, debió otorgar la ~ritura hipotecaria por la suma de 12 209 pesos a favor de las "hijuelas"
que correspondían a sus hermanos (cinco mujeres y el ya mencionado presbítero
Don Francisco) por "sus legítimas Paterna y Materna" AGNP, Tepeaca, 1727.
53. AGNP, Puebla, not. 1, 1818.

54. AGNM, Consolidación, v. 8, f. 439.

SS. Por otra parte, en 181 O la hacienda reportaba una carga de 7 788 pesos a favor de
diversos "capitales piadosos". AGNP, Tep., 1810.
56. La deuda que reconocía La Purificación en 1807 estaba compuesta de la siguiente
manera:
-733 pesos de la mencionada capellanía fundada en 1631, en ese momento vacante.
-1 000 pesos del préstamo concedido en 1723.
-1 422 pesos del convento de la Concepción, censo producto de~ dote &lt;:Onventu_al.
-5 120 pesos de dos censos consignatarios que servían al presb11ero Xav1er de Bárcena, quien había heredado las capellanía fundadas en 1717-1727 a favor de sus
tíos.

51. El capitán Francisco Maria Tamayo fue Regidor Ho~orario de la ciud~d de Puebla
(1817), Alcalde Constitucional de Tepeaca (1823), miembro ~el ConseJo de Es!3do
(1825) y Presidente del Ayuntamiento poblano en 1832; su hiJO llegó a ocupar mterinamente el cargo de gobernador de Puebla en 1830, cuando fueron expulsados los
"yorkinos" del gobierno local . Para mayor información sobre los Tamayo, véase
nuestro trabajo "Mexicans Elites... ", op. cit.
58. Refiriéndose a las haciendas azucareras de Morelos en la primera mitad del siglo
XIX Domenico Síndico sostiene que el límite real del sector no estaba en la productivid~d ni en la falta de mercados, sino en el sobrendeudamiento de las propiedades que obligaba a orientar los beneficios al pago de los réditos e impedía obtener
recursos para mantener en operación las fincas. "Azúcar y burguesía, Morelos en
el siglo XIX", en Cerutti, M. (coord.), El siglo XIX en México. Cinco procesos regionales, México, Ed. Claves Latinoamericanas, 1985, p. 20.

59. Un miembro de la familia Mier se adjudicó el Hospital de San Pedro, en la ciudad
de Puebla, por 22 250 pesos. "Noticia general de las fincas rústicas y urbanas de
corporaciones civiles y eclesiásticas que han sido adjudicadas y rematadas en almoneda pública ... ", en Memoria presentada ( ...) por el C. Miguel Lerdo de Tejada
dando cuenta de la marcha que han seguido los negocios de la Hacienda Pública ...
México, imprenta de García Torres, 1857, p. 448.
60. Estos eran: 3 500 pesos impuestos por el propietario en 1654 como dote para dos
de sus hijas profesas en el convento de la Concepción; 3 000 pesos de una capellanía
fundada en 1681 por el propietario, el capitán Don Pedro Bravo de Lagunas, a favor del licenciado Francisco Bravo de Lagunas (¿hermano ohijo?);300 pesos de principal de una capellanía fundada por el citado capitán Bravo en 1683; 2 400 pesos
de una "memoria de misas" fundada por el mismo propietario y su esposa en 1685;
2 200pesos de una censo impuesto en 1691 por el licenciado Miguel Bañuelos Cabeza de Vaca (probablemente se trate de un censo-préstamo); 600 pesos de una obra
pía fundada por otro de los propietarios (¿fecha?).

�74

Siglo XIX
Garavaglia-Grosso: Propiedad y desamortización en las haciendas mexicanas

61. A su vez el arrendatario también recurrió al crédito particular "para adelantar el
Giro de sus Labores", recibiendo del barón de Antoneli 3 674 pesos que se comprometió a pagar remitiéndole 334 cargas de trigo blanquillo de buena calidad de la
cosecha de la hacienda; aiios después obtuvo un crédito mercantil por "varios efectos de matanza que importan la suma de 1609 pesos" con un rédito del 60Jo. AGNP,
Puebla, not. 3, 1815 y AGNP. Tepeaca, 1824.
62. En 1846 su propietario, duei\o también de la hacienda Santa Inés CuautJa, celebró
un convenio con el "defensor foráneo de Obras Pías" del Obispado de Puebla renegociando el pago de cuatro anualidades de 500 pesos por "rezagos de réditos"
que se debían desde 1843. En la década de 1860 Don Rafael García, por entonces
propietario de San José Capula, redimió dos capitales que gravaban la finca acogiéndose a los beneficios de las leyes de desamortización (en un caso redimió un capital piadoso de 3 000 pesos entregando pagarés por la suma de 2 543 pesos). Empero, García no pudo redimir la totalidad de los censos que afectaban la finca, posibilitando que terceros denunciaran esos capitales (dos antiguas capellanias por 7 000
pesos más sus réditos); ante esta situación en 1872 debió arrendar la San José por
carecer de "fondos disponibles" para rescatar los créditos que amenazaban su dominio sobre la hacienda. En ese mismo ai\o su albacea testamentario debió reconocer un capital de 4 665 pesos de la capeUania de San José de Paula Tamayo que
habia sido redimido por un comerciante de Tepeji, AGNP, Tepeaca, 1846, 1872 y
1873.
63. Gumersindo Savii\ón, un empresario muy ligado a la industria textil de Puebla, fi.
gura entre los primeros adjudicatarios de bienes de la Iglesia adquiriendo en 1856
una casa propiedad de el convento de la Santísima valuada en más de 10 000 pesos,
"Noticia general de las fincas urbanas y rústicas ... ", op. cit., p. 444.
64. En 1832 Barroso había celebrado un convenio con el propietario de la colindante
hacienda El Pino, por el que adquiría ea servidumbre perpetua "una toma de agua
de la Barranca", para lo cual había realizado "crecidísimos gastos (...) en hacer
puentes, cañones y algunos otros preparativos que no vajan de Un mil pesos. .. "
AGNP, Tepeaca, 1832.

65. lbargüen, miembro de una familia de comerciantes de Tepeaca, figura entre los adjudicatarios de bienes desamortizados y había redimido, como denunciante, un capital de 3 087 pesos; para eUo debió endeudarse con un tercero a quien finalmente
le subrogó ese censo. Por otra parte, para poder recuperar un capital de 6 000 pesos
que había sido redimido por un comerciante de Tecali, en 1877 tuvo que vender a
su acreedor dos terrenos de labor de la hacienda de Santa Ana valuados en 5 000
pesos. Cinco ai\os después, los lbargüen vendieron la finca en un precio de 10 000
pesos por "lo raíz" más mil por los llenos a Soledad Gárate de Machorro, quien
era la propietaria de un crédito hipotecario de 4 560 pesos, que reconocía Santa Ana,
AGNP, Tepeaca, 1874, 1877 y 1882.
66. Aunque el préstamo fue por cinco ai\os, la hipoteca recién fue cancelada en 1838.
AGNP, Puebla, not. 3, 1791, y Puebla, not. 7, 1830.
67. Como pane del pago los Gorospe recibieron una casa de "edificio alto y bajo",
en pleno centro de la ciudad de Puebla, valuada ea 19 000 pesos. A pesar de sus
estrechas relaciones con la Iglesia, no dejaron de redimir los capitales religiosos que
gravaban la casa del PonaI de las Flores, AGNP, Puebla, not. 7, 1858.

75

68. Mariano Oropeza traspasó esos créditos a Julio Ziegler, cóos~ de Suiza en Veracruz, que en 1863 redimió en la jurisdicción de Te~ca 39 ca~1tales ~r ~n monto
total de 112 844 pesos. En algunos casos Ziegler cedió los capitales redi_m1dos a los
propietarios de las fincas, poniendo de manifiesto el caráct~r especulaavo _d~ estas
operaciones, AGNP, Tepeaca, 1862 y 1863. Bazaot prop~rc1ona una amplia mf?r•
mación sobre los negocios de ambos especuladores en la etudad de Puebla, op. cit.,
pp. 252/55 y 308 SS.

69. "Liquidación de créditos de la Hazienda San Mateo de la Parra... " , 1809-1822,
AGNP, Sección Judicial.
70. Estos eran: dos capellanias, por un total de 3 000 pesos, _una fundada en 1696 Y la
otra correspondiente a un capital impuesto en 1710 conJuntamente con el de una
dote de 2 000 pesos a favor del convento de la Santísima; 1 000 pesos de una obra
pía (1732).
71. Podemos detallar los siguientes: 3 000 pesos de la dote de una profesa perteneciente
al convento de la Purisima Concepción (1735); 3 000 pesos d_e la dote c~?ve~tual
de la Reverenda Casimira Arruti (1747); 6 300 pesos perteneetentes a los ~versarios" de la catedral de Puebla que databan de 1741 y que probablemente tuVJeran
su origen en el gravamen impuesto por Arruti para saldar el préstamo de su hermano; y una capellania de 3 000 pesos que gozaba el presbítero M~nuel Vélez, hermanastro de Erroz y que tenía su origen en la fundada por su bisabuela en 1752.
72. Bazant, J., op. cit., pp. 244/ 246.
73. AGNP, Tepeaca, 1868, Romero Vargas figura entre los p~eros a~j~dicatari_os de
bienes de la Iglesia, en tanto que otro miembro de su familia adqumó la h~c1enda
de Macuila situada en Acatzingo, perteneciente al convento de Santo Dommgo de
Puebla. "Noticia general de las fincas urbanas y rústicas ... ", op. cit., pp. 452 Y

455156.

74. Los pagarés adquiridos por Viveros, que sumaban 1 24_5 pesos, correspond!an a las
2/5 partes del importe del capital que había desaroorttzado Tamayo. Segun la ley
de 1859 de nacionalización de los bienes eclesiásticos, los gravámenes podían ser
rescatados por sus propietarios pagando 3/ 5 partes en tí~ulos de la _deuda pública
(que se cotizaban 5-I0OJo de su valor nominal)~ 2/5 en diner~ efectJv~, pagader?5
en 40 abonos mensuales en pagarés, que posteriormente el mismo gobierno vendió
al 3~35% de su valor. AGNP, Tepeaca, 1869. Las dotes de las religio~ fueron
transformadas en propiedad privada de cada beneficiaria y debían ser escnturadas
a favor de cada una de ellas y no del convento al que habían pertenecido. So~re
los diversos aspectos de las leyes de desamortización véase Jan Bazant, op. at.
75. Jan Bazant (op. cit,. pp. 340/348) ha llamado la atención sobre el fr~ccionarniento
de algunas haciendas en la región del Bajío luego de las reformas bbe~ales,.cuya
legislación autorizó la división de las propiedades sin que fuera necesaria la 1_ntervención de los tenedores de los créditos hipotecarios. En Tepeaca hubo fraccionamientos que redujeron considerablemente la extensión de algunas haciendas. Tal fue
la situación de San Mauricio el Grande, cu ya propietaria, para poder pagar las deudas de la testamentaria de su esposo, vendió numerosas pequei\as parcelas a campesinos de los pueblos vecinos, AGNP, Tepeaca, 1870 y 1871.

�76

Siglo XIX

Desamortización y Liberalización
de mano de obra en México.
Pachuca-Real del Monte (1850-1880)

76. AGNP, Puebla not. 8, 1871. El último arrendamiento de la finca del que tenemos
noticia se había efectuado en 1856 por tres años y anualidades de 1 OSO pesos; en
ese momento parte de las tierras se hallaban entregadas a arrendatarios y medieros.
AGNP, Puebla, not. 7, 1856.
77. En la "Noticia general de las fincas rústicas y urbanas... " (op. cit.) sólo se registraron tres de estas operaciones. La única finca del entorno agrario vinculada a una
institución religiosa fue la hacienda de San Felipe Tenextepec que peneneció a los
dominicos de Oaxaca por lo menos desde 1780, pero cuyos rastros se pierden en
la tercera década del siglo XIX. En 1861 su propietario, José Nicolás Vélez redimió
los capitales que reconocía la finca a favor del convento de Santa Clara de Puebla.
AGNP, Tepeaca, 1862. En general la venta de las fincas rústicas de la Iglesia no
tuvo un efecto imponante en la estructura de la propiedad agraria ya que se ha calculado que, sobre un total de unas S 000 haciendas existentes entonces, sólo 70 -la
mayoría de ellas localizadas en el Bajío y Michoacán- penenecían a distintas instituciones eclesiásticas. Cf. M. Bellingeri e l. Gil S. "Las estructuras agrarias", en
C. Cardoso (coord.)Mético en el siglo XIX (1821-1910), Nueva Imagen, 1980, p. 115.
78. Los trabajos de Ma. Teresa Huena y Domenico Síndico figuran entre los pocos que,
aunque sea indirectamente, hacen referencia a este proceso; los dos porporcionan
información que permite pensar que en la región azucarera de Morelos se habrían
dado situaciones similares a las descriptas en este artículo. Cf. M. T. Huerta "Isidro de la Torre: el caso de un empresario azucarero, 1844-1881", en C. Cardoso
(ed.) Formación y desarrollo de la burguesía en Mético, Siglo XIX, Ed. Siglo XXI,
México, 1978 y D. Síndico, op. cit.

79. Además de algunos casos mencionados en el texto es ejemplificador el caso de la
hacienda Santa Cruz Calderón que fue embargada y rematada a solicitud de dos
monjas exclaustradas que exigieron el pago de las hipotecas correspondientes a sus
dotes. AGNP, Puebla, not. 1, 1873.

80. Ver nuestro trabajo "Mexican Elites..." loe. cit.

Rina Ortiz Peralta

*

l.

El viajero que recorra México, desde la Baja California a Yucatán, podrá constatar tanto la diversidad del paisaje como las diferencias de
carácter y cultura de sus habitantes en las distintas regiones.
En su origen, fue la geografía la fuente de los contrastes: las zonas
cálidas y templadas del centro y sur, de suelo más o menos fértil, propiciaron el asentamiento y desarrollo de sociedades indígenas complejas, como la mexica o tarasca; en tanto en las regiones menos favorecidas habitaban -en el momento de la conquista- grupos nómadas y
belicosos.
Sin embargo, la relación del hombre con su medi~ geográfico no
es inmutable, sino variable e interdependiente: "la acción de las fuerzas productivas puede estar frenada o acelerada por los recursos natu1
rales y los procesos que se operan en el medio geográfico" • En este
sentido, la conquista española vino a alterar esta relación inicial entre
los hombres y la geografía.
La búsqueda de metales preciosos constituyó el motor de la exploración y conquista del territorio mexicano. Los descubrimientos de yacimientos argentiferos se produjeron en un plazo relativamente breve,

• Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH,
México)

�78

Siglo XIX

aunque la explotación a gran escala se inició en el decenio de 1550 a
1560 concentrándose en tres regiones: Guanajuato, Zacatecas y Real
2
del Monte-Pachuca • Y de estas tres regiones provino la mayor parte
de la plata producida en la época colonial y hasta la sexta década del
siglo XIX 3•
No pretendemos en tan breve espacio delinear el proceso de evolución de la actividad minera; sin embargo, con el objetivo de ubicar la
problemática_q~e nos interesa, deberemos sefialar -aunque sea de manera esquemat1ca- algunas de sus carácterísticas más significativas.
En_ primer lugar, hay que destacar que la minería requería -en
la medida que se desarrollaba- de una concentración más o menos
im~ort~~e de trabaja?ores, e implicaba una división del trabajo compleJa exigida por 1~ diferentes fases de la producción. En segundo lugar, hay que considerar que la minería impulsó actividades agrícolas
Y ganaderas capaces de proporcionar alimentos y forrajes necesarios
para la manutención de los trabajadores y la estabulación de las bestias, ocupadas tanto en el transporte como en las tareas de beneficio
de los minerales 4. Así pues, a través de los hombres y los insumos requeridos, la minería estableció un determinado vínculo con el espacio
rural.
Pero, como señala acertadamente Sempat Assadourian,
n~ de~e suponerse que la relación entre el espacio rural y la econo~1a mmera se da en forma unilateral y mecánica. Precisamente las
diferentes estructuras regionales, tal como se presentaron en el momen_to del surgim!ento ~nero, se ofrecieron para distintos tipos e intensidades de art1culac1on con la economía minera 5•

En el cas? mexic~no, y por su ubicación geográfica, dos de las principales regiones romeras -Zacatecas y Guanajuato- caían fuera de la
zona de denso po~lamiento -~dígena. Por otra parte, la región agrícola que las ab_astec1a_ -C;l Ba110- tampoco se caracterizaba por albergar a comumdade~ md1genas de importancia y, por tanto, fue posible
el desarrollo de ~rudades _productivas que no vivían en continua pugna
con las comumdades
ru por la posesión de la tierra, ni por los
hombres 6 •
En un principio la minería nortefia se nutrió de mano de obra forz~da, ~ediant.~ el si~!ei_na de repartimiento impuesto a los pueblos indigenas, tamb1en utilizo temporalmente trabajadores negros esclavos 7•

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

79

Paulatinamente esta situación fue cambiando: la riqueza minera
atrajo un considerable número de trabajadores, tanto españoles como
indígenas que habían perdido sus tierras o bien que huían de las múltiples cargas que pesaban sobre ellos. De este modo, en un lapso relativamente breve no hubo ya que recurrir al trabajo forzado: la mayoría
de los trabajadores eran libres, acudían voluntariamente a contratarse
a minas y haciendas 8•
Esta continua afluencia de hombres modificó otra práctica implantada en la minería con el propósito de obtener más trabajadores: el partido. El partido consistía en conceder a la persona ocupada en las labores de extracción una parte del mineral obtenido. Era, pues, un incentivo. Por otra parte, evitaba desembolsos monetarios cuando escaseaban capitales 9•
A medida que las condiciones permitieron el surgimiento de un mercado laboral relativamente amplio, los empresarios mineros fueron sustituyendo el partido por el salario, o bien reduciendo su proporción,
de tal manera que al finalizar el siglo XVIII los trabajadores mineros
constituían una fuerza laboral libre, bien pagada y geográficamente
móvil.
Una de las evidencias más reveladoras de los cambios que se habían operado en la estructura social de la región vinculada a la minería
de Guanajuato y Zacatecas fue el predominio del elemento mestizo en
la población. Dentro de esta categoría quedaban comprendidos no sólo los individuos producto de la mezcla entre espafioles e indios, sino
también de los indígenas desarraigados de sus comunidades, aculturizados, ajenos ya a las obligaciones y beneficios comunitarios. De esta
manera, diferencias naturales -por así decirlo- derivadas de la geografía y la demografía prehispánica habían devenido en una diversidad regional muy marcada ya a fines del período colonial.
En contraste con la situación que privaba en el norte, la región del
centro y sur de México seguía siendo predominantemente indígena. A
pesar de la existencia de la hacienda, la mayoría de los habitantes autóctonos vivía en sus pueblos y mantenía una relación constante pero frágil con las unidades productivas de los espafioles.
La capacidad de los pueblos indígenas para resistir a la asimilación y para conservar sus tierras quedó demostrada al fracturarse la
dominación colonial: al registrarse la contracción de las actividades económicas por la guerra y la huída de capitales, la economía campesina

�80

Siglo XIX

pudo albergar a quienes regresaban a sus pueblos, libres ya de cargas
y tributos 10 •
Con el tiempo, los trabajadores mestizos del norte y los in~ígenas
del centro y sur habían establecido formas diferentes de relación con
el mercado de trabajo circundante, creando lazos de mayor o menor
estabilidad.
Una prueba de que en los centros mineros norteños se había logrado formar un mercado de mano de obra de cierta amplitud es que al
iniciarse la recuperación del sector, después de la guerra de independencia, la perspectiva de una futura prosperidad atrajo nuevamente población a las minas abandonadas. Un estudio sobre la minería zacatecana señala por ejemplo que el número de trabajadores creció de 500
en 1826 a 6000 en 1835; un fenómeno similar ocurrió en Guanajuato11 •
La afluencia de trabajadores a las minas de Real del Monte y Pachuca (en el área central) siguió, sin embargo, otra pauta: la escasez
de trabajadores va a ser una constante en la historia de esta región hasta mediados de la década de los 70 del siglo XIX.

II.
¿Cuáles fueron los factores que limitaron el mercado de trabajo para
la minería en esta región? En mi opinión, fue la persistencia de una
particular estructura social -la comunidad indígena- uno de los frenos más importantes para la formación de un mercado de trabajo libre
para la minería en la zona central de México.
Debemos considerar que las limitantes para la incorporación de
la mano de obra campesina a las actividades regidas por el capital eran
de diversa naturaleza. Así por ejemplo, la catástrofe demográfica del
siglo XVI implicó una merma sustancial en las posibilidades de explotación de la mano de obra.
Sin embargo, la ampliación de la oferta de trabajadores dependía
no solamente de su número. Otros factores impedían la movilidad del
trabajador. Entre ellos destacaba la existencia de fuentes alternativas
de ocupación y subsistencia que permitían al trabajador sobrevivir sin
vender su fuerza de trabajo. Dentro de esas fuerzas alternativas estaba, sin duda, la comunidad.
Ahora bien, además de otros elementos de carácter cultural e ideo-

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

81

lógico, la base de la cohesión indíge~a era la tierra: De ahí que ~a desamortización de los bienes de comu01dad emprendida por los liberales
mexicanos en la segunda mitad del siglo XIX constituyó uno ~e l~s factores de primer orden en la liberalización de la mano de obra md1gena.
La pérdida de las tierras comunales obligó a los indígenas ~ desplazarse en búsqueda de fuentes de ~~stento, y los pat_rones estuvieron
en condiciones de imponer sus cond1c1ones a los trabaJadores. Veamos
ahora cómo se presentó el problema de escasez de trabajadores en la
zona minera de Pachuca-Real del Monte.
Los materiales consultados no nos permiten establecer si el aprovisionamiento de trabajadores representó un mal crónico en la época
colonial. Sabemos con certeza que, al ampliarse las labores a final~s
del siglo XVIII, el conde de Regla -propietario de las prin~ipales mtnas en la zona- recurrió a la provisión forzada de trabaJadores,_ lo
cual refleja en cierta medida que no se contaba con todos los OJ&gt;:rar1os
requeridos. Cincuenta y ocho pueblos fueron afectados para ~atISfacer
la demanda de brazos. La mayoría de estos pueblos se locahzaban en
lugares relativamente cercanos a los minerales (véase mapa) corres~ndiendo en la división política a los distritos de Actopan, Atotonilco,
12
Meztitlán y Pachuca y en menor medida a Tulancingo y Apan •
Es de suponer que la práctica del rep~imiento afect~ por lo_regular a los pueblos más inmediatos a los rrunerales, pero diversas informaciones evidencian que la zona de influencia de la minería en est~
región se extendía precisamente a los distritos afectados p~r el repartimiento de finales del siglo XVIIl 13 • Más adelante, al analizar los movimientos migratorios volveremos a referirnos a estos lugares.
La producción minera fue abandonada poco después de estallar
la guerra de independencia y los trabajos se restablecieron en 1825, cuando se instaló la compañía inglesa de los Aventureros de Real del Monte. La rehabilitación de la minería en la zona implicaba la realización de
importantes obras de desagüe y de otras actividades que requerían un
considerable número de hombres, que escaseaban al principio de la gestión británica14 • Para poder activar las minas los ingleses tuvieron que
aceptar pagar a los barreteros "a partido".
Randall refiere los problemas a que se enfrentó la compañía británica en relación a los trabajadores y atribuye principalmente a este factor
el fracaso de la empresa15• Este autor hace hincapié en la "combatividad" de los operarios mineros como el principal obstáculo que tu-

�82

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Siglo XIX

83

vieron los ingleses para fijar condiciones de trabajo que posibilitaran
la reducción de costos16 • Es indudable que la combatividad jugó su papel, pero además -en mi opinión- la escasa capacidad de negociación estuvo determinada por la falta de fuerza de trabajo que estuviera
dispuesta a laborar en situaciones menos ventajosas. Es decir, la estrechez de la oferta de brazos condicionó en cierta medida el tipo de relación entre los trabajadores y la empresa.

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En 1849 los ingleses vendieron la negociación a un grupo de accionistas mexicanos, fundándose la Compañía Minera de Real del Monte
y Pachuca17 • A juzgar por los primeros informes de los encargados de
la compañía, las dificultades para conseguir trabajadores
continuaron18 • Por diferentes medios se buscó estimular la afluencia
de trabajadores a los minerales, pero el éxito fue relativo. La carencia
llevó en 1850 a la Compañía a firmar un contrato con el gobierno para
19
establecer un presidio y utilizar el trabajo de los reos • En un principio la empresa también se vio precisada a pagar altos salarios y a combatir el partido.
Sin embargo, en un corto tiempo la situación tiende a cambiar.
Al promediar los años 70, la compañía mexicana, a pesar de la crisis
que vivía, se vio en condiciones de fijar sus propias reglas a los trabajadores, rebajó salarios e inclusive restableció el partido con un nuevo
sentido: reducía las percepciones reales y evitaba desembolsos en una
época de crisis20•
CUADRO 1

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Valor de las
operaciones
(en pesos)

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No. de
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más de 5 000
más de 2 000
de 1 000 a 2 000
de 500 a 999
de 200 a 499
199 y menos

6
15
13
36
37
611

0.83
2.08
1.81
5.01
5.15
85.09

25.28
27.11

Total

718

100.00

100.00

10.24
14.99
6.55
15.28

Elaborado según datos de la Memoria de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 1857.

�84

Siglo XIX

¿A qué obedeció este fenómeno? Suponemos que existió una correlación entre los procesos de desamortización que tienen lugar en el
área rural y los cambios que experimentó la compañía respecto de la
fuerza de trabajo. El despojo de la tierra constituyó uno de los factores más21importantes en el proceso de formación de un mercado de
trabajo : al verse privados de su única fuente de sustento, los indígenas de la zona se vieron compelidos a marchar a las minas y haciendas
a cambio de un salario.
Por razones de espacio no referiremos todas las evidencias existentes respecto a las características indígenas de la zona. Baste señalar
que al promediar los años cincuenta, de acuerdo con las fuentes demográficas, cerca del 70% de la población era indígena y hablaba aún su
lengua nativa, los patrones de asentamiento no habían cambiado y la
mayoría de los habitantes vivían en sus pueblos. Las haciendas -por
otro lado- no eran importantes centros de concentración de
población22•

III.
Conforme a la ley del 25 de junio de 1856, todos los bienes inmuebles
de las corporaciones civiles y religiosas debían ser desamortizados y
adjudicados en propiedad privada a sus arrendatarios. Esta disposición marcó el inicio de una serie de transformaciones en el área rural.
El problema de la desamortización se ha estudiado primordialmente
en relación con los bienes eclesiásticos23 , en tanto que las fuentes relativas a las propiedades comunales de los pueblos son más escasas y
dispersas. Desafortunadamente no contarnos con series estadísticas que
nos permitan medir la magnitud del despojo a los bienes de comuni~ad. La pro~ia situación de guerra civil impidió llevar un registro contmuo Yfidedigno, de modo que los datos son escasos y fragmentarios.
Sin embargo, aún esta información discontinua puede orientarnos acerca de los efectos que tuvo la Reforma sobre las comunidades indígenas
en la región que nos ocupa.
En 1857, a un año de haberse dictado las disposiciones sobre la
desamortización de bienes de corporaciones civiles y religiosas, en Hidalgo -donde se ubicaban los distritos de Pachuca y Real del Montese habían efectuado 718 operaciones de adjudicación y remate de estos
bienes, con un valor de 160 451.83 pesos. Esta cifra representaba el
21.28% del total de las operaciones realizadas en el estado de México
al cual pertenecía entonces Hidalgo.
'

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

85

En sí, el número y valor total de las operaciones poco nos dicen
sobre las características de la desamortización. Empero, de la misma
documentación se pueden extraer otros datos de mayor significación.
En la Memoria de Hacienda de 1857 se consignan, por ejemplo, el nombre de la corporación a la que pertenecían los predios desamortizados
y el valor estimado de cada uno. A partir de ello pudimos establecer
que la mayor parte de las propiedades afectadas pertenecía a los ayuntamientos de los pueblos y, en menor proporción, a las corporaciones
religiosas24 • Por otra parte, la mayor porción de las afectaciones correspondió a terrenos y solares, mientras que no aparece afectación alguna entre las haciendas.
Con base en el número y valor de cada una de las operaciones elaboramos el cuadro 1. De las operaciones registradas, las que aparecen
con un valor superior a los 5 000 pesos corresponden exclusivamente
a ranchos; las de más de 2 000 pesos comprenden ranchos y fincas urbanas; en tanto que las de más de mil pesos incluyen también fincas
rústicas. En contraste, las operaciones de valor inferior se indican simplemente como "terrenos".
Del número de propiedades afectadas con valor superior a I CXX&gt; pesos,
el 500Jo pertenecían a alguna corporación religiosa y la otra mitad a
los pueblos. Por otro lado, de las operaciones con valor superior a 500
pesos, la mayor parte de las consignadas como fincas urbanas eran propiedad de la iglesia, mientras que los registrados como terrenos y fincas rústicas aparecen como propiedad de los pueblos.
Uno de los datos que más llama la atención es que el 85 % del total
de los predios afectados tiene un valor inferior a los 200 pesos: a estos
predios corresponde apenas el 15% del valor total de las operaciones.
Mientras, las adjudicaciones con valor superior a mil pesos suman poco menos del 5% del total de las operaciones realizadas, pero comprenden más del 60% del valor global. Esto es todavía mucho más significativo si tomamos en cuenta que se consideraba que los predios con
valor inferior a los 200 pesos eran los pertencientes a los indígenas.
A este respecto, la circular de 9 de octubre de 1856 disponía que,
para evitar los abusos que se cometían contra los indígenas, los terrenos cuyo valor
no pase de 200 pesos, conforme a la base de la ley de 25 de junio,
se adjudique a los arrendatarios, ya sea que lo tengan como de repartimiento, ya pertenezca a los ayuntamientos, o esté de cualquier modo sujeto a la desamortización, sin que se les cobre alcabala o dere-

�86

Siglo XIX

Orriz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

CUADR02
DESARROLLO DEMOGRAFICO DEL ESTADO DE HIDALGO: 1852-1910

Habitantes

1852

332 647

1854

337 813

1869

384 207
404 207

387 285
1874

427 340

1877

434 096

1882

457 179

1885

506 028

1889

494 212
524 343

1895

551 817

1900

605 051
584 069

1910

cho alguno, y sin necesidad del otorgamiento de escritura de adjudicación, pues para constituirlos en dueños bastará el título que les dará la autoridad política ...25

Del análisis de la información antes expuesta podemos deducir que
el mayor número de afectaciones correspondió a terrenos pertenecientes a indígenas. En el documento hay un dato adicional en el mismo
sentido: los nombres de los adjudicatarios mantienen la usanza indígena; es decir, dobles nombres sin apellidos.

Número de

Año

87

Agregados

Esta cifra se consigna en el Censo y la
diferencia de 20 000 habitantes puede
deberse a un error de imprenta que
asigna a Huejutla 51 988 habitantes en
lugar de 31 988.
Cifra de regresión lineal calculada por
Vi viane Brachet

No poseemos, hasta el momento, otros datos específicos acerca de
las operaciones de desamortización de tierras comunales. Muchos documentos consultados, relativos a años posteriores, se refieren casi exclusivamente a las afectaciones de haciendas, ranchos y fincas urbanas
que reconocían capitales a favor de diferentes corporaciones
religiosas26 •
Las escasas noticias sobre los bienes de comunidades son, sin embargo, muy significativas: todas aluden a los esfuerzos que realizan los
pueblos para conservar o recuperar sus tierras. Así, por ejemplo, en

sigue fuentes cuadro 2
~a cifra se obtuvo sumando la población de cada uno de los asentamientos que formaban Hidalgo y coincide con la regresión lineal calculada por
Brachet para esta fecha (p. 65).
Cálculo nuestro de población
intermedia

Según

Teodomiro

Manzano

646 551

Fuentes: 1852: M_ef!loria de la Se~retaria de Relaciones y Guerra del Gobierno
del Estado de MeXJco, '!'o~uca, ~pografía de Juan Quijano, 1852; 1853: Orozco Y Berra, Manuel. D1cc1onar10 Universal de Geografía e Historia, México,

1853, 5 vols. La población de los distritos se obtuvo sumando las cifras parciales correspondientes a los poblados que los integraban; 1854: Expediente sobre división del Estado de México y formación de uno nuevo, con el nombre
de Hidalgo, México, 1868. Esta fuente transcribe los datos de población que
constan en el tomo I de los Anales del Ministerio de Fomento; 1868: Censo
de la República Mexicana, hoja suelta publicada en el Boletín de la Sociedad
Mexicana de Geografía y Estadistica, t. I, 1869; 1869: Memoria que el gobernador provisional del Estado de Hidalgo, C. Juan Doria presenta al H. Congreso. Pachuca, Imprenta del Gobierno del Estado a cargo de Marcelino García, 1869; 1874: Memoria del gobierno del Estado de Hidalgo, 1874; 1877-1878:
Busto, Emiliano. Estadísticas de la República Mexicana. México, Cumplido,
1880, 3 vols. (publicado como anexo a la Memoria de Hacienda 1877-1878);
1882: Manzano, Teodomiro. Anales del estado de Hidalgo, Pachuca, Hidalgo, 1905; 1885: Diccionario geográfico, histórico y biográfico. México,
1888-1889, 5 vols.; 1889: Directorio Estadístico de la República Mexicana de
1888 a 1889. México, Eduardo Dublán y Compañia, Impresores, 1890, citado
por Brachet, Viviane en La población de los estados mexicanos (1824-1895).
México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1976, p. 65; 1895: Censo
de 1895; 1900: Censo de 1900; 1910: Censo de 1910.

�88

Siglo XJX

1861, los vecinos de varios pueblos del distrito de Huichapan piden que
no sean adjudicados los terrenos que les pertenecen. En 1863, los indígenas del pueblo de Huitzila, municipio de Pachuca, solicitaron que
sus terrenos no fueran redimibles. Entre 1861 y 1865, los campesinos
del pueblo de Atitalaquia pidieron reiteradamente la devolución de sus
tierras comunales. Aparece también consignada la queja del nuevo propietario de un rancho, a quien el pueblo de Zerezo üurisdicción de Pachuca) no le permitía tomar posesión, alegando que los terrenos le pertenecían desde tiempo inmemorial27 •

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Estos datos, aunque escasos, nos permiten inferir que las leyes de
Reforma conseguían desintegrar definitivamente la propiedad comunal, y que a este proceso se oponían aún los indígenas afectados. El
estudio de las rebeliones indígenas en la zona a su vez, permite corroborar esta hipótesis28•

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La escasez de datos sobre la desamortización de los bienes de comunidades indígenas nos llevó a utilizar otro tipo de información que
permitiera observar, desde una perspectiva distinta, los efectos de la aplicación de las leyes de Reforma sobre las propiedades de los indígenas.
Nos referimos a los cambios demográficos.

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IV.
Con objeto de establecer comparaciones adecuadas, aludiremos primero
a las características generales del crecimiento demográfico del estado
de Hidalgo entre 1852 y 1910.
Reuniendo las cifras generales de población que se encuentran en
diversas fuentes, elaboramos el cuadro 2. Sobre esta base, en la gráfica l presentamos la curva de crecimiento global de la población de
Hidalgo.
Comparando el ritmo de crecimiento demográfico de dicho estado con el resto de las entidades federativas, no se observaron variaciones sensibles. La población de Hidalgo creció a un ritmo medio de
1.15%, en relación con el 1.4% que representó la media nacional29• Es
decir, el crecimiento demográfico de Hidalgo no revela modificaciones de importancia en términos generales.
Por otra parte, en los materiales estadísticos utilizados no hay indicios de epidemias de tal magnitud que hubieran provocado una reducción de la población capaz de alterar sustancialmente las activida-

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�Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pacbuca-Real del Monte

91

des productivas de la región. En las cifras globales no se observa ningún descenso brusco ni tampoco un ritmo de crecimiento inferior al
registrado en otros estados. Tampoco hay signos de expulsión de
población.
Con estas apreciaciones no podía establecerse una correlación entre el crecimiento demográfico y las posibilidades de expansión del mercado de trabajo. Sin embargo, si desglosamos la información y analizamos por separado el comportamiento demográfico de cada uno de
los distritos que formaban el estado de Hidalgo, podemos observar cambios cualitativos.
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En el cuadro 3 se presentan las cifras del crecimiento demográfico
por distrito. La gráfica 2, basada en esos mismos datos, ilustra las diferencias interregionales. Destaca el hecho de que el crecimiento de la
población fue similar en la mayoría de los distritos hasta mediados de
los años sesenta. A partir de ese momento los distritos de Huejutla y
Pachuca comienzan a crecer con mayor rapidez, haciéndose más notable el aumento hacia la mitad de la década de los 70.

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('I")

Un crecimiento demográfico por distritos desigual, en contraste con
un ritmo "normal" de crecimiento general del estado, nos sugirió que
las diferencias se debían a un fenómeno de migración interna vinculado directamente con uno de los aspectos esenciales en la formación de
un mercado de trabajo libre: la movilización del trabajador como consecuencia de su separación de los medios de producción.

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Para corroborar la idea de que el crecimiento desigual de los diferentes distritos obedecía a un fenómeno de migración interna vinculado a la desamortización de los bienes de comunidad, interrelacionamos distintos datos.

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Inicialmente, medimos los cambios ocurridos entre 1825 y 1885 tanto en el número de asentamientos (haciendas, ranchos, ciudades, villas, pueblos y barrios) como en la densidad media de la población de
ellos30•
En el cuadro 4 se vaciaron los datos relativos al número de asentamientos (omitiéndose los correspondientes a 1825 pues solamente existían datos para los distritos de Apan, Atotonilco, Pachuca y Tulancingo). Según las cifras obtenidas, no se observan variaciones importantes entre 1825 y 1874: el número de poblados es similar, lo mismo que
la densidad relativa. La mayoría de los habitantes se concentraba en

�CUADR04

HIDALGO: NUMERO DE ASENTAMIENTOS•

1853-1855

p

1874

23 6 1
4 24 38

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51 10 35
17 22 31
33 6 37
5
1 23
44 7 28

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o
o

34

1

Zacualtipan

11 102
39 15 9
48 26 60
74 2 20

Zimapan

14

o
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o
o

Distritos
Actopan
Apan

H

R

Huichapan
Ixmiquilpan
Jacala
Meztitlan
Molango
Pachuca
Tula
Tulancingo

8 11

R

H

24

6 2
4 23 43
12 9 27
o o 63 15 111
1 o 14 23 53
1 o 36 4 19
o o 8 2 78
o 13 33 5 17

Atotonilco
Huejutla

p

o
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o
o

68
1
4 32 8
o 40 16
o 47 22
o 39 1
o 16 8

23
77
9
61
17
9

1888

e V B
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o 1 2
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1 o 13
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H

R

21

9 2
5 23 43
12 9 30
61 15 158
13 23 55
36

4 19

9
33

5

2 78
17

68

1 22
32 14 80
42 18 9
47 24 63
39
1 17
11
8 9

e

V

B

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1 o 13
o 1 28
1 o o
o 1 o
1 o 1

• Este cuadro fue elaborado a partir de Orozco y Berra, Manuel. Diccionario... : Memoria del Gobierno del Estado
de Hidalgo, 1874; Diccionario geográfico, histórico y biográfico, 1888.
P

=

Pueblo H

= Hacienda R =

Rancho C

= Ciudad V = Villa B =

Barrio.

ORAFICA 2

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DINAMICA DE LA POBLACION DE HIDALGO, POR DISTRITOS
1853-1910
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ATOTOHILCO
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Fuentes: cuadros 2 y 3

1868

l874 1877

1885

1895

1900

1910

�94

Orúz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Siglo XIX

CUADRO 5

CUADRO 6

DISTRIBUCION DE LA POBLACION EN HIDALGO, 1874

DISTRIBUCION DE LA POBLACION EN HIDALGO, 1910

tamaño de poblados

%del
No. de densidad
total de habitantes media de
total de
poblados
en este población habitantes
grupo

95

NO. de

oens1aaa
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media de
total de
en este población habitantes
grupo

total de habitantes

tamaño de poblados

poblados
4 252

384 144

90

60

160

106 119

663

16

Hasta 500 habitantes

918

181 972

209

42.5

Hasta 500 habitantes

de 501 a 1 000

156

107 754

699

25.1

de 501 a 1 000

de 1 001 a 1 500

44

53 204

1 209

12.4

de 1 001 a 1 500

38

45 430

1 195

7

de 1 501 a 2 500

23

44 285

1 925

10.3

de 1 501 a 2 500

22

41 757

1 896

6.5

de 2 501 a 5 000

7

21 576

3 108

5.0

de 2 501 a 5 000

5

13 342

2 668

2

Más de 5 000

3

20 274

6 758

4.7

de 5 001 a 10 000

2

16 746

8 373

2.5

1 151

428 885

Más de 10 000

1

46 951

46 951

6

4 480

646 551

Total

100.o

Total

100

Elaborado en base a la Memoria del Gobierno del Estado de Hidalgo, 1874
Elaborado en base al Censo de 19IO

los pueblos y pocas haciendas sobrepasaban los doscientos habitantes.
Los cambios son evidentes para 1874, cuando se percibe un incremento en el número de ranchos en los distritos de Huejutla y Jacala. A
este aumento corresponde un incremento de la población: entre 1853
y 1885 el número de habitantes de Huejutla y Jacala crece en 1600Jo
y 2430Jo respectivamente.
Como puede apreciarse en el mismo cuadro 4, la tendencia aJ incremento en el número de ranchos y la concentración urbana se acentúan después de 1874.
Por otra parte se observa una tendencia a la disgregación de la población en asentamientos con una densidad media de 90 habitantes (cuadros 5 y 6). Si comparamos ambos cuadros podremos notar que el número de poblados con rango de 1 501 a 2 500 habitantes permanece
prácticamente sin variaciones y que el rango de 2 501 a 1 500 disminuye de 7 a 5. Podemos suponer entonces que algunas poblaciones descendieron al rango inmediatamente inferior. El cambio más significativo ocurre en los poblados con menos de 500 habitantes: pareciera que
aquí se concentra el incremento general de población, al mismo tiempo que se registra una importante concentración urbana. Es decir, hay

un traslado de población de unos lugares a otros.
En esta etapa de la investigación, y hasta donde los datos nos han
permitido, hemos analizado el comportamiento demográfico de algunas localidades, a fin de explicarnos los cambios en los patrones de
asentamiento.
Así, por ejemplo, encontramos que en el municipio de Cardonal
(distrito de lxmiquilpan) existe una coincidencia entre la reducción del
número de habitantes en los pueblos y la aparición de ranchos y rancherías en la misma municipalidad. De este modo, si en 1874 los pueblos existentes en la municipalidad del Cardonal aglutinaban 7 505 habitantes, para 1900 esta cifra se había reducido a 2 004. Pero, significativamente, en este lapso surgieron cuarenta nuevos núcleos de población registrados como ranchos o rancherías con densidad inferior
a 90 habitantes por asentamiento.
Es decir, parecería que los anteriores moradores de los pueblos mudaron su residencia trasladándose a los ranchos o rancherías. Esta si-

�96

Siglo XIX

Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

CUADRO 7
DESARROLLO DEMOGRAFICO DE LA CIUDAD DE PACHUCA
1825-1910

Año

Número de
Habitantes

1825

2 415

1848
1852
1853
1859
1862
1863
1868

1874
1877

1880
1885
1895
1898
1910

Fuentes
Ensayo de una memoria estadística del distrito de
Tulancingo, México, Imp. Alejandro Valdés, 1825.

4 690 ReviUa D., Anexo a la memoria de la Secretaría
de Relaciones, Justicia y Guerra del Edo. de México, México, 1849.
5 442 Memoria de la Secretaría de Relaciones y Guerra
del Estado de México, 1852 (anexo).
5 541 Orozco YBerra, Manuel. Diccionario Universal de
Geografía e Historia. México, 1853, 5 vols.
7 000 Burkart, J. "Memoria sobre explotación de minas
en los distritos de Pachuca y Real del Monte" en
An~es de la Minería Mexicana, t. I, 1861, p. 19.
6 500 Duran, Rafael, "Memoria sobre el censo de la República Mexicana". Boletín de la Soc. Mexicana
de Geografía y Estadística, V. 9, 1862.
7 000 Alrnaraz, Ramón. Memoria sobre los trabajos
(12 000) de la Comisión científica de Pachuca México
1864.
'
'
12 000 Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y
Estadística, 1869, t. l, p. 372.
8 410 Memoria del Gobierno del Edo. de Hidalgo, 1874
Memoria de la Secretaría de Fomento, 1877. p.
12 500 B_usto, Emi~ano. Estadfsticas de la República Mexicana, MéXJco, Cumplido, 1880, 3 vols. (publicado como anexo a la Memoria de Hacienda
1877-78).
13 679 García Cubas, A. Ensayo Estadístico de la República Mexicana, pp. 75-78.
25 000 ~culo B~sado en el Diccionario geográfico, bistórico y b1ográfico, México, 1888-1889. 5 vols.
40487 Censo de 1885.
40 487 Anuario Estadístico de la República Mexicana
1898. México, Of. Tip. de la Secretaría de Fornen:
to, 1899.
39 009 Censo de 1910.

468:

97

tuación se repite en otros municipios de la zona central de Hidalgo,
coincidiendo además con el desarrollo de algunas actividades agrícolas
que comenzaron a surgir en algunas regiones. Así pues, la información demográfica manejada parece indicar que entre 1870 y 1900 se
concretó en Hidalgo un reacomodo de la población.
Este fenómeno obedeció a su vez, a determinadas transformaciones en la estructura económica y social del estado. Atendiendo a los
datos de población establecimos la existencia de zonas de atracción y
rechazo de población. Los distritos de Huichapan, lxmiquilpan, Actopan, Meztitlán y Atotonilco son los que se presentan como zonas de
expulsión, siendo notable que fue precisamente en estos lugares donde
se produjeron levantamientos indigenas en reclamo de tierras comunales. Es importante señalar que aunque el distrito de Tula fue también
escenario de levantamientos, en la información demográfica no aparece como zona de rechazo. Posiblemente esto se deba a que la construcción del ferrocarril dio trabajo a los brazos desocupados e impulsó
además la actividad agrícola de la zona.
Por otra parte, los distritos de Jacala, Huejutla, Pachuca y, hacia
finales del siglo, Apan son los que aparecen como polos de atracción,
absorbiendo a habitantes provenientes de otros distritos. Como puede
observarse en la gráfica 2, el ritmo de crecimiento de estos lugares no
corresponde al natural de la población, sino que se trata más bien de
un crecimiento social. Es decir: el desarrollo de determinadas áreas económicas los hacían atractivos y, a su vez, el constante flujo de trabajadores impulsaba la expansión de las nuevas actividades.
¿Qué actividades económicas se emprendieron en Hidalgo? Un estudio de caso muestra que a partir de los años 70 comenzó a desarrollarse en el distrito de J acala una agricultura de tipo capitalista, una
de cuyas expresiones fue precisamente la aparición y expansión de los
ranchos en esta zona . Por otra parte, en el mismo sentido, diversos
informes del Ministerio de Fomento señalan que en Huejutla había empezado a cultivarse con éxito, café y caña de azúcar para exportación31•
Por otra parte, el crecimiento de la ciudad de Pachuca ilustra claramente el fenómeno de migración interna. La urbe, en un momento
determinado, se convierte en polo de atracción para los campesinos indígenas que fueron privados de sus tierras. La gráfica de crecimiento
de la ciudad de Pachuca contrasta notablemente con la general del estado, observándose una aceleración a partir de 1875 (cuadro 7, gráfica 3).

�Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Pachuca contaba en 1825 con 2 415 habitantes incluyendo a los
de lugares, haciendas y ranchos dependientes de ella. La instalación
de la compañía inglesa de los Aventureros había atraído pobladores,
de modo que hacia 1853 el número de habitantes alcanzaba la cifra de
5 541; para 1859 Burkart menciona 7 000 habitantes aproximadamente. En la memoria de los trabajos de la Comisión científica de Pachuca
se calcula en 12 000 la cantidad de habitantes en 1863, atribuyendo el
rápido incremento a la prosperidad que experimentaba la minería; sin
embargo, en este mismo trabajo se dice que la población de Pachuca
asciende a 7 000 personas, cifra que nos parece más acertada tomando
en consideración la de 6 500 consignada por Durán en la Memoria sobre el Censo de la República Mexicana de 1862, y la calcuJada por Burkart para 185~2 •

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En 1874 se efectuó un censo en el estado, anotándose para la ciudad la cifra de 8 410 habitantes, la cual se elevó a 11 794 hacia 1878
de acuerdo a un nuevo recuento de población. A partir de 1880 se inicia un crecimiento acelerado incrementándose la población de 14 000
a 25 000 habitantes entre 1880 y 1885, superando la cifra de 40 000 según el censo de 1895. Después de esta fecha la población desciende ligeramente, posiblemente en relación con la inundación de la ciudad
y con el inicio de explotaciones de minerales industriales en otras zonas.

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Lo que resulta interesante es que el inusitado crecimiento de la ciudad no es provocado totalmente por el auge minero. La reanimación
de la actividad minera iniciada en la década de los 50, y que alcanzó
su auge entre 1860 y 1862, no se refleja automáticamente en la curva
de crecimiento demográfico de la ciudad.

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Esta situación distingue a Pachuca de otras ciudades en donde se aprecian cambios poblacionales estrechamente ligados con el auge o decaimiento de la minería33 • Keith Davies, en un análisis sobre tendencias
demográficas urbanas en el siglo XIX, establece que existe una estrecha relación entre el impulso a determinadas actividades económicas
y los incrementos de población en las ciudades por él estudiadas34• Hacia finales del siglo XIX se observa una tendencia a la concentración
urbana en todo el país, lo cual evidencia una serie de transformaciones
en el medio rural. Para 1877 Pachuca concentraba el 3.3% de la población del estado, para 1895 la cifra se elevaba a 7.3%, llegando a
10.9% a finales del siglo. Estos incrementos no se explican por el crecimiento natural de la población, sino que nos remiten a fenómenos
de migración.

�100

Siglo XIX
Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

Finalmente, los datos de población foránea en el estado de Hidalgo parecen confirmar que los incrementos de población que se produjeron en las zonas económicamente más dinámicas obedecían a un reacomodo de la propia población del estado (cuadro 8) y no a flujos de
población provenientes de otras entidades.

CUADROS
POBLACION FORANEA EN HIDALGO •

Estado de origen
Aguascalientes
Baja California
Campeche
CoahuiJa
Colima
Chiapas
Chihuahua
Distrito Federal
Durango
Guanajuato
Guerrero
Jalisco
México
Michoacán
Morelos
Nayarit
Nuevo León
Oaxaca
Puebla
Querétaro
Quintana Roo
San Luis Potosí
Sinaloa
Sonora
Tabasco
Tamaulipas
Tiaxcala
Veracruz
Yucatán
Zacatacas
Total

1895

1900

191 o

0.06
0.02

0.03
6.00

0.04
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0.02

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0.69
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0.59
0.04
0.09

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0.0J
0.27

L99

-0.19
0.0)

--0.03
0.88
O. JO

--

0.06
0.49
0.01
0.19
0.02
0.03
0.49
0.03
0.08
0.0J
0.01
0.0)
0.24
J.30

-0.16
--0.01
0.02

LOO

JO/

-0.0J
0.02

Así pues, los cambios observados en el comportamiento demográfico parecen indicar que, en el caso particular de Hidalgo, fue la pérdida de tierras comunales lo que obligó a los campesinos indígenas a desplazarse en búsqueda de empleo. Con ello se crearon las condiciones
para el desarrollo de una nueva forma en las relaciones de producción.

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0.23
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0.04
0.39
0.02
0.09
0.02
0.01
0.02
0.20
0.76

NOTAS
1. Kula, Witold , Problemas y métodos de la historia económica. Barcelona, 1973, p. 521.
2. Brading, David A. Mineros y comerciantes en el México Borbónico (1763-1810). México, Fondo de Cultura Económica, 1975, p. 23.
3. Cardoso, Ciro (Coord.). México en el siglo XIX (1821-1910). México, Nueva Imagen, 1981, pp. 130, 339-340.
4. Mendizábal, Miguel Othón de. Obras completas. México, T.5. p. 42.

5. Assadourian Sempat. Mineria y espacio económico en los Andes. Lima, Instituto
de Estudios Peruanos, 1972, p. 81.

-0.15
-0.01

6. Brading, Op. cit. pp. 301-310; véase también del mismo autor Haciendas and ran-

0.0)
0.01

7. Zavala, Silvio y María Castelo. Fuentes para la historia del trabajo en la Nueva España. México, CEHSMO, 1980, vol. 8.

LOO

chos in the Mexican Bajío, 1750-1810.

-0.04

8. Humboldt, Alejandro de. Ensayo político sobre el reino de la Nueva España. México, Porrúa, 1984, p. 48.

0.06

-0.06

0.04

5.41

3.28

3.30

9. Flores Clair, Eduardo "Minas y mineros: pago en especie y conflictos, 17~1880"
en Historias, núm. 13, abril-junio de 1986, pp. 51-68.

-

0.09

• Porcentaje en relación a 1
•
censos de poblaet"ón co a pobdil~c1ón total. Elaborado sobre la base de los
rrespon entes.

10. Bellingeri, Marco e Isabel Gil. "Elementos para el estudio de la estructura agraria
de México en el siglo XIX" en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
México, año XXIV, nueva época, enero-marzo 1978, núm. 91, pp. 9-45.
11. Cross, Harry S. The mining economy of Zacatacas México in the nineteenth century, Berkeley, 1976.
12. Mendizábal, Miguel Othón. "Los minerales de Pachuca y Real del Monte en la época colonial" en El trimestre económico, vol. 8. julio-septiembre 1941, p. 253.

�102

Siglo XIX
Ortiz P.: Desamortización y mano de obra en Pachuca-Real del Monte

13. Archivo General de la Nación, México. Ramo Padrones, vol. 1, 7, 18, 20; Ramo
Historia, vol. 523.

14. Ya desde finales del siglo XVIII, la explotación de las minas en Real del Monte presentaba problemas técnicos y materiales. Véase: Mendizábal, Miguel. "Los minerales... "; Randall, Robert W. Real del Monte: una empresa minera británica en México. México, Fondo de Cultura Económica, 1977, pp. 48, 74-78.

103

26 Consultamos al respecto los expedientes correspondientes al Est~do de Hidal~o en
· 1 Archivo de Bienes Nacionalizados que se encontraba en la anugua Secretana de
~sentamientos Humanos y Obras Públicas; actualmente el fondo pasó a formar ~ e
del acervo del Archivo General de la Nación. Las citas corresponden a la antigua
clasificación.
27. Archivo de Bienes Nacionalizados, SAHOP, Hidalgo.

15. Randall, Robert. Op cit., p. 143.
16. Dentro de los costos de operación de las empresas mineras el principal estaba representado por el rubro salarios. Cross, Harry. Op cit. p. 37.
17. Herrera Canales, Inés. "La racionalidad económica de la empresa minera Real del
Monte y Pachuca, 1849-1875" en Organización de la producción y relaciones de trabajo en el siglo XIX en México. México, Cuaderno de trabajo 29 del Departamento
de Investigaciones Históricas, INAH, 1979, p. 118.
18. Archivo Histórico de la Compañía Minera Real del Monte y Pachuca (en adelante
AHCMPRdM), Informe 1852.
19. AHCMPRdM, Contrato sobre el establecimiento de un presidio, 1850.

20. En el trabajo de Eduardo Flores Clair, "Conflictos en una empresa minera Real
del Monte y Pachuca, 1872-1877", tesis, UNAM, 1989, se analizan en extensión y
profundidad los problemas relativos al pago en partido.
21. Marx, Carlos. El Capital, México, Fondo de Cultura Económica, 8a. reimpresión,
1973, t. 1, pp. 610-631.
22. La información demográfica se encuentra dispersa e incompleta, sin embargo puede hacerse un seguimiento relativamente continuo y los informantes dan certeza acerca
del carácter indígena de los habitantes, entre otras fuentes mencionaremos AGNM,
Bienes Nacionales, Informes de los párrocos, leg. 39, exp. 2; Padrones, vol. 3, f.
94; Villaseilor y Sánchez, Joseph, Tbeatro Americano, México, 1746-1748, vol. 1,
Miranda, José, "La población indígena de lxmiquilpan y su distrito en la época colonial" en Estudios de Historia Novobispana, México, UNAM, 1966, vol. 1, p. 126:
y el libro de PoweU, T. G. E/ liberalismo y el campesinado en el centro de México
(1850 a 1876), México, Secretaria de Educación Pública, 1974.
23. Bazant, Jan. Los bienes de la iglesia e,¡ México (1856-1875), México. El Colegio de
México, 1971.
24. En otro trabajo he analizado cómo en determinadas ocasiones se puede establecer
una identidad entre los bienes de comunidad y los de ayuntamiento. Ortiz, Rina "La
legislación sobre pueblos en el siglo XIX, los casos de Jalisco y el Estado de México", ponencia presentada en el simposio "La Juridicidad en la Historia". Universidad Autónoma Metropolitana, México, octubre, 1987.
25. Colección de leyes, decretos y circulares relacionados con la desamortización y na-

cionalización de bienes y materias conexas, desde la independencia de la República
hasta la época actual, México, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 1937. p. 305.

28. Ortiz, Rina, "Los levantamientos indi~enas en Hidalgo 1860-1880", ~onencia ~;~sentada al ¡ Coloquio de Historia Regional, ADHILAC, Pachuca, Hidalgo, 1 •
29. Brachet, Viviane. La población de los _esta~os mexicanos (1824-1895). México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1976, pp. 39-115.

30 Resulta imposible presentar en este trabajo los datos d~ densid~d media ~btenidos,
· porque se hizo un seguimiento de cada uno de los mas de mil asentamientos.
31. Ministerio de Fomento. Informes, 1881-1888.
32 Durán Rafael. Memoria sobre el Censo de la República Mex.icana. Boletín de la
· Socied~d Mexicana de Geografía y Estadística'. v~I. IX, 1871 Y Burkart, Joseph.
Memoria sobre la explotación de minas en los d1Stntos de Pachuca Y Real del Monte en Anales de la Minería Mexicana, tomo l. 1861.
33. Esto es palpable, por ejemplo, en el caso del mineral de la Luz en Guanajuat?, véase al res to el trabajo de Jáuregui F. de Cervantes, Aurora y Aurora Lyd1a ~ervantes Jkegui, Bonanza en el Mineral de la Luz, Guanajuato, 1843-1859, tesis de
maestría, Guanajuato, 1976, p. 103.

34 D · K ·th A "Tendencias demográficas urbanas durante el siglo XIX en Méxi·
9 2
481 524
. avtes, ei
co" en Historia Mexicana, vol. XXI, enero-marzo de 1 7 , pp.
•

�CAPITALES ECLESIASTICOS Y REDITOS VENCIDOS

La Iglesia y la Consolidación
de la Propiedad en Puebla (1810-1856)
Francisco Javier Cervantes Bello *

Desde fines del siglo XVIII un hecho era notorio en toda la Nueva España: la propiedad eclesiástica había aumentado aceleradamente y los
capitales que administraba el clero, que estaban reconocidos en un sinnúmero de propiedades tanto urbanas como rurales, comenzaban a pesar sobre el conjunto de la economía. Este incremento de la riqueza
eclesiástica tenía sus raíces en los siglos anteriores, pero es indudable
que fue en el siglo XVIII cuando alcanzó un mayor auge 1•
Puebla, segunda capital del virreinato de la Nueva España, era sin
duda uno de los obispados más ricos del país y donde este fenómeno
se presentaba claramente. En la primera mitad del XVIII, después de
haber tenido durante los siglos XVI y XVII un proceso de endeudamiento a favor de los monasterios, casi la mitad de la ciudad de Puebla pasó a manos de los conventos; y, en la segunda mitad del siglo
de la Ilustración, se dio un incremento sin precedentes de fundaciones
de capellanías y obras pías. Estos dos hechos, junto con el riguroso
cobro del diezmo, representaban uno de los obstáculos mayores para
la consolidación de la propiedad plena y la acumulación de capitales
no sólo en México sino en buena parte de América hispánica.

• Colegio de Historia, Universidad Autónoma de Puebla (México)

�106

Siglo XIX
Cervanres B.: Iglesia y propiedad en Puebla (/8 10-1856)

La primera reacción contra esta tendencia a acrecentar la riqueza
eclesiástica vino del Estado borbónico español 2, aunque ya desde antes esta situación había causado importantes quejas contra la Iglesia.
Después de la independencia, el poder y la riqueza de la Iglesia fueron
temas reiteradamente presentes en el debate político.
Más allá de los planes y las declaraciones, los propietarios comenzaron a tomar generalizadamente un conjunto de actitudes que se puede resumir como un desconocimiento de los derechos de propiedad de
la Iglesia: comenzaron a dejar de pagarle el diezmo, a especular con
sus casas y a suspender el pago de los réditos vencidos de capitales eclesiásticos. En este artículo analizamos sólo la actitud de los propietarios de bienes inmuebles ante las deudas eclesiásticas que reconocían
sus propiedades, y tratamos de responder a la pregunta de cómo y por
qué se dio este hecho.

I.

107

propiedades estaban hipotecadas por menos del 500/o. La deuda_~º su
mayoría, el 940/o, pertenecía a la Iglesia, por lo q_ue Flon _se queJo entonces de que casi todas las rentas de estas propiedades iban a parar
a manos del clero s.
Aunque la situación de la propiedad agraria de Cholula podría ser
un caso extremo, expresaba una situación económic~. importante: ~¡
peso que los capitales eclesiásticos tenian s?bre la r~~on y, por consiguiente, la reducción del margen de ganancia y las linutac10nes del uso
pleno de la propiedad que implicaba 6 •
Los factores negativos del endeudamiento se prese?taron jus~ente como consecuencia de las irregularidades en los ciclos comercial~
y productivos. Esta situación queda por demás clara cuan~o se analizan los contratos de préstamo entre 1800 y 1815 para la región d~ Puebla: los préstamos se piden para refaccionar "comercios" Yse hipotecan para ello propiedades agrícolas como ranchos y haciendas 7 •

La ciudad de Puebla era el centro de una región que articulaba los espacios agrícolas de Cholula, Huejotzingo, Amozoc, San Juan de los
Llanos, Tepeaca, Tehuacán y Atlixco. Era también el centro de una
diócesis mucho más amplia (que incluía a los actuales estados de Tlaxcala Y gran parte de Veracruz). El hecho de que la ciudad de Puebla
fuera capital de un centro económico de importancia a la vez que sede
administrativa de la Iglesia, favoreció su fortalecimiento económico y
espiritual.

El resultado era que una quiebra en los circuitos mercantiles ocasionaba falta de pago en los sistemas crediticios. En estas circunstancias los efectos negativos del crédito eclesiástico se ponían claramente
de manífiesto. Precisamente cuando España se involucró en guerras
contra Francia e Inglaterra, y los circuitos mercantiles se vieron constantemente interrumpidos, las críticas a las deudas a favor del clero
se intensificaron 8 •

A fines del XVIII estaban plenamente establecidos once conventos de religiosas y, desde temprano, en la ciudad se habían fundado
los conventos de hombres más importantes (franciscanos, dominicos
3
y agustinos) • Para entonces la riqueza eclesiástica era quizá el factor económico de mayor importancia en la región: diversas instituciones dependientes del clero tenían ya en sus manos casi el 500/o del valor
de las casas de la ciudad, y las propiedades estaban en un gran número
endeudadas en favor de capitales eclesiásticos 4 •

Este fenómeno crediticio favoreció considerablemente las desigualdades de la distribución de capitales entre ciudad y campo, gravando
a éste para financiar las actividades mercant_iles urbanas. :.~bién dificultó notoriamente la acumulación de capital y la adqms1c1on y uso
pleno de la propiedad privada. Al estar gravada por gran parte de s~
valor y depender del crédito, la propiedad era ~ás vulne~able a los_ c!clos mercantiles y una insolvencia temporal pod1a traducirse en un JUJcio hipotecario y su eventual pérdida 9 •

La atención que se le prestó a este fenómeno a nivel local se puede
ver en el informe que redactó, en 1790, el indentente de Puebla, Manuel de Flon, sobre los capitales que se reconocían en la cercana jurisdiC&lt;:ión de Cholula. Las 58 propiedades agrícolas que conformaban las
haciendas y ranchos de Cholula reconocían hipotecas de más del 700/o
del valor de la propiedad. Cabe señalar que 20 de estas propiedades
se hallaban endeudadas entre el 90 y el 1000/o de su valor y sólo seis

Además , pocos podían consolidar su fortuna compran~o inmuebles que no cargaran algún tipo de deudas. Por el contrano, parece
que fueron muy frecuentes los remates de propiedades insolventes Y
los cambios de propietarios de una hacienda o rancho durante u~ período de cincuenta años o más. Aunque el hecho de que las propiedades materializaran parte del valor y lo canalizaran en forma de p_réstamos a la actividad comercial y mercantil tuvo sus grandes ventaJas, el
costo fue limitar la inversión a largo plazo y la consolidación de la ri-

�108

Siglo XIX
Cervantes 8 .: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

109

queza con base en la propiedad privada de uso pleno.
El problema crediticio se agravó en un grado extremo cuando apareció un nuevo factor: la demanda de crédito, creciente y coercitiva,
del Estado borbónico'º. La situación que creó la posición de la Corona de exigir en préstamo forzoso el dinero que en créditos administraba el clero, mediante la ley de Consolidación de Vales Reales 11 , no sólo afectó al clero sino a los particulares que dependían o debían fondos eclesiásticos. Aunque no sin dificultades, la Iglesia y los particulares lograron, a través de la independencia, evadir la presión fiscal del
Estado español.
Lamentablemente se conoce muy poco sobre el crédito eclesiástico
Ylas deudas a favor del clero durante la primera mitad del siglo XIX.
La historiografía después de la independencia se ha centrado en la desamortización y nacionalización de los bienes del clero, dejando vacío
el problema del crédito eclesiástico durante la primera mitad del siglo

XIX.

Esta situación a llevado a presuponer que el clero fue poco afectado hasta antes de 1856. Sin embargo hay varios indicios que muestran que no fue así y que, por el contrario, la Iglesia vio reducidos fuertemente sus ingresos. La guerra de independencia y los continuos enfrentamientos entre las facciones se valieron frecuentemente de fondos eclesiásticos
en efectivo o en diezmo, recolectados para sostener
las tropas 12 •
Los particulares comenzaron a tomar nuevas actitudes con respecto a
la Iglesia y los bienes eclesiásticos. Redujeron el pago del diezmo y comenzaron a ver las casas que rentaban como suyas 13• Es curioso señalar que no fueron hombres recién avecindados en la región poblana
los que principalmente llevaron a cabo este proceso: fueron los hijos
de las mismas familias coloniales, que en el siglo XIX adoptaron nuevas actitudes'4.
Si bien es muy difícil detectar el pago de réditos y la redención de
~pitales eclesiásticos si no es a partir de registros internos de la Iglesia, los documentos notariales pueden darnos una idea de la nueva sit~ación. El nivel_ de préstamos otorgados por la Iglesia se redujo drásticamente a partir de la ley de Consolidación para no recuperarse después. Los préstamos forzosos para sostener la lucha contra los insurgentes,_! después las guerras políticas internas, explican en parte esta
reducc1on.

Pero el factor decisivo en la disminución de la capac~d~d de pré~tamo eclesiástico fue la actitud de los deudores de_no redimir lo_s capitales eclesiásticos y de ya no fundar más obras p1as y capellamas, tal
como lo reconoció el mismo obispo poblano en 1847 1$ . Estas fundaciones piadosas, junto con las dotes de las ?1~njas, repre,!entaban la
fuente de crédito y la causa de hipoteca mas importante .
II.

Gracias a algunos registros internos podemos ~~n~r una ide~ de 1~ actitud de los deudores frente a los capitales ecles1ast1cos: La s1tuac1~~ de
los capitales de las capellanias y los conventos se denvaba de qmenes
eran Jos deudores, de cómo estaban pagando sus ~eudas _Y d~ cu~ndo
dejaron de hacerlo. El análisis de las cue!1tas de diversas mst1tuc1ones
eclesiásticas nos servirá para tener una idea de este proceso.
La Iglesia era de hecho un conjunt? d~ institucion~_con cierto ~ado
de autonomía. La participación ecles1ást1ca en el crédito dependio d 1
7
conjunto de estas instituciones, por lo que haremos una breve recapitulación de ellas.

Las deudas a favor del clero podían ser de capellanías, obras pías
y aniversarios, en cuyo caso eran ad~nistrad~ por el Juzgad~ de &lt;;a:
pellanias, Testamentarias y Obras P1as; se pod1a d~~r también a m
versiones O compromisos derivados de las dotes de religiosas de ~os conventos O a capitales propios, generalmente producto d: donac10!1es, Y
también a capitales provenientes de cofradías, colegios, hospitales,
etcétera.
Las capellanias, obras pías y aniversarios, a las ~ue ref~r~remos
como fundaciones piadosas, eran capitales que la Iglesia administraba
a cambio de cumplir ciertas obligaciones esp~ituales que el f~ndad~r
había designado. Podía tratarse del comproffilSo de celebrar c1e~o numero de misas por su alma, en cuyo caso gener~ente se d~1gnaba
a un capellán para que con el rédito de la fundación (capellarua) seordenara; también podría darse el caso de que con los ~roductos de la
donación se sostuviera una monja, un huérfano, o se diera 1~ dote para matrimonio a una mujer que tuviera las virtudes re~uendas pero
que careciera de dinero (como en el caso ~e las obras p1as); o, finalmente, la Iglesia podía administrar los ~~•tales P.cl1:ª que C?n sus _rentas se sostuvieran los gastos de cierta festmdad religiosa (aniversarios).
Las hipotecas debidas a estas fundaciones piadosas y a los capita-

�110

Siglo XIX
Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

CUADRO 1
REDITOS PAGADOS A CAPELLANIAS VACANTES.1813-1850

Periodo
1813-1815
1832-1834
1836
1837-1842
1847
1849-1850

Ingreso promedio anual Rédito promedio mensual
pagado por capellanla
8 388 pesos
23 436
44 448
29 938
17 748
28 740

165 pesos

288
313
532
230
527

Fuentes: A~chivo Histórico Diocesano de Puebla y Archivo del Convento de
San Gerómmo de Puebla, cuentas de varios años

!es de_los conventos constituyeron el grueso de los capitales del clero
mvert1dos en la región poblana' 7• Debido a esto nos centraremos en
las cue?tas de _algunas capellanías -principal fuente de crédito de las
fundaciones piadosas- y en las de algunos conventos de mujeres.
Por lo q~~ se refiere a las capellanías, hay varios cambios que llaman la atenc1on. Desde aproximadamente 1800 se comenzaron a detectar tres hechos que demuestran la crisis de estas fundaciones: se crearon_ cada ~ez meno~ ~pellanías_, obras pías y aniversarios; a pesar de
los mcent1vos econorrucos, hubieron pocos interesados en reclamar el
derecho ~e sucesión de la capellanía 18, originando un gran número de
capellaruas vacantes; y los réditos de estas fundaciones comenzaron a
deJar de ser pagados.
El cuadro I muestra los ingresos promedio anuales que recolectó
el Juzgado de Capellanías en Puebla por concepto de capellanías va~tes. El cua~ro muestra_ que los réditos pagados se redujeron notonamente en la epoca de la independencia (1813-1815) y durante la guerra del 47. Esto muestra que los ingresos de la Iglesia por réditos eran
extremadam~nte sensibles a los disturbios políticos mayores. Por otra
parte, el alto mgreso de 1836 probablemente se deba a la inflación pro-

111

vocada por la moneda de cobre y a la primera ley que intentó su retiro.
Debe tenerse en cuenta que la administración de capellanías vacantes
no permaneció pasiva ante el período de deterioro general de sus ingresos, ya que presionaba a los deudores para que pagaran puntualmente sus réditos.
En el cuadro I se puede apreciar también el rédito pagado, en promedio mensual, por cada capellanía. El promedio creció de 165 pes_os mensuales por fundación en 1813-15 a 527 en 1849-50, lo que sug:1ere que
la Iglesia intentó obligar a los deudores a que pagaran más, ~rob!bl~mente a causa de los réditos que tenían vencidos y que no hab1an liqmdado. Parece que, al menos para ciertos casos, la presión _q~e ejerció
el ramo de capellanías vacantes sobre los deudores tuvo e~1~0. G~an
parte de éste se debió a _la amenaz~ del ~oncurso. La adm1D1strac1ón
de capellanías vacantes implemento medidas para que se pagaran los
réditos atrasados.
Un análisis pormenorizado de una cuenta nos permitirá comprender mejor las actitudes de los particulares ante el pago de réditos. El
libro de 1832 recoge 196 casos de capellanías vacantes, es decir las fundaciones sobre las cuales la Iglesia estaba al pendiente de su cobro, o
como se señalaba, de las que "se tenia conocimiento".
En la contabilidad cada capellanía incluye dos datos: el número
de anualidades que pagó y el que quedó debiendo. Con esta información a cada fundación se le puede asignar un par ordenado (x,y) donde
x representa el número de años que pagó, en tanto y el número de anualidades que se deben. Por ejemplo, la capellanía que fundó Cristóbal
Otamendi contaba con un capital de 600 pesos con un anual de réditos
de 30; la reconocía Gertrudis Tello, que si bien a principios de 1832
debía dos anuales atrasados, en ese año liquidó su deuda corriente: de
este modo la capellanía de Otamendi quedaría representada por el par
ordenado (2, O).
Había casos en que la Iglesia misma desconocía el número de anualidades que el deudor debía, sea porque eran muchas o porque no se
sabía desde cuando había quedado vacante o cuánto dinero debía al
pasado capellán. Para estos casos empleamos el símbolo«-» en lugar
de la coordenada y. Una fundación que no pagara ningún anual ese
año y cuya deuda se desconocía está representada por (O, -).
El cuadro 2 representa cómo se distribuyeron las fundaciones piadosas vacantes de acuerdo a la relación de anuales pagados y debidos
(x, y).

�112

Siglo XIX

Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

los fundadores, y un número considerable debía más de un año de réditos. En contraste estaban quienes no debían nada (columna O) pero
estos sólo representaron el 270/o del total; en general se trataba de personas que debían entre uno y tres anuales, pero liquidaron su deuda
en ese año. Pocos fueron los casos que debían más de tres anuales y
que saldaron sus deudas en un año.

CUADR02

CAPELLANIAS VACANTF.S EN EL OBISPADO DE PUEBLA
(anuales que pagaron en 1832 y los que debían)

Anuales
pagados

Anuales

X

o

2

9

5
2
2

3

Vencidos Y
4

s

6-10 11-20 21-SO li
t(U

o

40

1
2

2

3

4

4

1

5

1

6-10
11-40

2
1

Sul&gt;-total

1

51

31

6
10
2
2
1
1
53

13
3
3
1

9

2

1
1

3

16

1

4

6

1
1

5 95
49
17
18
1 6

1

12

Veamos quienes pagaron réditos en este año, independientemente
si debían o no anuales atrasados. De los 101 casos que pagaron réditos, casi la mitad pagó un anual, en tanto que la otra mitad liquidó
más de una anualidad. Este hecho confirma la presión de la Iglesia sobre los deudores, pero esto sólo ocurrió con un pequeño grupo de ellos:
sólo el 270/o del total de capellanías vacantes registradas en la cuenta
pagaron más de un anual.
A pesar de sus esfuerzos, la Iglesia no pudo lograr que los deudores mayores, aquellos que debían más de tres anuales, pagaran réditos.
La gran mayoría de este tipo de deudores no liquidó nada.

4

1
29

I 13

1

11

2

4

20

7

5
2
7 196

Otro hecho que llama la atención es que la Iglesia ignoraba el estado de las deudas del 260/o de las fundaciones vacantes. Para 1832 apenas comenzaba a hacer un recuento de la actitud negativa al pago de
réditos y es probable que a eso se debiera tal situación. Entre estos casos estaban, por ejemplo, las deudas de Juan Azcárate que reconocía
sobre su hacienda Xoxtla, camino a San Martín Texmelucan, con tres
capellanías vacantes de 3 000 pesos cada una. El estado de sus deudas
no fue aclarado sino hasta años después. La finca se declaró embargada y entró a concurso en 1840, año en que la compró Mariano Fernández Anaya.

. El cuad~o debe leerse de la siguiente manera: a cada renglón se le
asignó un numero de acuerdo a los anuales pagados, que va del valor
Oa 11-40; cada renglón se halla subdividido en columnas de acuerdo
a los anuales vencidos y no pagados, valores que van de «-» hasta
21-50 años. El cuadro 2 nos indica que hubo 95 casos en los que el deudor ~o pagó nada (suma de subtotal del renglón O). De estos casos la
Iglesia i~orab~ la deuda de 40 (intersección "O" con «-» ), 9 debían
una anuali,dad (mtersección "O", "1 "), 2 debían nueve años de rédito
(O, 9), etcetera.

Otros deudores de los que no se sabía la magnitud de su deuda y
que no liquidaron, fueron el convento de Santo Domingo, cuyos bienes se secuestraron años después, la hacienda Juan Evangelista, que
reconocía dos capellanías vacantes, la hacienda José Bautista, del presbítero José González Cruz y la hacienda Toltepec, propiedad de Dolores García. Hubo incluso dos casos en los que el administrador asentó
en su cuaderno que "no se pudo averiguar el dueño de la fmca".

Comencemos por los deudo_res que no pagaron nada (renglón O).
E!1 total suman 95 casos, lo que mdica que casi la mitad de las capellaru~ vacantes nop~garon réditos en 1832. Para gran parte de estas fundaCiones la Iglesia mcluso desconocía cuántos anuales vencidos debían

Entre la lista de deudores mayores figuran Sebastián Furlong, que
debía poco más de cinco anuales sobre su hacienda San Bartolo y su
rancho Santa Isabel; el concurso de Juan Pablo de Ureta, que debía
ocho años de réditos; la hacienda Zopanaque de Josefa Bocarando de
Ibarra, que adeudaba réditos desde 1814; y la testamentaría de José

�114

Siglo XIX

Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-/856)

CTJADRO 3
ANUALIDADES PAGADAS Y VENCIDAS POR REDITOS DE CAPITALES
CONVENTO DE SANTA INES, 1821-1833

I 15

Aunque se pueden enc~:mtrar otr_os casos sim~lares d&lt;?n~e tuvo éxito el convenio con la Iglesia a camb10 de una qmta de red1tos -entre
los que se encuentra el de la testamentaría de Ag~stín de Ovand~-,
en 1832 se citan pocos ejemplos de deudores de mas de tres anualidades que hubiesen pagado a vacantes.

Anuales
pagados

Anuales

o

15

1

3

2

o

2

11

8

3

3

6

1

1

2

1

5

1

6-10

sub-total

8

5w
IIXal
50

2

4

11-W

1-5 6-10 11-20 ~1-40 ~1-60 61-100 ~01-140

1

3

2

2

2

2

1

5
1

6

1
6

3

w

16

1
21

25

1
29

21-40

Vencidos

2

9

15
4

43
2

13

17

12

8

3

3

131

~ntonio Núñez, qu~ no había pagado durante 33 años de una capellama v~cante reconocida sobre la hacienda Tlaxcolpa. Aunque se pueden citar casos de deudas atrasadas que se acumulaban desde varias
d~cadas, com? 71 caso de una capellanía vacante de la que no se hab_,an pagado red1tos desde 1766, la distribución de las anualidades vencidas en el cuadro 2 sugiere que la deserción en el pago de réditos comenzó a generalizarse, cuando más, 20 años antes de 1832.
Fueron pocos l?s casos sobre los cuales la Iglesia tuvo éxito en el
p~go de d~udas ~ntigua~:. En 1832 sabía que sobre los bienes del presbitero Jose Mana Pardmas se reconocían a favor de vacantes nueve
capellanías, atrasadas con seis anuales cada una. En 1835 se hizo un
recuen_to d~ l~s deudas y se descubrió que en algunas de las capellanías
s~ deb1an red1tos desde 1787. Para entonces el valor de los réditos vencidos, 24 751 ~esos, superaba en más del doble al monto de los principales. ~a Iglesia logr~ entonces entrar en un convenio con el deudor,
perdonandole un terci~ de la ?euda ~ cambio de liquidar a plazos el
resto. Para 1842 estos bienes solo debian 605 pesos de réditos antiguos.

Estos resultados coinciden con el análisis de los capitales conventuales durante el mismo período. Veamos la relación de las anualidades pagadas con las no liquidadas en el caso del convento de Santa Inés
(cuadro 3).
El 38% de los deudores no pagaron absolutamente nada de réditos durante los trece años (suma del renglón O). Dentro de estos casos
estaban varios concursos de bienes pendientes desde la época colonial,
y otros cuyas deudas eran incluso desconoc~das po~ los administradores porque no se había hecho una cuenta satisfactona. De los deudores
que tenemos datos podemos inferir que un buen número dejó de pagar
réditos entre 11 y 60 años antes de 1833.
Del 62% que pagaron réditos, la mayoría liquidó entre 6 y 20 años.
Estas cifras no son muy altas porque la cuenta es de 13 años y, por
consiguiente, debería representar otras tantas anualidades. Se podría
considerar, sin embargo, a la mayoría de los que liquidaron réditos como buenos (o, al menos, regulares) pagadores ya que muchos estaban
al corriente o debían entre uno y cinco anuales. Todavía los que llegaban a deber entre 11 y 20 años estaban al borde del alcance de la cuenta, porque la administración del convento les pudo cobrar algo. Eran
sin duda deudores que estaban a punto de perderse en el umbr~ de
las 20 anualidades, esos que estaban más allá de los cobros y casi era
seguro que sus capitales estaban perdidos. También habría que con~iderar en esta categoría a aquellos deudores de los que el monasteno
desconocía el número de anuales que habían dejado de pagar, ya que
pocos de ellos pagaron algo durante los 13 años de la cuenta. En realidad, eran muy pocos los que estaban al corriente de sus pagos ya que
sólo representaban 190Jo del total de deudores.

III.
Los datos que hemos analizado sugieren la existencia, hacia 1832, de
tres tipos de deudores en relación a los capitales eclesiásticos: los que
habían dejado de pagar sus réditos desde bacía más de 20 años -que
representaban capitales prácticamente perdidos-, y entre ellos desta-

�116

Siglo XIX

caba un sector responsable de deudas muy antiguas contraídas sobre
todo a partir de 1780; los deudores que comenzaron a atrasarse en el
pago de los anuales desde la guerra de independencia y que tenían 20
años o menos de no pagar réditos, la mayoría de los cuales había liquidado algunos anuales vencidos; y por último el reducido número de
personas que no debían nada a la administración conventual.
Desde 1847 presenciamos dos hechos: un mayor número de deudores dejó de pagar réditos, y se incrementaron las anualidades vencidas. La presión que la Iglesia había ejercido sobre los deudores en la
década de 1830 se había agotado. Hasta antes de 1847 la Iglesia había
podido ejercer sus derechos sobre un número considerable de deudas
atrasadas a través de muchos convenios notariales y de concursos de
bienes.
El incremento de acciones judiciales y demandas promovidas por
la Iglesia fue extraordinario en la década de 1830 y principios de 1840.
En efecto, varias fuentes atestiguan que entre 1827 y 1842 la sombra
de los concursos cayó sobre un número considerable de propiedades.
Más de un centenar de haciendas y casas entraron en juicio demandadas por la Iglesia, en lo que podría considerarse una verdadera amenaza a la propiedad de los deudores que se resistían a entrar en los
convenios.
A partir de 1847 la posibilidad de la Iglesia de hacer efectivos sus
créditos disminuyó. Este límite se alcanzó porque no podían salir a remat~ con éxito un número indeterminado de propiedades y posiblemente
debido a que la nueva situación que se vivió desde 1847 hizo que el
sistema judicial estuviera más cerca de los deudores que de la Iglesia 19•
Hubo varios factores que influyeron en la baja de los ingresos del
clero p&lt;&gt;r co~cepto de pago de réditos. Se podría suponer que en primera mstanc1a fue una respuesta a la crisis económica que la mayoría
de los productores de la región poblana resintió con la guerra de
20
Independencia • La petición de baja de réditos fue generalizada y los
propietarios que intentaron obtener ciertas condonaciones las lograron sin muchas dificultades.
·
Pero lo decisivo en la primera mitad del siglo XIX fue un cambio
en la actitud de los deudores. Se expresó tambien en las escasas donaciones a la Iglesia de capitales y de fundación de obras pías y capellanías. Este hecho estaba ligado sin duda a un cambio en las creencias
religiosas y de las ideas sobre el papel social de la Iglesia.

Cer~antes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

117

Pero también estaba vinculado a la presencia de un espíritu de lucro que buscaba apropiarse y consolidar una propiedad inmueble en
uso y dominio pleno, valiéndose de cualquier forma para ello. Tal comportamiento fue resultado de cambios sociales que se protagonizaban
en el siglo XIX: las leyes sobre desamortización y nacionalización de
los bienes del clero sólo fueron la fase final.
NOTAS

1. Este hecho se debió por el carácter acumulativo de las dotes de las religiosas y por
ser en el siglo XVIII cuando se fundó el mayor número de capellanías y obras
pías. Con respecto a los conventos véase Asunción Lavrín, "La riqueza de los conventos de monjas en la Nueva España: Estructura y evolución durante el siglo XVlll",
en Cahiers des Ameriques Latines, 1973; "Problems and polices of Administration
of Nunneries in México (1800.1835), Tbe Americas, 1971, XXVIII ( l ); y "Mexican
Nunneries from 1835 to 1860: Their Administrative Polices and Relation with State", TbeAmericas, 1972, XXVIII (3), pp. 288-310. La administración del dinero
dejado para las fundaciones piadosas ha sido analiz.ada por Míchael Costeloe, Cburcb
Wea/tb in Mexico. A Study of the "Juzgado de capellanías" in tbe Arcbiobisbopric
of Mexico, 1800-1856, Cambridge University Press, 1967.
2. Cf. Nancy Farris, Crown and Ciergy in Colonial Mexico. Tbe crisis of tbe Eclesiastical Privilege, Londres, University of London, 1978.
3. Una recapitulación de las fundaciones fue realizada por un cronista del siglo XVIII,
Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, en Histoiia de la fundación de la ciudad de la Puebla de los Angeles en la Nueva España, 2 vols. Puebla, ediciones Altiplano, 1962.
4. Cf. Rosal va Loreto López, "La distribución de la propiedad en la ciudad de Puebla
en la década de 1830" en Memoria de la Investigaciones Universitarias de Urbanismo, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, 1982. Aunque este texto se refiere
al siglo XIX, casi la totalidad de las propiedades eclesiásticas a fines del XVII estaban ya en manos de la Iglesia.

S. AGN, Intendencias, Censo de Manuel de Flon sobre lo.s capitales que se reconocen
en el partido de Cholula, 1790.
6. Un gran endeudamiento no sólo consume buena parte de las ganancias al tenerse
que pagar los réditos. Las hipotecas, además, limitan el uso pleno de la propiedad:
el bien no puede subdividirse, venderse o comprometerse sin consentimiento expreso de la parte acreedora, en este caso la Iglesia. Este hecho parece haber estado presente, aunque en diferente grado, en otras partes de la república. Véase el trabajo
de Linda Greenow, Credit and Socioeconomic Cbange in colonial Mexico. Loans
and Mortagages in Gua da/ajara. 1720-1820, Bolder, Colorado, Latín American Studies 12, 1983.
7. Durante el período ISQ0.1814 se otorgaron 275 préstamos en dinero en efectivo. Notariados en la ciudad de Puebla, en 130 de estos casos se hipotecaron propiedades
agrícolas, en 116 casas y sólo en 29 comercios. Esto contrastaba con el objeto con

�118

Siglo XIX

el cual se pedía el préstamo, que en poco más de la mitad iba destinado al comercio.
".éase para un análisis detallado Francisco Javier Cervantes Bello "La Consolidación de los vales reales en Puebla. Crisis y desestructuración de un mercado regional de capitales, 1800-1814", Puebla, 1984, UAP, mimeo.
8. Debe decirse además que Bauer ha seilalado que no todo el crédito eclesiástico era
producto de un préstamo y que de hecho muchas obligaciones hipotecarias eclesiásticas eran sólo compromisos de dar una renta fija al clero. Véase "Church in the Economy of Spanish American: Censos and Depósitos in 18th and 19th centuries" Hispanic American Historical Review, 1983, 63 (4).
'
9. Las relaciones entre comercio y agricultura y crédito han sido abordados parcialmente ~r John Kickza, Empresarios coloniales. Familias y negocios en la ciudad
de MéXIco durante los Borbones, México, FCE, 1986; Richard Lindley Las haciend~ Y e~ ~esarrollo económico. Gua~alajara, México, en la época de la independencia,_ Me,aco, FCE, 1983; y por Ennque Florescano "Formación económica de la
hacienda en la Nueva Espai!a", México, 1980, mimeo.
10. La guerra fue en gran parte responsable de sobre emisión de papel moneda demanda de crédito e inflación en Espaila. Cf. Earl Hamilton "Guerra e inflación en Espaila (1780-1800)" en El florecimiento del capitalismo. Ensayos de Historia Económica, Madrid, 1984, Alianza Universidad. Sobre las repercusiones en México véase
Carlos Marichal "La bancarrota del imperio: la crisis financiera de la Nueva España, 1780-1808", México, Universidad Autónoma Metropolitana, Monografía V Centenario, Banco de Espaila.
11. S?bre la aplicación de la ley véase Brian Hamnett, "The Appropriation of the MeXlcan Church Wealth by Spanish Bourbon Government: the Consolidación de los
Vales ~eales", Joumal of Latin American Studies, 1969; Asunción Lavrin, "The
Execu_tion of th~ Law of Consolidación. Economics Aims and Results", Hispanic
A.menean Histoncal Rev,ew, 1973, 53 (I); Francisco Javier Cervantes Bello "La Iglesia
Y la ~risis del crédito colonial en Puebla (1800-1814)" en Leonor Ludlow y Carlos
Mancha! (eds.), Banca y Poder en México (1800-1925), México, Grijalbo, 1986.
12. Al res_pecto véase Francisco Javier Cervantes Bello, "Los militares, la política fiscal
Y !os ";lgresos de _la Iglesia en Puebla", ponencia presentada en el coloquio sobre
H1stona de las Fmanzas en México, El Colegio de México, 1989, mimeo.
13. Sobre la actitu~ de es~ulació~ con respecto a las casas del clero en la ciudad de
~ebla en la pr?Dera nutad del siglo XIX véase Rosalva Loreto López, "Los inquilmos de la Iglesia. Problemas que enfrentó la propiedad urbana eclesiástica en Puebla! 182!-55", en Espacio y perfiles. Historia regional mexicana del siglo XIX, Puebla,
Umvers1dad Autónoma de Puebla - Ayuntamiento de Puebla vol. t, 1990.
14. Cf., francisco Javier Cervantes, "El clero y la Iglesia en Puebla ante tos cambios
d~I siglo XIX (1825-1833)" en Espacios y perfiles. Historia regional mexicana del
siglo XIX. Vol. 1, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla - Ayuntamiento de
Puebla, 1990.
15. El Católico, 30 de enero de 1847, cit. por M. Costeloe, op. cit., p. 61.
16. Había ot!as corporaciones o instituciones respaldadas por el clero que llegaban a
prestar dinero o a las cuales estaba asignada una renta o censo en forma de hipote-

Cervantes B.: Iglesia y propiedad en Puebla (1810-1856)

119

ca. Se trataba de colegios, parroquias y cofradías, éstas últimas son características de
organización más laicas que religiosas. Frente a los conventos y las fundaciones piadosas, el dinero o deudas de otras corporaciones clericales era menor. Cf. Archivo
General de Notarías del Estado de Puebla, Protocolos 1800-1850, para la ciudad
de Puebla.
17. Sobre los cálculos de las proporciones de la participación de cada uno de estos sectores puede tomarse como ejemplo el caso de Cholula donde, en 1790, el 75% de
las hipotecas a favor del clero provenía de fundaciones piadosas, y el 24.2% de diversos conventos. Archivo General de la Nación, Intendencias, Censo de Pion.
18. El fundador de una capellania marcaba una linea de sucesión entre sus descendientes para que disfrutaran de las rentas del capital que dejaba a cuidado de la Iglesia,
a cambio de que el capellán dijera o mandara a decir misas por la salvación de su
alma. La condición para ser capellán era, además del parentesco con el fundador,
tener vocación eclesiástica. Como consecuencia, gran número de fundaciones quedaron vacantes, hecho que coincide con la disminución de miembros del clero secular durante la primera mitad del siglo XIX. Cf. Eugene Muller, "The status of the
clergy in the first half of 19th. century Mexico", Kansas, Kansas University Library,
mimeo.
19. Puede verse al respecto el trabajo de M. Costeloe "Guadalupe Victorian anda Personal Loan from de Church in lndependent Mexico", The Americas, 1969, XXV (3).

20. Para el caso de la disminución de la producción agricola en San Martín Texmelucan
y otras haciendas cercanas a la ciudad de Puebla puede verse Francisco Javier Cervantes, "La crisis agrícola y la guerra de Independencia en Puebla, 1800-1820", ponencia presentada en el seminario La Formación del Capitalismo en México, Oaxaca, 1989.

�EL SIGLO XIX EN ECUADOR

Poder Republicano y Protesta Indígena
en la Provincia del Azuay
Martha Moscoso *

l. EL INDIGENA Y EL ESTADO REPUBLICANO

Durante el siglo XIX, el indígena se encontró ubicado entre dos concepciones forjadas por los sectores que controlaban el poder político:
la de individuo miserable, miembro de una "raza desgraciada" y "abyecta", digno de protección y cariño paternal, y la de ciudadano, con
el goce de iguales derechos y obligaciones que la población blanca y
mestiza. De acuerdo con la ideología en el poder, el indígena adquiría
el estatuto de tributario o de ciudadano.
Con el advenimiento de la era independiente, el indígena dejaría
de pagar el impuesto conocido con el "degradante nombre de tributo"
a que había estado sometido durante el régimen colonial. De vasallo
de la Corona se convirtió en ciudadano 1• Sin embargo, la sola idea
de cambio del estado indígena no fue suficiente para lograrlo. Las guerras de independencia habían costado mucho dinero a las cajas públicas y la supresión del tributo no ayudaba para su recuperación. Es así
que, a los pocos años, el tributo volvería a estar vigente bajo una denominación menos "degradante": la Contribución Personal de Indígenas, que reaparecía con la justificación de que la condición del indígena se "ha empeorado i se han agravado sus necesidades" . También
se manifestaba que los mismos indígenas solicitaban pagar dicho im2
puesto y quedar exentos de otras cargas fiscales •

• Depan amento de Historia de la Universidad Católica de Quito y Universidad Central
del Ecuador.

�122

Siglo XIX

En las ~rimeras décadas del siglo la economía del Departamento
del Sur _sufna una v~rdadera contracción debido, sobre todo, a las guerras de independencia y a la guerra con el Perú. Cuenca se vió particular~ente afectada por esta situación al haberse convertido en el escen~~10 de algunas de las batallas. Los constantes requerimientos de prov1s10nes, tanto d~ eleme~t~ humano como de animales de carga y produc~os para. 1~ ah~entac1?n de las tropas, limitaban aún más la ya reducida part1c1pac1on del indígena y del campesino en el mercado de
prod_uct?s. _P_or ~tra parte, el comercio que se realizaba con el Perú se
red~Jo s1gnif1cat1vamente, sobre todo, por la vía del interior. La falta
de c1~culante parece ser que fue un fenómeno importante como lo eviden:1an las constantes quejas de las autoridades provinciales en este
sentido. Este fenó~~~o incidía directamente en el ingreso provincial
puesto que las pos1b1hdades de cobrar la contribución disminuían.
. La necesidad de_ contar con ingresos fijos dio lugar a que las autondades_ l?~ales contm~aran con la recaudación del tributo a pesar de
su abohc1on. Para, el ano de 1826, su cobro se había suspendido únicament~ e? el C~nton Azogues. El principal ingreso de la provincia lo
C?~stJt~1a el tnbuto, como lo manifestaba un memorándum de la mumc1pal1dad de Azogues:
ha resu!tado que en este Cantón la única contribución de indígenas
produc1a 7 OOOpesos en cada año y la contribución directa ¡ 000 es~os, Yde _aqu1 es que se conoce claramente que si con el ramo antedicho de tributos, acaso. no es suficiente para sostenerse Ja Repúbli~• me_nos sería Y de ningún modo afianzable con la sola contribución dlfecta 3•

La disminución de_las rentas fiscales y provinciales inquietaba, sin embargo, a las autondade~ que buscaban los mecanismos más apropiados ~ar~ llenar este v~c10. En 1826 se pidió informes de la situación
econ~rmc~, a l~s autondades locales Hegando a la conclusión que "la
contnb~c1on directa no se paga por los dos tercios de los ciudadanos
que habitan en este depa!1a~ento'' por lo que se resolvió ''que se establezca el d_erecho d~ ~ap1tac1_on ? razón de tres pesos por cabeza desde
18 a 50 (sm excepc1on de mngun varón)" 4.
La capitación co~tit_uia un impuesto sustitutivo al tributo y abrió
las puertas a la_~ontnbuc1ón Personal de Indígenas establecida en 1828.
Para la adopc10n de esta medida se alegaba que la capitación
es ,el m~ conforme ª.la voluntad de los pueblos y por consiguiente
mas fácil su recaudación... es equitativo, porque a pesar de ser igual

Moscoso: Republicanos y pro1es1a indíg ena en Ecuador

123

su cuota, es visto que los ciudadanos ricos no pagan por sus sirvientes, con cuyos fallecimientos ellos son los que pierden las sumas socorridas. Además, los ciudadanos de comodidad quedan sujetos a contribuciones extraordinarias y préstamos en los casos de guerra. Sobre
todo el expresado impuesto influye directamente en la extinción de
vagos y adelantamiento de la agricultura 5 •

La necesidad de reactivar la producción y el mercado interno y, en consecuencia, la circulación de moneda, marcaba el pensamiento de las
autoridades en estos años. En 1828, el gobernador de Cuenca
manifestaba:
.. .que los indígenas satisfagan un impuesto o una contribución personal, no solo es bueno y ventajoso al Estado sino a ellos mismos
y a la agricultura. Esta no tiene otros brazos auxiliares ... que los de
los indígenas y ellos no trabajan si no es obligados por el pago del
impuesto. Sin él... se entregan al ocio y a los vicios .. . 6 •

La Contribución Personal de Indígenas estuvo vigente hasta 1857,
año de su abolición definitiva. Nuevamente el argumento esgrimido para
justificar esta decisión tenía relación con el estatuto del indígena en la
sociedad. Este impuesto era "bárbaro y antieconómico" pues pesaba
"exclusivamente sobre una clase y la más infeliz de la sociedad". Con
su supresión, los indígenas quedaban "igualados a los demás ecuatorianos en cuanto a los deberes y derechos" 7 •
En los dos momentos señalados se utilizaron argumentos diferentes que contrastaban entre sí. Para los gobernantes de la década de los
50, autoproclamados liberales, no podía continuar vigente un sistema
de organización social indígena considerado como anacrónico. El tributo o contribución de indígenas era una de las materializaciones más
tangibles de la reducción del indígena a la condición de siervos, esclavizándolo e incitándolo a la vagancia y al alcoholismo 8 • Su supresión
significaría, para el indígena, una oportunidad de integración a la sociedad blanco-mestiza en la que, como ciudadano, cumpliría los mismos deberes y tendría similares derechos que el resto de los ecuatorianos.
La ideología liberal contaba con una base económica que posibilitaba la adopción de esta medida. En la década de los 50 el ingreso nacional se alimentaba de fuentes cuyos aportes eran más significativos
que la contribución de indígenas, que presentaba una tendencia a la
baja, tanto en términos absolutos como relativos. Uno de estos rubros
era el de aduanas que, para ese año, representaba el 49% del ingreso
total, mientras que el tributo representaba el 12.6% 9•

�124

Siglo XIX

. La rentabilidad ~ue tenía est~ rubro era diferente al nivel provincial. A pesar de las dificultades existentes para su recaudación, este impuesto representaba la fuente más importante de ingreso (el 47% del
mgreso en 1852-1853)'0 • Al dejar de percibirlo, las rentas provinciales
se e~contraron en una _situación deficitaria por lo que se tuvo que recurrir a rentas provementes de la aduana de Guayaquil.
. Obviamente, la queja por parte de las autoridades locales no se
h1~0 esp:~ar. El Gobernador de la provincia manifestaba que al suprimir esa gabela monstruosa" el gobierno
... no hizo todo lo que debía hacer para que fuera perfecta su obra
porque no h~lló el re;mplazo que llenara el gran déficit que ha deja~
do en la hacienda pubhca la ley de abolición del tributo. Arrancar
el m~I que aquejaba a la nación, pero arrancarlo sin la vida de ella ...
abol~r ~na c?~trib~ci~n ominosa, mas la única capaz de sostener Ja
adm1mstrac10n
pubhca.. . es matar la administración en el
interior. .. 11
A pesar de este malestar, la Contribución Personal de Indígenas no
fue ~uesta nuevamente en vigencia. La administración regional tuvo
que 1m~lementar nuevas fuentes de ingreso a fin de revitalizar su
econom1a.
La ab?}ición del tributo no significó sino el cambio en la forma
de extracc!~n del exced_ente indígena, de dinero a trabajo, con la implementac1on del trabaJo obligatorio en las obras públicas a través de
la cont~bución subsidiaria. Esto trajo ~onsigo mayores cambios y transforma~10nes e~ la sociedad ind!gen_a sin llegar a su desaparición como
lo hab1an manifestado los part1danos de la abolición. El sistema indígen~ no resultaba ya anacrónico sino todo lo contrario funcional a
los mtentos de modernización del país, sustentado, entr; otros aspec~os, e? ~a apert~ra de vías de comunicación. A pesar de los enunciados
1deolog1cos de igualdad, pregonados por la ley de abolición los indíg~?as se convirtier~n ~n la fuerza de trabajo disponible para ia realizac!on de las obras publicas y a un bajo costo, dado lo reducido del salano pagado.
En definitiva, la condición de indígena o de ciudadano no alteraba el orden social establecido y el lugar que cada uno de los sectores
ocupa~an en la so:iedad. Aún después de la revolución liberal de 1895,
los md1genas contmuaban soportando el peso de la discriminación en
razón de su origen étnico. Los indígenas de San Sebastián manifestaban, en 1897, que

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

125

...al iniciarse la reforma liberal que preside el General Alfaro, se nos
hizo creer a los infelices indígenas que íbamos a mejorar mucho de
condición i que ibamos a ser ciudadanos como cualquiera, y a gozar
de las prerrogativas, inmunidades, y garantías que la nueva Constitución establecería en favor de todos los ecuatorianos. Tal era nuestra creencia y en ella fundábamos halagueñas esperanzas (pero) en la
parroquia a que pertenecemos nada ha ganado la clase indígena...
pues ... continuamos sujetos a los más duros e irritantes vejámenes
(...) hemos sido alistados y perentoriamente requeridos en nombre
de la autoridad parroquial para el trabajo del camino que conduce
a la ciudad de Guayaquil... 12
II. EXTRACCION DEL EXCEDENTE INDIGENA
Como miembro de una "raza abyecta" o como " ciudadano", el indígena estuvo siempre en la base de la construcción de la república y de
los intentos de modernización y progreso como mano de obra de bajo
costo. Aunque liberado del cumplimiento de otras obligaciones (las milicias, el ejército, el pago de alcabalas, por ejemplo), la carga tributaria a la que estaba sometido era suficiente para que su aporte
fuera más importante que el realizado por los demás sectores sociales.
La contribución en dinero y, posteriormente, la contribución subsidiaria destinada a la ejecución de las obras públicas, reducían al indígena
a la condición de generador de excedente en beneficio del Estado, la
Iglesia y la Hacienda logrando, como contraparte, la transformación
de la organización étnica y, en algunos casos, su disolución.
Esta situación tuvo sus variantes en los períodos de vigencia de cada una de las contribuciones, en los cuales el indígena se vio envuelto
en dinámicas diferentes así como también fue distinto el significado
de cada uno de los mecanismos de extracción del excedente implementados por el Estado.

a. La Contribución Personal de Indígenas
La Contribución Personal estaba dirigida a la población indígena masculina comprendida entre los 18 y los 50 afios de edad, que formaba
parte de los padrones de contribuyentes. Los indígenas menores y mayores a las edades establecidas eran considerados como "reservados",
así como los "liciados o enfermos habituales hasta el extremo de no
poder trabajar y ganar un salario" 13 • Los indígenas incluidos en esta
categoría estaban exonerados del pago. Si un contribuyente moría antes de terminar el período de pago se cobraba su parte correspondiente
a su familia.

�126

Siglo XIX

De igual manera se actuaba con aquellos que pasaban a ser reservados por enfermedad o por accidente 14 • En estos casos, la incapacidad para trabajar debía ser comprobada por dos médicos residentes
en la capital de la provincia o en las cabeceras cantonales. Si esto no
era posible, el recaudador de la contribución debía emitir un informe
a petición del protector de indígenas. Si la incapacidad no era total,
el indígena debía pagar la mitad de la cuota fijada 15 •
Desde 1830 se exoneró, además, a los indígenas que servían al Estado en calidad de postas o guías 16 • En 1851 quedaron exonerados
aquellos que se enrolaban voluntariamente en el ejército, los que seguían la carrera de Letras, durante el período de duración de los estudios y exoneración definitiva para quienes la concluyeran. También estaban exentos de por vida los indígenas que habían trabajado como
maestros de letras por un lapso de seis años consecutivos, los hijos legítimos de padre blanco y de madre indígena (más no los ilegítimos,
que debían seguir la condición de la madre).
Esta ley incluía entre los exonerados a los indígenas propietarios
de tierras cuyo valor sobrepasara los 1 000 pesos. En este caso, estaban obligados a pagar la contribución directa sobre el valor de la propiedad a la que estaban sujetos el resto de los propietarios 17. En 1854
la exoneración fue ampliada a los hijos legítimos de padre indígena y
madre blanca.
Asimismo, los "gobernadores de indígenas" y "caciques" auxiliares de la cobranza estaban libres de su pago mientras ejercían sus
funciones, y podían estarlo de por vida si habían desempeñado este
cargo por espacio de seis años 18 •
Sin embargo, la ley no estaba clara en lo que se refiere al papel
desempeñado por los miembros del Cabildo Pequeño (Alcaldes, Regidores y Alguaciles) como auxiliares, quienes se encontraban en una situación incierta respecto no sólo del pago sino de su condición en el
espacio social. Pensamos que, al no mencionarse su caso específico,
las autoridades indígenas debieron haber seguido su condición de indígenas y cancelar el impuesto.
El sistema de exoneraciones resultaba en sí demasiado complejo
y largo para ponerlo en práctica, dadas las exigencias y requisitos impuestos, y beneficiaba únicamente a un reducido número de indígenas.
Sin embargo, ante la expectativa de lograr la liberación del tributo, las
peticiones que llegaban ante las autoridades eran numerosas, aunque

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

127

no todos los peticionarios resultaran favorecidos. Quienes tenían mayores posibilidades eran los mestizos que lograban demostrar su origen español.
Es interesante observar cómo dentro de la concepción "racista"
de la organización del espacio republicano, las exoneraciones profundizaban la diferenciación existente entre blanco/ mestizos e indígenas,
tanto a nivel social como étnico. El hecho de buscar una salida legal
al pago del tributo debe haber producido un mayor distanciamiento
entre mestizos e indígenas. La búsqueda de un origen español había
impuesto a los primeros en una situación de rivindicación de lo blanco
y de negación de lo indígena, contribuyendo, de este modo, al desarrollo de una conciencia racista que sería asumida, en algunos casos, por
los mismos indígenas.
Las demás exenciones podían funcionar pero era muy raro que
un indígena estudiara letras o se alistara voluntariamente al ejército.
En el caso de los enfermos era más factible, aunque el trámite era largo y molesto. Efectivamente, en la documentación que hemos revisado se encuentran numerosas peticiones de exoneración por edad avanzada y origen étnico y, en un menor número, por enfermedad. De todas maneras, el Colector del impuesto se encontraba frente a una mayor resistencia y negativa de los contribuyentes a pagar su cuota, aumentando así las dificultades que tenía para el cobro.
Del mismo modo, la exoneración tendía a beneficiar a aquellos indígenas que gozaban de una mejor posición social y económica en tanto que propietarios de tierras. No es fácil conocer el número de indígenas que se encontraban en esta situación, aunque es posible pensar que,
si bien era reducido, ese enunciado legal podía haber alentado el interés por la acumulación de tierras, propiciado durante todo el siglo por
las leyes que favorecían la fragmentación de las tierras comunales y
su privatización 19•
De acuerdo con estas leyes, la propiedad privada de la tierra por
parte de los indígenas les permitiría su integración a la sociedad al dejar de pertenecer a una forma de organización considerada anacrónica. En este proceso de venta y arrendamiento de la propiedad comunitaria tenían prioridad los indígenas pero, al mismo tiempo, se favorecía el acceso de blancos y mestizos en la comunidad en calidad de
arrendatarios.

�128

Siglo XIX

Las autoridades locales se empeñaban en cumplir con este proyecto agrario. Aunque no conocemos el impacto real que tuvo ni sus resultados, parece ser que -si bien estimuló el interés indígena por la
propiedad privada- en otros casos favoreció más bien el desarrollo
de una fuerte resistencia en algunas comunidades.
En 1822, el gobernador de Cuenca envió una Circular a las autoridades parroquiales con el fin de que hicieran efectivo el reparto de las
tierras comunales. El Teniente de Sidcay respondió que él procuraría
"hacerles comprender (a los indígenas) las miras benéficas del soberano congreso en la medida de tierras, y la gran diferencia que hay de
una posesión precarea a una propiedad directa".
Manifestaba también que la resistencia a la medición de las tierras
se debía a que los indígenas tenían "por sistema venerar ciegamente
las costumbres y establecimientos de sus mayores... " 20•
El tributo se convirtió en un mecanismo clave para el ordenamiento del espacio social republicano, en el cual se ubicaba los ciudadanos
con deberes y derechos específicos, los indígenas, obligados a pagar
el tributo, y un sector intermedio conformado por indígenas y mestizos que buscaban salir de su condición étnica a través del mestizaje y
de la exoneración del tributo y, por otro lado, por blancos, mestizos
o indígenas que accedían a las tierras de comunidad en calidad de pequeños propietarios.
De acuerdo con el decreto de 1828, la cantidad fijada como tributo era de 3 pesos 4 reales, pagadera en dos cuotas semestrales: el 30
de junio y el 31 de diciembre. En 1845 se la redujo a 3 pesos, que debían ser cancelados al terminar el año. En algunas ocasiones (1839, 1846
y 1847) se exigió el pago anticipado, empezando su recaudación en el
mes de mayo. Este hecho dio lugar a numerosas protestas y dificultades para la recaudación. El pago de 3 pesos equivalía al salario percibido por 60 días de trabajo.
Este dinero podían haberlo obtenido a través de su vinculación a
diferentes actividades productivas o de intercambio. De acuerdÓ con
los testimonios de la época, los campesinos e indígenas se convertían
en jornaleros en las haciendas, trabajaban en la ciudad o en la recolección de la cascarilla. En otros casos se dedícaban a la producción artesanal en pequeña escala para venderla en el mercado o vendían parte
de los productos agrícolas.

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

129

De todas maneras, para el campesino parcelario o para el indígena
de comunidad, inscrito dentro de un proceso significativo de transformación, el pago de los 3 pesos podía resultar oneroso y, peor aún, si
se le cobraba anticipadamente. El tributo se había ido transformando
paulatinamente en un mecanismo personal (y ya no comunitario) de
extracción del excedente por lo que, en épocas de baja producción o
de escasez de fuentes de trabajo, y dada la presión para su pago, los
contribuyentes veían como únicos recursos la fuga o el asilo en las haciendas en calidad de "conciertos".
En los testimonios analizados no encontramos referencias a la conservación del pago del tributo a través de mecanismos colectivos, implementados por la comunidad. Tradicionalmente, el tributo había sido afrontado por la comunidad, aunque la tasación de los productos
o de la cantidad de dinero que debían pagar, era personal. El monto
reunido se entregaba al cacique, quien oficializaba el pago. En el siglo
XIX, cada tributario pagaba su parte correspondiente a los colectores
y autoridades encargados de la recaudación. Cada indígena recibía una
carta de pago, la que tenía que ser presentada al año siguiente para
la cancelación del impuesto del año.
El cobro del tributo estaba a cargo de los recaudadores designados por el Gobierno, quienes debían dar una fianza equivalente a la
cuarta parte del monto a recaudarse responsabilizándose, además, con
sus bienes hasta por la cuarta parte de dicho valor. Este funcionario
percibía una comisión del 6% (el 5% para él y el 1% para el Jefe Político del cantón)21 • En 1851 se le asignó el 12% del total recaudado22 •
La presión ejercida sobre este funcionario para la recaudación del
"entero" de la contribución (además de sus propias pretensiones) dio
lugar a la implementación de una serie de mecanismos coercitivos respecto de las autoridades locales Gefes políticos y tenientes parroquiales) en base a un sistema de multas si no cumplían con sus obligaciones
de auxiliares de la cobranza. Del mismo modo actuaban estos representantes del poder local respecto de las autoridades indígenas, sobre
quienes recaía la tarea del cobro y sobre todo de la denuncia de los
indígenas deudores. Los miembros del Cabildo recibían constantes amenazas de multas e incluso castigos corporales cuando no cumplían con
la tarea encomendada. A pesar de las medidas adoptadas, la dificultad
para recaudar el dinero era constante debido a la negativa y a la protesta de los indígenas.
Se emitieron disposiciones de todo tipo para evitar la evasión de

�l JO

Siglo XIX

su pago. En efecto, todo indígena que cambiaba de domicilio tenía la
obligación de dar aviso al recaudador sobre este particular, de manera
que su nombre fuese registrado en los padrones del cantón de su nuevo
domicilio.
Parece ser que la movilización de los indígenas era importante por
lo que, en los 40, se impuso la obligación de obtener y presentar un
pasaporte a las autoridades de la provincia a donde llegaban. Las haciendas se constituyeron también en escondite de los contribuyentes,
quienes no constaban en los padrones formados con los indígenas conciertos. Los conciertos estaban exentos del pago directo debiendo hacerlo, en su lugar, el hacendado. Sin embargo, la cantidad erogada con
este objeto era sumada a la deuda que tenían los conciertos con el
patrón.
En algunas ocasiones los hacendados se negaban a pagar la contribución de sus conciertos por lo que la represión recaía sobre los indígenas, quienes eran reducidos a prisión. En otros casos los hacendados proponían cancelar la deuda en productos. En 1838, las haciendas
Susudel y la Cría (parroquia de Oña) de propiedad de José Miguel Valdivieso, adeudaban la cantidad de 600 pesos por concepto de contribución. El propietario propuso el pago en parvas de cebada. El Colector
rechazó esta propuesta por ser un producto que implicaba problemas
de comercialización por lo que se le aceptó el pago en animales.
Asimismo se estableció un sistema de gratificación al Recaudador
y al Gobernador de Indígenas que diera aviso de indígenas deudores.
En 1836 se pagaba 4 reales por cada deudor23. En 1854 se aumentó la
gratificación a I peso si el indígena adeudaba la contribución hasta
por 3 años y, a partir del cuarto año se aumentaba 4 reales por cada
año de deuda 24 • Este incremento trataba de conseguir los resultados
positivos que no se habían logrado con la recompensa señalada anteriormente, según lo denunciaba el gobernador de la provincia en
183825 •
El sistema de recaudación vigente daba lugar a que se cometieran
abusos de todo género contra los indígenas. Se denunciaron malos tratos, castigos corporales, capturas arbitrarias de bienes y productos así
como también encarcelamientos masivos. En 1840, el gobernador de
la provincia manifestaba que las cárceles estaban "llenas de indígenas
porque no pagan la única contribución de su clase"26 •
La negativa a pagar la contribución, la evasión a través de la fuga

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

/JI

o la migración, la protesta abierta y la sublevación mantenían en constante preocupación a las autoridades y sobre todo a aquellas encargadas del cobro. Los colectores solicitaban frecuentemente el auxilio de
la fuerza armada para realizar el cobro, negándose a hacerlo si no contaban con su apoyo.

b. La Contribución Subsidiaria
27

Esta contribución, establecida por primera vez en 1825 y ,revitalizada luego de la supresión de la Contribución Personal de Ind1genas, estaba destinada a conseguir los fondos y, sobre todo, la mano de obra
necesaria para la apertura de carrunos interprovinciales? v~~nales, para
la composición y mejora de los ya existentes y la reabzac1on de otras
obras de carácter público.
Esta nueva modalidad de extracción de excedente en beneficio estatal y local surgió de la necesidad, cada ~ez más ~m~eriosa, de com~nicar eficientemente entre sí a las dos regiones pnnc1pales del espacio
republicano. Los sectores serranos que controlaban)ª p~~ducción agrícola tenían muchas limitaciones para lograr la reahzac1on de los productos en el mercado interregional en razón del mal estado en el que
se encontraban las pocas vías de comunicación existentes. A ~ivel local el consumo era reducido; los sectores indígenas y campesmos requ;rían de escasos productos del mercado, dadas l_as formas productivas propias con las que hacían frente a sus neces1d~des de rep_rod~cción. Las autoridades expusieron, en múltiples ocasiones, sus mqmetudes al respecto.
En 1839 el Congreso expidió una nueva ley sobre la apertura Ycomposición de los caminos, considerando que "uno de los medios principales de favorecer el comercio y la agricultura" era "poner espeditas
las vías de comunicación, abriendo caminos cómodos Y
permanentes"28 •
El gobernador del Azuay se expresaba en los mismos términos sobre la necesidad de componer el camino a Naranjal, vía de contacto
con la costa. Manifestaba que "el mal estado ... en el que se halla perjudica al comercio y agricultura de esta provincia, llamada por recíproca conveniencia a estar en comunicación continua con
Guayaquil. .. ' ' 29 •
La situación de aislamiento de la provincia dio lugar a la expedi-

�132

Siglo XIX

ción de una serie de reglamentos específicos para la construcción del
camino a Naranjal, por medio de los cuales se adjudicaban, para este
fin, todos los fondos y recursos recaudados en la provincia por concepto de contribución subsidiaria. Esta se convirtió en la obra más importante y de mayor interés de la provincia, y en torno al cumplimiento de este objetivo se movilizó a la población indígena y a ciertos sectores blancos y mestizos comprendidos entre los 18 y 50 años de edad
(en algunos períodos se extendió la edad a los 60 años).
. La integración de todos los sectores sociales al trabajo público deJaba de lado el principio de separación racial que había sustentado la
existencia del tributo indígena. Cada uno de los contribuyentes debía
pagar el impuesto, en trabajo o en dinero, la suma equivalente al jornal de los días correspondientes a los señalados por la ley. En sus inicios, el tiempo establecido como obligatorio era de cuatro días al afio
o el pago de 4 reales (posteriormente 6) equivalente al salario de 4 días.
Para el camino de Naranjal se amplió la estadía a 15 días a fines de
la década de los 40 y a 24 en 1874, únicamente de permanencia en
la obra sin contar con los días empleados en el viaje30• Sin embargo,
si se habían cumplido ya los turnos por parte de todos los empadronados no se esperaba el transcurso de un año para volverlos a notificar.
Los trabajadores de las obras públicas recibían un salario de 1/2
real diario y posteriormente de un real y la alimentación que consistía
sobre todo de mote y aguardiente. Ante la negativa propuesta de los
indígenas y campesinos a concurrir al camino de Naranjal, el Concejo
Municipal de Cuenca trató, en 1849, de incentivarlos ofreciendo un salario de 2 reales diarios más la alimentación, el concurso de un médico
y la indemnización del viaje de ida y vuelta. Por otra parte, se trató
de fomentar el aumento de la población en las zonas aledañas al carretero, favoreciendo la instalación de tambos y exonerando a los pobladores de las reclutas para el trabajo público y del pago de diezmos y
primicias.
La construcción del camino a Naranjal fue asignada a contratistas
particulares a quienes se les concedían ciertos beneficios como el cobro del peaje por un tiempo determinado, el derecho de pontazgo, la
concesión de tierras baldías, exoneración de la requisa de animales de
carga, de carruajes, de herramientas, etcétera, para el servicio del
Estado31 •
Alrededor de la obra del "camino carretero" se había formado un
sistema de mercado de víveres y aguardiente manejado por los sobres-

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

133

tantes, conductores y demás empleados públicos, quienes sacaban provecho del salario recibido por los jornaleros.
Por medio de la Contribución Subsidiaria se trataba de involucrar
en el trabajo en las obras públicas a un mayor número de personas,
por lo que las exoneraciones que estuvieron vigentes en relación a la
Contribución de Indígenas habían dejado de tener validez. Así, los mayores de 50 años y menores de 20, enfermos habituales y mujeres, debían cancelarlo siempre y cuando fueran propietarios de tierras32• Ante
la imposibilidad de acudir al trabajo, debían hacerlo en dinero.
De la misma manera que la Contribuición Personal de Indígenas,
la Contribución Subsidiaria y, fundamentalmente, el trabajo en el camino de Naranjal se constituyeron en factores importantes para la organización social, así como para delimitar el tipo de relación que se
establecía entre el indígena y las instancias de poder regional local y
con la hacienda.
El indígena volvía a ser asimilado a la condición de ciudadano, obligado a pagar la contribución subsidiaria en los mismos términos que
el resto de contribuyentes blancos y mestizos. Aunque legalmente las
disposiciones eran claras, nos queda la duda de que, en la práctica, éstos hubieran participado en el trabajo público en las mismas condiciones que los indígenas. En lo que se refiere a la provincia de Cuenca
no encontramos evidencias de que se hubiera dado ya que, desgraciadamente, los padrones de contribuyentes no especificaban su origen
étnico.
Sin embargo, la posibilidad de pagar la contribución en dinero
podría haber dado lugar a que blancos y aún mestizos pertenecientes
a estratos acomodados e influyentes de la sociedad, tanto de la capital
provincial como de los cantones y parroquias rurales, se hubieran acogido a esta disposición. De esta manera, la participación en el trabajo
se habría reducido a los indígenas y campesinos mestizos y blancos empobrecidos. Existen algunas referencias a su participación en dichos
trabajos, sobre todo en ciertas parroquias y en ciertos períodos en los
que la mano de obra indígena parecía escasear.
En 1867, el jefe político de Gualaceo se dirigía al Gobernador para
comunicarle que
la lista de inscritos... no asciende en todo el cantón sino a doscientos
sesenta i tanto en la forma siguiente: en Gualaceo 136, contándose

�134

Siglo XIX

en este número los miembros de la Municipalidad i muchas personas
notables del lugar, con más algunos artesanos utilisimos en la
población ... 33 •

El Cabildo Pequeño de Cochapata manifestaba que "como la lei de
la carretera no dise que sean yndios solo los jornaleros desta parroquia
remitemos blancos que viven travajando pa si, aunque no se arrienden
pa terseros". Añadía que en dicha parroquia "jornaleros indios solo
hay los del Cabildo Pequeño" 34 •
Los indígenas de El Valle pedían al Gobernador la exención de prestar servicios públicos pues "nuestra clase es la única que se entiende
en las obras públicas y en sostener las cargas del estado con la contribución y tributo ..." 35.
Por ciertos testimonios podemos ver que los blancos eran asignados a funciones diferentes a las de peones, actuando como "comisionados" en la conducción de los trabajadores o como sus "guardias"
en las cárceles parroquiales. Así en Sayausi se enviaron 30 peones a
Naranjal para el transporte de un piano con el "auxilio" de algunos
comisionados blancos36; y en Nabón, diez peones destinados al trabajo
del camino de Cuyes fueron encarcelados bajo la vigilancia de ocho
guardias blancos37 •
Las mismas leyes que reglamentaban la contribución posibilitaban
la evasión del trab&amp;jo por parte de ciertos sectores sociales, al determinar que podían "concurrir a la composición de los caminos por sí o
por medio de otros"38• Existen algunos casos en los que los propietarios enviaban a sus jornaleros en su lugar. Esta no parece haber sido,
sin embargo, la regla general, sino más bien un mecanismo utilizado
por hacendados poco influyentes que no podían ejercitar su poder sobre las autoridades locales o sobre los comisionados encargados de la
recluta.
El hacendado Felipe Ullauri se quejaba, en 1881, de que el teniente político de Cochapata había enviado a su mayordomo al trabajo de
Guarumal a pesar de que había enviado ya cinco trabajadores para dichas obras39•
La actitud más generalizada de los hacendados fue la de oponerse
al reclutamiento y envío de los peones y conciertos de sus propiedades.
A pesar de la exoneración de la que gozaban los conciertos, en los períodos de escasez de mano de obra la presión sobre el indígena y el

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

135

campesino se intensificaba hasta el grado de enrolar a los peones de
las haciendas. En la disputa por el control del recurso humano y por
la captación del excedente generado, los hacendados no sólo ocu~taban o libraban a los peones conciertos que habían sido reclutados smo
que convertían las haciendas en lugares de refugio de los indígenas y
campesinos empadronados.
Los recaudadores y comisionados se quejaban con frecuencia de
que "los patrones han liberado a sus conciertos" o que "hacen muchas amenazas a todos los mandones de bara" 40 • En algunas ocasiones podían llegar a un acuerdo como en el caso de los hacendados de
Cañar que aceptaron contribuir con "la cuarta parte de peones para
el Naranjal"41• O como en el caso de Quinjeo, en 1896, donde los hacendados preferían pagar la contribución por sus jornaleros antes de
enviarlos al trabajo42 •
En lo que se refiere a la recaudación, se había establecido no sólo
un aparato burocrático para lograr su eficacia y para reclutar la mano
de obra requerida para las obras públicas sino, además, un sistema de
sanciones para castigar su incumplimiento. Estas iban desde las multas impuestas a las autoridades locales e indígenas que no cumplían
con el abastecimiento de trabajadores hasta persecuciones y embargo
de los bienes de los indígenas que no se presentaban a cumplir con la
obligación impuesta. Los bienes embargados eran rematados (aunque
no tenían acogida por parte de los indígenas, quienes manifestaban su
rechazo negándose a adquirirlos). Parece ser que el sistema de remate
se convirtió en un mecanismo de enriquecimiento y apropiación de tierras adoptado por los mestizos y los blancos del pueblo o la de las haciendas cercanas.
La convocatoria para el trabajo la realizaban el Gobernador de indígenas y las autoridades que componían el Cabildo Pequeño quienes
debían ayudar, además, al Teniente Parroquial y al Comisionado a reunir y llevar la gente hasta su destino. La notificación se realizaba personalmente o en las casas de los indígenas, y se entregaba, en algunos
casos, una parte del jornal que habrían de percibir por su trabajo.
Ante las amenazas de multa y prisión por parte del Teniente Parroquial, los miembros del Cabildo Pequeño manifestaban que no era
su culpa " que los notificados dejen de concurrir a los trabajos forzados a que les llama " 43•
En los períodos de escasez de mano de obra, ya sea por la negativa

�136

Siglo XIX

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

o rechazo, por la migración o por disminución de la población, eran
reclutados los viejos, los nulos, los lisiados, las mujeres y los conciertos de las haciendas, que estaban tradicionalmente exonerados de cumplir con esta obligación. La presión ejercida por el gobernador para
contar con la mano de obra necesaria para el camino de Naranjal daba lugar a una pugna constante entre esta instancia de poder y las autoridades locales quienes debían, además, ejecutar una serie de obras
en beneficio de la parroquia y de la iglesia (construcción del templo,
de escuelas, caminos, etcétera).
Los indígenas "capturados" eran encerrados en la cárcel hasta el
momento de ser conducidos a los trabajos. Existían también otros mecanismos para reclutar mano de obra como las leyes sobre ''vagancia",
que recaían sobre aquellos considerados "vagos", "malcasados" o
"malentretenidos".
Podríamos citar algunos ejemplos de los niveles de exigencia de
mano de obra. En 1850, el Concejo Municipal dispuso la apertura de
un canal de agua para abastecimiento de la ciudad. Para su ejecución
debían participar 500 indígenas por año, provenientes de las parroquias
aledañas a Cuenca (San Bias, Sininclay y San Sebastián). En 1851 se
exigió la participación de sesenta trabajadores diarios, es decir, alrededor de 1 700 por mes. Se incluyó además a las parroquias de Baños
y San Roque. En 1856 esta obra estaba lejos de ser concluida y cada
trabajador había cumplido con tres tumos al año.
En el informe presentado por la Casa Ordóiiez y Hnos., contratista del camino de Naranjal, para el mes de octubre de 1866, consta la
participación de 2 262 jornaleros asignados a diferentes tareas.
Parece ser que, hasta mediados del siglo XIX, los Gobernadores
de Indígenas recibían una remuneración por sus servicios al Estado,
más no así los miembros del Cabildo Pequeño. En 1853, las autoridades de El Valle solicitaban al gobernador la exoneración de la Contribución Subsidiaria alegando que, al ser los encargados de ''alistar buscar y traer a los peones" y de "la recaudación de los fondos creados
por las leyes del Camino de Naranjal y del trabajo subsidiario" no deberían pagarla. El gobernador ordenó que los colectores les pagasen los
6 reales solicitados
del porcentaje (12%) que ellos recibían por la
cobranza44•
La abolición de la Contribución Subsidiaria en 1895 significó para la población indígena la posibilidad de reducción de los niveles de
45

137

sobreexplotación a los que había estado sometida a lo largo del XIX
a pesar de que, en algunas zonas, las autoridades locales continuarían
cometiendo abusos en pos de obtener un excedente que había sido tradicionalmente proporcionado por este sector social.
111. LA PROTESTA INDIGENA
Durante el siglo XIX los indígenas actuaron de diversas formas frente
a las políticas fiscales y a las exigencias gubernamentales. En ciertos
momentos y en determinadas zonas aceptaron las imposiciones, a pesar del grado de explotación al que estaban sometidos negociando, únicamente, la forma de cumplirlas.
La inconformidad y el descontento que manifestaban en ocasiones derivaba, más bien, del exceso de requerimientos o de los abusos
cometidos en la aplicación de dichas medidas. En estos casos eran comunes la denuncia, la queja o la petición dirigidas a 1~ autoridades
gubernamentales, cuyo objetivo era conseguir la reducetón de las cargas tributarias, el aplazamiento del cobro, la disminución de tareas o
el logro de algún beneficio.
A través de numerosos testimonios podemos ver que las cargas impuestas al indígena podían haber resultado intolerables y suficien~es
para provocar sublevaciones y un rechazo total a todos estos mecarusmos de extracción del excedente. Sin embargo, vemos que no se planteaban como reivindicación la eliminación de las contribuciones sino
que se las aceptaba como legítimas y se trataba de cumplirlas. La insatisfacción se daba por los excesos cometidos pero se volvía manifiesta
a través de los mecanismos legales señalados y, casi siempre, por intermedio del Cabildo Pequeño.
En una queja presentada por el Cabildo de Sinincay se puede apreciar que los comuneros habían pagado la contribución en dinero, acarreando madera para la construcción del hospital y de los puentes del
Barrio Blanco y de El Vado, y habían trabajado en las obras de San
Francisco cumpliendo cuatro tumos de trabajo en el transcurso de un
año46• En ,Patamarca, la comunidad "se ocupaba de enero a enero"
en los trabajos públicos y por ello no tenia
. ..descanso alguno para destinarse a buscar la subsistencia de sus familias... pues ya trabajan por la Ley del camino de Naranjal, ya por
trabajos subsidiarios, ya a merced de los Tenientes parroquiales, viéndose así sofocados y desesperados47•

�138

Siglo XIX
Mo~coso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

En Sayausi, los indígenas habían sido reclutados por tres ocasiones diferentes para la construcción del canal destinado a conducir el agua
48
hasta Cuenca • El Teniente Político de Baños manifestaba que
la jente de este pueblo, á trabajado desde el mes de enero y como ya
s~ ha concluido la jente que debe trabajar en el Salado, espero saber
s1 se puede hacer notificar principiando un nuebo turno ... en esta semana han acarriado también tres mil ladrillos con cuyo motivo los
indios están bastante rebeldes porque no se les deja descansar ...49

Cuando se trataba del camino de Naranjal, los indígenas de comunidad aceptaban pagar la contribución en dinero, oponieéndose a participar en la obras.
En 1897, los comuneros de San Juan manifestaban que " ... como
!ndígenas sumisos nos hemos prestado, aún con perjuicio de nuestros
mtereses á toda clase de trabajos de la parroquia a que
pertenecemos' ' 50•
¿Qué es lo que determinaba la acción de los indígenas de ciertas
comunidades, impidiendo el desarrollo de la protesta y la sublevación?
Creemos que existen varios factores en la base de este hecho. Por
un lado, el Estado era el propietario de una parte de las tierras en las
que se asentaban las comunidades de indígenas. El uso de las tierras
de "reversión" le concedía el derecho de exigir servicios y contribuciones a su favor, el mismo que era aceptado como legítimo por parte de
los indígenas y sus autoridades.
En 1849, el Gobernador de la provincia se dirigía al Teniente del
Tambo para manifestarle que
los indígenas que poseen terrenos comunarios deben prestar los servicios á que están obligados sin causa ni pretexto alguno... si se resistieren puede U. adjudicar dichos terrenos á otros indígenas que puedan desempeñar cumplidamente sus deberes ... 51

Por otra parte, el cumplimiento de las obligaciones tributarias liberaba
a los indígenas de otras cargas como el pago de las alcabalas del imp_ues~o predial y, sobre todo, del reclutamiento para las rnili~ias y el
eJerc1to.
.
Por último, y como factor más importante, estaba el hecho de la
mtervención de la autoridad indígena como intermediaria entre el Es-

139

tado y la comunidad. El Cabildo Pequeño participaba en la recaudación de las contribuciones y en la notificación y recluta de los peones
destinados a las obras públicas. Cumplía funciones administrativas en
beneficio estatal pero, al mismo tiempo, realizaba tareas en beneficio
de la comunidad, como el reparto de tierras, la organización de las actividades productivas y, sobre todo, las funciones de protección Y de
administración de la justicia así como de representación de los indígenas ante las autoridades republicanas.
Estas funciones permitían que el Cabildo gozara de la aceptación
de la comunidad y de la influencia y poder necesarios para lograr de
los indígenas el cumplimiento de las exigencias estatales. Su rol de mediador y protector convertía a la instancia de poder indígena en un elemento clave para lograr la aceptación y el consenso respecto de las políticas estatales. A pesar de que las acciones del Cabildo indígena tenían una eficacia muy limitada, y en muy pocas ocasiones obtuvieron
resultados positivos para la comunidad, la población indígena veía en
sus autoridades a los propiciadores de beneficios y seguridad.
La seguridad que se daba entre las autoridades indígenas y la población comunera se sustentaba en la reciprocidad de bienes y servicios. Los indígenas aceptaban cumplir con las obligaciones tributarias,
en dinero y en trabajo, en razón de la intervención del poder étnico.
En el Cabildo se materializaba la concesión de los bienes y servicios
recibidos por la comunidad. Sí las tierras de "reversión" pertenecían
al Estado, era la autoridad indígena quien realizaba la entrega a la población. Los servicios y contribuciones que daban los indígenas a cambio, los entregaban a través de las autoridades. Si el Estado permitía
ciertos canales de expresión y ciertos mecanismos de protección y de
justicia, era el Cabildo quien los hacía accesibles a la comunidad. En
retribución, y como un acto de reciprocidad, los indígenas aceptaban
pagar la contribución y prestar sus servicios.
Esta relación no se daba en los mismos términos en todas las comunidades. El impacto de los cambios y transformaciones que tenían
lugar en las organizaciones étnicas recaía en una mayor magnitud sobre aquellas cuyas características facilitaban este proceso (fragmentación de la propiedad; erosión y mala calidad de los suelos; cercanía
a los centros poblados y de mercado; proximidad a otros espacios productivos; proceso de mestizaje, etcétera). Las transformaciones afectaban también al sistema de poder étnico disminuyendo su capacidad
de convocatoria y de persuasión de la población comunera. El Cabildo
Pequeño, debilitado y sin consenso, no tenía el poder necesario para

�140

Siglo XIX

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

141

manejar el descontento de la población y canalizarlo hacia la legalidad.

tribución subsidiaria- en trabajo.

El conflicto estallaba produciéndose levantamiento en contra del
sistema de contribuciones y de las autoridades encargadas del cobro.
Una de las regiones más propensas a la sublevación (y en la mayoría
de los casos armada) fue la región de Azogues, escenario de múltiples
conflictos entre 1849 y 1862. Estos levantamientos armados surgieron,
en su mayoría, por los abusos cometidos en el cobro de las contribuciones, pero se propusieron siempre su eliminación. Dado el nivel de
organización y de violencia, las autoridades regionales tuvieron que suspender su recaudación y la recluta de trabajadores en numerosas ocasiones. Los "cabecillas" eran reducidos a prisión luego de la intervención y represión del ejército52 •

De acuerdo con el contrato, el indígena se comprometía "libremente" a contribuir con "puro y efectivo trabajo" en beneficio de la hacienda, a cambio de un salario mensual que podía fluctuar entre 2 y
10 pesos mensuales, y en algunos casos sin salario, sino sólo en especie.

En este caso, el Cabildo Pequeño y el Gobernador de Indígenas
demostraron su falta de poder cuando, luego del levantamiento de 1867,
pedían al gobernador de la provincia que conservara "encarcelados en
aquella parroquia varios indígenas que pertenecieron al motín de Guapán y que han sido aprehendidos"53•
Los indígenas de comunidad que estaban sujetos a una organización y autoridad política más rígidas, y que parecían no tener otra alternativa que cumplir con sus obligaciones, recurrían, sin embargo, a
otro tipo de mecanismos que permitía evadirlas. Para ellos se presentaba como salida el concertarse en las haciendas, la migración o simplemente la fuga.
Parece ser que, en la provincia del Azuay, el sistema de concertaje
"voluntario" era muy importante. Aunque no contarnos con un registro completo de los "contratos" de concertaje notariados (muchos eran
verbales), los testimonios de la época permiten darnos cuenta de la
magnitud de este fenómeno. Desde muchas de las parroquias rurales
llegaban comunicaciones dirigidas al Gobernador y firmadas por las
autoridades locales manifestando que los indígenas se "asilaban" en
las haciendas. En 1866, desde Santa Rosa se decía que "no hay peones
disponibles porque se han concertado"54 • El Teniente Político de Cochapata escribía que "muchas personas han abandonado sus hogares,
plegando algunas de las haciendas inmediatas .. .''ss.
Este tipo de concertaje conocido como "voluntario" era resultado de la coerción ejercida sobre la población rural para el cumplimiento de sus deberes tributarios, ya sea en dinero, como en el período de
vigencia del tributo, o -con una mayor fuerza en el período de la con-

El nuevo concierto se comprometía no sólo con su persona sino
también con sus bienes, sobre todo, sus tierras, hipotecándolas en favor del propietario. El ingreso del nuevo concierto en las haciendas se
sustentaba en su endeudamiento respecto del patrón, ya fuera por una
deuda contraída con anterioridad o en el momento del contrato. En
los documentos que hemos recopilado podemos ver que el tiempo de
trabajo establecido iba de uno a seis años. Cuando la deuda era anterior, no se establecía el tiempo de trabajo sino únicamente el salario.
De esta manera el concierto tenía que permanecer en la hacienda hasta
cancelar la totalidad de la deuda. En el caso del contrato firmado por
José y José María Monge a favor de José Miguel Ordóñez, la deuda
del primero ascendía a 260 pesos sencillos y del segundo a 215. Se comprometían a trabajar. en calidad de albañiles, con un salario de 3 reales el primero y 2 1/2 el segundo, más el alimento diario. De esta manera, su compromiso debía durar alrededor de 2 años y medio para
el primero y de 2 años 4 meses para el segundoS6.
En todos los casos, el valor del terreno hipotecado superaba al de
la deuda del concierto por lo que, en caso de incumplimiento o muerte, el hacendado obtenía grandes beneficios al adjudicarse para sí estas
propiedades. Por otra parte, la deuda contraída por el concierto superaba o era equivalente al valor que habría percibido durante el tiempo de compromiso.
El contrato establecía, además, una serie de imposiciones como
aquellas de no ausentarse de la hacienda sin permiso; en caso de faltar
al trabajo, pagar una multa cuyo valor fuera el doble del jornal diario;
presentar un "fiador" que se comprometiera a cumplir con las obligaciones del concierto en caso de ausencia o incumplimiento; o hipotecando también sus tierras en favor del hacendado.
A manera de ejemplo podríamos mencionar algunos de estos contratos. En 1890, Francisco Pumacuri estableció un compromiso con
Ezequiel Ugalde para trabajar en la hacienda de Sanaquin (Molleturo)
por 3 años, con una remuneración de 60 pesos anuales. Ugalde le adelantó 160 pesos, es decir casi la totalidad del salario de los 3 años57 •

�142

Siglo XIX

De la misma manera, Urbano Cando y Domingo Tuquiñagui se comprometieron con el Coronel Antonio Vega Muñoz, por un año, con
un salario de 2 pesos y medio mensuales cada uno, para lo cual recibieron como anticipo la totalidad del salario de ese año58 • En una de las
situaciones más extremas que hemos registrado, Bartolomé Illezcas, se
comprometió con Tomaza Albarracín, por 4 años, con un salario de
20 pesos sencillos por año (es decir, 1.6 pesos mensuales). La propietaria le adelantó la cantidad de 120 pesos. De esta forma, su compromiso iba más allá del tiempo establecido, prolongándose a 6 años59•
Las tareas a las que se comprometían los conciertos eran de diverso tipo. Podían dedicarse a actividades agrícolas, cuidado de ganado
y en calidad de albañiles o mayorales. A veces no se especificaba el
tipo de trabajo al que se dedicarían comprometiéndose simplemente
a "prestar toda clase de servicios a que están sujetos los peones conciertos en este lugar"6().
Desde el punto de vista de la hacienda, este mecanismo de evasión
de las obras públicas representaba la posibilidad de aprovisionamiento
de mano de obra a bajo costo y con condiciones ventajosas para ella
y, además, la ocasión de ejercer un control sobre una mayor extensión
de tierras o un mayor número de parcelas dispersas.
Dado el tipo de información que nos ofrecen los documentos existentes en los archivos, es difícil desentrañar cual era la lógica que movía a los indígenas y campesinos a concertarse con un hacendado en
las condiciones analizadas. Es cierto que una causa fundamental era
la evasión del trabajo en las obras públicas. Sin embargo, el hecho de
salir de su comunidad, de su medio, para trabajar en la hacienda le
implicaba quizás más cambios que la ausencia temporal para cumplir
con sus obligaciones tributarias. Es probable que el dinero recibido en
calidad de "adelanto" (cuando no se trataba de una deuda contraída
anteriormente) lo hubieran invertido en bienes (tierras, animales, objetos de lanza, etcétera) que habría posibilitado la inserción del indígena y campesino dentro del proceso de autonomización que se ponia
en marcha gracias a la apropiación de una parcela y a la gestión productiva propia.
Es interesante ver cómo, en ciertos casos, se daba un acuerdo entre los hacendados y las autoridades locales respecto de la provisión
de conciertos a las haciendas, sobre todo en zonas donde, al parecer,
no existía una gran disponibilidad de mano de obra. Tal era el caso
de Turi, en donde el Teniente Político, que además era un indígena,

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

143

pactaba con los hacendados para proporcionarles conciertos.
Los dos casos señalados nos permiten suponer que nos encontramos frente a dos alternativas de reproducción en zonas diferentes. La
disponibilidad de mano de obra, así como también las posibilidades
de controlar la producción y de crear las condiciones apropiadas para
la reproducción de la familia indígena y campesina sin necesidad de
recurrir al trabajo en la hacienda, eran diferentes. En Turi los indígenas pagaban para evitar el concertaje y en otras parroquias se concertaban voluntariamente para evadir las contribuciones.
La interpretación tradicional de que los hacendados y las autoridades locales eran representantes de los mismos intereses puede ser,
si no cuestionada, por lo menos matizada. En efecto, al interior del
sector terrateniente existían grupos familiares cuyo origen social, o las
alianzas establecidas entre ellos, les permitía desplegar una influencia
capaz de mantener el control del aparato administrativo y político. En
estos casos, los comisionados de las obras públicas no intervenían en
sus propiedades o lo hacían en muy raras ocasiones. De otro lado se
encontraba un sector de propietarios que no gozaba de un lugar privilegiado en la esfera social, y que era el más afectado con las reclutas
de peones.
En lo que se refiere a la migración, parece que fue un fenómeno
que adquirió importancia durante el siglo XIX, constituyéndose en un
mecanismo no sólo de evasión de la contribución subsidiaria sino, también, de complemento de la producción y de los ingresos obtenidos en
la parroquia de origen. De acuerdo con los testimonios, podemos ver
que la salida hacia diferentes espacios productivos era importante, sobre todo para sectores compesinos (tal vez mestizos). Parece que los
indígenas de comunidad no migraban o, por lo menos, no en la misma
proporción. Lá salida de los campesinos y sectores de mestizos afectaba al comunero, puesto que la carga tributaria recaía con más fuerza
sobre sus hombros.
Así, desde Paccha, el Teniente Político comunicaba que "casi toda la población capaz para el trabajo, se ha concentrado con dirección
a las montañas de Santa Rita, para trabajar en ellas, ya estrayendo cascarillas o contribuyendo directa o indirectamente en ese negocio comprometidos con los empresarios de ese artículo " 61 • Desde J ima se decía que la gente se encontraba en la montaña de Cuyes, sembrando 30
arrobas de caña de azúcar y "otras plantas útiles" para subvenir a las
necesidades de los habitantes de la parroquia62• Y de Pucará se comu-

�144

Siglo XIX

nicaba que ''casi la media parte de ellos (los habitantes) han emigrado
a las montafias de Balau al trabajo del caucho... " 63• En Cochapata,
"muchas personas han abandonado sus hogares ... retirándose hasta
Loja y Machala ... En la actualidad, muy especialmente desde enero,
salen a buscar subsistencia en los pueblos del Sigsig, Jima hasta Gualaceo porque nada tienen aquí... " 64.
También existían numerosas quejas y denuncias de los colectores
y comisionados sobre la fuga de los contribuyentes indígenas. Huían
de sus casas durante la noche, de la cárcel cuando eran "capturados",
o de las obras públicas, sobre todo del camino a Naranjal.
El sistema de contribuciones, enmarcado en los intentos de modernización del país y de construcción de las vías de comunicación y
nuevas rutas de comercio, llevó a que la organización indígena sufriera muchos cambios debido a la movilidad obligada de sus miembros
por el sistema de contribuciones. Sobre todo, cuando se dio el paso
del pago en dinero a trabajo.

FUENTES DOCUMENTALES CONSULTADAS

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

145

NOTAS
l. Ley del 4 de octubre de 1821.

2. Decreto del 15 de octubre de 1828.
3. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1117, Memorándum de la Municipalidad de Azogues,
24 de octubre de 1826.
4. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1117, Informe de la Comisión formada por el Libertador para examinar los 10 artículos del memorándum, 3 de noviembre de 1826.

5. /bid.
6. ANH/ C, Gob. Adm. L. 18, Comunicación del Gobernador al Ministro del Interior, 22 de octubre de 1828.
7. Decreto del 21 de octubre de 1857.
8. Memoria del Ministro de Hacienda, Francisco Pablo !caza, 1857, Quito.
9. Rodríguez, Linda A., "Ecuador's national development government finances and
the search for public policy, 1830-1940" Tesis PHD, Univ. de California, 1981. pp.
96-101. Mark Van Aken, en su artículo "La lenta expiración del tributo indígena
en el Ecuador", Cultura ( 16), nos presenta datos un poco diferentes. En 1857, el
tributo representaba el 8. 5% del Ingreso Nacional (p.68).
10. Informe del Ministro de Hacienda, 1852-1853.

• Archivo Nacional de Historia, Sección del Azuay (ANH/C). Fondos: Gobierno Administración.

11. ANH/ C, F. Gob. Adm. L. 73, Comunicación del Gobernador de Cuenca al Ministro del Interior, 4 de agosto de 1858.

• Archivo Nacional de Historia, Quito (ANH/Q). Fondos: Libros Copiadores; Indígenas; Tierras.

12. ANH/ C, Gob. Adm. Leg. 1287, Comunicación de los indígenas de San Sebastián
al Gobernador, 20 de febrero de 1897.

• Archivo del Palacio Legislativo (APL). Fondos: Informes y Mensajes;
Legislación.

13. Decreto del 15 de octubre de 1828.

• Hemeroteca Alfonso Andrade Chiriboga, Banco Central del Ecuador,
Cuenca.

14. Resolución del Ministro de Hacienda del 12 de noviembre de 1839.
15. Ley del 3 de juni~de 1851.
16. Circular del 25 de mayo de 1830.
17. Ley de Contribución del 23 de noviembre de 1854.
18. Ley del 23 de noviembre de 1854.
19. Ley del 4 de octubre de 1821; decreto del 16 de enero de 1833; decreto del Jo. de
junio de 1843; leyes del 23 de noviembre de 1854, del 25 de septiembre de 1865 y
del 26 de noviembre de 1867.
20. ANH/C, Gob. Adm. Exp. 453, Comunicación del Teniente Político de Sidcay al

�/46

Siglo XIX

Gobernador, 7 de noviembre de 1822.
21. Decreto del 15 de octubre de 1828.
22. Ley del 3 de junio de 1851.
23. Circular del Ministro de Hacienda, 16 de mayo de 1836.
24. Ley del 23 de noviembre de 1854.
25. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1070, Comunicación del Gobernador al Ministro de Hacienda, 26-V-1838.
26. ANH/ C, Gob. Adm. L. 29, Comunicación del Gobernador al Ministro de Hacienda, 12-VIII-1840.
27. Ley del 11 de abril de 1825.
28. Ley del 27 de marzo de 1839.
29. ANH/ C, Gob. Adro. Exp. 1161 , Bando del Gobernador, Antonio Martínez P., 30
de julio de 1841.
30. Ley del 11 de abril de 1825, resolución del Concejo Municipal de Cuenca, 20 de OC·
tubre de 1849 y reglamento del 3 de marzo de 1864.
31. Decreto del 8 de abril de 1837.
32. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1161, Bando del Gobernador Antonio Martínez Pallares.
33. ANH/ C, Gob. Adro. C. 23. 173, Comunicación del Jefe Político de Gualaceo al Gobernador, lo. de noviembre de 1867.
34. [bid C. 38-228, Comunicación del Cabildo Pequeño de Cochapata, junio de 1881.
35. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1144, Comunicación de los indígenas de El Valle al Gobernador, 4 de noviembre de 1856.
36. ANH/ C, Gob. Adro. C. 36-581, Del Cabildo Pequeño al Gobernador, s/ f.
37. ANH/ C, Gob. Adro . C. 38-359, Nabón, 1-21-1896.
38. Bando del Gobernador Vicente González, 31 de enero de 1841.
39. ANH/ C, Gob. Adm. C.38-241, Comunicación de F. UUauri al Gobernador, 26 de
julio de 1881.
40. ANH/ C, Gob. Adro. C. 34-224, Exp. 1060.
41. ANH/ C, Gob. Adro. L. 107, 1869.
42. ANH/ C, Gob. Adro. C.38-358, Comunicación del Juez Parroquial 2 al Gobernador, 20 de enero de 1896.

Moscoso: Republicanos y protesta indígena en Ecuador

147

43. ANH/ C, Gob. Adm. C.34-531, Comunicación del Cabildo Pequeño de El Valle al
Gobernador, noviembre de 1858.
44. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1143, Comunicación del Cabildo Pequeño de El Valle
al Gobernador, 26 de agosto de 1853.
45. Ley del 18 de agosto de 1895.
46. ANH/ C, Gob. Adm. C.52.060, Comunicación del Cabildo Pequeño al Gobernador, 8 de julio de 1853.
47. ANH/ C, Gob. Adm. C.52.041, Comunicación del Cabildo Pequeño de Patamarca
al Gobernador, 10 de mayo de 1853.
48. ANH/ C, Gob. Adm. Exp. 1144, Comunicación del Cabildo Pequeño de Sayausi
al Gobernador, 9 de mayo de 1856.
49. ANH/ C, Gob. Adm. Comunicación del Teniente Político de Baños al Gobernador,
2 de agosto de 1890.
50. ANH/ C, Gob. Adm. C.10.315, Comunicación de los indígenas de San Antonio de
Pirca, parroquia de San Juan, al Gobernador de la provincia, 1897.

51. ANH/ C, Gob. Adm. C.20.290, Comunicación del Gobernador al Teniente lo. del
Tambo, 27 de junio de 1849.
52. En 1849 se levantaron los indígenas de Azogues, Chuquipata y Cojitambo en oposición al cobro de la contribución subsidiaria. En 1853, en Chuquipata, en contra de
los diezmos. En 1855, en Porotos y Cojitambo en contra de la contribución personal de indígenas. En 1856, en Azogues y Guapán, en contra de la Contribución Subsidiaria y en Biblian, en contra del diezmo, la primicia y la contribución de indígenas. En 1862 en Azogues, Chuquipata, Cojitambo y Guapán en contra de la contri•
bución subsidiaria (ANH/ C, Gob. Hda. C.52.048 y Gob. Adm. cc.31.167 y 30.190.
Ls.68, 83 y 85).
53. ANH/ C, Gob. Adro. L. 83, Comunicación del Gobernador al Ministro del Interior, 23 de abril de 1862.
54. ANH/ C, Gob. Adro. C.34.224, 5 de octubre de 1886.

55. ANH/ C, Gob. Adm. C.10.958, Comunicación del Teniente Político al Gobernador, 27 de abril de 1890.

56. ANH/ C, Notaria 1, contrato de trabajo, 22 de mayo de 1890.
57. ANH/ C , Notaria la., contrato de trabajo, 12 de diciembre de 1890.
58. /bid 18 de octubre de 1890.

59. ANH/ C, Notaria la., contrato de trabajo, 15 de octubre de 1890.
60. /bid.

�148

Siglo XIX

61. ANH/C, Gob. Adm. C.38.209, Comunicación del Teniente Político de Paccha al
Gobernador, 23 de abril de 1881.
62. ANH/C, Gob. Adm. C.38.229, Comunicación del Teniente Político de Jima al Gobbernador, 27 de junio de 1881.

UNA COMPARACION

La Expropiación de los Bienes
de la Iglesia en México y Colombia

63. ANH/C, Gob. Adm. C.38.213, Comunicación del Teniente Político de Pucará al
Gobernador, 23 de marzo de 1881.
64. ANH/C, Gob. Adm. C.10.958, Comunicación del Teniente Político al Gobernador, 27 de abril de 1890.

Robert Knowlton

*

Una de las principales fuentes de conflicto entre liberales y conservadores en el siglo XIX en Latinoamérica, era la controversia entre la
Iglesia y el Estado y la posición de la Iglesia en los estados recientemente independizados 1• Con frecuencia estos temas ocasionaron violencia, derramamientos de sangre y largos períodos de inestabilidad,
mientras los conservadores, defensores de una Iglesia privilegiada, debatían con los liberales reformadores que intentaban poner en práctica
sus ideas.
Este era el caso de Colombia y México cuando el liberalismo llegó
a su apogeo a mediados del siglo XIX. En ambos países hubo muchos
afios de conflicto entre los conservadores, que en general eran proclericales y patrocinaban las ideas centralistas respecto al gobierno, y
los liberales que eran anti-clericales y favorecían el federalismo. Los
liberales también creían en la igualdad legal, la inviolabilidad de la propiedad privada, el individualismo, el laissez-faire y la necesidad de
limitar a la Iglesia a un papel puramente espiritual en la sociedad.

• University of Wisconsin-Stevens-Poiots (USA). Incluido previamente en Jesús A. Bejarano (ed.), El siglo XIX en Colombia visto por historiadores noneamericanos, Bogotá, La Carreta, 1977.

�150

Siglo XIX

Aunque los liberales en ambos países lograron el poder nacional
antes de la década de 1850, la Constitución mexicana de 1857 y la Constitución colombiana de Rionegro de 1863 simbolizaron la victoria de
los liberales y consagraron sus principios; durante añ.os esas constituciones le proporcionaron a los liberales el punto de referencia contra
la oposición.
Las constituciones mexicana y colombiana establecían una forma
de gobierno federal y enfatizaban la autoridad del legislativo sobre la
rama ejecutiva del gobierno 2 • Sin embargo el documento colombiano era más extremado en los derechos de sus estados; de hecho creó
"pequeñ.as repúblicas".
Ambas eran anti-clericales, pero de nuevo la Constitución de Rionegro iba más allá: fue el resultado del trabajo del partido liberal victorioso militarmente, dirigido por Tomás Cipriano de Mosquera, sin
que estuvieran involucrados los conservadores derrotados. En México," aunque los liberales redactaron el documento, la fracción moderada que incluía al presidente provisional Ignacio Comonfort, suavizó
algunas de las peticiones de los radicales, por lo cual la Constitución
representó un compromiso. Así, la libertad religiosa que se incorporó
en la Constitución colombiana, no se proclamó en México hasta diciembre de 1860 a finales de la Guerra de la Reforma.
Por otra parte, ambas constituciones, entre otras cosas, establecieron la igualdad legal, prohibieron la pérdida de la libertad individual por medio de obligaciones especiales; ambas excluían al clero de
los puestos federales y prohibían que la Iglesia interfiriera en asuntos
políticos. Finalmente, ambas constituciones prohibieron a las corporaciones eclesiásticas adquirir o poseer bienes raíces 3 •
Por razones económicas, políticas y sociales, el programa de los
liberales incluía como elemento principal un ataque a la riqueza de la
Iglesia. Varios aspectos de ese ataque proporcionan las bases y el centro de este artículo. La proximidad en el tiempo, entre la expropiación
en México y Colombia, inicialmente despertó el interés de los escritores respecto a una posible conexión entre las dos actuaciones 4 • ¿Los
actos mexicanos influenciaron a los liberales colombianos, y si lo hicieron, cómo y en qué medida? ¿Se beneficiaron los colombianos de
la experiencia mexicana, eliminando las debilidades y defectos de las
leyes y evitando los errores de concepción y ejecución de México?
Además de estas preguntas que surgen del interés personal el au-

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

151

tor está cada vez más convencido de que la historia comparativa,
por tópicos es un enfoque más útil y significativo para Latinoaménca
que examinar historias nacionales cronológicas y aisladamente. Estos
comentarios no pretenden ser definitivos o concluyentes, sino más bien
tentativos, proponiendo sugerencias que provean un punto de partida
para estudios comparativos detallados de este importante elemento en
los movimientos liberales y anti-clericales del siglo pasado.
En consecuencia, el resto de este artículo considerará brevemente
y en forma comparativa tres aspectos de la cuestión de la propiedad:
Primero: las mismas leyes básicas, las leyes de desamortización como
fueron expedidas; los motivos detrás de ellas, los objetivos y las disposiciones legales con algunas referencias a la influencia de México sobre
Colombia.
Segundo: la respuesta del Clero a las leyes.
Tercero: resultados o efectos de las leyes.
La ley mexicana del 25 de julio de 1856 y el decreto colombiano
del 9 de septiembre de 1861, desamortizando la propiedad corporativa, se realizan por motivos económicos y, de hecho, emplean la misma terminología.
Así, Comonfort empezaba "considerando que uno de los mayores obstáculos para la prosperidad y el crecimiento de la nación es la
falta de movimiento o circulación libre de una gran parte de los bienes
raíces, base fundamental de la riqueza pública... " 5 •
Y virtualmente en palabras idénticas, Mosquera dijo: ''considerando que uno de los grandes obstáculos para la prosperidad y el crecimiento de la nación es la falta de movimiento y de libre circulación
de una gran parte de la propiedad de la tierra, que es la base fundamental de la riqueza pública ... " 6•
En otra parte Mosquera declaró que la propiedad estaba mal distribuida en Colombia, "oprimiendo a las clases pobres, beneficiando
a los privilegiados. Esta distribución de la propiedad no corresponde
a un pueblo libre... Pongamos entonces la propiedad en armonía con
la democracia; démosle entonces la tierra a aquellos que la trabajan
y la hacen producir. .. " 7•
Por otra parte Miguel Lerdo de Tejada, el ministro de Finanzas
de Comonfort y dirigente liberal, le escribió a los gobernadores en una

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Siglo XIX

circular que acompañaba la ley de desamortización que los objetivos
de la medida eran dos: primero, corregir el error económico que contribuía al estancamiento de la propiedad e impedía el desarrollo de industrias que dependían de ésta; y segundo, remover el principal obstáculo para el establecimiento de un sistema de impuestos uniforme basado en líneas científicas, movilizando la propiedad raíz que era la base natural de todos los buenos sistemas de pago de impuestos 8•
Una persona de la época, expresando el punto de vista común que
sostenían los liberales respecto a la ley mexicana, creía que remediaría
la miseria general distribuyendo la propiedad entre miles de individuos;
que favorecería a todas las clases de la sociedad, pondría el capital en
circulación e impulsaría amplios proyectos que le darían trabajo a artesanos y obreros. Y el gobierno recibiría grandes sumas del impuesto
del 5% a la transferencia de la propiedad. Todo esto se lograría sin
perjudicar al Clero, simplemente alterando la forma de sus bienes 9 •
En Colombia, Rafael Núñez, secretario del Tesoro y Crédito Nacional, expresó ideas similares en una circular casi un año después de
haberse expedido el decreto de 1861:
La desamortización es una de esas medidas esenciales, que necesariamente deben realizar los pueblos en la difícil búsqueda de la civilización ... Es un absurdo monstruoso imprimirle un carácter religioso
a lo que sólo es temporal, que no interfiere ni remotamente en el espíritu y la conciencia. La desamortización simplemente es un paso
adelante, un alto en el camino que hemos recorrido desde 1810: progresando hacia la libertadJO.

Según Núñez, el decreto tenía tres objetivos: poner en circulación
una gran cantidad de propiedad estancada en manos muertas; amortizar la deuda pública y resolver, tanto como fuese posible, el difícil e
inmenso problema de una distribución equitativa de la propiedad, sin
lesionar ningún derecho individual anterior".
Así, tanto por las afirmaciones de los altos funcionarios -principalmente los ministros de Finanzas- como por los escritos liberales
de la época, queda claro que la preocupación públicamente expresada
de ambos gobiernos era el impacto económico de la concentración de
la propiedad en manos corporativas, eclesiásticas y civiles, "manos
muertas" en las cuales la propiedad se estancaba y no circulaba libremente en el mercado, debido a las limitaciones de su enajenación, en
detrimento de la prosperidad nacional.
Ambos gobiernos buscaron remediar esta condición individualizan-

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

153

do la propiedad. Ambos trataron de utilizar los recursos obtenidos por
medio del funcionamiento de las leyes para varios proyectos públicos,
principalmente para reducir la deuda nacional. Ambos le quitaron a las
corporaciones la propiedad o la administración de bienes raíces urbanos y rurales. Ambos incluyeron como corporaciones, de nuevo utilizando una terminología similar, a todas la comunidades religiosas de
ambos sexos, cofradías, hermandades, congregaciones, iglesias parroquiales y gobiernos municipales y, en general, todos los establecimientos y fundaciones que tuvieran un carácter de duración perpetua o
indefinida.
Ambas leyes establecieron que se pagaría el 60Jo del valor de la propiedad. Ambas eximieron de las disposiciones de las leyes sólo a los
bienes raíces destinados inmediata y directamente al servicio de la corporación, como iglesias, palacios episcopales y municipales, conventos, escuelas, hospitales, mercados, cárceles y establecimientos similares para continuar el apoyo a los establecimientos de caridad y educacionales. Ambas consideraron que las capillas o capellanías eran propiedad privada, y le permitieron a los capellanes obtener la mayor parte del capital para sostenerlas. Ambas proveían pensiones de varias clases para el clero regular.
Ambas permitían la denuncia de la propiedad corporativa, especialmente la oculta, y daban recompensa a los denunciantes. Ambas
le devolvían a los estados o a las localidades, parte de los réditos o de
la propiedad 12•
Aunque los motivos y los objetivos aparentes de las dos medidas
citadas en ambos países eran económicos y financieros, en México aparecen motivos políticos si se le agrega la nacionalización de la riqueza
de la Iglesia en 1859. En medio de una guerra civil destructiva y aguda,
el gobierno de Benito Juárez nacionalizó la riqueza eclesiástica para
despojar a la Iglesia de sus recursos porque, supuestamente, los estaba
utilizando para apoyar la guerra civil con el objetivo de librarse de la
subordinación a la autoridad civil. Al mismo tiempo la nueva ley tenía
un objetivo económico: enajenar la propiedad de la Iglesia y subdividirla para beneficio general de la Nación.
Pero cualesquiera que sean las metas altruistas que públicamente
se expresan, que la desamortización beneficiará económicamente al pueblo de la nación, surge la pregunta de si los actos estaban o no motivados también política, cínica o egoístamente.

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Siglo XJX

Ya se ha citado la motivación política detrás de la nacionalización
en México. Pero además del deseo de despojar a la Iglesia de sus recursos, que estaba utilizando para apoyar la causa conservadora en la guerra civil, y de castigar al Clero por sostener la oposición, otros factores
llevaron a la nacionalización. Era necesaria alguna acción para evitar
la pérdida de dirección del gobierno federal de la causa liberal y proporcionar políticas consecuentes porque, en el campo, los comandantes y gobernadores en 1858 y en la primera mitad de 1859 se habían
distanciado de las autoridades centrales, tomando posesión de la riqueza eclesiástica y expidiendo otras medidas extremas anticlericales.
También, ciertos liberales influyentes como Miguel Lerdo querían
utilizar la riqueza del clero como garantía para un préstamo de Estados Unidos. Respecto a la ley de desamortización de 1856, aunque es
difícil probar motivos últimos, una de las razones que determinaron la
fuerte respuesta del Clero a esa ley -que en realidad no le hacía daño
material a la Iglesia- sin duda era el temor de que fuese simplemente
el preludio de un asalto más radical a la posición y riqueza de la Iglesia. Y aunque es seguro que entre los beneficiarios de la ley había un
gran número de liberales, sin embargo la evidencia no apoya la conclusión de que los liberales expidieron la ley con la intención de
enriquecerse.
En Colombia alegaban que las fuerzas de Mosquera buscaban beneficiarse personalmente y ampliar las bases de su apoyo. Pero es más
que probable, considerando el énfasis sobre este punto, que los radicales estuvieran pensando especialmente en saldar la deuda pública. En
realidad, el mismo día de la desamortización, el 9 de septiembre de 1861,
el general Mosquera expidió otro decreto sobre la deuda pública que
estaba estrechamente relacionado con la otra medida; el hecho de que
ambos fueran expedidos en la misma fecha, sin lugar a duda no fue
una simple coincidencia. Los réditos de la venta de la propiedad confiscada se destinaron expresamente para la reducción de la deuda
interna13 •
El problema de la deuda lleva a la cuestión de las diferencias entre
la expropiación colombiana y la mexicana, y al asunto de la influencia
en Colombia de la experiencia mexicana. El énfasis del decreto colombiano en saldar la deuda representa una diferencia significativa cuando se compara con la ley Lerdo, pero tiende a desvanecerse después
de la nacionalización en México en 1859, cuando obtuvo importancia
un objetivo similar.

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

155

La primera ley mexicana de 1856 sólo privó a las corporaciones
de su propiedad raíz dejándoles el capital, especialmente las hipotecas
sobre propiedades raíces. Así, Colombia realizó, de un golpe, lo que
México hizo en dos pasos. Por lo tanto, lógicamente, por el énfasis
en un decreto que lo abarcara todo, parecían predominar en Colombia
los objetivos financieros; en México, por la desamortización diferida,
el deseo de individualizar la propiedad.
Todo lo que el gobierno mexicano obtuvo con la ley de 1856 fue
el 5% de impuesto sobre la transferencia de la propiedad. Pero aún
después, considerando ambas medidas mexicanas, aparece una diferencia aunque sólo sea de grado: el retiro de la deuda continuaba siendo predominante en el pensamiento colombiano, mientras las autoridades mexicanas, ostensiblemente al menos, continuaban más interesadas en pasar la propiedad a manos individuales. Así, en México eran
más indulgentes que en Colombia los términos de la compra de bienes
raíces o de la amortización de hipotecas.
Entre otras diferencias estaba la siguiente: México le dio la primacía a los arrendatarios para la adquisición de bienes raíces corporativos; mientras, Colombia organizó subastas públicas, en lotes, de todas las propiedades después de terminarse el período corriente del pago de las rentas. Sin embargo, ambos estipularon la amortización de
las hipotecas por parte de los acreedores o hipotecarios. México aceptó como "legal" en el remate la oferta de las dos terceras partes del
valor calculado. Colombia desautorizó todas las propuestas por medio del valor total calculado de la propiedad, tal vez como un medio
para retirar del mercado los bonos de un valor depreciado.
Aunque ambos países excluyeron de los efectos de la ley las propiedades comunales de las aldeas, conocidas como ejidos, por estar destinadas al beneficio directo de la comunidad, aparentemente Colombia mantuvo esta exclusión y México eliminó la exención en detrimento de las comunidades, cuando la ley de desamortización fue incorporada a la Constitución de 1857.
Cuando ambas medidas hablaban de la división de la propiedad
rural y su enajenación por lotes, la redacción de Colombia era más precisa, y parecía preocuparse más por evitar un nuevo latifundismo secular como resultado de la ley. Por ejemplo, la desamortización de México estipulaba en el artículo 22 que "aquellos que adquieran propiedades rurales pueden dividir las tierras para enajenárselas a diversas
personas... " Y el 13 de julio de 1859, una medida reglamentadora de

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Siglo XIX

la ley de nacionalización declaró en el artículo 26 que las propiedades
rurales que se le habían restaurado al Clero, y que por lo tanto se deberían volver a vender, "se dividirían en lotes del tamaño que el gobernador del estado considerara deseable" 14•
Por otra parte, el artículo 6 del decreto colombiano establecía que
las propiedades urbanas y rurales "se enajenarían en remates por lotes, cuya división se haría en porciones tan pequeñas como fuese posible, con el objetivo de aumentar la competencia".
Varias estipulaciones del decreto colombiano, además de otras evidencias, indican que los dirigentes del país sudamericano estaban familiarizados con la anterior experiencia mexicana y buscaban beneficiarse de ella. Tal evidencia es la redacción similar, y en algunos casos
virtualmente idéntica, de la legislación. También algunas de las diferencias reflejan el deseo de Colombia de beneficiarse de las experiencias mexicanas: así, las posiciones colombianas respecto a los ejidos,
a la división de las propiedades rurales, buscaban evidentemente corregir debilidades de las medidas mexicanas.
El propio general Mosquera reforzó esta interpretación cuando el
9 de septiembre de 1861, justificando el decreto de desamortización,
se refirió a acciones similares anteriores contra la propiedad de la Iglesia hechas por Francia y España; y continuó: "La República Mexicana ha adoptado medidas similares y aunque la base de esto es la misma
cosa, me atrevo a pensar que mi decreto de desamortización es más
perfecto que los que he citado..." 15
El 23 de septiembre de 1856, La Gaceta Oficial de Nueva Granada
de Bogotá, reprodujo el texto de la ley mexicana de desamortización
de junio 25. En ese momento Rafael Núñez era Secretario del Tesoro
de la administración de Manuel Mallarino. Este mismo Rafael Núñez,
5 años después, fue el responsable de llevar a cabo el decreto de
Mosquera.
En general, en el momento y en los años que siguieron, el conocimiento entre los colombianos educados respecto al largo trabajo de México en beneficio de los principios liberales, parece haber estado razonable, acertadamente extendido. Memorias disponibles y periódicos
contienen información sobre la Guerra de la Reforma y la intervención francesa16• Al menos un historiador afirma definitivamente, lo
que parece ser bastante cierto por las pruebas anteriores, que Mosquera "copió su decreto de desamortización de la transformación social

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

157

y administrativa de México" 17 •
Tanto en Colombia como en México, el asalto liberal a la propiedad de la Iglesia despertó la reacción más fuerte, contribuyó a la inestabilidad política y obstaculizó la realización de las leyes. La oposición
clerical tomó varias formas y, sin embargo, en ningún caso el clero negó su obligación de someterse a las leyes y a las autoriades civiles; ni
su oposición se limitó a los decretos sobre la propiedad o a ese período
en la historia de los países. Generalmente la Iglesia se opuso a cualquier medida liberal dirigida contra su posición, sus privilegios o riquezas, tanto antes como después de esa época.
Aunque los prelados reconocían y aceptaban su obligación de someterse a la autoridad secular, existía una condición cualitativa muy
importante. Así, a principios de la década de 1850, el arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera, le dijo a los fieles que la religión les ordenaba obedecer las leyes civiles, respetar y amar a los magistrados,
como decía el Papa en su encíclica del 9 de noviembre de 1846:
sean cuidadosos... porque se ha desarrollado en el pueblo cristiano una
adecuada obediencia y sumisión a los soberanos, y a las autoridades,
enséñeles de acuerdo con la doctrina del apóstol, que no existe poder
que no venga de Dios, y aquellos que resisten a la autoridad, resisten
al plan divino y se condenaron y, por lo tanto, el principio de obedecer la autoridad no puede violarse sin pecado, a menos que se exija
algo contra las leyes de Dios y la Iglesia18•

En estas últimas palabras se encuentra la base de la posición clerical
respecto a las medidas liberales: atacaban los derechos dados por Dios,
inherentes a la Iglesia; más aún, atacaban la misma religión según los
lideres de la Iglesia. El Obispo de Santa Marta, Colombia, Vicente Arbeláez, en noviembre de 1861 protestó por la desamortización e informó a los fieles: "la lectura de este decreto llega a afligir de nuevo en
la forma más intensa los derechos sagrados e imprescriptibles de la Iglesia, dándole un golpe fatal al culto y, como consecuencia necesaria,
a nuestra sagrada religión" 19•
A principios de 1864, el doctor José Romero, Vicario General de
Santa Marta, explicó en un memorial al Congreso que la Iglesia Católica
tenía y tiene la capacidad jurídica para adquirir, poseer y adminístrar sus propiedades e ingresos y que considerarla como cualquier otra
asociación, es esencial para darle este mismo derecho reconocido igualmente por la legislación de todas las naciones...20•

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Siglo XIX

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

159

Dos días después, el 20 de febrero de 1864, al oponerse a la ley que
ordenaba la venta de las propiedades desamortizadas, Romero declaró:

minales, contrarios a la autoridad católica, a su doctrina y a sus
derechos25 •

Debo protestar de nuevo y en su momento fulminaré con declaraciones de censura, que recibirán aquellos que verifiquen la venta de las
propiedades, los que las compren y los que en aJguna forma tomen
parte en el asunto. Declaro de nuevo que la Iglesia no entrega est~
propiedades, ni las cede, transfiere, o renuncia a ellas, y que garantizará sus derechos y sus acciones para siempre21 •

Entonces, tanto en M,éxico como en Colombia, la respuesta del Clero
a las medidas liberales fue similar, sino idéntica. El Papa condenó las
leyes; los prelados en cada caso se negaron a sancionarlas y anatemizaron a cualquiera y a todos los que actuaran bajo ellas, o ayudaran a
llevarlas a cabo. En ambos países los prelados suspendían al clérigo
que apoyara o se sometiera a las leyes. En general se prohibieron a los
fieles los votos de obediencia exigidos a la Constitución mexicana en
1857 y en la de Colombia de 1863, que en cada caso abarcaban mucho
del anti-clericalismo; sin embargo, se podía jurar el apoyo a la Constitución en todas las partes en las cuales no se oponía a la ley de Dios,
al dogma, a la libertad y a la disciplina e independencia de la Iglesia26 •

La posición de la jerarquía en México era la misma. El arzobispo Lázaro de la Garza y Ballesteros no podía admitir una ley que privara
a la Iglesia de la posesión de sus bienes raíces. Se estaba tomando por
la fuerza las propiedades; por consiguiente, los recibos y los documentos que daban a los arrendatarios u otros poseedores de la tierra, en
ningún momento serían válidos frente a los derechos de las corporaciones. Aunque la Iglesia no impediría la enajenación forzosa de sus
propiedades, "nunca perdería el derecho a ellas" 22•
Los otros prelados estaban de acuerdo. Uno de los más elocuentes
voceros, Clemente de Jesús Munguía, arzobispo de Michoacán, afirmó que el antiguo principio de la propiedad poseída por la Iglesia
y el derecho a disponer de ella era independiente de la voluntad de los
gobiernos; que éste surgía no de las concesiones de los funcionarios,
sino de la Iglesia misma como institución23 •
No es necesario decir que su Santidad, el Papa Pío IX, estaba profundamente perturbado por los ataques a la religión católica, calificativo que le dio a las medidas liberales.
Refiriéndose a México, el 15 de diciembre de 1856, el Papa condenó y declaró nulos y prohibidos todos los decretos y proyectos de ley
contra la religión católica, la Iglesia, sus derechos sociales, sus ministros y la autoridad de la Santa Sede24•
Siete años después reaparecieron las mismas palabras en una encíclica dirigida al episcopado de Colombia:
Seguramente faltan paJabras para expresar la multitud de intentos sacrílegos que el mencionado gobierno -ofendiendo seriamente a este
Apostólico Trono y todos nosotros- hace para que destruyan y se
opongan a nuestra santa Religión, a sus derechos venerados, a su doctrina, a su culto y a sus santos ministros. Principalmente durante los
dos últimos años, el dicho gobierno ha publicado leyes y decretos cri-

Los gobiernos a su turno respondieron a la intransigencia clerical
confinando y exilando a los prelados ofendidos, y promulgando medidas anti-clericales más extremas. El paso de los años no hizo nada por
alterar las actitudes del clero en Colombia y México; al menos los obispos continuaron repetidamente oponiéndose a las medidas liberales,
y la posición de la jerarquía respecto a las leyes de la propiedad siguió
siendo de oposición y condena constante.
¿ Y cuáles fueron los resultados de la leyes de propiedad? Ciertamente se frustraron las grandes esperanzas y el gran optimismo de quienes propusieron la desamortización. Salvador Camacho Roldán, dirigente liberal colombiano, un mes después de que se expidiera el decreto escribió:
Como acto legislativo llamado a perfeccionar las condiciones de la
propiedad territorial, esta reforma es el feliz complemento de la abolición de la esclavitud y de la supresión de las propiedades perpetuas;
como recurso financiero es el paso más atrevido y feliz reaJizado desde 1810; como medida económica es de la altura de la abolición del
monopolio del tabaco y la libre exportación del oro27 •

Y Rafael Núñez, en su circular del 14 de julio de 1862, declaró:
La desamortización es simplemente un paso hacia adelante; un aJto
en el camino que hemos venido recorriendo desde 1810, una pausa
para seguir a aquellos que hemos visto realizando transformaciones
similares, como la abolición de los autos de fe y las torturas, las
propiedades perpetuas, los derechos diferentes, la esclavitud, etcétera, y una medida precursora de otras, que sólo Dios sabe, siempre

�160

Siglo XIX

en la misma ruta del progreso hacia la libertad.
Entonces, la desamortización era algo que se esperaba; que lógica•
mente tenía que llegar; y que finalmente llegó en medio de la crisis
que todavía soportamos, o tal vez como consecuencia de ella, porque
como dijo el famoso historiador de la época, César Cantú: el destino
28
de la humanídad es progresar sufriendo •

Núñez sostuvo que no había resistencia por parte de la gente para llevar a cabo las operaciones, y confiaba en que se lograrían todas las
metas económicas de la desamortización. En noviembre de 1862 informó que poca gente había comprado más de una propiedad, y que la
mitad de los compradores eran artesanos y gente de medianos recursos.
En México como en Colombia había mucho optimismo entre los
liberales. El Heraldo de México creía que las desamortización era la
base de la regeneración del país29 • El Republicano consideraba que la
ley le abriría miles de recursos a la riqueza pública, que le daría vida
a la agricultura, a la industria, al comercio, y a los oficios, poniendo
en circulación gran cantidad de dinero30 • El Ministro de Finanzas de
México, Miguel Lerdo, también era optimista. Seis meses después de
la expedición de la ley, creía que la mayor parte de la propiedad corpo·
rativa se había adjudicado a arrendatarios o se había vendido en remates, creando cerca de nueve mil propietarios nuevos, logrando así las
metas de la ley a pesar de la resistencia del clero31 •
Tanto Núñez como Lerdo confiaban en que las metas de la leyes
se estaban logrando, especialmente la de ampliar el número de propietarios. La retórica brillante, el optimismo acerca de los grandes beneficios que se lograrían con la leyes, que en realidad continuaron planteándose oficialmente año tras año, no podían oscurecer el hecho de
que las leyes no cumplieron con las alabanzas de la "prensa"; no alcanzaron los objetivos económicos por los cuales supuestamente se habían promulgado. Que esto fuera así, en parte se debió a problemas
inherentes a las medidas, y en parte a problemas que surgieron de ellas.
¿Cuáles fueron algunos de los problemas y resultados sorprendentemente similares en México y en Colombia? Sin duda un problema
principal, pero ciertamente predecible, fue la actitud ya mencionada
de la Iglesia.
A pesar de lo que Núñez y Lerdo dijeron acerca de la creación de
muchos propietarios nuevos en las clases bajas y medias, y aunque inicialmente hubiera ocurrido, parece que a la larga este desarrollo bené-

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fico se circunscribió enormemente. La oposición de la Iglesia, las amenazas de castigo, disuadieron a muchos individuos piadosos de aprovecharse de la ley, gente que de otra forma lo hubiese hecho. La actitud del clero ayudó a derrotar una de las principales metas de la ley,
pero también otros factores contribuyeron a que la propiedad pasara
a relativamente pocas manos. A menuda eran manos extranjeras, gente que tenía los recursos y no temía la condena32 •
En ningún país el gobierno limitó el número de propiedades que
un individuo podía adquirir. Además, no obstante los fáciles términos
de la compra, poseer en vez de arrendar era mucho más caro de lo que
muchos podían costear. En México, el arrendatario le pagaba algobierno el SOJo de impuesto de transferencia de la propiedad. Le pagaba
anualmente a la corporación intereses sobre la hipoteca que usualmente resultaba de la compra, una suma que en realidad reemplazaba la
renta pagada antiguamente; era ahora, además, responsable de las re•
paraciones y el mantenimiento de la propiedad, así como de los impuestos (lo que antes era responsabilidad de la corporación). Enton•
ces, económica y religiosamente la adquisición de la propiedad era una
carga que muchos no podían afrontar; los que podían eran hombres
de dinero y sin escrúpulos religiosos.
Un problema inicial de México que no compartió Colombia, porque la nacionalización de la propiedad eclesiástica la hizo de inmediato por permitir que las corporaciones obtuvieran capital, fue el lío con
las instituciones religiosas que surgió de la actitud oficial de la Iglesia
de no reconocer y de no cooperar con la ley. Muchas corporaciones
se negaron a entregar las escrituras de propiedad a los nuevos propietarios; como venganza, los compradores se negaron a pagarle a la corporación el interés que se debía como resultado de la hipoteca. Cualesquiera fueran los problemas personales y legales que abarcara esta situación, también creó una verdadera dificultad para las corporaciones
que quedaron privadas de la mayoría de sus ingresos, y en muchos casos no podían afrontar los gastos básicos.
En ambos países los primeros problemas y los más duraderos fueron las ventas simuladas y el "esconder" la propiedad. Para hacer frente
a estas evasiones de las leyes, ambos países permitieron las denuncias,
una política deseable desde el punto de vista del gobierno -para descubrir violaciones a la ley- pero también peligrosa porque disminuía
el valor de la propiedad; además insegura, porque las denuncias podían ocurrir en cualquier momento por razones válidas o por algo técnico, como una irregularidad al llevar a cabo una transacción.

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Siglo XIX

Otros problemas fueron encontrar suficientes funcionarios oficiales que se hicieran responsables de llevar a cabo las leyes; apoyar adecuadamente los establecimientos educativos y de caridad que antiguamente tenía la Iglesia; y lograr la realización de las leyes federales en
los estados.
El último era un problema especialmente en Colombia, donde el
federalismo era tan fuerte que una administración "que no simpatizara", como la de Antioquia, podía en gran medida destruir la ley.
CONCLUSION
Estas dificultades representan sólo unas pocas de las muchas que enfrentaron los gobiernos, la Iglesia y los individuos después de la desamortización. En síntesis y como conclusión, son adecuados unos pocos comentarios breves respecto a los efectos de las leyes.
En Colombia, el anticlericalismo intensificó la vieja lucha
federalista-centralista. El anticlericalismo de los liberales-federalistas
le dio una arma más a los centralistas y contribuyó al caos y a la inestabilidad que caracterizó el período posterior a 1863. También en México el anticlericalismo contribuyó al estallido de la Guerra de la Reforma, que condujo a un anticlericalismo más extremo que, a su turno, intensificó la lucha. En ambos casos, la inestabilidad, la guerra y
la anarquía se dieron después de la expedición de constituciones liberales y federales; y en ambos países el federalismo, así como el anticlericalismo consagrado en las cartas, contribuyeron a estos tristes
acontecimientos33 •
Es cierto que la inestabilidad crónica y la guerra ayudó a afectar
los objetivos de la expropiación de la propiedad eclesiástica en ambos
países. Los recursos que se obtuvieron de la venta de la propiedad de
la Iglesia y que se pretendían utilizar para saldar la deuda pública, pagar obras públicas necesarias y apoyar la educación y la caridad, tuvieron en cambio que utilizarse para salvar a los gobiernos liberales y derrotar la oposición conservadora.
En realidad, lejos de liquidar la deuda, el conflicto requirió más
préstamos y la aumentó. Y, al menos en México, las autoridades liberales no sólo malbarataron la riqueza eclesiástica para apoyar su causa, sino que los lideres de la Iglesia pusieron la propiedad corporativa
a disposición del gobierno conservador para financiar su acción.

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

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La lucha civil fue también parcialmente responsable del fracaso
de la ley en crear un gran grupo de pequeños y medianos propietarios
de tierra. La necesidad de obtener recursos rápidamente para pelear
contra la oposición, significó disponer de la propiedad eclesiástica en
grandes bloques a bajos precios. A menudo, relativamente pocos especuladores eran los únicos dispuestos financieramente capaces de adquirirlos. El resultado desafortunado, entonces, fue el reemplazo de
un tipo de concentración de propiedad eclesiástica, con otro tipo, un
nuevo latifundismo al lado del viejo sistema originado en la colonia.
Además, al privar a la Iglesia de la riqueza que había utilizado para
servir de banquera, de institución prestamista, se le hizo un mal servicio a los deudores; existe poca duda de que la Iglesia como terrateniente y acreedor era mucho más indulgente que los individuos privados.
Dado los relativamente débiles beneficios financieros, sociales y
económicos logrados con las leyes, es cuestionable si valieron la pena
o no. Las medidas pueden parecer especialmente inútiles cuando se miran los hechos después de esa generación "reformadora".
En ambos países, el asunto se dejó descansar por la misma época
aunque en diferentes formas. En Colombia, Rafael Núñez, uno de los
dirigentes que propusieron la desamortización, y el hombre encargado
de llevar a cabo el decreto, años más tarde, como presidente en la década de 1880, dio marcha atrás, concluyó un concordato con Roma
y expidió una nueva Constitución conservadora, ambos altamente favorables a la Iglesia.
En México, Porfirio Díaz, ese fuerte brazo derecho del liberalismo durante varios años de lucha contra los conservadores y la intervención extranjera, siguió una política de conciliación hacia la Iglesia;
las medidas anticlericales permanecieron exactas pero se relajó su
realización.
Respecto a los bienes, el gobierno colombiano le devolvió a la Iglesia
todas las propiedades de las cuales todavía no se había dispuesto y le
reconoció como deuda al valor de los bienes raíces vendidos, aceptando pagarle un subsidio anual en reconocimiento de ésta. El Papado
aceptó a su vez permitirle mantener la posesión a los compradores de
la propiedad de la Iglesia. En México, durante los años de Porfirio Díaz,
la Iglesia nuevamente amasó riquezas y llevó a cabo acuerdos (contentas) con aquéllos que habían adquirido la propiedad; por una suma
de dinero, las autoridades eclesiásticas reconocían los títulos individuales
de las propiedades.

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Siglo XIX

Si los efectos de las medidas no llenaron las expectativas, la creencia liberal en la necesidad de reducir a la Iglesia a un papel puramente
espiritual en la sociedad -que necesariamente incluía un ataque a su
propiedad- como esencial para el progreso y la prosperidad de un país,
era una meta que requería cualquier sacrificio a cualquier costo. Si
los resultados son descorazonadores, al menos no debe menospreciarse la grandiosa concepción de los más sinceros liberales.

NOTAS

1. La investigación para este artículo en parte se hizo posible por una Teacher Jmprovement Leave otorgada por la Universidad del estado de Wisconsin-Stevens Point
para el año académico de 1966--67. Una versión revisada de este artículo se leyó en
la reunión de primavera del Consejo de Latinoamericanistas de Wisconsin, el 10 de
mayo de 1968 en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.
2. Aunque después de la Independencia el país cambió de nombre varias veces, en aras
de la simplicidad se usará Colombia.
3. Para la Constitución Mexicana ver Constitución federal de los Estados Unidos Mexicanos sancionada y jurada por el congreso general constituyente el 5 de febrero
de 1857 (México, 1861); y, para la Constitución de los Estados Unidos de Colombia
del 8 de mayo de 1863, ver William M. Gibson, The Constitutions of Colombia (Durham, N.C., 1948), pp. 273-94.

165

10. Actos oficiales del gobierno provisorio de los Estados Unidos de Colombia recopilados conforme a Jo dispuesto por el Decreto de 7 de abril de 1862 (Bogotá, 1862),

Circular del 14 de julio de 1862, pp. 539-540.
11. Este punto era artículo de fe tanto para los liberales mexicanos como para los colombianos; es decir, la creencia en los derechos individuales y especialmente la inviolabilidad de la propiedad privada. En este aspecto diferenciaban entre el derecho
de propiedad de los individuos -que era inviolable excepto en interés general y con
compen5ación- y los derechos corporativos de propiedad que eran privilegios expedidos por autoridades civiles y revocables por los gobiernos.
12. En México, los estados retenían el 200Jo de la sumas recolectadas por la nacionalización; en Colombia, en 1866 se les devolvió a las municipalidades la propiedad que
antiguamente les pertenecía y que todavía no se había enajenado.
13. Codificación nacional, XIX, 400. Según el artículo 6 del decreto de desamortización: "La venta se hará por documentos o bonos de deuda nacional interior flotante, o de renta sobre el tesoro del 6 por 100. Cuando para ésta se presenten capitales
iguales en dichos bonos, billetes o rentas sobre el tesoro, se dará preferencia a aquellos que ganan mayor interés; pero cuando se ofrezca al mismo tiempo dinero sonante o billetes de tesorería, se preferirá esta oferta a los documentos ya citados,
en cuyo caso se dará entrada al dinero o a dichos billetes de tesorería en la caja de
amortización, destinando al pago de intereses de censos sobre el tesoro y a la amortización de deuda flotante ...".
Y el artículo 7 del decreto de la deuda pública establecía (!bid., p. 405): "Igualmente se reconocerá en rentas sobre el tesoro al 6 por 100 o en incripciones asimiladas
a la deuda nacional de dichas rentas del 6 por 100, el valor de todas las propiedades
inmuebles de manos muertas de que, por decreto de esta misma fecha se hace cargo
la Nación para restablecer la armonía en el giro y cambio de los valores y hacer que
la propiedad inmueble se subdivida".

4. En México hubo desamortización en 1856 y nacionalización en 1859; en Colombia,
la expropiación ocurrió en 1861.

14. Payno, 11, pp. 75-94.

5. Leyes de Reforma: Gobiernos de Ignacio Comonfort y Benito Juárez, 1856-1863

15. Actos oficiales, Apéndice, p. 186.

(México, 1947), pp. 25-36.

6. Codificación nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de 1821, hecha
conforme a la ley 13 de 1912. (Bogotá, 1930), XIX, 398-401.
7. Actos oficiales del gobierno provisorio de los Estados Unidos de Colombia, recopilados conforme a los dispuesto por el decreto del 7 de abril de 1862, Apéndice (Bogotá, 1863). Circular de septiembre 9 de 1861 a los gobernadores, explicándoles los
decretos sobre desamortización y deuda pública, p. 186.
8. Manuel Payno (ed.) Colección de las leyes, decretos, circulares y providencias relativas a la desamortización eclesiástica, a la nacionalización de los bienes de corporaciones y a la reforma de la legislación civil que tenía relación con el culto y con
la Iglesia (México, 1861), Circular No. 1, 28 de junio de 1856, I, pp. ~7-18.

9. Anselmo de la Portilla, México en 1856 y 1857, gobierno del General Comonfort,
(Nueva York, 1858), pp. 69-70.

16. José Manuel Restrepo, Diario político y militar (Bogotá, 1954) pp. 631, 727-28, y
732; José M. Samper, Ensayos sobre las revoluciones políticas y la condición social
de las repúblicas colombianas (Bogotá, n.d.), p. 195; Antonio Pérez Aguirre, 25
a/Jos de historia colombiana, 1853 a 1878. Del centralismo a la federación (Bogotá,
1959), pp. 156-57; Salvador Camacho Roldán, Escritos varios (Bogotá, 1892-95),
sobre la intervención francesa en México, ver artículos de La Opinión del 24 de junio de 1863, 1o. de julio de 1863, 21 de julio de 1863, 25 de septiembre de 1863 y 18
de mayo de 1864, Vol. I, pp. 300-31.
17. Milton Puentes, Historia del partido liberal colombiano (2nd. ed., Bogotá, 1961),
p. 211.
18. El Arzobispo, hermano del General Mosquera, expidió esta pastoral el 23 de agosto
de 1852 antes de salir para el exilio como resultado de su oposición a la ley del gobierno de 1852, dándole a los cabildos- municipales el derecho de elegir pastores.
Sermones, por Manuel José Mosquera (Bogotá, 1936), p. 61.

�166

Siglo XIX

19. Luis García Benítez, Reseña histórica de los Obispos que han regentado la Diócesis
de Santa Mana (Bogotá, 1953), Pt. l. p. 417.
20. /bid, p. 468, 18 de febrero de 1864.

21. /bid, pp. 474-75.
22. Contestaciones habidas entre el limo. Sr. Arzobispo de México, Dr. D. Lázaro de
la Garza y Ballesteros, y el Excmo. Sr. Ministro de Justicia, negocios eclesiásticcs
e instrucción pública, Lic. D. Ezequiel Montes (México, 1856), p. 41.
23. Clemente de Jesús Munguía, Defensa eclesiástica en el Obispado de Michoacán desde fines de 1855 hasta principios de 1858 (México, 1858), 16 de julio de 1856, I,
pp. 21-45.

24. Cana pastoral del limo. Sr. Obispo de Guadalajara en que se inserta la alocución
de Su Santidad (Guadalajara, 1858).
25. J. Iván Cadavid G., Los fueros de la Iglesia ante el liberalismo y el conservatismo
en Colombia (Evolución político-religiosa de nuestros dos Partidos, 1837-1955), (Medellin, 1955), 17 de septiembre de 1863, "lncredfüili Afflicramor Dolore", pp. 53-54.
26. Benítez, p. 490.
27. Puentes, citando El Tiempo, 8 de octubre de 1861, p. 212.
28. Actos oficiales, p. 539.
29. Citado en El Siglo Diez y Nueve, 1 de julio de 1856, p. l.
30. Citado en /bid, 3 de julio de 1856, p. 2.
31. Memoria presentada al Excmo. Sr. Presidente Sustituto de la República por el C.
Manuel Lerdo de Tejada dándole cuenta de la marcha que han seguido los negocios
de la Hacienda Pública en e/ tiempo que tuvo a su cargo la Secretaria de este ramo
(México, 1857).
32. Codificación nacional, Decreto del 10 de marzo de 1862, XX, pp. 37-38. Los extranjeros en Colombia se destacaban por las ventas simuladas con la teoría de que
su nacionalidad los protegería de la acción del gobierno liberal. En México, con fr~cuencia aparecen nombres extranjeros en la lista de compradores.
33. Parece por la literatura que los problemas de Colombia con más frecuencia se le
atribuían al federalismo extremo de la Constitución de Rionegro, mientras que en
México parece que se Je atribuían más a menudo al anticlericalismo.

Knowlton: Los bienes de la iglesia en México y Colombia

167

BIBLJOGRAFIA
Una buena síntesis del sentido político de la Reformas del medio siglo es la de Gerardo
Molina, Las ideas liberales en Colombia, Ed. Tercer Mundo, Vol. l. Los aspectos fiscales son discutidos en Ambal Galindo, Historia Económica y Estadística de la Hacienda
Nacional, Bogotá, 1874. Una visión contemporánea de los debates sobre desamortización es la de Salvador Camacho Roldán, Memorias, Ed. Bedout. Las relaciones entre
la Iglesia y el Estado en el siglo XIX son ampliamente examinadas en Fernán González
Partidos políticos y poder eclesiástico, Ed. Cinep, Bogotá, 1977. Véase también Juan
Pablo Restrepo, La Iglesia y el Estado en Colombia , Londres 1886, y Carey Shav,
"La Iglesia y el Estado en Colombia vistos por los diplomáticos norteamericanos
1834-1906" en Instituto Colombiano de Cultura "Mito: 1955-1962" (selección de textos), Bogotá, 1975. Los estudios más recientes y completos sobre desamortización son
los de Fernando Díaz Díaz La Desamortización de bienes eclesiásticos en Boyacá, Ed.
Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Tunja 1977 y Jorge Villegas "Enfrentamiento Iglesia-Estado, 1850-1887", ponencia presentada en el Seminario de Historia de Colombia, Depto. de Historia, Universidad Nacional, septiembre de 1977. Una
comparación con México puede establecerse en Jan Bazant Los bienes de la Iglesia en
México: 1856-1875. Aspectos económicos y sociales de la Revolución liberal, El Colegio
de México, 1971.

�Revolución Liberal y Grandes Propietarios
en Castilla-León (1854-1875)

Ricardo Robledo Heroández

*

l. LA HERENCIA DE LA REVOLUCION LIBERAL
El tema de la propiedad y distribución de la tierra en España ha constituido uno de los aspectos "clásicos" en la explicación del problema
agrario, sin que ello indique que sepamos casi todo sobre la estructura
de la propiedad en la segunda mitad del XIX. Por una parte, el estereotipo del latifundismo andaluz provoca, sin más, con cierta frecuencia, la réplica del minifundismo al Norte del Tajo, y, por otra, seguimos careciendo de alguna estadística fidedigna para dicha etapa, como el responsable británico en Madrid se lamentaba, hace ya más de
un siglo, de disponer sólo de informaciones estrictamente locales 1• Como seguimos desconociendo el panorama del siglo XIX, nos interesaría saber, en concreto, en qué medida los cambios de la revolución liberal intervinieron en esa concentración de la propiedad que, presumiblemente, existía antes de la Restauración.
Sin duda alguna, los propietarios de la Restauración proceden o
se consolidaron como tales a través de las medidas burguesas que liberalizaron el mercado territorial. Entre esas medidas destacaron, por
cuanto materializaban el acceso a tal mercado, la desvinculación y la
desamortización, pero existen también diversos procesos como el de

• Departamento de Historia Económica, Universidad Autónoma de Barcelona (España). Este material resume los capítulos 1 y 2 del libro La renta de la tierra en Castilla
La Vieja y León (1836-1913), Madrid, Banco de España, Estudios de Historia Económica, 11 , 1984.

�170

Siglo XIX

la abolición del régimen señ.orial, entre otros, que sirvieron para configurar una propiedad burguesa, antes mediatizada por múltiples trabas
más o menos consuetudinarias. La diferente disponibilidad de las fuentes me obliga a hacer un resumen muy desigual de cada uno de estos
procesos.

Nota sobre la desvinculación
Aunque durante la regencia de Espartero se alzaron voces pidiendo l~
extensión de la desamortización a los bienes de la nobleza 2, la decisión de vender bienes nobiliarios fue, como es sabido, un asunto privado, sin el protagonismo que la Hacienda Pública desempeñ.ó en otros
procesos, lo que nos priva de una estadística similar a la del fenómeno
desamortizador. Esto hace que el tema de la desvinculación, por lo que
se refiere a las consecuencias en el mercado de aquella liberalización
estudiada por B. Clavero, sea el gran desconocido de la historia españ.ola del siglo XIX; en el estudio de sus repercusiones económicas y
sociales sigue siendo bastante cierto, todavía después de 25 añ.os, la
afirmación de Vicens Vives de que "toda hipótesis es hoy por hoy
temeraria" 3 •
Abandonadas o sometidas a duras críticas las cifras de S. Millet
(utilizadas por Vicens Vives en cuanto a propiedades vendidas en
1845-54), un camino de investigación está en los protocolos notariales,
que reflejan importantes transferencias de propiedades, incluso antes
de 1820 y 1836. La explicación reside, al margen del permiso real que
la corona concedía con cierta regularidad, en las medidas arbitradas
desde 1789, que concedieron facilidades para enajenar bienes de
mayorazgo 4 ; también es significativo no olvidarse de los bienes libres,
no sujetos a la rigidez de las cláusulas sucesorias del mayorazgo, que
la nobleza fue ampliando en una estrategia de reserva económica, no
sólo para seguridad frente a ataques contra los mayorazgos, sino también con el fin de disponer de fortuna para los hijos naturales (u otros
parientes o amigos) excluidos de los mismos 5•
Estos hechos explican que el Duque de Berwick y Alba hubiese enajenado "fincas, rentas y derechos vinculados" por valor de 7 004 178
reales entre 1795-1835, con unos máximos en el Trienio y en los añ.os
30. Varias de estas ventas se localizan en Castilla (Piedrahíta, Babilafuente Coca, Rioseco ... ), aunque el máximo correspondía a Sevilla.
Siguie~do con la Casa de Alba -en este caso, con la Duquesa, fallecida en 1802-, nos hallamos frente a un "cuerpo general de hacienda"
impresionante, que la tasación de 1843 evaluaba en 72 008 398 reales,

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

171

cantidad que únicamente hacía referencia a los bienes libres (muebles
e inmuebles) y que procedían de muy diversos canales. Los avatares
políticos, reclamaciones de herederos marginados (como el Duque de
Berwick) que se creían con derecho a participar en el caudal, pleitos
y otros "quebrantos" hicieron descender tal patrimonio al 90% durante la proindivisión del caudal que se prolongó más de cuarenta
añ.os 6 •
El Registro de la Propiedad nos ayuda a constatar transacciones
de otros mayorazgos. Así ocurre con la casa de Cerralbo, que antes
de que concluya el siglo XIX vende varias propiedades en Salamanca,
pero también es cierto que se hace con el control total de una dehesa,
comprando la única parte que no era suya. En el mismo sentido, el
Conde de Santa Coloma consigue, con la compra de bienes nacionales, redondear el antiguo patrimonio en el pueblo de Campocerrado,
y convertirlo realmente en "coto redondo", hasta que en 1901 pasó
íntegro a unos ganaderos 7•
Si estos casos han sido poco citados, no ocurre lo mismo con los
de Frías y Osuna, aunque no abunden los datos concretos. El Duque
de Frías, con más de siete millones de reales de crédítos en contra, había enajenado bienes raíces por valor de 7 414 281 reales (sin incluir
las certificaciones de diezmos) pertenecientes a mayorazgos que extendían sus propiedades por toda la región: Mayorazgo de Frías, de Frómista, de Alba de Liste, de Peñ.aranda de Bracamonte 8, y en cuanto
a Osuna, un protocolo notarial de octubre de 1863 revela el establecimiento de "una escritura de obligación para responder de un empréstito de 90 millones de reales y sus intereses con hipoteca especial de
bienes raíces" del Duque de Osuna a favor de D. Estanislao de Urquijo. Conocido el desenlace de la casa nobiliaria, hay que pensar que buena parte de estos créditos se cobrara en bienes raíces, y esto tendrá repercusiones en Castilla. De hecho, en 1875, casi 3.5 millones de pesetas figuran en el inventario de Fernández Casariego (luego Marqués
de Casariego) como valoración de los Estados de Benavente (además,
disponía de 1m número importante de obligaciones de la Casa de
Osuna).
Así, pues, por primera vez a escala regional, disponemos de algunas estimaciones que miden la venta (parcial) de bienes de algunos títulos ilustres. No hemos hablado de otros grandes con influencia en
la región castellana, como el Conde de Altamira (Marqués de Astorga)
cuyas solicitudes de préstamo también se contabilizan por varios millones de reales 9 , y que, al final, según sabemos, acabó vendiendo

�J72

Siglo XIX

hasta los cuadros1º, ni de la apurada situación del Conde de Montijo 11 •
Los ejemplos expuestos indican cifras por encima de los 150 millones
de reales tan sólo contando a Alba y Osuna, en el supuesto de que no
se devolviera el préstamo contraído por esta casa.
No tiene sentido comparar esta cifras aisladas de algunos ejemplos
con el volumen global de la desamortización; en alguna comarca o incluso provincia, quizá sean comparables desvinculación y desamortización y, en todo caso, la importancia relativa de estas fortunas en
quiebra no parece despreciable si se tienen en cuenta otras magnitudes de la historia económica española del siglo XIX ¿Pero quiénes fueron los "beneficiarios" de la desvinculación? Sin que tengamos que
excluir a otra nobleza con menos apuros, hay que inclinarse fundamentalmente por aquel grupo social que "tuviera la capacidad de movilizar de un día para otro considerables sumas en metálico" 12: comerciantes, grandes arrendatarios, burguesía de los negocios, etcétera. Estos darán un primer paso hacia la propiedad nobiliaria actuando de
prestamistas de la nobleza endeudada que, al final, tendrá que vender, pues el poseedor del capital ya no está subordinado -como ocurría con los censos- al dueño de la tierra que solicitaba el crédito. Ahora, quien presta impone las condiciones 13. Así ocurre con los Vázquez,
comprando cortijos del Marqués de Alcañices 14, con J. Safont, que
adquiere bienes del Conde de Santa Coloma, cobrándose así el préstamo que le había hecho 15, con J. J. de Vicente, adquiriendo varios pueblos (sic) de Salamanca que pertenecían al Conde de Villagonzalo 16•••
Aquí sí que no hubo lugar para que el campesino participara; lo que
el noble necesitaba eran grandes sumas de dinero y al contado.
Para evitar equívocos, digamos que no estamos argumentando el
tema de una ruina nobiliaria colectiva por obra y gracia de la desvinculación. Como tendremos ocasión de exponer, la nobleza vendía, pero también demandaba tierras, y lo pudo hacer en condiciones ventajosas. Además, hay un aspecto poco analizado como es el de la Ley
Hipotecaria que, sin ser tendencioso, creo que se convirtió en un instrumento para consolidar una propiedad, indeterminada en sus contornos e, incluso, insegura a mediados del XIX 17 •
En efecto, al estudiar las "inscripciones" y "anotaciones" que figuran en el Registro de la Propiedad (de Ciudad Rodrigo y Alcañices),
uno constata los signos de la propiedad territorial feudal acostumbrada a disfrutar de derechos sobre las personas o las tierras, pero que
carece, a veces, de un inventario adecuado de las explotaciones
-medido en hectáreas o fanegas-, que es lo que se inscribe en el Re-

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

173

gistro. A partir de esta indefinición o ambigüedad, me parece que el
gran propietario de antiguos vínculos ha salido favorecido. Cuando el
Conde de Luque, con sus papeles provenientes del siglo XV, trata de
inscribir una finca, el Registrador anota claramente que "esta finca
no se menciona en dichos mayorazgos", y es el hecho de figurar en
el amillaramiento lo que da pie a la inscripción . Lo mismo ocurre con
la Condesa de Campo Alange -en la dehesa Capilla del Río-, y sirve
entonces para tal motivo el recibo de la contribución. En Santa Olalla,
el Registrador advierte que en las transmisiones de esta finca nunca
se ha hecho constar la cabida "por ignorarse la que pudiera tener" y
que, si bien el propietario dice que es -y como tal la quiere inscribir"término redondo", en el Registro "no hay fundamento preciso para
inscribirla como tal". Hay, efectivamente, 34 pequeñas fincas que limitan el pretendido término redondo, pero, en virtud de la inscripción,
quedan "reivindicadas" y, al final, pasarán casi todas al supuesto único propietario.
En otros casos (Marquesado de Tábara, perteneciente a Osuna),
la "anotación preventiva" (que sirve para cancelar la inscripción hasta que las partes en conflicto aclaren a quién pertenece la finca, en plazo de 60 días) se resuelve a favor de quien ostentaba el pleno dominio,
pese a que el Registrador observaba en la anotación que "existe el defecto de no resultar probado que D. Manuel de Toledo adquiere el pleno dominio de la finca . .. (pues) en los pagos conocidos con los nombres que la misma (finca) lleva, hay varias fincas inscritas a nombre
de otras personas" 18•
Si me he extendido con estos ejemplos es para llamar la atención
sobre el desenlace final del fenómeno desvinculador, tan poco estudiado, y sobre la forma en que se materializa el cambio institucional, aparte
de la dinámica de transacciones que se haya producido en la propiedad
antes vinculada. Resulta obvio que los ampulosos pero ambiguos títulos que se hacían retroceder a Cédulas de la Baja Edad Media (y donde
lo decisivo, a veces, era fijar el dominio sobre los hombres, y no tanto
de cuántas fanegas de superficie se disponía) no tenían cabida en la
sociedad liberal de mediados del XIX. Con la Ley Hipotecaria (y el
Registro de la Propiedad), consiguieron una certeza, definición y seguridad (características específicas de la propiedad capitalista) de las
que antes carecían.

En resumen, aunque no podamos precisar cifras, una parte de los
patrimonios nobiliarios que se vendieron con motivo de la desvinculación afectó claramente a varias provincias castellanas; de este trasiego

�174

Siglo XIX

de fincas estuvo al margen el campesinado castellano que no podía hacer frente en poco tiempo a la importante cuantía de estas compraventas. Veamos cómo se resolvió otra de las oportunidades de las reformas liberales.

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

/75

llenara de pueblos que asistían como testigos más o menos mudos
a la aplicación de una ley que iba en contra s~ya. Hubo pleitos, apa~
rentemente de menor cuantía que, al fallarse en contra de los pueblos,
obligaron a desprenderse de tierras municipales para hacerse cargo de
los costos25 •

La abolición del régimen señorial. Un;¾ aproximación 19
Otro de los pasos para que la nobleza perdiera las características de
clase privilegiada que tenía en el Antiguo Régimen vino a través de los
sucesivos -y cada vez menos radicales- intentos abolicionistas que
se concretaron de forma definitiva, un año después de la supresión de
los mayorazgos. Ocurre, sin embargo, que no existe un modo unívoco
en la forma de producirse la abolición, pues hoy se pueden distinguir
dos modelos, uno más o menos clásico, que supuso la resolución de
la mayoría de litigios planteados en favor de los señores y que condujo
a la conversión de la tierra señorial en propiedad partícula~, y otros,
con ejemplos periféricos que favorecieron el acceso del enfiteuta al pleno
dominio o mantuvieron la permanencia de un sistema foral 21 •
Carecemos, sin embargo, de un estudio de conjunto que certifique
para Castilla-León el desenlace de la abolición y cuáles fueron las zonas más afectadas. Sabemos de algunos pueblos que resultaron vencedores contra las pretensiones del Duque de Alba, que les reclamaba
el noveno: por ejemplo, San Felices, Ahigal y Barba del Puerco, en
el rincón salmantino de los Arribes del Duero. Los tres pueblos afectados estuvieron juntos en un pleito que fue relativamente lento y, sin
duda, costoso22, lo que nos da idea de las dificultades económicas que
suponía embarcarse hasta el final en estos asuntos. Hacer frente a un
gran desembolso y en metálico no era cosa fácil para estos pueblos,
acostumbrados más al tributo en especie que enfrentar sus cosechas
a las oscilaciones del mercado, inconveniente siempre llevadero cuando las perspectivas de un final feliz eran claras, pero cada vez menos
a medida que los tribunales fallaran sistemáticamente en contra del
vecindario.
Conozco algún otro caso resuelto favorablemente, éste en
Zamora23 , y, sin duda, debe haber otros, pero no la mayoría, como
revela el análisis de las sentencias del Tribunal Supremo. Además,
¿cuántos pueblos ni siquiera pasaron la barrera del Juzgado comarcal? ¿Cuántos juicios "fantasmas" tuvieron lugar, como ocurrió en
Cerralbo?24 ¿Y cuántos, después de pasar esa barrera, no quedaron
atrapados en la Audiencia o en cualquier apelación o súplica? Preguntas sin contestar, por ahora, pero es posible que el mapa castellano se

Como resultado global, pese a la imperfección y grado de ocultación, un análisis de 1875 de las cuotas tributarias a nivel municipal de
cuatro provincias castellanoleones?s nos revela la existencia de más de
260 municipios concentrados en una o en pocas ~anos frecuentemente de origen señorial. De las cuatro provincias, es Sa1amanca la que
destaca y, todavía en 1931, la Memoria de la Diputación contabilizaba 129 fincas "de señorío" que sumaban 104 047 hectáreas26• Conocemos el panorama de pueblos y lugares donde las calles, las casas y
edificios públicos quedaron en manos del señor, hasta el extremo de
que el Ayuntamiento constitucional tenía que pagar el alquiler de su
local al amo qel pueblo27 • No hay por qué generalizar el ejemplo salmantino a toda Castilla, ¿pero hasta qué punto son sólo una excepció?, Otones de Benjumea en Segovia28, Zaya de Rascones en Soria29,
vanos pueblos del Marquesado de Alcañices en Zarnora30 o Narros del
Puerto y otros en A vila ?31 •
Además, la existencia de bienes comunales en el lugar del sefiorío
sirvió para incrementar las propiedades de éste, si hemos de creer las
quejas de vecinos en una trayectoria histórica bien documentada. En
concreto, el caso más destacado en Castilla es el pleito entre el Ducado
de Medinaceli y el Común de Vecinos del propio Ducado, que hace
tiempo refirió S. Moxó32• Salió ganando el Duque y consiguió, desde
1837, la propiedad privada de varios montes. Yo he efectuado, a través del inventario del IRA (tomo 178), el recuento de estas explotaciones -heredadas en bloque en 1895- y cuya superficie asciende a 8 259
hectáreas dentro del partido judicial de Medinaceli.
El estudio de la abolición de los señoríos en Castilla está todavía
a la espera de una investigación que revele las particularidades que pudo tener este fenómeno. Mientras tanto, sólo podemos añadir a lo expuesto algunos resultados de fuentes que creo valiosas.
Una de ellas son los inventarios post-mortem, y es interesante contrastar lo que aquí se encuentra con las opiniones sobre la generosidad
de los Grandes que se plegaron, con el sacrificio que esto comportaba,
a la normativa liberal: así, por ejemplo, el Duque de Frías33 • Sin embargo, y al margen de compensaciones, no perdieron la totalidad de

�176

Siglo XIX

sus derechos. En, la adjudicación a la viuda Duquesa de Frías, en 1860,
se le asigna "el derecho de treintena de los frutos recolectados por los
labradores de las tierras de Corral del Toscón", cuya capitalización
suponía una suma de 679 291 reales. Y su hija, la Duquesa de Uceda,
contabilizaba en su inventario de 1874 "la mitad de la novena parte
de las cosechas de trigo, serodio, centeno, cébada, cordero, huevos y
lana que deducido el diezmo deben pagar los terratenientes de los pu~blos del Condado de Liste". La capitalización de esta renta se aprecia
en 250 000 pesetas34 •
Otro aspecto que merece su análisis es el de las sentencias del Tribunal Supremo que he examinado para Castilla-León a través de la Biblioteca Jurídica de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia. Existe una cronología en estas sentencias que es preciso comentar,
pues se observa una evolución netamente regresiva para los pueblos.
Hasta 1864 todos los recursos entablados por aristócratas fueron perdidos por lstos; después de esta fecha, y en plena Restauración, fueron los Ayuntamientos y sus representados quienes los perdieron sistemáticamente. Resulta paradójico comprobar en esa relación cómo la
martiniega, que el artículo 11 de la ley de 1837 consideraba abolida,
aparece como prestación a pagar en plena Restauración, y el noveno
que el Duque de Alba perdió en 1851 lo gana el Duque de Uceda en
1866. Lo menos que puede decirse -aunque Moxó tilde de exaltado
a García Ormaechea con insistencia- es que se produjo un incumpli35
miento de la legislación de señoríos por el Estado •
Ciertamente, después de examinar el contenido de los juicios, estamos, por lo general, ante unos censos de esc~a importanc~a (salv?
acumulación de impagos); pero, si ante estos pleitos de cuantla relativa el desenlace fue así de contundente, ¿qué ocurriría cuando lo que
se cuestionara fuera la titularidad de un territorio determinado? Existe, además, un elemento adicional que complica la situación en Castilla, porque si censos y foros perpetuos se consideraron, con frecuencia como contratos libres entre propietarios y colonos, ¿qué se iba a
de~ir respecto al arrendamiento castellano, que desde la consolidación
del mayorazgo -como argumenta B. Clavero- se regulaba por plazos cortos, es decir, tan poco diferentes, en apariencia, de las formas
de contratación liberal de la tierra? De hecho, pues, el método más extendido de subordinar el trabajo campesino en el Antiguo Régimen castellano no contribuía en nada a una resolución de los pleitos a su favor.
En resumen, la ley de abolición de los señoríos, enmarcada en los
inicios de la revolución burguesa, se está dilucidando mucho más tar-

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

177

de Y de forma desfavorable para el campesinado castellano. Durante
la Restauración -en consonancia con el conservadurismo de esta etapa histórica-, se están aplicando, a través de la resolución de los pleitos de s~ñoríos, uno~ criterios de libertad, de contornos muy cerrados,
Ys~ aplican ~na~r~mcamente a unas r~laciones anteriores, que eran de
d~1gualdad Jundica. El resultado era ideal, pues se conseguía la "propiedad perfecta", respetada por la Ley e inscrita en e/ Registro, donde
antes había existido una gran dosis de inseguridad y violencia. Así se
cerraba, con bastante fracaso, un ciclo secular de luchas y resistencias
que traían ~ sus espaldas los pueblos castellanos; más tarde, varios de
ellos tratarían de conseguír, a través del mercado (con la ayuda de préstamos hipotecarios), lo que se les había negado por la ley de
"abolición''.

Los principales compradores de la desamortización
A diferencia del tema desvinculador, la desamortización ha sido objeto d~ bastantes monografías que, de forma muy desigual, han estudiado diversas comarcas de todas las provincias castellanas. Si el número
~e transacciones fac_ilitadas por la abolición de los vínculos nos es prácticamente desconocido (y lo será durante bastante tiempo), sí &amp;abemos
que ~e 1836 a !895 se v~ndieron en toda la región 151 825 fincas que
totalizaron casi 2 300 llllllones de reales en su venta. La región castellana aparece como la primera por el número de fincas subastadas y
la segunda en cuanto a valores rematados36•
¿Podemos saber el número de hectáreas que abarcaron tales ventas? Si F. Simón había avanzado un 20% como magnitud de la superficie peninsular afectada por la desamortización, no parece que la región castellanoleonesa sea de las que se alejen -por abajo- de ese
hipotético promedio· español. Con toda seguridad, hubo distritos que
superaron ese 20%, al margen de la "desamortización oficiosa" (ventas fuera del proceso oficial) que pudiera producirse. En conjunto, si
a las tierras desamortizadas añadimos las ventas realizadas por la nobleza de sus antiguos mayorazgos, puede arriesgarse (y nunca mejor
empleada esta expresión) una cantidad en tomo al 1.5 millones de hectáreas, salidas al mercado en Castilla durante el siglo XIX ¿Pero quíén
pudo beneficiarse de esta importante oferta de tierras? Creo que es preciso distinguir tres grupos principales de compradores.
Un primer grupo lo constituyó la nobleza tradicional, y es difícil
entenderlo si se acepta la hipótesis bastante probable de una coyuntu-

�Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

GRAFfCO 1

PARTICIPACION REGIONAL EN EL VOLUMEN DE FINCAS
DESAMORTIZADAS SEGUN VALORES REMATADOS (1836-1895)

CASTILLA-LEON

ANDALUCIA

PARTICIPACION REGIONAL EN EL PROCESO DESAMORTIZADOR
SEGUN NUMERO DE FINCAS (1836-1895)

CASTILLA-LEON

Elaborado a partir de los datos de F. Simón Segura: La desamortización española del siglo XIX (1973)

179

ra de dificultades que atravesaba la nobleza a principios de siglo37 • Lo
cierto es que vemos figurar a la aristocracia como una importante compradora de bienes nacionales en Zamora, Salamanca y, en menor grado, en Valladolid o Segovia. Algún caso resulta espectacular, como el
de la Casa de Montijo, que había comprado más de 1 700 hectáreas
en la desamortización de Mendizábal en Valladolid (G. Rueda) y remató también 24 fincas en Salamanca, que ascendieron a cerca de 7
millones de reales; una sola dehesa que adquirió el Duque de Frías en
Zamora fue rematada en 4 340 000 reales38•
La aparente paradoja de una nobleza endeudada que, a la vez, compra tierras no era una "huida hacia adelante": era, simplemente, el
resultado de la transformación de unos derechos feudales incobrables
desde hacía unos cuantos años, en unos medios de pago (indemnizaciones, certificaciones... ) aplicables de inmediato a una desamortización, que, en el caso del clero secular39 era un invento ex profeso para compensar a la vieja aristocracia por la abolición de los diezmos.
El principal espaldarazo provino, seguramente, de las indemnizaciones por diezmos laicos, pero también tuvieron su importancia las compensaciones por alcabalas, juros, oficios públicos ... que, o se englobaron en el epígrafe de las "cargas de justicia" -una partida no despreciable en los gastos del Presupuesto del Estado-, o por las que sus
antiguos poseedores recibieron también indemnizaciones en deuda pública. Si es cierta la reserva efectuada por F. Tomás y Valiente40 de
que la nobleza también podía disponer previamente de títulos del Estado, hay que convenir, no obstante, en la decisiva importancia de cambiar derechos inseguros y degradados por unos medios de pago tan sólidos y de gran movilidad41 •
Un segundo grupo, a veces englobado en el epígrafe de la "burguesía urbana", desempeñó un papel importante en Castilla. En las
diversas monografías sobre la desamortización, destaca una serie de
nombres como M. Aboin en Avila, Martínez Durango en Palencia, P.
Casado en Burgos, Soriano, de Vicente, Sánchez Arjona, etcétera, en
Salamanca, Pombo, A. Pesquera en Valladolid, Villachica en Zamora ... algunos de ellos ennoblecidos posteriormente, y casi todos con
importantes papeles en la gestión de los intereses políticos durante la
Restauración.
Fueron muy diversas las fuentes de acumulación que permiteron
a estos personajes tener acceso al mercado desamortizador. Sin que sean
excluyentes, sobresalen las oportunidades que tuvieron como suministradores, asentistas o contratistas de bienes para el Ejército (compensados con pagarés que se aceptarían luego en la compra de bienes nacionales); también fueron importantes los recursos provenientes delcomercio de granos o fabricación de harinas que tuvo en el Canal de Cas-

�180

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

181

tilla uno de sus ejes principales42 y en las Antillas uno de los mercados más seguros43 • La propia mecánica de la desamortización encumbró igualmente a un grupo de "especialistas" -agentes de negocios,
escribanos, notarios...- que canalizaron las compras de bienes nacionales. Por último, se puede hablar de una autofinanciación en la desamortización: los beneficios acumulados en el arrendamiento de tierras
o de inmuebles urbanos, que potencian. tanto la coyuntura expansiva
de la agricultura española como el crecimiento de algunos núcleos de
población, vuelven a invertirse en la desamortización urbana o rústica, principalmente de Madoz.

En el extremo opuesto, en la cúspide de la pirámide, se mantiene
con fuerza el grupo nobiliario que conserva un prestigio social muy
compartido y competido por el ascendiente de una burguesía urbana
y rural. Hay que darse cuenta, de todos modos, de que fueron muchos
los miles de hectáreas sacados a subasta para ser cubiertos únicamente por la demanda regional, sobre todo si atendemos a las dificultades
que labradores y ganaderos tuvieron que soportar con motivo de la crisis
del primer tercio del XIX, circunstancia que dejó el campo abierto a
la actuación de hombres de negocios madrileños.

En lineas generales, parece que este grupo innovó muy poco en
cuanto a la forma de llevar las explotaciones recién adquiridas y también fue causante de un proceso de agrupación de tierras antes dispersas.

La situación resultante permaneció bastante alejada de algo que
se pareciera, si no a una democracia rural, a una participación significativa de pequeños o medios campesinos en el control de la desamortización, aspecto este último que parece traslucirse de algunos estudios
que insisten en los porcentajes importantes de compradores rurales...

Finalmente, un tercer bloque de compradores lo constituiría el labrador y ganadero local que se ha aprovechado de la facilidad de largos plazos (a veces, de 20 años), y de la coyuntura ventajosa de unos
precios en alza hasta 1883, junto con las ventajas de un transporte más
eficiente. Una vez abonado el primer plazo que les da derecho a laposesión de las explotaciones, el mecanismo de arrendar tierras puede resultar también lucrativo: sabemos, en efecto, que la renta territorial
pudo, por lo menos, duplicarse en 1840-70, dejando rezagada, por tanto, la estabilidad de los abonos anuales del remate, sobre todo cuando
la renta debía pagarse en especie y sobrevenían crisis como la de 1856-7
ó 1868.
Es difícil establecer un balance definitivo de las desamortizaciones
en Castilla-León, cuando apenas disponemos de estudios que abarquen
una provincia. Mi opinión es que estamos ante un fenómeno desamortizador que se resolvió, en lineas generales, de forma poco favorable
para la creación de una amplia capa de propietarios medios que rompiera la estructura desequilibrada de la propiedad agraria44 ; y este último aspecto se hace más llamativo si atendemos a los dos extremos
de la pirámide social y a su conexión con la desamortización. Parece
claro que el escalón más bajo y numeroso quedó excluido prácticamente
de las subastas45 , y cuando de sus aledaños salieron compradores, carecieron de resistencia económica para prolongar su condición de propietarios; nos lo demuestran las mayores dificultades de pago y consiguientes quiebras de los pequeños propietarios rurales respecto a los
urbanos, la absorción de sus lotes a cargo del terrateniente ansioso de
completar el coto redondo, y el callejón sin salida de ir reduciendo la
dimensión de las suertes municipales adquiridas, a medida que aumentaba la presión demográfica.

Y es que más relevantes que estos porcentajes son las cifras absolutas
de compradores: poco más de medio millar en Avila (1855-1885), 1 321
en Valladolid (1836-1853), algo más de 2 500 en Burgos (1855-69), menos de cien en Soria (1838-1853) ... 46• Con cualquier tipo de población
(activa o total) que confrontemos esas cifras, toparemos con una participación muy selectiva que no se desvirtúa por el hecho de compras
colectivas a cargo de Ayuntamientos o vecinos, procedimiento no excesivamente frecuente y poco eficaz a largo plazo (por presión demográfica y repartos sucesorios). Para los más avispados, el recurso consistió en ir arañando lo que quedaba de las tierras comunales, ampliando
a su costa el patrimonio familiar; el camino de las informaciones posesorias, sancionado por la Ley Hipotecaria, se prestó a la perfección
para dar carta legal a aquellas apropiaciones del común, por más que
lo quisieran limitar diversas Reales Ordenes.
Partiendo, pues, de la existencia de un proceso importante de concentración en las compras de bienes nacionales, veamos cómo se refleja esto a través de las escasas fuentes disponibles para aquella época.
11. LOS GRANDES PROPIETARIOS EN CASTILLA-LEON
(l 854-1875)

Después de la desamortización de Mendizábal, año 1854
La Estadística Administrativa de 1855, comentada de vez en cuando
para destacar el apabullante número de antiguos hacendados en los primeros puestos de grandes contribuyentes, nos sirve para conocer, de
forma aproximada, el nombre de los grandes propietarios en esa bisa-

�Robledo H. : Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

183

gra de mediados de siglo, cuando concluye la etapa de Mendizábal y
se abre la desamortización general de Madoz.
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Todos los que están son, pero no todos los que son están es un
retruécano que ayuda a entender la particularidad y límites de unas listas elaboradas a través de las cuotas de contribución. De los 53 grandes contribuyentes que superaban la cuota de 50 000 reales, 28 tenían
una incidencia regional que vemos reflejada en el cuadro 1.

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INCIDENCIA REGIONAL DE GRANDES CONTRIBUYENTES

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De esa relación conviene destacar lo siguiente:
lo. Importancia desempeñada por la nobleza y, dentro de ella,
de la aristocracia más tradicional. Bien es verdad que debería haber
propietarios que, a nivel provincial (e incluso regional), superaban varias de las cuotas reseñadas, aunque no pasaran de los 50 000 reales
en el conjunto estatal. De haberse incluido, más de un nombre sin título nobiliario tendría que figurar en dicha lista, aunque seguramente
no tanto en los primeros lugares. Pero, por otra parte, no olvidemos
otra de las limitaciones de esta Estadística (que hace que los valores
de la contribución reseñados en el cuadro estén sesgados a la baja):
no se agregaron las cuotas inferiores a I 000 reales pues, de contabilizarse, sería probable "que todas o la mayor parte de las personas comprendidas pagasen una suma mayor"47 •

%de su contrib. Cada-león
Andaluáa
Extremaoora
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3
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4
6
1
1

* (1854)

CastilllOtras regiones
La Mancha (contribuyemes)
(contribuyemes)
6
9
7
2
1

12
4
2

-

1

* Con representación en Castilla-León (excluido Canal de Castilla).

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2o. Si descartamos la empresa del Canal de Castilla, con incidencia exclusivamente en la región, los demás contribuyentes lo son a título interregional y participan en Castilla con porcentajes significativos (dentro del total de su contribución). No llegan a la cuantía del 60-80%,
como ocurre en Andalucía, pero esto no quiere decir que Castilla fuera un apéndice secundario del gran terrateniente (al modo de Galicia,
Cataluña, etcétera) sino, al contrario, una prolongación importante
en el mapa de las grandes fortunas territoriales.

�184

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

'A)
Contribuyentes
&gt;

Castilla-León
Andalucía

(8)
% Total cuow

500 rs.
13 684
29 396

2.4
6.15

185

{Q
únt. satisfechas
(% del total)
30.2
63.65

3o. Desde otro ángulo, una comparación con el caso andaluz a base
del análisis de los contribuyentes por encima de los 500 reales, revela,
efectivamente, un peso inferior de éstos en Castilla, pues hay más del
doble en el Sur pero, en términos relativos, puede afirmarse que hay
una mayor concentración de riqueza en ese 2.4% de cuotas castellanas: el coeficiente de la columna B, al relacionar Andalucía/Castilla,
es de 2.56, y en la columna Ces sólo de 2.11 48•
4o. Todas las provincias castellanas reciben la influencia de estos
grandes contribuyentes a nivel estatal, pero no del mísmo modo. Excluido el Canal, sobresalen, por este orden, Avila, Zamora, Valladolid
y Salamanca (de 10 a 15 veces aparecen en la lista anterior de 28 grandes contribuyentes); en el último lugar está Segovia, aunque es muy
probable que la consideración del peso de estos contribuyentes en el
total de la contribución provincial o regional no relegaría de esta forma a la provincia segoviana.

Los grandes propietarios al inicio de la Restauración, año 1875
Partimos ahora no de un recuento a nivel estatal (ni con la exigencia
de un mínimo de 50 000 reales), sino de una lista desde abajo, es decir,
de grandes contribuyentes a nivel provincial, a través de la cual hemos
elaborado la lista regional (a partir de la agregación de cuotas que superan las 6 000 pesetas). La fecha escogida de 1875 (impuesta por la
disponibilidad de las fuentes) constituye un buen momento para apreciar el poderío de grandes propietarios, una vez que la oportunidad
de la desamortización de Madoz se ha realizado en gran medida y ha
dado tiempo también a que se produjeran traspasos de éstas y anteriores compras de Bienes Nacionales (cuadro 2).
A partir de aquí, podemos disponer de una lista que nos permite
aproximarnos a los grandes contribuyentes de la región, aunque, tal
como veremos, poco o nada les costará esa contribución. De cualquier
modo es una de las formas de tantear quiénes eran los grandes propietarios de Castilla, y lo primero que puede decirse es que quienes ostentaban esta categoría lo hacían, sobre todo, por ser grandes propietarios de Salamanca y, en menor medida, de Avila, Valladolid, Zamora

o Segovia. Casi como provincias "exentas" figuran el resto (Palencia
Burgos, León y Soria).
'
Esto no quiere decir que en estas últimas provincias o en las otras
no tuviera lugar el peso del gran propietario. En provincias como Avila, por ejemJ?lo, esos 50 primeros nombres que podían constituir el 0.2%
de los contribuyentes controlaban el 8% del total de la contribución
(sin_ contar ~l _tremendo fraude fiscal). El análisis que luego haremos
a ruvel mumc1pal no hará más que confirmar esta apreciación.
He.chas estas salved~des, Salamanca destaca no tanto por su número de nobles en los pruneros lugares, pues otras provincias la igualan o superan en esto, sino por la importancia cuantitativa de sus cuot~s: los 50 primeros sumaban más del 10% de la contribución provincial (cuadro 3). Además, importa fijarse en la existencia de hombres
nuevos, sin historia de blasones que los avalen, pero que superan a la
nobleza tradicional: dentro de los diez primeros hay tres propietarios
ganaderos _salmanti?os que se intercalan entre la nobleza de la Baja
Edad ~ed1a o del Siglo de Oro, y uno de ellos, R. Soriano (luego ennoblecido), encabeza la lista regional por encima del Duque de Alba,
aunque no de la Casa de Alba que debería ser el primer gran propieta.
rio de Castilla-León en 187549•
Esta nueva situación, inédita cien años atrás (como revela el Libro
del Mayor Hacendado) e incluso en 1855, ha sido resultado, principalmente, del_ fenómeno des_amortizador, al tener lugar la subasta de grandes extensiones pertenecientes a los Obispados de Salamanca y Ciudad
Rodrigo, así como de instituciones regulares que monopolizaban gran
parte de la superficie agraria provincial50•
Pero esta novedad no se circunscribe a la provincia charra pues,
aunque en menor cuantía, los primeros contribuyentes de Valladolid
(J. Pombo), Burgos (P. Casado), Avila (M. Aboín) y, si prolongáramos la lista, de Palencia (Martínez Durango) y Zamora (M. Villachica), suben a la categoría de grandes propietarios de la región gracias
al desenlace ~~l proceso desamortizador, lo que sanciona el proceso
de concentrac1on resultante, al que antes nos referimos. Salvo J. Pombo, con propiedades en Santander y Palencia, el resto de "nuevos ricos" no supera la frontera provincial, pero la importancia que en ésta
desempeñan les da derecho a codearse con gente ilustre en la lista
regional.

�CUADR02

LOS GRANDES CONTRIBUYENTES DE LA REGION (1875)
Contribuyentes

Avtla

-

-

-

-

19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37

Juan Pombo
Ramón Crespo
Mariano Crespo
Conde de Oflate
Duque de Osuna
Duque de Uceda
Francisco Gómez de
Liaflo
Marqués de la
Torrecilla
Conde de Encinas
Antonio Terrero
Policarpo Casado
Conde de Torrearias
Conde de Santibáflez
Conde de Adanero
Conde de Polentinos
Mariano Aboin
Juan Lamamie de
Clairac
Conde de Superunda
Marqués de Cilleruelo

Bureos

-

1 Rodrigo Soriano
2 Duque de Alba
2 550
3 Duque de Fernán
Núflez
6 678
4 Conde de Luque
5 Manuel Tabernero
6 Duque de la Roca
9 853
7 Clemente SánchezArjona
8 Conde la Patilla
9 Conde de Santa
Coloma
10 Marqués de
Castellanos
1 293
11 Conde de Pui'lonrostro
12 Duque de Abrantes
9 538
13 Vizconde Garcigrande
14 Fulgencio Tabernero
15 Marqués de Alcai'lices
16 Marqués de
Aguilafuente
17 Marqués de Valderas
18 Conde V illagonzalo

-

1 517

-

7 189

2 976

-

2 206
6 507

-

6 177

-

-

León

-

-

-

2 850

-

-

-

-

-

730

-

-

P~ncla

1 281

-

-

-

-

17 880
13 933
13 605
13 346

2 399

7 348 3 467
- 11 868

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

818

-

-

6 319 3 210

--

-

-

-

1 370

-

-

-

-

-

-

-

-

3 900
7 115
-

-

13 138

4 229

-

-

-

-

1 756

-

-

-

-

-

22 510
21 318

Valladolid

-

2 540

-

Sorta

-

-

-

~ovb

22 510
17 487
11 202
13 933
13 605
3 493

-

umora

Salamanu

-

-

8 246
10 731

-

5 855
3 861
9 952

-

9 428
9 021

-

-

-

7 298

-

-

-

-

-

-

-

-

3 273

-

-

3 691

-

-

-

-

-

12 746

3 743

4 176

-

-

10 084
10 069
9 952

-

5 656
3 749
8 414

9 754
9 428
9 021
8 929
8 821
8 414

-

7 298

-

7 198
7 173
7 136
7 115
7 059
6 982
6 866
6 829
6 507

8 384

-

-

13 138
12 941

2 594

-

-

-

10 091

6 208

-

-

12 108
11 868
11 105
10 840
10 731
10 459

-

-

-

-

-

- 4 083
- 6 982
6 340

837

-

7 136

-

-

-

Toul

-

-

5072

-

-

6 866
4 623

-

2 468

-

-

-

-

-

-

6 340
6 177
6 159

Fuentes: R. Robledo Hernández, La renta de la tierra en Castilla La Vieja y León (1836-19/3), Madrid, Banco de
Espai'la, 1984, anexo l.

�188

Siglo XIX

Estos hombres nuevos coexisten en cada provincia con un número variable de nobles, siempre menos en número que los que no tienen título, pero con un peso desproporcionado a su inferioridad numérica. En
el ámbito regional, los nobles son el 28%, pero controlan casi el 400/o
del total contribuido por los 50 mayores. La provincia segoviana destaca en este aspecto, pues 8 de los 10 primeros contribuyentes son nobles (cuadro 3).
Finalmente, los grandes contribuyentes de cada provincia están
comprendidos mayoritariamente en la escala de 1 000 a 5 000 pesetas
(cuadro 4). Incluso aparecen en la lista de 50 mayores un 17.8% que
no llega a las 1 000 pesetas. Aquí se marca una de las diferencias de
Castilla con las zonas tradicionalmente latifundistas, pues en Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha (con la excepción de Guadalajara), el último contribuyente (de entre los 50) paga cuotas superiores
a las 1 000 pesetas. 51

Los cambios a mediados del siglo XIX
La oportunidad de poder contar con una lista de grandes contribuyentes a nivel estatal en 1875, gracias a la paciente elaboración de Rosa
Congost, nos da pie para establecer una comparación con la lista de
20 años atrás (cuadro 5). Para aclarar los términos de la comparación,
recordemos que la clasificación que aparece en el cuadro 5 sirve para
medir primordialmente hasta qué punto la región castellana está libre
o no de la influencia de los grandes terratenientes españoles. Y en 1875,
de forma parecida a dos décadas atrás, observamos una presencia significativa: 11 de los grandes contribuyentes tienen en la región de un
10 a un 250Jo del total de su contribución, 4 del 26-50% y 1 del 100%.
En cuanto a las provincias más afectadas, se ha consolidado la elección por las más occidentales -Salamanca, Avila, Valladolid y
Zamora-, que aparecen de 6 a 10 veces en esa lista de 27 grandes contribuyentes de ámbito ·estatal.
La diferencia más marcada respecto a la etapa anterior reside, a
primera vista, en que los grandes propietarios, sin perder su importancia, controlan menos provincias que antes. En 1855, la media de provincias por gran contribuyente era de 3 y, veinte años después, ha descendido a 1.6. Esta es una concreción, a nivel regional, de un fenómeno que parece funcionar de forma más global: la gran dispersión geográfica en la que se apoyan las fortunas nobiliarias de 1855 ha dado
paso a una concentración en la que Extremadura y Salamanca desempeñan un papel importante52 •

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�190

Siglo XIX

CUADR04

DISTRIBUCION DE LOS MAYORES CONTRIBUYENTES SEGUN
PROVINCIA Y ESCALA CONTRIBUTIVA (1875)
(En pesetas)

Provincias

&lt;1000
Avila
Burgos
León
Palencia
Salamanca
Segovia
Soria
Valladolid
Zamora
Región
OJo

18

24
-

-

38

-

80
17.8

1 001·
S 000
43
31
26
48
27
45
12

S 001· 10 001· 15 001·
10 000 IS 000 20000 &gt;20000
7
1

-

47

2
16
4
6
2

323
71.8

38
8.4

44

-

5
1

-

1

-

-

1

-

-

-

l

-

-

7
1.6

1
0.2

0.2

-

1

--

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00

-

' -'

Total
50
50
50
50
50
50
50
50
50
450
100

Fuente: Ver cuadro 2

El trasiego de própietarios y el consiguiente hecho de que unas figuras de la aristocracia sean suplantadas por otras han sido provocados
por diferentes motivos: una mayor racionalización a costa de eliminar
gastos fijos de administraciones en zonas marginales, una búsqueda
de mayor seguridad, alejándose de provincias tradicionalmente más conflictivas, o el simple resultado de la división hereditaria facilitada por
la desvinculación, constituyen los principales argumentos, sin poder precisar por ahora cuál tiene mayor incidencia, pese a que el último es
el más fácilmente contrastable.
El análisis de los cambios a nivel regional entre 1855-1875 revela
la desaparición, en la última fecha, del Marqués de Cerralbo, Duque
de Gor, Conde de Bornos, Marqués de Belgida, Conde de Chinchón
y Conde de Parcent, mientras que otros dos títulos -Marqués de Villahermoso y Conde de Cervellón- se integran ahora en el Duque de
Sta. Coloma y Duque de F. Núñez, respectivamente. Al contrario, una
decena de nobles (salvo el primer gran contribuyente) se encarga de
suplir a los anteriores. Por otra parte, si comparamos las riquezas imponibles de los que permanecen en ambas listas, parece confirmarse

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�192

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

Siglo XIX

193

3

la idea de un cierto descalabro de la aristocracia tradicionals , pues las
caídas se concentran en la nobleza de la baja Edad Media. En su lugar,
otros títulos (varios del XVII y XVIII) han salido beneficiadosS4: En
líneas generales, comparando la numeración España-Región, se advierte
que los avances en la clasificación de España se corresponden con ganancias también en el ámbito regional, incluyendo casos de gente que
en 1855 no estaba en la región y ahora sí (Marqueses de Perales Y
Malpica).
Conviene ser cautos, de todos modos, respecto a l~s ausencias o
disminuciones, al comparar las listas de 1855-1875. Primero! porq?e
sólo con la consideración del conjunto estatal puede saberse _s1 las perdidas en una región son o no compensadas con mayor presencia en otras
zonas. Pero, sobre todo, por las características de la listad~ 1875, que
yo creo menos fiable que la anterior. Varios de los :~?s citados pe~miten sospecharlo. El más sorprendente es la desapanc1on del Marques
de Cerralbo que, al men?s por su_s propieda1ses en Salamanca_, debería figurar como un contnbuyente importante . En menor me~da, esto puede haberse repetido con el Duque de Gor, ~ues bastar1a que la
contribución gravara con menos de l % a sus propiedades para _que figurara en varios municipios y yr~vin:ias entre l?s pr~eros
contribuyentes56 • En cuanto a las d1smmuc1ones en la riqueza imp~nible entre ambas fechas, resulta muy dudosa la del Conde ~e Mont1jo, provocada por su no inclusión en la provincia de Valladohd, donde
sí figuraba en ¡ g55s7 •
Igualmente es difícil de entender que_el Duque_ de Medinaceli haya
perdido su representación en la provmc1a de Sona Y que no pagara,
al menos, 400 pesetas de contribución 0o que le haría figurar entre l~s
50 primeros de esa provincia), pese a dispon~r ~ ~or lo menos, d~ mas
de 8 000 hectáreas, como vimos antes. La d1v1s1ón de la herencia del
Duque de Frías es una explicación par~ que otro de los ~randes v~
reducida su presencia en Castilla: del numero 4 pasa al numero 20S •
Las reticencias se extienden también a apellidos con menos solera, como, por ejemplo, Ferná_n?e~ Casariego! que debería figurar en Zamora (fue uno de los benef1c1ar1os de la qmebra de Osuna), o el caso realmente anómalo de J .J. de Vicente, pues era uno de los más grandes
•
¡· S9
propietarios de la región y no figura en runguna 1sta .
¿Qué explicaciones cabe dar a estos ejemplos? La ausen~i~ de estos hombres puede ser atribuida a lo q!-1e _motivab~ la pub~c1dad de
esta lista en el Boletín Oficial de la Provmc1a, es decir, al caracter ~lectora! (capacidad según la Ley Electoral -de 18:0- para ser eleg1~os
senadores, de la que prescindirían algunos de los mteresados); tamb1en,

con menos probabilidades, a que la costumbre de que los arrendatarios pagaran la contribución del dueño haga figurar de forma dispersa a aquellos en lugar de este último. Más verosimilitud tiene, simplemente, recordar el consabido tema de la ocultación y del fraude fiscal
que los primeros avances catastrales se encargaron de cuantificar&lt;&gt;O.
En resumen, creo que la presencia de las grandes fortunas nobiliarias en Castilla no se ha diluido tanto como pudiera desprenderse de
una primera lectura de la lista de 1875. El hecho de que algunas provincias castellanas dejen de figurar en 1875 dentro de la telaraña de
los grandes terratenientes hay que atribuirlo a la peculiaridad del sistema fiscal español, y a la ausencia del Catastro. Ciertamente, en otros
casos no se puede ocultar que se han producido descalabros de una antigua nobleza, todavía poderosa en la fase final del Antiguo Régimen.
Los ejemplos más o menos típicos de Osuna o Altamira, etcétera, están ahí para argumentarlo, así como para señalar, al mismo tiempo,
los beneficiados de este proceso de ruina nobiliaria, tal como veíamos
antes. Pero esta menor presencia de una nobleza que se va difuminando es reemplazada por otra (o por cualquier advenedizo) que abarca
menos, pero que no deja de apretar, sobre todo, en la zona más
occidental.
Análisis municipal

Por importante que sea un proceso de concentración de la propiedad,
éste se diluye sin querer en el estudio del ámbito regional o provincial,
y sólo recurriendo a escalas más reducidas cabe concretar dicho proceso: en definitiva, partiendo de los pueblos, que eran quienes sufrían
directamente el peso de los grandes "contribuyentes".
El objeto fundamental de este apartado reside, básicamente, en la
presentación, cuantitativa y cartográfica, del impacto del gran terrateniente a escala local; los datos sólo se han elaborado para 4 de las 9
provincias castellanas (Avila, Segovia, Salamanca y Zamora), en parte
por el tipo de fuentes disponibles y también porque los varios miles
61
de operaciones desaniman al más voluntarioso •
Las provincias de A vila, Salamanca y Segovia tienen, prácticamente, 2/3 de los municipios afectados por la contribución de alguno de
los 50 primeros, y en Zamora, un 36%. La agrupación por partidos
judiciales que aparece en el mapa l indica unos máximos que se concentran en las zonas interiores de esas provincias, mientras los partidos más periféricos, en general, se ven más libres de la influencia del

�194

Siglo XIX

MAPA J

gran contribuyente. Apenas si se les percibe en los arribes del Duero,
en la Sierra de Béjar o en las estribaciones de la de Gredos, mientras
sobresalen en la Tierra de Arévalo, Tierra del Pan y del Vino o en la
penillanura al sur de Salamanca.

MUNICIPIOS DONDE CONTRIBUYE ALGUNO DE LOS 50
PRIMEROS CONTRIBUYENTES DE LA PROVINCIA
(En "lo sobre el total del partido judicial)

La presencia de los grandes contribuyentes se extiende, a veces, entre
muchos municipios, pero en varios de ellos mantienen una incidencia
singular pues, cuando se supera el 10% de la contribución municipal,

ello es debido (como máximo) a tres contribuyentes.
CUADR06

INCIDENCIA MUNICIPAL DEL GRAN CONTRIBUYENTE
Número de pueblos

•

Porcentaje cuota municipal
Núm. pueb. %sobre total
pueblos
Provincias
donde
de prov. &lt;10%
contrib.
Avila
179
67
102
234
SaJamanca
61
134
Segovia
172
63
118
Zamora
111
36
82
Total de pueblos
696
436
-

10-2s, 25-40% &gt;40%

43
51
46

29
27
6

22
2

14

10

5

154

72

34

&lt;

200/o

•

20 - 40070

•

60- 800/o

•

40- 600/o

-

&gt; 800/o

5

NUMERO DE MUNICIPIOS DONDE 3 CONTRIBUYENTES PAGAN
MAS DEL 10% DE LA CUOTA MUNICIPAL

Fuente: Ver cuadro 2

Las peculiaridades de estas listas provinciales permiten suponer con
fundamento que existían grandes propietarios en un término municipal, pero que su cuantía no era suficiente para figurar a nivel provincial. Este hecho, junto a otras ausencias realmente sorprendentes Oo
que denota lapsus un tanto generalizados de la Administración Económica Provincial), indica que estamos ante una presencia del gran contribuyente en los municipios muy inferior a lo que en realidad era; algún caso lo puede testimoniar62 •
Aún así, partiendo de los datos que constan en el Boletín, pienso
que la realidad del peso del gran propietario es más consistente de lo
que podría pensarse a juzgar por el porcentaje de esas cuotas sobre el

•

I Pueblo

•

5 Pueblos

.10 Pueblos

�Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León
196

197

Siglo XIX

total municipal (y más importante de lo que algunas visiones d_e la~?ciedad castellana nos quieren hacer creer). En efecto, la contnb~c1?n
territorial que estamos examinando engloba cuatro conceptos d1stmtos: contribución rústica, pecuaria, colonía y contribución urbana, ·desglosada esta última del resto en torno a 189363 • Natural~ente, el gran
contribuyente podía serlo por los cuatro conceptos antenores, pero su
incidencia en la riqueza imponible urbana no debía sobresalir, excepto
en las capitales de provincia y pocos centros más, del tipo de Ciudad
Rodrigo o Toro. En el conjunto regional, la parte i~put~~le a la c~mtribución urbana era del 21.70/o en el total de la contnbuc1on, con diferencias provinciales considerables64 • Excluida la contrib?ci?n de col~nía, sólo la riqueza pecuaria y territorial parecen const1tm~ los motivos principales para la inclusión en la lista de_ grandes ~on~nbuyentes
y, por el tipo de personajes que figuran en la hstas, !°e mchno .ª pensar
que, salvo algunos ganaderos s~mantinos, era la _nque~ es~nctarnente territorial y rústica la que echpsaba a la pecuaria; en termmos generales, según R. Santillán, ésta sólo contribuía en un 100/o al total de
la cuota tributaria.
En estas circunstancias, la significación de los porcentajes qu~ hemos utilizado se incrementaría sensiblemente, si, en vez de refenr 1~
cuota del gran contribuyente al total municipal, se hiciera sobre la riqueza territorial estrictamente. Por lo tanto, teni~ndo en cuenta est~
consideraciones y conocida la general benevolencia de las Juntas Periciales hacia el gran propietario, etcétera, hay que concluir _que: por lo
menos, porcentajes superiores al_JO% en el to_tal de la ~º?~nbuc10n !Dunicipal presumen un grado considerable de riqueza,_ d1flcil de med1~ en
hectáreas de forma rigurosa65, pero que, de cualqwer mod?, d~mienten la impresión de una región de escasísimos grandes prop1etanos que
superaran la barrera del millar de hectár~, 66_- Al fin y al ca~_o, solamente en una provincia -ciertamente lat1fund1~t~,. pero tamb1~n en un
momento tardío que había dado lugar a subd1V1s1ones y trasiegos ~e
propiedad- existían, en 1933, 85 propietarios con más de 1 000 hecta67
reas registradas en el inventario del IRA •

Recapitulación: hacia el propietario rentista
El estudio de la propiedad de la tierra en la Castilla de la Restauración
resta por hacer, en buena medida. Conocemos la importancia -decreciente- que tuvieron los montes públicos; pese a todo, representa68
ban entre una cuarta y quinta parte de la superficie agraria regional •
No faltan monografías que nos recuerdan la persistencia de formas co-

munitarias y aprovechamientos colectivos del suelo69, pintados en algunos momentos como la llave maestra que acabaría con la miseria
y emigración que asolaban el mundo castellano a principios de siglo70•
Pero no constituían ya más que una reliquia, lo que convertía en anacrónicos los intentos de presentarla como fórmula salvadora de la agricultura hispana. No hay ninguna duda de que lo dominante desde mediados del siglo XIX era -en palabras de un buen intérprete de la sociedad castellana- la linde71 • El liberalismo campaba por sus respetos.
Efectivamente, esta sociedad se ha plegado a las normas liberales
dominantes en Europa pero, a diferencia de los otros países europeos,
se ha saltado el mecanismo para lograr una distribución equitativa de
la contribución que gravaba su principal actividad productiva; desde
las mismas bases de la revolución liberal, se ha instalado la ocultación
y el fraude fiscal como un elemento fundamental del sistema
tributario72 , lo que no dejó de ser grave en un país en el que la producción agraria aportaba la parte más sustancial de la renta nacional.
Fueron inútiles los intentos de los gobiernos liberales para que los terratenientes se ajustaran a la realidad en sus declaraciones juradas, ni
siquiera surtieron efecto las "intimaciones de comiso, ofreciendo a los
denunciadores una parte no despreciable de las fincas sustraídas a la
tributación"73 • Resulta inútil (o excesivamente costoso) probar el fraude fiscal sin catastro y, además, conocida la estructura de muchos pueblos y el apabullamiento a que estaban sometidos los menos poderosos, era arriesgado exigir más igualdad en la tributación74 •
No es el momento de introducir el tema del fraude fiscal, soslayado con frecuencia por una amplia literatura que pedía "economías"
y rebajas de contribución75 , más que un reparto equitativo de la carga tributaria, es decir, que los grandes propietarios pagaran lo que les
correspondiera; pero era imprescindible una alusión, pues son estos hechos los que nos impiden presentar una estadística regional de la propiedad de la tierra. Sabemos el número de hombres que había en Castilla, cómo estaban distribuidos, qué tierras trabajaban o cuáles eran
los cultivos principales, pero se tardará mucho en averiguar a nivel regional cuántas hectáreas poseían los grandes propietarios o qué porcentaje de los términos municipales era, realmente o no, controlado
por los vecinos. Y todo esto no por azar, como hemos visto. Sin ser
extemporáneo, cabe decir también que el fantasma de una ''oligarquía
omnipotente y siniestra", que merece las invectivas de varios prohombres de la Restauración como algo "semioculto e invencible"76 , resulta
tanto más oculto, por las mismas facilidades que recibía en el tratamiento fiscal .

�198

Siglo XIX

A pesar de todo, algo sabemos ya de la propiedad territorial durante la Restauración, y por lo pronto algo se ha descubierto de esa
oligarquía, pues este capítulo se ha dedicado fundamentalmente a hablar del gran propietario. No tengo inconveniente en aceptar que se
ha sesgado un panorama dominado por la gran propiedad, pero se ha
hecho intencionadamente; un poco para desvirtuar el extendido argumento de una propiedad repartida en Castilla, y también para justificar el tema de la renta que figura en el siguiente capítulo, pues la norma del gran propietario fue practicar lo del "absentismo rentista". De
cualquier modo, tanto en páginas anteriores como en las siguientes,
se marca bien la distancia que existe entre el "latifundio castellano"
(a veces, agregación de pequeñas explotaciones dispersas-) y el más conocido como Andalucía occidental.

Esta estructura de la propiedad, más bien desequilibrada, podía
haberse modificado por las posibilidades teóricas de acceso a la tierra
abiertas por la revolución liberal. Pero dichas posibilidades fueron más
bien restringidas para la mayoría de la población, a la hora de consolidar una propiedad media estable. La abolición del régimen señorial no
abrió, como en algunas zonas del País Valenciano, un camino hacia
la plena propiedad vía redención de los censos; las secuelas de prestaciones y derechos señoriales que, como el noveno, aún se seguían considerando como "contratos de particular a particular", indican que la
resolución de los pleitos de señorío siguió, con ligeras excepciones, caminos parejos a lo que se ha escrito sobre Andalucía. Tampoco la desvinculación fue la ocasión para que el labrador medio castellano tuviera acceso a la propiedad del noble en apuros.
En la desamortización, aunque es temerario generalizar para toda
una región y sin negar que entre los compradores predominan los agricultores, no se oculta tampoco, como ha investigado Germán Rueda,
que un pequeño grupo de la burguesía urbana (1667o del total) desembolsara más de la mitad del capital empleado en la desamortización
de Mendizábal; en ese mismo periodo, para la provincia soriana (pues
con Madoz la situación fue distinta), fueron más bien pocos y de fuera
los que se aprovecharon de bienes tan preciados como los del monasterio de Santa María de Huerta, según cuenta Rosa Ortegan . Existe,
además, un aspecto que favorece la consolidación de unos grandes propietarios_a través de oportunidades difícilmente repetibles en la historia de la agricultura española. En otro lugar he referido cómo esos balones de oxígeno, que llegaron a una aristocracia en crisis a través de
las indemnizaciones de los más heterogéneos derechos feudales, sirvieron para animar la liquidez de antiguas fortunas; en varios países se

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

199

había efectuado algo parecido, pero con resultados diferentes, al menos en el caso de las indemnizaciones que recibieron los señores en
Japón78• La ventaja para los AJba, Frías, etcétera, estaba en que aquí
se abría, al mismo tiempo, un importante mercado de tierras al que
tenían acceso precisamente con aquellas indemnizaciones ... 79• Otros no
les fueron a la zaga y, a través de la desamortización urbana y rústica,
arriendo de estas tierras o quiebras de otros compradores, lograron casi
duplicar su patrimonio en muy pocos años80•
De otros individuos con menor volumen de riqueza podemos deducir indirectamente, a través de las cuotas de contribución, que también disfrutaron de ocasiones ventajosas. Este es el caso de los primeros propietarios palentinos, residentes en Baltanás, Palencia, Paredes
de Nava, etcétera, que, en el transcurso de 20 años, duplican o triplican su contribución, cosa que, como hemos visto, no puede imputarse
a una progresividad tributaria81•
Por lo demás, tanto unos como otros utilizaban los mecanismos
que dirigían la vida económica de aquella sociedad y que eran, básicamente, los de una economía de mercado: a veces, a través de procedimientos verbales cuando se apalabraba un arriendo; otras, mediante
las subastas que periódicamente aparecen en el Boletín Oficial de la
Provincia, subastas de tierras82, de pastos83, de leñas84 ...
Desde el planteamiento de diversos teóricos se ha concedido últimamente una importancia primordial a la renta, en parte a través del
análisis del tomo III (Sección Sexta) de El Capital, donde la renta del
suelo ocupa un lugar destacado. En un discutido contexto -el de la
"renta absoluta"-, Marx insiste en que la principal premisa de la que
se debe partir es la existencia de la renta, pues "lo que se compra con
el precio abonado no es, en realidad, la tierra, sino la renta que de ella
se obtiene... " y "cuando se vende la tierra, se vende siempre como fuente de renta" 85 •
No es éste el momento de perdernos en un sinfín de disquisiciones
o "lecturas" de unos textos u otros, aunque lo apuntado cobra pleno
sentido en el panorama que estamos historiando, pues la norma era
que, tanto el terrateniente tradicional como el advenedizo, optaran por
el arriendo como la fórmula más cómoda y segura de hacer rentable
la propiedad territorial. El gran propietario castellano vive de rentas.

�200

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Cas1illa-León

201

NOTAS
1. El primer secretario del Consulado Británico en Madrid se había ~eferido con deses-

12. F. Herán: Tierra y parenlesco en e/ campo sevillano. Mo. de Agricultura. Madrid,
1980, p. 134.

peración a la "ausencia de estadísticas impresas y a la inmensa dificultad de procurarse alguna información que no fuera _Puramente locat:•. ª;.P.P. (1871_)_ L~VII Reports... respec1ing the tenure of land, citado por D. Spr!ng: lntroduc_c1on a European landed elites in the nineteenth century. J . Hopkms U.P ., Balumore &amp; London, 1977, p. 5.

13. Para este asunto, aunque esté aplicado en otro contexto social, cf. E. Femández
de Pinedo: "Del censo a la obligación: modificaciones en el crédito rural antes de
la Primera Guerra Carlista"./ Coloquio Vasco-Catalán de Historia. Diciembre de
1982, pp. 8-9 (comunicación fotocopiada). En general, B. Clavero: Mayorazgo, pp.

2. Representación dirigida al Regente del Reino por el apoderado General de los pu~blos contra la Grandeza y Títulos de Castilla (1842), citado por J. Ma. Jover: Pohtica.' diplomacia y humanismo popular en la España del siglo XIX. :urner, M~drid, 1976, pp. 317-318. La réplica al panfleto fue que esto ~radar ~,ie para ped1r

mañana "el despojo de las propiedades que poseen los parll~ula~es , argumento
que otros moderados utilizarían sin éxito contra la desamort1zac1ón.
3. Historia de España y América. Vol. V Edic. de Bolsillo, p. 68 (la. edic. 1957).

4. Cf. R. Herr: "Hacia el derrumbe del Antiguo Régimen". Moneda y Crédito, no.
118 (1971), p. 48 y B. Clavero: Mayorazgo, propiedad feudal en Castilla (1369-1836).
Siglo XXI. Madrid, 1974, p. 333.
5. El mayor de los hijos naturales del XI 11 Duque de Osuna resultó hered~ro u~ive!sal
de sus bienes libres. Al fallecimiento del XII Duque, en 1790, el patnmomo hbr_e

ascendía, sin cargas, a 9 millones de reales, pero su sucesor amplió ~asta_nte el_patrimonio de libre disposición. S. Moxó: "El Duque del Infantado... H1spama, no.
37 (1977).

6. Cuenta liquidación y participación. .. de la última Duquesa que fue de Alba. Protocolo 25.206. A. H. de Protoc. Madrid.
7. Cf. R. Robledo: La propiedad de la rierra . Estudio dinámico a trav~s del Regfslr?
de la Propiedad (inédito). Banco de España, marz_o 1979. La e~is~enc1a del promd1víso -titularidad compartida entre la nobleza e 1gles1a- fac1hto mucho el que la
primera se quedara con la parte correspondiente a la segunda.
8. Participación y adjudicación al actual Excmo. Duque de Frias. .. (1860). Prot. 27.ll5.

9. Casualmente he localizado un protocolo en el que el conde de Altamira, en dificultades por pleitos e imperativos de dotes familiares, recibe 4 .5 millones de reales en
préstamo de J . Manuel del Collado a cuenta de las indemnizaciones de diezmos que
le corresponden, pero que aún no se le han abonado Prot. no. 25.682.
10. P. RuizTorres: Señores y propietarios.Valencia, 1981, pp. 385-386, 391. Otro ejem-

plo destacado en Cataluña es el del Conde de Santa Coloma, como ha señalado Angels Solá: "Notes pera iniciar un estudi de la desvinculació" . Primer c_ongreso de
Historia Agraria. Octubre 1978. Editado por Diput. Prov. de Valencia, 1983.
JI. Se expresa con toda crudeza en el "Presupuesto anual de ingresos Y gastos de 1~
Casa y Estados de Montijo ... ", 22 abril 1845, que me cedió generosamente el amigo Angel Ga. Sanz. No es extraño por eso que, al hojear protocolos de aquellos
años en el A. H. de Protocolos de Madrid (no. 23.930), uno se encuentre con los
acreedores del citado Conde delegando poderes en un importante comerciante.

164-169.
14. F. Herán: Ob. cit., p. 135.
15. A. Solá: ponencia citada, p. 3.
16. Así se hizo, por lo menos, con Cojos de Robliza (1 040 fanegas) después de un préstamo de 70 000 escudos en 1867: Hijuela de la Sra. Da. Ma. del Carmen de Vicente
(1876) consultada en el Archivo del Conde de Montarco. Algo parecido tuvo que

ocurrir con Santa Olalla de Yeltes, pues se hace con la parte que pertenecía al mismo prestatario en 1853.
17. Me he referido a este tema en "Movilidad de la propiedad de la tierra ... ". Miscellania del Collegi Universitari de Girona (1981). También R. Villares alude a la ina-

decuación de la Ley Hipotecaria respecto al régimen de propiedad vigente en Galicia. Uno de los puntos conflictivos era la inexistencia de derechos claros y unívocos
y la falta oe una referencia territorial explícita: La propiedad de la tierra en Galicia,
15()().1936. Siglo XXI. Madrid, 1982, pp. 297-308.
Este tema ha sido explicado por Alicia Fiestas en las Jornadas de Desamortización
de Santander (1982), en su comunicación "La protección, por la ley de 8 de febrero
de 1861, de los compradores de bienes eclesiásticos desamortizados''. Se demuestra
que los legisladores protegieron, y muy bien, a los compradores, pese a que muchas
inscripciones fueran excesivamente vagas.
18. Se trataba de un monte de 2 500 fanegas. Este ejemplo y los anteriores proceden

del estudio citado en la nota 7.

19. Tanto en este apartado como en el de la desamortización, reproduzco parte de la
comunicación presentada al Primer Congreso de Historia de Castilla la Vieja y León:

"La liberalización del mercado de tierras en Castilla-León: aproximación regional"
(Valladolid, diciembre 1982).
20. Cf. A.M. Bernal: La lucha por la cierra en la crisis del Antiguo Régimen. Taurus,
Madrid 1979, pp. 122-123.

21. Me refiero al caso valenciano, aunque no se trata de afirmar con esto un reparto
general de las tierras al campesino, pues ya existía previamente una distribución desigual en las posibilidades de disfrutar el dominio útil. Cf. P. Ruiz Torres: Señores
y propietarios. Cambio social en el sur del País Valenciano (/650-1850). Valencia.
1981, p. 397. La tendencia, en ésta como en otras recientes investigaciones, se orienta
a señalar las oportunidades proporcionadas por la revolución liberal al concebir la
enfiteusis como propiedad compartida. Vid. A. Gil Oleína: "Evolución comparada
de la propiedad señorial a través de establiments y foros", Estudios Geográficos,
no. 165 (1981), p. 370, y el prólogo de M. Peset al libro de Hernández Marco y Romero: Feudalidad, burguesía y campesinado en la huerta de Valencia. Valencia, 1980,

�202

Siglo XIX

p. 18. Para un desenlace también diferente en el caso galleg?, cf. R. Villares: La
propiedad de la tierra en Galicia, 1500-1936. Siglo XXI, Madrid, 1982. pp. 146-150.
22. Solamente en la etapa de 1843 a 1852, los gastos que presentó el apoderado~; los
pueblos, J. Manzanera, ascendieron a 136 000 reales, aparte_de una suma de_ gastos extraordinarios" de 37 500 reales, que provocó muchos disgustos. No sé s1 están
incluidos en estas cantidades los 14 000 reales que cobró Olózaga por la defensa de
los pueblos en el T. Supremo. El cronista local cu,~nta que '_'l~ pm~blos_, agobia~os
con tantos repartos, apenas si podían sostenerlos . G. Tonb10: Histona de la villa
de San Felices de los Gallegos. Ed. Libertad. Valladolid, 1940, p. 219.
23. Carta ejecutoria ganada del Concejo y vec~os del l_u~r de Ci_vanal, provincia de
esta ciudad de Zamora ... (1815-1855). Archivo Muwetpal de Villar de Buey. Agradezco al Secretario don A. Blanco las facilidades concedidas para la consulta del
documento.
24. M Sánchez: Cerralbo. Consecuencias de la disolución del Régimen señorial... pp.
59~. El autor estudia la inhibición del Ayuntami~nto_ en el juicio de instrucc!ón
cuando el Marqués solicitó ser declarado señor temtonal con una documentación
discutible: "Todo transcurrió sin oposición alguna como si el propio pueblo fuera
el refrendador de las pretensiones del marqués" (p. 60). Tesina inédita. UAB. 1976.
Se ha publicado una parte en Provincia de Salamanca, no. 2 (1982).
25. J.I. Izquierdo: "Estructura agraria y paisaje a~ario en_ e) borde.sureste de Tierra
de Campos". I Congreso de Geografía de Castilla la V1e1~ Y León. Burgos, 1982,
p. 152. nota 12. Lo que se discutía eran varios aprovecharrnentos en el páramo. Ganó el Duque de Alba.
26. Diputación Provincial de Salamanca. 1932. Rela~ión de fincas en las pp. ~5- Es
posible que se incluyan algunas fincas desamortizadas compradas por ex seno~es,
con lo que la cifra referida deba rebajarse en una proporción que no puedo P~I~
por ahora. Esta memoria ha sido reeditada parcialmente en el no. 4 de Provmcia
de Salamanca.
27. El de Santa Olalla de Yeltes abonaba 75 pesetas al año. Cf. R. Ro~Jedo: "L~ propiedad de la tierra...". Provincia de Salamanca, no. l. En este articulo exammo la
evolución a largo plazo de dos pueblos de señorío.
28. Un ejemplo de Acción social agraria. El caso de Otones de Benjumea. Impre~ta ?e
Madrid. 1929. Repartido entre la Mitra de Segovia y el mayoraz~o d~ P . V1rUes,
la desamortización ayudó, como en otros casos, a que un solo prop1etar10 se quedara con toda la explotación.
29.

z. Espejo proporciona el contrato de arrendamiento que existía entre lo~ vecinos
y el Vizconde de Eza (Costumbres de Derecho y Economía rural... Ma~lnd 1900).
Este se quejaría en 1932 del proyecto de Ley de bases de Reforma Agra~a,_ 9ue preveía expropiación de antiguos señoríos. Para él se trataba de una expoliac1on, pues
por las Cortes de Cádiz (sic) se había conseguido convertir los señoríos "en meras
fincas particulares que en nada se distinguen ni diferencian de las demás". Buen
resultado, pues, de la legislación abolicionista ... L. Marichalar 0'izconde de Eza):
La exhumación de los señoríos. Imp. So. Suc. Minuesa. Madrid, 1932, p. 33.

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

203

30. El Documento de la Concordia entre el Marqués de Alcañices y los 53 pueblos de
su estado sobre pago de rentas que algunos pueblos se negaron a pagar en 1845 no
pude localizarlo en Alcadices, aunque consta inventariado por Matilla Tascón en
la Guía Inventario de los Archivos de Zamora y su provincia. Madrid, 1964 p. 370.
A partir de 1909, los pueblos se negaron a pagar las prestaciones que consideraban
de origen jurisdiccional. La Sentencia del Tribunal Supremo de 19-XII-1914 volvió
a dar razón al Señor Marqués Cf. El Código civil interpretado por el Tribunal Supremo. Apéndice 1914. Barcelona. 1916.
31. El examen de varios expedientes depositados en lo que fue I.N. de Colonización en
Madrid demues~ra la existencia de varios pueblos castellanos, agrupados en sindicatos católicos que, a través de la Dirección General de Acción Agraria, luchan por
conseguir la propiedad de varias dehesas (como los abulenses de Pedro Bernardo
o Cobos de Villar) o de su pueblo, el de Narros del Puerto, Cfr. más adelante nota
165. Para la actuación de los sindicatos católicos, J. J. Castillo: Propietarios muy
pobres... pp. 229-254 ("Crear más pequeños propietarios").
32. S. de Moxó: La disolución delrégimen señorial en España. Madrid 1965, pp. 114-115.
Véase también M. Artola: Antiguo Régimen y revolución liberal. Ariel, Madrid,
1978, p. 173.
33. "Fue uno de los grandes señores liberales que admitió sin queja las medidas que
le privaban de pingües ingresos(...) dando un alto ejemplo de patriotismo". Así
lo ve uno de sus sucesores en Inventario del archivo de los Duques de Frias. Tomo
I. Casa de Velasco. Madrid, 1955. p. XXIV.
34. A. H. de Protoc. no. 31.205. El Tribunal Supremo había fallado en contra de los
vecinos en 1866. Casos similares ocurrieron en el Marquesado de Alcañices.
35. García Ormaechea: Supervivencias feudales en España. Madrid, 1932. p. 61. De todos modos, S. de Moxó advi_erte también la incongruencia del Tribunal (La disolución del régimen señorial en España. Madrid, 1965, pp. 167-170), aunque es inexacto, por lo que hemos dicho, añadir, como hace Moxó, el noveno de frutos como
una prestación suprimida (p. 169).
36. Para estos datos, así como para los que se han representado en el gráfico, vid. F.
Simón Segura: La desamortiz.ación española del siglo XIX. IEF, Madrid, 1973. p. 263.
En las páginas siguientes, hago una breve síntesis de la comunicación citada en la
nota 19 (en curso de publicación) en la que se documenta cada una de las afirmaciones, ahora muy resumidas. Prescindo de citar buena parte de la bibliografía, recopilada hace poco por Germán Rueda en Agricultura y Sociedad, no. 19 (1981),
y que asciende a 300 títulos (incluidos los de la addenda multicopiada); hoy ya deben pasar con seguridad de los 400...
37. Las principales dificultades provenían de la decadencia de derechos señoriales, con
motivo de la crisis del Antiguo Régimen, que no se puede aislar, por lo demás, de
la crisis económica del primer tercio del siglo XIX. R. Robledo: "Desamortización
YHacienda Pública en algunos inventarios de grandes terratenientes del siglo XIX".
Comunicación presentada a las lomadas sobre Desamortización y Hacienda Pública, Santander, 1982.
38. A. H. Provincial de Zamora (Archivo de Hacienda), Libro 69.

�204

Siglo XIX

39. El tema ha sido descifrado por Esteban Canales: Decadencia y abolición delos diezmos en España. Tesis doctoral, UAB, 1980. Resulta extraño que los investigadores
de la desamortización que han examinado cartas de pago no hayan caído en la cuenta
de este fenómeno.

40. "Desamortización y Hacienda Pública. Reflexiones... ". Hacienda Pública Española no. 77 (1982). p. 27. Efectivamente, los vales reales, por ejemplo, figuraban en
las cuentas de la Duquesa de Alba.
41. Así, por ejemplo, la Condesa viuda de Montijo compra bienes nacionales en Valladolid mediante certificaciones de las Contadurías Diocesanas del Culto y Clero de
Logroño, Segovia, Valladolid y Zamora. Expediente 811 (Braojos). A. H. P. de Valladolid (sección Hacienda).
42. Véase J. Díaz del Moral: "Mercado, transportes y gasto público en la España interior". Hacienda Pública Española. no. 69 (1981). -J. Varela: Los amigos políticos. Alianza, Madrid, 1977, p. 224.- G. Rueda: La desamortización de Mendizábal... pp. 254 y SS.
43. Vid. J. Maluquer de Motes: "El mercado colonial antillano en el siglo XIX". J.
Nadal y G. Tortella. eds.: Agricultura y comercio colonial..._Ariel, Barcelona. 19'!4,
pp. 322-357. Uno de los enriquecidos por el tráfico coloru~ será el santandenn~
J. Manuel Manzanedo, según cuenta Maluquer. Se convertirá en el cuarto contnbuyente español por concepto de inmuebles, según la investigación de R. Congost:
Notes sobre la propietat de la terra a Espanya ... tesis de licenciatura inédita. UAB.
1981.

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

50.

205

5?10 como "may~r hacendado", los obispados de Salamanca y Ciudad-Rodrigo reuman 30 000 h~areas. Vid. A. Cabo Alonso: "Concentración de propiedad en el
campo salmantmo... " .. La econo~a agraria en la historia de España, p. 147.
-M. A. ~erfecto G~ma YT. Martm: "La estructura de la propiedad en Salamanca a mediados del s1glo_XVIII". Provincia de Salamanca, no. 2 (1982).
En este punto de la_prop1e_d~d de la Iglesia estoy en desacuerdo con Ma. D. Mateos
(La España del.An~o.Regimen. Fascículo O. Salamanca. Universidad de Salamanca
1~, p. 56), pu~, s1gwendo a C. Argüelles, asigna menos del 5% de superficie pr~
V1DC1al a la_ lgles1a_y ~abla_de "un alto nivel de propiedad libre". Por lo que sabemo~ a traves del D1~c1onan~ de P. Madoz y de las mismas desamortizaciones, resulta c1~rt~ la afirmación de V1cens y Fontana -criticados por la autora- de que esta
pr~V1Dc1a co~centraba la mayor extensión territorial de propiedad eclesiástica en el
Remo de Leon.

51. Rosa Congost: Notes sobre la propietat..., 1855-1875, pp. 56 y ss. Las referencias
que hacemos al totaJ esp~ol en 1875 son posibles gracias a esta tesis de licenciatura, de la que se ha publicado una parte en Agricultura y Sociedad (no. 27).
52. R. Congost: ob. cit. Esta es una de las aportaciones bien documentadas en su tesina.
53. Duque de Osu~a (-~O/o), Duque de Frias (-86%), Conde de Montijo (-540/o).
Duque de Medinaceh (-45.4%), Conde de Altamira (-68%), Duque de San Lorenzo (-34%). El Conde de Oñate, que no figura en el cuadro pues 00 era en
1~75, de los grandes contribuyentes a nivel de Estado, ha perdid~ en Castilla~b1én (-31 %).

44. "En una economía predominantemente rural, las personas con capital disponible
serían en general las que controlaban la tierra y serían sobre todo ellas las que la
adquirirían". Richard Herr: "El significado de la desamortización en España". Moneda y Crédito, no. 131 (1974), pp. 79-80.

54. Duque de Alba ( +24%), DuquedeAbrantes ( + 3%), Marqués de Alcañices ( +4.70/o),
Duque de la Roca ( + 40.40/o), Duque de F. Núñez ( +95.3%), Conde de Luque
( + 1211'!0), Conde de Sta. Coloma ( + 294.60Jo), Conde de Torrearias ( + J81.70Jo)
Murga (+56.6%).
'

45. Me refiero, por ejemplo, a jornaleros, sirvientes o pobres de solemnidad, que supondrían, aproximadamente, un 510/o de la población agraria castellana en 1860.

55. Es c~n~ido por la investigación de Miguel Sánchez (ahora editada, en parte, en
Provmc1a de ~alamanc:i, no. 2) que el pueblo de Cerralbo estuvo en sus manos hasta 1920. En el mventar10 post mortem, de 1876, sólo los bienes de la administración
de Salamanca estaban evaluados en 14.5 millones de reales.

46. Estos datos son proporcionados, respectivamente, por J .A. Gil Crespo ("Notas sobre la desamortización civil de Madoz" ... Jornadas. Santander, 1982), G. Rueda
(La desamortización de Mendizábal...), F. Ma. Castrillejo ("Datos para una aproximación" ... Jornadas) y R. Ortega: La desamortización de Mendizábal y Madoz ea
Soria. Caja de Ahorros, Soria, 1982.
47. R. Santillán: Memoria histórica de las reformas hechas en el sistema general de impuestos de España ... Madrid, 1888, p. 124.
48. Si se mantuviera la ~elación castellana entre porcentaje de cuotas y cantidades satis·
fechas, el procentaje de la región andaluza debería ascender al 77 .39070. Con esto
no se trata, en absoluto, de rebatir la desequilibrada estructura de la propiedad en
Andalucía, que el número de las cuotas de&gt; JO 000 reales muestra muy claramen·
te, sino, más bien, de matizar la tradicional visión de una Castilla únicamente
minifundista.
49. Así ocurriria al agregar la contribución del Conde de Montijo y Condesa de Teba,
que estaban bajo la administración común de la Casa de Alba.

56. El_~uque de Gor estaba representado en 1855 en 6 provincias castellanas con un
maxuno en Se~o~a. mientras que en 1875 sólo aparece en Salamanca. Sin embargo, en las PM?c1ones ~fectuadas en 1880 (A.H. de P. Madrid, prot. no. 34.574),
sabemos que. ~ene ~rop1edades en todas las provincias castellanas, salvo León y Burgos; La P3:tic1pac10n en Segovia es ahora ciertamente ínfima, pero no en el resto.
Sena sufiCiente que la cuota contributiv~ ~i~ficara sólo el 0.5-0.6% de la propiedad (tal com? estaba evaluada_en la partic1pac1ón), para que tuviera que figurar entre los 50 pnmeros de Palencia y Valladolid.

5?. Sabemo~ que había comprado casi 2,000 Has. en la desamortización de Mendizábal ~ n G. Rueda. En los repartimientos de 1917, era el So. contribuyente de Vall~d~lid, con 30 813 ptas. (Sánchez Zurro: "La última desamortización en la provmc1a de Valladolid", Estudios Geográficos, no. 120).
58. ~I XIV Duque de Frias integraba varios mayorazgos, entre ellos el de Uceda, cuyo
titul? -~.Duquesa de Uceda- pasará a su hija. Esta, como "inmediata sucesora
de bienes , entablará demanda contra el XV Duque de Frias en 1849.

�206

Siglo XIX

Robledo H.: Revolución liberal y propietarios en Castilla-León

59. No figuraba tampoco en listas provinciales de 1860. Me he referido a este perso~aje
en "la propiedad de la tierra: su dinámica y significado a través de algunos eJemplos del Campo de Yeltes {siglos XV-XX)." Provincia de Salamanca, no. I (1982).
60. Vid. a este respecto la diferencia entre riqueza amillarada y ~mproba~a, no tanto
a nivel de provincias, sino de municipios. Cuando la superficie unpomble pasa de
2 000-3 000 hectáreas, es frecuente que la riqueza comprobada sea 3 ó 4 veces más
que la amillarada. Dirección General de Propiedad y Contribución Territorial: Estadística de propietarios de fincas rústicas. Madrid, 1949.

61. Son casi 700 los pueblos afectados por los grandes contribuyentes en las 4 provincias. He sumado las cuotas de los que tributaban en un mismo pueblo {o agregado).
El resultado lo he referido luego en
al total de la contribución municipal que figura en los repartimientos provinciales publicado en el Boletín Ofic. de la Provincia
durante el verano de 1875 y correspondientes al año económico de 1875-76.

°'º

62. El Duque de Alba, según "Relación de propietarios que han declarado ~n las cédulas" que figura en la cartilla evaluatoria (A.H.P. de Salamanca), aparec1a con 3 96:4
hectáreas en el pueblo de Calzada de Don Diego {a nombre de la Condesa de Monujo). La contribución a pagar por todo el término municipal era de 8 265 pesetas.
Sin embargo, este municipio no figura en la relación del Boletín (tampoco a cargo
del Conde Montijo). El Duque era propietario de varias dehesas en distintos términos municipales, que tampoco aparecen en dicha relación. Por poco que significaran estas ausencias, la cuota de la contribución de Salamanca deberla incrementarse
en un 30-40%. No hay que olvidar que el primer propietario en la lista del Inventario del I.R.A. era el Duque de Alba, con 12 412 hectáreas en la provincia de_5a!amanca; si se cuenta el grupo familiar, se llega a las 20 455 en la misma provmc1a.
Esto último se deduce, aunque no se diga expresamente, del estudio de F. Sánchet
y A.L. Calabuig: "La gran propiedad rústica de la provincia de Salamanca". Estudio integrado y multídisciplinario de la dehesa salmantina. Tomo l, Salamanca-Jaca,
1978. Las iniciales S.F. tienen que corresponder a Stuart y Falcó.
63. Prácticamente, basta el R.D. 4-feb. 1893, no tomó cuerpo la separación de la contribución urbana de todo el conjunto "inmuebles, cultivo y ganadería". Cfr. Cuentas del Estado Español de 1890 a 1907. Madrid, 1976 {reedición del l.E.F.), p. 443.
64. Calculado a partir del año económico 1898-99 {valores realizados de la contribución) en Cuentas del Estado Español... pp. 571, 577. Para Valladolid, suponía el
26.4%, mientras que, para Segovia y Avila, era el 180Jo; Salamanca y Zamora, 15
y 13.6%. respectivamente.

65. Aunque no podemos desglosar a través del Bolet. Ofic. de la Provincia ~da ~na
de tas riquezas por las que se tributa, porcentajes del I 5-30% de la contnbuc~óo
del total municipal en manos de 1 ó 2 contribuyentes indican varios cientos o mil~
de hectáreas en pueblos castellanos. Por no citar los salmantinos, esto podía oc~rnr
en varios de los abulenses -Cabezas del Villar, Madrigal, Sotalvo, Tornadizos,
Nava del Marqués, etcétera-, con una extensión entre las 9 000-11 000 hectáreas,
o los segovianos Muñopedro, Palazuelo, Madrona, Fuentemilanos... , con superficie entre las 4 000-8 000 hectáreas.
66. J. Vareta Ortega: Los amigos políticos, p. 225: "Riquezas había que buscarlas entre
los poquísimos que labraban por encima de las I úOO ó 2 000 hectáreas". De todos
modos, Vareta critica más adelante {p. 231) la "descripción bucólica" del pequeñO

207

campesi_no castel_lano Y acepta la presencia de grandes terratenientes de cierta importancia en Avda y Salamanca (p. 224).

67. F. Sánchez López y_A.L. Calabuig: "La gran propiedad rústica de la provincia de
Salamanca", are. cit.
68. La evolución de los montes públicos es uno de los temas de investigación de J. Sanz.
69. G_on~lez Cobos: Orígenes, forma y vicisitudes de la propiedad colectiva en Ja provincia de Salamanca. Salamanca, I 896. -A. Cabo Alonso: "El colectivismo en tierras de Sayago",- Estudios Geográficos, no. 17 (1956).- J.Ga. Fernández: "Formas de explotac1ó~"• e~ La economía agraria ... p. 205, etcétera. Que no debe hab!arse solo de ~erv1~enc1a de aprovechamientos comunales o de propios, nos to adv~ert~ Ma. Jose Dev1llard en sus estudios sobre la organización del proindiviso (Pro~mc1a deSafa~anca, no. 4). A este respecto, cf. también el artículo de B.Ga. Marlln en Provincia de Salamanca, no. I.
70. El mis_m_o ~?nzález Cobos lo dice así: en Villarino, donde existe un "ayuntamiento
colect~v1sta • no hay pobres, precisamente en una comarca que envía contingentes
de emigrantes al Brasil, arruinados por la filoxera {pp. 49-50); en Fuenteliante repoblado PO; c~lonos_en_ 1791 y que ha redimido el censo, no existe ni un jornal~ro,
p. 55. En termmos s1m1lares lo planteará J. Costa en los Juegos Florales de Salamanca: "Tres lecciones de Salamanca a Espafta", en J. Costa: Crisis política de
España. Produce. Edit. Barcelona, 1980. p. 69.
71. J. Senado~ ~ómez: La_ ciudad castellana. Minerva. Barcelona, pp. 23-24: "Todas
~~s le_yes c1v1les se han mventado para proteger la linde" y, cuando esto no basta,
la hnde se corona de bayonetas".

72. J. Fontana: La revolución liberal, p. 339.

73. J. Callejo Y Madrigal: Observaciones sobre la estadística territorial Madrid 1876
p. 14.
.
'
'
74. "¿Cómo se ha de a~enturar el po~re labrador, por más que le conste que paga el
dobl~ de
~ue debiera por las miserables tierras que posee, a enemistarse con el
pr~p1etano neo, ~I ~lector infl_uyente, el miembro del ayuntamiento y otros personaJes cuyo resentimiento podna ocasionar su ruina?". Revista del Catastro no ¡
15-lll-1870 (Madrid).
'
. '

!º

75. Dur~nte la Restauración, la ri_queza im~ni~le estaba gravada con unos porcentajes
que iban del 16 al 21 %, segun las provincias, Jo que sin duda era exorbitante si
no. fuera por~ue la riqueza imponible estaba situada a unos niveles anormalmente
baJos Y, en cierto mo~o, e_s~acio~arios (sólo creció un 6% entre 1860-1881); tos incrementos en la contnbuc1on de mmuebles eran así, sobre todo, obra del aumento
del gravamen, que ~n 1845 era el 12%. En Francia, el tipo de imposición era en
187~, del 4.2%, segun Gar~ía del Busto: Situación económica de España (Probl;ma
agn_cola, R_eform~ financieras). Madrid. 1888, pp. 16-18. Sin embargo, ese año,
la nq_ueza 1mporuble en Francia era, aproximadamente, 5 veces mayor que ta de
Espana.

�208

Si'glo XIX

76. Términos recogidos por A. Orti en la Introducción a Oligarquía y Caciquismo.Revista del Trabajo, Madrid, tomo 1, p. CXXIII.
. .,
153 . R Ortega· Las desamortizaciones... p. 95.
77. G. Rueda: LIa desamt::~~~b~e~~
eta~a de Mad~z en Valladolid (Diez Espinosa)
1
Estamos a a espera e
ºd d I que sabemos sobre la
Y Burgos (Castrillejo), que matizarán, con segun a ' o
desamortización.

J , 1868 l900" en w w. Rostow: La economía
78. Cf. Tsuru: "El ~espegue en
_ _ Lo¡ ingresos de la clase feudal
1
168 179
del despegue. Ahanza, M:td¡i •de de~~r pero "sin contrapartida productiva o de
fueron conmutados por t1tu_os .
. d
_ los nobles tuvieron que "vender
activos físicos". Cuando llego 1ª m11aci6 n e 1877 81 '
sus bonos y buscar trabajo", PP- 174-! 75 -

.;ix::;¿

.
. . . d diezmos laicos Esteban Canales lo ha
79. Por lo que se refie~e ª. ladmdem,mza~10;6 ey a él debo la po~ibilidad de utilizar esta
demostrado en Tesis cua a en a no a '
referencia.
.
.
iedad conyugal J.J. de Vicente y esposa asciende en 1852 a
80. El mventar10 de la soc
1875 J J de Vicente el patrimonio se evalúa en
2 223 736 escudos; al fallecer, en
, · ·
'
11 025 445 pesetas.
.
asa de 2 482 pesetas en 1852-57 a 7 742 pesetaS en 1875_; M. Martinez
81. _T. Solorzano P
. V D' de 426 a 3 056. Suponiendo un incremento de
Durango, de 1 435 a 6 203, . iaz,
ºferencia a favor de la 2a. fecha es del
las cuotaS del 600Jo entre amb~s fech~, ~0~1datos de 1852-57 me han sido cedidos
195 %, 270% y 448%, respecuvamen e.
por el amigo Pablo Ga. Colmenares.
82. "Se arrienda dehesa de Tejadi~I~~ (dBe~M:qt~~:~o~~=:~;.;: ~:::1~ :
y contribuciones... ante notario • · · e ª
·

~t:.

La Revolución Liberal en España y los
Derechos de Propiedad sobre la Tierra
REFLEXIONES SOBRE EL NORESTE CATALAN

Rosa Congost *

"El entendimiento eliminó, pues, las formas hfbridas y fluctuantes
de la propiedad aplicando las categorías ya existentes del derecho privado, cuyo esquema se encontraba en el derecho romano. El entendimiento legislador se creía aún más autorizado a eliminar las obligaciones que tenía esta propiedad oscilante con las clases más pobres
por el hecho de eliminar también sus privilegios estatales; se olvidaba, sin embargo, de que, aún considerado exlusivamente desde el punto
de vista del derecho privado, existía un doble derecho, el derecho privado del propietario y el derecho del no propietario... "

K. Marx
Artículo de La Gaceta Renana, 27 de octubre de 1842

y comunes
83. "Se arriendan los abundantes pastos deI ~onte qu~ fue .de apropios
M Pérez"
B.O. de
de
la villa de Ureña ... su legítimo_du~ño residente en a m1sm
.
'
la provincia Valladolid, 29 de Jumo, 1860.
.
.
1 1 ñas de roble sitas en la dehesa
84. "Leñas para carb~neo: ~u~en ~=~::::~~~r:ente se servi;á presentarse en la
Valverde perten~1entel r. d I Administrador". B.O. de la P. de Palencia, 22
ciudad de Palencia en a casa e
octubre, 1875.
85. El Capital. tomo III, F.C.E., pp. 581 Y 621, respectivamente.

Es muy importante que el estudio y la constatación de determinadas
realidades empíricas sirva de telón de fondo a nuestras posiciones teóricas. Las reflexiones que constituyen el núcleo central de este artículo
han sido sugeridas por el resultado de una investigación empírica sobre las relaciones de explotación del trabajo campesino en el nordeste
catalán durante casi un siglo (1768-1862) 1• La continuidad y la persistencia de enfiteusis y aparcerías durante la segunda mitad del siglo
XIX, la escasa incidencia de las medidas desamortizadoras y, en general, los pocos cambios que se producen durante el período revolucio-

• Estudi General de Girona, Universitat Autónoma de Barcelona (España).

�210

Siglo XIX

nario liberal en las formas de explotación del trabajo campesino, permiten cuestionar algunas de las posiciones teóricas más frecuentemente admitidas sobre la revolución liberal española.
Así, una de las ideas más extendidas sobre el contenido de la revolución liberal espafiola es la idea de que la revolución significó una redefinición de la propiedad de la tierra o, incluso, la creación de una
nueva propiedad 2 • Los políticos contemporáneos simularon llenar de
contenido histórico esta idea, de una forma extraordinariamente simple: el uso de adjetivos diferente~ y antagónic~s a los que eIIos mismos
utilizaban para calificar la propiedad de los tiempos pre-liberales. La
nueva propiedad era plena, absoluta, privada y libre, en contraste con
la vieja propiedad que se caracterizaba por ser parcial, relativa, compartida y sujeta a cargos. Los historiadores generalmente hemos aceptado estas definiciones como válidas.
Por otro lado en tanto que el nuevo concepto de propiedad se identificaba con los hltereses de la burguesía, se ha considerado también
que la nueva propiedad era burguesa y, por un juego de s_imulación
más arriesgado, capitalista, en oposición al concepto de propiedad abolido que era el concepto de propiedad feudal.
Esta segunda parte tuvo bastante aceptación entre un sect~r ~e historiadores "marxistas" que encontraron en ella una receta facil para
explicar la transición del modo de producción feudal al modo de producción capitalista. En la actualidad, todos sabemos que la~ ;osas f~eron y son mucho más complejas; en realidad, una observac1on sencilla
sobre las afirmaciones hasta aquí enunciadas puede ser suficiente para
sefialar su contradicción esencial: difícilmente podemos definir de una
forma objetiva y neutra unas formas de propiedad que respondían a
unQs intereses de una clase social concreta.
No podemos confundir la discusión teórica o la utilización po~tica de unas palabras con la realidad de los he&lt;:hos. Las palabras ~anan
de significado según cuando, como y por qmenes son pronunciad~.
Admitiendo que realmente la revolución liberal acabó con la propiedad feudal estamos cayendo en la propia trampa tendida por los liberales. No podemos olvidar el carácter intrínsecamente jurídico de_la
propiedad, antes y después de la revolución liberal. A:'guien es propi:·
tario de una finca porque tiene a su favor una l~~slación que le ~rmtte defender su propiedad. Por lo tanto, la defimción de una propie~ad
-si feudal, burguesa y/o capitalista- es siempre arbitraria. La meJ?r
prueba de ello: se tuvieron que presentar papeles antiguos -es decu,

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

211

pre-Ji~e~~~s- para justificar la "nueva" propiedad. En este sentido,
1~ defmicion de la propiedad que aparece en el proyecto de Código Ci-

v!l de 1851 es bastante.ciar~: '~L~ pr?piedad es el derecho de gozar y
disponer de una cosa sm mas hmitacmes que las que provienen de leyes Y.regl~mentos". Insistie~do en la creación de una nueva propiedad
los historiadores hemos olvidado a veces que quienes estaban redactando las leyes y los reglamentos, en 1851, eran "viejos" propietarios.
P~r todo ello, para analizar correctamente la problemática de la
"p~?pied~d de,!a tierra", pue~e ser útil substituir el concepto simple
de propiedad ~orla expresión "derechos de propiedad". Hay tres
argumentos esenciales para defender esta posición: 1) La utilización del
plural nos invita a explorar todas las formas posibles de obtención de
una renta ~e la tierra y permite afrontar con rigor el hecho de que sobre una mis~a finca hubiese distintas formas de extracción del producto de la tierra por parte de individuos no-trabajadores. 2) El concepto "derechos de propiedad" nos recuerda constantemente el caráct.er jurídico de la propiedad de la tierra, y ya hemos dicho que era muy
importante retener esta idea. 3) El estudio de la renta de la tierra satisfecha p~r el campe~ino-productor será también facilitado por la contemplación del c~~Junto de derechos de propiedad. Aunque los preceptores de los distmtos derechos de propiedad sobre una parcela fueran personajes distintos, la materialización de estos distintos derechos
de propiedad -diezmo, censos, rentas en especie, rentas en dineroeran, desde el punto de vista del campesino, sumandos de una misma
sum~. La explo!ación sufrida por el trabajo campesino tendremos que
medrrla a part1C de esta suma y no partir del carácter -feudal
capitalista- que atribuyamos a uno sólo de los sumandos.
'
Ha~ otro problema a tener en cuenta. La tradición historiográfica
ha considerado que las medidas liberales que más incidencia tuvieron
en la propiedad de la tierra fueron tres medidas que presentaban un
carácter claramente negativo: la desamortización, la desvinculación y
la abolición del régimen sefiorial. Así, la revolución liberal habría sido
ante todo un proceso de liberación de la propiedad. La nueva propiedad se caracterizaría por ser una propiedad libre de cargas. El hecho
es que en los últimos años los estudios realizados parecen incidir en
el ca_rácte~ relativamente poco revolucionario de estas medidas y en la
persistencia de formas de propiedad compartidas hasta mediados de
nuestro siglo.
Pero estos mismos estudios regionales, a veces monográficos sobre algunas de las medidas liberales, a veces de cáracter más general,

�212

Siglo XIX

permiten avanzar nuevas líneas de interpretación. El dinamismo y la
práctica de los "derechos de propiedad" había creado realidades bien
distintas en el conjunto del Estado español. Las medidas liberales actuaron, pues, sobre unas realidades distintas. Es evidente que las medidas liberales, uniformemente aplicadas en todo el territorio, no tuvieron las mismas repercusiones ni tampoco uniformaron los derechos de
propiedad. Sin embargo, tal vez la no-uniformización pueda ser considerada como el gran éxito de la revolución liberal. Desde el punto de
vista de los legisladores, tal vez fuera un éxito el hecho de haber podido conservar derechos de propiedad tan distintos, y así haber podido
contentar a las clases propietarias de todo el Estado. Así se explicaría
que el proceso liberal hubiese tendido a "crear" minifundios en las zo3
nas minifundistas y latifundios en las latifundistas •
Para valorar la eficacia de la revolución liberal es necesario hablar
más de las medidas afirmativas de la revolución liberal. Y, sin duda,
hay que hablar del resultado indiscutible de la revolución liberal: la
consagración de los derechos de propiedad conquistados. Con las leyes hipotecarias que garantizaban la defensa jurídica -no solo d~ las
"propiedades", sino también de las "cargas" anot_a~as en el !leg1stro
de la Propiedad-, con la creación de cuerpos pohc1ales destmados a
la defensa material de la propiedad, y con las leyes de liberalización
de contratos que permitían expulsar a los arrendatarios, la revolución
liberal se nos aparece como la culminación de un largo proceso histórico que había ido fortaleciendo a lo largo de los siglos -de maneras
distintas en las diferentes áreas del Estado español- la posición de los
propietarios y había ido debilitando la posición de los no-propietarios.
Resumiendo: para esclarecer hasta qué punto la revolución lib~ral
conllevó un concepto nuevo de propiedad, hay que llenar de contenido
histórico esta idea. Para ello, no nos sirve el discurso de los políticos
contemporáneos o, en todo caso, hay que acompañar el análisis ~e e~te discurso con un examen minucioso de las distintas realidades históncas. En este sentido, el estudio del campo catalán nos proporciona un
buen motivo de reflexión sobre el carácter ambiguo -y por lo tanto,
no absoluto- de la nueva propiedad. La revolución liberal no frenó
allli la concesión en enfiteusis de carácter perpetuo de millares de
fincas 4 ; para entender esta realidad, es ne~ar~o analizar la !~cha de
los propietarios catalanes -junto a los prop1etanos de otras regionespara frenar los distintos proyectos de redenciones de censos que, en
nombre de las teorías modernas sobre la propiedad, algunos legisladores intentaban llevar adelante. Vamos a dedicar las páginas que siguen
al estudio de este caso histórico. De acuerdo con las posiciones defen-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

213

didas, no vamos a discutir el carácter feudal o capitalista de la enfiteusis; v~mos a limitarnos a examinar y describir los derechos de propiedad Vigentes antes de la revolución liberal para ver cómo se vieron afectados por el conjunto de las medidas liberales.
LAS COMPL~JAS RELACIONES ENTRE LOS HOMBRES y LA
TIERRA: SENORES DIRECTOS, SEÑORES UTILES Y
TRABAJADORES DE LA TIERRA
La legislación feudal catalana permitía y regulaba el ejercicio de diferentes derechos de propiedad; algunos de ellos respondían al nombre
de dominios o señorías: dominio o señoría directo, dominio o señoría
mediano, y dominio o señoría útil. Aunque a veces algunos historiadores e investigadores lo hayan creído, el seiior útil de una tierra no
era en absoluto el trabajador -es decir, el que usaba- de la tierra.
En realidad, los dominios permitían el cobro de rentas del trabajo de
la finca, y respondían a distintas formas de rentas. Por el contrario,
no había ningún concepto de carácter jurídico que favoreciese la contemplación de los derechos de propiedad derivados del trabajo de la
tierra. Es decir, el simple examen de los títulos jurídicos del siglo XVIII
no revela las relaciones de clase, porque la mayoría de los trabajadores
de la tierra no poseía ningún título.
No obstante, si a los historiadores se nos pueden escapar muchos
datos, la mayoría de los habitantes de Cataluiia conocían la compleja
realidad. El trabajador más humilde no ignoraba que una parcela, por
minúscula que fuera, se hallaba con toda seguridad sujeta a un seiior
directo y a un señor útil. EJ señor útil podía arrendar, establecer -es
decir, ceder en enfiteusis perpetua-, o vender, el dominio útil de la
parcela; asimismo, el señor directo podía arrendar, ceder en enfiteusis, o vender, el dominio directo. Un cambio de titularidad en un dominio no implicaba ningún cambio similar en el otro; jurídica y prácticamente, se trataba de distintos derechos de propiedad.
Que fueran distintos no significaba que no pueder. ser comparados y que no se hallasen relacionados entre sí. La relación que se establecía entre el dominio directo y el dominio útil era en sus orígenes una
relación de subordinación. Aparte del diezmo, que muchas veces iba
asociado al dominio directo, el señor útil debía pagar determinados censos -casi siempre en especie- anuales. En las escrituras de cabrevación, los señores útiles figuraban como enfiteutas de sus seiiores directos, y se comprometían a pagar los laudemios -cuyo valor podía variar entre un lO y un 33% del valor global- cuando la finca fuera traspasada o cedida en subenfiteusis. Pero esta relación no significa que

�214

Siglo XIX

el sefior útil fuese explotado por el señor directo. En el siglo XVIII,
los censos debidos al señor directo eran en general de poca cuantía y,
a menudo, el pago de censos y diezmos, así como el de las ~ontribuciones, recaía sobre los trabajadores -arrendatarios o subenf1teutas- de
las tierras del señor útil.
En el siglo XVIII, la principal diferencia entre el dominio útil y
el dominio directo sobre una parcela se encontraba en el hecho de que
el propietario del dominio útil tenía el derecho de cobrar unas rentas
que, cuantitativa y cualitativamente, superaban en mucho a las rentas
que cobraba el sefior directo. Por el contrario, si en lugar de una parcela pequeña considerásemos un ámbito geográfico más extens? -el
de una parroquia, por ejemplo- muy a menudo no encontrar1amos
en la zona ningún señor útil cuyas rentas alcanzasen las sumas acumuladas por el más importante de sus señores directos.
Vamos a poner un ejemplo. Una de las rentas más apreciadas por
los señores directos era la renta decimal. Sería interesante seguir la historia de los diezmos catalanes para conocer la vía que permitía a muchos señores directos apropiarse de esta renta. En 1486, la Sentencia
Arbitral de Guadalupe reconocía ya el diezmo como una de las rentas
asociadas al dominio directo. El análisis de algunas contabilidades señoriales permite señalarla como la parte de la renta con mayor v~or
económico. Pues bien, un señor directo, aunque solo cobrase el diezmo tenía el control de la décima parte de la producción bruta de una
det;rminada área. Sin embargo, desde el punto de vista del trabajadorproductor de una parcela, la renta de la tierra percibida por_l~s se_ñ~res útiles era mucho más alta, ya que normalmente el sefior util exig1a
una tercera parte de la producción.
Existe otra diferencia esencial entre el dominio útil y el dominio
directo en nuestro período. El dominio directo casi se desentendía de
los procesos de producción. El dominio útil mantenía, vía contrato de
arrendamiento e incluso de subestablecimiento enfitéutico, un control
estricto sobre la forma de explotación de las tierras. Y sin duda esto
es importante. De algún modo, los derechos del dominio útil presentaban un carácter más "seguro" respecto de los seguros derechos de propiedad derivados del dominio directo, ya que podían intervenir decisiva y determinantemente en la producción y, sobre todo, porque eran
más fáciles de defender.
Hay un último hecho importante a considerar; ya hemos indicado
antes que la lucha de clases no se hallaba bien definida en los papeles

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

215

jurí~i~os. La i?ea de un enfrentami~nto entre sefiores directos y señores utiles podna llevarnos a errores importantes. Las posibilidades de
un mayor aprovechamiento de las rentas derivadas del dominio útil no
entraban necesariamente en contradicción con las posibilidades de las
rentas derivadas del dominio directo. Un ejemplo: los señores directos
podían tener interés en que sus sefiores útiles controlasen y aumentasen la producción de sus tierras porque ellos percibirían el diezmo de
los nuevos productos y verían incrementados los laudemios. Esto explicaría que en el siglo XVIII fuese atractiva la compra del derecho de
5
cobrar diezmos • Pero aún hay otro aspecto interesante. Casi todos
los sefiores directos eran también importantes señores útiles. El estudio de la evolución de algunos patrimonios nobiliarios o eclesiásticos
demuestra muchas veces que, ya durante la época moderna, la parte
de las rentas derivadas del dominio útil superaba la parte de las rentas
del dominio directo, es decir, para muchos historiadores, las rentas propiamente señoriales 6 •
LAS DIFICULTADES DEL DOMINIO DIRECTO EN VISPERAS
DE LA REVOLUCION LIBERAL
Como hemos señalado al principio, a menudo coincidían el señor directo y el señor decimador de un lugar. Durante todo el siglo XVIII
el crecimiento demográfico había significado un proceso importante
de roturación de tierras y extensión de los productos que sin duda beneficiaban a los decimadores. A veces, cuando se trataba de productos
nuevos, como podían ser el vino y el aceite, se pactaban cuotas inferiores a las del diezmo de los productos tradicionales, pero en todo caso
el decimador veía aumentar sus rentas 7•
La abolición del diezmo, en 1837, podía haber significado cambios importantes en la distribución de la renta de la tierra. Pero la resistencia al pago del diezmo había empezado mucho antes de la revolución liberal propiamente dicha. Así, algunos estudios sobre la evolución de la renta sefiorial -de la cual el diezmo constituye siempre una
parte importante- han puesto de relieve el inicio de una disminución
de estos ingresos bastante anterior a la revolución liberal. Es muy posible que la experiencia del Trienio liberal señalase el punto de inflexión definitivo. En todo caso, la legislación liberal permitió que los
decimadores laicos fueran indemnizados a partir de las rentas que habían cobrado durante los años 1827-1836. Comparando esta renta con
la de períodos anteriores se puede comprobar claramente cómo en el
momento de su abolición ya hacía tiempo que los diezmos habían empezado a mostrar su debilidad. Por ejemplo, en 1791, el Marqués del
Castillo de Torrente y el Duque de Medinaceli habían cobrado respec-

�216

Siglo XIX

tivamente, en concepto de diezmo, 4 290 y 7 581 libras. ~a r:nta que
declararon haber percibido entre 1827 y 1836 era mucho mas baJa: 1 173
y 3 618 libras 8•
Madoz manifestaba su desconfianza hacia los datos decimales del
siglo XIX con estas reflexiones:
... desde el momento que el pueblo se persua~ió ~?e no era de derecho divino la prestación decimal, y que la obhgac1_on de~ Estado consistía en atender por uno ú otro medio á la subs1stenc1a del culto Y
clero español, la institución de que estamos habla~d? era _al ent_r~r
España en la época de las reformas la que más prox1ma d1soluc1on
amenazaba.
· d J d.
?
¿Se pagaba en Ja época á que nos referi~os con _e~acutu e. 1ezmo_.
No· mil veces no; llámese despreocupación; cahf1quese de mmoral~dad; considérese esceso de egoísmo, es un he~ho, que se pa~a, particularmente desde la segunda época constitucional de 1820 a 1823 la
· de d.1ezmos 9 •
menor cantidad posible por razon

El estudio de las rentes percibidas por las "~ap~llanías unidas a la Catedral" de Gerona -consistentes mayontan~ment~ en censos en
especie- parece reflejar también una fuerte_ res1stenc1~ al p~go de los
censos derivados del dominio directo a part1r de !os anos vemte. ~na
evolución parecida caracterizó el pago de las pensiones de los censa es.
Las fuentes no permiten seguir de cerca este movimiento de !esistencia pero las reflexiones de Josep Fontana d~ Jaume Tor_ras 1 '. entre ot;os, relacionándolo con la presión tributana, pon_en el enfas1\:~
las dificultades crecientes de los productores para satisfacer. a la . .
diezmos, censos y contribuciones. Posiblemente ~adoz ~e?1a razon.
J ueblo había sabido que el diezmo no era de ongen d1vm?, Y que
~s ~asible que un sentimiento anticlerical influyese en la ne~at1~a a p~gar el diezmo. Pero difícilmente podemos interpretar la d1smm~f1on
de la renta-diezmo como una liberación de la clase productora .
Tampoco puede ser ésta la interpretación de su definitiv~ ~~ol!ción. En efecto, la clase dominante reaccionó, pot~~te, ante la m1c1a~va emprendida por Ja clase dominada. Esta reacc1on la podemos ? servar en el mismo proceso de revolución liberal -:-que _procurara la
· demnización de los diezmos-y en su reforma tnbutana, pero tam~én en la rapidez con que algunos propietarios de nuestras comarcas
se apresuraron a añadir una nueva cláusula en sus con_tratos d~ apar~ria durante la década de 1830: "Si el diezmo es abolido, sera paga 0
•
• "12
al prop1etar10
.

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

217

¿Cómo se vieron afectados los dominios directos por la revolución
liberal? Evidentemente,
los dominios directos eclesiásticos, seguramente
13
mayoritarios , fueron desamortizados, y el Estado permitió la redención de estos censos
en unas condiciones bastante favorables para el
14
propietario útil • Sin embargo, los dominios directos laicos conocieron desigual fortuna. Muchos particulares, y a veces pueblos enteros,
se negaron a continuar pagando los censos debidos a algunos señores
directos porque entendían que eran equiparables a los derechos jurisdiccionales y, por lo tanto, abolidos por el decreto de 1837 que disponía la abolición del régimen señorial. Así se iniciaron muchos pleitos.
Los desenlaces que conocemos de estos pleitos no significaron nunca
la abolición de los censos.
Véamos algunos casos concretos. En 1858, el Barón de Esponellá
perdonó a los vecinos de dos parroquias los censos de los 13 años anteriores pero consiguió que se le reconocieran sus derechos y continuó
cobrando sus censos a partir de aquel año. En el convenio firmado,
el Barón se proclamaba "señor alodial y campal" de cuatro pueblos.
Conocemos también el caso de los vecinos de Púbol. Después de 9 años
de resistencia, en 1851 firmaron una concordia en la cual se declararon
convencidos plenamente de que efectivamente el referido Señor Barón D. Felipe Ignacio de Miguel se halla ser Dueño directo alodial
i campal de las tierras sitas en este termino de Pubol por un concepto
enteramente distinto del Señorío jurisdiccional, como clara i distintamente se desprende del título primordial del expresado Dominio directo concedido en la carta de donación hecha por Ramón Barenguer...
a Analdo de Llers... á veinte y seis agosto del año de gracia de mil
ciento cuarenta .. .

En la concordia, el Barón renunciaba a los laudemios debidos hasta
aquel día, pero exigía a partir de entonces un laudemio del 6%, aunque si el Barón descubría algún intento de fraude el delincuente habría
de pagar el 16%. Todos los censos se pagarían como había quedado
establecido antiguamente, si bien el Barón perdonaba los censos debidos hasta el momento. El Marqués de Benavent no había tenido tanta
suerte en sus negociaciones. En el convenio firmado el 20 de enero de
1846 con tres importantes hacendados que representaban a muchos particulares de los pueblos de Palausator, Fontclara, Sant Feliu de Boada, Sant Julia de Boada y Pantaleu, se diferenciaba entre dos tipos de
censos: los censos de contratos particulares y los censos que figuraban
en las cabrevaciones. Los primeros no sufrían ninguna modificación,
pero los segundos quedaban reducidos a una tercera parte. Tal vez si
el Marqués de Benavent hubiese insistido tanto como el Barón de Púbol en sus reivindicaciones hubiese conseguido más15 •

�218

Siglo XIX

rón de Púbol en sus reivindicaciones hubiese conseguido más15 •
Estas historias, mucho menos espectaculares que las disputas en
torno a los señoríos del Sur de España y seguramente por ello mucho
más olvidadas, sirven para ilustrar que no todo estaba tan claro como
algunos pretendían y que la confusión entre señoría jurisdiccional y
señoría dírecta era bastante frecuente, de manera que muchos catalanes, que pensaron en 1837 que habían sido abolidos los censos y laudemios, debieron sentirse burlados más adelante, cuando legisladores y
tribunales declaraban que aquellos censos tenían que continuar siendo
pagados porque "resultaba" que no eran de origen feudal.

LA PRACTICA DE LA PROPIEDAD: DINAMISMO,
CONCENTRACION Y DESDOBLAMIENTO DEL DOMINIO UTIL
Ya en el siglo XVII, y posiblemente desde hacía tiempo, en los documentos notariales aparecía con frecuencia la expresión "señor útil y
propietario". Así eran apostrofados los personajes que tenían el derecho legal de arrendar tierras o concederlas en enfiteusis, siempre que
salvasen el dominio directo para quien correspondiese. Esto quería decir que el señor dírecto sólo podía vender, arrendar o conceder en enfiteusis el dominio dírecto de las tierras y, en cambio, el señor útil era
quien arrendaba, vendía o concedía en enfiteusis "la tierra" ¿Cómo
se había llegado a esta situación?
Sin duda este es uno de los procesos claves de la historia de Cataluña. Interesa muchísimo esclarecer cómo se ha constituido la propiedad moderna, y saber cómo este proceso ha condicionado las formas
de obtención de renta de la tierra y las formas de explotación agraria.
Ya a finales del siglo XVIII, en Cataluña había unos señores útiles importantes, cada uno de los cuales tenía el dominio útil sobre un número considerable de masos -el mas era la unidad de explotación familiar típica de Cataluña-, que a veces se hallaban bastante alejados unos
de otros. La concentración, en una sola mano, de frutos provenientes
de tierras muy separadas entre sí era muy característico de nuestra zona: fruto de determinadas estructuras de la propiedad, de determinadas formas de explotación de la tierra y de un juego de herencias y políticas matrimoniales muy concreto. Esta dispersión geográfica, unida
al hecho de que se tratase de una propiedad basada en la suma de explotaciones familiares, ha servido para esconder, en parte, el peso de
la gran propiedad en Cataluña16 •
Sería conveniente, pues, que la investigación histórica aportase nuevos datos sobre este proceso de concentración del dominio útil. El tér-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

219

mino de "diferenci~ción c~pesina" podría servir para su estudio, pero
s~gur~me?te no sena el mas adecuado para su interpretación. En camb1?,. s1 &lt;:s. importante reconocer en el proceso de concentración del domm10 utd un proceso de disociación entre el trabajo y la propiedad
Y? por lo tant_o, u_n proceso histórico que conlleva una polarización social: la polanza~1ón entre "propietarios" y cultivadores entre hacendados Y campesinos, en definitiva, entre una parte de la' clase rentista
Y una parte de la clase trabajadora.
. Unicamente el estudio riguroso de este proceso nos podría proporc10nar l?s dat~s necesarios para establecer los orígenes del sistema de
aparcena. El sistema de aparcería imperante en esta región -y que ha
durado hasta hace muy poco-= consistía en el arriendo por un período
corto ~generalmente cmco anos- de la casa y las tierras de un mas
a caJ?~lo de_la tercera parte de la producción. Los instrumentos de producc10~, as1 como el ganado, eran propiedad del aparcero. Todos los
gastos iban a cargo de este último, quien pagaba además el diezmo
los censos y I_as contribuciones. En el siglo XVIII la mayoría de los ma~
sos eran cul~1vados en estas condiciones. Cabe suponer que el desarrollo de este s1st~~a de aparcería fue un fenómeno paralelo al proceso
de concentrac1on de heredades en unas mismas manos.
Pero para el _estudio de este proceso hay un nuevo factor a tener
en cuen_ta: e~ el siglo XVIII el ejercicio del dominio útil también basab~ s~ ~mam1~mo Y su continuidad en la cesión aparente de este domirno u~d, mediante la subenfiteusis. Más de 30 000 contratos de subenfiteus1s se firmaron en la región de Gerona durante el período 1768-1862
Se tr~taba de e~tensiones de tierras muy pequeñas, y muchas veces per~
tenec1an a las tierras yermas y boscosas de las heredades. En más del
80% de los cas~s _se t~ataba de subenfiteusis. En estos contratos se reservab~ el domiruo dtrecto para un señor distinto del señor útil, que
era qmen cobraba una entrada y quien adquiría el derecho a percibir
~n ;enso anual. Estos censos no eran simbólicos; muy a menudo consistian en_una tercer~ parte de la producción bruta. La mayoría de las
veces, qmenes acced1an así a una pequeña porción de tierra eran jornaleros que se empleaban temporalmente en los masos.
, ~Cuál es el resultado jurídico de la práctica de la subenfiteusis?
Teor:icamente, el desdoblamiento y la desagregación del dominio útil
¿Cuál fue el resultado práctico en el campo gerundense? Un aumento
notable de las rentas de las tierras establecidas y la estabilidad de una
mano de obra rural necesaria: en definitiva, un refuerzo importante
de los derechos de propiedad derivados del dominio útil.

�220

Siglo XIX

LOS DERECHOS DE LOS NO PROPIETARIOS
Hay otra investigación pendiente en la historia agraria de la_ ~ataluña
moderna. Tan desconocido como el proceso de co~cen~rac_1?n Y d~sdoblamiento del dominio útil lo es el proceso d~ pnvat!za~1~n de tierras. Ambos procesos son largos -a menudo deb1~ron ~omc1d1r en unas
mismas iniciativas- y culminaron con las medidas liberales.
El proceso de privatización de tierras ha sido poco es~udiado en
Cataluña. A fines del siglo XVlll, los bienes comunales teman ya muy
poca importancia y los datos que tenemos sobre el alcancf de la des~7
mortización civil de 1855 parecen corrobora~ este hec~o : _Pero_ aun
no tenemos buenas investigaciones sobre el triunfo del md1v1duahsm?
a rario catalán. En el documento que quiero ahora comentar, he cre1d~ ver un testimonio del miedo de los hacend_ados ger~ndenses ante
un posible cambio en el orden jurídico que pudiese cuestionar un anterior proceso de privatización de tierras.
Se trata de un documento notarial de 1842, que aludía a la Aso_ciación de 17 hacendados de los pueblos de Llagost~ra, Santa Secuhna,
Caulés y Vidreres18 • Creo que no es exagerado afumar que estos hacendados tenian miedo del nuevo marco liberal ~• sobre todo, de la~
posibilidades del nuevo marco_liberal. Veamos el nucleo del documento.
Que para la mutua defensa de sus respectivas propiedades contra_cualesquiera corporaciones ó Personas que pretendiese~ se~ aquellas bienes
comunales han venido en formar la presente asoc1ac1ón a fin de poder defenderlas, por lo que han convenido en firmar la presente mediante los apartados siguientes:
Primero: si alguno de los expresados señores fuese m?lestado ~r cualesquiera corporación ó particulares en sus respectJvas propiedades
sobre pretender que aquellas fuesen bienes comunales Y que por s~
defensa tuviesen que seguir y sostener algún Pleyto ó causa se obligan recíprocamente...
.
• d Ll
Otro si: si el actual Alcalde ó Regidor Decano de ~1cba v1ll~ e_ ;gostera se hallasen molestados por iguales pret~ns1o~es arnba 10 _ •
cadas, 6 bien se resistiesen á dictar algunas prov1denc~as a~rca el 10•
dicado objeto y que para ello tuviesen que sostener algun pleito._.. prometen igualmente satisfacer los gastos que se les ocasionara
proporcionalmente...

El texto resulta bastante interesante por tres motivos prin~ipal~s. En
primer lugar, porque representaba una respuesta a las medidas liberales, pero una respuesta de un tipo diferente a _la~ ~ue estarnos acostumbrados a analizar los historiadores. Estos d1ec1S1ete hacendados que-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

221

rían defender sus tierras y tenían miedo de que alguien reclamase sus
orígenes comunales. Este miedo, esta precaución, ¿en qué se basaba?
Quizás en el pueblo corrían rumores de que las tierras eran de todos,
de que habían sido injustamente apropiadas. Quizás los hacendados
sabían que no podían justificar su propiedad privada.
En segundo lugar, nos interesa el texto porque, a diferencia de las
asociaciones que se habían hecho en algunos pueblos para firmar convenios con los señores directos, ésta era claramente una asociación de
clase. Todos los firmantes se declaraban hacendados y afirmaban estar dispuestos a defender sus intereses, los intereses de una minoría,
en contra de los intereses comunales, los intereses de la mayoría. A continuación, los asociados invitaban a los hacendados de la región a
imitarlos.
En tercer y último lugar, el texto revela el poder de la clase de los
hacendados y la debilidad consiguiente de las instituciones políticas recientemente creadas. Que los diecisiete propietarios estuviesen decididos
a costear los gastos del Municipio en la defensa de sus derechos privados y enfrente de los derechos de la comunidad, y que lo expusiesen
con tanta naturalidad en un documento escrito, es una prueba de los
estrechos lazos existentes entre el poder político y el poder económico
en la recién instaurada sociedad liberal.
El estudio del proceso de privatización de tierras requiere, además,
el conocimiento de los derechos de no-propiedad. Como hemos dicho
en la introducción, aunque abundan los estudios sobre las medidas liberales relativas a la propiedad de la tierra, seguramente no se ha insistido bastante en el carácter unilateral que estas medidas presentaban.
En cambio, es evidente que en tanto que aquellas medidas significaron
la defensa de los derechos de una minoría -los derechos de propiedadsignificaron también la negación de los derechos de la mayoría.
En un escrito que los propietarios catalanes dirigieron a la Reina
en 1846 se puede percibir de una forma clara este problema. Los propietarios reclamaban la creación de una Guardia Rural para la protección del "sagrado derecho de la propiedad" y proponían un Reglamento del nuevo cuerpo 19• El texto que acompañaba la propuesta es
revelador y clarividente. Leamos con atención este párrafo:
Cree también indispensable la Comisión exponente que la autoridad
de los Alcaldes esté revestida de cierto poder discrecional acompaña-

�222

Siglo XIX

do de una estricta responsabilidad(...) aun cuando la propiedad particular deba considerarse inviolable en todos conceptos, no puede tampoco desconocerse que existen inveteradas costumbres, con las cuales sin mengua de los justos intereses del propietario y del labrador,
en~uentra muchas veces grande alivio la miseria. En efecto, Señora,
productos espontáneos arroja nuestro rico suelo, como son las se~,
los espárragos y las yerbas aromáticas, que, mirados con despr~io
por el dueño de la tierra que los produce,_son buscados y reco~dos
con afán por manos necesitadas. Lo propio acontece con las espigas
que después de levantadas las cosechas, quedan entre el rastrojo abandon~das, las cuales sin sacrificio ni siquiera moral del labrador, constituyen, desde los tiempos patriarcales, cierto caritativo tributo, que
consuela el infortunio de muchas familias, y les ayuda á sostener su
penosa existencia. A más de estas filantrópicas consideraciones, es
fuerza no perder de vista que con las indicadas costum~res cuen~
muchas personas indigentes, y que al paso ~ue fuera ~nesgado Y~fícil desarraigarlas bruscamente, fuera nocivo autonzarlas con disposiciones reglamentarias, pues, en tal caso, muchos mirarían como
un derecho adquirido é incuestionable, lo que es tan solo un beneficio filatropicamente dispensado, y llevarían tal vez aquel derecho hasta
un perniciosísimo abuso.
En este documento, los propietarios de 1846 nos hablan de '.'inveteradas costumbres" que "alivian la miseria", de manos necesitadas que
recogen con afán setas, espárragos y hierbas aromáticas que ellos desprecian. Los propietarios de los ~mpos de t~igo confi~an sabe~ que
las espigas consuelan, desde los tiempos pat.n arcales, el mfortuO:~ de
muchas familias y que muchas personas practicaban en 1846, estas costumbres" . Por ello, apelan al poder discrecional de los al~d~ para
que en determinados momentos no sean rigurosos en la aplicac1on del
reglamento que ellos mismos proponen. El artículo 40 de este reglamento condenaba a "toda persona, sea cual fuera su edad ó sexo, que
penetrase á pié en propiedad agena" a pagar 4 reales de multa si era
de día y 8 reales si era de noche.
Unos años antes, en un periódico renano, el joven filósofo Marx
había reflexionado -en ocasión de los debates de la Dieta Renanasobre los castigos que se infrigían a los "ladrones" de le~a. ~arx expresaba abiertamente su desconcierto ante un nu~vo mar':°.JID:dico que,
en nombre de la ley natural, convertía los antiguos privilegios de l~s
propietarios en leyes y las antiguas "C&lt;:'st~bres" de los pobr~ ~n "_atnbutos caritativos" de las clases prop1etanas. Observador pnvilegiado
de la constitución de los estados modernos, Marx definía el carácter
de las nuevas leyes con una palabra: unilateralidad20•

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

223

LA REVOLUCION LIBERAL Y LA DEFENSA UNILATERAL
DE LA PROPIEDAD
Algunos e~emplos pueden ilustrar el carácter unilateral de la defensa
de la prop1e~ad. El 31 de agosto de 1817, el conde de Perelada firmó
una concordia co~ los vecinos del pueblo de Cantallops por Ja cual éstos se compromet1an a no cortar más árboles sin el permiso del Mayor?º'!1? del Conde. En 1821, el marqués de Aguilar se había enfrentado
Jundicamente con los vecinos del pueblo de Viladamat que iban a "hacer
leiía a la ~ontaña". En una fecha tan tardía como la del 15 de abril
d_e, 1844, cmcuenta Y dos vecinos de Ma~anet de Cabrenys, "en atenc10n a ~ue vierte causa criminal contra ellos por haberse introducido
a trab~Jar e~ la montaiía propia del Comun de Massanet... en cuya
operación m han hecho ni han (querido) hacer daiío a nadie y si hacer
u~o del derecho ,~ue c~IT!º vecinos de Massanet les corresponde sobre
dicha 2 ~ontafia dec1d1eron hacer causa común y repartirse los
gastos : En todos estos casos, la defensa material de unos derechos
de propiedad ~art!c~ares significaba un ataque frontal a otros derec~os de otros md1v1duos que concebían la propiedad de una forma
diferente.
El problema de la "contravención" de los derechos de propiedad
no e~a un_ problema exclusivo de las zonas de bosque y montaiía. Los
prop1etanos de los masos de las llanuras recurrían a los bandos para
hacer frente a los " robos" de sus heredades. Estos bandos, que aparec~n a lo largo del período estudiado, eran solicitados por los propietar!os para que se pregonasen públicamente los castigos que se infriginan a las personas que se atreviesen a "invadir" sus propiedades.
. Así, An~oni :uig i Padrola, hacendado residente en el pueblo de
V~aur, prop~etar10 de once heredades situadas en un amplio radio geografico, explicaba en un memorial dirigido al Rey, el 30 de noviembre
de 1787, que muchos vecinos de la zona no dudaban en "introducirse
con ganado, pacer sus hierbas, tomar frutas, cortar los árboles, llevándose la lenya, malvaratando Agualexos, cortando tambien matorrales, P,asan~o por las mismas á° pié y á cavallo, y haziendo caminos
nuevos . Qumce días después, se publicaba el bando que prohibía a
todo el mundo "cortar y hurtar Arboles, olivos y sus renuevos y leña
de los Bosques, hurta_r estiercol, bellotas, frutas, trigos, legumbres asi
e? grano ~~mo en paJ~; desviar, hurtar o usurpar sus aguas, arrancar
~•edras:.. Las penas tmpuestas eran altas: tres libras si era de día, seis
libras s1 era de noche22 •

�224

Siglo XIX

Los masas de Puig i Padrola se encontraban demasiado dispersos
para que una sola persona pudiese vigilarlos. Este mismo problen:ia llevó, en 1804, a un grupo de veinte propietarios a formar un sindicato:
Su objetivo era la protección para 72 masas. El grupo era bastante desigual: cinco propietarios concentraban la propiedad de 55 heredades.
En 1846, en el escrito antes citado dirigido a la Reina por la Comisión
Directiva de la Asociación de Propietarios de Barcelona, se afirmaba
que en Cataluña "es muy reducido el número de propietarios que por
su sola cuenta mantienen Guarda-tierras, y es más frecuente que sean
estos costeados por varios hacendados unidos al efecto" 23 • Este escrito, recordémoslo, acompañaba un proyecto de reglamento de la guardia rural.
El paso del bando particular al cuerpo público d~ la guardia ~ural
nos puede servir para ejemplificar el paso de una sociedad de antiguo
régimen a una sociedad liberal. En el manifiesto que presentaron a la
Reina los propietarios catalanes en 1846, exponían tres argumentos sobre las insuficiencias de la práctica de los guardias rurales particulares:
1) resultaba excesivamente caro mantener una guardia ~ural part~cular; 2) el pueblo veía el guardia particular como el guardia que apli~aba una ley particular y este hecho convertía a los hacendados en odiosos; 3) era peligroso mantener hombres armados, que_ en cualquier momento podían ocasionar serios disgustos; era necesano que se hallasen
sometidos a la autoridad pública.
En 1842 el joven Marx, analizando las discusiones que tenían lugar en la dieta renana, se escandalizaba por la adecuación del Es~ado
a los intereses de la minoría que representaba el sector de los propietarios: "Ya que la propiedad privada no tiene medios para elevarse a la
perspectiva del estado, el estado tiene el derecho de rebajarse a los medios de la propiedad privada, contrarios a la razón y al derecho'~ Marx
apuntaba con ironía la utilización liberal del concepto "libertad":
La voluntad del propietario forestal reclama la libertad de poder
tratar el contraventor según su comodidad y de la manera que le resulte más conveniente y menos costosa ... ¿Y no es inaudito que en
el siglo XIX se limite "de esta manera y tanto" la voluntad libre de
aquellas personas privadas que hacen las leyes públicas?

El sentido agudo y crítico de Marx culmina con su exposición de la
"lógica del egoísmo":
Esta lógica, que transforma los servidores del propietario forestal
en autoridad del estado, transforma las autoridades del estado en servidores del propietario forestal. .. todos los órganos del estado se trans-

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

225

form_an e~ orejas, ojos, brazos y piernas con las cuales el interés del
propietario escucha, espía, valora, protege, atrapa y corre 24•

Estos _Y otros párrafos de Marx inspiraron a Pierre Vilar unas sólidas
refleXIones ~obre los lazos entre la historia del derecho y la historia total. Para Vtlar, Marx consigue examinar la "totalidad de las relaciones entre el hombre desprovisto de bienes, el propietario y finalmente
el Estado"~ propósito "de un derecho reciente, de una legislación que
está elaborandose"25•
. ~s hace~dados catalanes celebraron con gran alegría, y como una
v1ctona propia, la real Orden del 8 de noviembre de 1849 que aprobaba el "Reglamento para los guardias municipales y particulares del campo ~e to~~s los pueblos del Reino" 26• La actuación de los guardias resulto ~acili~a_da cuando, a partir de 1858, junto a los extractos de la
Guardia C1~tl ~ de las "~rovidencias judiciales" -que proporcionan
una su~tanc1:!1 mformac10n sobre la frecuencia de "atentados contra
l~ p~op1edad - comenzaron a publicarse en los boletines oficiales provmc1ales muchos anuncios como éste:
~uncia: Desde esta fecha quedan vedadas y acotadas las tierras cul~1vas, yerm'!8 Y boscosas d~l manso Gifra, sito en el pueblo de Madina, de propiedad del suscnto; por tanto queda prohibida la entrada
para cazar, leñar, apacentar ganados ni recoger desperdicios de ninguna clase, sin expreso !':rmiso ~e su dueño; quedando el colono y
demás personas del sernc10 del llllsmo autorizados para vigilar y hacer que se cumpla esta veda, y los agresores sugetos a las penas que
marca el código penal vigente. Gerona, 13 de Agosto de 1861. Jaime
Casellas.

A veces, como en la época de los bandos, se ponían de acuerdo unos
cuantos propietarios para declarar acotados y vedados los masas de
su propiedad: "Los abajo firmados propietarios y administradores de
las heredades radicadas todas en el partido judicial de Gerona sitas
en los pueblos que á continuación se expresa, declaran vedados; acotados los masos de su propiedad ... "
Y queda una pregunta pendiente: ¿cómo vivieron los nohacendados este acotamiento? Los menestrales que antes llevaban a las
heredad~ s~s _ganados a pacer, y los colonos que las tenían que vigil~r, ¿q~,e opuuón les merecían los mecanismos de "defensa de la propiedad de los hacendados?
LA PERSISTENCIA DE LOS CENSOS ENFITEUTICOS
Si los legisladores españoles hubiesen sido fieles a las teorías liberales

�226

Siglo XIX
Congosc: Revolución liberal y propiedad en Caca/uña

de la propiedad en las que parecían inspirarse, hubiesen dic~do s~
contemplaciones una ley de redención de los censos ~ue habna tenmnado con la ambigüedad de las propiedades comparudas. El ~roy~t?
de redención de censos estuvo presente en el proyecto de! Código Civil
de 1851; en realidad, esta presencia fue uno de los motivos de que el
Código Civil no prosperase.
Tal vez no ha sido suficientemente ponderada 1~ in~p~cidad de
los políticos liberales españoles para est~blecer un ~ódigo civil; segur~mente esta incapacidad era el fiel refleJo de las d1~cultades del nac!miento de un Estado moderno capaz de aunar los mtereses de los diversos sectores sociales dominantes. En este caso, la !ucha de los propietarios catalanes
para impedir el proyecto de redención de censos fue
del todo exitosa21 •
El párrafo que sigue servía de carta de pr~sentación al esc~ito que
la Asociación de Propietarios de Barcelona hizo llegar a la Rema con
motivo del Proyecto del Código Civil:
Es sin duda el contrato enfitéutico, tan universalmente generalizado
entre nosotros, lo que ha elevado millares de familias cataJanas, á la
clase de propietarias, lo que ha facilitado á la mayor parte de nuestros hacendados la adquisición de sus ricas heredades, lo_que ha dado á todos nuestros menestrales la viña, el campo y el olivar en que
encuentran el sustento, lo que ha descuajado nuestras U~adas Y
nuestros valles, lo que ha hecho que la vid y el olivo sub~tltuyesen
las plantas silvestres en las altas cumbres, lo que ha ocas1o~ado se
estableciesen pueblos donde antes solo se encontrab~ guaridas de
fieras, lo que en fin ha convertido en panes nuestras p1edr'.'5, facultad prodigiosa
que es sin embargo el emblema del Jornalero
catalán28•

En realidad la idea central que inspiraba todos los escritos que surgían en Cat~uña en defensa de los censos enfitéu!icos er~ siempre la
misma: su éxito y eficacia radicaban en la conversión del Jornalero en
propietario. Así, en el escrito enviado a la Reina se puede leer:
A los enfiteusis, ó Establecimientos, segun se !es llama vulgarment~
en este país, es debida la prosperidad que el lllls_m~ goza ¿Y por que
no sucede otro tanto, se dirá, en las demás provmc1as en que es también conocido este contrato? Por una razón muy obvia; porque 1~
condiciones del mismo son diferentes, y al paso que en Cataluña estimulan al proletario á adquirir, en Castilla le retraen de hacerse
propietario29•

227

En este documento, la enfiteusis es defendida ardientemente como un
tipo de propiedad de la tierra perfectamente válido y funcional en la
sociedad contemporánea. Los propietarios catalanes comparan "el progreso y desarrollo de la general riqueza" en Castilla y Cataluña y no
dudan de la bondad de la legislación catalana, que es "la que llena más
las necesidades morales y económicas del pueblo". Y advierten a la
Reina que en el sistema de la enfiteusis catalana se encuentra "lo bueno, lo útil, lo que ha hecho rico al pobre, y al jornalero propietario,
lo que ha repartido el territorio y generalizado la riqueza, sin usurpaciones comunistas, sin revoluciones ni trastornos". En definitiva, era
el sistema "mas ventajoso, mas económico, mas liberal".
La asociación entre el proceso de conversión del proletario en propietario y el desarrollo económico exitoso de Cataluña radicaba en la
fuerza de la propiedad. La propiedad, que "satisface el sentimiento
de una justa y bien entendida dignidad", explicaba la capacidad del
trabajador catalán:
Véanse si no los ásperos é ingratos terrenos donde se arraiga y crece
ufana la vid, y de donde se obtiene la mayor calidad de nuestros vinos; examínense sus accidentes, los desmontes, las calzadas, y demás
obras que ha debido emplear el cultivador para hacer la tierra laborable; calcúlese el coste de aquellas, practicadas por manos mercenarias, y diga cualquiera si cabía en lo posible que el dueño emprendiese directamente la explotación sin caminar también directamente á su ruina; dígasenos asimismo si era dable obtener de un colono ó aparcero por limitado arrendamiento la consagración de un
trabajo inmenso al cual solo puede hallar estímulo quien le aplica en
tierra propia y le emplea para sí y para sus hijos; pruébese poner en
venta esos terrenos en su estado natural, y de seguro que no llamarán
los capitales30•

La propiedad era el único aliciente que había hecho posible un trabajo
tan duro:
A nadie puede ocultarse que la propiedad es el más fuerte vínculo
que une el hombre al suelo, que engendra el amor del ciudadano á
su patria, que despierta viva la laboriosidad del padre de familia, que
engendra en su conducta los hábitos de economía y el afán de mejorar la posición; que aguza su ingenio y eleva su inteligencia, y que
le posee en fin de aquellos sentimientos de propia dignidad con los
cuaJes se establece y se practica la moral; así es que todos los pensadores políticos, y los legisladores todos escogitan y procuran los medios propios para aumentar la clase propietaria en las sociedades, sin
menoscabo de los derechos ad2uiridos, y sin herir los sagrados principios de lo recto, de lo justo 1•

�228

Sigla XIX

Cangas/: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

b' "do desarrollando y asumiendo e~ la

La idea no_ era nue~a. S~t;lr~I ·urista Tos, en 1784, había insistI?o
fiteu!is que hacía que el jornalero se smsegunda !111tad d~I _s1gldo 1

en el caracter mag1co e a en •
tiese hacendado:

rción de terreno establecida, la
Constituido.un enfit~uta c_on una~ reputa no un Jornalero, como
mira co~o a un Patr~m~mo;~~Y~a sentimientos de un Padre de Fa~t~s, smo un Hac;?O: o~ idea consiste en hacerla floreciente y frucm1has a~udalado.
as
más a roposito para Granos, qual
tífera. A indagar qua! Part~sera Emp!nde la labranza, por lo que
para Viñas, Olivos, ó ~tro ruto. . d las utilidades, que experisu posibilidad le permite. ~ pr?po~~•;ño; Directo percibe mas Cenmenta, se adelanta enbllas emca_s~nde el aumento de los frutosn.
sos, y á todo el Pue o trans •

en su viaje a Cataluña, tamy el agrónomo Arthur Young, en .1787'
ue la ropiedad de la tiebién había destacado el ~arácte~esgn:.~~~~ ~'No h~y ningún estímulo
rra ejercía sobre los ha~~tantes etrizo ~e tierra en un país donde no
comparable a _la poses10~ de ~~ la tierra es aquí el único apoyo auténf T ..11
hay otros medios de su bs1stenc1a,
tico de un hombre que quiera ser cabeza de arru ia .

.. .
R •
n 1852 los propietarios ca' 'deas sobre la proEn el largo escrito dmg1do a 1a ema e
.
es ante las nuevas 1
talanes mamfestaban sus temor
tas ideas conllevaban.
piedad Y los proyectos de reforma que es
.
, a Isabel II que "no basta para acerCon gran cuidado, advert1an á fondo Y discernir con exactitud
tar en ellas (las refonn~) _conocer sario más es indispensable prever
en la esfera de las _teo~1as, es nC:ismas" Para los propietarios catalos efectos de la aphcac1ón ~e l~s
to d¡ los derechos de propiedad
sagrados si se crearon bajo la
lanes, era del to~o necesar1~ e
existen!es: "Los mter~ses exis~~~uidos: legítimos en su origen, son e~
garant1a de lo~ ~er~ os c~?5 ~e estos intereses sagrados habían nac1su consecuencia m~1olables... h onstituido en fin nuestra actual sodo fortunas Yrelaciones, Y se da c hos sagrados la sociedad "se sociedad". Si se v~l~erasen estos ~:ialo vería la ~ación entera consucavaría en sus cásnment~s ysc~c:i:ía que los producidos por las épocas
marse actos m agres1 vo
de revolución".

r::~on

.
.
er un aviso a la Reina sobre
El último párrafo del escn~? quiere s ecto de redención de censos
el peligro de una nueva, r~voluc1~n, El ~~~l porvenir". Su aplicación
"trae consigo un.grav!simo pelhgro ~edad y la propiedad no podría
significaba una v10lac1ón de a prop1
'

229

continuar siendo defendida por aquellos que la habían violado: "Principios hay que son dogmáticos en el órden civil, que como tales no admiten modificaciones: ó se les sostiene en toda su integridad, ó se enerva la fuerza moral que ha de guarecer las instituciones contra el torrente invasor de las ideas socialistas".
Los esfuerzos de los propietarios catalanes para que el proyecto
de redención de censos no prosperase se repitieron en los años 80, con
la preparación del nuevo proyecto del Código Civil, que volvía a incluir una ley con aquel contenido. En esta ocasión, el Instituto Agrícola Catalán de San Isidro se enfrentaba a una Comisión que decía que
la ley de redención de censos tenía por fin: "asociar el capital y el trabajo, organizar la propiedad en el sentido de las ideas políticas y económicas de las escuelas modernas, de emancipar socialmente una clase
ya emancipada políticamente, y de romper las cadenas de una colonía
agrícola de más de cien mil cultivadores".
Los propietarios catalanes se escandalizan de este lenguaje: "cual
si existieran aun en España los antiguos siervos de la Gleva' '. En cuanto a organizar las ideas políticas y económicas de las escuelas modernas, nadie más que ellos parecían entender en aquellos tiempos el carácter exclusivo y absoluto de la propiedad moderna:
. .. se ha introducido la heregía legal de la di visión de dominios, cuando el derecho de propiedad ha continuado siendo exclusivo, es decir,
que no es posible suponer que dos personas tengan derecho absoluto
sobre una misma cosa ni que este pueda dividirse.
Es hora de proclamar muy alto que el enfiteuta no es dueño sino solo
poseedor de la cosa para mejorarla y explotarla y que para mejor defender los productos de su trabajo, el derecho le concedió una acción
in rem, de la misma suerte que la ley hipotecaria la ha dado recientemente el que arrienda una finca por un plazo mayor de seis ai'los é
inscribe su derecho en el Registro de la propiedad.
A la luz de estos principios que contienen la más pura ortodoxia del
derecho, dígase si no es un atentado contra la propiedad declarar que
el simple poseedor de la cosa puede alzarse con el dominio despojando al que nunca lo ha perdido y dándole en indemnización una pequeña cantidad de dinero ó bien capitalizando un vaso de agua. Por
ahí se verá cuan equivocado es el lenguaje de los que Uaman carga
de la pr~iedad al dominio directo tergiversando el sentido de las
palabras .

Los propietarios catalanes volvieron a conseguirlo. No hubo proyecto
de redención de censos hasta 1945. Los propietarios habían reconocido y defendido que las ventajas de la enfiteusis -la conversión de pie-

�230

Congost: Revolución liberal y propiedad en Cataluña

Siglo XIX

t

· ¡ eneración de rentas para el propietari~dras en panes, es decir, ~d 1sentimiento de la propiedad a los JOrderivaban de haber tran~e~;. ~a revolución liberal no se hizo a fav~:&gt;r
naleros. Re~eng~~~ es .
débiles sino a favor de los prop1ede los prop1etar1os senumen es
tarios "prácticos" fuertes.

bl.l ,,

EL PRAGMATISMO DE LOS PROPIETARIOS
.
.
erundense liberal convencido, dio su verUn prop1etanol d~ólcamlib~jal administrador de sus tierras cuando éste
.
al Cura Párroco.
sión de la revo uc1 n
1
le consultó si tenía que contmu~ pag~~~. ~~cs:~:!an que continuar
Su respuesta fue contundentet ilus~:nimi~nto del Señor Rector tenía
pagando los censos por:iue e _mandel Pueblo así ricos como pobres,
a aban' los propietarios1s. Los
que ir a cargo de todos os vecmos
y no como hasta enton~, q_ue sol~e~
para incidir en la ambiargumentos de este propietario pue
güedad de las revoluciones liberales.

!rvir

Coincidiendo con el bicentenario de la revo~ución francesla, alg~:
.
.
d manifiesto las dificultades Y a necesi
rmitan rcibir el dinamismo y el
nos histonadores han pu1:5to e
dad de renovar lo~ estudios 9ue p_e 36 y sÍesto sucede en el tema de
freno de los cambios revo1ucion~os · d
·b· con más claridad
la revolución francesa, tal v~ aun se pue a perc1 lf
en el de la revolución liberal española.
.
b · adical en la definición
Es difícil defender la idea de un carn io r_ .
m artidos con~e la p~opiedad cuando 1~
~~:r~du~ante todo el
tmuó siendo una form; a 1 añolas· los numerosos estudios sobre
siglo XIX e~ m_uchas reas esprmiten ~nfatizar su carácter revoluciola d_esamortu.ac~ón ~~ k:tura de algunos de los múltiples tra~anano. A veces, espu
.
la sensación de que la revoluetón
jos escritos sobre el tema, _un~ t1en~ntes Y no debemos ser pocos los
liberal no comport~ cambiohs impo guntado· "Así pues, ¿por qué
al na ocasión nos emos pre
·
'
que en. gu
1 "6 lib ral?" y hemos de reconocer que, aunque
no se hizo la revo uc1 _n e . . a 1am dusiana ("tenían que camnos venga a la memona, dla m~ase"): nos acaba de satisfacer cobiar las cosas para que na a cam 1
mo respuesta.

e~-~'::f~~ !~::~f

f
ular una vieja pregunta: ¿cómo defidefinirla el fin de unos elemenTal vez teng~o~ que r; orm
nimos la revolución libe_ral · Ndo pu~~iempo atrás ni el nacimiento de
tos feudales que ya ha~iali~ eta uq: ya se encontraban en plena madualgunos elementos cap1t s as

23/

rez. Sabemos que tampoco puede definirla un proceso único. Las mismas leyes abarcaron todo el territorio estatal, pero estas leyes no tuvieron la capacidad de transformarlo ni de unificarlo. Persistieron hasta
nuestros días diferentes realidades. Pero los hombres que triunfaron
en la revolución liberal tenían unos intereses comunes: la defensa de
sus derechos de propiedad. Recientemente, el historiador Josep Fontana, el máximo conocedor del proceso de revolución liberal española,
ha escrito que lo que unió a la clase burguesa fue " la necesidad de asociarse para defender aquello que la riqueza de todos tiene en común,
la propiedad, contra las apetencias de las clases subalternas" 37 •
La realidad gerundense no había inspirado las medidas liberales,
pero el resultado de las medidas fue en su conjunto muy favorable a
la clase propietaria gerundense. Los decimadores laicos, que experimentaban desde hacía años una fuerte crisis en sus rentas decimales,
cobraron indemnizaciones. Los propietarios útiles -en su mayor parte enfiteutas de señores eclesiásticos- pudieron redimir sus censos -a
muy buen precio- y pasar a ser teóricamente propietarios "plenos".
Estos mismos propietarios combatieron con tesón la ley de redención
de censos que hubiera significado una pérdida importante de sus rentas. Consiguieron así mantenerse como "señores" de "sus" enfiteutas
hasta 1945. Por otra parte, vieron respetadas las rentas eclesiásticas
de origen laico. A nivel global, pues, es difícil imaginar medidas más
favorables. Pero, ¿no fue la revolución liberal, o su resultado, en gran
parte, eso, un conjunto de medidas favorables a la clases propietarias
" prácticas''?
Teóricamente era indefendible la posición de estos propietarios que
creían tener derecho a redimir sus censos y, en cambio, negaban con
contundencia el derecho de redimirse a sus censatarios. La actuación
de los propietarios catalanes constituye un buen ejemplo de las características de los "propietarios prácticos" de los que habla Marx, cuando analiza los debates de la Dieta renana. El "propietario práctico"
de Marx dice: "Esta ley es buena porque me beneficia. Votémosla"38 •
Los " propietarios prácticos" catalanes consiguen que prosperen únicamente las leyes que ellos consideran buenas.
En realidad, el triunfo de la revolución liberal es el triunfo de todos los propietarios prácticos que pudieron demostrar que lo eran. En
las Cortes de 1821, Guillermo Oliver resumió bien este discurso: "No
se ataca la propiedad cuando se trata de abolir las prestaciones señoriales; porque si en algunos de sus pueblos el Señor ha tenido o tiene verdadera propiedad la conservará, pues no se trata de eso"39•

�232

Congosr: Revolución liberal y propiedad en Cataluila

Siglo XIX

Por eso, el carácter unilateral de las medidas liberales no es un aspecto más a tener en cuenta. Es el gran elemento definidor de la revolución liberal; los campesinos no fueron olvidados, ni tampoco marginados. Los campesinos sufrieron de forma decisiva el impacto de la
revolución liberal, porque este proceso -tal vez mal llamado
revolucionario- significó la aceptación de las distintas formas de explotación del trabajo campesino que se daban en España y legitimó
estas formas de explotación aceptando y admitiendo que los explotadores del trabajo ajeno eran los auténticos propietarios.
Los estudios regionales sobre distintas realidades de España demuestran que en cada región fueron los explotadores del trabajo ajeno
los que consiguieron beneficiarse de las medidas de la revolución liberal. Los antiguos señores feudales transformaron sus antiguos señoríos en propiedad burguesa allí donde los señoríos habían continuado
teniendo importancia y, en cambio, muchos enfiteutas de Cataluña -los
señores útiles- vieron confirmadas sus propiedades. Hay una interpretación única: la consolidación de los derechos de propiedad tal como eran ejercidos en el momento histórico en el cual se dictaron las
medidas de la llamada revolución liberal; el respeto de estos derechos
implicó la falta de cambios importantes en la estructura agraria de clases. Las trampas que tuvieron que hacerse fueron múltiples y variadas.
Y si en Castilla y Andalucía fue necesario falsificar títulos, en Cataluña fue necesario elaborar teorías extrañas que desmintiesen el carácter
feudal de la enfiteusis.
Los propietarios "prácticos" no subordinaron sus intereses a una
teoría liberal sobre la propiedad. Tal vez los historiadores hemos concedido demasiado crédito a las teorías liberales, olvidando a veces que
eran teorías cuyo objetivo básico era justificar un determinado orden
social y, por lo tanto, unos intereses concretos y prácticos. Las propuestas teóricas de Marx son más libres y, en este sentido, más científicas. En el concepto marxiano de modo de producción, las clases explotadoras dominan e intentan moldear a su conveniencia la sociedad.
La revolución liberal española es, seguramente, un proceso histórico
básico para profundizar las teorías de Marx y denunciar las trampas
del lenguaje liberal de nuestra sociedad.

2]3

NOTAS
l. Me refiero a mi tesis doctoral Els ro iet

d'exploraci6 (La regió de Girona

,.. ,
i16f1sa;;f. I. els a/tres. Analis1
~ un~ relacions

noma de Bercelona en marzo de' 1988 Una , ~r~ntada e~ la Umvers1dad Autóen E/s propietaris i e/ a/tres (Vic Eum~ 19901~tn resu1D1da .se puede encontrar
parcial de los capítulos 2 y 9 de la
presente articulo es una síntesis
• que corresponden a los capítulos I Y8 del libro.

;esis '

·

2 - Creo que no es exagerado a firmar
és h •
.
ejemplo, F. Tomás y Valiente, enq.~:, p~c~~~o ~na idea ~as~nte acepta~. Por
España". Agricultura Y Sociedad num· 7 1978e fiesarnomzac1ón de la tierra en
bo
'
· ,
, a mna que "para II
evar a _ca
este P:oceso (se refiere a la revolución burguesa) era necesa .
agrana Nueva jurídi
h bl
na una nueva propiedad
rra_d ~ en un trí=:n~ns~itu~~:opo~ 1::~i~:;; de la propiedad de 1~ tie•
1
laCJón de los mayorazgos y la desamortización
~ ~orí?s, 1~ desvmcu•
convergentes porque transformaron la propieda~:~:,:;!~aleg1s~t1vas fueron
con iguraron con
arreglo al concepto liberal de la misma".
3

·

~~'::i~~~a~:~:::~d~~a~~::~~~:~~ás at~nció: ha reci~ido_ de parte de
dizábal, a pesar de que sabemos ue la desam n_ Ya~n a esarnorll~c_ión de Men-

f:s V:S~~:~~~~o~;;,311ª sobdenun°ci";~~~ip1:o~~~~t~[~~;:ñ;da~
re aquella etapa desamortizadora en "La

:;c~:uv':
d
. .

c=:::;;:!n

i,uulCOS

!e~ = b a l Ysus antecedentes", Historia agraria de /a EspafJa
pp. 220-244 Fo!~a-adv" rty Rd. GIarrabou, eds.), Vol. 1 (Barcelona, Crítica, 1985)
·
1e e e error que supondría creer e
i
. '
:ú~ita de u~a p~opiedad feudal en propiedad burguesa y abo~~~:.S ~"':CJ~o
O
ª esarnortizaCJón en una óptica más amplia g1 b 1
· d
u
e
nera entenderemos que "en la medida en que 'tasº/ Y_ matizad a. Sólo de es~ ~atas e dº
1
.
si uaCJones e partida eran dlStm. n ,versos ugares, las estrategias aplicadas... han de presentar algunas diferenCJas Y, sobre t~o. que los resultados finales pueden llegar a ser muy diversos de
modo que el mismo proceso que en Andalucía consolida el latifundio no ~te
establecerlo
en elCan
Pais Valenciano
y conduce en Garicia
· a 1a perpetuaCJon
.', del
peIDIDl· ·
fundi
·
p. ~.' 0 que en
a nas la clave no es la propiedad de la tierra sino la del agua",
4.

1:3

~nfiteusi~ catalana tenía _carácter perpetuo. El número de establecimientos enfi::ucfs r:lizado en 1~ región de Gerona durante la década de 1840 superó el de
as as ecadas antenores: 1811-20: 3 362; 1821-30: 3 864· 1831-40· 3 (i()l · 184! 50·
6 226; 1851-60; 3 840.
'
.
'
- .

5. ~~~dde las ideas extendidas so_b~e el cáracter de la propiedad feudal es su inaliena·
1 1 • Pero no solo los do1D1ruos directos se podían com rar
incluso se podía vender el derecho de cobrar el diezmo rese~ánd~;;;:!ert, smfo qule
tades el seilor directo.
•
o ras acu -

6 - Puede observarse en E. Serra, Pagesos i senyors a la Catalunya del seg/e XVII. Baroma de Sentmenat, 1590-1729 (Barcelona Crítica 1988) En est
h
advenir _q~e ~uchas veces se hace difícil el :Wátisis ~parado de 1as\~~::Sºd ~y ~
del domiruo directo Ydel dominio útil en un mismo patrimonio ya que a :1evna d
los señores arr~ndaban gl?bal~ent~ sus derechos. Este hecho pu~e conducir a u ~
ves errores de interpretaCJón s1 el historiador no define bien que es Jo que entie:e

�234

Congost: Revolur,ón liberal Y propiedad en Cataluña

Siglo XIX

por propiedad o renta "se!lorial" (si el conjunto de los derechos de un "seflor" o
si tan solo los derechos derivados de dominio directo o de determinadas jurisdicciones).
7. Las concordias entre seflores decimadores y universidades eran bastante frecuentes
durante la segunda mitad del siglo XVIII. La mayoría de las veces se referían al
diezmo de productos nuevos, que se cultivaban mayoritariamente en pequei'las par•
celas que muchas veces se ponían por primera vez en cultivo (mediante los contratos
enfitéuticos); el cultivo básico de los masos continuó siendo el trigo, ya que así
lo establecían los propietarios útiles en sus contratos de aparcería. También fueron
muy abundantes las concordias entre decimadores para decidir los limites de tos decimarios en las nuevas tierras puestas en cultivo.
8. Los datos referentes a la indemnización me han sido facilitados por E. Canales. Para el tema de los diezmos y la revolución liberal hay que leer sus trabajos: "Diezmos
y revolución burguesa en Espai'la". en Historia agraria de la Espaila contemporá·
nea. (A. García Sanz y R. Garrabou, eds.), vol. l (Barcelona, Crítica, 1985) y "Los
diezmos en su parte fmal", en La economía espailola al final del Antiguo Régimen,
Vol. l (Madrid, Alianza, 1982).
9. P. Madoz, Diccionario geográlico--estadístico-histórico de Espai'la (1845). Estos comentarios se encuentran en la voz: Barcelona.

10. J. Fontana, La revolución liberal. Política y hacienda. 1833-1845 (Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1977), p. 312-315; también en "Crisi camperola i carlisma",
Recerques, núm. 10. J. Torres, "Aguardiente y crisis rural", Investigaciones económicas, núm. 1, 1976, y Liberalismo y rebeldía campesina. 1820-1823, Barcelona,
Aríel, 1976.
ti. Camina!, M., Canales, E., Solá, A. y Torras, J., se plantean en su artículo "Moviment de l'ingrés senyorial a Catalunya (1770-1835)", Recerques, núm. 8, basta qué
punto la disminución de las rentas sei'loriales contribuyó a la "estrategia de inserción en el nuevo orden liberal seguida por la mayoría de individuos el sector laico
de la clase feudal".
12. El comportamiento de los propietarios catalanes fue en este sentido muy similar al
de los propietarios franceses durante el período revolucionario, como puede verse,
por ejemplo, en P. Bois, Paysans de l'Ouest (1971), p. 320-321.
13. Sugerimos esta idea a partir de los datos que tenemos sobre la identidad de los se!lores directos en los subestablecimientos enfitéuticos realizados durante el período.
En un 55'7• de los casos el se!lor directo reconocido formaba parte del estamento
eclesiástico.
14. La capitalización se hizo al 8 ó al 10'7,, lo que significaba buenas condiciones para
el redimente. Los sei'lores útiles más importantes de la región satisfacieron importantes cantidades al Estado, como se puede comprobar en el Boletín Oficial de la
Provincia de Gerona, donde se publicaron los "expedientes de mayor quantia"
-cuando se superaban los 10 000 reales- durante los ai'los 1856-60. Hay que ad·
vertir también que la legislación no distinguió entre censos y censales; en este último
caso, las condiciones también fueron muy favorables al redimente porque las peo•
siones de los censales -o censos reservativos- representaban tan solo un 3'7t del
capital.

235

15. Concordia del Barón de Esponellá· E .
d~ noviembre de 1859. Concordia del ~:~~a/el ?ota_no d~ Gerona Joan Palet, 14
sa, 3 de octubre de 1851. Concordia del M
e_P~bol. Escritura del_ notario de Cordarques e Bcnaven1: Escritura del notario
Ramón Trias de La Bisbal 20 de e
,
nero e 1846.
16. En la_ historiografía espai\ola, Ca1alui'la re r
.
Esta idea pane de una confusión entre ro P escnta el pa1s de la mediana propiedad.
la n~ existencia de los grandes latifu~di~~~f ~:xpl~ta~•ón de la t!erra - En efecto,
---:-unidades familiares de explotación- en Ca
r Y a ,m_portanc1~ de los masos
piedad bien repanida, de armonía y paz soc·ui1uila h~n forJado esta imagen de prola historiografía catalana. Han contribuido; que u~ante aflos ha dominado en
al
a ~esm111_ficac1ón de esta visión: R.
Garrabou Y E. Serra, "L'agricohura
núm. 2, 1980, y E. Girah· "La
_cat -ª~ª ne, sccoh XVI-XX", Studi Storici,
XIX"• en Historia de Ca;alunytºc~~~~:1 , 1 exSaplol tac,ó de la !erra durant el seg)e
•
ona,
vat, 1978) vol. y.

1

17. En la provincia de Gerona en los ailos 1855 56 1
no llegaron a representar;, 1007, del total d- • as vent~ de los bienes de propios
bienes de beneficencia representaron un 420ile ;e~tas de bienes d~onizados (los
cular un 370Jo). Se declararon como "mo 1 • \ ~ ventas Y los bienes del clero sede la
~~pu icos desamortizables" una exlensión equivalente a un o l5"'o
•
•11
provrnc1a.
18. Escritura del notario de Gerona, Juan Pale1, 5 de marzo de 1842.
19. de
Escrito
· · · de Propietarios
·
- de Barcelona, El Bien del País. Octubre
1846.de la Asoc,aaon
20. K. Marx, anículo publicado en La Gaceta R
debates sobre la ley acerca del robo de lei'la"enana el 25 de octu~re de 1842. "Los
Fernando Torres Editor, 1983), pp. 220-227·. En defensa de la /Jbertad, (Valencia,
21. Concordia del Marqués de A ·1 Ese .
telló d'Empúries, 3 de abril J:'i~1 C nturaddel J~tario Manuel Margarit de Casdel notario Francisco Pagés de Pere"ia:ncor ,a e Conde de Peralada. Escritura
vecinos de Macanet de Cabrenys Ese ·1 • 3; ~e ago_sto de 1817. Concordia de los
ren~ de La Muga, IS de abril d~ l~~ra e notano Pedro Gelabert de San1 Loe22. Registro de Hipotecas de Gerona. Libro 43. Escritura de 30 de noviembre de 1787.
23. Escrito
de la Asociación
·
· de Barcelona reproducido en El Bien del
País. Octubre
de 1846. de prop1etanos
24. :1:~afos pen~.neccn a un artículo aparecido en La Gaceta Renana el 30
de la /i!;~!;,1:;,~-22~;~~bates sobre la ley acerca del robo de leila", En defensa
25 · P. Vilar, "Historia del derecho historia total"
Eco
•
(Barcelona, Ariel, 1983).
'
'en
nom1a, Derecho, Historia,
26.

1:3 revista La _Granja publicó íntegramente el "Reglamento para los

ardas
.
c•i:::es Y parllculares del campo de lodos los pueblos del Reino" - ~ hacen:~ru:: gu::aª~::tan haber reclamado con insistencia la "institución salvadora"

~!

�236

Siglo XIX

27. El papel decisivo ejercido por los propietarios catalanes en la paralización del proyecto del Código Civil es destacado por Pablo Salvador Coderch en La compilación
y su historia. Estudios sobre la codificación y la interpretación de las leyes (Barcelona Bosch, 1989). Junto al tema de la redención de censos, los propietarios catalanes también manifestaron s.u oposición a las leyes de sucesión forzosa.
28. N. Fages de Romá, hacendado ampurdanés, fue el máximo impulsor del asocianismo agrícola catalán a mediados del siglo XIX. Fue también el fundador de las revistas El Bien del País y La Granja. Presentación del escrito: "Demostración de la justicia y conveniencia de que sean respetados por el código civil los establecimientos
o sea contratos enfitéuticos de Catalui'la", La Granja, febrero de 1852.
29. Asociación de Propietarios de Barcelona: ''Demostración de la justicia y conveniencia
de que sean respetados por el código civil ... " El redactor de este escrito fue Mariano Fages de Sabater, hermanastro de Narcis Fages de Romá.
30. Ibídem.

31. Ibídem.

32. Tos, Tratado de la Cabrevación (1784). Corresponde al artículo 28 de su Introducción.
33. Young, Arthur, Viage a Cataluña, 1787. Este párrafo se encuentra en el capítulo
final: Observaciones.

34. Este texto se halla reproducido en la Revista de Agricultura del Instituto Agrícola
Catalán de Saa Isidro, 1887, pp. 15-19.
35. Archivo privado de Coll. Correspondencia sobre el Mas RostoU de Torren!, Carta
dirigida a Salvio Carbonell.
36. Aunque las "modas historiográficas" actuales han hecho que, en comparación con
la numerosa literatura engendrada en ocasión del bicentenario, estos planteamientos hayan sido minoritarios. Podemos citar La guerre du blé au XVllle siécle (París, 1988), especialmente la Introducción escrita por F. Gauthier y G.R. lkni.
37. J. Fontana, La fi de l'Antic Regim i la industrialitz.ació. (Barcelona, Edicions 62,
1988), p. 368.
38. K. Marx, La Gaceta Renana, 30 de octubre de 1842. "Los Debates sobre la ley acerca del robo de leña", En defensa de la libertad, citado.
39. Citado por Ernest LLuch, El pemament económica Catalunya (1760-184()) (Barcelona, Edicions 62, 1973), p. 250. Guillermo Oliver es el único de los personajes estudiados por E. LLuch que atacaba la enfiteusis catalana. De él es esta comparación:
"Si se cultiva la tierra en Cataluña puede decirse como en Lacedemonia, donde estaba igualmente muy cultivada, pero fijando más la vista en los ilotas que en las
plantas se veía que si la tierra se cultivaba las personas eran muy desgraciadas" (citado por E. LLuch, p. 249).

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                    <text>Revista
de Historia

EMPRESARIOS, CAPITALES
E INDUSTRIA EN EL XIX
(Colombia, Argentina, Brasil,
México, Uruguay y España)
Año \, número 9

enero-junio de 1990

Facullad de
•·ilosofía y Letras
Universidad Aulóooma
de Nuevo León
Monlerrey-México

��•

·SIGLO XIX

fOlllo IIHIVfa.slT.WO

Revista de Historia

Publicada por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Autónoma de Nuevo León
AparLado postal 3024, 64000 - Monterrey, México

Este número fue editado con la contribución académica
del Vakgroep Culturele Antropologie, Faculteit der Sociale
Wetenschappen, Rijksuniversiteit te Utrecht (Utrecht, Holanda)

Universidad Autónoma de Nuevo León
Rector,
INGENIERO GREGORIO FARIAS LoNCORIA
Facultad de Filosofía y Letras
Director,
LICENCIADO BERNARDO FLORES FLORES

Editor Responsable
MARIO CERUTTI

Editor Adjunto
MIGUEL ÜONZALEZ QUIROGA

'ü

Cuidado de la edición: Mario Cer;iitti, Sylvia Eloísa M.
Arte y di~
. ·r~~Il: Sylvia Eloísa: Morán
TipografN_~;~Ji~García Rivera
lmpr~s!~ -~_:Monterrey, S.A.
Apanc1on•~
-:::
Para eJ~':af!_!XL -r: U.S.A. $7
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�FACULTAD DE 5ALUO PUBLldAB IBL 10 TE CA

1
AÑO

ENERO-JUNIO DE

V NUMERO 9

1990

REVISTA DE WSTORIA

SUMARIO

Nota del Editor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El empresariado antioqueño (1760-1920).
De las interpretaciones psicológicas a los
estudios históricos . .... CARLOS DAVILA L. DE GUEvARA
Historia de empresas y crecimiento industrial.
La Fábrica Argentina de Alpargatas . . . LF.ANl&gt;Ro ~
JUAN CARLOS KOROL

:.

Comercio y crédito en Buenos Aires
(1822-1826) .. .. ······· ·· ..... ..... . SAMUEL AMARAL
Burguesía y Estado en Brasil
durante la Antigua República
(1889-1930) . . . . . . . .. . . . . . . . .. . .. . . . . . STEVEN TOPIK
Producción capitalista y articulación
del empresariado en Monterrey
(1890-1910) ..... .. . ... . . . ...... .. .. . MARIO CERUTII
Revolución mexicana y diplomacia española.
La burguesfa de Monterrey y los "gachupines"
en el Nuevo León de 1914 . . ... . ÜSCAR FLoRES TORRES
Capitales e industria en Uruguay
(1900-1930). Un encuentro difícil ..... .... RAm JACOB
Grupos empresaria/es e inversión de capital
en Vizcaya (1886-1913) . . . . JESUS MARIA VAIDALISO GAOO

1

11

75
105

123

149

193
223
259

�Nota del Editor

Este dossier sobre "Empresarios, capitales e industria" ha resultado un excelente pretexto para reunir un muy interesante cúmulo de aportaciones suscriptas por investigadores de América
Latina, Estados Unldos y España.
No pocos de los materiales que integran este volumen son
útiles para avanzar un poco más en el esclarecimiento de un debate que alguna vez -a fines de los 60- tuvo mucho de ideológico y no tanto de investigación en fuentes responsables. Entre
los máximos excesos de aquella controversia seguramente hay que
contabilizar el término Jumpenburguesía, acuñado por Andre
Gunder Frank y destinado a puntualizar la inexistencia -en América Latina- de grupos burgueses aptos para emular las habilidades, perspicacias y capacidades de sus colegas europeos y
estadounidenses.
Un segundo matiz de aquellos años -muy discutible a la luz
de investigaciones recientes- fue la insistencia en que esa falta
de habilidades y perspicacias había que supeditarla a causas psicoculturales, o a fervores religiosos.

�2

Siglo XIX

Quien se detenga a revisar este número de Siglo XIX encontrará dat,os y :onclu!iones d!ferentes y diferenciadores de lo que
se sugena vemte anos atras, tanto desde trincheras revoluc~o~ar~as como desde otras más ligadas al statu quo. Una de las
d~stmc1ones cen~rales r,e~ide, sobre todo, en el tipo de fuentes y
mveles de trabaJo empmco que sustentan la mayoría de los artículos aquí presentados.
. , A la lista ?e especialistas que han contribuido a la compilac1on de matenales para Siglo XIX se sumó en este caso el holandés Menno Vellinga, responsable de un panel sobre empresarios
~n _el 46o. Congreso Internacional de Americanistas (Amsterdam,
Julio?; 1989), d~l qu~ ,se sele~ionaron algunos trabajos. Vellinga
amplio su contnbuc1on al diseñar con el editor de Siglo XIX
(Utr~cht, octubre de 1989) las características principales del

Nota del Editor

3

Lo que hace el autor es recorrer a los principales protagonistas de esta posición y, luego, cotejar con lo producido por investigadores que apoyan sus conclusiones -discrepantes de los
anteriores- en el uso intensivo de la documentación histórica.
Dávila cita, pues, a Everett Hagen, Paul Me Greevey, Frank
Safford, Roger Brew y Ann Twinam entre los no colombianos
Que dedicaron sus esfuerzos al empresariado antioqueño. Y a Luis
H. Fajardo, Alvaro López Toro, Luis Ospina Vázquez, Marco
Palacios y Jesús Antonio Bejarano entre los locales.
. Su repaso se completa con conclusiones que incluyen una alusión al papel del empresariado en el desarrollo económico, a cuestiones metodológicas y a su impacto en una sociología del
conocimiento.

dossier*.

Los ap~rtes se ~nauguran con un extenso y detallado estado de
la cuestión realizado por Carlos Dávila L. de Guevara, que se
concentra en el empresariado antioqueño.

Leandro Gutiérrez y Juan Carlos Korol, por su lado, fincan su
estudio en un caso particular: la Fábrica Argentina de Alpargatas, una de las empresas manufactureras más relevantes en Argentina desde fines del XIX.

. Dávila agr~ga un subtítulo que sugiere lo que su trabajo cont~ene;, "De las mterpretaciones psicológicas a los estudios históncos_ . Y buen~ parte de su argumentación apunta a impugnar
una mterpretac1on que saturó más de un análisis sobre las burgue,sías Y el emp~esariado latinoamericano un par de décadas
atras: la que sostiene.ª priori (es decir, mediante un pre-juicio)
que so°: elementos ps1coculturales los que han definido el comportaffilento empresarial en el continente.

Con una producción destinada particularmente al consumo
masivo de la población -la alpargata era ya un calzado ligero
de amplia difusión popular tanto en el ámbito urbano como en
el rural- esta fábrica entró la actual centuria sustentada en
el muy significativo mercado nacional que la economía argentina había configurado.

• Mi?ucioso conocedor de América Latina -continente que ha recorrido casi en su totalidad'. ya como académico ya como asesor en problemas socioeconómicos-, Menno VeUmga cuenta c~n ~na_amplia obra escrita. Entre sus libros traducidos al castellano figur~ ln~ustnalizaaón, burguesía y clase obrera en México. El caso de Monterrey, M~co, S1_glo XXI Edi_tores, 1979; Desigualdad, poder y cambio social en Monterrey, Me,oco! Siglo XXI Editores, 1988; con Dirk Kruijt, Estado, clase obrera y empresa trans~aaonal. EJ_caso de/~ minería peruana, 1900-1980, México, Siglo XXI Editores, 1983, Y~o_n Mano Ce~tll (comps.), Burguesías e industria en América Latina
Y Europa Mend!on8!, Madnd, ~anza América, 1989. VeUinga, que recibió su doctor~do en la_ümvers_1dad de Flonda (USA), es miembro del Center for Comparative
Soc1econorrucs Studies de la Universidad de Utrecht, Holanda.

a

Gutiérrez-Korol tuvieron acceso a los archivos de la empresa. Los datos allí localizados facilitaron tanto una visión de largo plazo como el análisis de las distintas coyunturas -propicias
o desfavorables- que la fábrica enfrentó hasta 1940.
Las vinculaciones con el capital y la tecnología extranjeras,
el tipo y fuentes de las materias primas empleadas, la diversificación instrumentada, los mecanismos de reinversión y financiamiento y la rentabilidad del capital se cuentan entre los puntos
abordados por los autores.

�4

Siglo XIX

Nota del Editor

5

damericana a fines del XIX.
Samuel Amaral también considera el caso argentino. Lo examina, en cambio, en una época más temprana: la de los tiempos
iniciales de la organización nacional, cuando el mercado intenrior ni estaba articulado ni sumaba las potencialidades de principios del XX.
Por ello es que el autor se concentra en otros ejes temáticos:
el crédito y el comercio. Y adopta como punto de referencia el
funcionamiento del Banco de Buenos Aires, una de las primeras
instituciones de su tipo gestadas en América Latina.
Vinculado estrechamente al gobierno de la provincia de Buenos Aires -la más poderosa en términos económicos, y la más
ligada al ya significativo aparato exportador- el Banco propició una política de créditos que Amara! siguió por medio de su
documentación íntima, en la que sobresale el asiento de las letras canceladas.
Su examen señala una alta concentración de los créditos que
se otorgaban, en buena medida destinados a comerciantes inmigrantes o locales. Entre los beneficiarios emergían "fuertes accionistas del Banco, miembros de su Directorio, cuatro de los
seis miembros del consorcio contratista del empréstito Baring,
y buena parte de los principales importadores y exportadores",
resume el autor. Que concluye: ''El Banco, después de todo, había
sido creado para animar la prosperidad del comercio. No debe
extrañar que así fuera puesto que ni la producción agropecuaria
ni la industrial requerían mayormente de créditos".

Steven Topik nos habla en esta ocasión de las estrechas vinculaciones que durante la vieja república brasileña (1889-1930) se manifestaron entre grupos burgueses y gobierno, entre segmentos
empresariales y Estado.
Tan firµles fueron estas relaciones que Topik llega a afirmar
que el Estado oligárquico "acostumbraba a servir los intereses"
del pequeño grupo que dominó la economía de esta sociedad su-

El autor no deja de mencionar la heterogeneidad de los núcleos propietarios, que dependía de la variedad geográfica del
país, de los patrones de colonización y de la limitada integración de su economía. Por ello agrega que la "diversidad de escenarios económicos a nivel regional y local significaba que no se
podía hablar de una élite económica nacional. Es más exacto dividir la clase dominante en tres niveles: la alta burguesía, los barones provinciales y los notables locales".
Poniendo énfasis en la alta burguesía, Topik destaca su notoria diversificación en el plano de la actividad económica, un
dato que encontramos asimismo en Antioquia y en Monterrey
(y que parece estar en pugna con la apreciación que discute la
racionalidad de estos núcleos burgueses de la América Latina decimonónica). "Con frecuencia -acota el investigador de la Universidad de Irvine- un mismo hombre era dueño de plantaciones, bancos, establecimientos comerciales y fábricas".
Su trabajo detalla asimismo la capacidad de los inversionistas extranjeros, el papel del Estado y los mecanismos que se empleaban para influir en sus políticas.

Los dos artículos sobre México se refieren al hoy poderoso empresariado industrial de Monterrey, en el noreste del país.
El primero, a mi cargo, se dedica parcialmente a señalar los
orígenes de esta burguesía con bases regionales. Pero su insistencia fundamental es mostrar cómo antiguos comerciantes, prestamistas y terratenientes se convirtieron, a fines del XIX, en un
significativo empresariado fabril.
La articulación que ello supuso estuvo alimentada de las nuevas condiciones que mostraban la economía internacional, un
mercado nacional en constitución y las derivadas de la estabilidad sociopolítica fijada por "el régimen de Porfirio Díaz.

�6

Siglo XIX

A esos aspectos estructurales se añadieron dos matices relevantes: la funcionalidad de la sociedad anónima -mecanismo
muy apto para la centralización de capitales individuales- y la
puesta en marcha de un proceso de industrialización sustentado
en la metalurgia pesada.
El traslado de capitales formados en actividades no pro~uctivas al sector productivo se aceleró en los años 90, protagomzado por los mismos personajes o por sus directos descendientes.
Como también se percibe en los casos de Antioquia, de Sao Paulo
y del País Vasco, este grupo de propietarios del norte de Méxi~o
diversificó claramente sus actividades: industria ligera, industna
dedicada a bienes para la producción, comercio, minería, banca, servicios y tareas conexas se contabilizaron en un quehacer
regido -no podía ser de otra manera- por la lógica del capital.
La historia concreta de esta burguesía regional -seguida año
tras año desde 1850 en fuentes primarias locales- parece muy
distinta a lo que insistían en sostener aquellos analistas de fines
de los 60, tan cerca del combate ideológico y tan lejos de los
archivos.

El segundo artículo sobre México -firmado por Osear Flores
Torres- también alude, aunque no de manera exclusiva, al empresariado de Monterrey. Flores ad~lanta aquí un capítulo de la
tesis doctoral que prepara en Madnd, donde ha terudo oportunidad de revisar materiales muy fértiles para auscultar los serios
problemas que la Revolución planteó a los propietarios de origen español.
No fueron fáciles esas horas para los peninsulares. La vieja
espina heredada de la Independencia revivió y se reavivó cuando, en 1910, estalló la primera gran respuesta sociopolítica y militar al llamado orden oligárquico latinoamericano.
Por los muy importantes intereses que sumaban en México,
y por su consiguiente insistencia en inmiscuirse en la política_ interior, los propietarios españoles tuvieron que enfrentar las iras

Nota del Editor

7

de dirigentes como el propio Venustiano Carranza, jefe del ala
constitucionalista.
El trabajo de Flores Torres no sólo describe los problemas
que se plantearon en el norte de México a buena parte del empresariado. Reitera, paralelamente, un dato que otras investigaciones también señalan: lo capitales bajo control de españoles
parecen haber sido mucho más relevantes de lo que suele estimar una historiografía excesivamente atenta a los apellidos ingleses, alemanes o franceses. Y este perfil no sería exclusivo de
México: quizás salpique a no pocos espacios regionales del
continente.
Las labores confiscadoras de los jefes revolucionarios, los
lazos entre la diplomacia española y Estados Unidos, las por momentos tirantes relaciones entre Carranza y la burguesía asentada en Monterrey y los fracasos iniciales del nuevo orden son puntos que se evalúan en este artículo.

Al abordar el tema "Capitales e industria en Uruguay", Raúl
Jacob detecta que se trató de un encuentro difícil. Los recursos
volcados al sector exportador -fundamentalmente
agropecuario-'- y las obvias limitaciones de un mercado interno
apenas incentivado por el flujo inmigratorio, hicieron que en Uruguay el capital y los bienes disponibles no arriesgaran en la producción fabril.
Pero Jacob incorpora en este ensayo el estudio de actividades que también se contaron entre las preferidas del capital: los
bienes raíces y el sector turístico, estrechamente relacionadas en
el modelo montevideano de ciudad balneario.
Poco a poco, las playas uruguayas serían surcadas por caminos y tranvías, salpicadas de hoteles y provistas de lo necesario para recibir a un turismo que, sobre todo, provenía de la vecina y entonces próspera Argentina.
Todo esto se fincó en una propuesta abiertamente implemen-

�8

Siglo XIX

tada desde el Estado, que tuvo entre sus principales impulsores
a José Batlle y Ordóñez, gestor del Uruguay moderno. Batlle aspiraba a convertir a Uruguay -al menos a su área atlánticaen una costa azul sudamericana. Uno de los más entusiastas adeptos al programa diría que con la construcción de una rambla que
subiera hacia Punta del Este -el más famoso nudo turístico del
Uruguay actual- "haríamos de nuestra República el primer país
balneario del mundo".
Con los precios en alza y con el apoyo del Estado, los recursos autóctonos y no pocos provenientes del exterior se dedicaron a esta actividad. La industria fabril, así, quedaría postergada. "Si el país industrial no pudo ser, fue en parte, porque el
Estado absorbió recursos y los orientó en función de la modernización urbana, porque existió otro modelo paralelo, que captó
los excedentes de capitales y permitió el surgimiento del cascarón turístico", concluye Jacob.
Y aunque el investigador uruguayo insiste en que ese resultado tuvo mucho que ver con una mentalidad tradicional, el enfoque podría matizarse si se recordase -como el propio Jacob
lo hace en su aportación- la lógica del capital: su itinerario sigue los caminos de la ganancia. Por lo tanto, y desde su perspectiva -que es la perspectiva del hombre burgués- sólo se dedica a actividades rentables. El Uruguay de principios de siglo
resulta un excelente ejemplo.

Este número 9 de Siglo XIX se cierra con los materiales preparados por José María Valdaliso Gago, un joven historiador
español.
Más allá de la polémica que se atisba en el artículo -si los
capitales que hicieron detonar la industria pesada en Bilbao provenían o no de la minería- Valdaliso presenta con claridad la
dimensión de ese proceso y los múltiples entrelazamientos del empresariado vasco, quizás el más poderoso de España en vísperas
de la Primera Guerra Mundial.

Nota del Editor

9

Como sucedía simultáneamente en Monterrey, la asociaciónarticulación de esta burguesía fabril era factible por el uso de
la sociedad anónima, y era exigida por el monto y riesgo de las
inversiones que se concretaban.
El autor auscultó esta historia en los libros de sociedades asentadas en el Registro Mercantil, en el período que se abre en 1886
y termina en 1913. Describe lo que llama "política de integraciones verticales", la diversificación de las inv·ersiones y del grupo empr~arial, el origen de las capitales que fluyen hacia el sector fabril y el período de concentración empresarial, que ubica
a partir de 190l.
El proceso acaecido en el País Vasco llama la atención por
su envergadura: aparición de la gran siderurgia, notable desarrollo minero, surgimiento de empresas de navegación y de constructoras de buques, emergencia de la más vigorosa banca del
país, inserción hegemónica en el sector de la electricidad. Todo
ello en medio de una sociedad caracterizada por signos de atraso muy similares a los latinoamericanos, estigmatizada por su
condición de periferia de la revolución industrial.
¿Cómo fue posible que en espacios regionales como el que
acoge a Bilbao, o como los perfilados en derredor de Monterrey,
Sao Paulo o Medellín, surgieran a fines del XIX y al comenzar
el XX brotes de industrialización llamativos? ¿Por qué fluyó el
capital hacia estas actividades en dichos casos, y se refugió en
el sector agroexportador o en los ámbitos del comercio y del
préstamo en otros escenarios latinoamericanos y españoles?
Estos interrogantes justifican parcialmente el presente dossier de Siglo XIX. Pero, en particular, se presentan como un desafío para interpretaciones que salpicaron años atrás los análisis
sobre América Latina. Y a los que, en parte, revisa Carlos Dávila en su artículo de apertura.
Mario Cerutti
Monterrey, México, junio de 1990

�El Empresariado Antioqueño (1760-1920)
DE LAS INTERPRETACIONES PSICOLOGICAS
A LOS ESTUDIOS HISTORICOS

Carlos Dávila L. de Guevara*

INTRODUCCION
Este capítulo tiene que ver con la inadecuación y transferencia mecánica de algunas teorías y esquemas analíticos utilizados para tratar la realidad de un país del Tercer Mundo. El objeto de estudio es el empresariado y su papel en el desarrollo económico. La sociedad a la que se
hace referencia es la colombiana, pero más precisamente la antioquefia. El periodo cubierto va desde fines de la época colonial (17(,{) aproximadamente) hasta 1920. En otras palabras el estudio trata sobre el
"empresariado en el desarrollo económico de Antioquia", circunscribiéndose al periodo indicado. Y por ello, sobra destacarlo, no hace un
diagnóstico ni presenta conclusiones sobre la coyuntura que enfrenta
el empresariado antioquefio hoy en día.
Un propósito de este capítulo es mostrar en detalle los problemas
de la superposición mecánica de esquemas_teóricos sobre una realidad
espacial y temporalmente delimitada, substancialmente diferente de
aquella de los países industrializados. Un segundo objetivo es mostrar

• Facultad de Administración, Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia). Incluido
previamente en Carlos Dávila L. de Guevara, El empresariado colombiano: una perspectiva histórica, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 1986.

�12

Siglo XIX

cómo otros marcos conceptual-analíticos con un mayor poder explicativo y cuidadosamente aplicados, producen una más juiciosa interpretación de la realidad. En otras palabras el artículo puede leerse en la
perspectiva de la evolución del conocimiento sobre un tema, mediante
el examen de los más conocidos aportes al mismo.
El lector encontrará que una parte sustancial de las investigaciones sobre el empresariado en Antioquia la han adelantado investigadores extranjeros. Como el estudio lo demuestra, no es el lugar de origen de los investigadores el principal determinante de la calidad de su
trabajo científico. Si así lo fuera el resto de este documento sobraría,
pues al comprobar rápidamente que entre quienes han llegado a estudiar más a fondo a Antioquia en el período aludido, los investigadores
extranjeros tienen un papel muy destacado, podría con afán chauvinista emitirse un juicio ligero. El camino escogido, en cambio, ha sido
adelantar un examen cuidadoso que permita evaluar contribuciones teóricas y de método, y examinar la sustentación empírica de una muestra
seleccionada de estudios. Este camino permite concluir que la capacidad de adoptar creativamente esquemas conceptual-analiticos a las condiciones específicas de realidad bajo estudio, el rigor en la utilización
de las diversas fuentes de información, el entendimiento de que no todos los esquemas conceptual-analíticos tienen igual validez, y la necesidad de no aferrarse rígida y dogmáticamente a un marco teórico tomado como fin en si mismo en vez de un medio para comprender la
realidad, todos estos son elementos fundamentales para no caer en la
transferencia mecánica de teorías y métodos, problema al cual se ha
hecho repetida referencia en la introducción.
LA PROLIFERACION DE ESTUDIOS
SOBRE EL DESARROLLO DE ANTIOQUIA
Para los estudiosos del desarrollo económico, en particular para los
extranjeros, el "caso" del desarrollo de Antioquia ha sido tema de desusado interés.
La temprana actividad empresarial de los antioqueños, la industrialización que allí se dio y el carácter de "polo de desarrollo" de esta región colombiana han sorprendido a más de un investigador atraído por
el fenómeno antioqueño como objeto de estudio e ilustración de diversas interpretaciones del desarrollo económico.

Parte del atractivo de Antioquia como centro de atención de economistas, historiadores, sociólogos, geógrafos y psicólogos radica en
que es una región situada en un país subdesarrollado, atrasado, colo-

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

13

nizado por españoles -no anglo-sajones, germanos o galos- y tropical. Visto a través del prisma de la comunidad científica internacional,
en particular la que se preocupa por los problemas del desarrollo económico, es excepcional o al menos extraño que en un continente que
la lejanía hace ver homogéneo en su atraso secular, se haya dado una
región con peculiaridades en su proceso de desarrollo que desafían -o
al menos plantean interrogantes- sobre las causas del subdesarrollo
y las alternativas para superarlo. Tal vez hay en América Latina, otro
"caso" de perfiles similarmente atractivos para la comunidad científica: el de Monterrey, en México.
De comienzos de este siglo hay una serie de trabajos de estudiosos
colombianos que se suman a los informes de algunos extranjeros en
el siglo XIX y que fueron señalados hace seis años por Jaime Jararnillo Uribe (1979) al presentar el estado de los estudios sobre el desarrollo de Antioquia. Más reciente es la oleada de trabajos de investigadores extranjeros que comenzó en los últimos años de la década del cuarenta con el trabajo pionero de un geógrafo, el norteamericano James
Parsons (1950). Unos 10 años más tarde estuvo en Colombia otro investigador de la misma nacionalidad, el economista Everett Hagen
(1963), cuyo trabajo desató una polémica llena de lecciones para los
estudiosos del desarrollo. Dos años después de aparecer su libro en
español, el historiador norteamericano Frank Safford (1965), publicó
una refutación de las principales tesis de Hagen. Casi simultáneamente entró en la palestra el sociólogo colombiano Luis H . Fajardo (s.f.),
a quien siguió en 1970 el trabajo del economista antioqueño Alvaro
López Toro (1970) y la controvertida tesis del economista norteamericano Paul McGreevey (1971), sobre las razones del destacado papel de
los antioqueños en la historia económica colombiana. A estos últimos
había antecedido el libro pionero de Ospina Vásquez (1955).
A las estimulantes contribuciones de los dos investigadores colombianos prematuramente desaparecidos (Fajardo y López Toro) siguió
en 1974 el voluminoso y documentado estudio sobre el desarrollo económico de Antioquia en el período 1850-1920, escrito por el historiador inglés Roger Brew (1974), quien también murió. En ese año apareció además un estudio sobre la oligarquía del Viejo Caldas y sus orígenes que se remontan a la colonización antioqueña, realizada por otro
historiador de la misma escuela oxfordiana, Keith Christie (1974). Uno
y otro son casi simultáneos con el del mismo Roger Brew (1971) sobre
la política en Antioquia entre 1850 y 1865.
A la que era ya una avalancha muy fuerte de estudios, en un país
en el cual la actividad científica es -cuando menos- quijotesca y exó-

�14

Siglo XIX

tica, se deben añadir aquellos de los investigadores franceses Daniel
Herrero (s.f.; 1978), Jean Revel-Mouroz (1973), Claude CollinDelavaud (s.f.), Milton Santos (s.f.), Ghislaine Ibiza de Restrepo (1974),
Frederic Mauro (s.f.) y Daniel Pecaut (s.f.). Y los estudios sociológicos sobre las élites de Medellín al comienzo de la década de 1970 adelantadas por los norteamericanos John Walton (1977) y David Dent
(1973).
Igualmente ha de destacarse la labor de recopilación bibliográfica
sóbre Antioquia adelantada tanto desde el Instituto de Integración Cultural por parte de Ghislaine Ibiza de Restrepo (1976: 1977; 1978), como desde el Centro de Investigación Económica (CIE) de la Universidad de Antioquia.
Aquí no termina, sin embargo, el caudal de trabajos sobre el "fenómeno antioqueño" . Porque después de 1976, la historiadora norteamericana Ann Twinam (1976) aportó nuevos elementos sobre un período histórico (1763-1810) que no había sido cubierto por anteriores
trabajos y aparecieron también dos libros de investigadores colombianos -Marco Palacios (1979) y Mariano Arango (1977)- sobre el café, un estudio de Loma Michelson (1978) sobre el desarrollo regional
de Antioquia y un trabajo general de Gabriel Poveda (1979) sobre historia económica. Y vinieron trabajos que varios de estos especialistas
presentaron en el seminario que en 1979 organizó la Fundación Antioquefia de Estudios Sociales (FAES). Las memorias de dicho evento fueron publicadas tres años después (FAES, 1982). Allí Hugo López (1982)
y Jesús Antonio Bejarano (1982) trataron los orígenes de la industrialización en Antioquia, Marco Palacios (1982) discutió el papel del café
en la vida antioqueña, Frederic Mauro (1982) abordó el tema del desarrollo de Medellín y Ann Twinam (1982) se refirió al papel del comercio y los comerciantes en el desarrollo de esta tan estudiada región colombiana.
De tan variados y numerosos estudios, se ha escogido la temática
del empresariado en el desarrollo económico de Antioquia. Esta es sólo parte del tema más amplio del desarrollo económico. Y se han seleccionado los aportes más conocidos sobre el empresariado antioqueño.
El estudio adelantado por el presente autor está -entonces- basado íntegramente en fuentes secundarias, algunas de las cuales se han
difundido sólo en forma muy escasa ya que no han sido aún traducidas al español. La investigación en archivos es una característica de
los estudios históricos, cuya imprescindible necesidad no puede negarse. Empero, el carácter del presente trabajo espera hacer una contribu-

Dávila: El empresariado antioqueño (1 760-1920)

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ción en el sentido de precisar un foco analitico no evidente a primera
vista en los numerosos trabajos examinados y de dilucidar hechos e
interpretaciones encontradas que existen en los mismos 1•
Este capítulo consta de tres secciones. En la primera se presentan
y discuten dos estudios basados en la teoría psicológica de la deprivación del estatus (Hagen) y en la teoría psicológica de la voluntad o deseo de hacer el desarrollo económico (Me Greevey), respectivamente.
Una y otra se analizan y evalúan a la luz de la polémica que despertaron. En la segunda sección se estudian la formación y evolución del
empresariado antioqueño que condujo a la industrialización a comienzos del presente siglo, a la luz de la minería del oro, el comercio, la colonización, la agricultura y el café. Para ello se eJarninan principalmente los aportes de López Toro (1970), Christie (1974), Twinam (1976)
y Brew (1977) quienes superando las explicaciones psicológicas y culturales, han hecho avanzar el conocimiento sobre el empresariado paisa.
En la sección final se presentan conclusiones tanto de teoría y método, como de carácter sustantivo y otras relacionadas con la sociología del conocimiento.
LAS TEORIAS PSICO-CULTURALES
SOBRE EL DESARROLLO DE ANTIOQUIA

La teoría de la deprivación de estatus de los antioqueños
La teoría de la deprivación o despojo del estatus (status withdrawal)
es de carácter psicológico-cultural y tuvo en los años sesenta una amplia resonancia nacional e internacional. La controversia que se desató
alrededor de ella lleva ya cerca de veinte años; y es inevitable que
-aún hoy en día- quien estudia el desarrollo de Antioquia haya de
tomar una posición frente a esta teoría elaborada por Everett Hagen.
Paradójicamente, muchos especialistas en desarrollo económico en
la década de los sesenta, vinieron a saber de la existencia de Antioquia
-y los antioqueños-, y por ende de Colombia, por la difusión de este trabajo del economista norteamericano y profesor del M .I.T. El "caso de Antioquia" Oa temprana y exitosa actividad empresarial de los
antioquefios) parecía extraño a los especialistas extranjeros de la nombrada " década del desarrollo". Como un "caso" para ilustrar su teoría psicológica del despojo del estatus (status withdrawal), le interesó
Antioquia a Hagen. Bastante tiempo le debió tomar al autor preparar
su conocido libro sobre la teoría del cambio social; pero sólo tres meses estuvo en Colombia (en 1957) reconociendo el terreno que sería objeto de uno de los capítulos del mismo. Las consecuencias inevitables
de tan fugaz contacto se hacen evidentes a lo largo de su trabajo, co-

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SigloXJX

mo se muestra en las páginas siguientes.
El libro del profesor Hagen, titulado 0n the Theory of Social Change (Homewood, lllinois: Dorsey Press, 1962) es su obra más representativa. Uno de los capítulos del libro (capítulo XV, "The Transition
in Colombia") trata sobre el crecimiento económico y el cambio social
en Colombia: en Antioquia más en particular. Fue publicado en español por la editorial colombiana Tercer Mundo en 1963 (Everett E. Hagen. El Cambio Social en Colombia: El Factor Humano en el Desarrollo Económico. Bogotá: Tercer Mundo, 1963, 198 páginas; traducción
y prólogo de Jorge Vélez García) 2 • Ocho años más tarde, en 1971, el
mismo capítulo fue reproducido en una conocida antología sobre el
papel empresarial en el desarrollo económico (Peter Kilby (ed). Entrepreneurship and Economic Development. New York: Free Press, pp.
191-224).
¿Cuáles son las tesis del profesor Hagen? ¿Cómo es que súbitamente los antioqueños superan nuestras fronteras y pasa a hablarse de
ellos en el ámbito de los teóricos del desarrollo? ¿Qué representa el estudio del profesor del núcleo Harvard-MIT? ¿Cuál ha sido su repercusión en Colombia?

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

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y el resto de grupos regionales de Colombia (payaneses, bogotanos,
etcétera), Hagen discute cuatro explicaciones. Una es la étnica, seiíalando el autor "que la ascendencia vasca puede asociarse hasta cierto
punto con el éxito económico de los antioqueños" (p. 81). La segunda
explicación trata de la experiencia minera en cuanto ésta llevaba a asociarse para compartir el riesgo entre varias familias. La tercera es la
canalización del capital comercial hacia otras actividades: hacia la industria en el caso de Medellín. Estas hipótesis secundarias son parcialmente aceptadas por Hagen pero no constituyen el factor explicativo
más importante, sino que quedan subordinadas a la cuarta explicación: la
deprivación de estatus o "tensión social" (status withdrawal) que, según el economista norteamericano, sufrieron los antioqueños por parte de otros grupos regionales. Estos últimos los miraban -según
Hagen- con desdén, despectivamente, como si los paisas fueran un grupo inferior. Y, además, arguye que "política y socialmente" Antioquia "era agua estancada" (p. 90). Esa tensión social, con efectos en
el medio familiar, produjo cambios a través de varios siglos en la personalidad antioqueña: de un inicial retraimiento y apatía, pasaron a
buscar "sin sosiego, reafirmar su valía en el mundo de los siglos dieciocho y diecinueve, para encontrar lo que buscaban en la proeza económica" (p. 92).

Una hipótesis de Hagen es que el crecimiento económico de Colombia no se debió a "causas convencionales" como el capital extranjero, los contactos con la tecnología extranjera, la existencia de infraestructura o excedentes de capital. Estando ausentes estos factores económicos, Hagen argumenta que en la existencia de los empresarios antioqueños y su éxito como tales radica el comienzo del crecimiento económico y añade: "con relación a la población, tres veces más antioqueños llegaron a ser empresarios que los 'viejos colombianos' de diferente cepa" (Hagen, 1963:66).

Estos planteamientos sorprenden por dos razones. Por una parte, no están sustentados en hechos históricos que el autor compruebe
mediante la investigación (histórica) rigurosa. Esta es una falla central
del libro a la que se hará mención nuevamente en páginas posteriores.
Por otro lado, son un planteamiento novedoso en cuanto trata sobre
factores que no habían recibido atención dentro de la teoría del crecimiento económico. Esta novedad, claro está, sólo representa un aporte si la teoría propuesta tiene validez y si confrontada con la realidad
de una sociedad es empíricamente comprobable.

La segunda hipótesis, central en Hagen, se refiere a la otra pregunta formulada: "¿Por qué los antioqueños?''. Que no tenían ventajas económicas sobre otras regiones del país, es parte de su hipótesis.
Partiendo de allí, Hagen apunta a la "personalidad creadora" de los
antioqueños; su actitud favorable ante el trabajo manual y actitud religiosa diferente a otras regiones del país, las cuales llevan al autor a
afirmar: " .. .creemos haber encontrado entre los antioqueños la 'ética
puritana' "(p.76). A estas características tan simplistamente tomadas
de los planteamientos de Max Weber sobre la ética puritana de los calvinistas, Hagen añade la orientación al logro, y la actitud innovadora
("relacionada de alguna manera con la necesidad de agresión", p. 77).
Para explicar estas diferencias de personalidad entre los antioqueiíos

Pero antes de examinar tales aspectos, vale la pena presentar en
mayor detalle la teoría en cuestión.
Para ello hay que acudir, a otros escritos de Hagen ya que lo traducido en español es solamente el capítulo sobre el caso antioqueño.
Es de utilidad un artículo publicado en la revista Journal of Social Issues y reproducido en: Everett Hagen, "How Economic Growth Begins: A Theory of Social Change". En: Jason Finkle y Richard Gable
(eds.) Policital Development and Social Change, New York: John Wiley &amp; Sons, 1968, pp. 129-139 (2a. edición).
El propósito de Hagen es elaborar una teoría del cambio social para

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Siglo XIX

lo cual el autor desarrolla "un modelo general de la sociedad", basado en el "análisis general de sistemas". El modelo de Hagen se propone explicar cómo una sociedad tradicional se convierte en aquella en
la cual el progreso técnico ocurre y por lo tanto la producción y el ingreso per cápita aumentan continuamente. El modelo, pasa a decir Hagen, trata de las interrelaciones entre elementos del medio físico, estructura social, personalidad y cultura. Esto, anuncia con propiedad
el autor, "no implica que casi cualquier cosa pueda ser la causa de algo, pues eso lo volvería a uno confuso y ecléctico" (Hagen, 1968: 129);
por el contrario, existen ciertos factores de mayor importancia ¿Cuáles son estos? Las teorías "puramente económicas" que enfatizan barreras tales como tamaño reducido del mercado, contactos con naciones avanzadas de Occidente, ingresos muy bajos, etcétera, son "internamente consistentes pero aparecen sin mayor relevancia para la realidad" (Hagen, 1968: 129). De un brochazo, y sin mayor análisis, las
juzga inadecuadas.
Hay que entender que el crecimiento económico está íntimamente
interrelacionado con el cambio político y social: el cambio económico
no va primero sino que es mutuamente dependiente con el cambio sociopolítico. La imitación de los métodos técnicos de Occidente es otro
factor que -continúa el economista norteamericano- no puede aceptarse por etnocéntrico e incorrecto. Existen dos factores particularmente
importantes a los cuales considera "requisitos" para la transición al
crecimiento económico: 1) creatividad -definida como habilidad para resolver problemas y tendencia a utilizar dicha habilidad- y 2) una
actitud ante el trabajo técnico-manual y el mundo físico conducente
a que las energías creativas se encaucen hacia la innovación en la tecnología productiva en vez del arte, la guerra, la filosofía o la politica.
Según el economista norteamericano, estos dos requisitos para el
crecimiento económico -creatividad y actitud favorable ante el trabajo manual- no se presentan en las sociedades tradicionales. En éstas
predominan individuos con una personalidad autoritaria, autoperpetuante y fomentada desde la educación familiar, así como una baja creatividad y poco aprecio al trabajo manual. Sin demostrarlo, Hagen afirma tajantemente:
Existen aún más convincentes evidencias de que varias de las características descollantes de la personalidad autoritaria están presentes en
muchas sociedades tradicionales en América Latina y Asia. Aunque
nuestro conocimiento sobre los países africanos es más limitado, dichas características probablemente están también presentes en dichos
países. Por lo tanto, parece probable que una característica de esas
sociedades sea un bajo nivel de creatividad (Hagen, 1968: 136).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

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Esas sociedades tradicionales -caracterizadas por individuos con personalidad autoritaria y baja creatividad- ¿cómo inician el proceso de
progreso tecnológico y desarrollo económico? Hagen responde con la
hipótesis del withdrawal of status respect, tan importante dentro de sus
planteamientos.
En relación con ésta deben añadirse algunos otros elementos que
complementan lo expuesto por Hagen sobre los antioqueños. En primer lugar, otros grupos que jugaron un papel análogo al de los antioqueños en Colombia fueron los "antiguos creyentes" en la Rusia del
siglo XIX 3, habiendo sido este grupo despojado del estatus en un
proceso que comenzó en 1650 cuando el Zar ordenó cambios en el ritual de la iglesia ortodoxa; en Japón, los campesinos ricos y los samurais de bajo nivel, relegados del poder en 1600 por el grupo feudal de
los Takugawa.
En segundo término, Hagen da más detalles sobre el proceso mismo de la deprivación del estatus ¿ Qué sucede en el grupo de la élite
(antioqueños, "antiguos creyentes", o samurais) que tuvo un gran estatus y luego lo perdió? Entre los adultos de la primera generación "la
reacción es de ira y ansiedad" (Hagen, 1968: 137), mientras que sus
hijos responden "tratando de reprimir dentro de ellos, en alguna forma,
los valores de sus padres" (Hagen, 1968: 137). Este proceso
-acumulativo a través de varias generaciones- llega a que después
de dos a cuatro generaciones aparezca una pronunciada anomia y retraimiento, que afecta más a los hombres que a las mujeres. Estas reaccionando a las inefectividades de sus cónyugues,
Tendrán un intenso deseo de que sus hijos sean más efectivos y responderán encantadas a cada logro de éstos en su infancia y juventud.
Durante el período de la sexualidad infantil, el niño vencerá en la rivalidad con su padre, tanto porque su iniciativa complace a su madre
como por la debilidad de su padre (Hagen, 1968: 138).

En estas condiciones -prosigue el economista norteamericano- se presenta un "ambiente casi ideal" para la formación de un tipo de creatividad. Surge en esas condiciones un grupo de individuos creativos,
Alienados de los valores tradicionales, movidos por un impulso carcomedor y abrasador de probarse a eUos mismos así como a otros,
mediante la búsqueda de un área en la cual puedan ganar poder y
preferiblemente en la cual también puedan en alguna forma simbólica
dar salida a su ira contra las élites que les causaron sus problemas.
Hacia qué dirigían este impulso está determinado en parte por los
modelos que encontraron durante su niñez en la historia, el folclore

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Siglo XIX

o los cuentos que sus mayores les narraban; y en parte por las oportunidades objetivas del mundo a su alrededor. En el mundo moderno, para los pocos grupos rebeldes de sociedades tradicionales, no
existe otro camino al poder, al reconocimiento y la prueba a sí mismos de sus propias habilidades más incitante que la proeza económica. Los individuos creativos en la mayoría de tales grupos se convertirán en innovadores económicos (Hagen, 1968: 138).

Volviendo al caso de Antioqui;l, uno de los apéndices que incluye Hagen trata sobre "la necesidad de agresión" en Colombia, acerca de la
cual afirma lo siguiente: "Aún cuando su relación con el crecimiento
económico no es muy clara, la necesidad de agresión en Colombia es
tan notoria que debe ser comentada" (Hagen, 1963: 97).
¿Sobre qué bases hace el profesor del M.I.T. esta afirmación? Por
una parte, en su aproximación a la historia colombiana que fue superficial en extremo, logró identificar la realidad tan conocida de las guerras civiles del siglo pasado. Que éstas así como la violencia de las décadas del cuarenta y cincuenta en el presente siglo no tienen como principal factor explicativo las diferencias políticas, es una afirmación que
-sin examinarla- presenta Hagen, inclinándose más bien por la interpretación de que se debe a un pueblo "cuya necesidad de agresión
es prácticamente incontrolable" (Hagen, 1963: 98). El tráfico urbano
es otra realidad que impacta a Hagen como una muestra más de nuestra violencia sin par. Un tercer indicador de la violencia colombiana
está patente -para Everett Hagen- en los reinados de belleza. Tocó
en suerte al profesor del M.I.T. presenciar en Medellin (bien hubiera
podido ser en cualquier ciudad o pueblo colombiano) el efusivo y caótico recibimiento a la candidata regional triunfante, en 1957, en un evento nacional de este género. Ese desorden multitudinario con sus matices tropicales, absorbió el intefes del investigador norteamericano, posiblemente más acostumbrado a las frías avenidas de Cambridge. Debemos señalar lo inadecuado de atribuir a estos acontecimientos el estatus conceptual de supuestas características (culturales o psicológicas)
definitorias de los miembros de una sociedad determinada. Un cuarto
y último indicador de la necesidad de agresión en Colombia tiene que
ver -para Hagen- con la prostitución abierta. Impresiona a Hagen
el alto número de prostitutas registradas en la ciudad de Medellín; pero en lugar de indagar si este fenómeno tiene alguna relación con la
altísima migración de la áreas rurales y el desempleo, Hagen lo ve como: " ... un escape más regular para la misma necesidad de agresión,
tolerada por los hábitos morales de la comunidad presumiblemente en
un intento por evitar que la agresión sexual rebase su cauce" (Hagen,
1963: 100).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

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Resumiendo, para el autor norteamericano, Colombia -el pueblo "cuya necesidad de agresión era prácticamente incontrolale" - sorprende por sus innumerables guerras civiles, el desorden del tráfico urbano, la euforia alrededor de los reinados de belleza y la prostitución.
Al final del apéndice y en forma que es característica de todo su libro,
Hagen parece retrotraerse de sus afirmaciones tan definitivas sobre Colombia y hace una saludable aclaración -con la cual como en el caso de
otras aclaraciones, no es consistente cuando se trata de plantear y/ o
resumir sus tesis- en el sentido siguiente:
No trato de sugerir que la necesidad de agresión sea más elevada que
en otros países latinos... (o) que la necesidad de agresión sea más alta
que en los no latinos de Occidente; lo único que puede afirmarse es
que sus manifestaciones son diferentes (Hagen, 1963: 101).

A renglón seguido sin embargo el autor parece vacilar nuevamente:
Sin embargo, la probable presencia en Colombia de un mayor grado
de autoritarismo en la educación de los hijos me hace sospechar que
el nivel de necesidad de agresión, en cuanto éste puede ser identificado en la personalidad, sea superior al de Estados Unidos de América
(o Canadá) (Hagen, 1963: 101; nota de pie de página 52).

¿Qué tiene que ver todo esto con el tema del desarrollo económico y
con las preguntas centrales planteadas desde el comienzo del trabajo
de Hagen? ("¿Porqué el crecimiento?" "¿por qué los antioqueños?").
La respuesta es la siguiente:
Esta necesidad de agresión en Colombia es probablemente el resultado de tensiones sociales que afectan al medio local. No se positivamente si esto contribuye al crecimiento económico o lo retarda; pero
ya que algún lector puede ser más perceptivo que yo para apreciar
su significado, quiero por lo menos dejar sentado este hecho (Hagen,
1963: 101).

LOS TEMAS CRITICOS DEL DEBATE SOBRE LA DEPRIVACION
DEL ESTATUS DE LOS ANTIOQUEÑOS
La teoría psicológico-cultural expuesta por Hagen ha sido sometida a
un escrutinio cuidadoso de numerosos investigadores. En las páginas
anteriores se hicieron ya algunas anotaciones críticas que se complementan ahora con una síntesis de las principales conclusiones del debate sobre su teoría del crecimiento económico.
La gran mayoría de las críticas apuntan a la carencia de información histórica para sustentar los diversos componentes de la teoría en

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Siglo XIX

cuestión y a la falta de rigor en el uso de la información que utiliza.
En esas condiciones para el caso de Antioquia las tesis de Hagen no
están fundamentadas en la evidencia histórica sino en suposiciones e
"impresiones" que resultan ser falsas.
Esta crítica es particularmente notoria en los siguientes aspectos:

I. Realidad y ubicación temporal de la negación o deprivación del eulstatus (status withdrawal), también llamada aislamiento social Y e tural de los antioqueños
Las diversas evidencias traídas por los críticos indican que no hay base alguna para sostener que los antioqueños hayan sufrido una ne~ación de su estatus es decir que fueran mirados por otros grupos regionales como inferi~res socialmente, políticamente poco importantes Y
-en general- como un grupo atrasado. Al no estar basado e~ hechos
reales, este planteamiento central tiene un carácter_ es~eculat1vo. Resulta ser una aseveración que no se acoge a los cntenos elementales
de rigor científico.
La principal refutación de esta tesis tan central _en la interpretación hageniana, la adelantó el historiador norteamencano Frank Safford (1965). Este mostró que, contrariamente a lo sostenido por Hagen, las evidencias indican que en el siglo XIX el ~oncept~ de_ los bogotanos sobre los antioqueños era favorable. Escntos capitalinos de la
·
·
·
" , "ho orados"
época se refieren
a 1os patsas
como "la b?~iosos
. ", "seríos, sanos y sencillos"; por otra parte la elite bog~tana les,~º . respeto y amistad". Los miembros de la clase alta antioquefia ... siempre
encontraron la misma acogida en Bogotá... " (Safford, 1965: 93), dado que los atributos de clase (riqueza, educación, modalidades ?e ~ida) eran más importantes que las identidades regionales. Los capitalistas antioqueños -según Safford- "tenían mucho oro"; gen~ralmente su riqueza era superior a la de sus congéneres de ~tras regi~nes. Y
en virtud de eso antes que ser rechazados, eran admirados -mcluso
temidos-. En manos de los "rescatantes" de Medellín y Rionegro se
acumularon grandes capitales. Dado a que aún d~pués ?e 1_850 el ?r?
era el medio de pago principal (durante la Colorua hab1a sido el umco), los antioqueños disponían de una podero~ palan~ económi~ que
les permitió influir en las actividades econónucas de ~ve~sas regiones
del país. "Los únicos que tenían recursos grandes _Y hqmdos er3:11 los
antioquefios" (Safford, 1965: 107-108). Así por eJemplo a mediados
del siglo los grandes rescatantes comerciales de Medellin hicieron préstamos a agricultores de Cundinamarca, Tolima y Valle; controlaban
dos terceras partes de la exportación de tabaco en Ambalema y finan-

Dávila: Bl empresariado antioqueño (1760-1920)

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ciaban un volumen importante del comercio de importación en el Occidente colombiano. Además, afios atrás -en la década de 1820- habían hecho empréstitos a los ejércitos patriotas. "Después de varias
generaciones de brega con el fiado a los mazamorreros, se convirtieron los antioqueños en los financistas del Estado colombiano y de los
empresarios capitalinos ... hacia 1830 consideraban ya algunos que los
antioqueños eran los principales comerciantes de importación del país"
(López Toro, 1970: 67).
Dentro de estos empresarios p;i.isas del comercio, la minería, las
finanzas y la agricultura de exportación sobresalían por sus riquezas los
Uribe, los Restrepo y muchos otros magnates de Medellin. De las familias ricas creadas en el comercio salieron no sólo los Uribe y Restrepo, sino también los Montoya y los Santamaría y al fin los Vicente
V. Villa, para dominar las actividades económicas de las otras regiones del país (Stafford, op. cit.: 105-106).

Pero podría argÜirse que todos estos ejemplos corresponden a la reacción de los antioquefios al mal miramiento que habían recibido generaciones anteriores. Esto lleva a destacar otra debilidad importante en
la interpretación de Hagen: la no precisión de los períodos históricos
en que se dio el supuesto proceso de negación del estatus de los antioquefios. Hagen páginas atrás hablaba de un proceso que va a lo largo
de varias generaciones, desde que sufren la negación del estatus, hasta
la reacción de los paisas para afirmar su posición encauzando sus
energías hacia el éxito económico. Pero no precisa los períodos históricos. en que se presentan las diversas etapas del supuesto proceso.
Los ejemplos que trae Safford cubren desde 1820 hasta fines del
siglo XIX, refiriéndose en su mayor parte a la mitad del siglo. O sea
que el rechazo de las élites valluna y bogotana a los antioqueños debería haberse producido hacia 1650. Pero no existen evidencias que prueben que en esos afios del siglo XVII se presentó el rechazo en cuestión.
Como lo indica la historiadora norteamericana Ann Twinam (1976:
313), reiterando lo anterior, es claro que el argumento del despojo del
estatus es "hipotético"; está basado solamente en las "propias inferencias" de Hagen y en su "propia y fértil imaginación". Añade Twinam que a mediados del siglo XVII no se podía hablar de la "aristocracia de la tierra", como lo hace Hagen. Lo que existía era una aristocracia rural "empobrecida y analfabeta". En estas condiciones, hacia 1650:
Lejos de rechazar a los antioqueños parecería más probable que las
élites de la Sabana y del Valle estuvieran solicitas a conmiserarse con

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Siglo XIX

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ellas por el deterioro mutuo de su posición económica (fwinam, 1976:
312).

ción social o política de las otras regiones: en esta época Antioquia fue
aislada por ser conservadora; no por otros motivos" (Safford, 1965: 84).

Por otra parte, Alvaro López Toro (1970) señ~a que sil~ ~eacción de
los antioquefios basada en nuevos valores sociales prop1c1os al desarrollo económico tuvo lugar hacia 1850, quedan interrogantes sin responder acerca de manifestaciones del espíritu empresarial paisa en las
décadas de 1820 y 1830, de la colonización de fines del siglo XVII_I Y
las habilidades comerciales de los rescatantes de oro en la Coloma.

En segundo lugar, si el interés por la política en el Cauca y Santander era mayor que en Antioquia se debía fundamentalmente a la

Resulta prácticamente imposible considerar estas preguntas dentro del
marco teórico de Hagen, puesto que él ignoró completamente el movimiento colonizador, sostuvo que la minería mantuvo su estructura
colonial hasta 1900 y no prestó atención suficiente a las condiciones
de la clase comerciante (López Toro, 1969: 97).

JI. ¿Conflictos de estatus entre regiones o conflictos sociales internos

dentro de Antioquia?
Ademas del problema de ubicación temporal, López Toro (1970: 94)
hace mención del aislamiento entre las regiones colombianas y del analfabetismo, para poner en duda lo intensa que hubiere podido ser la
negación del estatus social de los antioqueños. En lugar de estos conflictos de estatus entre regiones, hay evidencias de tensiones internas
dentro de Antioquia misma. En el memorial de los Comuneros de Antioquia, dice López Toro (1970: 95), los agricultore~ de tierra f~a se
quejaban de su posición desventajosa frente a los agncultores de tierra
templada en Medellin y de las maniobras a que los s~metí~ los ab~tecedores de provisiones. Pero además se presentaron mvas1ones de tierras por parte de los colonos, estado de abandono de las concesiones
latifundistas de gran tamaño y liberación espontánea de esclavos negros.

III. El papel de Antioquia en la política del siglo XIX
La afirmación del papel opaco de Antioquia en la política colombiana
y las guerras civiles es complementaria de la_ tesis hageniana del ais~amiento y desprecio social sufrido por los antioqueños. Los hechps históricos tampoco confirman esta aseveración. Safford (1965: 82-84) sostiene que "los antioqueños hicieron un pape~ i_mp~rtantísimo en l~ política colombiana" como lo muestra su part1c1pac1ón en las rebeliones
políticas de 1829 y 1840; las posiciones des~cadas q~e ocupai:on en
el gobierno desde comienzos de la era Republicana; ~u m~ervenc1ón en
las guerras civiles de 1876-1877 y 1885. Acepta el histonado~ noi:ieamericano que, especialmente entre 1863-1880, hubo un rela!1v~ a1:slamiento de los antioquefios el cual " ... no se explica por una dIScnnuna-

economia dinámica que tenía Antioquia y que no tenían Santander (eso
es, la región de Socorro) y el Cauca... Las otras provincias -que no
tenían minas de oro y que no podian hacer ganancias mayores con
otros productos por falta de comunicaciones- quedaron estancadas
económicamente (Safford, 1965: 84).

Esa economía dinámica y sus ganancias "enseñaron la virtud del trabajo en los negocios", "permitieron el rápido enriquecimiento", hicieron posible a los antioqueños construir sus vías sin necesidad de esperar que interviniendo en las guerras civiles pudiesen derivar influencia sobre el presupuesto nacional. Dentro de dicha economía antioqueña en Medellin dominaba "un grupo burgués bastante poderoso, un
~po de capitalistas grandes que no tenía ninguna otra capital de provincia" (Safford, 1965: 86), hombres prácticos que teniendo en mente
la defensa de sus riquezas propugnaron por una "política moderada
e inofensiva", "una política racional típica de una burguesía que tenía
algo que defender" (Safford, 1965: 88). Estos tres elementos relacionados: inexactitud en la afirmación de un papel opaco y aislamiento
político de los antioqueños; no dependencia del presupuesto nacional
para la construcción de los caminos de herradura; conveniencias para
los capitalistas de Medellin de adoptar una postura de moderación en
política, aportan sin duda alguna mucho más que la alegre y no documentada afirmación hecha por Hagen acerca del aislamiento político
de los antioqueños, cuya inexactitud histórica resalta frente a los comentarios de Safford.
Debe recordarse que como parte del supuesto desprecio hacia Antioquia, Hagen menciona la desatención del gobierno central ilustrada
según él por el hecho que cuando los técnicos mineros extranjeros visitaban la Nueva Granada no eran enviados a Antioquia. Esta afirmación como lo sefiala Twinam es "falsa y desorientadora". Por el contrario, "Antioquia servía como un imán para los técnicos y el capital
extranjero" (Twinam, 1976: 318).

N . El origen étnico como causal de la actividad empresarial de los
antioqueños
El espíritu y la exitosa actividad empresarial de los antioquefios ha sido atribuída en parte a razones étnicas. La leyenda judía que se re-

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monta a 1803 (Twinam, 1976: 289), fue descartada por Hagen basándose -con acierto- en el trabajo de Emilio Robledo (1922). Aunque
en definitiva el autor norteamericano no le concede al origen étnico
tanta importancia como a la deprivación del estatus, reemplazó la leyenda judía por la leyenda vasca: " .. .las personas de ancestro vasco
en Antioquia tienden a asumir posiciones directivas en los negocios en
un grado mayor que personas de ascendencia no vasca" (Hagen, 1963:
80-81).

en buena medida se explica por la necesidad de proteger las fortunas
familiares. Así por ejemplo buena parte de los 12 bancos regionales
creados entre 1872 y 1883 eran de carácter familiar: Banco de Restrepo y Compañía, Banco de Vicente Villa e hijos y Botero Arango e Hijos (Brew, 1977: 112-115). Las familias de acaudalados empresarios antioquefios aparecen entonces con una función económica de vital importancia, al punto que un historiador ha reparado en que eran una
"institución financiera" (Brew, 1977: 112).

Esta aseveración también ha sido muy seriamente di~utada por
argumentos históricos que son más convicentes que la técnica poco confiable de tomar los apellidos del directorio telefónico de Medellin. Es
así como a la refutación inicial basada en el hecho que "la presencia
de los vascos no es cosa particular de Antioquia" y "la inmigración
vasca fue muy notable'' durante el siglo XVIII dentro y fuera de la
Nueva Granada (Safford, 1965: 78), se sumó luego la investigación minuciosa que hizo Ann Twinam sobre los grandes mineros y comerciantes del período 1780-1800 en Medellín y que puso punto final a las elucubraciones étnicas como determinantes del crecimiento económico en
Antioquia.

Hay otras precisiones adicionales sobre este punto del espíritu de
asociación. Una se refiere a que mientras hay testimonios encomiando
el espíritu de asociación de los antioquefios, y provienen algunos de
ellos no de autores antioquefios sino bogotanos y del oriente (escritos
de Manuel Pombo y Felipe Pérez a mediados del siglo pasado) (Safford, 1965: 80-81, notas de pie de la página No. 6 y No. 7), existen
sin embargo testimonios opuestos de antioquefios de la época, como
Juan de Dios Restrepo, quejándose de Antioquia como el "país del individualismo" (Safford, 1965: 81, nota de pie de página No. 8). Otra
-más importante- precisión hace alusión a que la sociedad anónima
solamente se difundió después de 1870, pues como se había anotado
las más grandes empresas paisas eran "netamente de familias".

Su conclusión es la siguiente:
...el origen vasco no aparece como un criterio significante para la actividad empresarial. Como estos datos lo indican no parece haber correlación alguna entre la provincia de origen y la habilidad empresarial. Porque emigrantes de Asturias, Extremadura, Andalucía y Castilla están representados similarmente en la élite empresarial y la población migrante como un todo (Twinam, 1976: 328).

V. La economía minera, el espíritu de asociación y el riesgo
Dentro del cuadro teórico de Hagen, la minería es mencionada solamente en cuanto los riesgos que conllevaba hicieron "distribuir el riesgo de la actividad minera entre un conjunto de familias" (Hagen, 1963:
83) y por la familiaridad que les dio con procesos mecánicos. Según
Hagen la minería requirió formas especiales de asociación similares a
las sociedades modernas de accionistas, que hicieron que en Antioquia
la identificación de la estructura familiar con la estructura de los negocios no fuera tan marcada como en otras regiones del país. En esto
Hagen carece nuevamente de evidencias sólidas: no demuestra que en
Bogotá, el Valle, Cartagena o el Cauca hubiera un predominio de actividades económicas familiares. Por otra parte, en Antioquia las familias dedicadas a una multifacética actividad empresarial fueron muy
importantes social y económicamente. Su alto grado de diversificación

La tercera precisión es quizá la más pertinente. El espíritu de asociación no parece ser exclusivo de los antioquefios, y así es como antes
de 1870 hay evidencias de empresas por acciones fundadas por bogotanos y costefios, y luego de dicho afio la sociedad anónima no sólo
se difunde en Medellín sino también en Bogotá, Barranquillla y
Bucaramanga.
Como refutación de lo planteado por Hagen sobre la escasez de
mano de obra indígena que llevaría a que los espafioles trabajaran directamente, "con sus manos", en las minas (contra su fantasía de ser
"sefiores de la creación" en la tierra conquistada), siendo ello conducente a una valoración especial del trabajo manual, Safford -acudiendo
a James Parson, el geógrafo norteamericano, y a Francisco Silvestredemuestra definitivamente que este supuesto aspecto igualitario de la
sociedad antioqueña donde todos serían peones de las minas, no se dio.
¿Quiénes trabajaban en las minas, entonces? Safford indica que quienes lo hacían eran "mineros indígenas, después esclavos negros, al fin
de la Colonia una mezcla de esclavos y gente de color libre; y en la
República los descendientes de estos" (Safford, 1965: 79).
Muchos de los antioqueños que lograron una destacada posición
social: "trabajaron con las manos en muchos casos, pero rara vez co-

�28

SigloXIX
Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

mo trabajadores en las minas" (Safford, 1965: 79-80).
Más preocupante que la falta de sustentación de Hagen en lo referente al riesgo, el espíritu de asociación y el trabajo manual, es la forma muy superficial en que se trata la actividad minera en el marco de
la teoría psicológica de la negación del estatus. Se llega así a afirmar
que: " ...si se atribuye a la experiencia minera la mayor influencia, aq?ella habría producido un número relativamente mayor de empresanos
en otras áreas mineras ..." (Hagen, 1963: 85).
Se ignoran así las grandes diferencias entre la minería antioqueña
y la del Chocó y Barbacoas (Cauca). Y se pierde ~e vista que en ~ontraste con los mineros de Colorado en Estados Umdos o los de Minas
Gerais en el Brasil, los de Antioquia aunque enfrentados a riesgos eran
más prudentes y conservadores que aquellos, no eran aventureros. Por
todo ello Twinam (1976: 382) señala que las conclusiones de Hagen
sobre la minería son "insostenibles".
La minería no es tenida en cuenta por Hagen como centro de una
intensa actividad económica, medio de acumulación de excedentes,
oportunidad económica propicia para el surgimiento y 1~ obt~nción de
experiencia empresarial o base para una estructura social diferente a
la de otras regiones colombianas.
Todos estos aspectos de la minería antioqueña menospreciados y
no estudiados por el afán de forzar la realidad dentro de una explicación traída de los cabellos, han sido justamente uno de los ejes de atención de investigadores como Alvaro López Toro, Roger Brew y Ann
Twinam, cuyos aportes sobre el tema se presentan posteriormente.

VI. La pobreza de Antioquia en las postrimerías del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX
La imagen de Antioquia como una región pobre y atrasada, más aún
que otras regiones, hasta la década de 1820, tiene un papel importante
dentro de la teoría psicológica de la negación del estatus, según la cual
Antioquia en términos económicos, conocimiento téc~co externo, recursos naturales capital y mercado estaba en desventaJa frente a la Sabana y el Valle. '"El ingreso per cápita en ambas debió haber sido superior al de Antioquia" (Hagen, 1963: 69).
Dentro del marco de la pobreza y el atraso general de Colombia
en el siglo XIX, las evidencias históricas contradicen el plant~e?to
hageniano. Es cierto que a finales del siglo XVIII había una s1tuaetón

29

social y económica difícil en la agricultura, con una "crisis de altos
precios y baja ocupación" que movió a "estimular y diversificar la producción y amparar nuevas colonizaciones" (López Toro, 1969: 34) mediante las reformas del oidor Mon y Velarde. Pero la producción minera, de acuerdo a los datos de la casa de fundición localizada en Santa Fe de Antioquia, se dobló entre 1760 y 1779 y se cuadruplicó de 1780
a 1800, gracias tanto a las reformas borbónicas como al aumento de
la población y el descubrimiento de nuevos distritos mineros (Twinam,
1976: 83).
En la época colonial el oro antioqueño representaba más del 85%
de las exportaciones de la Nueva Granada, y Antioquia aportaba más
del 40% de las divisas por comercio exterior; hacia 1830 dicho porcentaje era del 35% y hacia fines del siglo XIX el oro exportado que provenía de Antioquia aún representaba 25% de las exportaciones totale.s
del país (Safford, 1965: 96-97). Sobre esta base Safford ha examinado
diversas interpretaciones que afirman la pobreza de Antioquia y en las
cuales se basó Hagen. Por un lado, dice Safford,
seguramente hacían falta en Antioquia fuentes de agua, buenas calles y buenos caminos. Pero la coexistencia de una pobreza pública
con una riqueza particular es perfectamente factible, sobre todo en
los pueblos de fundación reciente y muy lejos de los centros administrativos eso es, con las condiciones del frontier (Stafford, 1965: 98).

Además, las descripciones de pobreza se referían a las antiguas poblaciones mineras (Remedios, Zaragoza, Cáceres y Santiago de Arma)
que a fines del siglo XVIII habían ya decaído, más no eran aplicables
a centros comerciales como Medellín y Rionegro. Pero a esa decadencia siguió un "desarrollo dinámico" de la economía minera entre
1820-1850, en el cual la introducción de mejoras técnicas para la minería de veta fue decisiva para que los "antioqueños (buscaran) nuevas
minas por todas partes" (Safford, 1965: 100). Además los mismos que
señalaban -indiscriminadamente- la pobreza antioqueña (por ejemplo Silvestre en 1776, Finestrand en 1780), no dejaban de notar que
los ingresos monetarios per cápita en Antioquia eran muy superiores
aJ resto del país ... (Aunque) los precios en Antioquia también tenían
un nivel realmente alto... Si los antioqueños eran pobres, eran pobres
a un nivel monetario muy superior a la pobreza de los campesinos
del oriente (Safford, 1%5: 102, 103, 104, 105) 4.

VII. La canalización de los excedentes comerciales hacia la industria
La industrialización antioqueña la explica Hagen en base al decaimiento

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Siglo XIX

del comercio a comienzos del siglo XX. El dinero amasado en aquel
no encontró otras oportunidades o alternativas para ser invertido, a
diferencia de lo que sucedió en Bogotá en donde se canalizó hacia la
obtención de tierras para ingresar a la élite terrateniente. O en el Valle,
donde se invirtió en ganadería en unos casos, en finanzas e industria
en otros (Hagen, 1963: 85-88).
La evidencia detrás de esta afirmación es muy frágil. Para el caso
de Medellín y Cali se reduce a nombrar algunos de los grandes comerciantes, sin que luego se haga el debido seguimiento de sus actividades
posteriores además del comercio. Y para el contra-ejemplo de Bogotá
dice llanamente: "No pude obtener la lista correspondiente de Bogotá" (Hagen, 1963: 86, nota de pie de página No. 45).
Además se pierde de vista la importancia de la minería, el comercio y el café como experiencia empresarial para los antioqueños, que
luego -junto con los excedentes de capital, claro está-, sería uno de
los factores determinantes de la industrialización en Antioquia. Hay
una subvaloración de los comerciantes paisas del siglo XIX, otorgando atención como aceleradores del crecimiento industrial sólo a los del
siglo XX:
Su silencio (de Hagen), en relación con el papel de los comerciantes
antioqueños en el siglo XIX sugiere su ignorancia de uno de los signos más conspicuos de la actividad empresarial de los antioqueños
previa a la industrialización de Medellin (Twinam, 1976: 334).

LA TEORIA DE LA VOLUNTAD O EL DESEO
DE HACER EL DESARROLLO
Una segunda interpretación del desarrollo acelerado de Antioquia, es
también de carácter psicológico-cultural y fue elaborada igualmente por
un economista, no un psicólogo o sociólogo, el norteamericano Paul
Me Greevey. Corresponde a una teoría psicológica en cuanto destaca
la motivación o deseo de los individuos; y cultural porque dicha voluntad está atada en un grupo regional, que aunque el autor no lo trate
en detalle, implícitamente acepta que tiene un modo de ser diferente
al de otras regiones.
Me Greevey presenta su teoría en el marco de una interpretación
de la historia económica de Colombia en el período 1845-1930, publicada en inglés en 1971 y traducida al español cuatro años más tarde
(Me Greevey: 1975).
Este autor tiene -como Hagen- un objetivo muy ambicioso: exa-

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

31

minar si la historia económica de Colombia comprueba alguna teoría
del desarrollo. Para ello busca explicar el "período de transición" hacia el desarrollo económico sostenido, período que sitúa entre 1895 y
1915. Dicha transición significó un "trastocamiento de la decadencia
que lo precedió". La decadencia cubrió todo el país, Antioquia incluida -según Hagen-. A la minería antioqueña no le concede un papel
significativo y -en general- disiente de quienes han enfatizado la exitosa actividad económica de los antioqueños, aún si entendida en los
términos relativos de la pobreza colombiana durante el siglo XIX. Me
Greevey reconoce esa actividad pero únicamente a partir de 1895 y como un factor decisivo en la industrialización colombiana.
. . .la transición clave hacia el desarrollo data de los primeros decenios de este siglo, y se basa en una gama de cambios interdependientes en la población, la capacidad exportadora, el sistema de transporte y el potencial industrial (Me Greevey, 1975; 189).

Si en este conjunto de cambios consiste la "transición", ¿a qué causas
puede atribuírse, cómo puede explicarse que se haya dado luego de un
tan prolongado receso? El argumento de Me Greevey puede resumirse
así: el desplazamiento hacia arriba de la función de crecimiento demográfico, "en algún momento después de 1850" (Me. Greevey, 1975:
287), aparentemente ocurrió en Antioquia antes que en otras regiones
del país. Dicho desplazamiento incrementó la interdependencia entre
personas y regiones, generando nuevos problemas así como oportunidades; frente a unos y otros, la respuesta de las diversas regiones fue
diferente, presentándose un "desequilibrado avance regional", en el
marco de una "interdependencia de las innovaciones" (mejoras en el
cultivo del café, transporte, actividad manufacturera). En este marco
el economista norteamericano, reiteradamente, presenta su explicación
psicológica. Dice así:
Una explicación 'mecánica' satisfactoria de la transición en Colombia sería que el crecimiento fue generado por las exportaciones. Sin
embargo, el necesario incremento en la iniciativa empresarial, que permitió la rápida expansión de las exportaciones, requiere su propia razón de ser. Mi conclusión es que la transición hacia el desarrollo ocurrió porque algunos grupos (en particular, los antioqueños) quisieron que ocurriera. El análisis adicional de sus motivaciones está fuera del alcance de este libro (Me Greevey, 1975: 18).

La sorpresa ante esta explicación que se adelanta, pero en la cual no
se profundiza, vuelve a presentarse en el capítulo conclusivo del libro,
aquel sobre la "teoría de la transición". Dice allí Me Greevey: "En
última instancia, la explicación forzosamente radica en la motivación

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Siglo XIX

humana, algunas regiones se desarrollaron porque sus gentes así lo desearon" (Me Greevey, 1975: 287). Y termina así su libro:
.. .el ingrediente básico de la transición fue la voluntad de realizarla.
Habiendo reconocido dichos elementos de motivación y voluntad, el
economista llega a las fronteras de su propio campo de acción profesional (Me Greevey, 1975: 308).

La interpretación del economista del M.I.T., a la cual le dedica unas
pocas páginas de un voluminoso libro de más de trescientas, no está
basada en datos empíricos. Por ello más que una explicación de la transición económica sólo alcanza el carácter de hipótesis. Pero está tan
cruda y poco elaborada conceptualmente, que para un investigador que
buscara comprobar esta hipótesis voluntarista sería una tarea casi inabordable. A este nivel de elaboración teórica, es inferior en calidad a
la criticada teoría de la deprivación de estatus.
La afirmación final de Me Greevey en el sentido que como economista él llega hasta reconocer que en los factores económicos que analizó no está el principal causal de la transición, y que el "ingrediente
básico" (principal factor causal) de la explicación es no económico,
sino psicológico, mueve a reflexión. Por un lado implica una aceptación de las limitaciones del economicismo a ultranza: es el reconocimiento de lo que en la literatura del desarrollo económico se han llamado "factores no-económicos del desarrollo económico". Pero no
presta atención al hecho de que dentro de tan amplia gama de factores, existían ya una serie de teorías psicológicas y sociológicas más elaboradas que la alegre hipótesis voluntarista que deja esbozada solamente. Sobre el tema del empresariado en el desarrollo económico han
sido identificados siete enfoques teóricos 5 • Y dentro de esta diversidad de teorías hay elementos conceptuales y metodológicos valiosos,
que no pueden-igno;arse. Hacemos esta anotación, concediendo algo
que tampoco se aclara por parte de Me Greevey: por "voluntad" de
hacer el desarrollo, se entiende voluntad del empresariado paisa; que
es un grupo de la sociedad más concreto que las "gentes" de Antioquia.
Es paradójico que todas estas ligerezas se presenten dentro de un
trabajo planteado como el primero de la historia económica cuantitativa hecho en Colombia. Esta corriente "busca examinar los problemas históricos por medio de una interacción entre la teoría económica
y la econometría, entendiéndose por ésta última la reconstrucción de
series estadísticas incompletas, la elaboración de nuevas medidas de variables, o la medición indirecta de algún proceso". (Calvo, 1975: VII,
en el prólogo del traductor a la obra en cuestión). No sería correcto

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

33

extender todas estas críticas de la interpretación de Me Greevey sobre
"la voluntad de hacer el desarrollo" que tuvieron los antioqueños entre 1895 y 1915 a la mayoría de su libro, en el cual hay abundante
material empírico.
La controversia surgida alrededor del trabajo del economista del
M.I.T. fue grande. Hasta el punto que en 1975 se realizó un seminario
de tres días en el que investigadores de diferentes disciplinas y de muy
diversas corrientes se consagraron exclusivamente a analizar la historia económica colombiana escrita por Me. Greevey. Los resultados de
esta discusión fueron publicados cuatro años después (véase Instituto
de Estudios Colombianos, 1979). Sin entrar en mayor detalle sobre este conjunto de valiosos trabajos, vale la pena destacar dos puntos. Por
un lado las críticas adelantadas desde posiciones muy diversas son, en
conjunto, demoledoras. En señalar la debilidad ~el~ tesis de la voluntad de los antioqueños de hacer el desarrollo, comc1den desde Kalmanovitz (1979) hasta Buenaventura (1979), Ospina Vásquez (1979), etcétera. Pero -además- la tendencia de Me Greevey a caer en las "generalizaciones fáciles e indocumentadas" que él mismo le enrostraba
a los historiadores no cuantitativos, no se reduce a la tesis voluntarista
que nos ha ocupado en estas páginas, sino a aspectos muy diversos de su
labor 6 • Por otra parte, entre los ponentes se generó un debate que
aportó elementos de teoría y método valiosos para, criti~ado Me Gre~vey y su peregrina tesis voluntarista, avanzar en el estudio de la transición económica.
Como ilustración de las críticas, la de Safford es notable por lo
sistemática y minuciosa. Afirma que hay interpretaciones ahistóricas;
a veces la calidad de la estadística utilizada es "pésim_a"_; ~l autor ~cusa "falta de sentido crítico" en el uso de los datos histoncos; el libro
resulta pretensioso e irresponsable"; "trata tantos temas de manera
tan amplia"; tiene "suposiciones falsas", "juicios ligeros" y "errores
estadísticos"; es poco modesto y tiene una actitud "alegre frente a la
historia"· en cuanto al análisis económico "hay una sorprendente falta de co;sideración del papel de los factores económicos clásicos en
el desarrollo de la economía colombiana". Estas son las bases de Safford (1979: 39-40) para señalar que es una "exposición histórica ...
deficiente''.
· Sobre la tesis voluntarista precisa:
No puedo terminar sin sefialar lo absurdo de la co~clusión d~l libro
donde dice que la transición al desarrollo al fin llego a Colo~b1a po~que los colorobianos (después de 1880) lo deseaban. Esto qwere decrr

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Siglo XIX

que no lo deseaban antes, una aseveración sin fundamento. Esta conclusión deja completameqte sin considerar los muchos obstáculos al
desarrollo que enfrentaron los colombianos en el siglo XIX. Por lo·
tanto este resultado no es más que una ligereza (Safford, 1979: 39).

En el trabajo ya analizado de Safford (1965) refutando la teoría de la
deprivación del estatus, el historiador norteamericano había hecho hincapié en el grupo de grandes comerciantes que se formó en Medellín
y el papel destacado de Antioquia en la economía colombiana durante
la primera mitad del siglo XIX. Esto es rechazado por Me Greevey basado aparentemente,
... en el equivocado concepto que yo había ubicado el desarrollo notable de la región en la primera mitad del siglo. En realidad el artículo mío no tuvo que ver con el desarrollo económico sino con la formación y concentración de capitales de alguna consideración en manos de los comerciantes de Medellin. El desarrollo y el proceso de
capitalización son cosas bien distintas ... (Safford, 1979: 39).

Queda la impresión que uno (desarrollo) es un proceso más amplio que
el otro (acumulación). Safford no elabora más sobre las relaciones y
diferencias entre desarrollo y capitalización y queda una confusión sobre su argumento teórico. Empero, es claro lo que dice luego:
Es muy notable que en su explicación del desarrollo de Antioquia (Me
Greevey) hace mucho hincapié en el papel de los pequeños caficultores pero no dice nada de figuras no menos notables, los grandes capitalistas de Medellin. Cabe anotar que las fábricas de Medellin no fueron fundadas por los pequeíios caficultores. Ni es para mi muy claro
que como mercado eran un factor determinante en sostenerlas. Antes que se pueda aceptar esta tesis será necesario saber si los mercados de las fábricas antioqueñas estaban limitados a la región de Antioquia (Safford, 1979: 39).

EL BALANCE DEL DEBATE SOBRE LAS TEORIAS
PSICOLOGICO-CULTURALES
¿Qué conclusiones generales pueden derivarse del debate alrededor de
la teoría psicológico-cultural de la negación del estatus y de la interpretación voluntarista de Me Greevey? Una primera -a nivel teóricoapunta a los peligros del determinismo psicológico para explicar el proceso de crecimiento económico. La sobre-determinación de los factores psicológicos -la personalidad creativa de los antioqueños explicada mediante el proceso psicológico autoritarismo-deposición del estatus, retraimiento-creatividad- conlleva la subvaloración de los factores económicos y sociales. Dentro de los primeros, la acumulación de

Dávila: El empresariado antioqueño (J 760-1920)

35

capital, el tamaño del mercado, la disponibilidad de mano de obra y
la tecnología, son tratados por la literatura económica y no pueden alegremente descartarse. En cuanto a los factores sociales, la no consideración de la estructura social; o lo que es lo mismo la simplificación
patente al hablar del pueblo antioqueño como si se tratase de un conglomerado homogéneo en su posición social y económica, sus valores
y su comportamiento, es otra falla protuberante del psicologismo ejemplificado por la teoría en cuestión. A nivel teórico se requeriría la demostración de que unos y otros factores son inexistentes o marginales,
labor que no emprenden Hagen ni Me Greevey. O que están subordinados al factor psicológico en cuestión, empeño que intenta demostrar
Hagen. Pero este es un intento fallido, por los numerosos errores y ligereza en materia de investigación histórica que aqueja su trabajo, como lo muestran exhaustivamente las refutaciones y demoledoras críticas de la serie de investigadores del desarrollo antioqueño, a que se hizo referencia en las páginas preyias.
En segundo término, a nivel metodológico la impresión general que
queda es la de forzar un esquema conceptual-analítico, transferido mecánicamente a los casos de Japón, Rusia y Antioquia. La naturaleza
y complejidad misma del objetivo propuesto -explicar el acelerado
crecimiento económico- hace previsible que el modelo propuesto no
pueda confrontarse con el detalle y rigor necesarios para los tres casos
que se pretende estudiar. En vista de ello se elucubra sobre las realidades históricas.
El método utilizado por Hagen tiene varios rasgos distintivos. Uno
es la falta de consistencia en cuanto al carácter mismo del tabajo: se
debate a lo largo de todo el libro entre un tono exploratorio y de generación de hipótesis y uno conclusivo: lo que a veces son supuestos, toman de repente el carácter de hipótesis comprobada. Predomina el carácter conclusivo, afirmación que se corrobora al percatarse de que el
trabajo sobre los antioquefios le sirve como una ilustración de una teoría general del cambio social por lo que es bien conocido el economista
norteamericano.
Otro rasgo es la ausencia de una base empírica adecuada para hipótesis tan amplias y complejas. Utiliza sólo algunas de las fuentes secundarias existentes en la época (fines de los años cincuenta), y no acude
a fuentes primarias (archivos, periódicos, etcétera), indispensables dado el contenido de sus hipótesis. Frente a esta insuficiencia y fragilidad de información histórica, económica y social no sólo a nivel nacional, sino regional, antioquefio, Hagen acude a sus "impresiones" y conversaciones que van desde aquellas con conductores de taxi hasta otras

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Siglo XIX
Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

con empresarios.
Un tercer rasgo es la imprecisión acerca del período histórico de
que se está tratando, tan notoria al hablar de la deprivación del status,
paro también presente al no localizar temporalmente los logros de la
"personalidad creadora" antioqueña.
En cuarto lugar, utiliza dos técnicas adicionales de recolección de
información: el instrumento psicológico del TAT de Me Clelland aplicado a una muestra reducida en extremo de empresarios antioqueños
y politicos payaneses (recuérdese de nuevo: información sobre dirigentes de 1957 para sustentar diferencias que sitúa cien años atrás). Y el
análisis del directorio telefónico para mirar el ancestro vasco, técnica
de dudosa validez.
En quinto término, se mueve en un marco comparativo, interregional. La dificultad radica en tres puntos: oor un lado, ante la ausencia
de datos, Hagen fuerza y extrema la diferencia en algunos de los aspectos
que está comprando. Tampoco se acoge plenamente a la necesidad
-dentro del método comparativo- de identificar no sólo diferencias
sino también semejanzas. Igualmente es muy desigual la información
entre regiones: si bien es insuficiente para Antioquia, lo es aún mucho
más para Cundinamarca, Valle y Popayán (de paso; ¿son homogéneas
entre sí estas tres regiones?) las otras tres regiones que contrasta con
Antioquia.
Finalmente, no hay consistencia en cuanto a la unidad de análisis
empleada. Está clara la pertinencia del análisis interregional. Más la
dificultad radica en que en partes del libro toma como foco del análisis
a los empresarios antioqueños y en otras al "pueblo antioqueño", cual
si no existiese una estructura social y grupos sociales diferentes.

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lleva al economicismo; los psicológicos que conducen al psicologismo;
los sociológicos que terminan en el sociologismo, parece más prudente
mirar la interrelación entre ellos dentro de una localización temporal,
espacial y temática dada. La última está determinada por la especialidad e intereses del investigador. La relativa autonomía de lo económico, o de lo sociológico o de lo psicológico no radica en despreciar el
otro conjunto de factores, sino en examinar lo económico, lo psicológico, lo sociológico en su dinámica y manifestaciones; en cuanto no
se expliquen por el conjunto de factores de su mismo tipo ha de acudirse a buscar sus interrelaciones con los otros factores. Así, deben buscarse las bases materiales en que se sustentan los valores y se desarrolla
la psicología de un grupo social y regional dado; esos valores y psicología han de mirarse además en su misma dinámica y esta estructura interna -valorativa y psicológica- no puede eludirse bajo la simple presunción de que "está determinada por factores económicos". Las instituciones sociales y los grupos sociales habrán de mirarse por su comportamiento, su estructura y relaciones y su poder relativo; uno y otros
deben relacionarse con la base económica en que se asientan. En el caso concreto de este estudio, el empresariado habrá de concebirse como
un grupo social, cuya evolución y dinámica está íntimamente atada a
su función económica dentro de una sociedad determinada: la antioqueña en este caso. Los factores económicos: acumulación, mercado,
comercio exterior y mano de obra, etcétera, no pueden concebirse simplemente como variables susceptibles de medición y manejo dentro de
un modelo, sino que deben mirarse en el marco de las relaciones sociales que envuelven.

1) Necesidad de investigación empírica, en fuentes primarias y secundarias, reducida a períodos históricos menos extensos y centrada
en aspectos temáticos menos amplios.

3) La refutación de la explicación psicologista sobre el empresariado, no niega la existencia de éste, ni su papel en el crecimiento económico. Simplemente apunta a que estudiado en un período o espacio
determinados, el empresariado -sus orígenes, caracterización, sus valores, dinámica interna, etcétera- ha de encuadrarse y relacionarse con
los factores económicos: dotación de recursos, mano de obra, tecnología, mercado; y con los factores sociales: estructura social y poder. El
empresariado aparece entonces no como determinado por factores psicológicos (lo cual no implica desdeñar que los empresarios tengan rasgos psicológicos y una determinada estructura de valores). sino como
un agente social en el proceso de crecimiento económico.

2) Consideración del fenómeno a explicar -el crecimiento
económico- como la resultante de una urdimbre de factores interrelacionados, en vez de optar por la causa única. Antes que postular una
sobre-determinación de un conjunto de ellos: de los económicos que

4) Necesidad de un enfoque integrado u holista, en el cual la fijación de un objeto de estudio más afín disciplinariamente a un conjunto de factores (ya sean económicos, sociales, psicológicos o politicos),
no lleve aparejado el olvido de su interrelación con los demás factores.

De estas anotaciones de teoría y método surgen algunas implicaciones para el estudio del empresariado en general, y de los empresarios antioqueños en particular. Pueden sintetizarse así:

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Siglo XIX

La superación de varios de los problemas encontrados en el psicologismo de la teoría de la deprivación del estatus y contribuciones muy
significativas para un estudio más plausible del empresariado en Antioquia, se encuentran en los trabajos numerosos de varios historiadores que han avanzado significativamente el conocimiento sobre el tema. Varios de estos se tratan en el resto de este capítulo.
EL EMPRESARIADO ANTIOQUEÑO: DE LA TRANSFERENCIA
MECANICA DE TEORIAS AL ESTUDIO HISTORICO
DEL FENOMENO
Las dos teorías hasta ahora analizadas en este capítulo: la deprivación
del estatus (Hagen) y la voluntad de emprender el desarrollo (Me Greevey) acusan problemas teóricos, de método y de sustentación empírica
muy graves que llevan a descartarlas como explicaciones del crecimiento
económico de Antioquia. Una y otra están permeadas de determinismo psicológico que configura una excesiva simplificación de la realidad que buscan estudiar. Los argumentos para sustentar esta conclusión no van a repetirse. Son muy variados y contundentes, como se
colige del análisis adelantado en la primera sección de este capítulo basados en el copioso debate que originaron y en las apreciaciones del
presente autor.
Ante este balance surgen varios interrogantes: si estos dos enfoques que dan relieve al papel del empresariado han sido refutados contundentemente, ¿implica ello que el empresariado no sea un factor importante para comprender el crecimiento económico? En otras palabras, si se descartan las explicaciones voluntarista y de la deprivación
de estatus, ¿debe descartarse al empresariado como uno de los factores que inciden en el proceso de desarrollo? ¿Existen otros enfoques
que pueden dar buena cuenta del empresariado y su papel en el crecimiento económico? Estos interrogantes tienen relación directa con el
problema del trasplante mecánico de teorías y esquemas conceptualanalíticos a las realidades que la investigación pretende estudiar.

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

39

dos. Y muestra que un acercamiento metodológico basado en la ínvestigación empírica rigurosa, como forma de estudiar la realidad y de
aplicar en ella los modelos teóricos, es una condición sine qua non para la labor del sociólogo, del economista y del historiador, del psicólogo o del antropólogo. Los métodos específicos de uno y otro tienen
diferencias: y aún más el armazón teórico-analítico que manejan miembros de una misma disciplina no es el mismo ni produce los mismos
resultados. Estas son verdades muy elementales en las ciencias sociales, pero a menudo se olvidan, como lo ilustra el presente capítulo.
El empresariado no queda descartado como factor que incide en el
crecimiento económico. Historiadores y economistas que pertenecen
a bien diferentes corrientes teóricas, y a variadas nacionalidades, han
hecho valiosos aportes al estudio del empresariado antioqueño. Varios
de ellos, bien vale la pena destacarlo, fueron acicateados por las fallas
que encontraron en los modelos de Hagen y Me Greevey. Además de
los elementos empíricos del método y teorías que dejaron sus críticas
a esos dos trabajos, expuestas en detalle en el presente capítulo, estudiaron importantes aspectos del empresariado paisa. A algunos de ellos
se refiere el resto de este trabajo.

Los orígenes del empresariado antioqueño
Todos los estudiosos de Antioquia coinciden en señalar su notable
actividad económica dentro del cuadro de pobreza y estancamiento de
Colombia hasta comienzos del presente siglo. Así mismo están de acuerdo en destacar unos patrones de acción y de pensamiento peculiares,
indistintamente llamados "espíritu empresarial", "actitud empresarial", "sobresaliente actividad empresarial", "personalidad creadora",
"innovación económica", "ética protestante de los antioqueños",
"agudeza para los negocios", "los antioqueños: los yanquies de América del Sur", "recursos· empresariales", etcétera.

El problema no radica en que ellas hayan sido elaboradas en el exterior y que quienes las hayan intentado aplicar -Hagen y Me
Greevey- sean de nacionalidad norteamericana, si bien ello es un índice de la debilidad estructural de la actividad científica en un país latinoamericano. Las críticas se mantendrían si los autores de estos trabajos tuviesen apellidos criollos, antioqueños de pura cepa si se quiere.

Hay desacuerdo, por el contrario, acerca de las causas de esos patrones de acción y pensamiento del empresariado antioqueño 7 • Y en
la identificación del momento histórico en que aparecen las manifestaciones de ese empresariado. Mientras algunos lo sitúan en el siglo XVIII
(López Toro, Parsons, Ospina Vásquez y Twínam), otros lo colocan
en la primera mitad del siglo XIX (Safford y Brew). Hacia 1850 es la
epoca señalada por otro autor (Hagen), mientras que el período
1890-1915 ha sido también propuesto (Me Greevey).

La evolución creciente -y muy reciente- del conocimiento sobre
Antioquia ofrece respuestas muy positivas a los interrogantes plantea-

En balance, parece plausible situar la formación del empresariado
paisa en la segunda mitad del siglo XVIII y primeras décadas del siglo

XIX.

�40

Siglo XIX
Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

Como lo muestra Twinam (1976) 8, el siglo XVIII fue escenario
de importantes cambios en los diferentes sectores (minería, agricultura
y comercio) de la economía antioqueña y se constituyó en
... el período formativo para el desarrollo de una distintiva actitud
antioqueña hacia el uso del capital que condujo a la notable actividad empresarial de los siglos XIX y XX ... (Twinam, 1976: 338. Traducción del autor).

Los cambios en la economía antioqueña del siglo XVIII tuvieron lugar
al final del período Borbón, entre los años 1760 y 1810, el período al
que se circunscribe el estudio aludido. En ese período formativo del
empresariado paisa jugó un papel decisivo la economía minera del oro.

La minería antioqueña y el empresariado
La actividad minera aurífera en Antioquia se remonta a los comienzos
de la Colonia, habiéndose desarrollado alrededor de ésta una serie de
poblaciones como Santa Fe de Antioquia, Santiago de Arma, Cácerez, Zaragoza y Remedios.
Hasta mediados del siglo XVII la búsqueda de oro se localizó en un
número reducido de minas de alta productividad, con tierras vecinas
a las labores agrícolas y con un claro atractivo para el establecimiento de las actividades comerciales (López Toro, 1969: 11).

Fuera de estos centros, asentados unos en torno a yacimientos (minería de veta) y otros a la minería de aluvión en ríos como el Cauca y
el Nechí, la población era muy escasa, "exigua" en las pocas reservas
indígenas (López Toro, 1970: 11). La población total de Antioquia no
sobrepasaba los 25 000 habitantes, hacia 1650, época a partir de la cual
se presentan dos grupos diferentes para la explotación minera. Uno de
ellos es el de los mineros autónomos ("barequeros", "mazamorreros",
"zambullidores", "guaqueros"); son núcleos de nómadas
... cuyas actividades sustituyen gradualmente el trabajo de las primeras grandes minas, abandonadas a causa de las dificultades de una
tecnología inapropiada para la explotación a largo plazo, de los pésimos climas y del consiguiente costo excesivo de reposición de las grandes cuadrillas de esclavos, en comparación con su rendimiento... (López Toro, 1970: 13-14).

Estos mineros libres vienen a consolidarse a lo largo de la Colonia como un estrato social, movido en su actividad económica por las condiciones geográficas de un terreno quebrado pero atravesado por innumerables filones y aluviones auríferos; los mineros independientes ven-

4/

drían a constituirse en un elemento decisivq para que Antioquia fuera
una "sociedad relativamente abierta en marcado contraste con otras
regiones mineras de la Nueva Granada en donde sigue predominando
la mediana o gran explotación, o en las zonas donde se arraiga el sistema agrario latifundista" (López Toro, 1970: 15).
El segundo tipo de minería, es la minería organizada o empresarial. Esta enfrentó una serie de frenos a su desarrollo (salarios altos,
tecnología muy rudimentaria, oferta inelástica de mano de obra) que
afectaban su rendimiento económico, mientras que la "tasa secular de
crecimiento del estrato autónomo era sustancialmente más elevada que la
del estrato empresarial" (López Toro, 1970: 25). Hacia 1750 sólo un
tercio de la producción aurífera provenía de la minería organizada; del
total ocupado en población, 5/6 eran mazarnorreros libres (López Toro, 1970: 24). Para esos mismos años, la región estaba sumida en una
profunda crisis económica, que originó las reformas del visitador Mon
y Velarde.
Socialmente, en la Antioquia colonial hubo mayor movilidad que
en otras regiones colombianas. Aunque no debe olvidarse que los grandes mineros-comerciantes vendrían a conformar un grupo poderoso con
grandes capitales a lo largo del siglo XIX, la estratificación social era
menos rígida que en el Cauca o la Sabana.
Bastaba tener suerte o dedicación en la búsqueda del oro o el comercio para ascender. La posición dentro de la pirámide social no estuvo
ligada en Antioquia a los apellidos ni al mayorazgo territorial sino
al éxito en la actividad económica... (Fajardo, s.f.: 50).

La producción de oro en la Nueva Granada tuvo un papel muy importante, siendo casi el único producto de exportación, al punto que "a
fines de la Colonia se calculaba el oro en más de 850Jo de las exportaciones del Nuevo Reino de Granada" (Safford, 1977: 96).
La carencia de estimativos confiables sobre la producción de oro
durante el siglo XVIII había sido hasta años muy recientes un obstáculo para aclarar puntos de vista opuestos sobre la economía antioqueña
en ese período. La paciente investigación de Ann Twinam en los libros
de registro de la fundición (sitio al que debía llevarse el oro para ser
fundido tanto por los mineros como por los comerciantes, base sobre
la cual se liquidaba el impuesto al quinto real), le permitió un cálculo
para la producción año por año en el período 1670-1810 (fwinam, 1976:
cuadro 1). Por el contrabando de artículos y de oro, así como otros
métodos de evasión estas cifras subestiman la producción real, como
Twinam tiene el cuidado de precisarlo: " .. .las sumas que los mineros

�42

Siglo XIX

llevaban a la fundición eran entonces unaaproximación cercana a sus
utilidades más que a la producción real... Las sumas que los comerciantes llevaban a la fundición no representan su utilidad, sino el valor
de su comercio de importación ... un aumento o una caída en la contribución de los comerciantes a la fundición suministra un indicador
amplio de la cantidad de capital disponible para la población; y como
este capital se originó en la minería, significa una medida aproximada
del estado de la minería" (Twinam, 1976: 44-45). Las cifras muestran
un resurgir notable de la minería después de 1750: entre 1750 y 1779
el promedio anual fue de 59 000 pesos de oro (frente a 22 000 pesos
entre 1670 y 1749); de 1780 a 1810 ascendió a 236 000 pesos de oro.
Es decir, la minería produjo 10 veces más capital en 1800 que en 1700
(Twinam, 1976: 45-46).
Estos datos sirven para poner en duda la alegada pobreza y atraso
de toda la sociedad antioqueña en el siglo XVIII y permiten calificar
más ciudadosamente el impacto de las reformas del visitador Mon y
Velarde (posteriores a 1786). Si bien pudieron contribuir a la segunda
fase de aumento de la producción minera (1780-1810), el hecho es que
la producción se había más que duplicado en el período de 30 años previa a su visita y reformas. El aumento de la población y el descubrimiento de nuevos distritos mineros contribuyeron a esta expansión.

La contribución de la minería organizada (los "mineros" eran quienes tenían bajo su control una fuerza de trabajo -libre o esclavade 5 o más personas) y de los mazamorreros a la producción del período Borbón fue muy desigual: los mazamorreros contribuyeron 2/3 de
la producción anual.
La tecnología misma del 'oro corrido' implica que los mineros tuvieran continuamente que invertir y reinvertir su tiempo y su capital para obtener utilidades. Aunque los mineros podían acumular sumas
para inversión posterior, ellos no hicieron suficientes utilidades como para cesar sus actividades mineras y gozar de ingresos acumulados (Twinam, 1976: 83-84).

La referencia a estos aspectos de la minería en el período en cuestión
se justifica, pues la expansión que se presentó en la producción minera
tuvo efectos en otros sectores de la economía regional (comercio y agricultura) constituyó unas condiciones tales que en esos años se puede
situar la formación del empresariado antioqueño. Esa es una de las conclusiones que se derivan de la tesis doctoral de Twinam (1976) acuciosamente respaldada en fuentes primarias que no habían sido utilizadas
en estudios previos.

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

43

Tanto las oportunidades como las limitaciones de la economía colonial antioqueña influyeron decisivamente en la capacidad de acumulación de la élite regional, así como en la altísima diversificación del
capital, las múltiples ocupaciones de la élite y la re-inversión continua
de su capital. La capacidad de acumulación de la élite antioqueña fue
superior a la de otras élites regionales; pero era "suficiente pero no demasiado" y no comparable con la de los mineros de Guanajuato o los comerciantes de Buenos Aires.
Los riesgos y los retornos esporádicos de la minería, el comercio y
la agricultura forzaron, entonces a los antioqueños, a usar el capital
limitado que ellos poseían diversificándolo como colchón de seguridad contra la incertidumbre. Paradójicamente, el conservatismo y la
prudencia llevó a los antioqueños a invertir en forma innovadora ganando así una temprana reputación como empresarios (Twinam, 1976:
341).

Las realidades económicas movieron a los antioqueños a
mantener capital fluido, disminuír los riesgos y reinvertir continuamente...... Hacia el fin del período Borbón, lo que había sido un
'modo de estar', es decir la adaptación a una realidad económica específica, se había transformado en un 'modo se ser', una forma de
vida que trascendía las condiciones históricas que la habían creado...
La continuación de su propia tradición 'conservadora' llevó a losantioqueños a brillar como mineros, comerciantes, colonizadores, banqueros, cultivadores de tabaco, constructores de ferrocarriles, productores de café y, finalmente, los industriales de Colombia. (Twinam, 1976: 344).

Esta conclusión ¿cómo se confronta con lo que Twinam llama la "tendencia natural" de las sociedades mineras a "crear élites con algún potencial empresarial"? Comparando los casos de centros mineros como
Popayán, Guanajuato (México) y Minas Gerais (Brasil), concluye que
en dichos casos había otras alternativas para que los mineros y comerciantes ricos adquirieran estatus social: encomiendas y haciendas en Popayán y Guanajuato; en el caso de Minas Gerais los recursos mineros
no fueron suficientes para sostener una "naciente élite empresarial".
Pero en nuestro caso "los medellineses del siglo XVIII no tenían estas
alternativas" (p. 286). Es por estas circunstancias objetivas que losantioqueños tuvieron que desarrollar habilidades empresariales.
Otra conclusión importante apunta a la composición de la élite de
Medellin. Basada en una minuciosa reconstrucción de datos para averiguar la conformación del Cabildo, las actividades económicas de sus
miembros y una invaluable lista de estratificación de la élite basada

�44

Siglo XIX

en los ingresos mineros y comerciales, se muestra (Twinam, 1976: 225)
que los miembros de la élite eran a la vez mineros de oro y comerciantes que dominaban el Cabildo de MedeUín y ocupaban las más altas
posiciones dentro de éste. La minería de oro y el comercio estaban íntimamente interconectados pues la minería dependía del aprovisionamiento por parte de los comerciantes, y éstos a su vez requerían conocer el volumen de la producción de oro. Y constituían las actividades
más prestigiosas y un pre-requisito para el poder político: " .. .la correlación entre riqueza y cargos políticos fue casi exacta. Con muy pocas
excepciones, la élite política reflejaba la élite económica" (Twinam,
1976: 238).
Debe señalarse la variedad de tópicos muy bien entretejidos que
analiza en la élite medellinense: la élite económica y su interrelación
con la élite política; la composición de la élite en cuanto raza, ilegitimidad de nacimiento, los peninsulares y las familias criollas. "La sociedad medellinense puso un alto valor al nacimiento legitimo, la pureza racial y la riqueza acumulada a través de la minería y el comercio"
(Twinam, 1976: 279). En cuanto a las ocupaciones de varias generaciones de los miembros de la élite, vale destacar que
... La élite de Medellín, difirió substanciaJmente de las élites de Popayán o Guanajuato. En Medellín los hijos siguieron a sus padres en
la minería y el comercio, continuando una tradición empresariaJ ...
(Twinam, 1976: 278).

El comercio en el período Borbón:
vínculos inter-sectoriales y formación de/ empresariado
En cuanto al comercio, en el trabajo de Twinam se examinan el volumen de las importaciones, su distribución entre los diferentes tipos de
comerciantes y la habilidad de estos para "adquirir y manipular"
capital.
Las "guías" que se otorgaban a los comerciantes en las aduanas,
los registros que los comerciantes llevaban al entregar a la Fundición
una cantidad de oro igual al valor de los bienes importados, los registros mismos de la Fundición, así como los libros de cuentas de un importante comerciante de Medellín, sirven como fuente para determinar no sólo el monto de las importaciones sino para identificar la élite
comercial. Twinam hace un rastreo sistemático y construye 46 series
anuales de importaciones, utilizando fuentes inexplotadas hasta que la
historiadora norteamericana realizó su estudio.
Según estos datos el comercio de importación se quintuplicó en el

Dávila: El empresariado antioqueño (176()./920)

45

período 1760-1810 y refleja las mismas fluctuaciones de la producción
de oro. Así mismo aparecieron nuevos centros urbanos a medjda que
la minería se desplazó de las tierras bajas de Santa Fe de Antioquia
hacia las tierras altas de Rionegro y Medellin. Por ello fueron apareciendo aduanas en diferentes poblaciones. Hasta 1763 sólo existía la
de Santa Fe de Antioquia, año en el cual se establecieron aduanas en
Medellin y Rionegro, seguidas por las de Marinilla·(l791) y Santa Rosa (1795).
Una de las reformas de Mon y Velarde se encaminó a crear un nuevo
grupo -los rescatadores de plata- encargado de ir a los distritos mineros y dar a los mineros monedas de plata a cambio del oro en polvo.
Con esto buscaba crear competencia a los comerciantes que actuaban
como rescatadores de oro, quienes tenían un gran poder sobre los mineros y mazamorreros. "El valor del oro de los míneros y los mazamorreros variaba en proporción inversa a su necesidad por artículos"
(Twinam, 1976: 103). Mon buscó crear un nuevo tipo de comerciantes
domésticos, quienes no importarían los artículos directamente fuera de
provincia, sino los comprarían al por mayor de los importadores de
Medellin y Rionegro. Estos últimos apoyaron dicha reforma: podían
todavía seguir teniendo comercio con míneros y mazamorreros; tendrían competidores en los nuevos mercados domésticos, pero a su vez
estarían relevados de la obligación de llevar el valor de sus registros
de mercadería en oro a la fundición (Twinam, 1976: 106-108). A los
comerciantes les favorecía también porque al convertirse en mayoristas se expanderían sus volúmenes de importación.
Una consecuencia inesperada de la reforma comercial fue la nueva dependencia que se creó: los comerciantes importadores vinieron
a controlar a los mercaderes domésticos, pues dado que no había suficiente plata, los importadores -quienes sí viajaban fuera de la
provincia- comenzaron a intercambiar oro en barra por monedas de
plata, con una pingüe ganancia resultante de su sagacidad empresarial:
los comerciantes hacían utilidades por dos lados: cuando intercambiaban oro en barras por monedas de plata y de nuevo cuando intercambiaban las monedas por oro en polvo. El efecto último de la reforma monetaria de Mon fue permitir a los comerciantes se'r banqueros y mayoristas y acumular utilidades adicionales (Twinam, 1976:
113: Nuestro subrayado).

Twinam indentificó l 028 comerciantes importadores en toda la provincia para el período bajo consideración (1763-1810): 157 en Santa
Fe de Antioquia, 411 en Rionegro y 385 en Medellín (Twinam, 1976:
tabla 12: 129). Los clasifica en cinco grupos de acuerdo con el volu-

�4ó

Dávila: El empresariado antioqueño (176().J920)

SigloXJX

meo de sus importaciones: los del primer grupo, obtenían sus mercaderías en Honda o Nare; se dedicaban sólo de tiempo parcial a sus negocios de importación de muy baja escala, y se "especializaban" en
la importación de cacao y textiles para uso personal (Twinam, 1976:
130-132). En contraste la élite comercial se refiere a los tres grupos mayores (registros superiores a 10 000 pesos de oro), que comerciaban con
Bogotá, Cartagena, Popayán, y Quito. "Las élites comerciales de Santa
Fe de Antioquia, Rionegro y Medellin jugaron diferentes roles dentro
de sus respectivas áreas" {Tinam, 1976: 146), evidenciando gran
diversidad.
En el cuadro 1 que se ha preparado re-ordenando la valiosísima
tabla que aporta Twinam (1976, ~abla 12: _129) se pu~de ver la difer~~cia
entre el tamaño y el monto de 1mportac1ones reabzadas por las elites
comerciales de las tres ciudades.
Para entender más la actividad muy diversificada y multifacética
de la élite de los comerciantes, el caso de un comerciante de Medellín
(Mateo Molina) es muy expresivo:
Molina no fue solamente transportador y vendedor de artículos y evaluador de polvo de oro. Además fue banquero, padre en ausencia,
promotor, portador de correo y droguista ... estos deberes pueden considerarse como los equivalentes coloniales de la publicidad. Los clientes
deben haber evaluado la disposición de diferentes comerciantes para
identificarse con sus intereses, como un factor para decidir a quien
darle sus negocios (Twinam, 1976: 158. El subrayado es nuestro).

Pero ¿cuál era el volumen de las utilidades que obtenían los grandes
comerciantes? Estas se veían afectadas por un sinnúmero de dificultades y limitaciones: grandes distancias y tribulaciones del transporte (canoa, mula), clima maligno, condiciones comerciales desventajosas frente
a los mayoristas de Cartagena, dificultades para cobrar a los mineros,
provisión a los rníneros no sólo de mercancía sino de préstamos y protección a sus farníliares mientras el minero estuviera ausente. A lo anterior se sumaba la restricción de ejercer su comercio dentro de los lírnítes provinciales.
Estas dificultades fueron determinantes en la formación de una actitud y hábitos empresariales. Para ponerlo en términos comparativos,
un comerciante porteño en una sola transacción en Buenos Aires ¡manejaba el equivalente a las importaciones de todo un año de un miembro de la élite comercial paisa! (un Francisco Campuzano, José María
Montoya, José María Aranzazu o cualquiera de los 20 más grandes
importadores identificados por la rnínuciosa investigadora norteamericana; Twinam, 1976, tabla 17: 162).

47

CUADRO 1
DISTRIBUCION DE GRUPOS COMERCIANTES,
PROVINCIA DE ANTIOQUIA Y CIUDADES
DE SANTA FE DE ANTIOQUIA, RIONEGRO Y MEDELLIN (1763-1810) (*)

Santa Fe Rionegro Medellín
Comerciantes
Importadores
- Elite comercial (**)
• Número de sus
miembros
• % del total de
comerciantes
importadores
• Número de sus
miembros con
importaciones
superiores a
100 000 pesos
de oro
- Valor de las

Otros

Total
provincia

157

411

385

75

l 028

10

44

65.

7 (***)

126 (***)

6.3

10.7

16.8

9.3

12.3

l

4

o

2

7

¡

Importaciones
• Importaciones
totales
742 791 2 434 233 2 431 429 363 460 5 971 913
• Importaciones de la
élite comercial
427 299 l 748 115 l 746 008 223 446 4 144 868
• % importación élite
comercial
57.5
71.8
71.8
61.5
69.4
(*) Basado en: Twinam, 1976, tabla 12: 129. Se ha reordenado la tabla

(**) La élite corresponde a quienes importaron más de 10 000 pesos de oro
(***) "El n~ero
'
de comerciantes
.
en las categorías superiores a 50.00 pesos
sumados por cmdades no concuerda con el total provincial. La disparidad ocurre
porque,~gun?s comerciantes registraban sus artículos en más de una aduana
local... (Twmarn, 1976, tabla 12: 129, nota -b-).

�48

Siglo XIX

Bajo tales circunstancias:
...el período Borbón condujo a una expansión significativa del volumen de la producción de oro y de las importaciones. Empero, ni una
élite minera ni una comercial dominaron la producción de oro o el
comercio dentro de la provincia. Los mineros organizados enfrentaron el riesgo de las restricciones de la minería de aluvión y no producían la mayoría de polvo de oro. El comercio fue igualmente riesgoso, ya que los comerciantes tenían que compartir mercados con los
pequeños mercaderes y tenían que luchar para poder pagar sus deudas a los mayoristas del virreinato. La naturaleza misma y organiza.
ción de los sectores comercial y minero llevó a una situación de "suficiente pero no demasiado". Los mineros organizados y los comerciantes importadores fueron capaces de acumular ciertas cantidades
de capital, pero loS-riesgos y restricciones de prospectar y de importar los forzó a diversificar sus inversiones y a actuar en una forma
empresarial (Twinam, 1976: 165).

La agricultura en el periodo Borbón:
el desequilibrio entre el sector minero y el agrícola
La preferencia por el uso excesivo de la tierra (ganadería y técnicas de
agricultura de quema); los límites naturales a su uso intensivo, a causa
del sistema institucional de tenencia, originalmente de concesiones realengas fragmentadas luego por ventas, usurpaciones y herencias; las
tendencias latifundistas y orientación hacia el intercambio comercial
de la economía agrícola de Antioquia (López Toro, 1970: 30-33); la
escasez de tierras fértiles y bajo rendimiento de la tierra, la escasez de
mano de obra y el predominio de pequeñas explotaciones, son algunas
de las características de la economía agrícola antioqueña. Esta entró
en crisis a fines del período colonial y fue otro de los sectores que buscó mejorar el oidor Mon y Velarde con una "reforma agraria" para
"restaurar el orden social, superar la crisis de altos precios y baja ocupación, estimular y diversificar la producción y amparar nuevas colonizaciones. La más extraordinaria de estas reformas consistió en
conceder acceso libre y gratuito a extensiones limitadas de tierras para
la fundación de pueblos y de colonias agrícolas en la vecindad de los
centros mineros, sin respetar los derechos previos de los terratenientes" (López Toro, 1970: 34-35).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

49

...Después de todo, no se adminsitra una hacienda en la misma forma que se acomete una explotación minera, y la clase especial y el
talento y actitudes que marcan el éxito en la última conlleva cierta
incompatibilidad con los hábitos más sedentarios del granjero eficiente.
En este tipo de inflexibilidad del factor empresarial podría encontrarse
buena parte de las causas de la incapacidad de asignación eficiente
de los recursos laborales y naturales entre minería y agricultura... (López Toro, 1970: 35. Nuestro subrayado).

Twinam ha destacado la no existencia de un producto agrícola para
exportación como un limitante adicional, destacando
... el poco incentivo existente para desarrollar un producto agrícola
de exportación, cuando existía uno metálico tan eminentemente adecuado ... El valor de la tierra estaba deprimido al punto que la producción agrícola estaba reducida a unos límites locales en vez de interprovinciales... (Twinam, 1976: 171).

Igualmente la no abundancia de mano de obra barata y las condiciones topográficas no permitieron el desarrollo del sistema de hacienda.
La riqueza agrícola de Antioquia estaba en el Valle de Medellín; la historiadora norteamericana examina la distribución de tierra, concluyendo
que la élite agrícola no dominaba la propiedad ni el uso de la tierra
en dicho valle: " ... aquellos individuos que poseían un área sustancial
en tierra, tendían a diversificarla en varios sitios en vez de concentrarla en uno" (Twinam, 1976: 186). Esa élite no podría monopolizar la
producción agrícola a la cual contribuía una importante población de
pequeños agricultores y en la cual estaba presente la dependencia del
Concejo de Medellín (dominado por mineros y comerciantes) en la fijación de precios de los granos. Twinam ilustra algunos enfrentamientos entre los agricultores y la élite minero-comerciante. En este contexto examina las reformas de Mon y Velarde y el apoyo a sus políticas
de distribución de tierras: " ... Aunque la mayoría de la élite antioqueña era propietaria de tierra, no veía la adquisición de más tierras como
algo necesario para el mantenimiento de su prestigio o de su bienestar
económico" (Twinam, 1976: 204). Esto se sustenta en un censo de tierras realizado en 1787 al que acude Twinam. Para examinar la capacidad de acumulación de la élite agrícola tiene que acudir a "descripciones generales en vez de datos estadísticos".

La colonización como campo de acción empresarial
El desequilibrio entre el sector minero y el agrícola tiene un componente relacionado con la actividad empresarial. El desaparecido
investigador antioqueño Alvaro López Toro lo manifiesta muy
gfaficamente:

Hay otra actividad de importancia en el desarrollo de Antioquia y en
la conformación de su empresariado, en particular en la segunda mitad del siglo XIX: la colonización antioqueña en el occidente colom-

�50

Siglo XIX

biano. El primero en estudiarla detenidamente fue el geógrafo norteamericano James Parsons (1950) cuyo trabajo va mucho más allá de los
aspectos geográficos para cubrir aspectos económicos y sociales y ha
significado un trabajo clásico de obligada referencia. A medida que
ha aumentado el estudio sobre Antioquia, en buena parte estimulado
por el trabajo pionero de Parsons, algunos de sus planteamientos han
sido cuestionados. Es importante precisar una afirmación de Parsons,
porque hace también referencia a algunos rasgos de lo que se ha llamado el "espíritu empresarial" de los antioqueños. Dice Parsons:
En Antioquia los derechos mineros tuvieron siempre precedencia sobre los derechos agrícolas ......El concepto de riqueza, entonces, no
estaba vinculado a determinados pueblos y al suelo, sino más bien
al trabajo duro y a la iniciativa... este caso rarísimo de una sociedad democrática de pequeños propietarios en un continente dominado por un latifundismo latino tradicional ... (Parsons, 1950: 105-106.
Citado por López Toro, 1970: 87-88).
López Toro fue uno de los primeros en contraponer a esta imagen algo
ideal la más compleja de los tres tipos diferentes de colonización antioqueña durante el siglo XIX: concesiones realengas, colonizaciones
capitalistas y baldíos.

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

51

dad empresarial de particular interés, que significó un área más de diversificación: la compra y parcelación de tierras. Los especuladores paisas de bonos tuvieron una "conducta peculiar" y en contraste con sus
colegas de otras partes de Colombia "movilizaron sus recursos con una
mentalidad ávida de lucros fmancieros tangibles y de pronta recuperación del propio capital. Esta motivación capitalista, en armonía con
el espíritu comerciante vernáculo de Antioquia, predominó sobre otras
consideraciones de prestigio social, influencia política y simple acumulación de propiedad raíz" (López Toro, 1970: 41. El subrayado es
nuestro).
Este tipo de colonización está ilustrada en el trabajo del inglés Keith
Christie (1974) sobre la oligarquía del Viejo Caldas.
Christie contradice la idea comunmente aceptada de Caldas como
una sociedad igualitaria de minifundistas, cuyos orígenes ha sido convencional atribuír a una tradición de colonizadores-fundadores y campesinos de origen humilde.

Los aspectos negativos de la colonización son también evaluados por
López Toro (1969: 61): desigualdad social en los beneficios a los emigrantes; las convulsiones políticas dentro de las cuales operaba el movimiento colonizador; predominio de agricultura de subsistencia y destrucción de recursos forestales.

La colonización capitalista fue adelantada por un grupo de "buenas familias" de Antioquia Central ("un grupo económicamente modesto pero socialmente orgulloso, un patriarcado rural ... ", Christie,
1974: 25), que tuvo los medios para organizar caravanas de colonizadores, peones, mulas y ganado. Más tarde, en la colonización del sur
de Caldas, jugó un papel importante una empresa capitalista que vendía tierr~ para c~lonización (la Empresa Burila). A este respecto la
reclamación que hizo la Empresa de una enorme extensión de 200 000
fanegadas (desde la mitad sur del Quindío hasta el norte del Valle del
Cauca) tuvo un "efecto equívoco". Por un lado, sus ingresos fueron
a fort3:1ecer a ~os mayores accionistas de la Empresa Burila, oligarcas
de Cali_ Y Ma~es. Pero a su vez en medio de serios conflictos y reclamaciones de tierras entre los colonos y vecinos frente a la Empresa
"1:fl~_cha de esta tierra se filtró del control de estas pocas familias y per~
rmt10 a m~chas otras establ~erse en fincas de tamaño medio ... A pesar de Burila y de muchos rmembros de la oligarquía que se movieron
hacia la región, ... ésta ofreció gran oportunidad a muchos de los pobres" (Brew, I 974: 56-57). Este tipo de colonización tenía antecedentes en otra poderosa compañía que también se basaba en la venta de
tierras cuyo origen estaba en concesiones reales: la empresa González
Sal~ YC'_1ª:• un_a " ... empresa exitosa de venta de tierras ... (en la cual)'
familias oligarqmcas de Medellin como los Mejías, los Gutiérrez y los
Aranzazu se lucraron grandemente". (Christie, 1974: 23).

La colonización que López Toro llama capitalista fue una activi-

En la fundación de numerosos pueblos se muestran los diferentes

Los logros de la colonización hasta 1880 fueron: superar el estrangulamiento de la producción agropecuaria; aumentar el nivel de vida
y las oportunidades de trabajo para una capa social necesitada; desarrollar una "población más numerosa, menos estratificada socialmente y con mejores condiciones de movilidad ocupacional y terriorial"
(López Toro, 1970: 61). Además contribuyó a la diversificación de la
actividad empresarial del grupo de los comerciantes:
las empresas especulativas en concesiones de tierras, la ampliación
de los mercados de artículos de importación, la experiencia política
en cuanto al fomento de una nueva orientación agraria, etc., fueron
todos factores que contribuyeron a ampliar el horizonte de acción de
este influyente grupo y arraigar en él una tradición empresarial cuyos
frutos se multiplicarian al iniciarse posteriormente la gran corriente
· de industrialización (López Toro, 1970: 61. Nuestro subrayado).

�52

SigloXIX

tipos de colonización, ilustrándose un mayor control oligárquico en el
norte de Caldas que en el sur. Si biten este es un distintivo en Manizales
(ciudad que a su vez dominó la vida regional por largo tiempo), Christie muestra cómo en el caso de Pereira, usualmente descrita como el
fruto de colonos paupérrimos, una familia (los hermanos Marulanda)
jugó un rol dominante. Como empresarios multifacéticos estuvieron
envueltos en negocios de tierras, ganadería, construcción, fincas de raíz urbana, préstamos a individuos y acuerdos de cosechas. Más tarde se asociaron con un pariente, rico propietario de tierras en el Qundío, diversificándose aún más hacia la explotación extensiva de pastos, minas
de sal y oro y propiedades urbanas en pueblos quindianos. Ese poder
ha continuado: " ...a causa de que muchos descendientes de los Marulanda se casaron con miembros de otras acaudaladas familias, subsiste
hasta hoy en día una fuerte linea de continuidad entre el poder socioeconómico y la familia Marulanda" (Christie, 1974: 50).
En síntesis, la colonización fue en parte un nuevo y fructífero campo
de acción para el empresariado paisa después de 1850. A través de ella
se afirmaron las características de diversificación, especulación, innovación, toma de riesgos, sagacidad y trabajo duro del empresariado
antioqueño.

Del empresariado minero y comercial al industrial
Queda demostrado hasta ahora que el empresariado antioqueño surgió en el período entre 1760 y 1810 de la expansión a la vez que de las
limitaciones de la minería de oro y el comercio. En ese período inicial,
la exitosa actividad empresarial de la diversificada élite minera y comercial, estuvo confinada al escenario regional de la provincia de Antioquia. Las evidencias que sustentan esta afirmación son las ya comentadas de Ann Twinam, cuyo rigor y creatividad en el manejo de
fuentes primarias secularmente olvidadas otorgan validez a sus
conclusiones.
Otro riguroso historiador, el británico Roger Brew, terminó dos
años antes que Twinarn, en 1974, su tesis doctoral, también un documentado y valioso estudio del desarrollo económico antioqueño, que
cubre desde la independencia hasta 1920.
Hay una divergencia que nos parece resuelta a favor de Twinam.
A diferencia de ésta, Brew -cuyo estudio justamente comienza donde
termina el período cubierto por Twinam -sostiene que "la élite empresarial que dirigió la industrialización en el siglo XX surgió en el período entre 1820 y 1880 de una clase de hombre humilde y desconocido",

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

53

j

(Brew, 1977: 35). En una nota de pie de página, Brew precisa que 1790
podría ser una fecha factible para "fijar el comienzo del surgimiento
de los mercaderes antioqueños... Pero apenas en la década de 1820 se
pueden empezar a establecer vínculos familiares ininterrumpidos entre
los comerciantes de Medellín, de imoortancia muy reciente, y los empresarios de principios del siglo XX" (Brew, 1977: 35, nota de pie de
página No. 1).
La minería, agricultura, café, ganadería, el crédito y la colonización, son los sectores económicos que estudia Brew para el período
1820-1920. Su propósito es explicar el surgimiento de la industrialización en Antioquia. Este es un propósito diferente, estrictamente hablando, de explicar el surgimiento del empresariado. Pero uno y otro
están relacionados y a lo largo de su libro se encuentran copiosos elementos para comprender la evolución de la actividad empresarial durante el siglo XIX.
Brew parte del supuesto que hay que reconocer " ...el peligro de
buscar explicaciones simples para los procesos históricos ... " (Brew,
1977: 23). Así examina cuatro condiciones fundamentales para el surgimiento de la industrialización en Antioquia: espíritu empresarial, financiamiento, adaptación a la nueva teconología y mercado de trabajo. Para cada una de estas condiciones, estudia un conjunto de variables mediante la "observación cuidadosa" de los hechos históricos. Las
numerosas variables estudiadas'' ...reflejan quizá el deseo del autor de
no dejarse guiar demasiado por juicios y teorías preconcebidas en la
selección del material" (Brew, 1977: 415).
Una conclusión central es que en la industrialización de Antioquia
jugó un papel crucial la economía minera de la región. Le dio un impulso inicial y creó patrones conducentes a que la industrialización no
fuera un "paso brusco e inesperado dado por extranjeros o por antioqueños impulsados súbitamente por el auge de las exportaciones"
(Brew, 1977: 408). La economía cafetera, en creciente expansión después de 1890 '' ...aceleró muchísimo los procesos iniciados por aquella
(la minera)" (Brew, 1977: 133), dando un impulso definitivo pero no
inicial a esa industrialización "local y autóctona". Impulso que se concretó en la expansión del mercado de bienes de consumo no sólo "entre los propios cultivadores, sino en toda la infraestructura que se creó
en Medellin y otros centros más pequeños en la última décadá del siglo
XIX par~ la exp?rt~ción y elaboración del grano" (Brew, 1977: 295);
los cambios cualitativos en los patrones de consumo (por ejemplo, gaseosas, cerveza y cigarrillos desplazando artículos autóctonos); el trabajo de la mujer y los niños en las épocas de cosecha o su desplaza-

�54

Siglo XIX

miento a casas de elaboración y empaque del grano en Mede~; el estímulo a los inversionistas; impulso a la industria de la fu~di~tón Y de
equipo para procesamiento del grano _(des~ulpadoras, prmc1palmente) Por otra parte, a pesar de que Ant1oqwa no fue un centro art~~nai de la importancia de Santander, existieron durante el predo~o
de la economía minera manufacturas artesanales y domésticas ?º solo
en Medellín sino en la provincia. Y " ... debe recono~rse_un~}m~ de
continuidad entre la manufactura artesanal, la orgaruzac1ón seoufabril" y finalmente el establecimiento de la fábrica moderna" (Brew,
1977: 328).
1

1

El empresariado recibe un tratamiento central Y_ muy cuidado~o
en este trabajo, logrando conclusiones de !111portanc1a. La economta
minera'' ... creó las condiciones para el surguruento de una clase de empresarios con las tradicionales virtudes capitalistas tan marcadél;S q~e
aún hoy parecen sacadas de un texto sobre e! desarrollo ~el capitalismo" (Brew, 1977: 407). El espíritu empresanal de los ant1oqueñ?s no
surgió únicamente en esa clase empresar!al sino en ~f~rentes ruveles
sociales. y fue el resultado de las oporturudades ~onom1cas que se derivaban de los recursos naturales, el oro en particular. Este, Yen menor volumen la plata, constituyó la ú~ca exportación per~anente de
Colombia y de Antioquia durante el siglo XIX hasta que los cafeteros pudieran aprovechar la constru~ión del_ferro~ril" (Brew, 197~:
129). La minería implicaba grandes nesgos (1~ce_rt1dumbre de la cont_1nuidad de la riqueza de las minas; desconoc1m1~nto de la, tecnologia
avanzada· dificultades de abastecimiento de los mmeros, etcetera). Pero
era grand~ el interés de los comerc_ian!es en el oro ~m~ b~se para negociar con otras regiones por la liqmdez que daba, as1m1~mo, desde
la época colonial a los comerciantes les interesaban los v~c~los con
la explotación del oro en el comercio alrededor del _abast~~1ouento d_e
los mineros. Dentro de un panorama de muy escasa mvers10n en_ la~nería, después de la Independencia los comerciantes mostraron m~eres
como inversionistas en minas de veta. Brew toma algu1:1os casos ilustrativos de comerciantes que inviertieron en grandes mmas; defme_ la
élite de Medellín para mediados de siglo como las 200 personas de mgresos más altos (basado en el catastro de la junta calificadora d~ Medellín en 1853), indicando que estaba compuesta por." .. -~omerc1a~tes
que vendían mercancía extranjera, ~~os p~cos prop1eta~os de mm_as
y los miembros jóvenes de esas familias.:. (Brew_, 1977. 89). _Prec1_sa
que "muy pocos de los mineros po~res e !~dep~ndientes_se ennq,~ec1eron sin haber sido también comerciantes . Indica también q~e ..~en
la segunda mitad del siglo XIX, los hombres de empresa ant1oquenos
fueron los comerciantes de Medellin ... " (Brew, 1977: 39).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

55

Algunos rasgos de esta élite empresarial son:
1) Ejemplifican una muy alta movilidad social, canalizada a través del comercio.

2) El comercio local antioqueño caracterizado por la fragmentación del mercado y las grandes fluctuaciones de los precios sirvió de
escuela y entrenamiento a las habilidades comerciales de los
antioqueños.
3) Siendo diferentes los minoristas provinciales de los mayoristas
de Medellín, sin embargo la facilidad de crédito para el comercio permitía el tránsito de minorista hacia mayorista, aunque esta situación
cambió a mediados del siglo.
4) Sus valores culturales son los de un "puritanismo" (no protestante sino católico): dedicación al trabajo, frugalidad, y la "mezcla paradójica de respeto a las costumbres patriarcales y al individualismo"
(Brew, 1977: 59).
5) Hay numerosos casos de familias (en vez de individuos) de la
élite de notable y diversificada actividad empresarial anterior al café:
mayoristas de importación y exportación Ouego exportación de café)
que antes se habían dedicado al comercio local al detal; minería; terratenientes; los "nuevos" terratenientes que después de la Independencia obtuvieron grandes extensiones de tierra, a bajo precio, en pago
por préstamos hechos al gobierno y que estaban interesados en explotarla; finanzas: buena parte de los bancos creados en el siglo XIX fueron familiares; las compañías por acciones estaban dominadas por socios emparentados; financiación y control de la colonización; manufactura; transporte. Como indica Brew: " .. .la familia podría recurrir
a las reservas de capital y de conocimientos técnicos de todos sus miembros, quienes consideraban que la confianza mutua y la multiplicidad
de actividades significaban la seguridad a largo plazo para todos"
(Brew, 1977: 112).
6) En las actividades de mayor riesgo (comercio, minería, banca
y manufacturas) imperaron las compañías familiares; mientras que en
la especulación de tierras se asociaban "unas pocas familias relacionadas" (Brew, 1977: 113, nota de pie de página, No. 56).

7) Esta élite empresarial tenía una "mentalidad progresista", abierta, reflejada en la colonización hacia el sur en la cual fue " .. .la aliada
natural de los colonizadores contra los obstáculos que a estos pusieron
los herederos de los donatarios coloniales . .. " (Brew, 1977: 168).

�56

Siglo XIX

8) La innovación que exhibió la élite (pero asimismo otros sectores) se reflejó no sólo en la adopción y adaptación de nuevas tecnologías (especialmente en la minería), sino que tuvo múltiples manifestaciones, por ejemplo: el apoyo a la educación técnica (escuela de Arte y
Oficios de Medellín, desde 1864), una marcada habilidad de los ingenieros paisas de " ...aprender experimentando y de improvisar soluciones rápidas para problemas específicos" (Brew, 1977: 377), introducción
de nuevas variedades de pastos y razas en la ganadería, difusión de innovaciones haciendo giras por la provincia (por ejemplo, para difundir nuevos métodos de cultivo y explotación del tabaco, Brew, 1977:
261 y para demostrar maquinaria textil).
9) Mantenía contactos no sólo con otras regiones de Colombia sino también del exterior.
10) La existencia de alicientes económicos determinó que los empresarios paisas se interesaran diferencialmente por el cultivo de la tierra: interés en el caso del café, antes en el tabaco; pero no en productos alimenticios; sí en la ganadería (Brew, 1977: 226).
11) Las ferias ganaderas constituyeron otra escuela empresarial.
12) La acumulación de capital está intimamente ligada a la "aparición del grupo de familias de empresarios". Acerca de su relación
con la industrialización, el autor no es claro al sostener que la importancia de la acumulación real disminuye a lo largo del siglo XIX: la
industria no requirió mucho de capital; fue selectiva, hubo una gran
inflación y especulación entre 1899-1904, el café se desarrolló sin mucho capital previamente acumulado. Sugiere que el capital necesario
para la industria fue acumulado en forma " ... más súbita y mucho menos gradual" (Brew, 1977: 86).
13) Los comerciantes antioqueños, como los de Cundinamarca, iniciaron el cultivo del café para exportación. Hacia 1880 éste era reducido en Antioquia si se comparaba con el de Cundinamarca y Santander. Pero ésto no fue
.. .por falta de iniciativa de los comerciantes, sino debido al costo del
transporte del producto hasta el río Magdalena ... En la década de
1870 José María Jaramillo Zapata -quien había sembrado dos mil
cafetos en tierras inapropiadas cerca de Río negro-... y las familias
Ospina y Vásquez fueron los convencidos más entusiastas de las posibilidades económicas del café en Antioquia, y los partidarios más
vehementes de la construcción del ferrocarril... (Brew, 1977: 271-272).

Dávila: El empresariado antioqueño (1760-1920)

57

El papel de las familias en la actividad empresarial y la diversificación
de intereses económicos de las más poderosas familias, vino a reforzarse con el café. Un ejemplo es el de las ya nombradas familias Ospina
y Vásquez: dos de sus miembros, Mariano Ospina Rodríguez y su cuñado Eduardo Vásquez, que habían conocido la técnica de la industria
cafetera en Guatemala, establecieron las haciendas cafeteras más grandes de la región. En 1883 inmportaron despulpadoras modernas y
trilladoras.
El poder de estos empresarios era muy grande:
La sociedad anónima establecida alrededor de 1890 por los hijos de
Mariano Ospina, con el nombre de "Ospina Hermanos" además de
los intereses en minería y la metalurgia, tenía seis grandes haciendas
a lo largo del Alto Cauca Medio. En 1926, las familias Ospina y Vásquez todavía tenían seis fincas en Fredonia y otras en diferentes sitios, con un total de 838 000 cafetos, siendo muy posiblemente los
mayores productores de café en Antioquia (Brew, 1977: 279, nota de
pie de página No. 139).

La historia social, económica y política del café no la hizo Brew, pero
sí el historiador colombiano Marco Palacios (1979) uno de cuyos mayores aportes lo constituye el estudio minucioso de grandes haciendas
cafeteras no sólo en Antioquia sino también en Cundinamarca. Y, justamente, basa parte de su trabajo en el archivo Ospina de la mencionada familia.
A la diversificación de sus actividades previa al cultivo del café,
debe añadirse que la integración de las diferentes fases del complejo
negocio cafetero hizo que ellos como otros
. .. empresarios antioqueños, concluyeron que su debilidad residia en
su carácter de intermediarios. En el segundo decenio del siglo, las empresas más pudientes decidieron abrir negocios, directamente en New
York como importadores y comisionistas. En 1913, Vásquez &amp; Correa, anuncia a los comisionistas de New York este proyecto, para
recibir a vuelta de correo la respuesta de que les serían retirados todos los créditos... En vista de esta situación ... los capitales tuvieron
que conseguirse en Colombia ... (Palacios, 1979: 231-232) .

14) Tanto familias liberales como conservadoras se destacaron empresarialmente, generándose poco conflicto político a diferencia de otras
regiones del país. Y esa élite empresarial que " ... no cerró las puertas
a gente nueva, ni siquiera después de que se vio bien establecida en el
mundo social y económico... indudablemente constituyó un núcleo de
inmenso prestigio y poder" (Brew, 1977: 407).

�58

Siglo XIX

15) La figura del empresario industrial no existía en el sistema artesanal; aparece con el sistema semi-fabril, en el cual se dan estratos:
"Este capitalista dirigía él mismo el negocio, o conseguía un administrador más capacitado técnicamente y a las órdenes del administrador
estaban los obreros, que se dividían en calificados y no calificados"
(Brew, 1977: 336).
Fuera de las mencionadas conclusiones sobre el papel de la minería y el café en la industrialización antioqueña y de aquellas relacionadas con la élite nos parece importante señalar que abundan otras sólidamente respaldadas en los hechos históricos muy bien ensamblados
en los diversos capítulos. Y que constituyen un aporte pionero en varios sentidos: uno en cuanto su amplia cobertura (una historia económica y social de Antioquia en el siglo XIX). En segundo término, están muy bien integradas, permitiendo ver la interrelación entre las diversas actividades económicas. El hilo conductor entre ellas nos parece que en muy buena parte es la élite empresarial. En tercer lugar, si
se miran aisladamente algunos capítulos (por ejemplo los dos centrados en la industria manufacturera) se encuentran datos históricos que
no eran conocidos o permanecían dispersos y fragmentados en numerosas, y a menudo desconocidas, fuentes históricas.
Entre las conclusiones sobre otros temas están aquellas sobre la
mano de obra: sus orígenes y transición del trabajo agrícola al manufacturero; el crédito en las diferentes actividades; el cambio técnico·
la colonización; la enseñanza técnica; la relación (para varias ramas)
entre artesania e industria, precisando las diferencias entre varios tipos de artesanías; formación de la industria textil (en mayor profundidad que otras); el desarrollo de la agricultura con énfasis en los éxitos
y fracasos de la agricultura comercial (en una serie de productos que
se estudian uno por uno), incluyendo los orientados hacia la exportación (tabaco, quina); el desarrollo de la ganadería.
Algunos puntos quedan sin dilucidar por Brew: 1) parece exagerada (y no se estudia) la apreciación de Brew sobre una "verdadera oposición a la industrialización capitalista" en "algunas partes" del centro y norte de Colombia; 2) es más sistemática y exhaustiva la identificación de la élite a través de la metodología utilizada por Twinam para
la élite de un período previo (1780-1810) (uso de registros comerciales
Y de la Fundición), que la hecha por Brew; 3) es indiferenciado en Brew
el uso de los términos "élite empresarial", "clase empresarial", "burguesía", "capitalistas"; estrictamente hablando, éstos no son términos intercambiables; 4) La afirmación de la existencia de unos valores
culturales ("puritanismo católico") también entre los trabajadores pa-

Dávila: El emprcsariado antioqueño (1760-1920)

59

rece algo forzada como factor explicativo de que la mano de obra no
fuera "recalcitrante" (Brew, 1977: 61) y constituyera un "factor positivo para la productividad y las buenas relaciones industriales" (Brew,
1977: 60). Este tema del trabajador industrial de fines del siglo XIX,
requiere mayor estudio.
Un punto de vista que difiere del expresado por Brew sobre el "impulso definitivo pero no inicial" que el café le dio a la industrialización
ha sido expresado por Marco Palacios. Señala el historiador colombiano que sin el café tal vez hubiese sido posible la industrialización
antioqueña, dado que a lo largo del siglo XIX se habían dado los prerequisitos para la industria: capital, tecnología y experiencia empresarial (Palacios, 1979: 1).
CONCLUSIONES

El empresariado en el desarrollo económico de Antioquia
En el marco del estancamiento de la economía colombiana en el siglo
XIX las diversas regiones que conformaban el país no solamente presentaban diferencias en sus recursos naturales, en su geografía y las
oportunidades económicas, sino también en su estructura económica
y social. El proceso de crecimiento económico relativamente sostenido
solo vino a presentarse en la década de 1890; las primeras industrias
manufactureras son de esa época y en las tres primeras décadas del presente siglo se establece una base industrial en el país, que constituye
una primera etapa de su industrialización. Antioquia surge como una
región líder en la industrialización, si bien esto no implica que para
esos años fuese la única región con industrias modernas (Cundinamarca, hacia 1916, estaba tan industrializada como Antioquia). El caso antioqueño ha llamado la atención de un número grande de estudiosos,
extranjeros y nacionales que han señalado una diversidad de causas explicativas del crecimiento económico antioqueño, de su industrialización y -en general- del destacado papel de esta región en el desarrollo económico colombiano.
En este trabajo se han examinado en detalle varias de estas interpretaciones a la luz del objeto de estudio que propusimos: el empresariado antioqueño ("factor empresarial" o "actividad empresarial").
Las principales conclusiones sustantivas que se derivan de este análisis son las siguientes:
1. El empresariado antioqueño tuvo un destacado papel en la tran-

�60

Siglo XIX

sición al crecimiento económico y la industrialización. Este empresariado surgió frente a oportunidades económicas a la vez que a limitaciones muy peculiares de la economía antioqueña. Unas Y otras Y la
respuesta de este empresariado fueron determinantes de los rasgos distintivos de su conspicua actividad económica. Fueron entonces la base
material de la economía minera, las oportunidades para el comercio
que alrededor de ella surgieron, las limitaciones para explotar un producto agrícola de exportación -hasta que en 1880 se cultivó el caféY el impulso múltiple del café, las condiciones objetivas que hicieron
posible el papel destacado de la élite empresarial antioqueña.
Los rasgos de la personalidad y del modo de pensar y actuar del
empresariado antioqueño: trabajo duro, frugalidad, innovación, toma de riesgo, altísima diversificación, apertura social y valoración del
trabajo manual, son reales y comprobados por caminos bien diversos
desde las perspectivas, igualmente muy variadas, de los numerosos estudios examinados. Algunos de ellos son de naturaleza psicológico-social
o psicológico-cultural (la personalidad de un grupo regional Y social);
otros de carácter valorativo-ideológico (el pensamiento, las actitudes
y valores empresariales); otros se refieren a la conducta económica del
empresariado.
Las raíces de estos rasgos no son de carácter psicológico o estrictamente cultural. Las interpretaciones que hablan de una reacción regional a un supuesto desprecio de los bogotanos y vallunos a lo largo de
varias generaciones, así como la que enfatiza la voluntad o deseo de
hacer el desarrollo quedan totalmente descartadas. El moldeo de esta
personalidad, valores y conducta económica, por parte de las condiciones económicas ya anotadas parece más plausible como explicación.
Esto no niega las mutuas determinaciones y dinámica propia de esa
personalidad y valores; ni la influencia que una y otras -plasmadas
en la conducta empresarial- tienen en la transformación de las condiciones y de la base material en que se asientan. En otros términos, el
empresariado no es como un agente pasivo, sobredeterminado por la
realidad económica.
2. El interés por el empresariado no debe implicar que se le considere como el factor causal del crecimiento económico y de la industrialización. Este último es resultado de un conjunto complejo de factores que -a su vez- están mutuamente interrelacionados: acumulación de capital, mano de obra, tecnología, mercado y empresariado.
La atención con la cual se ha mirado el empresariado en este trabajo, no nos ha conducido a perder de vista este carácter multi&lt;rausal

Dávi/a: El empresariado antioqueño

(J 760-/920)

6/

del crecimiento económico. Y así, se entienden las limitaciones que presenta este capítulo por no tratar el tema de la mano de obra y la clase
obrera en Antioquia.
3. El empresariado antioqueño surgió a finales del período colonial entre los años l 760-181 O más precisamente, como resultado de
la expansión de la producción minera y del comercio de importación
y del circuito comercial de aprovisionamiento de mineros y mazamorreros. Los altos riesgos que enfrentaban los comerciantes-mineros,
los vínculos estrechos entre la minería de oro y comercio y los pagos
en polvo de oro movieron a una alta diversificación (comercio, minería, crédito) de su capital como un colchón de seguridad. En este período inicial de formación del empresariado paisa su radio de acción
estuvo confinado a la provincia de Antioquia.
Después de la Independencia y durante 30 años, la llegada de técnicos extranjeros significó importantes avances tecnológicos en la minería de veta; las innovaciones y el capital extranjero para la minería
de aluvión sólo llegó hasta la década de 1880. El consiguiente aumento
de la producción y exportación de oro antioqueño a lo largo del siglo
XIX consolidó la minería como la "escuela empresarial" de los antioqueños, no sólo en cuanto los aspectos económicos del negocio, sino
también por la exposición y la experiencia tecnológica que dejó. Este
último elemento jugaría también un papel importante en la
industrialización.
Luego de 1820 los empresarios antioqueños ampliaron su actividad a otras regiones del país llegando a ser influyentes a lo largo del
siglo en muy variadas actividades económicas: comercio de exportación de productos agrícolas como el tabaco, comercio de importación,
navegación fluvial, múltiples actividades financieras -dando crédito
aún al Estado-, intentos manufactureros, colonización del Viejo Caldas, ganadería, minería, cultivo y comercialización de café, etcétera.
Hicieron incursiones también en el extranjero, como en el caso de un
banco creado en Centroamérica con capital de familias paisas.
El empresariado en Antioquia, en resumen aparece antes de 1800.
Su emergencia en el panorama colombiano no se reduce a la industrialización del siglo XX.
4. El empresariado en el siglo XIX no fue exclusivo de Antioquia.
Dentro de las limitaciones de capital de otras regiones, en ellas hubo
también empresarios y espíritu empresarial si bien en escala mucho menor. La carencia de las oportunidades económicas que tuvieron los an-

�62

Siglo XIX

tioqueños y el capital líquido (el "mucho oro" que éstos tenían, como
dice Safford) de que gozó la élite empresarial paisa significaron ventajas comparativas muy grandes. Y que constituyen una mejor explicación de esta más abundante "oferta empresarial" de Antioquia, que
las explicaciones psicológicas y culturales.
5. El papel de los empresarios extranjeros en Antioquia fue particularmente importante en la industria, el comercio, la agricultura o la
banca. En la minería fue significativo su aporte técnico y más tarde
la inversión extranjera. Más importante papel jugaron en la Costa
Atlantica durante el siglo XIX como lo indican los estudios adelantados recientemente por Manuel Rodríguez y Jorge Restrepo (1982).

6. Las familias aparecen como eje de una importante actividad empresarial. Dentro de la élite empresarial fue común encontrar familias
de actividad muy diversificada que incluso crearon instituciones de crédito con el propósito definido de financiar los negocios surgidos en el
seno de las mismas, Algunas de estas familias tuvieron también el acceso al poder político local y nacional, especialmente en el caso de los
más grandes cafeteros, como la familia Ospina. En la época borbónica
la élite minero-comercial ocupó importantes posiciones en el Cabildo
de Medellín. Pero en este trabajo no se examinó la evidencia de esta
relación poder económico-poder político, que permita llegar a conclusiones sólidamente respaldadas al respecto.
7. El empresariado antioqueño -como el empresariado en
general- es un agente económico con una posición definida dentro
de la estructura social antioqueña. La relativamente alta movilidad social que se dio en Antioquia, atada a las características peculiares de
la minería de oro, no niega la existencia de una élite empresarial con
riqueza y acceso a crecientes oportunidades económicas que no son las
mismas de los pequeños empresarios. Afirmar una mayor apertura económica y social no implica aceptar una supuesta homogeneidad económica y social; y dicha afirmación ha de hacerse en relación a lamayor estratificación social y económica de otras regiones colombianas.

Teoría y método en el estudio del empresariado
l. La transferencia mecánica de esquemas teóricos y analíticos para
el estudio del empresariado en particular la teoría de la deprivación
de estatus, ha conllevado muy serias deficiencias en términos teóricos
y metodológicos, que se reflejaron en la incapacidad de explicar el fenómeno en cuestión. La invalidez teórica, excesivo abstraccionismo y
notables deficiencias en la sustentación empírica de este modelo así co-

Dávila: El empresariado antioqueño (1 760-1920)

63

mo del centrado en la voluntad o deseo de emprender el desarrollo
o m?delo voluntari~ta, ilu~tran los peligros de la superposición de 1~
teonas sobre la realidad, sm que medie el estudio científico de la misma. El cas~ ?e transferencia mecánica de conocimientos aquí ilustrado no es umco Y se ha presentado en América Latina y en Colombia
en otros campos y a otros niveles.
2. La necesidad_de investigación empírica rigurosa es imperiosa en
el áre~ del empresariado. Las grandes generalizaciones que simplifican
1~ ~ealidad, resultant~ de un vacío abstraccionismo y del aferramiento
ngido a esquemas teoricos, deben ceder el paso a los hallazgos sólidamente respal~ado~ en información factual obtenida. de investigación
en fuentes pnmanas y secundarias.
. 3._ Una línea de investigación es la histórica, más precisamente la
his~ona económica y social regional. La importancia de las diferencias
r~?ionales h~ce aconsejable que se realicen investigaciones en la direcc10n de las ~ustrad?S. en la ~egun?a parte de este capítulo (fwinam,
Brew, Palaci?s, Christie, Ospma Vasquez), en diversas regiones del país.
El empresariado valluno, el costeño, el de Santander y el bogotano
son t:mas de estudio a la espera de ser tratados 9 • La abundancia de
trabaJos sobre el caso del empresariado antioqueño contrasta con la
e~casez de estudios sobre las otras regiones. Sin embargo, existen vaho~as fuentes secundarias, prácticamente inéditas en el medio investigat1vo _que aportan un ~aterí~ de partida muy útil para estudiar el emp~esan~do d: ~tas r:gion_es ~ferentes de Antioquia (biografías, autob1ograf1as, dicc1onanos b1ograficos, historias de empresas, etcétera)1º.
. 4. Existen otr~ líneas de investigación promisoria sobre el empresanado en &lt;:olombia en la época contemporánea. Si bien requieren entenderse articuladas al proceso de desarrollo histórico son distintivamente_ tra??jos de la disciplina sociológica sobre aspe~tos como la caractenzacion ~e los peq~eños y medianos empresarios en regiones y/ o
ramas productivas especificas; la formación y evolución de los gremios
empr:sariales en la_ industria (globalmente y por ramas), el comercio,
la agncultura, las fmanzas y la ganadería; los grandes grupos financier?~; el per~ormance ~ d~sempefto empresarial -también con localizac~on espacial_~ econom1ca-; _los valores y actitudes de los empresarios; las familias de empresanos, etcétera.

5. Pero así mismo hay otr~ fuentes de investigación también para
ser _abordadas con ~as herraIDientas de la investigación social: las mod_abdades de los estilos de administración en Colombia o en regiones
cmdades específicas o sectores económicos específicos; 1~ introducción'.

�64

Siglo XIX

difusión y evolución de tecnologías administrativas específicas como
por ejemplo la racionalización del trabajo, la selección del personal,
la mercadotecnia, el control de calidad y la seguridad industrial, que
constituyen instancias de innovación empresarial.
6. Este estudio ha ilustrado los problemas del psicologismo, una
modalidad de la búsqueda de causa única a fenómenos complejos. Para el estudio del empresariado la alternativa no es el economicismo,
ni el sociologismo. Una visión y aproximación del tema en forma que
integre las variables económicas, psicológicas y sociales, en vez de preferenciar solamente una de ellas parece una alternativa plausible a los
sobre-determinismos. Dentro de esa visión integradora caben diversas
preferencias teóricas y analíticas. Unas y otras no pueden mirar el objeto de estudio -el empresariado- en una perspectiva ahistórica. Los
riesgos de hacerlo han quedado patentes a lo largo de la evolución de
los dos modelos criticados. Las ventajas de tener dicha perspectiva también han resaltado al analizar no sólo las críticas a los modelos sino
el aporte valioso de diversos autores estudiado en la segunda parte del
capitulo.
7. El estudio del empresariado está -en términos teóricos- en un
estado de relativo atraso. En particular dentro de la teoría económica
convencional ha recibido muy poca atención. No existen por ello modelos elaborados como sí los hay para varios campos de estudio de esta disciplina. Dentro de la economía política, hay elementos importantes, y la noción misma de empresariado se confunde con la categoría
de burguesía; y el "espíritu empresarial" o pensamiento y valores de
los empresarios queda cubierto por la categoría conciencia de clase de
la burguesía. En esta perspectiva más amplia, sin embargo, la actividad, realizaciones y caracterización del empresario queda desdibujada
pues lo que más se subraya es su relación social frente al proletariado.
En los estudios históricos sobre el empresariado, el único intento
de historia económica cuantitativa hecho en Colombia es el de Me Greevey, extensamente comentado en este capítulo. Su fracaso no apunta
necesariamente a la imposibilidad de ese enfoque, sino a la falta de elaboración teórica de dicho autor y a su descuido en el manejo de los
datos. Pero, por otra parte, no deben perderse de vista las deficiencias
en la información estadística extensamente comentada por especialistas (por ejemplo Roger Brew, Marco Palacios), particularmente serias
para el siglo XIX. Y que representan un obstáculo mayúsculo para la
elaboración de las series históricas, fundamento indispensable de la historia económica cuantivativa.

Dávila: El empresariado antioqueno (1760-1920)

65

La significación de la sociología del conocimiento

1. La trayectoria del conocimiento sobre el empresariado antioqueiío
ilustra que ésta evoluciona mediante le refutación y crítica a los aportes que van surgiendo mas que por la superposición de ellos. El conocimiento no avanza lineal ni acumulativamente: se presentan quiebres,
rupturas, retrocesos, contradicciones como las ilustradas en este trabajo. El simple paso del tiempo no asegura un incremento en la valid~z de los estucl~os que van apareciendo (las tesis de Me Greevey, por
eJemplo, aparecieron cuando había ya pasado la primera oleada de refutación a la teoría de Hagen).
2. La calidad de los trabajos no es el criterio único para su difusión y aceptación. En el mundo de los estudiosos del desarrollo económico, las tesis de la deprivación de estatus hicieron carrera son más
C?noci?as que varios de los estudios serios que las refutaro~ y se han
difundido en escala que no se compadece con su endeble calidad. Dicha teoría junto con otras relacionadas y originadas en la "primera
década del desarrollo" (los aiíos sesenta), jugaron un papel histórico
al ser parte del sustento teórico de políticas y planes de acción para
"modernizar" América Latina, adelantadas por los Estados Unidos
y organismos internacionales.
El s~pu~to -:-que demostró ser falso- que la psicología, la cultura Yla histona misma de los países latinoamericanos eran opuestas a
la actividad empresarial, llevaba implícito el ideal de la cultura y sociedad no~eamen~as co"!-o arquetipo que debían buscar estos países.
La debilidad teónca refleJada en tratar de alterar la psicología y la cultura de las sociedades subdesarrolladas para fomentar el empresariado
Y-consecuentemente- iniciar el despegue hacia el crecimiento económico, estuvo acompaiíada de abundantes recursos financieros y de
apoyo político.
En breve, ciencia y política no están aisladas. Y el poder del conocimiento es frágil frente a otros poderes.
3. La existencia de la dependencia cultural y científica está atada
a procesos de dependencia económica y de la división internacional del
trabajo, cuyas manifestaciones son muy reales. Pero si algo ha quedado de todo el debate y de la corriente dependentista tan el boga entre
1965 Y1975, es la claridad de que no pueden tomarse como causas únicas Ysobredeterminantes las de esta dependencia. En la estructura interna &lt;Je nuestra economía y sociedad radica la endémica debilidad de
nuestra infraestructura científica.

�66

Siglo XIX

La respuesta adecuada a ese estado de cosas no puede ser la del
chauvinismo intelectual y académico Que se niegue a considerar los estudios que hayan sido el producto de investigadores extranjeros. El caso del conocimiento existente sobre el empresariado paisa muestra dramáticamente que son extranjeros quienes más profundamente han tratado el tema. Como se ha reiterado, no es la nacionalidad del investigador lo que determina la calidad de su trabajo, sino su competencia
y rigor científico. Tan cuestionados resultan los trabajos del norteamericano Everett Hagen como los de investigadores criollos que después de él han adelantado estudios sobre los valores de nuestros
empresarios.
4. El énfasis en un enfoque holista, totalizante; para estudiar el empresariado, no puede confundirse con la creencia de que todo enfoque
"tiene algo de verdad", o que de la combinación indiscriminada de
enfoques surja algo mejor. Así mismo, la perspectiva simplista (a veces tomada de una vulgarización de la teoría de sistemas) que supone
que "todos los factores influyen y son influídos por todos los demás
factores" imaginables, no tiene asidero científico.
Una actitud crítica y creativa requerida en un campo del conocimiento relativamente atrasado como el del empresariado, implica una
cierta dosis de flexibilidad (al menos de no dogmatismo). Pero ésta no
debe confundirse con los simplismos comentados.
5. La imposibilidad de la neutralidad valorativa en las ciencias sociales no implica que el estudio del empresariado tenga que conducir
a hacer su defensa y apología. Este temor tal vez ha influido para que
dentro de algunos sectores académicos e investigativos el tema en cuestión sea un "tema tabú".
El desconocimiento de la formación y evolución del empresariado
usualmente se reemplaza por una actitud ideológica que se refuerza en
una u otra dirección. Esta actitud ideológica oscila pendularmente entre dos extremos: el empresario como el "héroe" del desarrollo o el
"enemigo principal". El estudio de aspectos como los tratados en este
capítulo aporta más elementos de juicio que el sumarse irreflexivamente
a los dos polos mencionados. Le permitirá al lector contrastar sus herramientas teóricas y analíticas con una realidad llena de riqueza. Y
contribuirá,a conocer -en vez de intuir- un aspecto relevante de la
historia del desarrollo de su país.
El lector puede aproximarse en mejor forma a la realidad del empresariado a través de estudios históricos como los tratados en este ca-

Dávíla: El empresariado antioqueño (1760-1920)

67

pítulo, que de textos teóricamente poco sólidos y empíricamente referidos a otras realidades, como varios de los que se trajinan en el medio
académico. Así por ejemplo, ofrece mayores oportunidades de aprendizaje sobre el éxito real de los empresarios estudiar biografías como
las del paisa Pepe Sierra (Jaramillo, 1947), el caldense Jaramillo Montoya (1975) o el manizalita Femando Mazuera Villegas (1971), que recitar de memoria las cualidades que debe tener un empresario eficaz
(Drucker, 1966). O enseña más sobre las oportunidades y limitaciones
para la innovación tecnológica, leer a Roger Brew (1977) sobre los cambios técnicos en la minería antioqueña en el siglo XIX, que imaginar
un proceso completamente racional, secuencial y abstracto de cualquier
texto sobre toma de decisiones. Le deja más al lector leer la "biografía
de las empresas de Antioquia" (Gómez Martínez y Puerta, 1946) y buscar en Eder (1959) la forma como estructuró y administró internamente la Manuelita, que aferrarse a la idea de un supuesto proceso administrativo de cinco o cualquier número de etapas, como lo ha presentado una de las más conocidas corrientes del pensamiento organizacional (Fayol, 1961; Koontz y O'Do~ll, 1974).

NOTAS
1. El comentario del historiador Jorge Orlando Melo es pertinente: " ... es posible obtener nuevos conocimientos sin nueva información factual, por el simple proceso
de reorganización explicativa de datos que habían sido insuficientemente elaboradas por los historiadores anteriores" (Melo, 1979: 52).
2. En un artículo del autor, publicado hace nueve años, se hace una lectura minuciosa
del libro de Hagen, una evaluación del mismo y se presentan una selección de críticas de historiadores. Véase: Carlos Dávila, "Ciencia y Ficción sobre el Desarrollo
de Antioquia. Notas Extemporáneas sobre el Libro de Everett E. Hagen". Revista
Universidad Eafit - Temas Administrativos. 41, Enero-Febrero-Marzo 1981, pp. 47-68.
3. Preocupa a este respecto que sobre el desarrollo económico de Rusia en el presente
siglo y los cambios políticos y sociales allí ocurridos y la relación -si hay algunacon su tesis, el autor llanamente dice "En cuanto al siglo XX no tengo información" (Hagen, 1968: 137).
4. Años más tarde, Safford (1979), añadíó una extensa aclaración a críticas que sobre
esta afirmación la hace Paul Me. Greevey (1975). Por una parte, Safford reitera la díferencia entre ingresos monetarios per cápita e ingresos reales. En segundo término
si los ingresos pe, cápita fueron más altos en Antioquia, no implica que no hubiera
desigualdades en la sociedad. Finalmente ratifica los datos mismos, tomados de Ospina y Vásquez y Mollien (Safford, 1979, nota de pie de página 41, pp. 102-104).

5. Cuatro de estos enfoques son psicológicos y tres sociológicos. Entre los últimos están los de Weber (1971), Me Clelland (1969), y Kunkel (1971). Una síntesis del estado de la cuestión se encuentra en Kilby (1971).

�68

Dávila: El empresariado antioqueño (1 760-1920)

Siglo XIX

6. Véase el comentario del historiador J. León Helguera (1979), quien concluye señalando esta contradicción en Me Greevey (Helguera: 1979: 222).
7. "Empresariado", "factor empresarial" y "actividad empresarial" los utilizamos

como sinónimos. Aunque puede haber alguna imprecisión conceptual al proceder
así, es menor que la ambigüedad que revelan los términos traídos a cuento _en el
párrafo anterior, que se utilizan en forma poco cuidadosa en S!an p~ de la literatura consultada en este capítulo. El término empleado por los mvestigadores de habla inglesa, entrepreneursbip, presenta menores problemas.
8. Véase la reciente traducción (1985) del libro de Twinam (1982) titulada Mineros,

Comerciantes, .Labradores: Las Raíces del Espíritu Empresarial AntioqueiJo,
1763-1810 (FAES, 1985). El libro en inglés en buena parte está basado en la tesis
doctoral a que aquí aludimos (Twinam, 1976). Un análisis de esta se encuentra en
Dávila (1985).
9. Para recientes esfuerzos en esta dirección, véase el trabajo que constituye el capítulo primero de este libro así como la "introducción" al mismo.
10. El inventario sobre el tema realizado en la investigación que el autor dirige en el
Programa de Post-grado en Economía de la Universidad Javeriana, suma cerca de
90 fuentes secundarias sobre el empresariado en Colombia. Cada una de ellas ha
sido evaluada en detalle, preparándose una reseña crítica para 60 de estas fuentes.
Esta bibliografía comentada junto con una síntesis global de la misma se publicará
próximamente. De las 90 fuentes identificadas, un muy alto número (entre 35 Y40)
corresponden a Antioquia.

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�74

Siglo XIX

LA FABRICA ARGENTINA DE ALPARGATAS

Historia de empresas y crecimiento industrial
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l. INTRODUCCION
En este trabajo se analiza la historia de una empresa industrial de antigua instalación en el país dedicada fundamentalmente a la producción
de bienes de consumo masivo para el mercado interno: la Fábrica Argentina de Alpargatas. El propósito es estudiar el desenvolvimiento de
la empresa mediante el seguimiento a lo largo del tiempo de sus principales indicadores económicos. Sobre la base de estos indicadores y el
análisis de fuentes cualitativas se ha tratado de explicar las características y estrategias que le permitieron, a una industria que integraba un
tipo específico dentro de las que se establecieron en las últimas décadas del siglo XIX en la Argentina, convertirse en una de las grandes
empresas del país.

l

,.

• Programa de Estudios de Historia Económica y Social Americana (PEHESA) y Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Buenos Aires, Argentina). Publicado previamente en Desarrollo Económico, V. 28, no. 111, octubrediciembre de 1988. Los autores agradecen los comentarios de Arubal Arcondo y de
sus colegas del PEHESA. Expresan asimismo su reconocimiento a los directivos de
Fábrica Argentina de Alpargatas, que facilitaron el acceso a los archivos de la empresa. Fernando Rocchi colaboró eficazmente en las tareas de investigación.

�76

SigloXIX

Es posible considerar que el momento de origen de la industria argentina moderna se ubica a fines del siglo pasado y principios del presente, en el período en el que la economía creció muy rápidamente siguiendo el estímulo que provenía de la expansiva demanda del mercado mundial. Este mercado constituyó el destino de la producción de
algunas de las principales industrias que se desarrollaron en ese momento, particularmente las de aquellas dirigidas a la·transformación
de insumos agropecuarios, como los frigoríficos. Estas empresas requerían inversiones de cierta envergadura, en las que predominaba el
capital extranjero y en las que usualmente el control era ejercido por
directorios instalados en el país de origen del capital. Junto a este tipo
de empresas se desarrollaron una serie de lo que más ajustadamente
podrían denominarse "talleres", cuya producción se dirigía al mercado interno; en general eran empresas de capital comparativamente reducido, con escaso personal, tecnologia poco avanzada, y cuyos empresarios eran predominantemente inmigrantes recientes relativamente modestos.
También puede registrarse en ese período el nacimiento de algunas grandes empresas, volcadas al mercado interno, y cuyo impacto
en la economía del país, aunque aún no ha sido suficientemente evaluado, posiblemente fue mayor que el de la multitud de pequeños
talleres 1•

dutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

77

las industrias cuyos productos estaban destinados a la exportación recibieran una mayor atención en la bibliografía.
Otro problema presente en casi todas las historias de la industria
argentina radica en suponer que el sector de producción local para consumo interno recién tuvo impulso efectivo a partir de 1930. Si bien es
cierto que esta afirmación ha sido matizada por quienes sostienen que
ya en la década de 1920 se había instalado un parque industrial importante que constituyó la base del desarrollo posterior, siguen sin conocerse las respuestas que empresas específicas desarrollaron frente a las
distintas coyunturas, conocimiento al que podría arribarse con el análisis de casos particulares de industrias muy activas desde fines del siglo pasado hasta por lo menos 1940 3 •
Estos son los principales argumentos en favor de iniciar estudios
sobre "historia de empresas". Es posible que con los conocimientos
que surjan de la investigación se esclarezcan algunos temas centrales
en la historia de la industria argentina. Sólo para señalar algunos de
ellos se pueden mencionar: el problema de la formación de capital; el
origen del mismo en términos de reinversiones, aportes locales o inversiones externas; la tenencia accionaria y su relación con el control de
la actividad empresaria; la vinculación con el sector financiero; la composición de la rama a que pertenece la empresa en términos de mayor
o menor concentración; el papel del mercado y la tecnología. Naturalmente también el análisis de empresas ofrece elementos claves para
el estudio de la formación de la fuerza de trabajo 4.

Las investigaciones y trabajos realizados en torno de la historia de
la industria argentina, especialmente sobre el período que se cierra en
1930, se han caracterizado por elaborar sus conclusiones utilizando información con un alto nivel de agregación, por lo que los mecanismos
particulares que constituyeron la trama de tal agregación permanecen
aún en buena medida desconocidos. De esta manera, las conclusiones
enunciadas en esos trabajos carecen en general de bases concretas en
las historias particulares. La información agregada muchas veces oculta
importantes diferencias entre casos, diferencias capaces de matizar aquellas conclusiones generales 2•

En el estudio que se presenta, el objeto de la investigación es la
empresa industrial misma. Es decir que se ha buscado analizarla como
unídad _de producción y comercialización 5 • Esto ha signíficado estudiar las modificaciones que a lo largo del tiempo se han verificado en
sus dimensiones, el tamaño y origen del capital, la capacidad de innovación tecnológica y de adaptación a diferentes coyunturas y políticas,
y su rentabilidad.

Por otra parte, esos estudios tendieron a destacar el carácter subsidiario de la industria local en relación a la producción agropecuaria,
sin duda el sector de la economía más dinámico hasta por lo menos·
1930, ya fuera para señalar los limites de un modelo que anudaba una
relación desigual con los países importadores de alimentos y materias
primas, el resultado de erróneas políticas obstaculizadoras de un posible crecimiento autónomo o, por el contrario, para enfatizar cómo el
mismo crecimiento agroexportador había facilitado las primeras etapas de la industrialización. Razones tan diversas confluyeron para que

Para este trabajo la selección ha recaído en la Fábrica Argentina
de Alpargatas, una empresa industrial instalada en 1884, dedicada a
la producción de bienes para el mercado interno, cuyo control permaneció en manos del directorio local, si bien contó con una importante
participación de capital extranjero. Se ha partido de los propios archivos de la empresa para reconstruir una síntesis de su historia y analizar
algunos temas específicos que permiten explicar el comportamiento económico que hizo posible su crecimiento, en el período comprendido
entre fines del siglo pasado y 1940. Ello ha permitido, además, seguir

�78

Siglo XIX

la ~volución de la empresa desde su origen hasta las décadas de 1920
Y 1930 momentos que han sido vistos como los de mayor impulso en
'
.
6
el crecimiento
de la producción local para el mercad o mtemo
•
Los objetivos centrales de este trabajo han consistido~~ analizar
el proceso de formación de capital en la empresa y su rentabilidad. P~ra ello se ha recurrido al estudio de la evolución de la cuenta "Máqwnas y herramientas" y del patrimonio neto a través de un período de
cincuenta años. El supuesto que ha guiado el trabajo es que 1~ cu~nta
"Máquinas y herramientas" refleja la inversió1;1 net~ en ma9wnaria Y
equip~s, en tanto_que el patrimonio neto ,refleJa mas am~h~en!e l_a
evolución del capital social y las reservas . A su vez este ultimo_i_ndicador ha permitido realizar las estimaciones sobre rentabilidad
patrimonial.
· Cuáles han sido los resultados de estas operaciones? El primero
1.,
• d
fue la
constatación del crecimiento de la empresa a partrr
e una política de inversiones continuas, al mismo tiempo lo suficientemente flexible como para adaptarse a distintas situaciones 8• Los momentos en
los que las inversiones aumentaban correspondían~ las di_ferentes coyunturas que atravesaban tanto los mercados de eqwpos e msumos como los de los productos de la empresa y los precios de los factores ~e
producción. La empresa tendía a invertir, y posiblemente a sobreeqwparse en los momentos de mayor acceso a los mercados externos de
maqdinaria, y tendía a disminuir la inversión y utilizar _el ex~eso de capacidad así generada en los períodos en los que sur~an d!ficultades
para el acceso a esos mercados. Por otra parte, esas mversiones eran
posibles por tres causas: la reinversió~ de_utilidades, ~a ampliación del
capital social a partir de nuevas suscnpciones de acciones y la obte~ción de crédito externo. La utilización de una u otra vía, o su combinación, dependía de condiciones externas a la firma,_pero t~bién de
las decisiones que tendían a mantener a la empresa mdependiente de
las fuentes externas de ímanciamiento.

1

Las decisiones de la empresa procuraban asegurar que las inversiones se realizaran en equipos de tecnología avanzada, que implicaban la posibilidad de reducir los costos de producción y que, además,
se hubieran obtenido en exclusividad para su área de influencia 9 •
Aunque esto la obligara al pago de "royalties", le aseguraba una posición dominante en el mercado, caracterizado en las primeras etapas
de su historia por la existencia de una serie de pequeñas empresas competidoras que, presumiblemente, tenían co~tos de producción ~ás '.31tos que les dificultaban una política de precios flexibles ante oscilaciones de la demanda. En tanto, Alpargatas reforzaba su posición domi-

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

79

nante adaptando su política de precios y comercialización a las condiciones del mercado.
La sociedad se había iniciado como una empresa argentina con fuerte -en realidad mayoritaria- presencia de accionistas británicos ligados a la provisión de maquinaria e insumos. Sin embargo, las decisiones de la empresa eran tomadas por su directorio en Buenos Aires, aunque esto provocaría más tarde un cierto conflicto con sus accionistas
y proveedores británícos.
A continuación, y luego de una breve historia de la empresa en
la que se incluyen someras referencias a las decisiones sobre la política
de ventas y la tecnología adoptadas, se presenta un análisis general de
la evolución patrimonial y las fluctuaciones de la rentabilidad, para
posteriormente analizar más detenidamente la política de inversiones
y las fuentes de éstas, es decir las utilidades, el capital social y el financiamiento externo.
2. ORIGENES Y EXPANSION DE LA FABRICA ARGENTINA
DE ALPARGATAS
Alpargatas Argentina fue establecida hacia 1884, y desde muy temprano se convirtió en una empresa destacada en el mercado argentino de
calzado de yute10 • Desde sus orígenes aparecía muy ligada a dos firmas británicas: la Ashworth &amp; Co. de Manchester y la Douglas Fraser
&amp; Sons, de Arbroath, Escocia. La primera de ellas fue la encargada
hasta mediados de la década del 20 de la comercialización, a través de
su filial argentina, de la producción de Alpargatas en el país. Ambas
empresas se contaban entre los principales accionistas de la fábrica
11
argentina • La relación se extendía a la conexión con el mercado británico de insumos -como el yute de Bengala- y a la provisión de
maquinaria.
La Ashworth había establecido una sucursal en la Argentina en
1854, cuando Eduardo Ashworth llegó al país con el objetivo de dedicarse a importar tejidos de algodón. Esa actividad se amplió posteriormente a la fabricación e importación de tejidos y, desde 1915, a la representación de la empresa británica de seguros London Assurance Corporation. Al frente de la sucursal argentina se encontraba en.1916 J.
K. Cassels, quien también formaría parte del directorio de
Alpargatas12 •
La Douglas Fraser &amp; Sons era, por su parte, poseedora de las patentes de las "complicadas e ingeniosísimas máquinas movidas por va-

�80

Siglo XIX

por (que) producen anualmente centenares de pares de alpargatas
-barato y cómodo calzado- cuyo uso se ha generalizado en todos
los centros agrícolas de la República" 13• Uno de los Fraser fue gerente de Alpargatas en 1891, pero es muy probable que ya desde antes ocuparan puestos importantes en la empresa. A diferencia de lo que ocurrió con los Ashworth, la vinculación de los Fraser con Alpargatas continuó hasta hace pocos años14•

1

11

'"

La desvinculación de Ashworth &amp; Co. se produjo a mediados de
la década del 20. Como consecuencia de ello dejó de distribuir los productos de Alpargatas en el mercado local, e incluso dejó de actuar como representante de compras en Europa, siendo reemplazada en esas
funciones por Douglas Fraser &amp; Sons. A fines de la misma década los
Roberts se incorporaron al directorio de Alpargatas15 •
Paralelamente a la desvinculación de Ashworth, Alpargatas Argentina comenzó a controlar su propia red de distribución mayorista,
continuó con la expansión de sus plantas, imprimió una diversificación más marcada a sus líneas de productos y buscó mantener frente
a sus posibles competidores algunas ventajas mediante la utilización
de tecnología avanzada obtenida en exclusividad.
La diversificación productiva significó la incorporación de textiles
de algodón, calzado de goma y telas para la industria del caucho. La
producción de algunas de estas líneas se había intentado con anterioridad, en tanto que otras se establecerían definitivamente en la década
siguiente.
En cuanto a los textiles de algodón, ya en ·1893 habían comenzado
los que la empresa denominaba "ensayos" con telares que utilizaban
hilado de algodón para producir lonas. Este hecho, junto con la producción de hilo de atar iniciada en 1891 , mostraba los tempranos intentos de diversificación de las actividades de la empresa. No obstante, fue a partir de 1920 que la producción textil adquirió importancia,
juntamente con la expansión del cultivo de algodón en el país 16• En
una reunión del directorio en ese año "se trató la conveniencia de instalar una pequeña hilandería de algodón en la fábrica como para hacer
experimentos en reducida escala, resolviéndose dar instrucciones al Sr.
Gerente para averiguar lo que seria su costo máximum... " 17 • La instalación de la hilandería tomó forma definitiva el año siguiente a partir de la aprobación de una propuesta concreta del gerente. En ella se
detallaba la compra de la maquinaria necesaria para producir 2 500
libras de hilado por día, aproximadamente un cuarto del consumo total de la empresa en ese momento. El gerente estimaba que se requería

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

81

una inversión de (,() 000 libras (aproximadamente 722 400 pesos m/n), lo
18
que permitiría obtener una utilidad anual de 230 000 pesos adicionales •
Con la aprobación de los principales accionistas, se inició la nueva
actividad 19•
En 1922 se completó la construcción del quinto piso de un nuevo
edificio destinado a la hiladería de algodón, donde sería elaborada fibra nacional. El año siguiente, 1923, se inauguró la hilandería cuya producción la empresa planeaba aumentar paulatinamente hasta cubrir sus
necesidades totales20• Con ese fin estableció contratos para la provisión de algodón, enviando un técnico a la provincia de Corrientes con
instrucciones precisas del precio máximo a pagar por la materia
prima21 • Al mismo tiempo se realizaron gestiones para obtener la entrada libre de derechos de la nueva maquinaria para el procesamiento
del algodón argentino22 • Finalmente, y dado el interés en la hilandería, se convino en aumelftar el capital social a fin de financiar las inversiones requeridas por la nueva actividad. Estas inversiones prosiguieron en 1924, cuando se ampliaron los edificios destinados a la hilandería e incluso se compraron máquinas de segunda mano, aunque
por un valor poco significativo, a la empresa Ezra Teubal y Cía.
La producción de distintos tipos de calzado se había iniciado también muy tempranamente. Ya en 1900 se había adquirido maquinaria
para procesar cuero para suelas, y en 1907 se obtuvieron "las maquinarias más perfeccionadas que se conocen" de origen inglés y norteamericano para la fabricación de calzado de cuero. Pero fue en la década del 20 cuando comenzó la preocupación de los directivos de la empresa por la eventual competencia que podrían sufrir por parte de los
fabricantes de calzado con suela de goma.
Este calzado cuya venta estaba monopolizada por la United States
Rubber Co. , comenzaba a tener gran aceptación no sólo en Buenos
Aires, sino también en el interior, a pesar de que su precio de venta
era superior al de las alpargatas23 • Aunque se realizaron algunos ensayos para enfrentar esta nueva competencia, esa línea de producción
fue momentáneamente abandonada en 1927 ante la alta tarifa que debían abonar los artículos de caucho, lo que impedía la fabricación del
calzado de goma a precios competitivos24 • No obstante, la fabricación
de este calzado fue retomada en 1929, a partir de un convenio con la
· firma Pirelli, fabricante de artículos de goma, para obtener de ella en
exclusividad plantillas, cintas y contrafuertes25 • Un proceso inverso,
pero también tendiente a la diversificación, se produjo a partir de 1931
con la fabricación de telas para neumáticos para la firma Goodyear,
primero, y Pirelli y Firestone después. En la década del 40 estos rubros

�82

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

83

Pero a fines de la década del 20, al mismo tiempo que se pensaba
que el calzado de yute seguiría siendo la línea de producción más importante, se prestaba cada vez más atención a los nuevos productos:

mas se aplicaron al fortalecimiento de la capacidad de producción de
las nuevas líneas que la empresa había desarrollado, pero también a
la renovación de la maquinaria utilizada para la fabricación del tradicional calzado de yute y, además, a la puesta en marcha de métodos
y técnicas que permitieran una reducción de los costos.

...una preocupación constante del Directorio ha sido la de establecer
sobre una base aún más firme el desenvolvimiento de las actividades
de la sociedad. Con ese fin y a pesar de que la explotación de alpargatas es y se confía seguirá siendo el renglón de más importancia, el
Directorio ha considerado prudente ampliar la elaboración de los demás renglones cuya fabricación se ha iniciado últimamente, como también crear otros ... la Sociedad se ocupa actualmente de la manufact~ra de l?nas y lonetas de todas clases, calzado de cuero y lona, zapatillas, bnnes, toallas, repasadores, telas para filtros, piolines, tintorería y ap~estos, hilos y cuerda de yute y cáñamo, estopa de
algodón....

En 1934 existía capacidad ociosa en las secciones de alpargatería
y calzado de cuero, en tanto la producción de la hilandería de algodón
no cubría las necesidades de la empresa30• Esto impulsó al directorio
a duplicar la capacidad productiva de la hilandería y la tejeduría, lo
que requirió, a su vez la construcción de un nuevo edificio en la zona
de Barracas aledaiía a la fábrica31• Las ampliaciones de la sección tejeduría se terminaron ese mismo año y al siguiente comenzó ha habilitarse el nuevo edificio de la hiladería. A ello se agregó la aceptación
de la propuesta de James Mackie &amp; Sons para instalar maquinaria para la elaboración de sisal32•

tuvieron una creciente importancia en la producción de Alpargatas.

Los récords de ventas logrados en 1927 y 1928 permitieron a la empresa continuar con su política expansiva. No obstante ésta se volvió más
cautelosa, primero por el cambio de autoridades na:ionales y luego por
21
la crisis • Ese último año marcó, justamente, una interrupción en el
crecimiento de las inversiones. Las compras de maquinaria continuaron pero se redujeron a un poco más de un tercio de las realizadas en
1927.
Hasta 1934, entonces, la política de la empresa se caracterizó por
búsquedas cuidadosas de ampliación de sus líneas de producción y compras de maquinarias destinadas especialmente a las secciones de hilandería y tejeduría. Esto incluyó la compra de treinta telares Northrop
en 1930 Y la decisión tomada en 1929 de continuar con la ampliación
de los edificios que formaban la planta de la empresa28 •
La búsqueda de diversificación de la línea productiva se refleja en
los porcentajes correspondientes a lo invertido en "agregados y refacciones" sobre la maquinaria existente en 1933 y 1934. Aunque estas
cifras se refieren a la maquinaria ya instalada y son por lo tanto de
un valor relativo, muestran que juntamente con la persistencia de la
!mPo~ancia de la sección alpargatería -que pasa del 23.80% de las
mvers1ones en 1933 al 19.50% en 1934- se produce el crecimiento de
las secciones de hilandería y tejeduría de algodón y de calzado de
goma29•
. ~ partir de 1934 las inversiones en maquinarias, al igual que la ampliación de los edificios, adquirieron un ritmo más intenso. Las mis-

La renovada demanda de alpargatas llevó también al reemplazo
de la maquinaria de la sección más tradicional de la empresa: la dedicada al tratamiento del yute. Parte de esa maquinaria había sido instalada hacía cuarenta y ocho aiíos. En 1935 representaba sólo un 2.6%
del valor de la cuenta "máquinas y herramientas". James Mackie &amp;
Sons, especialistas en el ramo e inventores de máquinas para el tratamiento del yute, fueron los proveedores de la nuevas máquinas, con
el compromiso de no venderlas a ninguna otra firma en la Argentina
o Uruguay. La nueva maquinaria permitía utilizar materia prima de
calidad inferior, abaratando consecuentemente los costos33 •
Estas inversiones continuaron en 1937. Pero el hecho de que la nueva maquinaria ya no fuera provista por Douglas Fraser &amp; Sons no dejó de tener consecuencias. Ya en 1934 Alpargatas Argentina había intentado reducir a la mitad el porcentaje del 30Jo sobre las utilidades,
que abonaba a la firma británica por los privilegios de exclusividad sobre la maquinaria en el país34• El contar con nuevos proveedores del
equipo para el procesamiento del yute, juntamente con la diversificación de la producción, llevaron finalmente a Alpargatas a lograr en
1939 un acuerdo con la Douglas Fraser por el cual ese porcentaje se
pagarla solamente sobre las utilidades de la sección alpargatería35 •
No fue solamente en el tratamiento del yute y en la tejeduría e hilandería donde se realizaron inversiones. Otros dos rubros interesaban
a la empresa: el calzado de goma y los textiles para neumáticos .
En cuanto al primero, a partir de mediados de la década del 30

�84

Siglo XIX

comenzó a considerarse redituable la producción de ese tipo de calzado. En 1934 se incorporó maquinaria para la utilización de suela de
goma vulcanizada y en los aíios siguientes lograron superarse las dificultades que se habían encontrado anteriormente para la fabricación
del calzado. Los nuevos sistemas de producción permitieron disminuir
la cantidad de artículos dafiados, e incluso algunas de las innovaciones
se aplicaron en los sectores de producción de las lineas del tradicional
calzado de vute36 •
Por otra parte, a las telas para neumáticos se agregaron, a partir
de 1938, nuevas telas para correas que se producían para Goodyear.
Las fábricas de neumáticos aparecían ya como un mercado promisorio, pero para cubrir sus necesidades se requería un hilado más fino.
Esto también decidió a Alpargatas a encarar nuevas inversiones37•
Por otra parte, y para ser utilizado en sus textiles, en este período
se adquirieron los derechos exclusivos para la Argentina del proceso
de "sanforizado", obtenidos de Cluett, Peabody &amp; Co. de Nueva York
a cambio del pago de "royalties" por metro de tela producido con ese
procedimiento, y garantizando un pago anual mínimo38 •
La expansión y diversificación de la producción y la incorporación
de nueva tecnología llevó, como se ha visto, a una continua ampliación de la misma planta de la empresa. Esta ampliación fue paralela
a los intentos de instalación de nuevas unidades de producción en el
interior y el exterior del país. Ya en 1905 se había comenzado la instalación de una nueva planta en Rosario, proyecto abandonado en 1907,
el comprobarse las ventajas de centralizar la producción en Buenos
Aires. Pero en ese mismo aíio se fundó la Fábrica Brazileira de Alpargatas e Calcado, en San Pablo, de la que Alpargatas Argentinas recibió algo menos del 9% del capital accionario en concepto de usufructo
de privilegios y patentes. La planta de Brasil se sumaba a la establecida anteriormente en Uruguay. En algunos momentos se planeó incluso la instalación de fábricas en Espaíia y aún en Italia, pero el principal mercado siguió siendo el interno, y la ampliación de las instalaciones se realizaría a partir del núcleo inicial.

t

En la década del 30 se compraron terrenos en la zona de Barracas
aledaíia a la fábrica de Buenos Aires, se inició la construcción de nuevos edificios y se instaló nueva maquinaria. En 1940, con la compra
de la hilandería de cáñamo perteneciente a Luis Elverdin ubicada en
el partido de Avellaneda, que contaba con una superficie de más de
5 000 metros cuadrados, la empresa inició una nueva etapa de
modernización39 •

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

85

Un hito importante en esa etapa, ya fuera de los limites cronológicos de este trabajo, lo constituyó la instalación de la planta industrial
de Florencio Vareta en 1951, que en su momento fue uno de los establecimientos más importantes para la producción de calzado de goma
en América Latina. Posteriormente se desarrollaron nuevos productos
como el calzado de plástico, las telas estampadas y la confección de
prendas de vestir. Algunas de las marcas de los productos de la empresa, como Rueda, Luna, Boyero, Far-West, se popularizaron en el país.
La empresa, además, realizaría a partir de la década del 60 importantes inversiones en empresas asociadas, que la proveían de materia prima para sus productos.
¿Cuál era en esos distintos momentos la dimensión de la empresa
en relación a otras firmas industriales que operaban en el país? Algunos datos provenientes de censos y estadísticas industriales alcanzarán
para intentar una breve respuesta a esta pregunta.

En 1887 existían en Buenos Aires 62 fábricas de calzado de yute,
61 de ellas eran talleres que empleaban técnicas tradicionales y contaban, entre todos, con 459 trabajadores; la restante era la Fábrica Argentina de Alpargatas, que dotada de maquinaria moderna empleaba
a 530 personas. Además, se encontraba entre las 91 industrias -en un
total de 4 723- que utilizaban más de 100 000 pesos anuales de materia prima40•
En 1914 se registraron 72 empresas del ramo en la ciudad de Buenos Aires y 241 en todo el país41 • Puede estimarse que el activo total
de Alpargatas representaba más del 70% del de todas las empresas del
ramo de la Capital y más del 500/o del total nacional42• En cuanto a
la mano de obra ocurría algo equivalente, más del 53% del total del
personal de las empresas del ramo en Buenos Aires -porcentaje similar al de 1887- y más del 33% del total nacional era empleado por
Alpargatas43 • Estas cifras indican claramente que la dimensión de esta empresa estaba muy por encima de la media de los talleres que constituían su competencia.
Por otra parte, en 1929 Alpargatas ocupaba el lugar numero 21
entre las sociedades anónimas industriales por su patrimonio neto y
el número 29 por su activo total44 • En 1939 ocupaba por su capital el
puesto número 25 del ránking general de sociedades anónimas, aunque si se toma en cuenta sólo las empresas industriales, le correspondería el número 18 ó 20. En ese afio su capital había superado el de
Campomar, pero ya era superado por el de Ducilo.

�86

Siglo XIX

Gutiérrez Y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

3. EVOLUCIÓN PATRIMONIAL Y FLUCTUACIONES
DE LA RENTABILIDAD

,¡

87

GRAFICA 1

Como se ha visto Alpargatas Argentina fue fundada en 1884, y se ha
contado con las memorias y balances a partir de 1890, lo que ha permitido en principio el estudio de un período de cincuenta años de actividad de la empresa. El análisis se ha focalizado en la evolución de la
cúenta "Máquinas y her,rarnientas", el patrimonio neto y la tasa de
ganancia45 •
La primera constatación que fue posible realizar sobre la cuenta
"Máquinas y herramientas", en este extenso período, tuvo que ver con
el continuo crecimiento a largo plazo de las inversiones en maquinarias y equipos (véase gráfica 1). La tasa de crecimiento en los valores
de la cuenta a lo largo de toda la etapa estudiada, es decir entre 1890
y 1940, fue de 5.8% anual 46 • El análisis de la serie permitió distinguir
dos grandes períodos: el primero desde 1890 a 1917 y el segundo desde
este último año basta 1940. El crecimiento en el primer período fue
notoriamente menos intenso (3.5% anual). En el segundo se observó
un ritmo de inversiones más acentuado (la tasa de crecimiento fue del
8.3% anual). Entre 1890 y 1917 el crecimiento se vinculaba con el desarrollo de las actividades tradicionales de la empresa, es decir, con
la producción de calzado. En tanto que entre 1917 y 1940, a la producción tradicional que seguía siendo la actividad principal, se le sumaron
nuevas líneas de productos, basados en el textil de algodón.

ALPARGATAS. MAQUINAS Y HERRAMIENTAS

Millones de
pesos de 1950

45,-----------·--------40
35
30
25
20
15
10

5
CUADRO 1
O T'TT"l'"TTTTrrrrrrr,rrn...,."TTTTTrTTT"1-rn-rrrTT"r'rT"r"~~

ALPARGATAS. PATRIMONIO, ACTIVO FIJO Y MAQUINARIAS.
CRECIMIENTO ANUAL (EN %)

1890

1900

1910

1920

1930

1940

Fuente: Elaboración propia en base a S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas

Años

Patñmonio

Capital

Reservas

1890-40
1890-17
1917-40

8.12
6.59
9.58

s/ d
s/ d
11.08

s/ d
s/d
6.98

Activo fijo Maquinañas
5.60
1.97
8.55

5.78
3.48
8.27

Fuente: Elaboración propia en base a Fábrica Argentina de Alpargatas, Memoria y Balance, 1890-1940.

Balance General, 1890-1940.

'

�88

SigloXIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

El patrimonio neto, por su parte, creció al 8.21 O/o anual entre 1890
y 194047• En cambio, en el período 1908-1940, para el que se encontró información más completa en los archivos de la empresa, la tasa
anual de crecimiento fue del 6.21 O/o. En este período el capital creció
al 6.130/o y las reservas al 6.440/o anual. No obstante -y tal como se
observa en el cuadro 1- entre 1890 y 1917 la tasa de crecimiento del
patrimonio neto fue del 6.590/o anual y entre 1917 y 1940 del 9.580/o.
Por otra parte, si se toman capital y reservas separadamente, lo que
puede hacerse para el segundo período, se observa que el capital creció
a un 11.080/o anual, en tanto que las reservas lo hicieron al 6.980/o. Estas diferencias, como se verá más adelante, se relacionaban con la política de la empresa de recurrir a la emisión de acciones como una de
las formas de financiar su expansión.
En cuanto a la tasa de ganancia, de acuerdo con el indicador seleccionado -véase nota 45- la rentabilidad patrimonial fue de 13.490/o
anual para el período 1890-194048. Sin embargo, como ocurre con los
casos anteriores, la tasa de ganancia difiere según el subperíodo considerado, tal como se observa en el cuadro 2.

CUADR02

ALPARGATAS. RENTABILIDAD PATRIMONIAL (EN OTo)

Período
1891-95
1896-00
1901-05
1906-10
1911-15
1916-20
1921-25
1926-30
1931-35
1936-40

Rentabilidad
4.97

22.76
10.80
8.55
13.67
26.61
13.57
10.73
11.68
12.61

Fuente: Elaboración propia en base a Fábrica Argentina de Alpargatas, Me-

j_

moria y Balance, 1890-1940.

89

Como se desprende del cuadro mencionado, en el primer período
para el que se cuenta con información la rentabilidad fue relativamente baja; en tanto que se encontraba sustancialmente por encima de la
media entre 1896 y 1900 y nuevamente entre 1916 y 1920. En los últimos tres períodos, en cambio, la rentabilidad fue relativamente estable con tendencia al alza.
4. LAS BASES DE LA EXPANSION

4.1. Capital y distribución de beneficios
A partir de la información contenida en la Memoria del año de 1892
puede inferirse que el capital correspondiente a ese! fecha ascendía a
300 000 pesos m/n, equivalente a 106 700 pesos oro de ese momento.
En 1895 el capital alcanzaba a 300 000 pesos oro y las reservas a 30 000
pesos oro. Aparentemente parte del aumento del capital provenía de
la reinversión de utilidades brutas, dado que la Memoria de ese año
señalaba que las utilidades netas se obtenían luego de "haberse hecho
los castigos necesarios y de haber provisto la suma necesaria para mantener el capital y fondo de reserva" en las cifras mencionadas49• Pero
la magnitud de la diferencia en las cifras indica que también se había
recurrido a nuevas suscripciones de capital.
Los fondos de reserva se constituían con montos que se destinaban a ese fin al repartirse las utilidades, pero también con montos que
se deducían antes de establecer las utilidades netas. En los primeros
aíios fue sin duda el segundo mecanismo el que prevaleció. Por ejemplo, en 1890 el 100/o de las utilidades fueron enviadas al fondo de reserva; cifras que se redujeron abruptamente en 1892 y 93 a menos del
20/o de las utilidades, en tanto que en 1890, 1893, 1894 y 1896, una suma de 277 148 pesos m/n, que aparecía como gastos antes de calcularse las utilidades, fue destinada a fondos de reserva para edificios, renovación de maquinaria y previsión contra depreciación de la moneda. Este mecanismo se reiteró en 1897 y 1898 por un total de 95 000
pesos oro, por lo que buena parte de las inversiones en los primeros
años se financiaba en primer lugar con recursos que la propia empresa
destinaba a ese fm antes de repartir utilidades y_e!! segundo lugar con
montos que se restaban a las utilidades mismas.
Con respecto a los dividendos pagados, no se cueµta con información detallada hasta 1908; sin embargo, puede inferirse que oscilaban
entre el 8 y el 120/o en los primeros años, alcanzando el 200/o en momentos de alta rentabilidad. Esta información es más completa a partir de 1908, tal.como puede observarse en el cuadro 3. Entre 1908 y

�90

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

1917 el porcentaje de dividendos pagados aumentó del 9% en la primera de esas fechas al 15% en la última. Es evidente, además, la tendencia a mantener sumas preestablecidas destinadas a dividendos, lo
que significa que cuando las utilidades a distribuir eran menores, disminuían más que proporcionalmente los fondos destinados a reserva.
Por otra parte, estos últimos superaban las sumas destinadas al pago
de dividendos en varios de los años analizados.

CUADR03

ALPARGATAS. DISTRIBUCION DE UTILIDADES, 1908-1917
(EN PESOS ORO)

Año

Dividendos

1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917

59 940
79 920
66 600
66 600
83 250
83 250
83 250
99 900
99 900
124 875

Fondo
de reserva
10 000
80 000
68 000
2 000
12 175
63 347
37 464
103 653
170 000
160 935

Cuenta nueva
8 693
8 854
12 590

s/ d
s/ d
s/d
s/ d
117 766
149 649
143 399

Honorarios
directores
s/ d
s/ d
s/ d
s/ d
s/ d
7 762
9 898
27 866
25 981
24 570

Cuenta nueva: Utilidades no distribuidas que pasan al siguiente ejercicio

91

acciones de 100 pesos oro cada una, que pagarían dividendos sólo a
partir de 191250 •
Durante la postguerra el capital creció espectacularmente (a un
25. 16% anual entre 1917 y 1925) y las reservas a un ritmo notoriamente menor (9.08%). De todas formas, el aumento en las reservas se explica especialmente por el crecimiento del Fondo de Reserva Legal, el
que de acuerdo con lo establecido por el Código de Comercio debía
incrementarse anualmente con un 2 % de las utilidades líquidas y realizadas hasta llegar a un mínimo del 10% del capital social. También
aumentó la reserva para demérito de maquinaria, aunque a un ritmo
menor, mientras los fondos especiales y el de previsión se mantuvieron
en sus valores nominales.
Entre 1925 y 1934 se desaceleró el crecimiento del capital en términos reales, en tanto que las reservas que habían crecido un 200% en
los nueve años anteriores, en este subperíodo de diez años aumentaron
un 50%51• En cambio, entre 1934 y 1940 el capital tendió a decrecer
en términos reales, aunque aumentaron las reservas a un ritmo muy
alto (12.92% ). Este crecimiento se debió al aumento de las reservas facultativas que duplicaron su valor nominal entre 1934 y 1940. Las reservas legales crecieron a un ritmo menor. En conjunto el crecimiento
del patrimonio se acerca bastante al crecimiento de los valores de la
cuenta "Máquinas y herramientas"52•
El aumento de las inversiones durante todo el período 1918-1940
se relacionaba con el crecimiento del capital social. Como puede verse
en el cuadro 4, la empresa aumentó el capital autorizado en 1924 y en
1933 y tendió a suscribir rápidamente buena parte de ese capital
autorizado.

Fuente: Elaboración propia en base a Alpargatas, Memoria y Balance,
1908-1917

En este período de la historia de la empresa también aumentó el
capital, tanto el autorizado como el suscripto. En 1908 el capital autorizado era de 1 500 000 pesos oro, aunque sólo se habían emitido 6 600
acciones de un valor de 100 pesos oro cada una. Estos 660 000 pesos
oro señalaban, sin_embargo, un aumento significativo respecto de los
300 000 pesos oro de capital suscripto de 1895. En 1911 se emitió una
tercera serie de acciones, que si bien no alcanzaba a cubrir el capital
autorizado, aumentaba el suscripto a 832 500 pesos oro mediante 1 725

Ya en 1918 se resolvió autorizar un aumento del capital autorizado, llevándolo a 2 500 000 pesos oro en acciones ordinarias y a
1 000 000 pesos oro en acciones del 70/o acumulativas53• En este mismo afio el directorio dispuso capitalizar 277 500 pesos oro del Fondo
de Reserva entregando acciones ordinarias en la proporción de una acción por cada tres en circulación, debiendo esta nueva emisión participar en las utilidades de la sociedad desde 1919. Posteriormente, en 1919,
1920, 1921 y 1922 se utilizó el mismo mecanismo para capitalizar una
parte de las utilidades. Esto significó que del capital suscripto total en
1923, casi el 62% correspondía a capitalización de utilidades. En 1923
se resolvió aumentar el capital autorizado a 7 500 000 pesos oro. Para
comenzar a suscribirlo, en marzo de 1924 se emitieron 5 000 acciones
preferidas de 100 pesos oro cada una -valor nominal- a la par. En

�92

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

CUADR04

ALPARGATAS. CAMBIOS EN EL CAPITAL AUTORIZADO
Y SUSCRIPTO 1918-1940 (EN PESOS ORO)

Año

Capital autorizado
Acciones
Ordinarias
Preferidas

Ordinarias

Preferidas

1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924
1925
1926
1927
1928
1929
1930
1931
1932
1933
1934
1935
1936
1937
1938
1939
1940

2 500 000
2 500 000
2 500 000
2 500 000
2 500 000
2 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
4 500 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000000
6 000 000
6 000 000
6 000000

832 500
1 100 000
1480000
1 480 000
1 480 000
2 500 000
3 000 000
3 000000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000000
3 000 000
3 000 000
3 300 000
3 300 000
3 300 000
3 300 000
4 300 000
4 300 000
4 650 000
4 650 000
4 650 000

500 000
500 000
792 800
1 000000
1 000 000
1 500 000
1 500 000
1 500 000
2 000 000
2 000 000
3 000000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000,000
4 000 000
4 000 000
4 000 000
4 700 000
4 700 000
4 700 000

1000000
1 000 O!c)O
1 000 000
1 000 000
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3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
3 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000
6 000 000

Capital suscripto

Acciones

-

Nota: De acuerdo con la información disponible, las cifras de capital suscripto y realizado son coincidentes
Fuente: Elaboración propia en base a Alpargatas Argentina, Memoria y Ba-

lance, 1918-1940

93

noviembre se emitieron 5 000 acciones ordinarias del mismo valor nominal cada una a 40 pesos oro sobre la par.
El capital autorizado nos se volvió a aumentar hasta 1933, y a partir de 1925, aunque se siguieron emitiendo acciones, no se volvió a utilizar el mecanismo de capitalización de las utilidades. Esto se relacionaba con la disminución de la rentabilidad y aún cuando ésta tendió
a aumentar luego de 1933, no llegó a alcanzar los altos valores anteriores a 1924. Resulta conveniente, entonces, analizar la evolución de la
rentabilidad patrimonial.

4.2. Rentabilidad patrimonial y reinversión de utilidades
La rentabilidad patrimonial, tal como se mencionó anteriormente y puede observarse en la gráfica 2, tuvo oscilaciones muy bruscas, parte de
la explicación de esas oscilaciones, especialmente las caidas bruscas,
radica en los aumentos dispuestos en la suscripción de acciones, es decir, en el aumento mismo del capital social, aunque no es éste el único
factor que explica esas oscilaciones.
En la primera mitad de la década del 90 la rentabilidad patrimonial se encontraba muy ligada a las fluctuaciones del precio del oro,
dado que buena parte de la materia prima (yute, pita, algodón) era importada y aún manteniéndose sus precios en el mercado internacional,
la desvalorización del peso papel implicaba su aumento en términos
de costos para la empresa.
Precisamente en 1890, a pesar de haber aumentado las ventas un
IS% en valor y un 13% en cantidad de alpargatas vendidas con respecto al año anterior, las utilidades del ejercicio cayeron debido a la continua depreciación de la moneda argentina y la dificultad para aumentar en una proporción adecuada los precios de venta dado el temor a
la retracción de la demanda. El problema se agudizó al año siguiente,
único momento en el período estudiado en el que se registraron pérdidas. El aumento de las ventas en 1892, tanto en valor como en cantidad unido a la disminución del precio unitario, parece confirmar la
elasticidad de la demanda54 •
Durante los años 1895 y 1896 se produjo una recuperación de la
rentabilidad patrimonial55• La actividad de los agentes de compras de
la empresa en Europa, la firma Ashworth -que a su vez se ocupaba
de la distribución de la producción de Alpargatas en la Argentinapermitió reducir los costos de los créditos utilizados para la adquisición de materia prima, al mismo tiempo que las comisiones por compras y ventas.

�94

Siglo XIX

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y érecimiento industrial

La _rentabilidad se estabilizó en los últimos años del siglo pasado
y los pnmeros del actual, y si disminuyó entre 1902 y 1907 ello se debió
a un aumento de los gastos -especialmente los fondos de reservadado que la rentabilidad bruta aumentó.
'

GRAFICA 2
ALPARGATAS. RENTABILIDAD PATRIMONIAL

Porcentaje
35

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1890

1900

1910

1920

1930

Fuente: Elaboración propia en base a S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas,

Balance General, 1890-1940.

La rentabilidad patrimonial tuvo tendencia a bajar luego del alto
porcentaje (29.6) alcanzado en 1897, disminución que coincidía con el
continuo aumento de la inversión en maquinarias. Esta coincidencia
se acentuó entre 1904 y 1907, años en que la rentabilidad disminuyó.
En efecto, en el periodo 1897-1901, la rentabilidad alcanzó un promedio de 21.9%; en tanto que el periodo siguiente, 1902-1907, caracterizado por un aumento de las inversiones, la tasa promedio fue de 6.3%.
Dentro de las ganancias de la empresa se encontraban los ingresos
provenientes de los dividendos de las acciones de la Fábrica Uruguaya
de Alpargatas, equivalentes a 80 000 pesos oro. La empresa uruguaya
comenzó a pagar dividendos en 1893, pero éstos representaban un porcentaje muy poco significativo -entre un 2 y un 3%- de los ingresos
de Alpargatas Argentina.

A partir de 1908 la rentabilidad patrimonial tendió a subir alcanzando un promedio de 11.8% anual. Finalmente, a partir de' 1915 y
hasta 1922/ 2? la ~entabilidad patrimonial alcanzó los porcentajes más
altos de la histona de la firma. La disminución de la rentabilidad a
pa~ir de 1923, pero sobre todo la caída de 1924 generó serias preocupaciones en la empresa. Una investigación solicitada por el presidente
del directorio explicaba la disminución de la rentabilidad por el aumento
de los precios de los insumos, la caída de las ventas en los departamentos de alpargatería y calzado y la disminución de los precios de los prod_uc!os de la tejeduría, dispuesta para enfrentar la competencia, y que
s1 bien aumentaba las ventas disminuía los beneficios56•

1

1
1

o

95

1940

La caída en la rentabilidad entre 1929 y 1933 se relacionaba con
la retrac~ión de la_demanda y la consiguiente política de la empresa
de reducrr los precios de sus productos para mantener el nivel de ventas. _A ~esar_ ?e ello, y de la baja de los precios del yute y del algodón,
1~ dismmucion de las ventas de alpargatas llegó a reducir su producción. Durante 1929 se dedicaron a la fabricación de alpargatas sólo cuatro días y medio a la semana57•
También la caída en la rentabilidad en 1938, la más importante
desde 1924, se relacionaba con la decisión de la empresa de continuar
produciendo en condiciones de retracción de la demanda. Nuevamente se optó _por disminuir_ los precios de venta a la espera de una pronta
recuperación, que efectivamente se produjo al año siguiente.
Evidentemente entre los factores que incidían en las fluctuaciones
d~ la rentab~dad patrimonial deben contarse, entonces, desde los camb1?s del precio del oro hasta las fluctuaciones del precio de la materia
P~~- Pero uno de los factores que no puede obviarse es la propia
política de la empresa. En este sentido, influían tanto los montos destinados a reservas, como las decisiones de la empresa respecto a los
precios de sus productos.
4.3 Financiamiento externo

La reinversión de utilidades y la suscripción de capital fueron métodos
que permitieron la expansión de la empresa. Pero éstas no eran las únicas formas, ni necesariamente las más importantes, de obtener finan-

�Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial
96

ciamiento para las inversiones. Ya en los primeros años, la empresa
obtuvo un préstamo externo hipotecario -aparentemente en Londrespor 50 000 libras (252 000 pesos oro). Este préstamo aparecía en los
Balances a partir de 1913 bajo la forma de debentures a1 6%, que comenzaron a ser rescatados a partir de 1916 a razón de 5 500 libras anuales por intermedio de la casa matriz del Banco Británico58 • Así se había llegado a tener debentures por sólo 28 000 libras en 1920, año en
el que se decidió su rescate total. En 1921 la empresa recibió los títulos
que estaban depositados en el Banco Británico de la América del Sud
como garantía59•
Simultáneamente Alpargatas renovaba un crédito de 50 000 libras
conael National City Bank of New York a un interés del 7% anual,
que se redujo en 1921 al 6.75% 60• Pero la empresa consideró en ese
año que los créditos que tenía con la casa Baring Brothers &amp; Co., tramitado por intermedio de la Ashworth, y los del Banco Británico resultaban más económicos, por lo que prefirió ampliar su crédito con
61
Baring • No obstante, el crédito del City Bank se volvió a renovar en
1924 a un interés aún menor, el 5.75% anual62•
A partir de 1924, la empresa recurrió normalmente a los créditos
de las filiales locales del Banco Británico y del Banco de Londres63 •
5. CONCLUSlON

La Fábrica Argentina de Alpargatas fue una de las primeras grandes
empresas dedicadas a la fabricación de productos masivos de bajo costo para el mercado interno. Su crecimiento estuvo íntimamente vinculado, en una primera etapa, al desarrollo de la agricultura de exportación. Una cuidadosa política de diversificación de su producción le permitió posteriormente crecer a partir de la satisfacción de las nuevas necesidades del mercado local. En primer lugar, el hilado y textil de algodón y más tarde los insumos requeridos por algunas industrias instaladas durante la década del 20, como las fábricas de neumáticos.

L

97

Siglo XIX

Su preocupación por sostener su posición en el mercado local no
impidió que eventualmente se interesara por las inversiones fuera del
país, como en los intentos fallidos en España e Italia y los medianamente exitosos en Brasil y Uruguay. Sin embargo, esta preocupación
por los mercados externos no se correspondió con una política tendiente
a la exportación de productos terminados. Aunque el tema merece exploración adicional, la documentación examinada permite inferir diferencias de costos en los insumos y la mano de obra, unidas a problemas arancelarios como las principales explicaciones de esa política.

Entre las distintas etapas del crecimiento de la firma, se destacan
los primeros años, caracterizados por una fuerte inversión inicial, la
primera posguerra y la segunda mitad de la década del 30. Estos últimos períodos coinciden por otra parte con los momentos de mayor crecimiento de las inversiones en el sector industrial en el país64 • No obstante parece claro que las fuertes inversiones de la década del 20 respond~n no sólo a la diversificación de la producción, sino también a
la necesidad de obtener maquinaria cuyo reemplazo había sido demorado por la guerra y que a su vez fue facilitado por la rentabili~ad_ obtenida durante el período anterior. Las inversiones de la década s1gwente
se establecen ya en un nivel más alto y parecen responder tanto a la
expansión del mercado interno recuperado de la crisis, como al proceso de sustitución de importaciones particularmente notorio en la industria textil65 •
La empresa persiguió una política de crecimiento que implicaba
la maximización de beneficios a largo plazo. Las fuentes de su expansión provinieron de la disposición a reinvertir las utilidades obtenidas
en períodos de altos beneficios, su capacidad para suscribir continuos
aumentos del capital y la posibilidad de recurrir al crédito yxterno.
Para llevar a cabo esa política contaba con el monopolio local de
la tecnología utilizada, desde la maquinaria para fabricar alpargatas
primero, hasta el proceso de sanforizado más tarde. Esta preocupación por el monopolio de la tecnología se relacionaba con su política
de ventas y captación del mercado y con sus vinculaciones con las empresas británicas, que eran a la vez proveedores, distribuidores y principales accionistas.
La empresa estuvo ligada desde sus inicios con la Douglas Fraser,
proveedora en exclusividad de sus máquinas para la fabricación de alpargatas, y con la Ashworth, proveedora de insumos, gestora de créditos y distribuidora de la producción de Alpargatas en el país hasta la
década del 20.
Estas relaciones fueron, sin embargo, muchas veces conflictivas,
al punto que la empresa argentina no sólo renegoció los "royalties"
debidos a la Fraser, sino que también terminó por desvincularse de la
Ashworth y modificó su política de distribución y ventas. Incluso recurrió a otros proveedores de maquinaria cuando la Fraser no se encontró en condiciones de ofrecer la tecnología más avanzada. Paralelamente, algunos de sus accionistas británicos se habían radicado en
el país, convirtiéndose en empresarios locales cuyo comportamiento no
puede explicarse recurriendo a su origen extranjero. Este proceso hace

�98

Siglo XIX

más fácil entender la capacidad de negociación que la empresa argentina conservaba.
Se ha visto que la preocupación por el monopolio local de la tecnología se unía en la empresa con una clara búsqueda de predominio
en el mercado. Para ello decidió con cierta frecuencia en momentos
de retracción de la demanda, como durante la crisis de 1929-30, la reducción de los precios de sus productos, llegando en algunos casos á
la disminución de sus beneficios o la venta por debajo de los costos
de producción. A ello añadió, luego de su desvinculación de la Ashworth, la búsqueda de sistemas más eficientes en la venta y distribución. Estos abarcaban desde el aumento de las bonificaciones en las
ventas al mayoreo, hasta el establecimiento de sus propios locales de
venta al público para aquellos productos que, como el calzado de cuero, se dirigían a consumidores de ingresos más altos, o anuncios en periódicos que, como La Vanguardia, suponían la inducción al consumo
de sus productos más económicos por parte de los sectores populares.
La empresa buscaba la diversificación, pero hay pocos signos de
que tuviera el mismo interés por la búsqueda de formas de integración
vertical en el período estudiado66• Las referencias a las compras de algodón nacional no implicaban que la empresa se interesara en su producción directa. El interés por el yute argentino era notoriamente reducido y aún el algodón se continuó importando luego de iniciada la
producción de hilado con algodón del país.
En resumen, se trataba de una empresa con fuertes vinculaciones
con capitales británicos, pero cuyo directorio se encontraba y tomaba
sus decisiones en Buenos Aires. Su política de crecimiento y maximización de beneficios a largo plazo implicaba el dominio del mercado de
sus productos básicos y el monopolio de la tecnología, la diversificación de su producción y la capacidad de desarrollar un sistema autónomo de toma de decisiones.
Una observación final. Las decisiones de la empresa no parecen
en este caso coincidentes con la tendencia a la diversificación de actividades que caracterizó el comportamiento de algunos empresarios argentinos a principios de siglo. Si bien se buscaba la diversificación de
su producción, ésta tuvo lugar dentro de una rama muy ~specífica de
actividades industriales. No se realizaron intentos de desarrollar actividades agrarias, lo que hubiera parecido posible dado el tipo de insumos utilizados, y sus vinculaciones con el sector financiero, hasta donde es posible saberlo a partir de la documentación consultada, se limitaron a la obtención de crédito y las compras de algodón a futuro en

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

99

Londres. No obstante, esa tendencia a la diversificación de actividades
se verificaría más tarde - a partir de la década del 60- en la empresa
misma. Por otra parte, aún dentro del período estudiado, existen indicios de esa tendencia a la diversificación por parte de los miembros del
directorio, en sus actividades globales como empresarios, aunque mantuvieron a esta empresa dentro de un sector específico de la producción industrial67 •
NOTAS
1. Sobre la importancia de las grandes empresas véase Jorge Schvarzer: " La implantación industrial", en José Luis y Luis Alberto Romero: Buenos Aires, Historia de
cuatro siglos, Buenos Aires, 1983, pp . 223-240. El proceso de concentración en algunas ramas de la industria es señalado por Dorfma n, q~ien ~ncluye ~ Alpar~atas
entre las grandes empresas en 1913. Adolfo Dorfman: HIStona de la mdustna argentina, Buenos Aires, 1970, p. 301.
2. Para una revisión de la bibliogra fía sobre la industria argentina hasta 1930, véase
Juan C. KoroJ.e Hilda Sábato: " La indust rialización trunca: una obsesión argentina", ponencia presentada al Vlll Simposio Internacional de Historia Económica,
Buenos Aires, CLACSO , octubre de 1987 . Para el período posterior a 1930 existe
una importante cantidad de trabajos sobre la industria en general y sobre empresas
y ramas específicas. Véase, entre otros, Adolfo Dorfman: Cincuenta años de industrialización en la Argentina, 1930-1980, Buenos Aires, 1983; Carlos F. Díaz Alejandro: Ensayos sobre la historia económica argentina, Buenos Aires 1975; y los estudios correspondientes al Programa BID/ CEPAL/CIID/ PNUD. Cf. Jorge M. Katz
(ed.): Technology Generation in Latín A merican Manufacturing Indusuies, Londres, 1987.
3. Véase Javier Villanueva : "El origen de la industrialización argentina", Desarrollo
Económico, Vol. 12, No. 47, pp. 451-476, Buenos Aires, 1972.
4. Desde la perspectiva de los economistas, recientemente se ha señalado la importancía del estudio de empresas específicas para la construcción de un aparato analítico
que permita superar la imagen formada por el supuesto de que las firmas constituirían unidades homogéneas de comportamientos previsibles. Cf. Jorge M. Katz et
al.: Desarrol/o y crisis de la capacidad tecnológica latinoamericana. El caso de la
industria meta/mecánica, Buenos Aires, 1987, pp. 239-241.

5. Es decir que se van a estudiar los mecanismos y comportamientos de la empresa,
sus maneras peculiares de funcíonamiento y no los destinos de las inversiones que
los propietarios realicen fuera de ella, aunque es presumible que al estudiar otros
casos surja información que permita constatar el cruzamiento de lo~ empr~ar!os
en diferentes sectores de la actividad económica. Sobre la trascendencia y el s1gn1ficado de la d iversificación de actividades económicas por parte de los empresarios
argentinos a principios de siglo véase Jorge F. Sábato: La clase dominante argentina, formación y características, Buenos Aires, 1988.
6. Conviene, sin embargo, señalar las dificultades y los límites que implica la utilización de los archivos de empresas para el análisis histórico. Por ejemplo, uno de los
temas iniciales de este trabajo consistía en analizar los cambios en la productividad

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Siglo XIX

de la mano de obra para la etapa estudiada. Si bien ello es posible, requiere en este
caso el análisis adicional de los libros "Mayor" y de "Jornales" para intentar la
reconstrucción de los datos que no aparecen en la documentación examinada. Esta
es una tarea de muy largo plazo. No obstante la información ya obtenida aporta
un sustancial conocimiento sobre formación de capital y rentabilidad en la empresa.

101

14. La estrecha vinculación de los Fraser con Alpargatas se refleja en los cargos desempeilados por miembros de la familia. Desde por lo menos 1891 y hasta 1907 Robert
Fraser fue gerente de la firma, pasando a ser vocal de directorio entre 1908 y 1920.
Robert Fraser (hijo) fue vocal suplente entre 1909 y 1919, aparentemente el mismo
Fraser fue vicepresidente en 1921 y presidente desde 1922 a por lo menos 1940. Finalmente, Robert M. Fraser fue vocal suplente desde 1929 a 1935 y vicepresidente
desde 1936 hasta 1940 por lo menos. La presencia de los Fraser en el directorio se
mantiene en las décadas siguientes. Por otra parte la creciente importancia de los
Roberts a partir de fines de la década del 20 se manifiesta en la presencia en el directorio de algunos miembros de la familia, y algunas décadas más tarde en la de otros
miembros del grupo como Oxenford y Lockwood.

7. En general los historiadores de la economía que estudian los problemas de formación de capital denominan de esa manera al capital fijo {especialmente plantas y
maquinarias). Otros autores prefieren una definición más cercana a la que se encuentra en los "balances" de las empresas. En este caso se incluye, además de las
plantas y maquinarias, las sumas de dinero en caja y bancos, las adeudadas a la
empresa y el stock de materia prima y productos terminados. Véase, entre otros,
Fran~is Crouzet, "Editor's lntroduction", en Francois Crouzet (ed.): Capital Formation in tbe Industrial Revolution, London, 1972, pp. 1-69, y C. H. Feinstein:
"Capital Accumulation and the Industrial Revolution", en R. Floud-D. McCJoskey (eds.): Tbe Economic History of Britain since 1700, Cambridge, 1981, Vol. 1,
pp. 128-142. Para un análisis de los "balances" como fuentes históricas véase Sheila Marriner: "Company Financia! Statements as Source Material for Business Historians", Business History, Vol. XXII, 2, julio 1980, pp. 203-235.

15. S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas: Libro de Actas del Directorio, 25-8-25 (en
adelante Actas). Ashworth había dejado de ser desde 1924 agente de ventas de Alpargatas en la Argentina y en 1925 deja de actuar como agente de compras en Europa. Aunque los motivos de la desvinculación no son claros, es de notar que en algunas fuentes Ashworth y Cía. aparece en la década del 20 como fabricante de alpargatas. Véase, por ejemplo, The Argentine Standard Directory: Anuario argentino
de fabricantes y comerciantes nacionales y extranjeros, Buenos Aires, 1922, p. 402.

8. Todo intento de estimación cuantitativa del crecimiento de una firma está abierto
a objeciones conceptuales. La perspectiva aquí adoptada responde a los olrjetivos
centrales del trabajo. Véase sobre este punto Edith T. Penrose: The Theory of the
Growth of the Firm, Oxford, 1966.

16. El cultivo del algodón creció desde mediados de la década del 20. En 1925-26 el algodón ocupaba más de 100 000 hectáreas, en tanto que hasta 1918 apenas había
alcanzado las 13 000. Véase Ricardo M. Ortiz: Historia económica de la Argentina,
Buenos Aires, 1974, pp. 442-443.

9. Un análisis completo de la capacidad de la innovación tecnológica de la empresa
debería tomar en cuenta además de la tecnología incorporada en la maquinaria y
los procesos que la empresa adquiere, otros factores como los desarrollos propios
en los métodos y procedimientos, las adaptaciones y los diseños de las plantas. Estos desarrollos no siempre se han podido seguir en la medida deseada en la documentación existente.

17. Actas, 19-4-20.

10. La maquinaria a vapor necesaria para la producción de calzado de yute fue diseñada por la firma británica Doug]as Fraser &amp; Sonsa instancias de Juan Etchegaray,
un comerciante porteño, quien fue el primer presidente de la empresa. Véase Manuel Chueco: Los pioneers de la industria argentina, Buenos Aires, 1886, pp. 324-339.
Algo más de treinta años después se recurrirá a la electricidad como fuente de energía.
11. Se cuenta con los nombres de los accionistas y la cantidad de acciones depositadas
en las Asambleas Generales Ordinarias y las Asambleas Generales Extraordinarias
realizadas entre 1918 y 1927. En 1918 Ashworth &amp; Co. y Doug]as Fraser &amp; Sons
aparecen como los principales accionistas; en 1923 los primeros no aparecen registrados, los segundos mantienen su lugar y aparecen nuevos accionistas importantes
como E. Gibson y G. Bellhouse; en 1927 se agregan otros como Lengs Roberts y
Cia., T. Atkins y J. Lazzari. Los Fraser siguen apareciendo como los poseedores
individuales del mayor número de acciones (más del 17% de las acciones depositadas para la Asamblea). S. A. Fábrica Argentina de Alpargatas, Libro de Asambleas

Generales.

jj

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

12. La Nación, número especial, 1916. J. K. Cassels se desempeñó en el directorio de
Alpargatas como vocal (1904/1907 y 1923/27) y secretario (1908/19) y fue presidente (1920/21) y vicepresidente (1922) de la empresa.
13. Censo Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, 1887, tomo 11, p. 316.

18. Las ganancias correspondientes a 1921 fueron de 2 143 065 pesos m/ n, en tanto
que el activo fijo ascendía a 5 828 214 pesos en el mismo año.
19. Actas, 10-8-21.
20. S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas: Memoria del año 1928(en adelante Memoria).
21. El interés de la empresa en la obtención de materia prima se refleja en la autorización otorgada a Fraser para invertir 5 000 pesos m/ n en un sindicato organizado con el
fin de cultivar plantas de fibras en el país y de obtener máquinas que permitieran
la extracción de las fibras. Actas, 13-4-23.
22. Actas, 23-3-23.
23. Actas, 8-1-26, 6-8-26.
24. Actas, 4-2-27 y 3-3-27. Sobre los aranceles aduaneros véase C. F. Díaz Alejandro:
Ensayos sobre la historia económica argentina, Buenos Aires, 1975, pp. 272-301.
Para una reconsideración reciente de estos problemas en la década del 20, A. O'Connell: "Free Trade in One (primary Producing) Country: The Case of Argentina in
the l920's", en Guido di Tella y D. C. M. Platt: The Political Economy of Argentina, 1880-1946, Oxford, 1986, pp. 74-94.
25. Actas, 24-5-29 y 13-9-29. El costo de la maquinaria que Alpargatas debía instalar
gracias a este convenio ascendía a sólo 20 000 pesos. En la década del 30, al mismo
tiempo que aumenta la importación de caucho natural, disminuye notoriamente la
de artículos de caucho, véase Adolfo Dorfman: Historia de la industria ..., pp. 369-370.

�102

Siglo XIX

26. Memoria, 1928.
27. En 1928, por ejemplo, decide postergar cualquier decisión sobre futuras ampliaciones hasta que se conozcan las ideas del gobierno nacional "en lo que se refiere a
las relaciones entre Capital y Trabajo y la protección a la industria nacional", Actas, 1-6-28.
28. Actas, 10-1-30, 15-3-29, 12-4-29, 6-12-29.
29. Memoria, 1934. S.A. Fábrica Argentina de Alpargatas, Balance General, 1932, 1933,
1934 (en adelante Balance General).

Gutiérrez y Korol: Historia de empresas y crecimiento industrial

103

45. Por patrimonio neto se entiende la suma de capital .más las reservas. Para el estudio
de la tasa de ganancias se ha utilizado el siguiente indicador: rentabilidad patrimonial = (ganancias netas del ejercicio/patrimonio neto) 100. La información que se
consignaba en las memorias y balances fue cambiando, por lo que los datos no son
completos para algunos momentos del período estudiado.
46. Se utilizó como índice de deflación para el período 1883-1912 la relación entre el
valor del oro y el peso moneda nacional, en el mes correspondiente al Balance General indicado en Juan Alvarez: Temas de historia económica argentina, Buenos
Aires, 1929, pp. 122-123. Para el período 1913-1940 se utilizó el índice de precios
mayoristas no agropecuarios. Fundación Meditarránea: Estudios, año 9, No. 39,
julio-septiembre 1986, pp. 122.

30. Actas, 31-1-34.
31. Actas, 27-4-34, 26-6-34, 8-6-34, 26-10-34.

47. Sólo a partir de 1908 los balances muestran separadamente los montos de capital
Yreserva Y discriminan entre capital autorizado y emitido. A partir de la misma fecha comienzan a informar de manera continuada sobre distribución de utilidades.

32. Actas, 21-6-35, 13-9-35.
33. Actas, 8-11-35.

48. Si se consideran las amortizaciones como ganancias, la rentabilidad es más alta. La
diferencia es especialmente importante hasta 1905. Calculados de esta manera los
datos del cuadro 2 serían los siguientes:

34. Actas, 27-4-34, 26-6-34, 21-12-34.

Periodo

Rentabilidad ('%)

1891-95
1896-00
1901-05
1906-10
1911-15
1916-20
1921-25
1926-30
1931-35
1936-40

21.35
29.53
14.60
10.81
15.67
28.10
14.78
13.51
16.03
18.26

35. Actas, 8-2-39, 31-3-39.
36. Actas, 13-4-38, 15-7-38, 26-8-38.
37. Actas, 5-5-39.
38. Actas, 18-3-37.
39. La compra se realiza al contado por 500 000 pesos. Actas, 27-9-40, 25-10-40, 15-11-40,
10-1-41.
40. Alpargatas utilizaba 169 500 pesos anuales de materia prima extranjera. Censo Municipal, 1887, tomo II p. 345 y 316-317.

49. Memoria, 1892 y 1895.

41. Censo Nacional de 1914, tomo VII, Censo de Industria, p. 115.

50. Balance General, 1908-191 J.

42. Estos porcentajes resultan de considerar las cifras del censo de 1914 como estimaciones del activo total de las empresas censadas, dado que el censo estima los "capitales globales invertidos, comprendiendo terrenos, edificios, maquinarias, materias
primas, productos y numerario", y compararlas con el activo total de Alpargatas.
Cf. Censo Nacional de 1914, tomo VII, Censo de Industria, p. 25, y Balance General, 1914.

51. Balance General, 1924-1935.

53. Memoria, 1918.

43. En 1916 Alpargatas empleaba 1 600 trabajadores. En 1914 el total nacional de las
industrias del ramo era de 4 764 trabajadores. La Nación, número especial, 1916,
p. 473.

54. Los precios aumentan y la demanda efectivamente se retrae. La docena de alpargatas se vende a 6.53 pesos en 1889; 6.62 en 1890 y 8.38 en 1891. En 1892 desciende
a 7.93 pesos.

44. Los primeros puestos están ocupados por frigoríficos, fábricas de cigarrillos, arucareras, petroleras y empresas de electricidad. Las únicas textiles que superan a Alpargatas son la Fabril Financiera y Campomar. Municipalidad de Buenos Aires: Revista de Estadistica, 1929, Apartado Industrias Fabriles, pp. 106-117.

55. En 1895 la rentabilidad patrimonial supera el l 0% por primera vez desde 1890.

52. El patrimonio crece en este subperíodo al 4.50!o anual; los valores de la cuenta "Máquinas y herramientas" al 4.88% . Cf. Memoria y Balance, 1934-1940.

56. Actas, 27-6-24.
57. Actas, 15-3-29.

�104

Siglo XIX

Comercio y Crédito en Buenos Aires, 1822-1826
58. La empresa había solicitado en 1911 autorización de los accionistas para la emisión
de obligaciones o debentures. El monto de estas obligaciones ascendía en 1917 a
39 000 libras. El crédito hipotecario original de 50 000 libras fue convertido en debentures, aunque no se cuenta con información sobre esta operación. Cf. Memoria
y Balance. 1911-17.

59. Actas, 2-2-20, 22-3-20, 19-4-20, 10-8-21.

Samuel Amaral *

60. Actas, 18-12-19, 10-1-20, 23-12-21, 19-1-22.
61. En el mismo año Alpargatas rechaza una oferta de crédito de J. C. M. Thum &amp;
Sons de Londres por "no tener necesidad de él". Actas, 7-11-22, 3-11-22.
62. Actas, 31-7-24.
63. En 1924 obtiene un crédito de 1 500 000 pesos m/n. del Banco Británico y un crédito de 500 000 pesos m/n. del Banco de Londres, sucursal Barracas. Actas, 24-9-24
y 19-6-25.
64. Cf. Naciones Unidas, CEPAL: Análisis y proyecciones del desarrollo económico.
V. El desarrollo económico de la Argentina. (Parte 1: Los problemas y perspectivas
del crecimiento económico argentino. Parte 2: Los sectores de la producción), México, 1958-1959.
65. Véase Alberto Petrecolla: Sustitución de importaciones y formación de capital (La
industria textil: 1920-1940), Buenos Aires, 1968.
66. La búsqueda de integración vertical se producirá más tarde. A partir de la década
del 60 Alpargatas Argentina se vinculará con empresas proveedoras de insumos, como Fibramalva, SAIC y Fibrapalma S.A. Más adelante se intentará también una
diversificación de sus actividades fuera de la producción textil y del calzado.
67. Un ejemplo de las diferencias está dado por el rechazo de Alpargatas a comprar
el activo de la quebrada Casa Ashworth en 1930, señalando "la inconveniencia de
dedicarse a otro tipo de negocios''. El activo es finalmente comprado por Roberts,
uno de los accionistas importantes de Alpargatas en ese momento. Actas, 12-3-30
y 23-4-30.

INTRODUCCION

El tránsito de la economía colonial a la independiente fue en Buenos
Aires, como en otras partes de América, el de un régimen mercantilista, basado en protección y provilegios, a otro de libertad económica,
donde la competencia y la introducción de métodos mercantiles más
eficientes permitieron el surgimiento de nuevos capitales y nuevos
empresarios.
En las zonas más dinámicas, donde la apertura a las corrientes comerciales externas tuvo mayores efectos, ·el poder económico y político de los viejos comerciantes se vio debilitado por nuevas ideas, por
las necesidades fiscales de los gobiernos pos-revolucionarios y por nuevos grupos e instituciones económicas. El proceso de sustitución del
poder y de la influencia de unos por la de otros fue un proceso rápido,
pero rico en roces y conflictos.
En Buenos Aires el eclipse de los antiguos capitales acumulados
en la actividad comercial intensa de las últimas décadas coloniales se
produjo al compás de la crisis financiera que enfrentaron los gobiernos revolucionarios. Hombres nuevos, criollos y extranjeros, aparecen
a pocos años de la revolución usufructuando las ventajas de sus nacionalidades, pero más que nada las de una libertad que comprenden mejor que sus antecesores.

• Department of History, Stanford University. Esta es una versión modificada de "Comercio y crédito: el Banco de Buenos Aires, 1822-1826", América, Buenos Aires, 1977,
No. 4, pp. 9-49. Esa versión incluía un apéndice con una lista de los nombres de acreedores del banco y los montos de sus créditos, aquí omitida, cuya copia puede ser solicitada al autor. Agradezco aquí, como entonces, la información y las sugerencias de
Alberto S. J. de Paula.

�106

Siglo XIX

Los gobiernos revolucionarios encontraron en ellos su mejor apoyo, aun cuando sus intereses no siempre coincidieron: los nuevos comerciantes podían sacar ventaja de la depreciación de los títulos de los
involuntarios empréstitos, pero no siempre sobrevivían a las incesantes contribuciones para gozar de aquella ventaja.
La conjunción de esos intereses no se alcanzó en Buenos Aires basta
que, creada la provincia y separada de las otras integrantes de la unión
del Río de la Plata, comenzaron a sentarse las bases de la estabilidad
política que acentuó la prosperidad lentamente propagada en la región
desde 1810.

Prosperidad y estabilidad fueron los motivos de que el marco institucional heredado de la colonia, sólo ligeramente transformado durante una década en que las luchas, la ignorancia y el desorden habían
predominado, comenzase a manifestar una urgente necesidad de reforma. Las más importantes de ellas estuvieron destinadas a poner orden
en las finanzas públicas, pero al mismo tiempo en el crédito privado,
ya que un punto de coincidencia de ambos sectores era el restablecimiento de un medio circulante que, en ausencia de la plata altoperuana, liberase a ambos, gobierno y comerciantes, de las restricciones impuestas por el uso de títulos de deuda como medio de apoyo.
Este aspecto de la reforma emprendida se expresó en la creación
de un banco, el Banco de Buenos Aires, que emitiría billetes contra
el descuento de letras, es decir, contra el crédito de los comerciantes.

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Este trabajo, a través del análisis de las operaciones de crédito, tiene
por objeto echar alguna luz sobre uno de los aspectos conflictivos de
la reforma y de la apertura económica: la participación de capitales
Yempresarios extranjeros -comerciantes británicos, pero también norteamericanos, franceses, alemanes, italianos y brasileños- en el proceso de expansión generado por el crecimiento de las exportaciones de
productos pecuarios. Veremos en primer lugar en qué contexto se dio
la creación del Banco de Buenos Aires; a continuación nos detendremos en el instrumento de crédito a través del cual llevó a cabo sus operaciones; y, finalmente, analizaremos esas operaciones para ver qué nos
dicen de la concentración de los negocios y de la composición del sector mercantil de Buenos Aires en la primera mitad de la década de 1820.

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EL BANCO DE BUENOS AIRES

◄

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El Banco de Buenos Aires comenzó sus operaciones el 6 de septiembre
de 1822. Integrado por capitales privados, se originó en una convoca-

Amaral: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

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toria del ministro de hacienda, Manuel José García, en enero del mismo año.
Desde mediados del anterior, el gobierno de la provincia de Buenos Aires, estabilizado bajo la gobernación de Martín Rodríguez tras
las vicisitudes de 1820, había encarado un programa de reforma fiscal
con el fin de simplificar la recaudación tributaria, consolidar la deuda
pública, ordenar las finanzas y proveer a la plaza de un medio de pago
que reemplazara al escaso metálico y a los abundantes títulos de deuda
que circulaban.
Todas estas medidas apuntaban tanto a resolver los problemas de
la década anterior como a sentar las bases de la prosperidad futura.
Exacciones y confiscaciones, contribuciones y empréstitos forzosos habían constituído la vía más fácil de financiar el gasto público, pero tras
una década de abusos la violencia y la inseguridad generadas pesaban
tanto al estado como a los contribuyentes.
Fue así como, alcanzada la estabilidad política, comenzó a buscarse la estabilidad financiera. A fines de 1821 se dispuso la consolidación de la deuda pública anterior y posterior al 25 de mayo de 1810
y la creación del Crédito Público. La nueva institución emitiría inmediatamente bonos para la consolidación de la deuda y más adelante,
eventualmente, para la financiación del gasto público de un modo que
fuese conveniente tanto para el estado como para sus acreedores.
Con la consolidación desaparecerían los muchos y variados títulos
de la deuda pública que desde su primera emisión (los pagarés sellados
de 1813) habían sido usados en lugar del metálico que, por haber dejado de fluir desde el Alto Perú por la interrupción del situado en 18l l,
se tornaba cada vez más raro. La desaparición de los títulos implicaba
la del medio de pago por lo que los bonos del Crédito Público pasarian
a sustituirlos en tal función. Con la consolidación se lograba eliminar
la incertidumbre de la recaudación fiscal (aquellos títulos eran amortizables por la aduana por su vaior nominal contra su presentación en
pago de derechos de importación), pero no lograba separar las funciones monetarias y financieras del medio de pago.
Con este fin era necesario apelar a otros recursos. Porque los negocios de Buenos Aires prosperaban era posible apelar, como en otros
lugares se había hecho y como lo recomendaban ciertos economistas,
a la monetización del crédito a través de la emisión de billetes de banco
contra el descuento de letras. Por este motivo, a poco de haber comenzado las reformas, el ministro de Hacienda promovió la creación de

�108

Siglo XIX

un banco de descuentos que pusiera en circulación un medio de pago
garantizado por el crédito de sus acreedores 1•
El Banco de Buenos Aires ha sido objeto de buenos estudios en
los que se encontrarán expuestas las circunstancias en que fue creado,
operó y desapareció la empresa. Con mayor o menor detalle señalan
sus antecedentes (la Caja Nacional de Fondos de Sud América, la Memoria de Santiago Wilde), su organización a partir de la convocatoria
ministerial, las vicisitudes de sus emisiones, algunos datos de sus operaciones y los pormenores de su extinci6n, cuando en febrero de 1826
se constituyó la sociedad mixta del Banco Nacional sobre la base del
Banco de Buenos Aires y de los fondos del empréstito colocado en Londres en 1824 2•
Las actividades del banco, sin embargo, son poco conocidas: no
existe un análisis de sus operaciones de descuento de letras ni de los
depósitos en cuentas corrientes. Esto se debe sin duda, más que a falta
de interés, a que tal estudio echaría menos luz sobre el banco que sobre los comerciantes, por un lado, y por otro a la naturaleza de la fuente,
que impone un trabajo mucho más engorroso con este fin. Las operaciones del banco, de reconstrucción más compleja que su historia institucional, permiten como escasas fuentes estudiar ciertos aspectos de
la actividad mercantil de los comerciantes de Buenos Aires. Aquí ofreceremos un análisis de las cancelaciones de letras descontadas por el
banco, pero para poder interpretar la información es necesario detenerse primeramente en el instrumento de crédito, la letra.
EL INSTRUMENTO DE CREDITO: LA LETRA
Las letras eran instrumentos por los cuales una persona, el librador,
ordenaba a otra, el librado, pagar a un tercero determinada cantidad
de dinero a determinado plazo. No eran éstas letras de cambio, es decir giradas entre plazas con distinta moneda, sino lo que se denominaba letras secas, giradas en la misma plaza y por lo tanto sin cambio
de moneda. Las letras de cambio implicaban dos operaciones: una de
cambio, por la distinta moneda circulante en cada plaza, y otra de crédito, por el plazo entre la fecha de giro y la de pago. La letra seca sólo
retenía esta última función 3.

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El beneficiario presenta el efecto al librado, quien al aceptarlo se
comprometía a hacer efectiva la letra a su vencimiento. La no aceptación y la falta de pago tras la aceptación daban lugar al protesto
notarial 4 • Aceptada la letra su tenedor podía presentarla para su descuento a un banco si tal institución existía o a cualquier comerciante

Amaral: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

109

que efectuara tales operaciones s. El descuento consistía en el adelanto del monto de las letras menos una cantidad equivalente a los intereses correspondientes a los días que aún debían correr hasta el vencimiento. Llegado éste, el aceptante debía pagar el monto nominal de la
letra al banco que había efectuado el descuento, que así recuperaba
la suma adelantada más la diferencia entre ella y el monto nominal,
que era su ganancia.
Por la condena de la iglesia a la usura, esta operación no fue practicada abiertamente sino desde fines del siglo XVII, con la fundación
del Banco de Inglaterra, y en el continente europeo recién desde fines
del siglo siguiente, tras la Revolución Francesa 6 •
La letra de cambio no se difundió en el Río de la Plata hasta después de la revolución de Mayo, debido a las características del comercio, tanto legal como ilegal, basado en la extracción de metálico. Tras
la revolución, tanto la quiebra de los antiguos circuitos de comercialización centrados en torno del eje Potosí-Buenos Aires como la libertad de comercio favorecieron el desarrollo de la letra no solamente en
su función original, el cambio de moneda (ya que podía girarse libremente sobre Río de Janeiro, Londres o París), sino también en su otra
función: como instrumento de crédito local, aquello que los escolásticos denominaban cambio seco, " que es cuando se trueca la moneda
que está presente, por la que está ausente, no en otro lugar, porque
se ha de dar en tiempo diferente", pese a las disposiciones aun vigentes de las Ordenanzas de Bilbao 7 •
En esa función, como instrumento de crédito, las letras no siempre eran libradas como mandatos de pago en favor de terceros. Con
frecuencia el librador era quien la enviaba al descuento para proveerse
de fondos y el librado se transformaba en mero aval, cuya participación sólo era requerida en caso de falta de pago por parte de quien
la había librado y enviado al descuento 8•
Estas letras libradas sin la contraparte de una operación comercial eran condenadas por la literatura económica de la época: tanto
Adam Srnith como Henry Thornton, a quien sigue John Stuart Mill,
no aceptaban las letras ficticias. Su rechazo del giro recíproco de letras
por operaciones inexistentes se basaba en tres motivos: 1) obligaba al
banco a una mayor emisión para responder por las sucesivas letras por
montos crecientes que iban siendo descontadas; 2) aumentaban el volumen de la circulación fiduciaria; y 3) hacían perder al banco el control de sus propios billetes, ya que los reiterados descuentos encadenados mantenían una gran masa de dinero en manos de los deudores, im-

�110

Siglo XIX

Amaral: Comercio y crédito en Bs. Afres (1822-1826)

pidiendo al banco aplicarlo a otras operaciones de crédito 9 •
Sin tomar en cuenta las consecuencias que para el Banco puede
haber tenido el descuento de letras ficticias debe señalarse las diferencias entre éstas y las letras verdaderas por la distinta participación de
las personas intervinientes en cada una de ellas. Las letras originadas
en operaciones comerciales (gráfica 1) mantenían casi todas las características de la letra de cambio, a excepción de la cláusula de la distantia loci (el giro sobre distinta plaza), Las letras ficticias (gráfica 2) se
aproximaban al pagaré. En el primer caso el girador (G) o el endosante (E) eran quienes recibían el adelanto del banco, y el aceptante (A)
era quien pagaba la letra a su vencimiento; en el segundo caso era el
girador quien recibía el adelanto y quien pagaba. Aunque las personas
intervinientes eran responsables in solidum de la letra el protesto se efectuaba contra el aceptante, por lo que en la letra ficticia el receptor del
adelanto y luego pagador quizá haya jugado también como
aceptante 10 •

GRAFICA 1
LETRA DESCONTADA POR EL BANCO DE BUENOS AIRES
(SEGUNDA FIRMA COMO ACEPTANTE)

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Esta disquisición apunta a desentrañar el carácter de la información proporcionada por el libro Diario del Banco de Buenos Aires. Las
personas registradas son, según todas las apariencias, los aceptantes
de las letras descontadas, es decir quienes efectuaron el pago de la letra al vencimiento.

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111

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Esta suposición se basa en algunos pocos casos que han podido
aclararse. El 2 de agosto de 1823 se efectuó el siguiente asiento: "El
Banco debe a Descuentos por 2 letras recebidas de Carlos Harton ...
7 726 pesos 3 reales"; pero tres días más tarde se enmienda un error
cometido en ese asiento: "Descuentos deben a Juan C. Zimmermann
por una letra vencida el 2 de agosto contra Carlos Harton ... 3 793 pesos 7 reales, depositada de Zimmermann" 11 • Vemos aquí que equivocadamente se registró la cancelación de dos letras por Carlos Harton
como si ambas hubiesen sido descontadas por el banco, cuando en verdad una de ellas había sido depositada al cobro por Juan C. Zimmermann. En este caso fue registrado el nombre del aceptante, que era una
persona distinta de quien había enviado la letra al descuento (suponiendo que fuera el mismo Zimmermann el tenedor de ambas letras
de Harton, que depositó al cobro una y envió al descuento Ja otra).
En el mismo sentido dos letras protestadas notarialmente en 1824
fueron registradas a su cancelación bajo el nombre de sus aceptantes.
Fue el caso de la letra librada por Juan Comonos, aceptada por Felipe
Xavier Nuñes, por 2 375 pesos, endosada en favor del banco el 15 de
noviembre de 1823 por Bertram, Armstrong y Cía., protestada el 14

GRAFICA2
LETRA DESCONTADA POR EL BANCO DE BUENOS AIRES
(SEGUNDA FIRMA COMO A VAL)

Descue ta

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DE BUENOS AIRES

111

�112

de enero de 1824 y pagada por Nuñes el 17 de enero. Igualmente sucedió con la letra librada por M. de la Calle Casamayor, por 200 pesos,
aceptada por Narciso Marull, endosada el 23 de diciembre de 1823 en
favor del banco por Miguel Riglos, protestada el lo. de marzo de 1824,
y pagada por Marull dos días después 12 •
Subsiste, sin embargo, el problema de determinar qué tipo de aceptante era, si el aceptante real (gráfica 1), el aval (gráfica 2) o una variante de éste, aceptante-receptor del crédito. Si se diera este último
caso (Lamas mueve a pensar en tal sentido al afirmar que el banco fue
el iniciador de los créditos personales), se tendría que las personas registradas en el libro Diario son los beneficiarios de los créditos otorgados por el banco 13 • Las letras libradas por Comonos y por Casamayor, sin embargo, no pertenecen a tal caso. Entonces, por la misma
imposibilidad de distinguir la función de las personas intervinientes en
la letra en ese momento de su desarrollo histórico, debe suponerse que
los aceptantes registrados en el libro Diario corresponden a todas las
variantes señaladas.
LAS CANCELACIONES DE CREDITOS
La información provista por el libro Diario no sirve, por lo tanto, para analizar la política crediticia del banco, ya que la ambigüedad del
instrumento de crédito impide definir criterio discriminatorio alguno.
Pero la sumatoria de las cantidades canceladas por las personas registradas en ese libro puede ser un indicador del volumen operativo de
los comerciantes de Buenos Aires. En última instancia siempre se estará frente a deudas de un comerciante (excepto en el caso del aceptanteaval), puesto que si era el aceptante de una letra verdadera, ésta documentaba una deuda con otra persona; y si era ficticia, una deuda con
el banco.
Lamas consideraba que, aunque hubiese procedido en contra de
las recomendaciones de los clásicos, el banco había seguido un buen
camino:
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Amara}: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

Siglo XIX

Las operaciones de crédito personal... han hecho del Banco de Buenos Aires el único que... le ha proporcionado a este país el inmenso
beneficio de la distribución del capital de acuerdo con las aptitudes
individuales.

Las causas del fracaso del banco no fueron para él solamente la defectuosa integración del capital y el descuento de letras ficticias, como sostuvieron los enemigos de la institución, sino más bien una coyuntura
desfavorable que no ofreció demasiadas alternativas al directorio.

113

Este, según Lamas, tras un primer ejercicio de acertada conducción, había procedido a aumentar las cantidades de los préstamos sin
reparar en las personas a que se hacían ni en la naturaleza de los negocios para que se concedían, de modo que había expandido su circulación cuando el creciente desequilibrio del comercio internacional estaba disminuyendo el encaje metálico de la institución14.

Al aumento de las importaciones, superiores a los cinco millones
de pesos en 1824, muy por encima del nivel de las exportaciones, cabe
buena parte de responsabilidad en el desencadenamiento de la crisis,
ya que ellas eran financiadas a través de descuentos llevados a cabo
por el banco. Pero otra parte cabe a las operaciones de crédito efectuadas entre abril de 1825 y febrero de 1826 con los fondos del empréstito colocado en Londres en 1824, que ejercieron una fuerte presión
adicional sobre el banco al incrementar la demanda de billetes, forzándolo a aumentar la emisión o a resignar su posición privilegiada.
Las consecuencias fueron el aumento de la emisión y, más tarde,
la resignación de los privilegios. La calidad de los préstamos aludida
por Lamas no puede ser analizada en detalle por carecerse de las precisiones necesarias (carácter de las personas intervinientes en las letras,
plazos de los descuentos y de las renovaciones sucesivas), pero es notorio el alto grado de concentración de los créditos. El 6.5% de las personas registradas en el libro Diario correspondió el 71.6% del monto
total de las operaciones.
CUADRO 1

BANCO DE BUENOS AIRES (1822-1826)
CANCELACIONES DE LETRAS DESCONTADAS

pesos (de 8 reales)
1822 (6 sept -31 die)
1823
1824
1825
1826 (1 ene -11 feb)
Subtotal

30 395 459

Letras en cartera al
cierre de las operaciones
Total

3 280 536
33 675 994

Fuente: ABP, 101-1-1, Mayor 1822-1826

176 786
3 610 635
11 563 079
13 502 290
1 542 669

�114

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

1 1

Aunque no es fácil efectuar una distribución de las personas registradas en el Diario por nacionalidad debido a la imposibilidad de conocer
el origen de cada una de ellas (y aun siendo posible ello no implicaría
el mantenimiento de relaciones estrechas con su lugar de procedencia),
puede intentarse una clasificación basada en sus apellidos.

,, 1

Agrupándolos en cuatro categorías tenemos que los "británicos"
(ingleses, escoceses, irlandeses y norteamericanos) representaron el
12.6% del total de las personas y registran cancelaciones por el 38.9%;
los "europeos" (alemanes, franceses, italianos y otros europeos no españoles, ni portugueses, ni británicos), 6.7% de las personas y 2. 7%
de las operaciones; los "luso-brasileños" (apellidos de ascendencia portuguesa no españolizados), 2.5% de las personas y 0.9% de las operaciones; al resto, los apellidos españoles que llamaremos "criollos", correspondió el 78.2% de los individuos y el 57.5% de las operaciones.
De tal modo tomando el l OJo de cada grupo correspondió en promedio 3.09% de las operaciones a los "británicos"; 0.40 a los "europeos"; 0.36 a los "luso-brasileños"; y 0.74 al resto. Otra manera de
poner estos mismos resultados es decir que a un "británico" correspondió en promedio 98 800 pesos; a un "europeo", 12 800 pesos; a
un "luso-brasileño", 11 500 pesos; y a un "criollo", 23 600 pesos.

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11

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1

El total de personas o firmas comerciales registradas fue 949 y el
total de las cancelaciones 29 614 161 pesos, por lo que el promedio por
individuo fue 31 205 pesos. El total de las cancelaciones difiere de las
del cuadro 1 debido a la sustracción de 781 298 pesos correspondientes
a la Tesorería General, cuyas cancelaciones representaron el 2.6% del
total.

1,,.
111.

11";

t

La proporción correspondiente a los "británicos" se toma más significativa si se discrimina entre quienes dentro de esa categoría canee!aron por más o menos de 50 000 pesos. Los primeros representaron
el 3. 70/o de las personas y el 36.4% de las operaciones; los segundos,
8.9% de las personas y 2.5% de las operaciones. De esta manera a 36
"británicos" ( el 3.7% por encima de 50 000 pesos) correspondieron
cancelaciones por 11 115 645 pesos (el 36.4% del total), con un promedio de casi 309 000 pesos. Aparece así una subcategoría que no se
distingue de los "europeos" y de los "luso-brasileños", que está levemente por debajo de ellos y mucho más abajo que los "criollos".

La concentración de las operaciones y la composición de las mismas
puede establecerse mediante la diferenciación de quienes cancelaron por
más o menos de 100 000 pesos (cuadro 2).

CUADR02

BANCO DE BUENOS AIRES. CANCELACIONES DE LETRAS
(1822-1826)

(En miles de pesos de 8 reales)
B
Joaquín Achaval
Domingo Adalid Rodríguez
Ruperto Albarellos
José Julián Arriola
Miguel José Azcuenaga
Bertram, Armstrong y Ca.
Brown, Buchanan y Ca.
Carnpbell, McDougall y Ca.
José Antonio Capdevilla
Manuel Carranza
Marcelino Carranza
Vicente Casares
Félix Castro
José María Coronell
Braulio Costa
Pasqual Costa
Hugo Dallas
Duguid, McKerrell
Tomas Eastman
Pedro J. Echegaray
José María Esteves
Esteves y Niblett
Tornas Fair
Lucas Femández
Juan Femández Molina
Guillermo P . Ford
Mariano Fragueiro
Ignacio Freire
Félix Ignacio Frías
Juan García Parga
Juan Gibson, hijos y Ca.
lnocencio González
Miguel Ambrosio Gutiérrez
Manuel José Haedo
Carlos Harton
Heyworths, Carlisle y Ca.
Gregorio Lecocq

e
217 3
102 6
250 7
306 1
136 5

*

969 5
255 O
195 9
254 5
177 9
305 6
124 9
223 1
108 1
1 194 8
245 5

*
122 2

190 1
138 1
109 8
244 O

*
*

*
*

271 7
622 5
133 3
424 9
765 O
812 9
236 6
679 4
122 3

•

•

630 9
159 O
283 3

•

317 5
488 2
152 3
228 4

115

�116

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

sigue cuadro 1

•q
11,

Sebastián Lezica y hermanos
Salvador Maldonado
Alexandro Martínez
McCrackam, Jamieson y Ca.
Miller, Eyes y Ca.
Miller, Robinson y Ca.
Custodio J. Moreira
Sebastián Ocampo y hermanos
Ricardo y GuiJiermo Orr
Julián Panelo
Manuel Porto y Ximeno
Estevan Puddicomb
Miguel Riglos
Guillermo P. Robertson
Juan P. Robertson
Marcos Rodríguez Allende
Roquin, Meyer, Morell y Ca.
Juan Pablo Sáenz Valiente
Antonio Francisco Sánchez
Roque del Sar
Stewart, McCall y Ca.
Tayleur, Cartwrigth y Ca.
José y Josué Thwaites
Winter, Brittain y Ca.
Zimmermann, Frazier y Ca.
Total

!11'1
11

·¡¡ i

Ycancelaron por un total de 11 038 300 pesos, con tin promedio de
290 500 pesos.

164 4
165 1
115 8

*

De las 16 personas que están por encima del promedio (marcadas
con un asterisco en cuadro 2), que en conjunto representan el 45.6%
de las cancelaciones, nueve son "británicos" y siete "criollos" 15 • Las
c~celaciones de los primeros suman 6 671 300 pesos, con un promed~o de 741 300 pesos; y las de los segundos 4 839 900, con un promedio de 691 400 pesos.

162 7
180 1
425 2
133 8
116 5
152 6
147 9
279 3

CONCLUSION

690 9

Si se admite que_ las cancelaciones de las letras descontadas por el Banco de Buenos Aires revelan algo si no de su política crediticia sí al menos acerca de los comerciantes de Buenos Aires, debería concluirse que
los negocios par:ecen por demás concentrados, que había una amplia
masa de comerciantes menores cuyo volumen conjunto de operaciones
es muy significativo, y que las más poderosas casas comerciales eran
en casi igual proporción criollas y extranjeras. Entre éstas las primeras
eran más pequeñas, pero un mayor número compensaba el volumen
de las segundas.

127 4

*
*
*
*
*
*
*

157 1
1 956 O
463 8
247 2
307 3
234 1
573 2
664 O
257 9
186 3
1 075 6
274 7
10 421 O

11 038 3

21 459 3

= "británicos"
= "criollos"
* = personas que cancelaron sumas mayores que el promedio de este cuadro

B
C

111

.

111

'

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117

Sesenta y dos personas, 6.5% del total, sumaron cancelaciones por
encima de esa cifra y lo hicieron por un total de 21 459 300 pesos, equivalente al 72.5% del total de las cancelaciones. Las 887 personas que
cancelaron por menos de esa cantidad, 93.5% del total, sumaron en
total 8 154 900 pesos, equivalente al 27 .5% del total. El promedio de
cancelaciones de los primeros fue 346 100 pesos y el de los segundos
9 200 pesos.
De aquellas 62 personas 24 eran "británicos" y cancelaron por un
total de 10 421 000 pesos, con un promedio de 434 200 pesos; y de los
38 restantes 36 eran "criollos", uno "europeo" y uno "luso-brasileño"

En la lista de los principales operadores se encuentran importantes accionistas y miembros del directorio del banco, los integrantes de
la sociedad que había contratado con el gobierno el empréstito colocado en Londres, y los principales importadores y exportadores.
. El Banco había _sido creado, después de todo, para "animar la prospendad del comercio" y no debe extrañ;u- que así fuera puesto que ni
la producción agropecuaria ni la industrial (denominación quizá exagerada para abarcar a saladeros y artesanías) requerían mayormente
·
d e ~~edito 16. L a pnmera
porque se autofinanciaba a través de la liquidacion de vacunos; la segunda porque la primitiva técnica empleada
no demandaba una inversión demasiado significativa. El plazo de noventa días de las letras no puede ser considerado un obstáculo para el
acceso ~ crédit? de quienes por sus ciclos productivos, como los ganaderos o mdustnales, requenan plazos más largos de amortización ya
que por las renovaciones constantes aquel plazo era más el mínimo ~ue
el máximo 17•
. El banco s~rvía a quienes necesitasen del crédito y estos eran principalmente los tmportadores. Ellos podían descontar letras para hacerse
de fondos con qué financiar sus importaciones y de tal modo su crédito monetizado se convertía en el circulante de la plaza.

�118

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en 8s. Aires (1822-1826)

No todos los habitantes de Buenos Aires veían las actividades del
banco desde tal perspectiva. Los comerciantes apegados a morosos hábitos mercantiles, afectados por la compete~cia de ~ujantes ~riollos Y
extranjeros recién llegados denunciaban la mfluenc1a extranjera en el
banco para someterlo a su control. Esos enemigos del banco ~omenzaron a proponer a fines de 1824 la creación de un Banco Nacional que
absorbiera al de Buenos Aires y que diluyera el poder de los grandes
comerciantes.

El Nacional fue durante algún tiempo el vocero de tales intereses
y en sus páginas pueden leerse amargas quejas con~ra el a~ance den~~-

vos métodos mercantiles que asignan a los extranjeros solo para d1s1mular sus objetivos: la influencia extranjera, que
ha facilitado la anticipación de los retornos a las espediciones mercantiles introducidas en la plaza, privándonos del uso de capitales,
que antes de la formación del banco existían en c~éditos pendien~es
contra nuestros comerciantes: de suerte que el prus paga hoy las mtroducciones que se le hacen, antes de haberlas puesto al cons~o ...
Resulta de aquí que nuestros comerciantes se hallan hoy reduc1~os
al giro solo de sus capitales, porque los cr~itos que antes contrahi~
sobre el carácter pasivo de una cuenta cornente, hoy se ha transfen.
. d e ella ,s .
do al de una letra, y tomado la fuerza e1ecut1va

de Buenos Aires y los fondos del empréstito externo.
El premio del 40% para las acciones del viejo banco no alcanzó
a disimular el cambio que una escala de votos en favor de los pequeños
accionistas producía en el control de la nueva institución. La victoria
se tornaría pírrica cuando acosado por las necesidades del gobierno el
Banco Nacional perdiera a fines de 1826 apenas toda apariencia de una
institución de crédito al servicio de la actividad mercantil. Tampoco
el medio circulante se apoyaría en adelante en el crédito privado sino
en el mucho más dudoso del gobierno. Se produjo entonces, por primera vez, la aparición de la inflación fiduciaria en Buenos Aires 19 •
Una nueva coalición política apoyada por productores agropecuarios y los importadores daría por tierra con los intentos unitarios a mediados de 1827 y de modo irreversible dos años más tarde. Aunque la
inflación cedió hasta 1830 el papel moneda inconvertible quedó como el legado permanente del fracaso de las primeras experiencias
bancarias.

El argumento xenófobo no queda justificado por el v~lumen ?e.cancelaciones de las dieciseis personas y sociedades comerciales mas lffiportantes, entre las que como vimos, extranjeros y criollos no difieren demasiado. Son entonces las fuerzas retrógradas que, asustadas por la
velocidad impresa a los negocios por la monetización del _crédit? _desplazadas por extranjeros y crjollos más activos, ante la_ 1mpos1bilidad
de recurrir en un Buenos Aires fuertemente comprometido desde 1821
con la libertad económica a la práctica mercantilista de pujar por pr&lt;?tección y privilegios, se apoyan en la agitación xenófoba para reducrr
a sus competidores y retornar a métodos menos eficientes pero que conocían mejor.

El Banco debe a Descuentos
por X letras recibidas de

El proyecto de someter al Banco de Bue~os Aires ~racasó ~orque
sus enemigos carecieron de la fuerza necesana para obligar al direc~orio a aceptar sus términos. Pero los intereses expresa~?s por Ifl _Nacional tuvieron mayor éxito cuando, desbordado por enns1ones debilmen~e
respaldadas y soportando una corrida provocada por el bloqueo br~1leño el directorio tuvo que solicitar autorización del gobierno para mtem:mpir la conversión de sus billetes que hasta entonces se había ef~tuado libremente y a la par. Entonces, en enero de 1826, reapareció
el proyecto del Banco Nacional a cuya integración concurrirían el Banco

En muchos casos la expresión "recibidas de" aparece sustituida por "contra".
Esto parece ser un cambio de escribiente más que de criterio. Al banco debía
interesarle la mención del aceptante, quien había asumido la responsabilidad
de pagar la letra a su vencimiento. Aimque la primera expresión parece hacer
referencia a la persona que envió la letra al descuento y la segunda al aceptante, diversos asientos (entre ellos los mencionados en la nota 11) nos inclinaron
a considerar que no se trataba de criterios diferentes.

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.

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119

APENDICE
Los asientos en el libro Diario (ABP, 101-3-1) de las cancelaciones de letras
descontadas por el Banco de Buenos Aires tienen la siguiente forma:

Juan Cano
l 000
Tomás Eastman 355
etcétera

�120

Siglo XIX

Amara/: Comercio y crédito en Bs. Aires (1822-1826)

NOTAS
l. Sobre las finanzas públicas antes y después de la consolidación de 1821, v. Juan
Carlos Nicolau, La reforma económico-financiera en la provincia de Buenos Aires
(1821-1825). Liberalismo y economía, Buenos Aires, Fundación del Banco de la Provincia de Buenos Aires, 1988; Tulio Halperín Donghi, Guerra y finanzas en los orígenes del estado argentino (1791-1850), Buenos Aires, Belgrano, 1982; y Samuel Amara!, "Las formas sustitutivas de la moneda metálica en Buenos Aires (1813-1822)",
Cuadernos de Numismática, 1981, v. 8, No. 27, pp. 37-61; "La reforma financiera
de 1821 y el establecimiento del Crédito Público en Buenos Aires", Cuadernos de
Numismática, 1982, v. 9, No. 33, pp. 29-48; "El descubrimiento de la financiación
inflacionaria. Buenos Aires, 1790-1830" , Investigaciones y Ensayos, 1988, No. 37,
pp. 379-418; y "Alta inflación y precios relativos. El pago de las obligaciones en
Buenos Aires, 1826-1834", El Trimestre Económico, 1989, No. 221, pp. 163-191.

2. Sobre el Banco de Buenos Aires v. Octavio Garrigos, El Banco de la Provincia, Buenos
Aires, Pablo E. Coni, 1873; Andrés Lamas, Estudio histórico y científico del Banco
de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, El Nacional, 1886; Agustín de Vedia, El Banco Nacional, Buenos Aires, Félix Lajouane, 1890; Norberto Piñero, La
moneda, e/ crédito y los bancos en /a Argentina, Buenos Aires, Jesús Menéndez,
1921; Nicolás Casarino, El Banco de la Provincia de Buenos Aires en su primer centenario, Buenos Aires, Peuser, 1922; y Horado J. Cuccorese, Historia del Banco
de la Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, Banco de la Provincia de Buenos
Aires, 1971. Sobre el empréstito externo de 1824, v. Samuel Amara!, "El empréstito de Londres de 1824", Desarrollo Económico, 1984, v. 23, No. 92, pp. 559-588.

121

Depalma, 1961, pp. 11-34; y Héctor J. Cámara, La letra de cambio y vale o pagaré,
Buenos Aires, Ediar, 1970, v. 1, pp. 141-142.
8. Escriche, pp. 385-386, v. Letra de cambio.
9. Adam Smith, Investigaciones sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, ed. Edwin Cannan, trad. Gabriel Franco, México, Fondo de Cultura Económica, 1958, pp. 284 y ss.; Jobo Stuart Mili, Principios de economía política con algunas de sus aplicaciones a la füosofía social, ed. W. J. Ashley, trad. T. Ortiz, 2a.
ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1951, pp. 450-452.
10. Sobre la responsabilidad de las personas intervinientes en la letra, v. Ordenanzas
de Bilbao, p. 105.
11. Archivo del Banco de la Provincia de Buenos Aires (en adelante ABP), 101-3-1, ff.
131 y 133.
12. Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Registro notarial No. 2, 1824-1825,
ff. IOv y 102.

13. Lamas, op. cit., p. 17.
14. Lamas, pp. 17 y 12. Los enemigos del banco publicaban en El Nacional, enero de
1825, No. 3-6, pp. 54-60, 76-80, 92-96 y 103-108.
15. Dos de esos nueve "británicos", Harton y Ford, eran norteamericanos.

3. Sobre las funciones crediticias de la letra de cambio v. Raymond de Roover, L 'evolution de la lettre de change. París, Armand Colin, 1952. A través de la doble función de la letra define la "teoría del interés en el cambio" que permitía superar la
barrera de la usura (pp. 43 y 61-62). Sobre el desarrollo histórico del instrumento
en España v. Bruno Aguilera-Barchet, Historia de la letra de cambio en España (Seis
siglos de práctica trayectieia). Madrid, Tecnos, 1988.
4. Joaquín Escriche, Diccionario razonado de legislación. 2a. ed. Madrid, Calleja, 1842,
v. Protesto.

5. El descuento extrabancario parece haberse mantenido aún después de la creación
del banco: "Es cosa sabida de todos, que hay casas particulares en Buenos Aires,
que están descontando letras con metálico" (E/ Nacional, 17 de febrero de 1825,
p. 152).
6. Roover, pp. 119-121.
7. Sobre la letra de cambio en Buenos Aires cf. Julio César Guillamondegui, "La letra
de cambio en el derecho indiano" (tesis doctoral, Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales, Universidad de Buenos Aires, 1971), y Samuel Amara!, "Medios de pago
no metálicos en Buenos Aires a comienzos del siglo XIX. Letras de cambio y letras
secas", Cuadernos de Numismática, 1982, v. IX, No. 30, pp. 45-55. La cita es de
Juan de Hevia Bolaños, Curia Philipica, Madrid, Juan de San Martín, 1767, p. 268.
Hasta la codificación de Acevedo y Vélez Sarfield, convertida en ley provincial en
octubre de 1859, se mantuvo la vigencia de las Ordenanzas de Bilbao, que no autorizaban el giro sobre la misma plaza. V. Ordenanzas de la Ilustre Universidad y Casa de Contratación de Bilbao (1737), Paris, Rosa, 1829, cap. XIII; Carlos C. Malagarriga, Reseña de la legislación comercial argentina (1810-/960), Buenos Aires, Roque

16. ABP, 001-1-1, Libro de Actas, 1822-1826, f. l. V. también la exposición de Manuel
José García ante la junta general de comerciantes por él convocada para impulsar
la creación del banco, El Argos de Buenos Aires, 23 de enero de 1822.
17. La imposibilidad de acceder al crédito por los lentos ciclos de la producción ganadera ha sido señalada por Mi ron Burgin, Aspectos económicos del federalismo argentino. Trad. Mario Cales. Buenos Aires, Hachette, 1960, p. 93. Sobre el plazo de
las letras v. Lamas, op. cit., p. 9.
18. El Nacional, 6 de enero de 1825, No. 3, p. 58.
19. Sobre las relaciones entre el Banco Nacional y el gobierno en 1826, v. Samuel Amara!, "El Banco Nacional y las fmanzas de Buenos Aires: el curso forzoso y la incoovertibilidad del papel moneda en 1826", VI Congreso Internacional de Historia de
América, Buenos Aires, 1982, v. 5, pp. 415-429. Sobre el proceso inflacionario, v.
Samuel Amara!, "Alta inflación y precios relativos ... " (cf. n. 1).

�Burguesía y Estado en Brasil Durante
la Antigua República (1889-1930)

111

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Steven C. Topik *

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'ª'"'"'~,"' ~.
Un pequeño grupo de hombres dominó la economía de Brasil durante
la Antigua República (Old Republic), entre 1889 y 1930. El estado oligárquico servía, usualmente, a sus intereses, de modo que la clase acaudalada era también una clase gobernante.
Este ensayo examína la naturaleza de la clase económicamente dominante en Brasil, y los medios que empleó para moldear las políticas
del estado '. Por ello se describirá, en primer término, a los grupos
propietarios. Luego, sus expectativas en cuanto a las políticas del estado, su organización política y los instrumentos con que influyeron el
aparato estatal.
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LA ELITE ECONOMICA BRASILEÑA DURANTE
LA ANTIGUA REPUBLICA
La clase adinerada era bastante reducida. Aunque no existen datos exactos en cuanto a propiedades o ingresos, varios cálculos independientes
concuerdan en que aquellos que controlaban la mayor parte de la tierra, el capital y la maquinaria de Brasil constituía apenas el 1 ó 2%
de la fuerza laboral (y ésta la componía sólo un tercio de la población
nacional). Esto significaba unos 70 000 hombres en 1890, y 135 000
en 1930 (casi ninguna mujer ocupaba posiciones económicas
importantes) 2 •

La composición de la élite económica nacional reflejaba la vastedad, diversidad, y relativo atraso del subcontinente brasileño. Cierto
que, como colonia, Brasil no experimentó la clase de cismas de nacio* _Department of History, University of California, Irvine (USA). Traducción del inglés
de Isabel Cristina Mata Velázquez y Miguel A. González Quiroga

�124

,,

Siglo XIX

nalidad, tribales o religiosos que fragmentaron a los países de Asia,
Africa, e incluso Europa 3• Las familias europeas que inmigraron y alcanzaron prominencia pronto se fundieron en una sociedad nacional·.
Sin embargo, la clase adinerada era un grupo heterogéneo: se encontraba fragmentada en muchas facciones regionales y locales. Los miembros de las clases conservadoras constituían una clase unificada y consciente de sí misma sólo en el sentido de que presentaba una oposición
común a las exigencias de las otras clases, y compartían el deseo por
la hegemonía 4• En otros sentidos, sus miembros enfrentaban perspectivas económicas tremendamente distintas y operaban en escenarios
socio-políticos diversos.
El carácter heterogéneo de la clase acaudalada se desarrolló qebido a la variedad geográfica del país, patrones de colonización contrastantes, y falta de una economía nacional integrada. Ya en el período
colonial, cada región había modelado su economía alrededor de un diferente cultivo para exportación. Esto promovió diferentes ritmos y ciclos de crecimiento. La orientación europea y el establecimiento costero de estas economías impedía la integración interna, y el deficiente
sistema de transporte contribuyó aún más a la separación por regiones
que fragmentó a la clase gobernante.
La diversidad regional se acrecentó en el siglo XIX. La región del
noreste, en otro tiempo la de mayor exportación, fue cayendo en un
bache a medida que su azúcar perdía mercados extranjeros ante la competencia europea y caribeña, mientras que el Amazonas, área largo tiempo marginada y abandonada durante el período colonial, gozaba de
un efímero auge de dos décadas (1890-1912), gracias al caucho. El sur,
por su parte, gozaba de un firme aunque nada notable crecimiento basado en productos que se vendían principalmente en Brasil 5• Al mismo tiempo, la floreciente economía del centro, impulsada por las exportaciones de café, experimentaba un espectacular desarrollo que llegó a eclipsar al resto del país.
El resultado de todo esto fue que la mayor parte de las riquezas
generadas por la economía de exportación fuera producida por apenas
3 de los 20 estados brasileños, junto con el Distrito Federal. El estado
de Sao Paulo generaba por sí solo el 400Jo de todas las exportaciones.
Junto con Minas Gerais, Rio Grande do Sul y el Distrito Federal, producía el 600Jo de los cultivos agrícolas, representaba el 750Jo de la producción industrial y cárnica, y poseía el 800Jo de los activos bancarios
de la nación. El ingreso per cápita de estas provincias y de la capital
federal era más del doble que las ganancias obtenidas en las provincias
más pobres, lo que ahondaba el abismo entre las regiones 6 •

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

125

También dentro de las regiones había marcados contrastes, y en
parte era culpable la geografía. El magro y árido suelo del sertao que
se extendía desde el interior del noreste hasta Minas Gerais sustentaba
sólo agricultura rudimentaria y la cría de animales domésticos. Por otra
parte, la fértil y bien irrigada tierra de la zona costera de Matta en el
noreste, así como el plana/to del valle de Paraiba y la parte occidental
de Sao Paulo producían abundantes cosechas.
Los patrones de asentamientos humanos también contribuyeron
a la diversidad. Algunas tierras que habían sido ricas, como las de los
cafetales en el valle de Paraiba, comenzaron a declinar a causa del agotamiento y la erosión. Al mismo tiempo, áreas fronterizas recién abiertas
como las del occidente de Sao Paulo, ofrecían terrenos abundantes y
a bajo costo. Mientras tanto, el vasto interior, en gran parte desaprovechado, carecía d~ mano de obra suficiente y de transportación para
sustentar algo más que agricultura de subsistencia.
Las cambiantes demandas de la economía mundial y el desarrollo
de la economía nacional también causaron diversificación y flujo regionales. Nuevos ricos cafetaleros del occidente de Sao Paulo, algodoneros del interior de Paraiba, comerciantes caucheros del Amazonas,
cultivadores de cacao del sur de Bahia, de mate en Paraná se atrevieron a desafiar a la tradicional oligarquía terrateniente de sus áreas respectivas. Los industriales, financieros y otros hombres d_e negocios
orientados al mercado nacional cobraron importancia a medida que
las exportaciones se desplomaron, desde casi una cuarta parte del PIB
en 1890, hasta casi un 150Jo para 1930 7 •
Las diferencias locales y regionales en el ritmo e intensidad del crecimiento se reflejaban en el grado en que se implementaron prácticas
totalmente capitalistas. En el centro y sur, regiones más opulentas, el
fin de la esclavitud en 1889 produjo el surgimiento de un sistema laboral basado predominantemente en los salarios, y en donde prevalecían
la especialización y una economía de mercado basada en el dinero 8 •
La clase económicamente dominante, compuesta en su mayoría por hacendados, era en esencia burguesa.
Si bien, muchos hacendados actuaban más como especuladores de
tierras que como capitalistas industriales dedicados a aumentar la productividad (así lo sugiere Warren Dean), es evidente que consideraban
la riqueza como capital que hay que invertir para producir más riqueza, e invertían sobre todo en la producción de bienes y servicios 9•
En el sur, los sistemas agrícolas fluctuaban desde los pequeños agri-

�126

11

Siglo XIX

cultores dedicados al cultivo de arroz y la producción de vino, hasta
los comerciantes que encomendaban la cosecha de los arbustos de mate a leñadores y vaqueros en las grandes estancias ganaderas. En la economía norteña, basada en el caucho, reinaban los comerciantes, quienes invertían más en sus transacciones que en la producción. Los recolectores de caucho trabajaban como productores semi-independientes
que intercambiaban sus cosechas por los víveres necesarios. La economía estaba impulsada por crédito, pero en forma menos palpable por
dinero. Los mercados eran reducidos y se !!ncontraban monopolizados
por los comerciantes 1º.
Aparte de las zonas aedicadas al algodón y el cacao, el noreste y
otras áreas marginales de diversas regiones estaban dominadas por propietarios que a menudo eran más arrendadores que empresarios "modernizantes' '. Intentaban monopolizar factores loéales de producción:
agua, tierra y capital con el objeto de rentarlos a un alto precio a los
pequeños agricultores. No les interesaba tanto aumentar la productividad. El dinero no se utilizaba a gran escala porque los agricultores acos. tumbraban pagar la renta con una porción de su cosecha. Sin embargo, con el tiempo estos dueños de tierras fueron desplazados por los
ingenios azucareros centrales que llegaron a dominar la rica zona de
Matta 11 •

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La diversidad de escenarios económicos a nivel regional y local significaba que no se podía hablar de una élite económica nacional. Es
más exacto dividir la clase dominante en tres niveles: la alta burguesía,
los barones provinciales, y los notables locales, si bien los límites entre
los niveles no eran precisos ni intraspasables.

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A la cabeza se encontraba la alta burguesía, docenas de magnates
que imperaban en las cumbres máximas de la economía. Una abrumadora mayoría provenía del centro del país, y aunque a menudo sus fortunas tenían sus raíces en el campo, donde conservaban residencias de
verano, mostraban preferencia por vivir en las ciudades principales.
Rio de Janeiro, centro financiero de la nación, albergaba a la mayoría
de los aristócratas acaudalados del país. Sao Paulo llegó a rivalizar cada vez más con la capital federal, pero no logró darle alcance durante
la Antigua República. Este pequeño grupo de hombres tenía mano en
las empresas más grandes y lucrativas del país, e invertían a veces en
regiones fuera del centro.
Los barones provinciales constituían el segundo nivel. En su mayoría eran cultivadores y hacendados de áreas diferentes al centro. Estaban menos relacionados con la economía internacional y eran menos

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

127

capitalistas en sus negocios. Por lo general invertían su capital en su
misma región, que eran menos lucrativas, y cuando participaban en
las grandes empresas del centro, casi siempre servían de socios menores o accionistas minoritarios. La mayoría vivía en o cerca de las capitales provinciales.
El tercer nivel estaba compuesto por los notables locales, quienes
basaban su fortuna en la tierra, si bien algunos eran comerciantes. Sus
inversiones comunmente se restringían a ateas geográficas pequeñas,
marginales y no exportadoras; sus actividades implicaban menor capital, estaban menos diversificadas y tenían más probabilidades de apoyarse en prácticas precapitalistas que las de los otros dos niveles 12 •
En vista de que la alta burguesía era la más importante en lo económico y lo político, este ensayo le dedica la mayor atención. El escalón más alto de la clase dominante era notable por su diversificada cartera. Con frecuencia, un mismo hombre era el dueño de plantaciones,
bancos, establecimientos comerciales y fábricas. La familia Prado de
Sao Paulo constituye un buen ejemplo. Aunque la base de su riqueza
se originó en la producción de café, pronto se diversificaron. Antonio
Prado, el patriarca, era al mismo tiempo uno de los mayores productores de café brasileños, presidente del Ferrocarril de Sao Paulo y del
Banco de Comercio e Industria, socio de una de las mayores casas exportadoras (Prado Chaves), fundador de la primera empacadora de carne en Brasil, y socio de una fábrica vidriera. Los comerciantes
importadores-exportadores se diversificaron en forma similar.
Francisco Matarazzo comenzó importando y distribuyendo manteca de cerdo, pero pronto cambió a importaciones y exportaciones generales y con el tiempo llegó a construir el imperio industrial más grande
de Brasil. Asimismo, fundó un banco y se convirtió en terrateniente
a gran escala. Francisco de Paula Mayrink ejemplifica una trayectoria
distinta. Comenzó trabajando para el Banco Comercial do Rio dt
Janeiro y perseveró hasta fundar y presidir otros cinco bancos. También estableció en Sao Paulo una compañía de colonízación para inmigrantes, fue presidente del Ferrocarril Sorocabana, fundó cinco empresas ferroviarias mas pequeñas, encabezó la compañía naviera Lloyd,
y ayudó a organizar la que operaba los muelles de Santos. Por último,
fue presidente de la mayor compañía tranviaria en Rio, Sao Paulo y
Belo Horizonte, y era dueño de ingenios azucareros, harineras y cafetales aparte de enormes fincas urbanas 13 •
Tan diversificados cargos directivos y carteras fueron comunes hasta la depresión de los treinta. Sin embargo, esta diversidad no debía

�128

Siglo XIX

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889- /930)

129

ocultar la unidad que sustentába a la mayoría de los imperios
comerciales.

dos tras la Guerra Civil: apenas el 11 OJo de la misma estaba contenida
en fincas mayores de 500 acres 16•

Las familias que controlaban muchas áreas distintas funcionaban
como corporaciones y centraban cada vez más sus posesiones en un
banco. En este aspecto, Brasil siguió el mismo patrón que se ha encontrado en Argentina, Chile, Colombia y México: "las alianzas crediticias familiares estaban centralizadas e institucionalizadas en compañías financieras, particularmente bancos" 14 • Como señala Levi acerca de la influyente familia Prado:

En el comercio de exportación dominaban unas cuantas casas mercantiles. Ocho firmas cafetaleras embarcaban dos tercios de la cosecha
brasileña. Ocho comerciantes huleros exportaban más de la mitad de
la producción anual. Asimismo, las importaciones estaban reguladas
por unas pocas casas comerciales de gran tamaño 17 •

Si los Prados se hubieran considerado a sí mismos como productores
de café solamente, su impacto colectivo en Sao Paulo hubiera sido relativamente insignificante... (su) liderazgo en la sucursal paulista del
Banco do Brasil dio a la familia una ventaja definida en el dinámico
15
clima económico de la segunda mitad del siglo XIX •

La consolidación durante la Primera República se hizo evidente en toda la economía. Predominaron las empresas mayores, controladas por
unos cuantos miembros de las clases conservadoras. La percepción generalizada del Brasil republicano es que, en la mayoría de las áreas fuera
de la agricultura para exportación, prevalecían las firmas menores.
En otras palabras, el subdesarrollo de la economía exportadora brasileña se reflejaba en la pequeña escala de las empresas. Según este punto
de vista, sólo mediante la industrialización ingresaría Brasil al Gran
Negocio. De hecho, un análisis sectorial de la economía durante la Primera República revela concentración por todas partes.
En la agricultura, predominaban los latifundios. En 1920, el 4%
de los terratenientes nacionales bastaron para representar un 60% de
las tierras en propiedad privada. En las regiones exportadoras más prósperas, la concentración era aún más extrema.
En Sao Paulo, el 2.5% de las propiedades abarcaba el 45% de la
tierra. La situación seguía siendo bastante similar para 1935:
14% de los cafetales contenían el 57% de las plantas. Las tierras
privadas en la rica región azucarera de Pernambuco mostraban un patrón similar: allí, el 20/o de las propiedades agrícolas representaban el
43% de la tierra.
Vastos imperios agrarios surgieron en las áreas fronterizas de Goias
~ Mato Grosso. Se dice que el Ferrocarril de Brasil era el propietario
unico de 140 000 kilómetros cuadrados. En comparación, la tierra estaba muchos menos concentrada en la región sureña de Estados Uni-

La mayor parte de la transportación se hallaba en manos de unas
cuantas firmas. Justo antes de la Primera Guerra Mundial dos compañías controlaban dos tercios de las vías férreas de Brasil. Estos conglome_rados ferroviar~os se diso~vieron en la década ~e los veinte, pero
tod~v1a para 1930 mas de la nutad de los ferrocarriles era propiedad
de siete compañías. La misma concentración era evidente en el sector
del transporte marítimo, ya que seis firmas se hacían cargo de la mitad
de_las exportaciones de café. Una sola empresa (Lloyd Brasileiro) maneJaba el 61 OJo de todos los pasajeros y, junto con otras dos, representaba el 84% de todos los embarques costeros18 •
lg~alme~te concentradas estaban las finanzas: un banco guardaba casi la qwnta parte de todos los activos bancarios, y dos tercios de
toda la actividad bancaria se realizaba en una docena de bancos, los
que en su !llayor parte manejaban los negocios de los ricos, ya que las
grandes hipotecas dominaban sus carteras de préstamos 19•
En la Primera República, incluso la fabricación estaba dominada
por unas cuantas empresas. Según la sabiduría popular, en la subdesarrollada economía brasilefia predominaban los pequeños talleres artesanales, y en cierto sentido esto era verdad. El primer censo industrial
nacional de suficiente objetividad, realizado en Brasil en 1920 reveló
que casi las tres cuartas partes de todas las compañías manufa~tureras
empleaban a nueve empleados, o menos. Por otra parte los que empleaban a más de un centenar de personas representaba~ sólo el 40/o
de las empres~, pero significaban el 55% de la producción (en valor),
empleaban mas del 60% de los trabajadores y de los caballos de fuerza, y poseían dos tercios del capital invertido2(). De este modo la clase
adinerada elaboró monopolios en los sectores clave de la economía de
exportación.

INVERSIONISTAS EXTRANJEROS
Los extranjeros ocupaban un lugar importante en Brasil. Si bien la burguesía brasileña, que controlaba la producción de las exportaciones na-

�130

Siglo XIX

cionales, se hallaba entre las más poderosas de América Latina, los extranjeros dominaban muchos campos complementarios. Múltiples estudios no consideraban a los capitalistas extranjeros como parte de la
clase gobernante nacional: como ciudadanos de otros países, no tenían
voto en Brasil ni podían postularse para ningún cargo.
De hecho, los propietarios de las mayores empresas europeas y norteamericanas comúnmente ni siquiera residían en Brasil. Asimismo, carecían de lazos familiares y culturales que los ataran á este país. Sin
embargo, aunque los capitalistas extranjeros no inmigrantes diferían
bastante de los nacionales en estos aspectos, de cualquier modo ejercieron una enorme influencia en la política económica del Estado brasileño. Sus intereses, por otra parte, no eran monolíticos: los compromisos e intereses económicos de los extranjeros resultaban casi tan diversos come los de los brasileños.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (/ 889-1930)

131

versionistas directos poseedores de acciones de capital social en compañías brasileñas.
Brasil recibió una participación inusitadamente grande de capital
de préstamo. Más del 40% de toda la inversión extranjera estaba en
forma de préstamos. De hecho, Brasil era el mayor deudor de América
Latina. Hasta 1906 todos los préstamos federales provenían de la casa
bancaria Rothschilds de Londres. Ue allí en adelante, empezaron a participar algunos otros bancos. Estos prestamistas estaban tan bien situados que podían influír en la política pública brasileña.
En ocasiones los intereses de los comerciantes extranjeros entraban en conflicto con los de los banqueros intrernacionales, ya que los
primeros estaban más preocupados por el flujo internacional de bienes
brasileños que por la habilidad del país para pagar los préstamos.

En primer lugar se dividían, naturalmente, por su nacionalidad.
Los británicos poseían más de la mitad de todas las inversiones extranjeras durante este período. Les seguían los franceses, quienes inundaron los mercados brasileños de capital en la década anterior a la Primera Guerra Mundial, pero se retiraron después de ésta. Fue entonces
cuando los norteamericanos comenzaron a invertir a gran escala. Las
otras dos naciones que realizaron inversiones de consideración fueron
Bélgica y Alemania.

Al dominar el comercio de importaciones y exportaciones de Brasil, lograban el control de los puntos claves de presión en la economía.
Los comerciantes ingleses, alemanes, franceses y norteamericanos manejaban el 900Jo de las exportaciones de café en 1900, y todavía en 1930
se hacían cargo de las dos terceras partes. Junto con los exportadores
portugueses, controlaban una proporción similar en los embarques de
caucho. Asimimo, desempeñaban un papel importante en las importaciones y la distribución nacional21 •

En conjunto, europeos y norteamericanos incrementaron su capital en Brasil durante la Primera República de unos 400 millones de dólares que tenían en 1889, a un aproximado de 2 mil 600 millones en
1930. En todo Latinoamérica, sólo Argentina recibió más inversión extranjera en este período que Brasil.

Los inversionistas directos en empresas brasileñas constituían la
tercera categoría de inversionistas extranjeros. Tenían un vínculo más
directo con la economía brasileña que los prestamistas internacionales, ya que los inversionistas en realidad poseían una parte de la economía y se hallaban a merced de su flujo y reflujo. Tenían más capital
invertido que los comerciantes.

La relación entre los capitalistas extranjeros, la economía y el Estado brasileños variaba de acuerdo con la naturaleza de sus inversiones. En general, los capitalistas extranjeros no inmigrantes se dedicaban a actividades menos diversas que las de las de la alta burguesía
brasileña. Los inversionistas extranjeros tenían experiencia en áreas tales
como ferrocarriles, servicios públicos o la banca. Cuando ampliaban
sus intereses en Brasil, generalmente se integraban en forma horizontal a actividades similares aunque a veces se integraban verticalmente
a campos afines. En ocasiones su mayor especialización por sectores
los conducía a bandos diferentes en cuestiones de política económica.
Los inversionistas de cartera, que prestaban dinero al Estado o a
empresas privadas, tenían intereses un tanto distintos a los de los in-

Las más importantes compañías propiedad de extranjeros habían
sido creadas en Londres, Nueva York o París para emprender actividades específicas en Brasil. Sus estrategias se basaban sobre todo en
las condiciones comerciales dentro del país. Algunas de las grandes firmas extranjeras fueron establecidas por inmigrantes que echaron hondas raíces familiares y de negocios en Brasil. Por lo común, al cabo
de una generación dichas compañías se volvían brasileñas.
No fue sino basta la década de los veinte que las corporaciones
internacionales comenzaron a aparecer y a someter a las compañías a
la lógica más global de los conglomerados de integración
internacional22 •

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1

1
1

111
111

Siglo XJX

Los inversionistas directos extranjeros poseían secciones vitales de
la economía exportadora. En la administración de ferrocarriles tuvieron un papel muy importante, pues si bien las líneas pioneras de la década de 1880 habían sido costeadas por brasileños, pronto fueron adquiridas por inversionistas británicos y franceses. Justo antes de que
iniciara la Primera Guerra Mundial, las empresas ferroviarias extranjeras poseían o arrendaban un 80% de las vías de Brasil. Esta proporción declinó hasta una cuarta parte para 193&lt;&gt;23.
Los europeos controlaban también la banca. En el siglo XIX dominaron el mercado de cambio y tuvieron una importante participación en las transacciones de descuento fiduciario y préstamos a corto
plazo. Hasta la Primera Guerra Mundial, continuaron proporcionando la mitad de todos los préstamos y descuentos; su posición declinó
hasta una cuarta parte del mercado de préstamos para 193&lt;&gt;24.
Durante el siglo XIX, los extranjeros se habían mostrado reacios
a invertir en la fabricación de bienes de consumo a causa de las limitadas dimensiones del mercado nacional. Prefirieron dedicarse a las actividades que abastecían al mercado exterior, como la extracción de
oro y la refinería de azúcar.
Sin embargo, para principios del siglo XX muchos extranjeros comenzaron a construir fábricas. El inconcluso censo industrial de 1907
reveló que la fábrica más grande del país pertenecía a británicos, y que
tres de las nuevas mayores eran de extranjeros. El ritmo de la inversión extranjera en la manufactura se aceleró a partir de la Primera Guerra Mundial, sobre todo por parte de los norteamericanos.
Para 1929, este nuevo grupo derramó unos 200 millones de dólares en fábricas brasileñas. Los extranjeros se destacaron sobre todo en:
1) lineas de tecnología avanzada, como aparatos eléctricos, automóviles y productos farmacéuticos; 2) industria pesada, como petróleo, energía eléctrica, cemento y acero; y 3) sectores de la exportación, como
empacadoras de carnes y minería. Los extranjeros también alcanzaron
predominio en industrias de bienes de consumo, aunque la mayoría de
los propietarios en este sector eran inmigrantes que se quedaron en Brasil
y cuyos hijos adquirieron la ciudadanía. Las compañías más importantes en la producción de cerveza, cigarros, cerillos, calzado y textiles
pertenecían a extranjeros. No hay claridad en los datos oficiales en cuanto a la proporción de la industria que pertenecía a extranjeros. Sin embargo, a partir de evidencias dispersas, se puede calcular que controlaban aproximadamente la mitad de toda la industria en 193025.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

133

Así pues, la pequeña clase adinerada de Brasil, compuesta de nacionales y extranjeros, dominaba la oligopolizada economía de exportación. A pesar de los frecuentes traslapes de intereses, sobre todo en
el sector externo, los dueños de los medios de producción brasileños
estaban divididos por diferencias de consideración. Los distintos niveles y sectores de la clase dominante se dividían por su nacionalidad,
perspectivas económicas, grado de vinculación con la economía internacional, su integración a la economía nacional, y su adopción de métodos capitalistas. En consecuencia, las demandas que le planteaban
al estado eran tan diversas como los medios que empleaban para obtener resultados favorables.
EL PAPEL DEL ESTADO
El tipo de ayuda estatal que procuraba la clase dominante estaba determinada por la estructura de la economía de exportación. Sus exigencias eran bastante modestas porque, comparada con la planeación
y el papel empresarial que el estado impondría al impulso industrializador a partir de 1930, la economía de exportación de la Primera República requería relativamente poca ayuda del estado. El bajo nivel de
especialización y tecnología necesarias para hacerse cargo de plantaciones e industrias ligeras obviaba la necesidad de financiamiento estatal, de un sistema educacional sofisticado, o de institutos dedicados a
la investigación y la experimentación. El mercado nacional, sectorizado y relativamente reducido, requería poca coordinación o planeación
estatales. La ausencia de movimientos laborales rurales u organizaciones
obreras urbanas de consideración previos a la Primera Guerra Mundial permitió al estado ignorar la regulación laboral y la prestación de
servicios sociales.
Por otra parte, miembros influyentes de las clases republicanas conservadoras, en particular de Sao Paulo, aspiraban a descentralizar al
estado por razones políticas. Pensaban que el sistema imperial había
favorecido a la élite declinante del noreste y el Valle del Paraiba, en
detrimento de los nuevos ricos. Asimismo creían que el gobierno imperial había sido culpable de una regulación excesiva, una enorme deuda
pública, y exagerados costos administrativos. Ello obstaculizó la formación de capitales y puso trabas a la creación de empresas. Los líderes republicanos tenían la esperanza de que, poniendo fin a lo que consideraban una intromisión por parte del gobierno en la esfera privada,
podrían desencadenar las energías productivas del país y aprovechar
sus vastos recursos.
En realidad la República no pudo disminuir el papel económico

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Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

Siglo XIX

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del estado, pero el nuevo régimen sí descentralizó la autoridad • Las
provincias ganaron el derecho a gravar las exportaciones (e ilegalmente gravaron las importaciones), así como a contratar préstamos extranjeros, lo que en ciertos casos produjo enormes aumentos en sus ingresos. También recibieron terrenos nacionales que antes habían pertenecido al gobierno central. Además, la legislación sobre los derechos del
agua y minerales recayó en su jurisdicción. Los gobiernos provinciales
podían asimismo otorgar concesiones ferroviarias dentro de su te~it~rio y servicios públicos en las capitales provinciales. Aunque en pnnc1pio todos los gobiernos provinciales compartían los mismos poderes
económicos, en realidad sólo los más ricos obtuvieron cierta autonomía con la descentralización republicana. Las provincias más pobres
se encontraban necesitadas de fondos y eran incapaces de obtener suficientes préstamos en el extranjero.
En consecuencia, no podían recompensar a las compañías ferroviarias o de servicios públicos con incentivos que bastaran para hacer
atractivas sus concesiones. A menudo, también tenían el control de tierras estatales menos fértiles, ya que sus fronteras casi habían desaparecido, y entonces tenían que recurrir a la ayuda del gobierno federal.
Al igual que las provincias más pobres, los municipios tampoco ganaron muchos poderes nuevos con la República.
Las ciudades más grandes y opulentas eran capitales provinciales
y por tanto estaban sujetas a la autoridad provincial, o bien la capital
federal en Río de Janeiro, supervisada por el gobierno federal. El resto de los municipios tenía autoridad sobre la zonificación, los servicios
públicos, la justicia local, las obras públicas y algunos cargos gubernamentales, pero contaba con escasos fondos para emprender cualquier
iniciativa económica27 •
A pesar de la descentralización de la República, el gobierno federal siguió siendo muy importante. Aunque cedió muchos de sus poderes a las provincias, el gobierno central continuó supervisando las áreas
claves de las relaciones económicas internacionales y sirviendo de árbitro supremo en las relaciones interprovinciales. De este modo la política monetaria, los impuestos al comercio exterior, los tratados comerciales, las ferrovías que se extendían por más de una provincia y los
puertos y embarques internacionales, permanecieron dentro de su competencia. En vista de que el gobierno federal aún percibía 500'/o más
ingresos que todas las provincias y municipios juntos, tenia también
la mayor capacidad para financiar nuevos proyectos, prestar asistencia a empresarios y redistribuir la carga fiscal.

135

El nivel gubernamental al cual acudían los miembros de la clase
dominante dependía del favor que pretendían y de dónde tuvieran influencia política. A la alta burguesía y los capitalistas extranjeros les
preocupaban mucho más las tasas de interés, el tipo de cambio y la
inflación, así como los ·derechos de aduana y los tratados comerciales,
y en esto sólo podía ejercer influencia el Congreso federal . La prosperidad de la Hacienda federal atraía a los capitalistas en busca de concesiones y préstamos especiales. Por gozar de prominencia nacional y
provenir casi siempre de las provincias más influyentes, la capa superior de la clase dominante podía ganarse el apoyo federal. Estos magnates también recurrían a los gobiernos de las provincias del centro y
el sur, que tenían a su disposición considerables recursos.
Por lo común, los barones provinciales, no gozaban de suficiente
peso para influir en la política federal u obtener favores de Rio de Janeiro. Preocupados también por cuestiones tales como la tasa cambiaria y la inflación, se sabían impotentes para modificarlas. En cambio,
los ricos provinciales restringían la mayoría de sus peticiones a concesiones, exenciones y préstamos, y enfocaban casi toda su atención en
los gobiernos provinciales. Los notables locales tenían que contentarse
sobre todo con controlar el gobierno y la justicia locales. A diferencia
de los otros dos sectores de la clase dominante, que por estar mejor
integrados a la economía capitalista solían pretender favores puramente
económicos de parte del gobierno, los notables locales de escaso capital
empleaban el estado en forma más directa, como una herramienta extraeconómica para posesionarse de tierras, asegurar su acceso a las
aguas, constreñír la mano de obra y castigar a los competidores28•
De este modo, la clase económicamente dominante de Brasil deseaba una actividad económica estatal limitada, pero seguían aspirando a obtener favores especiales. La división del poder estatal entre los
gobiernos federal, provincial y municipal, así como lo heterogéneo de
la clase dominante, significaba que existían numerosos caminos para
hacer acopio de la ayuda estatal.
MEDIOS PARA INFLUIR EN LA POLITICA ESTATAL

La naturaleza de la clase dominante y del sistema político, así como las limitadas exigencias de los ricos ante el estado, determinaban
que utilizaran casi siempre la influencia personal aQtes que partidos
políticos u organízaciones comerciales para influir en la política pública. El predominio de políticas personalistas y patrimoniales, la naturaleza fragmentaria de los partidos políticos, y la falta de especialización sectorial contribuyeron a enfatizar más las instancias individuales

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1

Siglo XIX

que los esfuerzos conjuntos organizados. Por otra parte, la clase de
favores que comúnmente bbscaban las clases conservadoras, tales como exenciones de impuestos, concesiones o préstamos, beneficiaban
sólo a un individuo o a una compañía específica. Sólo cuando la cuestión afectaba a mucha gente, como en el caso de la política monetaria
o la valorización del café, era probable que las organizaciones fueran
los vehículos principales.
La influencia personal se ejercía de muchas maneras. El método
más directo consistía en que el mismo capitalista desempeñara un cargo (este camino quedaba cerrado para los extranjeros). En ocasiones
los ricos tenían altos puestos en el gobierno. Francisco de Paula Mayrink y Antonio Prado, arriba citados, desempeñaron cargos públicos.
El ministro de finanzas Joaquim Murtinho, famoso por sus reformas
financieras de 1899-1920, era también director de la compañía agrícola más grande, un importante banco, y el único ferrocarril de su nativo
Mato Grosso29• Joseph Love ha descubierto un grado de correspondencia extraordinariamente elevado entre funcionarios de gobierno y
gente rica, sobre todo en Sao Paulo30• Estos hombres utilizaban sus
puestos para acrecentar sus fortunas personales.
Sin embargo, este vínculo directo entre la alta burguesía y los puestos federales no era la regla, en parte debido a que muchos inmigrantes, como el acaudalado Matarazzo y el barón del café Francisco
Schmidt, no podían estar en el gobierno. A nivel provincial había menos
diferencia entre los que controlaban los medios de producción y los
que estaban en el gobierno. No obstante, incluso en Sao Paulo, donde
un porcentaje desusadamente alto de funcionarios públicos eran cultivadores de café, la mayoría de los hacendados más ricos no eran
políticos31 • A nivel local, sin embargo, los notables eran por lo general
"coroneles" que se hacían cargo del gobierno, si bien no siempre ocupaban un puesto oficial.
Lo más frecuente era que la clase adinerada influyera en el gobierno colocando a familiares en puestos elevados; esto constituyó la regla
durante el Imperio32• Por la naturaleza extendida de la familia brasileña y los fuertes lazos de lealtad que implicaba, las familias económicamente dominantes, continuaron teniendo miembros bien colocados
durante la República33 • Aparte de las relaciones consanguíneas, los ricos podían contar con familiares rituales, como el compadre. Una variante afín era la relación mentor-protegido, en la que una persona adinerada (a menudo algún terrateniente) costeaba la carrera de un joven.
En la ciudades, los ricos no se hallaban limitados a contactos fa-

Topik: Burguesía y esUldo en Brasil (1889-1930)

137

miliares y de clanes para obtener favores públicos. Con frecuencia, las
compañías contrataban políticos o burócratas de alto nivel como asesores legales para promover las aspiraciones de la empresa. En ocasiones los ingenieros de gobierno eran contratados como consultores por
los mismos contratistas que se suponía iban a supervisar". Otra de las
tácticas consistía en designar funcionarios gubernamentales como miembr~s _directivos de las grandes compañías. Por ejemplo, Alfredo Maia
(IIllmstro de Transporte), Jorge Tiberica (gobernador de Sao Paulo)
y José Paes de Carvalho (gobernador de Pará) fungían como directores de compañías.
Cuando no se podía emplear estos medios aceptables, los acaudalad~s hombres_ de negocios recurríaD: al_franco soborno. La corrupción
oficial no fue mventada por la Republica. El 14 de diciembre de 1889
el South American Journal señala en la página 757 que "durante más
años de los que pudieran contarse, el ramo administrativo estuvo corro1;11pido hasta la médula". Los años iniciales de la República, en especial durante el derrumbe del encilhamento, fueron notables por el
soborno y la corrupción. La compra de favores al gobierno continuó
°:'-á~ tarde. El empresario norteamericano Percival Farquhar se especializaba en esa clase de tratos. Su biógrafo escribió: "Tan pequeña
es la oligarquía en Brasil que Farquhar conocía, o alguna vez empleó,
o sus ayudantes llegaron a sobornar a un considerable porcentaje de
sus miembros"35 •
Sin embargo, las concesiones y favores por parte del gobierno no
podían otorgarse basándose tan sólo en la influencia y el soborno. Los
peticionarios tenían que formular sus deseos en términos definibles ante
el público en general. Dichas peticiones pueden clasificarse en cuatro
grupos. Primero, el que pretendía el favor podía hacer hincapié en que
su co_mp~a. h~a aumentar los ingresos del gobierno al agrandar la
base unpositiva, mcrementar la producción nacional o mejorar la balanza de pagos. Segundo, podía prometer europeizar o modernizar Brasil con lo último en tecnología. Tercero, podía proponer ayudar a otros
sectores de la economía con infraestructura o pedidos de materias primas. Por último, podía sugerir que su concesión contribuiría al bienestar general mediante la creación de empleos, la reducción del costo
de la vida, el mejoramiento en la higiene pública o la dotación de viviendas para los pobres. La combinación y énfasis proporcionados a
cada uno de estos enfoques dependía tanto del peticionario como del
favor pretendido.
Aunque los extranjeros no podían depender de lazos familiares ni
influencias electorales al solicitar favores del gobierno, sí podían em-

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Siglo XIX

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

plear varios métodos que no estaban~ disposi~ión de los ~~asileños.
Se permitían, por ejemplo, apelar a la idea co°!?n en la nacion d,e que
la inversión extranjera era en sí una confirmacion de salud economica
y optimismo internacional respecto al futuro de Bras_il. La_G~eta_1º
Comercio e Finan9as del 13 de febrero de 1897 refleJa tal mclinacion
al comentar acerca de la fundación de un banco francés en Rio de Janeiro: "Esta expansión de capitalistas franceses dice mucho a favor
nuestro, y demuestra que el crédito de Brasil, a pesar de l~s. maquinaciones de enemigos implacables, no se puede desalentar facilmente en
los mercados productivos de ese país". De este modo, los funcionarios
brasileños se veían con frecuencia honrados por solicitudes europeas
de concesiones, que alegremente otorgaban.
Cuando los brasileños se mostraban menos dispuestos a cooperar,
los inversionistas extranjeros empleaban otras armas. O bien prometían atraer capital extranjero a Brasil si se les asignaba una concesión,
lo que hizo Farquhar cuando arrendó el ferrocarril Sor~c~bana d~I :5tado de Sao Paulo, o amenazaban con empañar el credito brasileno
en el extranjero. Las grandes casas bancarias como la Rothschild gozaban de una posición envidiable para hacer uso de tales amenazas Y
lograr puntualidad en el pago de los préstamos. Las compañías extranjeras más pequeñas tenían que acudir a otros inversionistas o a sus g_obiernos. La Corporación Británica de Propi~tar_ios de Bonos,Extran_J 7
ros, compuesta de capitalistas privados, determinaba avaluo crediticio de los prestatarios en Londres. El gobierno frances empl aba co7
mo arma al mercado de capitales de París en política extranJera. En
1906, por ejemplo, se negó a permitir que el estado de Sao Paulo lanzara una emisión de bonos en París porque se oponía al esquema de
valorización del café que supuestamente respaldarían los bonos. El gobierno alemán actuó de manera parecida.

e!

Además de amenazar con la pérdida de crédito, las compañías extranjeras amagaban ocasionalmente con solicitar una invasión por parte
de las fuerzas armadas de su país natal. La mayoría de las veces, lo
que los inversionistas extranjeros consideraran acerca ?e la.capacidad
crediticia de Brasil era un medio más importante para mflmr en el gobierno que la intervención directa de potencias extranjeras. Los productores europeos y norteamericanos también presionaban a sus gobiernos para que negociaran favores comerciales mediante convenios
mercantiles. En estos casos, los europeos y norteamericanos se encontraban en una posición superior a la de sus contrapartes brasileños.

139

ORGANIZACIONES
La política pública estaba influida por actividades de lobbies, tanto
por parte de grupos como de individuos y compañías. Sin embargo,
los lazos entre los administradores del estado y los diversos grupos eran
sorprendentemente débiles. Si como se ha afirmado, Brasil er~ una sociedad coporativa, la identidad estaba basada en la pertenencia a una
familia o un clan, más que en la afiliación a instituciones más formales. Organizaciones que eran poderosas e influyentes en otras regiones
de América Latina, como los masones y la iglesia católica, o clubes
sociales como el Jockey Club, parecen haber tenido poca voz en cuestiones públicas durante la Primera República. Love y Barickman afirman que, si bien el 40% de su muestra tenían familiares en la misma
élite, sólo una quinta parte pertenecía a los principales clubes sociales,
y apenas el 5% llegó a desempeñ.ar cargos en asociaciones agrícolas,
comerciales o de abogados36 •
Las asociaciones comerciales tendían a desempeñar un papel secundarío en cuanto a influir en la política de gobierno, aunque su importancia creció con el tiempo. La República heredó muy pocas asociaciones mercantiles del Imperio. No existió ninguna agrupación agrícola nacional hasta que se formó la Sociedad Agrícola Nacional en 1897.
Las sociedades agrícolas regionales que existieron antes de 1889 casi
se habían limitado a divulgar información técnica. Del mismo modo,
los industriales tampoco habían tenido representación política: la Sociedad Auxiliadora de la Industria Nacional, fundada por Pedro I en 1828,
se interesaba sólo en técnicas agrícolas. Las asociaciones de comerciantes
de las ciudades principales ejercían una influencia considerable, pero
también carecían de coordinación nacional y quedaban parcialmente
neutralizadas por el hecho de que muchos de sus miembros eran
extranjeros37 •
La debilidad de las asociaciones mercantiles incluso después de comenzar el siglo puede atribuirse a diversas causas. En primer lugar,
la lealtad personal y familiar, y el depender de ella para presionar, socavó los esfuerzos por institucionalizar los distintos sectores económicos. Segundo, el sistema político oligárquico, sin partidos nacionales
ni elecciones honestas, disminuyó la probabilidad de que el intercambio de los votos de la élite por favores gubernamentales se hiciera efectivo. Tercero, la diversidad regional del país y la falta de un sistema
de mercado unificado retardaron la formación de grupos de producción. Los problemas enfrentados por los capitalistas en una región del
país eran distintos de los que había en otras áreas. Por otra parte, como se había dado poca integración económica antes de la Primera Gue-

�140

Siglo XIX

rra Mundial, parecía haber escasa necesidad de coordinar a los productores a nivel nacional.
Por último, la misma composición de la élite económica, formada
por personas cuyos intereses comerciales estaban altamente diversificados, impedía cualquier colaboración estructural verdadera. Las asociaciones marcantiles reflejaban esta situación. La Asociación Comercial de Sao Paulo, compuesta en gran medida por comerciantes, también repres~ntaba a los•industriales. Tanto en Rio de Janeiro como en
Sao Paulo existían centros comerciales e industriales integrados. Minas Gerais auspició una convención aún más extensiva, la Conferencia
de Agricultura, Industria y Comercio. Agrupaciones tan amorfas embotaban la habilidad de las organizaciones para referirse a asuntos específicos. A menudo se expresaban como representantes de las clases
conservadoras, es decir, de la clase capitalista, más bien que como agentes de sectores particulares.
Después del fin de siglo, aparecieron organizaciones funcionalmente
más diferenciadas, como reflejo de la creciente complejidad de la economía. En 1902 se formó el Centro Industrial Brasileño, y en 1912 se
creó la Federación de Asociaciones Comerciales. A nivel estatal y local, también aparecieron nuevas y más específicas asociaciones
comerciales.
La presencia extranjera dentro de la élite económica socavaba aún
más la eficacia de los esfuerzos por asociarse, tanto en la industria como en el comercio. Seis de las ocho organizaciones patronales que respondieron a un cuestionario en el censo de 1920, tenían más del 80%
de miembros extranjeros. Estos extranjeros, sin importar cuán ricos
fueran, no podían desempeñar cargos públicos. Peor aún, el público
en general no los consideraba (y por extensión, tampoco a sus asociaciones) interesados en el bienestar de la nación38 •
Por último, la falta de oposición organizada por parte de las otras
clases, en especial antes de la Primera Guerra Mundial, eliminó un incentivo para que la élite económica se organizara. En las décadas de
1910 y 1920, cuando los sindícatos y grupos reformadores de la clase
media se volvieron más exigentes, las asociaciones patronales respondieron mostrándose más activas.
A pesar de estas debilidades, las asociaciones comerciales sí influyeron en la política gubernamental. En ocasiones lo lograron gracias
a las conexiones y la experiencia oficial de sus líderes. Ejemplos de tales enlaces los tenemos en Innocencio Serzedelo Correa, líder político

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

141

y fundador del Centro Industrial; Gabriel Osorio e Almeida, alto administrador también asociado con el Centro Industrial; Miguel Calmon,
ministro de estado y presidente de la Sociedad Agrícola Nacional; y Leopoldo Bulhoes, ministro de finanzas y presidente de la Asociación Comercial de Rio. Sin embargo, la mayoría de los dirigentes de las asociaciones comerciales no tenían experiencia política39•

La vitalidad de las asociaciones mercantiles derivaba en parte del
hecho de haber surgido en forma espontánea de la élite económica para promover sus intereses, de ahí que no estuvieran obligados ante el
gobierno ni ninguna otra entidad40• De hecho, algunas realizaban funciones bajo la supervisión del gobierno, como recolección de datos, promoción del comercio exterior, supervisión de mercados de valores y
otras. No obstante, su impacto verdadero sobre política gubernamental estaba en los dominios de los aranceles, la política monetaria y los
impuestos.
La mayoría de las asociaciones comerciales presionaba intensamente
para conseguir aranceles que beneficiaran a sus miembros. Entraron
a formar parte de comisiones especiales de gobierno encargadas de estudiar aranceles, donde los hombres de negocios representaban mucho
peso por sus conocimientos especializados en comercio.

Las asociaciones comerciales en las provincias cafetaleras también
desempeñaron un papel importante en los programas de apoyo al precio de café conocidos como "valorizaciones". Durante la primera valorización (1906), dichas asociaciones promovieron la venta de excedentes en Europa. En la segunda (1917), aconsejaron al gobierno sobre la cantidad y momento adecuado para efectuar las compras. Su
participación se institucionalizó en el tercer programa de valorización
(1925), cuando se designó a miembros de las asociaciones comerciales
para formar parte de los consejos provinciales que supervisaron el programa en Sao Paulo y Minas Gerais. Asimismo, algunos grupos de comerciantes privados intentaron: establecer monopolios en el azúcar, el
caucho y el arroz con el objeto de elevar sus precios, pero sólo en el
caso del arroz en Rio Grande do Sul hubo participación gubernamental, y sólo allí lograron cierto éxito los monopolistas41 •
Las asociaciones agrícolas también ejecutaron papeles semioficiales. Grupos tales como la Sociedad Nacional de Agricultura reunían datos económicos, popularizaron nuevas técnicas de producción
Y promovieron la selección de semilla y ganado reproductor mejorados. Influyeron para la creación del ministerio de agri~ultura, mismo que más tarde ayudarían a dotar de personal. Las asociaciones agrí-

�142

Siglo XIX

colas también tenían voz en los programas de valorización del café.
Las asociaciones industriales realizaban funciones similares. En
1907 el Centro Industrial ejecutó el primer censo industrial de Brasil,
para proporcionar al gobierno información más precisa sobre este sector y demostrar su propia importancia. La influencia de los industriales se dejó sentir más en las comisiones arancelarias del gobierno, donde con frecuencia lograban derechos de importación proteccionistas por
medio de presiones.
A pesar de estas funciones semipúblicas que emprendieron las asociaciones comerciales después de comienzos de siglo, las organizaciones mercantiles siguieron guardando diferencias respecto al estado. Tan
era así, que los primeros esfuerzos estatales por organizar al sector privado en cooperativas y sindicatos fracasaron. No fue sino hasta 1923
que surgió el primer organismo verdaderamente corporatista; el gobierno creó el Consejo Nacional de Industria y Comercio para reunir a
los funcionarios y representantes ministeriales de las asociaciones comerciales, financieras e industriales. Sin embargo, este consejo recibió
poca autoridad y reservas, por lo que no tuvo impacto en la vida nacional. Al mismo tiempo, el gobierno federal creó el Consejo Laboral
Nacional para reconciliar los intereses del capital y la mano de obra.
Tampoco tuvo mucho éxito.
¿QUIEN GOBERNABA?
Se ha sugerido que una de las razones principales por las que Brasil
no pudo formar organizaciones sectoriales o de clase, políticamente poderosas y definídas, fue la hegemonía de la élite exportadora. Todo
mundo: industriales, comerciantes, banqueros y ministros de hacienda, reconocían la preponderancia de las exportaciones y lo necesarias
que eran las entradas por concepto de las mismas para impulsar la economía. Como nunca se cuestionó seriamente al modelo exportador, no
hubo necesidad de crear organizaciones defensivas.
Este punto de vista ha desatado una controversia en fecha reciente. Maurico Font y Jo hemos demostrado que, en efecto, a menudo
los cultivadores de café no obtenían lo solicitado al gobierno federal
e incluso perdieron su férreo control sobre la política paulista después
de la Primera Guerra Mundial. Si bien nadie sugirió que Brasil abandonara el café, la creciente complejidad y la orientación interna de la
economía, así como las divisiones dentro de los mismos sectores azucareros y cafetalero, condujeron al conflicto.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

143

Los nuevos partidos políticos, como el Partido Democrático de Sao
Paulo, se levantaron para retar al tradicional dominio del Partido Republicano Paulista, dominado por los hacendados. Además, las exigencias de los propietarios extranjeros de bonos a menudo chocaban
con las de los hacendados. Cierto que el mercado del café continuaba
fuerte, particularmente en Sao Paulo, como sostiene Love; y que la
ideología del libre comercio conservó su hegemonía hasta la década de
los treinta. Sin embargo, la realidad detrás de los discursos reveló fisuras y conflictos mucho mayores de lo que generalmente se ha aceptado. La'sociedad civil de la Primera República, regionalmente organizada,
estaba mal equipada para organizar un medio para resolver dichas
contradicciones42•

CONCLUSION
Los miembros de la reducida clase económicamente dominante de Brasil
eran en extremo poderosos. Controlaban la mayor parte de las tierras,
capital y maquinaria de ese país; en consecuencia, tenían en sus manos
el destino de casi todos los demás brasileños. No obstante, a pesar de
su reducido número, las clases conservadoras se encontraban profundamente divididas por el alcance de sus vínculos con la economía internacional, la integración a la economía nacional, y la adopción de
métodos capitalistas. El reducido y sectorizado mercado nacional también las mantuvo separadas. La fragmentación de la clase dominante
se exacerbó aún más con la naturaleza personalista y basada en la familia del sistema político, así como la ausencia de cualquier amenaza
seria y bien organizada por parte de las clases contendientes. Debido
al carácter rural y subdesarrollado de la economía de exportación, los
ricos ejercieron su poder sobre todo en la esfera privada, al tiempo que
limitaban el poder del estado. Y por su heterogeneidad, cuando los ricos solicitaban favores políticos tendían a ejercer influencia mediante
la acción individual y no de grupo. Por lo mismo, las asociaciones mercantiles tardaron en desarrollarse. Aún así, a medida que la economía
se fue haciendo más compleja en las décadas iniciales de este siglo, y
que las clases media y obrera se fueron afirmando, el gobierno empezó
a intervenir más en las relaciones sociales y económícas. En respuesta,
las asociaciones mercantiles se volvieron más vigorosas.
No obstante, dado que la mayoría de los miembros de la clase económicamente dominante pensaba que un estado débil era lo que más
convenía a sus propios intereses, permanecieron mostrándose reacios
a infundir mucha autoridad a las organizaciones comerciales, y continuaron buscando soluciones individuales, mejor que de grupo, a sus

�144

,¡1

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-1930)

Siglo XIX

145

mas Holloway, Immigrants on the Land, (Chapel Hill: University of Soutb Carolina Press, 1980).

problemas. Cuando sobrevino la depresión de los treinta, la industrialización, la urbanización, una creciente militancia entre los trabajadores industriales, y un presidente activista se conjuntaron para expandir
la esfera de la influencia del estado durante los años de Vargas; los
hacendados, banqueros, comerciantes e industriales, se hallaron insuficientemente organizados para resistir.

9. Warren Dean, "The Green Wave of Coffee: Beginnings of Tropical Agricultura!
Research in Brazil (1885-1900)" Hispanic American Historical Review 69: 1 (febrero de 1989): 91-116. Zelia Cardoso de Mello en A metamorfose da riqueza (SP: Huicitec, 1985) demuestra que los hacendados obtuvieron cada vez mayor solvencia e
invirtieron aún más en acciones y compai\fas urbanas a partir de la década de 1870.

NOTAS

10. Barbara Weinstein, The Amazon Rubber Room, 1850-1920 (Stanford: Stanford University Press, 1983), pp. 13-25 y Roberto Santos, Historia economica da Amazonas
(SP: Thomas Queiroz, 1980), pp. 155-174.

(1

l. Utilizo el término "estado" para referirme al complejo de agencias gubernamentales federales, provinciales y locales, así como a las instituciones que controlan. Aunque
Brasil estaba dividido en 20 "estados" durante la Primera República, me refiero
a estas sub-unidades como "provincias" para evitar confusión.

2. Este reducido grupo probablemente era propietario de más de la mitad de toda la
riqueza nacional, y es probable que el escalón más alto de este grupo baya aumentado su participación en los recursos nacionales en el curso de la Primera República
debido al surgimiento de empresas capitalistas a gran escala. Mircea Buescu, Evolus:ao economica do Brasil (Río: APEC, 1979), p. 61; Edgar Carone, A República
Velba vol. 1 (SP.: DIFEL, 1970), p. 145; Ricardo Silveira, "The Distribution of
Wealth in Brasil; The Case of Río de Janeiro, 1870-1980", presentado en la Conferencia del Grupo de Historia Económica de las Universidades de California, Los
Angeles, 4 de mayo de 1985; Philippe C. Schmitter, lnterest Conflict and Political
Cbange In Brasil (Stanford: Stanford University Press, 1971), p. 31.
3. La población indígena de Brasil fue exterminada o empujada hacia la frontera en
Jugar de integrarla a la élite nacional. Véase John Hemming, Red Gold, Tbe Conquest oí Brazilian lndians, 1500-1760, (Cambridge: Harvard University Press, 1978).
4. El término "clases conservadoras" se utilizaba en esa época para descn'bir a la élite
económica.
5. La economía de Paraná estaba sólidamente basada en las exportaciones de mate,
pero su participación en la economía regional era opacada por las actividades agrícolas y ganaderas, de orientación nacional, de Río Grande do Sul.

6. Departamento General de Estatística (DGE), Anuário estatístico 1908/1912 vol. 2
(Río: Typ. da Estatística, 1916), p. 10; DGEAnuário estatístico, 1939/1940 (Río:
Typ. da Estatística, 1940), pp. 1312, 1315, 1318, 1320, 1336, 1379, 1380, 1418-1420,
1425; DGE, Recenseamento 1920, vol. 2, pt. 2, p. VIII; Robert Levine, Pernambuco in tbe Brazilian Federation, 1889-1937 (Stanford: Stanford University Press, 1978),
p. 129.
7. Véase Steven Topik, "The State's Contribution to the Development of Brazil's Interna! Economy, 1850-1930", Hispanic American Historical Review 65 (2), 1985:
203-228.
8. Es cierto que una considerable porción del ingreso de los trabajadores cafetaleros
("colonos") se presentaba en forma del uso ae una casa y el usufructo de la tierra.
Sin embargo, parece que más de una tercera parte se pagaba en moneda; véase Tho-

11. Peter Eisenberg, The Sugar lndustry of Pernambuco (Berkeley; University of California Press, 1974), pp. 201-225 y Gadiel Perruci, A república das usinas (Río: Paz
e Terra, 1978), pp. 123-127.
12. Es claro que un individuo podía ser miembro de los tres niveles. Si formaba parte
de la burguesía también era miembro de los notables locales en el municipio donde
tuviera hechas sus inversiones, asf como de los barones provinciales en esos estados.
Sin embargo, para propósitos de este análisis, se le considerará sólo como miembro
del nivel más alto al que pertenezca. Como parte de la alta burguesía, tendría acceso a muchos recursos y sus intereses serían muy diferentes a los del segmento de
la clase dominante con sólo inversiones e influencia locales.
13. Warren Dean, Tbe lndustrialization of Sao Paulo, 1880-1945 (Austin: University
of Texas Press, 1969), pp. 62-64; Francisco de Paula Mayrink Lessa, Vida e obra
so Conselbeiro Mayrink (Río: Pongetti, 1975), pp. 70, 73, 113, 117, 118, 123.

14. Diana Balmori, Stuart F. Voss y Miles Wortman, Notable Family Networks in Latín America (Chicago:Universityof Chicago Press, 1984), p. 220.

*

15. Darrell Levi, The Prados of Sao Paulo Brazil: An Elite Family and Social Cbange,
1840-1930 (Atbens Ga.: University of Georgia Press, 1987), p. 83.
16. Carone, ibid, p. 15; Thomas Holloway, Immigrants on the Land, Coffee and Society in Sao Paulo, 1886-1934 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1980),
p. 160: Robert M. Levine, Pernambuco in tbe Brazilian Federation, 1889-1937 (Stanford: Stanford University Press, 1978), p. 26; Monitor mercantil (Rio), 23 de diciembre de 1915.
17. Brazilian Review, 30dejulio de 1901, p. 548, y4deagostode 1903, p. 380;Monitor
mercantil, 23 de febrero de 1918, p. 280.
18. Ministe,rio da Viacao e Obras Públicas_, Inspectoria Federal das Estradas do Brasil,
Estatística das estradas de ferro do Brasil, 1907, pp. VII-XII y 1930, pp. 17, 18;
Wileman's Brazilian Review, 3 de diciembre de 1924, p, 1633; DGE, Anuário Bstatístico, 1908-1912, vol. 1, p. 28.
19. En 1909 el 2o/o de las transacciones del país recibieron la mitad de los préstamos
nacionales. El préstamo promedio durante esa época era de 30 000 dólares, cuando
el PIB per cápita era de unos 60 dólares. DGE, Anuário estatfstico 1908-12, vol.
2, pp. 174, 175; Industria e Comérico 31 de enero de 1919, pp. 41, 42, y 20 de abril
de 1921, pp. 30, 31; Steven Topik, "State Enterprise in a Liberal Regime: The Ban-

�,, ._
146

Siglo XIX

codo Brazil, 1905-1930" ,Journa/ of Interamerican Studies and World Affairs 22:
4 (noviembre de 1980): 409.

20. DGE, Recenseamento de 1920, vol. VIII, pt. 1, p. LXXXIV.

Q

21. Brazilian Review 30 de julio de 1901, p. 548. Secretaria da Fazenda de Sao Paulo,
Relatorio, 1927, pp. 419-421; Joseph Love, Sao Paulo in the Brazilian Federation,
1889-1937 (Staoford; Staoford Uoiversity Press, 1980), p. 43; Monitor mercantil,
23 de febrero de 1915, p. 297: Eugene Ridings, "Business, Nationally, and Dependency in Late Nineteenth Century Brazil", Journa/ of Latín American Studies, 14:
1 (1982): 96; Weinstein, Amazon Rubber,p. 145.
22. Para mayor información sobre inversión extranjera, véanse: Ana Celia Castro, As
empresas estrangeiras no Brasil, 1860-1913 (Rio de Janeiro: Zahar, 1979); Richard
Graham, Britain and tbe Onset of Moderniz.ation in Brazil, 1850-1914 (Cambridge:
At the University Press, 1968); Dudley Mayoard Phelps, Migration of Industry to
Soutb America, (NY: McGraw-Hill, 1936); J. Fred Rippy, British Investment In Latín
America (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1959); Mira Wilkios The Maturing of Multinational Business from 1914 to 1970 (Cambridge: Harvard University Press, 1974).

23. Calculado con datos del Ministerio da Viacao e Obras Públicas, lnspectoria Federal
das Estradas,Estatística das estradas de ferro, 1910, pp. VIII-XIX y 1930-31, p. 16.
24. Departamento Nacional da Estatística, Movimento bancário, 1929030 (Rio: DNE,
1931), p. 27; Wileman's Brazilian Review, JO de abril de 1930, pp. 479, 480.

25. Brazilian Review, 16 de julio de 1907, p. 822; Centro industrial do Brasil, Boletim,
1904/05, p. 368; Industria e Comérico, 30 de septiembre de 1913, s.p. Cámara de
Comercio Británica para Sao Paulo y el sur de Brasil, Report on Brazil's Trade and
lndustry in 1918, (SP; BCCSPSB, 1919), pp. 23, 56, 57; DGE, Recenseamento 1920,
vol. 2, pt. 2, p. LIVy vol. 5, pt. 3, p. XIV; Warren Dean, "A industrializar,:ao durante a República Velha" en Boris Fausto, ed. Historia Geral. da civilizafao brasileira, vol. 8 (SP: DIFEL, 1975), pp. 260-62; Centro Industrial do Brasil, O Brasil:
suas riquezas naturais; suas indústrias; vol. 3 (Rio: lmpressores M. Orosco e Co.
1907), pp. 260, 261; Annibal Villela y Wilson Suzigao, Politica do governo e crescimento da economía brasileira, 1889-1945 (Rio: WEA/INPES, 1973), p. 370.

26. Véase Steven Topilc, The Political Economy of the Brazilian State, 1889-1930 (Austin: University of Texas Press, 1987).
27. Véase Víctor Nunes Leal, Coronelismo, voto e enxada (SP: Editora Alpha Omega,
1975).
28. Véase Linda Lewin, Politics and Parentela in Paraiba (Princeton: Princeton University Press, 1987), pp. 74-80, y Barbara Weinstein, "Brazilian Regionalism", Latín American Researcb Review, vol. 17, n. 2 (1982): 262-276.
29. Virgilio Correa Filho, Joaquim Murtinho (Rio: Departamento de lmprensa Nacional, 1951).
30. Joseph L. Love y Bert J. Barickmao, "Regional Elites" en Michael L. Conoiff y
Frank D. McCann, eds., Modern Brazil: Elites and Masses in Historical Perspective (Liocoln: University of Nebraska Press, 1989), pp. 7, 18.

Topik: Burguesía y estado en Brasil (1889-/930)

147

31. J. W. F. Rowe, Studies in the Artificial Control of Raw Materials: Brazilian Coffee. (London: 1932), p. 28.

32. Frank Roger Colson, "Economy and Society in a Revolution Polity, Brazil
1750-1894", tesis doctoral, Princeton University, 1979.
33. Jorge Amado ilustró el patrón típico con su personaje ficticio Mundinho en la novela Gabriela, Cinnamon and C/oves. Mundinho apela a su hermano, senador por
Sao Paulo, para asegurar dineros federales con el fin de mejorar las obras portuarias de llheus. Para estudios de caso, véanse Lewin, Politics and Parentela, y Eul
Soo Paog, Babia in the First Brazilian Republic. (Gainsville: University Presses of
Florida, 1979).

34. Véase, por ejemplo, Charles Gauld, The Last Titan: Percival Farquhar, American

Entrepreneur in Latín America (Stanford: lnstitute of Hispanic-American and LusoBraziliao Studies, 1964), p. 167.

35. lbid, p. 297.
36. Love y Barickman, "Regional Elites", p. 7.
37. Eugene Ridings, "Class Sector Unity in an Export Economy: The Case of Nioeteenth Century Brazil". Hispanic American Historical Review 58, no. 3 (agosto de
1978): 435-44, passim; y "Business, Nationality, Dependency", p. 96.
38. Micbael L. Conniff, Urban Politics in Brazil: The Rise of Populism, 1925-1945 (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 1981). pp. 37-41.
39. Joseph Love, "Um segmento da elite política em perspectiva comparada", en A revolufaO do 30 (Brasilia: Universidade Federal da Brasilia, 1982), pp. 84-85; Edgard
Carone. O Centro Industrial do Brasil (Rio: Editora Catedra, 1978), pp. 171-2; E.
Barros, Associafao Comercial no Jmpério e na República (Rio: Gráfica Olimpica,
1975), pp. 177-8.

40. Sin embargo, algunas asociaciones se iniciaron con ayuda del gobierno y recibían
pequeños subsidios ya bien entrado este siglo.

41. Véase Joan Lamayso Bak, ''Sorne Antecedents of Corporatism: State Economic lntervention and Rural Organization in Brazil", tesis doctoral, Universidad de Yale,
1977, pp. 101-117. En general, el estado apoyaba los esfuerzos por elevar el precio
de las exportaciones agrícolas, pero ignoraba los cárteles industriales de tales productos como cerillos y cigarros destinados al mercado interno.

42. Topik, "State's Contribution to the lnternal Economy" y The Political Economy
of the Brazilian State; Mauricio Font, "Coffee Planters, Politics and Development
in Brazil", Latín American Research Review (LARR) 22: 3 (1987): 69-90, y "Perspectives on Social Change and Development in ~ao Paulo: A Reply" en LARR 24:
3 (1989) y Joseph Love, "Of Planters, Politics and Development in Brazil: A Comment on Mauricio Font's Analysis" LARR 24: 3 (1989): 127-135 y Love, "Um segmento da elite".

�Producción Capitalista y Articulación del
Empresariado en Monterrey (1890-191 O)
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Mario Cerutti *

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Para 1910 estaba estructurado en Monterrey, ya, uno de los sectores
más modernizantes de la burguesía mexicana en consolidación.
El término modernizante guarda aquí un doble significado: por un
lado, implica que esta fracción regional de clase aparecía entonces como fuertemente interesada en el desarrollo de la producción capitalista; por otro, ese interés operaba centralmente en el ámbito industrial,
e involucraba en buena medida la producción fabril de bienes destinados a la producción. Actividad, esta última, difícil de detectar en otras
áreas de América Latina a comienzos del siglo, cuando las burguesías
del subcontinente impulsaban un capitalismo dedicado a abastecer de
materias primas el mercado mundial.
El caso Monterrey no fue fruto de las nuevas políticas económicas
implementadas después de la crisis de 1929. Aunque el apoyo al desenvolvimiento industrial de los años 30 y 40 (que se manifestó también
en Argentina, Brasil, Chile y otros países) benefició generosamente a
este empresariado, su conformación y capacidad económica eran ya
visibles antes de la primera guerra mundial. Su historia, que intentamos reconstruír en parte, hunde sus raíces en un prolongado tramo del
siglo XIX.

I

• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (Monterrey,
México). Versión modificada de la ponencia presentada en el IX Congreso General
de la Latin American Studies Association (Bloomington, Indiana, 1980). Incluido en
Julio Labastida {comp.), Grupos económicos y organizaciones empresariales en México, México, Alianza Editorial Mexicana / Universidad Nacional Autónoma de México, 1986.

�150

Siglo XIX

l. PRODUCCION CAPITALISTA, INDUSTRIA Y BURGUESIA

C'I,

....

En trabajos anteriores hemos sugerido que el nacimiento y consolidación del capitalismo y de la burguesía en Monterrey se efectuaron en
un proceso que, por lo menos, hay que estudiarlo desde 1850, y que
se prolongó hasta los momentos de la Revolución.
Se apuntó asimismo que entre 1850 y 1890 se protagonizó un subperíodo en el que, estrictamente, se registra una sensible acumulación
previa de capitales. Los hombres de negocios que destacan en Monterrey desde los días posteriores a la guerra con Estados Unidos concentraron fortunas cuantiosas. Lo hicieron por medio de mecanismos que
no requirieron vertebral.mente de la producción capitalista, y frecuentemente sin entrar en contacto directo con producción alguna.
Estos burgueses actuaban y se enriquecían a través del comercio
en sus más variadas formas, eran prestamistas, se apropiaban de tierras como medio de preservar sus dineros. Sólo de manera tenue, esporádica, realizaban inversiones en el sector productivo.
Nadie debe extrañarse de esto si se recuerda la inestabilidad que
ofrecían las condiciones económicas y sociopoliticas mexicanas, en un
marco en que las guerras interiores e internacionales no faltaban. Epoca en la que, en tanto, Estados Unidos pugnaba por afirmar su unidad
nacional, de la que emergería como una potencia industrial ansiosa de
entrar en vinculaciones con otras zonas de América para alimentar su
formidable desarrollo.
En este artículo sólo brindaremos limitadas referencias respecto de
la fase 1850-1890 1• Su finalidad, en cambio, es detallar el giro decisivo que entre 1890 y 1910 se manifiesta en Monterrey. Aquellos capitales previamente acumulados -sin una necesidad imperiosa de insertarse en el proceso productivo- ,aprovecharán una coyuntura signada
por factores internos y exteriores, y se volcarán masivamente, ahora
sí, a la producción. Pero a la producción capitalista.
Y lo más relevante: en la médula de este movimiento estará la inversión en el rubro industrial-fabril. Que no será exclusiva ni excluyente Oa minería asume, simultáneamente, una importancia destacable), pero que se dará con el peso suficiente para tornarse el eje de una
serie de transformaciones que ofrecerán otro resultado: la articulación
de una burguesía con base productiva regional.

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

151

En esa coyuntura de dos décadas, puente entre dos siglos, quedará
constituído el tronco histórico de lo que hoy es el influyente empresariado regiomontano. La fusión de capitales antes dispersos -que deben centralizarse ante las exigencias de las cuantiosas inversiones que
se practican- y la paralela unión de familias por medio de matrimonios, llevará a la consolidación de una red socioeconómica en la que
se introducen los antiguos burgueses. A los precursores de los lustros
críticos posteriores al conflicto con Estados Unidos se sumarán, desde
1885-90, nuevos hombres de negocios. Se constituirá entonces un espectro ampliado de grupos familiares que orientarán el desarrollo del
capitalismo en el noreste de México, y que lo usufructuarán cabalgando sobre el orden social y político del porfiriato.
De grupo social en gestación, estos antiguos burgueses se transformarían en parte de la clase burguesa mexicana. La metamorfosis
correspondería a su conversión en burgueses productivos, que les permitió dominar directamente las relaciones que se plasmaban en el nuevo proceso productivo.
Ya no serán simples intermediarios entre clases de un sistema social no capitalista, en el que el excedente debía obtenerse por las vías
del comercio o la especulación. Ahora el excedente será captado con
el control abierto del organismo productivo, al que modernizarán y
reorganizarán.

Si es factible encontrar, en el marco latinoamericano finisecular,
un ejemplo nítido del pasaje histórico que supone la transformación
de un grupo burgués en clase burguesa, es el de Monterrey. Pero lo
llamativo fue que ese salto cualitativo incluyó la industrialización, mucho antes de que algo similar ocurriese en otros países del subcontinente como tendencia básica del desarrollo capitalista.
El fenómeno emerge más signíficativo si se advierte que el núcleo
de dicha industrialización no fue la fabricación de bienes de consumo
personal, sino que el dinamismo surgió de la elaboración de bienes destinados al consumo productivo, especialmente los generados en la metalurgia pesada (que incluyó la siderurgia).
Tal vez en esta antigüedad relativa, en el hecho de haber encontrado en la industria su impulso fundamental, y dentro de la industria en
sectores de base, resida el origen histórico de la diferencia que aún parece existir entre este empresariado y otros colegas del ámbito latinoamericano. Diferencia que podría definirse en términos de una mayor
autonomía (o de una menor dependencia) frente al Estado, situación

�152

$iglo XIX

que se observó con cierta claridad durante el sexenio de Lázaro Cárdenas; también, por una más amplia capacidad de negoci~ción frent~ ~
capital extranjero, que después de 1950 pasó a predoounar en múltiples ramas de la gran industria privada de América Latina.
11,
11

11. LOS PROSPEROS AÑOS DIFICILES
La mencionada etapa de acumulación previa de capitales hizo factible
que los poderosos negociantes y terratenientes de Mont~rrey estu~eran en condiciones de destinar, en los aiios 90, una fracción sustancial
de sus fortunas a la producción industrial capitalista.
Los cuarenta aiios que transcurrieron entre 1850 y 1890 evidenciaron en general una marcada inestabilidad política y social. En ella floreció, paradójicamente, la estabilidad del embrión de la burguesía regiomontana de fines de siglo. En resumen:
1. Se registró el acercamiento de la frontera a Monterrey, consecuencia de la guerra con Estados Unidos. Este hecho implicará para
la capital de Nuevo León un readecuamiento de sus funciones con respecto a la nueva línea fronteriza. Se estrecharían y ampliarían los lazos comerciales con Estados Unidos (particularmente importante fue
el crecimiento demográfico y económico de Texas), y se produciría el
auge de una actividad inevitable de señalar y analizar: el contrabando.
2. Se protagonizaron constantemente luchas políticas nacionales
y regionales, que incluyeron los sucesos de la Reforma, la invasión francesa, la disputa entre Benito Juárez y el gobernador Santiago Vidaurri
(1855-1864) con sus secuelas, los intentos de Porfirio Díaz por alcanzar el poder y las contiendas intestinas de Nuevo León, que se extendieron hasta fines de la década de los aiios 80.
3. Acaece la guerra de Secesión norteamericana (1861-1865), de singular relevancia para la expansión elel comercio en los momentos más
antiguos de la etapa en análisis. La prosperidad de estos aiios, aunque
fugaz, debe ligarse al citado acercamiento de Monterrey a la línea de
la frontera y a la sistematización y ordenamiento que en materia política, administrativa, militar y aduanal logró imponer entonces en el escenario regional Santiago Vidaurri 2•
4. La lucha contra el rebelde indígena del norte mexicano se intensificó, especialmente desde la administración Vidaurri. El ya secular
combate se cerraría de manera más o ménos efectiva poco antes de 1880.
El proceso de acumulación de capitales y bienes en Monterrey, previo

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

153

a la industrialización, estuvo condicionado y alimentado, en buena medida, por la expulsión del aborigen semi-nómada hacia zonas occidentales del país, desalojo que se consumó en forma simultánea con el avance -desde el otro lado de la frontera- de la población de Texas. En
la medida que el indio abandonaba sus antiguos paisajes, las tierras
eran apropiadas en extensiones enormes y comenzaban a producir. Se
acentuaba, además, la protección de las zonas que ya desde antes contenían población dedicada a la agricultura y la ganadería. Las invasiones indígenas dejaron de sentirse sobre los fértiles terrenos laguneros,
desaparecieron de lo que después se convertiría en la rica área del carbón, se abrieron vastos predios de agostadero para los ganados mayor
y menor. La circulación de mercancías se agilizó y se tornó más segura, se tendieron progresivamente nuevas vías de comunicación, la fuena
de trabajo pudo transitar con menos riesgos y lo que luego serían centros mineros quedaron despejados definítivamente 3•

En este marco, la absorción centralizada de recursos monetarios,
de excedente convertido en dinero, ofreció como eje el comercio Oocal, regional e internacional), tanto en sus formas legales como en los
ámbitos más clandestinos pero visibles del contrabando.
Pero junto con ello, en un mismo movimiento, el gran comerciante se sintió capacitado para operar como prestamista a diferentes niveles, como usufructuario de la deuda estatal y de las necesidades de los
ejércitos, como concentrador de tierras en escalas considerables, como
financista de productores rurales (hecho repetido desde 1870, por ejemplo, con los agricultores algodoneros de La Laguna, en Durango y Coahuila) y de mercaderes de menor envergadura, como personaje ubicuo
y aprovechado de las modificaciones que se registraban en las políticas
aduaneras.
Su fortaleza, creciente, le permitió soportar las repetidas situaciones críticas de estas décadas difíciles. La habilidad empresaríal de estos burgueses pre industriales les señalaba lo poco fructífero que -en
este marco general- resultaría la inversión en los rubros manufacturero o minero. De allí la timidez en lo que atañe a producción fabril
que manifiestan para estos años. Sólo algunos establecimientos dedicados a la elaboración de textiles, azúcar o licores se levantan en Monterrey y sus alrededores. Un panorama radicalmente diferente
-empero- se dibujará desde 1890.

�154

Siglo XIX

III. EL CONTEXTO
Por razones de brevedad no podemos detallar en este artículo las circunstancias que -junto con lo comentado- permitieron el crecimiento del capitalismo y de la industria regiomontana entre 1890 y 1910.
Para una información más exhaustiva nos vemos obligados a remitir
a otros trabajos 4 •

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Sólo con el objetivo de ofrecer un marco mínimo, puntualizaremos algunos factores que inevitablemente deben vincularse a lo acaecido a partir de 1890:
1. La fértil coyuntura de los años 90 estuvo estrechamente vinculada con las nuevas necesidades de la economía mundial, derivadas a
su vez del alto grado del desarrollo capitalista en los países avanzados.
En el caso de Monterrey, por ejemplo, los requerimientos del noreste
fabril estadounidense jugaron un papel preponderante para el establecimiento de la metalurgia pesada, uno de los pilares de su industrialización y del auge de la minería regional.
2. Capitales previamente acumulados y relaciones económicas internacionales estimulantes confluyeron con un factor que seguramente
era imprescindible para que los antiguos burgueses arriesgaran gruesas
inversiones en el sector manufacturero: la estabilidad social y política
que impuso el porfiriato. Régimen que en Nuevo León contó con un
eficaz y lúcido delegado: el general Bernardo Reyes.
3. Una especial trascendencia asumió d tendido de los ferrocarriles. Por tres motivos primordiales: a) porque comunicaron de manera
óptima a Monterrey y su área de influencia con el noreste de Estados
Unidos, el gran mercado para su producción minero-metalúrgica; b)
porque unificaron un mercado tendencialmente nacional (o, cuando
menos, ampliamente regional, que pudo ser atendido con eficiencia por
las fábricas regiomontanas; c) porque las vías de comunicación facilitaron la llegada de la fuerza de trabajo, ya que Nuevo León carecía
de los brazos libres que solicitaban sus centros manufactureros.
Además, los ferrocarriles convirtieron a Monterrey en un sobresaliente nudo de comunicaciones y dinamizaron sus intercambios con Estados Unidos, de donde arribaron crecientemente -desde 1890- maquinaria, insumos y materia prima para sus industrias.
4. La ubicación geográfica de Monterrey, estratégica: en el seno
de una extensa región minera que fue vigorosamente vitalizada por las

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

155

plantas de fundición. Las necesidades de minerales industriales que
aumentaban en Estados Unidos (a las que se sumaron, lenta pero firmemente, las del propio mercado interior), asumieron una repercusión
visible en este proceso. Por otro lado, los establecimientos de fundición y los ferrocarriles solicitaron masivamente un mineral localizable
en la zona, especialmente en Coahuila: el carbón. Los capitales con
base en Monterrey -junto con el de origen extranjero- se lanzaron
hacia la minería en forma ostensible desde 1890.
5. Finalmente, un aspecto que es preciso remarcar. El brote fabril
de Monterrey -núcleo de su desarrollo capitalista- fue estimulado
claramente por una política gubernamental que pareció tener conciencia de la situación global. El caso regiomontano es mostrativo de cómo la acción del Estado fue históricamente importante para el surgimiento de este tipo de actividad en países que sufrían la agresiva competencia de las naciones más avanzadas. La política de Nuevo León
en este sentido, básicamente la de Bernardo Reyes, se caracterizó por
ofrecer una legislación que favorecía la instalación y/o expansión de
establecimientos manufactureros de toda índole. Favores que, por supuesto, no excluían al capital extranjero: gozó de las mismas prerrogativas que el local, y su arribo en gran escala a Monterrey es otro elemento que debe tenerse en cuenta en el análisis de la coyuntura.
Algunas cifras

El panorama económico de Monterrey, a comienzos del siglo XX, podría resumirse con los siguientes datos:
1. Se había convertido en el eje de la capacidad productiva de Nuevo
León. Su industrialización había desalojado largamente al sector agrícola del puesto de vanguardia, ocupado hasta 1885 aproximadamente.
En 1908, los valores industriales generados en el estado eran casi diez
veces mayores que los de la agricultura (41 429 116 pesos frente a
4 339 024).
2. De la producción industrial, las fábricas y talleres de Monterrey
eran el cimiento principal. De casi cuarenta millones de pesos que registró Nuevo León en 1906, treinta y seis millones se generaron en su
ciudad capital.
3. A su vez, dentro de este sector, la metalurgia pesada constituía
el elemento fundamental. De los citados treinta y seis millones mencionados (para 1906), más de veinticinco millones eran gestados por
dos grandes establecimientos fundidores de minerales. Si se sumaba lo

�156

Siglo XIX

que para esos años producía ya la Compañía Fundidora de Fierro y
Acero (siderurgia), la importancia de estas plantas sobresalía aún más
en el contexto fabril de la ciudad s.

4. La importancia de Monterrey trascendía el noreste. Estadísticas
de principios de siglo apuntan que Nuevo León era entonces el estado
que mayores valores industriales producía en el país: llegaba al 13.90/o
del total, mientras que el Distrito Federal y el estado de México computaban el 11.7 y el 11.2%, respectivamente; Veracruz producía el 10.6
y Puebla el 7.70/o 6 •

5. Monterrey era entonces, asimismo, el mayor centro metalúrgico de la nación. La explotación de fundiciones de los años 1897, 1898
y 1899 arrojó un monto de 216 007 952 pesos. De éstos Nuevo León
había brindado 50 847 178 pesos, lo que representaba el 23.5%. Sonora, en segundo término, sumó menos de veinte millones de pesos 7 •

6. El desarrollo del capitalismo en Monterrey y su zona de influencia, y el proceso de industrialización, alteraron el panorama humano
de la capital de Nuevo León. Entre 1883 y 1910 su población se incrementó en un 112%, y con cerca de 90 000 habitantes nucleaba el 24.30/o
de los habitantes del estado en vísperas de la caída de Díaz 8• En el
momento de la Revolución era la cuarta ciudad del país, y ocupaba
idéntico puesto en lo que atañe a la tasa de crecimiento anual de población (3.7) en urbes con más de 25 000 habitantes en el período
1895-1910 9 •
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7. El crecimiento humano de Monterrey no se protagonizó exclusivamente por vía vegetativa. Muy ostensibles fueron las migraciones
desde estados vecinos y cercanos. La mayoría de los llegados provenía
de San Luis Potosí, Coahuila, Durango, Tamaulipas, Zacatecas, Guanajuato y Aguascalientes. En 1900, el 33% de los habitantes de la ciudad eran migrantes de otros estados 10 •

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Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

157

No hay duda que este desplazamiento estaba al alcance de aquellos hombres. Sería dificultoso demostrar que Patricio Milmo, Valentín Rivero, José Calderón, los Zambrano, Evaristo Madero (abuelo del
jefe revolucionario) o los Hemández-Mendirichaga no eran dueños de
caudales suficientes para insertarse en actividades que, por los factores apuntados, aparecían sumamente lucrativas.
Pero lo cuantioso de las inversiones que exigía no sólo el ala más
sofisticada de la industria, sino también la minería, los transportes y
la puesta en marcha de casas bancarias, los obligó a anexar sus capitales, a asociarse. En este proceso se añadieron otros empresarios: algunos, asentados en Monterrey desde poco tiempo atrás; otros, que confluyeron hacia esta ciudad -o que retornaban, como los Maderoporque detectaron su creciente relevancia económica. Hubo asimismo
ligazones con burgueses de otras zonas de México; se hizo lugar, en
fin, al capital externo, particularmente al norteamericano.
Todo ello implicó, claro está, a hombres concretos, integrantes de
familias residentes en Monterrey. En ciertos casos, con sus jefes venidos del exterior muchas deéadas atrás: Patricio Milmo, oriundo de Irlanda y yerno del ex caudillo Santiago Vidaurri, o Valentín Rivero, español, se encontraban en ese plano. En otros, los jefes del grupo parental y sus generaciones siguientes fueron autóctonos: Evaristo Madero y Francisco Sada y Gómez son ubicables entre ellos. También se
tenían familias cuyos componentes principales mantenían su nacionalidad no mexicana, como los Hernández-Mendirichaga, españoles, y
los Ferrara, italianos.
Sin embargo, en la mayoría de los diez grupos parentales seleccionados en nuestra investigación, la base de las fortunas fue fruto de actividades y proyectos que se implementaron y crecieron económicamente
en el norte oriental de México. Sus capitales, por su historia, pueden
considerarse regionales.

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IV. LAS DIEZ FAMILIAS

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En este contexto, superficialmente presentado, los burgueses que protagonizaron la acumulación previa de las décadas anteriores a 1890 modificaron sus formas de operar. Jugando al papel de núcleo modernizante (rol que, lógicamente, correspondía a sus intereses inmediatos)
en el seno de la clase que se estructuraba en México por el mismo desarrollo del capitalismo, volcaron decididamente sus recursos en sectores productivos.

Como se resume en el cuadro 1, las familias de empresarios prominentes que se han adoptado como muestra central en la investigación respondían a los apellidos Armendaiz, Belden, Calderón, Ferrara, Garza, Hernández-Mendirichaga, Madero, Milmo, Muguerza, Rivero, Sada Muguerza y Zambrano. Parentescos y actividades muy estrechas nos sugirieron unificar los apellidos Calderón y Muguerza, por
un lado, y Sada Muguerza con Garza, por otro.
De estos diez grupos se estudiaron especialmente los miembros que
más sobresalían en los documentos de los años que corrieron entre 1880

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158

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

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159

CUADRO 1
sigue cuadro 1
LOS MAS PROMINENTES EMPRESARIOS DE LAS FAMILIAS
SELECCIONADAS (18~1905)
(muere en 1900)

Armendaiz
1

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Belden

Calderón (a)

4. Carlos
5. Francisco
6. Santiago

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hermanos

Ferrara

8. Antonio (muere en 1901)
9. Miguel -------IO. Vicente_-_____ hijos del anterior

Garza (b)

11. Isaac (marido de
Consuelo Sada
Muguerza)

HemándezMendirichaga 12. Félix Mcndirichaga
Hemández
13. Tomás Mendirichaga
Hemández
14. Mariano Hemández
Mendirichaga
15. Ricardo Hernández y
Mendirichaga
Madero
16. Evaristo
17. E r n e s t o ~
18. Evaristo
19. Francisco
20. Gustavo A. (nieto del
primero, hijo de
Francisco y hermano de
Francisco Ignacio)

Rivero

hermanos

21.
22.
23.
24.

ermanos y sobrinos
de los primeros

hijos del anterior

Daniel
.............._hermanos
Patricio (muere eg.J899)
Patricio v. ~
Sara (esposa de
"jos de Patricio
Eugenio Kelly)

27.
28.
29.
30.
31.

Valentín (muere en 1897)
Manuel G . &gt;
Ramón
hijos del anterior
Valentín
Víctor

Sada
Muguerza (b) 32. Alberto
::
33. Francisco G.
hermanos
34. Francisco Sada y Gómez
(casado con Carmen Muguerza, padre de los anteriores, fallecido en 1893)
Zambrano

y&gt;.

Milmo

Muguerza (a) 25. Francisca de Calderó~
(madre de José E.) /
hermanos
26. José A.

7. José Eulalio (hijo de José
Calderón, muerto en
1889)

y&gt;

lt!lt111, , . . . . . . . . ~

hijos del anterior

35.Adolfo&gt;
36. Eduardo
37. Emilio
hermanos
38. Ildefonso
39. Onofre
40. Eduardo A ~
41. Gregorio f'
':rijos de Eduardo
42. Onofre R. (hijo de
Onofre)

(a) Han sido seleccionados como un solo grupo familiar
(b) Figuran como grupo familiar unificado

Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León (AGENL)

•

�160

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

Siglo XIX

CUADRO 2

y 1910, con énfasis en los testimonios asentados de 1890 a 1905.
Ello obligó a poner atención sobre la labor empresarial de 42 personas, todas figuras relevantes en la industria, la minería, el comercio,
las finanzas, la producción agropecuaria y/ o los servicios. Una muestra de 42 empresarios, estimamos, resulta suficiente para observar el
comportamiento de una burguesía con base regional a fines de siglo
y en un país latinoamericano.
Estos diez grupos parentales ofrecen una excelente evidencia sobre el proceso en análisis, porque es factible evaluarlos como los más
prominentes del subperíodo 1890-1910. En más del cincuenta por ciento de los casos, además, habían destacado en la fase de acumulación
primaria de capitales (1850-1890).
Estas familias habrían sido el tronco sobre el cual se desarrolló la
burguesía regiomontana en el siglo XX, la que hoy concentra tantas
miradas por su poder económico, por su notable capacidad de expansión y por su muy comentada influencia en otros aspectos de la realidad mexicana.
En algunas familias los cuadros empresarios eran visiblemente numerosos. Resaltan los Zambrano, herederos y multiplicadores de la fortuna que en 1873 dejó Gregorio Zambrano, uno de los grandes comerciantes de las dos décadas que siguieron el cambio de frontera. Entre
padres e hijos, sumaban ocho destacados empresarios en el subperíodo investigado.

•

Grueso fue también el caudal de los Madero, aunque en este caso
no todos residían de manera permanente en Monterrey. Se ha descripto en un trabajo anterior11 las causas que habrían llevado a varios miembros de esta familia a regresar a Monterrey a principios de los años 90, cuando fundaron -junto con Adolfo Zambrano y Francisco Armendaiz- el primer banco nacido en el estado: el
Banco de Nuevo León .
V. INVERSIONES, MATRIMONIOS Y ARTICULACION
EMPRESARIAL
La modernización que se implementaba demandó la instrumentación
de métodos nuevos, tanto en la esfera de la producción como en el de
la unión de capitales. La sociedad anónima, que distribuía los riesgos
y canalizaba la centralización de capitales individuales, emergió como
un arma excelente12•

161

EMPRESAS CON CAPITAL DE 100 000 PESOS O MAS,
BAJO CONTROL O CON PARTICIPACION DE MIEMBROS DE
LAS DIEZ FAMILIAS SELECCIONADAS (1890-1905)

Empresa

Rubro

Capital (a)

Año (b)

1- Compañía de Fierro y
Acero de Monterrey, S.A.
2- Compañía Minera,
Fundidora y Afinadora
de Monterrey, S.A.
3- Banco Mercantil
de Monterrey, S.A.
4- Banco de Nuevo León,
S.A.
5- Cervecería Cuauhtémoc,
S.A.
6- Compañía Carbonífera
de Monterrey, S.A.
7- Compañía de Terrenos y
Ganados de Coahuila,
S.A.
8- Patricio Milmo
Sucesores

Industria
Minería

1O 000 000

1900

9- Patricio Milmo
e Hijos (t)
10- Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey,
S.A.
11- Francisco Armendaiz
Sucesores (fábrica
de azúcar)
12- Nuevo León Smelting and
Manufacturing Company
13- Fábrica de Hilados y
Tejidos El Porvenir
S.A. (g)

Minería
Industria

8 000 000 (e) 1903

Finanz.as

2 500 000

Finanzas

2 000 000 (d) 1902

Industria

2 000 000 (e) 1905

Minería

1000000

1902

700 000

1904

1899

Agropecuario
Venta Tierras
Comercio
Finanzas
Agropecuario
Comercio
Finanz.as
Agropecuario

628 420

1899

603 839

1895

Industria

600 000

1899

Industria

600 000

1899

Industria

500 000
más de
450 000

1890

Industria

14- Compañía Industrial de
Monterrey, S.A.
Industria
15- La Esperanza, S.A. (i)
Industria
16- Negociación Agrícola y
Ganadera de San Enrique
S.A.
Agropecuario

1898

400 000 (h) 1895
400 000
1895
360 000

1905

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Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

sigue cuadro 2

sigue cuadro 2

Empresa

Empresa

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Rubro

17- Compañía Industrial de
artefactos de metal
laminado El Barco, S.A. Industria
18- Compañía Ganadera de
Sierra Mojada, S.A.
Agropecuario
19- Fábrica de Hilados y
Tejidos La Fama de
Nuevo León, S.A. (j)
Industria
20- Compañía de Fundición
de Fierro y Manufacturen
de Monterrey, S.A
Industria
21- Compañía Minera Azteca,
S.A.
Minería
22- Compañía Ferrocarrilera
de Matehuala, S.A. (k)
Transportes
23- Compañía Ladrillera
Unión, S.A.
Industria
24- Compañía Ferrocarriles
Urbanos de Monterrey,
S.A.
Transportes
25- Compañía de Tierras
Venta Tierras
de Sonora, S.A.
Agropecuario
26- Valentín Rivero Sucesores Comercio
27- Compañía Carbonífera de
La Merced, S.A.
28- Compañía Minera de San
Pablo, S.A.
29- Reinaldo Berardi y Cía.
3~ Compañía Minera
de San Martin, S.A.
31- Fábrica de almidón
El Hércules, S.A.
32- Molinos de cilindros
de Parras, S.A. (m)
33- Compañía Minera de San
Nicolás, S.A.
34- Compañía Minera
Ocampo,S.A.
35- Compañía Minera
La Paz, S.A.
36- Compañía Minera
de Almoloya, S.A.

Capital

Año

350 000

1898

300 000

1898

270 000

1900

250 000

1898

250 000

1897

250 000

1903

180 000 (1) 1901
180 000

19()0

162 000
147 129

1904
1898

Minería

120 000

1905

Minería
Comercio

120 000
105 566

1897
1894

Minería

1901

Industria

104 000
más de
100 000

1898

Industria

100 000

1905

Minería

100 000

1891

Minería

100 000

1903

Minería

100 000

1902

Minería

100 000

1903

Rubro

37- Compañía Industrial
Jabonera de La Laguna,
S.A.
Industria
38- Compañía Metalúrgica
Minería
de Torreón, S.A.
Industria

Capital

Año

(n)

-

{ñ)

-

(a) En pesos de la época
(b) Indica el año en que fue verificada la suma seiialada
(c) El capital de esta empresa era de 600 000 pesos en 1890
(d) Esta firma inició sus operaciones en 1892 con 600 000 pesos
(e) El capital de arranque de Cervecería Cuauhtémoc fue de 150 000 pesos en
1890
(f) Antecesores de la citada más arriba. Patricio Milmo e Hijos Sucesores fue
constituida al fallecer Patricio Milmo, en 1899
(g) Fábrica instalada en Villa de Santiago
(h) Su capital era de 200 000 pesos en 1892, al comenzar a operar
(i) Ubicada en Gómez Palacio (Durango), en la zona lagunera
(j) Establecida en Santa Catarina
(k) Con asiento en Matehuala, San Luis Potosí
(1) En 1900 su capital era de 120 000 pesos
(m) Con funcionamiento en Parras, Coahuila
(n) Esta firma surge de una fusión de La Esperanza, S.A. con empresarios de
Chihuahua, entre los que sobresalían miembros de la familia Terrazas. Debido a que La Esperanza tenía en 1895 un capital de 400 000 pesos, puede
inferirse que la nueva compañía inició sus operaciones con un respaldo que
permite incluirla en esta lista, aún cuando no se verificó el monto exacto.
Según José Luis Ceceña ("La penetración extranjera y los grupos de poder
económico en el México Porfirista" , reproducido en Lecturas Universitarias,
22, UNAM, México, 1975), para fines del porfiriato la Jabonera contaba con
un capital de 6 000 000 de pesos
(ñ) Lo anterior es menester reintegrarlo con respecto a la Compañía Metalúrgica
de Torreón, S.A. de la que era presidente Ernesto Madero a principios de
siglo. Ceceiia menciona que en la década inicial de la presente centuria su
capital ascendia a 5 000 000 de pesos
Fuente principal: hbros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo León

�164

Siglo XIX

Cerutli: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

Los cuadros 2 y 3 brindan una síntesis del doble movimiento operado desde 1890, y que derivó en la fusión de capitales, en la asociación
de distintos hombres de negocios. Es perceptible que integrantes de las
diez familias investigadas estuvieron en los más importantes proyectos de
la época.

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111- - •

Desde el punto de vista del capital empleado, los datos obtenidos indican que entre 1890 y 1905 funcionaban y/o se instalaron 38 compaiiías
(en su mayoría con asiento en Monterrey) cuyas inversiones oscilaban entre los 100 000 y los 10 000 000 de pesos. Hay que aclarar que no están
comprendidas todas las firmas con respaldo de más de 100 000 pesos existentes entonces en Monterrey, sino exclusivamente aquellas en las que participaban representantes de las familias elegidas 13 •
'

165

• 16 firmas se desenvolvían en el ámbito industrial (tres de ellas eran, a
la vez, mineras).
• 12 en minería (incluyendo las tres mencionadas arriba).
• Dirigian también compaiiías fiaancieras, comerciales, agropecuarias y
dedicadas al transporte urbano y suburbano.

CUADR03

ASOCIACIONES EMPRESARIAS SELECCIONADAS. 1890-1905

Del cuadro 2 puede practicarse la siguiente subdivisión:
• Seis de las empresas allí enumeradas contaban con un capital de
I 000 000 de pesos o más.
• Una cantidad igual de firmas estaban respaldadas por capitales que oscilaban entre 500 000 y 1 000 000 de pesos.
• De las veinticuatro restantes, diez tenian más de 200 000 pesos y menos

de 500 000.
Puede ser oportuno aludir a los cambios registrados en el capital de
algunas de estas firmas, en quince años:
• La Compañía Minera Fundidora y Afinadora Monterrey, S.A. fue constituida en 1890 con un respaldo de 600 000 pesos. En 1903 fue aumentado a 8 000 00014• Es decir: esta planta dedicada a la metalurgia básica elevó su capital más de diez veces en menos de quince años.

• El Banco de Nuevo León, S.A. comenzó sus labores con un soporte
formal de 600 000 pesos, en octubre de 1892. En 1902, luego de sucesivas ampliaciones, subió su capital a 2 000 000 de pesos15 •
• La Cervecería Cuaubtémoc, S.A., orientada a la fabricación de bienes

de consumo personal y masivo, pasó de 150 000 pesos (en 1890) a
2 000 000 en 190516•
En cuanto al tipo de actividades que desempeñaban, nótese la diversificación por la que transitaban estos empresarios:

Empresa
Familias represenr.acm (a)
1- Negociación minera de San
Francisco
3 (Ar-Fer-Zb)
2- Compañía del Ferrocarril
Urbano y Local de Monterrey a
Santa Catarina
3 (Bd-HM-Rv)
3- Banco de Nuevo León, S.A.
3 (Ar-Md-Zb)
4- Compañía Minera de la Fe y
Anexas, S.A.
4 (Ar-Bd-HM-Rv)
4 (Bd-CM-Fer-Rv)
5- Compañía Minera de San Pablo
S.A.
6 (Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb)
6- Fábrica de Hilados y Tejidos La
Fama de Nuevo León, S.A.
3 (CM-HM-Rv)
7- Club Atlético Monterrey, S.A. 3 (Ar-Bd-Mm)
8- Negociación minera La Fortuna,
S.A.
4 (Fer-HM-Mm-Zb)
9- La Esperanza, S.A.
4 (Bd-CM-HM-Mm)
10- Compañía Minera El Refugio,
S.A.
3 (Fer-Mm-Zb)
11- Compañía Minera Azteca, S.A. 7 (Ar-Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb)
12- Compañía Minera Carbonato,
S.A.
7 (Ar-Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb)
13- Compañía de Baños de
Monterrey, S.A.
7 (Ar-Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv)
14- Compañía Minera La Equitativa
y Anexas, S.A.
4 (Ar-Bd-Fer-Zb)
15- Compañía Minera Maravillas y
Anexas, S.A.
5 (Ar-Bd-Fer-Rv-Zb)
16- Compañía Minera de Dolores,
S.A.
3 (Md-SMG-Zb)

Año (b)
1890
1891
1892
1893
1897
1894
1895
1895
1895
1895
1896
1897
1897
1897
1897
1897
1897

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Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

167

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sigue cuadro 3

Empresas
17- Compañía Industrial de
Monterrey, S.A.
18- Compañía Minera Norias de
Baján, S.A.
19- Compañía Minera El Carmen,
S.A.
20- Compañía Industrial de
artefactos de metal laminado El
Barco, S.A.
21- Compañía Industrial Jabonera
de La Laguna, S.A.
22-Compañía del Panteón del
Carmen, S.A.
23- Compañía Minera Mala Noche
24- Compañía de tranvías al
Oriente y Sur de Monterrey,
S.A.
25- Compañía Minera La Luz,
S.A.
26- Compañía Minera, Fundidora
y Afinadora Monterrey, S.A.
27-

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sigue cuadro 3

Familias representadas

Año

4 (Bd-CM-Fer-Mm)

1897

3 (Fer-Md-Zb)
3 (Fer-SMG-Zb)

1897
1900

5 (Ar-CM-Fer-Md-SMG)

1898

7 (Ar-Bd-CM-Fer-HM-RV-SMG)

5 (Bd-CM-HM-Md-Mm)

1898
1898/ 9

5 (Bd-CM-Fer-HM-Rv)
3 (Bd-Fer-Rv)

1899
1899

4 (Ar-HM-Rv-Zb)

1899

3 (Fer-HM-Rv)

1899

6 (Ar-Bd-Fer-HM-Mm-Zb)
6 (Ar-Bd-Fer-Md-Mm-Zb)
Banco Mercantil de Monterrey, 7 (Fer-HM-Md-Mm-Rv-SMG-Zb)
S.A.
7 (Bd-CM-Fer-HM-Mm-Rv-SMG)
Teatro Circo de Monterrey,
S.A.
4 (CM-Md-Rv-Zb)
Compañía Minera del Norte
3 (Md-SMG-Zb)
Compañía Fundidora de Fierro
y Acero de Monterrey, S.A.
Todas las Familias
Fábrica de Cartón de
4 (CM-HM-Md-Zb)
Monterrey, S.A.
Compañía Ladrillera Unión,
8 (Bcl-CM&amp;'-HMMd-Rv~-2.b)
S.A.
Compañía de Ferrocarriles
Urbanos de Monterrey, S.A. 4 (Bd-CM-HM-Rv)
Compañía Industrial
Tipográfica de Monterrey, S.A 4 (Bd-HM-Rv-SMG)
Negociación minera de Santo
3 (Ar-Fer-Zb)
Tomás de Villanueva, S.A .
Asociación Industrial Reinera,
4 (Fer-HM-Md-Rv)
S.A.
Empresa Editorial de
8 (Bcl-CM&amp;'-HMMl-Rv-SMG-Zb)
Monterrey, S.A.

1899
1900
1899
1905
1900
1900
1900
1900
1900
1900

Empresa
38- Compañía Minera El Porvenir,
S.A.
39- Compañía Minera La
Salvadora, S.A.
40- Compañía Minera Providencia
y Juárez
41- Compañía Carbonífera de
Monterrey, S.A.
42- Compañía Minera La Paz,
S.A.
43- Compañía Minera San Rafael
de Baján, S.A.
44- Compañía Ferrocarriles de
Matehuala, S.A.
45- Compañía Minera Gran Cuadra
Prodigio y Anexas de
Zacatecas, S.A.
46- Compañía Minera de San
Francisco de la Soledad, S.A.
47- Compañía Minera La Palmilla,
S.A.
48- Compañía Minera Tuxtepec,
S.A.
49- Fábrica de Vidrios y Cristales
de Monterrey, S.A.

Familias representadas

Año

4 (CM-Fer-Rv-SMG)

1901

3 (Bd-Fer-SMG)

1901

5 (CM-Fer-HM-Rv-SMG)

1901

Todas las familias

1902

4 (Ar-Fer-Rv-Zb)

1902

4 (CM-Fer-Rv-SMG)

1903

3 (Bd-HM-Mm)

1903

5 (Bd-CM-Fer-Rv-SMG)

1903

3 (Fer-Rv-SMG)

1903

5 (Ar-Bd-Fer-Md-Rv)

1903

3 (Fer-Md-Zb)

1903

Todas las familias

1904

(a) En orden alfabético, las familias Armendaiz (Ar), Belden (Bd), CalderónMuguerza (CM), Ferrara (Fer), Hernández-Mendirichaga (HM), Madero
(Md), Milmo (Mm), Rivero (Rv), Sada Muguerza-Oarza (SMG) y Zambrano
(Zb)
(b) Indica el año en que fue verificada la asociación entre miembros de las

familias mencionadas
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León.

1900
1900
1901
1901

En el cuadro 3 la lista se ha confeccionado desde el punto de vista de
la cantidad de familias que participaban en diferentes empresas:
evidencia de la asociación-articulación de esos grupos en el plano

�168

&lt;
,J

Siglo XIX

netamente econonuco. Se enumeran allí 49 sociedades con la
característica de que en todas había representantes de por lo menos
tres de las familias investigadas.

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

169

No debe exagerarse esta arista, pero sí resulta indispensable
registrarla como mecanismo complementario de articulación
socioeconómica que acompañó la centralización del capital, y la misma
estructuración de la burguesía con asiento en Monterrey.

Aquí tendríamos el siguiente resumen:
1

a:1

• Se anotaron 16 casos, entre 1890 y 1905, en los que estaban asociados
integrantes de sólo tres grupos parentales (además de otros
accionistas, por supuesto).
• Otros 14 en los que se detectó la fusión de cuatro familias.
• Siete ejemplos de articulación entre cinco de los núcleos revisados.
• Un par de compañías en las que había componentes de seis familias.
• Con miembros de siete de estos cuerpos parentales, se encontraron
5 empresas.
• En 2 firmas estaban asociados delegados de ocho familias.
• Finalmente se relevaron 3 casos de articulación total: las diez familias
estaban representadas (Compañía Fundidora de Fierro y Acero de
Monterrey, S.A., en 1900; Compañía Carbonífera de Monterrey,
S.A., en 1902; y Fábrica de Vidrios y Cristales de Monterrey, S.A.,
en 1904).

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1

En ocasiones, frecuentes, cada grupo incorporaba a más de uno
de sus integrantes. Ello multiplicaba la cantidad de representantes por
familia en las distintas sociedades anónimas: los Zambrano, o los
Madero, eran arquetípicos en este sentido. Un ejemplo: el Banco
Mercantil de Monterrey, S.A. al iniciar sus operaciones, en 1899,
mostraba entre los accionistas a la firma Sucesores de Hernández
Hermanos, pero también incluía como tenedores de acciones,
individualmente, a Tomás Mendirichaga y Mariano Hernández, del
mismo núcleo 17 •
En el cuadro 3 se mencionan, tan sólo, las asociaciones directas
entre empresarios prominentes. Sin embargo, no había varones
únicamente en estos conjuntos parentales conformados en torno a un
apellido. Deben contarse, paralelamente, las mujeres. Que aún cuando
no integraban los elencos empresarios, hay que situarlas en una segunda
faceta que coadyuvó al entrelazamiento de la burguesía regiomontana
en los años analizados: la de los matrimonios.

En ocasiones, la articulación vía casamiento se materializaba a
través de una tercera familia, también destacada, que no se encuentra
entre las seleccionadas en nuestra investigación: los González Treviño
encajan en ese esquema por su elevado nivel social, por el grueso número
de hermanos que constituían el grupo y por una amplia participación
en la industria, la minería, las finanzas y la propiedad de la tierra.
En el anexo se detallan referencias no excesivamente exhaustivas
sobre estas relacionés, que llevaban a que la influencia de una familia
se extendiera en las distintas empresas. En el ya citado caso del Banco
Mercantil se encontró como accionista a Francisco Madero (padre), pero
a su lado se inscribieron un cuñado suyo, Lorenzo González Treviño,
y su tío Antonio V. Hernández. La lista aumenta al anotarse que
figuraban asimismo otros dos González Treviño, hermanos de Lorenzo:
uno de ellos era, a su vez, marido de una Sada Muguerza. La espiral
continuaría si se prosiguen indagando interrelaciones en este nivel.
El empresariado regiomontano en constitución se asociaba
repetidamente y de múltiples maneras: protagonizaba así un proceso
inevitable ante el monto y características de las inversiones que debían
implementarse para dinamizar formas capitalistas de producción en
torno a la industria, la minería, la modernización financiera.
En un momento histórico en que los países avanzados transitaban
ya la fase monopólica del capital, y estructuraban compañías de ingente
capacidad económica y sofisticado nivel técnico, resultaba
imprescindible operar en términos similares en ciertos ramos de la
producción.
Estos entrelazamientos empresariales se vieron estimulados por la
favorable coyuntura que arrancó en 1890, alimentada por la economía
mundial, por la dimensión lograda ya por el desarrollo del capitalismo
y del mercado interior en México, y por el amparo que brindaban en
materia sociopolítica Porfirio Díaz y -a nivel regional- Bernardo
Reyes.
En la mayoría de los casos revisados, los grupos familiares
seleccionados junto a otros también locales (sensible participación
mantenían en la esfera económica personajes como Antonio V.

�170

Siglo XIX

Hernández, el general Gerónimo Treviño, Juan Weber, los hermanos
Maiz, y las familias Dresel, Cantú Treviño, Tárnava, Berardi, Villarreal
y González Treviño) trabajaban con notoria hegemonía en estas
asociaciones.
Empero no era raro detectar firmas en las que se permitía el ingreso
de empresarios poderosos de otras regiones de México. En el ya
mencionado ejemplo del Banco Mercantil un importante accionista era
Enrique C. Cree!, miembro del sólido grupo de los Terrazas de
Chihuahua y ministro de Porfirio Díaz en los años iniciales del siglo
XX. Cree!, a quien solía representar Antonio V. Hernández, integró
compañías como la Carbonifera de Monterrey, S.A., fundada en
190218• Joaquín Casasús, figura relevante de los negocios en México,
y José Negrete, con residencia en Saltillo, eran otros destacados socios
de los regiomontanos.
En oportunidades, las nuevas y grandes inversiones demandaban
la vinculación con hombres de negocios abiertamente representantes
del capital externo. Una muestra sobresaliente en este aspecto fue la
Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A., cuya
escritura de fundacrón fue rubricada el 5 de mayo de 1900. La firma
se puso en marcha con un capital de 10 000 000 de pesos (alrededor
de 5 000 000 de dólares), suma que requirió la anexión de recursos existentes más allá del ámbito regional e inclusive del nacional.
No puede extrañarnos que en este proyecto ingresaran como accionistas los apellidos Armendaiz, Belden, Calderón-Muguerza, Ferrara, Hernández-Mendirichaga, Madero, Milmo-Kelly, Rivero, Sada
Muguerza-Garza y Zambrano (nuestros diez grupos), sino también
Maiz, Tárnava, Bortoni, González Treviño, Dresel, Villarreal, Cantú
Treviño. Al lado de ellos, Tomás Braniff, norteamericano; los franceses Leon Signoret y Leon Honnorat; y el español Antonio Basagoití.
Tanto el estadounidense Braniff como los franceses sostenían una enorme actividad en México, y eran paralelamente muy buenos amigos de
personajes eminentes ligados al gobierno de Porfirio Díaz19•

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

171

En las firmas allí agrupadas se detectan inversiones en la industria
de bienes de consumo personal, en la industria de bienes de consumo
productivo, en minería, en transportes de pasajeros y carga para distancias cortas, en bancos, en comercio, en el ramo agropecuario y en
servicios complementarios.
Sociedades como la Compañía del Panteón del Carmen, S.A., el
Club Atlético Monterrey, S.A., el Teatro Circo de Monterrey, S.A.
y la Empresa Editorial de Monterrey, S.A. (entre cuyas tareas se incluía la edición de un periódico) indican hasta qué punto llegaba la multiplicidad de iniciativas que recorrían estos miembros de la burguesía
regiomontana.
CUADR04

EMPRESAS POR AREA DE ACTIVIDAD EN LAS QUE SE VERIFICO
LA PARTICIPACION DE MIEMBROS DE LAS FAMILIAS
SELECCIONADAS (1890-1905)

Rubro
Minería
Industria
Agropecuario
Varios (finanzas, comercio, transportes,
servicios)
Total por actividades
Total de empresas

Cantidad de empresas
170
40

19
43

272 (a)
262 (a)

(a) La diferencias entre ambas cifras deriva de que en algunos casos ciertas
compañías actuaban en actividades diferentes (minería e industria, por
ejemplo)
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León

VI. DIVERSIFICACION EMPRESARIAL
Los cuadros 2 y 3 ofrecen un matiz común: la muy sensible diversificación de la inversión que los empresarios de Monterrey se anímaron a
concretar noventa años atrás. Un dinamismo y una capacidad de
ramificación-expansión que no parece ser exclusiva, pues, de las actuales generaciones.

La dimensión del desenvolvimiento alcanzado desde 1890 es perceptible en el cuadro 4. Se enumeran por áreas fundamentales de actividad todas las firmas en las que fue verificada la participación de uno
o más miembros de los diez grupos parentales seleccionados. El total
de empresas fichadas llega a 262, entre 1890 y 1905, teniendo presente
que varias de aquellas laboraban en actividades dobles (mineras e in-

..

�172

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

dustriales, o comerciales y agropecuarias, a la vez).
CUADROS

..

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Desde el punto de vista cuantitativo había un predominio del rubro minero: los componentes de la burguesía regiomontana en consolidación que hemos estudiado tenían vinculación con 170 compañías
del ramo, lo que no deja de ser impresionante. Frecuentemente, la inversión no resultaba demasiado elevada en este sector: firmas que operaban con capitales iniciales que iban de 10 000 a 50 000 pesos se repetían. Claro que, ya se vio, un buen número de empresas mineras estaban por encima de los 100 000 pesos, situación que se reiteraba con
las fabriles.
Pero eran las grandes fundiciones las que fusionaban ambas actividades, y que estaban a la cabeza de las inversiones practicadas en Monterrey. La importancia de estas empresas en el crecimiento industrial
de la ciudad y en el desarrollo del capitalismo en el norte mexicano
no puede dejar de destacarse; requirieron la tecnologia más avanzada,
produjeron para los mercados externo e interno Oa Fundidora de Fierro y Acero), incentivaron la explotación minera no sólo en el norte
sino también en otros puntos del país, demandaron el perfeccionamiento
de los sistemas regionales de transporte, solicitaron grandes contingentes
de fuerza de trabajo, contribuyeron a aumentar la explotación de la
zona carbonífera, abastecieron a múltiples industrias medianas y menores. Esta industria pesada, además, perfiló netamente a Monterrey
en el marco latinoamericano de la época, y junto con otras plantas de
importancia algo menor (producción de vidrio, de cemento, de maquinaria en escala limitada) destacaron asimismo a la burguesía que se configuró en este ciclo de modernización productiva de principios de
siglo20 •
La diversificación de actividades se verifica también si se analiza
una familia o un empresario en particular. La nómina de empresas en
las que se desempeñaban los Madero (cuadro 5) o Francisco Armendaiz (cuadro 6), entre 1890 y 1905, sirven de muestra.
Por razones de espacio no comentaremos aquí estos casos aislados.
Pero efectuaremos un agregado: los Madero o Armendaiz eran
perfectamente representativos del funcionamiento de las restantes
familias y/o empresarios.
No deja de asombrar hoy la enorme capacidad que contaban a fines
de siglo: los parientes del jefe revolucionario antiporfirista eran dueños
o estaban asociados en 58 compañías; con Armendaiz se detectó una
cifra similar.

EMPRESAS EN LAS QUE TENIAN PARTICIPACION
MIEMBROS DE LA FAMILIA MADERO (1890-1905)

Empresa

Rubro

Otra.s familias (a)

1- Compañía Minera de San
Nicolás, S.A.
Minería
Zb
2- Sociedad Minera
Consolidada de
Buenaventura de Vallecillo Minería
IAr
3- Madero y Hemández (b)
A&amp;rOil.ecuairid
4- Madero y Cía. (b)
Comercio
Industria
5- Compañía Minera de San
Pablo, S.A.
Minería
Bd-Fer-HM-Rv-Zb
6- Negociación Minera Jesús
María
Minería
Zb
7- Banco de Nuevo León, S.A Finanzas
Ar-Zb
8- Compañía Minero Franco
Mexicana
Minería
Zb
9- García Galán, soc. en
comandita
Comercio
10- Compañía Minera de
Dolores, S.A.
Minería
SMG-Zb
11- Compañía Minera Azteca,
S.A.
Minería
Ar-Bd-Fer-HM-Rv-Zb
12- Compañía de Baños de
Monterrey, S.A.
Servicios Ar-Bd-CM-Fer-HM-Rv
13- Compañía Minera
Carbonato, S.A.
Minería
Ar-Bd-Fer-HM-Rv-Zb
14- Compañía Minera del
Carmen, S.A.
Minería
~-CM-Fer-SMG
15- Compañía Industrial
Jabonera de La Laguna,
S.A. (c)
Industria Bd-CM-HM-Mm
16- Banco Mercantil de
Monterrey, S.A.
Finanzas Fer-HM-Mm-Rv-SMG-Zb
17- Ernesto Madero y Hermanos
(b)
Comercio
18- Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey, S.A Industria Todas las familias

173

�174

Siglo XIX

Ceruttí: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

sigue cuadro 5

Empresa
1

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1

a:1

19- Compañía Minera Anillo de
Hierro, S.A.
20- Compañía Minera Montaña
·de Hierro, S.A.
21- Compañía Minera de
Dolores de Guadalcazar,
S.A.
22- Compañía Minera del Norte,
S.A.
23- Fábrica de Cartón de
Monterrey, S.A.
24- Compañía Ladrillera Unión
S.A.
25- Teatro Circo de Monterrey,
S.A.
26- Compañía Minera,
Fundidora y Afinadora
Monterrey, S.A.
27- Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de
Monterrey, S.A.
28- Compañía Minera Norias de
Baján, S.A.
29- Madero y García Galán
30- Compañía Minera La
Candela, S.A.
31- Empresa Editorial de
Monterrey, S.A.
32- Compañía Minera
Zacatecas, S.A.
33- Lavandería de Vapor de
Monterrey, S.A.
34- Compañía Minera Bolívar,
S.A.
35- Asociación Industrial
Reinera, S.A. Fábrica de
cortinas y persianas
36- Compañía Minera La
Fraternal, S.A.
37- Compañía Metalúrgica de
Torreón, S.A. (d)

sigue cuadro 5

Rubro

Otras familias

Minería
Minería
Minería
Minería

SMG-Zb

Industria

CM-HM-Zb

Industria

Bd-CM-Fer-HM-Rv-SMG-Zb

Espectáculos CM-Rv-Zb

Industria
Minería
Industria
Minería
Minería
Industria

Ar-Bd-Fer-Mm-Zb
Todas las familias
Fer-Zb

Minería
Industria
Periodismo Bd-CM-Fer-HM-Rv-SMG-Zb
Minería

IFer

Industria

CM

Minería

Zb

Industria

Fer-HM-Rv

Minería
Industria
Minería

Zb

Empresa

Rubro

38- Compañía Industrial del
Norte (c)
Industria
39- Compañía Carbonífera de
Monterrey, S.A.
Minería
40- Compañía Minera Las
Higueras, S.A.
Minería
41- Compañía Minera La
Pastora, S.A.
Minería
42- Negociación minera
anónima Santa Maria de la
Paz y Anexas
Minería
43- Compañía Carbonífera de
Nuevo León, S.A.
Minería
44- Compañía Minera La
Palmilla, S.A.
Minería
45- Imprenta y Litografía El
Modelo, S.A.
Industria
46- Compañía Minera Tuxtepec
S.A.
Minería
47- Compañía de Tierras de
Tierras
Sonora, S.A.
.- .
48- Compañía de Terrenos y
Ganados de Coahuila, S.A. Tierras
49- Compañía Carbonífera de
Nuevo León y Coahuila,
S.A.
Minería
50- Compañía Carbonífera de
La Merced, S.A.
Minería
51- Compañía Minera El Roble
y Anexas, S.A.
Minería
52- Molinos de Cilindros de
Parras, S.A. (b)
Industria
53- Aguirre Hermanos, soc. en
comandita (d)
Comercio
54- Negociación Agrícola y
Ganadera de San Enrique,
A
S.A.
·~
.
55- Compañía Minera Las
Américas, S.A.
Minería
56- Compañía Industriai" de
Parras, S.A. (b)
Industria

Otras familias
Rv
Todas las familias
Zb
Fer

Bd
Ar-Bd-Fer-Rv

Fer-Zb

-

-

175

�Ccruttí: Producción capitalista y cmprcsariado en Monterrey
176

177

Siglo XIX

&lt;

CUADR06
sigue cuadro 5
EMPRESAS EN LAS QUE TENIA PARTICIPACION
FRANCISCO ARMENDAIZ. (1890-1901)

JJ
t--

Empresa

Rubro

Otras familias

57- Molinos de Cilindros de
Monterrey, S.A.
Industria
58- Compañía Litográfica y
Tipográfica El Modelo, S.A. Industria

(a) En orden alfabético, las familias Armendaiz (Ar), Belden (Bd), CalderónMuguerza (CM), Ferrara (Fer), Hernández-Mendirichaga (HM), Milmo
(Mm), Rivero (Rv), Sada Muguerza-Garza (SMG) y Zambrano (Zb).
(b) Con asiento en Parras, Coahuila

(c) Establecida en Gómez Palacio, Durango
(d) Ubicada en Torreón, Coahuila
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León.

Empresa
1- Negociación minera de San
Francisco
2- Compañía Minera de La
Paz
3- Agencia Investigadora de
propiedades mexicanas de
Texas
4- Compañía Minera de
Timulco
5- Sociedad minera Santa
Gertrudis
6- Negociación minera La
Purísima
7- Negociación minera El
Refugio
8- Sociedad minera consolidada
Buenaventura del Vallecillo
9- Compañía Minera de La Fe
y Anexas, S.A.
10- Compañía Minera La
Camarguense, S.A. (b)
11- Sociedad minera la Parreña
12- Compañía Minera del
Carmen, S.A.
13- Compañía Minera La
Reynera, S.A.
14- Compañía Anónima
Porvenir de Matehuala
15- Armendaiz y Cía.
16- Segunda Zona de Sierra
Mojada, S.A.
17- Club Atlético Monterrey,
S.A.
18- Banco de Nuevo León, S.A
19- Banco Nacional de México
(c)
20- Compañía Minera
Maravillas y Anexas, S.A.
21- Compañía Minera La
Equitativa y Anexas, S.A.

Rubro

Otras familias (a)

Minería

Fer-Zb

Minería

Fer-Zb

í

Servicios
Tierras
Minería

Zb

Minería
Minería
Minería
Minería

Md

Minería

Bd-HM-Rv

Minería
Minería

Fer

Minería

CM-Fer-MD-SMG

Minería

SMG

.

Transportes Bd
•

V

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Minería
Actividades
Finanzas

Bd-Mm
Md-Zb

Finanzas

Rv

Minería

Bd-Fer-Rv-Zb

Minería

Bd-Fer-Zb

Deportivas

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�178

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

sigue cuadro 6

Empresa

111,; , . . . . . . . . . .

179

sigue cuadro 6

Rubro

Otras familias

22- Compañía Minera Azteca,
S.A.
Minería
Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb
23- Compañía de Baños de
Monterrey, S.A.
Servicios Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv
24- Compañía Minera
Carbonato, S.A.
Minería
Bd-Fer-HM-Md-Rv-Zb
25- Compañía Minera Vulcano,
S.A.
Minería
26- Compañía Minera Nuevo
León, S.A.
Minería
27- Compañía de Tranvías de
Lerdo a Torreón
Transportes Bd
28- Compañía Minera Placeres
de Pánuco, S.A.
Minería
29- Compañía Industrial de
artefactos de metal laminado
El Barco, S.A.
Industria Bd-CM-Fer-Hm-Rv-SMG
30- Compañía de Tranvías de
Oriente y Sur de Monterrey
S.A.
Transportes HM-Rv-Zb
31- Compañía Ferrocarriles
Urbanos de Monterrey, S.A Transportes HM-Rv-Zb
32- Compañía Minera La
República, S.A.
Minería
33- Compañía Exploradora de
Minas del Parral, S.A.
Minería
34- Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de
Industria
Monterrey, S.A.
Minería
Todas las familias
35- Negociación Minera de
Santo Tomás de Villanueva.
S.A.
Minería
Fer-Zb
36- Francisco Armendaiz (d)
Comercio
37- Francisco Armendaiz (e)
Comercio
38- Compañía Minera Morelos
en Baján, S.A.
Minería
39- Compañía Minera La Luz
(Sierra Mojada)
Minería
40- Fábrica de Vidrios y
Cristales de Monterrey, S.A Industria Bd-CM-Fer-HM-Md-Rv-SMG-Zb
41- Compañía Minera,
Fundidora y Afinadora
Industria
Monterrey, S.A.
Minería
Bd-Fer-Md-Mm-Zb

Empresa

Rubro

42- Compañía Minera La Exploradora en Sierra Mojada
43- Compañía Minera La Gran
Vía
44- Compañía Minera Primera
Zona de Sierra Mojada
45- Compañía Minera la
Encantada
46- Compañía Minera La Luz
(Lampazos)
47- Compañía Minera La
Fronteriza
48- Compañía Minera Flor de
Peña
49- Compañía Minera Cerro
Colorado
50- Compañía Minera
Restauradora de Guanavecí
51- Compañía Nueva Paz y
Anexas de Matehuala
52- Compañía Minera Todos los
Santos
53- Compañía Minera Sierra de
Carmen
54- Compañía Industrial de Sa.t1
Antonio Abad (g)
55- Fábrica de Azúcar Francisco
Armendaiz
56- Fábrica de ladrillos

Otras familias

Minería
Minería
Minería
Minería
Minería
Minería
Minería
Minería

. Minería
(t)

Minería
Minería
Industria
Industria
Industria

(a) En orden alfabético, las familias Belden (Bd), Calderón-Muguerza (CM),
Ferrara (Fer), Hernández-Mendirichaga (HM), Madero (Md), Milmo (Mm),
Rivero (Rv), Sada Muguerza-Garza (SMG) y Zambrano (Zb).
(b) Esa compañía contaba entre sus accionistas al general Porfirio Díaz.
(c) Se trataba de la sucursal instalada en Monterrey.
(d) Con asiento en Monterrey.
(e) Funcionaba en Matamoros, Tamaulipas.
(t) Minera, probablemente.
(g) Con asiento en el Distrito Federal.
Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León.

�180

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

VII. RAMIFICACION REGIONAL
Hablar de Monterrey, en el subperíodo en análisis, impide constreñirse
a su estricta geografía local.
Desde la óptica del movimiento de capitales, Monterrey regionalizó
una vasta área del norte de México. El crecimiento de la producción
industrial (en la que incluimos, de manera vertebral, la metalurgia
pesada) obligó a incentivar la producción capitalista -sobre todo la
minera- en un ámbito que desbordó largamente los límites de Nuevo
León.
CUADRO 7
DATOS SOBRE LOCALIZACION REGIONAL
DE EXPLOTACIONES MINERAS (a)

De 152 empresas mineras (b), operaban en
Coahuila
Nuevo León
Zacatecas
Chihuahua
Durango
San Luis Potosí
Tamaulipas
Jalisco
Querétaro

60
52
12
9
8

5
4

39.47
34.21
7.90
5.92
5.26
3.28
menos del 3

1
1

(a) Alude a los lugares en que estaban ubicadas las minas en explotación, aún
cuando el asiento de la empresa y el origen de sus capitales fuese Monterrey
(b) La cifra indica sólo aquellas compañías a las que fue factible localizar documentalmente el lugar donde funcionaba la explotación

Fuente principal: libros de notarios del Archivo General del Estado de Nuevo
León

La minería, precisamente, fue la evidencia más relevante. En el
cuadro 7 se alude exclusivamente a iirmas cuya característica era contar
entre sus socios a alguno o algunos de los componentes de las diez
familias citadas.
De un total de 152 empresas en las que pudo comprobarse el lugar
de funcionamiento efectivo de la explotación (o sea, el punto donde

181

estaban situadas las minas, aún cuando el asiento legal y el origen de
los capitales que las impulsaban fuese Monterrey), 60 correspondían
al estado de Coahuila. Otras 52 funcionaban en Nuevo León. El resto
se dispersaba por Zacatecas, Durango, Chihuahua, San Luis Potosí,
Tamaulipas y hasta por Jalisco y Querétaro.
Este proceso de regionalización económica se dio también, aunque
con no tanta amplitud, en la industria, las finanzas, el comercio,
transportes y agro.
Patricio Milmo, en sus vastas extensiones ubicadas al norte de
Coahuila, en las que décadas atrás solía correr el indígena, explotaba
la ganadería en gran escala. Por sus latifundios los ferrocarriles no sólo
cruzaban, sino que instalaban estaciones y demandaban el carbón del
subsuelo21 •
La influencia de los capitales regiomontanos en el auge que la zona
lagunera mostró desde los afios 80 parece indudable. Ya desde la década
anterior los poderosos comerciantes de Monterrey se convirtieron en
habilitadores de los productores algodoneros, a los que proveían dinero
en efectivo y mercancías, y a los que solían obligar a entregarles las
cosechas. Patricio Milmo, los Hernández, Valentín Rivero, Armendaiz,
Evaristo Madero, los Zambrano, entre otros, participaron en esta
actividad, que en algunos casos se prolongaba a la producción misma,
a la explotación directa de tierras y de hombres.
Aquí, de paso, puede observarse el entronque directo entre la fase
de industrialización con la que hemos denominado de acumulación
previa de capitales. La regionalización que la burguesía regiomontana
y sus asociados imponen nítidamente desde 1890 se insinuaba desde
la administración de Santiago Vidaurri, cuando era el comercio -muy
especialmente- el lazo principal. Las casas mercantiles de Monterrey
extendían sus vinculaciones por una amplia geografía, conectándola
en esos afios de la acumulación previa con puertos marítimos y
fronterizos, en los que tenían sucursales. Principalmente Matamoros,
hasta 1880, y Laredo, desde la llegada del ferrocarril, fueron los puntos
de contacto con el comercio internacional, en el que intervenían estas
casas.
Lo que inició el comercio lo prosiguieron la explotación
agropecuaria, la minería, la industria y las casas bancarias. El Banco
Mercantil de Monterrey sumaba en 1908 nueve agencias en Coahuila,
tres en Tamaulipas y una en Durango, además de manejar seis en Nuevo
León, ochenta y seis coi:responsales en la república y veintiuno en

�182

Siglo XIX

Estados U nidos y Europa. El Banco de Nuevo León mantenía una
ramificación análoga22 •

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

183

dejar de recordar que los González Treviño y los Villarreal -y el
propio Gerónimo Treviño28- eran fuertes terratenientes y
mantenían vinculaciones con nuestros grupos.

VIII. BURGUESIA Y PROPIEDAD DE LA TIERRA
Al terminar esta muy somera descripción es útil hacer notar el rubro
agropecuario (cuadro 4) entre los que explotaban estos empresarios
asentados en Monterrey. Si otro dato de la realidad finisecular
regiomontana fue verificable en nuestra investigación, es el que indica
que un alto porcentaje de estas familias era, también, gran terrateniente.
Una breve muestra:
• Al fallecer en 1899, Patricio Milmo era propietario de ocho estancias,
cinco ranchos y cuatro haciendas, además de muchas decenas de miles
de hectáreas dispersas, en los estados de Nuevo León, Coahuila y
Tamaulipas23 •
• Los Madero, en 1904, integraron la Compañía de Tierras de Sonora
S.A. junto con la viuda del general Francisco Olivares. Esta sociedad
tenía bajo su control 646 000 hectáreas en distritos de Sonora. La
Compañía de terrenos y ganados de Coahuila, S.A., nacida en 1899
y constituída por varios Madero y por Lorenzo González Treviño,
contaba con 430 000 hectáreas24 •
• La familia Sada-Muguerza e Isaac Garza mantenían en
funcionamiento la Compañía Ganadera de Sierra Mojada, S.A., que
desde 1898 operaba con 160 000 hectáreas en el Bolsón de Mapimí,
en Durango25 •
• Los Hemández-Mendirichaga no solo aparecían muy vinculados por
el comercio y los préstamos a diversos productores de la zona
lagunera, sino que también adquirieron en 1886 la Hacienda de Santa
Teresa, con más de 100 000 hectáreas, para adaptarla al cultivo de
algodón26 •
• Francisco Armendaiz compró en 1897 más de 460 000 hectáreas en
el distrito de Monclova, Coahuila. Se trataba de tierras deslindadas
años antes por una compañía que tuvo como presidente al general
Gerónimo Treviño. Desde 1887, por otro lado, Armendaiz era dueñ.o
de casi 90 000 hectáreas en la municipalidad de Pueblo Nuevo,
Durango27 •
• Los ejemplos podrían continuar con los Zambrano y los Belden. Sin

El control y la creciente utilización productiva de la tierra deben
contarse entre las actividades salientes de esta burguesía con base
regional. Muchos de estos terrenos fueron adquiridos, por distintos
mecanismos, en la etapa previa a 1890, y este movimiento hay que
vincularlo a la ya mencionada acumulación primaria de capital.
La burguesía embrionaria de los añ.os inestables trasladó una
fracción de sus fortunas a la tierra. Con ello aseguraba sus caudales
en años difíciles, aún cuando no necesariamente con este paso pudiera
incrementarlos. En la medida que el mercado interior fue articulándose
de manera más sólida, que se ordenó el país en lo social, lo político
Y lo jurídico, que se instalaron vías de comunicación más eficaces y
que se mercantilizó más completamente la economía nacional, las
enormes superficies apropiadas fueron utilizadas con criterios
productivos, tanto en el rubro agropecuario como en la explotación
del subsuelo.
Pese a esta tendencia, los documentos revisados insinúan que parte
de estas posesiones rurales seguían manteniendo hacia 1900 formas
atrasadas en las relaciones de producción. Las alusiones a sirvientes
endeudados no son escasas, aún cuando también se conoce que en zonas
como la lagunera se aceleraba el empleo de fuerza de trabajo libre.
En el escenario de un sistema socioeconómico en plena
transformación, como lo era el mexicano de fines de siglo, no debe
extrañar esta aparente contradicción de empresarios que en el ámbito
urbano demandaban mano de obra libre y en el rural se negaban a
dejarla circular.
El problema básico del burgués en estas (y otras) fases es la
búsqueda de conductos que le resulten eficaces para la preservación
y ampliación de sus fortunas. En este sentido, su desempeñ.o global
es coherente, aún cuando para el historiador -más formal y por lo
tanto, en riesgo de caer en un análisis ahistórico- ello resulte poco
comprensible.

�184

Siglo XIX
Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

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IX. MONTERREY Y LAS BURGUESIAS LATINOAMERICANAS.
COMENTARIO FINAL
1. El itinerario transitado a fines de siglo por la burgesía regiomontana en consolidación parece refutar apreciaciones que analistas sociales
han volcado sobre una supuesta falta de visión o escasa aptitud empresarial de los grupos burgueses de la América Latina anterior a 1930.
Tal vez fuese menester revisar parte de esas afirmaciones: en el fondo reflejarían una especie de frustración porque en nuestro subcontinente no se habría dado el empresario dinámico, eficiente, audaz y progresista de países de Europa Occidental o de Estados Unidos.
2. Es factible comparar los mecanismos de acumulación primaria
usados en Monterrey con los que emplearon burgueses de otras regiones de México y de América Latina en el siglo XIX.
Patricio Milmo, Evaristo Madero y sus hijos, los Zambrano, los
Hernández, Valentín Rivero, entre otros, materializaron una próspera
tarea entre 1850 y 1890: su habilidad, dinamismo y eficiencia quedaron largamente demostrados por las enormes fortunas y los bienes que
habían logrado apropiarse. Desde el punto de vista burgués resulta discutible negarles capacidad.
Multiplicaron sus capitales en el comercio legal, se encontró a algunos entremezclados o acusados de practicar el contrabando, usaron
la actividad mercantil para convertirse en acreedores, controlaron desde posiciones prominentes la circulación de artículos de alta demanda,
prestaron dinero con fuertes intereses, especularon con bonos y créditos gubernamentales, se adecuaron con elasticidad a los cambios emergentes en el ámbito del poder estatal, usufructuaron sus conexiones políticas para manejar con mayor fluidez las aduanas y el tráfico internacional, adquirieron tierras en zonas de las que se iba expulsando al indígena que recorría el noreste y de las que -con las leyes de reformaentraban en el mercado, vendieron o explotaron estas tierras -y su
subsuelo- con mecanismos productivos propios de la época. Todas
estas fueron herramientas de acumulación, con sus variantes nacionales, bastante generalizadas en el subcontinente durante el siglo XIX.
3. Con excepciones no relevantes, en el período anterior al brote
industrial, los burgueses asentados en Monterrey no trasladaron sus
caudales a la producción en forma masiva, sobre todo a la producción
en gran escala que demanda e impone el capitalismo ¿Por qué? Simplemente, porque no les convenía.

185

Porque eran excelentes empresarios, en tanto individuos que controlaban con solvencia la racionalidad burguesa (que implica la racionalidad del capital, pero no necesariamente la racionalidad del modo
de producción capitalista) no se metían en negocios inconvenientes.
Con un mercado interior débil e inconexo, sin medios de transporte que ligaran eficazmente las diferentes zonas productoras y acercaran los mercados locales dispersos y los posibles nuevos mercados externos, con una inestabilidad política generalizada en el país y en las
regiones adyacentes, con una amplia superficie del territorio nacional
saliendo de o ingresando en guerras civiles e internacionales, con gruesos contingentes indígenas y con bandoleros obturando los caminos por
los que debían circular mercancías y fuerza de trabajo, con potenciales
asalariados retenidos en las haciendas o utilizados para las contiendas
militares o en las batallas contra el aborigen, y con una economía internacional que aún no alcanzaba a modelar las necesidades que surgirían con la fase monopólica del capital (especialmente en Estados Unidos), ¿cómo se iban a lanzar a invertir en la producción masiva, que
requiere mercados seguros y en expansión, comunicaciones relativamente eficientes, trabajadores que puegan migrar libre y rápidamente?.
4. Las condiciones históricas que transitaban la nación mexicana
y la economía mundial en las décadas previas a 1890 hizo operar a los
jefes de estos grupos parentales de manera parecida a la que recorrieron burgueses de otras latitudes en la fase de acumulación originaria
de capital, aquella en la que se construyen los elementos indispensables para la estructuración del sistema productivo capitalista.
En este proceso, el agente económico que llamamos burgués aprovecha parte del excedente social que llega a sus manos con un criterio
que es esencial al hombre burgués: lo dedica, centralmente, a reproducir y ampliar su fortuna, sus caudales, su capital. Es un excedente que
por el propio desarrollo económico y social aparece con las formas de
mercancía y de dinero, y con el cual se trata de obtener ganancias con
distintos mecanismos que llevan a multiplicar este capital.
Debe entenderse que aqui capital no equivale aún a relación social, en el sentido que Marx emplea cuando se refiere a la producción
capitalista. Y esto tiene coherencia: el burgués aparece antes que este
tipo de producción. Es justamente el personaje encargado de realizar
históricamente la acumulación originaria, que luego convergerá -en
coyunturas determinadas- a la producción capitalista.
5. Este burgués aún no productivo modificará sus métodos de acu-

..

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--

186

Siglo XIX

mutación cuando un nuevo marco histórico (que él mismo pudo contribuir a gestar) resulte propicio para lanzarse a la producción en escala
de mercancías. Nuevamente la razón es clara: en esta diferente actividad espera incrementar sus ganancias y reproducir de manera expansiva su capital. En Monterrey emerge esta coyuntura histórica hacia I 890.
Desde mediados de los años 80 se acentúa la estabilidad política
y se termina de imponer un orden social decididamente favorable a los
grupos dominantes; ya no quedan indios rebeldes y el bandolerismo
cesa de perturbar los caminos; a los vagos se les obliga a trabajar, y
aumenta la disposición de fuerza de trabajo libre; se instalan los ferrocarriles y transforman a Monterrey en una de las ciudades mejor comunicadas del país, especialmente con el mercado norteamericano; se
abre una ingente demanda para minerales industriales previamente
transformados en metales en el noreste de Estados Unidos; en el plano
interior circulan con mayor eficiencia las mercancías y la fuerza de trabajo; el mercado interno se diversifica y expande con la emergencia
de nuevas zonas productoras; comienza a arribar regularmente el capital extranjero; gobierna en Nuevo León un militar (el general Bernardo Reyes) que sanciona leyes favorables a la inversión fabril y que
-reproduciendo en el contexto regional las condiciones de orden del
porfirismo- asegura a la naciente clase burguesa el control de su antogonista incipiente, la naciente clase obrera.
Es decir, se articula un conjunto de circunstancias que hacen aparecer a la producción-industrial-capitalista como una actividad rentable y segura. Con la singularidad local de que este proceso se vertebra
en fuerte medida en torno a grandes establecimientos de fundición, y
ello dinamiza ostensiblemente la producción minera. Simultáneamente se requiere la puesta en marcha de bancos, una mayor eficiencia del
sistema comercial y hasta el perfeccionamiento de ciertos aspectos de
la producción rural.
6. Los Madero, los Zambrano, los Rivero, Patricio Milmo, los Hernández y otros burgueses que se fueron sumando en los años 80 (los
Armendaiz, Ferrara, Sada, Isaac Garza, Belden, Maíz, González Treviño, el general Gerónimo Treviño) se lanzaron a la inversión en ramos productivos, alterando las anteriores formas, modernizándolas.
El antiguo núcleo burgués precapitalista ya no sería exclusivamente intermediario. Para apropiarse del excedente social -excedente que se
incrementaría sensiblemente- organizó directamente el mecanismo productivo y controló abiertamente las nuevas relaciones sociales que se
gestaron en el proceso: todo ello en función de sus intereses más inmediatos y concretos que, simultáneamente, transformaba a estos bur-

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

/87

gueses de sector social en formación en clase burguesa.
7. Si adoptáramos el enfoque de aquellos analistas que insisten en
que el burgués latinoamericano fue diferente al europeonorteamericano, y que nunca pudo convertirse en empresario por "su
falta de perspectiva" (como si burgués y empresario fuesen agentes económicos que actuasen con ópticas fundamentales divergentes), seria problemático explicar y comprender lo acaecido en Monterrey desde 1890.
Sin embargo, en esta ciudad del noreste mexicano se configuró un
proceso realmente llamativo en la América Latina de fines de siglo.
Y lo protagonizaron centralmente aquellos burgueses que se enriquecieron después de 1850. Con el capital-dinero que disponían, no les fue
dificultoso integrarse y dinamizar un proceso con dos aristas
significativas:
a) el ingreso de Monterrey al capitalismo tuvo como eje la industria fabril, a diferencia de lo que entonces acaecía en la mayoría de
las regiones latinoamericanas, cuya entrada a este sistema productivo
se efectuó a partir de la producción de materias primas;
b) esa industria no sólo generaba bienes de consumo inmediato y
personal -como se manifestaba también en los pocos lugares del subcontinente que en esos años iniciaban un incipiente crecimiento
manufacturero- sino que estaba troncalmente asentada en proyectos
tales como la metalurgia pesada, la siderurgia, la producción de cierta
maquinaria y otros rubros destinados a abastecer el consumo productivo, a producir bienes para la producción.
Por supuesto que en ciertas ocasiones (aunque no tantas como puede sospecharse) trabajaban en asociación con el capital externo. Pero
esto no restó en absoluto importancia al peso que el capital de esta burguesía regional tuvo -y mantuvo- en el proceso.
8. ¿Qué había sucedido? ¿Se esfumó la falta de visión? ¿Era el regiomontano -como hoy sugiere la ideología asumida por su empresariado y por sus voceros intelectuales-, un hombre diferente, no contaminado por el mestizaje, pleno de inquietudes y de autonomia por
su calidad de individuo de frontera, dinamizado por el contacto con
el inteligente y pragmático anglosajón que reside de Texas para arriba?
Sospechamos que lo distinto fue una coyuntura histórica que se
presentó a un núcleo de hábiles empresarios situados en Monterrey y
sus alrededores. Componentes de familias que, entre sus virtudes, la

�188

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

principal era que habían logrado acumular una vasta fortuna en las
décadas anteriores.
Estos antiguos burgueses del norte mexicano no parecerían, a primera vista, radicalmente opuestos a los que se enriquecieron en el México central o en otras áreas de Latinoamérica. Diverso, en cambio,
sería el campo en el que pudieron desempeñarse.
Enmarcada en una estructura socioeconómica que estaba cambiando -la mexicana-, y articulándose con nuevos giros que se registraban en la economía mundial, la etapa 18~1910 vio asociarse a los viejos
precursores de la acumulación previa. Desde entonces, esta burguesía
con base regional asumió el dinamismo y el carácter modernizante que,
en el plano de la producción, mantiene hasta el presente.

189

• Pudenciana Madero, hermana de Francisco, era esposa de Lorenzo González Treviño, que además era socio de su suegro, Evaristo Madero (16),
desde 1865.
• Antonio V. Hernández, tío de Francisco Madero, era marido de otra González Treviño, Ana.
• Mientras, Guadalupe González Treviño se casó con Eduardo Zambrano (36).
Fueron padres de Gregorio D. Zambrano (40) y Eduardo A. Zambrano (41).
• Ildefonso Zambrano (38) fue esposo de Carlota Gutiérrez Iglesias, cuñada
de Francisco Belden (5).
• Carlos Belden (4) estuvo casado con Maria Fernández, cuñada de Valentín
Rivero y Gajá (30).
• Una hija de Valentín Rivero (27), hermana del anterior y con nombre María
Antonia, fue esposa de Tomás Mendirichaga y Hernández (13).

ANEXO

El entrelazamiento familiar del empresariado regiomontano es observable en
la descripción que sigue, aún cuando no es exhaustiva Oos números entre paréntesis aluden al cuadro 1):
• José Bulalio Calderón (7) era hijo de Francisca Muguerza (25), que fue hermana de José Muguerza (26).
• Una hermana de Francisca y José A. Muguerza, Carmen, casóse con Francisco Sada y Gómez (34). Fueron padres de Francisco G. Sada Muguerza
(33) y de Alberto Sada Muguerza (32).
• Del mismo matrimonio nacieron, entre otros, Consuelo, Concepción y Rosario Sada Muguerza.
• Consuelo Sada Muguerza fue esposa de Isaac Garza (11), y ambos progenitores de Eugenio Garza Sada.
• Concepción Sada Muguerza se unió con José González Treviño.
• Rosario Sada Muguerza tuvo como esposo a Francisco J. González, hijo de
Jesús González Treviño, hermano del arriba mencionado, y de Rosa Zambrano, hermana de los cinco empresarios que encabezan la lista de ese apellido en el cuadro l.
• Francisco Madero (19) se casó con otra González Treviño, Mercedes. De este enlace nacieron el jefe revolucionario Francisco Ignacio y Gustavo Adolfo Madero (20).

• Mariano Hernández y Mendirichaga (14) contrajo matrimonio con Mercedes Rivero y Fernández, hija de Valentín Rivero y Gajá (30) y Elisa Fernández.
Este espectro se ampliaría aún más si son insertados en el estudio otros apellidos relevantes del Monterrey finisecular, ya fuere por la importancia económicoempresarial o por el estrato social que ocupaban desde decenios atrás. Así, tendríamos matrimonios como los siguientes:
• Miguel Ferrara (9) con Refugio Bortoni.
• Carmen Ferrara, hermana de Miguel, con Vicente Bortoni.
• Sara Milmo (24), con Eugenio Kelly.
• Onofre Zambrano (39) con María de los Angeles Lafón, padres de Onofre
R. Zambrano (42).
• Elena Zambrano, de la misma familia, con Juan Clausen.
• Adolfo Zambrano (35) con Margarita Berardi.
• Carolina Madero con el licenciado ViVIano L. Villarreal, dos veces gobernador del estado de Nuevo León.
• Victoriana Madero con el doctor Melchor Villarreal, hermano de Viviano.

�190

Siglo XIX

Cerutti: Producción capitalista y empresariado en Monterrey

NOTAS
l. Es un tema que se aborda más ampliamente en Cerutti, Burguesía y capitalismo en

Monterrey (1850-1910), México, Claves Latinoamericanas, 1983.
2. Sobre la época de Vidaurri, Cerutti, Bronomia de guerra y poder regional en el siglo
XIX. Gastos militares, aduanas y romerciantes en años de Vidaum {1855-1864),
Monterrey, Archivo General del Estado de Nuevo León, 1983; también, "Economía de guerra, frontera norte y formación de capitales a mediados del siglo XIX",
en De los borbones a la revolución. Ocho estudios regionales, México, GV EditoresConsejo Mexicano de Ciencias Sociales-Universidad Autónoma de Nuevo León, 1986.
3. Sobre el problema indígena consúltese José Reséndiz, "La política de Vidaurri y
la expulsión de las tn"bus nómadas en el noreste de México", tesis de licenciatura
en Historia, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1983; también, Cerutti, Eronomia de guerra.
4. En especial, Cerutti, Burguesía y capitalismo, citado; y ''División capitalista de la
producción, industrias y mercado interior. Un estudio regional: Monterrey
(1890-1910)", en El siglo XIX en Méxiro. Cinco procesos regionales, México, Claves Latinoamericanas, 1985.

5. Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), Memorias de los gobernadores del Estado y Correspondencia del gobierno de Nuevo León con Secretaria de
Fomento.
6. La estadística es de 1902 y fue recogida por Fernando Rosenzweig en el Porfíriato.
Vida Económica, l, en el trabajo "La Industria", México, Hermes, 1974, pp. 391-2.
La obra íntegra la Historia Moderna de Méxiro, que dirigió Daniel Cosío Villegas.

1. Antonio Peñafiel, Cuadro sinóptico y estadístico de la República Mexicana, México, Oficina Tipográfica de la Secretaria de Fomento, 1901, pp. 56 y 57.
8. AGENL, Memorias de los gobernadores del Estado, censos nacionales y Correspondencia del gobierno de Nuevo León con Secretaria de Fomento.
9. La estimación la hace Femando Rosenzweig en "El desarrollo económico de México de 1877 a 1911", El Trimestre Bronómico, 121, vol. XXXII, México, julio-septiembre de 1965, p. 419.
10. Cerutti, Burguesía y capitalismo, cap. 4.
11. Sobre los Madero, Burguesía y capitalismo, cap. 2.
12. "Como el capital indispensable para nuestra empresa tenía que ser de consideración, hubimos de pensar en la organización de Compañía Anónima, forma única
de asociación de esfuerws y elementos que ha producido en la práctica resultados
fecundos": conceptos emitidos por Vicente Ferrara al solicitar exención de impuestos al gobierno del estado para la instalación de la Compañía Fundidora de Fierro
y Acero de Monterrey, S.A. el 5 de marzo de 1900. AGENL, Memoria del gobernador del estado de Nuevo León, periodo 1899-1903, II, pp. 486-9, y sección Concesiones, caja 4, expediente del 7 de abril de 1900.

191

13. A fines de siglo el dólar estadounidense equivalía aproximadamente a dos pesos mexicanos. José Luis Ceceña brinda en uno de sus trabajos la lista de 170 empresas
mayores de México en 1910-11. Cita las compañías con más de 100 000 pesos de
capital. Empero, son muy escasas las anotadas con asiento en Monterrey. Señal de
que todavía hay mucho ~ara i_nvestigar en México respecto al desarrollo del capitalismo, tema en el que la histona contemporánea de Monterrey inevitablemente debe
figurar como un punto vertebral. Ceceña, "La penetración extranjera y los grupos
de poder económico en el México Poñuista", en Lecturas Universitarias 22 México, Universidad Autónoma de México, 1975.
' '
14. AGENL, protocolos de Tomás C. Pacheco, junio de 1890, fs. 165v-168v, y junio
de 1904, fs. 456-64.
15. AGENL, protocolo de Tomás C. Pacheco, julio de 1902, fs. 657-59v. Figura en esta
escritura el incremento a dos millones de pesos.
16. AGENL, protocolos de Tomás C. Pacheco, noviembre de 1890. fs. 270v .-73, y marro
de 1905, fs. 88-91.
17. AGENL, protocolo de Francisco Pérez, noviembre de 1899, fs. 186-214.
18. AGENL, protocolo de Francisco Pérez, diciembre de 1902, fs. 191-214.
19. La escritura de constitución de esta firma está en AGENL, protocolo de Tomás C.
Pacheco, mayo de 1900, fs. 392-414.
20. Las plantas dedicadas a la metalurgia básica, la producción y/o reparación de maquinaria y la transformación de metales en bienes dedicados al consumo productivo, estuvieron entre las más estimuladas por las concesiones que el gobierno de Nuevo
León brindó a la industria desde 1889. Estas medidas eximían de impuestos comunales y estatales, de acuerdo con el monto de la inversión. Una ley de Bernardo Reyes, del 22 de noviembre de 1889, permitía declararlas de utilidad pública. Entre
1889 y 1910 el gobierno autorizó 18 concesiones a este tipo de plantas, en las que
se asociaron, en ciertos casos, los empresarios más importantes de Monterrey; en
otros como en la puesta en marcha de la Gran Fundición Nacional Mexicana (luego
American Smelting and Refining Co.) el capital era extranjero en su totalidad. Véase Cerutti, Burguesía y capitalismo y "División capitalista de la producción... ",
citados.
21. Hemos analizado la trayectoria de este acaudalado irlandés, una de cuyas hijas contrajo matrimonio con un príncipe ruso, en "Patricio Milmo, empresario regiomontano_del siglo XIX. En torno a la acumulación de capitales en Monterrey", incluido
en Ciro Cardoso (coord.), Formación y desarrollo de la burguesía en Méxie-0. Siglo
XIX. México, Siglo XXI editores, 1978.
22. Nuevo León, Reseña geográfica y estadística, París-México, Librería de la viuda de
Ch. Bouret, 1910, pp. 62 y 63.
23. El inventario de los bienes de Milmo se encuentra en AGENL protocolo de Anastasio Treviño, mayo de 1900, fs. 484-511.
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24. AGENL, protocolos de Francisc&lt;i Pérez, septiembre de 1904, fs. 289-91, y diciembre de 1904, fs. 281-86.

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192

Siglo XIX

REVOLUCION MEXICANA Y DIPLOMACIA ESPAÑOLA
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25. AGENL, protocolos de Tomás C. Pacheco, diciembre de 1898, fs. 998-1002, y de
Francisco Pérez, junio de 1902, fs. 316-19.
26. M. Hemández Mendirichaga, Notas sobre la actuación de la Sociedad Mercantil Suresores de Hernández Hermanos. Monterrey, 1885-1943, Monterrey, diciembre de
1945, pp. 5 y 6.

La Burguesía de Monterrey y los Gachupines
en el Nuevo León Radical de 1914

Osear Flores Torres *

27. AGENL, protocolos de Anastasio Treviño, marzo de 1897, fs. 119-26, y de Tomás
C. Pacheco, marzo de 1898, fs. 187-92.
28. El general Gerónimo Treviño fue un militar destacado, ocupó la gubernatura del
estado, luchó contra el indígena, fue ministro del presidente Manuel González, se
convirtió en un poderoso terrateniente y desde 1890 se asoció én numerosas empresas con la burguesía regiomontana en formación.

INTRODUCCION
La historiografía reciente ha esclarecido que el constitucionalismo en
México (1913-1920) fue radical en su política pero conservador en su
estructura. U na naciente burguesía nacional se incorporó rápidamente
a la revolución para eliminar una serie de obstáculos en su camino a
la obtención del poder. El acceso a esto último y a las fortunas personales fue resultado de este largo proceso.
La llegada de los carrancistas en abril de 1914 al centro tradicional
de irradiación de poder en el estado de Nuevo León -la ciudad de
Monterrey-, evidenció el vasto abismo entre aquella ideología radical
y la factibilidad de sostener la práctica constitucionalista. Si bien el radicalismo del primer gobernador preconstitucional -Antonio l.
Villarreal- lo llevó a insospechados extremos como lo fueron la expropiación de grandes empresas regiomontanas -Cervecería Cuauhtémoc y Cementos Hidalgo, entre otras-, el fracaso general a fines
de 1914 de las autoridades militares en Nuevo León, respondió esencialmente a la incapacidad de los programas constitucionalistas para
plasmar la regeneración social y económica.
A pesar de que las autoridades carrancistas controlaron relativamente el estado entre abril y diciembre de 1914 -ya que no enfrentaron en este lapso algún grupo militar de consideración-, la sociedad
local mostró una clara antipatía por su política radical y creó serias
dificultades para la consolidación de una autoridad política efectiva.

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• Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Nuevo León (Monterrey,
México). Capítulo de la tesis doctoral que el autor prepara en la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del profesor Alberto Gil Novales.

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Sígk, XIX

La depresión de la economía local y la escasez de recursos para
el sostenimiento de los programas, desfondó dramáticamente al primer gobierno preconstitucional.
Los enemigos políticos aumentaron conforme se implantó la ideología radical revolucionaria. La política anticlerical 1, el desamparo del
movimiento obrero 2, y la incautación de los bienes inmuebles y de
producción de que fueron objeto los terratenientes y la burguesía regiomontanos, minaron la popularidad, en Nuevo León del carrancismo en su infancia. Aunque ese radicalismo se atenuó a partir de mayo
de 1915 (al evacuar Monterrey las tropas villistas -estacionadas desde
el mes de enero- y entrar de nuevo el ejército constitucionalista) no
dejó de marcar el tono y el tenor del gobierno carrancista.
El vacío de poder político con el que se enfrentó Antonio l. Villarreal lo obligó a nombrar y destituir autoridades municipales. El poder dictatorial del Ejecutivo excluyó, en la mayoría de los casos, laposibilidad de celebrar elecciones municipales.
Además, la autonomía municipal estuvo sometida a violación directa por las autoridades militares locales, regularmente interventores.
El abuso de poder de los jefes militares hostilizó en gran medida el derecho ciudadano. La detención y encarcelamiento sin previo juicio al
que se vio sometido todo civil sospechoso, y la confiscación de bienes
y mercancías privadas, especialmente las de los españoles, se volvió una
práctica común. La política radical se convirtió en una política rapaz.
Hay pues, pruebas suficientes en áreas específicas de la política carrancista en Nuevo León -y en particular en Monterrey-, paramostrar su poco acierto para atraer u obligar a los nuevoleoneses -en especial a la burguesía citadina- a aceptar el constitucionalismo radical.
LA OBRA SANA Y REGENERADORA DE LA

CONFISCACION REVOLUCIONARIA
La incautación de los templos católicos en el norte de México fue sólo
el inicio de una represión con caracteres más amplios, desatada antes
de la derrota definitiva del ejército federal y el derrocamiento de Victoriano Huerta, en julio de 1914, por las tropas constitucionalistas.
De hecho el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, se encargó de dar unidad y coherencia a los diferentes
decretos, leyes y circulares que emanaron desde su levantamiento a principios de 1913. El futuro encargado del Poder Ejecutivo siempre cuidó

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

195

de guardar la forma y el contenido legal del movimiento.
En 1914 definió los mecanismos para ejecutar su decreto número

5, de mayo de 1913 -expedido en Piedras Negras, Coahuila- con el
fin de aplicar la ley Juárez del 25 de enero de 1862 (la cual descargaba
todo el peso contra los sostenedores del segundo imperio) y juzgar al
general "Victoriano Huerta y demás cómplices sostenedores de la usurpación", a quienes debían hacerse efectivas las penas corporales
correspondientes 3 •
El nuevo proyecto de ley sobre consfiscaciones de bienes contra
los representantes del gobierno espurio, dictaba "leyes de inmediata
ejecución para restablecer el equilibrio económico-social, roto por aquel
ususrpador" y dar así paso al " próximo funcionamiento de un régimen constitucionalista". Es que la revolución triunfante tenía como
"causa principal el hambre de justicia y tierra de las clases menesterosas oprimidas y sistemáticamente despojadas por las clases
privilegiadas" 4 •
Este proyecto jurídico aplicable en todos aquellos dominios arrancados por la revolución al ejército del antiguo régimen, definía claramente a los responsables de atentados contra la Nación, hacia quienes
blandió la espada de Damocles:
...el Grupo llamado de los científicos, los grandes capitalistas y terratenientes que aprovecharon subrepticiamente y ostensiblemente influencias políticas; los principales miembros del clero y el Partido
Católico 5; y los principales miembros del Ejército Federal ... 6•

Por lo tanto quedaban comprendidas las confiscaciones de sus bienes
muebles o inmuebles, especialmente aquellas
. ..grandes extensiones de tierra semi-cultivadas o casi incultas que se
habían formado en los últimos treinta años a la sombra de escandalosos fraudes fiscales, al amparo de leyes de baldíos, de denuncias
de bienes mostrencos, de venta de bienes nacionales o en cualquier
otra forma de fraude contra el Erario o contra los bienes de los particulares o pueblos sojuzgados y atemorizados, para poder despojarlos de sus ejidos, fundos legales, bienes de común repartimiento o
ya repartidos 7 •

El eje del complejo aparato creado para el sometimiento de los reaccionarios en Nuevo León fue la "Oficina de Intervención y Decomisación de Fincas", que empezó a funcionar desde el primero de mayo
de 1914: logró tener bajo su cargo, solamente en Monterrey y para el

�196

Siglo XIX

día último del año, la administración de más de setenta fincas urbanas, el Teatro Independencia y la Administración de Correos 8•
Los interventores constitucionalistas cubrieron rápidamente el mapa
político del estado al enquistarse, y vivir al estilo y con lujos porfirianos, en las haciendas incautadas a los enemigos de la causa. En el municipio de Linares, al sur de la capital, el aparato estatal capturó un
sinnúmero de haciendas y ranchos, la planta de luz eléctrica y fuerza
motriz de ta ciudad, y la única fábrica de hielo (perteneciente al doctor
Joaquín Beoítez) 9• Igualmente en Mier y Noriega, 23 haciendas, cuatro ranchos, un almacén y una compañía de líneas telefónicas entraron
al círculo gubernamental 10•
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A Pablo de los Santos, insurrecto maderista de 19ll, y posteriormente defensor de la causa huertista y de la ciudad de Monterrey en
octubre de 1913, le fue decomisada una finca en el poblado de
11
Linares • La misma suerte corrió José María Bonilla, hacendado de
ese municipio: fue intervenida su hacienda, llamada "Puente Honda"
cuya producción anual era de más de mil cargas de piloncillo12•
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Fue notorio el relevo que caracterizó a muchos interventores con
respecto a los viejos hacendados. Cuando el mayor Abraham Nuncio
retomó la sementera de caña a esta hacienda, pagó a la oficina sólo
la tercera parte de su producción 15 • En el caso de las haciendas de
Mier y Noriega, la explotación del ixtle de palma y lechuguilla habían
acumulado en las bodegas de la oficina gubernamental, para el mes
de septiembre, más de trece mil kilogramos de mercancía para su posterior comercialización14•

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Esta última cifra era relativamente baja comparada con el cálculo
hecho por el interventor en Dr. Arroyo, Miguel Rincón Ríos, en relación a lo que producirían mensualmente 16 fincas rurales explotadoras
de ixtle y que apuntaban a una cosecha de 27 600 kilogramos15 • En este mismo municipio se encontró el caso de dos haciendas productoras
de guayule que metían al mercado, mensualmente, 48 toneladas 16•

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La instrumentación de la práctica intervencionista pretendíó ser reforzada el 23 de junio, con un decreto en el sector rural para el "aprovechamiento inmediato de las tierras cultivadas en el estado" 17• Lapolítica carrancista aspiraba a que quedaran "provisionalmente a disposición del gobierno, todas las tierras cultivables" que no estuvieran sembradas y en producción, otorgándolas en arrendamiento a aquellos agricultores mexicanos que garantizaran "ponerlas inmediatamente en
cultivo" 18• En el municipio de Allende, las haciendas "Los Enanos",

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

197

"Caracol" y "La Santísima Virgen" fueron inmediatamente arrendadas a medieros locales 19• En Lampazos, 72 campesinos resultaron
agraciados con tierras de regadío y repartimiento de aguasw.
El plazo otorgado por la ley para su aplicación llegaba al 10 de
julio de 1914. Asimismo estipuló el pago al gobierno (de todo aquél
que arrendara este tipo de tierras) en 2 pesos por hectárea si era de regadío y 1 peso en caso de ser de temporal21• Un mes antes, el 17 de
mayo, Villarreal decretaba que quedaba "estrictamente prohibido exigir trabajos personales en compensación de deudas" 22• Sin embargo,
las características de la estructura rural y el rápido desmoranamiento
del gobierno radical carrancista, impidieron la aplicación extensiva de
tal medida.
La intervención de las fincas rústicas no revistió mayores problemas ya que la mayoría de sus dueños había decidido abandonarlas
en el transcurso del año anterior. La larga ausencia de los hacendados
provocó dificultades para los nuevos renteros. Las utilidades se retrasaron debido a la inversión de tiempo y trabajo en poner las tierras en
condiciones de producir nuevamente.
El estado que guardaban en septiembre las fmcas industriales agrícolas y urbanas intervenidas -según un documento presentado a
Villarreal-, hacía suponer que la mayoría de las tierras rendirían frutos a partir de marzo de 191523 • Lo producido hasta ese momento no
había ido a parar al fomento de la instrucción pública como se tenía
previsto, sino al sostenimiento de las jefaturas militares estacionadas
en los municipios24• La situación de las fmcas era desastrosa. El interventor y mayor Abraham Nuncio se quejaba en agosto de 1914 desde
el poblado de Galeana -uno de los municipios más extensos del
estado-, de no poder cobrar los impuestos correspondientes a las fincas de campo por encontrarse deshabitadas y olvidadas por sus
propietarios25 •
El ejército constitucionalista y la jefatura de armas establecidos
en los poblados del sur de Nuevo León absorbían, en el mes de septiembre de 1914, el 500/o de lo producido por las fincas incautadas26•
El desarticulado mecanismo hacendario continuó agotado durante 1914, debido a una importante huida de capitales y a la falta de garantías derivada de la política de incautación.
Un ejemplo lo encontramos en el municipio más acaudalado, donde
la recaudación municipal correspondiente a 1914 decayó en casi un 250/o

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Siglo XIX

con respecto al año inmediato anterior. La recaudación en Monterrey
atrajo en 1912, 582 118.84 pesos; en 1913, 583 628.46 y en 1914,
440 960.00. En los tres años mencionados, el impuesto a ventas y el
ramo de degüello representaron las partidas más codiciadas27 •
Y precisamente en Monterrey, la guillotina de la oficina cercenó
el acceso a las fincas pertenecientes a un reducido número de la clase
acomodada urbana, llegándose incluso a recluir en la prisión estatal
a 139 individuos, cuyos delitos se reducían a etiquetarlos como "colabores huertistas"28•
La prensa opositora también recibió un duro golpe. Las instalaciones de los periódicos El Noticiero y La Prensa fueron saqueadas y
clausuradas y encarcelados Federico Gómez y Oswaldo Sánchez, sus
directores29• El taller donde se editaba La Prensa era propiedad del exgobernador huertista, radicado entonces en San Antonio, Texas30• A
Salomé Botello, quien era la cabeza más visible del poder espurio, le
fue incautada también su residencia y ocho fundos mineros ubicados
tanto en su municipio natal de Villaldama como en el de Salinas
~ictoria31 • "La figura enemiga de más relieve en el estado"
-catalogación adjudicada al antiguo mandatario por el régimen
revolucionario-, sufrió la presión del nuevo gobierno para que regresara los fondos que extrajo del arca pública, a través de la confiscación de sus bienes personales y de hostilización hacia su familia. Su
tío Amulfo Botello fue encarcelado por varias semanas32 • Sin embargo, los fondos públicos exigidos a Botello por Villarreal nunca salieron de Monterrey: habían sido confiados, bajo pacto secreto, a los banqueros Milmo.

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La misma familia Milmo vio mermados sus intereses rústicos al
perder buena parte de la cosecha y varias docenas de cabezas de ganado vacuno de los ranchos San Patricio y El Alamo33 (propiedad de
Pudenciana Milmo, casada con un miembro de la realeza rusa y a la vez
cónsul del imperio en Monterrey: el príncipe Alberto Radziwill).
Los problemas ocasionados a las propiedades de los Milmo estuvieron estrechamente relacionados con levantamientos rurales; en especial durante el gobierno de Villarreal, por "atropellos" causados por
los jefes constitucionalistas instalados en esa zona.
Las quejas por daños causados durante 1914 a las haciendas y ranchos propiedad de extranjeros, por actividades derivadas del movimiento armado, no fueron pocas. El ciudadano norteamericano B. Hibler,
hacendado de Galeana, elevó su queja en octubre al consulado esta-

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

199

dounidense por daños hechos a su propiedad (denominada "Pablillos")
por fuerzas del general tamaulipeco Alberto Carrera Torres. De este
modo presionó al gobernador Antonio l. Villarreal, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, para que destinara fuerzas para cuidado exclusivo de su hacienda34 •
La zona de influencia de la familia Naranjo -de claras propensiones contrarrevolucionarias- arrojó una lista extensa de enemigos.
Entre las setenta y ocho personas que comprendía la lista, destacaban
-el empresario y terrateniente italiano Miguel Ferrara Volpe, por haber
ayudado de manera pecuniaria y facilitado su casa como fortín del extinto ejército federal, Fortunato Zuazua, alcalde de Lampazos entre
enero y mayo de 1914; Nemesio García Naranjo, quien llegó a colaborar al lado de Victoriano Huerta como ministro de Instrucción Pública; y su primo Francisco Naranjo, dirigente de las fuerzas irregulares
que defendieron el poblado ante la embestida carrancista y al que se
incautó la inmensa hacienda de Dolores35 •
La oficina dirigió su mira también hacia los miembros de la burguesía industrial. En especial a los Calderón Muguerza y GarzaMuguerza-Sada, debido a su aparente colaboración con el huertismo
a través del nombramiento de Enrique Gorostieta -consuegro de Francisco G. Sada y exsenador porfirista-, como ministro de Justicia y
posteriormente de Hacienda en el gabinete nacional. La oficina gubernamental de incautación no sólo se limitó a tomar la residencia urbana
de los Gorostieta: ocupó militarmente el 2 de mayo las instalaciones
de la cervecería más grande e importante de México, la Cuauhtémoc,
en la que se hizo cargo "de la existencia de cerveza y hielo que tenía
esta negociación (para) aplicar su producto al préstamo especial de
guerra" 36•
Temiendo el rumbo de la política revolucionaria, buena parte del
clan familiar decidió exiliarse a las ciudades de Austin y Houston, Texas. Colateralmente, no satisfecha con las incautaciones realizadas a
la familia empresarial, la Comisión Revolucionaria de Préstamos exigió a fines de abril de 1914 al empresario José Calderón, quien se encontraba en Houston, la suma de cien mil pesos37•
Ante el préstamo exigido por Villarreal, Calderón brindó una extensa explicación epistolar sobre la situación que enfrentaban los negocios, y en la que destacaba lo siguiente:
Debido a las circunstancias de hace tres años acá y en especial al último año, las pérdidas han sido importantes al grado de obligarnos a

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Siglo XIX

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abandonar los negocios y salir de nuestro país con nuestras familias.
Por otra parte, en Monterrey no hay dinero suficiente ni siquiera para las necesidades generales de la gente de trabajo, del comercio y
de las industrias, y como las comunicaciones están interrumpidas y
los Bancos han cerrado completamente las puertas a todo negocio de
crédito desde hace meses, no hallamos la manera de conseguir cantidades de dinero de ninguna consideración aún menores que la que
se me indica 38

como cuarto y último grupo enemigo de la causa -después de los
científicos-terratenientes, el clero y el ejército federal- a

En el mismo caso estuvieron los banqueros Rodolfo M. Garza y Lázaro N. Villarreal, accionistas del Banco de Nuevo León, a quienes se
les demandó un prestamo forzoso por orden directa de Carranza39•

El artículo quinto definía tres prototipos de adquisición fraudulenta
de tierras, representadas por dos familias oligárquicas mexicanas norteñas -los Corral, en el estado de Sonora, y los Creel y Terrazas, en
Chihuahua- y un gachupín* en el Valle de México: don lñigo Noriega, gran terrateniente residente en México por más de treinta años y
amigo íntimo del dictador Porfirio Díaz.

En fin, la política de intervención desarrollada por el carrancismo
radical de Antonio l. Villarreal, a partir de la caída de Monterrey en
abril de 1914, y el subsiguiente dominio de su vital enlace ferroviario,
proporcionaron nuevas ocasiones de peculado y corrupción tanto a jefes militares como a los administradores de ferrocarriles.
Los desmanes que ocasionaban los jefes militares interventores en
zonas alejadas de la capital, y la impunidad con que manejaban su autoridad personal, ofreció una total falta de seguridad: obligó a los comerciantes, mineros y hacendados que aún quedaban a huir fuera del
estado, principalmente a los Estados Unidos. El resto, propició la defensa de sus intereses -y de su propia vida-y generó con esto el cacicazgo militar y la corrupción.
La centralización de los recursos financieros por parte del aparato
estatal cambió los papeles de un gobierno que se perfilaba como gestor
directo de la economía, por sus más tradicionales funciones de sim¡1le
recaudador de "contribuciones extraordinarias".

El criterio fundamental de la intervención fue guiado por una justificación totalmente política: se afectó a los enemigos de la causa, no
a los representantes de una clase. Aunque los enemigos de la causa tendieron, por lo general, a coincidir con los grandes industriales, comerciantes y hacendados porfirianos de Nuevo León.
EL CONSTITUCIONAUSMO Y LOS ESPAl'lOLES
Hubo, contra lo que regularmente plantea la actual historio.grafía de
la revolución, una sola colonia extranjera que fue definida como contrarrevolucionaria y non grata a los principios de la sedición. En la ampliación del decreto de mayo de 1913, el constitucionalismo incluyó un
rencor histórico nunca saldado, en su totalidad en México, al definir

...los españoles que hayan cooperado directamente en el establecimiento y sostenimiento de las dictaduras porfüiana y huertista, y en consecuencia han incurrido en la pena de confiscación a que se refiere
esta ley40•

Así pues los españoles pasaron -de la noche a la mañana- a ser
la única colonia extranjera definida como enemiga de los principios
revolucionarios.
Durante el auge del levantamiento en el norte, el perfil contrarrevolucionario del gachupín definió rápidamente sus rasgos característicos en la ideología revolucionaria. Para esos momentos era ya del dominio público la total antipatía que despertaban los rebeldes en la clase
acomodada española afincada en México. El proyecto de ley anterior,
pues, sólo se orientó contra las imprudencias cometidas durante la dictadura y la restauración por miembros prominentes de la colonia
española.
Fieles a la preferencia que recibieron durante el dilatado período
dictatorial de Díaz, los españoles prominentes empezaron a erosionar
el tímido poder del grupo revolucionario que derrocó a Díaz en mayo
de 1911. En el norte, Federico Sisniega, vicecónsul de España en Chihuahua y yerno del todopoderoso cacique Luis Terrazas, financió económicamente la rebelión de mayor calibre que sufrió el fugaz período
de Francisco l. Madero -1911-1913-41 •
En Yucatán el vicecónsul español de Mérida Rogelio Suárez notardó en definir su postura antirrevolucionaria al aliarse a la oligarquía
henequenera como fiel yerno de don Olegario Molina, exgobernador
y de los últimos ministros de Fomento de la dictadura42•

• Adjetivo despectivo que se da en México al espaftol peninsular y que remonta su origen al grito del populacho "mueran los gachupines", en la etapa crítica de la guerra
de Independencia (1810-1821). OFr.

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Siglo XIX

Las innumerables protestas de los revolucionarios contra la impunidad con la que se cubrían los diversos diplomáticos espafioles a lo
largo y ancho de la república, para así poder actuar contra los principios revolucionarios, quedó documentada en el archivo del Ministerio
de Asuntos Exteriores en Madrid.
Este tejido socioeconómico que había labrado a veces ostentosamente la colonia espafiola a lo largo de décadas en el seno de de la sociedad mexicana, estalló violentamente ante la represión dirigida y generalizada que realizó en algunas regiones ·el movimiento armado.
Pero la gota que derramó el vaso y desató la represión fueron dos
hechos claves e imprudentes acontecidos en febrero de 1913.
El primero de allos sucedió durante los días anteriores a la decena
trágica -9 a 18 de febrero- que culminó con el derrocamiento del
primer gobierno revolucionario. En esa ocasión, el ministro plenipotenciario de S.M. en México Bernardo de Cólogan y Cólogan, acudió
a Palacio Nacional -a petición del siniestro embajador norteamericano Henry Lane Wilson-, a pedir la renuncia del presidente arguyendo su incapacidad para ocupar tal cargo. Si bien Francisco l. Madero
enfadado le comunicó a Cólogan que su actitud era de intromisión en
la política interna del país, vaticinó su destino y afirmó que sólo saldría de la presidencia una vez muerto43 • El encuentro tuvo una gran
difusión en los periódicos al día siguiente.
El golpe de Huerta como jefe del Ejército no tardó en hacerse efectivo. La muerte de Madero y el establecimiento del estado castrense
condujeron al segundo de los hechos imprudentes. Las organizaciones
espaíiolas de mayor prestigio en la ciudad de México -destacando entre ellas el Casino Espafiol-, reconocieron en una ceremonia ostentosa la calidad de miembros honoríficos de sus respectivas agrupaciones
a los autores materiales del golpe44 •
La suerte quedó echada. Los primeros intereses espafioles que fueron af~ados estaban en el norte, en tanto las fuerzas constitucionalistas avanzaban ganando terreno en la guerra contra uno de los regimenes más imponentes en equipo, pertrechos y armamento militar que
haya tenido el país.
Si bien la represión más enérgica hacia la colonia hispana tuvo lugar en la zona ocupada por la División del Norte -comandada por
Francisco Villa- de donde fueron exulsados más de mil españoles hacia la ciudad texana de El Paso, en el noreste y en especial en Monte-

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

203

rrey la inseguridad para los intereses ibéricos no cesó de acrecentarse.
Ante el incontenible avance de las tropas constitucionalistas, la colonia espafiola en Monterrey tomó algunas medidas preventivas. En
abril de 1913, el vicecónsul en esa ciudad José Pío Lagüera, connotado empresario y miembro de la burguesía industrial, comunicaba a Cólogan la conveniencia de armarse ante un "remoto ataque a Monterrey", así como de recoger en ese consulado "a cuanto extranjero desee refugiarse"45 •
Dos meses después salió de Monterrey, ante la gravedad de la situación, el primer grupo de repatriados. Los pasajes de cuarenta adultos y veinte niños que partieron rumbo a La Habana (por ferrocarril
al puerto de Tampico, y posterior embarque a Veracruz), fueron financiados por el presidente del Consejo de Administración de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, el espafiol Adolfo Prieto, a
través del agente comercial de la siderúrgica (Mr. Quiyle) radicado en
Brownsville, Texas46•
Ya los gobiernos alemán e italiano habían tomado la precaución
de facilitar recursos a sus nacionales en caso de que consideraran prudente salir del país47 •
LAS INCAUTACIONES A ESPAÑOLES EN EL NORESTE
El 29 de abril de 1914, Pío Lagüera enviaba -ante la situación de incomunicación de la ciudad de México- un telegrama cifrado al embajador espafiol en Washington, Juan Riaño, en el que reconstruía la situación política en la capital de Nuevo León.
Anunciaba la entrada de la revolución a Monterrey-27 de abrilY las entrevistas que sostuvo, en defensa de los intereses de la colonia,

con el alto mando militar del ejército del noreste.
Hasta ahora somos respetados. Se han marchado algunos (espaiíoles,
OF1) por propio acuerdo: solo muy pocos lo han hecho ... hay señales evidentes de buena voluntad y real amistad hacia la población de
todas las naciones. Los generales Pablo González y Antonio l. Villarreal y sus oficiales, toman profundo interés en mantener el buen orden y el establecimiento de un gobierno libre y constitucional48•

En esencia, el reporte de Lagüera contrastaba bruscamente con lo acontecido a los españoles y sus representantes diplomáticos en las demás
regiones del norte.

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Siglo XIX

En Chihuahua, controlada por los villistas desde principios de 1914,
el vicecónsul Federico Sisniega había huido en época temprana ante
el incontenible avance de la sedición. Las tropas revolucionarias, tras
su entrada triunfal a la capital del estado, decidieron entre sus primeras medidas la expulsión de todos los espafioles, sin distinción alguna.
Sisniega fue buscado en el interior del viceconsulado, y violada la extraterritorialidad a pesar del cónsul inglés, bajo cuya custodia quedaron las vidas e intereses ibéricos49•
Para nadie era desconocido que buena parte de los españoles participó efectivamente en los asuntos políticos internos, proporcionó préstamos al régimen de Huerta y trabajó como espía del gobierno
castrense50•
En Torreón, Coahuila, Villa expulsó al vicecónsul Fabián Grandizo, que dejó el archivo de la legación en manos del cónsul inglés. Grandizo había aceptado el cargo ante la huida de Policarpo Suso, su antecesor y rico propietario agrícola de Matamoross 1•
En la villa del mismo nombre, perteneciente al estado de Tamaulipas,
el vicecónsul Germán Arámburu huyó a la ciudad de Brownsville en
abril de 1913, junto con otros españoles ahi residentess2 •
Igualmente el consulado de ciudad Victoria quedó vacante ante
la fuga de su encargado, quien escribió a Cólogan desde Brownsville
que estaba "huyendo de los horrores de la guerra". En este viceconsulado irrumpió una parte de la tropa del ejército revolucionario. Rompieron puertas, arriaron la bandera y la pisotearon, haciéndola pedazos. Su titular, el señor Quintana, fue capturado y acusado de traidor,
y amenazado de ser pasado por las armas. Sin embargo, para su fortuna, logró escapar y llegar con algunos magullones a la frontera
norteamericanas3•
En Tampico, el vicecónsul de mayor antigüedad -25 aiios- y octogenario Angel Trápaga, se vio precisado a renunciar a ese cargo honorario debido a que había llegado a ser objeto de continuas presiones
y préstamos forzosos por rebeldes que tomaron la plazaS4.
En Nuevo León, para fines de 1914, Pío Lagüera sostenía el único
viceconsulado espafiol en el norte que no se había quedado vacante ni
practicado cambios súbitos en el personal. Inclusive había llegado a
instrumentar una política hábil, de acercamiento al gobierno constitucionalista local.

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

205

En su informe a Riafio, durante la ocupación de la Convención,
Lagüera establecía un saldo favorable para el período carrancista que
acababa de terminar:
Los últimos meses del Gobierno Constitucionalista en este Estado,
se marcaron perfectamente con una política amplia y de verdadera
atracción hacia los españoles. El general Villarreal atendió satisfactoriamente todas mis quejas ... Entre estos actos de justicia están la
libertad que concedió a los señores Somohano y Rivero, después de
una larga prisión... En los primeros
de noviembre conseguí se
levantase la intervención de las haciendas del señor don Pedro Barna
Trueba, que radica en San Luis Potosí y cuyas haciendas están ubicadas en este Estadoss.

días

A pesar de la destreza diplomática que caracterizó a Lagüera, el constitucionalismo confiscó y en ocasiones saqueó innumerables negocios,
cuyas ganancias fueron de importancia vital para el sostenimiento de
la lucha.
Entre los afectados que conformaban parte de la burguesía regiomontana destacaron los Mendirichaga-Hernández, los Maiz y los
Rivero.
Ante la inseguridad que provocó la toma de Monterrey por los rebeldes, la familia Mendirichaga-Hernández elaboró y presentó un inventario de sus bienes en la ciudad a la embajada de Espafia en
Washingtons6 • Igual actitud asumieron los comerciantes Ruiz y García, el 8 de mayo de 191457 • La razón social Hernández Hermanos
también pidió protección a Riafio, el 2 de mayo, contra la exigencia
de los constitucionalistas de 200 000 pesos oros8 •
El 28 de agosto la familia Maiz se quejaba que, en sus haciendas
de Coahuila, la tropa de Carranza dispuso forzosamente de 15 mil cabezas de ganado cabríos9 • Tres meses antes, el hijo del ex-vicecónsul
Valentín Rivero, reclamaba a Madrid, vía Washington, el encarcelamiento arbitrario del que fue objeto hasta que entregó 200 000 pesos&amp;.
Si bien las causas que originaron la represión no están del todo
esclarecidas, debido a que es improbable que tuvieran en sus casos alguna relación directa con el sostenimiento del estado castrense, hubo
otra familia de prósperos empresarios y terratenientes que vieron mermar buena parte de su riqueza. Fueron Francisco y Joaquín Armendaiz, empresarios industriales de primer calibre en Monterrey, que sufrieron serias devastaciones en un imperio empresarial que abarcaba
todo el noreste del país.

�206

Siglo XIX

Las reclamaciones arrancan con el afianzamiento de los constitucionalistas en el noreste. Ya para el 23 de diciembre de 1913, Francisco
Armendaiz se mostraba previsor del saqueo y confiscaciones de que
fueron objeto las haciendas vecinas. En aquella ocasión solicitó la intervención de la embajada española en Washington para que le fuera
concedido permiso para pasar ganado allende el Bravo: ochocientas
cabezas de ganado vacuno, mil de ganado caballar y mular y trece mil
de ganado menor fueron rechazados al ingresar en territorio norteamericano por el gobierno de Wilson61 •
Ante el avance de las fuerzas constitucionalistas sus propiedades
y negocios ubicados en Tamaulipas fueron afectados. En Matamoros,
para principios de 1914, los rebeldes tomaron posesión de las lineas
de tranvías de su propiedad, pasando la administración y ganancias
al ejército de Carranza. La despepitadora de algodón fue incautada
con grandes destrozos. La propiedad Potrero de Santa Cruz y fincas
anexas pasaron a poder de los insurrectos, así como las bodegas de cueros de res, pieles de lana y cerda por un valor de nueve mil pesos. La
casa de comercio Francisco Armendaiz y Compañía fue tomada como
cuartel; todas sus fincas y propiedades urbanas pasaron a ser administradas por los revolucionarios, entendiéndose estos últimos directamente
con los inquilinos. Finalmente, se registraron graves daños en el rancho San Francisco.
En Nuevo León le fue expropiada la Hacienda Concepción con todas las mercancías existentes en su tienda, carros, carretas, coches con
sus mulas, guarniciones y demás aparejos; tomaron el maíz de dos cosechas, 160 mulas y todos los bueyes, 1 400 cajas de alcohol y amenazaron con quemar la finca si no contribuía con pesos oro. Del rancho
El Canelo los constitucionalistas sustrajeron más de dos mil reses -de
las cuales más tarde recuperaron 543 en el lado norteamericano- y
todos los caballos.
En Monterrey la sucursal de su casa comercial fue saqueada y salvada del fuego por la entrega de 25 000 pesos. Durante la toma de la
ciudad un carro de ferrocarril lleno de cueros fue incendiado.
En Coahuila sus propiedades rurales no escaparon a la represión
carrancista y villista. La finca Sierra del Pino fue cotizada para un impuesto forzoso en seis mil pesos; en ella fueron incautados todos los
caballos de trabajo -indispensables para la caballería
constitucionalista-, el ganado mayor fue tomado para alimentar a la
tropa y dispusieron de los carros y mulas de la propiedad. En los ranchos conocidos como Cerro Blanco fue a la administración villista a

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

207

la que le correspondió ejecutar las acciones confiscatorias. De allí fueron incautadas diez mil cabezas de carnero y el administrador Rodríguez huyó ante la amenaza de ser pasado por las armas.
LA DIPLOMACIA ESPAÑOLA ANIE EL CONSITI1JCIONALISMO.
LOS AGENTES CONFIDENCIALES
Las innumerables quejas de los españoles residentes en México a su
embajada en Washington respondían a la idea generalizada sobre el
alto grado de poder de persuasión que ejercía la Casa Blanca sobre los
alzados. De este modo los norteamericanos canalizaban -a través de
sus diplomáticos en México- la mayoría de las reclamaciones de las
potencias europeas.
Para marzo de 1914 Carranza puso coto a esta situación. En una
carta dirigida al cónsul norteamericano en Nogales 1 Chihuahua, desautorizó a éstos a seguir ejerciendo de intermediarios de las demás naciones, por lo que les exigió a todos los gobiernos extranjeros se entendieran directamene con él en aquellos asuntos que afectaran a sus nacionales, aceptando de este modo tener a su lado -en calidad de Comandante en jefe del Ejército Constitucionalista- representantes
extraoficiales62 •
Así, las potencias interesadas en entrar en tratos con Carranza, se
vieron obligadas a crear un nuevo tipo de representantes diplomáticos,
el "agente confidencial", que sin ser propiamente un diplomático de
carrera, iba a México a llenar de hecho sus mismas funciones, sin que
para ello fuera necesario un reconocimiento de jure, sólo de facto63•
De inmediato, R.iaño recibió órdenes del ministro de Asuntos Exteriores en Madrid, conde de Lema, para buscar la anuencia de Washington en el envío de un agente confidencial español cerca de
Carranza64•
El nombramiento recayó en Manuel Walls, primer secretario de
la embajada de España en Washington, quien salió rumbo a México
a mediados de junio; el día 20 llegaba a El Paso, Texas, y para el 28
se presentó en Monterrey ante Carranza.
En esta primera entrevista, Carranza describió elocuentemente el
perfil contrarrevolucionario de los españoles en México. Le dijo a Walls
que muchos de sus connacionales ...
se habían puesto abiertamente en contra de la causa constitucionalis-

�208

Siglo XIX

y que tal injerencia era de necesidad castigarla, habiendo, sin embargo como en tantos casos ocurre, pagado muchos justos por
pecadores65 •

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La misión conciliadora de Walls fue bien acogida. Walls permaneció al igual que Silliman -agente confidencial norteamericano- al
lado de Carranza hasta su entrada triunfal en México meses después.
Desde su primer día en Monterrey, Walls atrajo la atención delgabinete carrancista. Su arribo tuvo gran significación política debido a
que España fue la primera nación europea que reconoció tácitamente
al constitucionalismo como la facción armada más representativa de
la contienda.
La cercanía de Walls al Primer Jefe y su habilidad díplomática no
tardaron en brindar sus primeros frutos. Para el 6 de agosto, Walls
ya había logrado recrear un ambiente de confraternidad entre el elemento revolucionario y la colonia, al organizar un almuerzo -en la
finca de uno de los empresarios españoles más connotados- con la
asistencia de sesenta compatriotas, además del gobernador Antonio l.
Villarreal y el ministro Luis Cabrera66•
El periódico La Revolución transcribió la oratoria de Cabrera y
Villarreal. Mientras Cabrera rechazaba la idea de que la revolución se
hubiera manífestado contra España, Villarreal, dejando a un lado "los
errores de la colonización'', ensalzó a la colonia hispana como modelo
de "laboriosidad y honradez". La reunión terminó con fuertes aplausos y vivas a España y a México67 •
Más tarde, el 15 de agosto, Walls volvió a entrevistarse con Carranza. En esa ocasión llevó la representación de los hermanos Armendaiz, intercedíendo en su nombre para la devolución de las propiedades confiscadas en Tamaulipas, Nuevo León, Durango y Coahuila. La
respuesta favorable a sus demandas llegó diez días después, cuando Carranza dio órdenes a las autoridades respectivas para la devolución de
gran parte de las propiedades incautadas68 •
De esta manera el gobierno español desarrolló a pasos forzados
-a diferencia de otros estados europeos- un complejo sistema de agentes confidenciales al lado de los principales jefes revolucionarios.
Madrid se mostró considerablemente tolerante ante las constantes
fricciones que se suscitaron con sus nacionales durante la etapa más
violenta de la revolución. La expulsión de los ministros Cólogan en
julio de 1914 y de José Caro en febrero de 1915, por órdenes directas

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

209

de Carranza, no hicieron cambiar la política de acercamiento hacia los
constitucionalistas. Esto se debió principalmente a que la colonia española era la más numerosa en México, ya que contaba con cerca de
40 mil individuos. Asimismo, la dispersión de sus miembros en todos
los rincones del país -el 40% se encontraba concentrado en la ciudad
de México y alrededores- y el alto grado de integración en la sociedad
mexicana, hacían de ella un entretejido por demás complejo que díficultaba una efectiva labor diplomática en defensa de sus intereses.
Por otra parte, la monarquía constitucional de Alfonso XIII tuvo
que enfrentar la propia presión interna, que pedía por un lado un mayor acercamiento a países hermanos bajo la vieja idea de la hispanídad
y, por otra, mano dura contra las vejaciones de las que eran objeto
los iberos radicados en México.
Sin embargo, la posibilidad de utilización de esta segunda opción
se estrellaba en un muro sólido. Lo conformaban: la limitada capacidad de sus fuerzas militares para poder llevar a cabo tan magna empresa después del desastre de 1898; la imposibilidad de establecer un
acuerdo conjunto con las demás potencias europeas -involucradas en
el asunto de México- debido a la contienda iniciada precisamente en
1914; y finalmente la tutela de Washington, que limitó sobremanera
todo posible intento de injerencia armada de cualquier potencia europea o asiática en México que, por este método, quisiera apoyar sus
reclamaciones.
En Madrid se pensó seriamente entre 1914 y 1915 en la posibilidad
de ocupar el puerto de Tampico o Veracruz bajo la anuencia de Washington. El mismo Walls había abierto la puerta prematuramente en
uno de sus informes referente al mal trato dado a los peninsulares. En
un comunicado a Riaño fechado en Monterrey declaraba:
Creo que estos momentos son de suma gravedad para España. Los
españoles han sido tratados con saña y desprecio... El nombre de España ha descendido en consideración y respeto (prescindamos en absoluto del supuesto amor a la Madre patria) pero la consideración
que las naciones se deben unas a otras ha cesado aquí con respecto
a España. Es pues imprescindible, si nuestra influencia en América
queremos que subsista, que nuestra reinvindicación sea completa. No
se nos podrá achacar impaciencia: nuestra paciencia ha rayado en humillación. Debemos procurar la demanda en tonos sinceramente amistosos, pero dada la gente que ha encabezado y dirige este movimiento revolucionario hay que confiar poco de palabras y promesas, y quizá
no estuviera de más la presencia en Tampico de una fuerza naval y
militar suficiente para ocupar el puerto si las circunstancias aconse-

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Siglo XIX

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

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jaran a echar mano de este recurso de derecho internacional, apoyara la reclamación diplomática en pro de los cuantiosos intereses de
nuestros nacionales tan gravemente atropellados. Este acto serviría
de provechosa lección tanto a esta República como a otras de este
Continente donde los intereses de nuestros nacionales pueden estar
a punto de pasar por iguales procedimientos si quedan impunes los
cometidos aquí69•

y aisladas. Para ellos fue imprescindible siempre su aceptación, por la
parte contraria, como una organización consciente de su papel de clase social. Su dominio decisivo en la economía y su habilidad política,
perfiló a la Cámara de Comercio como un organismo capaz de llenar
los vacíos de poder que se avecinaban. Su solidez y sobrevivencia a la
etapa revolucionaria radicó en estas premisas.

Por supuesto esto nunca se realizó. Y, de haberse hecho, la situación
de los españoles en México hubiera empeorado irremediablemente. Por
lo que la única salida fue manejarse a través de innumerables vicecónsules honorarios en todo el país -28 en total-; crear dos consulados
más de carrera -Torreón y Mazatlán aparte de los ya existentes en
México y Veracruz-; y enviar agentes confidenciales al lado de Carranza, Villa y la Convención70 •

Y así actuó, no como una institución en decadencia y caduca, sino
como un jugador que está consciente de tener el "as" bajo la manga.

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Conforme el constitucionalismo fue afianzándose -nunca del
todo- en el territorio nacional, las relaciones entre ambos países mejoraron. Ya para julio de 1916, en Madrid se aceptó a Juan Sánchez
Azcona como nuevo ministro de México en España, y las reclamaciones (aunque no fueron satisfechas del todo) tuvieron en él un interlocutor hábil y meticuloso.
EL CARRANCISMO RADICAL Y LA BURGUESIA
DE MONTERREY
Po~ doquier en Nuevo León, los últimos restos del antiguo orden y del
antiguo progreso se desvanecían, y los revolucionarios se precipitaban
a ocupar su lugar. En Monterrey, a la burguesía industrial no le quedó
otra que aceptar el notable cambio que se registraba a su alrededor.
El gobierno estatal carrancista se encontró bien plantado y aparentemente no tenía -a partir de abril de 1914- grupo militar opositor de
consideración.
. De .1~ noche a 1~ mafiana, las nuevas cabezas visibles del poder eran
Jefes militares estacionados en la región, que repentinamente adquirieron un peso decisivo en las transacciones económicas locales. El control de fletes y circulación de mercancías por parte del gobierno revolucionario, permitió influir en suministros y precios para favorecer a
ciertos grupos económicos y perjudicar a otros. Por lo tanto, la necesidad de establecer un vínculo por parte de los empresarios citadinos con
el gobierno carrancista se tornó más que indispensable. El vehículo fue
la Cámara Nacional de Comercio. (CANACOM). Con esto la burgues~a regiomontana se presentaba como un todo homogéneo y sin escisiones. Los empresarios casi nunca recibieron prebendas individuales

Después de los combates de abril -fecha en que los carrancistas
tomaron la ciudad- los socios de la Cámara compartieron reuniones
intensas, de las que surgió la actitud generalizada de colaborar con el
gobierno constituído, e iniciar las gestiones necesarias para recobrar
la fuerza adquirida durante el régimen anterior. La primera petición
a las autoridades se vinculó precisamente al intento de reforzarse como clase, condición que se había visto relativamente mermada con la
migración de algunos de sus miembros. En mayo el presidente de la
CANACOM, Jesús Ferrara, gestionó con relativo éxito el permiso de
regreso "con toda clase de garantías" a los que se encontraban en Estados Unidos71• La segunda prueba de fuego -por cierto no muy
halagadora- se les presentó días después.
A fines de ese mes, el varón de Cuatro Ciénegas arribó a Monterrey para hospedarse en la casa incautada a Eugenio F. Castillón, uno
de los máximos acaparadores del espacio urbano. La Cámara Nacional de Comercio no desaprovechó la ocasión de manifestar su más incondicional apoyo al futuro mandatario nacional. Para ello, Venustiano Carranza fue invitado a una comida ofrecida en su honor en la
quinta de José Calderón, el dos de junio. El jefe máximo se presentó
puntual a la cita compañado del gobernador militar.
La oratoria siempre fue un arte dominado por los miembros de
la Cámara, por lo que las frases de bienvenida y augurios del próximo
triunfo de las fuerzas constitucionalistas plagaron las atmósfera de la
selectiva reunión. Acto seguido, la palabra fue cedida por el presidente de la Cámara a Carranza, quien se había mantenido sereno e inconmovible en su asiento, sólo observando detenidamente uno a uno a los
expresivos oradores que aseguraban la legitimidad del movimiento
armado.
El jefe máximo de la revolución, cuyas características más visibles
eran la cabellera entrecana y la indumentaria militar caqui, contrastaba al levantarse de su asiento con la levita almidonada de los nego-

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Siglo XIX

dantes citadinos. Aunque a los empresarios les pareció una eternidad,
su discurso fue verdaderamente áspero y corto. Las facciones de los
asistentes cambiaron de una manera violenta. Aparentemente molesto
por la actitud manifestada, Carranza se pronunció contra todos aquellos anti-revolucionarios que "fueran quienes fueran, tendrían que caer
bajo la sanción de la ley y de la justicia" , ya que por participar "directa e indirectamente" en el régimen emanado del "cuartelazo de febrero", lo pagaáan -aseguró- "aún con su propia vida" 72•
En la culminación de su exposición y antes de retirarse abruptamente de aquel lugar, Carranza subrayó que los "banquetes en su
honor" no torcerían la política expresada73 •
La rudeza del trato recibido marcó un ligero distanciamiento que
regiría de ahí en adelante entre industriales y gobierno durante el mandato de Antonio l. Villarreal.
El 11 de junio el nuevo presidente de la Cámara, Constantino de
Tárnava, se presentó ante el general Pablo González Garza para recibir el mismo gesto. La fricción con las autoridades militares tenia fundamento en las innumerables quejas de la población: denunciaba el
aumento "en demasía y sin haber motivo para ello" -a juicio del mismo González Garza-, de los precios de los artículos de primera necesidad despachados en las casas comerciales de C. Holck, Juan Cram
y José Calderón y Cía. Las dos primeras eran propiedad respectivamente de los ciudadanos alemanes Paul Buchard -excónsul del
Imperio- y Adolfo Scheford75 •
Ya el 4 de junio la administración Carrancista había emitido un
decreto contra los acaparadores76• En esa ocasión se descubrió y se
multó a algunos comerciantes por esconder los artículos y permitir el
alza inmoderada de los precios. Antonio l. Villarreal fijó un precio máximo para cada producto "so pena de infraccionar" su
incumplimienton .
Villarreal hizo pública también una disposición para que se pusieran inmediatamente a la venta los productos disponibles en bodegas,
a un precio máximo estipulado por el gobierno. En un ámbito más amplio, González Garza había prohibido desde el 23 de mayo la exportación de ganado de todas las clases por las aduanas de Nuevo León,
Coahuila y Tamaulipas78•
La queja de los &lt;;omerciantes no se hizo esperar. Justificaron el
aumento de los precios por la inundación de billetes constitucionalis-

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

213

tas (que mantenían un valor más bajo que los de banco o la plata acuñada) los cuales tenían forzosamente que retribuir "un premio más
o menos alto" que llegaba hasta un 20%79• Por otra parte, el rumor
de la falsificación del circulante contribuia a "disminuir la buena aceptación de los billetes de que se trata -comentaba un prestigiado
empresario-, con resultados bien desfavorables para el comercio e industrias locales"8().
La escasez de moneda fraccionaria también repercutió en los negocios de menor envergadura pero dedicados al consumo masivo, como molinos para nixtamal. El 24 de septiembre, los comerciantes del
ramo se quejaron por la falta de circulación de monedas de uno y dos
centavos, las cuales eran utilizadas tanto por el vendedor como por el
consumidor en transacciones al menudeo. La falta de "feria chica"
-debido a que la úníca que circulaba con fluidez era la de cinco
centavos-, amenazaba con provocar un colapso en este tipo de negocios. La salida más viable aceptada por el gobernador fue la autorización para producir vales por esas mismas cantidades -uno y dos
centavos-, resellados previamente por la presidencia municipal, a fin
de controlar la emisión de un máximo de cien pesos81•
Sin embargo, la CANACOM continuaba con el control de toda
transacción comercial e informaba constantemente al aparato público
de las existencias de los productos de primera necesidad en la ciudad.
En caso de urgencia, siempre buscó la intervención del gobierno para
facilitar el acceso a las zonas productoras, que en ocasiones quedaban
incomunicadas por la anarquía existente en el país. El 25 de noviembre
la Cámara solicitó a Villarreal tomar las medidas necesarias para aliviar la escasez de algunos artículos indispensables. Argumentaba no
sólo la desarticulación de las zonas cerealeras, sino el caos monetario
surgido por la circulación de billetes emitidos por los diferentes grupos
en pugna82 •
La colaboración entre el empresariado y el gobierno revolucionario a través de la CANACOM no se limitó a facilitar el acceso a los
productos básicos, incluyendo a las "clases menesterosas"; también
existió un claro apoyo al ejército constitucionalista por parte de algunas empresas. Este fue el caso de la Compañía Fundidora de Fierro
y Acero de Monterrey, la cual asesoró y prestó sus instalaciones al mayor Daniel Mariñelarena -enviado personal de Carranza-, en la fabricación de "unos aparatos lanza bombas, para emplearlos en las Divisiones Constitucionalistas' ' 83•
Durante este período, las actividades económicas siguieron regís-

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Siglo XIX

215

trando serias dificultades para su buena marcha, coartando en algunas
ocasiones tendencias de expansión proyectadas durante el régimen
castrense.

~casez_~ inflación en el precio de los artículos de primera necesidad,
mes!ab1hdad de la moneda, interrupción del comercio nacional e interregional, entre otros.

Un ejemplo fue la caída brutal de la producción de la Fábrica de
Cementos Hidalgo, que se encontraba en plena expansión a principios
de 1913. En el momento en que Victoriano Huerta se colocó en la silla
presidencial, la compañía aumentó su capital social en medio millón
de pesos84• Al mismo tiempo desembolsó en la compra e instalación
de maquinaria alemana. Esta última tenía como fuente de energía el
"gas pobre" producido por carbón proveniente de los minerales de Sabinas, Coahuila85 •

LA POLITICA DE INCAUTACION, UN ROTUNDO FRACASO

Pero los dolores de cabeza empezaron para los accionistas que se
atrevieron a implementar el proyecto de expansión y modernización
de la fábrica en un momento tan crítico. A mediados de 1914 la instalación de los implementos comprados y entregados desde Europa quedó
trunca. Las causas fueron varias: la dispersión de los peritos alemanes
encargados de esta labor a causa de la guerra existente tanto en el viejo
continente como en el país; la interrupción del servicio de ferrocarriles provenientes de la región carbonífera y del puerto de Tampico de donde procedia el petróleo crudo utilizado en la quema de la materia prima para la obtención del cemento-; y la desarticulación de los
mercados ubicados al norte de Torreón86•

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Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

La pésima planeación de los administrativos redundó en una catastrófica paralización del proceso productivo del que se expulsó a casi
doscientos trabajadores. El gobierno revolucionario exigió la reanudación de las labores bajo amenazas de intervenir la compaíiía. Ante
la negativa de los accionistas, el gobierno procedió a cumplir su amenaza el 5 de cotubre de 191487•

De los problemas más urgentes para el gobierno carrancista, indudablemente destacaron los de orden económico. El efímero gobierno
de Villarreal se esforzó por mantener un precario equilibrio entre el
control gubernamental de la economía para fines políticos y de ingresos, y el incentivo a su regeneración, que daría bases para los beneficios socioeconómicos prometidos por la ideología del
constitucionalismo.
Pero la puesta en práctica de la reorganización de la economía en
Nuevo León se vió frustrada por los problemas generales del período:

Tanto la guerra como la política intervencionista y anticlerical de las
autoridades carrancistas dañaron seriamente no sólo la economía de
Nuevo León, sino la estabilidad social en sus fibras más sensibles. La
pretendida modificación de la estructura social por Antonio l. Villarreal pronto demostró lo inadecuado de su estrategia, diseñada en el
vapor de la efervescencia por el triunfo y el fanatismo liberal del grupo
en el poder.
La marcha atrás fue inevitable. La desarticulación entre las diferentes zonas del estado y la pérdida de irradiación de poder por parte
de la capital hacia ellas, terminó por consolidar un proceso nacido durante la jefatura del gobierno huertista.
Las autoridades militares encargadas de incautar las fincas rústicas se apropiaron de las antiguas haciendas, despreocupándose por la
planeación de las cosechas y por la liberación de los peones.
Los interventores oficiales se mezclaron y compartieron intereses
con los caciques y hacendados porfiristas, permaneciendo imperturbables y al margen del ligero reacomodo político que experimentó el agro
nuevoleonés . La ineficiencia de la mayoría de los personajes encargados de hacer producir las propiedades que se encontraban bajo la órbita del Estado, provocó un colapso en la economía y una falta de credibilidad hacia los carrancistas como nuevas cabezas visibles del poder.
Los efectos no se dejaron esperar. En primer lugar, se secaron los
canales de captación de impuestos debido a que los dueños de las tierras y fábricas decomisadas se negaron a proporcionarlos. En segundo
término, si bien la producción agrícola se trató de impulsar a través
del arrendamiento de la propiedad a campesinos desposeídos, estos se
toparon rápidamente con dificultades: falta de instrumentos de trabajo adecuados, de semovientes, accesibilidad a los centros de comercialización para sus productos.
En noviembre de 1914, la Cámara de Comercio se quejó por la
incapacidad gubernamental para hacer frente a la problemática agrícola. En un detallado informe sobre los artículos de primera necesidad, se ponía énfasis en la "existencia casi nula" de frijol (el cual po-

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Siglo XIX

día ser traído solamente, a juicio de los comerciantes, de áreas inc~municadas del sur de San Luis Potosí y Durango). En cuanto al maIZ,
era casi inexistente en Monterrey, pero se consideraba suficiente para
el consumo de dos meses -en algunos puntos del estado-. La harina
escaseaba por la inseguridad en las zonas productoras de trigo. Finalmente el informe aseguraba que el piloncillo como "sustituto del azúcar", ~taba en peligro de agotarse por la paralización de buena parte
de las moliendas88 •

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Ante el fracaso, la administración carrancista intentó vanamente, en
diciembre, readecuar su política intervencionista.
El retorno de algunas negociaciones a sus anteriores dueños, cambió la política inicial del gobierno de Antonio l. Villarreal con respecto a la propiedad privada. En algunas, como fue el caso de Cervecería
Cuauhtémoc, las presiones externas jugaron un papel no del todo aclarado todavía. El clan familiar tuvo que ir a radicar a Texas por miedo
a las represalias, pero de ningún modo tomó una actitud pasiva ante
los hechos consumados. El hijo de J.M. Schneider -accionista norteamericano de la cervecera-, se quejó ante las autoridades estadounidenses por el ataque sufrido a sus intereses. De esta manera, presionó al gobierno norteamericano para que enviara una reclamación sobre las posibles consecuencias que acarrearían el sostenimiento de este
tipo de prácticas contra propiedades ligadas al capital
norteamericano89•
Pero este factor -como determinante en la devolución de la compañía- pareció estar estrechamente ligado con el tipo de administración que se había implantado en Cervecería, que vislumbró la obtención de numerario a un plazo mediato para el sostenimiento del poder
público y militar. Por ambas razones, la decisión de regresar la fábrica
a sus dueños se tomó el 5 de diciembre de 1914, después de siete meses
de administración revolucionaria90•
Cuatro días después la política de "marcha atrás" se reafirmó al
ser entregada también la compañía Cementos Hidalgo, con el acuerdo
honroso de sus propietarios de reanudar sus actividades en "un plazo
no menor de seis meses " 91
El colapso de la política radical constitucionalista en Nuevo León
apareció abruptamente en enero de 1915, con la derrota militar de las
fuerzas de Antonio l. Villarreal frente a la División villista Angeles en
Ramos Arizpe, Coahuila.

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

217

RECAPITULACION
Durante 1914 el autoritarismo militar carrancista en Nuevo León sólo
exarcerbó los ánimos, en una época de convulsiones y de rápida desintegración del progreso y estabilidad social que caracterizó a regímenes
anteriores. Una prueba de ello fue la pesada naturaleza de la burocracia constitucionalista durante la confiscación de bienes y el intento de
reforma agraria en la entidad. La rapacidad de los militares destacados en el estado generó descontento, corrupción y un vacío político
y económico que hizo mella en el aparato estatal a fines de 1914.
En Monterrey, la represalia contra los empresarios originó fuga
de capitales -como en el sector rural- y una declinación económica
que solo repuntaría hasta 1916. L_a ~esarticulación del mecanismo ~acendario y la escasez de recursos, linutó notablemente la puesta en practica del programa radical de los apologistas del constitucionalismo. La
incautación de grandes empresas como la Cervecería Cuauhtémoc, mostró la falta de experiencia empresarial y la voracidad de los nuevos personajes públicos.
Aunque el principio del nacionalismo económico que caracterizó
el movimiento constitucionalista aparentó estar firmemente asentado,
al dar una redefinición de las reglas con el capital extranjero Ylos empresarios individuales que podían operar en México, la políti~ económica del gobierno de Antonio l. V1llarreal mostró en la práctica - a
la par que castigó duramente al empresario regiomontan~-, una continuidad en la defensa estratégica de los intereses estadourudenses y una
oscilante represión contra los españoles.
Los ataques contra los intereses de la burguesía citadina tendieron
a reforzar internamente su organización, creada a principios del maderismo. La Cámara Nacional de Comercio de Monterrey empezó a
mostrar, cada vez con mayor eficacia, la capacidad de sustituir en momentos de vacío político al aparato público revolucionario, que a final
de cuentas ayudaría a reorganizar.
Este órgano corporativo empresarial tuvo una fuerte voluntad política, y fue capaz de solucionar los problemas cotidi~os de es~ez
y darle alguna estructura y forma al poder local. La pnmera_ expenencia de este tipo en su corta vida, se le presentó entre la salida de los
tropas carrancistas y la llegada de la Divísión Angeles. Unos cuantos
días bastaron para demostrar a los ejércitos revolucionarios de ocupación, el pleno dominio de su espacio vital y asie?to de su_ poderí~ económico, posteriormente propuesto como paradigma a ruvel nacional.

�218

Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

Siglo XIX

NOTAS
1. Las medidas anticlericales consistieron en el cierre indefinido de los templos católicos; en el uso de las campanas de los templos para anunciar los triunfos constitucionalistas; la quema de confesionarios; la persecución, expulsión y encarcelamiento
de sacerdotes; en el fusilamiento de "imágenes de santos" etcétera. La resistencia
popular a tales medidas fue inmediata. La muchedumbre ~ompió las emplomadas
Y forzó las puertas de los templos clausurados para poder ingresar a ellos. Fue solo
hasta la entrada de los villistas en enero de 1915 cuando las medidas incautatorias
de ~os recin_t~~ católicos f?ero~ _abolidos. Ver Osear Flores Torres, Comuna empresarial y sedic1on. Burgues1a, militares y movimiento obrero en Monterrey. 1909-1923
Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, en prensa.
'
2. !bid. Los líenamientos embrionarios que posteriormente asumiria el movimiento obrero organizado a partir de 1918, se definieron en la primer gran huelga de noviembre
de 1914. Esta se suscitó en la compañía Minera Fundidora y Afinadora de Monterrey Y fue secu_ndada por obreros de otras industrias metalúrgicas y por la Casa del
Obrero Mundial. Sus demandas entre otras consistían en aumento de salario reducción de la jornada diaria a ocho horas y destitución del capataz norteameri~no
N!ªc
por su actitu~ hacia !os subordinados. La huelga perdió fuerza en los
d1as s1gu1entes a su estallido debido a la intransigencia de la compañía y a la falta
de apoyo a las demandas del movimiento por parte del gobierno revolucionario.

~aJ!i,

13. /bid.
14. AGENL, Concluidos, c-1914-1.
15. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-262.
16. Ibid.
17. AGENL, Circulares, c-1910-1917, decreto del 23 de junio de 1914.
18. !bid.
19. AGENL, Secretaria de Fomento, c-1914.
20. AGENL, expediente relativo a la Comisión Agraria de Nuevo León fundada por
Antonio l. Villarreal en 1914, p.p. 13-16.
21. AGENL, Circulares, c-1910-1917, decreto del 23 de junio de 1914.
22. AGENL, Circulares, c-1910-1917, decreto del 17 de mayo de 1914.
23. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-263.

3. Proyecto de Ley sobre Confiscaciones de Bienes de los Sostenedores del Gobierno
u~urpador. Elaborado por los licenciados Eduardo Fuentes y Rodrigo Gómez, México, 1914, p. l.

24. !bid.

4. Ibídem p.p. 1.2.

26. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-262.

5. Partido politico que saltó a la arena electoral durante el tí.mido período democrático ~ntre la_caí~a del dictador Díaz (mayo de 1911) y el triunfo del primer gobierno
antirrelecc1orusta revolucionario (noviembre de 1911). El Partido Católico aglutinaba_~rededor _d~ prohombres de la dictadura a la mayoría de los grupos conservado~es et~~ y religiosos organizados. A raíz del golpe de Estado, este partido apoyó
mcond1c1onaJmente el régimen de Huerta.
6. Proyecto de Ley... capítulo I, Artículo 1, p.p. 3-5.

1. Ibídem, capítulo I, Artículo 4, p. 66.
8. La Oficina de Intervención y Decomisación de fmcas urbanas en Monterrey poseía
una existencia monetaria líquida para el 30 de noviembre de 1914 de 12 878.31 pesos. Los detalles de cada propiedad confiscada aparecen en el inventario eleborado
por la Oficina. Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), Concluidos,
carpeta (c) 1914-16, expediente (e) 255.
9. AGENL, Concluidos, c-1914-4, e-263.
10. AGENL, Concluidos, c-1914-1.

11. AGENL, Concluidos, c-914-4, e-263.
12. /bid.

219

25. AGENL, Concluidos, c-1914-1916.

27. AGENL, Correspondencia con Alcaldes, Monterrey, c-1912-1913.

28. AGENL, Ramo Militar, c-1914-1. Entre los encarcelados destacan el empresario Valentín Rivero Martínez y el ex-gobernador Leobardo Chapa.
29. Archivo General de la Nación (AGN), Dirección General de Gobernación (DGG),
1916, c-3, e-10.
30. Ibid.
31. En cuanto a la incautación de los bienes del mandatario estatal Salomé Botello, se
encontraban las minas de Puerto de Cacho en el municipio de Villaldama así como
las de Dolores, Saturno, Milpillas, Porvenir, Victoria, Purísima y La Perla en el
de Salinas Victoria, Nuevo León, AGN, DGG, 1916, c-3, e-10.
32. /bid.
33. AGENL, Ramo Militar, c-1914-1.
34. AGENL, Ramo Militar, c-1914-2.
35. "Lista de enemigos de la causa constitucionalista en el municipio de Lampazos",
AGENL, Correpondencia particular del general Antonio l. Villarreal, 1914, c-1.

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Flores: Revolución mexicana y diplomacia española

Siglo XIX

36. AGENL, Concluidos, 1914-16. Los grupos familiares Calderón-Muguerza y SadaMuguerza-Garza, fundaron entre otras empresas Cervecería Cuauhtémoc en 1890,
la cual para 1909 tenía una capacidad de producción de 300 mil barriles de cerveza
al año. Podía embotellar diariamente 300 mil unidades y producía 750 toneladas
de hielo, empleando 1 500 obreros. Los vaivenes de esta empresa durante la etapa
armada de la revolución en Osear Flores Torres, "De la edad del acero a los tiempos revolucionarios. Dos empresas industriales regiomontanas (1909-1923)" en Mario
Cerutti (coordinador), Monterrey, Nuevo León, El Noreste, Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1987.

221

54. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-2559, d-143, México, 11 de junio de 1914; y
el cónsul de Veracruz Bayón (el viceconsulado de Tampico estaba adscrito al consulado de Veracruz) a Cólogan, L-2559, d-148, Veracruz, 16 de junio de 1914.

55. AMAE, Lagüera a Riaño, L-2560, Monterrey, 31 de marzo de 1915 .
56. AMAE, Riaño al MAE-Madrid. Reclamaciones de españoles presentadas a esta Embajada de S.M. con motivo de la revolución en México, L-2558, anexo al d-321,
Washington, D.C., 1 de agosto de 1914; y Riaño al MAE-Madrid, L-2558, anexo
al d-169 .

37. AGENL, Corresp&lt;mdencia particular de Antonio l. Villarreal, 1914, c-2.
57. Ibid.

1

38. Ibídem, Calderón a Villarreal, 1 de mayo de 1914.

58. lbid.
39. AGENL, Concluidos, c-1914.
59. /bid.

40. Proyecto de Ley... , capítulo l, Articulo 1, p.p. 3-5.
60. /bid.
41. Aseveración hecha por Emilio Zapico, enviado del ministerio de Asuntos Exteriores
de Madrid (MAE) a Chihuahua, para recabar informes sobre la posible participación de los españoles en la política interna de México. Archivo del Ministerio de
Asuntos Exteriores en Madrid, España, (AMAE), Sección Histórica. Entre junio
de 1915 y marzo de 1916, Zapico permaneció en la zona villista como Agente Confidencial, Legajo (L)-2560, despacho (d)-1 al 30, Emilio Zapico a Riaño.
42. AMAE. El vicecónsul de Mérida Rogelio Suárez al ministro en México Cólogan,
L-2561, d-26 al 30, de 1914.

__...,._

43. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-2558, d-26, del 15 de febrero de 1913 y telegrama cifrado (te) a Madrid con la misma fecha.
44. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-1659, d-35, México, 16 de marzo de 1913.
45. AMAE, Lagüera a Cólogan, L-1659, d-08, Monterrey, 27 de abril de 1913.

61. Estas y demás reclamaciones de Joaqu,ín y Francisco Armendaiz en AMAE, L-2558,
anexo al d-321, Washington, 1 de agosto de 1914; L-2558, anexo al d-169; y Manuel
Walls y Merino, consejero de Embajada y Agente Confidencial de España cerca de
Carranza, L-2559, d-28, El Paso, Texas, 23 de septiembre de 1914.
62. AMAE, El Departamento de Estado en Washington al Embajador de España Juan
Riaño, L-2558, d-96, Washington, 26 de marzo de 1914.
63. Isidro Fabela, La política interior y exterior de Carranza, México, Edit. Jus, 1979,
p.p. 23-24.
64. AMAE, El Ministro de Estado Conde de Lema a Riaño, L-2558, T.C. en Madrid,
16 de marzo de 1914.

65. La Revolución, diario constitucionalista de Monterrey, número 5, del 29 de julio
de 1914, p. l.; y AMAE, Walls a Riaño, L-2559, d-4, Monterrey, 1 de agosto de 1914.

46. AMAE, Lagüera a Cólogan, L-1659, d-159, Monterrey, 28 de junio de 1913.
47. lbid.
48. AMAE, Lagüera al embajador español en Washington Juan Riaño, L-2558, anexo
al d-177, de la embajada de Washington al MAE-Madrid, 6 de mayo de 1914; y
t.c. de Lagüera a Riaño, 29 de abril de 1914.
49. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, situación de los viceconsulados en el norte de
México ante la revolución, L-2558, d-102, México, 21 de abril de 1914.

66. AMAE, WaUs a Riaño, L-2559, d-6, Monterrey, 6 de agosto de 1914. En esta ocasión Walls felicitaba la labor de Lagüera por su "gran entereza y tacto... Gracias
a las cuales aconsejó mesura a los empresarios españoles y evitó así sufrimientos
como en otras partes, a excepción de algunos impuestos de guerra".
67. La Revolución, Monterrey, 5 al 7 de agosto de 1914. Luis Cabrera dijo además que
los ingleses venían a colocar su capital y a hacer alarde de su superioridad y altivez.
"El alemán y francés nos traen géneros o su maquinaria; el americano viene a imponérsenos políticamente; el español no trae capital, pero sí su laboriosidad y honradez. Como hace familia en México, sufre más las consecuencias de la guerra".

SO. Bertha UUoa, La revolución intervenida, México, COLMEX, 1971, p.p. 75-76 y 312.
68. AMAE, WaUs a Riaño, L-2559, d-28, El Paso, Texas, del 23 de septiembre de 1914.
51. AMAE, Cólogan al MAE-Madrid, L-2558, d-102, México, 21 de abril de 1914.
69. AMAE, WaUs a Riaño, L-2559, d-4, Monterrey, 1 de agosto de 1914.
52. lbid.
53. AMAE, Quintana a Cólogan, L-2558, d-16, BrownsviUe, Texas, del 7 y 19 de enero
de 1914.

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70. Para 1914 los viceconsulados honorarios españoles estaban diseminados en todas
las regiones importantes del país, por lo que sus informes nos proveen de una visión
por demás global y pormenorizada de la situación revolucionaria en la república.

�222

Siglo XIX

UN ENCUENTRO DIFICIL

Capitales e Industria en Uruguay (1900-1930)
Estos se encontraban en las siguientes poblaciones: Aguascalientes, Chihuahua, Chilpancingo, Celaya, Ciudad Victoria, Coatzacoalcos, Cuernavaca, Durango, Guadalajara, Guaymas, Jalapa, Matamoros, Mazatlán, Mérida, México, Monterrey, Morelia, Oaxaca, Querétaro, Salina Cruz, San Juan Bautista, San Luis Potosí, Tampico, Tapachula, Toluca, Torreón, Tuxtla Gutiérrez y Veracruz. AMAE, Ministro de
España en México a MAE-Madrid, L-1659, d-106, México, 16 de junio de 1919.
71. Gestión de Jesús Ferrara ante Pablo González Garza en Rodrigo Mendirichaga, 100
Años de Comercio en Monterrey, Monterrey, CANACO, 1980.

Raúl Jacob *

72. Juan Luis Cantú, Memorias de un modesto e ignorado revolucionario, 1908-1915,

vols. Monterrey, 1948.
73. /bid.
74. Rodrigo Mendirichaga, op. cit., p. 62.
75. /bid.
76. AGENL, Circulares, 1910-1917, decreto del 5 de julio de 1914.
11. /bid.

78. Archivo del general Pablo González Garza (APGG), CONDUMEX, microfilm,
volumen-31. Decreto de la División del Noreste del 23 de mayo de 1914.

INTRODUCCION

79. Queja del 15 de junio del encargado de la compañía de Tranvías, Luz y Fuerza Motriz al Secretario de Gobierno, AGENL, Concluidos, 1914.

Al despuntar el siglo XX los uruguayos se despertaron con la grata noticia de que constituían una "potencia pecuaria". El censo realizado
en el año 1908 mostró la proporción más alta en el mundo de bovinos
y ovinos por habitante, seguida en segundo lugar por Nueva Zelandia
y Estados Unidos 1•

80. /bid.
81. AGENL, Concluidos, c-1913-2, e-309.
82. Solicitud del 25 de noviembre de 1914 en Rodrigo Mendirichaga, op, cit., p. 63.

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83. Archivo de Venustiano Carranza (AVC), CONDUMEX, México, carpeta-! 1,
documento-! 091.
84. AGENL, Concluidos, c-1913-2, e-244, 10 pags.

85. Ibídem, p. 2.

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86. Ibídem, p.p. 2-3.

81. Ibídem, p.p. 3-5.

Como todos los optimismos estadísticos, éste no proporcionaría
una felicidad total. Los contemporáneos fueron sorprendidos por la
constatación de que pese a que el flujo migratorio externo había logrado duplicar la población en treinta años, sobre los aproximadamente
187 000 km. 2 de territorio vivían sólo poco más de un millón de habitantes. En cambio la dotación de vacunos y ovinos estaba llegando
al limite de lo que la pradera natural podía alimentar. El "milagro ganadero" se basaba en la debilidad demográfica del país, en el resultado de dividir los millones de vacas y ovejas por el número de pobladores.

88. Informe de la CANACOM, en R. Mendirichaga, op. cit. p. 63.
89. AVC, CONDUMEX, carpeta-12, y Alejandro Saragoza, "The State and capitalism
in México; the formation of The Grupo Monterrey, 1880-1940", Tesis de doctorado, Universidad de Berkeley, 1981.
90. AGENL, Conclu.ídos, c-1914-1916.

La conciencia nacional era además alimentada por la creencia de
que en relación a su población la República Oriental figuraba "entre
los pueblos más comerciales del mundo". Su posición estratégica en
la entrada del estuario del Plata, la profundidad natural de la bahía

91. AGENL, Conclu.ídos, c-1913-2, e-244.
• Centro lnterdisciplinario de Estudios Sobre el Desarrollo (CfEDUR, Montevideo, Uruguay). Ponencia presentada en el 46 Congreso Internacional de Americanistas, Arnsterdam, jvlio de 1988. El autor agradece los comentarios de Luis Bértola.

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Siglo XIX

en la que estaba situada Montevideo, le habían permitido atender la
intermediación regional durante décadas, abasteciendo de productos
importados y exportando la producción de una vasta región que, en
el período de mayor auge llegó a comprender el sur de Brasil, la Mesopotamia argentina y Paraguay. El comercio de Montevideo gozaba de
prestigio en el mundo entero por su seriedad, cumplimiento de las obligaciones contraídas y por la adhesión al patrón oro•. Este, como lo
sostuvo el asesor letrado del Centro Comercial de Importadores y Mayoristas, fue mantenido incólume en épocas difíciles, "luchando cuerpo a cuerpo con algunos de los más atentatorios gobernantes que hemos tenido" 2•
En Montevideo y sus aledaiíos residía un tercio de la población del
país. Los restantes dos tercios estaban diseminados en centros urbanos
del interior y en la pradera que se extendía más allá de la ciudad-puerto.
En ella, la paz de los vacunos y ovinos se veía constantemente interrumpida por alzamientos armados, que espaciados, se habían sucedido persistentemente a lo largo del siglo XIX, transformando a la otrora Banda Oriental en "La Tierra Purpúrea", que con tanta agudeza
describió W. H. Hudson.
El ciclo de las guerras civiles concluiría en 1904. La paz sobrevendría dificultosamente, una vez que se restaiíaran heridas y que se sosegaran los últimos díscolos. Ella permitiría mirar hacia adentro y construir un nuevo país.
A esa tarea -la de esbozar un proyecto de país- se abocó un sector del elenco político, impulsado por la carismática personalidad de
quien había logrado derrotar militarmente la última insurrección armada: José Batlle y Ordóiíez.
Fue en el transcurso de las dos presidencias de Batlle, 1903-1907
y 1911-1915, en que se definió un modelo reformista en lo social y económico, arraígado en la tradición pasada del Partido Colorado, en la
experiencia del intento de aplicación de la enfiteusis rivadaviana, en
los proyectos de estanco del gobierno de la Defensa, en el proteccionismo aduanero de Andrés Lamas; pero también nutrido por la obra
e ideas de un conjunto de pensadores extranjeros, entre los que deseo• La existencia de oro por habitante era otro de los puntales que alimentaba la confiada
percepción que los uruguayos tenían de su país. En 1908 un periódico difundió que
Uruguay ocupaba el tercer puesto en una lista encabezada por Francia y secundada
por Estados Unidos. En ella Alemania, Austria, Inglaterra, Italia y Rusia estaban por
detrás. José P. Barrán y Benjamín Nahum, La prosperidad frágil 1905-1914 tomo
V de la Historia Rural del Uruguay Moderno , Montevideo, EBO, 1977, p. 33.

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

225

liaban Henry George, E. Ahrens, Paul Janet, León Burgeois.
Krausismo, solidarismo, georgismo, apuntalaron los afanes y desvelos de quienes, mirándose en un espejo europeo porque la pequeñez
territorial no permitía alcanzar el norteamericano, soñaron entre 1903
-en que Batlle y Ordóñez asumió la Presidencia de la República- y
1933 -en que un golpe de Estado conservador interrumpió la siestaen transformar al Uruguay en la Francia primero, Dinamarca después
de América del Sur.
El prospecto era en sí demasiado ambicioso y chocaría con serios
escollos -entre ellos políticos- que dificultarían su final concreción.
En ·grandes rasgos se proponía superar la injusticia social en base al
solidarismo, la concordia obrero-patronal, y el desarrollo de la legislación laboral y de previsión social Gornada de ocho horas, jubilaciones, prohibición del trabajo a menores, regulación del trabajo femenino, seguro de desocupación, etcétera); mejoramiento de las condiciones de vida de la población (obras de saneamiento, cursos nocturnos
para trabajadores, etcétera); nacionalización y/o estatización de actividades industriales y comerciales con la finalidad de limitar la incidencia del capital británico y abaratar y extender algunos servicios considerados prioritarios para el desarrollo del país (Banco República, de
Seguros e Hipotecario; energía eléctrica, ferrocarriles y tranvías; pesca; servicios portuarios; prospección geológica; insumos industriales;
etcétera); tecnificación y transformación estructural del sector agropecuario para aumentar, mejorar y diversificar la producción y redistribuír la riqueza, (fomento de la agricultura y la forestación, cursos técnicos, crédito rural; impuesto progresivo a la tierra, al ausentismo; fraccionamiento de la gran propiedad rural, estímulo a la colonización, rescate de las tierras estatales, etcétera); industrialización del país con el
objetivo de sustituír las importaciones, limitar la dependencia económica, generar empleos (impuestos aduaneros a las importaciones, libre importación de maquinarias, crédito industrial, transformación de
la materias primas exportables, etcétera) 3 •
De tener éxito en la obra, Uruguay lograría atraer la inmigración
y evitar la emigración de sus hijos, dinamizaría su mercado interno,
industrializaría y exportaría su producción, sustituiría el latifundio por
la pequeña propiedad, fiscalizaría sus recursos y controlaría los resortes estratégicos necesarios para su desarrollo económico.
Era una empresa nacional que un nuevo sector político en formación, el batllismo, surgido en el seno de uno de los dos grandes partidos políticos, decidió impulsar.

�226

Siglo XIX
Jarob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

Su conductor, Batlle y Ordóñez, al aceptar en 1910 su canclidatura
para un nuevo período gubernamental, manifestó: "La manufactura
y especialmente
la que tiene su materia prima en el país, debe ser
4
protegida" • Sus ideas eran claras al respecto: o se industrializaba el
país, o éste se transformaba en una despoblada estancia. Pero no eran
novedosas. En el último cuarto del siglo XIX se habían aprobado tres
leyes proteccionistas y una serie de clisposiciones casuísticas, basadas
fundamentalmente en el aumento de los impuestos aduaneros a los productos importados que ya se fabricaban en el país. Las mismas en general fueron fundamentadas con citas de algunos teóricos del proteccionismo europeo y su desarrollo coinciclió con el auge de las inversiones británicas y la contratación de empréstitos extranjeros para cuyo
cumplimiento se afectaron parte de los ingresos aduaneros.
En 1930, una autoridad respetada en los círculos económicos, como lo era el gerente de la máxima institución financiera nacional, el
estatal Banco de la República, constató: "La producción industrial manufacturera y de elaboración, están aún en sus principios. Ocupa un
lugar muy modesto en el caudal de nuestra riqueza (... )" 5•
¿Qué había pasado? Veinte años separaban las buenas intenciones
de Batlle de la pesimista visión de Octavio Morató. Era casi la mitad
del tiempo -medio siglo- que necesitaron para industrializarse algunos grandes países capitalistas.
La respuesta a esta pregunta no es, no puede serlo. simple.

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¿Era tan insignificante el crecimiento industrial uruguayo? ¿Qué
perspectivas brindó el mercado interno? ¿Qué grado de protección efectiva recibió la producción manufacturera? ¿Los agentes económicos se
orientaron a la financiación de la industria nacional?
Dado que en una economía de mercado el capital busca el el eje
seguridad-rentabilidad, y que algunas grandes industrias lograron en
la década del veinte ganancias considerables, o por lo menos aceptables, nos interesa intentar dilucidar la última de las interrogantes.
EL OTRO "MODELO": LA "CIUDAD BALNEARIO"
Al finalizar su primera presidencia, Batlle y Ordóñez juzgó oportuno
tomar un descanso y alejarse de la escena política nacional, dirigiéndose con su familia a Europa. Viajero perspicaz, Batlle aprovechó su
estadía en el continente para repensar su país en función de las experiencias que ahora tenía la oportunidad de observar in situ. En 1907,

227

desde París, le escribió a su amigo y correligionario Domingo Arena:
( ...) no puedo menos que pensar con frecuencia en las enormes ganancias que nos proporcionaría el atraer a nuestros baños, todos los
años, a una gran masa de argentinos. Los gastos que haga Montevideo para embellecerse y ofrecer comodidades en la estación balnearia, serán siempre un buen negocio, aunque parezcan de lujo 6 •.

Batlle no hacía otra cosa que reconocer las ventajas y beneficios que
podía ofrecer la venta de servicios, una de las funciones que históricamente había cumplido Montevideo, la ciudad-puerto: abastecedora de
la marina real española e introductora de esclavos en el sur del continente durante la época colonial; punto de convergencia después del comercio de tránsito de la cuenca platense.
Es a partir de la década del noventa que Montevideo había comenzado a ser la "ciudad de las playas", recibiendo a sus vecinos porteños, a pesar de que un viajero extranjer~ "con m~ndo" había en~~ntrado las aguas del Río de la Plata turbias, cuest10nando las debc1as
que creían ver los nativos en su costa, concluyendo que las playas "son
aceptables, eso es todo; por lo demás no hay nada mejor" 7•
Los montevideanos comenzaron a aprovechar su borde marítimo
con recato, a partir de 1871, en que se inauguraron las instalaciones
balnearias de la playa de Ramirez conjuntamente con la línea de tranvías del Este; punto inicial de la larga línea de balnearios que_ en dirección Este llegaría con el tiempo hasta la frontera con Brasil.
En 1875 le tocaría el turno a Pocitos; en 1879 a TrouviUe; en 1900
Capurro; en 1912 nacería la "Sociedad Anónima_BaJn&lt;:ario Carrasco" ...
Cada balneario se convertiría en un "barrio res1denc1al con costa para
baños" 8•
Este despertar costero, inicialmente estimulado por las empres~
tranviarias encontró un decidido y firme sostén en el Estado a partrr
de la prime~a presidencia de Batlle y Ordóñez, en que se pi:oyectó construir una rambla de cuatro kilómetros desde el puerto a la playa, que
su sucesor Williman (1907-1911) adoptó y consideró "El monumento
• En 1907 José Serrato -Ministro de Hacienda durante la primera presidencia de_BatUe y Ordóñez- sostuvo en la Cámara de Senadores ~u.e la riqueza ~e las_naciones
europeas se nutria de las exportaciones, las rentas recibidas por sus mve_rs1ones Y el
turismo (Citado por J.P . Barrán y B. Nahum en_el tomo VI de la Hi~f~na Rur~ del
Uruguay Moderno ["La civilización ganadera baJo Batlle (1905-1914) ), MonteVJdeo
EBO , 1977; p. 418).

�228

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (190()./930)

229

9

a su administración" • La "Rambla Sur" fue el primer síntoma de la
"ramblomanía" que a partir de 1915 ~ por tres lustros aquejaría a todas las administraciones departamentales que se propusieron unir con
una amplia y pavimentada avenida el puerto con el cinturón costero
hasta el borde del arroyo Carrasco, límite natural del Departamento
de Montevideo. Durante el gobierno de Feliciano Viera (1915-19) la
Municipalidad fue autorizada a construir una rambla costanera desde
Pocitos hasta Carrasco de nueve kilómetros de extensión y 50 metros
de ancho; entre 1919-23 (presidencia de Baltasar Brum) el Concejo de
Administración Departamental de Montevideo planeó la construcción
de la "Rambla Sudamérica" -que más modesta en su concepciónse propuso acercarse en sentido opuesto desde las instalaciones portuarias en dirección al Balneario Capurro; en 1925 -durante la administración de José Serrato (1923-1927)- quedó aprobado el trazado
definitivo de la "Rambla Sur", desde la playa Ramirez a la escollera
Sarandí; en 1928 (presidencia Campisteguy 1927-31) el Concejo de Administración Departamental de Montevideo abordó el estudio de un
plan de obras que comprendía la construcción de la rambla portuaria,
uniendo la "Sur" con la "Sudamérica"io.
El Estado incidió además en la construcción de la infraestructura
hotelera destinada a albergar el turismo veraniego. En abril de 1907
se autorizó una concesión privada para la construcción del actual Parque Hotel, y la explotación de un Casino. El Parque Hotel fue inaugurado en 1909. En 1915 la Municipalidad de Montevideo adquirió el Parque hotel y las obras del Hotel Carrasco, que finalizarían en 1921, pasando a explotar la concesión de los juegos de azar de sus respectivos
Casinos 11 •
Los espacios verdes -zonas de esparcimiento y pulmones de la
ciudad- merecieron especial atención de las autoridades.
El tradicional paseo montevideano de "El Prado" (1873) fue extendido 18 hectáreas en 1912; el "Parque Urbano" (1901) -contiguo
a la playa de Ramírez- fue ampliado en 1911 hasta Punta Carretas;
el "Parque Central" (1907) fue ensanchado en 1911. Los trabajos de
forestación y ornamentación fueron confiados a un arquitecto paisajista francés -Carlos Thays- al que se Je propuso también el diseño
del futuro balneario Carrasco 12•
De tal suerte Montevideo, con sus playas y modernas ramblas, con
sus dos monumentales hoteles, con sus ruletas y parques arbolados,
no tendría nada que envidiar a las estaciones balnearias de la Riviera
francesa, que tanto fascinaban a las clases altas montevideana y porteña.

La "ciudad-balnearia", al fin y al cabo capital de un pequeiio país,
sería dotada de edificios públicos cuya concepción faraónica sorprendería a los visitantes extranjeros: el Palacio Legislativo -inaugurado
en 1925- "un edificio para algunos siglos", según sugirió Batlle a Are13
na en 1909 , y la sede en construcción para el Banco República, una
especie de nave central de una gigantesca catedral que en su sótano atesoraría el oro que simbolizaba la riqueza del país y la estabilidad de
su moneda.

El capital privado haría lo suyo, colaborando en la transformación de Montevideo que, después de la inauguración del Palacio Salvo
(1928) -que la creencia y el frenesí popular elevó a la categoría del
mayor rascacielos de América del Sur- perdería su fisonomía de gran
aldea, sin dejar de serlo en la realidad. La Federación Rural, una de
las más beneficiadas por las dos largas décadas de paz que vivió Uruguay, decidió eternizar con un monumento ecuestre al gaucho -carne
de cañón de las pasadas guerras fratricidas- que se instaló en la principal arteria montevideana (1927); y las instituciones bancarias donaron
a la ciudad el obelisco a los constituyentes de 1830 al conmemorarse
el primer centenario de la jura de la carta magna, a ciento dos afios
de la eficaz gestión diplomática británica ante los gobiernos de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil, que accedieron a reconocer la independencia de la Provincia Oriental.
Del sueño de la "ciudad-balneario" se pasó sin mayores dificultades al del "país-balneario", aunque en los hechos sólo abarcó la linea
costera desde Colonia al Chuy, si se contabiliza la fugaz experiencia
del "Real de San Carlos" en Colonia, cuya plaza de toros atrajo a la
afición bonaerense.
En 1911 se creó una empresa que adquirió las tierras en que se erigiría "Atlántida", a pocos kilómetros de Montevideo; y a escasa distancia ese mismo afio nacería "La Floresta". En 1913 -cuando los hoteles "Biarritz" y "Espafia" ya recibían turistas en Punta del Este- don
Francisco Piria comenzó la venta de Jotes de "Piriápolis" en Montevideo y Buenos Aires; se inauguró el "Atlántida Hotel" en el paraje homónimo y se vendieron los campos en los que se erigiría "La Paloma". Al afio siguiente se crearla la "S.A. Balneario Solis" 14 • Completar la trama sería cuestión de tiempo.
En 1925 un moderno puente metálico giratorio sobre el Río Santa
Lucía deste~aría todo intento de aislamiento de Montevideo con el
norte ~ el oeste del país. Tres afios después se proyectó la construcción
de una moderna carretera de hormigón que conectaría a la capital con

�230

Siglo XIX
facob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

el puerto de Colonia, coincidentemente con la inauguración de la línea
estatal ferroviaria a Rocha, que posibilitó la comunicación de Montevideo por ferrocarril con la franja costera hasta La Paloma.

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Este otro modelo, el de país turístico, no se hubiese podido delinear sin el apoyo, o por lo menos la complacencia, de una parte del
sistema político*. Dejemos constancia de que aunque abundan estudios sobre el batllismo aún no se ha abordado la investigación de la
administración municipal de Montevideo durante su vigencia, y que
constituyó en estos años, dado su peso político en el medio urbano,
quizás una de las posibilidades más tangibles de plasmar su ideario**.
Por otra parte, la experiencia europea fue fundamental en la vida de
Batlle, y éste así lo dejó traslucir en su correspondencia: ''Sólo me he
entretenido en divagar, en presencia de los monumentos, paseos y jardines de acá, sobre lo que ahí podríamos hacer". Políticos batllistas
fueron tres de los integrantes del directorio de "Territorial Uruguaya
S.A.", empresa fundadora de Atlántida: ingeniero Juan P. Fabini, doctor Francisco Ghigliani y Atilio Narancio. Empresario de obras fue uno
de ellos, el ingeniero Juan P. Fabini.
Y fue un batllista -Pedragosa Sierra- a quién se le atribuyeron
la apertura de plazas, iniciación de ramblas, comienzo de carretera y
difusión de la energía eléctrica en Punta del Este 15 •
A la consecuencia económica de la urbanizacióh costera y la transformación metropolitana ya Ricardo la había denominado "renta de
situación". Lo que sucedió -y que se puede extender generosamente
al ámbito de los terrenos capitalinos- lo describió en 1931 con agudeza el político Luis C. Caviglia:
Nadie podrá decir que el Estado no favorezca la industria del turismo, desde que el tesoro nacional ha invertido millones a favor de ella.
Cada propietario de arenal costanero se considera poseedor de una
nueva Piriápolis; sin embargo, la única acción realizadora se concre-

• Resulta interesante constatar que al secularizarse los feriados en 1919, el 8 de diciembre pasó a denominarse "Día de las Playas" y la sexta semana siguiente a la de Carnaval, "Semana de Turismo".
•• El 30 de julio de 1916 el batllismo fue derrotado en las elecciones para la Convención
Nacional Constituyente, la primera en la que se practicó el voto secreto. A partir de
ella, la necesidad de derrotar a su principal adversario, el Partido Nacional, lo llevaría a un juego de alianzas con las fracciones conservadoras de su propio partido, el
Colorado, lo que mediatizaría su propuesta reformista.

231

ta a pretender un wecio exorbitante por la tierra a la espera de que
alguien la mejore 6 •
'

Junto con la inversión en infraestructura por parte del Estado y de algunas empresas privadas IJegó la especulación inmobiliaria.
LOS AGENTES DE CAMBIO
En el siglo XIX y primeros años del siguiente las empresas tranviarias
fue~on las responsables de que Montevideo reconociese su costa y se
reclinase sobre ella. La extensión de los trayectos buscó aumentar el
número de pasajeros transportados. Para ello las empresas invirtieron
en la construcción de centros recreativos en las terminales, con la finalidad de ?traer a los usuarios. La línea tranviaria del Este fue inaugurada conJuntamente con las instalaciones balnearias de la playa de Ramírez en 1871.
En 1875, en que el tranvía llega hasta el Buceo previo pasaje por
Pocitos, se ~elinea el pueblo de los Pocitos a instancias de la empresa,
lo que permite comenzar con la venta de terrenos y la construcción de
un restaurante de su propiedad que se habilita en 1882.
La compañía "La Transatlántica" construyó sobre la bahía, en
tierras propias el "Parque Capurro", que elevó a la categoría de estación balneario (1910), siendo servida por su primera línea electrificada, la del "Paso Molino-Cerro", inaugurada en 1907. La sustitución
del tranvía de caballos por el eléctrico permitió extender el radio de
acción del transporte urbano, abaratando el boleto, e indirectamente,
fomentar el desarrollo de la urbanización 17 •
A la construcción de la instalaciones balnearias, hotel y restaurante, parques, le siguió el fraccionamiento y comercialización de las tierras contiguas, que se transformaron con el tiempo en compactos
barrios.
El Municipio capitalino fue otro de los eficaces agentes de esta cambio. La comuna emprendió la construcción de ramblas y parques, tomó a su cargo la explotación del "Parque Hotel" y la finalización del
"Hotel Carrasco", el usufructo de ambos Casinos; ensanchó calles que
tansformó en avenidas; compró la red cloacal de la ciudad (1911-18)
y extendió los servicios de alcantarillado y saneamiento mientras con
igual tesón procedió a pavimentar calles y caminos.
Para hacer frente a la inversión necesaria para estas obras el Municipio debió concertar empréstitos en el exterior y en el país. Los be-

�232

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

233

neficiarios la sufragaron y sus propiedades se valorizaron.
CUADRO 1

La extensión de la red de saneamiento, de la provisión de agua potable y de energía eléctrica eran necesarias para mejorar la calidad de
vida de la población a que aspiró explícitamente el batllismo. Para
ésta, tanto la que arribó desde el exterior como la que debió emigrar
del medio rural, la transformación y embellecimiento de Montevideo
se constituyeron en un imán. Se estima que entre 1908 y 1930 la población del país aumentó poco más de un sesenta por ciento, mientras que
la de la capital se duplicó 18 •
Los promotores privados fueron otros de los puntales que estimularon y se beneficiaron del cambio urbano. A la acción de uno de los
pioneros más notorios, el rematad~r Francisco ~iria, se le agre~aron
otros. Pero fue particularmente el sistema financiero el que asum1ó este rol, adquiriendo un destacado protagonismo.
Hacia 1930 la red bancaria privada nacional podía ser definida como "moderna": el 56% de las instituciones existentes ese año habían
sido fundadas en las dos primeras décadas del siglo (cuadro 1).
La banca privada nacional cumplía más una función comercial que
económico-financiera y algunas de las instituciones -como el Banco
Popular del Uruguay~ reconocían su origen en el negocio de tierras 19•
El aumento de la población iba parejo al crecimiento territorial urbano. Los principios que legaron las leyes de Indias, de que los ejidos
precisaban los limites de las ciudades, y que hacia afuera se extendían
los terrenos de propios y las chacras, ya habían sido sepultados y convenientemente olvidados. En 1915 un artículo periodístico publicado
en El Siglo reconocía que Montevideo no había crecido en altura,
extendiéndose en cambio "de un modo sorprendente y hasta anormal,
puesto que ocupa hoy una superficie que solamente suelen cubrir ciudades siete ocho veces más populosas"20 •

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Ya en el último cuarto del siglo anterior la banca privada nacional
se había orientado a satisfacer la demanda de tierras originada por el
aumento poblacional montevideano. Entre 1907 y 1911 se fundaron
una treintena de nuevos barrios y en este auge participaron activamente las instituciones bancarias (cuadro 2).
Algunas como "La Caja Obrera" se vanagloriaban de haber innovado el sistema de venta de propiedades y terrenos, incorporando
las hipotecas a diez años, pagaderas en mensualidades21• La acción

ANTIGUEDAD DEL SISTEMA BANCARIO PRIVADO NACIONAL
EXISTENTE EN 1930

lnsdtudón
1- Banco de Crédito
2- Banco de Cobranzas, Locaciones
y Anticipos
3- Banco Comercial
4- Banco Francés Supervielle
5- Banco Italiano del Uruguay
6- La Caja Obrera
7- Banco Mercantil del Río
de la Plata
8- Banco Popular del Uruguay
9- Banco Territorial del Uruguay

Año de fundación
1908
1889
1857
1887
1887
1905

1915
1902
1912

Fuentes: Banco de la República Oriental del Uruguay, Sinopsis Económica y
Financiera del Uruguay - Estadística Retrospectiva, Montevideo s.f..; El Libro del Centenario del Uruguay, Montevideo, Agencia Capurro, 1925, M. Blanca París de Oddone, Roque Faraone, Juan Antonio Oddone, Cronología comparada de la Historia del Uruguay 1830-1945, Montevideo, Universidad de la
República, 1966.

bancaria se extendió a los balnearios del este: el Banco de Cobranzas,
Locaciones y Anticipos comercializó los solares de "Las Toscas" y "Solis", el Francés Supervielle los de Punta del Este.
Los plazos fueron extendidos: de las ventas en cuotas a diez años
se pasó a treinta. En 1930 se denunció en el Parlamento que únicamente uno de los bancos, el Francés, se inclinaba a aceptar para sus operaciones un plazo máximo de diez años. Los restantes trabajaban a treinta
años, lo que si bien facilitaba la adquisición de la propiedad por los
sectores de menores ingresos, llevaba a una valorización desmedida:
"Se viene a cobrar en definitiva mil o dos mil pesos por lo que vale
en realidad diez" 22•
El Estado intervino y la ley de 17 de junio de 1931 fijó las condiciones para la enajenación de inmuebles a plazos.

La banca también intervino en la construcción de viviendas. Esto
benefició particularmente a los sectores de ingresos altos y medios. Po-

�234

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

CUADR02

BANCA PRIVADA NACIONAL. FlJNDACION DE ALGUNOS BARRIOS
RESIDENCIALES EN MONTEVIDEO. 1908-1911

Año Institución
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco Popular del Uruguay
1908 Banco Francés SupervielJe
1908 Banco Popular del Uruguay
1909 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos
1909 Banco Popular del Uruguay
1910 Banco Popular del Uruguay
1910 Banco Popular del Uruguay
1910 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos
1911 Banco Francés Supervielle
1911 Banco de Cobranzas, Loe.
y Anticipos

Nombre

Localizadón

Edison
próximo Buceo
Eduardo VII Propios y Av. Italia
La Palma
Larrañaga y
Montecaseros
Gral. Artigas Rivera y Comercio
25 de Agosto Millán
Dr. A. Cabral Industria y
Gral. Flores
Latino
Rivera y Comercio
Fondos Capilla
Jackson
Piedras
Gral. Flores
Blancas
Marconi
Cerca Hipódromo
Uruguay
Nuevo Malvín
Isabelino
Larrañaga
Bosch
Capurro
próximo a la Bahía
Dr. Gonzalo Malvín
Ramírez

-

Fuente: Alfredo R. Castellanos, Historia del desarrrollo edilicio y urbanístico
de Montevideo (1829-1914). Montevideo, Junta Departamental, 1971; pp.
248-250.

siblemente el sector popular no recurrió masivamente a este mecanismo financiero. Su limitada capacidad económica y su mentalidad que
consideraba a la hipoteca exigida como un recurso desdoroso y posiblemente ruinoso llevó al camino de solucionar la necesidad de un techo por el recurso de la auto-construcción23 •
La banca concedió préstamos para la construcción de viviendas y
construyó viviendas que luego comercializó en barrios residenciales.
El Banco Hipotecario estatal, nacionalizado en 1912, también intervino en el mercado concediendo créditos para la construcción de viviendas. A juzgar por la sucesión de proyectos parlamentarios para la
construcción de viviendas económicas y a una iniciativa para fundar

235

un "Banco Constructor del Estado" discutida en 1930, su acción fue
insuficiente para beneficiar a obreros y empleados, canalizándose además a auxiliar las necesidades de los sectores de medianos y altos ingresos. A mediados de la década del veinte la banca privada se queja·ba de la competencia del Hipotecario en los préstamos para la construcción de edificios de apartamentos, con la condición de que se le
concediese la anticresis de los alquileres24 •
Dado el aumento de la población de Montevideo y de la consiguiente necesidad de solucionar su demanda de viviendas se incrementó la
construcción de casas y edificios de renta.
La banca privada nacional también se encargó de la administración de este tipo de propiedades, reclamando el Banco de Cobranzas,
Locaciones y Anticipos el reconocimiento de haber sido la primera institución que implantó este tipo de negocios25 • Hacia finales de la década del veinte el Francés Supervielle publicitaba en Argentina, Brasil
y Paraguay el alquiler de viviendas durante el verano en Pocitos, Malvín, Carrasco, Atlántida, Piriápolis, Punta del Este, etcétera26•
Los negocios inmobiliarios urbanos y rurales permitieron en buena medida el desarrollo del sistema financiero nacional.
LA CAPTACION DE RECURSOS POR EL ESTADO
El modelo que el batllismo intentó impulsar, que le asignó al Estado
un nuevo papel económico sumado a las funciones tradicionalmente
cumplidas, requirió capitales.
El nuevo país -el pais de las empresas estatales, de la red vial y
férrea, competitiva de los ferrocarriles británicos, de las ramblas y hoteles municipales, de los liceos de enseñanza secundaria en el interior,
de las redes de saneamiento y agua potable, de los edificios públicos
faraónicos, de las amplias avenidas y calles pavimentadas, de la vivienda
decente y el mejoramiento de las condiciones de vida, de la colonización agraria- buscó financiarse con la venta de valores públicos, con
el endeudamiento interno y externo, participando activamente en la expansión del mercado.
Las cifras con que contamos corresponden a la segunda parte del
período aquí analizado (año 1913 -presidencia de Batlle y OrdóñezY 1930 -crisis mundial-). Entre ambas fechas la emisión circulante
de valores públicos creció en un 148%. Si en 1913 equivalió a dos veces y media de las exportaciones de ese año, en 1930 alcanzará a equivaler a cuatro (cuadro 3).

�236

Siglo XIX

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

237

CUADR03

VALORES PUBLICOS. MONTOS CIRCULANTES EN MILLONES
DE PESOS CORRIENTES

1913

%

1930

%

1. Deuda Externa e Internacional
(al 31 de diciembre)
2. Deuda Interna
(al 31 de diciembre)
3. Deuda Pública Municipal
(al 30 de junio de 1913 y
31 de diciembre de 1930)
4. Cédulas, Títulos y Obligaciones
Hipotecarias (al 31 de marzo)

120:7

72

153:5

37

15:6

9

85:9

21

3

48:3**

11

27:4

16

131:0

31

5. Total
6. Relación con el valor efectivo
de las exportaciones

168:6

100

418:7

100

4:9*

2.5

4.1

• Deuda Externa
•• 13:6 corresponden a Deuda Externa.
Fu~nte: ~aneo de la República Oriental del Uruguay, "Sinopsis Económica
Y Fmanc1era del Uruguay. Estadística Retrospectiva". Montevideo, Edición
sin fecha.

En base a los papeles circulantes se puede deducir que el menor
crecimiento entre 1913 y 1930 correspondió a la deuda externa. En 1913
computando las emisiones municipales, el 75% de la emisión circulante era en deuda externa; en 1930 había descendido al 40%. (Estas cifras deben ser relativizadas. No es descabellado suponer que los uruguayos participaron de la adquisición de títulos de su deuda externa
ni que los extranjeros pudieron invertir en valores internos).
'

la oferta de títulos -tanto externos como internos- para financiar
el modelo socio-económico. Este recurso, el de acudir al auxilio de la
deuda interna para captar los fondos necesarios para el desarrollo, se
incrementó a partir de la crisis en los primeros años de la década del
treinta. A fines de 1932 la emisión circulante comprendía títulos de deuda de empresas estatales o con intervención estatal (Banco de Seguros,
Usinas Eléctricas de Montevideo, Ferrocarriles, Teléfonos del Estado,
Frigorífico Nacional, Administración de Combustibles, Alcohol y Portland, graneros del Banco de la República, etcétera), obras públicas
(Palacio Legislativo, edificios educativos, puertos, saneamiento, etcétera), política agraria (colonización y rescate de tierras), política social
(salud, previsión social), etcétera27 •
La transformación de Montevideo y la pavimentación de algunas
ciudades del interior también requirió de fondos y la emisión de la Deuda Pública Municipal pasó a constituir del 30Jo del total circulante en
1913 al 11 % en 1930, creciendo un 886%.
El desarrollo urbano recibió otros recursos, los de parte de las cédulas, títulos y obligaciones hipotecarias, cuya emisión circulante pasó del 16% del total en 1913; al 31% en 1930; creciendo el 3780Jo.
Con respecto a la búsqueda de capitales externos se actuó pragmáticamente: existía un mercado mundial, que a partir de la primera guerra mundial se caracterizó por la irrupción de los Estados Unidos, y
a él se acudió como lo hicieron por otra parte muchos otros países latinoamericanos. El endeudamiento externo fue fundamentado en la necesidad de dejar libre al ahorro nacional para promover el desarrollo
interno28• En los hechos permitió además al Estado mantener sobrevalorada la moneda y cumplir con los pagos de los servicios a los prestamistas y benefició al capital extranjero en el nivel en que se mantuvo
la capacidad importadora del país y por los requerimientos de insumos
para las grandes obras de infraestructura.
En la captación de recursos el Estado encontró competidores. Diversos títulos de otros países podían adquirirse sin dificultad en
Montevideo29•

La nota más destacada fue la inserción en un nuevo mercado financiero a partir de 1915: el norteamericano. La emisión de deuda interna circulante creció entre 1913 y 1930 en un 451 %.

Por otra parte el sistema bancario recibió en depósitos casi cien
millones de pesos entre 1913 y 1930, estimando el Banco de la República que el ahorro nacional había crecido un 450% 30•

Si bien el estado uruguayo siempre había recurrido a la emisión
de deuda para solucionar el déficit fiscal, ahora se constata además

Pero el Estado contó también con ventajas: la de obligar a sus propias empresas económicas a adquirir parte de las emisiones o la de de-

�238

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

jarlas en caución en garantía de préstamos.
. ~ capital privad_o. I_es ofreció su garantía, pero también ventajas
ad1c1onales; La opos1c1on del batllismo al impuesto a la renta -que
fund~ento en ~~e gr~varía al trabajo- facilitó el libre ingreso y egreso
de cap1tal~s y _d1f1c~lto la evaluación y fiscalización de la riqueza privad~: Su mex1_stenc1a resultó funcional a la inversión en títulos, que
se v10 favorecida por la exención impositiva.
El auge de los valores hipotecarios -cuya emisión fue la de mayor crecimiento en cifras absolutas entre 1913 y 1930- fue auxiliado
por el fraccionamiento de los Títulos, cuyo valor mínimo de veinticinc? pesos nominales los situó al alcance del pequeño ahorrista favoreciendo s_~ colocación y en la tasa de interés del 6%, considerada alta
en relac1on a los bancos europeos31 •
A comienzos _de los añ~s treinta_l~s distintos títulos ofrecidos por
el E~tado co~pet1an entre s1 por rec1b1r la preferencia pública, y la red~c1da capacidad de absorción del mercado de capitales y la crisis ambientaron un pro~ecto para obligar a la banca privada a orientar parte
del ahorro depositado en sus instituciones a la adquisición de valores
públicos.
EL PESO DE LA MENTALIDAD
El pod_eroso sector mercantil que Montevideo había parido -la "aristocracia del bacalao", como la denominó con sorna Angel Floro
&lt;::o~t~- no desdeñó la apropiación de tierras y ganados -estableciendo
v1VJf1cantes vasos comunicantes entre el mundo comercial y financiero
Y el rural- Y fue extremadamente conservadora en sus inversiones.
En general había optado por huir del riesgo productivo de la inseguridad en el éxito, de los esfuerzos prolongados.
'
Y e~ esto tenía una tradición histórica. Los préstamos usurarios a
lo~ part1c?la~es ~ el Estado fueron el entorno propicio para gestar las
pnmeras mst1tuc1ones bancarias nacionales. El sitio de Montevideo dur~nte la denominada Guerra Grande había valorizado la tierra de la
cmda~, Y la ~casez ~~ vivienda para albergar al constante flujo inmigra!ono babia perm1t1do obtener alquileres que se traducían en un int~res no menor al doce por ciento anual, y hasta un veinticuatro por
ciento anual32•

Henry Patdck -que no era otro que el seudónimo del rematador

239

de terrenos Francisco Piria- constató que parte de las riquezas obtenidas por el abstecimiento de los beligerantes durante la guerra del Paraguay habían sido invertidas en las tierras de los contornos de la ciudad que, transformadas en quintas, albergaron los palacetes en los que
la clase alta buscó refugiarse los fines de semana y durante el verano,
antes de que el descubrimiento de la costa les permitiera gratificaciones más reconfortantes y saludables33 •
La especulación y la usura sirvieron de escalón social a muchos
advenedizos en busca de fortuna.
Hombres que apenas sabían sumar han encontrado en la hipoteca la
ciencia sublime del amontonamiento, el organismo hembra poderoso y prolífero de la multiplicación pecuniaria. Así han alineado fincas, y sobre los despojos de Jos caídos en la batana, han podido pasar revista al botín de guerra, echando en la balanza del enaltecimiento social de sus hijos, no la espada de Breno, sino las esculturas
de sus propiedades, que pesan mucho más,

escribió Máximo Torres (Carlos M . Maeso) en Divagando. .. en 189534•
Con tales blasones, la aristocracia hipotecaria, la aristocracia del
bacalao, la fmanciera, la tasajocracia y los grandes propietarios rurales -cuyos miembros en ocasiones llegaron a concentrar todos estos
patronímicos- permitieron tempranamente, en 1867, el surgimiento
de la Bolsa de Valores de Montevideo, casi por generación espontánea, sin apoyo gubernamental y que en un país con estancias, saladeros, comercios y algunos talleres -en ancas de la experiencia europea
y poder adquisitivo de su población extranjera- se orientó a la comercialización de una mercadería que podía ofrecer en ese momento:
la deuda pública35 •
Los·propietarios rurales, tanto los que residían en los centros urbanos como aquellos renuentes a abandonar la cotidiana compañía de
sus ganados, no fueron menos conservadores en sus inversiones. Cuando
no aseguraban el techo a sus familias en alguna ciudad en la que sus
hijos podían adquirir los rudimentos educativos necesarios para pulir
sus personas, y aún en esos casos, encontraron en la compra de tierras
y ganados y el atesoramiento del oro, el mejor soporte para una estructura mental cuyo contacto con la naturaleza sirvió para reforzar
los valores que también compartía con el horno urbanus: status, seguridad y bienestar económico36 •

Estos indicadores externos de la riqueza, que también lo eran en
aquella sociedad abierta del prestigio, fueron igualmente abrazados por

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los _industriales que lograron trascender su condición de modestos tallenstas, y elevados a la condición de aspiración vital por estos últimos.
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Siglo XIX

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-/930)

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Si todo pudiese ser reducido a un torneo de alpinismo se puede
afirmar que en la cúspide del pico a escalar, justo en el sitio en que
los q_ue, llegaban debían clavar su bandera, la recompensa a la hazaña
c?nsistia_ en comprar terrenos y estancias, en tener una buena provisión de libras de_oro, g~ado, títulos de deuda, casas de renta y alguno,s acreedor:s _hipotecanos ¿Se podía legar algo mejor a los hijos, ademas de la actmdad -con su activo y pasivo- en que se había amasado la fortuna original?
Con (o contra) esta mentalidad debería luchar el batllismo. Lamen~blemente los estudios sobre mentalidades -salvo algunos esfuerzos
pioneros- no se han desarrollado en Uruguay37 • Sería interesante seguir los textos_ d~ enseñanza ~on los que se formaron los elencos polític?s para percibrr la concepción de país que se trasmitió a las generaciones de educandos. En tal sentido es revelador repasar las páginas
de _la &lt;?eo~rafía de la República Orient.al del Uruguay redactada por
Lms Cmcmato Bollo, obra que en 1914 iba por su undécima edición.
El aut?r, al hablar de industria, se refirió a la ganadería, los saladeros,
la agncult~a, y la, pr?ducción de quesos, vinos y de frutas. El papel
del comercio de transito fue convenientemente resaltado. Al finalizar
la construcción de varias de las líneas férreas proyectadas aquí y en
los países vecinos, Montevideo "será el centro de todas las 'comunicaciones rápidas del centro del continente con el litoral del Atlántico"
sirviendo a Perú, Bolivia, Paraguay, Río Grande del Sur y Matto
Grosso.
. L~ más curioso es que don Luis Cincinato Bollo participó de
la ilusión de Batlle:
Nos~tros podemos hace~ lo mismo (que en Ostende y Seveninge, en
Bélgica y Holanda), y urur Ramírez con Pocitos, Buceo, Malvín y Carrasco por una rambla para tener un paseo que sólo podría superarlo
el que une MONTECARLO a NIZA en la costa del Mediterráneo.
Después la rambla debería seguir costeando las playas de Santa Rosa, Atlántida de Canelones hasta Piriápolis y Punta del Este y haríamos de nuestra República el primer país balneario del mundo38 •

Para los adol:5centes de la década del diez, Uruguay era un país ganadero _que d~bia mantener y desarrollar la prestación de servicios (comercio, tunsmo) y las agroindustrias.
El modelo que el batllismo buscó impulsar, con su extremada am-

bición, requeriría ingentes capitales ¿Si la población con poder adquisitivo debía -junto con el capital extranjero- oficiar de banquero del
Estado, quién lo sería de la industria?
La oferta de valores públicos por el Estado se reencontraría con
la mentalidad conservadora del país de inmigrantes del siglo XIX. Y
aunque un difusor del industrialismo tan consecuente como Juan Carlos Quinteros Delgados en 1918 reconoció como mal étnico el conservatismo de la economía privada, su optimismo de que podía no sér imposible "la rectificación de estas costumbres atávicas" resultó en los
hechos bastante desmesurado39•
Poco antes del golpe de Estado de 1933, uno de sus impulsores,
el herrerismo, entendió que el batllismo perseguía la propiedad "porque ellos ocultan sus grandes fortunas en títulos de deuda, que permiten a los tenedores pasar por pobres y eludir el pago de impuestos" 40•
Esta acusación hecha a un sector político podía extenderse a una
parte de la sociedad uruguaya.
¿QUIEN FINANCIA LA INDUSTRIA?
Si la inversión se rige, entre otras cosas, por la relación rentabilidadriesgo, de acuerdo a un índice de valorización que hemos elaborado
para algunos rubros (para aquellos en que encontramos cifras) podemos concluir que la adquisición de tierras fue una de las mejores opciones en el período 1900-1930, ya que el aumento de su valor -a pesar de que su renta descendió en las coyunturas críticas- se ensambló
con la mentalidad dominante, que vió en su posesión una fuente de
poder, prestigio y seguridad (cuadro 4 y anexo).
El Banco de la República contabilizó el total de hectáreas enajenadas entre los años 1915 y 1930, sin descriminar su origen (urbano, suburbano, rural). Pero teniendo en cuenta la superficie total del país, las
cifras aportadas por la institución oficial permiten afirmar que en tres
lustros se comercializaron nueve millones de hectáreas, el equivalente
a la mitad de la superficie del Uruguay41• Las particiones y transmisiones -los otros dos items considerados por las estadísticas del
República- elevan la " movilidad" en tierras a más del noventa por
ciento de la superficie total del país.
Este proceso coincidió con el auge de la urbanización y el aumento de la superficie destinada a la agricultura; y también con la " nacionalización" del suelo uruguayo -en buena medida en poder de extran-

�242

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

CUADR04
INDICE DE PRECIOS EN URUGUAY. 1900-1930

t
V

w
l-

o,

Años
1900
1901
1902
1903
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924
1925
1926
1927
1928
1929
1930

Precio
Hectárea
Tierra

100
125
151

155
173
213

238
282
336
359
326
299
294
322
306
305
289
306
293

Promedio
Cabeza

Bovino

100
103
92
79
77
88
87
105
186
212
218
191
191
245
275
291
182
122
123

155
160
139
124
140
136
163

Costo
Edificación
100
106
110
111
112
117
120
124
133
141
145
144
148
150
152
150
168
178
214
220
239
234
235
227
238
233
230
219
214
213
215

Valor del Peso
en relación a
la libra esterlina
85
91
94

95
96
100
103
106
114
121
124
123
126
128
130
128
144
152
183
188
204
200
201
194
203
199
197
187
183
182
184

100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
102
102
110
120
118
124
86
84

84
90
94
98
98
98
74
78

Fu~nte: Henry Fmch, H1sttma Económica del Uruguay Contemporáneo, MonteVIdeo, E.B.O., 1980, p. 274; Agustín Ruano Fournier Estudio económico
de la producción ~e las carnes, del Río de la Plata, Mont~video, Peña y Cía.,
1936, p. 3~5, R~VJsta Eco~om1a, _No.~• Montevideo, Febrero de 1934, p. 186;
~ROU, Smo1!s1s Económica y F1nanc1era del Uruguay-Estadística Retrospectlva. Montevideo, s.f., p. 102; Eduardo Acevedo, Anales Históricos del Uruguay, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1934, tomo V, p. 626.

243

jeros en el siglo XIX42- y el triunfo del frigorífico entre 1905 y 1912.
Este último, al requerir un tipo de ganado mejorado, estimularía la
invernada y la adquisición o arrendamiento de las mejores pasturas.
El hecho de que los ganaderos uruguayos -revelando el peso de la mentalidad comercial- buscaran la mayor ganancia posible en el mínimo
de tiempo, sin plegarse masivamente ni al cruzamiento ni a la pradera
artificial, los llevó a requerir mayores extensiones de tierras, y a competir por ella con los agricultores. Por otra parte el engorde y comercialización de ganados fue un excelente negocio por lo menos hasta la crisis en los primeros años del veinte, en que los precios se deprimieron
(en tal sentido la comparación del cuadro 4 no resulta muy significativa, si se tiene en cuenta el aumento de los costos de explotación y se
repara en el hecho de que hacia 1930 gran parte del ganado estaba mestizado y había mejorado en calidad, sin llegar al "óptimo" frigorífico
que, una vez alcanzada la "frontera agropecuaria", sólo se podía lograr mediante el cruzamiento y la alimentación en praderas artificiales).
En el rubro tierras también debemos incluir la comercialización de
terrenos, en pueblos, villas, ciudades y balnearios: es decir el fraccionamiento destinado a albergar viviendas y casas de veraneo.
No tenemos idea del aumento del precio de la tierra en Montevideo. Se ha dicho que los valores de los terrenos en la mejores zonas
de la ciudad aumentaron cien veces al abrir los tranvías las áreas suburbanas para la construcción de viviendas43•
Pero no eran sólo los sectores de menores ingresos los que demandaron nuevos espacios. Carrasco fue pensado como un balneario aristocrático para evitar el hacinamiento y la "confusión de clases" que
provocaban Ramirez y Pocitos44 • En 1931 figuraban como propietarios de terrenos en el Balneario Solís apellidos vinculados a las actividades mercantiles, industriales, financieras, propietarios rurales y connotados políticos: Quincke, Mailhos, Supervielle, Lanza, Seré, Pardo
Santayana, Illaraz, Eduardo Acevedo, José Serrato, etcétera45 • Si bien
es posible que se hayan beneficiado de la necesidad de que sus personas prestigiaran el lugar, no se puede obviar que entre los promotores
(y principales usufructuarios de la comercialización del loteo) de los
balnearios se encontraban representantes del poder económico. Así integraron la "S.A. Balneario Carrasco", A. Arocena, vinculado a la
banca y Esteban Elena, gerente de una compañía tranviaria extranjera
y miembro del directorio del Banco Popular. Presidió la "S.A. La Floresta" el doctor Miguel Perea, abogado y banquero. Las tierras en las
que se erigiría La Paloma fueron adquiridas por los propietarios de
la poderosa firma comercial del norte uruguayo "Nicolás B. Solari".

�244

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (/900-1930)

Algunos industriales uruguayos se habrían orientado a la compra
de terrenos como antes lo habían hecho a las de propiedades rurales
(Mailhos, Caviglia, Salvo, constituyen ejemplos de lo Último).
Hacia 1930 el gerente del Banco de la República estimaba que la
venta de terrenos a plazo sólo en Montevideo había dado lugar a la
formación de obligaciones por más de doscientos millones de pesos,
lo que
equivalía a dos veces el total de las exportaciones del citado
año46•
A juzgar por el aumento del costo de la edificación, la construcción de viviendas fue otro de los "buenos negocios" del período (cuadro 4).
Contar con un techo fue una de las máximas aspiraciones del inmigrante junto a la de poder dejar a sus hijos el mayor número posible
de "puertas", es decir casas y edificios de rentas. Esta costumbre estaba ya bien arraigada en la sociedad uruguaya al efectuarse en 1908 el
censo de población y vivienda. Sus resultados fueron reveladores: la
población inquilina era el 67.97% del total de la de Montevideo; y el
63.79% de las casas ocupadas en la capital eran alquiladas47•

245

ciones hipotecarias en circulación entre los años 1913 y 1930 equivalió
a la exportación realizada por el país en este último (cuadro 3). Estas
cifras merecen una precisión. El Banco Hipotecario no orientó todos
sus recursos al medio urbano, ni todos sus préstamos se aplicaron a
la construcción. Según sus propias fuentes entre 1920 y 1932 el crédito
hipotecario fue de casi 183 millones de pesos, de los q~e más de 78
fueron al medio rural. Por otra parte no controló la totalidad del mercado hipotecario: en el ejercicio 1929-30 llegó a abarcar el 42.53_%. La
otra mitad quedó en manos de particulares (escribanias, comerciantes,
instituciones bancarias, etcétera).
Un buen conocedor del mercado inmobiliario, como lo fue el director de La Revista Territorial entendió que en
el Uruguay lo mismo que en la República Argentina, se opera en b_ie-

nes inmuebles con intensidad extraordinaria, sin precedentes en nmgún otro país de América y Europa. Estos negocios a_traen pod~rosamente la atención pública, y en épocas ~oririales estunulan la mversión de capitales con fines de especulación .

La duplicación de la población de la Capital que reveló el censo
municipal de 1930 es también un dato elocuente para aquilatar la multiplicación de la oferta de viviendas que se debió producir consecuentemente, a pesar de la temprana aparición de cinturones de construcciones precarias, con ranchos de madera y de lata48 •

El Concejo de Administración Departamental de ~ontev_ideo ~timó Jo invertido en edificación entre 1913 y 1931 en mas de ciento cmcuenta y cinco millones y medio de pesos (una vez y media las exp_ortaciones de 1930). Como estas cifras son tomadas de las declarac!ones
de los permisos de construcción -es decir de las constr_ucc1ones
"formales"- en un periodo en que su costo aumentó cons1der~blemente, habría que pasarlas a precios constantes para tener una idea
más acabada de su magnitud mínima52•

En plena crisis, en 1931, la fundamentación de un proyecto de ley
entendió que el alquiler de viviendas era el renglón "más alto en la carestía de la vida" y un Consejero integrante de la rama colegiada del
Poder Ejecutivo lo estimó en la tercera parte del ingreso nominal de
un funcionario público. "Se edifica enormemente en Montevideo y los
alquileres
no bajan" fue el cáustico balance de otro legislador, meses
después49•

Los industriales tampoco se sustrajeron a estas inversiones. El gerente del Banco Popular, Pedro Cosio, ex-ministro y p~idari~ del ~esarrollo de la industria nacional, se quejaba de que los mdustnales 10vertían sus utilidades en campos para arrendar o en edificios para renta, clamando por aumentos de protección en épocas de crisis53 •

El propio Banco Hipotecario hizo partir el desarrollo progresivo
de la edificación en Montevideo del año 1918, reconociendo en los préstamos urbanos el renglón más importante de sus operaciones: "El desarrollo edilicio de la ciudad de Montevideo, los grandes capitales invertidos en inmuebles de renta, negocios y residencia, han contado con
un abundante aporte en el crédito hipotecario" 50•
Como ya se mencionó, la sola emisión de títulos, cédulas y obliga-

AJ constituirse a mediados de la década del veinte la "Sociedad
de Propietarios de Bienes Raíces del Uruguay", fue su vice-president_e
el industrial Carlos Anselmi, uno de los fundadores de una de_ las pnmeras entidades gremiales del sector fabril, la "Liga Industnal", en

187~.
Las actividades de la Bolsa de Montevideo atrajeron la atención
y sirvieron para captar parte del excedente de capital. En t~ sentido
las quejas de los contemporáneos fueron constantes. Los capitales, en

�246

Siglo XIX

El fomento del ahorro fue encarado oficialmente y su repercusión
sobre el sistema financiero ya ha sido mencionada.

El modelo de país que había enunciado el batllismo había producido la alarma de los sectores más conservadores de la sociedad uruguaya, contrarios al estatismo, la extensión de la legislación social y
a algunos presupuestos de su política agraria.

Agreguemos que en relación a la paridad legal el peso uruguayo
mostró una relativa estabilidad (cuadro 4), valorizándose en algunas
oportunidades y cayendo en otras (en 1921 su desvalorización frente
al dólar fue de 35%, y en 1922 del 16% con respecto a la libra esterlina, según fuentes del Banco de la República).

A pesar de que el discurso batllista reflejó hostilidad en ocasiones
hacia el capital extranjero, el gran latifundio y algunos monopolios privados, y quizás por ello, el Estado pudo absorber capitales, a los que
dió su garantía y un interés constantes hasta que en 1932 y 1933 la crisis obligó a cambiar las reglas del juego.

Id

,-

O ·

247

especial el gran capital, absorbió parte del emisionismo de títulos que
se volcó en el país.

Sin embargo, éstos, como inversionistas, parecen haberse movido
por razones de rentabilidad y conveniencia, prescindiendo de consideraciones ideológicas. En 1918, la Federación Rural resolvió vender Títulos Hipotecarios de su propiedad para adquirir Deuda Interna de Conversión al 6.5%, porque "de esta manera se obtiene la ganancia demostrada y se mejora el tipo de interés". En 1929, el diez por ciento
del activo de la Unión Industrial Uruguaya lo constituían títulos de Deuda Pública. El balance del año 1931 del Banco La Caja Obrera mostró
la existencia de títulos de Deuda Pública por una suma equivalente aJ
42% de su capital en 1930. Y el gerente del Banco de la República entendió que el capitalista extranjero estaba "mucho más dispuesto a suscribir un empréstito nacional o municipal o de una empresa industrial
del Estado, que suscribir acciones de una exportación industrial privada ( ... )"ss_

&lt;
o

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (/900-/930)

En la Bolsa se corría riesgos, pero se contaba con bienes fácilmente liquidables. Por otra parte, eJ otro modelo, el de la "ciudadbalneario" , el que valorizaba tierras y propiedades, el que procuraba
mejorar las condiciones de vida de la población y atraer el turismo,
¿perjudicaba los intereses económicos de los que más tenían?
El libre ingreso y egreso del flujo financiero permitió que se afincaran capitales de otros países pero también que emigraran capitales
uruguayos•.
El balance de ambos movimientos es imposible de cuantificar. Conformémonos con reconocer su existencia.
• Al desatarse la primera gran conflagración mundial, en 1914, se estableció la incooversión del peso uruguayo y se adoptaron restricciones a las exporta ciones de oro.

Resta citar la inversión en un bien de consumo que revolucionó
al mundo, y también al Uruguay: el automóvil.
Hacia 1930 la deuda pública interna y externa había permitido la
construcción de la red vial, cuya extensión y alcances eran aún limitados al sur y este del país, y la pavimentación de buena parte de Montevideo y de algunas ciudades del interior. El automóvil pudo así ganar
la calle y también la carretera.
Su difusión fue facilitada por la instalación en la década del veinte de plantas de armado de dos de las empresas norteamericanas más
importantes, "Ford" y "General Motors", y por la concesión de préstamos bancarios para su adquisición. En 1930 se informaba que Uruguay era, después de Estados Unidos y Cuba, el país americano que
tenía mayor número de automóviles en relación a su superficie y población; ocupando el tercer lugar en América del Sur, en números absolutos, superándolo únicamente Argentina y Brasil56• En 1930 había
en Montevideo registrados 37 00()57. Uno por cada dieciseis habitantes.
¿Qué pasó con la industria? La industria mientras tanto siguió creciendo a una tasa que ignoramos, multiplicando el número de establecimientos y aumentando la absorción de mano de obra. El Censo I~dustrial realizado entre los años 1929 y 1930 mostró una estructura piramidal, con una amplia base ocupada por pequeños establecimientos
y cuya punta estaba constituída por una minoría de grandes fábricas,
con capital y en algunos casos moderna tecnología58• En su~ ~ectorios figuraban apellidos vinculados tradicionalmente a la act_lVld~d fabril a la mercantil financiera e incluso en algunas ramas -fngonficos,
ins~mos para el a~ro- a la rural. La diversificación de las i~~ersiones el apostar simultáneamente a varias fuentes de acumulac1on, fue
un; de las caractarísticas del "poder económico uruguayo", a la que
no escaparon los mismos industriales. Fu_e e~ este período que el ~pita! extranjero, beneficiado por el protecc1orusmo esta~, desarro!lo la
industria frigorífica y en que la actividad toda conoció el desafio de
la renovación tecnológica, de la posibilidad de utilizar la energía eléctrica y el fuel-oil.

�248

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

A pesar de estos logros, Uruguay estaba aún lejos de completar
su proceso de industrialización, de abastecer a su propio y crecido mercado interno en muchas ramas.
Los grandes industriales no daban el ejemplo: ellos también sustraían capitales a su desarrollo productivo para emplearlo en operaciones especulativas rurales y urbanas.
Sin embargo algunas industrias a fines de la década del diez declararon ganancias del 20 y 30% sobre su capital59• Y aún así, queda la
incógnita si no le sumaron al capital la existencia de materias primas
y combustibles, por lo que podrían haber sido mayores.
La comercialización de acciones en la Bolsa de Montevideo, tenia
escasa importancia en el total de sus operaciones (cuadro 5). AJ 31
de diciembre de 1931 cotizaban sus valores una veintena de empresas,
entre bancos, fábricas y sector mercantil. De ellas, doce podían ser vinculadas a actividades industriales, de acuerdo a las categorías censales
utilizadas en ese entonces: cervecerías, agua mineral, papel, vidrio, productos lácteos, calzados, imprenta, arenera, construcción60•

Esta docena de sociedades anónimas fabriles representaban a un
sector que según los criterios de la estadística oficial contaba con más
de siete mil establecimientos.
Pensar en desarrollar un capitalismo en base al apoyo de los inversionistas y a la emisión de valores bursátiles podía ser una aspiración
de futuro, o una fantasía. Las sociedades anónimas industriales eran
pocas y la competencia del Estado en la captación de fondos muy
grande.
Por otra parte, permítasenos insistir, la mentalidad tradicional pesó,
y mucho. La actividad manual o industrial no era bien vista por todos
los sectores sociales. Muchos productos nacionales debieron ser comercializados como extranjeros para ganar el favor público Oa ley de etiqueta obligatoria que compelió a especificar el origen de la mercadería
es de 1932). El prestigio de la actividad y el de su producción por lo
tanto no podían convocar a todos los ahorristas e inversionistas. Pero
de haberlo hecho, también jugaba la vulnerabilidad del mercado, de
un mercado que estaba en crecimiento pero que aún no era -y la vida
mostraría que tampoco lo iba a ser- un gran mercado.

249

CUADRO 5
MONTOS OPERADOS EN LA BOLSA DE VALORES DE MONTEVIDEO
(% SOBRE EL TOTAL)

1900
1901
1902
1903

1904
1905

1906
1907
1908

1909
1910
1911
1912
1913
1914
1915
1916
1917
1918
1919
1920
1921
1922
1923
1924
1925
1926
1927
1928
1929
1930

Valores

Valores

Públicos

Privados

Total

94.5
92.4
81.7
83.3
90.4
70.3
66.3
79.8
63.6
52.9
38.1
16.0
41.1
67.7
90.0
98.7
98.7
95.2
97.1
94.6
98.4
99.1
99.3
98.0
99.2
98.8
98.2
95.1
97.5
94.6
96.6

5.5
7.6
18.3
16.7
9.6
29.7
33 .7
20.2
36.4
47 .1
61.9
84.0
58.9
32.3

100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100
100

!O.O
1.3
1.3
4 .8
2.9
5.4
1.6
0.9
0.7
1.1
0.8
1.2
1.8
4.9
2.5
5.4
3.4

Fuente: Academia Nacional de Economía, Contribución a la Historia Económica del Uruguay, Montevideo, 1984; p. 582.

�250

Siglo XIX

_¿Qué podía ~sperar el sector fabril del sistema financiero? Quizás
el d1a en que algun uruguayo acceda a los archivos de un banco privado pueda contestar con cierta amplitud esta interrogante.
Es de suponer que las grandes empresas extranjeras pudieron con~ar con el apoyo de las instituciones bancarias de sus países de origen
1~t~l~das en el Uruguay, especialmente las norteamericanas y
bntarucas.
, Siendo optimistas se podría pensar que algunas vinculadas a los
nucleos de inmigrantes italianos y españoles pudo apoyarlos.
_Pero a p~sar de estas posibilidades, que serían excepcionales, las
quejas de los mdustriales fueron constantes. No contaban con préstamos de fomento, a plazos largos y bajo interés.
Como tampoco las lamentaciones de los industriales en Uruguay
d~ben sorprender,_ y~ que eran y son una de sus tareas auxiliares y habtt~ales por lo c_ottdi~nas, se pu~de mantener la hipótesis que las institu_c10nes bancanas pnvadas nacionales, aún aquellas que tenían industnales en sus directorios, siguieron las pautas del mercado atendiendo
a 1~ rentabilidad_ y eficiencia de su especificidad como empresas. Es
~ecrr que :oncedieron préstamos a corto plazo, con garantía hipotecana Ya un mterés que tenía que competir con el que abonaba el Estado
a sus títulos.

. _La ~emial empresarial representativa de la industria no fundó una
1nst1tuc1on bancana específica para el sector. En buena medida la idea
de cr~ bancos de fo?1ento industrial, y hubo algunos proyectos en
tal sentido, fue sosteruda y defendida por algunos de los administradores del Est~do, por_ algunos políticos. Estos pensaban que era una
tarea que deb1a as~ el Estad?: Los particulares estaban muy ocupados, P?r mentalidad y rentabilidad, en sus propios negocios como
P3:fª ~edicarse .ª la filantropía sectorial. Es más, cuando se funda el
F1:1g~nfic~ Nacional en 1928, como cooperativa de ganaderos con apoyo
e mJerenc1a estatal, no se financia con la comercialización de acciones
e~, el mercado sino con un empréstito y con un impuesto a la transacc~on de ganado_s que posteriormente se transformaría en acciones, medt~te la coacción de un acto legislativo. Y el Nacional fue creado para liberar ~ los productos rurales de los manejos del trust de frigoríficos extranjeros.
En 1928, la aprobación de la ley de Prenda Industrial permitió al
Banco de la República, estatal, abrir una linea de crédito industrial,

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900.1930)

251

a bajo interés y en plazos relativamente largos, apreciando el empleo
económico del dinero. El mismo comprendía la instalación o ampliación de industrias, compra de maquinarias y herramientas, adquisición
de materias primas, ampliación de edificios, capital de giro, etcétera61 •
Las cantidades prestadas fueron en su comienzo pequeñas en relación
a las colocaciones totales del Banco, pero era un paso.
En 1929 un proyecto batllista de protección industrial, que no fue
aprobado, propuso concertar un empréstito para conseguir fondos y
apoyar así a la industria saladeril y a la manufactura privada
nacional62•
En rigor, el Estado utilizó minoritariamente su endeudamiento para
desarrollar o apoyar al sector fabril. La estatización de los servicios
eléctricos, del República, o la posterior creación del Nacional y de la
Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (1931)
insumieron sólo parte de los fondos captados, ínfima si a la Deuda se
le suman los papeles Hipotecarios.
Más bien se orientó a crear la infraestructura de puertos, ferrocarriles y carreteras tan necesarios para el sistema productivo interno como para el comercio y el turismo de sus vecinos.
El desarrollo del modelo de la "ciudad-balneario", paso previo
al más ambicioso del "país-balneario" que estaba implícito en el primero, estimuló sin embargo industrias destinadas a abastecer al consumo y a la especulación urbana.
La depuración de los resultados censales de 1929-30, efectuada en
1936, asignó al grupo de la construcción y sus derivados -que a nuestro juicio sólo comprendió algunas de las actividades que se encadenan con la construcción-, el 24% de los establecimientos, el 21 O/o de
los capitales líquidos, el 320/o del personal ocupado y el 230/o de los
valores producidos63 •
Era una rama que utilizaba abundante materia prima nacional, y
apta para absorber a la migración interna y externa.
Hacia 1930 el paisaje uruguayo había cambiado, especialmente el
urbano. Julio Martínez Lamas, uno de los ruralistas más lúcidos,
denunció:
El oro de la Campaña la ha transformado (a Montevideo), la ha hecho casi de nuevo, convirtiéndola en uno de los más preciados floro-

�252

Siglo XIX
Jarob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

nes de América Latina; a los rebaños trocados por mármoles y granitos, ha hecho el milagro de levantar esa urbe (. ..)64 •

253

agraria que descansaba en el binomio latifundio-minifundio.

Montevideo había convertido los capitales rurales productivos en urbanos improductivos.

Para los que no se resignaban a los espejos rotos -se dice que
traen mala suerte- aún les quedaría otro en el que mirarse: Suiza.

En parte tenía razón. El desarrollo de Montevideo se había tragado una porción del excedente rural. Pero sólo una. Otras se habían
transformado en tierras, habían emigrado del país, habían alimentado
otras actividades, entre ellas la especulación.

Uruguay podría llegar a ser la Suiza de América, aunque esto no
condecía con la tradicional impuntualidad de sus habitantes.

Uruguay no pudo ser ni la Francia ni la Dinamarca de América
del Sur.
Pero contaba, por lo menos en la conciencia de sus habitantes, con
una de las capitales más modernas del sur del continente.
El desarrollo urbano fue acompañ.ado por el crecimiento industrial, aunque queda por dilucidar si este último fue menor, mayor, o
simplemente acompañó al de la población.
Industriales, comerciantes, banqueros, productores rurales, profesionales universitarios, invirtieron en algunas empresas. Capitales extranjeros desarrollaron la industria frigorífica, la de armado de automóviles, y adquirieron la de cemento.
Sin embargo, los agentes económicos nativos siguieron mayoritariamente las señales emitidas por el Estado y las del mercado, mientras una bien orquestada campaña política conservadora paralelamente los alertaba sobre los peligros para la propiedad privada que entrafiaba el modelo reformista batllista.
Si el país industrial no pudo ser, fue en parte, porque el Estado
absorbió recursos y los orientó en función de la modernización
urbana6.S, porque existió otro modelo "paralelo" que captó los excedentes de capitales y permitió el surgimiento del cascarón turístico, que
se adaptó mejor a la mentalidad de un país de origen inmigratoria!,
de self made men en potencia, y que se reencontró con el viejo espíritu
mercantil y especulativo crecido a la sombra de las murallas de Montevideo durante la época colonial. Si el entorno y las condiciones externas en que Uruguay estaba inserto podía ser un gran freno para su desarrollo autónomo, también lo era la estructura mental de sus habitantes y su dimensión de pequefio país, sin hierro, carbón y petróleo; sin
flota; sin posibilidades de expandir su frontera, y con una estructura

NOTAS
1. Luis C. Benvenuto, La quiebra del modelo. Enciclopedia Uruguaya No. 48, Montevideo, Editores Reunidos - ARCA, 1969; p. 145.
2. Eduardo Acevedo, Anales Históricos del Uruguay, Montevideo, Barreiro y Ramos,
1934-36; Tomo V, pp. 173-174.
3. Carlos Zubillaga, Deuda externa y desarrollo en el Uruguay batllista (1903-1915),
Montevideo, CLAEH, 1979 (Serie Investigaciones No. 8); pp. 95 a 133.

4. Edmundo Narancio en Batlle, Su obra y su vida, Montevideo 1956; p. 123.
5. Octavio Morató, Al servicio del Banco de la República y de la eronomía uruguaya
(1896-1940), Montevideo, 1976; p. 250.
6. Milton Vanger, El país modelo-José Batlle yOrdóñez 1907-1915, Montevideo, ARCAEBO, 1983, p. 17.
7. Theodor Child, Les Républiques Hisp~o-améri~n_es (1890), ci~do por Alfredo
Castellanos, Historia del desarrollo edilicio y urbanístico de Montevideo (1829-1914),
Montevideo, Junta Deptal. de Montevideo, 1971, p. 201.
8. Carlos Real de Azúa, Montevideo, e/ peso de un destino, Montevideo, Revista Nacional, No. 236, diciembre de 1986, pp. 96-97.
9. Milton Vaoger, op. cit., p. 264.

10. Eduardo Acevedo, op. cit., Tomo VJ, pp. 107-108, 255, 322-323 Y~O. El arquit~to J Femando Chebataroff Reta seilala: "El estado no propugna nmguna doctrina
arqlritectónica o urbanística. No obstante ello, se intenta mejorar la imagen de los
centros urbanos, especialmente la ciudad capital, llevándo~ a cabo e? el ~ño 1911 ~
Concurso Internacional para el trazado General de Avemdas Y Ub1ca~ón de Edificios Públicos en Montevideo. Al ailo siguiente, dentro de ese propósito de otorgar
una mayor monumentalidad a la ciudad se elabora el_priin~r Plan Repilad~r para
Montevideo, buscándose por otra parte evitar la subs1Stenclll de fra~onanuentos,
con un criterio ajeno al bienestar de la comunidad.( ...) En la tercera decada se_lleva
a cabo el Plan Fabini, primera concreción urbanística iinportante ~n MonteVI~eo,
realizándose ta Rambla Sur, la Avenida Agraciada -irnpo~te VIa _de &lt;:Om~cación con el Oeste- jerarquizándose la iinplaotación del Palacio Legislauvo, 1na~gurado en 1925". (Uruguay: su patrimonio cultural y natural. ~I legado del Siglo XX" en Suplemento Dominical de El Día No. 2798, 7 de septiembre de 1987).

�254

Siglo XIX
Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

Sin embargo no suede soslayarse que las ramblas que unieron los diversos "balnearios" a la ciudad incidieron en el posterior desarrollo urbano de la misma en la inversión inmobiliaria. En 1930 Celedonio Nin y Silva, refiriéndose a Ramírez, Pocitos
y Carrasco, escribió: "Se ha dicho que ninguna ciudad europea cuenta con barriadas
tan originales y bellas como las nuevas que se han construido en las inmediaciones
de esas tres playas, en las que se ha hecho derroche de buen gusto en el estilo de
las construcciones". La República del Uruguay en su primer centenario (1830-1930),
Montevideo, Sureda, 1930; segunda edición; p. 204.

255

bre de 1930; pp. 449-451.
23. Alvarez Lenzi, Arana, Bocchiardo, op. cit., pp. 56, 57.
24. Revista Banco Popular del Uruguay, Números JO al 12, octubre-diciembre de 1926,
p. 13.
25. Banco de Cobranzas, Locaciones y Anticipos - Cincuentenario 1889-1939, p. 52.

11. Acevedo op. cit., pp. !07-108.
12. Alfredo Castellanos, op. cit., pp. 239 y 263-265.
13. Vanger, op. cit., p. 61.
14. Aníbal Barrios Pintos, Canelones: Su proyección en la Historia Nacional, Montevideo, Intendencia Municipal de Canelones, 1981; tomo 2 pp. 546-557; Suplemento
Cincuentenario El Siglo 1863-/913; Montevideo, 1913, p. 386; "Francisco Piria: La
agitada vida de un fomentista" en Jaque, 14 de diciembre de 1984, p. 7; José
F. Franca Caravia, La Paloma - Una historia desde 1803, Montevideo, 1986, p. 41;
Suplemento El Día. 7 de abril de 1935.
15. Milton Vanger, op. cit., p. 61; Barrios Pintos, op. cit., pp. 546-547; La Revista Económica Sudamericana, No. 7, mayo de 1929; "La industria del Turismo - El caso
de Punta del Este", artículos publicados en El Día (edición de la tarde); Montevideo, 1927. Afirman Barrán y Nahum: "A veces se ha criticado la versión batllista
del georgismo (expuesta en 1914 por Carlos Vaz Ferreira en sus conferencias sobre
el problema de la tierra), por sus obsesivas reflexiones sobre el derecho individual
a la "tierra-habitación" y el olvido del derecho a la "tierra-estancia". Sin negar
validez a este enfoque crítico, lo cierto es que Vaz Ferreira -verdadero filósofo oficial del batllismo- en ese momento al centrar el problema de la propiedad de la
tierra en el derecho de todo hombre al suelo para habitación, y dejar en las tinieblas
el problema de la propiedad en el medio rural, estaba poniendo el dedo en una de
las llagas de la sociedad montevideana del novecientos, llaga tan real y sangrante
como podía serlo el latifundio en el otro extremo del país". Batlle, los estancieros
y el imperio británico (tomo 1 El Uruguay del Novecientos); Montevideo, E.B.O.,
1979; pp. 148-149.
16. Luis C. Caviglia, Estudio sobre la realidad nacional, Montevideo, Urta y Curbelo,
1952; Tomo 3, p. 170.
17. Castellanos, op. cit., pp. 125, 157,250; Alvarez Lenzi, Arana, Bocchiardo, El Montevideo de la expansión (1868-1915) Montevideo, EBO, 1986, p. 28.
18. Juan Ria!, Población y desarrollo de un pequeño país- Uruguay 1830-1930. Montevideo, CIESU-ACALI, 1983, pp. 122 y 123.
19. Revista Banco Popular del Uruguay, No. 1 - Enero de 1925, (s.p.).
20. El Siglo, 21 de agosto de 1915, p. 3.
21. Banco La Caja Obrera 1905-1955, Montevideo, Mosca Hnos., 1955.
22. Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes (DSCR) - Tomo 366 14 de octu-

26. Revista de la Sección Rural del Banco Francés Supervielle y Cía. No. 30, 15 de septiembre de 1929, p. 2.
27. Diario de Sesiones de la Honorable Asamblea General (DSHAG), Tomo 19, 15 de
marzo de 1933, p. 288.
28. DSCR, Sesión del 6 de septiembre de 1934, pp. 47-48.
29. En 1915 el Banco Francés Supervielle ofrecía títulos del "Empréstito Nacional Francés
5070", (El Siglo, 1 de diciembre de 1915, p. 5); y en 1930 se publicitaban las bondades de las "Cédulas Hipotecarias Argentinas" (Diario del Plata -Suplemento
1930-, p. 39).
30. Banco de la República Oriental del Uruguay, Sinopsis Económica y Financiera del
Uruguay - Estadistica Retrospectiva ; Montevideo, edición sin fecha; p. 130.
31. 25 años del Banco Hipotecario del Uruguay 1912-1937; p. 137.
32. Eduardo Acevedo, op. cit., Tomo 2, p. 32. Sobre el particular véase también Carlos
Real de Azúa, El Patriciado Uruguayo; Montevideo, EBO, 1981; segunda edición.
33. Henry Patrick, Las impresiones de un viajero en un país de llorones, Montevideo,
Imprenta El Ferrocarril, 1880, pp. 119-121.
34. Alfredo Castellanos, La Bel/e Epoque Montevideana, Montevideo, ARCA, 1981,
p. 8.
35. En tal sentido son reveladoras las declaraciones del doctor Julio Grauert, presidente
de la Bolsa de Valores, en El Día, 20 de noviembre de 1983, p. 12.
36. Sobre la mentalidad rural véase José P. Barrán y Benjamín Nahum, Historia Rural
del Uruguay Moderno. La civilización ganadera bajo Batlle /905-1914. Tomo 6. Montevideo, EBO, 1977, p. 386 y sigs.
37. Entre los trabajos pioneros en este campo debe citarse el de Silvia Rodríguez Villamil, Las mentalidades dominantes en Montevideo (1850-/900); Montevideo, EBO,

1968.
38. Luis Cincinato Bollo, Geografía de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1914; (lla. Ed.), pp. 31 y 41-42.
39. Proteccionismo Industrial, Montevideo, Imprenta Domaleche, 1918; p. 74.
40. El Debate, 7 de febrero de 1933, p. 10.

�256

Jacob: Capitales e industria en Uruguay (1900-1930)

Siglo XIX

41. ~co de la República, op. cit., p. 158. El fenómeno de la movilidad de la propiea. rural no era novedoso. José P. Barrán y B. Nahum en La civilización ganadera
ba10 Bat!le (1905-1914) (Tomo VI de la Historia Rural del Uruguay Moderno) p
294, ?asandose en un estudio de casos concluyeron que en 1914 la clase alta '
ofrec1a una ~ueva imagen: "un cincuenta por ciento de sus miembros hacía a lo s:o
dos generaciones que poseía el suelo".

ai

42. Barrán y Nahum, Ibídem.
43. Henry Finch, Historia económica del Uruguay Contemporáneo Montevideo EBO
1980, p. 158.
'
'

257

59. Raúl Jacob, Uruguay 1929-1938: Depresión ganadera y desarrollo fabril. Montevideo, FCU, 1981, pp. 383-384.
60. Bolsa de Comercio de Montevideo - Revista quincenal de precios corrientes. Hasta
1913 se observa una importante participación privada en el total de operaciones de
la Bolsa de Valores de Montevideo (cuadro 5), que alcanza su valor máximo en el
año 1911, reduciéndose sensiblemente a partir de 1914. Según fuentes de la institución la caída acompañó "el rechazo hacia la moneda nacional que se vivió en esos
años" (Revista de la Cámara Nacional de Comercio, Vol. 9, No. 2, julio-agosto
de 1987, p. 21). Sin duda el hecho admite otras explicaciones, como la creación del
Banco Hipotecario, la crisis mundial y la radicalización de la propuesta batllista,
etcétera.

44. Suplemento Cincuentenario El Siglo, p. 33.
61. Banco de la República Oriental del Uruguay; Departamento de Crédito Rural e Industrial. Memoria correspondiente al ejercicio terminado el 31 de diciembre de 1931.
Montevideo, BROU, 1932; pp. 4 a 16.

45. Casares-Arocena - 1931 - Balneario Solís - Uruguay.

46. Morató, op. cit., p. 247.
62. Banco de la República Oriental del Uruguay -Labor del Directorio 1928-1931-.
Montevideo, Barreiro y Ramos, 1931; pp. 185-189.

47. Alvarez Lenzi, Arana, Bocchiardo, op. cit., pp. 58 y 59.
48. María Isabel Bove, Desnutrición: Un problema actual Montevideo CIEDUR
guay Hoy, no. 1 (segunda serie), 1986, p. 13.
'
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63. Censo Indnstrial de 1936, Montevideo, MIT, 1939; p. XIV.

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64. Julio Martinez Lamas, Riqueza y pobreza del Uruguay. Montevideo, segunda edi49. DSC:R, Tomo 371, 14 y 18-19 de agosto de 1931, pp. 109 y 138· y Tomo 379 9 d
septiembre de 1932, p. 128.
'
•
e
50. "25 años del Banco Hipotecario... ", op. cit., p. 161.

51. Declaraciones a El Pueblo, 18 de junio de 1934, p. 23.
52. "Boletí~ M~~sual de Es~ad(stica del Concejo de Administración Departamental de
: 0 ~tevideo · No. 346, Jumo de 1932, p. 9; YLa Mañana, 22 de septiembre de 1932,
4
53. Revistá Banco Popular del Uruguay, No. 7 al 9, julio-septiembre de 1926, pp. 6-7.
54. Ibídem, marzo de 1926, pp. 4-15.

55. Revist_a ~e /a Federactón Rural, No. 5, 31 de octubre de 1918, pp. 57-58; La Revista
Econom1ca ~udamer!cana, No. 7. mayo de 1929; La Mañana, 3 de febrero de 1932
p. 9. Morato, op. clt., pp. 244-245.
'
56. Celedonio Nin y Silva, La República Oriental del Uruguay en su primer Centenario
(1830-1930). Montevideo, Sureda, 1930; Segunda Edición p. 116.
57. ":lvaro Casal, El automóvil en e/ Uruguay- Los años heróicos /900 -1930 Montevideo, EBO, 1981, p. 7.
.

58. Según _el Censo Industrial de 1929-30, sobre el 94% de los establecimientos censados, solo el 2.~30Jo había_ declarado capitales mayores a 100 000 pesos (a Ja paridad
le~aJ, 21 277 hbras es!erh?as). ~a masa de capitales en explotación, incluyendo ed.ific1?s, terr~nos, maqumana, veh1culos, materias primas, combustibles, etcétera equivaha_a ~• tres veces las exportaciones de 1930 (2. 73). Banco de Ja República', "Sinopsis... , p. 164.

ción, 1946; p. 304.

65. Si bien no subestimamos las medidas adoptadas durante la segunda presidencia de
Batlle y Ordóñez (1911-15) en favor del "modelo industrial" (Ley de materias primas, estatización del Banco República y de la generación de energía eléctrica, creación del Instituto de Quimica Industrial, etcétera) -cuya eficiencia y aplicación entre 1915-1930 merecerían una investigación específica- los puntos en cuestion son
otros: 1) El papel del Estado como orientador de la economía, como caoalizador
de recursos hacia el desarrollo industrial, como gestor de políticas de estímulo para
la inversión de capitales privados en empresas fabriles; 2) En qué medida el modelo
de modernización urbana absorbió recursos necesarios para el desarrollo de las fuerzas
productivas.

�Grupos Empresariales e Inversión de
Capital en Vizcaya, 1886-1913

Jesús María Valdaliso Gago *

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Esta investigación se basa en una explotación sistemática de una fuente hasta ahora sólo utilizada para reconstruir indicadores económicos
de larga duración, los Libros de Sociedades de Registro Mercantil. Pero,
· además, es susceptible de una explotación mucho más intensiva que
consistiría, básicamente, en la reconstrucción de los grupos empresariales y de su dinámica inversora, mediante la recogida de los nombres
de los inversores que aparecen en las Escrituras de Constitución de cada Sociedad.

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Esto es lo que hemos hecho para Vizcaya en un período concreto,
1886-1913, período que supone para esta región una consolidación de
su proceso de industrialización. Así, hemos esbozado un análisis de los
principales grupos empresariales, cuyo ritmo de inversiones es un fiel
exponente de la estrategia desarrollada en cada sector (minería, navieras, etcétera). Junto a ello, la obtención de amplios listados de inversores y la posibilidad de comprobar las relaciones intersectoriales entre los mismos nos ha llevado a contrastar los resultados de la investi2ación con la teoría tradicional de la industrialización de Vizcaya, que
hace de la minería la fuente esencial de capitales que, en manos de un
reducido grupo de inversores mineros, fueron reinvertidos en la
industria.

* Departamento de Historia e Instituciones Económicas, Universidad del País Vasc)
(España). P ublicado previamente en Revista de Historia Económica, año IV, 1, 1988.

�260

Siglo XIX
Va/daliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Las conclusiones finales a la luz de nuestros datos son claras: la
minería como tal y los inversores mineros desempeñaron un papel no
despreciable en la industrialización de Vizcaya. Pero sus inversiones
preferentes se centraron no en la industria y los servicios, sino en minería fuera de Vizcaya. El carácter supuestamente decisivo que se le
ha dado a la minería como motor inicial de la revolución industrial en
esta provincia debe ser, pues, matizado, y los aportes de la minería valorados en sus justos términos.

261

Debido a que no siempre aparece el capital suscrito por cada socio, la importancia de un inversor en un sector u otro habrá que medirla por su presencia en el mismo, en función del número de veces
que aparece en las nuevas Sociedades creadas. Aunque somos conscientes de que este supuesto entraña un cierto riesgo, creemos que los
listados de inversores resultantes pueden reflejar nítidamente la conducta empresarial y las decisiones de inversión en una época particulamente interesante de la historia económica de Vizcaya.

INTRODUCCION •
La etapa histórica de fines del siglo XIX y principios del XX supuso
para Vizcaya la consolidación de su proceso de industrialización. Tradicionalmente, y siguiendo la opinión de mineros de aquella época, se
ha atribuído a la exportación de mineral de hierro vizcaíno un protagonismo fundamental de cara al inicio y desarrollo de la industrializa1
ción de la provincia • Sólo en los últimos años nuevas investigaciones basadas en un estudio exhaustivo de las fuentes han empezado a
cuestionar dicha interpretación, matizando el carácter supuestamente
decisivo 2 que la minería tuvo para el crecimiento económico de
Vizcaya •
Esta investigación pretende contrastar la llamada teoría tradicional de la industrialización vizcaína con los resultados obtenidos de la
explotación de una fuente hasta ahora no utilizada, los Libros de Sociedades del Registro Mercantil de Vizcaya 3• Nuestro estudio se habasado en listados de inversores confeccionados tras la recolección, en
fichas particularizadas para cada Sociedad, de los nombres de sus socios fundadores. Debido a la magnitud de la tarea -entre 1886 y 1913
se crean, en Vizcaya, 1 830 Sociedades Mercantiles 4- , la recolección
no ha sido completa. Sólo hemos seleccionado las Sociedades más importantes, atendiendo al criterio del volumen de su capital social. Así,
el número de Sociedades recogidas supone el 30% del total de las constituidas en Vizcaya durante ese período, cifra que aumenta hasta un
46% si sólo
tenemos en cuenta a los sectores fundamentales de
5
inversión • Estos porcentajes, significativos, lo son aún más si tenemos en cuenta el capital que representan: más del 90% del capital total
de las Sociedades constituídas en Vizcaya entre 1886 y 1913.

• Debo agra decer a Emiliano Femández de Pinedo y a J . L . Hemández Marco
sus útiles comentarios sobre esta investigación. Asimismo, para la recopilación de
las fichas de inversores he contado con la inestimable ayuda de Ma. Eugenia González Ugarte. Naturalmente, los errores y omisiones son todos de mi responsabilidad.

l. 1886-1900: HAClA UNA POLITICA
DE INTEGRACIONES VERTICALES

1.1. Diversificación de inversiones y grupos empresariales
Si partimos del capital invertido en las nuevas Sociedades creadas en
estos años y su distribución por sectores podemos observar que destacan especialmente dos, el de negocios mineros y el de transporte marítimo, que son también los primeros por el número de Sociedades creadas. También es importante el peso de sectores como el químico o el
de las compañías ferroviarias, con bajos porcentajes en núme_ro, pero
relativamente altos en capital. Ambos alcanzan sus mayores cifras absolutas y relativas ahora. Parecidos porcentajes, aunque de muy diferente significación, muestran eléctricas y siderometalúrgicas, las primeras con un elevado capital medio por Sociedad 6• Por último, hay
que señalar la escasa importancia del sector,de banca y _seguros_ e? ~st_a
etapa: salvo el Banco de Comercio (1891) , no hay nmguna m1c1ativa de relieve hasta 1900. El sector de la construcción, a pesar de su
cuarto puesto por número, moviliza muy poco capital.
Las cifras de inversores e inversiones, referidas a las Sociedades
recogidas en nuestra investigación, vienen a corroborar lo ya comentado. Destaca, sobre todo, el predominio de las compañías navieras, debido fundamentalmente a la hegemonía casi absoluta de la sociedad
anónima 8 , con un elevado número de socios por compañía; socios
que invierten en más de una Sociedad.
En conclusión, hay una patente diversificación de inversiones con
dos sectores punta, las compañías mineras y las navieras. Se produce,
además, un auge de las compañías ferro~arias y de Ias_qu~mi~ 9, _que
reciben bastante capital. Por el contrano, sectores mas s1gruficativos
en número como el siderometalúrgico o el de la construcción, reciben
menores ~ntidades de capital, principalmente porque la etapa de intensa inversión en estos sectores se produjo antes, en el período
1879-188210•

�262

Siglo XIX

Valdaliso: Grupos empresaria/es e inversiones en Vizcaya

CUADRO 1
NUMERO Y CAPITAL DE LAS SOCIEDADES CREADAS EN VIZCAYA
SEGUN SECTORES DE INVERSION Y PORCENTAJE SOBRE EL TOTAL
(1886-1900)

Capital*
Minería
Navieras
Ferrocarril
Químicas
Siderometalúrgia
Eléctricas
Banca-Seguros
Construcción

115.7
96
56.6
47.2
34.1
30.8
26.9
12.2

%
23.1
19.1
11.3
9.4
6.8
6.04

5.4
2.4

Número

%

122
90
20
39

16.6
12. 2
2.7
5.3
11.6
4.3

85
32
9
57

l. 2
7.7

• Millones de pesetas.

Fuente: Registro Mercantil de Vizcaya, Libros de Sociedades. Elaboración
propia.

263

negocio de transporte, el grupo era propietario de la Compañía mine19
ra de Setares , cuyo mineral se transportaba casi en su totalidad por
su_ flota de vapores. Gracias a esta integración vertical "del negocio
mmero y el transporte de su mineral" se cimentó buena parte de su
fortuna. Una prueba significativa de lo que acabamos de afirmar será
la rápida adquisición por el grupo de nuevas minas cuando los yacimientos del Norte den muestras de agotamiento: en 1900 crean la Compañía minera de Sierra Menera21 , con un capital de 32 millones de pesetas, compañía que se dedicará a explotar el coto minero del mismo
nombre (sito en las provincias de Teruel y Guadalajara), arrendado a
Cosme Echevarrieta. El mineral, conducido por ferrocarril hasta Sagunto, era embarcado allí en los buques de la compañía22 • Posteriormente, en ese mismo lugar se levantará la Compañía Siderúrgica del
Mediterráneo, en 191723 , que supondrá la integración completa
(extracción-transporte-transformación). Además, este mismo grupo crea
en 1900, junto a otros navieros interesados la Compañía Euskalduna
de Construcción y Reparación de Buqu;¡J, ejemplo significativo del
interés de los navieros por construir sus propios buques. En esta primera
etapa, el 650Jo de los inversores en Astilleros son también navieros25•
Otro de los grandes grupos navieros es el de Martínez Rodas, muy
diversificado en cuanto a sus inversiones en 1886-1900. Su presencia

CUADR02

A continuación vamos a analizar los principales grupos empresariales de esta primera etapa. El grupo Martínez de las Rivas es el primero en realizar los mecanismos de integración vertical para expansionarse económicamente11 .Con un capital, en parte, basado en negocios vinculados al sector público12, adquiere en 1879
una fábrica siderúrgica a la compañía inglesa The Cantabrian !ron Company Limited, la futura San Francisco 13 • A partir de 1889 comienza
la "etapa naviera" del grupo; José Ma. Martínez de las Rivas funda,
junto a Ch. M. Palmer, la Compañía Martínez Palmer'4. Dos años
más tarde crean las Compañías de vapores Rivas, Mudela y Marqués de Mudela 15 • En ese mismo año -1891-, la antigua Sociedad
Martínez Rivas-Palmer se transforma en Astilleros del Nervión'6, cuyo objetivo inicial es construir tres buques para la Armada Española 17•
En 1894, con los mismos socios que se reinscribe la San Francisco, Alzaga y Procter, crean la Compañía Coto del Muse/, situada fuera de
Vizcaya 18• En líneas generales, el grupo diversifica sus inversiones dentro de un panorama de actividades estrechamente relacionadas entre
sí: minería-siderurgia-construcción naval-transporte marítimo.
El grupo Sota y Aznar se encuentra ahora en su fase de conformación. A partir de 1889 y hasta 1899 se fundan por el grupo un total
de veintinco compañías navieras, una por cada buque. Además de este

INVERSORES E INVERSIONES EN VIZCAYA (1886-1900)

Banca-Seguros
Construcción
Eléctricas
Ferrocarril
Siderometalurgia
Minería
Navieras
Químicas
Varios
Total

Inversores
No.
%

Inversiones
No.
%

22
70
82
170
132
266
282
118
102

1.8
5.6
6.6
13.7
10.6
21.4
22.7
9.5
8.2

23
74
97
208
185
340
693
138
105

1.2
4.0
5.2
11.2
9.9
18.2
37.2
7.4
5.6

l 244

100.0

l 863

100.0

Fuente: RMV, Libros de Sociedades. Elaboración propia.

�264

Siglo XIX

es fuerte en sectores como el eléctrico, minería y banca y seguros. En
1890, y junto a Víctor Chávarri y otros, crean Hulleras del Turón, iniciando un negocio de exportación mineral hacia Asturias y retomo con
carbón, todo ello en barco26• Dos años más tarde crea la Compañía
Naviera Unión27 y en 1895 la Compañía Marítima Cantabria 28 • Pero
el grueso de sus inversiones se centrará en los años finales del siglo:
en 1899 participa en la creación de la Sociedad General de Centrales
Eléctrica?; en 1900 crea la Sociedad Unión. Compañía Marítima, con
un capital de 16 millones de pesetas30 ; la también Compañía Marítima la Actividad31 ; la Compañía de Seguros Aurora32, con 20 millones
de pesetas, y Minas de Cala, con 15 millones de pesetas33 • El fuerte
ritmo de inversiones del grupo en los años de la coyuntura finisecular
y la cuantía de las mismas hace suponer que contó con una aportación
"extra" de capital que no provino de los beneficios de sus antiguas
compañías y que bien pudiera proceder del gran volumen de capital
repatriado al perder España sus últimas colonias ultramarinas34 • No
obstante, esto no deja de ser una hipótesis. Es, pues, un grupo muy
parecido al de Sota y Aznar por las actividades donde desarrolla sus
negocios, sobre todo sector servicios y alguna compañía minera, en la
que invierte para sacar más rentabilidad a su negocio de transporte.
Los años de fin de siglo, además de suponer una considerable capitalización de la economía vizcaína3s, fueron también años de gran
dinamismo empresarial, referido tanto a los grupos empresariales ya
existentes, y que amplían su esfera de influencia, como a los que surgen más claramente en este momento. Así, amparados en la fuerte subida de los fletes en los últimos años del siglo XIX 36, se configuran
varios grupos navieros como los Azoar Tutor-Arzuaga-Urrutia37 ,
Barandiarán-Gómez-Mendiald ua38 ,
U riarte-Eguiraun-CortinaAcillona39.
En resumen, y por lo que se refiere a los grupos empresariales centrados en el sector naviero, podemos concluir que hay dos grandes tipos. En primer lugar, los grupos creados antes de la coyuntura finisecular, que son también los más poderosos, están agrupados en estructuras de tipo vertical que integran extracción de mineral y transporte,
o transporte y construcción de buques. A finales de esta etapa inician
otra vinculación característica mediante la creación de compañías de
seguros, como es el caso del grupo Martínez Rodas en 1900 o de Sota
y Aznar en 1901. Ya hemos referido anteriormente el interés de este
último grupo por tener criaderos para transportar mineral, puesto que
su negocio residía en la exportación y transporte de su propio mineral.
Es significativo, por otra parte, que el grupo Martínez Rodas, vinculado más al tráfico de cabotaje o con América, cree, en 1900, Minas de
Cala ante un previsible descenso del comercio con América tras la pérdida de las colonias: la reorientación de parte de sus actividades hacia
el tráfico con Europa se hacía con un negocio de extracción de mineral
de por medio. Así, pues, los mecanismos de integración vertical tienen

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

265

ahora un carácter defensivo frente a la competencia de los buques ingleses. Bien es cierto que proporcionaron a estos grupos (fundam~ntalmente, Martínez de las Rivas y Sota y Azn~r)_parte de sus cuantiosos beneficios, pero de su buena march~ econo011ca noyodemos ded~cir un control de los fletes ni una ventaJosa compe~enc1a sobre la marina inglesa"°. "Sin duda, -señ~a Fem~?ez de Pm~do-, la ~xportación de mineral de hierro y la unportac1on de carbon, a traves de los
fletes, tuvo que suponer un negocio na~a desprecia~le! pero fueron los
extranjeros quienes se beneficiar~n, ~eJando la~ ~gaJas a la ~º{ª _nglacional, tanto vizcaína como no V1Zcama, en el ultuno cuarto e s1 o

XIX"41.
En segundo lugar, los grupos navieros cread?s ~ fmes del siglo XIX
aprovechan la fuerte subida de los fletes, que C01:Dc1~e co_n u_n ~umento
del mineral y carbón transportado por la flota bilbama, mvirt}end~ algunos de ellos -como Arzuaga y Aznar Tutor- en compañías 011neras después de haber invertido en la _compra_d~ bu~ues. Pero,. además,
parece que debió haber "una decisiva part1c1pac101;1 de! c~p,Atal repatriado de las colonias en el desarrollo de la flot~ VIZ~a · Ya ht
mos señalado el caso de Martínez Rodas. El testimo~o. de R~6n e
la Sota, citado por Fernández de Pinedo, es muy s1gruficat1vo:
vizcaínos establecidos en Liverpool, Manila, Habana, etcétera, sustituyeron los antiguos buques de vela por otros de vapor,.:reand~ en
poco tiempo una flota de importanciad,qu~ a1
tamb1en considerable desarrollo en los años del pasa o s1g1o •

c:f7'Ó

Cambiando ya de sector, el grupo Ibarra-Vilallonga-Zub~a, parte de
cuyo capital es de origen bancario44 , crea en 1882 la Soc1eda~ Altos
Hornos y Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao. Durante estos anos pr&lt;:
seguirá la inversión en este sector, sobre todo en ~mpresas metalurgicas que demanden sus inputs a Altos Hornos de Bil?~º· J?e esta forma
completan la integración que se iniciaba en la p~1c1p~~1ón de lbarra
z b' 'a en la Orcona y Franco Belga con la mtenc1on de obtener
~n:r; barato para su fábrica siderúrgica4s. A partir ~e los años, n~venta y junto a otros señalados inversores del sector s1derom~talur~co co:Oo E. Gana y R. Rochelt, crean la Sociedad Tubos ForJados
Bilbao, en 1892, y la Basconia y Alambres del Cadagu~, en 1893 ·
También invierten en minería del carbón e~ la cuenca ast~an~-l~nes_::
1
para conseguir combustible a buen precio ; en compañías eléctncas ,
químicas49, y de construcciónso. La ex~ans~ón_ del grupo !barra es un
claro ejemplo de la estrategia de los s1derur:g1c~s en l?s años ~nales
del siglo XIX; "practicar una política de sust1tuc1ón_de 1mportac1on~:
sobre todo de la maquinaria del país y que se hacia ~emr de fuer~
(Fernández Pinedo). De esta forma la demanda de hierro Y acero e
las nuevas empresas metalúrgicas subsanarla el problema de los mer-

¡

�266

Siglo XIX

cados para una siderurgia que hasta entonces contaba con una fuerte
capacidad productiva sólo parcialmente desarrollada por la falta de
51
demanda • Otros grupos, como el de Chávarri o Echevarría, serán
también ejemplos significativos de esta política que se empieza a poner
en práctica a partir del Arancel de 1891.
En efecto, el grupo liderado por Víctor Chávarri, inicialmente centrado en la minería, crea en 1882 la Compañía Anónima de Metalurgia
y Construcciones la Vizcaya 52• En 1889 crea la Sociedad Delta Español; Talleres de Deusto en 1891; la Vasco Belga, en 1892; la Basconia
y la Ochandianesa, en 1893; Santa Agueda, en 1896, Chávarri, Petrement y Cía., en 190053• Pero, además de las inversiones en el sector
siderometalúrgico, el grupo diversifica extraordinariamente sus intereses económicos. Sólo su líder, Víctor Chávarri, aparece en cinco empresas metalúrgicas, seis mineras, cuatro químicas, dos de construcción, tres compañías ferroviarias y una eléctrica54 •
El grupo Echevarría-Zuricalday, liderado por Federico Echevarría
Rotaeche, es, b~icamente, el resultado de la unión familiar de un grupo fundamentalmente siderometalúrgico con otro más dedicado a negocios comerciales y de alimentación. Al igual que los dos grupos mencionados anteriormente, la dinámica inversora del grupo Echevarría
refleja nítidamente la evolución del sector siderometalúrgico: en 1886
crean una fábrica de transformados metálicos, importando bojadelata
inglesa55 • Dos años más tarde se unen con Goitia y Compañía, creando la primera gran empresa metalúrgica vizcaína, que luego pasará a
denominarse lberia 56 • En 1895 crean El Valle, otra empresa
metalúrgica57 • Sus vínculos con los Zuricalday se inician en la Sociedad Real Telefónica de Bilbao, creada en 1889, y en la Papelera Vizcaína, fundada un año después58 • En 1893 ya aparecen en la antigua
Sociedad Hijos de Zuricalday miembros de las dos famílias 59• Este
grupo también invirtió en algunos negocios mineros y en varias compañías navieras6().
Como hemos visto, gran parte de los grupos navieros o siderúrgicos invierten en minería por diferentes motivos. Grupos empresariales
entrados en este sector son, por ejemplo, el formado por Benigno Salazar, Luiz Salazar y J. Ma. Lezama Hormaza, que en estos años crean
1a Sociedad Carbonífera de Matallana y Salazar y Compañía61 • Los
Gandarias, vinculados al grupo Chávarri por su participación en /a
Vizcaya 62 , aparecen junto a él en varias Sociedades63 • Posteriormente
crearon la Sociedad Coto Minero de O/largan y Minas de
Alcaracejos64 • Hay, pues, por parte de estos grupos, una reinversión
casi exclusiva en el mismo sector.

Valdaliso: Grupos empresaria/es e inversiones en Vizcaya

267

Otro grupo de carácter monosectorial, esta vez centrado en el sector eléctrico, es el de Salvatierra-Crespo-Márquez de la Escosura-Zuasti,
que proviene, sobre todo, del interior del país. Aunque Bilbao es el
domicilio social del capital, todas sus iniciativas se centraron en el resto de España: en 1899, y junto a C. Reinke y W. Reinchard, crean la
Electra Martos Valdepeñas y la Electra Industrial de Navarra65 • Un
año más tarde crean la Compañía Eléctrica Peninsular, la Electra Industrial de Gijón y la Electra Industrial Coruñesa66 •
En el sector químico destacan los grupos Gurtubay-GreavesArbaiza, dedicado, sobre todo, a la importacion y refinado de petróleo y aceites minerales desde 188867, y los Errazquin, vinculados a la
Sociedad Española de la Dinamita, creada en 187168, y que ahora aparecen en Explosivos de Burceña, Unión Española de Explosivos y Fábrica de Vidrios de Lamiaco69•
LOS INVERSORES Y EL ORIGEN DE LOS CAPITALES
Debido a las limitaciones de las fuentes, ya expuestas anteriormente,
nuestras conclusiones en este apartado concreto se basan en la presencia de los inversores en las diferentes compañías y sectores y no en el
volumen de capital suscrito por cada uno. A pesar de ello, creemos que
los resultados son indicativos de las inversiones realizadas y de las relaciones intersectoriales en materia de inversión.
Por lo que se refiere a la presencia de capital extranjero, ésta es
importante en el sector químico, con un 15.20/o de los inversores. Los
restantes sectores con participación de capital extranjero, por orden
decreciente, son el eléctrico, con un 9. 70/o de los inversores; minería,
con un 9.020/o, y compañías ferroviarias, con un 8.20/o. En los restantes sectores la presencia es mínima. La mayor intervención de capital
extranjero en el sector químico es normal teniendo en cuenta la escasa
tradición de la industria química en España, que ha provocado que la
mayoría de las iniciativas hayan venido de la mano de empresarios
foráneos70• En Vizcaya son, sobre todo, franceses y alemanes, vinculados a la fabricación de explosivos71 • También es importante la actuación de aquellos últimos en el sector eléctrico.
Dentro del sector químico también hay que reseñar la presencia
de capital asturiano, especialmente inversores del "Grupo Ovetense"
como J. Tartiere y L. de Vereterra, agrupados en la Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbaran, que aparecen en la Vasco Asturiana
de Explosivos y en la Unión Española de Explosivos13 • Del mismo grupo está A. López, que invierte en compañías ferroviarias como la Cons-

�268

Siglo XIX

tructora de Zalla a Solares y la Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao14• Recíprocamente, parece que la presencia de capital
vasco fue muy importante en Asturias en los años finales del siglo

XIX1s_

A pesar de las continuas referencias a la importancia del capital
repatriado invertido en Vizcaya al perder España a Cuba y Filipinas76,
no nos ha sido posible cuantificar su presencia. Tampoco conocemos a los inversores que habían hecho su fortuna en las colonias,
salvo los casos de E. Aresti Torren o Martínez de Pinillos78 • Por el
momento, sólo un seguimiento personal de los inversores proporcionará algún dato al respecto.
A continuación vamos a analizar las relaciones intersectoriales entre los inversores. La teoría tradicional de la industrialización de Vizcaya hace de la minería el sector de arrastre fundamental del posterior
desarrollo industrial de la provincia. La burguesía minera vasca, exportadora de mineral, fue, según esta interpretación, "el eje, a nivel
empresarial, del desarrollo industrial y del capitalismo en el País
Vasco"79• La intensa acumulación de capital realizada en el sector minero por un "reducido grupo de empresarios{ ...) fue decisiva( ... ) en
la financiación del desarrollo económico de Vizcaya y del País Vasco
en el último cuarto del siglo XIX"80 • La reinversión de este capital sirvió para crear una moderna industria siderúrgica y, más concretamente en esta primera etapa, para "la financiación total de la expansión
siderúrgica vizcaína"81 •
A fin de calibrar de alguna manera la importancia de la minería
y de la burguesía minera, hemos cuantificado la presencia, en cada uno
de los sectores, de los inversores en minería y el porcentaje que representan en cada sector. Asimismo, y para realizar una comparación, hemos hecho algo idéntico con los inversores en siderometalurgia. Antes
de analizar los resultados hay que hacer ciertas matizaciones. En primer lugar, cuando hablamos de capital minero, siderúrgico, bancario,
etcétera, estamos recurriendo a una generalización para sistematizar
los datos, pues es casi imposible averiguar la procedencia exacta de un
determinado capital. En segundo lugar, y dado que operamos con un
listado de inversores e inversiones de 1886 a 1900, hay que tener en
cuenta la cronología de estas últimas. A este respecto, Fernández de
Pinedo, para el caso concreto de la minería, ha señalado que el hecho de
"que ciertos inversores de 1882, cuando se iniciaba la gran exportación de mineral, figuren como mineros en 1890 no garantiza que el capital invertido a principios de los ochenta haya tenido sus raíces en la
minería"82• Por último, en los sectores están agrupados tanto las ac-

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

269

tividades directamente productivas como las comerciales; por ejemplo,
en nuestra lista de inversores en minería habrá tanto mineros productores, que laborean minas propias o arrendadas, como individuos que
se dediquen al comercio del mineral.
Si analizamos el número total de los inversores en negocios
mineros83 podemos inferir de su cantidad que los beneficios de este
sector "no se concentraron exclusivamente entre la gran burguesía minera, sino que más de un tercio de los mismos se desparramó entre las
clases medias"84 • En efecto, se constituyeron gran número de compañías por parte de burgueses que no eran los Martínez Rivas, Chávarri,
Gandarias, Durañona o Lezama; burgueses que formaron "una numerosa clase media que supo aprovechar lo fácil y barato de los
registros"85 • Hay que tener en cuenta que nuestro listado de inversores en minería (1886-1900) corresponde a un 52.4% de las compañías
mineras creadas en este período, porcentaje que se refiere a las compañías mineras más importantes o, a lo sumo, de tamaño medio. Las pequeñas compañías, generalmente colectivas, que laborean una o varias
minas, se encuentran en ese 47 .6% que no hemos recogido.
Por lo que se refiere a los porcentajes de participación de inversores mineros y siderometalúrgicos, vemos que la presencia de los primeros sobrepasa el 20% en el sector siderometalúrgico, químico y construcción. En los restantes sectores el porcentaje de mineros entre sus
inversores oscila entre el 12 y el 18%. La presencia de inversores en
siderometalurgia, aun siendo considerablemente menores en número
que los primeros86, es importante en construcción, químicas y ferrocarril, teniendo porcentajes parecidos en minería y eléctricas. A primera vista de estas cifras, se deduce una contribución importante en
la minería,' pero de ningún modo fundamental, ni decisiva, para el surgimiento de una industria moderna. Los relativamente altos porcentajes en químicas, ferrocarril y, sobre todo, construcción obedecen a la
fuerte atracción que ejercieron como receptores de capital y diversificadores de inversiones. Tanto inversores mineros como siderometalúrgicos aparecen en ellos con parecida importancia. La dif~renci~ favor de los primeros estriba en el mayor desarrollo y prohferac1on de
compañías mineras en esta etapa, mie~tras que el ritm? _d~ creació!1
de compañías siderometalúrgicas no se incrementa hasta m1c1ada la decada de los noventa ritmos diferentes que influyen en el mayor o menor número de inve;sores en cada sector. No obstante, eso no les impide ser a los inversores en siderometalurgia los que tengan un porcentaje más alto en el sector de la construcción e igualen a los mineros en
el sector eléctrico.

.ª

�270

Siglo XIX
Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

CUADRO 3
PRESENCIA DE INVERSORES EN MINERIA Y EN
SIDEROMETALURGIA EN LOS DEMAS SECTORES (1886-1900)

Inversores

Minería
(%)
Navieras
Siderometalu rgia
Ferrocarril

Químicas
Banca-Seguros
Eléctricas
Construcción
Minería

17.7
25.7
18.2
22.3
17.4
12.2
25.7

Inversores
Siderometalurgia
(%)
5.0

14. l
17.8
9.1
12.2
27.2
12.8

Fuente: RMV, Libros de Sociedades, listado de inversores 1886-1900. Elaboración propia

Los porcentajes de inversores mineros en los sectores siderometalúrgico y naviero se explican por otros motivos. Ya hemos visto que
algunos grupos navieros integraban verticalmente el negocio de extracción de mineral y su posterior transporte, pero las inversiones en minería no fueron siempre el punto de partida para una posterior adquisición de buques. Grupos como el de Martínez Rodas o el de ArzuagaUrrutia invirtieron en minería para poder transportar mineral en sus
buques, mineral que mayoritariamente era embarcado en buques
extranjeros 87 • El mismo Sota invirtió en el sector naviero siendo antes minero, pero en 1900 invirtió de nuevo en minería para asegurar
la prosperidad económica de su flota de vapores, sin que sepamos hasta qué punto el capital empleado provino de la minería o del transporte marítimo. En el caso de los grupos siderometalúrgicos, el único que
previamente tiene negocios de minas es de los Chávarri88 • Los dos restantes invierten en minería a posteriori de sus inversiones en el sector
siderometalúrgico. Con esto no pretendemos en mingún momento negar la existencia de una corriente reinversora de beneficios mineros en
la industria y los servicios, pero sí cuestionar que fuera la única o la
predominante. Las corrientes de reinversión fueron múltiples y recíprocas dentro de una fuerte tendencia a diversificar las inversiones. Además, salvo los Chávarri, los restantes grupos que muestran un acusado
dinamismo inversor no son precisamente mineros. La tendencia de es-

271

tos últimos se dirigirá hacia la reinversión en el mismo sector, como
es el caso de Lezama, Salazar o Gandarias.
En conclución, pues, hay que cuestionar la rotundidad de las afirmaciones de la teoría tradicional sobre la contribución de la minería
a la industrialización de Vizcaya. De lo expuesto hasta el momento se
deduce una cierta importancia de este sector; importancia que no es
explicativa por sí sola del acelerado ritmo de industrialización que vive
Vizcaya en estos años.
2. 1901-1913: UN PERIODO DE CONCENTRACION

EMPRESARIAL
2.1. Diversificación de inversiones y grupos empresaria/es
Partiendo de nuevo del capital invertido en los diferentes sectores y
comparándolo con el de la etapa anterior, podemos apreciar varias diferencias. En primer lugar, hay un importante aumento del capital invertido, que se hace más perceptible en los primeros sectores del cuadro 4, banca y seguros y minería, cuyas diferencias con los restantes sectores son significativas. Asímismo, las diferencias entre el tercer y cuarto
sector y los restantes también son importantes. Prueba de la concentración de las inversiones en este período es el hecho de que ahora los
cuatro primeros sectores reúnen el 70.1 % del capital total invertido en
Vizcaya, por tan sólo el 29.70/o en cuanto al número de sociedades
mientras que en la etapa anterior los porcentajes respectivos fueron 62.9
y 36.80/o. Ha habido, pues, un aumento de capital absorbido por los
principales sectores en este período 1901-1913, capital concentrado en
un menor número de sociedades. En estos años se crean grandes compañías como Altos Hornos de Vizcaya, Hidroeléctrica Ibérica, Banco
de Vizcaya, etcétera. En contraste con ese gigantismo empresarial, también ahora aumenta considerablemente el número de pequeñas compañías, la mayoría de ellas no encuadradas en los sectores básicos de
inversión y con tan sólo un 13.4% del capital total.
Por sectores, tanto banca y seguros como minería son los más importantes en cuanto a capital recibido, siendo, además, este último el
primero en número. El sector siderometalúrgico y el eléctrico experimentan una fuerte subida en capital, aun cuando sus porcentajes en
número disminuyan o permanezcan igual, lo que nos indica un aumento
del capital medio por empresa en ambos. Por el contrario, las compafiías navieras y los ferrocarriles descienden fuertemente en número y
capital como consecuencia de las crisis en sus respectivos sectores. La
industria de la construcción permanece igual en porcentajes, pero ha
visto aumentar el capital dirigido a ella. Las químicas, por último, des-

�Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya
272

273

Siglo XIX

CUADR04
SOCIEDADES CREADAS EN VIZCAYA SEGUN SECTORES
DE INVERSION Y PORCENTAJE SOBRE EL TOTAL (1901-1913)

Capital*
Banca-Seguros
Minería
Siderometalurgia
Eléctricas
Navieras
Químicas
Ferrocarril
Construcción

200.0
183.4
98.02
83.3
41.9
38.3
30.4
23.0

%

No.

%

24.8
22.8
12.2
10.3
5.2
4.7
3.8
2.8

27
162
89
47
64
47
7
81

2.5
14.8
8.1
4.3
5.8
4.3
0.6
7.4

• Millones de pesetas

Fuente: RMV, Libros de Sociedades. Elaboración propia

de los grandes bancos, que en Vizcaya ~viero~ un ~á~er mixto, l_o
que pudo suponer una diversificación de mvers1ones mdirecta a traves
de la banca91 •
El grupo de Martínez de las Rivas no ap~~ece ahor_a en ~~~a
·edad Hasta 1918 no volverá a part1c1par en mnguna llllCianueva SOCI
•
•
Hº
p rt tiva año en el que crea, junto a otros mversores, la 1spano .o u
gu~a de Transportes Eléctricos, perteneciendo a su ConseJO de
Administración92 •
El grupo Sota YAznar experimenta una profunda transformaci?n
en la primera década del nuevo siglo. En pnmer lugar, los tres socios
ma oritarios de las compañías de buques, Ramón de la S?ta, E. Azn~
de Sota YLuis Ma. Aznar YTutor, crean en 190 l _la sociedad colectlS t
Aznar93 como forma de gestionar sus mtereses Y agrup_ar
;:s a~~:Oes en la; compañías de lo_s dife~nte~u!~¿~e}cis:°L~~
dades mineras del grupo. En ese mismo o, J
., d
J L Vill baso este último vinculado a Sota desde la creac1on , e1
~~co.de c:mer~io en 1891, crean la Sociedad m~s grande del pen~
do la Polar de Seguros, con un ca~ital dedlOO milllon~
. '. d
•
1O del grupo Martmez Ro as, e grup
S1gu1en o e1eJemp
, d
n la doble finalidad de asecreó también una compañía e seguros co

fu

~i;:;

:o~:yesz:~

cienden en número y capital, aunque no considerablemente.
Acorde con ese fenómeno de concentración empresarial que se produce en el período 1901-1913, las cifras de inversores e inversiones referidas a las Sociedades más importantes creadas en estos años también descienden, al igual que el porcentaje de sociedades anónimas, sobre el total, que ahora es del 24.9% frente al 34.70/o de la etapa anterior. El predominio del sector minero en cuanto al número de inversores e inversiones es abrumador en esta etapa, lo que se debe fundamentalmente a la gran importancia de las compañías mineras creadas
en estos años, con grandes volúmenes de capital: compañías que en
su inmensa mayoría se dedicaron a laborear minas situadas fuera de
la provincia. Si en el período 1886-1913 el 77.711/o de las grandes Sociedades (el 4811/o del total) se dedicaron a explotar minas fuera de Vizcaya, en 1901-1913 el porcentaje asciende hasta el 82.4% 89• El número
de inversores también aumenta en banca y seguros, eléctricas y varios,
aumento relacionado con el especial auge que los dos primeros sectores experimentan en esta época.
Todos los datos apuntan, en suma, a que en estos años se produjo
una creciente concentración industrial y empresarial no sólo en Viscaya, sino en todo el país90• A la vez, no hay que olvidar el desarrollo

CUADR05
INVERSORES E INVERSIONES EN VIZCAYA (1901-1913)

Inversores
%
No.

Inversiones
%
No.
8.9
5.1

9.8
5.7

95

11.1

144

2.2
6.1
37.7
7.6
4.1
15.6

111
23
65
436
78
39
169

2.1
6.1
40.7
7.3
3.6
15.8

923

100.0

1 071

100.0

Banca-Seguros
Construcción
Eléctricas
Ferrocarril
Siderometalurgia
Minería
Navieras
Químicas
Varios

91
53
103
20
56
348
70
38

Total

Fuente: RMV' Libros de Sociedades. Elaboración propia.

55

10.4

�274

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Siglo XIX

gu_rar su ~rop~ flota y ofertar s_us servicios a otras compañías navieras
o t~~ustnales . En 1901 también, Ramón de la Sota participa en la
fus1on del Banco de Comercio con el de Bilbao y en la creación de otras
compañías96 • En 1906, siguiendo la estrategia particular del sector, se
~roduce la fusión de las veintitrés compañías de buques existentes baJO el nombre de la Compañía Naviera Sota y Aznar S.A. con un capital de 9 5 millones de pesetas97• En resumen, hay ~na r~rganización
de! g~upo, tendente a un mayor control, por parte de sus tres figuras
prmc1pales, de todas las actividades en donde está presente.
En torno al Banco Vascongado, creado en 1902 y posteriormente
integrado en el Viz':aya~, se produce una clara articulación de los que
~asta entonces hab!an sido grupos empresariales dispersos, que a partir de ahora tendran más conexiones entre sí. Este banco nace de la
participación de la Compañía de Seguros Aurora, del grupo Martínez
Rod~, Y de la fusión del Banco Naviero-Minero'~\ en el que participan diversos grupos.
El grupo I barra-Vilallonga-Zu biría dirige su atención preferentemente hacia el dinámico sector de las eléctricas, participando fuertemente en compañías como la Hidroeléctrica Ibérica, Compañía Ibérica de Electricidad Thomson Houston y Unión Eléctrica Vizcaína 100 e
indire~tamente e~ ~lgun~s más a través del Banco de Vizcaya, en cu~o
C~nseJo d_e Adrrums~rac1ón están presentes 1º1• Maluquer ha puesto de
reheve la tmportanc1a de este banco, eje de "un trust perfectamente
articulado" de grandes empresas eléctricas 102• Junto a otros grupos
participará en la creación de Saltos del Ter, en l 90tº3, y es, además,
uno de los g_rupo_s creadores del gigante Altos Hornos de Vizcaya, junto a los Chavam y los Echevarría104 • También aparece en varias compañías mineras 105 •
El grupo Echevarría-Zuricalday mantiene sus inversiones en los sectores metalúrgico y alimentación (véase Apéndice), pero en las iniciativas más destacadas en las que participa está asociado a R. Picavea Leguía, creador, con l. García Lastra, de Hispanía. Compañía General
de_ Alumbrado106 • En 1901, junto a C. Reinke y J. Ahlemeyer, crean
p~mero Ah/emeyer,. S.A. y poco más tardeAhlemeyer, Compañía Anómma de Construcc10nes e instalaciones Electromecánicas fruto de Ja
fusión de la anterior con la Hispania 101• Un año más tar'de este mismo grupo crea la Hidroeléctrica de Cataluña, con un capital de 10 millones de pesetas 108• En 1907, tanto Echevaróa como Picavea participan en la creación de Saltos del Ter. No es extraño, pues, que R. Picavea sea uno de los socios fundadores del Banco de Vizcaya el banco
eléctrico por excelencia 109•
'

275

El grupo bancario Crédito de_Ja Un!ón Mi~~ra está formado por
un gran número de mineros cuyas 10vers1ones bas1~s y fundamen~al~s
siguen centrándose en el sector del que proceden . El gr~po pn~c.1pal en este banco, aparte de los Chávarri, es el de Gandanas, familia
minera muy importante en Vizcaya desde los años ochenta del pasado
siglo 111 •
Los Chávarri mantienen su política de diversificación, ahora no
sólo de inversiones, sino también de relaciones con otros g~pos empresariales o empresarios indiv~duales. P~r. una parte, ~anuene u~a
fuerte presencia en el sector romero, part1c1pando en sets compañías
mineras y en el Crédito de la Unión Minera. En los restantes sectores,
la mayoría de las veces aparece as&lt;?ciad? a P. Allende Y a E. Borda
Achúcarro, dúo inversor de gran dmarrusmo, presente s&lt;?bre todo _en
compañías ferroviarias 112 • Es, quizás, el ~rup_o empresanal cuyos mtereses económicos se encuentran más d1vers1 ficados.
Como conclusiones generales de este apartado podelll:os enumerar, en primer lugar, la desaparición de vari?s &amp;:~pos navieros como
inversores en nuevas compañías y la reorgamzac1on de los ~rupos qu_e
perduran a través de una política
fusiones o concent~a~1?nes honzontales. Esta se explica por la cns1s del sector, que se 1~c1~ en 1~-•
con una brusca caída de los fletes. Así, hasta 1909, las prmc1pa~es m1ciativas revisten el carácter de concentraciones ~orizontales, mientras
que las restantes compañías que se crean se ded1c_an fundamentalm~nte al cabotaje -navegación que sí estaba protegida-,_ co~1~n captt~l
social menor y una razón jurídica que ya no es la an?mma · Ademas
de esa política de fusiones, la estrategia de los_ nav1er?s se centró en
pedir protección al Estado, solicitando una sene de pnmas a la ~avegación que se concederán, en 1909, mediante la Ley de Prot~c1ón a
las Industrias Y Comunicaciones Marítimas. Parece, p~es, que os navieros estuvieron muy interesados en recibi: la prot~c1ó~1?el Estado,
lo que pone muy en duda su pretendido librecambismo .

?~

En segundo lugar, la tendencia de la mayoría de los grupos m~~eros a invertir de nuevo en el mismo sector, sobre todo en comparuas
mineras situadas fuera de Vizcaya.

(~!

Por último, el vi_raje d~ grupos ~~di~ion(It:!:;Jj~;:a
Tutor-Arzuaga-Urrulla), o s1deromet urg¡cos
. .
, s ue
'a)
hacia
una
inversión
preferente
en
el
sector
eléctnco,
grupocq
Vam ,
v·
rtenecen a su onartici an en la creación del Banco de izcaya Ype .
.
~e· o Administración. Tendencia a la que no son aJenas las d1fic~taJ
.d , ·co vasco en la primera década del nuevo siglo.
des del sector s1 erurgi

d:

�276

Siglo XIX

Y en todos ellos una profundización de las relaciones con el resto
de la burguesía vasca; burguesía que ahora no sólo diversifica sus inversiones como en el período anterior, sino también los grupos y empresarios con los que participa en la creación de numerosas compañías. La confluencia de varios de estos grupos y el fuerte papel de los
bancos como cabezas de los grandes grupos de intereses (grupo Sota
y Azoar, vinculado al Banco de Bilbao; grupos Ibarra-Vilallonga, Azoar, Tutor-Arzuaga-Urrutia y Echevarría-Picavea, en torno al Banco
de Vizcaya) confirma la primera impresión de esta etapa como un período de concentración empresarial y financiera.

2.2.Los inversores y el origen de los capitales
La presencia del capital extranjero se mantiene en el sector químico
con un 15.80/o, pero disminuye o permanece en unos niveles mínimos
en los restantes sectores. El número de inversores según nuestra muestra, disminuye. Frente a los 913 inversores de la primera etapa ahon¡
sólo hay 760, de los cuales un 32.90/o fueron inversores en la etapa anterior. Podemos hablar, pues, de una renovación importante en el conjunto de la clase empresarial vasca, aun cuando la mayoría de los grandes "capitales de empresa" permanezcan.

Como en el período anterior, hemos cuantificado la presencia de
los inversores de origen minero en los demás sectores. En primer lugar, y ya que tenemos el listado de inversores de la etapa 1886-1900,
podremos constatar la presencia de inversores mineros en los diferentes sectores en el período 1901-1913, lo que nos dará una idea aproximada de dónde invierten los beneficios del período precedente-y, por
tanto, una corroboración o una matización de la teoría tradicional ya
comentada-. El cuadro 6 trata de reflejar la importancia de los inversores "antiguos" (del período 1886-1900) en los sectores de la etapa
1901-1913. En la columna bajo el nombre de inversores en minería se
reflejan los porcentajes de inversores en cada sector que en la etapa
anterior fueron inversores en minería. En la siguiente columna se hace
lo mismo con los inversores en el sector siderometalúrgico y la última
columna recoge los procentajes de inversores en cada sector que en la
etapa 1886-1900 habían invertido en ese mismo sector. De alguna manera esta última columna reflejaría la reinversión de beneficios en el
propio sector, una especie de autofmanciación del mismo.
Analizando los resultados vemos que los porcentajes de la primera columna no son nada espectaculares: tan sólo el sector de banca y
seguros refleja un 23. l O/o, no llegando los restantes al 200/o. En números reales destaca la elevada presencia de mineros del período 1886-1900
que vuelven a invertir en minería, fenómeno que ya hemos visto al ha-

277

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

CUADRO 6

PRESENCIA DE INVERSORES EN MINERIA, SIDEROMETALURGIA
y EN EL PROPIO SECTOR DURANTE 1886-1900,
EN EL PERIODO 1901-1913

Inversores
Minerfa
%

Inversores
Siderometal.
%

23.1
15.5
18.1
13.1
11.3
17.8
15.7

7.7
11.6
6.6
2.6
9.4
25.0

Banca-Seguros
Eléctricas
Minería
Químicas
Construcción
Siderometalurgia
Navieras

Inversores
mismo sector

%
5.5
16.5
18.1
7.9
5.6
25.0
27.1

Fuente: RMV • Libros de ~ieda d es, listados de inversores 1886-1900 Y
l901-1913. Elaboración propia.

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blar de los grupos empresan ,es.
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de España.
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La presencia de inversores en s1 ero~e en el que llega a significar
en todos los sectores, excepto en el p~~~~~~tor se produjeron elevados
un 250/o, que hace supo~er.¿ue ~go parecido ocurre en el sector naporcentaJes de autof~anc1~c1 º~ofnanciación bastante elevadas, cerviero, que presenta cifras au lesa política de concentraciones bocanas al 300/o, lo que se ei ica/r primera década del siglo. Estos porrizontales llevada a cabo uranl e a . de Femández de Pinedo sobre
centajes vienen a corroborar 37dtes.1sg¡·co Y sobre la escasa presencia
la autofinanciación del sector s1 er~1~
de capital minero en la flota vasca .

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278

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Siglo XIX

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mVIerten de nuevo en esta etapa 61O 1 31 2 o¡¡0
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el obJeto de evitar una doble contabilidad d 1 .
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en ~I cuadro anterior y en el presente. Aun ~nºr~~;;::~rf! 1t~~!
;~~tff1~1~~~~te comp~rand~ los porcentajes de la columna 1 (que con3 v
os Y antiguos mversores en minería) con los del cuadro
t~j/:~: ~~eti~ovsoleons edlecmas,o de banca-seguros Yeléctricas, el porcenas sectores.

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CUADRO 7
PRESENCIA DE INVERSORES EN MINERIA
EN LOS DEMAS SECTORES (1901-l 9 l3)

Banca-Seguros
Eléctricas
Navieras
Químicas
Siderometalurgia
Construcción

1

2

(%)

(%)

28.6
17.5
15.7
18.4
21.4
15.1

16.5
10.7
5.7
10.5
8.9
7.5

Fuente: RMV' Libros de Sociedades li
1901-1913. Elaboración propia.
' stados de inversores 1886-1900 Y

m ~e todo 10 expuesto parece cuando menos arriesgado sostener afir
a~iones ~mo que la burguesía vasca exportadora de mineral "fu;
e1 eJe, a ruvel empresarial, del desarrollo industrial Y del capitalismo

279

en el País Vasco" 117 • La presencia de esta burguesía explica tan sólo
una mínima parte del desarrollo industrial de Vizcaya. Además, sus
intereses se dirigieron primordialmente a la explotación de yacimientos mineros en el resto del Estado español.

3. CONCLUSIONES.
Aunque el auge de algunos sectores tales como banca-seguros o eléctricas se produce a partir de 1901, hay una profunda diversificación
de inversiones desde los años ochenta del siglo XIX. La mayoría de
los grupos empresariales se centra en más de un sector, realizando, además, "incursiones" en otros campos de actividad económica. Con ello
no sólo disminuyen el riesgo que toda inversión lleva consigo, sino que
también estrechan las relaciones con otros sectores de la burguesía vasca
y española.
En las condiciones descritas, la sociedad anónima aparecía como
la forma jurídica ideal que posibilitaba una rápida captación de capitales y una fácil participación de los inversores en cualquier sector de
la actividad económica, sin verse obligados a llevar la gestión de la empresa. Lo mismo sucede en Asturias, donde diversificación inversora
118
y generalización de la sociedad anónima son hechos paralelos • Estos factores, junto a la intensa capitalización de la época, originaron
la generalización de la sociedad anónima en Vizcaya. La importancia
de la misma, especialmente en la primera etapa 1886-1900, donde supone el 34.70/o del total de las Sociedades constituidas en Vizcaya, no
se superará hasta después de la guerra civil.
La dinámica inversora de los grupos empresariales es un fiel indicador de la estrategia que se desarrolla en cada sector. Durante el período 1886-1913 se produce:
- Un intenso ritmo de creación de compañías navieras en los años
finales del siglo XIX, aprovechándose de la espectacular subida de los
fletes. Los grupos navieros que operaban antes debían su prosperidad
económica a una política de integraciones verticales minería-transporte
de mineral (Martínez de las Rivas, Sota y Aznar) como mecanismo de
defensa frente a la marina mercante extranjera, que controlaba lama11
yoría del tráfico de mineral y combustible por el puerto de Bilbao 9,
o a su dedicación al cabotaje o al comercio con América (Martínez Rodas). A partir de 1901, y con el comienzo de la crisis de los fletes, hay
un doble proceso en lo que concierne a la creación de compañías navieras: por una parte, una estrategia de concentraciones horizontales
practicadas por los grupos creados en la etapa anterior, que se plasma

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280

Siglo XIX
Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

281

?~

en la creación nuevas compañías con elevado capital medio; por otra
part~, la creacion hasta 1909 de pequeñas compañías vinculadas al comercio de cabotaje, navegación que sí estaba protegida, de carácter colectivo o comanditario y con un escaso capital social.
- {!na polí,tica de creación de compañías de seguros por los grupos naVIeros mas poderosos (Sota y Aznar, Martínez Rodas) con las
c~ales, además de explotar el negocio de los seguros, aseguran su propia flota.
- Dentro de esa misma estrategia se sitúa la creación de astilleros
por navieros interesados en construir su propia flota, además de abastecer a otros posibles demandantes.
- (!na ~ol!tica de sustitución de importaciones por parte de los
grupos siderurg¡cos, que les lleva a intervenir en la creación de la mayoría de los empresas metalúrgicas a partir de la promulgación del Arancel proteccionista de 1891. Sólo así terminaron los problemas de superproducción de una siderurgia originados al perder los mercados exteriores para el lingote Bessemer.
-:-A partir de 1901, y por parte de grupos empresariales centrados
antenormente en otros sectores, fundamentalmente el sjderometalúrgico, hay una fuerte inversión en compañías eléctricas. Estos mismos
grupos s~rán los artífices del Banco de Vizcaya, el banco eléctrico por
excelencia.
- Una política, por parte de la gran mayoría de los inversores min~ros,_ de reinvertir Is beneficios en el propio sector, especialmente en
mmena fuera de Vizcaya.
Por lo que respecta a la contribución de la minería al desarrollo
industrial de Vizcaya, creemos que la teoría tradicional debe ser cuestionada por varias razones:
- De nuestro listado de inversores en minería se deduce que hubo
muchos más que ese "reducido grupo de empresarios y compañías"
que controlan "la mayor parte de la producción, de la exportación y
de los beneficios del sector" 120• Teniendo en cuenta que nuestro listado procede de compañías de gran tamaño o, cuando menos, mediano,
se confirma la tesis de Escudero para la minería que "más de un tercio
de los beneficios se desparramó entre las clases medias" 121 •
- La presencia de inversores de origen minero en los demás secto-

res fue importante en algunos y más ~odesta_ en otro~, pero de ningú~
modo fue decisiva para el desarrollo mdustnal de V12caya. En la pnmera etapa, 1886-1900, los porcentajes oscilan entre el 12 Y el ~50J~,
con una media general del 20%. Pero, además, esa presencia n~ sigmficó reinversión en su totalidad: en muchos casos fueron navieros o
siderometalúrgicos los que invirtieron en minería. Parece, pues, que
las corrientes de reinversión no tuvieron ese sentido unívoco -mineríarestantes sectores- que la teoría tradicional ha postula?º· En ~a segunda etapa, 1901-1913, los porcentajes d~ inversores mme~os siguen
oscilando en torno a ese 20%. La afirmación de que a partlf de 1901
los beneficios de la minería se reinvirtieron masivamente en nuevos sectores también tiene que ser matizada: de los 250 inversores de ~uestr_a
muestra que intervinieron en el primer peíodo y que vuelven a mvertrr
en la etapa 1901-1913, sólo el 31.2% fueron inversores mineros en la
primera etapa. Luego hubo casi un 70% de reinversores cuyos beneficios no procedieron de la exportación de mineral, Pero, ade~ás, la mayoría de las reinversiones no se dirigieron hacia la industna.
Donde fueron en mayor medida los beneficios mineros fue ?ªc!a ~l
mismo sector. De ese 31.2% de reinversores mineros, el 80.70Jo mv1rt1ó
de nuevo en minería, la cual se encontró mayoritariamente, como ya
hemos dicho, fuera de Vizcaya.

En resumen, hubo más inversores y más fuent~ de ~pita! qu_e las
procedentes del sector minero~• ~or ~nto, la_contnbuc1o_n del ~rus~o
no explica por sí sola la industnalizac1on d~ V1zcay~- Las 10vest1gac10nes más recientes que han revisado la teona tradic1on'." y los res?ltados que se desprenden de nuestro estu?ío apunt~ hacia ~na t7ona de
la industrialización vizcaína mucho mas compleJa que la simplista teoría tradicional.

NOTAS
Sobre todo de Lazúrtegui (1907). Autores como Lequerica (195~) o, más reciente1
. mente, González Portilla (1981) han sostenido esta interpretación.
2 _ Por citar algunas: Fernández de Pinedo (1983), (1985 a) y ( 1985 b); Escudero (1985)
y (1986).
3 Fundamentalmente, este articulo es uno de los capi!ulos de nuest~a tesis ~e liceo. · t
. Valdaliso (1986) en la que hemos proporcionado las senes de numero Y
~~i:de las Sociedades Mercantiles constinúdas en Vizcaya desde 1886 hasta 1975 •

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282

283

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4. Valdaliso (1986), p. 170.

24. RMV, L. 15, H. 720 (1900).

5. Que son ~ho: metalúrgicas.y similares, negocios mineros y derivados, navieros,

25. Porcentaje extraído de nuestro listado de inversores 1886-1900, elaborado a partir
de los datos del Registro Mercantil.

construcc1on ~e.obras y s1m1lares, productos químicos, negocios eléctricos, compa~las ferroV1anas y banca y seguros. Sobre esta clasificación sectorial, véase Valdahso (1986), pp. 13-14. Los porcentajes de los datos recogidos por sectores pueden verse en Valdaliso ( 1986), p. 115.

27. RMV, L. 6, H. 237 (1892).

7. Registro Mercantil de Vizcaya (en adelante, RMV), Libro 5, Hoja 219.

29. RMV, L. 14, H. 647 (1899).

8. En nuestros datos sólo hay anónimas entre las navieras. No obstante, una mínima

30. RMV, L. 14, H. 677 (1900).

9. El auge de las compafiías ferroviarias se debe fundamentalmente a la extensión del
tendid? de líneas ~r el País Vasco y a la construcción de líneas que enlazan centros mmeros, pnncipalmente Santander y Asturias y la cuenca hullera del norte
de León, con Bilbao. El de las químicas está muy ligado a la rama de explosivos
muy necesarios para la minería.
10. Sobre esa etapa puede verse Femández de Pinedo (1983).
1l. Fernández de Pinedo (1985 a), p. 22.
12. Femández de Pinedo (1985 b), en prensa.
13. Fernández de Pinedo (1985 b). Una inscripción de la misma puede verse en el RMV
L. 8, H. 345 (1894). Los socios que aparecen son J. Ma. Martinez de las Rivas:
J. B. Alzaga y E. W. Procter.

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31. RMV, L. 15, H. 760 (1900).
32. RMV, L. 15, H. 690 (1900).
33. RMV, L. 15, H. 764 (1900).

34. Según Harrison (1983), p. 29, "hay una decis(ón colectiva de invertir en Bilbao
los ahorros mantenidos en cuentas de depósito durante la campaña de Cuba
(1895-1898), esperando un desenlace del conflicto".
35. El capital registrado de las nuevas Sociedades creadas en yizcaya en 1901 no se
sobrepasará hasta 1962 en pesetas corrientes, y nunca sera alcan~do en pesetas
constantes. Los casi 450 millones registrados en Bilbao en l'?(ll supusieron el 50.9'7,
de todo el capital constituído ese año en España. Valdaliso (1986), PP· 50-51.
36. Femández de Pinedo (1985 b).
37. Valdaliso (1986), p. 121.

15. Sus inscripciones respectivas se encuentran en RMV, L. 5, H. 216; L. 5, H. 214,
y L. 5, H. 215 (1891).

38. Ibídem.

17. Fernández de Pinedo (1983), p . 17.

1

28. RMV, L. 9, H. 385 (1895).

14. RMV, L. 3, H. 139 (1889).

16. RMV, L. 5, H. 201 (1891); Ybarra (1947). p. 217.

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26. Debo esta información a E. Fernández de Pinedo. La escritura de Hulleras del Turón está en RMV, L. 4, H. 160 (1890).

6. El capital medio de las Sociedades del sector eléctrico no llega al millón de pesetas
por muy poco (962 500), mientras que el de las siderometalúrgicas justo alcanza
las 400 000.

parte adoptó otras formas jurídicas.

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Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

Siglo XIX

18. RMV, L. 8, H. 337 (1894).
19. RMV, L. 1, H. 12 (1886).
20. Fernández de Pinedo (1985 a), p. 22.
21. RMV, L. 16, H. 770 (1900).

22. Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao (CCINB), Memorias de
Sociedades 1902, Doc. 336, pp. 5 y ss.
23. RMV, L. 51, H. 2243 (1917) .

39. Ibídem, p. 122.
40. Como lo hace González Portilla (1981), vol. l, p. 201.
41. Femández de Pinedo (1985 a), p. 22.
42. Fernández de Pinedo (1985 b), en prensa.
43. Ibídem.
44. Ibídem.

45. Escudero (1985), en prensa.
46. RMV, L. 6, H. 276 (1892); L. 7, H. 278 (1893), y L. 7, H. 298 (1893).
47. Compañía Hullera Vasco Leonesa, RMV, L. 9, H 357 (1894).

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Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya
284

285

Siglo XIX
70. Sobre la industria química espai!ola, véase Nadal (1986).

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48. Electra. Compaílía General de Electricidad, RMV, L. 3, H. 357 (1894).
71. Véase Tortella (1983), pp. 432-434 y 449.
49. La Papelera Vizcaína, RMV, L. 4, H. 153 (1890).
72. Vázquez García (1980), p. 177.
50. Sdad. de los terrenos de la Concordia, RMV, L. 3, H. 122 (1889).
73. La Vasco Asturiana también se integró en la UEE. Tortella (1983), pp. 448-449.
51. Femández de Pinedo (1983), p. 17.
52. Femández de Pinedo (1985 b), en prensa.

74. RMV, L. 7, H. 304 (1893); L. 9, H. 398 (1895). La primera acabará por fusionarse
junto con otras para crear esta última. Véase Valdaliso (1986), p. 104, nota 20.

53. RMV, L. 3, H. 129 (1889); L. 5, H. 221 (1891); L. 6, H. 251 (1892); L. 7, H. 278
(1893); L. 7, H. 296 (1893); L. 11, H. 477 (1896), y L. 15, H. 703 (1900).

75. Vázquez García (1980), pp. 178-179.

54. Véase Apéndice.

76. Véase la nota 34. En el articulo de Harrison se pueden encontrar referencias de
más autores.

55. Ecbevarrfa Hermanos, RMV, L. 1, H. 26 (1886); Femándezde Pinedo (1983), p. 16.

77. Escudero (1986), vol. 1, p. 249.

56. RMV, L. 2, H. 78 (1888). En 1890 se produce el cambio de nombre: RMV, L. 4,
H. 173 (1890).
57. RMV, L. 9, H. 399 (1895).

78. Que fue secretario general de la Cámara de Comercio de La Habana en 1889. CClNB,
Fondo Julio de Lazúrtegui, Carpeta 54, núm. 18: Informe sobre una exposición
de la Sociedad de Estudios Económicos acerca del comercio de cabotaje en la metrópoli, CCIN de La Habana, 1889.

58. RMV, L. 3, H. 121 (1889), L. 4, H. 153 (1890).

79. González Portilla (1981), vol. 1, p. 70.

59. RMV, L. 7, H. 291 (1893).

80. Ibídem, p. 71.

60. F Ecbevarria y Picavea, Cia. La Blanca, Cía Naviera Aurrerá y Cía. Marítima
La Actividad. Para sus inscripciones, véase Valdaliso (1896), p. 152.

81. Lequerica (1956), p. 47; González Portilla (1981), vol. 1, p. 96; Banco de Bilbao
(1957), p. 167.

61. RMV, L. 4, H. 162; L. 3, H. 148 (1890).

82. Femández de Pinedo (1985 b), en prensa.

62. Fernández de Pinedo (1985 b), en prensa.

83. Que son más de 500 en el período 1886-1913. Dato extraído de nuestros listados
de inversores del RMV, 1886-1900 y 1901-1913.

63. Hulleras del Turón, An&amp;Jo Vasco de las Minas de Córdoba, Talleres de Deusto y
Vasco Asturiana. Valdaliso (1986), p. 152.

'

64. RMV, L. 11, H. 502 (1897); L. 12, H. 555 (1898).

85. Jbidem.

65. RMV, L. 13, H. 597; L. 13, H. 613 (1899).

86. Véase cuadro 2.

66. RMV, L. 15, H. 705; L. 15, H. 709, L. 15, H. 710 (1900).

87. Fernández de Pinedo (1985 a), pp. 21-22; Fernández de Pinedo (1985 b), cuadros
8 y 9, en prensa.

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67. Asociados primero a un francés, Fourcade, en la Sociedad Fourcade y Gurtubay,
RMV, L. 2, H. 80 (1880), y más tarde solos en Hijos de Gurtubay, RMV, L. 3,
H. 119 (1889). Este grupo también tenia varias Sociedades en el sector alimenticio;
véase Valdaliso (1986), pp. 126-127.

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68. Sobre ella, véase Tortella (1983) p. 434.

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84. Escudero (1985), en prensa.

69. RMV, L. 10, H. 415 (1895); L. IO, H. 442 (1896); L. 4, H. 181 (1890). Tanto la
Sociedad Española de la Dinamita como Explosivos de Burcella quedaron fusionadas en la Unión Española de Explosivos, que al ai!o siguiente controló el mercado español gracias al monopolio concedido por el Estado. Sobre esto, véase ToneUa (1983), pp. 448-449.

88. Y tampoco se le puede calificar exclusivamente de minero. Véase Fernández de Pinedo (1985 b), en prensa.

89. Para averiguar cuáles eran las compañías que laboraban minas fuera de Vizcaya
he contado con la inesúmable ayuda de A. Escudero.
90. Tui'lón de Lara (1983), pp. 410-411; Maluquer de Motes (1987), p. 63.
91. Sudriá (1985), p. 262.

�286

Siglo XIX

Valdaliso: Grupos empresariales e inversiones en Vizcaya

287

92. RMV, L. 56, H. 2479 (1918).

110. Véase Apéndice.

93. RMV, L. 16, H. 799 (1901).

111. Escudero (1985), en prensa.

94. RMV, L. 16, H. 830 (1901).

112. P. Allende es vicepresidente de la Cía. de los Ferrocarriles Vascongados, de la que
E. Borda es vocal del Consejo de Administración. RMV, L. 29, H. 1356 (1906).
También son socios de otras compañías: véase Apéndice.

95. Debo esta información a E. Femáodez de Pinedo.

96. Banco de Bilbao, RMV, L. 16, H. 850(1901). En esta fusión aparecen como socios
ejecutores, por el Banco de Bilbao, Tomás E . de Epalz.a, R. de Ibarra y Arregui,
E. Coste, C . Urieo, M . Mac Mahón, A. Galina, E. Velilla e l. de Arias; por el
Banco de Comercio, Ramón de la Sota, M. Lezama Leguizamóo, M. Meodiricbaga, R. Amézaga, F . Larrioaga, J. A. Uriarte, F . de Artecbe y L. Aosuátegui.

113. La relación completa de las compañías navieras creadas durante estos años está
CD

Valdaliso (1986), p. 157, nota 197.

114. Femández de Pioedo (1985 a), pp. 24-25.
115. Escudero (1985), en prensa.

97. RMV, L. 28, H. 1328 (1906). El capital estaba dividido en 19 000 acciones de 500
pesetas cada una, de las que la Sociedad Sota y Aznar poseía 7 857, el 4l.3'lt del
total. Datos extraídos del Informe de la Comisión nombrada para llevar a cabo
la fusión de las Compañías de los buques..., CCINB, Memorias de Sociedades 1906,
Doc. 486.

116. Femáodez de Pinedo (1985 b), en prensa. También Escudero (1986), vol. l, p. 250,
analizando los Consejos de Administración de varias compañías navieras, ha señalado lo mismo.
117. Véase nota 79.

98. Escudero (1986), vol. l, p. 267.
118. Váz.quez García (1980), p. 175.
99. Véase Apéndice. Las inscripciones de las diferentes Sociedades se encuentran en
Valdaliso (1986), p. 154.
100. RMV, L. 17, H. 901 (1901); L. 17, H. 920 (1901); L. 33, H. 1491 (1908). En ellas
también se encuentra el grupo Amar-Arzuaga.

119. Femández de Pinedo (1985 a), pp. 21-22.
120. Goll7.ález Portilla (1981), vol. l, p. 68.
121. Escudero (1985), en prensa.

101. RMV, L. 16, H. 825 (1901). Los socios fundadores fueron P . Mac Mahón Aguirre, T. Urquijo Aguirre, P . Maíz Arzuaga, R. Picavea Leguía YJ . Ma. Basterra,
todos ellos en el Consejo de Administración. La información sobre los Ibarra la
hemos tomado de Ybarra (1947), p. 213.
102. Maluquer (1985), pp. 247-248.
103. Véase Apéndice.
104. RMV, L. 19, H. 1023 (1902). La Sociedad Altos Hornos de Vizcaya es fruto de
la fusión de Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, la Vizcaya Y
la Iberia.
105. Cía. Vascongada de Minería, RMV, L. 17, H. 867 (1901); Minas de Irún y Lesaca,
RMV, L. 17, H. 877 (1901), y Sdad. Minera Vasco Catalana, RMV, L. 30, H. 1382
(1907).
106. RMV, L. 16, H. 777 (1900).
107. RMV, L. 17, H. 854 (1901); L. 17, H. 907 (1901).
108. RMV, L. 20, H . 1039 (1902). También participa aquí el grupo Salvatierra-Crespo... ,
que tras crear la Electra ladustrial de Castilla la Nueva, en 1901, Y participar en
Saltos del Ta, desaperccc como grupo inversor.
109. La expresión es de Maluquer (1985), p . 252.

�GRUPO IBARRA-ZUBIRIA-VILALLONGA, 1886-1900
DIVERSIFICACION DE INVERSIONES

1

Grupo •-•·••..ria·VJ•- ,

Minería

Siderurgia

Metalurgia

Otros
1

1
Sdad. Tubos Forjados
de Bilbao (1892)

Orconera (1873)
Mineral-

Fco. Belga (1876)

4-- -

-

Electra. Cía. Gral.
de Electricidad
(1889)

IAltos Hornos y Fábricas de Hierro! 1
y Acero de Bilbao (1882)
Lingote - -

Basconia (1893)

La Papelera
Vizcaína (1890)

,Alambres de Cadagua (1983)
Sdad. Hullera Vasco
Leonesa (1894)

Combustible - - -

- _

Sdad. de los
Terrenos de la
Concordia (1889)

GRUPO CHAVARRI-SALAZAR (1886-1900)
DIVERSIFICACION DE INVERSIONES

c;rvp0 Chivarrt-5¡1,ur

Siderurgia

Minería

l

Metalur¡¡la

Delta Espaftol (1889)

Chávarri Hnos. (1889)
La Vizcaya (1882)

Hulleras del Turón (1890)

Talleres de Deusto (1891)

Vasco Asturiana
(1888)

Vasco Belga (1892)

Fábrica de Vidrios
de Lamlaco (1890)

Basconla (1893)

Papelera del Cadagua
(1890)

Minas de Garrucha (1894)
Anglo Vasco Minas de Córdoba
(1892)

Qulmicas

Sta. A¡ueda (1896)

Unión Resinera
Bspaftola (1898)

Chávarri, Petrement
y Cia. (1900)

Minas de Carracedo ( 1900)

---, - - - - - - - - - - - - - - . . - - - -- - - - - - - - - - ~ - - - - - - - -~Otros Sectores

1
Banca y Se¡uros

Banco de Comercio
(1891)

Electricidad
Cia. Vizca!na de Electricidad
(1897)

Cia. del Ferrocarril del Cada¡ua
(1888)
Cia. del Ferrocarril
de Bilbao a Lezarna
(1889)

Ferrocarriles

Construcción

Cia. del Ferrocarril de las
Arenas a Plencia (1890)

Constructora de Zalla

a Solares (1893)

Agulrre Hnos. y Cia.
(1888)
A. Rulz de Velasco
y Cia. (1894)

�GRUPO SOTA Y AZNAR, 1886-1903
CONFIGURACION DE UNA INTEGRACION VERTICAL
Sota y Aznar

1

r

Minería

Siderurgia

Navieras

Otros

l

1

Cía. Minera de Setares (1886)
Varias Cías. (1889-1899)

(Santander)

Seguros La Polar
S.A. (1901)

Cía. Siderúrgica del
Mediterráneo (1917) Sagunto

1

Mineral - ~ - [ -Transformación - - - -

Distribución
a) Exportación
b) Interior
J
Cía. Naviera Sota y
Azoar, S.A. (1906)

Cía. Minera de Sierra Menera (1901)
(Teruel)

(Ferrocarril hasta Sagunio)
1

L - -

~

-

-

1

-

-

-

- Sota y Azoar Sdad. Colectiva -

-

_J

-

GRUPOS EMPRESARIALES Y CREACION DE BANCOS
EL CASO DEL BANCO NA VIBRO MINERO Y EL BANCO VASCONGADO

Banco de Vizcaya
Grupo Zunzune¡ul
_ _ _-..1Banco Vascongado!-----.
í.1902)
Aurora, S.A.
1
Banco Naviero-Minero
Grupo Martlnez Rodas

Antimonios de Villabarcu (1902)
Bodegas Bilbaínas (1901)
Sdad. General de Minería (1901)
Cía. Minera Cala de las Conchas (1902)

-- ---~(1901)

Cia. Vascongada de Minería
(1901)

Sindicato Minero (1901)

Grupo Uodlo Gokoechea

1
Sdad. Minera de Albarracín

Grupo Zar.iuz-Seebold

(1901)

,-sdad. Minera Pminsüiar 1

Cía. Minera Bilbao-Santander (1901)

-

(1903)

1 Sdad.

Minera de Alonsotegui

L __{!90_!)

_

_

_

_

__

J

Cía. Minera de Cabarga (1901)

, .1 Arnezola y ~----··-···
Zarauz .(190.5)
l.--

-

-

-

r-

_J

-

Amezola Hermanos (1908)
Grupo Amezol.i - - - - - Amezola y Olabarrla (1908)
Minera Vasco Manchega (1909)
Sdad. Minera Collado de la Plata (1907)

�LA CREACION DE SALTOS DEL TER, S.A.: UN EJEMPLO DE LA PROFUNDIZACION DE
LAS RELACIONES ENTRE LAS DIFERENTES BURGUESIAS
Grupo Echevarrfa-Plave.i

Grupo lbarra-Vllallonaa

1
Unión Eléctrica Vizcaína
(1908)
Cia. Ibérica de Electricidad
Thompson Houston (1901)

Saltos del Ter
(1907)

Hidroeléctrica Ibérica
(1901)

Sociedad General de Minería
Bilbaína

Cía. Vascongada de Minería
(J 901)

Grupo ZunzuneJUI

Minas de lrún y Lesaca
(1901)
Sdad. Minera Vasco-Catalana
(1907)
Crédito de la Unión Minera

GRUPOS ECHEVARRIA Y PICAVEA, 1901-1913
SU CONEXIONEN EL SECTOR ELECTRICO

GRUPOS ECHEVARRIA Y PlCAVEA, 1901-1913
SU CONEXlON EN EL SECTOR ELECTRICO

Grupo

Echnuiv-Zurlolcby

1
F. Echevarrla e Hijos (1901 y 1903)

EclMY1m&gt;'1UVH
Ahlemeyer, S.A (1901)

1

Echevarrla, Zurlcalday y Cia.
(1903)

Ahlemeyer Cia. Anon1ma de
ConSlrucclones e lns,alaciones...

Zuncalday y Eche•arrla (1906)

(190l)l

Hijos de Zuricalday (1901 y 1906)

l

Hidroelktrica de Ca,alufta

Btlbalna de FriaoriOcación
(1911)

(1902)

Oíltas de Sondica (1912)

Sallo! del Ter (1907)

Cooperativa Elktrica (1903)

lí:.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ Grupo

Grupo

PluvH

Cf• Fo,..,al de Anienza (1903)
Cla Explo,adora de Aruenza (1906)
Sana,orio, del Gorbca (1901)
Sociedad Pro,cc&lt;ora del Aho"o
Popular (1907)

La Papelera Espaftola (1901)

' - - - - - - - - - - - - Altos Hornos de Vizcaya
(1902)

Banco de Vizcaya (1901)

�EL CREDITO DE LA UNION MINERA: UN BANCO DE Y PARA LA MINERIA

1-------------------

- - - - - - - - - ~ Crédito de la Unión Minera

Grupo Gandarias

lbái'lez de Aldecoa

Castai'lo-López Fernández

1

Los Almadenes (1901)

Lomo de Bas (1904)

Chávarri, Salazar y Cía.
(1909)

El Escarrancha! (1904)

Núftez Arteche

Sdad. Minera de Sopuerta
(1909)

Minas de la Veredilla
(1905)

Metalúrgica de Almagrera
(1907)

La Romana (1909)
Sdad. Minera de Santa Fe
(1913)

Coto Teuler (1911)

Lambarri

SanbO&lt;b,n

1

1

Minas de Irún y Lesaca
(1901)
Chávarris

GRAFICA

NUMERO Y CAPITAL DE LAS SOCIEDADES MERCANTILES
CONSTITUIDAS EN VIZCAYA, 1886-1913
1000000

100 000

r-- - - - - -- -- ------;/-~11;::-- - - -- - - Capital

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1

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1886
T : Total

A: Anónima

1891

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1896

C: Colectiva

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1901

1906

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A

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I

II

Com

1911

Com: Comanditarias

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�296

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                  <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>Siglo XIX : Revista de Historia</text>
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              <text>1990</text>
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              <text>5</text>
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              <text>9</text>
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              <text> Enero-Junio</text>
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          <name>Relación OPAC</name>
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                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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                    <text>Segunda época, número 11, enero - junio de 1992

LA CIUDAD, LOS
HOMBRES Y LA
·POLÍTICA ·Argentina
Brasil
México
Perú

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SIGLO XIX, número 11, encro:iunio de 1992

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�Segunda época, número 11 , enero - iunio de 1992

fONOO UNI VS1$1T,&amp;IO

[ccfficr1
Instituto
Mora

�Universidad Autónoma de Nuevo León

Rector
Manuel Silos Martínez
Facultad de Filosofía y Letras

.
sumano
Número 11

Director
Ricardo C. Villarreal Arrambide
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

Director
Hira de Gortari Rabieta
Revista Siglo XIX
Directorfundador: Mario Cerutti
Director: Juan Carlos Grosso
Director adjunto: Carlos Contreras
Editor: Hugo Vargas

Presentación

5

La estructura histórica del mundo urbano

José Luis Romero

7

La ciudad latinoamericana
y los movimientos políticos

José Luis Romero

15

La sociedad secreta de los Guadalupes,
una nueva forma de organización política

Vuginia Guedea

28

Ciudadanía, participación política y la
formación de una esfera pública en Buenos
Aires, 1850-1880 (edición simultánea con

Siglo XIX. Revista de historia cuenta con el auspicio del Instituto de
Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del Centro,
Tandil, Argentina. • © Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
Mora, Plaza Valentín Gómez Farías 12, San Juan Mixcoac. • Diseño:
Carolina Herrera. • Tipografía y formación: Schussheim y asociados. •
Edición al cuidado de la Coordinación de Publicaciones del Instituto
Mora. • Impresión y encuadernación: Encuadernación Progreso, S.A., San
Lorenzo Tezonco 202, México, D. F. Se tiraron 1000 ejemplares. • Para
envíos al exterior: $ 7.00 USA.

Past and Fresent)
Hilda Sabato

46

Redes parentales y facciones en la política
santafecina,1850-1900
Marta Bonaudo y Elida Sonzogni

74

Los artesanos del Cusco, la crisis regional y
el régimen republicano (1824-1869)

Thomas Krüggeler
111
Sáo Paulo e a elite letrada
brasileira no século XIX

Raquel Glezer

149

�Presentación

P

ara el nuevo equipo edítorial de Siglo XIX es una gran satisfacción poder presentar este primer número correspondiente a la
segunda época de la revista.
Durante la anterior etapa, la laboriosa y entusiasta dirección de
su fundador, el doctor Mario Cerutti, y la calidad de los diez números
que se sucedieron entre 1987 y 1990, permitieron que Sigl.o XIX conquistara un merecido espacio entre las publicaciones dedicadas a la
historia latinoamericana, y obtuviera una especial acogida y reconocimiento por parte de los especialistas y, en generaJ, de los estudiosos
de nuestro pasado. Este hecho motivó nuestros propios esfuerzos por
lograr la continuidad de su publicación, que encontraron un decidido
respaldo por parte de las instituciones que comparten hoy Ja responsabilidad de la edición de la revista.
Siglo XIX conservará las características que le otorgaron un definido perfil: cada número recogerá diversas contribuciones de especialistas que analicen una misma temática, alrededor de algunos de
los tantos aspectos y procesos que caracterizaron el desarrollo histó-

5

�Presentación

rico de los países latinoamericanos, y aborden reflexiones metodológicas sobre los problemas presentes en los análisis historiográficos.
Deseamos hacer explícito nuestro agradecimiento al amigo Mario Cerutti, y a la institución fundadora de la revista, por habemos
confiado tan valiosa herencia: tanto él, como la Universidad Autónoma de Nuevo León continúan comprometidos con este proyecto
académico y editorial. El agradecimiento lo hacemos extensivo a las
autoridades del Instituto Mora por el entusiasmo con que acogieron
esta iniciativa. La revista cuenta también con el auspicio del Instituto
de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Nacional del
Centro (Tandil, Argentina), y esperamos que en poco tiempo otras
instituciones del país y del exterior se sumen a este esfuerzo, no sólo
a través de la participación de sus investigadores, sino también como
editores de la revista. Finalmente nuestro reconocimiento a los colaboradores, del pasado y del presente, y a los lectores de Siglo XIX, que
de distintas formas han contribuido de una manera decisiva a la
continuidad de este proyecto.

La estructura histórica del
mundo urbano*
José Luis Romero

E

l objeto de este estudio es integrar sistemáticamente un vasto
conjunto de fenómenos dentro del concepto de "mundo urbano" e intentar el análisis de su "estructura histórica"; dos
nociones que a lo largo de sus páginas se precisarán adecuadamente.
Parte, o quizá escolio, de una vasta investigación sobre el mundo
burgués; el campo de este estudio está limitado a Europa y a las áreas
europeizadas, donde los procesos históricos de urbanización son los
fundamentales y se desenvuelven de manera homogénea. Ciertamente el mundo urbano no se confunde con el mundo burgués, puesto
que éste integró en su seno sectores no burgueses a los que redujo a
sus propios esquemas: el mundo urbano es la red de focos activos del
mundo burgués, en la que las burguesías urbanas han desempeñado,
directa o indirectamente, el papel hegemónico. Y de ese mundo
• &amp;te texto fue redactado como introducción a un estudio sobre la estructura
histórica del mundo urbano, y quedó inconcluso por el lamentable fallecimiento del
autor en 1977.

6

7

�LA estructura histórica

José Luis Romero

urbano es del que se postula que tiene una estructura histórica, esto
es un ordenamiento dinámico hecho en el proceso, en la que están
instaladas las sociedades urbanas y contra las que se desenvuelve la
vida histórica. Estructura real, estructura ideológica, sociedades urbanas y vida histórica son también nociones que se precisarán a lo
largo de estas páginas.
El análisis del mundo urbano y de su estructura histórica debe
conjugar diversos campos tradicionales de análisis y variados puntos
de vista. En la raíz de este intento está una pregunta acerca de en
qué consiste la historia de una ciudad. Esa pregunta no está contestada ni es obvia, puesto que el examen de la historiografía urbana
muestra una notable disparidad de criterio acerca de su propio
campo.
Dos clases de problemas parecen los fundamentales. El primero
es el concepto mismo de ciudad; no es su definición, por cierto, sino
su concepto básico. Este estudio procura mostrar que una ciudad es
fundamentalmente vida histórica o mejor, una forma de vida histórica
y no un recinto físico, ni una sociedad sorprendida en un determinado
momento de su desarrollo ni en un cierto espíritu o tradición, ni una
estructura rígida. La ciudád existe como una continuidad en el cambio
porque es, fundamentalmente, vida histórica.
El segundo es el del ámbito en el que la ciudad debe inscribirse.
La. historiografía urbana no tiene problemas cuando se trata de la
historia de una ciudad independiente, porque entonces aplica a la
ciudad los criterios utilizados para la historiografía nacional; pero la
ciudad dependiente - la mayoría, y aun la mayoría de las independientes en cierta etapa de su desarrollo- parece un campo difuso
y suele reducir su historia a una crónica municipal, a menos que, como
en el caso de las capitales, se identifique la historia de la ciudad con
la historia de la nación. Este estudio, no integra las ciudades en los
ámbitos regionales o nacionales a que pertenecen sino en un segundo
grado, partiendo de la base de que, en el mundo burgués, tal como se
constituye desde el siglo XI y llega hasta hoy, la integración fundamental se da en el mundo urbano, por debajo de las determinaciones
concretas e institucionalizadas.
El análisis del mundo urbano parece ofrecer una clave para la
comprensión de un vasto problema. Ciertamente, un cuadro inteligible de Europa y las áreas europeizadas - lo que habitualmente se
llama el mundo occidental, más los enclaves occidentales- no puede
hacerse a partir de su conjunto heterogéneo y difuso, ni tampoco
arrancando de la significación de sus partes yuxtapuestas, esto es de

las unidades políticas hoy constituidas y cuya formación y desarrollo
suponen procesos muy diversos. Si existe como una unidad ese ámbito
que llamamos Europa y las áreas europeizadas -y ciertamente existe
como antes había existido el imperio romano- no es por la mera
yuxtaposición de unidades políttcas ni por cierta vaga comunidad de
contenidos culturales. Europa y las áreas europeizadas constituyen,
en efecto, una unidad que, desde cierto momento, ha operado y opera
como tal y requiere, en consecuencia, de un análisis histórico unitario.
Pero esa unidad no puede ser solamente postulada a partir de su
acción: debe buscarse en la raíz de su acción; y allí donde realmente
se constituye. Este estudio parte de la hipótesis de que esa unidad se
apoya en una estructura común montada sobre una totalidad territorial y socioeconómica, y en un estrato más profundo que aquel en el
que se establecen las unidades políticas. Esa estructura es la del
mundo urbano, el mundo de las ciudades y las sociedades urbanas,
constituido con una dinámica propia que presta a esa estructura un
carácter radicalmente histórico.
Las ciudades creadas por la revolución burguesa desencadenada
a partir del siglo XI se desarrollaron como polos de actividad múltiple;
semejantes en sus rasgos externos a las que surgieron antes en áreas
diversas, se diferencian de ellas - incluso de las romanas - por
algunos rasgos que no por sutiles son menos fundamentales; cada una
de ellas constituyó un pequeño universo, aun cuando desde el primer
instante funcionaran como focos de una red; cada una de ellas
organizó su propia estructura, aunque por sus caracteres fueran
estructuras análogas en todas ellas, y cada una de ellas elaboró un
matiz individual dentro de una concepción de la vida que fue común
a todas las sociedades urbanas, cuyo núcleo activo fueron las nuevas
burguesías. Tal fue la primera expresión de esa gigantesca creación,
a partir de la cual se constituyó y organizó la Europa burguesa,
transferida luego a las áreas europeizadas.
Pero la creación urbana fue un proceso mucho más complejo de
lo que se tiende a imaginar cuando se piensa en la fundación formal
o en la restauración de una ciudad. Consistió, ante todo, en la creación
de un tipo de sociedades basadas en la preferencia del grupo por un
estilo de vida y en el establecimiento de una suerte de contrato, tácito
o expreso, que regulaba su funcionamiento de manera convencional.
Sus miembros aspiraron a realizar un proyecto común, fundamentalmente económico pero con otras implicaciones decisivas, basándose
en las vigorosas formas de solidaridad nacidas de un vínculo primario
no natural, que se conservaba y fortalecía por la concentración del

8

9

�La estructura histórica

José Luis Romero

grupo dentro de un estrecho ámbito territorial, generalmente amurallado, que aseguraba el control social del individuo.
Pero la creación urbana no se agotó en eso. Las nuevas sociedades surgieron de una revolución estructural, y ese surgimiento es el
hecho primordial de la revolución burguesa. Quienes constituyeron
esas sociedades escaparon o renunciaron a la antigua estructura en la
que estaban inscritos y al constituirse comenzaron a crear otra nueva.
Ciertamente, la estructura histórica que se dieron las sociedades
urbanas constituyó una creación, y los primeros siglos de la vida de
las ciudades nacidas de la revolución burguesa tuvieron el signo
inequívoco de la creación: todavía no se percibía el peso del sistema
porque éste aún era plástico, flexible, incompleto, abierto. Las sociedades urbanas, en dramático conflicto, experimentaron, bosquejaron,
perfeccionaron y reemplazaron sus creaciones sucesivas: normas,
formas de vida, sistemas de relaciones, costumbres, ideas, valoraciones, objetivos, ceremonias, todo lo que más tarde se ordenaría en
trabados sistemas caracterizados por una acentuada tendencia a la
institucionalización y a la inmovilidad, y que pareció durante esos
siglos provisional y legítimamente susceptible de ser modificado.
Puede ser considerada regla general la apreciación de Dante, cuando
decía refiriéndose a Florencia "que inventas tan sutiles providencias
y que las que urdes en octubre no llegan a mitad de noviembre.
lCuántas veces en el tiempo de que te acuerdas has cambiado de
leyes, de moneda, de oficios y de costumbres? lCuántas has variado
y renovado a tus ciudadanos?" (Purgatorio, VI, pp. 127 y ss.). Tal fue
la ciudad originaria. En ella, la vida histórica tuvo como finalidad y
preocupación primera lograr la creación de una nueva estructura
histórica, en tanto que luego, en la ciudad consolidada, la vida histórica consistiría primariamente en luchar contra ella, contra su rigidez,
contra las constricciones que imponía. Este estudio parte de la hipótesis de la existencia de un tránsito fundamental de la ciudad originaria a la ciudad consolidada.
La creación de una estructura histórica es, en rigor, una doble
creación, puesto que ella misma es dual. En efecto, en la estructura
histórica se distingue una estructura real y una estructura ideológica,
ambas en relación dialéctica y de cuyo juego nace la vida histórica.
Configura la estructura real el cuadro de funciones preestablecidas,
de los sistemas de relaciones vigentes y de los objetos creados; y
configura la estructura ideológica el cuadro de los modelos interpretativos y proyectivos. Las sociedades urbanas crearon una y otra,
según un estilo desusado.

La estructura real se ordenó sobre la base de nuevos sistemas de
relaciones vigentes, por una parte entre individuos y por otra entre
individuos y cosas, a partir de las nuevas formas de actividad económica, de las nuevas situaciones sociales, de las nuevas necesidades
políticas y de las nuevas tendencias culturales; y además, sobre la base
de los objetos creados en el flujo de la vida histórica e instalados
objetivamente con un patrimonio de la comunidad: utensilios, instituciones, obras de arte, tradiciones.
Pero en el orden de los objetos creados, las sociedades urbanas
produjeron la más vasta de las creaciones y también la más entrañable, y por eso la más singular: la ciudad física, que fue como un diseño
de toda la estructura real, y en la que se vieron instaladas las generaciones sucesivas de las sociedades urbanas. La ciudad física es un
reducido espacio delimitado de algún modo y subdividido para su uso;
hay trazados en él calles y espacios libres, monumentos, puentes, sin
olvidar los cementerios o las zonas de huertas. La ciudad física puede
ser grande o pequeña, opulenta o miserable. Pero lo importante es
cómo un grupo social se integró en un delimitado espacio urbano y
se consustanció con él. El recinto pudo ser sagrado o no, pero las
mismas obligaciones de lealtad que contrae frente al grupo cada uno
de sus miembros, las adquiere también con respecto al espacio donde
está instalado. Poco a poco cada lugar, cada rincón dentro del recinto
acumula una inmensa suma de recuerdos, una tradición, y ese enriquecimiento cultural del espacio urbano es uno de los factores que
más contribuye a que, más que ninguna otra, la sociedad urbana no
sólo sea sino que se sienta, además, una sociedad conscientemente
histórica. Como todo lo que constituye la estructura real, pero de .
modo más vehemente quizá, la ciudad física objetiva el legado cultural
que se transmite de generación en generación trasmutando el vínculo
biológico en vínculo cultural, éste menos renunciable aún que aquél.
La estructura ideológica, a su vez, se ordenó sobre la base de
nuevas actitudes y formas de comunicación. Los actos de conciencia
adquirieron formas inusitadas a causa de los singulares mecanismos
que la ciudad ofrecía para la formación del consenso y el disenso. La
plaza, el mercado, la taberna, el atrio ofrecían la oportunidad para un
nervioso ajuste de las opiniones individuales, hasta llegar a una
aproximativa coincidencia colectiva. Del juicio y la valoración de los
actos y accidentes de la vida histórica, de las situaciones y las opciones
abiertas, de los procesos elaborados, surgían actitudes que creaban
hábitos interpretativos y conducían, en principio, a un estilo de mentalidad, esto es a cierto estilo de interpretación de la realidad y de

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�1A estructiua histórica

José Luis Romero

juicio y valoración sobre ella, de la que no participa solamente el
ejercicio intelectual sino muy vivamente las formas de la sensibilidad.
Hubo una mentalidad burguesa genérica y abstracta, pero hubo
innumerables estilos de mentalidad burguesa en las innumerables
sociedades urbanas, cada una de las cuales, frente a su peculiar
realidad, frente al mundo circundante, elaboró una estructura ideológica que funcionó como marco de referencia con respecto a la
estructura real de su ciudad, del mundo urbano y del mundo feudoburgués primero y burgués después. Esos estilos de mentalidad urbana se condensaron en modelos interpretativos de la realidad, y sobre
todo, en modelos proyectivos, porque la mentalidad burguesa se
caracterizó por su fuerte tendencia a volcarse hacia el futuro, indefinido lapso llenado intelectualmente con un proceso de transformación del presente, esto es de la estructura real.
Esa vocación de cambio mueve la vida histórica, puesto que su
raíz es la vida misma, que es fundamentalmente cambio biológico. La
vida histórica suma a la vida biológica una sucesión indefinida y
múltiple de acciones y creaciones que operan sobre la sociedad y
sobre las estructuras, enriqueciéndolas Y- transformándolas, unas veces a un ritmo lentísimo -que permite pensar en la inmovilidad- y
otras veces a ritmo acelerado. La vida histórica de las sociedades
urbanas cobró particular intensidad a causa de la estrecha contigüidad de sus miembros. Caracterizada siempre por cierto índice de
sofisticación, crece éste en mayor o menor escala según las contingencias; pero la sofisticación opera siempre, manifestándose en una
fuerte tendencia a cuestionar o a problematizar las acciones y crea. ciones, a cobrar conciencia de sus causas y fundamentos, a analizar y
a medir sus repercusiones sobre la sociedad y sobre la estructura, a
calcular su intensidad en vista de determinados efectos que se persiguen. Mientras más crece el índice de sofisticación más carácter
histórico tiene la vida, puesto que la historicidad proviene de la
interpenetración de temporalidad y conciencia situacional. La expresión más aguda de la sofisticación es la proyección hacia el futuro, la
tendencia consciente a modificar tanto la estructura real como la
estructura ideológica. Pero el signo más alto de sofisticación se advierte cuando se produce la galvanización o polarización del vínculo,
creando un tipo de experiencia - la experiencia urbana - en la que
se combinan intensamente la conciencia del vínculo del grupo urbano,
la conciencia de la situación y la conciencia de su proyección hacia el
futuro. La experiencia de la ciudad sitiada constituye la forma simbólica más expresiva de la vida histórica urbana.

La vida histórica urbana no concluye en sí misma, ni se integra
solamente dentro de las áreas más o menos institucionalizadas en que
está inserta. Sin duda, la ciudad esta incluida en una región, y la
sociedad urbana forma parte de la sociedad global. Pero la integración más vigorosa, la que condiciona más vivamente la vida histórica
urbana, es su integración en el mundo urbano. La creación urbana
delinea, con la ciudad misma, un sistema de relaciones, directas o
indirectas, entre ciudades, acaso apoyado en el juego de correspondencias económicas y políticas, pero fundado, en lo protundo, en la
coherencia de los grupos burgueses que predominan en el seno de las
sociedades urbanas, en sus formas de vida y de mentalidad.
El ordenamiento del mundo urbano significó la instauración de
una red de focos activos de vida histórica. En esa red se compenetraron, se interfirieron y se neutralizaron múltiples matices propios de
las distintas sociedades urbanas y revelados en sus acciones y creaciones, en sus estilos de vida y en sus estilos de mentalidad. Si cada ciudad
tiene su propia estructura histórica, del juego recíproco de todas ellas
nace una estructura secundaria, una compleja y difusa estructura del
mundo urbano en su conjunto, sólo ocasionalmente institucionalizada dentro de ciertos ámbitos, pero vigorosamente operativa en la
medida en que la coyuntura ofrece posibilidades reales.
La tendencia a constituir y consolidar esa estructura es tan vigorosa que sobrepasa los límites de las áreas institucionalizadas. Las
ciudades se insertan en ella, pero escapan a la·s determinaciones del
área regional o política a la que pertenecen, y a veces, a las determinaciones de las áreas culturales y religiosas. El funcionamiento de la
estructura histórica del mundo urbano es tan eficaz que, sobre el
modelo de las que se han constituido espontáneamente, se inventan
y crean otras cuya organización está programada junto con la creación
de ciudades, hasta el punto de que ciudad y mundo urbano se transforman en conceptos inseparables.
Es en el mundo urbano donde se han constituido -desde el siglo
XI hasta hoy, en un proceso continuo- los estilos de vida y los estilos
de mentalidad predominantes en el mundo actual. Casi todos los
problemas que hoy acusamos como característicos de nuestro mundo
y de nuestro tiempo, han surgido en su seno, como una consecuencia
del singular estilo de vida histórica que allí se elaboró. La sociedad de
consumo, la sociedad de masas, la sociedad competitiva, para poner
algunos ejemplos, son formas ocasionales de puntualizar aspectos que
son propios y exclusivos del mundo urbano. La soledad multitudinaria, las neurosis individuales y colectivas, la alienación, la insatisfac-

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13

�La. estructura histórica

ción, el anhelo de realización individual, y tantos otros fenómenos
señalados como reveladores de un área cultural o de una época, son
expresiones del mundo urbano. No parece necesario agregar los
problemas inequívocamente relacionados con él: la vivienda, los
transportes, los suburbios aristocráticos, las ciudades y barrios precarios, el humo, los residuos, las colas. Podría agregarse que buena parte
de los problemas que no son del mundo urbano se definen en alguna
medida en relación con él, empezando por el problema del éxodo
rural. Son problemas de cada ciudad, pero la escala en que se comprenden y en la que puede vislumbrarse su desarrollo futuro es la del
mundo urbano, la más ingente de las creaciones y en la que se expresa
el más alto índice de sofisticación que el hombre haya alcanzado.

La ciudad latinoamericana y los
movimientos políticos*
José Luis Romero

E

n la vida política latinoamericana las ciudades y, especialmente las capitales, han desempeñado un papel de tal importancia
que con frecuencia ha permitido confundir su historia con la
del país a que pertenecen. Esta imagen debe ser corregida, pero
conviene prestar al hecho mismo toda la atención que merece, pues
aunque no es exclusivo de América Latina, adquiere en ella una
singular significación. La decisiva influencia política de las ciudades
corresponde fielmente a las peculiaridades del ordenamiento socioeconómico y sociocultural del área latinoamericana, y por eso es
importante establecer qué mecanismos la desencadenan y de qué
modo se ejerce.

• Jorge Enrique Hacdoy y Carlos Tobar (comps.), La urbanización en América
Latina, Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 1969. Conferencia de los Cursos
Internacionales de Temporada de la Universidad de Buenos Aires, julio de 1966.

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�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

I

Ciertos sectores poseen, al margen de las estructuras del poder
legalmente institucionalizado, una suerte de institucionalización social y jurídica que los capacita para enfrentarse con aquél. La ciudad
es el escenario fundamental de tales tensiones, no sólo porque en su
ámbito es más fácil y más eficaz la organización de los grupos competitivos, sino porque constituye el centro de más rápida comunicación
social. La información es en la ciudad más fiel y más precisa, y el
conocimiento de los cambios de situación más exacto y ajustado a sus
mecanismos profundos. Es esa información la que asegura la rápida
aglutinación de los grupos urbanos y la acelerada galvanización de las
opiniones, referidas a coyunturas concretas. En la ciudad la acción
posee, pues, una orientación más definida, y por eso más eficaz.

Núcleo político por excelencia, la ciudad impone ciertos caracteres
precisos a las formas de la convivencia social. Cualquiera que sea la
importancia que .is 'TT' las otras funciones urbanas, el uso que del
poder se hace en la ciuoau incide tan profundamente sobre todas las
demás que la función política resulta siempre eminente. Es en la
ciudad donde se opera la mayor concentración de poder político, en
distintas escalas, sin duda, pero siempre con la mayor eficacia instrumental. Por eso, la ciudad conforma en alguna medida la vida del
contorno regional y nacional, ordenando los cuadros dentro de los que
todas las actividades se desenvuelven, imponiendo los principios y
normas que las orientan según los designios de los grupos sociales
predominantes y montando los mecanismos coercitivos para asegurar
su vigencia.
La concentración del poder que se produce en la ciudad abarca
tanto al poder institucionalizado como al no institucionalizado. La
ciudad aloja a los representantes del poder institucionalizado: político y administrativo, legislativo, judicial, tanto en el orden nacional
como en el provincial y municipal, así como en el orden eclesiástico;
y aloja también los centros de decisión de los organismos coercitivos
con que cuenta el poder institucionalizado. Pero, además, la ciudad
aloja a una masa de opinión pública que, por hábito, por educación y
por necesidad, apoya directa o indirectamente el ejercicio del poder
institucionalizado, aun cuando alguno de sus sectores se oponga
circunstancialmente a quienes lo detentan. Porque la complejidad de
la vida urbana exige una regulación permanente, a veces imperceptible, pero se hace dramáticamente visible en el momento en que se
debilita o desaparece y fuerza la aceptación del poder.
Pero, además, es en la ciudad donde se alojan los grupos que
ejercen más vigorosamente el poder no institucionalizado. Vinculados a las actividades básicas de la colectividad, los grupos de poder y
los grupos de presión operan preferentemente en la ciudad, cerca del
poder institucionalizado y cerca también de los distintos sectores
sociales que pueden ser movilizados en favor de ciertas opiniones y
exigencias. En la ciudad esos grupos, generalmente sectoriales, multiplican su gravitación extendiendo sus propias opiniones y sus propias exigencias - a veces sutilmente encubiertas - a vastos grupos
que consciente o inconscientemente se pliegan a ellas, y pueden
aprovechar las características formas psicosociales de actuación de
los grupos multitudinarios.

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11
Estos caracteres de la vida urbana se dan en las ciudades latinoamericanas, sin ser, claro está, exclusivos de ellas. Pero se dan de cierta
manera, en función de ciertos mecanismos peculiares y con modalidades propias. Así ha ocurrido a lo largo de toda su historia, conformando un estilo de comportamiento político que no sólo es revelador
de determinadas situaciones intransferibles - comparadas con las
situaciones contemporáneas en otras áreas - sino que es también
revelador de la continuidad de ciertos procesos y de la persistencia de
los factores que los desencadenan. No es esta la ocasión de extenderse
sobre ese desarrollo secular; pero aun para destacar sus rasgos de los
últimos ochenta años resulta imprescindible puntualizar, al menos esquemáticamente, algunos de los caracteres del funcionamiento político de la ciudad latinoamericana en ciertos momentos críticos. Sólo
de ese modo se puede comprender, a mi juicio, el papel que en la vida
latinoamericana ha desempeñado la ciudad a partir de los cambios
que se hacen patentes alrededor de la penúltima década del siglo XIX.
Instrumento de una política colonizadora destinada a impostar,
sobre un territorio considerado culturalmente neutro, las formas de
sociabilidad y la cultura de los países ibéricos, la ciudad latinoamericana nació como un reducto no sólo para asegurar la superviviencia
física del grupo conquistador y conservar inmunes sus formas de vida,
sus normas y sus creencias -esto es, su cultura - , sino también para
operar desde ella la progresiva ocupación del territorio circundante
y la reducción de las poblaciones autóctonas a sus propios esquemas
culturales. Todo esto requería una inflexible conducción política, esto

17

�La ciudad latinoamericana

es, el ejercicio de una autoridad centralizada que ejecutara un vasto
designio cuyo horizonte era mucho más extenso que la mera acción
militar, sólo en apariencia la más importante puesto que en realidad
no era sino un medio para alcanzar ciertos fines que la sobrepasaban.
La ciudad fue una base de operaciones socioculturales, instalada en
un medio considerado hostil, y en la que se custodiaba la vida de
quienes eran instrumentos de esas operaciones así como los imponderables elementos de la cultura que se proyectaba instaurar y transferir.
La garantía del éxito de esas operaciones fue la concentración del
poder en la ciudad, concebida como ciudadela militar y cultural a un
tiempo. La plaza mayor, foro urbano rodeado por el fuerte, el cabildo
y la catedral, constituía el foco de ese poder.
Esta situación se perpetuó a lo largo de los siglos xvn y XVIII, a
medida que se consolidaba la ocupación de la tierra, se organizaba la
explotación de las riquezas naturales y se sistematizaban las relaciones económicas de los grupos poseedores con las metrópolis y sus
mercados. La posesión de la tierra y, más aún, la explotación de sus
riquezas, originó la formación de grupos sociales poderosos, aristocracias coloniales viejas y nuevas, según las fluctuaciones de la vida
económica que, una vez abandonado el espejismo del retomo a la
patria europea, crearon en las ciudades americanas las condiciones
necesarias para disfrutar de sus riquezas, vigilar la adminitración de
sus propiedades y permanecer cerca de las fuentes del poder político
y administrativo a fm de mantenerlo favorable a sus intereses y _
compartir sus halagos. Fiel expresión de este designio fueron las
casonas y palacios que erigieron, a partir del siglo xvll y sobre todo
en el xvm, los ricos poseedores, frecuentemente investidos de títulos
nobiliarios: las moradas de los marqueses de la Torre de Cossio, de
Prado Alegre o de Calirnaya, o la del conde de San Mateo de
Valparaíso en México; la de Berrocal en San Juan de Puerto Rico; la
de los Mijares o la del conde de San Xavier en Caracas; la de
Chamorro o la de la Cueva, o la de los Leones, o la de Landívar en la
antigua Guatemala; la del marqués de San Jorge en Bogotá; la del
marqués de Maenza en Quito; las de Jarava o de Torre Tagle en Lima;
o las más modestas de los Uriburu en Salta, de los Allende en Córdoba
o de Colambres en Tucumán, estas tres en Argentina. Esta enumeración ejemplifica la generalidad del fenómeno.
Junto con el poder político se consolidaron en las ciudades los
grupos sociales y económicos más influyentes y de más decididas
actitudes conservadoras. Pero, además, se constituyó en muchas de
18

José Luis Romero
ellas durante la segunda mitad del siglo XVIlI una burguesía local
vinculada a las actividades mercantiles, a la administración pública y
a las profesiones liberales, que se segregó de los grupos monopolistas
y adhirió a las doctrinas liberales. Fue en las ciudades donde se
manifestó la tensión entre esos grupos. Si antes no habían aparecido
otras querellas que las jurisdiccionales entre autoridades eclesiásticas
y civiles, los conflictos entre las órdenes religiosas o los pleitos pueblerinos entre familias, la situación comenzó a cambiar lentamente:
la expulsión de los jesuitas, la emancipación de las colonias inglesas
de Norteamérica y la explosión de la revolución en Francia proporcionaron un marco ideológico a las tensiones espontáneas suscitadas
por el desarrollo económico, y poco a poco empezaron a constituirse
grupos de opinión o incipientes partidos políticos.
Esas nuevas burguesías urbanas de tendencia liberal fueron las
que agitaron el ambiente al producirse la crisis española de 1810. Allí
donde predominaron, trataron de imponer -no siempre con éxitouna política de modernización de las estructuras políticas de los
nuevos países, subestimando o desconociendo, a veces, la significación de las áreas rurales, en las que un proceso socioeconómico más
o menos autónomo -pero en todo caso dispar con respecto al de las
ciudades- había creado un orden social sui generis, con sus formas
de vida propias y con su propio sistema de ideas acerca de la convivencia social y política. Más tarde, en la primera mitad del siglo XIX,
las ciudades experimentaron un fuerte retroceso, no sólo en la medida
en que sufrieron las consecuencias de las convulsiones políticas y
militares propias de las guerras de la Independencia y de las guerras
civiles sino también en cuanto tuvieron que ajustarse -dado el
factum de la independencia y la necesidad de reordenar la vida dentro
de sus limites geográficos y de sus propios recursos- al papel que les
correspondía teniendo en cuenta la nueva significación que alcanzaron las áreas rurales, subestimadas en el momento de la fundación y
sometidas durante todo el periodo colonial al imperio urbano.
El retroceso urbano de la primera mitad del siglo xrx se advirtió
en muchas ciudades, que acusaron una disminución demográfica o al
menos una estagnación, así como acusaron un estancamiento en su
crecimiento espacial. Pero sobre todo sufrieron un retroceso político.
El poder pasó en muchas regiones a manos de caudillos cuyas fuentes
de poder estaban en las áreas rurales. Y con todo, la consumación de
cada triunfo significaba la instauración en la ciudad de un poder, a
veces de apariencia bárbara, que procuraba obtener de la tradición
colonial una convalidación formal. A medida que la situación social

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�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

se estabilizó, sobre todo a partir de mediados del siglo, las ciudades
recuperaron su hegemonía y muy pronto se vio en el cambio físico
que sufrieron los signos de una mutación profunda en el ordenamiento de la vida de cada país y del área latinoamericana en su conjunto.
Tales cambios se produjeron, sustancialmente, en su ordenamiento social, y sus consecuencias pudieron advertirse sobre todo a
partir de las últimas décadas del siglo XIX. Comenzó a crecer el
volumen de la población urbana y, simultáneamente, a modificarse el
sistema de las relaciones sociales, porque a medida que aumentaba
el volumen demográfico, se acentuaba, por una parte, la movilidad
social de ciertos sectores y, por otra, la estratificación de los grupos
tradicionales. Estos cambios sociales se reflejaron muy pronto en el
paisaje urbano. La demolición de las murallas de Panamá en 1856, de
lima después de 1870, de San Juan de Puerto Rico en 1897, fueron
signos físicos de una expansión que, en otras ciudades, no requirió de
tales esfuerzos. Pero en casi todas las capitales y en varias ciudades
menores se produjo un crecimiento territorial que fue acompañado
generalmente de cierta modernización urbanística y arquitectónica,
y de una redistribución ecológica de la población. Para entonces se
produjeron y consolidaron ciertas formas nuevas de poder social y,
paralelamente, ciertas formas nuevas de poder político. La respuesta
social fue un vigoroso cambio de actitudes políticas en ciertos sectores, un planteo nuevo de las tensiones y los enfrentamientos políticos
que, en ocasiones, se cargaron de explosivos contenidos sociales.
Tales son los problemas que deben examinarse para comprender el
papel que las ciudades han desempeñado en la vida política latinoamericana en los últimos 80 años y que corresponden al periodo de
más pronunciado viraje producido en el área.

La incorporación del mundo productor latinoamericano al ámbito
económico europeo y norteamericano en las condiciones requeridas
por el desarrollo industrial, produjo generalmente en las últimas
décadas del siglo XIX una consolidación de las viejas aristocracias
terratenientes y, además, una renovación y un robustecimiento de sus
cuadros mediante la incorporación de nuevos sectores que respondieron eficazmente a las exigencias propuestas por las nuevas perspectivas. Las aristocracias se modernizaron en sus actitudes económicas y
culturales pero, al mismo tiempo, se retrajeron socialmente y adqui-

rieron ciertos rasgos de oligarquías conservadoras en su comportamiento social y político. Tal fue la respuesta de los sectores tradicionales vinculados a la riqueza nacional y al sistema económico y
financiero internacional, cuando el desarrollo de la actividad productiva, mercantil y a veces manufacturera, promovió la formación de
nuevas clases medias en las ciudades que constituían los emporios de
la administración y comercialización de las materias primas nacionales así como los centros de la importación de productos manufacturados extranjeros. Acrecentadas por el flujo inmigratorio - interno y
externo - las clases medias se orientaron hacia el sector terciario y
buscaron un nivel de vida que parecía posible alcanzar a causa de la
mayor disponibilidad de los bienes de consumo.
Las relaciones entre estos dos sectores - una clase alta con fuerte
tendencia a la estratificación y unas clases medias urbanas de gran
movilidad - alteraron el tradicional equilibrio social de muchos países, en la medida en que alteraban el juego de las fuerzas políticas en
el ámbito de las ciudades. Las clases altas acentuaban la defensa de
sus privilegios estrechando sus filas, precisamente cuando se producía
la lenta constitución de un conglomerado de imprecisos contornos
que comenzaba a ignorar los fundamentos de tales privilegios y
descubría la legitimidad de sus propias aspiraciones a compartir el
poder.
Este hecho nuevo - la progresiva pérdida del consenso tradicionalmente otorgado a los fundamentos de los privilegios de la clase
alta - fue el resultado de diversos factores que no es oportuno
analizar aquí. Pero es necesario señalarlo porque simultáneamente
actuó modificando la condición de las clases popula,es. Por razones
ideológicas comenzó a revisarse la actitud tradicional con respecto a
los grupos indígenas, tal como lo hizo el movimiento peruano que
encabezó Goozález Prada, o el movimiento que impulsó la revolución
mexicana. Pero, en rigor, las razones ideológicas correspondieron a
cierta transformación en el papel de esos sectores dentro de una
economía en cambio. Por eso se manifestó también en relación con
el naciente proletariado urbano al que, por su parte, procuraban
canalizar ciertos grupos sociales de formación europea y en la creciente resistencia contra las clases altas tradicionales, se formaban
vastos e imprecisos conglomerados disidentes cuyos miembros coincidían sólo en la oposición contra el orden tradicional, sin que sus
distintos sectores pudieran coincidir, sin embargo, en las soluciones
propuestas. Una aureola de población indiscriminada, económicamente indefensa -generalmente de origen campesino y preferente-

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111

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

mente inmigrada, a veces india o mestiza - circundaba en las ciudades a estos conglomerados prestándoles la fuerza de su número y
acentuando su estructura multitudinaria.

Entre tanto, las ciudades crecieron a veces vertiginosamente,
multiplicándose los distritos de clase media y las barriadas populares.
Si las clases bajas tradicionalmente integradas pudieron localizarse
en barrios antes periféricos y luego relativamente céntricos, ocupando en ocasiones colectivamente antiguas casonas de la alta burguesía,
los nuevos sectores que se incorporaban ·a la ciudad, atraídos por los
altos salarios o simplemente por la posibilidad de formas de vida
menos primitivas que las de las zonas rurales, comenzaron a instalarse
en viviendas improvisadas que se levantaron en terrenos ocupables.
Los materiales tradicionales -ramas, cañas, barro, paja - comenzaron a ser sustituidos por los desechos industriales: maderas de cajones, latas, cartones, chapas, o combinados de ellos. Así surgió el
cordón de subciudades que rodea hoy -por lo demás, como en
muchos otros lugares del mundo- a muchas ciudades latinoamericanas: cantegriles montevideanos, cayampas santiaguinas, favelas
cariocas, villas miseria bonaerenses, barriadas limeñas, sanjuaninas o
caraqueñas, a las que hay que agregar los barrios marginales para la
población indígena o negra, como el que está enclavado en Panamá
a pocos pasos de la Plaza 5 de Mayo.
Entre ambos extremos - las lujosas zonas residenciales de vieja
y de nueva data y las subciudades de emergencia - crecieron constantemente los barrios medios que alojaron extensos grupos sociales,
generalmente adscritos al sector terciario. Extenso y sumamente
móvil, el sector de las clases medias caracterizaba hasta las primeras
décadas de este siglo sólo a algunas ciudades latinoamericanas, especialmente a Montevideo, Buenos Aires y, en cierto modo, a Santiago
de Chile y San Pablo. Pero el desarrollo urbano ha significado la
concentración de ese sector en muchas otras ciudades que antes
revelaban la presencia predominante de dos grupos abismalmente
separados: ricos y pobres. Los variados subsectores de las clases
medias han impuesto una nueva fisonomía a diversas ciudades, como
Lima o México, y esa fisonomía refleja nue\?as tendencias sociales
que, a su vez, buscan su expresión política.

IV
Los cambios en el ordenamiento social urbano suscitaron una rápida
transformación de la fisonomía de las ciudades. De la ciudad que, aun
con algunos centenares de miles de habitantes, no había perdido los
caracteres de la "gran aldea", se pasó rápidamente a la "gran ciudad",
con la intensiva ocupación de los barrios céntricos, con la formación
de zonas residenciales de alto nivel, con la formación de barrios
medios y populares de modesta arquitectura y, sobre todo, con la
aparición de suburbios densamente poblados y ocupados generalmente por las clases populares recién incorporadas, que comenzaron
a extenderse a medida que lo permitió el desarroUo de los transportes.
Las zonas residenciales finiseculares atrajeron, generalmente, a
las viejas familias que abandonaban las casonas de la antigua plaza
mayor y de las caUes adyacentes. En las nuevas residencias, preferentemente imitadas de las delfaubourg Saint-Germain, adoptaron progresivamente un nuevo género de vida. En las proximidades del Prado
montevideano, del Paseo Colón limeño, de la Alameda santiaguina,
de Altagracia en Caracas, de Catete o Laranjeiras en Río de Janeiro,
en las colonias Roma o Juárez en México o el barrio Norte bonaerense, la aristocracia desplegó ciertas formas de convivencia social,
refinada y convencional, cuya más fiel expresión quizá haya sido el
espíritu que animó la poesía del modernismo: la de Gutiérrez Nájera,
José Asunción Silva, Julián del Casal, Julio Herrera y Reissig o
Leopoldo Lugones, aun inconformistas como parecen ser ellos mismos. Más tarde, al compás de su renovación y de la consolidación de
su riqueza, las clases altas volvieron a desplazarse hacia zonas más
alejadas, muy pronto valorizadas y provistas de inequívocos signos de
estatus: en Montevideo hacia Pocitos primero y hacia Carrasco después, en Lima hacia San Isidro y Miraílores, en Santiago hacia
Providencia, en Caracas hacia Los Caobos y las nuevas urbanizaciones que circundan el Country Club, en Río deJaneiro hacia Copacabana e Ipanema, en México hacia San Ángel y El Pedregal, en Buenos
Aires hacia la avenida del Libertador. Una arquitectura más espectacular y agresiva denotaba el acceso a la riqueza de nuevos sectores de
sensibilidad y actitud diferentes a las de las generaciones anteriores.

Las variaciones operadas en el ordenamiento social de las ciudades
originaron vigorosos cambios en las ac•.itudes políticas de los distintos
grupos. El fenómeno se advirtió sobre todo en las capitales, donde
tradicionalmente se concentraba _e l poder político y administrativo, y

22

23

V

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

donde bastaba alcanzarlo para ejercer una autoridad incontrastable
sobre todo el pais. Sólo unas pocas ciudades que no tenían rango de
capitales, particularmente San Pablo y Guayaquil, operaron como
centros políticos importantes a causa de su vigoroso desarrollo económico. Fue tanto la transformación social de las ciudades como la
localización del poder de decisión en materia de política económica
lo que hizo de las ciudades el escenario necesario de las más vigorosas
tensiones políticas.
Aun en las capitales donde se constituía una vigorosa clase media
-y con más razón donde el fenómeno no era tan pujante- la
concentración de los grupos sociales que controlaban la economía
nacional les otorgó una fuerza que parecía incontrastable. Quienes
detentaban el poder económico exigieron y obtuvieron el poder
político. Estaban enfrente de esas oligarquías las clases medias y las
clases populares. Pero su acción era indecisa, y el espejismo del
bienestar que proporciona la vida urbana promovía cierto predominante conformismo, al que se agregaba la inexperiencia política de
los grupos populares apenas salidos de un régimen patemalista.
Heterogéneas e inconexas, las clases medias urbanas asimilaron los
principios del liberalismo y de la democracia formal, y conducidas por
ellos aspiraron sobre todo a compartir el poder político con la esperanza de obtener por esa vía una ligera modificación en el sistema de
distribución de la riqueza. Los grupos predominantes, más coherentes
y más herméticos, se broquelaron dentro de una estructura constitucional y legal; pero vigilaron celosamente su funcionamiento impidiendo el cumplimiento total de los principios que la inspiraban.
Pese a su coherencia como clase, sus intereses económicos o los
encontrados intereses de grupo suscitaron conflictos en su seno, a los
que no fueron ajenas las influencias de los grandes monopolios.
Para asegurar el mantenimiento del poder en manos de uno de
sus grupos, y al mismo tiempo para contener las aspiraciones de los
sectores más politizados de las clases medias liberales, las oligarquías
no vacilaron en recurrir a la dictadura, fenómeno que fue, sin duda,
el más típico de la vida política latinoamericana desde las últimas
décadas del siglo XIX.
Porfirio Díaz en México, Estrada Cabrera y Ubico en Guatemala,
Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en Caracas, Machado y
Batista en La Habana, constituyen casos extremos, y por eso significativos, del desarrollo de una fuerte tendencia al poder dictatorial de
unas sociedades todavía controladas por vigorosas oligarquías vinculadas al capital extranjero y amenazadas por el inconteniQ,ie surgi-

miento de clases medias urbanas, ilustradas y liberales, que aspiraban
a hacer efectivos los principios que estaban escritos en todas las
constituciones sin que se cumplieran casi en ninguna parte. Ramón
del Valle lnclán primero -en Tirano Banderas- y Miguel Ángel
Asturias después -en El señor presidente- dejaron un testimonio
vigoroso de este tipo de poder dictatorial ejercido desde ciudades que
se transformaron en verdaderas cortes. Como en otras partes y otras
épocas, los sectores poseedores que confiaron su defensa a un individuo en cuya eficacia creían, no vacilaron en ceder parte de sus
derechos políticos, sabiendo que los recuperarían por la vía del favor
en un juego de trueque en el que se amasaban grandes fortunas. La
venalidad fue el signo de esas cortes, sin que estuvieran ausentes la
adulación y la crueldad. El poder político se hizo absoluto, y por su
intermedio se controlaba la totalidad de la actividad nacional. Esa
circunstancia hacía de la capital la meta de todos los peregrinajes, y
también el objetivo de todos los intentos de reacción.

24

VI

Las clases medias urbanas adquirieron su primera fisonomía como
cuerpo político bajo la influencia de ciertos sectores ilustrados -procedentes en su mayor parte de las profesiones liberales - , que desencadenaron movimientos cuya bandera era, simplemente, la letra de
la Constitución existente pero no cumplida. La Unión Nacional, en
Lima, inspirada por Manuel González Prada, y la Unión Cívica
Radical, en Buenos Aires, encabezada por Leandro N. Alero, son sin
duda los movimientos más representativos, a los que podría agregarse
el Partido Colorado en el Uruguay, bajo la inspiración peculiar que
le dio Batle y Ordóñez, aunque éste no surgiera en una situación tan
característica como las anteriores. Eran, sin duda, movimientos nacionales en alguna medida; pero su acción se apoyó sobre las burguesías urbanas ilustradas, y su planteo fue liberal y principista, lo cual
situaba en las ciudades sus principales baluartes. Estos movimientos
triunfaron precozmente en Uruguay y en Argentina, precisamente
por la gravitación que ejercían Montevideo y Buenos Aires, 'tuya
población representaba un alto porcentaje de la población del país.
Si no faltó un movimiento semejante en la ciudad de México
contra Porfirio Díaz -como el que al comenzar el siglo representó
en principio Francisco Madero-, la singular significación de las
clases rurales lo sobrepasaron y radicalizaron, y en esa misma medida

25

�La ciudad latinoamericana

José Luis Romero

fueron neutrales y a veces hostiles las burguesías urbanas a los movimientos encabezados por Emiliano Zapata y Francisco Villa, actitud
no muy diferente de la que habían tenido un siglo antes cuando se
produjeron las insurreciones de Hidalgo y Morelos. Pero allí donde
faltó una burguesía urbana liberal e ilustrada que encabezara la lucha
contra los dictadores y los grupos socioeconómicos que los respaldaban, las clases rurales permani::cieron inertes o sólo esporádica o
estérilmente activas.
Burguesías urbanas apoyaron el movimiento revolucionario de
Betancourt y Gallegos en Venezuela, y la acción de los partidarios
renovadores de diversos países como el de Liberación Nacional en
Costa Rica o el Democrático Revolucionario en Guatemala.

en condiciones óptimas para operar utilizando todos los mecanismos
de acción multitudinaria que ofrece la ciudad. El vasto despliegue
popular que se produjo en Buenos Aires el 17 de octubre de 1945 puso
de manifiesto la existencia de un nuevo dispositivo de acción, cuyo
parámetro puede hallarse acaso en la mecánica política del fascismo
europeo, pero que funcionó en este caso según la peculiar situación
de un grupo social concentrado en el borde de la capital como
consecuencia de las migraciones internas a que se había visto forzada
en la década de los treinta una buena parte de la población rural de
ciertas regiones.
El fenómeno de 1945 en Buenos Aires puede compararse con el
"bogotazo" en 1948. En ambos casos, la erupción asumió los caracteres de un movimiento popular incontrolado, sorpresivo para quienes
creían conocer la realidad social, manifestado en una reacción sin
finalidades concretas, destinada solamente a expresar una actitud de
rebelión y de protesta contra una situación que parecía no ofrecer
perspectivas para las clases desposeídas.
Distintos fueron los movimientos organizados, unas veces bajo la
forma de huelgas generales y otras bajo la forma de movimientos
típicamente políticos y partidarios. Pero la constitución social de las
clases populares parecería tender cada vez más a canalizar aquellos
movimientos eruptivos hacia estas formas más organizadas.
Foco del poder institucionalizado, por una parte, y marco de las
fuerzas sociales que buscan un reajuste del poder económico y el
poder político por otra, la ciudad latinoamericana ve acentuarse sus
tensiones internas. Contribuye aún más a acrecentarlas el incesante
proceso de concentración urbana, que constituye el signo predominante de la vida social contemporánea.

VII
Sólo en algunos países llegó a organizarse un movimiento socialista
de tipo europeo. Fue fuerte en Argentina, Uruguay y Chile; pero en
todos los casos formaron en sus filas preferentemente obreros urbanos, de los cuales, en los dos primeros países, constituía la mayoría un
sector proletario - manufacturero o industrial - radicado en Montevideo o en Buenos Aires y de origen inmigrante en gran parte. En
los mismos estratos buscó sus adeptos el comunismo, con menor
fortuna y con menos capacidad todavía que el socialismo para trascender los límites de las grandes ciudades. Y este hecho, singularmente revelador, confirma una vez más cierta heterogeneidad constitutiva
de la sociedad latinoamericana, en la que los sectores rurales, y los
sectores urbanos de las clases populares, revelan una diferenciación
más acentuada.
Los grupos, relativamente reducidos, de las masas populares
urbanas que se habían volcado al socialismo o al comunismo, y que
habían organizado el movimiento sindical según los principios de esas
líneas políticas, fueron sobrepasados en Argentina, a partir de 1945,
por los grupos adictos a Perón, constituidos en un impreciso movimiento popular cuyos baluartes principales estuvieron en el cordón
suburbano de Buenos Aires, y que reflejó, acaso antes que ningún
otro, una modalidad singular de la política urbana en Latinoamérica.
Fue el movimiento de los grupos sociales no integrados hasta entonces en la ciudad, con una fuerte conciencia de su marginalidad y una
actitud nacionalista de tradición criolla con la que desafiaban ala urbe
cosmopolita y a sus clases altas; pero eran, además, grupos situados
26

27

�Virginia Guedea

La sociedad secreta de los
Guadalupes, una nueva forma de
organización política*
Virginia Guedea

L

a muy noble, insigne, muy leal e imperial ciudad de México,
cabeza de todos los reinos y provincias de Nueva España y
metrópoli de la América septentrional, sede de los más altos
poderes novohispanos y centro de la toma de decisiones del virreinato, era el punto a donde confluía la información que se daba en todos
los órdenes en los niveles local, provincial e imperial. Era también el
centro urbano más poblado de toda Nueva España, lo que permitía a
sus numerosos habitantes un intercambio continuo de información
de ideas y de opiniones. Esto se daba a través de las diversas instanci~
de asociación formal existentes - academias, cuerpos colegiados,
cofradías o instituciones gubernamentales-, así como de los distintos
espacios públicos de reunión -paseos, cafés o mercados - , de las

funciones religiosas y civiles que en ella se celebraban y de las
actividades sociales que en ella se llevaban a cabo, como tertulias y
saraos.
Este intercambio de información, de ideas y de opiniones que
tenía lugar en la capital novohispana, se intensificaría al presentarse
la grave crisis iniciada con la desaparición del poder real en 1808, que
afectada a todo el imperio español y que llevaría a la implantación de
un nuevo orden político. Muchos de los capitalinos se preocuparon
por conocer y analizar, primero, lo que sucedía en la península y,
después, cuáles eran las opciones de cambio que venían a plantear
dentro del sistema los empeños reformistas y modernizadores del
nuevo gobierno central, en el que tenían ya representación los reinos
americanos. Igualmente, se intensificaría con el movimiento insurgente que se iniciaría en 1810 y con las opciones de cambio que éste
venía a ofrecer fuera del sistema, sobre todo a partir de que los
insurgentes intentaran establecer un órgano de gobierno alterno. El
ocuparse de los "asuntos del día" y discutir y opinar sobre lo que por
entonces sucedía tanto en España como en sus dominios, muy en
particular en Nueva España, fue una actividad que si bien se dio
primordialmente entre los sectores de más elevado nivel socieconómico, se fue extendiendo a otros sectores urbanos capitalinos y, una
vez tomada conciencia de lo que significaban esos cambios, algunos
de dichos sectores se decidieron a darles determinadas respuestas.
De una de ellas me ocuparé hoy aquí. Me refiero a la aparición
del grupo capitalino conocido como "los Guadalupes", una de las dos
asociaciones secretas surgidas por entonces en el virreinato.1 Esta
sociedad, junto con la aparecida en Jalapa como derivación de la
1

Sobre la sociedad de los Guadalupes contamos con numerosas referencias de
los historiadores contemporáneos, como Lucas Alamán, Carlos María de Bustamante
y Anastasio Zerecero. Véanse Lucas Alamán, Historia de Méjico desde los primeros
movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente,
Imprenta de J. M. de Lara, México, 1849-1852, 5 vols.; Carlos María de Bustamante,

Cuadro histórico de la revolución mexicana, comenzada en 15 de septiembre de 1810por
el ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla, cura del pueblo de los Dolores, en el obispado de
Michoacán, 2a. ed., Imprenta de Mariano Lara, México, 1843-1846, y Anastasio
Zerecero, Memorias para la historia de las revoluciones en México, 2a. ed., Dirección

• Este trabajo es una síntesis de las conclusiones a que llegué en una investigación
sobre la sociedad secreta de los Guadalupes, y cuyos resultados se encuentran en un
libro actualmente en prensa: Virginia Guedea, En busca de un gobierno alterno: los
Guadalupes de México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM.

General de Publicaciones, UNAM, México, 1975. Asimismo, esta sociedad ha llamado
la atención de los especialistas, muy en particular de Wilbert ll Timmons y Ernesto
de la Torre, quien ha dado a la luz la correspondencia de los Guadalupes que fue
tomada aMorelos en 1lacotepec en febrero de 1814. Véase Wilbert H. Timmons, "Los
Guadalupes: a secret society in the mexican revolution for independence", H,spanic
Americanlfistorical Review, vol. 30, núm. 4, noviembre 1950, pp. 453-479 y Ernesto de

28

29

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

Sociedad de Caballeros Racionales fundada en Cádiz2 y las que
después de ellas surgieron, representó una nueva forma de hacer
política, que permitió la acción conjunta de individuos procedentes
de distintos estratos socioeconómicos y fue dando lugar al surgimiento de nuevos y distintos grupos de poder. Esta nueva forma, incipiente
y poco usada en sus inicios, se consolidaría y utilizaría cada vez más,
hasta convertirse en la principal forma de acción política que se dio
en el país una vez alcanzada la independencia.
Su aparición muestra que algunos novohispanos se habían decidido a utilizar un medio que, si bien era cada vez más socorrido en
varios países de Europa por quienes buscaban alcanzar ciertos cambios políticos y sociales, no había sido empleado hasta entonces en
Nueva España, donde no he encontrado que existieran realmente
sociedades secretas a finales del siglo xvm y principios del XIX. Incluso
asociaciones de otra índole que por entonces proliferaban en otros
países, como las económicas, las filantrópicas o las patrióticas, sólo se
dieron en ella de manera ocasional.
Tanto los Guadalupes como la sociedad de Jalapa - esta última
de filiación masónica como derivada de la gaditana- surgieron a
poco de haberse iniciado la insurgencia, y estuvieron directamente
vinculadas con este movimiento.3 Sería con posterioridad, a resultas
de la lucha entre constitucionalistas y absolutistas, que se dio por todo
el imperio español, que aparecerían otras nuevas ya sin vinculación
directa con la lucha armada y relacionadas todas con la masonería.4

Los Guadalupes y la sociedad de Jalapa, que surgieron en relación
directa con la insurgencia, lo hicieron al tiempo que este movimiento
alcanzaba su mayor fuerza y extensión e intentaba establecer un
órgano de gobierno alterno; ambas sociedades estuvieron vinculadas
con dos intentos insurgentes de establecer una junta de gobierno, la
de Zitácuaro y la de Naolingo. Fue, pues, el movimiento insurgente
organizado el que dio oportunidad de manera inmediata a su aparición, y condicionó en buena medida sus acciones. También condicionó en parte su desaparición.
Pero si bien la sociedad de los Guadalupes se creó para brindar
apoyo a la insurgencia, este apoyo fue tan sólo una faceta, aunque
bien importante, de las actividades de este grupo. Sus integrantes
actuaron también dentro del sistema, muy en particular a partir de la
implantación del régimen constitucional que vino a ofrecerles diversas opciones de participación política. Los Guadalupes no fueron
únicamente un grupo de partidarios de la insurgencia; fueron, más
que otra cosa, un grupo de criollos ilustrados que se hallaban colocados en una situación realmente esfratégica que les permitía no sólo
tener una visión global de las circunstancias novohispanas, tanto
domésticas como imperiales, sino también encontrar la forma de
utilizarlas en provecho de sus propios intereses.
La conformación de este grupo se derivaría de lo ocurrido en la
capital novohispana en 1808. El golpe de Estado dado en septiembre
de ese año por la Audiencia de México con el apoyo de un grupo de
peninsulares, vino a cancelar la oportunidad de acceder a la toma de
decisiones que habían encontrado los capitalinos descontentos, muy
en particular los autonomistas, con el régimen colonial a través de la
propuesta hecha por el Ayuntamiento de México y apoyada por el
virrey José de Iturrigaray de establecer una junta de autoridades que
gobernara al reino en ausencia del rey. La posibilidad, no realizada
entonces, se convertiría en una meta a alcanzar, y la propuesta de
establecer una junta de gobierno en Nueva España sería una constante hasta 1821. Convencidos de la dificultad de lograrlo por las vías
legales y del peligro que significaba actuar de manera abierta, los
descontentos con el régimen descubrieron que uno de los caminos a
seguir era el del secreto y la conjura, camino que los peninsulares y la
Audiencia habían recorrido con tanto éxito antes que ellos.
En los numerosos espacios de reunión que ofrecía la ciudad de
México, donde se discutían y analizaban acontecimientos e ideas, se
comenzó a pasar de la crítica al sistema de precisar objetivos y a buscar
vías de acción para alcanzarlos. Esto se dio principalmente en las

la Torre Villar, Los Guadalupes y la independencia, con una selección de documentos
inéditos, 2a. ed., Jus, México, 1985.
2

Para la sociedad de Jalapa, véase "Logia de los 'Caballeros Racionales' en
Jalapa-Fragmentos del proceso del canónigo Cardeña", Boletín del Archivo General de
la Nad6n, t. 111, núm. 3, julio-septiembre 1932, pp. 390-407, y "Retractaciones de
algunos miembros de la logia de Jalapa", ibid., pp. 408-440. Para la logia gaditana, véase
"Una sociedad secreta en Londres al servicio de la independencia hispanoamericana",
ibid., t vm, núms. 1 y 2, enero-julio 1%7.
3
Sobre algunas de las semejanzas y diferencias que se dieron entre ambas, véase
Virginia Guedea, "Las sociedades secretas durante el movimiento de independencia",
en Jaime E. Rodríguez O. (comp.), The independence ofMexico and the creation ofthe
new nf'ion, Universidad de California, Los Ángeles, 1989, pp. 45-62.
Según Mora, el partido escocés se fundó en la capital en 1813, José María Luis
Mora, "Revista política de las diversas administraciones que la república mexicana ha
tenido hasta 1837", en Obras sue/Jas, 2ª ed., Porrúa, México, 1963, pp. 7-S. Atamán registra
que la primera logia se estableció en la ciudad de México en 1817 o 1818, L Alamán,
lí,storia de México, t v, p. 48. La masonería se dio también en Yucatán hacia 1818, EJigio
Anoona,Historia de Yucatán desde la época más remota hasta nuestros dfas, Pone tercera,
época moderna, 2ª ed., Imprenta de Jaime J. Roviralta, Barcelona, 1889, t. 111, p. 117.

30

(

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�Los Guadalupes

Virginia Guedea

tertulias -que permitían reunirse con cierta periodicidad y sin llamar
demasiado la atención - , en las que se podía hacer una adecuada
selección de los asistentes, incluidas algunas mujeres, y donde todos
ellos tenían una mayor libertad de expresión. En estos espacios de
reunión se comenzaron a establecer nuevas formas de vinculación
entre algunos de los que más tarde conformarían el grupo de los
Guadalupes o que estarían relacionados con él.5 Entre ellos se contaron varios de los participantes en los sucesos de 1808, así como
algunos distinguidos abogados. Así, pues, se puede decir qu: dos
instituciones capitalinas, el Colegio de Abogados y el Ayuntanuento
de la ciudad, facilitaron la conformación de este grupo.6 Había entre
todos ellos lazos previos de profesión, sociales, de amistad e incluso
de familia. No obstante, fueron su descontento con el régimen y sus
intereses autonomistas los que los llevaron a buscar estas nuevas
formas de vinculación.
Si bien los objetivos iniciales que se planteara la insurrección de
1810 se encontraban dentro de la línea del pensamiento autonomista,
quienes se unieron a ella procedían en su mayoría de sectores rurales
y buscaron reivindicar agravios de índole dislínta. Esto, unido a la
violencia que alcanzara en un principio el movimiento insurgente, le
enajenó el apoyo de muchos descontentos. Sin embargo, p~ra otros,
el prestarle apoyo presentó una opción para promover sus mtereses,
ya que ofrecía, por un lado, la posibilidad de contribuir a debilitar al
régimen colonial sin enfrentársele de manera directa y, por otro, de
llegar a influir en la dirección de la insurgencia y orientarla para la
consecución de sus propios fines.
Así, algunos de estos descontentos comenzaron a organizarse en
la ciudad de México para ayudar al movimiento insurgente. Fueron
varios y de distinta índole los intentos, y varios también los fracasos,
que los condujeron paulatinamente a perfilar un organismo eficiente.

Dentro de ellos vemos la fundación de un grupo secreto llamado de
"El Águila" así como las conspiraciones de abril y de agosto de 1811.
Los nombres de varios de los involucrados en estos intentos fueron
los de conocidos autonomistas que habían mostrado desde hacía
tiempo su inconforrnidad,7 pero también aparecen los de otros individuos, que actuaron de acuerdo con aquéllos y conjuntaron esfuerzos, movidos por el interés de alcanzar algunos cambios.8
Las autoridades superiores, temerosas de que la insurgencia
encontrara un apoyo capitalino organizado y que los descontentos se
aprovecharan de la insurrección para crearles dificultades en la ciudad de México, impusieron un control riguroso sobre los habitantes
de la capital. Esto convenció a los descontentos de la necesidad de
organizarse de una mejor manera y de proceder con el mayor de los
sigilos. Pero fue la propia insurgencia, con el establecimiento de ese
órgano de gobierno alterno, que intentó ser la Suprema Junta Gubernativa de América, la que brindaría la oportunidad de canalizar de
manera más eficiente los esfuerzos de muchos de los descontentos
capitalinos al abrirles -dentro del movimiento- diversa1, opciones
para su participación. Con la Junta, la insurgencia contó ya con un centro
coordinador con el cual establecer contactos de manera regular y a
través del cual podría dársele una ayuda efectiva en distintas formas.
Desde poco antes del establecimiento de la Junta se entabló
correspondencia directa entre el grupo insurgente de Ignacio Rayón
yvarios abogados capitalinos, todos ellos descontentos con el régimen
colonial que se hallaban vinculados entre sí por lazos previos de
profesión, de amistad y de compadrazgo. 9 A su alrededor convergieron los intereses y los esfuerzos de otros autonomistas y descontentos;
7

5 Se celebraban tertulias, basta donde be podido averiguar, en las casas de José
María Alba, Juan Nazario Peimbert, José Ignacio Espinosa y el marqués de San Juan
de Ra¡as, todos ellos integrantes de los Guadalupes.
Los Guadalupes que pertenecían al Colegio de Abogados fueron Manuel
Argúelles, Pedro Dionisio de Cárdenas, Manuel Cortázar, Manuel Díaz, José Igna~io
Espinosa, José Maria Fagoaga, Antonio Garcés, José María de la Garza Falcón, Bewto
José Guerra, José María Jáuregui, Félix Lope de Vergara, Antonio Ignacio López
Matoso, Juan Nazario Peimbert y Hernández, Ricardo Pércz Gallardo, Juan Bautista Raz y Guzmán, Juan Wenceslao Sáncbez de la Barquera y José Manuel Zozaya
Bermúdcz. Vinculado estrechamente con los Guadalupes se encontraba Jacobo de
Villaurrutia, miembro también del Colegio. Del Ayuntamiento lo eran Joaquín
Caballero de los Olivos, José María Fagoaga y Francisco Manuel Sáncbez de Tagle.

Quienes conformaron la sociedad de "El Águila" fueron Benito José Guerra,
Antonio Ignacio López Matoso, Juan Bautista Raz y Guzmán, Antonio del Río, Ignacio
Velarde, Félix Femández y Juan Nazario Peimbert y Hernández, A Zerecero, op. cit.,
p. 120. Entre los cinco integrantes de la junta de gobierno que se pensaba establecer al
triunfo de la conspiración de abril se contaron José María Alcalá, José María Fagoaga,
Carlos María de Bustamaote y Tomás Murphy; los dos primeros formarían parte de
los Guadalupes y los dos úJtimos estarían en estrecho contacto con este grupo. Entre
los trece ministros que debían integrar la nueva audiencia se contaban Manuel Argúelles y Juan Nazario Peimbert, ambos Guadalupes, así como Jacobo de Villaurrutia,
vinculado estrechamente con el grupo.
8
Para las conspiraciones de 1811, véase Virginia Guedea, "Tbe conspiracies of
1811. Or how the criollos leamed to organize in secret", (en prensa en la Universidad
de Calgary).
9
Entre ellos se contaba a los abogados Manuel Diaz, Benito José Guerra y Juan
Bautista Raz y Guzmán.

32

33

�Los Guadalupes
todos ellos lograron conformar un grupo que alcanzaría a cumplir los
objetivos que se trazó: mantenerse en estrecho contacto con los
insurgentes que integraban la Suprema Junta, proporcionarles una
ayuda eficaz y ser tomados en cuenta por ellos. Todo esto sin declararse abiertamente contra el régimen y sin comprometer su posición
personal.
Fueron varias las líneas de acción que se trazó el grupo en las
distintas tertulias y reuniones que celebraban sus integrantes. 10 En
primer término, el envío y recepción de información, para lo que
buscaron los mecanismos adecuados que les permitieran establecer
una correspondencia regular y segura. Uno de estos mecanismos fue
el empleo, a título individual, de distintos pseudónimos, incluyendo
el uso de determinados números.11 Otra linea fue el envío de individuos, muchos de ellos relacionados con el ejercicio de la abogacía,
para brindarle a la insurgencia su apoyo directo en el desempeño de
distintas tareas relacionadas casi todas con la organización politica
del movimiento. Así, se ocuparon de facilitar las evasiones y élel
cuidado y sostenimiento de las familias de los emigrados. 12 Una
tercera instancia fue el envío de una imprenta y de un impresor, lo
que permitó a los insurgentes tener a su alcance, de manera continua,
un medio de difusión y defensa que hasta entonces había podido
utilizar de manera muy esporádica. 13
Para llevar a cabo estas y otras actividades les fueron de gran
utilidad dos factores. Uno, el hecho de que la ciudad estuviera
rodeada de partidas de insurgentes, con cuyos jefes mantenían contacto, las que les sirvieron de enlace con los más altos dirigentes del
movimiento y a través de las cuales enviaron información, ayuda y
10

Virginia Guedea
14

hombres. Otro, el contar con la colaboración de varias mujeres,
todas ellas vinculadas por lazos de familia con diversos miembros del
grupo, que se ocuparon de la correspondencia, de ayudar a los que se
fugaban y de sacar la imprenta de la ciudad.is
Acontecimientos de diversa índole llevarían al grupo a replantear
sus objetivos, a reorganizarse, a ampliarse y a alcanzar su máxima
efici~ncia. En primer lugar, el hecho de que parte de su correspondencia con los msurgentes cayó en manos de las autoridades coloniales en mayo de 1812, lo que permitió a éstas poner a algunos de sus
miembros en prisión. 16 En segundo término, la derrota infligida a
Rayón poco después, que no sólo dio ocasión a que varios de los
fugados de la capital, con quienes los integrantes del grupo mantenían
estrecho contacto, fueran fusilados,17 sino que también marcó el inicio
del proceso de desintegración de una Suprema Junta que nunca llegó a
consolidarse. En tercer lugar, la importancia que por entonces cobraba la figura de José María Morelos, tanto por sus acciones militares
corno por sus esfuerzos por darle una mejor organización política al
movimiento. Por último, el establecimiento del régimen constitucional en Nueva España, que venía a abrir para todos los novohispanos
nuevos espacios de participación política dentro del sistema.
A partir de septiembre de 1812 el grupo fijaría su atención en
Morelos. Sin dejar de utilizar los pseudónimos referidos a determinados números, en la correspondencia con este jefe insurgente se
comenzó a emplear uno nuevo que ya no se refería a personas en Jo
particular, sino que hacía ver que detrás de él se encontraba un grupo:
el de los Guadalupes. 18 Por el contenido de las cartas así suscritas se
puede ver que fueron varios los individuos que se ocuparon no sólo
de recabar la información que se deseaba hacer llegar a Morelos -y
más tarde también a Carlos María de Bustamante y a Mariano
Matamoros- sino de su misma redacción y envío. Esto indica que

Uno de los lugares de reunión era la hacienda de León, a las afueras de la
ciudad, propiedad de Manuel y Díaz y de su esposa Antonia Peña.
11
Son varias las cartas firmadas por el "Número 12", pseudónimo que, según he
podido averiguar, era utilizado por el licenciado Juan Bautista Raz y Guzmán. l.ocalicé
una carta dirigida al "Caballero Número Primero", y hay menciones de cartas firmadas
con otros números, como "Número Dos" y "Número Tres".
12
En el frustrado intento de fuga de los licenciados José María Gallegos y José
Mariano Martínez Lejana, en febrero de 1812, tomaron parte Manuel Díaz, su esposa,
Antonio Peña y Francisco de Arce.
13
En la compra y envío de esta imprenta tomaron parte Francisco de Arce,
Nicolás Becerra, Manuel Díaz, Benito José Guerra, José María Jáuregui, José María
de la Llave, Antonia Peña, Juan Bautista Raz y Guzmán, así como Mariana Camila
Ganancia, esposa de Guerra, y Luisa de O rellana y Pozo, esposa de Raz y Guzmán. El
impresor parece haber sido un tal Ferráodiz, a cuya familia, que se quedó en la ciudad
de México, sostuvieron los Guadalupes.

Felipe Lailson fue quien perdiera esta correspondencia. Eñ esa ocasión fueron
presos Nicolás Becerra, José Ignacio Espinosa, José María de la Gana Falcón y Benito
José Guerra. Por su parte, Margarita Peimbert fue detenida.
17
Entre ellos el licenciado Jguacio Jiménez, novio de Margarita Peimbert y
compadre de Benito José Guerra.
18La .
pnmera carta firmada con este pseudónimo es del 15 de septiembre de 1812.
Véase E. de la Torre, op. cit., pp. 1-2.
'

34

35

14

Entre ellas se contó la que comandaba Felipe Lailson, encargado especialmente de conducir la correspondencia de la Junta con sus partidarios capitalinos.
ISM
. p . be
ar~anta eun rt _Y_Antonia Peña se ocuparon de la correspondencia, y la
segunda enVJó, además, auxilios y ayudó por lo menos en una evasión y a sacar de la
ciudad la imprenta para Rayón.
16

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

dentro del grupo se formó una sección especial dedicada a esta tarea
en particular. Tan fue así, que ni siquiera en la correspondencia que
al mismo tiempo sostuvieron algunos integrantes del grupo con Rayón se llegó a utilizar este pseudónimo.
Su uso sería ciertamente feliz por varios motivos. Además de
mostrar su americanismo y su vinculación con un movimiento que
había escogido como patrona a la Virgen de Guadalupe, sirvió a su
propósito inicial de ocultar la identidad de los que así se firmaban y
del grupo al que pertenecían. Ni aun Morelos mismo sabía con
absoluta precisión quiénes se encontraban detrás de él; y sería el
propio Morelos, al hacer extensivo a todos ellos el pseudónimo
utilizado por los que se ocupaban de remitirle información y de
mantener correspondencia con él, quien acabaría por darles el nombre con el que los conocemos.
Además de no saber bien a bien cuál era el nombre que se daba
a sí mismo este grupo, tampoco he podido determinar con precisión
quiénes lo integraban, aunque se conocen los nombres de muchos de
ellos.19 Más difícil aún es establecer la manera en que estaba organizado. Este problema, que en buena medida es reflejo del buen éxito

que alcanzó, se debe no sólo a la habilidad que tuvieron sus integrantes para guardar el secreto de su composición y estructura. Se debe
también a la manera en que se fue dando su conformación.
Si bien se articuló alrededor de un interés común-el de acceder
por distintas vías a una mayor acción política - , su formación partió
inicialmente de vínculos ya existentes, entre los que se contaron los
de profesión, amistad, compadrazgo, familiares, sociales, clientelismo
y hasta amorosos, los que le darían una base sólida.20 El grupo se
fortaleció, además, con otros individuos sin vínculos previos, pero que
tenían también intereses autonomistas. Igualmente, se le unieron
partidarios decididos de la insurgencia. Asimismo se apoyó en individuos cuyo principal interés era molestar al régimen. Por último,
muchos de los que ayudaron en sus diversas tareas lo hicieron tan sólo
de manera ocasional. Todo ello daría por resultado que, pese a contar
con un núcleo que se podría llamar permanente y que coordinó y dio
continuidad a sus trabajos, sus integrantes y apoyos no fueran siempre
los mismos ni se ocuparan todos ellos de las mismas tareas. Esta
diversidad de individuos, de relaciones y de intereses que logró
articular el grupo, le permitiría actuar de manera por demás flexible
y dinámica.
Los resultados de algunos de los empeños, que es lo que de este
grupo se conoce mejor, nos permiten ver que tuvo la habilidad de
seguir distintas líneas de acción. También la capacidad que muchos
de sus integrantes lograron desarrollar para sacar el mayor provecho
posible, tanto de las circunstancias novohispanas como de los recursos
que tenían a su alcance para la consecución de sus propósitos. Finalmente, nos permiten conocer en ocasiones quiénes de ellos se ocuparon de determinadas tareas, así como hacer conjeturas sobre la forma
que adoptó su organización.
Por la información que se tiene sobre los Guadalupes, se puede
ver que reunían algunos de los requisitos que hacen de un grupo una
sociedad secreta. Desde luego que el secreto fue una de sus características. También lo fue la selectividad, así como el contar con una
cierta estructura y una eficiente organización. Por lo que de ellos

19 A partir de la documentación y la bibliografia consultadas, elaboré un cuadro

de los Guadalupes en el que incluyo a Ignacio Adalid, propietario y letrado; a José
María Alba y Llave, comerciante y propietario; al doctor José María Alcalá, canónigo
magistral; a Francisco de Arce, comerciante; al licenciado Manuel Argüelles; a Nicolás
Becerra; al licenciado José Antonio de Bustamante; al regidor Joaquín Caballero de
los Olivos; al ex gobernador de San Juan, Dionisio Cano y Moctezuma, cacique
indígena y comerciante; a los licenciados Pedro Dionisio de Cárdenas, Manuel Cortázar y José Antonio del Cristo y Conde; al doctor Manuel Díaz, abogado y propietario;
al licenciado José Ignacio Espinosa, a José María Fagoaga, propietario; a Agustín
Gallegos, a los licenciados Antonio Garcés, José María de la Garza Falcón y Benito
José Guerra; a Diego Andrés Hurtado de Mendoza, conde del Valle de Orizaba, noble
y propietario; a los licenciados José María Jáuregui, Félix Lope de Vergara y Antonio
Ignacio López Matoso; a Francisco de la Llave, comerciante; a José Maria de la Llave,
comerciante; a Ignacio Moreno y Barrios, marqués de Valle Ameno, noble y propietario; a José Cándido de la Parra; al licenciado Juan Nazario Peimbert; al presbítero
doctor José Maria Peláez; a los licenciados Ricardo Pérez Gallardo y Juan Bautista
Raz y Guzmán; a Antonio del Río, propietario; al licenciado y periodista Juan
Wenceslao Sánchez de la Barquera; al bachiller Francisco Manuel Sánchez de Tagle,
escritor y poeta, además de propietario; a José Mariano de Sardaneta y Llorente,
marqués de San Juan de Rayas, propietario; a Ignacio Velarde; al doctor Manuel
Villaverde,eclesiástico; a Anastasio Zerecero; a Valentln Zerecero y al licenciado José
Manuel Zozaya Berrnúdez. Incluyo, además, a tres mujeres: Margarita Peimbert,
Antonia Peña y Leona Vicario. Vinculados estrechamente con el grupo se encontraban
el oidor Jacobo de Villaurrutia y el ex gobernador de San Juan, Francisco Antonio
Galicia.

36

20

Como ejemplo, me referiré aquí a los lazos familiares. José María Alba y Llave
era sobrino de los hermanos Francisco y José María de la Llave. Manuel Díaz estaba
casado con Antonia Peña, la que al enviudar casó con Juan Bautista Raz y Guzmán.
Éste era tío de Leona Vicario. Agustín Gallegos era tío de Anastasio Zerecero, el que
a su vez era hijo de Valentln Zerecero; de estos dos era pariente Ignacio Velarde. Diego
Andrés Hurtado de Mendoza era cuñado de Joaquín Caballero de los Olivos y
Margarita Peimbert era hija de Juan Nazario.

37

�Los Guadalupes

Virginia Guedea

sabemos, se puede inferir que el grupo se componía de pocos y bien
escogidos individuos. Igualmente se puede inferir que determinadas
actividades fueron llevadas a cabo sólo por determinadas personas.
Esto es, que funcionaba, en términos generales, por secciones. Por
otra parte, el grupo dio cabida en su seno a individuos procedentes de
diversos sectores socioeconómicos: nobles, abogados, propietarios,
eclesiásticos y comerciantes; dependientes de algunos de ellos, dedicados a distintos oficios; varias mujeres y por lo menos un funcionario
indígena, lo que daría gran amplitud a sus posibilidades de acción.21
Se apoyó, además, en numerosas personas vinculadas de distintas
maneras con miembros del grupo, pero que no formaban parte de él.
Sin embargo, nada sabemos de una posible jerarquización dentro
de esta sociedad. Tampoco si en algún momento se celebraron ritos
de iniciación, ni si sus miembros hacían algún juramento especial o
contaban con determinados signos para reconocerse entre ellos. Si los
hubo -ritos, juramentos o signos-, no dejaron huella alguna. El
hecho de que su composición fuera un tanto cambiante indica que la
afiliación al grupo se dio en forma flexible y, en ciertas instancias, de
manera ocasional y para la real~zación de determinadas actividades.
Por último, por los objetivos claramente políticos y coyunturales que
se propuso alcanzar, su lucha desde la clandestinidad y su duración
limitada, me permiten calificarla como una sociedad secreta política,
concepto que tomo en su sentido más amplio.
Pero, independientemente de si el grupo de los Guadalupes
reunió o no todas las características necesarias para ser considerado
como una verdadera asociación secreta, su surgimiento es un indicio
de que se daba ya un cambio, y que nuevas circunstancias iban dando
lugar a nuevas formas de acción política. Por primera vez en Nueva
España apareció una organización de esta índole, y tan fue exitosa su
respuesta a las nuevas circunstancias, que mientras éstas no cambiaron el grupo logró alcanzar sus objetivos.
En relación con la insurgencia, las líneas de acción seguidas por
los Guadal upes serían, en términos generales, las mismas que se trazó
el grupo al establecer contacto con la Suprema Junta. No obstante, lo
harían desarrollándolas con mayor amplitud. Buscarían, además, nuevos
caminos, los que les permitirían actuar de manera más integral.
En primer lugar, se cuenta el envío y recibo de correspondencia,
lo que logró hacerse en forma regular y segura. No serían ellos sino
los insurgentes, como ya antes había ocurrido, quienes darían ocasión

a que fuera descubierta por las autoridades. La que ha llegado a
nosotros resulta trunca por partida doble, ya que es la dirigida tan
sólo a Morelos, a Bustamante y a Matamoros y, dentro de ésta, la
referida fundamentalmente a remitirles información.22 No obstante,
sabemos que varios de los Guadalupes mantuvieron correspondencia
con otros jefes insurgentes y que se ocuparon en sus cartas de muy
diversos asuntos, entre ellos de la organización política del movimiento. El haber logrado llevar a cabo felizmente esta actividad implicó
establecer y controlar los canales adecuados para su recepción y
envío, que se efectuaban por distintos conductos. Fueron numerosas
las personas que estuvieron involucradas en estas tareas, entre ellas
varias mujeres vinculadas estrechamente con el grupo.23 También
individuos dependientes de algunos de sus integrantes, ya fuera como
correos, o que se encontraran entre los insurgentes. Por último, varios
individuos ajenos a él. Todo ello revela su capacidad, tanto para
coordinar esfuerzos como para utilizar las relaciones de diversa índole con que contaban los integrantes del grupo.
Parte importante de la correspondencia la constituyó el envío de
abundante información, a través de cartas primero y, más tarde, de
manera ya sistematizada mediante un diario elaborado ex profeso.
Además de ocuparse de lo que pasaba en la capital esta información
se refería a las distintas actividades emprendidas por las autoridades
coloniales, principalmente en relación con la insurgencia. Se incluía
asimismo información sobre la propia insurgencia en distintas regiones, en particular sobre las partidas cercanas a la capital, y sobre las
actividades de los angloamericanos en apoyo del movimiento. Igualmente recogía información de fuera de Nueva España. El haber
podido reunirla demuestra que se contaba con diversos canales de
comunicación dentro de la ciudad y que éstos se daban en muy
distintos niveles, incluidas algunas altas instancias del gobierno colonial como la Secretaría del Virreinato. Demuestra también que hubo
contactos con otras regiones de Nueva España y fuera de ella. Demuestra, finalmente, que esta tarea requirió de la coordinación de
muchos esfuerzos y que su éxito fue el resultado de un bien conjugado
trabajo de equipo.

21

p ara 1a compos1ci
. '6n del grupo véase la nota 19.

38

22

De la Torre ha publicado la correspondencia de los Guadalupes con Morelos
Y Matamoros, op. cit. En cuanto a la sostenida con Bustamante, algunas cartas se
~ncuentran en el proceso seguido a Ignacio Adalid, Bancroít Library, Causa de
msurrección f onnada contra Ignacio Adalidy socios, 3 vols.
23
Antonia Peña y Leona Vicario se ocuparon de enviar correspondencia en varias
ocasiones.

39

�Los Guodalupes

Otra línea de acción fue el proseguir con eJ envío de individuos
que pasaron a incorporarse a las fiJas insurgentes para el desempeño
de diversas tareas. Asimismo, como había ocurrido con anterioridad,
el grupo tomó a su cargo la tarea del cuidado y sostenimiento de los
familiares y dependientes de quienes pasaron por entonces a unirse
al movimiento.
La tercera línea de acción fue la de continuar con sus auxilios
para que el movimiento contara, de manera permanente, con imprentas adecuadas. Fue ésta una de sus preocupaciones más constantes.
Tanto el grupo que encabezaba Morelos como el que dirigía Rayón
recibieron en distintas ocasiones prensas, impresos y escritos para ser
publicados. Esto constituyó una de sus mayores aportaciones a un
movimiento que -en una guerra en que por escrito se libraron
importantísimas batallas- se encontraba en posición de franca inferioridad frente a un régimen que controlaba casi todas las prensas.
Entre las nuevas líneas de acción estuvo la ayuda prestada a
distintas partidas de insurgentes que se hallaban en los alrededores
de la capital. Con algunas de ellas el grupo llegó a tener relaciones
por demás estrechas, ya que entre sus dirigentes se contaron individuos vinculados con los Guadalupes por lazos de amistad, de dependencia y, al parecer, hasta de parentesco.24 Estas relaciones le fueron
de vital importancia para controlar el acceso y la salida de la capital
y mantener así un contacto seguro y constante con Morelos y otros
jefes de la insurgencia.
Una línea de acción que terminó en fracaso fueron las negociaciones para concertar una entrevista entre Rayón y el virrey Francisco
Javier Venegas a fines de 1812. No obstante, resulta de especial
interés, ya que pone de relieve la amplitud y el elevado nivel de los
contactos, la capacidad de negociación y la posición de poder, tanto
en relación con la insurgencia como con el régimen colonial, de
algunos de los Guadalupes.25 Otro fracaso por distinta vía fue su
acercamiento al virrey Félix María CaIJeja, con el que algunos de los
GuadaJupes estaban en estrecho contacto.26 Esta empresa resulta
también de interés porque nos permite ver que el grupo dio cabida a

Vuginia Guedea

intereses un tanto diversos y que brindó a quienes lo conformaban
una gran amplitud de acción. La utilización de ambas vías revela algo
por demás importante: a pesar de su apoyo continuo y eficiente a la
insurgencia, el grupo no había roto abiertamente con el régimen
colonial ni dejado de buscar dentro del sistema un camino para hacer
realidad sus aspiraciones políticas.
Lo anterior quedó demostrado a partir de que se implantara en
Nueva España el régimen constitucional, que vino a abrir a todos los
novobispanos nuevos espacios de participación política, en particular
a través de los procesos electorales que brindaban la posibilidad de
ejercer una acción directa en el nivel local, en el regional y en el
imperial.
La primera oportunidad que tuvieron los capitalinos, y que abriría a los Guadalupes una nueva línea de acción, fue la de decidir
quiénes debían encargarse de la administración y del gobierno de la
ciudad de México. La elección del nuevo Ayuntamiento constitucional ofreció posibilidades a los distintos intereses de los americanos.
Brindó a los autonomistas un nuevo y muy amplio cauce legal para la
satisfacción inmediata de sus aspiraciones. Para los partidarios de la
insurgencia representó una buena oportunidad de debilitar al régimen colonial. Y para los indígenas de las parcialidades capitalinas,
que por el sistema constitucional debían perder su peculiar forma de
gobierno, y en particular para sus funcionarios, se convirtió en la única
vía a su alcance para tener representación. Y a través del proceso
electoral fue como lograron articularse todos esos intereses.
La primera etapa del proceso, en la que debía designarse a los
electores que a su vez se encargarían de nombrar a quienes debían
integrar el Ayuntamiento constitucional, se llevó a cabo el 29 de
noviembre de 1812.27 En ella resultaron electos únicamente individuos nacidos en Nueva España, muchos de ellos desafectos al régimen colonial y ninguno su incondicional. Para alcanzar tales resultados se llevó a cabo un considerable y bien coordinado trabajo previo
en el que tomaron parte, de diferentes maneras y en distintos niveles,
27

24

Enlre es1as panidas se contaron la que comandaba Manuel Arriaga Díaz, en
es1recho con1ac10 con Anlonia Peña, y la de Eugenio Maria Monlaño, administrador
de una hacienda de Ignacio Adalid, que se escribía con ésle.
25
La figura principal quesirviódeenlaceen eslasncgociaciones fucJuan Baulista
Raz y Guzmán.
26
José Anlonio del Cris10 y Conde y Francisco Manuel Sánchez de Tagle fueron
los Guadalupes que se acercaron a Calleja.

40

Para es1as elecciones, véanse Neuie Lee Benson, "The con1ested mexican
elec1ions of 1812", Hispanic American Historica/ Review, vol. XXVI, agosto. 1946, pp.
336-350; Antonio Annino, "Praticbe creole e liberalismo nella crisi dello spazio urbano
coloniale. Il 29 novembre 1812 a cittA del Messico", Quademi Storid", vol. 69, año xxrn,
núm. 3, diciembre de 1988 (cuya lraducción al español se encuenlra actualmen1e en
prensa en el lnstituto Mora,revis1a Secuencia, núm. 24), y Virginia Guedea, "Las
primeras elecciones populares en la ciudad de México: 1812-1813", Mexican Studies/Estudios Mexicanos, vol. 7, núm. 1, invierno 1991, pp. 1-28.

41

�Los Guadalupes

individuos de muy diversa clase y condición. Se celebraron juntas
previas para planear su organización, se seleccionaron los candidatos
más idóneos, se elaboraron y repartieron papeletas que contenían sus
nombres y se efectuó una eficaz labor de convencimiento. De igual
manera se trabajó en forma coordinada y eficiente durante las elecciones mismas.
Varios de los integrantes de los Guadalupes tomaron parte en
este proceso electoral. Esto se daría en dos niveles. Uno, formal y
abierto, ya que el antiguo Ayuntamiento capitalino debía ocuparse de
la organización y cuidado de las elecciones. El otro, informal y oculto,
por el interés que el grupo tenía en aprovechar una coyuntura tan
favorable para promover sus intereses. Los resultados inmediatos de
esta línea de acción fueron positivos. Salieron designados como
electores algunos de los integrantes del grupo.28 Esta participación y
estos resultados nos permiten percibir varias cosas. Por un lado, la
habilidad de los Guadalupes que intervinieron en el proceso para
conjugar sus esfuerzos y sus intereses con los de otros grupos e
individuos para la consecución de un objetivo común. Por otro, la
capacidad que tuvieron para controlar y dirigir a grandes sectores de
la población capitalina. Finalmente, que varios de ellos ocupaban
posiciones de importancia y gozaban de prestigio entre los habitan tes
de la ciudad.
Las elecciones demostraron que las aspiraciones autonomistas se
habían extendido a grandes sectores de la población, incluyendo a los
antes tranquilos indígenas. También pusieron de manifiesto la existencia de diversos y efectivos canales de comunicación entre todos
ellos. Asimismo, demostraron que un grupo articulado a través de su
cabildo tenía capacidad de dirección y movilización, capacidad que le
era reconocida y aceptada por una gran parte de los habitantes de la
ciudad. Por último, demostraron que los autonomistas, y no las
autoridades coloniales, controlaban el espacio urbano capitalino. Si
a lo anterior se une el hecho de que las elecciones se dieron en medio
de manifestaciones de regocijo, de críticas al régimen colonial y hasta
de apoyo a la insurgencia, y que por entonces ésta obtenía importantes triunfos armados, se puede entender la preocupación que causaron a las autoridades coloniales. Temerosas de que descontentos e
insurgentes se unieran contra el régimen, y decididas a evitar que se
28

Los Guadalupes que resultaron electores fueron José María Alcalá, Dionisio
Cano y Moctezuma, Pedro Dionisio de Cárdenas, José María Fagoaga, Antonio
Ignacio López Matoso y Juan Nazario Pcimbert.

42

Vuginia Guedea

debilitase su poder en la capital del virreinato, suspendieron tanto la
libertad de imprenta como el proceso electoral.
No obstante la actitud de las autoridades, las líneas de acción que
brindaba el sistema constitucional serían aprovechadas al máximo y
con óptimos resultados por autonomistas y descontentos, muy en
particular por los Guadalupes. Así ocurrió a principios de 1813, con
la reanudación del proceso electoral para designar al Ayuntamiento
constitucional capitalino: los electores escogieron a individuos nacidos en Nueva España y poco o nada afectos al régimen colonial, entre
los que se contaron varios integrantes de los Guadalupes.29 Igualmente ocurrió poco después con los procesos electorales para designar
diputados a Cortes, así como con quienes debían integrar la diputación provincial, en los que participaron de manera activa algunos
miembros del grupo con iguales resultados.30 Esto se repetiría en
todos y cada uno de los procesos electorales a que daría lugar el
régimen constitucional. Todos esos procesos dejaron en claro dos
cosas. Una, la capacidad de organización desarrollada por los autonomistas capitalinos. La otra, el amplio apoyo que al amparo de los
cambios constitucionales habían encontrado en distintos sectores de
la capital, incluidos los indígenas.
La coincidencia de que la implantación del régimen constitucional se diera al tiempo en que la insurgencia alcanzaba su mayor fuerza
y extensión y se organizaba políticamente, permitió a muchos de los
descontentos aprovechar de manera paralela las posibilidades que
ambas instancias ofrecían. No sólo esto. Los dos caminos de acción
política que ante ellos se abrieron de modo casi simultáneo dieron
también opción a que se llegaran a articular, conjugar y en muchos
casos incluso redefinir intereses un tanto diversos.
La instalación del Supremo Congreso Nacional Americano en septiembre de 1813 marcaría el punto más alto de coincidencia entre los
distintos intereses de los americanos. La insurgencia contó, por fin, con
un órgano de gobierno alterno, que debía ocuparse de constituir a la
nueva nación, y que fue resultado de una intensa labor de organización
y de un proceso electoral en los que se procuró incluir a todos ellos.31
29
Para el ayuntamiento resultaron electos Ignacio Adalid, Ignacio Moreno y
Barrios y Francisco Manuel Sáncbez de Tagle.
30
Salieron electos diputados a Cortes Manuel Cortázar y Félix Lope de Vergara
por Nueva España y José Maria Alcalá y et marqués de San Juan de Rayas por
Guanajuato. Para la diputación provincial salió electo José María Fagoaga y como
suplente José Antonio del Cristo y Conde.
31
Sobre este proceso véase Y-uginia Guedea, "Los procesos electorales insurgen-

43

�Les Guadalupes

Virginia Guedea

Los Guadalupes, que no sólo participaron activamente en esta labor
y en este proceso sino que ejercieron in.fluencia sobre ambos,32 se
entusiasmaron con las perspectivas a tal grado que algunos de ellos
llegaron a pensar en la posibilidad de hacer a un lado la vía que les
ofrecía un sistema constitucional cada vez más desvirtuado por las
propias autoridades coloniales.
No alcanzarían a decidirse. Si bien el Congreso lograría proseguir
sus trabajos y hasta elaborar una Constitución, las derrotas insurgentes de finales de 1813 y principios de 1814 cancelaron, de hecho, las
perspectivas que su instalación había abierto. Significaron el principio
del fin de la insurgencia organizada y que el movimiento pasara a la
defensiva. Significaron también que el régimen colonial tuviera pruebas fehacientes de las relaciones que con los insurgentes sostenían de
manera encubierta muchos americanos, entre ellos un grupo capitalino que suscribía su correspondencia con el pseudónimo de "los
Guadalupes".33

pués de la prisión y la muerte de Morelos a fines de 1815, al perder
el movimiento su centro común y fragmentarse cada vez más, convirtiéndose en una guerra de guerrillas, lo que haría difícil no sólo
prestarle apoyo y seguir un contacto con ella, sino mantener hacia el
movimiento la misma disposición.
La desaparición de estas dos opciones no significó la desaparición
de los anhelos de muchos de los americanos de alcanzar una mayor
participación política. Todos ellos, incluidos los antiguos Guadalupes,
buscarían nuevos caminos para hacerlos realidad, y aprovecharían al
máximo las oportunidades que se les presentarían. Incluso seguirían
actuando en conjunto, hasta alcanzar el poder en 1821. Seguirían
también organizándose a través de sociedades o grupos secretos - esa
"enfermedad del siglo", como se los calificó por esos años-, los que
alcanzarían su mayor desarrollo poco después de consumada la independencia. Pero nuevas y diferentes circunstancias daban lugar a
nuevas y diferentes respuestas, y entre ellas, la específica de los
Guadalupes ya no tendría lugar.

A las derrotas insurgentes se sumó en agosto de 1814 la vuelta al
antiguo régimen. Este retomo significaría muchas cosas. Canceló
para los inconformes la posibilidad de un cambio pacífico. Cerró a los
autonomistas la vía legal de acceso a la representación política abierta
por las Cortes. Reafirmó en los partidarios de la lucha armada la
convicción de que la ruptura definitiva era el único camino. Por
último, fortaleció al régimen colonial y dio, además, libertad a sus
autoridades para proceder en contra de todos ellos.
Cancelada la opción liberal con la suspensión del régimen constitucional, las averiguaciones y los procesos que desembocaron en
prisiones y destierros lograron ir cortando las relaciones que se habían
establecido con la insurgencia. Sucedió también algo todavía más
grave. Se logró desarticular en gran medida a las nuevas formas de
vinculación que los americanos habían logrado establecer entre ellos
y que les habían permitido actuar de manera coordinada. En el caso
particular de los Guadalupes, el grupo acabaría por ver seriamente
alteradas su composición y estructura, lo que imposibilitaría su acción.34 Por último, la opción insurgente acabó por desaparecer dest~. 1811-1813", Estudios de Historia Novohispana, Instituto de Investigaciones Históncas-UNAM (en prensa).

32
.
Benito José Guerra fue nombrado para el poder judicial. El marqués de Rayas
dio su voto a Morelos como generalísimo.
33
Morelos perdió, junto con todo su archivo, la correspondencia con los Guadalupes en llacotepec en febrero de 1814.
34
Por entonces salieron de la capital o fueron desterrados José María de la Garza

Falcón, José María Alcalá, Manuel Cortázar, Ignacio Adalid, Francisco de Arce, José
María Alba, Francisco de la U ave, Antonio Ignacio López Matoso, el marqués de San
Juan de Rayas y Félix Lope de Vergara.

44

45

�Hilda Sabato

Ciudadanía, participación política
y formación de una esfera pública
en Buenos Aires, 1850-1880*
Hilda Sabato**

E

l te~a de la participación p~lítica en las sociedades modernas
ha sido extensamente debatido, tanto en el terreno de la teoría
política como en el del análisis histórico. En buena parte de
la literatura clásica se ha asociado participación con ciudadanía
política, y a ésta con el ejercicio del sufragio. Más aún, en tanto se
considera que la ampliación de la ciudadanía política define el tránsito hacia la sociedad democrática, la universalización efectiva del
• Este artículo es una traducción del trabajo publicado en la revista Past ami
Presenten agosto de 1992, escrito durante mi estadía en el Institute for Advanced Study
of Princeton en 1990-1991. Agradezco a mis colegas del Instituto que discutieron una
versión preliminar del artículo, y en particular a Gary Gerstle, Jacek Kochanowicz,
Peter Wagner y Michael Walzer. Gran parte de la investigación que diera lugar a este
artículo se Uevó a cabo en Buenos Aires, con la asistencia de Ema Cibotti, Elías Palti
y Graciela Bonet. Las ideas centrales fueron discutidas originalmente con mis colegas
en el PEHESA-CISEA en Buenos Aires: Leandro Gutiérrez, Juan Carlos Korol, Luis
Alberto Romero y Beatriz Sarlo.
•• Investigadora del Conicet en el PEHESA-CISEA y profesora de la Universidad de
Buenos Aires.

46

voto se toma como el momento culminante de ese proceso. Históricamente, ese momento se ubica a comienzos del siglo xx, cuando se
habría completado el camino que, a través de sucesivas ampliaciones,
habría llevado desde el sufragio restringido, propio del siglo anterior,
al voto universal masculino. Los casos que se apartan de esta senda
son tratados como desviaciones del modelo, como anómalos e imperfectos en términos de su tránsito hacia la democracia.
Los problemas teóricos que plantea una concepción así restringida de la participación política han sido señalados en algunos tra~ajos recientes. 1 En el terreno del análisis histórico, diversos estudios
de caso muestran que el camino canónico de tránsito paulatino del
sufragio restringido al universal fue la excepción más que la regla.2
Además, algunos de ellos muestran que el voto era sólo una de las
formas de participación en la vida pública y la escena política, pero
de ninguna manera la única.3
En el caso de Argentina, este trabajo crítico aún no se ha
emprendido de manera sistemática. La interpretación canónica se
apoya en una concepción restringida de la participación política,
pero encuentra dificultades a la hora de aplicar el modelo clásico de
construcción de la ciudadanía política a la historia argentina. Al
mismo tiempo, esa óptica impide analizar los vínculos complejos que
se establecen entre la sociedad civil por un lado y el Estado y el poder
político por el otro, en particular durante el periodo formativo del
sistema político.
Este artículo propone un camino diferente para abordar el tema
de la participación política en Argentina, explorando el caso pa~~cular de la ciudad de Buenos Aires en las décadas en que fue adqmnendo los rasgos que pronto la convertirían en una ciudad burguesa por
excelencia. Luego de revisar y discutir las visiones más difundidas
acerca del papel del sufragio y las elecciones, se explora una dimensión de la vida política de la ciudad hasta ahora muy poco estudiada:
el proceso de formación de una esfera pública, proceso distintivo de
las décadas que siguen a Caseros (1852). Finalmente, se analiza el
1 Véase, por ejemplo, Albert Hirschman,

Shifting involvements, Princeton, 1982.
Un análisis crítico de la noción de participación en algunas teorías de la democracia se
encuentra en Carole Pateman,Participationand democratic theo,y, Cambridge y Nueva
York, 1970.
2
Véanse, por ejemplo, todos los trabajos incluidos en Quademi Storici, nueva
serie, núm. 69, diciembre 1988.
3 Véase, por ejemplo, José Murilo de Carvalho, Os bestializados. O Rio delaneiro
e a rept1blica que nao foi, San Pablo, 1987.

47

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

papel que tuvieron las prácticas electorales y la participación en la
esfera pública en el sistema político en formación.

autoridades electas legalmente que básicamente respetaron la Constitución y las leyes.
En este largo periodo se han reconocido dos etapas, antes y
después de la sanción de la Ley electoral de 1912 que estableció el
secreto y la obligatoriedad del sufragio, hecho considerado decisivo
en el proceso de ampliación de la ciudadanía política. La ley aparece
además como el resultado inevitable del crecimiento económico y la
modernización social experimentados en las décadas precedentes. Sin
embargo, se habría tratado de un resultado desfasado, en tanto que
los profundos cambios sociales que tuvieron lugar a partir de mediados del siglo XIX no encontraron su equivalente en el terreno político.
En palabras de Germani: "Las elites dirigentes no parecieron dispuestas a compartir y menos aún a ceder el poder a los nuevos grupos
que se iban incorporando a la vida nacional."5 Esta contradicción
estaba en el seno mismo del proyecto puesto en marcha por los grupos
dirigentes que eran conservadores en el terreno político, si bien
liberales cuando se trataba de los aspectos económicos, sociales y
culturales de la modernización. Esta elite había logrado mantener a
la mayor parte de la población alejada de la vida pública, estableciendo una república restrictiva. Las elecciones se controlaban y manipulaban desde arriba; el voto era una prerrogativa de minorías privilegiadas; el "pueblo" no tenía acceso a las urnas. La situación se
agravaba por la presencia masiva de los inmigrantes quienes, salvo en
el caso de algunas elecciones municipales, sólo después de nacionalizarse adquirían el derecho al voto. Dado que la mayoría de ellos no
optaba por hacerlo, quedaba al margen de los mecanismos formales
de vinculación con la política. De esta manera, aun después de la
sanción de la ley de 1912 subsistía un obstáculo muy serio para la
completa modernización del sistema politico.6
Sintéticamente, éstos constituyen los argumentos centrales de la
mayor parte de las interpretaciones sobre la historia de la formación
del sistema político argentino, proceso que aparece trabado por la
existencia de graves obstáculos en el camino esperado hacia el sufragio universal y la ciudadanía ampliada. Al considerar al sufragio como

La vida política en Buenos Aires: la interpretación canónica

A principios de la década de 1850, luego de la derrota de Juan
Manuel de Rosas, la ciudad de Buenos Aires albergaba a unos 90 000
habitantes. Por entonces ya era la ciudad más grande de Argentina
y el principal centro de negocios; muy pronto se convirtió también
en la sede del gobierno nacional y en 1880 fue designada capital
federal de la república. Este fue un periodo de extraordinario crecimiento económico, en que el país encontró un Jugar importante en
el mercado mundial como exportador de lana a varios países de
Europa. La ciudad se expandió física y demográficamente. Hacia
1887, más de 400 000 habitantes vivían en Buenos Aires, quintuplicando la cifra de 30 años antes. La inmigración europea fue el
principal factor de ese crecimiento poblacional; las cifras son impactantes: para fines de la década de 1860, de cada cuatro hombres
adultos, tres eran extranjeros. La mayor parte de los hombres estaban empleados en el comercio, el transporte y los servicios, en buena
proporción como asalariados en tareas no calificadas y muy inestables. Existía un número no desdeñable de trabajadores por cuenta
propia -pequeños propietarios de diversa índole, asociados sobre
todo con el comercio y los servicios - , muchos de ellos protagonistas
de 1a movilidad ocupacional ascendente característica de estos años.
El sector manufacturero, compuesto por pequeños y medianos talleres y establecimientos, ocupaba a menos del 20% de Ja fuerza de
trabajo.4
El país se regía por la Constitución de 1853, dictada bajo la
influencia del pensamiento liberal y el modelo de la Constitución de
Estados Unidos. Luego de la derrota del régimen de Rosas en 1852,
las fuerzas triunfantes se dividieron y la provincia de Buenos Aires se
separó de la nueva Confederación. Diez años más tarde, Buenos Aires
derrotaba a la Confederación mientras su elites políticas se proponían
hegemonizar el proceso de constitución de un Estado y de un orden
político nacionales. Desde entonces y hasta 1930, aunque la violencia
nunca faltó en el escenario argentino, el país fue gobernado por

5

Cfr. Hilda Sabato y Luis Alberto Romero, Los trabajadores de Buenos Aires,
1850-1880. La experiencia del mercado, Buenos Aires, 1992.

Gino Genoani, Polftica y sociedad en una época de transición, Paidós, Buenos
Aires, 1968,p.299.
6
Estos argumentos se eocueotrao ea la mayor parte de las ioterpretaciooes sobre
la historia política argentina. Los trabajos más sugerentes ea esta tradición son los de
José Luis Romero, Las ideas polfticas en la Argentina, FCE, Buenos Aires, 1946, y Gino
Germani, op. cit. Trabajos posteriores sobre este problema han seguido básicamente el
camino abierto por estos trabajos pioneros.

48

49

4

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

el mecanismo por excelencia de la representación ciudadana, estas
interpretaciones colocan a las elecciones como la piedra de toque del
sistema político. En consecuencia, se preocupan más por mostrar
cómo se tergiversaba y se limitaba el voto en elecciones manipuladas
y fraudulentas, que por comprender qué papel jugaban éstas en el
sistema político en formación. 7

dos del siglo XIX, su vigencia trascendió el nivel local y se afumó en el
orden nacional.
La interpretación canónica sostiene que, a pesar de las leyes, el
principio del sufragio universal se violaba en la práctica a través de
mecanismos electorales diseñados para mantener al "pueblo" lejos
de las urnas. De hecho, entonces, el derecho a voto aquí también
estaba limitado, de la misma manera que si hubieran existido restricciones legales a su ejercicio. Esta lectura descarta la importancia del
sufragio universal en el caso argentino y disuelve su especificidad al
asimilarlo al modelo general de ciudadanía restringida. Sin embargo,
la vigencia temprana del sufragio universal constituye un dato de
partida insoslayable a la hora de analizar cómo se organizó efectivamente el sistema político y, en particular, cuál fue el papel de las
elecciones y del voto en ese sistema.
Una primera mirada sobre las prácticas electorales en Buenos
Aires en las décadas de 1860 y 1870 arroja algunos indicios claros en
ese sentido. A lo largo de ese periodo los participantes en las jornadas
electorales representaban, en efecto, una proporción muy pequeña
de la población de la ciudad, proporción que oscilaba de elección en
elección pero que no experimentó un incremento sistemático a lo
largo de los años. Las cifras de votantes rondan el 2% de la población
total y el 10% de los habilitados en la mayor parte de las elecciones,
y aunque hubo momentos de mayor asistencia a las urnas, el máximo
registrado es del 25% de los habilitados.10
Pero lquiénes eran esos votantes? Escuchemos a los contemporáneos. "A las elecciones no asisten por lo general los hombres de
cierta posición social", se lamentaba un diputado en 1873,11 y el ex
presidente Sarmiento se quejó muchas veces con palabras semejantes
a éstas en 1887: "Sucede en Buenos Aires lo que no sucede en parte
alguna de la tierra, y es que los comerciantes, dueños del comercio
que paga las rentas, no votan en las elecciones." 12 Comentarios de este

Las elecciones y el sufragio
El primer problema con esta visión es que desestima un dato clave de
la historia electoral argentina: desde una fecha muy temprana el
sufragio fue universal para todos los hombres adultos nativos y nacionalizados. No existían limitaciones censatarias ni de capacidad al voto
activo y, por lo tanto, no hubo lugar para un proceso gradual de
extensión de la franquicia. En la ciudad y la provincia de Buenos Aires
el sufragio universal fue establecido en 1821, apenas una década
después de la revolución de Independencia, y en 1853 fue incorporado a la legislación nacional.8 Si se agrega que las elecciones para la
Cámara de Diputados de la nación eran directas, puede afirmarse que
se trataba de un caso excepcional en América Latina, y bastante
atípico aun en un contexto más amplio.
Está más allá de los objetivos de este artículo explorar las razones
de esta introducción tan temprana del sufragio universal, cuyas raíces
se han rastreado en la historia de la independencia y los años que
siguieron al colapso del orden colonial.9 El hecho es que, para media7

Tal es el caso incluso en artículos apoyados en una sólida tarea de investigación,
como los de Carlos Heras, "Un agitado proceso electoral en Buenos Aires", Trabajos
YComunicaciones, núm. IV, La Plata, 1954, pp. 69-109, y "Las elecciones de legisladores
provinciales en marzo de 1864", Trabajos y Comunicaciones, nóm. v, La Plata, 1955,
pp. 57-97. Para un enfoque.diferente, véase Natalio Botana, El orden conservador. La
polftica argentina enm: 1880y1916, Sudamericana, Buenos Aires, 1977, donde se analiza
el pai::I de las el~io~es en el ordenamiento político inaugurado en 1880.
La Ley pr&lt;Mnetal de 1821 establecía algunos requisitos de propiedad para los
candidatos, requisitos abolidos en 1853. Aunque la Constitución argentina no hace
referencia explícita aJ sufragio universal masculino, siempre se lo ha considerado
implícito en el texto constitucional. Cfr. Hilda Sabato y Elías Palti, "¿Quién votaba en
Buenos Aires?: Práctica y teoría del sufragio, 1850-1880", Desa"ollo Económico, núm.
119, octubre-diciembre 1990, pp. 395424. En el caso de los inmigrantes los requisitos
para la nacionalización eran limitados: después de dos años de residencia en el país
podían solicitar la ciudadanía argentina, convirtiéndose así en potenciales votantes_
9
Para un análisis muy sugerente de este tema, consóltense los trabajos de Tulio

50

Halpcrin Dongh~ en particular su Revolución y guerra. Formación de una e/iJe dirigen/e
en la Argentina criolla, Siglo XXI, Buenos Aires, 1972, e Ifütoria Argentina. De la
revolución de Independencia a la Confederación rosista, Paidós, Buenos Aires, 1972.
10

Las cifras de participación electoral aparecen registradas en la prensa de la
época. Cfr. Botana, op. cit., y Carlos lleras, "Un agitado" y "Las elecciones", loes. cits.
11
Cámara de Diputados de la nación, Diario de Sesiones, Buenos Aires, 1873.
Sesión del 6 de agosto de 1873.
12
Domingo F. Sarmiento, "El porqué y el para qué de las emigraciones a
América", El DiJJrw, septiembre 12, 1887. Citado en Domingo F. Sarmiento, Condición
del extranjero en América, La Facultad, Buenos Aires, 1928.

51

�Ciudadanía y participación política

l-Iilda Sabato

tenor son frecuentes y sugieren que los sectores acomodados de la
población en general se abstenían de votar. ¿Quiénes lo hacían
entonces? Los sostenedores de las tesis tradicionales nos brindan
alguna evidencia que puede contribuir a responder a esa pregunta.
Así, e~ su descripción de las prácticas electorales, que se apoya en
matenal de la prensa periódica, Carlos Heras cuenta que "en la
parroquia de San Nicolás ganaron las elecciones los peones del
ferrocarril" y que "los héroes de la jornada fueron los empedradores,
~os peones de los corrales y los alumbradores". 13 Expresiones semeJantes aparecen una y otra vez en periódicos de la época y en informes
de la policía que describen las jornadas electorales en el Buenos Aires
de las décadas de 1860 y 1870. "En las últimas elecciones [...] el Club
del ~ueblo tenía a todos los empleados de la aduana[... ] Tenía a los
manne~os que, a pesar de ser griegos, canarios y españoles, votaban
como cmdadanos", denunciaba La Tribuna en 1864. 14 Las memorias
de algu~as ~guras p~líticas de la época evocan también estas prácticas, no srn cierta dosis de nostalgia.Julio Costa, por ejemplo, recuerda
con orgullo que_"este grande y noble partido [el Autonomista] era
maestro en maruobras electorales y de comité; y no le hacía ascos al
concurso de los peones de aduana, ni al de los de la limpieza, ni al de
los comisarios de policía". 15
Contrariamente a lo sostenido por la interpretación tradicional,
q~e se refier~ vagamente a las minorías privilegiadas como protagom~ta~ de las Jornadas electorales, las fuentes sugieren que no eran
p_nnc1palmente los ricos, los burgueses, los profesionales o los comerciantes lo_s que iban a votar, sino más bien los jornaleros y peones del
ferrocarril, de la aduana, de la municipalidad o de los corrales.
En general, las fuentes se refieren a los votantes en términos
ocupacionales, como pertenecientes a un determinado sector laboral
Y social. Además, se los considera colectivamente. No se habla de
ciudadanos, de individuos que habrían ejercido su derecho y su deber
de votar, sino de los integrantes de una fuerza colectiva. Y, en efecto,
lo eran: grupos movilizados para la ocasión, huestes disponibles tanto
para la emisión del voto como para la otra cara de la lucha electoral,

la de la violencia. 16 Así anunciaba La Tribuna, con evidente ironía, el
advenimiento de un día de elecciones en 1864:

13

. .
Carlos Heras se re~ere aquí a las elecciones municipales de 1863 y a las que se
hi~ero~ en 1~ para elegir representantes a la legislatura provincial. Véase su "Un
agnado ,loe. cu., p. 80y "Las elecciones", loe. cit., p. 74.
~ La _Tribuna, l abril 1864.
Julio Costa, Entre dos batallas, Talleres Gráficos Mario, Buenos Aires 1927
P·_192. Véase también Félix Annesto, Mitristas y alsinistas (1874), Sudestada, Buen~
Aires, 1968, pp. 15-22.

52

El día de hoy tan esperado como en el que se fuera a dar una gran batalla
ha llegado por fin. Los timoratos no asomarán las narices fuera de las
ventanas de sus casas, esperan revoluciones, incendio, invasiones de
salvajes, asesinos que por placer sembrarán de cadáveres las calles,
antropófagos insaciables, y el infierno, en fin, reventando por cada atrio
de iglesia en una boca.17
El párrafo sugiere la violencia, pero también el juego. Se trataba
de una violencia controlada, cuyos límites estaban fijados de antemano, como en un juego. El escenario era cerrado (el atrio y espacios
vecinos), el objetivo era exclusivamente ganar y mantener una posición ("ampararse" de las mesas), los participantes estaban definidos
de antemano, todo se resolvía en un día y muy raramente había
víctimas fatales. Las jornadas electorales tenían todas las características de las jornadas de guerra, pero de una guerra vacía de carga
dramática, que los contemporáneos encaraban con espíritu casi deportivo.18
Todo esto sugiere una organización meticulosa. Durante estas
dos décadas, dos facciones políticas -el nacionalismo y el autonomismo - se disputaban el poder elección tras elección, dirigidas por
dos figuras prominentes de la elite política de Buenos Aires. 19 Estas
facciones fueron desarrollando un sistema muy particular de funcionamiento electoral. Apoyados en el control del Estado (delos distintos resortes de la administración pública nacional, provincial y municipal) formaron clientelas integradas en sus bases por los trabajadores
menos calificados, empleados en las reparticiones públicas o en empresas vinculadas con el Estado y dirigidas por caudillos ubicados en
diferentes escalones de la jerarquía laboral y política.
No resulta claro cómo se establecía la relación entre trabajadores, Estado y partidos. Es posible que el control del Estado diera
buenas posibilidades a una facción para reclutar empleados y conver16
Prácticamente todos los trabajos que se refiere)\ a las prácticas electorales en
este JK'.riodo subrayan su carácter violento.
11
La Tribuna, 14 febrero 1864. La Tribuna era un diario estrechamente ligado al
Partido Autonomista, dirigido por Adolfo Alsina.
18
Cfr. Sabatoy Palti, "lQuién votaba en Buenos Aires?" e Hilda Sabato, "El atrio
Yla plaza: dos ámbitos de participación polftica en Buenos Aires, 1850-1890. Notas
exploratorias", ponencia inédita presentada en las Jornadas Buenos Aires moderna:
historia y perspectiva urbana (1870-1940), realizadas en Buenos Aires en mayo de 1990.

53

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

tirios en votantes, y que a su vez el empleo fuera otorgado con
preferencia a los partidarios. En los periódicos de la época abundan
las acusaciones en ese sentido.w Pero no se trataba simplemente de
canjear un puesto por un voto. No bastaba con que un partido
accediera al aparato oficial para que tuviera de inmediato el control
de todas las actividades oficialmente bajo su esfera de influencia.
Además, la movilización de hombres era organizada y se realizaba de
manera colectiva, no individual. Esto requería mecanismos de dirección y encuadramiento que probablemente estuvieran vinculados con
las formas de organización laboral. Capataces y encargados actuaban
con frecuencia como caudillos políticos y constituían eslabones clave
en el reclutamiento de trabajadores/militantes.21 Finalmente, es probable que las relaciones entre las cabezas partidarias, los dirigentes
que habían sabido construirse una clientela electoral administrando
un empleo desde algún rincón de la administración y los caudillos
surgidos de las filas populares que tenían a su cargo el manejo de sus
bases mismas hayan sido de carácter muy complejo, cimentadas en
lazos de patemalismo, lealtad y deferencia muy difíciles de analizar.
En cambio, es fácil ver que estos votantes están muy alejados de
la imagen del ciudadano poseedor de derechos políticos, miembro de
la clase de "los mejores", y que un sistema político asentado sobre
esas bases debía distar bastante del modelo clásico de una república
restrictiva apoyada en el principio de la representación de los sectores
pnvilegiados de la sociedad, modelo que muchas veces se ha tomado
para explicar la organización política argentina antes de 1912. Tampoco parece ajustarse al modelo tradicional de representación colectiva propia de sociedades de antiguo régimen. En las zonas rurales y
en las regiones más tradicionales del país, los resultados de los
procesos electorales podían corresponder al peso relativo de los
distintos sectores de la elite social y económica, que controlaban
políticamente a "su gente" a través de complejos lazos de clientelismo.22 Pero en una ciudad como Buenos Aires, día a día se ampliaba

el espectro de sectores urbanos (burgueses y populares) no encuadrados en las viejas redes patemalistas. Al mismo tiempo, las facciones
políticas operaban con relativa autonomía con relación a los sectores
de poder económico y social. Fueron estas facciones las que montaron
una organización basada en la movilización de sus propias clientelas,
cuyo voto se hizo posible precisamente como consecuencia de la
vigencia del sufragio universal. De esta manera, las elecciones se
peleaban y ganaban según pautas que no correspondían a las de una
sociedad de antiguo régimen.
Esta descripción de las prácticas electorales porteñas no se ajusta
ni al modelo de república restrictiva ni al de sociedad política tradicional. Sin embargo, es probable que ello no sorprenda a nadie que
haya explorado la historia de casi cualquier sistema político del siglo
XIX. Existe un corpus importante de trabajos que analizan las formas
concretas de desarrollo de la ciudadania política en los diferentes
países de Europa y en Estados Unidos. En el caso de América Latina,
en los últimos años se han hecho esfuerzos en la misma dirección.
Ellos muestran que la constitución de una ciudadanía política siguió
diferentes caminos en distintas sociedades, pero en casi todas ellas se
reitera una pauta semejante de prácticas electorales caracterizada por
la manipulación del voto, el fraude, la acción violenta de los participantes, el clientelismo. Sin embargo, lo que se destaca en la mayor
parte de los ejemplos conocidos es el papel que esas prácticas electorales desempeñaron en la organización de redes políticas cada vez
más inclusivas, a partir de las cuales se fue conformando una ciudadanía política efectiva dentro de los límites de la ciudadanía legal.23
En la ciudad de Buenos Aires, sin embargo, las elecciones no
parecen haber cumplido esa función. Esto no quiere decir que no
fueran importantes. Por el contrario, cumplían un papel decisivo
como sistema establecido y aceptado para la renovación de autoridades, que debía garantizar la sucesión relativamente pacífica en los
distintos niveles de los poderes públicos. En Buenos Aires, en los años
que siguieron a la caída de Rosas, las elites políticas buscaron diseñar
un sistema electoral que, además de adecuarse a los principios democráticos establecidos por la Constitución nacional, abriera un camino
para la resolución controlada y relativamente "civilizada" de los

19

Adolfo Alsina dirigía el Partido Autonomista y Bartolomé Mitre el Partido
Nacionalista. La mejor historia politica del periodo se encuentra en Tulio Halperin
Donghi, Proyecto y construcción de una nación (Argentina 1846-1880), Biblioteca de
Ayacucho, Caracas, 1880.
20
Véanse, por ejemplo, los ejemplares del diario La Tribuna correspondientes a
los meses de enero y febrero de 1864, donde se denuncia la discriminación laboral en
la Aduana de Buenos Aires.
~ Sa~ato y Palti, "lQui~n votab~ en Buenos Aires?", loe. ciL
Existen escasos trabajos refendos a las prácticas electorales en el interior del

54

país. Constituye una excepción el artículo de Gcrrnan Tjarks: "Las elecciones salteñas
de 1876 (un estudio de fraude electoral)", Anuario del Departamento de lfütoria de la
Universidad de Córdoba, núm. 1, 1963, pp. 417-475.
23 Véanse los artículos incluidos en el mencionado número de la revista Quademi

Storici.

55

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

conflictos entré las elites. No fueron enteramente originales en la
solución que encontraron. Ya en la década de 1820 las facciones
políticas que competían por los cargos de gobierno peleaban y ganaban las elecciones a partir de la movilización de clientelas populares,
cuyo acceso a las urnas estaba permitido por la vigencia del sufragio
universal.24 El régimen instaurado en la década del treinta cambió las
reglas del juego y las elecciones se convirtieron en un mecanismo
plebiscitario de confirmación en el poder de Juan Manuel Rosas y sus
hombres. Después de su caída, las elites analizaron lo que consideraban la experiencia pionera de los años veinte, retomaron algunos
métodos y prácticas que habían sido ensayados entonces, y perfeccionaron un sistema que fue eficaz durante algún tiempo. Pero mientras
en su origen la participación de ciertos sectores de las clases populares
en las elecciones formó parte de una movilización mayor desatada
por la revolución y las guerras de Independencia, en las décadas de
1860 y 1870, la participación electoral involucraba a sectores cada vez
más minoritarios y marginales, y menos representativos del conjunto.
En consecuencia, las prácticas electorales terminaron convirtiéndose
en instrumentos internos del juego político, que no funcionaban como
mecanismos de mediación con la sociedad civil, ni como formas
significativas de participación.
Esta hipótesis abre el camino a dos problemas diferentes. Por una
parte, si las elecciones fueron un medio muy limitado de participación
política, lse desarrollaron otras formas de participación durante estas
décadas? Por otra parte, lcómo se daba la coexistencia entre estas
prácticas electorales y "la ficción de la representación"?25 En lo que
resta de este artículo se explorará la primera de estas cuestiones,
aunque en las conclusiones también se hará alguna referencia a la
segunda.

historiografía argentina ha interpretado este silencio como un síntoma de indiferencia política por parte de una sociedad compuesta
principalmente por inmigrantes más interesados en "hacer la América" que en participar en la vida política del país.26 Es posible, sin
embargo, proponer otra lectura de esta aparente indiferencia. Para
la mayor parte de la gente el voto no resultaba atractivo porque no
parecía significar demasiado. La noción de representación era muy
abstracta. Además, nadie consideraba el voto como un privilegio ni
como una forma efectiva de ejercer presión directa sobre las autoridades. Esto seguramente ocurría también en otros países, pero en la
mayor parte de los casos conocidos, la constitución de la ciudadanía
política fue precisamente un proceso gradual a través del cual se fue
construyendo la noción de representación, y las prácticas electorales
cumplieron en este sentido un papel fundamental.27 No fue el caso
de Buenos Aires donde, como se ha visto, las elecciones fueron una
práctica interna a la dinámica de las facciones políticas.
En este contexto, durante estas décadas la población de Buenos
Aires encontró otras maneras de actuar en la escena política, más
efectivas que el ejercicio del derecho a voto. Se desarrollaron así
diversos mecanismos de vinculación entre la sociedad civil y el poder
político, mecanismos que servían a distintos sectores de la sociedad
para incidir en el terreno político sin la mediación del voto. En ese
sentido, lo característico de este periodo fue la formación de una
esfera pública que se constituyó en un ámbito clave de participación
política. No fue el único, por cierto. Las elecciones eran, en cierta
forma, una vía de participación para un sector cada vez más marginal

Ciudadanía y participación política

Durante todos estos años de sufragio universal pero limitado, no se
escucharon reclamos por la inclusión en el juego electoral procedentes de la sociedad civil. Como un eco de las voces del siglo XJX, la
24

Sobre las prácticas electorales en la década de l820, véase Tulio Halperin
Donghi, Revolución y guerra e Historia argentina, ops. cits.
25
La expresión pertenece a Edmund Morgan. Cfr. su Inventing the people, Londres y Nueva York, 1988, que analiza con maestría "el surgimiento de la soberanía
popular en Inglaterra y Estados Unidos".

56

26 Una revisión de la bibliografía que ha sosteaido esta interpretación se encuentra en I Iilda Sabato y Ema Cibotti, "Hacer política en Buenos Aires; los italianos en la
escena pública porteña, 1860-1880", Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana, Dr. E. Ravignani, 3a. serie, núm. 2, primer semestre de 1990, pp. 7-46. Este
artículo, junto con otros trabajos recientes, ha comenzado a cuestionar esta interpretación analizando la participación política de los inmigrantes. Cfr. Silvia Cragnolino,
"Política, facciones y participación política en Santa Fe y la crisis del régimen oligárquico", Anuario 12, Escuela de Historia, Universidad de Rosario, 1987, pp. 423-446;
Marta Bonaudo, Silvia Cragnolino y Elida Sonzogni, "Discusión en tomo a la participación política de los colonos santafesinos. Esperanza y San Carlos (1856-1884)",
Estudios Migratorios Latinoamericanos, núm. 9, 1988; Eduardo Míguez, "Política,
participación y poder. Los inmigrantes en las tierras nuevas de la provincia de Buenos
Aires en la segunda raitad del siglo XIX", Estudios Migratorios Latinoomericanos, núms.

6-7, 1987.
21 Cfr., entre otros, Morgan, op.

cit., y los trabajos incluidos en el número citado

de Quadenú Storici.

57

�Ciudadanía y participación política
de la población. Estaba también la actividad partidaria, que no se
reducía al ejercicio del derecho a voto ni estaba limitada a aquellos
que votaban. Asimismo, persistían formas más tradicionales de relación entre quienes estaban en el poder y sectores más amplios de la
sociedad. Pero la formación de la esfera pública constituyó un dato
nuevo en esa ciudad que estaba rápidamente adquiriendo los rasgos
de una ciudad burguesa por excelencia.

La formación de la esfera pública

La formulación de esfera pública propuesta por Jürgen Habermas ha
resultado de utilidad para analizar la vida política de Buenos Aires.
Él ha definido a la "esfera pública burguesa[...] sobre todo como la
esfera de las personas privadas que reunidas forman un público" con
el propósito de entablar con el Estado "un debate sobre las reglas
generales que gobiernan la esfera -básicamente privada pero públicamente relevante- del intercambio de mercancías y el trabajo
social".28
Según Habermas, desde el punto de vista histórico la formación
de la esfera pública constituye un desarrollo clave en el proceso de
construcción de las sociedades burguesas. Por otra parte, teóricamente, la esfera pública es el espacio en el cual los ciudadanos deliberan
e interactúan discursivamente, y donde la autoridad del argumento
racional predomina sobre cualquier otra, por ejemplo, sobre la que
pudiera emanar de las jerarquías sociales. Es un ámbito en el que,
cumplidos los requisitos de admisión -educación y propiedad - , las
personas se relacionan entre sí como "iguales". Finalmente, en palabras de Nancy Fraser, es "un mecanismo institucional para 'racionalizar' la dominación política haciendo a los Estados responsables ante
[parte de) su ciudadanía".29
Tanto las formulaciones de Habermas como algunos de los comentarios críticos30 que ha despertado su trabajo, constituyen un
28

Jürgen Habermas, The strucniraluansformation ofthe public sphere, Cambridge,
Mass., 1989, p. 27 (traducción mía). Existe una edición en castellano de este libro,
Ediciones Gili, México, 1981, pero la traducción es poco clara, de manera que be
preferido utilizar la versión inglesa.
29
Nancy Fraser: "Rethinking the public sphere: a contnoution to the critique of
actualityex:isting democracy", Social Tert, 25/l6, 1990, p. 59 (traducción mía).
30
Los trabajos más útiles en este caso han sido: Fraser, "Rethinking the public
sphere"; Joao Landes, Women ami the public sphere in the age ofthe french revolution,

58

Hilda Sabato
productivo punto de partida teórico para analizar el desarrollo de un
espacio de mediación entre sociedad ci~ y sistema d~ poder en
Buenos Aires. Durante las décadas estudiadas, era habitual en ese
espacio la intervención de grupos y sectores dive~os para_ expre~ar
opinión o presionar por sus intereses de manera directa, ~m mediaciones políticas pero traduciendo reclamos y posturas particulares ~n
términos del juego político local. A su vez, desde el poder se atendía
a las señales que provenían de ese espacio, que fue convirtiéndose en
una fuente de legitimación para la acción política
.
Tres aspectos de la vida de la ciudad pueden interpretarse como
síntomas de este proceso: la expansión de la prensa escrita, el surgimiento de la actividad asociativa y el desarrollo de una verdadera
"cultura de la movilización". La prensa escrita y las asociaciones
fueron medios para actuar en la esfera pública, a la vez que instancias
decisivas en el proceso de su conformación. Ellas fueron, además,
parte activa en la gestación de un conjunto de prácticas que fundaron
toda una cultura de la movilización.
La expansión de la prensa escrita en Buenos Aires fue espectacular en los años que siguieron a la caída de Rosas. Varias decenas
de diarios y periódicos se publicaban en las décadas de 1860 y 1870.
Los más de ellos tenían corta vida, pero existieron publicaciones que
sobrevivieron muchos años. No es fácil dilucidar los motivos que
llevaron a los editores a realizar el esfuerzo de producir esas publicaciones, ni tampoco detectar quiénes habrán sido sus lectores. Es claro,
sin embargo, que ellas se constituyeron en un instrumento insoslayable para quienes aspiraban a tener alguna influencia en la vida
política. Los dirigentes políticos argentinos tenían en general prensa
propia y cultivaban cuidadosamente la relación con uno o más periódicos de la ciudad. Los editores, por su parte, necesitaban de sus
padrinos políticos para sobrevivir financieramente y, por lo tanto, no
desdeñaban la relación con el mundo de los políticos.31
lQuién constituía el público para esta prensa? Una creciente
ampliación del espacio de debate público parece haber sido una
característica del Buenos Aires posterior a Caseros. Si bien es difícil
saber cuáles fueron sus alcances y sus límites, es obvio que incorporó
Ithaca, Nueva York, 1988; Bemard Manin, "La conception de l'opinion publique", ea
"Opinion publique et démocratie", París, 1987 (edición mimeografiada del CNRS);
Oskar Negt y AJexander Kluge, Oeffentlichkeit und Erfahrung: zur Organimtionanalyse
von bürgerlicher und proletarischer Oeffen1lichkei1, Franlcfurt, 1972.
31 Tulio I lalperin Donghi ha analizado el funcionamiento de esta prensa periódica
enlosé Hemández y sus mundos, Buenos Aires, 1985.

59

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

a sectores que no circulaban por los ambientes estrechos - aunque
no clausurados- de las elites políticas e intelectuales locales. Surgimiento lento pero sostenido de una opinión pública que sería modelada, a la vez que cortejada, por la prensa escrita.32
Muy pronto, pues, tener un diario fue una necesidad no solamente para los dirigentes y aspirantes a dirigentes políticos, sino para
cualquier persona o grupo que quisiera tener presencia pública,
presionar por sus intereses, defender una opinión. Así por ejemplo,
las dirigencias de las colectividades inmigrantes percibieron rápidamente el papel que podía jugar la prensa escrita y contribuyeron a
incrementar su importancia. Desde muy temprano fundaron sus
propios diarios y periódicos que se proponían representar los intereses y las opiniones de los inmigrantes, pero fueron además instrumentos decisivos en la lucha librada por esas dirigencias en el proceso de
construcción y control de sus comunidades. Por otra parte, esas
publicaciones constituyeron un medio de expresión política más general, y es fácil ver que fueron activos participantes en los debates
públicos que tuvieron lugar por entonces en Buenos Aires. En ese
sentido, su actitud no era meramente pasiva, informativa; ellos producían opinión, contribuyendo así a dar forma a la esfera pública.33
Con frecuencia, estos diarios y periódicos estaban vinculados al
segundo tipo de institución que se ha mencionado, las asociaciones.
Los estudios sobre sociedades de ayuda mutua y más en general sobre
asociaciones organizadas por las colectividades inmigrantes han proliferado en los últimos años. En la mayor parte de estos trabajos,

aunque se muestra a las instituciones en cuestión jugando papeles
muy diversos, se las piensa centralmente, como baluartes de etnicidad.34 Desde la perspectiva de este artículo, las asociaciones pueden
analizarse con una óptica algo diferente.
En primer lugar, la creación de asociaciones no era privativa de
las colectividades inmigrantes. Durante todos estos años, grupos
diversos en diferentes lugares organizaban este tipo de instituciones
con propósitos de protección colectiva, ayuda mutua y defensa de
intereses y opiniones conjuntas.35 En segundo lugar, cualquiera que
fuera su origen, su composición y sus fines, en general estas asociaciones actuaban también como mediadoras en relación con el Estado.36 Por tanto, aunque trabajaban centralmente en el ámbito de la
sociedad civil, también formaban parte de la compleja red de instituciones que vinculaban a la sociedad civil con el poder político.
La prensa y las asociaciones fueron asimismo parte activa en el
desarrollo de la cultura de la movilización. La forma habitual de
expresar una opinión o un reclamo era a través de una declaración o
petitorio escrito, que se circulaba para la firma. La acción colectiva
culminaba generalmente en un mitin público o, en algunos casos, en
una concentración masiva. Estas prácticas eran promovidas por dirigentes de las colectividades extranjeras, de agrupaciones políticas o
de grupos de interés, y en general contaban con el apoyo de institu-

32

El papel de la prensa en la formación de la esfera pública y de una opinión
pública en diferentes sociedades ha sido extensamente analizado en trabajos recientes.
Véanse, por ejemplo, Jack Censer y Jeremy Popkin, Press and politics in revolutionary
France, Berkeley, 1987; Hugh Gough, The newspaper press in the french revolution,
Londres, 1988; Mona Ozouf, "L'opinion publique", en Keith Baker (comp.), The french
revolution andthe creation ofnwdem politica/ culture, 3 vols., Oxford, 1987, vol. l; Daniel
Moran, Toward the cenrury ofwords. Joham Cella and 1he politics ofthe public realm in
Germany, 1795-1832, Berkeley, 1990.
33
Las referencias a la prensa étnica abundan en la bibliografía dedicada a las
colectividades inmigrantes en Argentina. Desde el punto de vista de este artículo, el
trabajo de Ema Ciboni ha sido particularmente útil. Cfr. su "Mutualismo y política. Un
estudio de caso. La Sociedad Unione e Benevolenza en Buenos Aires entre 1858 y
1865", en Femando Devoto y Gianfausto Rosoli (comps.), L 'Italia ne/la societa argentina, Roma, 1988, y la "La elite italiana de Buenos Aires: el proyecto de nacionalización
del 90",Anuario 14, Escuela de Humanidades, Universidad de Rosario, 1990. Véase
también Beatriz Guaragna y Norma Trinchitella, "La revolución de 1880 según la
óptica de los periódicos de la colectividad italiana" presentado en las Jornadas sobre
Inmigración, Pluralismo e Integración, Buenos Aires, I 984.

60

34 Desde este punto de vista son particularmente relevantes los trabajos de Samuel
Baily. Véase, entre otros, "Las sociedades de ayuda mutua y el desarrollo de una
comunidad italiana en Buenos Aires, 1858-1916", Desa"olloEconómico, vol. xx:1, núm.
84, 1982. Buena parte de los artículos más recientes sobre asociaciones de inmigrantes
puede encontrarse en la colección de la revista Estudios Migratorios Latinoamericanos,
editada en Buenos Aires, y en los volúmenes compilados por Devoto y Rosoli, L 'Italia
ne/la societa argentina, ya citado, y La inmigración italiana en la Argentina, Buenos Aires,

1985.

35 No existen estudios sistemáticos de estas asociaciones. Su existencia, sin embargo, aparece mencionada una y otra vez en los diarios y periódicos de la época. Las
asociaciones de médicos, farmacéuticos y otros profesionales eran de las más activas, ·
como también parecen haberlo sido las que reunian a los dueños de negocios de
comercio de la ciudad. Asimismo, comenzaron a surgir sociedades de ayuda mutua
organizadas por grupos de trabajadores, como lo destaca Ricardo Falcón en Los
orfgenes del mcvimiento obrero (1857-1899), Buenos Aires, 1984.
36 Véanse, en particular, los trabajos citados de Ema Cibolli. También Femando
Devoto, "Las sociedades italianas de ayuda mutua en Buenos Aires y Santa Fe. Ideas
y problemas", Studi Emigrazione, vol. XXI, núm. 75, 1984, y Femando Devoto y
Alejandro Femández, "Asociacionismo, liderazgo y participación de dos grupos étnicos
en áreas urbanas de la Argentina finisecular. Un enfoque comparado", en Devoto y
Rosoli (comps.), L'Italia nella societa argentina.

61

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

ciones que, como la prensa y las asociaciones, contribuían a organizar
el evento. Los propósitos de estas acciones podían ser de diversa
índole, pero su objetivo principal era mostrar cuánta adhesión lograba concitar una causa.
Una de las manifestaciones más importantes de la época tuvo
lugar en 1878, y se organizó para protestar contra la imposición de un
nuevo impuesto a los alcoholes, tabacos y naipes. Es un buen ejemplo
que vale la pena explorar con cierto detenimiento.37

al rrusmo tiempo recomendasen a los 200 comisarios nombrados para
que consagren[...) su celo a fin de hacer reinar el mayor orden".40
Llegó por fin el día del mitin. Las crónicas de la prensa escrita
son elocuentes:

iAbajo los impuestos!
Hacia fines de 1878 el gobernador de la provincia de Buenos Aires
envió a la legislatura local un proyecto de ley estableciendo un nuevo
impuesto al consumo de tabaco, alcohol y naipes. De inmediato, el
"alto comercio" reaccionó solicitando a la legislatura a través de un
petitorio que rechazara el proyecto. A pesar de ello, la disposición
propuesta por el ejecutivo fue sancionada.38 El 14 de diciembre, una
asamblea de "almaceneros al por menor, confiteros, cafeteros, fonderos y cigarreros", designó a una comisión que convocó a una
reunión preparatoria de un "meeting popular" contra los impuestos.
La reunión se realizó al día siguiente en El Pasatiempo y contó con
la presencia de "por Jo menos 4 000 personas".39 Allí se tomaron tres
decisiones: aumentar el número de miembros de la comisión para
incluir a los representantes de los distintos gremios, solicitar al gobernador que vetara la ley y llamar a un mitin para el día 18 en la plaza
Lorea. La gestión ante el gobernador no dio ningún resultado, la ley
fue promulgada y los comerciantes prosiguieron entonces con la
organización de la protesta.
El 17 de diciembre la comisión publicó una proclama dirigida "Al
pueblo. A los minoristas y consumidores", invitándolos a concurrir al
día siguiente al mitin para pedir a la legislatura que suspendiera la
ejecución de la ley. Los diarios reprodujeron la proclama, que también apareció en carteles pegados en las calles de la ciudad y en todos
los comercios. "Nombráronse inspectores de parroquias para que
extendiesen entre los industriales la propagada [...) y encargándoles

Los almacenes, confiterías, cigarrerías, pulperías, restaurantes, se cerraron
todos a las diez de la mañana Un cuarto de hora después veíanse los tranway

atestados de gente, cruzando las calles y las veredas llenas también de
hombres de todos los gremios, que se dirigían a la plaza Lorea.41 [ •••]Treinta
mil personas, por Jo menos, se reunían pacíficamente en la plaza Lorea [...]
Sin exageración podemos decir que se encontraba representado [...] el
comercio minorista en masa La hora fijada para la reunión eran las once
de la mañana. Media hora más tarde, la plaza se encontraba completamente
llena Los grupos ocupaban además las calles de Santiago del Estero,
Victoria, San José y Lorea [...] Dos bandas de música se alternaban en la
ejecución de diversas piezas que aumentaban el entusiasmo de aquella
inmensa masa de gente. Los comisionados para dar la colocación de los
grupos andaban de un lado a otro[...] Allanadas todas las dificultades que
ofrece la formación para la marcha de una reunión tan numerosa se dio la
sefial de partida. Eran las doce del día. 42
Para el diario de la colectividad italiana La Patria, los asistentes
fueron italianos, franceses, españoles, ingleses, alemanes, "cincuenta
rru) personas de todas las lenguas, de t&lt;&gt;das las razas", representantes
de todas las gamas del comercio.43
Hasta aquí, la primera etapa del acto. Luego de la convocatoria,
la concentración. El primer dato que impresiona es el número. Aunque las cifras de asistencia estén sobreestimadas, de todas formas se
trata de cantidades significativas para una ciudad que entonces tenía
unos trescientos mil habitantes. También es interesante la participación masiva de los inmigrantes, la mayor parte de ellos pequeños
comerciantes, hombres (ly mujeres?) vinculados a distintas ocupaciones y profesiones.44 Por otra parte, llama la atención la organización del evento y la capacidad de movilización demostrada. Todo
parece previsto: la comisión se ocupó de dar las instrucciones para
que todo funcionara sin inconvenientes pero, además, pidió la cola40

He seleccionado este hecho entre varios ejemplos de acción pública detectados
en las décadas de 1860 y 1870 porque puede considerarse paradigmático.
38
La Nación, 10 diciembre 1878.
39
La Nación, 15 y 17 diciembre 1878.

La Prensa, 18 diciembre 1878.
El Porteño, 19 diciembre 1878.
42
La Nación, 19 diciembre 1878.
43
La Patria, 19 diciembre 1878.
44 El papel de los inmigrantes en este suceso ha sido analizado en Sabato y Cibotti,
"Hacer política.en Buenos Aires", loe. cit.

62

63

41

37

�I

Ciudadanía y participación política

boración de la policía y contrató a doscientos inspectores para asegurar el orden. Se deduce de los testimonios que la gente se organizaba
por grupos, que ocupaban lugares prefijados en la plaza. Ésta, por su
parte, era el punto de referencia para la reunión, pero no sería el lugar
definitivo de la misma. En efecto, a las doce, se dio la señal de partida.
lHacia dónde? Sigamos la crónica de los hechos:
La manifestación salió de la plaza tomando la calle Victoria. Abrían la
marcha varios comisarios de policía al frente de un piquete de gendarmes
de a caballo. Los manifestantes llevaban banderas de todas las nacionalidades, dos bandas de música y varios estandartes con las siguientes inscripciones: Igualdad para todo.s. Protección a la industria Equidad en los impuestos. Vivan los gremios unidos. Economía en los gastos. Nivelar los
presupuestos. Orden y legalidad. Protección al trabajo. Viva la libertad de
reunión. Honor a los defensores del pueblo. Justicia a nuestro pedido. La
unión hace la fuerza. Labor y economía Igualdad ante la ley. Honor, patria
y libertad. Viva el comercio honrado. La policía rechaz.ó un estandarte que
tenía la siguiente inscripción: iAbajo los impuestos!45
He aquí un rosario de consignas. Algunas se referían al tema
puntual de los impuestos o a cuestiones que aparecían vinculadas al
problema impositivo, como la de "protección a la industria". Otras
eran obviamente críticas de la política económica global en marcha,
que entonces estaba siendo cuestionada desde distintos flancos. Un
tercer grupo invocaba valores más generales como orden, legalidad,
patria, etc., asociando así un problema puntual con esos principios
que nadie podía cuestionar. Y finalmente, algunos carteles se referían
al evento mismo de la protesta, como aquellos que proclamaban "La
unión hace la fuerza" o "Vivan ]os gremios unidos". El tono general
es sin duda prudente y no se observan acusaciones personales a
funcionarios o miembros del gobierno, que en cambio abundaban en
los artículos periodísticos. Es cierto que el cartel más enfático fue
prohibido por la policía, pero de todas maneras, tanto el tono de las
consignas como la insistencia en el orden sugieren que los organizadores se esforzaban por subrayar el carácter moderado del encuentro.
Probablemente ésta haya sido una manera de responder a las prevenciones que en ese momento despertó el mitin, entre quienes lo veían
como un peligroso antecedente que podía ser utilizado por el socialismo internacional y derivar en "rebelión".46
◄S La Nación, 19 diciembre 1878.
Véase, por ejemplo,La Tribuna, que por entonces era oficialista

46

64

Hilda Sabato

Continuemos con la crónica:
La manifestación se puso en movimiento[...] por la calle de la Victoria.
Ocupaba varias cuadras literalmente llenas de pared a pared, y en el

camino se le unían grupos que llegaban de todos lados. Los gritos de
iViva el comercio! iViva la libertad! iViva el pueblo!, etc., etc., se
repetían a cada momento en medio de los acordes de la música y del
palmoteo de los transeúntes concurrentes. La manifestación llegó a la
calle de Maipú, tomando por ésta en dirección de la plaza San Martín.
Después de 20 minutos de marcha, más o menos, entró a la plaza
mencionada.47
Según el diario El Porteño,
Héctor Vareta, del brazo del doctor Cittadini y seguido por varios otros
amigos, entró a la calle Victoria para ir a la plaza[...] Todas las awteas,
ventanas, balcones y hasta los techos de las casas, estaban apiñadas de
gente que, al pasar aquella estupenda procesión de cuarenta mil almas,
los aplaudían y en muchas partes, arrojaban 0ores.48
Llegan así a la Plaza San Martín:
Delante de la estatua del general San Martín se había colocado una mesa
destinada a los oradores[. ..] El señor José Ghigliassa, presidente de la
comisión directiva, subió a la improvisada tribuna [...] Anunció que el
señor Daumas iba a dar lectura de la petición que la comisión pondría
en manos del presidente de la Cámara de Diputados[...] Terminada la
lectura de este documento [...] la comisión directiva subió en dos
carruajes y se dirigió a la legislatura [...] Una parte del pueblo reunido
en la plaza tomó idéntica dirección con el objeto de ganar buen lugar en
la barra[...] Entre tanto, ocupaban la tribuna popular en la Plaza San
Martín, un joven Vega y el redactor de La Patria, Basilio Cittadini [... ]
Ambos se expresaron convenientemente, recibiendo los aplausos de la
concurrencia.49
Mientras tanto, la comisión llegó a la legislatura a la una de la
tarde y allí Héctor Vareta pidió que el petitorio pasase a la comisión
47

La Nacién, 19 diciembre 1878.
El Porteño, 19 diciembre 1878, diario de Héctor Varcla. Varela era diputado y
jugó un papel importante en todo este evento. Actuó como vocero de los comerciantes
durante los debates iniciales de la ley, intentando cambiar su contenido, y luego se
vinculó de manera directa con la protesta.
49
La Nadón, 19 de diciembre de 1878.
48

65

�\

Ciudadanía y participación polúica

Hilda Sabato

de presupuesto, moción que fue aprobada. Luego la comisión volvió
a la plaza para informar a la gente del resultado. La multitud responde
con aplausos y "vivas", el mitin se da por terminado y los grupos se
desconcentran en orden. Unos días más tarde el gobierno anunció
que había cedido a las presiones públicas y que el impuesto sería
suspendido.
Las escenas de esta movilización muestran una multitud ordenada y organizada, convocada en tomo a una causa por un grupo de
dirigentes muy eficientes. Entre éstos se encontraban, en primer
término, los dirigentes surgidos del seno de los distintos gremios del
comercio, que integraron la comisión directiva y liderearon la protesta, organizando y movilizando a sus bases. En segundo lugar, pero
ocupando una posición muy destacada, estaban también algunos
personajes conocidos en la ciudad por su actividad pública, como
Basilio Cittadini y Héctor Varela, entre otros de su tipo. Cittadini era
el director del diario de la colectividad italiana La Patria y tenía
influencia entre los de su origen, además de una presencia destacada
en la vida pública local. Varela era un político menor en el concierto
nacional pero su figura era popular en Buenos Aires, especialmente
entre los sectores medios de la ciudad, y tenía gran ascendiente en la
colectividad italiana. La presencia de estas figuras conocidas entre la
población urbana, con predicamento entre quienes formaban en las
filas de los sectores medios en expansión, contribuía a dar atractivo a
la convocatoria, que recogía así adherentes y aplausos de diversos
orígenes. Finalmente, la dirigencia de las colectividades inmigrantes
tuvo un papel activo en la organización de la protesta. Sus principales
periódicos (La Patria, L'Operario, El Co"eo Español, entre otros)
convocaron a la gente a las reuniones y a la concentración, publicaron
la proclama de la comisión y cubrieron en detalle todo el evento. El
despliegue de banderas de diferentes naciones indica que también las
asociaciones étnicas actuaron de manera importante en la movilización de la gente.
Los diarios jugaron también otro papel: interpretaron el evento
para el público. Las descripciones que se han citado no son, por lo
tanto, neutrales. Los periódicos tomaron posición con respecto a la
protesta y el propósito de las crónicas no era solamente el de informar
a sus lectores, sino también el de brindar una determinada imagen de
tod~ el evento.50 Más aún, la prensa contribuyó a su impacto político,
un impacto no siempre logrado por la acción del público.

1878 fue un año de realineamientos políticos. Los dos partidos
tradicionales experimentaron fracturas y renovadas alianzas. En esa
atmósfera cargada, la protesta contra los impuestos tuvo una fuerte
repercusión en los círculos políticos porteños. Los diarios jugaron un
papel importante en este sentido, traduciendo ese conflicto particular
en términos políticos y vinculándolo a problemas más generales, cada
uno de acuerdo con sus simpatías y preferencias. Los diarios de
oposición al gobierno provincial, como El Porteño, La Patria y La
Prensa, aprovecharon para pedir la renuncia del ministro de Economía y para socavar las aspiraciones del gobernador a la candidatura
presidencial. Otros diarios, como La Nación, acusaban al gobierno
nacional, mientras que La Tribuna estaba totalmente a favor de las
autoridades provinciales y condenaba la protesta en duros términos.
Este despliegue de la prensa local muestra hasta qué punto el episodio
del impuesto adquirió peso político. El momento fue propicio para
esta acción pública masiva y bien organizada, que terminó en un éxito
rotundo.

50

Nuestra descripción del evento se apoya enteramente en esta imagen. Si bien

66

¿una esfera pública burguesa?

Las asociaciones, la prensa periódica, la cultura de la movilización:
ellas pueden interpretarse desde el punto de vista de la construcción
de una esfera pública burguesa. Fueron instancias de mediación entre
el poder político y sectores de la sociedad civil, en particular los que
conformaban esa franja nueva y heterogénea, producto del rápido
proceso de modernización. lPor qué, entonces, burguesa? He adoptado el calificativo de Habermas porque, en Buenos Aires, la organización de las instituciones que conformaron la esfera pública estuvo
básicamente en manos de elementos burgueses y pequeñoburgueses,
que atrajeron a otros sectores de la sociedad a ese nuevo escenario
de acción. La confluencia de estos elementos dirigentes y su capacidad para convocar y movilizar a las bases sugieren la existencia de
redes de vinculación y organización muy desarrolladas en el seno de
la ~ociedad civil. El público que fue formándose no fue, por cierto,
homogéneo, pero actuaba de manera coherente y unificada en la
esfera pública. Esto no quiere decir que en Buenos Aires no hubiera
no se observan dücrencias de fondo entre los distintos periódicos cuando describen la
protesta, si existen en cambio perspectivas diferentes. En este caso, en lugar de subrayar
esas diferencias, se ha destacado lo que tienen en común.

67

�Ciudadanía y participación política

Hilda Sabato

conflictos sociales, pero la esfera pública todavía no se había convertido, como lo haría más tarde, en "un campo de competencia de
intereses, competencia que asume la forma del conflicto violento".51
La esfera pública porteña no funcionaba como un espacio estrictamente igualitario. Si bien quienes confluían en tomo a una causa
común o a una identidad compartida dejaban de lado sus diferencias
en otros terrenos convirtiéndose en cierto sentido en "iguales", producían a su vez sus propias jerarquías: estaban quienes decían los
discursos y quienes los escuchaban, quienes escribían en los diarios y
quienes los leían, quienes organizaban los eventos y quienes asistían
a ellos. Oradores, periodistas y organizadores eran con frecuencia las
mismas personas, que a su vez controlaban las redes de vinculación y
comunicación sociales. Sin embargo, no se los consideraba como
esencialmente diferentes del resto, y tenían el papel del primus ínter
pares, que debía ratificar sus títulos ,e n cada ocasión. En este sentido,
las reuniones públicas eran momentos ideales para la confirmación
teatral de las jerarquías establecidas. Al pronunciar sus discursos en
la plaza, los líderes buscaban el aplauso de su público, mientras que
éste a su vez esperaba encontrar en ellos la voz que expresara sus
demandas y reforzara sus identidades compartidas (como comerciantes, como consumidores o como "pueblo", según las circunstancias).
lQuiénes eran esos dirigentes? En general pertenecían a los
sectores acomodados de la población, auque no figuraban entre ellos
los miembros de los escalones más altos de la sociedad porteña. Se
encuentra una diversidad de tipos ejerciendo ese papel: el periodista-intelectual, personaje muchas veces vinculado a alguna colectividad inmigrante; el político de segunda fila, que no tenía lugar entre
los poderosos de las facciones; el pequeño cÓmerciante o profesional
menor que buscaba pertenecer a la elite de su comunidad.
En cuanto á las bases - los miembros rasos de las asociaciones,
los lectores de la prensa, los asistentes de mítines y concentraciones - ,
puede ubicárselas dentro de un amplio espectro social que excluía
sólo a los muy ricos y a los muy pobres. Inmigrantes y nativos, hombres
de todas las edades, a veces también mujeres y niños, formaban parte
del público.52 Su convocatoria no tenía connotaciones clasistas. De-

pendiendo de la causa en cuestión, se reconocían como "los consumidores", "los italianos" o "la colectividad española", "los comerciantes" o, más simplemente, "el pueblo". Se trataba, en palabras que
podían haber sido pronunciadas por los contemporáneos, de un
ambiente "respetable". El tono general lo daba la dirigencia: era
moderado, civilizado, carente de toda violencia.53
Ruidosas y coloridas, estas formas colectivas de presión y expresión públicas no tenían un carácter contestatario en relación con la
autoridad del gobierno con el poder político. Los temas que se
ventilaban eran en general aceptables para las elites, aunque no
siempre fueran efectivamente aceptados. Cuándo y por qué algunas
demandas eran aceptadas y otras rechazadas, dependía no solamente
de qué era lo que se demandaba, sino también del contexto político
en que se producía la presión. Así, en momentos de tensión o conflicto
entre las facciones políticas, era más fácil obtener el apoyo de una de
las partes en pugna para la causa esgrimida. Sin embargo, es difícil
generalizar en este sentido, y cada caso requiere de un análisis
específico que explore las causas de su éxito o de su fracaso. 54

La esfera pública y el sistema político

El proceso de construcción de una esfera pública en Buenos Aires no
difiere demasiado del que puede observarse en otros casos. El papel
de la esfera pública en el sistema político local, en cambio, reconoce
algunas singularidades. Tanto teórica como históricamente, la participación en la esfera pública se ha asociado generalmente a una
creciente participación en el sistema electoral, y se considera que
ambos fenómenos concurrieron al proceso de constitución de la
ciudadanía política. En este caso, en cambio, las prácticas electorales
funcionaron como mecanismos internos del sistema político, que
53

Jürgen Habermas, "The public sphere: an encyclopedia article (1964)", New
Gennan Critú¡ue, vol. 3, 1974.
52
No se cuenta con estudios sobre el papel de las mujeres en la vida política y en
la esfera pública. El hecho de que no aparezcan explícitamente mencionadas en las
crónicas de la época, no necesariamente implica que estuvieran ausentes de la vida
publica poneña

la excepción a la regla fue una concentración organizada en 1875 para protestar contra la Iglesia y algunas figuras políticas. En principio similar a otros actos
públicos, culminó en hechos de violencia cuando algunos de 1~ participantes incendia•
ron el Colegio del Salvador, un esta]?lecimiento de enseñanza perteneciente a los
jesuitas. &amp;te resultado era inesperado y alarmó enormemente a los contemporáneos.
FJ acontecimiento ha sido interpretado como uno de los primeros síntomas de un nuevo
tipo de acción política, vinculada a las tensiones sociales crecientes. Cfr. Leandro
Gutiérrez, "El incendio del Colegio del Salvador, 1875: expresión de protesta social",
Buenos Aires, mimeo., s. f.
54
Cfr. Sabato y Qbotti, "Hacer política.", loe. cil.

68

69

51

�Ciudadanía y participación política

Hi/da Sabato

involucraron a unos sectores cada vez más marginales de la población
sin contribuir a la formación de una ciudadanía. Al mismo tiempo, la
esfera pública funcionó como un espacio de mediación entre ciertos
sectores de la sociedad civil y el poder político, y a través de ella una
parte considerable de la población de la ciudad se involucró en
actividades públicas que tuvieron efectos políticos.
Durante algún tiempo, las prácticas electorales fueron un mecanismo eficiente para designar autoridades de manera relativamente
pacífica y respetando el principio de soberanía popular establecido
por la Constitución. Por su parte, otras formas de participación
parecían satisfacer las expectativas políticas de la mayoría de la
población. El consenso relativo de que gozó el sistema político durante veinte años parece haber estado cimentado en esta combinación
de prácticas formales e informales.
La elite política porteña era consciente de la importancia de la
esfera pública en formación. Sus dirigentes desarrollaron una particular sensiblidad hacia la opinión pública y dedicaron crecientes
esfuerzos a conquistar al nuevo público urbano. Desde muy temprano
reconocieron el papel de la prensa, y no solamente apoyaron y
escribieron para sus propios diarios facciosos, sino que cortejaron
abiertamente a la prensa independiente. Hombres como Bartolomé
Mitre, Adolfo Alsina y otros miembros conspicuos de la elite política
local~ nunca dejaban de responder a las invitaciones que les cursaban
las sociedades de ayuda mutua o las asociaciones de inmigrantes para
asistir a sus celebraciones, figurar como miembros honorarios o
pronunciar un discurso en ocasión de sus reuniones. Estos hombres
no estaban, obviamente, buscando votos; la mayor parte de los miembros de estas asociaciones no sólo no votaban, sino que no podían
hacerlo. Buscaban, en cambio, el favor del público. Ocurría en Buenos
Aires lo que Keith Baker ha sugerido para Francia: "Políticamente
[...]la noción de 'público' se convirtió en la base de un nuevo sistema
de legitimidad en una cultura política transformada."55
Sin embargo, la importancia creciente de la esfera pública como
espacio de mediación entre la sociedad civil y el Estado no agotó la
cuestión de la legitimidad. La contradicción entre la retórica republicana de ciudadanía y la representación y las prácticas electorales que
funcionaban como un juego en el interior de las facciones, resultó

cada vez más evidente para algunos miembros críticos de las elites
políticas e intelectuales de Buenos Aires. Aunque ellos habían contribuido a construir esas prácticas, pronto vieron con ojos críticos a
un sistema que tendía a resolver los problemas entre las elites recurriendo a sectores cada vez más marginales de las clases populares.
Les preocupaba también Ja violencia creciente del juego electoral.
Finalmente, la distancia entre principios y prácticas, entre cualquier
definición ideal del gobierno representativo de las entonces en boga
y el sistema vigente, aparecía cada vez más problemática.
Así, en la década de 1870 se comenzaron a formular preguntas
nuevas. lQuiénes votaban realmente en la ciudad? lPor qué la gente
de bien no asistía a los comicios? lA quién "representaban" efectivamente los representantes? Mientras en otros países las leyes permitían solamente la participación de sectores privilegiados de la población en las elecciones y marginaban a las clases populares, en
Argentina parecía estar ocurriendo lo contrario. Una "oligarquía"
política apelaba al voto de clientelas populares para resolver sus
controversias internas, mientras aquéllos a quienes en verdad correspondía involucrarse en la vida pública - los propietarios - sólo
parecían interesarse por sus asuntos privados.56
A estas interpretaciones siguieron propuestas de cambio. Para
algunos, resultaba indispensable constituir una ciudadanía que incorporara a las clases acomodadas, como ocurría en aquellos países que
funcionaban como modelo. Por primera vez en muchos años, se
planteó el tema de los alcances del sufragio y se formularon propuestas para restringir el voto con base en requisitos de propiedad y
calificación, así como para hacerlo obligatorio con el propósito de
asegurar de esa manera la participación de quienes se mostraban
reticentes a cumplir con sus deberes públicos.57 A pesar de estas
discusiones, el sistema no cambió y hasta 1912 el voto siguió siendo
universal (masculino) pero no obligatorio. Ellas revelan, sin embargo,
que la cuestión de quiénes debían serlos votantes había entrado en las
preocupaciones de algunos contemporáneos, y que el problema de la
construcción de la ciudadanía estaba convirtiéndose en un tema de
debate público.
El problema preocupaba centralmente a las ~lites, y sólo ocupaba
un lugar marginal en la consideración del público más amplio, en

55

Keilh Baker, "Politics and public opinion under lhe old regime: sorne reflexions", en Censery Popkin (comps.), Press and politics in pre-revolutionary France,
p. 231.

70

56

Cfr. Actas de la Asamblea Constituyente de la provincia de Buenos Aires Buenos

Aires, 1870-1873,passim.

'

57 /bid.

71

�Ciudadanía y participacwn polúica

general muy aclivo en la expresión de sus opiniones y demandas pero
poco interesado por el voto. Como se ha sugerido antes, la mayor
parte de la población de Buenos Aires encontraba otras vías de
participación de la vida política más efectivas que el ejercicio del
derecho a voto. En la esfera pública no se escucharon reclamos en ese
sentido, por lo menos hasta la última década del siglo.
Esta situación es ignorada por la mayor parte de los trabajos
dedicados a analizar los cambios que experimentó el sistema político
argentino a principios del nuevo siglo. Predomina el criterio de que
la exclusión de la mayor parte de la población de la participación
política, a través de las restricciones al sufragio impuestas por el
régimen oligárquico, produjo una presión creciente desde abajo para
ampliar la ciudadanía. Esta presión popular habría encontrado una
respuesta desde arriba en la Ley electoral de 1912, conocida como
"ley de sufragio universal" (masculino), significaba que no había
limitaciones formales para la participación electoral de los hombres
argenlinos. En segundo lugar, el sistema político que se desarrolló en
Buenos Aires a partir de la década de 1850, basado en el sufragio
universal, paradójicamente no contribuyó a la conslrucción de una
ciudadanía política, restringida o no. En consecuencia, en 1912 el
problema no era cómo ampliar la ciudadanía sino cómo crearla.
Este problema, como vimos, se planteó por primera vez en la
década de 1870 pero no "desde abajo" sino "desde arriba", cuando
algunos miembros de las elites políticas e intelectuales comenzaron a
cuestionar la legitimidad del sistema. El sufragio universal había
significado que cualquiera podía votar, pero hasta entonces nadie
parecía preocuparse por quiénes debían votar, esto es, por la cuestión
de quiénes debían ser los ciudadanos activos de la república. En una
etapa de transformaciones sociales rápidas y profundas, ésta era la
pregunta que realmente desafiaba al sistema y que llevó a algunos
sectores de las elites a criticar las prácticas electorales y las leyes de
sufragio.
Esa pregunta sólo se respondería en 1912. Aunque muchas cosas
cambiaron hacia finales del siglo, la ley electoral de ese año puede
relacionarse con algunos de los problemas surgidos del sistema político desarrollado en las décadas anteriores. Al establecer el voto
obligatorio, la ley definió quiénes debían ser los ciudadanos, y fue un
punto de partida para la construcción de una ciudadanía política. De
allí en más, todos los hombres adultos argentinos habrían de formar
el cuerpo soberano de la república.
La hisloria que acabo de contar para Buenos Aires sugiere, sin
72

Hilda Sabato

embargo, otra perspectiva posible. Es difícil comprender el proceso
desatado por la ley de 1912 como de expansión de un cuerpo existente
de ciudadanos, ampliado gracias a la incorporación de sectores medios y populares antes impedidos de volar. En primer lugar, desde
fecha temprana la vigencia del sufragio universal.

73

�M Bonaudo y E. Sonzogni

Redes parentales y facciones en la
política santafesina, 1850-1900*
Marta Bonaudo y Elida Sonzogni**

La opresión y la corrupción - la corrupción que descendía de las altas
esferas gubernativas y penetraba y se filtraba paulatinamente por así
decirlo en todas las clases sociales, esa funesta corrupción que todo lo
desconciena y aniquila[...]- deja al hombres.in ninguna noción de lo
justo, de lo honesto, de lo lícito, y que haciendo del interés personal y de
los goces materiales el único objetivo de vida, arroja a los pueblos, como
un cadáver, a los pies de todos los tiranos y de todos los invasores.

Leandro N. Alem (1891)

P

ensar en la construcción o reconstrucción del orden político en
la realidad santafesina de mediados del siglo XIX -inmerso en
la matriz liberal-, significa analizar, en el proceso de conformación del espacio público, las relaciones que se estructuran entre
sociedad y Estado, entre gobernantes y gobernados, en tres dimensiones fuertemente articuladas y a su vez profundamente tensionadas:
la local, la provincial y la nacional.
La tradición independentista de la primera mitad del siglo ha permitido la consolidación de un poder local-provincial en la ciudad capital
que se había convertido, al disolverse las instituciones nacionales, en
"la unidad sociopolítica, en el grado máximo de cohesión social",
en la concentración mínima capaz de afrontar una administración.1
• Este trabajo continúa la línea abierta por las contnl&gt;uciones de Silvia M
Cragnolino, Ana María Galleti y Albeno Pérez en el seno del Programa de Investigación "Cuestión regional. Estado nacional Santa Fe 1856-1930" (a.JRENA).
1•• CONICET, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.
José C. Chiaramonte, Mercaderes del litoral, FCE, Buenos Aires, 1991, p. 27.

74

Este centro urbano, sede del antiguo cabildo, bajo la p~eeminencia
de familias fuertemente ligadas a las actividades mercantiles, al~os
de cuyos miembros habían formado parte de la est1:1ct~ra bur~rat~ca
colonial, da cabida -en función del Estatuto ProVIsono Consti~ucional de 1819- a una híbrida estructura de poder en la que ~e articul_an
jerárquicamente, superponiéndose el espacio local y el mvel proVIIlcial.2
La crisis de Cepeda (1820), que posterga las posibilida?es de
unidad y el significativo proceso de ruralización de la vida ~oc1al con
su contrapartida de caudillismo y masas rurales armad~s d1sput~n~o
tanto en el espacio provincial de poder como e~ el ~acional, deJaran
su impronta particularista, frustrando los sucesivos mtentos de organización nacional.
La construcción de una verdadera dimensión provincial paralela
al proceso de consolidación de la organización naci?nal, impl~có no
sólo el sacrificio de aquellos intereses locales de la cmdad capital en
aras de la integración de nuevos sujetos sociales ~mergent~s del
desarrollo agroexportador en el mismo espa~o, smo ta~bién la
articulación de alianzas que permitieran la fusión de las diferentes
burguesías provinciales y la consolidación de una clase dominante de
dimensión nacional.
El presente artículo intentará seguir desde _S~ta Fe este p_r?ceso
entre Caseros y la disyuntiva que significa la cns1s y l_a revoluc~on del
año 90 marcando los modos de articulación de las diferentes mstancias, lo~ bloqueos y las tensiones que esa construcción social y política
implican.

Identidad política provincial: el marco jurídico-político de la
legimitidad y la representación

La estructuración de la comunidad política y de una forma de sociedad características en Santa Fe en la segunda mitad del siglo X1X, nos
remite en primer lugar al problema de la identidad o de las ide~tid_ades políticas reveladas en las no~~ const!tuciona!es de la proVIDcia.
Ello requiere acudir a la definicron de cmdadarua como referente
2

VVAA,Historia de las instituciones de la provincia de Santa ~e, Santa_Fe? 1967,
t 11. De acuerdo con esta Constitución, el órgano de representación pro;1oc1al que
acompaña al gobernador está conformado por comisarios ek:':tores proporciona~ente
en tos cuatro depanamentos existentes, los que a su vez, ehge_n a la corporación del
cabildo.

75

�Redesparentalesy facciones
necesario, tanto de tal identidad como de la propia soberanía del
Estado. Como lo puntualiza José C. Chiaramonte,3 el primer ordenamiento constitucional santafesino -el Estatuto Provisorio de 1819contextúa la identidad ciudadana entre dos parámetros extremos:
"todo americano es ciudadano" y quien "por su opinión pública sea
enemigo de la causa general de América o especial de la provincia",
pierde aquella condición.4
Estas dos vertientes de las formas de identidad política - la
americana y la provincial - se reafirman en la Constitución de 1841,
donde se establece que

son ciudadanos y gozan de todos los derechos de tales, conforme a las
declaraciones de este estatuto, todos los hijos nativos de esta provincia
y demás americanos naturales de cualquier pueblo o provincia de los
territorios que fueron españoles en ambas Américas, que residan en ella
en el presente, o residieren en adelante. Éstos son ciudadanos naturales.5
La identidad política americana desaparece como tal a partir de
la Constitución Provincial de 1856, en concordancia con la promulgación de la Constitución Nacional Argentina tres años antes de
establecer la calidad de ciudadano argentino. En cambio, ese sentimiento colectivo institucionalizado políticamente que constituía el
sustento de la identidad provincial con pretensiones de autonomía en
las decisiones del poder, deberá transitar un azaroso camino hasta
subsumirse en la matriz de la identidad nacional.
Un primer indicador de ese proceso, el reconocimiento de la
cesión de una parte de la soberanía a la esfera nacional, se refleja en
los artículos 1 y 11 de esta Constitución. En ella se afirma que la
provincia es integrante de la confederación argentina y se establece
que "la soberanía provincial reside en el pueblo, y la parte no delegada
expresamente a la confederación es ejercida con arreglo a la Constitución presente por las autoridades provinciales que ella establece".6
Esta integración se reformula en la clave de la nación al producirse la unificación después de Pavón y la definitiva incorporación de
la provincia de Buenos Aires a la comunidad política.
Resulta evidente que tanto la conformación del Estado nacional

M. Bonaudo y E. Sonwgni

como la de sus _partes integrantes aparecen en este peri~do como
problemas a resolver. En el caso santafesino, Estad~ y sociedad v'.111
configurándose paralelamente al calor de la ocupación del espacio,
el poblamiento, la viabilidad de pro~ectos de d~arrollo y 1~ emergencia de nuevos sujetos sociales. El sistema político _consolida
esta
dimensión los criterios de representación a part~ de un regunen
electoral basado en el sufragio universal, masculino y adulto, que
permanecen inalterables en el periodo analiza~o con respecto a la
representación provincial o nacional. Al exa~ar t:8te probl~ma,
debemos recordar - tal como lo señalan algunos histona_dores- que
en los regímenes liberales el voto no es nunca u~ mecarnsmo tendencialmente automático, a través del cual la sociedad logra su representación política, y sí en cambio ~ espacio en el que l~~ ~pos
sociales y de poder diseñan estrategias de control y adqu1S1c1ón de
electores. Si bien éstas serán examinadas más adelante, debem~s
adelantar, ya que en la propia instancia normativa se º?~ervan modificaciones que afectan particularmente la esfera muruc1pal. En esta
última, priva el sufragio censatario, aonque los derech~s electoral~s
se amplían al incorporar al extranjero, tanto en su capacidad ~e _elegir
como de ser elegido, lo que se hace explícito en la Ley ?r~~ca de
Municipalidades sancionada en 1872.8 Pero ~sta amphac1on_ su~e
notorias restricciones en ordenamientos postenores, dado que inhibe
al vecino no naturalizado en su calidad de elector.
Por otra parte, la representación r~vela no s?lo los ~lo~u_eos
devenidos del propio proceso electoral, smo que las p~ut~s J~nd1cas
anticipan un conjunto de atributos que la vuelven limita~va. Las
diferentes constituciones que se promulgan desde 18~6 mcluyen
prescriptivamente condicionamientos ~~ tomo a la calidad d_e los
representantes, al incorporar a los_reqwsitos de sexo, edad y residencia, los de propiedad y estatus social.
.
Paralelamente a la selección de los mecarnsmos de representación, se construyen las jurisdicciones a partir de las cu~les se ~a
de ejercer esa representación. Hasta bien avanzado el siglo, mas
precisamente hasta 1883, se mantiene la estructura de ~uatro departamentos redimensionada en esa fecha, con la creación de cmco
jurisdicciones nuevas9 a las que se les asigna distinta capacidad de

~º-

1

José C Chiaramonte, "Formas de identidad en el río de la Plata luego de 1810",
Boletfn del Instituto E. Ravignani, Buenos Aires, núm. 1, 1989, p. 74.
4 lbid.
5
6

Historia, op. cit., p. 116.
/bid., pp. 154 y 155.

76

7
A Annino y R. Romanelli (comps.), "Notabili, electori, elezioni", Quademi
Storid, núm. 69, 1988, pp. 675 y ss.
.
8
A Roselli, Leyes Orgánicas Municipales, Rosano, _1939, p. 66..
9
General López, San Lorenz.o, Iriondo, Las Colomas y San Javier.

77

�Redes parentalesy facciones
representación, en función de su peso demográfico. 10 Estas afirmaciones son aplicables para los diputados, que durante mucho tiempo
habían sido los componentes de un solo cuerpo legislativo (Junta de
Representantes en 1841,Asamblea Legislativa en 1856 o Cámara de Representantes en 1863). La complejización del cuerpo, a partir de
1872, mantiene la dependencia numérica con respecto a la población
en el caso de los diputados, pero reproduce el criterio nacional en el
de senadores, determinándose una representación de dos por departamento, hasta 1890 en que se reduce a uno.
La apertura desde 1858 del espacio municipal 11 expresa no sólo
el nivel de la complejización social, sino también los caminos a través
de los cuales el Estado provincial se va desplegando. Este proceso es
fruto tanto de la insuficiencia del aparato estatal para dar respuesta
a demandas sociales crecientes, como de la presión de esa sociedad
en obtenerla. Precedentemente, el estado ha mantenido sus niveles
de injerencia y de control sobre la sociedad exclusivamente a través
de funcionarios que dependen del poder central en una combinación
de funciones civiles y militares (comisarios generales, comandantes
militares, jueces de paz, jefes políticos, jueces de primera instancia,
tenientes alcaldes). Desde entonces, el espacio municipal se recorta
como una instancia diferenciada que va a ir construyendo su propia
identidad, en relación con el gobierno provincial.
La formulación más exhaustiva sobre el poder municipal y su
reglamentación se alcanza con la Ley Orgánica de la Municipalidad
de 1872. Este instrumento no sólo garantiza la independencia de los
municipios en sus funciones administrativas y económicas, modificando la normativa precedente de sujeción al poder provincial, sino que,
al mismo tiempo, le otorga autonomía en el plano electoral al establecer su independencia en este caso y el derecho de elegir directamente, primero al presidente del cuerpo colegiado municipal, y Juego
al intendente. Este nivel de representación depende de una base
poblacional baja y flexible. 12
A decir verdad, la ley del año 72 no hace más que convalidar,
desde la sanción institucional, una realidad que se ha venido gestando
a partir de la segunda mitad del siglo. La política de colonización,
10

En la primera etapa, la ponderación de los representantes es estimativa, y
ajustándose
con posterioridad a los resultados establecidos por el censo.
11
A Roselli, op. cit., pp. 41 y ss.

M Bonaudo y E. Sonz.ogni
conjuntamente con la preservación de l_as fronte~as y el desarro_llo
portuario y mercantil, ha hecho necesano formalizar estos espacms
recortados en el plano administrativo. Aunque la ópti~.~bemamental da la pauta para el funcionamiento de los m~mc1p1os en clave
administrativa, el protagonismo de los actores sociales en ta~to que
vecinos va perfilando la emergencia de prácticas y de estrateg1as_que
exceden crecientemente el referente prescrito. En consecuencia, a
medida que caminan hacia nuevas _form_as de "h~~r la poli~ica", v~n
construyendo simultáneamente su identidad poht1~ ~n _esa mstanc1a.
Es por eso que la liberalidad demostrada por los pnnc1p1os legales del
año 72 se ocluye en las regulaciones de 1883 y 1890.
le~es
demuestran la intencionalidad de coartar los niveles de part1c1pac1ón
en virtud de un claro proceso de recuperación de la c~ntralidad q~e
condiciona tanto el plano de la representación (supresión de org~smos colegiados, disminución del número de representantes, ~érd1da
del carácter electivo del cargo de intendente) como el de las mcumbencias ( educativas, civiles, judiciales, de control patr_imonial). 13
Esta oscilación normativa con respecto a las funciones y autonomía de la instancia local, está dando cuenta de ese progresivo entrecruzamiento de las identidades - la provincial y la municipal - que
tiende a antagonizar a los actores en un pr~ceso en el_ qu_e la disputa
se proyecta incluso hacia el control del gobierno prov1_nc1al.
Finalmente, la estructuración política de la comurudad expresada
en la dimensión jurídica que define las bases de la legitimidad y de la
representación sólo nos revela una parte del proble~a. Justamente,
la dinámica histórica nos permitirá encontrar los espaaos concretos en
los cuales se descubre la impronta de la "república posible". En ella
operan los reales mecanismos de reproducción de la jerarquía social en
el plano político, gestando un verdadero régimen de notables.

Am?~s

La jerarquía social en clave facciosa, entre Caseros y el Unicato

Luego de Caseros y Pavón, batallas que dirimen la hegemonía entre
el interior y Buenos Aires, el espacio público que se está construyendo
muestra la emergencia de agrupamientos "políticos" de características
facciosas. Los llamados "partidos" o "clubes" que aparecen tanto en

12

M. Bonaudo, S. Cragnolino y E. Sonzogni, "Discusión en tomo a la panicipación política de loscolonossantaíesinos: Esperanza y San Carlos (1856-1883)",Estudios
Migratorios Latinoamericanos, núm. 9, pp. 295 y ss.

78

13

M. Bonaudo, s. Cragnolino y E. Sonzogni, "La cuestión de la identidad política
de los colonos santafesinos: 1880.1898. Estudio de algunas experiencias", Anuario,
núm. 14, Escuela de Histona, Rosario, 1991, pp. 251 yss.

79

�Redes parentalesy facciones
Santa Fe como en las otras provincias de la región exhiben algunos
elementos comunes: la predominancia de intereses particulares sobre
el interés general, manteniendo firme la antigua tradición localista
filiada en la situación política de la primera mitad del siglo; el peso
de las redes parentales en su estructuración y accionar concretos; la
consecuente presencia de una figura fuerte, el "caudillo" o el "jefe",
indisolublemente unida a una estructura clientelar jerárquicamente
organizada, su funcionamiento inorgánico, coyuntural y no programático, y la continua apelación a estrategias de cooptación subordinada en el marco del sistema electoral para garantizar constantemente los intereses privados del grupo. Mientras, en Buenos Aires el
problema de la capital y otras cuestiones provocan la desestructuración del Partido Liberal porteño y la emergencia de dos desprendimientos: el Partido Nacional y el Autonomista, cuya dirigencia está
representada por Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina respectivamente;
en Santa Fe, ambas coyunturas consolidan la escisión de los núcleos
dominantes entre el Club del Pueblo y el Oub Libertad. En las
décadas de los 50 y los 60, se gestan estas dos expresiones políticas
que, mostrando claramente la preeminencia de lo sectorial sobre un
interés general, intentan articular alianzas internas y externas, apostando -en este último caso- alternativamente al papel hegemónico
que pueda jugar la confederación o Buenos Aires en la concreción
del Estado nacional. En tanto que los miembros del Club del Pueblo
reivindican para sí una tradición federalista apoyándose coyunturalmente en la figura de Urquiza, los liberales, declaradamente antirrosistas, privilegian un entendimiento en Buenos Aires, vinculándose
-separada o concomitantemente- con las dos facciones de ese
tronco liberal.
Las disyuntivas internas que distancian a ambos clubes no están
marcadas indudablemente ni por diferencia~ ideológicas y menos aún
sociales, ni tampoco por la existencia de proyectos políticos alternativos. En un sentido general, ambas facciones comparten un mismo
modelo de desarrollo y una similar concepción de la política. El eje
de enfrentamiento pasa claramente por el control del espacio de
pode~, control que los conduce a rearticular, en cada oportunidad,
sus alianzas a fin de concretar el objetivo previsto. En este sentido, el
Club del Pueblo que hegemoniza la realidad santafesina desde 1868
.
'
reconsidera su antiguo alineamiento urquicista cuando participa, en
1871, en la orquestación de una convergencia política plasmada a
escala nacional: la Liga de Gobernadores, pergeñada al parecer
durante la Exposición Nacional de Córdoba, a la que Simón de
80

M. BonaWÚJ y E. Sonzogni

Iriondo y otros funcionarios provinciales concurren respondiendo a
la convocatoria efectuada por el presidente Sarmiento. Desde la
visión de uno de los más esclarecidos operadores de la facción autonomista, Jonás Larguía, la Liga estaría destinada a romper la lógica
facciosa, levantando "un partido compuesto especialmente de la
juventud ilustrada y de todos los hombres que no estuviesen fatalmente ligados a la política dañina de los partidos personales..."
La ruptura quedaría formalizada con respecto a la tradición
política precedente en la medida en que dicho "partido progresista"
pudiera levantar "la bandera de los principios [y] en éstos caben todos
los hombres y todas las nobles aspiraciones, porque, entonces, el que
gobierna levantado por su partido, tiene un programa invariable que
seguir, del cual no puede apartarse sin hacer traición a los mismos
que Jo elevaron." 14
No obstante tales formulaciones, en la práctica la Liga de Gobernadores sigue carriles bastante similares a los de las agrupaciones
políticas cuestionadas. El triunfo de Avellaneda sustentado por la
Liga significa para el Club del Pueblo la incorporación, al staff presidencial, de su líder máximo, Simón de lriondo, quien ocupa la cartera
del Interior.
La Liga es en realidad el preanuncio de la gran experiencia
oligárquica a nivel nacional que constituye el Partido Autonomista
Nacional, tras los intentos de conciliación de Avellaneda y la crisis
tejedorista en los albores del año 80. Se trata aquí de un experimento
en gran escala para proyectar una "democracia diferencial" en la que
la opinión de algunos pocos se imponga a su valor numérico.

Facciones y redes parentales. Espacio público y negocios privados

El diario opositor del Club Libertad, El Rosario, el 5 de septiembre
de 1864 hace una caracterización del fuerte peso de las alianzas de
familias en la conformación de las facciones y de su funcionamiento:
Sí, decimos oligarquía porque no hay otro nombre que darle al gobierno
de Santa Fe que hace cuarenta años reside en la familia Cullen. Juzgándolo ppr sus antecedentes políticos, no son unitarios ni federales, pero sí
son traficantes en ambos partidos. Lo mismo han gobernado antes que
ahora. Son realmente indefinidos los colores políticos de la casta Cullen.
14

Archivo Hislórioo Provincia~ Colección Jonás Largura, leg. 2, folio 2

81

�Redes parentalesy facciones
Siempre han estado amarrados al poder a dos anclas. Unitarios unos,
federales otros... Unos son urquicistas, otros mitristas; ora traicionan a
uno o ya traicionan a otro. Sólo queremos decir que esta familia fatal
para Santa Fe, ha hecho del gobierno de la provincia su patrimonio...
Ya se ha dicho que es una familia gobierno y he aquí la prueba:
Cullen I1 (don Patricio), gobernador de Santa Fe; Cullen I (don
José), senador al Congreso Nacional; Cullen m (don Guillermo), diputado a la legislatura provincial; Oroño (don Nicasio), cuñado de tos
Cullen, diputado al Congreso Nacional; Freyre (don Marcelino), jefe
político de la ciudad de Rosario, primer hermano de los Cullen; Freyre
(don Benito), hermano de don Marcelino, comandante general de
campaña; Oroño (don Gregario), hermano de don Nicasio,juezde paz
de San Jerónimo; Andino ( don Juan José), primo de Oroño,juez de San
Lorenzo.
Hombres honestos que jamás han ido al Congreso a representar los
intereses del pueblo de la provincia de Santa Fe, sino sus propios
intereses como acreedores del gobierno nacional. Jamás han presentado
un proyecto si no era el calculado sobre un futuro negocio para uno de
la familia. Si no venía ese proyecto a afianzarlos en el poder de la
provincia.
El texto condensa una práctica que no es ni particular ni exclusiva
del club liberal y refleja un modus operandi de las redes parentales
como verdaderas organizaciones sociales frente a la relativa carencia
de estructuras sociopolíticas.15
El patriciado santafesino remonta su asentamiento en el área a
los siglos de dominación colonial, particularmente con el dinamismo
que la reorganización del sistema otorga a la zona litoral atlántica,
cuya expresión juódico-administrativa es la creación, en 1776, del
virreinato del Río de la Plata. Es decir, el siglo XVIII da cabida en la
tierra de calchines y mocoretás a diferentes núcleos matrimoniales
cuyos miembros proceden de la península ibérica con una predominante filiación regional del norte de España. Los apellidos incluidos
en una muestra de troncos genealógicos así como los que abundan en
las crónicas históricas y relatos de viajeros hablan claramente de
oógenes vascos, gallegos y navarros, matizados por quienes abandonaron las tierras andaluzas de Sevilla y Granada o las de Murcia. 16

M. Bonauáo y E. Sonzogni

Sólo encontramos un asentamiento anterior, que alude a la primera
mitad del siglo XVll, cuando Juan Francisco Pascual de Echagüe
Andía y Lasterra arriba como funcionario al territorio santafesino. La
estructuración de redes parentales a lo largo de sucesivas generaciones como grupos de poder efectivo, fundamentalmente en las etapas
posteriores a la independencia, parece darse a través de un conjunto
de proyectos mutuamente implicados: las estrategias de casamiento,
la ocupación de cargos públicos, la participación en actividades mercantiles urbanas, desde las que se proyectan al espacio rural, alimentaron otras ambiciones de expectativas políticas y sociales.
En una aproximación quizás insuficiente pero reveladora del
interjuego de estas variables, se reconstruyeron nueve troncos familiares, a partir de la información (fragmentada e incompleta) ofrecida
por diccionarios biográficos, tratados nobiliarios y guías genealógicas. 17 Las familias incluidas en ese recorte son la ya citada Echagüe,
Aldao, Cullen, Iriondo, Iturraspe, Gálvez, Reyna, Freyre y López.
Como criterio determinante de las generaciones se adoptó el de su
instalación en Santa Fe, aun cuando en algunos casos el itinerario
previo incluye ya otras sedes permanentes o temporales. 18
Organizados los datos en función de los patrones de residencia 19
de los 210 matrimonios formalizados a través de tres, cuatro o cinco
generaciones, se observa que el 53% se realiza con familias del lugar
y el 31 % lo hace con miembros de "notables" de fuera de la provincia,
principalmente originarios de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos.
Además, se detecta que, en la articulación de las alianzas, los
hombres se vuelcan predominantemente hacia un cónyuge dentro del
espacio provincial (60%), reduciéndose al 28% la elección de una

. ·1ares aparecen en 1a prensa opositora
·
anteos suru
del 80 respecto de la familia
Iriondo. Esta hipótesis ha sido destacada recientemente entre otras publicaciones por
D. Balmori, S. Voss y M. Bonman, Las alianzas de familias y la formación delpafs en
América Latina, FCE, México, 1990.
16
Entre los no hispanos, debe anotarse la familia Cullen de origen irlandés.

17
D. Abad de Santillán, Gran enciclopedia de la provincia de Santa Fe, EDIAR,
Buenos Aires, 1967; Graciela G. de Welschen, El linaje del patriarca, Santa Fe, 1986;
Carlos Calvo, Nobiliario del antiguo virrcynato del Río de la Plata, Facultad, Buenos
Aires, 1936; L Montenegro, "La gran propiedad territorial en la zona de la costa
santafesina en la segunda mitad del siglo XIX", Santa Fe, 1986 (mimeo).
18
Algunos de estos miembros fundadores se instalan previamente en el Paraguay,
otros en Corrientes, otros en cambio, recorren sucesivamente Montevideo, Buenos
Aires y Santa Fe. De las nueve genealogías analizadas, si bien una (Echagüe) se ubica
en el siglo XVII, se han tomado las generaciones desde el siglo siguiente. Del resto, una
(López) remonta su residencia a la primera mitad del siglo XVIII; tres se instalan en la
segunda; y las cuatro restantes se detectan desde principios del siglo XIX.
19
La residencia es uno de los elementos más significativos para obseivar el juego
del entramado en el pasaje de los espacios locales a los regionales. Del total de los casos
analizados, sólo se ha podido confirmar la procedencia del 84% de los cónyuges. El
16% restante corresponde a datos sin confirmación.

82

83

15 PI

�Redes parentalesy Jaccwnes
pareja de otro lugar; en tanto que las mujeres alternan menos diferencialmente entre un marido local (46%) y uno de otro Jugar (35%)
o de otro sector social (2%). Esta distribución reafirma una cierta
primacía de las mujeres como proveedoras de parejas exógamas.
En realidad, esta dinámica se manifiesta con mayor significación
a partir de las terceras o cuartas generaciones de los troncos estudiados, cuyos miembros han nacido entre las décadas de 1830 y 1850.~
La resultante de este proceso no consiste solamente en la estructuración de las redes, sino también en su desplazamiento a través de ramas
que se instalan en alguna de las provincias de la región.
Un ejemplo de este redimensionarniento espacial que proyecta
al grupo desde lo local hasta lo regional lo ofrece la familia Iturraspe.
En 1852 Juan Bernardo lturraspe se casa con Dolores Zorrilla de San
Martín, miembros de una reconocida familia de la elite rioplatense,
desplazando esta rama al escenario porteño donde volverá a reforzarse aquel parentesco cuando su hijo Arturo Vicente formaliza la
unión conyugal con María Mac Lennan Zorrilla de San Martín. Por
su parte, Federico Iturraspe Cabot se instala hacia fines del siglo en
San Francisco de Córdoba, interviniendo activamente desde entonces
en la política de esa provincia. De modo similar, Melchor de Echagüe
Dervez, quien contrae matrimonio con Elvira Cordeyro Gómez, da
origen a la rama Echagüe Cordeyro, asentada en Buenos Aires.
Algunos miembros de estos núcleos familiares, en función de la
dinámica política y de sus negocios privados, van a modificar, con
cierta frecuencia, su ámbito de residencia. Esta modificación no
implica su desaparición de la escena santafesina, sino más bien su
alternancia entre el propio espacio provincial y otros regionales o
nacionales. Así, Pascual Echagüe Dervez fija su residencia tanto en
Santa Fe como en Entre Ríos, alcanzando en ambas la primera
magistratura provincial. Por su parte, Manuel Dídimo Pizarra Leaniz
un tradicional apellido mediterráneo, al casarse con María Eustolia
de Iriondo Candioti, se avecina en Santa Fe. AJ poco tiempo, se
convierte en un hombre clave del situacionismo provincial bajo la
influencia de su cuñado, Simón de Iriondo. La desaparición de este
último y la crisis generada en el Oub del Pueblo lo reorientan a su
provincia, de la cual es gobernador en los inicios de la década de los
20

En los casos de las familias Aldao y López., en la quinta generación de ambas
(1835-60), agregan cónyuges provenientes de Rosario y su área de influencia (Puccio,
MaruU, Muniagurria, entre otros). La rama Freyre Maciel está instalada en esta ciudad
desde el nacimiento de Marcelino.

84

M Bonaudo j E. Sonzogni

90. Esta estrategia de expansión de los grupos locales resulta a veces
reforzada por casamientos intrageneracionales de miembros de una
y otra provincia. Así, por ejemplo, Clorinda Vicente de Iriondo ~~anta
Fe) y su hermano Simón Vicente contraen enlace con sendos htJOS de
Bernardo Fernún de Irigoyen (Buenos Aires), Bernardo e Irene, en
tanto Ignacio Cullen Comas (Santa Fe) y su hermana Joaquina lo
hacen respectivamente con Ignacia y Severo Gómez Borja (Buenos
Aires).
En cuanto a los niveles de endogamia y exogamia, es significativo
el porcentaje alcanzado por matrimonios realizados en el interior de
los nueve troncos (28%). A pesar de su alto involucramiento los
casamientos entre primos, hermanos, o tío y sobrina carnales se
reducen en el contexto de la muestra a unos pocos casos.21
Las pautas matrimoniales muestran a su vez fenómenos de reincidencia de cónyuges que han enviudado. El caso más notable es el
del gobernador José Bernardo Iturraspe cuya vida conyugal registra
cuatro casamientos sucesivos: Oara Cabot, Sofía Maurer, Ana Sieber
preceden la última unión con Dominga Cullen lturraspe, que había
enviudado de Emilio Eustaquio Cabal González. Otra lturraspe,
Luisa, tiene por maridos a Ramón Cadioti y, a la muerte de éste, a
Ulises Mosset. Juan Francisco de Aldao y Rendón crea dos ramas
familiares a partir de un primer matrimonio con Teresa Ordóñez
Echeverría, cuya descendencia alcanza a tres hijos, y de un segundo
con Leonor María Candioti y Zevallos, que le da una prole de nueve.
Aquella representación porcentual que evidencia el peso de la
endogamia en estos grupos familiares, es significativa también en su
anverso. La participación de ~ectores sociales nueve - algunos producto de los procesos de inmigración y colonización - a la par que
situados en las últimas generaciones (terceras a quintas, según el
tronco) es realmente ínfima (3%). Además de los casos ya mencionados de Cabot, Maurer y Sieber, cuya antigüedad de residencia no va
más allá de las décadas de los 50 o 60, puede apuntarse el de Nicasio
Oroño, a quien seria posible calificar como un parvenu. El corondino
Nicasio Oroño no revela demasiados méritos en su ascendencia.22
21

José Ignacio F.chagüe Ruiz de Arellano y Maria Francisca Lassaga Echagüe,
cuya bija a su vez contrae enlace con Cayctano F.chagüe Zavala; Marcela lturraspe
Freyre se casa con su tío materno Benito Freyre Rodríguez del fresno; Martín I..ópez
Frcyre necesita dispensa eclesiástica para casarse con su prima hermana Antonia López
Cardoso.
22
M. A de Marco "Nicasio Oroóo, el luchador santafesino", Todo es Historia,
núm. 98, 1975, pp. 8 y ss.

85

�Redes parentales y facciones
Su padre, Santiago, actúa en las milicias santafesinas de Estanislao
López con el rango de sargento mayor en la década de los 20, siendo
asc~ncl~do a capitán tras algún protagonismo en las campañas contra
los md1os. La mayor jerarquía militar es complementada con un
premio más utilitario: el gobierno de la provincia le otorga en
donación una fracción de tierra en el distrito de Coronda. Sin
embargo, la muerte del Brigadier le enajena la buena voluntad de su
hermano :-J~an Pablo- y el ahora comandante Oroño desaparece
de ~a pr?vmc1a, tras Lavalle primero y Paz después. Su esposa Juana
Ba1gom queda en Paraná con sus tres hijos, Nicasio, Genara y
Gregorio.
Desde una temprana inserción laboral en tierra entrerriana
Nicasio Oroño va experimentando un proceso de ascenso social'
facilitad? por relaciones de amistad con Justo José de Urquiza quie~
lo apro~~a, por_ u~a parte, a la esfera empresaria y por otra al grupo
de familias tradicionales, entre las cuales encontrará a su esposa
Joaquina Cullen.
'
Sólo tres núcleos familiares - los referidos Cullen e Iturraspe, a
los que se agregan los Iriondo- se muestran dispuestos a establecer
vínc~los conyugales con miembros de una burguesía agraria o mercantil en ascenso y de distinto origen étnico.
Es evidente que las estrategias matrimoniales implican de por sí
alianzas económicas, sociales y políticas. La mayoría de los miembros
de
tron~s familiares analizados originariamente (primera generac1on) deb10 su asentamiento al cumplimiento de funciones derivadas del Estado colonial, que abarcaban alternativa o simultáneamente esferas específicas de la administración colonial central militares
judiciales o capitulares. La función pública no inhibió la posibilidad
de operar en un espacio privado ligado ya a las actividades comerciales, ya a una ganadería de cría que en el periodo preindependiente
permanecía vinculada mayoritariamente al abastecimiento de recuas
?e mu!~s a los centros altoperuanos. Pero además es factible que esa
mserc1on en el aparato del Estado haya favorecido la formación de
pa~rimonios territoriales, como sucede en el caso de los Iturraspe
quienes heredan, conjuntamente con otros grupos, la importante
merced de Arrascaeta, que tocaba territorios santafesinos y cordobe23
ses. Dichos patrimonios se vieron incrementados, sin duda, a través
de la conformación de sociedades familiares destinadas o bien a
consolidar el espacio territorial controlado o bien a desarrollar acti-

!?s

M Bonaudo y E. Sonzogni
vidades mercantiles en un ámbito extraprovincial articulando Santa
Fe con Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos e incluso Montevideo.
Las guerras de independencia y las civiles desorganizaron las
actividades mercantiles y productivas de la provincia, originando en
muchos casos la pérdida de los bienes anteriormente adquiridos. Por
su parte, la presión indígena condicionó las posibilidades de corrimiento de la frontera -ganadera primero y agrícola después- encorsetando su crecimiento. Si para algunos dichos vaivenes pusieron
en jaque la fortuna familiar, para otros en cambio fue el momento
oportuno para acceder a la tierra a partir de un capital acumulado en
la actividad mercantil urbana. Tanto los lturraspe como los Aldao
pueden servir de adecuado ejemplo a los que se suman, en el proceso
de apropiación de tierras, entre otros, los Iriondo y los Zavala.24 La
paulatina recuperación de las condiciones de desarrollo a partir del
proyecto confederacional primero y del Estado nacional unificado
bajo el mitrismo después, ofrecieron perspectivas favorables para la
acumulación de riqueza en el espacio privado usufructuando la capacidad de presión y decisión que estas familias tienen en el espacio
público.
La recuperación de amplias franjas de tierra pública, el abastecimiento de los ejércitos provinciales o nacionales, la estructuración de
un circuito financiero prebancario y bancario y la consolidación de
una política ferroviaria orgánica se convirtieron en algunas de tantas
vías por medio de las cuales estos sectores acrecentaron sus posibilidades de acumulación, reforzando su prestigio y poder.
El acceso a la tierra puede devenir de distintas instancias. Mariano Cabal, por ejemplo, suma a las propiedades adquiridas a partir de
su fortuna mercantil, tierras nuevas en el área norte de la provincia,
una importante cantidad de leguas como contrapartida de los préstamos que él, conjuntamente con otros comerciantes y financieros
(Juan y Salvador Rusiño1, Carlos Grognet, Nicasio Oroño, Balestrino,
etc.) realizaron a fines de la -década de los 60 para financiar la
campaña del Chaco.25 Una parte de las propiedades incorporadas
durante la misma década le permitieron articular una sociedad familiar con su suegro, Patricio Cullen, en 1873 para llevar a cabo proyectos de explotación de tierras pero también de colonización. La crisis
24

Reginald Uoyd, Impresiones de la República Argentina en el siglo xx, Buenos

Aires, 1911.
23

La Merced de Arrascaeta, 1883, querella judicial, Fundación Tomquist.

25
Olentas de la Conúsión del Chaco, 1867-1868, Archivo Provincial de Santa Fe
(intermedio).

86

87

�Redes parentalesy facciones
desestructuró el patrimonio territorial de Cabal pero nuevas alternativas surgieron en la búsqueda de beneficios.26 Otra vía, no menos
eficiente, fue en parte la seguida por Simón de Iriondo. Tratando de
acordar con Ataliva Roca la compra de un campo en 1883, evaluando
las distintas ofertas y las perspectivas de crédito con que pueden
contar y la rentabilidad potencial a alcanzar, Iriondo le comenta a
Roca: "En el centro de Monigotes que va a ser la primera colonia de
Murrieta, hay 20 leguas de campo, la flor de aquel lugar que yo antes
de derogar la ley que daba privilegio hice denunciar a dos hombres que
me habían servido mucho."27
El párrafo antedicho evidencia cómo desde la función pública se
manipula la norma legal para así garantizar un rédito privado. El
planteamiento se refuerza en el mismo texto, cuando al felicitar a
Ataliva Roca por la compra de tierras de Santiago del Estero cercanas
a las de Murrieta, negocio en el que le recrimina no haberlo hecho
partícipe, Iriondo afirma que
los banqueros de Londres con sus grandes capitales, harán que, aunque
no le quedaran más de 20 leguas de las 200, siempre sería un gran negocio
la operación que usted ha hecho, pues usted puede quedar con sus 200
bien saneadas; y después de la pasión con que ha acogido su hennano en
mi conferencia de ayer la prolongación del ferrocarril de Santa Fe hasta
la frontera de Santiago con su prolongación hasta Tucumán por el
Chaco, le digo, descanse basta sólo el negocio de la tierra de Santiago.28
Los interlocutores epistolares están dando cuenta, asimismo, de
la extensión de los contactos que esta dirigencia tiene, tanto en el
espacio geográfico como institucional, reflejando los grados de connivencia subyacentes en las políticas públicas.
La capacidad operativa que ciertas redes parentales adquieren
en el espacio público crea una estructura de subordinació.n de los
otros poderes al ejecutivo, detentado por alguno de sus miembros. En
la concreción de sus obj~tivos, no vacilan en producir reformas acordes en la carta constitucional, como la que se hace en los meses de
marzo y abril de 1883, eliminando el principio de inamovilidad de los
jueces letrados. El corresponsal de La Plata Zeitung denuncia el 18
de julio de ese año la situación que vive la justicia santafesina y se
26

L Monte negro, op. cit., y Ezequiel Gallo, La pampa gringa, Sudamericana,
Buenos Aires, 1984.
27
28 Archivo Provincial de Santa Fe, Fondo Iriondo, carpeta 10, leg. 4, 6/8/1883.

/bid.

M Bonaudoy E. Sonzogni

pregunta "qué garantías de justicia tienen ahora los habitantes de
Santa Fe, después de haberse monopolizado hasta las leyes a favor de
la dinastía reinante?"29
La pregunta lo conduce a reflexionar sobre el peligro que implica
para la sociedad civil esta subordinación jurídica, y toma como ejemplo el pleito que ha estallado entre la familia Iriondo y su ª?_tigua
contrincante en el espacio político, la Iturraspe, por la poses10n de
una fracción de estancia con el argumento de que estos últimos no
poseían los derechos jurídicos que garantizaran la propiedad. Dirimido el litigio en los tribunales provinciales, el fallo es favorable a la
demanda de los Iriondo, restando a los lturraspe el reclamo ante la
justicia federal. Tal es el nivel de sujeción de los diferentes poderes y
funcionarios al ejecutivo que, ordenada la restitución a los Iturraspe
en el ámbito federal, "el jefe de policía de Santa Fe, desobedeciendo
la orden judicial, se negaba a ello, alegando que no recibía órdenes
sino de su gobiemo".30
El episodio pone una vez más en evidencia las dificultades que
existen, en el marco de acción de las redes parentales y de sus intereses
privados, en consolidar criterios de legalidad que respondan al interés
común. Pero por otra parte, muestra que pese a la discrecionalidad
con la que se manejan estos personajes, hay indicios, en la propia
sociedad, de la estructuración de una opinión pública, que a través de
la prensa escrita hace visibles sus cuestionamientos.
Si la progresiva enajenación de las tierras fiscales favoreció inversiones en las que participaron alternativa o simultáneamente funcionarios y empresarios privados, empresas más ambiciosas, como el
trazado de las redes ferroviarias o la creación bancaria semipública,
como es el Banco de Santa Fe, se convierten entre las décadas de 70
y 90 en nuevos espacios de acumulación y consolidación de riqueza.
En este tipo de negocios, donde la magnitud de la inversión
acrecienta los riesgos, es frecuente también la apelación desde los
sectores privados al Estado para que éste asuma parte de esos riesgos
a través de la contratación de empréstitos, los subsidios, las garantías
y la cesión de tierras. Esta apelación parece bastante posible, dado
que las relaciones parentales e interpersonales toman fluida la vinculación entre los funcionarios públicos y los sectores privados, ya que
en ambos frentes participan miembros de las burguesías capitalina y
rosarina. Desde esta óptica, es - en alguna medida - comprensible
29

El Mensajero, 28 de julio de 1883.

JO /bid.

88

89

�Redesparentales y faccicnes
la preocupación por controlar el aparato del Estado, que hace posible
obtener información cierta sobre los negocios y la marcha del mercado; manipular -como se viera antes- la esfera legal; ubicar al
funcionario adecuado en cada ocasión; prever, en fin, los problemas
que pudieran originarse y que lesionaóan los objetivos propuestos.
En ocasiones, la iniciativa parte de los propios integrantes del
aparato, cuya formación profesional los ubica en estamentos más
"modernos" del staff dirigente. Un ejemplo lo constituye la figura de
Jonás Larguía, que transita un significativo itinerario en la función
pública. En 1872, momento en que ejercía funciones en la Inspección
de Colonias, interesa al gobernador Iriondo para integrar una sociedad que ha formado con L. Walls, destinada a
proponer un tranway (a las colonias del oeste) que más tarde será
ferrocarril cuando la empresa sea explotada algunos ailos por los ingleses
o los franceses que para entonces habrán comprendido que no precisan
garantía ni aun para ferrocarriles, ofreciendo la ventaja nuestra idea de
que para tranway no se precisa tampoco garantía, porque cuesta la quinta
parte de aquél.31
Evidentemente, la carta hace explícito un problema clave en la
relación entre el Estado y los inversores privados: hasta qué punto el
primero está dispuesto a compartir los costos de la inversión, en la
medida en que la garantía se convierte en una fuerte succión de los
recursos del erario público.32
Esta preocupación vuelve a repetirse en ocasión de la construcción entre 1881 y 1883 del Ferrocarril Oeste Santafesino, iniciativa
empresarial cuya autoóa pertenece a Carlos Casado del Alisal. Natural de Valencia, fija su residencia en Rosario en la segunda mitad
del siglo y rápidamente tiene protagonismo en actividades económicas de diverso tenor. La presión de empresarios rosarinos y capitalinos sobre la dirigencia política, así como la estrecha vinculación de
Casado con ella, en tanto presidente del directorio del Banco Provincial, facilita la rápida concreción de la línea a la que el Estado, con
tierras y subsidios, complementa los aportes de la inversión privada
local y extranjera. Las críticas provienen nuevamente de las columnas
periodísticas alertando sobre el manejo discrecional de los perjuicios
31

La propuesta incluye también un cuidado de la "forma" en que debe presen·
tarsc para no suscitar críticas: "pero como no parece bien que tu nombre figure te
mando
32 el documento a nombre de Juan Manuel" (hijo del gobernador).
El l11dependie111e, 4 de agosto de 1878.

90

M. Bonaudo y E. Sonzogni

que pueden acarrear al patrimonio estatal tanto_ el contrato ~n la
sociedad del Oeste santafesino corno el desempeno de su presidente
en la dirección del Banco Provincial de cuyas arcas proceden los
resultados destinados a la obra ferroviaria.
La instalación del propio Banco Provincial, que se concr~ta en
1874 a partir de la demanda de sectores vinculados al ~memo, las
finanzas y los negocios inmobiliarios en la plaza rosanna, da muy
pronto cabida a los viejos troncos_~antafesinos que de~~estran u?a
ponderable capacidad de adaptac1on a las nuevas ~ond1c10nes sociales Mientras en el directorio de la casa central rosanna se entrecruzan
los. nombres de figuras locales (Casado, Carlés, Machain, Ibarlucea,
Carrasco, Muzzio, Arijón, Sugasti, entre otros) con alguna que otra
presencia capitalina (Caminos, ~i~ison, AJdao), la ape~tura ~e la
sucursal en la propia capital provmc1al congrega en cambio a miembros de los tradicionales troncos de manera casi excluyente: López,
AJdao, Crespo, Cullen, Echagüe, Torrent, Puig.
Tanto los directorios del banco como los de las empresas ferroviarias que operan en la provincia, a los que se agre~an los de firmas
inmobiliarias y financieras que se instalan en esos anos, dan c~e?ta,
por una parte, del paulatino ascenso del sur como polo de crec1m1ento; por otra, de un real proceso de articulación -por lo i:nenos en el
espacio del parentesco y de los negocios- de las burguesias de Sa?ta
Fe y Rosario. Esta imagen debe complejizarse ~n otras presencias.
Éstas provienen, básicamente, de los sectores sociales emergentes del
área centro-oeste. Colonos enriquecidos como Maurer, o Lchmann
0 Sicber que optan también por un proceso de "impla~tación multisectorial" se vinculan a troncos tradicionales santafesmos o bonaerenses O bien por el matrimonio -como ya se viera ~n páginas
precedentes- o bien finalmente por acuer~os comerc~ales. Este
último es el caso de Guillermo Lehmann, quien se convierte en el
testaferro de los negocios inmobiliarios de las familias Egusquiza,
Saguier, Quintana e incluso de Ataliva Roca.
.
.
Por otra parte, los directorios aparecen como otra mstanc~a a
partir de la cual se elaboran estrategias que es~imulan nuevas arllculaciones entre lo público y lo privado. A veces sirven como platafo~a
de presentación para una posterior función públi~~ otras, en camb1~,
su desempeño en ésta lo torna en un recurso_prest1g1oso pa~a cumplir,
en un nuevo ciclo, funciones de asesoramiento o gerenciales en el
ámbito privado.33
33

Un ejemplo de esta dinámica puede observarse en el doble papel que juega en

91

�Redes parenJalesy f accwnes

M Bonaudoy E. Sonzogni

El sistema electoral y sus espacios: la ciudad y la campiña
sometidas a la lucha facciosa

Pese a la especificidad de sus funciones, los clubes no plantean
una continuidad de acción en el espacio público y sólo se activan en
los momentos en que es imprescindible adquirir electores. Es por eso
que las crónicas revelan sucesivas instalaciones de sedes de tal o cual
club, siempre en vísperas electorales.36
.
Más allá de la confección de las listas de los candidatos y de la
distribución de las tareas proselitistas, los clubes sienten la necesidad
manifiesta de mostrar los niveles de consenso alcanzado por cada
facción. Esto motiva la institucionalización de espacios más amplios,
en donde se concrete aquel consenso, al tiempo que la comunicación
a la opinión pública de las respuestas positivas obten!das por tal
convocatoria. Las elecciones más frecuentes de esos recmtos recaen
en teatros u hoteles que alojan a dirigencia y seguidores. Así, por
ejemplo, en los trabajos electorales para la elección de diputados en
1864, los partidarios del Club del Pueblo se concentran e~ el Hotel
Universo o en el Teatro de la Esperanza - ambos en Rosano- lugar
donde irán sus ''socios" y "los que simpaticen con sus ideas".37 A su
vez los miembros del Club Libertad son invitados a concurrir todos
1os'sábados, "de ocho a nueve de la noche", al Café Argentino,
"recomendándose a todos los socios la más puntual asistencia". La
convocatoria rara vez alude, en el marco de un sufragio voluntario, al
"ciudadano". Los términos antes mencionados sumados al de "amigos", "vecinos" o "correligionarios" aparecen recurren temente en las
circulares o propagandas que la prensa partidaria incluye cotidianamente. En otras ocasiones, la presencia que se estimula queda sustantivada en el "pueblo" al que se ubica en un ambiguo terreno de
indiferenciación. El Fe"ocarrii, que no oculta su adhesión al Club
Libertad, en ocasión de las elecciones
una
. de 1864
. ,,informaba de
,,
reunión política "de la más grande tmportanc1a y presupoma que
"alli, en el seno de una de esas asambleas populares, que llevan el sello
de la soberanía, nos confundimos todos, nos perdemos entre las olas
de la multitud, y discutimos tranquilamente las grandes cosas que
interesan al pueblo.38
Veinte años después, en similar situación, el jefe político del
departamento San Lorenzo, Silverio Córdoba, emite una circular
convocando a la campaña electoral en estos términos: "Debiendo
reorganizarse el Oub del Pueblo y siendo necesaria su presencia y la

La clase dominante que se está construyendo a través de los mecanismos a~tes descritos y que ha formalizado un marco jurídico político
a partrr del cual pretende garantizar su perdurabilidad en el control
del aparato estatal, se enfrenta al dilema de conjugar tal control con un
sufragio que, en la norma, y pese a las exclusiones, amplía indudablemente la base electoral y por ende complica la búsqueda del consenso.
La ampliación cuantitativa y cualitativa del universo de electores hace
imprescindible que las fuerzas políticas que pretenden acceder algobierno replanteen, en el marco del sistema electoral, tanto mecanismos de control como de adquisición subordinada de votantes. En este
proceso, comienzan a diseñarse modalidades particulares de "hacer
la política" sobre las que pesan, por una parte, las nuevas formas de
articulación del espacio rural al urbano; por otra, la paulatina integración de esas dos realidades en un sistema político de verdadera
dimensión provincial y estrechamente proyectada a la nacional.
Las prácticas políticas que funcionan en el marco del sistema
electoral van definiendo, tanto en el ámbito urbano como en las áreas
rurales, espacios específicos de discusión y convalidación.
Si bien la casa familiar de los notables o la estancia, además del
café o el club social, persisten como los lugares en los que se formalizan las alianzas, surgen con un cariz peculiar los "clubs" o "centros
políticos" como instancias específicamente políticas que, desde un
núcleo base, instalado alternativa o simultáneamente en la ciudad
capital o en Rosario, comienza a operar creando filiales generalmente
en las cabeceras de departamento, o incluso en algunos de sus distritos.34 Paralela con el accionar de liberales o autonomistas, se observa
la emergencia de agrupaciones políticas locales en las áreas de colonias como el Partido Progresista que liderea Guillermo Lehmann
quien, operando dentro de una lógica facciosa, establece vínculos
cada vez más estrechos con la vertiente liberal. Dicha vinculación
tiene sus raíces en el apoyo que la misma da a los colonos en los duros
enfrentamientos con el gobierno autonomista en torno al espacio
municipal entre 1881 y 1884.35
relación con la creación del Banco Provincial, MelquiadesSalvá, quien primero actúa
como~pode rad~ de los inversores y luego como ministro de Gobierno.
El Rosano, 8 de octubre de 1864; Archivo Histórico Provincial Fondo Iriondo
caja 2, carpeta 12, folio 46, 14/10/1868.
'
'
35

M. Booaudo, S. Cragnotino y E. Sonz.ogni, "La cuestión ..", op. cit.

92

36
El Trueno, 29 de diciembre de 1864.
31
EJ Rosario, 13 de agosto de 1864, y 27 de septiembre de 1864.
38

El Ferrocarril, 20 de septiembre de 1864.

93

�Redes parentales y facciones

de f:&gt;s _amigos que gusten acompañarle y formar parte de este centro,
se mVJta a usted para el próximo domingo 10 del corriente a las 4 de
la tarde, a una reunión generaJ."39
No obstante, el término ciudadano tiende a ser apelado cuando
se_ trata ~e contraponerlo - también genéricamente - a minorías u
oligar~mas. Al ~ep~car al diario oficialista, El Rosario denuncia que
aquél llama mmona de hombres sin creencias políticas, a los centenares d~ c~udadanos honrados que componen el Club del Pueblo..."40
. · As1.ID1smo, lo habitual parece ser reservar el término a quienes
tienen su_ condición completa: la de elector y la de elegido. La
vanguardia del Club del Pueblo protesta ante la legislatura provincial,
el 16 de agosto de 1864, reclamando la anulación de los comicios del
día anterior. Y se dirige, precisamente, en esos términos: "Los ciudadanos nacionales que suscriben vecinos del Rosario..."41
J¿is firmas dan cuenta de aquella calidad: Melquiades Salvá,
~amon Ca~~s, José Antonio Echagüe, Augusto Agote, Nicolás M.
Alvare~,. Diogenes Casarabilla, Antonio Urraca, J. P. Lara, Máximo
Lara (hiJO), Leonardo Nicolorich, Nicanor González.
En tan~o ~iudadanos o vecinos, amigos o pueblo, el éxito de la
convoca tona tiende a medirse en función del número de concurrentes
Y de su convalidación al candidato a través de la propia asistencia a
~a que se agregan manifestaciones de viva voz y gestuales. El Rosario,
organo_ del Club del P_ueblo, d~cribe una manifestación de apoyo a
la candidatura de Manano Amigo que contabiliza la presencia de 350
personas, quienes "después de dar repetidas iVivas! a la candidatura
del señor Amigo, partieron en un grupo por las calles victoriando el
nombre de varios sujetos respetables de este pueblo..."42
De acuerdo con la ponderación de las cifras de concurrencia dos
o tres_ centenares de convalidantes colman las expectativas d~ los
orgaruz~dores, en tanto que la oposición procura disminuir el número
Ydes~alificar a los asistentes. Así, por ejemplo, El Rosario anticipa un
esp~o conglomerado de electores que darán su consentimiento a los
candidatos del Club Libertad.
~icen que el domingo[...] se reunirán todos los miembros del Oub
Libertad en asamblea general. No faltarán a esa reunión:

M. Bonaudo y E. Sonz.ogni

lo.- Los peones de tropa.
Alguna gente de San Lorenzo que dicen traerá al coronel
Caballero.
3o.- Algunos hombres del Arroyo del Medio que dicen vendrán con
el coronel Goytia...43
2o.-

A la descalificación de la base de reclutamiento de los contrincantes, los partidarios del Club del Pueblo descuentan responder "con
dos mil ciudadanos decididos; con esta juventud entusiasta que ha
comprendido al cabo lo que es sostener sus derechos como pueblo
libre..."44
Es evidente que la disyuntiva social que aquí se marca incide
profundamente en la estimación del consenso alcanzado.
En lo que aparentemente podría considerarse como una cesura
entre el mundo rural y el urbano se detectan ciertas fracturas: la que
separa a la elite del conjunto de empleados y trabajadores urbanos.
"La ausencia de libertades y derechos que soporta [la provincia] hace
que las fracciones políticas que antes se denominaban Club del
Pueblo y 25 de mayo, y que /.as componían una parte del pueblo ajena
al presupuesto han quedado hoy reducidas a los empleados de la admi-

nistración."45
En realidad lo que ocurre es que la conflictividad social sobre la que
se apoya la dinámica política está revelando que la estructuración de la
facción pasa por la ratificación, en clave política, de lasjerarquíassociales
refonnuladas. Alternativamente, las facciones esgrimen como mérito el
lograr el apoyo de "gente distinguida y de influencia". De este modo, al
comunicarle a Roca la formación de un centro político en Rosario,
Benjamín Virasoro señala que el mismo está formado por "personas de
posición social y pecuniaria". A su vez, E. Zeballos, en carta al comandante Rodríguez, le sugiere reúna para constituir la sede del Club
Constitucional en Santa Fe, "a los buenos vecinos y de posición social,
respetados por eso, más que los pobres".46
El estigma que parece pesar sobre los potenciales electores
rurales obliga a uno de los principales operadores del Club Libertad,
el coronel Goytia, a publicar una solicitada en el periódico EL Fe"ocarril, desmintiendo que sus acompañantes fueran peones y señalan43

: Archivo ?eneral de la Nación, Archivo Roca, leg. 40, 5 de agosto de 1884.
El Rosano, 22 de agosto de 1864.
El
Rosario, 16 de agosto de 1864•
42
El Rosario, 14 de agosto de 1864.
~

94

El Rosario, 15 de agosto de 1864.
El Rosario, 8 de octubre de 1864.
45
La Capital, 20 de enero de 1883.
46
Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 39, Sn/1884; Archivo Histórico Provincial, Fondo Rodríguez, carpeta 3, 18/11/1884.
44

95

�Redes parentalesy facciones
do que los mismos son, en cambio, "coroneles, tenientes, sargentos,
capitanes, alféreces y ciudadanos todos hacendados de Arroyo Pavón,
Arroyo del Medio, Arroyo Seco, comerciantes de Villa Constitución,
etcétera".47
Si bien parece pervivir una tensión entre los miembros de la elite
urbana, que tradicionalmente controlaron el espacio local, y los
representantes de las masas rurales, que durante la primera mitad del
siglo XIX habían alimentado el fenómeno del caudillismo, la nueva
articulación de ambos planos en un sistema político que se está
construyendo implica la redefinición de alianzas, realizadas ahora con
comerciantes, artesanos, hacendados, estancieros e incluso jefes militares, estos últimos a su vez estancieros o ganaderos.
De todo esto resulta una jerarquización política que trae aparejada una división de funciones: a los "notables" les corresponde tomar
las decisiones, elegir o liquidar candidatos, distribuirse cargos y merecimientos. A los electores urbanos o rurales les toca en cambio
otorgar el aval a quienes supuestamente son sus representantes. Este
consenso notoriamente artificial y sobreimpuesto obliga, además, a
recurrir a mecanismos de coacción.
Esta distribución de responsabilidades y funciones divide entonces en dos planos las formas de "hacer la política" en el sistema
electoral: la que se atribuye la elite como propia de su naturaleza
social y la que implica la articulación de esta dirigencia con la masa
de votantes. Esa articulación tiene dos momentos clave: el de la
campaña que precede a la elección y el comicio. Los instrumentos a
los que se echa mano en un verdadero proceso de cooptación del
elector consisten, por una parte, en la utilización de la palabra escrita
como herramienta ideológica para alcanzar el consenso. La prensa
facciosa acompaña y nutre el accionar de las agrupaciones políticas,
adoptando en parte su propia dinámica espasmódica. Los periódicos
aparecen y desaparecen en el marco de las coyunturas electorales,
como es el caso de El Tmeno, que en 1864 se acopla a la polémica
desatada entre El Ferrocarril, partidario de los liberales; y El Rosario,
vocero del autonomismo. De acuerdo con las afirmaciones de Gabriel
Carrasco, El Trueno se convierte en un verdadero "pasquín", incrementando de tal modo la tensión entre las facciones que los propios
clubes que antagonizan deciden bajar los decibelesde la controversia.
Ello conduce a una breve desaparición del periódico, que luego
retoma sus ediciones hasta principios del año siguiente, momento en
47

El Fe"ocarril, 20 de septiembre de 1864.

96

M Bonaudo y E. Sonzogni
que sale definitivamente de la escena pública. La importancia política
de la opinión periodística aparece claramente expresada en una carta
que Avellaneda le escribe a Jonás Larguía en 1874:
Habiendo terminado la lucha electoral, el diario La Unión Argentina pasa
a ser propiedad de una empresa particular; pero conti~uará s_iendo el
órgano del Partido Nacional [...] para cons~rvar as1 1~ urudad del
pensamiento entre los miembros de nuestro partido. Le esumaré obtenga en esa localidad, algunos suscriptores.
No podemos mantener nuestra organización de partido s~ ~n
órgano que exprese sus ideas y que infunda a todos un espmlu
común.48
.
El periodismo santafesino y rosarin?,tiene,,a_ lo largo del per!odo
que se analiza, una innegable connotac1on polil~ca, ora con el s1tuacionismo ora con las filas opositoras. Un pnmer mtento que procura
superar el carácter faccioso y efímero de las publicaci?nes se d_a en
1867 con la fundación de La Capital, dirigida por un reciente habitante de Rosario, Ovidio Lagos. La misma coexiste - en función _de la
dinámica de la nueva urbe- con una multiplicidad de expresiones
periodísticas49 que desde la crítica o _I~ ~dhesió~- asumen distintos
estilos no siendo ajenos a ellos los penod1cos satmcos que, como La
Cabridnera en la dé.c ada de los setenta, caricaturiza a los personajes
políticos y usa la ironía como arma de cuestiona miento social.
.
La construcción de un espacio público en el que la palabra escnta
es ciertamente protagonista, no se reduce a los núcleos ur~anos
mayores, sino que también aparece en el mundo ~ ,las col~m~s: El
Serrucho El Corondino, El Colono del Oeste, La Umon Provincial, se
agregan ; los originados en el seno de las colectividades..
En tal construcción comienza a observarse un paulatmo proceso
de profesionalización, más notorio en algun~s casos, _que ~ra~ como
resultado una mayor complejización del propio negocio ed1tonal que
incluye, entre otros rasgos, la distribución de c?rresponsa~~s :ocales
y la reproducción de notas de opinión transcntas de penod1cos de
otras ciudades. Un segundo elemento de cooptación está dado?ºr la
utilización de la influencia personal o política en la conformac1on de
relaciones clientelares.
48
Archivo Histórico Provincial, Colección J. Larguía, carpeta 2, leg. 2-1, folio 7,
ln/1874; Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 39, 8/7tl884.
.
.
49
La Opinión Nacional, El Sol, El Independiente, El Mensa1ero, La Discusión,
El Municipio, entre otros.

97

�Redesparentales y facciones

Los caminos elegidos para operar en este plano pasan o bien por
el entramado de vínculos que se estructuran en la relación laboral
entre patrones y empleados, y particularmente en el mundo rural
entre el estanciero y los peones, o bien por la presión que ciertos
individuos puedan ejercer desde la función. Una muestra cabal de la
adhesión alcanzada por algunos personajes que combinan la actividad
privada y la función pública se observa en la "solicitada de los troperos", que aparece en El Trueno del 14 de enero de 1865:
El club sucursal de la plaza de las Tropas, presentará el 23 del corriente
a los comicios electorales ochocientos argentinos que sostendrán la
bandera del Qub Libertad en el terreno que los busquen yprobarán una
vez más a los señores del Club del Pueblo que son los troperos capaces
de sostener sus derechos adquiridos y no consentidos.
Los firmantes aclaran que se habían engañado creyendo que en
las filas del Club del Pueblo estaban los "jefes" más prestigiosos pero
al descubrir que éstos formaban parte de la otra facción se vuelcan a
ella por cuanto los coroneles Goytia, Esquive!, Caballero y otros
"siempre han gozado de popularidad a la que son acreedores por sus
importantes servicios y por su honradez, razón por la que los paisanos
los quieren".
Dos figuras aparecen en este nivel como las de mayor capacidad
de acción, la del jefe político y la del comandante de milicias. Ésta
parece ser la instancia más coactiva en la construcción del elector, ya
~ue los mecanismos de presión que se ejercen sobre el mismo pueden
ir desde la convocatoria y el convencimiento, como lo planteaba la
invitación de Silverio Córdoba, pasando por la de compra de voluntades explícita o implícitamente hasta llegar a la violencia pura.
La prensa y la correspondencia privada "transparentan" esta
ope~atoria. Así, la voz del Rosario se levanta contra la "gran apuesta"
del Jefe político Marcelino Freyre quien cthace días recorre las calles
de esta ciudad buscando con quién apostar la cantidad de 500 pesos
plata contra cinco, a que él gana las elecciones que se practicarán de
un diputado, haciendo triunfar la candidatura oficial sobre la del
Pueblo".50
Apuesta que el funcionario acompaña con acciones concretas:

50

M BonaUIÚ) y E. Sonzogni
La reunión de ayer, promovida por la influencia oficial y capitaneada

directamente por la policía, ha sido de hombres traídos de las tropas de
carretas, es decir, peones de éstas sin que ninguno de ellos tengan
domicilio, ni residencia permanente en esta ciudad. Esos desgraciados
troperos desnudos y andrajosos eran conducidos por soldados y entregados allí para que aprobaran lo que dijeran tres o cuatro individuos
encargados de la representación teatral.51
El Trueno, por su parte y desde la facción contraria, denuncia la
recurrencia explícita al soborno: "Sabemos que nuestros opositores
andan ofreciendo un peso por voto, es decir, que se proponen comprar la conciencia de los hombres en favor de una causa despreciada
por todos. " 52
El editorial que Jonás Larguía elabora en El Fénix en 1871, donde
realiza una semblanza tipológica del "caudillismo", destaca la tarea
del "caudillo electoral":

Recibe de su jefe las instrucciones necesarias con recomendaciones
escritas para las autoridades de campaña que se creen menos decididas
por la candidatura que se trata de sostener; al mismo t;iempo recibe, sin
ruborizarse por cicatero, los fondos necesarios para desempeñar su
comisión honorablemenJe y comprar los votos vendibles en los departamentos: son vales a la vista las promesas de ascenso y empleos civiles que
el caudillo está facultado para hacer a los oficiales de la Guardia Nacional y otros personajes de campafia que se venden por moneda feble de
papel.

Munido de todos estos elementos sale nuestro hombre a la campaña
donde es esperado con el mismo deseo que el comisar,o pagador donde
ha precedido el anuncio de su llegada.
La carne con cuero, las pipas desfondadas y llenas con el tinto licor
del padre Baco, y el tentador sonido del boliviano que circula con
profusión en las carpetas de juego y canchas de taba son las razones más
poderosas que abogan en favor del candidato que se sostiene; sus méritos
están a la vista, patentes, materializados y convertidos en las preciosas
sustancias arriba expresadas.53
Cuando la cooptación a través de estos mecanismos encuentra
resistencias en el elector, se acude a la coerción directa.
La campaña electoral en la que participa por primera vez el
51
El Rosario, 13 de agosto de 1864.
52
El Trueno, 25 de diciembre de 1865.
53

El Rosario, 13 de agosto de 1864.

El Fénix, 30 de agosto de 1871.

98

99

�Redes parentales y facciones
Partido Constitucional en 1884 se ve obstaculizada por la acción de
los jefes políticos y por los comandantes, tal como se lo informa
Ovidio Lagos al presidente Roca.
Considero de mi deber participarle que es de todo punto imposible
establecer centros políticos en los pueblos de campaña por la tenaz
persecución que las autoridades despliegan contra todo aquél que no
forma en las filas de los clubs gobiernistas [...]
Los hombres del poder, especialmente Iriondo, comandante Orofio
y demás capitanejos han desplegado un lujo de persecución y amenaza
a los que no se enrolen en sus centros que los paisanos y los hacendados,
a pesar de estar animados de la mejor voluntad en el interés de cooperar
al avenimiento de un gobierno regular en esta provincia, y sostener la
política del gobierno nacional, se abstienen a fin de evitar que les lleven
los peones, o los persigan con el pretexto de enemigos del gobierno.54
La responsabilidad asignada a los comandantes y a los jefes
políticos se explica en virtud de la magnitud del ámbito sobre el que
ejercen su influencia, en el cual no desdeñan los servicios de funcionarios de menor rango, como los jueces de paz, que les quedan
subordinados. Ubicados en un nivel clave de las jerarquías política o
militar, estos individuos son candidatos "natos" para las listas de
electores o incluso, en una especie de cursus honoru.m, utilizan la
función como plataforma de lanzamiento para cargos políticos con
más expectativas. Un núcleo importante de los jefes políticos fueron
gobernadores, ministros, senadores, diputados, etcétera.
La tercera vía de cooptación consiste en avanzar y manipular las
modalidades adoptadas por la sociedad civil en construcción para
presentar y viabilizar sus demandas. La configuración de una cultura
de la presión que, más allá y más acá del sistema electoral crea la
demanda social, aparece como un espacio de convergencia y excluidos
del sistema político. Esta forma, que adquiere connotaciones muy
definidas en los espacios locales a través de los petitorios, las movilizaciones, las "cencerradas", los mítines55 se convierte en un lugar
nuevo donde vuelven a operar las facciones. Son llamativamente los
colonos de San Carlos los que en 1877 elaboran un petitorio manifestando su adhesión a la candidatura del coronel José Rodríguez:
"Ajenos como extranjeros y colonos a todo asunto que se cierna en
sentido político, manifestamos de la manera más imparcial que sería

M. Bonaudo y E. Sonz.ogni

la solución más acertada que pudiera hacerse en razón a los méritos
y servicios que dicho señor ha prestado a su país."56
La significación del manifiesto no sólo reside en la apelación a
una fórmula cotidiana para los colonos, como es el petitorio, sino que
fundamentalmente se halla en la articulación de las dos esferas dentro
de las cuales se hace la política: la del sistema electoral y la que se
halla fuera de él. Justamente estos "extranjeros y colonos" que no se
sienten incluidos en la primera van a abandonar la exclusión utilizando las herramientas que le son propias a su modo de hacer la política,
ingresando desde la segunda.57
En realidad, esa postura política colectiva preanuncia, de alguna
manera, la dinámica que va a caracterizar a la década de los ochenta,
cuando el debate social gire en tomo a cuestiones como la centralización, el espacio municipal, la secularización, que reformulan el
papel del ciudadano y, por ende, las formas de hacer política.
La descripción realizada hasta aquí reseñando la operatoria de
los mecanismos de cooptación vuelve a reaparecer en la instancia
comicial. En realidad, todas las previsiones que se han ido adoptando
en el curso de la campaña tienen como objetivo convertir al acto
eleccionario en una profecía autocumplida. La inscripción en el
registro cívico, la insaculación de los jueces, el acuartelamiento de los
votantes desde la víspera, el acto dela emisión del voto y el escrutinio
constituyen escenas eslabonadas de la subordinación del ciudadano
a los intereses de la dirigencia facciosa.
El comicio resulta así una condensación de protagonistas y tensiones: los candidatos facciosos, el electorado, las autoridades comiciales evalúan en ese momento la diferencial capacidad de cada una
de las facciones para la adquisición de electores. AJ mismo tiempo
muestra, entre los setenta y los ochenta, la consolidación de las redes
parentales que alimentan la facción autonomista, y que más allá de
sus propias fracturas, impide sistemáticamente la recuperación del
control del aparato estatal por parte de los liberales. Sin embargo, la
década de los ochenta en la que desaparecen dos de sus figuras
prominentes, Simón de Iriondoy Servando Bayo, va a abrir el camino
a un replanteo de las relaciones entre sociedad y Estado, entre
gobernantes y gobernados.

56 Archivo

54

Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 40, 2/9/1884.
55
M. Bonaudo, S. Cragnolino y E. Sonzogni, "Discusión en tomo...", op. cit.

100

Histórico Provincial, Fondo lturraspe, folio 188.

57 Esta perspectiva de exclusión se da en clave provincial o nacional, ya que a nivel

local los extranjeros tienen el derecho de voto comunal basta 1890.

101

�Redesparentalesy facciones

M. Bonaudoy E. Sonzogni

Hacia la reconsideración del papel del ciudadano.
Rosario y el Partido Constitucional

En realidad, la ciudad portuaria que fuera punto estratégico en
tiempos de la confederación, convirtiéndose más tarde en la principal
salida de la cada vez más importante producción agrícola, cuenta al
momento de aquellas reflexiones periodísticas con suficientes méritos
para requerir para sí la decisión de determinar quiénes deben ser sus
representantes. En tanto espacio municipal, ha logrado un crecimiento sin precedentes, tanto en lo referido a su población como a la
diversidad de sus actividades económicas y a la complejidad de las
funciones urbanas que le toca atender. En ella, se ha ido consolidando
una extendida capa social vinculada a los intereses mercantiles y
bancarios que tiene, como rasgos que la distinguen de la elite santafesina, la ausencia de una temprana residencia y la multiplicidad
étnica de sus pobladores, elemento este último que también caracteriza a sus sectores subalternos.
La indiferencia o marginación a que la somete la dirigencia de
Santa Fe lleva a Rosario, desde el propio inicio de su desarrollo, a
buscar en la articulación de alianzas por fuera de la provincia su
propia reivindicación y reconocimiento como espacio de poder politico. En tiempos de su institucionalización como ciudad, la entonces
elite rosarina acude a la influencia del presidente de la confederación
-Justo José de Urquiza- para obtener aquel rango. Los proyectos
sucesivos que se presentan en las cámaras proponiendo a Rosario
como capital de la república (y vetados también sucesivamente por el
ejecutivo nacional) han obligado a esa dirigencia a fortalecer contactos fuera de las fronteras provinciales. A esto se suma, ya en las
décadas de los setenta y de los ochenta, la cristalización del situacionismo iriondista cuyo modus operandi desalienta o directamente
ocluye la participación de la ascendente burguesía rosarina. Obviamente, este bloqueo va generando un clima de oposición que, desde
alguna perspectiva, se acopla al planteado por los liberales. Precisamente, el "partido" opositor tiene en Rosario los elementos que
hacen gala del más fuerte antagonismo al "gobierno de familia". Y,
transitados los primeros años de la década, el espectro opositor se
nutre en otro frente: el de las colonias agrícolas, que ven cercenada
su autonomía municipal ante el avance del gobierno provincial. Este
abanico de oposición va a adquirir una particulaf fisonomía política,
cuando, desde todos estos lugares, se converja en una propuesta
común: el Partido Constitucional.
El clima faccioso en el que se desenvuelve la politica electoral en
el país ha ido gestando demandas de revalorización del sufragio desde
los grupos disidentes coyunturalmente desplazados del poder. Así,

La complej ización de la realidad social en el transcurso de los ochenta
va a plantear la necesidad de redefinir, en la provincia de Santa Fe,
no sólo el problema de la representación, sino también el de la
legitimidad de los representantes. Su discusión se desarrolla en distint_as instancias y en diferentes realidades, cobrando especial significación ~n el mundo de las colonias y en el centro urbano que se ha
convertido en el polo del desarrollo provincial: la ciudad de Rosario.
Examina~ en el n:iarco de la puja facciosa el papel del espacio
~rb~no rosa~o, particularmente en la segunda mitad del siglo XIX,
significa en pnmer término recuperar para el análisis los mecanismos
a tra~~ d~ los cuales la elite capitalina en su búsqueda del poder
condicmno y bloqueó el acceso a él de estos nuevos actores que
e~?IDe~tan. un decidido proceso de ascenso social. En segundo
te~o, 1mplica una aproximación a aquel espacio, no ya volcada
~acta su propia interioridad, sino a su capacidad de articularse o
mterponerse con otros más abarcadores: provincia o nación. Rosario,
a diferencia de la ciudad capital, tiene un reconocimiento tardío de su
calidad de ciudad, aun cuando la sanción jurídico-administrativa anteceda a la del espacio municipal de Santa Fe. La construcción del
n:i~nkipio e~ tanto ámbito específico resulta así paralela a su integrac1on en los ruveles de representación provincial y nacional en el interior
de la pugna entre autonomistas y liberales por la hegemonía política.
La necesidad de la dirigencia santafesina de mantener bajo su
cont_rol los distintos niveles de representación, preservándose en tal
sentido de la potencial competencia procedente de esos nuevos actores, conduce a una estructura de representación que impone -a
escala departamental - unstaffde miembros pertenecientes o vinculados a las tradicionales redes parentales capitalinas. Esta continua
post~rgación de los rosarinos en las legislaturas, que se pone de
manifiesto en los candidatos correspondientes a sucesivas elecciones
a diputados va nutriendo la demanda. En 1883, La Capital bajo el
título de "Signos de decadencia", denuncia ante la elección'de convencionales: "Es por demás curioso verfigurar en la representación
del ~osario a los señores Iriondo, Reyna, Basabilbaso, Gálvez, etc.,
que tienen su domicilio en Santa Fe y que algunos de los cuales sólo
de nombre conocen el vecindario de esta ciudad." 58
58

l.A Capital, 20 de enero de 1883.

102

103

�Redes parentales y facciones

M Bonaudo y E. Sonzogni

por ejei:nplo, al final de la década de los sesenta, un grupo de intelectuales ligados a la facc~ón alsinista forman en Buenos Aires el Oub
Igualdad, en cuyo manifiesto se proclama la necesidad de

sociales: por una parte, grupos de jóvenes profesionales e intelectuales caracterizados como la "juventud ilustrada" que han abrazado la
alternativa del exilio en respuesta al clima oprobioso que vive la
provincia. No es ajena, entre las motivaciones que están detrás de
aquella decisión, su postura liberal frente a la cuestión religiosa que,
en 1884, se alza como tema principal - aunque ríspido- de la
controversia social. y con respecto al cual el gobierno santafesino
parece más proclive a defender -en la medida de sus fuerzas- las
posiciones clericales.
Asimismo, su experiencia fuera de las fronteras provinciales y más
concretamente en Buenos Aires, vincula a estos grupos con aquellos
integrantes del alsinismo responsables de la iniciativa de conformar
un partido programático y de principios, cuya influencia se advertirá
fácilmente en la propuesta que hagan al pueblo santafesino.61
Un segundo foco del euestionamiento procede de los grupos de
inmigrantes instalados en las colonias agrícolas santafesinas que
advierten con creciente preocupación el progresivo cercenamiento de
sus libertades municipales, lo que los insta a radicalizar sus expresiones y a buscar posibles aliados para la resolución de sus demandas.
Finalmente, la ya señalada postergación que sufre la pujante burguesía rosarina corre paralela a la marginación de sectores tradicionales
que militan en la facción liberal, y su predecible acercamiento genera
el tercer sujeto colectivo dispuesto a dar batalla al situacionismo.
No es entonces casual que la génesis del Partido Constitucional
se diera en Buenos Aires, donde estos "jóvenes ilustrados" crean el
Centro Santafesino, cuyo reglamento explicita su voluntad de "cooperar al progreso político y social de la provincia de Santa Fe"
comprometiéndose a "la organización popular de los ciudadanos de
Santa Fe a fin de que, por medios pacíficos y legales, ejerzan los
derechos políticos que acuerdan a los habitantes de la provincia las
constituciones nacional y provincial".
Ambos artículos que inician el reglamento hablan a las claras del
propósito militante de una intervención directa sobre la provincia,
aun pensado lejos de su territorio, estimulando la movilización ciudadana en dirección a lo que podría incluso suponerse un acto de
subversión: recuperar para sí el derecho constitucional del sufragio.

ll~var a cabo el ejercicio del de~e~ho electoral monopolizado hoy por
vmculos estrechos~ cuyo cumphffilento, al mismo tiempo de ser el más
sag~ad? para un crndadano, es el que más trascendencia tiene en las
repubh~ democráticas [... ] Progresaremos cuando los que nos dirijan
sean_ e!egidos por el pueblo y no por círculos pequeños que realizan sus
amb1c10nes bastardas por la intriga y el maquiavelismo.59
En los primeros años de los setenta, este mismo grupo, formando
parte de u_n nuevo club -Club 25 de mayo-, plantea un programa
que, ap~yan~ose e~ ~a reforma constitucional, toca aspectos clave de
la or~~ruz~c1ón polí_uca provincial: el imperio del sufragio popular, Ja
elecc1on d1:e_ct_a de Jueces de paz de ciudad y campaña, Ja autonomía
de los murnc1p1os, la descentralización administrativa la reforma del
poder judicial, etc.60 Dicha propuesta culminará en 1~ fundación del
Partido Republicano en 1877 y, aun cuando esta expresión política
fracasa, es un jalón en el intento de recuperar la figura del ciudadano
como fuente de legitimidad y de construir un sistema político sobre
la base de propuestas programáticas orgánicas.
. Si en la provincia de Buenos Aires los ensayos de una rectificación de las formas de hacer política electoral se dan en las décadas
apuntadas, Santa Fe debe esperar a los últimos años de la década del
s~t~nta Y principios de la siguiente para poder concretar un intento
SimJJ~r, c?ntextuado en una situación política que, a nivel nacional,
ha _cristalizado su unidad bajo la atenta supervisión de Roca. y tanto
a ~ste como a la oposición provincial preocupan, desde distintas
anstas, la progre~iv~ disolución política e institucional que está atrave~ando la provmcia. El caudillo máximo del Club del Pueblo ha
d~Jado la conducción del ejecutivo en manos de su cuñado el canómg~ Zavala, quien atien~e -en razón de su salud progresivamente
al VJcegobemador Cándido Pujato. Esta bicefalia institucional tiene
t~mbién_ su costado político, que tiende a originar y ahondar las
diferencias dentro de las propias filas del autonomismo. No obstante
la "familia" ~i~e manteniendo el control del aparato estatal.
'
La opos1c1on parece converger a partir de tres tipos de actores
5
~ Extraído de José C Chiaramonte,

61

Nacionalismo y liberalismo económico en

Arge'%na, Solar Hacheue, Buenos Aires, 1973, p.171.
/bid., pp.172y 173.

104

No sólo la propuesta convalida la filiación, sino también la adhesión concreta
que uno de los miembros del antiguo Partido Republicano, A C. Cambaceres, da a la
convención del Partido Constitucional; Convención del Partido ConstÍlucionaf, Buenos
Aires, 1885, Biblioteca Ernesto Tornquist, Política 277-17839, p. 36.

105

�Redes parentalesy facciones

M Bonaudoy E. Sonzogni

Al asumir un planteo político principista, el Centro Político
Santafesino se propone:

Santa Fe y Rosario son realmente "rivales" en la búsq~eda de ~a
hegemonía y el resto de las localidades les quedan subordmadas, sm
ediación de la estructura departamental. El otro elemento que
m
., •
aporta Ja primera sesión preparatoria de 1~ convenc1O~ tiene que ver
con los centros que envían convenciorustas. En pnmer lugar, se
destaca la presencia de extraprovinciales, el de Pa~~ná y e~ de Bue~os
Aires, y en segundo lugar, la desigual representac1on del area capitalina hacia el norte, ya que las delegaciones present~s son ~as de
Rosario Villa Constitución, Roldán, San Lorenzo, Jesus Mana, Esperanza'y Santa Fe. Las filas de las delegaciones están fundamentalmente nutridas por hombres procedentes de las redes parentales_que
militan en la facción liberal o de la burguesía rosarina.-~ ne~s1~ad
de evitar pujas instituye la instalación rotativa de la co~s1_on dir~ctiva
del partido. Sus bases de organización rep~oducen, casi sm _mod~caciones, los principios del Centro Santafesmo, en lo programat1co, y
en lo organizativo, crean una serie de instancias que, estrechamen~e
articuladas, presuponen la construcción de un consenso desde abaJO
hacia arriba. Desde esta perspectiva, los vecinos de cada departamento constituyen el club local y su respectiva comisión directiva; a su v~z,
cada departamento provee de un d~l~gado a la comisión ejecutiva
provincial. En el ámbito de las conus10nes d~p_arta~ent~les se encuentra la base de la primera instancia de part1c1pac1on directa ~n la
que los "correligionarios" son inscritos como mie~bros del partido Y
en donde toman sus decisiones en tomo a los candidatos para puestos
municipales y departamentales.
. .
El voto directo se sustituye por el mdirecto, a cargo de las
comisiones departamentales en el caso de las can~idaturas pa~a
elecciones generales.64 Evidentemente reaparece aqu1 la recurrenc1a
a interponer mediaciones entre los ciudada~os y s~s represent_antes,
lo que abre nuevamente el espacio a la mampulac1ón y a las alianzas
entre dirigentes.
De todas maneras, el aggiornamento que representa_esta fuerza
politica reside, tal como se expresa en el discurso ~el presidente d:,la
convención el doctor E. Zeballos, en la intención de alcanzar la
solidaridad de Ja familia política, la comunidad de los intereses, la palpitación uniforme de las aspiraciones y los designios recíprocos" en
definitiva en el intento - como lo planteaba Ovidio Lagos un año
antes- de' sentar sobre otras bases el pacto sOCI.al•65

l. El mantenimiento de la organización nacional, de la autonomía
provincial conforme a la Carta orgánica, mientras no sea reformada, y
la efectividad de los derechos de libre sufragio, de reunión, de petición
y de publicación por la prensa.
2. La realización de los grandes fines económicos y políticos de
nuestra Constitución nacional, especialmente en cuanto aJ mantenimiento de la paz interior, el aumento y mejora de puertos, muelles y
vías de comunicación, la protección a la inmigración, la libertad asegurada por una recta administración de justicia; la economía en los gastos
públicos por una honrada administración, la disminución y proporcionalidad en los impuestos; la amortización de los empréstitos, la uniformidad monetaria y un régimen bancario que repose en la convertibilidad de los billetes y asegure los beneficios del crédito a todas las
industrias[...]
4. La efectividad de'las garantías municipales por la autonómica
intervención de los vecindarios.62

Lo significativo del programa, especialmente en lo referido a la
declaración de principios, está dado por la incorporación de demandas económicas y políticas que los actores sociales que se comprometerán con el proyecto han ido expresando en distintos momentos,
particularmente la burguesía rosarina y los colonos del centro oeste. Resulta claro que desde la perspectiva de estos grupos es imprescindible
para concretar el mayor potencial del modelo de desarrollo -que no
entra en discusión - y de su propio papel dentro de él, el "ejercicio,
tranquilo pero firme y persistente de los derechos politicos."63
La organización, que no queda exenta de dificultades, se plasma
definitivamente en la convención del 16 al 18 de noviembre de 1884,
celebrada en la ciudad de Rosario. La estructura que el Partido
Constitucional pretende darse no se aleja de la tradición de los clubes
políticos, pero toma un dato de ella para garantizar la unidad de
acción. Divide a la provincia "en dos secciones, la de Santa Fe y la de
Rosario, que obrarán en cuanto fuera posible independientemente
con jurisdicción en los clubes a ella cercanos". La propuesta intenta
superar, indudablemente, la tensión entre ambas ciudades. Es en
realidad una resolución política que pone de manifiesto el conflicto:
62

EJ Mensajero, 4 de julio de 1883.

64

63 /bid.

Convención, op. cit.
,
65 "Las reformas de la Constitución entran en el orden del pacto comun, como le

106

107

�Redes parentales y facciones
En _los hechos, el proyecto debe enfrentar por un lado los gérmenes desmtegradores que operan en su interior y, por otro, la fuerte
resistencia que le ofrecen los grupos del oficialismo enquistados en el
aparato estatal. Más allá del discurso, algunos de los operadores de
vanguardia d~l Partido Constitucional, como es el propio ZebaIJos,
un verdadero mstrumento en las manos de Roca,66 terminan reinstalando la clave facciosa para construir su propia red clientelar: las
presiones sobre el comandante Rodríguez, las negociaciones con la
fracción "bayista" rosarina, los encuentros y desencuentros con los
sectores del Club del Pueblo que responden a Benjamín Virasoro
Cándido Pujato y Deolindo Muñoz se convierten en un boomerang e~
el momento en que Roca negocia el retiro de la candidatura de
Zeba!~os a 1~ gub~matura y privilegia la alianza ya pactada para la
elecc1on_ nacional. 7 Los acuerdos de cúpula, sumados a la negativa
correl~_c1ón de fuerzas en el espacio público provincial, explican la
reflexion desalentada de Camilo Aldao a Roca, con motivo de la no
presentación del Club Constitucional en las elecciones municipales
de Rosario, en diciembre de 1884:
Si. h~b~éramos cometido el disparate de presentamos a la plaza al
pnncipiarnuestra organización hubiéramos sido sacrificados inútilmente por 300 hombres a Remington y cerca de 2 000 traídos de todas partes
[...] lCómo es posible combatir legalmente contra el poder oficial

Uaman los con_stitucionalistas, para significar el resultado de la voluntad popular escrito
en cláusulas bien meditadas y discutidas, de manera que nose adquiera supremacía en
derecho con ventaja para los unos y con mengua para los otros.
existencia del gobierno propio comprende los términos precisos de elección
hbre Yd1recta Yrepresentación popular que nacen de los principios fundamentales que
aseguran la libertad, la igualdad, la propiedad de los derechos naturales del hombre"
La Cat,ital, 11 de enero de 1883.
'

. "La

La correspondencia privada del presidente muestra con meridiana claridad su
alto grado de involucra miento en el proyecto y el papel arbitral que juega con relación
a facciones e individuos.
67

Cfr. Archivo General de la Nación, Archivo Roca, carta de Camilo Aldao a
Roca, 20 de enero de 1884, leg. 36; carta de Eusebio Gómez a Roca, del 2 de enero de
1884, leg. 36; carta de E. Zeballos a Roca del 7 de febrero de 1884, leg. 41; carta de
Deolindo Muñoz a Roca del 14 de febrero de 1884, leg. 36; de Deolindo Muñoz a Roca
del 24 de febrero de 1884, leg. 36; de Gregorio Fúnes a Roca del 26 de febrero de 1884,
leg. 36; carta de Benjamín Virasoro a Roca, 17 de junio de 1884, leg. 38; de E. Zeballos
a Roca, 22 de mayo de 1884, leg. 38; E. Zeballos a Roca, 23 de mayo de 1884, leg. 38;
José Rodríguez a Roca, del 26 de mayo de 1884, leg. 38; de Nolasco Arias a Roca, del
31 de '.°~yo de 1884, leg. 38; de Camilo Aldao a Roca, del 8 de agosto de 1884, leg. 40;
de Ovid10 Lagos a Roca, del 2 de septiembre de 1884, leg. 40, e tcétera.

108

M Bonaudo y E. Sonzogni
teniendo a su frente al general Virasoro y al coronel Córdoba con sus
uniformes? [...] ¿ Y a usted mismo, como presidente honorario de este
centro?[...] Nuestros paisanos, general, necesitan hechos prácticos.68
El Constitucional prácticamente desaparece alrededor de 1886,
pero la crisis social y la crisis política de los noventa reabrirán -para
el proyecto y sus protagonistas- una nueva instancia en el marco de
la Unión Cívica, cuya primera convención - llamativamente reunida
en Rosario- congrega a varios de sus antiguos integrantes.69
Lo examinado hasta aquí permite seguir el proceso de construcción de un espacio público en el que, a través de ese .instrumento
político que es la facción, las familias de notables integran el espacio
privado y el espacio público; los ámbitos urbano y rural; y, por fin, las
tres dimensiones en las que interactúan sociedad y Estado: la local,
la provincial y la nacional.
En tal construcción las maneras de "hacer la política", contextuadas en el sistema electoral, revelan la capacidad de la práctica facciosa
para reproducir las jerarquías sociales en el sistema político. Pero al
mismo tiempo, alertan sobre las reformulaciones que en la década de
los ochenta esa misma sociedad está exigiendo. Esos reclamos provienen de actores sociales "incluidos subordinadamente" o de aquéllos que por su carácter de extranjeridad, resultaron excluidos de la
dimensión provincial o nacional. Las voces de unos y otros convergen
y recuperan como elemento esencial de su identidad al ciudadano,
considerado como "miembro activo" de la sociedad. Ello lleva implícito un intento de desenmascaramiento de la política, erradicando la
lógica facciosa y restaurando los derechos políticos a través de las
garantías electorales. En este proceso, el sistema electoral va adquiriendo centralidad, a medida que los actores comprenden que él
constituye la clave para incidir en las decisiones de poder y para
imponer sobre nuevos criterios de legitimidad la relación entre gobernantes y gobernados. Esa toma de conciencia se realiza a través
de una práctica que transita dentro y fuera del sistema: los ensayos
programáticos, como el Partido Constitucional, la reiterada recurrencia a la cultura de la presión, la discusión de la naturalización, etc.
Pero estas estrategias resultan, en defmitiva, insuficientes para vencer
68 Archivo General de la Nación, Archivo Roca, leg. 42, 14/l]Jl.884.
69

Es presidente de esa convención Juan E. Torrent, vicepresidente 2o. Mariano
Candioti y dos, de los cuatro secretarios, Agustín Landó y Lisandro de la Torre. La
Unión Cívica parece amalgamar, en ese momento, a mitristas, autonomistas y constitucionalistas que actuaran en las viejas lides santafesinas.

109

�Redes parentales y faccúmes

la "máquina". Quizás por eso, el manifiesto que en 1893 la junta
revolucionaria de la Unión Cívica Radical de Santa Fe lanza al
pueblo, reconociendo una nueva violación a la posibilidad de "verdaderas elecciones libres y legales", plantee como recurso último al que
se apela, la revolución:

Los artesanos del Cusco, la crisis
regi,onal y el régi,men republicano
(1824-1869)

La revolución no puede ser el remedio aplicable uniformemente a la
curación de los males que resultan del ejercicio deficiente e irregular de
las instituciones que un pueblo libre se haya dado; pero todo está
subvertido y es en vano intentardentro de la ley la reconquista de lo perdido.

Thomas Krüggeler

El sistema político, sostenido paralelamente a este sistema administrativo, puede condensarse en una frase: la supresión de todos los
derechos políticos que las leyes acuerdan a los ciudadanos.70

a historia del Cusco durante el siglo XIX, y particularmente la
historia de la ciudad del Cusco, ha recibido hasta ahora poca
atención de parte de los historiadores. Nos hemos dado por
satisfechos con algunas generalidades, sin investigar más profundamente la historia económica, social y política de la antigua ciudad
imperial.1 Dichas generalidades se refieren al aislamiento geográfico
y político, a la crisis económica y comercial de la región del Cusco y
al retroceso dramático de la población de la ciudad. La decadencia
del Cusco durante el siglo XIX es indiscutible. Con la apertura del
puerto de Buenos Aires en el contexto de las reformas borbónicas
durante las últimas décadas del siglo xvm, el Cusco perdió su posición
clave como centro del comercio con el alto Perú. Los bienes de
consumo, sobre todo textiles, que llegaron en grandes cantidades de

L

1

Museo Histórico Provincial, carpeta especial, 30 de julio de 1893-94, cuaderno
impreso ilustrado, p. 3.

El estudio más completo, aunque en ciertos pasajes muy descriptivo y con poco
análisis de fuentes primarias, es el de José Tamayo Herrera, lfütoria social &lt;kl Cusco
republicano, Editorial Universo, Lima, 2ª ed., 1981.

110

111

70

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

Gran Bretaña desde fines del virreinato al mercado del Cusco significaron una fuerte competencia para el sector manufacturero y fueron
un factor decisivo para el fracaso del sector textil de la región alrededor de 1840. Las destrucciones causadas por la guerra de Independencia y las guerras civiles durante las siguientes décadas contribuyeron también a la crisis de la región.
El Cusco no experimentó una transformación económica profunda durante las primeras décadas después de la independencia. La
ciudad estuvo aislada de los centros económicos del Perú y sufría una
grave crisis general. En comparación con el desarrollo de Arequipa
durante esta época, el Cusco parecía un pueblo soñoliento. Esta
descripción, sin embargo, pese a ajustarse a la realidad, es peligrosa
en tanto puede hacer suponer que el provincianismo del Cusco
impedía cambios sociales y económicos. Por eso en este artículo
queremos discutir no tanto la decadencia del Cusco y sus causas, sino
cómo funcionaba la economía de la ciudad en estas circunstancias de
crisis y cómo se desarrollaron algunas características de la vida social
cusqueña del siglo XIX.
Para acercanos a la vida económica y social del Cusco entre 1824
y 1869, nos concentraremos en el análisis del sector artesanal de la
ciudad. Los artesanos, aunque en general son ampliamente ignorados
por los historiadores, formaban un grupo social y económicamente
importante dentro de la sociedad cusqueña, al igual que en otras
sociedades urbanas. La diversificación de este sector, en términos de
ocupaciones artesanales, y su fuerza, en términos de números absolutos, son impresionantes en el Cusco del siglo XIX. Los artesanos no
eran solamente individuos pasivos, dirigidos por otros grupos sociales. En este sentido, la fundación de la Sociedad de Artesanos del
Cusco en 1870 la tenemos que interpretar como una reacción de los
artesanos frente al fracaso del sistema gremial y como un intento de
buscar una representación más eficiente en la sociedad cusqueña. La
Sociedad de Artesanos significó política e ideológicamente un cambio
profundo para los artesanos, cambio que no podemos tratar adecuadamente en un pequeño estudio. Por esta razón nos limitaremos aquí
a las cuatro primeras décadas del Cusco republicano.
Pero lquiénes son los artesanos del Cusco? lPodemos llamar
artesanos a los numerosos tejedores, costureras, hilanderas, cocineras, etc., o son artesanos solamente los sastres, zapateros, plateros, etc.,
ocupaciones para las que existía un sistema de aprendizaje y que tenían
sus gremios? El término "artesano", en su sentido más amplio, incluye a
todas las personas que producen algo con sus manos. Aquí, sin embargo,

nos limitaremos a los artesanos típicos de economías urbanas, es
decir, zapateros, herreros, carpinteros, etc. Estas ocupaciones tenían
gremios con sus sistemas de educación profesional y solamente sus
afiliados pagaban contribuciones de patentes. Pero en el Cusco en el
siglo XIX el problema es más complicado. Muchos pequeños sastres,
zapateros, etc., ejercían su ocupación fuera del sistema gremial. Ellos no
trabajaban exclusivamente como artesanos, no tenían oficiales y no
pagaban impuestos. Este grupo de artesanos urbanos tenía casi las
mismas características que los artesanos rurales (hilanderas, tejedores,
etc.). No obstante, vamos a considerar a este grupo, porque las fuentes,
muchas veces, no nos permiten distinguir entre un maestro zapatero
del centro de la ciudad y su pobre colega no organizado de la periferia
urbana. Además, estos pequeños artesanos mostraban un alto grado
de flexibilidad económica y permiten ver cómo reaccionaban frente
a la crisis económica algunos grupos de artesanos.
Los problemas que trataremos en este artículo son los siguientes.
En primer lugar, tenemos que preguntar en qué forma las importaciones de bienes de consumo influían en el sector artesanal y cómo
reaccionaba este sector frente a la competencia extranjera. En tanto
rechaza la noción de que las importaciones destruían la economía de
los artesanos urbanos del Cusco, nos interesa la vida interna de los
talleres. lCómo eran las relaciones entre maestros, oficiales y aprendices y ele qué manera la crisis económica afectaba estas relaciones?
Otro punto central de este estudio es la historia de los gremios
durante la primera mitad del siglo XIX lPor qué seguía siendo el
sistema gremial después de la independencia un sistema que era
considerado parte integral de la sociedad colonial? lQué cambios
sufrió el sistema gremial después de 1824? Finalmente, tenemos que
preguntamos qué posición tenían los artesanos en la jerarquía de la
sociedad cusqueña y de qué forma participaban en la política de la
ciudad. lConcedía el Cusco republicano más prestigio social a los
artesanos que el colonial? Una respuesta a estas preguntas requiere
la unión de los factores que determinaban la posición social de los
artesanos y que influían en las posibilidades de emancipación política.
Veremos, además, que si bien nuestro objetivo es la economía y
la vida social de un grupo crítico del Cusco en las décadas posteriores
a la independencia, veremos que el estudio de los vínculos económicos reales de los artesanos puede permitir que nos formemos una idea
un poco más general del Cusco entre 1824-1869.

112

113

�I
Los artesanos del Cu.seo

Thomas Krüggeler

La estructura del sector artesanal

todo algunas profesiones del sector textil (frazaderos, pelloneros,
etc.), que eran dominadas por artesanos indígenas. Los gremios de
indígenas eran instituciones administrativas que tenían sus orígenes
en la época colonial. Los miembros de estos gremios no pertenecían
a ningún ayllu y no se encontraban bajo el control de un cacique, sino
que gozaban de un cierto grado de independencia dentro de la
población indígena urbana. Parece que las funciones de los gremios
indígenas, a diferencia de las que cumplían los gremios de mestizos,
se limitaban casi exclusivamente a lo referido a las obligaciones
fiscales, porque los únicos documentos que hemos encontrado sobre
estas instituciones tratan de la contribución de indígenas. Durante la
época colonial, en cambio, los gremios de artesanos indígenas eran
instituciones mucho más activas, como lo prueban las fuentes y la
información que nos ha presentado Gutiérrez.2
En términos numéricos los gremios de mestizos eran mucho más
grandes que los de indígenas. Así la matrícula de patentes de 1839
para este sector contiene 289 maestros artesanos organizados, sin
mencionar la respectiva cantidad de oficiales y aprendices. Pero
sabemos que los maestros artesanos empleaban en esa época en
promedio a dos oficiales (véase infra, pp. 133 y ss). Esto significa que
había 867 mestizos artesanos en la ciudad en 1839. La matrícula de
indígenas de 1836, fuente del cuadro 1, registra solamente a 139 socios
de todos los gremios. Esta fuente no distingue entre los grados de
profesionalización porque todos los artesanos indígenas, tanto maestros como oficiales, tenían que pagar la contribución de indígenas.
Como para todos los maestros de talleres era obligatorio ser
miembros de sus respectivos gremios por la Ley de patentes de 1829,
Ycomo les estaba prohibido a los oficiales abrir sus propios establecimientos,3 tendríamos que suponer que en el Cusco del año 1839
había aproximadamente 1 000 artesanos de varios oficios y razas,
como lo indican las diferentes matrículas presentadas. Sin embargo,
los datos del manuscrito del censo de 1862, que presentamos a
continuación, van a probar que esta aproximación es muy incompleta
Yque la realidad de los años treinta era otra.
El censo de 1862 nos presenta 2 286 artesanos en 47 diferentes
profesiones en la ciudad del Cusco.4 Según estas cifras, el 18% de la

En la ciudad del Cusco los artesanos formaban un grupo económico
muy complejo y diversificado. Para presentar adecuadamente las
estructuras del sector artesanal, tenemos que distinguir entre su
estructura horizontal y verificar que su estructura horizontal significa,
en este contexto, la importancia del sector en términos de números
absolutos y su diversificación profesional. La diferenciación entre
artesanos ricos y pobres, entre artesanos de varias razas, entre profesionales con mayor o menor prestigio social, etc., atañe a la estructura
vertical del sector artesanal. Aquí empezamos con los aspectos horizontales, que van a mostramos la posición central que tenían los
artesanos dentro de la economía urbana. La estructura vertical la
analizaremos más adelante, cuando tratemos la posición social de los
artesanos en la sociedad cusqueña.
El cuadro 1 nos presenta la cantidad y variedad de gremios que
existían en el Cusco en la segunda mitad de los años treinta del siglo
pasado y nos indica que había 16 gremios de indios y veinte gremios
de mestizos artesanos. Para 9 profesiones artesanales (columna 1)
existían gremios de indios y mestizos paralelamente, mientras que
otros oficios parecían estar controlados sólo por unos u otros, sobre
CUADROl
GREMIOS ARTESANALES EN EL CUsco ( 1836-1839)

Gremios de
indios y gremios
de mestizos

Gremios de
mestizos

Gremios de
indios

Alfareros
Alfareros
Carpinteros
Curtidores
Panaderos
Plateros
Sastres
Sombrereros
Zapateros

Bordadores
Botoneros
Carniceros
Franjeros
Heladeros
Herreros
Hojalateros
Peluqueros
Pintores
Relojeros
Talabarteros

Chocolateros
F.scultores
Falceros
Frazaderos
Pelloneros
Tocuyeros
Veleros

.,

FuENTI:.S: Archivo Departamental del Cusco, Administración del Tesoro Público
(ADC.ATI'}; Libro estracto de matrículas de indígenas del Cercado, 1836; Matrícula de
patentes de l Cuzco, 1839.

114

2

Véase Ramón Gutiérrez, "Notas sobre organización artesanal en el Cusco
durante la colonia",//istórica, vol 111, núm. l, 1979, pp. 1-15.
3
Véase la Ley de Patentes de 10 de agosto de 1826 en Emilio Dancuart y José M.
Rodríguez, Anales de la hacienda pública del Perú. Jflstoria y legislación fiscal de la
l?púb/ica, 10 tomos, Lima, 1902-1908, tomo 1, p. 276.

115

�Thomas Klüggeler

Los artesanos del Cu.seo •
población económicamente activa estaba formado por artesanos.
Esta impresionante cantidad es aún más sorprendente si tenemos en
cuenta el descenso de la población urbana entre los años treinta y los
años sesenta así como la crisis económica que se agudizó durante este
tiempo.5 Por eso nos parece muy improbable que la cantidad de
artesanos creciera entre los años treinta y 1862. Mucho más probable
es que en los treinta, a pesar de las restricciones jurídicas, existieran
también numerosos artesanos fuera del sistema gremial. El censo de
1862 es el primer documento que nos muestra el sector artesanal del
Cusco en su verdadera amplitud y diversificación.
lCómo podemos explicar esta significativa presencia del sector
artesanal en una época de profunda crisis económica y la gran diferencia entre artesanos organizados y no organizados? Primero, parece muy probable que una cierta cantidad de oficiales trabajara clandestinamente en sus propios talleres sin tener una licencia de la
municipalidad y sin asociación con sus respectivos gremios. Segundo,
había muchos oficiales sin empleo permanente, los mismos que no
aparecen en ninguna matrícula, pero que son mencionados en el
censo. Tercero, había una gran cantidad de artesanos que probablemente ejercieron el oficio sin previo examen profesional y cuyos
establecimientos eran tan pequeños y sus ingresos tan bajos que ni el
Estado ni los gremios tenían interés en integrarlos a sus estructuras
de organización. Cuarto, muchas personas que aparecen en el censo
como artesanos eran exclusivamente vendedores pero no productores
de artículos artesanales y nunca pertenecieron a un gremio. Este
fenómeno era particularmente común entre panaderos y carniceros,
por ejemplo. Así, muchas mujeres se llamaban panaderas porque
vendían pan, pero el número de quienes producían este artículo de
primera necesidad y pertenecían al gremio de los panaderos era
mucho más limitado.
El factor más importante para explicar la gran cantidad de artesanos en el censo de 1862 es, probablemente, que en este documento
aparecen cientos de personas que trabajaban solamente de vez en
cuando como artesanos y que tenían otras fuentes de ingreso aparte
de sus actividades artesanales. Muchos pequeños zapateros, püf
4

ADC, Documentos de la Dirección, "República del Perú, censo general de la
provincia del cercado del departamento del Cusco, año de 1862", libro 19. Hemos
excluido aquí en todos los cálculos con base en este censo las parroquias rurales de San
Gerónimo y San Sebastián.
s Un resumen de desarrollo demográfico del Cusco presenta Tamayo Herrera,
op. cit., pp. 34-36.

116

ejemplo, no tenían licencias profesionales, sino que trabajaban tempüralmente en sus casas y ganaban una cierta cantidad de dinero para
contribuir a la subsistencia de la familia. Otras familias tenían sus
tiendas o sus chicherías y, sin embargo, el cabeza de familia se declaró
carpintero o curtidor, porque poseía ciertos conocimientos de un
oficio y trabajaba temporalmente para un maestro o por su propia
cuenta. La flexibilidad económica que se manifiesta en esta diversificación de actividades la vamos a analizar en el contexto de la economía de los artesanos.

Los gremios: herencias coloniales
e instrumentos del Estado republicano

En las ciudades preindustriales de Europa, el sistema gremial era
teóricamente favorable tanto para los artesanos como para la administración pública. Los artesanos organizados en gremios recibían el
monopolio de la elaboración de sus productos y podían, en colaboración con las autoridades municipales, determinar los precios. Los
gremios tenían sus sistemas internos de aprendizaje, fijaban las calificaciones necesarias para obtener el título de maestro y mantenían
un sistema de apoyo mutuo. La administración pública protegía a los
artesanos de la competencia de talleres no organizados. Para las
municipalidades, este sistema tenía la ventaja de que gremios hasta
cierto punto controlados por el municipio garantizaban el abastecimiento de la población con productos de primera necesidad; además,
la administración pública podía controlar con más fa. ilidad la calidad
y los precios de la producción artesanal. El caso de los panaderos nos
muestra la importancia que tenía este aspecto para la administración
pública. El control del peso, el precio y la calidad del pan era muy
importante para mantener el orden público y para evitar protestas de
las clases populares, sobre todo en épocas de crisis.6 Por otra parte, a
cambio de recibir el monopolio dentro de su rama de protección, los
gremios eran responsables, ante las municipalidades, de la educación
de aprendices y del manteninúento de un alto nivel profesional dentro
de sus oficios.
Bajo este sistema de cooperación entre la administración pública
6

El control del Estado sobre el gremio de los panaderos de Lima a fines de la
colonia es presentado por Alberto Flores Galindo,Aristocracia y plebe, Lima 1760-1830,

Mosca Azul, Lima 1984,pp.165-168.

117

�Los artesanos del Cusco
y los gremios, propio de la edad media pero vigente en algunos casos
hasta el siglo XIX, los artesanos formaron un grupo económica y
políticamente muy poderoso en muchas ciudades europeas; los maestros artesanos, por lo demás, tenían un alto prestigio social. En los
siglos XVJy XVII, cuando los españoles trasplantaron el sistema gremial
a América Latina, en ninguna ciudad Jo llevaron a un nivel tan
pronunciado como en España misma.
La razón más importante para explicar el fracaso del sistema
gremial en las colonias españolas es que las ciudades americanas
tenían una estructura económica muy diferente a las europeas. Eran,
en primer lugar, ciudades de consumo y no de producción, porque las
ciudades coloniales consumían productos importados y productos de
su hinterland en cantidades mayores a las de su propia producción.7
Esto significa que las estructuras económicas de las ciudades coloniales no ofrecían el espacio económico y social necesario para establecer
un poderoso sistema gremial. Además, la gran mayoría de los artesanos eran mestizos e indios, mientras que los españoles y criollos eran
activos en los sectores del comercio y la agricultura y rechazaban el
trabajo manual por considerarlo inferior. En consecuencia, los artesanos y sus organizaciones estaban socialmente separados de las
clases altas urbanas, las cuales les negaron la participación política.
Los gremios coloniales de la ciudad del Cusca no eran una
excepción del esquema presentado arriba. En la ciudad imperial
había pocos gremios y pocos maestros organizados durante el virreinato. Con excepción de los plateros, los artesanos tenían un bajo
prestigio social y su poder político era casi inexistente. Sin embargo,
Gutiérrez nos ha demostrado que, con las reformas borbónicas, en el
Cusco se dio una fuerte tendencia hacia una institucionalización de
los gremios. Las razones de esta tendencia las encuentra el autor en
los esfuerzos políticos para reorganizar el virreinato y facilitar la
cobranza de los impuestos.8
Después de la independencia, el Estado continuó e intensificó
esta política borbónica. Las fuentes prueban que durante las primeras
décadas de la república existían en el Cusco más gremios que en
cualquier momento de la época colonial y con un mayor número de
9
socios. Los maestros artesanos tenían que organizarse en gremios

Thomas Krüggeler
por ley, porque el Estado cobraba las contribuciones de patentes (o
de industrias) mediante estas instituciones. La falta de una adecuada
administración fiscal forzó al Estado a utilizar los gremios como
instrumentos fiscales. Ésta es la razón principal por la que en el Perú
los gremios sobrevivieron mientras que en otros países, en México por
ejemplo, fueron suprimidos inmediatamente después de la independencia por su vinculación con el odioso régimen colonial y sus
contradicciones con el liberalismo del siglo XIX. 10
El uso de los gremios por el Estado republicano cambió profundamente las características y funciones de estas instituciones, porque
los gobiernos, por un lado, forzaban a los artesanos a organizarse
para facilitar la cobranza de impuestos, pero, por otro lado, los privó
de casi todos los privilegios que caracterizaba al intercambio entre
Estado y gremios durante el virreinato. Desde el punto de vista del
Estado, los privilegios formaban parte de la economía colonial y
contradecían a la libertad de industria anunciada por los gobiernos
republicanos. Entonces, el espacio para los gremios como instituciones económicas era muy estrecho, marcado por sus obligaciones
fiscales frente al Estado y la ideología que se escondía bajo el lema
"libertad de industrias". Gremios que funcionaban como instituciones del Estado, pero sin privilegios para los artesanos asociados, ya
no eran organizaciones que pudieran defender los intereses de los
socios. Consecuentemente, durante las primeras décadas de la república los gremios fueron concebidos por los artesa~os como instituciones forzosas.
Veamos algunos ejemplos que aclaran la relación entre gremios
y Estado después de la independencia. Los contratos estatales para
la producción de uniformes para el ejército constituían una importante fuente de trabajo para los sastres del Cusco pero, por la adjudicación de estos contratos, el Estado pasó por alto las funciones distributivas de los gremios y se orientó exclusivamente a las ofertas de
maestros individuales. En una carta al prefecto del 5 de enero de 1830,
cinco maestros sastres se quejaron de la injusticia en la distribución
de dichos contratos.
Se dice en el documento:

9

Véase Richard KonelZke, Las orde11a11ms de los gremios como documemos para
la his1oria social hispanoamerica11a d11ra111e la época colonial, Madrid, 1949, pp. 481-524,
(F,stuf ios de I Iistoria Social de España, núm. 1.)
Véase Gutiérrez, op. cil., pp. 5-6.

Véase cuadro 1 de este artículo en comparación con los dalos presentados por
Gutiérrez, op. cit.
10
Un estudio muy interesante sobre los gremios de México, sobre todo durante
la colonia, es Manuel Carrera S1ampa, Los gremios 1ne,xicanos. La organimción gremial
en Nueva España, 1521-1861, M'éxico, 1954.

118

119

7

�Los artesanos del Cusco
Señor prefecto:
Que ha llegado a nuestra noticia, se va a aumentar los 1 000
vestuarios más de munición, por lo que se han presentado solicitando
dichos vestuarios solamente los maestros Romua)do González, Vicente
Acosta y ~e Urbano Bustamante, quienes siempre han singularizado por
lograr pnvadamente, y hacen el mal uso del monopolio, abarcando entre
ellos, cuanto hay por trabajar, segregando a los que somos más servidores
y que juntamente carecemos del pan para socorrer nuestra pobre familia.
Para evitar más conflictos entre los sastres, los autores de la carta
pidie~on la distribución justa de los contratos estatales "por lo que
ocurnmos a la recta que usted administra como tan amante a la
justicia, para que como pauta nos distribuya a todos por iguales
partes, como padre de la república, a sus hijos que no tienen más así
lo que hacer presente por este recurso a su injustificada protección".11
. Este enfren~amiento entre el corporativismo de los sastres y la
libr_e eompetencia postulada por el Estado prueba que los primeros
teman pro?le_mas para acostumbrarse a este nuevo sistema y pidieron
el reconoc1m1ento de su organización corporativista. Es curioso que
los maestros sastres se acordaran de su gremio siempre que la libre
competencia les parecía desfavorable. En 1836, V. Acosta, F. González_y N. Mon~erola, los maestros acusados en la carta presentada
arnba, s~ queJaron del maestro Bruno BoJívar. Según ellos, Bolívar
monopolizaba los contratos estatales y los tres maestros explicaron a
fa prefectura que esto tiene "graves perjuicios a todos los nuestros y
los demás operarios que componen el gremio"_ 12
Estas y otras peticiones de los sastres cayeron en saco roto. El
Estado continuó durante las siguentes décadas con su sistema de libre
c~mpetencia e ignoró en este aspecto la existencia de los gremios,
mientras las organizaciones artesanales se mostraban impotentes
para obtener reconocimiento.
En 1846, el prefecto del Cusco, José Miguel Medina, presentó un
nuevo reglamento de artesanos para el Cusco, mediante el cual se
proponía, entre otras cosas, reorganrzar los mecanismos de elecciones
de ~epresentantes de los gremios y reglamentar las obligaciones de
los Jefes ~e- talleres. 13 No era la intención de Medina apoyar el espíritu
corporat1v1sta de los artesanos. El objetivo del nuevo reglamento era
11
12

13

ADC, All'/Asuntos Contenciosos (Ac), leg. 77 (1829-1830).
ADC, ATP/AC, leg. 82 (1836-1837).

Biblioteca Nacional (BN), Reglamento de artesanos, Cuzco 1847, Colección de
Volantes 1859.

120

Thomas Krüggeler
utilizar las estructuras administrativas de los gremios para aumentar
el control municipal sobre los talleres artesanales. Pero el gobierno
de Lima no aceptó algunos puntos de la propuesta del prefecto. Los
artículos 11 y 12 de la propuesta original de la prefectura, que
ordenaban a los maestros artesanos informar a la intendencia de
policía sobre el traslado de sus talleres de un local a otro y presentar,
también a la policía, a nuevos aprendices, fueron rechazados por el
gobierno utilizando el argumento de que estos artículos eran "contrarios a la libertad de industria".
La idea del Estado de utilizar a los gremios como instituciones
fiscales tuvo en la práctica poco éxito. Hemos calculado que, entre
1830 y 1851, los cusqueños ( artesanos, comerciantes y profesionales
liberales) que tenían que pagar contribución de patentes, en realidad
pagaban solamente, en conjunto, 22.5% de la suma reclamada por la
Tesorería Fiscal.14 Las amenazas del Estado de cobrar el doble a los
contribuyentes que no pagan sus impuestos o de quitarles su licencia
profesional eran infructuosas. No hemos encontrado ni un solo caso
en el cual la falta de disciplina tuviera graves consecuencias para los
contribuyentes cusqueños. La tesorería fiscal del Cusco era demasiado débil para cumplir sus amenazas y las órdenes que llegaban de
Lima. Los gremios, por su parte, entendían sus obligaciones fiscales
como una carga forzada y tenían poco interés en imponer una disciplina fiscal a sus miembros, sobre todo porque el Estado no hacía casi
nada para satisfacer las demandas gremiales.
La conservación del sistema gremial en el siglo xrx era entonces
un fracaso para ambos lados. Para los artesanos, los gremios significaban más control estatal y menos reconocimiento de sus funciones
corporativistas. Para el Estado, los gremios se mostraban como organizaciones inapropiadas para cumplir funciones fiscales.
La última matrícula de patentes para el Cusco, antes de los años
setenta, es de 1851, porque con la reforma fiscal de Echenique en
1851-1852 quedó suprimida la obligación de cobrar contribuciones a
los artesanos del Cusco. 15 Con el aumento de sus ingresos por la venta
del guano, el Estado renunció a los impuestos relativamente insignificantes de los pobres artesanos de provincias. Para los gremios, esta
reforma sígnificó la p érdida de su función central; la cobranza de
14
Véase Thomas Krüggeler, "Sozial- und Wirtschaftsgeschichte des stadtischen
Handwerks: Cusco, Peru (1820-1880)", tesis de maestría, Universidad de Bielefeld,

RFA, 1987, cap. 111.
15

Véase "Ley exonerando del pago a los indus1riales que obtengan menos de 200

pesos de utilidad anual" del 5 de julio de 1851, en Dancuart, op. cit., t. 5, p. 95.

121

�Los artesanos del Cusco
impuestos. Consecuentemente, los gremios desaparecieron de la vida
pública del Cusco a partir de esta f~cha. Sin el reconocimiento como
insti~ciones corporativas no tenían suficiente sustancia para seguir
funcionando en un mundo económico que se entregó más y más al
libre comercio y al liberalismo, conceptos hostiles al sistema gremial.
Algunos gremios artesanales reaparecen en los años setenta y ochenta
del siglo pasado, cuando la Sociedad de Artesanos hacía un esfuerzo
para reorganizar a los artesanos del Cusco. Pero los gremios de fines
del siglo XIX eran instituciones de ayuda mutua, sin aspiraciones
corpora tivistas.

17wmas Krüggeler
CUADRO 2. IMPORTACIONES POR ISLAY (1844)

Textiles de algodón
Textiles de lana
Textiles de seda
Textiles de lino
Vinos y licores
Artículos diversos

25.5%ª
32.8
10.3
1.0

2.3
28.1

ª Los números absolutos que ofrece la fuente los presentamos en porcentajes.
FuENrE: Alberto Aores Galindo,Arequipa y el surandino, siglos XVIII-XX, Editorial
Horiwnte, Lima, 1977, p. 65.

La economía de los artesanos

El sector textil, es decir los obrajes y chorrillos de la región de Cusco,
sufrió bastante con la competencia de los textiles británicos que
inundaron los mercados del sur del Perú a partir del siglo XIX. Pero
tenemos que distinguir claramente entre los productores de textiles,
que en su mayoría estaban localizados en el campo, y los artesanos
urbanos. 16 En el caso de estos últimos, el impacto que les causaban
las importaciones de productos manufactureros dependía sobre todo
de dos factores: de la cantidad y variedad de productos extranjeros
accesibles en los mercados de la región y de la capacidad de los
mercados para absorber estos productos.
Sabemos que durante los primeros años después de la independencia, el 95% de las importaciones peruanas eran textiles y que
la composición de las importaciones se diversificó en los años treinta
y cuarenta. 17 Según Flores Galindo, las importaciones que entraron
al sur del país en 1844 mediante el puerto de Islay tuvieron la siguiente
composición:

16

Un estudio que analiza los efectos de los textiles británicos en el mercado del
Cusco durante las primeras décadas de la república es el de llcraclio Bonilla, Lía del
Río YPilar Ortiz de Zevallos, "Comercio libre y crisis de la economía andina: el caso
del Cuzco", lTtstórica, vol. H, núm. J, 1978, pp. 1-25. Aunque el artículo contiene
aspectos interesantes, creemos que los autores dan demasiada importancia a las
importaciones y no analizan suficientemente otros factores que causaron la crisis del
Cusco al comienw de la república.
J7 Bonilla, op. cit., p. 3.

122

Productos como perfumes, herramientas, joyas, etc. formaban
parte, entonces, del 28.1 % de todas las importaciones al sur andino
en este año. No hay duda que estos productos también aparecían
en el mercado de la ciudad del Cusca. En periódicos locales de la
década del cuarenta encontramos frecuentemente avisos en los
cuales los comerciantes ofrecen "perfumes de París" o "tela fina
de Alemania" y otros productos de Europa. 18 Muchos viajeros
extranjeros también cuentan qué productos importados había en
el Cusco durante la primera mitad del siglo XIX. 19 Pero estos
viajeros hablan también de la pobreza de la población, de la clase
alta disminuida y del aislamiento de la ciudad imperial. Este último
aspecto nos parece importante, porque el aislamiento del Cusco y
la falta de caminos hacían que los precios de las importaciones
subieran considerablemente hasta que llegaban al mercado de la
ciudad. La cantidad limitada de productos no textiles del extranjero en el mercado del Cusca, sus altos precios a consecuencia de las
dificultades del transporte y la limitada capacidad del mercado de
la ciudad para consumir estos productos nos indican que, a pesar
de la presencia de importaciones en el Cusco, había un cierto
espacio económico para los productores locales. Dicho de otro
wodo, los productos extranjeros no causaron la quiebra total del
sector artesanal del Cusco y numerosos herreros, zapateros, joye18

El Dcmocráta America110. Pcri6dico político, literario y merca11til, 4 de junio de
1847, año J, núm. 81, Universidad Nacional San Antonio Abad Cusco, Hemeroteca
(UNSAAc,H).
l9yéase, como un eJemplo,
.
el texto de Paul Marcoy (1846) en Raúl Porras
Barrenechea,Anrología del C11zco, Librería Internacional del Perú, Lima, 1961, pp.
232-252.

123

�Los artesanos del Cusca
ros, etc., continuaron produciendo y vendiendo sus productos en la
ciudad y la región del Cusco durante el siglo XIX.
Es muy difícil presentar datos exactos sobre los ingresos anuales
de los artesanos y sobre su poder económico. Los ingresos inscritos
en las matrículas de patentes, que forman la base para el cuadro 3,
nos parecen en muchos casos poco confiables, porque los artesanos,
cuando declaraban sus ingresos al maestro mayor del gremio y al
apoderado fiscal, probablemente presentaban números falsos para
evitar el pago de impuestos elevados. En el caso de los sastres, por
ejemplo, los contratos por montos considerables que firmaban
algunos maestros con el Ministerio de Guerra para confeccionar
uniformes para el ejército, no guardaban ninguna relación con sus
reducidos ingresos que aparecen en las respectivas matrículas (véanse infra, pp. 133 y ss).
Esto hace que tengamos que interpretar las cifras del cuadro 3
con mucho cuidado, aunque, a pesar de la inexactitud de éstas,
creemos que el cuadro nos muestra la estructura del ingreso de los
artesanos en una forma aproximada. Es evidente que la mayoría de
los maestros artesanos tenía un ingreso anual muy bajo (150 pesos o
menos), mientras que los artesanos ricos (300 pesos o más) formaban
una pequeña minoría. Los ricos eran algunos sastres, herreros y
carpinteros que constituían casos excepcionales dentro de sus respectivos gremios, así come entre los artesanos en general. Veamo~ un
ejemplo: en 1850 un solo herrero tenía un ingreso anual de 350 pesos,
mientras que los otros 16 socios de su gremio declararon ingresos de
100 pesos. No había gremios especialmente prósperos, sino solamente algunos maestros de pocos oficios que formaban la elite de los
artesanos cusqueños.
La tendencia que presenta el cuadro 3, pese a la inexactitud de
sus cifras, nos parece clara. El grupo pobre de los artesanos credó
significativamente entre 1832 y 1851. Mientras que en 1832, 56.8% de
los artesanos pertenecía al grupo A del cuadro; esta cifra creció a
87.4% en 1847. El retroceso de esta cifra a 77% en 1851 y las
fluctuaciones entre los años las podemos explicar más por problemas
en la renovación de las matrículas que por coyunturas económicas. El
poco cuidado que se ponía en las renovaciones de las matrículas, tanto
por los apoderados fiscales como por los artesanos, explica también
la gran fluctuación dentro del grupo C (38 maestros en 1833 frente a
2 en 1847). Los maestros intentaban por supuesto escapar al pago de
altos impuestos y entonces declaraban ingresos tan bajos como les
fuera posible o quizá sobornaban a los apoderados fiscales cuando

124

Thomas Krüggeler
sus ingresos declarados parecían sospechosamente bajos. El número
de maestros del grupo C dependía entonces, hasta cierto punto, de la
disciplina y responsabilidad del apoderado fiscal. Otras fuentes, corno
cuentas y testamentos que hemos consultado, nos indican que en la
década del cuarenta había por lo menos 25 artesanos de diferentes
profesiones con un ingreso anual significativamente más alto que 300
pesos. Esto significa que, en realidad, aproximadamente 10% de los
artesanos organizados en gremios perteneció al grupo C del cuadro 3.
No había ocupaciones artesanales en el Cusco que ofrecieran
prosperidad a todos sus maestros, pero podemos i~entificar ciertos
gremios en los cuales todos los maestros eran especialmente pobres.
Después de 1841 ningún maestro de los gremios de alfareros, altareros, barberos, botoneros, curtidores, franjeros, pintores y zapateros
apareee en el grupo B o C del cuadro 3. La situación económica de
los altareros, botoneros y pintores era tan grave que el subprefecto
del Cercado del Cusco y el apoderado fiscal excluyeron en 1847 a estos
gremios de la matrícula de patentes. En el caso de los pintores
decidieron

que no tenían ni cincuenta pesos de entrada al año y atendido a que _por
la miseria en que están sumidos, han buscado otra clase de especulación;
han quedado excluidos de la matrícula, por uniforme consentimiento de
la junta, la que se disolvió firmando esta acta.20
No podemos vincular directamente la pobreza de gran parte de
los artesanos del Cusco con los efectos del comercio libre en la
economía de la ciudad. Los barberos y panaderos, por ejemplo, cuyos
trabajos no se vieron afectados por ninguna competencia.del extranjero, pertenecieron siempre al grupo más pobre de los artesano_s,
mientras los sastres y herreros, que se enfrentaban a la competencia
extranjera (ropa y herramientas británicas, etc.), como es dable suponer, tenían siempre en sus gremios por lo menos a algunos maestros
relativamente prósperos. Las causas de la miseria de lo_s artesanos_ ~n
el siglo XIX tenemos que buscarlas más en la decade~c1a de la re~10n
que en el contexto del comercio libre.21 Las importac10nes extran1eras
20 ADC, All',

Libro de matrícula de patentes del Cuzco, 1847.

.

21 F.sta interpretación es similar a la que encontramos en Alberto Rores Gahndo,

Arequipa y el sur andino, siglos XVIJ•XX, Editorial Horizonte, lima, 19n, p. 53. Véa_se
también la interpretación contemporánea de Juan Bustamante, Apuntes_y_observac10nes civiles, políticasy religiosas con las rw1icias adquiridas en este segundo via¡e a Europa,
París, 1849, p. 31.

125

�CUADRO 3. INGRESO ANUAL DE MAESTROS ARTESANOS (1832-1851)

Años
Ingreso
(en pesos)
Grupo A
150 o menos
Grupo B
151-299
Grupo e
300 o más

1832
total

117

76

A,los

-Grupo A

150 o menos
Grupo B
151-299
Grupo e
300 o más

%
56.8

36.9

13
206

Ingresos
(en pesos)

1833

6.3
100

1838

total

1839

1841

'.

1844

%

total

%

total

%

total

%

total

%

131

61.5

220

84.6

204

70.6

177

64.1

161

84.3

44

20.7

35

13.5

80

27.7

93

33.7

27

14.1

17.8

5

1.9

5

1.7

6

2.2

3

1.6

38

213 100

1846

1847

~100

1848

28910()

276"1oo

191WO-

1849

1850

1851

total

%

total

%

total

%

total

%

total

185

83.7

180

87.4

210

82.7

201

78.5

226

31

14.0

24

11.6

36

14.2

44

17.2

48

5

2.3

2

1.0

8

3.1

11

4.3

12

221

~

206

256 10()

286

}O()

2541oo

total

%

211

77.0

16.8

48

17.5

4.2

15

5.5

%
79.0

100

274 lO()

FUENTES: ADC, Libros de Matrículas de Patentes del Cusco, 1839, 1841, 1844, 1846-1851. Las otras matrículas se encuentran en los siguientes
legajos de la Administración del Tesoro Público: 1832: Tributación, leg. 68, 1831-1849; 1833: ibid., 1838: Archivo General de la Nación AON, Matricula
de Patentes de la Ciudad del Cusco actuada en el año de 1839, H-4-1897.

�Los artesanos del Cusco
eran solamente un factor entre los muchos que provocaron la crisis
económica del Cusco después de la independencia. El aislamiento de
la ciudad, la ruptura de las relaciones comerciales con Potosí, el
fracaso del sector textil y los constantes conflictos militares en los
cuales el Cusco se vio involucrado durante las primeras décadas de la
época republicana son igualmente responsables de dicha crisis. En los
años treinta y aún más en los cuarenta, la población de la ciudad del
Cusco ~ su hinterland no disponían de recursos económicos para
consunur productos artesanales en grandes cantidades. Esto afectaba
a los ai:1esanos de _todas las profesiones, pero sobre todo a los que
producian cosas lujosas y costosas. No es casual que justamente los
alfareros, bordadores y pintores fueran excluidos de la matrícula de
1847. ~ ~lase alta, la Iglesia y las asociaciones cusqueñas ya no pedían
los servicios de estos artesanos de la misma manera que antes de la
crisis, si bien durante la época colonial estas artes cusqueñas eran
especialmente famosas por la alta calidad y belleza de sus productos.
Entonces, el comercio libre influyó en la economía de los artesanos
urbanos más indirecta que directamente, es decir fue uno de los
causantes de la crisis regional.
En este análisis de la economía del sector artesanal del Cusco
hemos considerado solamente a los maestros organizados en gremios,
pero éstos agrupaban exclusivamente a los maestros más prósperos,
a los que tenían un ingreso anual Jo suficientemente alto como para
pagar la contribución de patentes. Sin embargo, hemos visto que la
gran mayoría de estos artesanos era pobre y casi sin medios para
subsistir. Esto significa que la situación económica de los artesanos
de los gremios indígenas y de los numerosos artesanos no organizados
era por lo menos tan precaria como la de los maestros pobres organizados en gremios, pero probablemente su situación fuera peor. Sin
embargo, la cantidad de artesanos en la ciudad del Cusco no se
reducía, como lo indican las matrículas y el censo de 1862. La exclusión de varios gremios de la matrícula de 1847 es la única prueba de
que los artesanos, por lo menos temporalmente, se declararon en
cierto modo en quiebra. La pregunta palpitante es entonces: lpor qué
no se redujo considerablemente el número de artesanos entre los años
treinta y sesenta del siglo XIX, cuando el mercado se iba estrechando
para muchos de ellos y ya no les permitía comercializar su producción
en una forma económicamente razonable?
Las empresas artesanales pueden declararse en quiebra solamente si los jefes de los talleres llevan una contabilidad, considerando
factores como precios de materias primas y costos de mano de obra
128

Thomas Krüggeler
en relación con los precios que pueden obtener por sus productos en
el mercado. Cuando el margen de beneficios se reduce demasiado o
cuando no hay suficientes compradores para los productos artesanales, normalmente los maestros deberían retirarse de su oficio porque
la continuación del trabajo en términos de rentabilidad ya no tiene
sentido. Pero la mayoría de los artesanos del Cusco no obedecía
aparentemente a estas leyes básicas de la economía moderna.
Varios factores nos explican por qué esta racionalidad económica
significaba poco para los artesanos del Cusco. En primer lugar, los
costos de mano de obra se reducían bastante cuando los familiares
del artesano trabajaban como ayudantes. En segundo lugar, tenemos
pruebas de que muchos artesanos (o sus esposas) tenían, aparte de
sus talleres, una pequeña tienda, una chichería o sus chacras.22 En
estos casos los ingresos de los talleres artesanales constituían solamente una parte del ingreso para la subsistencia de la familia. Como
la actividad artesanal no era la única fuente de ingreso, el artesano
tenía la opción de retirarse de su profesión temporalmente, cuando
no había trabajo o cuando otras actividades parecían más lucrativas.
Estos factores indican que los artesanos del Cusco, aunque confrontados con la disminución de su mercado y la competencia de
productos extranjeros, disponían de una flexibilidad económica bastante amplia. Esta flexibilidad no les permitió escapar de la pobreza,
pero explica por qué muchos artesanos cusqueños seguían siéndolo
bajo circunstancias económicas muy difíciles. Las leyes del mercado
tenían entonces poca importancia para los artesanos del Cusco. Ellos
seguían su propia racionalidad económica y, según ésta, tenía sentido
ganar un poco de dinero como sa~tre, zapatero, curtidor, etc., porque
estos ingresos facilitaban el pago de los impuestos o la compra de
ciertos productos de consumo, en tanto la chacra aprovisionaba de alimentos básicos a su familia o la familia tenía otras fuentes de ingreso.
Por estas razones, la opción de declararse en quiebra no entraba
dentro del pensamiento económico de muchos pequeños artesanos.
El número de artesanos que intentó diversificar sus fuentes de
ingreso, sea como reacción consciente ante la crisis económica o sea
porque las consecuencias de esta crisis no le dejaron otra alternativa,
creció probablemente entre 1825 y 1869. Considerando el mercado
limitado de la ciudad y tomando en cuenta el número de maestros
organizados en gremios durante los años treinta y cuarenta, estima22

Las ocupaciones de las esposas de anesanos las encontramos en el manuscrito

del censo de 1862, op. cit.

129

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

mos que alrededor de 1 400 de los 2 286 artesanos que menciona el
censo de 1862 eran campesinos-artesanos o pequeños comerciantesartesanos.

maestros responsables de la confección correcta de los uniformes. La
información que nos falta en este primer ejemplo es de dónde exactamente compró el comerciante las telas necesarias. En 1862-1863,
cuando el Ministerio de Guerra, nuevamente representado por la
prefectura del Cusco, necesitó en otra ocasión 6 000 uniformes, las
fuentes nos dicen más sobre el origen de la tela. En este caso la
prefectura firmó un contrato con el comerciante arequipeño A Alvistur para la mitad de los uniformes pedidos, aunque otros solicitantes ofrecían precios más baratos.25 lPor qué se decidió la prefectura
por un arequipeño que pidió un precio más alto que sus competidores
cusqueños? La respuesta a esta pregunta nos la da una carta del 27
de enero de 1863 a la prefectura. En esta carta, el influyente cusqueño
y dueño de la fábrica de textiles en Lucre, Francisco Garmendia,
quien posiblemente colaboró con Alvistur, apoyó la solicitud del
arequipeño y dio una fianza por el comerciante por el importe de
30 000 pesos.26 Así, las órdenes del Ministerio de Guerra constituían
una importante fuente de ingresos para la fábrica de Lucre durante
sus inicios.
El maestro sastre que aparece más frecuentemente en el contexto de estos contratos entre 1830 y 1860 es el cusqueño Bruno
Bolívar. Solamente en mayo y junio de 1836 la tesorería fiscal le
pagó la cantidad de 24 000 pesos por contratos recién cumplidos.27
Bolívar no buscaba la colaboración de comerciantes para sus solicitudes. Parece que el sastre tenía los medios económicos suficientes para comprar las telas necesarias para confeccionarlas y gozaba
de la confianza de la prefectura. Sabemos que en 1855, cuando el
gobierno de Castilla canceló un contrato por 1 50(, uniformes que
Bolívar ya había confeccionado para el gobierno de Echenique, el
maestro sastre no atravesó situación grave pues, pese a que había
realizado considerables inversiones en la tela y la mano de obra,
depositó los uniformes en su almacén y los fue vendiendo poco a
poco en los siguientes años.28 Bolívar era probablemente el maestro sastre más rico del Cusco, en parte por los contratos que recibía
del Estado. Es curioso notar que a consecuencia de sus actividades
como contratista se presenta en los documentos una cierta confusión sobre su ocupación. En los contratos encontramos como

El caso especial de los sastres: los contratos del Estado
Entre los artesanos urbanos, los sastres o, mejor dicho, los maestros
sastres más ricos, se experimentó una coyuntura económica especial
entre 1829 y los años sesenta. Se les presentó la oportunidad de
aprovechar los contratos del Estado para confeccionar uniformes
para el ejército y la gendarmería. Estos contratos eran a veces bastante cuantiosos, con encargos no excepcionales de, por ejemplo, 5 o
6 000 uniformes. La base legal de estos contratos era un decreto del
23 de septiembre de 1829 mediante el cual el gobierno en lima
ordenó que para la confección de uniformes del ejército y de la policía
se empleasen exclusivamente telas nacionales.23 El Estado Sud-Peruano (1836-1839) seguía la misma práctica y aumentó aún más las
cantidades de estos contratos. La intención de dicho decreto era, por
supuesto, proteger hasta cierto punto las manufacturas de textiles del
país frente a la competencia extranjera. Sabemos que esta medida no
evitó el fracaso de los obrajes del sur andino, pero para algunos sastres
del Cusco fue muy favorable.
Algunos elementos de estos contratos nos van a mostrar las características de esta colaboración entre Estado, comerciantes y sastres. FJ
comerciante Felipe Cajigas solicitó a fines de 1829, junto con los maestros sastres R. González, V. Acosta y U. Bustamante, un contrato para
la confección de 2 000 uniformes para el ejército y los solicitantes
firmaron un contrato con la prefectura el 15 de enero de 1830.24
Cajigas era evidentemente responsable ante la prefectura por el
cumplimiento del encargo y entregó las telas a los sastres, quienes
eran responsables por la confección de los uniformes. La colaboración entre el comerciante y los sastres fue provechosa para ambas
partes. Los sastres posiblemente no disponían del capital para comprar
las telas necesarias y dependían del capital mercantil, mientras que el
comerciante usó a los sastres para mostrar ante la prefectura a 1~
23

Véase el decreto en Juan Oviedo (comp.), Cclección de leyes, decretos y 6rdoltS
publicadas en el Perú desde el año de 1821 hasta 31 de diciembre de 1859, 15 vols., L 4,
pp. 87-88.
24 ADC, ATP, "Expcd.1ente segu1.d o por los sastres para hacerse cargo de la construcción de dos mil vestuarios del Estado", leg. 77 (1829-30).

130

25 ADC, ATP/AC, "Sobre el remate 6 000 ternos vestuarios para el ejército", leg. 98

(1862-1863).
26
La carta de Garmendia la encontramos en ibid.
27 Véase varias cuentas y recibos en ADC, ATP/AC, leg. 82 (1836-1937).
28 ADC, ATP/AC, "Vestuarios de gendarmes", leg. 95 (1856-1857).

131

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

ocupación de Bolívar "maestro sastre", "contratista de vestuarios" y
"comerciante". Lo que llama la atención es que Bolívar mismo se
llamaba preferiblemente comerciante. De esta manera utilizó su
poder económico para separarse socialmente de los otros sastres de
su gremio.
Los contratos entre los sastres y comerciantes, por un lado, y el
Ministerio de Guerra, por el otro, nos confrontan con el problema de
cómo los sastres manejaban las órdenes. Bolívar, Monterola, Bustamante y los otros grandes sastres empleaban en 1835 a cinco o seis
oficiales y parece imposible que este pequeño número pudiera confeccionar miles de uniformes en pocos meses. Más probable es que
los contratistas emplearan temporalmente a numerosas costureras
fuera de sus talleres para cumplir con sus contratos. La prefectura
utilizaba el término muy general "artesano" al referirse a los trabajadores de sus contratistas, mientras que Bolívar habla varias veces de
sus "trabajadores de telas"29 y los precios que le cobran para confeccionar los uniformes. Pero los términos no importan tanto como el
hecho de que los contratistas utilizaban temporalmente mano de obra
aparte de los oficiales de sus talleres.
En el Cusco, la.práctica de contratar a comerciantes y sastres para
la confección de uniformes para el ejército tenía importantes consecuencias. Primero, en tanto el Estado no aceptaba la función reguladora del gremio de los sastres, los contratos favorecían a algunos
maestros, que se aprovechaban de este sistema para separarse económicamente de los otros maestros de su gremio. Segundo, la mayoría
de los sastres que solicitaban contratos del Estado dependían de la
colaboración de los comerciantes, probablemente porque no disponían de los recursos para comprar directamente las materias primas
necesarias. Los sastres utilizaban esta forma de colaboración para
escapar de la esfera económica tradicional de los artesanos y para
integrarse más a la esfera del comercio. Tercero, los contratos del
Estado les daban la oportunidad a algunos comerciantes y sastres de
establecer un sistema de empleo temporal de trabajadores para
cumplir con órdenes de grandes cantidades (putting-outsystem).
Pero no podemos identificar el desarrollo del sector textil urbano
entre 1829 y 1869 con el desarrollo general del Cusco. Tenemos que
damos cuenta de que el putting-out system lo podemos verificar
solamente en el sector textil. No tenemos ninguna información que
nos indique que algo similar ocurrió en algún otro sector. Además, es

importante tener presente que el sector textil de la ciudad del Cusco
no reaccionó frente a una verdadera coyuntura del mercado. Los
contratos del Ministerio de Guerra significaron en cierta forma un
impulso económico artifical, que desapareció durante la crisis de la
segunda mitad del siglo XIX. Sin este impulso, el putting-out system no
podía sobrevivir porque el mercado libre no ofrecía nada para sustituirlo.

19

Cana de Bolívar al prefecto del 11 de septiembre de 1856, en ibid.

132

Maestros, oficiales y aprendices:
la vida interna de los talleres artesanales
La escasez de fuentes hace muy difícil analizar las relaciones entre
maestros artesanos y sus oficiales y aprendices, pero la importancia
de este aspecto de la historia social de los artesanos para explicar la
transformación que experimentó el sector durante el siglo XIX, no nos
permite obviarlo. Algunas observaciones instructivas nos muestran
las características de las relaciones internas de los talleres y prueban
que estas relaciones fueron cambiando, aunque la economía cusqueña no experimentó una transformación profunda después de la independencia.
El libro de matrículas de los artesanos del Cusco de 1835, base
del cuadro 4, es el úniCQ documento que nos indica el número de
empleados de talleres durante la primera mitad del siglo XIX. Esta
matrícula no fue hecha con propósitos fiscales y proporciona información diferente (lugar del taller, número de oficiales, etc.) a la de
las matrículas de la tesorería fiscal. Esta lista es resultado de un
intento de la municipalidad por controlar el número y tamaño de las
empresas artesanales de la ciudad. Pero el valor de este documento
es limitado pues se trata de un fragmento. La matrícula no nos presenta todas las profesiones artesanales del Cusco (véase cuadro 1).
Además, la cantidad de empresas mencionadas nos parece, por lo
menos en algunos casos, subestimadas en comparación con otros
datos. Evidentemente, el autor de la matrícula empezó su trabajo en
los talleres más grandes del centro de la ciudad y abandonó su obra
antes de llegar a empresas más pequeñas. Esto significa que el
número de artesanos por taller presentado en el cuadro es correcto
solamente para los más grandes. En el caso de los sastres, por ejemplo,
la matrícula nos presenta los 16 talleres más grandes, en los cuales
encontramos hasta seis oficiales y aprendices. En una matrícula más
completa, que también mostraría a los numerosos maestros pobres
133

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

CUADRO 4. NÚMERO DE EMPLEADOS DE EMPRESAS ARTESANALES (1835)

ciertos encargos que realizaban en sus casas. Esta forma de trabajo
era posible sobre todo para artesanos cuyos oficios requerían inversiones muy limitadas en herramientas, como es el caso de zapateros,
sombrereros, sastres, etcétera.
Para la época colonial, Gutiérrez ha resumido las pocas informaciones que tenemos sobre las relaciones entre maestros artesanos y
sus aprendices y oficiales.31 El autor nos muestra el sistema de
aprendizaje para algunos oficios y la forma como eran cerrados los
contratos entre los maestros y sus empleados. Para la época republicana no sabemos prácticamente nada sobre el particular. lSeguían
vigentes los antiguos sistemas de aprendizaje y no había cambios en
las relaciones entre maestros y oficiales?
En sociedades que experimentaban procesos de industrialización
durante el siglo XIX (Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, etc.), la
vida y el trabajo de los artesanos se transformaban profundamente.
Miles de artesanos, sobre todo oficiales, pero también maestros
empobrecidos, formaban la mano de obra del nuevo sistema industrial y en las fábricas se perdieron las relaciones patemalistas que
determinaban la vida interna de un taller artesanal. La competencia
de las fábricas intensificó los conflictos entre los maestros y oficiales
que continuaban trabajando todavía con el sistema tradicional, porque los maestros se vieron forzados a pedir de sus oficiales un grado
más alto de disciplina y eficiencia. Sabemos muy bien que esta transformación no ocurrió en el Cusco y que las relaciones entre maestros
y oficiales no experimentaron cambios profundos. Pero una dinámica
económica muy limitada, como en el caso del Cusco, no significaba
que las relaciones entre los maestros artesanos y sus empleados no
cambiaran después de la independencia.
En el siglo XIX las relaciones entre maestros y oficiales se caracterizaban mayormente por la falta de contratos escritos y de obligaciones bien precisadas de ambos lados, así como por cambios frecuentes de oficiales de un taller a otro. Es probable que estas
características ya fueran comunes durante la época colonial, pero lo
nuevo es que los intentos de los gremios por aumentar el control de
los maestros sobre sus oficiales fueron bloqueados por el Estado y que
el fracaso del sistema gremial y la crisis económica, sobre todo en la
segunda mitad del siglo, causaron la intensificada desestabilización
del sistema laboral del sector artesanal.
Cuando los sastres presentaron en 1833 un nuevo reglamento de

Profesionales

Barberos
Carpinteros
Franjeros
Hojalateros
Plateros
Sastres
Sombrereros
Zapateros

Empresas
con oficiales
y/o aprendices
6
11
2
1
15
16

Número
de oficiales
8
21

Promedio de
empleados

28

2
53
85
51

31

54

1.3
1.9
2.5
2.0
3.5
5.2
1.8
1.7

110

278

25

5

FuarrE: UNSAAC, Hemeroteca, Libro de Matrículas de los artesanos que existen
en esta ciudad. Corre a cargo del señor intendente general de policía coronel Salvador
Bayarri. Año de 1835.

con pocos o ningún empleado, el promedio de empleados por sastrería bajaría probablemente hasta 2 o 2.5. Según mis cálculos, el promedio de empleados por taller no excedió en general de dos oficiales
y/o aprendices. 30 Pero cualquier aproximación al tamaño de los talleres artesanales es necesariamente muy insegura, debido a que no
sabemos cuántos familiares (esposas, hijos, primos, etc.) trabajaban
como ayudantes del maestro. En muchos casos, esta forma de mano
de obra era más importante que la cantidad de oficiales empleados.
La creciente crisis del Cusco durante las decádas posteriores a
1835 posiblemente provocó una reducción del número de oficiales y
aprendices, mientras la cantidad de pequeños talleres se elevó. Este
fenómeno parece paradójico solamente a primera vista. La apertura
de nuevos talleres no era una reacción ante una coyuntura económica
favorable, sino un intento desesperado de muchos oficiales para
escapar del desempleo cuando eran despedidos por sus maestros.
Esto se da sobre todo después de 1851 puesto que, al desaparecer
prácticamente el control de los gremios, los oficiales desempleados
tenían la oportunidad de trabajar por cuenta propia. Los oficiales
independientes no establecieron necesariamente talleres con licencia
de la municipalidad. Más probable es que recibieran de vez en cuando
30

31

Véase Krüggeler, op. cit., cap. 4.

134

Véase Gutiérrez, op. cil.,, pp. 9-13.

135

�Los artesanos del Cusco
su gremio, el prefecto demandó profundos cambios antes de aprobarlo.32 Los cambios requeridos no eran nada arbitrarios, sino que
expresaban la actitud de la prefectura frente a los gremios en general.
Primero, la prefectura aceptó la autoridad de los sastres en todos los
asuntos que se referían a la calificación profesional de los oficiales y
maestros. Estas partes del reglamento no eran tocadas por las autoridades del Estado. Segundo, la prefectura intervino en todos los
asuntos en los cuales los sastres mostraron su fuerte espíritu corporativista e intentaron limitar los derechos de sus empleados. Así, los
maestros pidieron, por ejemplo, que "todo maestro de tienda pública
o taller sea respetado por sus oficiales y tratado por ellos como un
padre" (artículo 30), pero la prefectura suprimió este artículo. De la
misma manera trataron las autoridades los artículos en los cuales los
maestros se reservaban el derecho a castigar físicamente a sus empleados.
El mensaje de la prefectura a los maestros sastres fue claro. El
prefecto aceptaba- la autonomía del gremio en los asuntos profesionales, como los exámenes para los oficiales, las exigencias de calificación para los maestros, etc., pero, al mismo tiempo, rechazaba los
intentos de mantener características corporativistas dentro del gremio, como un sistema paternalista y cuasi jurídico.
Sin embargo, el hecho de que los maestros y el gremio perdieran
poder sobre los oficiales tuvo consecuencias limitadas para los empleados. La intervención del Estado les facilitó el cambio de taller y
probablemente también el establecimiento de sus propios talleres
pero, en general, la situación de los oficiales entre 1825 y 1869 se
caracterizaba por la inseguridad del empleo, el poco reconocimiento
social y político y la falta de una representación de este grupo económico dentro de la sociedad cusqueña. Tenemos que darnos cuenta,
por otra parte, que el reglamento de 1833 del gremio de los sastres es
el único que nos muestra que por lo menos un gremio intentó formalizar sus relaciones internas y frente a las autoridades estatales después de 1825. La gran mayoría de los gremios funcionaban sin reglamentos y, consecuentemente, sin acuerdos válidos sobre las
relaciones entre los maestros y sus empleados.
Las relaciones paternalistas entre maestros y oficiales, que los
sastres querían conservar por lo menos formalmente en su reglamento de 1833, en realidad sufrieron bastante durante el siglo XIX. Es
32

BN, "Reglamento del gremio de los sastres de la ciudad del Cuzco, Cuzco, julio
26 de 1833", manuscrito D10806.

136

Thomas Krüggeler

cierto que tenernos casos en los cuales los maestros artesanos defendieron a sus oficiales cuando éstos se metieron en problemas, pero en
general las fuentes indican que los maestros desconfiaban de sus
oficiales, controlaban el uso de las herramientas y escondían de ellos
las materias primas. El caso de Mariano Mejía, oficial del maestro
sastre Vicente Acosta, es excepcional. Acosta evidentemente se sentía responsable de defender los intereses de su empleado e insistió
exitosamente en 1826 para que la justicia castigase a José María Silva
quien, durante una disputa, había atacado con un cuchillo a su oficial
Mejía.33 No obstante, mucho más numerosos son los casos en los
cuales los maestros acusan a sus oficiales de robos de herramientas o
materias primas. En los respectivos expedientes de las actas de la
Corte Superior del Cusco encontramos frecuentemente acusaciones
de los maestros contra sus oficiales. En éstas, los jefes de talleres
caracterizan a sus empleados como flojos, irresponsables y de poco
fiar; según los maestros, estos empleados pasan más tiempo en las
cbicherías que en sus talleres.34 Muchos maestros lamentan, asimismo, que los oficiales no muestren ninguna forma de agradecimiento
a sus jefes, que les dan trabajo durante tiempos muy difíciles.
Los testimonios de los maestros en estos juicios reflejan claramente las relaciones conflictivas entre los jefes de talleres y sus oficiales entre 1825 y 1869. Estos conflictos tienen varias raíces. En primer
lugar, parece que la pobreza de los oficiales causó una creciente
delincuencia entre ellos. Posiblemente la inseguridad del empleo y el
grado de explotación que sufrían también contribuían a que los oficiales no se sintieran responsables por el funcionamiento de los talleres
y engañaran a sus maestros. En segundo lugar, los maestros extrañaban el poder sobre sus empleados. Este poder, garantizado en el antiguo sistema gremial, les permitía castigar a sus empleados y controlar
su vida privada. Pero justamente este privilegio les fue negado por el
Estado republicano, cuando limitó las funciones gremiales y empezó
a destruir las características corporativistas de los gremios.
Igualmente frágiles y poco reglamentadas eran las relaciones
entre maestros y aprendices. Los contratos de aprendizaje mayormente eran simples acuerdos orales entre el padre del aprendiz y el
maestro. Con la decadencia de los gremios, y sobre todo después de
su práctica desaparición en 1851, sufrieron las reglas internas para el
aprendizaje de muchos oficios. Sin gremios funcionando (y sin un
33
ADC, Actas de la C.Orte Superior del ÜISoo, Juicios Penales (ACSC.JP) leg. 2, 1826.
34
Véase numerosos juicios en ADC, ACSC.

137

�Los artesanos del Cusco

Thomas Krüggeler

nuevo sistema de aprendizaje puesto en práctica por el Estado, como
por ejemplo escuelas de artes y oficios), las reglas para la educación
de un aprendiz se perdieron y los exámenes para obtener el título de
oficial se volvieron menos esmerados y menos controlados en las
décadas que siguen a la independencia. La preocupación por el
descenso que sufrieron el nivel técnico y la calificación de Jos artesanos fue precisamente un factor decisivo para la fundación de la
Sociedad de Artesanos de] Cusco en 1870.35 La crisis del sistema de
aprendizaje permitía a los maestros, además, olvidarse de sus obligaciones frente al aprendiz y utilizar su mano de obra para trabajos fuera
del oficio. Por eso la prefectura determinó, en el artículo 23 del
Reglamento de Artesanos de 1847: "Ningun maestro empleará a sus
aprendices y oficiales, contra su voluntad, en servicios domésticos a
menos que así no lo estipulasen."36
Hemos visto que la vida interna de los talleres artesanales del
Cusco experimentaba algunos cambios importantes en las décadas
posteriores a la independencia. Estos cambios no están relacionados
con una profunda transformación económica de la ciudad sino, en
primer lugar, con la decadencia del sistema gremial y la crisis económica del siglo XIX. El Estado, que era en parte responsable por la crisis
de los gremios, no ofrecía ninguna alternativa para mejorar la situación del sector artesanal. Su política económica no contribuía de
ninguna manera a crear condiciones que ofrecieran la posibilidad de
estabilizar las relaciones laborales.

Para determinar la posición social de varios grupos de artesanos
dentro de la sociedad urbana, tenemos que considerar algunos criterios clave que nos faciliten determinar la afiliación de varios grupos
a ciertas clases sociales. En el Cusco del siglo XIX los siguientes
criterios son los más importantes:
1) Etnicidad: la pertenencia al grupo de blancos, mestizos o
indios era decisiva para determinar la posición social de una persona.
Los indios, por ejemplo, formaban la clase baja de la ciudad, _mientr~s
que los blancos constituían la clase alta._Pa~a ascen~er_en la 1erarqu1a
social, la pertenencia al grupo de los md10s constitma una barrera
invencible.
2) Propiedad de medios de producción, de ~ie~~ raí~ e ingreso:
la propiedad es importante para la determmac1on soci~ de una
persona, porque de este cri~erio d~pendía~ la~ o~ortumdades de
participación política (sufragio). El mgreso mflu1a, Junto c?n la propiedad, en el nivel de prestigio social de un cusqueño del s~g~o XIX:
3) Profesión: dentro del grupo de los artesanos, el pr~sttgio social
dependía también del oficio específico que un maes~ro e1~utaba. El
valor social de un oficio dependía del grado de cahficacion y de la
inversión de capital necesaria para su ejecución, así como también de
la limpieza o suciedad vinculada con las pro!esiones.
.
La etnicidad como criterio para determmar la pertenencia de las
personas a determinadas clases sociales nos ~o~onta con un p_rob~ema central de la historia social del Cusco: l.cuáles eran los cntenos
de la sociedad para decidir que ciertas personas eran indios ~ consfderar a otras como mestizos o blancos? Este problema es aun mas
importante en la segunda mitad del siglo XIX, cuan~o desapareció la
contribución de indígenas y los ayllus, como medios claros para la
identificación de los indios dentro de la ciudad, perdieron su importancia administrativa. Hablando sobre la importancia de la etnicidad,
Valcárcel nos dice que a comienzos del siglo xx en el Cusco todavía
"las relaciones entre las clases sociales dependían del color de la
piel"_:r, Pero el color de la piel no nos par~ suficiente para distinguir
entre un indio y un mestizo o entre un mest120 y un blanco. Tampoco
es suficiente confiar en la conciencia histórica de los contemporáneos.
Por supuesto, hasta cierto punto el origen de ~na familia_ determinaba
su pertenencia a una raza y a una clase social en el s~glo XIX. _Una
persona cuya familia pertenecía desde muchas generaciones a cierto

Aspectos de la vida social y política de los artesanos

La gran cantidad de artesanos de la ciudad del Cusco y la impresionante diversificación del sector artesanal, mostradas en la primera
parte de este artículo, no nos permiten hablar en términos generales
sobre la posición de los artesanos dentro de la sociedad cusqueña o sobre la vida política de ellos. Demasiado grandes son las diferencias
sociales y económicas entre un respetado maestro del centro de la
ciudad y un pobre artesano de Santa Ana, por ejemplo. Igualmente,
son grandes las diferencias de oportunidades de participación política
entre diferentes grupos de artesanos.
35

Véase"Acta de fundación de la Sociedad de Artesanos del Cuzco", publicada
en el ~riódico del Cusco,El Sol, 10 de junio de 1936.
BN, "Reglamento", op. cit.

37 Luis E. Valcárcel, Memorias, José Matos Mar, José Deustúa C. Y José Luis
Rénique (coords.), IEP, Urna, 1981, p. 83.

138

139

�Los artesanos del Cusco
ayllu era considerada india, así como era blanco un miembro de la
clase al!a que tenía p~ebas de su origen español. Pero creemos que
en el s~glo ~ el ~ngen, de una familia como único criterio para
determmar la identidad etnica de una persona ya no es confiable.38
En el contexto de este artículo no podemos tratar a fondo este
problema, pero quisiéramos presentar algunas observaciones.
El censo de 1862 ya no considera ayllus dentro de la ciudad· sin
embargo, contiene la columna "condición", es decir, "raza". EJ ~álisis de este documento nos indica algunos criterios más para determinar_!~ "condiciones" de los cusqueños. Una persona que sabía Jeer
Yescnbu y tenía un propiedad rústica o urbana era, según el censo,
blanca. La dueña de una pequeña tienda podía ser mestiza si el local
&lt;:5taba ubicado en la Plaza San Francisco, pero era india si tenía su
tienda en Santa Ana o en la periferia de San Pedro. Un artesano casi
sie~pre e~a &lt;:°~iderado mestizo si tenía capital manufacturero, pero
pod1a ser md10 s1 no era el dueño de su vivienda y no vivía en el centro
de la ciudad. Estos ejemplos nos muestran que la clasificación étnica
era determinada por criterios muy concretos. Propiedad, educación
pro!es_ión y luga! de vivienda eran los criterios más evidentes, pero n~
los urucos. Hab1a otros, como los vínculos familiares, la red de relaciones sociales de una persona, las formas de vestirse, etc., que no se
pueden identificar directamente con base en el censo. Pero la consideración de todos estos criterios y su interrelación detefit!inaban si
una persona era india, mestiza o blanca
Creemos qu~ un análisis crítico del censo de 1862 nos presenta
un resulta~o muy Imp?rtante; la estructura étnica del Cusco en el siglo
~ se e~~c~ hasta cierto punto por los criterios que los contemporaneos utilizaban para determinar la pertenencia racial. Es decir un
indio no_ vivía en_ S~ta Ana y era pobre porque era indio, sino ~ue
era considerado md10 porque era pobre y vivía en Santa Ana. De la
misma manera, es posible que alguien fuera considerado blanco
aunque su piel fuese trigueña simplemente porque era dueño de una
casa en el centro de la ciudad y disponía de una considerable cantidad
de dinero. El análisis de la estructura étnica de la sociedad cusqueña
es entonces mucho más complicado que una simple diferenciación
con base en el color de la piel.

Thomas Krüggeler

Impuestos de varias razas (castas) y 105 problemas de determinar estos grupos
étnicos trata también, María Isabel Remy, "La sociedad local al inicio de la reptíblica.
Cuse.o 1824-1850",RevistaAndina, vol. 6, ntím. 2, 1988, pp. 451--484, ver pp. 460-469.

sociedad cusqueña, las observaciones que hemos presentado arriba
significan que todo el grupo de artesanos indígenas pertenecía a la
clase baja de la sociedad. En números, esto significa que en 1836 los
139 artesanos indígenas de los gremios de la parroquia de la matriz
pertenecían a la clase baja de la ciudad, más un número desconocido
de sus colegas en otras parroquias de la ciudad. Los datos de 1862
indican que 21.8% de los artesanos del Cusco pertenecía a la clase
baja, simplemente porque eran considerados indios. El censo de este
año prueba que los artesanos indígenas eran pobres y que la mayoría
de ellos vivía en la periferia de la ciudad. Ellos no detentaban poder
político, probablemente no tenían vínculos colegiales con los maestros mestizos, ni durante la época cuando para los dos grupos existían
gremios distintos ni cuando el sistema gremial fracasó. La etnicidad
como barrera entre las clases sociales era demasiado fuerte y separó
completamente a los indígenas de la clase media y les negó la oportunidad de ascender en la jerarquía social.
Otro grupo de artesanos que pertenecía a la clase baja lo constituían los oficiales. En el caso de este grupo, su identidad étnica como
criterio para determinar su posición social es menos importante que
la inseguridad de empleo y los sueldos bajos que recibían. El prestigio
social de los oficiales era muy bajo y, además, eran considerados
ladrones, irresponsables y alcohólicos, como hemos visto. Y en efecto,
las actas de la Corte Superior prueban que los oficiales, tanto indios
como mestizos, aparecen más frecuentemente que cualquier otro
grupo social en los expedientes sobre robos, peleas, agresiones y
homicidios.
A los maestros artesanos que estaban organizados en los gremios
de mestizos (entre 191 y 289 durante los años treinta y cuarenta, véase
cuadro 3) podemos tenerlos como pertenecientes a la clase media del
Cusco, porque ellos eran considerados mestizos y maestros de sus
respectivos oficios. Además, eran propietarios de sus medios de
producción, lo que, en algunos casos (herreros, carpinteros), significaba una considerable inversión de capital. Algunos de estos maestros
tenían también propiedades urbanas o rústicas que les permitían
integrarse a los círculos de electores de la ciudad. La combinación de
estos factores, raza y propiedad, distinguía a estos artesanos de los
artesanos indígenas y de los oficiales.
Pero dentro de este grupo podemos también identificar fácilmente importantes diferencias sociales. El sastre Bruno Bolívar, que
conseguía constantemente los contratos del Ministerio de Guerra y
que empleó a seis oficiales, como hemos visto en el apartado N,

140

141

Para nuestro análisis de la posición social de los artesanos en la
38

�Los artesanos del Cusco
ocupaba una posición social distinta a la de un pequeño maestro
botonero. Podemos identificar un pequeño grupo de maestros (mayormente sastres) que formaba la elite dentro de los artesanos del
Cusco entre 1830 y 1850. Esta elite r.s casi idéntica a la de los artesanos
que colaboraban con los comerciantes de la ciudad y que disfrutaban
de una cierta preferencia del Estado, como hemos visto antes.
Podemos hablar de una elite porque estos maestros tenían propiedades y un ingreso mucho más alto que la mayoría de sus colegas.
El maestro Norberto Monterola no solamente era el dueño de una
sastrería, por ejemplo. Tenía, además, una licorería en la ciudad, una
hacienda yun terreno (puna) en San Blas.39 De Bolívar sabemos que
era propietario de varias casas. En 1835 vivía en su propia casa en la
calle Fierro, mientras que el local de su sastrería, en el portal del
Comercio (plaza de Armas), era alquilado del monasterio de Santa
Teresa. En 1846 tenía además otra casa en la calle Plateros y en 1858
una pequeña casa en la calle Meloc y otra en la calle Avenida.40 Había
otros artesanos que eran propietarios de sus casas, pero al parecer los
pocos sastres que trabajaban frecuentemente para el Estado tenían
la oportunidad de acumular capital en cantidades considerables.
Propiedad significaba también participación política. Es cierto
que no había artesanos como regidores del Concejo de la ciudad antes
de 1870 y es igualmente cierto que la municipalidad no representó
necesariamente el verdadero círculo de poder del Cusco. Sin embargo, es interesante constatar que en 1833 los sastres Urbano Bustamante y Vicente Acosta formaban parte de la mesa del colegio
electoral de la parroquia matriz para el Concejo de la provincia y que
ese mismo año Norberto Monterola intentó integrarse al círculo de
los electores, si bien fracasó porque no consiguió suficientes votos.41
Para entender la posición social y la conciencia política de los
artesanos más ricos del Cusco debemos tener presente esta participación en los rituales políticos formales. Por supuesto, la participación
39
40

Véase ADC, ACSC, leg. 77, 1843.

Los datos que se refieren a las propiedades de Bolívar son de UNSAAC, H, "Libro
de Matrícula de los anesanos que ecsisten en esta ciudad. Corre á cargo del Sor.
Yntendente Gral. de Policía coronel Salvador Bayassi., año de 1835"; ADC, ATP,
"Estrato de la matrfcula de predios urbanos de la provincia del Cercado del año
1847";Diblioteca Municipal del Cusco, Archivo Histórico (BMc "Oasificación de las
casas,41tiendas, y chicherías de la población del Cusco", 1857, leg. 1 (1854-1859).
Véase UNSAAC, H, "Encomienda la." en El Colleo de Encomiendas, núm. 13,
s. f., ibid., "Manifiesto de los justificativos. Que han deservir para anular las elecciones
de electores de la parroquia matriz de la provincia del Cercado del Cuzco", Imprenta
pública por P. Evaristo González, Cusco, 17 de abril de 1833.

142

11wmas Krüggeler

de algunos individuos, sin mandato alguno de los demás artesanos,
no significaba una representación política del sector artesanal. Tampoco significaba que estos maestros se integraran a la clase alta de la
ciudad. La clase alta era muy cerrada y se componía exclusivamente
de grandes terratenientes y unos pocos comerciantes.42 Sin embargo,
las actividades políticas de estos maestros artesanos nos muestran que
eran ciudadanos respetados, que se sentían como buenos patriotas,
con la voluntad de entrar al ala política y que su estatus social de
artesanos no les impedía figurar en la esfera de la vida pública.
Tenemos otro caso que nos dice mucho sobre los artesanos en
tanto ciudadanos en la primera mitad del siglo XIX. En un panfleto de
1831, el sastre Urbano Bustamante, ya mencionado arriba, presenta
un conflicto que tenía con doña Rosa Villavicencio, dueña de la casa
en la cual él alquilaba un taller.43 Este panfleto no es importante sólo
por tratarse de la única publicación antes de 1870 en la cual un
artesano ha cambiado su herramienta por la pluma, sino también por
su interesante contenido, además de su estilo humorístico e irónico.
Según Bustamante, la señora Villavicencio rescindió su contrato de
alquiler de un día para otro, simplemente porque Bustarnante, en su
calidad de sargento del regimiento cívico, arrestó a un empleado de
"esta humilde y santa señora" que no cumplía con sus obligaciones
cívicas. En el artículo, Bustamante defiende su actitud y dice que
solamente cumplía estrictas órdenes militares cuando arrestó a su
subordinado. En el texto Bustamante se presenta como un ciudadano
responsable y disciplinado y pide justicia para un "pobre artesano"
que se pone al servicio del público.
Los ejemplos mencionados prueban que no todos los artesanos
del Cusco eran política y socialmente marginados después de la
independencia. Algunos maestros disponían de suficientes recursos
económicos como para entrar directamente en política. Para obtener
funciones en el regimiento cívico las barreras económicas eran menos
altas y por eso es muy probable que varios maestros carpinteros,
herreros, etc., sirvieran a esta institución.
Este grupo de maestros, que hemos llamado la elite de los
artesanos, nunca se integró a la clase alta del Cusco. Insistimos en que
pertenecían, junto con los maestros mestizos más pobres, a la clase
media. Los vínculos entre ellos eran que poseían sus propios medios
42

Véase Tamayo, op. cit., pp. 49-55.
Véase "Historia del maestro sastre Urbano Bustamante y doña Rosa Villavicencio. Escrita por él mismo", LA Brújula, núm. 16, 1831, separata, UNSAAC, H.
43

143

�Los artesanos del Cusco

Tlwmas Krüggeler

de producción y que pertenecían al mismo grupo étnico. Las considerables diferencias de ingreso entre los maestros (véase cuadro 3) se
traducían solamente en ciertas graduaciones dentro de la misma clase
social. El ingreso como criterio independiente para distinguir varios
grupos sociales entre los artesanos pierde su significación sobre todo
en la segunda mitad del siglo pasado, cuando la crisis económica de
la ciudad llegó a su apogeo y cuando podemos observar una cierta
polarización de la sociedad cusqueña. Durante esa época, el ingreso
de muchos maestros mestizos bajó a un nivel mínimo y es muy
probable que sus ingresos se aproximaran a los de muchos maestros
indígenas y de oficiales de los talleres más grandes. Pero, sin embargo,
la posesión de los medios de producción, sus títulos profesionales y
su identidad étnica los distinguían claramente de los artesanos que
pertenecían a la clase baja.
Las diferencias sociales entre distintas ocupaciones artesanales
también constituían solamente graduaciones entre el grupo de los
maestros mestizos y no podían prevalecer sobre la importancia del
criterio de propiedad. El trabajo de un platero gozaba de un prestigio
social más alto que el trabajo de un curtidor, porque el público
asociaba la ocupación del primero con un alto grado de calificación
profesional y con la elaboración de materias primas valiosas, mientras
el trabajo de un curtidor era considerado sucio y maloliente. Pero esta
diferenciación era relativa. Las propiedades y un establecimiento
rentable de un maestro curtidor podían compensar el bajo prestigio
de su ocupación. Igualmente, la pobreza de un maestro platero era
socialmente más importante que el alto prestigio de su ocupación.
Considerando las difíciles circunstancias económicas por las que
atravesaban los artesanos, nos parece sorprendente que en el Cusco
hubieran pocas protestas contra el libre comercio y que existan pocas
fuentes en las cuales los artesanos expresan sus demandas políticas.
No hemos encontrado, ni para los años inmediatos a la independencia
ni para los cuarenta o cincuenta, cuando la crisis económica se
intensificó, ningún panfleto, o artículo de periódico que trate de las
dificultades económicas de los artesanos urbanos y que nos muestre
sus demandas políticas. Los pocos artículos aparecidos en El Sol del
Cuzco a fines de los años veinte, en los cuales sus autores piden
protección para la industria cusqueña, tenemos que verlos con cuidado.44 En primer lugar, estos artículos no defienden las manufacturas

de la región y mucho menos a los artesanos urbanos y, en segundo
lugar, son poco numerosos, lo que nos prolube hablar de una verdadera campaña en favor de la industria cusqueña. Creemos que la falta
de una presencia política de los problemas y las demandas de los
artesanos del Cusco antes de 1870 se debe a cuatro razones. Primero,
la representación política de los artesanos mediante los gremios
fracasó durante esta época, como hemos visto antes. El estado limitó
el poder de estas corporaciones y los gremios no eran considerados
por la elite de la sociedad cusqueña como instituciones importantes
porque no representaban a un grupo numeroso de electores. En este
aspecto, los gremios del Cusco se distinguían claramente de sus
organizaciones hermanas de Lima, como lo ha mostrado Gootenberg.45 Según este autor, los gremios de Lima tenían bastante influencia política antes de 1850 y luchaban exitosamente por sus intereses.
En Cusco, en cambio, no surgen nuevas y más eficientes formas de
organización artesanal hasta 1870. Segundo, los artesanos eran importantes productores locales, pero eran separados de la elite regional, que se componía de los grandes terratenientes y comerciantes.
Esta elite estaba integrada en el sistema económico regional de
exportación e importación y no se ofrecía como posible aliado para
defender los intereses de los artesanos. Tercero, los pocos artesanos
que tenían una cierta influencia política, como los grandes sastres, no
representaban los intereses de los artesanos en general. Al contrario,
ellos gozaban de la preferencia del Estado y se aprovechaban de los
contratos estatales. Este grupo escapó de esta manera de la crisis
económica que sufrían sus colegas y se separó de los demás artesanos.
Cuarto, parece que la competencia de las importaciones para los
artesanos del Cusco no era lo suficientemente grave como para
provocar fuertes protestas o rebeliones locales. Las importaciones
dejaban, evidentemente, un cierto espacio económico para los productores locales. Además, es probable que los artesanos comprendieran que las importaciones no eran su principal enemigo, sino la crisis
de la región en general, sobre todo la disminución del mercado,
causada en primer lugar por la caída demográfica de la ciudad.

44

Bonilla, op. cit., utiliza estas fuentes para probar una fuerte campaña protecctorusta en el Cusco.

45 Véase Paul Gootenberg, Bell\leen si/ver ami guano commercia/ policy and the
state in postirulependence Peru, Princeton University Press, Princeton, 1989, pp. 49-53.

144

145

.

.

�Los artesanos del Cusco

Conclusiones
Los artesanos del Cusca, durante las primeras décadas posteriores a
la independencia, formaban un grupo muy heterogéneo. La gran
va~edad de ocu~aci~nes artesanales y los diferentes niveles de prospendad econónuca vmculados con ellas, las importantes diferencias
económicas y sociales entre representantes de la misma profesión, la
diferencia étnica, la relación entre los relativamente prósperos artesanos organizados en gremios y los pobres .artesanos rurales, no
muestran el sector en todos sus aspectos, y no nos pe rmiten hablar
sobre los artesanos en términos muy generales.
El análisis de la economía del sector artesanal ha probado que
entre 1832 y 1851 la mayoría de los artesanos del Cusca experimentaba un proceso de empobrecimiento, causado por la decadencia
regional y el impacto de los productos manufactureros extranjeros
en el mercado de la ciudad. Este proceso se intensificó probablemente durante las siguientes décadas, cuando la crisis del Cusco
llegó a su apogeo. Sorprendentemente, hemos visto que la pobreza
de muchos artesanos no repercutía en la disminución de su número
durante la misma época. La pobreza de la ciudad misma y el proceso
de ruralización que experimentaba el Cusca permitía a los artesanos
reaccionar en diferentes formas frente a la crisis económica. La
reducción del número de empleados y el uso de la mano de obra de
sus familiares eran algunas de las estrategias de sobrevivencia de los
maes!ros artesanos. Muchos oficiales escaparon de la pobreza total
trabaJando por lo menos temporalmente por su propia cuenta. Otros
artesanos div~rsificaban sus actividades económicas y algunos aprov~haban los ingresos de sus esposas e hijos, que trabajaban como
chicheras, placeras o domésticos. La diversificación de fuentes de
!ngreso para la subsistencia de la familia reducía la dependencia del
ingreso de la ocupación artesanal y permitía que muchos artesanos
abandonasen sus actividades por lo menos temporalmente. Los
vínculos familiares con el sector agrícola ofrecían otra forma de
escapar a 1~ dependencia total de los ingresos que proporcionaban
las ~upac,ones artesanales. La posesión de una pequeña chacra
también convertía el ingreso más en una fuente adicional que en la
principal. Pode~os afirmar entonces que los artesanos aprovechaban las oporturudades que ofrecía una ciudad en crisis la ruraliza.,
'
c1on y la falta de una transformación económica, para reaccionar de
una manera bastante flexible ante las dificultades económicas.
Los artesanos indígenas eran socialmente separados de los maes-

146

Tfwmas Krüggeler

tros mestizos por los fuertes prejuicios raciales de la sociedad cusqueña. Pero la pobreza del sector artesanal era la razón principal para
que el Cusca negara a casi todos los artesanos un prestigio social más
alto. Los criterios de propiedad e ingresos que la sociedad cusqueña
utilizaba para determinar la posición social de los ciudadanos eran
una barrera invencible para la gran mayoría de los artesanos. La crisis
del sector tenía consecuencias también dentro de los talleres artesanales. Un sistema gremial en decadencia y la crisis económica eran
los responsables de unas relaciones laborales muy inestables y conflictivas. Sin embargo, los conflictos entre maestros y oficiales no
resultaban en la formación de organizaciones distintas de estos grupos. Las circunstancias económicas y políticas del Cusca no permitían
todavía el desarrollo de sindicatos u organizaciones similares.
Pero no todos los artesanos vivían en la pobreza. El pequeño
grupo de artesanos prósperos estaba dirigido por algunos sastres
ricos, que aprovechaban los contratos estatales. Debemos tener presente que los contratos para la confección de uniformes para el
ejército no reflejaban una coyuntura económica, sino que eran más
bien consecuencia de una política económica temporal, un impulso
artificial, que contribuía poco al desarrollo de la ciudad a largo plazo.
No obstante, estos contratos tuvieron el efecto de constituir la base
económica que permitió que algunos sastres se integraran al comercio
y a la política de la ciudad. Los capitales acumulados gracias a estos
contratos les permitieron diferenciarse económica y socialmente del
resto de artesanos.
Los sastres ricos gozaban de un prestigio social más alto que los
otros artesanos y, hasta cierto punto, podían participar en asuntos
políticos porque se convertían en comerciantes, pero no eran los
representantes políticos y sociales de los artesanos del Cusco.
Políticamente, los artesanos vivieron en un vacío entre 1824 y
1869, sin una adecuada representación. Sus organizaciones tradicionales, los gremios, eran utilizados por el Estado como instituciones
fiscales, sin recibir sus privilegios como monopolios de un alto grado
de autonomía interna y sin gozar de reconocimiento político.
Como organizaciones políticas, los gremios fracasaron totalmente en el Cusca republicano. Después de 1851, cuando los gremios
desaparecieron, pasaron 20 años antes de que los artesanos constituyeran una nueva forma de representación social y política.
La Sociedad de Artesanos, fundada en 1870, aumentó el prestigio
social de los artesanos mediante su fuerte actitud patriótica e integró
poco a poco a los artesanos en la política de la ciudad.

147

�Los artesanos del Cusco
Pero el interesante y complicado proceso de la historia de los
artesanos del Cusco de fines del siglo pasado será tema de un estudio
más amplio.

Sáo Paulo e a elite letrada
brasileira no século XIX
Raquel Glezer*

(Sáo Paulo)... a cidade academica, a Coimbra americano1

E

ste artigo tem por objetivo apresentar a fun~o principal
exercida pela cidade de Sáo Paulo, Brasil, no século XIX, que
foi a de formar urna parcela ponderável da e 'ite letrada brasileira, na Facultade de Direito, fundada em 1828, que criou os
quadros administrativos e políticos necessários para o desenvolvimento das atividades do e no Império.
A Faculdade de Direito de Sáo Paulo, também chamada de
Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco, formou hacharéis
em Direito e Ciencias Sociais que exerceram múltiplas atividades na
sociedade brasileira dos séculas xrx e xx, como políticos, burocratas,
administradores, jomalistas, escritores e poetas.
Ao lado de nomes famosos e reconhecidos, relacionados abriga• Departamento de História, FFLOWSP, Sao Paulo, Brasil.
Américo de Campos.A cidade de S. Paulo em 1877. Almanach li11erario de Siio
Paulo para o all/W de 1878, facsimilar, Governo do Estado/Casa Gvil /lmprensa Oficial
do Estado/Secretaria do Estado da Cultura Arquivo do Estado/Instituto His16rico e
Geográfico de Sao Paulo, Sao Paulo, 1982, pp. 1-9.
1

148

149

�Sáo Paulo e a eliJe letrada

Raquel Glezer

toriamente nas histórias da literatura brasileira e nas histórias políticas do Brasil, encontra-se também hacharéis que náo obtiveram o
mesmo reconhecimento social e cultural, mas que exerceram diversas
fun~ e papéis sociais, espalhados pelas cidades em todo o pais,
integrados na sociedade, divulgando os ideais es as vivencias resultantes de sua experiencia academica paulistana.
Além dos citados há mais um aspecto fundamental a destacar na
atua~o dos hacharéis formados na Faculdade de Direito da cidade
de Sáo Paulo - a própria cria~o e estructura~o do Estado brasileiro: o Estado Imperial, único na América Latina que existiu de 1822 a
1889. Da mesma maneira a fizeram com o Estado republicano, cuja
proclama~o em 1889 foi possivel gra~s a intensa campanha republicana realizada de modo predominante pelos estudantes e hacharéis desde o final dos anos sessenta do oitocentos. Campanha republicana realizada em paralelo com a campanha abolicionista, nem
sempre pelas mesmas pessoas, nas quais nao faltaram as presem;as
atuantes dos estudantes e dos hacharéis em Direito do Largo de Sao
Francisco.
A perce~ao da fun~o social da Faculdade de Direito de Sáo
Paulo era táo clara que um autor, egresso da própria Academia, no
ano de 1877 comparou a cidade a Coimbra, cidade portuguesa onde
se formaram os hacharéis que estructuraram e exerceram a administrat;áo no Império colonial portugues.2
Durante o longo periodo colonial, de 1500 a 1822, na área
geográfica de dominio portugues na América do Sul, na qual se
formou o Império do Brasil náo houve criat;ao de escolas superiores
ou universidades, diversamente do que ocorreu nas áreas de colonizat;áo hispanica.
Houve apenas um sistema restrito de colégios e seminários, de
algumas ordens religiosas, o qual tinha a finalidade de formar o clero
para as funt;óes religiosas locais.
No último quartel do século xvm, após a expulsáo dos jesuítas e
do fechamento de seus colégios e serninários, foram criadas asAulas
Régias, c.om a intenc;áo de substituir a a~o educacional jesuítica, em
algumas cidades e vilas. Elas foram poucas e esparsas pelo vasto
território, e náo atingiram os objetivos iniciais propostos, apesar de
haver sido criado um imposto especial, cuja arrecada~o des ti nava-se
formalmente ao processo educativo, denominado Subsi.dio Literário.
A educac;áo e forma~o cultural no território de ocupat;áo dispersa e

diminuta, mesmo considerando apenas os homens livres, náo foi
realizada concretamente como havia sido proposto pelo govemo
metropolitano no periodo pombalino.
Durante o longo periodo colonial as familias mais ricas enviaram
seus filhos para estudar na Europa, Portugal ou Franc;a. As de menor
poder económico colocaram seus filhos nos seminários das ordens
religiosas, que tanto formavam seus quadros localmente, nos moldes
metropolitanos, como mandavam os alunos mais promissores para a
Europa.
Para o exercicio administrativo no Império portugues, além do
respeito ás "leis de pureza de sangue", que garantiam o sangue
"cristáo velho", sem mistura de judeus, mouros ou negros, a Metrópole exigía a forma~o de bacbarel em Direito, realizada ha cidade
de Coimbra, em Portugal, fundamental para o dominio da complexa
legisla~o de várias tradisóes que conviviam no cotidiano e das instancias concomitantes de poder ou a forrna~o militar. Desde logo, a
área metropolitana, e o fato de serem naturais do Brasil nao era
obstáculo para a carreira burocrática, desde que tivessem os certificados Jegais exigidos para a inscri~o nas escolas superiores portuguesas, demonstrando a "pureza de sangue". A emaranhada teia de
relat;óes exigidas, mesmo que obviamente fossem falsas as afirma~s
do conteúdo: os antepassados eram sempre brancos, livres, "cristáos
velhos", os país sempre casados perante a Igreja. Nenhum dos jovens
estudantes que da América se dirigiram á metrópole para os seminários ou a Faculdade de Direito em Coimbra possuia em seus ancestrais as manchas infames de bastardía, oficios mecanicos ou atividade
mercantil, oficialmente.
Os administradores metropolitanos que vieram para a colonia
exercer suas atividades burocráticas ou militares eram profissionais,
que percorriam a v~ta área imperia_! colonial portuguesa: América,
Africa Ocidental, Africa Oriental, India, Ceiláo, China e ilhas do
Índico, exercendo seus en cargos en situaciones diversas e sempre
temporárias, considerados "nobres" por serem quer "letrados", isto
é, formados em Direito, quer oficiais militares.
Em 1808 quando a Corte portuguesa mudou-se para o Rio de
Janeiro, escapando da onda de transformat;óes do continente europeu, a administra~o metropolitana passou a ser realizada no Brasil.
Datam de entáo as primeiras escolas de nivel superior, algumas
transferidas de Portugal e outras criadas no Rio de Janeiro e em
Salvador, visando suprir as necessidades de pessoal administrativo e
militar no imenso território de dominio portugues.

2 !bid.

150

151

�Siio Paulo e a elile letrada

A especificidade do processo de Independencia que transformou
o Brasil na única monarquia da América Latina entre 1822 e 1889
pode ser explicada em alguns aspectos pela decisao de parte dos
quadros administrativos metropolitanos de náo retomar á Portugal
em 1821, quando o Reí Dom Joáo VI regressou, for~do pela Revolu~o do Porto.
Logo após a proclama~o formal de independencia, em 07 de
setembro de 1822, nos debates na Assembléia Constituinte em 1823
e 1824 a idéia de criar escolas superioes e universidade foi apresentada e aceita.
Em 1828 foram criadas duas FacuJdades de Direito no Brasil:
urna na cidade de O linda, depois transferida para a cidade de Recife,
para atender a regiáo nordeste e norte, e outra na cidade de Sáo
Paulo, para os habitantes do centro, sudeste e do sul.
Rec~e _e_ S_áo Paulo sáo ambas cidades tradicionais, que datam
dos anos 1mcia1s da colonizac;áo, no século XVI, com func;óes próprias
e específicas e trajetórias históricas diferenciadas.
Recife em Pernambuco desde seus primórdios fora urna cidade
mer~ntil, po~uária, vivendo da exporta~o do ac;úcar dos engenhos
e das ~portac;ot:5 dos bens necessários ávida e explora~o da la voura
can_~VJeira, dommande urna rede de comunica~o que abrangia a
regiao nordeste e a norte do país.
Sáo Paulo era quase o seu oposto, pequena cidade localizada no
alto do planalto, logo após a Serrado Mar, em direc;áo ao sul, voltada
para_ o sertáo, para o interior, tendo explorado e desbravado os
caminhos e as regióes de criac;áo de gado e de minerac;áo.
O ponto oomum entre ambas as cidades era o dominio de urna
rede de comunica~o, estruturada por motivos económicos es com
formas e tradic;óes diversas.
A ci~ade Sáo Pa~lo ~oi escolhida, pelo que se pode acompanhar nas d1scussoes constituc1onais, tanto pelo clima serrano e frio em
~ela~~ ao_litoral, considerado mais adequado aos estudos, como ~ela
mexistenc1a nela de outras atrac;óes que pudessem servir de motivos
de distra~o dos jovens.
As cidade de maior porte físico e financeiro foram consideradas
poten~ialmente perigosas para a finalidade de estudo, visto que
deve~am receber e atender jovens de quatorze anos em diante, que
estana~ afastados ~a familia, isolados, sem tutores ou responsáveis.
A_ c1dad~ de Sao Paulo possuia o título imponente de Cidade
lmpenal, de'?d~ ao fato de em suas proximidades ter sido proclamada
a Independencia, mas era urna antiga e pequena cidade, com os

d:

152

Raquel Glez.er

irregulares trac;ados coloniais, casas de taipa de piláo (barro b~tido
moldado em formas), térreas, marcada apenas pelas torres das 1grejas, que eram as construc;óes de maior destaque, ocupand~ ~u~na
área numa colina entre os rios Tamanduatei e Anhangabau, pronma
ao rio Tiete e cercada por varzéas que ficavam inundadas quase que
o ano inteiro. Era de pequeno porte físicamente e por volta do inicio
do oitocentos contava com cerca de 10 000 habitantes, incluindo
escravos.
O núcleo que deu origem á cidade foi o Colégio de Sáo Paulo de
Pirantininga, fundado em 1554 por padres jesuítas, com o objetivo
declarado de fazer a catequese dos índios. Em 1560 o Govemadorgeral Mem de Sá transferiu para a área do Colégio urna vila que existía
no planalto, Santo André da Borda d? Campo.
.
Os anos iniciais da vila foram dificultados pelo 1solamento do
litoral, onde estava concentrada a colonizac;áo portuguesa, a falta de
alimentos e os ataques indígenas, que reagiam ao proces~o de escra~
vizac;áo do "negro da terra". Por muitos anos a vila de Sao Paulo fo1
a área de domínio portugues mais distante do litoral.
O distanciamento de alguma maneira manteve a vila com un
certo grau de autonomía diante do controle ~dministrativ~ me~ropolitano. Como exemplo disso tero-se a expulsao dos padres 1esmtas ~a
vila por discordarem eles do processo de escraviza~o indígena: A vila
era cercada por aldeias indígenas destinadas á catequese e baVJa urna
constante disputa da máo de obra local.
.
Os habitantes da vila possuiam pequenas fazendas, nas qua1s
platavam os generos alirnentícios necessários, mas para obter máo de
obra escravizavam os índios. Para tal finalidade percorreram os sertóes, até mesmo os mais distantes, buscando encontrar outros povos
indígenas.
_
Pela procura de máo de obra farta e barata, os bandeu-antes, nome
dado aos habitantes do planalto paulista, populac;áo mestic;a de brancos e índios, percorreram vastas extensóes do interior do Br~sil,
atingindo até a regióes de domínio espanhol, ~argando as f~onterras
portugesas no continente e finalmente descobnndo ouro e diamantes
no interior.
Ero 1711 como recompensa pelo fato de seus habitantes t_ere~
colaborado nas descobertas das minas de ouro e diamantes, a vila fo1
transformada em cidade, mas continou pequena e insignificante, coro
popula~o esparsa e escassa. Diversamente de ou!ras cidades e vilas
coloniais náo possuia uro produto de exporta~º- que a t_omasse
importante, pois o ouro e os diamantes eram remetidos das areas de

153

�Sao Paulo e a elite letrada

minera~o diretamente para o Rio de Janeiro, capital do Vice-Reinado e daí para Lisboa.
_ A vila era pequen~, pobre e sem vida cultural. A própria Capitarua da qual era a capital acabou sendo extinta e só em meados do
século XVIII foi restaurada, mas a cidade cootinou pobre e com
popula~o dimiouta.3
A caracte~stica _de ser urna cidade pequeoa, sem atrativos que
pudessem desV1ar as JOvens mentes da finalidade principal foi utilizada os debates para escolha dos locais das escolas de Direito.
Náo é muito comentado pelos autores que estudaram a história
da :~culdade ?e Direit~ de Sáo Paulo o papel desempenhado pelos
P?lit1cos de ongem paulista que atuavam eotáo, como os Andrada e
Silva, para a escolha da cidade como sede da Academia de Direito.
A cria~o da Faculdade trouxe tansforma0es para a velha cida~e, náo na estrutura física, mas cultural e socialmente. A presea~ de
JOvens estudaotes de todo o país, que vinham e permaneciam nela nos
meses _escolares, habitando em pensóes ou em "repúblicas" ( moradias
exclusivas de estudantes), que estudavam no aotigo prédio de Convento da Ordem de Sáo Francisco, ao lado da igreja, alterou táo
profundamente o modo de vida da cidade que os historiadores mas
conservadores consideram o período urna fase da cidade.
Tradicionalmente, a história da cidade é dividida em tres fases:
a colonial, que vai da fundac;áo do Colégio dos Jesuítas em 1554 á
cria~o da Faculdade de Direito; a academica, de 1828 até o último
quartel do século XIX, e a atual.
. A cidade que os jovens estudantes de direito encootraram náo
t1~a bares, teatros, grandes comemora0e5. As familias pouco se
V1S1tavam e os bailes eram raros.
A presenc;a dos estudantes alterou a vida na cidade de tal forma que
ela se transformou em "cidade dos academicos", dos jovens que se
dt:51~ de todos os pontos do país para cursar a Academia de
Drre1to,
~a elite ~grária ou apenas detentores de "capital social",
~os de fa~as arrumadas finaoceirameote ou afiJhados de pessoas
n:35, ~pr~ndiz.es do poder ou membros do aparelho burocrático admirustrauvo unperiaJ, que nela viveram suas aventuras/travessuras juvenis.
Robert_Avé-Lallement, um dos viajantes que percorreu a regiáo
sul do Brasil em meados do século XIX, deixou a seguinte descri~o
dacidade:

filh°"'.

3

Raquel Glezer
Cheguei a Sáo Paulo ao meio-diaó
Que devo dizer da cidade? Muita coisa me contaram da eleglincia das
ruas, da limpieza das casas, do esplendor das igrejas e cei:13 apare~cia
aristocrática da popula~o ero geral, muita coisa que, a vános respe1tos,
nlio devia ver enganosamente.
_
Algumas ruas, um ou outro bairro bonito e ás vezes até m_agnificos;
ero alguns lugares, fileiras de casa assombradas e, além d1sso,_ boro
empedramento con cal~das, mas em geral cuas estreitas e a c1dade
absolutamente irregular.
As igrejas que vi slio bonitas, algumas ornadas, n? e~tanto nenhuma
me causou grande impresslio. A Faculdade de D1~c~t? dá u~a boa
impressáo e parece-me o mais notável de todos os edif1c10s da c1dade.
Tudo... parece monacalmente velho e impresslio semelhante me
deu Slio Paulo. Ali cheira a Témis e a velho jesuitismo; o primeiro odor
4
aumenta, pois a Faculdade de Direito tem 500 a 600 alunos.
Apesar das duras palavras do visitante, na realidade, o a~nh~do
espac;o físico da cidade dos "moc;os da Academia" recebeu ~rilho, ~da
e vigor. As velhas constru~es de taipa foram palco e plate1a de VI~as
juvenis romanticameote vividas/imaginadas, que sonhadoramente 10dustrializaram o futuro.
Essa cidade de barro náo existe mais, destruída para dar lugar ao
tijolo no último quartel do século XIX e depoi~, ~o século XX, ao
concreto. Daquele momento restaram apenas as 1déias, trac;os palpáveis da vida academica, frágil e efemera como a própria vida dos
autores (tantos dos quais precocemente mortos_deAtu~erculose~ quer
nos jornais acadernicos, pequeoos, d~ brev_e existenaa, explosoes de
idéias para revolucionar o mundo, neo ve10 de dados ~~bre a ~xperiencia vivenciada e sobre a fonna~o de urna classe pobttca nacional;
quer na poesia e prosa romanticas que marcam o início da lite~atura
nacional; quer nos jomais boje seculares, fundad~s por ba~haré1s para
divulgar e defender as idéias que transfonnanam o pais; quer nos
textos dos memorialistas, historiadores e jornalistas egressos da Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco.
Foram os al unos e hacharéis formados pela Academia de Direito
que movimentaram o espac;o físico da cidade, com bailes, ~ebedeiras,
brincadeiras, cac;adas, paixóes avassaladoras, pescanas, representa0es teatrais, e, de modo fundamental, o espac;o intelectual,

Ver !!istória geral da civilizofiio brasileira, Sérgio Buarque de Holanda (dir.) 9
v., OIFEL, Sao Paulo, 1961.
'

4 Robert Avé-Lallement, ViagellS pels provincias de SantD Catarina, Paraná e Sao
Paulo (1858), Itatiaia/EOUSP, Belo Horizoote/Sáo Paulo, 1980, pp. 331-352.

154

155

�Sáo Pau/,o e a elite letrada

destruindo o marasmo das velhas idéias coimbrás, o domínio total dos
dogmas católicos, introduzindo novas conce~ de sociedade e
direito.
De modo característico, náo foi através do ensino regular na
Academia que as novas idéias foram conhecidas, adquiridas e divulgadas.
O estudo de Sérgio Adorno, Os aprendizes do poder demonstrou
que a cria~o dos cursos jurídicos no Brasil fara urna necessidade
imperiosa para a independencia cultural e forma~o de quadros para
a burocracia do Estado, o que levou ao controle rígido do conteúdo
ministrado neles pelo Estado. O dominio das exigencias politico-administrativas-burocráticas no conteúdo e desenvolvimento do processo de forma~áo de hacharéis de um lado esvaziou a possivel politiza~º do curso, e de outro permitiu o desabrochar de urna vasta e rica
experiencia extra-curricular.5
Foi nesta, na vida extra-academica, na prática diária que se deu
o processo formativo dos jovens estudantes, que conheceram as novas
formula&lt;t&gt;es político-sociais na leitura de romances e obras estangeiras, predominantemente francesas; pela experiéncia em editar jomais
academicos de curta existencia; pelos la~s de amizade estruturados
nas turmas e nas "repúblicas" cstudantis; nas associa&lt;t&gt;es juvenis de
tipo iniciático, como a Bucha; nas sociedades secretas como a Ma~
naria, a qual quase todos se filiavam, com exc~áo dos católicos
ultramontanos.
A Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco oáo se distinguiu como um local de cria~o de saber jurídico liberal por seus
professores no século XIX. Ao contrário, parece ter dominado em seus
ensinamentos o jus-naturalismo e o direito canónico, urna das fontes
do direito portugues.
Entretanto, apesar da irregularidade dos cursos e da monotonia
do conteúdo, calcado no modelo coimbráo, os alunas seus tiveram
extraordinária atividade literária e política. Dentre os autores romaticos de prosa e poesía do século XIX cursaram a Academia: AJvares
de Azevedo, Bernardo Guimaráes, Castro AJves, Fagundes Varela,
José de AJencar, Tristáo de Araripe e tantos outros. Como escritores,
jornalistas e políticos destacaram-se: Afonso Celso, Américo Brasiliense, Crispiano Soares, Duque Estrada, Joáo Teodoro, José Bonifácio de Andrada, Martim Francisco de Andrada, Otaviano de AJ-

Raque/Glezer

meida, Pimenta Bueno, Rodrigues AJves, Rui Barbosa e muitos
outros.
Listar autores literários e políticos de renome nacionais do século
XIX e início do xx é sempre arralar ex-alunos e hacharéis da Academia
de Direito.
Mas náo apenas as personalidades de reconhecimento público
guardaram as marcas da experiencia academica paulistana. Numerosos hacharéis após a formatura dirigiram suas atividades para os
quadros burocráticos-administrativos de menor porte: no Judiciário,
como juízes, promotres, advogados; nos Cartórios Oficiais como
escriváes e oficiais para os registros necessários de pessoas, propriedaaes, a tos civis; na Administra~o Pública como procuradores, oficiais, secretários, na política como deputados provinciais e vereadores. E inseridos na sociedade fundaram escotas, jomais, associa&lt;t&gt;es
culturais ou litera-recreativas dando um outro tom a restrita vida
urbana onde quer que se einstalassem.
Quaisquer que fossem as atividades escolhidas ou as possibilldade de inser~o no restrito mercado de trabalho livre, os hacharéis
deixaram sinais de sua atua~o.
Ana Luisa Martins em seu estudo sobre Os Gabinetes de LeiJura
na Provincia de Siio Paulo. . . encontrou as marcas deixadas pelos
borneos que passaram pela Academia do Largo de Sáo Francisco e
que foram exercer atividades nas pequenas cidades do interior ou do
litoral, que tiveram o empenho de transformar os sonhos juvenis em
realidade, criando urna rede de Gabinetes de Leitura pela Provincia
de Sáo Paulo.6
Gabinetes estes que se pode supor bra~ civis de lajas ma~nicas,
casas de leitura livre, com escotas de "educa~o popular", laicas, que
tiveram a trajetória de ser originariamente Jocais de elite para elite,
litero-recreativas, mas que se transformaram no correr dos anos, em
locais livres, onde borneos e mullieres podiam ler o que desejassem, fara
do estrilo controle oficial católico, e onde podia-se entrar sem estar "decentemente vestido" ou cal~do, escotas deeduca~o laica para meninos
e meninas, e até mesmo escotas notumas gratuitas para escravos.
Junto com os livros e as letras, difundiram as idéias abolicionistas,
republicanas, anti-clericais. Contudo, deve-se reconhecer a fra~dade e ambiguidade do projeto, liberal-conservador, branco, propnetá-

Sergio Adorno, Os aprendizes do poder. O bacharr:lismo liberal na política brasi/eira, Paz e Terra, Rio de Janeiro, 1988.

6 Ana Lu{sa Martins, Os Gabineles tk Leinua da Provincia tk Siio Paulo: a
pluralidatk tk um espai;o esquecido (1847-1890), Disserta~o de Mestrado em História
Social, m.ol/USP/Sáo Paulo, 1990.

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5

�S/io Paulo e a elite letrada

Raquel Glezer

rio de escravos, que marcou a impossibilidade da continuidade no
periodo republicano.
A transforma~o dos Gabinetes de Leitura em meros clubes
recreativos e o abandono das atividades políticas denotam a fragilidade do projeto. De todos os 19 Gabinetes localizados na provincia
de Sáo Paulo apenas tres permanecem como tais em nossos dias, os
de J undial, Sorocaba e Ria Oaro.
Mas a outra marca fundamental que os hacharéis deixaram foi a
própria forma~o do Estado brasilerio. Deve-se destacar que diversamente das experiencias hispanoamericanas o processo de independencia brasilerio nao foi revolucionário, nacionalista e anti-metropolitano.
'
Maria Odila Leite da Silva Dias em seu estudo A interioriz.afiío
da metrópole (1808-1853) chamou a atem;áo dos estudiosos brasileiros para a necessidade de ver com novos olhos o processo de emancipa~o, abandonando as visóes europeizantes que ainda dominam
os nossos estudos.7
Segundo ela, o processo de emancipa~o deve ser visto como urna
continuidade desde 1808, quando da transferencia da Corte portuguesa para o Brasil. As transfoma~es exigidas no processo administrativo a ser implantado no Brasil, as novas e crescentes necessidades
fiscais, as tensóes entre Portugal, dividido entre liberais e conservadores, e o Reino do Brasil, buscando criar rela~óes interprovinciais
que até entáo inexistiam, sáo todos complexos elementos a serem
considerados con processo de emancipa~o.
A vinda da Corte deu início a transforma~o da colonia em
metrópole, o que ela denomina de "metrópole interiorizada". Isto é,
a Corte do Río de Janeiro tomou a si o encargo de controlar e explorar
as outras "colonias" do continente americano.
Desde o início da coloniza~o no século XVI cada urna das capitanías existentes no continente americano relacionava-se diretamente com Lisboa, dela recebendo ordens e funcionários, a ela prestando
contas adminstrativas e financeiras, sem sofrer na prática coma a~áo
dos Governadores-Gerais e dos Vice-Reís. A transferencia da Corte
para o Río de Janeiro obrigou á mudan~ da rela~o de autonomía
entre as capitanías, criando urna hierarquiza~áo e dependencia que
antes inexistiam.
Maria Odila Leite da Silva Dias, "A interioriza~ da metrópole (1808-1853)",
en Carlos Guilhenne Mota (org.), 1822· Dimensoe.s, Perapectiva, Sáo Paulo, 1972, pp.
l(i()..184.

O Estado metropolitano fixou-se na regiá centro-sul e as demais
capitanías foram obrigadas a aceitar a centraliza~o e o dominio real,
processo que teve continuidade e amplia~áo nos anos seguintes á
Independencia.
A complexa situa~o do Brasil no período pós Independencia
necessita ainda de muitos estudos para o seu esclarecimento, principalmente quando nos anos após 1840 explodiram movimentos locais
contrários á centraliza~o burocrático-administrativa.
Apesar da generaliza~o que ainda se faz nos estudos sobre o
processo de Independencia e forma~o do Estado nacional, é possivel
destacar o papel desempenhado pela elite burocrática-administrativa, que manteve colabora~o constante entre as classes dominantes
nacionais e a administra~o pública, tal como se fizera em toda época
colonial. Muitos dos administradores das capitanías continuaram
suas actividades no Império e procuraram agir de modo eficiente no
processo de centraliza~o.
Quando e Império iniciou suas atividades contava com um eficiente
corpo burocrático-administrativo fiel ás suas diretrizes e orienta~.
Para dar continuidade a essa situa~o, criou seu próprio corpo burocrático através da funda~o das Faculdades de Direito, que formaram as
elites letradas imperiais, as quais serviram fielmente ao Estado.
Examinando de mais perta o período imperial fica evidente que
a elite letrada serviu ao Estado imperial, criando o Estado nacional
brasileiro nos anos 40, refor~do o poder central, reprimindo violentamente os movimientos locais acusando-os de separatistas. Coube a
essa elite redigir, debater, votar e aplicar a legisla~o imperial em todo
o território nacional.
Na prática, a forma~o jurídica dada pelo menos na Academia
de Direito do Largo de Sáo Francisco em Sáo Paulo serviu para tomar
os hacharéis fiéis servidores do Estado, pela complexa teia de rela~
sociais entre a elite dominante e o aparelho de Estado em cria~o e
implanta~o.
A aten~o, quando se tem por objeto os hacharéis formados pela
Academia de Direito do Largo de Sáo Francisco em Sáo Paulo, é
geralmente dominada pelo consensual: o papel fundamental desempenhado por muitos deles na forma~o da cultura nacional. Estáo
ainda muito obscuros os papéis sociais que exerceram na divulga~o
de "novas idéias" e o fundamental papel político na cria~o do Estado
Nacional, na conclusáo do longo processo de interioriza~o de urna
metrópole no continente americano, na subordina~o de todas as
capitanías ao poder central imperial.

158

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7

�Slio Paulo e a eliJe letrada

Deve-se ter em mente, de modo claro, que se a cidade de Sáo
Paulo teve, ero certo período histórico, a fun~o principal de ser um
centro de forma~o educativo e cultural, tal fato náo a transformou
ero cidade coro lideran~ política expressiva. Ao contrário, ao longo
da história do Brasil, com exce~o do periodo denominado de Primeira República, entre 1889 e 1930, a lideran~ política coube e cabe as
outras regióes do país.
Ero nossos dias, ocorre mesmo a subrepresenta~o parlamentar
das regióes sudeste e sul, apesar do peso demográfico e do poder
económico nelas concentrado.

160

�~
Instituto
Mor~

�</text>
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                <text>Revista semestral de historia publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, editada por Mario Cerutti. Contiene investigación histórica y económica, tanto local, nacional e internacional.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2023 © Sillares Vol. 3, No. 5, julio-diciembre 2023, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl
Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia
Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)8329- 4000 Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: José
Eugenio Lazo Freymann. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022020313502900-102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del
Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número:
Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz
Mendoza, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida
Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León,
México. C.P. 64290. Fecha de última modificación de 1 julio de 2023.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Reynaldo de los Reyes Patiño
Autores
Javier Rodríguez Cárdenas
Elsy Anahí Mendoza Moo
Nancy Selene Leyva Gutiérrez
Carolina Yeveth Aguilar García
David Felipe Gutiérrez Ugalde
Fernando Marco Calleros García
Camilo Zarza Valencia
Arnoldo David Diaz Tamez
Elsy Anahí Mendoza Moo
Patricia Quintana Lantigua
Rebeca Martínez-Tibbles

�Isla Citlalli Jiménez Pérez
Mónica Samantha Amezcua García
Jairo Eduardo Jiménez Sotero
Consejo Editorial
Alberto Barrera-Enderle, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social
Mario Italo Cerutti Pignat, Universidad Autónoma de Nuevo León
Camilo Contreras Delgado, El Colegio de la Frontera Norte
Diana Irina Córdoba Ramírez, Universidad Nacional Autónoma de México
Claudia Roxana Domínguez García, Universidad Autónoma de Nuevo León
Luis Alberto García García, Universidad de Monterrey
Eva Luisa Rivas Sada, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Editor / José Eugenio Lazo Freymann
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Asistencia Editorial / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.
Foto de portada: Imagen generada por el programa de inteligencia
artificial Midjourney, utilizando palabras clave del dossier “Carreras
eclesiásticas en las Indias Occidentales durante el periodo Borbónico (1700-1821)”,
coordinado por Javier Rodríguez y Anahí Mendoza

�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Un sevillano en las Indias Occidentales.
Trayectoria episcopal de fray Francisco de san
Buenaventura Martínez de Tejada Diez de Velasco:
espacios, gestiones y ámbitos de acción, 1729-1760
A Sevillen in the West Indies. Episcopal trajectory
of Fray Francisco de San Buenaventura Martínez
de Tejada Diez de Velasco: spaces, negotiations,
and scope of action, 1729-1760
Javier Rodríguez Cárdenas
orcid.org/0000-0001-7994-014X
El Colegio de Michoacán, Zamora, México
Recibido: 28 de febrero de 2023
Aceptado: 30 de abril de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2023, Rodríguez Cárdenas, Javier. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License
[CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-87
Email: javier.rodriguezc@colmich.edu.mx

�Dossier
Carreras eclesiásticas en las Indias Occidentales
durante el periodo Borbónico (1700-1821)
Introducción
Church careers in the West Indies during the Bourbon
period (1700-1821)
Introduction
Javier Rodríguez Cárdenas
El Colegio de Michoacán,

Zamora, México
orcid.org/0000-0001-7994-014X

Elsy Anahí Mendoza Moo
El Colegio de Michoacán

Zamora, México
orcid.org/0000-0003-1433-8080

Tras la muerte de Carlos II, se produjo un cambio dinástico en
la monarquía española. Terminaba el reinado de los Austria y
Felipe de Borbón, duque de Anjou, fue el heredero a la Corona.
Este acontecimiento inició un enfrentamiento entre dos potencias
europeas que estaban interesadas en adquirir tan vasta territorialidad.
1
Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 1-8
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-110

�Carreras eclesiásticas

Los bandos estaban divididos entre quienes apoyaban la continuidad
de la dinastía Habsburgo, representados por José Fernando de
Baviera, apoyado por el emperador del Sacro Imperio Leopoldo I;
y quienes al mando del nieto del “rey sol”, Luis XIV de Francia,
apoyaban al mencionado duque de Anjou.
Esto puede contextualizarse dentro de una crisis europea
generalizada hacia finales del siglo XVII, ya señalada con Geoffrey
Parker, que se proyectó en la península ibérica con el inicio de la
guerra de sucesión española y que concluyó con la firma de los
Tratados de Utrecht (1701-1713).1 Como consecuencia, se modificó
la forma en la que el triunfante Felipe V dirigió sus políticas internas
y externas, al estar permeadas de sanciones a los reinos que apoyaron
la alianza antiborbónica y su simpatía al bando austriaco.2
Dentro de los reajustes administrativos emprendidos
por el nuevo monarca hispano-borbón estuvo la relación con la
Santa Sede a través la confirmación del Patronato Real. Desde
el Examen de Concordato de 1737 o un año después, con el
Dictamen en justicia sobre la jurisdicción de los señores de
Castilla y su supremo Consejo de Cámara para el conocimiento
de todos los negocios pertenecientes al Real Patronato de la
Corona, Felipe V buscó la manera de reafirmar sus derechos
Geoffrey Parker, Global Crisis. War, Climate Change and Catastrophe in
the Seventeenth Century (London: Yale University Press, 2013).
2
John Elliot, Imperial Spain, 1469-1716 (London: Penguin, 2002); John
Lynch, The Hispanic World in Crisis and Change, 1598-1700 (London: Blackwell, 1994); John Lynch, Bourbon Spain, 1700-1808 (London: Blackwell,
1994).
1

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-110

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�Javier Rodríguez y Anahí Mendoza

como patrón indiscutible de la Iglesia en la monarquía, de manera
que buscaba la sujeción total del poder espiritual al temporal en
decaimiento del Papado.
Hay que considerar que este regalismo borbónico no
fue instaurado ex abrupto, sino que obedeció a un proceso
enmarcado en un doble contexto. En primer lugar, dentro de los
reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, bajo una misma
visión administrativa del imperio; y en segundo, dentro de un
episcopalismo decadente caracterizado por una menor influencia
de los obispos en el Consejo de Indias y por su sujeción real dentro
de su misma función espiritual. De este modo, los eclesiásticos en
la monarquía tenían un objetivo muy claro: el servicio a ambas
majestades; como funcionarios reales, su formación, desempeño
y movilidad obedecieron a dicho propósito, pero como hombres
se vieron motivados a un ascenso social, prestigio y formación
de redes locales para su sobrevivencia en ámbitos desconocidos,
caminos a veces conseguidos y en ocasiones frustrados.
Así pues, el presente dossier titulado Carreras eclesiásticas
en las Indias Occidentales durante el periodo borbónico (17001821) tiene como objetivos demostrar –mediante casos concretos–
cómo los clérigos eran también sujetos presos de diversos
intereses, personales, familiares y de lealtad a la monarquía; y
cómo la “excepcionalidad” ayuda a explicar dinámicas más allá
de los ámbitos locales. Las diversas trayectorias que en esta
compilación se pretenden exponer, darán cuenta de lo complejo
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�Carreras eclesiásticas

que era ser un eclesiástico en un periodo transitorio como el
Borbónico, en un espacio que aún se encontraba en proceso de
poblamiento en el siglo XVIII, como las Indias Occidentales.
Más allá de las diversas demarcaciones espirituales –regulares o
seculares– los sujetos que aquí se presentan darán cuenta que su
ejercicio de movilidad, como cumplimiento a los dos ejes que se
han planteado, estaban en constante circulación a lo largo y ancho
de la monarquía, motivados por sus intereses, revelando así la
excepcionalidad que los caracterizaba.
A final de cuentas, la monarquía hispana, como entidad
planetaria, hace pensar que los esquemas de historia trasatlántica,
comparada y también la historia global, son paradigmas válidos
siempre y cuando se tengan en cuenta las realidades regionales.
De manera que, estas dos categorías de análisis –lo regional y lo
imperial– hacen que los procesos puedan ser comprendidos en
perspectivas complementarias.
Ante la vasta historiografía que antecede estos estudios,
la originalidad y pertinencia de este dossier radica en el énfasis
que se hace en torno a los conceptos de agencia, movilidad y
circulación de los eclesiásticos en las Indias Occidentales. Nuestra
propuesta radica en visualizar a los ministros de la fe como sujetos
con habilidad para conseguir el ascenso social en un mundo
donde parecía estar condicionado por la abnegada obediencia al
servicio de “ambas majestades”. Con esto, se demuestra que la
monarquía española fue un espacio conectado y que la lejanía
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-110

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�Javier Rodríguez y Anahí Mendoza

de los principales centros de poder no fue impedimento para que
ciertos individuos lograran cumplir sus objetivos.
Las conexiones que cada uno de estos individuos fueron
tejiendo a lo largo de su carrera fueron evidencia de que, en
el servicio a ambas majestades, había que ir más allá del “mar
océano” para ejercer una vocación ministerial y un ejercicio real
como agentes del monarca. Fue el caso de la trayectoria episcopal
de fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada Diez de
Velasco, cuyo análisis estuvo a cargo de Javier Rodríguez Cárdenas.
Originario de Sevilla, su movilidad estuvo encauzada a administrar
obispados ubicados en zonas estratégicas de la monarquía, donde,
por un lado había que consolidar el cristianismo y la presencia
española por ser lugares de interacción tanto con indios no
hispanizados y extranjeros ingleses y franceses, y por otro lado
promover el poblamiento y garantizar la total sujeción al monarca
por parte de aquellas poblaciones que carecían del pasto espiritual,
lo mismo en el presidio de San Agustín en Florida (perteneciente al
obispado de Cuba), como en Yucatán y en Guadalajara.
También es importante considerar las implicaciones
que conllevó para un individuo que se decidiera por la carrera
eclesiástica, en un periodo histórico donde, al menos en el clero
secular, la vocación era un elemento secundario. Si bien el
sacerdocio era un medio para ganarse la vida de parte de muchos
naturales en las Indias, en la legislación estaba claramente
expresado que se necesitaba tener un sustento propio para poder
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-110

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�Carreras eclesiásticas

ser candidato a las órdenes sagradas. Desde un ámbito local,
Nancy Selene Leyva Gutiérrez analizó el caso de una familia
prominente del Nuevo Reino de León: los Cantú.
Los obispos no eran los únicos eclesiásticos con
circulación activa en las Indias. Hubo otros casos, de sumo
interés, que revelaron que las aspiraciones individuales estaban
por encima de los intereses familiares, como lo fue el caso de la
trayectoria de José Rodríguez Hurtado, analizado por Elsy Anahí
Mendoza Moo. Natural de La Habana, su circulación por distintos
espacios como Maracaibo, Puebla y la culminación de su carrera
en el obispado de Yucatán, mostraron que no necesariamente las
trayectorias eclesiásticas terminaban con éxito. Hubo quienes
intentaron congeniar con los clérigos naturales del lugar y, tras
diferencias políticas, terminaban marginados al no poder ingresar
en los espacios de poder ya consolidados. Bajo esta tónica de
la “historia del fracaso” se inserta el trabajo de Carolina Yeveth
Aguilar García, quien analizó las trayectorias clericales en el
arzobispado de México entre la finalización del siglo XVIII y
los inicios del siglo XIX. Al igual que Mendoza Moo, Aguilar
García mostró que no todas las carreras eclesiásticas son exitosas,
pues muchas de ellas, al ser un contexto complejo, tuvieron
que replantearse pues los puestos más importantes en la sede
episcopal eran muy competidos. Esta situación lo comprobó a
partir del análisis de concursos de oposición a curatos vacantes
en el arzobispado de México y demostró que algunos clérigos
mostraron frustración ante la necesidad de querer ser colocados
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�Javier Rodríguez y Anahí Mendoza

en un curato de grandes rentas.
Este dossier también está integrado por cinco reseñas
de libros, cuyos ejes temáticos versan sobre la movilidad, la
circulación y los espacios de las Indias. Elsy Anahí Mendoza Moo
analizó cómo las diversas interpretaciones que le dan al estudio de
los obispos durante la segunda mitad del siglo XVIII se interesan
por demostrar la “ilustración católica” dentro de la Iglesia
indiana. A diferencia de ello, el texto que reseñó, Los obispos
y las reformas eclesiásticas en la América hispánica borbónica
de Rodolfo Aguirre Salvador, Lucrecia Enríquez y Susan E.
Ramírez da una propuesta diferente, revelando el ejercicio de la
autoridad episcopal dentro de la cultura jurisdiccional de cambios
administrativos. También Patricia Quintana Lantigua, con el
texto de Juan Camilo Galeano Ramírez, Curas en la diócesis de
Popayán: la carrera eclesiástica y el regalismo borbónico, 17701808, da cuenta del acucioso trabajo documental del autor y su
rigor metodológico para analizar la carrera de los curas párrocos
en Popayán dentro de los reinados de Carlos III y Carlos IV.
Abonando a los conceptos de movilidad y circulación
durante el siglo XVIII, también el conocimiento tenía esta cualidad.
A partir de los juicios inquisitoriales, los propietarios de las
bibliotecas privadas –que estaban al margen de las institucionales,
mayormente de la Iglesia– demuestran la activa circulación del
conocimiento en las Indias. La complejidad de la cultura del libro
en la Nueva España durante el siglo XVIII y el minucioso abordaje
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-110

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�Carreras eclesiásticas

que hizo Idalia García para su comprensión en su texto La vida
privada de las bibliotecas: rastros de colecciones novohispanas
(1700-1800), fue reseñado por Isla Citlalli Jiménez Pérez.
Finalmente, los procesos de poblamiento también
conciernen a los ejes planteados en este dossier. Rebeca MartínezTibbles con El imperio español en Oceanía de David Manzano y
Javier Rodríguez Cárdenas con “Coahuila” o Tierra Adentro, 15771722 de Chantal Cramaussel y Celso Carrillo Valdés, dan cuenta
de la manera en que se llevó a cabo los procesos de poblamiento
y cristianización de espacios considerados zonas de frontera: el
primero en un lugar considerado como puerta ante los imperios
asiáticos y el segundo en el septentrión de las Indias. En ambos
casos se demuestra un tránsito continuo de agentes y bienes, y
también la importante participación de la Iglesia en dichos eventos.

Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 1-8
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-110

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�Un sevillano en las Indias Occidentales. Trayectoria
episcopal de fray Francisco de san Buenaventura Martínez de Tejada Diez de Velasco: espacios, gestiones y
ámbitos de acción, 1729-1760
A Sevillen in the West Indies. Episcopal trajectory of Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada Diez de Velasco:
spaces, negotiations, and scope of action, 1729-1760
Javier Rodríguez Cárdenas
El Colegio de Michoacán

Zamora, México
orcid.org/0000-0001-7994-014X
Recibido: 28 de febrero de 2023
Aceptado: 30 de abril de 2023
Publicado: 1 de julio de 2023

Resumen: En este artículo se analiza la trayectoria episcopal de un
franciscano recoleto procedente de la Provincia Bética andaluza, fray
Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada, natural de Sevilla.
Muestra cómo la movilidad de este personaje dentro de espacios en
apariencia lejanos, pero bastante conectados de las Indias Occidentales,
fue reflejo de las políticas de territorialización que la monarquía española,
dirigida por los borbones, tenía para con sus posesiones ultramarinas. El
trabajo se sustenta con documentación del Archivo General de Indias,
en Sevilla, y se complementa con fuentes del Archivo del Convento de
Nuestra Señora de Loreto, lugar del cual este personaje fue ministro
guardián previo a su nombramiento episcopal.
Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 9-67
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-87

9

�Un sevillano en las Indias Occidentales

Palabras clave: Sevilla, Martínez de Tejada, movilidad, Indias
Occidentales, frontera
Abstract: This article analyzes the episcopal trajectory of a Franciscan
Recollect from Andalusian Bética Province, Fray Francisco de San
Buenaventura Martínez de Tejada, native to Seville. It shows how the
mobility of this character within apparently distant spaces, but quite
connected in the West Indies, was a reflection of the territorialization
policies that the Spanish monarchy, led by the Bourbons, had towards
its overseas possessions. This work is supported by documentation from
the General Archive of the Indies in Seville, and is complemented by
sources from the Archive of the Convent of Nuestra Señora de Loreto,
where this character was a guardian minister prior to his episcopal
appointment.
Keywords: Sevilla, Martínez de Tejada, mobility, West Indies, frontier

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Introducción
La movilidad de los diversos actores de la monarquía hispánica es
un aspecto que ha llamado la atención de los especialistas en los
últimos años. La circulación de agentes por los diversos espacios
es sin duda un aspecto de gran interés para quienes intentamos
comprender la dinámica espacial de las territorialidades en las
Indias Occidentales, acaso para atisbar si existe alguna lógica
dentro de las diversas trayectorias de individuos que, más allá de
ser agentes de la Corona, tenían un proyecto propio a raíz de sus
propias experiencias vividas.
El caso de los eclesiásticos es un tema sencillamente peculiar.
Eran personajes cuya labor era compleja pues –a diferencia de los
militares que forjaron su carácter en batallas y cuya experiencia era
de utilidad real para los espacios de difícil interacción– tenían que
lidiar con el hecho de que eran ajenos a la territorialidad que les era
asignada y la adaptación física, psicológica y hasta climatológica
podía ser determinante para considerar si hacían una gestión más o
menos larga en ese lugar o pedían al rey su traslado a un sitio mejor,
como sucedió en muchos casos.
Mucho se ha trabajado en el tema de las gestiones
episcopales.1 Pero en realidad, poco se ha abordado el tema
Óscar Mazín Gómez, Entre dos majestades. El obispo y la Iglesia del gran
Michoacán ante las reformas borbónicas, 1758-1772 (Zamora: El Colegio de
Michoacán, 1986); Richard E. Greenleaf, Zumárraga y la inquisición mexicana, 1536-1543 (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2017);
Stafford Poole, Pedro Moya de Contreras. Reforma católica y poder real en
la Nueva España, 1571-1591 (Zamora: El Colegio de Michoacán; Fideicomi1

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de la movilidad en la monarquía con base en un personaje. El
presente estudio revela la trayectoria de un sevillano que fue
obispo auxiliar de Cuba con sede en San Agustín de Florida
(1734-1746), de Yucatán (1746-1751) y de Guadalajara (17531760): fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada
Diez de Velasco. El objetivo de este trabajo es demostrar el
perfil de un prelado y la configuración de una política episcopal
en su trayectoria en las Indias Occidentales. Aunque lo idóneo
para comprender en su totalidad esta movilidad en la monarquía
es la biografía del personaje, nos hemos de conformar con un
sucinto análisis que pueda dar cuenta de algunos indicios
iniciales en aras de definir metodológicamente lo que en un
futuro se pudiera convertir en una biografía. Consideramos tener
como punto de partida la comprensión contextual del lugar de
origen de nuestro personaje, es decir su natal Sevilla en torno a
1729. Posteriormente, se examinará su trayectoria en las Indias
Occidentales, tanto en Florida, Yucatán y Guadalajara. Finalmente,
se hará un análisis sobre la política episcopal, la gestión territorial
de sus jurisdicciones y la relación con las diversas autoridades
temporales para caracterizar semejanzas y diferencias.
Para finalizar, este trabajo se sustenta con documentación del
Archivo General de Indias, en Sevilla. Se revisaron particularmente
so “Felipe Teixidor y Monserrat Alfau de Teixidor”, 2012); Juvenal Jaramillo
Magaña, Hacia una iglesia beligerante: la gestión episcopal de Fray Antonio
de San Miguel en Michoacán, 1784-1804. Los proyectos ilustrados y las defensas canónicas (Zamora: El Colegio de Michoacán, 1996).
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los fondos Santo Domingo, México y Guadalajara, pero también
el fondo Contratación. Se complementará esta información con
fuentes documentales procedentes del Archivo del Convento de
Nuestra Señora de Loreto, lugar del cual nuestro personaje fue
ministro guardián previo a su nombramiento episcopal.
El Lustro Real en Sevilla (1729-1734)
En la historiografía, Sevilla siempre ha sido valorada como un
sitio que servía tanto para embarcar mercancías y personas al
Nuevo Mundo como para el desembarque de riquezas, bienes y,
de igual modo, personas que tenían algún asunto que tratar ya
fuese en el Consejo Real o en el Consejo de Indias. Para 1729,
este lugar era un simple punto de conexión en el cual llegaban
los avíos a la Península Ibérica para ser transportados a su lugar
de destino –alguna edificación real– o algún otro sitio. Tampoco
hay que dejar de lado que durante el periodo de reinado de
los Habsburgo había sido la sede de la Casa de Contratación,
en la cual se atendían muy importantes negocios, motivo por
el cual se habían establecido en la ciudad una gran cantidad
de agentes que trabajaban en la burocracia y que atendían
asuntos concernientes a las Indias. No obstante, tal como lo
señaló Francisco Fernández López, esta oficina de expedición
documental para el gobierno de las Indias en 1717 fue trasladada
a Cádiz ya que era una de las tareas del entonces nombrado
intendente general de Marina y súper intendente del reino de
Sevilla, José Patiño, en cuyo cargo recayó una serie de tareas que
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hasta ese momento habían sido competencias de la institución,
como la fabricación y carena de los avíos, el abasto de víveres,
compras de armas, administración de las cantidades entregadas
para ese efecto o para pagar a los marineros, entre otras cosas.
Y claramente, para evitar conflictos, se le nombró presidente de
la Casa de Contratación y como una de sus primeras misiones
se le adelantó el trasladar tanto la Casa de Contratación como el
Consulado a Cádiz, ciudad portuaria.2
El hecho de que doce años atrás el aparato burocráticoadministrativo de la monarquía y su vínculo con las Indias
cambiaran de lugar, no significó que Sevilla hubiese pasado a un
segundo plano, sino todo lo contrario. El espacio sevillano era
un lugar residente de gran tradición arraigada, pues no solamente
era la puerta de acceso a las Indias Occidentales, sino también
al norte de África. Debe recordarse que Sevilla había sido parte
fundamental por más de seis siglos del emirato de Córdoba, y
gran parte de su arquitectura, vestigios y urbanidad dataron de
los tiempos en que la mayor parte de la población era musulmana
hispanoárabe.3
Pero también, además de Córdoba y Granada, la lucha
por el espacio entre cristianos y musulmanes en Sevilla tuvo
episodios épicos. Una vez tomada la ciudad e incorporada a la
Francisco Fernández López, La casa de contratación. Una oficina de
expedición documental para el gobierno de las Indias (1503-1717) (Sevilla:
Universidad de Sevilla; El Colegio de Michoacán, 2018), 61.
3
Adeline Rucquoi, Historia medieval de la península ibérica (Zamora: El
Colegio de Michoacán, 2000), 200.
2

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jurisdicción castellana –de forma paralela a la instauración del
aparato burocrático de las Indias–, de este lugar también se
organizaron importantes proyectos misionales con el objetivo de
convertir al cristianismo a todos los “infieles” del norte de África,
particularmente los que radicaban en el reino de Marruecos.
¿Cultura de la reconquista? Puede ser. Lo importante es que, desde
Sevilla se tenía una conexión privilegiada tanto con África como
con el Nuevo Mundo. En este sentido, la monarquía española no
demoró en hacer de esta ciudad –atravesada por el impresionante
río Guadalquivir– un sitio de contacto donde convergían todos los
que entraban y salían de Sevilla tanto a las Indias como al norte
de África a través del monopolio de la Casa de Contratación.
Así se convirtió Sevilla en el sitio multicultural por excelencia
de la monarquía. Múltiples agentes de distintas corporaciones,
ya fuesen reales, eclesiásticos, gremiales, universitarios, entre
otros, tenían en esta ciudad un lugar de interacción, atención de
negocios y cultivo fructífero de redes.
Sevilla, para 1729, estaba en proceso de conversión
simbólica para la monarquía hispano-borbónica: de ser el centro
de la administración burocrática para las Indias Occidentales a
ser un significativo emblema de la llamada reconquista española.
La conexión de Sevilla para con Madrid, Buen Retiro, Aranjuez
o Badajoz era eficiente a pesar de encontrarse al sur de la
península. Hay quienes afirman que la ubicación de Andalucía
era complicada, pero sin duda, el haber sido por casi 200 años la
puerta de entrada y salida al Nuevo Mundo hacían de este lugar
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el sitio adecuado para hacer negocios, tanto para los peninsulares
como para los indianos, incluso para asiáticos procedentes de las
islas Filipinas.
Para recapitular, la ciudad hispalense era uno de los
centros urbanos más populosos de Castilla, aunque había
sufrido las agresiones de las epidemias de peste, de los años de
sequía, de las hambrunas, de las frecuentes inundaciones del
río Guadalquivir, la pérdida de la cabecera del monopolio de la
Carrera de Indias y el consiguiente desarraigo de gran parte de la
floreciente colonia de comerciantes españoles y extranjeros, y de
los profesionales vinculados con las actividades económicas del
comercio con las Indias Occidentales (almacenistas, corredores
de comercio, consignatarios, aseguradores, prestamistas,
intermediarios, marineros, carpinteros de ribera, calafateadores,
transportistas, cesteros, toneleros, artesanos de las afamadas,
manufacturas sevillanas, etc. y una serie de estratos más humildes
de la sociedad sevillana dedicadas a las tareas más diversas
relacionadas con el microcosmos del tráfico ultramarino). Según
Carlos Martínez Shaw y Marina Alonso Mola, barrios enteros
habían quedado despoblados y algunas calles antaño llenas de
casas de comerciantes y talleres de artesanos “no mostraban más
que ruinas y solares cubiertos de maleza”.4 No obstante, pese
a la recurrente nostalgia por las grandezas pasadas, Sevilla era
Carlos Martínez Shaw y Marina Alonso Mola, Felipe V (Madrid: Arlanza,
2001), 141.
4

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una ciudad que contaba con un arzobispado, una universidad
muy reconocida y uno de los tribunales superiores de Castilla,
“ingredientes todos para convertirse en la sede de la monarquía,
como lo había sido bajo Pedro I el Justiciero”.5
Ahora bien, hay algunas consideraciones de importancia
que debemos de tener al momento de caracterizar el reinado de
Felipe V en el contexto del lustro real sevillano. En primer lugar,
hay que tomar en cuenta que se encuentra inmerso dentro del
segundo periodo de reinado del duque de Anjou, que fue iniciado
en 1724. Este segundo momento de reinado coincidió con una de
las fases de mayor lucidez y buena salud del rey. Sin embargo,
en 1725 se vio ensombrecido por la devolución de María Teresa
Victoria seguido por la ruptura del compromiso del infante Carlos
con Mademoiselle de Beaujolais, con la consiguiente tensión en
las relaciones entre Francia y España. Al año siguiente (1726)
José Grimaldo fue sustituido por José Patiño y cayó en desgracia
el padre Bermúdez, su confesor.
Por otro lado, según Carlos Martínez-Shawn y Marina
Mola, una vez restablecida la normalidad tras la abdicación y
vuelta al trono, el rey inició una ruta viajera con destino a los
reales sitios que habían sido restaurados o que estaban en vías
de restauración, al experimentar la Hacienda un cierto desahogo
por la reducción de los gastos extra generados por los conflictos
bélicos, los cuales exigían un buen número de criados desplazados
5

Martínez Shaw y Alonso Mola, 141.

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para atender a los soberanos, así como para tener cuidado del
transporte de muebles, tapices y demás efectos personales de
cada uno de los miembros de la familia real.
También debe tomarse en cuenta la situación personal de
Felipe V, y cómo la relación con su entorno fue deteriorándose
con el paso del tiempo. Según algunos autores, entre 1727 y 1728
Felipe V tuvo presente todo el tiempo la idea de abdicar en favor
de su hijo Fernando, pero en realidad eso nunca se concretó.
Durante su estancia en Badajoz, un aspecto que hubiese podido
distraer al monarca pudo haber sido la boda precisamente de su
mencionado hijo con la infanta Ana María Victoria, que podía ser
un catalizador de esfuerzos para sacar al rey de su postración pues
“había que ocuparse de los preparativos y el tema de conversación
podía resultar atractivo como revulsivo a la apatía a la que de
nuevo estaba sumido el monarca”.6
Gran parte de la historiografía española que ha dado
cuenta del análisis de la gestión político-administrativa del
reinado de Felipe V afirma que su estancia en Badajoz no
llenó las expectativas de la familia real. El rey seguía teniendo
un estado de ánimo decadente y una profunda melancolía que
se apoderaba de él al momento de tomar decisiones, lo que le
dificultaba por mucho gobernar un extenso territorio como lo era
la monarquía española. Ante esto, Isabel de Farnesio organizó la
llamada Jornada en Andalucía, pues creyó conveniente que, ante
6

Martínez Shaw y Alonso Mola, 138.

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ese ánimo tan deprimente por el cual estaba pasando su marido,
sería oportuno buscarle un alivio en un prolongado viaje por el
soleado y polícromo Sur. Asimismo, cuando se confirmó la fecha
de llegada, en realidad la familia real no tenía idea de que la
estancia en Sevilla se prolongaría por casi un lustro, de modo que,
en una experiencia sin precedentes en la historia de la monarquía
española, la comitiva real iba a residir por un largo periodo fuera
de Madrid y de los Sitios Reales, aquellos que como ya hemos
mencionado, fueron visitados por el rey, su familia y todo su
comité antes de llegar a Sevilla.7
Otra variable que debe añadirse al análisis en el reinado
de Felipe V en el lustro real sevillano es la gran influencia que
tuvo Isabel de Farnesio, tanto en su esposo como en la dirección
política de la monarquía en este periodo. Había nacido el 25 de
octubre de 1692 en Parma y era hija tanto de Eduardo Farnesio
como de la duquesa de Baviera Dorotea Sofía de Neoburgo, VIII
duque de Parma y Piacenza.8 Tras regresar al trono en 1724, y ante
el constante desánimo y falta de dirección política de su esposo,
era la reina quien asumía el rol de tomar importantes decisiones y
en muchas ocasiones dirigir la política de la monarquía. Por este
mismo papel que asumió, era víctima de actitudes hostiles hacia su
persona y su actuación porque consideraban que estaba teniendo
mucho protagonismo. No obstante, no tomaba las decisiones de
7
8

Martínez Shaw y Alonso Mola, 140.
Martínez Shaw y Alonso Mola, 97.

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manera unilateral, pues en torno a ella se reunieron una serie
de personajes de influencia y personalidad muy interesante: el
marqués Annibale Scotti, el ministro José Patiño, el arzobispo
Amida (Domingo Guerra, confesor de la reina) y la camarista
Pellegrina.
Si alguien tenía que soportar los drásticos cambios de
humor de Felipe V, era Isabel de Farnesio, quien poniendo a
prueba toda su capacidad de resiliencia, logró poner resistencia
psicológica y mostró inteligencia emocional ante los embates que
sufría por causa de su marido. Según Martínez Shaw y Alonso
Mola, sufría las destemplanzas reales con paciencia, incluso
aquellas que al calor de las reyertas en privado incluían maltrato
de palabra (improperios subidos de tono) y de obra (agresiones
físicas) por parte del soberano.
Ahora bien, hasta este momento se ha delineado un perfil
político-administrativo de lo que fue el gobierno de Felipe V
durante el lustro real sevillano. Lo que hasta este momento hemos
prefigurado es una monarquía con un rey desgastado, enfermo y
en varias ocasiones incapaz de ejercer el gobierno porque estaba
imposibilitado para tomar decisiones, una reina que fungió
como una especie de regente ante las condiciones en las que se
encontraba su marido (y que no gobernaba de forma unilateral
sino que estaba aconsejada por un grupo de expertos, un círculo
selecto de amistades que el rey conocía perfectamente), una
familia real itinerante con el objetivo de buscar la manera de
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que el rey recobrase la salud para poder ejercer su cargo y una
sociedad sevillana que tuvo sus mejores momentos cuando era
gobernada por la dinastía anterior y que estaba en un proceso
de transición para convertirse en una ciudad de gran tradición
hispánica por haber sido parte del emirato de Córdoba, parte
importante en el proceso de readquisición del espacio por parte
del reino de Castilla y la puerta a las Indias Occidentales y el
norte de África.
Como parte de las decisiones que el monarca debía
tomar, estaba nombrar a las altas autoridades de las Indias tanto
del poder temporal como del espiritual: virreyes, gobernadores,
presidentes de las Audiencias y oidores dentro del primero; y
arzobispos, obispos, ministros provinciales, priores, abades,
rectores de universidades y miembros de los cabildos catedrales
por el otro. El nombramiento de los altos cargos eclesiásticos,
debemos recordar, se hacía por el derecho del real patronato, es
decir la regalía que el Papa Alejandro VI concedió a los reyes
católicos en 1493 de las bulas Intercaetera I y el breve menor, en
virtud de los procesos de exploración y encuentro con el Nuevo
Mundo, y a partir de allí, por la labor emprendida por la Corona
de Castilla en la conversión de sus naturales a la fe católica.9
Ma. de Lourdes Bejarano Almada, “Las bulas alejandrinas: detonantes de
la evangelización en el Nuevo Mundo”, Revista de El Colegio de San Luis 6,
núm. 12 (2016): 224–57. Véase también: Ibot León, La Iglesia y los eclesiásticos españoles en la empresa de Indias (Barcelona: Salvat, 1954); Juan Manuel
Pérez Collados, “En torno a las bulas alejandrinas: las bulas y el derecho censuario pontificio”, Anuario Mexicano de Historia del Derecho, núm. V (1993):
9

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¿Estaba el monarca en condiciones de efectuar tales
nombramientos? Esta pregunta es muy interesante, y más si nos
enfocamos a lo que a este artículo atañe: el nombramiento de
obispos, como parte del poder espiritual. Si hasta este momento
hemos reflexionado que Felipe V estaba prácticamente
imposibilitado para gobernar mientras se encontraba en Sevilla,
lo más seguro era que hubiese habido varias motivaciones
que hayan incidido en el nombramiento de los titulares de
diversas mitras en los episcopados indianos. Si bien, pudiera
ser que Isabel de Farnesio –aconsejada por su círculo más
cercano– hubiese estado detrás de tales nombramientos, son
aspectos que evidentemente no se van a encontrar expresos en
la documentación. Quizás, para indagar sobre la obtención de la
orden episcopal de fray Francisco de San Buenaventura Martínez
de Tejada Diez de Velasco, así como sobre su designación como
obispo titular de Tricali y auxiliar de Santiago de Cuba con sede
en el puerto de San Agustín de la Florida, debemos averiguar
en torno a las elecciones episcopales dadas por Felipe V en el
lustro real sevillano, tal vez para tener un panorama del tipo de
obispos que se estaban eligiendo, de cuáles eran sus trayectorias
antes de la obtención de la mitra y el báculo, y para saber sobre
sus destinos.
En el rastreo propuesto anteriormente encontramos que
entre el periodo de 1729 y 1734, ocho individuos fueron elegidos,
237–55.
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ordenados y designados obispos para algunas mitras vacantes en
las Indias Occidentales por Felipe V. En 1729, fray Francisco
Santiago y Calderón para el obispado de Antequera-Oaxaca en
la Nueva España. Dos en 1730: fray Gaspar de Molina y Oviedo,
regular agustino que tuvo como destino el obispado de Santiago
de Cuba y José Antonio Gutiérrez de Ceballos para el obispado
de Tucumán. En 1731 fray Juan Lazo de la Vega y Cansino
franciscano también para el obispado de Cuba (en sucesión del
obispo fray Molina y Oviedo) y fray Juan Ángel Rodríguez,
trinitario para el obispado de Manila. En 1732 fray Diego Fermín
de Vergara –agustino– que tuvo como destino el obispado de
Popayán; y en 1734 dos prelados más: Manuel Ocio y Campo que
fue designado obispo de Cebú y nuestro personaje fray Francisco
de San Buenaventura Martínez de Tejada, franciscano recoleto.
Para ilustrar mejor lo que acabamos de describir, se mostrará
en la siguiente tabla tomando en consideración las siguientes
variables: el nombre del obispo, el tipo de clero al que perteneció,
su origen, el año de nacimiento, su trayectoria antes de haber sido
elegido obispo por Felipe V (dentro del lustro real sevillano), el
año en que obtuvo el grado del episcopado y su primer obispado
de destino.
De los ocho individuos que fueron designados para
ocupar una mitra vacante en las Indias Occidentales, siete
fueron originarios de la Península Ibérica y solamente un obispo
novohispano. También hay que destacar, que seis formaban
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parte de las filas de las órdenes religiosas –tres franciscanos, un
agustino, un trinitario y un mercedario– y dos más pertenecientes
al clero secular. Además, sobre los destinos, hay que señalar que
tres fueron destinados al obispado de Cuba (dos como obispos
titulares y uno como auxiliar), dos a los obispados ubicados en
el archipiélago filipino, dos a las Indias meridionales y uno a una
mitra de la Nueva España.
No obstante, hay un elemento muy valioso de la tabla 1
que es de gran utilidad para nuestros intereses. Como se pudo
apreciar, hubo dos individuos de origen sevillano que ocuparon
una dignidad episcopal, como lo fueron fray Juan Lazo de la
Vega y Cansino como obispo titular de Santiago de Cuba en
1731 y fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada
Diez de Velasco en 1734 como obispo auxiliar de Santiago de
Cuba con sede en San Agustín de la Florida. Y dentro de este
mismo dato, otro aspecto de sumo interés es el hecho de que el
obispo fray Lazo de la Vega sustituyó a fray Gaspar de Molina y
Oviedo, quien antes de ser designado como obispo de esa misma
mitra era guardián del Colegio de San Acacio en Sevilla, prior de
la orden de San Agustín en Cádiz y asistente general de la orden.
Tampoco se puede dejar de lado a fray Juan Ángel Rodríguez,
quien dentro de su trayectoria por Sevilla estaba terminando
sus estudios en 1730 antes de embarcarse con rumbo a Lima
para ser el confesor del arzobispo fray Diego Morcillo Rubio de
Auñon y Robledo.
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Pareciera que hay un vínculo entre el lustro real sevillano
y la designación de obispos de origen o vinculados en trayectoria
con Sevilla por parte de Felipe V. Más aún, parece haber una
estrecha relación entre los prelados sevillanos con el espacio de
desenvolvimiento del mar Caribe de las Indias, más directamente
entre la ciudad hispalense y la isla de Cuba. Pero, en lo que concierne
a nuestro personaje –fray Francisco de San Buenaventura Martínez
de Tejada Diez de Velasco– su vínculo con los otros dos prelados
sevillanos de la isla fue un vínculo directo, pues mientras él era el
guardián del Convento de Nuestra Señora de Loreto en Espartinas,
Sevilla, fray Lazo de la Vega era el ministro provincial, es decir,
su superior; y resulta una obviedad que estos dos hayan conocido
a fray Gaspar de Molina y Oviedo, quien era prior en ese mismo
lugar, y aunque originario de Mérida, la mayor parte del tiempo
radicó tanto en Sevilla como en Cádiz. ¿Quién recomendó a fray
Gaspar de Molina y Oviedo y a fray Juan Lazo de la Vega a la
dignidad episcopal? ¿Habrá sido Felipe V o Isabel de Farnesio?
Por el momento resulta imposible determinar quién es el verdadero
responsable de la recomendación a la dignidad episcopal, pero si
esas mismas preguntas se plantean para nuestro personaje, el obispo
fray Martínez de Tejada Diez de Velasco, quizás también podamos
añadir a la lista de las posibles recomendaciones a fray Juan Lazo
de la Vega pues no cabe duda que tenían un lazo presente, quizás
habían trabajado juntos en alguna etapa de sus trayectorias en
Sevilla o sus familias estaban vinculadas.
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Francisco
de San
Buenaventura
Martínez
de Tejada

Regular
franciscano

Diego
Fermín de
Vergara

Regular
agustino

Sevilla

Sevilla

¿?

Destino

Regular
franciscano

Episcopado

Juan Lazo
de la Vega
y Cansino

Mérida

Trayectoria

Regular
agustino

Nacimiento

Gaspar de
Molina y
Oviedo

Origen

Tipo clero

Nombre

Tabla 1.
Eclesiásticos que obtuvieron la dignidad episcopal
por Felipe V de 1729-1734

1694

Guardián del Colegio San Acacio
(agustinos de Sevilla), prior de Cádiz
en 1712, asistente
general de la orden
en 1720.

1730

Cuba

1674

Definidor general de
la orden, guardián
de varios conventos
y ministro Provincial de Andalucía.

1731

Cuba

1693

Guardián del convento de Loreto, en
Sevilla.

1734

Auxiliar
de Cuba
con sede
en Tricali

1675

Definidor de la Provincia de Castilla,
prior de San Felipe,
examinador sinodal
del arzobispado de
Toledo.

1732

Popayán

Se desconoce

1729

Oaxaca

Francisco Regular
Santiago y merce- Torralva 1673
Calderón
dario

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�Javier Rodríguez

José Antonio Gutiérrez de
Ceballos

Juan Ángel Rodríguez

Manuel
Ocío y
Campo

Secular

Regular
trinitario

Secular

Toledo

1682

Estudio en el Colegio real de Salamanca, pasó como inquisidor a Cartagena
de Indias de 1713 a
1718 y de Lima de
1718 a 1730.

1730

Tucumán

Medina
del
Campo

Se desempeñó como
canónico en varias
universidades de
España, entre ellas
1687
la de Sevilla. Al
nombramiento, era
confesor del arzobispo de Lima

1731

Manila

Celaya

Estudio en la Real
Universidad de
México donde también fue catedrático,
abogado de esa Real
Audiencia.

1734

Cebú

1688

La trayectoria episcopal en las Indias Occidentales
Nacido en Sevilla en 1686, Francisco de San Buenaventura
Martínez de Tejada Diez de Velasco fue hijo de don Juan Martínez
de Tejada y de doña Francisca de Velasco, ambos miembros de
familias nobiliarias de su ciudad natal. En la adolescencia tomó el
hábito de San Francisco –en la rama de los recoletos– y pronunció
los votos de profesión religiosa en el monasterio de San Pablo
de la Breña, ubicado en la misma ciudad. Se graduó de doctor
y maestro, y fue lector sucesivamente de filosofía y teología en
dicho monasterio. Fue guardián del convento de Nuestra Señora
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de Loreto en su ciudad natal de 1724 a 1731, y de 1732 a 1734,
año en que fue promovido a la dignidad episcopal enviándosele las
ejecutoriales correspondientes, que él aceptaría y que le obligarían
a dejar el cargo de guardián del convento y abandonar Sevilla.
Lo poco que se sabe de su personalidad, de acuerdo con algunas
crónicas, es que era un “varón de Dios, hombre de oración, estricto
y severo para consigo mismo pero amable, dulce y atento para
con los demás, austero, penitente, temeroso de Dios, pero siempre
dispuesto a socorrer a quien le pedía auxilio. Entregado en cuerpo
y alma a sus labores y al servicio de su prójimo”.10
Plantean las crónicas que fue el propio monarca español
Felipe V, quien promovió a la dignidad episcopal a Martínez
de Tejada al considerar en él esa personalidad de abnegación,
entrega y servicio a los demás, “a fin de que, realzada su frente
con el esplendor de la mitra, y colmado su espíritu con la gracia
sacerdotal en la dignidad suprema del episcopado, empuñase el
cayado pastoral y fuese más allá del mar océano a dirigir a su
grey”. Esto es, que fuese a las Indias Occidentales para que, entre
el mar de las Antillas y las inmediaciones del Seno Mexicano,
diera impulso a una de las Iglesias fundadas desde el siglo XVI.
Así, aprobado por el Papa Clemente XII para recibir la ordenación
episcopal, Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de
Tejada fue nombrado obispo titular de Tricali y auxiliar de Cuba
con sede en Florida, todo esto dentro de la monarquía hispánica.
Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo 865, Despacho del rey
al obispo de Cuba, 29 de noviembre de 1733.
10

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Al llegar a Cuba, se planteó el problema de su consagración
episcopal y la entrega de su mitra. Ansioso de conseguir un nuevo
obispo auxiliar para la jurisdicción de San Agustín en Florida, el
rey Felipe V ordenó que la ceremonia fuera realizada en Cuba.11
Para ello, su majestad dispensó la ley que exigía que tres obispos
estuvieran presentes en la consagración episcopal de un clérigo,
y ordenó que sustituyese a los prelados. Cuando los sustitutos
llegaron, el fraile ya había partido rumbo a Veracruz, para ser
consagrado obispo en la Ciudad de México en julio de 1734, por
el arzobispo Juan Antonio Vizarrón Eguiarreta, según refieren
algunas crónicas.12
A pesar de haber sido ordenado obispo en América,
Fray Francisco de San Buenaventura sabía muy bien cuál era su
función: ser pastor y guía de la grey que su majestad le había
encomendado. Por lo tanto, salió a relucir inmediatamente su
relación para con el monarca español, pues desde que llegó
a tomar posesión de Cuba, de inmediato se lanzó a una visita
pastoral con rumbo al fuerte de San Agustín. Mientras realizaba
su visita, levantó un informe que envió a Felipe V en el que daba
fe del estado espiritual y material de la zona.
En lo material, ya no había casa decente para poder vivir.
Tampoco había iglesia ya que se estaba construyendo una, pero
John J. Tepaske, The governorship of Spanish Florida (1700-1763)
(Durham: Duke University Press, 1964), 182.
12
AGI. Santo Domingo 867, “Del obispo auxiliar al rey”, 29 de noviembre
de 1733.
11

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aún no estaba terminada; suplía a dicha iglesia una ermita de
tablas, arruinada y pequeña, en la que no cabía ni el tercio del
pueblo, careciendo de ornamentos para el santo sacrificio de
la Eucaristía. En lo espiritual, existía un olvido de las virtudes
y ninguna frecuencia de sacramentos. El número de personas
de la ciudad por el padrón de dicho año era de 1,428 personas
entre hombres, mujeres, niños y algunos esclavos.13

Su actitud como obispo regalista hizo que detallara grandes
informes directamente a la corona española, algo muy común en
los obispos de su época. En sus diez años como obispo de Tricali,
sacó a su grey de la apatía religiosa en que se encontraba. Por otro
lado, se vio inmiscuido en algunos conflictos entre el gobernador
de Florida y los franciscanos, pero supo mediarlos de hábil forma.
Promovió con fracaso rotundo la evangelización de la Florida,
pero sus ánimos nunca decayeron “en defensa de su majestad
y de la santa fe católica y apostólica”.14 Sin embargo, el 25 de
junio de 1745, el rey español Felipe V y el Papa Benedicto XIV
lo designaron obispo de Yucatán, tomando posesión de su nueva
diócesis el 15 de junio de 1746, pasando así de ser un obispo
in partibus infidelium de Tricali y auxiliar de Cuba con sede en
Florida, a ser titular de la diócesis yucateca.
De este modo, el 20 de noviembre de 1745, Fray Francisco
de San Buenaventura Martínez de Tejada llegó a Mérida y en
AGI. Santo Domingo 867, “Del obispo auxiliar al rey”, 15 de octubre de
1735.
14
AGI. Santo Domingo 864, “Del obispo auxiliar al rey”, 15 de octubre de
1735.
13

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su toma de posesión advirtió que saldría lo más pronto posible
en visita pastoral hacia Tabasco, pues le interesaba saber las
condiciones en que se encontraba dicho territorio por ciertos
rumores que le había comentado la tripulación del barco en el que
se trasladó.15 El prelado dio cuenta de haber confirmado a 10,814
almas, y de su recorrido por la zona afirmó haber:
Remediado algunos males espirituales y hallado los templos,
aunque muy humildes, así por la pobreza de los vecinos como
por la carencia que hay de materiales, aseados, pero viendo
quemada la Iglesia de Cunduacán, por ser como las demás de
madera, se quedaron previniendo materiales, así en este pueblo
como en el Villahermosa para reedificarlas de material.16

Además, visitó los ocho pueblos del río Usumacinta y treinta
de Chontalpa, los cuales encontró en buen estado de fe y salud
espiritual a pesar de ser muy pobres. En total realizó cinco visitas
pastorales durante su gestión en Yucatán desde su llegada en 1745
hasta 1749, año en que fue su quinta y última visita.17
Dentro de su labor pastoral en su segunda gestión
episcopal, se confirmaron 68,966 almas en 1,491 leguas
recorridas entre las cinco visitas. Y es que a pesar de no ser tan
extenso el territorio, da cuenta de que los caminos estaban en
pésimas condiciones, y que muchos de ellos estaban cubiertos
AGI. México 1030, “Cartas y expedientes de los obispos de Yucatán”, 20
de noviembre de 1745.
16
AGI. México 1030, “Cartas y expedientes de los obispos de Yucatán”, 20
de noviembre de 1745.
17
AGI. México 1030, “Cartas y expedientes de los obispos de Yucatán”, 1 de
octubre de 1749.
15

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por una excesiva cantidad de vegetación y el temperamento
de la tierra era bastante húmedo. Aun así, se reedificaron más
de 80 curatos, creó un Seminario Tridentino y un hospital para
pobres, visitó el presidio de Balcázar –que nunca había sido
visitado por ningún otro obispo–, intercedió por la gente caída
en desgracia dentro de su cabildo catedralicio, como asimismo
denunció que había lugares que “al estar alejados de los curatos e
imposible visitarlos, se practican incestos, cópulas entre mujeres
y diabólicas supersticiones que el común enemigo no escatima
en la gravedad de su pecado por no tener pasto espiritual”, como
también había denunciado mujeres por abandonar a sus esposos
queriendo llevar vida libertina, y que al igual que algunas solteras
españolas “se embriagan en tabernas y desatan sus bajas pasiones
para satisfacer el muy alto libido que tienen”, asunto que trató
con el gobernador de Yucatán y resolvieron crear un reformatorio
para que aprendieran la mesura y el control de sus instintos.18 Y
cuando se estaba en planes de erigir dicho reformatorio espiritual
en coordinación con su homólogo secular, Fernando VI tendría
planes diferentes para él, ya que el 28 de septiembre de 1751 lo
eligió para ocupar la sede vacante en la diócesis de Guadalajara.
Fue así como en su informe al Consejo de Indias, el R.P.
José Barbosa y Cabrera informó que Fray Francisco de San
Buenaventura Martínez de Tejada recibió las bulas pontificias en el
AGI. México 1030, “Cartas y expedientes de los obispos de Yucatán”, 15
de junio de 1749.
18

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puerto de Veracruz, que fueron transportadas hasta él por el navío
Bizarra.19 En su respuesta, el fiscal aclaró que, si el obispo no hacía
juramento debido ante el presidente, gobernador y capitán general
de la Audiencia de Guadalajara, José de Basarte, no podía tomar
posesión del obispado.20 De este modo, fue como el nuevo obispo
de Guadalajara entró en ejercicio episcopal el 24 de febrero de
1753 tras haber tomado el juramento cuatro días antes.
Este nuevo territorio eclesiástico representó para él un
nuevo reto en su tarea pastoral, pues aun teniendo 65 años de
vida, recibió un inmenso territorio bajo su resguardo. Era el
obispado más grande de toda la América hispánica septentrional,
una jurisdicción que iba de la costa del océano Pacífico a la costa
del Seno Mexicano, ya que fue obispo de Guadalajara, Nueva
Galicia, Nuevo Reino de León, provincias de Nayarit, Coahuila y
Texas, y las Californias; o lo que se conocía hasta ese momento.
Así, una de sus primeras acciones, fue recorrer la mayor magnitud
de su obispado, y para ello, en mayo de 1753, se aventuró en una
primera visita pastoral con rumbo al Nuevo Reino de León, para
reconocer la constitución mayoritaria de su obispado.
Era evidente que el obispo neogallego tenía un fuerte interés
por conocer la zona limítrofe de sus territorios. De antemano se
sabe que era una labor de los prelados diocesanos realizar visitas
AGI. Guadalajara 205, “Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el consejo”, 12 de febrero de 1753.
20
AGI. Guadalajara 205, “Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el consejo”, 12 de febrero de 1753.
19

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periódicas a todos los curatos bajo su administración, pues eso
era un mandato tanto del Concilio de Trento como del Tercer
Concilio Provincial Mexicano, pero, en la visita que hizo el
obispo de Guadalajara en 1753, hay un fuerte interés por conocer
la zona.21 Un primer indicio pudiera ser que se trata de una visita
de reconocimiento de territorio –y puede que haya sido así– pero,
por otro lado, la comprensión de las territorialidades eclesiásticas
implica aspectos que trascienden el simple reconocimiento
panóptico: la dinámica eclesiástica del territorio, la administración
de los sacramentos, el reconocimiento de su personal (o en este
caso los curas subordinados a su cargo), la religiosidad popular de
la feligresía, y un aspecto de suma importancia, el conocimiento
de la recaudación de los diezmos y las entradas monetarias que
tienen esos territorios tan lejanos de la sede episcopal.
Sin embargo, el obispo Martínez de Tejada Diez de
Velasco realizó una segunda visita pastoral en 1760. Tal pareciera
que su actividad pastoral fue muy intensa: tenía que cerciorarse
por sí mismo que las cosas en el obispado funcionaran de forma
correcta, ya que, a pesar de su avanzada edad, nunca envió un
representante suyo al ejercicio de dicha actividad, como lo habían
hecho sus antecesores en la zona. Esto es un indicador del fuerte
celo apostólico que sentía por su trabajo como dirigente diocesano.
Como gobernante eclesiástico, tenía que responder ante la Corona
por los habitantes dentro de su jurisdicción sin importar que ésta
AGI. Guadalajara 205, “Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el consejo”, 12 de febrero de 1754.
21

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transgrediera los límites fronterizos entre la Nueva España y la
Nueva Galicia, pero como pastor y dirigente espiritual, tuvo que
velar con gran celo apostólico que los sacerdotes de su diócesis
cumplieran con su trabajo como debían de hacerlo. Por las demás
autoridades temporales, el obispo Martínez de Tejada debía
trabajar de forma conjunta para salvaguardar la espiritualidad de
todos los feligreses. Para esto, el obispo de Guadalajara mostró
una actitud de respeto y de buena disposición para el trabajo y la
cooperación tanto con el presidente de la audiencia de la Nueva
Galicia, como con los virreyes de la Nueva España, aunque éstos
no se llevaran bien.
Sin embargo, el Sr. Tejada fue muy claro desde un
principio: para él, al único que había que rendirle cuentas era a
su majestad, y los conflictos de intereses que los gobernadores de
los territorios tuvieran entre sí no eran de su incumbencia. Esto
fue realmente significativo porque evidenció que su principal
objetivo era la custodia y la salvación de las almas dentro de su
obispado, e incluso fuera de él, ya que estaba dispuesto a llegar
hasta los confines de su territorio para llevar a cabo esa labor.
Es obvio que, como franciscano, su mística espiritual hizo a su
personalidad preocuparse primero por las cosas eternas, es decir,
que los curas llevaran la liturgia de forma correcta, así como
tener todo lo necesario y en orden para el culto divino, además
de llevar de forma correcta la administración parroquial, y que
las condiciones materiales de los templos estuvieran en óptimas
condiciones para poder llevar los actos de culto.
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Tras haber realizado la visita pastoral de 1753, dio informe
al presidente de la Audiencia de Guadalajara sobre el estado
en el que se encontraban las tierras del Nuevo Reino de León,
enfatizando que las misiones se encontraban en un pésimo estado.22
Asimismo, reportó a su majestad, que las iglesias y los pueblos
del Nuevo Reino de León se hallaban sumamente deteriorados no
solo por haber padecido el incremento de temporales debido a las
constantes lluvias y culebrones de agua, sino por la gran falta de
vecinos que se habían pasado a las nuevas poblaciones.
Cabe recordar, que entre 1749 y 1753, José de Escandón
dirigió un asentamiento que –según se menciona– era de más de
seis mil personas para la colonia de Nuevo Santander, y fundó
veinte poblaciones, lo que provocó que el mapa del norte de la
Nueva España se completara con la fundación de este asentamiento
como un gobierno militar. Pero, por otra parte, si bien esta mejora
redundaba en bien para el Nuevo Reino de León porque le quitaba
la guerra contra los indios en el lado oriente, le ocasionó un grave
atraso de disminución de la población porque una buena parte de
sus moradores se pasaron a colonizar el territorio ya mencionado.
Este era uno de los males que el obispo de Guadalajara le reportó
a Fernando VI.
A su vez, José de Basarte –presidente de la Audiencia de
Nueva Galicia– mostró la mejor disposición para ayudar a corregir
AGI. Guadalajara 205, “Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el Consejo”, 8 de febrero de 1754.
22

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el “mal de poblaciones” que aquejaba al Nuevo Reino de León, pues
después de haber hablado sobre el tema con su obispo, le hizo una
proposición a su majestad para ayudar a mejorar la situación social
de aquellas lejanas tierras. Lo primero fue que había que mantener
las misiones de Hualahuises, Gualeguas y Guadalupe en la mejor
situación que se pudiere, y prestar más atención a aquellas que se
encontraban descuidadas y desatendidas: Río Blanco, Purificación y
Concepción; en segundo lugar, que San Antonio de los Llanos fuera
anexada a Nuevo Santander, y que en tercer lugar los misioneros de
Charcas atendieran el Valle de Matehuala y las misiones descuidadas
del Nuevo Reino de León.23 Era evidente que los intereses de Basarte,
lejos de mejorar la situación social de aquellas tierras, eran hacer
méritos con el monarca español para después proponerle la anexión
del Nuevo Reino de León a la Audiencia de Nueva Galicia y así
arrebatarle aquel territorio al virrey de la Nueva España, debido a
que tenía intereses en ese territorio.
Además, también le propuso al rey hablar personalmente
con José de Escandón, para que, a largo plazo, “una vez
poblado el Nuevo Santander, hiciera devolución en número de
gentes que se había llevado por motivo de compensación”.24
Desafortunadamente para él, el fiscal le respondió en carta
fechada en 25 de octubre de 1755 que tomaría en cuenta sus
AGI. Guadalajara 205, “Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el Consejo”, 8 de febrero de 1754.
24
AGI. Guadalajara 205, Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el Consejo, 8 de febrero de 1754.
23

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sugerencias pero que no se metiera en los asuntos del Virrey de
la Nueva España.25 Asimismo, informó el obispo Martínez de
Tejada al fiscal del Consejo de Indias haber confirmado 64,987
personas, una cantidad que es indudablemente exagerada pues
la cantidad real –como se vio– ni siquiera llegaba a las 20,000
almas confirmadas.26 Sin duda alguna, era una buena táctica del
episcopado novohispano para evidenciar que hacían bien su
trabajo, pues lo mismo sucedía con el obispo Sánchez de Tagle
en Durango, quien afirmó haber confirmado como a 300,000
personas, cuando la cifra real era bastante menor.27
Así pues, entre 1754 y 1758, el obispo Fray Francisco de
San Buenaventura tuvo una intensa agenda por atender. Además
de resolver el conflicto que tuvo con el Virrey de Nueva España
por la jurisdicción del curato de Bolaños –que dicho sea de paso
el gobernador Basarte ganó su custodia de vice-patronato tras un
litigio de cuatro años–, realizó tres visitas pastorales más dentro
de su obispado: una con rumbo a la vereda de Tierra Caliente entre los curatos de Lagos de Moreno y la Villa de Aguascalientes,
otro camino a Zacatecas y de regreso a Guadalajara, y la tercera
rumbo a la provincia de Nayarit.28
AGI. Guadalajara 205, Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el Consejo, 25 de octubre de 1755.
26
AGI. Guadalajara 205, Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos por el Consejo, 8 de febrero de 1754.
27
AGI. Guadalajara 206, Cartas y expedientes del obispo de Durango, 30 de
diciembre de 1751.
28
El obispo Martínez de Tejada nunca hizo una visita pastoral hacia las
25

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No obstante, El 9 de mayo de 1759 en la catedral de
Guadalajara, el obispo Martínez de Tejada mandó un edicto
circular por la ruta cordillera del Nuevo Reino de León. En ella,
comunicaba su resolución de salir en visita pastoral para aquellas
regiones el último día del mes de junio que se aproximaba. En su
edicto, el obispo comunicaba a los curas que su comitiva estaría
compuesta por el Br. Mateo de Arteaga –cura beneficiado de la
villa de Aguascalientes– y cinco ayudantes más, y ordenaba que
a su llegada le fueran preparados una olla de frijoles, tres gallinas
cocidas, asadas, o en caldo con cinco tortillas y chocolate y agua
para beber, además de un no costoso postre. Asimismo, advertía a
los curas que no prepararan pompa o grandes celebraciones a su
llegada, mucho menos que se le dieran regalos de ningún tipo, pues
deseaba verse asistido de una decente pobreza. Solo se conformaba
con que también tuvieran preparado para su llegada agua y paja
para sus bestias de carga, y que tuvieran personas que los cepillaran
y atendieran en caso de sucederles algún inconveniente.29
Por otro lado, a los fieles, vecinos y moradores de los
pueblos y partidos ubicados en la vereda por recorrer, exhortaba
y requería que si alguno de ellos sabía si había eclesiásticos
Californias, pero los jesuitas que misionaban en aquellas zonas le mandaban
informes sobre la región, diciéndole que era una región “altamente cálida al
punto que el ganado mayor y algunas personas mueren de tabardillo”. AGI.
Guadalajara 205, “Cartas y expedientes de los obispos de Guadalajara vistos
por el Consejo”, 20 de mayo de 1756.
29
FamilySearch. Salinas Victoria, Nuestra Señora de Guadalupe, cofradías
1750-1854; m.19. www.familysearch.org/México-NuevoLeón-CatholicChurchRecords,1667-1981
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que hubiesen cometido pecados públicos, que lo declarasen al
momento de la visita, pues era una labor episcopal corregir la
disciplina de su clero para que pudieran ejercer su ministerio con
la mayor dignidad posible.
Asimismo, también pedía que pasaran a declarar si algún
vecino o feligrés se encontraba amancebado con alguna mujer,
si tuvieran negocios deshonestos, si hubiesen transgredido la
excomunión, si hubiese blasfemado, si decían palabras deshonestas,
si habían comido carne en cuaresma o vigilia de precepto, si no
hubiese cumplido con el precepto anual, si había sospechas de
sodomía, si había mujeres libidinosas o que imitaran o quieran ser
como hombres, si habían puesto a trabajar a sus esclavos en día de
fiesta, si conocían indios que jugaran juegos prohibidos, si conocían
a hechiceras o adivinas, personas que maltrataran animales o que
hubieran matado a alguno sin causa, o si conocían personas que
callaran todos los pecados anteriores incurriendo en la omisión; todo
esto para que las personas que resultaran implicadas fueran castigadas
bajo la pena de excomunión mayor latae sentenciae una potrina
canonica monitione, y aquellas que se hubiesen animado a confesar,
resultarían apremiadas con exenciones de pago en las obvenciones
parroquiales por cinco años a partir del día de la denuncia.30
Para la recepción del sacramento de la confirmación,
otorgó la indulgencia plenaria a todos los fieles que se confesaran,
FamilySearch. Salinas Victoria, Nuestra Señora de Guadalupe, cofradías
1750-1854; ms.20-21. www.familysearch.org/México-NuevoLeón-CatholicChurchRecords,1667-1981
30

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recibieran la comunión, e hicieren una oración en la parroquia
a la que pertenecieran por la Iglesia, el romano pontífice y los
progresos de la monarquía española delante de la custodia con
la hostia sacramentada expuesta.31 Esta indulgencia, estaba
enmarcada en el contexto de la muerte del monarca Fernando VI
y el ascenso de Carlos III, la muerte del Papa Benedicto XIV y el
ascenso de Clemente XIII, así como el decreto de jubileo hecho
por este último a raíz de “los estragos que padece la religión
católica y la santa sede vulnerada primero en la fe, y conociendo
que la relajación de costumbres y de la disciplina eclesiástica
son causa de graves daños y de las sangrientas guerras que se
experimentan junto con los constantes y repetidos temblores de la
tierra en muchos puntos de la monarquía española”,32 por lo cual
el Papa otorgaba la indulgencia plenaria, pero cada obispo tenía
la libertad de adaptarla a su diócesis.33
Así, las indicaciones del obispo Martínez de Tejada para
su visita pastoral en 1759 dejaban muy en claro que deseaba
realizarla con la mayor decencia y pobreza posible, pero que
FamilySearch. Salinas Victoria, Nuestra Señora de Guadalupe, cofradías
1750-1854; m. 21. www.familysearch.org/México-NuevoLeón-CatholicChurchRecords,1667-1981
32
Seguramente se refería al terremoto de Lisboa en 1755 cuyos efectos pudieron sentirse prácticamente por toda la Europa occidental (desde Andalucía
hasta Finlandia) y parte de Marruecos.
33
Este punto lo hemos de tocar en el siguiente capítulo de esta investigación. FamilySearch. Salinas Victoria, Nuestra Señora de Guadalupe, cofradías
1750-1854; ms.39-40. www.familysearch.org/México-NuevoLeón-CatholicChurchRecords,1667-1981.
31

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todos los actos de fe que se llevaran a cabo en el trascurso de
ella fueran realizados con la mayor piedad y contrición para la
enmienda espiritual que su grey esperaba. Sin embargo, además
de lo que hasta aquí hemos mencionado, había otros intereses
detrás de esa visita, ya que la ruta de ella había sido modificada,
pues ya no era el objetivo del obispo recorrer el Nuevo Reino de
León, sino una provincia que estaba ubicada más al norte y que
hasta el momento era un territorio desconocido para él, a donde
ningún obispo había llegado antes en visita pastoral.
Así pues, Fray Francisco de San Buenaventura salió
a los confines de su obispado por segunda ocasión, pero ahora
el destino indiscutible era la provincia texana. Su recorrido, en
primera instancia, era el que había hecho en la ruta anterior pues
llegó a los curatos del Santiago del Tonalá, San Francisco de
Tepatitlán, Sierra de Pinos, Venado, Charcas y Matehuala, entre
el 8 de junio y el 3 de octubre de 1759. Las visitas se realizaban
conforme al itinerario protocolario que el obispo había anunciado
en mayo de 1759, siendo la excepción Charcas, donde celebró
el otorgamiento de órdenes menores (de lectorado y acolitado)
y mayores (de presbiterado) a cinco frailes del Colegio de
Guadalupe de Zacatecas.34 Pero una vez terminado su paso por
Matehuala, su siguiente destino sería la Villa de Monclova el 22
de octubre, luego el pueblo de San Buenaventura dos días después,
FamilySearch. Charcas, San Francisco, Bautismos 1755-1768, m.129.
www.familysearch.com/Mexico,SanLuisPotosí,CatholicRecordsChurch
34

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continuando con el presidio de Santa Rosa el 30 de octubre y la
Villa de San Fernando el 5 de noviembre, para finalmente llegar
al presidio de San Antonio de Béjar el 10 de noviembre de 1759.35
Después fue al presidio de Los Adaes, bajó a la Bahía del Espíritu
Santo, para pasar a Río Grande y continuar para llegar al rancho
de Nuestra Señora de los Dolores en el Nuevo Santander.36
Lo anterior es interesante porque en este último sitio no
había parroquia o templo que visitar, ya que era una ranchería
perteneciente a don José Borrego de la que el obispo desconocía
su existencia. Apuntó que este sitio formaba parte de una de las
poblaciones fundadas por el general José de Escandón, llamada
la Villa de Laredo. Dicho lugar, estaba situado “en el camino
real que sale de la villa de Monclova, capital de la provincia de
En la Villa de Monclova el cura beneficiado era el Br. Miguel Sánchez
Navarro y su teniente el Br. José Miguel Molano; en el pueblo de San Buenaventura el doctrinero era fray Nicolás Salcedo de la provincia de Jalisco;
en el presidio de Santa Rosa el cura beneficiado era el Br. Carlos Sánchez de
Zamora; y en la Villa de San Fernando de Austria se encontraba fray Antonio
Aguilar religioso franciscano de la provincia de Jalisco. Cabe mencionar sobre
este último que era un curato informal pues el templo era de “paja y terrado”,
y el religioso que lo atendía solo contaba con permiso de su superior y no del
obispo de Guadalajara, por lo que el obispo Martínez de Tejada ordenó que se
le despacharan las licencias correspondientes para que pudiera celebrar, confesar y predicar en las doctrinas franciscanas de la provincia de Jalisco, y no
en otras ni mucho menos en curatos seculares, por lo que lo nombró párroco
y ministro de doctrina de ese lugar. FamilySearch. Zaragoza, San Fernando
de las Rosas, Bautismos 1754-1797, m.17. www.familysearch.com/Mexico,Coahuila,CatholicRecordsChurch
36
AHAG, otras diócesis, Monterrey, visita pastoral a Nuevo Santander en
1759, caja 2, exp.4, f.1, 13 de diciembre de 1759.
35

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Coahuila, para las misiones de San Juan Bautista del Río Grande
en el norte, y de la Villa de San Fernando y Real Presidio de
San Antonio de Béjar, y el que viene de las misiones y Real
Presidio de la provincia del Espíritu Santo, ambos de la provincia
de Texas”.37 Además, era un lugar estratégico pues se ubicaba
en las inmediaciones del camino que conducía al Pueblo de la
Punta de Lampazos, en lo que era la entrada al Nuevo Reino de
León. Era un sitio que constaba de 20 familias con un total de 150
personas. Sin embargo, había un problema con este sitio: no tenía
cura propio que les administrara los sacramentos: ni regular, ni
secular. Así, dichos habitantes reconocían que en lo conducente
a lo espiritual, a pesar de ser jurisdicción de la Villa de Laredo,
un religioso de la Villa de Revillagigedo –a doce leguas de ese
lugar y que los visitaba cada que podía (esto era, casi una vez al
año)– era quien les administraba los sacramentos a ellos y a las
rancherías circunvecinas, y que con la ayuda de este religioso
habían comenzado la construcción de una capilla para que se
pudiera celebrar el oficio divino.38
AHAG, otras diócesis, Monterrey, visita pastoral a Nuevo Santander en
1759, caja 2, exp.4, f.1, 13 de diciembre de 1759. No obstante, no se encontró
información detallada sobre el paso de Fray Francisco de San Buenaventura
por Texas. Lo único existente es lo que hay son los informes disponibles en el
Archivo General de Indias, pero que fueron cartas del obispo informando al
rey del estado de la provincia, aspecto que se retomará más adelante.
38
AHAG, otras diócesis, Monterrey, visita pastoral a Nuevo Santander en
1759, caja 2, exp.4, f.1, 13 de diciembre de 1759. Inmediatamente, el obispo
preguntó al dueño del rancho con qué licencias administraba los sacramentos,
pero él no supo responderle. Dicho misionero había sido enviado por José de
37

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�Javier Rodríguez

Lo que más le preocupó al prelado neogallego, es que
los vecinos de esos lugares en ocasiones pasaban hasta un año
sin oír misa y que muchos vecinos habían muerto sin recibir los
sacramentos porque no había quién los confesara, además de
que los niños pasaban años sin recibir el bautismo.39 Esta era
la situación en una zona de frontera de la América hispánica
septentrional, donde la escasa población existente carecía del pasto
espiritual porque no había quién se los administrara. En lugares
poco poblados, con constantes ataques de los indios, la religión
era un aspecto de segundo plano pues lo primordial era sobrevivir
ante las adversidades. Esa era la situación del dueño del rancho de
Nuestra Señora de los Dolores, Joseph Borrego: un capitán que
se avecindó en la Villa de Laredo en 1755 y que tenía el mandato
de José de Escandón de poblar esa Villa.40 En un testimonio de
Tomás Sánchez –español vecino de ese rancho– declaró que las
personas de ese lugar morían sin recibir los sacramentos, y que
cuantos tenían salud y posibilidad de trasladarse, no les interesaba
acudir a misa. Además, mencionó la importante labor espiritual
que hacían las mujeres de la Villa de Laredo por preocuparse por
Escandón.
39
AHAG, otras diócesis, Monterrey, visita pastoral a Nuevo Santander en
1759, caja 2, 13 de diciembre de 1759. Se menciona que el religioso sólo fue
una vez a ese lugar –de forma extraordinaria– a confesar a la hija de don Tomás de Cuellar, y aprovechando su estancia, bautizó a todos los niños recién
nacidos. En esa ocasión el misionero tardó 9 meses en acudir.
40
AHAG, otras diócesis, Monterrey, visita pastoral a Nuevo Santander en
1759, caja 2, 13 de diciembre de 1759.
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�Un sevillano en las Indias Occidentales

la salvación de esposos, hijos y familia al ser ausente cura alguno.
Eran las mujeres quienes, en este lugar, enseñaban los puntos
básicos de la doctrina cristiana a sus seres queridos, sin embargo,
menciona el testimonio que las mujeres se esforzaban mucho
y que “a los hombres solo les interesa pelear y defenderse del
indio y no hacen caso alguno”.41 Así, eran las mujeres norteñas
las que con fervor religioso velaban por la salud espiritual de los
varones, quienes solo mostraban interés en la protección de sus
tierras ante amenazas de ataques de indios, e incluso de rumores
de invasiones francesas, y en sobrevivir ante las adversidades
como ya lo hemos referido.
Ante esto, el obispo Martínez de Tejada Diez de Velasco
ordenó que entre todos los vecinos pagaran 150 pesos anuales a
un ministro para que residiera en la Villa, celebrara misa y les
administrara los sacramentos, además de ayudarle a hacer los
ornamentos y conseguir lo preciso para la celebración del culto
divino, y porque “siendo todos unos pobres miserables que no
tienen facultades por sí solos para costearlo del todo”, el prelado les
ayudaría con cien pesos anuales que serían directamente puestos
en los fondos de fábrica de la capilla que estaban construyendo.42
Archivo Histórico Arquidiocesano de Guadalajara (AHAG). Otras diócesis, Monterrey, testimonio de Tomás Sánchez sobre el estado de la Villa de
Laredo en la visita pastoral por Nuevo Santander en 1759, caja 2, exp.5, f.2,
13 de diciembre de 1759.
42
AHAG. Otras diócesis, Monterrey, testimonio de Tomás Sánchez sobre
el estado de la Villa de Laredo en la visita pastoral por Nuevo Santander en
1759, caja 2, exp.5, f.2, 13 de diciembre de 1759.
41

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�Javier Rodríguez

Así, cuando la situación lo ameritaba, el obispo también estuvo
dispuesto a mejorar las condiciones materiales para que se pudiera
administrar de mejor forma el pasto espiritual.43
Cabe señalar que esta fue la única parte del Nuevo
Santander por la que pasó el obispo de Guadalajara. A pesar de que
se le indicó que había un religioso en la Villa de Revillagigedo,
no tuvo la intención de dirigirse a ese lugar. Ante esto, tenemos
que recordar que era José de Escandón el encargado de poner
ministro en sus poblaciones para que hicieran su trabajo, pero
también tenemos que aclarar que eran curatos administrados
por regulares del Colegio de propaganda fide de la ciudad de
Querétaro, ya que habían sido ellos los que habían acompañado
a Escandón a establecerse en la costa del seno mexicano, aparte
de que para 1754 el virrey conde de Revillagigedo decidió que
se establecieran misiones en ese territorio porque retardaban
el crecimiento económico y territorial de la Nueva España.44
Dicha disposición iba de acuerdo con el impulso borbónico a
la secularización de las misiones que reflejaban el interés más
amplio de la Corona en reducir la riqueza y el poder de la Iglesia
católica en su ardua labor por someter la Iglesia al estado secular.
En cuanto el obispo llegó a la ciudad de Guadalajara, casi
de forma inmediata informó al rey sobre lo que encontró en su
Actualmente dicha capilla es la catedral de San Agustín de la diócesis de
Laredo Texas, en los Estados Unidos y fue concluida su construcción en 1778.
44
David J. Weber, The Spanish Frontier in North America (Los Angeles:
Yale University Press, 2009), 163.
43

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visita por el Nuevo Reino de León, habiendo primero visitado
la provincia de Texas, la cual encontró despoblada y sólo con
algunos presidios y fortificaciones militares. Uno de los aspectos
que informó a su Majestad, era que el presidio de San Antonio
de Béjar se encontraba sin fortaleza y deteriorado, añadiendo
que los indios que “infestaban” el presidio eran bárbaros y que
era habitado por 65 familias de isleños, urgiendo en la necesidad
de que se poblara y que fluyera el comercio; asimismo, informó
que en Los Adaes –cabecera de la provincia de Texas– los
indios que se habían puesto en misiones se habían retirado a los
establecimiento franceses, en donde pasaban desertores y herejes
que van por los pueblos, “sembrando su doctrina entre aquellas
cristianas gentes”, para lo que pidió ayuda al rey y al virrey para
que pusieran más atención en ese territorio.45
Por otro lado, informó el obispo que una vez concluida su
visita por la Bahía del Espíritu siguió su camino por Río Grande
en 80 leguas desiertas donde llegó a un rancho llamado Nuestra
Señora de los Dolores de un vecino de Coahuila llamado don José
Vázquez Borrego, que tenía cinco años establecido y donde se
criaban mulas y caballos.46 Allí se le juntó mucha gente de la Villa
de Laredo, ocho leguas al sur, y descubrió que la Villa estaba en
completo desamparo en lo espiritual y pidió ayuda al virrey para
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 8 de
abril de 1760.
46
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 26 de
diciembre de 1759.
45

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que enviase apoyo “para que estos miserables reciban el pasto
espiritual”.47 En su respuesta, el fiscal señaló al obispo como
responsable que esas almas estuvieran en desamparo y le encargó
que averiguara sin mayor demora si en el seno mexicano hubiese
más poblaciones en esa misma condición de vulnerabilidad
espiritual.48
Fue muy evidente que el obispo de Guadalajara evitó por
completo pasar en visita hacia el Nuevo Santander. El conflicto
jurisdiccional con el arzobispado de México por el control espiritual
del seno mexicano provocó que la mitra neogallega pisara esas
tierras. Pero no solo fue eso, sino que quería evitar una confrontación
con José de Escandón, pues el colonizador, con empresa propia, se
estableció en la zona y con él llevó misioneros franciscanos del
Colegio de Querétaro. Sin embargo, eso no fue suficiente pues era
evidente que el estado en el que se encontraba el Nuevo Santander,
en términos espirituales, era deplorable. Por esta razón, estando en
Boca de Leones, informó al rey que él no tenía noticia del inmenso
territorio que ocupaba su obispado, ya que comprendía todo lo que
se miraba al subir San Antonio de Béjar, Bahía del Espíritu Santo
y Los Adaes, y eran territorios completamente despoblados debido
a que no había ni siquiera un rancho, por lo que pidió al rey que
ese territorio, junto con la Villa Revilla, Camargo y Reynosa –en
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 26 de
diciembre de 1759.
48
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 26 de
diciembre de 1759.

47

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donde había varios ranchos establecidos por curas de su obispado–
dejaran de pertenecer a la mitra de Guadalajara porque “me aquieta
la conciencia el que a esos pobres miserables no se les administren
los sacramentos o que muera un alma sin recibir la confesión”.49
Por esa razón, los curas de Boca de Leones y Cerralvo recibieron la
orden que en caso de ser necesario administrasen los sacramentos
y llevaran el viático a esas poblaciones con suma precaución para
evitar conflictos.
En el caso del Nuevo Reino de León, reconoció que tenía
cinco misiones: la Purificación y Concepción –que estaban junto
al Valle del Pilón– Gualeguas, Guadalupe y el Pueblo de Santo
Domingo de Hoyos. Además, también informó que había gran
deterioro en este reino pues la gente que habitaba en Nuevo
Santander fue sacada de ese reino, con lo que quedó desolado de
gente y de bienes.50
Hubo lugares donde dio lástima ver las casas por el suelo por
haberse ido sus habitantes y dejarlas desamparadas. A eso
les llevó la promesa que no habían de pagar obvenciones a
la Iglesia ni diezmos, de eso se ha seguido que los diezmos
han bajado cerca de la mitad de lo que producían las Iglesias
y las Iglesias de este reino a seis años de mi visita no se han
reparado; hice exhortación para que los vecinos las reparasen
sin mayor demora.51
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 26 de
diciembre de 1759.
50
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 12 de
mayo de 1760.
51
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 12 de
49

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Algunas de las causas que señaló el obispo sobre la razón que
motivó a las familias a emigrar al Nuevo Santander, fue que éstas
se encontraban cargadas de deudas y allá no pagaban, que llevaban
mala vida y allá querían seguir llevándola, o ambas, añadiendo
que no estaban congregadas sino dispersas en ranchos y labores, y
para que tuvieran el pasto espiritual y oyeran misa había grandes
distancias en las capillas a las que iban los misioneros.52 Así, la
situación en la que se encontraba el Nuevo Reino de León era
crítica, pues una buena parte de su feligresía se había mudado
a las nuevas poblaciones. Desde la última visita pastoral del
obispo Juan Gómez de Parada –el 22 de diciembre de 1741– en el
padrón de la feligresía había registradas 4,307 personas tan solo
en el curato de Monterrey.53 En comparación con los padrones de
1753 y 1760 –donde se registraron 3,334 y 3,767– la población
había disminuido por lo menos en un 10% en la ciudad por esta
circunstancia, pero también se puede considerar que de forma
paulatina se iba recuperando.
Otro aspecto para señalar –y que es de suma importancia–
es la personalidad y el carácter del obispo. Su temperamento era
mayo de 1760.
52
AGI. Guadalajara 330, cartas y expedientes vistos por el consejo, 12 de
mayo de 1760.
53
FamilySearch. Monterrey, Catedral, Bautismos 1731-1768, m.181-182].
Debe de señalarse, que para ese momento el curato de Monterrey lo comprendía la feligresía de Monterrey, los Valles de las Salinas, Carrizal, y Huajuco, el
Valle de Pesquería Grande, y Valle de Santa Catarina. www.familysearch.org/
México-NuevoLeón-CatholicChurchRecords,1677-1981
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el de un padre guardián de la orden franciscana, pero ahora con
lealtad plena al rey y a la monarquía hispánica. Su carácter debía
de ser rígido en cuestión administrativa, pues estaba perdiendo
feligreses y era algo que debía preocuparle por descender la
cantidad de diezmos que entraban a la catedral de Guadalajara.
Sin embargo, como buen padre espiritual que cuida que a su
rebaño no le falte el pasto espiritual, cuidaba que a los feligreses
de su obispado no les faltara la administración de los sacramentos.
Aun cuando en su administración, su mitra y la del arzobispado
de México sostuvieron un conflicto por la posesión del curato
de Bolaños en la Nueva Galicia, fue un conflicto que terminó
asumiendo José de Basarte como Presidente de la Audiencia de
Guadalajara contra las autoridades de la capital del virreinato,
saliendo victorioso Basarte; sin embargo, el obispo Martínez de
Tejada Diez de Velasco estaba dispuesto a ceder el curato si se
le comprobaba que el arzobispado de México lo atendería de
mejor manera en lo espiritual.54 Él por su parte, en reiteradas
ocasiones cedió su cuarta episcopal para obras de beneficencia
en Guadalajara –como fue la construcción de un puente o la
fundación de un hospital–, ayuda a los pobres, e incluso en
acuerdo con el arzobispo de México, se llevó a cabo la fundación
de un convento de religiosas capuchinas del cual mostró gran
contento por llevarse a cabo esa obra.55 Incluso, a pesar de tener
AGI. Guadalajara 196, Expedientes sobre provisión de curatos, 15 de abril
de 1757.
55
AGI. Guadalajara 196, Expedientes sobre provisión de curatos, 15 de abril
54

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territorios con jurisdicciones seculares diferentes –y a pesar de
que José de Basarte siempre quiso usar los informes de su obispo
para mostrarle al Rey el descuido que el virrey tenía para con
sus territorios– el obispo Martínez de Tejada Diez de Velasco
siempre mostró buena disposición para la cooperación mutua con
los territorios que estaban bajo la potestad del virrey, como fue el
caso de los curatos de Bolaños, Xerez, Hostotipaquillo, Mojarras,
San Pedro de Analco, y –por supuesto– el Nuevo Reino de León
y Texas; prueba de ello fue el haberse puesto a las órdenes del
nuevo virrey, Agustín de Ahumada, marqués de Amarillas, tras
su toma de posesión de 1755 para las cuestiones concernientes al
vice-patronato.56
Además, dentro de sus políticas episcopales, siempre dio
prioridad a la instrucción de los jóvenes en el seminario, e incluso
permitió que mestizos ilegítimos fueran ordenados sacerdotes
en 1754.57 De este modo, mientras el obispo Juan Gómez de
de 1757; Guadalajara 205, “Expedientes y cartas de los obispos de Guadalajara
vistos por el consejo”, 20 de marzo de 1756; Calvo, Thomas. Poder, religión y
sociedad en Guadalajara del siglo XVII. México: Centro de estudios mexicanos y mesoamericanos, 1992; p.9.
56
AGI. Guadalajara 205, Expedientes y cartas de los obispos de Guadalajara vistos por el consejo, 15 de diciembre de 1755.
57
AGI. Guadalajara 196, Expedientes sobre provisión de curatos, 8 de mayo
de 1754. Cfr. Aguirre Salvador, Rodolfo. “Formación y ordenación de clérigos
ante la normativa conciliar. El caso del arzobispado de México, 1712-1748”,
en Martínez López Cano, María del Pilar (coord.). Los concilios provinciales
en Nueva España. Reflexiones e influencias (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Históricas; Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla; Instituto de Ciencias Sociales y HumanidaSillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 9-67
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-87

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Parada pidió al padre provincial del colegio de Zacatecas 30
religiosos para el obispado, ante la escasez de clérigos, Fray
Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada exhortó
a que los clérigos dejaran su vida en el seminario –ya fuera el
diocesano o el de la Compañía de Jesús– para que participaran
en los concursos de oposición, pues había muchas parroquias y
muy pocos sacerdotes.58 Ante la falta de sacerdotes, muchos de
ellos se vieron obligados a salir de su jurisdicción parroquial a
celebrar y administrar sacramentos –como sucedió en el Nuevo
Reino de León con los curas de Boca de Leones, Cerralvo y el
Valle del Pilón– aun cuando no contaran con los objetos litúrgicos
y material necesario para el culto. Empero, muchos clérigos, al
concursar y ganar un curato en beneficio, tenían que cambiar
de residencia pues el Concilio de Trento obligó a los seculares
a residir en la parroquia a la que sirvieran. Aun así, en algunos
lugares recónditos del obispado, hubo clérigos que no tuvieron
la necesidad de ser cambiados de residencia pues, aunque no
tuvieran parroquia, había otros medios de ejercer el ministerio
sacerdotal sin salir de su tierra.

des, 2005), 337-362.
58
AGI. Guadalajara 207, Cartas y expedientes sobre personas eclesiásticas,
3 de febrero de 1753. Incluso, el gobernador del Nuevo Reino de León, Pedro
del Barrio Junco y Espriella, escribió en 1745 que las misiones de Guadalupe,
San Cristóbal y Gualeguas no tenían ministro regular que las atendiese, por lo
que le rogaba mandara tres, uno a cada misión. AGI, Guadalajara 207, Cartas
y expedientes sobre personas eclesiásticas, 4 de abril de 1745.
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�Javier Rodríguez

Elementos de análisis de una trayectoria episcopal
Al analizar la trayectoria de nuestro personaje sevillano por
las Indias Occidentales, se puede claramente visualizar que los
lugares recorridos, si bien parecieran ser espacios completamente
diferentes, en realidad compartían mucho en común.
Sin lugar a duda, desconfiamos de las crónicas que apuntan
que fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada Diez
de Velasco fue llamado a la dignidad episcopal directamente por
Felipe V, ya que como hemos visto, el monarca no estaba física
y psicológicamente en condiciones de hacer tales nombramientos
mientras estuvo en Sevilla. Tampoco es conveniente considerar
que la responsable fue Isabel de Farnesio o algún miembro de su
círculo más cercano debido a que los nombramientos episcopales
para las mitras de las Indias se dieron a individuos con trayectorias
destacables en España, ya sea por haber estudiado en alguna
universidad como Salamanca o Sevilla, haber ostentado alguna
canonjía en alguna catedral pingüe –como la de Toledo o la propia
ciudad hispalense–, y en el caso del único natural de las Indias que
fue promovido al obispado de Cebú en el archipiélago filipino, por
su destacable trayectoria en la Real Universidad de México.
Definitivamente, los mecanismos de promoción a la
dignidad episcopal están directamente relacionados con las redes
que los mismos individuos iban tejiendo en sus trayectorias
particulares. En esto influían las familias de los prelados. En
el caso del clero secular, influían mucho sus estudios y el tipo
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de vínculos que iban generando en las universidades, así como
la cercanía al Consejo Real; y en el caso del clero regular, la
corporación religiosa a la que estaban adheridos (franciscanos,
agustinos, dominicos, jesuitas, mercedarios, etc.), y los vínculos
que la orden religiosa tenía con el Consejo del Rey; esta misma
lógica funcionaba para las prebendas en las Indias y de hecho,
era más factible tener influencia en el Consejo Real que en el de
Indias.59
Dada la información que disponemos, es impreciso
determinar que la familia Martínez de Tejada Diez de Velasco
hubiese sido una familia influyente en el Consejo real, aunque
hubiese sido una familia que ostentara un título nobiliario
en Sevilla. Descartando el factor familiar, pareciera que el
mecanismo de promoción de nuestro personaje recae en la
Provincia Franciscana Bética y a la relación que fray Francisco
de San Buenaventura Martínez de Tejada tenía con su ministro
provincial fray Juan Lasso de la Vega, familia de alcurnia que
fue destacada por luchar en favor de la causa de Felipe de Anjou
en la guerra de sucesión española contra los Habsburgo de 1702
a 1715.60 No obstante, por la lista de pasajeros que solicitaron
permiso para pasar a las Indias con el ya electo obispo de Cuba
Juan Luis Castellano, Jean Pierre Dedieu, y Ma. Victoria López-Cordón,
eds., La pluma, la mitra y la espada. Estudios de historia institucional en la
edad moderna (Madrid: Marcial Pons, 2000), 156.
60
Archivo de la Real Chancillería de Granada, Archivo Lasso de la Vega-Cabrera (Granada: Archivo de la Real Chancillería de Granada, 2008).
59

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�Javier Rodríguez

fray Lasso de la Vega en 1732, uno de sus integrantes era el
obispo auxiliar de Cuba con sede en San Agustín de Florida, fray
Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada.61
Desde la designación episcopal de nuestro personaje hasta
su llegada a San Agustín de Florida pasaron dos años, pues la toma
de posesión fue en 1734. Al parecer, tuvo muy buena relación con
su superior el obispo de Cuba –fray Lasso de la Vega– pues como
su obispo auxiliar duró hasta que fue promovido al obispado de
Yucatán en 1746, es decir, doce años (fray Lasso de la Vega murió
en 1752). No obstante, en Florida, a juzgar por Isabel Arena Frutos,
la relación no fue buena con los dos gobernadores, aunque en un
principio el gobernador Francisco de Moral y Sánchez lo había
recibido cálidamente.62 El asunto fue que, en un conflicto interno
entre franciscanos peninsulares con naturales de las Indias de la
Custodia de Santa Elena, los segundos acusaban a los primeros
de malos tratos. Y cuando el gobernador Francisco de Moral y
Sánchez arrestó a los peninsulares, gracias a la intervención del
obispo auxiliar los liberó. Esto en realidad reveló que había buena
sinergia entre el gobernador y el obispo. Pero la discordancia vino
a raíz de que, a causa de las disputas entre los franciscanos, tenía
AGI. Contratación 5480, Expediente de información y licencia de pasajero
a Indias a Juan Lasso de la Vega, obispo de Santiago de Cuba, fraile franciscano natural de Carmona… 30 de julio de 1732.
62
Isabel Arenas Frutos, “De San Pablo de la Breña a San Agustín de la Florida. Fray Francisco de San Buenaventura obispo de Tricali” (Andalucía y América en el siglo XVIII. Actas de la IV jornadas de Andalucía y América, 1984),
316.
61

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la intención de solicitar que los jesuitas se hicieran cargo de las
misiones, a lo cual el obispo se negó.63
Como era natural, la gran mayoría de los conflictos que el
obispo fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada
tenía con los gobernadores fue por el choque –acaso natural–
de los proyectos que tenían. El obispo, como agente externo al
territorio, tenía una propia visión de la manera de emprender una
política episcopal de acuerdo con su propia experiencia, mientras
que los gobernadores, a pesar de ser también la gran mayoría de
ellos externos al lugar, tenían mayor tiempo residiendo en él.
Para el caso del obispado yucateco, a pesar de haber
gobernado esa mitra por cinco años, la cantidad de reformas y
proyectos emprendidos por el prelado tuvieron gran trascendencia.
Por su experiencia en Florida, tal pareciera que la relación con el
gobernador Antonio Benavides Bazán y Molina en Yucatán fue
muy buena, pues él había sido gobernador de Florida de 1718 a
1734. Tenían trayectorias similares y la experiencia del prelado en
aquellas tierras vinieron a ser de gran utilidad para emprender los
proyectos en Yucatán que fueron bien vistos por el gobernador, a
saber: salir en visita pastoral a lugares donde ningún otro obispo
había llegado (como el presidio de Bacalar), haber fundado un
hospital, y erigir un lugar propio donde se formara un clero local al
servicio de la feligresía yucateca, fundando en 1751 con anuencia
del gobernador Juan José de Clou el seminario conciliar de San
63

Arenas Frutos, 317.

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Ildelfonso, pues en 1750 Bazán y Molina había sido traslado a
Filipinas como gobernador en Manila.
Pero no todo fue tan sencillo para el obispo. Al ser
trasladado de Mérida, en Yucatán, a Guadalajara, en la Nueva
Galicia, tuvo que emprender la gestión episcopal de un territorio
jurisdiccionalmente más complejo pues, si Florida y Yucatán
únicamente tenían un gobernador (con funciones de vicepatrono),
en el obispado de Guadalajara tenía que lidiar con seis: el
gobernador y presidente de la Audiencia de Nueva Galicia, el
virrey de la Nueva España, y con los gobernadores del Nuevo
Reino de León, Nueva Vizcaya, Coahuila y Texas. La relación
con todos ellos fue cordial y de muy buena cooperación, hasta
que emprendió su visita pastoral en 1753 con rumbo al Nuevo
Reino de León cuando se enteró que había un nuevo territorio
fundado en 1748 denominado Nuevo Santander, y ante esto, tenía
que lidiar con un gobernador adicional.
El obispado de Guadalajara era el más extenso de los
tres que fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada
había gobernado. Si bien la capital episcopal en Guadalajara
estaba ubicada en una zona con gran accesibilidad tanto a la
Ciudad de México, la ciudad de Valladolid, el Bajío y las minas de
Zacatecas, gran parte de la política episcopal del mitrado estuvo
enfocada hacia las zonas de misión. Como se pudo apreciar, gran
parte de esta gestión estuvo dedicada a promover ante el Consejo
de Indias el poblamiento y comercio del Nuevo Reino de León,
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Coahuila y Texas, el fomento de las misiones en estos dos últimos
lugares –que eran administradas por los Colegios de Propaganda
Fide de la Santa Cruz de Querétaro y de Nuestra Señora de
Guadalupe de Zacatecas–, corregir vicios y malas costumbres
en su obispado, disciplinar al clero del cual se había percatado
que había relajado sus costumbres, ejecutar la secularización de
doctrinas pertenecientes a la Provincia franciscana de Santiago
de Xalisco en sus corredores de Guadalajara y de la Provincia
de san Francisco de los Zacatecas en el Nuevo Reino de León,
entre otras cosas. De hecho, a diferencia de otros obispados –
como en el de Michoacán o en el arzobispado de México– donde
el proceso de secularización conllevó fuertes litigios entre las
órdenes religiosas y los obispos, en el de Guadalajara dicha
transición se llevó a cabo sin mayor problema.
Sin embargo, el mayor problema que enfrentó, no
solamente en el obispado de Guadalajara, sino que pudo haber sido
el mayor problema de su carrera episcopal y como eclesiástico,
fue el asunto del poblamiento del Nuevo Santander que conllevaba
tres problemas insertos: un supuesto despoblamiento del Nuevo
Reino de León, prácticas matrimoniales ilícitas entre las familias,
la administración del pasto espiritual y el cobro de los diezmos;
todo esto claramente a las poblaciones cristianas viejas. El
gobernador del Nuevo Santander, José de Escandón, les había
prometido a los pobladores que, al emigrar a ese lugar, él como
gobernador la dispensaría del cobro de impuestos, incluyendo el
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pago del diezmo. Por supuesto que esto no fue del agrado ni del
obispo Martínez de Tejada ni de las autoridades catedralicias en
Guadalajara. Por lo tanto, toda la gestión episcopal del obispo de
1753 a 1760 fue un constante litigio con el gobernador Escandón
para que regularizara el asentamiento de cristianos viejos en su
territorio conforme a las Leyes de Indias y a la tradición de las
Iglesias en las Indias pertenecientes a la Corona de Castilla. Pero,
como se pudo apreciar, gran parte de su labor episcopal estuvo
enmarcada en los contextos de tierras de misión con gran cantidad
de población india en proceso de cristianización.
Conclusiones
Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada Diez
de Velasco falleció el 23 de diciembre de 1760 en la ciudad de
Guadalajara. Sus restos fueron colocados en el altar mayor de
la catedral y no testó “por no tener con que testar”, según la
información de su partida de defunción.64 Su última visita pastoral
fue la que realizó entre septiembre de 1759 y abril de 1760 cuando
salió en dirección hacia el Nuevo Reino de León, Coahuila y
Texas, pero naturalmente que su objetivo también era realizar la
visita pastoral al Nuevo Santander, efectuándola solamente en
la Villa de Laredo y de Santo Domingo de Hoyos. Su vacante
en el obispado de Guadalajara fue ocupada por el obispo Diego
Rodríguez Rivas y Velasco, natural de Quito y anterior obispo de
FamilySearch. Guadalajara, Sagrario Metropolitano, Defunciones 17591782, m.45. www.familysearch.com/México_Jalisco_CatholicChurchRecords [
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Comayagua, Honduras. No obstante, el legado de litigio contra el
coronel José de Escandón de parte del obispo Martínez de Tejada
fue seguido tanto por el cabildo catedral y por el nuevo titular el
obispo Rodríguez Rivas y Velasco.
El estudio de la trayectoria episcopal de nuestro personaje
por los obispados de las Indias Occidentales ha revelado asuntos de
movilidad y política eclesiásticas interesantes que, considero, no
se habían vislumbrado por la historiografía. En primera instancia,
se mostraron los mecanismos de promoción al episcopado, la
labor pastoral en las Indias Occidentales, la política episcopal y
la relación con quienes ostentaban el vice-patronato; todo esto
contextualizado como una forma de movilidad muy particular de
un personaje que siempre estuvo vinculado a espacios en común,
aunque en apariencia parecieran ser escenarios distintos.
Sobre los mecanismos de promoción, si bien las familias
de los prelados jugaban un papel importante, también lo fueron
sus trayectorias y carreras individuales. Pero cuando se revisa con
detenimiento la manera en que se estaba llevando la política real bajo
el periodo de gobierno de Felipe V, se puede llegar a la conclusión
de que al generalizar mecanismos de promoción directa se pudiera
incurrir en un error. Y aunque a final de cuentas, redes son vínculos,
el estudio de caso que aquí hemos analizado demuestra que los
nexos corporativos como los que tenían las órdenes religiosas eran
tan grandes que una promoción episcopal podía ser obtenida sin
tener una relación directa con el monarca o su consejo. En el caso
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de nuestro prelado, su promoción fue dada por la relación que
tenía con fray Juan Lasso de la Vega, quien tenía estrechos lazos
con Felipe V y su comité debido a que su familia había luchado
en defensa de su legítimo reinado durante la guerra de sucesión
de 1702 a 1715, y tras su victoria, el rey coronó a su familia con
grandes privilegios. Esto prueba que el mecanismo de promoción
de fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada Diez de
Velasco fue indirecto, es decir, a través de un compañero suyo de la
orden franciscana de la Provincia Bética de Sevilla, tal vez porque
fray Lasso de la Vega como titular de Cuba necesitaba un ayudante
y la relación del Guardián del Convento de Nuestra Señora de
Loreto-Ministro Provincial había sido tan fructuosa y amigable que
se ganó la mitra episcopal y un trabajo de sinergia en las Indias,
aunque conservando una relación de subordinación y obediencia.
Ya en las Indias, fue evidente que su movilidad estuvo
basada en espacios de alta densidad de población india no
cristianizada. Como es bien sabido, tanto los obispados de Cuba,
Yucatán y Guadalajara tenían una gran cantidad de población en
proceso de cristianización, por lo que fue destinado a obispados
“frontera” donde el proceso misional estaba en auge y necesitaba
el impulso episcopal. En cierto modo, fue una coincidencia
que, en los tres obispados, la orden religiosa predominante
eran los franciscanos: la Custodia de Santa Elena dependiente
de la Provincia franciscana de la Santa Cruz de la española, en
Florida, la Provincia de san José en Yucatán y en el obispado de
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Guadalajara la Provincia de Santiago de Xalisco, San Francisco
de Zacatecas y los Colegios de Propaganda Fide de la Santa
Cruz de Querétaro y Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas.
No obstante, el que hubiera jurisdicciones franciscanas dentro
de su territorio episcopal no significó que no ejecutara órdenes
reales que negoció en los diversos ámbitos locales, como lo fue
la secularización de doctrinas que ejecutó en el obispado de
Guadalajara a partir de 1755.
Su política episcopal fue muy clara: impulsar la
evangelización en los espacios de misión, consolidar los diversos
cleros locales, vigilar que el culto divino y las costumbres de la
Iglesia fueran las correctas y que no incurrieran en la desviación,
hacer valer la doble potestad episcopal (orden y jurisdicción) y
llevar una buena relación con los vice-patronos correspondientes.
Está claro que intentó llevarlo a cabo dentro del marco de
una visión propia de gobierno eclesiástico, y para reconocer
las condiciones en las cuales se encontraban su diócesis, tal y
como lo ordenaba el Concilio de Trento y los diversos concilios
provinciales, recurrió a las visitas pastorales. Empero, no todas
las relaciones fueron armoniosas, tal y como sucedió con José de
Escandón y el conflicto por la jurisdicción espiritual del Nuevo
Santander fundado en 1748, cuyo análisis dejaremos para otro
momento porque da para un estudio por sí mismo.
Por último, consideramos que el objetivo principal de
este artículo fue cumplido en la medida que se pudo analizar la
trayectoria eclesiástica de nuestro personaje. Reconocemos que de
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este ejercicio surgieron más dudas que pueden ser materia de otros
estudios, pues tanto el personaje como los procesos en los cuales se
vio involucrado dan para reflexionar sobre cómo se estaba dando la
política episcopal en las Indias Occidentales durante la transición
de reinado de Felipe V a Fernando VI y de éste a Carlos III: este
personaje es el ejemplo adecuado, pues su gestión episcopal fue
transversal a los tres reinados. Sin duda, una biografía de este
personaje sería un reto de gran envergadura y compromiso, pero el
producto sería fundamental y una gran aportación historiográfica
a cómo se daban los distintos mecanismos de promoción, redes,
movilidad, gestión episcopal y política eclesiástica en un personaje
que aparentemente era atípico en la forma en que delineaban sus
carreras otros prelados. Estamos en deuda con esa investigación,
pero, en algún momento, daremos cuenta de ello.
Referencias
Archivo
Archivo General de Indias (AGI)
Archivo Histórico Arquidiocesano de Guadalajara (AHAG)
Family Search
Bibliografía
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Vega-Cabrera. Granada: Archivo de la Real Chancillería
de Granada, 2008.
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�Javier Rodríguez

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�Los Cantú. Sacerdotes y bienhechores del
Nuevo Reino de León1
The Cantú Family. Priests and Benefactors of the
Nuevo Reino de León
Nancy Selene Leyva Gutiérrez
El Colegio de Michoacán

Zamora, México
orcid.org/0000-0001-9553-6171

Resumen: En la época virreinal, las familias que quisieran contar con
un descendiente sacerdote debían, además de patrocinar su formación,
garantizar su sostenimiento. Con base en los protocolos notariales del
Archivo Histórico de Monterrey y en las solicitudes de ordenación
remitidas al obispado de Guadalajara, se estudian las estrategias que
realizaron estos grupos para sostener la educación de los jóvenes. En
este trabajo se toma como estudio de caso la familia Cantú originaria
del Nuevo Reino de León. Se muestra cómo las mujeres de este clan
familiar colaboraron no sólo en el incremento del prestigio familiar,
estableciendo buenas alianzas matrimoniales, sino como patrocinadoras
de las carreras de los jóvenes sacerdotes.
Palabras clave: Cantú, sacerdotes, patrocinio, mujeres, familia
Para este trabajo recurrí a información disponible en la tesis doctoral. Nancy Selene Leyva Gutiérrez, “Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste
de la Nueva España durante el siglo XVIII” (Tesis para obtener el grado de
doctora en Historia, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2022), passim. Agradezco a los coordinadores de este dossier, Anahí Mendoza y Javier Rodríguez,
la invitación.
1

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Abstract: In the viceregal period, families who wanted to have a
relative in the priesthood had to guarantee their support, in addition
to sponsoring their education. Using notary protocols of the Historical
Archive of Monterrey, and requests for ordination referred to the
Bishopric of Guadalajara, I explore the strategies carried out by these
groups to support the education of these youths. This paper takes the
Cantú family, native to Nuevo Reino de León, as a case study. I show
how women in this family clan collaborated not only to increase family
prestige by establishing good marriage alliances, but also to sponsor the
careers of these young priests.
Keywords: Cantú, priests, patronage, women, family

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�Los Cantú

En el centro de la Nueva España el número de ministros se
incrementó desde finales del siglo XVII, 2 pues contar con un
buen número de sacerdotes resultaba importante para la atención
de la feligresía. En Nueva España las jurisdicciones parroquiales
fueron más extensas que las comprendidas en la península ibérica,3
por lo que era necesario que el párroco contará con asistencia. Sin
embargo, la llegada y permanencia de los curas en las parroquias
más alejadas dependió de diversos factores económicos y sociales
y no sólo de la designación episcopal. Con base en las solicitudes
de ordenación enviadas al obispado de Guadalajara, resguardadas
en su Archivo Histórico, y en los protocolos notariales disponibles
en el Archivo Histórico de Monterrey, se estudian las estrategias
seguidas por la familia Cantú para incorporarse al estamento
eclesiástico y mantenerse como un grupo potentado en el Nuevo
Reino de León. Se analizan las características de la clerecía que
se estableció en los márgenes del reino. Con base en el estudio
de caso, se mostrará que los curas a cargo de las iglesias de la
frontera se educaron en los colegios y seminarios más importantes
Para saber más sobre la clerecía establecida en el arzobispado de México:
John Frederick Schwaller, Origins of Church Wealth in Mexico: Ecclesiastical
Revenues and Church Finances, 1523-1600 (Albuquerque: University of New
Mexico Press, 1985); John Frederick Schwaller, The Church and Clergy in
Sixteenth-Century Mexico (Albuquerque: University of New Mexico Press,
1987).
3
Celina G. Becerra Jiménez y Rocío Castillo-Aja, “Reformas borbónicas
en el obispado de Guadalajara. División de curatos, negociación y discurso
cartográfico”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, 2020, https://doi.org/https://doi.
org/10.4000/nuevomundo.81272.
2

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�Nancy Leyva

del reino. Finalmente, se dará cuenta de la importancia que tuvo
la familia extensa, hombres y mujeres, en el patrocinio de las
carreras eclesiásticas en el Nuevo Mundo.
El Nuevo Reino de León se fundó como gobernación a
finales del siglo XVI. La población hispana que se asentó en la
naciente provincia se encontraba establecida en villas aledañas
como Mazapil o Saltillo. Se ha identificado que las campañas de
colonización emprendidas a título personal de los conquistadores
fueron determinantes en la consolidación de los hispanos en el
noreste.4 Los recién llegados fueron dotados de mercedes de tierra
e indios en encomienda como premio por los servicios prestados.
A pesar de que la capital de la gobernación reinera era Monterrey,
las concesiones de tierra entregadas alrededor de la jurisdicción
favorecieron el asentimiento de los vecinos en los valles de San
Gregorio y Extremadura.5 Conforme los hispanos tomaron posesión
de tierras, ya sea por fundación de alguna hacienda o localización
de minas, los territorios comenzaron a tomar nombre. Los parajes
fueron repartidos alrededor de la naciente gobernación norteña
antes de que se constituyeran las alcaldías. Se repartieron tierras en
los valles del Pilón y Salinas desde que comenzó la colonización
en el Nuevo Reino.6 En estas dos poblaciones abrieron los ojos los
Valentina Garza Martínez, Poblamiento y colonización en el Noreste novohispano, siglos XVI-XVII [Tesis de Doctorado] (México, DF: El Colegio de
México - Centro de Estudios Históricos, 2002), 50–168.
5
Garza Martínez, 37.
6
Raúl García Flores, El rancho en movimiento. La construcción sociodemográfica de un ámbito regional en el norte novohispano: San Felipe de Li4

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�Los Cantú

ministros que se estudian en este trabajo. El valle de las Salinas
tuvo su origen en las concesiones mineras entregadas a Bernabé de
las Casas. Recibió ese nombre por “los parajes salitrosos que hay
en su jurisdicción”,7 y contó con alcalde mayor desde 1646.8 Los
actuales municipios neoleoneses de El Carmen, Hidalgo, Abasolo,
Salinas Victoria, Ciénega de Flores, General Zuazua, Mina, Marín
e Higueras formaron parte de esa amplia jurisdicción donde abundó
el ganado cabrío. Por otro lado, el valle de Pilón fue alcaldía mayor
hasta 1716, se comenzó a poblar desde mediados del siglo XVII y
en él se fundaron haciendas agrícolas y ganaderas. Formaron parte
de esta demarcación China, Doctor Coss, General Bravo, General
Terán y Montemorelos del actual estado de Nuevo León (mapa 1).
La clerecía reinera
Los estudios sobre el clero que se estableció en regiones alejadas de
las sedes episcopales lo caracterizaron como un grupo carente de
educación y con pocas oportunidades para ascender socialmente.9
nares, 1712-1850 [Tesis de Doctorado] (Zamora: El Colegio de Michoacán,
2017).
7
Antonio Ladrón de Guevara, Noticias de los poblados del Nuevo Reino de
León (Monterrey: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, 1969), 11.
8
Peter Gerhard, La frontera norte de la Nueva España (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 1996), 433.
9
William B. Taylor, Ministros de lo Sagrado. Sacerdotes y feligreses en el
México del siglo XVIII, vol. I (Zamora: El Colegio de Michoacán; Secretaría
de Gobernación; El Colegio de México, 1999), 148–50; Guillermo Porras Muñoz, Iglesia y Estado en Nueva Vizcaya (1562-1821) (Pamplona: Universidad
de Navarra, 1966), 253–56.
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�Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 68-103
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Fuente: Elaboración propia con base en Peter Gerhard, La frontera norte.

Mapa 1
Los valles de las Salinas y el Pilón en el Nuevo Reino de León en la época colonial

Nancy Leyva

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�Los Cantú

Sobre estos curas párrocos pesó el lastre de haberse quedado a
cargo de una feligresía con rentas bajas. Se consideró que debido
a su falta de educación contaron con pocas oportunidades para
incorporarse a los altos niveles en la Iglesia, es decir, pasar a formar
parte del cuerpo de clérigos a cargo de una catedral. Pero, como
veremos a continuación algunos de los curas que conformaron
el denominado “bajo clero” fueron educados. Se regresaron
a sus tierras de origen donde hicieron carreras eclesiásticas y
fortalecieron el prestigio familiar. Algunos de estos sacerdotes no
alcanzaron la titularidad de un curato, pero su desempeño como
miembros de los estamentos eclesiásticos y letrados benefició al
sostenimiento de la monarquía.10
Las autoridades episcopales se preocuparon por la
formación de curas desde que se celebró el tercer concilio
provincial mexicano en 158511 para evitar que sacerdotes
mal instruidos atendieran a los naturales recién convertidos.12
Siguieron los lineamientos que se habían estipulado desde el
Concilio de Trento, donde se sistematizó la educación de los
Rodolfo Aguirre Salvador, Un clero en transición. Población clerical,
cambio parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 17001749 (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de
Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 2012).
11
Leticia Pérez Puente, Los cimientos de la Iglesia en la América española.
Los seminarios conciliares, siglo XVI Title (Ciudad de México: Universidad
Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 2017), 50–72.
12
Pilar Gonzalbo, Historia de la educación en la época colonial: el mundo
indígena (México, DF: El Colegio de México, 1990), 89–110.
10

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futuros ministros a través de los Seminarios y se asentó que para
la obtención de las órdenes sacerdotales los aspirantes debían
contar con una renta que garantizara su sostenimiento.13 Con
estos ingresos se pretendió que los ministros pusieran su atención
en la cura de almas. La formación de sacerdotes y sus ingresos
en el arzobispado de México ya han sido bien estudiados por
los historiadores.14 Tener un vástago sacerdote significaba un
gasto importante para las familias. Había que solventar el viaje
a alguna de las ciudades donde podían recibir instrucción, pagar
la estancia y cubrir el costo de los exámenes para acreditar la
ordenación; sobre todo, el joven debía avalar que contaba con una
renta fija para sostenerse. La fundación de capellanías colativas
o de patrimonios permitió acceder al sacerdocio. Estas dos vías
fueron a las que recurrieron la mayoría de los nacidos en el
noreste del obispado de Guadalajara para ordenarse sacerdotes.15
Entre los aspirantes al presbiterado que vieron la luz en el norte
han destacado los trece interesados que formaron parte de la
Rodolfo Aguirre Salvador, “Problemáticas parroquiales y escasez de ayudantes de cura en el arzobispado de México a fines del siglo XVIII”, Fronteras de la Historia 22, núm. 1 (2017): 110–34, https://doi.org/https://doi.
org/10.22380/20274688.15.
14
Rodolfo Aguirre Salvador, “El tercer concilio mexicano frente al sustento del clero parroquial”, Estudios de Historia Novohispana, núm. 51 (2014):
9–44, https://doi.org/https://doi.org/10.1016/S1870-9060(14)70263-8; Aguirre Salvador, Un clero en transición. Población clerical, cambio parroquial y
política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749.
15
Nancy Selene Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en
el Noreste de la Nueva España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado]
(Zamora: El Colegio de Michoacán, 2022), 73–82.
13

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familia Cantú. Estos jóvenes nacieron entre 1666 y 1783 en el
Nuevo Reino de León. Fueron más los nacidos en Salinas, Pilón
y Monterrey (cuadro 1).
Cuadro 1
Aspirantes al sacerdocio de la familia Cantú (1666-1783)
Aspirantes al sacerdocio

Lugar y fecha de su bautismo

Lorenzo Pérez de León [Cantú del Río] Pilón, 1666
Bernardo Cantú del Río

Pilón, 1679

Miguel Cantú de Villareal

Monterrey, 1685

José Miguel Cantú del Río y de la Cerda Salinas, 1690*
Carlos Sánchez Zamora [Cantú]

San Antonio de los Llanos, 1701

Francisco Tomás Alcántara Cantú [de la
Salinas, 1728*
Garza Falcón]
Pedro Alcántara Cantú [de la Garza
Salinas, 1733
Falcón]
Francisco Tomás Cantú del Río y de la
Salinas, 1720*
Cerda
Cipriano García Dávila [Cantú del Río] Pilón, 1728*
Francisco Antonio Larralde [Cantú del
Monterrey, 1732
Río]
Juan Bautista García Dávila [Cantú del
Pilón, 1746
Río]
Juan Nepomuceno Larralde [Cantú del
Monterrey, 1739
Río]
José Estanislao Cantú16
1783*
Fuente: AHAG, Gobierno, Sacerdotes y órdenes sacerdotales. *= Fecha
estimada.
Archivo Histórico del Arzobispado de Guadalajara (AHAG). Gobierno,
órdenes sacerdotales, XIX, caja 2, exp. 35, 1803, Canto [sic], José Estanislao
16

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No se sabe con certeza las conexiones familiares entre todos los
aspirantes al sacerdocio de apellido Cantú, pero este grupo parece
descender de los primeros migrantes de apellido Cantú del Río y
de la Cerda que arribaron a la villa de Cadereyta hacia 1636. El
miembro más famoso de este grupo fue Jusepe Miguel Cantú del
Río y de la Cerda quien contrajo nupcias con María de Treviño
(o Tremiño).17 En la segunda parte de este trabajo se presenta su
descendencia. Las familias del noreste fueron muy numerosas,
aunque lo más seguro es que muchos de los infantes fallecieran,
algo común en las sociedades de antiguo régimen; aun así, los
Cantú comenzaron a migrar desde mediados del siglo XVII con dos
rumbos: en dirección al norte se instalaron en valle de las Salinas
y hacia el sur en el Pilón. Un siglo después la parentela Cantú del
Río y de la Cerda había emparentado con algunos migrantes con
quienes conjuntaron sus riquezas. Las familias que alcanzaron
una mejor posición social pudieron instalarse en la capital de la
gobernación. No se han identificados todos los vínculos familiares
que conectaron a los trece ministros. Lo que sí queda claro es
que la línea familiar de los Cantú, originarios del valle del Pilón,
se distinguió por el uso de apellido simple y todos afirmaron
descender de los primeros pobladores hispanos en el Nuevo Reino.
En cambio, los originarios de Salinas utilizaron con frecuencia el
Alonso de León, Juan Bautista Chapa, y Fernando Sánchez de Zamora,
Historia de Nuevo León con noticias de Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo
México, ed. Israel Cavazos Garza (Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León,
2005), XLVIII–XLIX.
17

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apellido compuesto: Cantú del Río y de la Cerda. Ambos grupos
provenían de los vecinos instalados en Cadereyta. Durante el siglo
XVIII el grupo de esta familia que permaneció en el seno de la
Iglesia descendió principalmente por vía materna; ninguno de ellos
eliminó el uso del apellido, lo que permite suponer que la familia
seguía siendo una de las más destacadas en la gobernación.
La educación y la carrera de los ministros
Los jóvenes interesados en el sacerdocio debían estudiar hasta
alcanzar los veinticinco años necesarios para ser examinados como
presbíteros. Los estudiantes recibían lección de gramática, retórica,
latín, canto, sagradas escrituras, entre otras materias. Los nacidos
en el noreste acudieron a varias ciudades y villas a recibir las
lecciones, entre las que destacaron la ciudad de México, la capital
de la Nueva Galicia, Querétaro, Michoacán, Durango y San Miguel
el Grande.18 Se conoce la formación eclesiástica de diez de los
aspirantes que formaron parte de la familia Cantú; siete acudieron
solamente a los colegios establecidos en Guadalajara; y tres de los
jóvenes, Lorenzo Pérez de León, Francisco Antonio Larralde y
Juan Bautista García Dávila, recibieron instrucción en la ciudad
de México, aunque sus exámenes de ordenación se realizaron en
el obispado de Guadalajara. Todos los estudiantes referidos en el
cuadro 1 obtuvieron el presbiterado. Se conoce también la vía de
ordenación de ocho de los interesados en el sacerdocio. Cuatro de
Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste de la
Nueva España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado], 42–71.
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los jóvenes contaron con la fundación de un patrimonio para poder
conseguir el presbiterado: Bernardo Cantú de León, Cipriano
García Dávila [Cantú del Río], Juan Bautista García-Dávila [Cantú
del Río] y Francisco Antonio Larralde [Cantú del Río]. Esta vía
de ordenación fue muy poco frecuente entre los aspirantes al
sacerdocio del noreste,19 así como de toda la Nueva España.20 Para
conseguir la autorización episcopal y obtener las órdenes a título de
patrimonio los estudiantes tenían que comprobar que sus familias
poseían riqueza. Solamente Cipriano García Dávila y Francisco
Antonio de Larralde demostraron que contaban con el caudal
suficiente para ordenarse bajo esa condición.21
Francisco Antonio de Larralde tuvo el apoyo de su padre,
Francisco Ignacio, quien había sido gobernador del Nuevo Reino
de León. Este prominente hombre, además de miembro destacado
en el gobierno temporal, también fue síndico de los franciscanos,
colector del diezmo y mayordomo de fábrica de Nuestra Señora de
Monterrey. Francisco Ignacio logró formar un caudal importante que
le permitió establecer el principal de 4,000 pesos para la ordenación
de su hijo. Pero, la fortuna de Larralde resultó de su trabajo como
comerciante y de su buen lazo matrimonial. Larralde desposó a
Josefa Francisca Cantú del Río y de la Cerda (Árbol genealógico 1).
Leyva Gutiérrez, 86–88.
Aguirre Salvador, Un clero en transición. Población clerical, cambio
parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749,
65–66.
21
Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste de la
Nueva España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado], 86–88.
19
20

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Fuente: Elaboración propia con base en AHAG, órdenes sacerdotales
y Sacerdotes.

La familia Cantú de Río y Larralde del Nuevo Reino de León

Árbol genealógico 1

Los Cantú

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Josefa fue hija de Francisco Cantú del Río y de la Cerda, uno
de los propietarios más importantes en el valle de las Salinas y
Manuela de la Garza, otra mujer con parentela destacada en el
Nuevo Reino de León.22 Josefa Francisca Cantú del Río tuvo dos
hermanos que se formaron para sacerdotes como se puede ver en
el diagrama de arriba. El patrimonio para la ordenación de Francisco Antonio de Larralde se garantizó con propiedades que el
gobernador tenía en diferentes poblaciones del Nuevo Reino de
León: una casa en Monterrey donde se avalaron 1,000 pesos del
principal, y el resto, es decir 3,000 pesos, se respaldaron en tierras
y agostaderos en Cerralvo y Santiago de las Sabinas.23
Por otro lado, el patrimonio que avaló la ordenación de
Cipriano García Dávila se fundó en las propiedades que tenía la
familia de su madre Rosa María Cantú en “un paraje que llaman
de San Felipe de China”. Esta hacienda fue la garantía de los
4,000 pesos que se estipularon como principal en la escritura
de fundación del patrimonio de Cipriano García Dávila. Los
hermanos, cuñados y cuñadas de su madre validaron la fundación
del compromiso piadoso. A cambio la familia pidió que el
sacerdote celebrara cada año:
25 misas rezadas. [El] 2 de febrero que es la Purificación de
Nuestra Señora la Virgen María, 19 de marzo que es San José, 3
Leyva Gutiérrez, 87, 360–68.
Archivo Histórico de Monterrey (AHM). Protocolos, vol. 15, exp. 1, fl.
264, n° 124, 26 de febrero 1753. Escritura que constituye al Gral. Francisco
Ignacio de Larralde como tenedor de 4,000 pesos pertenecientes a su hijo.
22
23

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de mayo Santísima Cruz, 13 de junio de San Antonio de Padua,
25 de julio el de Santiago, 26 a Santa Ana, en agosto a los
Dolores de Nuestra Señora la Virgen María, el 8 de septiembre
a San Francisco, en noviembre cuando pueda, 12 de diciembre
a Guadalupe, el día de San Miguel y el día de Santa Gertrudis.
El resto los días que tuviere en la iglesia que menos afectara.24

Además de llevar a cabo las misas el bachiller García Dávila
debía tener siempre las tierras de San Felipe de China cultivadas
y beneficiadas. Lo anterior, escribieron los fundadores, con la
intención de que el valor de su propiedad “vayan en aumento y no en
disminución”.25 El ministro debía cumplir con esas tareas mientras
necesitara contar con los 200 pesos anuales que le brindaban su
patrimonio de renta, cuando obtuviera un mejor sustento él mismo
podía extinguir el compromiso piadoso de la propiedad. Cipriano
debió retirar la obligación de la hacienda de San Felipe, porque años
más tarde, cuando su hermano Juan Bautista solicitó las órdenes
mayores, afirmó disponer de un patrimonio con 2,000 pesos de
principal, es decir 100 pesos de renta anual, garantizados en una de
las propiedades de su hermano. Cuando aspiró al sacerdocio Juan
Bautista, Cipriano era el cura en Cadereyta. La posición del mayor
de los García Dávila le permitió ordenarse por las vías de patrimonio
y administración, además de la renta obtenida por el patrimonio que
era de 100 pesos anuales. Juan Bautista entregó a las autoridades
AHAG. Justicia, Capellanías, caja 69, exp. 2, 1753, Patrimonio de Cipriano García Dávila.
25
AHAG. Justicia, Capellanías, caja 69, exp. 2, 1753, Patrimonio de Cipriano García Dávila.
24

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episcopales una carta en la que su hermano, párroco de Cadereyta,
se comprometió a darle 350 pesos anuales por su asistencia.
Juan Bautista no fue el único de los Cantú que tuvo la dicha
de tener a un hermano párroco. Francisco Tomás Cantú del Río y
de la Cerda obtuvo el sacerdocio a título de administración en el
valle de las Salinas. Francisco Tomás se hizo cargo de la iglesia
que hasta antes de su ordenación en 1748 atendía su hermano José
Miguel (Árbol genealógico 1). En el expediente de ordenación no
se especificó la cantidad de renta que recibiría el menor de los Cantú
del Río y de la Cerda. Francisco Tomás arribó como el encargado
del curato del valle de las Salinas porque su hermano expiró un
poco antes de que éste recibiera el presbiterado. No sé sabe nada
sobre la vía de ordenación a la que recurrieron José Miguel, Pedro
Alcántara, Francisco Alcántara y José Bernardino Cantú. Lorenzo
Pérez de León y Juan Nepomuceno de Larralde se ordenaron a
título de capellanía. De la fundación piadosa para la obtención de
las órdenes mayores de Pérez de León se expondrá más adelante.
Juan Nepomuceno contó con una renta de 100 pesos anuales porque
el principal de su capellanía ascendió a 2,000 pesos.
Además, de cumplir con los requisitos de ordenación.
Los aspirantes a sacerdotes también debían contar con un grado
universitario. Obtener ese reconocimiento les permitió formar parte
de dos estamentos en la sociedad de antiguo régimen. Los clérigos
integraban el estamento eclesiástico, lo que les permitía además de
ser juzgados en su propio tribunal, exentar el pago de impuestos;26 y
26

Maximiliano Barrio Gozalo, El clero en la España moderna (Córdoba:

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los sacerdotes que contaron con grado universitario se incorporaron
al grupo de letrados en el Nuevo Mundo. Los miembros de la
familia Cantú solamente obtuvieron el nivel de bachiller, grado
que era el más bajo dentro de la carrera universitaria, pues además
se podía ser maestro y doctor, como sigue vigente hasta nuestros
días. Sin embargo, los sacerdotes que tenían el bachillerato podían
aspirar a un beneficio parroquial. Todos los jóvenes interesados
en el sacerdocio debían demostrar su limpieza de sangre, es decir,
formar parte de una familia de cristianos viejos. Los jóvenes Cantú
afirmaron ser españoles, hijos legítimos y miembros de las estirpes
más destacadas del noreste. Incorporarse a la universidad sumaba
honor y prestigio para toda su parentela, de forma que estos jóvenes
reunían en su persona las virtudes de la ciencia, la conciencia y la
justicia.27 Además, contar con el grado universitario les permitía
desempeñar otras actividades de gobierno en beneficio de ambas
majestades. Estos miembros de la familia Cantú, además de ejercer
como eclesiásticos actuaron como testigos y fueron encomendados
a realizar diferentes tareas del gobierno temporal.
Los trece curas del cuadro 1 hicieron carrera eclesiástica:
diez estuvieron en alguna iglesia del Nuevo Reino de León, uno
en Coahuila, otro más en la villa novovizcaína de Saltillo y solo
un cura se instaló en la capital de la Nueva Galicia. Cinco fueron
tenientes de cura de la parroquia de Nuestra Señora de Monterrey,
Consejo Superior de Investigación Científica; Caja Sur, 2010), 15.
27
José Antonio Maravall, “La formación de la conciencia estamental de los
letrados”, Revista de Estudios Políticos, núm. 70 (1953): 72–74.
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que fue la más importante desde mediados del siglo XVII hasta la
primera mitad de la centuria siguiente.28 Los primeros tenientes a
cargo de otras iglesias alejadas de la ciudad capital del Nuevo Reino
de León fueron Lorenzo Pérez de León de 1691 a 1701 en el valle
del Pilón, seguido de José Miguel Cantú del Río, ministro encargado
en el valle de las Salinas desde 1711 hasta su fallecimiento en 1740.
Su hermano, Francisco Tomás, estuvo a cargo de la feligresía tras
su muerte. Esta iglesia se erigió en parroquia a mediados del siglo
XVIII, pero hubo que esperar hasta finales de la centuria para que
otro Cantú tomara el beneficio, ya que en 1799 Juan Nepomuceno
de Larralde Cantú del Río fue designado cura en encomienda del
valle de las Salinas.29 La carrera eclesiástica de Larralde evidencia
las diversas actividades que podía ejercer un eclesiástico en las
sociedades de antiguo régimen. Como se explicó arriba, Larralde
era el menor de los hijos del matrimonio de Francisco Ignacio de
Larralde y Josefa Francisca Cantú del Río y de la Cerda. Se ordenó
diácono en 1766 y lo más seguro es que al año siguiente obtuviera el
presbiterado, como lo marcaban las reglas del concilio tridentino.30
Celebró sacramentos en Monterrey y muy pronto se estableció
como clérigo domiciliado en el valle de las Sabinas. En ese real
Para más información sobre el sistema parroquial del noreste véase: Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste de la Nueva
España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado].
29
AHM. Protocolos, vol. 24, exp. 1, fl. 239v, n° 104, fj. 3, 5 de octubre de
1799.
30
Pérez Puente, Los cimientos de la Iglesia en la América española. Los
seminarios conciliares, siglo XVI Title, 38–40.
28

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minero la familia Larralde había comprado la mitad de la hacienda
de San Francisco Javier, que hasta el día de hoy se conoce como
La Larraldeña.31 Este cura además tenía derechos de agua del río
Sabinas.32 Juan Nepomuceno se encargó de administrar los bienes
terrenales de la familia, y como miembro letrado fue consultado
por el gobernador del Nuevo Reino en 1783 sobre el desempeño
del alcalde mayor del Vallecillo, pueblo cercano a su hacienda.33
Larralde falleció como cura en encomienda del valle de las Sabinas.34
Cipriano García Dávila también falleció como cura,
vicario y juez eclesiástico de San Juan Bautista en 1782 después
de veintidós años de servir a la feligresía de Cadereyta. A este
ministro le tocó la fundación del obispado de Linares en 1777.
Cuando el obispo fray Rafael Verger envió su petición al Consejo
de Indias para fundar el cabildo catedral, consideró que Cipriano
podía ocupar una prebenda.35 Su hermano fue su teniente, pero
no tenemos certeza que haya tomado la titularidad del curato al
fallecimiento de Cipriano.
Isabel Ortega Ridaura y Israel Cavazos Garza, Nuevo León. Historia breve
(Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2016).
32
AHM. Protocolos, vol. 19, exp. 1, fl. 20v, n° 10, 3 fjs. 16 de mayo de 1774.
El Bachiller Juan Nepomuceno de Larralde
33
AHM. Correspondencia, vol. 123, exp. 22, 1fj, 22 de noviembre de 1783.
Carta dirigida al Bachiller Juan Nepomuceno Larralde
34
AHM. Protocolos, vol. 24, exp. 1, fl. 239v, n° 104, fj. 3, 5 de octubre de
1799. Pedro Manuel de Llano, vecino y del comercio de esta Ciudad, otorga
fianza a favor del Bachiller Juan Nepomuceno Larralde.
35
José Gabino Castillo Flores, “El obispado y el cabildo eclesiástico de Linares, 1777-1808”, Hispania 80, núm. 265 (2020): 467–72, https://doi.org/
https://doi.org/doi.org/10.3989/hispania.2020.013.
31

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Los ministros que ejercieron en otra gobernación fueron
Carlos Sánchez de Zamora, quien pasó de ser interino a cura, vicario
y juez eclesiástico en Santa Rosa de Sacramento en Coahuila de
1738 a 1768. José Bernardino Cantú celebró sacramentos en Saltillo
en 1798. Pedro Alcántara Cantú, fue el único de los miembros de
esta familia que salió del noreste, y ocupó el cargo de prepósito del
oratorio de San Felipe Neri en Guadalajara.36
Las carreras de estos ministros brindaron prestigio a sus
familias, quienes formaban parte del grupo de poder local. La
oligarquía del noreste actuó como otros grupos en el Nuevo
Mundo.37 Recurrieron a diversas estrategias para mantener su
dominio, entre ellos buenos enlaces matrimoniales, diversidad
de actividades productivas, presencia en el gobierno temporal y
también injerencia en las actividades eclesiásticas. Como se verá
a continuación, no sólo las figuras masculinas destacaron para el
fortalecimiento del poderío familiar en el noreste.
Bienhechores de la familia Cantú
El patrocinio de las carreras eclesiásticas muestra la capacidad
que tenían las familias para formar a su grupo de ministros. En
este apartado se mostrará a través de los bienhechores como estos
miembros también aprovecharon sus conexiones con la Iglesia para
Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste de la
Nueva España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado], 185–86.
37
Richard M. Lindley, “Criollos, peninsulares y oligarquía en la teoría de la
Independencia”, Primer Anuario, núm. 1 (1977): 92–126.
36

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mantener o incrementar su poder. Para que los jóvenes obtuvieran
el sacerdocio la familia cubría los gastos del traslado, hospedaje,
comida, cursos y las cuotas por las certificaciones. Se estimó que un
estudiante del noreste necesitaba más de 250 pesos anuales de renta
para vivir en Guadalajara.38 En esta suma no se consideraron los
compromisos piadosos. No se tiene la información sobre todos los
fundadores de los patrimonios y las capellanías que se utilizaron para
la ordenación de los sacerdotes Cantú. En el cuadro 2 se consignan
el nombre de la persona que constituyó la obra pía que sirvió para
que los jóvenes pudieran ser examinados para sacerdotes.
Hubo más fundadoras que bienhechores en la familia Cantú.
Llama la atención que los únicos progenitores que se encuentran
dentro del listado corresponden al matrimonio establecido entre
Francisco Ignacio Larralde y Josefina Francisca Cantú del Río.
El resto de los benefactores de las obras pías fueron parte de la
familia extensa de los jóvenes interesados en el presbiterado. En
el noreste casi siempre se designaron mujeres como patronas de
las capellanías, quienes podían “nombrar o remover a su voluntad
al capellán”.39 No ha quedado constancia de que se haya retirado
alguna de las manutenciones que garantizaban el sustento de los
Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste de la
Nueva España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado], 62.
39
Para más información: Abelardo Levaggi, “Papel de los patronos en las
capellanías. Cuestiones suscitadas a su respecto en el Río de la Plata”, en Cofradías, capellanías y obras pías en la América colonial, ed. María del Pilar
Martínez López-Cano, Gisela von Wobeser, y Juan Guillermo Muñoz Correa
(México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 1998), 143–44.
38

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Cuadro 2
Los aspirantes al sacerdocio y sus bienhechores en el Nuevo Reino
de León (s. XVII-XVIII)
Aspirantes al sacerdocio
Bienhechores
Lorenzo Pérez de León [Cantú del Alonso de León (capitán), fundador
Río]
Agustina Cantú, patrona de capellanía
Bernardo Cantú del Río
María de León fundadora del
patrimonio
Cipriano García Dávila [Cantú del María Rosa Cantú y sus hermanos,
Río]
fundadores del patrimonio.
Francisco Antonio Larralde [Cantú Francisco Ignacio de Larralde,
del Río]
fundador del patrimonio.
Juan Bautista García Dávila [Cantú Cipriano García Dávila
del Río]
Juan Nepomuceno Larralde [Cantú Josefa Francisca Cantú del Río y de
del Río]
la Cerda, fundadora y patrona de la
capellanía
Fuente: AHAG, Gobierno, Órdenes sacerdotales y Sacerdotes

ministros. En la sociedad novohispana las mujeres poseían bienes
recibidos como dote y en el caso de viudez actuaban como
administradoras de los caudales obtenidos durante el matrimonio.
Todas las fundadoras y patronas contrajeron nupcias con personajes
importantes en la gobernación reinera. A continuación, se muestra
brevemente cómo algunos de los miembros seglares de la familia
Cantú fundaron obras pías y también lograron beneficiarse al
mantener buenas relaciones con los miembros de la Iglesia.
En las únicas dos fundaciones que se realizaron durante la
segunda mitad del siglo XVII estuvo involucrada la familia Pérez
de León (Árbol genealógico 2).
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Fuente: AHAG, Gobierno, Órdenes sacerdotales y Sacerdotes

Árbol genealógico 2
Los sacerdotes de la familia Cantú del Río, Pérez de León y García Dávila (siglo
XVII-XVIII)

Los Cantú

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�Nancy Leyva

Esta parentela tuvo su origen en el matrimonio del cronista
Alonso [Pérez] de León y Josefa González Hidalgo. Ambos
personajes arribaron a Cadereyta como parte de un grupo más
amplio de ganaderos de Huichapan, municipio del actual estado
de Hidalgo, que recibieron mercedes de tierra para poblar el
norte.40 Entre los descendientes de Alonso de León y Josefa
González se encontraron el general Alonso, María y Lorenzo.
Los tres vástagos Pérez de León González Hidalgo contrajeron
nupcias con hijos de Jusepe Miguel Cantú del Río y de la
Cerda y María de Treviño. María se casó con Carlos; Alonso
con Agustina y Lorenzo con Ana María. Lorenzo y Ana María
fueron los padres del bachiller Lorenzo Pérez de León Cantú.
María y Carlos fueron los progenitores de Bernardo Cantú de
León. Ni duda cabe de que la familia provenía de la riqueza que
habían acumulado los Pérez de León. Al menos durante el siglo
XVII, los Cantú no garantizaron obras pías en sus bienes.
Alonso de León fue comisionado del gobierno reinero
en la ciudad de México y en España; realizó incursiones hacia el
Seno Mexicano; escribió una crónica sobre la historia del Nuevo
Reino de León y recibió mercedes de tierra y rancherías de indios
en la provincia norteña.41 Para la ordenación de ambos nietos del
capitán Alonso de León, se recurrió a sus bienes para garantizar las
obras pías. La escritura de la capellanía de Lorenzo fue realizada
Ortega Ridaura y Cavazos Garza, Nuevo León. Historia breve, VI–VIII.
León, Chapa, y Sánchez de Zamora, Historia de Nuevo León con noticias
de Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México, V–XLV.
40
41

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por la albacea testamentaria del cronista. Alonso, el mozo, fundó la
donación piadosa y designó a su esposa Agustina como la patrona
de la capellanía. El general dispuso las condiciones de la obra pía,
solicitando que el capellán celebrara las misas en las fiestas de la
Encarnación y el día de Nuestra Señora de Guadalupe.42 Lo más
probable es que la familia Pérez de León patrocinara, en el valle
del Pilón, la capilla en la que sirvió Lorenzo como teniente de cura
de la parroquia de Nuestra Señora de Monterrey. La carrera de este
ministro fue corta, pues falleció en 1706;43 pero fue el antepasado
más enunciado por los aspirantes al sacerdocio de esta familia.
Lorenzo destacó por ser el primer sacerdote de su parentela en
regresar al septentrión. A la muerte del ministro, los franciscanos
que estaban en el valle se encargaron de atender a la feligresía.
La familia Pérez de León mantuvo estrecha relación con
otros miembros eclesiásticos como se constata en el proceso que
siguió Juan de León a nombre de su madre Agustina. En 1713
decidieron reclamar la titularidad de una congrega de indios a
Juan García de Pruneda. Los de León presentaron a cuatro testigos
para que comparecieran. De éstos, tres eran sacerdotes: Santiago
García Guerra, Domingo García Guerra e Ignacio Martínez.44 Los
tres ministros afirmaron que Agustina estaba muy preocupada por
AHM. Protocolos, vol. 4, exp. 1, fl. 145, n° 60, 27 de marzo de 1691. Se
dictan clausulas testamentarias.
43
La mención de su fallecimiento se encuentra en: AHAG, Gobierno, Sacerdotes, caja 6, exp. 19, Bernardo Cantú de León.
44
AHM. Protocolos, vol. 10, exp. 1, fl. 1, n° 1, 25 de abril de 1713. Querella
de congrega de indios.
42

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la atención de los indios. A decir de los curas, la nación de indios
pertenecía a la familia Pérez de León Cantú, pero el gobernador
Luis García de Pruneda se la había retirado de manera arbitraria.45
No se sabe si la ranchería volvió a sus antiguos dueños, solamente
que Agustina tenía al párroco de Monterrey y dos ministros más
de su lado.
Para la ordenación de Bernardo Cantú se usó como garantía
la dote que recibió la hija del general Alonso de León. Cuando
María contrajo matrimonio con el sargento mayor Carlos Cantú
recibió la labor de pan coger “San José”. Esta fue la propiedad
que utilizaron para fundar el patrimonio de su hijo, pero María
había llevado más bienes al matrimonio. Además, poseía unas
mercedes en Guadalupe, el agostadero del Copudo y cerro de
Santiago, tierras en las ciénegas de Caballero, otra más cercanas
a la villa Cadereyta y más de mil cabezas de ganado menor.46
Es probable que la riqueza de María superara los bienes de su
marido, por eso no resulta sorprendente que fuera la encargada de
patrocinar la carrera eclesiástica de su vástago.
Los otros tres benefactores consignados en el cuadro 2
solicitaron las escrituras de su fundación piadosa durante el siglo
XVIII. El patrimonio de Cipriano García Dávila quedó en tierras de
la familia de su madre Rosa María Cantú. Para el establecimiento
AHM. Protocolos, vol. 10, exp. 1, fl. 1, n° 1, 25 de abril de 1713. Querella
de congrega de indios.
46
AHM. Protocolos, vol. 8, exp. 1, fl. 62, n° 28, 9 de enero de 1706, Inventario por la muerte de María de León.
45

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de este compromiso se llamó a todos los hijos de Carlos Cantú
y Josefa González Hidalgo. Carlos era hermano del bachiller
Bernardo Cantú del Río y de la Cerda como se observa en el árbol
genealógico 2. Las tierras que se usaron como garantía estuvieron
en el valle del Pilón. No es posible saber cuántas fueron las obras
pías que establecieron esta generación de Cantú González Hidalgo
porque hubo bastantes homónimos. Una vez que Cipriano obtuvo
el beneficio de Cadereyta se encargó de patrocinar la carrera de su
hermano. Cuando murió el cura a cargo de la feligresía de San Juan
Bautista fue enterrado en la parroquia donde sirvió. Los vínculos
entre la oligarquía del noreste superaban los lazos familiares como
se evidencia en la designación que hizo Cipriano García Dávila
al bachiller Juan José Amato Arizpe Fernández, eclesiástico
originario de Saltillo y miembro de la oligarquía local, como su
albacea testamentaria.47 La obra pía de los García Dávila sirvió
para la graduación de al menos tres ministros más y fue redimida
hasta mediados del siglo XIX.48
Ocurrido en 1728, el matrimonio de Francisco Ignacio
de Larralde y Josefa Francisca Cantú de Río, como se mencionó
arriba, constituyó una gran fortuna. El gobernador del Nuevo Reino
murió en 1753 y su viuda le sobrevivió al menos unos veinte años.
Durante ese tiempo, Josefa Francisca fundó la capellanía colativa
Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste de la
Nueva España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado], 86–89, 188.
48
AHM. Protocolos, vol. 40, exp. 243, 13 de mayo de 1841, ff. 1-2. Poder
legal otorgado al cura Juan José García.
47

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para la ordenación de su hijo menor Juan Nepomuceno Larralde
Cantú del Río. Ella administró los bienes familiares que incluían
como se explicó arriba una parte de la hacienda San Francisco
Javier, tierras en Cerralvo, Agualeguas y Salinas, así como una
casa en Monterrey y algunos esclavos, tomando varias de las
responsabilidades que tenía su marido. En 1754 se presentó ante
las autoridades episcopales y tomó las funciones como colectora
del diezmo en Monterrey, tareas que habían sido encomendadas a
su marido, por tres años más.49 Josefa Francisca debió ser buena
administradora porque obtuvo el cargo de mayordoma de fábrica
de la iglesia de Nuestra Señora de Monterrey por más de quince
años, y hasta ahora es la única mujer localizada, originaria del
noreste, que se encargó de recoger el diezmo y fue mayordoma
de fábrica en la región más alejada del obispado de Guadalajara.
Sin embargo, Josefa Francisca comenzó a tener diferencias
con el doctor José Antonio Martínez Benavides, párroco de
Monterrey, a finales de la década de los sesenta del siglo XVIII.
Este cura notó que la administradora no había realizado obras en
el templo parroquial, pero sí había recibido los más de 7,000 pesos
que dieron las autoridades diocesanas para la fábrica. El matrimonio
Larralde se encargó de las obras en la Iglesia parroquial desde 1747
hasta 1769, aunque no se sabe con precisión qué cambios hicieron.
Además, Josefa Francisca había recogido 1,080 pesos para fundar
AHM. Protocolos, vol. 15, exp. 1, fl. 305, n° 133, 15 de marzo de 1754, f.
1-2. Se obliga a la administración de los diezmos del Nuevo Reino.
49

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�Los Cantú

una escuela en Monterrey, de los cuales entregó la mitad a Agustín
de Acosta, párroco de Nuestra Señora entre 1748 y 1757; como
el cura Aguirre no supo qué hacer con los ingresos, los devolvió.
Josefa Francisca reconoció que debía a la Iglesia un poco más de
8,000 pesos, no obstante, al momento de aceptar su compromiso,
en 1769, se encontraba sin recursos, ya que la mayordoma ya había
heredado todos los bienes a sus hijos. A pesar de que ella había
recibido como dote algunas parcelas en el valle de las Salinas,
afirmó no disponer de los recursos suficientes para pagar.50 La
contaduría del obispado le dejó cubrir en parcialidades el saldo
pendiente, aunque no se tiene constancia que haya terminado de
cubrir su compromiso. Josefa Francisca no había mentido, sus
bienes habían sido repartidos entre sus vástagos; como se mencionó
arriba, el cura Juan Nepomuceno recibió la hacienda en Sabinas;51
y sus hijas, María Josefa y María Francisca, contaron con buenas
dotes matrimoniales porque ambas emparentaron con personajes
destacados en el norte. María Josefa de Larralde se casó en
primeras nupcias con Ignacio Ussel de Guimbarda, gobernador del
Nuevo Reino de León, quien falleció en 1772; su segundo marido
fue Cosme Damián de Arrese, administrador del tabaco y asentista
La dote se mantenía separada durante todo el matrimonio. En el reparto
que realizó de sus propiedades no se especificó qué tierras entregó a sus hijas.
AHM. Protocolos, vol. 22, exp. 1, fl. 169v, n° 92, 22 de febrero de 1794, ff.
1-2, Se confiere poder a José Nicolás de Ibarra para aclarar unas partes de tierra.
51
Leyva Gutiérrez, Iglesia secular y oligarquía regional en el Noreste de la
Nueva España durante el siglo XVIII [Tesis de Doctorado], 361–67.
50

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de pólvora y naipes.52 Por otro lado, María Francisca se desposó
con José Antonio de Urresti, sargento mayor de las compañías
milicianas y ayudante de su padre. Urresti, una vez que pasó a
formar parte de la familia Larralde, se convirtió en el principal
socio de su suegra, y además de ayudar en la administración de los
bienes familiares, se encargó de recolectar el diezmo en Monterrey
y fue alguacil mayor del Santo Tribunal de la Inquisición.53 Ambas
hijas tuvieron una relación cercana con la parroquia de Monterrey.
Bernardo Ussel de Larralde, hijo de María Josefa, tomó lecciones
en el seminario de Monterrey. Gracias a los negocios de la familia
y a su participación en el gobierno eclesiástico la familia Larralde
Cantú del Río de la Cerda, creó vínculos cercanos con los clérigos
establecidos en Boca de Leones, Salinas, Cadereyta y Saltillo, como
se deja ver en los compromisos protocolarios que se conservan en
el Archivo Municipal de Monterrey. Todos los miembros de la
familia Larralde fueron enterrados “con el privilegio debido” en la
iglesia parroquial de Nuestra Señora de Monterrey.
La familia Cantú se mantenía cercana a los miembros de
la Iglesia todavía a finales del siglo XVIII. José Miguel Cantú
del Río y de la Cerda, sobrino de los ministros Larralde y los
Jaanay Sibaja Nava et al., Colección de biografías. Vive la historia. Bernardo Ussel y Guimbarda Larralde (Monterrey: Coordinación Editorial del
Poder Judicial del Estado de Nuevo León, 2019), 1–5, https://www.pjenl.gob.
mx/Publicaciones/Libros/83/docs/83.pdf.
53
AHM. Protocolos, vol. 15, exp. 1, fl. 294, n° 129, 18 de enero de 1754.
Se otorga fianza a favor de doña Josefa Francisca Cantú del Río y la Cerda. fl.
295, n° 130, 21 de enero de 1754. Se confiere poder a don Antonio de Urresti.
52

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�Los Cantú

Cantú del Río y de la Cerda, comerciante del Nuevo Reino, había
obtenido beneficios de su relación cercana con la Iglesia. El
principal de 6,000 pesos que se estipuló en la capellanía colativa
que sirvió para la ordenación de Juan José Paulino Fernández de
Rumayor se garantizó en la hacienda de San Antonio en el valle
del Huajuco propiedad de José Miguel.54 Éste había contraído
matrimonio con Isabel María Gómez de Castro. Ambas familias,
los Cantú y los Gómez de Castro eran muy cercanas a la iglesia en
Monterrey. Isabel y Miguel mantuvieron una relación de amistad
con el bachiller Alejandro de la Garza, teniente en la parroquia de
Nuestra Señora. Isabel María le vendió una casa en Monterrey al
segundo obispo de Linares,55 fray Rafael José Verger, el mismo
prelado que había promovido el nombramiento de Cipriano
García Dávila como prebendado del cabildo de Linares. También
la hacienda de San Antonio fue adquirida por el obispo Verger,
quien redimió el censo en 1791.56 José Miguel y su esposa fueron
devotos de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores que estaba
en la iglesia parroquial en Monterrey,57 que fue una de las más
veneradas por el grupo de poder local.58
AHAG. Gobierno, órdenes sacerdotales, caja 24, exp. 8. 1771, Fernández
de Ramayor[sic] Juan José Paulino.
55
AHM. Protocolos, vol. 20, exp. 1, fl. 161, n° 104, 8 de noviembre de 1784,
f.1. Venta de casa.
56
AHM. Protocolos, vol. 21, exp. 1, fl. 169, n° 91. 18 de julio de 1791, f. 2.
Obligación de pago.
57
AHM. Protocolos, vol. 24, exp.1, fl. 121, n° 48, 18 de diciembre de 1798,
f. 1-3. Testamento de doña Isabel María Gómez de Castro.
58
María Nicolasa de Treviño y María Antonia de Cossío legaron 700 pesos
54

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Conclusiones
Los primeros miembros de la familia Cantú del Río de la Cerda
se instalaron en la villa de Cadereyta a mediados del siglo
XVII. Desde la primera generación se vincularon con el grupo
de colonizadores más potentados en el Nuevo Reino de León,
entre los que destacaron los descendientes Pérez de León. Los
buenos lazos matrimoniales les permitieron constituir un buen
patrimonio, y como parte de la oligarquía buscaron posicionarse
también en la Iglesia secular. En el noreste fue común que los
grupos de poder enviaran a sus hijos a poblar en regiones cercanas
donde se instalaban y se convertían en parte de los propietarios
más acaudalados. Gracias a la formación de sacerdotes, quedó
constancia que la familia Cantú del Río mantuvo su posición
privilegiada en Cadereyta y logró posicionarse en el valle de las
Salinas y Monterrey. Los sacerdotes de este grupo familiar se
formaron en la ciudad de México y Guadalajara. A diferencia de
otros ministros que acudieron a más de una población, este grupo
no necesitó viajar tanto para completar su formación clerical.
Los Cantú aspiraron al sacerdocio por las vías de patrimonio,
capellanía y administración. Las primeras dos vías les permitieron
evidenciar su fortuna. La ordenación por administración fue
posible gracias a que uno de los vástagos ya estaba instalado en
las parroquias septentrionales del obispado de Guadalajara.
para celebrar en el altar de la virgen de los Dolores. AHM. Protocolos, vol.
18, exp. 1, fl. 138v, n° 74, 14 de septiembre de 1770, f. 2. Obligación de pago.
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Estos miembros privilegiados del noreste de la diócesis de
Nueva Galicia hicieron una carrera eclesiástica, y aunque no todos
fueron curas párrocos, realizaron tareas en el gobierno eclesiástico.
Los curas Cantú tuvieron un patrimonio por herencia y compra.
Pero, en el sostenimiento de la familia fueron importantes los
vínculos matrimoniales, los conquistadores, las carreras exitosas en
el gobierno temporal, los comerciantes y los hacendados a los que se
sumaron los miembros del clero. Fue posible rastrear por casi dos
siglos la permanencia de una parte de los miembros de la familia
Cantú en las esferas más altas del poder en el Nuevo Reino de León;
como vimos, esta familia logró mantener su posición de poder
incluso cuando la región fue segregada y formó parte de la diócesis
de Linares. Finalmente, como parte de un grupo privilegiado, no solo
patrocinaron carreras eclesiásticas, sino que también fomentaron
algunas devociones de las que todavía hace falta realizar estudios.
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Archivo
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�“Pero ellos señor ilustrísimo, han triunfado”.
Las escaramuzas de un habanero en el provisorato del
obispado de Yucatán a finales del siglo XVIII1
“Pero ellos señor ilustrísimo, han triunfado”.
The Habaneros’s skirmishes in the provisorato of the diocese of
Yucatan at the end of the 18th Century
Elsy Anahí Mendoza Moo
El Colegio de Michoacán

Zamora, México
orcid.org/0000-0003-1433-8080

Resumen: El objetivo de este artículo es comprender las relaciones
de poder dentro del obispado de Yucatán a partir de la trayectoria
eclesiástica de Manuel José Rodríguez Hurtado como vicario general y
provisor (1793-1794). A través de dos expedientes judiciales contenidos
en el Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán y en el Archivo
General de la Nación, me interesa conocer el contexto de la vicaría
general y provisorato antes de su llegada a dicha diócesis, entender
cómo se inserta este hombre en la dinámica eclesiástica regional, e
indicar los grupos de poder decisivos en el obispado y analizar sus
acciones dentro del obispado en pro de sus intereses.
Palabras clave: Yucatán, obispado, trayectoria eclesiástica, provisorato,
Manuel José Rodríguez Hurtado.
Agradezco los comentarios puntuales de los dictaminadores de este artículo; mi gratitud a la Dra. Carolina Aguilar por su lectura y comentarios al primer
manuscrito.
1

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�Anahí Mendoza

Abstract: The objective of this article is to understand the power
relationships in Yucatan bishopric from Manuel José Rodríguez
Hurtado’s ecclesiastical career as vicario general and provisor (17931794). Using two judicial files of the Archivo Histórico del Arzobispado
de Yucatán and the Archivo General de la Nación, I want to explore
the context of vicaria general and provisorato before his arrival at that
diocese to understand how this agent is involved in the dynamics of
the local church to show the crucial power groups in this bishopric and
analyze their actions in favor of their interests.
Keywords: Yucatan, Bishopric, ecclesiastical career, provisorato,
Manuel José Rodríguez Hurtado.

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�“Pero ellos señor…”

Introducción
Los obispos tenían doble potestad: de orden y jurisdicción. Para
llevar a cabo esto, estaban rodeados de un grupo de colaboradores
distribuidos en la curia de gobierno –encargada de funciones
administrativas– y en la curia de justicia –donde se ejerció la
jurisdicción contenciosa eclesiástica, es decir, todo en relación
con los asuntos legales en “los que estuviese involucrado el
clero diocesano y, en algunos casos, también el clero regular
en la medida que estuviera sujeto a su jurisdicción”–.2 Ambas
eran presididas por el vicario capitular o general3 y el provisor,
respectivamente. En el caso del obispado de Yucatán, los pocos
emolumentos del empleo y sobre todo la carga de actividades
que se desarrollaron tanto en la curia de gobierno y de justicia
de la diócesis, determinaron en muchas ocasiones que el
eclesiástico nombrado para el vicariato general también asumiera
la responsabilidad del provisorato para, de esta manera, abarcar
“casi” todo el ministerio episcopal. Por esta razón, el provisorato
y la vicaría general fueron percibidos como sinónimos.4
Jorge E. Traslosheros, “El Pecado y el delito. Notas para el estudio de la
justicia criminal eclesiástica en la Nueva España del siglo XVII”, Alegatos,
núm. 58 (2004): 372.
3
Aunque en la documentación de esta investigación se observa que los términos de “vicario general” y “vicario capitular” se utilizaban de manera indistinta, el primero se desempeñaba durante la sede plena y el segundo, en la sede
vacante.
4
Juvenal Jaramillo Magaña, Los capitulares y el Cabildo Catedral de
Valladolid-Morelia, 1790-1833. Auge y decadencia de una corporación
eclesiástica [Tesis de Doctorado] (Zamora: El Colegio de Michoacán,
2

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�Anahí Mendoza

Considerando que en las Indias Occidentales “gobernar
era hacer justicia”, estos cargos recayeron en “personas bastante capaces, prestigiadas y de toda la confianza del prelado o, en
caso de sede vacante, del cabildo catedralicio”. Para su poseedor
significaba tener una “carrera consolidada” o en vías de consolidación, puesto que también se configuró como un “trampolín que
proyectaban hacia una prebenda –si es que no contaban ya con
ella–, o inclusive hacia una silla episcopal”.5 Al conferir “enormes responsabilidades de carácter jurídico, poder” y jerarquía, su
nombramiento era “grandemente apetecido por varios hombres
de la Iglesia, ya de los propios cabildos catedralicios o ya fuera
2011), 536. Juvenal Jaramillo menciona que “durante los finales del siglo
XVIII y la primera mitad del siglo XIX, en la diócesis michoacana estuvieron unidos los cargos de vicario general y provisor, como parece que
sucedió en la mayoría de las catedrales españolas y americanas”. Esto tal
vez como resultado –y como señala el mismo autor – del Concilio III Provincial Mexicano que trató como de una misma persona al provisor y al vicario general a lo largo de los documentos que emanaron de él. Concilio III
Provincial Mexicano, celebrado en México en el año de 1585, confirmado
en Roma por el Papa Sixto V, y mandado observar por el gobierno español en diversas reales órdenes. Publicado con las licencias necesarias por
Mariano Galván Rivera, segunda edición en latín y castellano, (Barcelona:
Imprenta de Manuel Miró y D. Marsá, 1870), 77; citado en Jaramillo, Los
capitulares y el Cabildo Catedral, 536. Otros historiadores señalan que “el
cargo de vicario general iba unido generalmente al de provisor, aunque su
naturaleza y atribuciones tengan notables diferencias que la historiografía
no tiende a diferenciar”, provocando confusión en ambos cargos. Andoni
Artola Renedo, “El patrocinio intraclerical en el Antiguo Régimen: curias
y familias episcopales de los arzobispos de Toledo (1755-1823)”, REDESRevista hispana para el análisis de redes sociales, Vol. 21, Núm. 6, (2011),
284.
5
Jaramillo Magaña, 536.
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�“Pero ellos señor…”

de ellos”.6 Por otro lado, como menciona Aguilar García, además de permitir y coadyuvar en el gobierno de los prelados, estos
hombres contribuyeron con “el nacimiento, desarrollo y consolidación de las audiencias episcopales y sus estructuras burocráticas, convirtiéndose en un elemento de primer orden que ayudó a
expandir y asentar la jurisdicción episcopal”.7
Hasta ahora se sabe que la mayoría de los jueces provisores
llegaban a Indias en calidad de familiares de los obispos. Algunos
alcanzaban el cargo al ser miembros del cabildo catedral, corporación
conformada por los eclesiásticos más sobresalientes de la diócesis;
mientras que otros lo obtenían al conseguir la confianza y simpatía
del obispo en turno o por recomendación de otros prelados. Ejemplo
de esta última circunstancia fue Manuel José Rodríguez Hurtado,
quien a través de Salvador Biempica y Sotomayor, obispo de la
Puebla de los Ángeles, llegó a San Francisco de Campeche el 28
de junio de 1793 para servir a fray Luis de Piña y Mazo, obispo de
Yucatán.
Este artículo tiene por objetivo general comprender las
relaciones de poder dentro del obispado de Yucatán a partir de la
Mariano Galván Rivera, Concilio III Provincial Mexicano, celebrado en
México el año de 1585, confirmado en Roma por el Papa Sixto V y mandado
observar por el gobierno español en diversas reales órdenes (Barcelona: Imprenta de Manuel Miró y D. Marsá, 1870), 439.
7
Carolina Aguilar García, “El caso de Juan Cienfuegos, juez provisor y
vicario general del arzobispado de México (1788-1800)”, en Pastores, misioneros, inquisidores, jueces y administradores: el clero del antiguo régimen,
siglo XV-XIX, ed. Guillermo Nieva Ocampo y Henar Pizarro Llorente (Salta:
Editorial La Aparecida, 2021), 226–44.
6

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�Anahí Mendoza

trayectoria eclesiástica de Manuel José Rodríguez Hurtado como
vicario general y provisor (1793-1794). A través de dos expedientes
judiciales contenidos en el Archivo Histórico del Arzobispado de
Yucatán y en el Archivo General de la Nación,8 de manera específica
se pretende conocer el contexto de la vicaría general y provisorato
antes de su llegada a dicha diócesis, entender cómo este letrado se
insertó en la dinámica eclesiástica de la región, indicar los grupos
de poder decisivos en el obispado y analizar sus acciones dentro del
mismo en pro de sus intereses. Es importante señalar que son muy
pocos los estudios sobre el provisorato en el obispado de Yucatán,
pero se pueden indicar tres directrices que siguen aquellos trabajos:
la primera tiene que ver con el juzgado del provisorato de indios;9
Esta documentación forma parte de un conflicto posterior. Su uso se debió
a la necesidad de los miembros del cabildo catedral de Yucatán de argumentar
la “imposibilidad” de considerar a Rodríguez Hurtado para el cargo de vicario capitular y provisor durante la sede vacante de 1795-1799. Este asunto
se aborda en la tesis de licenciatura: Elsy Anahí Mendoza Moo, El cabildo
eclesiástico yucateco en pugna por el provisorato durante la sede vacante de
1795-1802 [Tesis de Licenciatura] (Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2018). Pero particularmente en “¡Que es justicia, juro en forma y en la
necesario! El orden normativo en un ámbito de acefalia diocesana: el cabildo
catedralicio del obispado de Yucatán, 1795-1802”, en prensa. Consciente de
sus limitaciones, tanto esa documentación contenida en el Archivo Histórico
del Arzobispado de Yucatán como la respuesta de Rodríguez Hurtado resguardada en el Archivo General de la Nación, permiten una lectura “sensible” del
discurso eclesiástico y así, develar los posibles móviles de acción de una corporación eclesiástica.
9
Caroline Cunill, Los defensores de indios de Yucatán y el acceso de los
mayas a la justicia colonial, 1540-1600 (México, DF: Universidad Nacional
Autónoma de México; Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, 2012); John F. Chuchiak IV, El castigo y la reprensión: el Juzgado del
8

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�“Pero ellos señor…”

la segunda, aunque de forma indirecta, se vincula con la necesidad
de relacionar a los provisores del siglo XVIII a la “ilustración
católica”10 y, por último, aquella centrada en el provisor capitular.11
Este último enfoque da luces sobre las dinámicas internas del cabildo
catedral y su movilización para controlar la designación del vicario
capitular y provisor del obispado durante la sede vacante; además,
nos lleva a preguntarnos sobre la actuación del cuerpo capitular y
sus estrategias en sede plena, y visibiliza a los provisores interinos
que, a pesar de su poca duración e injerencia en los empleos, eran
agentes que demostraban la homogeneidad de intereses del clero.12
Provisorato de Indios y la extirpación de la idolatría maya en el obispado de
Yucatán, 1563-1763 (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de
México - Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2022).
10
Víctor Hugo Medina Suárez, “Utillaje y prebenda: las reformas del doctor
Rafael del Castillo y Sucre en el obispado de Yucatán, 1780-1783”, en Educación y prebenda: investigaciones sobre la formación y las carreras del alto
clero novohispano, ed. Leticia Pérez Puente y José Gabino Castillo Flores
(Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de
Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 2019).
11
Mendoza Moo, El cabildo eclesiástico yucateco en pugna por el provisorato durante la sede vacante de 1795-1802 [Tesis de Licenciatura].
12
Es importante mencionar que este trabajo se circunscribe en una línea de
investigación abierta por Rodolfo Aguirre Salvador, interesada en la historia sociopolítica del clero novohispano, “más allá de las gestiones arzobispales o de las
prosopografías de clérigos, y que ahonde en los juegos de poder y los mecanismos
internos en cada diócesis para su gobierno”. Rodolfo Aguirre Salvador, “La carrera
hacia el cabildo eclesiástico de México: méritos, estrategias y amistades, 16801730”, en Educación y prebenda: investigaciones sobre la formación y las carreras del alto clero novohispano, ed. Leticia Pérez Puente y José Gabino Castillo
Flores (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto
de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 2019), 118.
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1. El problema de encontrar un provisor: la vicaría y
provisorato del obispado de Yucatán antes de Manuel José
Rodríguez Hurtado
Después de ser nombrado maestreescuela del cabildo catedral
del obispado de Yucatán, Rafael del Castillo y Sucre, miembro
de una noble familia de La Habana, partió a dicho destino en
1779.13 En el trayecto a su nuevo cargo se encontró con el recién
nombrado obispo, fray Luis de Piña y Mazo, quien logró hacerlo
su vicario general y provisor. Así, ambos eclesiásticos llegaron al
obispado de Yucatán en 1780; sin embargo, tres años más tarde,
Castillo y Sucre sucumbió ante el cólera, enfermedad que lo llevó
a la muerte el 9 de abril de 1783.
La muerte de este hombre enfrentó a Piña y Mazo a
una realidad de la región enmarcada, en primer lugar, en la
desarticulación del cabildo catedral provocada por la muerte de
sus miembros y por el agotamiento propio tanto por los achaques
de los cargos y del temperamento natural de la península; y en
segundo, en la ausencia de eclesiásticos y seglares facultativos
tanto en Derecho Civil como en Derecho Canónico,14 tal y como
lo expresó aquel obispo en un oficio dirigido al rey:
Acuerdos del Venerable Cabildo Metropolitano de Yucatán (AVCMY).
Acuerdos del Cabildo Eclesiástico, Libro 5, ff. 208-209.
14
Elsy Anahí Mendoza Moo, La estrategia letrada de José Nicolás de Lara
en el orden eclesiástico yucateco, 1768-1793 [Tesis de Maestría] (Mérida:
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social,
2021), 131–35; Antonio Rubial García, ed., La Iglesia en el México colonial
(México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación; Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla, 2013), 130–34.
13

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�“Pero ellos señor…”

Cuanta es la necesidad que padece esta catedral de prebendados
[de estudios en ambos derechos] por haber carecido, y carecer
casi siempre, especialmente de sujetos con quienes poder
consultar en los indispensables lances que ocurren, para
proceder con arreglo a sus dictamines sabios y discretos, no
sólo por lo que corresponde a los individuos de mi cabildo,
porque ninguno de ellos ha profesado ni profesa el Derecho,
sino también por lo que mira al común de esta ciudad, en donde
para los asuntos civiles y contenciosos no se encuentra un
letrado que dirija, defienda o instruya a las partes.15

Como bien señala, no había en el obispado a quién depositarle
un cargo tan importante como el que ostentaba el desaparecido
Castillo y Sucre, ni siquiera dentro de su propio senado. Por ello es
comprensible que, ante la situación anímica del venerable cuerpo,
el obispo insertara paulatinamente a hombres de su confianza,
es decir, sujetos a quienes podía consultar y disponer en lo
concerniente al gobierno del obispado y, sobre todo, desligados
a lo local. Por otro lado, aquella declaración del obispo también
lleva a repensar sobre la relación que algunos capitulares –sobre
todo los más jóvenes– guardaban con la cabeza de la diócesis.16
Así las cosas. El hombre facultativo que se necesitaba sólo
podía venir de fuera del obispado. Situación que no ignoraba Piña
Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán (AHAY). Sección Gobierno, Serie Mandatos, caja 399, exp. “Representaciones e informes del Ilustrísimo y Reverendo Señor don fray Luis de Piña y Mazo”, ff. 110- 110v. Rubial
García, La Iglesia en el México colonial, 130–34.
16
Mendoza Moo, La estrategia letrada de José Nicolás de Lara en el orden
eclesiástico yucateco, 1768-1793 [Tesis de Maestría], 131–35; Rubial García,
La Iglesia en el México colonial, 130–34.
15

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y Mazo y que fue un tema recurrente dentro de su correspondencia,
tanto con las altas autoridades como con sus conocidos. De hecho,
parece que durante la enfermedad de Castillo y Sucre, fueron
constantes las comunicaciones sobre el tema que el prelado de
Yucatán estableció con Santiago José Echeverría y Elguezua de
Villalobos, entonces obispo de Puebla de los Ángeles, ya que, a los
pocos días de la muerte del antes mencionado provisor, el obispo
de Yucatán mandó una carta cordillera firmada por su secretario,
Antonio Carvajal, estipulando el reconocimiento por parte de su
clero de Manuel de Zerquera y Ponciano de Escazena –cercano al
obispo Echeverría y Elguezua– como provisor y vicario general.17
Zerquera era natural de la ciudad de la Trinidad en la isla
de Cuba, e hijo de Benito de Zerquera y Rodríguez de Morejón,
bachiller en Medicina, profesor público de Medicina, y director
del Hospital de Caridad de Trinidad. Manuel cursó tres años de
Filosofía y cuatro de Teología; se graduó de bachiller en Cánones
y en Derecho Civil en la Universidad Real y Pontificia de San
Gerónimo de La Habana, y se recibió de abogado en la Real
Audiencia de la Nueva España en 1778. Posteriormente, continuó
su formación en la Real Audiencia de Santo Domingo, en el Real
Colegio de Abogados de la Corte de México y sirvió durante
cinco años en la secretaría y curia de Santiago José Echeverría y
Elguezua de Villalobos, obispo de Santiago de Cuba.18
AHAY. Sección Gobierno, Serie Mandatos, caja 251, exp. 8, s/f
Mendoza Moo, La estrategia letrada de José Nicolás de Lara en el orden
eclesiástico yucateco, 1768-1793 [Tesis de Maestría], 131–35; Rubial García,
17
18

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�“Pero ellos señor…”

Es importante señalar dos cosas: la primera, tanto
Castillo y Sucre como Zerquera estaban vinculados a
Echeverría y Elguezua, eclesiástico natural de la isla de Cuba,
miembro de una poderosa familia y hombre de confianza de su
homólogo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz (1753-1768).19
Probablemente, Echeverría y Elguezua siendo obispo de
Santiago de Cuba, inició una relación de amistad con el obispo
Piña y Mazo cuando éste llegó a La Habana para trasladarse
al obispado de Yucatán en 1780; su amistad, posiblemente,
continuó hasta el nombramiento de Echeverría y Elguezua
como obispo de Puebla de los Ángeles. La segunda, el fallecido
provisor y vicario general y Zerquera desempeñaron cargos
de confianza dentro del gobierno episcopal de Echeverría
y Elguezua: Castillo y Sucre, por ejemplo, fue nombrado
director del recién fundado Seminario Conciliar de San Carlos
y San Ambrosio en 1774, mientras que Zerquera –como se ha
mencionado– se vinculó dentro de la curia diocesana.20 Como
La Iglesia en el México colonial, 130–34.
19
Juan Bosco Amores y Consolación Fernández Mellén, “La iglesia en Cuba,
1760-1830”, en Tradición y reforma en la iglesia hispanoamericana, 17501840, ed. Javier Francisco Cervantes, Lucrecia Enríquez, y Rodolfo Aguirre
(Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Pueba - Casa Presno Instituto
de Ciencias Sociales y Humanidades; Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación; Centro
de Estudios Bicentenario, 2011), 349.
20
Por otro lado, es importante mencionar que la familia Zerquera y Ponciano estaba fuertemente vinculada a la administración colonial en la villa de
Trinidad. La información recopilada sobre Manuel de Zerquera y Ponciano
de Escazena pertenece a la Collection of Genealogies from Trinidad and Villa
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fuere, ese vínculo y la experiencia dentro de la administración
diocesana contribuyó a que Zerquera estableciera una relación
de confianza con el obispo Piña y Mazo, hasta el punto de que
este último lo proponga como arcediano en sus informes sobre
los eclesiásticos beneméritos del obispado de Yucatán.21
Sin embargo, a pesar de aquella relación de confianza
establecida entre el obispo y Zerquera, Piña y Mazo se limitó
a nombrarlo como “provisor auxiliar”. Este matiz es importante
porque la actuación del recién nombrado se suscribió únicamente
a involucrarse en los negocios pertenecientes al tribunal de justicia
mientras el obispo estuviera impedido por enfermedad o se viera
en la necesidad de abandonar la ciudad en cumplimiento a sus
obligaciones pastorales. En este sentido, la muerte de Castillo y
Sucre significó la consolidación del poder episcopal en un solo
hombre: el obispo, quien se dedicó a despachar todos los asuntos
judiciales y que, en casos extraordinarios, se apoyaba de alguien
para evitar que “el común no quedasen sin audiencia y sin curso
sus expedientes”. Las facultades de Zerquera como provisor
auxiliar cesaban cuando Piña y Mazo recuperaba su salud o se
restituía a la capital del obispado.22
Clara de Cuban Genealogy Club of Miami, Fl, Inc. https://www.cubangenclub.
org/wp-content/uploads/2022/05/Zerquera.pdf
21
AHAY. Sección Gobierno, Serie Mandatos, caja 399, exp. “Representaciones e informes del Ilustrísimo y Reverendo Señor don fray Luis de Piña y
Mazo”, ff. 109v-110.
22
A partir de la muerte de Castillo y Sucre, los provisores designados estarán
en calidad interina por decisión del prelado Piña y Mazo.
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�“Pero ellos señor…”

Además de Echeverría y Elguezua, otro medio para
encontrar a un provisor fue Emeterio Cacho Calderón, oidor
de la Real Audiencia de México y pariente del obispo, quien
a través de las letras del prelado era testigo de las peripecias
que enfrentaba. Por esto, le recomendó a José Rafael Valdés de
Anaya, abogado del tribunal de la Real Audiencia; sin embargo,
el mismo Valdés de Anaya decidió rechazar aquella invitación
debido a que tenía bajo su protección a su madre, una mujer
anciana a la que no quería abandonar. Así, el provisorato en el
obispado de Yucatán estuvo vacante por dos años más, lo que
nos lleva a estimar que el periodo de Zerquera concluyó en 1791,
porque en 1793 llegaría a la provincia alguien decidido a ser ese
hombre que Piña y Mazo necesitaba: Manuel José Rodríguez
Hurtado.
En la siguiente tabla, se puede observar a los provisores
y vicarios generales durante el gobierno episcopal de fray Luis
de Piña y Mazo (ver cuadro 1). Aún falta comprender las razones
por las cuales el prelado decidió limitar el cargo de provisor
inmediatamente después de la muerte de Castillo y Sucre. Aunque
este tema está fuera del alcance de esta investigación, conocer los
motivos de aquel prelado nos brinda pautas para comprender las
dinámicas del clero en el obispado de Yucatán y, con ello, entender
la configuración del círculo de confianza de Piña y Mazo.23
23

so.

Este asunto forma parte de mi investigación doctoral actualmente en cur-

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Cuadro 1
Provisores y vicarios generales durante el gobierno episcopal
de fray Luis de Piña y Mazo (1780-1795)
Origen

Circunstancias

Provisor
/ provisor
auxiliar

Período
de
funciones

Rafael del
Castillo y Sucre

Maracaibo/
La Habana

Facultativo e
idóneo

Provisor

1780-1783

Manuel de
Zerquera y
Ponciano de
Escazena

Trinidad,
Isla de Cuba

Facultativo e
idóneo

Provisor
auxiliar

1783-1792

Manuel José
Rodríguez
Hurtado

San Cristóbal de La
Habana

Facultativo e
idóneo

Provisor
auxiliar

1793-1794

Luis Joaquín
de Aguilar

Mérida de
Yucatán

Idóneo

Provisor
auxiliar

1794-1795

Nombre

Fuente: Mendoza, La estrategia letrada, 131-135. AGI, Indiferente 247, “Méritos: Luís de Aguilar y Páez”, y AHAY, Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja
405, Exp. 1, f. 46v. Ismael Testé, Historia eclesiástica de Cuba. Vol. 2, parte
1. (La Habana: Editorial El Monte Carmelo, 1969), 128. Archivo General de
la Nación (más adelante AGN), clero secular y regular, vol. 206, f. 126-126v.
AHAY, Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405, Exp. 1, ff. 46-51.

2. Manuel José Rodríguez Hurtado y su movilidad
Rodríguez Hurtado nació en 1749 en la ciudad de San Cristóbal
de La Habana, Cuba, y sus padres fueron Lorenzo Rodríguez de
la Cruz y Juana Josefa Hurtado, oriundos de Castilla. Sus abuelos
por la línea paterna fueron Lorenzo Rodríguez de la Cruz y María
Blanca Gómez, y por línea materna Cristóbal Hurtado de Ximena
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y Feliciana de la Vega. Tuvo un hermano llamado José Agustín,
quien también se dedicó a la carrera eclesiástica, pero murió en
1785. Comenzó a construir su carrera eclesiástica cuando recibió
la primera tonsura en 1758 y después, las órdenes menores. El
subdiaconado lo obtuvo en 1763 y al año siguiente el diaconado.
Diez años después logró el presbiterado y con él, las licencias
generales de celebrar y predicar. Fue colegial de la Universidad
Real y Pontificia de San Gerónimo de La Habana. Ahí adquirió
conocimientos en lengua latina, y se convirtió en bachiller.
Posteriormente pasó a la Universidad Santo Tomás de Aquino
de Santo Domingo, en la cual se licenció, adquirió el doctorado
y, finalmente, facultades en Filosofía, Teología, Derecho Civil y
Canónico. Al regresar, obtuvo su licencia de confesar.
En las siguientes líneas se describirá el desarrollo de
su carrera eclesiástica a través de su movilidad por las Indias
Occidentales. En el mapa 1, podemos observar a simple vista
que el movimiento de Rodríguez Hurtado se suscribió en los
territorios que rodeaban el mar Caribe. Además, encontramos que
su carrera tuvo un auge dentro de la Isla de Cuba, es decir, en un
espacio eclesiástico local, y que su salida de dicha isla implicó
un desenvolvimiento dentro de materias contenciosas, y también
se observa una clara necesidad de adentrarse a un grupo clerical.
Sin embargo, como señala Aguirre Salvador, esto dependió de las
“relaciones previas” y de “la pertenencia o no a diferentes grupos
de origen familiar, de amistad o clientelares”.
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Mapa 1
Circulación vital y eclesiástica de José Manuel Rodríguez Hurtado

Fuente: AHAY, Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405, Exp. 1, f. 46v.
Archivo General de la Nación (más adelante AGN), clero secular y regular,
vol. 206, f. 126-126v. AHAY, Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405,
Exp. 1, ff. 46-51.

A. Diócesis de Santiago de Cuba
En la diócesis de Cuba, el obispo Pedro Agustín Morel de
Santa Cruz (1753- 1768) lo nombró catedrático de Latinidad en
el Seminario Conciliar de San Carlos y San Ambrosio cuando
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aún era un ordenante, y después fue catedrático de Filosofía,
Sagrados Cánones y Teología Moral –ésta última por mandato
del obispo Echeverría y Elguezua– en el Seminario Conciliar
de San Basilio Magno. En dicha diócesis se desarrolló como
promotor fiscal general y como promotor fiscal particular en los
tribunales de diezmos, cuentas de fábrica y visita de testamentos,
así como también se desempeñó como defensor de los derechos
del hospital de pobres de San Juan de Dios a cargo de la orden de
Nuestra Señora de Belén.24 En 1771 hizo oposición de la canonjía
doctoral de la Iglesia Catedral de La Habana.
Por un breve periodo de tiempo se trasladó a la Audiencia de
Santo Domingo y en 1775 regresó a Cuba y ahí se le destinó al curato
de monte25 de San Anselmo de los Tiguabos. Este curato formaba
parte de Guantánamo, un extenso partido territorial caracterizado
por una “política de abandono” de la metrópoli, principalmente por
“las condiciones fisiográficas y la no fortificación de la bahía de
Guantánamo”. Esto provocó que el poblamiento en esta zona fuera
“incipiente” y con ello, la necesidad de control del territorio, en un
contexto donde Tiguabos se configuró como un lugar estratégico
para las potencias, en especial la inglesa, puesto que este territorio
conectaba con Santiago de Cuba. En pocas palabras, mientras las
Adriam Camacho Domínguez, “De la iglesia a la plantación: tras la huella de los betlemitas en la Habana (1704-1842)”, Hispania Sacra, núm. 131
(2013): 239–74.
25
Entendemos al curato de monte como aquel espacio espiritual caracterizado por dispersión de población y con una estructura arquitectónica eclesiástica
carente o rudimentaria.
24

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fortificaciones protegían a la isla, la red parroquial establecida
cumplía con la misma función.26
En este curato de monte sólo estuvo dos meses, pues
Rodríguez Hurtado regresó a La Habana al ser nombrado por el
obispo Echeverría y Elguezua coadjutor del curato de San Felipe
y Santiago de Bejucal a consecuencia de las enfermedades de
Dionisio Manrique, cura propietario de dicho curato;27 en 1777,
fue nombrado capellán castrense del regimiento de infantería
de voluntarios blancos de La Habana y en julio del mismo
año, teniente de cura de la parroquia del Espíritu Santo. Estuvo
ejerciendo estos dos empleos hasta 1784.28
a. Diócesis de Mérida Maracaibo
El 6 de enero de 1784 salió de La Habana rumbo a Maracaibo en
compañía de franciscano Juan Ramos de Lora, el primer obispo
de la diócesis de Mérida de Maracaibo.29 Durante el gobierno de
Oscar Zanetti, Historia mínima de Cuba (México, DF: El Colegio de México, 2013), 61; Jorge Cerdá Crespo, La guerra de la oreja de Jenkins un
conflicto colonial (1739-1748) [Tesis de Doctorado] (Alicante: Universidad
de Alicante, 2008); Javier Alvarado Planas, ed., La Administración de Cuba en
los siglos XVIII y XIX (Madrid: Boletín Oficial del Estado; Centro de Estudios
Políticos y Constitucionales, 2017).
27
Dionisio Manrique sirvió en el curato de San Felipe y Santiago de Bejucal
de 1745 hasta su muerte en 1784. Jacobo de la Pezuela, Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba. t. I (Madrid: Imprenta del establecimiento de Mellado a cargo de don Joaquín Bernat, 1863), 180.
28
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405, Exp. 1, ff. 46-51.
29
En este punto es importante mencionar que, aunque fray Ramos de Lora
mantuvo una estrecha amistad con José de Gálvez y con Joaquín de Eleta, confesor de Carlos III, fue su desempeño misional en la Sierra Gorda y California de
26

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Ramos de Lora, Rodríguez Hurtado se desempeñó como provisor,
juez de rentas decimales y colector del real subsidio hasta 1786,
año en el que por instrucciones del obispo abandonó Maracaibo
para restituirse a La Habana.30 Cabe señalar que Maracaibo no
era el destino final de fray Ramos de Lora, puesto que la silla
episcopal debía radicar en la ciudad de Mérida.31 Por ello, el 5
de febrero de 1785 decidió partir rumbo a dicha ciudad con toda
su comitiva; sin embargo, en un informe dirigido al rey Carlos
III, Ramos de Lora mencionó que Rodríguez Hurtado se negó
a abandonar Maracaibo, incluso ya cuando estaba posicionado
en la sede episcopal.32 Por esta razón, nombró a Luis Dionisio
de Villamizar33 como provisor interino, esperando la llegada
del eclesiástico habanero. No obstante, según el obispo, esto
la Nueva España, por 16 y 4 años respectivamente; y su procedencia del Colegio
Apostólico de Propaganda Fide de San Fernando de México, lo que lo puso en
las puertas de aquel nuevo obispado en las Indias Occidentales. María Dolores
Fuentes Bajo, “La justicia de un obispo. Los difíciles comienzos de la diócesis
de Mérida -Maracaibo, 1784-1790”, Procesos Históricos, núm. 7 (2005): 6–7.
30
Odolio Gómez Parente, “Segunda parte: El Ilustrísimo fray Juan Ramos
de Lora, obispo”, Revista Montalbán, núm. 50 (2017): 261–355; Odolio
Gómez Parente, “Tercera parte: Obispado en Mérida y fundación del Colegio
Seminario San Buenaventura”, Revista Montalbán, núm. 50 (2017): 356–465.
31
La diócesis de Mérida se conformó a partir de los “territorios desgajados
de los obispados de Caracas y Santa Fe”, poseía menos recursos y alicientes
que otras áreas, principalmente por estar en una zona periférica y caracterizada
por un aislamiento secular. Fuentes, “La justicia de un obispo”, 6-7.
32
Fuentes Bajo, “La justicia de un obispo. Los difíciles comienzos de la
diócesis de Mérida -Maracaibo, 1784-1790”, 3–4.
33
Lina Constanza Díaz Boada, “Alianzas de poder en una región histórica: el
caso de la élite pamplonesa en el Virreinato de la Nueva Granada, 1795-1808”,
HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local 8, núm. 15 (2016): 90–128.
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no sucedió porque Rodríguez Hurtado “sólo quería quedarse en
Maracaibo”34 por “el partido que tenía con otros eclesiásticos a
los que se había adherido y con quienes iba trabando estrecha
unión que podría en lo sucesivo ser causa de más turbaciones”.35
Hay que señalar dos cosas; en primer lugar, la actitud
–aunada a la edad– de fray Ramos de Lora parece que fue
determinante para las relaciones un poco distantes que estableció
con su clero. Un segundo aspecto son las medidas “disciplinarias de
extraordinario rigor”36 que caracterizaron a su gobierno episcopal,
motivadas a romper con las diversas “presuntas corruptelas” que
En este periodo, la provincia de Maracaibo se configuró como una zona de
tráfico comercial, principalmente por la laguna de Maracaibo; no obstante, la
población en sus territorios se conservaba en los mismos números, la ganadería como la agricultura se mantenían en constante crisis, y los grupos indígenas
aún no estaban “plenamente hispanizados”. Es decir, que aún se encontraba en
un proceso de integración. Fuentes Bajo, “La justicia de un obispo. Los difíciles comienzos de la diócesis de Mérida -Maracaibo, 1784-1790”, 4.
35
Dentro de los obispados del Nuevo Reino de Granada en 1798, Maracaibo
era de las que menos ingresos decimales tenía: 1) Santa Fe, 2) Cartagena, 3)
Popayán, 4) Panamá, 5) Santa Marta, 6) Caracas, 7) Guayana, 8) Maracaibo,
9) Quito, 10) Cuenca. David Brading y Óscar Mazín Gómez, eds., El gran
Michoacán en 1791. Sociedad e ingresos eclesiásticos en una diócesis novohispana (Zamora: El Colegio de Michoacán; El Colegio de San Luis, 2009),
46. AGN, clero secular y regular, vol. 206, f. 125. Tulio Febres Cordero, Obras
completas. Tomo IV. Clave histórica de Mérida. Documentos para la historia
del Zulia en la época colonial. (Mérida: Comisión Editora de las Obras Completas del Doctor Tulio Febres Cordero, 1960), 193-194.
36
Entre aquellas medidas se encontraba la reclusión de los sacerdotes “remisos” a sus mandatos en los cuartos habilitados para ese fin en el hospital de
Mérida. María Dolores Fuentes Bajo. “Sobre la justicia en la etapa hispánica.
El caso de Maracaibo”, en Trocadero. Revista del Departamento de Historia
Moderna, Contemporánea, de América y el arte, núm. 14-15, 51-55.
34

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fue encontrando en su obispado. Por ello, considerando estos dos
aspectos de la personalidad de aquel mitrado, no es de extrañar que,
ante la negativa de Rodríguez Hurtado de acatar con su disposición
de seguirlo a Mérida –sin considerar los malos caminos que
unieron a aquellas regiones–, Ramos de Lora lo vinculara con otros
eclesiásticos con los que también había tenido fuertes diferencias y
una mala relación: Fernando Sanjust, Baltasar Rodríguez, Francisco
Villamil y Gabriel Salom.37
La situación eclesiástica que se vivía en Maracaibo en
este periodo evidenció, por un lado, la “resistencia” clerical
a cumplir todo lo que el obispo mandaba y por el otro, la
intervención secular en los asuntos eclesiásticos. Sobre lo
primero, el obispo señaló que aquellos eclesiásticos interpusieron
recursos de fuerza para impedir sus mandatos, sobre todo,
aquellos vinculados a la administración de los curatos vacantes.
Sanjust fue acusado de no cumplir las disposiciones del obispo con la
ayuda del teniente mayor de Mérida, Luis de Celis. Por otro lado, Rodríguez,
al igual que Sanjust, se negaba a ejercer su labor apostólica en el curato de
San Antonio de Ciruma, el cual era considerado como “un lugar olvidado”. El
cura Villamil fue perseguido por el prelado, y Salom fue suspendido debido a
su indisciplina. Las investigaciones indican que las disputas entre el obispo y
su clero tuvieron su origen en la política rigurosa para lograr un clero disciplinado y obediente. Esto se debía no sólo a que aquella diócesis era de reciente
creación, sino también a la necesidad de “domesticar a un clero que dependía del diocesano de Caracas y que había gozado de una total autonomía”.
María Dolores Fuentes Bajo, “Sobre la justicia en la etapa hispánica. El caso
de Maracaibo”, Trocadero. Revista del Departamento de Historia Moderna,
Contemporánea, de América y el arte, núm. 14–15 (s/f): 51–55; Fuentes Bajo,
“La justicia de un obispo. Los difíciles comienzos de la diócesis de Mérida
-Maracaibo, 1784-1790”, 8–9.
37

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En relación con lo segundo, Ramos de Lora vinculó a dichos
eclesiásticos con el brazo secular. En este sentido, este obispo
estaba seguro que las interacciones que los párrocos mantenían
con él, en sus palabras, eran producto del “demasiado asilo que
encontraban en el tribunal” de Francisco Arce, comandante
general de Maracaibo.38
Finalmente, la relación un tanto áspera de Rodríguez
Hurtado con el obispo de Mérida de Maracaibo justifica la
invisibilidad de aquel provisor dentro de la historiografía
eclesiástica venezolana. De hecho, por ello se alude que
“Ramos de Lora gobernó solo, sin provisor, sin vicario general
y sin cabildo”; 39 sin embargo, aunque en parte es verdad, es una
afirmación que esconde por completo a Rodríguez Hurtado dentro
de las dinámicas eclesiásticas de aquel obispado.
A. Diócesis de Puebla de los Ángeles
En la documentación sobre su carrera eclesiástica, Rodríguez
Hurtado menciona que después de terminar sus labores en dicho
territorio, de Mérida de Maracaibo pasó a Veracruz. Según sus
letras, en este puerto esperó hasta 1788, tiempo en el que llegó el
recién nombrado obispo de Puebla de los Ángeles: Santiago José
Tulio Febres Cordero, Clave histórica de Mérida. Documentos para la
historia del Zulia en la época colonial, t. IV (Mérida: Comisión Editora de las
Obras Completas del Doctor Tulio Febres Cordero, 1960), 193–94.
39
Baltazar Enrique Porras Cardozo, Diálogo con el presente: escritos 19831987 (Mérida: Universidad de Los Andes - Ediciones del Rectorado; Arquidiócesis de Mérida - Archivo Arquidiocesano de Mérida, 2004), 30.
38

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de Echavarría y Elguezúa, quien se convirtió en su protector. Sin
embargo, aquello no ocurrió de esa forma. Debido a sus roces
con el obispo Ramos de Lora, se le ordenó pasar de Maracaibo
a La Habana, lugar donde posiblemente aguardó para alcanzar
a Echavarría y Elguezúa en Veracruz. Como sea, a la muerte de
este último, se desempeñó como abogado en la Real Audiencia de
Santo Domingo y en la de México.40
Como podemos darnos cuenta, de nuevo salta a relucir el
nombre de Echavarría y Elguezúa como el enlace de los letrados
habaneros destinados al obispado de Yucatán durante las últimas
décadas del siglo XVIII.
B. Diócesis de Yucatán
En noviembre de 1792 se le propuso el provisorato del obispado
de Yucatán, el cuál aceptó, y el 15 de marzo de 1793 tomó rumbo
al mismo. De Puebla de los Ángeles pasó a Veracruz donde estuvo dos meses por falta de buques que lo condujeran a San Francisco de Campeche, donde arribó el 12 de junio. Llegó a la ciudad
de Mérida hasta el 28 de junio de 1793 y se instaló en el Palacio Episcopal. Hasta aquí podemos observar que la trayectoria
de Rodríguez y Hurtado implicó tanto una movilidad eclesiástica
(que involucró un desempeño en la administración institucional y
religiosa, así como dentro de las comisiones eclesiásticas que los
obispos dejaban en sus manos) como extraterritorial, que fue conAHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405, Exp. 1, ff. 46-51.
AGN, clero secular y regular, vol. 206, f. 125.
40

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jugando y desarrollando paulatinamente.41 Sin embargo, veremos
que aquella destitución significaría el fin de su movilidad y por lo
tanto, de su trayectoria.
Muy poco tiempo se desempeñó como provisor y vicario
general, puesto que fue cesado de su cargo a finales de enero
de 1794. No sólo fue la conclusión de éste lo que causó gran
sobresalto en él, si no la manera en la que ocurrió, ya que creyó
tener el respaldo del propio obispo debido a su instrucción y a las
buenas prendas que lo adornaban: “[…] (fray Luis Piña y Mazo)
tuvo a bien mandarme a decir [si] podía retirarme de su casa, por
no necesitar ya de mi persona, […] Ninguna otra cosa se me dijo
y ni se me ha notificado particular que lo motivase”.42
3. Los motivos de escándalo y murmuración…
Ahora bien, ¿qué motivó al obispo para tomar esa decisión? Para
responder a esta pregunta me enfocaré en los discursos emitidos
por eclesiásticos del obispado de Yucatán. Con esto pretendo, en
primer lugar, reconstruir la percepción que tenían del “otro”, en
este caso de Rodríguez Hurtado, en el obispado y, en segundo lugar,
comprender los intereses detrás de la necesidad de caracterizarlo para
sus fines. Cabe destacar que la decisión del prelado se fundamentó
en tres circunstancias. La primera fue por las “impresiones” que la
“conducta” del eclesiástico causó no sólo en los habitantes, sino
también dentro del clero, mismas que llegaron a oídos del obispo.
41
42

AGN. clero secular y regular, vol. 206, f. 73.
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405, Exp. 1, ff. 46-51.

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Entonces, ante un “descontento de la población en general” y a
pesar de que Piña y Mazo lo tenía en buena estima, éste comenzó
a pedir información de manera “secreta” de la conducta tanto en la
ciudad de Mérida como en el puerto de San Francisco de Campeche
del entonces provisor y vicario general.43
Estos informes se alimentaron de los testimonios del chantre
Pedro Faustino Brunet y del racionero Santiago Martínez de Peralta,
así como del presbítero Manuel Correa, cura beneficiado, vicario
y juez eclesiástico de la parroquia de Tecoh; del cura coadjutor
de la iglesia Catedral, Antonio Cavero; de José González, cura
beneficiado, vicario foráneo y juez eclesiástico de la parroquia
de Maxcanú; y de Lorenzo Mateo Caldera, cura beneficiado,
vicario foráneo y juez eclesiástico de la parroquia de Kopomá. Los
testimonios de estos eclesiásticos nos remiten a un provisor lleno
de “despotismo, altivez, soberbia y orgulloso” y cuyas acciones se
caracterizaban de “cavilosidad, de poca atención y de mala política
que le dominan”. Pedro Faustino Brunet mencionó que con malos
modos trataba a los sacerdotes, de cuya actuación “varios” se
habían quejado. El ejemplo que ilustra aquellos testimonios es el
“desprecio” con el que Rodríguez Hurtado trató al presbítero Manuel
Correa y a Antonio Solís, curas de Tecoh y Peto, respectivamente,
cuando fueron a visitarlo. Según los informes, Rodríguez Hurtado
recibió a los curas con “desprecio” y los despidió con “desaire”,
circunstancias que reflejaron fielmente su carácter “áspero y altivo”
43

AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, ff. 400-407.

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y su “mal modo” de tratar a los eclesiásticos, y que justificaban el
disgusto que había provocado en el clero.44
Otro testimonio es el dado por Santiago Martínez de Peralta
quien, al darle la bienvenida a la diócesis, percibió que era poco
acomodado al mando de los eclesiásticos. Por su mala experiencia
decidió ya no volverlo a visitar. En contraparte, el testimonio que
nos refleja una opinión un tanto objetiva es el del cura coadjutor
de la catedral, Antonio Cavero, quien, conocedor de las noticias
de varios sujetos, comprende que tal vez los eclesiásticos de la
diócesis no están “acomodados” al genio de Rodríguez Hurtado.
De hecho, sobre el “genio dominante” de Rodríguez Hurtado,
el cura de Maxcanú difirió con los demás entrevistados, ya que
declaró tener una relación con él de “afabilidad, mucha urbanidad
y política”. Sea como sea, la caracterización áspera de aquel
eclesiástico hablaba de él por ser distinto “al espíritu de lenidad
que debe ser propio de un eclesiástico”.45
El carácter del eclesiástico no fue lo único que le
ocasionó problemas, porque también se hablaba del rumor
público provocado por una mujer. Parte del clero y de la mayor
parte de los habitantes de la ciudad no veían con buenos ojos
a la mujer y a la hija de ésta que habían llegado junto con
Rodríguez Hurtado desde Puebla, mucho menos que él las
hubiera colocado provisionalmente en la casa de María Ignacia
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 403v.
AGN, clero secular y regular, vol. 206, ff. 74-76 y 136- 137.
45
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, ff. 403-404.
44

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Cavero y Cárdenas, suegra del regidor José Rendón y Valdez,
para posteriormente darles casa propia. Fue tanto el escándalo
que desató esta “compañía”, que en el informe de Lorenzo
Mateo Caldera se menciona que:
Ha causado escándalo de tal modo [que] en Campeche […]
tuvo carta de un vecino de aquella ciudad en la que le dice
estas formales palabras: Ha llegado aquí un provisor casado
pues trae mujer y una hija de que todos están azorados por cosa
nunca antes vista […].46

Sin embargo, estas características “morales y temperamentales”,
no fueron lo único que afectó la permanencia de este juez
eclesiástico en el cargo. Según los informes, había tomado
posesión del provisorato sin haber hecho juramento, ni esperado
la aprobación del virrey para despachar, dar providencias y actuar
en las causas que no correspondían a su cargo. Tal fue el caso de
las diligencias matrimoniales de José María Ancona, vecino de
Campeche, para esposarse con Francisca Peralta. Su empeño “con
ardor en avocarse contra el mandato de su obispo [sobre] el curso
de un matrimonio cuya licencia en juicio contradictorio estaba
ya dada por el juez real”, y al manifestar “despotiquez y absoluto
imperio con que quería gobernar hasta con independencia” del
obispo, le provocó ciertos roces con Piña y Mazo. Sin embargo,
y a pesar de haber sido amonestado, según los testimonios, pasó
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, ff. 400-407 y
Exp. 11, f. 406. José María Valdés Acosta, A través de las centurias. Historia
genealógica de las familias yucatecas, vol. II (Mérida: Talleres Pluma y Lápiz,
1926), 345.
46

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un oficio al intendente O’Neill solicitando auxilio para que el
escribano certificase si había apelado la parte que disentía el
matrimonio.47
Para agravar la situación, José María Ancona y su gente
comenzaron a intrigar al pueblo de San Francisco de Campeche,
evidenciando que la actuación de Rodríguez Hurtado se debía
a que un vecino de aquella ciudad, Sebastián Betancourt, el
cuñado de Francisca Peralta, “con cohechos y gratificaciones
se había granjeado la voluntad del provisor”48 para impedir
el matrimonio. Está situación llegó con el obispo, mismo que
decidió mandar al vicario y juez eclesiástico, José Estafor, para
recabar la información sobre el asunto. La relación que guardaba
el provisor con Santiago Betancourt era que éste había conducido
del puerto de Veracruz a la ciudad de Campeche al electo Provisor
aparentemente “sin interés ni paga alguna”, pero con el objeto,
según Estafor, de entorpecer las diligencias de Ancona, y según
el propio José María Ancona, con “la promesa” de un beneficio
económico para el provisor de parte de Betancourt.49 Lo cierto
es que probablemente, el eclesiástico se vio envuelto en un
enfrentamiento entre navieros de San Francisco de Campeche,
porque dentro de los testimonios también resaltan los de Juan
Nepomuceno Echave y Domingo Carvallo, ambos navieros, a
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 415v.
AHAY, Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 419, Exp. 1, f. 268.
48
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 415v.
49
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 415v.
47

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favor de la causa de Ancona y en contra de Santiago Betancourt,
también naviero.50
Lo anterior, sobre todos los discursos que manifestaban la
“despotiquez y absoluto imperio con que quería gobernar hasta
con independencia” del obispo, dejaron en claro que Rodríguez
Hurtado intervenía en cuestiones más allá de justicia y que estaba
abarcando funciones fuera de su competencia. De hecho, como
juez eclesiástico, sólo le correspondía dar fe y legalidad a las
diligencias matrimoniales para la dispensa de matrimonio que
estaba solicitando José María Ancona y comunicarle al obispo
los resultados para que éste liberara la dispensa. Sin embargo, no
se sabrá realmente si Rodríguez Hurtado se dejó seducir por la
gratificación de 500 pesos que Sebastián Betancourt le prometía,51
puesto que el asunto se manejó de manera secreta y dentro del
círculo de eclesiásticos contrarios a Rodríguez.
Para evitar “posibles infortunios” y atendiendo a sus
cualidades contenciosas, el obispo Piña y Mazo dio por cerrado
el caso. Realmente no comprendía por qué el provisor ponía
tanto “ardor y empeño” en defender sus ideas, al menos que sus
motivaciones se guiarán por algún interés personal como una
“acepción de personas, una recompensa de servicios o alguna
promesa que pudo intervenir”. Además, ante estas circunstancias
resultaba escandaloso que alguien encargado de castigar, entre
otras cosas, la conducta con causas comprobadas y quien
50
51

AGN. Clero secular y regular, vol. 206, f. 130- 137.
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 415v.

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ostentaba la “autoridad moral” de la sociedad estuviera envuelto
en asuntos de esa índole.52
Como consecuencia de aquellas informaciones que daban
muestra que aquel provisor no poseía lenidad,53 característica
propia del carácter sacerdotal, el obispo consideró que ya no
era idóneo para el cargo y decidió removerlo. Sin embargo, con
el afán de “no abochornar o desacreditarlo”, se le ocultaron
las causas de su remoción, y por medio de Diego Agustín de
Lorra, cura de San Cristóbal y de Bernardo Antonio de Solís,
prosecretario de cámara, se le informó que ya no tenía el
empleo. Por si fuera poco, Rodríguez Hurtado recibió por parte
del prelado la orden de abandonar en ocho días el obispado,
y si no acataba su mandato, recibiría la pena de supresión de
órdenes. Como era de esperarse, éste se rehusó en abandonar la
diócesis, provocando que la intimidación fuera aún más grave:
la excomunión.54 A pesar de las penas eclesiásticas, siguió con
la misma postura de no abandonar el obispado, por lo que el
promotor fiscal, Manuel José González, el obispo y su cabildo
Berenice Bravo Rubio y Marco Antonio Pérez Iturbe, Una Iglesia en busca de su independencia. El clero secular del Arzobispado de México 18031822 [Tesis de Licenciatura] (México, DF: Universidad Nacional Autónoma
de México, 2001), 42.
53
Lenidad. s. f. Suavidad o blandúra. Sale del Latino Lenitas, que significa
lo mismo. Diccionario de Autoridades - Tomo IV (1734). https://apps2.rae.es/
DA.html
54
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 415.
AHAY, Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405 Exp. 1, ff. 46-51. AHAY,
Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 409-410.
52

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optaron por advertirle que solicitarían “el auxilio real” sino
cambiaba de parecer.55
Los principales obstáculos que tuvo este provisor, que al
final le costaron el cargo fueron provocados por su temperamento,
por relación con aquella mujer y por su vínculo con Betancourt,
porque fueron motivo de “voces y sospechas” del pueblo. Con
esto podemos observar cómo las acusaciones sobre las acciones de
Rodríguez Hurtado comenzaron con molestias personales para pasar
a asuntos de índole jurisdiccional; y también, cómo se basaron en la
“trasgresión de las normas más susceptibles de escándalo”, es decir:
“sexo, dinero y poder”.56 La ahora escandalosa figura del provisor ya
era percibida contraria al orden público. De hecho, el promotor fiscal
señaló que, aunque Rodríguez Hurtado se hubiera desempeñado
correctamente en el cargo y hubiera acatado las órdenes del obispo,
el problema era la existencia de aquellas acusaciones porque “tal
vez no haya realmente culpa [en él] pero sí sospecha y [eso] da
motivo de escándalo” por ser moralmente indignos.57
Manuel José Rodríguez Hurtado continuó residiendo en
la provincia de Yucatán hasta 1800, según consta al concurso que
emprendió por la canonjía penitenciaria entonces vacante. En
este concurso señalaba que era:
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp. 11, f. 417.
Natalia Silva Prada, Pasquines, cartas y enemigos. Cultura del lenguaje
infame en Nueva Granada y otros reinos. Siglo XVI y XVII (Bogotá: Editorial
Universidad del Rosario, 2021), 50 y 62.
57
Silva Prada, 62. AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 399, Exp.
11, f. 416.
55
56

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Un pobre eclesiástico que no nació en el obispado. Que en él
se halla sin protección, sin acomodo, ni valimiento alguno pero
un hombre de bien que vino a él con ánimo recto a servir a la
causa pública y cuyos buenos deseos aún permanecen. Vuestra
Señoría y Muy Venerable que ha tenido a su cargo el gobierno
de la diócesis, en la mayor parte del tiempo de la larga sede
vacante sabe muy bien que no he dado el menor motivo de
disciplina o disgusto; ni que haya habido contra mi denuncia,
queja o demanda alguna. He vivido y vivo a su vista; y así no
dudo, le consta y sabe de mis operaciones […].58

Y a pesar del tiempo transcurrido, se declaraba víctima de
difamación –sin saberlo– con los que en el pasado declararon en
su contra. Al parecer, fue su última oportunidad para moverse
dentro de la jerarquía eclesiástica del obispado de Yucatán,
porque Santiago Martínez de Peralta –entonces vicario capitular
y provisor en sede vacante– accedió a esa silla. Así, Rodríguez
Hurtado ya no encontró modo de reanudar su carrera en el
obispado de Yucatán, y volver, ante el fracaso, al lugar donde
había partido era impensable.
Finalmente murió cinco años después, desterrado en las
sombras del obispado de Yucatán.
3.1 “La entrada a esta provincia el inicio de mis presares”:
La otra mirada.
Hasta aquí podemos comprender que el despojo de Rodríguez
Hurtado fue un asunto que se manejó con bastante hermetismo, y
como resultado de averiguaciones por parte del obispo. Rodríguez
58

AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405 Exp. 1, ff. 1-52 y 49v.

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Hurtado no supo de las causas, y tuvo poca oportunidad para
defenderse. Fue hasta recibir una carta del obispo Salvador
Biempica de Sotomayor, a quien seguramente mantenía
informado sobre su situación en el obispado, lo que ayudó a
entender lo que estaba ocurriendo. En esa carta, Biempica de
Sotomayor le comentó que Piña y Mazo no lo había aceptado
como provisor por “inutilidad”. Sin embargo, es claro que la
noticia no lo tranquilizaría. Aquellos informes, lograron atacar
su fama pública y con ello, pusieron en duda la honestidad de
su comportamiento.59 Aunque Rodríguez Hurtado respondió que
aceptaría la decisión del obispo Piña y Mazo, era consciente
que aquel despojo repercutiría negativamente en su carrera. De
manera que tenía dos opciones: irse o remendar su honor. Optó
por lo segundo, y con ello empezó armar una defensa no expresa:
señalar las acciones de algunos eclesiásticos del obispado de
Yucatán ante las más altas autoridades del virreinato.
En una representación enviada en 1794, Rodríguez
Hurtado expone su versión. Mencionó que desde el 2 de julio
de 1793 se le solicitó que pasara a la sala de la audiencia para
comenzar a despachar los asuntos pendientes. Ahí se encontró
con dos problemas: desconocía los términos en los que había de
servir en el tribunal eclesiástico –porque todavía no le habían
despachado el título de provisor– y no sabía si se le había dado el
Silva Prada, Pasquines, cartas y enemigos. Cultura del lenguaje infame en
Nueva Granada y otros reinos. Siglo XVI y XVII, 31.
59

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debido cumplimiento a la Real Cédula del 4 de agosto de 1790.60
La única respuesta que recibió del obispo fue que el título de
provisor se le despacharía luego y que en el próximo correo se
le notificaría al virrey de la decisión. Entonces, en contra de “su
voluntad”, ejerció el cargo en calidad de “interino” para atender
la necesidad del obispado de justicia mientras el virrey daba la
aprobación.61 Al ver que nada pasaba decidió escribirle al virrey
conde de Revillagigedo para entrar en el ejercicio del provisorato
y para que, además, se le diera cuenta de la elección al Consejo
de Cámara de las Indias. Pero el virrey ya estaba al tanto de su
situación. En una carta reservada el obispo le señaló que todos los
informes que le habían comunicado sobre la “conducta y buena
operación” de Rodríguez y Hurtado se “desvanecieron a primera
vista”, que en su desempeño en el provisorato no representaba el
“espíritu cristiano” que previene la antes citada cédula, y que le
falta lo más esencial: “gobernar en paz con acierto, sin alterar la
tranquilidad y sosiego de los diocesanos”.62
Para su sorpresa, el 23 de julio de 1793 le suspendieron
el derecho a despachar argumentando la poca validez de sus
AHAY. Sección Gobierno, Serie Cédulas Reales, Caja 40, Exp. 3, f.231233v. AGN, Bienes Nacionales, vol. 584, f. 3. En esta Real Cédula disponía
que sólo el obispo de cada diócesis se encargaba de seleccionar al individuo
facultativo o idóneo para ocupar el cargo y de enviar la propuesta a la secretaría de Cámara o al virrey de Nueva España, para la aprobación y después la
posesión del empleo.
61
AGN. Bienes Nacionales, vol. 584, f. 3.
62
AGN. Clero secular y regular, Vol. 206, ff. 74v-76.
60

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procedimientos, más aún sin haberle librado el título de provisor.
No obstante, Rodríguez Hurtado consideraba suficiente el
ejercicio del empleo acatando el mandato del obispo Fray Luis
Piña y Mazo, lo que –a su consideración– le daba legitimidad
de sus actos.63 Sin embargo, meses después, se le informó que el
obispo ni siquiera lo había propuesto como provisor y que, por
lo tanto, no existía a quien aprobar ni por qué dar cuenta al rey y
Consejo y Cámara de Indias.64
Con esta noticia, Rodríguez Hurtado asumió que las
“graves ocupaciones y la falta de salud” eran sólo pretextos para
aplazar el asunto de su interés, y producto de toda falsedad el
hecho de que su propuesta había sido firmada para ser enviada
en el correo ordinario, tal y como le aseguraba el obispo Piña y
Mazo. Ante esta situación totalmente desfavorable, encontramos
en sus letras a un eclesiástico desconsolado frente a una realidad
adversa. En definitiva, ante el fracaso, recalcaba que había llegado
desde el obispado de Puebla de los Ángeles, donde a su parecer,
era mucho “mejor país” y, desde luego, mejor “la comodidad” que
ahí disfrutaba. Que, aun así, no le molestó el largo camino y la
variación de clima que significaba migrar de obispado. Confiaba
en las palabras de Piña y Mazo, porque “el hombre ingenuo y
veraz mide el corazón ajeno por el suyo”. Cayó en cuenta que
las palabras del obispo de Yucatán eran para “entretenerlo” y
63
64

AGN. Bienes Nacionales, vol. 584, f. 3v.
AGN. Clero secular y regular, vol. 206, ff. 77- 78.

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así, retardar la verdad. Sin embargo, esta simulación y falta de
sinceridad no iba a ser el único problema.65
4. “El haber aceptado el provisorato de la diócesis se me abrió,
sin advertirlo, una gran puerta por donde entraron los enemigos”: Rodríguez Hurtado y los intereses de los eclesiásticos
de Yucatán.66
La pluma de Rodríguez Hurtado resulta interesante porque pone
en la superficie algunas cuestiones sobre la actuación de algunos
eclesiásticos de la diócesis, situaciones que iban más allá de las
irregularidades en el orden de enjuiciar.
Durante su desempeño como provisor su presencia en el
obispado se fue invisibilizando de manera que el obispo declaró
que “no tenían otro profesor de jurisprudencia a quien consultarle
sobre los expedientes de justicia”. Por otro lado, esta persona era
víctima de desaires, casos y expedientes que habían sido tratados
sin su presencia. Además, se le excluía completamente de los
sínodos para la ordenación o provisión de curatos. Ante estas
situaciones expresaba que:
AGN. Clero secular y regular, vol. 206, ff. 92-95.
Como parte de una honestidad intelectual, este texto matiza la participación de otros agentes más allá del cabildo catedral de Yucatán. En otra investigación se dotaba de preponderancia política a esta corporación y se negaba,
de manera indirecta, la negociación del obispo con su senado. Con esto, nos
acercamos poco a poco a una visión más integral de los actores sociales en
el obispado de Yucatán. Mendoza Moo, El cabildo eclesiástico yucateco en
pugna por el provisorato durante la sede vacante de 1795-1802 [Tesis de Licenciatura], 80–89.
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[…] no se me miraba con aquella estimación que parece exige
mi encargo, y el haber venido desde tan lejos a servirlo, se
recomienda; lo atribuí siempre a efecto de las sugestiones de los
que solo porque vine, me quieren mal: procuraba disimular lo
sensible que me era, esperanzando de que llegando la referida
aprobación y puesto de una vez en el ejercicio de mi encargo
mudaría de aspecto el teatro y buenos modales, [y] podría yo
contener a los que entre tanto me perseguían; pero ellos señor
ilustrísimo han triunfado, y yo no he llegado a ver el día de mi
pacífica posesión.67

Ante su despojo, su ánimo no mejoró ni con el ofrecimiento de
un curato vacante en “compensación” por su servicio.68 Aquí es
importante considerar que el traslado a dicho curato significaba
su alejamiento político de los espacios disputados por los grupos
inmiscuidos en la curia episcopal y dentro de la alta jerarquía
eclesiástica, situación de la que Rodríguez Hurtado era consciente.
Por eso, declaró que con su separación también se concretaron
las intenciones de un grupo para apoderarse del gobierno y de la
confianza del obispo. Según Rodríguez Hurtado, estos hombres
“dominaban el ánimo” de Piña y Mazo con la mayor frescura y sin
el menor remordimiento, y aprovechaban cualquier oportunidad
para “desgarrar” su buen nombre y opinión en el obispado. En
cierto modo, mencionaba que: “[…] hacían burla de que yo
AGN. Bienes Nacionales, vol. 584, f. 4.
Desconozco el nombre del curato, pero lo que es cierto es que, aceptar ese
ofrecimiento, también significaba un retroceso dentro de su carrera. Al menos,
podemos intuir sus aspiraciones a través del “sufrimiento” de sus letras causado por el fracaso que significó aquel despojo del provisorato.
67
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hubiese convenido en dejar mi residencia de Puebla y venir al
llamado del señor su prelado, que ciertamente me solicitó; porque
quiso, sin la menor intervención ni diligencia mía”.69
Consideraba que el empleo de provisor le trajo enemigos
que “lo han perseguido y persiguen” sólo porque llegó y por ser
contrario a sus ideas. Esta declaración es interesante porque el
seguimiento a su persona involucraba a todos con los que se
relacionaba. De hecho, estos hombres informaban al obispo
toda acción realizada por el negro, propiedad del provisor, con
el más mínimo detalle. Como menciona Salomón Pérez, la vida
de los hombres relacionados con la curia eclesiástica o con los
tribunales de justicia eran espacios cotidianos donde la cercanía
del vivir proporcionaba información del prójimo y derecho a
hablar de él, sobre todo, cuando tomamos en cuenta que aquellos
espacios estaban vinculados con el poder.70
Rodríguez Hurtado sabía que estaba en un lugar “extraño,
sin alianzas, ni conocimientos” y que era un “forastero”, por ello
decidió que para poder “obrar con más libertad en desempeño del
encargo”, vivir retirado y, así, evitar todo tipo de comunicaciones.
Sin embargo, en un ambiente hostil era casi imposible. Así que
no pudo evitar observar cómo el “triunvirato” divulgaba que lo
“iban a lanzar de la casa episcopal”. Pero “la distribución de
AGN. Bienes Nacionales, vol. Vol. 584, ff. 3-4.
AGN. Bienes Nacionales, vol. 206, f. 130. Rodrigo Salomón Pérez, “Porque palabras duelen más que puñadas. La injuria en Nueva España, siglos XVI
y XVII”, Fronteras de la Historia 13, núm. 2 (2008): 356–57 y 361.
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justicia y la generosidad del buen gobierno”, le mantenían la fe.
A pesar de que desde su primer pie en la provincia lo convirtió
en el “blanco de un crecido número de saeteros”, consideraba que
no era “vulnerable la inocencia sí le hace sombra a la justicia”.71
El triunvirato antes mencionado estaba conformado por
Antonio Carvajal, secretario del obispo; José Zavalegui, cura de la
parroquia de Santiago; y el chantre del cabildo catedral, Pedro Faustino Brunet. Estos hombres copaban las instancias de poder en el
obispado de Yucatán; por ejemplo, Zavalegui desempeñaba tres cargos: era consultor y fiscal de Cámara y, por si fuera poco, también
era “provisor auxiliar”.72 Por su parte, Carvajal y Zavalegui usaban
su influencia para intervenir en varias causas que mantenían ocultas,
situación que Rodríguez Hurtado veía con indiferencia para no chocar con aquellos hombres, a menos que la parte afectada acudiera
a su persona como intermediario. En una representación dirigida
al virrey, mencionaba: “Que hay entre nosotros hombres que aman
más a las tinieblas que a la luz; y que huyendo de ella, procuran no
les vean lo que hacen para evitar ser redargüidos de su torpeza”.73
Silva Prada, Pasquines, cartas y enemigos. Cultura del lenguaje infame
en Nueva Granada y otros reinos. Siglo XVI y XVII, 62. AGN. Clero secular y
regular, vol. 206, ff. 90-95.
72
AGN. Bienes Nacionales, vol. 206, ff. 80-87. Rodríguez Hurtado denunciaba que los primeros dos empleos de Zavalegui no podían recaer en su persona por las competencias que cada uno requería; y el tercero, porque no cumplía
con una de las disposiciones de la Real Cédula de agosto de 1790 al recaer en
una persona ajena a la jurisprudencia, y porque entró en el ejercicio sin tener
la aprobación del virrey.
73
AGN. Clero secular y regular, vol. 206, f. 95.
71

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Con esto hizo referencia a la situación por la que
fue acusado de mantener alianzas con Betancourt para el
impedimento de un matrimonio y señala el empeño de Carvajal
por favorecer la causa de Ancona aun sabiendo que la justicia
no estaba de su parte. Esa no sería la única intervención del
secretario del obispo. Otra fue la provisión de la mayordomía
del Sagrario de la catedral, donde resultó beneficiado –pues era
uno de los opositores a la misma– a pesar de la decisión del
intendente Arturo O’Neill como vicepatrono. La tropelía con
la obraba era producto de su coalición con Zavalegui, quien
en ese momento tenía bajo sus manos todos los expedientes de
justicia. Por esta situación, el intendente O’Neill74 apoyaría el
testimonio de Rodríguez Hurtado. Con el asesinato de Lucas
de Gálvez, Arturo O’Neill fue nombrado su sucesor y llegó
a la provincia casi al mismo tiempo que dicho eclesiástico.
El intendente de origen irlandés consideraba que a pesar de
que Rodríguez Hurtado era un “buen abogado”, era una
Así como con O’Neill, Rodríguez Hurtado también se relacionó localmente con el coronel Alonso Manuel Peón y Valdés y con los Cavero y Cárdenas,
a través de Antonio Cavero, cura del Sagrario. Sin embargo, intuyo que la
relación entre estos últimos terminó con la vinculación de Antonio Carvajal -a
través del matrimonio- con María Francisca Cavero y Cárdenas. Por otro lado,
en ámbitos más amplios, se relacionó con Salvador Biempica y Sotomayor,
obispo de Puebla de los Ángeles; Alonso Núñez de Haro, arzobispo metropolitano; Francisco de Arce, gobernador y comandante general de la provincia
de Maracaibo; y con fray Antonio Acuña, guardián y con los doce religiosos
-cuyo nombre todavía es desconocido- del convento de San Francisco en Maracaibo.
74

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“lástima que teniéndolo ahora no se aprovecha para todo de
él; sino que sigue oyendo a su secretario y otros que carecen
de inteligencia para dirigirle bien” en prejuicio de las regalías
del real patronato y de su relación con algunos miembros del
cabildo catedralicio.75
Otro testimonio, aunque tardío, es el de Juan Crisóstomo
Mimenza, alcalde ordinario de Yucatán. En una representación
enviada al virrey en 1798 –posterior a la muerte del obispo
y en plena sede vacante–, enfatiza que las actuaciones de los
principales eclesiásticos en Yucatán se caracterizan por la
“pasión y las intrigas”. Así pone a la vista las actuaciones de
Luis Joaquín de Aguilar y Páez, arcediano y de Pedro Faustino
Brunet que aprovechaban la suma ancianidad y decrepitud
de Agustín Carrillo Pimentel, deán del cabildo catedral, para
actuar a favor de sus intereses.76 La participación de estos dos
capitulares nos ayuda a repensar la importancia del cabildo
catedral para el gobierno de los prelados. Aunque Pérez Puente
menciona que:
[…] de forma tradicional algunos autores, antiguos y modernos, se han referido a los cabildos como a senados de los obispos, en realidad no lo eran, pues ni jurídicamente ni en la práctica se constituyeron como verdaderos órganos consultivos. El
AGN. Clero secular y regular, vol. 206, ff. 90-92. Ver más: Israel Cetina
Nahuat, Trayectoria militar y política de un irlandés al servicio de la monarquía hispánica: Arturo O’Neill, 1752-1814 [Tesis de Maestría] (Mérida: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2020).
76
AGN. Archivo cofradías, caja 3340, exp. 5, f. 31.
75

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único gobernante de la Diócesis fue siempre el obispo, cuya
actuación no dependía del consejo ni del voto de los miembros
del Cabildo.77

Si bien esta situación pudo ser común, en la diócesis de Yucatán,
al parecer, el cabildo catedralicio (ver cuadro 2) tenía más peso
y, sobre todo, tomando en cuenta el contexto que envolvió la
situación de Rodríguez y Hurtado. En estos años, el obispo fray
Luis de Piña y Mazo estaba enfrentando el encarcelamiento de su
sobrino78 Toribio del Mazo por el asesinato del intendente Lucas
de Gálvez. La prisión de aquel familiar del obispo resultó ser un
catalizador para la movilización de sus relaciones con su senado,
principalmente con el arcediano y el chantre. Incluso, aquellos
eclesiásticos formaron parte de una de sus estrategias para hacer
uso de su poder y así, valerse de la localía de ambos miembros. Es
decir, que tanto la relación de estos dos capitulares con el obispo
fue de mutuo beneficio; mientras éstos, intentaban mediar con las
autoridades seglares a favor de la causa del prelado, Piña y Mazo
confiaba parte de su gobierno en ellos en tiempos donde no le
quedaba opción alguna.79
Leticia Pérez Puente, “Una difícil relación. obispos y cabildos en la creación de los seminarios tridentinos”, en Poder y privilegio: Cabildos Eclesiásticos en Nueva España, siglos XVI al XIX (Ciudad de México: Universidad
Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 2016), 74.
78
Toribio del Mazo era hijo de Vicente del Mazo Nieto, hijo de Pedro del
Mazo Villazán que, a su vez, era tío del obispo Piña y Mazo. Es decir, Toribio
era el hijo del primo del entonces prelado de Yucatán.
79
Archivo Histórico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (AHI77

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Cuadro 2
Conformación y procedencia del cabildo catedral (1792 1795)

Arcediano

Luis Joaquín de Aguilar

Natural de San
Francisco de
Campeche
Natural de Mérida

Chantre

Pedro Faustino Brunet

Natural de Mérida

Maestreescuela

Lorenzo de Mendicuti

“Yucateco”

Canónigo de Merced

Manuel de Salazar

Peninsular

Canónigo Magistral

José Joaquín Chacón

“Yucateco”

Racionero primero

Bernardo Baamonde y
Puga

Peninsular (Galicia)

Racionero segundo

Santiago Martínez de
Peralta

Peninsular
(Segovia)

Dean

Agustín Carrillo Pimentel

Fuente: AHAY. Sección Gobierno, Serie Seminario, Caja 513 exp 33 f. 223;
AHAY. Sección Gobierno, Serie Seminario, Caja 519, Exp. 188, s/f; Boletín
del AGN segunda serie tomo IX número 1-2 1968 p.107-108; AHAY. Caja
242, Sección Gobierno, Serie Mandatos, Exp. 2, f. 36; AGI. INDIFERENTE,
246, N. 18, “Méritos: Lorenzo de Mendicute y Álvarez”. AHAY, Sección Gobierno, Serie Mandatos, caja 241, f 37. AHAY. Sección Gobierno, Serie Mandatos, Caja 245, Exp. 3, f. 20. AHAY. Sección Gobierno, Serie Seminario,
Caja 253, Exp. 11 f. 4. AHAY, Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 405,
Exp. 1 Legajo 2 año de 1800. Autos creados para la provisión de la canonjía
penitenciaria en alternativa en la magistral de esta Santa Iglesia Catedral.
Juez el Muy Ilustre y Venerable señor Deán y Cabildo sede vacante, ff. 43-45,
citado en Mendoza Moo, El cabildo eclesiástico yucateco, 63.
NAH). Fondo: Ignacio Rubio Mañe, Sesión Conde de Revillagigedo, caja 3,
leg. 177, f. 39.
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Eso justificaba la visión de Rodríguez Hurtado sobre Piña y Mazo
frente aquellos hombres. Para él, Piña y Mazo era un prelado
que poseía “los más finos conocimientos, vasta erudición y una
singular sindéresis para discernir”, pero que no logró evitar caer
en “las intrigas de tres o cuatro que hay en esta diócesis, amantes
de la confusión y enredo y enemigos declarados del buen orden
y dirección de los negocios”.80 No importaba si las relaciones de
interdependencia del obispo Piña y Mazo con su cabildo fueron
determinantes para las relaciones establecidas con el brazo seglar
–ya que Rodríguez Hurtado los acusaba directamente de ser “los
que excitan la discordia entre la potestad real y el sacerdocio”
con la motivación de “sostener privilegios y facultades que no
se gozan”–,81 ya que en ellos, el obispo encontraba un espacio
ideal rodeado de hombres cercanos a su persona e intereses y
adentrados a la dinámica local.
De esta forma, el prelado evitaría cualquier oposición
a sus designios y fortalecer la figura episcopal denigrada por
el involucramiento de su familia en el asesinato del intendente
Gálvez. A decir verdad, esa no era la posición inicial del obispo a
su llegada a la diócesis. Se sabe que intentó combatir esa localía
para acotar el poder de la iglesia yucateca, y con ello, el poder de
AGN. Bienes Nacionales, vol. 584, f. 4v.
AGN. Bienes Nacionales, vol. 584, f. 4v. Mendoza Moo, Elsy Anahí. “Los
movimientos del afecto que produce el parentesco”: Fray Luis de Piña y Mazo
ante el homicidio de Lucas de Gálvez”, en Machuca Gallegos, Laura y Franco
Cáceres, Iván. Yucatán y los Gálvez. En prensa.
80
81

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los grupos familiares locales.82 De manera que el obispo adecuó su
política a su entorno, porque a estas alturas no resultaba positivo
combatir lo “local” del cabildo, no sólo para evitar enfrentarse a
un cabildo catedral fortalecido internamente sino por estrategia
política ante el encarcelamiento de su sobrino.83
En este contexto se encontraba inmerso Rodríguez Hurtado
quien, además, era objeto de “desaires y desprecios” por su “modo”
de pensar “muy contrario” de los hombres que rodeaban al obispo.
Aunque se acercó al intendente O’Neill, como vicepatrono no pudo
hacer nada, puesto que no era necesario su consentimiento para
la decisión que tomó el obispo. Por lo tanto, Rodríguez Hurtado
confió en la justicia del obispo metropolitano. Pensó que Alonso
Núñez de Haro podría impedir las disposiciones que Piña y Mazo,
“mal aconsejado”, resolvió con “poca consideración”.84 Sin
Mendoza Moo, La estrategia letrada de José Nicolás de Lara en el orden
eclesiástico yucateco, 1768-1793 [Tesis de Maestría], 131–35; Rubial García,
La Iglesia en el México colonial, 407.
83
En una investigación planteo que el cabildo catedral, en los primeros años
del gobierno episcopal de Piña y Mazo, se encontraba fortalecido y que había
adquirido poder por cuatro circunstancias: al reforzar lo local con el obispo
Caballero y Góngora por una política entre la negociación y consenso; por las
fortunas familiares o personales de sus miembros; por las sedes vacantes y, por
último, por sus extensas redes con autoridades eclesiásticas y civiles. Sin embargo, es una hipótesis que está por comprobarse. Por otro lado, también falta
probar cómo el obispo logró crear alianzas y demarcar los intereses que prevalecían entre lo “local”. Mendoza Moo, La estrategia letrada de José Nicolás
de Lara en el orden eclesiástico yucateco, 1768-1793 [Tesis de Maestría],
131–35; Rubial García, La Iglesia en el México colonial, 430.
84
AGN. Bienes Nacionales, vol. 584, f. 5. Nancy Farriss, La corona y el
clero en el México colonial, 1579-1821 (México, DF: Fondo de Cultura Eco82

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embargo, el virrey conde de Revillagigedo ya había establecido
que el obispo propusiese a alguien de manera interina. De manera
que, acatando el orden normativo establecido con Trento, Piña y
Mazo propuso al arcediano Luis Joaquín de Aguilar. Así, en marzo
de 1794, en cumplimiento del criterio de idoneidad, Aguilar era
nombrado provisor interino.85 Aunque Aguilar carecía de la facultad
de Derecho, el prelado lo consideraba “bien instruido en leyes
y cánones”, y porque durante el gobierno del intendente Lucas
de Gálvez, se le propuso para catedrático de prima en Sagrados
Cánones en el Seminario Conciliar, seguramente como parte del
proyecto educativo que finalmente no se concretó. Cabe señalar
que el criterio de idoneidad de Aguilar lo obligaba a consultar a un
asesor letrado en circunstancias que se ameriten según los casos.86
Ante la situación, Rodríguez Hurtado recurrió a otra
instancia: el tribunal de la Cámara de Indias. No obstante, a pesar
nómica, 1995), 33.
85
AHAY. Sección Gobierno, Serie Obispos, Caja 419, Exp. 1, ff. 268v- 269.
Sacrosanto, Ecuménico y General Concilio de Trento, Sesión XII. Cuáles deban ser los que se promuevan a las dignidades y canonicatos de las iglesias catedrales; y qué deban hacer los promovidos. Consultado en: https://web.archive.org/web/20070701235452/http://www.multimedios.org/docs2/d000436/
p000012.htm#h18
86
Por esta razón, Aguilar se hizo propietario de una colección de libros de
Derecho Canónico “R. P. F. Lucii Ferraris Prompta bibliotheca hodie etiam
juris hispani”, publicados en 1786. En aquellos libros podemos observar su rúbrica de propiedad: “Aguilar”; y actualmente se encuentran en la biblioteca del
Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán, cuyas ediciones concuerdan
con la temporalidad en que dicho prebendado ocupó el cargo. AHAY, Sección
Gobierno, Serie Obispos, Caja 419, Exp. 1, ff. 268v- 269.
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de que intentó sostener sus ideas, muy poco pudo hacer. Ellos
habían triunfado. El arcediano Aguilar siguió desempeñándose
como vicario general y provisor hasta la muerte de Piña y
Mazo, ocurrida en el mes noviembre de 1795, mientras que el
eclesiástico natural de La Habana observaba cómo su separación
del provisorato se convirtió en un “lunar” que oscureció su carrera
en el obispado de Yucatán.
Comentarios finales
El caso de Rodríguez Hurtado resulta fundamental para
comprender la dinámica del clero del obispado de Yucatán;
primero, ante el clero criollo no natural del obispado y, segundo,
en la disputa de los tribunales de justicia eclesiástica en la
diócesis. Resulta importante señalar que la discreción del caso,
podemos suponer, se debía a que su situación se entrelazó con
el encarcelamiento de Toribio del Mazo, sobrino del obispo.
Probablemente, el juicio por el asesinato de Lucas de Gálvez
ocupaba todas las energías de Piña y Mazo, y fue el contexto
idóneo para la consolidación de un grupo para coaptar espacios
de poder en el obispado de Yucatán. Debido a la rapidez y
discreción con la que se actuó, la situación de Rodríguez
Hurtado no había sido digna ni siquiera de ser mencionada a
pie de página en la historiografía de la iglesia en Yucatán, sin
embargo, como se ha visto son aquellos espacios pequeños y
“aparentemente” aislados donde es notoria la enunciación del
ejercicio del poder.
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Por otro lado, parece ser que Rodríguez Hurtado es el
único eclesiástico “fuereño” que ha enfrentado una situación de
destitución y, sobre todo, de invisibilización dentro del obispado.
Atentar contra el honor de Rodríguez Hurtado significó dos
cosas: sacar del juego y evitar de nuevo el ingreso a un agente
externo al universo eclesiástico de la región. El hecho de que la
injuria no se haya corroborado manifestó el dolo y premeditación
de ésta; no obstante, aunque era una práctica común en las
Indias Occidentales y no sólo de los eclesiásticos locales y de
aquellos que lograban “regionalizarse” con respaldo del prelado
en turno, visibilizó las pugnas, imposiciones y negociaciones,
así como también definió dinámicas imprescindibles para
comprender el ejercicio del poder.87 Sin embargo, la forma en
que fue depuesto de los ámbitos de poder más importantes no
fue un caso aislado, sino que posiblemente fue una práctica
común durante el gobierno de Piña y Mazo. Esta práctica solía
iniciarse con un discurso proveniente de algún grupo cercano
al obispo, en el cual se atacaba su honor vinculado a sus
prácticas administrativas o morales. El clima de desconfianza
que rodeaba al sujeto señalado era suficiente para dar lugar a
una investigación secreta, cuyo resultado casi siempre era la
destitución. En realidad, los implicados rara vez podían salir
indemnes y retomar sus carreras eclesiásticas. No obstante, hubo
casos como el de José Nicolás de Lara, un eclesiástico perseguido
por el obispo durante más de diez años, que logró limpiar su
87

Parte de una investigación más amplia actualmente en curso.

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honor y reiniciar su carrera como fraile agustino pero fuera del
obispado de Yucatán. A diferencia de Rodríguez Hurtado, Lara
pudo desafiar a un orden eclesiástico yucateco pero eso le valió
su desaparición del ámbito regional hasta el siglo XIX donde su
figura fue retomada por las plumas liberales.88
Sobre la carrera de Rodríguez Hurtado podemos señalar
tres características: la primera, su movilidad, que no terminó
de afianzarse en espacio determinado; la segunda, su campo de
acción dentro de la Isla de Cuba y su desempeño de letrado fuera
de la misma; y por último, su dependencia al obispo Echeverría y
Elguezua. Gracias a ese vínculo fue catedrático, obtuvo curatos,
se movió a Maracaibo y continuó moviéndose en espacios de
la Nueva España. A pesar de su mala experiencia con el obispo
Ramos de Lora, la existencia de su vínculo con Echeverría y
Elguezua (quien falleció en 1789) le garantizó posibilidades
de cambiar su trayectoria dentro de las dinámicas eclesiásticas.
Seguramente aquel prelado dejó favorables informes de Rodríguez
y Hurtado a su sucesor Salvador Biempica de Sotomayor, mismos
que lo acercaron al obispado de Yucatán. Sin embargo, ante la
desaparición de Echeverría y Elguezua, principal sostén de la
reputación –de manera directa– de Rodríguez y Hurtado, y su
aislamiento de las dinámicas en la región, posicionaron a aquel
letrado en una situación de desventaja ante el despojo de Piña y
Mazo de su cargo dentro del provisorato del obispado de Yucatán.
Mendoza Moo, La estrategia letrada de José Nicolás de Lara en el orden
eclesiástico yucateco, 1768-1793 [Tesis de Maestría].
88

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Finalmente, no podemos establecer la influencia de su
hermano José Agustín Rodríguez Hurtado dentro de su carrera
y qué papel jugaba su familia dentro de la misma, por carecer
de fuentes –hasta ahora– que sustenten esto. Pero este aspecto
puede ayudar a entender –más allá de la pena ante el fracaso–
las razones por las que decidió irse a la Puebla de los Ángeles e
insistir en permanecer en el obispado de Yucatán. Probablemente
se encontraba también solo en La Habana. En definitiva, la historia
del poder también se escribe con las trayectorias que poseen la
misma “suerte” que la de este eclesiástico habanero.
Referencias
Archivos
Archivo General de Indias (AGI)
Archivo General de la Nación (AGN)
Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán (AHAY)
Archivo del Venerable Cabildo Metropolitano de Yucatán (AVCMY)
Bibliografía
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�De fracasos, éxitos e inconformidades. Una trayectoria
clerical en una época de crisis y transición: el caso de
José Miguel Guridi y Alcocer (1795-1805)
Of failures, successes and disagreements. A clerical career in a
time of crisis and transition: the case of José Miguel Guridi y
Alcocer (1795-1805)
Carolina Yeveth Aguilar García
El Colegio Mexiquense

Zinacantepec, México
orcid.org/0000-0003-1400-5112

Resumen: El objetivo de este artículo es el de reflexionar en torno a las
trayectorias eclesiásticas entre los años 1795 y 1805 en el arzobispado de
México a partir de un estudio de caso: el del clérigo José Miguel Guridi y
Alcocer. Este acercamiento se hará a partir de contextualizar la situación
social del clero durante la segunda mitad del siglo XVIII y de cómo los
problemas señalados durante esos años dan cuenta de una profunda crisis
en el ámbito clerical urbano. Tal circunstancia intentó solucionarse a partir
de dos proyectos arzobispales de corrección y reforma del clero secular:
el Real Colegio Seminario de Instrucción, retiro voluntario y corrección
de Tepotzotlán, fundada en 1777 y la Congregación de Sacerdotes
Oblatos, establecida en 1803. Es en este contexto de crisis clerical en el
que podemos insertar una trayectoria singular, la del párroco José Miguel
Guridi y Alcocer, quien a partir de sus apuntes de vida y una representación
al rey nos proporciona el marco ideal para comprender cuáles fueron los
detonantes y las problemáticas más representativas y características de la
crisis del clero a finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX.
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�Una trayectoria clerical

Palabras clave: crisis clerical, José Miguel Guridi y Alcocer, arzobispos,
trayectoria eclesiástica, corrección del clero.
Abstract: The objective of this article is to reflect on the ecclesiastical
trajectories between 1795 and 1805 in the archbishopric of Mexico
based on a case study of the clergyman José Miguel Guridi y Alcocer.
This approach is based on contextualizing the social situation of the
clergy during the second half of the eighteenth century and how the
problems that arose during those years reflect a profound crisis in the
urban clerical sphere. This circumstance tried to be solved by two
archbishops’ projects of correction and reform of the secular clergy:
the Royal Seminary College of Instruction, voluntary retirement and
correction of Tepotzotlán, founded in 1777, and the Congregation of
Oblate Priests, established in 1803. It is in this context of clerical crisis
in which we can insert a singular trajectory, that of the parish priest José
Miguel Guridi y Alcocer, who from his life notes and a representation
to the king provides us with an ideal framework to understand the
triggers and the most representative and characteristic problems of the
clergy crisis at the end of the 18th century and the beginning of the 19th
century.
Keywords: clerical crisis, José Miguel Guridi y Alcocer, archbishops,
ecclesiastical trajectory, correction of the clergy.

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�Carolina Aguilar

Los años 1795-1805 constituyen un periodo de transición y
de cambio tanto en las políticas reales como arzobispales en
cuanto a la provisión de beneficios y trabajos eclesiásticos en la
arquidiócesis de México. Este momento de cambio es significativo
y estuvo vinculado con el deceso del arzobispo Alonso Núñez
de Haro y Peralta y la llegada de su sucesor, Francisco Xavier
de Lizana y Beaumont, así como de las rupturas y continuidades
en sus políticas pastorales. Del mismo modo podemos rastrear
algunos planteamientos y retos que pusieron en evidencia la
necesidad de redefinir la noción del clérigo ideal y esperado y las
manifestaciones en torno al éxito, el fracaso o las expectativas de
esas trayectorias eclesiásticas, así como las posibles soluciones
planteadas para contrarrestar la imagen que se tenía de un clero
con poca vocación y sí con muchos problemas, aspectos que será
posible rastrear a partir de un caso concreto.1
La historiografía en torno a las trayectorias del clero secular
nos ha proporcionado diversas luces: en primer lugar, se parte
de seguir trayectorias masivas –apoyadas en la prosopografía–
usualmente lineales y exitosas, reparando poco en los sinsabores
y dificultades de esas vidas particulares.2 Por ello es necesario el
Agradezco a la Dra. Nancy Leyva por los comentarios hechos a una primera versión de este texto.
2
Algunos de los trabajos más representativos que han abordado el tema
para el arzobispado de México son: John Frederick Schwaller, The Church and
Clergy in Sixteenth-Century Mexico (Albuquerque: University of New Mexico
Press, 1987); Rodolfo Aguirre Salvador, El mérito y la estrategia. Clérigos,
juristas y médicos en Nueva España (México, DF: Universidad Nacional Au1

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�Una trayectoria clerical

análisis y la reconstrucción de las trayectorias mismas, contadas
por sus artífices, así como con el estudio de los fracasos y los éxitos
en esas vidas tan dispares entre clérigos americanos y aquellos
llegados de la península que comenzaron a acaparar algunas
posiciones de importancia en el ámbito eclesiástico novohispano.
En este sentido, tal aproximación es posible a partir de las probanzas
de méritos y servicios, testimonios y ocursos de estos personajes
ante la provisión de beneficios y cargos, así como mediante la
reconstrucción de los concursos de oposición por canonjías y otros
beneficios y las dinámicas relacionales involucradas en ellos. Así,
proponemos acercarnos a esas trayectorias a partir de dos ejes
muy concretos: colocando en perspectiva dos proyectos de mejora
clerical, y mediante el análisis de los apuntes biográficos de un
clérigo del siglo XVIII, José Miguel Guridi y Alcocer.
La antesala a la sensación del fracaso
Según el Diccionario de Autoridades, el fracaso era aquel “precipicio, caída o ruina de alguna cosa, por lo regular con quiebra

tónoma de México - Centro de Estudios Sobre la Universidad, 2003); Rodolfo
Aguirre Salvador, Un clero en transición. Población clerical, cambio parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749 (México,
DF: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones
sobre la Universidad y la Educación, 2012). Para los siglos XVI y XVII es clave el trabajo de Antonio Cano Castillo, El clero secular en la diócesis de México (1519-1650). Estudio histórico-prosopográfico a la luz de la legislación
regia y tridentina (México: El Colegio de Michoacán, Universidad Pontificia
de México, 2017).
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y rompimiento”.3 También se definía como el “suceso lastimoso,
inopinado, lamentable y funesto”.4 Para la segunda mitad del siglo
XVIII podemos encontrar indicios de ese precipicio o caída en el
ámbito clerical en crónicas y testimonios sobre la tensa situación en
la que se encontraba el clero secular. Hipólito Villarroel argumentó
que existía un elevado número de clérigos en la ciudad de México,
que se resistían a salir a curatos alejados de la capital, “porque pretextando que no les es adaptable el temperamento de los pueblos,
quieren más bien estarse de míseros en México, que vivir con lo necesario fuera”.5 Luisa Zahino ha señalado que era más la cantidad de
clérigos disponibles que la cantidad de curatos ofertados y confirma
lo dicho por Villarroel respecto a que estos preferían quedarse en la
capital a pasar hambres o sujetos a alguna capellanía, que optar por
un curato lejano con un ingreso seguro pero menor.6
La preocupación por el bienestar del clero fue permanente
durante toda la época colonial. Ya desde la prelatura de fray Juan
de Zumárraga se visibilizaron grandes esfuerzos por procurar que
Real Academia Española. Diccionario de Autoridades, tomo III, 1732, https://apps2.rae.es/DA.html (consultado el 26 de diciembre de 2022)
4
Real Academia Española. Diccionario de Autoridades, tomo III, 1732, https://apps2.rae.es/DA.html (consultado el 26 de diciembre de 2022)
5
Hipólito Villaroel, Enfermedades políticas que padece la capital de esta
Nueva España en casi todos los cuerpos de que se compone y remedios que
se le deben y aplican para su curación si se requiere que sea útil al rey y al
público (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1994), 54.
6
Luisa Zahino Peñafort, Iglesia y sociedad en México 1765-1800. Tradición, reforma y reacciones (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de
México, 1996).
3

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llegase al virreinato un clero idóneo y apropiado para el gobierno
de las almas. Las quejas del primer obispo fueron constantes y
visibles en la variada correspondencia que mantuvo con el rey y la
emperatriz, pero destacó una preocupación especial: los clérigos
que arribaron en los primeros años del virreinato no eran del todo
idóneos, pues tenían “más aparejo para hacer males y perpetrar
pecados, de los cuales se escandalizan estos naturales más que
en Castilla”.7 Las acusaciones más frecuentes sobre ese primer
clero secular giraban en torno a la solicitación, maltratos a la
población indígena, el concubinato en el que vivían, la ignorancia
y su ambición de riquezas y de una mejor posición.8 Gran parte
de los primeros años de construcción del obispado de México
se dedicaron a tratar de sentar las bases de la Iglesia mexicana,
cosa harto dificultosa por la falta de clérigos bien preparados, con
vocación y leales a la jurisdicción eclesiástica.
La preocupación por contar con un clero idóneo no fue
exclusiva de la mitra mexicana. En 1540 Vasco de Quiroga
Joaquín García Icazbalceta, Don fray Juan de Zumárraga, primer obispo y
arzobispo de México. Estudio biográfico y bibliográfico/Apéndice documental
(México: Antigua librería de Andrade y Morales, 1881), 92. Núm. 21, Carta
de los ilustrísimos señores obispos de México, Oaxaca y Guatemala, sobre la
ida al Concilio General y piden sobre distintos puntos, así de diezmos como
otros para la buena planta y permanencia de la fe en este Nuevo Mundo, 10 de
noviembre de 1537.
8
Antonio Cano Castilllo, El clero secular en la diócesis de México (15191650). Estudio histórico-prosopográfico a la luz de la legislación regia y tridentina (Ciudad de México: El Colegio de Michoacán; Universidad Pontificia
de México, 2017), 165–74.
7

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estableció el Colegio de San Nicolás en el obispado de Michoacán,
dedicado a la formación del clero, proyecto que no tuvo mucho
eco y que no fue imitado por otros obispos.9 A raíz del Concilio
de Trento surgió la necesidad de crear seminarios conciliares para
la educación de sacerdotes, aspecto que se refrendó durante la
realización de los Concilios Provinciales Mexicanos del siglo
XVI, en los que uno de los temas puestos a discusión fue el de la
formación del clero. Bajo la influencia de Trento se hicieron varios
esfuerzos por establecer un seminario conciliar en el arzobispado
de México, mismos que no tuvieron un efecto inmediato. Mientras
tanto, la formación del futuro clero tendría lugar en la escuela
episcopal creada por Zumárraga, en los conventos de regulares,
en la Real Universidad de México, establecida en 1553, así como
en los colegios jesuitas que se fundarían a lo largo del siglo XVI
y la primera mitad del XVII, mismos que dominarían y serían
los predilectos de muchos aspirantes a clérigos, situación que
prevaleció hasta la expulsión de la orden.10
A pesar de que otros virreinatos ya contaban con seminarios
conciliares, en Nueva España fue hasta 1643 que se fundó el
primero. Se trató del seminario de San Pedro y San Juan, mismo que
fue establecido por el polémico obispo Juan de Palafox y Mendoza
Aguirre Salvador, Un clero en transición. Población clerical, cambio parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749, 28.
10
Cano Castilllo, El clero secular en la diócesis de México (1519-1650).
Estudio histórico-prosopográfico a la luz de la legislación regia y tridentina,
319–21.
9

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en Puebla. El resto de los seminarios se fundaron en los obispados
de Oaxaca (1673), Guadalajara (1696) y el de México en 1697.
Otros tantos seminarios y colegios se fundarían a lo largo del siglo
XVIII.11 Más allá de su función educativa y formativa, los seminarios
conciliares tuvieron como función fortalecer a los obispos, sus
catedrales y reforzar la presencia del poder temporal del rey.12
Se pensó que el establecimiento de los seminarios conciliares
contribuiría a tener un clero no sólo muy bien formado en aspectos
teológicos y canónicos, sino también en los aspectos morales y
conductuales. Nada más lejos de la realidad, pues los problemas y
escándalos de algunos clérigos continuaron, manteniendo ocupados
así a la audiencia eclesiástica del arzobispado de México, en
especial al tribunal del provisorato, instancia encargada de procesar
a los clérigos que habían cometido algún delito. Incluso se tiene
registro de conductas licenciosas en los seminarios conciliares, en
donde los estudiantes galanteaban y se divertían con mujeres (cuya
presencia estaba prohibida al interior de estos recintos).13 A este
Aguirre Salvador, Un clero en transición. Población clerical, cambio parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749, 31.
12
Leticia Pérez Puente, Los cimientos de la iglesia en la América española:
los seminarios conciliares, siglo XVI (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y
la Educación, 2017), 14.
13
Rafael Castañeda García, “Unos jóvenes tan dedicados al galanteo, que
viven más entre el sexo blando, que en las aulas. La relajación de las costumbres en los seminarios conciliares de la Nueva España”, Los Reinos de las Indias, 2020, https://losreinosdelasindias.hypotheses.org/2017. Publicada el 22
de marzo de 2020, consultado el 5 de febrero de 2023.
11

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problema contribuía la eterna rivalidad con las órdenes regulares,
quienes a pesar de las quejas existentes contra ellos tenían detrás
de sí una imagen más que benigna, misma que se remontaba a los
primeros años de la evangelización, lo que les granjeó la simpatía de
los indios y de la feligresía, en contraparte a los clérigos seculares.
Como vemos, el establecimiento del seminario conciliar en
el arzobispado de México no logró resolver del todo los problemas
formativos y morales del clero secular. Pero sí fue determinante
en la conformación de nuevos mecanismos relacionales entre una
institución que estaba bajo el control y patrocinio del arzobispo
y los aspirantes a clérigos. Ingresar al seminario conciliar
constituyó no sólo una oportunidad de formación académica,
sino de socialización en la que se establecían lazos con otros
jóvenes seminaristas (que en un futuro ocuparían posiciones
privilegiadas) y personalidades importantes del ámbito clerical.
Es decir, se convirtió en un espacio en el que el talento y el buen
desempeño ayudaban a granjearse la amistad, el favor y el apoyo
de otros eclesiásticos mejor posicionados.14
De la tensa calma al reformismo eclesial
Con el ascenso borbón al trono español se dio un pronunciado
cambio en la relación Iglesia-corona, mismo que trastocó la
aparente calma con la que ambos poderes habían sobrevivido los
Antonio Rubial García, ed., La Iglesia en el México colonial (Ciudad de
México: Universidad Nacional Autónoma de México; Ediciones Educación y
Cultura; Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2020), 319–20.
14

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siglos anteriores. En busca de una mejor administración y de un
control más centralizado, la corona optó por reforzar la figura y
autoridad de los obispos, a quienes se les asignaron varias tareas,
como la secularización de doctrinas, un mayor control sobre el clero
regular, el cobro del subsidio eclesiástico, una mejor atención al
joven seminario conciliar y la mejora y corrección del clero llamado
“bajo”. 15 Todas estas políticas fueron continuas y gozaron de etapas
de mayor o menor intensidad, según la política seguida por los
arzobispos que gobernaron la mitra entre los años 1698 a 1765.
El recrudecimiento reformista dentro de la Iglesia
novohispana alcanzó su cúspide con la llegada de Francisco
Antonio de Lorenzana y Butrón en 1766. Su prelatura fue breve,
pero no por ello menos importante, pues fue en ella en donde
se gestaron importantes proyectos de mejora y cambio para la
mitra mexicana. Para el caso de Puebla, la presencia de Francisco
Fabián y Fuero fue también trascendente, siendo estos dos
prelados quienes sentarían las bases para un nuevo proyecto de
renovación eclesial en sus respectivas diócesis.16
Como bien ha señalado Mónica Hidalgo, una nueva oleada
de preocupación por el clero vendría a partir de la promoción
Rodolfo Aguirre Salvador, Cofradías y asociaciones de fieles en la mira
de la Iglesia y de la Corona: arzobispado de México, 1680-1750 (Ciudad de
México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 2018), 105.
16
Al respecto remitimos a la tesis: Teresa Yolanda Maya Sotomayor, Reconstruir la Iglesia: el modelo eclesial del episcopado novohispano, 1765-1804
[Tesis de Doctorado] (México, DF: El Colegio de México, 1997).
15

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del Tomo regio, mismo que proporcionó los fundamentos para
la celebración del IV Concilio Provincial Mexicano, que estuvo
a cargo del mismo Lorenzana. Este Tomo Regio incluyó varios
puntos relativos a las funciones del clero. Por ejemplo, el punto
IV indicaba atender los excesos y abusos en el cobro de derechos
parroquiales, o el XII que recomendaba atender la conducta del
clero, en especial aquellas actividades orientadas a las granjerías
y comercio, pues su labor debía ser “espiritual y encaminada a
conducir a los fieles en el camino de la virtud, renovando las
penas canónicas contra los infractores”.17
El punto XIV del Tomo Regio atizaba sobre un problema que
comenzaba a ser un verdadero dolor de cabeza para los prelados: el
número de sacerdotes en cada diócesis, “para que no se ordenen los
que no sean precisos o convenientes, pues la abundancia excesiva
les hace menos apreciables”. Siguiendo a Luisa Zahino, existían
estimaciones sobre la cantidad de clérigos, que rondaba los 1,000
presbíteros contra 1,357 frailes, oscilando incluso a un total de
3,000 religiosos de uno y otro tipo.18 El IV Concilio Provincial
Mexicano no fue aprobado por el rey ni por Roma, pero lo vertido
en él fue fundamental para las reformas y transformaciones que
sufriría la Iglesia novohispana en los años venideros.19
Mónica Hidalgo Pego, “El Colegio de Tepotzotlán y la disciplina del clero
secular en el arzobispado de México, 1777-1821”, Hispania Sacra LXVI,
núm. 134 (2014): 50–51.
18
Zahino Peñafort, Iglesia y sociedad en México 1765-1800. Tradición, reforma y reacciones, 45–46.
19
Maya Sotomayor, Reconstruir la Iglesia: el modelo eclesial del episcopa17

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Como producto del proceso mismo de instauración de la
Iglesia en Nueva España, se privilegió la erección de conventos y
doctrinas, antes que de parroquias seculares. Diversos intentos se
hicieron de secularizar las doctrinas de regulares, fenómeno que
alcanzó un singular éxito tan sólo en el obispado de Puebla. De
este modo, conforme se avanzó en el siglo XVIII, el arzobispado
de México inició una segunda etapa de secularizaciones, misma
que vio sus frutos durante las prelacías de Manuel Rubio y
Salinas, Francisco de Lorenzana y Alonso Núñez de Haro
y Peralta. A pesar de ello, los curatos existentes y disponibles
estaban alejados de la demanda de clérigos. La mayor apertura
del Seminario Conciliar y el incremento poblacional provocaron
una mayor inclinación a los estudios eclesiásticos, antes que la
dedicación a otras actividades más lucrativas. Así, el número de
clérigos disponibles era mucho mayor que el de curatos libres
y disponibles (incluidos los ya secularizados). Siguiendo a
Zahino, era común que ante la oferta de unos cuantos curatos
concurriesen por ellos más de 200 clérigos venidos de todo el
virreinato y también algunos provenientes de la península.20 Sobre
este último punto, comenzó a mostrarse otro conflicto, que fue el
antecedente de los problemas que se desencadenarían después de
1808: la dotación de curatos y beneficios eclesiásticos a clérigos
peninsulares, dejando de lado a los nacidos en Nueva España.
do novohispano, 1765-1804 [Tesis de Doctorado], 4.
20
Zahino Peñafort, Iglesia y sociedad en México 1765-1800. Tradición, reforma y reacciones, 45–46.
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Además de la competencia existente por ocupar esos
curatos, existían otro tipo de problemas, asociados a la práctica
clerical y parroquial. Tomando como base el Papel sobre el
arreglo de parroquias de la ciudad y arrabales de México
podemos anotar que estos problemas también influyeron en forjar
una mala opinión e imagen sobre el clero bajo. Por ejemplo, la
distinción de feligresía indígena y española se había difuminado
por completo, yendo unos y otros a distintas parroquias, mudando
de jurisdicción, lo que sin duda afectó la congrua de muchos
ministros y complicó el cobro correcto de aranceles parroquiales.
Este exceso y movilidad de feligreses dificultaba que el párroco
conociese bien a su grey. Los párrocos gastaban mucho en los
paramentos de sus iglesias, mientras otros echaban mano de sus
vicarios y sacristanes, esquivando sus obligaciones clericales.
Otros tantos se apoyaban en otros clérigos para gobernar sus
parroquias, pero dichos ayudantes se desentendían de todo
y acudían muy de vez en cuando a ellas. Algunos gustaban de
“ejercer su ministerio en iglesias en que hay diaria y lucida
concurrencia”.21 Las quejas y la inconformidad se extendían hacia
las parroquias en su sentido físico y a los llamados “monigotes”,
asistentes de clérigos, de los que se consideraba no tenían aptitud
ni aspiraciones, pues según la apreciación de la época “son de
aquellos pobres que meditan sus ascensos por alguno de los
Biblioteca Pública de Toledo. Fondo Antiguo, manuscrito 26. “Papel sobre
el arreglo de parroquias de la ciudad y arrabales de México. Breve introducción”, 1769.
21

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idiomas del país, en que se ejercitan con más lentitud que otros”.
Otras críticas se orientaron al relajado estilo de vida de los
eclesiásticos y al abuso en sus vestimentas. En el IV Concilio se
recomendaba que la sotana fuera de color negro, que se usara el
cabello corto, se prohibía el uso de capa, sombrero y joyas. Esto
sancionaba también la asistencia a diversiones públicas, ya fuera
como participante o como espectador.22
Si bien las situaciones arriba anotadas habían estado
presentes en épocas anteriores, fue a partir de 1765 que
recobraron un inusitado interés en los arzobispos reformadores.
Esto se insertó en lo que se ha dado a llamar la reforma de las
costumbres, que fue aquella tendencia de la ilustración católica
enfocada en “ajustar la vida y conducta de los fieles –clérigos y no
clérigos– a los mandatos episcopales y el adecuado desarrollo del
culto divino”.23 El arzobispo Lorenzana implementó así algunos
mecanismos que le permitiesen reformar esas costumbres, que
como vemos abarcaban a ambos cleros (regular y secular), a
las religiosas y a la feligresía. Uno de esos instrumentos fue la
visita pastoral, foro judicial que le permitió no sólo verificar el
estado de su diócesis, sino también conocer de manera cercana
Luisa Zahino Peñafort, El cardenal Lorenzana y el IV Concilio Provincial
Mexicano (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 1999),
201–6.
23
Clemente Cruz Peralta, Entre la disciplina eclesiástica y la reforma de
las costumbres: visitas pastorales de Francisco Antonio de Lorenzana a la
Arquidiócesis de México, 1767-1769 [Tesis de Maestría] (Ciudad de México:
Universidad Nacional Autónoma de México, 2016), 27 y 28.
22

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las condiciones de su clero. Estas visitas realizadas entre 1767 y
1769 fueron los primeros acercamientos a la realidad material y
espiritual del arzobispado de México, pues de ellas se obtendría
un primer balance de lo que era urgente corregir y reformar.24
A decir de Teresa Sotomayor, con la llegada de Lorenzana
y hasta la época de Lizana y Beaumont se dio un fenómeno
de reformulación del poder clerical, pues se proyectó que los
sacerdotes fuesen “el brazo derecho” de los obispos. Este clero
ideal debía dedicarse exclusivamente a su labor pastoral, lo que
significó el paulatino alejamiento de la feligresía. Así “el clero
tendría que convertirse en un auténtico profesional de la religión
para administrar adecuadamente una parroquia, para predicar
sermones persuasivos y para catequizar ortodoxamente”.25 Esta
nueva concepción del clero también se enfocó en los aspectos
exteriores como la vestimenta y por supuesto en los aspectos
morales y la buena conducta de este sector. Debían ser un ejemplo
para los feligreses, de ahí que la disciplina eclesiástica sería el
cauce para una reforma de los fieles.26 Pero para corregir a los
sacerdotes no bastaban los edictos y cartas pastorales, se requería
algo más.
A raíz de la expulsión jesuita, algunos de los espacios de
la orden como el Colegio de San Francisco Xavier de Tepotzotlán
Cruz Peralta, 48–52.
Maya Sotomayor, Reconstruir la Iglesia: el modelo eclesial del episcopado novohispano, 1765-1804 [Tesis de Doctorado], 317 y 318.
26
Maya Sotomayor, 325.
24
25

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�Una trayectoria clerical

se destinaron a usos similares, ya fuese para establecer seminarios
de misiones o casas correccionales para clérigos relajados. Estas
tareas y proyectos quedaron en el tintero del arzobispo Lorenzana,
ya que en 1772 fue llamado para ocupar el cargo arzobispal en
Toledo.27 Sería hasta 1777, en pleno pináculo de la crisis del clero en
el arzobispado de México, que se fundó el Real Colegio Seminario
de Instrucción, retiro voluntario y corrección de Tepotzotlán, bajo
el amparo y entusiasmo de Alonso Núñez de Haro y Peralta.28 Su
pertinencia anunciaba varias preocupaciones entre los clérigos del
arzobispado, siendo una de ellas la falta de vocaciones:
Que los jóvenes se resuelven a tomar estado, considerando
solo los respetos humanos, atendiendo a la impresión que en
la tierna edad hacen en el corazón las máximas interesadas y
las persuasiones de muchos padres poco piadosos o siguiendo
únicamente el impulso de sus pasiones…los que nos siguieron
la voluntad de Dios en su vocación, experimentarán los efectos
de su voluntad airada y justiciera.29

Tres eran los objetivos por seguir en dicho Colegio Seminario:
primero, el de instruir a todo aquel que quisiese ordenarse como
cura de almas; segunda, instruir y corregir a todos aquellos que
“se extraviaren e incurriesen en los vicios; o porque resfriado
Hidalgo Pego, “El Colegio de Tepotzotlán y la disciplina del clero secular
en el arzobispado de México, 1777-1821”, 604.
28
Hidalgo Pego, 604–7.
29
Alonso Núñez de Haro y Peralta, Carta pastoral dirigida a los directores
del Real Colegio Seminario de Instrucción y Corrección de Tepotzotlán y a
todos los sacerdotes y demás clérigos que aspiran al estado sacerdotal en
nuestro arzobispado (México, 1776), 8.
27

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el fervor de su vocación abandonaren el estudio necesario”.30
Tercero, funcionaría como centro de retiro para todo aquel clérigo
deseoso de pasar el resto de sus días en la soledad y tranquilidad
de Tepotzotlán.31 El colegio-seminario de corrección avanzó
de manera efectiva como uno de los remedios, si no que el
único, contra la indisciplina y mala imagen del clero. Según las
indagaciones de Mónica Hidalgo, para el año de 1796 habitaban
dicho colegio alrededor de 44 clérigos, cifra que bajó en 1806 a
41. Fue con el fin de la centuria que este colegio vino a menos,
pues la muerte de Alonso Núñez de Haro impactó en el ímpetu y
en los recursos con los que se sustentaba tal proyecto.32
Entre eclesiásticos beneméritos y de genio inquieto
Los arzobispos tenían obligación de informar al rey sobre los
eclesiásticos más beneméritos e idóneos de la diócesis. Estos
informes, muy reservados, también son una fuente documental
que nos permite acercarnos a las diversas miradas arzobispales
en torno al alto clero urbano. Una comparativa de los informes de
1790 y de 1797 nos arroja información interesante, pues vemos
que en un transcurso de siete años se incrementó la participación
de clérigos peninsulares o europeos, como los llamaba Alonso
Núñez de Haro y Peralta.
Núñez de Haro y Peralta, 24.
Núñez de Haro y Peralta, 25 y 26.
32
Hidalgo Pego, “El Colegio de Tepotzotlán y la disciplina del clero secular
en el arzobispado de México, 1777-1821”, 607.
30
31

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�Una trayectoria clerical

Cuadro 1
Informe de cien eclesiásticos beneméritos, 1790
Americanos

Europeos

No dice
/ otro
origen

Cabildo catedralicio

13

9

1

Cabildo de la Colegiata de Guadalupe

13

1

Familiares y dependientes del Arzobispado

7

8

Curas

29

1

Colegios

14

1

Eclesiásticos particulares

2

1

Corporación

Total
78
21
1
Fuente: Rodolfo Aguirre Salvador, “Cien clérigos beneméritos del arzobispado de México, 1790” en Leticia Pérez Puente y Rodolfo Aguirre Salvador
(Coords.), Voces de la clerecía novohispana. Documentos históricos y reflexiones sobre el México colonial (México: IISUE, 2009)203-226.

Cuadro 2
Informe de cien eclesiásticos beneméritos, 1797
Americanos

Europeos

No dice
/ otro
origen

Cabildo catedralicio

10

12

1

Cabildo de la Colegiata de Guadalupe

13

2

Familiares y dependientes del Arzobispado

10

10

Curas

23

3

Colegios

11

2

Eclesiásticos particulares

2

1

Corporación

Total
68
30
1
Fuente: Margarita Menegus B., Descripción del Arzobispado de México
de 1793 y el informe reservado del arzobispo de México de 1797 (México:
CESU, 2005)79-93; también en AGI, México 2556.
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Mientras en 1790 predominaban los americanos en el cabildo
catedralicio, para 1797 la situación se había equilibrado con
los peninsulares. Como ha señalado Rodolfo Aguirre, esta
comparativa demuestra que la cédula del 21 de febrero de 1776 se
había impuesto de forma paulatina, pues en tal disposición limitó
el número de criollos dentro del cuerpo catedralicio.33 El cabildo de
la Colegiata de Guadalupe contó con una mayoría de americanos,
simbolizando el fuerte vínculo entre el culto guadalupano y una
posible identidad como novohispanos. De manera aventurada,
observamos que para finales de 1797 se registró un ligero
incremento en la presencia de clérigos peninsulares respecto a los
nacidos en Nueva España.
Estos informes también respondían a la necesidad de la
corona de conocer mejor al clero que estaba en allende el mar,
por lo que instaba a los prelados a informar, cada fin de año y de
forma “secreta”, de la “idoneidad, costumbres y conductas de los
prebendados, curas y otros eclesiásticos”.34 En este informe se
daba un breve pormenor de sus méritos y del posible destino al
Rodolfo Aguirre Salvador, “Cien clérigos beneméritos del arzobispado de
México, 1790”, en Voces de la clerecía novohispana. Documentos históricos
y reflexiones sobre el México Colonial, ed. Leticia Pérez Puente y Rodolfo
Aguirre Salvador (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, 2009), 207.
34
Este informe fue publicado en: Margarita Menegus B., Descripción del
Arzobispado de México de 1793 y el informe reservado del arzobispo de México de 1797 (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México - Centro
de Estudios sobre la Universidad, 2005), 80. Si bien se menciona que se da información de 100 eclesiásticos, para dicho año estaban vacantes las canonjías
penitenciaria, magistral y de gracia del cabildo metropolitano.
33

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�Una trayectoria clerical

que podrían aspirar (según el arzobispo). El conteo comprendía
a los clérigos pertenecientes al cabildo metropolitano (23),
del Cabildo de Guadalupe (15), familiares y dependientes del
arzobispado (17), curas (26), colegiales y catedráticos (13) y
eclesiásticos particulares (3). Estos clérigos circularon en el
arzobispado ostentando diversos cargos. Algunos americanos,
otros peninsulares, la gran mayoría albergaba en sí una esperanza:
la de ser promovido a un nuevo beneficio, en calidad de sus
méritos y servicios.
De estas relaciones de clérigos destacan los comentarios
realizados por el arzobispo, caracterizados por adjetivos sobre el
carácter, desempeño y personalidad de los eclesiásticos. Analizar
este aspecto permite reconstruir la imagen del clérigo ideal, al
menos para finales del siglo XVIII: este debía ser buen teólogo,
buen predicador, de arreglada y ejemplar conducta y buen genio,
características más que deseables de todo aquel buen cura. Otras
características deseables eran el poseer un “amabilísimo genio”
o una “irreprensible conducta”, un “juicio sólido”, aspectos de la
personalidad que determinaban la recomendación que podía ser
la llave del ascenso en la jerarquía eclesiástica: “digno de mayor
ascenso” o “merece ascenso” podían marcar el destino futuro
y las carreras exitosas de estos clérigos. Llaman la atención las
máximas palabras de Núñez de Haro sobre ciertos casos: Don
Manuel Lino Guerra, europeo y cura juez eclesiástico de Actopan
era considerado “uno de los mejores curas de este arzobispado y
muy digno de cualquier prebenda, canonjía o dignidad, aunque
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juzgo que no la pretenderá porque es eclesiástico desengañado”.
No sólo congregaba en su persona las mejores características
(buen teólogo, de conducta ejemplar e irreprensible, gran celo y
genio amable), gozaba de dos más: humildad y poca ambición.35
Otros calificativos no eran del todo positivos, aunque eso
no influyó en que los adjudicatarios de estos quedasen fuera de
listado de beneméritos idóneos: “su genio lo hace poco sociable”,
característica atribuida a don Manuel Antonio de Sandoval, de
origen europeo y que ostentó el cargo de provisor de indios y
chinos; el peninsular Juan de Mier y Villar era considerado
“mediano en su facultad” pero capaz de servir cualquier dignidad.
Tales opiniones contrastan con las expresadas sobre los americanos
José Mariano Beristain, canónigo catedralicio tachado de “genio
entrometido, inquieto y demasiado vivo y su conducta poco
arreglada”, mientras que otro notable novohispano, don Francisco
Beye de Cisneros, canónigo de la Colegiata de Guadalupe, era
considerado “bullicioso y proyectista”.36
Otro aspecto mencionado en estos informes era la relación
salud-enfermedad. Para 1790 son constantes las alusiones a la
mala salud y enfermedad de algunos integrantes del cabildo
catedralicio: Don Leonardo José Terralla, europeo, contaba con
más de setenta años y era aquejado por la gota, lo que le impedía
Aguirre Salvador, “Cien clérigos beneméritos del arzobispado de México,
1790”, 218.
36
Menegus B., Descripción del Arzobispado de México de 1793 y el informe
reservado del arzobispo de México de 1797, 80–85.
35

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�Una trayectoria clerical

acudir a sus labores. Don Joaquín Serruto, americano, no asistía al
coro por su mala salud, y don Agustín Bechi, a pesar de tener más
de ochenta años y estar algo enfermo, merecía mayor ascenso.
Igualmente es usual encontrar expresiones como “está enfermo y
tan viejo” o “está tan inútil y enfermo”.37
Pero mientras había eclesiásticos ejemplares e idóneos,
dignos de toda prebenda, había otros cientos que no lo eran tanto.
El periodo que va de 1795 a 1805 se inserta en el momento de
quiebre y de transición de un gobierno episcopal caracterizado
por una larga estabilidad (28 años de la prelatura de Alonso Núñez
de Haro) y por una continuada política seguida por Xavier de
Lizana y Beaumont, un arzobispo cuyo nombramiento se había
dado en un contexto político particular, en el que comenzó una
preocupación por contar con súbditos fieles a la causa peninsular.
Por mencionar algo, entre 1805 y 1811 se contabilizaron
alrededor de 137 denuncias criminales y civiles contra clérigos.38
Los delitos a perseguir eran, en su mayoría, golpes, maltratos,
injurias, amistad ilícita, amancebamiento, excesos en el cobro
de derechos parroquiales, entre otros.39 Además, en medio se
Aguirre Salvador, “Cien clérigos beneméritos del arzobispado de México,
1790”, 212–15.
38
Berenise Bravo Rubio y Marco Antonio Pérez Iturbe, “Para vigilar la disciplina, sancionar a los clérigos y cuidad la dignidad clerical. El fuero eclesiástico en el arzobispado de México, 1803-1811”, en Iglesia, historiografía
e instituciones. Homenaje a Brian Connaughton, ed. Juan Pablo Ortiz Dávila,
Luz María Uhthoff López, y Norma Angélica Castillo Palma (Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Iztapalapa, 2018), 166–67.
39
Bravo Rubio y Pérez Iturbe, 169–168.
37

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�Carolina Aguilar

encontraba la discusión en torno a la inmunidad del clero, lo que
de alguna manera articuló otros mecanismos más de prevención
que de sanción para los clérigos faltantes.
La mala conducta del clero incentivó en Lizana y
Beaumont que en 1803 solicitase al rey la licencia correspondiente
para crear la Congregación de sacerdotes oblatos, establecida
por el arzobispo Lizana y que tuvo como fin primordial la
reeducación del clero secular a través de la salvación de sus
almas, la instrucción y su doctrina, todo ello mediante charlas,
reflexiones y la caridad ejercida con presos, enfermos, mujeres,
etc. El objetivo era más que claro: siguiendo el espíritu de la
iglesia, era más que necesario “apartar a sus hijos del camino de
la perdición a que les conducen las disoluciones del tiempo”.40
Las constituciones de esta congregación estaban inspiradas en las
de otra de mayor antigüedad, ya desaparecida: la congregación
de sacerdotes oblatos de Guadalajara, establecida en 1694.41 Esta
versión renovada de la congregación fue establecida finalmente
en 1804. Encabezada por el arzobispo, se integraba además por
dos consiliarios, un secretario y un tesorero. Todos los sacerdotes
oblatos se reunían el último día de cada mes para repartirse diversas
tareas espirituales y caritativas. Se designaban dos oblatos para
Archivo General de Indias (AGI). México 2544. Dictamen del Consejo
de Indias, sobre la petición del arzobispo Francisco Xavier de Lizana y Beaumont, sobre establecer una congregación de sacerdotes oblatos, Madrid, 22 de
marzo de 1804.
41
Thomas Calvo, Poder, religión y sociedad en la Guadalajara del siglo
XVII (México, DF: Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, 1991).
40

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�Una trayectoria clerical

cada parroquia de la capital, mismos que debían instruir a los
jóvenes feligreses de ellas. Otros dos se enviaban a cada cárcel
existente, para confesar y asistir a presos y ajusticiados, mientras
que se disponían otros dos para visitar y consolar enfermos. Un
número similar se destinaba a visitar las casas de recogidas o a
hacer labores caritativas con los mendigos y gente desproveída.42
Estas acciones se llevaban a cabo a partir de la reflexión y
el ejercicio espiritual de los sacerdotes enlistados, quienes debían
acudir todos los domingos a alguna parroquia a reflexionar y a
escuchar las lecciones que algún otro clérigo exponía. De manera
general existían dos clases de oblatos: unos de obediencia, quienes
se sujetaban fielmente al destino que se les indicaba; y otros
voluntarios, que no se comprometían a la obediencia total pero
sí a determinadas acciones.43 La prelacía de Lizana y Beaumont
lidió desde un inicio con un clero que se sentía agraviado, en
particular por las políticas borbónicas que habían perjudicado en
gran medida a la Iglesia novohispana.44 Por ejemplo, el embate
AGI, México 2544. Dictamen del Consejo de Indias, sobre la petición del
arzobispo Francisco Xavier de Lizana y Beaumont, sobre establecer una congregación de sacerdotes oblatos, Madrid, 22 de marzo de 1804.
43
Joseph Julio García de Torres, Oración eucarística que en la solemnidad
con que la venerable congregación de eclesiásticos oblatos celebró el aniversario primero de su fundación (México: Imprenta de don Mariano de Zúñiga y
Ontiveros, 1806), 9.
44
Ana Carolina Ibarra, “De tareas ingrata y épocas difíciles. Francisco Xavier de Lizana y Beaumont, arzobispo de México, 1802-1811”, en Poder civil
y catolicismo en México, siglos XVI al XIX, ed. Francisco Javier Cervantes
Bello, Alicia Tecuanhuey Sandoval, y María del Pilar Martínez López-Cano
(México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México; Benemérita Uni42

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�Carolina Aguilar

a la inmunidad eclesiástica fue un factor determinante para
generar en este sector el germen de una inconformidad y de la
incertidumbre, que encontraría formas de expresión bastante
peculiares. La corona determinó que el clero estuviese sometido
a la jurisdicción directa de los tribunales reales, no importando
si se trataba de un asunto civil o criminal.45 La vinculación entre
la jurisdicción real y la eclesiástica comenzó a ser más áspera y
problemática, pues en medio estaba un intento de delimitación
de fronteras jurisdiccionales, en afán de centralizar y concentrar
mayor poder en el brazo real.
Nunca tuve inclinación al empleo de párroco
Escasos son los testimonios personales o autobiográficos de
clérigos novohispanos.46 La excepción tal vez sea José Miguel
versidad Autónoma de Puebla, 2008), 341–42.
45
Nancy Farris, La corona y el clero en el México colonial, 1579-1821. La
crisis del privilegio eclesiástico (México, DF: Fondo de Cultura Económica,
1995).
46
Traemos a colación que otro testimonio de tipo autobiográfico es el del
clérigo Gregorio Pérez Cancio, quien legó una obra que retrata su labor como
párroco así como un excelente retrato del contexto religioso y eclesiástico de
la ciudad de México de finales del siglo XVIII. Véase Libro de fábrica del templo parroquial de la Santa Cruz y Soledad de Nuestra Señora (años de 1773
a 1784) (México, DF: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1970).
Para el siglo XIX contamos con la edición realizada por Brian Connaughton
sobre el cura de Iztacalco, Manuel Espinosa de los Monteros, Miscelánea Curato de Iztacalco (1831-1832), Edición, estudio introductorio y notas de Brian
Connaughton (México, DF: Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad
Iztapalapa; Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 2012); Ernesto de la Torre Villar también tuvo a bien editar Diario de un
cura de pueblo y relación de los señores curas que han servido la parroquia
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�Una trayectoria clerical

Guridi y Alcocer. De él se conocen varios escritos notables, a la
sazón sus Apuntes, que conforman su narrativa personal en torno
a las peripecias vivenciales y clericales hasta el año de 1802.
Pasarían tan sólo tres años para leer de nueva cuenta a Guridi,
en una representación del año 1805 que era la sólida muestra
de la crisis que se vivía en el clero de la capital arzobispal. Son
estos dos escritos los que nos ayudarán a apreciar, de manera más
cercana, una de las etapas más críticas para el clero secular del
arzobispado de México de la segunda mitad del siglo dieciocho y
su impacto en una trayectoria particular.47
de Nuestra Señora de la Asunción de Tlatlauqui, escrita por el señor cura don
Ramón Vargas López, (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto Nacional de Antropología e Historia; Universidad de las Américas; Gobierno del Estado de Puebla, 2006).
47
Los Apuntes de José Miguel Guridi y Alcocer han sido poco tratados en la
historiografía mexicana, particularmente en la que se ha orientado a estudiar
las trayectorias clericales. Existen pocas referencias de dicho texto, siendo tal
vez uno de los trabajos más interesante el artículo de Beatriz de Alba-Koch,
“Los Apuntes de la vida de Guridi y Alcocer: lo privado y lo público en una autobiografía novohispana”, Bulletin of Hispanic Studies, vol. 76/4 (1999) 463486. Para este trabajo recurrimos a la edición realizada en 1984 y publicada
por SEP Cultura, versión que recupera aquella primera impresión hecha por
Luis García Pimentel en 1906. A la par, existe otra edición, más reciente, bajo
el cuidado de Willebaldo Herrera, El camaleón de viento. Escritos literarios
y políticos de José Miguel Guridi y Alcocer (1763-1828) (Tlaxcala: Gobierno
del Estado de Tlaxcala, 2007). Incluso la misma figura de nuestro clérigo ha
recibido poca atención, al menos para la etapa previa a su actuación como
diputado a cortes, siendo esta la que más ha cautivado la atención de los estudiosos, especialmente de aquellos dedicados al proceso de independencia.
Algunos de los trabajos que recuperan a Guridi y Alcocer son: Cristina Gómez Álvarez y Ana Carolina Ibarra, “El clero novohispano y la Independencia
mexicana: convergencias y divergencias de tres clérigos poblanos”, Álvaro
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�Carolina Aguilar

José Miguel Guridi y Alcocer, cuyo nombre completo era
José Miguel María Esteban de Jesús, nació el 26 de diciembre
de 1763 en San Felipe Ixtacuiztla, Tlaxcala. Hijo de padres
españoles, atribuye su llegada al mundo a un milagro y a una
promesa. Ante la imposibilidad de concebir, sus padres acudieron
al santuario de San Miguel del Milagro para pedir que el ángel
intercediera en tal concepción, y como tal les fue dado. De ahí en
parte el origen de su nombre.48
Su crecimiento y desarrollo infantil y juvenil coincidieron
con esos años de cambio y transformaciones políticas y
eclesiásticas que señalamos líneas arriba, además de intercalarse
con una estadía en San Martín Texmelucan. Si bien menciona
que su vocación no estaba muy del todo clara (pues tuvo algunos
contratiempos personales y amorosos, además de alegar que
nunca tuvo inclinación por el empleo de párroco), desde muy
Matute, Evelia Trejo y Briana Connaughton (Coords.), Estado, Iglesia y sociedad en México. Siglo XIX (México, DF: Miguel Ángel Porrúa Editor; Universidad Nacional Autónoma de México - Faculta de Filosofía y Letras, 1995),
137-173; Ana Carolina Ibarra, “Guridi y Alcocer, José Miguel”, Alfredo Ávila,
Virginia Guedea y Ana Carolina Ibarra, Diccionario de la Independencia de
México (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2010), 6568; Rubén Jiménez Martínez, Entre la dependencia y la independencia: José
Miguel Guridi y Alcocer y Miguel de Lardizábal y Uribe [Tesis de Licenciatura] (México, DF: Facultad de Estudios Superiores - Acatlán, 2012); de manera
reciente José M. Portillo Valdés refiere brevemente a los hermanos Guridi y
Alcocer en Fuero indio. Tlaxcala y la identidad territorial entre la monarquía
imperial y la república nacional 1787-1824 (México, DF): El Colegio de México; Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, 2015).
48
José Miguel Guridi y Alcocer, Apuntes. Discurso sobre los daños del juego (México, DF: Secretaría de Educación Pública; Cultura, 1984), 15 y 16.
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niño mostró cierta inclinación a la carrera de las letras –como se
decía en ese entonces– en la que gozó de buena fama y ayudas
para avanzar. Con una familia venida a menos, su padre se vio en
la necesidad de pedir al obispo poblano de aquel entonces, don
Victoriano López González –que casualmente se hallaba de visita
en el santuario mencionado– la oportunidad de ser admitido en el
seminario palafoxiano. Fue admitido como porcionista de capa,
con opción a obtener una beca de gracia o mérito. Cabe anotar lo
prodigioso del asunto, pues el milagro de San Miguel obró en la
buena voluntad del obispo, momento clave en la vida de Guridi
pues dice de sí mismo “de este modo tuvo su principio mi carrera
en el mismo sitio en donde comenzó mi ser”.49
Dando muestras de ser travieso, sus primeros años en
el colegio palafoxiano fueron sumamente provechosos. Guridi
vivió y conoció un colegio que ya había sufrido una importante
transformación entre 1765 y 1773 gracias al ímpetu reformista
del obispo Francisco Fabian y Fuero. Según Sergio Rosas, el
colegio era un grupo de colegios ligados y vinculados entre sí:
San Pedro, San Juan, San Pablo y San Pantaleón. En San Pedro
se aprendía gramática y retórica, mientras que en San Juan artes,
teología y cánones.50 Sin embargo, algunos vicios se mantuvieron
en su interior. Llama la atención la claridad del recuerdo en un
Guridi y Alcocer, 18.
Sergio Rosas Salas, La Iglesia mexicana en tiempos de la impiedad: Francisco Pablo Vázquez, 1769-1847 (Puebla: Ediciones Educación y Cultura; Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; El Colegio de Michoacán, 2015),
37.
49
50

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episodio particular. Sus maestros, dignos catedráticos vestidos
de las mejores prendas, influyeron hasta cierto grado en esos
primeros años, excepto uno, del cual señaló no logró influir en su
persona, a raíz de “haber estado ausente casi todo el tiempo que
cursé su aula, presidiendo esta un sustituto. La causa fue haber
ido a recibir el grado mayor de teología y hecho oposición”.51
Siendo esta una de las primeras críticas a catedráticos y clérigos,
pues como hemos mencionado, estaban en permanente búsqueda
de la seguridad profesional y laboral que tanto se anhelaba en
aquella época, descuidando en ocasiones sus otras ocupaciones,
fuesen estas de catedráticos o de pastores de fieles.
Al punto de cumplir 13 años y terminando de estudiar
gramática, Guridi prosiguió con sus estudios de filosofía y artes.
El pupilo se recreaba en lecturas como el Teatro Crítico de Benito
Jerónimo Feijoo. Su calidad de becario de gracia le impedía
tomar el estudio de la jurisprudencia, por lo que nuestro joven
colegial tomó el camino de la teología. Solicitó otra beca para
estudiar jurisprudencia, especialmente en la rama canónica, en la
cual comenzó a especializarse.
Nuestro personaje se opuso a las becas del Colegio Mayor
de San Pablo, tarea poco fructífera, pues a decir de nuestro personaje hubo otros más que sí lograron, a pesar de ser considerados
de inferior mérito.52 Graduado ya de bachiller en teología, prosiguió con el estudio de la jurisprudencia, pero el contexto eclesiás51
52

Guridi y Alcocer, Apuntes. Discurso sobre los daños del juego, 20–21.
Guridi y Alcocer, 35.

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tico ejerció una primera preocupación. Pensando en ordenarse,
Guridi alude que “no tenía capellanía, si sabía idioma alguno a
cuyo título recibirlas. Me pesó entonces no haber empleado en los
del país el tiempo que invertí en aprender el francés”.53 Como vemos, se consideraba importante que un clérigo supiese alguna de
las lenguas, pues ello podía facilitar el camino hacia las becas o
la pronta colocación. Acto seguido, el siguiente paso en su formación académica era el licenciarse, para lo que recurrió a solicitar
el apoyo económico de su familia. Vendió algunas mantas en el
Parián de la ciudad de México y con un préstamo de una tía logró cubrir el gasto del examen, licenciándose. Para 1787, con 24
años, Guridi comenzó como catedrático de filosofía, dedicándose
a la docencia con gran fervor y entrega.54
A lo largo de sus Apuntes, Guridi destacó una y otra vez
las ventajas y la fortuna de contar con un protector o con alguna
persona de alta jerarquía e importancia dentro de determinadas
instituciones. Estos personajes podían agilizar el ascenso de un
clérigo a otros cargos de mayor rango en la jerarquía eclesiástica
o bien, entorpecerlos. Los concursos por beneficios y cargos
representaron el escenario ideal para la puesta en escena de los
vínculos entre protectores y protegidos. Guridi y Alcocer indica
que para 1797 se presentó a un concurso por una lectoral en
Puebla, misma que fue disputada por dos grandes eminencias
de aquel tiempo: José Joaquín España y Mariano Beristáin y
53
54

Guridi y Alcocer, 37.
Guridi y Alcocer, 42–44.

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Souza. De dicho concurso, que no ganó Guridi, se desprende
la utilidad de “contraer estrecha amistad” Guridi con Beristáin
y ganar también el “concepto” del prelado de Puebla Salvador
Biempica y Sotomayor, es decir, de hacerse conocer por este.55
El acercamiento funcionó para que el obispo lo destinase a un
curato en el pueblo de Acajete, cercano a Tepeaca. Guridi anota
que en franca conversación con Biempica éste reconocía que en
la promoción y ascenso clerical “el juego es el que vale” y no
tanto el mérito de los aspirantes.56
La mocedad de José Miguel Guridi y Alcocer alternó
entre momentos de amplia satisfacción y regocijo y otros de
nubarrones e incertidumbre. Ante las promesas no cumplidas
de hacerlo secretario de visita y de beneficiarse con otro cargo,
Guridi se entregó al vicio del juego, lo que motivaría la escritura
de Discurso sobre los daños del juego. Los diversos vicios del
clero se volvieron una preocupación mayor para los arzobispos.
La soledad era también otro reto para los clérigos, en especial
cuando se trataba de curatos lejanos de los centros urbanos,
en donde había poca población y la existente eran indios y no
hablantes de castellano. Algunos párrocos no encontraban
estimulantes sus curatos y mucho menos las pesadas labores
de visitar otros pueblos sujetos a las parroquias. De ahí que a
la menor oportunidad se enfrascaban en un sinfín de trámites y
55
56

Guridi y Alcocer, 63.
Guridi y Alcocer, 69.

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actividades –como las oposiciones a curatos– que los alejaban
por algún tiempo de la aburrida rutina parroquial, acercándolos
a las ciudades, como la de México, en donde encontraban una
boyante vida intelectual y política.
Otro frente que mantenía en vilo a los clérigos era el
de dar protección y sustento a su numerosa familia, de la cual
decía Guridi “eran unos grillos, una cadenas fuertísimas que
me embarazaban la empresa”.57 Ello implicaba que muchos de
ellos estaban siempre en busca de curatos urbanos y de canonjías
en los cabildos catedralicios. Guridi tuvo a bien concursar por
una canonjía magistral en el cabildo catedralicio de Oaxaca en
1796, que no ganó. Pasó después a la ciudad de México, para
concursar por otro cargo catedralicio que tampoco obtuvo, pero
a cambio logró granjearse el respeto y aprecio de otros clérigos
capitalinos. En resumen, Guridi y Alcocer ocupó tres curatos: uno
en Acajete, Puebla; Tacubaya (en los alrededores de la Ciudad
de México) y el Sagrario, la parroquia más importante de la
catedral; además, concursó alrededor de 14 ocasiones a diversas
canonjías: magistral, lectoral y doctoral (dos veces) en Puebla;
por la magistral de la Colegiata de Guadalupe y del obispado de
Oaxaca; y en la Catedral de México cuatro veces por la magistral,
dos por la lectoral y dos por la doctoral. Ocupó otros tantos
cargos de importancia, como promotor fiscal en Puebla, defensor
del Juzgado de Testamentos y Capellanías de ese obispado;
57

Guridi y Alcocer, 77.

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examinador sinodal del de México, provisor y vicario general,
además de los cargos políticos que ocupó a partir de 1810, como
el de diputado representante de Tlaxcala en las cortes generales y
extraordinarias de Cádiz.
“Quedar sin premio el mérito y tareas literarias”
Como hemos visto, el camino profesional de José Miguel Guridi
y Alcocer fue diverso e intenso. Contrario a lo que se piensa, era
muy común que los clérigos capitalinos desempeñaran diversas
actividades con el fin de asegurarse un modesto ingreso pero
sin dejar de buscar colocarse siempre en una mejor posición.58
Tal fue el caso de nuestro clérigo, que a pesar de encontrarse
muy ocupado en su curato de Tacubaya, no cejó en buscar una
mejor posición en la alta clerecía capitalina. Esta oportunidad se
dio en 1805 al queda vacante la canonjía magistral del cabildo
catedral por el deceso del doctor Gaspar González de Candamo.
Oriundo de Santiago de Pruvia, en Oviedo, González arribó a
Nueva España en 1787, en donde se desempeñó como canónigo
de merced en el cabildo catedral de Guadalajara, pasando después
a ser gobernador eclesiástico de la diócesis de Monterrey en el
Nuevo Reino de León (entre 1790 y 1792), para ingresar en 1799
al cabildo de la catedral de México.59
Aguirre Salvador, Un clero en transición. Población clerical, cambio parroquial y política eclesiástica en el arzobispado de México, 1700-1749, 116.
59
Antonio Astorgano Abajo, “El magistral González de Candamo en la Metropolitana de México (1799-1804)”, Trienio 62 (2013): 1–52.
58

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Como solía ocurrir, los decesos de los integrantes de
avanzada edad y enfermedad de los distintos cuerpos eclesiásticos
de la diócesis abrían la oportunidad a las nuevas generaciones para
concursar y obtener dichos beneficios. En este caso, la canonjía
de González de Candamo quedó disponible para aspirantes
y opositores, de los cuales Guridi y Alcocer era considerado
“sobresaliente”. En general se presentaron tres naturales de la
península, que no eran “los superiores en mérito y literatura”.60
A decir de un testigo, Don Joaquín Barrientos, escribano, los
hombres más sabios de la capital atestiguaron de los méritos y
la sobresaliente función literaria en dicha oposición. El público
esperaba que nuestro clérigo Guridi obtuviese el primer lugar
en dicho concurso.61 Otro testigo, don José María de Castro,
escribano y teniente de Cámara y Caja del juzgado general de
bienes de difuntos daba su opinión, misma que vale la pena leer:
Además de José Miguel Guridi y Alcocer los concursantes fueron: los doctores don Jacinto Moreno y Bazo, Pablo Feliciano Mendivil, don José María
Couto, don José Ignacio Couto, don José María Cos, Alejandro García Jove,
don Manuel Ignacio de Ramírez, don Jacinto Moreno, don José María Alcalá,
don Manuel de Burgos y don Gregorio González, sumándole los licenciados
Pedro Pascasio Herce y don José Ponce de León. Diana González Arias, “Los
prebendados del cabildo eclesiástico de México en el cambio de siglo. Provisión de canonjías y dinámicas corporativas, 1789-1808”, en Poder y privilegio: cabildos eclesiásticos en Nueva España, siglos XVI al XIX, ed. Leticia Pérez Puente y Gabino Castillo Flores (Ciudad de México: Universidad Nacional
Autónoma de México - Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la
Educación, 2016), 293.
61
AGI. México 2545. Certificación del escribano Joaquín Barrientos a favor
de José Miguel Guridi y Alcocer, Ciudad de México, 28 de mayo de 1805.
60

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Certifico y doy fe haber oído decir a muchas personas literatas y
de carácter que asistieron a la oposición de la canonjía magistral
vacante en esta Santa Iglesia Catedral, por muerte del Doctor
don Gaspar González de Candamo, que entre los opositores
se distinguió con especialidad en las respectivas funciones
literarias el Doctor Don José Miguel Guridi y Alcocer, cura de
la villa de Tacubaya, tanto que no dudaban obtendría el primer
lugar.62

Ante la derrota, José Miguel Guridi y Alcocer decidió enviar una
representación de su puño y letra, en que manifestó su enojo e
inconformidad ante lo que consideraba una injusticia. Su primer
argumento se destinó a exponer “las funestas consecuencias de
una votación desarreglada”.63 Guridi apelaba al clamor y enojo
popular ante las votaciones a la canonjía magistral por la que
había concursado. El pueblo veía con dolor “que la protección
no sólo suplanta el mérito sino que también reviste de su nombre
y apariencia a la mediocridad y aun a la ineptitud. Y que hemos
llegado al extremo antes de abrirse un concurso, ni saberse
los que salen a él se sabe ya quien ha de optar al canonicato,
sin atenderse a más que al juego y a los valedores”.64 Si bien
nuestro personaje conocía las reglas de la dinámica relacional
que influía en la designación de curatos y canonjías, eso no lo
exentó de sentir frustración ante lo que veía como un favoritismo
AGI. México 2545. Certificación de Don José María de Castro a favor de
José Miguel Guridi y Alcocer, Ciudad de México, 7 de agosto de 1805.
63
AGI, México 2545, 1v. Representación de José Miguel Guridi y Alcocer al
rey, México, 28 de mayo de 1805.
64
AGI, México 2545, Representación, fs. 1v. y 2.
62

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de la protección de algún otro clérigo influyente contra la justicia
de una oposición sin corruptelas. Hacía referencia a tramas e
intrigas, aspectos que conocía de sobra porque ya de tiempo atrás
se había visto involucrado en ellas: las promesas incumplidas de
una promotoría fiscal o de un provisorato en Puebla se vinieron
abajo justo por ese juego de ajedrez de tramas e intrigas, que
colocaban y quitaban clérigos de manera estratégica:
Lo peor es que la falta de mérito es la que más estimula a poner
en acción los resortes políticos; pues aquel ha descuidado al que
lo posee y lo que es más retrae en cierto modo a los valedores
del mismo cuerpo porque los deslumbra su brillo y excita
sus celos, siendo así que la mediocridad y aun la ineptitud,
encuentra con facilidad padrinos, porque el amor propio quiere
ahijados, pero ahijados que nunca puedan hacer sombra. A más
de que nadie ignora que la desgracia es compañera inseparable
del mérito.65

José Miguel Guridi y Alcocer denunció varias prácticas usuales,
como el que los familiares arzobispales tuviesen un favoritismo
en los concursos de oposición. El señalamiento fue claro y
directo: el protegido era el licenciado Pedro Pascacio Herce.
Guridi reconstruye, bajo su mirada y experiencia, las incidencias
del concurso de oposición: un arzobispo aquejado por sus
enfermedades, que prestó poco interés en los otros opositores
y cuyo poderío influyó en el resto de los votantes. A decir de
Guridi, Lizana “se declaró abiertamente por su familiar”,
hablándole a los vocales que tampoco pudieron presenciar los
65

AGI, México 2545, Representación, f. 2 v. y 3.

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actos de los demás concursantes, dando lugar a una votación
más que arreglada”, nadie votó por su voluntad o siguiendo a su
propio dictamen, sino cautivándolo en obsequio del prelado. Los
vocales también fueron severamente criticados por Guridi: “son
hombres; tienen hechuras y parientes eclesiásticos que quieren
colocar o adelantar en su carrera; no les faltan hermanas, sobrinas
o ahijadas que desean entren en los monasterios, o que adquieran
dotes y nombramientos”.66
Según Guridi el resultado de la votación tuvo una gran
repercusión entre la población, pues “ha levantado el grito más que
nunca, resonando sus voces por las calles y las plazas y formándose
una especie de conmoción”. La crítica de Guridi fue voraz: “si el
camino más breve para obtenerlos (los beneficios) es adscribirse
en la familia de un prelado, ¿para qué es emplear tantos años en el
estudio, ni derretirse los sesos sobre los libros? ¿Cuánto mejor es,
dirán los jóvenes, afanarse por lograr una familiatura, la que puede
conseguirse con menos trabajo que el de las tareas literarias? Ella
no solo facilita el premio, sino que también aparenta el mérito”.
Guridi apelaba a la idea de que los americanos pudiesen gozar
de los mismos honores y oportunidades que los peninsulares,
refrendada en la Real Orden del 2 de enero de 1778, algo que en
la realidad tuvo poca aplicación y sí mucho abuso. Una política
velada del régimen borbón eclesiástico fue la de dotar con cargos
y beneficios a clérigos peninsulares y no tanto a los locales. Cada
66

AGI, México 2545, Representación, f. 4

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arzobispo que arribó a la Nueva España venía acompañado de
un séquito de individuos conocidos como familiares, a los que
regularmente se procuraba colocar en los mejores cargos dentro
de la curia eclesiástica, el cabildo catedralicio o dentro de la red
de parroquias de la ciudad de México.
Decía Guridi de sí mismo:
He gastado toda mi vida desde mis más tiernos años en la carrera
de las letras y en el servicio de la Iglesia y del Público y aún no
logro un pan entero qué comer. He visto y estoy mirando cada
día elevarse sobre mí a mis inferiores. No solo huyen de mí
las gracias, sino que aun en materias de rigurosa justicia se me
desatiende y mi infausta suerte ha apurado las heces del amargo
cáliz que me ha dado a gustar siempre. En cualquier otro
destino a que me hubiera dedicado o en cualquiera otra carrera
que hubiera seguido, quizá habría avanzado más después de los
años que llevo de tareas, trabajos y servicios, pero los sucesos
no han correspondido a las esperanzas fundadas en los servicios
mismos.67

Conclusiones
Brian L. Price, en su estudio sobre la retórica del fracaso,
orientada hacia el contexto narrativo nacionalista que se formó en
el México del siglo XIX, señala que “la retórica del fracaso surge
con mayor fuerza en momentos de crisis”.68 Esta misma sentencia
puede enlazarse perfectamente con el problema aquí planteado.
AGI, México 2545, Representación, f. 15
Brian L Price, El culto a la derrota. Narrativas del fracaso en la novela
histórica mexicana (México, DF: Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Iztapalapa, 2015), 26.
67
68

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La crisis y etapa crítica del clero de finales del siglo XVIII es
notoria entre líneas y en los diversos escritos y testimonios de la
época. Aquí nos hemos centrado en primer lugar en la apreciación
de un clero en decadencia, que si bien siempre estuvo como una
tarea pendiente para los arzobispos, fue a partir de la presencia
de Francisco Antonio de Lorenzana que tal problema cobró
dimensiones imperiales. De ahí el abordaje de dos diferentes
proyectos, uno orientado a corregir al clero –el Colegio seminario
de Tepotzotlán– y otro enfocado en la prevención de malas
conductas y no tanto en el castigo o en el sentido punitivo, como
fue el caso de la congregación de sacerdotes oblatos.
Otro tanto de esa narrativa del fracaso, propicio de la
crisis clerical, aparece en los informes de clérigos beneméritos
realizados en 1790 y 1797, y cuyas amplias descripciones nos
permiten apreciar que el modelo de clérigo ideal distaba mucho
de la realidad y de la personalidad y aptitudes mostradas por los
eclesiásticos seculares del arzobispado. Entre las apreciaciones
institucionales y los proyectos lanzados para mejorar la situación
del clero, se entrecruza una trayectoria de vida particular. La
construcción discursiva realizada a partir de algunos puntos de
los Apuntes y de la Representación de José Miguel Guridi y
Alcocer compagina a su vez con la narrativa de los arzobispos en
torno al clero que gobernaban. No es casualidad que las mayores
faltas, señaladas a través de cartas pastorales, edictos, sermones y
en los informes de eclesiásticos beneméritos, destaquen aquellas
características consideradas poco idóneas y susceptibles de
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mejora. La falta de genio, de habilidades clericales, de la salud
y demás aptitudes predominaban por encima del buen genio
o de la amabilidad. Pero existía algo todavía más poderoso
que se imponía por sobre todo eso: los vínculos relacionales
y padrinazgos al interior de la jerarquía del alto clero. Queda
como tarea pendiente realizar estudios de trayectorias de vida en
perspectiva comparada, por ejemplo entre Guridi y otro notable
como Francisco Pablo Vázquez. Se invita también al análisis de
esas redes relacionales al interior del clero del arzobispado de
México, en especial de aquel que encontraba su razón de ser y
su vida en un entorno urbano, como lo fue la ciudad de México
y sus bulliciosos e inquietos clérigos, siempre en búsqueda de
conseguir un mejor cargo y adaptarse a un mundo que cambiaba
aceleradamente ante sus ojos.
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�Productividad agropecuaria de la hacienda Ajuchitlán
El Grande durante el Porfiriato
Agricultural productivity of the hacienda Ajuchitlán El Grande
during the Porfiriato
David Felipe Gutiérrez Ugalde
Universidad Autónoma de Querétaro
Querétaro, México
orcid.org/0000-0001-6365-7921

Resumen: La hacienda de Ajuchitlán El Grande, durante el Porfiriato,
atravesaba por una etapa de transición a la modernización, contando con
los medios físicos y sociales fundamentales, lo que permitió alcanzar
los mayores niveles de producción agropecuaria y la introducción de
cultivos novedosos en el Semidesierto de Querétaro. Este artículo
se centra en describir e interpretar los niveles productivos de esta
hacienda junto con sus anexas, evaluando su productividad dentro
de su distrito, para evidenciar la importancia que la institución de la
hacienda tuvo en la historia agraria queretana y mexicana. Las fuentes
primarias utilizadas fueron informes estadísticos productivos distritales
y estatales, así como artículos sustraídos de La Sombra de Arteaga,
periódico oficial del estado de Querétaro.
Palabras clave: Hacienda; Ajuchitlán; Porfiriato; productividad;
historia agraria.
Abstract: The Ajuchitlán El Grande hacienda, during the Porfiriato,
went through a stage of transition to modernization, having the
fundamental physical and social means, which allowed it to reached the
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�Productividad agropecuaria

highest levels of livestock and farming production and the introduction
of novel crops in the Semi-desert of Querétaro. This article describes
and interprets the productive levels of this hacienda together with
its annexes, evaluating its productivity within its district, to show
the importance of the hacienda institution in the agrarian history of
Querétaro and Mexico. The primary sources used were district and state
productive statistical reports, as well as articles from La Sombra de
Arteaga, the official newspaper of the state of Querétaro.
Keywords: Hacienda; Ajuchitlan; Porfiriato; productivity; agrarian
history.

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�David Gutiérrez

Introducción
El objetivo del presente artículo es descubrir la importancia de la
productividad agropecuaria de una hacienda ubicada en el distrito
de Tolimán, Querétaro, México, durante el Porfiriato, llamada
Ajuchitlán El Grande, y sus anexas, Panales y Zituní, a través de
la descripción, comparación e interpretación de los volúmenes de
productos agrícolas y pecuarios que estas haciendas aportaban al
total de la producción distrital.
La historiografía sobre la hacienda de Ajuchitlán
El Grande es limitada y ofrece aspectos generales sobre su
estructura y desarrollo, donde las dinámicas productivas y datos
que argumentan dichas investigaciones no suelen ser claros.
David Brading, en su libro Haciendas y Ranchos del Bajío,
León 1700-1860, se enfocó en las actividades productivas de
esta hacienda, e indagó en fuentes primarias para conocer la
producción agropecuaria. Si bien su estudio está enfocado en
el siglo XVIII, representa el antecedente específico de este
artículo.1
Juan José Gutiérrez Álvarez, a través de fuentes
hemerográficas y estadísticas, aborda la producción de las
haciendas queretanas a nivel distrital. Señala que Ajuchitlán,
junto con la hacienda de la Buena Esperanza, era un modelo de
productividad,2 mas no ofrece un estudio más específico sobre
David Brading, Haciendas y ranchos del Bajío. León 1700-1860 (México,
DF: Grijalbo, 1988).
2
Juan José Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Que1

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�Productividad agropecuaria

los volúmenes de producción, aspectos laborales dentro de la
hacienda y dinámicas de distribución de los productos.
Por su parte, Marta Eugenia García Ugarte, basada en
fuentes orales, describe aspectos sociales y productivos de
Ajuchitlán El Grande durante el Porfiriato. Esta autora afirma
que en esta hacienda “la alta producción cerealera mantenía
las trojes llenas hasta arriba”;3 sin embargo, no proporciona
datos sobre las cantidades producidas para fundamentar su
importancia agrícola.
Otras obras sobre Ajuchitlán no fueron escritas por
historiadores, sino por los cronistas del municipio de Colón,
Querétaro. Esas crónicas describen aspectos generales de la
hacienda y realizan varios saltos cronológicos, ofreciendo datos
dispersos sobre su historia, y al igual que otros autores, no
demuestran cuán productiva era Ajuchitlán El Grande.4
Con base en este breve estado de la cuestión, es pertinente
señalar que la hacienda de Ajuchitlán no ha sido estudiada en
rétaro del Porfiriato”, en Historia de la Cuestión Agraria Mexicana. Estado de
Querétaro, vol. II, ed. Héctor Samperio Gutiérrez (México, DF: Juan Pablos
Editor; Gobierno del Estado de Querétaro; Universidad Autónoma de Querétaro; Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México, 1986), 269.
3
Marta Eugenia García Ugarte, Esplendor y poderío de las haciendas queretanas (Querétaro: Gobierno del Estado de Querétaro, 1991), 43.
4
Cristóbal Vega Prado, De Tolimanejo a Villa de Colón. Haciendas colonenses (Querétaro: Calygramma, 2015); Jesús Solís de la Torre, “Ajuchitlán,
El Grande, Colón, Querétaro”, en Vidas y haciendas de Querétaro y la Nueva
España, ed. Sonia Butze Aguilar (Querétaro: Consejo Nacional para la Cultura
y las Artes; Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2006).
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�David Gutiérrez

el aspecto productivo durante el Porfiriato, y es importante
responder dos cuestiones centrales: ¿Cuáles eran los volúmenes
de producción agropecuaria en el distrito de Tolimán, en
Ajuchitlán y sus haciendas anexas? ¿Qué tan productivas fueron
estas haciendas en relación a otras haciendas de la región y
cuáles eran las cantidades que aportaban a nivel distrital? Para
responder a estas interrogantes será pertinente indagar sobre los
datos productivos que las fuentes primarias aportan, y realizar su
descripción e interpretación.
Es importante señalar que los estudios que se realizaron
en la década de los noventa arrojaron que las haciendas “no eran
empresas mal organizadas e ineficientes, y que la concentración
de la propiedad de la tierra que representaban no causaba
despilfarro y mala distribución de los recursos”;5 en este sentido,
esta investigación quiere sumar a la postura positiva de la
producción y explotación de los recursos naturales y humanos
en las haciendas, sin por ello decir que no existieron aspectos
negativos en esta institución.
El concepto de hacienda al que se recurre aquí es el de
Herbert J. Nickel, quien la define como una Institución social y
económica cuya actividad productora se desarrolla en el sector
agrario.6 De la misma manera, Nickel menciona una serie de
John H. Coatsworth, Los orígenes del atraso. Nueve ensayos de historia
económica de México en los siglos XVIII y XIX (México, DF: Alianza Editorial Mexicana, 1990), 8.
6
Herbert Nickel, Morfología social de la hacienda mexicana (México, DF:
5

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�Productividad agropecuaria

elementos primarios constitutivos de esta institución, de los
cuales, para fines de esta investigación, se retomarán los de
elección del producto y volumen de producción.7
El presente artículo se inserta en los estudios de historia
económica agraria, debido a su objeto de estudio, al tratamiento
de las fuentes primarias y a la metodología que sigue. Para aportar
evidencia empírica sobre la descripción e interpretación que se
hace en este trabajo, se consultaron documentos encontrados
en el Archivo Histórico del Estado de Querétaro (AHEQ),
fondo “Ejecutivo”; y en el Archivo del Centro de Estudios de
Historia de México (ACEHM), fondo “CCCLXXIII-1 Hacienda
Ajuchitlán y Panales”, y fondo “CCCLLXXIII, Testamentaria
de Manuel María Gorozpe y Echeverría”. Asimismo, se consultó
La Sombra de Arteaga, periódico oficial de Querétaro, en su
parte no oficial y la sección de manifestaciones, años 1880 a
1912. El método utilizado es cuantitativo, teniendo en cuenta
los datos duros de producción de las haciendas y su pertinente
interpretación.
Esta investigación está estructurada en tres apartados:
el primero explora la producción agrícola que generaba el
distrito de Tolimán; en el segundo, se describen e interpretan los
volúmenes de la producción agrícola de la hacienda de Ajuchitlán
El Grande, haciendo énfasis en la producción de cereales; y en el
Fondo de Cultura Económica, 1996), 19–20.
7
Nickel, 20.
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�David Gutiérrez

tercer apartado, se describen algunos aspectos de la producción
pecuaria de Ajuchitlán y sus haciendas anexas.
1. Producción agrícola en el distrito de Tolimán, 1891-1912
1.1 Contexto
En México, a partir de 1880 se modificaron las condiciones
político-económicas y comunicativas del desarrollo de la
hacienda, así como un aumento de la población. Además,
el mercado ofreció mejores perspectivas y posibilidades de
transporte, se introdujeron maquinaria, semillas mejoradas y
nuevas técnicas de cultivo, que permitieron la profesionalización
de la actividad agraria.8 La política agraria de Porfirio Díaz
estaba encaminada al desarrollo de una agricultura de tipo
intensivo, forjando las condiciones para crear pequeñas
empresas agrícolas dirigidas por los hacendados, quienes eran
los sucesores del proceso de desamortización de bienes de la
Iglesia en algunos casos, y en otras, representantes de una larga
tradición de terratenientes latifundistas. 9
En Querétaro, a finales del siglo XIX, “la provincia empezó
a recuperar su viejo aliento productivo”.10 Marta Eugenia García
Ugarte refiere que la productividad en las haciendas queretanas se
Nickel, 105.
Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del
Porfiriato”, 238.
10
Marta Eugenia García Ugarte, Querétaro. Historia breve (México, DF: El
Colegio de México, 1999), 186.
8
9

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incrementó debido al control de los recursos hídricos, los cuales
se administraron en instalaciones e infraestructuras de regadío.
Por otra parte, las relaciones entre gobierno y rancheros y entre
minifundistas y grandes hacendados fue armónica, permitiendo el
desarrollo del sector primario en la entidad.11
La gubernatura en Querétaro, desde 1880 hasta 1911, con
un paréntesis de 4 años ocupados por Rafael Olvera, estuvo en
manos de Francisco González de Cosío, quien fue un poderoso
hacendado en el estado. González de Cosío comenzó a propiciar
el desarrollo de Querétaro con el antecedente de que la provincia
no sólo había sido agrícola sino también industrial.12
Una de las regiones del estado queretano es el
Semidesierto,13 donde durante el Porfiriato se encontraba el
distrito de Tolimán, conformado por las municipalidades de
Tolimán, Colón y Peñamiller.
García Ugarte, 186.
García Ugarte, 186–87.
13
Existen razones suficientes para llamarle Semidesierto o región seca a esta
zona, ya que la lluvia es exigua con una precipitación anual que fluctúa entre
370 y 470 mm, verificándose en los meses de junio a septiembre. Los ríos y
arroyos son escasos. El clima es seco semicálido, con temperatura media de
25°C; además este clima es extremoso, pues la variación de temperatura entre
estaciones es de 7°C. Regularmente, la altura de las montañas sobre el nivel
del mar oscila entre 1300 y 2000 metros, con algunas montañas excepcionales
que superan los 3000 metros. Ocasionalmente se ven paisajes con vegetación
exuberante y agricultura intensiva. Censo INEGI, 1986, citado en: Francisco
Javier Meyer Cosío, Querétaro árido en 1881. Una visita gubernamental a Tolimán, Colón y Peñamiller (Querétaro: Universidad Autónoma de Querétaro,
2001), 35–36.
11

12

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Mapa 1
Distrito de Tolimán

Fuente: Distrito de Tolimán, Ing. Pedro Moreno, 1895. Tomado de Mapoteca
Manuel Orozco y Berra, http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/mapas/204OYB-7245-A.jpg
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Este distrito tenía una producción agrícola modesta, pues los
volúmenes de producción de cereales de esta región se encontraban
por debajo de lo producido en los distritos del Centro y San Juan
del Río; pese a esto, es necesario reconocer la productividad que
en Tolimán existió y los espacios específicos que fueron referentes
de la misma.
De acuerdo con Francisco Meyer, en el distrito de
Tolimán “la hacienda y el rancho agropecuarios eran las
principales formas de explotación de la tierra y de la gente. El
campo era el espacio vital de aproximadamente el 80% de los
habitantes de Tolimán”.14 En el año de 1892, se reportaban 11
haciendas, 2 fracciones de haciendas y 36 ranchos en el distrito
de Tolimán. Para 1904, aparecía en los informes la producción
de sólo 6 haciendas,15 pues algunas habían sido absorbidas por
otras, además de que algunas que en décadas anteriores habían
detentado la categoría de hacienda ahora las consideraban
ranchos; por otro lado, sólo 8 ranchos reportaban sus niveles de
producción.
El distrito de Tolimán, afirma Gutiérrez Álvarez, poseía
pocas haciendas de gran producción en comparación con otros
distritos como el del Centro y el de San Juan del Río: “Ajuchitlán y
Buena Esperanza –decía– son dos ejemplos de gran productividad
Meyer Cosío, 53.
Archivo Histórico del Estado de Querétaro (AHEQ). Graciano González,
Boleta para recoger datos sobre estadística agrícola, Tolimán, 28 de febrero de
1905. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª. Fomento Estadística, caja 2, Exp. 156.
14
15

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en la zona del distrito tolimanense.”16 De igual manera, Aurora
Castillo refiere que estas haciendas estaban ubicadas en las
planicies del distrito, lo que permitió la explotación de cultivos
temporaleros.17 En el Semidesierto queretano era complicado
encontrar suficiente cantidad de agua para regar los cultivos, por
lo que sólo algunas haciendas, como las ya mencionadas, podían
producir de forma eficiente.
1.2 Disposición del agua
La producción agrícola de una hacienda está condicionada por los
factores naturales, pero como dice Luis Fernando Flores Olague,
“en mayor grado está condicionada a integración de unidades
productivas al entorno urbano en crecimiento y la adopción de
tecnologías para los procesos de producción.”18 Las cosechas de
cereales en el distrito de Tolimán se veían condicionadas tanto
por los años de buenas como malas lluvias, puesto que la mayor
parte de sus tierras eran de temporal; sólo aquellas haciendas con
obras hidráulicas como presas, pozos o norias tenían ventajas
Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del
Porfiriato”, 270.
17
Aurora Castillo Escalona, Tolimán. Entre el Imperio y la República (Querétaro: Universidad Marista de Querétaro, 2020), 64.
18
Luis Fernández Flores Olague, “Haciendas de Querétaro en el siglo XIX y
principios del XX: personajes y relaciones”, en Historia de la Cuestión Agraria Mexicana. Estado de Querétaro, v. II, ed. Héctor Samperio Gutiérrez (México, DF: Juan Pablos Editor; Gobierno del Estado de Querétaro; Universidad
Autónoma de Querétaro; Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México, 1986), 323.
16

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para almacenar el agua y regar sus cultivos, teniendo mejores
cosechas de cereales.
Varias de las haciendas del distrito de Tolimán tenían
desventaja con las de los distritos del Centro y de San Juan del
Río, tanto en el aspecto de la fertilidad de suelos y abundancia
de agua, como por la cercanía a las grandes urbes y el acceso
a los medios de comunicación, especialmente al ferrocarril. La
hacienda del distrito de Tolimán más cercana a una estación era
la Esperanza, seguida por la de Ajuchitlán, ubicada a 28 km de la
estación de la Noria donde embarcaba sus productos.19
En la municipalidad de Tolimán, la propiedad rural
más próspera, era la hacienda de Panales, a orillas del río San
Miguelito. Esta hacienda poseía obras hidráulicas para regar
las tierras planas de cultivo, donde se sembraba maíz dos veces
al año, y en algunas ocasiones se cultivaban cebada, jícama,
cacahuate y chile. En la vega del río San Miguelito, se llegaba a
sembrar caña de azúcar, y existían a lo largo de ésta varias huertas
donde se podían encontrar nogales, limones, aguacates, naranjos,
guayabos, duraznos y otros árboles frutales.20
Tanto Ajuchitlán y Buena Esperanza, ubicadas en la
municipalidad de Colón, debían su importancia productiva a la
existencia de obras hidráulicas que permitían una mayor irrigación
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 50, Querétaro, Cesáreo Barrera
y M. Vázquez, “Sección de Manifestaciones”. Diciembre 12 de 1912, p. 455.
20
Meyer Cosío, Querétaro árido en 1881. Una visita gubernamental a Tolimán, Colón y Peñamiller, 56.
19

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que en otras tierras del distrito. Antonio del Raso, encargado del
distrito de Tolimán, informaba a mediados del siglo XIX que “las
aguas depositadas en los bordos sirven para regar las siembras de
maíz y trigo y para el uso común del semoviente. La mejor obra
hidráulica en el distrito es la presa de La Compuerta en la hacienda
de Ajuchitlán.” Por 1854 había siete norias en todo el distrito,
mismas que se concentraban en los terrenos de las haciendas de
Ajuchitlán y Esperanza.21
Teniendo una idea de la disposición del agua en esta región
de Querétaro, ahora surge la pregunta: ¿Qué especies agrícolas se
cultivaban en el distrito de Tolimán?
1.3 Producción de cereales en el distrito de Tolimán
La base alimentaria se encontraba en los cereales, siendo los más
cultivados en las haciendas y ranchos del distrito. El maíz era la
semilla que más se cultivaba en el Bajío, en Querétaro y en el
distrito de Tolimán. Graciela Ayala Jiménez afirma que “durante
la primera parte del Porfiriato, el maíz no perdió su importancia
dentro de la producción y consumo de alimentos.”22
Se calculaba que el rendimiento del maíz era de 200
fanegas cosechadas23 por una sembrada, dependiendo de la
Graciela Ayala Jiménez, Bonanza y estabilidad económica. Precios, cotizaciones y salarios en la ciudad de Querétaro durante el Porfiriato, 1905-1911
(México, DF: Plaza y Valdés, 2010), 134.
22
Ayala Jiménez, 134.
23
La fanega para maíz equivale a 46.024 kg. Información tomada de Iris
E. Santacruz F. y Luis Giménez Cacho García, “pesas y medidas; las pesas y
21

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calidad del terreno. Dicho cereal se podía encontrar generalmente
en tres colores: encarnado, amarillo y blanco, siendo este
último el más preferido en uso doméstico como en las ventas de
mayoreo y menudeo.24 El maíz era, como en muchas regiones
de México, el principal cereal cultivado. Según datos de la
Secretaría de Fomento, dentro de la municipalidad de Tolimán,
se obtenían anualmente 10,900 hectolitros25 de maíz; sin embargo
esa cantidad sólo representaba la mitad de lo consumido por la
población tolimanense, que demandaba un estimado de 21,800
hectolitros anuales.26
Por su parte, Gutiérrez Álvarez afirma que Tolimán
era el tercer distrito en importancia productiva en Querétaro,
pues cosechaba anualmente en promedio 20,000 hectolitros de
maíz.27 Sin embargo, la cantidad referida por Gutiérrez Álvarez
resulta inverosímil, puesto que ésta apenas se acerca a la que
se producía en promedio en la municipalidad de Tolimán. Si el
distrito estaba conformado por tres municipalidades, y en Colón
estaban las haciendas más productivas, la cifra debió ser más
elevada.
medidas en la agricultura” en Enrique Semo (Coord.) Siete Ensayos sobre la
hacienda mexicana 1780-1880 (México: UNAM/INAH, 2012), 432.
24
La Sombra de Arteaga. Año XXI, Núm. 11, Querétaro, “La Agricultura en
Querétaro”, Parte no oficial. Marzo 18 de 1888, p. 117.
25
Un hectolitro equivale a 100 litros. Su abreviatura es hl.
26
Meyer Cosío, Querétaro árido en 1881. Una visita gubernamental a Tolimán, Colón y Peñamiller, 56.
27
Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del
Porfiriato”, 273.
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�David Gutiérrez

El otro cereal con amplia demanda era el trigo. El del
valle de Querétaro se consideraba como uno de los mejores de la
República Mexicana, siendo sólo superiores los trigos de Sonora
y los del Valle de San Martín Texmelucan, Puebla. El mejor trigo
en el distrito de Tolimán se podía encontrar en la hacienda de
Ajuchitlán; y en otros distritos las haciendas con buena calidad de
este cereal eran las de La Llave, Bravo, Chichimequillas, Atongo,
Juriquilla, Balvanera y El Batán.28
A diferencia del maíz, el trigo necesita que se riegue
frecuentemente, por ello “cuando en las fincas no hay agua
permanente, se deposita en presas y cajas construidas ad
hoc.”29 Lo anterior explica por qué en Ajuchitlán El Grande y
La Esperanza, a diferencia de otras haciendas del distrito de
Tolimán, eran importantes las presas, puesto que con el agua de
estos depósitos se irrigaba el trigal de dichas fincas. La cebada, el
otro cereal relevante en el distrito, se cultivaba en menor cantidad
y se destinaba en muchas de las ocasiones para alimentar a los
animales de tiro empleados en los trabajos agrícolas.
En la tabla 1 se muestran los volúmenes de cosecha de
los cereales del distrito de Tolimán, reportados por los prefectos
de distrito ante la Secretaría de Fomento entre los años 1889 y
1912.
La Sombra de Arteaga. Año XXV, Núm. 24, Querétaro, Alfonso Luis Velasco, “La riqueza agrícola del estado de Querétaro”, Parte no oficial. Junio 24
de 1891, 316.
29
La Sombra de Arteaga. “La Agricultura en Querétaro”, Parte no oficial,
118.
28

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�Productividad agropecuaria

Tabla 1
Producción de cereales en el distrito de Tolimán (1889-1912)
AÑO

CEBADA

MAÍZ

TRIGO

1889

3,620 hl

30,770 hl

36,200 kg

200,000 hl

36,200 kg
36,200 kg

1891
1892

1,086 hl

905 hl

1896

2,830 hl

9,176 hl

1897

1,400 hl

46,500 hl

59,300kg

1898

825 hl

42,732 hl

161,860 kg

1899

825 hl

40,980 hl

161,860 kg

1900

190 hl

17,939 hl

4,000 kg

1901

2,191 hl

164,580 hl

80,960 kg

1902

3,000 hl

151,598 hl

82,960 kg

1904

100 hl

80,842 hl

38,350 kg

1905

300 hl

33,865 hl

2,100 kg

1906

300 hl

80,842 hl

38,330 kg

80,842 hl

38,330 kg

1907
1908

150 hl

85,442 hl

38,330 kg

1909

100 hl

237,842 hl

38,330 kg

1912

1570 hl

26,000 hl

79,200 kg

Fuente: Elaboración del autor con base en fuentes primarias del AHEQ,
Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, años 1889-1912.

Todas estas cantidades provienen de las cosechas que se
levantaron en las tres municipalidades que conformaban el
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218
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�David Gutiérrez

distrito de Tolimán (Colón, Tolimán y Peñamiller), y eran la suma
de lo que reportaban tanto las haciendas como los ranchos del
distrito. Es de notar que el maíz era el cereal con mayor volumen
de cosecha llegando a los 237,842 hectolitros (hl) en 1909, cifra
lejana a la que refiere Gutiérrez Álvarez;30 mientras que el trigo
alcanzó su cúspide productiva en el año de 1899 con 161,860
hl. La producción de trigo que se reportaba en estos informes
dados a la Secretaría de Fomento provenían básicamente de dos
haciendas: Ajuchitlán El Grande y la Buena Esperanza. Los datos
para los años 1910 y 1911 no se reportaron porque hubo sequía
provocando un desastre en las cosechas.
1.4 Leguminosas, bebidas fermentadas y frutas
Otros productos que se cultivaban en el distrito eran las
leguminosas, siendo el frijol la más importante. Según una nota de
La Sombra de Arteaga, en 1888 se observaba que los rendimientos
de esta leguminosa en buenos terrenos eran que por cada fanega
sembrada se cosechaban 35.31 También era común que en todo
Querétaro y en el Bajío la siembra de frijol se intercalara con la
de maíz, obteniendo así dos productos a la vez, los cuales eran
básicos en la dieta de los habitantes de la región. Entre 1892 y
1912 se cosecharon anualmente un promedio de 2,612.13 hl de
Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del
Porfiriato”, 273.
31
La Sombra de Arteaga. “La Agricultura en Querétaro”, Parte no oficial,
118.
30

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�Productividad agropecuaria

frijol en el distrito de Tolimán.32 El arvejón, garbanzo y lenteja
se cultivaban en menor proporción, sobre todo en las grandes
haciendas, como Ajuchitlán y Esperanza, donde se contaba con
mejores tierras y disposición de obras hidráulicas que en las
labores de los pequeños productores en los pueblos del distrito.
Además de los cereales y leguminosas, se cultivaban
algunos tubérculos como el camote y la papa; asimismo, se
sembraban cacahuate y chile verde. Antes de 1888, el cultivo
de chile había estado monopolizado por los propietarios de las
grandes fincas rústicas; posteriormente esa situación cambió,
puesto que el chile fue cultivado por los pequeños agricultores
de la clase pobre, quienes lo sembraban en pequeñas huertas,
vendiendo su producto en los mercados de las ciudades, sin que
por este hecho los hacendados dejaran de cultivarlo en grandes
cantidades, pues éstos tenían agua suficiente para su producción.33
Por otra parte, es importante mencionar que los suelos
de la región del Semidesierto son ideales para el cultivo de
magueyes y en las haciendas del distrito de Tolimán era común
encontrar magueyeras. Ajuchitlán tenía una buena parte de su
tierra cultivada con estas plantas. La producción de aguamiel
para la elaboración de pulque fino y del llamado tlachique, era
importante para satisfacer la demanda de bebidas fermentadas que
AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª de Fomento. Dato fundamentado en
las boletas de producción agrícola del distrito de Tolimán, años 1892-1912.
33
La Sombra de Arteaga. “La Agricultura en Querétaro”, Parte no oficial,
118.
32

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�David Gutiérrez

consumía la población local de las haciendas y de los pueblos, y
en algunos casos para la venta en las grandes urbes.
La producción más importante de tlachique o pulque en
el estado provenía del distrito de Tolimán,34 donde en promedio,
entre los años 1892 y 1908, se produjeron anualmente 5,244 litros
de pulque tlachique. Según un informe del prefecto Francisco
de Vargas, en las municipalidades de Tolimán y en Colón se
elaboraba pulque, pero era en pequeñas cantidades, ya que no
existían tinacales.35 Lo anterior es verosímil, puesto que antes de
1897 no existen informes de producción a mediana y alta escala
de pulque en el distrito, pero en 1912, en la hacienda de Ajuchitlán
se refiere la existencia de un tinacal, que registró una ganancia
por $3,565.60;36 y hasta hace veinte años, en la hacienda de El
Zamorano se podía observar la estructura completa de su tinacal,
por lo que se presume que casi cada hacienda tenía estos espacios
de fermentación.
Otra de las bebidas fermentadas que se elaboraban en
la región era el aguardiente. En un punto de la Villa de Colón,
nombrado El Salto, existió una fábrica de aguardiente, su
Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del
Porfiriato”, 273.
35
AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 1, Exp. 30. Francisco
de P. Vargas, “Cuestionario. Industria agrícola. Elaboración de pulque”, Tolimán, 23 de noviembre de 1888.
36
Archivo del Centro de Estudios de Historia de México (ACEHM). Fondo
CCCLXXIII Testamentaria de Manuel María Gorozpe y Familia. “Balance de
comprobación”, Hacienda de Ajuchitlán, 31 de diciembre de 1912. Carpeta 7,
Documento 162, f. 3.
34

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�Productividad agropecuaria

propietario era el señor Nicolás de la Torre, residente en Querétaro.
Dicho taller producía cincuenta barriles de aguardiente de 20
grados de fuerza alcohólica al año, empleando para ello tres cubas
y dos alambiques.37
Además de los productos citados, el distrito producía
diversidad de frutas entre las que se podían encontrar plátanos,
naranjas, limas, caña de Castilla, y guayabas, cultivados en las
huertas de las haciendas y en las de los pobladores indígenas de
las riberas del río San Miguelito.38 En 1900, el distrito de Tolimán
registró ante la Secretaría de Fomento la producción de 337,590
kg de fruta, cifra engrosada principalmente por la cosecha de
zapote blanco, aguacate, tunas, limas y naranjas.39 Incluso en
pleno siglo XXI, en los tradicionales tianguis de las principales
poblaciones de los municipios de Colón, Peñamiller y Tolimán
se pueden encontrar personas que comercializan sus frutas y
semillas cultivadas en sus huertas, lo que es un claro signo de las
prácticas productivas y económicas que vienen de siglos atrás.
A pesar de que el Semidesierto queretano es un espacio
geográfico donde no existen amplias planicies con tierras muy
AHEQ. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Pedro de la Vega y José R.
Landaverde, “Cuestionario. Industria agrícola. Fábricas de aguardiente”, Villa
de Colón, 31 de octubre de 1888. Caja 1, Exp. 30.
38
La Sombra de Arteaga. Año XXV, Núm. 24, Querétaro. Alfonso Luis Velasco, “La riqueza agrícola del estado de Querétaro”, Parte no oficial. Junio 24
de 1891, 317.
39
AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento. Jesús Aguilar, “Producción
de frutas y legumbres. Distrito de Tolimán”, Tolimán, 21 de mayo de 1901.
Caja 2, año 1901, Exp. 132.
37

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nutritivas, ni la presencia de muchos cuerpos de agua, con lo
anteriormente expuesto se permite valorar un amplio espectro de
producción agrícola en el distrito de Tolimán, que abarca desde
los cereales hasta las frutas. Por eso resulta “sorprendente”40 la
producción agrícola de esta zona, como decía Juan José Gutiérrez,
porque con pocos recursos naturales se producían los alimentos
necesarios para el sustento de la población.
Una vez descrita la producción distrital, conoceremos
un poco de los antecedentes históricos de la hacienda. Además,
se dará a conocer lo que producía la hacienda de Ajuchitlán,
destacando sobre todo la producción de trigo y otros cultivos
innovadores en la región.
2. Producción agrícola en la Hacienda de Ajuchitlán El Grande
En 1547, el virrey Antonio de Mendoza otorgó una merced de
cuatro sitios mayores y ocho caballerías al oidor licenciado
Hernando Gómez de Santillán en el sitio llamado Juchitlán.41 Para
1572 se le dieron a este mismo personaje doce sitios más y nueve
caballerías.42 Después, Gómez de Santillán vendió todos esos
sitios a Gregorio Gómez que era vecino de Michoacán,43 quien
Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del
Porfiriato”, 273.
41
ACEHM, “Documentos sobre integridad de tierras de Ajuchitlán, Panales
y Zituní arreglada con el Gobierno General”, Fondo CCCLXXIII-Testamentaria Manuel María Gorozpe y familia, Carpeta 3, Documento 225, ff. 11-12,
México, Mayo-Noviembre, 1889.
42
Torre, “Ajuchitlán, El Grande, Colón, Querétaro”, 126.
43
Solís de la Torre refiere que a un tal Gonzalo Gómez, pero en realidad su
40

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�Productividad agropecuaria

tenía una hija llamada Catalina Gómez Corona la que casó con
Juan de Villaseñor Cervantes,44 mismos que vendieron la estancia
de Ajuchitlán en 1576 a Diego Alonso Larios, vecino de la
Ciudad de México.45 Sólo 20 años Ajuchitlán estuvo en posesión
de Diego, ya que para 1596 se remató y formalmente, quedó en
manos de Alonso Pérez de Bocanegra en 1600, quien la adquirió
en 12,000 pesos de oro común,46 pero que estaba condicionada
por un censo47 que debía ser pagado por el mismo Pérez de
nombre era Gregorio, lo cual se comprueba con el documento de la foja 74
del fondo CCCLLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, del
ACEHM, donde Juan de Villaseñor Cervantes le menciona con este nombre y
además declara que es su suegro.
44
Dicho personaje era vecino de Guanajuato y se dedicaba a la minería. En
el documento sobre la venta de la estancia de Ajuchitlán ubicado en el fondo
CCCLLXXIII-1, carpeta 12, foja 65 del ACEHM, se hace mención de algunas transacciones que Villaseñor Cervantes hacía en relación al azogue de las
minas que él tenía en Guanajuato. Al parecer las minas de Ajuchitlán aún no
habían sido descubiertas, Peter Gerhard apunta que éstas se descubrieron alrededor de 1700, pero no da dato exacto.
45
El documento que describe todos los sitios que le venden a Diego Alonso
Larios se ubica en ACEHM, Fondo CCCLLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y
Panales, Querétaro, Carpeta 12, Legajo1, f. 55 y ss.
46
ACEHM, Fondo CCCLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, carpeta 12, legajo 1, f. 111. Melchior Xuares, Ciudad de México, 24-31
de octubre de 1643.
47
El censo era un impuesto que era aplicado a la tenencia de la tierra. Aunque había distintos tipos de censos, consignativos, reservativos o vitalicios, los
más utilizados fueron especialmente los de tipo “consignativo” redimible, que
eran la adquisición de un capital bajo la garantía de una finca o un inmueble,
sujetándola al gravamen de una pensión anual. El censatario (aquel que solicitaba el préstamo) conservaba el pleno derecho sobre el bien inmueble y podía
venderlo, enajenarlo, si el comprador aceptaba el censo y las obligaciones que
se derivaban del mismo, y el censualista (quien otorgaba el censo) daba la
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�David Gutiérrez

Bocanegra.48 A los pocos años, Alonso falleció y la hacienda pasó
a manos de Pedro, su hijo, quien la administró junto con su madre
Beatriz Jaramillo.
Por el año de 1627 falleció Pedro Pérez de Bocanegra,
y a su viuda Elena, su cuñado Marcos le ofreció la cantidad de
14,000 pesos oro común por la hacienda de Juchitlán, en 1628;49
sin embargo, Elena no aceptó y dio en posesión la hacienda a
Juan López de Soto.50 El último heredero de los Bocanegra
también remató la hacienda Juchitlán en nombre propio y
de sus padres Alonso y Beatriz Jaramillo. Esta situación se
verificó en el año de 1674.51 En 1680 la Real Audiencia aprobó
el remate de Ajuchitlán en favor de Pedro de Solchaga,52
autorización. Las propiedades gravadas no podían ser divididas. El porcentaje
que se pagaba sobre la tierra puesta en censo era bajo. En el siglo XVI era
de poco más del 7% En el siglo XVII se redujo al 5%. A comienzos del siglo
XVIII sólo era del 3% de acuerdo con las cifras ordenadas por las pragmáticas
reales españolas.
48
Torre, “Ajuchitlán, El Grande, Colón, Querétaro”, 126. Solís de la Torre no
ofrece la cita, sin embargo podemos encontrar una referencia de ese remate en
ACEHM, Fondo CCCLLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, carpeta 12, legajo 1, ff. 82-83, y ff. 111-112.
49
ACEHM. Fondo CCCLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, carpeta 12, legajo 1, ff. 204 y ss. Domingo de Urquiza, Pueblo de Querétaro, 2 de mayo de 1628.
50
ACEHM. Fondo CCCLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, carpeta 12, legajo 1, ff. 212-214. Felipe de Santiago, Pueblo de Querétaro, 10 de mayo de 1628.
51
ACEHM. Fondo CCCLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, carpeta 12, legajo 1, f. 146. Lázaro de Vitorica y Solarte, Ciudad de
Santiago de Querétaro, 17 de octubre de 1689.
52
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�Productividad agropecuaria

personaje que pronto la vendió en 1691 a su sobrino, también
llamado Pedro de Solchaga.53 Para 1724, Pedro Solchaga
sobrino había muerto y su viuda doña Gerónima de Arteaga
Almaraz quedó como la dueña de la hacienda de Juchitlán,
pero además era propietaria de la hacienda de San Pedro y San
Pablo en la Villa de Cadereyta.54
Es prudente realizar una digresión para comentar que las
minas y ciudades son consideradas como polos de crecimiento
regional según los esquemas analíticos desarrollados por Pedro
Pérez Herrero. La minería considerada como “motor de arrastre” puede explicar la formación de cinturones de ranchos y haciendas55 en la región de Cadereyta, Tolimán y Tolimanejo en
el siglo XVIII, dentro de la cual aparece la hacienda Juchitlán o
Ajuchitlán. Por el año de 1700 se descubrieron yacimientos de
plata y oro en Juchitlán, lo que provocó que en poco tiempo se
estableciera el poblado de San Sebastián Bernal. Más hacia la
parte de Cadereyta se halló otro yacimiento en San Juan Nepotaro, carpeta 12, legajo 1, ff. 134-135. Francisco Sáenz de Segura, Ciudad de
Santiago de Querétaro, 11 de agosto de 1680.
53
ACEHM. Fondo CCCLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, carpeta 12, legajo 1, f. 150. Lázaro de Vitorica y Solarte, Ciudad de
Santiago de Querétaro, 31 de mayo de 1691.
54
ACEHM. Fondo CCCLXXIII-1 Hacienda de Ajuchitlán y Panales, Querétaro, carpeta 12, legajo 1, f. 257. Joseph Antonio de Anaya, Ciudad de México,
26 de mayo de 1724.
55
Pedro Pérez Herrero, “Los factores de la conformación regional en México
(1700-1850): Modelos existentes e hipótesis de investigación”, en Región e
historia en México (1700-1850), ed. Pedro Pérez Herrero (México, DF: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1997), 210.
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�David Gutiérrez

muceno, que propició la fundación del asentamiento nombrado
El Doctor.56
Para 1725, a doña María Gertrudis de Solchaga, hija de
don Pedro de Solchaga, se le embargó la hacienda y la mina
descubridora de Ajuchitlán,57 y en 1777, siendo ya propietario de
dicha hacienda don Pedro Romero de Terreros, conde de Regla,
habiendo realizado previa solicitud, recibió autorización para
adjudicarse un terreno para la mina.58 El conde de Regla vendió
la propiedad a Pedro José Miguel Echeverría, quien la poseyó de
1821 a 1830. Posteriormente su yerno Manuel María Gorozpe
es su propietario de 1866-1877, teniendo en cuenta que la gran
propiedad abarca tanto Ajuchitlán con sus anexas Panales y
Zituní. Para 1877, Pedro Miguel Gorozpe y Echeverría la recibe
en herencia, y es éste hacendado el que dirige la hacienda durante
el periodo del porfiriato y del que se menciona en este artículo.
Hasta el momento no conocemos los planos de la hacienda
de Ajuchitlán y sus anexas durante los siglos XVI, XVII y XVIII,
pero por la información referenciada anteriormente, sabemos de que
llegaba cerca de San Pedro Tolimán, casi el mismo territorio que tenía
Peter Gerhard, La frontera norte de la Nueva España (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 1996), 65.
57
Archivo General de la Nación (AGN). Instituciones Coloniales, Real Audiencia, Tierras (110), Contenedor 1090, Vol. 2646, Exp. 1, años 1725-1755;
Instituciones Coloniales, Real Audiencia, Tierras (110), Contenedor 1098, Vol.
2643, Exp. 1, años 1777-1790.
58
AGN. Instituciones Coloniales, Gobierno virreinal, Vol. 59, Exp. 31, año
1777.
56

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�Productividad agropecuaria

la hacienda en 1870, donde aparece la hacienda de Panales como
su anexa, además teniendo en cuenta que el sitio de Panales ya se
mencionaba desde la administración de Pedro Pérez Bocanegra, por
el año de 1621. En 1883, según una copia de la escritura de hipoteca
otorgada por Pedro Gorozpe a favor de José Lozano y Echeverría, la
hacienda de Ajuchitlán lindaba al norte con el pueblo de Tolimanejo,
Hacienda de Zamorano y Rancho de Ocotillos; al este con el Rancho
de don Francisco Verde, fracción de la Hacienda del Capulín, y
pueblos de San Pedro y San Miguel Tolimán; al sur con los pueblos
de San Antonio el Prelado y de Santillán; y al poniente con las
haciendas de la Laja y la Esperanza hasta Tolimanejo.59
Durante el Porfiriato, a 8 km de la cabecera de la
municipalidad de Colón, se encontraba la hacienda de Ajuchitlán
El Grande con una extensión de 30,702 ha, donde además de trigo
se cultivaban otros cereales, leguminosas, magueyes y frutas. Los
productos de esta hacienda eran embarcados en la estación de la
Noria, y llevados a México para su comercialización.60 Ajuchitlán
El Grande cultivaba sus distintos productos agrícolas en terrenos
de enlame que comprendían 84 ha, sin embargo la mayor extensión
de tierra era de temporal de segunda clase, que abarcaba 3,901 ha.61
Gil Mariano León, Copia de la escritura de la hipoteca otorgada por el Sr.
D. Pedro M. Gorozpe en favor del Sr. Lic. D. José Lozano y Echeverrí, en:
ACEHM. Fondo CCCLXXIII “Testamentaria Manuel María Gorozpe y Familia”, Carpeta 3, doc. 217, f. 7. México, 5 de junio de 1886.
60
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 50, Querétaro. Cesáreo Barrera
y M. Vázquez, “sección de manifestaciones”. Diciembre 12 de 1912, 455.
61
La Sombra de Arteaga. Cesáreo Barrera y M. Vázquez, “Sección de Mani59

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�Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 203-250
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Fuente: Sección de la Carta general del estado de Querétaro de Pedro Moreno, año 1897.
Fuente: http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/mapas/CINGVACA01-12-CGE-7244-A.jpg

Sección de la Carta general del estado de Querétaro

Mapa 2

David Gutiérrez

festaciones”, 454.

229

�Productividad agropecuaria

En Ajuchitlán, debido a la calidad de sus suelos y a la presencia
de manantiales, se lograban cosechas de cereales que cubrían
las necesidades tanto de la hacienda como del mercado local.62
Esta hacienda desde mediados del siglo XIX, tenía “renombre
nacional por la excelencia de sus trigos”.63 De esta calidad dan
testimonio las múltiples ocasiones en que don Pedro Gorozpe y
Echeverría, propietario de Ajuchitlán de 1877 a 1912, participó
en exposiciones internacionales y locales a donde llevó muestras
de sus productos. En 1882, en la Primera Exposición Industrial
de Querétaro, Gorozpe presentó su mejor trigo tanto de riego
como de temporal, algodón y queso de vaca,64 donde obtuvo el
primer lugar por la calidad de su trigo.65 Para la Exposición de
París en 1900, Gorozpe mandó sacos con trigo, maíz, arvejón y
frijol negro, que fueron recibidos por Carlos M. Loyola, uno de
los organizadores de las muestras que se enviaron a Francia por
parte de la Junta directiva.66
Durante el Porfiriato, el dueño de Ajuchitlán y sus
haciendas anexas Panales y Zituní, era Pedro Gorozpe Echeverría,
Juan José Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del Porfiriato”, 269.
63
García Ugarte, Esplendor y poderío de las haciendas queretanas, 40.
64
Celestino Díaz, Memoria de la Primera Exposición Industrial de Querétaro y lista de los objetos presentados en la misma (Querétaro: Imprenta de
Luciano Frías y Soto, 1882), 47–48.
65
Díaz, 101.
66
AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 1, Exp. 14. Carlos M.
Loyola, Documento sobre las semillas que envía Pedro Gorozpe a la Exposición de París, Querétaro, 19 de agosto de 1899.
62

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�David Gutiérrez

reconocido agricultor en el estado de Querétaro, y quien además
fue presidente de la Sociedad Agrícola Mexicana,67 una importante
sociedad civil de agricultores que pretendía impulsar el desarrollo
tecnológico en el campo.68 Pedro recibió como herencia de su
padre Manuel Gorozpe las haciendas en 1877, pero tiempo antes
ya se había encargado de administrar la hacienda de la Gavia, en
el estado de México, por lo que ya tenía experiencia en fincas
rústicas.
Un elemento primario en el concepto de hacienda
mexicana de Herbert J. Nickel es el absentismo de los hacendados
en sus fincas,69 lo cual paulatinamente fue provocando que los
mayordomos o administradores tuvieran un papel protagónico
en la administración dentro de las haciendas. Pedro Gorozpe,
iniciando el siglo XX, era un dueño que se hallaba ausente en
sus fincas; la persona que atendía directamente los asuntos de
AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, caja 3, Exp. 426. Sociedad
Agrícola Mexicana, “Informe sobre la conformación de la mesa directiva para
el año 1907”, México, 5 de abril de 1907. Existe un boletín de esta Sociedad
que muestran a Pedro Gorozpe como presidente en el año de 1898, mismo que
se puede consultar en AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª de Fomento, Caja
1, Exp. 166.
68
Marta Eugenia García Ugarte, Hacendados y rancheros queretanos, 17801920 (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1992), 367.
Marta Eugenia considera a la Sociedad Agrícola Mexicana como un grupo
de hacendados que buscaban defender sus legítimos intereses y procurar el
progreso y adelanto de la agricultura nacional. Además de que los estatutos de
esta sociedad eran un reflejo del cambio de mentalidad de los propietarios de
las fincas rústicas.
69
Nickel, Morfología social de la hacienda mexicana, 19–20.
67

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�Productividad agropecuaria

administración y producción de las haciendas era su mayordomo
Cesáreo Barrera, quien por correspondencia mantenía informado a
Pedro Gorozpe que residía en la Ciudad de México.70 Sin embargo,
el señor Gorozpe solía visitar sus propiedades eventualmente, ya
fuera para despejarse de la bulliciosa ciudad o para arreglar algún
asunto de gran necesidad en las fincas.
2.1 Producción de cereales y otros productos agrícolas
Ya se ha mencionado que Ajuchitlán El Grande era reconocida
por su producción de trigo, grano de buena calidad que estaba a la
altura de lo producido en otras haciendas de los distritos queretanos
con mejores tierras y recursos hídricos como los del Centro y
San Juan del Río.71 Como el trigo requería suficiente agua, en
Ajuchitlán las obras hidráulicas eran sumamente importantes. En
la hacienda existían para el año de 1903, tres presas: La Vieja,
construida a fines del siglo XVIII; la llamada Nueva, que Pedro
Gorozpe mandó construir en 1903; y la de Pilares de donde se
regaban los campos de trigo: un aproximado de 84 ha donde se
cultivaban tanto de primera como de segunda clase. 72
ACEHM, Fondo CCCLLXXIII Hacienda Ajuchitlán y Panales, Querétaro,
Carpeta 7, Documento 158. Cesáreo Barrera, “correspondencia del administrador de Ajuchitlán a Pedro M. Gorozpe”, Hacienda Ajuchitlán, 1911.
71
La Sombra de Arteaga. Año XXV, Núm. 24, Querétaro. Alfonso Luis Velasco “La riqueza agrícola del estado de Querétaro”, Parte no oficial. Junio
24 de 1891, p. 316. También aparece referido en: Alfonso Luis Velasco, Geografía y estadística de la República Mexicana, t.VIII. Querétaro de Arteaga
(México: Oficina de la Secretaría de Fomento, 1891), 46.
72
García Ugarte, Esplendor y poderío de las haciendas queretanas, 42.
70

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La producción triguera en el distrito de Tolimán, según los
datos que nos proporcionan las boletas de estadística de producción
agrícola, oscilaba entre 16,500 y 50,000 kg por año, y de la cual
Ajuchitlán aportaba alrededor del 40%, con un promedio de 22,500
kg, el resto del trigo era producido en las haciendas de La Esperanza,
Galeras y el Blanco. Parte de este grano era molido en un molino de
harina ubicado en la Villa de Colón. Su dueño era el señor Cipriano
Obregón. Era un molino pequeño conformado por dos piedras, un
cernidor, y dos elevadores: uno para trigo y otro para harinas. Su
producción anual era: 600 arrobas harina flor,73 200 arrobas grano,
150 arrobas de semita y 300 arrobas de salvado.74 La hacienda de
Ajuchitlán molía parte de su grano en ese molino, pero la mayor
cantidad de su cosecha era embarcada en la estación de La Noria
con destino a la Ciudad de México para su venta.75
El maíz era el principal cereal en la producción al ser la
base alimenticia de los trabajadores de la hacienda, pero también
tenía como destino su venta en los mercados locales del distrito
de Tolimán, en la Ciudad de Querétaro y en México. La cantidad
cosechada de este cereal llegó a su cúspide en los años de 1904
a 1909, donde se almacenaban 30,000 hectolitros76 (tres millones
Se refiere a la harina de molido fino.
AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 1, Exp. 30. Pedro de
la Vega y José R. Landaverde, “Cuestionario. Industria agrícola. Molinos de
trigo”, Villa de Colón, 31 de octubre de 1888.
75
García Ugarte, Esplendor y poderío de las haciendas queretanas, 43.
76
Información recabada según las boletas de producción agrícola años 18911909, AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª. Fomento. Los años de 1910 y
73
74

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�Productividad agropecuaria

de litros); éste era un volumen excepcional si tenemos en cuenta
que el maíz se cultivaba sobre todo en las tierras de temporal a
expensas de la lluvia.
Anterior a 1904, la producción de maíz en Ajuchitlán
oscilaba entre los 4,000 y 10,000 hectolitros, pero posteriormente
se triplicó debido a la construcción de la presa Nueva en 1903,
de donde se pudo regar una mayor extensión del cultivo de este
cereal. La tabla 2 concentra los volúmenes de producción de los
principales cultivos en la hacienda de Ajuchitlán.
Tabla 2
Principales productos agrícolas de la hacienda de Ajuchitlán el Grande
AÑO
1891
1892
1904
1905
1906
1907
1908
1909
1910
1911

Maíz
4, 000 hl
10,000 hl
30,000 hl
30,000 hl
30,000 hl
30,000 hl
30,000 hl
30,000 hl
Pérdida total
(p.t.)
p.t.

Trigo

Frijol

300 hl
500 hl
161 hl
21 hl
222.3 hl
222.3 hl
161 hl
222.3 hl

100 hl
1,000 hl
60 hl
60 hl
60 hl
120 hl
290 hl
186 hl

p.t

p.t.

p.t.

p.t.

Fuente: Elaboración del autor. AHEQ, Fondo Ejecutivo,

Sección 4ª Fomento, años 1891-1911.

1911, fueron de pérdida total (p.t.) debido a los malos temporales.
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Según lo informaba Cesáreo Barrera en 1912, los años de
1910 y 1911 habían sido de mal temporal, lo que provocó una
pérdida total en las cosechas de los cereales de la hacienda de
Ajuchitlán.
Para el almacenamiento del trigo, maíz y frijol, que eran
los granos básicos que se producían en Ajuchitlán, se usaban
las trojes de hasta dos niveles. Arnulfo Cabrera afirmaba que en
lo que hoy es la casa del hacendado, remodelada por el coronel
José García Valseca, “donde está el comedor, el antecomedor y
la cocina era una troje de dos naves”,77 lo que da una idea de los
grandes volúmenes que se cosechaban y almacenaban en estas
bodegas.
En los informes estatales de la Secretaría de Fomento
no aparece toda la gama de productos agrícolas cultivados en
Ajuchitlán El Grande; pero según un balance de comprobación de
esta hacienda, todavía para 1912 se seguía produciendo arvejón,
haba, lenteja, garbanzo, papa y chile,78 lo que denota que la finca
era productiva y seguía manteniendo la diversidad de cultivos
como en los años previos al Porfiriato, cuando el dueño era el
señor Manuel María Gorozpe, padre de Pedro.
Por otra parte, la producción de pulque fino y tlachique,
demandaba una superficie considerable de magueyes sembrados,
Vega Prado, De Tolimanejo a Villa de Colón. Haciendas colonenses, 61.
ACEHM, Fondo CCCLXXIII Testamentaria de Manuel María Gorozpe y
Familia, Carpeta 7, Documento 162. “Balance de comprobación”, Hacienda de
Ajuchitlán, 31 de diciembre de 1912.
77
78

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llegándose a registrar 21,500 plantas,79 y que en 1912 verificó un
ingreso por $41, 035.79. La huerta, era otro espacio de donde se
obtenían diversas frutas como el membrillo, durazno, chirimoyo,
granadas, entre otros; y que en ese mismo año reportó ganancias
por $2,252.91.80
A pesar del absentismo de algunos dueños, “hubo en
Querétaro haciendas que estuvieron hacia finales del siglo
XIX impulsando la introducción de productos hasta antes
insospechados en la zona como la caña de azúcar o el algodón”.81
Por ejemplo, Pedro Gorozpe introdujo cultivos nuevos en su
hacienda de Ajuchitlán; no sólo siguió con los clásicos cereales
y leguminosas, sino que se decidió a introducir linaza, algodón y
morera. La linaza se cultivaba con éxito en la finca de Ajuchitlán,
y su grano se vendía en Querétaro y México, pero no se explotaba
para desfibrarla, pues Gorozpe desconocía el procedimiento
químico o mecánico para tal efecto. El algodón se producía en un
lugar llamado la Salitrera donde había abundancia de agua.82 En
cuanto a las moreras, Gorozpe, en diciembre de 1882, solicitó un
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 50, Querétaro. Cesáreo Barrera
y M. Vázquez, “Sección de Manifestaciones”. Diciembre 12 de 1912, 455.
80
ACEHM, Fondo CCCLXXIII Testamentaria de Manuel María Gorozpe y
Familia, Carpeta 7, Documento 162, f.1. “Balance de comprobación”, Hacienda de Ajuchitlán, 31 de diciembre de 1912.
81
Flores Olague, “Haciendas de Querétaro en el siglo XIX y principios del
XX: personajes y relaciones”, 323.
82
AHEQ. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja1, Exp. 3. Jesús Mota,
“Cuestionario sobre frutos susceptibles de exportación”, Villa de Colón, 17 de
octubre de 1882.
79

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número de plantas de morera blanca para “plantarlas y aclimatarlas
en su finca de Ajuchitlán”,83 y con ello impulsar la producción de
seda que el gobierno federal, a través de la Secretaría de Fomento
tenía planeado.
La agricultura era una actividad menor en las haciendas
anexas de Panales y Zituní, debido a la calidad y extensión de
sus terrenos inferiores a los Ajuchitlán. La hacienda de Panales,
ubicada en parte de los municipios de Tolimán y Colón, en 1912
poseía dos tipos de terrenos para la producción agrícola: 44 ha
de tierra de riego de segunda clase y 88 ha de tierras de temporal
de segunda clase.84 Zituní, en Cadereyta, explotaba 363 ha de
temporal de segunda clase.85
Las cosechas de maíz y frijol de Panales y Zituní eran
muy inferiores a las de la hacienda principal de Ajuchitlán. Por
ejemplo, en 1891, en Ajuchitlán se cosecharon 4,000 hectolitros
de maíz, mientras que en Panales, sólo se obtuvieron 200; y para
1892, en Ajuchitlán se levantaron 10,000 hectolitros de maíz, y
en Panales sólo 300.86 La producción agrícola en estas haciendas
AHEQ. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 1, Exp. 13. México, 23 de diciembre de 1882. Pedro Gorozpe, “Carta solicitud dirigida a José
María Esquivel, secretario del gobierno constitucional de Querétaro, 1882”,
México, 23 de diciembre de 1882.
84
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 37, Querétaro. Cesáreo Barrera
y M. Vázquez, “Sección de Manifestaciones”. Septiembre 12 de 1912, 352.
85
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 50, Querétaro. Cesáreo Barrera
y M. Vázquez, “Sección de Manifestaciones”. Diciembre 12 de 1912, 455.
86
AHEQ. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 2, Exp. 25. Jesús E.
Monsalve, “Noticia aproximada que manifiesta la cosecha media en el año
83

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�Productividad agropecuaria

anexas estaba más enfocada a la alimentación de la población
trabajadora que habitaba en ellas. Tanto la hacienda de Panales
como Zituní, se dedicaron más a la explotación de ganado mayor
y menor.
3. Haciendas anexas de Panales y Zituní: agostaderos
de Ajuchitlán El Grande
La mayor parte del territorio de las haciendas de Ajuchitlán,
Panales y Zituní, era de agostadero y no tanto de tierras de cultivo,
debido a que la topografía de la región del distrito de Tolimán
en la parte nororiental está conformada por cerros y montañas,
encontrándose pocas planicies. Los agostaderos son aquellos
terrenos de los cerros en donde pastan los ganados mayores y
menores. En las partes bajas corrían arroyos en donde abrevaban
los ganados.
La hacienda de Panales era considerada como el gran
agostadero de Ajuchitlán El Grande, pues en ella se criaban miles
de cabezas de ganado. Su extensión era de 29,702 ha, siendo
agostadero de segunda clase debido a la calidad de pastos y aguas.
Según cifras de la estadística del estado de Querétaro, elaborada
por Alfonso Luis Velasco, en 1891, en el distrito de Tolimán
había un total de 59,060 cabezas de ganado mayor y menor, con
un valor total de $242,840.
anterior comparada con la que se obtiene en años normales y la existencia de
ganados que tienen las fincas rústicas de este distrito”, 7 de enero de 1892.
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�Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 203-250
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-71

Fuente: Sección de la Carta general del estado de Querétaro (1897), ing. Pedro Moreno. Tomado de la mapoteca
“Manuel Orozco y Berra”. http://w2.siap.sagarpa.gob.mx/mapoteca/mapas/CINGVACA01-12-CGE-7244-A.jpg

Sección de la Carta general del estado de Querétaro (1897)

Mapa 3

David Gutiérrez

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�Productividad agropecuaria

Este ganado incluía el vacuno, caballar, mular, asnal, cabrío y
porcino.87 En ese mismo 1891, la hacienda de Panales reportó en su
haber 150 vacas, 80 caballos, 80 mulas, 50 asnos, 1,000 animales
de pelo88 y 200 ovejas.89 En 1912, el administrador Cesáreo Barrera
informaba al gobierno de Querétaro la existencia de 5,118 cabezas
de ganado mayor y menor, donde las cabras de vientre y chivos
eran los más numerosos. 90 Por su parte, Marta Eugenia García
Ugarte apuntaba que los agostaderos de Panales criaban alrededor
de ocho a diez mil cabezas de ganado menor y seiscientas reses,91
cifra de ganado menor que parece elevada al contrastarla con los
datos oficiales reportados ante las instancias gubernamentales de
fines del siglo XIX y comienzos del XX. En la época novohispana
sí se registraron en esta zona grandes rebaños de ovejas y cabras;
así, según lo investigado por David Brading, entre 1752-1763, la
hacienda de Panales mantenía un rebaño de 11,000 cabras.92 En
referencia al volumen de ganado menor en la zona del Semidesierto
queretano, Antonio Vera Soto indica que:
Velasco, Geografía y estadística de la República Mexicana, t.VIII. Querétaro de Arteaga, 82.
88
Se refiere a las cabras.
89
AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 2, Exp. 25. Jesús Mota
y Jesús E. Monsalve, “Noticia aproximada que manifiesta la existencia de ganados que tienen las fincas rústicas de este distrito”, Tolimán, enero de 1892.
90
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 37, Querétaro. Reportado por
Cesáreo Barrera en la “Sección de manifestaciones”. Septiembre 12 de 1912,
352.
91
García Ugarte, Esplendor y poderío de las haciendas queretanas, 45.
92
Brading, Haciendas y ranchos del Bajío. León 1700-1860, 83.
87

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A lo largo del siglo XIX se registró el descenso en la crianza
de las ovejas y las cabras, práctica que tanta fama le diera a la
provincia queretana por más de 300 años. Gran parte de los
terrenos erosionados de los actuales municipios de Tolimán,
Colón y Peñamiller se debe, sin duda a la falta de carga de
ganado menor en la región, pues todavía a mediados del siglo
XX, el inventario de ganado debió ser incluso superior al actual
de todo el estado, en materia de ganado ovicaprino.93

Lo citado por Vera Soto permite dimensionar, aunque
parcialmente, la importancia ganadera en el distrito de Tolimán
en la época novohispana y su paulatino declive en el siglo XIX.
En el Porfiriato, Tolimán ya no era el distrito con mayor número
de cabezas de ganado mayor y menor en el estado, pues el primer
lugar lo tenía el distrito del Centro, seguido por San Juan del Río;
no obstante, Tolimán continuó siendo un distrito que criaba gran
cantidad de cabras, casi igual al Centro. En 1902, el distrito del
Centro reportó la existencia de 33,302 cabezas de ganado cabrío,
mientras Tolimán lo hizo con 27,510, cifras muy cercanas.
El volumen de producción ganadera en Tolimán debía
mucho a la crianza de ganado mayor y menor en la hacienda de
Panales. En esta finca, durante el periodo del hacendado Pedro
Gorozpe, había un mayordomo quien a su mando tenía la plantilla
de trabajadores que básicamente se dedicaba a la ganadería.
Ese conjunto laboral estaba integrado por un mayordomo de
campo, un sobresaliente de vacieros, un caporal, dos vaqueros,
Antonio Vera Soto, Historia de la ganadería en el estado de Querétaro
(Querétaro: Gobierno del Estado de Querétaro, 2003), 66.
93

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�Productividad agropecuaria

dos vacieros y quince pastores.94 Dicho grupo de trabajadores
sólo es una referencia, pues su cantidad en cada categoría con
seguridad fue variando año con año. Ajuchitlán El Grande era la
hacienda con más trabajadores en el distrito de Tolimán, llegando
a registrarse hasta 270 jornaleros, lo que es otro indicador de su
importancia; seguida por Extoraz con 80; La Esperanza, 70; y
Galeras, 72. Todos los trabajadores sin importar la hacienda en la
que laboraran ganaban 25 centavos.95
También es significativo que para 1902, en la hacienda de
Panales, los arrendatarios tenían más cabezas de ganado vacuno
que la misma hacienda, y un número de cabras nada despreciable;
las cifras apuntan a que dichos arrendatarios poseían 518 cabezas
bovinas con un valor de $8,845, en comparación de las 235
con valor de $2,590 registradas a nombre del administrador de
Panales, José María Peña.96
La Estadística Ganadera de la República Mexicana
que encabezó el Dr. Antonio Peñafiel en 1902, arrojó que en el
distrito de Tolimán existían 4,809 cabezas de ganado vacuno, de
las cuales 1,175 se encontraban en Tolimán. Recordemos que la
ACEHM. Fondo CCCLXXIII Testamentaria Manuel María Gorozpe y familia, carpeta 7, Documento 524, f. 1. “Sueldos de dependientes de la hacienda
de Ajuchitlán”, sin año.
95
AHQ. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento. Graciano González, “Boleta
para recoger datos sobre estadística agrícola”, años 1900-1912.
96
AHEQ. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 3, Exp. 282.Benito
Morales, “Estadística ganadera. Distrito Tolimán”, Tolimán, 29 de octubre de
1902.
94

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hacienda de Panales estaba en esa municipalidad, y si sumamos las
cabezas de ganado de los arrendatarios de Panales con las cabezas
pertenecientes a la hacienda se contabilizan 753, lo que es más del
50% del total de cabezas de ganado vacuno en la municipalidad,
dejando ver la importancia que esta hacienda tenía en la zona.97
Por su parte, la hacienda de Ajuchitlán no estaba tan
dedicada a la producción pecuaria, como sí a la agrícola.
Las yeguas, caballos y burros eran la prioridad en esta finca,
seguramente porque las labores del campo exigían este tipo de
animales, al igual que el transporte de productos y leña. En ese
mismo año, Ajuchitlán reportaba de ganado: 307 yeguas, 79
caballos, 37 mulas, 41 machos y 200 asnos;98 sin embargo, en esta
finca también eran criados cerdos, vacas, toros y ovejas, tanto
para venta, como para pago a través de la carne y leche a algunos
trabajadores especiales de la hacienda.99
Según un informe de 1912 redactado en la sección de
manifestaciones de La Sombra de Arteaga, la finca de Ajuchitlán
Antonio Peñafiel, “Estado de Querétaro”, Estadística ganadera de la
República, 1902 (México: Oficina tipográfica de la Secretaría de Fomento,
1903). Consultado en AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento, Caja 3.
98
AHEQ. Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento Estadística, Caja 1, Exp. 28.
Jesús Mota y Jesús E. Monsalve, “Noticia que rinde esta oficina a la Secretaría
del Superior Gobierno del Estado, respecto de la cantidad de cabezas de ganado caballar, mular y asnal existentes en las haciendas y ranchos de este distrito
con expresión del número de machos y hembras de esas diferentes especies, su
precio medio y clase”, Tolimán, octubre 6 de 1890.
99
ACEHM. Fondo CCCLXXIII Testamentaria Manuel María Gorozpe y familia, carpeta 7, Documento 524, f. 1, “Sueldos de dependientes de la hacienda
de Ajuchitlán”, Sin año..
97

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poseía 26,716 ha de agostadero donde se criaban variedad de
ganados mayores y menores, donde los más numerosos eran las
borregas de vientre, borregos de arredro y las vacas de vientre.
Por su parte, los cerdos eran criados en zahúrdas o chiqueros en
las inmediaciones de la casa grande. En Ajuchitlán El Grande,
durante 1912 se reportó la cantidad de 3,218 cabezas de ganado,
donde los borregos eran los más numerosos.100
La hacienda de Zituní, en el distrito de Cadereyta,
colindante con el de Tolimán, era prácticamente una hacienda
ganadera, porque casi toda su extensión era un agostadero de
4,463 ha, donde en 1912, criaba a 383 cabezas de ganado vacuno,
ovino, equino y asnal, principalmente;101 a pesar de esto, la
producción ganadera era inferior a la de los Panales y Ajuchitlán.
La producción ganadera de Ajuchitlán El Grande era un
rubro que reportaba ganancias a la economía del hacendado, ya que
de otro modo no hubiera continuado Pedro Gorozpe con la crianza de
los distintos ganados en sus propiedades, sin embargo, representaba
sólo una de las tantas actividades para generar ingresos. En 1912,
por concepto de venta de ganado vacuno ingresaron a la economía
de la hacienda $24,799.96; de ganado caballar, $9,737.12; por
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 50, Querétaro, Reportado por
Cesáreo Barrera en la “Sección de manifestaciones”. Diciembre 12 de 1912,
455.
101
La Sombra de Arteaga. Año XLVI, Núm. 50, Querétaro, Reportado por
Cesáreo Barrera en la “Sección de manifestaciones”. Diciembre 12 de 1912,
455.
100

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boyada de tiro, $21,006.02; y por ganado lanar, $7,675.93.102 Estas
cifras sólo correspondían a la finca de Ajuchitlán; por su parte,
Panales y Zituní, en 1912, reportaron sus ingresos de forma global
sin desglosar el rubro de la producción ganadera.
La hacienda Ajuchitlán El Grande, junto con sus anexas,
por lo ya expuesto en los anteriores apartados, significaron para el
hacendado Pedro Gorozpe espacios de producción agropecuaria
que cubrían las necesidades de su población trabajadora, y por otra
parte, podía producir granos que posteriormente se embarcaban a
la Ciudad de México.
Resultados
Conforme a los elementos primarios de elección del producto
y volumen de producción en la definición de hacienda de
Herbert J. Nickel, Ajuchitlán El Grande era un espacio dedicado
primordialmente a la producción de trigo, maíz y frijol. Panales y
Zituní se habían especializado en la ganadería. Los volúmenes de
producción agropecuaria de estas haciendas son relevantes para
la historia económica regional al ser los mayores en la región y un
referente de productividad en el distrito de Tolimán.
Entre las haciendas más extensas del distrito de Tolimán
en los años 1891 y 1892, tales como la Esperanza, Extoraz,
Zamorano, Panales y Ajuchitlán El Grande, es relevante observar
ACEHM, Fondo CCCLXXIII Testamentaria de Manuel María Gorozpe
y Familia, Carpeta 7, Documento 162, fs. 1-3, “Balance de comprobación”,
Hacienda de Ajuchitlán, 31 de diciembre de 1912..
102

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cómo Ajuchitlán producía todos los cultivos de cereales y
leguminosas, y sus volúmenes eran superiores a las otras, sobre
todo en maíz y trigo. De maíz, Ajuchitlán producía hasta 10,000
hl, seguido por La Esperanza con 4,000 hl; y de trigo se reportó
500 hl. En el rubro ganadero, si bien la hacienda de Ajuchitlán
presentó buenas cantidades de cabezas de ganado menor y mayor,
las haciendas del Zamorano, Panales y Extoraz estaban dedicadas
a la ganadería y tenían la primacía en la producción ganadera,
donde el ganado de pelo era el más abundante.
Gutiérrez Álvarez afirmaba que Tolimán era el tercer
distrito en importancia productiva en Querétaro, pues cosechaba
anualmente en promedio 20,000 hectolitros de maíz,103 cantidad
engrosada por la producción de las haciendas y ranchos de las tres
municipalidades. No obstante, de acuerdo a los datos recuperados
de las boletas de producción agrícola para el distrito de Tolimán,
entre los años 1889 y 1912, este distrito cosechó anualmente un
promedio de 54,513.47 hl de maíz, cifra superior a la estimada
por Gutiérrez Álvarez.104
Entre 1904-1909, la producción de maíz en el distrito de
Tolimán ascendía a 80,842 hectolitros, de los cuales la hacienda
de Ajuchitlán aportaba 30,000 hectolitros, posicionándose como
la hacienda que más maíz producía; en segundo lugar, aparecía
Gutiérrez Álvarez, “Estado, haciendas y campesinos en el Querétaro del
Porfiriato”, 273.
104
AHEQ, Boletas de producción agrícola, años 1899-1912, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento.
103

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la hacienda de la Esperanza con una producción de 18,129
hectolitros; seguida por la hacienda de Galeras con 15,000
hectolitros. Aunque la hacienda de Extoraz era muy extensa, la
mayor parte de ésta se destinaba a la ganadería, reportando sólo
800 hectolitros de maíz cosechado.105
Por otra parte la producción triguera en el distrito de
Tolimán oscilaba entre 16,500 y 50,000 kg, a la cual Ajuchitlán
aportaba alrededor del 40%, con un promedio de 22,500 kg
anuales. El otro 60% de las cosechas de trigo era aportado por las
haciendas de La Esperanza, Galeras y el Blanco.
A diferencia de otras haciendas del distrito, Ajuchitlán El
Grande buscó diversificar la producción de los cultivos, desde los
cereales, leguminosas, frutas y magueyeras, hasta la introducción
de cultivos como la morera, la linaza y el algodón, que no se veían
en muchas fincas de la región, con lo que la hacienda se convirtió
en modelo de nuevos procedimientos agrícolas. Este artículo no
exploró la introducción de maquinaria, ni las nuevas técnicas
de producción agropecuaria en las haciendas mencionadas, sin
embargo, al mencionar que el hacendado de Ajuchitlán se aventuró
a sembrar nuevos productos en la región se infiere que debió haber
adoptado nuevas formas de producción para su cultivo.
Ajuchitlán El Grande y sus anexas, en su estructura física
y organizativa-laboral, se encontraban en una fase de transición
Información extraída de las boletas de estadística de producción agrícola,
años 1904-1909, AHEQ, Fondo Ejecutivo, Sección 4ª Fomento.
105

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�Productividad agropecuaria

hacia la modernización, observada en la inversión en obras
hidráulicas, introducción de nuevos cultivos, el uso del mayor
número de fuerza laboral en la zona y aprovechamiento óptimo de
los recursos naturales, lo que le favoreció para tener los mejores
niveles de producción agropecuaria en el distrito de Tolimán.
Referencias
Archivos
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�La Sauceda de los Pérez Gavilán. Desintegración de la
hacienda y conformación del ejido en La Sauceda,
Durango (1883-1933)
La Sauceda of the Pérez Gavilán. Disintegration of the hacienda
and conformation of the ejido in Sauceda, Durango (1883-1933)
Fernando Marco Calleros García

Universidad Autónoma de Aguascalientes
Aguascalientes, México
orcid.org/0000-0003-1096-0075

Resumen: El presente trabajo aborda el proceso de desintegración
de la hacienda de La Sauceda y por consiguiente la conformación
del ejido en la misma comunidad, en la municipalidad de
Canatlán, Durango. Se ofrece de manera breve la trayectoria de la
finca en las manos de la familia Pérez Gavilán y la manera en que
éstos la administraron durante el tiempo que les perteneció; se
analizan las circunstancias particulares y ajenas que provocaron
la desarticulación de la hacienda, desde finales del siglo XIX hasta
la ejecución de la reforma agraria. Con ello, se pretende contribuir
a la historia regional a partir de la comprensión y análisis de
procesos que transformaron las estructuras políticas, económicas
y sociales. Las principales fuentes primarias utilizadas son
contratos de venta formalizados antes diversos notarios públicos,
el registro de las propiedades rurales, así como otros documentos
agrarios.
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�La Sauceda

Palabras clave: hacendados; ejido; tierra; conflicto; La Sauceda
Abstract: The present work exposes the process of disintegration
of the hacienda of the Sauceda and, therefore, the conformation of
the ejido in the same community in the municipality of Canatlán,
Durango. It briefly offers the trajectory of the estate in the hands
of the Pérez Gavilán family and the way in which they managed
it during the time that it belonged to them, and the particular
and foreign circumstances that caused the disarticulation of the
hacienda are analyzed from the end of the 19th century until the
implementation of the agrarian reform. The aim is to contribute
to regional history by understanding and analyzing processes
that transformed political, economic, and social structures. The
main primary sources used are contracts of sale formalized before
various public notaries, a register of rustic estate and various
agrarian documents.
Keywords: landowners; ejido; land; conflict; La Sauceda

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�Fernando Calleros

Introducción
Desde la época colonial hasta principios del siglo XX la hacienda
fue el centro de la vida rural en México. Su importancia radica
en que trascendió el ámbito económico, determinando también
aspectos sociales, políticos y culturales de la sociedad mexicana.
Sin embargo, a pesar de haber existido como unidad productiva
desde el período colonial, fue durante el siglo XIX cuando la
hacienda mexicana llevó a cabo su expansión y consolidación
como sistema productivo, debido particularmente a los efectos de
las leyes de reforma, la implementación de nuevos mecanismos
de producción y a la propia consolidación del Estado mexicano.1
De esta forma, durante el porfiriato, el desarrollo del sector
agropecuario resultó ser más evidente que en épocas anteriores,
en gran medida por las políticas económicas estimuladas por el
propio Estado, las cuales buscaban incentivar la inversión de
grandes capitales, y con ello lograr la modernización del sector
agrario. En el caso de Durango, las zonas con riqueza viable
fueron las que gradualmente incorporaron sus tierras hacia
la producción mercantil, por lo que el valor de la tierra estuvo
ligado directamente con el potencial productivo y la posibilidad
de irrigación que había para dichas tierras; los productos con
mayor importancia fueron aquellos ligados al mercado nacional
y exterior.2
Juan Felipe Leal, “Campesinado, haciendas y Estado en México: 18561914”, Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, núm. 5 (1986): 8.
2
Gloria Cano Cooley y Miguel Vallebueno, “El campo y la tenencia de
1

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�La Sauceda

La hacienda de La Sauceda estaba ubicada en la
municipalidad de Canatlán, y desde la segunda mitad del siglo
XIX perteneció a la familia Pérez Gavilán, quienes gracias a sus
relaciones políticas y económicas lograron mantenerla como una
importante finca productora hasta principios del siglo XX. Fue
pionera en la transformación de las actividades agrícolas de la zona
y en su incorporación en la dinámica mercantil en la transición al
siglo XX. El objetivo del presente trabajo es abordar el proceso
histórico que llevó a la desintegración de la mayor parte de la
hacienda, para lo que en primera instancia se da cuenta de manera
breve de la trayectoria de la finca y de sus dueños; posteriormente
se pretende analizar el proceso de desintegración, que inició desde
el porfiriato con la separación de algunas fracciones por parte de
la misma familia, y se concluyó en el periodo posrevolucionario,
como resultado del propio movimiento.
Para esto, el texto se divide en los tres apartados siguientes:
“Concentración y fragmentación de las tierras de La Sauceda y sus
anexas”, donde se expone la trayectoria de la hacienda en las manos
de los Pérez Gavilán y la forma en la que dicha familia administró
la finca hasta los primeros años del siglo XX; igualmente, se aborda
el proceso de desintegración iniciado con la separación de bienes
llevada a cabo por una de las hermanas. Posteriormente, en “La
desarticulación de la hacienda de La Sauceda”, se estudia la manera
la tierra (1880-1910)”, en Durango (1840-1915) Banca, transportes, tierra
e industria, ed. Mario Cerutti (Monterrey: Universidad Juárez del Estado de
Durango; Universidad Autónoma de Nuevo León, 1995), 59–85.
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�Fernando Calleros

en que los dueños llevaron a cabo el fraccionamiento de la finca en
el contexto de la aplicación de la reforma agraria de acuerdo con
algunas etapas identificadas y diversas modalidades. Finalmente,
en “Reforma agraria y conformación del ejido de La Sauceda”
se expone el proceso de conformación del ejido de La Sauceda,
a partir de las dificultades que el propio trámite implicaba y las
estrategias que los campesinos llevaron a cabo para contrarrestar la
defensiva por parte de los hacendados, como la incorporación de
alianzas con agrupaciones políticas y sindicales que les brindaron
aparentes ventajas en el proceso de reparto.
1. Concentración y fragmentación de las tierras de
La Sauceda y sus anexas
Durante el porfiriato, en la municipalidad de Canatlán había un
total de 135 fincas rústicas de acuerdo con la información registrada
en el padrón de 1898,3 de las cuales once fueron registradas como
“haciendas”, veintiuna como “ranchos” y el resto no contiene
algún nombre que las clasifique (únicamente aparecen el nombre
del dueño y la localidad en la que se ubicaban). Sin embargo, a
pesar de que el tipo más numeroso era el de la pequeña propiedad,
la mayor parte de la zona estaba ocupada por grandes propiedades,
dentro de las cuales destacaban cinco latifundios y seis haciendas
cuya extensión era mayor a 10,000 hectáreas, asentadas en los
valles de Cacaria y Guatimapé, y que abarcaban casi la totalidad
Archivo Histórico del Estado de Durango (AHED), Registro de fincas rústicas para la municipalidad de Canatlán, 1898.
3

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�La Sauceda

de las llanuras y parte de la sierra de dicho territorio.4
La hacienda de La Sauceda era propiedad de los Pérez
Gavilán, familia que formó parte de la elite duranguense del siglo
XIX, cuyas características comunes fueron el haber conformado
un gran capital a lo largo de siglo, así como el establecimiento de
estrategias que les permitieron mantener y acrecentar su condición
de notabilidad por medio de sus relaciones de parentesco y
amistad con las demás familias prominentes. Además, siguieron
cánones tradicionales que identificaban la posesión de tierras con
estatus, prestigio y poder económico.5
Los Pérez Gavilán heredaron fincas rústicas por línea
paterna y materna, lo cual influyó considerablemente para que
aumentara su prestigio como terratenientes importantes y con
ello también su poder económico. De esta forma, en 1863, tras
la muerte de su tío Leandro Sánchez Manzanera y Salas, Manuel
Pérez Gavilán tomó posesión de la hacienda de La Sauceda,6
la cual estaba considerada como una de las fincas rústicas más
importantes del estado.
Estas propiedades fueron: Guatimapé con 86,400 ha; Santa Lucía, San
Bartolo y Anexas con 52,600 ha; La Sauceda 32,080 ha; Cacaria 86,440 ha;
De Los Ángeles 53,380 ha; Santa Isabel 22,724 ha; El Maguey 68,300 ha; San
Francisco del Sauz y Cañas 23,597 ha; Los Pinos 33,068 ha; La Magdalena
27,152 ha y Punta de Levario con 10,425 ha. AHED, Registro de fincas rústicas para la municipalidad de Canatlán, 1898.
5
Graziella Altamirano, “Los Pérez Gavilán, una familia de elite porfiriana
en Durango”, Transición, núm. 25 (2001): 87–112.
6
Archivo de Notarías del Estado de Durango (ANED), Felipe Villarreal, 8
de noviembre de 1889.
4

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Mapa 1
La Hacienda de La Sauceda y sus anexas

En ese momento, la finca abarcaba alrededor de 54,000 hectáreas,
además del casco con sus respectivos potreros y edificaciones.
También tenía anexados los ranchos de San Bartolo y Santa Cruz,
las estancias de Cosinas, Gogojito y Medina (véase mapa 1);
de manera general, la finca poseía tierras de buena calidad con
acceso a diferentes cuerpos de agua; por lo tanto, era importante
productora de maíz, frijol, trigo e incluso algunos frutales, como
el perón que en años posteriores le daría renombre; además,
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�La Sauceda

contaba con un amplio número de cabezas de ganado vacuno,
menor y caballar.
En la segunda mitad del siglo XIX, el arrendamiento
se había convertido en un sistema que se ajustaba a las nuevas
condiciones que se manifestaron en los mercados productivos,
muchos de los hacendados preferían sacrificar ganancias con
tal de disminuir los riegos de pérdidas.7 Por tal motivo, en el
año 1870, algunas fracciones de las estancias y potreros de La
Sauceda estaban arrendadas como tierras de cultivo. En total para
ese año, había ocho campesinos designados como arrendatarios,
los cuales también eran considerados como fuerza de la clase de
jornaleros del campo; asimismo, había un total de 238 individuos
que trabajan en las labores de la hacienda y sus estancias, la
mayor parte de los cuales aparecen registrados como labradores
de campo (no se sabe cuántos se pueden asumir como peones
acomodados o permanentes, pues recordemos que dicha figura
resulta ser un elemento fundamental para la compresión de la
hacienda como unidad productiva).8 En seguida estaban los
Jesús Gómez Serrano, Haciendas y ranchos de Aguascalientes. Estudio
regional sobre la tenencia de la tierra y el desarrollo agrícola en el siglo XIX
(México, DF: Universidad Autónoma de Aguascalientes; Fomento Cultural
Banamex, 2000), 65.
8
Jan Bazant considera como elemento fundamental de la hacienda a los
peones acomodados o permanentes, incluso afirma que ésta puede funcionar
sin la existencia de trabajadores temporales, medieros o arrendatarios, pero no
sin el grupo permanente de familias que gozan de ciertos derechos tradicionales y que contribuyen de manera permanente en las labores del campo. Jan
Bazant, “Peones, arrendatarios y aparceros en México: 1851-1853”, Historia
7

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vaqueros, después los pastores y por último los arrieros, quienes
por lo regular laboraban de manera temporal.9
El sistema de arrendamiento siguió utilizándose en décadas
posteriores en la hacienda de La Sauceda, e incluso se llegó a
arrendar la totalidad de la finca en 1882, probablemente debido a
la necesidad que tuvo el propietario de mantenerse ausente para
atender los demás negocios que poseía. Para ello contamos con
la inscripción del contrato protocolizado ante el notario Felipe
Villarreal el 20 de octubre de 1882, el cual, a pesar de ser breve,
permite revisar de manera precisa las condiciones generales bajo
las cuales se llevó a cabo dicho acuerdo.10
La hacienda, con sus edificaciones, potreros y ranchos
anexados, cabezas de ganado, usos y servidumbres, se le arrendó
al señor Felipe López Negrete, quien era propietario de la hacienda
de Santa Lucía;11 el plazo del contrato estipuló un periodo de
Mexicana, núm. 90 (1973): 330–57.
9
AHED. Lista de los campesinos que trabajan en la hacienda de la Sauceda
del municipio de Canatlán, 1870, documento sin clasificar.
10
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, 20 de octubre de 1882, 3-4.
11
La Familia López Negrete tuvo presencia en tierras duranguense desde
finales del siglo XVIII, al igual que los Pérez Gavilán, sus miembros establecieron lazos de parentesco y amistad con diversas ramas de la élite duranguense del siglo XIX, lo cual influyó para que ocuparan un lugar importante en la
alta sociedad. Por lo tanto, no es de extrañarse que ambas familias estuvieran
emparentadas, ello debido al lazo con los Sánchez Manzanera, familia de prestigiados terratenientes españoles de la época colonial vinculados con la iglesia
Católica y poseedores de una considerable fortuna. Felipe López Negrete era
hijo de Antonia Sánchez Manzanera y Salas, mientras que Miguel Pérez Gavilán lo era de Nicolasa Sánchez Manzanera y Salas, es decir, eran primos.
Altamirano, “Los Pérez Gavilán, una familia de elite porfiriana en Durango”,
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siete años, sin embargo, éste podía prolongarse un año más, si así
convenía a las partes involucradas. El precio del arrendamiento
fue de $7,500 pesos anuales y debía pagarse en mensualidades
vencidas. Asimismo, el contrato menciona la elaboración de dos
tantos del inventario, en los que se anotó de manera puntual lo que
se estaba entregando, dígase cabezas de ganado, herramientas y
todo aquello que iba incluido en la transacción; evidentemente,
la intención de dicho documento era que sirviera como base al
momento que se realizara la devolución por parte del señor López
Negrete.
Por último, se estipuló que había una fracción de la
hacienda que se excluía del arrendamiento, se trataba del potrero
denominado de los “Flojos”, situado a un par de kilómetros del
casco de la hacienda; dicho terreno estaba arrendado desde hacía
tiempo a los hijos de Francisco Saracho.12 Casi un año después
de haber protocolizado el referido contrato de arrendamiento,
Manuel Pérez Gavilán falleció; de esta forma, los cinco hijos
que procreó con Arcadia Centeno (Isabel, Diego, Petra, Ángel
y Nicolasa) heredaron la propiedad, lo cual, entre otras cosas,
implicó su fragmentación.
En 1883, la hacienda se dividió materialmente entre los
herederos. A Diego se le adjudicó la parte correspondiente al
rancho de San Bartolo y la estancia de Medina, ambas fracciones
18–20; Guadalupe Villa Guerrero, Elites y Revolución en Durango (México,
DF: Instituto de Cultura del Estado de Durango, 2010), 20.
12
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, 20 de octubre de 1882, 3-4.
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cercanas una de la otra, ubicándose en las inmediaciones del
bordo de San Bartolo. Para Isabel fue el rancho de Santa Cruz y la
estancia de Gogojito, también en las cercanías de San Bartolo y la
laguna de Santiaguillo. El resto de la propiedad, consistente en el
casco de la hacienda con sus respectivas edificaciones, la estancia
de Cosinas, tres sitios de ganado mayor y tres caballerías ubicadas
en la Sierra Madre, fue dividida en tres partes iguales y adjudicada
a los tres hijos menores, aunque en 1889 Petra le vendió a Nicolasa
su respectiva parte en la cantidad de $10,000 pesos.13
Un par de años después, Ángel Pérez Gavilán falleció
intestado y sin descendientes, por lo que los bienes que éste
poseía se dividieron entre sus hermanos; la mayor parte de
ellos correspondía a la tercera fracción de La Sauceda, la cual
no admitía división alguna de acuerdo con lo estipulado en el
testamento paterno, por lo que los involucrados convinieron que
se le adjudicara de manera íntegra a Nicolasa; a cambio, ésta les
pagaría en dinero lo correspondiente a la porción de cada uno,
además de que el resto de los bienes también quedarían en favor de
los otros tres herederos.14 De esta forma, Nicolasa Pérez Gavilán
fungió como la propietaria de la totalidad de la finca hasta su
desintegración en la primera mitad del siglo XX.
Respecto a la estancia de Gogojito y el rancho de Santa
Cruz, Isabel Pérez Gavilán los separó de la Sauceda para después
13
14

ANED. Felipe Villarreal, 08 de noviembre de 1889.
ANED. Alberto Lazalde, registro 34, 09 de octubre de 1902.

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�La Sauceda

conformar la hacienda de Santa Isabel. Dicha finca registró un
total de 22,724 hectáreas de extensión en el año 1898, de las que
destacaban las 900 de tierras de temporal y 24 de riego,15 aunque
desde que se tuvo posesión de dichos terrenos, la propietaria
comenzó a trabajar bajo el sistema de arrendamiento en algunas
fracciones. En 1883, por medio de su esposo Esteban Fernández,
se celebró un contrato de arrendamiento con Joaquín Gurrola, el
cual estipuló que el lote se encontraba en la parte de Gogojito
y tendría que ser por la extensión suficiente para que el señor
Gurrola sembrara y cultivara 150 fanegas de maíz; el periodo
establecido fue por un lapso de nueve años, de los cuales los
primeros cinco años no pagaría nada y por los cuatro restantes la
cantidad de $1,700 pesos anuales de manera anticipada.16
La razón por las que los primeros años no se pagó nada de
renta fue porque el arrendatario a cambio adquirió la obligación
de realizar algunas mejoras en la propiedad, las cuales fueron las
siguientes: una galera de cuatro naves, cada una de ellas con pisos
enladrillados y techo de hormigón; un aventadero para maíz; una
casa con siete u ocho piezas, zaguán, patio, corral y macheras;
así como cuatro o seis casas necesarias para la cuadrilla. Todas
las mejoras deberían ser entregadas al término del contrato y por
supuesto quedarían en favor de la finca, sin costo alguno para
AHED. Registro de fincas rústicas para la municipalidad de Canatlán,
1898.
16
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, inscripción 8, 30 de octubre de
1884.
15

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los propietarios.17 Como se puede observar, dejar en manos de
los arrendatarios las mejoras y adecuaciones de las propiedades,
traía bastantes beneficios futuros a la finca; al parecer, en la
parte arrendada a Joaquín Gurrola no había construcción alguna,
únicamente tierras de labor, por lo que una vez concluido el
arreglo, se proyectaba que la fracción pudiera seguir funcionando
de la misma manera.
Asimismo, en 1890 se firmó un contrato con Manuel
Castaños por la totalidad de la hacienda Santa Isabel con todos
su animales, herramientas, usos y servidumbres, exceptuando
únicamente la parte que seguía rentada a Joaquín Gurrola. El plazo
del arrendamiento fue de siete años y el precio se fijó en $3,000
pesos para el primer año y $2,200 para los seis restantes; además,
como era común en los contratos, se estableció como obligación
del arrendatario cuidar y respetar los linderos de la finca, con la
intención de evitar que en ellos se establecieran extraños o fueran
aprovechados por ellos. En este caso, las mejoras quedaron a
consideración del arrendatario, es decir, si así lo requería, podía
realizar las obras necesarias para la mejor y mayor recolección de
las aguas aprovechables, y así poder aumentar lo más posible la
labor de riego; sin embargo, en dado caso de hacerse, no habría
costo alguno para la dueña de la finca.18
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, inscripción 8, 30 de octubre de
1884.
18
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, inscripción 11, 24 de abril de
1890.
17

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�La Sauceda

Una vez terminado el contrato con Manuel Castaños, casi
de manera inmediata Isabel Pérez Gavilán dio en arrendamiento
la totalidad de la hacienda Santa Isabel y anexas, con un extensión
de aproximadamente 25,000 hectáreas, a Cayetano Oxandabaratz,
originario de Fresnillo, Zacatecas, para que éste la explotara
como finca agrícola durante un periodo de siete años. El precio
del arrendamiento se fijó en $6,000 pesos anuales, el cual debía
pagarse en anualidades anticipadas, ya que en caso contrario se
daría por rescindido el acuerdo.19
En este caso, en el contrato se incluyó un inventario que
de manera minuciosa estableció las condiciones en las que se
entregaba la finca, las cuales tendrían que respetarse al momento
de la devolución. En Santa Isabel había una casa principal, casas
de cuadrillas y una troje de tres naves; en San Esteban (Gogojito)
“veinticinco hoces, dos palas de fierro, treinta y tres rejas sin calzar,
talachos, diecinueve yugos”, además de una amplia cantidad de
ganado de los diferentes tipos, muebles y enseres como “una
carreta enllantada con eje de fierro”, “dos carabinas Winchester
y un rifle Remington”, “una prensa para quesos, una cuchara de
albañil”, etcétera; asimismo, se incluyó una descripción precisa
de la mercancía existente en la tienda de raya.20
Igualmente, Oxandabaratz se comprometió a hacer
un buen uso de la finca, lo cual implicaba realizar mejoras en
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, inscripción 15, 28 de noviembre de 1896.
20
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, inscripción 15, 28 de noviembre de 1896.
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beneficio de ésta y hacer que se respetaran los linderos para evitar
invasiones de algunos vecinos extraños que pudieran pretender
hacer derechos dentro de los terrenos.21 Esto último nos habla
de las medidas tomadas por los propietarios para prevenir las
posibles invasiones de extraños en las haciendas; probablemente
se trataba de campesinos pobres que buscaban hacer uso y
aprovechamiento de las tierras en las zonas periféricas, o incluso
también pudiera haberse tratado de la presencia de bandidos, tan
común en la época.22
A pesar de que el periodo del arrendamiento se había
establecido por siete años, en 1902, es decir, un año antes del
término, las partes involucradas decidieron dar por concluido
el contrato de arrendamiento de la hacienda de Santa Isabel,
por lo que celebraron un contrato de rescisión ante el notario
Alberto Lazalde, con el cual Isabel Pérez Gavilán quedó obligada
a devolver la suma de $7,000 pesos que se le había pagado de
manera previa; por su parte, Cayetano Oxandabaratz tuvo que
hacer entrega del ganado, enseres y semillas de acuerdo a lo
estipulado en el inventario que se elaboró en un principio, y en
cuanto al sobrante de uno y otros, la señora Pérez Gavilán se
comprometió a pagar a precios convencionales, es decir, a precio
de mercado.23 Se desconocen las razones por las que ambas partes
ANED. Felipe Villarreal, Arrendamientos, inscripción 15, 28 de noviembre de 1896.
22
La Evolución. Durango, 17 de febrero de 1898, tomo I, núm. 58,
23
ANED. Alberto Lazalde, registro 40, 01 de noviembre de 1902, 37-39.
21

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acordaron concluir con el arrendamiento de dicha finca de manera
anticipada; al menos en el documento elaborado por el notario
Lazalde no hay ninguna pista de ello, sin embargo, queda claro
que los involucrados estuvieron conformes con la conclusión a la
que se llegó.
Por otra parte, la hacienda de La Sauceda desde finales del
siglo XIX estaba en manos de Luis Pérez Gavilán, esposo y primo
de Nicolasa. Funcionaba bajo la firma social “Gavilán Hermanos”
y tenía una extensión de 32,080 hectáreas, de las cuales 1,000
eran de temporal, 80 de riego y el resto de agostadero y sierra;
de acuerdo con el censo de 1895, contaba con un total de 915
habitantes y registró un valor de $100,950 pesos.24
La Ley de Impuestos a los Capitales Rústico y Urbano
de 1897, además de establecer y regular el cobro de impuestos,
también pretendía incentivar el desarrollo económico del estado y
que las fincas se incorporaran de manera gradual a la dinámica de
producción mercantil, por lo que otorgaba ciertas exenciones en el
pago de impuestos a aquellos propietarios que hicieran mejoras en
las fincas por medio de obras de irrigación.25 De esta forma, aunado
a la apertura de tierras de labor que se manifestó en la segunda mitad
del siglo XIX, con la llegada del nuevo siglo, las haciendas más
ricas de la municipalidad de Canatlán también roturaron tierras para
AHED. Registro de fincas rústicas para la municipalidad de Canatlán,
1898.
25
Periódico Oficial del Estado de Durango (POED). Tomo XX, Durango,
jueves 23 de diciembre de 1897, núm. 102, 1.
24

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cultivarlas mediante el riego, principalmente para la producción
de trigo26 y frutales; por lo que fue necesaria la construcción de
sistemas de riego y diferentes obras para el almacenamiento de
agua que permitieron un mayor aprovechamiento.
Es por ello por lo que bajo la administración de Luis Pérez
Gavilán en la hacienda de La Sauceda se hicieron importantes
mejoras que trajeron grandes beneficios a la sociedad “Gavilán
Hermanos”, y en general a la producción agrícola de la región. En
1899 solicitó al gobierno del estado permiso para la reconstrucción
de la presa de Caboraca existente en el cauce del río de La Sauceda
frente al pueblo llamado el Presidio; la obra fue refabricada con
cal, arena y mampostería, y tuvo una altura de dos metros por 100
de extensión y contenía cinco compuertas.27 La inversión que se
hizo en obras de irrigación y de almacenamiento de aguas no solo
contribuyó a que la finca incrementara los cultivos de productos
tradicionales, sino también a que se diversificaran las actividades
agrícolas en los primeros años del siglo XX; particularmente, se
incentivó el desarrollo de la producción frutícola.
Debido a la necesidad que hubo por el incremento en la
plantación de árboles frutales, Luis Pérez Gavilán nuevamente
solicitó permiso para la construcción de otra presa, esta vez fue
Gloria Cano Cooley, “Las fincas rústicas del estado de Durango según los
padrones catastrales de 1898.Un recuento de la calidad de sus tierras, extensiones territoriales y valores catastrales”, en Historia de Durango, t. III, ed.
María Guadalupe Rodríguez López (Durango: Universidad Juárez del Estado
de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2013), 472–544.
27
La Evolución, Durango, domingo 30 de abril de 1899, Número 51, 2.
26

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ante el ayuntamiento de Canatlán; se trataba de un proyecto más
ambicioso que el anterior, con una altura de 25 metros y 220 de
extensión; además, el vaso podría contener 25 millones de metros
cúbicos, los cuales podrían regar algunos terrenos de 48 metros
cuadrados por minuto.28
Como se puede asumir, se trataba de una obra que
requería gran capital, por lo que Luis Pérez Gavilán solicitó al
ayuntamiento que a cambio se le cedieran “sin condición alguna”
y a “perpetuidad”, los derechos de aprovechamiento que tenía
sobre algunas corrientes y tomas en los márgenes del río de La
Sauceda; sin embargo, el ayuntamiento se opuso a la solicitud
porque consideró que con la obra, las corrientes y tomas de agua
que poseía el municipio resultarían afectadas. Por tanto, Pérez
Gavilán acudió con el gobernador Esteban Fernández, quien
era su concuño, para resolver el asunto; después de establecer
algunos acuerdos, el mandatario concedió personalmente el
permiso para la construcción de la nueva presa de Caboraca. No
obstante, la obra no logró concretarse, debido a que el asunto se
resolvió a finales de 1909, cuando el movimiento revolucionario
en la región estaba por iniciarse.29
A lo largo de la lucha armada, la gran propiedad en el
estado se vio afectada de diferentes maneras, no solo a través
Graziella Altamirano, De las buenas familias en Durango. Parentesco,
fortuna y poder (1880-1920) [Tesis de Doctorado] (México, DF: Universidad
Nacional Autónoma de México, 2008), 215–16.
29
Altamirano, 215–16.
28

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de las exigencias por parte de los pueblos que reclamaban sus
tierras despojadas, sino también por las intervenciones y/o
confiscaciones llevadas a cabo por los diferentes gobiernos
revolucionarios. De esta forma, desde los primeros años, la
propiedad de los Pérez Gavilán padeció los embates de estas
demostraciones de justicia, aunque en menor medida que otras
haciendas de la entidad que poseían problemas más arraigados;
en 1914, la hacienda de La Sauceda estuvo administrada por un
oficial villista30 y posteriormente, en 1916 fue la primera finca del
municipio que se afectó durante el proceso de reparto para dotar
de tierras al pueblo de San José de Gracia.
Ante el peligro que representó la Revolución y debido a la
inminente persecución que padecieron la mayoría de las familias
de terratenientes duranguenses, los Pérez Gavilán se fueron a vivir
a la ciudad de México y desde allá nombraron a un apoderado
legal para que administrara y explotara la hacienda. Una vez que
la revolución constitucionalista asumió el control del movimiento,
se ofreció a los antiguos dueños la devolución de sus propiedades,
de forma que comenzó el proceso de desintervención de las fincas
en la entidad, aunque al mismo tiempo Carranza también prometió
el reparto de tierras para los pueblos que las solicitaran,31 por
Graziella Altamirano, “Las confiscaciones revolucionarias”, en Historia
de Durango, t. IV, ed. María Guadalupe Rodríguez López (Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas,
2013), 62–100.
31
Altamirano, “Los Pérez Gavilán, una familia de elite porfiriana en Durango”, 99–100.
30

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lo que fue inevitable la afectación de la propiedad de los Pérez
Gavilán.
2. La desarticulación de la hacienda de La Sauceda
La necesidad de reparto de tierras fue un elemento que se
mantuvo presente durante el tiempo que duró la lucha armada.
Una vez concluida ésta, la cuestión agraria se convirtió en una
preocupación primordial a resolver por parte de los gobiernos
revolucionarios. La solución a ese problema se materializó con la
promulgación de la Ley Agraria el 6 de enero de 1915, considerada
como la primera ley agraria a nivel nacional, con la que se inició
un largo proceso de reparto de tierras que concluyó en 1992.
Esta ley se basó en la idea de despojo sufrido por las
comunidades agrícolas con relación a sus tierras de propiedad
comunal, y buscaba asegurar la existencia de la clase indígena
que había sido desposeída de manera paulatina;32 pretendió
dar solución a estas cuestiones, esbozando la necesidad de una
repartición y distribución equitativa de las propiedades, mediante
la expropiación de las haciendas, como la única forma efectiva
de asegurar la paz y la mejor vía para garantizar el bienestar
de las clases populares que históricamente habían estado
desamparadas.33
Elena del Rosario Patiño y María de Jesús Espinoza Villela, Ley Agraria
del 6 de enero de 1915: semilla de la propiedad social y la institucionalidad
agraria en México (México, DF: Procuraduría Agraria, 2015), 18.
33
Entre los principales expositores de esta idea tenemos a: Andrés Molina
Enríquez, Los grandes problemas nacionales (Ciudad de México: Instituto
32

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Durante muchas décadas, la idea anterior gozó de
aceptación y fue dominante al momento de llevar a cabo una
interpretación sobre los resultados del movimiento revolucionario,
sin embargo, conforme fue avanzando el tiempo y gracias a
numerosos estudios regionales, se ha demostrado la debilidad
y carencia de sentido del argumento para muchas regiones del
país. Resultó que “la hacienda”, no fue la entidad estática que
se creía, ni tampoco que podían equipararse las condiciones y
características de unas con las otras, ni mucho menos eran las
responsables por el acaparamiento de tierra que había ocasionado
el empobrecimiento del campo; más bien, se trató en muchas
ocasiones de una institución dinámica que pudo adaptarse a
diferentes épocas y lugares.34 Asimismo, la reforma agraria pasó
de ser la herramienta a través de la cual se estaba haciendo justicia
a los despojos, para luego ser interpretada como una política de
incorporación y subordinación que se aprovechó de la situación
en la que se encontraban las poblaciones rurales.35
Fue un proyecto mediante el cual las élites revolucionarias
pretendieron ganar apoyo de las clases populares, lo que debía
Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 2016); George M
McBride, Los sistemas de propiedad rural en México, en Dos interpretaciones
del campo mexicano (México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes; Colección Cien de México, 1993).
34
Gómez Serrano, Haciendas y ranchos de Aguascalientes. Estudio regional
sobre la tenencia de la tierra y el desarrollo agrícola en el siglo XIX, 461.
35
Arturo Warman, El campo mexicano en el siglo XX (México, DF: Fondo
de Cultura Económica, 2015), 57–60.
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servirles para debilitar a sus enemigos y fortalecer el poder del
Estado revolucionario, a la vez que los pueblos se favorecían de
la lucha revolucionaria.36 Los beneficios ofrecidos por la reforma
agraria estaban fuertemente condicionados, lo que colocó a los
campesinos en una situación de desventaja y sujeción a merced de
los dirigentes revolucionarios. De esta manera, el reparto de tierras
no se dio de la noche a la mañana, ni tampoco de manera fácil, y
mucho menos de manera pacífica. El reparto de tierras fue un proceso
lento que implicó que los pueblos tuvieran que afrontar obstáculos
no solo violentos, como se habían estado experimentando desde el
estallido en 1910, sino también involucró una serie de dificultades
político-administrativas que las comunidades tuvieron que afrontar
y a las que se tuvieron que someter, como ocurrió con el surgimiento
y desarrollo del gran aparato de la legislación agraria con todas sus
implicaciones administrativas.
El trámite de dotación o restitución de tierras para un
pueblo podía durar varios años, desde que los vecinos hacían la
solicitud hasta que el gobierno emitía la resolución,37 aunado a
las implicaciones económicas que dicho trámite conllevaba y
Alan Knight, “Tierra y Sociedad en el México revolucionario: la destrucción de las grandes haciendas”, en Repensar la Revolución mexicana, ed. Alan
Knight (México, DF: El Colegio de México, 2013), 26.
37
“Entre 1915 y 1967 se requirieron en promedio 60 meses entre la solicitud
procedente y la entrega provisional de tierra, otros 30 meses entre la posesión
provisional y la firma de la resolución provisional, y 17 meses para la ejecución o posesión definitiva, de tal forma que podían pasar nueve años entre la
solicitud y la posesión definitiva.” Warman, El campo mexicano en el siglo XX,
59.
36

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al desconocimiento del mismo; sin dejar tampoco de lado los
retrasos provocados por los hacendados que recurrían de manera
inmediata al amparo agrario para alargar el litigio. Este fue el
caso, por ejemplo, de la dueña de la hacienda de la Sauceda,
Nicolasa Pérez Gavilán, quien en 1919 elaboró una carta dirigida
al gobernador aludiendo que su propiedad era el fruto del trabajo
de su difunto marido y que además se trataba del patrimonio de
sus hijos. Por ello, pedía que no le fuera expropiada la propiedad
y que, de no haber solución, entonces “suplicaba” al menos que
fueran pocas hectáreas las que se le expropiaran.38. Asimismo, los
hacendados recurrían a otras formas de sabotaje no tan legales,
como interceptar el correo de sus contrincantes o estropear sus
propiedades una vez que se aproximaba la expropiación,39 hasta
llegar a situaciones hostiles en donde los campesinos y sus familias
eran arrojados de sus casas quitándoles las tierras que poseían en
aparcería o arrendamiento y entregándoselas a incondicionales de
los terratenientes, creando así grupos contendientes en donde se
daban fuertes agresiones.40
Igualmente, se hizo presente la tendencia a fraccionar
las tierras, con la intención de adelantarse a la amenaza de
Archivo del Registro Agrario Nacional, Delegación Durango (ARAN).
Carpeta básica del ejido La Sauceda, exp. de dotación.
39
Knight, “Tierra y Sociedad en el México revolucionario: la destrucción de
las grandes haciendas”, 40.
40
AHED. Circular con motivo de la agresión de que son víctimas los campesinos que solicitan ejidos de parte de terratenientes. 1920, documento sin
clasificar.
38

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afectación agraria. En la mayoría de los casos, las partes fueron
vendidas a amigos, familiares y conocidos; resulta evidente
que sus trabajadores o demás campesinos pobres no estuvieron
contemplados en dicho proceso, probablemente por no tener el
recurso para pagar, aunque como se verá más adelante, tampoco
eso fue pretexto.
Se tiene registro que para 1917, los dueños de la hacienda
de La Sauceda ya habían empezado a fragmentar la propiedad.
Al parecer, la primera fracción que se dividió fue la referente
al denominado potrero de “Los Flojos”; recordemos que dicho
espacio estuvo arrendado desde finales del siglo XIX y se
encontraba a un par de kilómetros del casco de la hacienda,
pero también en colindancias con el pueblo de Canatlán y en
los márgenes del río de La Sauceda. En este caso, la evidencia
señala que la extensión de estos primeros lotes fue relativamente
pequeña. El contrato de compraventa entre Mariano Calderón y
Genaro Ochoa celebrado en 1919 hace referencia a una variedad
de manzanas existentes; la transacción fue por un lote de 1,290
metros cuadrados, cuyo valor se estableció en $400 pesos;
también en el documento se señala que dos años antes, Calderón
había adquirido dicha propiedad por compra directa a los dueños
de la hacienda.41
En 1918, Nicolasa Pérez Gavilán nombró a su primo
Miguel, también Pérez Gavilán, como su apoderado legal para
41

ANED. Rafael Favela y Peinbert, 07 de mayo de 1919.

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que se hiciera cargo del fraccionamiento de la hacienda que había
resuelto llevar a cabo, debido a que la dueña estaba persuadida
de que debía contribuir a la formación de la pequeña propiedad
“con arreglo a la ley a la justicia”. Es decir, se pretendía favorecer
a esta clase de compradores, pero respetando el derecho a la
propiedad. ¿A qué hacía referencia dicha cuestión?, ¿acaso a
eludir la obligación inminente de reparto para la conformación de
los ejidos? Tal y como se verá en el siguiente apartado, la primer
solicitud de tierras que se hizo en Canatlán fue en 1917, y entre
las fincas afectadas evidentemente se encontraba la Sauceda; por
lo que podemos asumir que esta “contribución a la formación
de la pequeña propiedad” en realidad se trató de una medida
desesperada por adelantarse a la expropiación.42
De no ser así, ¿qué caso tendría haber “vendido” lotes a
crédito a compradores sin recursos para pagar? Al menos así se
asienta en el formato de contrato que se hizo para llevar a cabo las
transacciones, en el que se agregó información general sobre el
procedimiento, datos sobre la propiedad y la manera en la que su
propietaria había adquirido la finca; únicamente quedó en blanco
el nombre del comprador, cantidad y número de lote, superficie,
colindancias y precio convenido en cinco anualidades. Por
ejemplo, en 1922, a Jesús Rodríguez González se le otorgaron
los lotes 1 y 2 con una superficie de ocho hectáreas cada uno
y un precio de venta de $375 pesos, el cual debía pagarse de la
42

ANED. Silvestre Piñera, 25 de marzo de 1922.

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siguiente manera: $25 pesos al firmar el contrato y el resto en
anualidades de $70 pesos durante cinco años.43 La idea era que
el mismo terreno fuera dando beneficio para pagarlo, por lo que
el comprador podía cultivar lo que más le conviniera. Asimismo,
en marzo de 1922 le vendió a Antonio Reyes una fracción de seis
hectáreas de temporal en $300 pesos; además, en julio de 1922
se le vendió a Candelario Ruiz los lotes 41 y 42 de la Sauceda,
consistentes en 16 hectáreas con un valor de $320 pesos en total,
y el 30 de junio de 1923, a Joaquín Rodríguez, el lote 17 con
extensión de ocho hectáreas y un valor fiscal de $160 pesos.44
A pesar de contar con dicho formato, no se puede establecer
con precisión el número total de lotes que se vendieron en décadas
posteriores hasta lograr su desarticulación, ni tampoco determinar
si fue el único que se hizo y si éste aplicó para todas las fracciones
vendidas. También se tienen localizados otros 15 contratos de
compraventa notariados que nos brindan información sobre 75
lotes vendidos. Si bien, asumimos que dicha cantidad de lotes
no representa la totalidad vendida; si podemos utilizarla para dar
cuenta de lo que aconteció de manera general en dicha hacienda
durante periodo posrevolucionario.
Como se refirió anteriormente, la mayoría de las primeras
ventas se hicieron en favor de gente cercana a los propietarios,
como fue el caso de la fracción que se le vendió a Leonardo Vázquez
ANED. Silvestre Piñera, 25 de marzo de 1922.
AHED. libro 3 de fincas rústicas de la municipalidad de Canatlán, 19091926, 38.
43
44

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Salcido en representación legal de sus cuatro hijos menores. Se
trataba del último administrador de la hacienda hasta antes del
movimiento revolucionario, y durante su gerencia se iniciaron los
negocios que posibilitaron el desarrollo de la producción frutícola
a escala comercial. El contrato celebrado el 22 de marzo de 1923
estableció que fueron cinco lotes que se le vendieron a Vázquez
Salcido, cuya extensión total fue de 283 hectáreas con un valor
de $16,100, cantidad que debería pagarse en abonos anuales en
un plazo convenido de 10 años para saldar la deuda; cada uno de
los lotes tuvo diferentes medidas y quedaron enajenados para él y
para cada uno de los hijos (véase tabla 1).45
Tabla 1
Fracción vendida a Leonardo Vázquez Salcido
Lote

Nombre

Labor de
temporal

Agostadero

ha

ha

Precio

1

Leonardo Vázquez Salcido

52

23

$4,500

2

Jesús Vázquez Salas

33

25

$3,500

3

Leonardo Vázquez Salas

30

20

$2,800

4

Ramón Vázquez Salas

25

25

$2,500

3

José María Vázquez Salas

30

20

$2,800

TOTAL
170
113
$16,100
Fuente: Elaboración propia con información del contrato celebrado entre
Miguel Pérez Gavilán y Leonardo Vázquez Salcido, ANED, Salvador
Fernández, 22 de marzo de 1923, 131-134.
45

ANED. Salvador Fernández, 22 de marzo de 1923, 131-134.

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Aunado a las ventas, también siguieron arrendando fracciones
de la finca, como fue el caso del contrato celebrado el 26 de
marzo de 1924 con Juan Losoya,46 quien fungió como gestor
oficioso de Manuel Castillón por un terreno ubicado en los
márgenes de la laguna de Santiaguillo con una extensión de 400
hectáreas y por un periodo de arrendamiento de tres años; sin
embargo, también existió la opción de venta. La intención era
explotarlo de manera agrícola, por lo que se tenía proyectada la
inversión en algunas obras de irrigación, en dado caso de que
no hubiese venta, las obras realizadas en los terrenos quedarían
en beneficio de Nicolasa Pérez Gavilán sin ningún costo para
ella.47 Finalmente, la compra de la fracción se llevó a cabo
en 1926, por medio de la empresa “Castillón y compañía”;
a la extensión original se le agregaron 197 hectáreas, por lo
que en total fueron 597 hectáreas con un precio de venta de
$4776.48 Resulta interesante que la adquisición fue realizada
para la Comisión Nacional de Irrigación; si bien en el contrato
no se especifica la utilidad que dicha institución pretendía
darle a los terrenos, se sabe que su objetivo era desarrollar
Juan Losoya era el propietario de la hacienda de Guatimapé ubicada en la
parte norte del municipio, igual que los dueños de La Sauceda también estaba
llevando a cabo un proceso de fraccionamiento de la finca, exactamente con
las mismas intenciones; lo interesante de la fragmentación de su propiedad es
que la mayoría de los lotes fueron vendidos a menonitas que llegaron a establecerse a la región en la década de 1920.
47
ANED. Salvador Fernández, 26 de marzo de 1924, 32-35.
48
ANED. Salvador Fernández, 28 de julio de 1926, 81-84.
46

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obras de irrigación, para lo que era necesario estudiar posibles
tierras irrigables, elaborar los proyectos, llegar a acuerdos con
propietarios de tierras y dar concesiones a aquellos particulares
que estuvieran dispuestos a financiar obras.49 En este caso,
la pretensión fue un proyecto de irrigación en La laguna de
Santiaguillo en Guatimapé, con el propósito de incrementar la
producción agrícola en la región.50
Nuevamente la familia se hizo presente en el proceso de
venta de fracciones, esta vez, en 1925, los hijos y sobrinos de
Nicolasa Pérez Gavilán figuraron como compradores; dos de
ellos ni siquiera vivían en el país. La compraventa se realizó por
cinco lotes, uno para cada uno de sus familiares, y en total fueron
1,296 hectáreas con un precio de $2,292 pesos (véase tabla 2).
Llama la atención el precio de las fracciones, y también que en
el mismo contrato se asentó que la vendedora declaraba que de
manera previa ya había recibido por parte de cada uno de los
compradores el pago correspondiente.51

Jean Meyer, “La nueva política y el campo”, en Historia de la Revolución
mexicana 1924-1928, la reconstrucción económica, ed. Por Enrique Krauze,
Jean Meyer y Cayetano Reyes (México: El colegio de México, 1981), 107182.
50
Archivo Histórico del Agua (AHA). Estudios y proyectos, Núm. 1 /Dgo/
Anaquel 15, Entrepaño A, 1926, 10
51
ANED. Salvador Fernández, 11 de mayo de 1925, 193-195.
49

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Tabla 2
Fracciones vendidas a los Pérez Gavilán
Lote

Nombre

Extensión ha

Precio

1

Joaquín Pérez Gavilán

240

$480

2

Ana María Pérez Gavilán

250

$500

3

Asunción Pérez Gavilán de
Navarro

255

$510

4

Rafael Pérez Gavilán

317

$334

5

Jorge Pérez Gavilán

234

$468

1,296

$2,292

TOTAL

Fuente: Elaboración propia con información del contrato celebrado entre
Nicolasa Pérez Gavilán y sus familiares, ANED, Salvador Fernández, 11 de
mayo de 1925, 193-195.

En agosto de 1930 se registró la venta de 10 lotes pertenecientes
al potrero denominado “El Chaparro” (véase tabla 3). Entre todos
tenían una extensión de 1,767.5 hectáreas y representaron un
ingreso de $23,771 pesos; el precio por hectárea osciló entre los
$10 y $15 pesos, y si lo comparamos con la fracción vendida a
los Pérez Gavilán en 1925, podemos decir que el precio estaba
elevado, si consideramos que ambas fracciones fueron calificadas
como tierras de agostadero; sin embargo, también es evidente que
en un lapso de cinco años la tierra aumentó su valor.52
AHED. Libro 4 de fincas rústicas de la municipalidad de Canatlán, 19301931, 74 y 76.
52

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Tabla 3
Lotes vendidos pertenecientes al potrero denominado “El Chaparro”
Lote

Nombre

Extensión ha

Precio

234.5

$3,752

1

Jesús R. Rodríguez

2

Juan Quiñones

170

$2,210

3

Heriberto Díaz

167.5

$2100

4

Raúl Rodríguez

225

$3,150

5

Antonio Sifuentes

118

$1,180

6

Rafael Diaz y Diaz

240

$3,600

7

Ismael García González

205

$2,665

8

Juan García

176

$2122

9

Miguel García

129

$1,762

10

Fidel Guerrero

102.5

$1,230

TOTAL
1767.5
$23,771
Fuente: Elaboración propia con información del AHED, libro 4 de fincas
rústicas de la municipalidad de Canatlán, 1930-1931, 74 y 76.

Igualmente, en noviembre de 1931 se vendió la fracción de terrenos
perteneciente al denominado “Llano de San Francisco”, ubicado
en la parte noreste de la finca en colindancias con la hacienda de
Santa Isabel (véase tabla 4). Nuevamente, se trató de 10 lotes con
extensiones variadas y un precio promedio por hectárea de $19.7
pesos; entre todos abarcaban 1,830 hectáreas y el valor total fue de
$35,020 pesos. Igualmente, las tierras estaban clasificadas como de
agostadero, sin embargo, en una de las porciones había un manantial
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al que algunos de los lotes tenían derecho, como se asentó en la
escritura pública elaborada por el notario López Portillo, lo cual
nos indica que en este llano había posibilidades de abrir campos de
cultivo de manera relativamente rápida.
Tabla 4
Parte de los lotes vendidos pertenecientes al “Llano de San Francisco”
Lote

Nombre

Extensión ha

Precio

11

Tomás Cortés

261

$4,230

12

Salvador Rosa

211

$3,390

13

Jerónimo Vázquez

177

$3,240

14

Porfirio Ruiz y Heriberto Ruiz

269

$6,210

15

Marcelo Rivas

55

$1,510

16

Manuel Nieves

263

$4,050

17

Jesús María Quintana

50

$1,000

18

Jerónimo Vázquez

177

$3,240

19

Porfirio Ruiz y Heriberto Ruiz

269

$6,210

20

Gregorio Valenzuela

98

$1,940

1830

$35,020

TOTAL

Fuente: Elaboración propia con información del AHED, libro 4 de fincas
rústicas de la municipalidad de Canatlán, 1930-1931, 177 y 178.

Se estima que en la década de 1930 fue cuando se registraron las
últimas ventas de la hacienda de La Sauceda, sin embargo, no se
puede determinar con exactitud cuál fracción fue la última vendida
ni tampoco el año preciso. Lo que sí podemos afirmar es que durante
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dicha década se dotaron la mayor parte de los ejidos de Canatlán, por
lo que se asume que fue cuando la propiedad perdió el mayor número
de hectáreas. Respecto a los adquirentes de los lotes, podemos decir
que los primeros eran personas cercanas a los propietarios, dígase
amigos, familia o gente de confianza como el caso de Leonardo
Vázquez Salcido o el de Jesús Rodríguez González. Sin embargo,
con el paso del tiempo también hubo interés por parte de pequeños
propietarios y rancheros vecinos de la zona, los cuales probablemente
no quisieron desaprovechar la oportunidad de comprar buenas tierras
para incorporarlas a las que ya poseían.
3. Reforma agraria y conformación del ejido de la Sauceda
Alan Knight caracterizó la historia de la reforma agraria en dos
maneras distintas. Por un lado, una reforma primaria realizada de
manera más o menos rápida, la cual tuvo un carácter institucional
y respondió de manera directa a los postulados de la Revolución
que se había llevado a cabo con anterioridad. Y por otro lado,
una reforma agraria secundaria o “de arriba hacia abajo”, con una
articulación no tan clara respecto a la movilización revolucionaria,
que además requirió de la organización y apoyo estatal, de forma
que las acciones de dotación que se realizaron durante este tiempo
obedecieron más a un carácter político que a causas populares.53
Debido a que la reforma primaria fue la que manifestó y
dio continuidad a la idea de despojos ocurridos de manera previa,
Knight, “Tierra y Sociedad en el México revolucionario: la destrucción de
las grandes haciendas”, 33.
53

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y además abanderó la redistribución equitativa de las tierras como
forma efectiva de garantizar la justicia, fue la que se instaló en
el imaginario político nacional y sirvió como herramienta para
explicar y justificar el movimiento revolucionario, aunque se trató
de un movimiento muy diverso. Sin embargo, lo definido como
reforma secundaria también resulta ser interesante para comprender
la historia del reparto de tierras en la primera mitad del siglo XX,
debido a que en algunos contextos fue la modalidad operante.
De manera tentativa, se plantea que el reparto de
tierras en la región de Canatlán puede incorporarse a la idea de
reforma secundaria propuesta por Alan Knight, debido a que
durante el proceso hubo manifestaciones que se ajustan a dicha
representación. Esto puede observarse, por ejemplo, con el apoyo
condicionado de líderes políticos a través de organizaciones
sindicales que beneficiaban a sus miembros, o con la fuerte
intromisión estatal por medio del impulso de proyectos, lo cual
permitió que para finales de la década de 1930 hubiera cincuenta
y cuatro ejidos agrícolas en el municipio.
Durante el proceso de reparto se establecieron alianzas con
agrupaciones políticas y sindicales que fueron surgiendo a nivel
nacional y también en el ámbito local cuya intención aparente
era encausar las demandas de los campesinos, fungiendo como
intermediarios entre los campesinos y el Estado. De tal manera
que en marzo de 1920 se constituyó en esta entidad el Sindicato
Agrario Confederado de Durango, agrupación que se integró por
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los comités particulares ejecutivos que por ley debían organizarse
en todos los núcleos de poblaciones como solicitantes de tierras.
Dicho sindicato se formó bajo la dirigencia de Alberto Terrones
Benítez54 y resultó ser la primera y más importante agrupación de
su tipo constituida en el estado.55
El objetivo de tal agrupación era luchar por la restitución y
dotación de tierras, enfrentando a las autoridades que obstaculizaran
o impidieran la aplicación de las nuevas leyes agrarias,56 para lo
cual era necesario congregar al mayor número de campesinos que
tuvieran dicha necesidad, además del establecimiento de alianzas
con otras agrupaciones a nivel nacional. En octubre de 1920, el
Sindicado encabezado por Alberto Terrones y Severino Ceniceros
decidió unirse al recién conformado Partido Nacional Agrario
(PNA) y de esta forma fortalecer las acciones que pretendían
llevar a cabo en materia agraria en el estado, y logrando convertir
a Severino Ceniceros en un importante líder del PNA.57
Aunque la actividad del sindicato se desarrolló con mayor
amplitud en la zona oriente del estado, también tuvo una fuerte
presencia en la región de valles, dentro de las cuales se pueden
Pedro Salmerón Sanginés, “Lucha agraria y revolución en el oriente de
Durango (1900-1929)”, Historia Mexicana 6, núm. 1 (2006): 117–73.
55
Pavel Leonardo Navarro Valdez, El cardenismo en Durango: Historia política regional 1934-1940 (Durango: Instituto de Cultura del Estado de Durango, 2005), 29.
56
Salmerón Sanginés, “Lucha agraria y revolución en el oriente de Durango
(1900-1929)”, 164.
57
Salmerón Sanginés, 164.
54

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�La Sauceda

mencionar: Nombre de Dios, Durango, Canatlán, San Juan del Río,
Pánuco de Coronado y Peñón Blanco, zonas en las que el reparto de
tierra tenía que darse de manera urgente, debido principalmente a la
presión ejercida por la alta densidad de la población y la existencia
de grandes latifundios que se habían establecido en las llanuras,
acaparando la tierra y por ende la actividad agrícola.58
En la zona de la Sauceda en Canatlán, en 1929, se
conformó el Comité Particular Ejecutivo de La Sauceda, el cual
estaba encabezado por Juan Soto, Apolinar Reyes, Aniceto Martel,
Emiliano Talamantes, Anacleto Vela y Amalio Hernández, quienes
eran vecinos de la hacienda. Dicha agrupación presentó ante la
Comisión Local Agraria una solicitud de tierras correspondiente,
donde se estableció la apremiante necesidad que tenían de tierras
ejidales, debido a que se trataba de un pueblo agricultor que no
poseía tierras propias, lo cual los había obligado a malbaratar su
trabajo con los dueños de la hacienda de la Sauceda, con lo que
habían descuidado la educación de sus hijos.59
La solicitud elaborada por los campesinos estaba dirigida
al gobernador del estado, quien a su vez la remitía a la Comisión
Local Agraria para que se iniciara el trámite y recabara los datos
necesarios de cada pueblo o congregación y así darle continuidad
a lo solicitado. El pueblo debía contar con un mínimo de 25
Navarro Valdez, El cardenismo en Durango: Historia política regional
1934-1940, 30.
59
Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Durango (POGED). Tomo
LXII, Durango, Domingo 19 de mayo de 1929, Núm. 40, 530. Solicitud de los
vecinos de La Sauceda Canatlán pidiendo tierras ejidales.
58

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capacitados o campesinos sin tierra, siendo jefes de familia o
varones solteros mayores de 18 años sin capital y dedicados al
cultivo de la tierra. Una vez reunida toda la información de cada
pueblo o congregación, se procedía a dictar resolución de los casos
por parte de la Comisión Local Agraria, quien regresaba el trámite
al gobernador para que lo ratificara de manera provisional y después
la Comisión Nacional Agraria pudiera someter los expedientes a la
resolución definitiva por parte del presidente de la república.60
En 1930, en el pueblo de La Sauceda se constituyó el
“Sindicato Ignacio Altamirano” conformado por un grupo de
campesinos que estuvieron impulsando el derecho a obtener la
dotación ejidal en conjunto con el Comité particular, liderados por
Anacleto Vela, Ángel Reyes, Eraclio Nieves y Juan Castañeda.
Evidentemente, su objetivo fue establecer alianzas con las demás
agrupaciones estatales para poder tener ventaja en el proceso
burocrático en que se encontraban inmersos. Sin embargo,
también tuvieron que enfrentar las estrategias emprendidas por
los dueños de la hacienda para retrasar o entorpecer los trámites.
Con base en la Ley de Dotaciones y Restituciones de Tierras y Aguas publicada el 23 de abril de 1927, se consideraba que todos los pueblos que carecieran de tierra y agua eran sujetos de derecho ejidal, cada uno de los poblados
que quisieran ejercer dicho derecho tenían que con al menos 25 campesinos
capacitados, asimismo, se estableció la capacidad agraria individual, y parar
ello habría que ser mexicano varón mayor de 18 años o mujer soltera o viuda
con familia a su cargo, ser vecino del pueblo solicitante, ser agricultor y no
tener bienes con valor mayor a mil pesos. Jorge Gómez de Silva Cano, El derecho agrario mexicano y la Constitución de 1917 (Ciudad de México: Instituto
Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2017).
60

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�La Sauceda

A los pocos meses de haberse creado, el sindicato interpuso una
queja ante la Comisión Local Agraria, en la cual se mencionó
que un grupo de setenta vecinos que eran incondicionales a los
dueños de la finca habían sido incluidos en el padrón ejidal, por
lo que también resultarían beneficiados con la dotación, lo que
no tendría que haber sucedido ya que ellos contaban con tierras.61
De acuerdo con el censo de población de 1930,62 en
La Sauceda había un total de 476 habitantes, es decir, treinta
y siete personas más que en 1910. Si bien el aumento pudiera
considerarse como mínimo, no lo es tanto si pensamos que durante
el movimiento revolucionario en la mayoría de las comunidades
la tendencia fue a la baja; por lo tanto, es probable que el aumento
registrado esté vinculado con el hecho de un año antes se iniciaron
los trámites para conformar el ejido, lo cual influyó para que
llegaran campesinos con la pretensión de obtener tierras ejidales.
Durante las averiguaciones del proceso para la
conformación del ejido, la dueña de la hacienda compareció
para defender su predio de la solicitud de dotación de tierras, e
hizo objeciones al censo con el argumento de que 14 solicitantes
no tenían derecho a recibir parcela ejidal. Además, señaló que
la finca solo contaba con 210 hectáreas de terrenos de temporal
de segunda y por lo tanto no podía ser afectada, y exhibió un
AHED. Queja interpuesta ante la Comisión Local Agraria por parte del
Sindicato Ignacio Altamirano de “La Sauceda”, 1930. Agrario del siglo XX,
documento sin clasificar.
62
Secretaría de la Economía Nacional, Censo General de la República Mexicana (Dirección General de Estadística, 1930).
61

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escrito firmado por 84 vecinos que rechazaban recibir tierras. No
obstante, el procedimiento continuó y el 4 de diciembre de 1933
la Comisión Local Agraria publicó la resolución que le otorgó a
los vecinos del poblado de la Sauceda 2,736 hectáreas de tierras
(véase mapa 2), después de haber comprobado la existencia de 130
individuos capacitados para recibir parcelas ejidales, afectando
únicamente a la hacienda de la Sauceda debido a que era la única
que había en un radio de siete kilómetros. En esta zona había
terrenos de humedad, de temporal de segunda, por la cercanía
del río de La Sauceda, así como una gran cantidad de tierras de
agostadero para la cría de ganado y una huerta.63
Sin embargo, ante la necesidad de más tierras, los habitantes
de La Sauceda tramitaron la solicitud de ampliación al año
siguiente, y se les dotó por resolución presidencial el 13 de octubre
de 1937 con una superficie de 2,874 hectáreas para beneficiar a 122
solicitantes; la extensión total también se tomó de manera íntegra
de la misma hacienda, de las cuales 296 eran de temporal y 2,578
de agostadero, que se ubicaban en los Potreros del Zorrillo y El
Bosque.64 Además de la dotación del referido pueblo, la hacienda
de los Pérez Gavilán también resultó afectada por las dotaciones y
ampliaciones del pueblo de San José de Gracia iniciadas en 1919;
Canatlán, Presidio y la Cañada en 1926; Donato Guerra y Bruno
Martínez en 1930 y Rancho Seco en 1932.
63
64

ARAN. Expediente 42/638, municipio Canatlán, núcleo agrario La Sauceda.
Diario Oficial de la Federación. 8 de noviembre de 1937, 1.

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Mapa 2
Dotación y ampliación del ejido de La Sauceda

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Tres décadas después de haberse iniciado el reparto agrario, la
mayor parte de la hacienda de la Sauceda estaba desarticulada.
De las 29,730 hectáreas con las que contaba en 1903,65 para la
década de 1940 solo contaba con dos huertas de poco menos 20
hectáreas cada una y el casco con una extensión de 10 hectáreas.66
Después de haber sido una de las fincas más importantes de
la región desde tiempos coloniales, y haber permanecido por
más de ochenta años en las manos de la familia Pérez Gavilán,
quienes supieron usufructuar el vasto territorio, con el paso del
tiempo La Sauceda quedó reducida a un conjunto de edificaciones
abandonadas.
Consideraciones finales
La desintegración de la hacienda de La Sauceda fue un proceso
complejo en el que intervinieron diversos elementos a lo largo
del tiempo. De lo que sí se está seguro es de que, en la última
etapa, fue resultado del movimiento revolucionario que se había
propuesto acabar con el régimen de Porfirio Díaz y todo lo que
éste representaba; desde luego, la tenencia de la tierra figuró
como un componente primordial.
Como se pudo observar, la desintegración de hacienda de la
Sauceda se dio a partir de dos formas distintas: el fraccionamiento
AHED. Registro de fincas rústicas para la municipalidad de Canatlán,
1898.
66
AHA. Testamento de la Sra. Nicolasa Pérez Gavilán, Aguas Nacionales,
Caja 784, Exp. 9461, Legajo 1
65

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�La Sauceda

y la dotación ejidal. En el caso del fraccionamiento, se manifestó
desde el porfiriato, quizás en menor escala que durante el
periodo posrevolucionario, pero encontramos evidencia de dicha
fragmentación. Por una parte, la separación que hizo Isabel Pérez
Gavilán, la cual dio origen a la hacienda Santa Isabel; y por
la otra, la venta del Rancho de San Bartolo a la familia López
Negrete; de las 32,080 hectáreas que abarcaba la finca en 1898,
pasó a poseer 29,730 hectáreas en 1903, es decir, en tan solo cinco
años hubo una reducción de 2,350 hectáreas. Esto demuestra, de
manera contraria a lo que tradicionalmente se cree, que durante
el porfiriato, al menos en esta finca, hubo una tendencia a la
disminución de su tamaño.
La Revolución Mexicana iniciada en 1910 fue un proceso
de gran importancia que dio paso a la transformación de las
estructuras económicas, políticas y sociales del país, y estableció
las bases para una nueva etapa de desarrollo de la nación mexicana,
debido entre otras cosas a que posibilitó el debilitamiento del
viejo orden agrario que había imperado hasta el momento. Por lo
tanto, una vez concluida la lucha, hubo necesidad de redistribuir
la tierra y beneficiar a las clases rurales. Sin embargo, este fue un
proceso que implicó una serie de conflictos entre los diferentes
grupos o fracciones de la sociedad mexicana, en donde cada
uno de ellos luchó para defender su posición. Por una parte,
los campesinos exigían ser dotados de tierras, y por la otra, los
hacendados buscaban diferentes alternativas para retrasar o evitar
la expropiación de sus fincas.
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Es por ello por lo que Nicolasa Pérez Gavilán resolvió
iniciar con el fraccionamiento de su hacienda, para lo cual
nombró a su primo Miguel como su apoderado legal para que se
hiciera cargo de dicha encomienda. Si bien en el discurso se hacía
referencia a las buenas intenciones por parte de la dueña para
contribuir a la formación de la pequeña propiedad, es evidente
que su intención fue contrarrestar los efectos de la reforma en su
propiedad. De esta manera, el proceso de fragmentación se dio en
diferentes etapas y modalidades. En un primer momento fueron
fracciones pequeñas que medían aproximadamente mil metros
cuadrados; después, hubo algunas ventas que favorecieron a
familiares y gente cercana, por lo que las extensiones fueron
mayores y en algunos casos los precios fueron mínimos; en la
última etapa, se logró estandarizar tanto las medidas de las
fracciones como los precios en los que se vendieron. Además, los
compradores fueron propietarios de la zona que ya poseían tierras
con anterioridad, es decir, el campesino sin tierras no figuró en el
proceso de fragmentación.
Respecto a la dotación ejidal, podemos decir que fue
un proceso en el que ambas partes lucharon para conseguir sus
propósitos. Los hacendados buscaron a toda costa mantener su
estabilidad y predominio, sin embargo, las circunstancias políticas
del periodo posrevolucionario no les fueron favorables. A pesar
de los intentos de eludir el proceso de reparto, como se vio en el
último apartado, la hacienda fue afectada para la constitución de
siete ejidos, entre ellos el del poblado de la Sauceda que atañe al
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presente trabajo. Por su parte, los campesinos no sólo tuvieron que
enfrentar las dificultades político-administrativas del gran aparato
de la legislación agraria, sino también los mecanismos legales y
de represión que el hacendado emprendió como dispositivo de
defensa. Fue durante la década de 1930 cuando la reforma agraria
se ejecutó de manera más amplia y sistemática, lo cual constituyó
la mayor pérdida de tierra de las haciendas, y por consiguiente del
poder de los hacendados que hasta ese momento habían tenido el
control del territorio.
Referencias
Archivo
Archivo Histórico del Estado de Durango (AHED)
Archivo de Notarías del Estado de Durango (ANED)
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Hemerografía
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Periódico Oficial del Estado de Durango (Durango)
Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Durango (Durango)

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-94

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�Documentos para la historia social del catolicismo
rioplatense: La visita episcopal de Benito Lué y Riega
(1803-05)
Camilo Zarza Valencia
Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”
(UBA-CONICET), Buenos Aires, Argentina
orcid.org/0009-0006-5361-2053

Introducción
El documento que vamos a introducir en este texto es la “Santa y
General visita pastoral del Ilustrísimo Señor Obispo Don Benito
Lué y Riega Obispo de la Santísima Trinidad Puerto de Santa
María de Buenos Aires”. Visita pastoral que fue llevada adelante
entre 1803 y 1805 por quien era en aquel entonces obispo de
Buenos Aires, Benito Lué y Riega. El documento cuenta con el
valor excepcional de ser el único registro disponible de una visita
episcopal para el periodo colonial en el Río de la Plata. A su vez,
posee una riqueza particular porque también nos permite conocer
el estado del despliegue de dispositivos religiosos en el espacio
diocesano para el trienio que abarcó y que incluyó en su itinerario
a los pueblos de indios y parroquias de Corrientes, Entre Ríos,
Santa Fe, Buenos Aires (provincias del actual territorio nacional
argentino) y los dispositivos religiosos de la Banda Oriental del
río Uruguay (Uruguay).
297
Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 297-315
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-109

�Documentos para la historia

Trabajamos en este apartado con la versión que editó
Prohistoria Ediciones en el año 2021. El libro, coordinado por
la Dra. María Elena Barral,1 presenta una versión transcripta y
comentada de la visita episcopal por un grupo de investigadores
formados y en formación. La publicación forma parte de los
resultados de un proyecto de investigación radicado en el
Departamento de Cs. Sociales de la Universidad Nacional de
Luján, titulado “El gobierno de territorios y poblaciones rurales
en el espacio litoral rioplatense: disputas y conflictos, 17561810” (2016-2019) dirigido por la Dra. María Elena Barral, el
Prof. Raúl O. Fradkin y el Dr. Oscar Trujillo.
El libro presenta además de la transcripción comentada,
un glosario de términos eclesiásticos y unas cartografías de los
sitios de culto. Estos capítulos son importantes porque brindar
una información complementaria que acerca el documento a
lectores no especializados en la historia religiosa tanto como
para los lectores que no estén familiarizados con la geografía
rioplatense o con los términos vinculados a la ritualidad
cristiana. Otros de los trabajos que acompañan la edición fue
escrito por Fernando Heinzen, responsable del Archivo Histórico
del Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz, y presenta un
aporte valioso para contextualizar el hallazgo del documento y
María Elena Barral, coord., La visita del obispo Lué y Riega: transcripción
y edición de la Santa y General Visita Pastoral del Ilustrísimo Señor Obispo
Dn Benito Benito Lué y Riega Obispo de la Santísima Trinidad Puerto de Santa María de Buenos Aires (1803-1805) (Rosario: Prohistoria, 2021).
1

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su preservación. Un último texto acompaña el documento que
nos brinda un estudio introductorio sobre mundo social que nos
permite conocer la visita escrito por el Prof. Raúl O. Fradkin
y la Dra. María Elena Barral. No me detendré específicamente
en los artículos que acompañan la visita, ya que el propósito
de este texto es el de brindar al lector ejemplos y referencias
del documento que nos permitan dimensionar algunos de los
posibles aportes que brinda la fuente para la historia social del
catolicismo rioplatense.
1. Un archivo fragmentado o el derrotero de una
fuente primaria
Los documentos para la historia de la iglesia en el Río de la
Plata, o al menos para la histórica diócesis de Buenos Aires, se
encuentran dispersos y fragmentados. Esto se debe a que en 1955
se incendió el archivo de la Curia Metropolitana perdiéndose
un valioso repositorio que sin embargo está presente para otras
latitudes como la diócesis de Córdoba del Tucumán, en el centro
del actual territorio nacional argentino. De aquel incendio de
la catedral de Buenos Aires, sobrevivió algo de los papeles
vinculados al cabildo eclesiástico y algunas colecciones de
documentos editados previamente al incendio. Como resultado de
aquella ausencia, por lo general, los trabajos y las investigaciones
que se llevan adelante en el marco de la historia social del
catolicismo rioplatense, entonces, deben recurrir a las salas del
Archivo General de la Nación Argentina o bien a los diferentes
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archivos eclesiásticos que se pueden encontrar en las antiguas
iglesias matrices de la diócesis.2
Previamente a la edición que se refiere en este apartado,
circuló una versión que compiló el presbítero e historiador Edgar
Stoffel en el año 1992 bajo el nombre “Documentos inéditos de la
santa visita pastoral del obispado del Río de la Plata”. En ella se
reproducían en copia facsimilar el original de la visita y contaba
con una introducción histórica al documento.
El manuscrito original de la visita pastoral fue encontrado
en el Archivo Histórico del Arzobispado de Santa Fe de la Vera
Cruz. El texto se divide en dos apartados, como veremos, el
primero llamado “cuaderno de la visita”, que incluye 84 folios
en su mayoría de 21 cm de ancho por 31 cm de largo, mientras
que el “registro de las licencias” incluye 29 folios.3 En cuanto
al contenido de cada uno de estos apartados, mientras que uno
trabaja sobre la recorrida y visita de los dispositivos religiosos
desplegados por el espacio diocesano, el otro versa sobre las
licencias que otorgó en el transcurso de su recorrida el obispo
Lué y Riega.

Roberto Di Stefano y José Zanca, “Iglesia y catolicismo en la Argentina.
Medio siglo de historiografía.” En Anuario de Historia de la Iglesia, no. 24
(2015), https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35542301002.
3
Fernando Heinzen, “Hallazgo de los escritos de la Santa Visita Pastoral del
Obispado del Río de la Plata por el Obispo Lué y Riega 1803-1805” en La visita del obispo Lué y Riega… coord. María Elena Barral (Rosario: Prohistoria,
2021).
2

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2. El obispo y sus secretarios
El obispo Benito Lué y Riega nació en Asturias, el 12 de marzo
de 1753, se doctoró en sagrada teología y arribó al obispado de
Buenos Aires a los 50 años de edad, luego de una trayectoria
eclesiástica en la península. El último cargo que detentó allí fue el
de deán, en la catedral de Lugo, Galicia. Desembarcó en América
un 22 de abril y luego de que el obispo Mariano Moscoso, de la
diócesis de Córdoba del Tucumán, lo ungiera –a principios de
junio– partió a Santa Fe de la Vera Cruz para llevar adelante la
visita episcopal. A grandes rasgos, se sabe que la visita pastoral
constituyó una obligación para los prelados establecida por el
concilio de Trento (1545-1563) y que estas permitían recoger y
recopilar información sobre las diferentes realidades sociales y
religiosas que se encontraban en el espacio diocesano que les toca
gobernar.
Su gobierno episcopal en Buenos Aires, se extendió
desde 1803 hasta 1812 y estuvo signado por un agitado clima
político en la ciudad de la Trinidad, si tenemos en cuenta que una
vez terminada la visita, la ciudad se vio conmocionada por las
invasiones inglesas en dos oportunidades, primero en 1806 y casi
un año después en 1807. Luego, años más tarde, el obispo fue
testigo de otros acontecimientos que tuvieron un fuerte impacto
político, como la asonada de Martín de Álzaga en 1809 y después,
en mayo de 1810, el establecimiento del cabildo abierto y la
primera junta de gobierno. El obispo mostró, por aquellos días,
sus convicciones realistas frente al movimiento independentista.
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Falleció en 1812 dejando el obispado en sede vacante que el
contexto revolucionario prolongó durante décadas. 4
Es más que probable que también el obispo no haya
realizado el recorrido en soledad. Del texto se desprenden en
general la presencia de, al menos, dos secretarios de la visita los
cuales llevaron adelante la escritura del documento en distintos
momentos. Fue el primer secretario de la visita, el Licenciado
Don Mariano Ruiz de Navamuel, quien aparece mencionado al
comienzo de la visita en la ciudad de Santa Fe, el 13 de junio
de 1803. Según consta en su relación de méritos y servicios
presentada en el obispado de La Paz en septiembre de 1803 –
ya luego de la visita–, era natural de la Villa Paredes de Nava
en Palencia y tenía 27 años y de “estado noble”. Arribó a este
continente en la comitiva que llegó junto al prelado Benito Lué
y Riega. Navamuel contaba entre sus méritos con una trayectoria
en la administración eclesiástica en la península que incluían,
entre otras cosas, haber sido visitador general, abogado de
cámara y secretario al servicio del difunto obispo Buenaventura
Moyano, en su efímero obispado en Palencia. A finales de 1803,
el secretario abandonó al prelado porteño para concursar en la
canonjía doctoral en la catedral de La Paz.5
En reemplazo del anterior encontramos a José Francisco
de la Riestra, quien ocupó el rol desde el segundo tramo iniciado
Vicente Cutolo, Nuevo Diccionario biográfico argentino (1750-1930),
Tomo Cuarto. (Buenos Aires: Editorial Elche, 1983)
5
Archivo General de la Nación Argentina (AGN). Sala IX 2747 Exp. 1394.
4

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el 8 de mayo de 1804 hasta la finalización de la visita pastoral, el 1
de noviembre de 1805. De la Riestra, natural de Gijón, sacerdote,
se graduó de doctor en ambos derechos. Luego de su trabajo como
secretario de la visita, fue director del Convento de las Catalinas
en Buenos Aires y a su vez, rector del Seminario Conciliar entre
1807 y 1810. Al momento de la independencia, fue enviado a las
provincias por su “fervor a la causa realista”.6
Es posible que el obispo recién llegado a la diócesis de
Buenos Aires haya elegido personas de su confianza para ser sus
secretarios. En este sentido, no es llamativo que ambos secretarios
hayan sido naturales de la península ibérica y de comprobada
trayectoria en el Viejo Mundo e incluso, que hayan tenido
conocimientos en derecho. Sería interesante seguir indagando sobre
el rol de secretario de la visita en futuros trabajos de investigación,
para poder pensar en si además de registrar los acontecimientos,
quizás, haya podido intervenir frente a algunas situaciones
aconsejando o asesorando en la toma de decisión al prelado.
3. El cuaderno de la visita
De manera general, este primer apartado de la visita presenta un
formato más o menos estandarizado. Encontramos que se informa
sobre el nombre de la parroquia o capilla que se está visitando –
incluyendo muchas veces un listado de oratorios dependientes–,
el cura vicario que la tiene a su cargo, el teniente si lo hubiese, el
Vicente Cutolo, Nuevo Diccionario biográfico argentino (1750-1930),
Tomo Sexto. (Buenos Aires: Editorial Elche, 1975)
6

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capellán o mayordomo, el notario y se comienza con la visita de la
iglesia. Tomaremos en las páginas que siguen algunos ejemplos de
este registro de la visita, referidos a las instancias administrativas
parroquiales, la materialidad de los sitios de culto y el registro en
los pueblos de misión. Luego de esta somera revisión del itinerario
episcopal podremos observar más detenidamente la información
que se brinda el registro de Licencias.
La revisión de las instancias administrativas parroquiales:
Cuando pensamos en las instancias administrativas parroquiales
lo hacemos principalmente a partir de los libros de partidas –
bautismos, matrimonios, entierros– y las cuentas de fábrica.
Ambos registros guardan relación con la recaudación que lleva
adelante cada dispositivo religioso, no sólo para su subsistencia
y la del cura sino también el sustento de toda la diócesis y sus
agentes religiosos (obispo, cabildo eclesiástico, beneficiados).
En primera instancia, el obispo solía revisar los libros de
partidas en el que se registraban los bautismos, los casamientos
y las defunciones. Esta revisión podía generar obligaciones
y compromisos del cura vicario con el prelado en términos
administrativos, vinculados a la omisión de alguna nota, como por
ejemplo en la Parroquia de Santa María del Puerto de Las Conchas:
Se comisionó al sobredicho Cura actual para que enmendase
varias partidas que se hallan con defectos notables como son
falta de firmas, omisión de nombres de bautizados y sus padres.
Y a fin de que averigüe si viven los que han incurrido en estos
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defectos, y repararlos del mejor modo, anotando al margen la
causa de ellos y firmándolo.7

Estas omisiones llamaron la atención al obispo, pues una
adulteración en estas entradas redundaba en un menor ingreso a
las cajas de la fábrica de la iglesia local, por un lado, pero también
en una reducción en los ingresos a nivel general del obispado, por
ejemplo, en las “cuartas episcopales” que recibía el prelado por
cada nacimiento, casamiento o defunción.
Es por esto que, de la misma manera, se llevaba adelante
una revisión de los libros de cuentas de fábrica. Era una tarea de
los mayordomos o tenientes de cura mantener estos libros en los
que se registraban ingresos y egresos de la fábrica de la iglesia,
pudiendo esta quedar con saldo a favor o registrando alguna
deuda, por ejemplo, en la Capilla de Mercedes ayuda parroquia
de la de Santo Domingo Soriano en la Banda Oriental del Río
Uruguay encontramos la siguiente anotación:
Cuentas. Se han aprobado con caudal existente en deudas de 46
pesos corrientes: se ha comisionado en forma al actual teniente
y a sus sucesores para el ajuste de las futuras, como para el
recobro de las deudas: igualmente se le previno que de los
matrimonios de españoles exija dos pesos para la fábrica y uno
de los de Naturales (Barral, 2021: 103).

Conocemos que algunas parroquias contaban con unidades
productivas anexadas a las iglesias. Conocidas con la
denominación de “Estancias de la Virgen”, el prelado en la
7

Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 100.

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medida que se encontraba con alguna pretendía conocer su
estado general. Así encontramos que, en la parroquia de Santo
Domingo Soriano, por ejemplo, frente al vencimiento próximo
del contrato de arrendamiento de dicha estancia con Don Pedo
Manuel García el prelado “…les ha prohibido celebrar contrato
alguno, enajenarla, y empeñarla sin intervención, y aprobación de
Su Señoría Ilustrísima…”.8
De esta manera la visita nos da la posibilidad de observar la
gestión de curas y tenientes de cura desde la revisión de los libros
que hacen a las administraciones parroquiales. Los ejemplos que
se traen aquí no agotan las situaciones que se presentaron en los
años de recorrida pero sí nos sirven para dimensionar una forma
posible de intervención episcopal en dichas gestiones locales.
La materialidad de los sitios de culto:
Otra cuestión interesante que aparece en esta visita episcopal es
el estado material de los dispositivos religiosos.
Muchas veces categorizados a partir del binomio “decente/
indecente” el prelado guarda una preocupación sobre el aspecto y
el mantenimiento de los sitios de culto. Así, por ejemplo, para la
Capilla de Nuestra Señora de la Concepción de la Isla de Martín
García, el mandato episcopal fue que
[…] en vista de su indecencia para celebrar en ella los divinos
oficios por el reducido espacio de su construcción y por estar
contigua a la habitación de los presidiarios se destine para
8

Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 104.

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sacristía el terreno necesario; que se compren crismeras de
plata, que se cierre cementerio de pared con puerta y llave; y
una Cruz en el medio…9

El ejemplo nos permite pensar entonces que la materialidad del
lugar de culto no estaba ligada solamente al estado de las paredes,
techos o puertas sino también por el estado material de los objetos
litúrgicos o sagrados. Esta atención episcopal estuvo presente en
otros puntos que visitó el prelado en la diócesis. Así, cuando visitó
la “Capilla de Nogoia, vice parroquia del Gualeguai”, actualmente
situada en la provincia argentina de Entre Rios, el obispo mandó:
[…] que de las existencias, y limosnas, que se recojan se
compre un Cáliz y patena decentes, beneficiando al efecto
que actualmente sirve, por estar indecente: que se encarguen
unas crismeras de plata con su caja de madera: que se haga
pila bautismal con su cubierta y cerradura para conservar el
agua consagrada, según lo previene el Ritual: que se haga un
incensario y naveta aunque sea de bronce: un porta viatico
dorado por lo interior: que se compre un Misal, y un Ritual…10

La observación sobre los objetos sagrados también era extensiva
a la indumentaria que se debía utilizar para la liturgia, como
podemos encontrar en la Capilla de Nuestra Señora del Pilar de
la Guardia del Cerro Largo en la Villa de Melo (actual Uruguay),
donde se registró que:
[…] con consideración a la extremada pobreza de esta Iglesia,
tanto en su construcción, por ser un rancho cubierto de paja sin
9
10

Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 107.
Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 129.

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sacristía ni otro adorno exterior, que la distinga, como por los
ornamentos y vasos sagrados, reducidos aquellos a una casulla
vieja, que sirve para los tres colores, blanco, encarnado y verde
y otra mejor acondicionada, que hace a negro y morado…11

Este ejemplo de Cerro Largo nos muestra cómo se integraban
realmente los ítems que venimos enumerando. Es decir, de qué
manera se vinculaban en torno a la sacralidad del espacio tanto
la materialidad del sitio de culto como el estado material de
los objetos, alhajas y vestimentas rituales para garantizar cierta
“decencia” o “solemnidad” del culto.
Otra información que nos permite recuperar el documento
que estamos introduciendo es el de los emplazamientos o
erecciones de los sitios. En la visita el obispo llevaba adelante una
actualización de las jurisdicciones. Por ejemplo, llevó adelante
la erección de nuevos dispositivos en atención a la necesidad
que presentaban las feligresías, en la Parroquia de Concepción
del Uruguay (parroquia que hemos mencionado más arriba) nos
encontramos que el prelado dio lugar a la erección de oratorios:
En consideración a la larga distancia de esta Parroquia encargo
Su Señoría Ilustrísima al Cura Vicario que en las dos Poblaciones
de Guayquiraro, y Villaguai proporcione la erección de dos
oratorios públicos para el pasto espiritual de aquellas Almas
exigiendo en estos vecinos el correspondiente allanamiento de
mantener en ellos Sacerdote Secular, o Regular con aprobación
de Su Ilustrísima…12
11
12

Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 112.
Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 102.

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Lo que nos encontramos en este tipo de situaciones es otra manera
de afirmar el poder episcopal que tiene el prelado. Tomando parte
y haciendo tomar parte a párrocos y vecinos en el establecimiento
de nuevos dispositivos tanto como en la manutención de los sitios
sagrados que en ese momento se encuentran en actividad.
Los pueblos de indios:
En 1767 la expulsión de los Jesuitas implicó que las reducciones
que éstos instalaron y administraron en la jurisdicción de Buenos
Aires fueran ocupadas por sacerdotes pertenecientes a otras órdenes
religiosas como los Franciscanos. Llevada adelante entre abril y
noviembre de 1805, la visita constituye un documento de valor
histórico inestimable para conocer la administración de los pueblos
luego de cuatro décadas de la expulsión. La información recabada
por la comitiva episcopal no se refiere sólo a las cuestiones ya
mencionadas como los objetos vinculados a liturgia, las cuentas de
fábrica o el estado material de los sitios de culto, sino que aparecen
otras problemáticas que han llamado la atención del prelado y nos
parece importante poder mencionar aquí.
A modo de ejemplo, en el pueblo de Santa Lucia de
los Astos, pueblo fundado en 1615 y ubicado actualmente en
la provincia de Corrientes, Argentina, el prelado registró la
estructura gubernamental del pueblo al destacar que:
En él reside un subdelegado, que tiene jurisdicción en lo civil,
criminal y Real Hacienda, la que ejerce igualmente en los
Pueblos de Garzas e Itatí; un administrador de temporalidades,
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con un cabildo compuesto de un Corregidor, dos alcaldes
reales, otro de la Santa Hermandad, un regidor, procurador y
alférez real.13

El administrador tenía la función como enviado de la Corona
de poner límites a la administración religiosa de los frailes que
vivían en los pueblos y a la vez limitar el uso y abuso sobre los
indios, que aún estaban en el régimen de encomienda conocido
como régimen de comunidad por parte de los vecinos.
La preocupación por la situación de los indios bajo el
régimen de comunidad se puede observar cuando se lee que la
comitiva buscó registrar a las familias que habitaban en aquellas
jurisdicciones e identificar cuáles de éstas aún pertenecían a esta
forma de encomienda. En el cuaderno de la vista se anotó que
Santa Lucia de los Astos, “comprende el número de 31 familias,
de las cuales 13 están libres de Comunidad y las restantes viven
bajo su yugo”. Esta información es relevante no sólo porque
nos habla de la pervivencia del régimen de comunidad a pesar
de la ofensiva de la Corona por su supresión definitiva desde
1804 sino que también nos permite saber, cuándo el número está
registrado, cuántas son efectivamente las que aparecen aún bajo
esa modalidad de explotación económica.
Un elemento que también se destaca en la visita de
los pueblos de indios es la corrección de las costumbres. Esta
“corrección” estaba fuertemente relacionada con la cuestión
13

Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 133.

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moral y la vigilancia de los cuerpos. Siguiendo con Santa Lucía,
el prelado recomendó en sus mandatos generales que:
Advertida asimismo por Su Ilustrísima la desnudez con que
se presentan en público las mujeres ordinarias y el abuso de
traer los niños desnudos, previno al cura que en las pláticas
dominicales reprenda esto y privadamente encargue a los padres
de familia se moderen en el disimulo con que han procedido
hasta ahora en tolerarlo.14

Resulta interesante el ejemplo que mencionamos anteriormente
para ponderar las posibles intersecciones entre género y raza en
el contexto de los pueblos de indios. La visita aparece como un
documento plausible de ser abordado desde diversas perspectivas
historiográficas y la información que brinda puede resultar útil
para resolver diferentes problemas.
Encontramos entonces que el “cuaderno de la visita” registró
situaciones de la más diversa índole. Desde aquellas cuestiones
vinculadas a la “decencia” del culto y sus sitios hasta la “corrección
de las costumbres”, pasando por la reformulación de jurisdicciones y
erección de dispositivos religiosos. Veamos ahora cómo además de
la “vigilancia” sobre los sitios de culto y las feligresías se extiende a
los agentes religiosos que pueblan la diócesis.
4. Las licencias
El segundo apartado de la edición anotada y comentada que
introducimos en este texto se trata del registro de la visita que el
14

Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 133.

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obispo llevó adelante sobre los agentes religiosos de la diócesis.
Instancia privilegiada para pensar la relación interpersonal entre
el prelado y los frailes, capellanes, curas, tenientes de curas y
mayordomos que hacían al personal de la diócesis. El apartado
es variado y no guarda un formato necesariamente estandarizado
como el primero de las visitas a las iglesias. A modo de ejemplo
veamos algunas de las situaciones de los frailes franciscanos del
convento de San Pedro, localidad ubicada al norte de la actual
provincia de Buenos Aires, Argentina, el cuaderno de la visita
registró el paso del obispo y el vínculo con los frailes así en:
Agosto 15, el Padre Fraile Rafael Sainz Orden Franciscano
Recoleto residente en la Estancia de doña Josefa Rodríguez sita
en la Parroquia de San Pedro para celebrar y confesar ambos
sexos en el obispado por dos meses solamente y concluidos se
retirará a su convento de Buenos Aires.15

El sacerdote residía extra muros y prestaba servicios religiosos
en una estancia, con lo cual el prelado extendía esta licencia
por un tiempo concreto y solicitaba que el regular vuelva a su
convento. Sin embargo, no siempre se extendían las licencias sin
más. Para dimensionar por completo el encuentro del prelado con
estos frailes podemos citar una suspensión y sus condiciones, por
ejemplo, el 7 de agosto de 1803 ordenó al “Padre Fraile Francisco
Cuesta del mismo convento suspensas las licencias que tenía
hasta que se presente a examen en la Capital”.16 El “examen”
15
16

Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 183.
Barral, La visita del obispo Lué y Riega, 182.

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expresaba entonces el vínculo interpersonal entre el obispo y los
agentes que se encontraban desplegados por el espacio diocesano
y de alguna manera, se presentaba como un ámbito propicio para
ejercer la “corrección” de algunas “fallas” o para reafirmar así
control sobre éstos.
Vemos entonces que el documento registra la fecha de
contacto, junto con el examen de los curas, es decir, la renovación
o revocación de las licencias para celebrar, predicar y confesar
tanto hombres como mujeres o llegado el caso, sólo hombres.
Estas entradas también indican en la mayoría de los casos las
condiciones de esa renovación y el tiempo estipulado para ella.
Existen algunas renovaciones que podríamos llamar “especiales”
que implicaban la habilitación para absolver un tipo específico
de pecados o habilitar matrimonios según sea necesario. El
apartado de las licencias en general puede ser útil a los fines de
reconstruir la red de agentes. Porque brinda al lector una especie
de radiografía del clero secular y regular que se encontraba activo
en la diócesis realmente existente y sus áreas de actuación.
A modo de cierre me gustaría proponer que esta es solo una
lectura posible de la información que nos brinda un documento
que como explicamos más arriba puede considerarse excepcional.
Es importante valorar el trabajo en conjunto y la necesidad de
integrar los repositorios documentales eclesiásticos con el trabajo
de instituciones públicas como son las universidades para su
mayor difusión y visibilidad. Estos documentos, y a esto apuntó la
edición comentada de la visita, no son excluyentes para la historia
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�Documentos para la historia

del mundo religioso. Son fuentes que también nos arrojan datos
sobre la sociedad que contribuyó y dio forma a los dispositivos
religiosos, así como a las prácticas de religiosidad. Es decir, una
visita y su registro de licencias, nos son de utilidad para pensar
el despliegue diocesano y sus agentes, pero también contribuye
a aproximarse a las relaciones sociales interétnicas, de género y
clase de un mundo social más vasto. Espero que esta introducción
sirva para contribuir a que otros lectores de otras latitudes se
aproximen a estas fuentes con otros (y nuevos) interrogantes y
trabajos de investigación.
Referencias
Archivo
Archivos General de la Nación Argentina (AGNA)
Fuentes editas
Barral, María Elena, coord., La visita del obispo Lué y Riega: transcripción y edición de la Santa y General Visita Pastoral
del Ilustrísimo Señor Obispo Dn Benito Benito Lué y Riega
Obispo de la Santísima Trinidad Puerto de Santa María de
Buenos Aires (1803-1805). Rosario: Prohistoria, 2021
Bibliografía
Cutolo, Vicente, Nuevo Diccionario biográfico argentino (17501930), Tomo Cuarto. Buenos Aires: Editorial Elche, 1983.
Cutolo, Vicente, Nuevo Diccionario biográfico argentino (17501930), Tomo Sexto. Buenos Aires: Editorial Elche, 1975.
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�Camilo Zarza

Di Stefano, Roberto y Zanca, José “Iglesia y catolicismo en la
Argentina. Medio siglo de historiografía.” En Anuario de
Historia de la Iglesia, no. 24 (2015)
Heinzen, Fernando, “Hallazgo de los escritos de la Santa Visita
Pastoral del Obispado del Río de la Plata por el Obispo
Lué y Riega 1803-1805” en La visita del obispo Lué y
Riega: transcripción y edición de la Santa y General Visita Pastoral del Ilustrísimo Señor Obispo Dn Benito Benito Lué y Riega Obispo de la Santísima Trinidad Puerto de
Santa María de Buenos Aires (1803-1805). coord. María
Elena Barral, Rosario: Prohistoria, 2021. 21-27.

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�La conservación del patrimonio bibliográfico:
colecciones especiales de la Biblioteca UDEM
Arnoldo David Diaz Tamez
Universidad de Monterrey

San Pedro Garza García, México
orcid.org/0000-0002-2341-9248

Introducción
Las bibliotecas han sido reconocidas como guardianas
del patrimonio escrito de la humanidad. Dicha labor debe
desempeñarse bajo el equilibrio entre la protección y conservación
del documento y las facilidades para su consulta y acceso al público
en general.1 Con este texto pretendo mostrar las colecciones de la
Biblioteca UDEM, en la Universidad de Monterrey, en las que
se desarrollan estas actividades y su potencial para la generación
de nuevas investigaciones en los campos de las humanidades, las
artes y las ciencias sociales.
Primero definamos algunos puntos sobre la importancia
de la conservación del patrimonio bibliográfico en la labor de la
investigación histórica. Para ello debemos tener en claro el papel
que juega la escritura en la historia de la humanidad:
Francisca Hernández, El patrimonio cultural: la memoria recuperada (Gijón: Trea, 2002).

1

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Con este instrumento [la escritura] la memoria humana se
vuelve física y permanece. La escritura sirvió para transmitir
los acontecimientos de la historia humana, pero también pasó
a formar parte del proceso creativo del pensamiento humano.2

Regularmente, historiadores e historiadoras consideramos los
archivos como el recinto clave para obtener información original,
es decir, fuentes primarias en forma de reportes, estadísticas,
mapas y un sinfín de documentos que nos permiten acercarnos
a los pensamientos de quienes vivieron la época que nos
encontremos estudiando.
Sin embargo, las bibliotecas, y la Biblioteca UDEM en
particular, nos proveen de una enorme cantidad de materiales
escritos que pueden considerarse en sí mismos fuentes primarias.
Y en sí mismos, los libros son considerados patrimonio por el
conjunto de valores que representan y su papel como generador
de nuevo conocimiento.3
Ante el crecimiento de la escritura en línea, la conservación
de los materiales bibliográficos se hace una tarea cada vez más
ardua y necesaria pues los libros creados tras la industrialización
del oficio editorial que normalmente no eran incluidos en los
Idalia García Aguilar, Idalia, Miradas aisladas, visiones conjuntas: defensa del patrimonio documental mexicano (México: Sistemas Bibliotecarios de
Información y Sociedad, Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas, UNAM, 2001) , 66.
3
Olaia Fontal Merillas, La educación patrimonial: teoría y práctica para el
aula, el museo e Internet. Biblioteconomía y administración cultural (Gijón:
Trea, 2003).
2

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programas de conservación y restauración, hoy son revalorados
y pasan a formar parte de las colecciones históricas de diversas
bibliotecas, entre ellas la biblioteca central de la UDEM.
Pasaremos a mostrar las diferentes colecciones especiales
que se resguardan en esta universidad, su valor, la historia
de algunos de sus creadores, las posibilidades de su uso y las
maneras en la que la comunidad puede sacar provecho de las
mismas. Como biblioteca consideramos que nuestra labor es
principalmente la de custodios, siendo el conocimiento y la
creatividad el objeto de nuestra protección. Pero creemos que la
función de una biblioteca no termina en la simple custodia, sino
que debemos impulsar el uso del patrimonio bibliográfico con
miras a crear nuevos conocimientos.
1. Colecciones especiales en la Biblioteca UDEM
En la Biblioteca UDEM se consideran colecciones especiales a
aquellas que han sido donadas y conservadas íntegramente por
personalidades relevantes en la historia académica, artística
o política de México, así como a aquellos tomos con más de
cien años de antigüedad que se encuentran en nuestra colección
general pero que ahora necesitan de una conservación más ardua.
Actualmente contamos con tres colecciones especiales.
1.1 Colección histórica
Nuestra colección histórica se conforma de aquellos tomos que
pertenecieron a nuestra colección general y que poco a poco
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cumplen con los cien años de antigüedad. Una vez cumplido este
tiempo, se hace necesario conservarlos en una estantería especial
para mantenerlos alejados del polvo y del maltrato físico por parte
de los usuarios inexpertos.
Ya que hablamos de ejemplares que pertenecieron a la
colección general, en la colección histórica se cuenta con las más
variadas temáticas. Aunque en ella podemos encontrar manuales
escolares de filosofía, textos clásicos de derecho, primeras
ediciones de diversos tomos sobre medicina y ciencias naturales,
se trata de un fondo especialmente rico en literatura e historia.
La mayoría de los tomos están fechados entre los finales
del siglo XIX y el principio del XX, sin embargo, contamos con
libros aún más antiguos, por ejemplo, el libro Vida maravillosa
de la venerable virgen Doña Marina de Escobar, natural de
Valladolid: sacada de lo que ella misma escrivio de orden de sus
padres espirituales, y de lo que sucedio en su muerte, que data de
1665, donado por la familia Moyssén Lechuga.
Esta colección se destaca por ser rica en fuentes
documentales sobre el porfiriato y la revolución mexicana,
contando con varias primeras ediciones de textos clave para el
periodo como la Sucesión Presidencial de Francisco I. Madero,
así como diversos testimonios de militares y civiles de la época.
Otros temas provechosos para la investigación histórica es la rica
colección de textos históricos sobre Monterrey y Nuevo León,
donados principalmente por la familia del cronista José P. Saldaña.
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Actualmente la colección se encuentra en una
reestructuración en la que será evaluada la pertinencia de conservar
cada ejemplar, así como se plantea su expansión con el rescate de
diversos tomos que cumplieron los cien años durante la pandemia
y de ser posible expandirlo hasta 1939 para lograr incluir leyes,
diarios y testimonios fundamentales para comprender el desarrollo
del Estado mexicano antes de las Segunda Guerra Mundial.
1.2 Colección Xavier Moyssén Echeverría
Xavier Moyssén (1924-2001) es reconocido como uno de los
principales críticos e historiadores del arte en México. Para
Louise Noelle, fue una de las figuras centrales de la Academia
de las Artes en nuestro país y como profesor formó y asesoró
a un sinfín de generaciones tanto a nivel preparatoria como en
licenciatura y posgrado.4 Desde el 2004, la Biblioteca Central
UDEM cuenta con su biblioteca personal, acervo que contiene
libros sobre múltiples áreas del conocimiento como filosofía, arte,
literatura, historia e incluso música. En sus libros se conserva su
espíritu curioso y el legado de sus muchos años como profesor.
Pero la colección Xavier Moyssén (XM) se distingue
por su especialidad en historia y teoría del arte, un fondo sin
comparación a nivel local. Su extenso acervo sobre pintura
y arquitectura, así como de muchas otras disciplinas del arte
Louise Noelle, “Xavier Moyssén; una presencia asidua”, en Anales del
Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. XXIII, núm. 78, primavera, 2001,
pp. 7-13
4

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mexicano, son ventanas para investigadores del arte que de otra
manera no podrían acceder a dichos acervos en la ciudad.
Como mencionamos, sus libros son reflejo de su
dedicación como profesor, por lo que abundan ejemplares de
literatura mexicana e iberoamericana, materia que impartió en la
Escuela Nacional Preparatoria. De igual manera, su bibliografía
sobre arte moderno y contemporáneo en México abarca buena
parte de la colección, cuya materia impartió en la UNAM.5
Desde su ingreso a la Academia de las Artes, se dedicó al
estudio del arte virreinal y decimonónico en México, produciendo
una enorme cantidad de libros, catálogos y ponencias sobre
dichos temas, algunos de los cuales se encuentran dentro de esta
colección. Pero, así como menciona Noelle en el obituario a su
maestro, fueron las relaciones personales de Xavier Moyssén las
que hicieron que su carrera fuera tan fructífera, como se demuestra
hasta el día de hoy.
Aquí hago referencia a que el mayor recurso que se
consulta en esta colección es el llamado “Archivo Vertical”, el
cual consiste en folletos y programas de diversas exposiciones a
las que asistió y que suelen complementarse con algún catálogo
de las obras expuestas. Estas son las fuentes que las casas de
subastas y galerías suelen consultar en esta biblioteca, donde
hemos recibido peticiones de este tipo de nivel local, nacional e
internacional. Otro motivo común de uso de esta colección es la
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Noelle, “Xavier Moyssén; una presencia asidua”.

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cantidad y calidad de libros sobre teoría del arte, crítica del arte y
teoría de la arquitectura; desde los clásicos hasta los rebeldes de
cada una de estas disciplinas, todos están presentes en la colección
de Xavier Moyssén.
1.3 Colección “Luis M. Farías”
La colección “Luis M. Farías” es la última que se ha integrado a
las colecciones especiales. Luis M. Farías fue un locutor y político
mexicano originario de Monterrey. En Nuevo León se desempeñó
primero como gobernador interino y después como alcalde de la
ciudad de Monterrey. A lo largo de su vida fue construyendo su
biblioteca personal que ahora se resguarda en la UDEM.
El enfoque de esta colección es el derecho y las ciencias
sociales, y en ella se pueden encontrar los clásicos del pensamiento
político de México y el mundo. Dentro de su biblioteca se pueden
encontrar tratados, constituciones y estudios legales del siglo
XVIII y XIX, principalmente de México, España y Francia.
Destacan ejemplares facsimilares de la Constitución de Cádiz y
del Acta de Independencia del Imperio Mexicano, reproducciones
contemporáneas a la publicación de los documentos originales.
Cuenta con un importante acervo de libros sobre la
revolución mexicana, muchos de ellos editados al calor del
movimiento, como son los libros editados por el Grupo Cultural
Ricardo Flores Magón, y junto con ellos podemos encontrar
algunas ediciones del periodo revolucionario de los textos que
se debatían en los clubes liberales, entre los que destacan los
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libros de pensadores revolucionarios como Kropotkin, Bakunin
y Trotsky.
Adentrándonos más hacia el siglo XX, la colección de
Luis M. Farías cuenta con un rico acervo de investigaciones
históricas, textos de diversos líderes sociales y políticos de
gran relevancia en este siglo, donde podemos encontrar textos
de personajes como Stalin, Churchill, Kim Il-Sung y muchos
más. En el caso de México, la colección contiene diversas
investigaciones sobre los movimientos campesinos y obreros, así
como diversos documentos internos del Partido Revolucionario
Institucional, informes de gobierno y diversas fuentes primarias
que corresponden a los puestos que Luis M. Farías ocupó en los
diferentes momentos de su vida.
Conclusiones
Como biblioteca se ha comprendido y practicado la importancia
de la conservación, no solo de los ejemplares más antiguos que
suelen priorizarse en los archivos, sino también aquellos creados
en la época de la publicación industrial, respondiendo al contexto
de la ciudad en la que se encuentra el acervo.6
La labor de conservación de estas colecciones no responde
únicamente al almacenamiento, sino que nuestro propósito es que
sean utilizadas por la comunidad como fuente de información e
inspiración para generar nuevos proyectos tanto de investigación
6

Hernández, El patrimonio cultural: la memoria recuperada.

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como de creación. Como dice García, el libro “No enlaza
únicamente con el pasado, sino que logra jugar con los tres
momentos del tiempo: pasado, presente y futuro se entremezclan
mostrando la complejidad del espíritu humano”.7
Cabe aclarar que con comunidad no nos referimos
únicamente a la comunidad UDEM. La biblioteca mantiene una
política de puertas abiertas a pesar de pertenecer a una institución
privada. Cualquier persona dedicada a la investigación puede
recurrir a nuestro catálogo en línea y si existen ejemplares que sean
de su interés pueden consultarlo en nuestras instalaciones enviando
un correo a la siguiente dirección: biblioteca@udem.edu.mx.
Referencias
Fontal Merillas, Olaia. La educación patrimonial: teoría y práctica para el aula, el museo e Internet. Biblioteconomía
y administración cultural, editado por Trea. Gijón, 2003.
García Aguilar, Idalia. Miradas aisladas, visiones conjuntas: defensa del patrimonio documental mexicano. Sistemas Bibliotecarios de Información y Sociedad, editado por Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas.
México: UNAM, 2001.
Hernández Hernández, Francisca. El patrimonio cultural: la memoria recuperada. Gijón: Trea, 2002.
Noelle, Louise, “Xavier Moyssén; una presencia asidua”, en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. XXIII,
núm. 78, primavera, 2001, pp. 7-13
7

García, Miradas aisladas, visiones conjuntas, 68.

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�Rodolfo Aguirre Salvador, Lucrecia Enríquez y Susan
E. Ramírez. Los obispos y las reformas eclesiásticas
en la América hispana borbónica (coords.). Ciudad de
México: Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la
Educación; 2022, 315 pp. ISBN: 978-607-30-6430-9;
ISBN (PDF): 978-607-30-7132-1

https://www.iisue.unam.mx/publicaciones/libros/los-obispos-y-las-reformas-eclesiasticas-en-la-america-hispana-borbonica
Recibido: 10 de mayo de 2023
Publicado: 1 de julio de 2023

En la historiografía de la Iglesia católica en México, la biografía
episcopal es el género por excelencia para entender dicha institución
en determinadas coyunturas. Aunque se han privilegiado regiones
y sujetos de trascendencia en la historia nacional, sería deshonesto
negar la existencia de un enfoque más plural en la actualidad.
Varios trabajos son prueba de ello: algunos se han interesado por
las expresiones de la “ilustración católica” dentro de los proyectos
episcopales, otros por los diversos discursos que giran en torno
a los obispos, algunos por el empuje de políticas eclesiásticas en
determinados espacios, así como por el entendimiento de la cultura
jurisdiccional y la convivencia entre las potestades temporal
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�Reseñas

y espiritual. Otros han utilizado las visitas pastorales como un
dispositivo para entender tanto los cambios de tipo administrativo
y religioso como la “realidad” de la vida cotidiana.
No obstante, pocos son los trabajos que permiten
comprender y comparar dichos procesos a nivel más amplio, es
decir, en el contexto de las Indias Occidentales. Entre estos trabajos
se encuentra la obra que nos interesa en esta reseña: Los obispos y
las reformas eclesiásticas en la América hispana borbónica. Esta
obra, editada por el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad
y la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de México
y coordinada por Rodolfo Aguirre, Lucrecia Enríquez y Susan E.
Ramírez, tiene como objetivo entender el papel de los obispos en
sus respectivos espacios de poder y en sus propias particularidades
durante el siglo XVIII. Asimismo, invita al lector a reflexionar
sobre el periodo conocido como “reformismo borbónico”.
El libro se conforma de un estudio introductorio y cuatro
secciones. El estudio introductorio es fundamental, ya que es
una crítica conceptual y a su vez, justifica la pertinencia de la
obra. Está constituido por dos artículos: el primero es un análisis
elaborado por Lucrecia Enríquez, en el que pone en discusión
dos elementos. En primer lugar, si las reformas eclesiásticas
fueron en sí mismas una más de las reformas borbónicas o si se
fundamentaron en el ejercicio del real patronato; y en segundo,
la categoría de obispo reformista y su sumisión a la Corona
determinada por las interpretaciones de la normativa, del contexto
diocesano y político, o por la resistencia al cambio. Miriam
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�Reseñas

Moriconi se encarga del segundo, cuyo interés es entender
otras posibilidades de problematizar las reformas eclesiásticas
durante este periodo. Por esta razón, propone revisar el uso de
las categorías “obispos reformistas” y “obispos borbónicos”,
cuestionar ciertas temporalidades que terminaron enmarcando el
proceso borbónico, discutir la excepcionalidad de las “reformas
borbónicas” dentro de una larga experiencia reformista en la
Iglesia, y finalmente, entender aquel periodo a través de la noción
“reformismo eclesiástico borbónico”.
Una vez que se han cubierto los aspectos conceptuales y
metodológicos, la obra se divide en cuatro partes que llevan por
título: “Obispos receptores de las reformas eclesiásticas borbónicas”,
“El reformismo eclesiástico borbónico cuestionado”, “La defensa
de la jurisdicción eclesiástica frente a la Monarquía y la sociedad” y
“Proyectos singulares y realidades irresolubles”. Cada una de estas
partes contiene artículos que abordan diferentes diócesis de las Indias
Occidentales. Así, al leer esta compilación, se podrá observar que
reúne las experiencias reformistas en los obispados y arzobispados
de México, Trujillo, Buenos Aires, Asunción, Santiago de Chile,
Santa Fe de Bogotá, Lima, Caracas, Puebla y Quito. Con esto, el
lector podrá entender la diversidad de posturas de los obispos dentro
de sus espacios y plantearse las mismas preguntas que los autores se
hacen, pero en sus propios ámbitos de interés.
Lo valioso de este texto, además de sus dos textos
introductorios -necesarios para los estudiantes interesados en el
periodo y en la historia política de la iglesia- es que a través de
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una lectura comparativa, la obra permite visualizar el ejercicio
de la autoridad episcopal en un espacio y periodo específico, así
como la manera en que sus conflictos influyeron en el desarrollo
de diferentes proyectos reformistas, la defensa de la jurisdicción
eclesiástica y la dependencia de las reformas borbónicas de la
conducta de los obispos. La pluralidad de la agencia episcopal
es perceptible a través de cómo algunos historiadores han
interpretado a los obispos como “observadores etnográficos”
que, a través de sus “sensibilidades”, construyeron proyectos
acordes a las circunstancias, aunque éstas fueran lejanas a las
normas eclesiásticas y justificaron medios de control social. Es
decir, cómo las reformas borbónicas se convirtieron en pretexto
y catalizador de la manera en la que las autoridades diocesanas
miraban los males sociales.
En las páginas de este texto, la tinta de las historiadoras e
historiadores colaboradores devela al lector la manera en la que
los hombres receptores de las “reformas eclesiásticas borbónicas”
permiten comprender la sintonía de intereses entre el poder seglar
y el poder eclesiástico. Asimismo, se presentan las expectativas,
frustraciones y otras respuestas que las reformas podían generar
en el ámbito eclesiástico, como, por ejemplo, la disidencia que
perjudicaba a diversos grupos. También se muestra la importancia
de las gestiones episcopales para fortalecerse como la máxima
autoridad de las corporaciones religiosas en la diócesis y su apoyo
a las reformas borbónicas cuando coincidían con sus propios
intereses.
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Otra aportación de la obra es que, a través de los
resultados de los proyectos episcopales, estos estudios plantean
el “fracaso” del reformismo eclesiástico. En primer lugar, porque
sus efectos estuvieron lejos de las expectativas que se tenían en
Madrid y, en segundo lugar, por la resistencia discursiva de los
obispos a la figura del rey, motivada principalmente por vínculos
“antagónicos” a los intereses de la corona.
Para finalizar, podemos decir que esta obra ofrece una
valiosa contribución al campo de la historiografía de la Iglesia
durante el siglo XVIII. Al abordar las reformas eclesiásticas desde
la perspectiva de los obispos y su papel en las particularidades de
sus espacios de poder, se nos ofrece una mirada más completa
y matizada de este periodo histórico. Además, los artículos que
conforman esta compilación abordan temas y problemáticas
diversas que enriquecen aún más la reflexión sobre el reformismo
borbónico y su impacto en lo “sagrado”.
Elsy Anahí Mendoza Moo

El Colegio de Michoacán
Zamora, México

orcid.org/0000-0003-1433-8080

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�Juan Camilo Galeano Ramírez. Curas en la diócesis
de Popayán. La carrera eclesiástica y el regalismo
borbónico, 1770-1808. Bogotá: Instituto Colombiano
de Antropología e Historia ICANH, 2021, 152 pp.
ISBN: 978-958-8852-94-2
Recibido: 14 de febrero de 2023
Publicado: 1 de julio de 2023

Los “ministros de lo sagrado”, aquellos seres “apartados, pero
en el mundo” que describió William Taylor,1 articulan desde
su constreñido espacio redes de movilidad que exponen el
complejo entramado de un mundo que, si no fuera por los
acercamientos como el que nos ocupa en esta reseña, ignoraríamos
completamente. Curas en la diócesis de Popayán. La carrera
eclesiástica y el regalismo borbónico, 1770-1808 nos revela algo
que podría tomarse como una verdad apodíctica: La historia de
los curas está íntimamente relacionada con los asuntos relativos
al poder y la autoridad. Sin embargo, las complejidades en que se
fundamenta esa relación llevan a Juan Camilo Galeano Ramírez a
indagar por las intersecciones críticas donde confluyeron el oficial
clerical con las corporaciones eclesiásticas y civiles, la feligresía
William B. Taylor, Ministros de lo sagrado: sacerdotes y feligreses en el
México del siglo XVIII (México: El Colegio de México, 1999).
1

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�Reseñas

seglar y las dinámicas políticas de la monarquía española, para
presentar cómo estos sujetos (los curas) operan y se mueven en
esos espacios, donde su oficio y adscripción a una institución
trascendió el ámbito aparentemente doctrinal del sacerdocio.
Curas en la diócesis de Popayán… analiza las carreras
eclesiásticas de los clérigos que desempeñaron la “cura de almas”
en la diócesis de Popayán en un contexto definido por el avance
de la política regalista de la Corona borbónica en América, a
fines del siglo XVIII, para demostrar que ese ejercicio definió
la promoción eclesiástica en el citado espacio. Galeano Ramírez
va hilvanando la historia del clero secular a partir del efecto que
tuvieron sobre el clero las iniciativas regalistas y mediante el
estudio de las características de las estrategias de promoción de
los clérigos en sus carreras eclesiásticas. Con ello, hace aflorar
las relaciones, procesos y expectativas que tuvieron los clérigos
encargados de la cura de almas a finales del siglo XVIII en varias
provincias colombianas, logrando una profundidad de análisis
que salva el texto de ser una crónica más que salva del anonimato
al clero secular.
Para abordar un espacio tan amplio como Popayán,
Antioquia, Chocó y Pasto, el autor se sumergió en varios fondos
documentales de archivos dentro y fuera de Colombia, entre ellos,
Archivo Histórico Eclesiástico de la Arquidiócesis de Popayán,
Archivo General de la Nación, en Bogotá, y el Archivo General
de Indias, sito en Sevilla. Las fuentes primarias recabadas le
permitieron identificar la posición de los párrocos dentro de la
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jurisdicción del obispado y analizar a partir de los testimonios
de los propios curas un fenómeno de proyección universal, en
un proceso que requiere de una ardua persistencia y búsqueda de
información a partir de los rastros de la presencia de los clérigos
en los archivos. Concursos, cédulas reales, nombramientos,
expedientes episcopales, correspondencia, testamentos, visitas
eclesiásticas, intervienen en la construcción y determinación de
las carreras eclesiásticas presentes en el libro.
En consonancia con su propuesta de explicar las
características del ministerio parroquial desde el análisis de
la carrera eclesiástica de sus integrantes y su relación con
las autoridades reales, y sustentado en los postulados de
William Taylor, entre otros, se despliegan tres capítulos que,
aunque sucintos, conducen a la conformación de los proyectos
particulares (y políticos) de los curas. Un primer capítulo titulado
“El servicio de las almas. Aspirantes al ministerio parroquial”,
expone un componente medular como punto de partida para
comprender la carrera eclesiástica: la movilidad. En este primer
momento nos sumergimos al ámbito de los estudios de los
clérigos y a un acercamiento a su nivel de estudios, así como a
las particularidades de los concursos de oposición, asistiendo a
una porción del mundo desde donde perfilaban su carrera. Las
formulaciones de este capítulo se bifurcan en dos direcciones. En
primer lugar, se orienta a una horizontalidad donde se revelan la
formación clerical y las cuestiones relativas al aprendizaje. De
esta forma, y en un loable desmenuzamiento de datos a partir de
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las relaciones de méritos y servicios, se nos ofrecen los detalles
más reveladores sobre la formación de los clérigos. Su nivel iba
a estudios menores a “títulos superiores”, algunos con doctorado;
otros, incluso, no tenían grado alguno de formación.
En segundo lugar, se despliega en esta parte del libro un
desplazamiento vertical donde se estructuran los mecanismos
de la movilidad en la jerarquía eclesiástica. Los concursos de
oposición son un pasaje a los intersticios en la vida parroquial de
los curas que aspiraban a ascender en su carrera y le posibilitan
al autor encontrar anomalías, o casos salidos de la norma en la
aspiración a vacantes de parroquias en las diócesis estudiadas.
Para dimensionar la posición de los clérigos en conexión
con la política eclesiástica monárquica y las gestiones episcopales
de los prelados, un segundo capítulo se detiene en las dicotómicas
relaciones entre curas y justicias reales. El autor, en su atinada
definición de las competencias entre la jurisdicción civil y
eclesiástica a fines del siglo XVIII en Popayán, determina que el
regalismo borbónico definió la aplicación de la autoridad real en
asuntos eclesiásticos y procuró la jerarquización y uniformidad
de la Iglesia. Los curas parroquiales, insertos en este contexto
político, no escaparon a las tensiones fronterizas entre una y otra
autoridad y se buscó limitar sus funciones y equilibrar sus rentas,
para resultar en jurisdicciones mixtas, autoridades traslapadas y
una creciente pugna entre autoridades civiles y eclesiásticas.
El mayor acierto del libro está, quizás, en su tercer y
último capítulo, cuando las dos primeras partes de la investigación
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confluyen en la reconstrucción de la carrera eclesiástica de Juan
Mariano de Grijalba, como análisis de caso que deviene un
modelo para acercarse a fenómenos particulares que, inscritos
en un espacio geográfico puntual de las Indias meridionales,
dialoga y es consecuencia de las políticas instauradas en el otro
lado del Atlántico. La movilidad de Juan Mariano de Grijalba
es el punto de concurrencia de actantes aparentemente aislados
como el Consejo de Indias, las reales audiencias, las autoridades
virreinales y provinciales, los cabildos seculares y eclesiásticos,
obispos y arzobispos. Su estudio visibiliza las características y los
escenarios en que los clérigos persiguieron comenzar, afianzar y
culminar su carrera en la extensa jurisdicción de la diócesis de
Popayán. El recorrido de Grijalba, adscrito al servicio del gobierno
diocesano como secretario episcopal y posteriormente, al círculo
del obispo; nombrado cura de catedral y por último, rector del
Real Colegio Seminario de San Francisco de Asís, evidencia,
además, que “la cura de almas” fue la labor que marcó las carreras
eclesiásticas de los clérigos en las demarcaciones de Popayán que
apostaron por la educación como solución a los vicios, el ocio y la
ignorancia. En este valioso análisis, sin embargo, se echa en falta
una profundización mayor en el ejercicio de la “cura de almas” y
su vínculo con la feligresía, que esperamos sea objeto de estudio
de siguientes entregas del autor.
Legitimado ya como un certero aporte a la historiografía
novohispana, Curas en la diócesis de Popayán. La carrera
eclesiástica y el regalismo borbónico, 1770-1808 se suma a una
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tradición de investigaciones que cada vez con mayor frecuencia
claman por acercar la mirada a otros ámbitos de la Monarquía
Hispánica en América. El estudio de Galeano Ramírez, concebido
en función de la metodología esbozada por William Taylor en
Ministros de lo Sagrado, no es un simple calco ni un trabajo
escueto de pregrado, tampoco es una descripción y contabilidad
de casos, sino el análisis detenido de un fenómeno complejo y un
entramado de relaciones que son producto de un proceso político
y religioso que permeó las diócesis de los territorios virreinales.
Patricia Quintana Lantigua
El Colegio de San Luis
San Luis Potosí, México

orcid.org/0000-0002-7879-4010

Referencias
William B. Taylor. Ministros de lo sagrado: sacerdotes y feligreses en el México del siglo XVIII, México: El Colegio de
México, 1999.

Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 330-335
DOI: https://doi.org/10.29105/3.5-83

335

�David Manzano Cosano. El Imperio español en
Oceanía. Córdoba: Almuzara, 2020, 512 pp.
ISBN 978-84-18089-14-5
Recibido: 10 de febrero de 2023
Publicado: 1 de julio de 2023

En el libro de David Manzano, El Imperio español en Oceanía
(2020), el autor cuenta la larga historia de las islas Filipinas, las
Marianas y las Carolinas bajo el imperio español. Una historia
normalmente olvidada o designada menos importante en la
historiografía española, Manzano propone muy claramente cómo
esta esquina del mundo fue importante económica y políticamente
para España y para el globo entero. El libro también subraya los
aliados y enemigos europeos y estadounidenses que resultaron a
causa de tener poder de estos territorios.
Manzano escribe su libro cronológicamente, empezando
su historia en el siglo XV y terminando en el XIX. El autor
empieza con los viajes del periodo, cuando el afán de las
monarquías ibéricas era crear sus rutas hacia las Indias —el
hallazgo de América por Colón, el viaje a la India por Vasco de
Gama, la circunnavegación del mundo entero por MagallanesElcano—, todos siendo momentos que poco a poco agrandaron el
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�Reseñas

territorio que los españoles intentaban dominar. El libro después
entra en una discusión sobre los conflictos en las diferentes islas,
comenzando con los primeros intentos de colonización. Como
Manzano subraya, el interés por las islas subió y bajó para los
europeos por razones variadas. Esto normalmente dependía de
cuáles colonias españolas generaban ganancias económicas. Las
batallas contra otros países igualmente afectaban los intereses de
los españoles en esta área del mundo. La obra dedica tiempo, en
particular, para explicar el conflicto en el área de Joló-Borneo,
que probó ser importante en mostrar la necesidad de buenos
aliados (p. 169). Los franceses, los alemanes, los ingleses, los
estadounidenses y otros más lucharon por tener su propio control
en el área, mostrando la gran importancia de las islas en una
escena internacional.
El libro destaca dentro de la historiografía del imperio
español por señalar cómo las islas fueron una conexión importante
para los hispanos, una suerte de portal en el gran océano que unía
al imperio globalmente. La historiografía del imperio español,
que es profunda y extensa, ha producido bastantes estudios sobre
la península y las colonias en el Caribe y las Américas. Ambas
investigaciones de las islas Filipinas han mostrado la historia del
comercio español en el océano Pacífico, pero rara vez incluyen
las islas Marianas y Carolinas en el mismo proyecto. En esta obra
podemos ver como las islas fueron desde un principio mucho
más que unos puertos con industria y movimiento de gente. Las
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�Reseñas

islas Filipinas, Marianas, y Carolinas tienen una historia distinta
de colonización, vida social, política y economía que aquí se
revela por primera vez en un libro bien cohesionado. La tesis
más importante del libro se concentra en el siglo XIX, cuando
el imperio español empezó perder el control sobre sus territorios
en Oceanía, terminando con la última venta de las islas a los
alemanes en 1899.
Este trabajo es innovador principalmente por el uso de
nuevas fuentes. Manzano utiliza mapas, diarios de misioneros y
capitanes, órdenes reales de España y de otros países, así como
muchos otros recursos que contribuyen a iluminar la importancia
de las islas. El manejo que hace de ellos muestra su buena
capacidad como historiador, misma que le permite navegar entre
documentos de cuatro siglos. La técnica requerida para leer
diarios de misioneros del siglo XV, en comparación con la técnica
necesaria para entender revistas y su propaganda y fotografía del
siglo XIX, son bastante distintas y reflejan esas habilidades.
Los documentos también presentan una considerable
información sobre lo que pensaban los poderes europeos y
estadounidenses de la gente nativa y sus culturas. Con similitud
a la perspectiva de los españoles hacia los nativos de las Indias,
ciertos misioneros españoles en las islas Filipinas promovieron
la paz y la amistad entre los españoles y la gente local, aunque
también existió la violencia y discriminación, como muestra
Manzano en su obra. “Teniendo presente a que sea la tierra sana
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y fértil…que se reparta a los pobladores no ocupando ni timando
cosa particular de los indios…”, decía la Real Instrucción del 28
de agosto de 1569 (p. 38). Como éste, Manzano usa ejemplos
muy reveladores en su libro, asegurándose de acompañarlos de
profundas aclaraciones cuando resulte necesario.
Por otro lado, merecería más atención una comparación
entre las instrucciones reales del imperio español en las islas
Filipinas, las Marianas y las Carolinas, con las de Nueva
España o el Virreinato del Perú. Mucho del idioma y los tropos
que los españoles usaron tienen mucho en común con ciertas
instrucciones, leyes y eventos que sucedieron en las colonias
americanas. Por ejemplo, los españoles llevaron gente nativa de
las islas Filipinas a la capital en Madrid durante el siglo XIX, y los
pusieron en exhibición para que los “madrileños acudiesen a sus
inmediaciones para conocer a los nativos de la Oceanía traídos a
la península” (p. 410). Algo parecido pasó cuando los españoles
llevaron a nobles indígenas a la corte en España durante los siglos
XV y XVI. Semejanzas de este estilo aparecen varias veces dentro
del libro, pero no están suficientemente elaboradas. Una pequeña
discusión entre las diferencias ideológicas de los españoles hacia
la gente en América y la gente en las islas Filipinas, las Marianas
y las Carolinas beneficiaría esta historia y la haría resaltar más en
la historiografía.
Finalmente, el libro de Manzano es un gran logro
historiográfico que provocará tanto conversaciones intelectuales
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�Reseñas

como preguntas históricas acerca del imperio español y las islas
Filipinas, Marianas y Carolinas. Este libro cubre casi todo lo que
hay que saber sobre España y sus éxitos y desastres políticos y
económicos en Oceanía. Los protagonistas de esas aventuras
sobresalen en la historia, y Manzano explica bien los conflictos
internacionales que se presentan. Además, es una nueva
perspectiva sobre la historia de las Filipinas, que no solamente
se concentra en el galeón. La obra utiliza archivos de los tres
continentes, Europa, Asia y las Américas, y crea una historia
económica, política, social y cultural bien realizada. El Imperio
español en Oceanía sirve como un excelente ejemplo del quehacer
historiográfico y metodológico, y será útil no solamente para la
enseñanza del imperio español, sino también para trabajos que se
centren en el estudio de las islas por largos periodos de tiempo.
Rebeca Martínez-Tibbles

University of California Los Angeles,
Los Ángeles, Estados Unidos de América
orcid.org/0009-0009-5706-6880

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�Idalia García. La vida privada de las bibliotecas:
Rastros de colecciones Novohispanas (1700-1800).
Bogotá: Tierra Firme, Universidad del Rosario,
Universidad Autónoma Metropolitana, 2020, 603 pp.
ISBN 9786072817982
Recibido: 30 de abril de 2023
Publicado: 1 de julio de 2023

En 2020, en Bogotá, Colombia, vio la luz La vida privada de las
bibliotecas: Rastros de colecciones Novohispanas (1700-1800),
de la pluma de Idalia García, bajo el sello editorial de Tierra
Firme, la Universidad del Rosario y la Autónoma Metropolitana.
Esta obra se une a los diferentes textos que la autora ha dedicado
al estudio de la historia del libro en la Nueva España, línea
de investigación en la que la autora es especialista y que ha
abordado desde diferentes perspectivas, como la del patrimonio
bibliográfico, el papel de la Inquisición en la circulación de obras
y las fuentes. En esta obra, García nos presenta un análisis de las
bibliotecas privadas novohispanas de 1700 a 1800. El objetivo
principal de este texto, tal como se hace explícito, es ampliar esta
problemática de investigación mediante el estudio de bibliotecas
privadas que no aparecen en los estudios previos, para mostrar las
lecturas a las que pudieron tener acceso algunos novohispanos.
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�Reseñas

La fuente principal con la que la autora construye su trabajo
son las “memorias de libros” que ha localizado, sobre todo, en el
Archivo General de la Nación, lo que resulta innovador, ya que
la mayoría de los estudios de historia del libro han considerado
a los inventarios post mortem como la fuente principal. Debido a
esto, este texto nos muestra que es posible acercarnos a estos temas
desde otras fuentes, lo cual es enriquecedor. Estas memorias eran
generadas debido a que, por normativa, los poseedores de libros
debían informar a las autoridades cuáles libros tenían, su traslado,
o también se hacían tras su deceso para así poderlos vender. Esto se
relaciona con la cuestión institucional y los diferentes mecanismos
de la corona española y de la Iglesia católica para controlar la
circulación de textos. En este renglón, la Inquisición tenía un
papel de gran relevancia, debido a que pedía esa información a los
tratantes de libros a manera de inventario o memorial, para evitar
la herejía. Así, esta obra nos acerca al interés de esta institución en
esas listas y a sus procedimientos en el escrutinio de los textos.
De este modo, las memorias utilizadas por Idalia García
son las que se hacían a la muerte de los lectores, ya que su interés
está en las bibliotecas ya consolidadas. Estas eran hechas por
familiares, albaceas o libreros, siendo estos últimos compradores
de ese libro usado dándole nueva vida. Además, otro punto a
resaltar es que la autora estudia las amplias bibliotecas como las
más modestas, lo cual es un aporte relevante ya que no solo toma
en cuenta las grandes colecciones de libros que son las que más
se han estudiado en la historiografía. En esto se muestra su gran
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conocimiento de las fuentes de archivo que están debidamente
referenciadas y que pueden ser una guía muy útil. Lo mismo
sucede con las fuentes secundarias, ya que se nos brinda un
panorama completo de lo que se ha escrito hasta ese momento
sobre el tema, los principales autores y enfoques, lo que resulta
muy esclarecedor. Asimismo, se analiza desde una perspectiva
crítica ciertos conceptos, metodología y las fuentes, de las que
presenta su potencial, pero también los retos que enfrenta el
investigador al trabajar con ellas.
Uno de esos retos es la reconstrucción bibliográfica de
las listas de libros de las memorias, por los escasos datos que
regularmente ofrecen ese tipo de fuentes acerca de cuál edición se
trata. Sin embargo, esto es más que necesario para mostrar las obras
circulantes para ese momento, ya que no es lo mismo que haya sido
una u otra, pues tiene un impacto. Esto tiene todo el sentido, ya que
otro de los objetivos de esta investigación es mostrar la presencia
o circulación de los libros y sus ediciones correspondientes, mas
no de asegurar su lectura, lo cual, acertadamente, se señala por
Idalia García como un terreno complejo de analizar, además de
que esta actividad tenía un significado diferente entonces. En este
punto, la autora nos comparte una útil guía metodológica para la
identificación de las obras con casos y ejemplos concretos, como
cuando se carece de lugar de impresión, inexactitud de datos
sobre los libros y la ambigüedad de información. Así, el enfoque
de la autora son las ediciones, no los lectores, de una manera
general y no individualizada.
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�Reseñas

Otro punto importante es que García aboga por no tildar
peyorativamente esas fuentes de archivos, a pesar de lo que se
ha dicho en la historiografía, ya que son muy importantes para
entender la cultura de los libros. Al contrario, nos exhorta a
reconocer su potencial y los valiosos datos que brindan para el
análisis de una colección concreta en un momento específico,
conocer las colecciones por profesión, las temáticas que contenían
las bibliotecas y el gusto lector. Además, nos aproximan al libro
usado, las ediciones del siglo XVI y XVII circulantes en la centuria
dieciochesca, varias ediciones de un mismo autor, el estado de
los libros al momento de su venta como “viejo” o “apolillado” y
las ediciones antiguas que han desaparecido. En añadidura, Idalia
García incluye una reflexión muy importante sobre el precio de
los libros que influye en la circulación de estos, invitándonos a no
dejarlo de lado.
Para finalizar, y no menos importante, en el texto se
nos ofrecen diversas tablas que concentran información sobre
las bibliotecas localizadas con el nombre del poseedor con
su profesión, número de títulos y las ediciones por ciudades
tipográficas. Además, al final de la obra se ofrece la reconstrucción
completa de las memorias utilizadas por la autora ordenadas
alfabéticamente, lo cual puede ayudar a otros interesados en la
ubicación de ediciones y a saber cuáles obras circulaban en ese
momento.
Así, la obra de Idalia García llegó en un importante
momento en el que la historia del libro ha tenido un auge
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importante, lo cual resulta más que necesario para conocer nuestro
patrimonio bibliográfico, las ediciones circulantes, el gusto lector
y los temas y autores que encontraron un espacio en los estantes
de las bibliotecas institucionales y privadas. Aún falta mucho por
hacer al respecto, pero, sin duda, este texto abona a esta causa.
Isla Citlalli Jiménez Pérez
El Colegio de Michoacán
Zamora, México

orcid.org/0000-0001-8464-0555

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�Chantal Cramaussel Vallet y Celso Carrillo Valdés.
“Coahuila” o Tierra Adentro, 1577-1723.
Un valle transformado en gobernación. Zamora:
El Colegio de Michoacán, 2021. 511 pp.
ISBN 9786075441603
Recibido: 25 de abril de 2023
Publicado: 1 de julio de 2023

Este es un texto donde se analiza la formación de la gubernatura
de Coahuila entre los siglos XVI y XVIII. Consta de cuatro
capítulos: el primero abarca de 1585 a 1673, que abarcó desde el
descubrimiento del valle donde se fundó el Nuevo Almadén hasta
que se reconoció provincia; el segundo es de 1673 a 1678, cuando
el virrey de la Nueva España ordenó la fundación del presidio; en
el tercero se analizó la vida en torno al presidio de 1679 a 1686 y
en el cuarto se dio cuenta a partir de 1687, año en que Coahuila
se convirtió en una gobernación, hasta 1721 cuando se segregó
el espacio norte para dar nacimiento a Texas. La temporalidad
que los autores tomaron fue válida para comprender la evolución
estatalista del territorio.
Los autores no renunciaron a la perspectiva colonialista
que tiene la historiografía sobre Coahuila, pero reconocieron que
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�Reseñas

las corporaciones españolas tuvieron un papel determinante en la
conformación de la gobernación. Demostraron que las empresas
de avanzada española no fueron únicas y que los intereses por
ocupar el espacio dependieron de los cuerpos de avanzada que
lo llevaron a cabo. Revelar las instancias jurisdiccionales del
poder y cómo éste fue negociado por los diversos actores, es un
argumento poderoso sin lugar a duda.
Cramaussel Vallet y Carrillo Valdés sostienen que
una razón para fundar Coahuila fue la amenaza francesa y
las exploraciones dadas por el río Mississippi. Teniendo en
cuenta la amenaza francesa y Coahuila como el baluarte más
septentrional, la Corona reactivó la línea de presidios que
ya se habían fundado desde la Guerra del Mixtón en 1542 al
establecerlos como líneas defensivas al norte de Coahuila. Se
demostró en esta obra que, más allá de ser un espacio disputado
antagónica y colonialmente, Coahuila formaba parte de la
avanzada hispana por territorializar el espacio y contener las
amenazas que afectaban el orden social hispano, como lo fueron
los franceses y los ingleses. A ello respondió la fundación de
San Antonio de Béjar en 1717 y de la gobernación de Texas en
1723, año de finalización de este trabajo.
En su argumento, la obra guarda distancia de la
configuración de

misiones

franciscanas destacándose la

importancia de los presidios. Reconoce el trabajo realizado por
fray Juan de Larios de la Provincia de Xalisco. Pero afirman que
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�Reseñas

el personaje está sobrevalorado. Ante esto, debe considerarse
el impacto que tuvieron los establecimientos franciscanos de la
segunda mitad del siglo XVII, partiendo de las cuatro misiones
que dieron origen a la Provincia de Coahuila.
También, se debe sopesar la posición estatalista que
manejan los autores. En el apartado intitulado pleitos internos de
la Iglesia, se hace referencia a la visita pastoral del obispo Juan
Santiago de León Garabito y su disgusto con los franciscanos
de la Provincia de Xalisco. Cabe señalar que, en la época
hispánica, la iglesia formaba parte del poder espiritual. Pero esto
no implicaba que, como institución, todas sus ramificaciones
tuvieran un proyecto en común. La diversidad de corporaciones
religiosas que conformaban a la Iglesia en las Indias hizo que
cada una de ellas tuviera sus propios intereses. Finalmente,
quien sancionaba todo era el virrey como su vicepatrono, pero,
entre el clero secular y la gran variedad de órdenes religiosas,
provocaban enfrentamientos por el choque de intereses que
tenían.
Vale la pena hacer una aclaración. En la página 122 del
apartado ya referido –cuando se refiere a las luchas internas
dentro de los franciscanos de Provincia de Xalisco con los que
estaban asentados en Nueva Vizcaya– los autores afirman que se
trataba del Colegio de Propaganda Fide de Zacatecas, cuando
en realidad era el de la Provincia de San Francisco de Zacatecas,
una confusión común porque ambas corporaciones son de la
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�Reseñas

misma ciudad, con la diferencia de que las misiones del Colegio
de Zacatecas se orientaron hacia Texas y el Nuevo Santander y
nunca estuvieron en la Nueva Vizcaya.
Sobre el apéndice documental, es interesante cómo este
apartado es incluso mayor que la propia investigación. Los
autores consultaron el Archivo Franciscano de la Biblioteca
Nacional de México de la Universidad Nacional Autónoma de
México, la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco, el Archivo
General del Estado de Coahuila, el Archivo Histórico de Saltillo,
el Archivo Histórico de Parral y el Archivo Histórico Municipal
de Monterrey. No obstante, hubiera sido de provecho incluir en
su consulta el Archivo Histórico Franciscano de la Provincia de
San Pedro y San Pablo de Michoacán en Celaya, pues contiene
documentación muy valiosa sobre el Colegio de Propaganda
Fide de la Santa Cruz de Querétaro, instituto que desarrolló las
misiones del norte de Coahuila. Pero a juzgar por el manejo de
fuentes en su interpretación y crítica, los autores de “Coahuila”
o Tierra Adentro, 1577-1723 hicieron un magistral trabajo tanto
en lo cualitativo como en lo cuantitativo.
A final de cuentas, este texto es una referencia obligada.
Primeramente, porque ayuda a problematizar el espacio en el
contexto de la disputa jurisdiccional de varias corporaciones por
poseerlo, esto es, la producción de una territorialidad. La dinámica
del conflicto es indispensable para comprender el papel de la
sociedad hispano-nueva máxime en lugares considerados zonas
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�Reseñas

de frontera. En segundo lugar, la importancia del poder espiritual
en la formación de nuevos espacios. Si de modo estatalista se
quiere comprender todo desde la perspectiva del poder temporal,
se estaría incurriendo en un grave error de interpretación por
menospreciar a la Iglesia como una corporación determinante
para estos procesos.
Javier Rodríguez Cárdenas

El Colegio de Michoacán
Zamora, México
orcid.org/0000-0001-7994-014X

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�Carlos Manuel Valdés. Los bárbaros, el rey, la Iglesia.
Los nómadas del noreste novohispano frente al Estado
español. México: Fondo de Cultura Económica, 2022,
356 pp. ISBN 9786071674036
Recibido: 2 de febrero de 2023
Publicado: 1 de julio de 2023

La historia del virreinato de la Nueva España está marcada por
profundos contrastes regionales que, a su vez, se expresaron en
una notable variabilidad cultural e histórica en cada territorio.
Más allá de los intentos de la Monarquía Católica por crear y
consolidar un poder centralizado y de la preeminente importancia
de la capital virreinal como centro político en el mundo hispánico,
las regiones como construcciones histórico-sociales marcaron en
muchos sentidos sus rumbos en función de sus propias dinámicas
internas de desarrollo. Por su lejanía respecto al poder central y
por la composición social y características de los pueblos nómadas
que allí existieron previamente y durante la época colonial, este
espacio tendió en muchos sentidos a construirse desde su interior.
Uno de los libros pioneros en los estudios del noreste novohispano es La Guerra Chichimeca (1550-1600) de Philip W.
Powell1 en el cual se analizaron los cambios y transformaciones
1

Philip Powell, La Guerra Chichimeca (1550-1600) (México: Fondo de

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�Reseñas

en las estrategias creadas por los españoles para intentar que las
naciones de indios aceptaran las normas impuestas por la Monarquía, sin encontrar una solución duradera. También existen
autores que han escrito sobre la participación de los indios en las
diversas instituciones como lo es la misión y el presidio.2
Dentro de esta tradición historiográfica se encuentra el
libro Los bárbaros, el rey, la Iglesia. Los nómadas del noreste
novohispano frente al Estado español de Carlos Manuel
Valdés Dávila. Este trabajo constituye un valioso aporte para
el entendimiento de los procesos históricos y sociales que
emergieron en la región noreste de México desde el siglo XVI.
Se considera que este libro ayuda a ampliar el conocimiento sobre
las integración pacífica y obligada de los indios norteños en la
vida occidental desde la historia regional
A partir de una notable capacidad de análisis y una precisa
rigurosidad en la lectura de las fuentes, Valdés Dávila genera un
aporte para el entendimiento y comprensión de los pueblos indios
de Coahuila y la región, específicamente situados y culturalmente
definidos. En todo momento, evita el uso de etnónimos
generalizadores y que homogenizan a los antiguos habitantes
Cultura Económica, 1996).
2
Martín González de la Vara, “Historiografía norteamericana sobre las instituciones militares en la frontera norte de Nueva España”, Iztapalapa: Revista
de Ciencias Sociales y Humanidades, no. 51 (julio-diciembre 2001): 69-90;
y Arnoldo Hernández Torres, “Las misiones y presidios del Nuevo Reino de
León y de la Colonia del Nuevo Santander”, Equilibrio Económico, vol. 5 no.
1 (agosto-diciembre 2009): 69-98.
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�Reseñas

del noreste mexicano, como lo fueron chichimeca y bárbaro.
De la lectura del libro se desprende que, para el historiador, es
de suma importancia despojar del anonimato a esas sociedades
y entenderlas como grupos diferenciados y con características
culturales específicas.
Entonces, dichas sociedades debieron de afrontar la
instauración de un nuevo orden social en el siglo XVI. Aquellos
que no estuvieran dispuestos a someterse a las nuevas normas
estipuladas serían exterminados de la sociedad norestense. De ahí
que el autor se propone analizar cómo esas poblaciones “llegaron
a instalarse entre los límites de la subordinación y la inobediencia
desafiando a menudo a sus opresores y calculando las posibilidades
de su autonomía” (p. 26). Por tal razón, el historiador se enfocó
tanto en los grupos que padecieron el orden social represivo de
matriz hispánica como en aquellos que ejercieron y configuraron
esa misma imposición.
Para conocer a los diferentes grupos que habitaron el
noreste, el autor se cuestiona “¿quiénes eran ellos?” y “¿cómo
reconstruir esa época, sus instituciones y acontecimientos?” (p.
24). Para responder estas preguntas, el libro se compone de tres
secciones o capítulos titulados: I. Los aborígenes, II. Los indios
frente a la Corona y III. Los indios y la Iglesia.
En el primero de los capítulos, Los aborígenes, Carlos
Valdés hizo una caracterización cultural. Por tal razón, define, en
la medida de los posible, las diferentes identidades étnicas de los
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353

�Reseñas

indios que habitaron el estado de Coahuila y la región desde antes
de la conquista. Continúa posteriormente con lo sucedido en este
mismo aspecto en el periodo colonial. A partir de la utilización
de evidencias de tipo arqueológico y fuentes históricas, el
historiador analizó diversos temas, entre los que se encuentra el
parentesco y la sexualidad, la guerra y la alimentación. Además,
propuso la existencia de cuatro grandes familias lingüísticas:
coahuilteco, zacateco, concho-salinero y cuachichil (p. 88).
Con esta información pudo entender la noción de territorio, que
desde su enfoque constituye “un espacio de vida relacional entre
el hombre, la naturaleza y el pasado, dígase religioso, mítico
o simplemente, dónde han tenido lugar su ascendencia y la
descendencia familiares” (p. 107).
El capítulo dos, Los indios frente a la Corona, tuvo como
objetivo exponer el papel de la Monarquía hispánica frente a los
indios nómadas del noreste (p. 157). El apartado comienza con una
importante y pertinente reflexión sobre la naturaleza política del
virreinato para entender las interacciones entre la Corona, la Iglesia
y los indios. Para Valdés, las estructuras de gobiernos, instituciones
políticas y funcionarios al servicio de la Monarquía no surgen en
abstracto ni a partir de realidades genéricas de la teoría política de la
época, sino que deben ser entendidas como sujetos históricamente
determinados y que se expresan en una Monarquía que propició en
las Indias “un estado corporativo con privilegios complementarios
y administrativamente paternalista” (p. 164).
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�Reseñas

Este Estado, con todas las características que el autor
enumera, existió y se configuró en muchos sentidos, a partir de
un referente cultural y social que debía de ser dominado mediante
el uso de la violencia o a través de estrategias más sutiles como la
asimilación cultural con otras sociedades: ese enemigo y referente
identitario fueron los indios nómadas del noreste. De ahí que,
como se señala en el escrito, “los españoles debieron de crear una
imagen del indio que les impidiera sentir lástima” (p. 202).
El último capítulo del libro se titula Los indios y la
Iglesia. En éste, Carlos Manuel Valdés analizó la manera en
que las instituciones del Estado y la Iglesia funcionaban en
sus interrelaciones con los indios del noreste. A través de
las fuentes utilizadas, buscó darle palabra a los indios para
entender a la misión y a la parroquia como espacios en los que
salvaguardaron su identidad (p. 246). La Iglesia virreinal, con
su naturaleza jerárquica y su visión integradora del mundo, se
proponía asimilar a la mayor cantidad de personas a la fe católica.
Este largo y complejo proceso la llevó a enfrentar en muchas
ocasiones múltiples dificultades en su labor. Éstas relaciones se
hicieron patentes en la continua instalación de instituciones entre
las que se encuentran la misión y el presidio en la región noreste
de Nueva España (p. 281). Proceso que alude a las complejas
dinámicas de poblamiento y colonización de estos territorios y la
persistente resistencia de los indios nómadas por aceptar el nuevo
orden social impuesto.
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DOI: https://doi.org/10.29105/3.5-79

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�Reseñas

La historia contada en este texto buscó comprender la vida
de los indios del noreste a partir de sus particularidades, analizando
las transformaciones de su actuar desde antes de la llegada de los
conquistadores hasta el intento del Estado por implementar las
normas occidentales en estas personas. Esta historia se construyó a
través de documentos realizados por aquellos individuos que sabían
leer y escribir, pero que no necesariamente querían comprender a
los indios, ya que sólo se dedicaban a realizar su labor. A pesar de
esto, es a través de estas voces que se puede tener un acercamiento
a la vida de las diferentes naciones indias, las cuales crearon y
transformaron su identidad y cultura a través de nuevos sujetos e
instituciones que se iban asentando en el territorio norestense, hasta
su exterminio a manos de los nuevos pobladores.
Mónica Samantha Amezcua García

Escuela Nacional de Antropología e Historia
Tlalpan, México
orcid.org/ 0000-0001-7773-9936

Jairo Eduardo Jiménez Sotero

Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro
Saltillo, México
orcid.org/0000-0002- 6168-8027

Referencias
González de la Vara, Martín. “Historiografía norteamericana sobre las instituciones militares en la frontera norte de NueSillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 351-357
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.5-79

356

�Reseñas

va España”. Iztapalapa: Revista de Ciencias Sociales y
Humanidades, no. 51 (2001): 69-90. https://revistaiztapalapa.
izt.uam.mx/index.php/izt/article/view/503/656

Hernández Torres, Arnoldo. “Las misiones y presidios del Nuevo Reino de León y de la Colonia del Nuevo Santander”
Equilibrio Económico, vol. 5 no. 1 (agosto-diciembre
2009): 69-98. http://www.equilibrioeconomico.uadec.
mx/descargas/Rev2009/Rev09Sem1Art3.pdf
Powel, Philip. La Guerra Chichimeca (1550-1600). México:
Fondo de Cultura Económica, 1996.

Sillares, vol. 3, núm. 5, 2023, 351-357
DOI: https://doi.org/10.29105/3.5-79

357

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                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2024 © Sillares Vol. 4, No. 7, julio-diciembre 2024, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl
Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia
Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)8329-4000 Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: Emilio
Machuca. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 1 julio de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Emilio Machuca
Autores
Marina Torres
Xiaolin Duan
Raul Alencar
Juan Carlos González Balderas
Pablo Sierra Fáfila
Stephanie Porras
Angela Schottenhammer
Denisse Alisa Palomo Ligas
David Adán Vázquez Valenzuela
Fátima Geraldy Aguillón Gutiérrez
Mario Magaña Mancillas

�Director Editorial / Emilio Machuca
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión del Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.
Foto de portada: Enrique González.

�Dossier
Repensando la globalización temprana en el Pacífico:
De las Indias Orientales a las Indias Occidentales:
espacios, agentes e intercambios.
Introducción
“Connecting both Indies: rethinking archaic globalisation and
global history from a Pacific perspective: actors, spaces, and
exchanges”.
Introduction
Coordinadores
Juan Carlos González Balderas
KU Leuven, Leuven, Bélgica
ORCID: 0000-0001-9042-7152

Marina Torres Trimállez
KU Leuven, Leuven, Bélgica
ORCID: 0000-0002-3041-0831

La globalización temprana es asociada generalmente con las
conexiones transatlánticas. Hasta las últimas décadas del siglo
pasado el gremio de la historia, desde una mirada eurocéntrica,
focalizó su atención en los procesos históricos globales tomando
como punto de partida a Europa y la expansión del comercio
1
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-148

�Repensando la globalización

de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Con una mirada
fundamentalmente económica, la primera globalización fue
caracterizada por la intensificación del comercio internacional,
las migraciones masivas y el movimiento de capitales entre
regiones que supuestamente habían estado anteriormente aisladas.
Pronto nuevas investigaciones subrayaron la importancia de la
incorporación de América, la circunnavegación, la llegada a la
India de Vasco de Gama, y la conquista ibérica de las Filipinas
como hitos fundamentales para entender la creación de un sistema
de intercambios mundial. Sin embargo, espacios como el Pacífico
han sido subrepresentados en las historiografías tradicionales.
Incluso historiadores como Pierre Chaunu (1923-2009) en su
obra pionera Les Philippines et le Pacifique des Ibériques definió
a dicho espacio como una extensión de la dinámica Atlántica,
negándole una personalidad propia. 1 Sin embargo, hacia finales
del siglo XX, y en línea con las críticas más recientes a las
historias nacionales, una nueva generación de historiadoras e
historiadores comenzaron a cuestionar las fuentes desde otras
perspectivas. Al renovado interés por reexaminar las conexiones
económicas transpacíficas, donde han destacado autores como
Arturo Giráldez, Carlos Martínez Shaw, o Guillermina del Valle,2
Pierre Chaunu, Les Philippines et le Pacifique des Ibériques (XVI, XVII,
XVIII siècles). Introduction, Méthodologique et Indices d’activité. (Paris :
S.E.V.P.E.N., 1960).
2
Cf. Arturo Giraldez, The Age of Trade. The Manila Galleons and the Dawn
of the Global Economy, Exploring World History (Maryland: Rowman &amp;
Littlefield, 2015). Carlos Martínez Shaw, Un océano de seda y plata: el universo
1

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�Juan Carlos González Balderas / Marina Torres Trimállez

entre otros, se le ha sumado un nuevo énfasis en el estudio del
Pacífico como objeto de estudio central y no “complementario”
de la historia americana y europea. Los trabajos de Oscar H.K.
Spate, Carmen Yuste, Guadalupe Pinzón, Mariano Bonialian,
Bernd Hausberger, Meha Priyadarshini, o Paulina Machuca,3
económico del Galeón de Manila. (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, 2013); Guillermina del Valle, Redes, corporaciones comerciales y
mercados Hispanoamericanos en la economía Global, siglos XVII-XIX. (Ciudad
de México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2017).
3
Cf. Oscar H.K. Spate, The Spanish Lake (Canberra: ANU Press, 2004);
Carmen Yuste, Emporios Transpacíficos. Comerciantes Mexicanos en Manila
1710-1815, Historia Novohispana 78 (México D.F.: Universidad Nacional
Autónoma de México, 2007); Carmen Yuste ‘Una familia modelo en la
negociación transpacífica del siglo XVIII’, en Redes Imperiales, intercambios,
interacciones y representación política entre Nueva España, las Antillas y
Filipinas, siglos XVIII-XIX (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, 2018), 25-46; Guadalupe Pinzón Ríos, ‘Quinto Real, licencias
y asientos en torno a la extracción de perlas en el Pacífico Novohispano.’,
en La Fiscalidad Novohispana en el Imperio Español. Conceptualizaciones,
Proyectos y Contradicciones. (México D.F.: Instituto de Investigaciones Dr.
José María Luis Mora, 2015), 139–64; Guadalupe Pinzón Ríos, Acciones y
reacciones en los puertos del Mar del Sur. Desarrollo portuario del Pacífico
novohispano a partir de sus políticas defensivas, 1713-1789., Historia
Novohispana 87 (México D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México
/ Instituto Mora, 2011); Guadalupe Pinzón Ríos y Pierrick Pourchasse,
‘Expediciones Francesas y Sus Proyectos Marítimos En Torno a Filipinas:
El Caso Del Capitán Boislore (1710-1735)’, n.d.; Mariano Ardash Bonialian,
El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en el Imperio
Español (1680-1784). (México D.F.: El Colegio de México, 2012); Mariano
Ardash Bonialian, China en la América colonial: bienes, mercados, comercio
y cultura del consumo desde México hasta Buenos Aires (Ciudad de México:
Instituto Mora, 2014); Mariano Ardash Bonialian, El Pacífico Colonial: ¿Una
Economía Mundo?’, in Tribute, Trade and Smuggling, East Asia Maritime
History 12 (Wiesbaden: Harrassowitz Verlag, 2014), 109–30; Mariano
Ardash Bonialian, ‘El Perú virreinal transpacífico, 1580-1604. Agentes,
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entre otros muchos, dan buena cuenta de los nuevos avances en el
ámbito transpacífico.
El presente dossier titulado Repensando la globalización
temprana en el Pacífico: De las Indias Orientales a las Indias
Occidentales: espacios, agentes e intercambios se suma a estos
esfuerzos, aglutinando a un conjunto de siete académicas y
académicos ubicados en tres países diferentes - Bélgica, España, y
los Estados Unidos- para aportar nuevos hallazgos que contribuyan
a la discusión sobre la globalización temprana con un enfoque
en el Pacífico Iberoamericano, y con particular énfasis en las
conexiones entre el Sudeste Asiático y la América Española. Así,
de manera general este dossier persigue contribuir a la discusión
histórica sobre las conexiones económicas, sociales y culturales
entre ambos extremos del Mar del Sur a través de nuevos casos de
plata y productos chinos entre Potosí, Lima, Nueva España, Filipinas y
Macao’, Historia (Santiago), Historia, 55, no. 1 (2022): 43–81, http://dx.doi.
org/10.4067/S0717-71942022000100043; Mariano Ardash Bonialian, ‘El Perú
Colonial En La Temprana Globalización El Caso Del Navío Nuestra Señora
Del Rosario (1591)’, Mediterranea. Ricerche Storiche 53 (2021): 573–94,
https://doi.org/10.19229/1828-230X/53042021; Mariano Bonialian Ardash,
‘Peruleros En Filipinas y En El Oriente 1580-1610. Agencia Indiana En La
Temprana Globalización’, Islas e Imperios, no. 23 (2021): 185–211, https://doi.
org/10.31009/illesimperis.2021.i23.00; Bern Hausberger, Historia mínima de
la globalización temprana (México D.F.: El Colegio de México, 2018); Meha
Priyadarshini, Chinese Porcelain in Colonial Mexico: The Material Worlds of
an Early Modern Trade (Cham: Palgrave Macmillan/Springer Nature, 2018);
Paulina Machuca, ‘Los indios chinos en la costa novohispana del Mar del Sur.
Origen, establecimiento e inserción social’ en Redes Imperiales, Intercambios
y representación política entre la Nueva España, las Antillas y Filipinas,
siglos XVII y XIX. (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
2018), 137-62.
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estudio. Para ello, se ha optado por enfatizar aquellos productos
y agentes que han sido comparativamente menos estudiados,
superando así el clásico protagonismo que adquirieron la seda
y la plata, y profundizar en aquellos espacios pacíficos que han
sido menos trabajados, como el caso del Perú, Guatemala o la
propia China, superando así la centralidad de Ciudad de México,
Veracruz y Acapulco como los centros máximos de poder.
Con base en lo anterior, los artículos que conforman este
volumen se agrupan en tres diferentes apartados. El primero de
ellos nos remite al movimiento de personas. A través del análisis
de agentes in motion, es posible detectar la resignificación de sus
mundos, puesto que el desplazamiento inevitablemente generó
nuevas “zonas de contacto” cultural. En dicho respecto, Marina
Torres profundiza sobre la relevancia de América -mayormente
la Nueva España – en la exploración, ocupación y mantenimiento
de la presencia misional española en China. En su artículo
Caminos de ida y vuelta ahonda en la expedición del franciscano
Buenaventura Ibáñez, mostrando las largas travesías y peripecias
a las cuales un misionero debía sobreponerse para cumplir con el
llamado de la religión, sin importar la lejanía del lugar de la labor.
A través de este caso, Torres exhibe la dependencia imperial para
financiar las labores misionales en China, un motivo vertebral
aunado al comercial, para sostener al archipiélago filipino bajo
jurisdicción ibérica. Por otra parte, la historiadora Duan Xiaolin
nos presenta el estudio de los migrantes chinos proveniente
de Zhangzhou, avecindados en el barrio filipino del Parián.
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�Repensando la globalización

Particularmente Xiaolin subraya los efectos colaterales de la
migración como la pérdida o adaptación de una identidad. La
autora describe la indiferencia de las autoridades ibéricas y chinas
hacia los habitantes del Parián que no significó sin embargo falta
de interés de ambas partes, sino pragmatismo político que nos
ayuda a entender las disputas diplomáticas entre la monarquía
ibérica y la dinastía Ming producto de las migraciones chinas a
los dominios hispánicos en Asia.
El segundo apartado nos transporta a América,
específicamente a Perú, espacio que, aunque oficialmente tenía
vedado el comercio con las Filipinas, en la práctica ninguna
prohibición detuvo la introducción de nuevos productos en su
en su área de influencia. A través de las contribuciones de tres
autores, se añaden nuevos elementos para la discusión del Pacífico
peruano entre 1700-1760. Tales análisis históricos reportan cómo
intereses extranjeros, particularmente franceses, aprovecharon
una coyuntura histórica como la Guerra de Sucesión Española
(1700-1715) para intervenir en el comercio colonial transpacífico,
no únicamente contrabandeando con mercadería francesa en los
puertos peruanos, sino tratando de establecer sus propios intereses
en oposición a los de la monarquía hispánica. En primera instancia,
Raúl Alencar expone las disputas entre las compañías galas para
incrementar su número de flotas en las aguas del Mar del Sur.
Tomando como punto de partida el estudio del comerciante parisino
Noël Danycan, Alencar analiza el inicial entusiasmo por parte
de comerciantes y banqueros franceses por penetrar el mercado
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peruano; asimismo, nos hace reflexionar sobre las ambiciones de
la corona francesa por realizar la travesía alrededor del mundo; así
como la intención de crear un “Galeón de Lima”, ruta comercial
entre Cantón, Manila y el Callao (puerto de Lima) bajo control de
mercaderes franceses, alternativa a la Nao de China. Enseguida,
Carlos González enfoca su atención en el estudio de caso del
navío francés L’Éclair (El Relámpago), embarcación de bandera
gala que navegó las aguas del Pacífico desde el puerto chileno
de Concepción hasta la bahía de Cantón, en China en 1713. A su
vez, González desenreda una red de colaboradores americanos
con los mercaderes franceses. Entre dichos contactos se listaban
desde corregidores, autoridades de puerto, gobernadores y hasta
el mismo virrey peruano. Esta contribución pretende destacar el
rol de los puertos no únicamente como espacios de intercambios
monetarios, sino como tempranos centros de estudios de mercado
que ayudaban a los comerciantes a seleccionar las mercancías
que ingresarían al concierto de la globalización temprana. Para
cerrar el apartado, Pablo Sierra nos habla sobre el inicio de la
transición del Pacífico de un Lago Español4 a un espacio marítimo
dominado por los intereses europeos, bajo la autorización de los
navíos de registro a Perú (1740).5 Sierra, respaldado de un análisis
Retomamos el concepto Spanish Lake acuñado por Oscar Spate para
referirse al Océano Pacífico como un área geográfica bajo dominio exclusivo
de los intereses hispánicos. Para mayor información, ver Oscar H.K. Spate,
The Spanish Lake (Canberra: ANU Press, 2004).
5
Para mayor información sobre el proceso de transición del Pacífico como
espacio dominado por intereses americanos a europeos, se recomienda Mariano
4

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�Repensando la globalización

exhaustivo de la correspondencia de obispos y autoridades en
las Filipinas, indaga sobre los planes españoles para establecer
una ruta de comercio directa entre Manila y Lima, anteriormente
efectuada por el comercio intérlope francés analizado por Alencar
y González. Igualmente, su estudio da pistas sobre los impactos
en los precios de los productos asiáticos en la Nueva España y
Perú sobrevenidos del consentimiento de los barcos de registro
sueltos rumbo al virreinato peruano.
La tercera sección nos ayuda a ampliar el horizonte
sobre los productos circulantes entre el Sudeste Asiático y la
América española. Dejando de lado el protagonismo de las sedas
chinas y la plata americana, las historiadoras Stephanie Porras
y Angela Schottenhammer nos presentan dos estudios de caso
sobre la circulación global. Porras centra su estudio en analizar
el mercado de grabados y marfiles desde Europa hacia Manila, y
viceversa, con una parada obligatoria en América. Por su parte,
Schottenhammer enfoca su análisis en el cacao y su bebida, el
chocolate. La historiadora mapea el consumo del cacao en las
sociedades mesoamericanas pasando por su integración a la dieta
europea, su viaje rumbo a las Islas Filipinas, así como el cierto
grado de indiferencia con que el cacao fue recibido en espacios
como Japón y China, lugares donde su consumo se limitaba a
los misioneros cristianos asentados en tales latitudes. Ambos
Ardash Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio
Asiático en el Imperio Español (1680-1784)” (México D.F.: El Colegio de
México, 2012).
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�Juan Carlos González Balderas / Marina Torres Trimállez

casos no únicamente nos hablan de intercambios materiales, sino
también de los diversos impactos culturales que tuvieron estos
productos en las sociedades que recorrieron el Pacífico de un
extremo al otro. Más allá de México y de Manila, este dossier
rescata de los márgenes aquellas personas, objetos, productos e
ideas que habitualmente han quedado al margen de las narrativas
y que nos sirven aquí para añadir nuevas perspectivas sobre
los intercambios transpacíficos y los impactos que produjeron.
Se trata de historias desconocidas que reflejan la complejidad
de un espacio dinámico que, fruto del alto grado de interacción
transcultural, fue evolucionando con el paso de los siglos.

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�Caminos de ida y vuelta: el rol de América
en la misión católica en China.
On the way out and back: America’s role
in the Catholic mission in China
Marina Torres Trimállez
KU Leuven
Leuven, Bélgica

https://orcid.org/0000-0002-3041-0831
Recibido: 1 de abril de 2024
Aceptado: 6 de mayo de 2024

Resumen: Este trabajo analiza el viaje que realizaron un grupo de
franciscanos descalzos españoles desde Europa hasta China en 1669,
con especial atención a su paso por Nueva España. El artículo se
plantea como objetivo entender el lugar que ocupó América dentro
de la gestión de las misiones en China. En este sentido, dos fueron
las cuestiones clave que definieron la estancia de los misioneros en
tierras americanas: por un lado, las enfermedades que padecieron como
consecuencia de las largas travesías que tenían que enfrentar; y, por otro
lado, la necesidad de gestionar y negociar su sustento y manutención
no sólo durante el propio viaje en América, sino también en su destino
final, China. A través del estudio de narraciones inéditas de los frailes
mendicantes conservadas en el Archivo Ibero Oriental de Madrid y en
el Archivo General de Indias en Sevilla, este artículo demuestra cómo
los acontecimientos que tuvieron lugar en este territorio condicionaron
la empresa misionera posterior en China.
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�Marina Torres Trimállez

Palabras clave: América, misioneros, medicina, negociación,
franciscanos, China
Abstract: This paper analyses the journey made by a group of Spanish
Discalced Franciscans from Europe to China in 1669, with special
attention to their stay in the viceroyalty of New Spain. The article aims
to understand the importance of America in the establishment of the
missions in China. There were two key issues that defined the stay of
the missionaries in America. Firstly, the diseases they suffered because
of the long journeys they had to face; and, secondly, the need to manage
and negotiate their sustenance and maintenance not only during the
journey in America, but also in their final destination, China. Through
the study of unpublished descriptions of the Mendicant friars preserved
in the Ibero Oriental Archive of Madrid and in the General Archive of
the Indies om Seville, this article shows how the events that took place
in this territory conditioned the missionary enterprise in China in the
next decades.
Key words: America, missionaries, medicine, negotiation, Franciscans,
China

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�Caminos de ida y vuelta

Introducción
El estudio de la cristiandad en China en los siglos modernos,
como es lógico, ha estado tradicionalmente centrado en el análisis
de los acontecimientos y acciones que tuvieron lugar en el propio
imperio chino1. Sin embargo, en los últimos años ha existido un
renovado interés en abordar la puesta en marcha de las misiones
religiosas desde Europa con especial atención a la forma en que se
elegían los nuevos candidatos destinados a las Indias orientales2.
Estas nuevas e interesantes publicaciones han permitido entender
el rol que jugaron los procuradores de las distintas órdenes
religiosas, así como la importancia de los viajes que realizaron
desde Asia a Europa para llamar a la misión. A pesar de estos
nuevos avances, existe poca bibliografía que reflexione en torno a
Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de investigación
“Trafficking of girls and Catholic misssionary networks in the South China
Sea (18th-19th centuries): a transnational approach”, financiado por el programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea
Marie-Sklodowska-Curie, Grant Agreement No. 101026462.
2
Véase, entre otros, Elisa Frei, “Alla ricerca dei missionari per l’impero
Qing. I procuratori della Compagnia di Gesù e i loro viaggi italiani (XVII-XVIII secolo)”, Ricerche di Storia sociale e religiosa 93 (2021) 103-122. Elisa
Frei, Early Modern Litterae Indipetae for the East Indies (Leiden: Brill, 2023).
Aliocha Maldavsky, “Pedir las Indias. Las cartas indipetae de los jesuitas europeos, siglos XVI-XVIII, ensayo historiográfico”. Relaciones: Estudios de
historia y sociedad vol. 33 132 (2012) 147-181. Monika Miazek-Męczyńska,
“Polish Jesuits and Their Dreams about Missions in China according to the
Litterae indipetae”, Journal of Jesuit Studies 5 (3) (2018) 404-420. Ronnie PoChia Hsia, “Language Acquisition and Missionary Strategies in China, 15801760”, en Missions d’évangélisation et circulation des savoirs XVIe-XVIIIe
siècle, dir. Charlotte de Castelnau-l’Estoile, Marie-Lucie Copete, Aliocha
Maldavsky y Ines G. Županov (Madrid: Casa de Velázquez, 2018), 211-229.
1

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�Marina Torres Trimállez

los lugares intermedios dentro de las rutas que hubieron de recorrer
este tipo de agentes. Este artículo propone examinar América
como enclave fundamental para entender la empresa franciscana
española en China. Con el doble objetivo de comprender cuál fue
el rol de este lugar y qué impacto tuvo en la misión, buscamos así
aportar un nuevo caso de estudio que sirva para reflexionar con
un ejemplo concreto sobre la importancia que tuvo América para
las misiones en China dentro de las dinámicas existentes en el
marco del Regio Patronato español.
Este trabajo pretende, además, profundizar en la historia
de los frailes menores en China, centrándose en su paso por
América. Esto se debe a que el interés de especialistas e
investigadores se ha focalizado especialmente en la huella que
dejaron los miembros de la Compañía de Jesús en el imperio del
Centro en detrimento de otras órdenes que operaron en China a
finales del siglo XVII. El artículo busca también ayudar a matizar
la tradicional imagen centralizada del funcionamiento de las
órdenes religiosas ya que las relaciones dentro de las órdenes han
sido entendidas tradicionalmente de forma vertical. Por último,
pretendemos subrayar la importancia de los lugares intermedios
y lo que ocurrió en ellos de cara a entender el funcionamiento de
las misiones puesto que la historiografía ha centrado gran parte
de sus esfuerzos en el análisis de las relaciones con Roma y, sobre
todo, Madrid, como centros máximos de poder3. En los últimos
3

Véase, entre otros, Giovanni Pizzorusso, Governare le missioni, conoscere

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�Caminos de ida y vuelta

años Filipinas ha sido también estudiado como lugar fundamental
previo a la llegada al imperio4. Sin embargo, son muy pocos los
estudios que se han detenido a estudiar el caso americano5.
Para cumplir dichos objetivos, analizaremos la misión
liderada por el fraile valenciano Buenaventura Ibáñez (16071609), que partió hacia China desde San Lúcar de Barrameda
(Cádiz, España) en el año 1669. Específicamente nos
centraremos en el análisis de la etapa americana de este viaje y
il mondo nel XVII secolo. La Congregazione Pontificia de Propaganda Fide
(Viterbo: Edizione Sette Città, 2018). Diego Sola. El cronista de China. Juan
González de Mendoza, entre la misión, el imperio y la historia (Barcelona:
Edicions Universitat de Barcelona, 2018). Diego Sola “Martín Ignacio de Loyola (1550-1606) y la política asiática de la Monarquía Católica”. Hispania.
Revista Española de Historia vol. 83 274 (2023)., José Tellechea Idígoras.
“Fray Martín Ignacio de Loyola, OFM: Dos memoriales a Felipe II sobre China, Filipinas y las Indias Orientales”. Salmanticensis 44 (1997) 377-405.
4
Véase, entre otros muchos, Anna Busquets. “Entre dos mundos: los misioneros como embajadores entre Filipinas y China durante la Edad Moderna”.
En Dimensiones del conflicto: resistencia, violencia y policía en el mundo urbano, ed. Tomás A. Mantecón, Marina Torres y Susana Truchuelo (Santander:
Editorial de la Universidad de Cantabria, 2020) 367-385. Chenguang Li y Jesús Paniagua “Comercio, guerra y embajada: el chino sinsay y la importancia
de los intérpretes en las primeras relaciones entre China y España en las Filipinas”. Hispania. Revista española de Historia vol. 83 274 (2023). Manel Ollé.
La invención de China: percepciones y estrategias filipinas respecto a China
durante el siglo XVI (Wiesbaden: Otto Harrassowitz Verlag, 2000).
5
En este sentido destaca la obra dirigida por Ernesto de la Torre Villar, La
expansión hispanoamericana en Asia: siglos XVI y XVII (México: Fondo de
Cultura Económica, 1980). Véase también Cayetano Sánchez. “México, puente franciscano entre España y Filipinas”. Archivo Ibero-americano. Revista
de estudios históricos 52, 205-208 (1992) 73-401. Antolín Abad. “Aportación
americana a la evangelización de Filipinas”. Archivo Ibero-Americano. Revista Franciscana de Estudios Históricos 46 (1986) 937-966.
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�Marina Torres Trimállez

en los acontecimientos que tuvieron lugar en ese tiempo. Como
veremos a continuación, la estadía en tierras americanas estuvo
marcada por las enfermedades y por la búsqueda de medios para
sacar adelante el viaje transpacífico. De este modo, y tras abordar
brevemente en primer lugar el origen y la composición de la
misión; en segundo lugar, el artículo analiza el rol que jugaron
las enfermedades en el trascurso de la misión, y los tratamientos
y soluciones que emplearon los misioneros para superarlas; a
continuación, se analizan las labores de gestión que tuvieron que
enfrentar los religiosos para sacar adelante el viaje; y por último
se finaliza con unas breves conclusiones.
La misión franciscana a China de 1669: el origen.
Tras haber recorrido el Mar del Sur de China y el Océano Índico,
y haber pasado por Roma y Madrid, el franciscano Buenaventura
Ibáñez logró el objetivo con el que había partido desde China:
conseguir el permiso real para obtener nuevos ministros para
la misión, y un subsidio anual de la Corona española para el
mantenimiento de estos en tierras chinas6. De esta forma, el fraile
junto con Blas Domingo (-1669), Juan Martí (1635-1704), Ignacio
Antonio Rosado, Francisco Peris de la Concepción (1635-1701),
Juan Bautista Martínez, Juan de Jesús, Blas García, y Jaime Tarín
Para conocer el viaje de Buenaventura Ibáñez desde China a Europa y sus
negociaciones tanto en Roma como en Madrid véase Marina Torres Trimállez.
“Ganar voluntades para unir imperios: el viaje a Europa de Buenaventura Ibáñez a finales del siglo XVII”. Hispania: Revista española de historia vol. 83
274 (2023).
6

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�Caminos de ida y vuelta

(1644-1719) se embarcó en el puerto gaditano rumbo a su primera
parada: Nueva España7.
Para ir a China, atendiendo a la legalidad vigente, los
frailes españoles debían atravesar el Atlántico vía Nueva España,
y continuar a través del Pacífico hasta las Islas Filipinas, para por
último cruzar desde el archipiélago a su destino final.
En el caso aquí analizado, la iniciativa de incorporar
nuevos efectivos al campo misional chino había nacido en China,
y no en Europa. El franciscano Antonio de Santa María Caballero
(1602-1669) fue quien, convencido de la necesidad de agrandar
las misiones en dicho imperio, acordó con Buenaventura Ibáñez
dirigirse a Roma a solicitar nuevos refuerzos8. Caballero había
sido nombrado por la Santa Sede prefecto apostólico de la misión
seráfica en China, lo que significaba que tenía la potestad de
gobernar en nombre del romano pontífice ya que la diócesis
no había sido todavía constituida. Tenía además el encargo de
comunicar a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide –el
dicasterio más importante dentro de la Curia Romana dedicado a
las misiones –, el estado de las cristiandades de China. Además,
Fray Blas Domingo era lector en esos momentos de Teología; de la Concepción, Rosado, Bautista Martínez y Juan de Jesús eran predicadore; Fray
Juan Martí era en esos momentos lector de Artes y Blas García era laico. Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 12.
8
Sobre Antonio de Santa María Caballero véase Anna Busquets. “Los viajes de un franciscano por China: fray Antonio de Santa María Caballero”. En
Viajes hacia Oriente en el mundo hispánico durante el Medioevo y la Modernidad. Retórica, textos, contextos, ed. Béguelin-Argimón (Madrid: Visor,
2021), 285-316.
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debía dar parte de las dificultades, dudas y controversias que
surgieran en el campo de misión, cuya decisión final recaía en
la Sede Apostólica9. Amparándose en su nombramiento como
prefecto tanto él como Buenaventura Ibáñez decidieron obviar las
órdenes de sus superiores en Manila y que este último se dirigiera
directamente a Roma a negociar beneficios para la misión10.
Tras varios años de negociaciones tanto en la curia romana,
como en la corte de Madrid, finalmente todos los religiosos que
compondrían la misión se reunieron en Sevilla. Distribuidos
en distintos conventos de la orden, aguardaron la salida de los
galeones al tiempo que preparaban el viaje, partiendo finalmente
hacia Indias el 6 de junio de 166911.
En aquellos momentos se reavivó la famosa Querella de los Ritos Chinos,
conflicto que enfrentó a miembros de todas las órdenes católicas en China
en torno a la ritualidad confuciana, los ritos de los antepasados en China, y
los términos para referirse a conceptos católicos. El debate giraba en torno a
la compatibilidad de dichos rituales con la ortodoxia católica. En consecuencia, las autoridades romanas eran quienes debían decidir sobre la condena o
aceptación de los ritos chinos para lo que necesitaban informaciones puntuales
desde el campo de misión.
10
Desde Manila las órdenes eran contrarias y en varias ocasiones se les persuadió de dejar la misión y regresar a Manila. Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 5.
11
Juan Martí, “Relación muy importante que hizo N.H. Fr. Juan Martí, de
lo que hicieron los hijos de esta santa provincia de San Gregorio de Filipinas
de religiosos descalzos de N.P.S Francisco, en la misión que dicha provincia
tiene en el reyno de China. Cuéntase su principio y progreso y estado que en
estos tiempos tiene, los frutos que ha hecho; y por último se escriben las vidas
y hechos memorables de algunos religiosos que con buen olor de santidad han
trabajado en dicha misión de China” (en adelante Relación), en Sinica Franciscana. Relationes et epístolas Fratum Minorum Hispanorum in Sinis qui
9

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�Caminos de ida y vuelta

En dos meses aproximadamente cruzaron el Atlántico
y llegaron al pequeño enclave de Trujillo, en la costa norte del
caribe hondureño. A pesar de que la vía habitual era llegar a través
de Veracruz, en esta ocasión el comisario optó por embarcarse
hacia Guatemala por falta de flotas. Según explica años después
uno de los miembros de la expedición, Jaime Tarín, su barco salió
junto a los galeones que tenían por destino Perú. Y, a pesar de que
esta vía resultaba más compleja, el comisario pensó que sería lo
mejor teniendo en cuenta “la necesidad en que quedaba la misión
de china, solo con un ministro, y ese cargado de años [Antonio
de Santa María Caballero], y también el trabajo que tendrían los
religiosos misionarios en volverse a sus conventos”12. Un año y
medio aproximadamente fue el tiempo total que estuvieron los
religiosos en tierras americanas. Esta etapa intermedia, como
a 1672-81 missionem ingressi sunt, vol. VII ed. Georgius Mensaert (Roma:
Collegium S. Bonaventurae, 1965), 730. Esta relación ha sido parcialmente
publicada en la Sínica Franciscana pero el manuscrito original se encuentra en
el Archivo Franciscano Oriental de Madrid, que también ha sido cotejado para
este trabajo. En este artículo haremos referencia en la medida de lo posible a
la Sínica Franciscana por su mayor accesibilidad, salvo que el fragmento al
que nos refiramos no aparezca publicado en la Sínica. En ese caso haremos
referencia al manuscrito original.
12
Jaime Tarin. “Historia y relacion breve de la entrada en el Reyno de China
la mission que truxo de España nuestro Hermano Comissario Fray Buenaventura de Ibañez escrita por Fray Jaime Tarin, Religioso Descalzo de N. S.
Francisco y Compañero de la misma Mission. Año de 1689”. En Alcobendas,
Severiano. Las misiones franciscanas en China: Cartas, informes y relaciones del padre Buenaventura Ibáñez (1650-1690). Con introducción, notas y
apéndices, por el R.P. Fr. Severiano Alcobendas (Madrid: Bibliotheca Hispana
Missionum V., Estanislao Maestre, 1933): 270.
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veremos a continuación, marcó a cada uno de sus componentes y
también el devenir de la orden franciscana en China.
De fraile a cirujano: enfermedades y padecimientos de
camino hacia México.
Una de las primeras dificultades que tenía que afrontar cualquier
misionero una vez había sido elegido, era el viaje. La misión de
1669 que nos ocupa había tenido que enfrentar en primer lugar
la travesía transatlántica, pero a continuación debían cruzar a
la costa opuesta, al puerto de Acapulco, para poder embarcarse
en el viaje transpacífico que los llevaría a Filipinas. En estos
desplazamientos, el enemigo más importante con el que tenían
que lidiar los viajeros, eran las enfermedades. Las narraciones de
los misioneros dan buena cuenta de cómo les afectaba lo que ellos
llamaban “el temple de la tierra” 13.
En 1669, tras llegar a Honduras, los religiosos franciscanos
españoles se encontraron con un clima tropical y extremadamente
húmedo puesto que su arribada coincidió con la temporada de
lluvias. Teniendo en cuenta que desembarcaron en la parte norte
del país, la humedad se veía incrementada por el predominio
de la vegetación selvática y el paisaje montañoso. A ello se le
sumaban los mosquitos, las garrapatas, y una “plaga” de sapos que
proliferaban en ese ambiente húmedo. Otro de los acompañantes
indeseados de los viajeros en su travesía hasta Guatemala fueron
13

Juan Martí, Relación muy importante, 732.

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�Caminos de ida y vuelta

los piojos, que obligaron a rapar a navaja a todos los miembros de
la misión una vez llegaron a la cabecera de la capitanía14.
El primero que sufrió el cambio de clima fue el religioso
Juan Martí, que a pocos días de desembarcar ya mostraba síntomas
de fiebre. Según explica el fraile:
“[…] luego me vi imposibilitado de proseguir: porque con la
agitación del camino se revolvieron los humores; y comenzó a
entrar el accidente de que adolecía con tanto rigor que me dejó
sin fuerzas para tenerme en pie, con algunos parasismos que
me dieron15”.

Los misioneros, que ya habían sido advertidos con anticipación
de la necesidad de evitar mojarse los pies, habían intentado ser
precavidos: intentaban no viajar por las noches –porque era
cuando más llovía–, y llevaban unas medias especiales que les
cubrían las piernas. Sin embargo, como el propio fraile reconoce,
no siempre cumplían con estas medidas por pura vagancia o
falta de experiencia, lo que derivó en que la mayoría de ellos
cayeran finalmente enfermos16. En el caso de Martí, los síntomas
terminaron de empeorar y a los mareos se le sumaron vómitos
y diarreas17. Ante la incomodidad de tener que detenerse en la
cordillera y las amenazas continuas de tormentas, el religioso fue
cargado a caballo por orden de su superior, que en ese momento
era Francisco Peris, y reclinado sobre el animal, fue escoltado
14
15
16
17

Juan Martí, Relación muy importante, 751.
Juan Martí, Relación muy importante, 733.
Juan Martí, Relación muy importante, 732.
Juan Martí, Relación muy importante, 733.

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por sus compañeros durante el penoso camino a través de las
montañas18.
El grupo de religiosos llegó a Chiquimula, en Guatemala,
tras cinco jornadas a caballo. Fue ahí donde los aposentos que
les había proporcionado su alcalde mayor, Francisco de Castro,
sirvieron de enfermería a la misión comandada por Ibáñez. Martí
se convirtió entonces en el encargado de velar por sus compañeros,
y como él mismo señala en su Relación:
“Yo fui en esta grave necesidad el que acudí a todos. Yo me hice
médico y cirujano. Y aunque venía mucha gente a visitarnos,
mas de asistencia continua sólo yo quedaba y solo yo cargué
con el cuidado y trabajo”19.

Martí fue quien se encargó de atender a sus compañeros. Cuando
permanecieron varios días en una estancia o rancho, era él quien
les velaba por las noches. Y durante el camino, cargaba y descargaba a sus compañeros al menos cuatro veces al día. Como él
mismo explica en su narración, por las noches acomodaba a cada
uno de los enfermos y ponía una manta a modo de toldo para cubrirlos por las noches. Más tarde, ya de mañana, se encargaba de
sacarlos de las camas y ponerlos en las correspondientes hamacas

Ante la ausencia de Ibáñez, pasaba a ejercer de Comisario Francisco Peris
de la Concepción. Sobre la relevancia que cobró este fraile en los años posteriores véase Marina Torres Trimállez, Con un catequismo salvaré un reino:
la empresa franciscana en China en la Edad Moderna (Granada: Editorial
Comares, 2022).
19
Juan Martí, Relación muy importante, 726.
18

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para continuar las jornadas20. Una vez estaban todos en camino, él
salía el último, y según deja escrito en su narración:
“[…] tomando la cabalgadura que me dexaban (que de ordinario
era la peor), me iba a toda prisa a alcanzar las hamacas […] y
saludando al enfermo, le preguntaba como se hallaba o si era
menester algo. Y de esta manera en breve los visitaba a todos.
Y habiendo reconocido cual iba más trabajoso o necesitado,
a este visitaba más veces y le hacía más compañía, hasta que
llegábamos21”.

A pesar de sus esfuerzos, el fraile reconoce que también trató a los
enfermos un español de la zona con reputación de gran médico.
A través del testimonio del fraile nos es posible conocer
también los tratamientos que se les aplicaron a los pacientes,
y que incluyeron bebidas compuestas de zumo de naranjas
agrias y azúcar, cucharadas de membrillo con vino de Castilla y
canela, masajes en la barriga, y “fajarlos con hojas de tobaco”22.
Estos remedios mezclaban productos españoles con técnicas y
productos de la medicina tradicional. La canela (Cinnamomum
verum J. Presl) y el tabaco (Nicotiana tabacum L), por ejemplo,
eran dos plantas aromáticas que se utilizaron habitualmente como
medicinas para diversos usos. La primera de ellas, antioxidante
y antiinflamatoria, tuvo especial fama de prevenir los resfriados.
Sobre el tabaco, según explica el médico Nicolás Monardes en
1574 en De la Historia Medicinal: de las cosas que se traen de
20
21
22

Juan Martí, Relación muy importante, 745.
Juan Martí, Relación muy importante, 745.
Juan Martí, Relación muy importante, 727-728.

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nuestras Indias Occidentales que sirven en Medicina, se creía que
tenía diversos beneficios como que aliviaba los dolores de cabeza
y reumáticos, ayudaba a curar las heridas, o favorecía una mejor
respiración a los asmáticos23. Técnicas como las frotaciones y
los masajes formaban también parte de la medicina tradicional
durante el período del virreinato24.
A pesar de que conquistadores y religiosos reconocieron
desde el inicio de la Conquista el valor de la medicina indígena,
no fue este el caso del religioso franciscano. El español estaba
convencido de que dichos remedios no sólo no resultaban eficaces,
sino que estaban agravando las enfermedades. Como dejan sentir
sus palabras en varias ocasiones, la tradición galénica europea
pesaba en la visión que este tenía de la medicina, por lo que optó
finalmente por ser él mismo quien se empleara en buscar una
solución y cerró la puerta a todos los curanderos que quisieron
ayudar. El fraile omite la forma en que lo curó justificándose en
que su método fue “raro y muy largo de contar”25. En su Relación,
Martí simplemente da cuenta de las bebidas que continuamente
les ofrecía: o bien chocolate, o bien atole, una bebida prehispánica
Juan Esteva. “La farmacia, comercio y ciencia. Monardes y Hernández
como ejemplo”. Offarm Vol 25 11 (2006) 70-72. Véase también Pardo, José.
“Saberes y prácticas médicas en Nueva España. Textos objetos e imágenes
(siglos XVI y XVII) Una propuesta de investigación”. (2010) 15.
24
Véase como ejemplo Estela Roselló. “El saber médico de las curanderas
novohispanas: un nicho femenino dentro del pluralismo médico del imperio
español”, Studia Historia: Historia Moderna vol. 40 2 (2018), 177-196.
25
Juan Martí, Relación muy importante, 738.
23

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que consistía en una cocción de maíz, y que era condimentada
con diferentes especias o aromatizantes.
Blas Domingo, que se encontraba estudiando Teología, y
Blas García, el religioso lego que los acompañaba, fueron quienes
en un principio cayeron más gravemente enfermos. El primero tenía
episodios que “le sacaban de juicio”. Estos episodios llegaban a tal
punto que incluso aunque se cayese de la cama, no se despertaba.
Blas García, según explica Martí, también quedaba “tan insulso
como un tronco y sin discurso ni memoria”26. Posteriormente, tras
salir de Chiquimula, en Guatemala, Juan Bautista Martínez sufrió
también un importante lance: la inflamación de la parótida. La
dolencia fue complicándose con los días, hasta el punto de no
poder comer ni tampoco beber. Sus compañeros incluso lo dieron
por muerto, señalando:
“Ni se le entendía lo que hablaba por habérsele cerrado los
dientes. Y llegándole a visitar una noche […] sólo algunos
gemidos podía dar cuando le iba tentando y probando la parótida
con los dedos, por ver si estaba madura. Reconocí que lo estaba
porque salían las materias por el oído […] Y la segunda vez
que le curé, fue tanta la materia que salió que -después de haber
empapado dos servilletas y todos los paños con que los había
amarrado, - salió como unas porcelanas de materias”27.

Las enfermedades más habituales asociadas con estas glándulas
salivales que se encuentran delante de las orejas eran las paperas,
los tumores, o la parotiditis bacteriana que era una infección de
26
27

Juan Martí, Relación muy importante, 736.
Juan Martí, Relación muy importante, 747.

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uno de los lados, y que es probablemente lo que sufrió Bautista
Martínez28. Martí le expurgó el pus convirtiéndose él mismo en
cirujano. El fraile explica detalladamente la forma en que lo
hizo: cogiendo un cuchillo pequeño, lo metió con fuerza por
la parte más blanda de la parótida hasta que la consiguió abrir.
Según explica, la herida era muy grande por lo que la almohada,
la cama y el hábito se llenaron de sangre y postemas. Una vez
abierto paso a curársela. Para ello utilizó resina “de la que
estilan los troncos de los pinos” y una yema de huevo con lo que
hizo un “digestivo” con el que fue mojando el clavo y las hilas
que puso en las heridas junto con muchos paños y pañuelos.
Martínez quedó aliviado durante esa noche, pero cuando llegó
al convento de Guatemala de nuevo empeoró. Según cuenta
él mismo, había procurado tener la boca de la herida abierta
metiéndole los clavos de hilas dentro de la postema – lesión en
la boca, porque lo había visto hacer previamente. Sin embargo,
cuando el enfermero del convento lo vio, decidió cerrar la
herida al parecerle muy grande. Como consecuencia la fiebre
aumentó poniendo la vida de Martínez en serio peligro. Ante
esta situación llamaron de urgencia al cirujano de la ciudad que
le abrió de nuevo la boca con hierro para que saliesen todas
La parotiditis bacteriana está causada por la obstrucción de los conductos
salivares. Al contrario que con las paperas que es un proceso inflamatorio,
aparece de forma unilateral especialmente en adultos y con secreciones espesas y proclives a formar cálculos que obstruyen los conductos. Enrique Laval
“Anotaciones sobre la parotiditis epidémica (“paperas”)”, Revista chilena de
infectología vol 22 3 (2005), 282-284.
28

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las materias y se evitara la subida de fiebre. El fraile mejoró,
aunque la recuperación fue lenta29.
No ocurrió lo mismo con otros de sus compañeros. Blas
García quedó lisiado y casi tullido en la mitad de su cuerpo a
pesar de los intentos de su compañero. Además, quedó afectado
de la vista, y aunque no la perdió del todo, sólo percibía bultos
sin forma. En Guatemala le trataron con nuevas medicinas
que mejoraron su salud, aunque las fiebres – específicamente
cuartanas, que eran calenturas de origen palúdico–, le duraron
dos años 30. Prácticamente todos ellos padecieron fiebre, aunque
según explica Juan Martí, las más peligrosas fueron las que sufrió
el padre Jaime Tarín31.
El aragonés Blas Domingo quedó en un primer momento
en Chiquimula asistido por los criados y la familia del alcalde
mayor ya que necesitaba atención continua porque se caía
continuamente de la cama sin por ello quejarse o percatarse de que
se encontraba en el suelo tirado. Sin embargo, al poco tiempo, por
deseo personal, continuó camino para alcanzar a sus compañeros.
En su caso, a pesar de ser tratado en el convento de la orden en
Guatemala con “muchas bebidas frescas y cordiales de precio,
porque los ardores y fuego interior le abrasaban las entrañas”32,
Archivo-Biblioteca Provincial Franciscano (en adelante ABPF), Fondo
Oriental, 42/7, fols. 45-45v.
30
Juan Martí, Relación muy importante, 753.
31
Juan Martí, Relación muy importante, 757.
32
Juan Martí, Relación muy importante, 755.
29

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los médicos no pudieron hacer nada por él y acabó muriendo en
dicho convento a principios de noviembre de 1669.
Por su parte, Fray Juan de Jesús, llegó al convento de
San Francisco de Guatemala ya muy débil y agonizando. Con el
cuerpo lleno de llagas del tamaño de una mano producidas por
los piojos, el fraile fue trasladado a la enfermería del convento,
pero nada se pudo hacer por él y acabó muriendo también ese
mismo año. Sus muertes llevarían a la incorporación de nuevos
misioneros de origen americano a la misión en China: Miguel
Pérez y Pedro de la Piñuela.
Además de las bacterias y virus que atacaron a los
viajeros, las caídas fueron otra causa habitual de lesiones.
Especialmente en las regiones más montañosas, los religiosos
dan cuenta de numerosos accidentes y caídas de pies o de cabeza
de los caballos, lo que les afectó notablemente cuando estaban
postrados en las hamacas y carecían de movilidad. Juan de Jesús,
del que acabamos de referir su muerte, sufrió una fuerte caída
que le dejó levemente impedido por el resto de su vida33. Como
los religiosos explican en sus cartas, el viaje a caballo también
resultaba molesto. En la travesía desde Guatemala a México, los
frailes hacían jornadas diarias de más de seis horas a caballo, lo
que sin duda no era del agrado de ninguno de los religiosos:
“Yo [Martí] llegué a estar muchas veces como impedido,
porque los nervios y los huesos (con la continuación de tanto
33

Juan Martí, Relación muy importante, 748.

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ir en caballo) se entumecieron […] en tocando a leva nuestro
comisario, se me erizaban los cabellos y se me quitaba la gana
de beber chocolate”34.

El cansancio y los dolores generaron agrias quejas contra el
comisario, quien buscaba acelerar el viaje lo máximo posible.
Ibáñez temía que Caballero, que era el único misionero franciscano
que permanecía en China, muriese en su ausencia. Más allá del
pesar que eso le podía suponer a nivel personal, el fraile era muy
consciente de las dificultades que ello acarrearía a todo el grupo.
Caballero no era únicamente un referente dentro de la misión
China por su conocimiento del territorio, sino que en la práctica
era quien les podía permitir la entrada en el imperio chino. Los
religiosos que habían ganado el pulso a las enfermedades debían
a continuación proseguir con fuerza para llegar hasta las islas
Filipinas. Para ello, debieron también lidiar con cuestiones más
mundanas pero no por ello menos importantes: la búsqueda de su
sustento y manutención.
Gestión práctica y negocios en la corte virreinal
Si bien la primera dificultad que debían enfrentar los viajeros
eran los elementos naturales, otro de los grandes retos que debió
superar este grupo de religiosos eran los negocios temporales
de la misión. Los franciscanos viajaban a cuenta del rey, que les
proveía el avío. Sin embargo, eran ellos quienes debían hacer las
34

Juan Martí, Relación muy importante, 766.

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gestiones necesarias con los oficiales reales para que los favores
del monarca surtieran efecto.
Durante el viaje que hicieron los frailes a través de
Honduras, Guatemala y México, lo habitual fue que el comisario,
Buenaventura Ibáñez se adelantara y que posteriormente le
siguieran el resto de los miembros de la misión. Con él iba Ignacio
Rosado, que lo acompañó a hacer las visitas a los oficiales reales
y a las personalidades del lugar. A pesar de que los oficiales de
la Real Hacienda de Guatemala no estaban acostumbrados a
arreglar avíos hacia México, sino a la inversa, los misioneros no
encontraron grandes dificultades para arreglar dichos despachos.
Su presidente, que también era el gobernador de Guatemala,
Sebastián Álvarez Alfonso (1609-1673), fue un importante
apoyo para que el viaje siguiese adelante35. El gobernador ordenó
que se les proporcionase dos hombres para conducirlos por los
caminos, las mulas, y además añadieron “bizcocho, vino, caxetas
y chocolate fue abundantísimo […] calzones de estameña,
medias, zapatos, espuelas, cojinetes, botines […] y dos zorrones
de cacao”36.
Ya en México, sin embargo, las gestiones fueron más
complicadas. Buenaventura Ibáñez salía cada mañana desde
Agustín de las Cuevas – el lugar donde decidieron permanecer
Domingo Juarros, Compendio de historia de la ciudad de Guatemala
(Guatemala: Editorial Piedra Santa, 1981): 261-262.
36
Juan Martí, Relación muy importante, 762. Las cajetas, nombre utilizado
en México, es un dulce de leche de cabra. El bizcocho era un tipo de pan.
35

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con permiso del provincial de San Diego– a la ciudad de México
para gestionar los despachos. El fraile presentó las cédulas que
había negociado en Madrid. En ellas la reina Mariana de Austria
(1634-1696), que estaba al frente de la Corona en nombre de su
hijo Carlos, había concedido a los franciscanos un subsidio anual
de 150 pesos a cada fraile37. En un primer momento se había
propuesto que el dinero saliese de las arcas de la ciudad de Sevilla,
pero finalmente se decidió que se librase de la Caja de México38.
Según órdenes de la reina, el dinero debía enviarse desde Nueva
España a Filipinas, junto al situado, bajo la autorización del
virrey de Nueva España. A este se le pedía que socorriese a los
misioneros pero que fuera él quien decidiera la cantidad y el
tiempo, y que el dinero saliera “de efectos extraordinarios, que no
salgan de la Real Hazienda”39. Fue precisamente en este último
aspecto donde aparecieron las dificultades.
Según discurrieron en Nueva España, si los pesos debían
salir de los efectos extraordinarios que llegaban a la real hacienda,
y no de las rentas fijas que se recaudaban en las arcas reales, el
favor concedido no podría durar en el tiempo, ya que los ingresos
extraordinarios, eran lógicamente discontinuos. Además,
suponiendo incluso que los ingresos extraordinarios acabaran
siendo fijos, había una larga lista de interesados que luchaban por
Cédula de 14 de enero de 1669. Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 10.
Archivo General de Indias (en adelante AGI), Consulta sobre pagar en
México a franciscanos de China, 3 diciembre 1668. Filipinas 2, N. 264.
39
Torres Trimállez, “Ganar voluntades”, 11.
37
38

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conseguir su parte del botín, por lo que el comisario fue advertido
rápidamente de que ese socorro no llegaría fácilmente por la vía
señalada. De esta forma, cuando el Virrey y la Real Audiencia
consultaron con el contador y oficiales de la caja real la posibilidad
de librar ese dinero para los franciscanos, la respuesta que estos
les dieron fue que no había plata. A pesar del inicial desasosiego
de Ibáñez, el propio contador mayor, Francisco Gaona, devoto
de la orden franciscana, advirtió al seráfico de la existencia de
una renta fija que no se daba por real hacienda y que contaba con
mucha plata: el señoreaje40. Este ingreso real era percibido por
el rey por la fabricación de moneda, de tal forma que al poner el
sello en las barras de plata, el rey recibía una porción.
Con esa información, el comisario escribió un memorial
de súplica a la reina, incluyendo además dos cédulas de época de
Felipe II y de Felipe III en que concedían merced a particulares
con base en este ingreso, por lo que el fiscal real no podía contarlos
por extravíos. Tras varios despachos y consultas con el virrey, la
junta, y el fiscal, finalmente se concedió a Ibáñez lo que pedía:
“[…] habiendo visto la pretensión del padre Fray Buenaventura
Ibáñez comisario apostólico de la gran china sobre que se le
Buenaventura Ibáñez, Relación autobiográfica del P. Buenaventura Ibáñez y de los trabajos apostólicos del Padre Fray Antonio de Santa María.
Cantón, año de 1688. En Alcobendas, Severiano. Las misiones franciscanas en
China: Cartas, informes y relaciones del padre Buenaventura Ibáñez (16501690). Con introducción, notas y apéndices, por el R.P. Fr. Severiano Alcobendas (Madrid: Bibliotheca Hispana Missionum V., Estanislao Maestre, 1933):
219-220.
40

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sitúe la cantidad para el sustento de los religiosos que pasan a
ella se resolvió que desde luego se le situé a dicho padre fray
Buenaventura Ibáñez y a sus ocho compañeros por estipendio
y en congrua a razón de 1500 pesos cada año por tiempo de
cinco años en el efecto y ramo del señoreaje de la casa de la
moneda”. 41

Ahora sí, el comisario pudo estar tranquilo. Los franciscanos
españoles pertenecían a la orden de los frailes menores, y
específicamente a la rama de los descalzos, profesando de forma
especial el voto de pobreza. A pesar de que el rey era quien
costeaba los gastos básicos del transporte, los misioneros vivían a
base limosnas para otro tipo de gastos. Así, el cirujano que operó a
Fray Juan de Jesús no les cobró y se lo donó a los religiosos como
limosna. Los oficiales reales de México y Guatemala decidieron
también darles todas las mulas con las que habían viajado, y que
les sirvieron después para realizar su viaje a Acapulco. Sus propios
compañeros del convento de Oaxaca, donde permanecieron seis
días les hicieron también pequeños regalos como chocolate, o
rosarios de palo de áloe, una madera olorosa que se solía utilizar
como perfumador, y que los españoles aceptaron con gusto42.
Además, en su viaje hasta la ciudad de México fue habitual que en
los pueblos les diesen la comida a precios más bajos. Igualmente,
tanto Ibáñez como Fray Ignacio Rosado se emplearon también
en entrevistarse con personas graves de las ciudades por donde
AGI, Carta del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera,
3 diciembre 1668. México 45 N.10, fol 13r.
42
Juan Martí, Relación muy importante, 774.
41

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pasaron para solicitar limosnas. Según explica Juan Martí en
su Relación, los dos primeros meses que pasaron en México se
dedicaron a solicitar ayuda de los devotos para que les diesen pan,
carne, y pescado el tiempo que allí tuviesen que permanecer43. El
dinero se empleó también en adecentar las casas de San Agustín de
las Cuevas, el hospicio donde pasaron la mayor parte del tiempo a
espera de la nao de Filipinas. Se compraron mesas, sillas, camas,
todo tipo de alhajas de cocina y para el refectorio, y retablos para
adecentar la iglesia44.
Aunque Ibáñez era el superior, y por tanto quien tomaba
las decisiones, dentro del grupo de los que iban por detrás,
también sobresalió uno que solía ejercer de líder. Este era quien se
encargaba de enviar recados a los lugares aledaños para prevenir
la llegada del resto del grupo. En la práctica, este papel lo acabó
ejerciendo quien estaba en mejores condiciones de salud. Ese
fue el caso de Juan Martí, quien se encargó de este tipo de labor
porque se mantuvo más fuerte en la primera etapa de la travesía
a través de Honduras y Guatemala. Debido a la falta de dinero en
metálico, el fraile optó por escribir vales que hacían la función de
monedas que luego servían de carta de pago a sus cobradores en
las cajas de la Corona. Como él explica:
“Y así como si fuera oficial real, daba mis vales y despachaba
mandamientos para la gente que había menester para proseguir
nuestro viaje, pidiendo candelas, aves y todo lo necesario para
43
44

Juan Martí, Relación muy importante, 776.
Juan Martí, Relación muy importante, 775.

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el avío, así de sustento como cabalgaduras de carga y silla […]
Y así rodaba todo: caxetas, chocolate y plata”45.

Esta tarea no la ejercía solo, sino que contaba con la ayuda de
las personas del lugar que servían de apoyo para sacar adelante
la misión. Así, por ejemplo, el alcalde mayor de Chiquimula
Francisco de Castro fue un apoyo fundamental en su etapa en
Guatemala. El canario hizo varias peticiones de indios para ayudar
a cargar a los enfermos en las hamacas, se encargó de la gestión
de las mulas y su mantenimiento, y previno a los demás alcaldes
mayores de la región de la forma en que iban los religiosos y
sus condiciones de salud para recibirlos de forma apropiada46.
Además, Castro les dio a su alguacil mayor y a un criado para
que les enseñasen los caminos y los lugares donde debían ir
parando. Más aún, les proporcionó una cocinera, Catalina, que
sin duda fue una pieza esencial en este viaje47. A Catalina se le
asignó normalmente uno de los mejores caballos para que se
adelantase y pudiese llegar a tiempo a la venta y comprar los
productos para las comidas. Contaba también con seis indios
de carga que transportaban todos los aparejos de la cocina48. El
alcalde mexicano “de casta cacique” de San Miguel de Petaca,
en la archidiócesis de Guatemala, también les dio una singular
acogida. El fraile describe así al gobernante:
45
46
47
48

Juan Martí, Relación muy importante, 746.
Juan Martí, Relación muy importante, 741.
Juan Martí, Relación muy importante, 744.
Juan Martí, Relación muy importante, 745.

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“Y así, donde estaba este indio, no hacía yo falta ni tenía que
prevenir para el siguiente y su jornada cosa alguna; porque a la
hora señalada estaba todo a punto; y él en persona, con todo el
acompañamiento que pudo, nos fue acompañando […]”49.

Los frailes también reconocen en sus escritos la gran ayuda
que les proporcionó un mayordomo del obispo Juan de Santo
Matía Sáenz de Mañozca y Murillo (1611-1675), sacerdote
mexicano que en aquellos momentos era el obispo de Santiago
de Guatemala50. Los franciscanos le estuvieron especialmente
agradecidos por el mando que dicho mayordomo tenía sobre los
indios y que, según ellos mismos reconocen, les sacó de muchos
aprietos51. Para evitar riñas con los nativos, cada uno de los grupos
de indios tenía asignado un “cabecilla de confianza que no fuera
indio”52. La apreciación no es menor, teniendo en cuenta que el
grupo normalmente lo componían unas 200 personas, la mayoría
indios53.
Reflexión final
Fue en definitiva el viaje de estos religiosos, una travesía muy
dura a nivel físico. El comisario Ibáñez, que había escapado
milagrosamente de los padecimientos que habían alcanzado a
Juan Martí, Relación muy importante, 750.
Francisco Zambrano, Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de
Jesús en México. Tomo XIII. Siglo XVII (1600-1699), (México: Editorial Tradición, 1974): 80-129
51
Juan Martí, Relación muy importante, 744.
52
Juan Martí, Relación muy importante, 745.
53
Juan Martí, Relación muy importante, 745.
49
50

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sus compañeros, no se libró sin embargo de problemas de otro
tipo, como eran los burocráticos. A pesar de que el fraile había
salido de Roma y de Madrid convencido de haber conseguido
un sustento anual para el mantenimiento de los misioneros en
China, este peligró cuando llegó la hora de cobrarlo de la caja de
México. América supuso un punto de inflexión.
Fueron las gestiones en la corte virreinal, la que en la
práctica permitieron al comisario franciscano conseguir el tan
ansiado estipendio anual concedido en la corte de Madrid.
Además, fue en territorio americano donde fallecieron
dos de los ministros que habían sido elegidos para evangelizar en
China, con un tercero que pereció en el viaje transpacífico. Sus
fallecimientos llevaron al comisario a solicitar nuevos efectivos,
esta vez de la provincia de San Diego de México, que se
convirtieron en importantes figuras dentro de la orden franciscana
en China: Pedro de la Piñuela y Miguel Pérez54. Este grupo final de
misioneros luego conformarían el germen de la nueva expansión
de los franciscanos en China durante las primeras décadas del
siglo XVIII.
Aunque son necesarios nuevos estudios para determinar
las vías concretas de comunicación, la frecuencia, y el tipo de
relaciones que se establecieron entre los misioneros en China,
y los devotos en Nueva España, se puede afirmar que este viaje
fue el inicio de la conexión de los franciscanos en China con los
54

Buenaventura Ibáñez, Relación autobiográfica, 220.

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devotos mexicanos. No sólo las limosnas que les proporcionaron
fueron claves para sacar adelante la misión comandada por
Ibáñez, sino que Agustín de las Cuevas, que fue reformado por
ellos, quedaría establecido como punto de paso para los futuros
grupos de misioneros que pasarían al imperio chino.
Este camino de ida hacia China era en realidad un camino
de vuelta. Ibáñez había comenzado su periplo en Shandong, en
el norte de China, y el viaje había sido pensado y diseñado en
territorio chino. Las necesidades que se produjeron en el campo
de misión fueron las que determinaron el tipo de gestión que hubo
de realizar Ibáñez en las cortes europeas, y el tipo de misionero
que se eligió en España. Así, se pidió explícitamente misioneros
dispuestos a aprender la tan complicada lengua china. Y fue
en América donde los elegidos tomaron sus primeras clases de
mandarín. Desde Asia, y en concreto Filipinas, es desde donde
llegaron las noticias más importantes para los nuevos misioneros.
Reunidos una tarde en Acapulco con Fray Pedro Torrenueva, Fray
Antonio Godines y Fray Antonio de Arpide, recién llegados en el
galeón de Manila, los religiosos conocieron la muerte de Antonio
de Santa María Caballero. Y fue en ese momento, cuando Ibáñez
fue consciente de que comenzaba, ahora sí, una etapa nueva para
la orden franciscana en China.
Archivos consultados
Archivo General de Indias, Sevilla
Archivo-Biblioteca Provincial Franciscano, Madrid
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�Inmigrantes de Zhangzhou entre China y España:
conversaciones diplomáticas sobre el incidente
de 1603 en Manila
Zhangzhou Immigrants between China and Spain: Diplomatic
Conversations Concerning the 1603 Incident in Manila
Xiaolin Duan
North Carolina State University
Raleigh, Estados Unidos

https://orcid.org/0000-0002-0825-6487
Recibido: 20 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de abril de 2024

Resumen: A partir de 1573, con la fundación de Manila, la circulación
de mercancías chinas por la ruta transpacífica puso en contacto a la
dinastía Ming y al Imperio español. En consecuencia, muchas personas
de la provincia de Fujian, especialmente de la ciudad de Zhangzhou,
fueron a Manila y facilitaron el funcionamiento de la ciudad. Este trabajo
examina las interacciones de los inmigrantes de Zhangzhou en Manila,
centrándose en sus funciones y situaciones vitales en Parián, el barrio
designado para los sangleys. En particular, se analiza la conversación
diplomática relativa al Incidente de 1603 para dilucidar cómo percibían
a los sangleys tanto la corte Ming como los gobernadores españoles.
Los registros elaborados por las élites chinas, los nomenclátores locales
y la correspondencia española revelan los conflictos y negociaciones
entre el gobierno Ming y los funcionarios del Imperio español en torno
a este asunto, así como las diferencias de puntos de vista locales y
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�Zhangzhou Immigrants

estatales. Aunque las contribuciones de los sangleys fueron reconocidas
y utilizadas para promover la superioridad moral de ambos bandos, ni
la corte china ni el gobierno español las tuvieron seriamente en cuenta.
Los sangleyes ofrecen una perspectiva única del posicionamiento de
estas dos potencias estatales: Cada uno deseaba mantener una relación
pacífica, pero al mismo tiempo adoptaron una postura cautelosa. Este
estudio ilumina algunas de las conexiones y conflictos que surgieron
durante la globalización temprana.
Palabras clave: China Ming, España, Manila, Zhangzhou, Sangleys
Abstract: Starting in 1573 with the establishment of Manila, the
circulation of Chinese goods along the trans-Pacific route brought the
Ming Dynasty and the Spanish Empire into contact. Consequently,
many people from Fujian Province, especially Zhangzhou city, went
to Manila and facilitated the operation of the city. This paper examines
the interactions of Zhangzhou immigrants in Manila, focusing their
roles and living situations in Parián, the designated neighborhood for
the Sangleys. In particular, the diplomatic conversation concerning the
1603 Incident is analyzed to elucidate how the Sangleys were perceived
by both the Ming court and the Spanish governors. Records produced
by Chinese elites, local gazetteers, and Spanish correspondence reveal
the conflicts and negotiations between the Ming government and
officials of the Spanish Empire concerning this matter, as well as local
and state differences in views. While the contributions of the Sangleys
were recognized and used to promote the moral superiority of both
sides, they were not seriously considered by either the Chinese court
or the Spanish government. The Sangleys offer a unique perspective
on the positioning of these two state powers: Each desired to maintain
a peaceful relationship yet simultaneously adopted a cautious stance.
This study illuminates some of the connections and conflicts which
emerged during early modern globalization.
Keywords: Ming China, Spain, Manila, Zhangzhou, Sangleys

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�Xiaolin Duan

Starting in 1573 with the establishment of Manila, the circulation
of Chinese goods along the trans-Pacific route brought the Ming
Dynasty and the Spanish Empire into contact. As trade between
Fujian and Manila and then to colonial Mexico increased, more
Chinese merchants moved to and sojourned in the Philippines.
While trade between Ming China and the Spanish Empire was
highly influential in the early modern global market, direct
contact between the two states was mostly facilitated by Chinese
immigrants, known as the Sangleys.
Historians have extensively studied the connections
between Fujian province during the Ming dynasty and the
Philippines. Quan Hansheng highlighted how trade between
China and New Spain boosted revenue in Zhangzhou during
the final decades of the Ming Dynasty.1 William Schurz, along
with recent Latin American history scholars, such as Arturo
Giráldez, have underscored the scope and significant influence of
the China-New Spain trade, particularly focusing on its impacts
on Manila.2 Scholars like Lucille Chia, Tatiana Seijas, and
Quan Han-sheng 全汉昇, “Mingji Zhongguo yu Feilvbin de maoyi 明季
中國與菲律賓的貿易 [Trade between China and the Philippines during the
Late Ming]”, Zhongguo jindai jingjishi luncong 中國近代經濟史論叢 (Taipei: Daohe Chubanshe, 1996), 417–434. Also see Quan Han-sheng, “Zi Mingji
zhi Qing zhongye Xishu Meizhou de Zhongguo sihuo maoyi 自明季至清中
葉西屬美洲的中國絲貨貿易 [Trade of Chinese silk to Spanish America from
the Late Ming to Mid-Qing]”, Zhongguo wenhua yanjiu suo xuebao, 4, no. 2
(December 1971), 345–69.
2
William Lytle Schurz, The Manila Galleon (New York: E.P. Dutton, 1939).
Arturo Giráldez, The Age of Trade: The Manila Galleons and the Dawn of the
Global Economy (Lanham, MD: Rowman &amp; Littlefield, 2015).
1

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�Zhangzhou Immigrants

Edward R. Slack have specifically examined the contributions of
Asian laborers to the Spanish empire.3 Others have delved into
specific commodities, such as porcelain and silk, exploring their
production, transportation, and market presence in Zhangzhou.4
However, scholars have yet to fully address how these immigrants
factored into the diplomatic dialogue between China and Spain.
This paper investigates the roles and living situations of
Zhangzhou immigrants in Manila. In particular, I examine a case
study of diplomatic communications following the 1603 Incident to
elucidate how the Sangleys were perceived by both the Ming court
and the Spanish governors. Diplomatic negotiations and domestic
discussion surrounding the massacre (or uprising, depending on
Edward Slack, “New Perspectives on Manila’s Chinese Community at
the Turn of the Eighteenth Century: The Forgotten Case of Pedro Barredo
Alcalde Mayor of the Parián 1701–1704”, Journal of Chinese Overseas, 17
(2021): 117-146. Edward Slack, “Orientalizing New Spain: Perspectives on
Asian Influence in Colonial Mexico”, México y la Cuenca del Pacífico (2012):
97-127. Lucille Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter: Chinese
Sojourners in the Spanish Philippines and Their Impact on Southern Fujian
(Sixteenth-Eighteenth Centuries)”, Journal of the Economic and Social History of the Orient 49, no. 4 (2006): 509–34. Tatiana Seijas, Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians (New York, NY: Cambridge University
Press, 2014).
4
For examples, see Meha Priyadarshini, Chinese Porcelain in Colonial
Mexico: The Material Worlds of an Early Modern Trade (Cham, Switzerland:
Palgrave Macmillan, 2018). José Luis Gasch-Tomás, “Asian Silk, Porcelain
and Material Culture in the Definition of Mexican and Andalusian Elites, c.
1565–1630”, in Global Goods and the Spanish Empire, 1492–1824: Circulation, Resistance and Diversity, edited by Bethany Aram and Bartolomé Yun
Casalilla (Houndmills: Palgrave Macmillan, 2014), 153–173. Xiaolin Duan,
An Object of Seduction: Chinese Silk in Trans-Pacific Trade, 1500–1700 (Lexington Books, 2022).
3

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�Xiaolin Duan

which account we look at) of the Sangleys in 1603 reveals that,
while the contributions of the Sangleys were recognized and used to
promote the moral superiority of both sides, they were not seriously
considered by either the Chinese court or the Spanish government.
Examining these immigrants’ experiences in the context of the
conversations between these two states/empires, this study reveals
conflicts between local and state officials on both sides.
The following discussion starts with a historical review
of the involvement of Zhangzhou people in overseas trade as a
response to changing Ming policy on foreign trade; it then moves
to the construction and regulation of the Parián neighborhood of
Manila to showcase the Spanish policy towards foreigners. Finally,
I examine Chinese court letters and Spanish correspondence
circa 1605 which comment on the 1603 Sangley rebellion and
massacre. Most of the sources examined in this article are from
local Fujian gazetteers and Spanish correspondence, which I have
used cautiously due to potential biases.5
Developments among the Haicheng and Zhangzhou
immigrants
The Chinese had long known of and established contacts with
the Philippines, but official contact with the Ming court was
All the Spanish correspondence came from the 55 volumes of The Philippine Islands; many of these came from the AGI archive in Seville. These documents were from the Spanish perspective, and the selection and translation
of these documents was conducted in the USA.
5

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�Zhangzhou Immigrants

limited and restricted within the tributary system. Aside from
tribute transactions, the early Ming government forbade all
privately-operated foreign trade. Nevertheless, smugglers were
always active, despite repeatedly issued bans. The local scholar
Cao Lütai 曹履泰 (?–1648) recorded that people in the area of
Tongshan 铜山, near Zhangzhou, witnessed small ships coming
and going every day. These ships carried wine, pigs, and silk
textiles for pirates.6 The local military even assisted merchant
smugglers to avoid conflicts and obtain profits. Feng Zhang 馮
璋 (ca. 1538), in his Tongfan boyi 通番舶議 (Discussion on ships
that connect with foreigners), recorded that people in Quanzhou
and Zhangzhou were always in pursuit of profits by smuggling
with foreigners. Even if some suffered banishment by the army or
were sentenced to death, others continued to build ships and sail
overseas. They continually smuggled and were fearless.7
In 1567, in response to constant petitions from Fujian local
officials, the government finally begin to license a limited number
of junks to trade legally in Southeast Asia.8 Zhangzhou was placed
on a very short list of cities for which foreign trade was allowed.
Among the different Fujian port cities, the people of Zhangzhou
Zeng lütai曹履泰, Jinghai jilue 靖海紀略 [Record on Pacifying the Sea]
(CTEXT edition), 2.16a.
7
Feng Zhang 馮璋, “Tongfan boyi 通番舶議 [On Allowing Visits by Foreign Trading Ships]”, In Huang Ming jingshi wenbian, juan 280, 1.18b–19a.
8
Xu Fuyuan 許孚遠, “Shutong haijin shu 疏通海禁疏 [Memorial in Requesting to Open and Ocean Trade Ban]”, in Chen Zilong 陳子龍, Huang Ming
jingshi wenbian 皇明經世文編 (Beijing: Zhonghua Shuju), 400.640–643.
6

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were especially outstanding for their overseas trade connections.
Lacking other resources, Fujian locals had a stronger motivation
to rely on foreign trade. Lucille Chia’s examination of Quanzhou
and Zhangzhou genealogies revealed stronger connections to
Manila than other ports of China.9
Zhangzhou’s involvement with overseas trade led to the
establishment of a new county next to the delta of the Jiulong River.
The new county was named Haicheng, meaning “Ocean Clear” in
1566. The harbor of Haicheng (Yuegang) soon developed rapidly
due to foreign trade, and consequently, the local people’s vision
expanded and became more outward-looking. The magistrate of
Haicheng appointed the Zhangzhou local literatus Zhang Xie 张燮
(1574–1640) to write a book detailing the situation between Guiyu
Island and the outer sea. Zhang Xie went beyond his commission and
wrote Dong Xi yang kao 東西洋考 (Investigations on the East and
West Oceans), providing a complete account of foreign countries
and the tax system for foreign trade, as well as a textual sailing map
from Haicheng to Southeast Asia. In the preface of the book, he
addressed Haicheng as a water country, saying that in Haicheng,
going abroad was as common as going to the market. The food and
goods people enjoyed came from abroad and the ocean. Translators
and people who knew foreign languages were everywhere.10
Several characteristics made Zhangzhou people suitable
for overseas trading. Firstly, as mentioned above, Zhangzhou did
9
10

Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter”.
Zhang Xie 張燮, Dong Xi yang kao (Beijing: Zhonghua Shuju, 1981), 15.

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�Zhangzhou Immigrants

not have much farmable land, so the locals had to find another
means of living. Trading in foreign markets was their best hope
for productivity. As Xu Fuyuan 許孚遠 (1535–1604) wrote:
Fujian always relied on overseas trade. Fuzhou, Quanzhou,
and Zhangzhou are located next to mountains and seas; these
regions do not have enough farming land, so people cannot
obtain enough clothing and food without maritime trade. The
local people enjoy sailing overseas and do not care much about
their lives—this is their social custom, and at Zhangzhou this is
especially the case.11

Overseas trade was important for revenue income in Haicheng.
Secondly, Zhangzhou people were known for their
superb sailing skills. In 1534, when Chen Kan 陈侃 went to
Liuqiu 琉球 (today’s Taiwan) to appoint local governors, the
sailors employed on the boat were all from Zhangzhou. Chen
thus commented, “Zhangzhou people make their living on the
sea; they learn how to sail early and do not stop, even when
they are old. They accept the turbulence of the ocean waves just
like leisurely moments.”12 The local gazetteer of Zhangzhou
also described how local people observed and calculated tidal
changes during the year.13
Xu, “Shutong haijin shu”.
Chen Kan 陈侃, “Shishi jilue 使事紀略 [A Brief Account of the Envoy
Business]”, Shi Liuqiu lu 使琉球錄 [Record of Visiting Taiwan] (CTEXT edition), 13a.
13
Zhang, Dong Xi yang kao, 9.19a–21a (Beijing: Zhonghua shuju, 1981),
190-91.
11

12

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Thirdly, Zhangzhou people were excellent craftsmen. The
local elite He Qiaoyuan 何喬遠 (1558–1632) commented that
they were clever and good at copying things.14 Textiles from both
the North and South were counterfeited in Zhangzhou. As these
were the primary goods on the westbound Manila galleons, textiles
were Zhangzhou’s most important manufactured products. Most
of these products were made of silk, but cotton and other coarse
cloth types were also used. In the sixteenth century, the people of
Zhangzhou started to specialize in weaving velvet for the export
market.15 As early as the Song dynasty, the people of Zhangzhou
were known for making a light cloth made from the fibers of the
kapok tree or maybe an earlier version of cotton, called jibeibu 吉貝
布.16 A sub-county, Longxi 龍溪, contributed almost sixty percent
of the weavers who moved to the Philippines and more than half of
the rattan weavers.17 Zhangzhou additionally produced lacquered
boxes, fans, and porcelain that were transported overseas, and
the area was also known for producing lower-quality ceramics,
He Qiaoyuan 何喬遠, Jingshan quanji 鏡山全集, 674.
Angela Sheng, “Why Velvet? Localized Textile Innovation in Ming China”, In Schäfer, Riello, and Molà, eds., Threads of Global Desire: Silk in the
Pre-modern World (Boydell Press, 2019), 49–74.
16
Hao Yulin 郝玉麟, Lu Zhao 盧焯, Xie Decheng 謝德承, and Liu Jingyu
劉敬與, eds., Fujian tongzhi 福建通志 [Gazetteer of Fujian], 59.49b. See Guillermo Ruiz Stovel, “Chinese Shipping and Merchant Networks at the Edge of
the Spanish Pacific: The Minnan-Manila Trade, 1680–1840”, Ph.D. Dissertation, UCLA, 2019, 412. Fan Zhengmin 范正敏, Dunzhai xianlan 遯齋閒覽
[Leisurely Reading at a Hermit’s Hut] (CTEXT edition), “Zhengwu 證誤”.
17
Ruiz-Stovel, “Chinese Shipping and Merchant Networks at the Edge of
the Spanish Pacific”, 141.
14
15

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a more affordable option for overseas customers who longed for
Chinese ceramics.18
The seaward orientation of Zhangzhou was recognized
and cherished as their tradition by local elites. These scholars
listed the benefits brought by its expansion. Zhou Qiyuan 周啟元
once said, “The money made from the foreign trade could easily
reach several hundreds of thousands and replenish the private
treasury of the emperor.” A benefit of opening Yuegang, according
to Zhou, would be to “display the same power as the Han Dynasty
without sending troops and spending money, and to enjoy a
commercial network like that which the Tang and Song Dynasties
developed without the danger of information security leaks.”19
The economic benefits and expanding their influence over Asia
were two reasons to support overseas trade. Zhou also mentioned
the benefit of keeping mainly a commercial connection, so that
border security could be maintained.
As a result, Haicheng became prosperous due to overseas
trade, and it became fashionable for people there to engage in
this line of business. Local people either invested money in the
business of sailing ships or adopted sons from low-income families
to send overseas when they grew up.20 The sailing business was
so appealing that all families wanted to find a way to participate.
Chia, “Ceramics for Everybody”, Presentation at the Association for Asian
Studies Annual Conference, 2023.
19
Zhou Qiyuan 周啟元, preface for Dong Xi yang kao東西洋考.
20
He Qiaoyuan 何喬遠, Min shu 閩書 [Book of Fujian], fengsu zhi juan 38
(Fujian Renmin Chubanshe, 1994).
18

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Many Zhangzhou families regularly sailed to Southeast Asia, and
some ended up sojourning in these port cities. According to William
Schultz, the number of ships that departed from Zhangzhou each
year was much higher than from any other seaport in China.21 One of
the most popular destinations for Zhangzhou merchants was Manila.
Parián and the Sangleys in Manila: The Spanish Policy
Concerning Foreigners
Chinese immigration to Manila trickled in the late sixteenth
century and later increased to several tens of thousands in the
seventeenth century. In 1573, the second Spanish governor of
the Philippines, Guido de Lavezaris (1512–1582), reported to
Philip II, “The Chinese have come here [to Manila] on trading
expeditions since our arrival...in greater numbers each year, and
with more ships.”22 In 1600, the Sangleys—Chinese immigrants
in the Philippines who lived permanently in Manila—reached
20,000. An even more substantial number sailed to Manila during
the trade season.23
Schultz, The Manila Galleon, 27, 71.
Edward Gaylord Bourne, The Philippine Islands, 1493-1898, Volume 36,
1649-1666 Explorations by Early Navigators, Descriptions of the Islands and
Their Peoples, Their History and Records of the Catholic Missions, As Related
in Contemporaneous Books and Manuscripts, Showing the Political, Economic, Commercial and Religious Conditions of Those Islands from Their Earliest Relations with European Nations to the Close of the Nineteenth Century.
Edited by Emma Helen Blair and James Alexander Robertson. of Project Gutenberg, 30350 (Project Gutenberg, 2009), 3.160.
23
Gitlin, Berglund, and Arenson, eds., Frontier Cities, 19–20. For more discussion on Chinese migrants in Manila, see Gebhardt, “Microhistory and Mi21
22

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These Sangley immigrants have been much discussed by
scholars, many of whom focused on Parián—the designated living
neighborhood for Chinese immigrants.24 Most of the documents
we have about buildings in Parián are from a report by Bishop
Domingo de Salazar to Phillip II and a published work of 1640 by
Fr. Diego Aduarte, Historia de la provincia del santo rosario de
la Orden de Predicadores en Filipinas Japon y China.25
The Sangleys and traveling Chinese played an essential role in
the operation of Manila. Those who stayed in the city included highly
specialized artisans as well as storekeepers, farmers, fishermen, and
domestic servants. These people worked for the foreign marketers to
provide everyday necessities.26 According to the government notary
Hernando Requel (b. 1498), the Chinese “brought specimens of many
kinds of goods peculiar to their country, to arrange prices at which
they can be sold—such as quicksilver, [gun] powder, pepper, fine
cinnamon, cloves, sugar, iron, copper, tin, brass, silks [and] textiles
crocosm”.
24
For example, see Shultz, The Manila Galleon. JE Borao, “The Massacre
of 1603 Chinese Perception of the Spanish in the Philippines”, Itinerario 22(1)
(1998): 22–40. Lee Yu-chung 李毓中, Ji Tiesheng 季鐵生, “Tuxiang yu lishi:
Xibanya guditu yu guhua chengxian Feilvbin huaren shenghuo (1571–1800) 圖
像與歷史：西班牙古地圖與古畫呈現菲律賓華人生活(1571-1800) [Image
and History: Chinese Life in the Philippines seen in Spanish Old Maps and
Paintings, 1571–1800]”, In Dijiu jie Zhongguo Haiyang fazhanshi lunwenji
第九屆中國海洋發展史論文集 [Collected articles from the ninth conference
on the History of Chinese Ocean Development], 437–477 (Taipei: Zhongyang
Yanjiuyuan Zhongshan Renwen Shehui Kexue Yanjiusuo, 2005).
25
See The Philippine Islands, volume 7 and volume 32.
26
The Philippine Islands, 27.130–1.
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of many kinds...[and] various kinds of crockery....”27 Similarly,
Santiago de Vera (in office, 1584–1590), the Governor-General of
the Philippines, conveyed to the king in 1587 his observations on
the Chinese merchants’ meticulous nature, noting their precision in
matching their goods with the capacity of the ships arriving at the
port, underscoring their strategic approach to trade.28
While appreciating the skills of Chinese immigrants, the
Spaniards exhibited a complex mixture of curiosity and insistence
on segregation, mandating that the Chinese reside within a specific
quarter for straightforward governance: “Officials of the Spanish
government in Manila had their preoccupied biases, as well as
lingering doubts concerning the Chinese merchants with whom
they conducted the daily business of commerce.”29 Historical
events, such as the 1574 attack by Limahong, exacerbated these
suspicions, prompting the establishment of a segregated Chinese
section. Such racial segregation despite economic collaboration
with Chinese intermediaries was not unique to European-managed
port cities; these were common practices, as seen also in Bantam
and Ayutthaya.30
The Philippine Islands, 3.219.
“Letter to Felipe II. Santiago de Vera; Manila, June 26, 1587”, The Philippine Islands, 6.297. “The Chinese are such careful merchants that they bring
goods in proportion to the vessels that come to the port”.
29
Shirley Fish, The Manila-Acapulco Galleons: The Treasure Ships of the
Pacific: With an Annotated List of the Transpacific Galleons 156–1815 (Central Milton Keynes, UK: AuthorHouse, 2012), 94.
30
Anthony Reid, Imperial Alchemy: Nationalism and Political Identity in
Southeast Asia (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2010), 56.
27
28

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In 1581, the colonial governors requested that all the
Chinese immigrants move to a specific quarter, a swampy and
unwelcoming area just outside the northeastern bounds of the
walled city. This neighborhood was designed to be within the
range of artillery and placed such that the Spaniards could closely
monitor the Chinese. Despite the challenging environment, the
Parián neighborhood was constructed relatively swiftly. The
Sangleys managed to drain the swampy land, elevate the soil
for the foundation, and lay out streets and blocks. Initially, most
structures were made of bamboo and nipa thatch, which were
later upgraded to more fire-resistant materials. To cope with
local flooding, buildings were constructed on raised platforms.
The Sangleys also built a pond, fed by the nearby Pasig River,
featuring a central island that added a scenic touch to the area.
A canal linking the pond and river facilitated the arrival and
unloading of small boats carrying goods.
Bishop Salazar described the physical appearance of
Parián in 1581, in great detail and with much admiration:
There are long passages, and the buildings are quadrangular
in shape. This Parián was also destroyed by fire on account of
the houses being built of reeds; but through the diligence of
the president and governor, Doctor Vera, much better houses
were built, and covered with tiles for protection against fire.
This Parián has so adorned the city that I do not hesitate to
affirm to your Majesty that no other known city in España
or in these regions possesses anything so well worth seeing
as this; for in it can be found the whole trade of China, with
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all kinds of goods and curious things which come from that
country...31

In the letter, the bishop further delved into the daily lives of
the Sangleys residing in the city and highlighted the benefits
extended to them by the Church. More crucially, he pointed out
how the Church’s involvement had fostered a positive perception
of the Spaniards among the foreign communities. The bishop
underscored the Church’s moral superiority and employed foreign
recognition as a way to affirm the eminence of the Spanish crown
and empire.
Restrictions requiring the Sangleys to live only within
Parián were frequently repeated in the seventeenth century. One
document decreed that no Chinese could “live or own a house
outside these settlements of the Parián and of Minondoc…No
Sangleys can go among the islands, or as much as two leagues
from the city, without special permission. Much less can he
remain in the city at night, after the gates are shut, under penalty
of death.”32 While the Spanish wished all Chinese to be good
Christians, they preferred them not to become too Hispanicized,
but rather, to remain easily distinguishable. The Chinese did send
numerous requests and petitions to live outside Parián, and the
“The Chinese, and the Parián at Manila”, The Philippine Islands, 7. 213–
224.
32
Antonio de Morga, “Sucesos de las Islas Filipinas”, The Phillippine Islands, 16.198. For more discussion, see Robert Ronald Reed, Colonial Manila: The Context of Hispanic Urbanism and Process of Morphogenesis (Berkeley: University of California Press, 1978), 59.
31

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privilege was sometimes granted, if an increasingly-raised license
fee was paid.
In reality, however, the separation gradually became easily
circumvented. By 1605, Intramuros was no longer exclusively a
city for Spaniards. Many Chinese settlers found a way to keep
their shops within the city walls or live there:
…there live, exist, and reside infidel Sangleys in the houses of
the citizens of Manila, or in some of them. It should be known
that they are…in a number of others, belonging to the most
prominent citizens—that is, those of the highest life and rank
in the city. … the said Sangleys in the said houses, selling
their merchandise and being present therein as if in their own
homes.33

Starting in 1628, Chinese who married Christian Filipinos could
move to the areas known today as Binondo and Tondo.
As the above-mentioned decree stated, Parián also
implemented a curfew regulation, ordering that the Sangleys
must return to their designated quarter during the night—except
for gardeners and domestic staff serving in Spanish households.
Another exception might be bakers. There were bakeries
throughout the Manila area, both inside and outside the city. As
Salazar recorded:
Edward Ayers, ed., Cedulas reales despachadas a Manila (Newberry Library: Manuscript Collection, 1700–1746), no. 91, 1597. Quoted from Birgit
Tremml-Werner, Spain, China and Japan in Manila, 1571–1644: Local Comparisons and Global Connections (Amsterdam: Amsterdam University Press,
2015), 281.
33

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Many bakers make bread with the wheat and fine flour which
they bring from China, and sell it in the market-place and along
the streets. This has much benefited the city, for they make good
bread and sell it at low cost; and although this land possesses
much rice, many now use bread who did not do so before. They
are so accommodating that when one has no money to pay for
the bread, they give him credit and mark it on a tally. It happens
that many soldiers get food this way all through the year, and
the bakers never fail to provide them with all the bread they
need.34

Because of their bread-making schedule, it was tempting for the
bakers to stay overnight where they worked, something that the
Manila government repeatedly discouraged.35 But the restriction
was likely not carried out strictly, due to the courtesy that these
bakers offered to the Spanish soldiers. This helped them to
circumvent the curfew regulation.
The discrepancy between planned separation and the
increasing mobility of the Sangleys led to suspicion and distrust
among the Spaniards. During the seventeenth century, several
conflicts erupted between the two groups that ended with the
killing of Chinese and many Sangleys leaving Manila. As Lucille
Chia has discussed, occasional forced relocations and added
taxes for the Sangleys led to periodic “uprisings” by the Chinese,
which were often followed by massacres.36 Out of concern that
newly arrived Chinese would threaten local security, it became
34
35
36

The Philippine Islands, 7.215–216.
Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter”, 520.
Chia, “The Butcher, the Baker, and the Carpenter”, 516–7.

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policy after 1603 to issue residence permits—not only to limit
immigrant numbers but also to raise revenues. In 1639, the
governor increased the license fee, adding a head tax of 25 pesos,
and forced many Sangleys to work in rice fields with no pay. This
policy led to an uprising in 1639, which resulted in 23,000 deaths.
Events like this further enhanced the suspicions of the colonial
governors regarding the Chinese immigrants. Later “uprisings”
occurred in 1662, 1686, and 1762. The following section focuses
on the first major conflict surrounding the Sangleys, and how the
Chinese and Spanish governments responded to it.
The 1603 Incident
To the Spaniards, Manila was always threatened by pirates,
and the mighty Ming China could pose a threat as well. The
Ming government, however, was less concerned about Manila
and Chinese immigrants than many Spaniards described. The
Ming view of Chinese immigrants going to Manila was usually
romanticized and simplified. According to Fujian local official
Xu Xueju’s 徐學聚 (1556–?) “Memorial of the report for the first
time about the Red-Hair Barbarian (Chubao hongmaofan shu),”
the court believed that Luzon had long been trading with the
Fujianese and a peaceful relationship prevailed.37 When the Dutch
encroached over Taiwan, the Ming court was concerned, as that
might have terminated the trade with Luzon, which Ming people
Xu Xueju 徐學聚, “Chubao hongmaofan shu”, Huang Ming jingshi wenbian, 433.
37

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wanted to maintain via direct commercial connections. It seems
that for most of the sixteenth century, Ming China had a loose yet
peaceful relationship with Luzon, though Ming officials might
not have been entirely sure who actually ran the Philippines.
But things started to change in 1593, when the Spanish
governor Gómez Pérez Dasmariñas (1519 –1593) organized a fleet
of ships to attack surrounding islands, hoping to capture the fort
at Terrenate in the Moluccas. He forcibly conscripted 250 local
Chinese to serve as oarsmen on the flagship. The local Chinese
resisted but gave up under the threat of force. At dawn on October
25th, the Chinese crew led by Pan Hewu 潘和五 and others
rebelled, and only 14 out of the 80 Spaniards escaped, while the
Viceroy Dasmarinas was speared to death by the angry Chinese.38
Immediately after the death of Viceroy Dasmarinas, his
son, who was temporarily governor of the area, sent an intervention
mission to Ming China, demanding that the “murderers” be
turned over to the Spanish by the Ming court. At the same time,
a large-scale persecution of the Chinese in the Philippines was
launched, forcing many Chinese to leave the country. In early
December 1593, a Spanish colonial mission arrived in China and
was received by Xu Fuyuan, the governor of Fujian Province,
In the nineteenth century, Liang Qichao told this story in relation to nationalism. See Liang Qichao, “Feilvbin yuxia Pan Hewu 菲律賓寓俠潘和五”,
In Liang Qichao梁啓超, Zhongguo zhimin bada weiren zhuan 中國殖民八大
偉人傳 [Biographies of the Eight Great People in Colonized China] (Beijing:
Zhonghua Shuju, 2015).
38

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who reported the matter to Emperor Wanli. The emperor finally
ordered that the involved Chinese be punished, though most of
them could not be caught, and he rewarded the Spanish mission
with a huge sum of money.
On January 6, 1594, a group of armed Chinese sailing ships
arrived in Manila, led by seven Chinese officials who claimed to
be from Zhangzhou. The arrival of the Chinese fleet frightened the
Spaniards for a while, and local rumors began to circulate that the
Chinese fleet was preparing to strike. Under such circumstances,
the Spanish governor was still counting on the cooperation of
the Ming government to help him catch his father’s murderers
in China, so he quickly agreed to the evacuation request of this
Chinese force and gave the Chinese some food supplies.39
In 1602, following the advice of a Fujian merchant Zhang
Yi 張嶷, the Ming court sent several officials, including the
Minister of Haicheng County, to Luzon to locate a gold mine at
Kiyiyi Mountain. At the time, the Ming court seemed to consider
Luzon a tribute country, and so, the resources from there should
be at the disposal of the court. However, the court was not clear
about the difference between the native people of Luzon, the
Spaniards who actually ruled over the whole island of Luzon in
the sixteenth century, and the previous kings of Luzon. This Ming
mission to Luzon was warmly welcomed by the local Chinese
For more discussion, see Historical Conservation Society, and International Association for Cultural Freedom, The Chinese in the Philippines, edited
by Alfonso Felix (Manila: Solidaridad Pub. House, 1966).
39

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with great fanfare, and thus made the Spaniards nervous. The
mission failed as no gold mine was located. After they realized
that the gold mine story was a lie, Zhang Yi was beheaded.40
The Spanish colonial government then suspected that
the Ming government might attack their country and that the
Chinese in Luzon might act as insiders. So, in the next year, Spain
commandeered these Chinese to attack neighboring countries
and purchased ironware at a high price. The Governor ordered a
recording of the names of the Chinese in Luzon and divided them
into units of 300 people, then started a massacre. The Chinese
had no weapons to resist, and so they had to flee to Mount Dalun.
The total number of deaths was around 25,000 people. Afterward,
Spain reported to the Ming court that these Chinese would have
conspired against the city, and thus the Spanish had no choice but
to kill them.
Hearing about the massacre of immigrants who had mainly
migrated from Zhangzhou, Fujian local officials reported the
news to the Ming court and requested that the court send troops
to Luzon. Xu Xueju cited the emperor’s edict, and from that we
can get a sense of the court’s attitude. The court’s response was
addressed to the governor in the Philippines as a diplomatic letter,
starting with a comment on how the Sangleys were essential to
the development of Luzon:
“Yu Luzon xi 谕吕宋檄” (Edict to Luzon), cited in part in Xu Xueju’s
“Bao quhui Lüsong shang shu”.
40

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Luzon was once a desolate island, a realm of mythical demons,
dragons, and serpents. Yet, our seafaring folk braved these
legends, trading goods across the seas, forging connections
across the wide oceans, and conducting commerce with a myriad
of foreigners. Over a decade, their endeavors transformed Luzon
into a bustling metropolis. It was they who imparted agricultural
knowledge and erected cities and dwellings, elevating Luzon to
a jewel among the maritime nations. What then, could these
people possibly owe Luzon? What profound grievances could
justify the slaughter and maiming of ten thousand souls?

After this strong accusation, the edict continued to explain how
the emperor tried to understand the tragedy and why he decided
not to send troops immediately:
The barbarians’ lack of civility is deplorable, and one wonders
how they could evade divine retribution. Yet, despite persistent
entreaties from local officials, the emperor has remained lenient.
He has recognized Luzon as a longstanding hub of commerce,
akin to our own nation, and has refrained from imposing harsh
measures. The root of the overseas conflict remains unclear,
making it difficult to assign blame. Moreover, merchants are
considered the lowest social stratum; starting a war over such
men seems unjustifiable. Those who forsook their homeland
for the sea, already shunned by their kin and bereft of honor,
are not worth the exhaustion of our troops. In the end, the
emperor chooses not to heed the advice of his officials and
instead dispatches edicts and envoys to communicate directly
with the local chieftains. Let it be known that repentance and
reverence for the divine are expected, to uphold righteousness.
The overseas violence will, for now, not be prosecuted. Reflect
upon the Emperor’s vast generosity and the profound humanity
of China. Zhang Yi’s deceit was met with death, a warning to
all. You are sentient beings, not insensate as wood or stone;
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how can you not feel compelled to express gratitude and
contemplate how to repay China’s magnanimity? Should the
reports of unrest prove false, and no insurrection exists, then
adhere to the imperial directive, and commerce shall proceed
uninterrupted. But if vengeance might incite mutual slaughter,
then return those involved, and their possessions, to their native
soil, so that trade may continue without hindrance.

After requesting Spanish gratitude for the Ming emperor’s
generosity and benevolence, the letter offered non-military
solutions to the massacre: Return the Chinese merchants along
with their properties. The edict ended with a threat to send one
thousand battle ships from Fujian:
Should you [the Spaniards] heed the seditious words that counsel
miserliness and avarice, choosing to stand aloof and reject the
restitution of funds, then be warned: All commerce shall cease,
and your vessels shall not venture westward. [In that case], if
there are officials and soldiers in Fujian desire vengeance, I
would let them harness the wind and sail forth in a thousand
ships—even though their accents may be indistinguishable and
both jade and stone risk incineration. Moreover, to those vassal
states that have remained loyal for over three centuries, they
are also hereby granted the right to dispatch troops to subdue
Luzon.41

This edict reveals intriguing insights into how the Ming court
viewed its relationship with Luzon. Firstly, the Ming court
maintained their belief in a historically peaceful relationship,
suspecting that any conflict had arisen from misunderstandings.
“Bao quhui Lüsong shang shu” 宋商疏 (Report to bring back the Luzon
Merchants), Huang Ming jingshi wenbian, juan 433.
41

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�Zhangzhou Immigrants

They notably omitted any mention of the Spaniards in Manila,
suggesting a perception of Luzon as being governed by indigenous
“chiefs” and tribes. The contribution of the Sangleys, including
their craftsmanship and house building, was also highlighted,
underlining their significance. Secondly, the Ming court’s
condemnation was rooted in moral and reciprocal principles,
emphasizing “Heaven’s way” and the notable mention of Zhang
Yi’s execution for spreading rumors about Luzon. Thirdly, the
hesitation of the Ming emperor to deploy troops was attributed to
the Sangleys in Luzon being viewed as merchants who had left
their homeland without intention of return, thus not warranting
protection in Confucian terms.
Due to the complicated attitude towards the Sangleys,
the letter embodies a paradoxical stance of the court: While
expressing a desire to intervene, they showed restraint, suggesting
that the reported unrest might be rumor and the return of the
Chinese immigrants also should be considered. Therefore, the
court opted not to deploy central governmental troops but rather
permitted local officials to act or encouraged other tributary states
to intervene. This nuanced approach reflects a complex interplay
of diplomacy, a sense of moral superiority, and strategic caution.
The Ming court exhibited a modest concern for the
Chinese migrants without taking much action when those Chinese
were mistreated overseas. As Birgit Tremml-Werner argued,
“while Ming China was more concerned with the tributary states,
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offending overseas Chinese was not considered a direct insult
against the country or a potential threat.”42 While the Sangleys’
contribution to the local area was praised as a merit for China,
these people were not entirely viewed as faithfully Chinese.
Luzon was deemed by the Ming court as insufficiently significant
to warrant engagement through formal diplomatic routes.
The Chinese letter was later translated into Spanish and
presented to the governor Don Pedro de Acuña (in office, 1602–
1606) in 1605, which was already two years after the incident.
This translated letter was titled “Letter from a Chinese Official to
Acuna.” At the beginning of the letter, it explains that this is the
“translation of a letter from the inspector-general of Chincheo
in the kingdom of China… The address is to the great captaingeneral of Luzon.” The translator also mentioned that the letter
was signed by and sent multiple times by the Fujian magistrates
Xu Xueju and Tang Zhaojing 湯兆京 (1565–?) and the eunuch
inspector Gao Cai 高寀. The letter was from the local provincial
officials, and they seemed to try to reconcile between the Ming
emperor and the Philippines. While the cited part of the edict
by Xu Xueju only mentioned the death penalty of Zhang Yi, the
translated letter was quite detailed concerning what Zhang did
(Zhang was referenced with his Spanish name, given to him in
the Philippines):
Birgit Tremml-Werner, Spain, China and Japan in Manila, 1571–1644:
Local Comparisons and Global Connections (Amsterdam: Amsterdam University Press, 2015), 309.

42

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Some years before I came here as inspector, a Sangley, by
name Tionez, [sic; sc. Tiognen] went by permission of the king
of China with three mandarins to Luzon, searching at Cavite
for gold and silver. The whole thing was a lie, for they found
neither gold nor silver; accordingly, the king directed this
deceiver Tionez to be punished so that the strict justice done in
China might be known.
During the time of the preceding viceroy and eunuch, Tiognen
and his companion, named Yanlion, told this lie; and I, after I
came hither, begged the king to have a copy made of all the
documents in the case of Tiognen, and to command the said
Tiognen to be brought before him with the record of the case.
I myself saw the aforesaid papers and caused him to see that
the whole thing had been a deceit uttered by the said Tiognen.
I wrote to the king, declaring that on account of the deceits of
the said Tiognen, the Castilians had suspected us of intending
to make war upon them and that on this account, they had put
to death more than thirty thousand Chinese in Luzon! The king
did as I asked him and therefore punished the said Yanglion by
ordering him to be killed, and the said Tiognen, by commanding
his head to be cut off and suspended in a cage.43

This letter attributes Toigen’s demise to dishonesty, so the
killing of Zhang Yi was interpreted as a conciliatory act toward
the Philippines. This letter presents numerous variances from
its original Chinese letter. The Chinese narrative adopted a
rhetorical tone, striving to cast the Ming court in a virtuous light,
a stance not as pronounced in the translated Spanish account.
Additionally, in the letter, “Castilian” denotes the Spanish—this
43

The Philippine Islands, 13.287–281.

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term was not used in the original Chinese correspondence, which
used terms like qiuzhang (chiefs) and Folangji (a commonly used
term for the Spaniards). The Chinese elaborated on the moral
consequences awaiting the Philippines for ensnaring Chinese
nationals, whereas the Spanish version was candid, enumerating
reasons for the Chinese emperor not to contemplate war with the
Castilians. Markedly gentler, the translated letter appeals to the
Spaniards’ benevolence.
Upon
receiving
the
letter,
Bishop
Miguel
de Benavides (1552–1605) urgently appealed to the high court,
voicing his grievances concerning the Chinese. He echoed the
sentiments from Ming China and advocated for the repatriation
of the Chinese and their possessions, perceiving the Chinese
threat of ceasing trade as genuine and the request as justifiable.
Consequently, he proposed the return of their confiscated
properties, even if it caused the government some debt. Moreover,
he called for a reassessment of the colonial government’s legal
authority over the Sangleys. After consulting with Chinese
advisors, he surmised that while war might be averted, a possible
seizure of trade routes by the Chinese government posed a
significant risk to the Philippines’ economic stability.44
The Supreme Court of Manila met on June 13, 1606 to
study the archbishop’s petition with “lords president and auditors
Miguel de Benavides, et al., “Complaints against the Chinese”, The Philippine Islands, vol. 13.
44

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of the royal Audiencia and Chancillería of these Filipinas Islands
being in session.” After consideration, the court ruled as follows:
“the depositaries should be commanded to render an account as
soon as possible, of the property which they have held on deposit,
so that it may be surrendered; and that, when the ships shall have
arrived from Castilla, what is owing shall be paid into the royal
treasury.”45The court also suggested that, regarding the Chinese
who were then in the galleys, their matter would be examined and
suitable measures would be issued before the Chinese left.
However, the governor Acuna did not agree with
Benavides and suggested something quite different to the king
and the viceroy in New Spain. He wrote a letter to the king to
complain about Benavides:
Ever since I began to have dealings with the archbishop
Don Fray Miguel de Benavides and have recognized his
temper, I have perceived the difficulties that he would cause
me…I believe that he would be better in his cell than in the
archbishopric or bishopric... 46

He opined that there was no need to be afraid of China in his
letter to the viceroy of Ucheo because Spain’s empire, with its
vast colonies, was as large or even larger than China:
As for the statement that the letter is sent to let me know the
greatness of the king of China and of his realms, and that they
are so great that he governs all upon which the moon and the sun
shed their light; and the other statement that he desires me to be
45
46

“Relations with the Chinese”, The Philippine Islands, 14.43–44.
“Complains against the archbishop”, The Philippine Islands, 14.30.

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acquainted with the great wisdom with which that kingdom is
governed, vast as it is, and that no one should dare offend it, and
referring to the war in Corea—to this I answer that the Spaniards
have measured by palmos, and that very exactly, all the countries
belonging to all the kings and lordships in the world. Since the
Chinese have no commerce with foreign nations, it seems to
them that there is no other country but their own, and that there is
no higher greatness than theirs; but if he knew the power of some
of the kings with whom my sovereign, the king of the Hespañas,
carries on continual war, the whole of China would seem to him
very small. The king of China would do well to notice that from
here to the court of Hespaña the distance is five thousand leguas;
and that on the voyage thither are two kingdoms, Nueva Hespaña
and Peru, whose territory is so great that it is almost equal to that
of China, without mentioning very large islands in those seas.
At the same time, I know that the kingdom of China is governed
with much wisdom, and all the people here know, and I know, of
the war in Corea.47

Acuna continued to defensively articulate several points mentioned
in the Chinese letter. He started by challenging the assertion that
30,000 Sangleys were killed and suggested not even half that
figure perished in the revolt. He then refuted Chinese claims of
Spanish brutality, and acknowledged the significant contributions
of the Chinese to the Philippines. He said:
Spaniards are not cruel at heart, and we never make war on anyone
without just reasons. We regard ourselves as a just people and as
having a standing in the world, and we would be greatly grieved
if it could be said of us with truth that we have done wrongs or
“Letter from Acuña to the Viceroy of Ucheo”, The Philippine Islands,
14.47–8.
47

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injuries to anyone—especially to our friends and to those who
are sincere friends to us. Thus, in the case of the Sangleys who
were here, we treated them as brothers and sons; and, without
any precaution, we permitted them to enter our houses at all
seasons and at all hours, as if they had been Spaniards.48

In this statement, Acuna emphasized the global image of the
Spaniards that they wanted to maintain, as the reason they usually
treated the Sangleys very well. This was not only a defense against
the accusation in the Chinese letter but also a way to highlight the
moral superiority of the Spaniards. Furthermore, he recognized
the Chinese Emperor’s hesitation to declare war on Luzon and
downplayed the Spaniards’ culpability, stating that had they acted
otherwise it would have been a case of unwise governance.49
Regarding the Ming government’s demand to return
Chinese people and property, Acuna maintained that while the
Chinese rebels merited death for their crimes, mercy had prevailed
as many were permitted to serve on the galleons instead. Those
guilty of lesser crimes were freed, and others were released from
hard labor. Concerning the Chinese property that was being
held, the Spaniards returned what could be rightfully claimed.
Unclaimed goods would remain in the treasury, with assurances
from the Spanish that they would seek the rightful owners. Acuna
especially emphasized that the returns were acts based upon
justice, not responses to threats of war.
48
49

The Philippine Islands, 14.47.
The Philippine Islands, 14.49–50.

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Towards the end of the letter, he stated, “I am sure that the
king of China and his ministers, being prudent, politic, and discreet
persons, will not wage war for causes so light.” He was confident
that trade with China would persist, given its profitability for both
sides, and he concluded, “Hence we may say that in this trade, the
Chinese have as great an interest as the Castilians have, or even
more.”50 In this letter, Acuna both exhibited confidence that Spain
was stronger and assumed that China would not invade. He held the
high ground in this discussion, emphasizing the moral superiority
of the Spaniards, their military might, and the vast commercial
profits that would be at stake. This letter was more a defense of
his governance than a diplomatic response to the Chinese. The
audiences were the Spanish king and the governors in New Spain.
In this conversation between the Ming Chinese and
Spanish, the prospect of warfare remained largely theoretical,
with skepticism being displayed by the Spanish governor
about China’s willingness to deploy troops. The conversation
reflects how political discourse, trade, and religion intersected.
References to projected state/imperial image were highlighted
by both sides, while China and Spain were on two ends of the
negotiation table concerning immigrants in foreign lands. Trade,
the common thread linking the two nations and a motivator
for Chinese migration abroad, became a diplomatic lever. This
economic interdependence also likely softened the perceived
threat from Ming China and dampened Spain’s impulse to expel
50

The Philippine Islands, 14.50.

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Chinese immigrants. Religious voices, notably the bishop’s, were
significant in this diplomatic narrative as well. The bishop was
inclined to follow the Ming court’s advice to defuse tensions,
though this approach often led to disagreements with the governor.
As in many incidents like this, challenges always
confronted the Spanish in Manila and the Fujian locals in Ming
China. The difficulty of communication stemmed from the lack of
formal and direct communication channels, translation barriers,
and mutual perceived moral superiority. The Ming government
wished to remain distant from overseas affairs and immigrants
while also maintaining its central and dominant role among
foreigners. The colonial governors seemed to have a stronger
aptitude for diplomacy than their ecclesiastical counterparts.
Notably, conflicts existed both between the Chinese and Spanish
and within each national group. The Chinese court and Fujian
local governors had different motivations and desires to offer
protection to the Sangleys, and the Spanish bishop and governor
also disagreed on how to respond to the Chinese letter. Domestic
conversations—including the ones between Philippines governors
and those in New Spain—seemed to be more important than
answering the other country.
Conclusion
The Zhangzhou migrants to Manila represent a snapshot of
early modern globalization. Their mobility, networks, and skills
enhanced maritime connections within Asia and between Asia and
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the Americas. In many respects, they embodied the excitement
of early modern globalization: flexibility, a global perspective,
overseas travel, international commodities, and cultural
appropriation. They were ultimately key operators in Manila as
builders, merchants, craftsmen, servants, and manufacturers, and
they were significant designers and suppliers for the trans-Pacific
galleon trade. They also contributed revenue to both the Ming
court and the Spanish king.
But, as a group of people who moved beyond the strict
regulations of the Ming state and the Spanish Empire, they aroused
doubts and suspicions of untrustworthiness on both sides. To the
Chinese, they were seen as a group of restless individuals who
were lazy, greedy, and risk-seeking. They attracted conflicting
comments from local gentry and central officials. Regardless of
the source, they were deemed outside the Confucian norm. For the
Spanish, the Sangleys were regarded as intelligent and careful yet
also suspicious. They were closely monitored and regulated, and
also excluded from the central life of the empire. This suspicious
attitude translated into their mistreatment in Manila, the hesitation
of the Ming emperor to send troops to protect them, and a lack
of care about their situation on the part of the Spanish governor.
The Sangleys offer a unique perspective on the tugof-war between two state powers, which desired to maintain a
peaceful relationship with each other yet simultaneously adopted
a cautious stance characterized by defensive thinking. Ironically,
while the Sangleys contributed significant sums of money to both
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the Chinese and Spanish, a majority of these funds were spent
on defensive infrastructures targeting the other party. Caught
between China and Spain, the Sangleys benefited and suffered
due to their seemingly contradictory relationship.
Moreover, the case of the Sangleys mirrors the dynamics
between the local and central governments. Local officials in Fujian
showed more empathy towards these immigrants, whereas the
central court maintained a distance. The local bishop advocated for
better treatment of the Sangleys in Manila, yet the king and Spanish
governor favored a stricter approach. As migration increased, even
within each country attitudes towards this new entity—with its
mixed and fluid identities—began to diverge.
The narrative presented in this article is merely the tip of
the iceberg in the vast annals of migration history. In subsequent
centuries, the world witnessed migrations on a larger scale,
which were more systematic and over greater distances. The
contributions of and challenges stemming from migrants have
expanded with the ongoing development of globalization, and
they persist to the present day.
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�Noël Danycan “a través del mundo”: las empresas
comerciales de Saint-Malo y la ilusión del monopolio
comercial francés en el Pacífico Sur (1701-1705)
Noël Danycan “Across the World”: Saint-Malo Trading
Companies and the Illusion of French Commercial Monopoly in
the South Pacific (1701-1705)
Raul Alencar
Tulane University
New Orleans, Estados Unidos

https://orcid.org/0009-0005-5088-4080
Recibido: 22 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de abril de 2024

Resumen: Durante los primeros años del comercio directo francés
en el Pacífico sur, la seductora riquezas del comercio del Pacífco
causó constantes alianzas y disputas entre los propios mercaderes
franceses. Su entusiasmo a la hora de obtener ganancias de las
abundantes riquezas provenientes de Perú y China llevó a mercaderes,
inversionistas, banqueros, e, incluso, a autoridades reales francesas a
entrar en constante conflicto. Por un lado se encontraban los ricos y
experimentados mercaderes de Saint-Malo. Por el otro, banqueros e
inversionistas parisinos apoyados por las autoridades reales francesas.
Entre esta mezcla emergió la figura de Noël Danycan. Danycan fue un
hábil y ambicioso comerciante y hombre de mar de Saint-Malo, quien
logró obtener tender puentes y establecer alianzas con inversionistas
Parisinos. Estos banqueros de la capital le ayudaron a Danycan en
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-136

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�Noël Danycan

asegurar el tan deseado monopolio comercial en la costa de Perú. Sin
embargo, la ambición de Danycan lo llevó a ir más lejos. Danycan usó
sus influencias parisinas para obtener privilegios reales y comerciar en
China, potencialmente permitiéndole formar un monopolio privado a
través del Pacífico. No obstante, el conflicto con otros mercaderes de
Saint-Malo y autoridades parisinas eventualmente acabaron con su plan.
Este artículo analiza los cinco años iniciales de desarrollo del comercio
directo francés en el Perú. Especialmente, me centro en el estudio de las
compañías comerciales de Danycan y su incompetencia de mantener su
monopolio sobre el comercio en el Pacífico sur. Argumento que su plan
de establecer una red comercial a través del Pacífico sufrió resistencia
por parte de sus propios rivales franceses, quienes últimamente fueron
el causal de la paralización del proyecto de Danycan.
Palabras clave: comercio francés, comercio del Pacífico, Perú colonial,
Imperio francés, comercio global, siglo XVIII
Abstract: During the first years of France’s direct trade to the South
Pacific, the enticement of the riches that the Pacific trade offered caused
constant alliances and disputes between French merchants. Their
eagerness to profit from the abundant riches of Peru and China drove
French merchants, financiers, bankers, and even royal authorities into
constant conflict. On one side, there were the wealthy and seasoned
merchants of Saint-Malo. On the other hand, Parisian bankers and
financiers were backed by royal support. Into this mix emerged the
figure of Noël Danycan. Danycan, a skilled and ambitious Saint-Malo
sailor and businessman, acquired alliances with Parisian investors.
These bankers from the capital helped him secure the desired trading
monopoly off the coast of Peru. However, Danycan’s ambition went
even further. He pushed his Parisian contacts to obtain royal privileges
to trade in China, that could allow Danycan to monopolize the Pacific
trade into his private system. However, the conflict between other SaintMalo merchants and Parisian royal authorities ultimately shattered his
project. This article analyzes the initial five years of French direct trade
in Peru with a particular focus on the trading companies owned by Noël
Danycan and his inability to preserve his monopoly of the South Pacific
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�Raul Alencar

trade. I argue that his plans to establish commercial network across
the Pacific met constant disputes from his French rivals, ultimately
hampering his project.
Keywords: French Commerce, Pacific Trade, Colonial Peru, French
Empire, Global Trade, Eighteenth Century

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�Noël Danycan

Introduction
In 1708, a meeting held in Paris between the directors of two rival
French chartered companies - the state-funded Compagnie des Indes
Orientales based in Paris and the Compagnie de la Chine de SaintMalo. The conflict arose because the Saint-Malo company engaged
in trade with China, violating the Parisian company’s commercial
privileges. Additionally, the Saint-Malo company disobeyed the
royal decree that granted the Compagnie des Indies the monopoly
of the Chinese trade. The responsible for taking this action was
the Malouin businessman Noël Danycan. Danycan, a wealthy and
prominent merchant from Brittany known for his ambition and
daring business ventures, belonged to the more ambitious merchant
groups of Saint-Malo, always looking for opportunities to expand
their trading activities and maximize profits, even if it meant using
illegal means. Danycan’s Parisian rivals felt the threat and reported
to France’s Prime Minister, Louis Phelypeaux, Chancellor of
France, that Danycan not “played fair”. And if he was not stopped,
he could expand his business “across the world”, in detriment to
Parisian interests. With his vast resources and workforce, Danycan
could dispatch trading fleets to the Pacific and beyond. Danycan
directed the Compagnie de la Mer Pacifique and the Compagnie
de la Chine de Saint-Malo as an attempt to link up the Chinese and
Peruvian trade under his wing.
However, Danycan’s plans for control of the Pacific trade
were short-lived. Despite his initial success in securing the French
king’s approval to monopolize the South Pacific trade, disputes,
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�Raul Alencar

and divisions with his former Parisian and Malouin commercial
allies, they have condemned Danycan to be excluded from this
trade. This article examines the first five years of French direct
trade in Peru, centering in the case of Noël Danycan’s trading
companies and his failure to control the South Pacific trade. I argue
that although Danycan demonstrated his skills at negotiating and
navigating the political and commercial landscape to monopolize
the South Pacific trade, disputes and conflicts among the French
undermined his monopoly. Malouin and Parisian interests came
at Danycan from the Chinese and Peruvian commercial angles,
leaving his enterprise needing support. Furthermore, far from
being financially harmed by the conflict among its subjects,
the French crown grew financially strong since sailing to Peru
increased considerably, bringing in more Peruvian silver.
When discussing the period of French direct trade in
Peru (1698-1714), it is overlooked that France was far from a
united front regarding commercial interests. When the “Lure
of Peru,” as Peter Bradley termed it,1 came to the knowledge
of French négociants (businessmen), factions were established.
The merchants of Saint-Malo displayed enthusiasm when
mercantile opportunities arose but tended to isolate themselves
to keep their businesses within their clans. Meanwhile, Parisian
financiers enjoyed the royal family’s support and achieved
commercial success through the Compagnie des Indes Orientales.
Peter T. Bradley, The Lure of Peru: Maritime Intrusion into the South Sea,
1598-1701 (New York: St.Martin’s Press, 1990).
1

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�Noël Danycan

Mercantilism appeared as France’s overseas trading dogma,
where chartered and state-supported companies represented
their model. However, the Compagnie des Indes fell short of the
achievements of neighboring companies like the Dutch East India
Company and, thus, depended on partnerships and alliances with
négociants from Marseille, Nantes, and Saint-Malo to expand
their trading operations. In this scenario, Noël Danycan seemed a
fitting associate until he was not.
The scientific literature on the Breton trade, specifically
from Saint-Malo in the Pacific and the activities of the Compagnie
de la Mer du Sud, can be traced from the beginning of the twentieth
century. In the late seventeenth century, Malouin merchants saw
an opportunity to sell their goods to Peruvian merchants eager
to buy them. Spain’s Bourbon transition in 1701 made this
trading practice easier, which considered the arriving Malouin
merchants to Peru as allies. Erik Wilhelm Dahlgren’s work on
Malouin navigation in the South Pacific was fundamental in this
field. By tracing the accounts of French vessels that sailed to
the South Pacific, Dahlgren discovered the brief but consistent
development of French maritime expansion to Peru in the early
eighteenth century.2 Dahlgren’s work served as the starting point
for further Breton’s presence in the Pacific, which continued with
the contributions of Léon Vignols and Henri Sée, who focused
Erik Wilhelm Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre
la France et les côtes de l’océan Pacifique (commencement du XVIIIe siècle)
(Paris: H. Champion, 1909).
2

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�Raul Alencar

on the aftermath of the prohibitions to French direct trade after
1713.3 The contributions of Dahlgren, Vignols, and Sée proved
vital to set the stage for further studies of French direct presence
in the South Pacific.
After a gap of sixty years, Jean Delumeau centered
his analysis in understanding the epicenter of French trade in
Spanish America: Saint-Malo. Delumeau got specific interest in
understanding the management of Malouin traders’ operations
before their maritime expansion stage, which occurred in the last
decades of the seventeenth century.4 Complementing Delumeau’s
narrative of French direct trade, Sergio Villalobos told the story
from the Peruvian and Chilean sides, where local merchants had
to engage in those businesses.5 However, the two most influential
works came shortly after. Carlos Malamud’s “Cádiz y SaintMalo” closes the gap of methodological research that Villalobos
opened while analyzing the repercussions of French contraband
on Peruvian merchants.6 Malamud went beyond, merging
archival material from Spain and France to create an anatomy
Léon Vignols y Henri Sée, «La fin du commerce interlope: dans l’Amérique
Espagnole», Revue d’histoire économique et sociale 13, n.o 3 (1925): 300-313.
4
Jean Delumeau, Le mouvement du port de Saint-Malo à la fin du XVIIe
siècle, 1681-1700. (Rennes: Institut de recherches historiques, économiques
et humaines de la Faculté des lettres et sciences humaines de l’Université de
Rennes, 1963).
5
Sergio Villalobos, Comercio y contrabando en el Río de la Plata y Chile,
1700-1811 (Buenos Aires: Universitaria, 1986).
6
Carlos Malamud, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano
(1698-1725) (Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz, 1986).
3

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�Noël Danycan

of how French direct trade in Peru developed, highlighting
that its impact reached almost every level of Peru’s colonial
society. Finally, André Lespagnol wrote a thorough analysis of
the merchants of Saint-Malo ranging from social, political, and
economic perspectives.7 Lespagnol’s oeuvre represents the most
complete work on understanding Brittany’s main merchant force.
On Danycan’s companies, the historiography of the
Compagnie de la Chine de Saint-Malo is scarce. It is only
mentioned in passing studies concerning Malouin trade in the
Pacific. Claudius Madrolle’s work on French presence in China
and the history of the Compagnie Royale de la Chine revealed
the controversies surrounding Danycan by examining judicial
processes and company statements.8 However, the book only
consists of descriptions and literal translations of archival
material, without situating the company in the context of French
Asian trade. The second work on this company is by Paul Pelliot,
who focused on the legal proceedings between the Compagnie
Royale de la Chine and the Compagnie de la Mer du Sud.9 This
André Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps
de Louis XIV (Rennes: Presses universitaires de Rennes, 2011).
8
Claudius Madrolle, Les premiers voyages français à la Chine; la Compagnie de la Chine, 1698-1719 (France: A. Challamel, 1901).
9
Paul Pelliot, «L’origine des relations de la France avec la Chine. Le premier voyage de l’“ Amphitrite ” en Chine, premier article», Journal des Savants 10, n.o 1 (1928): 433-51; Pelliot; Paul Pelliot, «L’origine des relations
de la France avec la Chine. Le premier voyage de “ l’Amphitrite ” en Chine
(troisième article)», Journal des Savants 6, n.o 1 (1929): 252-67; Paul Pelliot, «L’origine des relations de la France avec la Chine. Le premier voyage
7

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article provides a fresh perspective on the initial years of French
direct trade in Peru. The existing literature on the organization of
French commercial operations in the South Pacific has focused
on the tension France experienced in negotiations with Spanish
ministers, Peruvian colonial authorities, and the Lima merchant
guild. However, this article highlights that the commercial
landscape of the South Pacific ever changed, and conflicts and
confrontations were not only caused by the Spanish and Peruvian
authorities but also by the French themselves. The availability of
profit and the risk of the pursued endeavors dictated the creation
and dissolution of partnerships and alliances.
Messieurs de Saint-Malo
From the wide range of port cities that benefitted from the
Colbertian reforms, Saint-Malo stood out as the most essential
French port of the North Atlantic during the seventeenth century.10
Saint-Malo is situated on the Breton coast, next to the opening
of the La Rance River. Surrounded by fortified islands, SaintMalo was a fortress itself. Located within a peninsula, Saintde l’Amphitrite en Chine. (deuxième article)», Journal des Savants 3, n.o 1
(1929): 110-25.
10
Jean-Baptiste Colbert, as appointed First Minister of State and Secretary of State of the Navy, conducted several maritime reforms that drastically
transformed France into one of the strongest maritime powers in Europe. After
1669, France destined financial support to increase their royal navy, as well as
granting concessions to port cities and merchant communities. State support
was vital to allow coastal merchant guilds to develop further and expand their
commercial networks.
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�Noël Danycan

Malo composes a fortress, an exterior port, an inner port, and
the city itself. Moreover, the geography that enclosed the city
integrated its defensive structure. Navigation to and from SaintMalo presented several difficulties for inexperienced sailors.
Strong wind currents, rocks, and islets could mean disaster
for the integrity of a vessel under bad weather conditions and
lack of visibility. Colbert’s successor as Secretary of the State
of the Navy, Jérôme de Pontchartrain, recognized in 1694 that
Saint-Malo’s first line of defense was “natural” which basically
“impeded our enemies ever to have success when attacking by
sea.”11 Further, to prevent bombardments, Pontchartrain financed
the construction of fortresses in the islets enclosing Saint-Malo to
delay the enemy and grant citizens enough time to prepare for an
attack. Due to the city’s imposing defensive structure, Saint-Malo
became one the bastions of French defense in the North Atlantic
throughout the seventeenth and eighteenth centuries.
Crown support enabled Saint-Malo to defend itself and to
expand overseas trade. After 1650, maritime business proliferated.
Malouin trade covered the Baltic Sea, the Anglo-Norman and
British Isles, the Iberian Peninsula, and distant destinations in
the Mediterranean Sea, Canada, and Newfoundland. Malouin
mercantile expansion is even more remarkable knowing that the
city sans manufacture (without manufacture). In contrast with
Nantes and its sugar refineries and Marseille and its famous
Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps de
Louis XIV, 22.
11

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soap factories, Saint-Malo did not produce local products.
The absence of local industrial production led the Malouins to
become intermediaries, acquiring merchandise and reexporting it
elsewhere. Channelizing French manufactures to needy markets
transformed the city, increasing its population at the end of the
seventeenth century to 30,000, a far cry from Amsterdam but not
unlike booming Marseille.12
Despite lacking domestic industry, the Malouin
diversified their income sources by exploiting and exporting
resources. Transatlantic fishing emerged as one of their primary
activities from the mid-sixteenth century, persisting through the
seventeenth and eighteenth centuries. Focusing primarily on the
coasts of Canada and Newfoundland, known as the Petit Nord
(“the little North”) by the French, the abundance of cod allowed
the Malouins to exploit resources and assert their dominance
and military power in Newfoundland. However, this assertion
faced challenges. For instance, the Inuits from Labrador waged
war against the Malouin throughout the first half of the century.
Brittany staunchly supported the Malouin incursion in response,
seeking French royal authorization to deploy armed escorts and
soldiers to secure Breton fisheries.13
Malouin traders displayed proved resourceful, persistent,
and adaptable. A case that exemplifies these tendencies is the
Lespagnol, 39.
Peter Pope, «Le Petit Nord de Saint-Malo», Saint-Malo. Construction d’un
pòle marchand (1500-1660), n.o 3 (2018): 195-222.
12
13

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�Noël Danycan

continuous Malouin trade with the British Isles through the
sixteenth and seventeenth centuries. Despite a long-lasting French
and English rivalry, Saint-Malo maintained friendly relations,
especially with Dorset, Wilshire, and Hampshire counties. This
connection demonstrated to be strong and reliable that merchants
from the interior of France looked for Malouins to send their
merchandise to England in times of war.14 The Malouins
maintained a so-called abstinence de guerre (war abstinence).15
Malouin traders also reached Spain by the end of the
sixteenth century. The growth of the demand for manufacturing
from the Americas and the arrival of abundant Peruvian silver
to Seville motivated the Malouin to strike deals with Andalusian
merchants. The Castillian merchants, and brothers, Andrés and
Simón Ruiz resided in Nantes and Medina del Campo, respectively,
coordinating with their French partners to ship textiles to Seville.
Breton and Rouen fabrics possessed high demand in Spain and
the Americas, which ensured an intertwined relationship between
Castillians and Malouins. Most importantly, the flow of Peruvian
silver to Saint-Malo and Brittany strengthened the position of the
Baptiste Etienne, «Deux Frondes, un commerce: Rouen et Saint-Malo au
milieu du XVIIe siècle», Annales de Bretagne et des Pays de l’Ouest. Anjou. Maine. Poitou-Charente. Touraine, Saint-Malo. Construction d’un pòle
marchand (1500-1660), n.o 3 (2018): 79-106.
15
Jean-Philippe Priotti, «En temps de paix comme en temps de guerre. Le
commerce de Saint-Malo avec les îles anglo-normandes et britanniques (vers
1500-vers 1650)», Saint-Malo. Construction d’un pòle marchand (1500-1660),
n.o 3 (2018): 117.
14

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Malouins in the trading sphere of northern France through the
late sixteenth century to the mid-seventeenth century. The high
number of silver bars that arrived at Saint-Malo also forced the
main mint of the capital of Brittany, Rennes, to function at levels
never experienced, for example, coining in 1591 the equivalent of
1,000,000 pesos in silver, or 100,000 livres.16
Moreover, this commercial impulse also motivated an
initial Malouin migration to Seville and Cádiz. Two notable
Saint-Malo families, the Magon and Eon, had relatives settled in
Andalusia since the 1630s and 1640s, and they became crucial
intermediaries in sending French merchandise to the Americas
in the early eighteenth century.bSeville and Cádiz offered
prosperous commercial activities that the Malouin trading groups
settled in Spain devoted themselves to Andalusian and Spanish
American businesses, leaving aside French entrepreneurship and
creating their own commercial houses separated from those in
Saint-Malo.17 Perhaps unsurprisingly, by the beginning of the
eighteenth century when Malouin interest turned to Peruvian
silver and to direct trade in Spanish America, traditional SaintMalo families involved in overseas trade, like the Magons and the
Eons spearheaded the Saint-Malo initiative towards the South Sea.
However, contestants emerged. One group of Malouin families
Jean-Philippe Priotti, «Au cœur des échanges européens: argent américain et
circuits économiques entre la Bretagne et l’Espagne (1570-1635)», Saint-Malo.
Construction d’un pòle marchand (1500-1660), n.o 3 (2018): 140-41.
17
Priotti, 144.
16

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quickly accumulated wealth and sought to establish partnerships
beyond the limited Breton commercial circles. They were not
only interested in obtaining a portion of Peruvian riches, but also
in monopolizing them. Among the latest Malouin commercedriven houses, the Danycan clan stepped up.
Noël Danycan “Across the World”
The Compagnie des Indes played an enormous role in developing
French trade in the South Pacific. The knowledge and expertise in
navigation derived from accounts of expeditions commissioned
by financiers and bankers in Paris. However, regional merchants
contested the privileges of their Parisian counterparts, seeking to
negotiate directly with the king for permission to venture into the
Pacific. French merchants, Malouin and Parisians alike, exploited
the Bourbon alliance between Spain and France. Both groups
sought concessions and trading privileges to limit the participation
of other French merchants into the desired Peruvian trade.
Furthermore, the trajectory of negotiations and conflicts between
Paris and regional merchants revealed that their interests extended
beyond Peru, encompassing China and broader Asian territories.
Trading in the South Pacific could bolster a comprehensive
trading network across the Pacific Ocean. At the forefront of this
narrative stood Noël Danycan, the head of one of Saint-Malo’s
most prominent merchant families. Danycan financed numerous
enterprises ranging from timber trading in the Baltic Sea to spice
trading via the Levant. Leveraging his extensive experience as
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�Raul Alencar

a sailor and entrepreneur, Danycan perceived trading in Peru as
a lucrative opportunity to access coveted silver reserves while
simultaneously monopolizing Spanish South American trade
activities.
The French crown, Parisian financiers, and merchant
elites shared a common agenda in the search for profitable trading
opportunities. Since the times of Colbert, the French state aimed
to empowered both the royal navy and coastal merchants to
bolster France’s maritime power. However, the introduction of
monopolies and the constant rivalry between Parisian investors
and regional merchants thwarted France’s attempts to consolidate
its overseas commercial power. The case of Noël Danycan and
his attempts to the access the markets of Peru and China, plus
his constant clashes with the state-founded, chartered companies
that held exclusive privileges to maritime trade, exemplifies
this larger trend. In the end, Danycan could not hang onto hardwon privileges to trade in the South Pacific. Instead, the lack of
regulation of French trade in Peru eventually created a heavily
competitive atmosphere among French traders that divided
regional interests from French coastal cities like Saint-Malo,
Nantes, Bordeaux, and Marseille against their king.18
By 1695, Pontchartrain envisioned it the necessity to
continue to support trading monopolies and chartered companies.
Danycan and le Compagnie de la Chine, 10 janvier 1708. Accounting and
reports. From the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan family papiers, Série 9-B, Saint-Malo.
18

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�Noël Danycan

Nonetheless, Pontchartrain knew that to achieve better results, the
urgency to decentralize both oversight and investments towards
trade affairs needed to be done. Thus, he assembled a team that
could grant advise and management on French commercial
policies. From Paris, Pontchartrain sought the wealthy financiers
Antoine Crozat and Jean-Baptiste Le Gendre, who had close
friendship with Louis XIV. He also tapped the talents of the
director of Commerce and Manufactures, Henri d’Aguesseau,
and the president of the conseil of Commerce, Michel Amelot.
Finally, some prominent merchants also participated. Among
them the prosperous Nicolas Mesnager from Rouen and Noël
Danycan from Saint-Malo. Along with decentralization, with
the aid of his regional advisors, Pontchartrain aimed to energize
trade in the main commercial cities of France: Paris, Rouen,
Bordeaux, Lyon, Marseille, La Rochelle, Nantes, Lille, Bayonne,
Dunkerque, and Saint-Malo.19
The necessity to rearrange how trade functioned came as a
direct response to the start of the War of the Spanish Succession.
The conflict made France and Spain sudden allies since the new
king of Spain, Philip V, was the grandson of Louis XIV, king of
France. From the perspective of the French crown, the alliance
provided a perfect opportunity to penetrate Spanish affairs,
especially to win uninterrupted access to Spanish American
silver. By 1701, this purpose seemed to be materializing, as Spain
19

21.

Paul Butel, L’économie Française au XVIIIe Siecle (Paris: SEDES, 1993),

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�Raul Alencar

granted a French chartered company, the Compagnie de Guinée,
the monopoly over the slave trade. Pontchartrain was convinced
that granting exclusive privileges to trading companies meant the
optimal route to maximizing profits. And although members of
his private council like Henri d’Aguesseau and Nicolas Mesnager
manifested their opposition against monopolistic measures,
Pontchartrain decided that the exploitation of the riches of the
Spanish empire had to be done through private initiatives, which
directly benefited the riches merchants.20
Through the end of the seventeenth century, France’s
exports to Spain grew to be vast. By 1686, France sent to Cádiz
approximately 17 million piastres worth of products, representing
39% of European traffic to Spain. Among the ports that actively
engaged in overseas commerce with Spain, Saint-Malo held
first position. The high frequency of ships that sailed to Spain
and the number of products retailed evidenced the strong
commercial ties between Cádiz and Saint-Malo. In contrast with
other port cities that also maintained trade with Spain like Le
Havre or Dunkerque, Saint-Malo had the advantage of having
the cloth industry of Brittany in close proximity. Spain demanded
Brittany’s textiles due to Spain’s breakdown of the domestic
cloth-making industry.21 For Saint-Malo, trading with Cádiz was
Butel, 22.
Saint-Malo maintained a steady number of vessels sailing to Cadiz from
10 to 20 per year between 1697 and 1702, and obtaining yearly profit of 4
millions of piastres. Butel, 25.
20
21

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extremely profitable due to the abundance of Spanish American
silver, but also because it allowed Malouin merchants to extend
their trading activities towards destinations off Africa’s Atlantic
coast (Canary Islands and Madeira), and throughout markets in
the Mediterranean Sea.22
The strength of the merchants of Saint-Malo came from
their robust mercantile community and social unity. The key to
their intergenerational success came from social dynamics that
allowed amassed local commercial strength to remained in SaintMalo. Endogamy among Malouin merchants was common since
they envisioned trading practices and commercial traits as part of
a larger family company.23 Further, the creation of commercial
alliances between families via marriage also became an essential
tool to perpetuate local power in Saint-Malo as a response to
outside competition coming from other neighboring cities in
Brittany or financiers from Paris. The sons of these families
became officers of the ships that sailed to Spain and the Americas
to gain experience. Noël Danycan, for example, became a captain
of the Grénedan at the tender age of seventeen. From 1671 to
Philippe Jarnoux, Pierrick Pourchasse, and Gauthier Aubert, La Bretagne
de Louis XIV. Mémoires de Colbert de Croissy (1665) et de Béchameil de
Nointel (1698) (Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 2016), 37.
23
Between the ages of 15 and 17, the sons of the great merchants of
Saint-Malo were assigned in vessels For example, Luc Magon (17), Pierre
Jolif (15) were sent to Peru in the early eighteenth century to gain maritime and
trading experience. Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante
au temps de Louis XIV, 92.

22

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1688, he sailed to all destinations under his father’s command
from Saint-Malo to Newfoundland to the Mediterranean Sea.
By the age of thirty-two, and after fifteen years of seafaring and
acquiring a vast experience in overseas trade, he became coowner of the family business. For the merchants of Saint-Malo,
the only way to maintain their businesses via transmitting fidélité
au commerce (fidelity to commerce) to the next generation.
Further, a sentiment to exalter commerce as a symbol of national
pride and defense of French interests arose. This is perfectly
encapsulated by the words of the prominent Malouin merchant
Locquet de Grandville: “letting the command of merchant vessels
to children of rich families became usual and necessary to shape
commerce as a noble matter, to counter to the people that look on
France with disgust”.24
In 1697, an opportunity arose to materialize the desires
of the merchants of Saint-Malo. The signing of the Treaty of
Ryswick put an end to the hostilities between the French and the
Spanish deriving from the War of League of Augsburg. In the
aftermath of this conflict, Spain came out weakened, stretched
for resources and money to defend its large empire. Moreover, it
was no secret that the condition of the Spanish ruler, Charles II,
worsened rapidly to the point that, across Europe, his death was
considered imminent. As the wealthy Malouin merchant Nicolas
Magon de la Chipaudière put it: with the impending “death of
24

Lespagnol, 113.

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the king of Spain, the peace [between France and Spain] will not
last.” He also stated that the merchant class needed to seize the
opportunity to profit from Spanish America, and specially the
South Pacific as soon as they saw the right moment.25
However, the merchant groups of Saint-Malo had
contradictory intentions on how to proceed the infiltrate the
Spanish Pacific and who would be allowed to participate in this
trade. The division came from the old merchant dynasties (like
the Magon, Grout, Le Fer, and Vivien families) versus the new
generation of wealthy merchants like Noël Danycan and Locquet
de Grandville. The old families believed that they deserved the
privilege to lead the initiative to Spanish American markets since
they already had a liaison with Cádiz and, overall, a handle on
the Spanish transatlantic trade. Nonetheless, by the end of the
seventeenth century, monopoly contracts resurged, as well as
French chartered companies. These enterprises took responsibility
for the revival of commercial destinations like India and China,
but now possessing the combination of seafaring experience and
abundant capital. Noël Danycan became the successful director
of the Compagnie de la Chine de Saint-Malo and he intended to
recreate a similar style company to trade in the Spanish Pacific.
Despite their differences, both sides managed to secure contracts
with the French state to legitimize their claim to access directly
access to Spanish America. On one side, Nicolas Magon assured
“La mort arrivant du Roy d’Espagne, la paix ne peut estre de longue
durée.” In Lespagnol, 518-520.
25

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the participation of most of the old Malouin dynasties in the
recently founded Compagnie de Saint-Domingue, which centered
its operations in the Caribbean. Meanwhile, Danycan and his
Parisian associate Jean Jourdan obtained a royal permit to trade
in the South Pacific via the recently established Compagnie de la
Mer du Sud, of which Danycan and Jourdan were the directors.26
“Je suis le premier moteur de ce commerce qui a fait tant
de bien à l’Etat” (I am the main engine of trade serving the wellbeing of the [French] state)27, affirmed Danycan when questioned
about the overall role of the Malouin merchants in trading with the
Spanish colonies. His deep experience as merchant and seafarer
gave him self-confidence in the success of this new venture, so
much so that he intended to establish a French colony in the
South Pacific coast to facilitate both access to American silver
and to guarantee a place for rest and resupply to other French
vessels. For Danycan, it was necessary to act with determination
and with the expectation of belligerence since the English and
the Dutch had proceeded in the same way in the Caribbean and
Newfoundland, and ultimately succeeded. In 1698, the company
was founded, and a small expedition sent under the captaincy of
Beauchêsne shortly came after. In 1701, the expedition returned
with disappointing news. Coastal settlements across the South
Pacific viewed the French penetration as hostile, attacking
Lespagnol, 521-522.
Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps de
Louis XIV, 522.
26
27

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interloping merchants on several occasions. However, when
they arrived in Lima, Beauchêsne managed to convince the local
authorities to trade.28 For Danycan, despite the economic losses
that the expedition suffered, investing in trading in Peru was
worth it. Nonetheless, the company’s remaining financiers did not
agree with him, ultimately forcing the company’s dissolution. To
make things worse, Louis XIV arranged an alliance with Spain
for the upcoming war against the Dutch and the English, and thus
forbade trading directly to Peru as it could upset their new ally.
The idea of a unified French commercial front that could
cooperate to undermine the Spanish authority over its colonies
was an illusion. Despite the aspirations of Louis XIV and Jerome
de Pontchartrain to strengthen commercial companies to be the
spearhead of French overseas expansions, the merchants and
financiers that ultimately sponsored these enterprises were driven
by interests that did not always coincide. Indeed, they sometimes
caused serious clashes. After Danycan’s failed attempt to seize
the Spanish Pacific trade for himself, Louis XIV granted him
the monopoly on trade to China; thus, the Compagnie de la Mer
Pacifique became the Compagnie de la Chine de Saint-Malo.
Further, Pontchartrain was mindful about the high profit nature of
trading with China, and, thus, allowed the formation of another
company, this one centered Paris and financed mostly by Parisian
Beauchesne, Gouin. Journal de vaisseaux Le Phelippeaux, 1698. Journal. From Archives Nationales de Paris. Service hydrographique de la Marine.
Journaux de bord, MAR 4JJ/97, 5.
28

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capital. The Secretary of Marine, aware the inevitable competition
going to ensue between the Saint-Malo and Paris enterprises,
helped broker a partnership between the two. Both companies
maintained their autonomy, but they ultimately cooperated in
taking turns to trade and to establish base prices of the products
that they aimed to sell.29
Strife first arose in 1699, when the directors of first
Compagnie des Indes Orientales (1664-1704) protested about the
violation of their rights when they received news that the vessel
Amphitrite, sent by the recently founded Royal Compagnie de
la Chine, docked in Canton. Despite the successes of initially
establishing colonies in Pondicherry (India), Madagascar, and
Ile Bourbon (Réunion), the Compagnie des Indes was unable
to protect them from foreign incursions throughout the second
half of the seventeenth century. The Dutch and the English
applied constant military pressure and restrained French trading
operations. With the Peace of Ryswick, company investors
believed that finally Anglo-Dutch aggressions would cease, or
at least they would have enough time to prepare for the next
conflict. The directors did not wait. Five years later, France was
engulfed in another global engagement. War in the Indian Ocean
Mémoires des vaisseaux Le Chancelier. Reports of navigation. From the
Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan family papiers,
Série 9-B, Saint-Malo; Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer
de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Accounting from the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan family papiers,
Série 9-B, Saint-Malo.
29

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strained the resources and military capacity of the already wornout company.30
In 1698, the Parisian financier Jean Jourdan obtained
permission to send the Amphitrite to China, despite the monopoly
claims of the Compagnie des Indes (exclusive rights to sail and trade
in the Indian and Pacific Oceans). Lack of communication generated
further discomfort since the Company’s vessels Fatemourade and
Elisabeth anchored in Surat waiting for further instructions to
trade in China. All was disrupted by the surprising arrival of the
Amphitrite. When Jourdan’s vessel returned to Nantes in August
of 1700, it brought 400,000 livres worth of merchandise, from
which the Compagnie des Indes received 20,000 as compensation
for their incursion. The success of Jourdan’s voyage sealed the
fate of the official French East India Company since the king and
Pontchartrain saw more advantageous in granting licenses to more
promising enterprises. Competition might be good, and thus both
China companies ultimately granted permits.31
Saint-Malo and the Parisian investors signed an agreement
and both mercantile groups prepared their vessels to sail to China.
The companies designated two ships each to depart. The Amphitrite,
funded by the Parisians, came first. The directors manifested
Marie Ménard-Jacob, La Premiere Compagnie des Indes. Apprentissages, échecs et héritage, 1664-1704 (Rennes: Presses Universitaires de Rennes,
2016), 277-80.
31
Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Accounting. From the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan famille papiers, Série 9-B, Saint-Malo.
30

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optimism and estimated that this ship could bring merchandises
valued between 250,000 and 300,000 livres. However, a year
and a half later, when the Amphitrite returned to Port Louis, the
officers from Saint-Malo declared that the vessel only won 12,000
livres. They also accused the captain and the notary of the ship of
falsifying the total amount of profit obtained in the voyage to China
in order to cover up the losses of the Parisian company.32 Although
the evidence that might clarify this incident is incomplete, it is
certain that despite the agreement between the merchants of SaintMalo and the Paris financiers, there existed an ongoing campaign
between them to undermine each other.
The source of this dispute came from Danycan’s desire
to trade with Peru despite the existing royal decree that forbade
direct trade in the South Pacific. Initially, the vessels from SaintMalo followed the route of the Amphitrite. However, Danycan and
his trading partner, the Italian merchant Natal Stefanini, planned
to switch course and head to Peru instead. The ships Phelippeaux,
Charles, and Royal Saint-Jacques reached the South Pacific in
early 1704. The expedition was a resounding success, bringing
back to Saint-Malo 1,3 million livres’ worth of silver bars. When
the news reached the capital, the directors of the Parisian company
manifested their outrage to French authorities and protested to
Pontchartrain. They demanded that the merchants of SaintDanycan and le Compagnie de la Chine, 10 janvier 1708. Accounting and
reports. From the Archives Départamentales de Ile-et-Vilaine, Rennes. Danycan famille papiers, Série 9-B, Saint-Malo.
32

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Malo compensate the king and themselves for violating their
agreement. Initially, the Saint-Malo merchants formed a coalition
and denied these accusations. Even the old dynasties supported
Danycan since they, too, were invested in his company. One of
the representatives of the powerful old Magon family, Magon de
la Chipaudière, even called the Parisian accusations the “darkest
slanders that could ever be imagined”.33
However, the Malouin merchants found out that the
Parisian company faced critical economic problems and Peruvian
silver became the remedy to stabilize the finances of the company.
Martineau, the treasurer of the company in Canton, noted that
the situation of the finances was alarming. In the meantime,
the Parisian financiers accused Danycan of bribing two of the
Parisian directors, Démonts and De Montois, convincing them
to advocate in favor of the Saint-Malo Company. But Danycan
argued that this was a set-up created by the same Parisian directors
themselves, intended to make a strong case to Pontchartrain with
the goal of cancelling the Saint-Malo company. The financiers
from Paris referred to Danycan’s expanding ambition as going
“across the world”, since he aimed to link China and Peru in his
trading network. It is plausible that the Paris financiers knew
Danycan’s gamble in trading with Peru was a success from which
they could benefit from. Further, some of the directors of the
Danycan and le Compagnie de la Chine, 10 janvier 1708. Danycan famille
papiers.
33

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Parisian company like Danjean and Saint-Maurice were keen to
advocate in favor of the merchants of Saint-Malo if they would
receive half of the profit from their ventures in Peru.34
The intrigues and competition between French merchants
and investors also occurred within the company’s operations.
During the first expedition of the Company of Saint-Malo to
the South Pacific, Fouquet, captain of the Phelippeaux and the
supervisor of the squadron, behaved strangely when engaging in
trade with Peruvian peers and acted suspiciously when loading
silver cargo into ships. According to witnesses, it seems that
Fouquet had made previous arrangements with some Peruvian
merchants, and he tried to hide the actual number of silver bars
laded for his own benefit. During the interrogation in the admiralty
of Brittany, Alexis Moriz, an officer of the Phelippeaux, claimed
that Fouquet’s actions caught the attention of Mr. Fouesson,
another officer close to Danycan who had threatened to denounce
Fouquet. The situation escalated to the point that both men draw
their pistols, but immediately stand down to avoid startling the
ship’s crew. According to Moriz, previous orders expedited
by Danycan were simply not followed. Instead, Fouquet took
executive decisions without consulting any of the officers except
Charles Riviere, who seemed to be his accomplice.35
“Le tour du globe”. Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer
de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Danycan famille papiers.
35
Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo. Danycan famille papiers [n/p].
34

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While the order of the Phelippeaux, Charles, and Royal
Saint-Jacques was to head for Lima after a brief stop in Concepción,
Fouquet decided to anchor instead in Pisco, a city located some
400 kilometers south of the capital. Moriz added that the captain
decided to transport a considerable amount of merchandise to a
storage house. The ships remained in Pisco for four months,
trading the offloaded products while Fouquet made arrangements
with local merchants. According to Moriz, Fouquet tried to cover
up this operation by claiming that the merchandises sold in Pisco
was going to the wealthy merchant of Lima Bernardo Solís Bango.
Fouquet aimed to strengthen his ruse by buying merchandises from
the Charles and Royal Saint-Jacques to compensate the cargo sold
in Pisco, then reselling the products and the remaining initial cargo
to Solís Bango and his associates. Finally, Moriz declared that
when they returned to France and arrived at Port Louis, Fouquet
and Riviere unloaded a large chest supposedly full of gold and
silver coins.36 The exposition of this ruse exhibited divisions within
the command of the Compagnie de Saint-Malo, which added up to
the existing issues with the Parisian financiers.
Fouquet recommended Rivière to his former employer,
the Malouin captain Villien Bourdas. According to witnesses,
Riviere was very competent as an accountant and reliable.
Riviere declared that he did not ask Fouquet to be compensated
for his services, instead he served the captain “gratuittement” (for
Procés avec les directeurs de la compagnie de la Mer de Sud et Compagnie de la Chine de Saint-Malo.
36

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free). While being interrogated by the officers of the admiralty of
Brittany, Riviere’s testimony revealed several contradictions with
other testimonies from witnesses on board the Phelippeaux. When
asked about the four months overstay in Pisco, Riviere answered
that Moriz needed medical treatment for an injury that he got while
resupplying in Brazil. Since his injury required rest, the captains
of the expedition decided all together to unload their cargo and
sell it in Pisco. There is no testimony besides Rivière’s of the
existence of this injury, nor did Moriz address it in his testimony.
Finally, when asked about the chest that Fouquet unloaded in
France and that he helped disembark, Rivière acknowledged that
it contained an unknown number of silver bars, retrieved from
the eastern Caribbean Island of Saint-Lucie before returning to
France. He declared that he did not know many details about how
Fouquet managed to amass by himself that amount of silver.37
The case of Danycan’s “global” enterprise illustrates to
layers and complexities found within French trading operations
in early eighteenth-century Peru. There was a notorious division
between regionally capitalized businesses and those centered in
Paris. Danycan perceived that the amount of silver that could
be won in Peru outweighed the risk of contravening the king’s
orders and failing to comply with the agreements of the financiers
from Paris. All shared the ambition to connect Asian trade and
Peruvian trade, as both were vitally important. This incentivized
37

Idem.

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both cooperation and competition, and overall, the wealth of
Peru suffice enough to create internal disputes and constant
negotiations amid French partners in trade.38
Breaking the “Exploration” Monopoly
By the beginning of the eighteenth century, the alliance between
France and Spain in the context of the War of the Spanish
Succession (1701-1713), plus the accession of Philip V to the
Spanish throne convinced France’s Prime Minister, Louis de
Pontchartrain, that the moment for the French to directly access
the richness of Spanish America had finally arrived. However,
Pontchartrain wanted to find a way that allowed French direct trade
without upsetting their Spanish allies. The Compagnie de Guinée
(Guinea Company) and the Compagnie de la Mer Pacifique had
to the support of the French Crown and the Guinea Company
had the endorsement of the Spanish king to arrive to the Indies.
The grand families of Saint Malo expressed their discomfort with
this decision. They felt that they had been cast aside by Parisian
interests, excluded from a reward they felt deserved. These
families created networks with Seville and Cadiz trading houses
and in diverting Spanish American riches to France, and, as such,
looked pivotal in this system. However, the policy of the asiento
or slave trade monopoly harmed Malouin commercial interests
just as it benefitted Parisian investors and the financial allies of
the French crown.
38

Bradley, The Lure of Peru.

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Despite this fact, the Malouins pushed their luck and outfitted vessels for the South Pacific run. Several had to be cunning
in order to bypass local authorities. For example, Jean Vivien,
captain of the Deux Couronnes Catholiques, managed to sell his
cargo and bring returns valued at half a million livres despite
open confrontation with the merchant guild of Lima.39 Nonetheless, not all voyages were successful. Some vessels had to endure
obstacles that, in some cases, crippled their endeavors. The Cigne’s passage to the South Pacific in 1701 which was disaster due
to logistical problems and lack of provisioning. Risks continued
to be high. Desperation forced the Cigne’s captain to use violence
against coastal settlements to obtain food and water, and shortly
after he and his crew returned with heavy economic losses back
to Saint-Malo.40 In other situations, plans changed at the last minute. The vessel Saint-Francois initially prepared to sail to Peru
in 1700, but the ship’s armateur, Jean Gaubert, backed out at the
last moment, fearing potential reprisal from the French crown.
Gaubert was worried by Danycan’s monopoly, and thus he ordered the ship’s course switched to Cádiz.41
Manuel Moreyra Paz Soldán, Estudios históricos. Tráfico marítimo colonial y el Tribunal del consulado de Lima, vol. 1 (Lima: Pontificia Universidad
Católica del Perú, Instituto Riva-Agüero, 1994), 379-81.
40
Paul Firbas y José A. Rodríguez Garrido, eds., Diario de noticias sobresalientes en Lima y noticias de Europa (1700-1711), vol. 1 (New York: Instituto
de Estudios Auriseculares (IDEA), 2017), 57.
41
Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps de
Louis XIV, 525.
39

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The French crown’s enthusiasm over its alliance with
Spain and long-desired participation in the Carrera de Indias did
not come for free. Spain relied heavily on France for the war effort
and for the aid in the safe return of the silver fleets back from the
Indies. However, the disaster of Vigo Bay (1702) that brought the
destruction of half the forces of the French Marine and caused
bitterness in Versailles, but the Malouins understood that they
could exploit this situation. La Lande Magon sent a letter to the
Controller Général Michel Chamillart in March of 1705 suggesting
that the crown, to gain compensation for the losses at Vigo, could
end Danycan’s South Pacific monopoly and open trade for the rest
of the Malouin families and, thus, benefit from taxation of French
trade int the coasts of Rio de Janeiro, Buenos Aires, and the South
Pacific. Furthermore, La Lande Magon convinced Chamillart
that the Malouins could send a constant flow of vessels to the
Peruvian coast cities to ensure this project.42 The great families of
Saint-Malo already possessed contacts in Cadiz that functioned as
intermediaries between them and the merchant groups of the South
Pacific. The connection Cádiz – Saint-Malo had benefited the old
Malouin clans like the Magons, Eons, Le Fer, Grout, Picot, among
other families, and this cooperation will continue to be decisive in
the French incursion into Spanish South America.
The merchants of Saint-Malo demonstrated eagerness to
transgress existing directives against foreign trade using the excuse
42

Lespagnol, 521.

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of buena correspondencia that the king of Spain issued in 1703.
In this mandate, Philip V communicated to the viceroy, count de
la Monclova, that Spain and France had an “friendly” alliance,
and thus, when French ships arrived in Spanish America, local
authorities needed to ensure their provisioning and safety.43 French
captains were aware of these conditions and offered their services
to obtain permits to trade. Some French captains ask colonial
authorities to patrol the coasts, and some of them, claimed that they
had fought against the English or Dutch privateers on their way to
the South Pacific. In 1701, Beauchesne arrived at Callao and asked
permission to sell his merchandise, which initially was rejected.
However, after “persuading” local authorities with a banquet and
generous gifts, the viceroy allowed the French to trade.44 In 1702,
the French captain of the Saint-Joseph, Nermont Trublet, was
allowed to sell merchandise since he claimed that he managed to
drive off three English ships along the coast of Chile. A year later, a
members of a great Malouin merchant family, Carman Julian Eon,
arrived in Arica bringing an English flag that he claimed to have
taken from an English vessel that he sank on his way to Peru. It
convinced the local authorities to allow him to trade.45
Antonio Muro Orejón, ed., Cedulario americano del siglo XVIII; coleccion de disposiciones legales indianas desde 1680 a 1800, contenidas en los
cedualrios del Archivo General de Indias., [1. ed.], Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, 99 (Sevilla, 1956), 180.
44
Firbas y Rodríguez Garrido, Diario de noticias sobresaleintes en Lima y
noticias de Europa (1700-1711), 1:50.
45
Firbas y Rodríguez Garrido, 1:350.
43

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�Noël Danycan

Despite the royal decrees that forbade foreign trade,
viceroys varied in terms of their will to enforcement. They did this
while also extending the expected buena correspondencia towards
the subjects of Louis XIV. The viceroy count de la Monclova
(1698-1705) operated according to the law, giving the arriving
French the possibility to reprovision but without consenting to
trade. Even so, when Beauchesne arrived at Lima in 1701 with
a small squadron of ships, reaffirming that he had the mission to
protect the coasts against English and Dutch privateers, also asked
for a permission to trade. As we know, Beauchesne’s request were
initially refused, but later was approved giving generous gifts to
the local authorities.46 The subsequent viceroy, the marquis of
Castelldosrius, had an opposite approach to the French concern.
His deep personal involvement in French affairs due to his previous
office as the Spanish ambassador in Paris and his close friendship
with Louis XIV shaped his administration to be tolerant and even
supportive of French trade. For example, when the French vessel
Aimable arrived at Lima, the Peruvian viceroy kindly received
the captain Michel Chabert, granting him a horse-drawn carriage
to explore the city. The captain of the Assomption, Alain Poreé
claimed that he was surprised when he met the viceroy because he
behaved more like a Frenchman than a Spaniard and did not hide
his admiration for the French and their king.47
Firbas y Rodríguez Garrido, 1:50.
Malamud, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano (16981725), 256.
46
47

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Pontchartrain realized that Danycan’s monopoly needed
to end. The positive reception that Saint-Malo merchants received
upon their arrival to Peru and the increasing numbers of négociants
eager to invest in this trade signified an excellent opportunity for
France to profit from this commerce. Pontchartrain’s concerns
about the “legality” of French direct trade in the Spanish Pacific
dissipated. In Madrid, constant debates between Spanish and
French representatives about allowing French direct trade to
Spanish America led nowhere. However, in practice, these
debates and negotiations did not matter. The constraints that war
caused, such as the lack of communications between the Peninsula
and the Americas and the stagnation of the fleet system, forced
Peruvian authorities to be more tolerant and cooperative with the
French, despite the ongoing prohibitions against foreign direct
trade. Still, Pontchartrain believed that a company that oversaw
the “exploration” of the Pacific was more manageable to control
than a constant flow of independent merchants.
However, the traditional Malouin houses pressed forward.
La Lande Magon took the role of intermediary of the Saint-Malo
families. Magon had several meetings with Controller-General
of Finances Michel Chamillart to present the case that the SaintMalo trade in Peru was very profitable. Nevertheless, it could
go even better if they had the king’s authorization. Opening the
route for French merchants meant avoiding conflict with Danycan
and signified having more tools to validate their arrival at the
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South Sea. Louis XIV’s endorsement meant that French sailors
represented their king, giving the Malouins more tools to negotiate
with Peruvian authorities and local merchants. Thus, on August 25,
1705, Louis XIV authorized French merchants to dispatch ships
“for discovering and exploration” purposes in the South Pacific,
putting to an end the short-lived Noël Danycan’s monopoly.48
Conclusion
During the French commercial penetration into Peru (1698-1714),
divisions and disputes arose within the French side. Disagreements
and conflict characterized France’s attempt to access Peru directly.
The French crown, Parisian bankers, and Malouin merchants
floundered to find common ground within this struggle. Danycan’s
business model aligned with the standard commercial model
supported by the French crown: the chartered company. The
introduction and proliferation of French commercial companies
facilitated overseas exploration and trade. However, Danycan
encountered two problems. First, Saint-Malo’s contraband trading
activities in Peru posed a significant challenge to Danycan’s
authority. The increasing number of ships defying Danycan’s
prerogative to sail in the South Sea was a clear threat. Yet, despite
these challenges, Danycan, with his proficiency and skill as a sailor
and businessman, continued to navigate the treacherous waters of
French commercial interests in Peru.
Lespagnol, Messieurs de Saint-Malo: une élite négociante au temps de
Louis XIV, 511.
48

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Secondly, conflicting interests emerged between Danycan
and the Compagnie des Indes Orientales. Danycan represented a
“modern” approach to the traditional structure of Saint-Malo’s
commercial families. He saw the benefits of involving Parisian
financiers in his enterprise, given the outstanding privileges
granted by the French crown. However, when the Compagnie des
Indes and the Royalle Compagnie de la Chine perceived Danycan
as a threat to their interests, they ultimately blocked his attempts
to pursue his “global” enterprise. Their conflict revealed Parisian
financiers’ and merchants’ fear that regional merchant elites would
control the potential profits of the new markets in Asia and South
America. The case of Danycan’s failed attempt to monopolize
South Pacific trade illustrates that in commercial networks “across
the world,” trading interests intertwine and reconfigure the rules
of commercial arrangements. Profit efficiency dictates courses of
action, and commercial models bend in favor of monetary and
credit rewards. In the end, Danycan, despite his proven sailor
skills, found himself relegated to the changing tides of South
Pacific trade.
Bibliography
Primary Sources
Rennes, Archives Départamentales d’Ile-et-Vilaine (ADIV)
Série 9B – Saint-Malo: Caisse de la Compagnie des Indes, Champloret Le Brun, Danycan familie papiers, Enregistrement
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
117
DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-136

�Noël Danycan

des prises et rancons (1706-1731), Memorial Compagnie
des Indes, Rapports des captaines (1710-1717).
Secondary Sources
Bradley, Peter T. The Lure of Peru: Maritime Intrusion into the
South Sea, 1598-1701. New York: StMartin’s Press, 1990.
Butel, Paul. L’économie Française au XVIIIe Siecle. Paris: SEDES, 1993.
Dahlgren, Erik Wilhelm. Les relations commerciales et maritimes
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�Noël Danycan

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-136

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�Los puertos peruano-chilenos como espacios de
contrabando, mercadeo y consumo global:
el caso del navío francés L’Eclair (1714)
Peruvian-Chilean ports as spaces for smuggling, marketing and
global consumption: the case of the French ship L’Eclair (1714)
Juan Carlos González Balderas
KU Leuven
Leuven, Bélgica

https://orcid.org/0000-0001-9042-7152
Recibido: 25 de marzo de 2024
Aceptado: 3 de mayo de 2024

Resumen: Las aguas del Pacífico peruano-chileno constataron un
incremento en la presencia de flotas francesas a partir de 1700, como
consecuencia de la política de la Union des Couronnes (1700–1713),
pacto entre Madrid y París que perseguía proteger los dominios
hispánicos en América contra una posible invasión británica u holandesa.
Gracias a dicho acuerdo, las flotas galas gozaban de un libre acceso a
los puertos del mar del sur; así como la posibilidad de intercambiar
alimentos y bastimentos necesarios para la navegación. Sin embargo,
los barcos franceses en la práctica contrabandeaban con una amplia
gama de productos en los puertos americanos en una parada obligatoria
en su navegación hacia China. De tal manera, durante las primeras dos
décadas del siglo XVIII se concretó una ruta alterna al Galeón de Manila
(1565–1815) por la cual los súbditos peruanos tuvieron acceso directo a
productos chinos, privilegio reservado al mercado novohispano desde
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�Los puertos peruano-chilenos

inicios de los contactos entre las islas Filipinas y la América española.
El presente artículo persigue tres objetivos a través de la revisión del
decomiso del navío L’Eclair, embarcación que navegó directamente de
Perú a China. El primero de ellos profundiza sobre las redes ilícitas
establecidas en torno a dicha expedición en los puertos peruanochilenos. Derivado de ello, se examinarán las estrategias empleadas
por los mercaderes para comprender la demanda de productos asiáticos
en el virreinato de Perú. Por último, se indagarán las implicaciones
procedentes de los comisos en los proyectos comerciales galos en los
dominios hispanos del Pacífico americano.
Palabras claves: Historia global, peruleros, comercio global,
mercaderías chinas, redes ilícitas
Abstract: In the early 18th century, the Iberian and French crowns signed
the treaty “L’Union des Couronnes” (1700–1713), allowing French
fleets unrestricted access to the Southern Pacific ports. This agreement
was pivotal in safeguarding the Spanish American dominions against
possible British or Dutch attacks. As a result, French captains could
trade crops, food, and other essential goods with the inhabitants of Peru
and Chile. However, these sailors smuggled various European and Asian
products beyond the legal limits, even navigating off the port of Canton.
This led to a parallel commercial route between Spanish America
and China during this period, which was monopolised by the Manila
Galleon (1565–1815). This paper examines the trail of Jean Boislore,
the captain of the vessel L’Eclair, which navigated the abovementioned
route between 1712-1713 and was captured in Manila in 1714. The
investigation has three primary objectives: firstly, to uncover the
illicit networks woven in Chilean and Peruvian ports during Captain
Boislore’s expedition; secondly, to scrutinise the methods French
merchants employed to identify the Chinese products in demand in the
viceroyalty of Peru; and lastly, to explore the aftermath of increased
seizures of French vessels in the Pacific waters.
Keywords: Global History, Peruvian merchants, global consumption,
Chinese goods, smuggling
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�Juan Carlos González Balderas

Introducción1
Los estudios históricos sobre las expediciones francesas a
través del mar del sur han enfatizado en el aspecto europeo en
detrimento del componente transpacífico. Obras pioneras como
las realizadas por Amédeé-François Frézier, Erik Wilhelm
Dahlgren, André Lespagnol y Carlos Malamud profundizaron
sobre el aspecto científico de las navegaciones, los intereses
comerciales de los mercaderes de Saint-Malo, así como el flujo
de plata americana hacia los puertos franceses derivados de las
actividades comerciales en las Américas.2 Desde la perspectiva
americana, Manuel Moreyra Paz-Soldán analizó las incursiones
de los mercaderes franceses en Lima, además del doble rol de
los miembros del Tribunal del Comercio de Lima; por una parte
* This research was supported by and contributes to the ERC AdG project
TRANSPACIFIC which has received funding from the European Research
Council (ERC) under the European Union’s Horizon 2020 Research and Innovation Programme (Grant agreement No. 833143). Quisiera dar mi profundo
agradecimiento al personal del Archivo Histórico Nacional de Chile, especialmente a Pedro González por todas las facilidades ofrecidas durante mi estancia de investigación. Asimismo, al historiador Ignacio Chuecas Saldías por su
orientación y consejos para la localización de fuentes indispensables para la
construcción del presente artículo.
2
Amédée-François Frézier, Relation du voyage de la mer du sud aux cotes du chily et du Perou, fait pendant les années 1712,1713&amp;1714, Maritime
Exploration (Cambridge : Cambridge University Press, 2014). Erik Wilhelm
Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre la France et les côtes
de l’Océan Pacifique (Paris : Librairie Ancienne Honoré Champion, 1909).
André L´espagnol, Messieurs de Saint Malo. Une élite négociante au temps de
Louis XIV (Rennes : Presses Universitaires de Rennes, 1997). Carlos Malamud, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano (1698-1725) (Diputación Provincial de Cádiz, 1986).
1

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�Los puertos peruano-chilenos

condenándolos y a la vez colaborando con éstos.3 Por su parte,
Raúl Alencar focalizó su atención en las empresas franco-peruanas
creadas durante las primeras décadas del siglo XVIII alrededor
de respetadas autoridades comerciales limeñas con el objetivo
de traficar con mercaderías europeas y asiáticas.4 Recientemente
Guadalupe Pinzón y Pierrick Pourchasse examinaron, con base
en documentación francesa, las navegaciones galas en aguas
asiáticas con especial énfasis en el derrotero del navío L’Eclair.5
Desde la historiografía anglófona, Susan E. Schopp y
Annick Foucrier han profundizado sobre la presencia francesa
en el Pacífico, principalmente en las compañías comerciales
fundadas para competir con sus similares inglesas, portuguesas
y neerlandesas; así como, la preponderancia de las colonias
insulares en el comercio transpacífico.6 De la misma forma, Wim
Manuel Moreyra Paz-Soldán, El Tribunal del Consulado de Lima (Lima:
Instituto Histórico del Perú, 1956).
4
Bryan Raúl Alencar Gálvez, “La infiltración francesa en el imperio hispánico: los comerciantes de Saint-Malo en Lima, 1710-1720” (Licenciatura en
Historia, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2016), https://tesis.
pucp.edu.pe/repositorio/handle/20.500.12404/28/browse?type=author&amp;value=Alencar+G%C3%A1lvez%2C+Bryan+Ra%C3%BAl.
5
Guadalupe Pinzón Ríos y Pierrick Pourchasse, “Expediciones francesas
y sus proyectos marítimos en torno a Filipinas: el caso del capitán Boislore
(1710-1735)”, Vegueta. Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, núm.
20 (2020): 273–93.
6
Susan E. Schopp, Sino-French Trade at Canton, 1698-1842 (Hong Kong:
Hong Kong University Press, 2020). Annick Foucrier, The French and the Pacific World, 17th–19th Centuries. Explorations, Migrations and Cultural Exchanges, 1st ed., vol. 7, The French and the Pacific World, 17th–19th Centuries
(Oxfordshire: Routledge, 2005).
3

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�Juan Carlos González Balderas

De Winter ha ahondado sobre el transporte de textiles asiáticos
embarcados en las flotas galas y los respectivos intercambios
por plata sin acuñar.7 A diferencia de los estudios anteriores,
Mariano Bonialian en su estudio sobre el Pacífico Iberoamericano
posicionó al derrotero transpacífico y las conexiones con China en
primer plano, destacando el rol protagonista de dicha mercadería
tanto para las ambiciones francesas como para la ordeña ilegal de
plata potosina destinada a espacios europeos más allá de España.8
A pesar de las aportaciones proporcionadas por las
investigaciones señaladas, aún existe una brecha por cerrar
con respecto a los estudios sobre las relaciones tejidas entre
los comerciantes franceses con diversas autoridades y súbditos
americanos, quienes permitieron un acceso directo a la navegación
rumbo a aguas asiáticas. En consonancia con dicha aseveración, el
presente artículo versa sobre el expediente de decomiso del navío
L’Eclair comandado por Jean Boislore en las Filipinas en 1714.
Dicha documentación consiste en una gama de correspondencia
entre las autoridades hispanas en las Filipinas con respecto a
la llegada del navío francés, además de los interrogatorios del
Wim De Winter, “Silently Smuggled and Invisibly Dyed: The Trans-Pacific Smuggling of Semi-Processed Asian Textiles and Peruvian Bullion in
the Spanish Colonies and at Sea, 1547-1800.”, Commodities of Empire, num.
Working Paper No.35 (2022): 1–30.
8
Mariano Ardash Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en el Imperio Español (1680-1784)” (México D.F.: El Colegio
de México, 2012). Mariano Ardash Bonialian, China en la América colonial:
bienes, mercados, comercio y cultura del consumo desde México hasta Buenos
Aires (Ciudad de México: Instituto Mora, 2014).
7

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�Los puertos peruano-chilenos

capitán y del resto de la tripulación, igualmente, un detallado
informe sobre la carga decomisada en señalado procedimiento
legal. Si bien la expedición de Boislore ha sido mencionada en los
diarios de viaje de exploradores franceses9 y en diversos análisis
históricos,10 éstos hacen hincapié en el derrotero entre Francia y
América, o bien, en la navegación entre Manila y Cantón. Por
lo cual, este artículo persigue contribuir a la brecha de estudios
alrededor de la expedición del navío el relámpago en las aguas del
mar del sur. La relevancia de dicho caso radica en ser uno de los
escasos testimonios documentados sobre el comercio triangular
directo entre el Callao y Cantón; por medio del cual se pueden
constatar estrategias de contrabando como la arribada forzosa y
el contrabando hormiga, típicas del siglo XVIII.11
Tomando como punto de partida los acuerdos perpetrados
entre el capitán parisino y diversos actores a lo largo de la costa
Frézier, Relation du voyage de la mer du sud aux cotes du chily et du Perou, fait pendant les années 1712,1713&amp;1714.
10
Pinzón Ríos y Pourchasse, “Expediciones francesas y sus proyectos marítimos en torno a Filipinas: el caso del capitán Boislore (1710-1735)”.
11
El historiador Julio Rodríguez entiende la arribada forzosa como la excusa de avistar enemigos, hacer aguada o reparaciones o capear un temporal para
atracar en puertos no autorizados y realizar ventas ilícitas. Por su parte, al contrabando hormiga acontecía al camuflar los productos ilícitos al hacerlos pasar
por regalos o de consumo propio y no como un artículo con fines de lucro. Ver
Julio César Rodríguez Treviño, “De las islas a Tierra Firme: las rutas marítimas y terrestres del contrabando en las importaciones del Caribe novohispano,
1700-1810”, en Entre lo legal, lo ilícito y lo clandestino. Prácticas comerciales
y navegación en el gran Caribe, siglos XVII al XIX. (Ciudad de México: Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología | Instituto de Investigaciones Dr. José
María Luis Mora, 2018), 57–58.
9

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�Juan Carlos González Balderas

americana, señalados en los interrogatorios del juicio de decomiso,
se pretende reconstruir la cadena social de internación de
contrabando;12 es decir, aquellos individuos y asociaciones que
permitieron la entrega de bienes ilegales, así como la aportación de
conocimientos, numerario y paso libre por las jurisdicciones bajo
su cargo. De igual manera, un segundo objetivo consiste en resaltar
la doble función de las ferias comerciales en los puertos peruanochilenos, tanto como centro de abastecimiento como laboratorios de
mercadeo con la intención de minimizar el regreso con mercadería
poco atractiva para los vecinos americanos. Finalmente, una
tercera finalidad consiste en resaltar el rol primordial jugado por
los decomisos en el decaimiento de las flotas francesas a partir de
1716, que culminaría en un desánimo de los galos por un comercio
triangular (Cantón-Lima-Saint Malo) y del abandono del proyecto
de apropiarse del comercio de productos asiáticos en la América
Española. Así, esta contribución se construye en cuatro apartados.
En el primero se ofrece un contexto general sobre los acuerdos de
libre circulación entre ambas monarquías; enseguida, se brindará
más información sobre la expedición del navío L’Eclair y de los
intereses a su alrededor. El tercer y cuarto apartado representan el
núcleo de la investigación ya que desenmarañan los hilos de las
redes ilícitas de colaboración que permitieron la navegación entre
el Callao y Cantón. Finalmente, se ofrece una reflexión sobre la
importancia de los puertos peruano-chilenos en el contexto de la
globalización temprana.
12

Rodríguez Treviño, 68–69.

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La política de L’Union des Couronnes y los intereses de las
flotas francesas en el Pacífico Iberoamericano
La presencia gala en el Pacífico americano derivó de la política
denominada “L’Union des Couronnes” (1700–1713) pactada
entre la corona francesa e ibérica, hermanadas en torno a la
familia Borbón, tras el testamento de Carlos II quien dejó como
heredero a su nieto Felipe de Anjou.13 La corona ibérica encontró
en Francia un aliado en su afán de hacer frente a las empresas
británicas y neerlandesas.14 En carta de 11 de enero de 1701, la
reina María Luisa de Saboya (1688–1714) – esposa del rey Felipe
V quien gobernó intermitentemente en ausencia del monarca–,
dirigía las siguientes órdenes al gobernador en Chile:
“Entenderéis la amistad y unión de esta corona con la de
Francia, y porque en consecuencia de esta alianza y estrechos
vínculos, he resuelto se dejen entrar en los puertos de las Indias
a los bajeles franceses que llegaren a ellos, y que por su dinero
se den los bastimentos necesarios y los materiales para carenar
cuando sea menester y que se les resguarde siendo necesario de
armada mayor o enemiga”.15

José Luis de la Peña, trad., Testamento de Carlos II, Colección Documental (Madrid: Editorial Nacional, 1982).
14
Mariano Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio
Asiático en el Imperio Español (1680-1784)” (México D.F.: El Colegio de
México, 2012), 228.
15
Archivo Histórico Nacional de Chile (en adelante AHNC), María Luisa de
Saboya (1688–1714). Carta al presidente de la audiencia de Chile sobre dejar
entrar a los navíos franceses a los puertos de las Indias, 11 de enero de 1701,
Capitanía General, volumen 719, f. 48r-v.
13

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Esta alianza proveía a la monarquía hispana ventajas como
el resguardo de los puertos americanos con tropas equipadas,
el aseguramiento del flujo de remesas de plata americana a la
metrópoli, necesarias para financiar la guerra de sucesión16 y
mantener comunicación con las posesiones americanas a través
del envío de correspondencia. De manera general, las licencias
consistían en el permiso de navegar a través del mar del sur con
la intención de proteger los puertos peruano-chilenos de ataques
de flotas extranjeras, en especial debido al estado precario de las
fortificaciones. Cabe señalar cuán constante en la correspondencia
oficial era la noticia de navíos ingleses zarpando hacia el Estrecho
de Magallanes en búsqueda de comerciar e invadir las posesiones
americanas.17 Otros beneficios obtenidos gracias a la protección eran
la legitimización para capturar cualquier barco enemigo presente
en el Pacífico; de igual manera, la facultad de comerciar con los
Para la Guerra de Sucesión Española, ver Henry Kamen, The War of Succession in Spain 1700-15 (London: Weidenfeld and Nicolson, 1969).
17
El temor sobre una posible invasión británica a las costas americanas es
un tema recurrente en la correspondencia enviada a la capitanía de Chile, para
un análisis a detalle ver AHNC, Mariana de Neoburgo (1667–1740). Carta al
gobernador de Chile previniéndole el cuidado con que se debe estar par que
las naciones extranjeras no logren invadir los dominios, Madrid a 13 de noviembre de 1700, Capitanía General, volumen 719, f. 42r; AHNC, María Luisa
de Saboya. Carta al gobernador informado sobre la noticia de una probable de
que ingleses y holandeses dispongan invadir y conquistar los ingleses y holandeses, Madrid a julio de 1701, Capitanía General, volumen 719, f. 49r.; De
nuevo el temor que los ingleses y holandeses desean conquistar las indias, 51r;
De nuevo temor de que los ingleses y holandeses manden una escuadra para
conquistar las indias, 55r.
16

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�Los puertos peruano-chilenos

súbditos americanos productos necesarios para sus travesías, con
un límite de 500 pesos.18 Empero, los tratos superaron lo permitido
en cantidad y naturaleza. En la práctica los mercaderes galos
contrabandeaban19 con un abanico amplio de mercadería francesa,
que representaba la mayor proporción de la carga de las flotas
oficiales, la cual era pagadera en plata acuñada y metálico en bruto.
Las autoridades y vecinos americanos veían con buenos ojos dichas
incursiones debido a un general desabasto, producto del abandono
de la feria de Tierra Firme en Panamá desde finales de 1696, ante el
peligro inminente de captura por parte de los ingleses u holandeses
en el Atlántico, como una extensión de las hostilidades de la Guerra
de Sucesión Española.20
En contraparte, las motivaciones francesas por navegar a
través de la América española recaían en intereses diametralmente
distintos. En principio, los galos perseguían materializar su
ambición por navegar alrededor del mundo; asimismo, tomar
el control del comercio de la nuez moscada y clavo, monopolio
AHNC, María Luisa de Saboya (1688–1714). Carta al presidente de la
audiencia de Chile sobre dejar entrar a los navíos franceses a los puertos de las
Indias, 11 de enero de 1701, Capitanía General, volumen 719, f. 48v.
19
En este artículo se retomará a Félix Joseph Abreu para definir el contrabando como “toda mercancía, género, caldo, efecto o especie prohibido en el
reino a comercio o no hecho el pago correspondiente [de derechos reales] Félix Joseph Abreu y Bertodano, Tratado jurídico-político sobre pressas de mar
y calidades que deben concurrir para hacerse legítimamente el corso (Cádiz:
Imprenta Real de la Marina, 1742), 13–16, https://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/es/consulta/registro.do?id=6892.
20
Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en
el Imperio Español (1680-1784)”, 229.
18

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en manos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales
(VOC).21 Casualmente la política de Unión de Coronas coincidía
con los planes del ministro de la marina francesa Jerôme
de Pontchartrain (1674–1747), quien designó a Ambroise
Daubenton de Villebois (1702–1709) como portavoz en Madrid
con la misión de convertir a la América española en la frontera
del comercio entre ambas coronas.22 En correspondencia entre
ambos, Daubenton planteaba al ministro francés de la marina
tomar el control del comercio con América. El proyecto proponía
la creación de dos rutas comerciales; un derrotero directo entre El
Callao y Cantón a través del cual se proveería a Perú de mercancías
europea de camino a Asia, y de productos asiáticos al tornaviaje
a Francia. Asimismo, alegaba poder convencer a los mercaderes
ibéricos sobre el cese de la importación de bienes chinos a través
de Acapulco, bajo el argumento que dicho comercio beneficiaba
exclusivamente a los mercaderes novohispanos. Como solución
presentaría la posibilidad de suministrar los productos asiáticos
solicitados en la Nueva España vía Cádiz, naturalmente
proveídos por compañías galas a los cargadores andaluces.23 En
Archivo General de Indias (en Adelante AGI), Anónimo. Proposiciones
para dar la vuelta al mundo, 1708, Escribanía 405b, Expediente 5, cuaderno 5,
f. 28r-31v,
22
Sylvain Lloret, “Un agent d’entre-deux pour l’union des Couronnes: Ambroise Daubenton de Villebois et la diplomatie commerciale franco-espagnole
(1702-1709)”, Enquêtes. Histoire moderne et contemporaine, núm. 2 (2016):
1–11.
23
Erik Wilhelm Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre
la France et les côtes de l’Océan Pacifique (Paris: Librairie Ancienne Honoré
21

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�Los puertos peruano-chilenos

otras palabras Daubenton pretendía arrebatar la exclusividad del
Galeón de Manila, como única ruta de comercial entre el sudeste
asiático y la América española.
Los primeros años del reinado de Felipe V estuvieron
marcados por una avalancha de ordenanzas permitiendo el
accesso de los comerciantes galos al mercado peruano, incluso
dándoles libre acceso por tierra y mar.24 Durante este periodo
las embarcaciones francesas, principalmente de Saint-Malo,
comenzaron a surcar los puertos americanos en consonancia con
el ambiente de cooperación entre ambas coronas; sin embargo,
los efectos negativos no tardaron en llegar a oidos de las cortes
en Madrid. Luego de tres años, una serie de quejas por parte de
autoridades y vecinos americanos circularon hacía el Consejo de
Indias haciéndoles saber las contrariedades acaecidas debido a la
autorización de una libre circulación francesa. Primeramente las
autoridades en Panamá remarcaban a la reina:
“Si absolutamente no se ataja la codicia de los armadores
franceses, entrada y tráfico por el mar del sur se perderá el
comercio de España con el Perú se aventurará y quedará las
provincias de tierra firme en miserable abandono y aquellos
vasallos en el último desconsuelo”.25
Champion, 1909), 257–58.
24
AHNC, Carlos II (1661–1700). Carta al gobernador de Chile con la explicación al capítulo 15 de las últimas paces ajustadas entre esta corona y la de
Francia, en Madrid a 8 de septiembre de 1700, Capitanía General, volumen
719, f. 38r-39r.
25
AHNC, Fernando Dávila (1700–1706). Petición del presidente de la audiencia de Panamá para poner remedio al comercio francés, en Panamá a 11 de
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Las noticias sobre las violaciones a los pactos también llegaron
desde el extremo sur, en donde las embarcaciones galas
aprovechaban la vigilancia de las costas para comerciar con los
vecinos, que, acorde con los oidores de la audiencia de Santiago
reportaba graves perjuicios a la real hacienda debido a que dichos
pagos se realizaba en plata en pasta; es decir, numerario que no
habría contribuido al pago de los impuestos reales. La misiva
subrayaba como los galos alegaban la persecución de navíos
enemigos para legitimar su presencia y poder obtener alimentos
acordes con los pactos monárquicos, pero manifestando falta
de moneda, los capitanes pagaban los bastimentos con telas
europeas, vestimenta, cera y papel; escenario propicio para
encubrir los excesos en los límites permitidos.26 El incremento
de vasallos franceses avecindados en Perú era otra de las quejas
expresadas. Las cartas entre las autoridades revelaban un aumento
considerable de vecinos galos quienes, al desertar de los barcos,
tanto viniendo de Francia como regresando de China, decidían
residir permanentemente en las Indias debido a los constantes
maltratos de los capitanes, así como, de la ayuda recibida tanto
en monasterios como en las residencias de los comerciantes para
establecerse permanentemente.27 Aunado a lo antes mencionado, la
marzo de 1704, Capitanía General, volumen 720, f. 17r.
26
AHNC, Diego Zúñiga y Tovar (1662–1738). Carta de la real audiencia
de Chile informando sobre la arribada en navíos franceses en Concepción, en
Santiago de Chile, 1705, Capitanía General, volumen 720, f. 16r.
27
AHNC, María Luisa de Saboya. Carta informando al virrey Castelldosríus
para la pesquisa y expulsión de vecinos franceses en Perú, Buen Retiro a 26 de
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alianza entre las dos coronas fue matizada en 1709 como reacción
hispánica ante la actitud conciliadora de la corona francesa con
Inglaterra y Holanda, que, entre otras acciones pactó el retiro de
las tropas francesas de España y de cualquier otro dominio ibérico
en Sicilia y los Países Bajos meridionales (actual Bélgica).28
En consecuencia, el ministro Pontchartrain suavizó la política
diplomática, replanteando la idoneidad de las navegaciones de
flotas galas en las aguas del Pacífico Iberoamericano.29
De tal manera, la actitud ibérica respecto a la circulación
de flotas galas dio un viraje en 1709. La monarca regente decidió
poner las cartas sobre la mesa y buscar una solución a los problemas
ocasionados por los franceses. En carta de mayo de 1710, la reina
al mando hizo del conocimiento de las autoridades americanas el
desagrado con el cual recibió las noticias de los fraudes efectuados
en los dominios americanos debido a la colaboración con los
extranjeros. Ante ello, exigió la completa ejecución de sus deseos
tal como se escribía en las cartas.30 La petición englobaba una
estrategia anti-francesa que consistía en cuatro principales medidas:
junio de 1708, Capitanía General, volumen 720, f. 14r.
28
Archivo Histórico de Euzkadi, Eugenio de Saboya (1663–1736). Artículo
para servir al Tratado de Paz para la guerra de sucesión en España, La Haya a
28 de mayo de 1709, Documentos políticos e históricos, Legajo 60, expediente
2, f. 1r-9v.
29
Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre la France et les
côtes de l’Océan Pacifique, 582–84.
30
AHNC, MLS. Carta al gobernador de Chile exigiendo el cumplimiento
de sus órdenes libre de cualquier interpretación, Madrid a 7 de mayo de 1710,
Capitanía General, volumen 720, f. 72r-73r.
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reducir al mínimo la presencia de capitanes galos en los puertos del
Pacífico; exhortar a los burócratas a cumplir cabalmente con el deber
ser de sus puestos y aplicar las leyes sin ninguna interpretación; la
deportación de todo mercader francés ilegalmente avecindado en
Perú y Chile, y el decomiso de todo navío ante cualquier sospecha
de violación a los acuerdos marcados en las reales ordenanzas.
Según Bonialian, factores como el decaimiento de
la producción argentífera de Potosí y la presencia inglesa
ocasionaron, desde 1716, el descenso del comercio francés en el
virreinato sudamericano.31 Si bien, ambas razones contribuyeron
a dicho proceso, el presente análisis sostiene que el incremento de
lo decomisos tanto en los puertos americanos como filipinos fue
una tercera razón del decaimiento del interés de los cargadores
franceses en invertir sus capitales en el comercio traingular entre
Cantón, Manila y Lima. Precisamente el caso del navío L’Eclair
(El relámpago) capitaneado por Jean Boislore representa una
piedra angular en dicho proceso debido al cuantioso valor de
la pérdidad reportada a los cargadores parisinos y particulares
involucrados en dicho derrotero.
El Navío L’Eclair: un barco con intereses parisinos y
americanos en el espacio transpacífico
En noviembre de 1713 atracó en el puerto filipino de Solotsolot
un navío francés llamado L’Eclair. Pronto las autoridades
Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en
el Imperio Español (1680-1784)”, 234.
31

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entraron en contacto con el capitán Jean Boislore quien confesó
lo accidental de su llegada a dicho puerto debido a las malas
condiciones de su embarcación y la bravura de las corrientes
marinas.32 En la primera carta intercambiada con el corregidor
Gabriel Francisco de Urquija, el capitán galo reconocía hallarse de
regreso de Cantón hacia Francia respaldado por una licencia para
explorar y tratar emitida por el monarca Luis XIV (1638–1715).
De la misma forma declaró haber llegado al puerto chino tras
un derrotero a través del mar del sur, desde el puerto del Callao
pasando por las islas Marianas, todo legal gracias al tratado de la
unión de las coronas ibérica y francesa.33 Ante la sospecha de un
posible derrotero ilícito, el corregidor suplicó al gobernador de las
Filipinas, Martín de Ursúa (1709–1715), enviarle instrucciones
precisas sobre cómo actuar ante las peticiones de alimento y
herramientas solicitadas por el capitán francés. Las órdenes del
gobernador de las Filipinas fueron precisas, proveer todo lo
demandado con la intención de convencer a Boislore de viajar a
Cavite antes de emprender su regreso a Francia.
La reacción del galo ante las peticiones de Ursúa levantó
aún más la sospecha de actividades ilegales. La respuesta de
Boislore fue argumentar un alto riesgo de hudimiento en las
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, f. 1v. Jean Boislore. Carta para el
corregidor de la provincia de Ilocos sobre la llegada del navío el relámpago,
(Solotsolot), 22 de noviembre de 1713.
33
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, f. 8v-10r. Gabriel Francisco de Urquija. Consulta del corregidor Gabriel de Urquija al gobernador Martín de Ursúa,
(Solotsolot), 3 de diciembre de 1713.
32

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cercanías del puerto de Cavite debido al mal estado de su barco.
Además, con la prolongación de la estancia del navío salieron
a flote ciertos hechos que hacían desconfiar de la honestidad
del galo. Por ejemplo, la huída de tres marineros limeños (dos
mulatos y un indígena) en búsqueda de auxilio de las autoridades
filipinas por encontrarse en estado de esclavitud a manos de
Boislore, aunado a la deserción de compatriotas galos solicitando
asilo a causa de los malos tratos y remarcando su nulo interés en
comerciar.34 Ante la constante negativa del capitán, el corregidor
señaló que la visita a Manila sería únicamente rutinaria y, sí
alegaba una completa legalidad en sus actos, no tendría objeción
en embarcar algunos oficiales españoles en su derrotero hacía
el puerto de Cavite. Finalmente las condiciones solicitadas por
las autoridades filipinas fueron aceptadas y el capitán Boislore
desembarcó en dicho puerto a principios de enero de 1714.
Al llegar a Cavite, el castellano del puerto y otras
autoridades comenzaron con los interrogatorios tanto del capitán
como de miembros de la tripulación, durante los cuales Boislore
repitió los argumentos dados a las autoridades en Solotsolot. Las
alarmas sonaron cuando se le cuestionó sobre la naturaleza de la
carga transportada, así como el derrotero a seguir en su camino
a Europa. Por una parte, Boislore declaró la ruta del Cabo de la
Buena Esperanza como el camino a seguir hasta Bretaña; empero,
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, 14v. Pedro de Piñera. Autos y cabeza
de proceso contra Jean de Boislore, (Vigan) 26 de diciembre de 1713.
34

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su ayudante Juan Bautista de Oleta lo contradijo al remarcar el
cambio de planes unilateralmente decidido por el capitán antes
de zarpar de Cantón y haber cambiado el rumbo hacia Perú, en
donde pretendía vender toda la mercadería comprada.35 Debido
a las contradicciones en las declaratorias, los oficiales una vez
más interrogaron a Boislore específicamente respecto a su
conocimiento de la prohibición de comercio entre los dominios
americanos y flotas extranjeras, además de la ilegalidad de
mercadear con productos asiáticos en el virreinato de Perú. La
reacción del galo se limitó a apelar completo desconocimiento
y contar con las licencias requeridas para tocar cualquier puerto
bajo la jurisdicción del monarca ibérico. Como resultado, las
autoridades filipinas resolvieron aprehender la tripulación del
navío y decomisar toda la mercancía transportada.
Los interrogatorios continuaron luego de la aprehensión.
Los marineros revelaron en las declaraciones haber zarpado en
1710 desde Port-Louis en Bretaña rumbo al puerto de Cantón bajo
licencia de exploración del monarca francés. De la misma manera
identificaron a los comerciantes parisinos Coquelin, Dupleismann
y el mismo Jean Boislore como los principales inversores de la
expedición y de la mercadería embarcada, destinada a ser vendida
en los puertos peruano-chilenos.36 Las evidencias de comercio
AGI, Escribanía 405b, expediente 1, 23v. Examen y declaración del ayudante Juan Bautista de Olaeta, (Manila) 8 de enero de 1714.
36
AGI, Escribanía 405b, expediente 4, f. 2r-35v. Gregorio Manuel de Villa
Barreda. Autos de las declaraciones a los oficiales del navío el relámpago,
35

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ilícito se enriquecieron luego de la primera inspección al navío.
Los oficiales además de incautar una copiosa cantidad de
mercaderías chinas, también encontraron reales acuerdos, tanto
en francés como en español, concernientes al comercio entre
ambas coronas; cartas de pago de vecinos americanos en diversos
puertos; diarios personales de Boislore con anotaciones sobre
los súbditos peruanos; así como una serie de correspondencia
intercambiada entre el capitán tanto con autoridades virreinales
en Perú y Chile como con compatriotas avecindados en dichas
latitudes.37
Precisamente los papeles decomisados al marinero francés
corroboraron una serie de delitos en contra de los intereses de
la corona española. Desde la trata ilegal con mercadería europea
a través de los puertos del mar del sur; la colusión de virreyes,
gobernadores y corregidores con los galos en el comercio directo
entre Cantón y Callao; la ordeña de plata sin acuñar; hasta la
inversión de modestos capitales en la compra de bienes asiáticos
por parte de particulares fueron develados tras la lectura de dicha
correspondencia. Lo revelado permite desentrañar la cadena social
de contrabando; es decir, los colaboradores que contribuyeron a
que dicho navío llegara a buen puerto en Cantón. Por otra parte, las
declaraciones de la tripulación y de los papeles privados de Jean
(Manila) abril de 1714.
37
AGI, Francisco de Atienza, Relación de los cuadernos, libros de sobordo,
carta y cuentas hallados en el patache el relámpago (Cavite) a 8 de marzo de
1714, Escribanía 405b, Legajo 5, expediente 4, f. 120r.
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Boislore permiten reflexionar sobre la participación de vecinos
comunes en el comercio intérlope; así como la importancia de
los puertos no sólo como un lugar de trata o contrabando, sino
como espacio de investigaciones de mercados los cuales dictaban
la integración o exclusión de mercancías al mercado de consumo
en la globalidad temprana.
El aire del bienestar particular sobre el perjuicio común:
autoridades-mercaderes en los puertos peruano-chilenos
Los estudios en torno a la corrupción en el virreinato peruano
remarcan el alto nivel de dicho fenómeno vivido los primeros
años del siglo XVIII como resultado de un proceso iniciado a
mediados de la centuria anterior.38 Historiadores como Francisco
Andújar encuentran en la venalidad de los cargos una explicación
de peso al proceso de degradación de quienes su principal función
era vigilar por los intereses monárquicos.39 Ante ello, una ola de
nuevos actores ocuparon puestos en puntos clave de los virreinatos
con la motivación de adquirir prestigio, pero también como una
forma de beneficiarse de los “negocios adyacentes y oscuros”
derivado de su función. De acuerdo con Andújar, la figura del
corregidor encarna perfectamente la imagen de una autoridad
corrupta, para la cual acuña el término “corregidor-mercader”.40
Ismael Jiménez Jiménez, Poder, redes y corrupción en Perú (1660-1705)
(Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2019).
39
Francisco Andújar Castillo, Necesidad y venalidad. España e Indias, 17041711. (Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2008).
40
Francisco Andújar Castillo, “Corregidores, Redes Mercantiles y Corrup38

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Sin embargo, consideramos que dicha definición no se limitaba
únicamente a tales autoridades regionales; por el contrario, tal
escenario se cumplía con múltiples burócratas peruanos en
distintos niveles. De tal manera en el presente artículo se considera
apropiado ampliar el concepto a “autoridades-mercaderes”,
los cuales ciertamente coincidieron en tiempo y espacio con la
expedición del navío el relámpago en su camino a Cantón.
En las primeras dos décadas del periodo borbón se
volvió recurrente la llegada de autoridades afines a la nueva
dinastía, y, en muchos de los casos con una pasado comerciante.
El virrey Manuel Oms de Santa Pau, Marqués de Castelldosríus
(1651–1710) simboliza el epítome de la corrupción en dicho
periodo, al ser oficialmente destituido como virrey a causa
de las acusaciones en su contra sobre su vinculación con los
mercaderes franceses. Dicho visorey fue recomendado como
candidato ideal para gobernar desde Lima precisamente por el
conde de Pontchartrain, entre otras razones debido a la avanzada
edad del entonces alter ego Melchor Portocarrero, Conde de
la Monclova (1689–1705), así como la amplia experiencia del
recomendado en batalla.41 Si bien la petición fue descartada
por el Consejo de Indias, Castelldosríus fue designado como el
sucesor de Portocarrero.
ción en el Perú Virreinal: La Red del Marqués de Negreiros (1705-1721)”,
Studia Historica: Historia Moderna 45, núm. 2 (2023): 113–42.
41
Dahlgren, Les relations commerciales et maritimes entre la France et les
côtes de l’Océan Pacifique, 265–66.
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Una vez en suelo americano en 1707, el nuevo virrey inició
con las maniobras precisas para recuperar la inversión efectuada
en realizar el viaje hacía Perú.42 En primera instancia, colocó a
miembros de su círculo íntimo en puestos vitales para permitir
la trata de mercancías comerciadas por los galos.43 De tal suerte
los mercaderes galos pudieron acercarse libremente a entablar
negociaciones con sus pares peruanos para el internamiento de
sus productos. La piedra angular para enjuiciar a Oms de Pau fue
su treta hacia sus opositores en 1707. Bajo la excusa de cumplir
con la encomienda del rey de organizar la feria de Portobelo,
Castelldosríus incitó a los mayoristas contrarios a sus intereses
a invertir sus capitales para viajar a la feria en Panamá. Una vez
teniendo Lima libre de opositores, el virrey dio carta blanca a los
galos para vender sus mercancías sin restricciones. En consecuencia,
los peruleros encontraron a su regreso un mercado saturado de
géneros, lo cual representó una tragedia al no poder recuperar
prontamente la inversión efectuada en la feria de Portobelo.44 Ante
Castelldosríus sufría de zozobra económica desde antes de embarcarse a
Perú debido a la obligatoriedad de cubrir 10,000 pesos por concepto de media
anata derivado de su puesto como Virrey. Asimismo, el nuevo virrey adquirió
una serie de deudas para solventar el viaje hasta Lima.Alfredo Moreno Cebrián y Núria Sala i Vila, El “premio” de ser virrey: los intereses públicos y
privados del gobierno virreinal en el Perú de Felipe V (Editorial CSIC - CSIC
Press, 2004), 30–34.
43
Núria Sala realizó un análisis a detalle sobre los criados y las redes tejidas
en torno al virrey Castelldosríus, así como las razones que movieron a dicho
burócrata a negociar con los comerciantes galos. Ver Cebrián y Vila, El “premio” de ser virrey.
44
Alencar Gálvez, “La infiltración francesa en el imperio hispánico: los co42

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el escándalo, el Consejo de Indias comenzó una investigación en
contra del visorey, a quien cesó temporalmente de sus funciones. La
ilegalidad de los actos de Castelldosríus aparentemente contribuyó
a su muerte, debido a que algunos relatos de las autoridades locales
de Potosí atribuían la muerte del virrey en parte a la pérdida de un
capital de 22,000 pesos derivado del decomiso y quema pública de
una carga de mercadería china de su propiedad.45
Tal pareciera que la red de traficantes en torno a
Castelldosríus sobrevivió luego de su fallecimiento. El prior del
consulado de Lima, Francisco de Lartiga (1710–1714)46 –señalado
de prestar sus almacenes al difunto virrey como refugio temporal
para los géneros ilícitos–, fue localizado como colaborador
del capitán francés en Lima. En carta hecha en Arica, Boislore
escribió a un paisano avecindado en casa de Lartiga, solicitando
su ayuda para recolectar entre 30 a 40 mil pesos necesarios para
costear la navegación hasta el rio Cantón. La participación del
prior del consulado es irrefutable, debido a que el mismo capitán
resaltó durante el interrogatorio haberse entrevistado en persona
con el virrey en turno Diego Ladrón de Guevara (1710–1716) en la
bodega de Lartiga, probablemente para recibir la suma de dinero
solicitada. Además, Ladrón de Guevara le indicó cuando sería el
momento preciso para bajar al puerto del Callao y emprender el
merciantes de Saint-Malo en Lima, 1710-1720”, 43.
45
Bartolomé Arzans de Ursúa y Vela, Historia de la Villa Imperial de Potosi,
Lewis Hanke and Gunnar Mendoza, vol. II (Rhode Island: Brown University
Press, 1965), 482.
46
Moreyra Paz-Soldán, El Tribunal del Consulado de Lima, 280–99.
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viaje.47 Si bien no cuento con sostén documental para confirmar
la participación económica del nuevo virrey, por lo menos no se
puede negar que Ladrón de Guevara estaba al tanto de la presencia
del galo, lo que nos hace cuestionar sobre el repentino interés en
asegurar las condiciones adecuadas para un leve de anclas del
navío L’Eclair. La escala en el Callao no solamente respondió a
colectar el capital solicitado. De acuerdo con su diario personal,
Boislore recibió de un tal Monsieur Falaize en compañía con de
Chape y de Laine un capital de 1,300 pesos en el Callao para
la compra de géneros en China, con la condición de que dicha
mercadería debía ser entregada a su camino de regreso a Francia.48
Las negociaciones del capitán galo no se limitaron al puerto
del Callao y Lima. Tradicionalmente se ha considerado al puerto
de Pisco como epicentro de las transacciones entre interlopers y
comerciantes peruanos.49 Tal estatus es válido en el caso del navío
en cuestión. En dicho puerto, el capitán francés señaló como
su principal comprador y colaborador a Joseph de los Tueros,
comerciante peruano y vecino de Pisco, quien le habría entregado
200 pesos para la adquisición de productos chinos como rasos de
colores, listonería, sayasaya azul y medias de seda. Al mismo tiempo
Confesión de Boislore, 40v.
AGI, Carlos de Riviere, Declaración del alférez Carlos Riviere (Manila) a
17 de abril de 1714, Escribanía 405b, expediente 4, 16r.
49
El carácter de epicentro de acuerdo con Bonialian se debía al inmenso número de mercadería ilegal traficada en dicha latitud, incluso llegando al punto
de nombrarle la “feria de Pisco o China” Ver Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en el Imperio Español (1680-1784)”,
237–38.
47
48

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le entregaría a un muchacho llamado Matías –identificado por el
alférez como servidumbre y por Boislore como hijo del mercader–,
para adquirir experiencia en la navegación hacia China y cubrir los
gastos devengados en caso de morir en altamar.50 Casualmente de
los Tueros sería acusado y enjuiciado en 1717 por Jorge Curruga,
corregidor de Huamanga (localidad situada en el altiplano peruano
en la ruta entre Huancavelica y Potosí), bajo la sospecha de poseer
de manera ilegal productos franceses y chinos tanto en sus bodegas
como en la de cuatro de sus socios. Ante la evidencia tanto de los
Tueros como sus allegados alegaron adquirir dichas mercancías en
la almoneda pública de los bienes decomisados al comerciante Juan
Formón y tener más de doce años de no bajar a Lima,51 aseveración
que sería lógica al no tener la necesidad de viajar hasta la capital
del virreinato para adquirir productos, si en Pisco podía comprar los
mismos géneros a precios más atractivos y con un desplazamiento
menor. Las violaciones a las leyes españolas no pararían en los
tratos con de los Tueros, el capitán galo remarcó también recibir 6
marcos de plata piña de manos de Juan Dávalos de Rivera para la
compra de damascos carmesí y musgos52 los cuales entregaría a la
vuelta;53 es decir, confirmaba otro delito igual o más grave que el
Ídem.
AGI, Juan Muñoz Salazar, Carta de Juan Muñoz Salazar alegando inocencia de comerciar con bienes ilícitos (Huamanga) a 11 de septiembre de 1717,
Lima, 409, expediente 3, f. 6r.
52
El término carmesí se empleaba para señalar al color rojo intenso. Por su
parte, el termino musgo indicaba un color verde similar a las hojas de las plantas.
53
Traducción al castellano de los papeles de Boislore, 53v-54r.
50
51

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comercio ilegal, la defraudación a la real hacienda al saquear plata
sin pagar los derechos reales.
Tabla 1
Muestra de algunos productos asiáticos mencionados en el decomiso
del navío L’Eclair.

Producto

Descripción

Rasos

Tipo de tela de seda

Sayasaya

Tipo de seda manufacturada en China.

Damascos

Textil tejido a telar con figuras con una trama
y una urdimbre, en el cual el diseño se forma
por contraste entre los sistemas de unión, y
aparece en el anverso y en el reverso en posiciones invertidas.

Seda cruda

Seda en bruto, no tejida, enrollada o teñida.

Escritorios de
maque

Mobiliario recubierto con una capa de laca o
barniz negro, asociado generalmente con un
estilo japonés.

Biombos

Mueble en la forma de tabique vertical que
puede ser usado para embellecer, dividir, resguardar y proveer privacidad.

Fuente: Elaboración propia con base en AGI, Escribanía 405b, Expediente 5,
cuaderno 5. Para las descripciones de los productos se empleó: Textiles in the
Philippine Colonial Landscape y the Getty Research Institute database disponible en: https://www.getty.edu/research/tools/vocabularies/aat/?find=&amp;logic=AND&amp;note=&amp;page=1.
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Dentro del espacio peruano, el puerto de Arica destacaba no
únicamente como centro neurálgico de planeación para la travesía
a China, sino también como centro de compraventa incluso con
beneficios mayores a los reportados en Pisco. De acuerdo con
las declaraciones de la tripulación en Manila, principalmente del
testimonio de Carlos Riviere escribano del barco, la estancia en tal
puerto se prolongó dos meses (desde noviembre de 1712 a enero de
1713), periodo en el cual ocurrió la mayor transacción de la travesía,
la cual consistió en la venta de hierro, clavazones, ropa, sombreros
y papel con un monto total de 13,000 piastras.54 Asimismo desveló
al corregidor del puerto Jorge Negreiros (1707–1712) como el
principal comprador de géneros, así como Juan de Ureta y Pedro
Quiroga, quienes en conjunto entregaron 1,976 marcos de plata.
La participación del corregidor Negreiros en el comercio intérlope
simbolizaba el acceso a la plata potosina al ser dicho lugar el punto
de abastecimiento para el centro minero de Potosí, así como la
garganta por donde se fugaba la plata sin quintar.55
Aparentemente la motivación de Negreiros para entablar
negocios con los capitanes galos, al igual que Castelldosríus,
respondía a su necesidad por recuperar la inversión monetaria
en la compra de su cargo. Para tal fin el corregidor desarrolló
tres estrategias. En primera instancia, Negreiros negociaba con
AGI, Pedro de Domas, Declaración del piloto mayor Pedro de Domas
(Manila) a 16 de abril de 1714, Escribanía 405b, expediente 4, f. 6r.
55
Vicente Dagnino, El corregimiento de Arica 1535-1784 (Arica: Imprenta
la época, 1909), 85–87.
54

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los comerciantes el permiso para el ingreso de mercancía bajo el
contra pago del 6% de la venta total, el mismo Boislore aseguró
haber pagado a Negreiros tal porcentaje por concepto de derechos
reales, pero no haber obtenido un recibo de pago de éstos.56 En
segunda instancia, Negreiros en asociación con sus subalternos
compraban una gran parte, o la totalidad, de la mercancía a bajos
precios para luego ser revendidas a los mineros potosinos. Recordemos que las Leyes de Indias prohibían a todo oficial real
tratar y contratar mercancía durante el ejercicio de sus funciones
bajo pena de condena.57 Cabe señalar el carácter indispensable de
los géneros comprados a Boislore para el funcionamiento de las
minas en Potosí; por ejemplo, la compra de hierro y clavazones
tan indispensables para sostener en pie los socavones de las minas. Por otra parte, Negreiros haciendo uso de sus poderes, daba
salida a otros productos forzando a las comunidades indígenas
bajo su jurisdicción a la compra de mercancías a precios elevados
establecidos por él mismo, práctica común entre dichos oficiales
reales.58 Al igual que con la prohibición de comercio, las Leyes
de Indias otorgaban al corregidor un carácter de mediador entre
la administración virreinal y la población autóctona, además de
encargarle velar por el bienestar de la población nativa al aseConfesión de Boislore, 39v.
Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, Libro VIII, Titulo
XVII, Ley XXXXVII, p. 125-126. Disponible en: https://www.boe.es/biblioteca_juridica/abrir_pdf.php?id=PUB-LH-1998-62_2
58
Kenneth J. Andien, Crisis y decadencia. El virreinato del Perú en el siglo
XVII, Historia Económica 11 (Instituto de Estudios Peruanos, 2011), 130.
56
57

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gurarle precios accesibles a los productos básicos y necesarios
para la supervivencia.59 La inversión de capital tanto en moneda como plata sin quintar para la compra de mercadería asiática
era la tercera estrategia empleada por el corregidor para ampliar
sus rendimientos. La respuesta más coherente para la posesión
de plata piña se encuentra en la compra de la mercadería ilegal
en los centros extractivos. Los mineros pagaban las mercaderías
ilegales y a sus jornaleros en metálico bruto ante el desabasto de
materia prima para poder quintar los metales extraídos,60 en consecuencia, los tratantes obtenían plata en pasta como resultado de
sus transacciones las cuales reinvertirían con los franceses para
la compra de mercancía en China. En síntesis, corregidores como
Negreiros obtenían ganancias por múltiples partidas, en el caso
del corregidor de Arica, los dividendos alcanzaron niveles tan altos llegando al punto de permitirle la compra del título nobiliario
como marqués en 1721.61
Las autoridades chilenas no se quedaron atrás en
la planificación de estrategias para colaborar con las flotas
francesas. Por ejemplo, el gobernador Tomás Marín de Poveda
(1650–1703) fue investigado por haber arrendado embarcaciones
de su propiedad a mercaderes galos para comerciar entre Lima
Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, p. 120-121.
Carlos Contreras, “La minería peruana en el siglo XVIII”, en El Perú en el
siglo XVIII. La Era Borbónica, Segunda Edición (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2015), 14–16.
61
Andújar Castillo, “Corregidores, Redes Mercantiles y Corrupción en el
Perú Virreinal: La Red del Marqués de Negreiros (1705-1721)”, 122.
59
60

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y Concepción.62 Por su parte, Andrés de Ustariz (1709–1716),
aprovechando las concesiones dadas a las flotas francesas,
estableció una serie de carnicerías en las cercanías de los puertos
chilenos con la finalidad de proveer carne a los capitanes galos.63
Al igual que Castelldosríus, la historiografía chilena reconoce
a dicho gobernador como uno de los más corruptos del periodo
virreinal,64 incluso Ustariz fue una de las escasas autoridades
depuestas de su cargo debido a las constantes quejas de cohecho
con los intérlopes. En la confesión de Boislore se reconoce a
Ustariz como pieza clave en las ventas efectuadas en los puertos
chilenos. La cuota demandada por el gobernador ascendía al
mismo porcentaje antes señalado con Jorge Negreiros, a cambio
de un libre actuar en su jurisdicción.65 A diferencia del corregidor
peruano, Ustariz únicamente se beneficiaba de la recaudación
fiscal, situación ante la cual delegaba la responsabilidad a
AHNC, Diego Zúñiga y Tovar, Pesquisa sobre averiguar si los bajeles donde venían comerciantes franceses son de propiedad del gobernador Thomás
de Poveda (Santiago de Chile) a 8 de junio de 1696, Real Audiencia, volumen
2844, f. 182r-205v.
63
AHNH, Testimonio de los cuadernos del juicio de residencia en contra del
gobernador Andrés de Ustariz (Santiago de Chile) a, Real Audiencia, volumen
1626.
64
Para un estudio sobre la administración del gobernador Andrés de Ustariz
se recomienda: Alfredo Sepúlveda, Breve Historia de Chile, 3rd ed. (Santiago
de Chile: Sudamericana, 2022).; Ángel Sanz Tapia, “Venalidad y presencia
criolla en cargos americanos de gobierno, 1701–1720”, Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas 53, núm. 1 (2016): 87–116.
65
AGI, Jean de Boislore, Declaración de Jean Boislore (Manila) abril de
1714, Escribanía 405b, cuaderno 5, expediente 1, 39r.
62

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miembros de su red intima como Bernardo de Soto a quien envío
al puerto de Valparaíso para contactarse con Boislore y recoger el
numerario recaudado por la venta de productos franceses.66
Las irregularidades en el cobro de los reales derechos
en los puertos chilenos suponen una práctica común en la
administración de Ustariz. Durante el mismo periodo, Nicolás
Salvo, arrendador de los derechos de alcabala y almojarifazgo
en el puerto de Concepción denunciaba ante la Real Audiencia
en Santiago la incongruencia en los pagos por concepto de
cobro de impuestos en tal puerto entre 1712 y 1715.67 A grandes
rasgos, Salvo a través de su demanda resaltó la costumbre de las
autoridades portuarias de omitir la recaudación de impuestos
derivados del desembarco ilícito de embarcaciones extranjeras
como de los decomisos efectuados. En ambos casos subraya el
involucramiento de terceros en el cobro, así como el alegato de un
vacío legal en cuanto a la propiedad de lo recaudado luego de un
decomiso. Nicolás Salvo además aseguró haber constatado que
Fermín Francisco de Ustariz, corregidor del puerto de Concepción
(1713–1716) e hijo del gobernador en turno,68 negociaba con
Confesión de Jean de Boislore, f. 39r.
AHNC, Nicolás Jacinto de los Ríos, pleito de Nicolas Salvo arrendador de
los derechos reales de alcabala y almojarifazgo de la concepción sobre el pago
de derechos de efectos de comiso (Santiago de Chile) a 28 de enero de 1713,
Real Audiencia, volumen 2612, pieza 3, f. 211r-249v.
68
El nombramiento de Fermín de Ustariz en apariencia respondía a la necesidad del gobernador Ustariz de tener bajo extrema vigilancia el puerto de
Concepción contra cualquier presencia francesas; empero, a la luz de las fuentes pareciera que la intención era tener bajo control el cobro del cohecho a los
66
67

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los navíos extranjeros con la intención de cobrar los derechos
reales apelando a seguir los procedimientos establecidos desde
Madrid; sin embargo, el monto de lo recaudado paraba en las
arcas personales de dicho gobernador. Tras meses de litigio, la
Real Audiencia en Santiago dictaminó a favor de las autoridades
portuarias basándose en una ambigüedad en la legislación emitida
desde la metrópoli. Por tanto, el numerario recaudado quedaría en
manos de la administración virreinal; es decir, en manos de la red
en torno a Ustariz.
Las tres autoridades señaladas en el caso del navío el
relámpago, confirman el sentido trascendente de las autoridadesmercaderes para un atraco exitoso en Cantón del capitán Boislore.
Tanto virreyes, gobernadores y corregidores buscaban beneficiarse
de los acuerdos que permitieron la entrada de flotas francesas en
las aguas del mar del sur. Si bien el involucramiento divergía
en cada caso, todos buscaban el aumento de sus dividendos
como marco común. A grandes rasgos, en las conexiones ilícitas
efectuadas por Boislore en suelo americano se pueden definir tres
ámbitos. En un primer nivel está el de las autoridades-mercaderes
quienes concedían la venta de los productos a contrapago de los
derechos reales, alegando seguir los principios de la legislación
hispana; algunos incluso comprando las mercancías europeas y
galos aliados y el decomiso a quienes cayeran de su gracia. Para un panorama de las acciones del gobernador Ustariz respecto a la presencia francesa se
recomienda Fernando Campos Harriet, Veleros franceses en el Mar del Sur
(Santiago de Chile: Zig-Zag, 1964).
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fondeando la navegación hacia China bajo la promesa del capitán
al mando de regresar a dichos puertos cargados de mercadería
asiática para la venta pública. En un segundo orden se encuentran
los compatriotas asentados en la América española, quienes
entregaban sumas de dinero a consignación para abastecerse de
mercancías, las cuales se venderían en Lima u otras ciudades bajo
la protección de empresas franco-peruanas. Finalmente un tercer
nivel se situán los particulares que entregaban modestas cantidades
menores a 200 pesos, para ser invertidas en mercaderías asiáticas
para consumo propio, e incluso, para luego ser empleadas como
regalo o venta al menudeo entre sus vecinos cercanos.
Los puertos peruano-chilenos, espacios de contrabando y
laboratorios de consumo global
La posesión de mercadería china destinada a ser vendida en
Perú significó la razón principal para el decomiso del navío
el relámpago. A pesar de que Boislore en todo momento alegó
ser amigo de la corona ibérica y no perseguir ningún objetivo
ilegal, la situación dio un vuelco al caer el capitán francés en
contradicciones. Al comienzo del interrogatorio, el capitán francés
manifestó completo desconocimiento de las nuevas prohibiciones
de comercio entre las naciones europeas y la América española; sin
embargo, los oficiales manileños encontraron durante la primera
inspección una serie de cartas, entre ellas, una copia de un decreto
emitido en 1708, la cual corraboraba el pleno conocimiento de Jean
Boislore sobre la ilegalidad de comerciar con productos asiáticos
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con los puertos peruano-chilenos.69 De tal manera las autoridades
pudieron oficialmente decomisar el barco, almacenar la mercancía
en bodega y enviar a la tripulación a la cárcel de Manila.
La inspección de la bodega del barco confirmó la sospecha
sobre una navegación con fines ilícitos. Los oficiales encontraron
una carga de aproximadamente trescientos cajones repletos de
diversos productos chinos como sedas crudas, rasos, damascos,
medias de seda, abanicos de mano y biombos.70 La ilegalidad
de las actividades comerciales de Boislore aparentemente no se
limitó a las aguas americanas, debido a las declaraciones de los
miembros de la tripulación, quienes aseguraron haber tratado con
una embarcación japonesa en las cercanías de la bahía de Cantón,
de quienes compraron loza, escritorios de maque y biombos.71
Luego de analizar las interacciones realizadas por Boislore en el mar del sur considero oportuno matizar la clasificación
de los puertos americanos sugeridos por Bonialian en su estudio
del Pacífico, al menos en la navegación estudiada. El historiador argentino concibe una jeraquía en los puertos. En primer
lugar están Concepción y Pisco como centros de alta concurrencia gala donde se realizaban estudios de mercado útiles para
AGI, Jean Boislore. Notificación que se le hizo a Juan Boislore, (Manila),
17 de enero de 1714, Escribanía 405b, expediente 1, f- 43r.
70
AGI, Anónimo. Reconocimiento de la carga a bordo del navío el relámpago (Cavite), marzo de 1714, Escribanía 405b, expediente 3, f 14r-300v.
71
AGI, Francisco Hidalgo. Examen y declaración del ayudante Juan Bautista
de Oleta, (Manila) 8 de enero de 1714, Escribanía 405b, expediente 5, cuaderno 1, 26r.
69

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dictaminar los géneros a comprar en China. En segundo orden
se encuentran los llamados puntos de tránsito como Valparaíso,
Arica y Callao, cuya importancia radicaba en ser centros de planeación y logística del derrotero a China; y un nivel de importancia menos preponderante se encuentran Coquimbo y Paita.72
A la luz de los testimonios de la tripulación se pone en entredicho la exclusividad de las ferias en Concepción y Pisco; por el
contrario, los intercambios tuvieron lugar en todos los puertos.
Al mismo tiempo pone en tela de juicio el papel secundario de
Arica dentro de las expediciones en el Pacífico, apelando al alto
monto de plata sacada de dicha localidad en comparación a los
casi 1,000 pesos recaudados en puertos como Pisco, señalado
como un puerto de primer nivel. Al parecer la única diferencia
era la duración de la estancia que variaban acorde a la cantidad
de habitantes como de la posición estratégica del puerto para la
obtención de metálico.
La compra realizada en Cantón podría ser todo menos
fortuita. Desde las primeras inspecciones al barco hechas en las
Filipinas, se encontraron anotaciones en los papeles personales
del capitán expresando “ir a Cantón a comprar los géneros de
mercancía que acostrumbran con designio de volver al Perú”.73
Bonialian, El Pacífico Hispanoamericano. Política y Comercio Asiático en
el Imperio Español (1680-1784)”, 235.
73
AGI, Pedro de Piñera, Carta informando sobre las condiciones del navío
L’Eclair (Vigan) a 3 de diciembre de 1713, Escribanía 405, Legajo 5, cuaderno
1, 6v.
72

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Luego de analizar el juicio de decomiso se sostiene que las
flotas francesas obtenían conocimiento de primera mano sobre
los gustos del mercado peruano-chileno gracias a las ferias
de productos europeos realizadas en su camino a China. Asi,
los capitanes además de dar salida a la mercancía, efectuaban
una observación etnográfica-comercial con la intención de
captar patrones de colores, motivos y texturas en voga en
las sociedades. La posesión por parte de Jean Boislore de un
cuaderno borrador con varias mercaderías recomendadas
para comprar en Cantón fundamenta tal aseveración.74 Estas
observaciones serían extremadamente útiles primordialmente en
los puertos peruanos debido a la mayor cantidad de mercaderes
y habitantes radicando en tales latitudes, atraídos por la bonanza
de los circuitos mineros.
En contraste, el contrabando hormiga significó la
estrategia empleada para entender las necesidades chilenas. De
acuerdo con Rodríguez Tréviño se puede hablar de tal estrategia
cuando ciertos particulares hacen pasar cantidades mínimas de
productos como propios; sin embargo, dichos artículos fueron
adquiridos con fines de lucro.75 De tal suerte, en la expedición
del navío L’Eclair las peticiones de mercancía de parte de los
AGI, Francisco de Atienza, Relación de los cuadernos, libros de sobordo,
carta y cuentas hallados en el patache el relámpago (Cavite) a 8 de marzo de
1714, Escribanía 405b, Legajo 5, expediente 4, f. 120r.
75
Rodríguez Treviño, “De las islas a Tierra Firme: las rutas marítimas y
terrestres del contrabando en las importaciones del Caribe novohispano, 17001810”, 57.
74

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vecinos chilenos simbolizaron la fuente para obtener algunas
pistas sobre los intereses de dicha sociedades. La diferencia en
comparación con Perú radica en la escasa población asentada
en dichas latitudes fruto de la ausencia de importantes centros
mineros en la región, razón por la cual los puertos chilenos
fungían como lugares de menudeo tal como lo afirmaba el piloto
mayor del navío quien aseguraba un mínimo contrabandeo en los
puertos chilenos.76 Las cartas decomisadas contenían nombres de
particulares quienes entregaron sumas que oscilaban entre los 50
a 200 pesos al capitán para la compra específica de mercancía
como damascos, sobrecamas, medias de seda y un tipo de seda
denominada sayasaya.77 Dicha tercer fuente de información,
además de los observaciones y las demandas de comerciantes
franceses asentados en América, ofrecía una ventaja a los
tratantes galos, los particulares no estaban per se sujetos a la
vigilancia de los tribunales de comercio, circunstancia que les
permitía pasar desapercibidos siempre y cuando sus inversiones
mantuvieran un pérfil bajo o sus actividades molestaran a las
autoridades virreinales. En suma, los diferentes informantes
inconscientemente convirtieron los puertos en un laboratorio de
AGI, Pedro de Domas, Declaración del piloto mayor Pedro de Domas
(Manila) a 16 de abril de 1714, Escribanía 405b, expediente 4, f. 6r.
77
Los oficiales encontraron en el cuaderno de cuentas que los vecinos Alonso de Orellana y María de las Nieves habían entregado ambos 50 pesos cada
uno para la compra de rasos y sobrecamas de Cantón. Relación de los cuadernos, libros de sobordo, carta y cuentas hallados en el patache el relámpago,
127r
76

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mercado del consumo global en la modernidad temprana, cuyo
objetivo era proveer una radiografía fidedigna de las tendencias
de mercado de las sociedades peruano-chilenas. En consecuencia
las flotas galas disminuían al mínimo la probabilidad de regresar
con mercancía de poco valor considerando la inversión de tiempo
y dinero depositada en la travesía alrededor del globo.
Comentarios finales
La captura y el decomiso del navío L’Eclair visibiliza los
entretejidos y estrategias que permitieron el comercio ilegal
directo entre los puertos del Callao y Cantón a principios del
siglo XVIII. Desafortunadamente para los cargadores galos
interesados en el éxito de la expedición, el decomiso les
representó una pérdida considerable no únicamente por el monto
de la carga china, valuada aproximadamente en 50,000 pesos,
sino también por el descubrimiento de los planes franceses
en el mar del sur. Cabe destacar que la captura del barco
comandado por Boislore representó un evento coyuntural en
las relaciones franco-españolas, que derivó en la intensificación
de los decomisos a las flotas francesas en ambos extremos del
Pacífico, la cual se constata en el aumento de fuentes primarias
sobrevivientes en el Archivo General de Indias como en los
archivos nacionales en Perú y Chile durante 1714 a 1725. De
tal suerte, el aumento de la documentación de decomisos en los
archivos históricos coincide con el proceso de decaimiento del
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�Juan Carlos González Balderas

interés de los comerciantes franceses en las aguas americanas
hasta llegar al punto de una mínima presencia hacia 1725, tal
como lo han señalado Carlos Malamud, Andrés Lespagnol y
Mariano Bonialian.
El carácter ambiguo de las ordenanzas dictadas desde
Madrid pareciera haber jugado un rol importante en la justificación
de las autoridades para colaborar con los extranjeros. Si bien
a lo largo del presente artículo se ha sostenido la primacía de
los intereses personales de las autoridades-mercaderes sobre el
bien común de los reinos, el simple hecho de recibir órdenes en
ocasiones completamente contradictorias entre sí les allanaba
el camino para justificar sus procederes. Aunado a lo anterior,
el componente espacial-temporal también contribuyó a tales
corruptelas. Generalmente el tiempo de entrega de correspondencia
entre Madrid y reinos alejados como Chile variaba entre 18 meses
a 2 años, tiempo suficiente para que los deseos del monarca
cambiaran a la sazón de los intereses políticos; panorama
particularmente habitual en las primeras décadas del siglo XVIII.
Así, las autoridades americanas, aunque ejecutando cabalmente
lo determinado en la metrópoli quizás sus acciones contradecían
a las nuevas ordenanzas en vigor dictadas en las cortes.
De manera general las actividades lucrativas de la flota
analizada retratan una seria de contactos ilegales aconteciendo en
ambas Indias. Desde el comercio de productos galos de manera
ilícita en espacios americanos, los contactos en altamar con
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�Los puertos peruano-chilenos

embarcaciones asiáticas vedadas del comercio con Occidente,
hasta la circulación de productos asiáticos en sociedades cuyo
acceso a éstos estaba prohibido desde siglos atrás; en conjunto
constatan cuán muerta se encontraba la ley en concordancia con
la realidad. En cuanto a los intereses comerciales, la expedición
de Jean Boislore remarca el carácter primordial de las ferias de
productos en los puertos peruano-chilenos no únicamente para el
flujo de plata americana hacia espacios lejanos como China; sino
como laboratorios de mercadeo para comprender las necesidades
y gustos de una sociedad. Así, tales análisis determinarían el tipo
de mercaderías que entrarían al concierto del comercio global en la
modernidad temprana. En palabras simples, embarcaciones como
L’Eclair fueron vehículos que transportaron telas, porcelana,
escritorios y biombos a través de los cuales se construyeron
puentes que conectaban las Indias Orientales y Occidentales.
Archivos Consultados
Archivo General de Indias, Sevilla
Archivo Histórico de Euzkadi, Bilbao
Archivo Histórico Nacional de Chile, Santiago de Chile
Fuentes Primarias
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y Tecnología | Instituto de Investigaciones Dr. José María
Luis Mora, 2018.
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-139

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�Los puertos peruano-chilenos

Schopp, Susan E. Sino-French Trade at Canton, 1698-1842.
Hong Kong: Hong Kong University Press, 2020.
Sepúlveda, Alfredo. Breve Historia de Chile. 3rd ed. Santiago de
Chile: Sudamericana, 2022.
Tapia, Ángel Sanz. “Venalidad y presencia criolla en cargos americanos de gobierno, 1701–1720”. Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas 53, núm. 1 (2016): 87–116.

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�La Carrera del Pacífico y el horizonte comercial
peruano a mediados del siglo XVIII (1740-1760):
proyectismo, espacio económico y el Galeón
de Manila.
The Pacific Race and the peruvian transpacific commercial
horizon in the mid-eighteenth century (1740-1760): projecting,
economic space and the Manila Galleon.
Pablo Sierra Fáfila1
Universidad Complutense de Madrid
Madrid, España
https://orcid.org/0000-0002-1329-8817
Recibido: 23 de marzo de 2024
Aceptado: 26 de abril de 2024

Resumen: La ruta comercial transpacífica, fijada y asentada oficialmente
entre Manila y Acapulco, se vio irremediablemente afectada por las
soluciones aplicadas ante las dificultades bélicas desde 1739. La presión
y gravedad ejercida por el enemigo británico dificultó su continuidad
hasta el punto de su interrupción, tanto forzada como ordenada. A medida
que se prolongaba el uso de los registros sueltos se hizo inevitable la
reflexión y las propuestas alternativas, entre las que no faltaron aquellas
con las miras puestas en el virreinato del Perú como principal estímulo
para la recuperación del comercio de las islas Filipinas. Estas opciones,
Este trabajo ha sido posible gracias a un contrato Margarita Salas para la
formación de jóvenes doctores (CT18/22).
1

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�La Carrera del Pacífico

si bien no representaban una completa novedad, se sumaron al cuadro
que interconectaba el comercio oficial de la Carrera del Pacífico con la
profundidad de los derroteros que alcanzaban las mercaderías asiáticas.
La quiebra adjudicada a los registros sueltos es una cuestión que no
ha sido lo suficientemente matizada si atendemos a las voces que se
alzaron desde las islas para reconectar directamente, en esas peticiones,
el Archipiélago con las costas peruanas. Estas, además de comprenderse
como un llamamiento propio de una difícil situación comercial, invitan
a reflexionar sobre la relación entre las diferentes interdependencias
comerciales ultramarinas a mediados del siglo XVIII. Con este trabajo
pretendemos arrojar luz a un período concreto de la relación comercial
en el que confluyeron nuevas medidas con sus efectos: la generalización
de los registros sueltos junto a diferentes propuestas para la reforma del
reglamento comercial del Galeón de Manila.
Palabras clave: comercio, galeón, reforma, Perú, Filipinas
Abstract: The transpacific trade route, officially established and settled
between Manila and Acapulco, was irremediably affected by the
solutions applied due to the war difficulties since 1739. The pressure
and severity exerted by the British enemy hindered its continuity to
the point of its interruption, forced and ordered. While the use of
“registros sueltos” was prolonged, a reflection and alternative proposals
became inevitable, among which the sights set on the Viceroyalty of
Peru emerged as the main stimulus for the recovery of trade in the
Philippine Islands. Although these options were not completely new,
they added to the framework that interconnected the official trade of
the Pacific Race with the depth of the paths reached by Asian goods.
The bankruptcy attributed to the “registros sueltos” is an issue that
has not been sufficiently nuanced if we focus on the voices that were
raised from the islands to directly reconnect, in these petitions, the
Archipelago with the Peruvian coasts. These, in addition to being
understood as a call typical of a difficult commercial situation, invite us
to reflect on the relationship between the different overseas commercial
interdependencies in the mid-eighteenth century. With this work we
intend to shed light on a specific period of the commercial relationship
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�Pablo Sierra Fáfila

in which new measures converged with their effects: the generalization
of loose registrations together with different proposals for the reform of
the commercial regulations of the Manila Galleon.
Keywords: trade, galleon, reform, Peru, Philippines

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�La Carrera del Pacífico

Introducción
La última década del siglo XVI marcó el inicio del comercio
restringido oficial entre Manila y Acapulco como única conexión
habilitada en los intercambios con Oriente2. El espacio peruano,
como mercado de las mercancías asiáticas, procuró mantener su
comunicación comercial a pesar de la exclusión oficial, completada
durante la primera mitad del siglo XVII3. La relajación de su
Carlos Martínez Shaw, “El Galeón de Manila: 250 años de intercambios”,
Estudis: Revista de historia moderna 45 (2019), 9-34.
3
Entre la abundante bibliografía podemos destacar Woodrow Borah, Comercio y navegación entre México y Perú en el siglo XVI (México: Instituto Mexicano de Comercio Exterior, 1975); Fernando Iwasaki Cauti, Extremo
Oriente y Perú en el siglo XVI (Madrid: MAPFRE, 1992); Carmen Parrón
Salas, De las Reformas Borbónicas a la República: el Consulado y el comercio
marítimo de Lima, 1778-1821, (Murcia: Imprenta de la Academia General del
Aire, 1995); Pilar Latasa Vassallo, “Limitaciones legales al comercio transpacífico: actitud del virrey Montesclaros”, en Derecho y administración pública
en las Indias hispánicas: actas del XII congreso internacional de historia del
derecho indiano (Toledo, 19 a 21 de octubre de 1998), coord. Feliciano Barrios
Pintado, (Cuenca: Universidad de Castilla La Mancha, 2002), vol. 1, 877-898;
Margarita Suárez Espinosa, “Sedas, rasos y damascos: Lima y el cierre del
comercio triangular con México y Manila en la primera mitad del siglo XVII”,
América Latina en la Historia Económica 2 (2015), vol. 22, 101-134, DOI:
https://doi.org/10.18232/alhe.v22i2.591; Bruno de la Serna Nasser, “Debates
en torno al comercio por el océano Pacífico durante los reinados de Felipe II
y Felipe III (1573-1621): un ejemplo de policentrismo”, en Historia y Patrimonio Cultural. Memoria del 56º Congreso Internacional de Americanistas,
coords. Manuel Alcántara Sáez, Mercedes García Montero, Francisco Sánchez
López, ( Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2018), 757-768.
DOI: http://dx.doi.org/10.14201/0AQ0251_14; “La prohibición del comercio
entre Nueva España y Perú de 1634: génesis de una real cédula a través de la
coyuntura histórica de la monarquía hispánica” Histórica 1 (2020), vol. 44,
41-81; Mariano Bonialian. “Peruleros en Filipinas y en el Oriente, 1580-1610.
Una agencia hispanoamericana en la temprana globalización” Illes e imperis.
2

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�Pablo Sierra Fáfila

aplicación se dejaba notar muchos años después cuando, en 1748,
los apoderados del Consulado gaditano informaron del estado
real del comercio del Galeón de Manila en las Indias. Dijeron
que gran parte de las piezas no declaradas que se transportaban
hasta Acapulco tenían como destino el virreinato del Perú, cuyas
embarcaciones llegaban hasta el puerto novohispano, además de a
los de Sonsonate, El Realejo y Guatemala, distribuyéndose desde
allí hacia ambas costas4. Según sus cálculos, de las supuestas
4.000 piezas que tenían permitido embarcar anualmente desde
Filipinas, aproximadamente algo más de un tercio tenían un
destino fuera del virreinato novohispano5.
El desajuste de los circuitos comerciales oficiales
entre el Atlántico y el Pacífico continuó avanzando durante la
primera mitad del siglo XVIII. Se hizo manifiesto que el flujo
de mercancías y plata bajo la forma del sistema de galeones
para el comercio del virreinato peruano, proyectado desde 1720,
Estudis dhistòria de les societats en el món colonial i postcolonial 23 (2021),
185-211, https://doi.org/10.31009/illesimperis.2021.i23.08; “El Perú virreinal transpacífico, 1580-1604. Agentes, plata y productos chinos entre Potosí,
Lima, Nueva España, Filipinas y Macao”, Historia 55 (2022), vol. 1, 43-81.
DOI: https://doi.org/10.4067/S0717-71942022000100043.
4
Esta posición fue adquirida rápidamente, desde los inicios de la restricción
comercial. Rafael Obando Andrade, “Contrabandistas de seda y plata: puertos centroamericanos en las rutas transpacíficas (1585-1605)”, Nuevo Mundo
Mundos Nuevos [Online], Debates, 2019. Disponible en http://journals.openedition.org/nuevomundo/78278; DOI: https://doi.org/10.4000/nuevomundo.78278. Consultado el 27 de enero de 2024.
5
Javier Ortiz de la Tabla Ducasse, El marqués de Ovando. Gobernador de
Filipinas (Sevilla: CSIC, Escuela de Estudios-Hispanoamericanos, 1974), 125.
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�La Carrera del Pacífico

sufrió graves trastornos por la dispersión del metal precioso por
otros flujos de intercambio al margen o paralelos al de la feria
de Portobelo. La liquidación de esos intentos restauradores por
mano de Edward Vernon en 17396, al comenzar la guerra del
Asiento (1739-1748), constituyó el golpe de gracia a la fragilidad
del sistema. La guerra, según García-Baquero, se convirtió en
un factor externo de presión imprescindible para la más rápida
adopción de los registros sueltos como opción generalizada7.
Estos, a diferencia del sistema de flotas y galeones como
navegación agrupada de diversas embarcaciones mercantes
y con escolta armada, se caracterizaron por comerciar con las
Indias individualmente sin atenerse a las normas de la travesía
conjunta.
Hasta ahora, la atención de la historiografía a los registros
sueltos como sistema comercial antes de la década de 1760 ha
sido discreta. No obstante, más allá de trabajos dedicados al
comercio atlántico durante la centuria8, podemos señalar que los
Sin embargo, la mella se venía produciendo desde décadas atrás, cuando
los buques franceses generalizaron su acceso a la costa del Pacífico americano
alrededor del 1700. Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política
y comercio asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo
marginal, (México D.F.: El Colegio de México, 2012), 237-238, 241-242 y 245.
7
Antonio García-Baquero González, Cádiz y el Atlántico: el comercio colonial bajo el monopolio gaditano, (Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz,
1988), tomo I, 171.
8
Geoffrey J. Walker, Política española y comercio colonial 1700-1789,
(Barcelona: Ariel, 1979), 258-276; Antonio García-Baquero González, La Carrera de Indias: suma de la contratación y océano de los negocios, (Sevilla:
Sociedad Estatal para la Exposición Universal de Sevilla, Algaida Editores,
6

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puntos de análisis más pormenorizados los encontramos en los
trabajos de Xabier Lamikiz y Mariano Bonialian, quienes han
puesto en valor la trayectoria vital en la actividad económica9, el
peso del capital personal de los actores10 y el cambio en el patrón
del comercio como clave diferencial de los diferentes sistemas11,
1992), 104-108; Jesús Turiso Sebastián, Comerciantes españoles en la Lima
Borbónica: anatomía de una élite de poder (1701-1761), (Valladolid: Secretariado de Publicaciones, Universidad de Valladolid, Instituto Riva-Agüero,
Pontificia Universidad Católica del Perú, 2002), 124-130; Josep M. Delgado
Ribas, Dinámicas imperiales (1650-1796). España, América y Europa en el
cambio institucional del sistema colonial español, (Barcelona: Edicions Bellaterra, 2007), 141-207; Stnaley J. Stein, Barbara H. Stein, Plata, comercio y
guerra. España y América en la formación de la Europa Moderna, (Barcelona:
Crítica, 2002), 232-243; Allan J. Kuethe, Kenneth J. Adrien, El mundo atlántico español durante el siglo XVIII, (Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, Banco de la República, 2018), 131-172; Cristina Mazzeo, “El comercio
colonial a lo largo del siglo XVIII y su transformación frente a las coyunturas
de cambio”, en Compendio de Historia Económica del Perú. Economía del
período colonial tardío, ed. Carlos Contreras, (Lima: Banco Central de Reserva de Perú, Instituto de Estudios Peruanos, 2020 primera edición digital), t.
III, 245-248. Disponible en: https://www.bcrp.gob.pe/publicaciones/compendio-de-historia-economica-del-peru.html. Consultado el 22/05/2024.
9
Xabier Lamikiz, “Comerciantes y estrategias mercantiles en los intercambios transoceánicos de la Lima Borbónica, 1711-1821”. História Revista 3
(2016), 66-87. DOI: https://doi.org/10.5216/hr.v21i3.41391.
10
Xabier Lamikiz, “’Un cuento ruidoso’: confidencialidad, reputación y
confianza en el comercio del siglo XVIII”. Obradoiro de Historia Moderna 16
(2007), 113-142.
11
Xabier Lamikiz, “Patrones de comercio y flujos de información comercial
entre España y América durante el siglo XVIII”. Revista de Historia Económica. Journal of Iberian and Latin American Economic History 2 (2007), 231258. Una interpretación diferente sobre estos postulados en Jeremy Baskes,
Satying Afloat. Risk and Uncertainty in Sapnish Atlantic World Trade, 17601820, (Stanford: Stanford University Press, 2013), 43-68.
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�La Carrera del Pacífico

junto al papel del virreinato del Perú como polo de atracción entre
el comercio oficial e informal12.
Así, desde la década de 1740, se fue modificando el
conjunto de la circulación y distribución comercial de toda
la Monarquía. La percepción que se tuvo de estos fue variada
en función de los efectos generados en los diferentes espacios
oceánicos y motivaron una serie de discursos que, bajo la premisa
de la recuperación, buscaban el apoyo oficial de nuevas rutas de
vinculación comercial.
Esta situación, que relacionaba cambio y proposición, es
la que vamos a desarrollar en las siguientes páginas. Primero,
atendiendo a las descripciones hechas y a las soluciones aportadas
ante lo que, desde el archipiélago filipino, se presentaba como una
situación de crisis. Para ésta, la principal pasaba por establecer un
contacto comercial directo con el virreinato del Perú. Un discurso
que, bajo diferentes puntos de vista, presentó varios focos de
reclamación desde la década de 1740 en los que la posición de esa
posible relación fue variable, pero común como factor necesario
para potenciar el comercio. La revitalización de este horizonte
comercial desde Filipinas será un aspecto que analizaremos de
forma conectada, también, con la situación del comercio del
Galeón de Manila en la siguiente década. Unos años que contaron
con un doble cambio como telón de fondo, el de la generalización
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 259-365.
12

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de los registros sueltos durante la guerra y la reintroducción del
sistema de flotas para Nueva España en 1757.
1. La riqueza peruana...¿oculta, dispersa o imaginada?.
El trazado comercial oficial que había desplazado al virreinato
peruano de la navegación transpacífica no fue eficaz a la hora de
impedir el acceso a las mercaderías y frutos asiáticos, pero, sobre
todo, se mostró incapaz de impedir la salida de plata. La centralidad minera13 del Perú como símbolo de riqueza fue una imagen
que no se apartaba de la memoria de aquellos interesados en tratar
y proponer formas diferentes de comunicar comercialmente las Indias con la Península. Bernardo de Ulloa fue parte de esa memoria
cuando, acordándose del comercio peruano, definía cuál había de
ser el camino de las reformas comerciales, pues ésta sólo prosperaría sobre “la práctica que siglos enteros la acreditaron de la más
conveniente, tan opulentos retornos, según la memoria, que solo
nos queda de las felicidades que por su medio se lograron”14. Puso
Sin embargo, los niveles de acuñación de la Casa de la Moneda de México, incluyendo oro y plata, alcanzaron en los años centrales de la centuria,
casi coincidentes con el gobierno del marqués de la Ensenada mientras ocupó la Secretaría de Marina e Indias (1743-1754), unas cifras medias de entre
11.000.000 y 12.000.000 de pesos. El registro más alto se dio en el año 1752
con 13.969.256 pesos. Estas no supondrían las cantidades de producción totales, ya que faltaría el metal precioso que no pasaba a las cecas, pero que era
igualmente apreciado y utilizado. Ruggiero Romano, Moneda, seudomonedas
y circulación monetaria en las economías de México, (México, D.F.: Fideicomiso Historia de las Américas, El Colegio de México, Fondo de Cultura
Económica, 1998), 29.
14
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español,
13

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�La Carrera del Pacífico

el foco en los problemas que el exceso de oferta podría acarrear
como consecuencia de un drenaje demasiado rápido de la plata producida, una alteración que desvirtuaba los mecanismos comerciales como había sucedido con la detracción francesa por las costas
del Pacífico en las dos primeras décadas del siglo XVIII15.
Esto también se dejó sentir al otro lado del océano, aunque
en el caso del Galeón de Manila su irregularidad no fue tan
palpable como en el de los Galeones de Tierra Firme16, por lo que,
si la prolongación oriental de las navegaciones francesas pudieron
tener algún efecto contrario, este fue absorbido mucho mejor por
la mayor regularidad de la navegación transpacífica tradicional17.
[1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 186-187.
15
Véase también Carlos Malamud Rikles, Cádiz y Saint Malo en el comercio colonial peruano (1698-1725), (Cádiz: Diputación Provincial, 1986); Jesús
Turiso Sebastián, Comerciantes españoles en la Lima Borbónica: anatomía de
una élite de poder (1701-1761), (Valladolid: Secretariado de Publicaciones, Universidad de Valladolid, Instituto Riva-Agüero, Pontificia Universidad Católica
del Perú, 2002), 108-116. La Corona no pudo habilitar un convoy de galeones
por encima de las 2.000 toneladas de carga hasta 1721, al mando de Baltasar de
Guevara ya bajo el amparo del proyecto de 1720. Los de José Fernández de Santillán fueron los últimos que contaron con un tonelaje superior en 1706. Enrique
Tapias Herrero, El Almirante López Pintado (1677-1745). El duro camino del
éxito en la carrera de Indias, (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2017), 400.
16
Entre el año 1700 y 1720 se cuenta solo uno sin navegación, 1704, y cuatro
arribadas: en 1714, 1716, 1718 y 1719. Carmen Yuste López, Emporios transpacíficos. Comerciantes mexicanos en Manila 1710-1815, (México: UNAM,
2007), 41 y 44.
17
Sirva como ejemplo el galeón que retornó a Manila en 1717 que cargaba
más de 2.000.000 de pesos, contando con que su despacho se había realizado
en 1715 y se retrasó un año por la arribada. En esas fechas se hallaba vigente
el permiso de 300.000 pesos de carga y 600.000 de retorno, así que superaba
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�Pablo Sierra Fáfila

Aunque, a pesar de los esfuerzos por retomar el control de los
canales de la plata peruana, en esta primera mitad del siglo XVIII
se fue consolidando la dispersión del metal precioso por diferentes
vías, unas impuestas, otras ilegales y otras autorizadas.
No obstante, la persistencia de la idea de un Perú de grandes
riquezas depositadas, parcialmente conocidas y desaprovechadas,
se presentaba como el gran estímulo del comercio de la Monarquía
y como un elemento clave en algunas propuestas que pretendían
conectar el virreinato con el comercio oriental. Esa imagen
conservada de origen peninsular se hacía evidente, de nuevo, en
las palabras de Bernardo de Ulloa:
“Ya he dicho que tres años hizo por marzo de este de 1740
que salieron los últimos galeones a Cartagena, reducidos a
un registro de dos mil toneladas y, no obstante esta cortedad
esperan la noticia de haber salido el comercio de Lima para ir
a encontrarle a Portobelo. En tan dilatado tiempo, se pierden
los navíos con la broma, se averían las ropas, y se comen los
comerciantes no solo las ganancias, sino el principal. Y aunque
estos sucesos van repetidos, y pudiera no hallarse hombre
que quisiera arriesgar su caudal en tráfico tan contingente, les
alienta y engaña la memoria de lo que fue, con la esperanza de
que los remedios que se aplican y malogran, lo puedan haber
recobrado”18.
el triple de lo permitido oficialmente. Carmen Yuste López, Emporios transpacíficos. Comerciantes mexicanos en Manila 1710-1815, (México: UNAM,
2007), 65-67.
18
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español, [1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación
Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 187-188. La cursiva es
nuestra.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-138

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�La Carrera del Pacífico

Las observaciones sobre el reajuste de los circuitos marítimos
como vías de abastecimiento comercial al virreinato alcanzaron
altas cotas de detalle y asignación espacial en la obra de Ulloa.
La atención prestada a las nuevas incidencias del cambio bajo un
cómputo más equitativo, cuya clave descansaba en la anualidad
como rasgo clásico y esfuerzo buscado con anterioridad, no
desatendieron los huecos y desubicaciones producidas por el
nuevo circuito19.
Desde el propio virreinato no faltaron voces que, partiendo
de una exposición de la situación, ofrecieran soluciones que
beneficiaran a la Corona como a los vasallos. Victorino Montero
del Águila20 dejó constancia, en su Estado político del Reino
del Perú (1742), de las puertas relajadas por donde entraban
las mercaderías y salían los tesoros de las Indias. Esas puertas
La distribución de este cómputo hecha por Ulloa fue la siguiente: a Chile
y El Callao le corresponderían 3.000 toneladas, a Cartagena de Indias 2.000
toneladas y a Buenos Aires 1.500 toneladas. Estos galeones reformados ya no
tendrían en Tierra Firme su destino principal, sino que el convoy se ramificaría
en esos destinos principales. Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español, [1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 188190 y 196-200. El establecimiento de una pauta para salida y retorno fue una
medida que también había querido aplicar el virrey Superunda (1743-1761)
a los registros sueltos, José Antonio Manso de Velasco, Relación de gobierno [1745-1761], ed. Alfredo Moreno Cebrián, (Madrid: Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, 1983),
279-284.
20
Guillermo Lohmann Villena, “Victorino Montero del Águila y su “Estado
Político del Reyno del Perú” (1742)”, Anuario de Estudios Americanos 31
(1974), 751-807.
19

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�Pablo Sierra Fáfila

fueron identificadas como la de Panamá, a mano de virreyes
y demás autoridades, la de Cartagena, como anticipos de la
feria de Portobelo en las prolongadas detenciones previas de
los Galeones de Tierra Firme, la de Buenos Aires y la de Nueva
España21. A través de ésta “continuamente entran al Perú crecidas
partidas de ropas de China, y de Castilla de la que conducen a
aquel reino navíos de Manila, y registros de Honduras, donde
se mezclan balandras extranjeras, y está computada esta saca
por tres millones de pesos”. Un aporte de moneda peruana que
pudo comprobarse en los registros de las flotas que retornaban a
Cádiz, “no obstante del oro, que es el que carga, para el uso de
esta relajada puerta”.
La suma de las cifras manejadas se aproximarían a los
retornos de la última década del siglo XVII22, lo que nos permite
entender que después de la guerra de Sucesión (1701-1714) estas
“puertas relajadas” cobraran una mayor presencia en el circuito
comercial peruano y, al mismo tiempo, la imposibilidad con la
Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid (en adelante RBPRM), Estado
político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff. 154v.-156v; Ruggiero Romano, Moneda, seudomonedas y circulación monetaria en las economías de
México, (México, D.F.: Fideicomiso Historia de las Américas, El Colegio de
México, Fondo de Cultura Económica, 1998), 65-67.
22
José María Oliva Melgar, “Los insondables galeones del tesoro y las informaciones diplomáticas toscanas sobre las remesas de plata americana en la
segunda mitad del siglo XVII”, en El sistema comercial español en la economía mundial (siglos XVII-XVIII). Homenaje a Jesús Aguado de los Reyes, eds.
lit. Isabel Lobato Franco, José María Oliva Melgar (Huelva: Publicaciones
Universidad de Huelva, 2013), 127-155.
21

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177

�La Carrera del Pacífico

que se toparon las autoridades españolas por revertir la situación.
El autor seguía el razonamiento hecho por Miguel de Zavala y
Auñón en lo que respectaba al cálculo en la producción de plata
y oro americanos hasta el año de 1732, fecha en la que escribía.
Hasta aquel año, Zavala y Auñón suponía que las “dos Américas”
habían dado anualmente una cifra de 38.000.000 de pesos de media
desde su descubrimiento23. Pero Montero del Águila puntualizaba
que éste no había contado con otros datos, como en el caso del
oro chileno, del que dudaba que Zabala hubiera podido incluir
en sus cálculos24. La reevaluación de sus cifras25 le condujo a la
conclusión de que, ante la costumbre de la infracción, “el cúmulo
de millones, que han fructificado estos reinos, se hallarán en los
extraños, porque el desorden en que se han connaturalizado, no se
halla en términos de lo que lo enfrenen las Leyes; y es necesario
usar como coyundas las industrias, sujetándolo al suave jugo de
En esta cifra media contaba Miguel de Zabala y Auñón tanto con los metales preciosos registrados como los no registrados. Y, además, computaba
prudencialmente la plata americana al margen de la Carrera de Indias en esa
estimación media anual. Biblioteca Digital Hispánica (en adelante BDH), Representación al Rey N. Señor D. Phelipe V [1732], R/35520, 252-254.
24
“de tal suerte que en las estafetas que conducen las cartas, se ha establecido un público registro de encomiendas, que ha habido ocasión en que han traído 42 arrobas registradas, siendo lo regular en cada cuarenta días que entran
estas estafetas 25 y 30 arrobas, las que conducen; y a el año que viene a ser
toda esta remisión la cuarta parte de la que se envía con particulares prelados
y personas, que vienen de dichas ciudades, fuera de otro tanto, que camina por
relajación a la puerta de Buenos Aires” . RBPRM, Estado político del Reino
del Perú [1742], DIG II/2888, ff. 156v.-157v. y 158r.
25
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
158r.-159r.
23

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una Compañía, que es la más apreciable prensa, en que se habían
de tirar nuevas Pragmáticas”26.
Sin embargo, la incorporación de nuevas posibilidades
necesitó de una situación crítica, o excesivamente agravada,
como para producir una reacción de mayor calado como el
detonante bélico de 173927, que facilitó la adopción del sistema
de registros sueltos de forma generalizada para sostener el
sistema comercial de la Monarquía y dar la espalda al alarde
del “reformismo continuista”28. Teniendo esto presente, parecía
seguirse una solución que ensamblara directamente esa
dispersión de los metales preciosos con una cobertura29 que
atendiera esos canales de desvío, condición que podrían cumplir
los registros sueltos.
Sin embargo, pese a no poder acudir a todos los canales
de desvío al mismo tiempo, pudo confirmarse el resultado
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
159r.-160v.
27
Jorge Cerdá Crespo, Conflictos coloniales: la Guerra de los Nueve Años
1739-1748, (Alicante: Publicaciones Universidad de Alicante, 2010).
28
Antonio García-Baquero González, “Comercio colonial y reformismo
borbónico: de la reactivación a la quiebra del sistema comercial imperial”,
Chronica Nova: Revista de historia moderna de la Universidad de Granada
22 (1995), 121. Además, el fin de la guerra en 1748 y el tratado posterior con
Inglaterra dos años después permitieron concluir las condiciones comerciales
impuestas en Utrecht con el Navío de Permiso y el Asiento de Negros.
29
Ante la dispersión la respuesta de la Corona fue la de proporcionar una
multiplicación de rutas que la asistiera y se canalizara hacia el aumento del
volumen comercial entre la Península y las Indias. Valentín Vázquez de Prada,
“Las rutas comerciales entre España y América en el siglo XVIII”, Anuario de
Estudios Americanos XXV (1968), 197-241.
26

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proporcionado por estos al demostrar su capacidad para mantener
una comunicación comercial entre la Península y las Indias
durante la guerra30. Así, la apuesta por su continuidad pareció
clara al marqués de la Ensenada (1743-1754)31, incluso a pesar de
contrarios dictámenes32.
La correlación entre las descripciones de Montero del
Águila y la solución dada por Ulloa, sin que coincidieran en el
método más idóneo para la reforma comercial, sí tomaban al Perú
como el principal y potencial estímulo comercial. Para el desvío
oriental creyó encontrar Ulloa una alternativa en la apertura del
comercio directo entre las islas Filipinas y la Península, pero en
El promedio anual, entre 1739 y 1754, se situó en 47 navíos, poco más de
un tercio superior respecto a las dos décadas previas. Antonio García-Baquero
González, Cádiz y el Atlántico: el comercio colonial bajo el monopolio gaditano, (Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz, 1988), tomo I, 172.
31
Rafael Antúnez y Acevedo, Memorias históricas sobre la legislación y
gobierno del comercio de los españoles con sus colonias en las Indias Occidentales, [1797], ed. Antonio García Baquero-González, (Madrid: Fábrica de
Moneda y Timbre, 1981), 56-58.
32
Entre estos el de Manuel Clemente Rodríguez Requejo en 1750. Finalmente, una vez apartado del poder Ensenada, fueron restituidas las flotas con
carácter bianual en 1754. Margarita Rodríguez García, “Compañías privilegiadas de comercio con América y cambio político (1706-1765)”, Estudios de
Historia Económica, 46 (2005), 65; Josep María Delgado Ribas, Dinámicas
imperiales, 1650-1796: España, América y Europa en el cambio institucional
del sistema colonial español, (Barcelona: Bellaterra, 2007), 186; Stanley Stein,
Bárbara Stein, Plata, comercio y guerra: España y América en la formación
de la Europa Moderna, (Barcelona: Crítica, 2002), 241 y 243; Antonio Bernal Rodríguez, España proyecto inacabado: los costes/beneficios del imperio,
(Madrid: Marcial Pons, Fundación Carolina, Centro de Estudios Hispánicos e
Iberoamericanos, 2005), 494.
30

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exclusividad33. De esta forma, el nudo indiano del comercio34, que
tanto lastraba la recuperación de los convoyes a Tierra Firme, se
vería desenlazado en la culminación de un doble objetivo que
parecía tener en ese ámbito de circulación informal el principal
escollo. La perspectiva de Ulloa se centró en delimitar lo máximo
posible los espacios económicos de intervención comercial, dejando la atracción del mercado peruano para un reformado sistema de Galeones y la conexión directa con el comercio transpacífico para los puertos de la Península, con libre acceso a éste, y sin
anular el sistema tradicional del Galeón de Manila. La centralidad
peninsular, que si bien tenía como trasfondo el horizonte comercial peruano, se transformaba, a ojos de Montero del Águila, en
una centralidad virreinal, en la que mediante una “Compañía de
caudales” se concentraría e impulsaría la actividad comercial35.
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español,
[1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 169-176, 348-349 y 353-355.
34
Nos referimos a un conjunto de lógicas informales que dominarían el control
de unos circuitos comerciales conectados por el Pacífico al margen de la preeminencia que quiso ejercer la Corona. Habría una primera fase de plenitud del
modelo informal entre 1580 y 1640; le seguiría otra de atenuación del mismo
de 1640 a 1680 y, por último, la segunda de impulso entre 1680 y 1740. Esta
última se distinguiría de la primera en que el comercio entre ambos virreinatos
por el Pacífico estaría completamente prohibido a diferencia de la permisión
que se practicaba en el primer periodo. Mariano Bonialian, China en la América
colonial: bienes, mercados, comercio y cultura del consumo desde México hasta
Buenos Aires, (Buenos Aires: Editorial Biblos, 2014), 56-67.
35
“y los mismos que han dado el 5% que pondrán el tercio o mitad de sus
caudales, fiando de un Banco, con más razones de seguridad, lo que hoy fían
de un individuo que pasa a la feria de Galeones: y si lo que V.M. erige por
33

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De aquella serían los puntos once y doce los de mayor
interés, pues a partir de estos procuraba hacer valer al rey que
era mucho más favorable la práctica de la navegación por el
Pacífico por tratarse de una ruta cómoda y de “propias Colonias”,
al contrario de la que pudiera experimentarse por el cabo de
Buena Esperanza36. Sólo habría que copiar el modelo comercial
transpacífico “como lo hacen hoy los del Reyno de México a las
Islas Filipinas, [...]; pues no se hace a Cádiz Almacén de estos
comercios”37. No obstante, ofrecía muchas dudas ya que parecía
querer cerrar el comercio de Nueva España con las islas Filipinas e
incorporarlo a esa compañía propuesta con carácter restrictivo38. El
precepto al año, se conoce utilidad, se puede sin exceder la ponderación de lo
posible, decir, que a dos o tres años de esta creación, tendrá la Compañía 20
millones de manejo; y a diez años de haber recogido caudales y comercios,
ninguna de las de Europa igualará sus fondos”. RBPRM, Estado político del
Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff. 121r.-123r.
36
Marina Alfonso Mola, Carlos Martínez Shaw, “La ruta del Cabo y el comercio español con Filipinas”, en Un océano de seda y plata: el universo económico del Galeón de Manila, eds. Salvador Bernabéu Albert, Carlos Martínez Shaw, (Sevilla: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2013),
307-340.
37
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
146r.-149r.
38
Unos años antes, el marqués de Villadarias ya había tenido presente la fuga
del metal precioso que se producía por el Pacífico y la idoneidad de comerciar
sólo con géneros por esa ruta. Más allá del resumen que de sus planteamientos
hiciese el marqués de Santa Cruz de Marcenado, Villadarias expuso en su Discurso sobre la negligencia y abandono con que se miraba en España el esencialísimo punto del Comercio que “[...]Y como en la China se carece de plata
al paso que abunda el oro, con el cual, la compran aquellos naturales dando
crecido interés se podría sujetar aquel comercio a este solo cambio prohibiendo lo que fuese manufactura (pues destruyen las nuestras) y permitiéndolo
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problema se hallaría en la contrapartida, pues, en el fondo, la plata
era la mercancía más valorada en las Indias Orientales. La mayor
parte de las mercaderías que transportaba el Galeón de Manila no
eran propias del Archipiélago, sino conducidas anualmente para el
comercio de éste por los champanes chinos y demás embarcaciones
asiáticas que anualmente navegaban a las islas.
Al igual que Ulloa, Montero del Águila se expresó de
manera similar sobre la plata del virreinato39. Ya no se trataba
únicamente de la que se movía por éste y cuya concentración de
décadas pasadas había dado paso a su dispersión por diferentes
“puertas” como había expuesto. Además, podría haber otra
importante cantidad que no se ponía siquiera en circulación y, por
tanto, se trataría de una riqueza potencial no explotada. A ojos del
proyectista sería un doble perjuicio: el causado por las grandes
sumas que escapaban al control de los españoles y el otro debido al
poco interés por fomentar el trabajo de las minas y explotaciones
similares de la superficie. Una oportunidad que se perdía.
2. Filipinas y el comercio con el Perú.
Junto a estas dos perspectivas, completaría el conjunto de la
Monarquía la proporcionada desde las islas Filipinas. El arzobispo
de Manila, Pedro Martínez de Arizala, dio muestras en 1753 de
únicamente en lo que lejos de producir mal asegurase bien pero con la calidad
de que se conmutasen géneros por géneros.”. RBPRM, Miscelánea, DIG/II
2862, ff. 33r.-v.
39
RBPRM, Estado político del Reino del Perú [1742], DIG II/2888, ff.
157v.-158r.
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la atracción que ejercía el Perú sobre las mercaderías y géneros
asiáticos40. En la parte que dedicó al comercio de Filipinas con
Nueva España proponía que este permiso se ampliara hasta
1.000.000 de pesos, de los que calculaba que rendirían en
Acapulco doblemente y que contribuirían por derechos reales el
20%41. Ya de por sí la ampliación sugerida era bastante importante
al elevar el permiso al doble del último concedido. Pero no se
detuvo aquí, al apuntar, al mismo tiempo, al virreinato peruano.
La ausencia de detalles concretos no empañó la claridad
de su exposición: “Y debiéndose suponer, que extendido (como
conviene) este tráfico de Philipinas al Reino del Perú, rendirá con
el tiempo otra igual cantidad”. Ahora bien, esto era una aspiración,
pero el comienzo, “mientras se establece con cabal conocimiento”,
se haría navegando cada dos años y “podrá regularse su efectivo
considerado al propio cotejo, y regulación de 20 por 100 a 200.000
Archivo General de Indias (en adelante AGI), FILIPINAS,292,N.49, Carta
de Pedro Martínez de Arizala, arzobispo de Manila, proponiendo un proyecto
para Filipinas, Manila 14-I-1753. Decía el arzobispo en su carta que ya había
dado cuenta de sus proposiciones hacía más de cuatro años, por lo que los
primeros escritos del proyecto podrían ser del año 1747 o 1748. El afán observador de Arizala también se hizo notar en el aspecto político cuando propuso al
marqués de la Ensenada en mayo de 1752 la reforma del gobierno de las islas
Filipinas y es que no carecía de experiencia en este sentido el arzobispo, pues
antes de llegar al Archipiélago había sido oidor de la Real Audiencia de Quito.
Miguel Luque Talaván, “Las instituciones de derecho público y de derecho
privado en la gobernación y capitanía general de las Islas Filipinas”, en Historia general de Filipinas, dir. Leoncio Cabrero Fernández, (Madrid: Ediciones
de Cultura Hispánica, 2000), 350; Antonio M. Molina, América en Filipinas,
(Madrid: Editorial MAPFRE, 1992), 63.
41
Que dejaría como beneficio neto del comercio sería de 1.600.000 pesos.
40

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pesos […] y con el mismo interés de carga, que los de Acapulco”42.
De esto se comprende que el permiso para el inicio del comercio
transpacífico con el Virreinato del Perú sería de 500.000 pesos en
Manila y de 1.000.000 de retorno a los que se aplicaría ese 20%
por el mismo concepto que había propuesto anteriormente. Así,
la suma de ambos permisos supuestos arrojaría un valor total de
carga en Manila de 1.500.000 pesos con un retorno de 3.000.000
de pesos si no tenemos presente las contribuciones de los reales
derechos. Cifras más próximas al producto real que transportaban
los galeones43, así que en parte podemos entender la propuesta del
arzobispo como una forma de dar curso oficial a lo practicado.
AGI, FILIPINAS,292,N.49, Carta de Pedro Martínez de Arizala, arzobispo de Manila, proponiendo un proyecto para Filipinas, Manila 14-I-1753.
43
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 207-223. Así se refería el oidor
Francisco Leandro de Viana: “[...] y para mayor convicción de todo lo hasta
aquí dicho, y de los perjuicios causados a la Real Hacienda, servirán los ejemplares Covadonga, y Santísima Trinidad, apresados por los ingleses, en los
años de 743 y 762: y últimamente el Navío llamado el Philipino (cuya Plata
se salvó en la pasada Guerra, y pasaba de dos Millones de pesos, no correspondiéndole por el registro, sino doscientos y cincuenta mil pesos) la Fragata
Santa Rosa; (en que el Marqués de Rubi, encontró un exceso exorbitante en las
Cajas de Permiso; y hubiera encontrado el mismo en los Fardos, si se hubieran
abierto) y la Fragata San Carlos, en que se descubrieron iguales excesos por las
eficaces providencias del actual Virrey de la Nueva España, y de Don Joseph
de Gálvez, Visitador General de aquel Reyno”. AGI, FILIPINAS,940,N.1,
Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente en dos partes:
la primera en 46 capítulos sobre los abusos y fraudes y la segunda en 18 sobre
el número de piezas permitido, Manila 15- VII-1767, en Expediente sobre desórdenes del comercio de Filipinas, f. 945r.
42

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De esta propuesta podemos deducir que el interés que
desde Manila podía despertar el comercio directo con el virreinato
peruano, como mercado importante e interesado en los productos
orientales, se pudo concentrar en evitar la intermediación
novohispana como sucedía hasta entonces. Desplazada ésta, los
excedentes se convertían ahora en el permiso que debía llegar a
Perú directamente por mano del comercio filipino. Cabe pensar
que, con esto, Arizala buscara eliminar algunos de los abusos
que se habían venido perpetuando en el comercio transpacífico44.
Sin embargo, no ofreció respuesta a estos interrogantes. Si ese
supuesto interés comercial insular no era tal, hay que decir que este
solo estaría en la pluma del arzobispo. Además, resultaría extraño
pensar que los comerciantes novohispanos, especialmente los de
la Ciudad de México, cuya presencia en los circuitos mercantiles
y poder económico era creciente desde la segunda mitad del
siglo XVII45, se resignaran a la implantación de una segunda vía
comercial transpacífica que conectara directamente al virreinato
del Perú con las islas Filipinas. De la misma forma que tampoco
consentirían en ello los comerciantes peninsulares y la misma
Corte, donde siempre era visto con recelo cualquier desmán
El mismo arzobispo había denunciado los mismos pocos años antes. AGI,
FILIPINAS,292,N.32. Carta de Pedro Martínez de Arizala sobre el reparto de
boletas, Manila 30-VIII-1750.
45
Guillermina del Valle Pavón, “contrabando, negocios y discordias entre
los mercaderes de México y los cargadores peninsulares, 1670-1711”, Studia
historica. Historia moderna 2 (2020), 115-143. DOI: https://doi.org/10.14201/
shhmo2020422115143.
44

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cometido o que llegaran noticias sobre las salidas irregulares de
plata por encima de los retornos permitidos.
El planteamiento hecho por Arizala suscitaba una cuestión
importante, la de la afectación al abastecimiento indirecto por
parte del Galeón de Manila al virreinato peruano y, unido a éste,
el ejercicio del monopolio y circulación comercial que hacían e
intentaban proteger los comerciantes de Lima como intermediarios
de mayor peso. Este quedó más expuesto, sobre todo, cuando los
registros sueltos se dejaban notar de tal forma que exigían a los
comerciantes más potentados un sobresfuerzo por mantener su
posición. Esto pudo comprobarse ya en los años de 1743 y 1744
con el cese de la puerta de Panamá46.
No obstante, Jorge Juan y Antonio de Ulloa pudieron
informarse de que el trato ilícito que se hacía por las costas
novohispanas en relación a las mercaderías orientales era mucho
más difícil de erradicar debido a la baratura de esas mercancías
que podían dejar un beneficio superior al 100% una vez deducidos
todos los costes. Un porcentaje que podría alcanzar el 200%
en los casos en los que pudieran adquirirse de primera mano
en Acapulco. Por un testimonio directo, que dijeron tomar de
un comerciante recién llegado de las costas de Nueva España,
supieron que su beneficio había sido del 140%, “pero que esto
había nacido tanto de haber logrado la ocasión de emplear en [la]
Jorge Juan de Santacilia y Antonio de Ulloa, Noticias secretas de América,
[1747], ed. Luis Ramos Gómez, (Madrid: Dastin, 2002), 202-206.
46

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feria de Acapulco, cuanto porque las contribuciones para el pase
habían sido muy moderadas en virtud de algunas recomendaciones
que con prevención se les habían hecho a los jueces por donde
había de pasar para que lo atendiesen”47. Por tanto, la esfera
comercial comprendida en los productos orientales tendría así una
condición particular respecto al flujo completo informal desviado
desde Nueva España.
El gobernador Pedro Manuel de Arandía48, partícipe de
este contexto reformista, formuló, al igual que el arzobispo, una
idea de comercio transpacífico49 como alternativa complementaria
a la tradicional practicada hasta entonces. Con ello, esperaba dar
solución a una serie de problemas que se habían vuelto acuciantes
a su parecer y que estaban en estrecha relación. A la debilidad
demográfica de la población de origen español se añadía una
lastrada situación comercial desde la década anterior cuando
tuvo lugar la captura del Covadonga en 1743, seguido de varias
Pero, también, había artículos no tan atractivos cuya ganancia podía ser inferior. Jorge Juan de Santacilia y Antonio de Ulloa, Noticias secretas de América, [1747], ed. Luis Ramos Gómez, (Madrid: Dastin, 2002), pp. 207-208.
48
Un repaso a su gobierno en Ana Ruiz Gutiérrez, “Fronteras allende el mar:
el gobierno de Pedro Manuel de Arandía y Santisteban en Filipinas (17541759)”, en Fiesta, arte y literatura en tierras de frontera, eds. José Javier
Azanza López, Silvia Cazalla Canto y Guadalupe Romero Sánchez, (Granada:
Editorial Universidad de Granada, 2023), 73-93.
49
Un primer acercamiento a esta propuesta en Pablo Sierra Fáfila, “La nao
del Perú: propuesta del gobernador Pedro Manuel de Arandía para el comercio de Filipinas (1758-1759)”, en América: problemas y posibilidades, eds.
Ascensión Martínez Riaza y Miguel Luque Talaván, (Madrid: Ediciones Complutense, 2019), vol. 2, 529-552.
47

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arribadas y la pérdida del patache Pilar en 175050. De la relación
anterior había podido constatar su influencia mutua y afirmar
que solo diez casas contaban con un caudal superior a los 50.000
pesos, más que apto para su mantenimiento. Pero a estos seguían
“habitantes eventicios, y producentes para el Comercio del apoyo
de las obras pías con poquísimo caudal de propio arbitrio”.
Estas palabras guardaban la denuncia implícita respecto a la
escasa población arraigada en las islas, en la que predominaría
un carácter fluctuante y temporal, de ida y venida en una sola
generación, de cuya marcha a Nueva España no quedaba ningún
beneficio en las islas51.
Ahora bien, si nos fijamos en dicho aporte poblacional, las
palabras de Arandía no casaban con el movimiento observado en
la década de 1750, en la que se puede apreciar un leve incremento
respecto a las dos anteriores (1730-1749)52. Cabe la posibilidad
Vicente Rodríguez García, El gobierno de Don Gaspar Antonio de la Torre y Ayala en Filipinas, (Granada: Universidad de Granada, 1976), 111-112
y 150-152; Antonio García González, El gobierno en Filipinas del Ilmo. Sr.
D. Fray Juan de Arechederra y Tovar, Obispo de la Nueva Segovia,(Granada:
Universidad de Granada, 1976), 73-74 y 98-99; Guadalupe Pinzón Ríos, “Defensa del Pacífico novohispano ante la presencia de George Anson”. Estudios
de historia novohispana 38 (2008), 63-86.
51
Antiguo patrón fijado desde la aplicación de la restricción oficial. Carmen
Yuste López, “De la libre contratación a las restricciones de la permission. La
andadura de los comerciantes de México en los giros iniciales con Manila,
1580-1610”, en Un océano de seda y plata: el universo económico del Galeón
de Manila, eds. Salvador Bernabéu Albert y Carlos Martínez Shaw, (Sevilla:
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2013), 85-106.
52
Antonio García-Abásolo, “Españoles y mexicanos en Filipinas. Siglos
XVI a XIX”, en Con la casa a cuestas. Migración y patrimonio cultural en
50

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de que dicha tendencia se hubiera reducido o estancado justo en
el momento en el que se hacía cargo de la Gobernación insular,
pero la frecuencia era más favorable que en los gobiernos previos
al de José de Ovando (1750-1754), de lo que se desprende que el
interés por comerciar desde Filipinas no se veía, cuando menos,
mermado53.
Otro factor perjudicial al comercio que sumaba era el del
aumento de los precios de los géneros y mercaderías asiáticas por
la mayor demanda europea, cuyas embarcaciones acudían a los
puertos chinos en mayor número54. Esto suponía que por la vía de
las compañías comerciales europeas había aumentado la atracción
de este comercio en detrimento de la vía transpacífica55. Cabría
preguntarse si ese tirón por la ruta del cabo de Buena Esperanza
el mundo hispánico, ed. Erika González León, (Sevilla: Universidad Pablo de
Olavide, Arte, Creación y Patrimonio Iberoamericanos en Redes, 2020), 77.
53
Otra cuestión sería que el beneficio se concentrara, por ese mayor aporte
poblacional, en un mayor o menor número de manos, pero esto no implicaría
necesariamente un descenso del mismo.
54
AGI, FILIPINAS,160,N.27, Carta del gobernador Pedro Manuel de Arandía sobre el comercio con Perú, Manila 17-VII-1758, en Expediente sobre
apertura del comercio a Perú. 17-VII-1758/27-XI-1759.
55
José Passarin, comisionado para la construcción del galeón Nuestra Señora de Guadalupe en Siam, en su conducción hacia las islas Filipinas no exenta
de dificultades, pudo observar a mediados del año 1755 que “Noticiosos de mi
llegada a la ciudad de Cantón los sobrecarga (sic), y capitanes de veinte y nueve barcos de Europa que se hallaron por sus Compañías de Comercio de dicha
ciudad como son franceses, ingleses, portugueses, prusianos, suecos, dinamarqueses y holandeses me vinieron a cumplimentar admirándose mucho de mi
lastimosa tragedia”. AGI, FILIPINAS,940,N.1, Expediente sobre desórdenes
del comercio de Filipinas, Manila 5-VII-1756, f. 184r.
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se debía únicamente a un aumento de la demanda de los mercados
europeos para el consumo propio de estos o si, además, influía el
hecho de que el abastecimiento de los mercados indianos hubiera
acaparado un mayor volumen de mercaderías asiáticas por la vía
atlántica56 y, por tanto, el papel jugado por los registros sueltos
desde su habilitación en 1739 tuviera protagonismo en ello57.
Si estos proporcionaron un abastecimiento más regular
a las Indias, podemos pensar que la atracción de mercancías
asiáticas por la ruta transpacífica se vería, en parte, reducida.
Incluso, la demanda peruana, alimentada desde Acapulco, podría
haberse visto igualmente cubierta por esta “atlantización” del
comercio transpacífico, identificando la navegación por el cabo
de Hornos desde la década de 1740 como la primera fase de
cambio respecto al comercio oriental58. No obstante, a través de
los comentarios de Jorge Juan y Antonio de Ulloa hemos podido
ver cómo la rentabilidad de ese comercio ilícito de mercaderías
asiáticas era lo suficientemente alta como para resistir mejor el
Ana Crespo Solana, “La Compañía holandesa de las Indias Orientales
(VOC) y los proyectos españoles con Filipinas a través del Cabo de Buena
Esperanza (1609-1784)”. Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia 20 (2020), 127-129.
57
Bernardo de Ulloa, Restablecimiento de las fábricas y comercio español,
[1740], ed. Gonzalo Anes Castrillón, (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Instituto de Estudios Fiscales, 1992), 351-352.; Gerónimo de
Uztariz, Theorica y práctica de comercio y marina, [1742], ed. Gabriel Franco
López, (Madrid: Aguilar, 1968), 102.
58
Mariano Bonialian, “Comercio y atlantización del Pacífico mexicano y
sudamericano: la crisis del lago indiano y del Galeón de Manila, 1750-1821”.
América Latina Historia Económica 1 (2017), 13.
56

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abastecimiento que pudiera hacerse con los navíos de registro. Sin
embargo, Bonialian pone en cuestión esa rentabilidad advirtiendo
que la redistribución que se efectuaba desde Lima prácticamente
había desaparecido para la década de 1750:
“Hemos registrado en su momento que entre los años 1670 y
1740 se dirigieron más de 80 embarcaciones limeñas con plata,
azogue, cacao y vino a los puertos del Pacífico mexicano.
Veinticinco de ellos –cifra oficial y por cierto mínima, que
no refleja el contraflujo- habían retornado con mercadería
local, asiática, europea y de Castilla a los puertos del Callao,
Guayaquil, o Paita. Lo sorprendente es que apenas iniciada
la segunda mitad del siglo XVIII, esta composición de bienes
desde México hacia Perú por el Pacífico no continuó en lo
más mínimo. La medida de libre comercio para el tráfico de
embarcaciones particulares por el puerto de Buenos de Aires o
hacia el Valparaíso, Lima y Guayaquil vía el Cabo de Hornos
daba cuenta del avance español sobre un espacio marítimo
sudamericano que en el periodo anterior funcionaba con otras
lógicas de comercio, más vinculadas a México y a la economía
asiática.” 59

Esa resistencia mayor parecía, según el fragmento, no haber
tenido continuidad. Sin embargo, Carmen Parrón Salas advirtió
que los registros sueltos no se habían hecho sentir plenamente
todavía entre 1739 y 176060. Se podría argumentar que la Carrera
del Pacífico no pudo oponerse con firmeza a la llegada de los
Mariano Bonialian, “Comercio y atlantización del Pacífico mexicano y
sudamericano: la crisis del lago indiano y del Galeón de Manila, 1750-1821”.
América Latina Historia Económica 1 (2017), 18-19.
60
Carmen Parrón Salas, “Perú y la transición del comercio político al comercio libre, 1740-1778”, Anuario de estudios americanos 2 (1997), 453-456.
59

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registros sueltos y que estos pudieron tener un efecto sustitutivo,
ya que la década de 1740 fue aciaga para el comercio del Galeón
de Manila, pues entre 1742 y 1750 solo se completaron dos
viajes comerciales y el envío de una embarcación en lastre61,
en 1745, 1746 y en 1749. Por tanto, sería esta una oportunidad
para los registros sueltos de cubrir la demanda del virreinato
peruano asumiendo esa carga “extra” que tenía como objeto la
reexpedición hacia el Perú. Una situación que bajo diferentes
perspectivas señalaba el proyectismo de estas décadas centrales,
al subrayar la conexión con Perú como factor de recuperación.
No obstante, este esquema de reemplazo debe ser
matizado. La famosa expresión recogida por Domingo de
Marcoleta, “A este methodo se fabrican inmensos artificios, que
ha maquinado la avaricia, tanto por aquella Garganta, como por
la via de Mexico, hallándose en el Reyno gruessas Memorias,
y tanta copia de Generos de China, que parece haverse abierto
la Feria de Pequin en Lima”62, nos dice todavía que el efecto
de los registros sueltos, como suministradores de mercaderías
orientales, no habían triunfado en tal condición durante la década
de 1740. Independientemente de la exactitud temporal con la que
vinieran a acusar a los comerciantes de Lima, esto nos dice que,
AGI, FILIPINAS, 151,N.41, Carta de Gaspar de la Torre sobre suspensión
del galeón, Manila 19-VIII-1745.
62
RBPRM, Nueva Representación, que hace a Su Magestad (que Dios
guarde) D. Domingo de Marcoleta, Apoderado de la Ciudad de Buenos Aires
[1750], VE/703/4, f. 6r.
61

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al menos, el rápido efecto subrayado por Lamikiz63, en respuesta
a lo expuesto por Parrón Salas sobre la profundidad y velocidad
del cambio representado por los registros sueltos, no parecía
aplicarse a esa esfera del comercio oriental, o al menos no se
ajustaba a los mismos ritmos que se habían impuesto sobre el
tradicional comercio atlántico.
Por ello, debemos considerar que la ruta de abastecimiento
seguiría siendo extraordinariamente larga si, desde Cádiz, se
daba conexión a la del cabo de Buena Esperanza con los registros
sueltos. De tal forma que, aún en la década de 1740, y contando
con la supresión de la ruta transpacífica después del desastre del
Covadonga (1743), se planteara el abastecimiento directo como
una oportunidad, pero integrada también en un amplio contexto
de guerra económica64, por parte de las potencias extranjeras en
América a través del Pacífico entre 1745 y 174765, sabedores de
los varios años que hacía que no salía un galeón hacia Acapulco y
del impacto que podía tener una operación de tal calibre66.
Xabier Lamikiz, “Patrones de comercio y flujos de información comercial entre España y América durante el siglo XVIII”. Revista de Historia Económica. Journal of Iberian and Latin American Economic History 2 (2007),
240-241.
64
Sylvia L. Hilton, Las Indias en la Diplomacia española, 1739-1759 (Madrid: Universidad Complutense de Madrid, Tesis Doctoral, 1980), 328-331.
65
Justo ese año de 1746 se había decido enviar desde Filipinas el galeón
Rosario y el navío Pilar. Véase la tabla más abajo.
66
Guadalupe Pinzón Ríos, “La expedición neerlandesa de 1747. Un intento
inglés y holandés por comerciar con Nueva España”, en Nueva España: puerta
americana al Pacífico asiático, coord. Carmen Yuste López, (Ciudad de México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 2019), 197-221.
63

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La propuesta de Arandía llevaba como introducción la
referencia a la demanda peruana de los géneros asiáticos: “de
que aquellos naturales son tan apetentes y apasionados”. Con
esta información daba paso a su petición, proponiendo al rey
la concesión de un navío de permiso cada tres o cinco años,
excusando al de Nueva España, y que en Filipinas se satisficieran
los intereses de carga y “más valor por el aumento que debiera
hacerse en Acapulco, computando el de el Real Situado de un año
se beneficiaba la Real Hacienda de esta extracción en el Reino de
la Nueva España”67.
La idea del gobernador ofrece algunas dudas por los
términos en los que se expresa. El principal, pensamos, es el
que hacía referencia al intervalo temporal para comerciar entre
Filipinas y el virreinato del Perú y la expresión de excusar al navío
de Nueva España. Si señalaba que la línea comercial con Nueva
España quedase suspendida completamente para impulsar la
peruana, o si esta suspensión tendría ocasión únicamente cuando
fuese concedido el navío de permiso que se despachara al Perú
para comerciar con Filipinas, es algo que requiere ser precisado.
En el caso de que todo el comercio transpacífico pudiera depender
del navío de permiso propuesto para el Perú, cada tres o cinco
años, sería demasiado grande el espacio temporal y el buque
del navío tendría que ser enorme como para abastecerlo durante
AGI, FILIPINAS,160,N.27, Carta del gobernador Pedro Manuel de Arandía sobre el comercio con Perú, Manila 17-VII-1758, en Expediente sobre
apertura del comercio a Perú. 17-VII-1758/27-XI-1759.
67

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tanto tiempo. Sin embargo, resultaría extraño pensar en un cese
completo de la ruta comercial oficial porque no había sido esa
una medida común o repetida en los debates sobre el comercio
transpacífico ni entre el proyectismo peninsular para las islas68.
Solo José de Carvajal y Lancaster la expuso abiertamente en su
proyecto de compañía para las islas69.
Ahora bien, aunque pensemos en este navío de permiso
como en un galeón complementario, expuso Arandía una serie de
diferencias respecto al sistema tradicional que permitirían el ahorro
del situado y convertir a las islas en el depositario fiscal del comercio
transpacífico peruano. Por lo que dicho ahorro y beneficio a la
hacienda virreinal novohispana solo era posible en años precisos
en los que el viaje comercial se efectuara desde las costas peruanas
del Pacífico hacia las islas Filipinas70. La definición concreta de
Marina Alfonso Mola, Carlos Martínez Shaw, “España y el comercio de
Asia en el siglo XVIII. Comercio directo frente a comercio transpacífico”, en
El Sistema Comercial Español en la Economía Mundial (siglos XVII-XVIII).
Homenaje a Jesús Aguado de los Reyes, eds. Isabel Lobato Franco y José María Oliva Melgar, (Huelva: Servicio de Publicaciones Universidad de Huelva,
2013), 328-339.
69
José de Carvajal y Lancáster, Testamento político o idea de un gobierno
católico, [1745], ed. José Miguel Delgado Barrado, (Córdoba: Universidad de
Córdoba, Servicio de Publicaciones 1999), 123-129.
70
Desde las islas Filipinas también fue contemplada esta opción de institucionalización comercial varios años antes. AGI, Audiencia de Filipinas, FILIPINAS,206,N.1, Memorial de la Ciudad y Comercio de Manila proponiendo
nuevas reglas para mejor acierto de su comercio basadas en la que haya un
Consulado de Manila, Madrid (sin fecha), en Expediente sobre el comercio
de Filipinas y Nueva España 1712-1722, ff. 763r.-765v. María Teresa Martín
Palma, El Consulado de Manila, (Granada: Universidad de Granada, 1981).
68

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su organización quedaba sujeta a su aprobación posterior, pero, en
vista de que el gobernador fijaba un período temporal y un navío
de permiso, la adopción más próxima sería la del modelo del
Galeón de Manila, ya que se acabaría dotando de un reglamento
al comercio entre Manila y Perú, de iniciativa privada y no real71.
Este desplazamiento del mantenimiento y los costes del
comercio marítimo lo basaba en la incapacidad que tenían en aquel
momento los comerciantes de Manila para sostener las cargas de
este tipo de tráfico, y que si el rey lo concedía en los términos
propuestos, contemplaba “a todas luces este plan favorable a la
Real Hacienda con intermedio de los tiempos en que fuere del Real
agrado de S.M. la Concesión”. Esto conllevaría una alteración de
los términos en los que se efectuaba la Carrera del Pacífico. El
gobernador presuponía unos efectos beneficiosos para la población
que permitirían cambiar la tendencia que describía pues durante
“mi Gobierno han muerto hasta ocho vecinos de caudal y manejo
conocido, y apenas se han radicado tres advenedizos”.
No obstante, más allá de su aprobación o rechazo72,
conviene destacar la presencia que tenía el virreinato peruano en
Marina Alfonso Mola, Carlos Martínez Shaw, “Iniciativa pública e iniciativa privada en el tráfico directo de España con las Filipinas”, en Bajo el velo
del bien público. Estudios en homenaje a Guillermo Pérez Sarrión, eds. Jesús
Astigarraga Goenaga y Javier Usoz Otal, (Zaragoza: Institución Fernando el
Católico, 2020), 87-110.
72
AGI, FILIPINAS,160,N.27, Informe del fiscal del Consejo de Indias, Madrid 27-XI-1759, en Expediente sobre apertura del comercio a Perú. 17-VII1758/27-XI-1759. AGI, FILIPINAS,335,L. 17, Aviso de negativa al comercio
con Perú propuesto por Arandía. 27-IX-1760, ff.151R-154R.
71

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el imaginario comercial de las islas y la condición salvífica que
parecía guardar para éstas. Arandía había propuesto la alternancia
a la hora de apostar por la habilitación de un navío organizado y
despachado desde las costas peruanas para que fuera a comerciar
a Filipinas cada tres o cinco años, sin interrumpir la Carrera del
Pacífico excepto cuando le tocara realizar el viaje comercial,
ahorrando el situado novohispano en dicho año y dejando todo
el monto fiscal procedente del comercio en las cajas reales
insulares. Arizala era igualmente partidario del comercio con
Perú, pero de una forma más parecida al practicado entre Manila
y Acapulco, adoptando la organización del viaje comercial desde
Filipinas y sin alternarse, sino de forma coincidente. Aunque,
en una primera fase, el viaje hacia Perú se haría cada dos años
y después anualmente, sería esta una posición lejana a la del
gobernador, quien hablaba más prudentemente de trienios o,
incluso, quinquenios y sin hacer ninguna mención a cantidades
de permiso ni de piezas.
El gobernador parecía querer solucionar la cuestión de
la intermediación mediante su reconocimiento, depositando la
iniciativa del tráfico en los comerciantes peruanos o, al menos,
contrapesarla. Lo esperado de esta fórmula comercial, además de
dejar en Manila todos los réditos fiscales, era que los manileños
se convirtieran en los verdaderos intermediaros entre la demanda
americana, en este caso la del virreinato del Perú, y las mercaderías
asiáticas que aprontaban los sangleyes, junto a otros comerciantes
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orientales y europeos, al Archipiélago. Sin embargo, este
aparente punto en común de una segunda vinculación comercial
transpacífica encuentra, también, apreciaciones diferenciadas.
Si contamos con un imaginario que se vuelca en el horizonte
comercial peruano podemos observar cómo, pese a su previo
señalamiento como referente común, parten de él las divergencias
de los intereses, según se mire bajo la perspectiva axial de Montero
del Águila73 o como apoyo necesario para la recuperación de cada
una de las carreras oceánicas.
3. Balance del comercio transpacífico en el circuito hispánico
(1754-1759): ¿crisis del sistema del Galeón?
Los descargos hechos por Arandía, unidos también a los del
arzobispo, nos podrían indicar, indirectamente, que se estaba
produciendo esa pérdida del espacio económico peruano para el
Galeón de Manila, sin olvidar que estos registros sueltos también
estaban siendo empleados en el virreinato novohispano. Al
menos hasta el apresto y despacho de la flota novohispana, en
175774. Si nos guiamos por los registros oficiales de los galeones
transpacíficos en esa segunda mitad de la década de 1750
podemos pensar que las cifras se correspondían con la situación
Este punto de vista de la centralidad virreinal lo encontramos también para
el caso de Nueva España en la obra de 1747 de Manuel González de Arancedo.
José Miguel Delgado Barrado, Aquiles y Teseos. Bosquejos del reformismso
borbónico (1701-1759), (Granada; Universidad de Granada, Universidad de
Jaén, 2007), 166-168.
74
Ver nota 31.
73

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que se describía desde el Archipiélago y que esto pudo haber
alimentado las peticiones de vinculación comercial directa con
Perú. El primer viaje comercial preparado desde las islas por el
gobernador Arandía fue el del Santísima Trinidad, un galeón de
enorme capacidad75. Fue despachado en el verano del año 1755,
un año después de que hubiera tomado posesión de su cargo,
según informó el marqués de las Amarillas76, virrey de Nueva
España, tras su llegada a Acapulco a finales de febrero de 1756.
Llevaba registradas a bordo 2.370 piezas y una cuarta por un valor
regulado en Filipinas de 287.442 pesos, siete tomines y un grano
y medio. El exceso referido, una vez comprobado y cotejado el
registro con la descarga del navío, fue de unas pocas porciones
de canela. Respecto al retorno de la plata, no ofrecía cifra alguna.
Sólo podemos suponer que no habría una gran diferencia entre
los excesos y fraudes que se cometían antes de esta navegación
con el resultado que tuvo, ya que, aparentemente, repetía la carga
de 175377.
Oficialmente fue reconocida su capacidad en 5.068 piezas. AGI, FILIPINAS,269,N.1, Arqueo del galeón Santísima Trinidad, Cavite 29-IV-1751, en
Pieza 3ª. Autos preparativos para el repartimiento de las 4.000 piezas para la
carga del galeón Santísima Trinidad y Nuestra Señora del Buen Fin el año de
1751. Año 1753, ff. 166r.-169r.
76
AGI, FILIPINAS,121,N.21, Carta del marqués de las Amarillas sobre descarga del galeón Santísima Trinidad, México 25-X-1756.
77
Informando el virrey conde de Revillagigedo sobre la llegada del galeón,
pero sin dar cuenta de la carga que retornaba, como hizo su sucesor el marqués
de las Amarillas. AGI, FILIPINAS,121,N.18, Real orden con carta de Juan
Francisco de Güemes sobre decomiso, México 30-VI-1754.
75

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La escasa información proporcionada contenía, al menos,
las indicaciones del gobernador de que se cargara con 3.000
piezas, unas 1.000 piezas suplementarias más de las solicitadas
por el Comercio de Manila en contra de su dictamen78, que
habían fundado en las malas ferias ocurridas por hallarse el
virreinato de Nueva España “muy abundante de ropa” en los años
antecedentes. No obstante, según la relación virreinal, las que
llegaron registradas a Acapulco no alcanzaban las 2.400 piezas.
Este aumento de la carga en un 50% sobre la petición original por
orden del gobernador, fue perjudicial al Comercio y a las obras
pías. Estas no habían podido recuperar lo anticipado, incluso con
las bajadas que aplicaron aquel año a un 20%. Sólo el gobernador
salió beneficiado por participar en el galeón con hasta setenta y
cinco piezas “y con su caudal que dio a corresponder, a pagarlo en
México a su Apoderado, tuvo el logro de muy segura ganancia”79.
En cuanto a la reducción del porcentaje del premio de las obras
pías sobre los caudales que habían dado a corresponder para
el comercio de Nueva España es algo de lo que informaba el
gobernador en su carta del año 1758, así que parece que fue una
medida que se dio desde el comienzo de su gobierno y se mantuvo
a lo largo de este, síntoma de la crisis económica apuntada por
AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo
Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía, Manila 29VII-1758.
79
AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo
Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía, Manila 29VII-1758.
78

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él. El menor volumen de comercio parecía repercutir sobre parte
del sistema de financiación del mismo. Este, posiblemente, sería
uno de los motivos por los que Arandía, al definir su propuesta
de comercio transpacífico entre Filipinas y el Perú, lo hizo
pensando en cargar toda la responsabilidad financiera sobre los
comerciantes del virreinato.
En 1757 no se pudo aprontar el galeón Santísima
Trinidad porque el gobernador dispuso que se le diera “el corte
de Fragata”, y para traer el real situado a las islas se preparó
una embarcación de pequeño porte, aun con la opinión de los
pilotos de la junta de que sería incapaz de realizar una travesía
tan dilatada y rigurosa. A pesar de su tamaño, sólo preparado para
hacer el viaje a Nueva España en busca del situado, no se privó
el gobernador de hacer repartimiento de piezas “para vencer la
renuencia de los ánimos”. Estas fueron en total trescientas setenta
y cinco, de las que distribuyó entre los oficiales doscientas setenta
y cinco, beneficiándose de las cien restantes. De nuevo, se sirvió
de su propia autoridad “que por V.M. le es concedida de elegir,
y aprovecharse del carguío de sus vasos”. Esta decisión del
gobernador solo sirvió para encarecer la ropa en las islas y para
reducir su coste en Nueva España, siendo el resultado de todo esto
una correspondencia comercial secreta mantenida por Arandía
con algunos mercaderes americanos, quienes con la abundancia
podían aprovechar la baratura de las ropas en Acapulco. A esto se
añadió la novedad, conocida en este puerto el año de 1756, de que
el virrey mandó a los mercaderes de Filipinas que vendiesen sus
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cargazones en aquel puerto y, si no pudiera ser así, las retornasen
a las islas sin la posibilidad de darles salida fuera de feria o
conducirlas hasta México. Arandía aseguraba que esta había
sido una petición que le hizo el Comercio de Manila por carta,
de la que aportaba copia, pero sin firmas de los peticionarios.
Esta versión fue puesta en duda, pues la carta destinada al virrey
de Nueva España fue alterada por Santiago de Orendain, alcalde
ordinario y colaborador del gobernador80. Sin embargo, no sería
este proceder malintencionado, o no tendría esa única lectura,
ya que así intentaba asegurar que al año siguiente, en el caso
de poder celebrarse una feria más ventajosa, se vendieran todas
las mercaderías e incluso pudiera despacharse un permiso más
abundante.
Cuando el patache Nuestra Señora de la Portería
recaló en Acapulco no hubo miramientos ni consideraciones
correspondientes a la decisión del gobernador de Filipinas. El
fiscal de la Real Audiencia de México ordenó el embargo a favor
de la Real Hacienda por no ser la carga del permiso concedido
a los vecinos de las islas. No obstante, el virrey accedió a
suavizar la primera determinación, resolviendo que los oficiales y
comandantes del navío hicieran uso de sus efectos y, a la espera de
la aprobación por lo ejecutado, dio constancia del testimonio tanto
De este recelo “nada pudo rastrearse, más de la confirmación de esta vehemente sospecha con el hecho de no hallarse copia de esta carta en el Libro
borrador de todas”. AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía,
Manila 29-VII-1758.
80

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al gobernador de las islas como al rey. En el patache retornaron
el situado anual para las islas “y efectos habilitados por factoría
que importaron ciento y veinte y nueve mil ochocientos un pesos,
cinco tomines y ocho granos”81.
Las acciones del gobernador encontraron su réplica en la
reclamación de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós82. La decisión
de no embarcar aquel año de 1757 ningún permiso por los
vecinos comerciantes se debió, según lo informado por Quirós, a
la escasez y alto coste de los géneros, llegando a venderse en las
islas con más estimación que la que podría proporcionar su venta
en Nueva España83. Sin embargo, pese a la escasez y el reducido
número de champanes que se aproximaban a Cavite84 para vender
sus cargazones, éstas estuvieron valoradas, el año que menos
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Carta del marqués de las Amarillas, virrey de
la Nueva España, dando cuenta de la llegada del patache sin carga del comercio, México 22-III-1758, en Expediente despachado sin carga del Comercio de
Filipinas.
82
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
83
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
84
Aunque este número pudiera parecer reducido respecto a períodos pasados, entre 1750 y 1760, el número de embarcaciones que recalaron en las islas
para comerciar fue bastante estable, de poco más de 16, contándose 24 para el
año 1755 y 11 en el de 1757, predominando los originarios de China. José Cosano Moyano, Filipinas y su Real Hacienda, (Córdoba: Publicaciones Monte
de Piedad, Caja de Ahorros de Córdoba, 1985), 229.
81

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venían, en más de 1.000.000 de pesos85. Teniendo presente estas
dos informaciones se hacía evidente la subida de los precios que
tenían las mercaderías asiáticas en el momento de su adquisición
en Manila, factor condicionante al que también se refirió Arandía
al exponer su proyecto en 1758, motivado por la competencia
europea y el aumento de su demanda a través de las factorías de
sus compañías.
No obstante, esa estimación no dejaba de ser llamativa y,
sobre todo, si en el caso de la carga del Galeón, esta veía reducido
su volumen, pero mantenía precios altos, es difícil pensar que no
tuviera salida en el mercado novohispano, excepto que toda su
demanda fuera cubierta por la vertiente atlántica. No sabemos
si ese valor aludía únicamente a la carga que aprontaban los
champanes para el comercio del galeón o se incluía también el
abasto de las islas. Aun si se trataba de este segundo caso, el
valor de la mercancía que se destinase al comercio transpacífico,
en lo que podía ser el año con menor llegada de champanes a
Manila siguiendo dicha información, superaría el valor de los
500.000 pesos y es difícil pensar que en Acapulco, o fuera de
feria la estimación de los géneros y mercaderías orientales fuese
la misma que en Manila o, incluso, inferior como refería Quirós
en su informe. Sabemos por el virrey de Nueva España, conde de
Revillagigedo, para el año 1754:
AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador de la orden de Santo
Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de Arandía, Manila 29VII-1758.
85

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“que aunque el Comercio de Philipinas, está tan decadente, así
porque los géneros que trafican son de incomparable menos
ley que los que se traen de Europa, como por lo que abundan
estos en la actualidad, y en lo general se proveen de ellos por su
mayor duración, con todo no se puede dejar de hacer el cómputo
de que cualquiera pieza de Philipinas, tenga en Acapulco la
estimación de trescientos pesos a lo menos”86

Las palabras del virrey parecían denotar que ese alto precio
en Nueva España sostenía el beneficio del tráfico, dejando las
palabras del diputado por exageradas, postura que parecía
compartir el gobernador Arandía desde 175587. Si las piezas
llevadas por el Galeón de Manila tenían una estimación mínima
de trescientos pesos en Nueva España por aquellas fechas, una
carga completa del permiso según las 4.000 piezas que, decían,
podían embarcar, darían una cantidad mínima total de 1.200.000
pesos. Incluso podía darse la posibilidad de que esta fuera mayor,
pues el virrey hablaba de cualquier pieza, por lo que podemos
pensar que habría otras con una estimación superior. Además, en
Manila se tenía noticia del envío de la flota aquel año de 1757,
por lo que fue otra de las razones por las que el Cabildo secular y
los compromisarios del comercio no se decidieron a enviar carga.
Según Quirós, todavía había una gran cantidad de mercancías
AGI, FILIPINAS,121,N.18, Carta del conde de Revillagigedo, virrey de
Nueva España, al marqués de la Ensenada sobre el decomiso de diferentes géneros en el navío Santísima Trinidad, México 30-VI-1754, en Real orden con
carta de Juan Francisco de Güemes sobre decomiso.
87
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 376.
86

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�Pablo Sierra Fáfila

almacenadas en Nueva España a pesar de haber “sido la última
remisión de sola la cuarta parte de la permisión”88.
A pesar de todo lo expuesto, apuntaba el fiscal de la Real
Audiencia de Manila que realmente el provecho de la carga del
navío Nuestra Señora de la Portería se había repartido entre
muchos sujetos. Aunque estas piezas iban en cabeza de los
oficiales de la embarcación algunas tocaban al gobernador, a sus
familiares, a su asesor, al secretario de gobierno, a los oficiales
reales y a los cargadores “por cuya circunstancia, y la de no ser
carga del Comercio, se excusó de asistir a ella, si bien no pudo
conseguir lo mismo a las manifestaciones de géneros y avalúos”89.
No obstante, retomando el hilo de la razón principal por
la que el gobernador había permitido ese repartimiento de boletas
el año de 1757 como alivio a la Real Hacienda por el despacho
del navío para retornar el situado, decía el diputado que este no
podía ser motivo suficiente, sobre todo, porque el fundamento
del comercio que se concedió a los vecinos y habitantes de las
islas se asentaba en el mantenimiento de aquellos dominios
y la cristiandad desplegada allí, y no por el interés que podía
proporcionarles90. Aunque este argumento fue común en muchos
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Quirós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
89
AGI, FILIPINAS,98,N.45, Consulta sobre despacho de un patache a Nueva España, Madrid 16-XII-1758.
90
AGI, FILIPINAS,121,N.23, Informe de Tomás Sánchez Bernardo de Qui88

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�La Carrera del Pacífico

de los escritos del Comercio de Manila para defender su postura
a lo largo del siglo, la realidad fue bien distinta, pues la utilidad
común se acabó centrando en unos pocos.
Al año siguiente de 1758 “dispuso vuestro Gobernador
absoluta, y despóticamente, que el Navío la Santísima Trinidad
hiciera su viaje a Acapulco” con una carga de 2.000 piezas, unas
1.000 más de las que había solicitado el Comercio de Manila para
el despacho del navío ese año, las mismas que cargó el año de
1753. En este caso su procedimiento no era muy diferente del que
hizo el año de 1755, revisando la petición de los comerciantes
y alterando el número de piezas solicitadas. Las razones del
Comercio tampoco eran desconocidas para querer enviar una
carga tan reducida de 1.000 piezas: entre estas se encontraban la
de poder lograr una mejor feria, comprar la ropa en Manila con
mayor conveniencia y que la venta de boletas repercutiera algún
beneficio a los vecinos pobres y viudas de la capital.
Sin embargo, al aumentar el gobernador al doble el número
de piezas y, por consiguiente, el de boletas, se redujo el precio de
estas “y aun vendrán a quedarse muchas en tierra, por faltar en
ellas ropa, caudal, y ánimo para llenarlas todas”. A esto añadían
que el costo que repercutía sobre la Real Hacienda en el apresto y
despacho del navío era menor en el caso de cumplir con la solicitud
del Comercio, pues bastaría con el patache el Filipino, menor que
rós, diputado de Filipinas, sobre el despacho del patache sin carga del comercio el año de 1757, Madrid 2-III-1759, en Expediente despachado sin carga del
Comercio de Filipinas.
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el Trinidad, y suficiente para llevar esa carga solicitada. Aspecto
que tampoco tuvo en cuenta Arandía, mostrando una actitud de
oposición a todas las reclamaciones comerciales91.
Por carta del marqués de las Amarillas sabemos que el
Santísima Trinidad llegó al puerto de Acapulco el 16 de enero
de 1759 con una carga registrada de 2.177 piezas. Por el cotejo
hecho a esta se observó que faltaba una pieza de canela, así como
diferencias en el peso del resto de la misma especia. Decía el virrey
que había remitido el situado completo a las islas junto a 60.000
pesos que se le previnieron que anticipara y doscientos reclutas
hechos en México armados y equipados para que embarcaran en
el galeón92. El gobernador había retrasado la salida del galeón por
la llegada tardía de los navíos de la Costa y los champanes de
China por lo que decidió aumentar el permiso de aquel año. Y
continuaba93:
resolví el día veinte y uno de este mes que si en el siguiente
no beneficiaban las boletas retenidas para la carga desde el
día veinte y tres quedaron por nulas y sin ningún valor y que
Quien puso “por obra su dictamen, en cuya consecuencia va el Navío referido con la expresada carga”. AGI, FILIPINAS,386,N.35, Carta del procurador
de la orden de Santo Domingo, fr. Francisco de Casas, sobre los excesos de
Arandía, Manila 29-VII-1758.
92
AGI, FILIPINAS,121,N.26, Carta del marqués de las Amarillas, virrey de
Nueva España, dando cuenta de la llegada del galeón nombrado La Santísima
Trinidad, México 24-IV-1759, en Expediente sobre la llegada del navío anual
de Filipinas.
93
AGI, FILIPINAS,121,N.26, Testimonio de los autos sobre la carta del gobernador y oficiales reales de Filipinas por los excesos del embarque, Manila
28-VII-1758, en Expediente sobre la llegada del navío anual de Filipinas.
91

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�La Carrera del Pacífico

los comerciantes de esta Ciudad manifestaran en Contaduría
las Piezas que tuvieran que embarcar aunque pasaran de
dicho número pagando a favor de la Real Hacienda veinte y
cinco pesos por la boleta que les faltara y los derechos reales
acostumbrados […]y que el pico de más como beneficioso a
la Real Hacienda y al bien de este Comercio que se halla tan
atrasado lo he abrigado con mis decretos como de todo le será
a V.E. constante por el Registro.

Sin embargo, no faltaron apreciaciones contrarias a la crítica frontal
contra las actuaciones del gobernador94. Vistas estas cantidades
podemos preguntarnos si durante la segunda mitad de la década de
1750 el sistema del Galeón de Manila vivió una crisis grave como
las descripciones insulares nos pudieran dar a entender, o más bien
si se trataba de años críticos puntuales. Es innegable que, desde la
captura del Covadonga en 1743 hasta el envío de un nuevo permiso
en 1746, se había dado un período de sequía comercial de fuerte
“Ningún Gobernador hasta hoy ha tenido el despacho tan cuantioso de que
se encargó Dn. Pedro de Arandía [...] prueba clara es de lo que trabajó que no
teniendo el Inventario general del oficio de Gobierno desde la fundación de
esta Capital más que novecientas y más foxas lo que actuó y quedó en Gobierno consta de un Inventario de cerca de trescientas; y si se recogiera todo lo
que hay en las oficinas y Archivos independientes sin duda sería menester un
gran carro para cargarlo, lo que admira aun a los mismos opuestos que en solo
cuatro años hiciera por sí tanto como diez Antecesores juntos”. AGI, FILIPINAS,386,N.45, Petición de José del Río sobre vindicar deshonor de Arandía,
fechado probablemente en 1760. Por otro lado, también podríamos suponer
que la enorme cantidad de documentación acumulada al respecto durante su
gobierno sobre el tema se “perdiera” después de su fallecimiento por las fuertes críticas que habían despertado sus medidas que hasta su confesor se lamentaba de no haber podido encontrar un escribano que diera copia testamentaria
ni de la justificación de su queja.
94

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impacto en el Archipiélago95. La interrupción de esos tres años de
la navegación transpacífica sí pudo ser motivo de preocupación,
pero ¿se arrastraría esta de forma continuada hasta la muerte del
gobernador Arandía en 1759? ¿o hasta la invasión inglesa de 1762?
¿o más bien se intercalarían períodos de crisis puntuales con otros
de recuperación? ¿estaríamos ante una situación fluctuante y no
constante? Responder a estos interrogantes es difícil cuando los
datos oficiales no abundan y son parciales los que rodearían al
comercio real. Si tomamos en cuenta el comercio del Galeón en los
años en los que Arandía fue gobernador de las islas (1754-1759),
cuyas intervenciones precisas fueron sobre los de 1755 a 1758,
sumarían en total, según las cifras que hemos visto, unas 5.922
piezas transportadas hacia Nueva España96.
La cifra era ligeramente inferior al número de piezas que
habían sido llevadas al virreinato novohispano en tiempos del
marqués de Ovando, pero no suponían una diferencia sustancial
como para que el contraste pueda dar a entender un agravamiento de
A la captura del Covadonga en 1743 siguió el cierre comercial oficial.
AGI, FILIPINAS,189A,N.6, Carta del Cabildo secular de Manila sobre el comercio con Nueva España, Manila 29-VII-1745; AGI, FILIPINAS,189B,N.2,
Real Orden comunicada por el marqués de la Ensenada al gobernador Gaspar
de la Torre sobre la reanudación del tráfico entre Filipinas y Nueva España,
San Ildefonso 18-IX-1745, en Carta del Cabildo secular de Manila sobre reanudación del tráfico del galeón.
96
Carmen Yuste sí recoge el viaje comercial para el año 1756 realizado por
el navío Nuestra Señora del Rosario (alias el Filipino) del que puntualiza
que no hay información sobre el retorno. Carmen Yuste López, Emporios
transpacíficos. Comerciantes mexicanos en Manila 1710-1815, (México:
UNAM, 2007), 43.
95

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�La Carrera del Pacífico

la situación entre el gobierno de este y el de Arandía. Si el cómputo
anual ideal a transportar era el de un permiso de 500.000 pesos
correspondientes a 4.000 piezas, según el Comercio de Manila, era
evidente que durante el gobierno de Arandía se estaba dando una
situación de crisis en términos oficiales. En aquel tiempo, apenas
se había alcanzado, en conjunto, poco más de un permiso completo
en cuatro años, cuando la cifra contemplada reunía 16.000 piezas.
Ahora bien, esto sería un tope máximo, ya que el Cabildo secular
y los compromisarios de comercio tenían el derecho de solicitar el
número de piezas que creyeran convenientes para el permiso anual.
No sabemos si las piezas registradas, y su disminución en
relación a años pasados, podrían ser un síntoma de la pérdida de
lo que había sido un mercado secundario hasta la década de 1740,
como fue el virreinato de Perú. Tampoco si el comercio ilícito de
la Carrera del Pacífico, practicado a la sombra del oficial tuvo una
tendencia similar confirmando esa pérdida o, si por el contrario,
fue opuesta como una respuesta a la introducción de los registros
sueltos por el mar del Sur, manteniendo con el aumento de piezas
no registradas unos precios bajos con los que competir con la
ruta meridional cubierta por el nuevo sistema comercial. Por otro
lado, las propuestas de la década de 1750, particularmente las de
Arizala como las de Arandía, de abrir el comercio asiático al Perú,
directamente, como una respuesta que contrarrestara el efecto de
los registros sueltos y, clarificar, al mismo tiempo, el comercio
transpacífico podría darnos una pista en ese sentido.
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�Pablo Sierra Fáfila

Cuadro 1.
Registro oficial de las piezas embarcadas en los galeones de Manila
(1739-1760)
Galeón de
Manila

Año
(salida
de las
islas)

Piezas

Retornos
plata
(estimación
baja en
pesos)

Nuestra Señora
de Guía Santo
Cristo de la
Misericordia

1739

4.000

999.946

Nuestra Señora
de Covadonga

1740

2.500

625.000

Nuestra Señora
del Pilar de
Zaragoza

1741

2.500

1.119.936

Nuestra Señora
de Covadonga

1742

2.500

Nuestra Señora
del Rosario
y los Santos
Reyes

1743

4.000

Este año se
despachó
el galeón
Rosario (junto
al Pilar) con
la carga y el
repartimiento
hecho en 1743

1746

Nuestra Señora
del Rosario
y los Santos
Reyes

1748

Retornos
plata
(estimación
intermedia
en pesos)

3.000.000

2.817.020
4.000.000

3.000

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�La Carrera del Pacífico

Retornos
plata
(estimación
baja en
pesos)

Galeón de
Manila

Año
(salida
de las
islas)

Piezas

Se despachó
el galeón
Rosario que
había arribado
el año anterior
sumándose a
la carga 1.000
piezas más

1749

3.000+1.000=4.000

Nuestra Señora
del Pilar de
Zaragoza
(naufragó sin
completar el
viaje).

1750

2.000

Santísima
Trinidad y
Nuestra Señora
del Buen Fin

1751

4.000

1.781.192
(1.780.859)

El Filipino

1752

1.000

409.500

Santísima
Trinidad y
Nuestra Señora
del Buen Fin

1753

2.000

505.338
(527.597)

El Filipino

1754

1.000

505.338
(527.597)

Santísima
Trinidad y
Nuestra Señora
del Buen Fin

1755

2.000-3.000

595.584
(706.189)

El Filipino

1756

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Retornos
plata
(estimación
intermedia
en pesos)

3.500.000

240.760
(320.838)

214

�Pablo Sierra Fáfila

Galeón de
Manila

Año
(salida
de las
islas)

Piezas

Retornos
plata
(estimación
baja en
pesos)

Nuestra Señora
de la Portería

1757

375

252.400

Santísima
Trinidad

1758

2.177

586.006
(585.353)

Retornos
plata
(estimación
intermedia
en pesos)

Elaboración propia: Carta del marqués de Ovando sobre el repartimiento
por cuartas partes de el patache El Filipino, Manila 6-VII-1752; Carta de la
Ciudad y Comercio de Manila sobre la carga de 2.000 piezas del permiso
del navío Santísima Trinidad, Manila 18-VII-1753; Testimonio de la Real
Junta de Repartimiento y el prorrateo de las toneladas de los regidores,
Manila 1-VI-1752, en Expediente sobre alteraciones del comercio. Primera
parte, AGI, Audiencia de Filipinas, FILIPINAS,268,N.1, ff. 51v.-90r; Carta
del marqués de las Amarillas sobre descarga del galeón Santísima Trinidad,
México 25-X-1756, AGI, Audiencia de Filipinas, FILIPINAS,121,N.21; Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio asiático
en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal, (México
D.F.: El Colegio de México, 2012), 210 y 223. En el caso de las estimaciones
bajas, hemos recogido los dos cómputos, aunque apenas se aprecia variación;
Carmen Yuste López, Emporios transpacíficos. Comerciantes mexicanos en
Manila 1710-1815, (México: UNAM, 2007), 41-44.

La estabilidad proporcionada al sistema comercial de la
Monarquía, descartando la idea de su provisionalidad, parecía
estimular en la década de 1750 respuestas desde Manila al impacto
que estos suponían para la Carrera del Pacífico, distanciándose de
los reglamentos emanados desde la Corte, pero buscando su plena
inserción en el contexto abierto por la aplicación de la navegación
comercial de los registros sueltos como medida de multiplicación
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�La Carrera del Pacífico

de rutas marítimas comerciales. Pretendían dar forma a un espacio
de permisos comerciales entre Filipinas y los virreinatos de Perú
y Nueva España, vieja medida recuperada y actualizada sobre
antiguas reclamaciones97.
Estas observaciones vinieron precedidas por la interrupción
de la regularidad de la carga con la captura del Covadonga (1743),
cuyas consecuencias se sumaron a los efectos de los registros
sueltos que empezaron a habilitarse desde 1739. Bonialian añade
que, para poder entender el descenso del tráfico transpacífico en
la integración de los circuitos indianos hay que apuntar, además
de a los golpes coyunturales padecidos por el Galeón de Manila
en 1743 y 1762, al nuevo escenario comercial que los registros
sueltos habían representado desde 1739 que, precisa, es difícil
seguir documentalmente, pero ofrece “un conjunto de evidencia
indirecta”98. Sin embargo, un posible escenario de crisis es
suavizado por Miguel Pérez Lecha, quien puntualiza:
“No obstante, si nos detenemos a analizar los resultados de
las expediciones por décadas, obtenemos unos resultados que
nos inducen a pensar en un constante crecimiento del volumen
total de comercio a partir de la década de 1750, alejándonos
de la suposición de que fue a partir de dicha década cuando
Entre los muchos ejemplos se pueden destacar el memorial de Jerónimo
de Arceo o la petición del gobernador Juan Niño de Távora. AGI,FILIPINAS,
27,N.39, Peticiones del Cabildo secular de Manila sobre varios asuntos, Manila (probable) 31-X-1601; AGI,FILIPINAS,329,L.3,F.144R-145V, Respuesta a
Távora sobre comercio con Perú, Madrid 24-XII-1627.
98
Mariano Bonialian, El Pacífico hispanoamericano: política y comercio
asiático en el Imperio español (1680-1784). La centralidad de lo marginal,
(México D.F.: El Colegio de México, 2012), 375-382.
97

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�Pablo Sierra Fáfila

este tráfico entró en un declive que lo llevaría a su situación de
decadencia crónica de la que tanto se ha hablado”99

Pero, volviendo a los datos de la tabal, se una petición completa
para el año 1743 de 4.000 piezas que contrastaba con los tres
años anteriores, posiblemente en previsión de que se ordenara
una interrupción del tráfico o que este no pudiera realizarse en
los años venideros por las circunstancias bélicas. Una forma
de traer a las islas una mayor cantidad de plata en vista de un
empeoramiento de la situación. También podemos ver en ese
incremento un intento por parte de los comerciantes novohispanos
por preservar su función de intermediarios con los comerciantes
limeños, principalmente, ante la competencia en el abastecimiento
que pudiera darse de los registros sueltos que llegaban a las
costas americanas meridionales del Pacífico y, también, las que
alcanzaban a la misma Nueva España.
La interrupción de la navegación los años siguientes
(1743-1745) significaría culminar la ventaja que los registros
estarían empezando a adquirir en la rivalidad comercial sostenida
en el envío de las mercaderías que se traficaban por el Pacífico
desde Manila hacia Acapulco. Ésta sería una posición difícil
de recuperar para el comercio de Manila porque si la baratura,
como indicaban Jorge Juan y Antonio de Ulloa, era la principal
ventaja que tenían las mercaderías enviadas desde Filipinas
Manuel Pérez Lecha, “Los últimos años de la Nao de China: pervivencia
y cambio en el comercio intercolonial novohispano-filipino”, Millars: espai i
història 2 (2015), 47.
99

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para abastecer Nueva España y, secundariamente, al virreinato
del Perú, ésta podría haberse perdido por un mayor aumento del
tráfico comercial de los registros, con la ayuda de la interrupción
transpacífica durante esos tres años. Al mismo tiempo, ese
tirón europeo, apoyado en una mayor presencia en las costas
chinas, había producido un aumento del valor de esas mismas
mercaderías que vieron reducida su ventaja competitiva por la
vía Manila-Acapulco durante la década de 1750, sin embargo,
las diferencias observadas en los precios de las piezas según el
origen de la información, nos hace pensar que todavía el sistema
de registros no se habían impuesto sobre la esfera oriental del
comercio indiano derivado del Galeón de Manila.
Los siguientes cuatro años, de 1746 a 1749, se
despacharon en total 8.000 piezas registradas100. En los cuatro
años anteriores (1739-1743), se enviaron hacia Nueva España
11.500 piezas. La diferencia era notable y la tendencia pareció
verse reforzada en la década de 1750. Aun así, aparentemente,
no fue hasta la interrupción del tráfico transpacífico cuando éste
pudo haberse sobrepasado por el sistema de registros porque,
aunque la carga del Covadonga fue de 2.500 piezas, sabemos
que su retorno superaba el de un permiso completo101. Esto
supone una gran dificultad para medir el impacto que tuvieron
los registros sueltos, si no atendemos sólo a la carga oficial.
Ya que las 2.000 del año 1750 se perdieron al naufragar el patache Pilar.
Glyn Williams, El mejor botín de todos los océanos: la trágica captura de
un galeón español en el siglo XVIII, (Madrid: Turner, 2002), 244 y 312-313.
100
101

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Pese a ello, podemos ver cómo esa solicitud oficial de embarque
se reducía, desde la década de 1740 en términos generales. Lo
que no podemos saber es si, para combatir ese aumento de los
precios de las mercaderías, decrecieron las piezas de los registros
oficiales, pero aumentaron en mayor proporción el número de
las no registradas. Elocuentes fueron al respecto las palabras del
oidor Francisco Leandro de Viana cuando, en un informe enviado
al rey en julio de 1767, denunciaba todas las prácticas que daban
la espalda al reglamento comercial y las que se camuflaban a
través de él. Paradójicamente, una vez hecha la relación de todos
los incumplimientos y manipulaciones procuraba dejar la puerta
abierta a la reforma advirtiendo que:
“41. Últimamente se ha de suponer, y considerar, que sin
embargo de tantos abusos, desórdenes y fraudes, continuados
en este Comercio, no solo no ha ido en aumento, sino en muy
grande decadencia desde el año de 734, hasta el presente, en que
no hay, entre los Vecinos, una tercera parte de los Caudales, que
había en aquel tiempo: la prueba de esto, se halla en el extracto
Historial de el Comercio de estas Islas, cuyas Pretensiones,
por medio de sus Apoderados, en orden al carguío de más
de cuatro mil Piezas, manifiestan los crecidos Caudales, que
había entonces en esta República; a más de la notoriedad de
la riqueza de tres o cuatro Vecinos, que importaban más de lo
que hoy tienen todos, los que Comercian, pues es evidente, que
aunque se junte toda la Plata de estos, y aun la de las obras pías,
no se podrán cargar las cuatro mil Piezas, que se cargaban en el
citado año y en los subsecuentes.”102
AGI, FILIPINAS,940,N.1, Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente en dos partes: la primera en 46 capítulos sobre los abusos
102

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�La Carrera del Pacífico

El aspecto que más subrayó Viana en estos años concretos, y
por lo que respecta a los gobiernos de Ovando y Arandía (17501759), fueron no ya los descritos en cuanto a la avaluación de la
carga, reparto de las boletas y demás fraudes consignados, sino
“especialmente el desorden de las Cajas de Permiso, consentidas, en substancia, por los Capítulos 17 y 18 de la adición a las
ordenanzas de Marina, que formó dicho Gobernador”103. Estas
habían llegado a constituirse casi en un permiso paralelo, reflejo
del aumento de las tripulaciones a partir de la década de 1740104,
pero fuera de la fiscalidad real. Además, el oidor no incluía en su
informe denuncia alguna sobre piezas que se embarcaran al margen del registro o fuera de la propia capital de Manila, sino que
centraba su análisis en la deformación hecha de este.
y fraudes y la segunda en 18 sobre el número de piezas permitido, Manila 15VII-1767, en Expediente sobre desórdenes del comercio de Filipinas, ff. 952r.
103
AGI, FILIPINAS,940,N.1, Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente en dos partes: la primera en 46 capítulos sobre los abusos
y fraudes y la segunda en 18 sobre el número de piezas permitido, Manila
15- VII-1767, en Expediente sobre desórdenes del comercio de Filipinas, f.
948r. Sobre las ordenanzas de Arandía véase Guadalupe Pinzón Ríos, “Las Ordenanzas de Marina para los navíos de Filipinas de 1757. Un intento por supeditar a las tripulaciones transpacíficas a las reformas marítimas de la administración borbónica”, en Nueva España y el Pacífico. Un homenaje a Carmen
Yuste, coord. María del Pilar Martínez López-Cano, Guadalupe Pinzón Ríos y
Javier Sanchiz Ruiz (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2023), 307-328.
104
Guadalupe Pinzón Ríos, “Discusiones en torno a las marinerías transpacíficas. El caso de la duplicidad de plazas en el Galeón de Manila Santísima Trinidad, 1752-1753”, en Los oficios en las sociedades indianas, coord. Felipe Castro
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El caso del patache Pilar puede darnos una pista. Llevó la
mitad del permiso, pero se dijo que despertó un enorme interés
en el viaje que iba a realizar en 1750. “Parece, que a porfía se
empeñaron todos a interesarse en este Navío”, como el caso de
Pedro Zacarías Villarreal105, quien invirtió todo su caudal, “que era
crecido”, embarcando los géneros, siendo la mayor parte por alto.
A este le imitaron otros muchos comerciantes que recargaron la
embarcación sobre cubiertas, sin embargo, otros “más advertidos,
o menos codiciosos se abstuvieron de embarcar en él, respecto a
la mejor inteligencia, e intrínseco conocimiento de su precipitada
carena, pasando por muchas piezas de poco, o ningún servicio”106.
Este viaje no se completó, pero por lo indicado parece que
hubo interés por participar en él y, en mayor medida, de forma
fraudulenta. No obstante, hubo circunstancias específicas, que
rodearon a la embarcación, y puede que no conocidas por todos.
Era llamativo este interés cuando el año anterior se había realizado
un viaje con un permiso entero de 4.000 piezas.
No se sabe si el navío, intencionadamente por parte de su
general, o accidentalmente por causa de un temporal, recaló en el
surgidero de Bagatao, desde donde pedía socorro. El auxilio llegó
en forma de tres champanes que le acompañaron en sustitución de
la galeota San José que había partido con él. Al día siguiente, el 25
Antonio Aguilar Escobar, “La carrera militar en Filipinas en el siglo XVIII
y sus relaciones con la política y el comercio. El caso del general Pedro Zacarías Villarreal”. Revista de Indias 284 (2022), vol. LXXXII, 45-74.
106
BDH, Juan de la Concepción, Historia General de Philipinas de Juan de
la Concepción [1788], tomo XII, R_033265, pp. 209-211.
105

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de agosto de 1750, se dirigió al puerto de San Jacinto en la isla de
Ticao. Ya en este, dos días después, el general Martínez de Farua
dio orden de introducir la carga de los champanes en el patache107.
Este hecho no era novedoso en la Carrera del Pacífico.
De hecho, se había convertido en una de las razones por las que
algunos comerciantes de las islas se habían mostrado contrarios
a cambiar la ruta de navegación del Galeón de Manila108. En
lo que insistimos, no es en que lo acontecido con el navío Pilar
fuera una novedad, sino en el hecho de que pudiera darse en las
embarcaciones que realizaban la ruta comercial una mayor carga
fraudulenta en comparación con los años anteriores a la introducción
de los registros sueltos, tratándose ese aumento de mercancías no
Según el escribano del patache mucha de la carga se componía de envoltorios con la marca y números del general, muchos cajones de cera, ropa y canela.
Según el piloto mayor Andrés Sustaita, en junta de oficiales y pilotos, dio su
dictamen desfavorable a continuar la navegación por encontrar el navío sobrecargado y los riesgos que esto suponía. El general no atendió a estas razones y
una vez terminada de embarcar la carga de los champanes, el 31 de agosto, ordenó que prosiguiera la navegación. Mucho debió introducirse como para estar
trasbordando sus cargazones más de tres días. Estos provenían de la provincia de
Tayabas y dos de ellos eran propiedad del general del navío, el otro pertenecía al
alcalde mayor de la provincia Joaquín de Urrutia. Jesús García del Valle Gómez,
Retrato de un navío. Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza de la Carrera Manila-Acapulco (1733-1750), (Madrid: Editorial Naval, 1993), 162-164.
108
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El gobernador Fernando Valdés Tamón (1729-1739), (Madrid: Centro Superior de Investigaciones Científicas, 2012), 494-498; Lourdes Díaz-Trechuelo,
“Dos nuevos derroteros del galeón de Manila (1730-1773)”, Anuario de Estudios Americanos XIII (1956), 1-83; María Baudot Monroy, “Lampón, puerto
alternativo a Cavite para el Galeón de Manila”, Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, 20 (2020), 21-48.
107

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registradas como una forma de aliviar costes o mantener bajo el
precio de las mercaderías orientales desde la ruta tradicional para
poder seguir derivando parte de la carga hacia el virreinato del Perú.
Así, junto a este factor, a pesar de que los años
correspondientes a la década de 1740 podrían haber sido suficientes
como para que los registros sueltos acapararan el abastecimiento
de tales productos orientales por la vía del cabo de Hornos, aun
siendo este un balance difícil de precisar, no podemos dejar de
considerar los puntos señalados más arriba: el testimonio de Jorge
Juan y Antonio de Ulloa, la alusión de Domingo de Marcoleta y la
operación transpacífica angloholandesa.
La toma inglesa de Manila en 1762 nos ha dejado
constancia también de algunas cifras. Los ingleses capturaron el
galeón Santísima Trinidad con un permiso valorado en 2.000.000
de pesos, preparado para partir hacia Nueva España. El que
regresaba a las islas, el Filipino, pudo esquivar la emboscada
inglesa y desembarcar su carga en el archipiélago, con un retorno
de 3.000.000 de pesos109. Si tenemos en cuenta estas cifras llama
BDH , Miguel Malo de Luque, Historia Política de los Establecimientos Ultramarinos de las Naciones Europeas, [1790], t.v, GMM/2470 V.5, pp. 239-241.
El oidor Francisco Leandro de Viana aportó datos diferentes sobre el Filipino,
pero que, esencialmente, dan muestra también de este exceso de retorno: “21.
Este Navío cargó un mil Piezas el año de 761: cada una consta por el avalúo de
los Géneros; por su manifestación, y juramentos de los interesados, no exceder
el valor de ciento veinte y cinco pesos, según se pude ver en el Registro; el total
de dichas un mil piezas, a este respecto, importa ciento veinte y cinco mil pesos:
considerando un ciento por ciento de ganancia, debía ser el registro de plata
doscientos cincuenta mil pesos, de cuya sola cantidad, se pagaron en Acapulco
109

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la atención el contraste que se había producido entre la década de
1750 y el inicio de la siguiente. Ahora bien, en este caso se trataba
del valor del permiso y no de su cantidad en piezas, así como el del
retorno que triplicaba el oficial. Por consiguiente, ¿los navíos que
se habían despachado durante los gobiernos de Ovando y Arandía,
a pesar de ese registro oficial por piezas, mantendrían unos niveles
parecidos en cuanto a valor de carga y cantidad de retorno en plata
como estos últimos mencionados? Es difícil saberlo ya que la
información sobre los retornos de estos años es más bien escasa.
No obstante, estas no son las únicas cifras conocidas para
los casos mencionados. El Filipino llevaba a bordo 997 piezas
valoradas en Manila en 124.625 pesos y la plata que llevó de
retorno a las islas fue de 1.317.929 pesos, de los que 1.049.485
pesos pertenecían a los comerciantes de Manila. En el caso del
Santísima Trinidad, este iba cargado con 1.022 piezas por valor
de 127.812 pesos110. No podemos conocer el retorno que hubiera
los derechos Reales; y habiéndose embarcado en dicho Puerto, cerca de dos
millones de pesos (constará a punto fijo esta partida, en el expediente de que se
dio cuenta a V.M. el año de 764 donde se manifiesta el dinero que se sacó para
los gastos de la Guerra, y el que se repartió a los vecinos) [...]”.AGI, FILIPINAS,940,N.1, Carta de Francisco Leandro de Viana informando extensamente
en dos partes: la primera en 46 capítulos sobre los abusos y fraudes y la segunda
en 18 sobre el número de piezas permitido, Manila 15- VII-1767, en Expediente
sobre desórdenes del comercio de Filipinas, f. 945r.
110
Manuel Pérez Lecha, “Negocios en tiempos difíciles. Comercio transpacífico ene l contexto bélico español de finales del siglo XVIII”, en Filipinas
y el Pacífico: nuevas miradas, nuevas reflexiones, coords. Salvador Bernabéu
Albert, Carmen Mena García, Emilio Luque Azcona (Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2016), 165.
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llevado a las islas, pero no sería muy diferente del Filipino al
contar con una carga similar. A simple vista se ofrecían diferencias
notables entre unas cifras y otras. Aun así, que una cuarta parte de
la carga, ajustada por piezas al permiso de 500.000 pesos como
hacían los comerciantes de Manila, proporcionara un retorno
completo resulta significativo. En ese caso la valoración de las
piezas en la feria de Acapulco era mucho mayor del que había
informado Revillagigedo para el año de 1754, aunque, claro está,
este hablaba de la estimación mínima.
Por otro lado, a finales de la década de 1750 se habían
habilitado de nuevo las flotas hacia Nueva España. La feria
celebrada con ocasión de la flota de 1757 consistió en 54.612
piezas vendidas por 16.029.428 pesos y dos reales de beneficio.
Los rezagos que quedaron estuvieron valorados en 2.712.475
pesos. Al parecer, la mayor parte de las ventas se realizaron a
pequeños comerciantes que quitaron a los almacenistas mexicanos
el protagonismo que habían tenido en otros tiempos111. Habría
que tener presente si una circunstancia así repercutía también
en la Carrera del Pacífico y en qué medida la anulación de los
registros sueltos a Nueva España y el restablecimiento de las
flotas no habían conseguido frenar esa tendencia que, por otro
lado, parecía confirmarse por la expresión de Arandía en su carta
de 1758, cuando decía que la atracción novohispana del comercio
asiático parecía haber perdido fuerza.
José Joaquín Real Díaz, Las ferias de Jalapa, (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1959), 96-97.
111

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Conclusión
La transformación del espacio económico peruano se convertía
en un virtual acceso comercial a través de un nuevo control que
pasaba por la ampliación de rutas marítimas directas entre las
islas Filipinas y el Perú. Se trataría así de hacer extensivos los
potenciales beneficios que la experiencia del cabo de Hornos estaba
proporcionando ya a las navegaciones de la década de 1740. Las
solicitudes de conexión directa, y su posible práctica, darían cuenta
de ese proceso de cambio. También, paralelamente, el curso del
comercio real del Galeón de Manila se veía afectado y, al mismo
tiempo, reaccionaba a dicho proceso, procurando mantenerse
conectado al espacio económico peruano intensificando algunas de
las prácticas que rodeaban su actividad, pero también amortiguando
o adaptando sus elementos principales. Seguramente, la mayor
dificultad por parte de la Corona fue la de reequilibar los circuitos
comerciales multiplicados por las nuevas navegaciones que
alteraron los esquemas tradicionales de los poderes comerciales
transoceánicos. A su vez, esta apertura quiso aprovecharse también
para ahondar en esa tendencia y reubicar los espacios comerciales
que podían proporcionar mayores ventajas y beneficios como
propusieron, desde las islas Filipinas, por comunicar oficialmente
las costas peruanas con las Indias Orientales en ese primer período
de introducción de los registros sueltos entre 1740 y 1760.
Las reclamaciones por establecer una comunicación
marítimo-mercantil entre Perú y Filipinas, además de presentarse
como un paso para solventar una crisis insular, de lo que había
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sido una esfera intervenida desde Nueva España y, ahora,
aparentemente debilitada, trajo de la mano consigo la implícita
consideración de tomar la existencia de ese contacto indirecto
como todavía en funcionamiento e incrustado en la estructura
original del Galeón de Manila, para despejarlo y reducirlo a
sus términos oficiales estrictos, pero pasando por el inevitable
reconocimiento de dicha esfera de redistribución y adquisición
meridional, transformándola desde un apéndice comercial
informal a una segunda permisión transpacífica. Esta acción,
una pretensión que se insertaba en las aspiraciones de carácter
oficial por habilitar nuevas rutas de comercio, fue la clave de este
período transitorio del reajuste comercial de la Monarquía en las
décadas centrales del siglo XVIII y, especialmente, a los efectos
causados por la introducción generalizada del nuevo sistema de
registros sueltos, cuya incidencia y fases no fueron homogéneas
en las comunicaciones marítimas.
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�Marfil y plumas: San Jerónimo a través de los oceanos
Atlántico y el Pacífico
Ivory and feathers: St Jeromes across the Atlantic and
Pacific Oceans
Stephanie Porras
Tulane University
New Orleans, Estados Unidos

https://orcid.org/0000-0001-9937-6347
Recibido: 22 de marzo de 2024
Aceptado: 24 de abril de 2024

Resumen: A ambos lados del Pacifico, los talladores de marfil en
Manila y los artesanos del arte plumario en Nueva España del siglo
XVII hicieron trípticos que representan a San Jerónimo: las obras
novohispanas realizadas con plumas se basan en los marfiles hecho
en Filipinas, que pueden estar basados en grabados flamencos. Estos
objetos relacionados, hechos en papel, madera, plumas y marfil,
revelan cómo funciona la globalización moderna, las formas en
que la copia a distancia permitió una reordenación de economías de
trabajo y materiales, produciendo oportunidades a los artistas para
imaginar y responder a compradores distantes, y experimentar con
actos de apropiación y reensamblaje creativo en un mercado de arte
recientemente global.
Palabras clave: San Jerónimo, talladores de marfil, plumas, arte
plumaria, Manila, Nueva España, Filipinas, China, blanc de chine,
globalización, comercio de art.
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�Stephanie Porras

Abstract: On both sides of the Pacific, seventeenth-century ivory
carvers in Manila and feather workers in New Spain produced triptychs
depicting St Jerome: the feather-backed triptychs made in Mexico are
based on the Filipino-made ivories, which may be based on Flemish
prints. These related objects made variously of paper, wood, feathers
and ivory, reveal the mechanics of early modern globalization, the ways
in which copying at a distance allowed for a realignment of economies
of labor and materials, affording opportunities for artists both to imagine
and respond to faraway consumers, and to experiment with acts of
appropriation and creative assembly in a newly global art market.
Keywords: St Jerome, Ivory, Ivory carvers, feathers, featherwork,
Manila, New Spain, Philippines, China, blanc de chine, globalization,
art market

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�Ivory and feathers

In 1590, Domingo de Salazar, the new bishop of Manila, wrote to
the king of Spain praising the artistic abilities of the local Chinese
immigrant population in the Philippines, a population who the
Spanish called Sangleys. According to Salazar, Spanish artisans
had ceased working in Manila as these Chinese immigrants could
fashion anything according to the Spanish custom, and they could
do so very cheaply. To illustrate this point, Salazar goes on to tell a
short anecdote about a bookbinder from New Spain, who arrived
in Manila looking to establish a business and employed a Sangley
assistant. This assistant surreptitiously observed the bookbinder,
learning the trade in only a few months. He then undercut his
former employer on price, forcing him out of business, so that
the bookbinder had to return to New Spain on the next galleon.
Salazar writes that subsequently “everyone goes to the Sangley
who does such good work, that there is no need for the Spanish
artisan… I have in my hands a Navarro in Latin, bound by him,
which in my judgment could not be bound better in Seville.”1
Seville, AGI, Filipinas, 74, n. 38, Carta de Salazar sobre relación con China y sangleyes to Philip II, dated 24 June 1590, fols. 185r–186v: “Lo que acá
á todos nos á caydo en mucha graçia es que vino aquí un enquadernador de
México, con libros, y puso tienda para enquadernar; asentó con un sangley,
diçiendo que le quería servir, y, disimuladamente, sin que el amo lo hechase
de ver, miró cómo enquadernava, y en menos de.... se salió de su casa diçiendo que ya no le quería servir, y puso tienda deste oficio; y certifico á Vuestra
Magestad que salió tan exçelente oficial, que al maestro le a sido forçoso dexar
el oficio, porque todos acuden al sangley, y haçe tan buena obra, que no haçe
falta el oficial Español, y al punto que estas escrivo, tengo en mis manos un
Nabarro en latín, enquadernado por él, que en Sevilla á mi juiçio no se encuadernara mexor.”
1

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�Stephanie Porras

Salazar’s account of the local Chinese residents’ rapid
facility for imitation, in fact itself duplicates Spanish narratives
from a few decades earlier, which similarly describe the mimetic
faculty of the Indigenous peoples of the Americas. The Dominican
friar and chronicler of the conquest, Bartolomé de las Casas,
described the images made by newly converted Mexica after
European models “as perfect and as graceful as the most proper,
official [images] of Flanders.”2 Fray Toribio de Benavente, or
Motolinía, one of the first Franciscans to instruct the indigenous
inhabitants of Central Mexico, recounted how a boy from Texcoco
reproduced a papal bull so exactly “that there seemed to be no
difference from the model.”3 His fellow Franciscan, Gerónimo
de Mendieta wrote: “…after they [the indigenous] became
Christians and saw our images from Flanders and Italy, there was
no retablo or image, no matter what it is, that they cannot portray
and reproduce.”4
“…hacen tan perfectas y con tanta gracia cuanto los más propios oficiales
[imagines] de Flandes,” Fray Bartolomé de las Casas, Apologética historia de
las Indias (Madrid: Bailly Bailliére é hijos, 1909), cap. LXI, 159–61.
3
Toribio de Benavente, Historia de los indios de la Nueva España. . . .
(Mexico City: Porrúa, 1990), III, 386: “dieron a un muchacho de Tezcuco por
muestra una bula, y sacóla tan a el natural, que la letra que hizo parecía el mismo modelo, porque el primer renglón era grande, y abajo sacó la firma ni más
ni menos, y un I.H.S. con una imagen de Nuestra Señora, todo tan al propio,
que parecía no haber diferencia del molde.”
4
“…después que fueron cristianos y vieron nuestras imágenes de Flandes
y de Italia, no hay retablo ni imagen, por prima que sea, que no la retraten y
contrahagan,” Fray Jerónimo Mendieta, Historia eclesiástica indiana (Mexico
City: Díaz de León y White, 1870), 404. Cited by Manuel Toussaint, Pintura
2

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�Ivory and feathers

These anecdotes reveal a number of commonalities.
Together, they inculcate a fiction of the Indigenous/non-European
copyist, either in New Spain or in the Philippines, as an automaton
capable of collapsing temporal, geographic and cultural distances
via the work of copying. Yet the inventive capacity of this nonEuropean artist falls away in these accounts of colonial artistic
production. Instead, mimetic aptitude synecdochally represents
colonized subjects’ potential for conversion and integration into the
Spanish empire.5 In a related fashion, for many years the standard
art historical account of European prints’ role outside of Europe has
stressed printed imagery’s role as a tool for Christian conversion.
In this narrative, print serves as a model for local artists’ instruction
in both Christian doctrine and aesthetic conventions. This kind
of reading is not unique to Spanish imperial orbits, and extends
beyond these chroniclers of the mission in New Spain, to describe
for example, the famous Jesuit gifts of prints to the Mughal ruler
colonial en México (Mexico City: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1965), 10. Yet another Franciscan,
Juan de Torquemada, also described the reproductive abilities of local artitsts
and like de Mendiata, he too describes the artistic models given to local artists
as Flemish in origin. Juan de Torquemada, Monarquía Indiana, ed. Miguel
Leon Portilla (Mexico City: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1977), vol. V, book 17, 313–14.
5
See Serge Gruzinksi and Heather MacLean, Images at War: Mexico from
Columbus to Blade Runner (1492–2019) (Durham: Duke University Press,
2001), 72; Alessandra Russo, The Untranslatable Image: A Mestizo History of
the Arts in New Spain, 1500–1600 (Austin: University of Texas Press, 2014),
chapter 4; and Alessandra Russo, “An Artistic Humanity: New Positions on
Art and Freedom in the Context of Iberian Expansion, 1500–1600,” RES: Anthropology and Aesthetics 65/66 (2014-15): 352–63.
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�Stephanie Porras

Jalal al-Din Muhammad Akbar and to the Ming emperor in Beijing.6
Foundational art historical labor has undertaken the meticulous
pairing of colonial paintings with European printed sources, as
well as broader investigations of how European modes of building,
learning and governance were inculcated and reproduced via
printed models.7 More recent work, by Aaron Hyman, Yael Rice,
See Gauvin Bailey, The Jesuits and the Grand Mogul: Renaissance Art at
the Imperial Court of India, 1580–1630 (Washington, D.C.: The Smithsonian,
1998); Milo C. Beach, “The Mughal Painter Kesu Das,” Archives of Asian Art
30 (1976-77): 34–52. See also Matteo Ricci’s 1605 request for copies of the
Evangelicae historiae imagines, the illustrated book depicting Christ’s life, for
use in the China mission: “…più utile è anco quell libro che questo della Bibbia per adesso, poichè con quello dichiariamo, anzi poniamo Avanti agli occhi
quello che alle volte con parole non possiamo dichiarare.” Matteo Ricci, Lettere: 1580-1609, edited by Francesco d’Arelli (Macerata: Quodlibet, 2001), no.
43, 406.
7
To cite a few foundational examples, with further literature: Martin S.
Soria, “Una nota sobre pintura colonial y estampas europeas,” Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas 5 (1952): 41–51; Jorge
Alberto Manrique, “La estampa como fuente del arte en la Nueva España,”
Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas 50, no. 2 (1982): 55–60; Samuel Edgerton, Theaters of Conversion: Religious Architecture and Indian
Artisans in Colonial Mexico (Albuquerque : University of New Mexico Press,
2001); Oscar Flores Flores and Ligia Fernández Flores, “En torno a la koineización pictórica en los reinos de la monarquía hispánica: Identidad y variadades dialectales,” in Pinturas de los reinos: Identidades compartidas en el
mundo hispánico, edited by Juana Gutiérrez-Haces, 187–332 (Mexico City:
Banamex, 2008-9); Christopher Heuer, “Difference, Repetition and Utopia:
Early Modern Print’s New Worlds,” in Crossing Cultures: Conflict, Migration
and Convergence, edited by Jaynie Anderson, 203–8 (Melbourne: Miegunyah
press, 2009); Almerindo Ojeda di Ninno, “El grabado como fuente del arte
colonial: Estado de la cuestión,” in De Amberes al Cuzco, edited by Cécile
Michaud and José Torres della Pina, 10–21 (Lima, Perú: Impulso Empresa de
Servicios, 2009); Aaron Hyman, Rubens in Repeat: The Logic of the Copy in
Colonial Latin America (Los Angeles: Getty Research Institute, 2021); Alme6

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�Ivory and feathers

myself and others, has productively explored how artists working
outside of Europe critically mobilized the distance from the printed
model to reflect on local conditions and to signal the ambitions of
particular artists and patrons.8
In this essay, I want to focus on a slightly different set of
questions emerging from these Spanish accounts of copying in
New Spain and the Philippines. Namely, I’d like to consider how
these narratives about the copying of prints allude to prints’ status
as an export good, the way that paper images were traded across
oceans and continents, and were valued both as material objects
and as artistic capital in the period of early modern globalization.
I am particularly interested in the story of the doubly displaced
bookbinder from New Spain, who moved to Manila to take
advantage of what he thought was an uncontested economic space,
only to be driven out by local competition. I use globalization
here not just to describe the worldwide movement of goods and
people but to examine how globalization functions as an epistemic
shift, one that changes how one knows the world, and how artists
rindo Ojeda di Ninno, Project for the Engraved Sources of Spanish Colonial
Art (PESSCA), 2005–2020 (https://colonialart.org).
8
Aaron Hyman, “Inventing Painting: Cristóbal de Villalpando, Juan Correa,
and New Spain’s Transatlantic Canon,” Art Bulletin 99, no. 2 (2017): 102–35;
Hyman, Rubens in Repeat; Yael Rice, “Lines of Perception: European Prints and the Mughal Kitābkhāna” In Prints in Translation, 1450–1750: Image,
Materiality, Space, edited by Suzanne Kathleen Karr Schmidt and Edward H.
Wouk, 202–23 (London: Routledge, 2017); Stephanie Porras, The First Viral
Images: Maerten de Vos, Anwerp print and the early modern globe (State College, PA: Pennsylvania State University Press, 2023).
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�Stephanie Porras

approach the production of new forms and techniques.9 The
world is conceived as a market, where both labor and capital are
highly mobile, and thus may lead to competition or collaboration
between what had been separate zones of economic activity,
amplifying perceptions of the local vis a vis the global. That is, I
use globalization here not simply describe the fact that European
prints were carried by all manner of individuals, across continents
and oceans. Crucially, prints and other mobile artworks helped to
establish globally shared strategies of visual communication and
concomitant notions of value, rooted in processes of colonization,
commercial expansion and conversion.10 As what John Durham
Peters calls “infrastructural media,” these mobile goods were not
only vehicular, relaying content and style across vast distances, but
via their creation and movement such objects also produced shared
systems of value and exchange, impacting how art was made, seen
and bought on both sides of the Atlantic and Pacific Oceans.11
Porras, The First Viral Images, 150; see also Stephanie Porras, “Forgetting how to see,” in Reassessing Epistemic Images in the Early. Modern World,
edited by Ruth Sargent Noyes (Amsterdam: Amsterdam University Press,
2023), 265–86.
10
This can be related to Horst Bredekamp’s observation that the techniques
of mass reproduction are rooted in the fifteenth-century devotional art rather
than the modern invention of photographic processes, as claimed by Walter
Benjamin in his famous essay, “The Work of Art in the Age of Mechanical
Reproduction,” in Illuminations edited by Hannah Arendt, translated by Harry Zohn, (London: Fontana, 1999), 211–44. See also Horst Bredekamp, “Der
simulierte Benjamin: Mittelalterliche Bemerkungen zu seiner Aktualität,” in
Frankfurter Schule und Kunstgeschichte, edited by Andreas Berndt et al., 117–
37 (Berlin: Reimer, 1992), 129.
11
John Durham Peters, The Marvelous Clouds: Toward a Philosophy of
9

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�Ivory and feathers

St Jerome in
Ivory
My first case studies are several
related depictions
of St Jerome. The
first must date to
around 1601. That
spring, the Manila
Figure 1.
galleon the Santa Margarita was lost at sea, eight months after
leaving the dockyards at Cavite. Nearly 400 years later, the remains of the ship were rediscovered some 1500 miles away, off
the coast of the Mariana islands. Although the cargo of precious
textiles had long since deteriorated, hundreds of ivory fragments,
as well as porcelain, gold, hardwood, and mother-of-pearl objects
remained on the
sea floor; all the
remains of the cargo sent from the
Philippines to be
sold in Acapulco.
The cache contained a small ivory
triptych depicting

Figure 2.

Elemental Media. (Chicago: University of Chicago, 2015), 37, 176.
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�Stephanie Porras

St Jerome surrounded by four
standing saints
( F i g u r e 1 ) . 12
Though severely
abraded from its
time under water, the triptych
is
remarkably
Figure 3.
similar (Figure
2) to surviving ivory reliefs held in Mexican public and private
collections, as well as in Spain (Figure 3) and Chile (Figure 4)13 –
This object, now owned by IOTA Partners, was first published in Marjorie Trusted, “Survivors of a Shipwreck: Ivories from a Manila Galleon of
1601,” Hispanic Research Journal 14, no. 5 (2013): 446–462.
13
The triptychs in Mexican private collections are illustrated in Beatriz Sánchez Navarro de Pintado, Marfiles christianos del Oriente en Mexico (Mexico
City: Fomento Cultural Banamex, 1986), figure 88. A similar St Jerome is in
the Museo Nacional de Historia, Chapultepec, Mexico City and was first published by Gustavo Obregón, “La colección de marfiles del Museo Nacional de
Historia,” Anales Del Instituto Nacional De Antropología E Historia 6, no.
7 (1955): 119–124, 122, figure 3, as well as by Margarita Estella Marcos, La
escultura barroca de marfil en España: Las escuelas europeas y las coloniales (Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicias, Instituto Diego
Velázquez, 1984), no. 764. Estella Marcos also refers to a smaller versión of
this relief, also in the Museo Nacional de Historia (Estella Marcos, La escultura barroca, no. 765), but I have not yet seen this object. In Spain, there is another St Jerome in the Museo de América, inv. no. 06914, published by Estella
Marcos, La escultura barroca, no. 766. Yet another version, to my knowledge
unpublished, is found in the Museo de Artes Decorativas Garcés Silva, Santiago, Chile, inv. no. 24.83.271.
12

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the majority share a bell-shaped central register and all feature the
kneeling figure of the
hermit saint, whose left
hand grasps the base of
a crucifix and whose
right hand is flung out
beside him and carries
a stone, there is also a
lion is wedged into the
bottom right corner in
a cave-like recess; and
the scene is always toFigure 4.

pped by the same parabolic arch formed by

Jerome’s discarded cardinal’s hat and robes, typically with the
figure of God the father.
Now we have not a single artist name associated with
any of these objects, or indeed with any ivory carvings made in
the Philippines in the sixteenth and early seventeenth-centuries.
But, based on the shipwreck evidence and their relation to a wide
corpus of Philippine-carved ivory triptychs, it seems mostly likely
that all of these St Jerome triptychs were made in Manila. These
triptychs testify to the skills of those Chinese immigrant ivory
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�Stephanie Porras

carvers called Sangleys, whose artistic and imitative abilities
were powerfully described by Salazar. The presence of multiple
extant versions of this iconography, suggests it was something of
a staple product for at least one Sangley ivory workshop; the fact
that one originates from the 1601 shipwreck suggests how, from
a very early date, Manila’s ivory carvers looked to New Spain as
a lucrative export market.
Since the tenth century, Chinese carvers had used African
ivory to produce sculptures of deities and revered figures.14 In
the sixteenth and seventeenth centuries, artists working along the
southeastern coast in Fujian province worked with ivory. Salazar’s
1590 letter, quoted above, also describes how Chinese ivory carvers
worked from imported European models in the Philippines by the
end of the sixteenth century, claiming that “with these sculptors’
ability to replicate those images that come from Spain, I understand
that it should not be long when even those made in Flanders will
not be missed.”15 The resultant sculptures were not only used in
See Derek Gilman, “Ming and Qing ivories: figure carving,” in Chinese
ivories from the Shang to the Qing, edited by William Watson, 35–117 (London: British Museum, 1984); and Craig Clunas, Chinese carving (London:
Victoria &amp; Albert Museum, 1996).
15
Seville, AGI, Filipinas, 74, n. 38, Carta de Salazar sobre relación con China y sangleyes to Philip II, dated 24 June 1590, fols. 185r–186v: “En este
arte que ansy en lo de Pinzel como de bulto an sacado maravillosas Pieças y
algunos nyños Jesús que yo e visto Un marfil me pareçe que no se Puede hazer
cosa mas Perfecta y ansy lo afirman todos los que los am bisto. Bense Proveyendo las yglesias de las ymagines q estos hazen de q antes havia mucha falta y
segun la avilidad que muestran en retrartar y las ymagines q bienen de Spaña
entiendo que antes de mucho no nos haran falta las que se hazen en flandes ....”
14

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�Ivory and feathers

churches but also collected by powerful colonial administrators
from an early date. Alonso Fajardo, governor of the islands from
1616 to his death in 1624, owned at least nine ivories.16
The Sangley community resided largely in a specially
designated district outside Manila’s city walls, called the Parián.
The Dominican Order, who held ecclesiastical jurisdiction over
the Parián, expressed frustration with the slow rate of Catholic
conversions within this community throughout the seventeenth
century.17 Baptism records from the 1620s include several Sangley
artisans who did convert to the Catholic faith, and incentives to
conversion included the possibility of marrying Tagalog women
and moving outside the Parián, as well as decade-long exemptions
from repartimiento labor and tributes.18 After several uprisings
by the Chinese immigrant population of the city (in 1603, 1639,
1662, and 1668), tributes from Christian Sangleys rose, a fact that
suggests conversions were often forced upon those members of
See the inventory published by Yayoi Kawamura, “Manila, ciudad española y centro de fusión. Un estudio a través del inventario del gobernador de Filipinas Alonso Fajardo de Tenza (1624),” e-Spania 30 (2018). (http://journals.
openedition.org/e-spania/27950).
17
See, for example, the conversions of Hyacinto, a silversmith, and two
carpenters, Thomas and Raymundo, on May 21, 1626, or the conversion of
Domingo the painter on July 22, 1627, recorded in Manila, AUST, Libro de
Bautizos Siglo XVII 1626–1700, sección de Parián, roll 47, vol. 2. The discovery of this baptismal record book was first published in Joshua Eng Sin Kueh,
“The Manila Chinese: Community, Trade, Empire,” (PhD diss., Georgetown
University, 2014).
18
Ryan Dominic Crewe, “Pacific Purgatory: Spanish Dominicans, Chinese
Sangleys, and the Entanglement of Mission and Commerce in Manila, 1580–
1620,” Journal of Early Modern History 19 (2015): 337–65, 358.
16

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�Stephanie Porras

the Chinese diaspora that remained in the archipelago.19 Spanish
administrators and Catholic missionaries often treated Sangley
conversions with some skepticism and continued to treat the
immigrant Chinese community as outsiders to the Spanish colony.20
Yet this population, as noted continually in period sources, was
essential to the operations of trade and the success of the Spanish
outpost in Asia, providing nearly all the artisanal labor, foodstuffs
and trading goods required of the small population of Europeans
resident in Manila, as well as those needed to maintain the Manila
galleon trade – the annual convoy of Asian goods sent to Acapulco
in exchange for American silver. Sangley carvers were responsible
for developing unique forms of ivory carving for export, both
triptychs like our St Jeromes and large-scale figural statuary.21
One might ask: where did these Chinese carvers in Manila
get ivory? Elephant ivory had been available in the Philippines
since the tenth century; in the sixteenth and seventeenth centuries,
official embassies as well as merchant junks from the kingdoms
of Siam (Thailand) and Cambodia made significant gifts of Asian
elephant ivory to the Spanish administration in the Philippines.22
Juan Gil, Los Chinos en Manila: Siglos XVI y XVII (Lisbon: Centro Científico e Cultural de Macao, 2011), 323–24, and Christina H. Lee, “The Chinese
Problem in the Early Modern Missionary Project of the Spanish Philippines,”
Laberinto Journal 9 (2016): 5–32, 11.
20
Crewe, “Pacific Purgatory,” 364.
21
For a longer discussion of the production of these larger ivories and
their export market see Stephanie Porras “Locating Hispano-Philippine ivories,” Colonial Latin American Review 29, no. 2 (2020): 256–291.
22
For references to the ivory goods (marfiles) sent as gifts by the kingdoms
19

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�Ivory and feathers

There is also convincing material evidence that African ivory
was available in the Philippines, likely brought across the Indian
Ocean by South Asian and European merchants, or even given
as gifts by Catholics in Goa to support the East Asian mission.23
The apparent availability of ivory in Manila, and the market for
export goods in the Spanish colony, encouraged the establishment
of Sangley ivory carving workshops. These sculptors looked across
the Pacific, as well as to local Spanish elites and missionaries, for
their market. Both the material (ivory) as well as the models for
the St Jerome triptychs (engravings) originated across multiple
oceans. Not only did the ivory for these objects come from across
the South China Seas (Thailand/Cambodia), the Indian Ocean
(Indian or East African ivory traders), but the iconographic models
of Siam and Cambodia to Manila, see Antonio de Morga, Sucesos de las islas
Filipinas, (Mexico: Gerónimo Balli, 1609), 18, 102. On the earliest evidence
for ivory used in the Philippines, see Regalado Trota José and Ramon N. Villegas, Power + Faith + Image: Philippine Art in Ivory from the 16th to the 19th
Century (Makati City: Ayala Museum, 2004). 41 pieces of ivory, including
whole tusks, were recovered from the late fifteenth-century Lena Shoal shipwreck off the shores of northern Palawan, indicating the longstanding trade in
ivory in the Philippine archipelago; these ivory remains are now in the National Museum of the Philippines, Manila.
23
On distinctions between ivory derived from Asian and African elephants,
see Anthony Cutler, The Craft of Ivory: Sources, Techniques, and Uses in the
Mediterranean World, A.D. 200–1400 (Washington, DC: Dumbarton Oaks,
1985), 27–29. The difference between the two can only be confirmed via
genetic testing, for example, see the analysis of an ivory by Maria Rozalen
and Ana Ruiz Gutiérrez, “A Study of the Origin and Gilding Technique of a
Hispano-Philippine Ivory from the XVII Century,” Journal of Archaeological
Science: Reports 4 (2015): 1–7.
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(predominantely Flemish prints)
appear to have crossed both the
Atlantic and Pacific Oceans.
I have yet to identify
a singular model for this
iconography in either woodcut
or engraving, but key elements
of the composition echo details
from engraved models of St
Jerome, imported from Antwerp
(Figures 5): the shirtless hermit
Figure 5.
saint, his arm flung out beside
him, grasping a crucifix; the lion in a cavern like space below, and
at left, the curiously floating form of Jerome’s discarded cardinal’s
hat.24 The ivory triptychs do not reflect a standard iconographic
In addition to these sources would add the following sources for the St
Jerome: Cornelis Cort after Frans Floris, St Jerome, engraving, ca. 1550–78
(Manfred Sellink and Huigen Leeflang, eds. The New Hollstein’s Dutch and
Flemish Etchings, Engravings and Woodcuts, 1450-1750: Cornelis Cort,
[Rotterdam: Sound and Vision, 2000], no. 114); Jan Sadeler after Gillis Mostaert, St Jerome, engraving ca. 1575-90, (Dieuwke Hoop Scheffer and K.G.
Boon, eds. Hollstein’s Dutch and Flemish Etchings, Engravings, and Woodcuts, 1450–1700. all should italicized so it reads Vol. 22, Aegedius Sadeler to
Raphael Sadeler II, [Amsterdam: Van Gendt &amp; Co., 1980], no.370) and Johan
Sadeler after Maerten de Vos, St Jerome, engraving, ca. 1585/6 (Christiaan
Schuckman and D. De Hoop Scheffer, eds. Hollstein’s Dutch and Flemish
Etchings, Engravings, and Woodcuts, 1450–1700. Vols. 44–46, Maarten de
Vos [Rotterdam: Sound and Vision Interactive; Amsterdam: Rijksmuseum],
1996, no. 1105). All three of these compositions were seemingly produced in
considerable quantities, given the number of closely-related surviving versions.
24

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formula for the saint, this
unique collage-like composition
assembles key features of Jerome
imagery into a single field. We
see a very similar compositional
arrangement in surviving Spanish
or Flemish bronze plaquettes
as well (Figure 6), which may
respond to the sculpted portal in
Seville’s Cathedral by Jerónimo
Hernández, executed around
Figure 6.
1565/6. Seville, was of course the
central point of departure for all merchants, missionaries, soldiers
and settlers headed to Spanish America and in the Philippines.
There very well may be a single as yet unidentified print source
for this unusual composition, perhaps made in Flanders or Seville,
or even possibly a three-dimensional model like these bronze
plaquettes, which made its way to Manila’s ivory workshops.
This was an established circuit of global artistic export,
connecting Flanders, Seville, New Spain and the Philippines. In
1620, the Jesuit procurator in Manila, Francisco Gutiérrez, wrote to
Alonso de Escobar in Seville, noting “the prints that I received are
so excellent.”25 This correspondence suggests that religious orders
specifically sent printed images from Seville to Manila via New
“Los estampas recivi que son tan excelentes.” Francisco Gutiérrez to P.
Alonso de Escobar, August 4, 1620, Madrid, RAH, 9/2667, leg. 1, no. 36, fol. 1v.
25

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Spain to meet the demand for devotional and instructional imagery.
There are scattered references to prints, books, and other objects
being sent to Manila from New Spain as gifts and bequests. The
bishop of Puerto Rico, Pedro Solier, had been a missionary to the
Philippines; in 1615, Solier sent a gift of fabric and a box of song
books on the Manila galleon to the new Augustinian convent in the
archipelago.26 At the turn of the seventeenth century, the soldiermerchant Pedro de Zúñiga also imported books to the islands in
partnership with a cleric from Mexico City.27 Marjorie Trusted has
identified important print sources for ivory plaquettes made in the
Philippines, and I have traced the importance of this 1584 Antwerp
print of St Michael the Archangel for the production of large-scale
multi-part ivory sculptures in Manila.28 The triptych format in
particular, required the assembly of various figures of saints that
could have been taken from multiple printed or sculptural models.
It is possible that the central scene of the kneeling Jerome resulted
from a similar cut and paste method of assembly, combining say the
Memoria del maestro fray Pedro de Solier, Seville, AGI, Filipinas, 79, no.
117, cited in D.R.M. Irving, Colonial Counterpoint: Music in Early Modern
Manila, (New York: Oxford University Press, 2010), 45.
27
Testament of Pedro de Zúñiga, February 23, 1608, Manila, Autos sobre
los bienes del Alférez Pedro de Zúñiga, Seville, AGI, Contratación, 276, no.
1, r. 15, quoted in Antonio García-Abásolo, “The Private Environment of the
Spaniards in the Philippines.” Philippine Studies 44, no. 3 (1996): 349–73, 365.
28
Marjorie Trusted, Baroque and Later Ivories. (London: Victoria and Albert Museum, 2013), cat. no. 347 and 348, see also Margarita Estella Marcos,
Ivories from the Far Eastern Provinces of Spain and Portugal. (Monterrey:
Espejo de Obsidiana Ediciones, 1997), 44–45; and Porras, “Locating Hispano-Phillipine ivories.”
26

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saint’s pose from one printed
source with the form of the
lion from another engraving.
Manila’s ivory carvers were
particularly adept at using
both printed and sculptural
models to fashion new types
of artistic products, aimed
Figure 7.
both at the local devotional needs of the archipelago and at overseas
export markets.
Feathers and faux ivory
The very same combination of iconographic elements found in
these Philippine-made ivories were closely repeated in another
triptych (Figure 7). Instead of utilizing ivory, this triptych is carved
of boxwood and backed with hummingbird feathers. While also
sculptural in form, the makers of this St Jerome triptych also relied
on the knowledge of Indigenous Central Mexican practitioners of
featherwork known as amantecas. Unlike other feather paintings
and wearable objects like mitres, where complex figural scenes
are rendered entirely in feathers,29 the St Jerome triptych uses
bands of blue and green hummingbird feathers as a decorative
backdrop to a sculptural relief. The production of the Walters
See the works collected in Alessandra Russo, “Inventory of Extant Featherwork from Mesoamerica and New Spain,” in Images Take Flight: Feather
Art in Mexico and Europe, 1400–1700, edited by Alessandra Russo, Gerdard
Wolf, and Diana Fane, (Munich: Hirmer, 2015), 434–55.
29

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triptych can be related to a number of microcarvings and prayer
beads produced in New Spain in the seventeenth century that all
use hummingbird feathers as ornamental backdrops for minute
scenes exquisitely rendered in wood; however the scale of the
Walters triptych is somewhat larger than these wearable objects;
it is closer in size to the ivory triptychs we’ve just seen.
Both the ivory and the wood and feather triptychs appear to
rely on a shared source, perhaps a print. Yet it seems just as likely
that, in the case of the feather backed triptych, it was a direct response
to the influx of Philippine-made ivory triptychs, exported on the
Manila galleon. When these ivory triptychs were shipped to New
Spain in the early seventeenth century, they became a new model
for woodworkers. The existence
of two further St Jeromes,
one held in the Smithsonian
American Art Museum, D.C.
(Figure 8), and the other in the
Guillermo Tovar de Teresa’s
House Museum in Mexico City,
supports this theory. The first is
smaller than the Walters triptych,
but also pairs a central image of
the hermit saint with that of the
Four Evangelists.30 In the Tovar
30

Figure 8.

See Smithsonian American Art Museum, inv. no. 1929.8.241.3

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de Teresa museum, there is a single panel that closely replicates
the now familiar iconography of the hermit saint. The textured
background to both of these objects suggests it was formerly gilded
or otherwise decorated.31 These objects have been discussed as part
of a broader tradition of microcarving pendants, jewels and prayer
beads in Central Mexico, likely drawing on both Indigenous and
European models, and made primarily for export.32
The same Mexico City collection which holds this wooden
St Jerome also has another, miniscule St Jerome triptych, this
time with its figures in ivory, but mounted on wood. The form of
the gilded frame replicates that of the Walters feathered triptych;
I am grateful here to discussions with Allison Caplan (Yale University)
who noted that extant colonial feather works typically have their feathers
glued directly to the wooden surface. My thanks also to Geneva Griswold for
sharing her conservation report on the triptych.
32
On microcarvings see Theodor Müller, “Das Altärchen der Herzogin
Christine von Lothringen in der Schatzkammer der Münchner Residenz und
verwandte Kleinkunstwerke,” Zeitschrift für Bayerische Landesgeschichte 35
(1972): 69–77; Teresa Castelló Yturbide, “La plumaria en la tradición indígena,” in El arte plumaria en México, ed. Teresa Castelló Yturbide , 143–
215 (Mexico City: Fomento Cultural Banamex, 1993); Philippe Malgouyres,
“Moines franciscains et sculpteurs indiens: à propos de quatre pendentifs mexicains conservés au musée du Louvre,” La Revue des Musées de France: Revue du Louvre 4 (2015): 34–48; Pablo F. Amador Marrero, “De Flandes y lo
flamenco en la escultura temprana de la Nueva España,” in Homenaje a la profesora Constanza Negrín Delgado, edited by Carlos Rodríguez Morales (San
Cristóbal de La Laguna, Spain: Instituto de Estudios Canarios, 2014), 33–35;
Illona Katzew and Rachel Kaplan. “Like the Flame of Fire: A New Look at the
‘Hearst’ Chalice.” Latin American and latinx visual culture 3, no. 1 (2021):
4–29; Brendan C. McMahon, “Divine Nature: Feathered Microcarvings in the
Early Modern World.” Art History 44, no. 4 (2021): 770–796.
31

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but here the figural reliefs are formed of tiny pieces of ivory. The
style of carving here also seems closer to Mexican exemplars than
to those made in the Philippines, and the use of a wooden instead
of an ivory support more typical of Manila production, also
suggests this object was made in New Spain in response to the
influx of Asian imported ivory. Another example of a small mixed
technique St Jerome can now be seen at the Museu do Oriente in
Lisbon (Figure 9), suggesting that this was perhaps a standard
iconography. Given the fragility of ivory and its desirability on
both sides of the Pacific, it is possible these small carvings were
rendered from fragments of carved or raw ivory sent to New Spain
on the Manila galleon. Sculptors in New Spain were particularly
renowned for their skill in producing these micro carvings; this
turn to a mixture of ivory and wood may have been a way to
profitably export and repackage offcuts or damaged pieces of ivory
sent across the Pacific. These minute mixed-media triptychs, both
from the Guillermo Tovar de Teresa’s House Museum and the
the Museu do Oriente,
open the possibility
that ivory carving was
a practice carried out
on both sides of the
Pacific.
I v o r y,
as
a f u n g i b l e good
Figure 9.
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and artistic material, valued by merchants and consumers from
the East coast of Africa, across the Indian, Pacific and Atlantic
oceans, and it appears to be a material that encouraged practices
of innovation, combinations of diverse techniques and stylistic
sources intended to further enhance its material value. As we have
seen, the 1601 shipwreck of the galleon Santa Margarita confirms
that smaller scale ivories were being sent to New Spain in some
quantity already by the turn of the seventeenth century.33 This is
half a century before the earliest known documented reference
to the transpacific commercial trade in ivory sculptures is a 1655
pleito regarding the shipwreck of the San Francisco Javier, which
lists prices for 11 ivory sculptures sold in Acapulco, ranging from
18 to 45 pesos each – that is considerable sums.34
The American taste for Asian-carved ivory sculpture was
apparently considerable. To give a taste of the scale of this trade,
consider a 1767 ecclesiastic inventory of a relatively minor parish
church in Oaxaca, 14,000 miles away from Manila, which records at
least ten ivory sculptures, likely all Philippine in origin, on a single
altar.35 This influx of carved ivory objects from Asia intersected
with the development of local sculptural practices, despite the fact
that unworked elephant tusks were not available at the same scale
in the American viceroyalties as they were across the Pacific.
Trusted, “Survivors of a Shipwreck.”
Porras, “Locating Hispano-Philippine Ivories,” 256.
35
See the July 23, 1767 inventory of Our Lady of Solitude in Antequerra,
cited by Estella Marcos, Ivories from the Far Eastern Provinces of Spain, 9.
33
34

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Two surviving sculptural objects not fashioned from ivory,
but both inscribed with the name Diego de Reinoso, consciously
emulate Asian devotional ivory sculpture. In this plaquette in the
Victoria and Albert museum, the figure of St Dominic, one of the
saints regularly depicted in Asian export ivories, is carved from both
walrus ivory and stone; the form of the saint’s dog is evocative of
Foo dogs, seen in larger scale Hispano-Philippine ivory.36 Smaller in
format, the sculpture exhibits both stylistic and technical similarities
to Asian ivories, including small circular drilled holes typically
seen on South Asian, and later ivories made in the Philippines. Yet
this object is rendered in different materials, by an artist working
on the other side of the Pacific, in the Americas. Another sculpture
(Figure 10), now at the Denver Art
Museum, also bears Reinoso’s name
and depicts the figure of St Michael.
It is carved in alabaster, a material
whose creamy white coloration
evokes ivory; and its subject, the
figure of the archangel Michael, was
one of the most popular subjects for
export ivory sculpture from Manila
in the seventeenth century. As Julie
Wilson Frick notes, the snail-shell
Figure 10.
shaped clouds surrounding the
See for example the Saint Michael in the Cathedral of Badajoz, discussed
in Porras, “Locating Hispano-Philippine Ivories,” 271.
36

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archangel closely resemble Goan carving, while the “tree of life”
motif on the octagonal framework can be found on South Asian
palampore textiles.37 It too bears drilled decoration akin to Goan
and Philippine-made ivory sculptures.
Both the Denver and London sculptures are inscribed with
the name Diego de Rienoso, and references to invention (‘Diego
Reinoso Inventor en Mxico 1696’ and ‘Diego de Reinoso Inbentor’). Yet we don’t know much about the artist himself. In 1644,
a Mercerdarian priest with same name published a vocabulary in
Monterrey, northern Mexico; it has been suggested that this Reinoso was the same as the sculptor.38 Alternatively it is possible the
artist was a migrant from Asia, one of the many who crossed the
Pacific on a Manila galleon ship.39 Regardless of the ethnic origin
of the individual named ‘Diego de Reinoso’ – the sculptures bearing his name reference the facture of Asian ivories, generating
aesthetic value by invoking the subjects, material, and carving
techniques of ivory, but utilizing different materials.
In a similar fashion, on the other side of the Pacific, the
kilns of Dehua began to produce considerable quantities of blanc
Julie Wilson Frick, “Double-sided carving of Saint Michael and the Virgin
and Child with Saints Dominic and John the Baptist,” The Denver Art Museum,
February 5, 2024, https://www.denverartmuseum.org/en/object/1991.1150a-b.
38
Trusted takes this suggestion, following Pál Keleman, Art of the Americas:
Ancient and Hispanic with a comparative chapter on the Philippines (New
York: Bonanza, 1969), 250.
39
Ramón María Serrera, “El Camino de Asia: La Ruta de México a Acapulco.” In Rutas de la Nueva España, edited by Chantal Cramaussel, (Zamora:
Colegio de Michoacán, 2006), 211–30.
37

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de chine porcelain from about 1600 onwards; that is, precisely the
moment when the trade in large-scale ivory sculptures expanded
across the Indian and South China seas.40 While porcelain had
been made in Dehua for centuries, production scaled up in the
seventeenth and eighteenth centuries, and these objects became a
desirable export good. Augustus the Strong had over a thousand
pieces of this kind of porcelain at his palace in Dresden by the
early 18th century.41 Like the stone sculptures of Diego de Reinoso,
these are white figural sculptures (Figure 11); but these ceramic
figures are both in the same palette and larger scale as those
ivory figural sculptures then being
made in Manila, across the South
China Sea. Viewing these various
sculptural products alongside one
another suggests how the littoral
networks of the ivory trade, the
oceanic circuits of production and
exchange extended inland both
in Asia and the Americas. More
than just an exotic and precious
Figure 11.
substrate, ivory – its near universal
See the earlier dating for these figural works in John Ayers, “Blanc de
Chine: Some Reflections” in Blanc De Chine: porcelain from Dehua, edited by
Rose Kerr and John Ayers. (Richmond: Curzon, 2002), 19–34.
41
Eva Ströber, “Dehua Porcelain in the collection of Augustus the Strong in
Dresden,” in Blanc De Chine: porcelain from Dehua, edited by Rose Kerr and
John Ayers, (Richmond: Curzon, 2002), 51–8.
40

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desirability – prompted artists working across several oceans
to create new types of artistic goods, to combine stylistic and
technical elements borrowed from artists working in different
media, across land and sea.
The globe as a market
The relationships between these disparate artworks – European
prints, Philippine ivories carved by Chinese immigrants, featherbacked triptychs made in Mexico and Chinese porcelain figures
– suggest the ways in which artists and consumers across the
globe responded to both the iconographic and material qualities
of increasingly mobile early modern artworks. In the case of the
St Jeromes, ivories carved in the Philippines could take the place
of the European print as both an iconographic and material model
for woodcarvers and amantecas in New Spain, decentering and
destabilizing historical narratives about copying and invention in
extra-European spaces. As Aaron Hyman has eloquently shown
printed models imported to the Americas could also be read as
distinctly local images – as when Rubens’ compositions by virtue
of their many iterations in Cusco, came to function as a cuzqueñan
referent when taken up as a model across the viceroyalty of Peru.42
Artworks’ mobility then troubles the distinction between
the global and the local, art historical assumptions about context
and referent. The mobility of European prints certainly epitomizes
On the ways in which Rubens’s iconography is remade in Cusco as both a
local and regional modle, see Hyman, Rubens in Repeat, 37–118.
42

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this shift, but these ivory and feather triptychs further complicate
matters – helping us to see the processes of globalization not as
solely Eurocentric (the movement of prints to the so-called ‘global
periphery’ of Manila), but as evidence of a truly global early
modern art market. From this view we see how Manila’s ivory
carvers influenced New Spain’s featherwork export industry and
also Chinese porcelain production – Manila is a global center not
just for the reception of European artworks or the distribution of
Chinese silk, but a generative locus of a newly global art market.43
When amantecas in New Spain substituted feathers
for ivory, they not only swapped one precious material for
another; by turning to ivory as a model, these woodcarvers and
featherworkers responded to the import of a rival luxury good,
one that had already mobilized European prints and the Indian
Ocean’s ivory trade. These feather-backed triptychs were bought
both by elites in New Spain, and were likely exported overseas
as precious commodities. I know of no surviving feather backed
St Jerome triptychs in Spain or in Europe, but related featherbacked micro-carvings in European collections prove that there
was demand for such artworks. The relation here between St
Jeromes made in ivory and in wood and feathers, each made
This reading contrasts with the dominant interpretation of these objects as
‘cultural hybrids’, evidence of syncretic religious beliefs, see for example Raquel Sigüenza Martín, “Pluma y marfil: materiales para el sincretismo religioso,” in España y la Evangelización de América y Filipinas (siglos XV-XVII),
edited by F. Javier Campos y Fernández de Sevilla, (San Lorenzo del Escorial:
Universidad María Cristina de San Lorenzo de El Escorial, 2021), 231–248.
43

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�Ivory and feathers

an ocean away from one another, allows us to see how the very
different materials of paper, ivory and feathers could become
somewhat fungible (that is, exchangeable) within a global
marketplace.
Prints were desired imports as aides to conversion and the
imposition of colonial order, and as such were in high demand
from missionaries. Writing to Giovanni Alvarez from China in
1605, the Jesuit missionary Matteo Ricci claimed that engravings
were “of even greater use than the Bible in the sense that while
we are in the middle of talking we can also place right in front of
their eyes things which, with words alone, we would not be able
to make clear.”44 The demand for printed images was not solely
from ecclesiastics, but also from local buyers. Around 1600,
Diego Ocaña, a Castilian Hieronymite friar who traveled to the
viceroyalty of Peru, lamented that his Spanish monastic order did
not respond to his repeated requests for more estampas, claiming
that he could have sold twenty or thirty thousand prints at the
fiesta held in honor of the Virgin in Potosí.45 From these sources,
“…più utile è anco quell libro che questo della Bibbia per adesso, poichè
con quello dichiariamo, anzi poniamo Avanti agli occhi quello che alle volte
con parole non possiamo dichiarare.” Ricci, Lettere, no. 43, 406.
45
“Y en esta ocasión no puedo dejar de quejarme del descuido, de la casa de
Guadalupe, que tuvieron en enviarme algunas cosas que yo envié a pedir, en
particular las estampas; que si a esta sazón tuviera yo en Potosí, sobre la mesa
donde estaba, veinte mil o treinta mil estampas, todas las gastara, porque cada
uno la llevara para tenella en su aposento. Y por cada una, lo menos que podían
dar era un peso de plata, que son ocho reales. Ya lo envié a pedir muchas veces
y no me lo enviaron.” See Diego de Ocaña, Memoria viva de una tierra de
44

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�Stephanie Porras

we get a sense of the utility of prints, but also something of their
value as desirable material goods.
Prints were not just devotional aides for the Christian
mission, but also served as commercial merchandise. So when
in 1596, Dutch ships set sail looking for the fabled Northeastern
passage to Cathay, they carried bundles of prints – not only of
religious subjects but also costume prints, images of Roman
emperors and standard bearers.46 In 1602, Dutch traders in Patani
recorded an inventory of some five to six thousand prints of an
even wider variety.47 In both the Arctic and South China Seas,
these print caches document the material value of printed images
as a currency of global trade. Engraved images were a European
export good, used to broker favor with foreign courts – Ricci and
his fellow Jesuits presented engraved religious imagery but also
copies of Abraham Ortelius’s Theatrum Orbis Terrarum to Mughal
and imperial Chinese courts. Engraved images were not produced
outside of Europe in any considerable quantity before 1600; while
letterpresses were sent to New Spain in 1539, Japan in 1590, and
olvido: relación del viaje al Nuevo Mundo de 1599 a 1607, edited by Beatriz
Carolina Peña, (Barcelona: Paso de Barca, 2013), 486 (fol. 158v).
46
See J. Braat, J. P. Filedt Kok, J. H. Hofenk de Graaff, and P. Poldervaart,
“Restauratie, Conservatie En Onderzoek van de Op Nova Zembla Gevonden
Zestiende-Eeuwse Prenten.” Bulletin van Het Rijksmuseum 28, no. 2 (1980):
43–79; and J.H.G Gawronski, J. Braat and J.B. Kist, Behouden uit het Behouden Huys. Catalogus van de voorwerpen van de Barentsexpeditie (1596) (De
Bataafsche Leeuw: Amsterdam, 1998).
47
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(Hague: Nijhoff, 1926).
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�Ivory and feathers

Manila in 1593 – the roller presses required for printing engravings
did not arrive until considerably later. In other words, engraved
images could be seen in much of the world as a somewhat exotic
and precious good – technology that was difficult to replicate.
This essay has attempted to complex series of
relationships between prints, ivory and feather-backed triptychs
made in Manila and Mexico, Chinese porcelain and Mexican
alabaster in order to demonstrate that this is not just the
story of a singular iconography’s popularity, or what I have
called elsewhere, the viral capacity of earl modern print.48
I have suggested here some of the ways in which this set of
art objects – related via iconography and/or material qualities
– demonstrated the efficacy of globalization’s infrastructure.
These artworks evidence the ways in which oceans and
continents could be traversed by people and goods – but also
the way in which the mobility of art works shifted how artists
viewed the world. The ivory carver took printed objects made
by an unknown maker wielding an unfamiliar technical process
(engraving) and fashioned a new type of object to be sent back
along these same networks. The featherworker in New Spain
repeated this same process, responding to a new Asian export
good – carved ivories – and fashioning a rival product in this
global marketplace. Artists in Antwerp, Manila and New Spain
then, made objects for imagined audiences, consumers one
My own study of St Michael the Archangel can be understood as the tracing of such a singular viral image. See Porras, The First Viral Images.
48

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�Stephanie Porras

would never meet, but whose presence was felt via the demands
of ship captains, merchants, and missionary orders’ procurators.
This was not a one-way process but one subject to recursive
feedback – send more prints of the Virgin, more St Jeromes in
ivory. The anecdotes with which I began this essay could be read
as betraying some of the latent anxieties accompanying these
processes – Salazar suggests imported Spanish goods would be
displaced, much like the poor unsuccessful Mexican bookbinder
in Manila, whose work was rapidly usurped by his Chinese
assistant. Globalization, from an imperial perspective, was about
the reassignment of labor, the extraction and reallocation of local
resources in a global economic system controlled by the Spanish
crown. But these Spanish anecdotes and the artworks discussed
here, reveal how the local labor of copying, the material ingenuity
with which artists responded to the mobility of prints and other
objects, allowed the viral image to exploit and also, to occasionally
escape such colonial control.
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Captions
Figure 1. Unknown Manila artist, St Jerome triptych, ivory. Photo: Bret Oliphant and IOTA Partners.
Figure 2. Unknown Manila artist, St Jerome triptychs, ivory with
polychromy. Private collection, Published as figure 88 in
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�Stephanie Porras

Figure 3. Unknown Manila artist, St Jerome triptych, ivory with
polychromy. Madrid, Museo de América.
Figure 4. Unknown Manila artist, St Jerome plaquette (fragment
of triptych?), ivory. Santiago (Chile), Museo de Artes Decorativas.
Figure 5. Cornelis Cort after Frans Floris, St Jerome, engraving,
ca. 1560. Antwerp, Museum Plantin-Moretus.
Figure 6. Spanish or Flemish, St Jerome praying, gilt copper alloy
plaquette, 16th century. New York, Metropolitan Museum
of Art.
Figure 7. Unknown artist in New Spain, St Jerome in Penance
and the Four Evangelists, boxwood with hummingbird
feathers and polychromy. Baltimore, Walters Art Museum.
Figure 8. Unknown artist in New Spain, St Jerome in Penance
and the Four Evangelists, boxwood. Smithsonian American Art Museum, Gift of John Gellatly.
Figure 9. Unknown artist in New Spain (?), St Jerome triptych,
ivory and wood with gilding. Lisbon, Museu do Oriente.
Figure 10. Diego de Reinoso?, Saint Michael , alabaster, circa
1696, Denver Art Museum
Figure 11. Dehua, Bodhisattva Guanyin, porcelain with ivory
glaze, 17th century. New York, Metropolitan Museum of
Art.

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�El rol del cacao y el chocolate en el intercambio
transpacífico. Parte II. El cacao como bien comercial
transpacífico y mercancía global
The Role of Cacao and Chocolate in Transpacific Exchange
Part II. Cacao as Transpacific Trade Good and Global
Commodity
Angela Schottenhammer
KU Leuven
Leuven, Bélgica

https://orcid.org/0000-0002-0952-7621
Recibido: 27 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de abril de 2024

Resumen: En el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI, el
chocolate y el cacao se hicieron cada vez más populares entre muchos
europeos. En la década de 1630, si no antes, no sólo los españoles sino
también los holandeses, los franceses e incluso los ingleses consumían
una buena cantidad de cacao. Sin embargo, y a pesar de tratarse de un
producto verdaderamente global, su historia apenas ha sido estudiada.
Este artículo busca sacar a la luz dichas informaciones. En la primera
parte de esta investigación, se aborda cómo el cacao y el chocolate
llegaron por primera vez a Filipinas, China y Japón, y en los impactos
que el nuevo producto tuvo en las sociedades locales. En una segunda
parte, se investiga con más detalle los diversos usos del cacao y el
chocolate y su surgimiento como producto global, con especial atención
al viaje hacia el oeste, desde América hasta Asia.
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-137

278

�Angela Schottenhammer

Palabras clave: cacao, chocolate, intercambio transpacífico, Filipinas,
Asia, América, China, Japón
Abstract: In the course of the second half of the 16th century, chocolate
and cocoa became increasingly popular among many Europeans. By the
1630s, if not earlier, not only the Spanish but also the Dutch, the French
and even the English were consuming a good deal of cocoa. However,
despite being a truly global product, its history has hardly been studied.
This article seeks to bring this information to light. The first part of
this research deals with how cocoa and chocolate first arrived in the
Philippines, China and Japan, and the impacts that the new product
had on local societies. In the second part, it is investigated in more
detail the various uses of cocoa and chocolate and their emergence as a
global product, with a special focus on the journey westward from the
Americas to Asia.
Keywords: cacao, chocolate, transpacific exchange, Philippines, Asia,
America, China, Japan

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-140

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�The Role of Cacao and Chocolate

Introduction
In the course of the second half of the sixteenth century, chocolate
and cacao became increasingly popular among many Europeans.
By the 1630s if not earlier, not only the Spanish but also the
Dutch, the French, and even the English were consuming a fair
amount of cacao.1 Cacao drinking was introduced into Britain
in 1657, and by the early eighteenth century ‘chocolaterías’
existed throughout London, competing with the traditional coffee
houses. The drinking of cacao received the support of Quakers,
who considered chocolate to be a welcome substitute for ginger.2
Chocolate was frequently sent as a present from New Spain, both
to Spaniards living in Asia and to residents in Spain: In 1621, the
Count of Santiago sent some small boxes of chocolate to his wife;
in 1625, the Countess of Santiago of New Spain sent, among
other things, boxes of chocolate and cacao to the Marchioness of
Belvedere in Madrid.3
* This research was supported by and contributes to the partnership grant
funded by the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada
(SSHRC) and to the ERC AdG project TRANSPACIFIC that has received
funding from the European Research Council (ERC) under the European
Union’s Horizon 2020 Research and Innovation Programme (Grant Agreement
No. 833143). See also Nadia Fernández-de-Pinedo, “Global Commodities in
Early Modern Spain”, in Manuel Perez Garcia · Lucio De Sousa (eds.), Global
History and New Polycentric Approaches Europe, Asia and the Americas in
a World Network System [Palgrave Studies in Comparative Global History]
(Cham: Palgrave Macmillan, 2018), 293-318.
2
Julia García Paris, Intercambio y Difusión de Plantas de Consumo entre el
Nuevo y el Viejo Mundo (Madrid: Servicio de Extensión Agraria, Ministerio de
Agricultura, Pesca, y Alimentación), 58-59.
3
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-140

280

�Angela Schottenhammer

In the first part of my research, I have focused on how
cacao and chocolate first came to the Philippines, China, and Japan, and on the impacts the new product had on local societies4.
We have seen that China and Japan, where the consumption of
chocolate was not as readily adopted as a drink or medicine as in
the Philippines, still found themselves dragged into its commercial orbit by producing the cups, containers, and jars, in which
chocolate was drunk, stored, and/or prepared. In this second part,
I will investigate in more detail the various uses of cacao and
chocolate and its emergence as a global commodity, focussing
on the ‘American-Asian Pacific world’. In this function, the importance of chocolate goes beyond that of being a luxury drink,
a stimulant, or a medicine. Despite initial opposition from the
Catholic Church, whose representatives considered chocolate an
enjoyable luxury, chocolate soon became an almost world-wide
popular drink, gradually being consumed by ordinary people as
well. Cacao developed as a cash crop in the Philippines, and it
helped other flavours, especially cinnamon and vanilla, to boom
as a result of changing drinking habits. Interestingly, cacao beans
even assumed the functions of a currency for a brief period in the
culation, Market, and Consumption of Asian Goods in the Spanish Empire,
1565–1650 [The Atlantic World. Europe, Africa, and the Americas, 1500–
1830, 37] (Leiden: E. J. Brill, 2019), 30 (with reference to AGI, Contratación,
1866, 651-654), 41-42 (with reference to AGI, Contratación, 1880, 221-231).
4
Angela Schottenhammer, “The Role of Cacao in Transpacific Exchange.
Part I, Cacao comes to Asia”, TRANSPACIFIC Research Notes 2 (2023).
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-140

281

�The Role of Cacao and Chocolate

Philippines.5 And against the backdrop of a chronological development, we can observe that Chinese actors, for example, continued to be ‘held under the spell’ of cacao and chocolate, even
though they were not the big consumers of chocolate.
Of course, the development of cacao as a cash crop does
not mean that the nutritious and medical qualities of chocolate
were no longer valued. It is interesting to note that the provisions
required in 1842 for ‘Her Majesty’s Royal Naval Forces [of Great
Britain] in China (amounting to 4,200 men)’ mention, among
other food items such as bread, flour, raisins, tea, sugar, vinegar,
and lemon juice (3,800 pounds), also 9,919 pounds of chocolate
totalling 47,517 pounds for 4,200 men for 181 days.6 This is a clear
indication of the nutritious and medical qualities of chocolate that
were obviously highly valued at that time. Another document in
the National Archives in Kew, UK, contains an announcement
in The China Mail, vol. 12:617 from 11 December 1856, on the
sale of flour barrels, galleons of lime juice, preserved meats,
As to discuss the use of cacao beans as money in the Philippines would
mean going beyond the focus of this chapter, namely on cacao and chocolate
as food, medicine, and cash crop, I am writing a separate article discussing the
use of cacao beans as a currency in Manila in the cadre of contemporary monetary history: its working title is “A Forgotten Aspect of Transpacific History:
Currencies in Seventeenth-Eighteenth Century Manila”, in preparation.
6
“Correspondence Relevant to Military Operations in China” (p. 26), in
Despatches, Offices and Individuals: 1842. Manuscript Number: CO 129/1 in
The National Archives (Kew, United Kingdom), Archive: Hong Kong, Britain
and China, 1841–1951, Collection “War and Colonial Department and Colonial Office: Hong Kong, Original Correspondence”, electronic resource.
5

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soups, coffee – and “Superior Manila Chocolate”.7 Chocolate
obviously played an important role in the diet of contemporary
sailors and soldiers. This may demonstrate cacao’s path from a
Meso-American beverage to a global commodity, as a medicine,
a nutritious food, a cash crop, and even as money.
The development of cacao as a global commodity is
closely related to changing chocolate tastes and preparation
methods, and the Spanish soon realised the economic potential of
the plant and its fruit. In the Philippines, Spain’s colony in Asia,
the introduction of cacao and a chocolate culture had particularly
far-reaching consequences. It reached the island archipelago as
cargo and as a provision of many galleons crossing the Pacific
Ocean and was transplanted locally in the early 1670s, as we
have seen in Part I of my investigation. This was around the time
that cacao beans also served as a local currency in Manila. By
the eighteenth century, cacao came to be considered increasingly
important as a commercial crop whose cultivation should be
encouraged in order to sell it abroad and to pay, for example, for
the Chinese imports in demand by the local community.
With the Manila galleon trade, the city of Manila developed
as a commercial hub in Southeast Asia. The maintenance of the
local Spanish community long remained a subsidised undertaking
The National Archives (Kew), November 3-December 6, 1856, Correspondence Archive Imperial China and the West part I, 1815–1881, Collection:
FO 17 Foreign Office: Political and Other Departments: General Correspondence, China, document no. FO 17/252.
7

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�The Role of Cacao and Chocolate

for the Spanish Crown. Local Spanish governors and authorities
in Manila consequently early thought about means and ways to
sustain the Spanish community.
Most of the silver shipped from Acapulco to Manila was
finally used to pay for Chinese goods in return. The gradual
destruction of local, social and economic structures by the Spanish,
including forced labour and the imposition of tribute payments,
accelerated this process. As a consequence, agricultural output fell
continuously, peasants left their land, and gradually even food had
to be imported, mostly from the Chinese. At the same time, we
need to take into consideration contemporary politico-economic
changes in the European-China trade and its impacts on both the
production of required commodities like silk in China and on the
Spanish China-Philippine and transpacific trades, which occurred
in the early to mid-eighteenth century.8 In this context, this chapter
can be seen as another small step showing that the economic history
of Manila as a hub of transpacific trade “requires a fuller picture”9
focusing on the Spanish transpacific, the Chinese and non-Chinese
intra-Asian, and the European global trades. Manila was not only
For an article analysing the specific developments and changes in the China-Philippine trade, due to European competition and political-economic decisions in China, see Antoni Picazo Muntaner, “El comercio de Filipinas en
el tránsito al siglo XVIII: la política comercial china”, Vegueta. Anuario de la
Facultad de Geografía e Historia 20 (2020), 253-272.
9
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks at the
Edge of the Spanish Pacific: The Minnan-Manila Trade, 1680–1840, PhD dissertation (University of California, Los Angeles, 2019), 456.
8

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an entrepôt in the transpacific trade, but it was also part of intraAsian, and global European commercial networks. Against this
background, we also have to understand the various eighteenthcentury projects to make the Philippines more independent from
Spanish subsidies and Chinese imports and to promote, among
other plants, the cultivation of cacao.
The Role and Uses of Cacao in Pre-Columbian America: A
Brief Survey
The cacao plant (Theobroma cacao L.) or “food of the gods”, a name
given to it by Carl von Linné (latinised Carolus Linnaeus, 1707–
1778), the famous Swedish botanist and naturalist who laid the
foundations for biological binomial nomenclature, defining natural
genera and species of organisms to create a uniform system, is an
indigenous American plant. Cacao beans were highly valued in preColumbian times, not only for the production of chocolate but also
as means of circulation, or as money in other words. This alone bears
witness to the high value given to the plant by the indigenous Indian
population.
Five major districts of pre-Columbian cacao cultivation have
been recognized, the three most important of which, Soconusco (at
the Pacific coast in south Chiapas), Suchitepéquez, and Izalco, were
situated along the Pacific coast, corresponding to parts of modern
Chiapas (in Mexico), Guatemala and El Salvador.10
Pesach Lubinsky, Historical and Evolutionary Origins of Cultivated Vanilla, PhD dissertation, University of California Riverside, 2007, 19.
10

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�The Role of Cacao and Chocolate

In pre-Columbian America, drinking chocolate was
definitely a custom of the social elites. The daily consumption of
cacao at the court of Nezahualcóyotl (r. 1429–1472) in Texcoco
has been estimated at four xiquipiles, the equivalent of 32,000
cacao beans;11 one of the store-houses of Moctezuma (r. 1502/03–
1520) at the time of the conquest contained 4,000 loads of cacao
beans packed in bales so large that they could hardly be lifted by
six men.12
The Aztec herbal of 1552, Códice Badiano (also known
as Códice Martín de la Cruz; Códice de la Cruz-Badiano)
describes the tree, its fruit, and its various uses, especially for
medicinal purposes. In addition, cacao was obviously also used
as a dye: “Tlapal-cacauatl, cacao dye. Theobroma cacao.”13 The
Códice Badiano constitutes one of the earliest known documents
to mention cacao and vanilla (Vanilla planifolia; tlilxochitl), the
latter being used as an aromatic flavour to add to the chocolate
drink. The Códice Badiano also includes an image of “Cacauaxochitl”, the cacao flower, Theobroma cacao L. (Fig. 1).14
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, The Hispanic
American Historical Review 28:3 (1948), 360-376, 362, with reference to Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Historia chichimeca (Mexico City: 1892), 168.
12
Ibid., with reference to Juan de Torquemada, Monarquia Indiana (Madrid:
1723), 3 vols., vol. I, 47.
13
See William Gates, An Aztec Herbal. The Classic Codex of 1552 (first published in Baltimore: The Maya Society, 1939; Dover edition, Bruce Byland:
2000), 317, with reference to *p. 68, 8-1.
14
William Gates, An Aztec Herbal, 74: Theobroma cacao L., Myrodia funebris
Benth.
11

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The root of the word ‘chocolate’ stems from the Nahuatl
cacaoatl, meaning ‘cacao water’, and xoco meaning ‘sour
water’,15 an indirect attestation to the fact that cacao and chocolate
as a drink were originally not sweet.
Cacao beans also circulated as money and played a major
role as an equivalent of value in contemporary society. The
price of cacao beans apparently remained high after the Spanish
conquest, but native trade and the wealth of the natives declined.
As a consequence, the use of chocolate as a beverage became even
more restricted.16 Although the growing of cacao was encouraged,
this was mainly because the beans continued to be used as a local
currency. Around the mid- to late-sixteenth century the prices of
cacao beans in Spanish America gradually fell,17 and the once
crucial role of cacao beans as currency consequently declined as
well.18
William Gates, An Aztec Herbal, 276.
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 364.
17
This, according to Henry Bruman, can be deduced primarily from the following developments: first, a salary cut by order of the viceroy dated January
11, 1576 stated that henceforth the common labourers of Acatlin, near Atotonilco, were to be paid thirty cacao beans per day, instead of twenty; second,
a shift from payment in cacao to payment in silver – an order by the viceroy
dated August 1, 1580, states that the Indians tending the cacao orchards of Colima should in the future be paid in silver and not in cacao. See Henry Bruman,
“The Culture History of Mexican Vanilla”, 365, footnote 21, with reference to
AGNM, Ramo General de Parte, I, 108; and AGNM, Ramo General de Parte,
II, 216 v.
18
As the Franciscan friar Bernardino de Sahagún (1505?–1590) records,
the cacao beans were originally so valuable that people began to produce
counterfeit seeds to pass as money. The counterfeiters used items, such as
15
16

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�The Role of Cacao and Chocolate

To prepare their chocolate drink, the Mayas “fermented and
dried the cacao beans and then roasted them over fire. After removing
the shells, the beans were ground and crushed into a chocolate
paste.”19 Then, water20, chili and sometimes honey were added. The
Aztecs later added wine and cornmeal to the drink. In pre-Columbian
times, therefore, several spices were added to chocolate as a drink.
The cacao tree is described in various contemporary sources
of European missionaries, for example, by Bernardino de Sahagún
(1499–1590), a Franciscan friar and missionary active in New Spain:
“As far as the tree is concerned from which cacao is made, it
is called cacaoaquavitl, it has broad leaves, is cupped and of
medium size. The fruits it makes resemble maize cobs, or a
bit bigger: inside they contain the cacao beans; the outside is
purple and the inner part red or reddish. When it is fresh, if you
drink a lot, it makes one drunk, and if you drink it moderately,
it cools and refreshes.”
“amaranth seed dough, wax, (and) avocado pits” to falsify cacao beans. See
Historia general de las cosas de Nueva España, que en doce libros y dos
volúmenes escribió, el R. P. Fr. Bernardino de Sahagún, con notas y suplementos por Carlos Maria de Bustamente (México: Imprenta del Ciudadano
Alejandro Valdés, 1830), Capitulo XVIII, “De los que venden cacao, maíz y
frisóles Cacahuateros”, tomo III, 44, digital versión http://cdigital.dgb.uanl.
mx/la/1080012524_C/1080012525_T3/1080012525_MA.PDF.
19
“Cacao: Food of the Gods and their People”, in https://chocolateclass.
wordpress.com/2016/02/19/cacao-food-of-the-gods-and-their-people/
(accessed March 17, 2021).
20
As liquid as we drink chocolate today, 1 pound of chocolate requires 3,170
gallons of water. Courtesy of Gene Anderson, “Water: Sacred Trust or Resource to Waste”, in ‘Developing Mexican Food: Globalization Early On’, Krazy
Kioto, The Gene Anderson Webpage, October 10, 2016, http://www.krazykioti.com/2016/10/.
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A el árbol donde se hace el cacao llaman cacaoaquavitl, tiene
las ojas anchas, es acopado y mediano: el fruto que hace es
como mazorcas de maíz, ó poco mayores: tienen de dentro los
granos de cacao, por fuera es morado, y por la parte interior
encarnado ó vermejo: cuando es nuevo, si se bebe mucho
emborraça, y si se bebe templadamente refrigera y refresca.21

Gonzales Fernández de Oviedo y Valdés (1478–1557)22 provides
us with a detailed description of the tree, called cacao or cacaguat,
its properties, how the cacao beans are collected and how the cacao
mass was prepared by the natives. He tells us that “the Indians roast
almonds, like hazelnuts, very toasted, and then they grind them, and
because these people are friends to drinking human blood, in order to
make this beverage resembling blood, they put a little bit of bixa into
it, so that it finally becomes coloured: if the cacao is ground without
bixa, it is of a brownish colour.”
Fernández de Oviedo continues by explaining that it takes
five to six days to complete the process of obtaining a fine, wellground mass and adding a little water. Part of the mass is very
red because of the bixa they add; they paint their faces (cheeks,
moustache and nose) so that they look very muddy, before
carrying it to the market.23 This ‘bixa’, that is Bixa orellana L., or
Bernardino de Sahaghún, Historia general de las cosas de Nueva España
(Mexico City: 1938), 5 vols., vol. III, 237.
22
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478–1557), Historia General
y Natural de las Indias, islas y tierre-firme del mar océano (1851), Tomo l,
libro VIII. Cap. XXX, 318-319; electronic version provided by the Bayerische
Staatsbibliothek https://opacplus.bsb-muenchen.de/title/BV020799958.
23
Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Historia general y natural de las
21

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�The Role of Cacao and Chocolate

annatto, is a small tree, the achiote tree, whose orange-red seeds
serves as a symbolic red colouring of the chocolate. The tree is
native to tropical regions from Mexico to Brazil.24 It is used by
the indigenous people for a variety of purposes, including as body
paint, insect repellent, a food colorant, inks, dyes, sunscreen,
soap additives and a fabric colorant, and reportedly was also for
medicinal purposes, to treat fevers or dysentery.25
The Spanish missionary S. J. José de Acosta (1540–1600)
reports in detail about the cacao tree and the use of cacao, with
spices and much chili, among the indigenous American Indians.
Meanwhile, he continues, the Spanish would also “die for this
black chocolate” (se muere por el negro chocolate). He also
mentions that cacao beans are used as a currency and as alms
for the poor and draws attention to its medical uses to treat chest
complaints, catarrh, and stomach-ache (dicen que es pectoral,
y para el estómago y contra el catarro).26 Acosta was the first
Indias, 318.
24
Annatto has been introduced over time to a large number of tropical areas
around the world, including Southeast Asia, South Asia, and the Philippines.
25
Entry “Bixa orellana”, Missouri Botanical Garden, https://www.missouribotanicalgarden.org/PlantFinder/PlantFinderDetails.aspx?kempercode=e852
(accessed March 24, 2021).
26
José de Acosta, (1540–1600), Historia Natural y Moral de las Indias,
en que se tratan las cosas notables del cielo, y elementos, metales, plantas y
animales dellas y los ritos, y ceremonias, leyes y gobierno, y guerras de los
indios. Compuesta por el Padre Ioseph de Acosta Religioso de la Compañía
de Iesus. Dirigida a la Serenissima Infanta Doña Isabella Clara Eugenia de
Austria (Impreso en Sevilla en casa Juan de Leon, 1590), Cap. 22, “Del Cacao,
y de la Coca”, 251.
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person to use the word ‘chocolate’, based on the Aztec word
‘choco(l)atl’.27
In Peruvian folk medicine, where coca also played a
central role, cacao and chocolate were introduced only in Spanish
times, in contrast to the Aztec food and healing tradition.28
The Gradual Path of Cacao to Become a Global Commodity
The popularity of hot chocolate in the New World increased
quickly in the 1580s, obviously beginning in the south and
gradually spreading north. “In the early seventeenth century it
became so extraordinarily popular in Chiapas and Guatemala that
its use became almost a vice”, Henry Bruman notes.29 Apparently,
‘Guatemalan women’ had invented the best and healthiest ways of
preparing chocolate.30 It was a path to success with some obstacles.
Interestingly, during the anti-Christian atmosphere in
China in the 1730s and 1740s, cacao and chocolate were also
officially condemned. It was argued that chocolate serves to
bewitch, to miscarry pregnant women, to sterilize women, to
Sabine Anagnostou, Jesuiten in Spanisch-Amerika als Übermittler von
heilkundlichem Wissen (Stuttgart: Wissenschaftliche Verlagsgesellschaft,
2000), 135.
28
Sabine Anagnostou, Jesuiten in Spanisch-Amerika, 134.
29
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 366.
30
José Pardo-Tomás, “Natural knowledge and medical remedies in the book
of secrets: uses and appropriations in Juan de Cárdenas’ Problemas y secretos
maravillosos de las Indias (Mexico, 1591)”, in Sabine Anagnostou, Florike
Egmond, and Christoph Friedrich (eds.), A Passion for Plants: Materia Medica and Botany in Scientific Networks from the 16th to 18th Centuries (Stuttgart: Wissenschaftliche Verlagsgesellschaft, 2011), 93-108, 105.
27

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�The Role of Cacao and Chocolate

promote lascivia31, that the foreign missionaries used it to enchant
and deceive people, but especially to prevent women from
conceiving– a major concern in the contemporary world.32 And it
was not uncommon for chocolate to be confiscated at customs.33
Nevertheless, Chinese merchants, as we will see, actively
contributed to the success story of cacao and chocolate.
Chocolate – A vice for Christians?
The growing popularity of chocolate is also demonstrated by
a widespread dispute as to whether the use of hot chocolate
was permissible during Lent, as discussed, for example, by the
Mexican physician Juan de Cárdenas (1563–1609).34
The Jesuits favoured liquid chocolate because it could serve
as a substitute for solid food during Lent,35 an opinion that caused
quite some controversies in the religious order. Francisco de Otazo
José Maria González O. P., Misiones Dominicanas en China (1700–1750),
2 vols. [Biblioteca «Missionalia Hispanica» Publicada por el Instituto Santo
Toribo de Mogrovejo], vol. IX (Madrid :1958), vol. 2, 432.
32
José Maria González O. P., Misiones Dominicanas en China, vol. 2, 145.
The interest in the fertility of women appears as a global phenomenon of the
time that we observe as well in other world regions.
33
José Maria González O. P., Misiones Dominicanas en China, vol. 2, 327,
399. I will discuss this aspect in more detail in a forthcoming article.
34
Juan de Cárdenas, Problemas y secretos maravillosos de las Indias (2nd
ed., Mexico City, 1913).
35
“Does one break the law of fasting by drinking chocolate? No; for according to the common opinion of theologians, chocolate (if not compounded with
corn flour or similar solid foods) is a liquid, and liquids do not break the fast”.
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines (Cambridge, Mass.: Harvard
University Press, 1961), 356.
31

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and Valerio de Ledesma (both fl. late 16th century), for example,
were alarmed about the growing custom of drinking chocolate and
told the Superior General Claudio Acquaviva (1543–1615) that
many take poor health and illness “as an excuse for introducing the
drinking of chocolate into this province, and it seems that once a
person has begun to indulge in it, he can no longer live without it.”36
Chocolate was considered so dangerous as to have the potential
to destroy the Society of Jesus, being also a danger to chastity
and a violation of the rule of evangelical poverty. Acquaviva had
therefore first forbidden chocolate in Jesuit houses except as a
medicine. We encounter various stories about ordinary individuals
as well as priests being condemned for consuming chocolate.
Inquisition documents attest to the fact that these rules were also
strictly observed and enforced in the Philippine Archipelago.
Nicolas de Campos, senior clerk of the Province of Pangasinan, aged twenty-six, reported and complained about an event
in the village of Lingayen, Pangasinan, in order to relieve his conscience: Don Lorenzo Bravo de Cuellár, mayor of this province,
had offered some chocolate to another individual on the festival
day of San Francisco de Asis (5 October 1637) and consequently
violated the Law, as people were expected to fast on this Christian
holiday.37 And chocolate was simply considered too nutritious as
a food, which would consequently violate the rule to fast.
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 248-249.
Archivo General de la Nación (AGNM, Mexico City), Inquisición, Tomo
384, 353r-354r.
36
37

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In another case, in the afternoon of 11 March 1651, a
woman called, María de Jesús, aged sixty-nine, appeared before
Fray Francisco de Paula of the Inquisition Office of Manila without
being judicially summoned, reportedly to relieve her conscience.
She reported that approximately nine months previously, on a
Christian holiday, obviously during Easter, Don Feelipe de Baeza,
a priest, observed Doña Jusepa de la Roca until late at night, and
she, María, had heard Don Felipe de Baeza ask Doña María de
Montenegro, her cousin, to provide him with some chocolate.
Doña María de Montenegro told him that she would give him
some chocolate, were he not having to hold the Holy Mass (y le
dixo, que sino que habia decir la Missa, le darían chocolate).38
He thereupon responded that he did not have to hold the Mass,
and using this argument asked again to be given some chocolate.
Then, the following day, another priest, Don Pedro Navarro,
resident of Manila, came to the house of this witness and said
that Don Feelipe de Baeza had held the Mass in the Capilla Real,
and that he had heard that Doña María de Montenegro had stated
that this could not have been Don Feelipe de Baeza because
he had drunk chocolate after midnight that day. Then another
witness, a servant of his, was asked to confirm this, but this male
servant said that Don Feelipe de Baeza had in fact offered the
Mass that day. Thereupon, because Doña María de Montenegro
AGNM, Inquisición, Tomo 442, 379r. I want to thank David Max Findley
from the Max Planck Institute for the Science of Human History for bringing
these sources from the Inquisition to my attention.
38

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had not personally seen the priest drinking chocolate, she called
a slave-servant called Pascuala, and asked her if she had seen
the priest drinking chocolate, which the servant confirmed. Don
Pedro Navarro thereupon approached Don Feelipe de Baeza and
asked if he had drunk chocolate that day after midnight, but the
latter said he could not recall having done this.39 Just the details
recorded above are enough to show as how serious the drinking
of chocolate was taken, especially when fasting, holding the Holy
Mass, or on Christian holidays.
Nonetheless the custom of drinking chocolate finally
spread among Christians as well, although restrictions remained,
as various documents from the Inquisition demonstrate. Other
interesting cases include the use of chocolate in the field of
sorcery and esoterism (December 1626). A women called Catalina
Delgadin, married to a certain Juan Rodriguez Moreno, aged
twenty-seven, appeared before Fray Francisco de Herrero (de la
Orden de Santo Domingo), and reported the following in order
to relieve her conscience: roughly two years ago she had been
talking with one of her close friends (una comadre suya) named
María de la Parra, who told her that she was looking for a remedy
so that a man would love her well. She was told take some groundup worms that light up when flying (‘lamplighters’?) so that they
The whole story is in detail recorded over various pages, providing the entire
discussion in the Inquisition. AGNM, Inquisición Tomo 442, 379r et seq. GD61
Inquisición, vol. 369, exp. 17, fol. 25, Zacatecas (“por tomar chocolate antes de
comulgar”), that is for taking chocolate before receiving the communion.
39

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shed light during the night and mix it into chocolate. This would
make the man die for the woman (son buenos para que el hombre
se muera por la mujer).40 In addition, various documents from the
legajos or Inquisition records report cases of women mixing their
menstrual blood with chocolate and giving it to their husbands
or friends to drink.41 Obviously, these ‘recipes’ were intended to
provide men with more energy and potence.
But even the most conservative fathers were eventually
convinced that this originally Mexican drink, which was relatively
inexpensive, in no way did any harm to the Christian faith. In
1644, Cardinal Francesco M. Brancaccio (1592–1675) finally put
an end to the discussion in favour of chocolate.42
AGNM, Inquisición, Tomo 355, microfiche, no pagination available. She
also reported that about eight years ago, when she was in Mexico in the house
of her father, she asked a mulatta named Francisca to provide her with some
‘poyomate’ herbs which served to want well” (que la diessa unas hierbas poyomate que servían para querer bien) that she then carried around her neck,
other herbs she had to drink. The information that such practices originally
stemmed obviously from a Mexican mulatta may attest to the general idea that
mulattas played a major role in premodern sorcery and esoterism.
41
Most cases I could find stem from the AGNM and are related to cases
in Mexico. GD61 Inquisición, vol. 339, exp. 89, fol. 8 (1621), Guadalajara
(“Contra Isabel, esclava, por usar un dedo ahorcado y echar menstruación en
el chocolate para darla a beber”); GD61 Inquisición, vol. 339, exp. 89, fol. 59
(1621), Guadalajara (“por dar beber en el chocolate la sangre de su periodo a
sus amigos”); GD61 Inquisición, vol. 356, exp. 46, fol. 78 (1626), Tehuacán
(“por usar de unos polvos y echar menstruo en el chocolate de su marido”);
GD61 Inquisición, vol. 356, exp. 78, fol. 115 (1626), Tepeaca (“por haber dado
el menstruo en chocolate a su marido”); GD61 Inquisición, vol. 363, exp. 30,
fol. 15 (1629), Zacatecas (“daba a beber menstruo en chocolate”).
42
Martin Gimm, Henkama, Väterchen Heng: ‘Ein Mediator zwischen Kaiser
40

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Dominicans in the Philippines were still strictly forbidden
to drink chocolate in 1686. But chocolate soon became so cheap
and generally used that it was considered a necessity and no
longer a delicacy.43 By the end of the seventeenth century,
“chocolate had become a standard breakfast food on Jesuit
tables in Spain and the Indies.”44 This is also attested to by a
manuscript preserved in the Archivum romanum Societatis Iesu.
In 1690, Alejo López, Jesuit procurator for the Philippines,
suggested that the ban against chocolate should either be made
less strict or abolished entirely, as everybody, regardless of social
status consumed, chocolate and the Jesuits could not simply
make a scandal out of it. It had also become very inexpensive.
In fact, “cacao was so plentiful in the Ilog mission on the island
of Negros that it could be had for nothing. Finally, it was the
most convenient breakfast so far discovered, especially for busy
Kangxi und den Jesuitenmissionaren in der Epoche des Ritenstreites‘ im 18.
Jahrhundert“, Monumenta Serica 64:1 (2016), 101-136, 116, with reference
to Jacques Mercier, La tentation du chocolat, German translation, Die Versuchung der Schokolade (Brüssel: Racine, o.J.), 107-109.
43
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803: explorations by early navigators, descriptions of the islands and their peoples, their history and records of the Catholic missions,
as related in contemporaneous books and manuscripts, showing the political,
economic, commercial and religious conditions of those islands from their earliest relations with European nations to the beginning of the nineteenth century
(Cleveland, Ohio: The A. H. Clark company, 1903-09), vol. 47, 218-219.
44
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 249, with reference to Antonio Astraín, Historia de la Compañía de Jesús en la asistencia de España
(Madrid: 1912-1925), 7 vols., vol. 5, 319-320.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-140

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�The Role of Cacao and Chocolate

missionaries substantial enough to last one until lunch, and yet
not so heavy on the stomach as rice.”45
Changing Preparation Methods of Drinking Chocolate
When the Spanish first came into contact with the ‘Indian way’
of drinking chocolate, they were far from convinced. In the first
part of the article, we have already seen that drinks containing
cacao were originally considered to be “a better fit for pigs than
for men.”46 Experimenting with recipes, these were soon altered
and simplified. Sugar was added to get rid of the slightly bitter
taste. In the late sixteenth century, the beverage gradually gained
ever greater popularity, especially when flavoured with vanilla
and cinnamon.47 The growing habit of drinking chocolate, among
Europeans at least, consequently also fostered the demand for
vanilla and cinnamon as well as sugar as for flavoring, while the
natives preferred to drink it with chili, maize, or achiote. Like the
best quality cacao, vanilla was also cultivated on Guatemala’s
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 512, with reference to Archivum romanum Societatis Iesu, Section Philippinarum, vol. 12, 136.
46
Girolamo Benzoni (1519–1570), La Historia del Mondo Nuevo (Venice:
Appresso Francesco Rampazetto, 1565), 103, quoted by Murdo J. MacLeod,
Spanish Central America. A Socioeconomic History, 1520–1720 [Teresa Lozano Long Institute of Latin American Studies] (Austin: University of Texas
Press, 2008), 70. “Porcorum ea verius colluvies quam hominum potio”.
47
This new recipe of adding sugar, vanilla, cinnamon or anis to the chocolate
drink is traced back to the invention of nuns from the Convent of Guanaca, located in either Guatemala or Colombia. See José García Payón, Julio Monreal,
Amaxocoatl: o Libro del chocolate (Toluca, México: Tip. Escuela de Artes,
1936), 42.
45

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�Angela Schottenhammer

Pacific coast48 and may have reached the Philippines for the first
time around the same time as cacao or somewhat later.49 Vanilla
from Guatemala is mentioned in P. Fr. Manual Blanco’s (1778–
1845) and P. Fr. Ignacio Mercado’s, Flora de Filipinas (1837)50,
implying that “it could well have been facilitated by the 300year Manila Galleon trade between Acapulco and Manila from
the mid-sixteenth to mid-nineteenth centuries”.51 As we will see
below, vanilla was definitely shipped to Manila as early as 1714.
Interestingly, the two vanilla endemics in the Philippines, Vanilla
ovalis and Vanilla calopogan, are non-aromatic.52
Apart from added ingredients like cinnamon and sugar,
the final taste also depended on the specific beans and on where
the cacao trees grew. “Criollo” cacao beans from Guatemala are
smooth and mild, while the “Forastero” varieties, Guayaquil
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 252.
“Los registros históricos nos cuentan que la vainilla (que no es nativa de
Filipinas) fue introducida con anterioridad en esa región mediante el comercio
de los galeones de Manila, desde América, y específicamente desde Guatemala.” See Botánica La Famosa Vainilla Tahitiana Procede de Guatemala 22
de septiembre de 2008, https://www.amazings.com/ciencia/noticias/220908e.
html (accessed on February 27, 2021).
50
P. Fr. Manual Blanco’s (1778–1845) and P. Fr. Ignacio Mercado’s, Flora
de Filipinas. Adicionada con el manuscrito inédito del P. Fr. Ignacio Mercado,
las obras del P. Fr. Antonio Llanos, y de un apéndice con todas las nuevas
investigaciones botánicas referentes al Archipiélago Filipino. Gran edición,
hecha a expensas de la Provincia de Augustinos calzados de Filipinas bajo la
dirección científica del P. Fr. Andrés Naves (Manila: Establecimiento Tipográfica, 1877), 4 vols., vol. 3, 42-43.
51
Pesach Lubinsky, Historical and Evolutionary Origins of Cultivated Vanilla, 113.
52
Ibid.
48
49

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�The Role of Cacao and Chocolate

cacao especially, were often described as bitter, repugnant and
even poisonous, as Murdo J. MacLeod explains.53 Indigenous
populations in Central America had been accustomed to drinking
patlaxtli, a wild cacao, when no other was to be had and therefore
did not really have a problem with drinking the bitter tasting
Guayaquil cacao. “When cacao from Venezuela began to be
exported to Europe in large quantities in the 1630s, Creole and
European tastes became more eclectic, but until the end of the
century Guayaquil cacao tended to be cheaper and drunk by
Indians, while Guatemalan and Soconusco cacao was more
appreciated by Spaniards.”54 Venezuela produced some of the
highest quality cacao worldwide, with rich and round flavours,
from earthy, nutty to fruity.
The taste for drinking chocolate with lots of sugar and
cinnamon was also propagated by the French, who actually
discarded all other flavours except for cinnamon and vanilla.55
The English, on the other hand, did not appreciate the taste
and value of cacao for quite some time. Once, obviously in the
late sixteenth century and recorded by the Dominican friar and
traveller Thomas Gage (ca. 1603–1656), when the English had
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 241.
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 241-242.
55
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 367, with reference to Pierre Pomet, Le marchand sincere, ou trait general des drogues
simples et composes (Paris: 1695), 206-208. Bruman also stresses that Pomet
speaks of both cinnamon and vanilla and that the idea of using either cinnamon
or vanilla, of chocolate ‘a la española’ vs. chocolate ‘a la francesa’, in other
words, may have been a development of the eighteenth century.
53
54

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captured a ship loaded with cacao, unaware of its value, they
threw the entire cargo overboard into the sea.56 This story is also
recorded by S. J. José de Acosta, who mentions that an English
corsair burnt an entire cargo in the port of Huatulco.57 Huatulco
was a major depot for the cacao trade between the producing area
of Sonsonate and the trading outlet at Acajutla and New Spain.58
In the seventeenth century, chocolate in the Philippines
was prepared by hand by artisans, who received 12 reals and
about half a gallon of wine “for preparing each day the portion of
chocolate from sixteen libras of dear cacao.” The chocolate thus
prepared and sold was called “health chocolate”.59
“The rule for making chocolate is to take ten libras of
cacao, ten of sugar, and eight onzas of cinnamon, or even less, and
on account of the waste it is computed that the result will be twenty
libras net.”60 Partly because of the added cinnamon, it remained a
Mariano de Cárcer y Disdier, Apuntes para la historia de la transculturación indo-española (Segunda edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1995), Libro II, 352,
with reference to Fr. Tomás Gage, Los Viajes de Tomás Gage a la Nueva España, sus diversas aventuras y su vuelta por la provincia de Nicaragua hasta
La Habana, con la descripción de la Ciudad de México. Prólogo de Artemio
de Valle-Arizpe (Ediciones Xóchitl México: 1947).
57
S. J. José de Acosta, “Del Cacao, y de la Coca”, 251.
58
Woodrow Borah, “Early Colonial Trade and Navigation Between Mexico
and Peru”, Ibero-Americana 38 (1954), 1-170, 24.
59
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, The Philippine islands, vol. 47, 274 (footnote 13, resp.
page 285 in the online version).
60
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, The Philippine islands, vol. 47, 273-274.
56

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�The Role of Cacao and Chocolate

luxury drink that was initially only consumed by the social elites.
When still in the late eighteenth century a certain Don Nicolas
Norton Nicols, originally an Englishman who became a naturalized
Spaniard living in Manila, states that if cinnamon should become
cheap, much chocolate would be consumed by the poor.61 This
suggests that it was rather the price of cinnamon than of chocolate
that made the beverage unaffordable for the lower classes in society.
In a memorandum describing the commerce of the
Philippine Islands and the advantages they could yield for
His Majesty (1759) King Carlos III (r. 1759–1788), its author,
Don Nicolas Norton Nicols discusses, among other things, the
economic use of cinnamon. Cinnamon came to be an important
component in the preparation of chocolate in early modern times.
Norton Nicols states, for example: “This is what I have learned
from the experiment with a quantity of chocolate which I have
ordered to be made in my own house at Manila; this product
has been greatly liked by the ladies, and by people of taste and
understanding, in the said city.”62 And he suggests that cinnamon
be systematically cultivated in the Spanish Philippines: “No one
is ignorant of the vast amount of silver which goes every year
from España to the Dutch for the supply of cinnamon, for it is not
less than many millions of pesos duros each year, as they have
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, The Philippine islands, vol. 47, 269.
62
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 264.
61

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�Angela Schottenhammer

estimated; but I affirm that this is because they [i.e., the Spaniards]
are willing to let the silver go out [of the country]…. It is well
known that España consumes more cinnamon than all the other
nations; can there, then, be greater folly? In order (as I suppose)
to humor the Dutch, España leaves unused the cinnamon which
she has in her own house, in order to buy it from those enemies
and the destroyers of the holy faith in those countries.”63
Still some years later, in 1771, the Philippine governor,
José Vasco y Vargas, in fact suggested the large-scale cultivation
of, among other products, sugar cane, cacao, and cinnamon.64
Cinnamon’s history as a commercial crop in the Philippines can
be traced back to the 1560s. There are basically three different
species: Cinnamomum cebuense Kosterm, Cinnamomum
“Commerce of the Philipinas Islands; the benefit and advantages which the
said islands ought to yield to his Majesty (whom may God preserve)”, in The
Philippine Islands, vol. 47, 254-281, here 261-262.
64
Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio de plantas, 23.
Cinnamon from Ceylon was shipped to the Philippines and New Spain. In
1785, the galleon San Carlos, voyaging from Acapulco to Manila, carried cinnamon water (aguas de canela). The galleons La Sacra Familia (1719), Nuestra Señora de la Portería (1758), Galeón Santísima Trinidad (1761), Nuestra
Señor del Rosario (1762), carried cinnamon as cargo on board. The San Joseph
(1768) had cinnamon syrup, two other not identified galleons (1780) carried
cinnamon water and powder, another galleon (1782) cinnamon oil, and the
galleon San Andrés (1787) cinnamon water. See Pacheco Olivera, Análisis del
intercambio de plantas, 63. In 1724, the San Francisco de Paula, proceeding
from Mexico to Paita, had ‘Chinese cinnamon’ on board (canela de China),
in 1748 the San José y San Antonio, proceeding from Mexico to Realajo-El
Callao in Peru, carried pepper, cinnamon, estoraque and Chinese clothes. See
Mariano A. Bonialian, El Pacífico hispanoamericano, 302-303.
63

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mercadoi S. Vidal, and Cinnamomum mindanaense Elmer. When
the Spanish first conquered the islands, they considered cinnamon
“the only product of the islands which can be made profitable to
the Spaniards”.65 From Legazpi’s time, cinnamon was shipped to
New Spain and Spain.66 But it was also re-exported, for example
from Sri Lanka, from where the best quality cinnamon in the world
originates. As Guillermo Ruiz-Stovel has shown, cinnamon made
up the majority of the Manila’s import market around the 1740s.67
As Maria Lourdes Díaz-Trechuelo has emphasized, at the
time when Don Nicolas Norton Nicols was writing, the Spanish
were estimated to be consuming around 16 million pounds of
chocolate annually, “in the preparation of which 400,000 pounds
of cinnamon were necessary. At 58 rials vellón the pound, this
meant 23,200,000 rials worth of cinnamon imports a year, a
considerable sum for that period.”68

This is mentioned in a letter from Legazpi (dated 1 July 1569), cited
in Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine Islands, 1493–1803, vol. 3, 6, online https://www.gutenberg.org/cache/
epub/13616/pg13616-images.html. See also vol. 3, 35, 42, 43, 147, 148, 170,
175, 271.
66
In July 1568, the capitana San Pablo, for example, caried “than four hundred quintals of cinnamon for your Majesty”, Emma Helen Blair and James
Alexander Robertson (eds.), The Philippine Islands, 1493–1803, vol. 3, 18,
see also p. 22, 162 (shoots of cinnamon and pepper trees were sent), 171, 191,
222, 251, 258.
67
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks, 455.
68
Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans, Philippine Studies 12:2 (1964), 203-231, 211.
65

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Spanish Measures to Promote Cacao Cultivation in New Spain
Against this background, the Spanish soon recognised the high
economic potential of cacao. A first step was to oblige the natives to
pay their tribute in the form of cacao.69 Originally, Soconusco and
southwestern Guatemala developed as major source regions for cacao
paid as tribute by the indigenous population, and they too become
important vanilla-producing areas in the colonial period, as did parts
of Oaxaca and Michoacán.70 Next to Guatemala, Soconusco cacao
was generally considered to be one of the best available.
As Julio Castellanos Cambranes explains, cacao had
the advantage that no initial capital investment was required, as
there already existed various plantations in this region when the
Spanish arrived.71 Starting in the 1540s the Spanish started to
develop local plantations, also called cacaotales, in commercial
centres. Acosta, as we have briefly mentioned above, describes
some of the conditions of local cacao cultivation in his Historia
Natural y Moral de las Indias. In order to protect the trees from
the burning sun, the locals plant another tree which only serves to
provide shade. This tree is called “mother of the cacao”, and in the
cacaotales the trees are cultivated like grapevines in vineyards or
olive trees in the olive cultivations in Spain. He also mentions
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, provides excellent surveys
on what is happening in different central American regions.
70
Henry Bruman, “The Culture History of Mexican Vanilla”, 363.
71
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala – 1500–1900 – (Guatemala: Serviprensa Centroamericana, 1986), 126.
69

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�The Role of Cacao and Chocolate

Guatemala as the province that was cultivating most of the cacao
trees in so-called “cacaotales”.72
In the mid-sixteenth century, no less than 3,000
merchants were active in these productive zones. Approximately
50,000 cargas (1 carga [load] = 50 libras [pounds] containing
approximately 24,000 beans) with a value of 400,000 pesos in
gold were exported annually around the mid-sixteenth century.73
But the cacao plant required lots of care and investment
in labour throughout the entire year.74 In addition, the plants
were extremely susceptible to natural disasters and hurricanes.75
Josef de Acosta, Historia Natural y Moral de las Indias. Edición crítica de
Fermín del Pino-Díaz [De Acá y de Allá. Fuentes Etnográficas] (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2008), libro V, cap. 22, 125: El
árbol donde se da esta fruta es mediano y bien hecho, y tiene hermosa copa: es
tan delicado que para guardarle del sol – no le queme – ponen junto a él otro
árbol grande que sólo sirve de hacelle* sombra, y a éste llaman «la madre del
cacao». Hay beneficio de cacaotales donde se crían, como viñas u olivares en
España, por el trato y mercancía: la provincia que más abunda es la de Guatemala. Paulina Machuca also draws our attention to the binom of ‘cacao-coco’,
Theobroma cacao and Cocos nucifera. Paulina Machuca, El Vino de Cocos en
la Nueva España: Historia de una Transculturación en el Siglo XVII (Zamora,
Michoacán: El Colegio de Michoacán, 2018), 98.
73
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala, 127.
74
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala, 126.
75
The “understaffed and aging cacao groves of Soconusco were particularly
susceptible to the effects of natural disasters. Hurricanes in 1641 and in 1659
further reduced many of the surviving plantations, and if it had not been for the
rising demands for high quality cacao among the upper classes in both New
Spain and Europe during the second half of the seventeenth century, there is
no doubt that the cacaotales in Soconusco would have disappeared”. Murdo J.
72

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�Angela Schottenhammer

Many local cacao planters (cacaotales) eventually only survived
because of the continuously rising demand for high-quality cacao,
which prompted new investments.76
In addition to environmental issues, labour shortages
as well as exploitation and over-taxation particularly affected
smaller plantations.77 In 1571, for example, the number of tributepaying indigenous Indios in Soconusco had decreased from
30,000 at the time of the conquista to some 2,000. Consequently,
the cultivation and output of cacao also decreased significantly,
in 1571 just reaching about 400 cargas.78 Manuel Rubio Sánchez
claims that cacao production in Guatemala, for example, fell from
approximately 150,000 cargas in 1600 to only 25,000 in 1700.79
MacLeod, Spanish Central America, 238.
76
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 237-238.
77
With increasing exploitation of the natives by the Spanish, as the former
could no longer invest enough time the cultivation of cacao, many passed
away through exploitation, and, in addition, they had to pay incredibly high
tributes. Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de
Guatemala, 126-127. The mayor of Suchitepéquez in 1602/03 is said to have
extorted 15,000 ‘silver pennies’ (tostones; 1 tostón was a coin with a value of
half a peso) from the province of Zapotitlán to buy 1,000 cargas of cacao, each
carga having a value of 50 to 60 silver pennies, which he finally sent to Mexico, making a big fortune. Op.cit., 240, with reference to “Cartas del Obispo de
Guatemala Fray Juan Ramírez de Arellano O.P., al Rey de España”, Guatemala
3.II.1603, included in the appendix to his book, Documentos Para la Historia
Agraria de Guatemala. While a nativewho hires another person, provides him
with two meals and cacao beverage per day, the Spanish, the bishop records,
do not provide the locals they hire with any food or drinks at all. Op.cit., 227.
78
Julio Castellanos Cambranes, Introducción a la Historia Agraria de Guatemala, 127.
79
Manuel Rubio Sánchez, “El Cacao”, Anales de la Sociedad de Geografía
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�The Role of Cacao and Chocolate

But the local cacao fields survived, despite the competition from
other places, such as Guayaquil, Caracas or Maracaibo. Following
Murdo J. MacLeod, this should be traced back to Guatemala’s
relatively protected geographical position (as the produce could
also be sent to Mexico by land), to local custom and tradition, and
to the smooth and mild quality of Guatemalan cacao (in contrast
to the bitter cacao from Guayaquil), but especially to the steadily
increasing demand.80
MacLeod also notes that the inability of Spain to provide
the New World with sufficient quantities of wine might have
prompted “Spaniards to turn reluctantly to chocolate”.81 Account
should also be taken of the fact that local and royal decrees added
specific bans on Guayaquil cacao in both Guatemala and Mexico
in the seventeenth and early eighteenth centuries, though they
were frequently not very effective. Although by the 1680s the
Guatemalan cacao industry had decreased significantly,82 even
in the later eighteenth century the cacao from Suchitepéquez,
Guatemala, was being described as “so excellent in quality as to
be preferred by many to that which is produced in Soconusco.”83
e Historia (Guatemala) 31 (1958), 81-129, 88-90, 102-103.
80
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 241-242.
81
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 242.
82
Murdo J. MacLeod, Spanish Central America, 244.
83
Domingo Juarros and John Bailey, A statistical and commercial history
of the Kingdom of Guatemala in Spanish America... : with an account of its
conquest by the Spaniards and a narrative of the principal events down to the
present time translated by J. Baily (London: J. Hearne, 1823), 22.
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In 1682, Basil Ringrose (ca. 1653–1683), an English
buccaneer, navigator and geographer who also left us a travel
account, speaks of the coast around the port of Sonsonate, with
“the land and Valley of Salvador open where stands a small towne
called Guaymoco, has a chief commodity, namely “Cocao”.84 He
also describes the “towne of Amapall” in the Gulf of Fonceca
as consisting of 100 houses and with a “greate Traffick for
its Cocao”.85 Interestingly, describing a cape called Cavo de
Mendocino (located along the northern Californian coast, north
even of modern San Francisco), Ringrose mentions “a small
village of Indians” there “who have Cocao walks”, possibly an
avenue bordered by cocoa trees?86 These “Cocao walks” also
appear in his description of a “hill called Xalisco” (Monte San
Juan in the region of Jalisco, Mexico), close to the island of
Maxantelba. As both locations are actually located quite far north
for cocoa trees, Derke Howse and Norman Thrower suppose
that Ringrose might have meant coconut trees,87 but this remains
unclear. Also the coasts around the port of Navidad, where the
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner. A Sea Atlas
and Sailing Directions of the Pacific Coast of the Americas 1682. Edited by
Derek Howse and Norman J. W. Thrower. With special contribution by Tony
A. Cimolino. Foreword by David B. Quinn (Berkeley, Los Angeles, Oxford:
University of California Press, 1992), 88.
85
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 92.
86
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 50.
87
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 50, note 4, 60.
Also Isla del Caño, off the Western coast of modern Costa Rica, is described as
having a great number of cacao trees (see p. 109).
84

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309

�The Role of Cacao and Chocolate

Spanish built ships, the biggest of the South Seas fleet and where
they “built the first that ever sailed for the East Indias from this
part of the world” are full of “Cocao walks and Stantions”.88
The American, Atlantic and even the Pacific trade reflect
the increasing focus on cacao from Guayaquil. Although it tasted
more bitter, it was much cheaper and gradually replaced the highquality cacao from Guatemala. In order to be able to sell cacao
more cheaply and to make more profit, it is little wonder that we
also encounter various forms of adulteration. Among foodstuffs
used in the context were wheat and rice flour; ground lentils, peas,
beans, or maize; potato starch, dextrin, olive oil, tweed almond
oil, egg yolk, tallow of veal and mutton, storax, chestnut flour,
and gum tragacanth (a mixture of polysaccharides obtained from
sap that is drained from the root of the plant and dried). But we
also encounter chemical substances, such as cinnabar, red oxide
of mercury, red lead, and lime carbonate.89
Cacao as Cargo of Galleons Crossing the Pacific Ocean
Although chocolate and cacao were not only shipped less
frequently but also in significantly lower quantities especially
in comparison to all the silks and ceramics, they nevertheless
constituted an important part of transpacific exchanges, less in
terms of quantity than in terms of cross-cultural exchanges and
A Buccaneer’s Atlas: Basil Ringrose’s South Sea Waggoner, 60.
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 274.

88
89

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310

�Angela Schottenhammer

transfers of knowledge and food cultures. Generally speaking,
cargo records reporting about cacao as a cargo of Manila galleons
in Spanish documents are not overabundant, the information we
possess stems mostly from the eighteenth century. But we can
nevertheless get an idea of cacao shipments. We also need to
consider that cacao crossed the Pacific as part of the galleon’s
provisions, which means that it was not recorded in cargo
lists. Further insights are provided by additionally consulting
manuscripts and descriptions in other languages, such as Dutch,
English, French, or Portuguese.
On a journey in the early eighteenth century, Woodes Rogers
(1679–1732) mentions cacao being loaded on board, together with
water, in Guayaquil. He speaks of “some assets of water and 24
packs of cacao” (sommige baten water / 24 pakken cacao).90 Cacao
from Guayaquil is here described as particular cheap.91
The French diplomat to Siam, Simon de la Loubère (1642–
1729), led an embassy to Siam in 1687 and left us a description
Woodes Rogers (1679–1732), Nieuwe reize naa de Zuidzee, vandaar naar
Oost-Indien, en verder rondom de Wereld. Begonnen in 1708, en geëyndigd
in 1711. Inhoudende een Dagregister van zeer aanmerkenswaardige voorvallen, waaronder het veroveren van de Steden Puna en Gujaquil, en het schip
van Acapulco, en andere pryzen, enz. Gedaan onder het bestier van William
Dampier. In ’t Engels beschreven door Woodes Rogers, Kommandeur en Chef
van de schepen de Hertog en Hertoginne van Bristol. Vertaald door P. C. met
naauwkeruige Kaarten en Konstplaten verciert (Amsterdam: Oosterwyk en
van de Gaete, 1715), 166; online version of the Digital Library Münchener Digitalisierungszentrum, https://www.digitale-sammlungen.de/en/view/
bsb11298435?page=200,201&amp;q=cacao (accessed on 19 March, 2022).
91
Ibid., 172.
90

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�The Role of Cacao and Chocolate

of his impressions, Du Royaume de Siam, published in 1693. He
reports that in the late seventeenth century cacao and chocolate
were already being exported from Manila to Siam, and he also
confirms that it is first shipped from Spanish America: “(T)he
Portuguese do drink Chocolate, when it comes to them from
Manille, the chief of the Philippines, where it is brought from the
Spanish West-Indies.”92
The “Summary of the cargo of the galleon Nuestra
Señora de Begoña” (1714) on its return voyage to the Philippines
shows the shipment of cocoa, vanilla, and achiote (annatto; Bixa
Orellana) to the Philippines:93
“Derechos que se causaren de los generos y frutos y regalos q
se remiten a las Islas Philipinas en el tornaviaje de mandaba
a su Mrd. mando se haga información de los precios que oy
tienen los gen. siguientes:
Cajones de regalo de chocolate y cafetas
Medios caxones dichos
Tinajas de vino
Botijas de azeite
Tercios de cacao de la costa de a dos cargas
Monsieur Simon de De La Loubère (1642–1729), A new historical relation of the kingdom of Siam; done out of French, by A.P. Gen. R.S.S. La
Loubère, Simon de, 1642–1729., A. P, Chapter IX, “Of the Gardens of the Siameses, and occasionally of their Liquors”, 23, online https://quod.lib.umich.
edu/e/eebo2/A48403.0001.001/1:4.9?rgn=div2;submit=Go;subview=detail;type=simple;view=fulltext;q1=chocolate (accessed on 8 May 2023).
93
“Testimonio del cuaderno general del recibo de dependencias del galeón
Nuestra Señora de Begoña que ejecutó su tornaviaje el 31 de marzo para las islas Filipinas a cargo del general Juan Pablo de Orduña” (México, 11 de agosto
de 1714), AGI, Filipinas, 206, N.1, fols. 119r-188r, 165v.
92

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�Angela Schottenhammer

Cajones de jabon
Cacao de Maracaibo
…
Tinajas de achiote
…
Mazos de bainillas.”94

In 1785, the provision lists of the schooner (goleta) La Felicidad,
alias “La Mexicana” (1785)95 and the paquebot San Carlos
(1785)96 mention chocolate. The Peruvian paquebot Santo
Cristo de Burgos in 1779-80 carried 2,945 bushels (fanegas) à
110 pounds per bushel (de a 110 libras cada una).97 The same
See “Expediente sobre el comercio entre Filipinas y Nueva España”
(1712-06-25, Manila, Luzón, Filipinas), AGI, Filipinas, 206, N. 1, fol. 165v;
a zoomable image of the reference is also available on the digital adaptation
of “Flavors that Sailed Across the Seas. How the Manila galleon helped to
enrich the world’s cuisine”, exhibition organised by the Spanish Ministry of
Foreign Affairs and Cooperation, via the Spanish Agency for International
Development Cooperation (AECID) and the Spanish Ministry of Culture and
Sport, via the Sub-directorate General of Spanish State Archives, under the
responsible curator Antonio Sánchez de Mora, https://artsandculture.google.
com/asset/summary-of-the-cargo-of-the-galleon-nuestra-se%C3%B1ora-debego%C3%B1a/8gFa2qpU51828Q?hl=en (accessed on April 10, 2022). The
full exhibition is available under https://artsandculture.google.com/story/globalization-of-flavors-archivos-estatales/SAXB4EQiMLmnIw?hl=en.
95
“Estado y reglamento de rancho que por la Contaduría de la Real Hacienda
del Departamento de San Blas se forma para la tripulación de la goleta de S. M.
nombrada la Felicidad alias la Mexicana para 25 plazas de ración y 181 días
que se le consideran de navegación al viaje que de orden superior va a verificar” (1785), AGN, Filipinas 21, exp. 7, 174r-175v. Provisions, diseases, and
the situation on sea are also discussed in María del Carmen Reyna y Jean Paul
Krammer, “Las travesías marítimas en el siglo XVIII,” Historias 42 (1999):
57–74, https://revistas.inah.gob.mx/index.php/historias/article/view/13815.
96
AGN, Filipinas 21, exp. 7, 232v-233r.
97
“Expediente sobre la descarga del Paquebot nombrado Sto Cristo de Bur94

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�The Role of Cacao and Chocolate

document mentions later 4,000 loads of cacao in bushels (quatro
mil cargas de cacao que hagan fanegas), but obviously this cargo
was consumed in Mexico and not shipped to Manila.98
As far as the route from Manila to Acapulco is concerned,
Reyna María Pacheco Olivera identified the Nuestra Señora de la
Portería in 1758 and the Santa Rita in 1817.99 Her investigation
confirms that chocolate was carried on board mainly in the crew’s
personal belongings. This would fit my observation from an
analysis of documents in the AGI in Seville, that rarely mention
cacao as cargo. Cacao sent to the Catholic nuns may have formed
part of what the Contaduría documents mentions as personal
gifts. Also, the plant that was allegedly transported by the pilot
Pedro Bravo de Laguna may have been shipped as part of his
personal belongings or as a gift.
In the second half of the eighteenth century, finally, cacao
had obviously become one of the principal cargoes carried by
ships coming from Peru through the nao de China (see AGN
Ramo Filipinas 1781).100 William Lytle Schurz states that “staple
gos procedente del puerto de Huayaquil” (1780), AGN, Filipinas 14, 291r;
317r-v. 323r: Real Palacio de Manila (10 May 1779). Reyna María Pacheco
Olivera mentions the Santo Cristo de Burgos sailing from Acapulco to Manila
in 1779 with a cargo of cacao on board powder (con polvos; cf. AGN Ramo
Filipinas 1781). See Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio
de plantas entre México y Asia de los siglos XVI al XIX (Master thesis, Universidad Nacional Autónoma de México, 2006), 138.
98
AGN, Filipinas 14, 297r.
99
Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio de plantas, 138.
100
Reyna María Pacheco Olivera, Análisis del intercambio de plantas, 137138.
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�Angela Schottenhammer

American exports to Manila generally consisted of cacao from
Guayaquil, some cochineal from Oaxaca in Mexico, oil from
Spain, wines and other peculiarly national goods.”101 This suggests
a not insignificant quantity of cacao being shipped to Manila.
A direct reference to cacao cargos stems from the 1743
“Registro de la Carga que lleva el Patache Capitána de Philipinas
Nra Señora de Cobadonga”.102 The galleon was captured by the
famous English admiral George Anson (1697–1762), who was
lying offshore with his ship the Centurion, waiting outside the
San Bernardino Strait for the incoming Acapulco treasure ships.
After a brief intermezzo, the Spanish captain surrendered, the
Covadonga was integrated into Anson’s fleet, and the two ships
sailed to Canton, where the Covadonga was sold in December at
Macao for 6,000 piastres.103
“Caxones de Bainilla a setenta y cinco pesos
surrones de grana cochinilla de ocho arrobas a quinientos pesos
surrones del dicha, silvestre, del mismo peso? a ochenta p[eso]s
tercios de cacao Caracas a ciento y veinte pesos
dichos de Maracaibo a ciento y veinte pesos”104
William Lytle Schurz, The Manila Galleon. The romantic history of the
Spanish galleons trading between Manila and Acapulco (New York: E. P. Dutton &amp; Co., Inc., 1959), 275.
102
I wish to thank my colleague Guillermo Ruiz-Stovel for bringing this manuscript to my attention.
103
Thomas Bennett, Shipwrecks of the Philippines (E-book. last edited version
2012), 12. See also the entry “Nuestra Señora de la Covadonga” in Thomas Bennett, Treasure Ships of the Philippines (E-Book, printed in the Philippines, 2016).
104
“Registro de la Carga que lleva el Patache Capitána de Philipinas Nra Señora de Cobadonga Año de 1743”, Manuscript held by the National Archives,
101

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�The Role of Cacao and Chocolate

This entry is extremely valuable,105 not only because it attests to
the fact that even cacao from Venezuela (Caracas and Maracaibo)
finally found its way across the Pacific to the Philippines – as we
have already seen above with the cargo of the Nuestra Señora de
Begoña – but also because these are two of the very few references
to vanilla being shipped across the Pacific.
Another example: The cargo manifest for the San Josef,
preserved in the National Archive of the Philippines (NAP), is
an inbound cargo manifest showing what was shipped to Manila
from Acapulco in 1784 in addition to silver. The most prominent
commodities were cochineal (with 7,455 lbs at 15,841.88 pesos)
and cacao (with 64,624 lbs = 29,733.50 kg = 29.734 tons at 8,078
pesos).106 Assuming that 7–8 beans or 5g of cacao are required to
produce one cup of chocolate, this quantity would be sufficient to
make 5,862,000 cups in total. Four cargoes are specifically labelled
‘cacao of Guayaquil’: one of 1,943.92 kg (169 arrobas),107 worth
528.13 pesos, belonging to Don Antonio Campos (S-258v); one of
Kew, Prize Papers, 11°1, 2r. “Expediente sobre la presa del patache Nuestra
Señora de Covadonga” (1754-02-14, Madrid), AGI, Filipinas, 257, N. 1.
105
It is even more valuable when we consider that this shipment occurred
before the foundation of the Real Compañía de Filipinas in 1785, with the goal
of promoting commercial relations among the different colonies and between
Spain and its colonies, as a consequence of which from 1793 onwards this
company also obtained the rights to trade directly between Manila and the
Viceroyalty of Peru.
106
National Archives of the Philippines (NAP), 6208 Aduana, August 1784,
no pagination. In total, 29,733.50 kg were imported. I am very grateful to Dr.
Guillermo Ruiz-Stovel for sharing this information with me.
107
1 arroba = 25 lbs = 11,34 kg.
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�Angela Schottenhammer

4,193.81 kg (9,115 libras netas), worth 1,139.38 pesos, belonging
to Don Manuel Conde (fol. S-359v); one of 1,115.28 (97 arrobas
= 2,425 lbs), worth 303 pesos and belonging to Don Candido
Dominguez (S-360v); and one of 1,661.88 (144 arrobas and 12
libras), worth 451.5 pesos, belonging to Don Salvador Avenos
(S-365v). This might suggest that the remaining cacao did not
originate from Guayaquil. Prices, however, were mainly the same.
Cacao from Tabasco, Caracas and Maracaibo also reached
the Mariana Islands for consumption, as shown by information
stemming from 1751–52.108 Chocolate and cacao were also
requested and shipped from the Philippines to the Marianas
(2 tercios = 1 load in 1732 and 2 tercios = 1 load in 1733) and
belonged to the regular food shipments to the islands between
1725 and 1769.109 In 1729, Antonio de Echandía, a merchant from
Mexico, indicated and confirmed that the salaries of the Marianas
were invested in the Philippines in order to obtain, among other
things, cacao, sugar, chocolate, flour and biscuits (cacao, azúcar,
chocolate, harina y pan abizcochado).110
Table 6.7. ‘Gastos en comestibles, utensilios culinarios y otros géneros de
consumo pertenecientes a la misión de Marianas (1751–1756)’, in Verónica
Peña Filiu, Alimentación y colonialismo en las islas Marianas (Pacífico occidental) Introducciones, adaptaciones y transformaciones alimentarias durante la misión jesuita (1668-1769), Doctoral dissertation, Barcelona, Universidad Pompeu Fabra, 2019, 236.
109
Verónica Peña Filiu, Alimentación y colonialismo en las islas Marianas,
237, table 6.9.
110
Verónica Peña Filiu, Alimentación y colonialismo en las islas Marianas,
230.
108

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�The Role of Cacao and Chocolate

In the later eighteenth century, a real competition, even
rivalry, between the cacao plantations (cacaotales) of Guayaquil
and Caracas emerged for the provision of markets not only in
New Spain, but also in Europe and Asia, including Russia.111
For the period around 1800, Alexander von Humboldt confirms
that cacao from both Guayaquil and Caracas is being shipped to
Manila:
“The galleon usually departs in February or March: it sails
almost in ballast, since its cargo on the voyage from Acapulco
to Manila consists only of silver (plata), a very small amount of
cochineal from Oaxaca, cacao from Guayaquil and Caracas, wine,
oil, and Spanish woolens. On average, the amount of precious
metals exported to the Philippine Islands is one million, often
1,300,000 piasters. There is usually a considerable number of
passengers, which sometimes increases because of the colonies
of friars that Spain and Mexico send to the Philippines.”112
Another interesting document talks about the loss of
mercury from the mines in Huancavelica and mentions in passing
that 550 quintales (ca. 27,000 kg) of mercury were eventually
Eduardo Rubio Aliaga, La Disputa de Guayaquil y Caracas por el Comercio del Cacao en Nueva España en el Siglo XVIII, Master thesis, Universidad
Complutense de Madrid, 2016, 68.
112
Alexander von Humboldt, Political Essay on the Kingdom of New Spain,
Volume 2: A Critical Edition. Edited with an introduction by Vera M. Kutzinski and Ottmar Ette. Translated by J. Ryan Poynter, Kenneth Berri, and Vera M.
Kutzinski. With annotations by Giorleny Altamirano Rayo, Tobias Kraft, and
Vera M. Kutzinski (Chicago-London: The University of Chicago Press, 2019),
2 vols., vol. 2, 357 (IV.103).
111

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�Angela Schottenhammer

discovered on board a galleon, the San Telmo, in Chametla (in
Sinaloa), at that time part of the Audiencia de Guadalajara,
among bags of cacao.113 It is not clear how the mercury was
packed and stored, but one can imagine that it was not a good
practice for whoever later consumed the cacao. The San Telmo
obviously regularly shipped cacao together with mercury.114 It is
also important to note that on 5 June 1789, the regulation which
limited the export of cacao from 8,000 to 10,000 bushels was
annulled.115
“Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Lima, reiterando
la orden dada por despacho de 6 de marzo de 1700 para la averiguación de los
cómplices en el extravío de los azogues de la mina de Huancavelica, que salieron
de los puertos de Cañete y de Lurinchincha en dos embarcaciones, una llamada
‘San Telmo’ con destino al puerto de Chametla, en el distrito de la Audiencia de
Guadalajara, donde se aprehendió encontrándose en ella 550 quintales de azogue
entre zurrones de cacao…”; see “Extravío de azogue de las minas de Huancavelica” (1701-03-27, Madrid), AGI, Guadalajara, 232, L. 9, F. 29r-30v.
114
See also “Pleitos de la Audiencia de México”, Escribanía, 187A (1700):
El fiscal con Luis de Rozas [Meléndez] y Pedro de Ampuero, y José de Rozas
[Meléndez], corregidor de Jauja, como cómplice, sobre el extravío de 600
quintales de azogue, cacao y otros que condujo la fragata ‘San Telmo’ del
reino del Perú al puerto de Chamela en Nueva España. Fenecido en 1702.
115
Mariano Bonialian, La América Española: Entre el Pacífico y el Atlántico. Globalización mercantil y economía política, 1580–1840 (Mexico
City: El Colegio de Mexico, 2019), 229, https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/
handle/11336/126987/CONICET_Digital_Nro.04fdc845-c2d2-4542-84bdb5e79e3c7958_A.pdf?sequence=2&amp;isAllowed=y. Between the 1770s and early 1790s, the amount of cacao imported through the port of Acapulco increased
steadily. In 1774, Acapulco absorbed 18.55% of the total of exported cacao;
in 1779, 43.66%, and in 1791, 62.55%. Between 1779 and 1783, Acapulco
received 63.71% of the cacao later sold from Guayaquil (“unas 212 579 cargas
de cacao por Acapulco”), most of the cacao in the later eighteenth century was,
thus, of lower quality.
113

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�The Role of Cacao and Chocolate

Cacao Cultivation as a Cash Crop in the Philippines
In the first part of this investigation on the role of cacao and chocolate
in transpacific exchanges, we have seen how chocolate made its
way to the Philippines and was locally transplanted. Here, we will
take a closer look at projects encouraging the local cultivation of
cacao as a cash crop. As mentioned in the introduction, we have to
see the plans to foster domestic agriculture and the production of
cacao in the Philippines in the context of both the transpacific and
intra-Asian and global-European trade. Local Philippine products,
including cinnamon, for example, also constituted part of the
galleon shipments to Acapulco. But in terms of value, mostly they
did not even reach 10% of the entire cargo.116
The Chinese maritime trade ban between 1717 and 1727,
prohibiting Chinese trade with Southeast Asia and especially the
Philippines,117 ultimately had relatively few negative effects on
the Manila trade, despite its initial decline. The volume of this
trade enjoyed relative stability, with non-Chinese ships especially
prospering from it.118 And “Spaniards ventured to Amoy, even after
the imposition of the Canton system in 1757 had legally barred
Benito J. Legarda, Jr., After the Galleons Foreign Trade, Economic
Change, and Entrepreneurship in the Nineteenth-Century Philippines (Madison: University of Wisconsin, Center for Southeats Asian Studies, and Quezon
City: Ateneo de Manila University Press, 1999), 33.
117
This prohibition was issued by the Kangxi Emperor who considered Southeast Asia to be the place of origin of Chinese renegades and pirates (jinzhi
Nanyang yuan’an 禁止南洋原案).
118
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks, 32.
116

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�Angela Schottenhammer

them from doing so.”119 In the 1740s, however, as Guillermo
Ruiz-Stovel has shown, the junk-galleon trade experienced a
serious crisis which had worsened progressively by the middle
of the decade.120
Important in the present context is also the fact that,
due to an ever-increasing demand for Chinese products by
other Europeans, especially the Dutch, French, and English, the
requested quantities could only be met in China by contracting
additional households and small workshops in the hinterlands,
which had no real experience with the production of silks, for
example. A significant consequence was the drastic fall in the
quality of Chinese products, which was noted with discomfort.121
The European competitors also started to contract Chinese
workshops to produce silks and textiles for them using the same
frames and measurements as in Europe, which they then exported
at minimal tax rates, selling them cheaply throughout Europe:122
From the port of Canton in China, they brought to Europe silk
fabrics and other goods which they had ordered to be made in
China in the marks and quality identical to those of Europe, and
they were produced without difference to those of Europe. And
Ibid.
Guillermo Ruiz-Stovel, Chinese Shipping and Merchant Networks, 382.
121
“Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
Filipinas, 97, N. 14, image 53.
122
“Expediente de comercio de Filipinas con Nueva España” (1722–1733),
AGI, Filipinas, 208, N. 1, 293v, 295v-296r; 312; see also Antoni Picazo
Muntaner, “El comercio de Filipinas en el tránsito al siglo XVIII”.
119

120

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�The Role of Cacao and Chocolate

without doubt they would finally try to introduce these products
in Cádiz, saying they were produced in France and England. Eight
or nine years ago, it was public knowledge that the French traded
Chinese goods in the Kingdom of Peru, which they brought from
Canton, under various pretexts, making lots of profits. This was
also recognised by the large amounts of silver they shipped from
Peru to Canton.123
Contemporary merchants, such as a certain Luis Satur, an
Armenian trader from Isfahan, Iran, 52 years old, observed that
the English and French brought to Canton “samples of fabrics
from Europe and some masters to make silk fabrics”, while the
Sangleyes “then learned and worked the fabrics so similar that
they were indistinguishable.”124
The conclusion of the Manila authorities in face of
the current situation and the pernicious effects of European
competition in the China and Asia trade, as well as the decreasing
quality of Chinese silks and textiles intended for silk production in
Andalusia, Spain, which they sought to protect, was obvious. The
damage was not a direct consequence of the Philippine trade, as
the islands, after all, only sent one ship a year, with limited cargo
and capital, but a result of foreign competition.125 Moreover, not
AGI, Filipinas, 208, N.1, 312r-v.
“Expediente de comercio de Filipinas con Nueva España”, AGI, Filipinas, 208, N.1, fol. 323v. This story is actually confirmed by another Armenian
who was interrogated, Don Carlos de Viago, also Armenian from ‘Ispahán’, 52
years old, and resident of Extramuros in Manila, fols. 308v and 213r.
125
AGI, Filipinas, 208, N.1, 300v, but see also 63v (26)-64r (17), 293r-296r.
123
124

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322

�Angela Schottenhammer

all the cargo on the trans-Pacific voyages consisted of silks, and
the Chinese who provided the Spanish with all kinds of supplies
necessary for the maintenance of the colony were themselves
confronted with many obstacles.126
Re-exporting Asian commodities and increasing local
production in the Philippines, trying to sell local products in
exchange for the necessary staple goods and commodities, were
two solutions. At the same time, it should be remembered that the
contemporary Spanish Empire was not a capitalist country. The
search for reducing the costs of maintaining the Philippines as a
colony for the Spanish Crown was consequently not identical with
profit-making as the ultimate goal of its economic undertakings.
On the other hand, the eighteenth-century was the time of the
gradual development of ‘merchant capitalism’ that reached its peak
with the activities of the Dutch VOC. The discovery of the riches
and wealth in the Americas and Asia exacerbated competition
among the early mercantilist European countries, and the world
oceans turned into a battlefield of navies, capers, “pirates” and
pirate-merchants. We see here the birth of the world market as
a competition of early modern mercantilist states, characterized
by an enormous degree of violence, force, coercion, and murder.
Across the Pacific, we find actors of many European countries,
See, for example, Tina S. Clemente, “Spanish Colonial Policy toward Chinese Merchants in Eighteenth-Century Philippines”, in Lin Yu-Ju, Madeleine
Zelin (eds.), Merchant Communities in Asia, 1600–1980 (London: Routledge,
2015), 123-139.
126

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�The Role of Cacao and Chocolate

all of whom tried to use and exploit the Spanish networks to seek
for profit.
The Economic Plans Suggested by Norton Nicols, Richard
Bagge, and other Europeans
In the period between the 1740s and 1750s, various individuals
brought up plans to reform the economy of the Philippines. The
cultivation of cacao in particular was propagated by various
contemporary botanists.127 Don Nicolas Norton Nicols (fl. 1759)
proposed plans to develop a stable economy and commerce in the
Philippines. Among other things, he suggested local agricultural
products such as rice, sugar, cotton, indigo, pepper, coffee,
tobacco, oil, and also cacao, to be sold to specific countries in
Asia so as to increase Spain’s income.128 In his view cinnamon
“Carta de Casimiro Gómez Ortega” (12 de Marzo de 1788), fols. 1a-b,
AGI, Filipinas, 723, N. 2, 8. He suggested the cultivation of black pepper,
coffee, cacao, indigo, and tea, in addition to mulberry trees for silk production in the Philippines (“plantas de pimienta negra, Café, Cacao, Añil, y Thé,
me parece digno del aprecio y protección del Gobierno”). Juan de Cuéllar
(ca. 1739–1801), the botanist and naturalist of the Real Compañia de Filipinas (1785–1795), made similar suggestions, although he mostly omits tea, see
“Sobre el cultivo de la canela, nuez moscada, pimienta” (1770-1792), AGI,
Filipinas, 723, N. 2, 8 (carta de Casimiro Gómez Ortega) and Filipinas, 723,
N. 2, 11, 14, and 17 (cartas de Juan de Cuéllar).
128
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 255-256: “As the products of the Philipinas Islands are enumerated by the reverend Father Murillo (whom may God keep
in Paradise), whom I have cited, and those of each island separately, in order
not to extend this little work needlessly I will state the most important ones,
which are the following: Rice, sugar, cotton (of choice quality and very fine),
indigo, sulphur, siguey, balate, wax, pepper, coffee, tortoise-shell, mother-of127

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too, as we have seen above, could be developed as a commercial
crop and be produced and sold much more cheaply than Dutch
cinnamon from Sri Lanka.129 Referring to Father Pedro Murillo
Velarde (1696–1753), and therefore to the mid-eighteenth
century, he lists cacao as already one of the major products of the
contemporary Philippines, but he does not mention it as a product
to be sold to China.130
Another project of economic reform (1740–1758) was
proposed by a mid-eighteenth-century Irish private trader,
Richard Bagge (Don Ricardo Bagge).131 Bagge was a navigator,
although a bad one – as master pilot of the Manila-Acapulco
route, he navigated the galleon of 1740 – and his various travels
pearl; gold, mines of iron, and mines of copper (like that of Japon); tobacco,
brazil-wood [sibucao], and pearl-fisheries; oil, cacao, birds’-nests, and ebony
wood; lead (I believe that, as for the soil in some parts of Bisayas, it melts into
lead, just as in the island of Mauricius, which belongs to the French, it melts
into iron); cocoanuts, which produce abundance of oil; horses; deer and buffaloes, from which the people make what they call tapa [i.e., dried beef], and
also use the sinews; and bichuca, or rattans.”
129
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 261-262.
130
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
Islands, 1493–1803, vol. 47, 255 and 257: “The commodities that I have mentioned are exported to the places that are enumerated as follows, and sell at
prices that are very profitable, although commerce has, as in all regions, its ups
and downs [sus altos y bajos]. To various ports of China: rice, sugar, cotton,
indigo, bichuca or rattan, balate, pepper, tortoise-shell, mother-of-pearl, brazil-wood, ebony, tapa, the sinews of cattle, birds’-nests, and lead when they
have it. To the Malabar coast and Persia: sugar in large quantities, which is
sold for money.”
131
“Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge” (1757-07-24, Manila; Luzón, Filipinas), AGI, Filipinas, 160, N. 23, passim.
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�The Role of Cacao and Chocolate

enabled him to acquire this really exceptional knowledge on the
cultivation of certain plants. He was engaged in illicit trading
activities as well, and was actually a cheater, as also repeatedly
noted in Spanish sources.132 On 17 February 1746, “he drew up
a commercial project around the formation of a trading company
by the Confraternity of Mercy of Manila and the Venerable
Third Order”, institutions that lent money to Manila merchants
trading with Acapulco. Bagge’s plan was to take over the trade
now dominated by not only Chinese, but also Armenian, Dutch,
Malabarand other foreign merchants, so that the money sent
annually from Mexico would no longer disappear into foreign
pockets (because the Spanish on the Philippines had to buy
everything from foreigners) but would stay in the country.133
His company would devote itself especially to the Philippine
trade with China, where, among other things, cacao from the
Philippines could also be profitably sold,134 to Europeans in all
He had amassed lots of debts with his trade, as a consequence of which he
needed money and thus suggested this plan which he hoped the local Spanish
authorities would like. The background of why an Irish trader came to suggest
such a plan to the Spanish-Philippine authorities will be discussed in detail
by Wim De Winter as a part of our project. Bagge’s project, dated Manila, 27
February 1746, is to be found in AGI, Filipinas, 228.
133
“Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
Filipinas, 97, N. 14, passim, for example, images 2-3, 5, 16-17, 72-73. Maria
Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development Plans”, 205.
134
“Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
Filipinas, 97, N. 14, passim, no pagination, for example, images 18-19, 27,
65-68, esp. 27. “Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI, Filipinas,
160, N. 23; see also Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic
Development Plans”, 205.
132

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probability. Chinese and Sangleyes in particular should no longer
be able to make the bulk of the profits from these fruits (“…sin
que los Chinos o Sangleyes tengan su mayor grangería en estos
frutos”), buying them cheaply from the locals (Fig. 2).135
Among the Philippine products to be sold were seaslug, camphor, sea-shells, pearls, and gold, goods that could be
profitably sold in China and exchanged for cotton goods, silks,
and porcelain.136 The role cacao played in this intermediate trade is
not yet entirely clear. Certainly, the Chinese did not consume large
quantities of cacao and chocolate. Nevertheless, they definitely
played a not unimportant part in the resale of cacao to Europeans,
and cacao and chocolate continued to occupy a significant place
in their trading networks, not only through the sale of tableware,
cups, dishes, and jar used for their consumption.137
AGI, Filipinas, 97, N. 14, image 5; see also image 7. There he mentions
that the local population had been obliged to plant cotton to produce textiles
like ‘elefantes’ or ‘lampotes’, and introduce silkworms for silk production (image 10), especially in the province of Cagayan.
136
Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans”, 205, with reference to AGI, Filipinas, 228; AGI, Filipinas, 160, N. 23,
image 64; AGI, Filipinas, 97, N. 14, image 18 speaks only of ‘the other mentioned goods’ (los demás generos expresados), which would include cacao.
Image 27 states that the local population could easily obtain from the enemies’
provinces goods like, among others, cacao, goods that are all abandoned (los
havitantes de las Islas pudieran conseguir con facilidad de las Provinias enemigas, cacao, balate, alcanfor, carey, perlas en abundancia, y de bien oriente,
oro y otras cosas estimables, que todo se abandona, y cada dia se hallan mas
pujantes los enemigos por la poca oposicion).
137
José Miguel Herrera Reviriego speaks of a high demand for cacao in Asia
and concludes that silver and cacao were the two of the very few commodities
135

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�The Role of Cacao and Chocolate

In the Philippines, cacao was, for example, cultivated
on the fertile island of Mindanao, from where obviously the
best quality originated.138 Bagge’s idea was to encourage the
indigenous Philippine population not only to cultivate certain
plants and fruits and thus foster domestic agriculture,139 thus
decreasing the need for imports, but also to produce certain goods
and products for export.
Instead of using the great quantities of silver that were
shipped annually to the Philippines from Acapulco to pay for
foreign imports, Bagge suggested investing this money locally
and thereby enriching the island. His policy was also meant to
bring about a cost relief for the government, thereby decreasing
the Europeans could offer and by which Chinese merchants felt attracted (‘Estos dos artículos [that is, silver and cacao, A.S.] eran de los pocos productos por
los que los mercaderes chinos se sentían atraídos de cuantos podían ofrecerles
los europeos y, por tanto, se convirtieron en piezas fundamentales para mantener abierto el trato con China’). See José Miguel Herrera Reviriego, “Flujos
comerciales interconectados: El mercado asiático y el americano durante la
segunda mitad del siglo XVII”, Historia mexicana 66:2 (2016), 495-553, here
523. I am still looking for more evidence on the Chinese involvement in the
cacao trade.
138
Pedro Murillo Velarde, Historia de la provincia de Philipinas de la Comp.
de Jesus, 187.
139
See also “Registro de oficio de la Audiencia de Filipinas”, AGI, Filipinas,
335, L. 17, 107r: “…el que trata de motivo el aumento de las frutas de esas
Yslas, …se les obligase bajo de varias penas, a plantar en cada año, diez pies
de árbol de cacao, coco, bonga o pimienta, según la oportunidad de terreno,
encargando a los alcaldes mayores de los respectivos pueblos, su observancia
y responsabilidad, previniéndolos reciban en efectos de algodón los tributos
Reales de todo lo que quieran satisfacerlos en esta especie y que los esfuercen
a su siembra, y beneficio…”.
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its expenditure, increasing customs revenue, and above all
stopping the continuous outflow of silver to China and other
Asian countries.140 He proposed to oblige the local ‘Indians’, for
example, to plant annually ten feet of cacao, coco, bonga (kapok
or silk-cotton tree; Ceiba pentandra), or pepper trees (cada indio
tributario se le obligase a plantar cada año diez pies de árbol
de cacao, coco, bonga o pimienta).141 The manuscript then lists
all “fruits necessary and useful for subsistence and comfort of
the natives and residents in the entire island district (todos los
frutos necessarios y utiles para la subsistencia y comodidad de
los naturales y residentes en todo el distrito de estas islas)”.142
Cacao
Provincia de Tondo

11,136

Provincia de Bulacan

69,107

Provincia de la Pampanga

62,457

Provincia de Pangasinan

57,704

Provincia de Ilocos

62,575

Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans”, 205.
141
“Aprobación de medidas para fomentar la agricultura” (1759-10-06), AGI, Filipinas, 335, L.17, F.106r-107v. “Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI,
Filipinas, 160, N. 23 (images 4, 101) says that each year at least ten plants or trees
have to be sown or planted in all areas where the soil is appropriate.
142
“Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI, F Filipinas, 160, N.
23 (image 101). Cultivated were rice, maize, sugarcane, tobacco and sometimes wheat, while the territory is described as, for example, not being adequate for the cultivation of cinnamon. Op. cit., images 61, 62.
140

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�The Role of Cacao and Chocolate

No more could be planted, the text continues, partly because of
the destruction of the flowers, partly due to the irruption of the
volcano of Balayan, partly due to general epidemics, and partly
because the strong monsoon winds posed a threat to the trees143,
which, as we have noted already, should also be protected against
strong sunshine.144 On Iocos (or Ilog), as we have seen above,
cacao was already abundant in the late seventeenth century.145
The Jesuit missionary José Calvo (1681–1757) also
introduced a project to improve the economic situation in the
Philippines and proposed to exploit of the local agricultural and
mineral resources that should then be used to trade with Spain. He,
too, reproaches foreigners, like the Chinese, out of their selfish
interests for causing excessive expense for the Spanish Crown by
“depriving Spain and the Islands of many goods that they could
enjoy through trade” (‘privando a España y a las Yslas de muchos
bienes que pudieran gozar por medio del comercio’).146 Among
the local resources to be exploited he mentions cinnamon, pepper,
“Expediente sobre proyecto de Ricardo Bagge”, AGI, Filipinas, 160, N. 23
(image 102).
144
Cf. the description by de Acosta, see footnotes 25 and 65.
145
H. de la Costa, S.J., Jesuits in the Philippines, 512.
146
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo manifestando el engaño del
descredito en que unos pocos no verdaderos vecinos de las Yslas Philipinas,
encomenderos de chinos, extranjeros, y de 10s de Mexico, por su interés obligan a S.M. a gastos excesivos, privando a España y a las Yslas de muchos
bienes que pudieran gozar por medio del comercio, mediante la opulencia de
sus riquezas en minas de todos metales y frutos”, Biblioteca de Palacio, Madrid (BPM), Miscelánea de Ayala V, 330r-339r, online https://rbdigital.realbiblioteca.es/files/manifests/II-2820.json.
143

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�Angela Schottenhammer

cloves, tobacco, cacao, sugar, indigo, mulberry trees, cotton, wax,
and some other products: The cacao was almost better than that
from Venezuela, he states (‘el cacao, tan bueno, o mejor, que él
de Caracas, y en tanta abundancia que ya vale a menos de 1
real por libra’).147 And even balsams, resins, and medicinal drugs
can be found locally (‘Deja de contar los Balsamos, y gomas,
los palos, raices, y Drogas medicinales en que son singulares
aquellas yslas’).148 He suggested that local Filipinos, who had to
pay tribute to the Spanish Crown, should be obliged to dedicate
part of their farming to the cultivation of pepper, nutmegs, cacao
and mulberry trees.149
Francisco Leandro de Viana (fl. 1764–1775), who was
appointed attorney-general to the Audiencia of Manila in 1756,
even suggested “that only those be considered eligible for the office
of petty governor and other municipal posts who plant and harvest
a specified quantity of rice, wheat, sugar, cocoa, cotton, beeswax or
some other product, depending on the region in question”, in order
to encourage people to engage in agriculture.150 Labour was cheap
and abundant, and the natives were considered to learn quickly.
The project of Richard Bagge proposed “to take fruits from the
Philippines, valued by the people of these nations [i.e. ‘vecinos’,
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo”, 333r.
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo”, 334r.
149
“Proyecto que hace a S.M. el P. Joseph Calvo”, 334v.
150
Maria Lourdes Díaz-Trechuelo, “Philippine Economic Development
Plans”, 216.
147
148

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�The Role of Cacao and Chocolate

which means above all the Dutch, English, and French], as there are
cacao, balat,151 camphor, sea turtle shells (carei or carey),152 pearls
from the Orient, and gold, for commerce to the coast of China, in
order to exchange these for products our islands need” (Fig. 3).153
Provincia de Tondo
Provincia de Bulacan
Provincia de la Pampanga
Provincia de Pangasinan
Provincia de Ilocos
Cavite
Provincia de Balayan
Provincia de Camarines
Provincia de Capiz
Provincia de la Laguna de Bay
Total

11,136
69,107
62,457
97,903
88,488
3,133
14,587
190,942
16,146
55,000
608,092154

This refers to ‘balate’, that is sea slugs. Cf. Manel Ollé, Islas de Plata.
Juncos y Galeones en los Mares del Sur (Barcelona: El Acantilado, 2022), 182.
152
This refers to ‘carey sea turtle shells’ and/or its eggs which were obviously
very highly appreciated in China. I wish to thank Dr. José Casabán and Dr.
Guillermo Ruiz-Stovel for assisting me with the final identification.
153
“Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas, 183, N. 6, image 153: “Dice que el fin de este sujeto es proponer para el
aumento y fomento de las Yslas philipinas una compañía en que interviniesen
las venerables mesas de la misericordia, y tercera orden de aquella Ciudad,
con otros vecinos acacedalados de ella, y que S. M. interesase la quinta parte, concediendo las gracias, y privilegios correspondientes, por cuia mano se
havia de hacer comercio en la costa de la China llevando frutas de las Yslas
que estiman las de aquellas naciones como son Cacao, Balat, Alcanfór, Carei,
Perlas de buen oriente, y oro, para permutarlo en cambio de los Generos que
necesitan nuestras Yslas.”
154
“Carta de Pedro Manuel de Arandia sobre árboles sembrados en Filipinas”, AGI, Filipinas, 386, N. 3 1, image 7.
151

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A letter by Pedro Manuel de Arandía Santisteban (1699–1759)
provides yet more extensive data on cacao trees planted in various
locations across the Philippines, speaking of a total of 608,092
sown cacao plants (see Fig. 4):
The Royal Decree to the Governor of the Philippines for the
promotion of agriculture, dated 1757, actually first rejects Richard
Bagge’s plans, which he had suggested in 1746, arguing that this
Irishman was not trustworthy, but then stresses the interest of the
Spanish Crown in encouraging at least certain crops, including
cacao, pepper and especially cotton. And the natives could then pay
their tribute in raw cotton.155 From the documentation, it is clear that
cacao, coco, and pepper trees were more extensively cultivated.
But what about the role of the Chinese in this trade in cacao?
The Intra-Asian Cacao Trade
Bagge’s plan to sell cacao “for commerce to the coast of China”156
would imply that it was highly valued by merchants involved in
the coastal China trade, including the Chinese presumably. Bagge
clearly states that among “the fruits from the Philippines, valued by
the people of these nations” is cacao (see above). In the first part of
my analysis, I suggested that cacao and chocolate were not as readily
accepted as a consumption article in China, where tea was and
remained the beverage of choice. The chocolate culture nevertheless
“Aprobación de medidas para fomentar la agricultura” (1759-10-06), AGI,
Filipinas, 335, L. 17, fols. 106r-107v.
156
Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas, 183, N. 6, image 153.
155

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�The Role of Cacao and Chocolate

had a far-reaching impact on Chinese society and economy by
influencing its ceramics industry. But this is not the entire story.
Generally speaking, Chinese merchants had little interest
in European products and only demanded silver. But various
merchants valued cacao as well as a commercial crop. This may
partly explain why larger quantities of Guatemalan and Peruvian
cacao were shipped to the Philippines despite the fact that, as we
have seen above, cacao was already widely cultivated in the island
archipelago and was obviously of good quality. Fray Álvaro de
Benavente (1647–1709), the founder of the China mission of the
Augustinians whom I quoted already in the first part, describes
the local situation in the Philippines in 1677, including which
products are cultivated. While they have grapes, for example,
they cannot yet make wine, that comes from Europe. “But now
they have started planting cacao again, and it is growing as well
as in America” (‘Aora nuebamente an dado en sembrar cacao y
se da tan bien como en América’).157 Obviously, cacao cultivation
had been abandoned again in some places.
Norton Nicol’s observation confirms that the local
products he mentions “sell at prices that are very profitable—
although commerce has, as in all regions, its ups and downs [sus
altos y bajos].”158 This would include cacao. Bagge speaks of
“Relación de las islas Filipinas, extraída de una carta de fray Alvaro de
Benavente, de la orden de San Agustín y secretario del padre provincial de Filipinas. Hace una descripción de sus cultivos, costumbres, oficios, etc.” (167706-06, Manila), AHN, Diversos-Colecciones, 31, N. 86, 2r.
158
Emma Helen Blair and James Alexander Robertson (eds.), The Philippine
157

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�Angela Schottenhammer

‘fruits’ like cacao being shipped (‘taken’) to the Chinese coast for
sale.159 But what does this mean?
The Chinese obviously acted as dealers or middlemen
in the cacao trade, and this already since the late seventeenth
century, purchasing it in Manila and then selling it in their own
ports to other Europeans. Especially the Sangleyes bought small
quantities of certain spices whose trade was controlled by the
VOC, for example sandal wood from Timor160 and some cacao,
goods that could be resold to the Spanish and other Europeans. A
document probably from the 1660s161 describes the contemporary
commercial situation in Manila and the Parian (that is, the local
Chinese community). The text discusses the causes of local price
Islands, 1493–1803, vol. 47, 257. See also footnote 118 above.
159
“Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas, 183, N. 6, image 153.
160
Roderich Ptak, “The Transportation of Sandalwood from Timor to China
and Macao, c.1350-1600”, in Roderich Ptak (ed.), Portuguese Asia. Aspects
in History and Economic History, Beiträge zur Südasienforschung 117 (Stuttgart: 1987), 103-109, especially footnotes 25 and 38.
161
“Avisos de El comercio de Filipinas, [en manos de los sangleyes], y su estilo
hasta hoy”, directed to Doctor Francisco Orieta de Filipinas (entre 1601 y 1700),
BNE, MSS, 11014, 1r-3v, to be downloaded from https://datos.bne.es/edicion/
biam0000002605.html. On page 3v twice the name of ‘Pumquan’ is mentioned,
a Spanish designation used for Zheng Chenggong 鄭成功 (1624–1662). This
name appears more frequently in contemporary Spanish documents, see, for example, “Carta de Diego Salcedo sobre socorros, comercio, etc.” (1667-08-04,
Manila; Luzón, Filipinas), AGI, Filipinas, 9, R. 3, N. 50, so that it is reasonable
to date the manuscript to the early 1660s. I would, thus, basically agree with José
Miguel Herrera Reviriego, Manila y la Gobernación de Filipinas en el Mundo
Interconectado de la Segunda Mitad del Siglo XVII, PhD dissertation, Universitat Jaume I, 2014, 137, who suggests 1663 as a possible date.
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�The Role of Cacao and Chocolate

increases, for which the Sangleyes are considered responsible
and portrays the Sangleyes as a kind of sworn, even secret,
community. The solution, according to the anonymous author,
would be that the Spanish personally take over the trade with
China.162 We will not discuss this manuscript in detail here, but
the fact alone that it mentions ‘wax, blankets, and cacao’ (la cera,
las mantas, el cacao) as three major commodities with which
the Sangleyes traded, clearly shows that these were important
products in whose trade the Chinese were involved in the second
half of the seventeenth century. Their concrete engagement still
awaits a more thorough investigation (if we can find more relevant
sources), but it becomes clear from such scattered statements that
the Sangleyes also dealt with cacao in Manila.
Complaints about the Dutch siphoning off high profits for
dealing with products the Spanish possess in their own colony
suggest that Dutch merchants in the form of the VOC were
also active in the ‘Asian cacao trade’. Dutch official records,
however, rarely mention any cacao trade, and few entries
mention the growing and planting of cacao trees.163 Nonetheless
“A comprarle el género como la cera, las mantas, el cacao, y este acude
tres o 4 días con el precio señalado del Parián”, in “Avisos de El comercio de
Filipinas”, fol. 1v. The document is also discussed by Antoni Picazo Muntaner,
“El comercio sedero de Filipinas con México y su influencia en la economía de
España en el siglo XVII”, in Francisco José Aranda Pérez, La declinación de
la Monarquía Hispánica en el siglo XVII (Cuenca: Universidad de Castilla-La
Mancha, 2004), 501-509, 504, who dates it to 1601.
163
For example, in 1718 in North-Ceram, an island in the southern Moluccas:
“Cacao seems to grow very well and produces large nuts” (‘cacao schijnt goed
162

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the Dutch introduced cacao as well as sugar and coffee to Java
and the hinterlands of Malacca during the 1770s, probably from
the Philippines.164 Possibly they were also responsible for the
introduction of the plant into Ceylon (Sri Lanka).165 But we know
from scattered sources that chocolate became popular in other
parts of Asia too, for example, in Siam (modern Thailand),166 and
it may have reached Ceylon before the Dutch. As we have seen in
the first part of this work, it was also the Dutch who introduced
cacao and chocolate to Japan.
On the one hand, we can conclude that, in addition to
ceramics, there was yet another commercial sector of the chocolate
boom in which Chinese merchants from both mainland China and
Manila were involved. They acted as resellers or dealers of cacao
te willen groeien en zeer grote noten te geven’), see Generale missiven van
gouverneurs-generaal en raden aan heren XVII der Verenigde Oostindische
Compagnie, Deel 7, 1713-1724, GS 164, 414. In Ambon Island, Maluku, cacao trees were planted with the hope to be able to use the fruits for commercial
purposes, but the result was not good. See Jeroen Bos, “Laboratoria van de
VOC herbergden schat aan kennis. Kwikzilver, kaneel en drakenbloed”, lees
het na 6 (2012), 85.
164
William Clarence-Smith, Cacao and Chocolate, 1765–1914 (London,
2000), 95.
165
For a detailed discussion, see Tilman Frasch, “The Coming of Cacao and
Chocolate to Ceylon”, Food &amp; History 12:1 (2014), 137-152, doi: 10.1484/J.
FOOD.5.105146.
166
Monsieur Simon de De La Loubère (1642–1729), A new historical relation of the kingdom of Siam; done out of French, by A.P. Gen. R.S.S. La
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-140

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�The Role of Cacao and Chocolate

in Asia. But obviously the cacao was not officially imported into
China. Paul van Dyke has carefully examined customs lists from
eighteenth-century Canton and Macao, none of which mentions
cacao.167 Seventeenth- and eighteenth-century memorials of
local officials and other Qing documents reporting special events
to the palace (zhupi zouzhe 硃批奏摺) concerning relations
with Luzon speak of ‘Lüsong ships’ (most of them reaching a
port in Fujian) carrying mainly rice, but also cotton, fabrics in
general, agricultural products, tobacco, seaweed, timber, sapan
wood, foreign tin, and even meat and lard (豬油), but no cacao
or chocolate is mentioned.168 Based on the foreign sources I
consulted, I can currently only speculate that this exchange, if it
did not take place in Manila, was probably carried out on offshore
islands close to Hong Kong, Macao, or possibly the Fujian coast,
or perhaps even directly at the ports of China but without being
taxed, as the products were immediately reexported. The negative
official attitude towards chocolate in the China of the 1720s to at
least the mid-eighteenth century would also suggest smuggling in
the coastal waters.
Paul Van Dyke, Merchants of Canton and Macao, Vol. 1, Politics and
Strategies in Eighteenth-Century Chinese Trade (Hong Kong: Hong Kong
University Press, 2011); Paul A. Van Dyke, Merchants of Canton and Macao, Vol. 2, Success and Failure in Eighteenth-Century Chinese Trade (Hong
Kong: Hong Kong University Press, 2016).
168
Diyi lishi dang’an guan (ed.), Qingdai Zhongguo yu Dongnanya geguo
guanxi dang’an shiliao huibian 清代中國與東南亞各國關係檔案史料彙編,
vol. 2, Feilübin 菲律賓 (Beijing: Guoji wenhua chuban gongsi, 2004), 115117, 148, 166, 168, 169, 199, 216.
167

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More concrete evidence for Chinese involvement in the
intra-Asian cacao trade comes from the nineteenth century. As
William Clarence-Smith has shown, Manado in Sulawesi (modern
Indonesia) started to export cacao to Manila in the 1820s, a trade
that was run by Chinese ‘syndicates’ (gongsi 公司). The Chinese
sailed annually and sought certain staple products like sea-slugs,
as well as cacao for the Philippine market.169 This implies that
the Philippines were not a great exporter of cacao but rather an
importer in the early to mid-nineteenth century. Later still, by
1882, the Manila Chinese “stopped coming to Ambon to buy
cocoa, at least for a couple of years”, which may have been related
to an increase in production in the Philippines.170
Chinese in Manila, the Sangleyes, were in various ways
also directly engaged in the preparation, consumption and sale
of chocolate. It was common for the alcalde mayor of the Parian
in Manila to invite the Chinese to a banquet of chocolate – an
indirect attestation that among the Sangley community in Manila,
the consumption of chocolate was known, though not necessarily
common. The cups of chocolate were sent by members of the
Royal Audiencia to the heads of the petates, the game tables used
William Clarence-Smith, “From Maluku to Manila: Cocoa Production and
Trade in Maritime South East Asia from the 1820s to the 1880s”, Workshop
paper, University of London, 1993, p.8, with reference to the Arsip Nasional
Republik Indonesia (ANRI), 31, 50-II, “Verslag van de Kommissaris voor Menado” (1846), and Edgar Wickberg, The Chinese in Philippine life, 1850–1898
(New Haven: 1965) for a general background on the Chinese. I wish to thank
William Clarence-Smith for sharing this paper with me.
170
William Clarence-Smith, “From Maluku to Manila”, 8.
169

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�The Role of Cacao and Chocolate

in the metua game by Chinese Sangleyes in Manila.171 Some
Chinese in Manila also offered their services for the preparation
of chocolate, as Blas Sierra de la Calle notes – they went from
house to house with the grinding stones, preparing different
chocolate recipes, according to personal likes (‘iban de casa en
casa, con sus piedras de moler, preparando las diferentes recetas
de chocolate, según los gustos’).172
Eberhard Crailsheim has introduced some merchants
who were involved in partly illegal trade with various goods,
including cacao.173 In the early 1750s, a certain Antonio Ramón
de Abad y Monterde was accused of illegal involvement in
private commerce, for example, with the Moros (Muslims). He
bought wax and cacao in Tuboc, a village close to the heart of
the Maguindanao Sultanate, and sent these goods to his business
partners in Manila.174 Although the quantity of cacao was relatively
“Consulta XXV: Si ay obligación de restituir lo que dàn los Sangleyes
en retorno del de los Alcaldes mayores, en orden chocolate, que les embia el
Alcalde, o en tiempo del juego de la metua.”, Juan de Paz (O.P.), Consultas y
resoluciones varias theologicas, juridicas, regulares y morales (Sevilla: por
Thòmas Lopez de Haro, 1687), 483. I wish to thank my colleague Marina
Torres Trimállez who brought this reference to my attention.
172
Blas Sierra de la Calle, Vientos de Acapulco. Relaciones entre América y Oriente
(Valladolid: Museo Oriental de Valladolid, 1991), 67, quoted by Beatriz Palazuelos
Mazars, Acapulco et le Galion de Manille, la réalité quotidienne au XVIIe siècle.
Histoire. Université de la Sorbonne nouvelle (Paris III, 2012), 316 HAL Id: tel00846697 https://tel.archives-ouvertes.fr/tel-00846697).
173
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy. Commerce between
Spaniards and ‘Moros’ in the Early Modern Philippines”, Vegueta. Anuario de
la Facultad de Geografía e Historia 20 (2020), 81-111.
174
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 93.
171

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small – about ten fanegas, i.e. a total of 555 liters and supposedly
only for his personal use175 – this attests to the existence of a trade
in Philippine cacao in Asian waters.
Such illegal trading activities can still be observed at the
turn of the eighteenth century, as Crailsheim shows. In particular
“the alcaldes mayores (the regional Spanish administrators) and
the governors of Zamboanga” seem to have been involved in
illegal trade and the appropriation of public funds for personal
gain by trading especially in rice, Musa textilis (abacá), wax,
cacao, textiles and gold.176 However, locally produced cacao was
also consumed locally. Cacao from Jolo, Crailsheim stresses, was
“competing successfully with cacao from Acapulco.”177 We can
therefore see that cacao spread more widely across Asia than one
would expect at first glance but that it was mainly produced in the
Philippines, becoming a trade good specific to the islands.
Conclusion
In this chapter, I have been concerned to reconstruct the path of
cacao and chocolate from a Mesoamerican food item to a global
commodity by focusing on its westward journey from America to
Asia. The story of its rise to become a global commodity requires
a closer investigation of its introduction into Asia, a history
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 94, with reference to
Juan de la Concepción, 1788–1792, vol. 13, 66-68, 75-78, 85, who reports in
detail about the lawsuit against Antonio Ramón de Abad.
176
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 94.
177
Eberhard Crailsheim, “Trading with the Enemy”, 101.
175

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�The Role of Cacao and Chocolate

which has long been ignored or underestimated. This chapter
has consequently looked at local cultivation and transplantation
projects, transpacific trade, and intra-Asian exchanges. Cacao, it
becomes evident, was not just considered a product that one finds
in nature and then uses for consumption or medical purposes. In
the course of the eighteenth century in particular, cacao developed
as a product that local and global actors wanted to modify
according to their economic purposes. In a more conceptional
way, this implies a changing attitude of man towards nature,
towards his natural environment: Nature became something that
can and should be modified independently of immediate local
circumstances. The role and importance of cacao and chocolate
changed over time, transplantation became more important, and
cacao was cultivated as a cash crop, to be sold to others – cacao,
thus, became a real commodity in other words, a product which,
possessing the quality of satisfying specific human demands, was
only produced to be exchanged for money.
In my analysis I have also argued that, although Asian
societies did not consume large amounts of cacao and chocolate,
they were still, in various ways, an essential part of the cacao
boom and/or actively contributed to its success story.
However, trying to reconstruct the intra-Asian resale,
commodity and knowledge flows of both American and locally
(Asian) grown cacao in the form of beans or powder, or processed
as blocks or paste, and in rare cases as plants or seeds, has turned
out to be a great challenge.
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�Angela Schottenhammer

We possess various hints that Chinese merchants were
directly involved in the resale of Philippine (and American?)
cacao, but much information on how this was practically carried
out on the ground remains unclear. Chinese sources mostly tell us
little or nothing, last but not least because many of these activities
were carried out clandestinely or by Manila Sangleyes.
Although we continue to discover new information on
intra-Asian cacao and chocolate flows,178 mainly in Spanish
and other European-language sources, many details still
need to be explored. One conclusion we can definitely draw:
Chinese individuals, whether traders, craftsmen in the porcelain
workshops, businessmen, or other economic actors, were much
more affected by and actively contributed to the contemporary
‘chocolate hype’ than one expects at first glance. Moreover, the
fact that also Chinese consumption traditions changed over time
is clearly demonstrated by looking at Portuguese Macao, where
today we find many sweets and drinks that contain milk and cacao.
As we have seen in Part I of my investigation, a Spanish-Chinese dictionary of terms used in Luzon also introduces two transcriptions for cacao, ‘gegao’ 格膏 and ‘gugu’ 谷古, one for chocolate, ‘zhugulü’ 朱古律”, and explains the words ‘chocolatera’,
‘jicara’, and ‘molendero, ra’ (磨朱古律人), a person who is grinding cacao beans. See Lüsong Huawen hebi zidian 呂宋華文合璧字典. Dic178

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publication: no publisher, 1927), 162, 299, 569, 650. National Library of China,
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�The Role of Cacao and Chocolate

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Histoire naturelle du cacao, et du sucre, divisée en deux traités, qui
contiennent plusieurs faits nouveaux, &amp; beaucoup d’observations également
curieuses &amp; utiles (Paris: L. d’Houry, 1719), preface.
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-140

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�Angela Schottenhammer

Fig. 2: “Consulta sobre proyecto para mejorar el comercio de Filipinas”, AGI,
Filipinas, 97, N. 14, image 5.
Sillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-140

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�The Role of Cacao and Chocolate

Fig. 3: “Expediente sobre el proyecto de Pedro Calderón Enríquez”, AGI, Filipinas,
183, N.6, image 153.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-140

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Fig. 4: “Carta de Pedro Manuel de Arandia sobre árboles sembrados en Filipinas”, AGI, Filipinas, 386, N. 31, Image 7.
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10, 2022). The full exhibition is available under https://
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillare4.7-140

�The Role of Cacao and Chocolate

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�¿Un distrito militar norteño? La federalización de
Sierra Mojada y el primer porfiriato, 1879-1880
A Northern Military District? The Federalization of Sierra
Mojada and the First Porfiriato, 1879-1880
Denisse Alisa Palomo Ligas
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
orcid.org/0009-0005-9740-9041

David Adán Vázquez Valenzuela
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México
orcid.org/0000-0002-2000-9729

Recibido: 26 de agosto de 2023
Aceptado: 15 de diciembre de 2023

Resumen: Este artículo examina la declaración de Sierra Mojada,
Coahuila, como Distrito Militar bajo control federal, la cual inició en
octubre de 1879 y concluyó en marzo de 1880. El decreto que convirtió
a este distrito en zona federal se dio a raíz de la enorme especulación
que surgió por el descubrimiento de plata en sus inmediaciones. La
declaratoria pronto suscitó numerosos rechazos por parte de las
autoridades coahuilenses y de la opinión pública local. Sus reclamos
lograron su objetivo, pues unos meses después de adoptar la medida el
gobierno de Porfirio Díaz regresó la administración del mineral a las
autoridades estatales. El artículo argumenta que la efímera existencia del
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�¿Un distrito militar norteño?

llamado territorio de Sierra Mojada constituyó parte de la construcción
del espacio geográfico, político, social y económico del norte de México
a finales de la década de 1870. En tal sentido, el artículo exhibe a la
consolidación del régimen porfirista como producto del intercambio y
de las negociaciones entre la administración del oaxaqueño y múltiples
autoridades estatales y municipales y aun figuras de poder.
Palabras clave: Sierra Mojada; federalización; porfiriato
Abstract: This article examines the declaration of Sierra Mojada,
Coahuila, as military district and under federal control, a measure
that lasted from October of 1879 to March of 1880. The decree that
converted this district in a federal zone resulted out of the enormous
speculation that was provoked by the discovery of silver in its midst. The
declaration of Sierra Mojada as a military district provoked numerous
grievances by Coahuilan authorities and the local public opinion. These
grievances achieved their objectives, since a few months after the Díaz
administration approved the decree, the federal government returned
the administration of this mineral district to state authorities. The article
argues that the ephemeral existence of the so-called territory of Sierra
Mojada was part of the construction of the political, social, economic
and geographic space of northern Mexico at the end of the 1870s. In
this sense, the article exhibits the consolidation of the Porfirio Díaz
regime as a product of the exchange and negotiations between his
administration and multiple state and municipal authorities and even
local influential characters.
Keywords: Sierra Mojada; federalization; porfiriato

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�Denisse Alisa Palomo Ligas / David Adán Vázquez Valenzuela

Introducción
A principios de julio de 1879, Pedro F. Nafarrete, quien fungía
como abogado de cuatro mineros, envió una carta desde la villa
de Lerdo, Durango, al gobernador de Coahuila, Hipólito Charles.
En la misiva, Nafarrete se quejaba de la confusión que suscitaba
una reciente disputa territorial que había surgido entre los estados
de Coahuila y Durango. Desde hacía unos meses, los gobiernos
de ambas entidades reclamaban jurisdicción sobre el territorio
que comprendía el mineral de Sierra Mojada. Según Nafarrete,
lo más grave era que el conflicto amenazaba con invalidar la
legalidad de los denuncios de minas que sus clientes –Néstor
Arreola, Florencio Ibarra, Ignacio Ibarra y Antonio Lorenzana–
habían realizado en Mapimí, en el estado de Durango.1
El reclamo realizado por Nafarrete constituyó sólo una
de las protestas que se emitieron por la confusión que creaba
esta disputa territorial. Después de la queja del abogado, las
autoridades de Chihuahua también entraron en la polémica, pues
la zona en la que se hallaba el mineral era contigua a sus límites
estatales y se encontraba lejos de Durango.2 Más tarde, fueron
La carta se encuentra en Archivo General del Estado de Coahuila (en adelante AGEC). Fondo Siglo XIX (en adelante F.S.XIX). Carta de Pedro F. Nafarrete a Hipólito Charles, gobernador del Estado de Coahuila, 8 de julio de
1879, caja 4, fólder 8, exp. 9, ff. 1-4.
2
Según La Ilustración Católica “en la línea limítrofe de Durango, Coahuila
y Chihuahua se ha descubierto, en la Sierra del Carnero (…) una veta de plata
pura de vara en cuadro y de legua y media de largo”. “Veta monstruo”, La
Ilustración Católica, 16 de septiembre de 1879, pág. 661.
1

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precisamente los duranguenses quienes presentaron mayor
firmeza en su postura. Juan Manuel Flores, quien en ese entonces
gobernaba esta última entidad, alegaba que, dado que no estaba
claro a quién pertenecía el mineral, su gobierno tenía derecho
a emitir permisos para explotar las ricas vetas de plata de sus
inmediaciones. Los coahuilenses, por otra parte, consideraban
este argumento como una tentativa ridícula de apropiarse de unos
recursos que pertenecían a su estado.
A mediados de 1879, el gobernador de Coahuila, Hipólito
Charles, nombró una comisión de tres personas para que
marcharan a Sierra Mojada. Llevaban con ellos el encargo de
instituir representantes legales en el mineral y recobrar potestad
sobre una demarcación que Charles consideraba usurpada.3 En
los meses siguientes, la controversia no hizo sino crecer pues
las autoridades de Mapimí, Durango, continuaron legalizando
explotaciones mineras a tal punto que el gobierno de Porfirio
Díaz tuvo que intervenir.
Efectivamente, en octubre de 1879, el Congreso de la
Unión, luego de meses de tensión, declaró a Sierra Mojada como
territorio militar y bajo jurisdicción del ejecutivo federal. Es
decir, puso al mineral a cargo de la administración encabezada por
Porfirio Díaz. Según se argumentó, la razón detrás de la medida
no era otra que la polémica en torno a los límites estatales. Para
AGEC, F.S.XIX. Carta de Juan Manuel Flores, gobernador del Estado de
Durango a Hipólito Charles, gobernador de Coahuila, 8 de julio de 1879, caja
4, fólder 8, exp. 10, ff. 1-2.
3

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�Denisse Alisa Palomo Ligas / David Adán Vázquez Valenzuela

este momento la fama de Sierra Mojada se había extendido a tal
punto que despertaba ya una enorme especulación.4 Se hablaba de
que el descubrimiento de plata en esta zona del oeste coahuilense
atraía a miles de inmigrantes de Estados Unidos y de varias partes
del mundo.
Con la adquisición de potestad sobre Sierra Mojada,
las autoridades federales buscaban controlar una veta que
brindaba recursos argentíferos estratégicos, así como evitar que
se suscitaran conflictos entre entidades. No obstante, el decreto
emitido por el Congreso de la Unión levantó críticas por parte
de múltiples funcionarios de la administración coahuilense
encabezada por Hipólito Charles y por varios diarios de circulación
nacional. Unos y otros consideraban que declarar al mineral bajo
jurisdicción federal excedía las facultades del ejecutivo de la
Unión. Hablaban pues de un atentado a la soberanía local y de
un abuso de poder hacia una entidad que en las décadas recientes
había experimentado la mutilación territorial.
Este artículo analiza la efímera federalización del mineral
de Sierra Mojada, Coahuila, la cual abarcó de octubre de 1879
a marzo de 1880. De manera particular, se adentra en cómo se
suscitó la polémica y en la forma en la que distintos niveles del
gobierno de Coahuila se opusieron a la medida. Aun antes de la
“Número 8084. Octubre 10 de 1879.—Decreto del Congreso.—Autoriza
al Ejecutivo para organizar interinamente la administración pública en los minerales “Sierra de Rosales” y “Sierra Mojada”, Legislación mexicana, 1 de
enero de 1879, p. 150.
4

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creación del territorio federal de Sierra Mojada por parte del gobierno porfirista, el ejecutivo estatal había levantado la voz en
contra de cualquier intervención emanada de las autoridades centrales.5 Más tarde representantes de los poderes municipales y
de la sociedad civil se unieron a la protesta. El artículo sostiene
como tesis central que la efímera existencia del llamado territorio
de Sierra Mojada constituyó parte de la construcción del espacio
geográfico, político, social y económico del norte de México a
finales de la década de 1870, periodo clave para lo que la historiografía ha concebido como “primer porfiriato”. En tal sentido,
el artículo exhibe al proceso de conformación y consolidación del
régimen porfirista como producto del intercambio y de las negociaciones entre la administración del oaxaqueño y múltiples autoridades estatales y municipales, y aun figuras de poder. El trabajo
argumenta en pocas palabras que juegos de intereses como el que
aquí se estudia contribuyeron a la conformación de la geografía
política y territorial de enormes porciones del país, incluyendo
por supuesto al norte mexicano.
Para desarrollar este artículo, se concibe la noción de territorio como una idea que rebasa la dimensión física. Se toma
más bien como un concepto que, de acuerdo con geógrafos como
Como puede verse en el encabezado de la nota anterior, junto con el territorio de Sierra Mojada el Congreso declaró a la Sierra de Rosales, Chihuahua,
como territorio federal. En este artículo, no obstante, hemos decidido centrarnos en el caso coahuilense pues fue el que suscitó mayores inquietudes políticas. Indudablemente, el caso de la Sierra de Rosales merece una investigación
adicional.
5

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Guillermo Castillo, exhibe “procesos de apropiación, tensión y
disputa del espacio de carácter político y económico”.6 Argumentamos pues que esa disputa por la dominación del espacio puede
ubicarse al analizar al México durante gran parte del siglo XIX.
Como ha hecho notar Marcello Carmagnani, el territorio mexicano en ese periodo “no es ni un simple agregado de comunidades
ni una construcción artificial a partir de la geografía, sino más
bien la resultante de la tensión entre la comunidad y autoridad”.7
Guillermo Castillo, “El territorio como apropiación sociopolítica del espacio. Entre la desterritorialización y la multiterritorialidad” Investigaciones
Geográficas, núm. 103 (diciembre de 2020), 3-4.
7
Marcello Carmagnani, “Del territorio a la región. Líneas de un proceso en
la primera mitad del siglo XIX”, en Economía y Política. México y América
Latina en la contemporaneidad, Marcello Carmagnani (Ciudad de México: El
Colegio de México, 2011), 70. Castillo, citando al geógrafo brasileño Rogério
Haesbaert, señala que “los territorios son los diversos espacios (materiales y
simbólicos) donde el poder se ejerce de múltiples maneras y escalas, que pueden implicar desde los referentes del Estado nación (a través de la soberanía
y del control de la población) y de los grupos de poder económico y político,
hasta otros sujetos sociales que, fuera de la esfera gubernamental, tienen diferentes capacidades de agencia e intereses”. Al respecto, consúltese, Castillo,
“El territorio”, 5. Concebimos pues tanto a la explotación de minerales como
a la división política y geográfica del territorio como producto de intercambio
entre grupos de poder. Siguiendo a Henri Lefebvre, creemos que “el espacio
(social) es un producto (social)” y que la manera en la que este se conforma
influye directamente en la conformación del medio físico habitado por el ser
humano. Así lo plantea Lefebvre, “La primera” implicación de concebir al
espacio (social) como producto (social) es que “el espacio-naturaleza desaparece. Ciertamente el espacio natural fue y sigue siendo en parte el punto común
de partida, el origen y el modelo original del proceso social, quizá la base de
toda ‘originalidad’ […] el espacio de la naturaleza se aleja, un horizonte que
queda detrás para los que vuelven su mirada”. Sobre este punto, véase Henri
Lefebvre, La producción del espacio (Madrid: Capitan Swing, 2013), 90.
6

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Este artículo asume que esa confrontación se da en varios planos.
Tal y como ha señalado George White, la conformación territorial
resulta sobre todo de decidir quién ejerce autoridad sobre un espacio específico; de definir quiénes explotan sus recursos naturales
y quiénes emiten las normas que prevalecerán sobre el mismo.8
En el caso mexicano precisar quién ejerce autoridad, o bien
quién explota los recursos naturales del territorio, fue de la mano
con la construcción del estado nacional, cuya consolidación aún alcanzó a la temprana etapa porfirista. Fue precisamente en ese marco
de consolidación estatal que se dio la disputa entre la sociedad y las
autoridades coahuilenses con el gobierno federal por el mineral de
Sierra Mojada. En la querella, como se verá, el gobierno porfirista
reculó y por tanto la territorialidad del estado norteño prevaleció
intacta. En efecto, tan pronto como crecieron las protestas por la
federalización del distrito minero, el gobierno federal echó atrás la
disposición que atraía al territorio a su jurisdicción y preservó el
statu quo ante. Con todo, aquí se afirma que ese intento por tomar el
control del mineral expuso la poco tersa manera en la que se consolidó el estado porfirista en el norte de México y aun cómo se constituyó la propia geografía política y territorial de esta amplia zona.
Afortunadamente, el intento porfirista por tomar el
control de Sierra Mojada ya ha sido tratado por la historiografía.9
George W. White, Nation, State and Territory: Origins, Evolutions, and
Relationships (Lanham, Maryland: Rowman &amp; Littlefield, 2004), 1-19.
9
Román Jáquez, Juana Gabriela, Del Aguanaval a Sierra Mojada. El conflicto de límites entre Durango y Coahuila, 1845-1900 (Saltillo: Centro de Es8

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Sin duda, de los análisis realizados el de Juana Gabriela Román
Jáquez es el más completo. Román Jáquez trata primero con
detenimiento la disputa entre entidades por el mineral y más tarde
se centra en el desencuentro entre Coahuila y el gobierno federal
por la declaratoria del distrito bajo jurisdicción federal.10 El
presente artículo busca pues complementar sus planteamientos.
En primer término, en este trabajo se plantea que para analizar
el conflicto se debe de ampliar el marco temporal del mismo,
pues parte de su origen se hallaba en la legislación minera, la
cual prácticamente regía desde la época colonial. En segundo
lugar, este artículo afirma que la disputa por Sierra Mojada fue
más allá de un simple choque entre una entidad y la federación,
pues la respuesta coahuilense incluyó las reclamaciones de
cabildos, autoridades municipales y miembros de la sociedad
civil. Tomar en cuenta a dichos actores resulta importante pues
expresaron una serie de reclamos a una medida que finalmente
fueron exitosos. Al alcanzar sus objetivos las quejas emitidas
por los coahuilenses exhibieron la inseguridad de un régimen
porfirista que, con aciertos y errores, en su primer periodo
adquiría oficio político.
tudios Sociales y Humanísticos, A.C., 2001), 56-72. También Escobedo Díaz
de León, M. Rodolfo, Sierra Mojada y La Esmeralda: Dos villas hermanas
enraizadas en el semidesierto de Coahuila (Saltillo: Consejo Editorial del Gobierno del Estado de Coahuila; Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas, 2005), 88-97.
10
Román, Del Aguanaval a Sierra Mojada, 56-72.
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Descubrimiento
La raíz de la confrontación por Sierra Mojada fue el descubrimiento
de plata en las inmediaciones del oeste coahuilense. De acuerdo
con la carta que envió Nafarrete a Hipólito Charles, la primera
veta en este mineral había sido descubierta por su cliente, Néstor
Arreola, quien había pasado explorando el Bolsón de Mapimí
desde al menos 1876. Subsecuentemente, Arreola llevó a cabo
un trámite legal que se convirtió en motivo de discordia, pues
asumió que el territorio en el que estaba el filón de plata recién
descubierto pertenecía al estado de Durango y realizó el denuncio
ante las autoridades de Mapimí.11
El origen del problema estaba en la poca claridad que
existía en la legislación minera. El propio Nafarrete señaló que
Arreola y los suyos habían realizado el denuncio “con arreglo de
las ordenanzas de minería”.12 En otras palabras, habían registrado
su descubrimiento empleando una legislación que prevalecía
desde la época colonial. De acuerdo con Marvin Bernstein, esta
normativa, “modificada muchas veces”, se encontraba vigente
Según relató su abogado, Nafarrete estuvo “unas veces debilitado por el
hambre, otras veces abrazado por la sed, las más expuesto a un encuentro con
los bárbaros”. AGEC, F.S.XIX. Pedro F. Nafarrate solicita al Gobernador del
estado de Coahuila, en su nombre y el de sus socios mineros, la pronta resolución a delimitar el mineral de Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder
8, exp. 9, ff. 1-4.
12
AGEC, F.S.XIX. Pedro F. Nafarrate solicita al Gobernador del estado de
Coahuila, en su nombre y el de sus socios mineros, la pronta resolución a delimitar el mineral de Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder 8, exp. 9,
ff. 1-4.
11

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desde el siglo XVIII y servía de legislación para quien quisiera
llevar a cabo la explotación de metales.13
De acuerdo con las ordenanzas, Arreola tenía preferencia
al hacer público su descubrimiento. En su título VI, las
ordenanzas señalaban que quien encontrara “nuevos minerales y
venas metálicas” podía “adquirir en la veta principal que más les
agradare hasta tres pertenencias continuas, o interrumpidas, con las
medidas que después se dirán; y que, si hubieren descubierto más
vetas, puedan tener una pertenencia en cada veta, determinando y
señalando dichas pertenencias dentro del término de diez días”.14
No obstante, la primacía de Arreola no había sido respetada.
En la carta enviada a Charles, su abogado se quejaba de que un
individuo de nombre Luis G. Sánchez había querido apropiarse
del filón reclamado por su cliente. Según expuso, Sánchez había
intentado registrar la misma veta argentífera ante el jefe político
de Mapimí, pero cuando supo que el registro no sería posible,
decidió acudir a las autoridades de Coahuila.
Bernstein, The Mexican Mining Industry, 1890-1950: A Study of the Interaction of Politics, Economics, and Technology (Albany, Nueva York: State
University of New York, 1964), 18.
14
Ordenanzas de minería (Paris: Librería de Rosa y Bouret, 1858), 68-70.
El propio Néstor Arreola escribió meses después al gobierno de Coahuila para
pedir que se le revalidaran los denuncios ya registrados en el estado de Durango. En ese nuevo alegato, Arreola volvió a citar las Ordenanzas de minería,
específicamente el artículo 16 del título VI. De acuerdo con Escobedo Díaz de
León, la concesión realizada a Arreola fue ratificada por el gobierno de Charles
y más tarde por las autoridades federales. La carta de Arreola a Hipólito Charles puede encontrarse en Díaz, Sierra Mojada y La Esmeralda, 91-93.
13

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La queja de Nafarrete tenía sustento. Unos días después
de su carta, Hipólito Charles recibió una misiva del propio Luis
G. Sánchez. En su mensaje, Sánchez se quejó de la protección
que daban las autoridades de Mapimí a “un señor Arriola y
socios”.15 Según expuso, Arreola y los suyos impedían a Sánchez
realizar labores en la mina de Jesús María “y sacar los metales
de Cuatro Ciénegas que es el punto que hemos elegido por ahora
para beneficiarlos y de lo cual resultará un gran provecho a dicha
población”.16 Consecuentemente, Sánchez pedía que las autoridades
coahuilenses protegieran los filones que habían registrado ante
las autoridades del estado a su cargo, lo cual motivó a Charles a
reclamar formalmente a las autoridades de Durango.
En el momento en el que fueron redactadas, las ordenanzas
de minería reservaron facultades clave a las autoridades
virreinales. En su título V, estipulaban que las minas pertenecían
a la “real corona, por su naturaleza y origen”, pero que podían
ser concedidas “en propiedad y posesión” a los súbditos del rey.17
El otorgamiento de tal primacía a las autoridades virreinales
terminó por fortalecer a los gobiernos republicanos una vez que
llegó el periodo independiente. De acuerdo con Sandra Kuntz, las
ordenanzas llegaron a modificarse por varias leyes estatales, pero
AGEC, F.S.XIX. Carta de Luis G. Sánchez a Hipólito Charles, 12 de julio
de 1879, caja 4, fólder 9, exp. 13, ff. 1-2.
16
Sánchez, como se verá más adelante, tenía vínculos con el gobierno de
Hipólito Charles.
17
Ordenanzas de minería, 68.
15

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hasta finales del siglo XIX se preservaron “imperfecciones” en el
carácter de la propiedad, pues prevaleció la prerrogativa de que
una “concesión” minera podía ser revocada.18
Arreola y los suyos reconocían pues la supremacía de
las autoridades generales en el ramo de minería. En su carta a
Hipólito Charles, el abogado de Arreola señaló que él mismo
estaba persuadido “de que las minas son propiedad de la nación”
y abundaba “Coahuila, lo mismo que Durango y Chihuahua son
estados de la misma confederación y […] las ordenanzas del
ramo permiten hacer denuncios aún ante autoridades extrañas al
distrito en que aquellas se encuentran”.19
Pero Hipólito Charles y los suyos no estaban convencidos
de tal aseveración. Así pues, en junio de 1879, el gobernador
de Coahuila envió una misiva a su contraparte de Durango y le
pidió resolver el conflicto de límites. Ante la excitativa, Juan
Manuel Flores quien en ese momento actuaba como mandatario
en el estado vecino escribió a Charles, diciéndole que estaba de
acuerdo en que se arreglara la disputa y justificaba su reclamo
sobre el nuevo mineral, alegando que “el distrito en el que se
Sandra Kuntz Ficker, “De las reformas liberales a la Gran Depresión” en
Historia económica general de México. De la colonia a nuestros días, coord.
Sandra Kuntz Ficker (Ciudad de México: El Colegio de México; Secretaría de
Economía, 2010), 314.
19
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Coahuila, en su nombre y el de sus socios mineros, la pronta resolución a delimitar el mineral de Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder 8, exp. 9,
ff. 1-4.
18

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haya situado está generalmente reconocido por del Bolsón de
Mapimí, perteneciente al Partido de este nombre en este Estado”.
Y abundaba, “es verdad que no hay memoria de que Durango
haya ejercido acto alguno de jurisdicción en aquellas apartadas
y solitarias regiones; pero creo que en el mismo caso se halla
Coahuila, siendo notorio que desde hace muchísimos años, no ha
imperado allí otra autoridad que la de los salvajes”.20
Charles contestó a Flores con enfado. Después de recibir
su carta redactó un largo mensaje en el que se quejó de la forma
de proceder de los funcionarios duranguenses y de que estos
hubiesen permitido que el juez de Mapimí reconociera denuncios
en territorio ajeno.21 En esos mismos días, el ayuntamiento de
Matamoros, Coahuila, solicitó que se formara una expedición
que fuese a reclamar el territorio para su entidad. En respuesta,
el gobierno de Charles accedió a la petición y autorizó que
representantes de tres municipios de la zona de La Laguna
formasen una comisión que marchase a Sierra Mojada a tomar
AGEC, F.S.XIX. Carta de Juan Manuel Flores, gobernador de Durango, a
Hipólito Charles, gobernador de Coahuila, 1 de julio de 1879, caja 4, fólder 7,
exp. 4, f. 1. Lo propio se plantea en Román, Del Aguanaval, 56.
21
Charles aludía directamente al tema diciendo: “el gobierno de su digno
cargo confiesa en su nota del 1 de julio que no tiene más fundamento principal
Durango para creer que la Sierra Mojada le pertenece, que hallarse en el Bolsón
llamado de Mapimí: pues tal fundamento es inexacto: la Sierra Mojada ni se
halla dentro del Bolsón de Mapimí, ni en las montañas que lo circundan; sino
fuera de estas y a la parte que visa a los pueblos de Coahuila, cuando se encuentra separado más de 80 leguas del mineral de Mapimí”, AGEC, F.S.XIX.
Mensaje de Hipólito Charles, gobernador de Coahuila a Juan M. Flores, 8 de
septiembre de 1879, caja 5, fólder 2, exp. 2, f. 3.
20

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posesión del mineral. La medida causó resentimiento en el
gobierno que encabezaba Juan Manuel Flores quien molesto
reclamó a Charles, “debo advertir a ese gobierno de su digno
cargo que no se concebían muy bien las propuestas que se sirve
hacerme, para celebrar un amistoso arreglo con la autorización
atentatoria que se ha dignado conceder para recobrar por la fuerza
un territorio cuya propiedad es muy dudosa pues los mismos
fundamentos que ese estado tiene para suponer a Sierra Mojada
dentro de su territorio, esos mismos y algunos otros más tiene
Durango para creer que está dentro del suyo”.22
La rivalidad entre ambos estados se incrementó en los días
siguientes. Tal llegó a ser el descontento entre los munícipes de
La Laguna que el presidente municipal de Viesca, ayuntamiento
vecino al de Matamoros, pidió que no sólo se enviase una
comisión, sino que esta fuera acompañada de quince hombres
“montados, armados, equipados y listos para la expedición
referida”.23 La intención era tomar posesión del mineral y por
supuesto hacer valer la autoridad coahuilense sobre un espacio
que quienes gobernaban la entidad consideraban propio.
AGEC, F.S. XIX. J.M. Flores comunica al Gobernador de Coahuila que
se encuentra enterado de la autorización que se dio a las corporaciones Municipales de Matamoros, Viesca y San Pedro para enviar una comisión de tres
personas para recobrar Sierra Mojada, 8 de julio de 1879, caja 4, fólder 8, exp.
10, foja: 1.
23
AGEC, F.S.XIX. Carta de Hilario Barba de la presidencia municipal de
Viesca, Coahuila, al Secretario de Gobierno del Estado, 16 de agosto de 1879,
caja 5, fólder: 3, exp. 14, f. 1.
22

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El pleito entre Durango y Coahuila se agravó a tal
punto en el mes de julio que el gobierno de Porfirio Díaz buscó
intervenir. En el periódico oficial se publicó una iniciativa por
parte del gobierno federal para que este tomase control de la
Sierra Mojada, así como de la Sierra de Rosales, ubicada en
Chihuahua. De acuerdo con Juana Gabriela Román Jáquez, la
iniciativa federal llegó a petición de las autoridades de Durango,
lo cual es muy probable que así fuese.24 En el Archivo General
del Estado de Coahuila existe un borrador de una protesta
elaborada por el gobierno de Charles como respuesta. En ella se
lee cómo su administración reclama a las autoridades federales
por impulsar de manera secreta la iniciativa en la Cámara de
Diputados y, concretamente, de buscar declarar a Sierra Mojada
como Distrito Militar. De manera particular, la administración
de Charles protestaba por la secrecía con la que se llevaban a
cabo las negociaciones y cuestionaba abiertamente su legalidad.
Específicamente, el borrador advertía que mientras el artículo
72 de la constitución de 1857 permitía en efecto crear nuevas
entidades, tal no era el caso para la “erección de un cantón militar
que no es otra cosa que un territorio sujeto inmediatamente a la
federación”.25
Román, Del Aguanaval, 54-58.
AGEC, F.S.XIX. Mensaje del gobierno de Coahuila al Secretario de Gobernación en el que le manifiesta estar enterado de la publicación del periódico
oficial sobre la iniciativa para que se erija en Distrito Militar el mineral de
Sierra Mojada perteneciente a Coahuila, 23 de julio de 1879, caja 4, fólder 11,
exp. 12, f. 2.
24
25

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Potestades y potestas
La protesta emitida por Coahuila tenía fundamento legal. El
artículo 72 de la constitución de 1857 había reservado en efecto
al Congreso General la facultad de “admitir nuevos Estados o
Territorios a la Unión federal”. Más tarde, en noviembre de 1874,
se había introducido una reforma constitucional la cual estipulaba
que también el congreso podía “formar nuevos estados dentro de
los límites existentes”. El problema era que no se mencionaba
la potestad de crear o erigir “territorios”.26 Según argumentaba
el borrador preparado por los coahuilenses, si quería otorgarse
esa prerrogativa al Congreso tenía que realizarse una reforma
constitucional, lo cual ponía en riesgo la forma de gobierno del
país pues se atentaba contra las entidades.
No era menor el asunto. Si se otorgaba a la federación la
facultad de crear territorios a partir de los estados ya existentes se
mermaba la autonomía de las entidades frente al gobierno general,
el cual ya había venido fortaleciéndose.27 La propia reforma
Constitución de 1857. Con sus adhesiones y reformas, p. 187. En noviembre de 1874 se había de hecho reestablecido el Senado de la República al cual
se le había otorgado la potestad para declarar la “desaparición de poderes” en
los estados cuando así se considerase necesario.
27
Marcello Carmagnani, “El federalismo liberal mexicano”, en Federalismos latinoamericanos: México-Brasil-Argentina, coord. Marcello Carmagnani (Ciudad de México: El Colegio de México; Fondo de Cultura Económica;
Fideicomiso de las Américas, 1999), 152. En efecto, de acuerdo con Carmagnani, la forma de gobierno que se echó a andar tras la invasión francesa otorgó
autonomía y una “esfera propia” a la federación pues no sólo depositó en el
gobierno general la representación de la “nación” sino que con ello le dio la
“propiedad eminente de los recursos, incluidos la propiedad nacionalizada a
26

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constitucional mencionada unas líneas atrás había reestablecido
al Senado y aun había otorgado a ese cuerpo legislativo la facultad
para declarar la “desaparición de poderes” en los estados cuando
así quedase considerado. Tal facultad, aunada a las alianzas
que frecuentemente tendía el gobierno general con facciones
regionales, desembocó en una centralización del poder político.
Y los propios coahuilenses percibían la iniciativa como una
tendencia centrípeta. No por nada en el borrador que esbozaron
en julio de 1879 redactaron que “el Ejecutivo [del estado] juzga
que la iniciativa perjudica gravísimamente los derechos del
estado, privándole de la porción más preciosa de su territorio,
menoscabando su soberanía e independencia local y embarazando
o impidiendo el libre ejercicio de su administración interior”.28
Los primeros días de agosto de 1879 encontraron a
Hipólito Charles en el norte de Coahuila. Desde allá envió sus
quejas al gobernador Juan M. Flores y le advirtió que defendería
la integridad del estado a su cargo pues ello constituía una de
sus tareas fundamentales como mandatario. Asimismo, Charles
informó a su contraparte de Durango que había nombrado un
diputado local como comisionado para arreglar la cuestión de
las corporaciones eclesiásticas, los bienes sin propietario y la riqueza del subsuelo”.
28
AGEC, F.S.XIX. Mensaje del gobierno de Coahuila al Secretario de Gobernación en el que le manifiesta estar enterado de la publicación del periódico
oficial en la que se declara impuesto una iniciativa para que se erija en Distrito
Militar en mineral de Sierra Mojada perteneciente a Coahuila, 23 de julio de
1879, caja 4, fólder 11, exp. 12, f. 3.
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límites entre ambas entidades y que esperaba que el problema
pronto quedara zanjado.29
Ese mismo mes, Charles se encaminó hacia Sierra Mojada
con la intención de conferenciar con el Jefe Político de Mapimí. De
acuerdo con lo que informó El Siglo XIX, ambas partes parecieron
entenderse pues incluso se llegó a hablar de que la cuestión de
límites entre ambos estados había quedado solucionada.30 En su
viaje, Charles ordenó que todas aquellas vetas que habían sido
“denunciadas” en el estado de Durango tenían que revalidarse ante
funcionarios estatales coahuilenses.31 En una nota que apareció al
margen de una de las cartas recibidas de la presidencia municipal
de Viesca, se anotó como respuesta que no era necesario enviar
hombres armados, pues Coahuila había tomado ya posesión del
mineral e incluso –lo más probable es que durante la estancia de
Charles– se habían nombrado también autoridades coahuilenses
para el distrito.32
AGEC, F.S.XIX. Carta de Hipólito Charles, gobernador del estado de
Coahuila a Juan M. Flores, gobernador del estado de Durango, 9 de agosto de
1879, caja 5, fólder 2, exp. 7, ff. 2-4.
30
“Las riquezas de Sierra Mojada”, El Siglo Diez y Nueve, 10 de septiembre
de 1879, pág. 1.
31
AGEC, F.S.XIX. Nazario Martínez de la presidencia municipal de Parras
transcribe informe de E. Viesca comisionado por el Edo. de Coah. Para tratar
con el Edo. de Durango la cuestión de límites por Sierra Mojada, 16 de octubre
de 1879, caja 7, fólder 5, exp. 7, f. 3.
32
AGEC, F.S.XIX. Hilario Barba de esta Presidencia Municipal comunica al secretario del Gobierno del Estado de Coahuila el resultado de la junta
verificada en Matamoros para nombrar una comisión que se encargue de la
ocupación de Sierra Mojada, caja 5, fólder 3, exp. 14, f. 1.
29

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Mas no tardaron en volver los problemas. A mediados
de septiembre el juez auxiliar de Sierra Mojada notificó a sus
superiores que estaba por llegar al Distrito el Jefe Político de
Mapimí quien pensaba ir a dar posesión de minas a algunos de
sus “favorecidos”. Ante la amenaza, el Secretario de Gobierno
giró instrucciones al propio juez y a los representantes del estado
de Coahuila para que “defendieran” el territorio coahuilense,
“repeliendo la fuerza con la fuerza, y no permitiendo que
autoridades extrañas vengan a nuestro pobre estado a desempeñar
funciones ajenas a su deber”.33 Pero al Jefe Político de Mapimí
le importaron poco las amenazas. En los días que siguieron no
solamente llegó al mineral, sino que otorgó en posesión una mina.
Ante los reclamos de las autoridades de Coahuila, este respondió
que no hacía otra cosa que cumplir órdenes del gobierno al que
defendía y alegó que “si aquel está en un error al sostener como
ha estado sosteniendo que esta Sierra pertenece al Estado de
Durango, es cuestión que mientras no se resuelva creo que no
¿Qué tanto influyeron los intereses personales en la disputa territorial? De
acuerdo con la carta del juez auxiliar, el Jefe Político de Mapimí tenía la intención de otorgar las minas de Jesús María y La Esmeralda a sus favorecidos, lo
cual hacía que el asunto fuese más contencioso. Recuérdese que el abogado de
Arreola se había quejado de que el coahuilense Luis G. Sánchez había querido
arrebatarle la mina de San Longino a la cual había cambiado el nombre por el
de Jesús María. Así pues, lo más probable es que el Jefe Político de Mapimí
pretendiera dar posesión a Arreola precisamente de lo que había reclamado
este a través de su abogado. La queja del Juez Auxiliar de Sierra Mojada se encuentra en: AGEC, F.S.XIX. Carta de José María Juárez, Secretario de Gobierno del Estado de Coahuila al juez auxiliar de Sierra Mojada,15 de septiembre
de 1879, caja 5, fólder: 6, exp. 2, ff.1-2.
33

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se debe prejuzgar llamando ilegales y fuera de jurisdicción los
actos que ejerzan las autoridades dependientes de aquel”.34 El
gobierno de Coahuila respondió con una resolución del Supremo
Tribunal del Estado, en la cual se ordenó que todos los negocios
civiles y contenciosos de Sierra Mojada se atendieran por los
jueces de Cuatro Ciénegas y por aquellos magistrados de Letras
pertenecientes a Monclova.35
La situación se exacerbó aún más porque en esos mismos
días comenzó a hablarse de que los depósitos de plata de Sierra
Mojada eran fabulosos. Desde mediados de año, capitalistas como
Guillermo Purcell, movilizaron recursos para indagar las riquezas
del mineral. Más tarde, empresas completas se pusieron en marcha
para facilitar las inversiones mineras, para llevar trabajadores
hacia las minas y para extraer las riquezas que tuvieran las vetas.36
El 11 de septiembre por ejemplo El Monitor Republicano publicó
una nota en la que mencionaba que mucha gente se estaba yendo a
Sierra Mojada a hacer vida como gambusino.37 Se hablaba incluso
AGEC, F.S.XIX. Carta de Vicente Carrión, Jefe Político de Mapimí, Durango al Ciudadano Presidente de Cuatro Ciénegas, 21 de septiembre de 1879,
caja 6, fólder 9, exp. 4, ff. 1-2.
35
AGEC, F.S.XIX. El Tribunal Superior de Coahuila comunica al Gobernador del mismo acuerdo relativo a que todos los negocios civiles, voluntarios
y contenciosos de Sierra Mojada deben instanciarse y decidirse por los jueces
de Cuatro Ciénegas y Letras de Monclova, 23 de septiembre de 1879, caja 6,
fólder 7, exp. 9, f. 1.
36
Véase por ejemplo Díaz, Sierra Mojada, 76-81.
37
“Sierra Mojada”, El Monitor Republicano, 11 de septiembre de 1879, pág.
3; Román, Del Aguanaval, 55-58.
34

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de que cientos de estadounidenses organizaban exploraciones
para ir al mineral y que existía el peligro de que la inmigración
desembocara en un desmembramiento de territorio como el que
había ocurrido cuando se había dejado ingresar anglosajones a
Texas.38
Quizá por temor a una inmigración sin control o quizá
por evitar que continuase el pleito entre las entidades, la
administración de Porfirio Díaz decidió actuar. El 27 de septiembre
Eduardo Pankhurst, quien se encontraba a cargo de la Secretaría
de Gobernación, presentó formalmente la iniciativa a través de
la cual se pedía que se autorizara al presidente administrar al
mineral. Entre las razones que citó se encontraba la organización
de “empresas nacionales y extranjeras” y la falta de acuerdos
entre las entidades de Coahuila y Durango.39 Asimismo, se
mencionaba que el presidente había dispuesto de la fuerza armada
para “conservar la paz pública sin alterarse” y que la medida tenía
carácter provisional.
El Monitor Republicano por ejemplo informó que un rico capitalista de
San Antonio de apellido Parrish, quien había sido minero en California había
vendido sus activos en Texas para ir a invertir a Sierra Mojada. Lo propio
había ocurrido con el Sr. Sawyer, antiguo ensayador de minas en el distrito de
Parral. “La Sierra Mojada”, La Patria, 8 de octubre de 1879, pág. 1; “La nueva
California”, La Voz de México, 27 de septiembre de 1879, pág. 3; “Sierra Mojada”, La Voz de México, 5 de octubre de 1879, pág. 1; “Grave muy grave”, El
Republicano, 8 de octubre de 1879, pág. 3.
39
La iniciativa enviada por Pankhurst al Congreso fue reproducida a finales
de octubre en el periódico La Patria. “Interior. Coahuila”, La Patria, 29 de
octubre de 1879, pág. 2.
38

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La iniciativa de Pankhurst molestó a Hipólito Charles. Dos
días después de que esta fue publicada, el gobernador de Coahuila
mandó que Sierra Mojada fuese declarada villa, seguramente con
la intención de formar un cabildo local. En una nota dirigida a los
congresistas estatales, se urgió además que se estableciera una
autoridad política superior a la municipal ya fuese en la propia
Sierra Mojada o bien en una localidad cercana como Cuatro
Ciénegas. Se sugería que podía ser una Jefatura Política, la cual
ejercería autoridad y controlaría el orden y que además se situase
un juez de primera instancia.40 Más tarde, el gobierno del estado
ordenó también que la presidencia municipal de Cuatro Ciénegas
investigara cuáles eran los límites de la entidad hacia el oeste y si
es que la cadena montañosa contigua a Sierra Mojada pertenecía
al estado.
Pero la organización de Sierra Mojada como villa llegó
tarde. El mismo día que Charles hizo la proclama, el Congreso de
la Unión aprobó la iniciativa de Pankhurst.41 En los primeros días
de octubre, la prensa de la ciudad de México comenzó a analizar
la medida y la tachó de ilegal y autoritaria. Y, a pesar de que
la legislatura de Durango aprobó una moción en la cual apoyó
la federalización, el descontento fue tal que los senadores de
Coahuila, Tamaulipas y Chihuahua emitieron un comunicado en
AGEC, F.S.XIX. Nota del Gobierno de Coahuila al Srio. de la Comisión
Permanente, sin firmar, 30 de septiembre de 1879, caja 6, fólder: 9, exp. 12,
f. 2.
41
Román, Del Aguanaval, 59.
40

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conjunto.42 En él expresaron su preocupación por la intervención
federal, la cual consideraron atentaba en contra la soberanía de
las entidades “y contra la nueva facultad que el gobierno general
se ha arrogado de formar territorios dentro de los Estados”.43
La forma en la que se llevaba a cabo la creación del
Distrito Militar, aunada a la formación de compañías para explotar
el mineral y la especulación que este creaba, pronto levantaron
sospechas. A principios de octubre, cuando el proyecto para tomar
el control sobre el mineral estaba en marcha, Benigno Arriaga,
senador por San Luis Potosí y cercano al presidente Díaz, creó
la llamada Compañía Minera de Sierra Mojada. Con ironía, El
Monitor Republicano reproducía una nota de La Patria en la que
informaba que en esta empresa figuraban “algunos comerciantes
de importancia de esta plaza, el Presidente de la República y
los Secretarios de Despacho”.44 Ambos rotativos culpaban al
gobierno de Díaz de querer apropiarse del mineral y de buscar
atraer el territorio hacia el dominio del centro sólo para evitarse
trabas al momento de invertir. Sin empacho, los editores de El
Republicano publicaron el 1 de octubre: “La Sierra Mojada. Ha
despertado la codicia de los hombres de Tuxtepec, y sedientos de
riquezas han acordado arrebatar a los Estados en cuyos límites se
La moción que aprobó la Legislatura de Durango fue reproducida en el periódico La Voz de México y puede consultarse en “Durango y Sierra Mojada”,
La Voz de México, 11 de octubre de 1879, pág. 3.
43
“Sierra Mojada”, La Voz de México, 12 de octubre de 1879, pág. 3.
44
“Brillante negocio”, El Monitor Republicano, 5 de octubre de 1879, pág.
3.
42

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encuentra, la propiedad de aquel ambicionado mineral”. Y en clara
alusión al presidente de la República aseveraban, “oportunamente
anunciamos que [además de Coahuila, Durango y Chihuahua] se
había presentado un cuarto competidor y que este era el Estado
de Oaxaca”.45
Al poco tiempo de que Arriaga creó la Compañía Minera
de Sierra Mojada, se dio a conocer quiénes le habían secundado
en la iniciativa. Según se informó, en ella participaba el general
Vicente Riva Palacio, Sebastián Camacho, Matías Romero, Manuel
Payno, Miguel Ramos Arizpe, Ignacio Manuel Altamirano y los
mismísimos Eduardo Pankhurst y Manuel Romero Rubio.46 Todos
ellos se habían asociado con capitalistas como Robert Symon y
“La Sierra Mojada”, El Republicano, 1 de octubre de 1879, p. 1. El Republicano agregaba, “Esto que parecía una broma, es sin embargo una verdad
que el gobierno general ha venido a demostrar. Las supuestas discusiones entre
los Estados de Coahuila, Durango y Chihuahua han dado ocasión al gobierno
tuxtepecano para arrancar un nuevo girón a la Constitución de 1857”.
46
La lista completa era la siguiente: “Benigno Arriaga, Sebastián Camacho,
Francisco de P. Urgell, Vicente Riva Palacio, Matías Romero, Miguel Mosso,
Gabriel Mancera, David Fergusson, Thomas S. Braniff, Manuel F. Loaeza,
Pomposo Verdugo, Santiago Ramos, José M. Mata, Alfredo Bablot, Vidal Castañeda y Nájera, Francsco Suinaga, Miguel Ramos Arizpe, Roberto R. Symon,
Mateo Laguna, Manuel Payno, Eduardo Pankhurst, Epitacio Huerta, Perfecto Soto, Alfredo Box, Enrique Muñiz, José Barbier, Ignacio M. Altamirano,
Francisco Nájera, Jesús Medina, Francisco Monsalve, José Othon, Julio Paz,
Francisco Mejía, Juan B. Frisbie, Manuel de la Hoz, Filomento Mata, Manuel
Orellana Nogueras, Ellis Read, Eduardo Perry, Francisco Garza, Santos Garza,
Pedro Garza, Gumersindo Mendoza, Manuel Romero Rubio, Claude Godean,
Antonio Cervantes, O. Nibbi”. Sobre el tema, véase Artículo sin título, La Patria, 14 de octubre de 1879, pág. 2; también “Compañía minera”, La Patria, 7
de noviembre de 1879, pág. 3.
45

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planeaban invertir en la creación de un banco minero para llevar a
cabo la explotación argentífera en el nuevo Distrito Militar. A los
pocos días, Enrique Viesca elaboró un informe para el gobierno
de Coahuila en donde expresaba con “profunda tristeza” que las
instituciones hubiesen cambiado “a gracia y virtud del soberano de
la Nación”.47 El personalismo, según manifestaba Viesca, había ya
tenido consecuencias para la entidad cuya integridad él y su familia
había defendido por décadas.
Lluvia de protestas
El 8 de octubre de 1879, Hipólito Charles publicó una circular
en donde invitaba a los coahuilenses para que externaran su
opinión sobre el establecimiento de un cantón militar en Sierra
Mojada.48 La movilización política fue casi inmediata. Después
de emitirse la circular en el Periódico Oficial del estado de
Coahuila, las autoridades estatales convocaron a sesiones
ordinarias y extraordinarias. En cada villa se reunían jefes
políticos, regidores, jueces y síndicos para atender tan “delicado
asunto”.49 En ocasiones también se realizaban sesiones abiertas
para que todos los moradores estuvieran bien informados sobre
lo que definían como un acto de “mutilación” hacia el Estado
AGEC, F.S.XIX. Informe de Enrique Viesca para el gobierno de Coahuila,
19 de octubre de 1879, caja 7, fólder 5, exp. 7, f. 5.
48
“Más sobre Sierra Mojada”, La Libertad, 16 de octubre de 1879, pág. 1.
49
AGEC, F.S.XIX. El ayuntamiento de Ramos Arizpe expresa su opinión
sobre el problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8,
exp. 2, ff. 1-4.
47

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de Coahuila.50 En la villa de San Juan de Allende la protesta se
leyó en “puerta pública” ante 187 personas, y la reprobación al
gobierno federal obtuvo “unánime conformidad”.51
Este suceso ocurrió dos días antes de erigirse el Distrito
Militar de manera oficial.52 Las élites de gobierno, intelectuales
y sociedades de trabajo respondieron a la circular.53 Durante el
mes de octubre y hasta diciembre el gobierno de Coahuila recibió
más de 35 cartas de coahuilenses declarándose en contra de la
federalización. La mayoría provenían de los distritos de Monclova
y Río Grande.54 Las comisiones a cargo objetaban la pérdida de
El 22 de octubre Eugenio María Aguirre, jefe político del distrito de Monclova, convocó a los vecinos de esta villa para informarles acerca de la situación por la que atravesaba su Estado. Durante la reunión casi todos los
moradores protestaron contra la iniciativa del Ministerio de Gobernación y tal
fue el entusiasmo que “algunos pocos extranjeros” que residían allí también
estallaron de indignación. En total firmaron 78 personas. AGEC, F.S.XIX. Eugenio María Aguirre comunica al secretario del gobierno de Coahuila reunión
de autoridades y moradores, 3 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 3, exp. 9,
ff. 1-4.
51
AGEC, F.S.XIX. Cecilio Sánchez, presidente municipal, certifica copia
del acta levantada en reunión extraordinaria sobre el pronunciamiento de su
municipio, San Juan de Allende, 6 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 5, exp.
6, ff. 1-2.
52
Román, Del Aguanaval, 64.
53
En el caso de intelectuales identificamos a Ramón Dávila, director del Ateneo Fuente. AGEC, F.S.XIX. El señor Dávila informa la distribución de la circular ante la Junta Directica de Estudios, 17 de octubre de 1879, caja 7, fólder
5, exp. 11, ff. 1-2. Respecto a las sociedades laborales véase AGEC, F.S.XIX.
La junta directiva de la sociedad “Alianza del Orden es el Trabajo” comunica
su opinión sobre el problema de Sierra Mojada, 17 de octubre de 1879, caja 7,
fólder 5, exp. 10, ff. 1-2.
54
Del distrito de Monclova mostraron su apoyo las villas de Sierra Mojada,
50

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soberanía, independencia y libertad para el Estado.55 Estos órganos
también consideraron que la creación del Distrito Militar sería un
ataque directo hacia la integridad territorial de Coahuila.56
Las autoridades locales ejercieron otras formas de
presión. Efectivamente, una buena cantidad de miembros de los
ayuntamientos sabían que no bastaría con la correspondencia entre
jurisdicciones, por lo que solicitaron la publicación de sus cartas en
la prensa independiente y la colaboración de las demás legislaturas
estatales para hacer crecer el rechazo a la iniciativa porfirista.57 El 25
de octubre, por ejemplo, el cabildo de Ramos Arizpe expuso que la
apropiación del mineral sería “un ultraje a la honra del Estado” y era
deber de los “hijos coahuilenses prestarse a su defensa”, a la defensa
de su territorio. Además de invitar a los ayuntamientos vecinos a
protestar, también mandaron copia de su manifiesto al Periódico
Oficial del estado de Coahuila.58 Quien seguía las noticias en ese
Coronel Fuentes (Nadadores), San Buenaventura, Candela y Villa de Rodríguez (Abasolo). En cuanto al distrito de Río Grande escribieron desde Piedras
Negras, Nava, Zaragoza, Allende y Sabinas. También recibieron un gran apoyo de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga, así como de San Pedro, ubicada en el
distrito de Parras, y Matamoros, en Viesca.
55
AGEC, F.S.XIX. Felipe Vega incita al presidente municipal de Guerrero y
a la ciudadanía para protestar por el golpe de la federación, 23 de octubre de
1879, caja 7, fólder 7, exp. 9, f. 1.
56
AGEC, F.S.XIX. Francisco Campos envía la iniciativa de villa de Coronel
Fuentes para que se hagan valer los derechos de Coahuila, 26 de octubre de
1879, caja:7, fólder 8, exp. 4, ff. 1-10.
57
AGEC, F.S.XIX. Protesta de Eugenio María Aguirre al general Francisco
Zerega, 5 de diciembre de 1879, caja 9, fólder 12, exp. 9, ff. 1-18.
58
AGEC, F.S.XIX. El Ayuntamiento de esta villa expresa su opinión sobre el
problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8, exp. 2, ff
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momento, seguramente se topó con la sensación de un descontento
extendido y que parecía estar por doquier en el estado norteño.
De acuerdo con Román Jáquez la prensa también se
involucró en el asunto de Sierra Mojada e incluso hubo quienes
salieron en defensa del Distrito Militar.59 Tal fue el caso de La
Libertad, periódico que contaba con una subvención del gobierno
oficial. En 1879 el diario era dirigido por Justo Sierra, quien definió
su línea editorial.60 Entre los meses de octubre y diciembre de ese
año, La Libertad se encargó de criticar duramente a los opositores
de Díaz, en especial a los periodistas de La Patria y El Monitor
Republicano, señalando su falta de patriotismo por no apoyar
la federalización.61 Los diarios La Tribuna y La Cooperación
también desestimaron las medidas de Hipólito Charles y acusaron
1-4.

Román, Del Aguanaval, 61-64. En una de las publicaciones de La Libertad
se felicitó a la Cámara de Diputados por aprobar la creación del Distrito Militar, pues consideraban que la decisión había sido sabia. “Lo de Sierra Mojada”,
La Libertad, 1 de octubre de 1879, pág. 2.
60
El hermano de Justo Sierra, Santiago Sierra, también fue colaborador del
diario. Sin embargo, en 1880 falleció a causa de “un duelo con el periodista Irineo Paz, director del periódico La Patria”. Después de este hecho, Justo Sierra
se retiró de la dirección y el periódico decayó. En Carmen Sáez, “La Libertad,
periódico de la dictadura porfirista”, Revista Mexicana de Sociología 48, núm.
1 (enero-marzo de 1986), 218.
61
Entre los opositores se encontraba José María Vigil, quien aseguraba que
el establecimiento de un Distrito Militar en Sierra Mojada era equivalente a
volver hacia el centralismo. Román Jáquez, Del Aguanaval, 62. En respuesta,
el periódico de La Libertad declaró que “el señor Vigil no ve más que tintas negras en el horizonte político”. En “Todavía lo de Sierra Mojada”, La Libertad,
15 de octubre de 1879, pág. 2. Y “Cabos sueltos”, México, La Libertad, 21 de
octubre de 1879, pág. 2.
59

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“al gobierno de Coahuila por exagerar su posición ante el
establecimiento temporal de un territorio federal”.62
Mientras tanto, el Periódico Oficial de Coahuila
respondió a las acusaciones y rumores de la prensa. En octubre
Miguel Gómez y Cárdenas publicó una carta para el general Díaz,
advirtiendo que los coahuilenses no eran “máquinas de guerra sino
hombres que combaten por sus propias convicciones”. Cárdenas,
quien para ese entonces era secretario del gobierno de Charles,
afirmó que sus palabras no constituían una amenaza y buscando
hacer patente su lealtad a la federación expuso que “Coahuila
fuerte en su derecho, asido del pacto Federal y celoso defensor
de la ley jamás provocará escenas de escándalo, de vergüenza y
de luto para la República”.63 Cárdenas presionado por el asunto
renunciaría a su cargo en noviembre.64
Las autoridades gubernamentales y ciudadanos de a pie
afirmaban que el problema de límites debía resolverse entre los
estados involucrados. Además, cuestionaban la premura de la
Unión para instaurar un Distrito Militar.65 El Periódico Oficial de
Coahuila argumentó que, desde el inicio, fue una equivocación
Román, Del Aguanaval, 63.
Editorial, Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado Libre
y Soberano de Coahuila de Zaragoza (en adelante Periódico Oficial), 4 de octubre de 1879, pág. 1.
64
“El porqué de una renuncia”, La Libertad, 2 de diciembre de 1879, pág. 3.
65
Manuel Ceballos manifestó que el negocio era de inmensa gravedad al
atentar contra la “observancia de la Constitución y quizás (…) hasta de la
integridad de nuestro territorio”. En “La iniciativa Pankhurst sobre Sierra Mojada”, La Patria, 2 de octubre de 1879, pág. 1.
62
63

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que el general Díaz haya aceptado las misivas de Durango, pues
estas carecían de sustento legal.66 Desde agosto, el gobierno de
Coahuila había demostrado tener jurisdicción sobre el mineral.
Sin embargo, ni los solares, mapas y decretos fueron pruebas
suficientes para evitar que se le arrancara su territorio.67 Durante
estas negociaciones, el territorio fue visto como una propiedad
y mucho más que sus dimensiones físicas importaron tanto
los intereses económicos que despertaron las vetas de plata
como el afán por administrarlas. Henri Lefebvre apunta que el
espacio ha sido dominado a medida que “la guerra, el Estado
y el poder político” se extienden. Más aun, sostiene que de
manera frecuente prevalece la dimensión social del espacio y la
forma en la que este se articula por encima de su naturaleza.68
En todo caso, según Lefebvre, el espacio es producido a partir
de relaciones sociales y de la relación del ser humano con el
medio.
Los coahuilenses presentaron firmeza en la disputa que
surgió por administrar el mineral. No solamente realizaron
protestas a través de medios oficiales, sino también a través
de la prensa, en donde se criticó la secrecía con la que se
adoptó la legislación. El Siglo Diez y Nueve afirmaba que “los
Editorial, Periódico Oficial, 4 de octubre de 1879, pág. 1.
AGEC, F.S.XIX. Miguel Gómez y Cárdenas presenta expediente de la
fundación de Sierra Mojada, 25 de agosto de 1879, caja: 5, fólder 6, exp. 1, ff.
1-29.
68
Lefebvre, La producción, 89-90, 214; también Castillo, “El territorio”, 5.
66
67

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representantes del pueblo no deben tratar en sigilo las cuestiones
que afectan los intereses de toda la sociedad”.69 Este argumento
también fue utilizado por las comisiones que el gobierno de
Charles había formado para defender al distrito. Eugenio María
Aguirre, jefe político del distrito de Monclova y a quien se le
encargó la administración del mineral, señaló que la iniciativa
del Ministerio no sólo atacaba a la soberanía de Coahuila, sino la
de todo el país.70 Poco después, Leonardo Villarreal, secretario
de la Diputación Permanente del Congreso, advirtió que para
aprobar este decreto se debía contar con la aprobación de todos
los Estados, pues adoptar una medida de estas magnitudes
implicaba una innovación constitucional.71
La ubicación de Sierra Mojada también promovió el
localismo. Como afirma George W. White, la identificación con
el territorio y su paisaje fomenta el sentido de pertenencia.72
El territorio y su control se vuelven pues en elementos que se
conciben como cercanos al interés personal. Así, tanto las
autoridades coahuilenses como sus ciudadanos apelaban por evitar
que se les arrebatase la “propiedad” del mineral. En sus informes
“La Sierra Mojada”, El Siglo Diez y Nueve, 3 de octubre de 1879, pág. 1.
AGEC, F.S.XIX. Eugenio María Aguirre comunica al secretario del Gobierno del estado de Coahuila que envía el acta levantada rechazando la iniciativa de la secretaria de Gobernación, 3 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 3,
exp. 9, ff. 1-3.
71
AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe el al gobernador el dictamen del 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8, ff. 1-6.
72
White, Nation, State and Territory, 41.
69
70

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expresaban que dejar el territorio en manos de “autoridades
espurias y legislaciones extrañas” sería una privación de “sus
derechos de porción y propiedad”.73 Por supuesto, el objetivo era
obtener una fuente de ingresos para el Estado y defender a la
entidad se convirtió en prioridad.74
La conciencia política no fue exclusiva de un solo sexo.
Después de dos meses de acaloradas discusiones el ejecutivo
estatal reunió 651 firmas de sus gobernados que rechazaron
la iniciativa. Aunque la mayor parte de las peticiones fueron
dirigidas por hombres, hubo un caso excepcional en el distrito de
Piedras Negras. El 26 de octubre, un grupo de 52 mujeres protestó
contra la iniciativa aprobada en sesión secreta por la Cámara
de Senadores.75 Las firmantes del acta que generó la reunión
afirmaron que no podían guardar silencio ante “este gravísimo
AGEC, F.S.XIX. El presidente municipal de San Buenaventura envía copia del dictamen sobre la circular de 8 de octubre al secretario del gobierno del
Estado de Coahuila, 29 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 6, ff. 1-12. Y
AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe el al gobernador el dictamen
del 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8, ff. 1-6.
74
El 27 de octubre de 1879 Luis Dávila Cepeda, miembro de la Comisión de
Arteaga, expresó que el estado de Coahuila solamente albergaba la esperanza
de que, con el descubrimiento de los minerales de Sierra Mojada, “con sus
productos, con los capitales de sus hijos invitados en su explotación, con la
emigración de empresas nacionales y extranjeras de ver algun día levantarse
al Estado de la partición en que hasta hoy se encuentra por ser fiel al Gobierno
que nos rige”. AGEC, F.S.XIX. Agustín Rumayor remite al secretario de Gobierno las declaraciones de la Sala de Comisiones sobre la erección del distrito
mineral, 30 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 12, ff. 1-4.
75
Aunque en una nota se informó que eran 190 señoras. “Protesta”, Periódico Oficial de Coahuila, 15 de noviembre de 1879, pág. 2.
73

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asunto”, pues había movido en ellas “las fibras más delicadas
del corazón humano, el sentimiento patrio de que también es
susceptible nuestro seno”.76
Con todo, las mujeres que apoyaron la causa se disculparon por tomar partido en asuntos del Estado. En ese sentido, los hombres ejercían con mayor libertad su actividad política, pues se les reconocía constitucionalmente como electores.77
La Voz de México incluso declaró que la solicitud se archivaría
“como acostumbra acordar la cámara tratándose de protestas de
señoras” y comentando acerca del activismo femenil lamentaba,
“¡No están emancipadas todavía!”.78 Aun así, la agrupación femenina prosiguió con su discurso “considerando que la mujer,
ya como madre, hermana, hija o esposa, ha sido siempre el sanAGEC, F.S.XIX. Protesta de un grupo de mujeres ante la iniciativa para
establecer un Distrito Militar en Sierra Mojada, 26 de octubre de 1879, caja 7,
fólder 8, exp. 5, ff. 1-2. De acuerdo con Natividad Gutiérrez, las mujeres de
mediados del siglo XIX “actuaron, vivieron, se impregnaron y aprendieron
de cómo hacer y pensar la patria y la nación”. Sobre todo, al crecer en una
época de inestabilidad e invasión extranjera. Natividad Gutiérrez, “Mujeres
patria-nación. México: 1810-1920”, Revista de Estudios de Género. La ventana, núm. 12 (diciembre de 2000), 239.
77
Carmen Escandón apunta que “el aspecto en el que la diferencia entre varones y mujeres más se acentúa es el que se refiere a los derechos ciudadanos
(…) establecidos en base a un ordenamiento patriarcal ‘son mexicanos todos
los nacidos de padres mexicanos’.” Carmen Ramos Escandón, “Legislación
y representación de género en la nación mexicana: La mujer y la familia en
el discurso y la ley (1870-1890)”, en Mujeres y naciones en América Latina:
problemas de inclusión y exclusión, eds. Bárbara Potthast y Eugenia Scarzanella (Madrid: Iberoamericana; Fráncfort: Vervuert: Frankfurt Iberoamericana,
2001), 131.
78
“Al Vuelo”, La Voz de México, 2 de diciembre de 1879, pág. 3.
76

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tuario del hogar, el depositario fiel de los íntimos secretos del
ciudadano”.79 La mayor parte de las mujeres que protestaron
desde Piedras Negras pertenecían a las clases medias y acomodadas. Con todo, se puede afirmar que buscaron integrarse a la
discusión política del momento aun y cuando su incorporación
quizá estuviese motivada por sus lazos familiares —como ocurrió
con Trinidad Morales, esposa de Genaro Kleber, quien protestó
fuertemente en contra de la federalización de Sierra Mojada—.80
Inclusive, Eugenio María Aguirre, quien como se recordará actuaba como Jefe Político de Monclova, las reconoció como aliadas
a su causa.81
Algunas de las signatarias eran Genoveva G. de Castillo, Teresa M. de
Kleber, Josefa Pérez de Flores, Rómula Salinas de Grisanti, Zenobia G. de
Díaz, Ana Santos Coy, Adelaida M. de Treviño, Dolores Sáenz, entre otras
AGEC, F.S.XIX. Protesta de un grupo de mujeres ante la iniciativa para establecer un Distrito Militar en Sierra Mojada, 26 de octubre de 1879, caja 7,
fólder 8, exp. 5, ff. 1-2.
80
Durante este periodo la participación femenina era muy limitada, en especial porque “la idea de una mujer activa en asunto públicos con pleno goce
de los derechos ciudadanos resultaba impensable para una clase dirigente en
formación”. Carmen Ramos Escandón, “Legislación y representación de género”, 120. En cuanto al esposo de Trinidad, en 1880 Kleber “tomó la iniciativa
para encomiar la candidatura presidencial de García de la Cadena y su dupla
coahuilense, el doctor Salas, personajes simpatizantes del gobernador Charles”. En Manuel Guerra de Luna, Los Madero. La saga liberal: historia del
siglo XIX (México: Siglo Bicentenario, 2009), 546.
81
Eugenio María Aguirre apuntó que “hasta las señoras de la frontera” han
cumplido con sus deberes para manifestarse y lo han expuesto en la prensa independiente. AGEC, F.S.XIX. Respuesta al comunicado del general Francisco
Zerega sobre la erección de un cantón militar en Sierra Mojada, 5 de diciembre
de 1879, caja 9, fólder 12, exp. 9, ff. 1-18.
79

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A medida que el problema se intensificaba los
ayuntamientos continuaron apoyando las misivas de Hipólito
Charles. La villa de Rodríguez pedía que los poderes Ejecutivo y
Legislativo de la entidad se dirigieran a las autoridades nacionales
para que Coahuila continuara ejerciendo jurisdicción sobre Sierra
Mojada. Asimismo, pedían la inmediata derogación del decreto y
resolver la cuestión de límites pendiente con Durango. Y, aunque
hubo quien llamó a mantener la cabeza fría y a propiciar “una
reconciliación hermanable con muchos de los buenos hijos del
Estado”, la disputa no haría sino incrementarse.82
De esta manera podemos reconocer cómo es que los distintos
actores políticos articularon sus protestas contra la federalización
de Sierra Mojada. De acuerdo con Carmagnani durante este periodo
de “organización liberal” (1850-1890) la ciudadanía comenzó a
tener una mayor representación y participación política.83 En tal
sentido, la movilización que se dio por parte de los ciudadanos
de Coahuila, de octubre de 1879 a marzo de 1880, constituye un
ejemplo contundente. Entre efusivas réplicas y arengas patrióticas,
el rechazo a una política que venía desde el centro tomó una
fuerza importante. Irónicamente, gran parte de esas protestas se
AGEC, F.S.XIX. Vicente Galán, José María González, Conrado Pérez y
Francisco Pérez expresan su opinión relativo a la iniciativa de erigir un Distrito
Militar en Sierra Mojada, 31 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 14, ff.
1-2.
83
Marcello Carmagnani, “Élites políticas, sistemas de poder y gobernabilidad en América Latina”, en Economía y política. México y América Latina en
la contemporaneidad (México: El Colegio de México, 2011), 37.
82

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publicaban en la prensa, la cual servía como arena para dirimir
disputas políticas. Y, aun así no fue suficiente para evitar que el
gobierno federal asumiera el control de Sierra Mojada.
La veta monstruo en manos del centro
Como ya quedó expuesto, el 10 de octubre de 1879 se aprobó
la iniciativa de la federación. En ella se facultó al Ejecutivo de
la Unión para organizar “interinamente, todos los ramos de la
administración pública en los minerales de Sierra de Rosales
y Sierra Mojada”.84 A pesar de las constantes críticas hacia el
gobierno federal y la administración de Porfirio Díaz, la toma del
distrito siguió adelante. De acuerdo con la prensa en el Senado “la
votación fue ganada por treinta contra doce votos”.85 Ante estos
designios, el gobernador de Durango expresó su conformidad con
el proyecto de ley. Mientras que el gobernador Charles declaró
que no apoyaría la decisión del Ejecutivo.86
La sociedad coahuilense sostuvo que el decreto era
anticonstitucional y sumó nuevos argumentos a sus demandas. En
primer lugar decenas de ciudadanos exigieron anular la reforma.87
El presidente municipal de San Buenaventura sostuvo que el
artículo 101 garantizaba “la derogación de una ley que tanto afecta
“Tres decretos”, El Siglo Diez y Nueve, 14 de octubre de 1879, pág. 3.
“Los de Sierra Mojada”, La Libertad, 10 de octubre de 1879, pág. 2.
86
“Protesta”, La Ilustración Católica, 11 de octubre de 1879, pág. 746.
87
AGEC, F.S.XIX. El Ayuntamiento de esta villa expresa su opinión sobre el
problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8, exp. 2, ff.
1-4.
84
85

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los intereses y derechos del Estado”.88 En una nota de El Cronista de
México se mencionó que si esta medida fracasaba los representantes
de Coahuila podrían apoyarse de este mismo artículo (101) en su
fracción II solicitando un amparo “por leyes o actos de la autoridad
federal que vulneren o restrinjan la soberanía de los Estados”.89
La comisión de la villa Coronel Flores negó que el
presidente de la República tuviera la autoridad para nombrar u
ocupar un territorio independiente y soberano. Si bien, el artículo
85 de la Carta Federal, en su fracción IV le permitía “disponer
de la fuerza armada” para defender la seguridad del interior y
exterior del país, esto no implicaba “embargar su administración,
amenazar y destruir el pacto fundamental”.90 Era una de las
batallas que libraba el gobierno de Díaz por adquirir potestades
que le fortaleciesen. El ayuntamiento de Ramos Arizpe también
afirmó que, según el artículo 117, “las facultades que no estén
expresamente concedidas por esta Constitución a los funcionarios
federales se entienden reservadas a los Estados”. Por tanto, el
gobierno de Coahuila tenía todo el derecho de hacerse cargo de
la administración de Sierra Mojada.91 Finalmente, las comitivas
AGEC, F.S.XIX. El presidente municipal de San Buenaventura envía copia del dictamen sobre la circular de 8 de octubre al secretario del gobierno del
Estado de Coahuila, 29 de octubre de 1879, caja 7, fólder 9, exp. 6, ff. 1-12.
89
“Amparo”, La Patria, 9 de octubre de 1879, pág. 3.
90
AGEC, F.S.XIX. Francisco Campos de esta Presidencia Municipal envía
al secretario del Gobierno del estado de Coahuila la iniciativa para que el Gobernado haga valer los derechos que le asisten a Coahuila, 26 de octubre de
1879, caja 7, fólder 8, exp. 4, ff. 1-10.
91
AGEC, F.S.XIX. El Ayuntamiento de esta villa expresa su opinión sobre el
88

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cuestionaron que el “único fundamento legal” que tenía el Poder
Central era el artículo 72, el cual estipulaba que el Congreso
Federal poseía la potestad de erigir estados a partir de territorios,
pero no en sentido inverso.92
Las discusiones sobre quién podía emitir leyes para
administrar y explotar el territorio no entorpecieron las
expediciones nacionales y extranjeras para poblar y extraer
los recursos del codiciado mineral. Desde el 21 de septiembre
la prensa informó la organización de un “meeting de yankees”
en Texas cuyo objetivo era reunir entre 30 y 40 familias para
dirigirse a Sierra Mojada. La noticia fue recibida como un plan
descabellado, por lo que no se le dio importancia.93 Por otra parte,
El Mensajero sugirió el establecimiento de dos o tres colonias
militares para “proteger a los emigrantes contra las invasiones de
los barbaros (…) y el elemento extranjero”.94 La Patria secundó
esta moción pues el fomentar la colonización mexicana podría
“neutralizar la influencia [estadounidense] en aquella región
importantísima”.95
problema de Sierra Mojada, 25 de octubre de 1879, caja 7, fólder 8, exp. 2, ff.
1-4.
92
AGEC, F.S.XIX. La corporación municipal reunida en sesión extraordinaria emite su opinión, 20 de octubre de 1879, caja 7, fólder 6, exp. 14, ff. 1-2.
Y AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe al Gobernador del mismo
dictamen de 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8,
ff.1-6.
93
“Corpus Christi”, La Patria, 29 de octubre de 1879, pág. 3.
94
“Estamos de acuerdo”, La Libertad, 10 de octubre de 1879, pág. 3.
95
“Compañías aviadoras”, La Patria, 11 de octubre de 1879, pág. 3.
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Estas declaraciones no alarmaron al pueblo coahuilense.
En noviembre de 1879, Eugenio María Aguirre refirió la bonanza
que ocurría en Sierra Mojada. Poco después del descubrimiento,
el lugar desértico se había llenado “de vida y animación por
el trabajo”.96 Inclusive los periódicos imprimieron una nueva
edición del mapa de la República en donde se mostraba la
ubicación exacta de Sierra Mojada y sus caminos.97 Sin embargo,
la fiebre argentífera fue disminuyendo. Después de haberse
anunciado como “El Dorado mexicano” llegaron noticias de
que la riqueza no era más que una exageración, lo que comenzó
a desalentar a posibles viajeros e inversionistas. Los periódicos
se retractaron y señalaron que el nuevo mineral no era tan
magnífico como se creía.98 Santiago Sierra, en una nota para
La Libertad externó con melancolía que “solo las ilusiones de
los millonarios en ciernes se lamentarán por algún tiempo en el
desierto de los desengaños”.99
Por otra parte, la diputación coahuilense de la que
formaba parte Leonardo Villarreal añadió que en países regidos
por instituciones similares se han respetado las leyes como
AGEC, F.S.XIX. Eugenio María Aguirre comunica al secretario del gobierno de Coahuila reunión de autoridades y moradores, 3 de noviembre de
1879, caja 8, fólder 3, exp. 9, ff. 1-4.
97
“Mapa de la República”, La Patria, 15 de octubre de 1879, pág. 3.
98
“Mines de la Sierra Mojada”, Le Trait d’Union, 28 de septiembre de 1879,
pág. 2. Un caballero informó que en Sierra Mojada “los metales son abundantes, pero no de la ley que se les atribuye”. “Otra vez Sierra Mojada”, La Voz de
México, 1 de octubre de 1879, pág. 3.
99
Santiago Sierra, “Sierra Mojada”, La Libertad, 2 de marzo de 1880, pág. 2.
96

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“primera condición del orden social”. Sin embargo, “la nueva
escuela política, con pretensiones de científica” resultó una
antítesis del lema que adoptaron. Además, cuando ha sido
preciso formar un nuevo Estado —como el caso de Washington,
en Estados Unidos— para establecer una nueva capital se ha
recurrido “al medio honrado de comprar el territorio al Estado al
que pertenece”. Villarreal también reclamó al general Díaz por
no extender la zona libre para mejorar la economía estatal y sólo
centrarse en la federalización y el envío de soldados y generales
a las minas. Finalmente señaló que “los pueblos unánimemente”
rechazaban el decreto: “Coahuila está bastante herido para callar;
Coahuila no pide gracia, reclama lo que le pertenece”.100
El 4 de diciembre el emisario federal Francisco Zerega,
quien administraría el territorio con la figura de comandante militar
y Jefe Político, arribó a tierras norestenses. Un día después, declaró
que sus intenciones no eran más que fungir como representante de
las autoridades del centro y llevar una relación cordial con todas
“las partes integrantes de nuestra confederación nacional”.101 Esta
postura también fue sostenida por La Libertad informando que
“desde que el Ejecutivo solicitó del Congreso autorización para
organizar la administración pública en el Territorio de las Sierras
AGEC, F.S.XIX. Leonardo Villarreal transcribe al Gobernador del mismo
dictamen de 10 de octubre, 8 de noviembre de 1879, caja 8, fólder 6, exp. 8,
ff.1-6.
101
AGEC, F.S.XIX. Francisco Zerega comunica al gobernador del Estado de
Coahuila el principio de sus funciones, 5 de diciembre de 1879, caja 9, fólder
8, exp. 3, ff. 1-2.
100

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(…) manifestó que no haría uso de esa autorización sino el tiempo
que fuese absolutamente necesario”.102
Zerega actuó hasta cierto punto de forma eficiente. En
enero se dedicó a expedir normativas sobre armas de fuego, la
distribución del agua —debido a la gran escasez—, el cuidado
de pastos y bosques, así como la demarcación y organización del
panteón, basureros y solares.103 No obstante, las protestas por la
ocupación del mineral continuaron al iniciar 1880, lo que pronto
hizo que el gobierno porfirista reculara.104
Han concluido las hostilidades
El 2 de febrero de 1880 La Voz de México informó del arribo de una
comisión para arreglar el asunto de Sierra Mojada.105 La delegación
llevaba como encargo definir de una vez por todas los límites entre
Coahuila y los vecinos estados de Durango y Chihuahua. En una
notificación enviada a Francisco Zerega, Felipe Berriozábal quien
ya para este momento había sustituido a Pankhurst como Secretario
de Gobernación, manifestó que la “situación y circunstancias
del nuevo territorio” y “el respeto que al Ejecutivo le inspiran la
soberanía e integridad de los Estados de la federación”, hacían
innecesaria la administración del distrito por parte de las autoridades
“El mensaje presidencial”, La Libertad, 2 de abril de 1880, pág. 2.
AGEC, F.S.XIX. Francisco Zerega dicta varias normas para los habitantes
de Sierra Mojada, 25 de enero de 1880, caja 1, fólder 7, exp. 8, f. 1.
104
“El conflicto de Coahuila”, El Siglo Diez y Nueve, 10 de enero de 1880, p.
1.
105
“Al vuelo”, La Voz de México, 2 de febrero de 1880, pág. 3.
102
103

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federales.106 De acuerdo con el expediente de restitución, el 11 de
febrero se solicitó que las autoridades federales abandonaran el
territorio. No obstante, fue hasta el 23 de marzo que se entregó
oficialmente el mando civil.107
Una vez que el distrito de Monclova recuperó la potestad
sobre el mineral se enfrentó a un nuevo problema. Durante los
meses en que Francisco Zerega se hizo cargo de Sierra Mojada
recopiló denuncios y documentos de Hacienda que tenían carácter
oficial. Así pues, el 26 de febrero se ordenó la entrega de estos
archivos a las autoridades monclovenses. Con todo, la devolución
distó de ser íntegra. Antonio Galván, jefe político local, se quejó
de que recibió incompletos los archivos y manifestó su decepción
por la negativa de las autoridades del centro de entregar toda la
documentación. En respuesta, el comandante Zerega alegó que
decenas de papeles emitidos en su gestión pasarían a la Federación
pues estos habían sido generados durante el periodo en el que Sierra
Mojada era Distrito Militar. Apuntaba que si Galván necesitaba
La nota fue reproducida en El Siglo Diez y Nueve. Véase “La Cuestión
de Sierra Mojada”, El Siglo Diez y Nueve, 2 de marzo de 1880, p. 2. Eduardo
Pankhurst renunció en enero de 1880. En el archivo de Porfirio Díaz existe una
carta en la cual le agradece que se admite su dimisión y le externa su convicción de salvar su “decoro” y no externar las “fundamentales resoluciones” que
lo llevaron a esa decisión. No menciona nada sobre Sierra Mojada, asunto que
de hecho tiene poca atención en la correspondencia del presidente. La carta
se encuentra en Archivo Porfirio Díaz (en adelante APD). Carta de Eduardo
Pankhurst a Porfirio Díaz, 24 de enero de 1880, caja 001, legajo 005, doc.
000083.
107
AGEC, F.S.XIX. Expediente sobre restitución de Sierra Mojada, Coahuila,
11 de febrero de 1880, caja 1, fólder 10, exp. 6, ff. 1-30.
106

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consultarlos en todo caso debía pedirlos al Supremo Gobierno. Al
final, el propio Zerega tuvo que retractarse.108 Finalmente, después
de meses de lidiar con la federalización de Sierra Mojada, el
asunto pasó a ser un breve desliz en la administración de Porfirio
Díaz. Aun y cuando algunos artículos de la prensa prácticamente
se mofaron de la manera en la que el gobierno de Díaz se había
retractado, la creación de un Distrito Militar norteño no pasó de ser
uno de los ejercicios de ensayo y error con los que Díaz construyó
su autoridad después de la rebelión tuxtepecana.
Reflexiones finales
Efectivamente, el descubrimiento de minerales en Sierra Mojada
trajo consigo una disputa territorial que exhibió las formas de
hacer política de un primer gobierno de Díaz que apenas se
consolidaba. Como tal, la controversia entre Coahuila y Durango
por el mineral no sólo derivó en un conflicto que cobró relevancia
en el plano nacional, sino también se volvió una disputa política
que puso en tela de juicio la intervención federal en las entidades.
En él se vieron involucrados no solamente las autoridades
nacionales, sino también las estatales, las federales y –en el caso
de Coahuila– una buena cantidad de ciudadanos. Todos ellos
participaban de la conformación política y territorial que vivía
México a finales del siglo XIX. Como parte de la consolidación
del proyecto político porfirista, el gobierno federal había intentado
AGEC, F.S.XIX. Expediente sobre restitución de Sierra Mojada, Coahuila,
11 de febrero de 1880, caja 1, fólder 10, exp. 6, ff. 1-30.
108

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adquirir primacía sobre un distrito que consideraba estratégico.
Era parte de la adjudicación de potestades territoriales sobre
espacios y recursos considerados clave, principio que a la postre
terminaría fortaleciendo no sólo al gobierno de Díaz, sino al
estado mexicano del siglo XX.
Mas la actuación de los coahuilenses en la disputa
territorial también saca a la luz la manera en la que el ciudadano (y
la ciudadana) de a pie buscaba hacer valer su visión de territorio.
Con todos sus bemoles, exhibe un juego de fuerzas en la que
funcionarios estatales, municipales y no pocos residentes del
estado rechazaron el control federal sobre el mineral y tuvieron
éxito. Forma parte de la tensión entre comunidad y autoridad
que concibe Carmagnani y que finalmente termina dando forma
no sólo a la manera en la que se organiza la colectividad, sino
también al propio espacio en el que reside.109 Durante el conflicto,
destaca el poder de las autoridades estatales para hacer partícipes
a sus habitantes del juego político con el centro y la rapidez con
la que los coahuilenses respondieron. Al final, la movilización no
sólo se llevó a cabo, sino se ejerció de una manera en la que se
evitó el riesgo de acciones armadas.
¿Por qué el gobierno federal decidió concluir con el
Distrito Militar de Sierra Mojada? La crispación de los ánimos
fue indudablemente un factor, aunque también lo fueron las
dificultades para administrar el territorio y, muy probablemente,
109

Carmagnani, “Del territorio a la región”, 70; Castillo, “El territorio”, 5.

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el caer en cuenta que sus funcionarios se habían dejado llevar por
la especulación. Las fechas en que se retiraron las autoridades
militares también coinciden con la culminación del furor por el
mineral, lo que apunta a una decisión premeditada.110 Las cuentas
alegres que se hicieron sobre el futuro que tenía la extracción
de plata, llevaron a que el asunto fuera un desliz en la primera
administración de Díaz que apenas adquiría oficio político.
El caso de Sierra Mojada es aún importante pues quedan
vetas por explorar. ¿Qué tantos intereses económicos por
ejemplo estaban detrás de la disputa por el mineral? La prensa de
la época señalaba que el presidente tenía tanto afán por controlar
la zona y que incluso estaba involucrado en los negocios que
ahí surgían. Es probable que así fuese. Manuel Romero Rubio,
cercano a Díaz, había invertido ya en la creación de un banco
minero y estaba involucrado en las inversiones de la Compañía
Minera de Sierra Mojada que había formado Benigno Arriaga.
Basta con ver la lista de socios de este proyecto para darse
cuenta de la enorme especulación que los descubrimientos de
Néstor Arreola habían desatado en la ciudad de México.111 Otro
punto que habría que explorar son los propios intereses políticos
del momento. Era sabido que Hipólito Charles apoyaba ya a
Trinidad García de la Cadena para que este contendiese en la
AGEC, F.S.XIX. Expediente sobre restitución de Sierra Mojada, Coahuila,
11 de febrero de 1880, caja 1, fólder 10, exp. 6, ff. 1-30.
111
“Compañía minera”, La Patria, 7 de noviembre de 1879, pág. 3. La lista
completa se encuentra en la nota 46.
110

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elección presidencial que se avecinaba y que el zacatecano
no era bien visto por Díaz.112 Habría que indagar si es que la
declaratoria de Sierra Mojada como territorio federal fue una
manera de vulnerar al gobernador coahuilense y con ello minar
las aspiraciones del zacatecano.
Finalmente, se debe tener en cuenta que la conformación
territorial de Coahuila fue también influida en otros momentos
por otros intereses. En tal sentido, el afán por controlar Sierra
Mojada quizá no forme más que parte del proyecto porfiriano
por hacer valer su autoridad en espacios geopolíticos como el
noreste.113 Tomaría aun tiempo restar fuerza a la disidencia en
esa zona. Lo anterior implicaría llevar a cabo negociaciones,
concertaciones y ejercer presión para controlar el territorio en
todas sus dimensiones.
Referencias
Hemerografía 				Ciudad de México
Ilustración Católica, La			
Ciudad de México
Industria Nacional, La			
Ciudad de México
Libertad, La					Ciudad de México
Guerra, Los Madero, 545-547. Tan fuerte era la preocupación de Díaz
por la alianza entre Charles y García de la Cadena que instruyó a uno de sus
aliados para que detuviera unos supuestos planes que ambos tenían para pasar
armamento a México. Véase APD. Carta de Porfirio Díaz a destinatario desconocido, 24 de abril de 1880, caja 002, legajo 005, doc. 000806.
113
Véase por ejemplo el afán de Bernardo Reyes por obtener un puerto fronterizo para Nuevo León en Manuel Ceballos Ramírez, “El control geopolítico
en el noreste porfiriano: Nuevo Laredo y la fundación de Colombia en 1890”,
Frontera Norte 3, núm. 5 (enero-junio 1991), 5-23.
112

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Monitor Republicano, El			
Ciudad de México
Patria, La					Ciudad de México
Periódico Oficial del Estado
Libre y Soberano de Coahuila de
Zaragoza				Saltillo, Coahuila
Republicano, El				Ciudad de México
Siglo Diez y Nueve, El				
Ciudad de México
Trait d’Union, Le				
Ciudad de México
Voz de México, La				
Ciudad de México
Archivos
Archivo General del Estado de Coahuila (AGEC)
Archivo Porfirio Díaz (APD)
Bibliografía
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A Study of the Interaction of Politics, Economics, and
Technology. Albany, Nueva York: State University of
New York, 1964.
Cámara de Diputados. “Constitución de 1857. Con sus Adiciones
y Reformas hasta el año de 1901”. Consultado el 27 de
junio de 2023. http://www.diputados.gob.mx/biblioteca/
bibdig/const_mex/const_1857.pdf.
Carmagnani, Marcello. “Del territorio a la región. Líneas de un
proceso en la primera mitad del siglo XIX”. En Economía
y Política. México y América Latina en la contemporaneidad, Marcello Carmagnani, 59-80. Ciudad de México: El
Colegio de México, 2011.
Carmagnani, Marcello. “El federalismo liberal mexicano”. En
Federalismos latinoamericanos: México-Brasil-ArgenSillares, vol. 4, núm. 7, 2024, 53-95
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404

�Denisse Alisa Palomo Ligas / David Adán Vázquez Valenzuela

tina, coord. Marcello Carmagnani, 135-179. Ciudad
de México: El Colegio de México; Fondo de Cultura
Económica; Fideicomiso de las Américas, 1999.
Carmagnani, Marcello. “Élites políticas, sistemas de poder y
gobernabilidad en América Latina”. En Economía y
política. México y América Latina en la contemporaneidad, Marcello Carmagnani, 31-42. México: El Colegio de
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Castillo, Guillermo. “El territorio como apropiación sociopolítica
del espacio. Entre la desterritorialización y la multiterritorialidad”. Investigaciones Geográficas, núm. 103 (diciembre de 2020) 1-13.
Ceballos Ramírez, Manuel. “El control geopolítico en el noreste
porfiriano: Nuevo Laredo y la fundación de Colombia en
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Escobedo Díaz de León. M. Rodolfo. Sierra Mojada y La Esmeralda: Dos villas hermanas enraizadas en el semidesierto
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Lefebvre, Henri, La producción del espacio. Madrid: Capitan
Swing, 2013.
Ordenanzas de minería y colección de las órdenes y decretos de
esta materia posteriores a su publicación a las que van
agregadas las reformas que son susceptibles de los artículos vigentes de las mismas ordenanzas con un apéndice
concerniente las minas del Perú y dos láminas para explicar los métodos más económicos de disfrutar las vetas.
Paris: Librería de Rosa y Bouret, 1858. http://cdigital.dgb.
uanl.mx/la/1080078550/1080078550_MA.PDF.
Ramos Escandón, Carmen. “Legislación y representación de
género en la nación mexicana: La mujer y la familia en
el discurso y la ley (1870-1890)”. En Mujeres y naciones
en América Latina: problemas de inclusión y exclusión,
eds. Bárbara Potthast y Eugenia Scarzanella, 115-133.
Madrid: Iberoamericana; Fráncfort: Vervuert, 2001.
Román Jáquez, Juana Gabriela. Del Aguanaval a Sierra Mojada.
El conflicto de límites entre Durango y Coahuila, 18451900. Saltillo: Centro de Estudios Sociales y Humanísticos, A.C., 2001.
Saez, Carmen. “La Libertad, periódico de la dictadura porfirista.”
Revista Mexicana de Sociología 48, núm. 1 (enero-marzo
de 1986) 217-236.
White, George W. Nation, State and Territory: Origins, Evolutions, and Relationships. Lanham, Maryland: Rowman &amp;
Littlefield, 2004.

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�Alberto Casillas Hernández. Accidentes,
Enfermedades Laborales, Cultura de la Prevención
Social y los Equipos de Seguridad Industrial en
la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de
Monterrey, S.A. Monterrey: Centro de Información
de Historia Regional, Universidad Autónoma de
Nuevo León, 2023, 210 pp.,
ISBN: 978-607-27-1966-8
Recibido: 12 de febrero de 2024
Aceptado: 14 de febrero de 2024

Gran parte de la sociedad regiomontana reconoce que trabajar en
cualquier recinto fabril es una faena que exige mucho cuidado y el
seguimiento de ciertos reglamentos de seguridad y de prevención
laboral. Los accidentes en las industrias son algo recurrente, y la
forma en que se lidia con estos percances ha evolucionado a lo
largo del tiempo. En Nuevo León, una de las primeras industrias
que tuvo que poner en marcha pautas de prevención de accidentes,
atención médica y mecanismos de difusión de las medidas de
seguridad laboral, fue la Compañía Fundidora de Fierro y Acero
de Monterrey.
El estudio de todo lo anterior es el principal objetivo
del libro de Alberto Casillas Hernández, titulado Accidentes,
407
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.7-127

�Reseñas

Enfermedades Laborales, Cultura de la Prevención Social y los
Equipos de Seguridad Industrial en la Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de Monterrey, S.A. Casillas es licenciado en Historia
por la Universidad Autónoma de Nuevo León, y actualmente
es estudiante del programa de maestría en Humanidades en
la Universidad Autónoma de Zacatecas, además de que se
desempeña como jefe del Archivo Histórico Fundidora. Esta
última circunstancia explica el que, detrás de este libro, se pueda
vislumbrar un gran trabajo de revisión de archivos, así como de
fotografías, testimonios orales y varios recursos bibliográficos.
En ocho capítulos, la investigación ofrece una mirada analítica al
desarrollo de la implementación de instancias de seguridad y de
atención médica en la conocida fundidora regiomontana.
Casillas principia por mencionar a la primera persona
fallecida por accidente laboral en la Compañía Fundidora y explica
cómo, a pesar del deceso, no hubo más que una indemnización
otorgada por espacio de un año para la viuda del trabajador. Ante
dicho suceso, precedente del riesgo que implicaba el trabajo en la
siderúrgica, no hubo entonces ninguna llamada de atención hacia
los empresarios para que implementaran medidas de prevención
de accidentes o equipos de seguridad industrial. Al no fomentarse
una cultura de la prevención, los trabajadores por iniciativa
propia comenzaron a tomar sus propias medidas de seguridad.
La investigación muestra varias fotografías que permiten
comprender mejor cómo era la vida laboral ante condiciones tan
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�Reseñas

riesgosas, dada la recurrente exposición de los obreros a metales
incandescentes. Este uso de material fotográfico es uno de los
rasgos más sobresalientes de la obra, pues contribuye a ofrecer
una explicación detallada que resulta muy accesible para todos
los públicos y no sólo para el académico.
Pero los fallecimientos por accidentes no eran lo único
que estaba a la orden del día. En el segundo capítulo, Casillas
señala que los trabajadores también tuvieron que enfrentar brotes
de enfermedades epidémicas. Puesto que las enfermedades
afectaban la productividad al interior de la empresa, los industriales
comenzaron a brindar ciertos apoyos, a través de sistemas
de préstamos que eran remunerados una vez que el trabajador
regresaba al trabajo. Sin embargo, no hay constancia de que, para
esta época, los trabajadores dispusieran de servicios médicos
dentro de la planta. En contraste, el autor menciona varios casos
de otras empresas donde sí se verificó la instalación de centros de
atención médica y de áreas de enfermería. No fue sino hasta 1918
cuando la siderúrgica regiomontana tomó acciones, pero sólo con
trabajadores que sufrían de lesiones graves.
En el tercer capítulo es posible adentrarse en los inicios de
diversos departamentos y en la implementación de instrumentos
para recabar información sobre los empleados. El Departamento
de Personal y Supervisión fue de los más activos, ya que operaba
en función de las necesidades del trabajador. Entre otras cosas,
este departamento se encargaba de la emisión de propaganda
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409

�Reseñas

para prevenir accidentes, tal y como se hacía en varias empresas
estadounidenses. Aquí, el autor recurre nuevamente a fuentes
fotográficas, para mostrar los murales que contenían frases
que alentaban a los trabajadores a ser precavidos. Así pues, el
departamento fue creando una cultura de la prevención y del
reconocimiento de los principales factores que ocasionaban
accidentes.
En el cuarto capítulo, Casillas refiere cómo, luego de que
fuera promulgada la Ley Federal del Trabajo, se empezaron a
definir formas y espacios para actuar en caso de accidentes. El
Departamento de Personal y Supervisión cobró más importancia,
pues a partir de este momento la acerera comenzó a contar con
personal médico para brindar atención a los heridos, además de
que las campañas de prevención continuaron. El análisis del autor
muestra cómo la empresa tuvo que adaptarse a la evolución de la
legislación laboral, lo que no siempre resultó fácil.
El quinto capítulo está dividido en cinco subapartados,
cada uno de los cuales se dedica a profundizar en las maneras en
que la Compañía Fundidora desarrolló la seguridad industrial a
partir de la década de los cuarenta. No sólo se creó el Departamento
de Seguridad Industrial, sino que también se impartieron cursos
para el desarrollo de habilidades de los obreros, se difundieron
métodos de prevención de accidentes y se involucró a instituciones
como el IMSS. El autor además identifica las enfermedades y
accidentes más recurrentes dentro de la compañía, las partes del
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�Reseñas

cuerpo que usualmente eran las más afectadas, la forma en que
los trabajadores eran diagnosticados por el personal médico,
las compensaciones que recibían por parte de la empresa, y los
problemas de salud mental que llegaron a presentarse. Toda esta
información está sustentada en citas, ejemplos, fotografías y
tablas, que además dan cuenta del gran trabajo de archivo que
llevó a cabo el autor.
El sexto capítulo remonta al lector a unos de los sucesos
que más conmocionó a la sociedad regiomontana: el accidente
del 20 de noviembre de 1971 en el Departamento de Aceración
No. 2, mismo que provocó la muerte de diecisiete personas. Tras
este suceso, se intensificaron los cursos, seminarios y campañas
de prevención, con la participación de diversas instituciones
nacionales e internacionales. Así, la compañía llegó a registrar los
índices más bajos de accidentes laborales, y por primera vez en su
historia, asentó todo un mes sin accidentes. Según Casillas, para
este momento, todo era tomado en cuenta: la higiene, el lugar de
trabajo y la atención de los trabajadores al llevar a cabo sus tareas.
El trabajo en la acerera no era nada fácil. Existían todo
tipo de peligros, desde físicos hasta químicos, lo que exigía la
máxima concentración y protección posibles. El séptimo capítulo
describe lo que conllevaba el trabajar en cada departamento de la
empresa: las actividades realizadas, el tipo de precauciones que
se debían tomar y las consecuencias de no seguir las indicaciones
recomendadas. El autor explica que hubo personas que trabajaron
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�Reseñas

en esta compañía desde edades muy tempranas y a lo largo de sus
vidas, y que ningún trabajador escapó de sufrir alguna lesión, por
mínima que fuera.
Por último, el octavo capítulo muestra la importancia de que
se implementaran equipos de seguridad y herramientas de trabajo
adecuadas. Algunas fotografías muestran a trabajadores con ropa
de calle, con camisas de popelina o poliéster arremangadas, esto
para no engancharse, quemarse o provocar un accidente. En
dicho capítulo, Casillas menciona los principales proveedores
de equipos de seguridad, incluso con descripciones y fotografías
de algunos de los materiales, y explica dónde eran utilizados.
Se aprecian avances, como el uso de prendas específicas para el
trabajo (botas industriales, cascos y anteojos de seguridad), y se
observan estadísticas que dan una idea clara de lo indispensables
que eran estos equipos.
Sin duda, Accidentes, Enfermedades Laborales, Cultura
de la Prevención Social y los Equipos de Seguridad Industrial
en la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey,
S.A. es un libro destinado a ganarse un lugar importante en la
historiografía regional. Alberto Casillas Hernández ofrece un
aporte significativo, pues pone sobre la mesa otra cara de la
historia de la industria regiomontana, a través del caso de una
de las empresas más importantes y emblemáticas del siglo XX,
como lo fue la Compañía Fundidora. El autor pone el acento
sobre los trabajadores, a los que estudia no como meros datos
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�Reseñas

estadísticos, sino con respeto y reconocimiento hacia su dignidad
humana. Debido a que Nuevo León es hoy uno de los estados más
industrializados de México, la obra de Casillas puede servir como
referente para evaluar los avances en las prácticas de seguridad
implementadas, y para distinguir los nuevos retos que la actividad
industrial aún tiene que afrontar hasta el día de hoy.
Fátima Geraldy Aguillón Gutiérrez
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
orcid.org/0009-0004-2893-9260

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�Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la
memoria de nuestra California a través de la lente
de Francisco Arámburo. Mexicali: Universidad
Autónoma de Baja California, 2023, 208 pp.,
ISBN: 978-607-607-853-2
Recibido: 4 de marzo de 2024
Aceptado: 5 de marzo de 2024

Debido a las amplias y sólidas redes de colaboración de las y los
académicos del Instituto de Investigaciones Culturales-Museo,
adscrito a la Universidad Autónoma de Baja California, es que en
sus primeros 20 años (ya que fue fundado en 2003) se ha logrado
apoyar proyectos editoriales de investigadores e investigadoras no
adscritos a esta unidad académica, pero que por sus propios méritos
han conseguido apoyos financieros de instancias federales como
el Sistema de Apoyos a la Creación y a Proyectos Culturales de la
Secretaría de Cultura del gobierno mexicano.
Primero fue la obra titulada Francisco Galván. Viajeros de
la lente, 1918-1963 (2021), de Andrés Waldo Espinoza, que obtuvo
recursos federales en la convocatoria 2019 con el apoyo de nuestra
unidad académica para el proceso editorial y gestión del ISBN
correspondiente. En la convocatoria 2022, Elizabeth Acosta Mendía,
destacada investigadora independiente de La Paz, Baja California
414
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�Reseñas

Sur, obtuvo también fondos para realizar la investigación y rescate
del acervo fotográfico, y en este caso, también de los escritos de don
Francisco Arámburo. En este proyecto, con la experiencia del caso
de Waldo Espinoza, también se realizaron gestiones de la obtención
del ISBN respectivo por parte de nuestro instituto.
Así, se fue construyendo la obra Antología de la memoria
de nuestra California a través de la lente de Francisco Arámburo,
bajo la investigación, selección y edición de Elizabeth Acosta
Mendía (2023). Es de señalar que el título juega con la tipografía
para indicar algunos de los objetivos de la editora y de la obra
escrita y fotográfica antologada de don Francisco Arámburo.
La palabra California está en cursivas en el título de la portada,
buscando hacer un énfasis en la misma. Una vez que las y los
lectores se adentran en la lectura de la Antología de la memoria
de nuestra California, se encuentran con que el primer texto de
don Francisco Arámburo se titula “¿Por qué llamarla “California
nuestra”?1, entendiendo que también hay una “nuestra California”
como tituló su obra Acosta Mendía. En el escrito de don Francisco
Arámburo destaco esta cita inicial:
No es la California mexicana –aunque también lo es–, pues eso
abarcaría tanto el norte como el sur de la península. Tampoco
la llamo Baja California Sur, por más que sé que tal es el
nombre “oficial”. No. Porque esta vez me niego y me rebelo.
Me opongo y me sublevo. Y no lo hago como una venganza
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 37-38.
1

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�Reseñas

absurda para restañar históricas culpas, sino simplemente como
una ociosa revancha, una dulce y cordial indisciplina, una
contumaz desobediencia, un sin par capricho por el puro placer
de verla así, en letras de molde. ¡Y es todo!2

En esta línea de argumentación editorial de la obra, es por lo que
Acosta Mendía, después de una breve Introducción, comparte su
texto “Nuestra California: la primera, la original, la heroica”3,
donde nos comparte una síntesis de la historia de esa “Nuestra
California” desde las legendarias obras caballerescas como las
Sergas de Esplandian pasando por el extenso periodo de las
exploraciones de los siglos XVI y XVII, la evangelizacióncolonización de los jesuitas, así como la transición hacia el
régimen regalista del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con
algunas de la expediciones filibusteras en Sudcalifornia del siglo
XIX, entre otros hechos históricos, llegando al siglo XXI, con
el acento en la creación del estado de Baja California Sur, y el
nombre del mismo. La autora señala:
Así nació la nueva entidad federada, al mismo tiempo que
Quintana Roo. Mediante estas reformas constitucionales, nuestro estado pasó a ocupar el tercer lugar de la lista después de
Aguascalientes y Baja California, a la que en 1952 había sido
adjudicado como nombre propio el de toda la península.4

Este tema del nombre de los estados de California, Baja California
y Baja California Sur, es una de las líneas de reflexión de don
2
3
4

Ibid., 38.
Ibid., 15-33.
Ibid., 33.

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416

�Reseñas

Francisco Arámburo, quien proponía el de Subcalifornia, y que
en los últimos años se ha reactivado esta discusión en la sociedad
subcaliforniana, en especial desde la Sociedad de la Antigua
California y de Carlos Lazcano, que es parte de los intercambios
generacionales sobre temáticas tan caras a la crónica como las
identidades, el pasado y la historia local. Pero la obra es mucho
más.
Antología de la memoria de nuestra California a través
de la lente de Francisco Arámburo se compone de 40 textos
cortos escritos por el citado cronista y fotógrafo, muchos de ellos
publicados en diversos medios periodísticos y otros, al parecer,
procedentes de las dos obras principales de don Francisco
Arámburo: Siluetas de Sudcalifornia5, y La California nuestra.
Cómo piensan los sudcalifornianos6. No se integraron en orden
cronológico, sino como un relato, aunque no queda del todo claro
cuál es la lógica narrativa de los textos. Todos los textos están
redactados en el clásico estilo de la crónica con énfasis en sus
recuerdos.
En algún momento parecería que se empieza con la
descripción de la ciudad de La Paz, pero se van entrelazando
escritos sobre costumbres, personajes o anécdotas. Aunque
siempre está presente la antigua ciudad de La Paz, aquella que
Francisco Arámburo Salas, Siluetas de Sudcalifornia (La Paz: Patronato
del Estudiante Sudcaliforniano, 1980).
6
Francisco Arámburo Salas, La California nuestra. Cómo piensan los sudcalifornianos (La Paz: Patronato del Estudiante Sudcaliforniano, 1997).
5

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se recorría de principio a fin, donde el niño Arámburo podía
recorrerla feliz. De forma especial recomiendo los capítulos
“¿Dónde quedó? El niño que conocí”7 y “¡Aquella lejana
infancia!”8. Pero también otros que, de forma clara, en sus
títulos, se refieren a esa ciudad vivida, poblada, recorrida y
tatuada por este cronista y fotógrafo.
Sin entrar en detalles teóricos-conceptuales, una cita me
recordó la importancia del territorio identitario en la conformación
de las identidades colectivas desde la perspectiva del sociólogo
Gilberto Giménez9. En una forma metafórica describe ese
complicado proceso sociocultural, que después de varias lecturas
y seminarios por años he podido explicar a mis estudiantes de
posgrado. Don Francisco lo escribió de una manera hermosa en el
capítulo “Su valiosa aportación al medio es importante. Los que
llegaron de lejos”:
Para los sudcalifornianos que tuvimos la inopinada suerte de ver
la luz primera en esta soleada tierra nuestra, el amor al terruño
es un sentimiento natural, lógico, enteramente comprensible.
Es el entrañable afecto al seno materno, el arraigo instintivo al
patrio suelo que todos llevamos dentro; la emotiva sensación de
ser. El profundo convencimiento de pertenecer. Es lo normal.10
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 127-130.
8
Ibid., 131-134.
9
Por ejemplo: Gilberto Giménez, “Territorio, cultura e identidades. La región socio-cultural”, Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II,
vol. V, no. 9 (1999), 25-57.
10
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
7

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Pero también en el citado capítulo de “¡Aquella lejana infancia!”
tiene una cita que me recordó a Maurice Halbwachs y sus
argumentaciones sobre Los marcos sociales de la memoria de
1925, de forma especial sobre la importancia que los sujetos
sociales no recuerdan solos11 y que lo hacen desde un grupo
social y generacional12, y de nuevo don Francisco Arámburo lo
dice desde el recuerdo florido y sentido del recuerdo social: “Es
sorprendente la buena memoria que tienen mis contemporáneos:
lo que no recuerdo yo, lo recuerdan otros. Todos tienen vivo en la
mente algún pasaje, algún recuerdo.”13
Que quede claro que no estoy diciendo que el cronista
y fotógrafo realizara reflexiones teóricas, sino que me encantó
encontrar formas sentidas de expresar evidencias de fenómenos
socioculturales tan complejos como territorio identitario y el
recuerdo desde las memorias colectivas. Fue muy emotivo para
su servidor.
También quiero destacar dos capítulos que me gustaron
mucho por un esfuerzo más allá de la crónica para dejar evidencias
de formas que ahora llamamos patrimonio intangible, como
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 137.
11
Maurice Halbwachs, Los marcos sociales de la memoria. Postfacio de
Gérard Namer (Barcelona: Anthropos, 2004), 101.
12
Maurice Halbwachs, La memoria colectiva (Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004), 26.
13
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 131.
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los capítulos “Riqueza del léxico sudcaliforniano”14 y “Paisaje
regional. La Cachora Barcina”15. Del primero rescato lo siguiente:
Luego otro de los chamacos, que no había resollado para nada
y estaba sinquechado viendo un tildillo que habían pillado, fue
a recoger la feria y venteó una cuacha de chacuaca que andaba
abollada en la tinaja, y váse quedando con los ojos como lisa
cueteada cuando vio que también unas bolinguitas de chivo
muy retejediondas en el aguamanil, por lo que puso el grito en
el cielo.16

Además de las crónicas compiladas y editadas, la obra Antología de
la Memoria de nuestra California a través de la lente de Francisco
Arámburo contiene cuarenta y cuatro imágenes atribuidas a don
Francisco Arámburo, en su calidad de fotógrafo aficionado y al
parecer coleccionista de postales, que complementan la visión
de las aportaciones del cronista y fotógrafo a la historia de esa
“California nuestra” o Sudcalifornia. Las fotografías que cuentan
con fecha van desde 1953 hasta 1978, y con relación a las otras
sin fecha algunas parecerían posteriores al año 2000, pero solo es
una apreciación. Es de señalar que hubiera sido muy clarificador
el poder tener mayor información sobre las fechas, más detalles
de los lugares y cómo relacionarlos con los textos de la Antología.
Como se señala en la obra Francisco Galván. Viajeros de
la lente, 1918-1963, misma que no cuenta con crónicas sino solo
con una colección de otro fotógrafo aficionado:
14
15
16

Ibid., 45-47.
Ibid., 83-89.
Ibid. 46.

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Los espacios de la ciudad son lugares de memoria y de
reflexión, que con la ayuda de la fotografía como dispositivo
de memoria nos permiten realizar un ejercicio con el que
podemos observar con detenimiento las calles, avenidas,
banquetas […] [Así como] La fotografía es un puente entre
el pasado y el presente que nos permite recordar que en esos
lugares sucedieron hechos que marcaron el porvenir de la
ciudad y que siempre han sido espacios de convergencia y
libre expresión de la ciudadanía.17

Espero que en otro momento, tal vez en una segunda edición, se
pueda hacer un trabajo de relación entre la fotografía y la crónica,
pero me parece que la obra es una excelente aportación a la
recuperación de las voces de ciertos personajes que desde su muy
particular forma de ver la vida, su vida y la de otros y otras, nos
dejaron recuerdos, crónicas e imágenes que nos pueden ayudar
a comprender las sociedades regionales del pasado inmediato y
mediato, donde las técnicas clásicas del análisis documental de la
disciplina histórica no suelen ser tan eficientes.
Asimismo, en la lectura de esta obra, especialmente
en la crónica reunida, vi muchas evidencias para estudios
socioculturales o estudios culturales de prácticas culturales de las
sociedades contemporáneas. Como le digo a mis estudiantes de
posgrado, muchas veces los objetos de estudio o los fenómenos
socioculturales les pasan por enfrente y no los ven, ni los
escuchan. Esta obra es una oportunidad para explorar la crónica
Andrés Waldo Espinoza, Francisco Galván. Viajeros de la lente, 19181963 (Mexicali: Universidad Autónoma de Baja California, 2021), 32.
17

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como fuente de evidencias para una investigación de prácticas
socioculturales en el pasado inmediato y mediato desde técnicas
de análisis no necesariamente de la disciplina histórica.
Creo que la obra Antología de la Memoria de nuestra
California a través de la lente de Francisco Arámburo, bajo la
investigación, selección y edición de Elizabeth Acosta Mendía,
merece no solo una lectura para sonreír, suspirar y añorar con
don Francisco Arámburo sobre la vida cotidiana paceña y
sudcaliforniana de la segunda mitad del siglo XX, sino también
para adentrarnos en lo que aún mueve y preocupa a esas
sociedades regionales, incluida la bajacaliforniana, la que se
“quedó” con el nombre de toda la península, e incluso para que
las nuevas generaciones de académicas y académicos estudien
y analicen prácticas socioculturales y procesos identitarios
generacionales.
Por último, felicito a Elizabeth Acosta Mendía por
todo este esfuerzo que hoy se ve concretado con el libro que
presentamos y presenta, pues detrás de todo ello hay años de
trabajo de acercamiento, sensibilización, gestión, recopilación,
edición y gestión administrativa. Es un logro de Elizabeth, que
ha sabido reunirnos para apoyarla desde nuestras posibilidades.
Esperamos que pronto nos tenga otro producto como este. Y para
cerrar, qué mejor que el propio don Francisco Arámburo, cuyas
palabras ahora pongo de manera metafórica en voz de la editora,
pero que también la incluyen: “Estas páginas son un modesto
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tributo a su valentía, un reconocimiento a su encomiable entereza
e incesante lucha, un sincero homenaje a la nobleza de su alma y
a su profunda calidad humana”18.
Mario Magaña Mancillas
Instituto de Investigaciones Culturales-Museo
Universidad Autónoma de Baja California
Mexicali, México
orcid.org/0000-0003-0668-8881

Referencias
Acosta Mendía, Elizabeth. Antología de la memoria de nuestra
California a través de la lente de Francisco Arámburo.
Mexicali: Universidad Autónoma de Baja California,
2023.
Arámburo Salas, Francisco. La California nuestra. Cómo piensan los sudcalifornianos. La Paz: Patronato del Estudiante
Sudcaliforniano, 1997.
Arámburo Salas, Francisco. Siluetas de Sudcalifornia. La Paz:
Patronato del Estudiante Sudcaliforniano, 1980.
Giménez, Gilberto. “Territorio, cultura e identidades. La región
socio-cultural”, Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II, vol. V, no. 9 (1999), 25-57.
Halbwachs, Maurice. Los marcos sociales de la memoria.
Postfacio de Gérard Namer. Barcelona: Anthropos, 2004.
Elizabeth Acosta Mendía, Antología de la memoria de nuestra California
a través de la lente de Francisco Arámburo (Mexicali: Universidad Autónoma
de Baja California, 2023), 47.
18

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Halbwachs, Maurice. La memoria colectiva. Zaragoza: Prensas
Universitarias de Zaragoza, 2004.
Waldo Espinoza, Andrés. Francisco Galván. Viajeros de la lente, 1918-1963. Mexicali: Universidad Autónoma de Baja
California, 2021.

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                    <text>�D.R. 2024 © Sillares Vol. 3, No. 6, enero-junio 2024, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel
Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29-4000 Ext.
6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: Reynaldo de los Reyes
Patiño. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 15 enero de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / Reynaldo de los Reyes Patiño
Autores
Massimo Gatta
Karen Elizabeth Flores Bonilla
Oscar Abraham Rodríguez Castillo
José Eugenio Lazo Freymann
Eliana Celeste Olguin Hernández
María Isabel Araujo Alvarado
Daniela Giacomina Quintanilla Merino
Allerim Callejas Guarneros
Ana Lilia Nieto Camacho
Pedro L. San Miguel

�Director Editorial / Reynaldo de los Reyes Patiño
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión del Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.
Foto de portada: Eugenio Lazo, 2022.

�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

“Espolones y poder”. El juego de gallos como
espejo de control y desafío social en Durango
(1794-1851)
“Spurs and power”. The game of cockfighting
as a mirror of social control and challenge in
Durango (1794-1851)
Massimo Gatta
orcid.org/0000-0002-3291-9519
Universidad Juárez del Estado de Durango
Durango, México
Recibido: 31 de mayo de 2023
Aceptado: 3 de octubre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 22024, Gatta, Massimo. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC BY
4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any
medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-106
Email: actasdecabildoesm@gmail.com

�“Espolones y poder”. El juego de gallos como espejo
de control y desafío social en Durango (1794-1851)
“Spurs and power”. The game of cockfighting as a mirror of
social control and challenge in Durango (1794-1851)
Massimo Gatta
Universidad Juárez del Estado de Durango
Durango, México
orcid.org/0000-0002-3291-9519
Recibido: 31 de mayo de 2023
Aceptado: 3 de octubre de 2023

Resumen: Este artículo tiene como objetivo explorar los cambios y
continuidades en los usos y significados de la pelea de gallos en Durango
desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX. La investigación
busca analizar cómo este fenómeno ha funcionado como un lente
para comprender las estrategias de control gubernamental y los usos
heterodoxos de la sociedad duranguense. Se utilizan fuentes históricas
estatales y municipales que incluyen concesiones del asiento de gallos,
incidentes en las galleras y normas de combate, lo que proporciona una
perspectiva sobre los valores éticos y morales de los representantes del
poder y sobre los usos heterodoxos de este juego. El análisis revela la
tensión entre las autoridades y los grupos populares en relación con el
juego de gallos e ilustra cómo la cultura persiste a pesar de los cambios
y conflictos; además, muestra que las expresiones tradicionales pueden
desafiar e influir en los sistemas de poder establecidos. Este estudio
contribuye a la comprensión del papel de la pelea de gallos en la cultura
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-106

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�Espolones y poder

e historia de Durango, y sienta las bases para futuras investigaciones
sobre el tema, resaltando la importancia de este fenómeno en la
formación de la identidad cultural y los espacios urbanos.
Palabras clave: pelea de gallos; Durango; asentista; poder; grupos
populares.
Abstract: This article aims to explore the changes and continuities in
the uses and meanings of cockfighting in Durango from the late 18th
century to the mid-19th century. The research seeks to analyze how this
phenomenon has functioned as a lens for understanding government
control strategies and heterodox uses of the Durango society. State
and municipal historical sources are used, including cockfighting
seat concessions, incidents in cockpits, and combat rules, providing a
perspective on the ethical and moral values of power representatives and
on the heterodox uses of this game. The analysis reveals the tensions
between authorities and popular groups in relation to cockfighting
and illustrates how culture persists despite changes and conflicts, and
how traditional expressions can challenge and influence established
power systems. This study contributes to understanding the role of
cockfighting in Durango’s culture and history, laying the groundwork
for future research on the subject, highlighting the importance of this
phenomenon in shaping cultural identity and urban spaces.
Keywords: cockfighting; Durango; leaseholder; power; popular groups.

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�Massimo Gatta

Introducción
La pelea de gallos ha sido una componente notable de la cultura de
Durango durante siglos. Históricamente, este juego ha generado
controversias en la opinión pública, al enfrentar a quienes defienden
su naturaleza tradicional con aquellos que buscan erradicarlo por
considerarlo una expresión de ocio incivilizado. Sin embargo, a
pesar de tales contradicciones, la afición por la lidia de gallos
persiste entre diversos grupos sociales, mayormente debido a
su intrínseco carácter de juego que combina la competencia y la
apuesta.1
Específicamente en Durango, el apego al juego de los
grupos populares, aun frente a la oferta recreativa moderna y pese
a las limitaciones impuestas por las autoridades, se manifiesta
en el hecho de que las peleas de gallos siguen realizándose en
arenas clandestinas en los barrios marginales. Por otro lado, ese
fenómeno representa las actitudes ambiguas de control estricto
y flexible de las autoridades estatales y municipales ante tal
fenómeno.
Dentro de este marco se encuentra la justificación de
este artículo, que se propone tratar la pelea de gallos como una
lente para analizar las estrategias de control ejercidas por el
gobierno y los usos sociales heterodoxos en torno al juego de
gallos en Durango desde finales del siglo XVIII hasta la primera
Roger Caillois, Los juegos y los hombres, la máscara y el vértigo (México:
Fondo de Cultura Económica, 1987), 8-10.

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mitad del XIX. Este periodo abarca desde la introducción de las
legislaciones borbónicas en el juego de gallos y el surgimiento de
un conflicto en 1794 entre los poderes del asentista de gallos y el
Intendente, hasta el refinamiento del juego y de su administración
en 1851.
Adicionalmente, dentro de la historiografía local de
Durango, la investigación respecto a la pelea de gallos es
relativamente limitada. Por ejemplo, Miguel Vallebueno,2 en
su análisis de la conformación histórica del espacio urbano de
Durango, ha brindado información pertinente respecto a la
ubicación de la plaza de gallos en el siglo XVIII y su posterior
reubicación hacia el sur de la traza urbana. A pesar de ello, la
explicación de la creación de este nuevo espacio dedicado a dicha
actividad se presenta de manera simplificada, omitiendo el análisis
de las negociaciones culturales y políticas que precipitaron tales
cambios.
En contraste, Pedro Raigosa Reyna3 aborda el fenómeno
cultural del juego de gallos en el siglo XIX como un elemento
constante en la identidad de los grupos populares de Durango
a lo largo de dicho siglo. Su trabajo supone un esfuerzo para
desentrañar cómo el juego de gallos fue catalizador en la
Miguel Vallebueno Garcinava, Civitas y Urbs - la conformación del
espacio urbano de Durango (Durango: UJED-IIH, 2005), 81-89.
3
Pedro Raigosa Reyna, “Romanticismo y modernidad. La vida cotidiana
en el Durango del siglo XIX”, en Historia de Durango-Siglo XIX, ed. Gloria
Estela Cano Cooley (Durango: UJED-IIH, 2013), 696-743.
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identificación de nuevos espacios de los grupos populares al sur
de la ciudad hacia la época porfiriana.
A un nivel historiográfico más extenso, en el tomo III de
la colección de Francisco de Fonseca y Urrutia4 se observa una
amplia referencia en cuanto a los cambios patentizados dentro
la estrategia borbónica de control, regulación y repercusiones
económicas y sociales de la Real Hacienda española en las
colonias. En particular, esta sección se enfoca en los juegos de
gallos no solamente como un medio de recaudación económica,
sino como una expresión del control económico y social. Este
estudio general, aunque proporciona un marco contextual
amplio y profundo sobre las estrategias y prácticas coloniales,
requiere ser contrastado y complementado con investigaciones
más localizadas para entender la diversidad y complejidad de las
respuestas y adaptaciones locales a dichas estrategias y prácticas
coloniales.
De manera complementaria, a partir del texto anteriormente
mencionado se desprenden otras dos lecturas que proporcionan
aspectos valiosos para esta investigación. El primero se refiere a la
obra de María Justina Sarabia Viejo5 que proporciona explicaciones
según un panorama amplio del contexto jurídico en torno a las
legislaciones de la pelea de gallos durante el periodo colonial.
Fabián Fonseca y Carlos de Urrutia, Historia general de Real
Hacienda (México: Impr. por V.G. Torres, 1845).
5
María Justina Sarabia Viejo, El juego de gallos en la Nueva España
(Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevillas, 1972).
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Para la etapa borbónica en particular, los datos aportados por
Sarabia ofrecen una base sólida para entender las razones políticas
que suscitaban conflicto entre los poderes locales y la figura del
asentista de gallos. El relato de la autora se apoya mayormente en
información recolectada tanto en los archivos españoles y de la
Ciudad de México. Mientras la obra de Sarabia proporciona una
base sólida y amplia sobre las peleas de gallos en la Nueva España,
es esencial complementarla ahora con indagaciones focalizadas y
específicas para entender completamente las dimensiones locales
y regionales del fenómeno. Así pues, las peleas de gallos, siendo
una práctica profundamente arraigada en la cultura y tradición,
ofrecen una ventana única para explorar la interacción entre lo
local y lo global, entre tradición y legislación, y entre resistencia
y acomodación en el contexto colonial.
Asimismo, Ernest Sánchez Santiró6 ofrece una exploración
en profundidad de las finanzas y estructuras fiscales de la Nueva
España durante el régimen borbónico, revelando una metodología
crítica y detallada para abordar las fuentes fiscales y contables
y derivando una reflexión inédita del funcionamiento de la Real
Hacienda. Entre los diferentes puntos, la obra destaca el papel del
control fiscal en la regulación de las diversiones públicas, como
las peleas de gallos, lo que implica una fuerte correspondencia
con componentes de control social y cultural en la Nueva
Ernest Sánchez Santiró, Corte de caja: la Real Hacienda de Nueva
España y el primer reformismo fiscal de los Borbones (1720-1755): alcances
y contradicciones (México: Instituto Mora, 2013).
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España. Por tanto, esto proporciona una base conceptual sólida
para explorar la tensión y dinámica entre las autoridades fiscales
y las prácticas culturales a nivel local. Por lo mismo es crucial
avanzar del plano general proporcionado por Sánchez Santiró
a un estudio particular y específico del espacio neovizcaíno.
Investigar cómo la administración y regulación de estos juegos
se aplicaron y experimentaron en este espacio específico permite
un entendimiento más matizado de las interacciones entre la
administración colonial y las comunidades locales, y de cómo
las estrategias de control fiscal se adaptaron o enfrentaron a las
prácticas y resistencias locales.
En cuanto al estudio regional del fenómeno de las
peleas de gallos, Martín Velázquez Rojas7 en su indagación
sobre la pelea de gallos en Monterrey en época contemporánea,
proporciona antecedentes históricos valiosos sobre este juego en
la Nueva España. Su aporte ofrece una perspectiva fascinante
respecto a la afinidad de los grupos populares hacia este juego
desde la provincia, presentándolo como un mecanismo de
resistencia cultural en la época moderna y contemporánea. Este
proceso de resistencia y contraposición ha brindado una serie de
argumentos útiles para este estudio, especialmente en relación
con la explicación de la creación de nuevos espacios urbanos
vinculados con las peleas de gallos.
Martín Velázquez Rojas, “Las peleas de gallos como forma de resistencia
en la cultura popular en Monterrey”, (Tesis de doctorado) (Monterrey:
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2014).
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�Espolones y poder

Para esta investigación, se ha utilizado un corpus de
diferentes fuentes históricas estatales y municipales que informan
sobre las concesiones del asiento de gallos, los incidentes en
las galleras, la gestión de los espacios dedicados al juego y las
normas del combate de las aves. Consecuentemente, el discurso
contenido en esos expedientes brinda una valiosa perspectiva
sobre los valores éticos y morales de los representantes del
poder en relación con el juego de gallos; de forma indirecta,
esos documentos informan sobre los consumos heterodoxos
del juego de gallos por parte de los grupos populares, así como
los conductos políticos que dieron pie al surgimiento de nuevos
espacios urbanos relacionados con esa diversión.
Para la interpretación de la información se partió de la
premisa de que la permisividad de la lucha de gallos representó
un proyecto hegemónico según el planteamiento de Gramsci;
es decir, esa relación se instaura en la ‘escucha’ de los grupos
gobernados por parte de los gobernantes que sugiere cómo
el dominio no se mantiene solo a través de la fuerza bruta o el
control político directo, sino también a través del control cultural
e ideológico. En este sentido, las ideas, valores y normas de
los grupos dominantes se convierten en ‘sentido común’ y son
aceptadas por los subalternos, a veces incluso en contra de sus
propios intereses.8 De una forma más fina, la pelea de gallos
Guillermo Miranda Camacho, “Gramsci y el proceso hegemónico
educativo”. Revista Electrónica Educare, 9(2) (2006), 17-18.
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representa acá una morigeración del poder, que consistió en el
aprovechamiento de esa tradición arraigada para imponerse sobre
los demás grupos sociales involucrando a éstos para la unidad
de fines políticos, económicos, intelectuales y morales.9 Dentro
de esa estrategia se tomó también en cuenta que el discurso, aun
representando la voz del estado, deja subyacente la presencia de
las expresiones de la cultura popular.10
Finalmente, el objetivo de este artículo será explicar
cambios y continuidades en los usos y significados de la pelea
de gallos desde finales del siglo XVIII hasta la primera mitad del
siglo XIX en Durango. El relato del presente estudio se articula
según un proceso histórico inmerso en las estructuras económicas,
políticas y sociales que abarca el juego de los gallos según los
espacios urbanos, la relación de poder entre agentes sociales
hegemónicos implicados en el control del juego, las expresiones
populares en las apuestas y el uso del juego como una estrategia
de enseñanza de buen gobierno. Este trabajo pretende contribuir
a la comprensión del papel de la pelea de gallos en la cultura y la
historia de Durango, y espera proporcionar una base sólida para
futuras investigaciones sobre el tema. A través de este análisis,
esperamos dar luz a las tensiones y los conflictos que han surgido
Urbina Chester Gaitán, “Homogeneizando culturas. Peleas de gallos,
corridas de toros y estado en Costa Rica (1870-1914)”. Revista de Ciencias
Sociales 3(89) (2000), 59.
10
Philip Corrigan, “La formación del estado”, En Aspectos cotidianos de
la formación del Estado, ed. Gilbert M. Joseph y Daniel Nugent (México:
Producciones Era, 2002), 25-27.
9

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en torno a la pelea de gallos, y explorar cómo estos han sido
mediados y negociados dentro de la sociedad duranguense.
Arenas para los gladiadores emplumados
Es posible que, desde los albores de la fundación de Durango en
el siglo XVI, el juego de la pelea de gallos haya tenido un papel
crucial en la configuración de los espacios urbanos, reflejando
las prácticas recreativas de sus habitantes. Estos espacios lúdicos
se originaron a partir de dinámicas de negociación y resistencia
política en el contexto de una relación cambiante entre esferas
públicas y privadas. Por lo tanto, se puede deducir que las
primeras arenas dedicadas a la pelea de gallos se ubicaban en
huertos y patios privados, o durante festividades de la catedral o
el gobierno civil, cerca de la plaza de armas.11
Desde el último cuarto del siglo XVIII, se produjo un ambiente crítico y reformista imbuido por la Ilustración, que influenció el ocio de las ciudades novohispanas, reflejando transformaciones en la percepción y utilización de estos, alineándose con las
ideas ilustradas de progreso y crítica de la época; estas críticas,
dirigidas a las administraciones políticas y religiosas, buscaban
impulsar cambios en la administración y en las condiciones de
vida de la población, marcando así una evolución tangible en la
organización social y urbana de la ciudad novohispana.12
José Ignacio Gallegos Caballero, Historia de Durango (1563-1910)
(México: Imprenta Gómez, 1952), 150-152.
12
Pedro Raigosa Reyna, “Romanticismo y modernidad. La vida cotidiana en
11

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Un momento histórico significativo en la creación de
los escenarios dedicados al juego de gallos coincidió con las
variaciones en las estructuras económicas y sociales de la Nueva
Vizcaya a fines del siglo XVIII, suscitadas por los efectos de un
auge minero en el sur de la entidad.13 Este escenario se amplificó
a causa de una situación prevalente en Nueva España. Aquí, un
emergente mercado e industrialización propiciaron el éxodo de las
comunidades agrarias y la proletarización, lo que, a su vez, generó
cambios en los comportamientos y actitudes de las personas.14 En el
caso de la Nueva Vizcaya, diversos actores sociales, enriquecidos
por la minería y motivados por la búsqueda de mejores condiciones
de vida, se desplazaron entre los centros mineros de Guarisamey,
Chihuahua y Parral y particularmente hacia la ciudad de Durango.15
Con esta pujanza económica, Durango experimentó un
subsiguiente aumento demográfico, una expansión de su traza
urbana y, por ende, adquirió un aspecto de “ciudad llena de vida
y arquitectónicamente encantadora”.16 También se incrementaron
el Durango del siglo XIX”, 706-707.
13
María Angélica Martínez Rodríguez, El momento del Durango barroco
(Durango: Amaroma Ediciones, 2013), 26.
14
Juan Pedro Viqueira Albán ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas
y vida social en la Ciudad de México durante el Siglo de las Luces (México:
Fonde de Cultura Económica, 1987), 12.
15
Miguel Vallebueno Garcinava, “Poblamiento y estructura social en
Durango”. En Historia de Durango-La Nueva Vizcaya. Coord. Gloria Estela
Cano Cooley (Durango: UJED-IIH, 2013), pp. 340-343.
16
María Angélica Martínez Rodríguez, El momento del Durango barroco
(Durango: Amaroma Ediciones, 2013), 26.
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los accidentes, que, si bien representaron nuevos desafíos para el
poder, también delineaban una sociedad vibrante con el deseo de
expresarse de manera heterodoxa.17
Los duranguenses disfrutaban de su amado juego de gallos
en un recinto similar a un corral de madera, fácil de desmontar
y trasladar, sin embargo, susceptible de ser destruido por un
incendio; ese escenario, por tanto, buscaba atraer a eventuales
jugadores locales y a los viajeros que se hospedaban cerca del
Mesón de Santa Ana.18
Un cambio significativo en cuanto a la utilización de los
espacios del juego de gallos se produjo a partir de 1794, momento
en el que en el área urbana de Durango se establecieron nuevas
infraestructuras que originaron nuevas lógicas de consumo del
espacio público por parte de los distintos grupos sociales. Un
ejemplo notorio de esta transformación urbana en la capital se
manifestó con la construcción en el centro urbano de un mercado
público, un teatro y un empedrado público.19
A raíz de estos cambios incitados por el gobierno, los
grupos populares, en contraposición, redefinieron áreas urbanas
Gatta, Massimo. “Sonoridades en la conformación del espacio urbano de
Durango (1620-1866)”. Revista de Historia de la UJED 11 (2019), 120.
18
Archivo Histórico del Estado de Durango (en adelante AHED). Expediente
sobre construcción de la plaza de gallos a orillas de la Acequia Grande”,
1794, Nueva Vizcaya, cajón 9, exp. 39, s/f (En adelante, “Expediente sobre
construcción de la plaza de gallos”, s/f).
19
Massimo Gatta, “El teatro coliseo y la capilla de música de la catedral:
tensión y sinergia en los espacios del ocio de Durango (1800-1802)”. Escripta
1(2) (2019), 223.
17

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adecuadas a sus gustos ociosos. En el sur de la ciudad, cerca de
la Acequia Grande, la población comenzó a identificar un paseo
público. Ante el aumento del tránsito de personas, el ayuntamiento
embelleció ese espacio promoviendo la construcción de un puente
de cal y canto y de baños públicos.20
Abriéndose nuevas oportunidades comerciales, el
encargado de la plaza de gallos optó por establecer ahí una nueva
arena en 1794. Esos cambios urbanos que ocurrieron en Durango
vinculados a la lid de gallos, reflejaban movimientos análogos a
otros centros importantes de la Nueva España, como la Ciudad
de México, Guadalajara y Guanajuato.21 En dichos lugares, los
distintos gobiernos estaban reubicando las lidias de gallos en
las afueras, en “suburbios y lugares cercanos, donde se juegan
gallos”.22 Este traslado suponía la reubicación de las plazas en
áreas adonde “la gente acude para disfrutar de corridas de toros
y otras diversiones y entretenimientos que el gobierno político
ofrece al público”.23
La construcción de la nueva plaza de gallos se alineó
también a la creciente afición por este juego que se observaba
en la zona aledaña del área del barrio de San Juan Bautista de
Analco, un área socialmente diversa donde todavía, para fines del
siglo XVIII e inicios del XIX había una sociedad étnicamente
Enrique Mijares Verdín, “El Coliseo de Durango, hoy Teatro Victoria”,
(1997). En http://cdigital.uv.mx (Fecha de consulta 25 de julio de 2016), 108.
21
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
22
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
23
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
20

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heterogénea.24 En este lugar, desde tiempos anteriores -durante
el periodo que iba desde la Navidad hasta carnestolendas-, se
celebraban corridas de toros, lo que también contribuyó a la
afición del juego de gallos en plazas improvisadas en esa zona.
La nueva arena cerca de la acequia fue “diseñada para todo
tipo de vecinos”,25 resultando más segura frente a la posibilidad
de incendios por su ubicación cercana al cauce de agua de la
acequia y también debido a su composición de piedra y adobes.26
Según el empresario de gallos, el nuevo espacio contribuía al
ornato y la eficiencia de la vida urbana: mejoraba la calle y la
manzana de la ciudad, ya que estaba situada “frente a la Alameda
que disfrutaba el vecindario”.27 Esta ubicación brindaba la ventaja
de que aquellos que deseaban participar en el juego de gallos no
tenían que desplazarse hasta el centro de Analco, sino que podían
disfrutar de este entretenimiento con mínimas incomodidades en
el límite de la ciudad.
En resumen, la travesía de la evolución del juego de
gallos en Durango, de ser un pasatiempo realizado en espacios
privados y centros improvisados a tener su propio espacio
estable en la periferia de la ciudad, refleja un microcosmos de
los cambios socioeconómicos y culturales de finales del siglo
Miguel Vallebueno Garcinava, Civitas y Urbs - la conformación del
espacio urbano de Durango (Durango: UJED-IIH, 2005), 76.
25
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
26
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
27
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
24

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XVIII. La emergente industrialización, la transformación urbana,
los cambios de actitud de la población y la redefinición de los
espacios de ocio son elementos intrínsecos de este relato.
“En la cancha se ven los gallos”: el asentista y el intendente
(1794-1796)
A partir de las nuevas ordenanzas novohispanas sugeridas al virrey
por el ministro José de Gálvez en 1789, se reformó la industria
de las peleas de gallos en la Nueva Vizcaya, generando un
notable incremento en los ingresos en esta rama; las nuevas leyes
centralizaron y precisaron las normativas de gobierno interno de
los palenques, las jurisdicciones y la fiscalización del juego.28
En esos años surgiría la figura del “asentista”, quien
debería encargarse de administrar el juego y la plaza de gallos en
la provincia asignada; ese agente buscaba un beneficio económico
personal y también dependía del control económico directo de la
Real Hacienda y de la supervisión del intendente local.29
Es necesario ahora, revisar el proceso de designación
del cargo del asentista, visto que el gobierno central tenía la
intención de filtrar sus intereses a través de una estrategia pública,
parecida a las licitaciones de hoy en día. La concesión del
“asiento de gallos” se otorgaba mediante subasta en la Real Casa
de Almonedas de la Ciudad de México. Se lanzaban campañas
publicitarias masivas para atraer a los mejores postores dentro de
28
29

Sarabia Viejo, El juego de gallos en la Nueva España, 73.
Sarabia Viejo, 67-73.

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los centros poblacionales más importantes de la Intendencia. La
concesión del asiento permitía al beneficiario administrar la plaza
durante cinco años, tras lo cual debía pagar periódicamente una
suma acordada en la Casa de Almonedas.30
Según las nuevas leyes, el asentista tenía amplios
poderes y responsabilidades, entre las cuales el mantenimiento
del orden en la plaza, la restricción de conductas inapropiadas
y la persecución de los infractores de la ley; por ello, podía
tomar medidas para detener a un infractor del juego en la plaza
y recurrir a la justicia ordinaria, si era necesario.31 A pesar de
ciertas restricciones en cuanto al establecimiento de los horarios
de las peleas y la participación femenina, el asentista gozaba de
cierto grado de autonomía para maximizar tanto sus beneficios
económicos como los de la Real Hacienda. Por ejemplo, tenía la
facultad de aumentar el costo de las entradas durante festividades
especiales cuando se esperaba una mayor afluencia de público;
además, podía transferir, ceder o arrendar el asiento; en caso
de su fallecimiento, sus poderes y responsabilidades pasaban
automáticamente a sus descendientes.32
Es evidente que la adquisición de estos poderes por
parte del asentista, actuando como agente del gobierno central
AHED, “Expediente de Remate de la plaza de gallos”, Nueva Vizcaya,
cajón 16, exp. 83, 1796, f. 34. (En adelante “Expediente de Remate de la plaza
de gallos”, 1796).
31
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
32
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
30

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y como empresario, coadyuvó a la generación de tensiones con
el gobierno local de la Intendencia de la Nueva Vizcaya, pues
el creciente poder económico y jurídico del asentista amenazaba
la autoridad del intendente como el tradicional recolector de
impuestos y administrador de ingresos.33
Las circunstancias empeoraron a partir de 1794, cuando
el intendente presentó al asentista unas quejas sobre desorden
público debido a apuestas descomunales, presencia excesiva de
gallos y conductas indecentes en las galleras:
El Señor Gobernador Intendente Interino de la Provincia
de la Nueva Vizcaya dijo que por cuanto con motivo del
desorden público que le advierte haber causado en ella y en sus
inmediaciones el crecido número de gentes de distantes partidos
y lugares que se ha presentado en este territorio ha traído del
exceso con que se jugaron el año anterior tapadas de gallos -con
expreso quebrantamiento de las condiciones con que se arrendó
por la Junta Superior el asiento de este juego y de otros órdenes
superiores expedidos en la materia-, se ha visto precisado
a examinar con puntualidad las reglas que prescribieron al
asentista para precaver tan sensibles consecuencias.34

El mandatario tachaba el asentista de “incurioso”35 dado que no
estaba cumpliendo con las cláusulas pactadas, entre las que se incluían: la tarifa de entrada a las tapadas, estipulada en medio real
por asistente en los días comunes del año, y el doble (es decir, un
33
34
35

Sarabia Viejo, El juego de gallos en la Nueva España, 72.
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
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real) en días de eventos especiales y funciones particulares;36 la
prohibición expresa de permitir el ingreso de mujeres a la plaza
en cualquier día y la obligación de no suspender el asiento de
Su Majestad en ningún momento.37 Esta última condición incluía
además la obligación del asentista de abonar a la Real Hacienda
“una cantidad equivalente a la que habría otorgado a su antecesor
por el cerco de xacal y otros incidentes relacionados con la plaza”.38 Finalmente, el intendente advertía al asentista que dichas
contravenciones implicarían una multa y la posibilidad de clausurar la plaza de gallos.
La respuesta del asentista no tardó en llegar. Con una
personalidad estratégica y atrevida, el empresario fue capaz de
identificar y explotar oportunidades en el contexto económico de
la región y la popularidad del juego de gallos en la gente de todos
los niveles sociales. Definiendo abiertamente el intendente como
una autoridad “miope”, el proveedor le hacía ver que:
en otras muchas poblaciones se lidian gallos tapados y careados
en ciertas temporadas del año, con apuestas de millares de
pesos, en cuya comparación es una miseria lo que aquí se juega
de dos años a esta parte, que se va aumentando la ciudad con la
prosperidad de las minas de Guarisamey.39

Su defensa de las peleas de gallos como una práctica cultural
aceptada en muchas ciudades de la Nueva España sugiere una
36
37
38
39

AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
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conducta pragmática capaz de utilizar este conocimiento para
convertir la situación a su favor. Al señalar que los juegos se
practicaban según una visibilidad pública, el asentista subrayaba
la naturaleza abierta y visible de estas actividades, sugiriendo que
ocurren con el conocimiento y, posiblemente, la aprobación tácita
de las autoridades. Este punto refuerza la idea de que los juegos
de gallos eran una parte aceptada y reconocida de la cultura y las
actividades recreativas de la sociedad:
En el año pasado por Pascua de Navidad y con motivo de las
subsecuentes fiestas de toros y días de carnaval, tuvo bastante
incremento el juego de gallos y vinieron varias personas de
facultad a divertirse que trajeron gallos escogidos y muchas
ganas de jugar su dinero en esta permitida diversión. Así lo
verificaron y como se desparramó bastante plata en el público,
corrió la fama por las provincias inmediatas de donde nace
que ahora están viniendo gentes, forasteros con muchos gallos
para lidiarlos y buscar su vida por este medio que parece lícito
y se practica públicamente en toda tierra fuera a vista de los
tribunales y jefes superiores.40

Además, el asentista de gallos no perdió la oportunidad de restregar
en la cara al intendente que tanto él como sus representantes
legales no eran los responsables de los desórdenes en las galleras.
El control y la corrección de estas conductas inapropiadas fuera
de la arena recaían en la vigilancia del gobierno local y los
alcaldes, mientras que él era responsable de lo que sucedía dentro
de la plaza del juego, donde tenía la autoridad completa “para
40

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evitar y corregir lo que convenga con inhibición de la jurisdicción
ordinaria”.41
El asentista reiteraba su autoridad en cuanto representante
de una actividad legalizada, por ser una figura de negocios privada
y pública, y además representante de un juego que alcanzaba
la afición de toda la gente popular. Ahora, las restricciones y
reglas impuestas por el Intendente despojaban al administrador
de la plaza de gallos de su autoridad y respeto. Esta situación,
argumentaba el proveedor, desalentarían a futuros interesados en
arrendar plazas de gallos, perjudicando los intereses de la Real
Hacienda y levantando el descontento de la población que del
juego de gallos dependía su subsistencia:
Se hace notable a algunas personas la multitud de gallos que
con este motivo hay en el lugar; pero su introducción procede
de diversas causas, aunque todas conspiran a un mismo
fin: varios vecinos de aquí las compran y hacen traer para
pelearlos: algunos forasteros los traen escogidos y destinados
para apostar a ellos el dinero que juntamente conducen; y otros
se dedican a comprar estos animales en varias jurisdicciones y
los vienen a vender a mejor precio, procurando por este medio
ayudarse para su necesaria subsistencia: pero en resolución, la
muchedumbre de gallos es un inconveniente que [en] breve lo
verá Usted desaparecer, con la continuación de las peleas en
que casi todos ellos mueren.42

En cuanto a las tarifas de entrada para las peleas de gallos en la
plaza, el asentista puntualizaba que el costo era de medio real en
41
42

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días comunes, pero tenía el derecho de cobrarlo en un real en días
especiales, a saber, durante las Pascuas, las corridas de toros y las
carnestolendas.43 Frente a la prohibición de utilizar otros sitios para
el juego fuera de la plaza de Santa Anna, reclamaba que él tenía la
“facultad para poner y quitar las plazas que les parezcan oportunas
en las partes y lugares donde juzgue más conveniente”.44
En ese entorno social y cultural, las reglas estrictas
dictaban normas de conducta rigurosas que, a menudo, prohibían
la entrada de mujeres a ciertos espacios públicos, como aquellos
asociados con el juego de gallos. A pesar de tales prohibiciones,
el asentista, consciente de la realidad circundante y de los usos y
costumbres públicos, recurría a pedir flexibilidad en la aplicación
de las leyes. Este acto no solo revela la dinámica y tensiones
existentes entre normas formalizadas y prácticas sociales
concretas, sino también destaca el poder de influencia social del
asentista como mediador en la intersección de la legalidad y la
cotidianidad. Por otra parte, el hecho de que las mujeres, bajo
ciertas circunstancias y acompañamientos, fueran admitidas,
pone de manifiesto la permeabilidad y adaptabilidad de las
normas y leyes en función de las situaciones específicas y de los
agentes involucrados. Este fenómeno ilustra el carácter dinámico
y contextual de las prácticas y normativas sociales, así como del
juego constante entre reglas formalizadas y el flujo de la vida
diaria y las tradiciones de una comunidad.
43
44

AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
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Ha llegado noticia que, en ocasiones hayan entrado señoras
decentes y, a su ejemplo, otras sin haberlo impedido el
asentista, por parecerle demasiada inhabilidad negarle la
entrada a una señora de honor en presencia de su marido, padre
o hermano que lo acompaña; pues como Usted mejor sabe, aún
las leyes admiten temperamentos y modificaciones según las
circunstancias de los casos.45

Y, finalmente, llegaba la estocada final: sin el respaldo equitativo
del gobierno, el asentista renunciaría a su puesto debido a la
vergüenza y el descontento público.46
La actitud empoderada y amenazadora del asentista se endulzaba con la promesa de un buen manejo futuro del gobierno
interno de la arena de gallos. Por ello, reconocía la existencia de
reglas claras y estrictas para el comportamiento adecuado de los
espectadores dentro de la plaza. El asentista, por ser una figura
pública, debía preservar la imagen de respetabilidad dentro de
la plaza, y se consideraba fundamental el mantenimiento de las
normas de decencia y decoro. En este sentido, aquellos que se
comportaran de manera indecente, faltaran al respeto o causaran
disturbios, independientemente de su sexo, serían inmediatamente expulsados de la plaza.47 Por ello era importante la representatividad del asentista según una apariencia parecida al de un soberano “portando la insignia del bastón dentro de la plaza de gallos”.48
45
46
47
48

AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
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A pesar de que el negocio dependía en gran medida del
dinero que se jugaba en las peleas, el asentista buscaría evitar
los excesos que pudieran llevar a situaciones conflictivas o
problemáticas. De esta manera, exponía su compromiso al
intendente en mantener el equilibrio entre la búsqueda de
beneficios económicos y el mantenimiento de la armonía y la
buena conducta en la ciudad:
Efectivamente los asentistas siempre han recelado y cuidado
de que no haya desórdenes en la plaza de gallos, ni en su
circunferencia. Así lo haré en la presente ocasión y sucesivas
sin que sea obstáculo la mucha concurrencia de forasteros,
quienes además de cooperar al mayor corriente del juego, sabe
Usted muy bien que influyen con sus precisos consumos en el
aumento del comercio e industrias del vecindario en la utilidad
de los hacendados inmediatos que tiene ocupado mucho maíz y
trigo y le darán salida con estimación y finalmente contribuirán
todo esto a dar a la ciudad mayor población y nombre del que
ha tenido hasta ahora.49

El proveedor de la plaza de gallos enfrentó los obstáculos a
la recaudación de dinero interpuestos por la Intendencia, por
el aumento de los precios de las entradas en ciertas ocasiones
especiales, como la temporada de Pascua y el periodo de
carnaval. Aunque el incremento en los costos era una estrategia
para maximizar los ingresos en momentos de alta demanda,
también podía ser visto como una forma de explotación y abuso
por parte de la población. En respuesta a estas críticas, el asentista
argumentó que el precio de las entradas reflejaba el costo de
49

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organización y mantenimiento de las peleas y que la calidad del
espectáculo justificaba la inversión.50
Este debate sobre el papel del asentista y el funcionamiento
de la plaza de gallos en la Nueva Vizcaya representa una clara
manifestación de las tensiones y los conflictos inherentes a la
interacción entre tradición, economía y autoridad. A pesar de
las críticas y las controversias, el juego de gallos se mantuvo
como una práctica cultural significativa y una fuente importante
de ingresos para la Real Hacienda durante la época colonial,
resaltando su importancia en la configuración de la sociedad
duranguense de la época.
A medida que avanzaba el siglo XIX, el juego de
gallos y el papel del asentista continuaron evolucionando en
respuesta a los cambios sociales y económicos.51 Con el paso del
tiempo, el asentista se consolidó como una figura fundamental
en la organización y el mantenimiento del juego de gallos,
contribuyendo de manera significativa a la preservación y la
promoción de esta tradición en Durango. La relevancia histórica
de esta figura se evidencia no solo en su papel en la gestión de
la plaza de gallos, sino también en su contribución al desarrollo
económico de la región y en su influencia en la formación de la
identidad y la cultura de la región.
AHED, “Expediente sobre construcción de la plaza de gallos”, 1794, s/f.
Aimer Granados, “Las contratas en la ciudad de México. Redes sociales
y negocios: El caso de Manuel Barrera (1800-1845)”. Política y cultura 26,
(2006), 263-266.
50
51

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El doble filo de la navaja: los perjuicios económicos y
sociales del juego de gallos (1801-1830)
Como se ha venido diciendo, en Durango las peleas de gallos a
finales del siglo XVIII despertaron un fervor sin igual. Siendo ese
juego un entretenimiento considerado “libre de malicia, tanto moral
como social”,52 en todo el contexto novohispano ese espectáculo
capturaba la atención de la aristocracia y también de los diversos
grupos socioétnicos; atraídos por la emoción del espectáculo
del juego de gallos, los grupos populares veían en este juego una
oportunidad de incrementar su capital económico y mejorar su
posición social.53 En particular, en el periodo ubicado a finales del
siglo XVIII e inicios del XIX, las peleas de gallos alcanzaron una
popularidad sin precedentes, eclipsando a otros pasatiempos, como
el juego de naipes y las corridas de toros; este auge se debió a la
atracción irresistible que ejercía la posibilidad de apuestas, a veces
incluso más allá de las capacidades económicas de los apostadores.54
Las peleas de gallos, pese a su popularidad, fueron un foco
de múltiples problemas sociales y económicos para toda la primera
mitad del siglo XIX. La adicción al juego, los efectos perjudiciales
sobre la economía local y los problemas morales y de género
asociados a estas peleas representaron un desafío significativo
para las autoridades de la época. Hipólito de Villarroel a través de
Fabián Fonseca y Carlos de Urrutia, Historia general de Real
Hacienda (México: Impr. por V.G. Torres, 1845), 6.
53
Sarabia Viejo, El juego de gallos en la Nueva España, 10.
54
Sarabia Viejo, 12.
52

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una mirada ilustrada sobre la capital novohispana había alertado
la opinión pública sobre el impacto social negativo de estos
juegos, asociándolos con la miseria y la pobreza, viéndolos como
un reflejo de la moral y los valores contradictorios de la época;
los juegos de azar y la lid de gallos eran, entonces, espacios de
liberación y transgresión, pero también escenarios de represión
y violencia, reflejando las contradicciones y tensiones de una
sociedad que oscilaba entre la tradición y la apertura, entre el
control y la libertad, y entre la equidad y la desigualdad.55
Hay que destacar que, para mantener el orden y optimizar
la economía, los diferentes gobiernos del Antiguo Régimen
decidieron limitar el número de gallos tapados y el monto de dinero
apostado.56 Hasta ese momento la regulación de esta actividad
también permitía al gobierno establecer reglas que se consideraron
oportunas, para prevenir abusos y excesos, conteniendo posibles
repercusiones negativas en la estabilidad económica y social de
la colonia, evitando el endeudamiento extremo de los súbditos
y posibles daños, perjuicios y escándalos. Habrá que recordar,
que, durante el gobierno borbónico, más allá de los beneficios
económicos directos, permitir y regular el juego de gallos había
servido como una herramienta política para mantener el orden
Para más información véase Teresa Lozano Armendares, “Los juegos de
azar ¿Una pasión novohispana?” Estudios de Historia Novohispana 11.011
(1991), 109-111.
56
Martín Velázquez Rojas, “Las peleas de gallos como forma de resistencia
en la cultura popular en Monterrey”, 19.
55

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y aplacar el descontento social.57 A través de la integración y
adaptación de prácticas culturales locales, la autoridad había
logrado equilibrar la autoridad local con cierto grado de tolerancia
cultural, concediendo diversiones. Esta estrategia de adaptación
cultural también se enmarcaba en un intento más amplio de
incorporar y gestionar las prácticas y tradiciones locales dentro
del sistema colonial, fusionando intereses económicos y políticos
con una gestión cultural y social equilibrada en el vasto y diverso
territorio de la Nueva España.58
En el caso particular de Durango, fue desde principio
del siglo XIX, que los perjuicios en torno a la riña de gallos
despertaron serias preocupaciones. El deterioro de las arenas y la
mala organización para las tapadas,59 ponían en riesgo el negocio
del estado. El problema no se limitaba a estos detalles logísticos,
pues, el juego había calado tanto en la población que comenzaba
a amenazar la economía en general. José de Zambrano, rico
minero y alcalde mayor, fue testigo directo de esos perjuicios.
Observó cómo sus propios negocios se veían amenazados por
la inasistencia de sus trabajadores, quienes preferían asistir a las
peleas de gallos en lugar de cumplir con sus deberes laborales.
Fabián Fonseca y Carlos de Urrutia, Historia general de Real
Hacienda (México: Impr. por V.G. Torres, 1845), 5.
58
Fonseca y De Urrutia, 6-7.
59
AHED, NV, Copias del oficio, pasado a varios sujetos, y de sus
contestaciones sobre vicios y perjuicios observados en el juego de los gallos,
caja 2, exp. 197, 1801, f. 2. (en adelante, AHED, “Vicios y perjuicios …”,
1801).
57

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[…] la mayor parte que asiste a este juego son artesanos que,
dejando sus oficios, causan mucho daño a esta república y con
este motivo no se halla quien haga un par de zapato en ocasión;
los pocos maestros de sastres, plateros y carpinteros y otros
oficios necesarios se quejan y molestan a los jueces por las
fallas de los oficiales siguiéndose el grave perjuicio de que las
obras que ponen a su cargo los empeñan y venden y se recargan
de deudas que nunca llegan a pagarlas.60

La afición al juego de gallos, enlazada a los métodos de
producción locales, era algo más que un simple juego; se erigía
como un detrimento social, reflejo de un ocio que permeaba la
sociedad, desde adultos hasta jóvenes. Este fenómeno, enraizado
profundamente en la cotidianidad de la sociedad, se convertía
en un caldo de cultivo de ociosidad y desapego a los valores
tradicionales, especialmente los cristianos conservadores, que
promovían la diligencia, el trabajo y la moralidad como pilares
de la vida cotidiana.61 Los amarradores y cuidadores de gallos,
sumidos en esta perpetua inactividad, no solo se alejaban de
estos principios, sino que también contribuían al detrimento del
bienestar social y moral de la colectividad. La participación de
los jóvenes, bajo diversos pretextos, revelaba una desviación
temprana hacia el desinterés en actividades productivas y
moralmente enriquecedoras, erosionando los cimientos de una
sociedad basada en la doctrina cristiana conservadora, que veía
AHED, “Vicios y perjuicios …”, 1801, f. 1v.
Para más información véase Massimo Gatta, “Entre tradición y modernidad
- ocio y cultura en Durango durante la primera mitad del siglo XIX” (Tesis de
doctorado) (Culiacán: Universidad Autónoma de Sinaloa, 2019), 350.
60
61

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en estas prácticas una decadencia moral y un alejamiento de los
valores y principios que deben regir la vida y las acciones de los
individuos.
[…] muchos de los amarradores y pastores de gallos no
tienen otro ejercicio, ni otro modo de subsistir que esta
perpetua ociosidad en que están empleados y que no puede
serle útil ni a ellos ni al público y principalmente a los
muchachos que concurren o con el pretexto de vendimias o
de llevar gallos.62

Este panorama de abandono laboral no solo amenazaba el
tejido social, sino que también ponía en jaque los beneficios
económicos percibidos por el estado a través de estas prácticas
lúdicas. El juego de gallos se tornaba insostenible en la medida
en que eran los artesanos y jornaleros, cuyo sustento dependía
directamente de su labor diaria, que conformaban el grueso de
los concurrentes capaces de realizar apuestas. La presencia de
individuos ociosos que merodean en estos eventos con el único
propósito de beneficiarse del fruto del trabajo ajeno resultaría en
un conglomerado de individuos enfrascados en conversaciones
baldías y actividades infructuosas, que lejos de representar
un beneficio para el Real Erario, convertirían al asiento en un
hervidero de apuestas insustanciales y de diálogos carentes de
valor, contraviniendo los principios de productividad y beneficio
mutuo que deberían primar en las actividades económicas y
sociales del estado:
62

AHED, “Vicios y perjuicios …”, 1801, f. 1.

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El juego de gallos no puede sostenerse siempre que no
concurran a ella los artesanos y jornaleros que son los que
pueden hacer apuestas, porque sujetándose a aquellos ociosos
sin destino que asisten con el fin de buscar de los que trabajan,
sería una concurrencia de platicones, cuya conversación no
sería de provecho al Real Erario, ni tampoco habría que hiciera
postura el asiento.63

Como se puede apreciar, el negocio del juego de gallos dependía
de la participación de trabajadores, quienes aportaban las apuestas
que mantenían el negocio a flote. Sin embargo, la adicción al juego
llegó a tal punto que muchos apostaban más de lo que podían
permitirse, comprometiendo no solo su estabilidad económica,
sino también la de sus familias.
[…] que nadie podrá dudar que entre la multitud hay muchos
que abusan perjudicándose con la falta de asistencia a sus
trabajos jugando aquello que no les permiten sus facultades y
trabajo hasta llenarse de drogas que no podrían satisfacerse y
valerse de sus prendas.64

El juego de gallos también planteaba para las autoridades
un ulterior problema: la falta de pudor debido a la potencial
convivencia en el público de hombres y mujeres del “pueblo
inferior”.65 Además de violar las normas de decencia y decoro
establecidas en una sociedad de antigua raigambre colonial, el
duelo avícola siempre se relacionó con la amenaza de la violencia
sexual, atribuida desde siempre con la asociación del gallo con la
63
64
65

AHED, “Vicios y perjuicios …”, 1801, f. 3.
AHED, “Vicios y perjuicios …”, 1801, f. 3.
AHED, “Vicios y perjuicios …”, 1801, f. 5v.

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masculinidad dominante.66 Este discurso ubicado en el contexto
de Durango deja patente la presencia de una mentalidad ilustrada
que permeaba toda la Nueva España.
Un caso ejemplificador de esos perjuicios involucró a dos
mujeres, una soltera y una casada, que en 1801 fueron engañadas
y violadas por jugadores de gallos tras una tapada. En un giro
inesperado, el alcalde optó castigar a las mujeres por su supuesta
condescendencia con los agresores, mientras que los perpetradores
quedaron impunes:
Como quiera que suenen que los gallos están buenos en esta
ciudad vienen de las poblaciones de afuera muchos ociosos
y vagabundos; éstos han hecho frecuentes robos y cometido
maldades, pues no ha muchos días que dos de esta profesión
sacaron engañadas a una mujer doncella y una casada al campo,
las violaron e hicieron fuga, cuyas mujeres estoy castigando
por la condescendencia de haber salido con ellos.67

La adicción por las apuestas de gallos llevó a algunos a la
desesperación, poniendo en riesgo su sustento y el de sus familias
con tal de seguir jugando. Algunos incluso llegaron al extremo
de robar para poder apostar, especialmente los “vagamundos”
que venían de otras regiones y que “no tenían otra forma de
subsistir más que a través de las trampas que pueden surgir en
estos juegos”.68
Alan Dundes, “Gallus as Phallus: A Psychoanalytic Cross-cultural
Consideration of the Cockfight as Fowl Play”, en The Psychoanalytic Study of
Society, ed. L. Bryce Boyer (E.E.U.U.: Routledge, 2018), 310-311.
67
AHED, “Vicios y perjuicios …”, 1801, f. 2.
68
AHED, “Vicios y perjuicios …”, 1801, f. 3.
66

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Problemáticas ulteriores surgieron en el ámbito de la tensión
entre las leyes formales y las costumbres arraigadas en los años
treinta del siglo XIX, siendo evidencia que las normas sociales y
las tradiciones tuvieron una influencia más poderosa que las leyes
promulgadas por las autoridades. Esta división se hizo evidente
cuando las leyes locales intentaron limitar las lidias de gallos, pero
se encontraron con resiliencias sociales, inclusive por parte de
figuras de autoridad religiosa. En 1833, el presbítero José María
Rodríguez, adicto al juego de gallos, desafiaba las restricciones
eclesiásticas y estatales que prohibían las apuestas de gallos durante
la Cuaresma. Por dicha situación, el alcalde ordinario se dirigía
escandalizado al Intendente con las siguientes palabras:
Supe por varias personas que en la tarde del mismo se habían
corrido en Cuaresma por algunos individuos y, entre ellos, por
el señor presbítero don José María Rodríguez: que, estando
presentes los señores alcaldes Don Ramón Mojica y don
Casimiro Briones trataron de impedir la corrida, y el dicho
señor presbítero se opuso diciendo que eso era capricho, que
lo que no prohibían las leyes no podían prohibir los jueces, y
tomando un gallo los corrió hasta entregarlo a otro individuo
para que lo continuara corriendo.69

A pesar de las amonestaciones por parte de las autoridades, el
sacerdote continuó jugando, amenazando la publicación de
pasquines irreverentes contra de la Iglesia y del gobierno estatal
en las calles de la ciudad.70
69
70

AHED, 1834, caja 8, exp. 59, f. 5.
AHED, 1834, caja 8, exp. 59, f. 5v.

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Gallos y ciudadanos: nuevas luchas y pactos
Tras la consumación de la Independencia, persistía vigorosa la
afición de los duranguenses por las peleas de gallos. Durante esta
época, el gobierno local continuaba administrando las peleas de
gallos mediante concesión y remate de asientos.71 En los años
cuarenta del siglo XIX, en particular, la pasión por las peleas de
gallos cautivó a los habitantes de Santiago Papasquiaro, San Juan
del Río y Nombre de Dios.72
Sin embargo, a partir de la tercera década del siglo XIX, se
produjeron cambios significativos vinculados a la consolidación
pública del espacio dedicado a las peleas de gallos. En esos años,
la gallera empezó a albergar otros tipos de entretenimientos
públicos. Una mayor relación de las peleas de gallos con el
espacio público se intensificó por la construcción, en 1820, de
una plaza de toros adyacente a la arena de gallos.73
Desde entonces, y durante todo el siglo XIX, ambas
plazas operaron en sinergia, proporcionando diversas formas de
entretenimiento para todo tipo de público. Este arreglo fomentó
la colaboración entre empresarios del entretenimiento locales,
forasteros y las autoridades locales. Éstos compartieron recursos
y experiencias en la gestión y promoción de los espectáculos;
AHED, 1840, caja 16, exp. 23, s/f.
AHED, 1840, caja 16, exp. 23, s/f.
73
Archivo General e Histórico del Municipio de Durango (En adelante,
AGHMD), Expediente de la creación de la plaza de toros, 1820, sala Capitular,
exp. 13, f. 1v.
71
72

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todo esto fue un factor clave para el desarrollo económico de la
capital.74
La plaza de gallos y la de toros de Durango propiciaron,
durante la tercera década del siglo XIX, transformaciones
ulteriores en las relaciones sociales y culturales con el antiguo
barrio de Analco. Cabe destacar que el desarrollo de este barrio
durante las últimas tres décadas del siglo XVIII condujo a su
consolidación como parroquia y, en 1814, a la formalización
de sus calles, dotándole de un carácter más urbano. Con el
tiempo, Analco dejó de ser percibido como un pueblo indígena,
alineándose con los objetivos del naciente Estado nación, que
buscaba integrar a los grupos indígenas en la nación mexicana. De
esta forma, el poblado se transformó en un barrio de la ciudad de
Durango, a través de un decreto del legislativo local que también
ordenaba la disolución de su recién formado ayuntamiento.75
Sin embargo, los cambios no fueron recibidos de forma serena
por la élite de la ciudad, ya que, impregnados por modelos de
modernidad europea, veían con desdén las tradiciones rústicas y
religiosas de los habitantes del antiguo barrio.76
Más allá de ello, hay que contemplar que Analco
mantenía una población culturalmente activa, que promovía
Massimo Gatta, “Entre tradición y modernidad …”360-361.
Vallebueno Garcinava, Miguel. Civitas y Urbs, La conformación del
espacio urbano de Durango, 81-82.
76
AGHMD, Expediente de la creación de la plaza de toros, 1820, Sala
Capitular, exp. 13, f. 20.
74
75

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con entusiasmo sus diversiones públicas, incluyendo las peleas
de gallos y las corridas de toros.77 De hecho, a pesar del desaire
de las autoridades, esto generó una competencia de públicos,
amenazando los negocios de la ciudad cabecera. Como resultado,
en 1825 las autoridades municipales de Durango, presionadas por
los intereses del asentista de gallos decidieron limitar el número
de diversiones en Analco con la siguiente justificación:
porque aquel pueblo que por su situación está unido a esta ciudad
en donde disfruta de todos los establecimientos de comodidad,
utilidad y beneficencia, es cierto que jamás tomará empeño en
situarlos en su ceño; y pues que tendrá siempre que ocurrir para
su goce a esta capital, justo también será que contribuya por su
parte a engrosar los fondos públicos privándose de un arbitrio
que en realidad sólo puede pertenecer a la misma ciudad.78

A través de esas imposiciones, la ciudad de Durango logró
asegurarse la exclusividad del público a los gallos aumentando
la recaudación de esa rama y aumentando la concentración de
público en proximidad de la Alameda.
A partir de los años treinta del siglo XIX, y con un largo
periodo de luchas políticas entre centralistas y federalistas que
generaron accidentes al interior de capital,79 el gobierno trataba
de reconquistar el control social del área urbana. De esa manera,
AGHMD, Expediente de la creación de la plaza de toros, 1820, Sala
Capitular, exp. 13, f. 1v.
78
AHED, 1840, caja 16, exp. 23, s/f.
79
José de la Cruz Pacheco Rojas, Historia breve de Durango (México: El
Colegio de México, Fondo de Cultura Económica, 2013), 105.
77

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vista la gran circulación de gente en la plaza de gallos, se
colocaron tropas dentro del recinto del juego, un juez censor y se
establecieron rondas en las calles aledañas.11
A partir de ese momento las peleas de gallos se hicieron
más organizadas y reguladas. En lugar de los duelos aleatorios de
la época previa, las riñas comenzaron a organizarse en torneos,
con reglas más definidas;80 estas normas buscaban cubrir aspectos
como el peso de los gallos, el tipo de espuelas utilizadas, y el
manejo de las apuestas.81 Los gallos también comenzaron a ser
criados y entrenados específicamente para las peleas.82
Llegando la primera mitad del siglo XIX, la regulación
de la lucha de gallos alcanzó una etapa interesante debido a su
introducción dentro de un sistema administrativo moderno, en el
cual el gobierno municipal adquirió un papel fundamental. Las
diferentes comisiones del ayuntamiento trataron el tema de las
peleas de gallos como una expresión popular ahora engarzada al
funcionamiento de las funciones dramáticas en el teatro, los paseos
musicales en los parques, la circulación ordenada de la ciudadanía
en las vías públicas, la organización de las nuevas fiestas patrias.83
Esta nueva mirada a las peleas de gallos se debió a
la “escucha” por parte de la hegemonía del pulso vital de las
AHED, 1840, caja 16, exp. 23, s/f.
AHED, 1840, caja 16, exp. 23, s/f.
82
AHED, 1840, caja 16, exp. 23, s/f.
83
María del Carmen Santa Cruz Bradley, “Historia de la estructura orgánica
del cabildo en el Municipio de Durango, 1848-1912” (Tesis de Maestría
inédita), Universidad Juárez del Estado de Durango, 2008], 78.
80
81

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diferentes capas sociales. Esto fue posible por la recopilación y
computación estadística de los crímenes.84 Esa actitud obsesiva
de las autoridades se manifestó en la discreción de la expedición
de licencias de diversiones públicas y la promulgación de varios
reglamentos. En esos procesos de revisión de los gustos del ocio
popular, los intelectuales al gobierno criticaban la barbaridad
de las corridas de toros, o lo “despreciable” de las funciones de
coloquio y de títeres que no aportaban ninguna instrucción al
pueblo.85
A diferencia de las diversiones mencionadas, las
autoridades no descalificaron la tradición del juego de gallos,
quizás por seguir controlando la masa de la población apegada
a una tradición inveterada y por reconocerla como una fuente
significativa de recaudación económica. De hecho, los impuestos
derivados de las peleas de gallos sirvieron a los gobiernos para la
activación de proyectos cívicos como el de educación pública.86
En 1851, el juego de gallos obtuvo un reglamento
específico, “tabla de gallos”, que establecía las condiciones técnicas
para la lucha de las aves y definía los roles de los participantes
y del público. Empero el discurso presente en las normas de ese
estatuto representa en sí un texto que, adecuadamente descifrado,
Gatta, “Entre tradición y modernidad - Cultura y ocio en Durango durante
la primera mitad del siglo XIX”, 345.
85
Massimo Gatta, “Entre tradición y modernidad - Cultura y ocio en Durango
durante la primera mitad del siglo XIX”, 281-282.
86
Luis Carlos Quiñones Hernández, Las escuelas de Primeras Letras en
Durango-Siglo XIX (Durango: UJED-IIH, 2017), 66-67.
84

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puede esclarecer un determinado momento histórico según los
mecanismos de dominación, explotación y resistencia social más
allá de un simple juego.87
Las normas de la lidia de aves reflejaban valores éticos y
morales a través de una teatralización, proyectándose como un
modelo ideal de relación entre el gobierno y los gobernados. Las
cláusulas dejan entrever que la lucha de gallos y la convivencia
pública en la plaza se consideraron como una experiencia
pedagógica para el hombre como animal político y económico
dentro de una ciudad moderna.88
Según el reglamento, el poder del gobierno de la arena
ciudad estaba personificado en el asentista. Este, a su vez,
contaba con el respaldo del “veedor”, un juez y árbitro encargado
de asegurar peleas equitativas. Sin embargo, el veedor no era una
figura de un poder absoluto, dado que entrelazaba los intereses
del gobierno y los derechos del pueblo. Tal y como el gobierno
municipal establecía muros y cercas en la ciudad, y con el fin de
garantizar la seguridad y el orden público, al inicio de cada pelea,
el veedor señalaba el límite espacial del tablero de juego, con la
marcación “en el piso con las cuatro rayas de costumbre”.89
Eduardo Nivón Bolán, y Ana María Rosas Mantecón, “Para interpretar a
Clifford Geertz. Símbolos y metáforas en el análisis de la cultura”. Alteridades
1 (1991), 40-49.
88
Andrés Felipe Agudelo Zorrilla y Joel Isaac Román Negroni, “Reflexiones
en torno al concepto de participación ciudadana: consideraciones aristotélicas
y neoaristotélicas.” Revista Filosofía 17, no. 2 (2018), 66-67.
89
AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.
87

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El acto de presentación de las navajas de los gallos
reforzaba el valor de honorabilidad entre ciudadanos, como en
el duelo de dos caballeros que enseñan las superficies metálicas
de las espadas o de dos comerciantes estrechándose las manos a
principio de una negociación. Por ello, ese momento culminaba
con el ritual público de la “limpieza de las navajas con un lienzo
blanco mojado en agua”.90
Significados de vida y muerte, victoria o derrota dependían
de teatralizaciones humanas percibidas en los gallos al final de
cada embestida. La derrota se estipulaba por señales de cobardía,
fuga o rendición de una de las aves: “llamándose rendido el
gallo que lo esté de pie buche y pico”.91 Por otra parte, el triunfo
del gallo representaba la imagen del hombre fuerte, valeroso y
dominante:
Los gallos ganan con firmeza y con vida; y, de dos moribundos,
ganará el que viva más, o quede en una aptitud dominante; para
un lance dudoso, tomará el verdor por sí o acompañado por otra
persona los dos gallos y poniéndolos a corta distancia el que
primero rendirse, perderá.92

En la práctica del juego de gallos, se evidencia un marcado
énfasis en la visibilidad pública y en el seguimiento de reglas
claras y precisas, reflejando así la concepción de una sociedad
ideal basada en la transparencia y la justicia. El juego, violento y
90
91
92

AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.
AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.
AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.

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competitivo, prevé varias eventualidades, incluida la oportunidad
de un empate, una circunstancia que, como el resto de los posibles
resultados, debe anunciarse mediante un acto público ante todos
los asistentes. Esta necesidad de manifestación pública de los
resultados sugiere la importancia de la integridad y claridad en
la ejecución del juego como reflejo de un deseo de equidad y
transparencia en la sociedad más amplia.
El gallo que resulte muerto en manos del saltador, lo manifestará,
le fingirá golilla y si al contrario no golillase, no quisiere o se
fuere a fondo, ganará el muerto; no quisiere y el contrario se
fuere a fondo, sin haberse presentado por muerto será tablas la
pelea.93

En el intricado mundo de las peleas de gallos, la figura del árbitro o
“veedor”, emerge como un pilar central, un mediador indispensable
entre la cruda contienda de los gallos y la apasionada voluntad del
pueblo observante. En estos enfrentamientos, no son únicamente
los gallos los protagonistas de la lid; los veredictos del veedor
tienen un peso significativo y, en ocasiones, la participación del
público puede influir notablemente en sus decisiones.
Si bien el veedor posee una autoridad determinante,
su papel se tiñe de cierta democraticidad; pues, en caso de
desacuerdo con sus decisiones, cada saltador tiene la facultad
de nombrar a una persona entre los concurrentes para que, junto
con otra nombrada por la parte opuesta, formulen un fallo. La
introducción de terceros aporta una nueva dimensión al proceso
93

AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.

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de toma de decisiones, creando un sistema en el cual, en caso de
discrepancia entre las partes, estas podrán designar a un tercer
mediador, y será el veredicto respaldado por dos de las tres voces
el que determine la sentencia final.
Este proceso de mediación y decisión refleja un compromiso
con la equidad y la representatividad, donde el veedor, aunque
figura central, no es un ente autocrático, y la voluntad del pueblo,
manifestada por los individuos seleccionados, juega un rol
fundamental en la determinación de los resultados. La posibilidad
de disputar y reconfigurar las decisiones del veedor mediante un
sistema de votación y consenso resalta la importancia del diálogo
y la negociación en esta práctica, y, por extensión, subraya la
valorización de la voz del pueblo como entidad mediadora y justa
en la resolución de conflictos.
El veedor, en su rol de árbitro, se erige así como un
canalizador de la voluntad popular, un equilibrador de fuerzas
entre la contienda y la multitud, subrayando la relevancia de la
transparencia, la justicia y la participación colectiva en el universo
de las peleas de gallos. Este método, donde la autoridad y la voluntad
popular convergen y se entrelazan, refleja, en última instancia, un
ideal de comunidad unida por la legitimidad y el respeto mutuo, y
es este intrincado juego de poder y equidad lo que contribuye a la
fascinante complejidad de este ancestral rito de combate.
si las partes no se conformaren con el veedor, éste nombrará
cada saltador una persona de las concurrentes, para que ambas
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pronuncien sentencia, y en caso de discordia, éstas nombrarán
un tercero; el fallo que resalte por dos votos unidos de las tres
hará sentencia.94

De esta manera, el público tenía un papel importante
permitiéndole señalar irregularidades o problemas durante
el transcurso de la pelea. La intervención del público en los
aspectos del juego aseguraba de forma ideal un nivel adicional
de transparencia y justicia, al permitir a los observadores señalar
posibles infracciones, trampas o problemas con los gallos, como
“problemas con sus navajas, hilos o si un gallo tenía plumas en el
ojo”.95 Este nivel de participación del público podría haber servido
para mantener la integridad del juego y podría haber permitido
a los espectadores sentirse más involucrados e invertidos en el
resultado de la pelea, promoviendo un sentido de comunidad y
participación democrática entre los asistentes.
Como se puede observar, la participación del público en
el juego actuaba de facto como un contrapeso al gobierno del
asentista, quien, para mantener su posición privilegiada, debía
demostrar apertura a las propuestas de los consumidores del
juego. Así las cosas, los interesados podían presentar al asentista
condiciones y reglas adicionales si deseaban jugar bajo otros
términos de apuesta o diversión.
Como si fuera una ciudad, en la arena se consideraba
crucial manejar la seguridad y el orden público, así como vigilar
94
95

AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.
AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.

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�Massimo Gatta

el asentista del cumplimiento de las reglas y el mantenimiento
de la disciplina durante los combates de gallos. Por ello, se
mencionaba el uso de multas y sanciones para aquellos que no
cumplieran las normas establecidas.96 En época colonial era
importante que, para evitar fuga de recursos y el mantenimiento
del orden público, el asentista debía cerciorarse que las peleas de
gallos se jugasen únicamente en el recinto estipulado: “Ninguna
persona podrá jugar peleas fuera del local del asiento, y el que lo
hiciese, pagará al empresario de uno a cinco pesos de multa por
cada pelea según el interés con que los jugare”.97
El reglamento, por su parte, reconocía que las apuestas
constituían un elemento integral de las peleas de gallos, aclarando,
sin embargo, que el asentista no asumía responsabilidad sobre
las apuestas realizadas individualmente, permitiendo que cada
persona apostara por su cuenta o mediante intermediarios de
confianza. La libertad de apostar en las peleas de gallos y la
responsabilidad individual en las apuestas puede ser indicativo
de una sociedad en el cual la hegemonía estaba buscando los
mecanismos de diálogo con el pueblo. Estas normas se reflejaban
en la teoría de un reglamento formulado por las autoridades
No se ha podido encontrar datos sobre el tipo específico de castigo
mencionado en el reglamento del juego de gallos. Sin embargo, es posible
que, dependiendo de la gravedad, el gobierno local imponía multas en dinero,
prisión o inclusive con la pena de los azotes. Para más información, véase
Massimo Gatta “Entre tradición y modernidad - Cultura y ocio en Durango
durante la primera mitad del siglo XIX”, 266-267.
97
AHED, 1851, Tabla de gallos, s/f.
96

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�Espolones y poder

gobernantes. Los gallos, emblemas de los hombres en eterno
conflicto, revelaban una cultura popular que destacaba la
importancia de la autonomía personal y de la toma de decisiones
individuales. Finalmente, los conflictos y las estrategias de
control social y político generadas entre fines del siglo XVIII y
la primera mitad del siglo XIX, fueran los que, eventualmente,
desembocaron en los próximos procesos y significados históricos
del juego en el periodo porfiriano y el postrevolucionario del siglo
XX. Aunque esta historia es inconclusa, las plumas y los picos de
los gallos en duelo siguen escribiendo el tiempo de Durango.
Conclusiones
Con este estudio, se ha explorado la tradición duranguense de
las peleas de gallos entre finales del XVIII y mediados del XIX,
intentando ilustrar tanto las evoluciones como las permanencias que
surgieron en aquel período. De manera precisa, se han examinado
las dinámicas gubernamentales del juego en el contexto de la
Intendencia y su relación con una sociedad y cultura en proceso
de transformación. Se ha enfatizado el impacto significativo de
la política centralista de los borbones en el gobierno local, que
experimentó presiones para revisar meticulosamente los ingresos
y manejar los desórdenes relacionados con el juego de gallos.
Se resaltaron las respuestas notables de estas situaciones,
especialmente de 1794 a 1801 con la lucha del asentista por
mantener los privilegios económicos y su papel como portavoz de
los intereses de la Corona, pese a los embates de la Intendencia.
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En esencia, la historia del juego de gallos en la Nueva Vizcaya,
y en especial el papel del asentista, ha proporcionado una
perspectiva única para entender la complejidad y dinámica de la
interacción entre la tradición, la economía y la sociedad durante
la era colonial.
El papel del asentista ha ilustrado también cómo las
costumbres culturales y tradiciones pudieron ser administradas y
adaptadas en respuesta a los cambios socioeconómicos que sufrió
Durango, tanto en la capital como en otros centros periféricos.
Pues, a pesar de las tensiones y desafíos inherentes a este papel,
el asentista logró mantener y preservar la tradición del juego de
gallos, asegurando su supervivencia y relevancia en el tejido
social. Empero, el papel del empresario no solo buscó preservar
una tradición cultural, sino que también intentaba encontrar el
equilibrio entre los intereses económicos y sociales en juego.
Con su habilidad para gestionar las tensiones y conflictos dentro
de la plaza de gallos, el proveedor del asiento de gallos jugó un
papel clave en el mantenimiento de la armonía y estabilidad en
la comunidad. A pesar de los desafíos y críticas a lo largo del
tiempo, el asentista se mantuvo firme en su papel, demostrando
su compromiso con la protección y promoción de esta práctica
cultural.
Dentro de ese relato fue también importante el papel de
Intendente. Su papel en la organización y gestión del juego de
gallos es un claro ejemplo de cómo los actores locales pueden
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desempeñar un papel activo y significativo en la interpretación
y adaptación de las políticas y prácticas impuestas por el poder
borbónico.
También se ha destacado la importancia del apoyo que
el juego de gallos recibió por parte de los grupos populares
que en aquellos años demostraron una afición inusitada por las
apuestas. En este sentido, se ha podido constatar que la pasión
por el juego por parte de artesanos y mineros condujo a mostrar
apreciaciones inéditas por aquellos individuos privilegiados que
presenciaban con desesperación una crisis en sus negocios. Esta
actitud hacia el juego de la riña de gallos evidencia el poder de
la cultura popular que, en estas circunstancias, pudo mostrar una
resiliencia significativa frente a las estrategias impuestas por
el gobierno local. De este modo, se ha enfatizado que el juego
de gallos representó una válvula de escape para las personas
que, frente a la restricción, provocaban incidentes y hacían un
uso indiscriminado de las apuestas. Estos aspectos tuvieron un
impacto en la definición de los espacios vitales y generaron una
atención al juego de gallos al sur de la ciudad. Esos procesos de
contraposición y negociación entre los distintos grupos sociales
llevaron a la construcción de un nuevo espacio apto y eficiente
para la lucha de gallos. Una nueva arena se instaló al sur de la
ciudad, cerca del antiguo barrio de Analco en 1794.
La lidia de gallos, como entretenimiento manifestado en la
empatía de las peleas de las aves y la euforia dada por la apuesta,
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se mantuvo a lo largo del periodo estudiado e incluso se retrotrajo
a los primeros tiempos de la colonia, y fue destinada a continuar
para todo el siglo XX. Se ha indicado que esta constancia de
la afición de la gente se derivó de la presencia en la sociedad
duranguense de rasgos conservadores, lo que se evidencia
en el reglamento de 1851 redactado por los representantes del
gobierno. Este documento representa en su discurso la esencia
de los juegos de gallos como clave de comprensión de las
negociaciones entre el gobierno y los gobernados en la historia
de ese juego y espacio. La técnica de lucha de las aves sirvió a los
duranguenses para definir una regla humana fundamental de las
relaciones sociales: el establecimiento de las reglas y los límites
del juego. Se ha postulado que los gallos, como definió Geertz, no
fueron simplemente animales, sino hombres, y que, por lo tanto,
desde la navaja del gallo hasta el cuadrante del juego marcado
en el piso, son un ejemplo de cómo las tradiciones y prácticas
culturales pueden desafiar o ser cooptadas por el poder estatal
en diferentes momentos históricos. La tabla de gallos de 1851 de
la plaza de gallos de Durango deja ver, más allá del espectáculo
sangriento de animales, cómo la élite y el pueblo encontraron
signos conscientes de la manifestación de las complejidades y
contradicciones de la sociedad de la época.
En la plaza de gallos, comparable a una ciudad, los gallos,
comparables a los humanos, participaban en la vida política y en
la pertenencia a una comunidad. La ciudad, como entidad natural,
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proporciona el marco en el cual los individuos pueden desarrollar
su potencial y cumplir con su propósito propio en armonía con el
bien común. Se destaca la importancia de la interdependencia y
la colaboración entre los miembros de la sociedad para alcanzar
el florecimiento individual y colectivo. Además, se subraya que el
ser humano es un ser social por naturaleza y que la autosuficiencia
individual es insatisfactoria y se equipara a una condición
bestial. En resumen, el mensaje utópico de ese reglamento es
que la participación y comprometida en la vida política y en la
comunidad es esencial para alcanzar la felicidad y la plenitud
como seres humanos.
Este artículo representa, por tanto, el esfuerzo inicial de
destacar la importancia de analizar estas prácticas culturales y
tradiciones como fuentes valiosas para comprender la historia
de una sociedad en su complejidad y diversidad. Todavía existen
muchas otras fuentes históricas por explorar que podrían ofrecer
nuevas perspectivas sobre este fenómeno cultural. En este sentido,
es fundamental seguir revisando otras fuentes históricas, como
crónicas, registros y diarios de la época, para encontrar nuevos
significados y matices sobre la pelea de gallos y su importancia
en la sociedad duranguense y mexicana en general. Los vestigios
documentales referentes a otros espacios de la intendencia como
en Chihuahua, Parral y Guarisamey invitan a la revisión de otros
repositorios que se han analizado aquí y que seguramente podrán
ofrecer una indagación más rica y amplia.
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�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

El vocabulario ferroviario de México en los años
de 1850 a 1930: entre préstamos lingüísticos y
variación dialectal
The railway vocabulary of Mexico in the years
from 1850 to 1930: between linguistic loanwords
and dialectal variation
Karen Elizabeth Flores Bonilla
orcid.org/0000-0001-5591-6436
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Puebla, México
Recibido: 7 de noviembre de 2023
Aceptado: 15 de enero de 2024

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Flores Bonilla, Karen Elizabeth. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution
License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and
reproduction in any medium, provided the original author and source are
credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-115
Email: floresbonillak@yahoo.com.mx

�El vocabulario ferroviario de México en los años
de 1850 a 1930: entre préstamos lingüísticos y
variación dialectal
The railway vocabulary of Mexico in the years from 1850 to
1930: between linguistic loanwords and dialectal variation
Karen Elizabeth Flores Bonilla
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Puebla, México
orcid.org/0000-0001-5591-6436

Recibido: 7 de noviembre de 2023
Aceptado: 15 de enero de 2024

Resumen: El presente artículo forma parte de un proyecto de
investigación más amplio cuyos objetivos son el rescate y análisis de
las palabras que conformaron el vocabulario ferroviario de México
entre los años de 1850 a 1930. Basado en los documentos resguardados
tanto en la biblioteca especializada como en el archivo histórico
pertenecientes al Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, este
trabajo lleva a cabo una revisión histórica y lingüística que permite
comprender el proceso de constitución del vocabulario empleado por
todo el personal nacional durante las primeras décadas de construcción
y funcionamiento del ferrocarril en el país. Su principal aporte
radica en que, hasta ahora, no se han realizado estudios similares en
México que posibiliten conocer los distintos fenómenos lingüísticos
que se desencadenaron tras la llegada de este medio de transporte e,
incluso, existen periodos extensos de los que se ignoran los vocablos
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�El vocabulario ferroviario

utilizados entonces. Dada la importancia del ferrocarril en el desarrollo
económico y cultural del país, el análisis de su vocabulario proporciona
un acercamiento a la historia lingüística de México.
Palabras clave: vocabulario ferroviario, contacto entre lenguas,
variación dialectal, neologismos, especialización semántica.
Abstract: This article is part of a broader research project whose aims are
the rescue and analysis of the words that made up the railway vocabulary
in Mexico between the years of 1850 to 1930. Based on the documents
stored both in the specialized library and in the historical archive
belonging to the Nacional Museum of Mexican Railways, this work
carries out a linguistic historical review that allows us to understand the
process of constituting the vocabulary used by all the national personnel
during the first decades of construction and operation of the railway in
the country. Its main contribution lies in the fact that, until now, similar
studies have not been carried out in Mexico that makes it possible to
know the different linguistic phenomena that were unleashed after the
arrival of this means of transport and, even, there are extensive periods
of which the words used at the time are unknown. Given the importance
of the railway in the economic and cultural development of the country,
the analysis of its vocabulary provides an approach to the linguistic
history of Mexico.
Keywords: railway vocabulary, language contact, dialectal variation,
neologism, semantic narrowing.

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Introducción
La llegada del ferrocarril a México, en el siglo XIX, trajo
consigo transformaciones sociales, culturales, políticas y
hasta territoriales que dieron lugar a una serie de fenómenos
lingüísticos, los cuales se reflejaron directamente en el
vocabulario ferroviario del país. De hecho, la implantación
de este medio de transporte desencadenó un encuentro sin
precedentes entre distintas lenguas y variantes del español, ya
que la construcción de sus vías a lo largo de todo el territorio
mexicano concentró mano de obra de muy diverso origen, tanto
nacional como extranjera. Primero, debido a la participación de
técnicos especializados que arribaron de países como Estados
Unidos, Inglaterra, Francia, Bélgica, entre otros, con la intención
de involucrarse en el tendido de las vías y el funcionamiento
de los trenes. En segundo lugar, porque el proyecto ferroviario
requirió de personal en todas las regiones donde la fuerza de
trabajo nacional aún era escasa, lo que provocó desplazamientos
intensivos hacia diferentes áreas del país. En consecuencia,
dentro del vocabulario del ferrocarril de México se manifestó la
influencia de este contacto lingüístico.1
El término contacto lingüístico hace referencia a todos los procesos que se
dan cuando los hablantes interactúan con más de una lengua de manera constante. Dicha convivencia es tan frecuente que puede generar cambios internos
en cada uno de los sistemas lingüísticos involucrados, sea a nivel semántico, léxico, fonético-fonológico, entre otros. Klaus Zimmermann, “Disglosia y
otros usos diferenciados de lenguas y variedades en el México del siglo XX:
entre el desplazamiento y la revitalización de las lenguas indomexicanas”, en
1

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�El vocabulario ferroviario

A diferencia de lo que sucede con otros léxicos
especializados como el de la medicina o el de las matemáticas, el
vocabulario ferroviario de México no es estándar y esto significa
que presenta variaciones dialectales. Por ejemplo, ya desde la
década de 1880, en la península yucateca se optó por emplear
retranquero para nombrar al trabajador responsable de accionar
los frenos del tren; operario que, en cambio, se denominaba en el
centro del país a través del vocablo garrotero.2 En realidad, como
la migración interna y externa se multiplicó al ritmo en que se
extendieron las vías férreas, esta situación motivó al surgimiento
de centros urbanos contiguos a las estaciones *e, incluso, a la
concentración de gran parte del personal extranjero en las
localidades ahora conectadas mediante el ferrocarril.3 Por tanto,
Historia sociolingüística de México, vol II, ed. Rebeca Barriga Villanueva y
Pedro Martín Butragueño (México, DF: El Colegio de México, 2010), 889.
2
David Casares, “Informe relativo á las operaciones del Ferrocarril de Mérida a Calkiní, en el segundo semestre de 1884”, en Memoria presentada al
Congreso de la Unión por el Secretario de Estado y del Despacho de Fomento,
Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, General Carlos
Pacheco, ed. Secretaría de Fomento (México: Oficina Tipológica de la Secretaría de Fomento, 1887), 885.
3
La transformación que sufrió el estado de San Luis con la llegada del
ferrocarril es una clara muestra del impacto que tuvo este medio de transporte: desde 1878 se registró un descenso en las cifras de los habitantes de la
huasteca potosina ya que, tras la puesta en marcha del Ferrocarril Mexicano,
cientos viajaron hacia el centro del país para trabajar en las reparaciones y el
funcionamiento de dicha línea. En su lugar, arribaron obreros extranjeros y de
diversas partes del territorio mexicano para continuar con el tendido de otros
dos ferrocarriles, el Central y el Nacional Mexicano. Luz Carregha Lamadrid
y Begoña Garay López, Un camino olvidado. Estaciones de ferrocarril en el
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su vocabulario registra la incorporación y adaptación de vocablos
procedentes de otras lenguas,4 así como la creación de nuevas
formas léxicas para designar objetos y actividades desconocidas
hasta entonces.5
No obstante, si bien el vocabulario ferroviario permite
estudiar una parte de la historia lingüística de México, en el país
se carecía de investigaciones que lo abordaran. A pesar de los
primeros avances que se han hecho respecto de los fenómenos
lingüísticos originados en los territorios por los que corrían los
trenes, existen periodos de los que todavía se desconocen los
vocablos utilizados debido a la falta de trabajos que busquen
estado de San Luis Potosí: Línea México-Laredo (Ferrocarril Nacional Mexicano) (San Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 1999), 59.
4
Por ejemplo, el nombre dado a la ciudad de Empalme (Sonora) es una
traducción del vocablo inglés junction, que refiere a la unión de dos líneas
férreas. La selección de este topónimo se debe a que la ciudad se fundó hacia
1905, en el punto en que un ramal del Ferrocarril de Cananea se encontraba
con las vías del Ferrocarril de Sonora. Alfredo Nieves Medina, “Los ferrocarriles en Sonora”, Mirada Ferroviaria, núm. 7 (2009): 28–29.
5
Vale la pena aclarar, antes de avanzar, el empleo de vocablo en vez de
palabra para referir los datos lingüísticos obtenidos en el estudio: palabra es
un término que presenta dificultades al momento de ser definido lingüísticamente debido a su uso más coloquial, motivo por el que vocablo, una etiqueta
teórica bien delimitada, cumple con los requerimientos para su aplicación en
el análisis. Por vocablo se entiende al signo lingüístico que contiene, desde
un punto de vista morfológico, la menor cantidad de morfemas, razón por la
que representa a todos sus paradigmas de flexión, derivación y conjugación
posibles (por ejemplo, niño es el signo que, por convención, se impuso como
vocablo de su paradigma de flexión nominal: niña, niños, niñas, etc.). Luis
Fernando Lara, Curso de Lexicología (México, DF: El Colegio de México,
2006), 138–40.
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retomarlos. En dicho sentido, el presente artículo forma parte
de un estudio más extenso sobre el vocabulario del ferrocarril
de México empleado específicamente entre los años de 1850 a
1930 y, por tanto, consiste tan sólo en un breve acercamiento
a los resultados obtenidos. La elección del periodo de análisis
(1850-1930) se fundamenta en el hecho de que este lapso
coincide con los trabajos de tendido y funcionamiento de las
primeras y más largas líneas férreas del país, lo que ocasionó
mayor movimiento migratorio que refleja gran riqueza y
diversidad lingüística.
Metodología
Antes de avanzar con los resultados del estudio, es pertinente
realizar especificaciones sobre el proceso de recolección y
análisis de los datos obtenidos. El corpus de la investigación
comprendió 166 documentos pertenecientes a las empresas que
construyeron y operaron sus ferrocarriles en México durante el
periodo de análisis: son textos que forman parte del acervo actual
tanto del archivo histórico como de la biblioteca especializada del
Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, los cuales no se
habían utilizado previamente con el objetivo de rastrear formas
lingüísticas. No obstante, es importante resaltar que el estado de
conservación de algunos textos es delicado pues las compañías
tendían a emplear papel cebolla (un tipo de soporte delgado y
frágil) para registrar sus nóminas; material que, con el paso del
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tiempo, se rompe más fácil y comienza a borrar las letras. Esta
situación, junto con el poco cuidado que los archivos recibían
en los talleres ferroviarios antes de su resguardo definitivo en el
Museo de Ferrocarriles, apremiaba sin duda la recuperación de
los datos que ofrecen.
Ahora bien, las formas consideradas como integrantes
del vocabulario del ferrocarril de México fueron aquellas cuyo
significado se encontraba directamente relacionado con este
ámbito en particular (como piezas, actividades, materiales,
vehículos, etc.); motivo por el que la categoría gramatical de los
vocablos es diversa en el corpus. En sí, la revisión detallada de los
textos permitió la identificación de los términos especializados
pertenecientes al entorno ferroviario del país y, posteriormente,
se determinó su definición de acuerdo con el contexto lingüístico
en que se documentaban, mismo que era validado mediante la
confrontación con los demás escritos que conforman la muestra.
Por último, la ubicación temporal y geográfica de cada vocablo se
llevó a cabo con base en la información proporcionada en el texto
del que se extrajo o, en su caso, por la establecida en los registros
del propio Museo de Ferrocarriles; esto debido a que una parte de
los documentos no contiene una fecha exacta.
Hacia la constitución de un vocabulario ferroviario en
México: los préstamos léxicos
Para comprender en su totalidad los diversos fenómenos
lingüísticos presentes en el vocabulario ferroviario de
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�El vocabulario ferroviario

México, resulta crucial conocer las circunstancias particulares
que marcaron la llegada de este medio de transporte. Su
implantación, que inició desde mediados del siglo XIX, trajo
consigo un desarrollo sin precedentes en los distintos ámbitos
de la vida mexicana: antes de su aparición, no existía en el país
un medio de transporte que posibilitara el traslado dinámico
de sus pobladores dentro y fuera del territorio nacional, ni
que permitiera una movilización adecuada de productos,
herramientas y bienes. Dicha situación produjo un atraso
industrial, agrícola e, incluso, un debilitamiento del mercado
interno; condiciones que no fomentaron los desplazamientos
y, por consiguiente, tampoco el contacto lingüístico entre el
español y otras lenguas, indígenas o extranjeras. En realidad,
durante la época colonial, la Independencia y las primeras
décadas del siglo XIX, no se tenía una idea clara de la
geografía del país y se desconocía su número de habitantes, al
igual que datos específicos como la edad, la lengua materna, la
composición étnica, entre otros.6
La falta de caminos que conectaran las distintas zonas
del territorio nacional dificultó la comunicación, lo que ocasionó
que áreas de difícil acceso se mantuvieran aisladas del resto del
país durante siglos. Por ende, las comunidades indígenas poco
participaron en la creciente economía, ya que obtenían subsistencia
Sergio Ortiz Hernán, Los ferrocarriles de México. Una visión social y
económica. Vol. I. La luz de la locomotora (México: Ferrocarriles Nacionales
de México, 1987), 22.
6

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mediante el cultivo de tierras comunales: sembraban con el fin
de satisfacer sus necesidades y no encontraban ni los medios
ni los alicientes para llevar sus productos a los mercados de las
grandes ciudades. En consecuencia, estos pueblos continuaron
excluidos tanto económica como lingüísticamente hablando, sin
condiciones que facilitaran una interacción entre las diversas
lenguas originarias y el español de las capitales. Por ejemplo,
si bien antes de la llegada del ferrocarril ya se documentaban
intentos de mejorar las carreteras mediante el trabajo de los
indígenas (como ‘la carretera de la plata’, que cruzaba Zacatecas
para dirigirse al cerro de la Bufa con el objetivo de extraer sus
minerales), las obras solían detenerse sin terminar la construcción
o las reparaciones; 7 razón por la que el contacto lingüístico no era
constante.
Sin embargo, a mediados del siglo XIX, el gobierno
mexicano, al igual que el de otros países de la misma época, optó
por promover la instalación de empresas ferroviarias mediante
capitales extranjeros que fueron atraídos por amplias concesiones
sobre el territorio. Aunque esta medida propició la oposición de
diversos sectores, fue la inestabilidad política en que se encontraba
el país la causa principal por la que, a pesar de las iniciativas
propuestas desde la década de 1830, la expansión ferroviaria
comenzó durante el primer periodo presidencial de Porfirio Díaz
Sergio Ortiz Hernán, Los ferrocarriles de México. Una visión social y
económica, vol. I. La luz de la locomotora (México: Ferrocarriles Nacionales
de México, 1987), 47–54.
7

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(que comprende los años de 1877 a 1880). Si bien para 1850 se
había concluido el tramo Veracruz-El Molino, precursor de lo
que sería la línea del Ferrocarril Mexicano, fue hasta 1880 que
se entregaron permisos a compañías constituidas en la Unión
Americana; por ejemplo, la del Ferrocarril Central Mexicano, que
correría de la capital hacia Ciudad Juárez.8
La mayor influencia de Estados Unidos en la construcción
de estas líneas se reflejó también en el aspecto lingüístico ya que,
de los 196 vocablos identificados en el estudio, 21% (41/196) son
formas provenientes de otras lenguas, de las cuales 66% (27/41)
proceden del inglés.9
Resulta necesario detenerse en este punto para explicar
algunos conceptos lingüísticos de vital importancia para
comprender la constitución del vocabulario ferroviario de la
época. La convivencia frecuente entre dos o más lenguas puede
ocasionar que una (o las dos) adopte formas y/o significados
procedentes de otra, los cuales reciben el nombre de préstamos.
Éstos van desde extranjerismos (es decir, vocablos que se
María Isabel Bonilla Galindo, “Los ferrocarriles en México: un recuento
de su desarrollo”, Glifos, núm. 26 (2021): 11.
9
Aunque también hubo inversión británica durante la construcción de los
ferrocarriles, la mayoría de los empleados, hablantes del inglés, que mantuvieron contacto frecuente con los operarios nacionales procedían de Estados
Unidos, motivo por el que los mexicanos tuvieron acceso a la variante del
inglés utilizada por ellos (y que, en algunos casos, difiere de la británica).
Al hablar de contacto entre lenguas deben tomarse en cuenta, principalmente,
factores como el grado de convivencia y cercanía entre los respectivos grupos
de hablantes de cada idioma.
8

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integran, en su forma nativa, a una lengua distinta sin presentar
modificaciones; como sucede con el uso en español de software
o jeans) hasta préstamos adaptados (en donde los vocablos se
integran tras presentar cambios que les permiten adecuarse a
las reglas de su nueva lengua; como en futbolista, creado tras
la anexión del sufijo español -ista a football para referir oficio
o profesión).10 Ambos tipos de préstamo se documentan en el
corpus, hecho que evidencia los distintos mecanismos utilizados
por los trabajadores mexicanos para la conformación de su
vocabulario.
Entre los extranjerismos del inglés identificados se
encuentra, por ejemplo, el vocablo brakeman (del inglés brake
‘freno’, man ‘hombre’), empleado en el norte para denominar al
encargado de accionar los frenos del tren, así como de examinar
el estado de las chumaceras y otros componentes. Sin embargo,
este préstamo es sólo una de las cuatro formas lingüísticas
documentadas entre las décadas de 1880 y 1890, que refieren al
mismo trabajador. Como se había adelantado en la introducción,
durante este lapso también se registra el uso de garrotero y
retranquero en el centro y sur del país, respectivamente; fenómeno
que refleja la existencia de variaciones dialectales dentro de este
vocabulario desde sus primeros años de constitución. Además,
se verifica el empleo de guardafrenos, vocablo proveniente
Gloria Guerrero Ramos, “El préstamo lingüístico, uno de los principales
procedimientos de creación neológica”, Quaderns de Filologia. Estudis lingüistics 28 (2013): 126.
10

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de España utilizado, en menor grado, al norte del país. Estas
diferencias diatópicas se explican a través del hecho de que la
introducción de préstamos en una región particular puede, en
ocasiones, manifestarse como variaciones en un determinado
idioma; lo que esclarece el uso de brakeman en el norte de México
debido a su cercanía con los Estados Unidos y a la influencia de
dicho país en los ferrocarriles de la zona.11
Imagen 1.
Distribución geográfica de las formas brakeman, garrotero,
guardafrenos y retranquero durante la década de 1880

Centro de Documentación e Investigación Ferroviarias (en adelante CEDIF). Ferrocarril de Sonora. Nómina del departamento de servicio de trenes,
Tomo I, noviembre 1887.
11

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Otro ejemplo es el del extranjerismo bogie, proveniente de la
zona norte de Inglaterra, cuyo uso se extendió dentro del léxico
ferroviario francés, en donde se utilizó por encima del vocablo
truck que designa a la misma estructura de hierro diseñada para
soportar el peso de los vagones y las locomotoras. En sí, el empleo
de esta forma en México se explica mediante la presencia de
técnicos e ingenieros francófonos durante los años de inicio del
tendido férreo, ya que para la construcción del tramo Veracruz
a El Molino del Ferrocarril Mexicano (la que sería la primera
línea ferroviaria del país) se involucraron especialistas belgas,
motivo por el que, incluso, algunos de los textos se encuentran
escritos en francés.12 Aunado a lo anterior, en la década de 1860
tuvo lugar la segunda intervención francesa, a partir de la cual
el ejército invasor tomó posesión de este ferrocarril. Por tanto,
es en los años posteriores a 1880, tras la entrega de concesiones
a empresas norteamericanas, que se esclarece la gradual
desaparición de la forma bogie (ampliamente documentada en
el país hasta entonces) en favor del vocablo truck, utilizado
entre los operarios ferroviarios de Estados Unidos que arribaron
a México.
Aunque con anterioridad habían llegado trabajadores
extranjeros para laborar en otras industrias y empresas radicadas
en México, la proporción de dichas inmigraciones fue menor
John Greshman Chapman, La construcción del Ferrocarril Mexicano:
1837-1880 (México, DF: Secretaría de Educación Pública, 1975), 189.
12

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en comparación con la que trajo consigo la instalación del
ferrocarril.13 Como las compañías involucradas eran, en su
mayoría, de capital foráneo, los empleados especializados (como
los ingenieros, maquinistas y conductores, etc.) eran también
extranjeros y arribaron al territorio en número considerable ante
la falta de personal capacitado. Más aún, estas empresas optaron
por contratar mano de obra procedente de países como China,
Japón, Bélgica o Rusia, que a su vez se integró a las labores
de construcción en zonas donde escaseaba la fuerza de trabajo
nacional. Pero, en las décadas previas a la de 1910 (y, por tanto,
al estallido de la Revolución), el inglés fue la lengua privilegiada
dentro de las propias compañías ferroviarias establecidas en
México, las cuales incentivaban su empleo entre los operarios
nacionales;14 situación que contradecía lo estipulado en sus
reglamentos donde se exigía el uso oficial del español.15
Ortiz Hernán, Los ferrocarriles de México. Una visión social y económica,
vol. I. La luz de la locomotora, 59–59.
14
Un factor, poco considerado antes, que contribuyó a la desigualdad laboral
dentro de las compañías ferroviarias fue la lengua, ya que el sólo hecho de hablar inglés podía asegurar un lugar en los rangos más altos del escalafón. Esto
puede constatarse, por ejemplo, en una nota publicada el 30 de mayo de 1904
en El Ferrocarrilero, el periódico bisemanal de los trabajadores mexicanos:
“podríamos llenar las columnas de nuestro periódico comentando casos en los
que el mecánico mexicano es doblegado por un extranjero que, con la sola recomendación de hablar en inglés, se presenta como títere a quitarle el trabajo”.
“Redacción”, El Ferrocarrilero, el 30 de mayo de 1904.
15
Por ejemplo, desde el Reglamento para la construcción, conservación y
servicio de los ferrocarriles, publicado en 1883, ya se estipulaba el empleo
obligatorio del español dentro de las compañías. Todos los empleados en el
servicio de oficinas y trenes [...] hablarán español y emplearán con las perso13

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A pesar de la existencia de estos documentos, se tiene
registro de que, al menos hacia 1905, los maestros de las
denominadas casas redondas (traducción del inglés roundhouse,
de round ‘redondo’ y house ‘casa’) del Ferrocarril Nacional
sometían a fogoneros mexicanos a exámenes de orden en inglés
si éstos buscaban ascender a maquinistas. Lo mismo sucedía con
los empleados del Ferrocarril de Tehuantepec, en cuyo caso se les
impedía trabajar si no acreditaban las pruebas.16 Es más, algunos
de los textos correspondientes a la época presentan una edición
bilingüe inglés-español o se encuentran totalmente escritos en
inglés, lo que tuvo como consecuencia un menor acceso a los
documentos debido a que no todos los empleados nacionales
conocían esta lengua extranjera;17 aunado a los altos índices de
nas con quienes traten asuntos de servicio, el lenguaje y consideraciones que
al público son debidos. Todos los anuncios, libros de contabilidad, recibos
y demas (sic.) documentos que hubieren de darse al público ó presentarse á
las autoridades, agentes de fisco ó inspectores (sic.), deberán estar escritos
en el idioma español. Secretaría de Fomento, “Reglamento para la construcción, conservación y servicio de los ferrocarriles”, en Memoria presentada al
Congreso de la Unión por el Secretario de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, General
Carlos Pacheco, ed. Secretaría de Fomento (México: Oficina Tipológica de la
Secretaría de Fomento, 1887), 554.
16
Guillermo Guajardo Soto, Trabajo y tecnología en los ferrocarriles de México: una visión histórica, 1850-1950 (México, DF: Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes, 2010), 53.
17
La socióloga Shabot Askenazi ha estudiado la lucha de don Felipe Pescador, un antiguo trabajador mexicano que expuso la necesidad de cumplir
debidamente con el uso oficial del español ante la Junta Directiva de los Ferrocarriles Nacionales de México el 1° de julio de 1909. Esther Shabot Askenazi,
“La Gran Liga de Empleados de Ferrocarril y la huelga de 1908”, Estudios
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analfabetismo que entonces imperaban en el país. Para demostrar
lo dicho hasta ahora, se muestra a continuación una boleta de
despacho, en inglés, que se solía entregar a los conductores del ya
mencionado Ferrocarril de Tehuantepec para registrar la entrada
y salida de los trenes.
Imagen 2.
Boleta de despacho del Ferrocarril de Tehuantepec empleada
en 190818

Debido a este predominio del inglés, gran parte de los vocablos
provenientes de dicho sistema se incorporaron al español tras
presentar modificaciones para adecuarlos a las reglas de su nueva
lengua; esto dado a que el español constituía el idioma materno
Políticos, núm. 18–19 (1979): 242.
18
Compañía del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, Reglamento para el
Departamento de Transportes (México: Imprenta Lacaud, 1908), 43.
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de la mayoría de los trabajadores mexicanos.19 Tales préstamos
adaptados, a diferencia de los extranjerismos abordados en los
párrafos anteriores, documentan distintos tipos de cambio que
van desde lo fonológico hasta lo ortográfico. Entre los más
interesantes se encuentran las modificaciones registradas a
nivel morfológico; por ejemplo, mediante la anexión del sufijo
español -ero para referir a la persona que realiza la acción. Es
el caso de la forma donquero, usada para denotar al empleado
encargado de alimentar y dirigir a las mulas durante las labores de
terraplenado; vocablo creado en el país a partir de la forma inglesa
donkey ‘burro’.20 Como puede esperarse, el préstamo se utilizó
únicamente en la región del norte de México entre las décadas de
1890 y 1900, mientras que en el centro se optó, en su lugar, por el
vocablo mulero para denominarlo a causa de la menor influencia
ejercida por los Estados Unidos en la zona.
Por otra parte, también se documentaron préstamos que
sufrieron modificaciones al adaptarse, específicamente, a las
normas de formación de plural del español, las cuales dictan que,
Para poner un ejemplo, el Censo General de la República Mexicana de
1895 (el primero de su tipo en el país) registra que, en todo el territorio, los
hablantes de español alcanzaban los poco más de 10 millones, mientras que
los de náhuatl apenas 649 mil y los de maya 249 mil. Dirección General de
Estadística, Censo General de la República Mexicana verificado el 20 de octubre de 1895 (México: Oficina Tipológica de la Secretaría de Fomento, 1899),
91–116.
20
CEDIF. Ferrocarril de Sonora. Nómina del departamento de conservación
de vía, julio de 1905.
19

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si una palabra termina en vocal, su plural se crea al añadir el sufijo
-s (como mesa-s), en tanto que si finaliza en consonante se agrega
el alomorfo -es (por ejemplo, árbol-es). Algunos de los préstamos
siguieron la pauta de esta lengua: es decir, si el vocablo terminaba
con vocal se optó por el sufijo -s como en locomotivas (procedente
del inglés locomotive) y si finalizaba en consonante se anexó el
alomorfo -es, como sucede con furgones (en este caso, proveniente
del francés fourgon).21 No obstante, se registraron casos en los
que estos préstamos presentan formas alternantes, lo que significa
que un mismo vocablo aparece tanto con el sufijo -s como con
el alomorfo -es. Esto ocurre con la forma inglesa caboose, la
cual se mantuvo invariable en su estatus de extranjerismo (sin
sufrir cambios) hasta la década de 1890, momento a partir del
cual comenzó a documentar alternancia entre una forma singular
(caboose, cabús) y otras dos posibilidades de formas plurales,
una al agregar el sufijo -s al vocablo original (1a) y otra al anexar
el alomorfo -es al préstamo adaptado, como en (1b).
1a. En todas las terminales habrá una vía destinada solo para
cabooses y los empleados del patio los moverán solamente
para ponerlos en esa vía.22
Cabe aclarar que en esta investigación se analizaron todas las formas extranjeras, registradas en el corpus, que se integraron y emplearon dentro del
ámbito del ferrocarril de México, por lo que se toma en cuenta también aquellos préstamos que se introdujeron en España y se usaron sin modificaciones
entre los trabajadores del país.
22
Ferrocarriles Nacionales de México, Cédula de sueldos y reglamento para
los conductores y empleados de los Ferrocarriles Nacionales de México (México: The American Book and Printing Co., 1909), 15.
21

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1b. Los conductores de los trenes de carga deberán tener en sus
cabúses una provisión de palos de enganchar y cerciorarse de
que sus garroteros tienen de esos palos.23

El plural creado mediante el préstamo adaptado (es decir,
cabúses), que constituye el más integrado a las pautas del
español, es el que permanece dentro del vocabulario ferroviario
del país, pues el extranjerismo caboose comienza a desaparecer
paulatinamente en favor del vocablo modificado a fines del siglo
XIX.24 El fenómeno contrario ocurre con los préstamos truck
(en sus dos formas plurales trucks y truckes, identificadas en el
transcurso de la década de 1860) y ténder (con ténders y ténderes,
ambas registradas a inicios de la década de 1850), donde la forma
menos ajustada a las normas del español (trucks, ténders) fue la
que perduró.
Ahora bien, aunque los préstamos del inglés son los más
recurrentes (y, por tanto, los más citados de momento), también
se introdujeron algunos provenientes de otras lenguas con
menor prestigio en México. Al hablar de contacto entre lenguas
resulta vital tomar en cuenta el dominio social y el grado de
Camino de Fierro Nacional Mexicano, Reglamento para gobierno de los
empleados (México: Crawford Press, 1892), 25.
24
Cuando, en una lengua, se emplean dos elementos que designan al mismo
referente, al principio se utilizan ambos de manera alterna hasta que uno de
los dos restrinja o expanda su uso, o sea eliminado por completo. Esto depende, principalmente, de tres aspectos: su frecuencia de empleo, su integración
al sistema y la aceptabilidad que tenga entre los distintos hablantes. Yolanda
Lastra, Sociolingüística para hispanoamericanos (México, DF: El Colegio de
México, 1992), 189.
23

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estimación de cada idioma en el territorio, ya que determinan el
comportamiento de los actores implicados, así como el tipo de
influencia que el encuentro tiene en ambas lenguas.25 Por ende,
el predominio técnico de los países angloparlantes derivó en
una marcada preferencia por la incorporación de palabras del
inglés por sobre las que se habían originado en otros sistemas
lingüísticos. Con todo, la expansión ferroviaria en México
involucró, desde el tendido de sus primeras vías, la labor de
campesinos, obreros y jornaleros procedentes de ciudades y
comunidades cercanas a las nuevas vías e, incluso, el traslado
de personal a regiones en las que se carecía de mano de obra, lo
que dio lugar a desplazamientos intensivos que incentivaron el
contacto entre diferentes variantes del español y otros idiomas
nacionales. Como resultado de este fenómeno surge la forma
tlacualero, préstamo adaptado del náhuatl tlacualli ‘comida’ al
que se anexó el sufijo español -ero para designar al empleado
encargado de transportar y distribuir los alimentos entre las
cuadrillas. Sus primeros registros se limitan, a inicios del siglo
XX, al área del centro debido al mayor uso de esta lengua en
la zona, ya que al norte se denominó mediante el compuesto
portador de comidas.26
Para cerrar el apartado, vale la pena referir brevemente
un caso particular de préstamo que no se había abordado hasta
Lastra, 173.
CEDIF. Ferrocarril SudPacífico de México, división Tepic a la Quemada.
Nómina, noviembre de 1923.
25
26

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ahora: el calco, que consiste en la traducción exacta, miembro
por miembro, del compuesto extranjero (por ejemplo, perro
caliente es una reproducción fiel de la forma inglesa hot
dog, de hot ‘caliente’ y dog ‘perro’).27 En particular, dentro
del corpus investigado se registran dos calcos del francés;
primero, camino de hierro/fierro, proveniente del compuesto
chemins de fer (de chemin ‘camino’ y fer ‘hierro’), empleado
en España desde 1831 e introducido en el país durante la década
de 1850.28 En segundo lugar, material rodante que procede
a su vez del francés matériel roulant (de matériel ‘material’
y roulant ‘rodante’), utilizado para denotar al conjunto de
vagones y locomotoras que circulan sobre una vía férrea. No
obstante, también se documentan calcos del inglés como mesa
giratoria (de turntable, de turn ‘girar’ y table ‘mesa’), usado
para referir a la plancha circular que facilita la distribución de
las máquinas en los talleres; o derecho de vía ‘franja de terreno
dispuesta a cada lado de la vía para la óptima operación de los
trenes’, las cuales recibieron el nombre de servidumbres en
Juan Gómez Capuz, “El tratamiento del préstamo lingüístico y el calco en
los libros de texto de bachillerato y en las obras divulgativas”, Tonos. Revista
Electrónica de Estudios Filológicos, núm. 17 (2009), https://www.um.es/tonosdigital/znum17/secciones/tritonos-1-librosdetexto.htm.
28
La alternancia en el empleo de hierro y fierro dentro del compuesto se
registra más en el corpus de México en comparación con el de España, donde el lingüista Rodríguez Ortiz documenta camino de fierro en un sólo texto
publicado en 1844. Francisco Rodríguez Ortiz, Introducción y desarrollo del
léxico del ferrocarril en la lengua española [Tesis de Doctorado] (Barcelona:
Universitat de Barcelona, 1996), 229.
27

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España y cuya denominación en México resulta una traducción
del compuesto inglés right of way (de right ‘derecho’ y way
‘camino, vía’).
Mecanismos lingüísticos internos identificados en el
vocabulario ferroviario de México
Aunque el contacto lingüístico originado en México tras la
llegada del ferrocarril tuvo como consecuencia la introducción
de nuevos préstamos, los trabajadores mexicanos optaron por
recurrir también a otro tipo de mecanismos para conformar su
vocabulario. Esto no es un fenómeno nuevo ya que, en realidad,
las lenguas humanas evolucionan para adecuarse a las necesidades
comunicativas de sus hablantes, en ocasiones motivadas por la
serie de cambios que experimentan todas las sociedades a lo largo
del tiempo (como ejemplo de estos factores externos al sistema
se encuentran, justamente, los avances tecnológicos). Con la
implantación y funcionamiento de este medio de transporte en
el país se desencadenaron innovaciones que obligaron a los
operarios nacionales a crear formas léxicas (y a trasladar viejas
palabras a un uso especializado, como se verá más adelante). Esas
unidades de reciente creación se conocen como neologismos y
son el resultado de la manipulación, formal y/o semántica, de
elementos lingüísticos que existían previamente en la lengua
(como palabras y morfemas).29
Luis Alberto Hernando Cuadrado, “Sobre la formación de palabras en español”, en Lengua y cultura en la enseñanza del español a extranjeros: actas
29

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De hecho, algunas de las formas registradas durante el
periodo de estudio se crearon en México con vocablos que ya se
usaban antes en el español, debido a que esta lengua cuenta con
mecanismos que le permiten producir neologismos con base en
los elementos existentes en su sistema. Entre los más habituales
está la composición, que consiste en la unión estable de dos
unidades previas, lo que da lugar a un compuesto con significado
propio (por ejemplo, abrelatas y rompecabezas son resultado de
la combinación de dos palabras independientes). Sin embargo, se
reconocen varios tipos de composición, de acuerdo con la fusión
gráfica de sus constituyentes. En el corpus, la mayoría de las formas
se crearon por sinapsia; es decir, a partir de una unión dispuesta
mediante la preposición de, como en casa de máquinas: puesto
que la construcción de los talleres no siguió siempre la estructura
circular en sus edificios, se optó por formar el compuesto para
indicar el vehículo destinado a su uso, las locomotoras.30 Este
ejemplo se concibe como un compuesto (y no como dos palabras
separadas) dado a que, sólo en conjunto, ambos elementos
designan un referente único. En sí, la creación de dichas formas
del VII Congreso de ASELE (España: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1998), 257.
30
Cabe recordar que los talleres para locomotoras que mantuvieron una estructura redonda recibieron el nombre de casas redondas, una traducción del
inglés roundhouses. Por tanto, se creó el compuesto casa de máquinas para
diferenciar aquellas que no mantuvieron dicho patrón, aunque los trabajadores
decidieron retomar el primer elemento del calco (casas) al momento de su
formación.
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es de gran productividad en la terminología científica y técnica,
porque su estructura posibilita una especificación detallada del
objeto.31
Imagen 3.
Casa de máquinas de los talleres de Doña Cecilia en Tamaulipas,
1926.32

Entre los compuestos por sinapsia dignos de mención se
encuentran chapas de unión, placas de unión y planchuelas
de unión, los cuales son sinónimos que denominan a la misma
pieza de hierro rectangular, con cuatro tornillos, colocada en
cada extremo del riel para unirlo a su inmediato sucesivo; tal
como puede comprobarse en los ejemplos (2a), (2b) y (2c). Sin
Manuel Alvar Ezquera, La formación de palabras en español (México, DF:
Arco, 1995), 22.
32
Casa de máquinas de los talleres de Doña Cecilia en Tamaulipas, 1926.
Fondo FNM, Sección Comisión de Avalúo e Inventarios. Secretaría de Cultura,
CNPPCF, CEDIF.
31

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embargo, antes de la creación de estos neologismos, en el país
ya se documentan otras formas empleadas para designarla entre
las décadas de 1860 y 1870: eclisas (préstamo adaptado del
francés éclisses ‘tableta, tablilla’), bridas (procedente de España)
y orejetas (vocablo que, de acuerdo con el ingeniero Santiago
Méndez, proviene del alemán die lahese).33
2a. Desde entonces, esta vía ha sido notablemente mejorada,
construyéndose de nuevo con rieles ligados entre sí por chapas
de unión atornilladas.34
2b. Se ligarán entre sí los rieles por medio de placas de unión
aseguradas con tornillos, y se fijarán á (sic.) los durmientes con
clavos de hierro.35
2c. Cada junta o extremo del riel será asegurado con un par
de planchuelas de unión, con sus cuatro tornillos, rectas o de
ángulo y de tamaño uniforme.36
En el Manuscrito del ingeniero Santiago Méndez, de 1879, se explica que
este vocablo procede del compuesto alemán die lasehe. No obstante, su traducción actual no corresponde con la registrada en dicho documento: “el riel
tenía que vencer aun otra objeción: la dificultad de unir convenientemente las
extremidades. Se decía que no era posible unirlo por medio de chapas de unión
u orejetas (en franc. éclisses, tablillas. - fish plates en inglés; se dice en alemán
“die lasehe”, orejetas de zapato, que expresa bastante bien el objeto de estas
fuerzas)”. Santiago Méndez y Méndez, Manuscrito (México: Edición del autor, 1879), 17.
34
Generalidades sobre ferrocarriles de fuertes pendientes y sobre el sistema
de vía angosta (México: Imprenta de Ignacio Escalante, 1871), 10.
35
E. Velasco, “Capítulo III. Ferrocarriles. Informe del jefe de la sección 3a”,
en Memoria presentada al Congreso de la Unión por el Secretario de Estado
y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, General Carlos Pacheco, ed. Secretaría de Fomento (México:
Oficina Tipológica de la Secretaría de Fomento, 1887), 280.
36
Camino de Fierro Nacional Mexicano, Reglamento para cabos de cuadri33

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Cuadro 1.
Variación dialectal de los sinónimos de planchuela durante la
década de 1880

Vocablo

Línea(s) férrea(s) en que se documenta

Chapas

Ferrocarril de Matamoros, Ferrocarril de
Veracruz

Chapas de unión

Ferrocarril Nacional Mexicano (división Al
Salto y Maravatío)

Fish plates

Ferrocarril Internacional Mexicano

Placas de unión

Ferrocarril Central (división Fresnillo a
Santa Rosalía)

Planchas

Ferrocarril de Mérida a Peto, Ferrocarril
Central (división San Luis Potosí a Tampico)

Planchas de
unión

Ferrocarril de Hidalgo, Ferrocarril de San
Marcos, Ferrocarril de Mérida a Calkiní,
Ferrocarril
Internacional,
Ferrocarril
Mexicano

Planchuela de
unión

Ferrocarril de Mérida a Peto

Pero, es durante la década de 1880 que se documentan hasta
siete sinónimos utilizados para designar esta misma pieza de
llas (México: Editorial Bouligny y Schmidt, 1892), 19.
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hierro, los cuales se incluyen en el siguiente cuadro. Como se
puede apreciar, los vocablos están repartidos a lo largo de todo el
territorio nacional y sólo uno, fish plates, constituye un préstamo
de otra lengua (en este caso, del inglés). Por su parte, el compuesto
planchas de unión, identificado en España desde 1862,37 es la
forma más usada en la década, con registros de su empleo en
ferrocarriles pertenecientes al centro, norte y sur del país. Incluso
en una línea férrea es posible reconocer sinónimos que alternan
entre sí; por ejemplo, planchas y planchuela de unión, ambas
utilizadas en el Ferrocarril de Mérida a Peto en el transcurso de la
década. Dichas formas competidoras desaparecieron de manera
gradual en favor del vocablo planchuela, que se documentó por
primera vez a mediados de la década de 1860 y que, a partir de la
de 1880 (cuando se comienza a registrar paulatinamente en textos
generales sobre ferrocarriles), constituirá la forma predominante
en México.
Otros de los neologismos identificados son los compuestos
aglutinados, que consisten en la completa fusión gráfica de los
elementos que los integran (como en la palabra telaraña). En un
inicio, muchas formas se encontraban enlazadas por un guion;
no obstante, algunas lo perdieron conforme su uso era cada vez
más recurrente. Por ejemplo, guarda-camino es un compuesto,
creado en México hacia la década de 1850, que se utilizó para
Rodríguez Ortiz, Introducción y desarrollo del léxico del ferrocarril en la
lengua española [Tesis de Doctorado], 267.
37

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referir al empleado destinado a la vigilancia de una vía (3a). Sin
embargo, a mediados de la década de 1860 surge también su
forma aglutinada, guardacamino (3b), con la que alterna hasta la
década de 1880. Además de los neologismos competidores, se
presentan otros dos sinónimos: la forma guarda camineros (3c) y
el compuesto guarda-vía, el cual se analiza a continuación.
3a El guarda-camino que, con algunos cuantos hombres,
reponga las descomposturas de los puentes y algunas otras
obras que amenazasen algun riesgo á los caminantes (sic.),
debe estar pendiente en su puesto.38
3b. Los guardacaminos no se separarán de sus tramos durante
todo el día, ni permitirán que caminantes a pie o a caballo
transiten por la vía.39
3c. Una bodega de ladrillo para combustible y seis casitas para
los guarda camineros fueron construidas en igual periodo
para el cuidado de la vía.40

Como se adelantó en el párrafo anterior, guarda-vía es la forma
predominante durante el periodo de estudio. Proveniente de
Empresa del Camino de Toluca a Morelia, Tercer informe de la junta directiva del camino de Toluca a Morelia (México: Imprenta de Ignacio Cumplido,
1852), 3.
39
Ferrocarril Nacional de Tehuacán a La Esperanza, Reglamento para el
servicio económico del Ferrocarril de Tehuacán a La Esperanza (México: Imprenta de Ignacio Escalante, 1879), 9.
40
I. Garfias, “Compañía Constructora Nacional Mexicana-Tramo de Matamoros a Monterrey. Inspección oficial”, en Memoria presentada al Congreso
de la Unión por el Secretario de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, General Carlos Pacheco, ed. Secretaría de Fomento (México: Oficina Tipológica de la Secretaría de
Fomento, 1887), 800.
38

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España donde se creó, llegó al país como un compuesto separado
por guion a inicios de la década de 1880 (4a) y desde sus primeros
años alternó con las formas mencionadas; aunque es justamente, a
mediados de la década de 1880, que aparece aglutinado, tal como
se muestra en el ejemplo (4b). Cabe aclarar que la desaparición del
signo (-) es relevante dado que evidencia la completa integración
de ambas formas en una sola, así como el hecho de que los
hablantes ya la conciben como si fuera una misma palabra. Es
más, guardavía resulta el único compuesto registrado entre los
años de 1900 a 1930, pues el resto (guardacamino y guarda
camineros) deja de emplearse de manera paulatina a lo largo de
las últimas dos décadas del siglo XIX.
4a. Se ha sostenido constantemente sobre la vía en explotación,
además de los seis guarda-vías que incesantemente la
recorren, una cuadrilla de 20 hombres con un jefe inteligente
y práctico, que se ocupa en componer los desperfectos
ocasionados por el tráfico, reponiendo los durmientes que se
inutilizan.41
4b. Es también deber de los guardavías apagar los fuegos que
se originen por las chispas de las locomotoras en la vía y vigilar
las propiedades de los demás.42

Ahora bien, el uso excesivo del inglés durante los años de
inicio de tendido y servicio ferroviarios, junto con otros
Casares, “Informe relativo á las operaciones del Ferrocarril de Mérida a
Calkiní, en el segundo semestre de 1884”, 657.
42
Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano, Reglamento para el
Departamento de transportes (México: Imprenta de Hull, 1903), 40.
41

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fenómenos discriminatorios de los que eran objeto al interior
de las compañías, generaron descontento entre los empleados
mexicanos; a tal magnitud que se desencadenaron movimientos
que coincidirían con la adquisición de las líneas férreas más
importantes del país por parte del gobierno de Porfirio Díaz
(esto imprimió a la lucha un sello nacionalista al convertirse el
Estado, por primera vez, en dueño del 51% de las acciones de
las empresas ya establecidas en el territorio). Tras la creación de
Ferrocarriles Nacionales de México en 1908, empezó de manera
definitiva la mexicanización de este medio de transporte,
proceso que legitimó las demandas de sus trabajadores, quienes
exigían la mayor contratación de personal nacional, así como
la eliminación de todas las segregaciones que, hasta entonces,
habían prevalecido en estas compañías.43 Por supuesto, entre
las peticiones se encontraba el empleo del español para los
asuntos relacionados con la administración y funcionamiento
de los ferrocarriles, antes llevados a cabo en inglés (tal como se
explicó en el apartado previo).
Estos movimientos tuvieron un impacto directo en el
vocabulario ferroviario del país, pues el número de trabajadores
extranjeros comenzó a decaer en las siguientes décadas y, por
tanto, también el uso de otras lenguas no mexicanas. Además, el
constante crecimiento de la red ferroviaria se vio afectado por el
estallido de la Revolución, aunado a que la lucha armada permitió
Shabot Askenazi, “La Gran Liga de Empleados de Ferrocarril y la huelga
de 1908”, 217.
43

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al personal nacional asumir, por primera vez, puestos de control
y otros cargos altos dentro de las compañías en las que antes
habían tenido poca incidencia; esto debido a la salida paulatina
de aquellos empleados no nacionales que todavía quedaban
en México y que habían ocupado posiciones superiores en el
escalafón. Aunque ese ambiente de inestabilidad política afectó
la educación universitaria del país, a partir de 1917 sus alumnos
de ingeniería lograron realizar sus prácticas profesionales en
algunas de las empresas ferroviarias e integrarse a las tareas de
restauración de maquinaria y vías que se llevaron a cabo, así como
a la construcción de nuevas líneas y a la operación de trenes.44
Desde entonces, la lengua oficial del ferrocarril en el país sería el
español y sus actividades de servicio mantendrían el movimiento
migratorio que había iniciado con el tendido mismo de sus vías;
condición que incitó cambios frecuentes en los componentes de
su vocabulario.
A pesar del empleo obligatorio del español en las décadas
posteriores a la Revolución y, por tanto, del menor registro
Esta situación no siempre fue así. Por ejemplo, durante el mandato de Benito Juárez se modificó la organización del antiguo Colegio de Minería, creado
desde 1792, para establecer la Escuela Especial de Ingenieros, que después dio
origen a la Escuela Nacional de Ingenieros (ENI). Además, se intentó vincular
fuertemente esta profesión con el ferrocarril, por lo que se decretó, desde el 25
de marzo de 1867, que las compañías constructoras de líneas férreas estaban
obligadas a recibir a los estudiantes de ingeniería civil, de puentes y caminos
de la ENI para que realizaran sus prácticas. No obstante, la disposición encontró fuertes resistencias que dificultaron o imposibilitaron el aprendizaje de
muchos mexicanos. Guajardo Soto, Trabajo y tecnología en los ferrocarriles de
México: una visión histórica, 1850-1950, 31–32.
44

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de préstamos léxicos en comparación con el periodo anterior,
el vocabulario ferroviario siguió documentando fenómenos
lingüísticos como la creación de neologismos y la variación dialectal.
Por ejemplo, las formas cambia-vía y agujita, utilizadas para referir
al empleado a cargo de accionar los cambios en la vía, se registran
sólo en la zona norte del país. Ambas aparecen en nóminas de la
década de 1910 a 1920,45 momento para el que los contactos entre
el español y otras lenguas extranjeras habían aminorado dentro de
las compañías ferroviarias. Además, durante el periodo en que se
documentan conviven también con otros sinónimos incluidos en
textos generales sobre el ferrocarril. Así entonces, las cuatro formas
léxicas alternantes reconocidas en la época son:
a) Las formas cambia-vía y agujita, empleadas al norte
de México.
b) El vocablo derivado cambiador (del verbo cambiar, al

que se agregó el sufijo –(a)dor para indicar el agente de la
acción), registrado en las zonas del centro y del sur.
El compuesto guarda-agujas, procedente de España,
el cual se documenta en las tres regiones (norte, centro y
sur del país).
c)

La zona dialectal que abarca el empleo de cada una de las cuatro
formas identificadas en el corpus se muestra en la siguiente
imagen.
CEDIF. Ferrocarriles Nacionales de México y anexos, división Torreón.
Nómina del departamento de transportes, diciembre de 1925.
45

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Imagen 4.
Distribución geográfica de las formas cambia-vía, agujita,
cambiador y guarda-agujas en la década de 1910

Finalmente, un fenómeno que se documenta, en menor grado,
desde los primeros años de tendido férreo es la especialización
semántica. Esta se da porque, a través del tiempo, una misma
palabra puede obtener más significados que alternan con el original:
entre los factores que producen esto se encuentra su empleo en
contextos distintos al primero en que se usó, lo que es posible
explicar debido a la necesidad de nombrar nuevos referentes
ante, por ejemplo, los avances científicos y tecnológicos, como
la aparición del ferrocarril. Entonces, al requerir de vocablos que
designen objetos, ideas o conceptos recientes, surgen tres opciones
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(dos de las cuales han sido expuestas antes): 1) generar formas
a partir de elementos existentes en la lengua (neologismos), 2)
introducir vocablos procedentes de otra (préstamos) o 3) agregar
el nuevo significado a una palabra vieja. En sí, la especialización
semántica sucede cuando una forma adquiere un significado
particular que sólo es aplicable dentro de un ámbito específico.
En realidad, lo más frecuente es que posea un significado general
en la lengua común y otro sentido especializado en un contexto
restringido.46
Sin embargo, las especializaciones semánticas resultan
el fenómeno menos frecuente en el corpus, pues la mayoría de
los vocablos del español general que se trasladaron al ámbito
ferroviario adquirieron esos significados en España, sin registrar
modificaciones semánticas en México. Es el caso, por ejemplo,
del vocablo carril, el cual designó primero a la barra de hierro
utilizada para soportar y guiar a los trenes (5a); no obstante, en
el contexto ferroviario también se empleó como sinónimo de vía
(5b), debido a que ésta se conforma de varios rieles. En México,
el término carril llegó con ambos significados, por lo que no se
puede hablar de cambios semánticos llevados a cabo en el país.
5a. Las juntas están aseguradas con eclisas ahuecadas que
abrazan la cintura y cabeza inferior del carril, sugetas (sic.)
por medio de tornillos y tuercas.47
Stephen Ullman, Semántica. Introducción a la ciencia del significado (México, DF: Aguilar, 1976), 182–83.
47
Proyecto de un ferro carril de Veracruz a Mejico (México: Imprenta de Va
46

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5b. El asiento del ferro-carril se ha formado con la mayor
economía y para un carril solamente, con rieles de 25
kilogramos por metro de largo.48

Otro ejemplo de especialización semántica resulta el uso de
la forma plural empalmes a mediados de la década de 1860,
momento en el que recibió un significado particular dentro del
contexto ferroviario del país, ya que se comenzó a utilizar, como
sinónimo de planchuela, para denominar a la pieza de hierro
que une a un riel con otro (6a), la cual ha sido mencionada
previamente. Pero esta acepción (únicamente adjudicada al
plural de la forma) no se mantuvo en el corpus, pues el nominal
empalme (tanto singular como plural) sólo continuó denotando,
en el ámbito ferroviario, al punto en que convergen dos líneas
de ferrocarril, como en:
6a. Los empalmes (eclisses, fish-plates), tal es el nombre que
se da á (sic.) las placas que unen las extremidades de los rieles.49
6b. Cuando una línea tenga que enlazarse con otra, los
empalmes se harán únicamente en las estaciones designadas.50
Woutes, 1851), 11–12.
48
Proyecto de un ferro carril de Veracruz a Mejico, 11–12.
49
Pedro Almazán, Tratado sobre caminos comunes ferrocarriles y canales.
Construcción de puentes ordinarios, oblicuos de madera y suspendidos; teoría
del vapor y su aplicación a las locomotrices y navegación (México: Imprenta
Literani, 1865), 87.
50
Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, Reglamento para la construcción, conservación y servicio de los ferrocarriles expedido por decreto el
10 de julio de 1883 (México: Imprenta de la Oficina Impresora de Estampillas,
1892), 31.
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Otro caso es el de la palabra garrote (que inicialmente refería al
palo grueso que puede emplearse a modo de un bastón), la cual
adquirió en México una nueva acepción en el ámbito ferroviario
al denominar al sistema que permite frenar el tren. Esta acepción,
registrada desde 1860, se debe al hecho de que en el país se
empezó a usar un palo que permitía hacer palanca para girar el
disco del freno; motivo por el que su empleo frecuente entre
los trabajadores del ferrocarril provocó que el vocablo garrote
designara entonces a todo el mecanismo, como se evidencia en
los ejemplos de (7a) y (7b). Dicho fenómeno semántico dio lugar
también a una locución verbal, dar garrote, creada en México
para denotar la acción de utilizar el garrote y accionar el freno,
como en (7c).
7a. De algunos años á esta parte, se ha ido generalizando
el empleo de unas locomotivas que los ingleses llaman
tank-engines y que llevan consigo su provision de agua y
combustible y el aparato que ayuda á contener su marcha (el
freno ó garrote).51
7b. Tanto los Jefes de Estacion (sic.) como los conductores de
trenes cuidarán de que el último carro de todo tren tenga buen
garrote antes de partir.52
7c. Las locomotivas mas (sic.) comunmente (sic.) utilizadas
llevan tras de sí, en otro vehículo llamado tender, su provisión
Santiago Méndez Echazarreta, Nociones prácticas sobre caminos de fierro
(México, 1864), 194.
52
Ferrocarril Mexicano, Recopilación de órdenes y circulares emitidas en
diversas fechas y relativas al servicio de este Ferrocarril (México: Tipografía
de Gonzalo A. Esteva, 1879), 19.
51

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de agua y combustible, y el aparato para dar garrote y contener
su marcha.53

Conclusiones
El análisis de los distintos términos permitió identificar
características particulares en el vocabulario ferroviario de
México, debido a que las condiciones de construcción y servicio
de los ferrocarriles en el territorio fueron únicas si se las compara
con otras regiones. El hecho de que las empresas a cargo eran,
en su mayoría, extranjeras se reflejó en la incorporación de
préstamos léxicos, ya que la influencia de los Estados Unidos en
el tendido y la operación de los ferrocarriles del país tuvo un fuerte
impacto sobre su vocabulario, lo que explica que gran parte de
los términos foráneos procedan del inglés. Mediante el recorrido
en el tiempo llevado a cabo antes, también se pudo apreciar la
incidencia de fenómenos históricos sobre la lengua al documentar
préstamos del francés ligados a la Intervención francesa. Además,
es llamativo haber encontrado vocablos del náhuatl, pues éstos
están ligados a los trabajadores, a su origen y a la vitalidad de su
lengua. No obstante, tanto la naturaleza multilingüe de México
como el contacto lingüístico que propició el tendido de sus vías
generaron, incluso, el surgimiento de variaciones dialectales. Si
se observa todo esto de manera general, es posible distinguir en
el vocabulario ferroviario de México, palabras que no pertenecen
a ningún otro vocabulario de su tipo.
53

Méndez Echazarreta, Nociones prácticas sobre caminos de fierro, 194.

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La perspectiva diacrónica de la investigación permitió
comparar, además, las décadas de mayor afluencia de trabajadores
extranjeros con las posteriores a la Revolución; momento para
el que estos empleados se habían visto forzados a abandonar
el país. Los datos muestran más variación dialectal durante
la década de 1880, cuando inician las labores de construcción
de las grandes líneas del Ferrocarril Central y del Ferrocarril
Nacional que cruzaban desde la capital hasta la frontera norte,
las cuales importaron mano de obra procedente de regiones y
países muy diferentes. Es el caso, por ejemplo, de los sinónimos
de planchuela, ya que hacia esta época se documentan hasta siete
formas para denominar a la misma pieza de hierro. Pero, incluso
para la década de 1920, se registran variaciones con formas del
español, como lo son agujita y cambia-vía empleadas sólo en el
norte, lo que posibilita aventurar la existencia de este fenómeno
lingüístico en décadas posteriores.
Una vez que han sido evidenciadas estas diferencias entre
el vocabulario ferroviario de México y otros léxicos técnicoespecializados, resulta de vital importancia continuar con la
recuperación de la información lingüística contenida en los
escritos que aún se conservan en los archivos del Museo Nacional
de los Ferrocarriles Mexicanos y que no forman parte de la
investigación. Primero, debido a que el estado actual de algunos
de los textos apremia su rescate antes de la pérdida definitiva de
los datos que incluyen. En segundo lugar, porque el recuperarlos
permite también la reconstrucción tanto histórica como lingüística
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de los demás periodos de funcionamiento de los ferrocarriles,
los cuales presentan sus propios fenómenos particulares. Dada
la relevancia de este medio de transporte en el país, su estudio
posibilita rescatar una parte de la memoria colectiva de México.
Referencias
Archivo
Centro de Documentación e Investigación Ferroviarias (CEDIF)
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Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Marquesinas ferroviarias. Tipología arquitectónica
de las antiguas estaciones de pasajeros en
Nuevo León
Railways Portals. Architectural typology of the
old passenger stations in Nuevo León
Óscar Abraham Rodríguez Castillo
orcid.org/0000-0003-3040-7840
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas, México
José Eugenio Lazo Freymann
orcid.org/0000-0003-2199-8044
Universidad Nacional Autónoma de México
Coyoacán, México

Recibido: 14 de noviembre de 2023
Aceptado: 15 de enero de 2024

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma
de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey,
Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Rodríguez Castillo, Óscar Abraham / Lazo Freyman, José Eugenio. This is an open-access article distributed under
the terms of Creative Commons Attribution License [CC BY 4.0],
which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any
medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-121
Email: orodriguez.cien@gmail.com jelazof@gmail.com

�Marquesinas ferroviarias. Tipología arquitectónica de las antiguas estaciones de pasajeros en
Nuevo León
Railways Portals. Architectural typology of the old passenger
stations in Nuevo León
Oscar Abraham Rodríguez Castillo
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas, México
orcid.org/0000-0003-3040-7840

José Eugenio Lazo Freymann

Universidad Nacional Autónoma de México
Coyoacán, México
orcid.org/0000-0003-2199-8044
Recibido: 14 de noviembre de 2023
Aceptado: 15 de enero de 2024

Resumen: En este trabajo se propone una tipología de las estaciones
ferroviarias de pasajeros de Nuevo León, las cuales quedaron en
desuso tras la extinción de Ferrocarriles Nacionales de México, y
la concesión de las vías férreas a la iniciativa privada. Para ello, se
lleva a cabo una revisión de las particularidades arquitectónicas,
el contexto histórico en que se construyeron, así como el valor
patrimonial que le es conferido en la actualidad. Cabe mencionar
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que la tipología es producto de una investigación documental,
pero sobre todo de campo, la cual dio inicio hace más de cinco
años. En este sentido, el texto viene acompañado de fotografías
tomadas por los autores. El objetivo de la investigación es
visibilizar el potencial de las estaciones ferroviarias para formar
parte del patrimonio cultural del estado, especialmente para
las comunidades cercanas a estas. No hay que olvidar que las
estaciones fueron puntos neurálgicos de la actividad económica
y social de los pueblos. En este sentido, ocupan un lugar especial
en la memoria colectiva de las comunidades.
Palabras clave: Ferrocarriles Nacionales de México, Ferrocarriles,
México, Patrimonio, Estaciones ferroviarias
Abstract: This work proposes a typology of the passenger railway
stations of Nuevo León, which fell into disuse after the extinction
of Ferrocarriles Nacionales de México, and the concession
of the railway tracks to private initiative. To accomplish this,
we conducted a review of the architectural particularities, the
historical context in which they were built, as well as the heritage
value that is conferred on them today. It is worth mentioning that
the typology is the product of documentary research, but mainly
field research began more than five years ago. In this sense, the
text is accompanied by photographs taken by the authors. The
objective of the research is to make visible the potential of railway
stations to form part of the state’s cultural heritage, especially for
the communities near them. We must not forget that the stations
were nerve centers of the economic and social activity of the
towns. In this sense, they occupy a special place in the collective
memory of the communities.
Keywords: Ferrocarriles Nacionales de Mexico, Railways,
Mexico, Heritage, Railway stations
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Introducción
El presente trabajo tiene por objetivo presentar una tipología
arquitectónica de las estaciones de pasajeros que hay en Nuevo
León (México), considerando variables como los elementos
constructivos, contexto histórico y su valor como patrimonio
cultural material e inmaterial. Dicha tipología se basa
principalmente en el trabajo de campo, es decir, en el registro
fotográfico de las estaciones, así como información general de
las mismas. Para ello, dividimos el texto en dos apartados. En el
primero, recuperamos la tipología de elaborada por Lucina Rangel
y Juana María Rangel,1 que agruparon las estaciones en cuatro
categorías a decir: principales, provisionales, tipo y bandera. Con
base en lo apuntado por las autoras, identificamos las estaciones
en Nuevo León que entran en dichas categorías. Posteriormente
presentamos una propuesta tipológica de las estaciones de Nuevo
León con tres categorías: Estaciones Históricas, Estaciones
Contemporáneas y Las Estaciones.
La primera conformada con aquellas estaciones construidas
previo a la fusión de las dos grandes compañías ferroviarias El
Central y El Nacional; que se prolonga hasta la nacionalización
Lucina Rangel Vargas y Juana María Rangel Vargas, “Estaciones ferroviarias de México”, en Estaciones ferroviarias de México. Patrimonio histórico, cultural y artístico, ed. Teresa Márquez Martínez, Lucina Rangel Vargas, y Juana María Rangel Vargas (México, DF: Centro Nacional para la
Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero; Instituto Nacional del
Antropología e Historia; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010),
55–116.
1

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de los Ferrocarriles Nacionales durante el periodo presidencial
del general Lázaro Cárdenas (1934-1940); la segunda, abarca el
periodo comprendido entre 1940 y la privatización del sistema
ferroviario a través de la figura de concesiones. En esta etapa
se observa la introducción de nuevos materiales y la tendencia
a la uniformidad de los edificios; la tercera es de carácter
transversal y la utilizamos para resaltar las singularidades de las
cuatro estaciones incluidas en esa categoría. En este sentido, la
variable a considerar no es la temporalidad sino los elementos
arquitectónicos que las hacen únicas en el contexto local o incluso
nacional.
1.
Tipología histórica de las estaciones
Las estaciones forman parte de la infraestructura ferroviaria, cuya
importancia no es mayor ni menor al resto de los activos materiales
y los miles de ferrocarrileros que hacen posible el funcionamiento
adecuado de este medio de transporte; no obstante, son las más
visibles dado que una de sus principales funciones es regular la
afluencia de carga y pasajeros.
Gracias a ello, el diseño arquitectónico de las estaciones,
además de orientarse a la funcionalidad, es decir, a una distribución
racional de los espacios, adquirieron una carga simbólica siendo
la carta de presentación de las compañías ferroviarias. En este
sentido, las dimensiones y los detalles ornamentales se asociaron
a la solidez empresarial, pero también a la pujanza de las ciudades
que formaban parte del itinerario. No es casual el esmero que las
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compañías pusieron en las estaciones terminales, regularmente
instaladas en las capitales de los estados, en contraste con las
ubicadas en poblaciones no estratégicas o de baja demografía,
donde el diseño arquitectónico fue generalmente modesto y hasta
cierto punto genérico.
Imagen 1.
Estación Villaldama

Asimismo, las estaciones estaban equipadas para abastecer a
los trenes de carbón y agua, brindar un mantenimiento básico y
proporcionar las instrucciones de ruta para el resto del trayecto.
Para ello, el interior del edificio se dividía en diferentes secciones
que albergaban al personal operativo como telegrafistas, jefe de
estación, ayudantes, entre otros. Bodegas de carga, cuarto de
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herramientas, viviendas de los trabajadores, vías secundarias, etc.
completaban el complejo ferroviario, cuyo tamaño variaba según
el tráfico de trenes en la región.
En México, la construcción y administración de las líneas
de ferrocarril estuvo, hasta antes de la nacionalización, a cargo
de compañías extranjeras, esto es británicas y estadounidenses
principalmente. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, las
segundas solicitaron la autorización del gobierno federal para
construir caminos de hierro que unieran la capital del país con
la frontera norte y, de esa forma, enlazarlas con las propias. Las
compañías ferrocarriles estadounidenses Central y Nacional fueron
las responsables de unir la capital del país con la frontera norte. La
primera estuvo a cargo de la construcción y administración de la
vía México-Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez), y la segunda de la
vía México-Nuevo Laredo. Ambas tenían experiencia probada y
trajeron consigo el equipo, el personal y las técnicas constructivas,
así como los estilos arquitectónicos de las estaciones. La vía
troncal de El Ferrocarril Central entró en operaciones en 1882,
en donde en cuatro años construyeron casi dos mil kilómetros
de vía. Al Ferrocarril Nacional le tomó seis años la construcción
de 1352 kilómetros de vía, quedando concluidos los trabajos en
1888. Pero la celeridad en la construcción del tendido férreo no
fue la misma respecto a las estaciones. De acuerdo con una reseña
elaborada por Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas en
1902, citada por Ortiz Hernán2, las estaciones y paraderos en la
Sergio Ortiz Hernán, “De estaciones, trenes y paisajes”, en Estaciones
ferroviarias de México. Patrimonio histórico, cultural y artístico, ed. Teresa

2

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línea México-Laredo, “nada tienen de notable”. La prioridad era
la vía, pues entre más tardaran en abrir el servicio de trenes, más
tiempo les tomaría recuperar la inversión.
Pero aquí nos hacemos los primeros cuestionamientos:
¿había una norma oficial para ese tipo de edificios? ¿Cuál fue
el marco arquitectónico de referencia para la construcción de
estaciones? Una manera sencilla de responder a estas interrogantes
es: sí, en términos generales, pero no en lo particular. Ciertamente
una respuesta como la anterior no deja satisfecho a nadie, por lo
que es necesario ahondar en el tema. Veamos.
De acuerdo al reglamento ferroviario de 1883, las
compañías constructoras estaban obligadas a “establecer en ellas
[las estaciones] un local convenientemente resguardado en el que
pueda el público en general sin incomodidad ni inconveniente,
esperar la salida o llegada del tren”.3 Aunado a lo anterior, en la
fachada principal debía colocarse un letrero con el nombre de la
estación y de la localidad, así como un reloj en sincronía con el
movimiento de los trenes. Además, antes de construir cualquier
edificio para el servicio de pasajeros, las compañías estaban
Márquez Martínez, Lucina Rangel Vargas, y Juana María Rangel Vargas (México, DF: Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero; Instituto Nacional del Antropología e Historia; Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes, 2010), 17–54.
3
Ortiz Hernán, Sergio, “De estaciones, trenes y paisajes”, en Estaciones
ferroviarias de México. Patrimonio histórico, cultural y artísticos, de Márquez Martínez, Teresa, Rangel Vargas, Lucina (México: Centro Nacional para
la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero, Instituto Nacional de
Antropología e Historia, Conaculta, 2010), 39.
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obligadas a presentar el proyecto a la Secretaría de Fomento para
su autorización. Como advierte Ortiz, quedaba implícito en el
reglamento que una estación, además de ser el lugar donde el tren
detenía su marcha, constaba de un edificio cuyas dimensiones
podían variar según la localidad. No obstante, el mismo reglamento
hacía mención de “paraderos”, aunque sin dar mayor información
al respecto. Esto lleva a inferir que las especificaciones señaladas
arriba aplicaban principalmente para las estaciones terminales o
las intermedias de importancia relativa, mientras aquellos puntos
marcados en el itinerario donde el servicio de carga y/o pasaje
tenían poca o nula demanda, lo estipulado en el reglamento
era pasado por alto. Cabe señalar que la tecnología de la época
aplicada al transporte ferroviario exigía grandes cantidades de
provisiones para su operación. Junto a las locomotoras de vapor
era enganchado un tender, vagón tipo góndola con las reservas de
combustible, aceite y agua necesarios para recorrer una distancia
determinada, el cual era reabastecido en cada estación o paradero.
Por consiguiente, el tren no solamente detenía su paso para
subir o bajar pasaje o mercancías, sino también por cuestiones
meramente operativas.
Ahora bien, tal vez parezca una obviedad la relación
estación-edificio; sin embargo, ya en el siglo XX, bajo la
administración de la paraestatal Ferrocarriles Nacionales de
México (FNM), el reglamento ferroviario de 1944 define a la
estación como “un lugar designado en el Horario con determinado
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nombre”. Así, FNM tomó distancia con el reglamento anterior,
rompiendo la relación estación-edificio. Entonces, con base en
lo dicho hasta aquí, respondemos la primera interrogante de
manera afirmativa, aunque la normativa aplicaba preferentemente
para la estaciones terminales e intermedias. En ambos casos,
la suntuosidad de la estación era proporcional a la dinámica
comercial de la localidad donde se ubicaba.
Respecto a la segunda interrogante, el estilo arquitectónico
de las estaciones no fue uniforme, sino variopinto según los
marcos de referencia de los propietarios de las líneas ferroviarias.
Como señalamos antes, las compañías extranjeras tenían una
experiencia previa construyendo caminos de hierro en sus países
de origen, en este sentido, el diseño de las estaciones se basó
en dicha experiencia. Para cuando se construyó la primera línea
de ferrocarril en México, había transcurrido prácticamente medio
siglo de la inauguración de la primera línea férrea en Gran
Bretaña. A lo largo de esos años surgieron principios básicos
sobre un diseño funcional de estación, más allá de los criterios
estéticos en fachadas e interiores.
Lora Ann Cunningham recupera la tipología realizada
por el arquitecto francés Cesar Daly en 1846, quien clasificó las
estaciones con base en su diseño arquitectónico, identificando
cinco tipos diferentes. Comienza señalando la estación tipo “T”,
donde el edificio es representado por la parte superior de la letra y
las vías por la parte más alargada, cubiertas por un cobertizo, algo
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típico de las estaciones europeas. Esta tipología tenía una variante
parecida a una doble “TT”, cuyo objetivo era separar los accesos a
los andenes de salida y llegada de los trenes. La segunda es quizá
la más común en edificios terminales, con dos cuerpos paralelos,
ambos con acceso al andén central y un par de vías para arribos y
salidas con su respectivo cobertizo. El tercer tipo tenía forma de L,
siendo la estación de Berlín (1838) su referente. Integrada por dos
vías paralelas bajo un cobertizo para salidas y entradas, donde la
primera giraba a la izquierda (dando la forma de L) hacia uno de
los edificios de la estación, mientras que la otra hacía lo propio,
pero en línea recta. La cuarta fue la más recurrida en estaciones
secundarias, ubicadas en ciudades con baja actividad comercial o
zonas rurales. La estación constaba de un edificio y anden lateral
para salidas y llegadas. Finalmente, el quinto tipo de estación,
parecido al anterior, consistió en un solo edificio, aunque de
mayores dimensiones, cuyos extremos daban acceso a los andenes.4
Como antecedentes en México, el ingeniero mexicano
Santiago Méndez publicó en 1864, Nociones prácticas sobre
caminos de fierro en el que aborda prácticamente todo lo
relacionado con las vías férreas, desde las obras de construcción
hasta el tipo de locomotoras más adecuadas a la geografía de
nuestro país. Respecto a las estaciones terminales, Méndez señaló
diez criterios5 básicos que debían cubrir:
Lora Ann Cunningham, “A Forgotten Typology: The Rediscovery of the
Train Stations on the Oldest Railroad in the Country”, 2011, 20–23.
5
Santiago Méndez, Nociones prácticas sobre caminos de fierro (México:
4

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1.

Un vestíbulo o pórtico cerrado [...] que forma la fachada del
frente.

2.

Las oficinas para la distribución de las boletas de pasaje,
inscripción del equipaje...

3.

Salas para depositar el equipaje y los efectos que salen y
para repartir los que llegan.

4.

Una oficina en donde se reclaman los objetos perdidos, y
una sala para depositarlos.

5.

Un local para el telégrafo.

6.

Otro para el despacho del correo, sillas de postas,
diligencias.

7.

Una o más salas de espera...

8.

Un local para los enseres del alumbrado.

9.

Meaderos y comunes.

10.

Un local para el despacho del jefe de la estación y otra para
los empleados, sobrestantes y peones de servicio.

Siguiendo a Lucina Rangel y Juana María Rangel6, el periodo
previo a la nacionalización de los ferrocarriles, esto es entre 1867
y 1940, se caracterizó por la diversidad de estilos arquitectónicos
en las estaciones principales, más no así en las intermedias o
paraderos. Las autoras proponen una tipología integrada por
Agustín Masse Editor, 1864), 160–61.
6
Rangel Vargas y Rangel Vargas, “Estaciones ferroviarias de México”, 58–
60.
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estaciones provisionales, estaciones urbanas (principales),
estaciones tipo y estaciones bandera. Las características de estas
fueron las siguientes:
Estación provisional, que eran construcciones de madera,
a decir por las autoras, similar a la vivienda rural austera y con
techo de dos aguas, aunque acondicionada con los elementos
propios de una estación como el mirador, telégrafo, sala de espera,
taquilla. Como señalamos con anterioridad, la prioridad era poner
en funcionamiento las líneas, por consiguiente, las compañías
levantaron tales edificaciones que luego, en su mayoría, fueron
reemplazadas por otras construidas con materiales duraderos.
Estación urbana: ubicadas en las ciudades principales de
México, siendo puntos neurálgicos de las relaciones comerciales
y sociales. Estos edificios, además de las características propias
de una estación, tenían un diseño exterior imponente, símbolo de
la modernidad y el progreso. Dadas las particularidades estéticas
de estas estaciones una parte importante de ellas han sobrevivido
al inexorable paso del tiempo y políticas urbanas.
Estación tipo: estas fueron las más común en las estaciones
intermedias, edificios generalmente de una planta carente de
elementos ornamentales, salvo algunas mínimas en puertas y
ventanas, techo de dos aguas de madera o zinc, y un cobertizo
lateral para proteger a los pasajeros de las inclemencias del
tiempo mientras esperaban el arribo del tren. Algunas contaban
con una segunda planta en el cuerpo central del edificio, el cual
era acondicionado como vivienda para el jefe de estación.
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Estación bandera: carecían de edificio, únicamente
constaban de una señal fijada al suelo con el nombre de la estación.
En algunos casos, había un escape destinado al encuentro de
trenes. Las locomotoras detenían su marcha en caso de tener
orden de hacerlo o si había personas que quisieran abordar, las
cuales esperaban junto a simples cobertizos improvisados, que
desconocemos si fueron levantados por la institución ferroviaria
o por los habitantes de dicho espacio.
Pero, ¿esta tipología es aplicable al contexto nuevoleonés?
Definitivamente sí. Pero antes de ampliar la respuesta, primero
un poco de historia. Como adelantamos, la Cía. El Ferrocarril
Nacional obtuvo la concesión del gobierno federal para enlazar la
capital del país con la frontera norte, específicamente con Nuevo
Laredo (1882-1888). El itinerario de El Nacional fue el primero
en incluir a Nuevo León. Proveniente de Saltillo, Coahuila, el
trazo de la vía enfiló hacia Monterrey enlazando a su paso los
actuales municipios de García y Santa Catarina. Posteriormente
siguió rumbo al norte a través de los municipios de San Nicolás,
Gral. Escobedo, Salinas Victoria, Villaldama y Lampazos de
Naranjo, para finalmente internarse en jurisdicción del vecino
estado de Tamaulipas.
El itinerario estableció 32 estaciones en Nuevo León,
trece de las cuales eran de bandera. De acuerdo con la publicación
De México a Chicago y Nueva York: Guía del Viajero7, además
7

Adalberto de Cardona, De México a Chicago. Guía para el viajero en la

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de Monterrey, otros puntos relevantes del trayecto fueron
Villaldama, Guadalupe y Lampazos, donde las principales
actividades económicas eran la agricultura, la ganadería y la
minería.
Al Ferrocarril Nacional le siguió la Compañía del
Ferrocarril Al Golfo, construido en pleno auge industrial de
Monterrey, entre 1888 y 1891, enlazando la capital regiomontana
con el puerto de Tampico. El trazado de esta vía incluyó catorce
estaciones en territorio nuevoleonés, partiendo de la emblemática
estación Del Golfo hacia el este por los municipios de Guadalupe,
Cadereyta, para luego hacer un arco hacia el sureste por los
municipios de Montemorelos y Linares. Partiendo de Monterrey,
también contó con un ramal hacia el norponiente, cuya terminal
fue la estación Treviño en territorio coahuilense, donde hacía
conexión con la zona carbonífera de ese estado, por medio de
la Cía. Ferrocarril Internacional, indispensable para satisfacer
la demanda industrial de combustible. En 1901, esta línea fue
absorbida por el Ferrocarril Central.
El Ferrocarril Internacional obtuvo en 1894 autorización
del gobierno federal para construir un ramal hacia Monterrey.
Con ello, la compañía buscó prescindir de intermediarios,
transportando ella misma los minerales del norte de Coahuila
hasta las puertas de las industrias regiomontanas. Para no
que se describen las principales ciudades y ferrocarriles de México y los Estados Unidos del Norte (Nueva York: Imprenta de Moss Engraving Co., 1892).
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discurrir de manera paralela con el Ferrocarril al Golfo, se internó
a Nuevo León por el cañón de El Delgado para luego seguir por
el valle de las Salinas (en su momento un fértil espacio dedicado
principalmente a la caña de azúcar), cruzando por los municipios
de García, Mina, Hidalgo, Abasolo, El Carmen y Gral. Escobedo
hasta llegar a Monterrey. Esta línea quedó concluida en 1898 y en
su itinerario incluyó apenas ocho estaciones. Años más tarde el
Ferrocarril Internacional y el Nacional se fusionaron, es por ello
que la estación principal de ambas compañías en Monterrey llevó
el nombre de Unión.
Por su parte, el ramal Monterrey-Matamoros fue el
último en terminarse pese a que comenzó a construirse en 1880.
Ante el incumplimiento de la compañía que obtuvo la concesión
del proyecto, el Ferrocarril Nacional adquirió los derechos de
esa vía que entró en operaciones en 1905. El trazo de la vía
se tendió rumbo al este de la ciudad de Monterrey, pasando
por los municipios de San Nicolás de los Garza, Apodaca y
Pesquería, luego se desvía ligeramente al sureste alcanzando el
municipio de Los Ramones para luego enfilar al noreste rumbo
a Matamoros no sin antes enlazar los municipios de los Herreras
y Los Aldamas.
Esta apretada síntesis de las vías férreas que a finales
del siglo XIX colocaron a Monterrey como una de las ciudades
mejor comunicadas en el país, da una idea de la fuerte herencia
ferrocarrilera no solo en la capital del estado sino en los diferentes
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municipios conectados por este medio de transporte. Asimismo,
evidencia el importante número de estaciones en la entidad, y
con ello la variedad de estilos arquitectónicos. Efectivamente, en
Nuevo León encontramos ejemplos de las cuatro variantes según
la tipología realizada por las autoras mencionadas líneas arriba. A
continuación presentamos ejemplos de cada una.
Los vestigios de estaciones provisionales son, por su
misma condición temporal, muy pocos. Ya sea que las mismas
compañías las derribaran una vez levantado otro edificio en su
lugar, fueran arrasadas durante la vorágine revolucionaria, o simplemente sus materiales se reutilizaran una vez finalizada su vida
útil. Afortunadamente, Nuevo León cuenta con una de ese tipo,
la estación Hidalgo, ubicada en el municipio de igual nombre. La
estación Hidalgo se ubica en la actual Línea M (Gómez Palacio/
Torreón-Tampico/Altamira), concesionada al Ferrocarril Mexicano, S.A. de C.V. (FERROMEX). La Línea M integró el ramal a
Monterrey construido por el Ferrocarril Internacional con la vía
del Ferrocarril al Golfo. Esto fue posible gracias a la fusión de las
principales compañías ferroviarias, bajo la rectoría de un organismo federal descentralizado Ferrocarriles Nacionales de México
(1908), haciendo innecesaria la duplicidad de vías.
El edificio de la estación Hidalgo es de una planta con
forma rectangular, construida con madera, con techo de dos
aguas de lámina galvanizada. Sobresaliendo de cuerpo central del
edificio se ubica el mirador, con ventas tipo bay windows y en la
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parte superior de la misma el letrero con el nombre de la estación,
destino, kilómetro en que se ubica y la altura respecto al nivel del
mar. El mirador estaba reservado para el telegrafista y su ayudante,
Asimismo, contaba con una palanca para manipular el sistema de
señales según las instrucciones del despachador. Salvo los marcos
y rejas de forja en ventanas y puertas, el edificio no cuenta con más
elementos ornamentales. El edificio contaba con una bodega, andén
lateral (sin cobertizo) y escape. Completan el conjunto ferroviario
el tanque de agua que descansa sobre una base de piedra, así como
vagones-vivienda para los trabajadores de vía.
Imagen 2.
Estación Hidalgo

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¿Por qué si era temporal no fue demolida por FNM? Seguramente
por su ubicación. El ramal del Ferrocarril Internacional fue
construido en el Valle de las Salinas, región semidesértica de baja
demografía y de poca relevancia económica en comparación con
otros espacios enlazados por el ferrocarril. La importancia de la
vía radicó en la transportación de minerales hacia las fundiciones
de Monterrey. Había pocas estaciones a su paso. Los trenes que
recorrían el trayecto eran mixtos, es decir, de carga y pasajeros.
Como no era una vía estratégica, probablemente FNM pasó por
alto reemplazar la estación.
Otra razón que pudo jugar a favor de su conservación:
la cementera Hidalgo. Ubicada a un costado de la estación cuya
producción requería de mil carros anualmente. Aunado a lo
anterior, en mayo de 1972 el gobierno federal publicó en el Diario
Oficial de la Federación la Ley Federal Sobre Monumentos y
Zonas Arqueológicas, que seguramente abonó a la conservación
de la estación considerando su valor histórico.
Las estaciones urbanas de Monterrey fueron dos: La estación Del Golfo, cuyo diseño arquitectónico fue elaborado por Isaac
S. Tylor y la obra estuvo a cargo del ingeniero W. W. Price; y la
Estación Unión de los Ferrocarriles Nacional e Internacional. De
acuerdo con el periódico local El Monterrey News, la construcción
de la estación comenzó en febrero de 1905 a cargo del ingeniero en
jefe del sistema Merger (fusión de la compañía Nacional e Internacional) R. T. Mc. Donald, mismo que años antes había construido
la estación Querétaro (1903-1904). Ambas estaciones tuvieron un
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gran parecido. Contrario a lo ocurrido en la capital queretana, la
estación Unión fue demolida en la década de los 60, al poco tiempo
de entrar en operación una nueva estación ubicada al poniente del
primer cuadro y con la infraestructura necesaria para satisfacer la
demanda de una ciudad industrial como Monterrey.
Imagen 3.
Estación Querétaro

Como mencionamos más atrás, la prensa local tuvo un trato
diferenciado con las compañías ferroviarias del Ferrocarril
al Golfo y del Ferrocarril Nacional a causa de la estación de
pasajeros. Esto a partir de que la primera adquiriera tres manzanas
sobre la calle de la Zona Norte donde construiría un edificio de
piedra destinado al servicio de carga y pasajeros. El periódico La
Defensa del Pueblo elogió la decisión del Ferrocarril al Golfo, y
destacó que ésta no escatimaría en gastos. Remató la nota de la
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siguiente manera: “Ojalá y la del Nacional imitara su ejemplo;
pero, por desgracia debemos estar desengañados ya por lo que
respecta a sus intenciones”. La crítica no era para menos, pues
la línea Monterrey al Golfo tenía menos tiempo de haberse
construido; no obstante, hay que considerar que dicha compañía
tenía como punto terminal la capital nuevoleonesa al norte, y
Tampico en su extremo sur; en cambio, la Cía. del Ferrocarril
Nacional unió la Ciudad de México con Nuevo Laredo, siendo
Monterrey un punto intermedio en el itinerario.
Retomando la obra del ingeniero Santiago Méndez, las
estaciones de pasajeros exigían para su operatividad un terreno
amplio, complicando su construcción en el interior de las ciudades
debido al costo de la tierra. Y así ocurrió para ambas estaciones,
que estuvieron ubicadas sobre la calle de la Zona, límite norte
del primer cuadro de Monterrey, donde dispusieron de un espacio
vasto para construir la infraestructura complementaria para las
operaciones ferroviarias.
¿Cuáles eran las dimensiones idóneas de una estación
terminal considerando el edificio como tal, pero también el terreno
para el resto de la infraestructura? Méndez sugirió tomar como
referencia las estaciones europeas, entre ellas la de París, cuya
extensión era de 50 mil metros cuadrados y la de mercancías de 260
mil. En el caso de La estación Del Golfo, la infraestructura llegó a
tener una extensión de 150 mil metros cuadrados. Probablemente,
la estación Unión tenía dimensiones similares, ya que los terrenos
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de la estación abarcaban de la avenida Cuauhtémoc hasta Calzada
Victoria, entre Miguel Nieto y Cuauhtémoc.8 En cuanto a las
dimensiones del edificio, la estación del Golfo ocupó un espacio
de más de 2 mil metros cuadrados, y 3 mil la estación Unión.
Por otro lado, siguiendo a Juan Antonio Casas, el lenguaje
arquitectónico de la Estación del Golfo fue neorrománico, sin
parangón en la ciudad en esa época. Incluso, Casas afirma que dicha
estación fue la única diseñada por el arquitecto estadounidense
Isaac S. Taylor, lo cual la vuelve todavía más especial. Con un
cuerpo central de cinco pisos y de dos en los cuerpos laterales, la
estación se construyó con ladrillo, algo poco usual en la región,
pero común en Estados Unidos. Para las columnas y torreones
centrales que custodian el cuerpo principal se utilizaron bloques
de piedra de las canteras del Topo Chico.
El techo a cuatro aguas y soportes decorados de madera
sosteniendo los aleros, así como las buhardillas le dan un toque
singular. Es por ello que el edificio fue visto con beneplácito por
los redactores de los periódicos locales, al mismo tiempo que
arremetían contra la austera estación de madera de El Nacional.
La crítica no paró hasta 1907, cuando finalmente se inaugura la
estación Unión.
Oscar Abraham Rodríguez Castillo y José Eugenio Lazo Freymann, “Los
patrimonios negativos. La estación Del Golfo y las identidades cartográficas
en el centro de Monterrey”, en Monterrey: Patrimonio e Industria. Seis estudios históricos, ed. Oscar Abraham Rodríguez Castillo (Ciudad de México:
Fides, 2021), 101.
8

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En la construcción de esta última se utilizaron materiales
de la localidad como la piedra de Los Ramones y ladrillo de una
fábrica de la localidad; el edificio era de dos plantas y, como
elemento diferenciador del resto de las estaciones en México,
contaría con un cobertizo para trenes de 152 metros de largo,
con el ancho suficiente para cubrir cuatro vías. Al inaugurarse en
mayo de 1907, la prensa local no escatimó en elogios:
En cuanto al edificio no es menos bello que su interior. Desde
el andén, alto, espacioso y con vías para todos los trenes que
en un mismo momento o a una misma hora puedan estar en
la estación, hasta la fachada principal del mismo edificio, son
hermosas todas sus partes. Es una estación, permítasenos la
orgullosa frase, como para Monterrey.9

Respecto a los interiores, ambas estaciones se ajustaron a las
recomendaciones del ingeniero Méndez, pues contaron con un
vestíbulo cerrado, oficina de boletaje, sala de equipaje, sala de
pasajeros, oficinas administrativas, etcétera.
Los redactores de El Renacimiento, que por años criticaron
a la Cía. del Ferrocarril Nacional, reseñaron sus impresiones sobre
La Estación Unión: “Sus magníficas oficinas tan bien montadas
como numerosas, la amplitud de todos los departamentos […]
hacen de nuestra Estación una de las mejores y más bien montadas
con todas las exigencias del despacho en la actualidad”.10
“Las estaciones de las líneas nacionales”, Semanario Renacimiento, el 12
de mayo de 1907.
10
“Las estaciones de las líneas nacionales”.
9

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Imagen 4.
Croquis de Estación Del Golfo

La tercera variante tipológica, estación tipo, fue la más común
fuera de la ciudad de Monterrey. Como señalamos, la principal
característica de esta era el edificio regularmente de un piso con
el andén lateral al descubierto, construido con materiales durables
regularmente de la misma región circundante. En las vías trazadas
por Nuevo León se construyeron estaciones tipo tanto de un piso
como de dos.
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Imagen 5.
Estación Cadereyta

Sobre la vía al Golfo predominó la estación de un piso, con un
diseño estandarizado, como se aprecia en el caso de las estaciones
Cadereyta,

Montemorelos

y

Linares.

Dichas

estaciones

prácticamente son replica una de la otra. Para la construcción,
se empleó una base de piedra laja, muros de piedra con aplanado
de cal, excepto en las columnas donde se aprecian los bloques
de piedra como elemento funcional, pero a la vez decorativo, ya
que también se utiliza en jambas y dinteles de puertas y ventanas.
Otros elementos que se observan son el techo de dos aguas, el
frontón de forma irregular, combinando líneas rectas y curvas en
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la parte central. Una ventana de ojo de buey en el aguilón del
frontón completa los elementos ornamentales de estos edificios.
De ahí se desprende un cobertizo lateral, que sirvió de abrigo a
las y los usuarios del transporte ferroviario. En la parte central del
cuerpo se puede observar el mirador y encima de éste un madero
en horizontal con el nombre de la estación.
Imagen 6.
Estación Linares

La distribución del espacio interior se resolvió de una manera
funcional; dividido en cuatro secciones, sala de espera, bodega de
Express, oficina, y equipaje. A excepción de la sección de oficina,
las otras tres tenían una puerta al frente y una posterior con acceso
al andén. También hubo estaciones tipo con un piso extra en el
cuerpo central del edificio, que era utilizado como vivienda del
jefe de estación. La distribución del espacio fue similar, salvo que
carecía de cobertizo lateral. Este tipo de estación se encuentra en
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la vía a Matamoros, siendo las de Pesquería o Los Herreras un
claro ejemplo de ello. En la estación Jarita, vía México-Laredo,
aunque sin el aplanado de cal en los muros exteriores.
Imagen 7.
Estación Los Herreras

Finalmente, las estaciones bandera, ubicadas en los puntos
del itinerario de baja demografía y poca o nula importancia
en la explotación económica y que carecieron de edificio,
identificándose por una estaca de fierro enterrada verticalmente
en la tierra que sostenía en la parte superior un letrero con el
nombre de la estación. En ellas, el tren detenía su marcha
solamente en caso de pasaje o por indicaciones del despachador
para introducirse al escape, cediendo el paso al tren que venía
en sentido contrario. A decir por antiguos ferrocarrileros, el
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reglamento estipulaba que las personas en una estación de este
tipo, debían agitar una bandera verde al aproximarse el convoy;
sin embargo, agrega, dicha cláusula del reglamento era muchas
de las veces ignorada.11
Imagen 8.
Estación Benítez

Cabe recordar que el número de estaciones incluidas en el
itinerario respondía no solo a la necesidad de integrar el
mercado nacional, sino a los continuos trabajos de conservación
y mantenimiento de las vías. Para ello, siguiendo a Méndez,
Óscar Abraham Rodríguez Castillo y José Eugenio Lazo Freymann, Oficio
y memoria ferroviaria. Divisiones Monterrey y Golfo (Benito Juárez: Editoria
An·Alfa·Beta, 2019).
11

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se conformaban cuadrillas de hasta 30 hombres, quienes tenían
a su cargo entre seis leguas de vías férreas, aproximadamente
29 kilómetros. Los materiales y herramientas utilizados por las
cuadrillas estaban almacenados en las estaciones o almacenes
distribuidos estratégicamente a lo largo del tendido férreo.
Considerando la baja demografía de la región norte del país,
es posible afirmar que las estaciones bandera daban servicio
principalmente a los trabajadores de vía que, por las exigencias
propias de su labor, acampaban en un punto intermedio del
tramo bajo su cuidado.
Recapitulando, las dimensiones y el diseño de las
estaciones estuvo influenciada por los patrones resultantes de la
experiencia acumulada desde los albores del siglo XIX hasta la
llegada del ferrocarril a México. En general, los edificios tuvieron
un diseño funcional con una distribución racional de los espacios,
con base en las exigencias del servicio de carga y pasajeros. En los
núcleos poblacionales más amplios las compañías ferroviarias,
antes de la fusión de las compañías Central y Nacional, a la que
se sumó el Estado mexicano, desembolsaron fuertes sumas de
dinero para la construcción de edificios, además de funcionales al
interior, estéticamente atrayentes al exterior. En este sentido, las
personas asociaban la bonanza de la ciudad con la estación y, por
ende, con la compañía constructora.
No obstante, las estaciones intermedias si bien fueron
más austeras, también sobresalieron en el paisaje arquitectónico
donde fueron instaladas. Las hubo con edificios de un piso y de
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dos, y en otros casos de ninguno. Paulatinamente las estaciones
intermedias fueron el punto estratégico de los intercambios
comerciales y culturales en su contexto geográfico inmediato.
Ciertamente, el papel de las estaciones ha ido cambiando
con el transcurrir de las décadas. Los avances tecnológicos
aplicados al transporte ferroviario y una mayor competencia
del transporte automotor fueron desplazando la importancia de
dichos inmuebles, que son parte de la historia del estado. La
desaparición del servicio de pasajeros, aunado a la modernización
de las locomotoras, que hoy en día recorren largos trayectos
sin necesidad de reabastecer provisiones, vuelve aún más
complejo el reciclaje de las estaciones intermedias. Algunas han
sido acondicionadas como albergue de la seguridad privada a
cargo de la vigilancia de los vagones, en otras por cuestiones
de seguridad, tapiaron sus accesos o en el peor de los casos,
simplemente fueron derruidas. El contraste es la nota dominante
entre las estaciones del ferrocarril, aunque mayormente inclinado
a las sombras.
Desafortunadamente, por encima del valor históricopatrimonial están la indolencia, la especulación o los negocios, lo
cual deriva en la paulatina e irremediable pérdida del patrimonio
arquitectónico de la región. De ahí la importancia de visibilizar
las estaciones que siguen en pie a pesar de la indiferencia de
las instancias de gobierno de los tres niveles, y sobre todo del
inexorable paso del tiempo.
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Imagen 9.
Nueva Estación Monterrey

2.
Hacia una tipología regional de las estaciones
ferroviarias
En esta segunda parte, proponemos una tipología propia, basada
en el universo de estaciones en territorio nuevoleonés. Con esto no
queremos decir que la elaborada por Lucina Rangel y Juana María
Rangel sea inaplicable al contexto regiomontano. Por el contrario,
como presentamos en el apartado anterior, Nuevo León cuenta con
ejemplos de cada uno de los tipos de estación identificados por las
autoras. En este sentido, la tipología que enseguida presentamos
no compite con la anterior, sino que la complementa, pues
presta atención a variables como la temporalidad, los materiales
constructivos y la singularidad de los diseños.
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Comenzamos por clasificar las estaciones con base
en una variable temporal: estaciones históricas y estaciones
contemporáneas. En esta primera categorización dividimos las
construidas durante el porfiriato hasta antes de la nacionalización
de los ferrocarriles; mientras las construidas a partir de 1937 en
adelante entran en la categoría de contemporáneas. Asimismo,
agregamos una variable adicional: Las Estaciones, donde incluimos
los edificios sin parangón, por lo menos en el contexto local.
Estaciones históricas
Aunque existe imprecisión o desconocimiento de las fechas de
construcción, proponemos un par de subcategorías de los edificios de
pasajeros, la cual responde a la lógica de las empresas propietarias.
Así tenemos que a lo largo del tendido de hierro construido por
el Ferrocarril Monterrey al Golfo (absorbido por el Ferrocarril
Central en 1901) las estaciones intermedias de los municipios de
Cadereyta, Montemorelos y Linares sean de un solo piso, y un estilo
arquitectónico que son una calca una de otra, y que se encuentra en
otros lugares de México, como en Iguala (Guerrero).
En cambio, en la vía a Matamoros, propiedad de El
Nacional, los edificios son de un cuerpo central de dos pisos,
mientras los cuerpos laterales son de uno. Hasta antes de 1908, las
líneas ferroviarias eran administradas por distintas compañías. Por
consiguiente, dichas compañías definieron el diseño arquitectónico.
Por lo menos parcialmente se observa tal diferenciación en la línea
Monterrey a Matamoros, donde El Nacional optó por un edificio
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principal de andén lateral, con un segundo piso en la parte central,
acondicionado como vivienda del jefe de estación; por su parte,
en la vía al Golfo se optó por el diseño de una planta y cobertizo
lateral. Ejemplo de lo anterior son las estaciones de Pesquería, y
los Herreras en la vía a Matamoros que, de acuerdo al catálogo
de estaciones ferroviarias, fueron construidas a principios del siglo
XX, caso similar a la estación Cadereyta en la vía al Golfo.
Imagen 10.
Estación Pesquería

Así, las estaciones en la vía a Matamoros, por lo menos en
el trazado por Nuevo León tuvieron un patrón homogéneo –
edificio rectangular con una planta adicional en el cuerpo central
y techo a dos aguas- y lo mismo ocurrió en la vía al Golfo –
edificios de una planta, techo de dos aguas y cobertizo lateral.
Considerando las características particulares de las estaciones
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década compañía, nos referiremos a ellas en adelante como
patrón nacional y patrón central.
Ahora bien, en la vía a Laredo convergen ambos patrones,
lo cual en un primer momento pudiera parecer un contrasentido,
pues dicha convergencia invalida la existencia de patrones
arquitectónicos de compañías competidoras. No obstante, es
importante recordar que los edificios de las estaciones fueron en
un principio de madera, sustituyéndose paulatinamente por otros
construidos por materiales más duraderos. Entonces, ¿qué motivó
la utilización de estaciones con distinto estilo arquitectónico en una
misma vía? La clave está en el año de construcción. A pesar de que
las fechas pueden ser imprecisas, para la estación Jarita, primera
en territorio nuevoleonés viniendo de la frontera, fue utilizado el
patrón nacional. A reserva de corroborar la fecha exacta de su
construcción, el edificio de Jarita fue levantado antes de 1908, es
decir, previo a la fusión de las empresas Central y Nacional, en la que
tuvo el Estado una participación mayoritaria de las acciones, que
a partir de ese año fue renombrada como Ferrocarriles Nacionales.
Pero ¿cómo se justifica que la estación Villaldama en
la misma vía a Laredo fuera levantada bajo el patrón central?
La respuesta es que dicha construcción se edificó después de
1908, una vez que las empresas fueron fusionadas por el Estado.
Siguiendo este razonamiento, podemos afirmar que Ferrocarriles
Nacionales se decantó por el patrón central, como ocurrió en
Villaldama y en la estación San Juan de la vía al Golfo, cuyo
edificio se construyó en 1925.
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Imagen 11.
Estación San Juan

Respecto a los materiales utilizado para su construcción de las
estaciones incluidas en esta categoría fueron los siguientes:
Estación

Vía

Muros

Puertas y
ventanas

Techo

Cadereyta

Golfo

Piedra

Madera
y fierro

Lámina

Linares

Golfo

Adobe y
concreto

Madera
y fierro

Lámina

Montemorelos

Golfo

Piedra

Madera
y fierro

Lámina

San Juan

Golfo

Piedra

Madera
y fierro

Lámina

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Golondrinas

Laredo

Piedra

Fierro

Lámina

Jarita

Laredo

Piedra

Madera

Lámina

Lampazos

Laredo

Ladrillo

Fierro

Lámina

Morales

Laredo

Piedra

Madera

Lámina

Villaldama

Laredo

Piedra

Madera

Lámina

Los Aldamas

Matamoros

Mampostería

Madera

Lámina

Herreras

Matamoros

Mampostería

Madera
y fierro

Lámina

Pesquería

Matamoros

Cantera

Lámina

Lámina

Ramones

Matamoros

Mampostería

Madera
y fierro

Lámina

La tabla muestra el uso generalizado de materiales como la lámina
para los techos regularmente de dos aguas, y el uso de madera y
fierro en puertas y ventanas. Donde vemos ciertas diferencias es
en los muros. Por ejemplo, en la vía a Laredo y Golfo predominó
el uso de piedra y aplanado de cal mientras en la de Matamoros,
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la mampostería. Tal particularidad responde a los materiales
constructivos disponibles en cada región. De acuerdo con Jimmie
L. King, en los Ramones abunda la cantera que es extraída del
río Pesquería, por lo que su uso se extiende a los municipios
aledaños como Los Herreras, Pesquería y Los Aldamas.12 Un
caso excepcional es la estación Lampazos construida con ladrillo
a finales de la década de los 20. Décadas más tarde, el uso de
tabique y columnas de concreto se extendió no solo en estaciones
contemporáneas, sino también en las casas de sección asignadas
a los trabajadores de vía y sus familias.
Imagen 12.
Estación Salinas Victoria, casa de la sección de tabique

Jimmie L. King, “La Arquitectura Vernácula del Noreste de México”, The
University of Texas at Austin: Texas Scholar Works, 2011, 1–23.
12

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Estaciones contemporáneas
Como adelantamos anteriormente, las estaciones contemporáneas
son aquellas que datan de la década de los 40, después de que
la compañía Ferrocarriles Nacionales pasara a manos del Estado
mexicano, bajo la figura de empresa paraestatal. Con el control
monopólico de la mayor parte del sistema ferroviario mexicano,
la paraestatal llevó a cabo planes de modernización, entre las
cuales incluyó las estaciones. A partir de ese momento, por lo
menos en el caso de Nuevo León, los diseños y materiales fueron
más homogéneos.
Los edificios incluidos en esta categoría son: estación
Lagrange y Apodaca en la vía a Matamoros, estación Álcali en
la Laredo, así como la nueva estación Monterrey. Son pocas las
estaciones en comparación con la categoría anterior, no obstante,
el patrón arquitectónico de dichas estaciones probablemente se
hubiese extendido en la región de no haber ocurrido la extinción
de Ferrocarriles Nacionales y la posterior concesión del sistema
ferroviario a la iniciativa privada.
Esta categoría la dividimos en tres: terminal, intermedias y
paraderos. Siguiendo ese orden comenzamos por la nueva estación
terminal Monterrey, inaugurada en 1960, tomando el lugar de la
estación Unión, que había operado el servicio de pasajeros por
espacio de 53 años. Al poco tiempo de caer en desuso la estación
Unión, esta fue demolida y sus terrenos adquiridos para la central
de autobuses, lotificaciones privadas, pero principalmente por
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una empresa de mueblera que recientemente cerró sus puertas por
malos manejos financieros.
El diseño arquitectónico era simple pero funcional. Para
su construcción se utilizó concreto armado, mármol y mosaico.
El edificio tiene forma de un prisma rectangular, de dos plantas, la
planta baja para la operación del servicio de pasajeros y la planta
alta para funciones administrativas.
Al igual que como ocurrió con la estación Colonia y
Unión (Ciudad de México y Monterrey respectivamente), la
estación terminal Monterrey fue prácticamente una réplica
de la estación Buenavista. Es probable que se utilizara como
referencia el mismo plano arquitectónico. Ferrocarriles
Nacionales tenía el monopolio de las vías, por lo que no tenía
caso derrochar recursos para dotar de singularidad a las distintas
estaciones terminales. Por el contrario, la tendencia apuntó a la
uniformidad de los edificios. Una de las características de las
estaciones intermedias fue el uso de materiales contemporáneos
como el ladrillo o block, techos planos de concreto, en lugar del
de dos aguas, típico de las estaciones históricas. La cornisa es
de tipo funcional y se extiende medio metro en horizontal del
cuerpo del edificio. No obstante, la estación Apodaca tiene una
cornisa es de igual tamaño del edificio con una inclinación hacia
arriba de 10 grados, aproximadamente, con lo cual alcanza a
cubrir el andén.
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Imagen 13.
Estación Apodaca

Entre los elementos característicos que fue posible identificar están
la bodega del Express con un desnivel superior al resto del edificio
con tal de facilitar el manejo de las mercancías; luego se observa
el mirador, y en seguida dos secciones más, posiblemente sala de
espera o viviendas para los trabajadores. Otra particularidad fue lo
alargado de sus ventanas que van de columna a columna.
Imagen 14.
Estación Lagrange

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Por otro lado, la subcategoría paraderos consiste en
construcciones cúbicas de hormigón de tres paredes y techo
de concreto, abiertas en dirección del andén y con una banca
de concreto en su interior. De esa manera, los pasajeros podían
resguardarse de las inclemencias del tiempo mientras esperaban
el tren.

Imagen 15.
Estación Naranjo

Estos paraderos podemos ubicarlos en las vías a Laredo,
Paredón y Golfo. Son construcciones sencillas que se levantaron
durante la segunda mitad del siglo XX. La única diferencia fue
su tamaño. Por ejemplo, la estación Huertas el paradero era
dos veces más grande que las otras. Probablemente, una de las
secciones era utilizada como almacén por los trabajadores de
vía.
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Imagen 16.
Estación Huertas

Finalmente, una categoría más que incluímos lleva por nombre
Las Estaciones. Esta se integra con los edificios singulares, sin
parecido alguno en Nuevo León e incluso en el resto del país. Me
refiero a las estaciones: Del Golfo, Candela, Arista y Anáhuac.
La estación Del Golfo, a la que nos hemos referido líneas
atrás, fue un edificio que rompió con la simetría arquitectónica de
la ciudad a finales del siglo XIX. De estilo victoriano, su fachada
contó con elementos ornamentales que contrastó con la austeridad
de la arquitectura norestense.
Por su parte, la forma de castillo medieval de la estación
Candela resulta fascinante a la vista. Si bien guarda los elementos
propios de una estación, como el mirador y un segundo piso en
el cuerpo central donde se alojaba el jefe de estación, la fachada
cuenta con un par de torreones a los extremos con aspilleras y
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pretil almenado, como si se preparara para la batalla. En efecto, su
construcción data del periodo revolucionario cuando Venustiano
Carranza ordenó su construcción y las fuerzas armadas se movían
en ferrocarril y los nodos férreos eran de importancia táctica y
estratégica. Los materiales de construcción son la mampostería,
aplanado de cemento.13
Imagen 17.
Estación Golfo

José Eugenio Lazo Freymann, Tren al Norte: estaciones ferroviarias en
Nuevo León: vía México-Laredo, Primera edición (México: Fides ediciones,
2022), 82.
13

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Imagen 18.
Estación Candela

Por otro lado, la estación Arista se distingue por ser la única
estación en ser totalmente vernácula. Ubicada en el Valle de las
Salinas, el material constructivo por excelencia en dicha región
es el adobe. En algún momento tuvo un aplanado de cemento que
paulatinamente se ha ido desprendiendo, dejando al descubierto
el adobe de los muros.
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Imagen 19.
Estación Arista

Finalmente, la estación Anáhuac se construyó en el municipio
de igual nombre, cuya creación tuvo lugar en 1935. La creación
del Distrito de Riego 004 “Don Martín” y la cercanía con la
frontera, favorecieron a la construcción de una estación moderna
para pasajeros y carro Express, y otro edificio a corta distancia
destinado a la carga. Si bien guarda parecido con el patrón de
El Nacional, el edificio tiene la particularidad de contar con tres
plantas y usar materiales modernos como el block. La planta
superior tiene amplios ventanales en sus cuatro caras, siendo
una especie de mirador extra. De hecho, actualmente el puesto
de vigilancia instalado ahí, revisa desde ahí que los carros del
ferrocarril no tengan rotos los sellos de las tapas superiores.14
14

José Eugenio Lazo Freymann, Tren al Norte. Estaciones ferroviarias en

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Imagen 20.
Estación Anáhuac

Comentarios finales
El ferrocarril tuvo un impacto significativo no sólo en el ámbito
económico, sino en el social. Gracias a este medio de transporte,
la migración interna se incrementó y con ello la interacción entre
grupos culturales. Las estaciones tuvieron un rol protagónico en
ese movimiento de personas, ideas y mercancías, siendo el punto
de encuentro de conocidos y desconocidos.
Por consiguiente, las estaciones de pasajeros son
repositorios de la historia y la memoria colectiva de las
Nuevo León: vía México-Laredo (Ciudad de México: Fides, 2022), 74.
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�Óscar Rodríguez y Eugenio Lazo

comunidades. Los materiales, ornamentos y diseños constructivos
nos hablan sobre la manera en que nos relacionamos con el medio
que nos rodea. Pero también son un ancla del tiempo que nos
transporta aun tiempo pretérito determinado y esto, a su vez, a la
resignificación de ese pasado.
En esta línea de ideas, las estaciones de pasajeros tienen
un valor patrimonial, que vale la pena luchar por él, cada quién
desde su trinchera, pero unidos, para establecer de abajo hacia
arriba los bienes culturales que son parte nuestra identidad. El
olvido es el principal enemigo del patrimonio cultural edificado.
De ahí que este breve texto sea un ejercicio modesto en aras de
visibilizar las estaciones ferroviarias, esperando con ello despertar
la curiosidad de quienes conviven con esas edificaciones y a partir
de esa provocación, comiencen a salir a flote los significados
contenidos en ellas.
Referencias
Bibliografía
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ferrocarriles de México y los Estados Unidos del Norte.
Nueva York: Imprenta de Moss Engraving Co., 1892.
King, Jimmie L. “La Arquitectura Vernácula del Noreste de México”. The University of Texas at Austin: Texas Scholar
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54. México, DF: Centro Nacional para la Preservación del
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por Teresa Márquez Martínez, Lucina Rangel Vargas, y
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-121

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�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/
La formación y preservación de tejabanes en
Monterrey: el caso de la colonia Terminal, 19501970
The formation and preservation of tejabanes in
Monterrey: the case of the Colonia Terminal,
1950-1970
Eliana Celeste Olguin Hernández
orcid.org/0000-0003-3015-8450
El Colegio de San Luis
San Luis Potosí, México
Recibido: 21 de enero de 2022
Aceptado: 23 de octubre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Olguin Hernández, Eliana Celeste. This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution
License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and
reproduction in any medium, provided the original author and source are
credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-26
Email: celeste_aazul@hotmail.com

�La formación y preservación de tejabanes en
Monterrey: el caso de la colonia Terminal, 1950-1970
The formation and preservation of tejabanes in Monterrey: the
case of the Colonia Terminal, 1950-1970
Eliana Celeste Olguin Hernández
El Colegio de San Luis
San Luis Potosí, México
orcid.org/0000-0003-3015-8450

Recibido: 21 de enero de 2022
Aceptado: 23 de octubre de 2023

Resumen: El crecimiento industrial de Monterrey durante los primeros
años del siglo XX, y su consecuente concentración demográfica,
provocaron una alta demanda de espacios habitacionales que excedieron
la infraestructura de la ciudad. Ante la necesidad inmediata de un lugar
para vivir, una parte de la población optó por construir sus propios
hogares, mismos que fueron denominados “tejabanes”. Este concepto
hace referencia a una vivienda autoconstruida por trabajadores, cuyos
materiales constructivos más recurrentes fueron la madera y la lámina
para el techo. Aunque estos se distribuyeron por diferentes zonas, un
asentamiento importante de tejabanes se conformó al norte del primer
cuadro de la ciudad, cerca de las principales industrias, avenidas y
medios de transporte. Privilegiando las fuentes orales, el objetivo de
este trabajo es analizar las circunstancias que dieron pie a la formación
y preservación de los tejabanes en un espacio de esa zona, la colonia
Terminal, entre 1950 y 1970.
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�Tejabanes en Monterrey

Palabras clave: tejabanes; crecimiento urbano; preservación; memoria.
Abstract: The industrial growth of Monterrey during the first years of
the twentieth century, and its consequent demographic concentration,
caused a high demand for housing spaces that exceeded the city’s
infrastructure. Faced with the immediate need for a place to live, part
of the population opted to build their own homes, which were called
“tejabanes”. This concept refers to a self-built dwelling built by workers,
whose most common construction materials were wood and sheet
metal for the roof. Although these were distributed in different areas, an
important settlement of tejabanes was formed north of the first square of
the city, near the main industries, avenues, and means of transportation.
The objective of this paper is to analyze the circumstances that gave
rise to the formation and preservation of the tejabanes in a place in that
area, the Terminal neighborhood, between 1950 and 1970.
Keywords: tejabanes; urban growth; preservation; memory.

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�Celeste Olguin

Introducción1
El crecimiento industrial de Monterrey durante los primeros años del
siglo XX, y su consecuente concentración demográfica, provocaron
una alta demanda de espacios habitacionales que excedieron la
infraestructura de la ciudad. Ante la necesidad inmediata de un
lugar para vivir, una parte de la población optó por construir sus
propios hogares, mismos que fueron denominados “tejabanes”.
Este concepto hace referencia a una vivienda autoconstruida por
trabajadores, cuyos materiales constructivos más recurrentes fueron
la madera y la lámina para el techo.2 Aunque estos se distribuyeron
por diferentes zonas, un asentamiento importante de tejabanes se
conformó al norte del primer cuadro de la ciudad, cerca de las
principales industrias, avenidas y medios de transporte.3
Con el acelerado crecimiento poblacional y de la mancha
Agradezco a los editores de la revista Sillares, así como a quienes dictaminaron anónimamente este trabajo, por sus valiosas sugerencias y comentarios.
2
Para el arquitecto Barragán, en su estudio publicado en 1996, estas construcciones fueron comunes en la frontera norte de México, en parte como
consecuencia del intercambio cultural entre Estados Unidos y México tras la
instalación del ferrocarril. La afluencia de extranjeros norteamericanos trajo
consigo la adopción de materiales y acomodos en la vivienda al estilo chalet
californiano/viviendas obreras estadounidenses. Juan Barragán, 100 años de
vivienda en México: historia de la vivienda en una época económica y social
(Monterrey: URBIS Internacional, 1994).
3
Las delimitaciones del primer cuadro de la ciudad datan de 1888. “El primer cuadro de la ciudad de Monterrey se compone a partir de las siguientes delimitaciones: al Norte, hasta la calle del 15 de mayo, al Sur hasta la de Hidalgo
y San Francisco, al Oriente hasta la del Colegio de Niñas, y al Poniente hasta
la del Hospital Civil. Archivo Histórico Municipal de Monterrey (en adelante
AHMM), Fondo Monterrey contemporáneo/ actas/ 10/07/1888/ actas de cabildo vol. 999 exp. 1888/033.
1

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�Tejabanes en Monterrey

urbana registrado en el segundo tercio del siglo XX, estos antiguos
asentamientos del margen norte quedaron atrapados en el centro
de la ciudad. De esta forma, los asentamientos se vieron rodeados
de profundas transformaciones urbanas como la ampliación de
avenidas o el cambio de giro habitacional de algunos espacios, que
en ocasiones terminaron por expulsar a los vecinos. Hacia 1970,
importantes cambios en la legislación de construcción de vivienda
que tenían por objetivo modernizar la mancha urbana dejaron fuera
a los tejabanes por considerar que “afeaban” el paisaje de la ciudad,
además de promover su estigmatización al relacionarlos con
problemáticas sociales y de salubridad. A partir de esta década, el
número de tejabanes disminuyó considerablemente, y se pronunció
la transición a casas de material (concreto, en particular), marcando
así un declive en las prácticas antiguas de habitar los tejabanes, al
menos en las cercanías del centro de Monterrey (ver mapas 1 y 2).4
Esto no significó, sin embargo, la total desaparición de este
tipo vivienda. Por tal motivo, considero fundamental recuperar el
testimonio de otros partícipes, es decir, de aquellos que no transitaron
a casas de material y preservaron sus tejabanes. Para ello se eligió el
caso de la colonia Terminal, que en la actualidad se ha caracterizado
por ser un espacio que, aun y con la transformación urbana, mantiene
una comunidad activa que autogestiona la conmemoración de su
propio pasado relacionado con los tejabanes, a través de interacciones
sociales y actividades culturales bien definidas.5
COLEF, Reporte Barrio CONARTE. (Monterrey: CONARTE, 2019).
En COLEF, se menciona que esta colonia se conformó en un contexto
urbano importante por su cercanía al centro, a las principales industrias como
4
5

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�Celeste Olguin

El objetivo de este trabajo es analizar las circunstancias
que dieron pie a la formación y preservación de los tejabanes,
privilegiando fuentes orales para dar cuenta de una “identidad
en la que se entrega una visión propia”.6 El artículo se divide
en dos partes. En la primera, se presenta un panorama general
de la formación de colonias proletarias en el margen norte de la
ciudad —entre ellas la Terminal—, desde inicios del siglo XX
hasta 1970. En la segunda, se abordan las acciones de defensa en
pro del mantenimiento de los tejabanes como hogar, se exponen
los lazos comunitarios forjados en torno a ellos, y se muestra la
percepción de los habitantes sobre su pasado en estas viviendas.
Cabe mencionar que, lejos de ser un fenómeno local,
la autoconstrucción es un fenómeno que ha tenido una larga
historia en América Latina y que mantiene gran vigencia. Como
lo señalan investigadoras como Sandra Calvo, este tipo de
viviendas “erróneamente fueron llamadas ilegales e informales,
cuando en realidad eran la norma que sustentaba la vida de miles
de personas”.7 En este sentido, la relevancia de la investigación se
Vidriera Monterrey, Peñoles, ASARCO y a las estaciones del Ferrocarril Central Mexicano. Aunado a esto, la Terminal fue lotificada —en el marco de un
reordenamiento espacial urbano—, por empresarios y compañías importantes,
entre ellos Lorenzo Zambrano y la siderúrgica Fundidora de Monterrey.
6
Jorge E. Aceves, “Sobre los problemas y métodos de la historia oral”, en
La historia con micrófono: textos introductorios a la historia oral, ed. Graciela de Garay Arellano (México: Instituto Mora, 1994), 33–46.
7
Constanza Lambertucci, “‘Pagué hasta el último peso pero no me dieron
la escritura’: una obra de arte sobre construir y habitar fuera del mercado de
la vivienda en América Latina”, El País, el 4 de septiembre de 2021, https://
elpais.com/icon-design/2021-09-04/pague-hasta-el-ultimo-peso-pero-no-medieron-la-escritura-las-miserias-de-vivir-fuera-del-mercado-de-la-viviendaSillares, vol. 3, núm. 6, 2024, 143-178
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�Tejabanes en Monterrey

encuentra en que, a partir de las y los habitantes de estos espacios,
se intenta recrear el ambiente comunitario que se forjó en torno
a los tejabanes, que son recordados como hogares legítimos y
constituidos en contraste con la visión actual “de disgusto”
asociada “a la pobreza y carencias”.8 Por último, consideramos
que el tema es pertinente ya que desde la historiografía refuerza
la conexión entre historia y comunidad, debido a que concede un
carácter íntimo a los acontecimientos históricos y sociales.9
Mapa 1.
Mapa de las colonias en el margen norte de Monterrey

El espacio que ocupaban las colonias en el margen norte se delimitaba al
poniente por la avenida Alfonso Reyes, hasta la altura de la calle Manuel
Barragán, al oriente por la avenida Félix U. Gómez, y cerrando el rectángulo,
al sur, por la avenida Cristóbal Colón.
Fuente: Elaborado por G. Vázquez, COLEF, 2019.
en-america-latina-contadas-en-una-obra-de-arte.html.
8
Eduardo Guzmán, “El imaginario del barrio San Luisito” (Tesis de maestría, Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2012), 59.
9
Aceves, “Sobre los problemas y métodos de la historia oral”, 43.
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�Celeste Olguin

Mapa 2.
Mapa de los tejabanes que aún se conservan en la colonia
Terminal, 2019

Fuente: Elaboración propia en Microsoft BI, utilizando longitud y latitud de
Google Maps.

La formación de colonias en el margen norte del centro de
Monterrey, 1900-1970
Durante el siglo XX, según las fuentes oficiales de normativas
de la ciudad, los esfuerzos por erradicar viviendas “indignas” se
relacionaron con el crecimiento demográfico, la legislación y la
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�Tejabanes en Monterrey

extensión de la mancha urbana. Como se presenta en la Tabla
1, la injerencia de los reglamentos urbanos se fue extendiendo a
medida que creció el número de fábricas, habitantes y espacios
habitacionales. Así, el margen norte se convirtió en uno de los
principales destinos para familias de estratos sociales variados,
quienes, ante la dificultad de encontrar viviendas adecuadas,
se hacinaban en tejabanes alrededor de las fábricas como una
primera opción de vivienda.10
A partir de 1912, algunas fábricas y empresarios
inmobiliarios comenzaron el acondicionamiento de terrenos
que formalizaron la ubicación de colonias. Hacia el norte, por
ejemplo, Mariano Treviño construyó la colonia Hidalgo, y otros
casos fueron las colonias Estrella, Niño Artillero y General
Autores como Barragán, Guzmán, y Zavala, han propuesto un origen en el
estilo de estas casas de madera. Señalan que entre 1890 y 1930, los elementos
arquitectónicos que llegaron a través del ferrocarril le otorgaron a los tejabanes
un estatus diferente al de las casas de madera nativas y vernáculas, llamadas por los lugareños “jacales” Esto se debía al innovador uso de la lámina y
al tratamiento de la madera en aserraderos norteamericanos, que la convertía
en una casa autoconstruida con materiales procesados por la industria. Por
otra parte, consideramos que el término tejabán es complejo debido a que:
1) Barragán menciona que es un vocablo del noreste mexicano (regionalista) vinculado a procesos fronterizos, y porque 2) basándonos en Guzmán, a
lo largo de los años se ha venido distorsionando, cayendo en connotaciones
de estigma, pobreza y suciedad. Barragán, 100 años de vivienda en México;
Eduardo Guzmán, “El imaginario del barrio San Luisito” (Tesis de maestría,
Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2012), http://eprints.uanl.
mx/11069/; Juan Roberto Zavala, Diccionario biográfico de constructores de
Monterrey (Monterrey: CMIC, Delegación Nuevo León, 2003). Ver también
Andrés Montemayor, Historia de Monterrey, (Monterrey: Asociación de Editores Libreros de Monterrey, 1971), 343.
10

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�Celeste Olguin

Reyes. Al noreste, entre Cervecería Cuauhtémoc y la Fundición
no. 3 (ASARCO), se construyó la colonia Larralde. La Sarabia
se instaló en los terrenos de la Fundación de la Estrella, mientras
que ASARCO destinó su depósito de madera para formar su
propia colonia de obreros. Posteriormente, “a partir de 1928 se
inauguraron las colonias General Treviño, 15 de mayo, Terminal,
Moderna y Francisco I Madero”.11
En 1927, en el marco de la Ley de Planificación y
Construcciones Nuevas de la Ciudad de 1928, el director de obras
públicas otorgó los permisos correspondientes a la “Constructora
y colonizadora de Monterrey, S.A.” de Lorenzo Zambrano,12
para urbanizar y lotificar los terrenos de la comunidad Terminal,
por medio de la introducción de servicios, banquetas y tanques
sépticos. Según los archivos del municipio, en un principio
los terrenos debieron ser valuados en 0.5 centavos por metro
cuadrado. A pesar de que la zona estaba relativamente alejada del
centro de la ciudad, el lugar resultaba de provecho por estar cerca
de las principales fuentes de trabajo.13
César Salinas, “El anhelo de un hogar. El programa de vivienda de las
empresas del Grupo Industrial Monterrey”, en Libro de Oro de la Sociedad
Cuauhtémoc y Famosa (Monterrey: FAMOSA, 2018), 152.
12
Este empresario fue importante en los proyectos de modernización urbana
de la época: lotificó otras colonias en la ciudad como la residencial Mirador
(cerca del Obispado) y la Moderna. Además, formó parte del corporativo de
Cementos Mexicanos.
13
AHMM, Monterrey Contemporáneo, Actas de cabildo, vol. 999, exp. 1927
/046 diciembre 30, 1927. Al mismo tiempo que se realizaba este proyecto,
en el lado sur de la ciudad, la misma compañía construyó la colonia residen11

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�Tejabanes en Monterrey

Tabla I.
Antecedentes demográficos, legislativos y de extensión urbana en
Monterrey
Periodo

Población

Reglamento

Mancha urbana
En 1900 la periferia de la ciudad se extendió de la calle
Aramberri hasta Av. Fco. Madero y Colón. Hacia el noreste
Ley de planifica- se instalaron plantas industriación y construc- les y las colonias 15 de mayo
1920
98,305
ciones Nuevas de y la Moderna, mientras que al
la Ciudad (1928)
poniente se ubicaron las colonias Beldem, Armendáriz, y
Urdiales; todas ubicadas dentro del municipio de Monterrey.
Reglamento esta- Comenzó la formación de
tal de la ley mu- la Zona Metropolitana con
1950
339, 286
nicipal: Segunda la anexión del municipio de
Ley de urbaniza- Guadalupe y San Nicolás de
ción (1945)
los Garza
Plan Regulador de El área metropolitana de MonMonterrey y sus terrey se extendido a Apodaca,
1970
858, 107
municipios veci- Santa Catarina y General Esnos (1962)
cobedo
Fuente: Elaboración propia con base en Carlos Estuardo Aparicio Moreno,
María Estela Ortega Rubí, y Efrén Sandoval Hernández, “La segregación
socio-espacial en Monterrey a lo largo de su proceso de metropolización”,
Región y Sociedad XXIII, núm. 52 (2011): 173–207; INEGI, 1921; INEGI,
1970; y CDMT, s/f.

En 1929, al finalizar las actividades de construcción, dicha
compañía publicó en el periódico El Porvenir numerosos anuncios
cial Mirador, “para personas con sobrada capacidad económica y la Terminal
para quienes tenían menos recursos”. Zavala, Diccionario de constructores en
Monterrey, 348.
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publicitarios bajo el slogan “La colonia Terminal, la ventana por
donde se ventila Monterrey”, asegurando la prosperidad de las
fincas, la pavimentación de las calles y el equipamiento de todos
los servicios urbanos. Así, mientras el gobierno de Aaron Sáenz
mandó retirar todos los tejabanes que se ubicaban sobre la calzada
Francisco Madero (antes Unión), tan sólo dos cuadras al norte, la
colonia Terminal comenzó a poblarse a través de la compraventa
de lotes abiertos. En un principio, una característica importante
de esta colonia fue que, en comparación con los fraccionamientos
planificados por fábricas,14 la compra de lotes consistió en la
adquisición de un terreno a pagos mensuales en el cual las
familias autoconstruían sus viviendas según sus posibilidades.
Sin duda, esta característica fue importante, porque da cuenta de
la complejidad de clasificar a los tejabanes basándonos sólo en su
tipología constructiva.15
En los primeros años de operación (1910), Cervecería Cuauhtémoc acondicionó tejabanes para obreros. Sin embargo, ante la denuncia de condiciones insalubres, el sindicato impulsó proyectos habitacionales que estimularon
el ascenso social de ciertas familias, al trasladarlas de un tejabán a una casa
prefabricada. Posiblemente, esta movilización influyó en la formación de la
clase media, como fue en el caso de la colonia Hidalgo y Cuauhtémoc. (N. del
E.: Sobre esta última, ver por ejemplo Azucena Garza, Colonia Cuauhtémoc:
Vida cotidiana de una colonia obrera en Monterrey (1957-2020), (Monterrey:
Centro de Estudios Humanísticos, UANL, 2023), reseñado en este número de
Sillares por Isabel Araujo).
15
En el tiraje de los anuncios de venta en la Terminal se publicó la siguiente
lista: “Sección económica donde se admiten construcciones de madera: Sr.
Severo Stevis Talleres de los ferrocarrileros nacionales [..,] Sr. Lino Obregón
Talleres de los señores Salinas y Rocha Sr. Víctor Balboa Monterrey country
Club. Sr. E. Casas Propietario de pulquería Sr, Fernando Tijerina Propietario
14

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Sin embargo, y pese a lo establecido en la normativa y
a los anuncios de la compañía inmobiliaria de Zambrano, en
algunos casos la población de estas colonias se encontró con
proyectos inacabados y carentes de los servicios más vitales. Tal
era la necesidad de vivienda que, aunque los fraccionamientos no
estuvieran equipados, las familias se afincaban rápidamente con
tejabanes, mientras la mayor parte de los recursos se destinaba
a liquidar el financiamiento del terreno. Al respecto, Salinas
menciona que estas colonias, entre ellas la Terminal, “no eran
residenciales cómodas ni bien establecidas, y tenían que gestionar
constantemente la instalación de servicios básicos como luz
y agua, además de financiar junto con el gobierno municipal,
parques y mejoras”.16
Estas condiciones no impidieron que cinco años después
de haber concluido los trabajos en la colonia Terminal, en 1934,
Zambrano vendiera al municipio de Monterrey una parte de la
colonia con extensión de 48,468 metros cuadrados, con el objetivo
de construir viviendas prefabricadas de acero y cemento.17 Para
esto, el ayuntamiento pidió un crédito hipotecario de 100 mil
pesos y contrató a la Compañía Constructora Popular (empresa
de Fundidora Monterrey, una de las siderúrgicas más importantes
de Cantina Sr. Ignacio Bacaseguat y Sr, Pedro Luna Mecánico”. El Porvenir,
Monterrey, 25 de septiembre de 1928.
16
Salinas, “El anhelo de un hogar. El programa de vivienda de las empresas
del Grupo Industrial Monterrey”, 152.
17
Esta parte estaba ubicada al oriente cruzando la calle Félix U. Gómez,
detrás de la recién construida Escuela Industrial.
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de la ciudad). Al finalizar la obra en 1939, el municipio quedó con
una deuda de 120 mil pesos a favor de la Constructora Popular.18
Imagen 1
Anuncio publicitario de la colonia Terminal en El Porvenir, 1929

Fuente: Hemeroteca Digital de El Porvenir.

Ante problemas financieros, el ayuntamiento decidió ceder las 48
casas construidas a la Constructora Popular para pagar su deuda,
por lo que Fundidora se posicionó como dueña de una parte de la
colonia. Concretado el acuerdo, y en vista de que aún quedaba una
extensión de terreno, se pensó ofrecerlo a la empresa de muebles
Salinas y Rocha. Sin embargo, al final se vendió al empresario
AHMM, Monterrey contemporáneo, sección actas 12-09-1939, Colección
Actas de cabildo, vol. 999 expediente 1939/015.
18

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�Tejabanes en Monterrey

Ing. Esteban Rock, quien pagó más por el metro cuadrado. Según
se dijo, esa proposición resultaba “conveniente para los intereses
municipales, tomando en cuenta que son terrenos malos, pues
para la edificación necesitan cimentación especial”.19
Pese a que la Terminal fue lotificada por diversas
empresas y personalidades, desde sus inicios mantuvo un perfil
popular. Las diversas intervenciones no unificaron la instalación
de servicios, y en su lugar se introdujeron por iniciativa de los
propios habitantes hasta décadas posteriores, como veremos
más adelante. De esta forma, la colonia se pobló gradualmente
por vecinos que recurrieron a lotes para autoconstruir tejabanes,
mientras que otros se establecieron en casas prefabricadas.
En todo caso, la presencia de tejabanes sin duda
contrastaba con las aspiraciones de algunos sectores que veían en
Monterrey una gran capital industrial.20 A lo largo de las décadas
de 1930 y 1940, los tejabanes fueron objeto de críticas tanto
AHMM, Monterrey contemporáneo, sección actas 12-09-1939, Colección
Actas de cabildo, vol. 999 expediente 1939/015.
20
Si bien no estaban prohibidos, tal parece que se buscaba esconderlos. Al
respecto, sobre la construcción de tejabanes, en 1945 la Segunda Ley de Urbanización clasificó a las casas de madera como edificios tipo “D”, los cuales
solo podían edificarse en zonas industriales. A través de esta ley se estableció
que las viviendas debían de tener por lo menos dos ventanas amplias, una
puerta y árboles en las banquetas, además especificaban que “dentro de esta
clase habrá una subdivisión denominada E-1, a los que pertenecen los edificios de madera de una (1) o (2) dos piezas y de tipo provisional, solo pueden
levantarse únicamente una de estas construcciones en un lote de terreno que
no tenga otra construcción y que no dé frente a la calle”. Oscar Flores, Monterrey origen y destino. Tomo II: Monterrey, una ciudad industrial (1910-1980).
(Monterrey: Municipio de Monterrey, 2009), 295.
19

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en la prensa como en la opinión pública, ámbitos en los cuales
era común encontrar expresiones que aludían a estas viviendas
como “un horroroso adefesio para la presentación de la ciudad”.21
Igualmente, la construcción de nuevos edificios solía mostrarse
como oposición: durante la construcción del Hotel Genova, por
ejemplo, que se ubicaba en la avenida Madero en cruce con
Galeana, se indicó que se construía un “moderno edificio, en
donde anteriormente se levantaban sucios tejabanes”.22 Por otro
lado, en 1940, durante la construcción de la conexión de la calle
Guerrero-Carretera Nacional, el gobernador Bonifacio Salinas
(1939-1943) opinó “que se cambiara de lugar todos los tejabanes
de madera instalados en la calle, a fin de que no sean lunares entre
el embellecimiento que se esperaba llevar a cabo”.23
A partir de 1950, Monterrey entró en una segunda fase
de metropolización caracterizada por una expansión popular
y horizontal dispersa, en la que múltiples agentes urbanos
“accionaron para recuperar las áreas decadentes del primer cuadro
de la ciudad, enviando a sus pobladores a la periferia”.24 Como
Un tejabán a mitad de la calle”, El Porvenir, Monterrey, 3 de abril de
1948.
22
Se habla de utilizar la calle de Guerrero como eslabón de la carretera México-Laredo, El Porvenir, 3 de julio de 1940.
23
“
Monterrey cada día para recibir la corriente turística de los E.U.”, El Porvenir, Monterrey, 14 de noviembre de 1940.
24
Roberto García Ortega, “El área metropolitana de Monterrey (1930-1984):
Antecedentes y análisis de su problemática urbana”, en Monterrey: siete estudios contemporáneos, ed. Mario Cerutti (Monterrey: Facultad de Filosofía y
Letras, UANL, 1988), 104.
21

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en otras ciudades industriales, el espacio céntrico se convirtió
en la nueva veta capitalista, destinado para la instalación de
negocios y actividades políticas. En este tenor, algunos habitantes
recurrieron al amparo para defender la legitimidad de los tejabanes
y terrenos. Este amparo consistió en demostrar que el tejabán era
una vivienda familiar, que no obstruía el paso en alguna avenida
y que se encontraba en una colonia no urbanizada.25
Con una población de 858,107 habitantes, la normativa
y crecimiento demográfico siguieron modificando la forma
de habitar de la población regiomontana. De 1950 a 1970, la
concentración poblacional del municipio de Monterrey respecto
al resto del estado disminuyó del 86.4% al 63.3%.26 Además del
crecimiento demográfico en municipios aledaños, es posible que
dicha disminución se haya relacionado con la regeneración del
ambiente urbano, la ampliación de avenidas, la introducción de
servicios, y el cambio de zonas habitacionales por corredores
comerciales. Por mencionar un ejemplo, en 1972 se llevó a cabo
la ampliación de la calzada Madero, en la cual desaparecieron
numerosos hoteles y negocios. Por otro lado, a partir de 1970,
comenzaron a manifestarse los efectos del paracaidismo, así
como los movimientos masivos para obtener una vivienda, tales
como el Frente Popular Tierra y Libertad.
Retira el municipio un tejabán y al dueño lo ampara la Federación, dispone el juzgado de distrito se restituya el bien por considerarlo casa habitación”,
El Porvenir, Monterrey, 24 de abril de 1958.
26
Gustavo Garza, “La estructura socioespacial de Monterrey, 1970-1990”,
Estudios Demográficos y Urbanos 14, núm. 3 (42) (1999): 545–98.
25

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Como barrios históricos, las colonias Larralde, Obrerista,
Cantú, Treviño y Terminal siguieron desarrollando lazos
comunitarios particulares en medio de ambientes de inseguridad,
invasión de negocios, problemáticas de salud y cambio
generacional. Según el cronista López, el ambiente familiar
decayó en estas colonias cuando los negocios cercanos a la avenida
Colón y Francisco I. Madero fueron obligados a cambiar su giro
comercial, tras la apertura de clubs nocturnos y prostíbulos, que
en opinión de los vecinos se habían originado por el enorme flujo
de población masculina derivado del Programa Bracero.27
Otra situación importante ocurrió a finales de la década
de 1970, cuando la zona metropolitana se consolidó con cinco
municipios, integrándose por completo García, Santa Catarina y
General Escobedo. Según los datos oficiales de Garza, de toda la
población que habitaba en Monterrey en 1970, el 57.6% poseía
una vivienda con un solo dormitorio, el 64.7% con drenaje, y el
51.4% con un techo permanente.28 Estos datos, en particular el
último, nos indicaría que un alto porcentaje de las viviendas en la
ciudad coincidiría con las características de los tejabanes.
Gerardo López, “Barrio Nacional”, en Historia de nuestros barrios, ed.
Celso Garza (Monterrey: Gobierno del estado, 1985).
28
Gustavo Garza, “El proceso de metropolización de Monterrey / hay
que planear a largo plazo”, DemoS, núm. 007 (1994), 548. https://doi.
org/10.22201/%6634. En el documental “Tierra y Libertad” (1978), un participante declaró que Monterrey era un “engaño”: “No hay posibilidades de
adquirir una casa habitación decorosa”. D. Álvarez, “Tierra y Libertad”. Video
de YouTube publicado el 20 de enero 2020: https://www.youtube.com/watch?v=ExCbBcM-wX0.
27

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Con base en fuentes documentales, es posible inferir
que, ante la difusión en los medios de comunicación, no solo de
la prensa, sino de la televisión, se divulgó de forma masiva un
estigma de lo que implicaba vivir en un tejabán. Un claro ejemplo
de esta situación se documentó en el reportaje de la colonia “La
coyotera” (hoy Garza Nieto), en la cual, de nueva cuenta, los
tejabanes fueron vinculados a problemáticas sociales de “mala
fama” como la prostitución y drogadicción. En dicho reportaje, el
gobernador Alfonso Martínez Domínguez (1979-1985) expresó:
Representa un foco de vergüenza para la comunidad del
estado. El origen de La Coyotera está en […] que los señores
Garza Nieto primero alquilaban pedazos de tierra (6x10 o 6x6)
y la gente pagaba una renta y hacía allí su tejabán. Después se
fueron reduciendo los espacios para rentar y fueron espacios
de 3x4, mínimos, y se multiplicaron los tejabanes […] Llegó
un momento en el que estos arrendatarios se negaron a pagar
la renta reclamando servicios y atención. Este es el origen de
estas zonas. El gobierno ha estado impulsando el Programa
“Tierra Propia” […] para vender a [un] precio barato […] al
que los viejos y antiguos posesionarios puedan pagar […]
Estamos introduciendo algunos servicios […] Son fenómenos
dramáticos que se dan en las grandes concentraciones urbanas
como Monterrey y todas las ciudades, no sólo de México sino
del mundo […] Pero ahora estamos enérgicamente metiendo
la mano y vamos a reivindicar a toda el área metropolitana
que se encuentra en condiciones paupérrimas para que tengan
un mínimo decoroso de vida. La prostitución, el alcoholismo,
la drogadicción, que se concentran, se esconden o se
albergan generalmente en los medios de esta naturaleza va
desapareciendo, porque a medida que, por así decirlo, entra
la civilización, la gente adquiere conciencia de la ventaja de
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vivir mejor […] No son vicios o dramas que puedan resolverse
con acciones policiacas que reprimen, que sancionan. Esto
sería una aspirina, un parche. El problema de fondo es el de
crear un hábitat propicio para la vida decorosa y luego vigilar
que no se contamine esta vida decorosa, aunque sea modesta
[…]29

En suma, con una crisis de vivienda tanto en la zona metropolitana
como en las cercanías con el centro, los tejabanes siguieron
siendo el hogar de numerosas familias. La transición de los
tejabanes a casas de material ocurrió por factores como los planes
de desarrollo urbano de distintos gobiernos, la reestructuración
familiar, el cambio generacional y el crecimiento en la capacidad
adquisitiva.30 Aun así, en espacios como la colonia Terminal
estos cambios tuvieron otro ritmo. Ahí, como veremos en el
siguiente apartado a través de diversas entrevistas a profundidad,
la movilización de los vecinos y lazos comunitarios crearon un
sentido de arraigo que influyó en la permanencia de los tejabanes,
misma que se extiende incluso hasta hoy día.
Gilberto Marcos, “Reportaje de Gilberto Marcos para Foro en ‘La Coyotera’”, Vídeo de YouTube publicado en 2014: https://www.youtube.com/watch?v=BhBOa95nQmg&amp;t=770s
30
El proyecto de Barrio CONARTE consistió en una intervención cultural
que se realizó en las colonias Obrerista, Sarabia, Treviño y Terminal a través
de talleres, reuniones con vecinos, proyección de películas y elaboración de
murales. Los resultados del trabajo de campo se presentaron en la Casa de
la Cultura de Nuevo León, y posteriormente se publicaron en un informe en
el que se recopiló información histórica sobre el origen de las colonias, sus
festividades y viviendas, para la cual se consultó bibliografía y se recopilaron
testimonios orales de los vecinos con más antigüedad.
29

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Construcción y preservación de un espacio urbano: la
colonia Terminal a través de la memoria de sus habitantes
a)
Herencia y movilización
Como hemos visto, dentro de la colonia Terminal la venta de
terrenos y la autoconstrucción de tejabanes comenzó a finales de
la década de 1920. Estos espacios fueron valiosos para las familias
porque, a pesar de su perfil socioeconómico, pudieron comprar o
rentar terrenos a precios accesibles, en los que se les permitió
autoconstruir o montar sus casas de madera para instalarse.
Algunos testimonios tienen muy presente el momento en que sus
familias se instalaron en la colonia. Uno de sus habitantes, Óscar
Ortegón, recordó que su padre compró un terreno y construyó
un tejabán “a 50 pesos mensuales, […] en 1942”.31 Por su parte,
Angélica Sáenz señaló que sus padres llegaron de San Luis Potosí
“a unos tejabanes que están a un lado de las vías del ferrocarril
de la colonia Terminal, porque tenían ya la idea de que podían
salir a trabajar en el mismo centro”.32 Gloria Medellín, por
último, también expresó que su abuela se asentó en calidad de
posesionaria en “puro monte”, por la calle Platón Sánchez, donde
“hicieron su jacal y nacieron sus hijos”.33
Óscar Ortegón, entrevistado por Edurne García y Celeste Olguin, 21 de
octubre de 2021, audio, 01:38.
32
Angélica Sáenz, entrevistada por Celeste Olguin, y Crispin Alonso, 31 de
octubre de 2021, audio, 00:40.
33
Gloria Medellín, entrevistada por Celeste Olguin, 9 de noviembre de 2021,
audio 00:37.
31

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Como lo afirmó también esta última entrevistada,
aunque hacia las décadas 1960 y 1970 algunas familias habían
incrementado sus ingresos, éstas decidieron seguir habitando en
esos mismos espacios. Esto hizo que, con el tiempo, se fueran
desarrollando diferentes modalidades de residencia en tejabanes:
propietarios, posesionarios y arrendatarios. Los propietarios
se caracterizaron por tener un tejabán en un terreno fijo, por lo
que el cambio de materiales se dio a partir del ingreso paulatino
de recursos. Por otro lado, los posesionarios fueron dueños de
los tejabanes, pero no de los terrenos, por tanto, se movilizaron
constantemente a espacios disponibles para rentar. Es posible
que este tipo de tejabán arrendado se conservara por más tiempo,
debido a que era difícil encontrar un terreno a bajos precios
para fincar con material (cemento). Por último, los arrendatarios
residieron en pequeños cuartos de renta hechos de madera,
mismos que componían algunas vecindades como la ubicada en
una de las manzanas de la calle Héroes del 47, dentro de la cual se
compartía el patio, los lavadores, la regadera y el baño.
Estas modalidades dieron cuenta de que el espacio
comunitario se constituyó por la participación de escalas sociales
variadas, que en sus inicios habían compartido un estilo de
vivienda común. Sáenz, quien vivió en la vecindad entre 1976 y
1980, señaló:
Nosotros no completábamos a rentar ni siquiera un tejabán de
los que […] daban a la calle, eran más caros porque eran más
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grandes, […] tenían su puerta principal en la calle. Ya hacia el
fondo eran unos […] tejabancitos (sic), […] más económicos,
[…] a mi papá le rentaron un espacio […] muy pequeño. La
gente tenía buenos trabajos […] los que vivían en los [otros]
tejabanes, porque estaba Cristalería [Vidriera Monterrey], […]
Tenían una calidad de vida […] clase media baja y nosotros
una […] pobreza extrema […] Los tejabanes [de la vecindad]
prácticamente estaban cubiertos […] con plástico y periódico.34

Para los arrendatarios, los tejabanes fueron ideales debido a que
se les facilitaba movilizarse. Si por algún motivo necesitaban
dejar el terreno arrendado, se mudaban sin salir de la colonia.
Ortegón comenta que:
Podías tener tu tejabán, pero no ser dueño del piso, […] si
estaba un terreno solo, tú movías el tejabán y lo asentabas ahí,
y le pagabas renta de piso al dueño del terreno […] Allá a […]
mediados de los 50 pasaba una yunta de bueyes con dos rieles
atravesados en forma de equis, [y] una lanza muy larga, para
ir levantando los alambres [cables de electricidad], y subían el
tejabán allí a los rieles esos […] y [cobraban]. Pero y luego […]
a los bueyes los suplió un tractor.35

Este último caso lo ejemplificó otra de las entrevistadas, Medellín.
Ella relató que, cuando la dueña de la manzana, doña Rosaura,
aceptó venderles un pedazo de terreno en otro lugar, tuvieron que
mover su casa por “medio de un tractor que traía rieles”, y la
trasladaron “adonde estamos ahorita”.36
34
35
36

Sáenz (entrevista).
Ortegón (entrevista).
Medellín (entrevista).

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Por otro lado, pese a que la colonia fue lotificada,
también hubo presencia de posesionarios, que figuraron como
parte de un anexo que incrementó la delimitación territorial de
la comunidad. El parentesco sanguíneo unió varias casas para
un mejor alojamiento familiar, motivo por el cual las viviendas
se edificaron con patrones muy heterogéneos tanto en medidas
como en materiales.
Imagen 2
Foto de tejabán ubicado en la colonia Terminal, 2019

Fuente: Fotografía de la autora

La necesidad de regularizar la situación patrimonial de familias
que habitaban en tejabanes y la introducción de servicios urbanos
se debieron en gran parte a la movilización de los vecinos y a
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su participación en las Juntas de Mejoras. En el caso de la
Terminal, antes que los servicios urbanos, la primera tarea fue la
de regularizar la situación patrimonial de familias que habitaban
en tejabanes. Medellín recordó que entre 1955 y 1961, ella y
su abuela acudían a las reuniones, en las cuales se trataba “de
convencer a la dueña para que vendiera”, y que lo hiciera “a un
precio accesible” porque pedía mucho dinero de enganche; a
través de la junta, recuerda, “lograron que les dejara el terreno
con cien pesos, […] y los pagos eran (de) sesenta mensuales”.37
La resolución de estas situaciones no fue fácil, debido a
que en este proceso:
Las juntas [empezaban] a las ocho de la noche y a veces que
se alargaban hasta las doce o una de la mañana porque […]
no se ponían de acuerdo […] y había ocasiones en que […] se
calentaban los ánimos […], y ‘escóndete debajo de las bancas’,
porque […] ¡vuelan los palos! […] [Además] iban a Palacio
Federal a pedir audiencia, para que les ayudaran, hasta que
lograron que un gobernador, [fuera] intermediario para que
Doña Rosaura vendiera aquí los terrenos […] El que intervino
[…] [fue] […] Raúl Rangel Frías […], ya después la dueña
aceptó venderles, no precisamente donde estábamos nosotros,
sino a la vuelta de la cuadra donde estamos ahorita.38

Dentro de la colonia, la cantidad de posesionarios fue grande y
dispersa. Por el testimonio de Medellín se tiene conocimiento de
que en la calle Platón Sánchez estaba una parte, mientras que
37
38

Medellín (entrevista).
Medellín (entrevista).

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Ortegón comentó que el predio 16 de la colonia Terminal,39 que
estaba cerca de las vías de Vidriera Monterrey, se legalizó hasta
1985, y que por vía Tampico había una privada que le dicen
Bondojito, que también era de posesionarios”.40 En este proceso
conciliatorio los/las líderes vecinales y el clientelismo político
ejercieron un gran impacto, porque en algunos casos de ello
dependió la obtención de un terreno propio.41
Medellín expresó que su familia tenía preocupación por su
tejabán, debido a que escuchaban los casos de desalojo de otros
espacios. “Querían que les vendieran, o sea, no querían estar
viviendo de oquis [sic] […] pero no querían [venderles] y les
destruían las casas”.42 También se registraron otras incongruencias
por parte de los planes de regulación urbana y las empresas
inmobiliarias, porque la colonia creció sin parques recreativos, ni
mercados cercanos para abastecerse de alimentos.
Después de regularizar la vivienda, en 1960, los
propietarios y vecinos se movilizaron para introducir el drenaje
El predio 16 comprendía un gran polígono dentro de la colonia, el cual
partía de la avenida Colón hasta Zuazua a Manuel Doblado y de Doblado a
Jesús M Garza y de Zuazua a Dr. Coss por vía Tampico y por Dr. Coss a Jesús
M Garza.
40
Ortegón (entrevista).
41
Hilda Lara, entrevistada por Francisco Cortés y Celeste Olguin, 2021.
42
Medellín. Años más tarde, en 1970, surgiría el movimiento Tierra y Libertad, el cual dio otra interpretación a la figura del posesionario(a), admitiéndolo
con orgullo y expresando todas estas dificultades en un marco de injusticia
y explotación capitalista. Álvarez, “Tierra y Libertad”, video de YouTube
publicado el 20 de enero de 2020: https://www.youtube.com/watch?v=ExCbBcM-wX0.
39

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pluvial y pavimentación, lo que ocurrió hasta principios de
la siguiente década.43 Tal como se mencionó anteriormente,
en contraste con los anuncios publicitarios de la compañía de
Lorenzo Zambrano, la colonia era conocida como el barrio de la
Cañada Prieta porque “Cuando llovía […] pasaba el agua de lado
a lado […] y nos tirábamos, como si fuera un río, aunque fueran
aguas chocolatozas (sic) sucias, […] Por la escuela Primero de
Mayo, se juntaba una lagunita antes de que pavimentaran las
calles que vienen de sur a norte. Era un lodazal tremendo”.44
En cuanto al servicio de agua, cada calle o manzana contaba
con una sola toma, y a falta de drenaje pluvial, los excusados eran
de pozo. En estas condiciones, la junta promovió la introducción
gradual de la infraestructura urbana. Al respecto, Ortegón comentó:
“allá en una privada (Barragán) se puso el drenaje en cierto año”,
pero “no se generalizó la instalación, [sino que] fue por tramos”,
lo que en ocasiones dependía del trabajo de las lideresas.45 Por otra
parte, Palacios menciona que en ocasiones la Vidriera Monterrey
sirvió a la comunidad con tomas de agua cuando fallaba el servicio,
y lo mismo pasó con el sistema de alumbrado.46
Las calles pavimentadas eran las que corrían de norte a sur: Julián Villarreal, Álvaro Obregón y Héroes del 47. Mientras que las calles de Oriente
a Poniente eran de terracería. Los testimonios recolectados en el Reporte de
Barrio Conarte, 2019, confirmaron que fue hasta principios de los 70 cuando
pavimentaron por completo las calles.
44
Ortegón (entrevista).
45
Ortegón (entrevista).
46
Lylia Palacios, “Transformaciones en los usos de la calle en barrios de
origen obrero. El caso de la colonia Terminal”, en Monterrey a través de sus
43

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A falta de infraestructura urbana, los habitantes de la
Terminal encontraron la forma de adecuar sus tejabanes para
sobrevivir, y pese a las normativas y el estigma, éstos no se vieron
afectados por inspecciones ni por otro tipo de conflictos. Según
Ortegón: “en las colonias no se estableció esa regla” de destruir
tejabanes, y la prueba estaba en que “en cada manzana [hay] de
perdido un tejabán”.47
b)
Vínculos vecinales y el sentido de pertenencia
Además de la búsqueda de mejores condiciones de vida, que sin
duda contribuyó a la formación de fuertes vínculos vecinales,
los habitantes de la Terminal fomentaron otro tipo de soporte
mutuo y de convivencia generalizada. Las colonias se poblaron
de familias sanguíneas entre las cuales se afianzaron lazos
de apoyo, mismos que sirvieron para amortiguar carencias y
necesidades tales como el cuidado de los hijos/as, el alojamiento
para otros familiares, así como el suministro de recursos, comida,
dulces y juguetes. Entre la comunidad, los lazos se fortalecían
también tras el acompañamiento en el duelo y en la festividad,
eventos que muchas veces tenían como escenario principal los
tejabanes. Por lo que respecta a los duelos, uno de ellos mencionó
que “al ser gente pobre, [los muertos] se velaban en las casas.
Los vecinos guardaban el respeto bajando la música de radio y
calles. Una revisión desde las ciencias sociales, ed. Camilo Contreras (Monterrey: CONARTE, 2015).
47
Ortegón (entrevista).
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cooperando con comida o flores para el funeral”.48 En cuanto a
festividades, Lara mencionó que en bodas y fiestas de quince
años se invitaban a padrinos, que “los vecinos aportaban y [había]
mucha familiaridad”.49
Las fiestas colectivas estuvieron sin duda entre las
actividades que impulsaron la vinculación vecinal. En los
años 60, según recuerda una entrevistada, por la calle Héroes
del 47 y la calle Privada Quinta Avenida se tenía la costumbre
de celebrar Navidad realizando la pastorela y colocando un
Nacimiento, mientras que a los niños se les daba colaciones
(dulces) y pinole. En la fiesta de fin de año, por su parte, se
donaba mercancía, se realizaban rifas, tocadas de grupos de
rock y juegos de voleibol.50
La integración de propietarios, posesionarios y
arrendatarios en este tipo de celebraciones colectivas podría
verse como un indicio de que, dentro de la colonia, el estigma
social exterior no afectó la convivencia vecinal. Como hemos
observado a través de los testimonios, se evidencia una
participación incluyente en la festividad, el duelo y el juego
entre infantes, que contribuyó a una construcción identitaria en
torno a los tejabanes en el pleno centro industrial de Monterrey.
Esta construcción identitaria o sentido de pertenencia puede ser
también una manera de entender su permanencia, y el desarrollo
48
49
50

Ortegón (entrevista).
Lara (entrevista), 02:18.
Medellín (entrevista).

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de un hábitat comunitario que se aleja de los estigmas que la
rodean. En efecto, para algunos entrevistados habitar en un
tejabán “era de lo más natural”,51 lo que nos recuerda la frase
de Lefebvre respecto a que, al interior de una comunidad, las
prácticas se vuelven “naturales”, “comunes”, y escapan del
entendimiento de la lógica exterior.52
Si bien debe reconocerse que la persistencia de tejabanes
se debe sobre todo a la carencia de recursos económicos, también
es necesario mencionar que los tejabanes representaban ciertas
ventajas que pudieron contribuir a la creación de un fuerte
vínculo hacia ellos, como es el caso de la situación climática. En
una ciudad como Monterrey, con clima extremoso, el tejabán se
volvió también sinónimo de resguardo del frío y del calor. Uno de
sus habitantes, por ejemplo, dice tener “bien presente” la nevada
del 67, y recuerda que su padre hacía unas “tiritas” de periódico
para tapar las rendijas “para que no se chiflonara [sic] el aire
helado”. Por otro lado, el mismo entrevistado comenta que en
tiempos de calor se podía dormir con las puertas abiertas o sobre
banquetas para esperar el sereno. En su opinión, los tejabanes
incluso eran más frescos y térmicos que las casas de concreto, y
aunque el techo era de hierro, se ideaban aislantes con cubiertas
de palma para amortiguar el calor.53
A. Haros, entrevista realizada por E. Rangel, F. Cortes, y C. Olguín, 6 de
noviembre de 2021.
52
Henri Lefebvre, El derecho a la ciudad. (Madrid: Península, 1975), 42.
53
Ortegón (entrevista).
51

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Imagen 3
Angélica Sáez frente al tejabán de la vecindad donde vivió, 1978.

Fuente: Angelica Sáenz.

En general, las entrevistas realizadas dieron cuenta de que
generaciones de adultos/as que habitaron la colonia Terminal
después de 1950, y que hoy tienen entre 50 y 75 años, mantienen
en su memoria vivencias que se desarrollaron en torno a la
construcción y preservación de sus tejabanes. “[Tengo] grandes
recuerdos, carencias posiblemente ¡pero no las sentíamos!”.54
“Para nosotros [fue] una cosa muy natural, es pobreza, es humildad
54

Ortegón (entrevista).

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y todo eso nos ha gustado […] todos esos recuerdos, nunca me
dan a mí […] vergüenza, […] a mí me da mucho gusto”.55 Otro
testimonio menciona: “Recuerdos muy bonitos, nos salíamos
la güercada [sic]. [Mi] niñez […] fue muy bonita, con muchas
penurias, pero fue muy bonita”.56 También es posible que estos
testimonios den cuenta de la concepción de que la colonia fue un
espacio relativamente seguro para habitar en un tejabán.
En algunos casos, tal era la costumbre y arraigo, que
algunas personas no quisieron abandonar sus tejabanes. Así lo
expresó la señora Gloria, quien recordó que su madre y abuela
no cambiaron su tejaban a pesar de que ya tenían otra casa de
material. Lo mismo comentó Sáenz, quien sí experimentó el
cambio:
Aun en mi pobreza en el centro, yo sabía que había pavimento,
luz, agua, gas y […] [me movieron de] Félix U. Gómez hasta
llegar a Diego de Berlanga, acá a San Nicolás […] Me llevaron
a un mundo que no me gustó […] porque ya era la casa y era
estar sola […] [Experimenté] soledad, […] disgusto, […] enojo,
muchos sentimientos bien encontrados. Aun y que mis papás
llevaban un pensamiento de que ‘allá ya va a ser de nosotros,
ahí vamos a construir’. En cuanto a lo emocional y lo social, fue
[…] un cambio muy drástico. Pues acá ya no había vecinitos…
[…] era sal y [conoce] amigos, […] al vecino, experimenta ir
a tocar la puerta, tratar tantas cosas que yo las daba por hechas.
Entonces, pues fue un cambio muy difícil, muy difícil.57
55
56
57

Haros (entrevista).
Medellín (entrevista).
Sáenz (entrevista).

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-26

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�Tejabanes en Monterrey

Como podemos apreciar, en algunas ocasiones los testimonios
tienden a minimizar las carencias materiales, y en su lugar
enfatizan los lazos sociales que se forjaron en torno a los
tejabanes. Como concluye la misma Sáenz, “para mí vivir en
un tejaban significó muchísimo […] yo de ahí aprendí lo que
es la convivencia, a socializar, a no perder esperanza, a buscar
oportunidades […] porque aun con la carencia, yo aprendí […] a
vivir en comunidad”.58
Conclusiones
Las colonias ubicadas en el margen norte del centro de Monterrey
se desarrollaron en un marco de crecimiento urbano y de necesidad
de vivienda. Ante esta situación, numerosas familias ocuparon
los terrenos de la colonia Terminal sin que estos estuvieran
propiamente acondicionados, a partir de la autoconstrucción de
viviendas propias, comúnmente conocidas como “tejabanes”.
Éstos se multiplicaron a través de diversas modalidades de
tenencia, ya que sus habitantes eran tanto propietarios, como
posesionarios o arrendatarios. Sin embargo, la mayoría participó
en movilizaciones sociales para buscar mejores condiciones de
vida, en vinculaciones vecinales y en otras formas de interacción
social que tenían como punto en común el habitar en un tejabán.
Sáenz (entrevista). Véase también la imagen 3: Una foto que nos compartió Saénz, una participante de la investigación que mostró un gran ánimo de
cooperación, y que expresó su ánimo por el reconocimiento de los tejabanes al
recordar su niñez con emotividad.
58

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�Celeste Olguin

Por último, es importante mencionar que también se
desarrolló una valorización personal de los tejabanes entre los
habitantes de estas colonias. Entre las calles más estrechas de la
capital industrial de Nuevo León, sus vivencias promovieron un
pasado comunitario que tiene su punto de partida en su inicio
como familias trabajadoras. Compartieron la carencia de servicios
básicos y se apoyaron en procesos de mejora que han contribuido
a que su población conciba lazos comunitarios más profundos y
cercanos. Por tal motivo, consideramos que el tejabán tiene una
historia no solo como objeto, sino como un referente tangible a
través del cual se puede generar un acercamiento a la historia de
esos seres humanos que fueron vecinos del “progreso industrial”
en la ciudad de Monterrey.
Referencias
Archivo
Archivo Histórico Municipal de Monterrey (AHMM).
Bibliografía
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Sillares, vol. 3, núm. 6, 2024, 143-178
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-26

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�Tejabanes en Monterrey

Zavala, Juan Roberto. Diccionario biográfico de constructores de
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octubre de 2021. Monterrey, México
Medellín, G. Entrevista realizada por C. Olguin, 9 de noviembre
de 2021. Monterrey, México.
Sáenz, A. Entrevista realizada por C. Delgado y C. Olguin, 31 de
octubre de 2021. Monterrey, México.
Ortegón, O. Entrevista realizada por E. Rangel, y C. Olguin, 21
de octubre de 2021. Monterrey, México.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-26

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�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Azucena Garza. Colonia Cuauhtémoc. Vida
cotidiana de una colonia obrera en Monterrey
(1957-2020)
María Isabel Araujo Alvarado
orcid.org/0000-0002-8416-9625
Archivo Municipal de San Pedro Garza García
San Pedro Garza García, México
Recibido: 25 de octubre de 2023
Aceptado: 14 de noviembre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Araujo Alvarado, María Isabel . This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution
License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and
reproduction in any medium, provided the original author and source are
credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-122
Email: isabel.araujoal@outlook.com

�Azucena Garza. Colonia Cuauhtémoc. Vida cotidiana
de una colonia obrera en Monterrey (1957-2020).
Colección NortEstudios, no. 12. Monterrey: Centro de
Estudios Humanísticos, UANL, 2023, 186 pp.
ISBN 978-607-27-1991-0.
https://libros.uanl.mx/index.php/u/catalog/book/135
Recibido: 25 de octubre de 2023
Aceptado: 14 de noviembre de 2023

A través de este libro, resultado de una tesis de licenciatura que
obtuvo una mención honorífica en el Premio Nacional Luis
González y González, Azucena Garza nos da un recorrido por
la colonia Obrera de Monterrey, inaugurada en 1957 con la
intención de satisfacer las necesidades básicas de los trabajadores
de la Cervecería Cuauhtémoc. Por medio de testimonios orales —
principalmente de mujeres, que se convirtieron de alguna manera
en las impulsoras del habitar de la colonia—, la autora nos acerca
a la vida cotidiana de esos espacios y devela los sentimientos de
nostalgia y amor, en recuerdo de aquellos años de tranquilidad y
comunión, pero también de recelo ante el cambio y el desequilibrio
de su lugar seguro.
En el primer capítulo, Azucena nos muestra su propuesta
metodológica, retomando la microhistoria y la historia oral. Señala
179
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�Reseñas

también algunas desventajas de ésta, y el difícil papel que juega
quien investiga al tener que descartar ciertos testimonios orales,
ya que se enfrenta a los sentimientos y sesgos de las personas. Así
mismo, retoma puntos sobre la historia de bronce nuevoleonesa,
que enfatiza cómo los empresarios dieron paso al “progreso”,
mencionando en particular el caso Cervecería Cuauhtémoc,
fundada en 1890, con una historia que gira en torno a nombres
como José Calderón Penilla, Isaac Garza, José A. Muguerza, y
posteriormente José María Schneider.
En el siguiente capítulo, “Imagen de la Cuauhtémoc”, la
autora nos muestra un panorama complejo en donde las personas
rechazaban la idea de comprar una casa en la colonia fundada por
la empresa. Aunque el proyecto parecía prometedor, la lejanía de
las fábricas y un entorno rural provocaron la reticencia de los
trabajadores. Fueron sobre todo sus esposas, señala Garza, quienes
convencieron a sus maridos de aceptar las nuevas viviendas. Para
ellos, además, existía cierto temor de que la mudanza trajera
cambios en las dinámicas sociales y familiares. En uno de los
testimonios, por ejemplo, la entrevistada hace mención de que
su papá tenía miedo de “verse incompetente” al afrontar la nueva
distribución de las casas-habitación; considera que, de alguna
forma, implicaba que el “jefe de familia” perdiera control, pues
los nuevos espacios —una separación formal de la cocina, la sala
o las habitaciones— daban pie a una vida más privada al interior
del hogar.
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�Reseñas

Otro punto interesante que se menciona dentro del capítulo
es la poca percepción social sobre la desigualdad. Por supuesto,
había detalles que diferenciaban a unos habitantes de otros, como
las formas de caminar en pareja: mientras que un supervisor de
Cervecería y su esposa se dirigían a la iglesia tomados de la mano,
otras parejas iban uno delante del otro, él adelante y ella atrás,
cargando una red para llevar la fruta. Sin embargo, en general
casi todos recibían el mismo trato, recurrían a los mismos lugares
y sus hijos a los mismos colegios (aunque, eso sí, las casas sí
estaban distribuidas de manera diferente).
Dentro del capítulo “Las puertas cerradas”, la autora nos
habla de la colonia y las formas de ver lo que sucedía fuera de ésta.
Busca la relación entre la historia local y la nacional, y a partir
de ello nos habla de cómo los habitantes se encontraban dentro
de su propia burbuja, sumado a que los medios de comunicación
generaban prejuicios que iban adoptando los vecinos. Esto
quedó de manifiesto, por ejemplo, con el caso del movimiento
estudiantil y la lucha por la autonomía universitaria de la entonces
Universidad de Nuevo León. Durante esos mismos años tuvieron
lugar acontecimientos como la fundación de colonias como
Tierra y Libertad, o sucesos violentos como el “Halconazo”.
Garza menciona que a pesar de que hubo miedo, éste fue fugaz y
no afectó su visión de vida ideal dentro de la colonia; los vecinos
sentían que vivían en un ambiente de tranquilidad. Mucho de
esto tenía que ver con que estaban más “apegados” a los sucesos
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locales o relacionados con la empresa, ya que leían las revistas
publicadas por la misma. Esto propició la relevancia de ciertos
discursos, como el enaltecimiento de la figura de Eugenio Garza
Sada, el “culto al emprendedor”, así como todo lo que implicó su
muerte en 1973.
En el capítulo, “Buenas vecinas (2010-2020)”, la autora
nos adentra en los cambios ocurridos en los años más recientes.
Nos remite a los problemas de seguridad y de control que se
dieron de manera generalizada en el país; en el contexto de la
colonia, menciona el asesinato del dueño de uno de los primeros
restaurantes del lugar, y la restricción de ciertos espacios como
los centros recreativos. Todo eso provocó el sentimiento de que
ya nada era como antes, de que la tranquilidad de la que siempre
hablaban los vecinos se empezaba a desvanecer, convirtiéndose en
miedo e inseguridad, y dando paso también a la creación de redes
de apoyo y comunicación virtual con el fin de evitar robos, asaltos,
etc. En esta historia, el papel de la iglesia —principalmente de las
Misioneras Clarisas— también fue muy importante para tratar de
mantener vivos los lazos de la comunidad, pues se fomentaban
actividades para involucrar a las familias.
Por otra parte, el discurso de valores y cultura que se había
arraigado en la colonia dio paso a la formación de prejuicios hacia
las personas ajenas a las primeras generaciones de habitantes. Esto
llevó a que, de alguna manera, los vecinos se sintieran amenazados
con los recién llegados, y vieran al “otro” como malo, como si todo
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�Reseñas

aquel que no fuera de Cervecería Cuauhtémoc o de Hylsa fuera
un extraño, o como si se tratara de personas que no contaban con
los mismos valores y educación. Esto causó, naturalmente, que
las personas “externas” o recién llegadas (trabajadores de otras
empresas, albañiles, etc.) se sintieran incómodas ante las miradas
de los viejos habitantes. Conforme avanzó el tiempo, también
surgieron otros prejuicios: que la mujer trabajara era mal visto,
pues hacía ver al hombre como un “mantenido”, y la llevaba a
la búsqueda de otras formas de ganar dinero (venta de comida,
costuras, lavado de ropa) para evitar la crítica.
Por último, el testimonio de la autora sobre la muerte de
su abuela y la de otros vecinos, o la forma en que los mismos se
mantenían al tanto de su salud por las rutinas marcadas/conocidas
que seguían, da pie para reflexionar sobre cómo va envejeciendo
la colonia. Se abordan temas bastante interesantes como la soledad
por falta de compañeros de vida, las amistades y los procesos de
cuidados por enfermedad o el acompañamiento entre mujeres. En
el cierre, la autora ofrece unas reflexiones finales donde apunta
que el fin de la colonia “ha sido lento, ambiguo y complejo” (p.
177). A explorarlo ayuda la fusión de su propio testimonio como
parte de la comunidad con el de los demás vecinos, además de
que la cercanía pudo contribuir a que las entrevistas resultaran
más abiertas y en un entorno de confianza. Sin embargo, como
señala la misma autora, no es difícil suponer que los testimonios
busquen preservar los buenos recuerdos, y que los abusos o las
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malas historias se omitan, fomentando visiones románticas y
enaltecedoras.
Colonia Cuauhtémoc. Vida cotidiana de una colonia
obrera en Monterrey (1957-2020) trata de ir más allá y complejizar
ese relato. El libro de Azucena Garza tiene la virtud de acercarnos
a la colonia y acompañarnos en el camino de su investigación,
lo que resulta muy valioso sobre todo porque retoma aspectos
que tienen que ver con el sentir de los habitantes ante diversas
situaciones de la vida cotidiana, mismos que suelen omitirse en
otras historias y que considero representan uno de los grandes
aportes de este libro.
María Isabel Araujo Alvarado
Archivo Municipal de San Pedro Garza García
San Pedro Garza García, México
orcid.org/0000-0002-8416-9625

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-122

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�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Carmen Ramírez Domínguez, Óscar Flores
Solano y José Antonio Ruíz Jarquín (Dir.).
Esperanza, las vendedoras del tren
Daniela Giacomina Quintanilla Merino
orcid.org/0009-0008-9803-7384
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
Recibido: 25 de octubre de 2023
Aceptado: 14 de noviembre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Daniela Giacomina Quintanilla Merino. This is an
open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and
source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-120
Email: daniela.quintanillam@uanl.edu.mx

�Carmen Ramírez Domínguez, Óscar Flores Solano
y José Antonio Ruíz Jarquín (Dir.). Esperanza, las
vendedoras del tren. México: OCIBE, PACMyC &amp;
Mediátika producciones, 2021.
1 h. 09 m.
Recibido: 20 de octubre de 2023
Aceptado: 27 de noviembre de 2023

“Esperanza” es el nombre de una de las estaciones ferroviarias
establecidas en Puebla a finales del siglo XIX. También es
el nombre del pueblo que se fundó en su lugar cincuenta años
después a causa de la animada actividad que se generó en torno
al paso del tren. Esperanza, las vendedoras del tren (2021), es un
filme documental mexicano dirigido por Carmen Ramírez, José
Antonio Ruiz y Óscar Flores; un espacio audiovisual de 69 minutos
dedicado a la memoria de las vendedoras de Esperanza, un grupo
de mujeres incansables que hoy son patrimonio intangible de la
cultura ferrocarrilera en México.
La cámara sigue a las vendedoras que mantienen viva la
Esperanza aún tres décadas después de que la ruta El Mexicano
fuera inhabilitada y el tren dejara de hacer sus paradas usuales.
La memoria es la protagonista de esta historia, porque se
hila alrededor de las entrevistas que ofrecen los habitantes del
185
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�Reseñas

pueblo, segundas y terceras generaciones de quienes fundaron
originalmente el municipio al separarse legalmente de sus vecinos
en Atzitzintla. Así, partiendo de distintas perspectivas, se conjuga
el panorama cultural de Esperanza en los días del tren.
No es noticia que las oportunidades en México están
terriblemente mal distribuidas. Las personas que viven alejadas
de los centros urbanos, en comunidades rurales, no dejan de
solventar sus necesidades cuando la pobre infraestructura de sus
contextos les impone trabas para hacerlo, sólo encuentran formas
de subsistir por cuenta propia; para las mujeres de Esperanza,
el tren fue la respuesta. Encontraron en él un medio accesible
y constante para el desarrollo de una actividad económica:
vendiendo comidas y bebidas típicas que ellas preparaban a
los pasajeros del tren, lograron sustentar a sus hermanos, hijos,
padres y madres, y generar aunadamente una economía estable
en su comunidad. En torno al pasaje del tren se construyó una
estación, algunos restaurantes, edificios de gobierno, tiendas de
suministros… pero más importante: una identidad.
Esta identidad otorgada por la acción colectiva que supuso
trabajar con lo que respectaba al tren envuelve diferentes aspectos
de la vida del habitante de Esperanza, ayer y hoy. Hay roles, por
supuesto; además de las vendedoras y sus familias, estaban los
conductores, los garroteros, los maquinistas, los empleados del
tren, los encargados de la estación, los inmigrantes propietarios
de negocios, el personal del restaurante, los comerciantes, los
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�Reseñas

vendedores de suministros, y hasta los pasajeros del tren. Cada uno
de estos roles representaba los diferentes contextos de Esperanza,
donde aún era posible distinguir entre sí las particularidades de
los miembros de cada grupo.
La ruta del tren visibilizaba las costumbres locales.
La estación de Esperanza era un punto de convergencia con la
otredad. En ella, distintos grupos y clases sociales interactuaban
en lo cotidiano: los símbolos abundaban en cantidad y distinción
destacando como estandartes las identidades de sus portadores,
claros y reconocibles. La diferencia iniciaba desde las canastas,
con sus servilletas tejidas a mano, la sazón de su contenido, la
mujer que la cargaba, el lugar desde el cual se le permitía vender.
Tampoco era lo mismo viajar en un vagón de segunda que en
uno de primera clase, comprar comida a las vendedoras o en
algún restaurante; ni sentirse con la libertad, desde la cabina del
maquinista, de elegir entre las mujeres las que podían subir a
vender al tren y las que no.
Unidas por todo lo que compartían, pero únicas a su
manera, cada una aportaba significados valiosos al contexto
cultural de su comunidad, enriquecido por su calidez, esfuerzo y
resiliencia. Sin embargo, las vendedoras de Esperanza enfrentaron
terribles dificultades impuestas por la naturaleza, sus familias,
la sociedad y políticos locales, sometiéndose a programas
ineptos del gobierno (como siempre imprudente), caminatas de
kilómetros a pie descalzo, abundantes lluvias, heladas, un intento
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de uniformarlas, además de las ineludibles críticas y burlas;
que, como ellas, se levantaban todos los días con el sol y no se
detenían, tal como pasan las horas del día. Hasta que, de pronto,
el tren comenzó a desviarse, y después a no pasar para nada. De la
noche a la mañana se derrumbó la tradición; dejaron de pasar los
trenes, dejaron de pasar las vendedoras y la Esperanza se perdió.
Cuando comenzó la construcción de una nueva línea que
bajaba por Acultzingo, en el nuevo trazo del Nazareno, a nadie
en Esperanza le importó lo que sucedería con las vendedoras.
Ellas, como siempre, siguieron al tren y mudaron su actividad
a la estación más cercana que todavía recibiera pasajeros. Fue
un periodo muy difícil. El pueblo se apagó por completo en un
instante; entonces fue palpable el vacío que dejaron el tren y las
vendedoras en Esperanza.
Un sector que, como corazón, mantenía viva la comunidad,
se vio obligado a desplazarse y abandonar la costumbre, sin
oportunidad de hacer una transición a una nueva con la capacidad
de sustituir lo que ofrecía la anterior. Todo Esperanza padeció su
ausencia. Es así que un nuevo capítulo en la identidad del pueblo
y sus habitantes debe inaugurarse: sin tren, sin pasajeros, sin
calles concurridas inundadas de colores, olores y sabores; pero
con los vestigios de una rica historia que permea su esencia y
trasciende a través de su memoria. En su pasado se encuentra
el valioso patrimonio que les destaca y otorga terreno fértil para
fortalecer los lazos en la comunidad hacia el futuro.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-120

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�Reseñas

Ahora que sólo quedan recuerdos, los habitantes de
Esperanza se dedican a celebrar la identidad de las vendedoras en
el pueblo, traduciendo su experiencia en el presente y celebrando
su pasado. Hacen representaciones históricas en las que suena un
silbato de tren que no está ahí y ellas salen a vender sus antojitos
como hacían antes, entre aplausos y sonrisas. De esta forma se
recupera el patrimonio intangible que dejó el tren: narrando el
pasado a través de la experiencia vivida por las vendedoras. La
identidad construida en base a lo que ellas representaban dotó de
unidad a su comunidad porque supieron traducir los elementos de
su entorno en herramientas para la superación. El rescate que se
hace hoy en Esperanza conmemora a aquellas grandes mujeres.
Daniela Giacomina Quintanilla Merino
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
orcid.org/0009-0008-9803-7384

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-120

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Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Silvia Federici. El patriarcado del salario.
Críticas feministas al marxismo
Allerim Callejas Guarneros
orcid.org/0009-0008-1029-7828
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
Recibido: 16 de octubre de 2023
Aceptado: 26 de octubre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Allerim Callejas Guarneros . This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License
[CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-119
Email: allerimcg@gmail.com

�Silvia Federici. El patriarcado del salario. Críticas feministas al
marxismo. Madrid: Traficantes de Sueños, 2018, 121 pp.
ISBN: 978-84-948068-3-4
https://traficantes.net/libros/el-patriarcado-del-salario
Recibido: 16 de octubre de 2023
Aceptado: 26 de octubre de 2023

La innegable influencia del capitalismo sobre las problemáticas
a las que se enfrentan los movimientos sociales existentes ha
provocado el surgimiento de distintas corrientes dentro de cada
uno de éstos. Para el feminismo, la corriente marxista ha puesto
sobre la mesa una lucha por la libertad basada en la crítica al
sistema capitalista, tomando como punto de partida las ideas
que Karl Marx proponía en El Capital. Sin embargo, aun siendo
la fuente principal de esta rama, las feministas marxistas están
conscientes de que la obra de Marx no está en sí misma enfocada
en la mujer y la opresión que sufre en su entorno, lo que las ha
llevado a criticar también su perspectiva patriarcal.
En El patriarcado del salario. Críticas feministas al
marxismo (2018) Silvia Federici, una de las activistas feministas
más influyentes de la época, presenta un análisis crítico de la
teoría marxista, concentrándose en la nula consideración que
Marx tiene hacia la labor reproductiva de la mujer y la importancia
que ésta tiene para la producción del capital. Esta recopilación
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de cuatro ensayos aborda los diferentes aspectos que la autora
cree necesarios para que el feminismo marxista, e incluso el resto
de los movimientos socialistas, puedan fortalecerse y lograr un
verdadero cambio.
En su primer ensayo, “Contraatacando desde la cocina”,
Federici reprueba cómo la izquierda ha ido desplazando a las
personas no asalariadas del movimiento socialista. En específico,
señala que, al no ser considerada parte de la clase obrera,
cualquier trabajo no asalariado que realiza la mujer ama de casa
se ve reducido a un mero acto de amor, un aspecto natural de su
género. Esto quiere decir que la mujer no es merecedora de un
lugar dentro de la lucha por mejores condiciones hasta que no sea
parte activa del capitalismo.
Empero, Silvia Federici no duda en esclarecer uno de los
hechos más relevantes presentados en su libro:
Porque tan pronto como levantamos la mirada de los calcetines
que remendamos y de las comidas que preparamos, observamos
que, aunque no se traduce en un salario para nosotras,
producimos ni más ni menos que el producto más precioso que
puede aparecer en el mercado capitalista: la fuerza de trabajo
(p. 30).

Es a partir de aquí donde la idea que defiende Federici cobra
fuerza, pues es quizá el momento en el que las lectoras pueden
comenzar a verse reflejadas y por fin entender en su totalidad
lo que trata de decir: la mujer en el sistema capitalista está tan
involucrada que, en pocas palabras, éste depende completamente
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de ella. Por supuesto, no recibe remuneración alguna por cargar
en brazos, por poner un plato de comida caliente en la mesa, por
criar de manera correcta, por asegurarse de que los actuales y
futuros miembros del capitalismo se mantengan dentro del mismo
sin inconvenientes desde la supuesta comodidad que representa
el hogar. Según la autora, reconocer a través de un salario la
importancia de las mujeres en el funcionamiento del capitalismo
no sólo las colocaría en una posición digna, sino que les permitiría
dar un gran paso hacia el objetivo final del feminismo de ser
individuos sin precio dentro o fuera de las fábricas.
El segundo ensayo, “El capital y el género”, toma un
rumbo mucho más teórico, aunque tiene tanta relevancia como
el resto de los ensayos para comprender la crítica que hace
Federici al marxismo. Durante la primera parte de este capítulo
la activista se dedica a presentar todas las ideas de Marx en las
que de alguna u otra manera la mujer se ve involucrada, incluso
si sólo es superficialmente. También incluye en sus comentarios
aquellas partes de El Capital en donde ella cree que hubiese sido
pertinente que Marx considerara a la mujer más allá de su papel
de madre o esposa, sin olvidar el contexto histórico en el que se
encontraba.
Si bien en la primera parte se muestran conceptos básicos
para el entendimiento del movimiento socialista, es en la segunda
sección donde se encuentra tanto la idea principal del ensayo
como la idea principal del feminismo marxista. Para Federici y el
resto de las feministas pertenecientes a esta corriente, encontrarse
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con la falta de consideración que Marx tiene para con las mujeres
no representa un obstáculo. Más bien, son capaces de adueñarse
de la idea y mejorarla luego de establecer el rol vital que ellas
tienen para mantener en pie al capitalismo. Tomando como
argumento principal la importancia que otorga Marx a la creación
de los productores de capital (en otras palabras, la reproducción
humana), las feministas convierten su teoría en un escalón más
para alcanzar su libertad dentro del sistema capitalista.
“La construcción del ama de casa a tiempo completo”,
el tercer ensayo de este libro, retoma en un inicio mucha de la
información planteada en el ensayo anterior, aunque ya no de
manera tan profunda. Así mismo, habla acerca de la división que el
capitalismo ha creado entre la clase obrera y la mujer y, aún peor,
entre la mujer ama de casa y la mujer prostituta. La exploración
que hace Federici sobre cuál es el factor que diferencia a ambas
y por qué esto las hace merecedoras o no de los derechos que el
resto goza es, probablemente, lo que vuelve este ensayo el más
interesante de los cuatro.
Este análisis es de suma importancia ya que en la
segmentación de las mujeres radica uno de los medios más
destructivos que tiene el capitalismo para dañar a nuestra sociedad
y demeritar el valor que tienen dentro del sistema. Porque, como
dice la autora, “la respetabilidad se convierte en la compensación
por el trabajo no remunerado y la dependencia del hombre”, por
lo que la mujer prefiere ser esclava del capitalismo antes que
dejar ser merecedora de respeto (p. 79). De esta manera, Federici
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se asegura de quitar la venda de los ojos de las lectoras y les hace
ver que no sólo están en una lucha permanente contra el sistema,
sino también contra ellas mismas, lo que termina por debilitar aún
más a la mujer como conjunto y la retrasa en su camino hacia la
libertad.
Finalmente, en Marx, el feminismo y la construcción de
los comunes, la activista habla acerca de todo aquello dentro de
la teoría marxista que puede y debe redireccionarse para ser de
ayuda al movimiento feminista. A pesar de que una vez más se
retoman conceptos planteados en ensayos anteriores, este cuarto
ensayo involucra efectivamente la teoría ecofeminista para
fortificar la crítica hacia Marx, quien creía necesaria la existencia
del capitalismo para después lograr una liberación de la clase
trabajadora, esto considerando que sólo bajo el sistema capitalista
se podrían generar las condiciones que llevan a una vida productiva
y con todas las necesidades cubiertas. El argumento más relevante
de esta colaboración teórica podría ser que el capitalismo, aun
cuando vuelve más productivos a los trabajadores, destruye el
entorno y vuelve más difícil la tarea de la mujer de producir y
mantener aptos a los trabajadores que tanto necesita el sistema.
Es entonces que Federici invita al movimiento socialista
a alejarse un poco de las ideas de Marx que, al ser anticuadas
para el contexto social y político de la época, fallan en considerar
factores como las luchas sociales de las últimas décadas, las
nuevas condiciones bajo las que el trabajador es explotado, el
papel de la mujer, entre otras omisiones. En cambio, alienta a la
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comunidad a unirse, a compartir la lucha contra el capitalismo
porque, según Federici,
Oponerse a las divisiones basadas en la raza, el género o la
edad creadas por el capitalismo, reunir lo que se ha separado en
nuestras vidas y reconstituir un interés colectivo debe ser una
prioridad política para las feministas y para otros movimientos
por la justicia social (p. 108).

Esta cooperación social entre los distintos grupos
marginados es la fuente del vigor necesario para reconstruir
la sociedad, porque sólo de esta manera se podría asegurar la
extinción de la ideología capitalista que se ha internalizado a lo
largo de los años. Así, las feministas y el resto de los movimientos
involucrados podrán hacer frente al opresor que tienen en común
y alcanzar la libertad por la que tanto han luchado.
Mencionado todo lo anterior, es posible concluir que El
patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo es un libro
ideal para iniciar a explorar una de las batallas más importantes
a las que las mujeres y el resto de los individuos relegados en la
sociedad actual se enfrentan día con día. Sin duda ofrece una base
sólida de conceptos y teorías que permiten al lector involucrarse
más en el tema, sin dejar de lado una aportación significativa para
comenzar a formar un pensamiento propio en la materia. Incluso
cuando algunos de estos conceptos son explicados en demasía, y
otros tantos podrían haber sido evaluados con mayor profundidad,
Silvia Federici logra presentar correctamente las ideas cruciales
del feminismo marxista, lo que vuelve esta lectura fundamental
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para aquellas personas que quieran introducirse en esta corriente
feminista.
Los ensayos expuestos en el libro tienen gran valor
educativo y ciertamente podrían ser la primera piedra para
formar una generación de feministas, entre otros miembros de
movimientos sociales, capaces de identificar las problemáticas
que representa ser parte del sistema capitalista. Aún más allá,
estas mujeres podrán ser dueñas de las herramientas necesarias
para lograr un verdadero cambio, con la ventaja que representa la
fuerza de la comunidad que por tanto tiempo ha sido oprimida y
el conocimiento de que sólo unidas se puede derrotar al opresor.
Allerim Callejas Guarneros
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
orcid.org/0009-0008-1029-7828

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-119

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Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Luis Alberto García García. Frontera armada.
Prácticas militares en el noreste histórico, siglos
XVII al XIX
José Eugenio Lazo Freymann
orcid.org/0000-0003-2199-8044
Universidad Nacional Autónoma de México
Coyoacán, México
Recibido: 8 de diciembre de 2023
Aceptado: 13 de diciembre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Lazo Freymann, José Eugenio . This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution
License [CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and
reproduction in any medium, provided the original author and source are
credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-124
Email: jelazof@gmail.com

�Luis Alberto García García. Frontera armada. Prácticas
militares en el noreste histórico, siglos XVII al XIX.
Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica y
Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2021,
279 pp. ISBN: 978-607-16-7065 (FCE),
978-607-8791-11-8 (CIDE).
Recibido: 8 de diciembre de 2023
Aceptado: 13 de diciembre de 2023

“¡Bárbaros, bárbaros, bárbaros…!”, fue un grito recurrente que
se escuchó en la frontera septentrional de la Nueva España y que
hizo eco hasta finales del siglo XIX en México. De las avanzadas
hispanas y francesas en Norteamérica, de los proyectos de frontera
mexicanos y estadounidenses, Luis García nos presenta Frontera
armada Prácticas militares en el noreste histórico, siglos XVII al
XIX como un retrato de las doctrinas militares y el ordenamiento
espacial español, y posteriormente mexicano, en ese noreste
histórico que alguna vez planteó Manuel Ceballos Ramírez.
Originalmente este libro fue la investigación doctoral
titulada A Medieval Frontier. Warfare and Military Culture in
Texas and Northeastern Mexico (1686-1845), defendida en 2015
en la Southern Methodist University (Estados Unidos). Dicha
investigación le hizo acreedor del premio Citibanamex “Atanasio
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G. Sarabia” de historia regional, en su 17° edición en el año
2018. Actualmente Luis García es profesor en la Universidad
de Monterrey (México). De forma conjunta el Fondo de Cultura
Económica y el Centro de Investigación y Docencia Económicas
nos edita esta profunda investigación que es tributaria de los
estudios de las borderlands de David J. Weber y que podríamos
rastrear hasta los inicios del siglo XX con Herbert Eugene
Bolton. Obligado decir que este libro es parte de esa corriente
historiográfica contemporánea que busca explicar procesos que
creíamos ya resueltos, pero que bajo novedosas concepciones
teórico-metodológicas nos arroja otras lecturas.
Como menciona el autor, este libro tiene sus orígenes en
sus primeras averiguaciones de grado que resultarían en Guerra
y frontera: el Ejército del Norte entre 1855 y 1858, que le editó
el Archivo General del Estado de Nuevo León en 2007. Para su
proyecto doctoral cuajó las ideas de una problemática fundamental
para entender las relaciones de una frontera actual, y sabiendo
aprovechar las posibilidades que se le brindaron en el rastreo
archivístico y una atenta supervisión académica, sin decirlo, nos
trae al presente la sentencia marxiana de la violencia como partera
de la historia. El argumento que defiende Luis García está en que
en la amplitud septentrional novohispana, que va desde el rosario
de misiones en el occidente, hasta el frágil andamiaje presidial,
misional y civil en el oriente, hay una serie de argumentos de
conformación que pueden ser exponenciados en 4 localidades
hispanas, y esto es por sus orígenes, sus redes y la plasticidad
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de sus funciones. En una abstracción conceptual, define los
límites ambiguos del imperio español y cómo tras una serie de
reformas y abandonos institucionales, las prácticas culturales de
los vecinos en una longue durée pervivieron a políticas impuestas
desde Madrid o la Ciudad de México.
Sus pesquisas archivísticas le llevaron por tres países,
en dos continentes: desde el Archivo General de Indias (Sevilla,
España), hasta el Archivo Municipal de Bustamante (Nuevo León,
México). Los retos para el acceso, consulta, trabajo paleográfico,
sistematización y etiquetado de ese universo de información de
instancias públicas y privadas, municipales, estatales y federales,
estadounidenses, españoles o mexicanos, fotografías propias,
repositorios digitales o microfilms, son un trabajo muchas veces
invisibilizado, que siempre merece ser mencionado y elogiado.
Pero todos esos andares y pesares parten de la pregunta “¿de qué
manera la organización militar española en la frontera formó
parte de una estrategia más antigua proveniente de la frontera
cristiano-musulmana de la Iberia medieval y cómo fue aplicada a
otras regiones fronterizas?” (p. 15). Pregunta que no está libre de
polémica y de un acalorado debate.
Siguiendo la formulación de Weber en sus textos sobre los
orígenes de la frontera sur estadounidense, por su construcción
española o mexicana, Frontera armada… podría dividirse en tres
apartados de estudio muy precisos: a) el choque e imposición en el
septentrión novohispano de un feudalismo tardío, una modernidad
mal intentada y la ilustración sui generis, b) la creación de ese
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ethos fronterizo precapitalista que se mantuvo al margen de las
dinámicas agromineras que se encontraban más al sur y que poseyó
conexiones atlánticas, y c) la explicación del fenómeno histórico
exclusivamente desde las élites en sus prácticas de la guerra. Si bien
la temática por su espacio, sujeto y tiempo puede presentar ciertas
dificultades en su abordaje por la precisión al objeto de estudio
planteado, la narrativa en que se van integrando las preguntas de
investigación, las evidencias de archivo y las explicaciones hacen
de este libro una lectura agradable y que motiva a la reflexión. No es
de tomar a la ligera que incursionar en un estudio sobre San Miguel
de Aguayo, la Punta de Lampazos, Laredo y los San Antonio de
Béxar y Valero, poblaciones que nacen con distintos propósitos y
orígenes, nos vaya a explicar toda la frontera, como alguna vez
intentó Weber, pero aporta una base a esa historiografía que ha sido
puesta en revisión.
En un primer sentido, desde un carácter diacrónico,
somos mudos testigos de las generaciones de vecinos que vieron
pasar modas y tendencias políticas sobre cómo debía ordenarse
y regirse las fronteras de los Austria o Borbón, que de ello está
la adaptación local para problemas locales. Para esto surge la
creación institucional de enemigos ciertos o inventados, que van
desde la Guerra Chichimeca (1550-1590) hasta esos que tras el
artículo XI del tratado Guadalupe Hidalgo (1848) son extranjeros
que cruzan la frontera. Por encima de ello están esos grupos
de poder que mediante símbolos, representaciones, rituales y
prácticas consiguen movilizar a los estamentos inferiores que
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sujetan bajo la idea de la defensa común de la tierra.
Algo a mencionar y que es parte de esa tradición
estadounidenses sobre construcción de su frontera sur, es el
carácter persuasivo que se encuentra a lo largo del texto para
afirmar los antecedentes medievales estrictamente ibéricos,
cuando bien estos contrastes se pueden encontrar en un carácter
extendido y endémico en toda la Edad Media europea, y previo
a ello, hasta los escitas. Más allá de la deshumanización que
sufrieron, ¿qué hay en común entre el jefe moro y el comanche?
A la “excepcionalidad” fronteriza eurocéntrica, que es garante
de un imperio con sus altas y bajas, depositaria de una tradición
militar que se remonta a ese invento historiográfico llamado La
Reconquista, haría falta una introspección decolonial que nos
sitúe en sus particularidades y en una discusión horizontal con
esas tendencias y narrativas históricas.
La obra de Luis García, el más reciente aporte
historiográfico para el noreste mexicano, es un invaluable libro
que merece y debe ser integrado en los espacios académicos y
de difusión, ya que nos invita a reflexionar sobre los distintos
procesos violentos por los que ha pasado este espacio y que
tienden a ser olvidados.
José Eugenio Lazo Freymann
Universidad Nacional Autónoma de México
Coyoacán, México
orcid.org/0000-0003-2199-8044

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-124

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Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Aarón Benjamín López Feldman. Resentimientos de la Nación. Regionalismo y
separatismo en Monterrey
Ana Lilia Nieto Camacho
orcid.org/0000-0001-7306-2323
El Colegio de la Frontera Norte
Tijuana, México
Recibido: 25 de octubre de 2023
Aceptado: 14 de noviembre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, Nieto Camacho, Ana Lilia . This is an open-access article distributed under the terms of Creative Commons Attribution License
[CC BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-117
Email: anieto@colef.mx

�Aarón Benjamín López Feldman. Re-sentimientos de
la Nación. Regionalismo y separatismo en Monterrey.
Cuaderno del Centro de Estudios Humanísticos, n. 3.
Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos, UANL,
2020, 241 pp. ISBN: 978-607-27-1387-1
https://libros.uanl.mx/index.php/u/catalog/book/65
Recibido: 17 de septiembre de 2023
Aceptado: 26 de octubre de 2023

La obra de Aarón Benjamín López Feldman, titulada Resentimientos de la Nación. Regionalismo y separatismo en
Monterrey, no es propiamente historiográfica, pero considero
importante traerla a la atención de los historiadores porque
presenta asuntos que permiten reflexionar sobre nuestra disciplina.
A través de este estudio de caso, es posible observar diversos
puntos de interacción entre presente y pasado, los usos políticos
del pasado en la arena pública, así como la pertinencia de analizar
desde la historia los procesos de reconfiguración del pasado en la
sociedad contemporánea.
El objetivo del autor es estudiar la “formación cotidiana del
Estado-nación” a través de las tensiones entre la concentración de
poder económico, político y simbólico del Estado y los intereses
regionales. López Feldman plantea que en el caso de Nuevo
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León, estas tensiones se han expresado a través de una serie de
relatos que sustentan la identidad nuevoleonesa y que tienen su
origen en el siglo XIX, a las que ha denominado “narrativas de
excepcionalidad”. Estos relatos se encuentran en constante disputa
con las “narrativas centralistas y centralizantes del Estado-nación
mexicano” (p. 14) y constituyen “afirmaciones apologéticas,
reivindicatorias y nostálgicas” (p. 55) que se refieren al éxito de
Monterrey y su élite empresarial, a los valores sociales y aun a
las características étnicas que, de acuerdo a quienes las enuncian,
han sustentado ese desarrollo económico.
A lo largo de cinco capítulos el autor utiliza un corpus de
textos que han puesto en circulación estas narrativas para explicar
la forma en que representan las diferencias entre la sociedad
nuevoleonesa y el resto del país. López Feldman encuentra que la
oposición se articula en torno a la Ciudad de México y la herencia
indígena mexica frente a Monterrey y la herencia hispana. De
especial interés para el autor es el estudio de la radicalización en
estos puntos de vista y su expresión contemporánea a través de
los medios digitales. Los textos se estudian de forma temática
y se vinculan a una clasificación sobre tipos de regionalismo
elaborada por el autor, haciendo referencia en ciertos casos
a figuras retóricas (metonímico, sinecdótico, autonómico,
metafórico y separatismo) que señalan distintos niveles de
relación entre las narrativas locales y las nacionales. El conjunto
de textos analizados incluye libros, periódicos, revistas, heráldica
y publicaciones en Facebook.
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Los diversos soportes que transmiten las “narrativas
de excepcionalidad” permiten al autor observar dos espacios
sociales: los “gestores cívicos centrales” y los “gestores cívicos
periféricos”. Los gestores centrales son aquellos vinculados a las
élites que expresan sus ideas desde posiciones de autoridad, ya
sea política o académica. Los gestores periféricos son aquellos
que están al margen de esos ámbitos privilegiados de expresión
y recurren a la formación de espacios digitales de encuentro e
interacción, siendo además parte de los ánimos más radicales
que discuten sobre la posibilidad de Nuevo León como un
Estado independiente. El autor señala, aunque sin ahondar al
respecto, que esta división también permite considerar dos
temporalidades en el proceso social y discursivo de la formación
de la identidad nuevoleonesa. Los gestores centrales estuvieron
especialmente activos en el periodo 1938-1996, época también
de la consolidación del poder económico, político y social de
la élite empresarial regiomontana. Los gestores periféricos han
estado presentes particularmente desde los 2000, tiempo ya de
declive de la influencia de la empresa y los empresarios como
los articuladores hegemónicos de la vida social nuevoleonesa,
dando lugar a expresiones que López Feldman califica como
“nostálgicas”.
Dentro de los relatos producidos por los “gestores
centrales” se encuentran algunos textos clásicos de historia
de Nuevo León y otros que, partiendo de esas primeras
sistematizaciones históricas, han profundizado en algunos de los
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elementos que explican el desarrollo socioeconómico de Nuevo
León y Monterrey, notablemente la dimensión étnica expresada
en el “mestizo fronterizo”. Estos textos hacen referencia al
pasado histórico explicando el desarrollo nuevoleonés a partir
de su fundación por valerosos colonizadores españoles. El
elemento indígena, aunque presente, está subordinado al ejercicio
civilizatorio de la cultura hispánica. Otros temas históricos
recurrentes son Santiago Vidaurri y la República de Río Grande.
Las historias clásicas de la primera época son también punto de
partida para las posturas más radicales que difunden los gestores
periféricos, aunque esta relación intertextual no se haga explícita.
En todos los casos, la recuperación e integración de imágenes,
acontecimientos, personajes y paisajes del pasado es fundamental
para la construcción de las narrativas y su eficacia como elementos
de memoria colectiva.
Al ser un trabajo claramente enfocado en el estudio de
las estrategias discursivas y la reconstrucción de contextos
semánticos y tropológicos, se extraña una consideración más
consistente sobre el contexto sociopolítico que enmarca estos
procesos de formación y consolidación de relatos. El autor señala
que la dimensión lingüística está acompañada de una dimensión
sociohistórica y ésta se aborda a partir de la recapitulación de la
formación en el tiempo de “las narrativas de excepcionalidad”
y sus interacciones a nivel discursivo con las narrativas
“centralizantes” del Estado. Aunque el objetivo de la obra alude
a elementos con una dimensión política, no se presta atención
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a las transformaciones que en un lapso de más de 80 años han
sufrido conceptual, política y socialmente los otros elementos
de la investigación: el Estado, la nación, el regionalismo y el
nacionalismo. La escasa atención que se presta a los contextos y
realidades del Estado mexicano en sus relaciones con Nuevo León,
no permite considerar que los fundamentos del nacionalismo
mexicano han cambiado desde finales del siglo XX; en tanto que
durante el siglo XXI se han modificado los marcos de relación
del Estado y los integrantes de la federación, a pesar de que el
autor asegura que es de su interés explorar al regionalismo y al
separatismo como parte del “ejercicio del Estado-nación”. Así,
al seguir el objetivo de rastrear la construcción narrativa de la
alteridad regiomontana, el “otro” de esa alteridad, el Estado
mexicano, e incluso la mexicanidad o lo que eso ha significado a
lo largo del siglo XX y el siglo XXI, queda poco explorada.
Al respecto, un estudio reciente que también tiene su
origen en una investigación doctoral, elabora una revisión
del regionalismo desde la política y las coyunturas que han
fomentado expresiones a favor de la región no solamente en el
norte del país.1 Este estudio es un buen punto de contraste con el
trabajo de López Feldman que analiza minuciosamente el caso
nuevoleonés, pero no explica con suficiente amplitud los marcos
de referencia sociopolítica desde donde se presenta el separatismo
Jaime Villasana Dávila. “Regionalismo político en México en el periodo
2000-2007. ¿Un fenómeno que resurge?” (Tesis doctoral, Universidad del País
Vasco, 2011).
1

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de principios de siglo XXI, que corresponde tanto a cambios
políticos y económicos en México como a tendencias globales
sobre los derechos de las minorías a su historia e identidad.
Sin embargo, la perspectiva tan específica que privilegia
López Feldman, así como la estructura misma del trabajo,
permiten observar no sólo lo que él llama el continuum
regionalismo/centralismo, sino la recuperación de textos, hechos,
personajes e imágenes del pasado a lo largo del tiempo. En este
caso, la historiografía sentó los fundamentos y la legitimidad de
las “narrativas de excepcionalidad” que circulan entre diversas
comunidades de recuerdo que las retoman, modifican y mantienen
vigentes en una relación clara entre presente y pasado. Si bien el
punto de partida teórico de este trabajo es el análisis del discurso,
particularmente los tropos que articulan las narrativas y sus
lugares de enunciación, lo que hace este trabajo especialmente
interesante para los historiadores es que señala la relevancia de la
historiografía, profesional o no, para los procesos de formación
de identidad y para la movilización de grupos sociales al sentar
las bases para establecer relaciones explícitas entre pasado
y presente. En otras palabras, de la memoria histórica como
memoria colectiva de un grupo social.
Como muestra la obra de López Feldman, la diversidad
de lugares y actores que en la sociedad contemporánea reclaman
el derecho de producir historia, resulta de gran interés para los
historiadores profesionales, pues abre la posibilidad de indagar
sobre la relación de los actores con el entorno social y con el
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tiempo. De igual forma, historizar las reconfiguraciones que los
actores sociales elaboran sobre el pasado y señalar los objetivos e
intereses que se encuentran detrás de los eventos que se recuerdan,
dice mucho sobre cómo se han interpretado y rememorado esos
eventos y permite comprender las preocupaciones sociales,
políticas o económicas de un grupo, así como los valores que lo
articulan.
Re-sentimientos de la Nación es una obra que abre temas
de discusión sobre el Estado, la nación y la región en términos
históricos, pero también permite a los historiadores pensar
en nuevos objetos de estudio y en la relevancia de estudiar
las relaciones presente/pasado en una sociedad en la que la
preocupación por el pasado, reciente o remoto, forma parte de
acciones sociales concretas, ya sea en discusiones sobre derechos,
inclusión y justicia o, como preocupa a Aarón López Feldman, de
exclusión, racismo y violencia.
Ana Lilia Nieto Camacho
El Colegio de la Frontera Norte
Tijuana, México
orcid.org/0000-0001-7306-2323

Referencias
Villasana Dávila, Jaime. “Regionalismo político en México en el
periodo 2000-2007. ¿Un fenómeno que resurge?” (Tesis
doctoral, Universidad del País Vasco, 2011).
Sillares, vol. 3, núm. 6, 2024, 202-208
208
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-117

�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/

Lucrecia Solano Martino. El jardín de senderos
que se bifurcan: Escenario historiográfico
estadounidense del siglo XX sobre América
Latina
Pedro L. San Miguel
orcid.org/0000-0003-4298-571X
Universidad de Puerto Rico-Río Piedras
San Juan, Puerto Rico
Recibido: 25 de julio de 2023
Aceptado: 23 de octubre de 2023

Editor: Reynaldo de los Reyes Patiño. Universidad Autónoma de Nuevo
León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey, Nuevo León, México.
Copyright: © 2024, San Miguel, Pedro L . This is an open-access article
distributed under the terms of Creative Commons Attribution License [CC
BY 4.0], which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in
any medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-111
Email: sanmiguelupr@hotmail.com

�Lucrecia Solano Martino. El jardín de senderos que
se bifurcan: Escenario historiográfico estadounidense
del siglo XX sobre América Latina. San Pedro Garza
García: Editorial 42 Líneas, 2022.
ISBN: 978-607-99984-2-4.
Recibido: 25 de julio de 2023
Aceptado: 23 de octubre de 2023

Apelando al famoso cuento “El jardín de senderos que se
bifurcan”, Lucrecia Solano Martino propone una aproximación
a la historiografía de Estados Unidos sobre México y América
Latina. En este cuento, Jorge Luis Borges efectúa una reflexión
acerca del transcurrir de los humanos en el tiempo, que concibe
no como un limitante destino predeterminado, sino como un
abanico de futuros posibles. Para las personas de mi generación,
lastradas por visiones que conciben el pasado como obligación,
servidumbre o mandato —ya debido al origen nacional, a la
pertenencia de clase social, o a la ubicación en el espectro de
identidades étnicas, raciales, de género o sexuales—, la propuesta
borgiana, a mi modo de ver, brinda la posibilidad de imaginar el
porvenir en base a ese principio señero de la modernidad que es
la idea de la libertad.
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Y esto entronca con la obra de Solano Martino, que
constituye una indagación que asume que en ese campo del saber
que es la historiografía de los Estados Unidos sobre América
Latina ha prevalecido una variedad de perspectivas temáticas,
conceptuales, teóricas, ideológicas y metodológicas, instituyendo
así un “jardín de senderos” historiográficos. Ese cúmulo de
miradas es tan amplio que resultaría dificultoso que una sola obra
pueda dar cuenta de la diversidad de tan abigarrado “escenario”.
De modo que la autora ha optado por concentrarse en dos de las
múltiples vertientes de las investigaciones históricas efectuadas
en los Estados Unidos sobre América Latina durante el siglo XX.
Por un lado, explora la historiografía sobre el periodo colonial y,
por el otro, la historiografía sobre las empresas multinacionales
que se establecieron en dicha región y cuyas repercusiones
trascendieron por mucho los ámbitos de la economía.
Con la intención de ubicar dicha producción historiográfica
en un contexto más abarcador, Solano Martino ofrece un
escenario que incluye las principales corrientes historiográficas
que, durante los siglos XIX y XX, marcaron la labor de los
clíonautas en el mundo occidental. Esta puesta en escena facilita
al lector —sobre todo al no iniciado en los laberínticos pasadizos
de la historiografía— ubicar en un contexto internacional la
producción histórica estadounidense dedicada a América Latina,
posibilitando incluso una comprensión comparatista de dicha
tradición intelectual. Vale indicar que esta producción también ha
estado marcada por los procesos políticos, económicos, sociales
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y culturales que han vivido los mismos Estados Unidos a lo
largo del tiempo. Ello se patentiza tanto en sus énfasis temáticos
como en sus abordajes teóricos y metodológicos, signados por
las transformaciones que ha sufrido la sociedad estadounidense,
sobre todo en la centuria pasada, cuando, por un lado, llegó a
convertirse en una gran potencia mundial, y por el otro, cuando el
país pasó por profundas transformaciones sociales.
Pero incursionemos en el primer sendero de la
historiografía estadounidense que nos propone la autora.
Acertadamente, Solano Martino inicia su libro destacando esa
tradición que, en el siglo XIX, inaugura los estudios históricos
estadounidenses sobre América Latina, que casi naturalmente se
inclinó por las exploraciones y los descubrimientos geográficos y
la Conquista. En tal sentido, como atinadamente ha señalado el
historiador Mauricio Tenorio Trillo, el “padre historiográfico” de
los latinoamericanistas estadounidenses es William H. Prescott
en virtud de sus magnas obras acerca de las conquistas por
los españoles de los imperios azteca e inca (de 1843 y 1847,
respectivamente). Prescott perteneció a un cenáculo de hispanistas
de la Nueva Inglaterra que, en el siglo XIX, se interesaron por la
cultura y la historia de España (entre ellos el autor de los Cuentos
de La Alhambra, Washington Irving) y que, como derivado de ello,
fueron transitando hacia el mundo colonial hispanoamericano.
Más allá de consideraciones intelectuales y de la fascinación
que sintió tan selecto grupo por la cultura española, ese interés por
la expansión ibérica tuvo como trasfondo el crecimiento territorial
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de los Estados Unidos en esas décadas, que incluyó la guerra con
México en los 1840s, lo que conllevó un encuentro —o más bien
un “encontronazo”— con lo español y con sus ramificaciones en
América. Ese proceso de expansión geográfica y política propició
el surgimiento de una importante tradición historiográfica que tuvo
como eje central el estudio de esas regiones de los Estados Unidos
más próximas a lo ibérico: México, por un lado, y las Antillas
hispanas, por el otro. En este interés, por supuesto, también
primaron consideraciones geopolíticas. De ahí se desprendió ese
énfasis en los conceptos de “frontera”, borderlands y afines, asuntos
que fueron abordados, como resalta Solano Martino, por figuras
como Bernard Moses, Herbert Bolton y, ya en el siglo XX, Edward
G. Bourne. Las indagaciones de tales historiadores —ubicados
mayormente en las universidades del suroeste y el oeste de los
Estados Unidos— se enmarcaron en el crecimiento territorial del
país y en lo que conllevó el encuentro con la alteridad, que incluyó a
los nativoamericanos, pero también a esos territorios recientemente
incorporados a los Estados Unidos, donde México y lo mexicano
estaban presentes de formas muy palpables. Esas inquietudes en
torno a lo fronterizo fueron sintetizadas por Frederick Jackson
Turner en su archifamoso ensayo “The Significance of the Frontier
in American History” (1893), que pese a su brevedad es uno de los
textos más influyentes en la historiografía de los Estados Unidos.
Originalmente, esas indagaciones estadounidenses en
torno a la frontera respondieron a una concepción acerca de la
civilización y la barbarie, encarnada esta última por la alteridad.
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Desde tal óptica, la frontera se percibía ya como límite, como
demarcación entre lo civilizado y lo bárbaro, ya como espacio
vacío, inhabitado, por tanto, como salvaje o montaraz. Tanto en
un caso como en el otro, se concebía que los espacios fronterizos
requerían de la acción civilizadora, ejercida, por supuesto, por
los Estados Unidos. Mas eventualmente, como arguye Solano
Martino, esa visión se fue modificando: el concepto de frontera
fue cediendo para dar paso a la noción de borderlands —cuya más
cercana traducción al español sería “tierras o zonas fronterizas”—,
concepción que, amén de sus connotaciones territoriales, engloba
dimensiones sociales y culturales, y que resalta ante todo las
interacciones entre los humanos que ocupan y transitan por dicho
espacio. Connota, por ende, el reconocimiento de los Otros,
que en las concepciones previas eran obviados, estereotipados
o menospreciados como agentes históricos. El abandono de
estas posturas conllevó la ponderación de los borderlands como
ámbitos no sólo de tensiones y de conflictos, sino también
de convivencias, de imbricaciones, de transculturaciones, de
mixturas, mestizajes y aleaciones humanas. Y esto ha propiciado
el quiebre de los estereotipos y la alteración de las formas
tradicionales de representar el conflicto entre la civilización y la
barbarie.
En el ámbito de la historiografía estadounidense sobre
América Latina, ello ha entrañado una reconceptualización, que
desembocó en novedosas formas de concebir la historia colonial
del norte de la Nueva España. Entre otras cosas, estas nuevas
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visiones prestan mayor atención a los agentes sociales, por lo
que las determinaciones geopolíticas y las narraciones centradas
en los Estados nacionales son matizadas por los procesos
locales y regionales, signados intensamente por sus dimensiones
humanas. En los relatos históricos producidos desde estas nuevas
perspectivas, la frontera en cuanto límite, borde, término o margen
pierde relevancia, como han demostrado los “estudios chicanos”.
Actualmente, son estos los enfoques que, como apunta la autora
de esta obra, prevalecen en las indagaciones estadounidenses
sobre la región septentrional de México, tanto en las referentes
a la época colonial como en las centradas en épocas posteriores.
El segundo “sendero” historiográfico examinado en
esta obra se refiere a las multinacionales estadounidenses, cuya
presencia en los países de América Latina adquirió una dimensión
ominosa tanto por sus implicaciones económicas —como su
concentración de la tierra y de los recursos mineros, su explotación
de los trabajadores, sus trapacerías comerciales y financieras, sus
devastaciones ecológicas, etc.—, así como por sus desmanes
políticos y sociales —entre ellos, su apoyo a infames dictadores
y sus violencias contra trabajadores y campesinos. Basta recordar
esa ficcionalización que ofreció Gabriel García Márquez en Cien
años de soledad acerca de esas empresas multinacionales que
contribuyeron a imprimirle a varios países de América Latina el
despectivo rótulo de “repúblicas bananeras”. Tales empresas se
encuentran entre las primeras que se estudiaron en los Estados
Unidos, como evidencia el libro de Charles D. Kepner Social
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Aspects of the Banana Industry, de 1936, o The Banana Empire:
A Case Study in Economic Imperialism, obra colectiva en la que
participó este autor y que fue publicada en 1935 por Vanguard
Press, singular editorial estadounidense que publicó en los años
veinte y treinta del siglo pasado estudios sobre el “imperialismo
americano”, dedicando obras a varios países de América Latina
(República Dominicana, Cuba y Puerto Rico, entre ellos), y que
escrutó empresas latifundistas, mineras y bancarias.
En su rastreo, Solano Martino destaca las modificaciones
que con el correr del tiempo sufrió el estudio de las multinacionales
estadounidenses. Inicialmente, sus énfasis eran los temas
económicos, así como las repercusiones sociales y políticas del
establecimiento de tales empresas en América Latina. Hacia los
años cincuenta-setenta, las nuevas teorías económicas y políticas
—como la “escuela de la dependencia” o las “teorías de la
modernización”— comenzaron a irradiar dichas investigaciones.
Más recientemente, hacia los años ochenta y noventa del siglo XX,
hubo modificaciones adicionales, impulsadas por las corrientes
intelectuales e historiográficas que, en esas décadas, promovieron
tendencias como los Estudios Culturales y la Historia Cultural.
En tales trabajos se abordan, por ejemplo, las modificaciones que
esas empresas han inducido en las manifestaciones culturales de
los trabajadores, o los choques generados por las divergencias
entre la cultura popular local y los esquemas organizativos
impuestos por las empresas. Por otro lado, las aproximaciones a
las clases subalternas se ha complejizado ya que a las tradicionales
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miradas sustentadas en la categoría de “clase social” —criterio
eminentemente económico—, se han añadido variables de análisis
como el género, y la raza/ etnicidad. Asimismo, se han escrutado
las representaciones y los imaginarios culturales de esos sectores
sociales, lo que ha conllevado escudriñar sus “resistencias” a las
empresas multinacionales.
Así que estas nuevas investigaciones han imprimido un
nuevo sello a los trabajos históricos sobre las multinacionales
en América Latina. Asimismo, han contribuido a transformar las
metodologías, las técnicas de investigación y los fundamentos
conceptuales y heurísticos de los historiadores. Por ejemplo, dado
el caso de que las clases subalternas usualmente generan escasas
fuentes documentales, ello ha movido a los historiadores a explorar
otros tipos de fuentes. Entre las más promisorias se encuentran
los testimonios orales, que con frecuencia ofrecen información y
perspectivas ausentes en las fuentes más convencionales, como
las fuentes escritas. De igual modo, los esfuerzos por aquilatar
cabalmente las aportaciones de esas fuentes no convencionales
han llevado a los historiadores a acercarse a las técnicas y
las propuestas conceptuales de otras disciplinas, como la
Antropología, los Estudios Culturales o hasta la Literatura.
Y todo esto ha enriquecido de forma notable el trabajo de los
historiadores y sus investigaciones. Como evidencia de ello se
puede mencionar To Lead as Equals, de Jeffrey Gould, que estudia
las clases trabajadoras y campesinas en Nicaragua durante el
somozismo y cómo sus modestas luchas fueron transformando
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sus concepciones políticas. Obras como ésta son sintomáticas
de las transformaciones que, a lo largo de la centuria pasada,
sufrieron las investigaciones sobre las compañías multinacionales
efectuadas por los mismos historiadores estadounidenses.
Por restricciones de espacio, resulta imposible abordar
otros aspectos del libro comentado. Apenas querría señalar que la
autora tiene presente cómo las condiciones históricas particulares
incidieron sobre la evolución de la historiografía estadounidense
sobre América Latina. Entre tales factores sobresalen, por
supuesto, las posiciones que a lo largo del tiempo han desempeñado
los Estados Unidos en el entramado internacional. La época que
comprende las dos Guerras Mundiales, así como el periodo de
la Guerra Fría resultaron determinantes, por razones más que
comprensibles, en los temas, los enfoques, las teorías y hasta las
metodologías que signaron las obras históricas. En ello incidieron,
asimismo, los procesos internos de la sociedad estadounidense,
como las luchas por los derechos civiles de las minorías étnicoraciales, en las que desempeñaron papeles protagónicos los
afroamericanos. Como nota al calce, cabe señalar que durante
los años de auge de esas luchas ocurrió un verdadero “boom”
en las investigaciones sobre la esclavitud y sus repercusiones
sobre las relaciones raciales en las Américas. En esa eclosión,
los historiadores estadounidenses desempeñaron verdaderos roles
estelares. Asimismo, el auge de las luchas sociales en los países
del llamado Tercer Mundo —en las cuales los movimientos
agrarios fueron cruciales— explican en gran medida el interés
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que emergió en los Estados Unidos, en las décadas de 1960-1980,
en torno a la historia de los campesinos y los trabajadores del
campo. No en balde se publicó entonces la que, durante años,
fue posiblemente la obra histórica sobre América Latina más
nombrada en el mundo académico occidental. Me refiero, por
supuesto, a Zapata and the Mexican Revolution, del historiador
estadounidense John Womack. Esta obra, como he argumentado
en mi estudio sobre ella, encarna la paradoja de que, si bien
representa magistralmente un movimiento popular mexicano, por
otro lado, está arraigada en las realidades sociales de Oklahoma,
el estado natal de su autor, así como en la investigación previa
que había efectuado Womack en torno a los movimientos agrarios
en su lar nativo. En tal sentido, dicha obra es emblemática de
ese rasgo inherente a la historiografía estadounidense sobre
América Latina. Ella, ciertamente, contribuye decisivamente a
la comprensión de los países de esta región, pero eso no obsta
para que esta rica y compleja tradición intelectual también posea
sus “coartadas”, como el hecho de que, como toda historiografía,
también esté afincada en las realidades más inmediatas de sus
autores, respondiendo a los dilemas de sus sociedades, sus
culturas, sus tiempos; es decir, de sus respectivas “historicidades”.
Por su potencial de ofrecer reflexiones en torno a esa
intrincada relación entre el estudio del pasado y las inquietudes
del presente, considero crucial alentar las indagaciones críticas
sobre esa “mirada de miradas” que es el estudio teórico de la
historiografía. Es esta, precisamente, la cuestión central del
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libro de Solano Martino. Este tipo de aproximación, que cruza
fronteras y que sugiere perspectivas “transversales”, ajenas
a las sofocantes y, con frecuencia, simplificadoras visiones
nacionalistas, contribuyen a que veamos con otros ojos y con
miras más amplias el mundo contemporáneo, constituido por una,
cada vez más apretujada, “aldea global”.
Pedro L. San Miguel
Universidad de Puerto Rico-Río Piedras
San Juan, Puerto Rico
orcid.org/0000-0003-4298-571X

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares3.6-111

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                  <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>Sillares, Revista de Estudios Históricos, 2024, Vol. 3, Núm. 6, Enero-Junio</text>
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                <text>Morado Macías, César, Titular Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>Reyes Patiño, Reynaldo de, Editor</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2022 © Sillares. Revista de Estudios Históricos, Vol. 1, No. 1, julio-diciembre 2021, es una
publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro
de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso
Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)8329- 4000 Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx Editor Responsable: José Eugenio Lazo Freymann.
Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900-102, ISSN en trámite ambos ante
el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número:
Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza, Biblioteca
Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación de 07 julio de 2021.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Celso José Garza Acuña
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / José Eugenio Lazo Freymann
Autores

Javier Rodríguez Cárdenas
Oscar Israel Pizaña Grimaldo
Ana Ceballos Martínez
Pedro César Herrera Silva
Jesús de la Teja
Octavio Herrera Pérez
Jaime Sánchez-Macedo
Director Editorial / Reynaldo de los Reyes Patiño
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales

Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la fuente. Las opiniones
vertidas en este documento son responsabilidad de sus autores y no reflejan, necesariamente, la
opinión de Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo
Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Rogelio G. Garza Rivera
Rector
Santos Guzmán López
Secretario General
Celso José Garza Acuña
Secretario de Extensión y Cultura
Humberto Salazar Herrera
Director de Historia y Humanidades
César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos
José Eugenio Lazo Freymann
Director
Copyright: © 2021. Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC
BY-NC-ND 4.0).
ISSN en trámite
Sillares. Revista de Estudios Históricos es parte de Revistas UANL, proyecto de la
Dirección de Tecnologías de Información, de la Coordinación de Sistemas para
Bibliotecas, de la Subdirección de Sistemas Académicos. Teléfono: 818329-4105.
Correo electrónico: revistas@uanl.mx.
Foto de portada: D.R. © Fototeca Nuevo León–CONARTE, Fondo: Fausto
Tovar.
Centro de Estudios Humanísticos. Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Av.
Alfonso Reyes No. 4000 Nte. Col. Regina, C.P. 64290, Monterrey, Nuevo León,
México. Teléfono: 8183294000 ext. 6533.
Correo electrónico:
historia.ceh@uanl.mx Sitio web: https://sillares.uanl.mx/index.php/s.
Derechos reservados. Se permite la reproducción parcial para fines académicos
citando la fuente.
Impreso en Monterrey, Nuevo León, México.

�Sillares
Revista de Estudios Históricos
sillares.uanl.mx
Mérito y honor en el Nuevo Reino de León
durante el siglo XVIII. El sacerdocio ministerial
en la familia Báez Treviño
Honor and Merit in the Nuevo Reino de León
during the XVIII century. The Ministerial
Priesthood in the Báez Treviño family
Javier Rodríguez Cárdenas
El Colegio de Michoacán
orcid.org/0000-0001-7994-014X

Recibido: 11 de diciembre de 2020
Aceptado: 11 de marzo de 2021
Publicado: 1 de julio de 2021

Copyright: © 2021, Cárdenas Rodríguez Javier. This is an
open-access article distributed under the terms of Creative
Commons Attribution License [CC BY 4.0], which permits
unrestricted use, distribution, and reproduction in any
medium, provided the original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

�Mérito y honor en el Nuevo Reino de León durante el
siglo XVIII. El sacerdocio ministerial en la familia
Báez Treviño
Honor and Merit in the Nuevo Reino de León during the XVIII
century. The Ministerial Priesthood in the Báez Treviño family
Javier Rodríguez Cárdenas
El Colegio de Michoacán
orcid.org/0000-0001-7994-014X

Resumen: A través del estudio de los Báez Treviño, una familia del
septentrión novohispano, en este artículo expongo la importancia de la
historia de la iglesia para entender el desenvolvimiento de la monarquía
hispánica en una región de frontera. Utilizando archivos públicos y
privados, inicio con un análisis de las acciones y las redes políticas y de
parentesco que volvieron a esta familia una de las más poderosas del
Nuevo Reino de León; y posteriormente estudio la carrera sacerdotal de
cuatro de sus miembros. Concluyo que estas trayectorias ejemplifican
algunas de las formas más comunes en que los sacerdotes del periodo
novohispano aspiraban a ser exitosos: profundizando en los estudios
religiosos; preocupándose por su feligresía; aprovechando sus grados
académicos para aspirar a cargos más importantes; y siendo un hábil
negociante a partir de la acumulación de tierras y propiedades
familiares.
Palabras clave: Nueva España; septentrión; Nuevo Reino de León;
redes, religión.
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�Javier Rodríguez

Abstract: Through the study of the Baez Treviño, a family from the
north of New Spain, in this article, I expose the importance of the
church's history to understand the development of the Hispanic
monarchy in a border region. Using public and private archives, I begin
analyzing the actions and political and kinship networks that made this
family one of the most powerful in the Nuevo Reino de León. Then, I
focus on the priestly career of four of its members and concluded that
these trajectories exemplify some of the most common ways in which
the priests of the Novohispanic period aspired to be successful:
deepening in the religious study; being concerned about his
parishioners; taking advantage of their academic degrees to aspiring to
the highest positions, and being a skilful businessman from the
accumulation of land and family properties.
Keywords: New Spain; septentrion; Nuevo Reino de León; networks;
religion.

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�Mérito y honor

Introducción
El 19 de diciembre de 1727, en la iglesia catedral de la ciudad de
Guadalajara, en la Nueva Galicia, fue ordenado presbítero por el
obispo Nicolás Carlos Gómez de Cervantes el bachiller Juan Báez
Treviño, oriundo de la ciudad metropolitana de Nuestra Señora
de Monterrey, capital del Nuevo Reino de León.1 La información
vita et moribus (de vida y moral) describe al bachiller como un
sujeto “serio, recto, muy estudioso de las sagradas escrituras, la
teología y el derecho canónico; muy entregado a la vida religiosa
y con gran preocupación por la salvación de almas, deseoso que
contribuir con Dios y su majestad a la entrega del pasto
espiritual”.2 Las licencias para predicar en toda la diócesis de
Guadalajara para cuyo fin fue examinado y aprobado, las obtuvo
el 14 de marzo de 1728, al mismo tiempo que obtuvo los títulos
correspondientes, mismas que le fueron refrendadas por el Deán
y Cabildo Sede Vacante el 4 de abril de 1735, y por el obispo Juan

FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, órdenes 1703-1752, m.139”.
http://www.familysearch.com/México-Jalisco-CatholicChurchRecords15901979
2
FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, órdenes 1703-1752, m.142”.
http://www.familysearch.com/México-Jalisco-CatholicChurchRecords15901979
1

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�Javier Rodríguez

Gómez de Parada el 15 de marzo de 1737.3 Su ordenación
sacerdotal fue a título de dos capellanías: una fue fundada por el
capitán don Antonio Gómez de Castro y doña María Báez
Treviño con 3,500 pesos de principal y 125 de renta anual sobre
algunas casas que tenía en la ciudad de Monterrey, con la
obligación de 33 misas rezadas al año, y la otra también fue
fundada por el mismo capitán Gómez de Castro con 1,000 pesos
de principal y 150 pesos de renta anual sobre el agostadero de San
Agustín, también de la ciudad de Monterrey.4 Fue cura en
encomienda de la parroquia de la ciudad de Monterrey del 14 de
enero de 1734 al 25 de febrero de 1748 llevando a cabo una labor
pastoral intensa dentro de su curato, pues de ella derivaría una
reorganización de la nueva geografía parroquial y sin duda alguna
sin su labor administrativa frente a la parroquia no se pudiera
entender la historia social y de la Iglesia en el Nuevo Reino de
León.

FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, órdenes 1703-1752, m.132”.
http://www.familysearch.com/México-Jalisco-CatholicChurchRecords15901979
4
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (AHAG), Parroquia de
Monterrey, Cofradías y capellanías del Nuevo Reino de León, 10 de
septiembre de 1753.
3

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�Mérito y honor

Comprender y revalorizar la figura del clero en la América
hispánica es de vital importancia, ya que cuando las estructuras
novohispanas son puestas en perspectiva, se puede caer en la
cuenta de cuán importante fue el papel social del sacerdote, como
lo han demostrado William B. Taylor, David Brading, Óscar
Mazín, Juan Carlos Ruiz Guadalajara, Rodolfo Aguirre Salvador,
María Teresa Álvarez, entre algunos otros autores. Y en un
territorio tan grande y heterogéneo como las Indias Occidentales,
y en el contexto de las enormes proporciones espaciales con las
que contaban las diócesis novohispanas —por lo menos hasta
inicios del siglo XIX—, el clero se convierte en un sujeto de
estudio atractivo e interesante, sobre todo en espacios de frontera
o en los confines de la monarquía, como en el Nuevo Reino de
León. Así pues, el objetivo de este artículo versa en tres ejes: 1)
entender cómo desde la historia de la Iglesia se pueden analizar
diversos acontecimientos de una población en particular en
materia de religión y sociedad, pues sin duda alguna la historia de
la Iglesia en la América hispánica septentrional es la historia de
la monarquía hispánica; 2) describir el desenvolvimiento de una
familia tan relevante en un ámbito eclesiástico local, como los
Báez Treviño, así como las aspiraciones de cualquier bachiller,
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�Javier Rodríguez

presbítero o cualquier miembro que ostentara las órdenes
sagradas en una doble dimensión: el servicio a Dios y al rey, su
majestad; y 3) caracterizar a esta familia como un actor social
producto de su época, considerando su contexto social.
En tanto a las fuentes empleadas para este trabajo, se
empleó documentación producto de diversos archivos, entre los
cuales se mencionan: Archivo Histórico de Monterrey (AHMM),
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey (AHAM),
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (AHAG),
Archivo General de la Nación (AGN) y el Archivo General de
Indias (AGI), además del portal de archivos en línea de
Familysearch de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días.
El clero secular en el Nuevo Reino de León
El papel desempeñado por el clero en la monarquía hispánica fue
muy importante. Dado que la colonización y/o pacificación,
hispanización y cristianización fueron procesos largos y
complejos para asentar las estructuras hispánicas en las Indias
Occidentales, la corona española empleó todo un proyecto
misionero-evangelizador que contribuyera a efectuar por lo
menos una posesión del espacio efectiva, congruente a su visión
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�Mérito y honor

de reconocer y justificar su presencia en los territorios de ultramar
como una continuación de la reconquista española.5
Si bien la corona no contaba con milicias para poder
sostener una avanzada colonizadora, se apoyó en todos aquellos
particulares que a su costa realizaran labores de exploración y
conquista, tal como sucedió con Diego Velázquez, Hernán
Cortés, Nuño de Guzmán, Francisco Pizarro, entre otros, a
principios del siglo XVI. Para finales de este mismo siglo, ya
estaban instauradas las capitulaciones, que eran contratos con los
que los particulares se comprometían a realizar labores de
exploración a cambio, no de reconocerlo como señor de la tierra,
pero sí de algún título que ayudara a consolidar no solamente su
estatus político sino a tener una estirpe, ergo, acumulación de
prestigio familiar y social que fuese heredable.
En el caso de la América hispánica septentrional, si bien
el conflicto bélico entre españoles e indios nómadas conocidos
como chichimecas tuvo su máxima cumbre en 1550, con la
fundación de la Nueva Galicia dos años atrás, en 1548, se buscaba
Óscar Mazín Gómez, “La cristianización de las Indias. Algunas diferencias
entre Nueva España y Perú”, en Derecho, política y sociedad en Nueva España
a la luz del Tercer Concilio Provincial Mexicano (1585), ed. Andrés Lira
González, Alberto Carrillo Cazares, y Claudia Ferreira Ascencio (México, DF:
El Colegio de Michoacán; El Colegio de México, 2013), 59.
5

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�Javier Rodríguez

tener un mayor control por aquellas tierras inexploradas del norte.
Cada vez menos personas se arriesgaban a conocer más allá de
las delimitaciones del Pánuco, pues los ataques de los indios
estaban creciendo día con día y aventurarse evidentemente
representaba un serio peligro para los españoles que lo hicieran.
Algunos españoles militares de carrera decidieron tomar ese
riesgo y fundaron importantes asentamientos norteños: Alberto
del Canto fundó la Villa de Saltillo en 1577, al igual que la Villa
de Santa Lucía, en lo que diecisiete años después Diego de
Montemayor fundara la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora
de Monterrey; Luis Carvajal y de la Cueva fundó el Nuevo Reino
de León en 1579; lo mismo para las fundaciones del Nuevo
México y las Nuevas Filipinas al final de la centuria. Sin
embargo, las avanzadas militares para nada se hubiesen
concretado sin la presencia de los religiosos, pues era necesaria
su conversión para poderlos adherir a la grey del rey católico.
Philip Powell en La guerra chichimeca demostró la importancia
de los misioneros franciscanos, además de los “indios aliados”
para conseguir la paz con los beligerantes.6
6

Según Philip Powell, el proceso pacificador tuvo cuatro ingredientes
principales: la diplomacia necesaria para atraer a las tribus nómadas al acuerdo
de establecerse la paz, un intensificado esfuerzo misionero que dio cohesión y
un objetivo espiritualmente loable a toda la empresa, el trasplante de indios
sedentarios a la frontera para poner ejemplo de un modo de vida civilizado y
el aprovisionamiento de los nómadas y de los colonos sedentarios con fondo
de la real hacienda, gradual proceso de sustitución de los gastos en que antes
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Por otro lado, la llegada del clero secular al Nuevo Reino
de León estuvo enmarcada en un contexto, tanto de exploración
de los territorios más septentrionales de la monarquía, como de
los intentos de consolidar el poblamiento y asentar las
instituciones hispánicas en la región; era un momento de
territorialización monárquica, pero también de la capacidad de
incorporación de los grandes obispados de los nuevos espacios
que iban surgiendo para consolidar a mayor escala su geografía
espiritual.7 Cabe mencionar que la primera parroquia erigida en
se había incurrido al intentar la subyugación militar. Philip W Powell, La
guerra chichimeca, 1550-1600 (México, DF: Fondo de Cultura Económica,
2014), 213.
7
Es de suma importancia definir los conceptos de espacio y territorio. Si el
Diccionario de autoridades (2da edición de 1739) define el primer concepto
como “la capacidad, anchura, longitud y latitud de un terreno, lugar o sitio
(tomado del latín spatium)”, y el segundo término como el “sitio o espacio que
contiene una ciudad, villa o lugar”, tenemos que matizar dichos conceptos para
una mejor comprensión de los mismos. El espacio como instancia parcial (y
de autonomía relativa) de una totalidad social es un concepto de la geografía
que involucra diversos elementos constitutivos de una región (elementos
naturales) como la vegetación, suelo, montañas y cuerpo de agua. Así, como
señaló José Alfredo Rangel, el espacio físico es un elemento más de una región
y no un escenario inerte, receptáculo de los elementos sociales. En cuanto al
territorio, dicha expresión se utiliza como referencia al espacio de la soberanía
o la jurisdicción de un país, o en este caso entidades de gobierno civil o
religiosa para el periodo novohispano. Dicha jurisdicción sobre el territorio
involucraba elementos naturales, espaciales y poblacionales. Diccionario de
Autoridades (2da edición, 1739), consultado el 06/08/18. http:
//web.frl.es/DA.html. Daniel Hiernaux y Alicia Lindon, “El concepto de
espacio y el análisis regional”, Secuencia, núm. 25 (1993): 89–110; Andrés
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el noreste novohispano fue en la Villa de Santiago de Saltillo —
curato espiritualmente perteneciente al obispado de la Nueva
Galicia, pero políticamente adherido a la Nueva Vizcaya— cuya
jurisdicción comprendió todo el incógnito espacio que
representaron estos territorios para finales del siglo XVI,
incluyendo la ciudad de Monterrey, la Villa de San Gregorio de
Cerralvo y la misión de Nuestra Señora del Río Blanco.8 En este
sentido, la crónica del obispo de Guadalajara, Alonso de la Mota
y Escobar, es muy sugerente para recrear el escenario:
Este reino con razón se puede llamar Reino de Anillo porque
aunque tiene mucha tierra y de muchas leguas de sitio, no hay
en todas ellas sino un lugarcito de españoles de hasta veinte
vecinos escasos, que llaman la Villa de Monterrey porque el
conde de este nombre, siendo virrey de la Nueva España, dio
Castiblanco Roldán, “Algunas observaciones teóricas al territorio y al
memorial: la dialéctica de la producción (creación) social del espacio”, Revista
Geográfica, núm. 145 (2009): 73–88; José Alfredo Rangel Silva, Capitanes a
guerra, linajes de frontera. Ascenso y consolidación de las élites en el oriente
de San Luis Potosí, 1617-1823 (México, DF: El Colegio de México, 2008), 35.
En cuanto a la territorialización, se puede entender la apropiación simbólica y
cultural de un espacio, que, aunque siendo inmaterial, se hace tangente cuando
hay un reconocimiento de pertenencia en el territorio por un grupo humano.
Rogeiro Habesbaert, “Del mito de la desterritorialización a la
multiterritorialidad”, Cultura y representaciones sociales 8, núm. 15 (2013):
13. Dicho concepto es aplicable también a los procesos de reconocimiento de
territorios eclesiásticos en la América hispánica.
8
José Antonio Portillo Valadez, Diccionario de clérigos y misioneros
norestenses (Monterrey: Edición de autor, 2011), 85.
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licencia y facultad para que se poblase por el año pasado de
noventa y cuatro. […] Es un difuso este Reino y todo
despoblado que hasta el día de hoy está bien andado ni trillado
de españoles, pero algunos que han entrado en él dicen que es
de temple muy apacible, de buenos valles, bien abastecido de
fuentes y ríos, y con suficientes montes y arboledas, que todo
esto lo hace apto para poblarla, pero por ahora no se abre
entrada para ello, porque en este mundo son de estima tierras,
aguas y montes, allende de lo cual como en este Reino no ha
habido noticia de minas ni metales, que son la piedra imán de
español, no los tira ni lleva para sí […] hay noticia de que en
esta tierra hay indios bárbaros gentiles, pocos en número, que
viven en rancherías pajizas de cuya conversión no se trata por
ahora hasta que venga el tiempo que Dios tiene determinado
para mover los corazones de los reyes que manden hacer éstas
y otras entradas. La gente de estos países es desnuda y muy
pobre y sumamente bárbara, en quien no se conoce rastro de
conocimiento, de idolatría ni de sacrificio, ni de temple porque
todos ellos viven pronos [muy propensos] e inclinados a la
tierra cual brutos, sin jamás alzar los ojos de ella, y así en su
total ocupación buscar de comer con la flecha, procrear y
hacerse la guerra unos a los otros. Querrá Dios nuestro señor
las cosas se vayan aquí disponiendo de suerte que se envíe la
luz de su nombre y fe para que amanezca sobre gente que vive
en perpetua tiniebla para que conociendo su autor lo
reverencien y sirvan como a su Dios verdadero a quien sea
gloria y alabanza eterna, así en la tierra como en el cielo.9

9

Alonso De la Mota y Escobar, Descripción geográfica de los reynos de Nueva
Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León (México, DF: Instituto Jalisciense de
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Pero con la llegada del gobernador Martín de Zavala y su
proyecto de repoblación del reino, la cuestión eclesiástica
también fue de su injerencia. Así, en 1626 se erigió la parroquia
de Monterrey con su primer cura en administración, el padre
Martín Abad de Uría, con jurisdicción sobre las rancherías y
villas que se fueron fundando desde la época de Martín de Zavala
en adelante -incluyendo la villa de San Gregorio de Cerralvo, la
villa de San Juan Bautista de Cadereyta y el Valle de las Salinas
(sin que esto afectara la labor de los franciscanos, pues
técnicamente el clero secular tendría injerencia sobre españoles,
mestizos y mulatos, y el clero regular sobre los indios en los
conventos).10 De este modo, en la medida en que se iba
extendiendo la frontera hacia el noreste, con la fundación de
nuevas poblaciones, éstas se incorporaban a la única parroquia;
por consiguiente, la atención eclesiástica de estos lugares se hizo
por medio de los tenientes de cura. Sin duda alguna, la fundación
de misiones y parroquias en el Nuevo Reino de León durante el
siglo XVII, se dio en el contexto de la lucha y la “guerra viva”

Antropología e Historia; Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1989),
150.
10
Israel Cavazos Garza, Breve historia de Nuevo León (México, DF: El
Colegio de México, 1994), 104.
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contra los indios no sujetos al sistema español y provocaron que
el proyecto misional encontrara su freno en 1664 debido a la
propia inestabilidad política en la que entró el reino tras la muerte
de su gobernador Martín de Zavala.11
No obstante, el siglo XVIII fue un periodo de cambios, ya
que del curato de Monterrey se desmembraron nuevas
jurisdicciones parroquiales para erigir nuevas unidades de
atención diocesanas. En 1712 se desmembraron de Monterrey
Boca de Leones —la cual había fungido como ayuda de parroquia
de Monterrey desde que se fundó el Real— y el Valle de San
Mateo del Pilón; en 1714, la doctrina de San Pablo Labradores; y
en 1747, se erigió la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores
en la Punta de Lampazos.12 Todas ellas dejaron de ser misiones
para convertirse en curatos con curas beneficiados vicarios y
jueces eclesiásticos.

Eugenio del Hoyo atribuye el periodo de 1664 a 1715 como el “medio siglo
de inercia”, donde, tras la muerte del gobernador Martín de Zavala, el Nuevo
Reino de León entró a una crisis e inestabilidad de su política e instituciones
que la apoyaban. Eso auspició que la densidad demográfica bajara y que los
conflictos con los indios se incrementaran. Eugenio Del Hoyo, Historia del
Nuevo Reino de León, 1577-1723 (Monterrey: Al Voleo, 1979), 433–72.
12
Cavazos Garza, Breve historia de Nuevo León, 156; Cecilia Sheridan, El
yugo suave del evangelio. Las misiones franciscanas de Río Grande en el
periodo colonial (Saltillo: Universidad Autónoma de Coahuila, 2012), 53.
11

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Además, en la segunda década del siglo XVIII se retomó
el proyecto misional, mismo que se vio reflejado en tres nuevas
fundaciones: la misión de Nuestra Señora de Guadalupe, la de
Nuestra Señora de la Concepción y Nuestra Señora de la
Purificación; todas fundadas en 1715 gracias al comisionado
Francisco de Barbadillo y Vitoria. La primera fue fundada a una
legua de la parroquia de Monterrey y perteneció a los frailes
franciscanos bajo el título de curas doctrineros hasta 1755, año en
que la misión se secularizó y se transformó en pueblo con
presencia predominantemente tlaxcalteca.13 En lo que respecta a
13

La secularización fue el traspaso de misiones y doctrinas pertenecientes a
los religiosos a manos del clero secular o diocesano. Dicho proceso se dio de
manera gradual y dependió del obispado su aplicación. En el obispado de
Puebla fue en 1640 gracias al obispo Juan de Palafox y Mendoza, en el
arzobispado de México fue en 1753 por el arzobispo Manuel Rubio y Salinas,
en Durango en 1753 por el obispo Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, en el
obispado de Yucatán en 1721 por el obispo Juan Gómez de Parada y en el
obispado de Michoacán fue en 1767 también por el obispo Pedro Anselmo
Sánchez de Tagle. Para el caso del obispado de Guadalajara, el proceso de
secularización fue más pragmático y los obispos solían esperar a coyunturas
específicas para hacerlo, pero curato por curato y no como un evento a gran
escala. Para el caso del Nuevo Reino de León, el proceso de secularización de
misiones y doctrinas fue un proceso iniciado desde 1711 y concluido en 1804,
cuando se secularizó la doctrina del Río Blanco, que fue la última en hacerlo.
Óscar Mazín Gómez, Entre dos majestades. El obispo y la Iglesia del gran
Michoacán ante las reformas borbónicas, 1758-1772 (Zamora: El Colegio de
Michoacán, 1986), 12–20; María Teresa Álvarez Izca-Longoria, “La
reorganización del territorio parroquial en la arquidiócesis de México durante
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las otras dos misiones, éstas se fundaron cerca del Valle de San
Mateo del Pilón, y los franciscanos tuvieron bajo su cuidado y
doctrina a indios borrados, pelones, nazas, tlaxcaltecos, tortugas,
cacalotes y aguatinejos, que aparecen descritos en las partidas
sacramentales de la parroquia de San Mateo del Pilón.14
La familia Báez Treviño
No se puede pasar por alto en la historia del Nuevo Reino de
León, durante la primera mitad del siglo XVIII, la mención de
ciertos apellidos que fueron de suma importancia en el acontecer
histórico tanto político como económico y social. Y es que el caso
de la familia Báez Treviño es una referencia obligada, ya que su
participación en la región fue muy intensa. Desde el gran
patriarca hasta los nietos, los miembros de esta familia fueron
personajes muy activos por lo menos hasta 1780.

la prelacía de Manuel Rubio y Salinas (1749-1765)”, Hispania Sacra LXIII,
núm. julio-diciembre (2011): 508; David Brading, Una Iglesia asediada: el
obispado de Michoacán, 1749-1810 (México, DF: Fondo de Cultura
Económica, 1994), 123; Susan McClymont Deeds, “Rendering unto Caesar:
the secularization of Jesuit missions in mid-eighteenth century Durango”
(University of Arizona, 1981).
14
AEAM. Libros sacramentales, parroquia de San Mateo, libro 1, 1712-1725.
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Mapa 1. División política del Nuevo Reino de León, finales del s.
XVII

Como punto de partida, se encuentra el general Francisco Báez
Treviño. Nació en Monterrey en 1648 y durante la primera década
del siglo XVIII se destacó por la adquisición de propiedades, sin
dedicarse a actividades comerciales o crediticias, según Antonio
Peña Guajardo.15 Fue hijo de Francisco Treviño (sargento mayor)

15

Antonio Peña Guajardo, La economía novohispana y la élite local en el
Nuevo Reino de León durante la primera mitad del siglo XVIII (Monterrey:
Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2004), 59.
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y Lucía de Benavides, oriundos de la ciudad de Monterrey, y a su
vez, nieto del capitán Francisco Báez de Benavides (nacido en
1594, originario de Tenerife, en las Islas Canarias) y de Isabel
Martínez-Guajardo

Navarro-Rodríguez

(nacida

en

1593,

originaria de la Villa de Saltillo), primeros pobladores del Nuevo
Reino de León. Contrajo matrimonio con Catalina Treviño y
Maya, con la cual tuvo trece hijos: Ignacio Miguel (1682), María
(1685), Nicolasa (1687), Francisco (1691), Pedro Regalado
(1701), Xavier (1702), Matías (1703), Juan Bautista (1704),
Lucía (1706), Josefa (1708), Isabel (1709) y Antonia (1714).
Respecto a los oficios de los hijos varones, Francisco y Xavier
eligieron la carrera militar al igual que su padre; Matías fue
escribano público y tres de sus hijos eligieron la carrera
eclesiástica: el primogénito Ignacio Miguel lo hizo como
sacerdote religioso de la Compañía de Jesús y Pedro Regalado y
Juan Bautista lo hicieron como miembros del clero secular. En
cuanto a las hijas del General, cuatro se casaron con capitanes,
una con un escribano público, otra con el dueño de una hacienda
de ganado menor y dos más permanecieron solteras o bien no se
obtuvieron datos sobre sus nupcias, seguramente dedicándose al
cuidado de sus padres, pues para las labores domésticas la familia
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poseía negros y mulatos esclavos. Y en el caso del matrimonio
del capitán Xavier Báez Treviño con Ana Montemayor Garza,
dentro de los cinco hijos que tuvieron, surgió otro sacerdote, José
Lorenzo Báez-Treviño Montemayor, nacido en 1730 en la ciudad
de Monterrey.
Pero, a decir verdad, uno de los aspectos más relevantes
de Francisco Báez Treviño fue que llegó a tener el grado de
general. Para finales del siglo XVII, encabezó una partida de 30
soldados que incursionó al interior de la Sierra de la Tamaulipa
para castigar a los indios que habían atacado una pastoría de
ovejas. Posteriormente, le fue otorgado el título de Sargento
Mayor, y en términos militares, como gobernador fue capitán
general del Nuevo Reino de León, por lo que Francisco Báez
Treviño fue el primer hombre, nacido en esta jurisdicción, que
tomó el cargo de gobernador y ocupó todos los grados militares,
desde alférez hasta general.16 Cabe señalar, que desde el siglo
XVII, y hasta 1728 —considerando que en este año inició el
cobro de alcabalas— el Nuevo Reino de León era considerado
como “tierra de guerra viva”.17 Esto implicaba que había focos de

16
17

Peña Guajardo, 71–72.
Del Hoyo, Historia del Nuevo Reino de León, 1577-1723, 311.

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conflicto en distintos puntos del territorio entre españoles con
indios

negados

a

integrarse

al

sistema

europeo.

Los

enfrentamientos fueron duros y sumamente violentos, y
evidentemente causaron una gran cantidad de muertes, por lo que
la responsabilidad de la defensa del territorio cayó en las milicias
locales, con el peso de los gastos en los pobladores, por no existir
un ejército profesional en la Nueva España.18 Así fue como los
militares se adueñaron de la zona, pues el gobernador y capitán
general del Nuevo Reino de León era el mando supremo con
capacidad de organizar y coordinar las acciones.
Sin embargo, tal y como lo mencionó Peña Guajardo, el
estado general que se padecía en el Nuevo Reino de León era
conveniente para los miembros de esta élite local, afirmando que
ellos mismos promovían los enfrentamientos para justificar la

18

Peña Guajardo, La economía novohispana y la élite local en el Nuevo Reino
de León durante la primera mitad del siglo XVIII, 58. Por otro lado, José
Alfredo Rangel menciona que la defensa de las zonas fronterizas estaba a cargo
de los capitanes a guerra, quienes comandaban contingentes integrados en su
mayoría con los vecinos de los poblados interesados basándose el esquema en
la autodefensa que fue la modalidad más práctica al no existir un ejército
profesional. Rangel Silva, Capitanes a guerra, linajes de frontera. Ascenso y
consolidación de las élites en el oriente de San Luis Potosí, 1617-1823,
205–6.
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concesión de ciertos privilegios por ser “tierra de guerra viva”.19
Así, por mucho tiempo no se aplicó el cobro de alcabalas y a los
gobernadores se les eximió de la obligación de pagar la media
anata como una manera de apoyo a los pobladores y autoridades
de este lugar. Este régimen especial en materia fiscal —que era
aplicado en todo el septentrión novohispano— estaba destinado a
fomentar la economía y la colonización en una zona insegura que
por sí misma no atraía pobladores.20 Pero, por otro lado, en 1718
el general Francisco Báez Treviño —en su segundo periodo como
gobernador del Nuevo Reino de León— fue destituido por el
comisionado del Virrey duque de Linares, el alcalde de crimen
Francisco de Barbadillo y Vitoria, por comerciar indios a través
del sistema de congregas. Báez Treviño y otros miembros de la
élite local tuvieron que liberar a los indios capturados, y en su
defensa afirmaron que la captura fue hecha por ser prisioneros de
guerra, aunque estaban trabajando en sus haciendas personales.21
19

Mismo argumento utilizado por Sara Ortelli para el caso de la Nueva
Vizcaya. Sara Ortelli, Trama de una guerra conveniente. Nueva Vizcaya y la
sombra de los apaches, 1748-1790 (México, DF: El Colegio de México, 2007).
20
Peña Guajardo, La economía novohispana y la élite local en el Nuevo Reino
de León durante la primera mitad del siglo XVIII, 72.
21
Archivo General de Indias (AGI). Guadalajara 166, Expediente sobre la
pacificación de indios chichimecas del Nuevo Reino de León, 1714-1723, 14
de febrero de 1714.
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Así, mal que bien, este personaje logró consolidar un
poder y prestigio en la localidad, sobre los cuales sus hijos
clérigos Ignacio Miguel, Pedro Regalado, Juan Bautista y su nieto
José Lorenzo, se montarían para lograr la aceptación social de la
feligresía de Monterrey, siendo los únicos clérigos procedentes
de una familia de la vieja élite neolonesa. Recibió cristiana
sepultura a manos del Br. Bartolomé Molano en misa de cuerpo
presente y vigilia el 6 de julio de 1726 en la capilla de San
Francisco Xavier de la ciudad de Monterrey —lugar que fungía
como colegio jesuita, y cuyo rector era su hijo Ignacio Báez
Treviño— y dejó en testamento tres novenarios de misas
cantadas: uno en la parroquia de la ciudad, otro en la mencionada
capilla, y uno más en la parroquia del Señor del Perdón de la
Ciudad de México. Además, pidió que se pagaran dos pesos a las
mandas forzosas, 50 fanegas de maíz para los pobres, que toda su
ropa fuera subastada a partir de 50 pesos, siendo lo recaudado
para la educación de los niños en la escuela del Colegio seminario
de la capilla de San Francisco Xavier, 50 pesos para el altar de
Nuestra Señora del Nogal de la ciudad de Monterrey, y el entierro
a la voluntad de sus albaceas —quienes fueron sus hijos Juan
Bautista y Pedro Regalado— con la pompa que les pareciere
conveniente, los cuales mandaron se le hicieran tres pozas.22
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Defunciones 1668-1752; ms. 166-167”.
http://www.familysearch.com/México-NuevoLeónCatholicChurchRecords1667-1981
22

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Algo de los muchos aspectos interesantes a resaltar de la
familia Báez Treviño, fue el haber empleado las estrategias
matrimoniales y la dedicación a la Iglesia como mecanismos
alternativos reguladores del equilibrio entre los recursos
disponibles y el empaque que correspondía al prestigio del linaje.
Como una familia de élite hispano nueva, los Báez Treviño
habían elegido vivir confinados en la civitas capital del Nuevo
Reino de León, confiando en que ésta les proporcionaría los
medios para mantener su posición al amparo del gobierno del
reino. A decir de Pilar Gonzalbo, “los oficios de justicia daban
honra a quien la buscaba y la reafirmaba en los que la poseían
como patrimonio familiar”.23 Así, la ascendencia determinaba
enormemente el tipo de ocupación a la que aspiraban a dedicarse,
también influía en gran medida el enlace matrimonial previsible:
“la homogamia entre las estirpes de los conquistadores era regla
general”.24 Y también, como familia de élite, cuatro varones
miembros de ella eligieron el camino del sacerdocio que podía
proporcionarles acceso a dignidades acordes con su distinguido
origen. De este modo, la religiosidad hispano nueva no solamente
23

Pilar Gonzalbo Aizpuru, Familia y orden colonial (México, DF: El Colegio
de México, 1999), 136.
24
Gonzalbo Aizpuru, 137.
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se manifestaba en oraciones, ceremonias o suntuosos rituales,
sino que estaba presente en los momentos de toma de decisiones
familiares: si bien el matrimonio y el ingreso al sacerdocio eran
caminos opuestos, podían llegar al mismo destino: la salvación
eterna y la felicidad terrena.25
Ahora bien, en primer término se encuentra Ignacio
Miguel Báez Treviño. Fue el primer hijo del Gral. Francisco Báez
Treviño y doña Catalina Treviño de Maya. Nació en la ciudad de
Monterrey en 1682 y no se encontró evidencia de su bautizo ni de
sus padrinos. Ingresó a la Compañía de Jesús y fue rector del
Colegio de San Francisco Xavier de Monterrey entre 1722 y
1723, siendo de los primeros jesuitas oriundos del Nuevo Reino
de León. Cuando testó en 1726, su padre ya había muerto, siendo
sepultado en la Iglesia del Convento de San Andrés de dicha
ciudad.26 A decir verdad, es el clérigo miembro de la familia Báez
Treviño de quien menos información se tiene, sin embargo, su
padre el Gral. Francisco Báez Treviño, quien había apoyado al
Br. Jerónimo López Prieto al establecimiento de un colegio
seminario en 1701, apoyó a su primogénito para adquirir la
dirección de dicho colegio una vez que aquel fue removido.
25
26

Gonzalbo Aizpuru, 136.
Portillo Valadez, Diccionario de clérigos y misioneros norestenses, 34.

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En segundo lugar se encuentra Pedro Regalado Báez
Treviño. Era oriundo de la capital del Nuevo Reino de León y fue
el quinto hijo del Gral. Francisco Báez Treviño y doña Catalina
de Maya. Pedro Regalado, bautizado en la parroquia de la ciudad
de Monterrey el 30 de marzo de 1701 por el padre Domingo
Guerra, tuvo como padrinos a Bernabé González y Aldonza
Guajardo.27 Estudió en la ciudad de Durango, en el Seminario de
la Compañía de Jesús, para luego pasar al Seminario de San José
de la ciudad de Guadalajara. Previo a su paso por el colegio
jesuita de Durango, en 1712, el obispo Diego Camacho y Ávila
—durante su visita pastoral por la ciudad de Monterrey— lo
señaló como estudiante de la cátedra de gramática que se impartía
en el colegio seminario instaurado en Monterrey por el Br.
Jerónimo López Prieto en el anexo a la capilla de San Francisco
Xavier que fungía como iglesia parroquial en ese momento.28 Fue
ordenado clérigo de menores órdenes en 1722 por el obispo Fray
Manuel de Mimbela, y presbítero a título de dos capellanías
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.182”.
Bautizado el 30 de marzo del 1701. http://www.familysearch.com/MéxicoNuevoLeón-CatholicChurchsRecords1667-1981
28
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.303”.
http://www.familysearch.com/México-NuevoLeónCatholicChurchsRecords1667-1981
27

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fundadas por sus padres, el Gral. Francisco Báez Treviño y doña
Catalina Treviño: una de 2,100 pesos en la Villa de Saltillo, que
le producían 100 pesos anuales, y otra de 2,000 pesos sobre la
Hacienda de Santo Domingo en la ciudad de Monterrey.29 Fue
teniente de cura del Real y Minas de San Gregorio de Mazapil
entre 1726 y 1728. Fue vicario y juez eclesiástico, y teniente de
cura en la Villa de Saltillo de 1741 a 1755, donde también fungió
como comisario de la Inquisición.30 En la parroquia de la ciudad
de Monterrey también fue teniente de cura con atención a
Pesquería Grande, en 1745, y en el Huajuco en 1740 y de 1744 a
1748, sin descuidar sus labores en la Villa de Saltillo. Tuvo como
residencia y ocupación la asistencia de la Hacienda de Santo
Domingo, siendo dueño de la cuarta parte. En 1760 exhibió sus
licencias sin límite de tiempo al obispo Fray Francisco de San
Buenaventura Martínez de Tejada Diez de Velasco. Murió el 11
de febrero de 1767.

FamilySearch. “Guadalajara, diócesis de Guadalajara, Órdenes 1714-1737, m.98”.
http://www.familyseach.com/México-Jalisco-CatholicChurchsRecords15901979
30
Archivo General de la Nación (AGN). Inquisición, Vol. 869, fs. 2,
Nombramiento de comisario del Santo Oficio de la Villa de Saltillo a favor de
Pedro Regalado Báez Treviño. 14 de febrero de 1740.
29

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

29

�Javier Rodríguez

En tercer lugar, se encuentra Juan Bautista Vicente Báez
Treviño, o bien Juan Báez Treviño —como solía firmar las
partidas sacramentales—, y es el personaje de quien se tiene más
información en la evidencia archivística. Su carrera sacerdotal
difiere un poco de la de Ignacio Miguel y Pedro Regalado. Fue el
octavo hijo del matrimonio del Gral. Francisco Báez Treviño con
doña Catalina de Maya. Fue bautizado en la parroquia de la
ciudad de Monterrey el 11 de febrero de 1704 por el padre Marcos
González Hidalgo y fue su padrino el capitán Francisco de
Albornos.31 Como ha sido referenciado al inicio de este trabajo,
cursó filosofía en el Colegio de la Compañía de Jesús de la ciudad
de Durango, desde donde pasó a la ciudad de México a estudiar
los sagrados cánones y recibió el grado de bachiller el 27 de abril
de 1725.32 Fue ordenado presbítero por el obispo de Guadalajara,
el Dr. Carlos Nicolás Gómez de Cervantes, del cual obtuvo las
licencias necesarias para predicar en toda la diócesis, a cuyo fin
FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.206”.
Bautizado el 11 de febrero de 1704. http://www.familysearch.com/MéxicoNuevoLeón-CatholicChurchsRecords1667-1981
32
Precediendo antes la lección de una hora de ampolleta con puntos y término
de 24 horas de la segunda asignación del capítulo 9 Christus 26, de jure jurado,
libro segundo título segundo, en que se leyeron varios facultados para lo cual
cursó y juró cinco concursos en la propia facultad de cánones e hizo diez
lecciones conforme a estatus.
31

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30

�Mérito y honor

fue

examinado

y

aprobado,

expidiéndosele

los

títulos

correspondientes el 14 de marzo de 1728, mismos que le fueron
refrendados por el Deán y Cabildo Sede Vacante de la catedral de
Guadalajara el 4 de abril de 1735, y por el obispo Juan Gómez de
Parada el 15 de marzo de 1737. Además, su ordenación sacerdotal
fue a título de dos capellanías: una fue fundada por el capitán don
Antonio Gómez de Castro y doña María Báez Treviño —su
hermana mayor— de 3,500 pesos de principal y 125 de renta
anual sobre algunas casas que tenía en la ciudad de Monterrey,
con la obligación de 33 misas rezadas al año, y la otra también
fue fundada por el mismo capitán con 1,000 pesos de principal y
150 pesos de renta anual sobre el agostadero de San Agustín,
también en la ciudad de Monterrey.33
Al ser opositor para algunos de los beneficios curatos, fue
examinado y aprobado en sínodo en la doctrina moral, y se le
propuso en primer lugar para el curato de Monterrey, en segundo
lugar para la provisión de la Villa de la Purificación, y en tercer
lugar para el Real y minas de San Pedro en Boca de Leones. Fue
teniente de cura de la ciudad de Monterrey y sus partidos,

33

AHAG. Parroquia de Monterrey, Cofradías del Nuevo Reino de León, 10 de
septiembre de 1753.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

31

�Javier Rodríguez

llegando a ser el cura en encomienda de dicha parroquia el 14 de
enero de 1734.34 Además, el Deán y Cabildo en Sede Vacante le
34

La categoría de los sacerdotes en la América hispánica era la siguiente: 1)
Capellán: dueño de una capellanía, no necesariamente tenía que ser adscrito a
una parroquia. Todos los curas tenían que ser capellanes para poderse ordenar.
2) Cura domiciliario: adscrito a una parroquia, era el cura que lleva el viático
a los enfermos y da la extremaunción sin facultades para celebrar, bautizar o
casar sin licencia del titular del curato. 3) Teniente de cura: ayudante del titular
del curato, equivalente al actual vicario con facultades de celebrar misa diaria
y mayor los domingos, predicar, bautizar, casar en ausencia del titular del
curato. Podía residir en la parroquia o en una capilla perteneciente a la
parroquia. 4) Cura beneficiado: titular del curato, actual equivalente al párroco.
Tenía facultades de celebrar misa diaria y mayor los domingos, administrar
todos los sacramentos, levantar el padrón anual de la cuaresma y remitirlo a la
curia episcopal. Para llegar a ser cura beneficiado se establecía un concurso de
oposición y tras un examen de sagrada escritura, teología cristiana y lengua
mexicana, los sacerdotes evaluadores le mostraban tres candidatos al obispo,
mismos que el prelado presentaba al vicepatrono y el designaba al ganador del
concurso. El concurso solía ser riguroso y podían existir elementos extraprotocolarios que influyeran en el ganador del concurso. 5) Vicario juez
eclesiástico: eran sacerdotes que fungían como representantes del obispo para
ciertas regiones del obispado y podía ser un cura domiciliario, teniente de cura,
pero en la mayoría de las ocasiones era un cura beneficiado. Podía haber un
vicario juez eclesiástico para un solo curato o para varios, dependiendo de la
naturaleza y extensión de la zona. Sin embargo, para el caso del Nuevo Reino
de León, la denominación de curato en beneficio no existía hasta 1748 cuando
se secularizó la misión de La Punta de Lampazos y el primer cura beneficiado
—Juan Antonio Flores Barbarigo— tomó posesión de ella. Lo que existía hasta
ese momento era curato en encomienda, que era equivalente al curato en
beneficio, con la única diferencia de que el obispo podía poner y quitar curas
a placer sin necesidad de ningún concurso, cosa que no estaba aprobada por el
concilio de Trento. La eliminación de los curatos en encomienda la concretó
el obispo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada Diez de
Velasco en circunstancias específicas. El curato de Monterrey por primera vez
fue en beneficio en 1755 cuando el Br. Bartolomé Molano tomó posesión de
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32

�Mérito y honor

dieron comisión a fin de que examinase a varios religiosos
franciscanos, y fue notario del Santo Oficio de la Inquisición de
la ciudad de Monterrey, su distrito y jurisdicción, gracias al título
que le dieron los inquisidores de la Ciudad de México el 3 de julio
de 1741. El obispo Juan Gómez de Parada le nombró vicario y
juez eclesiástico el 13 de enero de 1742 hasta que dejó el cargo el
25 de febrero de 1748. También lo nombraron comisario del
tribunal de la Santa Cruzada por el obispo Juan de Camargo de
1734 a 1748, concediéndole facultad para todas las causas y
negocios tocantes a cruzadas y para la ejecución de los demás
él. Y en ese mismo año los curatos del Valle de las Salinas y del Valle del
Guajuco dejaron de ser encomiendas para ser en beneficio. Las doctrinas de la
Villa de Cadereyta, de la Villa de Linares y Valle de Labradores fueron
secularizadas y también se convirtieron en curatos en beneficio. El curato de
Boca de Leones dejó de ser encomienda hasta 1760 tras la muerte del Br.
Rodrigo Flores Valdés. Como último dato, el vicepatrono en el Nuevo Reino
de León no estaba bien definido. Aunque en estricto sentido y de acuerdo con
las Leyes de Indias el virrey debiera serlo, en la práctica también consideraban
vice patronos al propio gobernador del Nuevo Reino de León e incluso al
presidente de la Audiencia de Guadalajara; este último caso era algo inusual,
pues como entidad política, el Nuevo Reino de León no era correspondiente a
esa audiencia, sin embargo, hubo casos donde el presidente de la audiencia
neogallega designaba curas para el Nuevo Reino de León, sobre todo cuando
eran curatos en encomienda. Todo este entramado jurisdiccional confuso fue
parte de las realidades políticas-eclesiásticas del Nuevo Reino de León por lo
menos hasta 1777, año de fundación del obispado de Linares. Javier Rodríguez
Cárdenas, “Territorialización y estructuras eclesiásticas en el Nuevo Reino de
León durante la visita pastoral del obispo de Guadalajara, 1753-1760” (Tesis
de maestría, El Colegio de San Luis, 2018), 160–250.
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33

�Javier Rodríguez

asuntos pertenecientes a este cargo. De 1748 a 1764, fue teniente
de cura y cura domiciliario en la misma parroquia de Monterrey,
falleciendo en esa ciudad en 1764.
Por último, del matrimonio entre el cuarto hijo del Gral.
Francisco Báez Treviño y doña Catalina de Maya, el capitán
Xavier Báez Treviño, con Ana Josefa Montemayor de la Garza,
nació en 1730 José Lorenzo Báez Treviño, de quien fueron sus
padrinos sus tíos Matías Báez Treviño e Ignacia de los Santos
Coy, siendo bautizado por el padre Matías de Aguirre. Su
testamento afirma que sus padres murieron mucho antes de que
él recibiese las órdenes mayores.35 Fue ordenado sacerdote a
título de cuatro capellanías: una fundada por su abuelo el Gral.
Francisco Báez Treviño sobre la hacienda de Santo Domingo;
otra fundada por su tía doña Josefa Báez “sobre la casa y viña que
posee en la Villa de Saltillo Manuel Ignacio de Irazabal [sic]”; la
tercera que fundaron su misma tía Josefa Báez y Bartolomé de
Cuellar, su esposo, sobre la hacienda de Guachichile; y la última
fundada por doña María Báez Treviño, su tía, y que el obispo de

35

Archivo Histórico de Monterrey (AHMM). Protocolos, Testamento de
bachiller José Lorenzo Báez Treviño, Vol.18, Exp.1, 12 de enero de 1780.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

34

�Mérito y honor

Guadalajara Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de
Tejada Diez de Velasco removió y puso en la ciudad de
Guadalajara; todas ellas de 4,000 pesos de principal y de 200
pesos anuales.36 También se sabe que fue lugarteniente de vicario
de Monterrey, en donde se encontraba en 1760 al momento de la
visita pastoral del obispo de Guadalajara, quien le revisó sus
licencias ministeriales, las cuales no tenían límite de tiempo.
También fue capellán del presidio de San Agustín de Ahumada
en 1764, y fue teniente de cura en la ciudad de Monterrey de 1768
a 1780, año de su muerte.
Así, este cuarteto de religiosos pertenecientes a la familia
de los Báez Treviño demuestra las cuatro formas más comunes
en que los sacerdotes del periodo hispánico aspiraban a ser
exitosos: profundizando en el estudio; siendo un buen cura de
almas y preocupándose por velar y atender a su feligresía;
aprovechando sus grados académicos para aspirar a cargos más
importantes; o siendo un hábil negociante a partir de la
acumulación de tierras y propiedades familiares.
36

AHMM. Protocolos, Testamento de bachiller José Lorenzo Báez Treviño,
Vol.18, Exp.1, 12 de enero de 1780.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

35

�Javier Rodríguez

Tipologías sacerdotales de la familia Báez Treviño
A decir de William B. Taylor, la organización del clero secular
en la América hispánica septentrional dividía a hombres grosso
modo de acuerdo con un sistema de meritocracia. Sin embargo,
en la práctica, este sistema era la combinación de una serie de
factores entre los cuales se pueden enumerar los antecedentes
familiares,

medios

independientes,

educación,

honores

académicos y literarios, cargos de responsabilidad por
nombramiento del obispo y ejercidos con distinción, buenas obras
dignas de su vocación, y antigüedad y reputación de acuerdo con
la virtud profesional y personal; es decir, que dicho “mérito”, a
final de cuentas, era una cualidad en parte heredada y en parte
adquirida.37 Asimismo, el significado del mérito pudo variar con
el tiempo y de acuerdo con quienes lo juzgaron, pues el
sacerdocio hispano nuevo no se trataba de un sistema lineal en
forma de escalera al que todos accedieron desde el peldaño
inferior y en el que los de mayor mérito ascendieron rápidamente
en relación con el resto, pues los contactos personales y los lazos
familiares intervenían inevitablemente. Según Taylor, algunos

37

William B Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el
México del siglo XVIII. Vol. I (Zamora: El Colegio de Michoacán, 1999), 147.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

36

�Mérito y honor

curas no ingresaron desde abajo, otros jamás avanzaron y hubo
quienes alcanzaron la cima sin ocupar posiciones intermedias.38
Como se ha podido constatar, la familia Báez Treviño fue
de las más reconocidas al iniciar el siglo XVIII en el Nuevo Reino
de León, y evidentemente tanto José Miguel, Pedro Regalado,
Juan y José Lorenzo supieron aprovechar el pináculo del prestigio
social del que gozaba su familia gracias al patriarca de este linaje,
el Gral. Francisco Báez Treviño. Y es que en la monarquía
hispánica – como se ha mencionado anteriormente – el mérito va
íntimamente acompañado del linaje familiar, pues el simple
hecho de tener como tronco común un familiar procedente de los
reinos peninsulares, y más que haya sido de los primeros
pobladores, era suficiente prestigio para estar a la altura de
cualquier familia hispana nueva. Y si a esto se le añade la
participación en campañas bélicas, aportaciones económicas o
servicios especiales que contribuían a aumentar o consolidar el
territorio o la recaudación correspondiente a la Corona, el mérito
se incrementaba a tal grado que el prestigio social podía heredarse
a hijos y nietos para que compartieran el mismo reconocimiento
ganado por ellos. Incluso, afirma Pilar Gonzalbo, que cuando no
38

Taylor, 47.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

37

�Javier Rodríguez

podía demostrarse la ascendencia de los conquistadores, los
testimonios que refieren a “hijos de buenos padres” y tenido por
“principal persona” de “limpio linaje” y “familia honrada” eran
también válidos dentro del prestigio de la sociedad española.39
Fue así que, pese a tener linaje, es decir, ser un español-americano
de tercera generación de un peninsular de los primeros pobladores
del Nuevo Reino de León, el mérito del Gral. Francisco Báez
Treviño según su título de gobernador de 1703 otorgado por el
virrey duque de Alburquerque, fue haber servido “en dicho reino
en los cargos de capitán de los soldados de a caballo, arcabuceros
que se formó en el levantamiento de los reinos chichimecos del
cerro de Tamaulipa y reprimiendo el orgullo de los indios en el
Real de las Sabinas e inquietudes que causaron los indios de las
naciones cenizos y alazapas”.40
Y es que hasta ese momento, ni su padre Francisco
Treviño ni su abuelo Francisco Báez de Benavides habían
alcanzado ni el grado de General ni ser gobernador del Nuevo

39

Gonzalbo Aizpuru, Familia y orden colonial, 130.
AHMM, Actas de Cabildo, Título de gobernador y capitán general del
Nuevo Reino de León a favor de Francisco Báez Treviño, Vol. 002,
Exp.1703/002, 12 de junio de 1703.
40

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38

�Mérito y honor

Mapa 2. Curatos, misiones y doctrinas en el Nuevo Reino de León,
1753

Reino de León. Y una vez siendo gobernador, eran estos
personajes tan influyentes como otros que componían la
monarquía hispánica en espacios locales o regionales, lo que
permitía una solicitud como la del gobernador Báez Treviño, que
“postrado a las reales plantas de vuestra majestad con todo
rendimiento” solicitó que la Compañía de Jesús entrara a la
ciudad de Monterrey y fundase un colegio:
Con el que nuestros hijos tendrán la enseñanza y doctrina
segura desde los primeros rudimentos y porque serán
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�Javier Rodríguez

enseñados en cristianas y buenas costumbres con la buena
enseñanza que deseamos y finalmente porque tendrá todo el
reino el consuelo y doctrina que en todo el norte cristiano y
dominio de vuestra majestad acostumbra tan sagrada religión
con satisfacción y consuelo común de sus leales vasallos.41

Sobre esta sólida estructura familiar de prestigio social local y
mérito real ante su majestad, estaban insertos los curas José
Miguel, Pedro Regalado y Juan Bautista Vicente de cuarta
generación y José Lorenzo de quinta generación familiar con
respecto a los primeros pobladores. Y es que gran parte del
currículo de los aspirantes al sacerdocio en la monarquía
hispánica debían tener este tipo de estructuras familiares. William
B. Taylor menciona que el linaje familiar por sí mismo ya era
gran parte del mérito que necesitaban los futuros sacerdotes, ya
que reflejaba su propia comprensión del “mérito”, es decir,
aquello que los hacía dignos de su vocación y de la promoción,
siendo las calidades de los candidatos favorecidos ser hijo
legítimo de padres españoles nacidos en América, ilustres y
descendientes de antiguos y legítimos linajes de cristianos viejos:

41

AHMM, Actas de Cabildo, Petición del gobernador al rey para que la
Compañía de Jesús funde un colegio en la ciudad, Vol. 02, Exp.1715/002, 31
de enero de 1715.
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40

�Mérito y honor

eso era prácticamente todo lo que necesitaban.42 Ahora, el punto
en cuestión es cuáles fueron las aspiraciones, limitaciones y
función social de cada uno de ellos, y si el peso familiar fue
determinante en cada una de sus carreras sacerdotales, pues —
como afirma Pilar Gonzalbo— el valor simbólico de los apellidos
y de la proximidad a la jerarquía eclesiástica podía llegar a
proporcionar beneficios materiales inmediatos cuando en las
familias novohispanas se coordinaban intereses económicos y en
la vida religiosa se protegía el patrimonio o se obtenía acceso a
créditos y beneficios.43 Buena parte de los individuos del grupo
dominante o élites de una localidad o región, elegían el camino
del sacerdocio, que podía proporcionarles acceso a dignidades
acordes con su distinguido origen, siendo congruente con lo que
establecía el Concilio de Trento de no promover a ningún
individuo como clérigo que no sea idóneo “por sus costumbres,
ciencia y edad a las órdenes sagradas, a no constar antes
legítimamente que está en posesión pacífica de beneficio
eclesiástico que baste para pasar honradamente la vida”.44

42

Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 151.
43
Gonzalbo Aizpuru, Familia y orden colonial, 137.
44
Sacrosanto Concilio de Trento, 209.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

41

�Javier Rodríguez

Combinar linaje y mérito nunca fue sencillo para los sacerdotes,
y más porque, si por una parte el linaje era heredado a través de
los antepasados, el mérito era producto de valores como la
disciplina, constancia, buenas costumbres, entre otras cosas que
ya se han mencionado.
Como afirma Taylor, “tan importantes son los orígenes
sociales para la carrera de un sacerdote como también lo fueron
su formación y sus logros educativos”.45 El mérito de un
individuo destinado al sacerdocio iniciaba desde las primeras
letras pues para ser aceptado en un Seminario, los varones debían
tener por lo menos siete años de edad, aunque según Taylor
generalmente ingresaban de once años.46 El curso de estudios
para obtener el grado en bachiller en artes o estudios de filosofía,
era tras la aprobación de los cursos de gramática (lectura,
escritura y pronunciación latina), retórica (latín con español que
incluía el estudio de la sintaxis, traducción y obras selectas de
algunos autores romanos clásicos como Cicerón, Virgilio,
Ovidio, etc.) y filosofía (estudios de lógica, metafísica
aristotélica, física, filosofía moral, aritmética, geometría y
45

Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 125.
46
Taylor, 126.
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42

�Mérito y honor

álgebra). Al final, se tenían que someter a un examen oral sobre
preguntas de filosofía ante tres sinodales y de aprobar se obtenía
el grado de bachiller.47 El estudio completo solía durar de cinco a
seis años. Para alcanzar la ordenación como sacerdote que
pudiese celebrar misa, el individuo tenía que estudiar teología por
cuatro años. Dicho estudio se dividía en dos partes: teología
dogmática (estudio de la Suma Teológica de Santo Tomás de
Aquino) y teología moral (aplicabilidad de la teología dogmática
a la vida cotidiana). También se podían hacer cursos de derecho
canónico, sagradas escrituras, historia de la iglesia y elocuencia
sagrada, según Taylor.48
Cabe señalar que los estudios sacerdotales se enmarcaban
dentro de una jerarquía de grados que definían el estatuto del
individuo dentro de la propia Iglesia. El Concilio de Trento señaló
cuatro órdenes menores —ostiario, lector, exorcista y acólito— y
tres mayores que eran el subdiaconado, diaconado y presbiterado.
En las órdenes menores, el ostiario era el guardián del templo,
quien tocaba las campanas y guardián del Santísimo Sacramento;
el lector era quien tenía el oficio de leer o cantar públicamente en

47
48

Taylor, 127.
Taylor, 128.

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43

�Javier Rodríguez

el templo las Sagradas Escrituras, además de asistir al diácono; el
exorcista era quien podía imponer las manos sobre los posesos
del demonio y recitar los exorcismos aprobados por la Iglesia; y
el acólito era quien portaba las luces en el templo y presentaba el
vino y el agua para la celebración eucarística.49 Y respecto a las
órdenes mayores, una vez sometido y aprobado a una exhaustiva
investigación personal sobre su pasado y conducta moral por un
delegado del obispo, el bachiller obtenía el grado de subdiácono
que ayudaba al diácono a pasar los instrumentos para la misa; los
diáconos podían ser asistentes de los sacerdotes en la misa,
además de contar con aprobación de predicar, y los sacerdotes
podían decir misa pero no escuchar confesiones, impartir
bautismos dar últimos auxilios o casar sin licencia del ordinario
del lugar.50
Para el caso de los sacerdotes emergidos de la familia
Báez Treviño, definitivamente quien marcó la línea de camino en
cuanto a lugares de estudio fue el primogénito. Como ya se ha

49

Pablo VI, Ministeria Quaedam. [Consultado en línea el 21 de mayo del 2020]
http://www.vatican.va/content/paul-vi/la/motu_proprio/documents/hf_pvi_motu-proprio_19720815_ministeria-quaedam.html.
50
Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 147.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

44

�Mérito y honor

referido, Ignacio Miguel fue miembro de la Compañía de Jesús y
realizó sus estudios en el Colegio de Guadiana de los jesuitas en
la ciudad de Durango, Nueva Vizcaya, mismo lugar donde sus
hermanos cursaron los estudios de filosofía. Por la gran diferencia
de edad entre Ignacio Miguel y el resto de sus hermanos de
familia y sacerdocio, para cuando Pedro Regalado nació en 1701,
Ignacio ya contaba con 19 años de edad, y para el nacimiento de
Juan Bautista tenía 22 años. En la visita pastoral de 1711 del
obispo de Guadalajara Diego Camacho y Ávila por el curato de
Monterrey, cuando el prelado renueva licencias y aprueba la
operación de un colegio seminario siendo el rector Ignacio
Miguel —gracias al apoyo y financiamiento de su padre, el
gobernador del Nuevo Reino de León— éste ya contaba con 29
años de edad y entre los alumnos que menciona el obispo
Camacho y Ávila que se encontraban tomando cursos de
gramática, se encontraba Pedro Regalado con 10 años de edad.51
Muy seguramente Ignacio Miguel debió haber influido mucho en

FamilySearch. “Monterrey, Catedral, Bautismos 1668-1731, m.303”
http://www.familysearch.com/México-NuevoLeónCatholicChurchsRecords1667-1981
51

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

45

�Javier Rodríguez

la dirección que tomarían las trayectorias académicas de Pedro
Regalado y de Juan Bautista, al grado en que ambos fueron
enviados a estudiar filosofía con la Compañía de Jesús en la
ciudad de Durango. Como se ha mencionado anteriormente, son
escasos los datos que se tienen sobre Ignacio Miguel, pero tanto
por dicha influencia como por la dirección del colegio seminario
de Monterrey y su adscripción religiosa, este personaje debió ser
caracterizado por su preocupación por el saber y la enseñanza,
cualidad mediante la cual, según Óscar Mazín, la monarquía
hispánica también se proyectaba en los ámbitos locales.52
Una vez concluidos sus estudios en Durango, tanto Pedro
Regalado como Juan Bautista se trasladaron a la ciudad de
Guadalajara para estudiar teología en el Seminario de San José,
donde lograron concluir sus estudios y se ordenaron sacerdotes
en 1725 y 1728 respectivamente, ambos por el obispo Nicolás
Carlos Gómez de Cervantes. A partir de su ordenación sacerdotal,
la movilidad de ambos personajes va indicando los intereses que
tenían y que podían ser tanto familiares o personales; y dentro de
52

Óscar Mazín Gómez, Una ventana al mundo hispánico. Ensayo
bibliográfico. Vol.1 (México, DF: El Colegio de México, 2006), 45.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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46

�Mérito y honor

la rama de personales, de aspiración a prebendas mayores o a
dedicarse a los negocios eclesiásticos, todo válido en la forma de
ganarse la vida.
Por una parte, Pedro Regalado Báez Treviño —como ya
se ha referido en sus aspectos biográficos— fue ordenado
presbítero a título de dos capellanías fundadas por sus padres, el
Gral. Francisco Báez Treviño y doña Catalina Treviño de Maya:
una de 2,100 pesos en la Villa de Saltillo que le producían 100
pesos anuales, y otra de 2,000 pesos sobre la Hacienda de Santo
Domingo en la ciudad de Monterrey que le producía 200 pesos
anuales. Si una capellanía conseguía que el sacerdote viviera “al
día”, con dos podía vivir relativamente cómodo.53 A esto se le
53

Según Pilar Gonzalbo, las capellanías eran un medio de perpetuar la
memoria familiar y de establecer una relación armónica con el más allá. Una
vez tomadas las previsiones para asegurar, hasta donde fuera posible, la
situación económica de los herederos inmediatos, había que pensar en la
salvación del alma, y era natural que se recurriese a los parientes para un
negocio de tanta importancia. Las sutilezas de la teología católica permitían
eludir la fea sombra de la simonía y lograr, no obstante, que los bienes
naturales contribuyesen a la consecución de la bienaventuranza eterna. Podría
encontrarse un paralelismo entre mayorazgos y capellanías con variantes de
que aquellos requerían de un capital considerable, debían someterse a la
aprobación real y se destinaban a los descendientes laicos que conservarían el
apellido. La capellanía era una fundación de beneficio público, ya que la
promoción de vocaciones sacerdotales redundaba en la mejor asistencia de
almas; podía constituirse un pequeño caudal, generalmente entre 1,000 y 3,000
pesos, y no exigía trámites de aprobación: un simple documento ante escribano
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�Javier Rodríguez

añade que fue teniente de cura en los curatos del Real y Minas de
Mazapil entre 1726 y 1728 y en la Villa de Saltillo de 1729 a
1740, en la que además fue Comisario del Santo Oficio de 1741
a 1755. De 1740 a 1745 fue teniente de cura en varias capillas
jurisdicción del curato de Monterrey: con atención a la capilla del
Valle de Guajuco en 1740 y con atención a la capilla del Valle de
Pesquería Chica en 1745, además de apoyar en el curato de

público dejaba testimonio de su fundación. La persona designada como patrón
tenía la responsabilidad y el privilegio de proveer de candidatos idóneos a la
capellanía vacante, y el juzgado de testamentarías, capellanías y obras pías
vigilaba el cabal cumplimiento de la voluntad de sus fundadores. Gonzalbo
Aizpuru, Familia y orden colonial, 138; Taylor, Ministros de lo sagrado.
Sacerdotes y feligreses en el México del siglo XVIII. Vol. I, 183–205. Según
Gisela Von Wobeser, el fundador de la capellanía donaba una cantidad para el
sostenimiento de un capellán y dicho capellán quedaba obligado a decir cierto
número de misas en su memoria. La cantidad donada se invertía y el capellán
recibía la renta que producía la inversión. El fundador obtenía el beneficio
espiritual de que el capellán rezara por su alma y, además, tenía la posibilidad
de lavar algunos de sus pecados, ya que, mediante la donación del capital de
la capellanía podía “restituir” dineros obtenidos en forma usuraria. El objetivo
de la capellanía era la salvación del alma después de la muerte. Gisela Von
Wobeser, “Las capellanías de misas: su función religiosa, social y económica
en la Nueva España”, en Cofradías, capellanías y obras pías en la América
colonial, ed. Pilar Martínez López-Cano, Gisela Von Wobeser, y Juan
Guillermo Muñoz (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México;
Instituto de Investigaciones Históricas UNAM, 1998), 120. David Brading y
Óscar Mazín Gómez, eds., El gran Michoacán en 1791. Sociedad e ingresos
eclesiásticos en una diócesis novohispana (Zamora: El Colegio de Michoacán;
El Colegio de San Luis, 2009), 182; Pedro Gómez Danés, “Colegios y
capellanías en el Nuevo Reino de León”, Revista de la sociedad Neolonesa de
historia, geografía y estadística, 2008, 120.
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�Mérito y honor

Monterrey a su hermano Juan Báez Treviño, cuando este se
encontraba ausente entre 1743 y 1745. Después, de 1745 a 1755
volvió a ser teniente de cura de la Villa de Saltillo, de 1755 a 1761
regresó como teniente a la ciudad de Monterrey, y de 1761 a 1767
—año de su muerte— en su hacienda de hacienda de Santo
Domingo.
Por su movilidad, Pedro Regalado buscaba vivir más
cómodamente entre las principales parroquias de la región, pues
si por un lado el Real y Minas de Mazapil contaba con la
solvencia de un asentamiento minero —no sólo en diezmos sino
también en obvenciones parroquiales— la Villa de Saltillo
tampoco se quedaba atrás en ese aspecto. Pero si por alguna razón
la mayor parte de su carrera sacerdotal la pasó deambulando entre
los curatos de la Villa de Saltillo y de la ciudad de Monterrey —
el principal curato del Nuevo Reino de León— fue porque su
familia y sus propiedades residían en esa última ciudad. No
obstante, ser teniente de cura de la Villa de Saltillo era más
atractivo que serlo de la ciudad de Monterrey, pues el pago por
las obvenciones parroquiales era mucho mayor en el primer lugar
que en el segundo. En cuanto a su labor pastoral —descrita
anteriormente en su apartado biográfico— da constancia de que
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�Javier Rodríguez

era un cura comprometido con su trabajo y por ende, esperaba la
gratificación económica equivalente a sus servicios. Así, se puede
asegurar que Pedro Regalado Báez Treviño ingresó al sacerdocio
con el único objetivo de ganarse la vida, lo que así fue gracias a
su trabajo y a su familia.
A diferencia de su hermano Juan Bautista, el Br. Pedro
Regalado Báez Treviño fue menos rígido en el ejercicio de su
ministerio sacerdotal. Mientras residía en la ciudad de Monterrey,
apadrinó a 15 neófitos mientras que su hermano Juan no lo hizo
con ninguno. También, por algunos informes, se ha detectado en
él ser de una agradable personalidad y singular carisma, ya que
en sus testamentos, don Pedro de Fe, doña Gertrudis Rodríguez y
doña Ana Lucía Fernández, declararon que el Br. Pedro Regalado
era su “alegre padre espiritual”.54 Por otro lado, también tuvo
claras tendencias a creer en cuestiones que no precisamente eran
de ortodoxia cristiana. En 1740 —mientras sostenía el cargo de
vicario juez eclesiástico y comisario de la Inquisición en la Villa
de Saltillo— informó al Tribunal del Santo Oficio de la
Inquisición de la Ciudad de México varios aspectos para descargo

54

AHMM. Protocolos, Vol.14, exp.1, Memorias testamentarias, 30 de marzo
de 1745.
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�Mérito y honor

de su conciencia, entre lo que incluía ciertos recuerdos de hechos
sobrenaturales que vivió junto con su madre en la Ciudad de
Monterrey donde:
Se acercó a mi madre junto a la vela una palomita mariposa, de
vistosos colores y dijo mi madre que alguna feliz noticia
anunciara dicha mariposa y le dijo que no revelara nada de lo
que le había, la cual después se quemó por sí sola. La verdad
pudo ser ignorancia como lo dijo mi hermano Juan, pero tal vez
sea un mensaje de Dios nuestro señor, y que dicho mensaje
también fue dicho al gobernador de aquel Nuevo Reino de León
que era mi padre.55

Tal vez el hecho de que Pedro Regalado haya sido de
personalidad alegre haya sido un factor para ser más abierto a
creer cosas que bien pudieran ser supersticiones. Del caso anterior
hasta fue juzgado por su hermano Juan como “ignorante”. A decir
verdad, el Br. Pedro Regalado no aspiró a cargos más importantes
después de 1741, pues se conformó con ser teniente de cura de la
Villa de Saltillo, y de 1753 a 1764, ser teniente de cura de la
ciudad de Monterrey, aunque constantemente viajaba del primer
punto al segundo por la cercanía en que se encontraban esos dos
poblados.

55

AGN. Inquisición, Vol.912, exp.13, Pedro Regalado Báez Treviño hace
varias denuncias en descargo de su conciencia, 29 de noviembre de 1740.
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Por otro lado, Juan Báez Treviño —ordenado sacerdote en
1728 como ya se ha referido— también se le confirió las órdenes
mayores a título de dos capellanías: la primera de 3,500 pesos con
una renta anual de 125 fundada por su hermana doña María Báez
Treviño y el capitán don Antonio Gómez de Castro, su esposo, y
otra también fundada por el mismo capitán con 1,000 pesos de
principal y 150 pesos de renta anual sobre el agostadero de San
Agustín de la ciudad de Monterrey. La renta anual que percibía
por cuestiones de capellanías era poco menos que la que recibía
su hermano Pedro Regalado, pero al igual que a él, le daba para
vivir relativamente cómodo. Y como se ha visto anteriormente,
su carrera sacerdotal fue totalmente ejercida en la ciudad de
Monterrey, siendo teniente de cura en esa ciudad de 1728 a 1734,
año en el que recibe la encomienda de la parroquia hasta 1748, de
la que continuó siendo teniente hasta el año de su muerte en 1764.
Al igual que su hermano, también fue Comisario del Santo Oficio
y de la Cruzada en Monterrey, y también por catorce años
consecutivos, sólo que él de 1734 a 1748. Esto debió significar
una enorme influencia regional para la familia Báez Treviño, pues
eran las máximas autoridades en cuestiones de ortodoxia
cristiana. Sin embargo, a diferencia de Pedro Regalado, Juan
Bautista tuvo mayores responsabilidades, pues él sí logró
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�Mérito y honor

conseguir la encomienda del curato de Monterrey y de hecho
realizó cosas muy importantes, entre las cuales se destacan las
siguientes.
En primer lugar, en 1745, por petición suya y autorización
del obispo de Guadalajara Juan Gómez de Parada, el curato de
Monterrey fue fragmentado para dar origen a dos nuevos centros
de administración parroquial: el de los Valles de las Salinas y
Carrizal, con sede en el primero, y el del Valle del Guajuco.56
Ambas habían fungido como capillas a las cuales acudía el cura
de Monterrey a celebrar los oficios y administrar sacramentos: en
el caso del Valle de las Salinas era la capilla de la Hacienda de
Nuestra Señora de Guadalupe que funcionó desde 1720, y en el
Valle del Huajuco era una capilla construida en el centro del Valle
desde 1734.57 Dicha división –refiere el obispo Gómez de
Parada– era:

56

AHAG. Otras parroquias, Parroquia de Monterrey, Autos para la
segregación y división de los Valles de las Salinas y Carrizal, y Huajuco de la
encomienda de Monterrey, leg. 3, exp. 2, folio 8, 1745. Por otro lado, en la
documentación de la época es muy común encontrar “Huajuco” y “Guajuco”.
El primer término es empleado en documentación eclesiástica y el segundo en
documentación de la administración civil y militar. Para esta investigación,
emplearemos la palabra “Huajuco” en referencia a dicho lugar localizado a 5
leguas al sur de la ciudad de Monterrey.
57
AHAG, Otras parroquias, Parroquia de Monterrey, Construcción de una
capilla en el Valle del Huajuco, leg. 1, exp. 1, folio 2, 1734. En referencia al
Valle de las Salinas, se toma como punto de partida el comienzo del primer
libro de bautizos de dicha parroquia. Archivo Eclesiástico de la Arquidiócesis
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�Javier Rodríguez

No solo por el crecido número de feligreses que residen en los
referidos valles y grave distancia, sino por un inminente
peligro, extorciones [sic] y muertes que en la mediana de los
referidos Valles y capital experimentan los moradores de ellas
de los indios bárbaros para socorrer y acudir a tan graves daños
y mejor facilitar la pronta administración de los santos
sacramentos.58

Así, la erección de dos nuevas parroquias como las del Valle del
Guajuco y el Valle de las Salinas no sólo significó mayor
capacidad de atención por parte de la Iglesia diocesana local, sino
que al expandirse, garantizaban y afianzaban un mayor control
territorial pues los franciscanos deseaban obtener más doctrinas
en el Nuevo Reino de León, y ante ese decreto, la orden de San
Francisco no podía hacer más que replegarse en las doctrinas que
ya poseían.
Y si toda su labor pastoral fue ejercida en la ciudad de
Monterrey, fue evidentemente por la cercanía para con su familia
y el arraigo a la tierra; no obstante, hay evidencia que indica que

de Monterrey, Fondo sacramental, Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe
de Salinas Victoria, libro 1, 1720.
58
AHAG. Otras parroquias, Parroquia de Monterrey, Autos para la
segregación y división de los Valles de las Salinas y Carrizal, y Huajuco de la
encomienda de Monterrey, 1745.
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54

�Mérito y honor

Juan tenía mayores aspiraciones en su carrera sacerdotal.59 En
1745 envió su detallada relación de méritos a su majestad. Como
se demuestra, Juan Báez Treviño esperaba ser recompensado por
el monarca español, pues tenía un representante en los reales
consejos de Madrid —don Juan de Luengo— a quien otorgó
poder para que recibiere los reales títulos, cédulas, y despachos
necesarios del nuevo ascenso que según Juan Báez Treviño su
majestad se iba a dignar darle.60 Desgraciadamente y para su mala
fortuna, no pudo conseguir el tan anhelado ascenso. Se pudiera
inferir que debido a sus 43 años de edad, Juan ya pensaba en
aspirar a la dignidad episcopal, pues a diferencia de todos los
demás clérigos del Nuevo Reino de León, su carrera eclesiástica
59

El concepto de arraigo, en gran medida, tiene que ver con la identificación
y pertenencia a la tierra, porque arraigarse en el siglo XVIII es sinónimo de
avecindarse. Por otro lado, respecto a la movilidad social, Antonio Hepasha
afirma que ésta no podría resultar ni de la voluntad ni de los cambios
instantáneos pues solo el tiempo y la voluntad traducidos en obras adecuadas
y riqueza honestamente adquirida, pudieron modificar el orden social
establecido y escrito. Antonio Manuel Hepasha, “Las estructuras del poder
imaginario en la movilidad social del antiguo régimen”, en Poder y movilidad
social. Cortesanos, religiosos y oligarquías en la península ibérica, siglos XVXIX, ed. Francisco Chacón Jiménez y Nuno Gonçalo Moreira (Madrid:
Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Universidad de Murcia,
2006), 37.
60
AHMM. Protocolos, Vol.14, Exp.3, Sobre la relación de méritos del
bachiller Juan Báez Treviño cura en encomienda y vicario juez eclesiástico de
la ciudad de Monterrey, 22 de septiembre de 1747.
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55

�Javier Rodríguez

junto con la de su hermano Pedro, era lo que los diferenciaba del
resto, además de creer ser merecedores de una recompensa por
los servicios prestados por su padre, el general Francisco Báez
Treviño.
Cabe señalar que, como cura, Juan Báez Treviño siempre
mantuvo una personalidad muy de acuerdo con su trayectoria
eclesiástica. En su relación de méritos, el Br. Ignacio Martínez
dio testimonio de que habiendo recibido la real cédula de 31 de
julio de 1746 con la funesta noticia de la muerte de Felipe V, el
Br. Juan Báez celebró por su alma en la Iglesia parroquial las
honras y exequias “con demostraciones de dolor y sentimiento y
el más posible aparato, asistencia y solemnidad cantó la misa
dicho Br., cuya fineza y liberalidad erogó todos los costos y
gastos de esta función”, también los de la gran cantidad de cera
que se hubo de encender en el luctuoso tumulto, y que se pusieron
en todos los altares, además de haber costeado igualmente de su
bolsillo la limosna de la oración fúnebre que predicó.61 Y en
contraposición, al tomar posesión Fernando VI, el Br. Juan Báez
Treviño:
61

AGI. Indiferente 254, Relación de méritos y servicios del bachiller Juan
Báez Treviño, presbítero, cura en encomienda y vicario in cápite y juez
eclesiástico de Monterrey, 9 de marzo de 1750.
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�Mérito y honor

Hizo las demostraciones correspondientes de regocijo el día 24
de junio de 1747, en el cual después procedió la feliz
proclamación en el real y majestuoso trono que se hallaba en la
plaza principal de la ciudad de Monterrey inmediato al tablado
en que estaba mencionado don Juan Báez Treviño para
autorizar este acto con los demás eclesiásticos; arrojó cantidad
de dinero con generosa largueza, repitiendo a este tiempo los
repliques [sic] de campanas de la Iglesia parroquial, y
siguiendo luego el mismo cura el pasas y acompañamiento del
pendón real por las calles acostumbradas, y llegando a su
Iglesia parroquial, salió afuera del atrio a recibirle generoso,
haciendo uso en oficio de preste con capa pluvial, revestido
diácono y subdiácono siguiendo la Santa Cruz con
acompañamiento de otros sacerdotes seculares y regulares,
cantó Te Deum recibiendo el referido cura el real pendón de
manos del Real Alférez, lo abatió tres veces a las plantas de la
Purísima Concepción de Nuestra Señora, tutelar y patrona de
aquella ciudad, pusole debajo del altar prevenido a un lado del
evangelio, cantó las oraciones dispuestas por el pontifical
romano, y fue el primero que con mano franca arrojó monedas
de plata al tiempo de la salida del lúcido acompañamiento; y el
día siguiente en el altar mayor, adornado vistosamente de
muchas alhajas de plata y cera, dispuesto de propósito por su
cuidado y fervoroso celo, cantó solemnemente la misa de
acción de gracias y se predicó el sermón, siendo constante que
a expensas suyas se costeó también toda la función de la Iglesia,
por cuya loable demostración mereció que el gobernador y
capitán general de aquel Nuevo Reino de León, le diese como
le dio particulares agradecimientos de su distinguida lealtad,
fineza, y buen ejemplo de servicio al rey.62

62

AGI. Indiferente 254, Relación de méritos y servicios del bachiller Juan
Báez Treviño, presbítero, cura en encomienda y vicario in cápite y juez
eclesiástico de Monterrey, 9 de marzo de 1750.
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�Javier Rodríguez

Así, su gran amigo y mentor en la ciudad de Monterrey —el Br.
Ignacio Martínez— fue testigo de la gran lealtad y servicio que el
Br. Juan Báez Treviño tenía para con el monarca español, en la
clara búsqueda de un marcado ascenso en su carrera sacerdotal
garantizando la proyección de la monarquía hispánica en uno de
sus confines septentrionales. Sin embargo —como ya lo
sabemos— una vez terminado su periodo como cura en
encomienda, vicario juez eclesiástico de la ciudad de Monterrey,
y comisionado del Santo Oficio en el Nuevo Reino de León, el
Br. Juan Báez regresó a ser teniente de cura de la parroquia de
Monterrey, lugar donde fue encontrado en visita pastoral del
obispo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada
Diez de Velasco. En cuanto a sus transacciones en Monterrey, en
1735 vendió a Mateo Lafita —español vecino del Real y minas
de Sabinas— un negro esclavo sujeto a servidumbre de 19 años
“de la nación congo” libre de vicios y enfermedades por 300
pesos oro, libre de empeño, hipoteca, o alguna otra deuda;63 y en
1747, junto con sus hermanos Pedro Regalado, Francisco, Ana,
Lucía y María, vendieron dos sitios de tierra colindantes al río la
Silla que heredaron de su padre, a José Antonio Rodríguez
63

AHMM. Protocolos, Vol.12, exp.1, Venta del bachiller Juan Báez Treviño
a Mateo Lafita de un negro esclavo, 22 de octubre de 1735.
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�Mérito y honor

—vecino de Monterrey— por 200 pesos oro.64 Así, se puede
afirmar que el Br. Juan Báez Treviño, fue de ese tipo de
sacerdotes académicos, que aspiraban a tener relevantes cargos
eclesiásticos pero tal vez por la poca movilidad que tuvo y el
haberse arraigado de lleno a su tierra, le impidieron haberlos
obtenido, por lo que la influencia y el peso que tanto él como su
familia llegaron a tener no rebasaron los límites locales o
regionales. Dicho sea paso, en ningún registro consultado se
encontró que fuese licenciado o doctor, pues de ser así la historia
de Juan Bautista hubiese sido otra. William B. Taylor afirma que
los logros académicos sí eran determinantes para la obtención de
una parroquia importante, pues no todos los curas en poder de las
mejores parroquias durante el siglo XVIII fueron doctores o
licenciados, pero casi todos habían superado el bachillerato en
artes o filosofía y contaban con entrenamiento básico en teología
moral. “Todo aquel cura o concursante que hubiese contado con
becas, que ganase premios en exámenes públicos, que escribiese
tratados o historia, o que enseñase unos cuantos cursos en la
universidad resaltaba ciertamente con hondura esas hazañas”.65
64

AHMM. Protocolos, Vol.14, exp.1, Venta de dos sitios de tierra de los Báez
Treviño a José Antonio Rodríguez, 18 de septiembre de 1747.
65
Taylor, Ministros de lo sagrado. Sacerdotes y feligreses en el México del
siglo XVIII. Vol. I, 151–52.
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�Javier Rodríguez

Por último, en cuanto a José Lorenzo Báez Treviño, quien
fue ordenado sacerdote en 1759 por el obispo Fray Francisco de
San Buenaventura Martínez de Tejada Diez de Velasco, recibió
las órdenes mayores gracias a las cuatro capellanías fundadas por
diversos familiares, una fundada por su abuelo el Gral. Francisco
Báez Treviño, dos más fundadas por su tía Josefa Báez Treviño y
una última fundada por otra tía suya, María Báez Treviño, todas
con 4,000 pesos de principal y 200 de renta anual. Sin duda
alguna, por conceptos de capellanías, José Lorenzo tenía mayores
ingresos que sus tíos Pedro Regalado y Juan Bautista. Pero por si
fuera poco, siendo capellán del presidio de San Agustín de
Ahumada en 1764, su percepción fue de 225 pesos anuales.66
Además, tuvo grandes propiedades en el Nuevo Santander y sur
de Texas, entre las que se encontraban 150 sitios de ganado
menor, 45 de ganado mayor y 16 caballerías de tierra entre las
Villas de Camargo y Reynosa que vendió por 4,000 pesos.67
66

Portillo Valadez, Diccionario de clérigos y misioneros norestenses, 33.
Armando C Alonzo, Tejano Legacy. Rancheros and Settlers in South Texas,
1734-1900 (Alburquerque: University of New Mexico Press, 1998), 64; Rocío
González Máiz, Desamortización y propiedad de las élites en el Noreste
mexicano, 1850-1870 (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León;
Fondo Editorial Nuevo León, 2011), 28; Patricia Osante, Orígenes del Nuevo
Santander, 1748-1772 (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de
México, 1997), 89. AHMM, Protocolos, Vol.16, exp.1, Venta de tierras del
67

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�Mérito y honor

Fue así como el cuarto cura de los Báez Treviño, José
Lorenzo, fue alguien que se destacó por poseer una gran cantidad
de propiedades que le generaron negocios interesantes. Nunca se
comprometió en un curato a beneficio por un determinado plazo
de tiempo o por destacarse académicamente para la obtención de
prebendas catedralicias o incluso llegar a ser obispo. Y aunque
también le interesaba permanecer cerca de su familia, el arraigo a
la tierra nunca fue su prioridad. Sin duda alguna, y aunque con
José Lorenzo Báez Treviño no terminó la dinastía de curas de la
familia, sí lo fue la influencia directa del Gral. Francisco Báez
Treviño, que con sus hazañas militares al servicio de la Corona
española, expansión y dominio de los territorios de su majestad,
liderazgo y paternalismo familiar y prestigio social, logró
consolidar a sus hijos por prácticamente más de ochenta años
como los sacerdotes más influyentes en el oriente septentrional
durante el siglo XVIII.
Conclusiones
Pareciera un cliché dar por sentado que en las familias hispano
nuevas de alcurnia, cada miembro de la familia tenía un papel
capitán Xavier Báez Treviño y su esposa Ana Montemayor al bachiller Joseph
Lorenzo Báez Treviño por 4,000 pesos, 4 de febrero de 1759.
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�Javier Rodríguez

previamente asignado, prácticamente estamental, como el hecho
de afirmar que, en este tipo de familias, un hijo se entregaba a las
armas, otro al comercio y otro más al altar. No se puede
generalizar este argumento, pero para el caso estudiado en este
trabajo el cliché no solamente se cumple sino cobra otro sentido
al visualizar el impacto social que tuvo la familia analizada.
Y es que la familia Báez Treviño se aleja de aquellos
modelos de familia castellana del siglo de oro donde el primer
hijo era el que heredaba, el segundo era el hidalgo y el tercero era
el cura. Más bien es congruente con el tipo de familia
enorgullecida de su linaje ibérico, pero sobre todo de ser
descendientes de primeros pobladores, cristianos viejos y de
buena moral. Además, el mérito en las armas que llevó a
Francisco Báez Treviño a consolidarse como el gran patriarca de
la familia, gobernador del Nuevo Reino de León y referente de
capitanes a guerra para inicios del siglo XVIII, pusieron a esta
familia en la cumbre del prestigio social. Y si bien, gran parte de
los miembros de esta familia —hijos varones— son militares
(incluso las hijas también casadas con militares), no se puede
dejar de lado la influencia de los apellidos en el ámbito espiritual.
Ignacio Miguel, Pedro Regalado, Juan Bautista Vicente y
José Lorenzo Báez Treviño (éste último sobrino de los tres
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62

�Mérito y honor

anteriores). Misma familia, credo, vocación, estatuto sacerdotal e
intereses diversos. Cada uno de ellos con la misma facultad de
convertir el agua y vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, pero
humanamente tan diferentes: por sus vocaciones, al primero le
interesaba el saber y la enseñanza; al segundo simplemente
ganarse la vida con su trabajo ejerciendo su ministerio sacerdotal
discretamente; al tercero un potencial ascenso a mejores
posiciones dentro de la Iglesia, dada su familia y nivel de
estudios; y al cuarto, la solvencia de las capellanías para sumar a
la gran cantidad de propiedades que se le heredaron y a las
transacciones comerciales que realizó. Sin duda alguna, al ser el
templo el espacio de confluencia y socialización obligada en el
periodo hispano nuevo, estos personajes —sobre todo Pedro
Regalado y Juan Bautista— tuvieron tal prestigio en el Nuevo
Reino de León que raro era el poblador o vecino común que no
los conociera, ya que hasta vicarios jueces eclesiásticos y
comisarios del santo oficio de la inquisición fueron cargos que
tuvieron.68
68

Juan Carlos Ruiz Guadalajara, Dolores antes de la independencia.
Microhistoria del altar de la patria. Vol.1 (Zamora: El Colegio de Michoacán;
El Colegio de San Luis; Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social, 2004), 162; Mazín Gómez, Una ventana al mundo
hispánico. Ensayo bibliográfico. Vol.1, 72.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-1

63

�Javier Rodríguez

Algunas reflexiones finales que se pueden establecer son
las siguientes. Primero, en el periodo hispano nuevo, para ser
sacerdote se requería conjugar linaje y preparación académica, ya
que sin esos dos elementos no se podían obtener las órdenes
mayores. Segundo, un buen apellido no siempre lo era todo, pues
se necesitaba establecer contactos desde los estudios en el
seminario

si

se

deseaba

aspirar

a

cargos

de

mayor

responsabilidad; de lo contrario, a lo mucho se podía estancar en
alguna localidad. Tercero, la manera de ganarse la vida
honestamente como sacerdote podía hacerse de tres maneras:
haciendo un buen trabajo como sacerdote parroquiano,
obteniendo el grado de licenciado o doctor para mejorar la
posición, o si se tenía las posibilidades, dedicarse a las capellanías
que se tuviera y con eso, a los negocios personales. Y cuarto, en
las zonas de frontera, o bien, en el oriente septentrional de la
América hispánica, era mucho más cómodo arraigarse a la tierra
y avecindarse en la ciudad que aspirar a mayores ambiciones si
se deseaba tener una vida tranquila sin tanto ajetreo.
Sin duda alguna, así como el caso de la familia Báez
Treviño pudieron existir en el Nuevo Reino de León, Nueva
Vizcaya y Coahuila-Texas, algunas otras familias con linaje y
mérito de cuyos miembros surgieron carreras sacerdotales
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�Mérito y honor

(aunque se desconoce si cuatro de sus miembros, ya que para ser
sacerdotes, cuatro es un número elevado). Y como lo exponen
Chantal Cramaussel para el caso de Parral en la Nueva Vizcaya y
José Alfredo Rangel para el caso del oriente de San Luis Potosí,
los sacerdotes por lo general eran parientes de las principales
familias de la localidad y esto afianzaba su influencia social desde
el punto de vista espiritual.69 Pero se desconoce si su
desenvolvimiento fue de manera similar a los Báez Treviño, al
grado de que de un simple bautismo y parentela espiritual puedan
surgir personajes tan relevantes en la historia de México como
Fray Servando Teresa de Mier (de la familia Mier y Noriega, con
gran protagonismo en la ciudad de Monterrey para finales del
siglo XVIII e inicios del XIX), bautizado por el Br. Juan Báez
Treviño el 26 de octubre de 1763 y siendo apadrinado por don
Salvador Lozano, compadre del cura que bautizó. Lo que sí se
deja en claro es que con el linaje y la dosis de mérito real
adecuado, militar en este caso, una familia norteña podía
construir todo un historial familiar del cual sus descendientes se
69

Chantal Cramaussel, Poblar la frontera. La provincia de Santa Bárbara en
Nueva Vizcaya durante los siglos XVI y XVII (Zamora: El Colegio de
Michoacán, 2006), 337; Rangel Silva, Capitanes a guerra, linajes de frontera.
Ascenso y consolidación de las élites en el oriente de San Luis Potosí, 16171823, 139–202.
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�Javier Rodríguez

sintieran orgullosos. Habrá que elaborar otro estudio donde se
demuestre cómo el arraigo, propiedad y tenencia de la tierra, y
sus réditos en el Nuevo Reino de León, pueden motivar e
incentivar los estudios sacerdotales al grado de poder obtener
puestos importantes, o bien garantizar un curato en beneficio, que
no era algo sencillo.
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Archivo
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�Inmigración y formación del empresariado libanés en
Tampico durante la primera mitad del siglo XX
Immigration and formation of Lebanese businessmen in
Tampico during the first half of the 20th century
Oscar Israel Pizaña Grimaldo
El Colegio de San Luis
orcid.org/0000-0001-7851-2936

Resumen: En este artículo examino la inmigración y la formación del
empresariado libanés en Tampico, Tamaulipas, durante la primera
mitad del siglo XX. Tomando en cuenta los factores endógenos y
exógenos que incidieron en esta migración, estudio los casos de
familias empresariales con participación en los sectores textiles, de
bienes raíces y de la industria naviera. A través de fuentes de archivo y
una serie de entrevistas con miembros de estas familias, analizo las
formas de acumulación de capital de la primera generación de
inmigrantes, y sugiero que la relación entre familia y empresa fue un
elemento indispensable para la organización, dirección, administración
y sucesión de la empresa familiar.
Palabras clave: empresariado libanés; capital; empresa familiar;
inmigración; Tamaulipas.

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�Oscar Pizaña

Abstract: In this article, I examine the immigration and the formation
of the Lebanese business community in Tampico, Tamaulipas, during
the first half of the 20th century. Considering the endogenous and
exogenous factors involved in this migration, I study the cases of
business families in Tampico with participation in the textile, real
estate, and shipping industry sectors. Using archival sources and
interviews with members of these families, I analyze the forms of
capital accumulation of the first generation of immigrants and suggest
that the relationship between family and business was crucial in the
organization, management, administration, and succession of the
family business.
Keywords: lebanese businessmen;
immigration; Tamaulipas.

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capital;

family

business;

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�Inmigración y formación

Introducción
La formación del empresariado libanés en Tampico es un proceso
que es

necesario analizar bajo

dos

ejes

estructurales

fundamentales: uno relacionado con las formas de acumulación
de capital y el otro con la organización empresarial. En el
primero, es menester estudiar cómo los libaneses utilizaron un
capital social basado en elementos identitarios de su cultura,
como el origen común, el idioma y la religión, para transformarlo
en capital económico como fuerza de trabajo con el objetivo de
acrecentar sus negocios. En el segundo, el análisis debe centrarse
en cómo la estructura familiar patrilineal y patrilocal, así como
los valores, marcaron la división del trabajo entre los integrantes
de ambos géneros; los roles que desempeñaron en el hogar tanto
hombres como mujeres fueron trasladados a la empresa familiar,
en donde la organización, dirección y sucesión estuvieron dotadas
de elementos de carácter patrilineal, con el objetivo de preservar
la empresa y el patrimonio por generaciones, dándole suma
importancia al apellido paterno.
De esta manera, el objetivo general del presente trabajo es
estudiar las formas de acumulación de capital y la relación entre
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familia y empresa como dos elementos indisolubles en la
formación del empresariado libanés en Tampico durante la
primera mitad del siglo XX. No obstante, también es interesante
sumarse al análisis de la migración, explicando los factores
endógenos y exógenos que incidieron en la llegada de personas
de origen libanés a Tamaulipas, para entender el inicio de la
organización social y de trabajo de estos inmigrantes en el país
receptor, su manera de ganarse la vida a través de las primeras
formas de comercio como buhoneros, su ética enfocada en el
trabajo constante, el ahorro y el bajo consumo, como fórmulas
para la acumulación y adquisición de un tipo de movilidad social
ascendente pasando del comercio informal como vendedores
ambulantes al formal con el establecimiento, primero de tiendas,
almacenes y posteriormente de fábricas en el ramo de la industria
textil, bienes y raíces, así como en la industria naviera.
Con respecto a la estructura del texto, este se comprende
de cuatro apartados. En el primero no sólo se indaga sobre los
factores que impulsaron la migración, sino también se hace un
análisis cuantitativo sobre el número de inmigrantes que llegaron
al estado de Tamaulipas entre 1900 y 1930, así como también un
análisis sobre el perfil del inmigrante libanés. En el segundo
apartado, se explica el inicio de la acumulación de capital a través
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�Inmigración y formación

del éxito obtenido en el comercio ambulante, gracias a la
implementación de un innovador sistema de ventas; el crédito por
abonos, que incorporó a un sector de la sociedad nunca antes
tocado; el del campesino pobre y obrero del campo y la ciudad,
como sustitución a la tienda de raya en el periodo de la
posrevolución. En el tercer apartado, se indaga sobre el modelo
de empresa familiar libanés, estrechamente relacionado con la
estructura de la familia extensa, en donde la dirección,
administración y sucesión atienden a patrones patrilocales. Y, por
último, se identifican a partir de la década de 1930, los casos de
empresas familiares libanesas y su importancia en el sector textil,
bienes raíces e industria naviera en Tampico.
Inmigración y perfil de los primeros inmigrantes libaneses
El fenómeno migratorio libanés hacia México comenzó a finales
del siglo XIX, concretamente a partir de 1878. Es en esta fecha
cuando la revista Emir, realizada por la comunidad libanesa en
1938, y las tarjetas de migración, documentan la llegada de los
dos primeros libaneses que se insertaron en el país por el puerto
de Veracruz, de nombres Boutrous Rafoul1 y Antonio Budib,2

1

Archivo Libanés de la Ciudad de México (en adelante ALCM), Emir, número
20, 1938.
2
Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Migración, Líbano,
Tarjetas de migración, 1934.
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para después presenciar la llegada de Santiago Sauma, José María
Abad y Pedro Dib en 1882, como se relata en el Directorio
Libanés realizado por Salim Abud y Julián Nasr en 1948.3 Sin
embargo, fue hasta 1887 que encontramos el registro del primer
libanés que llegó por el puerto de Tampico de nombre Juan
Stfen,4 un segundo inmigrante en 1894 registrado como Abraham
Hatem, para comenzar a tener mayor presencia libanesa en
Tamaulipas durante la primera década del siglo XX.
El lugar de procedencia de estos inmigrantes no
correspondía a la actual división política de Medio Oriente. Se
trataba de la región del Máshreq,5 una zona mediterránea que,
durante siglos, hasta 1918, estuvo conquistada y ocupada
militarmente por el Imperio otomano. Este territorio era conocido
como la Gran Siria y comprendía al actual Líbano, Palestina,
Israel, Transjordania y la República Árabe Siria. No obstante,
3

Julián Nasr y Salim Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias
libanesa-palestina-siria residentes en la República Mexicana (Talleres
Linotipográficos “Casa Velux”, 1948).
4
AGN, Migración, Líbano, Tarjetas de migración, 1938.
5
Máshreq o Máshrek es la palabra en el idioma español para la acepción árabe
Al-Masriq, lugar por donde sale el sol, el Levante, o la parte más oriental del
mundo árabe, en oposición al Magreb, la parte poniente del mundo árabe. De
esta manera, se podría hablar de una población mashrequi, como lo propone
Camila Pastor, The Mexican Mahjar: Transnational Maronites, Jews, and
Arabs under the French Mandate (Austin: University of Texas Press), 336.
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�Inmigración y formación

aunque Líbano se estableció como país independiente hasta 1943,
desde el siglo XIII a. C. los fenicios ya hablaban de la región del
Monte Líbano,6 caracterizada por sus cedros que eran utilizados
para las construcciones marítimas, por lo que en este artículo nos
referiremos a Líbano en términos geográficos sin implicar la
preexistencia de un país.
Los primeros libaneses que llegaron a México,
particularmente a Tamaulipas, emigraron en un contexto de
desigualdad, violencia, inseguridad, persecución y pobreza a raíz
de la guerra civil que se desencadenó entre musulmanes drusos y
cristianos maronitas7 en la región del Máshreq, suceso que formó
parte de la desintegración del Imperio otomano. Esta migración
ocurrió al inicio de manera indirecta, debido a las restricciones de
las políticas migratorias establecidas en los Estados Unidos en
1903, con respecto a la entrada de inmigrantes. La causa de estas

6

Muchos de los inmigrantes que llegaron a Tamaulipas se autodenominaban
sirio-libaneses o libaneses. Estos apelativos de sirio y libanés hacían referencia
al origen geográfico, ya que el territorio del Máshreq (parte oriental del mundo
árabe) también era conocido como la Gran Siria, mientras que el de libanés era
por la región que desde tiempos fenicios se denominaba Monte Líbano.
7
Los drusos son un grupo religioso cuya fe es procedente del islam; fue
fundado en Egipto a finales del siglo X y se extendió en el Máshreq; por otro
lado, la población maronita es cristiana de rito oriental y es reconocida por
Roma.
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restricciones fue la epidemia de peste bubónica que se desató
desde finales del siglo XIX, situación que obligó al Consejo
Superior de Salubridad estadounidense a tomar medidas con el
objetivo de revisar la entrada de personas provenientes de Asia y
Oriente Medio, aumentando en un 70% los casos de repatriación.8
Por esta razón, y gracias a que en México no había
restricciones para la entrada de inmigrantes debido al
establecimiento de una política porfirista de puertas abiertas,
muchos libaneses decidieron esperar en algún puerto mexicano
—como Tampico— el momento oportuno para introducirse a los
Estados Unidos,9 pues se pensaba que en el país norteamericano
existían, además de la tolerancia religiosa, mejores oportunidades
8

Theresa Alfaro-Velcamp, So far from Allah, so close to Mexico: Middle
Eastern immigrants in modern Mexico (Austin, University of Texas Press,
2007), 137.
9
Existían empresas de viajes que, al conocer las condiciones poco favorables
para entrar a los Estados Unidos, ofrecían a los migrantes la posibilidad de
buscar otro puerto en algún país en donde no existieran las mismas
restricciones para ingresar. Lo hacían con el objetivo de convencer a las
personas en Líbano de realizar el largo viaje mediterráneo y trasatlántico. Estas
agencias se encargaban de otorgar préstamos para financiar los gastos de
transporte, a cambio de hipotecas y altos intereses. De esta manera, no sólo
México comenzó a recibir inmigrantes libaneses, sino también Cuba, Brasil, e
incluso Argentina. Roberto Marín Guzmán, “Las causas de la emigración
libanesa durante el siglo XIX y principios del XX. Un estudio de historia
económica y social”, Estudios de Asia y África 31, núm. 3 (septiembrediciembre, 1996): 602.
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laborales. De esta manera, Tamaulipas fungió —durante la
primera década del siglo XX— como un lugar de paso y de
estadía temporal en el tránsito de la migración hacia la nación
estadounidense, ya que no era una entidad que mostrara un
desarrollo industrial importante, pues la industria petrolera
apenas comenzaba, a diferencia de la Ciudad de México o Puebla,
que fueron centros urbanos en donde se concentró la mayor
cantidad de libaneses debido al desarrollo de las manufacturas
como la industria textil,10 así como en Yucatán en dónde estos
inmigrantes tuvieron una participación muy importante en la
industria henequenera.11
La población libanesa que arribó a Tampico entre 1900 y
1917, fue identificada como turca por los oficiales aduanales,
debido a que sus pasaportes, durante esos años, eran expedidos
por las autoridades del Imperio Otomano. No obstante, a partir de
10

Una obra que explica muy bien el desempeño de los libaneses en la industria
textil en Puebla es Angelina Alonso Palacios, Los libaneses y la industria textil
en Puebla (México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en
Antropología Social, 1983), 181.
11
Para conocer la labor de los libaneses en la península de Yucatán véase Luis
Alfonso Ramírez Carrillo, De cómo los libaneses conquistaron la Península
de Yucatán: migración, identidad étnica y cultura empresarial (México:
Universidad Nacional Autónoma de México, Centro Peninsular en
Humanidades y Ciencias Sociales, 2012), 58.
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1918, cuando finalizó la primera Guerra Mundial y la Sociedad
de Naciones formalizó el sistema de mandatos en el que Francia
resultó ser protectorado del territorio que, a partir de ese
momento, se le otorgó el título de El Gran Líbano, los inmigrantes
libaneses dejaron de identificarse como turcos para comenzar a
presentar documentos referentes a su lugar de origen. El apelativo
turco no sólo incluía a los libaneses, sino a la demás población
del Máshreq; es por esta razón que los censos oficiales de 1900 a
1921 no son una fuente confiable para precisar el número de
libaneses que llegaron a Tamaulipas a principios del siglo XX,
sin embargo, nos proporcionan datos significativos relacionados
con el aumento y la disminución de la población turca en la
entidad.
Según los censos nacionales, en 1900 existían en el país
949 turcos de los cuales sólo 13 se encontraban en el estado de
Tamaulipas. En 1910 el número aumentó a 4,463 en todo el
territorio nacional y 90 en el estado norteño. Sin embargo, en
1921 las cifras volvieron a descender danto un total de 836 turcos
en toda la república, mientras que en la entidad tamaulipeca se

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contabilizaron sólo 12.12 Esta disminución entre 1910 y 1921 se
debió, en parte, al estado bélico del país ocurrido durante la
revolución mexicana, suceso que repercutió en el declive de un
marco legal y de una política migratoria que pudiera mantener los
derechos de los inmigrantes, como lo había hecho la política
porfirista en los años anteriores a los movimientos armados.13 De
esta manera, dada la situación del país, muchos turcos decidieron
emigrar de México, estableciéndose la mayoría en los Estados
Unidos con el objetivo de obtener una mejor calidad de vida.
12

Censo general de la República Mexicana verificado el 28 de octubre de
1900, conforme a las instrucciones de la Dirección General de Estadística a
cargo del Dr. Antonio Peñafiel (México: Secretaría de Fomento, 1901);
Tercer censo de población de los Estados Unidos Mexicanos, verificado el 27
de octubre de 1910 (México: Secretaría de Hacienda, Departamento de
Fomento, 1918); México. Departamento de la Estadística Nacional, Censo
general de habitantes: 30 de noviembre de 1921 (México: Talleres Gráficos
de la Nación, 1925).
13
La Ley de Extranjería y Naturalización de 1886 estipulaba que “los
inmigrantes de toda clase, podían naturalizarse […] quedando equiparados con
todos sus derechos y obligaciones con los mexicanos […] transcurridos seis
meses y cuando el extranjero hubiera cumplido dos años de residencia en la
República podría pedir al Gobierno federal que le concediera su certificado de
naturalización” (art. 13). Se incluyeron, además, exenciones de impuestos, así
como transporte y agua gratuitos con el propósito de atraer extranjeros
interesados en invertir sus capitales y contribuir al anhelado y reiteradamente
mencionado “progreso de la nación”. El gobierno apostaba a la inversión
extranjera con el objetivo de impulsar la industria, el comercio y la banca en
México. Moisés González Navarro, Los extranjeros en México y los mexicanos
en el extranjero 1821-1970. Vol 2 (México: El Colegio de México, 1994), 508.
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Según registros de las aduanas, entre 1910 y 1921 salieron
del país por Nuevo Laredo, 30 turcos,14 sin embargo, el otro
margen numérico puede deberse a que muchos se internaron en
la nación norteamericana de manera irregular. Además, durante
esos años no se registraron entradas de turcos por el puerto de
Tampico, a diferencia del periodo de 1900 a 1909 que se
contabilizaron 107 entradas, esto fue debió, no sólo por el
conflicto bélico que ocurría en el país, sino también por la política
migratoria turca que intentó prohibir la salida de la población a
partir de 1909. La principal razón fue la fuerte emigración que
estaba causando el despoblamiento de las ciudades en Medio
Oriente, la cual estaba dirigida a Europa, Estados Unidos y, en
menor medida, a México, Cuba, Brasil y Argentina.
No obstante, una de las fuentes más importantes con las
que podemos identificar a la población de origen libanés que
entró al país en el periodo de 1900 a 1921, son las tarjetas de
migración en su forma F14, expedidas entre 1926 y 1950 por la
Secretaria de Relaciones Exteriores (SRE). Estas tarjetas se
crearon con la finalidad de tener un mejor control y registro de la

14

AGN, Aduanas Marítimas y Fronterizas, Tamaulipas, 1910-1921, exp. 334894, Informes aduanales.
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población extranjera en México. Durante el período presidencial
de Plutarco Elías Calles se implementó una ley migratoria donde
se estableció que las F14 funcionarían como el principal
documento de identificación oficial.15 Asimismo, en su artículo
32, la nueva ley anunció que quienes acudieran al registro se les
otorgaría una carta de naturalización con la que podrían traer al
país a sus padres, hijos, conyugues, e incluso a sus hermanos
menores, razón por la que muchos libaneses decidieron
registrarse y naturalizarse como mexicanos.16
Este tipo de tarjetas migratorias de identidad, contienen
datos específicos del inmigrante como su constitución física,
edad, nacionalidad, estado civil, idioma, religión, ocupación,
fecha de llegada y de registro, lugar de nacimiento, de entrada y
de residencia, nombre y domicilio en el país, además de contar
con una referencia, así como con la firma del portador y la firma
del funcionario de migración junto con el sello de la dependencia.
Es menester apuntar que como el registro de esas tarjetas se llevó

Víctor Hugo Morales Meléndez y Luis Ricardo López Figueroa, “La política
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Internacional XXXIX-1, núm. 155 (enero-marzo, 1999): 71.
16
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15

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a cabo a partir de 1926, no podemos contar con los datos de los
libaneses fallecidos antes de esa fecha, tampoco de aquellos que
decidieron emigrar para dirigirse a Estados Unidos o algún otro
país. A pesar de estas limitantes, las tarjetas nos proporcionan
información valiosa para conocer el número de inmigrantes, al
menos registrados, que llegaron a México, en especial a
Tamaulipas, a principios del siglo XX ya que, a través de las
declaraciones de los inmigrantes sobre la fecha, el lugar de
entrada al país y el lugar de nacimiento, es posible realizar una
cuantificación del número de libaneses que llegaron a Tampico
entre 1900 y 1921. Según las tarjetas, en el periodo que va de
1900 a 1909 entraron al país por Tamaulipas 115 libaneses, para
después disminuir el número a 27 inmigrantes entre 1910 y 1921,
dando un total de 142 entradas de personas de origen libanés.17
Con la comparación de las fuentes, observamos que el
número de entradas que nos proporcionan las tarjetas de
migración, es mayor al que nos brindan los informes aduanales, a
pesar de que en estos últimos sólo existen registros con la
denominación de turco. Además, una variación interesante es que
en los documentos de las aduanas no hay registros de llegadas
17

AGN, Migración, Líbano, Tarjetas de migración, 1926-1950.

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entre 1910 y 1921, mientras que en las tarjetas aparecen
27entradas en los mismos años.18 Para explicar esta diferencia, es
preciso tener en consideración que a pesar de que las autoridades
otomanas dejaron de emitir pasaportes en 1909, la migración no
se frenó totalmente, lo que indica que existió un porcentaje,
aunque bajo, de la población libanesa que entró al país mexicano,
de manera irregular, por el puerto de Tampico.
Asimismo, a través de las tarjetas de migración podemos
comprobar que el 75% de la población que entró por Tamaulipas
durante las primeras dos décadas del siglo XX, procedente del
Máshreq y con pasaportes turcos, era de origen libanés de las
ciudades de Biblos, Djezzin, Deir El Kamar, Zahle, Beirut,
Duma, Batrun, Akkar, Karaun, Bekaa y Kesruan. Otro 15% de
los migrantes eran sirio-libaneses; 5% se declararon sirios que
provenían de la ciudad de Damasco; mientras que el resto se
registraron como palestinos nacidos en Bethlehem. Asimismo, el
95% eran cristianos maronitas, es decir, católicos de rito
oriental.19 Otro dato interesante es que los inmigrantes fueron un
85% hombres, en su mayoría casados, con edades entre los 15 y

18
19

AGN, Migración, Líbano, Tarjetas de migración, 1926-1950.
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los 40 años y el resto mujeres entre los 12 y 18; ambos sexos
declararon dedicarse al comercio, particularmente de telas, ropa,
mercería y en algunos casos de zapatos.
Es preciso señalar que, durante las dos primeras décadas
del siglo XX, el estado de Tamaulipas fue sede de una
inmigración indirecta, de tránsito y de carácter individual. Según
relatos de la misma comunidad libanesa, que aparecen en la
revista Emir, los primeros migrantes viajaron a occidente con la
intención de encontrar una mejor calidad de vida, para una vez
instalados, llevar consigo a sus conyugues e hijos.20 Sin embargo,
esta migración de carácter familiar —ocurrida incluso desde
finales del siglo XIX en otras entidades del país como en
Veracruz, Puebla, México y Yucatán— no se presentó en
Tamaulipas hasta principios de la década de 1920, cuando el
crecimiento de la industria petrolera ya había dinamizado la
economía del sur tamaulipeco.
Durante la primera Guerra Mundial, México se convirtió
en el segundo exportador de petróleo a nivel mundial, siendo
Tampico el principal centro refinador de todo el territorio
nacional. De esta manera, la industria petrolera actuó como una
20

ALCM, Emir, número 26, 1945.

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fuerza de atracción que ocasionó el desplazamiento de extranjeros
—incluidos los libaneses— y nacionales de otras partes del país
como Veracruz, San Luis Potosí y Guanajuato, que llegaron a la
ciudad portuaria con el objetivo de invertir sus capitales o
conseguir empleo.21 Este fenómeno demográfico estimuló la
demanda de bienes y servicios; razón por la que Tampico recibió
inyección de capital directo de origen español, francés, inglés y
estadounidense al que más tarde se sumarían los libaneses. De
esta manera, se establecieron nuevas compañías mercantiles,
financieras, de bienes raíces y de servicios, ocupadas en cubrir la
demanda de máquinas y refacciones petroleras, así como de
vivienda, edificios, terrenos urbanos y rurales, telefonía,
electricidad, drenaje, transporte, salud, educación, seguridad,
alimentación y turismo.22
De esta manera, el dinamismo comercial que se suscitó en
la región petrolera del sur tamaulipeco, principalmente en
Tampico, es un factor fundamental que explica la continua
llegada de población de origen libanés durante la década de 1920.
21

Roberto Hernández Elizondo, Empresarios extranjeros, comercio y petróleo
en Tampico y la Huasteca (1890-1930) (México: Universidad Autónoma de
Tamaulipas, Plaza y Valdés S.A. de C.V., 2006), 87-88.
22
Hernández Elizondo, 103.
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Según las tarjetas de migración entre 1921 y 1930 entraron al país
7,096 libaneses de los cuales 783 ingresaron por Tamaulipas; la
mayoría lo hizo por el puerto de Tampico en donde se registraron
508 entradas. No obstante, un dato interesante es que durante ese
período aparece la aduana de Nuevo Laredo como lugar de
entrada con 278 registros, así como la de Reynosa con 5,23 lo que
significa que durante la década de 1920 hubo inmigración
libanesa proveniente de los Estados Unidos.
Además de la dinámica comercial en el sur de Tamaulipas,
otro factor que explica la llegada de personas de origen libanés
del país norteamericano, entre 1921 y 1930, es el establecimiento,
en 1921, de la Quota Law of may 19, como parte de las reformas
a la política migratoria estadounidense de 1917. Esta ley limitó a
un 3% la entrada de extranjeros provenientes de Asia, Medio
Oriente y Europa, con respecto al total de la población de esa
nacionalidad registrada en el censo de 1910. Asimismo, se exigió
que los inmigrantes mayores a 16 años supieran leer y escribir,

23

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así como el pago de una cuota de 8 dólares.24 Esta situación frenó
la migración directa de libaneses hacia los Estados Unidos y
disminuyó las probabilidades de que los inmigrantes allí
establecidos pudieran traer consigo a sus familias. Por esta razón
muchos decidieron trasladarse a Tamaulipas en donde existían
mayores oportunidades para ingresar a sus conyugues e hijos, así
como de llevar una mejor calidad de vida, aprovechando la
dinámica comercial que se vivía en el sur del estado.
La gran mayoría de la población libanesa en las ciudades
Tamaulipecas, en especial en Tampico, que era en donde
comenzó a establecerse una colonia más numerosa, se
concentraba en el centro de la ciudad, en las calles con mayor
flujo de personas y en donde se ubicaban la mayor cantidad de
negocios como la calle del comercio, hoy en día Salvador Díaz
Mirón, la calle aduana, la calle Muelle, la avenida Colón, la calle
Rivera, la avenida Francisco I. Madero, así como la calle del bajo
mercado hoy en día Héroe de Nacozari, avenidas que se
encontraban entre la Plaza de la Libertad y la Plaza de Armas.
Elisa Ortega Velázquez, “La consolidación histórica de la migración
irregular en Estados Unidos: leyes y políticas migratorias restrictivas,
ineficaces y demagógicas”, Norteamérica 12, núm. 1 (enero-junio 2017): 197231.
24

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Asimismo, era una zona muy cercana al puerto y a la estación del
ferrocarril (un recorrido a pie de entre 5 y 10 minutos), ya que la
ciudad de Tampico creció a orillas del río Pánuco en su
desembocadura con el Golfo de México.
La ciudad de Tampico se encuentra aproximadamente a
10 kilómetros de la costa del golfo por lo que, basándonos en el
mapa 1, los barcos entraban por la parte nororiental hacia el sur
siguiendo la ruta fluvial del río Pánuco hasta llegar al puerto. La
ciudad fue creciendo de sur a norte hasta topar con la Laguna del
Carpintero, para después continuar su crecimiento hacía ambos
extremos. En la década de 1920 la ciudad portuaria mostró un
importante crecimiento demográfico y urbano, pasando de 23,450
habitantes en 1921 a 70,183 en 1930,25 lo equivalente a un
crecimiento del 300% de la población. No obstante, los libaneses
que llegaron a Tampico durante los primeros años de la década
de 1920, lograron instalarse muy cerca del puerto, al traer después
a sus familiares, amigos y conocidos de los mismos pueblos en
Líbano, la comunidad fue creciendo principalmente en el centro
de la ciudad, lo que en el mapa 1 está señalado en color azul.

25

Quinto censo de población, 15 de mayo de 1930. Vol. VII, Tomo XXVII:
Estado de Tamaulipas (México: Secretaría de la Economía Nacional, 1933).
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Es preciso anotar que durante la década de 1920 hubo
casos de libaneses que llegaron con suficiente capital para invertir
en Tampico, como fue el caso de la familia Appedole, de la cual
hablaremos más adelante. Sin embargo, la oleada migratoria de
libaneses a Tamaulipas, a partir de 1921, estuvo caracterizada por
la llegada de inmigrantes pobres que habían hipotecado sus casas
o vendido sus tierras en Líbano para costearse el viaje
trasatlántico.26 Muchos de ellos llegaron prácticamente sin
dinero, algunos lo habían gastado intentado establecerse en los
Estados Unidos. Eran en su mayoría analfabetas, de pocos
estudios, que se habían dedicado en su tierra natal al comercio y
a la agricultura, así como a algunos otros oficios como a la
carpintería, herrería o albañilería.27
Los precursores del sistema de ventas a crédito por abonos en
Tamaulipas
Los libaneses decidieron dedicarse al comercio al menudeo de la
forma ambulante,28 que no requería dominio del idioma español
Roberto Marín Guzmán, “Las causas de la emigración libanesa durante el
siglo XIX y principios del XX. Un estudio de historia económica y social”,
Estudios de Asia y África 31, núm. 3 (septiembre-diciembre, 1996): 602.
27
ALCM, Emir, número 26, 1945.
28
Muchos autores que se han dedicado al estudio de los libaneses en otras
regiones de México, como en Yucatán, Veracruz, Tabasco, Puebla o la ciudad
26

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y en donde podían iniciar con un capital pequeño. Implementaron
un sistema de ventas, el crédito en abonos, que era una actividad
pionera, innovadora y nada practicada hasta entonces, salvo por
los judíos en Sinaloa.29 La opción de brindar pagos diferidos y

de México, coinciden en que la principal actividad económica en donde se
desempeñaron estos inmigrantes fue el comercio informal a través de la forma
ambulante. De esta manera, es preciso revisar los trabajos de Rebeca Inclán
Rubio, “Inmigración libanesa en la Cd. de Puebla 1890-1930: proceso de
aculturación” (Tesis de licenciatura, Universidad Nacional Autónoma de
México, 1978); Alonso Palacios, Los libaneses y la industria textil en Puebla;
Martha Díaz de Kuri y Lourdes Macluf, De Líbano a México: crónica de un
pueblo emigrante (México: Talleres de Gráfica, Creatividad y Diseño, 1995);
Carlos Martínez Assad, “Los libaneses inmigrantes y sus lazos culturales desde
México”, Dimensión Antropológica 15, vol. 44 (septiembre-diciembre, 2008):
133-155; Claudia Dávila Valdés, “Socio-Economic Trajectory and
Geographical Mobility of Lebanese and Koreans. From Motul to Mérida”,
Migraciones Internacionales 8, núm. 2 (julio–diciembre 2015): 103-131;
Raymundo Vázquez Soberano, “Los sirio-libaneses en Tabasco. La
conformación de un grupo dominante: 1910-1935” (Tesis de doctorado,
Universidad Veracruzana, 2016); Lorenza Petit, “El Mahyar mexicano.
Producción literaria y periodística de los inmigrantes árabes y sus
descendientes” (Tesis de doctorado, Universidad Autónoma de Madrid, 2017);
Oscar Israel Pizaña-Grimaldo, “Del Máshrek hacia México: la formación de la
colonia libanesa en Tampico, 1882-1948”, Revista de Filosofía y Cotidianidad
4, núm. 11 (junio 2018): 20-32; y Luis Alfonso Ramírez Carrillo, “Identidad
persistente y nepotismo étnico: movilidad social de inmigrantes libaneses en
México”, Nueva Antropología. Revista de Ciencias Sociales 31, núm. 89
(julio-diciembre 2018): 9-23.
29
María Eugenia Romero Ibarra, “Del pequeño almacén a los negocios
financieros. Tres sucesiones exitosas en una familia empresaria: Grupo
Coppel, 1940-2010”, en Familias empresariales en México. Sucesión
generacional y continuidad en el siglo XX, coord. Araceli Almaraz y Luis
Alfonso Ramírez (Tijuana: El Colegio de la Frontera Norte, 2018), 227-254.
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con tasas de interés bajas, significó una ventaja sobre los
comerciantes locales en relación con clientela y mayores ventas.
Procuraban ofrecer plazos de liquidación cortos, para que los
compradores adquirieran nuevos productos, además, manejaban
“abonos chiquitos” semana con semana —como la gente del
pueblo les llamaban— y otorgaban las mercancías sin pago
anticipado, porque sabían que a sus compradores les interesaba
conseguir los artículos sin tener la necesidad de descapitalizarse.
El éxito que tuvo la venta a crédito y el cobro en abonos
radicó en que este sistema incorporó a un nuevo sector de la
población que antes no se tocaba, el campesino y el obrero pobre
del campo y la ciudad. Significó el acaparamiento de un nuevo
mercado, mayor clientela y el aumento de la capacidad de venta.
Asimismo, la disminución de las tiendas de raya, con las que se
endeudaban los peones y agricultores, dio lugar a la liberación del
comercio y a una mayor circulación del dinero, ampliando el
mercado interno en todo Tamaulipas, con una población que pese
a sus bajos ingresos podía consumir bienes de subsistencia y
vestido. Esta coyuntura fue aprovechada por los buhoneros
libaneses para sustituir el crédito que otorgaba la tienda de raya
de las haciendas por la venta en abonos.30
30

Ramírez, De cómo los libaneses conquistaron la Península de Yucatán:
migración, identidad étnica y cultura empresarial, 168.
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La mercancía de estos buhoneros consistía en objetos de
bisutería, artículos para el cabello, hilos y enseres de mercería,
imágenes religiosas, telas, ropa confeccionada, incluso zapatos y
relojes. No obstante, a través de la socialización con el pueblo
pudieron conocer las necesidades de sus clientes e incorporar
nuevos productos a petición de sus compradores, como sandalias,
sombreros, herramientas para trabajar, colchas, mantelería,
sabanas y toallas.31 Todo esto lo ponían en cajas, cajones o
maletas. No sólo emprendían su recorrido por las ciudades, sino
también se internaban en los poblados más cercanos,
desplazándose en ferrocarril, en vehículos de muy malas
condiciones o a lomo de mula. También visitaban rancherías y
caseríos caminando por veredas angostas y peligrosas, como nos
cuenta Neder Nader Habib (de 93 años de edad, de ascendencia
libanesa, nacido en Tampico y fundador de la empresa de
uniformes UNITAM S.A. de C.V en 1956) sobre la labor de su
padre como buhonero:
Mi padre Juan [Nader] llegó a Tampico en 1918 para dedicarse
al comercio ambulante. Era soltero en aquel entonces y quien
le ofreció mercancía para vender fue un comerciante también
31

Nasr y Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias libanesapalestina-siria residentes en la República Mexicana.
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de origen libanés de nombre Damián Abad quien había llegado
de Veracruz y contaba con una tienda de ropa, telas y mercería
en la calle Rivera y Colón llamada “La Universal”. Mi padre
comenzó a vender hilos, botones, agujas, listones, cordones,
telas, ropa y sombreros para los campesinos, primero andaba a
pie, después le prestaron una mula para insertarse en las
comunidades y en el campo para ir ofreciendo los productos
porque tenía que cumplir con un mínimo de venta diaria. Mi
papá buscaba clientes y a veces se iba a las parcelas en donde
andaban trabajando los campesinos para ofrecerles
sombreros”.32

Para ofrecer estas mercancías, nos cuenta Neder, su padre y los
demás buhoneros necesitaron aprender palabras básicas en
español, pero lo más importante era conocer los nombres de los
productos, para poder ir anunciándolos por las calles, así como
familiarizarse con el uso de la moneda mexicana para no
equivocarse en los cobros y perjudicar a los clientes evitando
hacerse de mala reputación, aunque con el tiempo y el constante
diálogo con sus compradores comenzaron a dominar el idioma

32

Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019. Neder Nader es
un empresario de ascendencia libanesa nacido en Tampico, Tamaulipas en
1927 por lo que en la actualidad cuenta con 93 años de edad, se encuentra en
perfectas condiciones de salud y fue fundador de la empresa UNITAM S.A de
C.V., creada en 1956, en la actualidad es una de las empresas de uniformes
más grandes en el país con sucursales en toda la república mexicana. A través
de la entrevista, nos brindó información muy valiosa sobre la vida de los
buhoneros libaneses, como lo fueron sus padres, en la década de 1920.
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local, sin perder su peculiar acento.33 Algunos buhoneros
conseguían un ayudante para los largos recorridos, pero en la
mayoría de los casos, ellos mismos eran los cargadores y
administradores de su mercancía, llevando la contabilidad en una
libreta pequeña que cupiera en sus bolsillos del pantalón en donde
marcaban la gestión de deuda, abonos e itinerarios de la semana.
Quienes no sabían escribir copiaban los números de las
casas de sus compradores o hacían una serie de rayas y círculos
para contar las cosas que vendían. Con el propósito de acumular
capital, hacerse de un local, establecer su propia tienda y traer a
su familia de Líbano, vivían bajo una ética de bajo consumo y
mucho ahorro.34 Gastaban sólo en lo indispensable para subsistir,
como en alquiler, despensa y en ocasiones ropa; el calzado lo
cambiaban hasta que se les rompía. Una vez que los inmigrantes
se lograban establecer en un comercio fijo, de manera formal,
logrando tener un sustento económico, se concentraban en traer
primordialmente a sus conyugues e hijos y en menor medida a sus
padres35 para, después, traer también a hermanos, cuñados,

33

Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019.
Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019.
35
El porcentaje de población inmigrante adulta (mayores de 40 años) fue muy
bajo, del 3%. Por lo regular decidían quedarse en Líbano porque no tenían
34

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primos y amigos muy cercanos o recomendados de sus parientes
dando paso a una migración escalonada o de tipo comunitario,
que tomó fuerza a finales de la década de 1920 y durante la
siguiente.
Los ya establecidos ofrecieron empleo a sus parientes y
amigos, ya fuera como repartidores de sus mercancías, es decir,
como buhoneros o se les otorgaba crédito, el cual consistía en
proporcionar una cantidad suficiente de artículos a un precio muy
por dejo de lo establecido en el mercado, con el propósito de que
surtieran su propia tienda. Asimismo, se les brindaba asistencia
comunitaria como alojamiento, comida, ropa, herramientas y
todo lo necesario para facilitarles el periodo de adaptación
inicial.36 La oferta de trabajo y el apoyo ofrecido por sus
connacionales en el país receptor, significaron un seguro de vida
para la población migrante, ya que muchos viajaban
prácticamente contratados. De esta manera, una vez que
interés en pasar el resto de su vida en otro país con elementos culturales
diferentes a los de su lugar de origen ya que, bien o mal, la mayor parte de su
vida estaba realizada. Se interesaban más en apoyar a sus hijos para que
salieran a buscar un mejor futuro, aunque estuvieran conscientes sobre la
posibilidad de no volverlos a ver. Entrevista a Carlos Martínez Assad,
sociólogo dedicado al estudio de la herencia cultural de los libaneses en
México, 12 de septiembre de 2019.
36
ALCM, Emir, número 26, 1945.
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desembarcaban en el puerto tampiqueño, no tardaban más de tres
días para ser asistidos por parientes, conocidos o amigos.
Algunos, en un par de días ya se encontraban trabajando como
buhoneros, vendiendo por las calles gran variedad de productos
en abonos, gastando lo mínimo y ahorrando lo máximo posible.
El modelo de empresa familiar
Si anteriormente solían viajar solos hacia occidente para
encontrar trabajo, ahorrar dinero y poder reunirse con la familia,
durante la década de 1920 los libaneses pudieron viajar a
Tamaulipas acompañados de familias enteras o incluso de amigos
y conocidos de los mismos pueblos de origen. La oferta de trabajo
generada por el crecimiento de los negocios de los primeros
inmigrantes hacía posible este fenómeno, lo que significó vencer
la incertidumbre de la migración que había permeado durante las
décadas anteriores. Fue así como terminó el período de las
migraciones individuales para dar paso a la migración
comunitaria. De esta manera, desde el momento en que se
arribaba en el puerto de Tampico, cada uno de los integrantes de
la familia desempeñaba un rol especifico, según su división del
trabajo.
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Eran más los hombres que se encargaban de salir a las
calles a vender y ofrecer la mercancía, con el objetivo de llevar el
sustento económico a su esposa e hijos, mientras que las mujeres
se quedaban en la casa desempeñando las labores del hogar, como
preparando la comida y haciendo el aseo.37 Sin embargo, hubo
casos de mujeres viudas que llegaron a Tampico con sus hijos e
hijas y que se dedicaron a trabajar como buhoneras para salir
adelante como sucedió con Salime Abi Rachid38 quien, tras la
muerte de su esposo en 1921, emigró a Tampico con 29 años de
edad, procedente de Jazzín, acompañada de sus dos hijos,
Antonio y Faustino, siendo recibida por sus dos hermanos, César
y Salomón quienes le brindaron alojamiento.39
Por lo regular las mujeres viudas no emigraron solas con
sus hijos, sino que venían acompañadas de sus hermanos —como
fue el caso de Salime—, lo que posibilitaba acortar el período de
trabajo en la calle porque gracias a los ahorros de todos era más
37

Entrevista a Max Appedole, nieto de José Appedole, fundador de Astilleros
de Tampico S.A., 5 de junio de 2020; entrevista a Neder Nader Habib, 25 de
noviembre de 2019; y entrevista a Carlos Martínez Assad, sociólogo dedicado
al estudio de la herencia cultural de los libaneses en México, 12 de septiembre
de 2019.
38
Tarjetas de migración, 1926-1950, AGN, Migración, Líbano.
39
Entrevista a Teresa Rachid, descendiente de la tercera generación de la
familia Abi, 15 de mayo de 2019.
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fácil adquirir una casa para vivir juntos y acondicionar su propio
local de venta. Una vez que lograban hacerse de su patrimonio e
instalar su propia tienda, continuaban ahorrando para que cada
uno de los hermanos y hermanas tuviera su propio negocio,
siendo el hermano mayor el que se quedaba con la primera tienda.
Se procuraba incorporar diversos giros; si se iniciaba con una
mercería, al paso del tiempo se ponía una zapatería o una tienda
de ropa, telas, artículos religiosos, entre otras cosas, ya que por lo
regular los locales se encontraban juntos debido a que todos
vivían en una misma casa y mientras continuaba creciendo la
familia, procuraban comprar las propiedades aledañas.40
Según fue creciendo la parentela, llevaron a cabo un
modelo de familia extensa en donde vivían por lo regular tres
generaciones o en algunos casos más, según la longevidad de los
abuelos. En este tipo de familia, estaban los inmigrantes
fundadores, sus hijos varones con sus esposas, su descendencia,
que eran nietos de los fundadores, y en algunos casos los hijos de
los nietos. Era patrilocal, pues las mujeres cuando se casaban se
40

Entrevista a Neder Nader Habib, 25 de noviembre de 2019; y entrevista a
Cesar Askille, descendiente de la tercera generación de la familia Askille, 14
de octubre de 2019.
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iban a vivir con las familias del esposo, a excepción de los casos
en que las fundadoras fueron mujeres.41 No obstante, y con
respecto a la herencia de los bienes familiares, ésta era patrilineal
ya que la empresa se heredaba a los hombres, principalmente al
primogénito, pues a través de los varones se garantizaba la
permanencia de los bienes y del apellido. Sin embargo, este
traspaso no se realizaba sino hasta la muerte del fundador, con el
objetivo de no arriesgar este tipo de patrimonio ya que el hijo, ya
fuera por falta de madurez, de compromiso o de tiempo, por
dedicación en la escuela u otras actividades, podría llevar a cabo
una mala administración y en el peor de los casos la venta o
traspaso de la empresa familiar.42
41

Muchos investigadores coinciden con el modelo de familia extensa que
adoptaron los libaneses durante las primeras tres generaciones en México.
Véase Inclán Rubio, “Inmigración libanesa en la Cd. de Puebla 1890-1930:
proceso de aculturación”; Alonso Palacios, Los libaneses y la industria textil
en Puebla; Díaz de Kuri y Macluf, De Líbano a México: crónica de un pueblo
emigrante; Martínez Assad, “Los libaneses inmigrantes y sus lazos culturales
desde México”; Vázquez Soberano, “Los sirio-libaneses en Tabasco. La
conformación de un grupo dominante: 1910-1935”; Petit, “El Mahyar
mexicano. Producción literaria y periodística de los inmigrantes árabes y sus
descendientes”; y Ramírez Carrillo, “Identidad persistente y nepotismo étnico:
movilidad social de inmigrantes libaneses en México”.
42
Entrevista a Max Appedole, 5 de junio de 2020; entrevista a Neder Nader
Habib, 25 de noviembre de 2019; y entrevista a Carlos Martínez Assad, 12 de
septiembre de 2019.
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En los pocos casos en que las mujeres fueron las
fundadoras, de igual manera se procuraba heredar al varón. Para
el momento en que el hijo mayor heredaba la empresa, ya habían
pasado por lo regular tres generaciones. Durante ese tiempo, el
abuelo fundador se encargaba de insertar en las redes clientelares
y de negocios a sus hijos y a sus nietos, dotándolos de experiencia
en la administración de la mercancía y el dinero, además de
enseñar una ética de trabajo que debía prevalecer por
generaciones en donde estaban involucrados ciertos principios
como la honestidad, la humildad, la lealtad y la perseverancia,
además del ahorro. Era una visión de superación y crecimiento a
largo plazo con el objetivo de garantizar la preservación de la
empresa. No obstante, las mujeres poco participaban en la vida
empresarial de la familia, al menos hasta la segunda generación,
porque la apuesta en la permanencia y continuidad de la empresa
estaba centrada en la figura del varón, pues las mujeres al casarse
recibían los bienes de su esposo.
De esta manera, las hijas y nietas no sólo se mantenían
distantes, sino que también se les confiaba poca información
sobre los negocios de la familia. Incluso, cuando se requería de
personal para echar andar un nuevo establecimiento, no se
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involucraba a las mujeres, se prefería contratar empleados, que
fueran hombres de confianza. Esto no significaba que las mujeres
estuvieran desprotegidas o que no heredaran ningún tipo de bien
material, pues heredaban propiedades como casas, así como
capitales,43 pero se tenía la idea de que la administración de la
empresa tenía que estar en manos de los hombres, entre otras
cosas porque el apellido era muy importante y eso permitía que
prevaleciera por generaciones. No se heredaba la propiedad de
una empresa a una mujer porque en la siguiente generación se
imponía el apellido del esposo y, por ende, se perdía la sucesión
generacional patrilineal.
De esta manera, la unidad y la continuidad de la familia
eran los elementos primordiales de estos inmigrantes. Una
manera de asegurar el bienestar familiar era a través de la
preservación de la empresa; de ahí nació la ideología empresarial
de los libaneses, pues no sólo importaba acumular capital para
enriquecerse, sino para garantizar la permanencia, estabilidad y
bienestar de las siguientes generaciones. Se trabajaba para
construir un patrimonio del que pudieran disfrutar los hijos y

43

Testamentos, Archivos particulares de las familias Nader, Appedole,
Askille, Abad, Chemaly, Schekaiban.
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nietos, y era también responsabilidad de éstos preservarlo y
heredarlo a sus descendientes. Por esta razón, se valoraba lo
construido con esfuerzo de muchos años e incluso de varias
generaciones. En este sentido, la preservación de la empresa
garantizaba, en gran medida, la continuidad de la propia familia.
No se trabaja y se aumenta el capital sólo por la razón de hacer
dinero, se trabaja para hacer familia.44 Es por esta razón que
familia y empresa fueron dos elementos indisolubles en la vida
intergeneracional de los libaneses.
El empresariado libanés
Es difícil establecer un período de tiempo exacto que marque la
pauta del comercio informal (ambulante) al formal (tiendas,
almacenes, fábricas y demás empresas) en Tamaulipas. Sin
embargo, es posible identificar que durante la década de 1930
aparecen en Tampico muchos comercios en los que están
involucrados los libaneses y en los que destacaban las tiendas de
ropa y telas como “El Mayorista”45 de Amín Askille, ubicada en

44

Entrevista a Max Appedole, 5 de junio de 2020; entrevista a Neder Nader
Habib, 25 de noviembre de 2019.
45
Archivo Histórico de Tampico (en adelante AHT), Artículos de folletería,
caja 18, exp. 104, Folleto de publicidad del almacén de ropa “El Mayorista”,
1937.
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la calle muelle, “El Colibrí” de Domingo Mennah, en avenida
Colón, “La Vencedora S. A.” de Juan Nader, en calle Olmos, “La
Universal” de Damian Abad, en Rivera y Colón, “Almacenes
Celia” de Salvador Musa, en calle Rivera, “La Colorada” de
Santos Nasta, en avenida Francisco I. Madero, los almacenes
“Miguel Saiman y Cía.” de Miguel Saimán en calle muelle,
“Almacenes La Estrella”, en la avenida Hidalgo, de los hermanos
Jorge Elías, José Elías y Juan Chemaly, los “Almacenes El
Porvenir” de Tovias Salúm, en calle Rivera y “La Esperanza S.
A.” de David Schekaiban, ubicada en calle Olmos.46
Asimismo, existían mercerías como “La Libertad” de José
Jalil, ubicada en Olmos y Madero, la “Mercería Kawache” de
Malek Kawache, en Muelle y Madero, “La oriental” de Enrique
Manzur, en la calle Muelle, la “Mercería Jazmín” de los hermanos
Nicolás y Eduardo Kuri, en la calle Rivera y Olmos, así como “El
Sol” de Daniel Haled en avenida Hidalgo.47 Aunque las tiendas
de ropa, telas y mercería eran los giros en los que más se

46

Archivo General de Notarías del Estado de Tamaulipas (en adelante
AGNET), Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938, Boletín de la Cámara
Nacional de Comercio de Tampico, 1 de octubre de 1938.
47
AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938, Boletín de la
Cámara Nacional de Comercio de Tampico, 1 de octubre de 1938.
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distinguían los libaneses, también encontramos algunos otros
comercios relacionados con la venta de calzado como “La
zapatería El Cairo” propiedad de Mina Andonié, en avenida
Francisco I. Madero, la tienda “Calzado Issa” de Juan Issa, en
calle Muelle, así como “Mayoristas de calzado” de Juan Warra.
También estaban los negocios relacionados con la maderería o
materiales de construcción como “La Continental, S. A.” de José
Appedole,48 ubicada en la avenida Carranza y “Materiales La
Ceiba S. A.” de Nalf Athié Massad, en calle Aduana.
Algunos otros invirtieron sus capitales en hotelería como
Abraham Abisulaiman que construyó su primer hotel “Alta
Vista”, ubicado en Rivera y Colón, al igual que Nasser Hage
quien compró una propiedad de tres plantas en la calle
Tamaulipas y Aurora con el objetivo de acondicionarla como un
hotel al que llamó “La Villa”. Además de los giros anteriores,
también se identificaron los negocios relacionados con la venta

48

El apellido real de José era Abdalláh, pero regularmente las autoridades
mexicanas registraban a los inmigrantes según entendían la pronunciación de
sus nombres en árabe, por esta razón Abdalláh se transformó en Appedole. Así,
muchos nombres y apellidos se cambiaron: Férez pasó a ser Pérez, Fares se
volvió Félix, Butros se convirtió en Pedro y Maryem en María. Zéraoui,
Zidane, “Los árabes en México: entre la integración y el arabismo”, Revista
Estudios, núms. 12-13 (julio-diciembre 1995): 13.
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de los alimentos, como los restaurantes “La Laguna” de Jorge
Kawache y “El Mundo” de Jorge Fayad en Díaz Mirón.49
De estos comerciantes y pequeños empresarios libaneses
que prosperaron en sus primeros negocios formales, hubo algunos
que se destacaron en la industria textil, naviera y de bienes raíces.
Aprovecharon las coyunturas de crisis económicas que se
vivieron en México, para hacerse de nuevas propiedades. Cuando
ocurrió la Gran Depresión a causa de la caída de la Bolsa de Wall
Street en 1929, el peso mexicano sufrió una fuerte devaluación
ocasionando que muchas empresas quedaran en quiebra,50
algunas de las cuales fueron adquiridas por libaneses que
contaban con el capital suficiente para poder comprarlas. Estos
extranjeros, muchos ya nacionalizados, no confiaban en la
moneda mexicana, por lo que procuraban utilizar el patrón oro, lo
cual era también un modo de ahorro que les otorgaba mayor
capacidad de liquidez. Este fue el caso de Juan Nader, quien,
después de establecer su propia tienda de ropa y telas, compró en

49

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938, Boletín de la
Cámara Nacional de Comercio de Tampico, 1 de octubre de 1938.
50
Enrique Cárdenas, La hacienda pública y la política económica, 1929-1958
(México: Fondo de Cultura Económica, 1994), 90.
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1935 una fábrica textil dedicada a la elaboración de ropa, a la cual
también llamó “La Vencedora S. A.”.51
Juan era el accionista mayoritario de la empresa, aunque
también eran propietarios sus hermanos, Jorge y Enrique. La
fábrica contaba con alrededor de 65 obreros, pero también tenían
contratados cargadores, transportistas y personal para el aseo,
mientras que los mismos miembros de la familia como sus hijos
y sobrinos aprendían de Juan y de sus hermanos actividades
relacionadas con la administración y dirección de la empresa, así
como a realizar inventarios, llevar a cabo la contabilidad, los
itinerarios de entrega y atender los pedidos de sus clientes. La
familia Neder se posicionó rápidamente entre los principales
proveedores de las tiendas de ropa de la ciudad, muchas de ellas
de libaneses; por ejemplo, los almacenes “El Mayorista”,
propiedad de Amín Jaskille, les compraban 25 pacas de ropa por
semana, siendo uno de los principales clientes de los Nader.
Asimismo, al paso del tiempo fueron extendiendo su distribución,
vendiendo ropa a tiendas de otras localidades como Tuxpan y El
Ébano, en Veracruz, Matehuala y la capital potosina, así como en
Ciudad Victoria y Ciudad Mante, en el estado de Tamaulipas.
51

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938.

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David Schekaiban fue otro empresario libanés que durante
la contracción económica pudo adquirir a un precio muy bajo una
antigua bodega de granos de unos comerciantes españoles, para
instalar su propia fábrica de zapatos, “Fabricantes de Calzado
S.A”,52 la cual estaba ubicada en la calle Cristóbal Colón. Otorgó
empleo a muchos libaneses que se insertaron en Tampico a
principios de la década 1930, pues muchos empresarios como
David aprovecharon la continua migración para utilizar un capital
social, basado en elementos identitarios de la cultura libanesa
como el origen común, la religión y el idioma, para
transformarlos en capital económico como fuerza de trabajo, con
el objetivo de acrecentar sus negocios y acumular mayor cantidad
de dinero.53 La empresa se convirtió en una de las principales
proveedoras de calzado no sólo a nivel local sino también

52

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938.
Aunque el interés es acumular capital, se le tenía mayor confianza a un
libanés por compartir con éste elementos culturales, sociales y psicológicos
comunes, relacionados con lo simbólico, lo vivido, lo histórico, lo íntimo, lo
identitario y lo colectivo. Es decir, elementos culturales y sociales comunes
que marcaron la unión de la población libanesa y que generan relaciones más
estrechas entre la comunidad. La manera de preservar estas relaciones fue a
través de ciertos valores como la lealtad, el respeto, la sinceridad y la honradez,
que en su conjunto otorgan la confianza. Es por esta razón que se generaron
relaciones preferenciales en donde muchos empresarios como David
procuraban emplear libaneses.
53

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regional, distribuyendo sus productos a las zapaterías y tiendas de
otros municipios como Ciudad Victoria y Ciudad Mante y a otras
entidades como Veracruz y San Luis Potosí.
David y su familia habían comenzado como pequeños
comerciantes con el establecimiento de una tienda de ropa y telas
en 1926, sin embargo, después de fundar la fábrica de zapatos, se
concentraron en el negocio del calzado y comenzaron a abrir
nuevas zapaterías, para vender los productos que ellos mismos
fabricaban, las cuales quedaron a cargo de sus hijos Salomón,
Jacinto y Julián quienes, a su vez, las administraban apoyados de
sus familias,54 aunque es preciso decir que la empresa creció
gracias a las redes clientelares de carácter regional que fueron
creando para la venta de su calzado. Una de las razones por las
que muchos dueños de negocios preferían adquirir productos al
mayoreo de la fábrica de David y no de otros mayoristas locales,
fue por la especialización que fueron desarrollando en la
elaboración de su calzado, la cual estaba orientada a fabricar
zapatos y botas no sólo casuales sino también de trabajo, de una
larga durabilidad, razón por la que los Schekaiban se comenzaron

54

Entrevista a Jesús Schekaiban, descendiente de la tercera generación, hijo de
Salomón, 4 de marzo de 2019.
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a apropiar de un mercado en donde estaba involucrado el sector
obrero industrial y campesino.
Otro factor que incidió en la acumulación de capital de
algunos empresarios libaneses fue el cambio institucional de la
propiedad privada ocurrida en 1934, cuando el Estado mexicano,
a través de una nueva reforma agraria, decidió expropiar las
haciendas y grandes propiedades para crear nuevas unidades de
producción de la tierra, dando paso a la creación de los ejidos,
situación que generó no sólo el abaratamiento de la propiedad
rural, sino indirectamente también de la urbana, ya que muchos
hacendados —con el objetivo de recuperar parte de sus
capitales— decidieron vender muchas de sus propiedades en las
cabeceras de los pueblos y en las ciudades.55 Muchos de estos
bienes fueron también adquiridos por libaneses como fue el caso
de los hermanos Abraham, Pedro y Agustín Abisulaiman Kuri
quienes, gracias a la compra de muchas propiedades en los
territorios aledaños a Tampico, incluyendo de Veracruz, lograron

55

Jean Phillippe Colin, Christophe Blanchot, Enrique Vázquez y Hermilio
Navarro, “Reforma agraria, dinámicas organizativas y prácticas agrarias. El
caso de Graciano Sánchez, Tamaulipas, México”, coord. Éric Leonard y André
Quesnel (México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de
Antropología Social, 2003): 73-106.
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fundar en 1938 la Compañía Abisulaiman y Cía.,56 dedicada a la
compra y venta de bienes raíces, y donde el accionista
mayoritario era Abraham, quien contaba con mayor capital y
había logrado traer de Líbano a sus hermanos junto con sus
familias.
No obstante, es preciso mencionar que desde inicios de la
década de 1920 también hubo inyección directa de capital libanés,
como fue caso de José Appedole, quien llegó con su familia
después de vender su antigua fábrica de cigarros en Biblos (lugar
donde nació) a causa de las requisas que imponía el Imperio
otomano durante la Primera Guerra Mundial. Llegó al puerto de
Tampico en 1921 y fue hasta 1924 que creó “La Continental S.
A.”,57 que además de ser una empresa dedicada a la venta de
materiales de construcción y madera, estaba especializada en la
fabricación de chalanes, los cuales eran barcos planos de acero
que se utilizaban para que los autos cruzaran el río Pánuco y
conectaran por carretera la ciudad de Tampico con Veracruz.
Appedole era el único capacitado y habilitado para construir en

56

AGNET, Protocolos notariales de Tampico, 1930-1938.
Nasr y Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias libanesapalestina-siria residentes en la República Mexicana.
57

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México este tipo de embarcaciones, así como también era el único
con reconocimiento legal para fungir como perito responsable de
los planos constructivos,58 ya que su empresa era la única de su
tipo.
Al no existir otra empresa dedicada a la fabricación de
barcos, Appedole ideó la creación de una empresa más grande
que “La Continental” para la construcción y reparación de buques
de carga, hechos de acero y madera, que sirvieran para transportar
grandes toneladas de crudo y maquinaria pesada para las
compañías petroleras. De esta manera, fundó en 1938 “Astilleros
de Tampico, S. de R. L.,” ubicada en la 3ra avenida Isleta, con un
capital limitado de 2,500,000 pesos; ésta contó con 100 acciones,
de las cuales 94 eran de su propiedad, y el resto de particulares.
Fue así como Appedole se convirtió en el fundador y promotor de
la industria naviera en Tampico, teniendo tres turnos de
trabajadores y funcionando las 24 horas del día.
Este empresario prominente, conoció al presidente Lázaro
Cárdenas, desde que éste trabajaba como General en Jefe de la
zona militar de Pueblo Viejo, Veracruz.59 No obstante, la relación
58
59

Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.
Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.

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de ambos se hizo más estrecha cuando el libanés mostró con su
fábrica armadora la habilidad de reconfigurar y rediseñar,
trabajando el acero, las piezas indispensables para reestablecer la
capacidad de explotación de la industria petrolera mexicana
durante el embargo comercial producto de la expropiación
petrolera de 1938 hacia las compañías norteamericanas, inglesas
y holandesas.60 Fue así que gracias a “Astilleros de Tampico”, se
pudo sustituir la maquinaria extranjera para la excavación y
extracción del crudo siendo una labor muy importante para el
gobierno nacional. Además, a pesar del cierre comercial con las
potencias

europeas

y

norteamericana,

México

continuó

exportando petróleo a Alemania, Italia y Japón,61 salvando, de
esta manera, los primeros años de la empresa paraestatal
mexicana de petróleos.
El petróleo que llegaba a Alemania proveniente de
México era procesado en las refinerías de la ciudad de Hamburgo,
y la mayor parte del combustible producido era utilizado en la

60

Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.
Daniela Gleizer, “Las relaciones entre México y el Tercer Reich, 19331941”, Tzintzun. Revista de Estudios Históricos, núm. 64 (julio-diciembre
2016): 223-258.
61

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fuerza aérea, la Luftwaffe.62 De esta manera, a pesar del boicot
que realizaron los Estados Unidos, Inglaterra y Holanda hacia
México, exigiendo a sus aliados que no compraran crudo a
Petróleos Mexicanos (PEMEX), el país alcanzó una producción
de 38.8 millones de barriles anuales a partir de 1938, atendiendo
una fuerte demanda del exterior, mientras que de esa cantidad
total producida se exportaba alrededor del 70%, siendo los
alemanes los principales compradores con un 48%, los italianos
con el 17%, y en menor medida los japoneses.63 Sin embargo,
cuando se suscitó la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos
estuvieron interesados en derogar el embargo comercial para, por
un lado, dejar sin proveedor de petróleo a los alemanes y, por el
otro, solicitar a México su cooperación para el aprovisionamiento
de mano de obra y materias primas, entre ellas petróleo crudo,
con el objetivo de solventar el aparato productivo estadounidense
durante la guerra. Esto, a cambio de reducir a un 10 % la deuda
pública directa, lo equivalente a 49.6 millones de dólares, de
509.5 que se pedían inicialmente.64
Friedrich Katz, “México y Austria en 1938”, Revista Mexicana de Política
Exterior, núm. 20 (julio-septiembre, 1988): 18-23.
63
Katz, 18-23.
64
Cárdenas, La hacienda pública y la política económica, 1929-1958, 98-99.
62

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La intensificación del comercio entre México y Estados
Unidos durante esa guerra aumentó las importaciones en el país.
La demanda de productos generó la necesidad de construir
nuevos buques mercantes de mayor capacidad. Si en 1938 se
construían barcos que pudieran transportar un máximo de 250
toneladas, durante el conflicto bélico se fabricaron embarcaciones
con capacidad de 750 toneladas que recorrían todo el Golfo de
México.65 De esta manera, durante el conflicto bélico la
producción y reparación de barcos se intensificó, por lo que
Appedole se vio en la necesidad de aumentar sus empleados y
establecer tres turnos de trabajo divididos durante las 24 horas del
día, razón por la que el empresario libanés ordenó la construcción
de tres hoteles conectados a los jardines de su casa, para darle
alojamiento a todos sus trabajadores, muchos de ellos libaneses.66
Fue así que, gracias a la coyuntura de auge comercial, Astilleros
de Tampico se posicionó como la principal empresa en
construcción de buques que impulsó el desarrollo de la industria
naviera en México.

65

Nasr y Abud, Directorio Libanés: censo general de las colonias libanesapalestina-siria residentes en la República Mexicana.
66
Entrevista realizada a Max Appedole, 5 de junio de 2020.
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Para los años de la posguerra, Appedole ya había
acumulado grandes cantidades de capital que fueron heredadas a
sus hijos, quedándose el primogénito como el accionista
mayoritario de Astilleros. No obstante, lo mismo sucedió con las
otras familias de empresarios libaneses, ya que a raíz de la
devaluación del peso en 1948 se hizo presente un panorama de
inflación en el mercado internacional, lo que hizo más difícil la
compra de productos en el extranjero. Esto se tradujo en un tipo
de modelo de sustitución de importaciones y en un proceso de
defensa de las industrias nacionales, evidenciando la necesidad
de adquirir los productos que se fabricaban en el país, lo que dio
impulso a las compañías textiles y de calzado en México,67 en las
cuales estaban involucrados los libaneses. Fue un mecanismo
nacional en respuesta a una coyuntura internacional que permitió
que estos inmigrantes experimentaran un nuevo impulso en su
ascenso social y acumulación de capital, como fue el caso de los
Nader.
De esta manera, tanto la familia Nader como la Appedole,
Abisulaiman y Schekaiban, mostraron una sucesión generacional
en la década de 1950. Es durante estos años que se observa el final
67

Cárdenas, La hacienda pública y la política económica, 1929-1958, 92.

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de la primera generación en cuanto a dirección empresarial, para
ser ocupada por las segundas generaciones. No obstante, hubieron
casos en que —gracias al capital familiar acumulado por
décadas— los hijos decidieron fundar su propia empresa como
fue el caso de Neder Nader Habib quien en 1956 funda en
Tampico la empresa UNITAM, S.A. de C.V, dedicada a la
fabricación de uniformes para trabajadores de empresas públicas
y privadas, primero de cobertura regional, para después
convertirse en una de las empresas más importantes de su ramo
en el país, contando actualmente con más de 42 sucursales
distribuidas a lo largo de la república mexicana, siendo Jesús
Nader Nasrallah (hijo de Neder, descendiente de la tercera
generación) quien actualmente está a cargo de la empresa
familiar.
Conclusiones
Son dos los ejes estructurales expuestos en el presente artículo
que es menester, a modo de conclusión, reiterar. El primero es el
relacionado con el proceso de acumulación de capital que fue
originado por diversos factores. En primer lugar, por la
implementación de un sistema de ventas que recurrió al crédito a
través del pago en abonos, el cual brindó facilidades de compra
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con productos a bajo costo para un nuevo mercado: el del
campesino y obrero pobre del campo y la ciudad. En segundo
lugar, podríamos mencionar la socialización del buhonero libanés
con el pueblo a través del comercio ambulante, aspecto que dotó
al migrante de conocimiento sobre las necesidades de sus clientes,
llevándolo a incorporar nuevos productos para atender la
demanda y obtener una mayor capacidad de venta. En tercer
lugar, se destaca una ética de trabajo constante enfocada en el
ahorro y el bajo consumo, con la visión de adquirir movilidad
social ascendente, pasando del comercio informal y ambulante al
formal, con el establecimiento de una tienda, almacén o fábrica.
Otros dos factores importantes que se pueden mencionar son el
generar empleo utilizando a los nuevos inmigrantes como fuerza
de trabajo para acrecentar los negocios; y aprovechar las
coyunturas de crisis económicas para acumular mayor capital.
Con respecto al segundo eje estructural, el de la
organización empresarial, este significó la manera no sólo de
administrar el capital, sino de preservarlo y heredarlo a las
siguientes generaciones. A través de la empresa, el capital
económico se transformó en un patrimonio familiar en donde la
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permanencia de la misma significó un seguro de vida para
garantizar el bienestar de la familia libanesa, no sólo de la
generación fundadora, sino de las siguientes, un elemento que
podemos observar hasta la actualidad. Es por ello que los patrones
éticos y la estructura patrilocal y patrilineal se trasladaron a la
dirección, administración y sucesión de la empresa familiar. De
esta manera, tanto las formas de acumulación de capital
anteriormente mencionadas, como la aplicación de la estructura
familiar en el manejo empresarial, constituyeron la ecuación que
dio como resultado a la formación del empresariado libanés en
Tampico durante la primera mitad del siglo XX.

Referencias
Archivo
Archivo General de la Nación (México)
Archivo General de Notarías del Estado de Tamaulipas
Archivo Histórico de Tampico
Archivo Libanés de la Ciudad de México
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�La mujer instruida. Las políticas educativas modernas
porfiristas y la formación de la Academia Profesional
para Señoritas en Monterrey, Nuevo León, 1892-1895
The educated woman. The modern porfirian educational policies
and the establishment of the Academia Profesional para
Señoritas in Monterrey, Nuevo León, 1892-1895
Ana Laura Teresa Ceballos Martínez
Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
orcid.org/0000-0002-6129-8336

Resumen: Las políticas educativas jugaron un papel fundamental para
atender las preocupaciones laborales y sociales del Porfiriato. Dentro
de ellas, como muestra este artículo, la educación profesional femenina
destacó por incrementar la presencia de mujeres tanto en el magisterio
como en la administración pública. En este trabajo, analizo cómo la
Academia Profesional para Señoritas en Monterrey, iniciada en 1892,
se fundó dentro de esta lógica. A través del periódico La Voz de Nuevo
León, muestro cómo las autoridades promovieron la educación
femenina como una manera de contribuir al desarrollo económico del
país y de procurar la independencia económica de las mujeres, pero
también como una forma de control para garantizar los ideales sociales
del régimen.
Palabras clave: género; mujeres; educación; modernidad; Porfiriato.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

125

�Laura Ceballos

Abstract: Educational policies played a fundamental role in addressing
the labor and social concerns of the Porfiriato. Among them, as this
article shows, female professional education stood out for increasing
the presence of women both in the teaching profession and in the public
administration. In this work, I analyze how the Academia Profesional
para Señoritas [Professional Academy for Young Ladies] in
Monterrey, begun in 1892, was founded within this logic. Through the
newspaper La Voz de Nuevo León, I show how authorities promote
female education as a contribution to the country's economic
development and as a way to ensure the economic independence of
women, but also as a form of control to ensure the social ideals of the
regime.
Keywords: gender studies; women; education; modernity; Porfiriato.

Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

126

�La mujer instruida

Introducción
El 26 de octubre de 1895, Juana Pérez Moreno, Emerenciana
Guerra y Juana Panza, estudiantes para telegrafistas de la
Academia Profesional para Señoritas, hicieron un acto público
para demostrar cómo funcionaba ese novedoso dispositivo de
comunicaciones. Entre los espectadores estaba nada menos que
Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León y político liberal que
atestiguaba los adelantos modernos de la época: no sólo la
tecnología, sino las políticas educativas que ayudaron a formar
una escuela pública para la instrucción femenina profesional.1 En
el presente ensayo, estudiaré cómo y por qué las autoridades
porfiristas, y en particular el gobierno de Nuevo León, apoyaron
con vehemencia el fomento de la educación pública y la
formación de mujeres profesionistas.
La temporalidad elegida va de 1892 a 1895. Esto se debe
a que fue en 1892 cuando se creó en Monterrey la Academia
Profesional para Señoritas como una rama de la Escuela Normal
para Profesores. Además, como Norma Ramos Escobar sugiere,

“Las conferencias de la Academia Profesional para Señoritas”, La Voz de
Nuevo León, 26 de octubre de 1895, Capilla Alfonsina Biblioteca
Universitaria, Universidad Autónoma de Nuevo León (en adelante CABUUANL).
1

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127

�Laura Ceballos

es en este momento donde la feminización del magisterio
comienza a consolidarse. Termina en 1895 porque es cuando se
implementan las carreras profesionales de telegrafista y
contabilidad a la Academia. En este ensayo se analizará
brevemente por qué fue durante este periodo que las políticas
educativas encaminadas a la instrucción pública sustentada por el
estado se vieron cristalizadas. Las autoridades porfiristas
esperaban llevar a cabo una transformación social a través de la
educación, en especial, la profesional. De este modo, pensaban
que la población iba a poder insertarse en la vida laboral y
participar en el futuro desarrollo económico.2
A diferencia de las primeras décadas del México
independiente, el régimen de Porfirio Díaz representó un
momento de relativa estabilidad económica y política. Por mucho
tiempo, los estudios históricos se limitaron a ver el porfiriato sólo
como un antecedente de la Revolución Mexicana, pero en las

2

Norma Ramos Escobar considera que el periodo que va de 1870 a 1891 se
considera como el de la “integración” de las mujeres al magisterio y a partir de
1892 comienza la consolidación de la feminización con la fundación de la
Academia Normal para Señoritas; Norma Ramos Escobar, “Aspectos
profesionales y laborales de la docencia femenina en los procesos de fundación
de la educación pública en Nuevo León” (Tesis de maestría, El Colegio de San
Luis, 2006), 41.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

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�La mujer instruida

últimas dos décadas del siglo XX este periodo comenzó a ser
revalorizado dentro de la historiografía, especialmente la de corte
económico. En términos generales, podríamos decir que existe un
consenso de que el régimen porfirista significó un progreso
económico con la creación de instituciones y la llegada de capital
foráneo. Mauricio Tenorio y Aurora Gómez-Galvarriato
sugieren, además, ver al porfiriato como el primer Estado
mexicano, con todos sus defectos y virtudes, y dejar de lado las
comparaciones con Inglaterra y Estados Unidos.3
Es importante repensar la periodización del porfiriato y no
sólo verlo como tradicionalmente se ha hecho: de 1875 a 1911.
Más bien, es necesario entender los cambios, crisis y
continuidades dentro del periodo y los acontecimientos a nivel
internacional que, sin duda, influyeron en el desarrollo histórico.
Como sugieren Tenorio y Gómez-Galvarriato, una periodización
más adecuada puede ser de finales de la década de los ochenta y
principios de los noventa hasta la segunda mitad de la década de
1910. Esto se debe a que representa el periodo en donde un grupo
de políticos y tecnócratas lograron instaurar una serie de reformas

3

Aurora Gómez Galvarriato y Mauricio Tenorio Trillo, El Porfiriato (México,
DF: Fondo de Cultura Económica, 2006), 7–14.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

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�Laura Ceballos

para transformar al país conforme a sus visiones de Estado y
nación.4 Por otro lado, el tema de la paz porfiriana por lo general
no ha sido abordado con seriedad.
Los mismos autores proponen la importancia de estudiar
este tema con sobriedad y entenderla como concepto y práctica.
Aunque en el trabajo no abordaré tal tema, es importante tener en
cuenta la inestabilidad política que caracterizó al periodo anterior
al porfiriato. Por ejemplo, y como señala Mílada Bazant, no fue
sino hasta después de la “pacificación” del país que el estado
mexicano comenzó a destinar suficientes recursos económicos a
la educación. Al no tener que destinar el dinero a la Secretaría de
Guerra y Marina, este se utilizó para otros fines. De este modo,
otras reformas sociales y el impulso a las políticas educativas (que
llevaron a la introducción de las mujeres al campo educativo),
fueron creciendo.5
Asimismo, los estudios históricos con enfoque de género
se encuentran entre las nuevas revisiones y corrientes
historiográficas sobre el porfiriato. Los primeros acercamientos

4

Gómez Galvarriato y Tenorio Trillo, 14.
Gómez Galvarriato y Tenorio Trillo, 26; Mílada Bazant, Historia de la
educación durante el porfiriato (México, DF: El Colegio de México, 1993),
269–71.
5

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130

�La mujer instruida

al tema de la mujer comenzaron a gestarse cuando los
historiadores se dedicaron a estudiar a la clase obrera y a la
sociedad urbana. En un principio se estudió a las mujeres en
ciertos sectores laborales limitándose a solamente conocer cuáles
eran sus actividades. Sin embargo, más adelante se puso énfasis
en entender los límites de género y cómo éstos incidían en las
relaciones laborales y sociales.6 Por esta razón, en el presente
trabajo se analizará cómo la formación de carreras profesionales
para las mujeres fue parte también de la constante preocupación
por la transformación social y de la vida laboral del periodo.
Breves antecedentes y consolidación de la educación pública
durante el porfiriato
Desde el inicio de la vida independiente, el gobierno mexicano
comenzó a preocuparse por el tema de la educación pública. Sin
embargo, la inestabilidad política y económica, la carencia de una
estructura administrativa, más la incapacidad del gobierno
conservador de secularizar la educación y asumir el papel del
Estado en ella, no hicieron posible establecer un sistema
educativo público de calidad.7
6

Gómez Galvarriato y Tenorio Trillo, El Porfiriato, 34.
Javier Garciadiego, Autores, editoriales, instituciones y libros: estudios de
historia intelectual (México, DF: El Colegio de México, 2015), 11–12.
7

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�Laura Ceballos

Después de la terminación del Segundo Imperio, y con el
regreso de Juárez al poder, comenzó a cuestionarse la utilidad de
la instrucción pública funcional y el papel fundamental del Estado
en ésta. Además, en dicho periodo se adoptó una percepción del
maestro como aquel que no sólo “conoce todos los temas” sino
como también como el que sabe transmitirlos con base en los
fundamentos pedagógicos. A pesar del interés del gobierno
juarista por impulsar la instrucción pública, y la femenina
también, la inestabilidad política y económica impidió que fuera
posible llevar con éxito las políticas educativas.8
Durante el gobierno de Lerdo de Tejada, al ministerio de
Justicia se le agregó el de la Instrucción Pública. A partir de ese
momento, es notorio que el Estado mexicano comienza a tomar
con mayor seriedad la necesidad de hacerse cargo y de fomentar
la educación pública. Con la llegada de Porfirio Díaz al poder, y
de Joaquín Baranda a la Secretaría de Justicia e Instrucción
Pública, el impulso a la educación primaria fue primordial. Una
de las grandes políticas de Baranda fue el interés por crear un
sistema educativo nacional uniforme. Además, propuso que la
Mílada Bazant, “La educación moderna, 1867-1911”, en Historia de la
educación en la Ciudad de México, coord. Pilar Gonzalbo Aizpuru y Anne
Staples (México, DF: El Colegio de México, 2011), 252–53.
8

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�La mujer instruida

educación primaria debería de ser obligatoria, gratuita y laica.
También, los positivistas vieron la educación científica como
elemental para formación de profesionistas.9
Una de las políticas principales del porfiriato fue la
democracia educativa y, como menciona Mílada Bazant, era una
meta lejana pero posible. El periodo que va de 1876 a 1910 se
caracterizó por la introducción de la pedagogía moderna, la
multiplicación de escuelas normales y la formación de carreras
técnicas para obreros. Bazant menciona que este periodo puede
percibirse como una época de oro en la historia de la educación
en México, aunque el crecimiento haya sido más en calidad que
en cantidad. Díaz buscó establecer una unidad educativa nacional
a través de políticas reformistas. A pesar de que la Ciudad de
México era la que representaba por antonomasia el centro cultural
educativo, las entidades federativas fueron integrándose a estas
políticas unitarias. De hecho, se crearon congresos pedagógicos
con los representantes estatales para llegar a acuerdos y que los
estados establecieran metas conforme a sus principales
preocupaciones. Aquí es importante aclarar que, a pesar de los

9

Garciadiego, Autores, editoriales, instituciones y libros: estudios de historia
intelectual, 13–15.
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�Laura Ceballos

esfuerzos del gobierno federal por homologar la educación, ésta
no creció igual. Por ejemplo, en el norte del país, donde había
menos población campesina, mayores recursos y gobernantes con
mayor interés, los programas educativos tuvieron más éxito que
en algunos estados del sur.10 Es por ello que, en el presente
capítulo, abordaré cómo fueron impulsadas las políticas
educativas en Nuevo León, y, en especial, me centraré en estudiar
cómo estas políticas fueron claves para la introducción de las
mujeres en los estudios profesionales.
Una de las obsesiones educativas del porfiriato fue la
implantación de un método objetivo de enseñanza, en palabras de
Bazant, un “despertar de los sentidos”. Aunque el establecimiento
de la educación como laica, gratuita y obligatoria fue uno de los
principios liberales juaristas, no fue hasta el periodo de Díaz
cuando se estableció la escuela moderna mexicana con el cambio
de método de enseñanza. Por un lado, era necesario que los
estudiantes aprendieran algún oficio para que se integraran a la
vida laboral. Por otro lado, uno de los objetivos primordiales del
régimen fue la formación de buenos maestros y maestras. La
primera Normal se fundó en Ciudad de México en 1885 y es a
10

Bazant, Historia de la educación durante el porfiriato, 13–15.

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�La mujer instruida

partir de ésta cuando en los estados comienzan a proliferar las
escuelas normales.11
Los miembros del gabinete porfirista, en especial aquellos
que se dedicaban al ramo de la educación, creían que ésta sería la
vía para llevar al país a la modernidad y democracia. Pensaban
que la educación transformaría la mentalidad de la sociedad y
que, al mismo tiempo, encontrarían bienestar y un trabajo digno.
Sin embargo, como menciona Bazant, la instrucción pública no
era suficiente para transformar al país. Por el contrario, era
necesario que ésta fuera acompañada de otros grandes cambios
estructurales como el reparto equitativo de tierras, mayores
empleos, entre otras cosas.12
Cuando Díaz resultó electo de nuevo en 1888, alcanzó
popularidad nacional e internacional. Es en este momento cuando
el régimen comienza con mayor determinación su intento por
centralizar el poder y limitar las autonomías políticas que muchas
zonas del país gozaban gracias al aislamiento geográfico en el que
se encontraban. Para ello, Díaz buscó crear una serie de políticas
entre las que, fundamentalmente, se encontraba la educación. La

11
12

Bazant, 17.
Bazant, 21.

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Ley de 1888 estableció entonces la educación elemental como
laica, gratuita y obligatoria. Sin embargo, uno de los grandes
cuestionamientos es qué significaba “uniformidad” en la
educación en un país tan desigual como México. ¿Cómo podía
sancionarse bajo los mismos preceptos a un estado con pocos
recursos económicos para proporcionar los materiales a las
escuelas? Para ello, se decidió que esa “uniformidad” sólo estaría
encaminada a establecer la educación como laica, gratuita y
obligatoria, y que los programas de enseñanza fueran iguales. Así,
cada estado de la República proporcionaría los materiales según
sus propias necesidades.13
Durante el Primer y Segundo Congreso de Instrucción
(1889-1890 y 1890-1891 respectivamente) se debatió sobre la
profesión del magisterio. Uno de los acuerdos importantes fue
establecer que cada estado del país tenía la libertad de organizar
la carrera normalista de acuerdo con las necesidades del estado,
pero que todas debían de llevar dos programas: elemental y
superior. Solamente debía de existir una diferencia de asignaturas
dependiendo de la diferencia de sexos. A partir de esos dos
congresos, se establecieron los tres principios elementales de la

13

Bazant, 22–24.

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instrucción pública en la Ciudad de México y, consecutivamente,
en varios estados de la república. Los congresos de instrucción
pública reflejan el esfuerzo por llevar a cabo las políticas
nacionales a nivel federal y estatal. Bazant menciona que, más
allá de la modificación de los planes de estudio, de textos
escolares, entre otras cosas, lo que es una característica
fundamental de la educación en el porfiriato es la utilización del
“método objetivo” o “de los sentidos”, un método moderno que
ponía a los maestros en un papel importante y priorizaba el
aprendizaje a través de los sentidos en lugar de la memoria.14
De igual manera, una de las constantes preocupaciones
sobre la instrucción pública fue la formación de maestros con
capacidad para transmitir la enseñanza. A pesar de que a lo largo
del siglo XIX se redactaron varios proyectos que buscaban la
creación de más escuelas normales, la constante inestabilidad
política y económica no permitió que fuera efectiva. Sin embargo,
es importante no ignorar que, desde antes del periodo porfirista,
el interés por impulsar la educación normalista para mujeres ya
había sido considerada frecuentemente en los distintos
gobiernos.15
Bazant, 26–31; Bazant, “La educación moderna, 1867-1911”, 259–66.
Ma. de Lourdes Alvarado Martínez, “La educación superior femenina en el
México del siglo XIX. Demanda social y reto gubernamental” (Tesis doctoral,
Universidad Nacional Autónoma de México, 2001), 249–60.
14
15

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137

�Laura Ceballos

Otro de los logros de los congresos de instrucción pública
fue la transformación de la Secundaria Nacional de Niñas en la
Escuela Normal de Profesoras. Justo Sierra fue uno de los
políticos de la educación más prominentes que, además, impulsó
la predominancia de las mujeres en el magisterio, pues
consideraba que poseían una capacidad natural para ejercer la
profesión. María de Lourdes Alvarado considera que la
admiración de Sierra, no sólo en las escuelas sino en la sociedad
en general, hacia Estados Unidos y el papel predominante de las
mujeres, lo llevó a darle suficiente importancia al rol femenino en
la educación.16
Por otro lado, también Sierra buscó impulsar los estudios
profesionales de las mujeres a través de reformas. A pesar de ello,
existieron muchas opiniones adversas sobre el papel que debían
desempeñar las mujeres en la profesión del magisterio. Los que
se opusieron pensaron que el objetivo era formar a las mujeres
como futuras docentes, pero no “masculinizarlas”. Él siempre
estuvo dispuesto a defender el que las futuras profesoras tuvieran
acceso a las asignaturas representativas de una educación
moderna y científica.17
16
17

Alvarado Martínez, 265–67.
Alvarado Martínez, 268.

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138

�La mujer instruida

El rápido crecimiento económico en México entre 1884 y
1900 también significó un incremento del aparato burocrático del
gobierno. A partir de la década de 1890, las mujeres comenzaron
a ser contratadas para trabajar como empleadas públicas, lo que
se consideraba un empleo femenino respetable. Susie Porter
menciona cómo la cuestión del trabajo femenino y los debates
sobre este no eran nuevos a finales del siglo XIX en la Ciudad de
México. Lo que sí era algo innovador era cómo la educación,
trabajo y la capacidad de saber cuándo contraer matrimonio
comenzaron a identificarse como valores respetables de las
mujeres de clase media.18
Además, otra cuestión importante de añadir, para
comprender esto es que a finales del siglo XIX se experimentó un
fuerte cuestionamiento hacia la dependencia moral y material
femenina. Uno de los preceptos que más se argumentó era que, si
las mujeres tenían una independencia económica, esto les
permitiría salvaguardar su moralidad. Así, no tendrían que
escoger primero el camino del matrimonio para asegurarse el
sustento. Una solución era contratar a las mujeres para ejercer
18

Susie R Porter, From Angel to Office Worker. Middle-Class Identity and
Female Consciousness in Mexico (Lincoln: University of Nebraska Press,
2018), 4, 20.
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139

�Laura Ceballos

cargos en la administración pública, ejemplos tomados de
Estados Unidos y Francia.19
Existen diversos factores por los cuales las mujeres
comenzaron a suplir a los hombres dentro del magisterio.
Primero, era sabido que a las profesoras se les podía otorgar un
salario menor, lo que era conveniente para el Estado. Aunque
Mílada Bazant apunta que en algún momento de la federalización
de la instrucción pública se pretendió que los salarios fueran
iguales, esto no fue posible de realizar. Por otro lado, existió
durante este periodo la creencia de que las mujeres eran más
competentes para la profesión del magisterio. Como ya mencioné,
Justo Sierra —desde su cargo como Secretario de Instrucción
Pública y Bellas Artes— fue quien más impulsó la
profesionalización del magisterio femenino, y aunque no todas
sus pretensiones fueron llevadas a la práctica, es importante tomar
en cuenta el papel que tuvo.
Nuevo León y la educación profesional de las mujeres
Desde el periodo colonial y durante casi todo el siglo XIX, el
noreste de México permaneció aislado geográfica, económica y

19

Porter, 24–26.

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�La mujer instruida

culturalmente del centro del país, lo que les permitió gozar,
durante un buen periodo de tiempo, de una mayor autonomía
política. Nuevo León, uno de los tres estados del noreste, estaba
experimentando un acelerado proceso de desarrollo económico.
El cambio de frontera en 1848, la adopción de políticas liberales
y el acercamiento progresivo con la dinámica economía del sur
de Estados Unidos, le permitió ir creciendo económicamente y
fortalecer su aparato administrativo.20
A finales del siglo XIX, y a pesar de que electoralmente
no contaba con suficiente peso, Nuevo León era un estado
políticamente influyente debido a su importancia económica. El
papel de Bernardo Reyes en el poder fue fundamental. Reyes fue
enviado por Porfirio Díaz para acabar con la autonomía política
de que gozaba el noreste, en especial Nuevo León, y para
contribuir así a la consolidación del Estado nacional. Su misión
más importante era limitar la influencia de los caudillos locales
(Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo) e incorporar a Nuevo
León al proyecto porfirista de nación.21

20

Mario Cerutti, Burguesía y capitalismo en Monterrey, 1850-1910
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 1983), 17–29.
21
Alicia Salmerón, “De redes de clubes y un partido político regional: el Gran
Círculo Unión y Progreso. Nuevo León, 1885-1892”, en Campañas, agitación
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
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141

�Laura Ceballos

Paulatinamente, Díaz, a través de Reyes, logró controlar a
los caciques regionales de Nuevo León y en su lugar, impulsó a
otros políticos locales y estableció fuertes alianzas con la
incipiente burguesía regiomontana mediante la implementación
de leyes que facilitaron el impulso de la gran industrialización de
Monterrey. Esta rápida transformación económica que vivió
Nuevo León durante el largo gobierno estatal de Bernardo Reyes
también provocó cambios sociales notables, un aumento
demográfico y un crecimiento urbano sin precedentes y, por
supuesto, una animada vida política que alcanzó a prácticamente
todo el estado de Nuevo León en el que las comunidades locales
tuvieron una fuerte conexión a la vida política estatal.22
La Voz de Nuevo León era el periódico oficialista y reyista
del estado que mantuvo gran influencia en la región. Como bien
indica Alicia Salmerón, el papel político que jugó La Voz de
Nuevo León fue fundamental. El periódico representa la

y clubes electorales: organización y movilización del voto en el largo siglo
XIX mexicano, coord. Fausta Gantús y Alicia Salmerón (México, DF: Instituto
Mora; Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de
México, 1998), 412–17, 450; Artemio Benavides, El General Bernardo Reyes.
Vida de un liberal porfirista (Monterrey: Ediciones Castillo, 1998), 137–39.
22
Salmerón, “De redes de clubes y un partido político regional: el Gran Círculo
Unión y Progreso. Nuevo León, 1885-1892”, 417–69.
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�La mujer instruida

consolidación de una facción política.23 Por ello, aquí tomaré
como referencia los artículos publicados por dicho periódico
sobre el tema para analizar el impulso del estado a la educación
femenina. Dentro del periódico, constantemente se publicaba
información sobre la instrucción pública elemental hasta la
profesional. Publicaron los datos estadísticos de cuántas escuelas,
alumnos y profesores había en general en el estado, así como en
los municipios. También se encargaron de hacer conocer a la
población la información sobre los exámenes públicos y las
“veladas científico-literarias” de cada escuela sostenida por el
estado. En general, la importancia de la instrucción pública
propiciada por el gobierno se aprecia con las constantes
publicaciones y quehaceres de ésta. Aunque sin duda faltaría un
estudio amplio complementando con más fuentes, con las notas
de La Voz de Nuevo León puede hacerse un primer acercamiento
para entender cómo y por qué funcionó la educación moderna y
progresista en el estado norteño.
En Nuevo León, la instrucción pública, desde la elemental
hasta la profesional, fue asumida por el gobierno estatal a partir
de diciembre de 1891, aunque es importante tener en cuenta que
23

Salmerón, 411, 444–45.

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�Laura Ceballos

el gobierno de Nuevo León contó con la colaboración con los
ayuntamientos municipales. A través de inspectores, el gobierno
estatal conocía el estatus en que se encontraban las escuelas
públicas de los municipios, y asimismo, el estado comenzó a
adoptar las asignaturas y los libros de texto propuestos desde el
gobierno federal.24
En 1892, se creó la Academia Profesional para Señoritas
que dependía de la Escuela Normal del estado. Esto sólo fue
posible en un momento en donde las escuelas dejaron de ser
dependientes de los municipios y pasaron a manos estatales. La
Academia contó con todos los recursos económicos, lo que
posibilitó instruir a las mujeres a través de métodos nuevos,
“progresistas” y “científicos”. De todos modos, aunque llevaron
las mismas materias que se impartían en la Escuela Normal, una
diferencia notable de género fue la asignatura referente a la
economía doméstica. Esta última resulta interesante de analizar.
La enseñanza de una “economía doméstica” estaba destinada a
una organización económica, moral e intelectual adecuada dentro
del hogar. Pareciera que estaban tratando de entablar las normas
“Instrucción pública I”, La Voz de Nuevo León, 25 de febrero de 1893;
“Instrucción pública II”, La Voz de Nuevo León, 22 de abril de 1893; CABUUANL.
24

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�La mujer instruida

científicas dentro de los hogares: ver a la mujer como una
gobernadora y profesora de los hijos. Por ello, era necesario que
la mujer también se instruyera dentro de la enseñanza moderna
para luego transmitir ese conocimiento. De este modo, en la casa
existiría una armonía moral e intelectual.25
Es notable la importancia social que el gobierno le daba a
la formación específica de las maestras. Una razón por la que el
gobierno decidió fundar una escuela normal especial para mujeres
fue que consideraba que el papel de la maestra era un elemento
social de suma importancia para la formación de futuros
ciudadanos. Además, las autoridades pensaban que las
estudiantes para el profesorado habían estado olvidadas por los
gobiernos anteriores. Esto sólo hacía que se complicara la
capacidad de las maestras para llegar a obtener el grado.

25

Además de las asignaturas modernas como ciencias físicas y naturales y
lengua nacional, mencionan un método “fonético-analítico-sintético” de
Claudio Matte. “Academia para las aspirantes al magisterio”, La Voz de Nuevo
León, 23 de enero de 1892, CABU-UANL; “Economía doméstica. Deberes del
ama de casa”, La Voz de Nuevo León, 26 de octubre de 1895, CABU-UANL;
Por otro lado, Norma Ramos Escobar menciona cómo la profesionalización de
las mujeres también implicó la experimentación en otras ramas características
de su género, como aseo personal, confección de vestimenta, conocimiento en
los artículos alimenticios y su conservación, entre otras cosas; Ramos Escobar,
“Aspectos profesionales y laborales de la docencia femenina en los procesos
de fundación de la educación pública en Nuevo León”, 45–46.
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�Laura Ceballos

Considero que otra razón por la que decidieron crear la Academia
fue para distinguirse del periodo anterior, y en particular, de las
deplorables condiciones en que se encontraba la educación
profesional antes de que ésta fuera recogida por el gobierno
estatal. Esto es importante de tomar en cuenta, porque justamente
reflejaba un resultado favorable con relación a las políticas
educativas modernas y progresistas que estaban creando desde el
gobierno central.26
La relación entre educación y trabajo fue un eje conductor
en las políticas modernas porfiristas, y el gobierno de Reyes fue
muestra de ello. En varias ocasiones La Voz de Nuevo León
publicó artículos sobre la dignificación del trabajo y sobre cómo
éste rescataba a la población civil de la “holgazanería”. Además,
se suponía que la única manera de llegar a tener un trabajo
honrado era a través de la educación, lo que me parece que es otra
razón importante por la que el estado nuevoleonés estaba
poniendo mucho empeño en la instrucción pública de mujeres y
hombres. De hecho, en un artículo se mencionaba cómo las
mujeres debían avocarse a la ley universal del trabajo. El trabajo,

“Academia para las aspirantes al magisterio”, La Voz de Nuevo León, 23 de
enero de 1892, CABU-UANL.
26

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creían los políticos nuevoleoneses, “crea, desarrolla y fecundiza
la vida y la producción”.27
Siguiendo con el tema del trabajo y la educación, en el
periódico se muestra cómo también entre los objetivos del
impulso a la instrucción pública profesional de las mujeres estaba
la creciente preocupación de que ellas se integraran a la vida
laboral. Paradójicamente, sugiere Bazant, el impulso a la
educación durante este periodo había provocado también que
muchos de los egresados tuvieran dificultades para conseguir
trabajos bien remunerados.28 Un caso similar puede observarse
aquí: dado el gran éxito que tuvo la Academia como formadora
de maestras, la matrícula de alumnas fue creciendo con gran
magnitud -superando por mucho la matrícula de la Escuela
Normal de hombres- al grado de volverse una preocupación.
Muchas de ellas pensaban, por ejemplo, que de qué servía que
obtuvieran un grado profesional si no encontrarían un empleo
respetable al finalizar sus estudios. En este sentido, en 1894 se
decidió por instrucción oficial crear nuevas formaciones
profesionales dentro de la Academia: la de telegrafista y la de
“De las ocupaciones de la mujer”, La Voz de Nuevo León, 30 de junio de
1894, CABU-UANL.
28
Bazant, Historia de la educación durante el porfiriato, 314.
27

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�Laura Ceballos

contabilidad. Es probable que esto también respondiera a las
necesidades del momento: debido a la mayor burocratización
gubernamental, característica del porfiriato, nuevas profesiones
como las de contabilidad pasaron a ser necesarias. Por otro lado,
las nuevas tecnologías, como el telégrafo, también necesitaban
quién conociera cómo usarlas. Además, estas profesiones, junto
con la del magisterio, se consideraban como respetables para una
mujer.29
Otro aspecto fundamental para la feminización del
magisterio, como analiza Norma Ramos Escobar, fue la
reducción de la presencia masculina en esta profesión. La
historiadora apunta una cuestión clave. La creciente formación de
otras

profesiones

“masculinas”

-como

medicina

y

la

jurisprudencia- producto de la industrialización y crecimiento
económico del estado, hizo que el magisterio comenzara a ser
29

Al comenzar la Academia para Señoritas en enero de 1892, tenían inscritas
a 26 alumnas. Para el año escolar de 1894, se inscribieron 78 alumnas. En este
mismo año, solamente se inscribieron 30 alumnos en la Escuela Normal. En
La Voz de Nuevo León constantemente se estuvieron publicando los datos
estadísticos y se observa cómo realmente fue creciendo la Academia
superando a la Escuela Normal. Tal vez, para un estudio más amplio, sería
interesante añadir más datos estadísticos para comparar. “Academia para las
aspirantes al magisterio”, La Voz de Nuevo León, 23 de enero de 1892;
“Instrucción Pública II”, La Voz de Nuevo León, 14 de abril de 1894; CABUUANL.
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poco atractivo para los hombres, dejando que las mujeres
pudieran tener más acceso a éste. Además, otro tema que destaca
Ramos Escobar es que la diferencia salarial entre mujeres y
hombres era otro elemento fundamental para entender la
feminización del magisterio. Aunque la historiadora apunta que
existen pocas fuentes para entender mejor la cuestión salarial,
llega a la conclusión de que este aspecto puede considerarse como
elemental.30
El gobierno nuevoleonés llegó a señalar que la educación
era un patrimonio de la humanidad y que la instrucción superior
no debería de negársele a las mujeres, pero, como señala Susie
Porter para la Ciudad de México, otro de las motivos por los que
el estado la impulsó fue para que las mujeres pudieran adquirir
cierta independencia económica. Consideraban que de poco
serviría que se instruyeran en la educación elemental, si
posteriormente no iban a conseguir un trabajo digno al no tener
un grado profesional. Asimismo, afirmaban que no todas las
mujeres tenían un sostén económico seguro que procurara su
moralidad. Muchas se casaban pronto para asegurar una
Ramos Escobar, “Aspectos profesionales y laborales de la docencia
femenina en los procesos de fundación de la educación pública en Nuevo
León”, 40–41, 43–48.
30

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�Laura Ceballos

estabilidad

económica,

por

ejemplo,

“perturbando”

su

“estabilidad moral”. Por ello, creían necesario que la mujer se
instruyera y trabajara precisamente para evitar ese tipo de
problemas sociales. Consideraban que esta relación, educación y
trabajo, no haría más que un bien a la población y aumentaría la
riqueza pública.31
De todos modos, el acceso a la instrucción profesional
tenía sus límites. No buscaban que el trabajo que desempeñara la
mujer fuera equiparable al de los hombres, ni que compitieran por
algún puesto político. Además, relacionaban la instrucción o
“ignorancia” de la mujer con el papel que tenían como hijas o
esposas. Por ejemplo, una mujer educada sería capaz de ayudar al
sostén económico mediante el trabajo, en lugar de representar una
“carga” para la familia. Pero, como he sostenido anteriormente,
buscaban que la mujer se integrara a la vida laboral y, de este
modo, contribuyera al desarrollo económico del país.
Siguiendo bajo la misma línea, es interesante ver dentro
de las notas cómo se generaron debates sobre la independencia
que las mujeres podrían adquirir si se instruían y trabajaban. Al
“Academia profesional de señoritas”, La Voz de Nuevo León, 12 de enero de
1895; “La educación de la mujer”, La Voz de Nuevo León, 2 de junio de 1894;
CABU-UANL.
31

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educar a las mujeres, no se pretendía que éstas dejaran de serlo, u
optaran por olvidar su papel como madres y esposas, más bien, se
esperaba que, al tener una forma de ganarse dignamente la vida,
no atentaran contra su “estabilidad moral”. Para promover estas
ideas, La Voz de Nuevo León tenía que hacer campañas en contra
del “ausentismo” escolar. Aunque este era un problema de ambos
sexos, el discurso que se dirigía a los padres de familia se centraba
especialmente en convencerlos de dejar estudiar a sus hijas un
grado profesional. Para esto, seguían empleando la relación entre
educación y trabajo; si las mujeres eran instruidas, podrían
encontrar

un

trabajo

que

las

ayudara

a

sustentarse

económicamente y no buscarían una salida en un matrimonio
forzado.
La respuesta femenina ante las políticas educativas
modernas puede medirse con la cantidad de alumnas que poco a
poco fueron ingresando a la Academia y en algunos testimonios
públicos. En 1894, La Voz de Nuevo León publicó un escrito de
Julia G. de la Peña, poetisa tamaulipeca con residencia en Nuevo
León, que exaltaba la labor del estado, pero, especialmente, la de
Reyes, al crear una “sólida base para el adelanto material de la
mujer”. De la Peña escribió que lo que buscaba la educación
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profesional femenina -y tal vez muchas mujeres pensaban igualera complementar el sustento económico familiar.32
Por otro lado, una cuestión interesante de analizar es cómo
el gobierno comenzó a emplear, cada vez con mayor frecuencia,
los datos estadísticos para conocer en qué condiciones se
encontraba el estado. Claudia Agostoni -aunque su trabajo está
enfocado en la salud pública- escribe cómo la estadística se volvió
una herramienta importante para las autoridades porfiristas. El
objetivo de ésta tenía una función doble: primero establecerla
como ciencia para estudiar a la sociedad, y luego como una
técnica con la que se justificaron, formularon e implementaron
políticas de salud pública.33 Siguiendo esta postura, y con base en
las notas que he analizado, considero que para poder llevar a cabo
las políticas de la educación femenina profesional fue necesario
un conocimiento estadístico sólido con relación a esta población.
Irma Beatriz Braña Rubio y Ramón Narcizo Martínez Sáenz, “Diccionario
biobibliográfico de escritoras nuevoleonesas, siglo XIX y XX” (Tesis de
maestría, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1994), 50. “Paso al
mejoramiento social”, La Voz de Nuevo León, 22 de septiembre de 1894,
CABU-UANL.
33
Claudia Agostoni, Monuments of Progress. Modernization and Public
Health in México City 1876-1910 (Calgary: University of Calgary Press;
University Press of Colorado; Universidad Nacional Autónoma de México,
2003), cap. 2.
32

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�La mujer instruida

A través de la estadística, se analizó cuál era el mayor grado de
estudios con que contaban las mujeres, si trabajaban, y si era así,
en dónde lo hacían. En una nota se menciona cómo en 1894
existían 35 mil mujeres que no tenían ocupación. Esta cifra tan
alta causaba una seria preocupación entre las autoridades
estatales, orillándolos a buscar cómo incorporar ese sector de la
población a la dinámica económica y laboral. Para ello, educar a
estas mujeres era un paso fundamental para lograr su integración
a la vida productiva.34
¿A qué tipo de mujeres estaban dirigidas estas nuevas
políticas educativas y la educación profesional sustentada por el
estado? Una de las más recientes preocupaciones en la
historiografía con enfoque de género es entender las diferencias
socioeconómicas, culturales y religiosas que existen entre las
mujeres. Ver a las mujeres como un grupo en donde convivían las
procedentes de todas las clases, sólo hace que se malentienda su
situación. Aunque haría falta un estudio más minucioso para
conocer el contexto socioeconómico del que provenían las

“De las ocupaciones de la mujer”, La Voz de Nuevo León, 30 de junio de
1894, CABU-UANL.
34

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�Laura Ceballos

estudiantes profesionales, a través de La Voz de Nuevo León se
pueden inferir ciertas cosas. Me parece, por ejemplo, que el
gobierno reyista pensaba que, en general, toda la población
debería de ser instruida. Cuando hicieron la crítica de cómo las
mujeres que no trabajaban eran una carga para la sociedad,
hicieron referencia tanto a las “ricas” y a las “pobres”. Asimismo,
cuando hacían referencia a la importancia del trabajo y la
educación para la estabilidad social, la población obrera nunca
quedó fuera. Por ello, considero que la educación profesional para
las mujeres estuvo dirigida hacia todas, aunque haría falta
analizar otras fuentes para saber en qué grado esto llegó a
concretarse.
Con lo anterior expuesto, cabría hacerse otra pregunta:
¿por qué en Nuevo León las políticas educativas modernas
porfiristas pudieron establecerse factiblemente? Primero, porque
Nuevo León estaba experimentando un desarrollo capitalista y
viviendo un auge económico sin precedentes debido a su
acelerado proceso de industrialización y su fuerte vinculación
económica con el sur de Estados Unidos. Por otro lado, la década
de 1890 estuvo marcada por una estabilidad política derivada de

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las buenas relaciones de Reyes con la clase empresarial
regiomontana, así como por su estrecha relación con el gobierno
central, específicamente con Díaz.35 Considero que, al tener
Nuevo León suficientes recursos económicos y tener un régimen
políticamente consolidado, el gobierno estatal permitió que se
priorizaran otros asuntos en su agenda política. La educación
pública fue la principal, porque se consideró una herramienta
fundamental para lograr la transformación social que buscaban.
Asimismo, y con todo lo expuesto anteriormente, es
posible sugerir que otra razón importante para el impulso a la
educación y profesionalización del magisterio de mujeres era
encontrarle utilidad y productividad a la población femenina para
que esta contribuyera al desarrollo económico del país. En
particular, La Voz de Nuevo León señalaba que con la educación
“moderna” y “científica”, se formaría una población “funcional”
dentro de la familia, la sociedad y el estado, de forma que los
mexicanos podrían encajar dentro de la dinámica económica que

35

Juan Mora-Torres, The Making of the Mexican Border. The State,
Capitalism, and Society in Nuevo León, 1848-1910 (Austin: The University of
Texas Press, 2001), 9–10.
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�Laura Ceballos

llevaría a la prosperidad del país.36 Para lograr dicho objetivo,
entonces, era necesaria la formación de un magisterio amplio.
Entonces cabe realizarse la pregunta de ¿si las mujeres tenían
todos los requisitos para suplir a los hombres en el magisterio profesión socialmente aceptada y con capacidad de otorgar
menores salarios- no sería lo anteriormente expuesto una razón
suficientemente fuerte para entender el impulso al magisterio
femenino durante el porfiriato?
Consideraciones finales
A través de este ensayo se analizó cómo las autoridades federales
del porfiriato intentaron transformar al país socialmente a través
de la educación. Para ello, se crearon una serie de políticas
educativas en donde se entendió la importancia que tenía el papel
del estado como sostén de la instrucción pública. Asimismo, se
incorporaron asignaturas y métodos de enseñanza que eran
considerados “modernos” y “progresistas” para que la educación
fuera de una mayor calidad. Además, esperaban que con la
educación profesional de las masas, éstas se incorporaran
posteriormente a la vida laboral del país.
“Instrucción pública V”, La Voz de Nuevo León, 2 de septiembre de 1893,
CABU-UANL.
36

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�La mujer instruida

Nuevo León no fue la excepción en la implementación de
políticas educativas estatales con profundos matices en el interés
de la transformación social y laboral. Con la industrialización y
el crecimiento económico, sumado a la estabilidad política, la
preocupación por mejorar el sistema educativo estatal se tornó
viable. Un resultado de esto fue la fundación de la Academia
Profesional para Señoritas en 1892, posibilitando la inserción de
las mujeres en carreras profesionales y, posteriormente, en la vida
laboral del estado. Finalmente, la implementación de otras
carreras profesionales, como la de telegrafista, fue producto de
las nuevas necesidades modernas y el incremento de la
burocracia, así como de la preocupación de que las mujeres
tuvieran mayores opciones laborales al terminar sus estudios.
Por último, quedarían algunas cuestiones sin resolver que
pudieran abordarse en un estudio más amplio del tema. Por
ejemplo, comprender qué implicaciones tuvo la creación de la
Academia Normal para Señoritas justo en un año de crisis política
para el régimen porfirista y reyista. Asimismo, profundizar en los
orígenes socioeconómicos de las mujeres que ingresaron en la
Academia, y dilucidar de qué forma la inserción a las carreras
profesionales transformó sus vidas.
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�Laura Ceballos

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largo siglo XIX mexicano, coord. por Fausta Gantús y
Alicia Salmerón. México, DF: Instituto Mora; Instituto
Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de
México, 1998.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-3

159

�Desarrollo arquitectónico y poder político en
Monterrey, México, 1927-1935
Architectural development and political power in Monterrey,
Mexico, 1927-1935
César Herrera Silva
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0001-5026-3771

Resumen: En este artículo propongo que la gubernatura de Aarón Sáenz
en Nuevo León (1927-1931) fue fundamental para estabilizar la
situación política y económica del estado e impulsar la construcción de
grandes edificios públicos en Monterrey. Señalo también que ese
despunte constructivo, que reflejó ideales modernizadores y
nacionalistas a través de nuevas tendencias arquitectónicas, se mantuvo
pocos años después de esa administración y tuvo su fin con la huelga
del Sindicato Industrial de Obreros de la Construcción en 1935. Con
base en memorias de gobierno y acervos de dependencias de obras
públicas y laborales, en este trabajo examino en primera instancia la
administración de Sáenz, después hago un repaso de los principales
edificios construidos durante el periodo, y finalizo con el impacto de la
huelga en esos planes y proyectos.
Palabras clave: infraestructura; desarrollo urbano; arquitectura;
movimiento obrero; Monterrey.

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160

�Desarrollo arquitectónico

Abstract: In this article, I propose that the governorship of Aarón Sáenz
in Nuevo León (1927-1931) was crucial to stabilizing the state's
political and economic situation and supporting the construction of
large public buildings in Monterrey. I also propose that this constructive
boom, which reflected modernizing and nationalist ideals through new
architectural trends, continued a few years after the Sáenz
administration and finished with the strike of the Sindicato Industrial
de Obreros de la Construcción in 1935. Based on the analysis of
government reports and records of public works and labor offices, I
start examining the Sáenz administration, continue reviewing the main
buildings of the period, and end by analyzing the strike impact on those
plans and projects.
Keywords: infrastructure; urban development; architecture; labor
movement; Monterrey.

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161

�César Herrera

Introducción
Este trabajo tiene por objetivo analizar la infraestructura erigida
en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, durante el periodo
posrevolucionario. Particularmente, se estudian el Palacio
Federal, las Escuelas Monumentales y el Hospital Civil, cuyo
común denominador es el lenguaje arquitectónico del art déco.1
La temporalidad que comprende, por lo tanto, va desde de la
gubernatura de Aarón Sáenz (1927-1931), quien impulsó
notablemente la construcción de obras públicas, hasta la huelga
del Sindicato Industrial de Obreros de la Construcción en 1935,
acontecimiento que mermó esas labores durante la coyuntura del
rompimiento entre el presidente Lázaro Cárdenas y el
expresidente Plutarco Elías Calles.
Para abordar este problema, se parte del estudio de
algunos de los principales edificios públicos del periodo,
entendiendo estas edificaciones como instrumentos urbanos
1

En este trabajo se prefiere usar el término lenguaje, ya que no es posible
hablar de un estilo específico y bien definido. Como se señala en el catálogo
de arquitectura civil de Monterrey, a diferencia de estilo, en donde se sigue un
conjunto de normas de proporción y usos en el diseño, el término lenguaje opta
por utilizar varias claves estéticas y tendencias. Juan Casas, Rosana
Covarrubias y Edna Peza, Concreto y Efímero. Catálogo de arquitectura civil
en Monterrey (Monterrey: Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León,
2012), 17-24.
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162

�Desarrollo arquitectónico

ideados y ejecutados para cumplir con algunas de las necesidades
de la sociedad, pero también como formas de expresión del poder
político. De acuerdo con Miranda, debido a que el Estado toma
decisiones respecto a la población, la propiedad de la tierra, su
uso, la inversión, el diseño y la construcción de emplazamientos
públicos, sus acciones reflejan las políticas gubernamentales, las
respuestas de la comunidad y los intereses en que se apoyan.2
La exposición comienza con la descripción de la
gubernatura de Aarón Sáenz, quien, gracias al cabildeo político
con la élite regiomontana, aportó estabilidad a la situación
política neoleonesa. Se prosigue exponiendo la labor tributaria
del estado y cómo ésta impactó en la infraestructura en la ciudad;
y posteriormente centra su atención en la edificación del Palacio
Federal, las Escuelas Monumentales y del Hospital Civil. El
artículo termina explicando los detalles de la huelga de obreros
de la empresa Fomento y Urbanización, la principal constructora
durante este periodo.

Sergio Miranda Pacheco, “Por mi raza hablará la metrópoli: universidad,
ciudad, urbanismo y poder en la construcción de Ciudad Universitaria, 19291952”, en El historiador frente a la ciudad de México. Perfiles de su historia,
coord. Sergio Miranda Pacheco (México: Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2016), 184-185.
2

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�César Herrera

Las

fuentes

primarias

utilizadas

pertenecen

principalmente al Archivo Histórico Municipal de Monterrey, de
colecciones Civil, Misceláneo y Actas de Cabildo; en segunda
instancia, se recurrió al Archivo General del Estado de Nuevo
León, donde se consultó el Fondo de Monumentos y Edificios
Públicos, Memorias de Gobierno, Educación, así como la Junta
de Conciliación y Arbitraje; por último, se echó mano del
Archivo General de la Nación, del Fondo Comunicaciones y
Obras Públicas.
La reorganización política: La gestión de Aarón Sáenz y el
regreso a la estabilidad
Tras terminar el conflicto de la Revolución Mexicana, fue
necesario llevar a cabo el reordenamiento del país guiado por la
nueva élite política en turno. El grupo sonorense aseguró su
posición e inició el proceso de cimentar el nuevo estado
posrevolucionario, organizando el sistema político mexicano a
inicios del siglo XX a través de la creación de un partido oficial
que buscó controlar el mecanismo de sucesión presidencial. Su
afianzamiento fue primordial para crear un Estado fuerte que
interviniera y organizara el desarrollo industrial, las finanzas y la
infraestructura, con el fin de fincar la modernización del país.
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�Desarrollo arquitectónico

Una vez sentadas las condiciones necesarias para asegurar
la pacificación, los gobiernos posrevolucionarios pusieron en
marcha un plan de reconstrucción nacional mediante la
intervención en sectores estratégicos. A través de la edificación
de obras públicas (escuelas, hospitales, carreteras, obras de
riego), los nuevos gobiernos esperaban impulsar el campo y la
industria creando un ambiente propicio para que los nuevos
capitalistas surgidos tras revolución aprovecharan dichas
condiciones para acrecentar sus fortunas con el respaldo del
Estado.
En el caso de Nuevo León, el ordenamiento político de la
entidad tuvo que esperar a causa de las intermitentes y desastrosas
administraciones posteriores. Las primeras administraciones
obregonistas no pudieron reanudar las relaciones con el
empresariado interrumpidas durante la Revolución. En el corto
periodo de 1920 a 1927, el estado de Nuevo León vio desfilar a
cerca de una docena de gobernadores que fueron defenestrados
por la incipiente corrupción, además de la existencia simultánea
de dos congresos locales y hasta tres gobernadores, hecho que
provocó el desapego de la iniciativa privada.3
César Morado Macías, “Introducción: Nuevo León, la experiencia de la
modernidad”, en Nuevo León en el siglo XX. La transición al mundo moderno:
3

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�César Herrera

Considerando lo anterior, la administración de Aarón
Sáenz (1927-1931) vino a sortear las deterioradas relaciones entre
la iniciativa privada y el Estado, generando el ambiente de
seguridad tan ansiado por los líderes empresariales desde la caída
de Bernardo Reyes en 1909. La influencia de Aarón Sáenz en este
proceso es un aspecto en el que coinciden autores como Alex
Saragoza, César Morado e Isabel Ortega; y aunque en la historia
nacional la figura de Saénz se ha dimensionado con relación al
surgimiento del Partido Nacional Revolucionario (PNR), su
injerencia en la entidad fue tal que es considerado “uno de los
gobernadores más destacados en la historia de Nuevo León”4.
En su momento, no sorprendió la elección del neoleonés
para la gubernatura, pues ya se había postulado en el periodo
anterior, cuando fue descalificado por el Tribunal de Justicia del
Estado. Sáenz mostraba una clara cercanía con el grupo
sonorense; estuvo encargado del Centro Director Obregonista y
fue Secretario del Comité Organizador del PNR, además de que

del reyismo a la reconstrucción (1885-1939), coord. César Morado Macías
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), XVII.
4
Isabel Ortega Ridaura y María Gabriela Márquez Rodríguez, Genesis y
evolución de la administración pública de Nuevo León (Monterrey: Fondo
Editorial Nuevo León, 2005), 169.
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�Desarrollo arquitectónico

su hermana, Elisa Saénz, contrajo nupcias con Plutarco Calles
Chacón.5 Una vez asumido el cargo, rápidamente hizo propuestas
para la reducción de otros impuestos en beneficio de los
empresarios y los convocó a una reunión para formular un nuevo
plan económico para el estado. El apoyo de los capitanes de la
industria al nuevo gobierno se fortaleció con la presencia del
General Andrew Almazán, nombrado jefe de operaciones del
cuartel regional en 1926, siendo integrado rápidamente a los
círculos sociales de la élite, y formando en contubernio con Aarón
Sáenz una mancuerna que haría rememorar al empresariado la
estabilidad y garantías del reyismo.6
La gestión de Saénz no tardó en llevar a cabo ajustes para
implementar las nuevas políticas. Hubo un avance importante en
el ramo de la educación, pues se expidió una nueva Ley de
Instrucción Pública bajo el esquema de la “escuela activa” que
5

Segundo hijo de Plutarco Elías Calles. Nació en Guaymas, Sonora, en 1901
y residió en Nuevo León desde 1921. En 1923 adquirió la Hacienda “La
Soledad de la Mota”, en General Terán, Nuevo León. Fue diputado local en
1927, gobernador interino en 1929, diputado federal de 1930 a 1932 y alcalde
de Monterrey de 1933 a 1934. Pasó a retirarse de la política tras postularse
como gobernador en 1935, dedicándose al cultivo de cítricos. Pedro Salmerón,
“Los orígenes de la disciplina priísta: Aarón Sáez en 1929”, Estudios, núm. 72
(primavera 2005): 101-131.
6
Alex Saragoza, La élite de Monterrey y el Estado mexicano 1880-1940
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León), 168-170.
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�César Herrera

hacía hincapié en la formación de los maestros y la
profesionalización del magisterio, así como en la integración del
Consejo de Instrucción Pública al estado. Por otro lado, impulsó
la regularización del crecimiento de la capital con la creación de
la Dirección de Obras Públicas y la Ley de Planificación y
Construcciones. Así mismo, llevó a cabo el reordenamiento
financiero y fiscal mediante la nueva Ley de Hacienda del Estado
de 1927.
En el campo de la infraestructura, la administración
edificó nuevos proyectos como la Escuela Industrial Álvaro
Obregón, la Escuela Fernández de Lizardi (primera de las
escuelas monumentales), la pavimentación y ampliación de las
calles Morelos y Zaragoza, y la construcción de carreteras
mediante la creación de la Comisión de Caminos del Estado.7
Este fue el inicio de un despunte en la construcción de
infraestructura para la ciudad de Monterrey, cuyo precedente
sería retomado y desarrollado por sus sucesores.

César Morado Macías, “Los gobiernos de los generales de las Revolución
mexicana (1909-1943)”, en Del Reyno al Estado. Los gobiernos de Nuevo
León, 1579-2017, coord. Romeo Flores Caballero (Monterrey: Romeo Ricardo
Flores Caballero, 2019), 174.
7

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�Desarrollo arquitectónico

La modernización hacendaria
Para comprender la labor constructiva de estos años, es necesario
remitirse a la cuestión tributaria para dimensionar sus efectos y
entender los recursos invertidos en obras públicas. La nueva Ley
de Hacienda del Estado, aplicada a inicios de octubre de 1927,
comprendió

cuatro

principios:

generalidad,

uniformidad,

suficiencia y elasticidad en busca del equilibrio y reparto
equitativo del gasto público, además de dar un paso importante
en la uniformidad tributaria al armonizarla con la legislación
Federal y las disposiciones estatales y municipales. Los
principales añadidos a esta nueva ley, fueron la reforma al
artículo 138 para hacer coincidir el año fiscal con el natural, la
Ley de Impuestos sobre la Industria y el Comercio, la Ley
Económico-Coactiva, la modificación del impuesto predial, el
reajuste al gravamen sobre el comercio y la industria, el impuesto
adicional sobre los vehículos, así como la reorganización de las
oficinas recaudadoras y la capacitación de su personal, medidas
que aseguraron la mayor eficacia del nuevo sistema impositivo.8

8

Archivo General del Estado de Nuevo León (en adelante AGENL), Memorias
de Gobierno (en adelante MG), Aarón Saénz, 1927-1928.
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�César Herrera

La gráfica 1 muestra el rendimiento de la ley de ingresos
en el ejercicio fiscal correspondiente a los años de 1924 a 1929.
En primer lugar, se aprecia una caída en los ingresos en 1925,
para manifestar un incremento constante en los siguiente tres
años; esta tendencia se acentúa hacia 1928, año en el que mejor
se refleja el resultado de la aplicación de la nueva Ley a inicios
de octubre de 1927, con una diferencia de 406,082 pesos con
respecto al periodo de recaudación anterior. Esta diferencia es
mayor en 1929, cuando se obtuvo una diferencia de 825,419
pesos con respecto a 1928, y de 1,231,501 con el año de 1927.
El éxito del sistema recaudatorio de Sáenz se debió a la
modernización del sistema hacendario, gracias a tres aspectos
primordiales: la reorganización de las oficinas recaudadores y de
su personal; la derogación del 25% federal sobre los impuestos
del estado; y la centralización y unificación de los impuestos. Los
resultados se reflejaron en la reducción del déficit fiscal y el
aumento en los ingresos del estado que repercutieron
directamente en el apoyo a la instrucción pública y la
infraestructura del estado, dándole importancia a la Comisión de
Caminos y a la Comisión de Irrigación, además de la edificación
de nuevos proyectos, como las ya mencionadas Escuela Álvaro
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�Desarrollo arquitectónico

Obregón, la primera escuela monumental Fernández de Lizardi,
la pavimentación y ampliación de calles de la ciudad y la creación
de una nueva red de carreteras.9
Gráfica 1
Monto de los ingresos fiscales en Nuevo León (miles de pesos
corrientes), 1924-1929
2,500
2,000
1,500
1,000
500
0
1924

1925

1926

1927

1928

1929

Fuente: Elaboración propia con datos de AGENL, MG, Aarón Saénz.

Sin embargo, el triunfo de la reorganización hacendaria duró
poco, puesto que la tributación del Estado pasaría una situación
crítica en junio de 1931, al ver decrecer sus ingresos como
consecuencia de la crisis de 1929, que afectó el final de la

9

AGENL, MG, José Benítez, 1929-1930.
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gubernatura de Sáenz y los inicios de la administración de
Francisco Cárdenas (1931-1933). Este último logró estabilizar la
crisis económica gracias a la autorización de una serie de
reformas y adiciones a la Ley de Hacienda, al aumentar dos
unidades el impuesto predial urbano de Monterrey y destinarlo a
la construcción de edificios escolares y obras de drenaje pluvial,
reactivando las labores de infraestructura en 1933 con la
continuación de las Escuelas Monumentales a iniciativa del
alcalde de Monterrey, Plutarco Elías Chacón.10
La nueva infraestructura pública
La década de 1930 es un periodo crucial para comprender el
desarrollo urbano de Monterrey, ya que en este periodo, de
acuerdo con Roberto García Ortega, “las tasas de crecimiento
demográfico, de urbanización y de industrialización alcanzaron
niveles sin precedentes”.11 Con relación a esto, Gustavo Herón
propone que el crecimiento de la ciudad se acentúa a partir de

10

AGENL, MG, Aarón Sáenz, 1930-1931; AGENL, MG, Francisco Cárdenas,
1931-1932 y 1932-1933.
11
Roberto García Ortega, “La conformación del área metropolitana de
Monterrey y su problemática urbana, 1930-1984”, en Nuevo León en siglo XX.
La industrialización: del segundo auge industrial a la crisis de 1982, coord.
Isabel Ortega Ridaura (Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), 40.
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�Desarrollo arquitectónico

1933 con tres tendencias centrales: “primero, la idea de demoler
lo antiguo y desgastado; segundo, construir nuevas obras
respetando las que ya estaban, y tercero, mantenimiento de la
ciudad antigua y construcción de nuevas estructuras fuera de los
límites territoriales”.12 Ese año coincidió igualmente con la
modernización de la esfera política en la administración
municipal, ya que durante la gestión de Plutarco Elías Calles
Chacón en la presidencia de Monterrey (1933-1934) se apoyó la
política de construcción de las “Escuelas Monumentales” y se
inició el nuevo Hospital Civil. Así, la política de “modernización
urbanística” que inició con el gobierno de Saénz fue continuada
por Calles, quien generó y aplicó reglamentos, emprendió
acciones de beneficio público, y efectuó “obras de salubridad,
vialidad, jardines públicos, sanidad, salarios y deportes”.13
Gustavo Herón Pérez Daniel, “La ciudad de Monterrey y los discursos
locales de modernización: reconstruyendo la esfera pública en 1933”, Estudios
de Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 42 (julio-diciembre
2011): 84, https://doi.org/10.22201/iih.24485004e.2011.42.30390
13
Pérez, 84. Para apoyar la idea de la modernización institucional iniciada
desde el periodo de Sáenz, puede mencionarse como ejemplo la aprobación de
la Ley de Planificación y Construcciones Nuevas para Monterrey en 1927, y
en 1931, la Ley de Servicios de Agua y Drenaje del Estado. Así mismo, un
reglamento complementario creó la Junta de Planificación, que actuaba en
compañía de la Junta de Mejores Materiales como un cuerpo consultivo
externo del ejecutivo y del ayuntamiento, intentando guiar y regular el notable
crecimiento que estaba sufriendo Monterrey con ayuda de las Juntas de
12

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�César Herrera

En este sentido, una de las principales responsables de las
edificaciones de este periodo fue la empresa Fomento y
Urbanización (FYUSA), una constructora originaria de la capital
del país con gran participación en Monterrey. El surgimiento de
FYUSA fue producto del auge inmobiliario en la Ciudad de
México durante la presidencia de Álvaro Obregón (1920-1924) y
Plutarco Elías Calles (1924-1928), y no tardó en extenderse a
otras partes del país.14 En el noreste de México, el trabajo de esta
empresa puede verse reflejado en obras como la construcción de
la presa Don Martín o en obras del ingenio azucarero del Mante,
en 1928. De igual manera, ese mismo año comenzó en Monterrey
uno de sus

principales y más enigmáticos

proyectos

Mejoras Barriales. Las últimas dos fueron promovidas por el gobierno
municipal y sirvieron como instrumentos de modernización urbana. Ortega y
Márquez, Génesis y evolución de la administración pública de Nuevo León,
189-190.
14
En este periodo, como señala Valenzuela, “la industria de la construcción
recibió un considerable impulso al aumentar la población citadina de
manera exponencial, al facilitarse el cambio de uso del suelo de rural a
urbano, así como con la producción acelerada de insumos para
construcción”; esto se acompañó, además, de dos decretos del presidente
Obregón que otorgaban exenciones del impuesto predial y otras
contribuciones, factores que propiciaron el auge de los desarrollares
inmobiliarios. Alfonso Valenzuela, “Racionalidad y poder. Las élites en la
Ciudad de México, 1876-1940”, Iberoamericana 12, núm. 47 (2012): 19,
http://dx.doi.org/10.18441/ibam.12.2012.47.9-27
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�Desarrollo arquitectónico

arquitectónicos: la construcción del Palacio Federal, concluido en
1929. Así mismo, en 1930 la empresa continuó con la instalación
del drenaje pluvial y la construcción de la Escuela Industrial
Álvaro Obregón; en 1931 prosiguió con más labores de
pavimentación y con la construcción del Hotel Monterrey. En
1933 coincidieron la mayoría de los principales trabajos de la
empresa en la ciudad, pues inició la edificación del Círculo
Mercantil Mutualista, el proyecto de la Escuelas Monumentales,
la reconstrucción de escuelas como la Lázaro Garza Ayala,
Serafín Peña, Josefa Ortiz de Domínguez, el Aula Magna de la
Universidad de Nuevo León, entro otros proyectos.15
La reactivación económica a través del impulso a la obra
pública había sacado a la industria regiomontana del letargo en el
que se encontraba después de una serie de crisis en años
anteriores. Este esfuerzo requirió de la ayuda del empresariado
regiomontano, y por lo tanto, del reordenamiento del aparato
productivo, financiero y de servicios.16 En este sentido, la
15

Para la presencia de FYUSA en la infraestructura regiomontana, ver: El
Porvenir, 4 de mayo de 1930, 4 de junio de 1931, 4 de agosto de 1931 y 2 de
enero de 1933; así como Casas, Covarrubias y Peza, Concreto y efímero:
Catálogo de arquitectura civil de Monterrey 1920-1960.
16
Mario Cerutti, “Revolución, reconstrucción económica y empresariado en
Monterrey”, en Nuevo León en el siglo XX. La transición al mundo moderno:
del reyismo a la reconstrucción (1885-1939), coord. César Morado Macías
(Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), 198.
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�César Herrera

inversión en materia de construcción en Monterrey en los años
siguientes a 1930, puede ser apreciada en la siguiente gráfica,
elaborada con base en un oficio de la Cámara Nacional de
Comercio de Monterrey del 27 de noviembre de 1935, dirigida al
ingeniero de la ciudad Miguel Osuna y solicitando los datos
estadísticos de la valorización de las construcciones hasta ese
año.17
Gráfica 2
Valor de las inversiones en construcción (miles de pesos
corrientes), Monterrey, 1931-1934
4,500
4,000
3,500
3,000
2,500
2,000
1,500
1,000
500
0
1931

1932

1933

1934

Fuente: Elaboración propia con datos de AHMM, Civil.

17

Archivo Histórico Municipal de Monterrey (en adelante AHMM), Civil, vol.
632, exp. 30.
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�Desarrollo arquitectónico

Al interpretar los datos anteriores, sale a relucir en primera
instancia

el

descenso

de

presupuesto

que

sufren

las

construcciones debido a la reducción de los ingresos del estado
como consecuencia de la crisis de 1929. Una vez que éstos se
estabilizaron en 1933, fue posible erogar mayor presupuesto para
la reactivación de la obra pública en el año de 1934,
principalmente la destinada a las Escuelas Monumentales, con la
intención de reactivar la construcción y enfrentar el desempleo
masivo dando trabajo a los damnificados de los huracanes que
azotaron Tampico y Matamoros, así como a los repatriados de
Estados Unidos que llegaron a la ciudad.18
Gracias a esta inversión en obra pública, Monterrey
consiguió restablecer el ritmo de crecimiento que había tenido
antes de la Revolución Mexicana. El análisis de Mario Cerutti
sobre demografía empresarial, permite apreciar que hubo una
paulatina recuperación y que los empresarios habían arribado a la
Gran Depresión con relativa fuerza.19 Estas cifras en el ramo de
la inversión en obra pública permiten apreciar la importancia que

18

AGENL, MG, Aarón Sáenz, 1930-1931; y AGENL, MG, Francisco
Cárdenas, 1931-1932 y 1932-1933.
19
Cerutti, “Revolución, reconstrucción económica y empresariado en
Monterrey”, 200-201.
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�César Herrera

tomó la labor reconstructiva durante el periodo posrevolucionario
en Nuevo León y principalmente en su capital, creando una serie
de emplazamientos bajo el uso de nuevos materiales como el
concreto y el acero, que atendieron las nuevas exigencias
tecnológicas y mostraron un moderno lenguaje arquitectónico
que sirvió para distanciarse de los inmuebles edificados durante
el porfiriato con inmuebles como el Palacio Federal, las Escuelas
Monumentales y el Hospital Civil, en los que nos detendremos
brevemente en los siguientes apartados.
Palacio Federal
El edificio que inaugura el despunte constructivo de los gobiernos
posrevolucionarios en Nuevo León es el Palacio Federal, que se
construyó con recursos federales y es considerado el primer
rascacielos de la ciudad. Su objetivo fue albergar las distintas
oficinas administrativas dependientes de la Federación que se
hallaban desperdigadas por Monterrey, y cuyo antecedente se
remonta hasta la gubernatura de Porfirio G. González en 1920.20
Los preparativos del Palacio iniciaron tras el estudio de las
distintas dependencias que albergaría el inmueble, entre las
20

Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Comunicaciones y Obras
Públicas (en adelante CyOP), Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189740.
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�Desarrollo arquitectónico

cuales se encontraban las Oficinas de Correos, Telégrafos,
Hacienda, Ensaye, Verificadores de Pesas y Medidas, la Oficina
de la Cuarta Zona de Irrigación, además de las Secretarías de
Educación, Comisión Nacional Agraria, Contraloría, Agricultura
y Fomento, así como la Delegación del Departamento de
Salubridad, el Juzgado de Distrito, la Agencia del Ministerio
Público, el Tribunal de Circuito y una Bodega21.
Aunque el proyecto original era adaptar el Colegio Civil
para albergar las oficinas federales, esto no procedió; y fue hasta
el 20 de junio de 1928 en que el proyecto fue trasladado a un lote
anteriormente expropiado por el general Antonio I. Villarreal,
quien había adquirió el predio mediante permutas. El propietario
de la mayoría de este predio era el ayuntamiento de la ciudad,
mismo que fue adquirido por el estado mediante la permuta de
otras propiedades federales.22 El 26 de junio, durante una junta
21

AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.
Para este movimiento, el municipio cedió la Plaza de la República, y a
cambio de esto la federación regresó al estado dos de las seis cuadras cedidas
con anterioridad, las cuales se situaban al extremo poniente de la calzada
Madero, y que se habían destinado a la construcción de un cuartel y Plaza de
Armas. El acuerdo con la Secretaría de Hacienda fue que regresaran además
los lotes pertenecientes al Convento y Templo de San Francisco, así como el
edifico del ex-Arzobispado, para destinarlos a la ampliación de la Plaza
Zaragoza. A los antiguos propietarios de la Plaza de la República se les pagó
con ocho mil metros de ex-Seminario, cuyo predio pertenecía a FYUSA, y en
22

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�César Herrera

entre los representantes de FYUSA con el señor Ricardo Chavero,
Director de Bienes Nacionales, se acordaron las modificaciones
sugeridas por el Secretario de Hacienda y Crédito Público con un
contrato que ascendió a 645,000 pesos. Para el 4 de julio, la
empresa FYUSA remitió un oficio con las especificaciones para
la construcción del Palacio, en el que destacaba que la estructura
de fierro fue fabricada y armada por el Compañía Fundidora de
Fierro y Acero de Monterrey.23
El diseño del edificio advertía el carácter nacionalista y
modernizador de los nuevos gobiernos. Conforme a lo signado
por los directivos de la constructora, se especificaba que el
edificio debía “tratarse con carácter monumental dada la amplia
perspectiva que ofrece desde cualquier punto de la plaza”; y en
cuanto a su estilo, mencionaban que se habían adoptado
lineamentos arquitectónicos modernos “en virtud de que la
arquitectura Nacional de Monterrey carece de tradiciones de
importancia, y de que el carácter de la nueva y progresista Ciudad,
compensación por la cesión de este terreno, se le traspasaron a la empresa las
dos cuadras de la Calzada Madero situadas entre las calles Álvarez, Arteaga,
Las Flores y Reforma para construir sus almacenes. AGENL, Monumentos y
Edificios Públicos, Construcción del Palacio Federal, c. 3, exp. 1.
23
AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.
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�Desarrollo arquitectónico

ya inicia su desarrollo dentro de estas normas”. Manuel Guerrero,
de la Sección Técnica y de Inspección de la Dirección de Bienes
Nacionales, sugirió que “el estilo que caracterice al Palacio
Federal […] se aparte del colonial, así como del que en la
actualidad se sigue en la mayoría de los edificios de los Estados
Unidos de América”24.
El contrato de la obra se celebró hasta el 17 de septiembre
y, nueve días después, se comisionó al arquitecto Jorge María y
Campos para trasladarse a la ciudad Monterrey e inspeccionar la
ejecución y cumplimiento de los trabajos. El 4 de octubre de
1928, durante la colocación de la primera piedra, se dieron cita
los jefes y personal de casi todas las dependencias durante la
ceremonia que, además, contó con la participación del
gobernador del estado, el Lic. Aarón Sáenz; el secretario de
gobernación José Benítez; el gerente de FYUSA, el sr. Federico
T. de la Chica; el presidente del ayuntamiento de Monterrey,
Jesús María Salinas y el Ingeniero de la Parra, ingeniero de la
constructora.25
24
25

AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.
AGN, CyOP, Departamento de Edificios, c. 59, reg. 189741.

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�César Herrera

Las labores fueron encabezadas por el arquitecto Manuel
Muriel, director de proyectos arquitectónicos de la referida
empresa, quien supervisó las labores de la obra según refiere
Carlos

Lupercio,

tomando

como

base

los

planos

y

26

especificaciones de Augusto Petriccioli, autor de proyecto. Los
trabajos en el edificio transcurrieron a lo largo de un año, durante
el cual solo fueron interrumpidos brevemente por el clima y por
acontecimientos militares como la Rebelión Escobarista.
Siguiendo con lo señalado por Lupercio, FYUSA, la contratista
encargada de la elaboración del edificio, conformó una de las más
altas cúpulas plutocráticas del momento, pues la labor
constructiva posrevolucionaria crearía un atractivo y lucrativo
negocio que involucraría a destacados políticos del periodo
gracias a la especulación del suelo urbano. En parte, esto explica
el interés de crear un nuevo edificio para las oficinas federales y
desechar el anteproyecto de adaptación del Colegio Civil,
atrayendo a personalidades como Aarón Sáenz, Plutarco Elías
Calles y su hijo, Plutarco Elías Calles Chacón, a la ejecución de
estas obras como un fructífero negocio.27
26

Carlos Alejandro Lupercio Cruz, La arquitectura posrevolucionaria del
noreste de México (1917-1940) (Monterrey: Centro de Documentación y
Archivo Histórico de la Universidad Autónoma de Nuevo León, 2016), 97.
27
Lupercio, 97.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

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�Desarrollo arquitectónico

Política de las Escuelas Monumentales
Siguiendo los ideales posrevolucionarios, durante estos años
vieron la luz las referidas como “Escuelas Monumentales”, que
entre otras cosas sentaron la base y lineamientos de una moderna
infraestructura que inspiró a posteriores emplazamientos. A
finales de la década de 1920, la educación en Nuevo León se
encontraba bajo una reorganización producto de la primera Ley
de Instrucción Pública apoyada por el gobernador Aarón Saénz.
Durante esta época, hubo un notable cambio en la acción
pedagógica, transitando del positivismo decimonónico a la
escuela activa y los inicios de la educación socialista; se trató de
“un periodo de definición nacional, que culminó con una
reorientación del modelo económico y educativo hacia la Unidad
Nacional”.28
Dentro de la tipología de estas construcciones, es posible
identificar al menos cinco tipos de centros escolares
correspondientes a las distintas fases de las Escuelas
Monumentales influenciadas por el contexto político-económico
del momento. En primera instancia, se puede observar el primer
28

César Morado Macías e Ismael Vidales Delgado, La educación en Nuevo
León, 1927-1932. Volumen 4. (Monterrey: Colegio de Estudios Científicos y
Tecnológicos, Centro de Altos Estudios e Investigación Pedagógica, 2008), 8.
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�César Herrera

tipo de Escuela Monumental bajo lenguaje del academicismo
tardío expresado en la escuela Fernández de Lizardi (1928-1930),
planteada por Aarón Saénz. El segundo tipo de escuela, que no
vio la luz, fue el anteproyecto de la Escuela Plutarco Elías Calles,
cuyo diseño y planos fueron hechos por FYUSA; este edificio fue
una transición entre el proyecto de Aarón Saénz y el retomado
por Plutarco Elías Chacón, puesto que la crisis de 1929 y el déficit
en los ingresos del estado detuvieron momentáneamente la
construcción de nuevos centros escolares hasta 1933.
En ese último año continuaron los proyectos de Escuelas
Monumentales bajo la tutela del nuevo alcalde de la ciudad, quien
autorizó la construcción de tres escuelas (Abelardo L. Rodríguez,
Revolución y Francisco I. Madero), bajo un esquema de
construcción simple y austero que permite distinguir la tercera
tipología de escuela. Al terminar el periodo de Calles Chacón, su
remplazo, Heriberto Montemayor, continuó con el plan de su
antecesor al erigir un cuarto tipo de escuela (Nuevo León y
Monterrey) bajo una tendencia decorativista. Por último, estuvo
la nueva Escuela Plutarco Elías Calles, iniciada en 1933 y
terminada hacia 1942, con características decorativas aún más
estilizadas que su variante streamline; este sería el último tipo de
Escuela Monumental reconocible.
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�Desarrollo arquitectónico

De acuerdo con el Informe de actividades del
Ayuntamiento en el año de 1934, el programa de las Escuelas
Monumentales durante el periodo de Plutarco Elías Calles
Chacón consistió en la construcción de 4 planteles educativos
aprobados por la junta de Mejores Materiales, “edificios escolares
de amplia capacidad y que reunieran además los requisitos de
comodidad, higiene y salubridad”, según refiere. Durante el
primer año de la administración quedaron listos dos de los cuatro
edificios y fueron puestos al servicio del gobierno del estado; para
el año de 1934, aún quedaban pendientes dos edificios por
concluir, la Escuela Garza Ayala y la Escuela Francisco I.
Madero.29 Por otro lado, el plan de Gobierno para los años de
1935 a 1936, aprobado el 31 de octubre de 1934 por el Comité
municipal del PNR, reconoció la labor realizada por la
administración en la edificación de diversos planteles educativos,
e incentivaba a que el ayuntamiento “prosiga tan loable y
necesaria tarea, que viene siendo, por su magnitud, obra de varias
administraciones”, recomendando, también, la edificación de al
menos

“tres

escuelas

convenientemente”.
29
30

del

tipo

de

las

construidas

30

AHMM, Civil, v. 596, exp. 1.
AHMM, Civil, v. 601, exp. 1.

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�César Herrera

Para el emplazamiento de las escuelas, se localizaron
zonas de la ciudad donde la población escolar fuera muy
numerosa y careciera de planteles educativos. La primera de las
escuelas construidas fue la Presidente Abelardo L. Rodríguez, en
la colonia Independencia; la segunda fue la Escuela de la
Revolución, en la colonia Industrial; la tercera la Escuela Lázaro
Garza Ayala, modernizada y acondicionada con alberca, ubicada
en el primer cuadro de la ciudad; la cuarta fue la Escuela Plutarco
Elías Calles erigida por el estado sobre la Calzada Madero; y, por
último, la Escuela Francisco I. Madero, ubicada en la colonia
ASARCO. La administración del gobernador Francisco Cárdenas
reconoció esta nueva labor que en infraestructura escolar había
desempeñado el presidente municipal, mencionando:
[…] Plutarco Elías Calles Jr., ha emprendido una brillante labor
de construcción de edificios escolares tendiente a satisfacer una
exigencia social manifiesta desde hace tiempo. El programa
desarrollado en esta materia servirá de norma a los futuros
Ayuntamientos hasta dejar resuelta definitivamente esta
necesidad.31

Al terminar la administración de Plutarco Elías Calles Chacón, su
sucesor, el Lic. Heriberto Montemayor, continuó con el mismo

31

AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1932-1933.

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plan de infraestructura escolar. Durante su administración se
planteó la construcción de dos nuevas Escuelas Monumentales en
la ciudad, para lo que se acordó edificar la Escuela Monterrey en
la parte norte de la ciudad, a espaldas del Mercado del Norte; y la
Escuela Nuevo León recargada hacia el Oriente, en la manzana
formada por las calles Félix U. Gómez e Isaac Garza.
El lenguaje arquitectónico utilizado para los edificios
referidos se proyectó dentro del “estilo modernista de líneas
rectas y de sencilla arquitectura, pudiendo decirse que ante todo
se

construyeron

locales

útiles,

cómodos

e

higiénicos,

prescindiendo de todo motivo innecesario”. El informe del
Departamento de Obras públicas expone lo siguiente sobre estas
construcciones:
Las escuelas se proyectaron dentro del estilo modernistas, que
utiliza exclusivamente todos los motivos de construcción para
su arquitectura, rindiendo una gran economía, que en este caso,
facilitó el aprovechamiento íntegro del presupuesto dedicado a
este objeto, en locales útiles.32

Hacia 1940, el gobernador Bonifacio Salinas, en su informe de
gobierno del año correspondiente, recalcaba la política de las
Escuelas Monumentales que administraciones anteriores habían
32

AHMM, Civil, vol. 597, exp. 83.

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�César Herrera

mantenido. Mencionó que con ella se conseguía también la
cooperación más estrecha entre el magisterio, que reunido en
mayor número dentro del mismo edificio hacía más eficaz su
mutua ayuda en el desempeño de las labores escolares; además,
se lograba un mejor control en la Dirección, tanto de métodos
pedagógicos como de la doctrina filosófica que sustentaba la
Escuela de la Revolución. Destacó también que, para su
construcción, las escuelas contaron no sólo con el apoyo del
gobierno del estado, sino con la cooperación de las
administraciones Municipales y de los ciudadanos, que se
vincularon por medio de la Junta de Mejoras Materiales para
reunir dinero por medio de festejos con fines de cooperación.33
Hospital Civil
En cuanto al ramo de Salud, es esencial hacer alusión al moderno
edificio del Hospital Civil (luego Hospital Universitario), cuyo
primer proyecto quedó únicamente en el tintero hasta que en 1932
fue elaborada una nueva propuesta por el Gobernador Francisco
Cárdenas. Según el Dr. Hernán Salinas, exdirector del hospital y
considerado el cronista de la institución, la proyección de un

33

AGENL, MG, Bonifacio Salinas, 1939-1949.

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�Desarrollo arquitectónico

nuevo edificio data de 1928, cuando su entonces director, el Dr.
Jesús María González Flores, expuso la necesidad de edificar un
nuevo nosocomio con mayor capacidad para la ciudad. Este
proyecto llegó a oídos del arquitecto Jorge María y Campos,
oriundo de la Ciudad de México, quien fue comisionado a
Monterrey por la Dirección de Bienes Nacionales para supervisar
e inspeccionar la ejecución de las obras del Palacio Federal. El
arquitecto Campos, informado por la prensa de este plan, envió
un oficio al gobernador para proponer la realización de un
concurso nacional con la finalidad obtener las mejores tres
propuestas, pues la intención de proyectar este edificio era que
“no sólo fuese un buen alojamiento para los enfermos, sino un
sello de la arquitectura moderna mexicana”.34
Este primer proyecto no fue concluido, por lo que se tuvo
que esperar hasta la década de los treinta para ver la luz de una
nueva iniciativa. El antiguo Hospital Civil se encontraba en
34

Aunque el cronista aludido no cuenta con referencias pertinentes o
necesarias, cotejando la información obtenida hasta el momento con la
exposición de Salinas, se llegó a la conclusión de que los datos que suministra
son verosímiles, pues el Arquitecto al que refiere efectivamente tenía
relaciones y presencia en la ciudad de Monterrey, mismas que son
corroborados por lo encontrado en el AGN. Hernán Salinas, Visión histórica
del Hospital Civil de Monterrey “Dr. Gonzalitos”: centenario de su muerte,
1888-1988 (Monterrey: Ediciones Castillo, 1999), 66-69.
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�César Herrera

deterioro y sobrepasado, por lo que desde la toma de posesión del
gobernador Francisco Cárdenas, en 1931, éste expresó el
compromiso de edificar un nuevo edificio para el hospital que
correspondiera con la necesidad de la ciudad y en general del
estado. En este documento indica lo siguiente:
Si bien es verdad que la población, con el crecimiento y
desarrollo que en todos los sentido ha venido alcanzando en los
últimos años, demanda la construcción de un Hospital a la
altura de sus exigencias, lo cierto es, igualmente, que aun
careciendo de propiedades de acondicionamiento, nuestro
actual Hospital González ha venido llenando las funciones que
le corresponden con un celo y atingencia merecedor de todo
encomio […] El gobierno, atento a responder dentro de sus
posibilidades a las urgencias más esenciales de la población,
viene ya dando todos los pasos que convienen para dotar a la
ciudad de un Hospital que reúna las condiciones de suficiencia
de la época.35

Para esta labor, se formó un comité técnico para la asesoría y
elaboración del proyecto, conformado principalmente por
médicos como Francisco L. Rocha, designado presidente; el
director del hospital Serapio Muraira; el director de la Escuela de
Medicina, Procopio González; así como los doctores Ángel
Martínez, Francisco Vela y Telésforo Chapa. La primera
propuesta del comité fue solicitar a la Asociación Americana de
35

AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1931-1932.

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�Desarrollo arquitectónico

Hospitales un médico especializado como consultor del proyecto,
designando al Dr. Henry Walsh para esta tarea. Sus
especificaciones sirvieron al ingeniero Eduardo Belden y al
arquitecto Leopoldo Quijano para elaborar los planos del
Hospital, contratando además al ingeniero Alexander Smero para
la parte mecánica.36
El nuevo nosocomio, por lo tanto, quedó ubicado al oeste
de la ciudad, cerca del Cerro de las Mitras, particularmente
alejado del primer cuadro urbano pero muy cerca de la colonia
Vista Hermosa. Se eligió para este fin un terreno de 30 hectáreas
sobre la Calzada Madero, cuyos propietarios eran F. Armendáriz
Sucs. y Santiago T. Belden, que vendieron el terreno a un costo
de 55,455 pesos.37 Se eligió dicho lugar por indicación de Walsh,
previendo el futuro crecimiento del Centro Médico, además de
estar apartado del área conurbada de la ciudad, pues era fresco y
ventilado, alejado del ruido y del humo de las fábricas gracias a
los “aires reinantes en Monterrey”.38
Una vez concluidos los estudios preliminares, el 11 de
mayo de 1931 el Congreso expidió una ley en la que autorizaba
36

AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1932-1933.
AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1932-1933.
38
AGENL, MG, Francisco Cárdenas, 1931-1932.
37

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�César Herrera

la creación de un Comité Pro-Nuevo Hospital, liderado por el
gobernador Francisco Cárdenas y representantes de otras
instancias. Se designó al ingeniero Antonio Sava como jefe de los
trabajos para la proyección de un nuevo y moderno edificio,
preparando los estudios técnicos iniciales correspondientes en
espera de que la obra se hiciera “con todos los adelantos actuales,
como construcción, higiene, acondicionamiento y dotación”.39
La construcción comenzó el 3 de mayo de 1933 con una
ceremonia de inauguración en la estuvieron presentes el Comité
técnico, el gobernador, así como los estudiantes de medicina. Las
labores avanzaron rápidamente, ya que el 24 de mayo se había
hecho el primer vaciado de cimentación que terminó en agosto,
así como con las columnas subterráneas. El trabajo prosiguió para
que, a finales de 1934, estuviera concluida la obra gruesa del
edificio. Tras la renuncia de Francisco Cárdenas, el gobernador
sustituto, Pablo Quiroga, procuró continuar con las obras, pero
éstas se pospusieron por un tiempo debido a la inestabilidad
política que provocó el rompimiento entre el presidente Lázaro
Cárdenas y su antecesor, Plutarco Elías Calles.

39

AGENL, Salud, Hospital González, c. 3, exp. 3.

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�Desarrollo arquitectónico

Fue hasta la gubernatura de Bonifacio Salinas (19391943) cuando se le dio el impulso para su conclusión. Cuando
éste asumió el cargo, detalló que el nosocomio tenía únicamente
terminada la estructura del edificio, las paredes exteriores y sus
ventanas, teniendo, por decirlo, solamente el “cascarón”.40
Finalmente, el edificio se inauguró simbólicamente el 3 de
octubre de 1943. La recién fundada Universidad de Nuevo León
(1933) vio integrarse la Escuela de Medicina como una de sus
primeras facultades hacia 1944, uniéndose tanto el Hospital Civil
como la Facultad de Medicina en un solo organismo bajo la
dirección de esta última, lo que permitió estabilizar su
funcionamiento durante este periodo y lograr que los alumnos
realizaran sus prácticas en el Hospital, convirtiéndose así en una
de las primeras instituciones del país en implementar ese
sistema.41
La huelga de Sindicato de Obreros Industriales de la
Construcción
Las labores llevadas a cabo por la empresa Fomento y
Urbanización, encargada de buena una buena parte de las
40
41

AGENL, MG, Bonifacio Salinas, 1942-1943.
AGENL, MG, Bonifacio Salinas, 1942-1943.

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�César Herrera

construcciones durante este periodo, fueron interrumpidas por la
huelga llevada a cabo por sus trabajadores conglomerados dentro
del Sindicato Industrial de Obreros de la Construcción. Éstos se
manifestaron debido a las desavenencias que la mencionada
empresa tuvo con los trabajadores en lo referente a las exigencias
de saldos pendientes, vacaciones pagadas, desocupación y
despido injustificado de obreros, mismas que se demandaron en
un pliego petitorio el 23 de julio de 1935.42
Siguiendo con los hechos, el día 29 del mismo mes, la
Junta de Conciliación y Arbitraje invitó a ambas partes para limar
asperezas en una plática conciliatoria. Sin embargo, la Compañía
Fomento y Urbanización declaró las anteriores peticiones del
sindicato improcedentes, agregando que estas no eran causa de
huelga. Debido a que las exigencias de los obreros no se
cumplieron satisfactoriamente, el día 31 de julio se declaró el
movimiento de huelga aludiendo a la Ley Federal de Trabajo,
específicamente a los artículos 264 y 265. La huelga tomó lugar
en las obras realizadas por la constructora en ese momento, y sus
obreros tomaron lugares de trabajo como la Escuela Oriente, la
Escuela Plutarco Elías Calles, la Construcción del Lic. Pablo
42

AGENL, Junta de Conciliación y Arbitraje, c. 28, exp. 1.

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�Desarrollo arquitectónico

Quiroga, la Construcción de la Srita. Z. Rocha, la Universidad de
Nuevo León, el Almacén General y las Oficinas Generales.43 El
periódico El Porvenir confirmaba los hechos mencionados en la
nota del 4 de agosto, donde reiteraba los perjuicios que causaba
la huelga al municipio y aseveraba que las labores en la Escuela
Oriente estaban por acabar.44
La escalada del conflicto fue tal que ganó la atención de
diferentes sindicatos que apoyaron la causa obrera.
Organizaciones como el Sindicato de Obreros y Empleados de la
Compañía Mexicana de Petróleo el Águila, El Sindicato de
Trabajadores de la Industria Eléctrica de San Luis Potosí y La
Liga de Patrones, Motoristas, Marineros y Similares, pidieron al
Ayuntamiento y a la Junta de Conciliación y Arbitraje la
resolución rápida del conflicto. En un oficio del 27 de agosto de
1935, mencionan que:
El presidente municipal de Monterrey, N.L., siguiendo una
política antiobrerista, su política de colaboración con los
capitalistas ha lanzado amenazas diciendo que a la llegada del
Gobernador se tomaran las medidas se crean más convenientes
y que no está dispuesto a que las obras del Estado y del
Municipio.45
43

AGENL, Junta de Conciliación y Arbitraje, c. 28, exp. 1.
“La huelga de la Fyusa causa serios perjuicios al Municipio”, El Porvenir, 4
de agosto de 1935, 5.
45
AHMM, Civil, vol. 621, exp. 51.
44

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�César Herrera

El 5 de septiembre, El Porvenir de nueva cuenta exponía del
estado de huelga a dos meses de haber estallado, mencionando
que el conflicto estaba a punto de revolverse, “pues tanto la
empresa como los trabajadores han estado mostrando un franco
espíritu

de

conciliación”;

además,

agregaba

que

las

desavenencias estarían resueltas a más tardar el viernes de esa
semana. Estas pláticas conciliatorias no resultaron como se
esperaba, por lo que el conflicto continuó por varios años más.46
Debido a que las labores quedaron suspendidas en la escuela
Monterrey y Nuevo León, el municipio de Monterrey se vio en la
necesidad de rescindir el contrato con FYUSA, pues a un mes de
estallado el conflicto, los propietarios de fincas en construcción
expresaban su interés de terminar sus contratos con la compañía,
“con el objeto de quedar libres de las banderas rojas y desligarse
del conflicto [ya] que no tienen necesidad de verse afectados en
sus intereses, por ese concepto”.47
La disidencia llegó a las puertas del gobernador del estado
Pablo Quiroga (1933-1935), quien también se vio inmiscuido y

“Arreglos entre huelguistas y patronos”, El Porvenir, 5 de septiembre de
1935, 4.
47
“Sin esperanzas de llegar a una pronta resolución. Siguen en pie las huelgas
del Casino Monterrey y de la FYUSA”, El Porvenir, 20 de agosto de 1935, 5.
46

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�Desarrollo arquitectónico

afectado por la detención de las obras de construcción en su casa.
Su papel fue el de mediador entre obreros y patrones, de lado de
La Junta de Conciliación. Sin embargo, después de cancelar los
contratos de construcción con la referida empresa para
deslindarse de la huelga, los obreros prosiguieron con la toma de
estas instalaciones retrasando aún más la inauguración de
edificios como la Escuela Calles y el Aula Magna del Instituto
Superior de Cultura.
La situación fue incierta los siguientes meses. En 1936, el
nuevo gobernador, Anacleto Guerrero Guajardo, expresaba su
compromiso para resolver el asunto con la compañía FYUSA.48
En marzo, gracias a la coyuntura política que representó la visita
de Lázaro Cárdenas a Monterrey, el presidente recibió en el
Palacio de Gobierno a numerosas comisiones de obreros y
campesinos, entre los que se encontraban los trabajadores de
FYUSA, enfrentados con sus patrones por más de un año. Al
parecer esta audiencia surtió efecto, ya que el mes siguiente
compañías como Vidriera y la mencionada Fomento y
Urbanización, tuvieron que indemnizar a sus obreros pagando

“Se resolverá el asunto de la FYUSA”, El Porvenir, 16 de noviembre de
1936, 4.
48

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�César Herrera

partidas de 25,000, de 500 y de 43,550 pesos con motivo de la
huelga de sus operarios.49
El caso anterior se puede situar en el contexto de la
política cardenista y su rompimiento con Calles, lo que avivó el
resurgimiento del movimiento obrero en todo el país. Es durante
este periodo que surge la Central Regional de Defensa Proletaria
(CRDP) en Nuevo León, que convocó a sus afiliados y
simpatizantes a manifestarse expresamente en contra del
callismo, representado por la figura de Plutarco Elías Calles
Chacón, presidente municipal en el momento. La escalada de la
situación llevó a los capitanes de la industria, la tercera
generación de la burguesía regiomontana, a desafiar al gobierno
realizando el primer paro empresarial en la historia de México el
5 de febrero de 1936. En palabras de Meynardo Vázquez, los
empresarios: “Extraviaron la brújula y perdieron la memoria
política que sus ancestros adquirieron […] esta nueva generación
opacó la capacidad conciliadora y oportunista que ejercieron en
la revolución sus padres y abuelos, quienes nunca rompieron sus
ligas con el poder público.50
“Los independientes y los rojos celebran juntos pláticas con el Gral.
Cárdenas”, El Porvenir, 11 de febrero de 1936, 4; y “La Vidriera pagó la
indemnización de 35 mil”, El Porvenir, 22 de marzo de 1936, 5.
50
Meynardo Vázquez Esquivel, “Los días previos a la CTM en Nuevo León,
1935-1936”, en Entre Montañas y Sierras. Resistencia y organización laboral
49

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�Desarrollo arquitectónico

Consideraciones finales
Como fue expuesto, la proliferación de nuevas construcciones en
la ciudad de Monterrey obedeció al plan de reconstrucción
nacional. Este esfuerzo requirió de la ayuda del empresariado
regiomontano y de su industria, por lo tanto, de una buena
relación entre el estado y el empresariado. En esta tarea, la labor
de Aarón Saénz fue primordial para estabilizar la situación
política de la entidad después de una serie de administraciones
convulsas. En este sentido, su gestión como gobernador fue más
allá de ser un mero conciliador de intereses, pues su labor
hacendaria permitió que el estado contara con los recursos
necesarios

para

invertirlos

en

una

serie

de

nuevos

emplazamientos.
El primer edificio que siguió estos lineamientos fue el
Palacio Federal que, si bien se construyó con recursos de la
federación, sentó un antecedente para la infraestructura y fincó la
presencia de FYUSA en la ciudad. Por otra parte, en las Escuelas
Monumentales y en el Hospital Civil es donde mejor se aprecia
la inversión de los recursos del estado y el municipio producto la
reorganización fiscal. Aunque se maneje el doble discurso de
en Monterrey en el siglo XX, coord. Lylia Palacios Hernández (Monterrey:
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2017), 140-141.
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bonanza para el emplazamiento de nuevos edificios y, por otro
lado, la falta de solvencia de las administraciones para liquidar
los inmuebles ya erigidos, ambas posturas contradictorias pueden
explicarse debido a la mala gestión del erario público y sus
inversiones, particularmente por los intereses personales de
Plutarco Elías Chacón y su interés en proyectarse políticamente
para la gubernatura del estado durante las elecciones de 1935.
Este despunte constructivo no duró demasiado, ya que
obedeció a una coyuntura histórica dentro del proceso de
construcción del estado posrevolucionario. Los acontecimientos
políticos que experimentó la ciudad hicieron que fuera un periodo
delimitado en el que la obra pública de los gobiernos emanados
de la Revolución tuvo su esplendor. Aquí se propone que esa
tentativa periodización puede ubicarse a partir de la gubernatura
de Aarón Sáenz, hasta la huelga de obreros de FYUSA en 1935,
que coindice con el rompimiento de Lázaro Cárdenas con
Plutarco Elías Calles, marcando la transición del Maximato al
Cardenismo y el ambiente político que este generó.
Dicho suceso es esencial para comprender el proceso de
edificación, pues es necesario no solo remitirse a las políticas,
recursos y a la constructora que llevó a cabo los edificios
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referidos, sino a las docenas de obreros que participaron en estas
edificaciones, dicha perspectiva es de importancia considerando
que hasta ahora las investigaciones que ahondan sobre el tema,
han dejado de lado a actores sociales tan esenciales como lo son
obreros de las construcción, pasando a centrarse en figuras como
ingenieros y arquitectos dejando de lado el protagonismo de los
trabajadores en una etapa coyuntural para la construcción del
Estado mexicano como lo fue el conflicto obrero, puesto que, la
gran militancia de este movimiento y el apoyo que obtuvo por
parte de Cárdenas, afectaron las labores de construcción por el
estado de huelga de su sindicato que, en exigencia de sus
derechos, detuvieron los trabajos en los edificios anteriormente
mencionados obstaculizando su conclusión y abonando al fin del
despunte constructivo de este periodo.
Referencias
Archivo
Archivo General del Estado de Nuevo León
Archivo General de la Nación (México)
Archivo Histórico Municipal de Monterrey
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

201

�César Herrera

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-4

204

�Los mexicotejanos frente la Comisión de
Reclamaciones del estado de Texas, 1856-1858
The mexicotejanos in front of the Texas Court of Claims,
1856-1858
Jesús F. de la Teja
Regents’ Professor Emeritus
University Distinguised Professor Emeritus of Texas State University
orcid.org/0000-0003-3744-7968

Resumen: Después de la declaración de independencia de Texas (1836)
y del tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), los mexicanos que
quedaron al norte del río Bravo tuvieron una posición ambivalente
frente a la ley. En este artículo, estudio la problemática de los
mexicotejanos ante la Texas Court of Claims a través de los procesos
de lotificación de terrenos y analizo los rechazos de reclamaciones
escritas y la desestimación de credibilidad hacia ellos. Hago tres
conclusiones preliminares: primero, que estos casos reforzaron los
estereotipos y el racismo; segundo, que el valor de la ciudadanía de los
mexicotejanos fue puesta en duda por los comisionados anglotejanos;
y tercero, que los especuladores de tierras se aprovecharon de ellos y
contribuyeron al deterioro de sus derechos. En un grado considerable,
los resultados de este proceso fomentaron la discriminación y
segregación que continuó hasta mediados del siglo XX.
Palabras clave: Mexicotejanos; racismo; Comisión de Reclamaciones;
Texas; frontera.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

205

�Jesús F. de la Teja

Abstract: After the Texas declaration of independence (1836) and the
Treaty of Guadalupe Hidalgo (1848), Mexicans who remained north of
the Rio Grande had an ambivalent position before the law. In this
article, I address the problem of Tejanos before the Texas Court of
Claims through the land subdivision processes and analyze the
rejections of written claims and the denial of credibility towards them.
I made three preliminary conclusions. First, these cases reinforced
stereotypes and racism; second, the Anglo-Texan commissioners
questioned Tejano citizenship's value; and third, land speculators took
advantage of Tejanos and contributed to the deterioration of their rights.
To a considerable degree, the outcomes of this process added to the
increasing discrimination and segregation that continued until the mid
20th century.
Keywords: Tejanos; racism; Court of Claims; Texas; borderlands.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

206

�Los mexicotejanos

Introducción
La situación de los mexicotejanos dentro de la sociedad
angloamericana tejana se deterioró progresivamente en el
transcurso del siglo XIX. Las obras de Arnoldo De León, David
Montejano y otros estudiosos del tema han demostrado el alto
nivel de prejuicio racial confrontado por los mexicotejanos en
muchas partes del estado.1 Los anglotejanos “consideraban a los
mexicanos como gente de color, notaban su ascendencia indígena
y los identificaban como negros dentro de la sociedad. En
principio y efectivamente, a los mexicanos se le consideraba una
nación relacionada a la blanca, pero una raza aparte”.2 Aunque la
ley les concedía igualdad con los anglotejanos, los mexicotejanos
pronto se vieron, y se quedaron por más de un siglo, en
condiciones de inferioridad.
1

Ver, por ejemplo, William D. Carrigan y Clive Webb, Forgotten Dead: Mob
Violence against Mexicans in the United States, 1848-1928 (New York:
Oxford University Press, 2013); Robert J Rosenbaum, Mexicano Resistance in
the Southwest: “The Sacred Right of Self-Preservation” (Austin: University of
Texas Press, 1981); Jerry D Thompson, Cortina: Defending the Mexican Name
in Texas (College Station: Texas A&amp;M University Press, 2007); Elliott Young,
Catarino Garza’s Revolution on the Texas-Mexico Border (Durham: Duke
University Press, 2004).
2
Arnoldo De León, They Called Them Greasers: Anglo Attitudes Toward
Mexicans in Texas, 1821-1900 (Austin: University of Texas Press, 1983), 104.
[Nota del Autor: en este ensayo todas las traducciones son responsabilidad del
autor].
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�Jesús F. de la Teja

A pesar del considerable número de investigaciones sobre
los mexicotejanos del siglo XIX encaminadas durante las últimas
tres décadas, en particular sobre su aislamiento social,
marginalización económica y privación de derechos políticos,
poco se ha escrito sobre la posición de los mexicotejanos frente a
la ley. Aunque por mucho tiempo se han reconocido y hasta se
han aplicado ciertos aspectos del derecho español-mexicano
dentro de los sistemas legales tejano y estadounidense, se han
hecho pocos esfuerzos por examinar cómo la legislación tejana
trataba a los mexicotejanos.3 Tanto los motivos para intentar la
codificación de un tratamiento “equitativo”, por un lado, como la
discriminación abierta dentro del derecho tejano, por el otro,
necesitan todavía ser investigados.

3

Ver, por ejemplo, Mark M Carroll, Homesteads Ungovernable: Families,
Sex, Race, and the Law in Frontier Texas, 1823-1860 (Austin: University of
Texas Press, 2001); Jean Stuntz, Hers, His, and Theirs: Community Property
Law in Spain and Early Texas (Lubbock: Texas Tech University Press, 2005);
Betty Eakle Dobkins, The Spanish Element in Texas Water Law (Austin:
University of Texas Press, 1959); James P Hart, “Oil, the Courts, and the
Railroad Commission”, Southwestern Historical Quarterly 44, núm. 3 (1941):
303–20; Walace Hawkins, El Sal del Rey: Fixing Title to. (Austin: Texas State
Historical Association, 1947); Charles R Porter Jr., Spanish Water, Anglo
Water: Early Development in San Antonio (College Station: Texas A&amp;M
University Press, 2009).
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Los mexicotejanos

Este ensayo presenta algunos hallazgos preliminares
sobre el tratamiento legislativo en relación a los mexicotejanos.
Escogí el tema de los mexicotejanos frente la Comisión de
Reclamaciones4 porque surge del trabajo que he hecho
previamente sobre la especulación del suelo en la época anterior
a la guerra civil norteamericana. Además, se dirige a cuestiones
sobre la ambivalencia de los anglotejanos hacia el status
sociolegal de los mexicotejanos durante aquella época. Mientras
que el objeto y carácter de la comisión serán discutidos en torno
a

los

reclamantes

mexicotejanos,

otros

aspectos

del

funcionamiento y jurisdicción de la comisión quedan fuera del
ámbito de esta obra. También me limito a los primeros dos años
de la comisión, el periodo durante el cual he examinado el mayor
número de fuentes. Este periodo cubre la comisión durante el
tiempo en el cual la mayoría de las reclamaciones originales se
presentaron y durante el cual la legislatura estatal estuvo
activamente involucrada en la adjudicación de los reclamos.
Los mexicotejanos y la especulación del suelo
La forma en la que más sufrió la población mexicotejana durante
el siglo XIX fue en la disminución de su acceso a la propiedad
4

Court of Claims.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

209

�Jesús F. de la Teja

del suelo. Como indica David Montejano en su ya clásico Anglos
and Mexicans in the Making of Texas, “no solo falló el nuevo
derecho americano en proteger a los mexicanos, sino que se usó
como el más importante instrumento en su despojo”.5 El aspecto
más estudiado de este despojo ha sido la pérdida de las mercedes
de tierras en el área de la cesión tamaulipeca, esto es, la parte de
Texas al sur del Río Nueces.6 Como Galen Greaser y yo
señalamos en nuestro artículo sobre la comisión estatal encargada
de investigar las concesiones de tierras españolas y mexicanas en
esa parte del estado antes que el estado de Texas estableciera su
control, el nuevo gobierno tenía un interés práctico en respetar
cuantos

títulos

fuera

posible.

Abogados,

ganaderos

y

especuladores ya habían adquirido sustanciales derechos sobre
terrenos mexicanos en la región y una invalidación llana de esos
títulos malograría esos nuevos intereses. El gobierno tejano
enfrentaría además no solo una insurrección de los terratenientes
mexicotejanos, sino también la enemistad de numerosos
5

David Montejano, Anglos and Mexicans in the Making of Texas, 1836-1986
(Austin: University of Texas Press, 1987), 52.
6
El primer estudioso que lidia con la cuestión del despojo de los mexicotejanos
en la región del Sur de Texas fue Paul S. Taylor. Para consultar en: Paul S
Taylor, An American-Mexican Frontier: Nueces County, Texas (New York:
Russell &amp; Russell, 1971).
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Los mexicotejanos

angloamericanos influyentes que habían adquirido un interés
económico en la región. Así y todo, por muchos años la
legislatura se negó a aceptar la validez de aquellos títulos
emitidos por las autoridades mexicanas en el periodo entre la
declaración de independencia de Texas (1836) y el Tratado de
Guadalupe Hidalgo (1848), señalando que la jurisdicción
mexicana había vencido.7
El Sur de Texas no era el único lugar donde los
mexicotejanos enfrentaban despojo y deslocalización. Menos
estudiada ha sido la compraventa de derechos de suelo por
reclamantes mexicotejanos y especuladores durante la época de
la república. En un esfuerzo por cumplir con la promesa hecha
por el gobierno rebelde de respetar los derechos a tierras de todo
residente en pro de la república que había llegado a Texas antes
del 2 de marzo de 1836 (fecha de la declaración de
independencia), el congreso de la república organizó comisiones
de tierras en todos los condados. Estas comisiones locales estaban
7

Por una ley de diciembre de 1836, la República de Texas declaró el Río Bravo
la frontera con México, de tal modo que el estado de Texas no reconocía el
derecho de Tamaulipas o Coahuila de emitir títulos al norte del río. Galen D.
Greaser y Jesús F. De La Teja, “Quieting Title to Spanish and Mexican Land
Grants in the Trans-Nueces: The Bourland and Miller Commission, 18501852”, Southwestern Historical Quarterly 95, núm. 4 (1992): 464.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Jesús F. de la Teja

encargadas de repasar cada petición, tomar testimonio y emitir un
certificado por la cantidad correspondiente al aprobarse la
solicitud.

Los

especuladores

se

aprovecharon

de

los

mexicotejanos necesitados, quienes habían resultado más
afectados por las hostilidades entre México y Texas.
Desconociendo sus prerrogativas y tentados por el dinero en
efectivo que se les ofrecía, vendieron sus derechos tanto
poseedores legítimos como ilegítimos. Un residente anglotejano
de San Antonio, Lancelott Smithers, le reportó al comisario de la
Comisión de Tierras estatal8 que:
Los ciudadanos de Laredo (como buenos tejanos) son traídos al
rancho de Calvillo y otros puntos escondidos de estos contornos
para jurar frente un juez su ciudadanía y otras calificaciones y
para vender sus derechos, los cuales los comprantes le
presentan a la comisión.

Un gran número de reclamos ya obtenidos son notoriamente
fraudulentos. He visto a un mexicano recibir dinero por haber
jurado ante la comisión y probar su derecho; y cualquier hombre
puede ver lo mismo si abre sus ojos. Un platero de este pueblo,
8

Texas General Land Office. Este departamento del gobierno estatal se
estableció durante la guerra de independencia de Texas para centralizar el
proceso de distribución y documentación del territorio tejano. Sigue siendo
uno de los órganos más importante del gobierno estatal e imprescindible
acervo para el estudio de la época mexicana de Texas.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Los mexicotejanos

quien actuó de jefe político bajo Santa Anna y todos lo conocen,
recibió su sitio y labor. Conozco muchos mexicanos (tres dentro
de una hora) quienes se fugaron como enemigos y últimamente
han vuelto (dejando sus familias del otro lado del Río Grande) y
han recibido sus certificados de sitio y labor. Creo que todos los
soldados de Santa Anna han recibido certificados, aquellos con
esposas un sitio y labor y en algunos instantes las mujeres han
probado su derecho de nuevo en forma de viudas y han recibido
otro sitio.9
John Pitts, en su tesis de maestría sobre el tema de la
especulación en estos derechos, ha documentado la venta de
millones de hectáreas por reclamantes mexicotejanos, en gran
parte a especuladores angloamericanos (625,000 hectáreas sólo
en 1837).10 En la conclusión de su tesis, Pitts señala que la política
sobre el suelo tejano había sido un experimento en la democracia
de estilo Jefferson,11 pero una política que por razones
9

Citado en Jesús F. De La Teja, ed., A Revolution Remembered: The Memoirs
and Selected Correspondence of Juan N. Seguín (Austin: Texas State
Historical Association, 2002), 36.
10
John Bost Pitts III, “Speculation in Headright Land Grants in San Antonio
from 1837 to 1842” (Tesis de maestría, Trinity University, 1966), 14.
11
El presidente Thomas Jefferson mantenía que la salud de la república
norteamericana estaba basada en la distribución de la propiedad del suelo entre
el mayor número de habitantes posible.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Jesús F. de la Teja

económicas y raciales había excluido a los mexicotejanos. Ellos
habían escogido “regatear su interés en la república” impulsados
“por sus necesidades económicas”.12 El papel voluntario (aunque
inconsciente)

que

jugaron

los

mexicotejanos

en

estas

especulaciones tuvo amplias ramificaciones. Este episodio, en el
área de San Antonio, abrió las puertas a que los angloamericanos
desconfiaran de los mexicotejanos como participantes en futuros
esfuerzos legislativos para determinar sus Rights &amp; Benefits.
Sin embargo, la porción suroeste del estado no era la única
zona plagada por la corrupción. Hasta en Texas oriental, donde
no había mexicotejanos, el fraude y la especulación habían bajado
el valor de los certificados13 y, en consecuencia, de los baldíos.
La compraventa de certificados obtenidos fraudulentamente
creció de tal modo que el congreso se vio obligado a crear en 1840
dos comisiones ambulantes para la examinación sobre la
legitimidad de los certificados emitidos. El congreso autorizó a

Pitts III, “Speculation in Headright Land Grants in San Antonio from 1837
to 1842”, 51.
13
La distribución de tierras durante la república de Texas se basó en la emisión
de certificados que no solamente se podían usar para reclamar terrenos baldíos,
sino que también se podían vender, ya que el derecho existía en el instrumento
y no la persona. De tal forma, se creó un gran mercado en la compraventa de
todo tipo de certificados.
12

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

214

�Los mexicotejanos

los jueces de distrito oír pleitos de aquellos a los cuales se les
había rechazado su certificado por las comisiones ambulantes y
la constitución estatal de 1846 denominó el primero de julio de
1847 fecha límite para emprender esa clase de demanda.
La distribución de tierras en Texas se formalizó primero
bajo el régimen mexicano. Los colonos cabeza de familia que
habían llegado legalmente a Coahuila y Texas tenían derecho a
un sitio (aproximadamente 1,800 hectáreas). Para apaciguar a
aquellos que no habían podido recibir sus terrenos antes del
comienzo de la rebelión, el congreso de la república estableció
que todos los que llegaron antes de la declaración de
independencia tenían derecho a la cantidad de un sitio y labor
(1,864 hectáreas). Al comprobar su elegibilidad, el reclamante
recibiría un certificado, con el cual podía buscar y reclamar la
cantidad expresada en él en cualquier parte de la república. Este
programa de headrights, aunque fue disminuyendo la cantidad de
tierra dotada, se mantuvo hasta los últimos días de la república.
Además, este no era el único programa de repartición de tierras
que se prestaba al abuso. Durante la guerra de independencia de

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Jesús F. de la Teja

Texas se había atraído a voluntarios de los Estados Unidos con
promesas de tierras. El gobierno rebelde les pagó a sus militares
a cosa de 130 hectáreas por cada enganche de tres meses. Después
de la guerra, la abundancia de baldíos dio ocasión para premiar a
los participantes en una de las importantes campañas de la guerra
con una “donación” de 260 hectáreas. Sin embargo, al gobierno
se le dificultó comprobar los servicios de gran número de los
supuestos militantes. Muchas compañías de auxiliares habían
participado en el conflicto sin plantilla, y había conflictos con la
documentación que sí existía para las unidades del ejército
permanente. Aparte de las reclamaciones sin mérito, también
había surgido para la década de 1850 una pequeña industria de
certificados falsos. En 1855, un incendio en el despacho del
ayudante general de Texas, quemó casi todos los archivos
militares de la época de la república. La culpa, por supuesto,
recayó

sobre

los

falsificadores,

quienes

nunca

fueron

aprehendidos.14

14

Thomas Lloyd Miller, The Public Lands of Texas, 1519-1970 (Norman:
University of Oklahoma Press, 1972), 127.
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�Los mexicotejanos

La Comisión de Reclamaciones
El fraude y la especulación estaban por todos lados. Los esfuerzos
por parte de la república de promover el asentamiento de sus
baldíos por medio de una política del suelo generosa crearon
problemas para los cuales no había remedios sencillos. Abogados
y especuladores intencionalmente confundían las cosas,
adquiriendo para sí mismos derechos de miles de hectáreas, al
mismo tiempo disminuyendo el valor de la tierra. En un esfuerzo
por acabar con los abusos, la legislatura estableció una comisión
de reclamaciones en Austin, la capital del estado, la cual sería
responsable de cerrar los libros de todas las reclamaciones en
contra de la república.
Se estableció la Texas Court of Claims o Comisión de
Reclamaciones15 de Texas, el primero de agosto de 1856. La ley
exigía el nombramiento de un comisario, que había de ser elegido
por el voto de las dos cámaras de la legislatura y que debía de
completar su obra el primero de enero de 1858. Él y un asistente
Court of Claims. En inglés, la palabra “court” se puede emplear tanto en
casos de instituciones de adjudicación de la ley como comisiones cuya tarea es
la administración de algún proceso. En tales casos, la “corte” puede no estar
bajo el cargo de un juez o magistrado, sino de un comisario o presidente. En el
caso presentado aquí, la Court of Claims era una Comisión de Reclamaciones
bajo el cargo de un comisario.
15

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Jesús F. de la Teja

debían revisar la validez de todos los certificados todavía en
circulación, aceptar nuevas solicitudes para terrenos y dictaminar
sobre los méritos de las solicitudes para el reemplazo de
certificados perdidos y de certificados para la cantidad restante
cuando un reparto no completara la cantidad original. El trabajo
de la comisión fue tal que la legislatura autorizó un segundo
asistente y en enero de 1858 extendió la plaza del comisario hasta
el primero de septiembre de 1859. Aun con esto, la comisión no
había completado su trabajo cuando llegó la segunda fecha límite
y la legislatura restauró la comisión en febrero de 1860,
estableciendo como nueva fecha el 31 de diciembre de 1861.16
La parte más sencilla del trabajo de la comisión era la
aprobación o rechazo de los certificados en circulación. Aquellos
certificados presentados para examinación eran revisados contra
la documentación existente. Aquellos en posesión de certificados
que fuesen rechazados por el comisionado, podían intentar
validarlos emprendiendo una demanda en la corte de distrito del
condado en el cual el certificado se emitió. También se limitó la
capacidad de los compradores de certificados para poder
16

Miller, The Public Lands of Texas, 1519-1970, 29.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

218

�Los mexicotejanos

adquirirlos.17 Una revisión de cómo les fue a los reclamantes
mexicotejanos en esta parte de las actividades de la comisión será
parte de una futura investigación y queda fuera del ámbito del
presente trabajo.
Un aspecto mucho más espinoso de las responsabilidades
del comisario era la autoridad que tenía de aceptar solicitudes
para nuevos certificados. La ley de 1856 requería que el
comisario emitiera un certificado a cualquiera que presentara una
prueba adecuada. La prueba consistía en una declaración jurada
en la cual el reclamante demostraba que tenía residencia en Texas
desde antes del 2 de marzo de 1836, que no había salido del país
para evitar servicio militar, que no había ayudado al enemigo y
que no había recibido anteriormente tierras bajo los términos que
ahora reclamaba. También tenía que presentar dos testigos para
probar su residencia.18 En aquellos casos en los cuales el
comisario determinara que las pruebas no eran suficientes para
emitir un certificado, éste debía mandar la solicitud, la evidencia
y su dictamen a la legislatura para su resolución. La ley de enero

17

John Sayles y Henry Sayles, A Treatise on the Laws of Texas Relating to
Real Estate, and Actions to Try Title and for Possession of Lands and
Tenements (St. Louis: The Gilbert Book Company, 1890), 243–45.
18
Sayles y Sayles, 232.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

219

�Jesús F. de la Teja

de 1858 estableció el 1 de septiembre de ese año como fecha
límite para presentar reclamos originales e hizo responsable a la
legislatura de evaluar las evidencias. La ley de febrero de 1860,
por su parte, extendió los plazos hasta el primero de junio de 1861
para presentar una reclamación frente a una junta compuesta por
la Comisión de Tierras del estado, el contralor general y el
tesorero estatal.19
Las quejas de los comisarios y los debates en la legislatura
evidencian la incomodidad y divisiones ocasionadas por la
investigación de tales reclamaciones. Después de explicar cómo
tenían evidencia de que había solicitantes y testigos que firmaban
con sus nombres formularios en blanco, y que tales documentos
también se vendían notariados con los nombres de solicitantes y
testigos en blanco para ser llenados por el comprador, el
comisario James C. Wilson escribió en su reporte del 1 de junio
de 1857:
Se puede ver de lo ya dicho que en mi opinión el poder ahora
en manos de este departamento para otorgar certificados
originales se debe abrogar. Esa es mi cierta determinación.
Tengo confianza que el número de reclamantes justos es
extremadamente pequeño y mi razón no puede aceptar la
propuesta que la indolencia de unas pocas personas, quienes
19

Sayles y Sayles, 235–36.

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�Los mexicotejanos

por muchos años no hayan solicitado un don gratuito por parte
del gobierno el cual en cualquier momento podían haber
realizado solo cumpliendo con la ley sobre el don, constituya
razón suficiente para influir la legislación del estado, el
desperdicio de su hacienda y la desmoralización de sus
ciudadanos.20

Un miembro de la cámara de representantes comentó, durante la
discusión sobre un proyecto de ley en pro de Lázaro Garza, que
la Comisión de Reclamaciones no había hecho nada. “La ley se
promulgó con tan estrictas guardas en contra del fraude que un
reclamante honesto no puede recibir reparación”.21 Thomas
Lloyd Miller, historiador de la política del suelo de Texas,
concluye su capítulo sobre la Comisión de Reclamaciones con el
siguiente comentario: “Con excesivo cuidado, pero deseando
hacer justicia a todos, la Comisión de Reclamaciones de Texas
averiguó los reclamos monetarios y de tierras en contra de la
república y el estado de Texas”.22
Los mexicotejanos y la Comisión de Reclamaciones
Hay bastante evidencia, sin embargo, de que la Comisión de
Reclamaciones no deseaba “hacer justicia a todos”. Hasta la más
20

Texas General Land Office: Commissioner of Claims (GLO: CC). Report,
June 1, 1857, 10.
21
Austin State Gazette (ASG). “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857.
22
Miller, The Public Lands of Texas, 1519-1970, 136.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

221

�Jesús F. de la Teja

ligera revisión de los documentos de la comisión, de las actas de
la legislatura y de los periódicos contemporáneos, revelan que
viejas prácticas de discriminación y abuso habían surgido de
nuevo. Por un lado, los mexicotejanos enfrentaban criterios más
estrictos de prueba frente a la comisión, y por otro, muchos
cayeron en manos de los mismos especuladores que la legislatura
intentaba correr del negocio de reparto de baldíos.
El primer comisario de la Comisión de Reclamaciones,
Wilson, miembro de la llamada expedición de Mier de 1842,
quien se había escapado de una prisión mexicana en julio de
1843,23 estableció el patrón discriminatorio en contra de los
mexicotejanos. De acuerdo con la constitución del estado y el
Tratado de Guadalupe Hidalgo, los tejanos de ascendencia
mexicana eran ciudadanos de los Estados Unidos. En
consecuencia, ni la ley de 1856 que estableció la Comisión de
Reclamaciones, ni alguna otra ley previa estableció los criterios
23

Inmediatamente después de la incursión del general mexicano Adrián Woll,
quien ocupó a San Antonio por una semana en septiembre de 1842, una fuerza
del ejército tejano y de auxiliares marcharon sobre el Bravo. Aunque el
presidente Houston dio orden de que regresaran, más de 300 hombres
decidieron cruzar el río y atacar las comunidades mexicanas. En un encuentro
con tropas mexicanas en Mier, Tamaulipas, la expedición fue derrotada y los
sobrevivientes fueron enviados a la Ciudad de México. Un fracasado intento
de fuga resultó en la ejecución de uno de cada diez prisioneros.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Los mexicotejanos

para probar los reclamos entre tejanos de origen angloamericano
o mexicano. Pero Wilson emitió sus propias reglas para presentar
y probar evidencia, incluyendo una que requería que la veracidad
de cualquier testigo “mexicano” se tuviera que comprobar con
testimonio de dos hombres “blancos”.24
Una mayor prueba de la actitud de Wilson hacia los
reclamantes mexicotejanos se encuentra en su reporte del primero
de junio de 1857. Aunque los mexicotejanos formaban un
pequeño porcentaje del número total de solicitantes de
certificados originales, ocho de los diez ejemplos que Wilson dio
de reclamaciones problemáticas eran de casos mexicotejanos.
Wilson intentó usar otro ejemplo, aunque lo tachó del borrador
del reporte: “De nuevo, en el caso de los herederos de Antonio
Chapa, uno de los testigos le era desconocido al comisario y no
se ofreció prueba de su verosimilitud”.25 No es sorprendente que,
de más de cien casos que Wilson le refirió a la cámara de
representantes, ninguno llevaba su recomendación. En sólo dos
ASG. “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857. Mucho del trabajo del
comisario de reclamaciones se desconoce, pues aunque la ley requería que los
papeles de la comisión fuesen depositados en la oficina de tierras del estado,
ni las actas de la comisión ni las comunicaciones internas se encuentran en los
archivos de la oficina.
25
GLO: CC. Commissioner of Claims, Report, June 1, 1857.
24

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�Jesús F. de la Teja

de los casos, dictaminó la comisión en favor del reclamante.
Wilson no aprobó ni un solo reclamo original presentado por un
mexicotejano y solo emitió un solo certificado de reemplazo por
uno perdido. Cientos de casos quedaron abiertos cuando Wilson
se apartó de la comisión en julio de 1857.26
El 30 de noviembre de ese mismo año, Ángel Navarro,
diputado por el condado de Béxar en la cámara de representantes
del estado, hizo pública la actuación arbitraria por parte de
Wilson. Lo que trajo la situación a la vista del público, fue el
rechazo de Lázaro Garza en aceptar la regla del comisario de que
hombres blancos debían establecer la veracidad de los testigos
mexicotejanos. Según Navarro, el octogenario Garza había
acertado que:
Antes de someterse a la indignidad de que su carácter o el
carácter de sus testigos tuviera que ser probado por testimonio
de otros hombres, de cuales él se consideraba su igual bajo las
leyes, estaría dispuesto a perder hasta el último centavo y hasta
la última pulgada de tierra a lo cual pudiera tener derecho.27

Garza llevó su demanda directamente a la legislatura, la cual
refirió el caso a la misma comisión legislativa responsable de la

26
27

GLO: CC. Information gathered from Old Docket, 1857-1860.
ASG. “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857.

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�Los mexicotejanos

Comisión de Reclamaciones. Navarro, uno de los comisionados,
esclareció que sabía de la regla de Wilson por uno de los
secretarios de la comisión, James O. Illingworth, quien de
momento servía de comisario interino. El diputado mexicotejano,
entonces, calificó la regla de arbitraria y señaló que “no [era]
requerida por la ley [y establecía] una injusta e imprudente
distinción, una insidiosa discriminación donde la ley no prescribe
clases”.28 El 19 de diciembre de 1857, Lázaro Garza recibió su
desagravio por parte de la legislatura en la forma de un sitio y
labor de tierra.29
La Comisión de Reclamaciones debía concluir sus
funciones para el primero de enero de 1858 y James Illingworth,
el sucesor de Wilson, tenía por delante la tarea de concluir miles
de casos que quedaban abiertos. De tal modo, estando la función
de la comisión por vencerse, la legislatura extendió su plazo hasta
el primero de enero de 1859. La extensión no vino sin un duro
debate en la cámara de representantes, en el cual varios miembros
argumentaron que lo único que se ganaba con la extensión era
“dar unas oportunidades a aquellas personas deseando especular
ASG. “Legislative Proceedings”, Nov. 30, 1857.
Gammel’s Laws of Texas. “An Act for the Relief of Lázaro Garza”, vol. 4,
pt. 3, 1189.
28
29

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�Jesús F. de la Teja

en el país, lo cual nunca hubieran pensado hacer si a la comisión
no se hubiera creado”.30 Otro diputado fue más directo, llamando
a la comisión “un chantaje sobre los derechos del pueblo”.31 En
un intento de satisfacer las quejas, por lo menos en parte, la nueva
ley cerraba la posibilidad de hacer nuevas reclamaciones el
primero de septiembre de 1858.32
Lo claro era que la mayoría de las reclamaciones, por
parte de los mexicotejanos, eran fraudulentas, y el resultado de la
especulación nunca se podría probar adecuadamente. Aunque los
legisladores no se dirigieron al asunto en términos raciales,
durante el debate sobre la nueva ley, el comisario interino
continuaba documentando las prácticas de los especuladores de
esa forma. Por ejemplo, G. H. Nelson, abogado de quince
reclamantes mexicotejanos, no pudo presentar ni una pieza de
evidencia que el comisario considerara aceptable en ninguno de
los casos. Además de la calificación inicial de “no hay prueba
legal” al margen del nombre de cada solicitante, todos los casos
aparecen como 'rechazados' por una de tres razones. Aparte de no

30

ASG. Mr. McKinney of Travis, Legislative Proceedings, Jan. 4, 1858.
ASG. Mr. Chilton.
32
Sayles y Sayles, A Treatise on the Laws of Texas Relating to Real Estate,
and Actions to Try Title and for Possession of Lands and Tenements, 236.
31

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�Los mexicotejanos

presentar prueba legal, Juana Sánchez Martínez no presentó
evidencia de que era cabeza de familia. A cuatro de los
reclamantes se les acusaba de haber firmado sus declaraciones
juradas en blanco. El comisario encontró “la evidencia todo en
blanco” en otros ocho casos. Los defectos en las reclamaciones
de Enatugre Ochoa [sic] y María Victoriana Villarreal eran los
más graves. En estos casos “las declaraciones juradas están en
blanco en cuanto el nombre del solicitante, sin embargo, se han
jurado solemnemente por dos testigos y verificado por un notario
público bajo su puño y sello”.33
Dos casos de especulación resaltan por su magnitud.
Antony Superviele, un francés sirviendo de senador por el
condado de Béxar en la sexta legislatura, también representó a
más de 120 denunciantes mexicotejanos que solicitaban
certificados originales. Ni en un solo caso el comisario o la
legislatura pudo actuar en favor de sus clientes. Las anotaciones
abundan acerca de que la evidencia estaba incompleta o de que
ninguna prueba se había presentado. Otro francés, Xavier B. De
Bray, quien se había establecido en San Antonio en 1852, tomó
ventaja de su origen para hacerse abogado de 65 mexicotejanos.
33

GLO: CC. Entries 336-345, Old Docket, 1857-1860.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-5

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�Jesús F. de la Teja

Hasta 1856 había trabajado de intérprete y traductor en San
Antonio, donde había establecido el periódico El Bejareño. Para
1856 De Bray se había mudado a Austin, donde consiguió el
puesto de traductor de la Comisión de Tierras antes de abrir una
academia, que mantuvo hasta alistarse en el ejército de la
confederación al principio de la guerra civil norteamericana.34 A
pesar de todo, sus conexiones no le otorgaron un tratamiento
preferente en la comisión o la legislatura. No se le aprobó ni un
solo reclamo, incluyendo 22 que presentó el 30 de agosto de 1858
sin motivo aparente, dos días antes de la fecha límite.35 De
momento es imposible determinar cuáles casos son de
especuladores que trataban de presentar reclamaciones que
habían comprado y cuáles sólo buscaban estafar a inocentes,
cobrando por hacer trámites que sabían que no darían resultados.
En cuanto a los mexicotejanos, los resultados de este
primer periodo fueron desastrosos. De los 404 apellidos hispanos
que aparecen en el registro de la comisión, aproximadamente 228
no recibieron acción alguna al no haberse recibido ninguna

Handbook of Texas Online, Anne J. Bailey and Bruce Allardice, “Debray,
Xavier Blanchard” [Consultado en línea el 28 de marzo de 2017]
http://www.tshaonline.org/handbook/online/articles/fde02.
35
GLO: CC. Passim, including nos. 2038-2059, Old Docket, 1857-1860.
34

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�Los mexicotejanos

evidencia. El comisario desestimó 100 solicitudes, en la mayoría
de los casos por una de las razones analizadas arriba, y la
legislatura rechazó 57 solicitudes que llegaron a sus manos.
Según el registro de la comisión, durante este periodo el
comisario emitió doce certificados de reemplazo y tres
originales.36

El

verdadero

desastre

para

la

comunidad

mexicotejana no consistió en el rechazo de solicitudes sin mérito,
sino en que tuvo un efecto negativo sobre la reputación de los
mexicotejanos, considerándolos poco fiables.
Sin embargo, la conclusión es que existía un prejuicio en
contra de denunciantes mexicotejanos no está basada sólo en la
examinación del registro de la comisión. Anteriormente, en el año
de 1858, la comisión especial compuesta de senadores y
diputados nombrada para revisar las denuncias remitidas por el
comisario, dictaminó un proyecto de ley que miembros de la
cámara de representantes encontraron discriminatorio. El 6 de
febrero de 1858, Ángel Navarro reiteró las acusaciones, que había
declarado en noviembre anterior, referentes a la manera de
proceder del comisario, y agregó nuevos alegatos de prejuicio por
36

GLO: CC. Passim, including nos. 2038-2059, Old Docket, 1857-1860. La
laboriosa tarea de revisar cada anotación del registro contra los expedientes
individuales todavía no se ha emprendido.
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�Jesús F. de la Teja

parte de la legislatura.37 Declaró el dictamen de la comisión
especial como “la más palpable y flagrante injusticia en contra de
una clase de individuos”. Prosiguió señalando que desde que se
había fundado la Comisión de Reclamaciones, los mexicotejanos
habían sido un objeto de “gran injusticia”. Le atribuyó la
situación a un “quizás honesto, pero de todas maneras mal
fundado, prejuicio en contra de esta clase de individuos”.
Navarro continuó su discurso esbozando la injusticia con
la cual la comisión había tratado a los mexicotejanos. No arguyó
que no se hubiera cometido fraude, solo que eso no debía de
enturbiar las reclamaciones legítimas. En cuanto a los dos
primeros comisarios, ellos habían actuado arbitrariamente y de
manera “no autorizada por la ley, observando ciertas distinciones
de clases donde tales no se conocían ni en la constitución ni en
las leyes”. Además, incluso en los casos en que pruebas
adicionales se habían presentado por dos respetables hombres
blancos, “el comisario no había recomendado ni un solo
certificado original”.
El legislador mexicotejano entonces puso su mira sobre la
comisión especial. Navarro no podía entender cuáles reglas podía
37

ASG. “Legislative proceedings”, February 5-6, 1858.

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�Los mexicotejanos

haber adoptado la comisión para que la llevaran a aceptar sólo dos
reclamaciones de mexicotejanos. “Pareciera que la comisión, al
descubrir algunas reclamaciones palpablemente fraudulentas,
estuviera disgustada con esta clase de solicitante y [hubiera]
concluido rechazar el grupo entero en masa”. Siguió que esto se
hacía a pesar de que, hombres como Mirabeau B. Lamar y Joseph
Lee (el presidente de la misma comisión), habían respondido por
algunos de los testigos mexicotejanos. Quizás lo más irritante
para Navarro era su conclusión de que al revisar la lista de las
reclamaciones que esta comisión había rechazado, observó que
en muchas de ellas las razones de la comisión para hacerlo se
anotaban individualmente, pero en el caso de los reclamos de
origen mexicano, se había procedido de otra manera. En estos
casos, parece que la comisión no actuó después de examinar los
méritos de cada uno, sino que rechazó todo lo que parecía
mexicano por la sola razón de que habiendo falsas reclamaciones
entre ellos, no se veía capaz de diferenciar.
Jack Latham, otro diputado con un electorado que incluía
gran número de mexicotejanos, respaldó las quejas presentadas
por Navarro y agregó dos propias. Primero, Latham observó que
a los mexicotejanos sólo se les trataba de ciudadanos a la hora de
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�Jesús F. de la Teja

votar o de pagar impuestos, “pero cuando piden derechos iguales
bajo nuestras leyes, son negados, aunque nacieron y muchos
siguen viviendo en Texas”. Segundo, no existía razón para negar
los reclamos de un grupo que había cumplido con la ley de la
misma manera que otros denunciantes y que había sufrido los
mismos altos costos para viajar a Austin a presentar sus
reclamaciones.
El día anterior, Hamilton P. Bee, representante de Laredo,
había hablado de otro tipo de discriminación en contra de los
mexicotejanos. Objetó que, aunque todas las reclamaciones de su
distrito se habían probado apropiadamente, habiendo respondido
por los testigos tanto él como el juez de distrito E. J. Davis,
ninguna de las solicitudes había sido aprobada por el comisario.
Además, la comisión especial había visto bien otorgar
certificados en casos procedentes de la parte oriental de Texas,
mientras que rechazaba todas las reclamaciones procedentes al
oeste del Río San Antonio.
Bee encontró ridículo que la comisión argumentara que
“puede que haya algunos reclamos válidos entre ellos, pero a la
comisión le es imposible distinguir”, y se quejó de discriminación
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�Los mexicotejanos

bajo dos formas. Primero, la comisión intentaba excluir a los
mexicotejanos de recibir un beneficio legítimo bajo el equivocado
argumento de que Texas no tenía jurisdicción sobre Laredo,
mientras que el gobierno de Texas había reclamado esa parte del
estado constantemente desde diciembre de 1835. Segundo, que,
si los residentes del Río Grande habían sido ciudadanos desde el
2 de marzo de 1836 y podían presentar pruebas legales, tenían
“tanto derecho a sus terrenos como cualquier otro ciudadano de
la República de Texas, a no ser que la legislatura hiciera una
distinción entre ciudadanos, algo que no se ha hecho y no se
puede hacer bajo la constitución”.38
Basándose en estos argumentos, Jacob Waelder, el otro
diputado por Béxar, propuso que el proyecto de ley se le
devolviera a la comisión “con instrucciones que lo cotejara de tal
manera que se traten igualmente a todos los reclamantes”. Sin
embargo, no fue así. Joseph Barnard, diputado por Goliad y
sobreviviente de la llamada “Masacre de Fannin”,39 sacó a la luz

ASG. Mr. Bee, “Legislative Proceedings”, February 5, 1858.
Ejecución de más de 300 rebeldes tejanos el Domingo de Palmas de 1836 en
Goliad. Se habían rendido unos días antes, suponiendo que se les transportaría
a Nueva Orleans. Sin embargo, a pesar de que varios oficiales mexicanos
38
39

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�Jesús F. de la Teja

un tema que hasta ese momento se había evitado. No veía cómo
se le podía pedir a la cámara de representantes no observar una
distinción entre razas cuando “con muchos proyectos de ley para
el relievo [sic] de negros libres, en las acciones tomadas sobre los
voluminosos y hábiles dictámenes de sus comisiones sobre
Kansas, y sobre la cuestión de la esclavitud, esta cámara
enfáticamente ha reconocido distinciones entre las razas”.
Concluyó su discurso añadiendo: “¿ha de haber una distinción
entre las razas en . . . Texas oriental, pero ninguna en el oeste [de
Texas]? Espero que los señores reconozcan las consecuencias del
punto antes de que lo admitan”. En consecuencia, la propuesta
fue rechazada y el dictamen de la comisión fue aprobado
abrumadoramente por la cámara de representantes. Para la
mayoría de los diputados, tratar un asunto sobre los
mexicotejanos era tratar un asunto sobre otra raza.
No tardó en llegar a San Antonio la noticia de la acción de
la legislatura. El periódico San Antonio Texan comentó
favorablemente sobre la acción de la legislatura, usando vívidas
palabras al describir muchas de las reclamaciones. “Ni una en

pidieron clemencia por ellos, el general Santa Anna ordenó que se pasaran por
las armas.
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234

�Los mexicotejanos

veinte” hubiera sido otorgada al reclamante original, según el
editor, pues las reclamaciones habían sido “compradas en casi
nada por personas que buscan obtener su sustento de cualquier
manera menos por su esfuerzo personal”. En coplas, añadió que
los especuladores “Esperaban ser ricos / Estafando el estado”.40
Concluyó culpando a los especuladores por la pérdida de
confianza por parte de la legislatura hacia todos los reclamos,
privando así a los meritorios “de sus beneficios legales”.41
El San Antonio Ledger, que reprodujo el artículo del
Texan, defendió a los solicitantes argumentando que la mayoría
habían sido honestos, muchos de ellos viudas y huérfanos. La
mayoría de las reclamaciones todavía seguían en manos de los
reclamantes originales “y las excepciones se habían comprado a
precios justos, después de que el comisario había declarado que
estaba completamente satisfecho, no sólo con las pruebas sino
con la justicia de las reclamaciones”. Esto, por supuesto, era una
exageración, ya que hemos visto que desde el principio el
comisario se había negado a recomendar los reclamos de
mexicotejanos.

40
41

“Hoped to become great, by duping the state”.
San Antonio Ledger, February 27, 1858.

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�Jesús F. de la Teja

Conclusiones
Aunque mi investigación sigue, me permito presentar unas
conclusiones tentativas. Primero, las actividades en torno a la
Comisión de Reclamaciones reforzaron estereotipos y le dieron a
los racistas angloamericanos herramientas para poder degradar el
estatus de los mexicotejanos. Para ellos, los mexicotejanos en su
conjunto no eran confiables y estaban dispuestos a participar en
el más siniestro fraude. Este parecer se aceptó a pesar de que
había evidencias considerables de un descontrolado fraude de la
misma índole en las porciones angloamericanas del estado. En
consecuencia, a pesar de una igualdad constitucional entre
anglotejanos y mexicotejanos, le fue permisible a los oficiales del
estado imponer una carga de prueba más onerosa a éstos que a
aquellos, y tratar a un grupo como conjunto, pero al otro de
manera individual.
Segundo, el valor de la ciudadanía de los mexicotejanos
fue puesta en duda. Aunque el derecho tejano y el Tratado de
Guadalupe Hidalgo hicieron ciudadanos a los mexicanos que
vivían al norte de la nueva frontera, esa ciudadanía estaba sujeta
a una interpretación arbitraria. La mayoría de los legisladores no
tuvieron problema en cambiar la fecha en la que la zona fronteriza
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�Los mexicotejanos

entre el Nueces y el Bravo se incorporó a Texas, de manera que
podían negarle beneficios a los mexicanos de esa región mientras
se les extendían a los anglotejanos. Es decir, por un lado, los
títulos mexicanos emitidos después del 2 de marzo de 1836 no
eran válidos porque las autoridades mexicanas ya no tenían
jurisdicción al norte del Bravo, y por el otro lado, los mexicanos
residentes en esa zona no tenían derecho a beneficios en Texas
hasta después de la anexión de Texas a Estados Unidos.
Tercero, tanto los especuladores escrupulosos como los
que no lo eran tomaron ventaja de los mexicotejanos y
contribuyeron al deterioro de sus derechos. Al presentar
reclamaciones falsas o engañosas, y haciéndolo de manera
obviamente descuidada, le hicieron fácil a la legislatura argüir
que la reputación de los reclamantes mexicotejanos estaba
mancillada. Peor aún fue que algunos de los especuladores usaron
su posición de confianza dentro de la comunidad mexicotejana
para llevar a cabo sus planes. Desconociendo el nuevo idioma y
la nueva ley anglosajona, muchos mexicotejanos aparentemente
se convirtieron en socios involuntarios de un complot de fraude
en contra del estado.

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�Jesús F. de la Teja

Los mexicotejanos todavía pudieron recibir justicia
individualmente

y

contaron

con

representantes,

tanto

mexicotejanos como anglotejanos, que defendieron sus intereses
enérgicamente. Sin embargo, es claro que tales casos
constituyeron una minoría y que la constitución y leyes del estado
no fueron absolutas. Así como en la economía y en las relaciones
sociales, las ideas de raza y cultura determinaron la posición legal
en la sociedad tejana. En un grado considerable, el trato injusto a
los mexicotejanos en la obtención de derechos de suelo
contribuyó al proceso de discriminación y segregación que se
siguió acrecentando hasta mediados del siglo XX.
Referencias
Archivo
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�Juan B. Tijerina: La obra política esencial de un
intelectual y su trascendencia en el paisaje cultural de
Tamaulipas
Juan B. Tijerina: The essential political works of an intellectual,
and its importance in the cultural landscape of Tamaulipas
Octavio Herrera Pérez
Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de
Tamaulipas
Corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia
orcid.org/0000-0001-6885-2486

Resumen: En este artículo hago un análisis biográfico de Juan B.
Tijerina (1857-1912), intelectual tamaulipeco que destacó por su
participación en el periodo de consolidación política e ideológica del
Estado Mexicano. Como mentor, influyó de manera decisiva para
sostener el principio de laicidad y defender la preeminencia de la
educación y el pensamiento liberal sobre la influencia del naciente
obispado de Tamaulipas. Las referencias de su actuación política,
narradas por la escasa bibliografía existente, lo señalan como un
personaje opositor al régimen de Porfirio Díaz, cuando en realidad, tras
un breve lapso como antagonista, abrazó estrechamente sus vínculos
con el poder. Explicar la creación de ese mito político-cultural en la
entidad es uno de los objetivos en este estudio, además de explorar las
diversas aristas de la sociedad tamaulipeca durante los complejos años
del porfiriato.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-6

241

�Octavio Herrera Pérez

Palabras clave: liberalismo; laicidad; historia de la educación;
periodismo; Tamaulipas.
Abstract: In this article, I make a biographical analysis of Juan B.
Tijerina (1857-1912), an intellectual from Tamaulipas who stood out
for his participation in the period of political and ideological
consolidation of the Mexican State. As a mentor, he had a decisive
influence to uphold the principle of secularism and defend the
preeminence of education and liberal thought over the influence of the
nascent bishopric of Tamaulipas. The references to his political
performance, narrated by the scarce literature, pointed to him as a
character opposed to the Porfirio Díaz regime. Nevertheless, after a
brief period as an antagonist, he closely embraced his ties with power.
The objective of this article is to explain the creation of this politicalcultural myth in the state. Besides, it seeks to explore various aspects
of the Tamaulipas society during the complex years of the Porfiriato.
Keywords: liberalism; secularism; history of education; journalism;
Tamaulipas.

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Introducción
De entrada, cabría preguntar sobre la existencia o no de héroes
culturales en Tamaulipas durante la etapa formativa de la entidad,
que iría desde su establecimiento colonial, a mediados del siglo
XVIII, hasta el desmoronamiento del antiguo régimen porfirista.
En una acepción sociológica amplia, se podría considerar el
impacto que tuvieron las obras de esos personajes en su propio
tiempo, o bien, la huella que dejaron en el universo de las letras y
que permitió más tarde identificar y revalorar su legado. Hecho
un agudo repaso desde la perspectiva de la historia cultural, se
puede afirmar que sí los hubo, aunque en esta categoría hay que
considerar no única y necesariamente a oriundos del terruño
tamaulipeco (pues nos situaríamos en un reduccionismo
intolerable), sino a algunos personajes procedentes de otras partes
del país, y aun del extranjero, que han marcado las luces del
pensamiento, la ciencia y la cultura en Tamaulipas.
Bajo las anteriores consideraciones, he de hacer el
recuento de quienes se pueden situar en la categoría propuesta.
Fray Vicente de Santa María sería el primero, vallisoletano, quien
antes de concluir el Siglo de las Luces elaboró un texto que
representa la piedra angular de la cultura tamaulipeca, no solo por
cuanto a su alegato historiográfico en el que pondera y reivindica
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la figura y obra del colonizador José de Escandón, sino porque,
basado en el paradigma identitario del criollismo, resaltó la
naturaleza y sociedad novohispana presente en el Nuevo
Santander para anteponerlo a los conceptos eurocentristas que
denostaban a América como un continente enraizado en la
barbarie. Luego se situaría el coahuilense Miguel Ramos Arizpe,
cura de Real de Borbón (Villagrán) y Aguayo (Ciudad Victoria),
donde conceptualizó su célebre Memoria sobre el estado de las
provincias Internas de Oriente, que sirvió de base para que las
Cortes de Cádiz establecieran las Diputaciones provinciales en
todo el imperio español, incluido el ahora noreste mexicano. Por
otra parte, los primeros años de la vida independiente son
encarnados por las figuras encontradas de José Antonio Gutiérrez
de Lara y José Eustaquio Fernández, el primero exrector del
Seminario de Monterrey y visionario de la retención territorial del
septentrión mexicano, en tanto que el segundo, polemista político
y egresado del doctorado en teología en el colegio de San
Ildefonso de México, fue el autor de la nomenclatura de
“Tamaulipas”, así como de la ubicación definitiva de la capital
del estado en la villa de Aguayo.
Antes del parteaguas del siglo XIX, dos figuras cubren el
escenario del pensamiento, la ciencia y la observación social en
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Tamaulipas, lo que los ubica como héroes culturales. Ambos
extranjeros, pero mimetizados definitivamente con el terruño
tamaulipeco, donde radicaron y murieron. Uno de ellos fue José
Núñez de Cáceres, prócer de la independencia de la República
Dominicana, quien por sus méritos al servicio institucional de la
entidad sería distinguido en su tiempo como “benemérito del
estado”. El otro, franco-suizo, Jean Louis Berlandier, fue el
primer científico actuante en estos lares, cuya obra escrita sobre
el noreste mexicano es un clásico para entender la pérdida de
Texas, y cuyo legado documental está aún por abrir nuevos
horizontes de conocimiento. Ya en el arranque de la segunda
mitad del siglo XIX, la pluma del pensador político Luis García
de Arellano abarca con amplitud el horizonte de la cultura
tamaulipeca, lo mismo que el Instituto Literario de San Juan,
lugar del que emergería un semillero de personajes muy
distinguidos en diversos campos del conocimiento y la cultura,
entre ellos, nuestro hombre: Juan B. Tijerina.
Origen y formación inicial
Juan Bautista Tijerina Villarreal nació en Matamoros,
Tamaulipas, el 24 de julio de 1857. Su madre fue Dolores
Villarreal, y su padre el coronel Miguel Tijerina Goseascochea,
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quien tenía raíces en los primeros pobladores del Nuevo
Santander y estuvo emparentado con el célebre caudillo
fronterizo, Juan Nepomuceno Cortina.1 Juan Bautista fue el
segundo hijo de una familia norteña modesta, cuyo primer hijo
fue Francisco (n. 1856), el tercero Feliciana del Refugio (n.
1862), y el último, Carlos (n. 1863).
No existen referencias que hagan dudar que Juan B.
Tijerina permaneció durante toda su infancia y juventud en su
ciudad natal. Cuando estuvo apto para comenzar a cursar sus
primeras letras y estudios, Matamoros experimentaba el bullicio
de la bonanza algodonera producida por el impacto de la guerra
civil de los Estados Unidos, y casi enseguida fue ocupada durante
dos años por el ejército que sostenía el imperio de Maximiliano
de Habsburgo. Luego vendría la restauración republicana y con
ello la reestructuración del Instituto Literario de San Juan, cerrado
durante los momentos de conflicto, luego de su creación en 1857.
En efecto, este colegio –de corte estrictamente laico, a pesar de

1

El coronel Tijerina Goseascochea participó en la defensa de la ciudad de
Matamoros en 1851, cuando ésta ganó el título de Heroica, Leal e Invicta, y se
incorporó más tarde a las lides liberales en Tamaulipas en favor del plan de
Ayutla. En 1861-1862, se distinguió combatiendo de lado del bando amarillo
en la confrontación civil local entre los Rojos y Crinolinos.
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su nombre– fue creado el 15 de septiembre de ese año por el
gobernador Juan José de la Garza, motivado por el consejo del
doctor en filosofía Augustus Schinder, quien desde Nueva
Orleans le indicó al mandatario tamaulipeco la conveniencia de
establecer una institución al servicio de los “estados de oriente”
de México, bajo los patrones de los liceos prusianos y
francmasones de los Estados Unidos.2
Fue en el Instituto Literario de San Juan donde Juan B.
Tijerina continuó sus estudios, costeándoselos él mismo, al
trabajar como portero en la escuela “David Salinas Cantú”. Allí
cubrió el programa de estudios de la institución, que contemplaba
lógica, estética, ideología pura, gramática, psicología, teodicea y
filosofía moral, ciencias exactas, aritmética, teneduría de libros,
álgebra, geometría, cálculo diferencial e integral, física, química
elemental, meteorología, astronomía, geografía universal,
cronología, historia y derecho. Entre sus maestros de esta época
de estudios, figuró José Solernau, quien era toda una institución
en esta etapa formativa de la educación superior en Tamaulipas.

2

Raúl García García, Apuntes para la historia de la educación en Tamaulipas
(Ciudad Victoria: Universidad Autónoma de Tamaulipas, Instituto de
Investigaciones Históricas, 1980), 43-47.
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Adquirido el grado de maestro, se dedica a la enseñanza
de sus disciplinas predilectas: gramática y literatura, destacando
en ellas por su eminencia.3 Sin embargo, no puede ser indiferente
al acontecer político de su tiempo. Para la década de los años
setenta, el general Servando Canales era el hombre fuerte de
Tamaulipas, y como conocedor de la entidad y sabedor de que en
la frontera norte se encontraba el dinamismo económico y la
región geoestratégica frente al poderoso vecino del norte, hizo
trasladar la capital del estado a Matamoros en 1879. Dos años
más tarde, la muerte de Canales, la inercia de la tradición y el
vacío de poder hicieron que los poderes retornaran a Ciudad
Victoria. Fue el momento en que Juan B. Tijerina, imbuido de ese
ambiente de plena actividad pública en su ciudad natal, se
decidiera por participar en las lides de la política.
Primera participación político-administrativa
Para 1882, Juan B. Tijerina representa al partido de Matamoros
en la legislatura local, en cuyo desempeño demuestra rasgos de
entrega con su compromiso público, al donar 160 pesos de sus

El término “maestro” se utiliza en este trabajo como sinónimo de profesor
dedicado a la enseñanza, y no como un nivel del escalafón de los niveles
académicos que hoy se emplean.
3

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dietas para el fomento del fondo de instrucción pública de esta
ciudad.4 Dos años más tarde, aparece la noticia de que ha sido
nombrado como magistrado del Tribunal Superior de Justicia, en
compañía de los señores Manuel M. Canseco, Antonio Fernández
Rodríguez, Agustín González Morales, Francisco G. Galván y
Joaquín Caballero, actuando como fiscal el licenciado Juan Luis
Tercero.5 No obstante, a pesar de este dato de su paso por el
máximo tribunal de justicia del estado, no existe referencia
documental contundente que avale que tomó posesión del cargo
de magistrado.6
En 1886, el nombre de Juan B. Tijerina vuelve a figurar
en el quehacer público, esta vez como diputado electo, formando
parte en calidad de suplente de la mesa directiva de la legislatura
4

La Patria, México, diciembre 19 de 1882, Hemeroteca Nacional (en adelante
HN).
5
La Libertad, México, julio 17 de 1884, HN.
6
Cabe añadir que, si bien Juan B. Tijerina tenía una formación educativa
universal, que incluía el estudio del derecho, esto no lo capacitaba para asumir
una responsabilidad de tal naturaleza. Pero el caso es que el dato sobrevivió
incluso en las paredes de la Sala de Plenos del tribunal de justicia de la entidad,
y también es referido en el listado de magistrados vigentes entre 1871-1917.
José Rafael Sáenz Rangel, El Poder Judicial de Tamaulipas a través de sus
leyes y magistrados presidentes (Ciudad Victoria: Supremo Tribunal de
Justicia de Tamaulipas, 2012), 387. Una revisión exhaustiva de los libros de
acuerdos de la época en que se señala su presencia en el tribunal, realizada en
compañía de la directora del archivo histórico y administrativo del mismo,
Gabriela García, confirmó la inexistencia de su firma.
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local, presidida por Manuel González hijo, con Luis Guerra y
Guerra como vicepresidente y como secretarios los señores Juan
González Quintanillas e Ignacio Saldaña.7 Es decir, Tijerina se
codeaba con los representantes de las fuerzas políticas del estado,
que en algunos casos representaban también el poder económico
y contaban con influencia política a nivel nacional, como el caso
de Manuel González hijo, cuyo padre fue presidente de la
república entre 1880 y 1884.8 Ya para 1888, el propio Tijerina
preside la comisión permanente del congreso local, ante la
clausura del segundo y último período de sesiones, a acompañado
de los diputados Antonio Domínguez y Villarreal como segundo
vocal, Juan González Quintanilla como secretario y Guadalupe
Escobar como suplente.9
7

El Tiempo, México, octubre 5 de 1886, HN.
Radicado en Ciudad Victoria, aquel político comenzó a amasar una gran
fortuna, en buena medida gracias a la adquisición de extensas propiedades
rurales (entre ellas las haciendas de Tamatán, la Mesa, Dolores y El Cojo y
Anexas), además de pretender asumir el poder político local a primer nivel.
Gobernaba entonces el general Rómulo Cuéllar, cuñado del difunto hombre
fuerte de la entidad, Servando Canales, y sucesor en el gobierno del estado del
hermano de éste, Antonio Canales Molano, de quien, a pesar de pertenecer al
mismo núcleo familiar, se había distanciado en forma táctica, con la intención
de lograr una continuidad de su propia carrera política en el momento en que
el general Porfirio Díaz comenzaba a centralizar todas las redes de mando en
el país. Maribel Miró Flaquer, Historia de dos caciques y un proyecto de
nación: vida política en Tamaulipas durante la segunda mitad del siglo XIX
(Querétaro: Universidad Autónoma de Querétaro, 2010).
9
El Nacional, México, febrero 1 de 1888, HN.
8

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Cuando ya rebasa los treinta años, Tijerina es un hombre
maduro y políticamente actuante. En lo social no se queda atrás –
a pesar de que aún no ha contraído matrimonio, algo habitual para
aquella época–, máxime si se participaba de las reuniones del
Casino Matamorense, del que ya había formado parte desde antes,
y no se conoce la razón de su distanciamiento. Lo cierto fue que
en 1889 se da la noticia de su reingreso a este crisol de una elite
que vivía en la añoranza de un esplendor ya en pleno eclipse.10
Matamoros, para entonces, había dejado de ser el nodo
económico de la frontera de Tamaulipas, pues justo en ese año el
ferrocarril que enlazaba a México con Estados Unidos cruzaba
por los dos Laredos, muchos kilómetros río arriba del Bravo.
Un sólido vínculo político
Juan B. Tijerina y Guadalupe Mainero fueron contemporáneos,
habiendo nacido éste apenas un año antes que aquel; ambos eran
oriundos de Matamoros y fueron alumnos del Instituto Literario
de San Juan. De aguda inteligencia, Mainero destacó desde antes

10

Su reingreso al Casino Matamorense lo hizo en una ceremonia en la que el
general Emiliano Lojero fue admitido por vez primera, en tanto que Tijerina y
los señores Guadalupe Fernández, el doctor Carlos Macmanus, el licenciado
Cañedo, José R. Villalobos y Juan Cantú, se integraron nuevamente a esta
asociación. El Nacional, México, agosto 10 de 1889, HN.
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de recibir su título de abogado, al impartir clases en este mismo
colegio a varias generaciones en las áreas de filosofía, lógica y
ética. También ambos cultivaron una gran pasión por la escritura,
participando Mainero como colaborador del periódico El
Progreso, el principal órgano de prensa escrita en la frontera
tamaulipeca en tiempos de la república restaurada. Del mismo
modo, escribía en los periódicos El Bravo y El Cronista, donde
comenzó a perfilar una pluma crítica en los temas del acontecer
político de la entidad, actitud que lo llevó a ser conocido como
“Bayardo de la Prensa”.11
Del vínculo entre ambos personajes no queda la más
mínima duda, lo mismo que del mutuo apoyo que se prestaron,
tanto del político en los años difíciles para el poeta metido a
oposicionista, como del poeta mismo empuñando la armadura de
las palabras para defender al político. Su fuerte amistad y
compromiso fue motivo de una auto-rememoración hecha a
través de uno de los seudónimos al servicio del poeta, “Y Griega”,
11

Muy posiblemente este seudónimo le fue otorgado en honor del Caballero
Bayardo, Pier du Terrail, uno de los más grandes héroes de Francia en el
Renacimiento, conocido por su valor proverbial, al desempeñarse “sin miedo
y sin tacha”; y hasta es de presumirse que su amigo Juan B. Tijerina pudo
habérselo aplicado, pues ambos, en ese momento, estaban al abordaje de
ampliar las oportunidades para adquirir una posición firme en el escenario
público de Tamaulipas.
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bien como si fuera de él mismo, o bien por servir directamente a
sus directrices:
Juan B. Tijerina, Director de aquel semanario [El Progresista],
fue uno de los íntimos amigos de Mainero: nacieron en la
misma ciudad —Matamoros—; desde la infancia estrecharon
afectos, y juntos cultivaron el amor a las letras, dejando, en
cuantas hojas volantes se publicaban allá entonces, las huellas
de su talento y de su inspiración: el uso en estrofas candentes,
robustas, llenas de juvenil entusiasmo hacia todo lo grande y
hacia todo lo bello; el otro en amplios períodos de una prosa
que brotaba de su pluma con facilidad insuperable.
Tales antecedentes justifican de parte de Tijerina el homenaje
consagrado al tamaulipeco ilustre que desde la cátedra, desde
la prensa y desde el foro, donde puso de relieve sus
excepcionales facultades de educador, de periodista y de
jurisconsulto, escaló con aplauso de todos sus conterráneos, la
Primera Magistratura de su Estado natal. Ahí le sorprendió la
muerte, afectando intensamente a cuantos alcanzamos a
presenciar de cerca todo lo que valía aquel espíritu noble, alto
y enérgico, enamorado de la verdad y del derecho y con una
devoción ferviente por el credo liberal republicano.12

El texto anterior fue redactado en 1905, cuando ya muchas cosas
habían pasado en la relación entre ambos colegas matamorenses.
Su época de mayor encuentro estaría marcada con gran
fecundidad en poco más de un lustro –1895 a 1901–, pero, para
“Y Griega, Hermoso Tributo”, El Progresista, C. Victoria, agosto 27 de
1905, Hemeroteca del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad
Autónoma de Tamaulipas (en adelante H-UAT).
12

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llegar a ella, la senda de su actuación política previa los llevaría
por caminos diferentes. Hacia 1885, el crítico, periodista y
abogado Guadalupe Mainero fue cooptado por el gobernador
Rómulo Cuéllar, quien lo integró como secretario general de
gobierno.13 Por su parte, Juan B. Tijerina, en esta coyuntura,
pareció encaminarse hacia la abierta oposición.
Disidencia y exilio
Sin que por ahora se pueda disponer de la precisión documental
para detallar la secuencia y causas de los acontecimientos que
determinaron el breve exilio de Juan B. Tijerina, bastará hilvanar
con alguna coherencia los escasos y hasta imprecisos datos de
este episodio de su vida. En principio, se deben ubicar
cronológicamente en el momento en que el general Porfirio Díaz
se enfiló hacia su primera reelección, logrando que en 1887 el
Congreso de la Unión hiciera las modificaciones pertinentes para
que el siguiente año ésta se elevara a precepto constitucional,

13

Al cooptar a los intelectuales, Cuéllar se ajustaba a la práctica sistemática
del presidente Díaz ante la disidencia del país, al señalar respecto a las voces
críticas que “ese gallo quiere mais”. Y así fue como, a través de Justo Sierra,
operó para atraerse a los intelectuales opositores, integrándolos al gobierno,
como lo hizo con Francisco Bulnes, Salvador Díaz Mirón, Victoriano Salado
Álvarez, Federico Gamboa, Francisco G. Cosmes, Telésforo García y otros.
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contradiciendo así la máxima que había inspirado la rebelión del
plan de Tuxtepec: “Sufragio Efectivo, No Reelección”.
La virtual entronización de Díaz en el poder ya había sido
duramente criticada por el médico y general Ignacio Martínez,
quien fue su adepto en las lides tuxtepecanas, pero que se sintió
defraudado –como muchos otros, pero que aguantaron callados–
cuando en 1884 el oaxaqueño había vuelto al poder, y ni qué decir
en 1889 cuando inició el largo ciclo de sucesiones continuas en
la presidencia de la república. Martínez era oriundo de San
Carlos, Tamaulipas, y como discípulo en Monterrey del doctor
Eleuterio González, cultivó el amor por las letras; de ahí que la
expresión de su oposición política al temprano régimen porfirista
la hiciera a través de las páginas de El Mundo, un periódico que
publicó inicialmente en Brownsville a partir de 1884, y cuya
resonancia se dejaba sentir del otro lado del río Bravo.
La presencia del doctor Martínez y de su recia
personalidad, que encarnaba la pureza del pensamiento del
liberalismo mexicano aún no pervertido por los intereses del
poder político-administrativo, debió sin duda influenciar las
convicciones de Juan B. Tijerina y las acciones que se afirma que
tomó. Una de ellas fue oponerse a las restricciones que el
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gobierno de Díaz hizo a la libertad de expresión periodística; otra
más, el negarse a ocupar una curul en el Congreso de la Unión,
como le fue ofrecida; y, finalmente, el pronunciamiento de un
discurso tipificado por una “catilinaria” contra el régimen del
presidente Díaz,14 por lo que fue perseguido y obligado a buscar
el exilio.15 Radicó en Brownsville y San Antonio, Texas, donde
hizo publicar el periódico La Libertad, en el que expresaba
abiertamente

su

oposición

al

gobierno

mexicano.

Lamentablemente, no se conoce hasta ahora ejemplar alguno de
este periódico para valorar el grado de compromiso que adquirió
Tijerina con la causa disidente a Díaz, la que no debió de ser
absolutamente radical como para romper con todos los puentes y
ubicarse en un punto de no retorno,16 algo que sí le sucedió al
“Catilinarias” fueron cuatro discursos pronunciados por Cicerón en el año
63 a.C., luego de descubierta y reprimida una conjura encabezada por Catilina
para dar un golpe de Estado, lo que significa en lenguaje llano que se trata de
un escrito o discurso vehemente dirigido contra alguna persona.
15
Juan Fidel Zorrilla y Carlos González Salas, Diccionario biográfico de
Tamaulipas (Ciudad Victoria: Universidad Autónoma de Tamaulipas, Instituto
de Investigaciones Históricas, 1984), 466-467.
16
Una ulterior e imprecisa versión sobre esta etapa de la vida de Tijerina a la
que agrega elementos para mitificar su figura, muchos años después de
ocurridos estos hechos, fue de la autoría del escritor y periodista yucateco
Armando Trujillo Núñez, quien señaló erróneamente que su exilio ocurrió ¡en
1906!, y que se trataba de ‘una de las más recias personalidades tamaulipecas
14

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doctor Ignacio Martínez, que, habiéndose mudado a Laredo,
Texas, y luego de varios atentados infructuosos contra su vida,
finalmente fue asesinado el 3 de febrero de 1891.17
Aprehensión y peligro de muerte
El tiempo del exilio se agotó aún más para Juan B. Tijerina tras
la muerte de Martínez y la rebelión armada que poco después
emprendió su seguidor, Catarino Garza. Mantenerse en el sur de
Texas era aceptar tácitamente su adhesión a los opositores
radicales. Todo eso debió pasar por su cabeza y hasta pudo ser
advertido por quienes le tenían consideraciones. Lo cierto fue que
a principios de 1894 cruzó la frontera y de inmediato tomó el
empleo de preceptor de la escuela oficial de Nuevo Laredo, lo que
confirma los lazos de solidaridad con los que contaba. Al saberse
de esta decisión y con el ánimo de llevar agua al molino del
régimen de Díaz, un periódico de la capital del país publicó una
breve gacetilla editorial dando cuenta de este hecho:
[…] por su postura ideológica, en cuyo carácter no cabía actitud lacayuna ante
los poderosos, combatió con rudeza al dictador Porfirio Díaz […]’. Citado en
Carlos González Salas, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, en Páginas
escogidas, Juan B. Tijerina. Introducción y selección de textos de Carlos
González Salas (Ciudad Victoria: Gobierno del estado de Tamaulipas,
Dirección General de Educación y Cultura, 1987), 21.
17
Zorrilla y González, Diccionario biográfico de Tamaulipas, 303-305.
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Eso prueba que el Sr. Tijerina y todos los oposicionistas allende
el Bravo, no tienen razón al atacar al Gobierno de México o si
la han tenido, no son firmes en sus convicciones. Nos
alegramos, como quiera que sea, que el Sr. Tijerina haya vuelto
sobre sus pasos y que haya dejado de comer el amargo pan del
destierro voluntario.18

La tácita actitud de sometimiento al orden porfirista no le valió
por lo pronto a Juan B. Tijerina. Los agentes federales que
pululaban en Nuevo Laredo seguían todos sus movimientos y
estaban al pendiente de las acciones que tomara. Y lo hacían con
tanta aplicación que sobredimensionaban su importancia. Porque
se dio el caso, de acuerdo con una versión de la época, que
Tijerina estuvo presente en una reyerta entre su acompañante,
Arturo Martínez Cáceres, “amante de la riña y los escándalos”,
con un “abogado distinguido”, de lo que resultó la aprehensión de
ambos.19
Otro testimonio asegura que la aprehensión, girada por el
juez federal situado en este puerto fronterizo, tenía un trasfondo
más profundo, es decir, la sospecha de subversión política. Y se
publicó de la siguiente manera:

18
19

La Patria, México, marzo 8 de 1894, HN.
Otra versión, en La Patria, México, mayo 22 de 1894, HN.

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�Juan B. Tijerina

Nuestros estimados amigos los Sres. Lic. Antonio Martínez
Cáceres, Juan B. Tijerina y Antonio Bustamante fueron
reducidos a prisión en esta ciudad, por orden del Sr. Juez de
Distrito, como a las cinco y media de la tarde del miércoles
último, y dos días después fue también aprehendido por
disposición de la misma autoridad el joven empleado de esta
Aduana José Núñez de Cáceres.

El Sr. Martínez es un abogado inteligente y activo, apenas ayer
llegó a Laredo y recomendado por personas muy respetables; el
señor Tijerina tenía a su cargo la dirección del primer
establecimiento Público de Niños de esta Municipalidad, y por su
amable y franco carácter, gozó de numerosas relaciones; además
¿quién no conoce y quién no quiere a Tijerina, el vate popular de
esta frontera? […]
La causa que se les instruye es, según sabemos, por sospechas
de rebelión y parece que estas sospechas nacieron de una falsa
coincidencia entre ciertas expresiones que se dice manifestó en
público una de las personas que ya dejamos citadas, y lo que en
varios párrafos vino después declamando el [periódico] Amigo
del Pueblo, que se edita en Laredo Texas.
Como la policía sediciosa ha sido siempre la vena enferma del
país, y por tal razón lo que más vigilan nuestras autoridades, no
es de extrañarse el celo desplegado por el C. Juez de Distrito.20

“Los Estados. Las aprehensiones en Laredo”, La Voz de México, México,
mayo 29 de 1894, HN.
20

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259

�Octavio Herrera Pérez

Pero más allá del celo que pudo haber tenido el funcionario de la
judicatura federal, estaba atrás la figura del general Bernardo
Reyes, gobernador formal del estado de Nuevo León, pero
verdadero procónsul del general Díaz, encargado de vigilar el
álgido y estratégico sector de la frontera norte a nivel de la región
del noreste mexicano, donde él mismo se había movilizado en
1876 enarbolando el plan de Tuxtepec, después de recibir cobijo
y apoyo en el sur de Texas, como ahora lo pretendían hacer sus
opositores.
Al general Reyes se atribuye, en una confusa referencia
sin sustento documental comprobable (pero que se ha repetido en
todas las biografías del mentor), que mandó llevar a Monterrey al
maestro Tijerina, con la intención de aplicarle en el camino la “ley
fuga”; incluso se dice que un homónimo de él había sido
asesinado equivocadamente.21 Por el contrario, lo que sí puede
inferirse, fue que Tijerina estaba perfectamente al tanto de que

Sigue siendo la versión de Armando Trujillo Núñez, en González, “Juan B.
Tijerina: el hombre y su obra”, 21; agregando su juicio subjetivo (que
magnificaba la figura de Tijerina), Trujillo señala que debido a la “babeante
actitud de adulación” de Reyes con Díaz, ‘lo persiguió con saña y no obstante
estar refugiado en el extranjero, hasta él llegaron los tentáculos del dictador y
fue secuestrado por órdenes de Reyes’, lo que es completamente falso, pues
como se ha visto, Tijerina cruzó la frontera voluntariamente.
21

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�Juan B. Tijerina

Guadalupe Mainero se encontraba al frente del Supremo Tribunal
de Justicia de Tamaulipas, de ahí su decisión y hasta su inmediata
reinserción laboral en Nuevo Laredo. Con lo que no contaba –
aunque lo sabía–, era con la sensible atención que le tenía el
gobierno federal a cualquier oposición radical y el contundente
castigo al que se exponían los trasgresores de la pax porfiriana.
Pero aun en esos momentos de complicación legal, Mainero
intercedió por él para sacarlo del escollo.
Un par de años más tarde, cuando palpitaban todavía en
su ánimo los difíciles momentos en los que llegó a peligrar su
vida, quiso hacer una equivalencia hiperbólica de su situación en
forma de poema,22 comparándola con la figura de André Chenier,
a quien dedicó los versos.23 El poema fue publicado en el
periódico La Patria de México, cuyo editor era Irineo Paz, abuelo
del Nobel mexicano, Octavio. Y dice así:
La época es del Terror: la luz divina
Que un momento brilló, muere entre horrores.

Hipérbola deriva de la palabra griega ὑπερβολή (exceso), y es cognado de
hipérbole (la figura literaria que equivale a exageración).
23
Chenier fue un poeta francés, precursor del romanticismo, ejecutado en 1794
durante el período del Terror de la Revolución francesa, acusado de crímenes
contra el Estado.
22

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�Octavio Herrera Pérez

Sucede a la legión de pensadores
La fanática turba que extermina.
Andrés Chenier sus pasos encamina,
Llena el alma de eternos resplandores,
A do, símbolo de odios y rencores,
Alzase la tremenda guillotina.
Llega, y de pie en la máquina imponente
“Aun algo queda aquí”, con voz doliente
Dice, y su frente pálida golpea.
Sobre él fulgura la cuchilla insana,
Y al rodar su cabeza soberana,
El pueblo alborozado palmotea.24

Nueva acogida institucional
Tras recuperar su libertad, Juan B. Tijerina pasó a radicarse en
Ciudad Victoria, bajo el amparo de su amigo solidario,
Guadalupe Mainero, quien a la sazón se encontraba encaminado
a convertirse en el candidato a ocupar el poder ejecutivo del
gobierno del estado de Tamaulipas para el período 1896-1900,
tras la culminación de los dos períodos a los que tuvo derecho de
ejercer el ingeniero Alejandro Prieto. Este límite constitucional a
la permanencia en el cargo de gobernador solo durante dos
cuatrienios, fue resultado de una reforma que hizo el propio Prieto

“Poesía a Andrés Chenier”, La Patria de México, México, julio 10 de 1898,
HN.
24

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�Juan B. Tijerina

del artículo 61 de la Constitución local, que había sido
intransigente en 1887, en tiempos del gobierno de Rómulo
Cuéllar, a no alinearse a los cambios constitucionales que a nivel
federal permitieron la reelección de Díaz. La decisión de Cuéllar
era una velada y sutil protesta contra la creciente centralización
política que el presidente estaba ejerciendo en Tamaulipas, con el
argumento de que violaba el espíritu del plan de Tuxtepec, pero
que al final le resultó contraproducente al propio gobernador, que
se vio impedido de continuar en el gobierno.25
Ya establecido en la capital, Tijerina fundó el periódico El
Progresista en 1895, que se presentó al público como órgano de
difusión política del Club “Guadalupe Mainero”; es decir, fue un
ariete para afirmar la candidatura de su viejo amigo, con el que
afianzó sus lazos. Y vaya que hubo que hacer uso de las páginas
de este medio de prensa para abrirse camino, como se observó en
el contra-ataque a las críticas que le propinaba Manuel de León a
la postulación de Mainero.26 Este personaje era un terrateniente
de Soto la Marina, donde había sido autoridad local; además, fue

25

Miró, Historia de dos caciques y un proyecto de nación: vida política en
Tamaulipas durante la segunda mitad del siglo XIX, 205-212.
26
“Puesto que Vd. lo quiere, sea”, El Progresista, Ciudad Victoria, mayo 3 de
1895, H-UAT.
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�Octavio Herrera Pérez

postulado a la gubernatura en 1887, diputado en el Congreso de
la Unión al año siguiente, nuevamente mencionado como
candidato a la gubernatura en 1891, estuvo una vez más en la
cámara baja de la nación en 1892, y en 1894 volvió a ser diputado
federal propietario, pero por el partido de Lerma, Estado de
México,27 aunque sin perder el interés de volver a ser postulado a
gobernador en Tamaulipas, como en efecto lo fue en 1895,
compitiendo con Mainero.28
En estos tiempos, década de 1890, florecía la organización
masónica en todo el país, como resultado del triunfo ideológico
del liberalismo. Tamaulipas en especial era un territorio donde la
masonería había arraigado desde los primeros días de la vida
independiente, debido a que, dada su tardía colonización
novohispana, en esta entidad la iglesia no había desplegado una
significativa presencia en la vida pública e institucional. Fue el
rito yorquino el primero en tener una expresión en el estado,
interesado en la propagación del pensamiento liberal y del
régimen político federalista. Se fundaron así, desde 1826 en
Tampico, la logia “Iris de la Paz”, a la que siguieron “Brillo de
27

Diario del Hogar, México, diciembre 19 de 1891; El Siglo XIX, México,
septiembre 12 de 1892; y La Patria, julio 10 de 1894, HN.
28
“Tamaulipas. Gobierno del estado y los candidatos”, y “Las Elecciones en
Tamaulipas. El Sr. D. Manuel de León”, El Diario del Hogar, México, marzo
12 y abril 16 de 1895, respectivamente, HN.
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�Juan B. Tijerina

Luz Mexicana”, en Tula, “Fanal de Tamaulipas”, en Ciudad
Victoria, y “Valor”, en Matamoros. Luego de la reforma liberal y
de la restauración de la república, las logias masónicas cobraron
plena carta de naturalización en el país. En Tamaulipas, en esta
etapa se distinguió de manera significativa el ingeniero Alejandro
Prieto como un líder masónico. Y aunque no se posee el dato del
momento en que Juan B. Tijerina se incorporó a la masonería, su
pertenencia a este tipo de organización fue indiscutible. Incluso,
tras su muerte, se organizó en Ciudad Victoria una logia que
llevaba su nombre. Su adhesión o reincorporación activa a la
masonería, debió sin duda apuntalar y arropar la reinserción
política y social de Tijerina luego de su autoexilio y problemas
judiciales.

Imagen 1. El profesor Juan B.
Tijerina durante su juventud, cuando
su temperamento como .opositor
editorial lo enfrentó al régimen
porfiriano. Colección IIH-UAT.
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�Octavio Herrera Pérez

Impronta de la laicidad educativa
Instruir es emancipar, es engrandecer, es casi crear;
por esta razón, siguiendo los consejos de la experiencia
y el ejemplo de las naciones civilizadas, debemos hacer
de la instrucción la palanca poderosa de la regeneración
de la patria.
José María Vigil

Después de los turbulentos años de confrontaciones políticomilitares y del ejercicio caciquil del poder a lo largo de las
décadas de 1850 a 1870, entrada ya la década de los ochenta se
comenzaron a establecer las bases de la formación de un sistema
educativo organizado en Tamaulipas, cuando el gobierno del
estado comenzó a dar apoyo técnico y financiero a las juntas de
instrucción pública de la entidad, a la vez que las dotó de un
marco de referencia jurídica. Era el tiempo de instrumentar la
educación laica, pública y gratuita, el gran ideal del pensamiento
liberal, a pesar de que el país era una masa demográfica
mayoritariamente analfabeta, pobre y ubicada en el mundo rural,
sujeta a las enormes desigualdades impuestas por el sistema
económico vigente, que aún se agudizó más con la modernización
capitalista y el acaparamiento de la tierra y con una incipiente
proletarización urbana carente de los más mínimos derechos
laborales.
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�Juan B. Tijerina

Aun así, la educación se planteó como uno de los
paradigmas del progreso en marcha, siendo un fuerte incentivo
para la dinámica gubernamental a todos los niveles, que por vez
primera pudo desplegar todo un programa educativo en forma.
Como soporte de este proyecto estuvieron las ideas del
positivismo en boga, que sostenían que el único conocimiento
auténtico era el derivado de las teorías apuntaladas en el método
científico. Sobre esa base fue que, desde el inicio de su gobierno
en 1888, el ingeniero Alejandro Prieto se propuso establecer una
institución educativa que impartiera la enseñanza necesaria para
la formación preparatoria y normal, de lo que resultó la creación
del Instituto Literario del Estado (dividido en dos ramas:
Preparatoria y Escuela Normal de profesores), a cargo del
ingeniero Luis Puebla y Cuadra. Más tarde, ya durante el
gobierno de Guadalupe Mainero, el horizonte educativo se
expandió, añadiéndose entre otros conceptos la educación preescolar, la educación rural y la realización de un primer congreso
pedagógico nacional, así como la creación de la Dirección
General de Instrucción Pública, que normó y unificó los esfuerzos
oficiales en la materia.
Fue en este caldo de cultivo en el que incursionó Juan B.
Tijerina desde que radicó en Ciudad Victoria a partir de 1895,
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�Octavio Herrera Pérez

tanto en la escuela primaria municipal que dirigía, como en la
Escuela Normal y Preparatoria, donde era profesor en diferentes
cátedras y fue mentor de varias generaciones, entre las que se
formaron algunos de los cuadros de intelectuales y políticos
actuantes en el acontecer de la entidad, como Emilio Portes Gil,
Lauro Aguirre, Candelario Reyes y otros. Como docente, se le
recuerda como un gran disertador de sus cátedras, llenas de
erudición y elocuencia, ya que asumía varias asignaturas que iban
desde las matemáticas a la literatura, pues su formación originaria
como profesor de carrera lo acreditaba ampliamente en las aulas,
aparte de sus profusas lecturas, ya que se proveía de textos tanto
para su estantería personal de libros como para la Biblioteca
Pública del Estado que fue creada durante la administración del
ingeniero Prieto.
Pero sin

duda,

una

de

las

aportaciones

más

significativas de Juan B. Tijerina a esta fase formativa de la
educación en Tamaulipas fue el propalar con gran enjundia el
principio laico en la enseñanza, es decir, crear una impronta
indeleble en este sentido, como bien lo proponía el célebre
escritor mexicano José María Vigil. Esto constituía un
principio del pensamiento liberal, que en las numerosas
páginas impresas dedicadas por este mentor, se convirtieron en
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la huella que marcó el ethos ideológico, es decir, remarcó el
conjunto de rasgos de la laicidad en los modos de
comportamiento

institucional

del

sector

educativo

en

Tamaulipas; de ahí que su libro Poesías Escogidas fuera
publicado por el gobierno del estado en 1921, para uso de libro
de texto, en el que se incluían piezas con un claro sentido
edificante de corte laico. Un texto suyo, El Laicisismo,
publicado en 1905, da cuenta de este posicionamiento:
Los padres de familia deben pensar que sobre ellos pesa una
responsabilidad enorme: la instrucción y educación de sus
hijos; que el único medio para llegar a este fin, es poner a sus
hijos en las escuelas laicas. El maestro laico no enseña al acaso,
sino por el contrario, para llenar cumplidamente su misión
civilizadora, recibe especialísima preparación, y solo tras
largos años de afanes y estudios llega a obtener el título que lo
autoriza para ejercer el Magisterio.
[...] en las escuelas oficiales no puede darse enseñanza
religiosa, pues esto sería un atentado sin nombre a la tolerancia
religiosa y a la libertad de conciencia, ya que se pretendiera
enseñar tal o cual religión, con exclusión de las demás; y en
segundo, porque, no nos cansaremos de repetirlo, aún a riesgo
de incurrir en el vicio de tautología, la educación e instrucción
que se recibe en los planteles oficiales, no influye poco ni
mucho en las creencias religiosas, y católicos y protestantes
pueden mandar a ellos a sus hijos, los cuales, sin dejar de ser
protestantes o católicos, podrán adquirir aquella suma de
conocimientos indispensables para entrar mañana a la ruda e
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�Octavio Herrera Pérez

incesante lucha de la existencia y ser miembros útiles a la
sociedad en que viven.29

Anticlerical recalcitrante
A la par de su posición laica en el frente educativo, en la palestra
pública abierta Juan B. Tijerina no tuvo recato alguno en expresar
su anticlericalismo, aunque se confesara respetuoso de un Ser
Supremo, o del Gran Arquitecto del Universo, desde la
perspectiva masónica que practicaba. Dentro de esta última, se
mostraba inclinado a la postura filosófica del deísmo, en el que
aceptaba la existencia y naturaleza de Dios, pero a través de la
razón y la experiencia personal, en vez de aceptarlo como
símbolo de fe religiosa. Así lo refleja en varios de sus textos, y
aun llega a ser duro y radical en sus conceptos, como lo señaló en
la refutación hecha en 1906 a Juan Pedro Didapp, al disentir con
sus ideas sobre la existencia o no de la religión, particularmente
el credo católico. De esta forma se expresó Tijerina:
No, estimado colega: para ludibrio de la razón, para escarnio de
la verdad y vergüenza del género humano, la Religión católica
no ha muerto por desgracia, pero morirá, como tiene que morir
todo cuanto se opone al empuje arrollador e irresistible del
progreso, como tiene que morir lo anacrónico, lo absurdo, lo
“El Laicismo”, El Progresista, Ciudad Victoria, octubre 22 de 1905, HUAT.
29

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�Juan B. Tijerina

que es incompatible con la libertad y racionalidad humanas,
con las lágrimas y eternas aspiraciones del hombre hacia su
perfeccionamiento intelectual y moral. 30

Imagen 2. El Instituto Literario del Estado de Tamaulipas, donde Juan B.
Tijerina afianzó su laicidad y los valores y principios del liberalismo, situado
en Ciudad Victoria, justo frente al solar de su competidor natural: el obispado
de Tamaulipas. Colección Gilberto Gómez.

Pero a contrapelo del anticlericalismo de Juan B. Tijerina, en
Ciudad Victoria tenía lugar una intensa actividad por parte del
clero católico, como sede que era del Obispado de Tamaulipas,
instaurado por el Papa Pío IX en 1861 en forma de Vicariato
Apostólico, con lo que se hizo la separación jurisdiccional de la

“Un periódico fronterizo y La Patria”, La Patria, México, enero 27 de 1906,
HN.
30

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mitra de Nuevo León. Finalmente, el proceso culminaría en 1870,
cuando el mismo pontífice expidió la bula Apostolicam in
Universa Orbis Ecclesis, por la que se erigió la mitra tamaulipeca.
No obstante, en Tamaulipas ya había existido una decidida
oposición liberal contra los intereses de la iglesia. Así lo hizo el
gobernador Francisco Vital Fernández hacia 1833, al asumir una
suerte de patronazgo de estado, especialmente en el cobro del
diezmo y el remate de las ex misiones de indios, afectando la
influencia del Obispado de Nuevo León. Más tarde, durante la
Guerra de los Tres Años, el clero tamaulipeco, bajo la influencia
imperativa del gobernador Juan José de la Garza, reconoció los
principios de las Leyes de Reforma. Un elemento más en los
avatares de la iglesia en Tamaulipas sería la figura del padre
Ramón Lozano, párroco de Santa Bárbara, quien pretendió en
1861 crear la denominada Iglesia Católica Apostólica Mexicana;
fue también diputado ante el congreso del estado, quien lo
autorizó a legitimar con su apellido a tres hijos que tenía con
Cesárea Quintero.31 Y peor aún para la iglesia en Tamaulipas,
cuando en 1896 estalló un escándalo a nivel nacional debido a
“Expediente relativo a la legitimación de los hijos naturales del presbítero
don Ramón Lozano, Congreso del Estado de Tamaulipas”, El Siglo XIX,
México, mayo 26 y 27 de 1861, HN.
31

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�Juan B. Tijerina

que el segundo obispo de esta diócesis, Eduardo Sánchez
Camacho, se pronunció contra las supuestas apariciones de la
virgen de Guadalupe en el Tepeyac, lo que derivó en la
intervención del propio nuncio apostólico Nicolás Averardi,
resultando al final su remoción y renuncia del obispado.32 Pero a
pesar de todo, como ha sucedido en casi dos mil años, la iglesia
volvió a erigirse venturosa en Tamaulipas, al ganar un terreno
antes no conquistado, de la mano de las elites locales y del pueblo
llano,

quienes

desconocían,

pensamiento liberal.

ambos,

los

principios

del

33

A diferencia del maestro, poeta, periodista, liberal y
masón Juan B. Tijerina, el político Guadalupe Mainero, su
mancuerna solidaria, como hombre público, no se podía sustraer
al signo de los tiempos que impuso el propio presidente Porfirio
Díaz al instaurar un trato conciliatorio con la iglesia.34 Así las
José Miguel Romero de Solís, “Apostasía episcopal en Tamaulipas, 1896”,
Historia Mexicana XXXVII, núm. 2 (octubre-diciembre 1987): 239-282.
33
Así vemos, por ejemplo, que durante la Semana Santa de 1902, el obispo
Simón del Fierro encabezó la culminación del adorno interior de la iglesia
catedral de El Refugio. La descripción de un contemporáneo puede leerse en
“Tamaulipas”, El Tiempo. Diario Católico, abril 11 de 1902, HN.
34
En esto influyó el sacerdote y primer arzobispo de Oaxaca, Eulogio Gillow,
quien en 1881 casó al general Díaz con la tamaulipeca Carmen Romero Rubio.
Para el Vaticano, y especialmente para el Papa León XIII, uno de los objetivos
importantes para la América Latina era llegar a un concordato con el gobierno
republicano de México, lo que Díaz eludió con el artilugio de que el país se
32

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�Octavio Herrera Pérez

cosas, Mainero no quiso quedarse atrás, como lo hizo al firmar
una manifestación de apoyo y reconocimiento a la labor del
exobispo Sánchez Camacho, o como cuando afirmó que las Leyes
de Reforma habían servido para moralizar al clero mexicano, lo
que le acarreó severas críticas, pues se mostraba “más papista que
el Papa”35 (lo que no podía en el fondo ser posible, ya que el
gobernador pertenecía al culto protestante, como lo consigna su
acta de defunción). Y sin hacer caso de sus detractores, el
gobernador siguió dando los pasos que él consideraba para hacer
efectivas unas buenas y cordiales relaciones con la iglesia, aunque
no oficiales, pero sí oficiosas:
Don Guadalupe Mainero sigue prestando su coche para el
Obispo Fierro y para que pase el viático por las calles de Ciudad
Victoria. ¿Qué es más de admirar, que Fierro no tenga coche, o
que Mainero le preste el suyo? Lo segundo no me admira,
porque hoy está de moda la conciliación.36

Un hombre de letras y crítico literario
No se pretende en estas líneas hacer un análisis acerca de la obra
literaria de Juan B. Tijerina, ya que no son propiamente las letras

fundamentaba en la laicidad del Estado, cuando en realidad la mayoría de la
sociedad era católica y guadalupana.
35
“Difícil Tarea”, La Zona Libre, Nuevo Laredo, reproducido en El Diario del
Hogar, noviembre 16, 1895, México, HN.
36
El Hijo del Ahuizote, México, noviembre 26 de 1899, HN.
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�Juan B. Tijerina

en un sentido literario el hilo conductor de este ensayo, sino la
actuación política e ideológica de nuestro personaje. Aun así, es
tal el compromiso con su causa, que no deja de estar presente en
muchos casos de su trabajo literario la alusión política, la
metáfora crítica a un émulo, o el sarcasmo sin remitente contra
algunos de sus detractores. Y ni qué decir de su crítica literaria,
que, si bien en ocasiones se ciñe al mundo de las letras, en otras
es simplemente también una vía para el pugilismo político. Su
seudónimo de lucha fue Harmodio, nombre propio del griego
antiguo Ἁρμόδιος /Harmodios, muerto en el 514 a.C., y quien
junto a Aristogitón fueron un par de tiranicidas, considerados
como héroes y mártires de la libertad en la Atenas clásica.37
37

De ambos personajes dan cuenta Heródoto y Tucídides, al decir que
Aristogitón era un ateniense de clase media vinculado con su joven amante,
Harmodio, de familia noble, quien estaba ofendido por Hiparco, uno de los
Psistrátidas (gobernantes de Atenas), que impidió que su hermana formara
parte de las canéforas (jóvenes vírgenes portadoras de canastos de flores y de
mirtos) en la procesión de las Panateneas (fiestas religiosas dedicadas a
Atenea). Por tanto, ambos se unieron para derrocar a este tirano y a su hermano
Hipias. Lograron matar a Hiparco, pero al final fueron muertos los dos,
provocando por último el derrocamiento por el pueblo ateniense de Hipias.
Calistrato, un sofista y retórico del siglo III a.C., les cantó: “Yo llevaré mi
espada/de mirto coronada/como Aristogitón y Harmodio hicieron/cuando al
fiero tirano/mataron y en Atenas/la igualdad de la ley establecieron./¡Oh
Harmodio! Tú no has muerto:/tú estás, según se dice/en la isla de los
bienaventurados/do están los esforzados/Aquiles el ligero/y Diomedes, hijo de
Tideo. Yo llevaré mi espada/de mirto coronada/como Aristogitón y Harmodio
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�Octavio Herrera Pérez

Ernesto Higuera y Carlos Gonzáles Salas han sido quienes han
hecho un abordaje analítico de la trascendencia literaria de
Tijerina. Ambos coinciden en las múltiples facetas que tuvo y en
la realización y plenitud que alcanzó en cada una de ellas, y a sus
análisis sobre la valoración de su obra yo remito al lector.38
En suma, señala González Salas, puede en parte
identificarse su obra con autores del romanticismo, tales como
Espronceda, Byron, Bécquer y Núñez Arce, algo muy natural
dada su afinidad con el pensamiento liberal. No obstante, debido
a su propia preparación profesional y manejo de los recursos
mitológicos, se mantuvo conservadoramente situado como un
neoclásico.39 Por tanto, antagonizado con la corriente modernista
que ya se expresaba, como una transición desde el romanticismo
y que estaba presente en la época en la que le tocó vivir, como
Manuel Gutiérrez Nájera, Manuel José Othón, Salvador Díaz
Mirón, Luis G. Urbina, Amado Nervo, José Juan Tablada y
hicieron/cuando al tirano Hiparco/en las solemnes fiestas/de la sacra Minerva,
muerte dieron./Será entre los mortales/eterna vuestra gloria,/caro Aristogitón
y Harmodio amado,/porque al tirano airado/matasteis y en Atenas/la igualdad
de la ley establecistes”.
38
Ernesto Higuera, Páginas selectas (Ciudad Victoria: Gobierno del estado de
Tamaulipas, Dirección General de Educación y Cultura, 1987), 73-86; y
González, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, 9-25.
39
González, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, 22-23.
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�Juan B. Tijerina

Ramón López Velarde, de quienes publicó algún poema en su
periódico El Progresista, pero con los que no se incorporó,
manteniéndose en su raya, lo que seguramente influyó para que
se le soslayara del pleno reconocimiento nacional a su obra.
Respecto a su talante como crítico literario –retomando a
González Salas–, solo se dedicaba a fustigar, sin analizar o
interpretar. Es decir, gustaba de hacer de la crítica el ataque
continuo, de los que no se libran escritores y poetas de la talla del
colombiano Julio Flórez Roa, el nicaragüense Rubén Darío, el
peruano José Santos Chocano (el “cantor de América”), y los
mexicanos Rafael Sayas Enríquez (jurisconsulto y poeta), Amado
Nervo y Juan José Tablada (ambos diplomáticos y hombres de
mundo), a los que llamó “decadentistas”, por su abierta oposición
a la moral tradicional. Cabe subrayar que en ningún caso entabló
una polémica con ellos, sino que el propio Tijerina publicaba las
interpretaciones de sus obras en las páginas de la prensa a su
disposición. Y desde allí también hizo crítica ejemplarizante a los
noveles e inexpertos literatos de su época, a veces con tanta
brusquedad que rayaba en una agresión abierta o satírica:
Ni el Sr. Profesor Don Gregorio Torres Quintero en sus fábulas
[…], ni Don Rodolfo Menéndez, ese campeón de los
despropósitos métrico-escolares, autor de la Lira de la Niñez y
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�Octavio Herrera Pérez

otros excesos; ni, en fin maestro de escuela alguno, han
producido en sus períodos álgidos de inspiración tantos y tales
desatinos como los que contiene un Sainete en verso que tengo
a la vista, titulado El Pacto Fundamental, y cometido por un
Sr. Mariano Sánchez Santos, poeta dramático andante, cuyas
hazañas hasta hoy llegaron a mi noticia. [...] El argumento del
sainetito en cuestión no puede ser más sencillo ni más tonto...40

Caso de una crítica literaria muy especial, es el discurso
apologético oficial que se hace y se repite incesantemente, cuando
se menciona en la actualidad en público al poeta Tijerina, es su
“catilinaria” contra el obispo José María Ignacio Montes de Oca
y Obregón. En primer término, hay que recordar que este
personaje de la iglesia fue el primer obispo de Tamaulipas, en
cuya diócesis se mantuvo a lo largo de casi toda la década de
1870, al lado del “Tío” Servando [Canales], de donde pasó
después a la mitra de Nuevo León y finalmente a la de San Luis
Potosí. De que Montes de Oca era un individuo arrogante y
petulante no cabe duda, en buena medida por su linaje de origen,
como miembro de una de las familias más aristocráticas de
México, con residencia en Guanajuato. De que era buen escritor
–su seudónimo “Apando Acaico”–, tampoco se puede decir lo

“El Pacto Fundamental”, El Progresista, Ciudad Victoria, febrero 19 de
1905, H-UAT.
40

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�Juan B. Tijerina

contrario por un observador objetivo, al tener una formación
humanista y religiosa adquirida en Inglaterra, en la Universidad
Gregoriana de Roma y en la Academia de Nobles Eclesiásticos
también situada en la Santa Sede, donde se doctoró en ambos
derechos. De su conocimiento de los clásicos, no hay incógnita,
incluso leídos en sus lenguas originales, al dominar el griego,
latín, francés, italiano y castellano. Y de su lista de obras, basta
hacer una ligera pesquisa para dar con ellas en las referencias
bibliográficas de la literatura mexicana. Entonces: ¿Cuál fue la
motivación de Tijerina para irse contra el obispo potosino y
extamaulipeco? Ideológica, sería la respuesta, pues desde 1900
Montes de Oca, desde París, había expresado que en México la
iglesia católica había avanzado a pesar de las Leyes de Reforma,
a la vez que denunció la separación de la Iglesia-Estado, como un
acto violento a la naturaleza, como separar al alma del cuerpo.
Naturalmente esto provocó la hilaridad de los liberales
mexicanos, por cierto, ya con bastante pólvora mojada en sus
alforjas, entre los que se contaba, abastionado en Ciudad Victoria,
el implacable Harmodio, éste en cambio con bastante parque,
quien dijo:

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Y voy a hablar del Sr. Montes de Oca. Y emplearé el estilo
bíblico. Que es lo mismo que cualquier otro estilo. Y empiezo,
y digo: El Sr. Montes de Oca es un hombre de mucho talento.
Y un consumado escriturario. Y un humanista de libras. Y un
literato insigne. De los dos elementos que integran al poeta, la
vanidad y el numen, no le falta más que este último. Por eso no
es un poeta. Lo que no impide que tenga sus originalidades. Y
sus salidas imprevistas. Y sus golpes inesperados.
Historiemos.
En aquel tiempo fue el Sr. Montes de Oca Obispo de
Tamaulipas. Y le pareció que un obispo estaba en la obligación
de hacer versos. Y se creyó poeta. Y compuso un soneto. Y vio
que era bueno. Y lo publicó. Y lo censuró. Y el Sr. Montes de
Oca defendió su obra diciendo que era excelente. Por razón
muy sencilla: porque el censor era un perro. Y por otra no
menos obvia: porque él, Montes de Oca, era un planeta muy
limpio y muy alto.41

El bardo en la madurez de su vida
Ahora tratémonos de acerca al hombre de carne y hueso que fue
Juan B. Tijerina. Esto solo lo podemos hacer con los testimonios
de quienes lo conocieron, preferentemente algunos de sus
alumnos. Julián Terán, Artemio Villafaña, Ernesto Higuera y
hasta Emilio Portes Gil se encuentran entre los que dejaron un
testimonio escrito sobre su persona.

“Originalidades del Sr. Obispo Montes de Oca”, El Progresista, Ciudad
Victoria, marzo 12 de 1905, H-UAT.
41

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�Juan B. Tijerina

De entrada, las proporciones de su anatomía, descritas
cuando ya estaba en su etapa madura: “Era un hombre de
cincuenta años, de cuerpo mediano, de apariencia robusta, andar
pesado, enérgico, altivo y rostro rubicundo, amplio bigote entero
y perilla corta; su cabellera entrecana y revuelta y su mirada noble
y altiva”.42 Otra descripción de Tijerina agrega, luego de repetir
los rasgos sobre su apariencia mediana y robusta, y también a los
cincuenta años:
Ataviado con traje completo, aunque no acicalado, tocado con
sombrero […] cara casi redonda terminada en piocha entrecana
a lo Justo Sierra, mirada penetrante, aunque no severa, con el
hombro derecho un poco caído, asimetría ésta que ocasionaba,
al caminar, cierto balanceo y un paso un poquito más largo del
bagaje intelectual y artístico de la última hora. Para los
estudiantes era ejemplo vivo de sapiencia, de probidad, de
espíritu liberal, de carácter, de tribuno, de poeta; de ahí nuestra
veneración.43

Tal vez por su carácter, Juan B. Tijerina nunca se casó. Tampoco
cantarle a la mujer o construir composiciones líricas de corte
erótico fue lo suyo. Se sabe que llegó, por encargo, a redactar
Julián Terán, “Reseña literaria de Tamaulipas”, El Mundo, magazine
dominical, Tampico, enero 30 de 1968, en González, “Juan B. Tijerina: el
hombre y su obra”, 13.
43
Artemio Villafaña, “Discurso sobre la poesía de Don Juan B. Tijerina”, II
Encuentro de Poesía Tamaulipeca, Tampico, septiembre 14 de 1976, en
González, “Juan B. Tijerina: el hombre y su obra”, 13-14.
42

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�Octavio Herrera Pérez

algún discurso enalteciendo la superación de la mujer, pero hasta
allí. En este sentido, otro de sus alumnos aseveró: “Fue un
misógamo, a pesar de las galanterías prodigadas a la mujer en
algunas improvisaciones y páginas de álbum. Su gran amor fue el
estudio, porque vivió en frecuente trato de los libros”.44
Eso sí, lo de disfrutar la vida no lo perdonaba, algo
bastante explicable en un hombre de letras, lector consumado y
creador de imágenes textuales. Tenía que haber un estímulo, un
elixir que hiciera fluir las ideas:
Gustaba mucho de la buena mesa y de los vinos fuertes.
Sócrates hubiera podido beber muchas horas en su compañía
sin rendirse a los efectos de la embriaguez. Fumaba cigarrillos
de hoja de maíz. Muy personal era su forma de succionar el
humo: lo retenía en la boca sin darle “el golpe”, con los carrillos
inflados, para arrojarlo después de impregnarse con aroma del
tabaco.45

Metódico, se metía a la cama temprano y se levantaba al
amanecer. Enseguida se enfundaba en uno de sus trajes gruesos,
generalmente oscuros, y andaba una cuadra desde su casa situada
en el callejón de Morelos, que daba a la antigua Plaza de Armas,
para llegar a la Calle Real (Hidalgo), donde tomaba el tranvía –

44
45

Higuera, Páginas selectas, 83.
Higuera, 84.

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�Juan B. Tijerina

perteneciente a su amigo el potentado Manuel González, hijo–,
que lo llevaba hasta la hacienda de Tamatán, también propiedad
de aquél, por lo que al bajarse se acomodaba su amplio sombrero
negro de copa elevada y anchas alas, para enseguida dedicarse a
caminar, rompiendo así el sedentarismo y las largas horas de
concentración y de lectura, preparación de clases o revisión de
exámenes, así como elaborando planes de estudio, toda una tarea
continua. Y ya en las horas de descanso, tenemos una estampa
que nos da una imagen del bardo:
Acostumbraba a sentarse en una amplia mecedora de las tejidas
con palma que hacen en Tamaulipas, en mangas de camisa, de
aquellas camisas de colores vivos que siempre lucía
pulcramente planchadas, lustrosas y almidonadas, sosteniendo
en su mano el volumen que estaba en turno. Los pocos estantes
de su biblioteca se urgían adosados a los muros de una pieza
grande que le servían de recibidor. Dejaba su retiro solamente
para concurrir a sus cátedras a la Escuela Preparatoria y
Normal, y en la escuela municipal que dirigía.46

La oratoria y disertación pública de sus poemas y composiciones
en prosa fueron otras de las grandes inclinaciones de Tijerina.
Para ello tenía toda la autoridad, el escenario y hasta el poder en
la capital de Tamaulipas, especialmente en el lustro de oro en que
Guadalupe Mainero se mantuvo al frente del gobierno del estado.
46

Higuera, 83-84.

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�Octavio Herrera Pérez

El flamante Teatro Juárez era el coso para este gladiador literario,
cuyas obras estaban presentes, o bien en viva voz de su persona,
o por interpósitas personas o alumnos que las declamaban y
leían.47 Su presencia personal era todo un espectáculo, que
alcanzaba la dimensión de una interpretación escénica
grandilocuente, de verdadero carácter político, como no pudo
pasar por alto a la observación de un niño que, al pasar el tiempo,
asumiría la presidencia de la república, Emilio Portes Gil:
Recuerdo la presencia desafiante de don Juan, en la velada que
para despedir el siglo se llevó a cabo en el teatro Juárez. El acto
lo presidía don Guadalupe Mainero Gobernador del Estado. El
coliseo estaba pletórico. Se esperaban con ansiedad las 12 de la
noche, hora en que el gran tribuno habría de tomar la palabra.
Al levantarse de su asiento, una estruendosa ovación se oyó en
el recinto. Todos nos pusimos de pie. Yo tenía nueve años de
edad y sentí que mi cuerpo vibraba como si fuera un dínamo.
Al terminar la atronadora demostración, don Juan pronunció
una de las más bellas poesías que he escuchado en toda mi
vida.48
47

Un ejemplo de las lecturas que se hacían de las composiciones de Juan B.
Tijerina, fue cuando el coronel Gonzalo Ríos del 4° Batallón del ejército que
guarecía ciudad Victoria, organizó un acto en el Teatro Juárez para la entrega
de premios a los alumnos de la escuela de tropa, acompañado del director de
Instrucción Pública del estado, Silverio de J. Zamudio y del gobernador
Argüelles, en el que el joven González Salinas dio lectura a las palabras del
maestro Tijerina, amenizando la velada la Banda del Estado. La Patria, enero
9 de 1906, HN.
48
Emilio Portes Gil, Raigambre de la revolución en Tamaulipas:
autobiografía en acción (Ciudad Victoria: Gobierno del Estado de
Tamaulipas, 2008), 39.
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�Juan B. Tijerina

Política y contraataque periodístico
Capacitado en la beligerancia de las letras cuando éstas se
involucran con la política, una de las facetas que sus alumnos no
pudieron comprender –porque ninguno dejó testimonio de ello–,
fue el tiempo cuando Tijerina se convirtió en la materia gris, en
el segmento periodístico del “cuarto de guerra” del que debió
echar mano el gobernador Mainero en el difícil cuatrienio de su
primera administración gubernamental que arrancó en 1896. Por
tal razón ahora El Progresista se declaraba como un “periódico
político, literario, comercial, agrícola, de variedades y anuncios”,
es decir, para cubrir todos los frentes posibles de refriega. Por otro
lado, el nuevo gobernador, en un acto de concentración de poder
–que le fue duramente criticado–, colocó en la dirección del
Periódico Oficial del Estado a su secretario general (“particular”,
como se decía entonces), Gustavo Caballero. En tanto Víctor
Pérez Ortiz, quien se había responsabilizado del órgano oficial
del gobierno en la administración de Prieto, fue rescatado por
Tijerina, que entendía que la tipografía no era una cuestión
política, a diferencia de los nuevos acólitos oficiosos del
gobernador que veían por doquier “moros con tranchete”.
Tijerina mismo en este momento le fue recordado por los
críticos a Mainero que “tenía cola que pisar”, por una supuesta
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�Octavio Herrera Pérez

vinculación con la rebelión de Catarino Garza en la frontera norte,
uno de los seguidores del difunto y mártir doctor Ignacio
Martínez. Pero era cosa probada que él se había desentendido del
radicalismo anti-porfirista y había pagado su penitencia casi con
su pellejo en las fauces del procónsul Bernardo Reyes. Entonces,
de momento, había que nadar sin hacer olas, porque casi
coincidentemente la propia candidatura y el gobierno inicial de
Guadalupe Mainero, estuvieron a punto de irse al traste. El
problema fue que su hermano Antonio, un oficial a nivel de
coronel pero con delicadas responsabilidades en la frontera norte,
cometió numerosos abusos entre la tropa a su mando, incluso la
muerte de un soldado castigado a palos, lo que originó que el
ministerio de guerra, sin consideración de la influencia política
de su hermano (cuyos amanuenses del Periódico Oficial
intentaron defender), sometiera a este individuo a una corte
marcial, y lo sujetara a prisión en Monterrey y luego en San Juan
de Ulúa.49
A pesar de que el gobernador Mainero tenía el ánimo y
buena intención de hacer bien las cosas, continuó siendo muy

“Mainero en San Juan de Ulúa”, Diario del Hogar, México, mayo 20 de
1899, HN.
49

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�Juan B. Tijerina

criticado en la prensa nacional y por varios intelectuales
orgánicos del sistema, por incursionar en temas bastante
delicados. Uno de ellos fue el introducir una opinión de corte
internacional –con el pretexto de que era una recomendación de
paz y concordia solo para consumo estatal–, en el tema de las
convulsiones revolucionarias que se experimentaban en Cuba en
la víspera de la invasión norteamericana. Por tanto, la andanada
no se dejó esperar.50 Otra iniciativa que también dio pie a las
críticas de la prensa fue la propuesta que hizo el gobernador de
aplicar severas penas a los reincidentes en el “delito” de la
embriaguez, modificando para tal efecto el código penal del
estado.51
Pero el tema que pegó durísimo a la administración
gubernamental de Mainero, en términos de críticas de prensa, fue
su iniciativa de adquirir el solar donde había tenido lugar en la
villa de Padilla la ejecución del exemperador Agustín de Iturbide
en 1824. Esta acción era en esencia un acto de plena congruencia

50

Un ejemplo elocuente de tales críticas está en El Popular, México, enero 7
de 1897, HN.
51
Y la prensa nacional se preguntaba si con esa medida se iba a lograr la
temperancia de los tamaulipecos. Un ejemplo editorial se observa en el
influyente periódico El Imparcial, México, julio 14 de 1897, HN.
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�Octavio Herrera Pérez

liberal, ya que por esos días un particular de corte conservador y
del interior del país, pretendía adquirir dicho predio, con miras a
erigir allí, de su propio peculio, una capilla religiosa
conmemorativa, similar a como había ocurrido en Querétaro en
el Cerro de las Campanas. Y no solo eso, la adquisición del
terreno se hizo con todo el protocolo del caso, ya que pasó a ser
un bien público, cuyos trámites fueron debidamente dados a
conocer en una publicación, que se hizo acompañar de un
razonamiento histórico a cargo del prestigiado doctor Ernesto de
Kératry, por entonces titular del Instituto Literario del Estado.52
Sin embargo, nada de esto representó una justificación para los
críticos externos, presentes “en casi toda la prensa de la
república”. Solo el Periódico Oficial de Tamaulipas y El
Espectador de Monterrey hicieron frente al vendaval.53
Y ¿dónde queda Juan B. Tijerina en todo este intenso
tráfago de críticas contra la máxima autoridad de Tamaulipas?
Pues atrás de las letras, su especialidad, embozado ahora con el
seudónimo de “Y Griega”, tratando inútilmente de quitarle los
52

El Monumento de Padilla.
A este periódico Irineo Paz lo tildaba “de tener cinco suscripciones pagadas
por el Tesoro de Tamaulipas, porque de otro modo, ni el mismo Mainero
comprende que se le defienda…”. La Patria, México, abril 24 de 1901, HN.
53

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�Juan B. Tijerina

golpes a Mainero, en los temas de Cuba, la embriaguez, el
monumento de Padilla y en cuanto fuera necesario, porque
también coadyuvaba sin duda en forma anónima a la redacción
de los posicionamientos que hacía el Periódico Oficial de
Tamaulipas.54
Para 1899, cuando se acercaba el fin del cuatrienio del
gobierno de Guadalupe Mainero, las condiciones que lo rodeaban
hacían previsible que ya no siguiera gozando de la confianza del
presidente Díaz, el gran elector, por lo que los diversos grupos
políticos locales opuestos a su administración comenzaran a
movilizarse. Esto debido a que, como táctica de abrir camino, el
Periódico Oficial se comenzó a convertir en un vehículo de las
fobias contra los posibles competidores a la reelección del
gobernador. Uno de estos líderes de oposición era el licenciado J.
de Jesús Peña, que de manera privada se quejó de esta situación
con el ingeniero Alejandro Prieto, el exgobernador, quien podía
estar en capacidad de volver a ocupar la primera magistratura del
estado. Le decía así Peña al ingeniero Prieto:

“Y Griega, Los Honrados y los Púgiles”, El Espectador, Monterrey, en
Periódico Oficial del Estado de Tamaulipas, Ciudad Victoria, abril 27 de
1901, Archivo General e Histórico del Estado de Tamaulipas (en adelante
AGHT).
54

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Algunas personas aseguran que es cosa resuelta la reelección
de Mainero, pero como no puedo creer en cosa tan poco
deseada por nuestro pobre Estado y tan inmerecida de parte de
quien personifica actualmente una verdadera decepción,
aquella noticia me ha hecho pensar en la oportunidad que Vd.
se acerque al Sr. Presidente haciéndole conocer que es general
y motivado el descontento que rodea a nuestro joven
gobernante […]
Carece el señor Mainero de méritos para con el Estado para
continuar en el Gobierno, carece de simpatías y representa una
decepción para las muchas esperanzas con que fue recibida su
promoción al puesto que ocupa. Este es el sentimiento más
general en el Estado [...].55

Pero en tanto las imputaciones negativas al gobernador se
hicieran desde el ámbito de lo privado, esto no tenía mayor
significación, más que la propia subjetividad del individuo que
las generaba, el licenciado Peña. El problema para Mainero fue
cuando desde la primera página del Periódico Oficial se trató de
justificar el déficit financiero por el que atravesaba la
administración estatal, atribuyéndoselo a los gobiernos anteriores
y casi con dedicatoria al mandato del ingeniero Alejandro Prieto,
tratando, en el fondo, descalificarlo de la carrera electoral por

55

University of Texas at Austin, Nettie Lee Benson Latin American
Collection, Alejandro Prieto Papers (en adelante UT-NLB-APP), caja 5, f. 2,
J. de J. Peña a Alejandro Prieto, Ciudad Victoria, enero 31 de 1899.
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�Juan B. Tijerina

venir.56 Y la respuesta no se hizo esperar, también desde la esfera
de lo privado, pero entre los dos personajes políticamente más
relevantes

de

Tamaulipas

en

esos

momentos,

cuyas

recriminaciones, aclaraciones y negociaciones epistolares sí
tuvieron al final una expresión políticamente tangible. Le escribió
de esta manera el ingeniero Prieto al gobernador:
¿Qué objeto pues se lleva en ejercer la saña más cruel en contra
mía hasta el grado de afirmar que mi periodo de Gobierno fue
peor en malos resultados que los administrativos
constitucionales transcurridos, de 1876 a 1880, y de 80 a 1884,
de triste recordación? No puedo adivinarlo y en esa
imposibilidad entro en el incierto campo de las presunciones
para fijarme en la que me parece más adecuada a las
circunstancias actuales, y es la de que los aludidos escritores
temen o suponen que mi nombre podrá tal vez volver a figurar
entre los de los candidatos a ese Gobierno al terminar Vd. su
presente periodo constitucional.57

Ante esta misiva Guadalupe Mainero no pudo quedarse
impasible. Prieto representaba a una influyente fuerza política en
el estado y continuaba moviéndose en las altas esferas nacionales,
ejerciendo su profesión como contratista del gobierno y
56

Una explicación para las gentes sensatas e imparciales del Estado, Periódico
Oficial de Tamaulipas, Victoria, mayo 28 de 1898, AGHT.
57
UT-NLB-APP, caja 5, f. 1, Alejandro Prieto a Guadalupe Mainero,
Tacubaya, julio 14 de 1898.
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conservando las amistades claves de la política que lo pudieran
volver a relanzar al poder, aunque tácticamente lo negara. De ahí
el tono mensurado y conciliador del gobernador con el
exmandatario:
[...] desde el primer día de mi advenimiento al poder, los que
son o se dicen más amigos de Vd., tanto entre los que figuraban
en la nueva administración, como algunos que estaban fuera,
advertí con pena que una encubierta pero incesantemente, y
otros de una manera descubierta me hostilizaban de palabra y
también de obra cuando se podía.
[...] Por la razón que Vd. mismo me dice y creyendo que no ha
de rolar Vd. como candidato en el próximo periodo, según
también lo he dicho a mis amigos y a los que más lo son de Vd.
cuando se ha tratado incidentalmente de eso, supongo que no
tendrá Vd. inconveniente en recomendar a estos últimos, que
no me continúen hostilizando y si figuraren aún en la
administración, sean puestos del Estado o locales, que me
ayuden con cabal buena fe. Si así se sirve Vd. hacerlo, mucho
se lo he de agradecer.58

Y como políticos que ambos eran, integrantes del régimen
porfirista, de inmediato llegaron a un arreglo. De momento,
estando Prieto a punto de dejar el Senado de la república, el
gobernador Mainero le ofreció un viático de 300 pesos mensuales
y más tarde le permitiría ser el contratista del gran proyecto de
58

UT-NLB-APP, caja 5, f. 1, Guadalupe Mainero a Alejandro Prieto, C.
Victoria, julio 18 de 1898.
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�Juan B. Tijerina

inversión federal para las obras de saneamiento del puerto de
Tampico.59 Incluso hasta con el licenciado Peña llegó a un arreglo
el gobernador, al contratarlo para que llevara a cabo una
recopilación documental de las leyes de la entidad, dándole cien
pesos mensuales en siete entregas por parte de la tesorería
estatal.60
Orfandad política
Arreglado el escenario y con la bendición del presidente Díaz, en
1900 fue reelecto el licenciado Guadalupe Mainero para un
segundo período al frente del gobierno del estado de
Tamaulipas.61 Sin embargo, pronto presentó un quebranto en su

59

UT-NLB-APP, caja 5, f. 1, Guadalupe Mainero a Alejandro Prieto, C.
Victoria, julio 22 de 1898.
60
“Borrador de nuevo contrato sobre Colección de leyes”, UT-NLB-APP, caja
5, f. 3 bis. La presencia de este documento entre los papeles de Prieto, revela
que Peña era uno de sus alfiles en Tamaulipas; también es conveniente recordar
que una recopilación de esta naturaleza se hacía necesaria, debido a la quema
del archivo del estado que hizo en 1864 Charles Dupin, e incluso cabe deducir
que dicha colección es la misma que se encuentra en los Alejandro Prieto
Papers en Austin, ya que la obra, debido a la muerte de Mainero, no se publicó.
61
No se cuenta hasta ahora con una historia académica propiamente política
sobre la actuación de este mandatario y el acontecer político de Tamaulipas en
esa época. Hernández publicó, luego de años de elaborado, el libro Guadalupe
Mainero. Gobernador de Tamaulipas. Vida y obra 1856-1901; que, como su
nombre lo indica, es un recuento biográfico lineal, acrítico, y un informe
secuencial de las actividades gubernamentales de ese período, referidas
directamente en un extenso apéndice documental del Periódico Oficial del
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�Octavio Herrera Pérez

salud que lo obligó a ausentarse del gobierno. Finalmente, y tras
una penosa agonía, murió el 10 de julio de 1901. Una versión
aseguró que murió de “una violenta enfermedad”, que en efecto
se confirmó en su acta de defunción, al anotarse a la fiebre
tifoidea como la causa del deceso.62
La muerte de su amigo, colega y protector no pudo haber
sido más trágica para Juan B. Tijerina. Pero de momento había
que enterrar con honores al amigo y contribuir con las letras a
consolidar la imagen de Mainero como el adalid liberal e
impulsor del progreso y las luces del saber, paradigmas todos de
la época, que muy bien encarnaron en la figura del mandatario
muerto. Porque la muerte en esas condiciones de estar en la
cúspide del poder es generalmente en la inercia de las
colectividades humanas, la vía segura para mitificación y
elevación al Monte del Olimpo. Bajo esa tesitura, fue muy sentida
su participación en las exequias del gobernador, en donde

estado. Laura Hernández Montemayor, Guadalupe Mainero: gobernador de
Tamaulipas: vida y obra, 1856-1901 (Ciudad Victoria: Instituto Tamaulipeca
para la Cultura y las Artes, 2001).
62
El Mundo Ilustrado, México, agosto 11 de 1901, HN; y FamilySearch,
Libros del Registro Civil, Ciudad Victoria.
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�Juan B. Tijerina

pronunció una Oración Fúnebre.63 Enseguida le compuso un
poema:
Tú, ardiente apóstol, incansable obrero,
de la verdad y de la luz ahora
has en la lucha sucumbido austero,
más de tu muerte surgirá la aurora.
El progreso y la luz fueron tu lema,
el deber inflexible fue tu guía;
hacer doquier el bien fue tu alegría
y la verdad tu aspiración suprema.
Partiste, si gran dios; pero las palmas
que conquistaste de esplendor y gloria,
no se marchitarán, y tu memoria deja
huella imborrable en nuestras almas
y una estela de luz en nuestra historia.64

Muerto Mainero, Tijerina quedó descobijado, vulnerable a los
enemigos, que sí los tenía, y que pronto le reactivaron una causa
penal

por

difamación

periodística,

lo

que

motivó

su

encarcelamiento. Y si bien pudo salir airoso con el pago de una
fianza, el hecho le demostró que requería urgentemente arrimarse
a la sombra del nuevo gobernador.65 Porque el tiempo apremiaba

63

Periódico Oficial del Estado, Ciudad Victoria, agosto 17 de 1901, AGHET.
Hernández, Guadalupe Mainero: gobernador de Tamaulipas: vida y obra,
1856-1901, 86.
65
“Tamaulipas”, El Tiempo, México, febrero 22 de 1902, HN.
64

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�Octavio Herrera Pérez

y sus émulos estaban entusiasmados por la nueva coyuntura de
oportunidades que se abría. El licenciado J. de Jesús Peña lanzó
abiertamente la careta y rápido convocó a la organización del
llamado Club Victorense, a fin de fijar su posición política, y al
que se unieron con sus firmas decenas de personajes notables de
la capital. Para entonces ya se sabía que Pedro Argüelles había
sido designado por el presidente Díaz como el nuevo gobernador
del estado, a quien rindieron pleitesía y externaron su apoyo. Y
como nunca hay piedad para el que se va, se deslindaron del
pasado reciente:
Acaba de descender al sepulcro la persona que ejercía la
dirección de nuestra pequeña y pobre república tamaulipeca
[...]Su sistema de trabajar aislado, y de aceptar sobre sus
hombros el trabajo material de todos los ramos administrativos,
condujo a la inevitable consecuencia de que su obra intelectual
quedase trunca, tocándonos la desgracia de que quedase así
precisamente en la situación más grave para el Estado, esto es,
cuando el gravoso déficit de nuestro presupuesto esperaba el
fruto de ignoradas combinaciones sepultadas ahora en lo
desconocido de la muerte, para ser saldado, como
probablemente lo hubiera sido en el tiempo que faltaba para
terminar el actual periodo constitucional.66

66

Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim (en
adelante CEHM), Colección José Y. Limantour, CDLIV, 2ª.1901.8.22854,
“Acta de Instalación del Club Victorense”, Ciudad Victoria, agosto 20 de
1901.
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�Juan B. Tijerina

Por supuesto que este posicionamiento político extendía en los
hechos la mortaja de Mainero hacia los miembros de su círculo
cerrado de colaboradores, entre quienes estaba Juan B. Tijerina,
denunciado por Peña de convocar una manifestación en la Plaza
de Armas de Ciudad Victoria, tras conocer el acta de instalación
del club político en cuestión, a fin de celebrar un acto de
desagravio a la memoria de Mainero, “tan denigrada en una hoja
suelta que se publicó ayer”, según decía el poeta.67
Un intelectual orgánico
Y aunque la pendiente estaba muy cuesta arriba para el maestro
Tijerina, pareció que los hados, si es que existen, actuaron a su
favor, logrando trascender en la administración gubernamental
que continuó el coronel Pedro Argüelles. ¿Cómo fue posible su
supervivencia pública? Varias son las respuestas hipotéticas que
se pueden esgrimir en este sentido. Una, indiscutible, pésele a
quien le pese, tirios y troyanos, era el propio prestigio labrado por
Tijerina como hombre de letras e imprescindiblemente pensante
en el estrecho horizonte intelectual de la capital de Tamaulipas

67

CEHM, Colección José Y. Limantour, CDLIV.2ª.1901.8.22853, Misiva
impresa de J. de Jesús Peña a quien corresponda, septiembre 9 de 1901.
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�Octavio Herrera Pérez

porfiriana. Otra, posiblemente, fue que apeló a su gentilicio
fronterizo, similar al del nuevo mandatario, como también al
lobby matamorense de sus colegas José Arrense, a la sazón
director del Instituto Científico y Literario Juan José de la Garza
(el antiguo Colegio de San Juan), y a Celedonio Junco de la Vega,
prestigiado dramaturgo, poeta y periodista, quien colaboró con
Guadalupe Mainero en su periódico El Cronista y más tarde, ya
instalado en Monterrey, lo defendió con el tema del monumento
de Iturbide desde las páginas de El Espectador. Y, finalmente,
cabe destacar la necesidad que tuvo Pedro Argüelles para armar
un equipo de gobierno en un escenario en el que nunca había
actuado, y en el que el sector educativo era uno de los pilares de
la política del momento, por lo que no había que improvisar:
Tijerina tenía currículum, prestigio y presencia, y además era,
como él, oriundo de la Heroica Matamoros.
En esta nueva etapa de su actuación pública Juan B.
Tijerina asumió a plenitud el rol de lo que hoy se tipifica como
intelectual orgánico, es decir, bajo el enfoque de Antonio
Gramsci, aquellos “hombres de letras” que además de generar
producción de orden cultural, actúan privilegiadamente en
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�Juan B. Tijerina

función del lugar que ocupan en el seno de una estructura social
o político-administrativa.68 De esto tenía plena conciencia
Tijerina, como también lo sabían sus detractores, los que lo
criticaban, más por su involucramiento con la política, que por ser
un pensador, como se lo recriminaba la columna anónima de los
“Varios Tamaulipecos”:
El Progresista, seminario subvencionado que se publica en esta
capital, bajo la dirección de D. Juan B. Tijerina […] se ocupa
de nosotros de una manera inconveniente […] tan solo porque
desde hace tiempo hemos venido haciendo grandes y sinceros
esfuerzos porque se establezca el orden y la moralidad de la
Administración pública que nos ha hundido en el desprestigio
más bochornoso.
El Sr. Tijerina es perfectamente conocido en esta Ciudad, por
la conducta que ha observado en los empleos públicos, que ha
desempeñado indebidamente como profesor de instrucción
pública y director y redactor del semanario antes expresado.
En el primer empleo se olvida por completo de la juventud que
tiene a su cuidado. En el segundo cargo, se ocupa solamente de
tributar elogios a todas las autoridades.
Es triste, profundamente triste, que un hombre de las
condiciones de éste, tenga a su cargo la defensa de las
Autoridades del Estado y la instrucción de la juventud, a quien

68

Antonio Gramsci, La formación de los intelectuales (México, Grijalbo,
1967).
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�Octavio Herrera Pérez

debe el Gobierno grande y merecida atención, supuesto que de
ella depende el porvenir de la sociedad.
Ya seguiremos ocupándonos de la conducta de este dómine.69

Las columnas periodísticas de los “Varios Tamaulipecos”,
publicadas como remitidos en la prensa nacional, representaban
obviamente el parecer de un grupo político local que no fue
llamado a la mesa del señor, tras el abrupto desamparo sufrido
por la muerte de Mainero y el súbito ungimiento de Argüelles.
Identificar los nombres y apellidos de los personajes que estaban
tras el telón de letras, o bien, de la corriente política afectada, es
naturalmente un reto historiográfico que lamentablemente, por
ahora, no es posible descifrar. Lo que sí se puede afirmar es que
se erigieron en un cierto tipo de “observatorio ciudadano”, muy a
su estilo y no en la acepción moderna del concepto, embozado,
siguiendo el patrón periodístico decimonónico, en que los
seudónimos (“Varios…”) tenían plena carta abierta para la
discusión política, encumbramiento o derrocamiento de tal o cual
personaje o facción. Y es que, desde su arribo al poder, Agüelles
recibió las recomendaciones públicas de los “Varios hijos del

“Tamaulipas. Remitido”, Diario del Hogar, México, julio 11 de 1903, HN.
Dómine= del latín domĭnus, señor, que en uso despectivo es “persona que, sin
mérito para ello, adopta el tono de maestro”.
69

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�Juan B. Tijerina

Centro

de

Tamaulipas”,70

“Varios

Metropolitanos

Tamaulipecos”71 (es decir, los paisanos radicados en el Distrito
Federal deseosos de participar en la política estatal) y finalmente,
los más constantes, los “Varios Tamaulipecos”. Todos querían
enmendarle la plana al gobierno del estado, con las más diversas
propuestas y críticas, las que no son tema del presente texto y allí
se dejan. Ante esta avalancha, el maestro Tijerina debió calzar
nuevamente su ya abollada armadura, y salir a enfrentar a los
molinos de viento:
[...] afirma el anonimista que Harmodio se llena de santa
indignación porque él (“Varios Tamaulipecos”) expresa sus
opiniones políticas. Esto es enteramente falso: lo que indigna a
Harmodio; lo que Harmodio censura; lo que censurará todo
hombre honrado, cualquiera que sea su credo o partido político,
no es precisamente que se manifiesten por la prensa o por
cualquier otro medio, éstas o aquellas opiniones, pues para ello
está cada hijo de vecino dentro de la esfera de su derecho, sino
la conducta por extremo vituperable del que se esconde tras un
pseudónimo para insultar, mentir, difamar y calumniar, lo que
a mi juicio nada tiene que ver con las opiniones políticas. Pero
en fin, cada cual entiende a su modo la política. Ésta, para los
verdaderos políticos es el arte de gobernar; y para los
politicómanos, el arte de medrar, aunque para ello hayan de
emplearse los medios más reprobados.72
70

La Patria, México, septiembre 21 de 1901, HN.
El Diario del Hogar, México, septiembre 28 de 1902, HN.
72
“Otra vez Varios Tamaulipecos”, El Progresista, Ciudad Victoria,
diciembre 13 de 1903, H-UAT.
71

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�Octavio Herrera Pérez

Imagen 3. El maestro Juan B. Tijerina
en su edad madura, cuando dominaba el
escenario educativo y cultural de
Tamaulipas, en plena etapa de
consolidación del porfirismo en la
entidad. Colección IIH-UAT.

Polemista como se había caracterizado, en esta etapa las lides del
maestro Tijerina se hicieron más ásperas en la medida que
escalaba a las esferas situadas fuera de Tamaulipas. Allí ya no
había nichos cómodos ni espectadores complacientes o
atribulados por sus diatribas de papel. La prensa en México para
esa etapa del porfiriato, si bien no se enfrentaba abiertamente
contra el régimen de Díaz, hacía un amplio uso de los paradigmas
liberales para hacer acuciosas observaciones sobre la marcha del
acontecer público en el país, especialmente desde los periódicos
situados en la capital de la república, porque en las entidades
generalmente los medios estaban bastante “maiceados” o bien
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�Juan B. Tijerina

imposibilitados a realizar una verdadera crítica, con el riesgo
hasta de perder la vida al intentar cruzar la línea del Rubicón que
imponía el poder. Por eso el consejo editorial aludido por Tijerina
no se quedó quieto ante el desafío del tamaulipeco:
[...] sepa su señoría de una vez por todas que entra en nuestro
programa acoger las quejas justas de todos los que sufren los
atropellos de tales o cuales personalidades, y por eso
insertamos esas correspondencias que tanto escozor le causan
al señor Harmodio y que no son anónimas, como El Progresista
(partidario del progreso), se atreve a asegurar.73

Pero la guerra de papel no cesó, al contrario, subió de tono. Ahora
tenía Tijerina ante sí la horma de su zapato, porque si algo ha
producido este país en el campo del periodismo, es el uso
indiscriminado de la sátira, que ahora se enfilaba sobre el bardo
tamaulipeco. Los “Varios Tamaulipecos” no dejaron de atacarlo
por un buen tiempo, mofándose de su seudónimo, al que
intencionadamente hacían confundir con Petronio, escritor de la
antigua Roma que se desplegó en la corte del emperador Nerón,
autor de la célebre novela El Satiricón (ca. 60 d.C.). Y así le
plantaban los golpes:
“Don Harmodio, El Progresista y Varios Tamaulipecos”, Diario del Hogar,
México, julio 23 de 1904, HN.
73

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En cuanto a las mejoras materiales que D. Harmodio o
Petronio, poca o ninguna importancia se les puede conceder, si
se atiende a otras exigencias que tiene el Estado de positivo
interés público […] La prisión del Estado, a la cabeza de
aquella el cabo de rurales, cuyo sueldo de éste es de 50 pesos
mensuales, que pagamos los contribuyentes, continúa a la luz
del día, ocupándose en trabajos particulares del Gobernador y
del Secretario de éste; cuyo hecho el varón ilustre, el denodado
campeón de la mentira, de D. Harmodio o Petronio, había de
negarlo, no sin dirigirnos improperios dignos de tan gran
personaje.74

Pero de repente los “Varios Tamaulipecos” callaron, ante la
sorpresa de sus puntillosos seguidores, muchos de ellos sin duda
atraídos por el morbo que generaba aquel circo de letras. Otros,
por su parte, trataron de enfilar sus críticas más directamente a
cuestionar

el

funcionamiento

estructural

de

toda

la

administración pública en la entidad, pero sin olvidarse del
maestro Tijerina. Habían aparecido en la palestra, para descalabro
del gobierno local, los “Varios Constitucionalistas”, que así
expresaron su criterio:
El Progresista, periódico vendido, a cargo del valiente y
abnegado Harmodio, quién siempre está en lucha abierta con
los indefensos sacerdotes, solo ha conseguido y conseguirá
“Tamaulipas, Varios Tamaulipecos”, Diario del Hogar, México, abril 9 de
1904, HN.
74

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�Juan B. Tijerina

elevar más a los “Varios Tamaulipecos” con sus ataques
injustos y apasionados, sirviendo éstos también para esclarecer
más el desprestigio y la inmoralidad del vanidoso Harmodio,
digno defensor de la administración actual.75

No es el caso traer en este momento a colación un balance de la
administración de Pedro Argüelles, porque merece una
investigación de largo aliento, pero lo que sí se puede inferir,
dadas las numerosas evidencias documentales y hemerográficas,
es que, a diferencia de su antecesor, envuelto en el idealismo
liberal, el coronel, completamente pragmático, se dedicó a poner
la casa en orden sin mayores aspavientos. Su largo desempeño en
la principal aduana terrestre del país, Nuevo Laredo, lo tenía
perfectamente capacitado para el manejo de los números, que se
habían hecho engrudo en las cuentas de antaño. Y también,
sabedor del valor y peso del dinero, así como el uso del capote en
el coso público, amansó notablemente a la presa nacional. Ahora,
por ejemplo, el incisivo periódico La Patria, de Irineo Paz, que
había mortificado contantemente al buen Mainero, era casi el
órgano oficial del gobierno de Tamaulipas en la capital.

“Tamaulipas, Varios Constitucionalistas”, Diario del Hogar, México, julio
23 de 1904, HN.
75

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�Octavio Herrera Pérez

Pero con quienes no tuvo tranquilidad el gobernador
Argüelles fue con los anarquistas. Eso sí era un tema grave.
Porque además estos señores –Ricardo Flores Magón y su
hermano Enrique, Juan Sarabia y otros–, se había exiliado en los
Estados Unidos y desde allí disparaban sus dardos envenenados
hacia el régimen de Díaz y sus apoyos en los estados. En
particular, los anarquistas se le fueron a la yugular al coronel al
acusarlo de encubrir el asesinato del periodista Vicente Rivero
Echeagaray, ocurrido en Tampico el 31 de agosto de 1902, quien
era director del periódico independiente La bala rasa, y cuyo
autor intelectual, decían, fue el diputado Antonio E. Longoria,
quien había sido absuelto de toda responsabilidad. Extensísimo
sería detallar las graves imputaciones que le hizo este grupo de
exiliados al mandatario tamaulipeco y al conjunto de su gobierno;
eso es tema de otra tesis, libro o investigación profunda.76
Lo que sí no podía faltar era la autodefensa oficial desde
Tamaulipas, encabezada por el caballero andante de mil batallas,
el maestro Juan B. Tijerina, presente en su respuesta a los
Este caso fue ventilado en los artículos “Injuria a la Democracia y ultrajes a
la justicia”, “El cinismo de Argüelles”, “El Asesino de Rivero Echeagaray” y
“La lepra de Tamaulipas”, en el periódico Regeneración, Saint Louis Misouri,
diciembre 12 de 1904; y enero 14, agosto 19 y septiembre 30 de 1905, HN.
76

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�Juan B. Tijerina

anarquistas en su artículo “Los canallas de la prensa”, publicado en
primera plana en El Progresista con la firma de Ego, otro de sus
seudónimos. Sin embargo, en sus líneas, Tijerina no escapó de
tener un Lapsus memoriae (“resbalón de la memoria”), aflorado
desde los rincones del inconsciente, ese estado de la memoria en
vigilia que, desde la perspectiva freudiana, expresa un
comportamiento que un sujeto desarrolla inadvertidamente. Y es
que al criticar a los anarquistas y sobre todo su modus operandi, se
ubicaba frente al espejo, como cuando él mismo publicó su
periódico La Libertad en el sur de Texas, en aquellos pasados y ya
conscientemente olvidados años de oposicionista. Y les dijo así:
Alguna vez estuvimos de parte de Regeneración mientras el
entonces viril colega se publicaba en México, pues en sus
informaciones usaba de un lenguaje mesurado, y alguna vez
también atendió su deseo; pero desde que atraviesa la frontera
de la patria para ir a escarnecerla, deja una hoja periódica de ser
viril y meritoria, y se convierte en cobarde y canalla. […] Con
pesar hemos usado un lenguaje que no cuadra con nuestro
modo de ser, pero que ha sido necesario así para contestar al
cúmulo de calumnias e insultos gratuitos dirigidos al Jefe de
nuestro Estado, por esa califa de rezagados o modernos
redentores de nuevo cuño, que con su ingrata labor creen que
solo ellos pueden hacer la felicidad de la patria, y que ésta no
lo puede ser bajo la égida de la paz y el trabajo. 77

77

“Los canallas de la prensa”, El Progresista, enero 22 de 1905, H-UAT.

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�Octavio Herrera Pérez

Fin de una vida intensa
Cuando se llegaba el tiempo del primer centenario de la
independencia nacional, para lo cual el gobierno del presidente
Porfirio Díaz y el país entero se preparaban para festejarlo por
todo lo alto, el maestro Juan B. Tijerina ya tenía acrisolada una
sólida figura en la cultura tamaulipeca. También en lo
estrictamente institucional había consolidado su carrera, al ser el
director del Instituto Científico y Literario del Estado. Expresión
tangible del cenit alcanzado eran los continuos honores a su
nombre, obra y figura. Entonces comenzó la broncificación del
vate,78 como así se expresa:
La mano del señor Gobernador Argüelles ha sabido dirigir con
admirable tino todas las energías al desenvolvimiento;
desenvolvimiento que hemos visto brillas en una sociedad
altamente moralizadora que lleva por nombre el del conocido
poeta tamaulipeco Juan B. Tijerina. No podía haberse elegido
mejor hombre para guía porque si el señor Gobernador Pedro
Argüelles sintetiza el progreso social en Tamaulipas, Juan B.
Tijerina representa el progreso intelectual. Juan B. Tijerina es
un poeta de grandes vuelos que hace palpitar, por su poderosa
rima, todas las almas tamaulipecas al unísono de su armoniosa
lira.
Luis González, “De la múltiple utilización de la historia”, en Historia ¿para
qué?, ed. Carlos Pereyra et al (México: Siglo XXI Editores, 1998), 55-74.
78

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�Juan B. Tijerina

[...]Alcanzará, indudablemente, grandes triunfos, porque sus
miembros abarcan su misión, el modo de llenarla, la grandeza
de su ideal, y porque antes de ellos ha habido dos grandes
fuerzas iniciadoras del actual movimiento y que ahora lo
apoyan, son: la del inteligente gobernante y la del modesto
cincelador de almas; la de Juan B. Tijerina.79

Cuando finalmente llegaron las fiestas del centenario, el maestro
Juan B. Tijerina no podía faltar en la primera fila. Así se plasmó
en el Álbum del Centenario que el estado de Tamaulipas publicó
incluyendo su “Himno a Hidalgo” y una larga poesía épica, ad
hoc para el

momento.80

Pero cuando todo

marchaba

aparentemente sobre ruedas, estalló la revolución y el anuncio
incuestionable del próximo derrumbe del Antiguo Régimen.
¿Qué pensamientos pasarían por la mente de Tijerina en
esos momentos? No fueron de ánimo, por las acciones que tomó.
Más bien fueron de desolación, al decidir, abruptamente, dar
término con su añorado proyecto de El Progresista, porque el
paradigma de la era del progreso se había evaporado.81 Y

“La sociedad artística ‘Juan B. Tijerina’”, La Patria, octubre 31 de 1906,
HN.
80
Agradezco al arquitecto Carlos Rugerio Cazares (†), ex titular del AGHT, el
proporcionarme una copia digital del álbum, en una de sus continuas y amables
cortesías.
81
“Afectuoso adiós”, El Progresista, 23 de julio de 1911, en Saldívar, Historia
Compendiada de Tamaulipas, 269.
79

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�Octavio Herrera Pérez

entonces, ¿qué seguía, la muerte? Ese estado de la nada cuyo
umbral todos los hombres cruzaremos, como alguna vez se los
expresó a sus entrañables colegas Arrese y Junco de la Vega, al
hablar de la Parca:
Yo soy tras los gemidos el cántico sonoro;
Yo soy tras las sombras el inmortal claror;
Mi nombre es la Esperanza, y soy el lampo de oro
Que flota entre los negros celajes del dolor!!
Yo soy la Fuerza Cósmica, yo soy el Dinamismo;
¡Soy águila y soy cumbre, vorágine y turbión!
Y mi potente mano suspende en el abismo
La escala de los Orbes para llegar a Dios.
Yo soy de las esferas el giro formidable;
Soy la Ascensión sin término por la Espiral sin fin;
Y en los eternos surcos del éter insondable
Arrojo las simientes de humanidades mil.
La vida de los seres resurge en mis crisoles;
Mis ojos son estrellas, mis alas son de azur;
¡Soy vórtice en los mundos, y llamas en los soles
Que tienden por los cielos su coruscante tul!
Yo soy el sacro Numen, yo soy el fuego interno,
Que anima el organismo de la inmortal Creación;
Y en el espacio ilímite yo soy el Soplo eterno;
Yo soy la eterna Lira, yo soy la eterna Voz!82

“La Vida Humana. A Celedonio Junco de la Vega y José Arrese”, El
Progresista, Ciudad Victoria, enero 29 de 1905, H-UAT.
82

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�Juan B. Tijerina

Y la muerte llegó, con su guadaña bien afilada y dirigida justo
donde estaba todo el borbollón de sus pensamientos: el cerebro.
Corría apenas el mes de julio, el séptimo del año en el calendario
gregoriano cuyo nombre evoca la figura de un grande: Julio
César. Como lo consigna el libro del registro civil –porque de los
libros de defunciones parroquiales imposible que hubiera una
mención a su deceso–,83 murió de un “derrame cerebral”, es decir,
que debió tener un lapso en el que pudo salvar la vida o bien
profundizarse en la agonía y al final la muerte, como ocurrió. Pero
el caso es que no recibió asistencia médica, como lo consigna
Ernesto Higuera:
A raíz de su muerte, corrió la versión de que ninguno de los
médicos radicados en Ciudad Victoria había querido responder
al llamado que se les hizo para que atendieran a Don Juan en la
madrugada del 26 de julio de 1912, quien yacía en su lecho, en
estado comatoso, víctima de una congestión cerebral. Esta falta
de atención, ocasionada seguramente por resentimientos
acumulados de los facultativos, precipitaron el deceso del bardo
matamorense, del bardo tamaulipeco por antonomasia.84
83

FamilySearch, Libros del Registro Civil, Defunciones, Parroquia de Nuestra
Señora del Refugio, Defunciones 1859-1920. No existe constancia de que
Tijerina haya sido bendecido por un cura al momento de ser sepultado, como
tampoco se sabe si dejó de ser católico y profesó algún culto protestante. En
las constancias parroquiales de la capital solo se consigna la muerte de Julia
Tomasa Hernández, de 93 años, el 17 de julio de 1912, y de allí se brinca el
registro hasta el 29 del mismo mes, cuando se consigna la muerte de María de
Jesús Martínez, de 70 años.
84
Higuera, Páginas Selectas, 86.
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�Octavio Herrera Pérez

O sea, ni aun en el trance de su partida final dejó de luchar contra
los egoísmos de una sociedad cerrada, que no se acababa de abrir
genuinamente a los vientos de libertad. Aun así, comenzaba a
emerger la imponente figura del héroe cultural por excelencia del
Tamaulipas contemporáneo.
Oficialización de un mito cultural
Conforme el hilo conductor de este trabajo, de tratar de interpretar
la figura del profesor Juan B. Tijerina como un auténtico héroe
cultural que crearon las circunstancias políticas y culturales, sin
demérito de su activa actuación intelectual, política y docente del
personaje histórico, cabe ahora realizar un acercamiento, como
epílogo, sobre la manera en que se forjó dicha imagen. La
cuestión está documentada conforme lo divulgado muy al
principio del año 1922 por el semanario liberal El Derecho, que
se publicaba en Linares, Nuevo León, acerca de preguntar “sobre
el proyecto de inmortalizar la figura del insigne maestro Dn. Juan
B. Tijerina”, cuyo título mismo anunciaba la movilización social
que se estaba dando en este sentido en Tamaulipas. La
información divulgada en este medio hacía eco a la iniciativa
hecha en la capital de Tamaulipas por profesores y alumnos ante
los diputados del congreso local, a fin de erigir una estatua del
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�Juan B. Tijerina

profesor, de declararlo benemérito del estado y además de colocar
un retrato suyo en el salón de sesiones de la legislatura. Se
aseguraba que esta iniciativa contaba con la adhesión “de todos
los elementos pensantes”, tanto más que el desaparecido mentor
había legado a las generaciones futuras “un raudal de bella
literatura”. Dicha iniciativa, se informaba, había sido incluso
apoyada por el periódico El Cronista del Valle, publicado en
Brownsville, Texas. A esta propuesta se sumaba el apoyo del
licenciado nuevoleonés Héctor González, prologuista de las
Poesías Escogidas de Tijerina, y del licenciado guanajuatense
José Macías, quien prologó la Miscelánea del mismo autor, al
igual que la simpatía de Gonzalo Mota, inspector escolar en
Tamaulipas.85
La promoción de este proyecto escaló enseguida hasta las
páginas del periódico capitalino El Universal (“El Gran Diario de
México”, según su eslogan), cuando apenas tenía unas semanas
de aparecer con mucha expectativa pública. Así, en sus páginas
“Se honrará la memoria del Prof. Dn. Juan B. Tijerina?”, La Raza, Ciudad
Victoria, marzo 12 de 1922. Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de
Tamaulipas (en adelante ASTJT). Agradezco al maestro Francisco Ramos
Aguirre, cronista de Ciudad Victoria, poner a mi disposición los periódicos
que se exponen en este apartado, producto de sus investigaciones en el archivo
del poder judicial.
85

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�Octavio Herrera Pérez

se consignó la idea de “honrar la memoria de un ilustre
tamaulipeco”, según se había ventilado en la propia capital del
estado. También se dijo que entre los firmantes de aquella
iniciativa estaba el profesor Juan Rincón, quien al elaborarse el
ocurso petitorio figuraba al frente de la Dirección General de
Educación Pública del Estado, y por tanto se sumaron a su firma
los inspectores escolares de la entidad y los directores de las
escuelas de la capital. Todo indicaba que trataban de imponer una
visión cultural a las autoridades estatales, al insistir en que
esperaban una resolución positiva sobre todo de la legislatura
local, instancia en la que deseaban que se legitimara su propuesta.
Se citaba la propaganda que en esta cuestión había realizado el
periódico La Raza de la capital tamaulipeca, un medio a cargo de
la dirección editorial de Francisco Arreola Rosales. Y para avalar
la solicitud, los promotores del homenaje hicieron ventilar la
opinión del profesor Adalberto J. Argüelles, “un viejo maestro
que está separado del servicio”, pero cuya palabra era muy
respetada, porque durante su largo trabajo de “impartir enseñanza
a los hijos del estado”, su único propósito había sido “el
engrandecimiento de esta entidad”. De ahí que El Universal
reflexionara que la posición del gobernador, el general César
López de Lara, no podía ser otra que apoyar la iniciativa (o bien
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�Juan B. Tijerina

se le condicionaba a aceptarla), al anotarse que “todos” los
tamaulipecos no solo admiraban al extinto mentor, sino que
sentían “verdadera veneración por el maestro”, al cual, se
afirmaba, podía calificarse como el “padre intelectual de
Tamaulipas”, nada menos.86
La propuesta de homenaje al profesor Juan B. Tijerina se
expresó igualmente en la revista Alma Joven, que se publicaba en
el pueblo de Popotla (Distrito Federal), bajo la dirección de la
profesora Guadalupe Uribe, quien manifestó en un artículo que
con esta iniciativa se pondría de relieve que en el “culto Estado
de Tamaulipas” ya se habían dado pruebas “de que allí se glorifica
no solamente a los héroes de las épicas jornadas y los bélicos
triunfos” (léase la honra al general Pedro José Méndez, o la más
politizada figura del general Servando Canales), “sino también a
los que en la penumbra de la ruda existencia marchan llevando en
alto la antorcha del saber para iluminar la sombría noche de la
ignorancia y no temen luchar en la tribuna, en el periódico, en el
libro por defender la justicia y el derecho” (pero cuya distinción
concreta en algún personaje, estaba por ocurrir).87
“El Universal de México y el extinto Prof. Don Juan B. Tijerina”, La Raza,
Ciudad Victoria, marzo 19 de 1922, ASTJT.
87
“Alma Joven secunda una noble iniciativa”, La Raza, Ciudad Victoria, mayo
15 de 1922, ASTJT.
86

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�Octavio Herrera Pérez

Las razones para saber por qué el general López de Lara
no apoyó aparentemente la iniciativa de honrar a Juan B. Tijerina
las desconocemos. Esto resultaba un tanto extraño, si se considera
que se trataba del primer gobernador constitucional electo tras la
etapa turbulenta de la revolución, lo que pudo haber prestigiado a
su gobierno. Sin embargo, y sobre el enfoque de una explicación
hipotética, las formas en que se intentó llevar a cabo esta acción,
soportada por una evidente movilización de voluntades de
diversos sectores, pudo tener una condicionante política que no
convenía a los intereses del mandatario, quien, por otra parte,
estaba más interesado en apostar su suerte al futuro proceso
presidencial, que en la realización de un evento cultural que, si
bien legítimo, representaba una potencial competencia o hasta
rivalidad política como en esos tiempos lo hacía cualquier acción
social organizada. Y en eso tenía razón el gobernador, quien en
diciembre de 1923 debió abandonar su cargo al adherirse a la
postulación del candidato políticamente equivocado para las
fuerzas dominantes del país —Adolfo de la Huerta—, y sumarse
posteriormente a la rebelión Delahuertista que se desató y que
acabó en un completo fracaso.
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�Juan B. Tijerina

Finalmente, la mitificación oficial del maestro Tijerina
ocurriría cuando llegó al poder el grupo conformado por sus
antiguos alumnos, entre quienes estaba el que en ese momento
ostentaba nada menos que el cargo de presidente interino de los
Estados Unidos Mexicanos y que poco tiempo atrás había fungido
como gobernador del estado de Tamaulipas, Emilio Portes Gil, a
quien se asignó como presidente honorario del comité, lo mismo
que al licenciado Francisco Castellanos, mandatario en funciones
de la entidad. Para tal efecto se formó en la primavera de 1929 el
Comité Central de Propaganda Pro “Juan B. Tijerina”, una
organización que había permutado el concepto un tanto idílico de
glorificación, por una categoría más acorde con los nuevos
tiempos, dirigida a la movilización social corporativa, como era
el término propaganda, más aún cuando en el trasfondo estaba la
estructura organizativa del Partido Socialista Fronterizo, así
como los conductos oficiales del gobierno del estado. De ahí que
el comité organizador sugiriera a los ayuntamientos de la entidad
que formara un comité municipal y éste a su vez a otros comités
locales en cada centro de población de su jurisdicción, para
“vulgarizar el conocimiento del Maestro”, así como realizar
colectas de fondos, suscripciones de donaciones individuales,
jamaicas, conciertos y fiestas de todas clases. Sin especificar, se
dijo que esos fondos se emplearían en la realización de “la más
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�Octavio Herrera Pérez

valiosa obra que sea posible construir para perpetuar la memoria
del repetido Maestro Tijerina”. Por otro lado, el comité central
procuró la organización de comités propios en los centros
ejidales, centros educativos y comités municipales dependientes
del Partido Socialista Fronterizo, es decir, en todas las
organizaciones vigentes en el escenario social y político de
Tamaulipas al finalizar la década de los veinte.88
Luego de aquellas iniciativas emprendidas en la década de
1920 para acrisolar la figura del maestro Juan B. Tijerina, el mito
cívico de este personaje pasó a formar parte de la impronta
cultural de la entidad en la era posrevolucionaria, a pesar de
tratarse de un personaje que esencialmente había estado al
servicio de los intereses del antiguo régimen porfiriano.89 Esto se
88

Archivo Histórico de Camargo, Tamaulipas, Fidencio Trejo Flores al
presidente municipal de Camargo, Ciudad Victoria, marzo 20 de 1929.
89
Un testimonio periodístico publicado a casi dos décadas de la muerte de
Tijerina redactó una narrativa sobre su muerte que ya estaba en la línea de
acrisolar un homenaje cívico permanente a su figura, al señalar: “Cuando el
día 26 de Julio de 1912, a la edad de cincuenta y cinco años exhaló su último
suspiro, todavía el maestro estaba fuerte, todavía el fuego que animaba el
motor que hacía funcionar su cerebro, no se extinguía; él siempre sonriente,
siempre alegre, tuvo desde cinco o seis horas antes de su muerte, el sentimiento
de la proximidad del fatal desenlace, y cuando llamó a sus amigos y les explicó
que su muerte estaba próxima, les dijo que no era necesario llamar al médico.
¿Para qué, si la recia columna que sostenía la vida de aquel grande y verdadero
hombre se desmoronaba, para qué insistir en reformarla cuando sería inútil?
Murió, y el Estado de Tamaulipas se cubrió de luto, perdió un hombre como
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�Juan B. Tijerina

explica por la continuidad de un afecto educativo que se
transmitió generacionalmente y de manera solidaria más allá de
las turbulencias políticas, por la exaltación de los valores del
liberalismo y hasta por el soporte de la liturgia masónica, pero
sobre todo, por la necesidad de la presencia de un héroe cultural
en el escenario público y educativo de Tamaulipas en los nuevos
tiempos modernos y cuya resonancia llega hasta nuestros días.
Referencias
Archivos
Archivo General e Histórico del Estado de Tamaulipas
Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas
Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim
FamilySearch (familysearch.org)
Hemeroteca del Instituto de Investigaciones
Universidad Autónoma de Tamaulipas

Históricas,

Hemeroteca Nacional (México)
University of Texas at Austin, Nettie Lee Benson Latin American
Collection
no lo ha tenido hasta la fecha, y un solo instante bastó para segar la vida del
que con sabia paciencia instruyera a la niñez y a la juventud. “Justo homenaje
al Maestro Juan B. Tijerina”, El Heraldo, Ciudad Victoria, junio 28 de 1931,
ASTJT.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-6

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del estado de Tamaulipas, Dirección General de
Educación y Cultura, 1987.
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��Fotografía, ciudad y sillares: el centro de Monterrey en
la lente de Fausto Tovar Martínez1
Jaime Sánchez-Macedo
El Colegio de Michoacán
orcid.org/0000-0001-6231-7204

Para inaugurar esta sección de la revista Sillares se eligió
comenzar por la reseña de un documento fotográfico doblemente
pertinente. Por un lado, se trata de una toma con el aura particular
que identifica las fotografías del centro de Monterrey, capital del
estado de Nuevo León en México, antes de la edificación del
megaproyecto de espacio público conocido popularmente como
Macroplaza.2
Al
mismo
tiempo,
esta
fotografía
1

El presente artículo se elaboró a partir de la investigación realizada para el
texto Donde habita el olvido. Conformación y desarrollo del espacio público
en el primer cuadro de la ciudad de Monterrey, 1980-2007, publicado por el
Consejo para la Cultura y las Artes en 2019. Se agradece el apoyo brindado
por Roberto Ortiz Giacomán en la reprografía de las fotografías y la realización
de entrevistas con los hijos de Fausto Tovar.
2
Oficialmente, el nombre del proyecto es Gran Plaza, aunque prácticamente
desde su inauguración fue nombrada por los medios de comunicación y la
población en general como Macroplaza. En su momento el nombre Macroplaza
fue rechazado por las autoridades gubernamentales y ciertos grupos intelectuales
debido al barbarismo resultante de la conjunción de un prefijo griego “macro”
con una palabra de origen latino “plaza”. Actualmente es común referirse a este
espacio público simplemente como La macro. Véase José Emilio Amores,
“Monterrey: una cultura propia”, en Nuevo León en el siglo XX. La
industrialización. Del segundo auge industrial a la crisis de 1982, coord. Isabel
Ortega Ridaura (Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2007), 101.
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�Jaime Sánchez-Macedo

constituye un de los documentos fehacientes acerca de la
destrucción de inmuebles de sillar que lamentablemente ha
devenido en una práctica común desde hace tiempo, siendo este
uno de los elementos más importantes de la arquitectura
vernácula del noreste mexicano. Por si fuera poco, de entre los
cientos de edificios que fueron arrasados para dar paso a la Gran
Plaza, el que aparece parcialmente demolido en la imagen
fotográfica no era uno cualquiera. Se trata de un edificio que bien
podría haberse considerado parte del patrimonio urbano de
Monterrey, no sólo por su temporalidad y sus características
arquitectónicas, sino por quien fuera su huésped a finales del siglo
XIX.
La historia de la fotografía que nos atañe comienza hacia
1980, cuando el gobernador en turno Alfonso Martínez
Domínguez (1979-1985) impuso para la ciudad uno de los
procesos de transformación urbana de mayor relevancia en el
país, proyectando la erección de una enorme plaza sobre las seis
manzanas que separaban el edificio de gobierno municipal de
Monterrey con respecto a la sede del ejecutivo estatal. Este
proyecto fue enarbolado no solo por la construcción del espacio
público, sino también –y más importante aún– porque a partir de
dicha plaza se conformaría un distrito financiero que serviría
como sede para los corporativos de la burguesía local y para los
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�Fotografía, ciudad y sillares

nuevos inversores que arribaran a la urbe regiomontana.
Abiertamente se dijo que el propósito era sustituir “lo viejo y
decadente”,3 que era como los agentes privados y del gobierno
que gestionaron el proyecto concebían el centro de Monterrey. En
total, la Gran Plaza –el espacio público y el área reservada para
el distrito de negocios– abarcó 40 hectáreas, lo que significó la
tabla rasa de la mayor parte del casco antiguo, la traza histórica,
los comercios, barrios centrales, un manantial, un río y tres
puentes históricos, además de la aniquilación de un sinfín de
prácticas y representaciones asociadas con el habitar de esa
porción neurálgica de la ciudad.
Fue en este contexto que el fotógrafo Fausto Tovar
Martínez decidió asirse con su cámara para registrar el estado de
las calles del centro de Monterrey, antes, durante y después de la
construcción de la Gran Plaza.4 Tovar Martínez legó así un
3

Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL), La Gran Plaza. La
nueva cara de Monterrey, 1984, 8-13.
4
Es importante aclarar que a la fecha se desconoce el número exacto de las
fotografías sobre el centro de Monterrey realizadas por Fausto Tovar. En la
Fototeca Nuevo León fue posible localizar sólo 31 impresiones en opaco de
gran formato, todas a color, sin que se haya logrado consultar el resto del fondo
documental que contiene, además de impresiones, negativos y otros procesos
fotográficos. Por su parte, el usuario de Facebook identificado como Hernán
Bastian colgó al grupo virtual Monterrey viaje al pasado un total de 39
fotografías atribuidas a Fausto Tovar, entre las que incluyó las mismas tomas
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conjunto de al menos 38 documentos imagéticos5 que podemos
contrastar con el discurso difundido por los promotores del
proyecto, ya que permiten conocer el estado previo a la
devastación como ningún otro registro visual de la época.
Por lo común, cuando es referido aquello que se echó
abajo por la Gran Plaza se suelen utilizar fotografías de épocas
anteriores que no corresponden con la imagen de la ciudad a
finales de la década de los setenta,6 ya que al parecer no hubo un
esfuerzo institucional por crear y/o conservar un registro
pormenorizado de las calles y edificios que finalmente fueron

resguardadas en la Fototeca del estado. A estas habría que sumar la serie sobre
el Cine Elizondo reproducida en el libro Monterrey en 400 fotografías
publicado por el Museo de Arte Contemporáneo (Marco) en 1996.
5
Siguiendo a Roca y Aguayo, se utiliza la locución portuguesa imagético para
referir a la generalidad de documentos que, entre sus múltiples especificidades,
tienen la de ser portadores de una imagen. En ese sentido, se considera que la
fotografía es un soporte documental no sólo por la imagen que contiene, sino
también por el soporte –o soportes– que la integra. Fernando Aguayo y
Lourdes Roca, coord., Investigación con imágenes. Usos y retos
metodológicos (México: Instituto Mora, 2012), 8.
6
Muestra de ello son los trabajos de Casas y Prieto, en cuyos textos refieren
ampliamente a la Gran Plaza aunque la mayor parte del corpus de imágenes
que utilizan en su análisis son de una temporalidad anterior y más bien alejada
a la del proyecto. Véase Juan Manuel García Casas, Imaginarios
interrumpidos. Ensayo sobre el patrimonio perdido de Monterrey (Monterrey:
Conarte, 2015); José Manuel Prieto González, Patrimonio moderno y cultura
arquitectónica en Monterrey: claves de un desencuentro (Monterrey: Fondo
Editorial Nuevo León, 2014).
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�Fotografía, ciudad y sillares

demolidos, más allá de iniciativas personales como la de Fausto
Tovar. Aunado a ello, el acervo completo de este fotógrafo local
se desconoce debido a que permanece en su gran mayoría sin ser
procesado como parte de los fondos históricos de la Fototeca del
estado de Nuevo León.7 Por otro lado, la fotografía como la que
aquí se reseña cobra una relevancia mayúscula toda vez que al día
de hoy no se ha encontrado rastro alguno de la documentación
asociada con la realización de la Gran Plaza más allá de los
decretos legislativos, notas periodísticas de la época, unos pocos
planos y una publicación para difundir el proyecto una vez
concluido. Las fotografías de Fausto Tovar constituyen así una
fuente primaria fundamental para estudiar el cambio de imagen
del centro de Monterrey, así como la transformación de los modos
de habitar el espacio urbano.
Antes de hablar del contenido de la fotografía de Fausto
Tovar, se retomarán algunos datos biográficos de su autor y de la
naturaleza del proyecto de la Gran Plaza, esto como parte de una
metodología de investigación social con imágenes centrada en

7

La fotografía que aquí se reseña en conjunto con otras piezas de la misma
serie fueron obtenidas en su versión digital gracias al invaluable apoyo de
Roberto Ortiz Giacomán, quien realizó la reprografía de las impresiones de
gran formato que resguarda la Fototeca Nuevo León.
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profundizar acerca del contexto de producción de este tipo de
fuentes primarias.8 Es importante subrayar que el empleo de
imágenes –fijas o en movimiento– en la investigación en ciencias
sociales requiere del acopio de elementos que permitan
comprender de dónde y cómo surgen estos documentos
imagéticos, ya que no necesariamente y por sí misma “una
imagen dice más que mil palabras”.
A la fecha se ha recuperado poca información biográfica
de Fausto Tovar Martínez,9 quien nació en San Luis Potosí el 15
de septiembre de 1926. Por lo que se ha podido constatar, en su
ciudad natal, previo al oficio de fotógrafo, Fausto Tovar se

8

Lourdes Roca et al., Tejedores de imágenes. Propuestas metodológicas de
investigación y gestión del patrimonio fotográfico y audiovisual (México:
Instituto Mora, LAIS, Conacyt, 2014), 108.
9
Existe una semblanza biográfica de Fausto Tovar en el volumen Monterrey
en 400 fotografías, así como una emisión del programa Entre historias
conducido por Elvira Ramos del canal de internet Regioenvivo.Tv en la cual
participa Marta Tovar, hija de Fausto Tovar. Recientemente el mismo Roberto
Ortiz Giacomán ha llevado a cabo una serie de entrevistas con por lo menos
tres de los hijos de Fausto Tovar: Imelda, Julio y Fausto. Parte de la
información de estas entrevistas es referida a lo largo del texto con la
autorización de Ortiz Giacomán. Véase también Ricardo Elizondo, José
Antonio Rodríguez y Xavier Moyssén, Monterrey en 400 fotografías
(Monterrey: Museo de Arte Contemporáneo, 1996); programa Entre historias
en Regioenvivo.Tv, 23 de enero de 2020, disponible en
˂https://www.facebook.com/RegioEnVivo.TV/videos/188087359258906˃
[última consulta enero 2021].
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convirtió en aprendiz del pintor Felipe Moreno, quien lo instruyó
en la realización de paisajes y retratos, así como en el retoque de
las pinturas de las iglesias de la localidad.10 Ya con una
instrucción en la pintura al óleo, cerca de los veinte años de edad,
entre 1945 y 1946, migró a Monterrey para alcanzar a su madre
que unos años antes se había mudado a esta ciudad.
Para mediados del siglo XX, la urbe regiomontana
contaba ya con una sólida tradición fotográfica con grandes hitos
como Desiderio Lagrange, Jesús R. Sandoval, Refugio Z. García,
Eugenio Espino Barros y Alberto Flores Varela, entre otros,11
gracias a la existencia de una gran demanda de fotografías
alimentada en parte por el desarrollo industrial del estado de
Nuevo León. Aunque antes que en la fotografía, Tovar Martínez
trabajó en un taller de anuncios luminosos llamado “Rótulos
eléctricos”, recién llegado a Monterrey tuvo contacto con algunos
de los fotógrafos locales gracias a que su medio hermano era

María del Pilar Pérez Cruz, “La obra del pintor Felipe Moreno Díaz, en la
ciudad de San Luis Potosí: 1950-1970” (tesina de especialidad, Universidad
Autónoma de San Luis Potosí, 2002), 25.
11
Véase Roberto Ortiz Giacomán, “Unión, arte y progreso”, Alquimia. Revista
del Sistema Nacional de Fototecas 18, núm. 54 (mayo-agosto 2015): 52-58;
José Antonio Rodríguez, “Testimonio de la fotografía”, en Elizondo,
Rodríguez y Moyssén, coord., Monterrey en 400 fotografías.
10

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asistente en el estudio Foto Selecta de Alberto Flores Varela y a
que la familia Espino Barros era cliente del negocio de anuncios
luminosos. Con estos últimos entablaría una relación de
admiración y amistad una vez en el oficio fotográfico.12
Es lógico suponer que, derivado de la competencia
profesional entre el gremio de fotógrafos establecidos en Nuevo
León, cada uno buscara destacarse de entre los demás por algún
medio. En ese sentido, el catálogo ofertado por Fausto Tovar desde
su estudio-taller, ubicado en la calle Agustín Melgar de la colonia
Terminal,13 sobresalía por al menos tres servicios: la fotografía
publicitaria de productos, las impresiones fotográficas de gran
formato, también conocidos como fotomurales, y las fotografías
aéreas oblicuas.14 Fue precisamente la fotografía aérea lo que
vinculó a Tovar Martínez con el proyecto de la Gran Plaza.

12

Entrevista con la familia Tovar realizada por Roberto Ortiz Giacomán, enero
de 2020.
13
Antes de 1970 Fausto Tovar tuvo su estudio en la calle 5 de mayo núm. 830,
el cual compartía con Cástulo Medina. Entrevista con la familia Tovar
realizada por Roberto Ortiz Giacomán, enero de 2020.
14
Sobre la dinámica del taller-estudio de Fausto Tovar sabemos que en su
administración se involucraba toda la familia Tovar, sus cinco hijos y su
esposa. Entrevista con la familia Tovar realizada por Roberto Ortiz Giacomán,
enero de 2020.
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La decena de tomos que componen la colección de notas
periodísticas acerca del desarrollo de la Gran Plaza resguardados
en el Archivo Histórico de Monterrey (AHM)15 dan cuenta del
sigilo y la rapidez con la cual se inició el proyecto, fenómeno que
se replica también en otras partes del mundo con iniciativas de
intervención urbana de gran escala.16 Mientras que, por un lado,
la población más directamente afectada por los trabajos de
demolición se quejó constantemente por la falta de información
oficial,17 por otro, el decreto oficial aprobatorio de la Gran Plaza
por parte del poder legislativo no se dio sino hasta finales de
1981,18 cuando el proyecto llevaba ya un considerable avance en
los trabajos de demolición. Por lo tanto, no es un aspecto menor
el que la notificación a Fausto Tovar sobre la inminente
realización de la Gran Plaza le permitiera realizar un registro con

15

Nos referimos al fondo documental clasificado como Colección Libros Gran
Plaza que compilan el seguimiento mediático al desarrollo del proyecto.
16
Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de
la modernidad (México: Siglo XXI Editores, 1989), 307-308.
17
Archivo Histórico de Monterrey (AHM), Colección Libros Gran Plaza, t. II,
p. 104, María Belmonte, “Dudas, desalojos y demoliciones”, en Tribuna
Diario, 23 de octubre de 1981.
18
Congreso del estado de Nuevo León, expediente núm. 199, decreto núm.
156, 25 de noviembre de 1981. Documento obtenido mediante solicitud a la
unidad de transparencia del Congreso de Nuevo León.
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la anticipación suficiente para documentar el centro todavía
inalterado por los buldóceres.
Ángela Alessio Robles, primera directora del órgano
ejecutor del proyecto (Prourbe), comisionó a Tovar Martínez la
realización de una serie de fotografías aéreas del terreno donde se
erigiría la Gran Plaza.19 Al respecto, existen importantes
diferencias entre la realización de un registro fotográfico aéreo y
uno a nivel de calle, ya que, si bien ambos pueden documentar la
misma porción del espacio urbano, el grado de detalle y los
aspectos que cada uno nos permite visualizar resultan sumamente
distintos. De inicio, las tomas aéreas dan una visión general del
espacio y posibilitan una rápida identificación de sus principales
elementos constitutivos, en especial los edificios de mayores
dimensiones, vialidades y la traza urbana. Es por ello que, como
en el caso que ahora nos ocupa, antes que existieran las imágenes
satelitales, la fotografía aérea se utilizó recurrentemente en la
planeación urbana; una de las tomas aéreas de Fausto Tovar, por
ejemplo, sirvió para hacer un fotomontaje de los edificios que
supuestamente se construirían en el centro de Monterrey como

19

Entrevista con la familia Tovar realizada por Roberto Ortiz Giacomán, enero
de 2020.
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parte del distrito financiero.20 Por su parte, en los estudios
históricos la comparación entre distintas fotografías aéreas
permite observar el conjunto de elementos urbanos que han
permanecido o que se han transformado con el paso del tiempo.21
En cambio, la fotografía a nivel de calle transmite una
experiencia visual más cercana a la del transeúnte, brinda también
una mejor idea de las dimensiones de los inmuebles con respecto
a la escala humana y, finalmente, muestra con detalle los
elementos arquitectónicos de cada edificio. Es probable que tales
diferencias entre las tomas aéreas y a nivel de calle llevaran a
Fausto Tovar a realizar un registro fotográfico propio, que
documentara con mayor finura la transformación del centro de
Monterrey más allá de la exigencia de las autoridades gestoras de
la Gran Plaza. En ese sentido, el escueto registro fotográfico a
nivel de calle utilizado por el gobierno para sustentar el discurso
de decadencia del centro de Monterrey se incluyó en dos
publicaciones realizadas para enaltecer la administración de
20

El negativo de este fotomontaje con la superposición de los edificios sobre
la toma aérea oblicua forma parte del Fondo Fausto Tovar de la Fototeca
Nuevo León, sin embargo, se trata de una pieza aún sin catalogar.
21
Roca, “La fotografía aérea en México para el estudio de la ciudad: el crucero
de El Caballito”, Anais do Museu Paulista: História e Cultura Material 19,
núm. 2 (diciembre de 2011): 73-82.
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Martínez Domínguez: se trató de la revistilla La nueva cara de
Monterrey, así como del libro firmado por Mario Santoscoy
Monterrey. Área metropolitana. Ambos contienen la misma serie
de tomas a nivel de calle del centro de Monterrey,22 así como dos
fotografías aéreas del estado previo y posterior realizadas por el
propio Fausto Tovar.
La comparación entre las fotografías de las calles de
Monterrey difundidas por el gobierno con respecto a las de Tovar
Martínez muestra importantes diferencias. En las primeras se
destacan dos aspectos que los agentes urbanos detrás de la Gran
Plaza repitieron una y otra vez como justificación del proyecto:
la estrechez de las calles y el giro comercial de una parte de los
negocios asentados en el centro de la ciudad. Para ello se
utilizaron encuadres cerrados que en primer plano muestran
vehículos ocupando la mayor parte de la composición. Asimismo,
para reforzar el sentido de las imágenes, éstas se acompañaron

22

Si bien el texto La nueva cara de Monterrey no incluyó el crédito fotográfico
de ninguna de las numerosas imágenes que aparecen en la publicación, en
Monterrey. Área metropolitana se menciona que el conjunto de fotografías de
aquel volumen fueron realizadas por Camilo Garza y Garza, Eduardo D’Regules,
Xossé de Sade y Miguel Vera bajo la dirección de Mario Casasola. No obstante,
por lo menos la toma aérea que se incluye en ambos fue realizada por Fausto
Tovar. AGENL, Monterrey. Área metropolitana, 1984.
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�Fotografía, ciudad y sillares

con pies de foto como el siguiente: “Asfixiado por manzanas de
edificaciones viejas y decadentes, el centro de la ciudad se había
convertido en una de las zonas más deprimidas y rezagadas de la
metrópoli, donde predominaban los edificios decadentes como
comercios, viviendas y talleres”.23 Empero, las fotografías
difundidas

por

el

gobierno

pudieran

no

corresponder

estrictamente con el momento previo a los trabajos de demolición
para la Gran Plaza, ya que en por lo menos una de las tomas se
aprecia claramente una pancarta con la leyenda “Prourbe.
Monterrey se moderniza” cubriendo la entrada de un inmueble
aparentemente desocupado, lo cual indica que ya había dado
inicio el proyecto.24
En tanto, Fausto Tovar prácticamente realizó una labor
opuesta utilizando un lente gran angular y posicionándose en
muchas de las bocacalles que serían afectadas por el proyecto.
Así, logró captar las arterias del centro con una amplitud que está
lejos de apreciarse en las tomas realizadas por el gobierno. De
entre los aspectos a destacar del conjunto de fotografías hechas
por Fausto Tovar está la diversidad de negocios que aparecen en

23
24

AGENL, La Gran Plaza. La nueva cara de Monterrey, 1984, 9.
AGENL, La Gran Plaza. La nueva cara de Monterrey, 1984, 9.

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�Jaime Sánchez-Macedo

su registro, y no solamente las cantinas y los talleres de reparación
automotriz que fueron denostados en la propaganda para la Gran
Plaza. Tovar Martínez fotografió además el interior de una
vecindad anteriormente ubicada en la manzana de las calles 15 de
Mayo y Escobedo, así como una de las entradas al río Santa Lucía
convertido en desagüe desde el siglo XIX. Otra característica de
las fotografías del estado previo a la Gran Plaza consiste en que
se trató de una serie que no se realizó en un único día. Así lo
muestran dos tomas de la esquina de las calles Ignacio Zaragoza
y Juan Ignacio Ramón: una en la que se observa el cruce con poca
afluencia peatonal, y otra que se realizó en el transcurso de un
populoso desfile; la segunda deja ver además los primeros
avances de las demoliciones por la desaparición de una sección
del edificio que albergaba el restaurante-bar “Fornos”, la cual sí
aparece en la toma sin el desfile. Todo lo cual nos da indicio de
un registro del centro de Monterrey sistemático y bien pensado.
De entre los referentes urbanos retratados por Fausto
Tovar, sin duda el más conocido es el Cine Elizondo, inmueble
dedicado al séptimo arte que se caracterizó por su profusa
decoración de inspiración asiática. Este edificio fue sin duda el
que

mayor

polémica

causó

cuando

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se

determinó

su
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�Fotografía, ciudad y sillares

derrumbamiento, siendo defendido por una parte de la población
con motivo de sus peculiares elementos arquitectónicos.25 No
obstante, en la erección de la Gran Plaza, el Cine Elizondo sólo
adquirió valor histórico por ser uno de los primeros edificios
demolidos en Monterrey con dinamita y porque además esta
acción fue llevada a cabo por una de las primeras mujeres
egresadas de la carrera de ingeniería de la Universidad Autónoma
de Nuevo León (UANL), Leticia Ruvalcaba.26
Otro sitio sacrificado por el proyecto fue la Fuente de
Monterrey, un espacio público ubicado en el cruce de las calles
Allende e Ignacio Zaragoza. La fuente tenía de fondo decorativo
el mural Fundación de Monterrey, obra del arquitecto y ex rector
de la universidad, Joaquín A. Mora, siendo este uno de los pocos
elementos que se conservó tras la construcción de la Gran Plaza
y que fue recolocado en un sitio cercano a su ubicación original.
Desde antes de la construcción de la Fuente de Monterrey,

25

AHM, Colección Libros Gran Plaza, t. I, p. 99, Ricardo Espinosa Cárdenas,
“Demolerán el Cine Elizondo”, El Norte, 20 de junio de 1981; Prieto,
Patrimonio moderno y cultura arquitectónica en Monterrey: claves de un
desencuentro, 80.
26
Daniel de la Fuente, “La demoledora”, en Perfiles e historia, El Norte, 6 de
febrero de 2005.
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�Jaime Sánchez-Macedo

históricamente este cruce de calles se había caracterizado por la
presencia del vital líquido, ya que debajo se localiza uno de los
manantiales que existen en el centro de la ciudad. Por tal motivo,
antes que existiera la fuente, en el sitio se localizó durante algún
tiempo la Alberca Monterrey, una piscina natural de uso público
bastante popular entre la población durante la primera mitad del
siglo XX.27
Finalmente, la fotografía de Fausto Tovar motivo de la
presente reflexión, documenta un tercer referente urbano
devastado por causa de la Gran Plaza; se trata de la casa del
connotado médico e historiador José Eleuterio González,
conocido en Monterrey como “Gonzalitos”.28 La importancia del
inmueble localizado sobre la calle Dr. Coss, entre Matamoros y
Padre Mier, consistía en que precisamente ahí murió el galeno el
día 4 de abril de 1888. Como sucedió con el resto del centro de
Monterrey y los demás referentes urbanos echados abajo por la
Gran Plaza, simpatizantes de la transformación urbana
27

Casas, Imaginarios interrumpidos. Ensayo sobre el patrimonio perdido de
Monterrey, 102.
28
Véase Édgar Iván Espinosa Martínez, “La cultura nacional desde las
regiones en el siglo XIX. El caso de José Eleuterio González (1813-1888) en
Nuevo León”, Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades 24, núm.
48 (julio-diciembre, 2015): 198-225.
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comenzaron por denostar el valor histórico de la finca,
argumentando en este caso que la casa nunca fue propiedad de
Gonzalitos. Por su parte, el cronista oficial de Monterrey, José P.
Saldaña, afirmó que la casa no era un edificio que mereciera la
conservación, ya que una placa era más que suficiente para
rescatar el valor histórico del lugar; de lo contrario, se corría el
riesgo de terminar con una “mini plaza” en lugar de una Gran
Plaza, según afirmó el mismo cronista ante la prensa. Cabe
mencionar que poco tiempo antes el alcalde de Monterrey entre
1980 y 1982, Pedro Quintanilla, había prometido en campaña
hacer un museo de la medicina en aquel sitio que ahora quedaba
destinado a la picota.29 Aunado a todo esto, la responsable de la
ejecución de la Gran Plaza, Ángela Alessio Robles, negó que el
proyecto a su cargo fuera el motivo de la demolición del edificio,
ya que no se tenía contemplada la demolición de los inmuebles
de la acera oriente de la calle Dr. Coss.30 Sin embargo,
coincidentemente con el arranque de la Gran Plaza la casa se echó
abajo, ya fuera por decisión de sus propietarios que aprovecharon

29

AHM, Colección Libros de la Gran Plaza, t. 1, p. 111, Víctor S. Canales,
“Nadie puede parar la demolición de la casa”, El Norte, 24 de junio de 1981.
30
AHM, Colección Libros de la Gran Plaza, t. 1, p. 104, ¡Demuelen Casa de
Gonzalitos”, El diario de Monterrey, 23 de junio de 1981.
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que en todo el sector se realizaban trabajos de demolición, o bien,
por la acción del gobierno.
La destrucción de la casa de Gonzalitos llamó la atención
de Fausto Tovar, por lo menos para la realización de dos tomas
del inmueble. La primera de estas retrata la fachada parcialmente
demolida y vista desde un punto cercano al cruce de las calles
Padre Mier y Dr. Coss. Esta toma nos deja ver además que la casa
parece ser el único inmueble en proceso de demolición en todo
ese lado de la acera, lo cual podría sustentar los dichos de la
ingeniera Alessio Robles.
Llegamos así a la fotografía que es motivo de todo este
análisis y que además ilustra la portada de la nueva época de la
revista de historia del Centro de Estudios Humanísticos de la
UANL. En ella observamos la primera habitación de la casa de
Gonzalitos, con el marco de la entrada principal en primer plano;
a pesar de la leve deformación de la imagen provocada por el tipo
de lente, mediante el primer plano es posible hacerse una idea del
grosor de los muros de la fachada. Por el suelo del inmueble que
se aprecia en una elevación superior a la de la vía peatonal, que
es el punto desde donde apuntó su cámara Fausto Tovar,
observamos bloques de sillar, algunos con los elementos
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decorativos del inmueble –ya fueran de yeso o estuco–, los cuales
podrían haber correspondido con alguna cornisa o capitel. El más
notorio de éstos por su localización al centro de la imagen, lleva
un motivo floral de estilo rococó; las decoraciones constituyen un
indicio de la calidad constructiva del inmueble, así como de la
clase social a la cual estaba destinado. La única figura humana en
toda la toma es la de un niño que posa sin camisa, apoyando su
mano derecha en una puerta de madera también con detalles
decorativos.
De entre todas las fotografías del centro de Monterrey
elaboradas por Tovar Martínez que se han podido observar, sólo
hay otra en la cual posa también un niño; no obstante, se trata de
alguien de menor edad que fue retratado en una parte de la Gran
Plaza a punto de ser concluida. En ambos casos, los infantes nos
dan una idea clara de las proporciones del espacio con relación a
la escala humana. Por último, el plano posterior de la toma
muestra la amplitud del inmueble, así como la dimensión de la
demolición. El considerable número de habitaciones que se
aprecia al fondo –el acercamiento a la imagen digital de la
fotografía permite identificar al menos cinco habitaciones– opera
como el efecto provocado por la contraposición de espejos, como
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si se tratara de un reflejo infinito de la demolición del centro de
Monterrey, delante y detrás del fotógrafo. Las notas periodísticas,
producto de la polémica generada por el derrumbe del inmueble,
nos dan la certeza del año de las dos tomas de la casa de
Gonzalitos, 1981, así como un posible rango de meses, entre
mayo y julio.
Al final, el anhelado distrito financiero que acompañaría
la Gran Plaza quedó lejos de concretarse por diversos motivos
que se han destacado en investigaciones previas,31 dejando el
terreno de la finca en espera de hallar un uso más lucrativo para
sus propietarios. El único criterio de conservación patrimonial –
si es que se puede llamar así– para el sitio, fue aquel propuesto
por José P. Saldaña y que consistió en la colocación de una placa
en el lugar que hoy en día funciona como un estacionamiento
privado. En tanto, Fausto Tovar utilizó las dos tomas de la casa
de Gonzalitos y el resto de las fotografías del centro de Monterrey

31

Jaime Sánchez-Macedo, Donde habita el olvido. Conformación y desarrollo
del espacio público en el primer cuadro de la ciudad de Monterrey, 1980-2007
(Monterrey: Conarte, Museo de Historia Mexicana, 2019); Patrice Melé, La
producción del patrimonio urbano (México: Ciesas, 2006), 243; Rodrigo
Fernando Escamilla Gómez, “De la industria a los servicios, la macroplaza y
los primeros indicios de la servicialización de la ciudad de Monterrey (19791986)” (tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México, 2014).
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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para hacer por lo menos una exposición de su obra. Para este
propósito se produjeron las impresiones en opaco de gran formato
que hoy en día están en custodia de la Fototeca Nuevo León. Cabe
mencionar que a pesar de las óptimas condiciones de resguardo
de la institución, la calidad de las impresiones policromáticas ha
generado una importante pérdida de color en algunas de las
fotografías, situación que se podría agravar en los años venideros.
A manera de conclusión basta decir que para muchos de
los habitantes de Monterrey, que además conocen cuál fue el
destino final del terreno de la finca, la fotografía del interior de la
casa de Gonzalitos posee un punctum en los términos argüidos
por Barthes; es decir, se trata de una imagen que por uno o varios
de los elementos que contiene la imagen fotográfica “hiere” al
observador como una pulsación.32 Los sillares derruidos y el niño
que posa en la fotografía de Fausto Tovar generan una afección
en la sensibilidad de quien mira esta imagen, ya sea por la extraña
belleza de la toma, o bien, porque desde hace un par de años los
martilleos han vuelto a ser un eco constante por todo el centro de
Monterrey. Sin embargo, hoy día la suplantación del patrimonio

32

Roland Barthes, La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía (Barcelona:
Paidós, 1989), 58-85.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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urbano no es por la construcción de espacio público, sino por el
flujo de capitales financieros sumados a la especulación
inmobiliaria que demanda una nueva tabla rasa en el espacio
urbano.
Por otro lado, en una lectura a nivel iconográfico del
documento imagético,33 la fotografía de Fausto Tovar representa
la picota del “progreso” que se yergue sobre el patrimonio urbano
de Monterrey. Se vuelve necesario entonces voltear a ver
nuevamente las fotografías de Fausto Tovar sobre el centro de la
ciudad para reflexionar sobre los costos de las transformaciones
urbanas de gran escala. Asimismo, el legado de este fotógrafo
invita a tomar nuestras cámaras digitales y registrar todos
aquellos edificios de la ciudad que parecen nuevamente a punto
de desvanecerse en el aire. De lo contrario, sólo quedarán los
discursos de abandono y decadencia que, antes y ahora, han
servido de justificación para echar abajo el patrimonio urbano.

33

Roca et. al., Tejedores de imágenes. Propuestas metodológicas de
investigación y gestión del patrimonio fotográfico y audiovisual, 100-106.
Sillares, vol. 1, núm. 1, 2021
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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Archivo
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�Jaime Sánchez-Macedo

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�Fotografía, ciudad y sillares

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.1-7

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                  <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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                <text>Sillares. Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>Reyes Patiño, Reynaldo de, Director Editorial</text>
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                <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2022 © Sillares Vol. 1, No. 2, enero-junio 2022, es una publicación semestral editada
por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de Estudios Humanísticos,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte,
Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext.
6533. https://sillares.uanl.mx Editor Responsable: José Eugenio Lazo Freymann. Reserva de
Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900-102, ISSN en trámite ambos ante el Instituto
Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza, Biblioteca
Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación de 1 marzo de 2022.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / Celso José Garza Acuña
Director de Historia y Humanidades / Humberto Salazar Herrera
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / César Morado Macías
Director de la Revista / José Eugenio Lazo Freymann
Autores
Aarón Benjamín López Feldman
Julio César Martínez Velarde
Daniel Guillermo Rodríguez Barragán
Kassandra Sifuentes
Moisés Alberto Saldaña Martínez
Edgar Iván Espinosa Martínez
Oscar Abraham Rodríguez Castillo
Emilio Machuca Vega
Omar Fabián González Salinas
Abril Loyola
Mauricio González Alvarez
Abelardo Guajardo Garza
Melissa Rodríguez
Director Editorial / Reynaldo de los Reyes Patiño
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales

Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la fuente. Las opiniones
vertidas en este documento son responsabilidad de sus autores y no reflejan, necesariamente, la
opinión de Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo
Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Sillares

Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/
Hacer a Nuevo León un reino de nuevo. El proyecto
nostálgico de Abelardo A. Leal y la excepcionalidad
regiomontana
Make Nuevo León a kingdom again. Abelardo
A. Leal’s nostalgic project and the exceptionality
of Monterrey
Aarón B. López Feldman
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente
orcid.org/0000-0002-0395-7815

Recibido: 21 de agosto de 2021
Aceptado: 1 de octubre de 2021
Publicado: 1 de enero de 2022

Copyright: © 2022, Aarón B. López Feldman. This is an openac-cess article distributed under the terms of Creative Commons
At-tribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
orig-inal author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-1

�Hacer a Nuevo León un reino de nuevo. El proyecto
nostálgico de Abelardo A. Leal y la excepcionalidad
regiomontana
Make Nuevo León a kingdom again. Abelardo A. Leal’s nostalgic project and the exceptionality of Monterrey
Aarón B. López Feldman

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente
orcid.org/0000-0002-0395-7815

Resumen: En este ensayo se analiza el proyecto nostálgico de Abelardo
A. Leal Leal Sr. (1899-1982), escritor y abogado autodidacta regiomontano, padre de Abelardo A. Leal. Jr. (1922-1994), quien fuera editor, subdirector y presidente de El Norte durante más de tres décadas.
En El Nuevo Reyno de León: un Estado sin impuestos (1975), texto que
articula su proyecto nostálgico, Abelardo Leal Sr. propone demandar,
ante la Corte Internacional de Justicia y la Organización de las Naciones Unidas, que a Nuevo León se le restituya el territorio mercedado a
Luis Carvajal y de la Cueva en 1579 bajo el rubro del “Nuevo Reyno de
León”, una demanda que haría que Nuevo León se hiciera con una parte
importante del norte de México e, incluso, de Texas. Lejos de abordarlo
como una curiosidad histórica, un absurdo o una excentricidad, propongo ubicar dicho proyecto (escrito a mitad de la década de los setenta
del siglo XX, en pleno enfrentamiento entre la elite empresarial local
y el Estado mexicano) como parte de las narrativas de la excepcionalidad regiomontana, un denso tejido de afirmaciones identitarias según
las cuales Monterrey es una singularidad en la historia nacional, una
particularidad primigenia y esencializada, cuyo “éxito” y “grandeza”
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se formaron a espaldas, a pesar y en contra del centro. Leído desde esta
perspectiva sociohistórica, el proyecto de Leal comparte relaciones de
sentido con afirmaciones que, hoy en día, son frecuentes en la vida
política neoleonesa y en las redes sociodigitales, ya sea bajo la forma
de amenazas de sacar a la entidad del pacto fiscal o bien de propuestas
radicales de separar a Nuevo León del resto de la nación. Desde esta
perspectiva, el proyecto nostálgico de Abelardo Leal nos permite ahondar en las grietas del Estado-nación mexicano en tanto unidad comunitaria imaginada y configuración sociohistórica de alteridades.
Palabras clave: Abelardo A. Leal; Nuevo Reino de León; Nuevo León;
Monterrey; excepcionalidad regiomontana.
Abstract: This essay analyzes the nostalgic project of Abelardo A. Leal
Leal Sr. (1899-1982), a writer and self-taught lawyer from Monterrey,
father of Abelardo A. Leal. Jr. (1922-1994), who was editor, vice principal and president of El Norte for more than three decades. In El Nuevo
Reyno de León: un Estado sin impuestos (1975), a text that articulates his
nostalgic project, Abelardo Leal Sr. proposes to demand, before the International Court of Justice and the United Nations, that Nuevo León be
restored the territory granted to Luis Carvajal y de la Cueva in 1579 under the heading of “Nuevo Reyno de León”, a demand that would make
Nuevo León take over an important part of northern Mexico and even
Texas. Far from approaching it as a historical curiosity, an absurdity or
an eccentricity, I propose to place this project (written in the mid-1970s,
amid the confrontation between local business elite and Mexican State)
as part of the Monterrey’s exceptionality narratives, an identity afirmations dense weave according to which Monterrey is a singularity in national history, a primal and essentialized particularity, whose “success” and
“greatness” were formed behind the back, despite and against the center.
Keywords: Abelardo A. Leal; Nuevo Reino de León; Nuevo León;
Monterrey; Regionalism.

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En septiembre de 1996 Luis Enrique Grajeda, director del Centro
Patronal de Nuevo León (CPNL), propuso que en esta entidad
se organizara una consulta, como la de 1995 en Quebec, a través
de la cual los nuevoleoneses pudieran decidir si querían seguir
siendo parte de la federación o si preferían independizarse: “No
es justo que produzcamos lo que produce per cápita Suiza y vivamos como están viviendo en Oaxaca… Estamos hartos de todo
ya. Trabaje y trabaje para mantener el ocio en toda la República
Mexicana, principalmente en el Distrito Federal. Y todo corrupto
además”.1 A los pocos días, El Norte (que había recogido la declaración del director del CPNL) publicó un artículo de opinión
en el cual se hacía eco de la propuesta de Grajeda y se enaltecía
su “brevísimo valor civil” de sugerir la consulta en Nuevo León
“para decidir si queremos continuar siendo parte de una Federación Mexicana, mangoneada por el grupo de Zedillo, que nos
tiene hundidos… como que se antoja preguntar: ¿Pues qué ganamos con que nuestra Patria Chica sea parte de una República toda
leprosa?”, y remataba: “Los inútiles y estériles patrioterismos necios no ayudarán en nada a resolver esta cuestión. La historia, la
realidad y la inteligencia deben nutrir el debate de si Nuevo León
debe o no seguir siendo parte de la Federación Mexicana”.2

Periódico El Norte, “Recomienda CPNL consulta tipo Quebec”. Monterrey, N.L., 7 de septiembre de 1996.
2
Periódico El Norte, “¿Independizar a Nuevo León?”. Monterrey, N.L., 9
de septiembre de 1996.
1

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Dos meses después, en las mismas páginas de El Norte,
el historiador Héctor Jaime Treviño Villareal, hacía alusión
a los duros ataques que había recibido el director del Consejo
Patronal de Nuevo León por atentar contra la unidad de la patria y
recordaba que, lejos de ser una ocurrencia individual, la propuesta
de Grajeda formaba parte de “un pensamiento muy constante
desde hace tiempo en algunos cerebros regiomontanos”.3 Y en
la misma línea de ese pensamiento, el historiador situaba el
surgimiento de un grupo separatista en Internet (alojado en el
ahora extinto GeoCities): la República Separatista de Nuevo
León. Tras un breve repaso histórico por las encarnaciones del
fantasma del separatismo en el noreste, Treviño Villareal sostenía:
“La aparición de estas ideas o rumores en los últimos días,
aunque aparentemente no pasa de ser una ‘vacilada’, nos mueve a
meditar sobre su origen”,4 y agregaba: “no es difícil encontrarlo:
el centralismo atroz y el localismo exacerbado por ciertos
sectores, diciéndonos que somos los mejores y los más buenos
y que los compatriotas del centro y sur del País viven gracias a
nuestro trabajo”. El artículo pedía, por último, “estar al pendiente
Periódico El Norte, “¿República de Nuevo León?”. Monterrey, N.L., 23 de
noviembre de 1996.
4
Una semana antes del artículo de Treviño Villareal, El Norte había dado a
conocer el surgimiento de la República Separatista (Periódico El Norte, “Nuevo León: ¿nuevo país?”. Monterrey, N.L., 15 de noviembre de 1996). Y al día
siguiente de publicada dicha nota, el gobernador interino Benjamín Clariond
Reyes declaró: “Ha de ser una vacilada de alguien que no tiene nada qué hacer,
que se ponga a ver la tele mejor” (Periódico El Norte, “Califican de “vacilada”
propuesta separatista”. Monterrey, N.L., 16 de noviembre de 1996).
3

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�Hacer a Nuevo León un reino de nuevo

de las manifestaciones políticas de la juventud mexicana que ya
no fue educada en el nacionalismo revolucionario” y comparaba
la existencia de este grupo separatista digital con los rumores
de agrupaciones de jóvenes neonazis en colonias de alto estrato
socioeconómico del área metropolitana de Monterrey.
El artículo de Treviño Villareal no sólo ponía sobre la
mesa la pugna sociohistórica entre dos producciones discursivas
(el “centralismo atroz” y el “localismo exacerbado”), sino que
también relacionaba, como parte de dicha pugna, la amenaza
separatista del líder patronal con el surgimiento de la República
Separatista de Nuevo León. En lugar de tomar a este grupo
sociodigital como una simple “vacilada” (práctica reduccionista
muy común tanto en esos tiempos como ahora), Treviño Villareal
identificaba relaciones históricas de sentido entre dicho grupo y
la propuesta de Grajeda.
Dos décadas después, con la explosión de las redes sociodigitales, de la co-presencia mediada electrónicamente y del
nuevo espacio-tiempo de sus interacciones,5 se han potenciado
las capacidades para conectar los malestares y los afectos regionalistas/separatistas, y han surgido otros espacios similares a la
República Separatista de Nuevo León. Así, entre 1996 y el 2019,
se crearon más de 40 grupos y páginas, tan sólo en Facebook, que
promueven la separación de Nuevo León o del noreste de México
Manuel Castells, Comunicación y poder (Madrid: Alianza, 2009); Henry
Jenkins, Convergence Culture. La cultura de la convergencia de los medios de
comunicación (Barcelona: Paidós, 2008).
5

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como un todo.6 Con el tiempo, algunos de esos espacios digitales han desaparecido (porque sus creadores los cerraron o porque
Facebook los dio de baja ante denuncias de incitación al odio),
pero la mayoría continúa vigente. Más allá del tiempo de vida de
cada uno de esos espacios, lo significativo es que en todos ellos
se mantienen los mismos referentes y temas aglutinantes, los cuales están enraizados en los imaginarios sociohistóricos locales
(Santiago Vidaurri, las supuestas República del Río Grande7 y de
la Sierra Madre, el espíritu de lucha contra el medio agreste, el
centralismo y la injusticia fiscal con el norte…). En este sentido,
lo importante de estos espacios sociodigitales no es su inmanencia, su número de practicantes o su (im)posibilidad para llevar a
Según Villasana Dávila (Regionalismo político en México en el período
2000-2007: ¿un fenómeno que resurge? Tesis Doctoral. Universidad del País
Vasco, http://xurl.es/d03m4), entre 1996 y 2009 existieron, al menos, 12 grupos o páginas en internet que promovían explícitamente la separación de todos
o algunos estados del norte de México. En mi tesis doctoral (López Feldman,
Aarón, Re-sentimientos de la nación. Regionalismos, separatismos e imaginación política en narrativas de la excepcionalidad regiomontana), registré la
existencia, del 2010 al 2019, de 35 grupos y páginas, entre los cuales podemos
destacar los siguientes: “Yo también creo que el norte de México debería ser
independiente”; “Viva La Republica Del Rio Grande”; “ProAridoamérica”;
“Aridoamérica independiente”; “Movimiento Nacionalista Riograndense”;
“República de Nuevo León”; “República de México del Norte”; “República
Norestense”; “Orgullo NeoLeonés”; “Historia Neoleonesa”; “Por una Aridoamérica independiente”; “Nación Neoleonesa”; “Identidad neoleonesa”;
“Por una Autentica Soberanía y Autonomía de Nuevo León”; “Rugido de León
/ Podcast”; “Patria NeoLeonesa”; “Rancheros Locos de Río Grande”.
7
Josefina Zoraida Vázquez, “La supuesta República del Río Grande”, en
Décadas de inestabilidad y amenazas. Antología de ensayos, ed. Josefina Zoraida Vázquez (El Colegio de México, 2010), 61–88.
6

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cabo sus anhelos de separación, lo importante es lo que los une
con las demandas políticas centrales, es decir, con la formación
histórica de la alteridad regiomontana en sus relaciones de tensión, complementariedad y oposición con el centralismo mexicano. En otras palabras, lo relevante no es si los grupos y páginas
separatistas pueden o no existir “fuera de Facebook” según los
criterios de realidad y de existencia de la política clásica (menos
aún, si deban o no hacerlo), sino que miles de personas los están
imaginando (entre el juego y el anhelo, entre lo digital y lo físico,
entre lo viejo y lo nuevo), conversando y promoviendo, y que lo
hacen no desde un espacio vacío, absurdo, sino desde un denso
tejido histórico-cultural de referentes compartidos que expresan
muchas de las tensiones socio-espaciales vinculadas con la construcción histórica del eje regional Monterrey-Nuevo León-Noreste en tanto frontera económica, política y civilizatoria.
En este ensayo mostraré parte de ese tejido históricocultural a través de lo que llamo las “narrativas de excepcionalidad
regiomontana”, las cuales, en tanto conjunto de afirmaciones
identitarias que circulan en medios impresos y en grupos de
replicación digital, dan cuenta de dos orgullos socio-espaciales en
constante tensión: el orgullo centralista del altiplano (vinculado
con la voluntad de una parte hegemónica que se propone a sí
misma como centro y, a la par, como unidad del todo nacional), y
el orgullo regionalista de la alteridad regiomontana (vinculado con
la voluntad de una parte regional que se propone a sí misma como
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una particularidad radical y esencial, una excepcionalidad de la
historia nacional). En otro lado me he ocupado de un conjunto
amplio de esas narrativas de excepcionalidad y de sus condiciones
de producción y circulación,8 aquí me enfocaré exclusivamente
en un texto concreto de dicho conjunto: El Nuevo Reyno de León.
Un Estado sin impuestos, de Abelardo A. Leal Sr.9 Al final de
este ensayo, trazaré algunas de las relaciones sociohistóricas de
sentido entre dicho texto y los espacios separatistas de Facebook.
Narrativas de excepcionalidad en la alteridad regiomontana
Esta es una ciudad excepcional (a pesar de lo que afirman sus críticos) que no pasa inadvertida. Su gente y
sus empresas constituyen una especie de símbolo y de
testimonio de la grandeza del capitalismo; y de su miseria, añadirían no pocos escritores prosocialistas.
Federico Arreola, ¿Por qué Monterrey?

La nación no sólo es una comunidad política imaginada, basada
en la construcción de horizontalidad,10 sino también una configuración cultural,11 una formación histórica de alteridad y de diverAarón López Feldman, “Re-sentimientos de la nación. Regionalismos,
separatismos e imaginación política en narrativas de la excepcionalidad regiomontana” (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente,
2019).
9
Abelardo Leal, El Nuevo Reyno de León. Un Estado sin impuestos (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, 1982).
10
Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen
y la difusión del nacionalismo (México, DF: Fondo de Cultura Económica,
1993).
11
Alejandro Grimson, Los límites de la cultura. Críticas de las teorías de la
identidad (Buenos Aires: Siglo XXI, 2011), 171–94.
8

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sidades12 que produce diferencias constitutivas, esto es, múltiples
otredades y fronteras, tanto internas como externas. Por ende, las
afirmaciones regionalistas y separatistas no responden únicamente a las distintas crisis de lo estatal y de lo nacional (sin duda,
fundamentales), sino que forman parte intrínseca del ejercicio del
Estado-nación como proyecto histórico y de su devenir como narrativa sociocultural (es decir, como un todo representado a través
de una de sus partes). En palabras de Renato Ortiz: “La identidad
nacional se construye en detrimento de las identidades locales.
Ella se nutre de su neutralización o de su destrucción. La constitución de la nación es siempre conflictiva. Al afirmarse la unidad
del todo, se niega la particularidad de las formaciones específicas”.13
En este sentido, el Estado-nación es un proyecto
necesariamente inconcluso que pretende hacer de sí un todo
homogéneo (mayor que la suma de sus partes) a través de una
serie de artefactos político-simbólicos: la escuela y sus libros
(en tanto síntesis de la historia oficial), el museo y su memoria
selectiva, el censo y sus clasificaciones legítimas, el mapa y su
Claudia Briones, “Formación de alteridad, contextos globales, procesos
nacionales y provinciales”, en Cartografías argentinas. Políticas indigenistas
y formaciones provinciales de alteridad (Buenos Aires: Antropofagia, 2005),
10–39; Rita Laura Segato, “Identidades políticas y alteridades históricas: una
crítica a las certezas del pluralismo global”, Nueva Sociedad, núm. 178 (2002):
104–25.
13
Renato Ortiz, Otro territorio. Ensayos sobre el mundo contemporáneo
(Bogotá: Convenio Andrés Bello, 1998), 125.
12

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logoización del territorio, la constitución y su ciudadanía.14 Las
partes del todo nacional, sin embargo, nunca quedan plenamente
totalizadas, y es sólo cuestión de tiempo para que algunas de ellas
se desplacen de la tensión al conflicto. Por eso, con frecuencia,
el proyecto nacional busca neutralizar y utilizar a su favor las
afirmaciones identitarias locales y regionales, así como erradicar
las aspiraciones de aquellas partes que no se asumen como
dependientes del todo unitario.
En el caso del Estado-nación mexicano, la construcción
del centro de México como totalidad nacional, es decir, la
construcción de la Ciudad de México, el altiplano y su área de
influencia directa como núcleo de acción político-económica y
encarnación simbólica de la nación, ha sido un proceso largo y
disputado que hunde sus raíces en la difícil transición entre el
Estado colonial y el Estado-nación, así como en las herencias
espaciales de larga duración que dejó la geografía mexica.15 A
Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo; Santiago Castro-Gómez, “Ciencias sociales, violencia epistémica y el problema de la invención del otro”, en La colonialidad
del saber. Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas lationoamericanas
(Bogota: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, 2000), 88–98; Ortiz,
Otro territorio. Ensayos sobre el mundo contemporáneo.
15
Bernardo García Martínez, “El espacio del (des)encuentro”, en Encuentro
en la frontera: mexicanos y norteamericanos en un espacio común (México,
DF: El Colegio de México - Centro de Estudios Históricos; El Colegio de la
Frontera Norte; Universidad Autónoma de Tamaulipas, 2001), 19–51. Bernardo García Martínez, El desarrollo regional, siglos XVI al XX (México, DF: El
Colegio de México, 2004); Bernardo García Martínez, Las regiones de México.
Breviario geográfico e histórico (México, DF: El Colegio de México, 2008).
14

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pesar de lo que sostiene su historia mítica, el centro se construyó a
la par del resto de las regiones, pero con la capacidad de absorber
los efectos de su propia centralización. En este sentido, el norte,
como frontera interna, jugó un papel clave en la formación nuclear
del centro. El norte no nació vacío, aislado, lejano; su lejanía,
su aislamiento y su vacuidad se construyeron en su particular
relación histórica con el centro.16
Desde la perspectiva de las fijaciones de sentido que
hicieron nación (en tanto relato sociocultural y proyecto
histórico), lo que no es centro es vacío, lejanía, periferia, tradición,
provincia, interior, región, pero también caos, peligro, barbarie,
precariedad, atraso, conservadurismo, ignorancia, minoría de
edad, superstición. A esas fijaciones semánticas del “ellos” y
el “afuera” como fronteras culturales internas, se le contrapone
el “nosotros” y el “adentro” de la nación: orden, modernidad,
ilustración, razón, civilización, progreso, educación, ciencia,
conjunto, cuna, revolución.17
Israel Cavazos Garza y César Morado Macías, “Introducción”, en Fábrica
de la frontera. Monterrey, capital de Nuevo León (1596-2006) (Monterrey:
Ayuntamiento de Monterrey, 2006), 17–20; Cecilia Sheridan Prieto, Fronterización del espacio hacia el norte de la Nueva España (México, DF: Centro de
Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social; Instituto Mora,
2015).
17
Luis Aboites Aguilar, “En busca del centro. Una aproximación a la relación
centro-provincia en México, 1921-1949”, Historia Mexicana 59 (2009): 711–
54. Manuel Ceballos Ramírez, “Visiones contradictorias del norte mexicano:
elementos de una historia cultural”, en Historia, región y frontera norte de
México (México, DF: Bonilla Artigas; Universidad Autónoma de Tamaulipas,
2011), 193–220. Periódico El Universal, Monsiváis, Carlos (2009). ¿Qué se
16

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A esas fijaciones de sentido centralistas se les ha contestado,
en modos y tiempos distintos, desde otras regiones del país fuera
de la región central. Desde el eje Monterrey / Nuevo León /
Noreste, una respuesta llegó acompañada de las potencialidades
(es decir, de la capacidad de hacer escuchar sus inconformidades
y de poner sobre la mesa nacional no sólo su peso específico
como parte, sino también su virtualidad como todo aparte) de
una elite construida en torno al desarrollo comercial, industrial
y financiero.18 Desde la alteridad regiomontana, se produjo un
tejido de afirmaciones identitarias socio-espaciales que, a modo
de narrativas de excepcionalidad, responde a la centralización
y totalización del centro. Esas narrativas proponen otro tipo
de mestizo y otro tipo de relaciones económico-políticas como
simientes de su alteridad y, en ocasiones, de lo que deberían ser
las “auténticas” fijaciones de la mexicanidad.
fizo de la provincia?, 26 de abril de 2009. Acceso el 17 de febrero de 2018
http://archivo.eluniversal.com.mx/editoriales/43850.html; Enrique Raichenberg y Catherine Héau-Lambert, “La frontera en la comunidad imaginada del
siglo XIX”, Frontera Norte 19, núm. 38 (s/f): 37–61; Sheridan Prieto, Fronterización del espacio hacia el norte de la Nueva España; José Manuel Valenzuela Arce, “Interculturalidad y estados nacionales”, en Pensar las ciencias
sociales hoy. Reflexiones desde la cultura, ed. Rossana Reguillo y Raúl Fuentes Navarro (Guadalajara: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Occidente, 1999), 119–42.
18
Mario Cerutti, Burguesía y capitalismo en Monterrey (1850-1910) (México, DF: Claves Latinoamericanas, 1983); Mario Cerutti, Burguesía, capitales
e industria en el norte de México. Monterrey y su ámbito regional (1850-1910)
(Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León; Alianza, 1992); Menno
Vellinga, Desigualdad, poder y cambio social en Monterrey (México, DF: Siglo XXI, 1988).
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Podemos entender a las narrativas de la excepcionalidad
regiomontana como un denso tejido de afirmaciones identitarias
socio-espaciales según las cuales Monterrey (y cuando se dice
Monterrey se habla de Nuevo León y del noreste todo19) es una
singularidad en la historia nacional, una particularidad primigenia
y esencializada que, formada a espaldas, a pesar y en contra del
centro20 (y cuando se dice el centro se habla de la Ciudad de México
como núcleo del Estado novohispano y del Estado-nación), se
caracteriza por su “cultura de trabajo” traducida en potencial
económico (comercial, industrial y financiero), educativo (con
el Tecnológico de Monterrey como núcleo21) y cultural (tanto en
términos de arte22 y conocimiento, como de ethos empresarial
“Todos los nacidos en el Estado somos neoleoneses y todos los neoleoneses
somos regiomontanos”, diría José P. Saldaña (Grandeza de Monterrey y estampas antiguas de la ciudad. México: Empresas Editoriales S.A, 1973), p. 65.
20
El centro / sur “huevón, ocioso y corrupto” que vive a costa del Monterrey
“trabajador, madrugador y franco”.
21
Además del Tecnológico de Monterrey y del conglomerado empresarial comúnmente asociado con la ciudad, existe otro caso de “éxito regio” que “conquistó” el centro del país: el periódico El Norte del que derivó el Grupo Reforma: “(El Norte) Fue un éxito rotundo en términos de circulación ya que contó
con la capacidad de transferir los aspectos más liberales de la visión emprendedora regiomontana al contexto específico de la Ciudad de México. En el ámbito
político, el periódico Reforma se presentó con una postura crítica hacia políticas
oficiales y, en el ámbito económico, se caracterizó por la promoción de un modelo que favorecía la libertad de mercado” Smith Pussetto, C., García Vázquez,
N. J., Pérez Esparza, J. D. (Análisis de la ideología empresarial regiomontana.
Un acercamiento a partir del periódico El Norte, en CONfines de Relaciones
Internacionales y Ciencia Política, 2008). Disponible en http://www.redalyc.
org/html/633/63340701/, Consultado el 10 de mayo de 2018, p. 17.
22
Como señala Eduardo Ramírez (El triunfo de la cultura. Uso político y
19

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distinguido por el trabajo, la honradez, el ahorro, el tesón y la
innovación23). Según estas narrativas, el potencial de la parte
regia se forjó en la lejanía, en la lucha con el medio agreste, con
los indígenas seminómadas y con los invasores extranjeros, y en
la mezcla sui géneris de grupos étnicos.
Estas narrativas de excepcionalidad son enunciadas por
distintos actores en múltiples espacios discursivos,24 pero su
densidad no se reduce ni a su textualidad ni a su lugar concreto
económico de la cultura en Monterrey. Monterrey: Fondo Editorial de Nuevo
León, 2009), el arte, y su trabajo museístico, no sólo ha sido un elemento fundamental en la construcción identitaria del “orgullo regio”, sino también en el
despliegue de las tensiones sociohistóricas entre la elite empresarial regiomontana y el Estado mexicano.
23
En años recientes, los dos equipos de futbol locales (Tigres y Rayados de
Monterrey) han comenzado a jugar un papel similar en estas narrativas de excepcionalidad. En la retórica que acompaña las finales de liga del futbol mexicano protagonizadas por estos dos equipos, no sólo se habla de su desempeño
futbolístico, sino también del particular modelo de negocios que lo permite y
de la necesidad de emularlo en todo el país; o bien, se afirma que es un ejemplo
más de la “grandeza regia”. En este contexto, un comentarista local [N. del
E.: el autor se refiere Mario Castillejos] afirmó: “La grandeza de Monterrey,
del industrial de Monterrey, de la sociedad de Monterrey, simplemente faltaba
que también coronara en el futbol, hoy coronaron, desde hace tiempo ya vienen coronando, y hoy es el ombligo del futbol del país, y no es porque yo sea
quien viva aquí, es porque geográficamente a mí me toca llevar una crónica
que ni los chilanguitos ni los jalisquillos ni los del Pacífico te pueden llevar la
cuenta de cuántas finales se pueden jugar en un lugar y cuántas se van a ganar.
Bendito Dios esta ciudad ya levantó la mano y ahora para que nos la bajen
se la van a pelar un rato” (Publicado en YouTube: https://www.youtube.com/
watch?v=-_bQ7vydcMo&amp;ab_channel=CharlsCepeda, 16 de agosto de 2019).
24
López Feldman, “Re-sentimientos de la nación. Regionalismos,
separatismos e imaginación política en narrativas de la excepcionalidad regiomontana”, 55–93.
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de enunciación, sino que forma parte de un proceso de larga
duración surgido con la conformación histórica de la alteridad
regiomontana en tanto uno de los otros internos clave del
imaginario nacionalista mexicano (no el otro indígena con base en
el cual se creó el mestizo de la nación, sino el mestizo fronterizo,
“inculto”, “primario”, “bárbaro”). Por un lado, esta formación de
alteridad lleva la huella de la construcción del centro como todo
hegemónico a través de una de sus partes (la Ciudad de México)
y la construcción de sus otros internos, no sólo en términos de
raza, sino también de cultura y de ubicación en la geografía de la
nación; por el otro, dicha formación está anclada en las tensiones
económicas, políticas y simbólicas (por recursos, territorios,
decisiones y representación en el relato de lo nacional) que las
elites locales han mantenido con el Estado mexicano desde fines
del siglo XIX.25
Las narrativas de excepcionalidad son afirmaciones
apologéticas, reivindicatorias y nostálgicas que aluden al éxito, la
épica, la grandeza de Monterrey, Nuevo León y el Noreste (en ese
orden) y que se nutren de la (re)apropiación histórica y la gestión
de la memoria local.26 Aunque en este ensayo me enfoco en una
Michael Snodgrass, Deferencia y desafío en Monterrey. Trabajadores, paternalismo y revolución en México, 1890-1950 (Monterrey: Fondo Editorial
Nuevo León, 2008); Alex Saragoza, La elite regiomontana y el Estado mexicano, 1880-1940 (Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2008).
26
García Alonso (2014) entiende a los “gestores de memoria colectiva” como
aquellas “instituciones, grupos o individuos cuya interpretación de los hechos
ocurridos es considerada como referente para una comunidad. Tan gestoras
25

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de esas narrativas unitarias y en sus relaciones de sentido con
espacios sociodigitales, esto no quiere decir que las asuma como
las únicas afirmaciones identitarias de la alteridad regiomontana.
No estoy proponiendo que todos los regios se adscriben a las
narrativas de excepcionalidad. De hecho, muchos las disputan
desde la academia,27 el trabajo, las artes o el espacio público.
son las llamadas instituciones de memoria —normalmente organizaciones o
fundaciones encargadas de la custodia material de los fondos documentales y la investigación que pueda ser relevante para comprender una época,
un autor o un suceso determinado—, como las universidades —encargadas
de generar versiones de la historia de las naciones, que luego es vulgarizada
y transmitida a través de los manuales escolares hasta constituir un sustrato
interpretativo que comparten cohortes generacionales—; los ancianos que conocen con detalle las genealogías y son los depositarios de los relatos y los
saberes que constituyen el patrimonio de las familias; los especialistas rituales —con sus conocimientos esotéricos sobre las relaciones entre el mundo
sobrenatural y el de la vida cotidiana—; las autoridades políticas —que normativizan la vida cotidiana para generar un orden basado en códigos morales
que indican en cada momento lo que es correcto e incorrecto—, etcétera”. Ver
María García Alonso, “Los territorios de los otros: memoria y heterotopía”,
Cuicuilco 21, núm. 61 (2014): 334.
27
Existe una larga tradición de académicos e investigadores (Cecilia Sheridan, Lylia Palacios, Mario Cerutti, Máximo de León Garza, César Morado,
Alex Saragoza, Michael Snodgrass, Alberto Barrera-Enderle, Octavio Herrera,
por mencionar algunos) que, directa o indirectamente, han realizado una crítica económica, política e histórica a las narrativas de excepcionalidad. Desde
esta perspectiva, el relato de la diferencia regia, de su particularidad, sólo puede ser entendido como parte de la formación histórica de una elite local que,
basándose en su desarrollo comercial, industrial y financiero, fue capaz de
imponer en el espacio regional la narrativa de su ethos empresarial. Desde la
crítica a la excepcionalidad, Monterrey no es la gran ciudad industrial hecha
por el mestizo fronterizo bajo la figura del hombre empresarial y del patriarca
industrial, sino una urbe asimétrica, desigual, que “no puede explicarse sin
la historia de sus fábricas y sus trabajadores, hombres y mujeres, ni de sus
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Y así como no todos los regios se adscriben a estas narrativas,
tampoco todos los que se adscriben a ellas son regios. Al respecto,
José P. Saldaña (1891-1992, político, asesor empresarial, escritor,
historiador y cronista oficial de Monterrey durante veinticinco
años) afirma, apoyándose en el determinismo geográfico, que la
“grandeza” del ethos regiomontano es una cualidad adquirible vía
el contacto con el medio28:
Queda en pie, con la limpieza que corresponde a las cosas respetables, el título de regiomontano. No debe tomarse, ni la tomamos como blasón de alcurnia, ni como distintivo de sangre
limpia a lo Hitler. Nada de eso, aceptamos con satisfacción la
formación del carácter regiomontano como producto del medio
ambiente, sin que en ello cuente en forma alguna la cuna o el
lugar en que se haya nacido.29

incontables talleres de oficios urbanos. Ellos y ellas fueron los constructores
de esta ciudad, no la élite de unos cuantos ‘indómitos e industriosos’ empresarios” Lylia Palacios (2017). La Muerte obrera en Monterrey, en Académicxs
de Monterrey, 43. https://academicxsmty43.blog/2017/11/20/la-muerte-obrera-en-monterrey-lylia-palacios/
28
En un tono similar, Santiago Roel (1885-1957), otro actor clave en la gestión de la memoria local y en la promoción cívica (creador, junto con Saldaña,
del escudo de Nuevo León), señala en sus Apuntes Históricos: “Siempre que
en estos Apuntes se hable de nuevoleoneses, entiéndase que no sólo he querido referirme a los nativos del Estado, sino también a todos aquellos que, sin
serlo, se han avecindado aquí y sienten por Nuevo León igual o mayor afecto
que por su lugar de origen; han formado un hogar o labrado un porvenir, y han
contribuido con su sincero esfuerzo al progreso y bienestar de esta tierra”. Ver
Santiago Roel, Nuevo León, apuntes históricos (Monterrey: Ediciones Castillo, 1977), XIII.
29
José Pedro Saldaña, Grandeza de Monterrey y estampas antiguas de la
ciudad (México, DF: Empresas Editoriales S.A., 1973), 257.
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Así, a la par del despliegue de sus potencialidades económicas y
políticas, la alteridad regiomontana ha producido, desde fines de
la década de los treinta del siglo XX30 (aunque con importantes
antecedentes en la segunda mitad del siglo XIX y el periodo vidaurrista) una serie de narrativas de sí que tienden a esencializar
De la mano del centralismo político, económico y simbólico, se ha ejercido
en el país una suerte de “centralismo historiográfico”. Ver P. Osante, 2015, El
noreste fronterizo de México en la época colonial, en Históricas Digital, pp.
51-68, http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/escribir/historia.html) que, desde los inicios del siglo XX, ignora los procesos
históricos locales o los considera sólo en tanto aportan al relato nacional. En
esta tradición historiográfica, el noreste de México suele tomarse en cuenta únicamente cuando se trata de estudiar su participación en la formación
del Estado-nación, sobre todo desde que Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas
se transformaron en frontera. Aunque una parte de la propia historiografía de
Nuevo León sigue reproduciendo esa tradición. Ver Eva Rivas et al., “La historia en el noreste y desde el noreste”, en Las ciencias sociales en el noreste
de México, ed. César Morado Macías y Lucila Hinojosa (Ciudad de México:
Universidad Autónoma de Nuevo León - Facultad de Filosofía y Letras, 2016),
105–27. Desde fines de la tercera década del siglo XX dicha historiografía dio
un giro regionalista notable con base en el cual se recuperaron las afirmaciones
regionalistas de la segunda mitad del siglo XIX (con Vidaurri a la cabeza) y se
dio forma a las narrativas de excepcionalidad. A partir de esa década, la historiografía neoleonesa (producida, en buena medida, desde y para Monterrey)
empezó a girar del positivismo y la memoria nacional hacia el historicismo y la
afirmación de lo local, en parte como respuesta el nacionalismo posrevolucionario. Ver Manuel Ceballos Ramírez, “Monterrey: Realidades y posibilidades
historiográficas”, en Monterrey 400: estudios históricos y sociales, ed. Manuel
Ceballos Ramírez (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, 1998),
69–89; Edgar Iván Espinosa Martínez, “La práctica historiográfica en Nuevo
León. Una arqueología del conocimiento histórico regional, 1867-1996”, Secuencia, núm. 68 (2007): 89–114; César Morado Macías, “La historia de Nuevo León. Apuntes epistemológicos sobre la historiografía reciente”, Provincias
Internas 1, núm. 3 (2001): 13–32.
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su diferencia con el resto de la nación; es decir, a explicar su peculiar desarrollo comercial e industrial no como resultado de un
proceso histórico de acumulación (en el que ocupa un lugar clave su posición en la geografía colonial y nacional, así como el
tejido de sus relaciones económicas locales), sino como producto de un ethos inmutable, congelado en el tiempo, que proviene
de su peculiar mezcla étnica y de sus relaciones con el medio
ambiente hostil; una consecuencia de la lucha en múltiples frentes: contra los indios nómadas, contra la naturaleza, contra el
centralismo, contra los anhelos expansionistas norteamericanos.
Mientras en el centro del país se consolidaba el nacionalismo
posrevolucionario que había heredado (con continuidades y discontinuidades) elementos del patriotismo criollo,31 en el margen
interno regiomontano se potenciaban narrativas de excepcionalidad que erosionaban dicho nacionalismo, aunque sin apartarse
del todo de él. Grosso modo, esas narrativas de sí se caracterizan
por oponerse a las fijaciones centralistas de la nación a través
de su trabajo con tres imaginarios: étnico-comunitario (nosotros
versus ellos), económico-político (lo común versus lo ajeno; el
trabajo, la empresa y el Estado) y socio-espacial (adentro versus
afuera).

David Brading, Los orígenes del nacionalismo mexicano (México, DF:
Era, 2004), 1–18; Enrique Florescano, “De la patria criolla a la historia de la
nación”, Secuencia, núm. 52 (2002): 7–39.
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El

“nosotros”

regiomontano

y

sus

fundamentos

económico-políticos son demarcados por la familia, la industria,
la laboriosidad, la disciplina, la cultura del trabajo y el origen
chichimeca-tlaxcalteca-hispano-(cripto)judío; esto en oposición
al “ellos” centralista, huevón, caótico, soberbio, corrupto,
ineficiente, proteccionista, autoritario, y originado en lo azteca/
mexica. A su vez, en el imaginario socio-espacial destacan dos
campos clave: los geosímbolos (el signo en clave espacial local) y
las escalas. A la ausencia de geosímbolos regios en el imaginario
central (la nación es Popocatépetl, Iztaccíhuatl, Pico de Orizaba),
se le contrapone el Cerro de la Silla como referente que aglutina
las más variadas afirmaciones identitarias (podemos recorrer
todos los tipos de regionalismo regio y encontrar ahí, en el centro
de la representación, a la Silla). En cuanto a las escalas, son tres las
que están en juego en la pugna de imaginarios, en la tensión entre
oposición y complementariedad entre ellos y en la consecuente
imposición de intereses: Monterrey, Nuevo León, Noreste. El
despliegue de estas escalas no es lineal ni unidireccional, así
Monterrey puede desplegarse como sinécdoque de Nuevo León (y
éste como sinécdoque del Noreste), o bien, como sinécdoque de la
nación. Esta tensión de escalas nos deja ver que las narrativas de
excepcionalidad no se oponen al centralismo como lógica política
(Nuevo León mismo es un estado fuertemente centralista), sino al
centralismo de la ciudad de México como contenido histórico de
la totalidad nacional.
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De entre el denso tejido de narrativas de excepcionalidad,32
aquí me detendré en el proyecto nostálgico que Abelardo A. Leal
Sr. formuló en El Nuevo Reyno de León: un Estado sin impuestos.
Publicado a mitad de la década de los setenta del siglo XX, en pleno
enfrentamiento entre la elite económico-política regiomontana y
el Estado mexicano, el texto de Leal sintetiza y lleva al extremo
las narrativas de excepcionalidad y los imaginarios de la
alteridad regiomontana. Es, por lo mismo, el proyecto que más
se acerca (en términos de relaciones sociohistóricas de sentido y
no de mediaciones tecnológicas) a las afirmaciones identitarias
socioespaciales de los espacios regionalistas y separatistas de
Facebook. A su vez, el texto como unidad (y, en parte, la obra
En Re-sentimientos de la nación... trabajé, además del texto de Abelardo Leal, con las siguientes narrativas de excepcionalidad: Amores, José Emilio (2007). Monterrey: una cultura propia; Arreola, Federico (s.f.). ¿Por qué
Monterrey?; Basave del Castillo, Agustín (1945) Constructores de Monterrey;
De León, Myriam (1996). Monterrey 400 años: la estirpe de un pueblo, 15961996; De León, Myriam (2007). Orgullosamente bárbaros. Para revalorar el
ser y quehacer del norestense; Elizondo Elizondo, Ricardo (1987) Los sefarditas en Nuevo León: reminiscencias en el folklore; García Naranjo, Nemesio
(1990 / 1955). Una industria en marcha; Hernández, Timoteo L. (1969). Geografía del Estado de Nuevo León; Novo, Salvador (1965). Crónica regiomontana. Breve historia de un gran esfuerzo; Rangel Frías, Raúl (1988 / 1964).
Teorema de Nuevo León; Recio Cavazos, Gabriela (2017). Don Eugenio Garza
Sada. Ideas, acción, legado; Rodríguez Muro, Jesús (1965). Geografía política, física y económica del estado de Nuevo León; Roel, Santiago. (1977/1938).
Nuevo León, apuntes históricos; Saldaña, José P. (1955). Episodios Contemporáneos; Saldaña, José P. (1973 / 1968). Grandeza de Monterrey y estampas
antiguas de la ciudad; Tijerina Almaguer, Luis (1943). Canto al Escudo de
Nuevo León; Zapata Novoa, Juan (1993). Tercos y triunfadores de Monterrey:
Los retos de Monterrey en el siglo XX.
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completa de Leal) gira en torno al tema que más moviliza los
malestares con el estado nacional de cosas: los impuestos.
El proyecto nostálgico de Abelardo A. Leal, Sr.
El sábado 17 de julio de 1982 murió Abelardo A. Leal Leal, Sr.,
abogado autodidacta regiomontano (nacido en Cadereyta en
1899, pero avecindado en Monterrey desde 1921), primer Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Nuevo León
(UANL)33 y padre de Abelardo A. Leal. Jr. (1922-1994), quien
fuera editor, subdirector y presidente de El Norte durante más de
tres décadas.34 En los días posteriores a la muerte de Abelardo
Leal, Sr., distintas instituciones locales publicaron esquelas en su
honor (entre ellas, la rectoría y la Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales de la UANL, el Colegio de Abogados de Nuevo León y
la Editora El Sol —encargada de la producción, edición, diseño,
comercialización y distribución de El Norte—), en las que se le
El Doctorado Honoris Causa en Ciencias Jurídicas le fue entregado a
Abelardo A. Leal Leal el 2 de junio de 1980, al respecto, una nota de la redacción de El Porvenir narraba el evento enfatizando el relato del hombre
que “se hace solo”: “Y sucedió aquel modesto autodidacta, caballero sin
tacha y modelo de conducta, dejó pasmados a los doctores de la ley, de las
ciencias exactas, y los iniciados en los secretos de forma y vida. Cultivador
de las disciplinas del Derecho y luchador infatigado de las reclamaciones
justas, don Abelardo Leal Leal, produjo ante el Consejo Universitario, depositario por sí de la sabiduría misma, un discurso de elegante y profundo corte académico” (Periódico El Porvenir. “Doctorado merecido”, Monterrey,
N.L., 3 de junio de 1980).
34
Israel Cavazos Garza, Escritores de Nuevo León. Diccionario bibliográfico
(Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, 1996), 207.
33

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recordaba como un “distinguido jurista nuevoleonés” y “ejemplo
en la comunidad regiomontana”.35
A su vez, M.A. Kiavelo (espacio editorial clave de El Norte
y pilar en la construcción de la alteridad regiomontana) empezó
su columna del domingo 18 de julio con estas palabras:
1-MIENTRAS dormía, murió ayer sábado, en la madrugada,
el Doctor en Ciencias Jurídicas don Abelardo A. Leal, Señor,
venerado patriarca de una gran familia del Nuevo Reyno
de León.
2-APENAS horas antes don Abelardo había terminado su último libro, sobre cuyo original dejó un recado para que su hijo
del mismo nombre lo revise, corrija y proceda a su edición.
1-DURANTE más de sesenta años de estudiar el Derecho sin
un día de descanso ni conocer vacaciones, el Doctor Leal buscó la justeza, valor aún más alto y más puro que la imperfecta
justicia humana…
2-LA función debe continuar…36

A menos de seis meses de la muerte de Abelardo Leal, la Capilla
Alfonsina de la UANL publicó una edición no venal de El Nuevo
Reyno de León: un Estado sin impuestos, el cual ya había sido
impreso en 1975, pero en una edición del propio autor. Esta publicación, según las autoridades de la Capilla Alfonsina, se dio
La esquela de la Editora El Sol decía, a la letra: “Editora El Sol, S.A. Se
une a la pena que embarga a la Familia Leal Díaz por el sentido pésame de Don
Abelardo A. Leal Señor, Q.E.P.D. Padre de nuestro Director Lic. Abelardo A.
Leal, Jr. Hacemos votos por el eterno descanso del alma de Don Abelardo A.
Leal, Señor, a sabiendas de que su ejemplo y enseñanza han fructificado en su
familia y en la comunidad regiomontana, Monterrey, NL., julio 18 de 1982”.
36
Periódico El Norte. M.A. Kiavelo. Monterrey, N.L., domingo 18 de julio
de 1982.
35

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en retribución a que Leal había donado a la UANL su biblioteca
personal (cerca de 13,000 volúmenes) considerada como “la biblioteca jurídica más importante de México”.37 Debido quizá a
la radicalidad del texto de Leal (éste proponía, como veremos,
que se le “regresara” a Nuevo León el territorio que le fuera mercedado en 1579), el director de la Capilla Alfonsina sugiere un
deslinde: “(el libro) Representa una opinión muy personal de un
hecho ya concluido y de sus aparentes consecuencias históricas
y políticas… Es el sueño de un hombre estudioso y defensor del
Derecho que deseaba en todo aplicar el principio correcto”.38
Pero tres años después, en la presentación de otro libro de Leal,39
el mismo Tamez Solís reivindica el texto: “‘El Nuevo Reyno de
León: un Estado sin impuestos’… detalla como ninguno el desenlace histórico poco difundido sobre la usurpación de derechos
y territorio legitimando y distinguiendo la identidad del aridoamericano norestense”.40
Aunque el proyecto de Abelardo Leal es radical, no imagina
desde el vacío. Por el contrario, Leal se nutre del giro regionalista
de la historiografía local, de los componentes discursivos de
Porfirio Tamez Solís, “Presentación”, en Amparo 71/933: Abelardo A. Leal
vs. La ley de la abogacía, ed. Abelardo Leal (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, 1985), 8.
38
Porfirio Tamez Solís, “Presentación”, en El Nuevo Reyno de León. Un Estado sin impuestos, ed. Abelardo Leal (Monterrey: Universidad Autónoma de
Nuevo León, 1982), IX.
39
Abelardo Leal, Amparo 71 /933. Abelardo A. Leal vs. La ley de la abogacía
(Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, 1985).
40
Tamez Solís, “Presentación”, 1985, 8. [Énfasis mío]
37

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las narrativas de excepcionalidad y de los imaginarios étnicocomunitario, económico-político y socioespacial que las cruzan.
El siguiente párrafo sintetiza su proyecto nostálgico y la tensión
sociohistórica desde donde imagina:
Nuevo León necesita recuperar íntegramente todo el territorio del Nuevo Reyno de León, libre, independiente y soberano
como naciera, para liberarlo del pavoroso endeudamiento y del
terrible desastre político, económico, moral y administrativo de
la suzeranía de Moctezuma y Cía., S.A., que impera con su
centralismo en la eterna Tenochtitlán, D.F. Y crear con dicho
Nuevo Reyno de León un país de trabajo, producción, crédito,
unión, y progreso tradicionales de Nuevo León. Un Estado sin
impuestos, solidarista, del deber de superación y de la superación del deber, que nos lleve a cada uno y a todos al común
mejoramiento, prosperidad y concordia, cuya categoría y solvencia le dé lugar en el Primer Mundo Internacional.41

A grandes rasgos, lo que Abelardo Leal propone es demandar ante
la Corte Internacional de Justicia y la Organización de las Naciones
Unidas que a Nuevo León se le “restituya” el territorio mercedado
a Luis Carvajal y de la Cueva en 1579 bajo el rubro del “Nuevo
Reyno de León”, una demanda que haría que Nuevo León contara
con una parte importante del norte de México e, incluso, de Texas:
“desde el Puerto de Tampico al Norte por el litoral del Golfo de
México y sus doscientas leguas en cuadro hacia el interior”.42 Y es
que, para Leal, el Estado colonial y el Estado nacional se dedicaron,
41
42

Leal, El Nuevo Reyno León. Un Estado sin impuestos, 50. [Énfasis mío]
Leal, 15.

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desde sus inicios, a “usurpar” y “mutilar” el territorio de Nuevo
León43: “no podemos aceptar la mutilación de nuestro territorio del
‘Nuevo Reyno de León’, a la migaja de sierra y tepetate, carente
de recursos naturales, en que los atentados de todos los tiempos
culminados con el encono de Juárez en 1864, nos han dejado
reducidos”.44 Leal utiliza el pasado colonial para diseñar un futuro
republicano del terruño, para desplegar un “como si”45 en el cual
Nuevo León nunca ha dejado de ser, en espíritu, el “Nuevo Reyno
de León” y en el que la excepcionalidad regiomontana se expande
sobre casi todo el norte de México y parte del sur de Estados Unidos.
Bajo el supuesto de que Nuevo León fue despojado ilegítimamente
de su territorio, Leal declara “inexistentes los repartos virreinales
y republicanos, las traidoras enajenaciones y todos los pactos
seudoconstitucionales, que afecten al auténtico territorio de Nuevo
León, que debe ser el de su originario ‘Nuevo Reyno de León’”.46
Hay que decir que la idea de “mutilación” es clave no sólo en el imaginario socioespacial de la alteridad regiomontana, sino también en el imaginario
socioespacial de la nación, en concreto, a partir a la “mutilación” del territorio
que el país “sufrió” al perder la guerra con los Estados Unidos.
44
Leal, El Nuevo Reyno León. Un Estado sin impuestos, XI.
45
El “Como si” radica en lo que Ricoeur define como el “es” metafórico: toda
metáfora, a la par, “no es” y “es como” aquello que reemplaza. Y es esa tensión
constante de “no ser” y “ser como” la que le da su poder de redescripción de
lo real al jugar con las fronteras de lo posible y de lo imposible: “el ‘lugar’
de la metáfora, su lugar más íntimo y último, no es ni el nombre ni la frase ni
siquiera el discurso, sino la cópula del verbo ser. El ‘es’ metafórico significa
a la vez ‘no es’ y ‘es como’”. Ver Paul Ricoeur, La metáfora viva (Madrid:
Ediciones Europa, 1980), 15.
46
Leal, El Nuevo Reyno León. Un Estado sin impuestos, XI.
43

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Dada la importancia estratégica del acceso al mar, Leal
dibuja un cuadrante en el que (a diferencia del trazado por Vito
Alessio Robles a fines de la década de los veinte) se traza el
“territorio verdadero” del Nuevo Reyno de León en un área que le
otorga la posesión completa de los derechos marítimos del Golfo:
A nosotros nos interesa superlativamente el litoral del golfo de
México que marca Tampico, por la categoría marina que tiene
el Nuevo Reyno de León con dicha playa y su comunicación
directa internacional, viajera, turística, postal, mercantil, jurídica, defensiva y demás contacto con la familia mundial, así
como por las doscientas leguas de mar territorial, que son una
riqueza pesquera y de autosubsistencia, amén que no sería remoto también petrolera.47

En el imaginario socioespacial de la excepcionalidad regiomontana, la escala del “Nuevo Reyno de León” ocupa un lugar clave
como práctica de imaginación (no es ninguna casualidad que,
en voz de M.A. Kiavelo, El Norte haya recordado a Leal, según
mostré atrás, como un “venerado patriarca de una gran familia
del Nuevo Reyno de León”). En tanto práctica del como si, el
“Nuevo Reyno de León” es un espacio mítico (una metáfora
espacial que nunca hizo territorio) que conecta al Nuevo León
del presente (y en particular a Monterrey) con el del espacio
idealizado del siglo XVI. Esta forma de retroactividad, de imaginación política nostálgica basada en el como si, se activa para
hablar de los malestares con el estado nacional de cosas. Y su
47

Leal, 22.

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tema típico de activación son los impuestos y el relato de la
injusticia fiscal.48 En su columna En pocas palabras, publicada
en Milenio, Miguel Ángel Vargas escribe desde esta posición de
imaginación que vincula el ethos regiomontano y sus esencializaciones atemporales (el relato de adversidad, la cultura del
esfuerzo) con la retroactividad al Nuevo Reyno de León a través
de los impuestos:
En más de una ocasión me han preguntado si los nuevoleoneses
somos codos y les respondo con un contundente no. Los nativos de esta región del país siempre hemos sido ordenados con
el gasto y hasta nos alcanza para ahorrar. Nuestros ancestros
llegaron a estas tierras en condiciones difíciles. Acá todo escaseaba: el dinero, el agua, la vegetación, y con trabajo y mucha
tenacidad pudieron salir adelante…. Como la mía, hay miles
de historias parecidas, y podrán identificarse con esa cultura
del trabajo y tesón de quienes habitamos el llamado Nuevo
Reino de León. A nivel nacional se nos reconoce como gente
emprendedora, porque así somos. Por eso molesta que el Gobierno Estatal piense cobrarnos hasta por prender el carbón...
Al buen administrador... menos impuestos.49
Lo importante, en términos del análisis sociohistórico de las narrativas de
excepcionalidad, no es si Nuevo León realmente da más de lo que recibe o no
(o si podría vivir sin los recursos de otros), lo relevante es que los que afirman
que el trato es injusto asumen que lo que dan es para los otros, los que siempre
han estado lejos, los que agreden, amenazan, devoran, invaden, de diversas
formas, al “nosotros” local y regional. En el relato según el cual los neoleoneses “mantienen al país” (con su cultura de trabajo forjada históricamente en
condiciones de adversidad) se ponen en juego los límites de la nación en tanto
comunidad política imaginada.
49
Periódico Milenio. “NL: al buen administrador”. Monterrey, N.L., 20 de
diciembre de 2017. [Énfasis mío].
48

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Esta afirmación del “Nuevo Reyno de León”, que alude a la supuesta grandeza perdida de Nuevo León, está emparentada, a su
vez, con otra afirmación utilizada con frecuencia en la línea editorial de El Norte, la cual se refiere a su estado vecino como “la
parte de Nuevo León que ahora se llama Coahuila”. Sin importar
el tema específico del que se trate, es usual que se utilice esta
expresión50 poniendo en primer plano la relación todo/partes y la
dimensión temporal antes/ahora que recuerda el periodo vidaurrista en el que Nuevo León y Coahuila fueron una sola entidad
federativa (1856-1864),51 hasta que Benito Juárez “los separó”.
Estos son algunos ejemplos utilizados en M.A. Kiavelo, sólo en 2017:
“Donde no deja de temblar es en la parte de Nuevo León que ahora se llama
Coahuila”; “En la parte de Nuevo León que ahora se llama Coahuila, el Gobernador Rubén Moreira no tiene empacho en declarar que el Obispo Raúl
Vera…”; “En la parte de Nuevo León que ahora se llama Coahuila existe preocupación entre el electorado porque Miguel Riquelme…”; “Al Gobernador
Jaime Rodríguez le está ganando la querencia por la parte de Nuevo León que
ahora se llama Coahuila...”.
51
Diego Osorno ya ha señalado esta afirmación identitaria como parte de la
relación entre el (neo)vidaurrismo y la línea editorial de El Norte. Comparando
a Santiago Vidaurri con José Alvarado (ambos originarios de Lampazos de
Naranjo, Nuevo León), Osorno afirma: “El autoritarismo, el aislacionismo y la
traición a la patria que caracterizaron al vidaurrismo del siglo XIX todavía son
algo común en el Nuevo León del siglo XIX… En este Lampazos de sátrapas
revividos y esculpidos, cómo se extraña a José Alvarado… Si Lampazos dio
un tirano, Lampazos dio también a un humanista. Por cada Santiago Vidaurri
hay un José Alvarado… Los neovidaurristas de entonces [1961] se alarmaron
y conspiraron contra él [José Alvarado]. Hoy siguen en el poder, haciendo
como que gobiernan Nuevo León con sus empresas, con sus cargos en el gobierno y su periódico, ese que suele afirmar, sin pudor: ‘La parte de Nuevo
León que ahora se llama Coahuila…’” (Periódico Milenio Monterrey. “Entre
Santiago Vidaurri y José Alvarado”. Monterrey, N.L., 5 de agosto de 2007).
50

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Lo que subyace a esta afirmación identitaria socioespacial es el
siguiente supuesto: Vidaurri no anexó Coahuila a Nuevo León
ante la debilidad del gobierno central, sino que lo “recuperó”.
Así, alimentándose del imaginario regionalista
socioespacial, Abelardo Leal realiza un ejercicio de imaginación
en el que el pasado idealizado y congelado en el tiempo (El Nuevo
Reyno de León) debe ser recuperado como salida a los problemas
de su presente (centralismo, burocracia, priismo, corrupción,
endeudamiento). En su texto, Leal no se refiere nunca al centro del
país sin añadirle sustantivos vinculados con el campo semántico
de lo azteca/mexica, incluso sobreponiéndolos (“La seudofederación de Moctezuma, D.F.”; “feudal castillo de Chapultepec”
“D.F de la Azteca Tenochtitlán”). Así, la tensa visita que realizó
Echeverría a Monterrey al final de su mandato es registrada por
Leal con base en el tiempo congelado del espacio colonial, como
una más de las múltiples afrentas que el “mutilado” y prístino
Nuevo León ha tenido que sufrir desde fines del siglo XVI:
Don Luis y el Nuevo Reyno de León aún existen en la memoria de sus sucesores. De ese extenso territorio aún queda
como ‘hijastro’ de la seudo-República Mexicana, sucesor del
Nuevo Reyno de León, el pequeño y yermo Nuevo León, que,
decíamos, se ha convertido en la Capital Industrial de México.
Los resabios perduran: en 1976 vino Moctezuma Echeverría
a derramar su ira y su soberbia sobre los ‘riquillos’ de Nuevo
León.52
52

Leal, El Nuevo Reyno León. Un Estado sin impuestos, 4.

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A ese “ellos” del centralismo, Leal le opone un doble “nosotros”: el del Nuevo León de mediados de la década de los setenta del siglo XX (desde el que escribe) y el del Nuevo Reyno
de León de 1579. En el primero, Nuevo León está definido por
la “usurpación” y las “miserias” que tanto el centralismo colonial como el nacional dejaron al “mutilar” al Nuevo Reyno
de León: “Nos privaron de diez onceavas partes del Nuevo
Reyno de León, dejando a Nuevo León la onceava restante, lo
más estéril, pequeño para que nunca fuera grande, y encerrado
al interior sin los pulmones al Golfo de México que tenía el
Nuevo Reyno de León para su libre y fácil relación internacional”.53 Las únicas valoraciones positivas que Leal hace de
este Nuevo León despojado, reducido a ser “piedra y tepetate”, tienen que ver con el progreso, el trabajo como orgullo
industrial54 y la continuidad étnica de lo que podríamos definir
como el mestizo fronterizo, el cual no sólo es visto como menos mestizo que el del centro y sur del país, sino como hecho
de otra hispanidad y de otras herencias indígenas —“la raza
primordial del Nuevo Reyno de León”, mezcla de “ancestrales
Leal, 3.
“Carvajal y de la Cueva… fue el primer paladín que con dicho ‘Reino’
abrió la puerta del Mundo a este erial magnético, que de su propia entraña rocosa genera todo este potencial humano de trabajo, industria, comercio, economía, cultura y demás factores de prosperidad tan admirables y ejemplares, hermosa heráldica que cual paradoja modesta y orgullosa, se dibuja en el espacio
con sus chimeneas fabriles, como veladoras rezanderas, elevando constantes e
incansables el humo de su laboriosa oración, al cielo infinito del desarrollo y
del progreso”. Ver Leal, 14.
53
54

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judíos conversos carvajales” y de “indios chichimecas incansables de trabajo”55:
Nuevo León, pertenencia de Tenochtitlán nomás tú nunca fuiste. Tus indómitas tribus conexión jamás tuvieron con aztecas.
Tributo ni obediencia alguna a Moctezuma tú reconociste. Eres
campo independiente, dominio de indios libres chichimecas.
Tus hombres nacen en medio de tus pobres charales y tus breñas; Aborígenes que un día vieron la llegada de los Carvajales
que aportaron su cultura y su industria hacia estas escabrosas
peñas, e hicieron un emporio de riqueza de estos tuyos pedregales. Con chichimeco-carvajales se inició aquel Nuevo Reyno
de León.56

A ese pedacito de sí, Leal lo complementa con el “nosotros” del
Nuevo Reyno de León esencializado, ahistórico, mítico. El espíritu “verdadero” del ethos neoleonés se caracteriza, desde esta
práctica retroactiva, por la soberanía, la libertad y la autonomía
perdidas, arrebatadas, y tiene como institución nodal a la familia y a Carvajal como padre fundador. Para recuperar ese “nosotros” de fines del siglo XVI, Leal imagina un “Estado solidarista” (basado en la obra del político paraguayo Juan Stefanich) sin
impuestos ni huelgas, centrado en el modelo de la familia como
unidad básica gobernada por un pater justo. Y en esta familia
utópica no caben las prácticas del comunismo que contradicen la
“bendita desigualdad”57 y las libertades individuales: “ya no tratemos de enmendarle la Plana al Padre Eterno, con una ‘sociedad
55
56
57

Leal, 1, 132.
Leal, 155.
Leal, 153.

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igualitaria’… La desigualdad humana es la maravilla de la Obra:
no somos animales, ahí está la maravilla de la superación: cada
quien llegará hasta donde quiera y con su propia superación”.58
El Nuevo Reyno de León se ejerce, así, como un lugar para imaginarse sin las amenazas y restricciones del Estado mexicano, sin
“Moctezuma-Echeverría” y todos sus antecesores.
En este doble despliegue del “nosotros” local, Leal concibe
a Nuevo León como un todo esencializado y mutilado que antecede
al Estado de Nuevo León como parte del todo nacional. Al mito
del Centro le antepone el mito neoleonés, pero lo hace bajo la
figura del Nuevo Reyno que imagina como presente y ausente al
mismo tiempo. Lo que han hecho el Estado colonial y el Estado
nacional ha sido, en su continuidad centralista, reducir a una parte
lo que en realidad siempre ha sido un todo (un todo que, incluso,
antecede al todo que lo contiene). Por eso, en su pelea con el
regionalismo centralista de la ciudad de México, Leal se desplaza
constantemente entre el regionalismo autonómico (el cual reclama
ampliar su campo de acción sin romper con el todo que lo contiene)
y el separatismo: “Y si reo me condenan porque de la unión
tratamos de salirnos, o traidor me declaran a esa patraña centralista
nacional, que entiendan que un pacto es un contrato que a su vez
tienen que cumplirnos con el mayor respeto de nuestro soberano
derecho estatal”.59 Esta tensión entre regionalismo autonómico y
58
59

Leal, 74.
Leal, 156.

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separatismo no se resuelve nunca en el texto de Leal; en su pluma,
el Nuevo Reyno de León a veces es nación y a veces es región.60
Por todo lo anterior, dejar de pagarle impuestos al
“colonialismo federal”, al “comunismo centralista”,61 es para Leal
la salida económico-política del laberinto nacional, el destino
mítico del mestizo fronterizo y el regreso a la grandeza perdida:
Si los judíos de Israel han hecho un emporio de riqueza con un
gotero en el desierto del Sinaí, los nuevoleoneses como buenos
judíos “de las tres mitades”: mitad chichimecos, mitad caldeos
y mitad cristianos, simplemente agarrados de la brocha trataremos de hacer de este peñasco de Nuevo León un estado sin impuestos… Sin impuestos Nuevo León surgiría a la abundancia,
abarataría indudablemente su costo de la vida, y estaríamos en
condiciones más ventajosas de introducción hasta en los más
desarrollados mercados exteriores. Han estirado tanto la cuerda, es tan grande el abuso federal contra Nuevo León que ellos
mismos con su desmesurado tributo nos han abierto el camino
de la liberación. Que si logramos recuperar el Nuevo Reyno de
León, con puertas al mar y mar territorial, y con libertad, independencia y soberanía verdaderas, podríamos conquistar algún
lugar digno y meritorio en la familia tradicional.62
Leal le dedicó, al menos, quince años a este proyecto reivindicatorio (para
fines de la década de los sesenta ya publicaba en El Norte artículos que hablaban de la necesidad de “recuperar” el mar de Tamaulipas). Además de El
Nuevo Reyno de León, un estado sin impuestos, Leal publicó en 1979 tres tomo
de Moctezuma, D.F.: el fraude agrario de México, textos en los que reconstruye, desde la herida local, la historia del centralismo mexicano: “¡Moctezuma,
D.F., D.F., D.F.! cuyo ‘D.F.’ lo mismo puede ser despotismo, desastre que desgobierno federal, u otro sinnúmero de ‘des’ siempre negativos… Un pulpo que
como capataz vive a costa de las provincias tributarias”.
61
Leal, El Nuevo Reyno León. Un Estado sin impuestos, 131.
62
Leal, 136–38.
60

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Y es que, tanto para el regionalismo autonómico como para el
separatismo, pagar los impuestos a la federación no es visto sólo
como un desperdicio, sino también como una injusticia porque
implica “mantener” a los otros,63 a los “huevones” del centro-sur,
a pesar del maltrato histórico recibido por ellos: “Sería injusto
que los Estados más laboriosos paguen por la indolencia, la desidia o el desinterés de los demás, peor cuando estos últimos tengan
mejores recursos naturales, y por ello vivan despreocupados ante
la prodigalidad de su territorio”.64
El proyecto nostálgico de Abelardo Leal ha circulado, explícitamente, en los grupos y páginas separatistas de Facebook. Pero,
más allá de esta presencia directa, lo importante es que ambos espacios de enunciación comparten, con sus desplazamientos de sentido,
los mismos componentes clave de las narrativas de excepcionalidad:
el relato de la adversidad como obstáculo productivo para forjar el
carácter, la cultura del trabajo y del esfuerzo, el ethos del mestizo
fronterizo que privilegia la hispanidad,65 la reivindicación de la individualidad y de la libertad económica como principio de todas las
Es a esta tensión entre los límites del nos-otros local y el nos-otros nacional,
en tanto comunidades políticas imaginadas, a la que alude Leal cuando utiliza, a
modo de epígrafe, la sentencia del jurista romano Domicio Ulpiano: “Nadie es
compelido/ contra su voluntad/ a la comunidad con otro”. Ver Leal, 6.
64
Leal, 131.
65
“Consideramos que nuestro origen cultural es el Nuevo Reino de León, fundado en 1582. Así mismo abogamos por la unión de los pueblos hispanos, pugnamos por la unión en la diversidad desarrollada por siglos en la Nueva España,
respetando la identidad cultural de los pueblos que formaron este territorio”,
afirman en la página de Facebook Orgullo Neoleonés (19 de abril de 2018).
63

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libertades, la oposición al centralismo no sólo en términos políticos
y económicos, sino también culturales y étnicos,66 la tensión constante entre el regionalismo autonómico y el separatismo, la centralidad
temática de los impuestos y el relato de la “injusticia” fiscal,67 el estado-centrismo (con Monterrey como eje y espacio en expansión)68
y la densidad histórico-cultural de sus referentes.69
“Lo chilango” y “lo mexica” funcionan como la frontera externa constitutiva, la negatividad absoluta, sobre la que se construye buena parte del sentido
de estas narrativas.
67
En los espacios sociodigitales, el tema de los impuestos y el relato de la
injusticia fiscal están vinculados semánticamente, al igual que en el texto de
Abelardo Leal, con el robo —“nos roban 250 mil millones cada año”, afirman
en República de Nuevo León (10 de abril 2019)—; con la obligación de “mantener” a los “huevones” del centro/sur; con la “mutilación” de Nuevo León
—al cual debería pertenecerle Tamaulipas y Coahuila: “Nuevo León era más
grande, Juárez nos redujo por sus pistolas, deberíamos ser un estado independiente o país” (República de Nuevo León, 10 de abril de 2019)—, así como
con la mala administración y corrupción del gobierno central: “Hoy en día
somos esclavos del imperio mexica... el gobierno centralista solo se encarga
de quitarnos nuestros impuestos, para malgastarlos pagándole a cientos de
senadores y diputados inservibles” (Viva La República Del Río Grande, 6 de
julio de 2010).
68
La oposición al centralismo que cruza el texto de Leal y, a su vez, a todos
los grupos y páginas separatistas no tiene que ver con la idea de estar en contra
de toda relación de fuerzas en la que un centro domina las marginalidades que
produce, sino más bien con el centralismo de lo “chilango” (azteca, mexica,
mesoamericano). De hecho, la imaginación política separatista suele basarse
en otra centralidad: Monterrey y lo regiomontano (con el Cerro de la Silla
como geosímbolo aglutinante). Desde la perspectiva de estas narrativas, el
centralismo chilango/sureño no sólo es muy diferente al eje regional Monterrey/Nuevo León/Noreste, sino que amenaza, como toda diferencia radical, su
existencia.
69
En todos los grupos y páginas separatistas se imagina con base en la mezcla de los siguientes referentes de unidad: Santiago Vidaurri (aglutinante de
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Existe, sin embargo, una diferencia clave entre ambos
lugares de enunciación. Abelardo Leal concibió y escribió su
texto, desde una posición central, entre mediados de la década
de los sesenta y mediados de la década de los setenta, cuando
la elite económico-política regiomontana y los aires de progreso
industrial aún controlaban buena parte de la vida pública local
y los anhelos regios, cuando el llamado Grupo Monterrey (con
Eugenio Garza Sada a la cabeza) era capaz de enfrentarse con
toda su fuerza al gobierno central y los rumores sobre un golpe
de Estado orquestado desde “La Sultana” revoloteaban tanto
en la prensa como en los humores políticos capitalinos. Los
promotores del separatismo en redes sociodigitales, en cambio,
la autonomía norestense, de la lucha contra el centro y contra los indios seminómadas), La supuesta República del Río Grande (y, en menor medida, la
República de la Sierra Madre), El Cerro de la Silla (geosímbolo que alude a la
majestuosidad del ethos neoleonés), el León Rampante (sinécdoque del escudo
del estado), El lema Semper Ascendens (o su castellanización “siempre ascendiendo”), El Nuevo Reyno de León (como práctica nostálgica, de retroacción a
la “grandeza” perdida de Nuevo León) y Aridoamérica (como espacialización
de la diferencia y alteridad Mesoamérica). Estos elementos, o combinaciones
entre ellos, nutren la imaginación política separatista hasta la saturación. De
igual forma, los creadores de estos grupos suelen ejercer el anonimato no sólo
en tanto forma de ocultamiento, sino también como práctica de representación,
aprovechando la plasticidad identitaria que permiten estas “superficies de inscripción digital”. Ver Rossana Reguillo, Paisajes insurrectos. Jóvenes, redes y
revueltas en el otoño civilizatorio (Barcelona: Nuevos Emprendimientos Editoriales, S. L., 2017). Es común, entonces, que sus nombres o sus imágenes de
perfil estén compuestos por referentes aglutinantes de la imaginación política
separatista (mapas de Aridoamérica y del Nuevo Reyno de León, banderas de
la República del Río Grande, fotos de Vidaurri, representaciones de un León
Rampante, imágenes del Cerro de la Silla, y sus múltiples combinaciones).
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sostienen el relato del orgullo industrial cuando las condiciones
materiales de la ciudad ya han cambiado (transitando hacia
una economía de servicios de carácter global), cuando el poder
de la elite (aún importante) se ha dispersado, y, sobre todo, lo
hacen en condiciones de precariedad, alejados de las mieles del
progreso industrial sobre las que se cocinaron las narrativas de
excepcionalidad, dedicados a gestionar fragmentos de memoria
en espacios de replicación digital relativamente autocontenidos,
acostumbrados a hacer memes que no se viralizarán, a crear
grupos y páginas con poco alcance y que pueden ser cerrados
en cualquier momento por denuncias de incitación al odio, a
organizar reuniones a las que llegarán unas cuantas personas.70
En síntesis, y más allá de las diferencias en cuanto al
lugar de enunciación, se trata, en ambos casos, de proyectos
nostálgicos que nos hablan de fisuras en la comunidad política
imaginada de lo mexicano; proyectos nostálgicos hechos de
prácticas de retroacción, los cuales buscan hacerle justicia a un
pasado mítico que, desde su perspectiva, nunca se fue del todo: el
Nuevo Reyno de León o la República del Río Grande; proyectos
a través de los cuales se conversan los malestares con el estado
nacional de cosas y se imaginan, desde un pasado esencializado,
“Hacer esto era una friega, salíamos en tiempos de frío, o, en plena resolana, a veces con hambre, cansados porque toda la semana trabajábamos, y el
único día de descanso salíamos a cumplir con esto, a veces cancelábamos compromisos familiares por esto”, cuenta uno de los promotores del Movimiento
Nacionalista Riograndense (30 de julio del 2013).
70

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las salidas del laberinto, fuera del pacto nacional y de sus apuestas
comunitarias.
Consideraciones finales
En este ensayo he propuesto abordar el proyecto nostálgico de
Abelardo A. Leal, Sr. no como una práctica excéntrica, anacrónica o absurda, sino como una parte del tejido histórico-cultural
de las narrativas de la excepcionalidad regiomontana. Y, con esa
misma intención, he trazado algunas relaciones sociohistóricas
de sentido entre dicho proyecto y los espacios sociodigitales que
promueven la separación de Nuevo León o del noreste como un
todo. He insistido en que esas relaciones de sentido nos hablan
de proyectos nostálgicos que, a través del regreso figurado a un
pasado mítico y esencializado, dibujan grietas en aquello que Benedict Anderson llamó las “comunidades políticas imaginadas” y
nos permiten re-pensar la formación cotidiana del Estado-nación
en México, en toda su contingencia, como proyecto inconcluso y
narrativa sociocultural.
Como nota final, quisiera poner sobre la mesa tres
motivos más por los que considero necesario apostar por una
perspectiva de análisis sociohistórico que trace relaciones de
sentido en afirmaciones identitarias socioespaciales de carácter
aparentemente marginal (las cuales, si sólo nos enfocáramos
en su inmediatez e inmanencia, o bien en sus condiciones
de posibilidad según la política clásica, aparecerían como
anacrónicas e irrelevantes). Esta perspectiva es necesaria, en
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primer lugar, porque las fronteras internas producidas como
parte de estos proyectos nostálgicos (dentro del denso tejido de
las narrativas de excepcionalidad y de las narrativas centralistas
de la nación) no son enunciaciones discursivas que flotan
libremente sin mayor impacto, sino que generan violencias y
racismos cotidianos que buscan la eliminación simbólica (y en
ocasiones física) del otro, como el único modo de poder regresar
a un “nosotros” ahistórico y esencializado (prácticas raciales, por
ejemplo, contra los migrantes del centro-sur del país que llegan a
la urbe regiomontana a trabajar, en condiciones de precarización,
en la economía de servicios).
En segundo lugar, esta perspectiva es necesaria porque las
afirmaciones identitarias separatistas de corte radical (marginales,
pero íntimamente relacionadas con el núcleo de las afirmaciones
regionalistas que circulan por la alteridad regiomontana) nos
hablan de una fisura en la parte regia que, con el tiempo, podría
crecer más allá de la arena política local. En tercer y último lugar,
esta perspectiva es cada vez más importante ante el llamado “giro
global a la derecha” de los últimos años, lo cual nos obliga, más que
nunca, a estudiar estos fenómenos locales en los que se reactivan
afirmaciones reaccionarias que, en el marco de la formación del
Estado-nación en México, tienen que ver con el resurgimiento
de aquellos nacionalismos conservadores, hispanófilos (tanto de
elite como populares) que aparentemente “perdieron la batalla”
contra el nacionalismo posrevolucionario, pero que nunca se han
ido del todo.
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�Dos culturas políticas ¿disímiles?: ciudadanización indígena en San Luis Potosí y su repercusión en la Huasteca potosina, 1824-1835
Two political cultures. Dissimilar? Indigenous citizenship in San
Luis Potosí and its impact on the Huasteca Potosina, 1824-1835
Julio César Martínez Velarde
El Colegio de México

orcid.org/0000-0003-3375-7539

Resumen: El objetivo de este trabajo es analizar dos posturas políticas
referentes a la ciudadanización de los indios en San Luis Potosí durante
la primera República federal (1824-1825). Por un lado, la expresada por
la clase política del estado, conformada por gobernadores y diputados, la
cual fue impulsora de ciudadanizar, es decir, asimilar a los indígenas a
una sociedad de carácter liberal. Por el otro, la del grupo de poder político
de la Huasteca potosina, representado por gobernantes y ex gobernantes
municipales, críticos del asimilacionismo. Para alcanzar el objetivo trazado, se interpretaron misivas, órdenes de gobernadores a alcaldes municipales, leyes, decretos y procesos judiciales. A juicio del autor, indagar
estas dos posturas políticas ayuda a concebir la “construcción” del indio
en el estado potosino, las medidas para su transformación en ciudadano,
así como la interpretación de estas en un escenario regional.
Palabras clave: cultura política; ciudadanización indígena; clase política; grupo de poder político.
Abstract: The aim of this paper is to analyze two political positions concerning the citizenization of the Indians in San Luis Potosí during the
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first Federal Republic (1824-1825). On the one hand, the one expressed
by the political class of the state, made up of governors and deputies,
which was a driving force for citizenship, that is, to assimilate the indigenous to a liberal society. On the other, the political power group of
the Huasteca potosina, represented by rulers and former municipal rulers, critics of assimilationism. To achieve the stated objective, letters,
orders from governors to municipal mayors, laws, decrees, and judicial
processes were interpreted. In the author’s opinion, investigating these
two political positions helps to conceive of the “construction” of the
Indian in the potosino state, the measures for its transformation into a
citizen, as well as the interpretation of these in a regional scenario.
Keywords: political culture; indigenous citizenization; political class;
political power group.

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�Dos culturas políticas ¿disímiles?

Introducción
La clase política que tomó las riendas del estado de San Luis Potosí al instaurarse la República federal, en 1824, estuvo dividida
en dos facciones: los liberales radicales y los “moderados”.71 Los
primeros, miembros de la logia masónica yorkina, se destacaban
por su posición antiibérica y por sus anhelos de implementar cambios estructurales en el estado. Los segundos, asociados a la elite
económica local, propugnaban por reformas tenues, manifestando la poca experiencia del autogobierno y la inestabilidad social
del país. Más allá de estas divergencias políticas, los dos grupos
se decían comprometidos con las premisas del liberalismo pregonadas en la capital de la República: la defensa de la Independencia, la exaltación del sistema federal y la pretensión de cambiar
a la nación mediante el desplazamiento del antiguo orden social.
Amparado en los pilares del liberalismo, el Congreso
potosino elaboró la Constitución del estado en 1826, proyectándola
como el documento base para la modernización de la sociedad y
de las instituciones que la regirían. En dicho documento se plasmó
un modelo de ciudadanía que apostaba por la igualdad jurídica,
la libertad de expresión, el derecho a la propiedad, la salvaguarda
de la integridad física y el respeto a la propiedad privada. Pero
también impuso ciertos mecanismos de exclusión política:
profesar una religión diferente a la católica, cometer delitos
Sergio Alejandro Cañedo Gamboa, Los festejos septembrinos en San Luis
Potosí. Protocolo, discurso y transformaciones, 1824-1827 (San Luis Potosí:
El Colegio de San Luis, 2001), 40.
71

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�Julio Velarde

públicos contra la soberanía nacional, la incapacidad moral,
la falta de independencia económica y la carencia de un modo
honesto de vida y de vecindad en un poblado.1 El sector femenino
de San Luis Potosí, como el del resto del país, fue privado de
la ciudadanía por depender legalmente de una figura masculina.
Debido a su falta de “autonomía”, la mujer debía conformarse
con ser la “compañera del ciudadano”, la que debía engendrar
a los futuros miembros de la ciudadanía liberal.2 Con base en
estos parámetros, el potosino ideal debía ser de sexo masculino,
católico, avecindado, honesto, industrioso y letrado, que hiciese
del trabajo individual la fuente de su bienestar material.
De acuerdo a los atributos antes mencionados, ¿se podía
asumir a los indios3 residentes en la entidad como ciudadanos?
Era una realidad que entre las poblaciones autóctonas del estado
de San Luis Potosí no se privilegiaba la unicidad del catolicismo,
persistiendo rituales religiosos de raigambre prehispánica
(danzas, “brujería”, etc.), y mucho menos un acendrado
María Isabel Monroy Castillo y Tomás Calvillo Unna, “Las apuestas de
una región: San Luis Potosí y la república federal”, en El establecimiento del
federalismo en México (1821-1827), ed. Josefina Zoraida Vázquez (México,
DF: El Colegio de México, 2003), 349.
2
Graciela Velázquez Delgado, “La ciudadanía en las Constituciones mexicanas del siglo XIX: inclusión y exclusión política-social en la democracia
mexicana”, Acta Universitaria, núm. 6 (2008): 45.
3
Utilizo las expresiones “indio”, “indígena”, y “natural” para referirme a
aquellos sujetos originarios de América. La decisión no es arbitraria, se ancla
en los términos asentados en las fuentes primarias y secundarias consultadas.
Huelga decir que el uso de estas expresiones no implica una connotación peyorativa.
1

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�Dos culturas políticas ¿disímiles?

individualismo, pues la vida de los poblados indígenas estaba
organizada bajo prácticas corporativas (tenencia de la tierra, por
ejemplo). A esto se debe añadir la facilidad de algunos individuos
para desdeñar su calidad de vecinos y convertirse en sujetos
itinerantes. No obstante estas diferencias culturales, concebidas
por la clase política como modificables, los indios recibieron
la ciudadanía. Su reconocimiento como parte de la comunidad
política representaba el inicio de un plan de ciudadanización,
identificado como un fenómeno estrictamente asimilacionista,4
llevado a cabo mediante la declaración de la igualdad jurídica y
disposiciones oficiales para insertar a las comunidades indígenas
en un proyecto de nación liberal. Esta decisión se justificó bajo
el supuesto de que las pervivencias prehispánicas eran el reflejo
del ostracismo padecido por los indígenas bajo el régimen
colonial. Así, la coyuntura liberal e independiente operaba como
el escenario perfecto para construir un cuerpo social cada vez más
cohesionado y culturalmente “occidentalizado”.
La ciudadanización tendría diversas repercusiones en el
interior de la entidad, alcanzando algunos consensos y no pocos
desencuentros en los ayuntamientos, instituciones encargadas de
aplicarla. En la Huasteca potosina, territorio al oriente del estado
y mayoritariamente indígena, el planteamiento asimilacionista
del gobierno generó desazón y disconformidad notable entre
Mónica Quijada, “Ciudadanización del ‘indio bárbaro’. Políticas oficiales
y oficiosas hacia la población indígena de la Pampa y la Patagonia, 18701920”, Revista de Indias LIX, núm. 217 (1999): 692.
4

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ediles y exburócratas, por ser “ajeno” a las dinámicas sociales
y a la “constitución natural” de la población. Ciertamente,
consideraban difícil la configuración de una comunidad huasteca
indiferenciada. Bárbara Corbett identifica a estos funcionarios
como federalistas radicales con un mensaje jacobino en contra
del poderío económico de la Iglesia en la región.5 Enrique
Márquez los describe como expertos en el manejo de las armas
y en el sometimiento de los naturales, y con poco apego a la
ideología liberal, ya que podían emprender y desechar alianzas
con facciones distintas, anteponiendo siempre sus intereses.6 En
todo caso, la génesis de su dominio político estuvo íntimamente
relacionada a un fenómeno de acumulación de la riqueza basado
en múltiples remates, la apropiación de terrenos indígenas, el
acaparamiento de capitales provenientes de cofradías y la
invasión de terrenos eclesiásticos. Así se hicieron de extensas
propiedades, y algunos de sus miembros se consolidaron como
grandes hacendados.7
A través de la cultura política, definida como el
“conjunto de ideas, valores, creencias, actitudes, discursos
Bárbara Corbett, “Comercio y violencia en la Huasteca Potosina: el monopolio del tabaco, 1821-1846”, en El siglo XIX en las Huastecas, ed. Antonio
Escobar Ohmstede y Luz Carregha Lamadrid (México, DF: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social; El Colegio de San
Luis, 2002), 247.
6
Enrique Márquez, “Tierras, clanes y política en la Huasteca Potosina
(1797-1843)”, Revista Mexicana de Sociología, núm. 1 (1986): 206.
7
Márquez, 208.
5

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y prácticas compartidas por un grupo determinado y que
tienen como producto fenómenos políticos”,8 el presente
trabajo analiza dos posturas referentes a la ciudadanización
de los indios en San Luis Potosí: la de la clase política estatal
y la del grupo de poder político que gobernó la Huasteca
potosina durante la primera República federal (1824-1835).
La temporalidad se debe a que en los primeros once años
republicanos proliferaron discursos sobre el indio y su papel
fundamental, como ciudadano, en la nueva configuración
política de San Luis Potosí. Sucede lo contrario a partir
de 1836; la ciudadanía adquiere parámetros censitarios,
fundados en la propiedad y la independencia económica,
requisitos que muy pocos indios podían cumplir.
La propuesta central de la investigación es que la
ciudadanización puso de manifiesto dos culturas políticas: una de
carácter asimilacionista, gestada en la capital de la entidad, y otra
de índole diferencialista, proveniente de la Huasteca. La primera,
trazada por gobernadores y diputados, remarcó una paupérrima
condición social de los indios; sin embargo, les otorgaba las
“potestades racionales” para integrarse a la sociedad nacional
a través de la implementación de resoluciones oficiales. La
segunda, expresada por ayuntamientos y exfuncionarios, negaba
abiertamente las posibilidades de adaptación del indio al nuevo
Amanda Úrsula Torres Freyermuth, “La idea del indio en Chiapas, 17941821”, LiminaR. Estudios Sociales y Humanísticos, núm. 2 (2012): 56.
8

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sistema independiente por su supuesta incapacidad intelectual y
una negativa cotidiana a conocer y aplicar las responsabilidades
de su nuevo rol jurídico.
El artículo está estructurado en tres apartados. En primer
lugar, se justifica de manera breve el uso de los términos “clase
política” y “grupo de poder político”. En segundo, ofrezco
la percepción de algunos gobernadores y diputados, alusiva
al indio, así como algunas medidas y decretos emitidos para
su ciudadanización. En tercer lugar, se ocupa de esbozar las
reacciones del grupo de poder político huasteco en torno al
asimilacionismo propuesto en la capital potosina.
Aclarando conceptos
Estimo la política como la actividad que permite a los individuos articular, negociar, implementar y reforzar sus posturas y
demandas unos con otros y hacia el conjunto social.9 Partiendo de
ello, inserto dentro de la categoría de clase política, por encajar
con sus características, a los gobernadores y diputados que emprendieron acciones para ciudadanizar al indio. De acuerdo con
Gaetano Mosca, este tipo de clase se distingue por ser un conjunto minoritario, intelectualmente superior a la media poblacional,
José Alfredo Rangel Silva, “Las voces del pueblo. La cultura política
desde los ayuntamientos: San Luis Potosí (1820-1823)”, en Poder y gobierno local en México, 1808-1857 (Estado de México: El Colegio Mexiquense;
El Colegio de Michoacán; Universidad Autónoma del Estado de México,
2011), 126.
9

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que monopoliza el poder y otorga a sus gobernados los medios
materiales de subsistencia y los indispensables para la vitalidad
del organismo político. Al ser un grupo reducido, forma un bloque relativamente homogéneo, con objetivos compartidos, y su
mayor debilidad es la fragmentación, sufriendo cuando los miembros se enfrentan en competencias personales y sectoriales.10
Se usa el concepto “grupo de poder político” para englobar
a los funcionarios y exfuncionarios (no por ello ausentes en la
política local) oriundos de la Huasteca potosina. Esto responde
a que dichos individuos, aunque compartieron la etiqueta de ser
un sector socioeconómico identificable y con accesos a espacios
de poder político, no formaron parte de un componente compacto
y uniforme. Gabriel Torres dice que el distintivo principal de
un grupo de poder es la falta de consenso entre sus integrantes,
reflejada, tal como acaeció en el oriente potosino, en enconadas
rivalidades por defender sus actividades, propiedades y posición
social en un espacio regional.11 La variable de la diferencia no
los exceptuaba de tener afinidades en ciertos tópicos, pues, como
se expondrá más adelante, compartieron una visión negativa
sobre los indígenas. Otro punto de encuentro, no menor, era su
adscripción, como motivo de orgullo y diferencia, al sector no
indígena de la Huasteca.
Gaetano Mosca, La clase política. Selección de Norberto Bobbio (México,
DF: Fondo de Cultura Económica, 1984), 112–15.
11
Gabriel Torres, “Política cotidiana y gestión municipal”, Ciudades, núm.
28 (1995): 17.
10

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Medidas y decretos para la ciudadanización indígena en San
Luis Potosí, 1824-1835
En 1826, San Luis Potosí albergaba 217,776 habitantes,12 de los
cuales se aproxima que el 70% eran de origen indígena.13 Esta
mayoría porcentual era diversa: guachichiles (pertenecientes a la
familia chichimeca) en el altiplano; indios con ascendencia tlaxcalteca en la capital y sus zonas aledañas; huastecos, nahuas y
pames en el oriente potosino. Los indígenas se asentaron mayoritariamente en pueblos, misiones, haciendas, ranchos, estancias
y barrios. Un gran número de ellos, cabe decir, se negó a congregarse en este tipo de asentamientos, rechazando el control social
y económico impuesto por los municipios.
Para justificar la ciudadanización del indio, fue necesario
conceptualizarlo constantemente. El primer gobernador,
Ildefonso Díaz de León, declaró desde el inicio de su mandato
(1824) que los “pobres indios” debían ser tenidos, a pesar de
su decadencia, por ciudadanos, y que dictaría medidas para
asimilarlos, pues “lejos de sentir los beneficios de la sociedad,
solo han experimentado vejaciones en sus personas e intereses”.14
Sergio Alejandro Cañedo Gamboa y Flor de María Salazar Mendoza, De la
formación del Estado de San Luis al preludio de la guerra de Reforma, 18201857 (San Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 2014), 29.
13
Porcentaje obtenido con base en María Isabel Monroy Castillo, Pueblos,
misiones y presidios de la intendencia de San Luis Potosí, 1819 (San Luis
Potosí: Academia de Historia Potosina, 1983).
14
Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí (en adelante AHESLP),
Secretaría General de Gobierno (en adelante SGG), Documentación relativa a
la falta de pago de contribuciones por la pobreza que existió por varios moti12

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Su sucesor en el cargo, Vicente Romero, decía, en 1829, que
los indígenas eran entes “sin más luces que las naturales” pero
capaces de desarrollar conocimientos en ámbitos distintos,
como en la “medicina natural”.15 Dos años después, como
gobernador electo, José Guadalupe de los Reyes recordaba que la
Independencia había traído paridad en la población y que siendo
el indio un ser indefenso, se le debía “cuidar” y “proteger en
cuantos asuntos se les ofrezcan”.16 A nombre de la gubernatura,
en 1831, el Periódico Oficial declaró a los indígenas como una
“clase apreciable, tan digna de consideración, que exige para
sí unas disposiciones especiales con la que consiga nivelarse
completamente en civilización a las otras y pueda formar una
población útil y laboriosa”.17
Algunos diputados dejaron constancia sobre el tema. Manuel María Gorriño y Arduengo18 creía que los indios eran sujetos necesitados de “una paternal y desvelada atención […] por
el estado civil y de ignorancia en que existen”.19 José Victoriano
vos, uno de ellos a causa de epidemias, 2 de febrero de 1826, caja 24, exp. 22,
f. 11.
15
AHESLP, SGG, Informe de la gestión administrativa del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, presentada a la Segunda Legislatura Constitucional
por el ciudadano Vicente Romero, Gobernador del Estado, 1829, f. 7.
16
AHESLP, SGG, Quejas de los indios Juan Andrés y Agustín Pérez, vecinos
de Tancanhuitz, de la parcialidad de los indios Huastecos, 20 de mayo de 1831,
caja 220, exp.7, f. 4.
17
AHESLP, Periódico Oficial (en adelante PO), Gaceta del Gobierno del Estado Libre de San Luis Potosí, núm. 38, viernes 23 de septiembre de 1831.
18
Diputado por el I Congreso Constituyente (1824-1826).
19
Jesús Motilla Martínez, El doctor Gorriño y Arduengo, su proyecto para la
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Vargas Machuca20 los percibió, en 1831, como “víctimas históricas”, portadores de “tantas ingratitudes y tan formidables tiranías
españolas, que la naturaleza entera se ha escandalizado y horrorizado de ellas”.21 Anastasio Quiroz22 asumió una posición idéntica,
declarando en pleno cónclave que, con una “política atroz y opresora”, los europeos no dejaron al indígena “fructificar” de forma
intelectual ni material.23
En efecto, el indio decimonónico fue categorizado como un
ente necesitado de una protección especial. Su desfavorable situación
dimanaba, acorde con los dirigentes, de la mala praxis del tirano y
absolutista gobierno español, cuyas leyes optaron por la segregación
y la decadencia social. Empero, se presumía que la represiva realidad
a la que fueron sometidos no había finiquitado por completo su
“inteligencia natural”, la cual podían cultivar para su florecimiento.
Era de suma importancia, entonces, el respeto y cuidado de estas
“víctimas históricas”, así como su paulatina asimilación.
La adjetivación ambivalente de los indios pone de
manifiesto una negación étnica. No se ponderaron las diferencias
culturales entre las distintas etnias, mucho menos se pugnó
primera Constitución potosina, 1825 (San Luis Potosí: Casa de la Cultura de
San Luis Potosí; Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, 1990), 54.
20
Diputado perteneciente a la III Legislatura Constitucional (1831-1832).
21
AHESLP, PO, El Yunque de la Libertad, más golpeado, está más limpio,
núm. 54, domingo 13 de octubre de 1833. Sesión del día 18 de abril de 1833.
22
Diputado en la III Legislatura Constitucional (1833-1834).
23
AHESLP, PO, El Yunque de la Libertad, más golpeado, está más limpio,
núm. 47, jueves 12 de septiembre de 1833. Sesión del día 18 de abril de 1833.
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por preservar sus particularidades, más bien fueron adscritas,
paradójicamente, dentro de los términos indio, indígena o
ciudadano indio. La simplificación permitió a gobernadores y
legislaturas, formular, como se verá a continuación, decretos
de índole general para tratar de “inducir una reforma en las
costumbres [indígenas]”, la cual no sería sólo en “obsequio de la
industria y riqueza de aquellos pueblos de indios, sino lo que es
más importante: de su civilización y su cultura”.24
Partiendo de lo anterior, podría decirse que la primera acción para asimilar a la población fue instalar, a través de la voz
de los políticos y de los dispositivos informativos oficiales, que
en San Luis Potosí los indios gozaban de una plena igualdad jurídica. “igualarlos ante la ley” era un “deber” que se fundaba en
“el mismo estado natural de la sociedad”.25 Atrás habían quedado las corporaciones sociales con normativas intrínsecas. En este
contexto, no es de extrañarse que Ildefonso Díaz de León ordenara, en 1825, que al interior del territorio se evitara “la distinción
de los ciudadanos naturales y otros a quienes llama españoles y
castas”, pues “hecha la Independencia de la antigua metrópoli
y constituidos bajo un gobierno liberal, todos hemos venido a
quedar convertidos en ciudadanos mexicanos”.26 Sabiéndose en
AHESLP, PO, Gaceta del Gobierno del Estado Libre de San Luis Potosí,
núm. 38, viernes 23 de Septiembre de 1831.
25
AHESLP, PO, Gaceta del Gobierno del Estado Libre de San Luis Potosí,
núm. 71, domingo 22 de diciembre de 1833.
26
AHESLP, SGG, Los ayuntamientos de Tamasopo y Huehuetlán informan
que han enviado el padrón de las almas residentes en cada lugar, según lo soli24

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iguales condiciones jurídicas, los indígenas renegarían del aislamiento colectivo al que supuestamente fueron inducidos y el que,
a decir de Díaz de León, sólo había provocado durante siglos una
“una rivalidad con las otras clases”.27 Logrado esto, superarían su
“cortedad”, tenderían cada vez más a la integración social y olvidarían “las aberraciones pasadas”, convirtiéndolas en “lecciones
para el futuro”.28
Otro de los elementos ideológicos designados para
vertebrar la ciudadanización fue la religión cristiana. No obstante,
el dogma debía apegarse a los tiempos liberales e ilustrados que
corrían. En 1824, varios diputados vieron en el culto católico
“la primera base y la más firme de la felicidad verdadera de los
pueblos”. Su influencia en la sociedad debía ser absoluta, de ella
manaba “el germen de las virtudes políticas”. Así, la religión
arraigaría en el indio “las costumbres arregladas a las leyes, el
amor al trabajo y sobre todo la moralidad”.29 Para ello, era de
absoluta importancia su cooperación en las pláticas semanales
impartidas en las parroquias, donde los curas explicarían los
beneficios y las responsabilidades de la ciudadanía. La voz de
citado, 18 de julio de 1825, caja 12, exp. 27, f. 4.
27
AHESLP, SGG, Documentación relativa a la falta de pago de contribuciones por la pobreza que existió por varios motivos, uno de ellos a causa de
epidemias, 26 de febrero de 1826, caja 24, exp. 22, f. 11.
28
AHESLP, PO, El yunque de la libertad, más golpeado, está más limpio,
núm. 7, jueves 3 de enero de 1833.
29
Citado en Tomás Calvillo Unna y Sergio Alejandro Cañedo Gamboa, El
congreso del estado de San Luis Potosí, selección de documentos, 1824-1923
(San Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 1999), 39.
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los prelados debía ser escuchada para dejar de creer y poner en
práctica “creencias groseras”.30
La instrucción religiosa debía ser complementada
con otra de carácter escolar. Díaz de León, en mayo de 1826,
vaticinaba la supervivencia de las diferencias sociales “mientras
no se procure generalizar la educación”, la cual se debía recibir
“cómodamente”.31 Aunque algunos funcionarios pugnaron por
un plan educacional exclusivo para los indígenas,32 se designó, a
nombre del ideal homogeneizador de la población, que recibieran
la misma instrucción que el resto de los potosinos. Su “juventud”
debía adquirir en las escuelas de primeras letras, construidas con
dinero de las arcas municipales, los conocimientos de “la escritura,
la lectura, las operaciones básicas de aritmética, la enseñanza del
catecismo religioso y demás elementos de buena crianza”.33 Sólo
los “educados” encajarían plenamente en la comunidad liberal,
pues, como lo atestiguaba el gobernador Díaz de León, “una
buena educación ha sido siempre la mejor recomendación de los
AHESLP, PO, El yunque de la libertad, más golpeado, está más limpio,
núm. 102, sábado 12 de abril de 1834.
31
Citado en Nereo Rodríguez Barragán, Lic. José Ildefonso Díaz de León:
primer gobernador del Estado de San Luis Potosí y fundador del Colegio Guadalupano Josefino (San Luis Potosí: Sociedad Potosina de Estudios Históricos,
1972), 36.
32
Véase el caso del diputado Gorriño y Arduengo, en Motilla Martínez, El
doctor Gorriño y Arduengo, su proyecto para la primera Constitución potosina, 1825, 67.
33
AHESLP, PO, El yunque de la libertad, más golpeado, más limpio, núm.
27, domingo 26 de mayo de 1833.
30

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hombres: en todas partes el Ciudadano ilustrado se prefiere al
que no lo es”.34 En el Periódico Oficial se respaldaba el pensar
del gobernador al mencionarse que la ilustración acostumbraría,
tanto a indios como a los que no lo eran, a:
[…] vivir juntos desde su infancia y a considerarse todos como
miembros de una misma familia. Desaparecerá desde luego esa
desigualdad de clases que tan funestos efectos ha causado a la
república, y la voz de la naturaleza encontrará siempre dispuestos a los ciudadanos que la escuchen, recordándoles que tienen
derechos a conservar y derechos a defender. 35

No es ocioso mencionar que, a lo largo de la temporalidad estudiada, los gobernadores permitieron en varios municipios huastecos el establecimiento de multas económicas y carcelarias para
aquellos “ciudadanos indios con ahijados e hijos” que no mandaran a sus hijos a la escuela.36
Una estrategia más para asimilar al indio fue eliminar las
cargas tributarias que lo diferenciaban socialmente. El decreto
número 36, del 1 de diciembre de 1825, obligó al gobernador a
hacer “cumplir en todos los Pueblos la ley que extingue el servicio
personal de los indios”, y a “tomar las providencias necesarias
Citado en Barragán, Lic. José Ildefonso Díaz de León: primer gobernador
del Estado de San Luis Potosí y fundador del Colegio Guadalupano Josefino,
36.
35
AHESLP, PO, El yunque de la libertad, más golpeado, está más limpio,
núm. 79, jueves 23 de enero de 1834.
36
AHESLP, SGG, Bando de buen gobierno enviado desde Tancanhuitz, 9 de
enero de 1825, caja 16, exp. 18, f. 2; Bando de buen gobierno enviado desde
Tamazunchale, 26 de abril de 1825, caja 16, exp. 20, f. 11.
34

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para que los expresados paguen a sus párrocos los derechos
correspondientes a sus respectivos aranceles”.37 La génesis de
esta medida, con arreglo a lo expresado por el Congreso, fue
que “los indígenas, ciudadanos libres y en el ejercicio de sus
derechos, salieran del servicio con que los tenía agobiado el
antiguo sistema de gobierno [y] gocen pagando sus derechos del
feliz que actualmente nos rige”.38 Era tiempo, según el diputado
Gorriño, de que “logren y no sean perjudicados en sus derechos
de su libertad legal”.39
En el caso de los servicios personales, su eliminación,
además de ser una derivación tácita de la igualdad jurídica,
estuvo vinculada a los esfuerzos por impulsar la agricultura,
particularmente en la Huasteca, visualizada como la región
más fértil de la entidad. Libre de compromisos forzados con
los mandos civiles y religiosos, la obligación del indio era
usufructuar sus tierras (o las arrendadas en propiedades privadas)
e introducir sus productos en los mercados locales. Ciertamente,
se creía que estas actividades económicas eran efectuadas con
José J. Martínez, ed., Legislación Potosina o Colección Completa de las
Disposiciones Legislativas Expedidas desde el 21 de Abril de 1824. Edición
Oficial, Tomo I (San Luis Potosí: Imprenta de la Escuela Industrial Militar,
1892), 152.
38
AHESLP, SGG, Exposición del ayuntamiento al sr. gobernador del estado
sobre el servicio personal de los indígenas al ministro de doctrina, 12 de noviembre de 1825, caja 3, exp. 2, f. 24.
39
AHESLP, SGG, Exposición del ayuntamiento al sr. gobernador del estado
sobre el servicio personal de los indígenas al ministro de doctrina, 20 de septiembre de 1825, caja 3, exp. 2, f. 22.
37

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poca intensidad, por lo que el Congreso estaba decidido, como se
redactó en el Periódico Oficial, a “hacer útiles a muchos brazos
[indígenas]” que hasta entonces eran “gravosos al estado”.40 Para
materializar esta voluntad, el gobernador José Guadalupe de los
Reyes exhortó a varios terratenientes de la Huasteca para que, con
todas sus “luces y deseos”, emplearan a sus “conciudadanos” en
diferentes áreas de la economía local, especialmente en lo alusivo
a la agricultura.41
A la lista de medidas de integración se sumaría la búsqueda
por “acabar” con los pueblos uniétnicos. El decretó número 8, del
27 de enero de 1827, oficializaba que cualquier individuo podía
“vivir en los pueblos de indios y obtener los cargos municipales
conforme a las leyes”.42 El atenuante primordial de este decreto
fue menguar paulatinamente las diferencias étnicas y formar a
largo plazo núcleos poblacionales homogéneos que permitieran
la interacción y la propagación de las costumbres “civilizadas”
de los foráneos. Mantener divisiones poblacionales sería replicar
la tendencia a la segregación que promovían “los tiranos
españoles”,43 se leía en el Periódico Oficial.
AHESLP, PO, Gaceta del Gobierno del Estado Libre de San Luis Potosí,
núm. 38, viernes 23 de septiembre de 1831.
41
AHESLP, PO, Gaceta del Gobierno del Estado Libre de San Luis Potosí,
núm. 33, viernes 19 de agosto de 1831.
42
Martínez, Legislación Potosina o Colección Completa de las Disposiciones Legislativas Expedidas desde el 21 de Abril de 1824. Edición Oficial,
Tomo I, 97.
43
AHESLP, PO, El yunque de la libertad, está más golpeado, más limpio,
núm. 79, jueves 23 de enero de 1834.
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Para evitar desórdenes e invasión de tierras en la apertura
de los pueblos, los diputados blindaron las posesiones de los
“antiguos mexicanos” con el decreto número 1, del 10 de enero
de 1827, el cual determinaba que “las tierras pertenecientes a los
pueblos indígenas” se mantuvieran en manos de “sus actuales
poseedores”.44 El Congreso era consciente de que las referencias
culturales en torno a la tierra iban más allá de derechos legales
o el reconocimiento de una superficie del suelo; representaban
el punto de cohesión de las comunidades. Puede suponerse que
el decreto número 1 estuvo motivado por el deseo de evitar una
fractura entre mandatarios e indígenas, hecho que disiparía la paz
interna del territorio.
A la par de la formación de los pueblos mixtos, se
exigió que los titulares de los municipios “redujeran” a los
indios disidentes en las comarcas de los municipios. En 1824,
el gobierno estatal dictaminó, atendiendo el “dictamen de la
comisión de gobernación”, que los indígenas residentes de
los “quebrados montes y soledades donde era muy difícil
doctrinarlos” tuviesen un “sitio cómodo para ellos, como
para doctrineros y curas”. En el caso de que los pueblos no
contaran con el espacio para tal dictamen, debían procurar
reformarse en sitios que tuvieran “comodidad de aguas, tierras
y montes, y además un ejido de una legua”.45 El ejercicio de
Legislación Potosina, p. 88.
AHESLP, SGG., Dictamen de Gobernación sobre la congregación de los
indígenas a pueblos, 3 de noviembre, caja, exp. 38, f. 4.
44
45

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atraerlos a poblados debía hacerse con una actitud paternal,
“procurando por todos los medios posibles de dulzura y
suavidad, manifestándoles los bienes que deben disfrutar
habitando en sociedad, instruyéndose ellos y sus hijos en la
doctrina cristiana y proporcionándose otras comodidades de
que se privan morando en las barrancas y malezas”.46 Los
Ayuntamientos debían trabajar “incesantemente” y asignarles
“terrenos competentes de los propios del pueblo, evitando el
maltrato y toda carga que es lo que los retrae. [Así], ellos solos
procurarían venirse al pueblo para sentir los beneficios que no
podrían menos que agradarles”.47
Como se puede constatar, a raíz de la imagen
paupérrima del indio decimonónico, la clase política perfiló
una postura tutelar respecto a este último. Si bien se optó
por la ciudadanización “pacífica” y “legal”, respetando y
fomentando sus derechos individuales, esta no significaba una
tolerancia cultural. La única forma de que los indios potosinos
existiesen legalmente era adaptándose al estilo de vida del
ciudadano modelo, dicho de otro modo, el indio, para ser
tomado en cuenta como sujeto institucional, debía desaparecer
culturalmente.
AHESLP, SGG, Acuse de recibo al alcalde de Tampamolón, sobre procurar
que los indígenas de dicho lugar vivan en poblado, 17 de julio de 1826, caja
34, exp. 5, f. 6.
47
AHESLP, SGG, Documentación relativa a la falta de pago de contribuciones por la pobreza que existió por varios motivos, uno de ellos a causa de
epidemias, 2 de febrero de 1826, caja 24, exp. 22, f. 11.
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El grupo de poder de la Huasteca potosina opina: la ignorancia, la indiferencia y la naturaleza del indio como elementos
que imposibilitan su ciudadanización
El grupo de poder político de la Huasteca potosina se distribuyó por
todos los municipios que la conformaron tras erigirse el estado de
San Luis Potosí: Villa de Valles, Tamuín, Tancuayalab, Tanlajás,
San Antonio, Tancanhuitz, Tampamolón, Huehuetlán, Coxcatlán,
Axtla, Tamazunchale, Aquismón, Xilitla, La Palma, San Nicolás
de los Montes y San Martín Chalchicuautla. Consecuentemente,
los funcionarios locales pudieron evaluar a los individuos de
estos municipios, y registrar si podían acceder a la categoría de
vecino y, en virtud de ello, a la de ciudadano.48 Esta prerrogativa
se anclaba en la “dilatada vecindad” de los servidores públicos,
que les hacía “conocer de propia experiencia el carácter de los
habitantes del municipio, sus inclinaciones, vicios, necesidades,
riqueza o miseria, y sus elementos civiles y morales”.49 De esta
forma, interpretaron como un derecho el opinar sobre los indios y
su respectiva ciudadanización, teniendo como argumento central
que la Huasteca era la región con el mayor número de indígenas
del estado. Efectivamente, para 1826, se aproximaba que, de sus
52,426 habitantes, 51,322 eran indios (82%).50 La avasallante
Leticia Reina, Cultura política y formas de representación indígena en México, siglo XIX (México, DF: Instituto Nacional de Antropología e Historia,
2015), 37.
49
AHESLP, PO, Gaceta del Gobierno del Estado Libre de San Luis Potosí,
núm. 24, viernes 17 de junio de 1831.
50
Antonio Ohmstede Escobar y Ricardo Fagoaga Hernández, “Sociedades
48

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mayoría la conformaban tres etnias predominantes: huastecos,
ubicados al norte; nahuas, al sur; y pames, asentados en la frontera
oeste de la región, franja territorial conocida como La Pamería.
Sobre los huastecos
En 1832, José Herrera, quien detentaría por varios años el cargo
de juez de paz en Tancanhuitz, imaginaba a los indios de Huehuetlán “tan ignorantes” que era imposible que conocieran “el
bien” y las “leyes que rigen a los ciudadanos”. Como sujetos ignaros, esos “infelices indígenas” se encontraban “faltos de principios”.51 Expresando juicios parecidos, Manuel Barrios, quien
fuera alcalde de villa de Valles en 1832, veía sin “principios” a
los “naturales” de San Antonio, incapaces de entender “las leyes
y reglamentos del hombre”. Carentes de lo anterior, “no pueden
discurrir el bien futuro de su propia existencia”.52
En el municipio de Cuayalab era notoria “la ignorancia y
la suma estupidez de los huastecos”, la que los hacía ignorar, en
pleno 1828, “el espíritu de las leyes y hasta la existencia de ellas”,
híbridas, pueblos mixtos o mestizaje. ¿Cómo se puede percibir la población en
la Huasteca Potosina en el periodo colonial tardío?”, El Taller de la Historia,
núm. 5 (2014): 56.
51
AHESLP, Supremo Tribunal de Justicia, Ramo Criminal (en adelante STJ.
CRI), Contra Antonio Pérez por el homicidio que perpetró en la persona del
indígena Martín Pérez en la madrugada del domingo, 18 de diciembre de 1831
a 20 de junio de 1832, caja 134, exp. 1, f. 26.
52
AHESLP, STJ.CRI, Diligencia practicada de oficio contra Francisco Santiago, indígena, por haber herido a Juan Bautista, 8 de diciembre de 1834 al 23
de febrero de 1835, caja 179, exp. 10, f. 16.
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según Francisco González, secretario en varios ayuntamientos y
alcalde de Villa de Valles, en 1826. De acuerdo con González,
el repudio de las normas era que a su “publicación” asistía “la
décima parte de los vecinos, y de los que asisten solo una décima
parte entienden lo que oyen y a los demás nada se les inculca. De
aquí resulta una ignorancia invencible”.53
Juan José Moncayo, alcalde de Huehuetlán en 1826,
otorgó argumentos similares a los del citado Francisco González;
mencionó que los indios no querían vencer la ignorancia y su
desconocimiento en materia legal, negándose a responder al “juez
cuando este los llama para hacerles saber los soberanos decretos y
órdenes que el Soberano Congreso nos manda circular y publicar
para su cumplimiento”. Su apatía por conocer los designios del
Congreso era estimulada, siguiendo el razonamiento de Moncayo,
por las “largas distancias” existentes entre los poblados indígenas
y la cabecera municipal, “pues algunos ciudadanos viven distantes
a cuatro leguas de mal camino y los más próximos pasan de una
legua […], siendo muy común en ellos no obedecer”.54
Los huastecos de Tampamolón y sus alrededores, tampoco
mostraban demasiado empeño en su instrucción como ciudadanos.
Según Antonio Castro, se mantenían en la “estupidez” por habitar
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal seguida de oficio contra el reo Tomas
Santiago Pérez por homicidio, 27 de diciembre de 1828 al 3 diciembre/183,
caja 69, exp.7, f. 42.
54
AHESLP, SGG, Documentación relativa a la falta de pago de contribuciones por la pobreza que existió por varios motivos, uno de ellos a causa de
epidemias, 10 de febrero de 1826, caja 24, exp. 22, f. 10.
53

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“sus montes espesos” y por no “hablar el castellano ni menos leer,
que digo leer, ni [aprender] lo necesario para su salvación”.55 Esta
situación había sido denunciada por el alcalde José Rivera, en 1826,
en una misiva enviada al gobernador Díaz de León. En el escrito del
edil se precisaba que el municipio había puesto “toda la inteligencia”
en fundar a “su costa” una escuela para los indígenas, “con un maestro
que supiera el idioma y que este les instruyera a hablar el castellano,
pero nada de esto se pudo conseguir [...]; lo que estos han hecho es
irse a vivir a las simas [sic] de la sierra”. Rivera afirmaba que, con
semejante actitud, los indios nunca iban a superar “los abusos que
hay entre ellos”, y mucho menos conocer “sus derechos”.56
El alcalde de Aquismón, Pedro Acosta, decía que, en 1830,
a los huastecos no les interesaba su ciudadanización, puesto que
despreciaban trabajar en los campos del municipio. Le comunicó
al Congreso que no se encontraba “un peón, por eficaces que sean
las solicitudes que se hagan”. Reputar a los indígenas por “vagos”,
decía, resultaría ineficaz: “faltarían cárceles donde encerrar los
que hay y dinero en la tesorería para socorrerlos”. Urgía, según
Acosta, que el gobierno interviniera de manera expresa, ya que
los “sembrados” se perdían por “falta de gente.” 57
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal formada de oficio contra Martín Pérez
y María Catarina de la Concepción, por el homicidio que perpetraron en la
persona de Domingo Ramírez, esposo de ésta, 7 de noviembre de 1833 al 9 de
agosto de 1839, caja 161, exp. 7, f.7.
56
AHESLP, SGG, José María Rivera, alcalde de Tampamolón, informa incidencias ocurridas, 19 de junio de 1826, caja 32, exp. 15, f. 7.
57
AHESLP, SGG, 1830.10, leg. 23.
55

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Algunos trataron de exponer la “naturaleza” del huasteco.
El mencionado Antonio Castro lució inquisitivo al expresar que
lo innato del indígena era ser “un ente silvestre que no posee
ningún conocimiento moral más que la ignorancia y la maldad,
sin saber discernir ni distinguir lo malo de lo bueno y que, por
naturaleza, esta clase, con la ideas más bárbaras, jamás pueden
obrar con los sentimientos de gentes”.58 En la cabecera municipal
de Aquismón, el político José María Flores expresó, en 1835,
con “la absoluta seguridad” que le brindaba el conocimiento
de la etnia huasteca, que por naturaleza del indio era “un idiota
connaturalizado únicamente con la ideas silvestres, guiados por
los impulsos de la ignorancia y la estupidez”.59
Por su parte, tomando como muestra a los indios
pertenecientes al municipio de Tanlajás, Mariano García, miembro
de una familia presente en la arena política de Tancanhuitz,
Huehuetlán y Coxcatlán, vislumbró una naturaleza huasteca
contradictoria: “Son buenos y son malos por naturaleza. Son
buenos por dóciles, persuadidos, timoratos, obedientes y devotos
con los santos, con Dios y la iglesia. Son malos por crueles y
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal formada de oficio contra Martín Pérez
y María Catarina de la Concepción, por el homicidio que perpetraron en la
persona de Domingo Ramírez, esposo de ésta, 7 de noviembre de 1833 al 9 de
agosto de 1839, caja 161, exp. 7, f. 42.
59
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal instruida de oficio en el juzgado de
paz de Xilitla contra Diego Hernández alias “Quetlaxtle”, por el homicidio
que perpetró a Juan Bautista por una herida en el cuello que le infirió con un
húngaro que portaba, 22 de mayo de 1835 al 7 de diciembre de 1839, caja 234,
exp. 4, f. 34.
58

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vengativos, por obstinados en los vicios habituales”. Para ellos,
“lo mismo es quebrantar a un mismo tiempo el quinto, el sexto
y todos los preceptos con tal que tengan oportunidad y ocasión,
y no dan más respuesta que en decir que el diablo los engañó”.
Al parecer, García adoptó la supuesta explicación dada por los
indígenas cuando trasgredían los preceptos morales y religiosos;
argumentó: “al instante que el demonio los tienta”, los huastecos
“pueden cometer cualquier delito”. Con la seguridad que le daba
el “haber vivido la mayor parte de [su] vida entre ellos”, García
aseveró que las imperfecciones tenían un peso mayor en la vida de
los indios, decidiendo por ellos “el diablo, el baile y la bebida”.60
Sobre los nahuas
En 1828, Ignacio Rivera, hombre con gran capital político en
Tampamolón, puntualizaba que el sur de la Huasteca potosina
estaba poblado por dos tipos de entes: “señores con quien la
naturaleza se ha mostrado prolija” y los “llamados indios”. Los
primeros eran considerados “de razón”; los segundos, “aquellas
gentes” que “por lo regular no proceden con tanto conocimiento
como otras más cultivadas”.61 La existencia de esta marcada
disparidad cultural, acorde con algunos, tuvo su origen en la
AHESLP, STJ.CRI, Contra Antón Santiago por el delito de homicidio que
perpetró con el cuchillo a Diego Hernández, 7 de septiembre de 1829 al 19 de
abril de 1831, caja 85, exp. 1, f. 50.
61
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal contra Agustín Hernández por el delito de robo casero, 24 de octubre de 1828 al 8 de febrero de 1830, caja 65,
exp. 3, f. 36.
60

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segregación social impulsada por el extinto orden colonial. A este
respecto, Blas Barragán alegaba, en 1830, que “la natural rudeza
y actual carencia de racionalidad en que yacen profundizados los
indígenas”, era el resultado del “inmenso caos de la ignorancia a
que los tenía reducidos el déspota español”.62 Santiago Andreo,
alcalde de Huehuetlán y Xilitla en distintas administraciones,
también utilizó el recurso antiibérico para explicar la deplorable
realidad de los nahuas: fue “mucha la morosidad que ha usado el
gobierno español en el derecho de su déspota gobierno, lastrando
la juventud y en particular a los indios en esta Huasteca, pues
como de la ignorancia de estos pendía que se enriquecieran los
jueces que la ocupaban, les era por los mismo favorable que los
indios vivieran sin ley y religión”.63
Como los huastecos, los nahuas fueron vituperados por no
interesarse supuestamente en las directrices de su ciudadanización.
“Son tan infelices e ignorantes que no conocen las leyes, que ni
aun saben que las hay”, testimoniaba el juez segundo de letras
Luis Guzmán. Por sus “escasas luces”, mencionó José Salazar,
defensor en pleitos a favor y en contra de los indios, “estos infelices
yacen en la falta de principios políticos y educación”. Además,
“esta ignorancia” los arrastraba “a los mayores precipicios, y esta
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal contra Diego Hernández y socio por
homicidio, 26 de enero de 1830 al 27 de noviembre de 1831, caja 94, exp.
5, f. 18.
63
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal contra Domingo Azafrán y su hija Ana
María Azafrán por incesto, 15 de febrero de 1826 al 19 de enero de 1828, caja
8, exp. 8, f. 18.
62

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misma es la que superabunda crasamente en todos los de esta tribu,
pues están nutridos, por desgracia, en los principios más obscuros
de la inmoralidad”.64 Marcando aún más la diferencia entre indios
y los que no lo eran, el defensor Asencio Monreal, con pasado
administrativo en Tampamolón y Tamazunchale, decía, en 1830,
que a los nahuas, por “las costumbres en que viven, su educación,
su trato y su falta de principios aun en las cosas más comunes,
llegan al grado en que se califiquen de bárbaros”.65
Los nahuas no tenían ninguna intención de superar la
degradación que reinaba entre ellos, a juzgar por las palabras
de José Solórzano, alcalde de Coxcatlan. Desde el inicio de su
mandato, Solórzano notificó a Díaz de León, gobernador del estado,
que los indios vivían en “desobediencia permanente a la autoridad
y prostituidos en el cumplimiento de sus deberes”. Así, cuando
el juez o el alcalde solicitaba su presencia en el pueblo, “jamás
quieren [ir], haciendo menosprecio a las órdenes superiores”.
Preferían habitar “en los bosques sin temer a Dios ni a la justicia”.66
José María Terán, prefecto encargado de velar por gran
parte de los municipios de la Huasteca, secundó años después
AHESLP, STJ.CRI, Contra Agustín Santiago por incesto, 8 de abril al 17
de noviembre de 1835, caja 206, exp 1, f. 21.
65
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal practicada por el alcalde de primera
instancia de la Villa de Tamazunchale, contra Manuel Tetlama y sus cómplices
[Lorenzo Antonio y María Petra] por el homicidio perpetrado en la persona de
Gaspar Antonio, 11 de junio de 1830 al 3 de octubre de 1834, caja 104, exp. 2,
f. 127.
66
AHESLP, SGG, José Solórzano, alcalde de Huehuetlán, informa sobre el
estado de su pueblo, 15 de septiembre de 1826, caja 36, exp. 19, f. 8.
64

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las ideas de José Solórzano, añadiendo que los indios renegaban
de sus “actividades históricas”, las cuales los acercaba más a la
ciudadanía: su trabajo en el campo. En un informe elaborado en
1831, dejaba en claro que la agricultura estaba “en decadencia y
cada día más abandonada a causa de los nahuas, que ni pagándoles
sus jornales se dedican a la progresión de este ramo, de que proviene
la mucha ociosidad, la perpetua embriaguez, el menosprecio a
las autoridades y total abandono de sus obligaciones”. Decía no
entender la obstinada resistencia a trabajar, pues prometía pagar
“un poco más de lo corriente”. Ante este funesto panorama, Terán
afirmaba al gobernador que “la República no podía contar con
semejantes gentes”. 67
La “naturaleza” del nahua fue definida en función de su
diferencia con los no pertenecientes a su etnia.Acorde con José Manuel
Allende, quien desempeñó el cargo de alcalde de Tamazunchale en
1826, el indio era un “grosero en sus hábitos” y estaba desposeído
de “la verdadera moral, de la religión y de los deberes que impone
la naturaleza misma”. Ostentaba también “ejemplos de malicia
y de una perversidad selvática”. Dejando en claro una insalvable
diferenciación cultural, Allende aseguraba que los nahuas, “cuyas
costumbres son distintas de las nuestras”, encarnaban la antítesis de
la “sana moral”, y “sus fundamentos” los convertían en “salvajes,
que casi puede decirse se diferencian muy poco de las bestias”.68
AHESLP, PO, Gaceta del Gobierno del Estado Libre de San Luis Potosí,
núm. 38, viernes 23 de septiembre de 1831.
68
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal formada de oficio contra Martín Pérez
67

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Sobre los pames
Pedro Zárate, político reconocido en La Pamería, mencionaba
en 1827, que los “indígenas pames “se la han pasado en tinieblas
toda su vida, sin saber distinguir lo favorable de lo adverso”. El
móvil preponderante lo encontraba en “la ninguna ilustración
que siempre tuvieron en el antiguo y despótico gobierno español”, llevando a esa “miserable clase” a no poder “encontrar el
verdadero sentido de nuestras sabias y justas leyes”. Finalizaba
estipulando que “la inopia de todo recurso con que se encuentra
la desgraciada parte de esta sociedad es muchas veces el instrumento de sus yerros”.69 Otro de los Zárate, Benito, apoyó la idea
de su consanguíneo: “la palpable mentecatez en la que se haya
la clase indígena”, era una resulta de “la ignorancia con la que
se encuentran desde la época en que estábamos bajo la dominación española”.70
Uno de los atenuantes del “poco entendimiento” de los
pames era el manejo precario del castellano. El ya citado Benito
y María Catarina de la Concepción, por el homicidio que perpetraron en la
persona de Domingo Ramírez, esposo de ésta, 7 de noviembre de 1833 al 9 de
agosto de 1839, caja 161, exp. 7, f. 48.
69
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal contra José Encarnación, José Obispo
y Fermín Ricardo, ambos indígenas, por el robo de que los acusa Santiago
Aguilar, indígena, según adentro se expresa [por robo de un buey], 31 de octubre de 1827 al 14 de agosto de 1828, caja 40, exp. 1, f. 21.
70
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal de oficio de la justicia contra José Reyes Vázquez por asesinato que perpetró en la persona de María Concepción
ambos indígenas de esta villa, 24 de septiembre de 1834 al 15 de diciembre de
1836, caja 175, exp. 8, f. 21
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Zárate arguyó que por no “conocer las dicciones significativas
del idioma castellano, órgano necesario para la expresión de
los conceptos”, los pames carecían “absolutamente de luces”.71
En San Nicolás de los Montes, José de Castro, decía que los
indígenas, por no ser “del mismo labio o idioma que nosotros
[se refiere a los no indios], ni estar avanzados en la carrera
civil”, al ser comparados con “el común de los ciudadanos”, no
podían reputarse “por sujetos arteros”. De Castro encontró la
barrera del lenguaje como uno de los génesis del atraso de los
indios: “a causa de que su idioma es incomprensible, están estos
siempre imbuidos en la estolidez y la poca o ninguna ilustración”.
Denunció, a un tiempo, que no hacían nada para modificar su
“tristes circunstancias”. De ahí que fueran tenidos por “unos
idiotas en grado superlativo”.72
La supuesta nula capacidad para adquirir y expresar
conceptos generaba en los indígenas la imposibilidad de cavilar
sobre el ejercicio de la ciudadanía, así como en la interiorización
de las leyes y sus beneficios. En ese tenor, el defensor en diversas
causas donde estuvieron involucrados indios, Felipe Zárate,
denunció que “todos los pames”, por “la ignorancia”, no entendían
“el espíritu de las leyes”. Con tono pesimista argumentaba que,
entrado el año 1831, “Confunde y da sentimiento ver a los pames
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal, 10 de noviembre al 13 de diciembre de
1827, caja 41, exp. 1, f. 29.
72
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal, 10 de noviembre al 13 de diciembre de
1827, caja 41, exp. 1, f. 60.
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en el embrutecimiento e ignorando las obligaciones del hombre
en sociedad”.73
Otras opiniones parecían sustentar lo pensado por Zárate.
El que fuera alcalde de La Palma en 1825, José Antonio Izaguirre,
concebía a los indios como “innatos en la estulticia, y esta les
hace cometer yerros sin atender a nuestras sabias leyes, por no
ser capaces de comprenderlas en lo absoluto”.74 Replicando
estos argumentos, Antonio Ledezma recordaba que “por no estar
civilizado e instruido”, el “indígena estúpido no sabe si obra bien
o mal en sus procedimientos”, mucho menos está enterado de
“las leyes pasadas ni en las que actualmente nos rigen”.75 Urbano
Bravo, por la experiencia de ser alcalde de San Nicolás de los
Montes en 1823, asumió que “los indios pames no están instruidos
en sus obligaciones, en los deberes del ciudadano”.76
Otro de los orígenes del supuesto nulo discernimiento de los
indios fue ubicado en su desdén por la práctica del dogma cristiano.
El político Florencio Ortiz de Zarate, quién formo parte de varios
ayuntamientos durante la etapa federal y fuera alcalde de Valle del
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal de oficio de la justicia seguida contra
Francisco Antonio y socios indígenas de la Palma, por hurto de un becerro, 27
de junio de 1831 al 12 de febrero de 1833, caja 125, exp. 2, f. 26.
74
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal, 10 de noviembre al 13 de diciembre de
1827, caja 41, exp. 1, f. 31.
75
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal, 10 de noviembre al 13 de diciembre de
1827, caja 41, exp. 1, f. 41.
76
AHESLP, STJ.CRI, Contra Manuel Santiago y José Hilario por hurto de
una becerra propiedad de Juan Manzanilla, 1 de septiembre de 1831 al 2 de
junio de 1832, caja 129, exp. 2, f. 16.
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Maíz en 1835, entendía al pame como “hombre rústico, peltre y sin
principios” por no tener, en pleno 1834, suma “idea de religión”.
Ortiz de Zárate sostuvo que algunos de los pames “no han entrado
en la iglesia desde el día que los bautizaron y jamás han oído la
voz de su párroco”.77 Tres años atrás, con unos argumentos muy
parecidos a los de Ortiz de Zárate, el precitado Antonio Izaguirre
señaló que los indios adquirían su “supina ignorancia” al desconocer
“los principios y fundamentos de la religión”.78
Se articuló una propuesta de la naturaleza pame basada en
su “carácter” y acciones. El juez de letras, Juan Ortega, ponderaba
“el carácter de los indios pames” como uno “salvaje”, pues “los
actos más sanguinarios son vestigios de sus pasiones fuertes y
arrebatadas”.79 Este “salvajismo”, insistía Joaquín Paiz en 1826,
“es capaz de conducirlos a los más grandes precipicios”, pues
“guían sus operaciones por el capricho e ignorancia del respeto
que se debe a las autoridades, sin temer ni al autor de la naturaleza
que vigila nuestras acciones”. La actitud del pame patentizaba
“que la clase de indígenas nunca es estable en sus razones” y,
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal contra Domingo Moreno por estupro
inmaturo que hizo a una niña de cuatro años de edad, en el rancho de El Guajolote, 26 de agosto de 1834 al 7 de junio de 1836, caja 172, exp. 19, f. 19.
78
AHESLP, STJ.CRI, Contra Manuel Santiago y José Hilario por hurto de
una becerra propiedad de Juan Manzanilla, 1 de septiembre de 1831 al 2 de
junio de 1832, caja 129, exp. 2, f. 19.
79
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal de oficio de la justicia contra José Reyes Vázquez por asesinato que perpetró en la persona de María Concepción
ambos indígenas de esta villa, 24 de septiembre de 1834 al 15 de diciembre de
1836, caja 175, exp. 8, f. 25.
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por este motivo, “no saben darle sesgo a las adversidades del
tiempo, las que cuando ellos menos piensan, les hacen entrar en
desdichas”. Eso los convertía en “sujetos sin principio alguno de
civilización, en otras palabras, por naturaleza ignorantes”.80
¿Eran los indios ciudadanos potenciales?
La posición política de los gobernantes huastecos respecto al
indio era clara: la ignorancia y su actitud reacia no lo dejaban
detentar de rol de ciudadano, pues no cumplía con los requisitos civiles, morales ni religiosos estipulados en la Carta magna
de 1826. Aunado a lo anterior, expusieron la existencia de una
naturaleza privativa, la cual lo convertía en un resabio vivo del
pasado prehispánico. Poniendo de manifiesto la idea de una naturaleza humana no igualitaria, resulta lógico que expresaran que
la propia del indio tenía enquistada una corrupción irremediable,
restándole todo tipo de posibilidades para ingresar a una sociedad
de carácter nacional.
José Herrera esgrimió, en 1831, que “la naturaleza
silvestre” de los huastecos era incorruptible, negándose a cambiar
ni “aunque cursen los dogmas de la religión”.81 En la misma
dirección, Manuel Barrios concebía la “naturaleza [huasteca]
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal contra Guadalupe y Jesús melenas y la
reo María de la Luz por homicidio, 2 de diciembre de 1830 al 29 de octubre de
1846, caja 114, exp. 5, f. 69.
81
AHESLP, STJ.CRI, Contra Antonio Pérez por el homicidio que perpetró
en la persona del indígena Martín Pérez en la madrugada del domingo, 18 de
diciembre de 1831 a 20 de junio de 1832, caja 134, exp. 1, f. 25.
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como algo que no se puede remediar”. Su ocurso se reforzaba,
según él, con la “profunda ignorancia” que demostraban
cotidianamente.82 Abonando a este panorama pesimista, Mariano
García se imaginaba entre “los pobres indios” una “ignorancia
invencible”, sin cambios “hasta que con el tiempo se levante la
juventud civilizada”. Resignado, asumía que “aunque para cada
uno hubiera un letrado para instruirlos, nada comprenderían,
porque si los hombres de letras llegan a entorpecerse, qué sería
de aquellos hombres criados en la ignorancia, que no tienen
discernimiento ni para distinguir lo negro de lo blanco”.83
A la etnia nahua tampoco se le auguraba un cambio en sus
costumbres. Blas Barragán, desde Tamazunchale, reconocía el esfuerzo “benéfico” del estado, empeñado en la “ilustración de estos
neófitos infelices”, pero aún no era “tiempo de que penetren las luces
y buen orden en sus obscuros entendimientos por estar recientemente cimentado”.84 Juan Antonio Goitortua tenía un pensar similar:
Los infelices indios de San Martín Chalchicuautla, nutridos en
la desmoralización y dignidad hereditaria de sus mayores, yacen todavía en la ignorancia y no han podido llegar al grado de
civilización a que con ansia aspira nuestro sabio gobierno. Y
AHESLP, STJ.CRI, Diligencia practicada de oficio contra Francisco Santiago, indígena, por haber herido a Juan Bautista, de diciembre de 1834 al 23
de febrero de 1835, caja 179, leg. 10, f. 17.
83
AHESLP, STJ.CRI, Contra Antón Santiago por el delito de homicidio que
perpetró con el cuchillo a Diego Hernández, 7 de septiembre de 1829 al 19 de
abril de 1831, caja 85, exp. 1, f. 50.
84
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal contra Diego Hernández y socio por
homicidio, 26 de enero de 1830 al 27 noviembre de 1831, caja 94, exp. 5, f. 18.
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por más que este se empeñe en la común ilustración, la estupidez de esta clase no da lugar ni esperanza (con estupor lo digo)
a que en ella se consiga.85

De manera directa, Manuel Marín se preguntaba: “¿Qué conocimientos de las leyes y ciudadanía pueden tener esos desgraciados
indígenas que pasan una vida igual a la de los brutos?”; al igual
que Barragán y Goitortua, contestó enérgico: “ninguna […], son
hombres que se conservan en un estado de barbarie”.86
En lo referente a los pames, Benito Zárate dudaba
seriamente sobre la transformación de estos en ciudadanos, pues
eran “incapaces de corregirse por su suma ignorancia”.87 Años
atrás, José de Castro asumió que los pames y los no indios eran
“hijos de la misma naturaleza”, pero sugería modificar “la igualdad
como axioma cívico”, pues la realidad marcaba una diferencia
cultural notable, impidiendo a los indígenas detentar los derechos
de los hombres “de razón”. Para el político era necesario que el
gobierno los tuviera por “diferentes” y “con la equidad a que son
susceptibles estos desgraciados [indios]”.88 Con el mismo ahínco
AHESLP, STJ.CRI, Contra Agustín Santiago por incesto, 8 de abril al 17
de noviembre de 1835, caja 206, exp. 1, f. 7.
86
AHESLP, STJ.CRI, Contra Agustín Santiago por incesto, 8 de abril al 17
de noviembre de 1835, caja 206, exp. 1, f. 7.
87
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal de oficio de la justicia contra José Reyes Vázquez por asesinato que perpetró en la persona de María Concepción
ambos indígenas de esta villa, 24 de septiembre de 1834 al 15 de diciembre de
1836, caja 175, exp.8, f. 21.
88
AHESLP, STJ.CRI, Causa criminal, 10 de noviembre al 13 de diciembre de
1827, caja 41, exp. 1, f. 32.
85

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político, Alejo Ortiz de Zárate pensaba que era mejor derogar
los derechos de ciudadano a ese “clan de infelices criados en
las montañas, donde jamás conocen rose ninguno de gentes que
siquiera les den alguna idea de humanidad”.89
Las voces hasta aquí citadas contradecían el optimismo
y la potencialidad concedida a las colectividades indígenas.
Amparados en el empirismo, producto de la convivencia
cotidiana, funcionarios y exfuncionarios locales legitimaron sus
afirmaciones. Detectaron, tal vez para secundar la versión oficial,
una profunda ignorancia india derivada del “despotismo español”;
pero, a diferencia de la clase política, hicieron hincapié en que
dicha ignorancia era un elemento más de una naturaleza innata, la
que representaba lo contrario del ciudadano modelo planteado en
la Constitución local de 1826.
Conclusiones
En el balance de las perspectivas anteriores, se puede determinar que la asimilación propuesta por la clase política y su reacción adversa en el territorio huasteco, representan, a simple vista,
la relación disímil de ilustración-tradicionalismo. Mientras que
los diputados y gobernadores veían en la ciudadanía el punto de
arranque para una progresiva civilización de los indígenas, el grupo de poder de la Huasteca observó el punto final de una serie de
buenas intenciones, ya que la supuesta “incorruptible ignorancia”
AHESLP, STJ.CRI, 6 de mayo de 1835 al 21 de febrero de 1839, caja 191,
exp. 9. f. 23.
89

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�Julio Velarde

de la población, así como la “naturaleza carente de moral”, les
impedían interiorizar cualquier tipo de prerrogativa que apuntara
a su ciudadanización. No obstante, me inclino a pensar que estas
dos visiones aparentemente antagónicas compartieron una matriz
racista: la desvalorización del indio y su subsecuente conceptualización como un “problema”.
Partiendo de que el racismo es un fenómeno histórico
y que se reproduce por medio de representaciones, valores y
normas que buscan inferiorizar y excluir al otro por presentar
diferencias culturales y físicas,90 es posible afirmar que las
culturas políticas de los gobernantes estatales y municipales de
la Huasteca potosina, presentaron claros contenidos racistas. En
su afán de reivindicar la igualdad entre los ciudadanos, elemento
fundamental del liberalismo, los dirigentes estatales trazaron una
ciudadanización indígena intolerante cuya piedra angular sería la
disolución cultural del “otro”. El Congreso “borró” de un plumazo
la diferencia étnica y enjuició al indio por no compartir la escala
de valores “occidentales”. Por tanto, se presentan una serie de
críticas que apuntalaron a un estado de ignominia indígena. La
solución para subsanar “el problema” fue tratar de eliminar las
identificaciones históricamente apropiadas que le otorgaba a los
indios cohesión y sentido de pertenencia a sus respectivas etnias.
Es decir, los ritos, la lengua y las estructuras políticas (pueblos de
indios) que les aseguraban la elección de sus gobernantes.
Alicia Castellanos Guerrero, “Asimilación y diferenciación de los indios
en México”, Estudios Sociológicos, núm. 34 (1999): 104.
90

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La actitud del grupo de poder político huasteco manifestó
un racismo aún más visible, y evidenció una yuxtaposición de
visiones en torno a los indios: ya no se les sopesó, al menos
en el discurso, una “casta” colonial con origen compartido,
sino como una raza (aunque no se haga explícito ese término)
que justificaba en la naturaleza sus rasgos y capacidades.
Así, el indígena fue identificado con destrezas intelectuales
reducidas por herencia y con rasgos de carácter y sensibilidad
“biológicos”. Esto derivaba en que los huastecos, nahuas y pames
fueran identificados con una naturaleza diferente, asociada al
salvajismo, al bestialismo y al barbarismo, categorías que en el
XIX fueron los peldaños más bajos de la escala evolutiva que
desembocaba en la civilización.91
Aunque este tópico merezca un estudio aparte, considero
que los discursos emitidos desde la capital, así como los que
esgrimieron en la Huasteca potosina, tuvieron en gran medida la
intención de mantener un dominio sobre los indios. Generando
disposiciones exclusivas para estos y al tenerlos como sujetos
necesitados de un trato especial, las primeras administraciones
potosinas demostraron una actitud tutelar y paternalista, muy
similar a la establecida en el orden colonial. El dominio directo fue
anunciado como transitorio, hasta que se alcanzara la “verdadera
ilustración”. Por su parte, las críticas emitidas desde la Huasteca
Arturo Warman, Los indios mexicanos en el umbral del milenio (México,
DF: Fondo de Cultura Económica, 2003), 78.

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potosina pusieron en evidencia, en algunos casos, el deseo de
mantener de manera legal las antiguas jerarquías sociales. No
resulta extraño, entonces, que algunos alcaldes, argumentando
la naturaleza irredenta del indio, pidieran a las gubernaturas el
permiso para restablecer viejas prácticas como el trabajo forzado
y el azote como escarmiento;92 ni que otros solo avisaran al
gobernador en turno, atribuyéndose potestades y justificando
sus acciones en nombre de la “salvación de la Huasteca”, que no
respetaban la igualdad social y que las cosas seguirían como en
el pasado.93 A esto se le debe sumar las múltiples quejas firmadas
por colectividades huastecas, nahuas y pames, donde se exponían
los malos tratos y la persistencia de prácticas abolidas por el
Congreso, como los servicios personales y altos impuestos civiles
y eclesiásticos por parte de los ayuntamientos.
Al no ser tomados en cuenta en los foros donde se discutía
su presente y su futuro, y, por ende, al no poder contradecir las
identidades elaboradas por personas ajenas a sus etnias, cabría
preguntarse: ¿cómo se definían a sí mismos los indígenas en la
etapa independiente? ¿Estaban de acuerdo con su transfiguración
en ciudadanos? Lamentablemente, las fuentes consultadas hasta
ahora no permiten formular una respuesta concienzuda a estos
cuestionamientos, pero sin duda la visión del indio serviría para
Véase AHESLP, SGG, José Solórzano, alcalde de Huehuetlán, informa
sobre el estado de su pueblo, 15 de septiembre de 1826, caja 36, exp. 19, ff. 8-9
93
AHESLP, SGG, Órdenes del prefecto de Valles sobre los indios de Aquismón, 30 de abril de 1830, caja 219, exp. 45, f. 10.
92

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�Dos culturas políticas ¿disímiles?

contrastar a las de las autoridades. Se espera que este sesgo
historiográfico sea subsanado pronto.
Referencias
Archivo
Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí (AHESLP)
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�Julio Velarde

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril en la
configuración territorial de los valles de Durango
(1883-1913)
The impact of railway connectivity on the territorial
configuration of the Durango valleys (1883-1913)
Daniel Guillermo Rodríguez Barragán
El Colegio de San Luis
orcid.org/0000-0001-6760-8940

Resumen: En el texto se analiza cómo en el cambio del siglo XIX al
XX, la expansión de las vías del ferrocarril alteró las dinámicas de
centralidad y marginalidad entre diversos lugares del norte de México.
Centrándose en el transporte en la región de los valles de Durango, en
el estado del mismo nombre, en donde a partir de la llegada de las locomotoras y la conexión con los mercados estadounidenses y del resto
de México, dicha región fue perdiendo cada vez más relevancia económica en favor de La Comarca Lagunera, mientras que al interior de los
valles se alteraron las relaciones de poder entre los miembros de la élite
local y entre éstos y el gobierno federal; al mismo tiempo que aumentaban los conflictos por límites de tierra.
Palabras clave: Ferrocarril; latifundios; élites; tierra; conflicto.
Abstract: The text analyzes how in the change from the 19th to the 20th
century, the expansion of the railroad tracks altered the dynamics of
centrality and marginality between various places in northern Mexico.
Focusing the transport in the region of the valleys of Durango, in the
state of the same name, where from the arrival of the locomotives and
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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

the connection with the US markets and the rest of Mexico, this region
was losing more and more relevance economic in favor of La Comarca
Lagunera, while within the valleys power relations among members of
the local elite and between them and the federal government were altered; at the same time that conflicts over land limits increased.
Keywords: Railroad; large estates; elites; land; conflict.

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�Daniel Rodríguez

Introducción
Con el tendido de las líneas férreas en 1883, Durango entró en
contacto con mercados nacionales e internacionales de una forma
como nunca antes lo había hecho. Si antes las condiciones geográficas, como los desiertos o las sierras, habían mantenido a los
habitantes de la entidad en un relativo aislamiento, con la llegada
de las locomotoras, a finales del siglo XIX, al mismo tiempo que
se alteró la noción de distancia, se entró en una dinámica capitalista asumiendo el papel, en términos generales, de productor de
recursos naturales como algodón o fierro para mercados extranjeros y de alimentos para consumo nacional.
El objetivo de este trabajo es estudiar cómo la inserción
de las vías del ferrocarril en diferentes mercados alteró las
relaciones de centralidad y marginalidad de los valles de Durango
en relación con otros lugares, así como la forma en que al interior
de dicha región se modificaron las relaciones de poder entre los
principales sectores económicos (latifundios, minería, industria y
comercio), y la forma en que esto derivó en cambios territoriales
entre las grandes propiedades, los pueblos y congregaciones,
llevando a un escenario de confrontación, hasta 1913, cuando
tanto el ferrocarril como los latifundios fueron “intervenidos” por
los ejércitos revolucionarios.
Para esto, el texto se divide en los tres siguientes
apartados. En el primero, “Centralidades y marginalidades a
partir del ferrocarril”, se expone la forma en que la extensión del
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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

ferrocarril por el territorio nacional durante el Porfiriato obedeció
tanto a procesos de comunicación que venían de las décadas
anteriores, como a necesidades industriales de los mercados de
Estados Unidos, centrándose en los cambios generados en La
Comarca Lagunera94 y su configuración como nuevo lugar central
norteño. Posteriormente, en “Cambios territoriales en los valles
de Durango”, se estudia la forma en que la llegada del ferrocarril
y la conexión con otros mercados alteró la lógica de centralidad
y marginalidad de los valles de Durango tanto en relación con
los lugares cercanos, como de manera interna. Finalmente, en
el apartado “Conflictos sociales”, se expone la manera en que
los cambios económicos y productivos generados a partir de la
llegada de las locomotoras derivaron en conflictos territoriales
entre sectores de las clases altas y los habitantes de diversos
pueblos y congregaciones.
Centralidades y marginalidades a partir del ferrocarril
Hasta cierto punto, ha sido común en la academia señalar que las
últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX se caracterizaron por un proceso muy importante: la entrada del norte95 de
México a una dinámica política, económica y cultural verdaderaEn el presente trabajo por Comarca Lagunera se entiende los actuales municipios coahuilenses de Torreón, Viesca y Matamoros; y los actuales municipios duranguenses de Gómez Palacio y Lerdo.
95
En el presente trabajo, por norte se comprende los actuales estados de Baja
California, Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León,
Tamaulipas, Sinaloa y Durango.
94

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�Daniel Rodríguez

mente nacional.1 Sin embargo, esto no habría sido fácil, ya que si
Alberdi mencionó para su natal Argentina que “gobernar es poblar”,2 podríamos usar dicha frase para caracterizar también al siglo XIX mexicano, debido a que uno de los retos más grandes que
enfrentaron los gobiernos de nuestro país, ya fueran centralistas o
federalistas, liberales o conservadores, fue el de poblar las tierras
del norte; lo que a su vez se relacionaba con otras nociones que
se estaban debatiendo, como la necesidad y papel de la conectividad, una visión de desarrollo económico, de ciudadanía y del
papel del Estado en relación con un dominio espacial efectivo.3
En este trabajo no se plantea que dichos conceptos y las
ideas detrás de ellos hayan sido homogéneos en la historia de
México. Por el contrario, somos conscientes de su diversidad y
constante enfrentamiento electoral, intelectual e incluso militar
para imponerse; pero debido al objetivo y extensión del presente
texto, nos centraremos en esta primer sección en la manera en que
ese norte entró a la dinámica nacional durante la última etapa del
Porfiriato, desde el punto de vista de la producción y consumo
de materias primas. Para esto, utilizaremos las ideas de Claude
Luis Aboites Aguilar, “La decadencia de Durango durante el siglo XX. Una
mirada a la historia del norte de México”, Chihuahua Hoy, núm. 16 (2018):
189–90.
2
Juan Bautista Alberdi, Política y sociedad en Argentina (Caracas: Fundación Biblioteca de Ayacucho, 2005), 29.
3
Luis Aboites Aguilar, Norte precario: poblamiento y colonización en México (1760-1940) (México, DF: El Colegio de México; Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 1995), 13–31.
1

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

Raffestin en este y en el resto de apartados en lo que respecta
a las nociones de redes, nodos, centralidad, marginalidad,
materia y recurso en la configuración del territorio,4 para mostrar
cómo en el cambio del siglo XIX al XX en el norte del país se
configuró una dinámica productivista, marcada por una lógica de
lugares centrales y marginales determinados por procesos tanto
nacionales como por otros ocurridos más allá de las fronteras
políticas de México.
¿Cómo acercarnos a la dinámica productivista del norte de
México durante el cambio de siglo? En este trabajo se utilizan las
transformaciones en la dinámica tecnológica del transporte, para
comprender la forma en que se estaban dando a grandes escalas
las relaciones, en términos productivos, entre diferentes puntos
de la geografía nacional, siendo el tendido del ferrocarril el que
más claramente puede ayudar a mostrar este proceso.
Durante el Porfiriato se dio un importante aumento del
tendido de las vías férreas: mientras en 1876 había 666 kilómetros
(km) de vías en todo el país, se pasó a 19,528 para 1910.5 Como
se observa en el mapa 1, en 1876 las únicas vías que existían en
México eran las que conectaban el centro del país con el puerto
Claude Raffestin, Por una geografía del poder (México, DF: El Colegio
de Michoacán; Fideicomiso Felipe Teixidor y Monserrat Alfau de Teixidor,
2013), 217–59.
5
Ana García de Fuentes, “La construcción de la red férrea mexicana en el
Porfiriato: Relaciones de poder y organización capitalista del espacio”, Investigaciones Geográficas, núm. 17 (1987): 141.
4

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�Daniel Rodríguez

de Veracruz. Para 1884, ya se había construido el Ferrocarril
Central Mexicano, que unía la Ciudad de México con Paso del
Norte (actual Ciudad Juárez); el Ferrocarril Nacional Mexicano,
que conectaba la capital del país con Nuevo Laredo (Tamaulipas);
y diversas vías que unían Hermosillo (Sonora), Monclova
(Coahuila) y Monterrey (Nuevo León) con Estados Unidos.
Para 1898 ya se contaba con la infraestructura férrea que unía
Monterrey con el norte de Veracruz, pasando por Ciudad Victoria,
en Tamaulipas; la que unía Saltillo, en Coahuila, con San Luis
Potosí; o la que conectaba Durango con Torreón. Finalmente, en
1910 estaban terminadas las vías que comunicaban Guadalajara
y Colima, Mazatlán y Culiacán y el Istmo de Tehuantepec con
Guatemala.6
Se propone la idea de que estas cuatro fases de la expansión
del ferrocarril, obedecieron a lógicas productivistas disímiles,
aunque complementarias, y por lo tanto generaron nodos
económicos y relaciones de centralidad y marginalidad entre sus
componentes también diferentes. Para comprender esas distintas
lógicas hay que relacionar el ferrocarril tanto con procesos
anteriores de conectividad, como con las dinámicas productivas
y consumidoras en Estados Unidos, ya que el norte de México a
lo largo de la primera mitad del siglo XIX fue estableciendo cada
vez mayores relaciones comerciales con Estados Unidos.
Carlos Crespo Villalaz, Vías de comunicación: caminos, ferrocarriles,
aeropuertos, puentes y puertos (México, DF: Limusa, 1979), 133.
6

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

Mapa 1. Ferrocarriles construidos entre 1876 y 1910

Fuente: Montagnier, Patrick Allouette. (2020). La revolución mexicana sobre
rieles: El caso del Ferrocarril Chihuahua al Pacifico (1910-1940). Debates
por la Historia, (02), 29.

Antes del tendido del ferrocarril, como se muestra en el mapa 2,
eran cuatro los caminos más importantes que unían los principales centros económicos y/o políticos de México. En todos, la
Ciudad de México era el centro de donde partían los caminos a
Veracruz y Acapulco, la ruta a Oaxaca, Tehuantepec y Guatemala, y el más largo de todos y el que nos interesa para este trabajo:
el Camino Real de Tierra Adentro, que unía la Ciudad de México
con Santa Fe, en Nuevo México, pasando por Querétaro, Guanajuato, Zacatecas, Durango y Chihuahua, desprendiéndose un
camino paralelo que unía Monterrey y Saltillo con Zacatecas.7
Sergio Ortiz Hernán, “Caminos y transportes mexicanos al comenzar el
siglo XIX”, Comercio Exterior XXXIII, núm. 12 (1973): 1247.
7

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�Daniel Rodríguez

Mapa 2. Principales caminos en la primera mitad del siglo XIX

Fuente: Ortiz Hernán, Sergio. (1973). Caminos y transportes mexicanos al
comenzar el siglo XIX. Comercio Exterior, XXXIII, (12), p. 1249.

Si se comparan los dos mapas anteriores se puede observar que
el Ferrocarril Central Mexicano, al conectar la Ciudad de México con la frontera con Estados Unidos, siguió prácticamente la
misma ruta que el Camino Real de Tierra Adentro. Parte de la
explicación de esto parece encontrarse en el reto que significó la
geografía mexicana a lo largo del siglo XIX: la ausencia de ríos
navegables, las sierras costeras y la dificultad de abrir canales
imposibilitaba en gran medida el comercio con el exterior por lo
costoso que podía ser. Para sortear dicha realidad se optó después
de consumada la independencia por promover la agricultura y la
industria nacionales, al igual que la reactivación minera de oro y
plata, al ser los únicos metales cuyo costoso traslado podía dejar
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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

ganancias, olvidándose de las costas y de la frontera norte como
opciones para exportar e importar.8
De esta forma el Camino Real de Tierra Adentro, al
extenderse del centro del país casi en línea recta hacia Estados
Unidos a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, mostraba las
ansias por poblar y controlar el norte, los obstáculos geográficos
en las costas, así como las dos dinámicas básicas de la economía
mexicana en ese momento, al conectar los principales centros
de producción de metales preciosos (el Bajío o Zacatecas)
con el puerto de Veracruz, así como las urbes que tenían una
industria textil incipiente como Durango. Aunque con diferentes
dinámicas, esto convirtió a dichas ciudades en nodos productivos,
generando alrededor de estos centros urbanos una relación de
dependencia económica sobre parte del mundo rural, ya que las
ciudades atraían mano de obra y el consumo de materias primas
y alimentos. Resulta importante destacar para este trabajo que
la ciudad de Durango, para la primera mitad del siglo XIX,
consumía todo el algodón y demás productos que se sembraban
en La Comarca Lagunera, existiendo una relación productivista
de centro y marginalidad entre las dos regiones.9
Al comparar el tendido del Camino Real de Tierra
Adentro y del Ferrocarril Central Mexicano, puede inferirse
que las relaciones económicas y políticas que derivaron en
John Tutino, “El debate sobre el futuro de México: en busca de una nueva
economía, 1830-1845”, Historia Mexicana LXV, núm. 3 (2013): 1181.
9
Tutino, 1167.
8

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114

�Daniel Rodríguez

el primero, seguían gozando de gran importancia para 1884,
teniendo prioridad sus ciudades para establecerse entre ellas la
conectividad por el ferrocarril antes que en otras, ya que al mismo
tiempo que se consolidaba la dinámica productivista de metales
preciosos del Bajío, se podía establecer un control más efectivo
sobre el terreno por parte del gobierno federal, al permitir el tren
una mayor movilidad de las fuerzas de seguridad, lo cual era
importante principalmente en el norte del país ante la presencia
de pueblos nativos beligerantes.10
No sólo las similitudes entre las dos vías de comunicación
nos dicen algo sobre la manera en que se configuraba el
territorio nacional en cuestiones productivistas, sino también
las diferencias. La principal de ellas que nos interesa resaltar
en este texto, es que mientras el Camino Real de Tierra Adentro
de Zacatecas partía hacia Durango y después a Chihuahua, el
Ferrocarril Central Mexicano de Zacatecas parte hacia Torreón
y después a Chihuahua, esquivando la capital duranguense y la
región de los valles. ¿A qué se debió este cambio? La respuesta
concreta es que el Ferrocarril Central Mexicano favoreció la
exportación de metales preciosos y el control estatal sobre el
norte, finalidades que compartía con el Camino Real de Tierra
Adentro, pero a diferencia de éste, desplazó la incipiente
industria nacional a favor de mercados extranjeros. En el próximo
apartado se profundizará en esto; ahora es pertinente reflexionar
Paul J. Vanderwood, Los rurales mexicanos (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 1982), 87.
10

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un poco sobre la configuración de la frontera norte de México y
la económica de los Estados Unidos.
A diferencia de México, la Unión Americana sí contó con
una importante dinámica de exportación casi desde el inicio de su
vida independiente, sobre todo gracias al trabajo de esclavos y al
cultivo de las tierras arrebatadas a los nativos americanos, todo
transportado en los grandes ríos con que cuenta aquella nación.
Esto estableció una concentración industrial en el noreste y una
producción principalmente de materias primas en el sur. A partir
de la guerra con México a mediados del siglo XIX, no sólo se
estableció una nueva frontera política entre las dos naciones, sino
que se alteró de manera drástica la economía estadounidense
al diversificarse; Texas se abrió a la producción del algodón,
California presentó desde 1849 un auge en la producción agrícola
y de oro, y por otro lado, las grandes llanuras del medio oeste
también se abrieron a la minería, la agricultura y el pastoreo
comercial.11
De esta manera, después de la guerra civil en Estados
Unidos (1861-1865) se presentó un modelo de consolidación
nacional a partir de la industrialización capitalista, que derivó
en cuatro objetivos principales: la explotación de los recursos
naturales, la ampliación de los medios de comunicación, la
ocupación de las tierras en el oeste y la consolidación de un
Tutino, “El debate sobre el futuro de México: en busca de una nueva economía, 1830-1845”, 1187–88.
11

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mercado interno. De 1865 a 1890, la sociedad estadounidense
sufrió importantes cambios, se consolidó el área industrial
alrededor de los Grandes Lagos en la frontera con Canadá y se
construyeron las líneas de ferrocarril que conectaron al país de
costa a costa, lo que fue acompañado por el tendido de líneas de
telégrafo, primero, y después de teléfono.12
El aumento poblacional, que fue una característica
estadounidense desde su fundación, continuó con buen pie en la
segunda mitad del siglo XIX, pasando el país de 31.4 millones
en 1865 a 75.9 millones en 1900.13 Esta población también se
distribuyó de manera más homogénea por el territorio nacional, ya
que para inicios del siglo XX la Unión Americana estaba formada
por 45 estados, de los cuales California, Nevada, Utah, Colorado,
Kansas, Nebraska, Dakota del Sur, Dakota del Norte, Wyoming,
Montana, Idaho, Oregón, Washington, Nuevo México y Arizona,
entre 1850 y 1912, obtuvieron la población mínima necesaria
para ser considerados como estados con plenos derechos.14
Esto fue posible, entre otras cosas, gracias a la migración
constante. A diferencia de México, Estados Unidos fue el destino
de miles de migrantes, los que, para la última etapa del siglo XIX,
provenían principalmente del sur y el oriente de Europa, aunque
Jesús Velasco Márquez, “Visión panorámica de la historia de los Estados
Unidos”, en ¿Qué es Estados Unidos?, ed. Rafael Fernández de Castro y
Hazel Blackmore (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2008), 55–56.
13
Velasco Márquez, 56.
14
Erika Pani, Historia mínima de los Estados Unidos de América (Ciudad de
México: El Colegio de México, 2016), 252.
12

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

también del otro lado del Pacifico, especialmente de China y
Japón, al grado de que para 1890 se tuvo que anunciar el fin de la
venta de tierras públicas, debido a que ya que no había suficiente
para tanta demanda.15
Para finales del siglo XIX la sociedad estadounidense en
términos generales había dado un paso decisivo: había dejado
de ser mayoritariamente rural para ser principalmente urbana;
lo cual había consolidado un importante mercado interno de
consumidores, la fusión de diversas empresas y la configuración
de monopolios (siendo Rockefeller el caso más representativo);
llevando la industrialización del país a una nueva etapa, lo que
provocó a su vez el aumento de las organizaciones de trabajadores,
tanto en el campo como en las ciudades, que buscaban reivindicar
determinados derechos.16
La zona industrial alrededor de los Grandes Lagos
se convirtió en el principal nodo ferroviario de los Estados
Unidos. Esto ocurrió gracias a que, como ya se mencionó, dicha
zona aglutinó diversas industrias, como la metalúrgica o la del
automóvil, debido entre otras cosas, al flujo de trabajadores
migrantes y la cercanía tanto de minas de carbón que proveían de
combustible como de ríos que permitían el traslado de mercancías.
Marcello Carmagnani, El otro Occidente. América Latina desde la invasión europea hasta la globalización (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2004), 252.
16
Velasco Márquez, “Visión panorámica de la historia de los Estados Unidos”, 59.
15

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Así, a lo largo del siglo XIX los ferrocarriles estadounidenses
conectaron dicha región con las productoras de materias primas
del medio oeste y con los puertos del Atlántico. Esta expansión
ferroviaria topó con un gran obstáculo en 1873, cuando estalló
una crisis económica en Estados Unidos que se debió, entre
otras cosas, a la sobreinversión en las líneas férreas: no había
suficientes mercancías para que su traslado por tantas vías fuera
redituable, lo que derivó en pérdidas y quiebras de empresas.17
De tal forma, cuando las vías de Estados Unidos y México
se conectaron también lo hicieron las necesidades económicas de
las élites de las dos naciones. Los estadounidenses requerían de
más mercancías que trasladar para hacer rentable su ferrocarril
y mantener la expansión de sus diversas industrias; mientras
que los mexicanos necesitaban romper con el aislamiento
geográfico, diversificar su producción de materias primas, y en
lo posible, su incipiente industria, así como poblar y conectar
mejor el norte del país.
Por lo tanto, había un elemento contradictorio: o se
fortalecía la industria estadounidense o lo hacía la mexicana. Al
final de cuentas, se impuso la visión norteamericana, lo que explica
las diferencias con los caminos del siglo XIX, como se mencionó
anteriormente. La llegada de los ferrocarriles estadounidenses a
la frontera, se hizo en pocos años: El Southern Pacific llegó a El
Lorenzo Sánchez, “La industrialización de Estados Unidos desde una óptica distinta”, Cuadernos de Investigación. Serie Economía, núm. 8 (2019): 123.
17

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

Paso en 1881; el Atchison Topeka and Santa Fe llegó a Nogales
en 1882; el Texas and Pacific conectó con el Southern Pacific
en 1882; el International and Great Northern llegó a Laredo en
1881; y el Galveston, Houston and San Antonio llegó a Eagle
Pass en 1883.18
El impacto de esta nueva conexión fue distinta en diversas
partes del norte del país. En Sonora la unión con el ferrocarril
estadounidense fue un catalizador para la explotación de las
minas de cobre, derivando en la formación de un eje productivo
Nogales-Hermosillo, a expensas del puerto de Guaymas que
hasta entonces había sido la principal salida de los habitantes del
estado y de sus mercancías, pero también generó una importante
llegada de inmigrantes chinos provenientes de California
dispuestos a trabajar en el comercio, así como nuevos conflictos
por la tierra.19
En Tamaulipas, mientras tanto, la conexión con el mercado
estadounidense a través de la llegada de las locomotoras se
tradujo en la explotación de metales industriales y el surgimiento
de la industria petrolera.20 Por su parte, en Durango el impacto
fue muy profundo también, ya que significó el surgimiento de La
Comarca Lagunera como una nueva región central y el cambio
García de Fuentes, “La construcción de la red férrea mexicana en el Porfiriato: Relaciones de poder y organización capitalista del espacio”, 185.
19
Ignacio Almada Bay, Historia breve de Sonora (México, DF: Fondo de
Cultura Económica, 2000), 151.
20
Octavio Herrera Pérez, Historia breve de Tamaulipas (México, DF: Fondo
de Cultura Económica, 1999), 171.
18

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en la dinámica productiva previa de los valles de Durango. Es
importante para este texto explicar a continuación el primero de
estos fenómenos, antes de centrarnos en el segundo de ellos en
los próximos dos apartados.
Desde antes de la llegada del ferrocarril, los agricultores
de La Comarca Lagunera se dedicaban ya al cultivo del algodón
aprovechando las aguas del Río Nazas, pero debido a la falta de vías
de comunicación se habían limitado a proveer a la industria textil
exclusivamente nacional, principalmente, como ya se mencionó,
a la de la ciudad de Durango y sus puntos aledaños, debido a su
cercanía. Por lo tanto, había una relación de dicha región lagunera
como lugar marginal, frente a la de los valles de Durango como
lugar central, lo que cambió tras la conexión con los mercados
estadounidenses. En 1883 llegó el Ferrocarril Central Mexicano a
la Comarca Lagunera y cinco años después arribó al mismo lugar
el Ferrocarril Internacional Mexicano, lo que convirtió a dicha
región en uno de los dos nodos ferroviarios más importantes del
norte del país, junto con Monterrey21 (ver mapa 1).
La nueva importancia de La Comarca Lagunera se reflejó
en el aumento de su producción algodonera y de su población. Para
finales del siglo XIX dicha región llegó a producir alrededor de
15,000,000 de kilogramos (kg) de algodón, lo que representaba
Mario Cerutti, “Agricultura, agroindustria y tejido productivo-empresarial
en La Laguna, 1870-1915”, en Historia de Durango. Tomo III: Siglo XIX (Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2013), 302–303.
21

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75% de la producción nacional, misma que ya no podía ser
absorbida por la industria textil mexicana, sino que tenía como
destino los Estados Unidos. Una de las principales consecuencias
de la expansión de ese cultivo fue la llegada de trabajadores tanto al
campo lagunero como a Torreón y Gómez Palacio, las dos ciudades
que eran el centro de dicha región. En 1871, La Comarca Lagunera
tenía 20,000 habitantes, mientras que en 1910 ya eran 172,000
(55.5% era población rural y 44.5% urbana), mostrando en ese
lapso un promedio de crecimiento anual de 55.6 habitantes por mil,
muy superior al 24.1 por mil del estado de Durango y al 17.7 por
mil del promedio nacional. Para 1910, Torreón, con sus alrededor
de 34,000 habitantes, ya superaba en población a la ciudad de
Durango que apenas tenía para esa fecha 31,763 pobladores.22
Con el tendido de las líneas del ferrocarril durante la
segunda mitad del siglo XIX a ambos lados del Río Bravo, se
transformaron de manera importante las relaciones económicas y
políticas entre México y los Estados Unidos. Por primera vez desde
la consumación de la independencia, el puerto de Veracruz ya no
era la única salida importante de las mercancías mexicanas al resto
del mundo, sino que las ciudades fronterizas del “inhóspito norte”
se convirtieron en las puertas de entrada a uno de los mercados que
más estaba creciendo en ese momento. De igual forma, la extensión
de los ferrocarriles permitió una mayor presencia del gobierno
nacional, por lo menos en términos de las fuerzas de seguridad.
22

Cerutti, 304–305.

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Pero al mismo tiempo, la conexión con el mercado estadounidense
a través de las locomotoras alteró las relaciones de centralidad y
marginalidad que ya estaban presentes en el norte mexicano.
Algunos lugares marginales, como La Comarca Lagunera,
pasaron a ser centrales, mientras que otros que ya eran centrales
como los valles de Durango, tuvieron que adaptarse a esta nueva
dinámica. Sobre esta última región: ¿qué consecuencias tuvo
el hecho de que se formara un nuevo lugar central (La Laguna)
con tanto potencial tan cerca de ella? ¿Cómo se adaptaron los
diversos grupos sociales a la conexión cuando finalmente llegó el
ferrocarril? ¿Qué cambios provocó la nueva dinámica económica
de conexión al mercado estadounidense? En el siguiente apartado
se analiza de manera específica el caso de los valles de Durango
para dar respuesta a estas preguntas.
Cambios territoriales en los valles de Durango
La región de los valles, la que se muestra en el mapa 3, con una
superficie de 1,688,800 hectáreas, lo que representa el 13.6% de
la superficie del estado; actualmente se extiende por tres municipios (Durango, Canatlán y Nuevo Ideal), aunque en la época de
estudio, solamente eran dos (Durango y Canatlán), ya que Nuevo
Ideal se separó de Canatlán hace apenas treinta años.23 Para 1910,
dicha región era sede de los poderes políticos del estado, contaba
con una población de alrededor de 97,000 personas y era la más
Jesús Manuel Lozoya Amaro, Geografía Física del Estado de Durango
(Durango: Gobierno Municipal de Durango, 2017), 45.
23

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productiva de Durango en cuanto a alimentos, ya que según datos
de 1908 era la primera productora estatal de maíz y frijol y la
segunda de trigo, produciendo ese año 160,000 hectolitros del
primero, 12,000 hectolitros del segundo y poco más de 100,000
kg del tercero, representando una tendencia que venía de siglos
atrás.24 Esto fue posible gracias a la fertilidad de la tierra, debida
a factores como la regularidad de la lluvia, su humedad, el bajo
relieve y a que forma parte de la cuenca del río San Pedro-Mezquital, destacando tres fuentes de agua: los ríos La Sauceda, el
Tunal y La Laguna de Santiaguillo, con sus afluentes.25
No sólo la ciudad de Durango, congregaciones, ranchos
y pueblos se establecieron ahí, también se crearon diversas
haciendas: San Jerónimo Tapias, Labor de Guadalupe, Navacoyán,
La Punta, San Lorenzo de Calderón, el Chorro y Dolores en la
municipalidad de Durango; y Guatimapé, Cacaria, Alisos, La
Sauceda, Gigantes y Enanos, Trébol, Santiaguillo y Sauces en la
municipalidad de Canatlán. Estas propiedades tuvieron un origen
virreinal, aunque, por supuesto, su tamaño varió con el paso de los
años; por ejemplo, hasta finales del siglo XVIII, las haciendas de
Cacaria, La Sauceda, El Chorro y Labor de Guadalupe formaron
un único latifundio, el cual fue fragmentándose a lo largo del
siglo XIX. Dichas haciendas, a pesar de su pequeño tamaño
(si se les compara con otras del estado, ya que las más grandes
María Guadalupe Bermúdez Trejo, “La gastronomía en Durango durante el
Porfiriato” (Universidad Juárez del Estado de Durango, 2017), 39–40, 53.
25
Lozoya Amaro, Geografía Física del Estado de Durango, 71.
24

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estaban alrededor de las 75,000 hectáreas en 1906, cuando otros
latifundios en la parte oriental de Durango sobrepasaban las
400,000 hectáreas), se convirtieron en importantes productoras
agropecuarias.26
Mapa 3. Los valles de Durango

Fuente: Elaboración propia.

Ante este escenario en apariencia tan favorecedor de los valles
de Durango a finales del siglo XIX, debemos regresar a la pregunta enunciada páginas arriba: ¿por qué el Ferrocarril Central
Mexicano no llegó a esta región como sí lo había hecho el Camino Real de Tierra Adentro? Sin duda este papel de gran producMiguel Felipe de Jesus Vallebueno Garcinava, Haciendas de Durango
(Durango: Gobierno del Estado de Durango; Tonalco; Universidad Juárez del
Estado de Durango, 1997), 37–74.
26

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tor de alimentos era favorable para un mercado como el que se
tenía en la primera mitad del siglo XIX, es decir, uno de carácter
interno; pero era desfavorable frente al mercado estadounidense. Como ya se mencionó, la guerra con México (1846-1848)
y la conquista territorial subsecuente llevó a que los Estados
Unidos tuvieran el nuevo oeste americano para su agricultura y
pastoreo, lo que ayudó al crecimiento urbano del país, al tener
más fuentes de alimentos. Aquella nación no necesitaba maíz o
frijol de México, no sólo porque dichos cultivos no coincidían
con su cultura alimenticia, sino porque su expansión en décadas
anteriores le había dado lo necesario para su crecimiento urbano-industrial.
De esta forma, si se ven los cambios territoriales en el
oeste estadounidense y los provocados por la conexión en el
norte de México tras la llegada del ferrocarril como procesos
entrelazados, podemos darnos cuenta que lo que dio a los valles
de Durango un lugar de centralidad respecto a otras regiones, la
llevó a no ser prioridad para entrar rápidamente en contacto con el
mercado estadounidense. En contraste, la Comarca Lagunera se
encontraba en el caso opuesto gracias a que ya tenía una historia
previa en el cultivo del algodón. El hecho de que el Ferrocarril
Central Mexicano no pasara por los valles de Durango no se
puede explicar únicamente porque sus cultivos de las últimas
décadas del siglo XIX no eran deseados por los mercados en
Estados Unidos; sin duda este fue un factor muy importante,
pero no el único. Hubo otra serie de circunstancias y actores que
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también influyeron tanto para dicha situación, como para que ésta
se modificara, haciendo que las locomotoras llegaran a la capital
de Durango y a la región circundante de los valles en 1892, nueve
años después de que lo hicieron a La Laguna.
Junto con la situación en el mercado estadounidense,
se deben de mencionar tanto las características geográficas de
Durango, que hacen poco factible una línea férrea de Zacatecas
a la región de los valles, como los intereses encontrados de tres
grupos de actores importantes: los dueños de las compañías
ferroviarias, el gobierno nacional de México y el gobierno de
Durango en alianza con sectores de la élite económica local. El
proyecto original del Ferrocarril Central Mexicano, aprobado el
8 de septiembre de 1880, contemplaba el paso por la ciudad de
Durango, pero pocas semanas después fue modificado, aludiendo
que el tramo proyectado entre Huejuquilla (Chihuahua) y
Fresnillo (Zacatecas) era más factible por La Comarca Lagunera,
uniendo los distritos de Parral, Mapimí, Villa Lerdo y San Juan
de Guadalupe.27
La razón que se dio fue de índole económica: si se construía
el tramo de vía atravesando de sur a norte los valles de Durango,
aumentaría en 30 millas (120 km) el tendido de líneas férreas
entre Zacatecas y Chihuahua. Esto se traduciría en 1,140,000
pesos de subvenciones para el gobierno federal, así como un
Antonio Arreola Valenzuela, Durango, más de un siglo sobre rieles (Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 1992), 36–37.

27

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aumento en los fletes de mercancías; además, las pendientes por
el lado de La Laguna eran mucho menos pronunciadas, llegando
a realizarse el cálculo de que una locomotora que por esta zona
podía arrastrar 50 vagones, en los valles de Durango podría sólo
con 15, lo que significaba mayor inversión en combustible. Por
último, se consideró que si se elegía la ruta que pasaba por los
valles de Durango, la construcción duraría hasta 15 meses más
que si se hacía por La Laguna. Con todos estos argumentos, tanto
la compañía ferroviaria como el gobierno nacional, estuvieron
de acuerdo en que el ferrocarril no pasara por el centro de
Durango.28
Si analizamos con más detenimiento está decisión,
podemos ver que es un reflejo de la estructura territorial en los
valles de Durango y de las relaciones de poder derivadas de
ésta. Cuando llegó la noticia de la construcción del Ferrocarril
Central Mexicano y de su posible paso por Durango, en la región
de los valles había tres sectores importantes en que se dividía
la élite económica-política. En primer lugar, los terratenientes
dueños de los latifundios ya señalados; entre las principales
familias latifundistas, se pueden mencionar a los Pérez Gavilán,
Gurrola, Lavín, Luján, Bracho, Gómez Palacio, Fernández,
Saravia, entre otros.29
Arreola Valenzuela, 39–41.
Miguel Felipe de Jesus Vallebueno Garcinava, “Economía y negocios en el
Durango de los siglos XVIII y XIX”, en Historia de Durango. Tomo III: Siglo
XIX, ed. María Guadalupe Rodríguez López (Durango: Universidad Juárez del
28
29

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Después estaban quienes ejercían el control del
comercio y la industria (principalmente textil), sectores que
fueron monopolizados por los extranjeros. En el área mercantil
destacaron los franceses, quienes fundaron negocios de gran
tradición en Durango, como “Fábricas de Francia” o “La
Francia Marítima”; en la industria, fueron los alemanes quienes
tomaron el control, sobresaliendo la “Fábrica de Hilados y
Tejidos de El Tunal”. Entre esta élite se puede incluir a familias
como los Borelly, Pinocelly, Fabre, Stahlknecht, Drünnert,
Delius, entre algunas más.30 Junto a los dos sectores anteriores
se situaban quienes tenían el control de las inversiones en la
minería, en su mayoría estadounidenses. En los albores del
siglo XX, en este sector las empresas más importantes eran la
American Smelting and Refining Co. (ASARCO) y la Minera
de Peñoles S.A.31
Si bien no se trataba de una élite política-económica
perfectamente dividida, ya que los latifundistas podían tener
inversiones en la industria textil o los representantes de compañías
mineras poseer propiedades en el campo, sí se les puede catalogar
Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2013), 198–206.
30
María Guadalupe Rodríguez López, “Durango. Extranjeros y negocios.
Atisbos de una modernidad”, en Historia de Durango. Tomo III: Siglo XIX, ed.
María Guadalupe Ródriguez López (Durango: Universidad Juárez del Estado
de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2013), 446–63.
31
Guadalupe Villa Guerrero, “La minería en la era de la paz y el progreso (Durango: 1888-1910)”, en Porfiriato y revolución en Durango (Durango:
Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 1999), 97–100.
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en los tres grupos anteriores al tomar en cuenta en dónde estaba la
mayor parte de su inversión. Cuando se dio a conocer la noticia de
que el Ferrocarril Central Mexicano no pasaría por los valles de
Durango, el gobierno del estado, encabezado por el gobernador
Francisco Gómez Palacio, inició una campaña de presión política.
Primero se argumentó que las compañías inglesas interesadas en
adquirir ganado en la entidad podrían ver afectados sus intereses,
y por lo tanto se dañarían las relaciones de México con Gran
Bretaña.32
Al no tener mayor repercusión dichas declaraciones, el
gobernador de Durango fue a la Ciudad de México a principios
de 1883 para entrevistarse con el presidente Díaz y pedir su ayuda
en este asunto, centrando su argumentación en dos elementos. El
primero, era el señalar que las nuevas vías de ferrocarril no sólo
debían ser útiles para conectar a México con la industria de los
Estados Unidos, sino, sobre todo, su objetivo debía ser unir entre
sí las diversas regiones de México para fomentar el intercambio
interno de mercancías. El segundo, era demostrar que Durango
tenía mucho que aportar en ese escenario, debido a su gran
producción agrícola, resultando por lo tanto imperdonable que
el proyecto del ferrocarril buscara dejar fuera a una entidad tan
importante. Para las autoridades de Durango, el ferrocarril era
una herramienta para fomentar la agricultura del país.33
Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Durango, 5 de enero de
1883, p. 3.
33
Periódico Oficial del Gobierno del Estado de Durango, 18 de enero de
32

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Este tipo de argumentación demuestra el gran peso que
los terratenientes tenían en el gobierno del estado justo antes de
la llegada del ferrocarril, lo cual no es extraño si se considera que
los medios de transporte hasta ese momento no habían permitido
una explotación minera a gran escala o que el desarrollo de la
industria, principalmente textil, fuera verdaderamente relevante.
Por esto, en la región de los valles de Durango se daba una
obvia centralidad política-económica en los latifundios y sus
propietarios, mientras que había una marginalidad en la industria
y los centros mineros. De esta forma, era claro que la idea que
preferían las autoridades de la entidad era la de un ferrocarril
que fortaleciera la dinámica de producción y consumo nacional,
enfocada al mercado interno, ya que en las décadas anteriores eso
les había favorecido y buscaban mantener el statu quo.
Dicha posición chocaba de frente con los intereses tanto
de la empresa ferroviaria como con los del gobierno nacional.
Los ferrocarriles durante el Porfiriato fueron construidos por
una amplia gama de empresas e inversores independientes que
unían sus capitales para un propósito específico. En el Caso del
Ferrocarril Central Mexicano, los principales accionistas estaban
en la ciudad de Boston, y además de estar inmiscuidos en el
negocio ferroviario, también tenían intereses en la explotación
de minerales, petróleo y tierras con recursos para la industria,
tanto en México como en Estados Unidos. Esto explica que su
1883, p. 4.
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lógica para el tendido férreo en el norte del país fuera conectar
importantes zonas mineras, además de la región algodonera de
La Laguna, con la industria estadounidense; y también ayuda
a entender otros proyectos en donde estuvieron involucrados
los mismos inversionistas, como el tren Aguascalientes-San
Luis Potosí-Tampico.34 Este último era necesario para que la
producción de la fundidora construida por la American Smelting
and Refining Co. (ASARCO) en Aguascalientes, tuviera un
rápido acceso a un puerto para transportar sus productos más
fácilmente a Estados Unidos.35
En cuanto al gobierno federal de México, su interés
respecto a Durango tenía como prioridad garantizar el control
de la entidad. Apenas cinco años antes de que se anunciara el
proyecto del Ferrocarril Central Mexicano, en 1875 había
estallado una guerra civil en el estado entre las fuerzas de Jesús
Hernández y Marín y Donato Guerra, dos destacados liberales
que se disputaban la gubernatura. En 1876, dicho conflicto local
se entrelazó con procesos nacionales, siendo designado como
gobernador el general Carlos Fuero, por el gobierno de Lerdo de
Tejada, mientras que Juan Manuel Flores lo fue por las fuerzas
rebeldes del Plan de Tuxtepec. A principios de 1877, las fuerzas
García de Fuentes, “La construcción de la red férrea mexicana en el Porfiriato: Relaciones de poder y organización capitalista del espacio”, 185.
35
Luz Uhthoff López, “La American Smelting and Refining Co. (ASARCO) en México, 1890-1930” (Universidad Nacional Autónoma de México,
1983), 61.
34

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porfiristas provenientes de Coahuila conquistaron la ciudad de
Durango y expulsaron definitivamente al general Fuero, siendo
en marzo de ese año cuando Juan Manuel Flores tomó posesión
del cargo de gobernador, dejando el mismo en manos del ya
mencionado Francisco Gómez Palacio en 1880.36
Resulta esclarecedor el hecho de que el mismo año en que
se anunció la construcción del ferrocarril que conectaría la Ciudad
de México con Paso del Norte, en Durango se dio la primera
transferencia de poder relativamente pacífica en varias décadas,
lo cual mostraba el reto que Durango representaba, al igual que
otros estados alejados del centro, para la autoridad nacional. Si
bien Gómez Palacio y Juan Manuel Flores eran miembros de la
élite de terratenientes de la entidad, el segundo había demostrado
en los años previos ser mucho más afín al régimen porfirista.
Dejar la gubernatura en 1880, el mismo año en que el general Díaz
terminó su primer periodo presidencial, muestra que Flores aún
no tenía la fuerza suficiente en los procesos locales, y que todavía
tenían mucho peso los grupos de terratenientes que impulsaron la
candidatura de Gómez Palacio.
De esta forma, el ayudar a que el ferrocarril pasara por
Durango en 1883, hubiera fortalecido la posición del nuevo
gobernador y de su grupo de apoyo, en detrimento de los sectores
más afines al nuevo régimen que se estaba formando a nivel
José de la Cruz Pacheco Rojas, Breve historia de Durango (México, DF:
Fondo de Cultura Económica, 2001), 189–90.
36

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

nacional. Cuando se anunció la decisión definitiva de que las vías
del tren pasarían por La Laguna y no por los valles de Durango,
quedó claro que fue un error para el gobernador el relacionar su
prestigio con este proyecto, ya que la inestabilidad y el malestar
que de esto derivó lo llevó a retirarse de la política, permitiendo
en 1884 el regreso del mucho más porfirista Juan Manuel Flores,
quien gobernó Durango hasta su muerte en 1897.37
Se ha dicho que el tendido de las vías del ferrocarril ayudó
a fortalecer la presencia de un gobierno nacional en lugares
alejados de la capital; pero en Durango tenemos un caso particular,
ya que irónicamente parece que fue la falta del ferrocarril la que
ayudó a que el régimen porfirista se hiciera fuerte en la entidad,
en detrimento de sectores de la élite más dados a una mayor
autonomía. De igual forma, mostró el peso de la alianza de dicho
gobierno nacional con las compañías del ferrocarril, ya que como
sus intereses coincidieron, pudieron aprovechar las divisiones
entre los grupos de terratenientes locales para imponerse. Por lo
tanto, aunque el ferrocarril Central Mexicano no pasó por los valles
de Durango, su sola existencia en otros lugares sí generó cambios
territoriales en dicha región, ya que alteró la relación entre los
lugares dedicados a la producción de alimentos (latifundios), los
centros mineros y los de comercios e industria.
Antonio Arreola Valenzuela, “Construcción del sistema ferroviario e inversión estadounidense en Durango”, en Historia de Durango. Tomo III: Siglo
XIX, ed. María Guadalupe Rodríguez López (Durango: Universidad Juárez del
Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2013), 405.
37

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�Daniel Rodríguez

Si antes la centralidad en los valles de Durango la tenían
los latifundios, con la extensión del ferrocarril por México
determinadas materias naturales comenzaron a volverse
recursos. Este fue el caso del fierro, el cual era necesario
para la generación del acero con que se construían los cada
vez más altos edificios de las ciudades de la costa atlántica
estadounidense y de Europa. En Durango, los valles contaban
con una importante fuente de fierro: El Cerro del Mercado.
Dicho centro minero se encontraba a finales del siglo XIX a poca
distancia al norte de la ciudad de Durango (en la actualidad ya
fue absorbido por la mancha urbana), y para 1882 fue adquirido
por la Compañía de la Montaña de Fierro, cuya directiva se
encontraba en Filadelfia, misma que lo vendió en 1890 a la Steel
and Iron Company, dedicándose ésta a construir rápidamente
un horno alto y a modernizar la fundidora que desde 1875
inversionistas estadounidenses ya habían construido al pie del
propio cerro.38 Este intercambio de manos demuestra tanto el
potencial del centro minero, como lo difícil que era mantenerlo
en funcionamiento de manera redituable, ya que el fierro, al no
ser un metal precioso, no era lo suficientemente costeable para
el traslado a lomo de mula a los puertos cercanos. Pero con
Pedro Raigosa Reyna, “La industria siderúrgica y el ferrocarril en el Durango del siglo XIX”, en La nostalgia y la modernidad. Empresarios y empresas regionales de México, siglo XIX, ed. María Guadalupe Rodríguez López
(Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2005), 191.
38

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

la extensión de los ferrocarriles por México se volvió factible
su explotación a gran escala, siendo este elemento y no la
producción agrícola, el que llevaría las locomotoras a los valles
de Durango.
En 1886, el gobernador Juan Manuel Flores firmó un
contrato con el gobierno federal para construir una vía que
conectara la ciudad de Durango con Torreón. La compañía
encargada del proyecto fue el Ferrocarril Internacional
Mexicano, una filial de la Shorthorn Pacific, cuyo principal
accionista, el Sr. C.P. Huntington era dueño de los más
importantes centros mineros de carbón en Coahuila. La
compañía concluyó en 1888 la construcción del ferrocarril
entre Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras) y Torreón, y
finalmente, en 1892, finalizó el tramo Torreón-Durango, como
se muestra en el mapa 4, construyendo un ramal a las faldas
del Cerro de Mercado, debido a que para ese momento ya era
accionista de la compañía dueña del mineral. De esta forma,
el Ferrocarril Internacional Mexicano quedaba unido en la
frontera con el Shorthorn Pacific y a través de él con la región
industrial de los Grandes Lagos en Estados Unidos, así como
en la estación de Treviño, en Coahuila, se unía con la vía que
conectaba con Monterrey y los puertos del Golfo de México, y
en Torreón con el Ferrocarril Central Mexicano.39
39

Raigosa Reyna, 193–94.

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Mapa 4. Ferrocarril Internacional Mexicano en Durango, 1910

Fuente: Villa Guerrero, Guadalupe. (2005). Élites y revolución en Cuencamé, Durango. El caso de la familia López Negrete (Tesis de doctorado). Universidad Nacional Autónoma de México, México, p. 353.

El Ferrocarril Central Mexicano formó parte de la primera expansión de los ferrocarriles durante el Porfiriato, que duró hasta
1884, mientras que el Ferrocarril Internacional fue de la segunda
etapa, que abarcó hasta 1898. Se puede observar que este priSillares, vol. 1, núm. 2, 2022
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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

mer periodo formó una línea de lugares centrales que ya disponían de características previas para conectarse con la industria
estadounidense, mientras que el segundo periodo conectó a sitios
que requerían de transformaciones más profundas y que podían
ayudar a incrementar la importancia productiva y estratégica de
los lugares conectados por las vías en el periodo anterior. En el
caso de Durango, esto se observa en el hecho de que la llegada del
ferrocarril alteró la relación de centralidad y marginalidad entre
los valles de Durango y La Comarca Lagunera.
Si en las décadas anteriores la ciudad de Durango y su
industria textil habían tenido a La Laguna como lugar periférico,
en su calidad de productora de algodón, la conexión del
ferrocarril no sólo había hecho a La Laguna un importante nodo
de vías de comunicación y un gran núcleo urbano, sino también
la convirtió en centro de un eje productivo-industrial norteño
formado por Chihuahua, La Laguna y Nuevo León, caracterizado
por la inversión bancaria, minera y de la industria derivada del
algodón, que atrajo inversiones tanto del norte de México como
de la capital del país.40 Esto hizo que la Laguna dejara su lugar
económico de marginalidad y se convirtiera en un nuevo lugar
central, formando su propia área de influencia en detrimento de
los valles de Durango, ya que lugares como Cuencamé, Peñón
Mario Cerutti, “Actividad económica y grupos empresariales en el norte
de México a comienzos del siglo XX”, en El Poder y el Dinero. Grupos y regiones mexicanos en el siglo XIX, ed. Beatriz Rojas (México, DF: Instituto de
Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1994), 354.
40

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Blanco, San Juan del Río o Santa Clara, que están entre las dos
regiones y que en el siglo XIX habían tenido sus dinámicas
productivas enfocadas a satisfacer las demandas de la ciudad de
Durango y los centros mineros aledaños, ahora habían cambiado
esa lógica, buscando insertarse en la dinámica productiva de La
Laguna, es decir, habían abandonado a un lugar central por otro.
Un ejemplo de esta dinámica fue la llegada de la
producción de guayule, una planta del desierto que produce
una sustancia pegajosa sin mayor importancia hasta las últimas
décadas del siglo XIX, hasta que el desarrollo de la industria
del automóvil en los Grandes Lagos estadounidenses le dio un
nuevo valor. En lugar del lejano caucho peruano o africano para
fabricar las llantas de los vehículos, se podía usar el mucho más
cercano guayule con el mismo fin. Para 1910, los territorios
alrededor de La Laguna que antes habían estado conectados a
una lógica de producción y consumo de alimentos propia de
los valles de Durango, como Cuencamé o San Juan del Río, se
habían convertido en los principales productores de guayule a
nivel estatal, transformándose claramente en lugares marginales
dentro de la órbita de La Laguna, ya que ésta los conectaba con
mercados extranjeros.41
Esta pérdida de influencia de los valles de Durango en
la frontera con Coahuila también se replicó en cierta forma en
Guadalupe Villa Guerrero, “Riqueza en suelo eriazo. La industria guayulera y los conflictos interregionales de la elite norteña en México”, Secuencia.
Revista de Historia y Ciencias Sociales 2, núm. 46 (2000): 94.
41

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

la frontera con Sinaloa. El tramo del Ferrocarril Internacional
Mexicano, que de la ciudad de Durango debía extenderse hasta
Mazatlán, nunca se concretó,42 y tampoco la vía que debía unir el
puerto sinaloense de Altata con la capital duranguense, pues se
construyó sólo hasta Culiacán; por ello, el desarrollo de Mazatlán
como puerto comercial y la industrialización de Culiacán no
generaron ninguna ventaja para Durango.43 Por el contrario, los
municipios de Durango fronterizos con Sinaloa, al no tener un
ferrocarril que los conectara con la región de los valles y sí la
Sierra Madre que los aislaba del resto del estado (razón por la
que no se construyó el ferrocarril), tuvieron una mayor relación
económica y laboral con Sinaloa.
La conexión con Torreón a través del Ferrocarril
Internacional Mexicano generó una interesante contradicción en
los valles de Durango, ya que por un lado esta región fue cada
vez más opacada por La Laguna como lugar central en términos
económico-productivos, pero por otro, el tendido de las vías trajo
aparejado un desarrollo económico para las élites nunca antes
visto en el siglo XIX. En los años posteriores a la llegada de
las locomotoras a los valles de Durango, en 1892, se vivieron
importantes cambios territoriales gracias a la relación con los
nuevos mercados. Un elemento central de dichas transformaciones
Arreola Valenzuela, “Construcción del sistema ferroviario e inversión estadounidense en Durango”, 414.
43
Sergio Ortega Noriega, Historia breve de Sinaloa (México, DF: Fondo de
Cultura Económica; El Colegio de México, 1999), 241–44.
42

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fue el impulso que se dio a la urbanización, ya que para 1900 la
capital del estado tenía 31,092 habitantes; esto era relativamente
poco si se le compara con Torreón, pero hay que tomar en cuenta
que era el doble de habitantes con respecto a 1869.44
Dicho incremento de la población urbana se debió en gran
parte a la migración, tanto de personas que venían de otras regiones
de Durango, como de las que lo hacían de distintas partes del país,
atraídas por nuevas oportunidades de empleo en la región de los
valles. El aumento de habitantes de la capital generó un cambio
territorial muy importante en la misma: llevó a que las acequias
dejaran de ser el eje organizador del espacio urbano. Desde la
época virreinal, dicha ciudad había visto limitado su tamaño por
los accesos al agua, pero ante el incremento de habitantes, a partir
de la dinámica económica generada por el ferrocarril, surgieron
nuevos barrios cuyos habitantes demandaban el vital líquido y se
desencadenaron conflictos sociales, por lo que en 1900 se iniciaron
los trabajos de una red de agua potable y alcantarillado por parte
de la compañía estadounidense McKie &amp; Dillon, permitiendo a
la ciudad crecer más allá de los límites de los ojos de agua o las
norias.45
Otro cambio importante que se percibió en la ciudad fue
la llegada de la Modernidad a partir de las nuevas tecnologías.
Miguel Felipe de Jesus Vallebueno Garcinava, Civitas y Urbs: La conformación del espacio urbano en Durango (Durango: Instituto de Cultura del
Estado de Durango, 2005), 102.
45
Vallebueno Garcinava, 118–20.
44

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

Dejó de ser la capital de un estado alejado de los inventos del
mundo occidental, ya que el ferrocarril no solamente se llevaba
materias primas, sino que también traía una idea de lo que era ser
moderno y los medios para que un pequeño sector de la población
pudiera cumplir con dicho ideal. En 1883 se estableció el servicio
de transporte de mulas, el que fue seguido por las bicicletas y
finalmente por los primeros automóviles en 1901, lo que a su vez
llevó a la pavimentación, ensanche y alineación de las calles, así
como al cambio de su nomenclatura; por otro lado, el alumbrado
público hizo su aparición en 1890 y cinco años después se
inició con el alumbrado en casas particulares.46 De igual forma,
surgieron espacios de diversión: en 1898 llegó el cinematógrafo
a Durango, para cuyas exhibiciones se construyó el Teatro Bijou;
en 1900 se inició la edificación del Teatro Ricardo Castro (el que
sigue siendo el principal de la ciudad); y en 1910 se construyó el
Teatro Lírico y se remodeló el Teatro Coliseo para convertirlo en
Teatro Victoria.47
En lo que respecta a la parte rural de los valles de Durango,
la conexión por el ferrocarril también generó importantes
cambios territoriales. Una vez que las locomotoras llegaron a
la capital en 1892, se buscó ampliar el tendido de las vías, por
Vallebueno Garcinava, 106–8.
Pedro Raigosa Reyna, “Educación y cultura en Durango”, en Porfiriato
y revolución en Durango 1, ed. Gloria Estela Cano Cooley y Mario Cerutti
(Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 1999), 170-73.
46
47

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lo que en 1902 se inauguró el tramo que conectó la ciudad de
Durango con la municipalidad de Tepehuanes, al norte del estado
(véase el mapa 4), la cual atravesó con sus 218 km de vía la
parte norte de los valles, específicamente la municipalidad de
Canatlán.48 Esta nueva conexión llevó a los latifundistas a alterar
sus dinámicas productivas, ya que a pesar de que el frijol y el
maíz siguieron siendo importantes cultivos, los nuevos mercados
que representaban las locomotoras permitieron el comienzo del
desarrollo de una industria frutícola.
Si bien la pera, perón, membrillo, higo y durazno eran
conocidos en los valles de Durango desde la época virreinal, fue
con la nueva conexión que se iniciaron los intentos de producirlos
a gran escala; en dicha tarea sobresalieron los latifundios de
Canatlán debido a las propicias condiciones del suelo. En 1901
en dicha municipalidad se produjeron 172 kg de perón y 94 kg de
pera, mientras que para 1910 la producción era de 130,000 kg de
perón, 60,500 kg de pera, 10,000 kg de membrillo, 800 kg de higo
y 2,500 kg de durazno. Este comienzo del cambio en los cultivos
de Canatlán fue consecuencia, entre otras cosas, del deseo de los
latifundistas por no quedarse atrás, ya que sus pares en el sur
de los valles estaban aumentando su producción a partir de la
inversión en nuevas formas de aprovechar el agua.49
Arreola Valenzuela, “Construcción del sistema ferroviario e inversión estadounidense en Durango”.
49
Fernando Marco Calleros García, “La conformación de la región manzanera de Canatlán, Durango (1926-1959)” (Universidad Juárez del Estado de
48

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Los latifundistas de los valles se dieron cuenta que para
aprovechar las oportunidades generadas por el ferrocarril, debían
explotar a su máxima capacidad la tierra que tenían disponible, lo
que significaba nuevas obras de riego. Para 1898 los latifundios
con más potencial de irrigación eran San José de Ayala, La Punta,
San Lorenzo del Aire y Navacoyán. De 1898 a 1903, San José
de Ayala, perteneciente a la familia Flores Alcalde, llevó a cabo
mejoras en obras de irrigación, las cuales no son especificadas
en los documentos de la época, pero debieron ser importantes,
ya que se menciona que aumentó el cultivo de maíz y frijol en
detrimento del ganado. En cuanto a La Punta, propiedad de la
Sra. Agustina Escalante viuda de Gómez Palacio, disponía de
dos antiguas presas que ya no fueron suficientes a inicios del
siglo XX, por lo que en 1903 solicitó y obtuvo el permiso para
construir una nueva presa, con la cual incrementar su producción
agrícola y ganadera.50
Finalmente, San Lorenzo del Aire, propiedad de Francisco
Gómez Palacio, tenía gran potencial en la utilización de las fuentes
de agua, ya que en dicha propiedad se unían las corrientes de los
ríos Tunal y La Sauceda. Después de la llegada del ferrocarril,
los documentos señalan que se realizaron importantes mejoras
Durango, 2019), 36–37.
50
Gloria Estela Cano Cooley, “Agua y riego: modernidad porfiriana”, en
Porfiriato y revolución en Durango, ed. Gloria Estela Cano Cooley y Mario
Cerutti (Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de
Investigaciones Históricas, 1999), 52–53.
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para aprovecharlas, pero al igual que en San José de Ayala, no
se especifica cuáles fueron, pero sí se indica que al igual que sus
vecinos, aumentó su producción agrícola y ganadera. Por otro lado,
en la hacienda de Navacoyán, propiedad de Felipe Pérez Gavilán,
se disponía de una presa sobre el río Tunal desde 1675, pero en
agosto de 1906 le fue otorgada una concesión para construir una
nueva en el río Santiago Bayacora y regar sus ranchos anexos.51
Para inicios del siglo XX, la dinámica de los valles de
Durango había experimentado importantes cambios. El más
importante fue el nuevo papel de centralidad que ahora tenía el
Cerro de Mercado, que para esta época producía 280 toneladas de
fierro lingote por semana gracias a que tanto el ferrocarril como
las relaciones económicas de sus dueños lo unían a importantes
mercados y le permitían el traslado del carbón necesario desde
Coahuila para su funcionamiento.52 Esto no significó que los
latifundios que antes ocupaban dicha centralidad económica en
la región la perdieran, por el contrario, como se señaló párrafos
atrás, la llegada del ferrocarril los hizo profundizar más en su
papel de productores de alimentos, diversificando sus cultivos y
modernizando su tecnología de riego. Seguramente esto se debió
tanto al aumento de habitantes de la ciudad de Durango, como
al hecho de que el Ferrocarril Internacional Mexicano los ponía
Cano Cooley, 54.
Víctor Hugo López Vázquez, “Impacto socioeconómico y territorial de la
mina Cerro de Mercado, Durango (periodos 1940-1986 y 1994-1996)” (Universidad Nacional Autónoma de México, 1998), 48.
51
52

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en rápido contacto con algunas de las ciudades que más estaban
creciendo en el país, como Zacatecas, San Luis Potosí o Monterrey,
las que demandaban mayores cantidades de alimentos.53
De igual forma se puede observar que, para 1910, había un
cambio en las relaciones políticas entre los terratenientes locales
y el gobierno nacional, mismo que se puede observar si se analiza
a los que desempeñaban los principales puestos políticos. A la
muerte del gobernador Juan Manuel Flores, en 1897, ocupó el
cargo el Ing. Leandro Fernández e Imaz quien no era terrateniente,
sino un profesionista con buenas relaciones con Porfirio Díaz.
Cuando éste lo mandó llamar para que ocupara la Secretaría de
Comunicaciones, en 1900, se eligió como titular del ejecutivo
estatal al terrateniente Juan Santamarina, quien dejó el puesto, en
1904, en manos del Lic. Esteban Fernández e Imaz (hermano de
Leandro), quien además de tener buenos nexos con el gobierno
nacional, se incorporó ya siendo gobernador a la clase de los
terratenientes,54 por lo que fue reelecto para el periodo 1908-1912,
aunque tuvo que renunciar en 1911 debido a la Revolución.55
John H. Coatsworth, “La producción de alimentos durante el porfiriato”, en
Los orígenes del atraso. Nueve ensayos de historia económica de México en
los siglos XVIII y XIX, ed. John H. Coatsworth (México, DF: Alianza Editorial
Mexicana, 1990), 172.
54
Su buena relación con la élite de terratenientes se dio originariamente por
matrimonio, ya que contrajo nupcias con Isabel Pérez Gavilán, quien pertenecía a una importante familia de terratenientes; una vez que su esposo ocupó la
gubernatura, Pérez compró la hacienda Santa Isabel, de 22,000 hectáreas, en la
municipalidad de Canatlán.
55
Gabino Martínez Guzmán y Juan Ángel Chávez Ramírez, Durango: un
53

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En lo que respecta al poder legislativo local, de 1896 a
1912, de los 13 diputados hubo cinco hacendados que siempre
permanecieron en sus puestos (Felipe Pérez Gavilán, Ladislao
López Negrete, Librado Castillo del Valle, Buenaventura
G. Saravia y Juan Santamarina), mientras el resto eran
profesionistas relacionados con el comercio y la minería. Los
diputados y senadores por Durango en el Congreso de la Unión
eran designados desde la Ciudad de México y generalmente
desconocidos en la entidad, pero los jefes políticos de los 13
partidos y los presidentes de las 42 municipalidades en que se
dividía Durango sí eran terratenientes o tenían fuertes nexos con
ellos; el Poder Judicial les estaba vedado, ya que era controlado
por la pequeña burguesía ilustrada, con relaciones en la minería y
conexiones con el gobierno nacional.56
La llegada, primero del Ferrocarril Central y después del
Internacional, alteró las dinámicas de centralidad y marginalidad
entre las regiones y dentro de ellas. Por un lado, La Comarca
Lagunera dejó de ser un lugar marginal para asumir cada vez
mayor centralidad en términos económicos y productivos,
configurando su propia área de influencia en detrimento de los
valles de Durango. Esta última región también fue alterada
internamente, dándole mayor centralidad a la minería y poder a
los inversionistas estadounidenses. Esto no significó, sin embargo,
volcán en erupción (Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango,
1998), 75.
56
Martínez Guzmán y Chávez Ramírez, 76–78.
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que los latifundios perdieran su vieja importancia, ya que su
dinámica de producir alimentos no se volvió caduca con la llegada
del ferrocarril, sino que la renovó con nuevos bríos al conectarlos
con los mercados nacionales, dejando los internacionales para la
minería, generando que elementos naturales como las frutas se
convirtieran en recursos, mientras que otros como el agua, dejaron
de determinar la dinámica poblacional, estando más sujetos al
control humano. De la misma manera el ferrocarril trajo un mayor
poder del gobierno nacional, pero sin imponerse completamente,
compartiendo los principales puestos políticos con terratenientes
locales, mineros y comerciantes.
Con la nueva conexión con diferentes mercados gracias
a las locomotoras, se dio una nueva configuración en los valles
de Durango, los sectores que habían sido la élite económica
antes de la llegada de las vías lo siguieron siendo después de
éstas, pero alterando el equilibrio entre ellos. Las haciendas del
sur de los valles (municipalidad de Durango) incrementaron su
producción con las obras de irrigación, pero no la diversificaron;
mientras que las del norte (municipalidad de Canatlán)
apostaron más por otros cultivos y menos por la infraestructura
hídrica, pero todos tuvieron que compartir su centralidad con
la minería, rompiéndose el clásico binomio entre ellas, ya que
aunque estaban juntas físicamente, ahora obedecían a mercados
distintos (al nacional los primeros y al estadounidense los
segundos), llevando a sus respectivos dueños a nuevos
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equilibrios políticos entre ellos y con el gobierno nacional, que
también aumentó su presencia. Pero dicha conexión con los
mercados no sólo llevó a un reacomodo de las élites, también
generó conflictos sociales, los que se exponen en el siguiente
apartado.
Conflictos sociales
Al igual que las dinámicas económicas que se beneficiaron con el
tendido de las vías, los conflictos sociales venían de tiempo atrás,
pero el ferrocarril y la conexión con los mercados que representaba sin duda los aceleraron. Una manera de mostrar esto, es revisar
los denuncios por terrenos baldíos en la segunda mitad del siglo
XIX en el partido de la capital, donde se encuentran los valles de
Durango. De 1867 a 1876 hubo 9 denuncios; de 1877 a 1893, es
decir del inicio del porfiriato a la llegada del Ferrocarril Internacional Mexicano, aumentaron a 33; y de 1894 a 1909, cuando las
locomotoras ya estaban en pleno funcionamiento, llegaron a ser
90. Pero no sólo el número de éstos se incrementó, también lo
hicieron las superficies afectadas. Los 9 denuncios del primer periodo representaban 35,367 hectáreas, los 33 del segundo sumaban 1, 070,371 hectáreas, mientras que los 90 del último periodo
significaron 2, 633,958 hectáreas.57
Cynthia Teresa Quiñones Martínez, “Las leyes de tierras de 1856 a 1909 y
su impacto en la propiedad territorial en Durango”, en Historia de Durango.
Tomo III: Siglo XIX, ed. María Guadalupe Rodríguez López (Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2013), 238–40.
57

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Estos números se tradujeron en el incremento de las
tensiones entre diferentes actores sociales. Un caso representativo
en dicho periodo fue la lucha entre la familia Pérez Gavilán,
dueños de la hacienda de Santiago Bayacora, con los habitantes
del pueblo del mismo nombre. En 1886 los pobladores de la
comunidad, representados por el Lic. Juan Hernández y Marín,
decidieron aprovechar la política de deslindes que se estaba
promoviendo por el régimen porfirista y denunciaron su propia
tierra, ya que carecían de un título que los amparara, siendo
designado el Ing. Manuel F. Cervantes para la medida y el deslinde
de la tierra denunciada.58
Llevando a que el 3 de diciembre de 1887, en vísperas de
la llegada del ferrocarril a los valles de Durango, el presidente
Díaz otorgara el título correspondiente al pueblo por un total de
57,051 hectáreas, las que fueron divididas en 30 lotes para ser
usadas de manera individual por los vecinos, aunque en la práctica
siguieron utilizando la tierra de manera colectiva como lo habían
hecho desde que recordaban. A pesar de esto, la nueva dinámica
económica generada por el ferrocarril llevó a que las haciendas
cercanas invadieran tierras de la comunidad a principios del siglo
XX, regresando la inestabilidad a la región.59
De igual forma, en la municipalidad de Durango se puede
mencionar el caso de los pueblos Tunal, Pueblito, Durazno y
58
59

Quiñones Martínez, 249.
Quiñones Martínez, 250.

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Conejo, los cuales se habían constituido como tales en 1827,
cuando el ayuntamiento de Durango les otorgó cinco sitios de
ganado mayor a un grupo de “indios” para que se establecieran
en el lugar y pudieran subsistir. Con el paso de los años, los
problemas de límites con la hacienda de San Jerónimo Tapias no
hicieron más que incrementarse, hasta que a principios de los años
setenta del siglo XIX Bernardo George, dueño de dicho latifundio
los despojó de parte de sus tierras, siendo que poco después el
Sr. Cipriano Guerrero, nuevo dueño de esa propiedad, ocupó otra
porción de los pueblos después de haberlos denunciado como
baldíos.60
En 1907, el Sr. Juan Gurrola, en su carácter de nuevo
dueño de la hacienda, no sólo tomó posesión de todos los terrenos
denunciados por el Sr. Guerrero, sino que denunció una nueva
extensión. Ante dichos actos los vecinos de los pueblos eligieron
como representante legal al Lic. Andrés Simental, quien promovió
un juicio reivindicatorio en contra de Juan Gurrola ante el juzgado
del Ramo Civil de Durango, el cual terminó con la resolución del
17 de febrero de 1911, en donde se absolvió al señor Gurrola y se
señaló que el Lic. Simental no tenía personalidad legal acreditable
para demandar la reivindicación de los terrenos, por lo que se le
condenaba a pagar los gastos del juicio. De esta forma, el dueño
de la hacienda de San Jerónimo Tapias quedaba en posesión
de las 10,781 hectáreas que estaban en disputa. Siendo que por
60

Diario Oficial de la Federación, 9 de noviembre de 1926, 9.

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

esos mismos años se presentó otro despojo de tierra sobre dichas
comunidades, ya que el señor Ismael Ochoa denunció a nombre
de los vecinos de los pueblos, a pesar de no ser su representante,
una parte de la tierra conocida como El Carrizo, la cual vendió a
Emilio Stahlknecht.61
También en el norte de los valles de Durango la
consolidación de la nueva dinámica económica generada por
la llegada de los ferrocarriles se tradujo en el resurgimiento
de viejos conflictos, los que demostraron el poder que seguían
teniendo los terratenientes y el nuevo equilibrio que mantenían
con las autoridades nacionales. Uno de dichos casos fue el de la
congregación Las Ánimas. El 27 de abril de 1857, el presidente
Ignacio Comonfort otorgó el título de posesión a los vecinos de
dicho lugar, quienes tenían más de 60 años viviendo ahí, pero ante
la falta de un título primordial decidieron denunciar sus propias
tierras, a pesar de asegurar que sus antepasados habían recibido
de las autoridades españolas la autorización para residir en ese
lugar.62
Con el nuevo desarrollo económico que había generado
la llegada del Ferrocarril Central Mexicano, se inició un conflicto
entre los pobladores de Las Ánimas y sus vecinos, dueños de la
hacienda de Santiaguillo. El 24 de diciembre de 1889, la señora
María Antonia Aguilera de Ortega denunció y obtuvo título de
61
62

Diario Oficial de la Federación, 9 de noviembre de 1926, 9.
Diario Oficial de la Federación, 19 de noviembre de 1926, 2.

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composición por parte de la Secretaría de Fomento de los terrenos
que los habitantes de Las Ánimas consideraban como propios.
De esta forma las autoridades determinaron que la congregación
estaba compuesta exclusivamente por 24,295 hectáreas, dado que
se le habían quitado 13,761 hectáreas en favor de los hacendados.63
En octubre de 1890, el presidente Díaz ordenó que no se
diera posesión de los terrenos en disputa hasta que se agotaran
todas las instancias legales, a pesar de lo cual el Juez de Distrito
de Durango dictó un auto confirmando la posesión de la señora
Aguilera, por lo que el representante legal de los vecinos afectados,
el Lic. Juan Reyes, apeló y llevó el asunto al Tribunal de Circuito
de Chihuahua en 1893, donde se revocó lo dispuesto por el juez
de Durango. Finalmente, el 28 de enero de 1907 el Tribunal del
Primer Circuito de México resolvió el asunto en favor de Don
Gorgonio Ortega, esposo de la Sra. Aguilera de Ortega, y en
contra de los vecinos de Las Ánimas.64
Como esos casos, se podrían mencionar otros que eran de
larga data y resurgieron a finales del siglo XIX e inicios del XX, o
que iniciaron por los mismos años a lo largo y ancho de los valles
de Durango. Un ejemplo de esto es el caso de los habitantes de la
congregación de San Diego de Alcalá, en Canatlán, que estaban
en conflicto con la hacienda El Maguey, por la posesión de 80
sitios de ganado mayor, aproximadamente 140,800 hectáreas.65
63
64
65

Diario Oficial de la Federación, 19 de noviembre de 1926, 2.
Diario Oficial de la Federación, 19 de noviembre de 1926, 3.
Diario Oficial de la Federación, 7 de mayo de 1921, 68.

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

Esto resulta claramente una exageración, propia del periodo de
las solicitudes de la reforma agraria, sobre todo si recordamos
que antes de la Revolución ningún latifundio de los valles de
Durango superaba las 75,000 hectáreas. Lo importante, a fin de
cuentas, es que demuestra la existencia de conflictos agravados
entre la hacienda y la comunidad previos a la lucha armada.
También estaba el caso del pueblo El Nayar, en la municipalidad
de Durango, cuyos habitantes reclamaban que sus vecinos, la
familia Gurrola, dueña de la hacienda de San Jerónimo Tapias,
les habían arrebatado la tierra de mejor calidad que usaban para
la agricultura, dejándoles una de calidad tan mala que no servía
ni para agostadero.66
Lo que se busca resaltar en estos casos, es que los cambios
en la dinámica económica generada por la llegada del ferrocarril
y la apertura de nuevos mercados, no solamente significaron un
reacomodo en la centralidad de los diferentes ejes productivos
(haciendas, minas o industria textil y comercio) y las relaciones
económicas de sus propietarios; sino que también se reflejaron
en cambios territoriales con otra dinámica de conflicto, la que
enfrentó a los miembros de esas mismas élites con distintos estratos sociales. Por ejemplo, el despojo realizado a los pueblos
de Tunal, Pueblito, Durazno y Conejo por Ismael Ochoa, quien
terminó vendiéndole esa tierra a Emilio Stahlknecht, un importante empresario de la industria textil, dueño de la Fábrica de
66

Diario Oficial de la Federación, 1 de diciembre de 1923, 1140.

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Hilados El Tunal, se comprende gracias a que el incremento de
la producción algodonera de La Laguna significó un aumento
de materias primas para los textileros de los valles que podrían
aumentar su capacidad de trabajo,67 por lo que es entendible que
dicha persona necesitara de más tierra para aumentar el tamaño
de su fábrica.
Por otra parte, los conflictos que involucraban a la
hacienda de San Jerónimo Tapias con sus vecinos también
reflejan los cambios que se estaban dando por el acceso a
los nuevos mercados. Para 1906, dicho latifundio dividía su
producción en tres cultivos principales: maíz, frijol y trigo,68
lo cual nos habla de una profundización con los mercados
nacionales que requerían dichas mercancías, y por lo tanto su
necesidad de apropiarse de la tierra de buena calidad de El
Nayar, sobre todo si tomamos en cuenta que dicho latifundio
no estaba entre los que habían realizado importantes obras de
irrigación a finales del siglo XIX, por lo que tenía la necesidad
de expandirse para aumentar su producción. Una vez terminada
dicha etapa, la familia Gurrola, dueña del latifundio, comenzó a
construir su propia presa en 1902.69
Vallebueno Garcinava, “Economía y negocios en el Durango de los siglos
XVIII y XIX”, 202.
68
Memoria presentada al H. Congreso del estado por el gobierno del mismo, sobre los actos de administración pública durante el periodo del 16 de
septiembre de 1904 al 16 de septiembre de 1906 (Durango: Imprenta de la
Mariposa, 1906), Anexo 48.
69
Cano Cooley, “Agua y riego: modernidad porfiriana”, 29.
67

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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

El 18 de julio de 1913, las tropas revolucionarias de Tomás
Urbina entraron a la ciudad de Durango, ocupando la totalidad de
la región de los valles. Esto no quiere decir que los cambios en
la dinámica social generados por la revolución iniciaran ahí, ya
que desde el triunfo de Madero en 1911 los conflictos agrarios
habían tomado otro carácter. Para 1912, por ejemplo, se tenía el
registro de 40 haciendas en todo el estado que habían recibido
las “visitas” de grupos insurrectos que buscaban reclamar
determinadas porciones de dichas propiedades, entre las cuales
destaca el caso de diversas comunidades cuyos habitantes, armas
en mano, ocuparon la hacienda de Navacoyán y expulsaron a sus
propietarios. De igual forma, en la capital, numerosos comercios
fueron saqueados y quemados, debido al importante papel que
los terratenientes y comerciantes habían tenido en financiar la
llamada “defensa social”, un cuerpo militar irregular que hizo
frente a los ejércitos revolucionarios.70
Los ferrocarriles Central e Internacional, por lo menos en
lo que corresponde a los tramos del estado de Durango, quedaron
bajo la dirección de Felipe Pescador, revolucionario que se había
unido al maderismo desde 1911 y que después se sumó a la
División del Norte.71 En lo que respecta a los cambios territoriales
Graciela Altamirano Castro, “Las confiscaciones revolucionarias”, en Historia de Durango. Tomo IV: Siglo XX, ed. María Guadalupe Rodríguez López
(Durango: Universidad Juárez del Estado de Durango - Instituto de Investigaciones Históricas, 2013), 69–74.
71
Arreola Valenzuela, Durango, más de un siglo sobre rieles, 74.
70

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que se experimentaron en los años previos, sufrieron diversas
alteraciones a distintas escalas. Por un lado, los habitantes de
múltiples pueblos y congregaciones ocuparon en muchos casos
la tierra que consideraban propia, alterando las fronteras entre
las propiedades, pero al mismo tiempo la nueva realidad social
no alteró la relación de nueva centralidad que habían adquirido
los centros mineros, ni de marginalidad relativa de los valles de
Durango frente a La Comarca Lagunera; lo cual no quiere decir
que dichas dinámicas se asumieran y vivieran de igual forma.
El cambio de control del ferrocarril y las haciendas en la
medida de lo posible buscó mantener la relación económica con
los mercados extranjeros y nacionales, pero ahora dicha contacto
no era para el beneficio de algunas familias, sino que se presentaba
como una necesidad de guerra, ya que los ejércitos revolucionarios
requerían las ganancias de dicho intercambio comercial para el pago
de la tropa o la compra de armas y demás enseres que la contienda
demandaba. Con esto, se podría comenzar a hablar del inicio de
un cambio de representación social tanto de las locomotoras como
de los diversos mercados con que se conectaban, dándoles un
nuevo significado en la construcción del Estado o de la identidad
comunitaria. Al mismo tiempo, en ámbitos locales se alteraba la
percepción cotidiana del territorio por las nuevas relaciones de
fuerza entre los actores, pero dando continuidad a la lógica de
centralidad y marginalidad que se comenzó a consolidar con el
tendido del ferrocarril en las décadas anteriores.
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�El impacto de la conectividad por ferrocarril

Conclusiones
La construcción de las vías de ferrocarril durante el Porfiriato significó un antes y un después en la conectividad del país. No sólo el
norte comenzó a dejar de ser ese lugar inhóspito propio del siglo
XIX, incrementando el control por parte del gobierno nacional,
sino que la conexión con los mercados estadounidenses provocó
alteraciones importantes en las dinámicas económico-productivas de los estados norteños. El ferrocarril puede entenderse como
un articulador de nodos, a partir de los cuales se configuraron
lugares centrales y marginales.
En el caso mexicano, las dinámicas económicas que
derivaron en la configuración de caminos en la primera mitad
del siglo XIX se centraban en una serie de elementos que ya
eran recursos, como los metales preciosos, propicios para el
mercado externo; y en otros para el mercado local, como los
alimentos o el algodón. El ferrocarril y la conexión con los
mercados estadounidenses modificaron dicha división, al tomar
recursos del mercado nacional (algodón) y conectarlos a los
mercados extranjeros, y convertir otras materias en recursos
cotizados, como los metales no preciosos, al mismo tiempo
que incrementaron la urbanización del país y expandieron el
mercado local.
Dichas

alteraciones

cambiaron

las

relaciones

económicas entre diversos lugares. En Durango, esto significó
el surgimiento de un nuevo lugar central, La Comarca
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Lagunera, gracias a que se convirtió en un importante nodo de
comunicaciones y a que el algodón comenzó a ser demandado
por los estadounidenses. Por otro lado, la región de los valles,
que dejaba de ser el único lugar económicamente central
de la entidad, vio diversificada su dinámica productiva al
convertirse el Cerro de Mercado y su producción de fierro en
la nueva conexión con los mercados internacionales, al mismo
tiempo que se consolidaron viejas dinámicas productivas,
especialmente el cultivo de alimentos.
Frente a este nuevo escenario, los distintos actores
sociales cambiaron también las relaciones de poder entre
ellos. Por una parte, los terratenientes tuvieron que tener más
en cuenta el visto bueno del gobierno federal al momento de
repartirse el poder político, mientras que los dueños de minas,
así como los representantes de la industria textil y el comercio,
asumían una nueva importancia. Este reacomodo de fuerzas
y la oportunidad que representaba la nueva conexión con los
mercados nacionales y extranjeros, derivaron en cambios
locales más focalizados, llevando al denuncio de cada vez más
tierras como baldías y al subsecuente enfrentamiento legal, y
a veces violento, entre terratenientes y sus trabajadores con
los habitantes de pueblos y congregaciones, siendo estos
conflictos las expresiones más dramáticas de la dinámica de
centralidad y marginalidad entre regiones que se produjo a
partir del tendido del ferrocarril.
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�Arribo y consolidación del cine sonoro en Monterrey,
1928-1934
Arrival and consolidation of the sound film in Monterrey,
1928-1934
Kassandra Donají Sifuentes Zúñiga
Universidad Ciudadana de Nuevo León
orcid.org/0000-0003-4312-6810

Resumen: El presente artículo constituye un avance de investigación que
tiene como objetivo analizar el impacto sociocultural que tuvo el desarrollo del cine sonoro en la ciudad de Monterrey durante 1928 a 1934, periodo conocido como “El Maximato”. A través de un análisis documental,
se indagó sobre los aspectos que condicionaron el arribo del cine sonoro
y cómo éste llegó a consolidarse entre la sociedad regiomontana determinando la cultura cinematográfica local. Se concluyó que la llamada “Revolución sonora” despertó críticas entre algunos grupos sociales, quienes
renegaban de los constantes cambios que el espectáculo presentó. Sin
embargo, otros se mostraron entusiasmados logrando la consolidación
del cine sonoro, reflejada en la expansión y modificación de salas de cine
y en cambios en la estructura de distribución y exhibición cinematográfica. Aunque la aceptación del cine sonoro entre los regiomontanos se presentó de forma gradual, este hecho reforzó el éxito del cine, modificando
la forma de asistir y ver películas en la ciudad.
Palabras clave: Cinematografía; Monterrey; cine sonoro; público; exhibición.
Abstract: This article constitutes a work in progress that aims to
analyze the socio-cultural impact of the development of the sound
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�Arribo y consolidación

films (“talkies”) in the city of Monterrey from 1928 to 1934, a period known as “El Maximato”. Through a documentary analysis, I
investigated the aspects that conditioned the arrival of the talkies and
how they came to be consolidated among the Monterrey society, determining the local film culture. I concluded that the so-called “Sound
Revolution” aroused criticism among some social groups, who denied
the constant changes that the show presented. However, others were
enthusiastic about achieving the consolidation of talkies, reflected in
the expansion and modification of movie theaters and changes in the
distribution structure and cinematographic exhibition. Although the
acceptance of talkies among the people of Monterrey appeared gradually, this fact reinforced the success of the cinema, modifying the
way of attending and watching films in the city.
Keywords: Cinematography; Monterrey; sound film; public; exhibition.

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�Kassandra Sifuentes

Introducción
Los primeros estudios académicos en torno al cine se centraron
en el análisis de contenidos de películas y de estrellas del celuloide. En este sentido, la historia se ha contado a través de los filmes,
tratándolos como testimonios involuntarios o testigos materiales
inconscientes de la mentalidad del periodo de su producción,
empleando herramientas metodológicas como la hermenéutica,
el análisis del discurso y de contenido, la semiótica, entre otras.
Pero para muchos teóricos, como Richard Abel, este entretenimiento de masas debe concebirse en términos que van más allá
de la producción de textos cinematográficos.1
La gran cantidad de estudios relacionados con el análisis de
películas ocasionó la necesidad de indagar en nuevos paradigmas,
donde los protagónicos fueran la audiencia y sus rituales de
consumo, confluyendo aspectos como el contexto histórico, político,
económico, las salas de cine, su evolución, la proyección de
determinadas películas y el consumo de cada audiencia.2 Esto nos
permitiría contar una historia cultural y social más amplia y amorfa,
más allá del filme, que ayude a comprender las tendencias, factores
o condiciones que expliquen la cultura cinematográfica de un lugar.
Richard Abel, Americaning the Movies and the Movie-Mad Audiences,
1910-1914 (Berkeley y Los Angeles: University of California Press, 2006), 6,
citado en Richard Maltby, Explorations in New Cinema History: Approaches
and Case Studies (Londres: Blackwell Publishing Ltd, 2011), 9.
2
Philippe Meers, “Metodologías de investigación para la ‘nueva Historia
del cine’”, en Miscelánea sobre el entorno audiovisual, ed. Francisco Ubierna
Gómez y Javier Sierra Sánchez (España: Fragua, 2014), 713.
1

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167

�Arribo y consolidación

A este nuevo paradigma los teóricos lo denominaron
“nueva historia del cine”. Este enfoque considera los significados
culturales y sociales de la asistencia al cine en diferentes épocas
basada en experiencias cotidianas, pues según Richard Maltby, la
inclusión de experiencias nos muestra detalles más concretos que
complementan la microhistoria.3 Mediante un análisis histórico,
se pretende comprender la cultura cinematográfica de un lugar
específico, logrando construir una reflexión acerca de los factores
que la determinaron.
A través del siguiente análisis, se cuestiona acerca
de qué aspectos de la sociedad regiomontana de la época
definieron el desarrollo del cine en la ciudad durante el arribo
del sonido al espectáculo. Del problema general se desprenden
preguntas específicas que nos ayudarán a entender su influencia
en Monterrey: ¿qué implicó para la sociedad regiomontana la
llegada del cine sonoro? y ¿cómo ésta determinó el desarrollo
subsecuente del cine sonoro en la ciudad?
Antecedentes de investigación
Como antecedente, este estudio radica en un análisis previo
titulado “Implicaciones sociales y culturales relativas al
desarrollo del cine en Monterrey, 1898- 1927”, donde examiné
el arribo del cinematógrafo a la ciudad y su posterior desarrollo.4
Maltby, Explorations in New Cinema History: Approaches and Case
Studies, 13.
4
Kassandra Sifuentes Zúñiga, “Implicaciones sociales y culturales relativas
3

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Se demostró que, en una primera etapa, periodizada de 1898 a
1910, el espectáculo no tuvo éxito, comparado con otras ciudades
del país, ya que se le consideró vulgar y una atracción para las
clases más bajas. Durante la segunda etapa estudiada, de 1910
a 1927, el espectáculo cinematográfico se posicionó como uno
de los favoritos en la ciudad, desplazando actividades culturales
como el teatro y la zarzuela.
De este primer acercamiento se llegó a dos conclusiones.
En primer lugar, se encontró que los acontecimientos históricos
suscitados en el país determinaron el desarrollo del cine en la
ciudad: el arribo del cinematógrafo se presentó en los últimos
años del Porfiriato y, en comparación al éxito obtenido en otras
ciudades del país, en Monterrey no tuvo el mismo impacto.
La dificultad de manejar el aparato trajo consigo una serie de
problemas como el requerimiento de energía eléctrica, recintos
y técnicos especialistas para su manejo. Esto ocasionó que fuera
poco atractivo para los empresarios y el público, que preferiría
pasar el tiempo en sus acostumbradas diversiones.
Sin embargo, una coyuntura histórica como la Revolución
Mexicana logró que el cine se posicionara como la atracción
favorita de la sociedad regiomontana. El desarrollo técnico del
aparato había evolucionado y su funcionamiento “avanzado” logró
que se capturaran películas sobre los caudillos de la Revolución.
al desarrollo del cine en Monterrey, 1898-1927” (Universidad Autónoma de
Nuevo León, 2017).
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El cine se convirtió en un medio de comunicación con las masas,
lo que atrajo a un público curioso por los sucesos bélicos. Fue así
que durante este lapso el cine se volvió una actividad económica
sustentable para los empresarios, construyendo salas y recintos
específicos para este espectáculo.
La segunda conclusión se obtuvo de analizar cómo el
cine modificó las prácticas socioculturales de una localidad como
Monterrey. Su arribo y su posterior éxito desplazaron actividades
de esparcimiento como el teatro o el circo, incluso entre las
élites. Por otro lado, los recintos que se construyeron fueron
adaptados arquitectónicamente para presentar exhibiciones
cinematográficas. Cabe mencionar que un estudio como
“Implicaciones sociales y culturales…” no se había realizado
anteriormente por los especialistas en cine de la localidad, quienes
basaban sus análisis en temporalidades donde la información
es vasta, por lo que las contribuciones de este primer estudio
ameritaron darle continuidad.
En este trabajo, se estudian específicamente los años de
1928 a 1934, un periodo relevante para el espectáculo en la ciudad
debido al arribo del cine sonoro, analizando qué aspectos de la
sociedad regiomontana de la época definieron su desarrollo. Del
problema general se desprenden preguntas específicas que nos
ayudarán a entender la cultura cinematográfica de Monterrey: ¿las
coyunturas históricas ocurridas entre 1928 y 1949 condicionaron
nuevamente el desarrollo del cine en la ciudad?, ¿existía una
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estructura social y económica para la distribución, programación
y exhibición de filmes?, y ¿cómo fue la experiencia social de
asistir al cine en la ciudad en este periodo?
A pesar de que existen diversos análisis sobre la temporalidad
analizada, no se ha estudiado el impacto social y cultural que
implicó el desarrollo del cine en la localidad. La intención es
reconstruir una historia del cine en Monterrey, desde sus orígenes
hasta la actualidad, con una perspectiva histórica-cultural.
El cine sonoro en Monterrey, 1928-1934
Para Nuevo León, las décadas de 1910 y 1920 constituyeron una
época de enorme inestabilidad política. Los gobernadores eran
impuestos conforme los planes del presidente en turno, y eso se
reflejó en numerosos cambios en el ejecutivo estatal. Durante el
periodo revolucionario hubo 19 gobernadores, y en la época posrevolucionaria desfilaron 11 más.
El periodo de transición a la estabilidad inició con Aarón
Sáenz, quien llegó a la gubernatura el 4 de octubre de 1927.
Abogado, político y militar, simpatizó con las ideas del entonces
presidente Álvaro Obregón, quien llegó a nombrarlo Secretario
de Relaciones Exteriores en 1923, forjando con él una gran
amistad. El apoyo del gobierno federal y de los empresarios
locales permitió a Sáenz realizar una importante obra pública,
la modernización administrativa y el fortalecimiento del sistema
educativo nuevoleonés.
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�Arribo y consolidación

En 1928, tras el intento de Obregón por conseguir un segundo
mandato presidencial, Sáenz obtuvo una licencia para unirse como
jefe de campaña del sonorense. En la gubernatura, fue suplido en
diversas ocasiones por José Benítez Martínez, también abogado, por
Plutarco Elías Calles Chacón (hijo del entonces expresidente Calles),
y por Generoso Chapa Garza. Obregón obtuvo el triunfo, pero fue
asesinado antes de tomar posesión, y el nombre de Sáenz empezó
a sonar fuerte para ocupar el cargo. La jefatura del obregonismo,
menciona Segovia y Lajous, recaía casi naturalmente en Sáenz, y su
candidatura era casi un hecho consumado.5 El 3 de noviembre de 1928,
Sáenz nuevamente pidió licencia para retirarse de la gubernatura de
Nuevo León por seis meses con el objetivo de concretar una campaña
presidencial junto a sus simpatizantes, aunque finalmente no llegaría
a ocupar el cargo.
Bajo este contexto político se fue desarrollando la nueva
transformación de la industria cinematográfica en la ciudad de
Monterrey. Aunque se vio con entusiasmo, el cine sonoro trajo
consigo una serie de consecuencias negativas para los empresarios dedicados a este ramo y para los actores. Inicialmente, los
magnates de Hollywood se enfrentaron a una barrera idiomática
que amenazaba con destruir sus grandes imperios, ya que el fenómeno podía permitir el desarrollo de industrias fílmicas autóctonas en regiones sometidas a su hegemonía.6
Rafael Segovia y Alejandra Lajous, Historia de la Revolución mexicana, período 1928-1934: Los inicios de la Institucionalización, la política del
Maximato (México, DF: El Colegio de México, 1978), 30.
6
Rosario Vidal Bonifaz, “Los inicios del cine sonoro y la creación de nuevas
5

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Algunos productores de Hollywood declararon que la
barrera idiomática parecía infranqueable. A pesar de los grandes
intentos por combatir el problema, proponiendo distintos métodos
como el uso de discos fonográficos, ninguno tuvo valor práctico.
Incluso, recurrieron a la grabación de dos filmes, uno interpretado
por artistas de habla inglesa y otro con artistas hispanos. Los
intentos de llevar al éxito este cine hispano se desvanecieron
en poco tiempo, pues el público se llevó una gran decepción al
ver que sus artistas favoritos fueron reemplazados por actores
hispanos, desmotivando su asistencia al cine.7
Los actores y actrices tuvieron que adaptarse a las nuevas
formas de realizar películas. Por ejemplo, la actriz estadunidense
Marion Davies, tomó clases de canto con el fin de formar parte
de esta revolución sonora, pues para todos, sería la primera vez
que se escucharía su voz en pantalla.8 Y, aunque algunos se
rehusaron, como la actriz Dolores del Río, quien expresó a la
prensa que no le gustaban las películas parlantes pues el ruido
que producían era horrible, pronto no hubo más remedio que
adaptarse.9
empresas fílmicas en México (1928-1931)”, Revista del Centro de Investigaciones, núm. 29 (2008): 19.
7
Periódico El Porvenir. “El cinematógrafo parlante puede ser considerado
como un milagro científicamente patentizado”, Monterrey, N.L., 16 de diciembre de 1928, 1.
8
Periódico El Porvenir. “Películas parlantes”, Monterrey, N.L., 1 de noviembre de 1928, 2.
9
Periódico El Porvenir. “Dolores llegó ayer a la ciudad de Londres”, Monterrey, N.L., 26 de agosto de 1928, 2.
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Otros advertían que esta nueva forma de hacer cine traería
graves consecuencias en sus carreras. Algunos periodistas de la
época argumentaban que las películas parlantes amenazaban con
causar una revolución radical en la industria cinematográfica.
Al dejar el cinematógrafo de ser llamado arte teatral mudo o
pantomímico, desaparecerían las estrellas figurantes por la falta
de sonido. La nota finaliza señalando que: “Ya no irá el público
no más a ver, sino también a oír las películas”.10
En otra colaboración de El Porvenir, el periodista
Alejandro Aragón hizo una fuerte reacción al argumentar que el
público solo asistiría a las funciones parlantes con el interés de
escuchar a sus actrices y actores favoritos, y menciona:
A usted le gusta el cine hablado por la sencilla razón de que
al fin tendrá ocasión de oír hablar a sus artistas favoritos ¿no?
¿Qué interés, preguntamos, podrá encontrarse en esta clase de
películas, cuando ni siquiera es el artista popular quien realmente canta o habla, artista por el cual los teatros se ven diariamente concurridos?11

Las anteriores notas nos demuestran que el acontecimiento en la
industria no pasó desapercibido, ya que los periodistas mostraron
gran interés hacia el espectáculo cinematográfico. La prensa estuvo atenta a su expansión a nivel internacional, sobre todo por Estados Unidos, donde se relataba cómo era un éxito y la variedad
Periódico El Porvenir. “Películas que hacen temblar a Hollywood”, Monterrey, N.L., 14 de septiembre de 1928, 3.
11
Periódico El Porvenir. “Últimas revelaciones del cinematógrafo hablado”,
Monterrey, N.L., 7 de julio de 1929, 4.
10

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de películas parlantes que se estaban presentando.12 Sin embargo,
el cine sonoro llegó de forma gradual a diversos puntos de México; contar con estos equipos involucraba modificaciones en los
recintos, pues resultó evidente que los teatros donde se exhibían
películas parlantes carecían de espacios para acomodar a quienes
deseaban verlas y oírlas, sin mencionar la gran inversión en la
compra de los aparatos.
En Monterrey, durante 1928, solo se presentaron notas
alusivas al suceso, siguiendo con el espectáculo habitual. Algunas
funciones siguieron acompañándose de vitrola, orquestas,
pianolas e instrumentos que amenizaban la exhibición, como era
lo usual.13 Para ese mismo año, la ciudad contaba con 10 cines:
Teatro Salón Variedades, Teatro Independencia, Teatro Progreso,
Teatro Zaragoza, Teatro Obrero, Gran Teatro Rodríguez, Gran
Teatro Lírico, Cine Escobedo, Cine Mignon y Salón Terraza B.
Reyes. Además estaban aquellos que se localizaban en los barrios
y colonias de la ciudad, que no tenían presencia en las carteleras
de los periódicos locales, como el Teatro-Cine Libertad, Teatro
Cine Madero, Teatro Salón Gloria, entre otros.14
La mayoría de las salas de cine pertenecían a la empresa
Circuito Rodríguez, liderada por Antonio y Adolfo Rodríguez,
Periódico El Porvenir. “Ha tenido éxito el cine parlante en San Antonio”,
Monterrey, N.L., 4 de febrero de 1928, 2.
13
Periódico El Porvenir. “Vitrola”, Monterrey, N.L., 5 de febrero de 1928, 3.
14
Archivo Histórico Municipal de Monterrey (en adelante AHMM), Actas
de Cabildo, Fondo Monterrey Contemporáneo, vol. 999, exp. 1928/006, 25 de
enero de 1928, f. 5.
12

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quienes desde 1904 ejercieron una gran labor en torno al
espectáculo cinematográfico. Ambos se encargaron de equipar
las salas de la ciudad con diversas proyecciones nacionales e
internacionales, así como encargarse de salas en el norte del país:
Coahuila, Tamaulipas, Zacatecas y San Luis Potosí.
La empresa se encargó de comprar películas por rollo
o metro para proyectar a la población regiomontana. En una
entrevista, mencionaron que hacia 1910 los filmes europeos
eran los favoritos del público regiomontano, pero que en 1914
se dejaron de importar debido a la Primera Guerra Mundial.
Ante la situación, se optó por adquirir películas estadounidenses,
volviéndose las preferidas entre la audiencia. Los filmes
norteamericanos se exhibían en veladas especiales llamadas
Premiere, proyectando cintas como Los Perros Contrabandistas
(s.f.) y La lámpara de Aladino (s.f.), entre otros. El empresario
recordó que después de la guerra se volvió a comprar películas
francesas e italianas, pero no volvieron a tener el mismo éxito.15
Para esta época, su mercado había crecido y se exhibían películas
como La cabaña del Tío Tom, considerada por la prensa como la
película más sentimental que se había realizado.16
Mientras la inestabilidad política en México se trataba
con soluciones a corto plazo, y el cine sonoro se consolidaba,
en el mundo se presentaba un problema mayúsculo: la Gran
Periódico El Porvenir. Monterrey, N.L., 10 de septiembre de 1943, 7
Periódico El Porvenir. “La cabaña del Tío Tom es la película más sentimental que se ha hecho”, Monterrey, N.L., 3 de agosto de 1928, 5.
15
16

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Depresión. La ola de prosperidad que inundaba el mundo
capitalista se interrumpió en octubre de 1929, con el hundimiento
de la bolsa de Nueva York. El 29 de ese mes cayeron en picada
las cotizaciones bursátiles, poniendo fin a la especulación. La
crisis de la bolsa siguió profundizándose en los años sucesivos
hasta tocar fondo en 1933. Las consecuencias financieras del
hundimiento de la bolsa se unieron a una fuerte reducción del
consumo, de forma que la economía norteamericana entró en una
recesión generalizada. Una consecuencia fue el rápido aumento
del desempleo, hambrunas y el suicidio de algunas personas.
A pesar de la situación económica que se enfrentaba, la
crisis no frenó la labor de los empresarios locales de espectáculos,
en contraste con otros sucesos históricos que se habían presentado,
como la Primera Guerra Mundial o la Revolución Mexicana. En
1929, en el mes de junio, se anunció la película La Ultima canción
(1929) de Warner Bros., interpretada por el ya famoso Al Jolson.
Para la exhibición, el Circuito Rodríguez logró que se instalaran
aparatos en el Teatro Independencia con ayuda de ingenieros y
especialistas en el tema, quienes brindaron instrucciones a los
operarios para un manejo adecuado.17
El estreno de la película entusiasmó a todas las clases
sociales, pues según la prensa, era la primera película hablada que
se presentaba en la ciudad.18 Incluso, la prensa realizaba notas
Periódico El Porvenir. “Se acerca el estreno de la cinta hablada La última
canción, marca Wagner Brothers por Al Jolson”, Monterrey, N.L., 25 de junio
de 1929, 8.
18
Periódico El Porvenir. “Ya se acerca el estreno de la película La última
17

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diarias sobre la relevancia del filme, la canción que la musicalizaba,
Sonny Boy, y el fenómeno que estaba causando en la capital del
país. Estas notas entusiasmaron más al público, incitando a que
asistieran a la función: “Cuando usted oiga ‘La última canción’
habrá sabido lo que vale la cinematografía parlante. Al Jolson le
cautivará cantando ‘Sonny Boy’”.19
La película se presentó en el Teatro Independencia,
suponemos que por la capacidad de la sala. La empresa se expresó
respecto a esta función:
Como siempre, EL GRAN CIRCUITO RODRÍGUEZ escribe
una nueva página de arte en la historia de Monterrey. La empresa se siente como nunca una íntima satisfacción al presentar en
esta progresista ciudad la primera película hablada, cantada y
musicada. Después de la ciudad de México, toca a Monterrey la
honra de admirar este nuevo espectáculo que está asombrando
al mundo. La mejor recomendación que podemos hacer de este
film, es que lo oigan. Los comentarios los dejamos al inteligente público que nos ha alentado para continuar nuestra tarea en
pro del arte cinematográfico y teatral.20

Después del grandioso éxito y de los primeros aparatos parlantes
instalados en el Teatro Independencia, el 5 de agosto, se presentó
la segunda película Submarino (1929), de Columbia Pictures:
canción”, Monterrey, N.L., 26 de junio de 1929, 2
19
Periódico El Porvenir. “Cuando Ud. Oiga La última canción habrá sabido
lo que vale la cinematografía parlante. Al Jolson le cautivará cantando”, Monterrey, N.L., 6 de julio de 1929, 2.
20
Periódico El Porvenir. “La última canción”, Monterrey, N.L. 25 de julio de
1929, 4.
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Todavía no nos pasa la impresión que nos produjera “La última
canción”, cuando los Hermanos Rodríguez, nos ofrecen otra tragedia tremenda de la cinematografía parlante… tenga usted la
seguridad de que esta nueva película parlante habrá de gustarle
por su novedoso argumento y sobre todo por la adaptación de los
ruidos adaptados a la acción y la sincronización musical.21

La empresa abogó con distintas casas productoras para la exhibición de películas parlantes en la ciudad, como el filme Llegó la
escuadra, pero debido a compromisos que tenía Warner Bros con
otras empresas de la república, ésta no pudo acceder a los deseos
de la Empresa A. Rodríguez.22 Sin embargo, se presentaron más
películas parlantes, como Chantaje (s.f), de Paramount Pictures, el
11 de septiembre; Bohemios (1929), de Universal Pictures, el 5 de
octubre; Alías Jimmy Valentine (1929), el 19 de septiembre, entre
otras. Pero no solo se exhibían películas extranjeras. La empresa
exhibió El Coloso de Mármol (1929), el 19 de septiembre, en el
Gran Teatro Rodríguez, obra dirigida por Manuel R. Ojeda, con las
actuaciones de Anita Ruíz y Carlos Villatoro.23
A la par de sus triunfos fílmicos, la empresa comenzó
a expandir la reestructuración de los teatros y salas de cine
Periódico El Porvenir. “Mañana se estrena Submarino en el Gran Teatro
Independencia”, Monterrey, N.L., 4 de agosto de 1929, 2.
22
Periódico El Porvenir. “Clara Bow hace una película para jóvenes y viejos:
Llegó la escuadra, se estrenará mañana en el Teatro Rodríguez”, Monterrey,
N.L., 9 de agosto de 1929, 6.
23
Periódico El Porvenir. “Hoy se estrenará El Colosio de Mármol y Alías
Jimmy Valentine en el Gran Teatro Rodríguez”, Monterrey, N.L., 19 de septiembre de 1929, 6.
21

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de la ciudad para instalar aparatos de sonido y exhibir filmes
parlantes. El mismo año, durante el mes de diciembre, el Circuito
Rodríguez contrató un equipo de RCA Photophone para equipar
con toda la tecnología del momento el Gran Teatro Rodríguez.
El ingeniero Clark, representante de la empresa RCA, junto a
los regiomontanos el Ing. Fernando Balden y el electricista R.
Buentello, fueron los encargados de montar el equipo de sonido.
El presidente de la compañía mencionó que la instalación fue un
éxito, comparando incluso el Teatro Rodríguez con los recintos
de Broadway.24
La reinauguración del teatro se llevó a cabo el viernes
20 de diciembre de 1929, a las 8:15 de la noche, y se presentó
un repertorio de diversas cintas sonoras para finalmente exhibir
la esperada película de Alan Crosland, The Jazz Singer (1927).
También, se presentó una filmación de Lupe Vélez, cantando
canciones españolas como La canción del Lobo y la producción
de Warner Bros, El Arca de Noé (1929). Ambos hermanos
argumentaron:
Desde que iniciamos nuestra labor en el negocio cinematográfico-teatral, nuestros pasos se han encaminado hacia el firme
propósito de mejorar en todo nuestro servicio. Somos servidores del público, justo es ir, a medida que el medio nos lo permite, presentando lo que anhela. De esta manera, ahora que el cine
ha evolucionado enormemente en las grandes metrópolis estadunidenses, hemos querido ser de los primeros en introducir en
Periódico El Porvenir. “Gran Teatro Rodríguez”, Monterrey, N.L., 20 de
diciembre de 1929, 2.
24

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México esta nueva fase del cinema. Hoy vemos realizado uno
de nuestros ideales, pues el RCA PHOTOPHONE que inauguramos en el Teatro Rodríguez, llena una precisa necesidad
en el ambiente evolutivo del arte fílmico en Monterrey, ya que
en una ciudad de la importancia de la nuestra es merecedora a
tener más altos factores representativos de ese mismo arte. No
obstante el elevado costo de estos aparatos no hemos vacilado
un momento en adquirirlo con el deseo siempre vivo de complacer a nuestros favorecientes. Tenemos fe, tenemos confianza
plena en que saldremos triunfantes de este nuevo ramo de la
cinematografía que tiende a conquistar al mundo, porque conocemos bien el entusiasmo y cultura de que es poseedor el
público regiomontano y por tal motivo continuaremos bregando necesariamente en nuestro medio para corresponder a los
favoritos de ese mismo público.25

Durante la década de 1930, el Circuito Rodríguez se encargó
de firmar contratos con empresas productoras estadounidenses,
como Paramount Picture y algunas europeas para exhibir las mejores producciones en la ciudad. Incluso, comenzaron a equipar
sus salas de cine foráneas para presentar películas sonoras gradualmente y mejorar sus proyectores con aparatos de fibra de oro
de empresas nacionales como la R.C.A. Víctor Mexicana, S.A.
Un cambio significativo en las carteleras fue la
propagación de películas nacionales, como el caso de Dios y
Ley (1929) de Guillermo Calles, quien llegó a la ciudad para
presentar su obra, el 23 de abril, en el Teatro Independencia.26
Periódico El Porvenir. “El Gran Teatro Rodríguez”, Monterrey, N.L., 20 de
diciembre de 1929, 2.
26
Periódico El Porvenir. “Dios y Ley”, Monterrey, N.L., 23 de abril de 1930, 7.
25

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Dentro de los documentos del Archivo Histórico de Monterrey,
se localizaron oficios por parte de otros estados de la república
donde recomendaban a los empresarios no conceder licencia a
aquellas películas vitafónicas habladas en inglés o cualquier otro
idioma que no sea el español.27
Sin embargo, se puede apreciar en las carteleras que no se
dejaron de presentar películas extranjeras, aunque la mayoría de
ellas se presentaban de forma silente y otras solo musicalizadas
sin diálogos. La empresa siempre abogó por la presentación de
películas, aunque estas fueran censuradas a nivel nacional, pese a
los constantes reclamos del gobierno municipal. Ese mismo año,
se llevaron a cabo los trabajos para instalar equipos de sonido
en el Teatro Lírico, Teatro Salón Variedades y Teatro Zaragoza,
comenzando una expansión de las presentaciones de películas
sonoras, a las cuales el público podía acceder sin problemas de
falta de butacas o saturación del recinto.28
Se podría argumentar que, si en un inicio el cine
compitió con el teatro, en esta nueva etapa su desarrollo no
tuvo competencia. Incluso, la llegada del sonido aumentó la
popularidad del espectáculo. Y aunque se seguían presentando
obras teatrales, así como las famosas transmisiones de radio
que ocuparon recintos para retransmitir programas y conciertos,
el cine se convirtió en una de las actividades recreativas más
AHMM. Actas de Cabildo, Fondo Monterrey Contemporáneo, vol. 999,
exp. 1930/002, 29 de julio de 1930, f.4.
28
Periódico El Porvenir. Monterrey, N.L., 19 de octubre de 1930, 4.
27

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importantes en la ciudad, o por lo menos así se refleja en la
prensa local.
Las salas de cine se abarrotaban, llegando a presentarse
quejas de personas que quedaban paradas en la función. Ante
esto, el municipio llamó la atención a los empresarios para regular
el cupo de los recintos, pues muchas personas pagaban el valor
correspondiente por un lugar y al final terminaban de pie.29 Solo el
Teatro Salón Variedades y el Teatro Independencia cumplían con el
objetivo de contar con lugares separados. Por otro lado, la salida de
los eventos también presentaba dificultades, pues el público de las
salas ocasionaba aglomeraciones obstruyendo el tránsito.30
Se puede apreciar, también, que dentro de los recintos
no se respetaban las normas “moralizadoras” o de “etiqueta”. La
emoción que despertaba la película en el público lograba silbidos,
comentarios, gritos, entre otros, que para muchos sectores de la
sociedad eran meras vulgaridades. Se propuso a los Rodríguez que
hicieran de conocimiento al público algunas reglas o sugerencias,
como: “La gente culta aplaude, no manifieste usted su ignorancia
silbando en vez de aplaudir”, entre otras semejantes, con el objetivo
de que el público tuviera una “adecuada actitud” en los recintos.
Por otro lado, al exterior de los mismos también comenzaron
algunas complicaciones. La popularidad había aumentado aún
AHMM. Actas de Cabildo, Fondo Monterrey Contemporáneo, vol. 999,
exp.1928/005, 17 de enero de 1928, f.6.
30
AHMM. Actas de Cabildo, Fondo Monterrey Contemporáneo, vol. 999,
exp. 1930/023, 23 de septiembre de 1930, f. 12.
29

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más con la divulgación de los carteles que se instalaban fuera de
los cines o en los espacios públicos, lo que a veces llegó a ser de
gran molestia para otros sectores sociales, como los comerciantes,
que donde quiera visualizaban los grandes y pequeños postes que
daban mal aspecto.31
Las reacciones de la sociedad, sin embargo, parecieron
favorables. El público se identificaba con las estrellas de cine
hasta imitar los aspectos físicos de los actores. Algunos productos
de higiene personal, como las pastas dentales, aprovechaban el
fenómeno del cine para vender sus productos, argumentando
que “todas las estrellas de la pantalla tienen dientes hermosos”.32
Inclusive, se presentaban secciones de peinados, con el fin de
que las damas de la época imitaran la moda de las actrices como
Estelle Taylor o Raquel Torres:
Se hace con un simple forzal de la muñeca y una sencilla banda
de cualquier tela. Pone cuidadosamente a través de la cabeza
sostenido en ese lugar dos horquillas, una detrás de cada oreja.
Esto hace que el pelo de atrás se mantenga unido y listo. Entonces, el cabello largo que es tan desagradable en la nuca se
ensortija teniendo cuidado de que la banda quede oculta.33

Por otro lado, ante la crisis de 1929, cada estado del país había intentado aplicar sus propias soluciones. En Nuevo León, después
AHMM. Actas de Cabildo, Fondo Monterrey Contemporáneo, vol. 999,
exp. 1928/005, 24 de enero de 1928, f.5.
32
Periódico El Porvenir. Monterrey, N.L., 12 de enero de 1928, 4.
33
Periódico El Porvenir. “Cómo debe usted peinarse Señorita, si quiere seguir
la moda de las famosas estrellas de cine”, Monterrey, N.L., 7 de julio de 1929, 8.
31

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del intento de Sáenz por ocupar la presidencia y de designar a tres
gobernadores interinos, Benítez, Calles y Chapa, diversos grupos
locales apoyaron la candidatura del ingeniero en minas Francisco
A. Cárdenas, viendo en él un intento de recuperar la economía
local ante la crisis mundial.
Según Morado Macías, Cárdenas, que gobernó el estado
entre 1931 y 1933, reconoció el impacto negativo de la crisis
señalando que había afectado seriamente las finanzas públicas,
por lo que su administración había diseñado una estrategia para
generar ahorros significativos. También señaló que la crisis
generó un aumento importante en las tasas de desempleo, tomando
como medida la creación de un Comité pro-Desocupados con
sede en Monterrey, que gestionaba empleos dentro de obras
públicas.34
A este problema se añadía la situación de los repatriados.
Debido a la crisis, miles de personas, quienes prestaban sus
servicios como mano de obra, fueron expulsados de Estados
Unidos. Monterrey era una de las primeras rutas tomadas por
los migrantes, quienes llegaban sin alimentos, sin dinero, ni
hogar. Para ello, Cárdenas solicitó ayuda del gobierno federal
para erradicar este problema, solventando su pasaje para que los
migrantes regresaran a su lugar de residencia. En diciembre de
César Morado Macías, “Los gobiernos de los generales de la Revolución
mexicana”, en Del Reino al Estado. Los gobernadores de Nuevo León: 15792017, ed. Romeo Ricardo Flores Caballero (Monterrey: Serna Impresos,
2019), 178.
34

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�Arribo y consolidación

1933, Cárdenas renunció a la gubernatura, dejando el puesto a
otro gobernador interino o sustituto, Pablo Quiroga.
Pero para el ramo de los espectáculos, la crisis fluyó
sin mayores daños, sobre todo el cine. La prensa argumentaba
que los cambios que presentó el cinematógrafo no sólo trajeron
modificaciones en la forma de hacer y ver cine, sino, en la
generación de nuevos empleos.35 Y es que la expansión de las
salas de cine, junto a las cantidades de películas que se estaban
produciendo y que eran posteriormente exhibidas en los recintos
de la ciudad, aumentaron el personal empleado por las empresas.
Era lógico que los hermanos no pudieran encargarse
totalmente de todos los recintos a su cargo. Por ello, era
importante contar con trabajadores que colaboraran en diversas
áreas: algunos cumplían con la misión de exhibir los filmes, otros
eran encargados de su distribución en los salones foráneos, otros
del aseo, de las amenidades con que contaba el cine (dulcería, bar,
entre otras), y otros de administrar el lugar.
Continuando con las exhibiciones, los hermanos siguieron
programando y adquiriendo películas nacionales y habladas en
español. Es de suponerse que esto se deriva de la gran producción
nacional y que fue durante el periodo del “Maximato” en que el
cine sonoro se consolidó en una etapa que ha sido llamada época
preindustrial. El cine mexicano estaba intentando consolidarse
Periódico El Porvenir. “Notas cinematográficas: una ciudad dentro de otraAumentó el personal para las películas parlantes”, Monterrey, N.L., 25 de diciembre de 1930, 4.
35

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�Kassandra Sifuentes

entre las grandes industrias cinematográficas. Solo durante 1932
a 1936 se realizaron aproximadamente 92 filmes, según datos
de García Riera, de ficción, horror, arte, históricos, comedia e
incluso se incursionó hacía nuevos géneros como el ranchero.36
Dentro de esta consolidación de la industria en México,
se produjo la primera película sonora: Santa. La sociedad
regiomontana estaba entusiasmada, e incluso los periodistas
argumentaban que la industria cinematográfica seria y fuerte había
quedado definitivamente establecida en el país y solo necesitaba
un franco apoyo a fin de consolidarse bajo bases sólidas, fuertes.37
El 15 de abril de 1932, Santa se presentó en el teatro
Rodríguez. La obra fue dirigida por Antonio Moreno y estuvo
a cargo de la firma Compañía Nacional Productora de Películas.
Para darle sincronía al sonido y la imagen, Santa contó con la
colaboración de los hermanos Roberto y Joselito Rodríguez,
hermanos del reconocido Ismael Rodríguez, empleando su más
reciente invento, el Rodríguez Sound Recording System.
Se llevaron a cabo dos funciones, una a las 8:15 p.m. y
otra a medianoche. Se invitó a la soprano Minerva Rodríguez
para amenizar la velada, e incluso, gracias a las transmisiones
de radio, se detallaron los momentos del evento para quienes no
Emilio García Riera, Breve historia del cine mexicano. Primer siglo, 18971997 (México, DF: MAPA, 1998), 80.
37
Periódico El Porvenir. “La industria cinematográfica seria y fuerte ha quedado definitivamente establecida: Santa, la primera producción de la Compañía Nacional Productora de Películas se estrenará en el Gran Teatro Rodríguez
el viernes 15 del actual”, Monterrey, N.L., 13 de abril de 1932, 4.
36

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�Arribo y consolidación

pudieron asistir, consiguiendo que Lupita Tovar se comunicara
por dicha vía para saludar a los concurrentes afortunados. Santa
sólo se programó en el Teatro Rodríguez por razones de contrato
y el equipo de sonido con que éste contaba.38
Conclusiones
Aunque al inicio se creyó que su éxito sería momentáneo, durante
la década de 1920 se comprobó que el cine fue tomando impulso:
se crearon salas en diversas zonas de la ciudad, se creó un público
específico para el espectáculo, comenzó una fuerte distribución
fílmica, entre otros aspectos que dejaron clara su importancia.
Durante dicha época, comenzaron a destacar cambios en
el espectáculo -la adaptación del sonido a la imagen-, mismos que
provocaron una coyuntura entre la relación de éste con la sociedad. El
cine sonoro se convirtió en un fenómeno internacional y en diversas
partes del mundo fue recibido con entusiasmo. Esta revolución
sonora comenzó su expansión en el país, incluyendo a Monterrey.
Sin embargo, no todos los círculos sociales aceptaron los cambios.
La recopilación de información indica que la sociedad
regiomontana se rehusaba a los cambios que presentó el
espectáculo. Esto se puede observar desde su arribo, donde
algunos círculos sociales consideraban al cine como una atracción
vulgar; posteriormente, también hubo resistencia hacia el cambio
de vistas móviles a películas con argumentos, pues estaban
38

Periódico El Porvenir. “Santa”, Monterrey, N.L., 15 de abril de 1932, 4.

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�Kassandra Sifuentes

acostumbrados a películas más simples como paseos cotidianos,
salidas de fábricas, paisajes, entre otros.
Dichos cambios causaron disgusto social en su momento,
sin embargo, la sociedad llegó a adaptarse. Con el arribo del sonido
hubo reacciones similares. Algunos círculos sociales, principalmente
los intelectuales, estaban en contra, cuestionando los constantes
cambios del espectáculo. Por otro lado, la sociedad en general estaba
entusiasmada por las nuevas tecnologías, abarrotando los recintos
para escuchar hablar o cantar a sus artistas favoritos.
El arribo del sonido implicó cambios en la forma de
ir al cine. Su aparición en la ciudad orilló a los empresarios a
modificar la estructura de distribución, exhibición, e incluso
a modificar las antiguas salas de cine para instalar los aparatos
sonoros. Esto provocó que para la sociedad de clase media o baja
fuera más complicado acceder a esta atracción, ya que los gastos
realizados para hacer estos cambios se vieron reflejados en las
costosas entradas.
Referencias
Archivo
Archivo Histórico Municipal de Monterrey
Bibliográficas
García Riera, Emilio. Breve historia del cine mexicano. Primer
siglo, 1897-1997. México, DF: MAPA, 1998.
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�Arribo y consolidación

Maltby, Richard. Explorations in New Cinema History: Approaches and Case Studies. Londres: Blackwell Publishing
Ltd, 2011.
Meers, Philippe. “Metodologías de investigación para la ‘nueva
Historia del cine’”. En Miscelánea sobre el entorno audiovisual, editado por Francisco Ubierna Gómez y Javier
Sierra Sánchez. España: Fragua, 2014.
Morado Macías, César. “Los gobiernos de los generales de la Revolución mexicana”. En Del Reino al Estado. Los gobernadores de Nuevo León: 1579- 2017, editado por Romeo Ricardo Flores Caballero. Monterrey: Serna Impresos, 2019.
Segovia, Rafael, y Alejandra Lajous. Historia de la Revolución
mexicana, período 1928-1934: Los inicios de la Institucionalización, la política del Maximato. México, DF: El
Colegio de México, 1978.
Sifuentes Zúñiga, Kassandra. “Implicaciones sociales y culturales relativas al desarrollo del cine en Monterrey, 18981927”. Universidad Autónoma de Nuevo León, 2017.
Vidal Bonifaz, Rosario. “Los inicios del cine sonoro y la creación
de nuevas empresas fílmicas en México (1928-1931)”. Revista del Centro de Investigaciones, núm. 29 (2008): 17–28.

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�Las causas de canonización en la Arquidiócesis de
Monterrey
The causes of canonization in the Archdiocese of Monterrey
Moisés Alberto Saldaña Martínez
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0003-0627-6203

Resumen: El artículo busca analizar el significado de los procesos de
canonización que han sido encausados por la Iglesia regiomontana. Se
explica primeramente el significado de la santidad en el catolicismo, así
como el proceso de canonización que se sigue institucionalmente. Se
analizan enseguida las causas mexicanas, desde la época virreinal. Posteriormente, se abordan las devociones neoleonesas y los procesos de
la arquidiócesis regiomontana, es decir: el arzobispo Guillermo Tritschler, los sacerdotes Juan José Hinojosa, Raymundo Jardón y Pablo
Cervantes, y la religiosa sor Gloria Elizondo. Finalmente, se presenta
una interpretación sobre las causas de canonización de Monterrey, considerando su temporalidad, perfil de los candidatos y su número, entre
otros factores. Se ha recurrido a múltiples fuentes bibliográficas especializadas para el abordaje de la temática.
Palabras clave: Iglesia católica; canonizaciones; santos mexicanos;
Nuevo León; Historia de la religión.
Abstract: The article seeks to analyze the meaning of the canonization
processes that have been prosecuted by the Monterrey Church. First
of all, it is explained the meaning of holiness in Catholicism, as well
as the canonization process that is followed institutionally. Afterwards,
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�Las causas de canonización

the Mexican causes are analyzed, since the colonial era. Subsequently, the devotions of Nuevo León and the processes of the Monterrey
archdiocese are addressed, that is: Archbishop Guillermo Tritschler,
priests Juan José Hinojosa, Raymundo Jardón and Pablo Cervantes,
and the religious sister Gloria Elizondo. Finally, an interpretation of
the canonization processes of Monterrey is presented, considering their
temporality, the number of candidates, their profiles, among other factors. Multiple specialized bibliographic sources have been used to
address the issue.
Keywords: Catholic Church; canonizations; Mexican saints; Nuevo
León; History of religion.

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�Moisés Saldaña

Introducción
El catolicismo comenzó a tener presencia en el territorio del Nuevo Reino de León desde 1582, cuando algunos religiosos, como
fray Juan de la Magdalena, acompañaron a Luis Carvajal y de la
Cueva.1 Es decir, hace casi 440 años que se sentaron las bases
del Evangelio en dicha región, lo cual ha implicado una historia
extensa y compleja, plena de personajes significativos, religiosos
y laicos. Sin embargo, sólo cinco personas se hallan en proceso
de canonización, quienes realizaron su labor en poco más de 50
años (de 1913 a 1966) y cuyas causas fueron introducidas en sólo
cuatro años (entre 1991 y 1995).
A partir de lo anterior, se puede formular el siguiente
problema: ¿qué significado manifiestan los cinco procesos de
canonización postulados por la Arquidiócesis de Monterrey, en
el contexto de la sociedad regiomontana contemporánea? En el
presente texto se buscará dar respuesta a este cuestionamiento,
para postular una interpretación que establezca las particularidades
de los procesos de canonización neoleoneses.
El largo camino hacia el altar
Si bien la Iglesia católica afirma que “[t]odos son llamados a la
santidad”, sostiene también que “las gracias especiales o los signos extraordinarios de esta vida mística [son] concedidos solamente a algunos para manifestar así el don gratuito hecho a toIsrael Cavazos Garza, Breve historia de Nuevo León (México, DF: El Colegio de México, 1994), 31.
1

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�Las causas de canonización

dos”.2 Estas personas son los santos (del latín sanctus, a su vez
del griego “ἅγιος”, sagrado, que alude a alguien o algo “apartado”), de quienes se cree que están en el cielo “glorificados, contemplando ‘claramente a Dios’”. A ellos se les profesa “especial
veneración” (llamada “dulía” desde el Segundo Concilio de Nicea de 787), se busca el “auxilio de su intercesión” y se postula
que sus “carismas divinos los [hacen] recomendables a la piadosa
devoción e imitación de los fieles”.3 Los carismas son definidos
como “gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial […y] están ordenados […] al bien de
los hombres y a las necesidades del mundo”.4
Por otro lado, en los primeros siglos del cristianismo el
culto a los santos se dio de manera espontánea o bien sancionado
por las Iglesias particulares. Sin embargo, desde el siglo X Roma
comenzó a abrogarse el derecho a proclamar a los santos, hasta
que en 1170 el papa Alejandro III reservó dicha prerrogativa
definitivamente a la Santa Sede.5 En 1588 Sixto V creó la
Sagrada Congregación de Ritos, que gestionó los procesos de
“Catecismo de la Iglesia Católica”, sec. 2013 y 2014, consultado el 11
de julio de 2018, http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3a2_
sp.html#IV La santidad cristiana.
3
“Lumen Gentium. Constitución Dogmática sobre la Iglesia”, sec. 50, consultado el 11 de julio de 2018, http://www.vatican.va/archive/hist_councils/
ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html.
4
“Catecismo de la Iglesia Católica”, sec. 799.
5
Williams Smith y Samuel Cheetham, A Dictionary of Christian Antiquities
(https://archive.org/stream/dictionaryofchri01smituoft/dictionaryofchri01smituoft_djvu.txt, 1875), 283.
2

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�Moisés Saldaña

canonización; Urbano VIII emitió nuevas normas en 1634 y
1642, así como Próspero Lambertini entre 1734 y 1738, y dichas
disposiciones se incorporaron al Código de Derecho Canónico
de 1917.6 De tal modo, los procedimientos para la canonización
de una persona han variado a lo largo de los siglos y actualmente
rige una normativa establecida por el papa Juan Pablo II en 1983,
bajo la Constitución Apostólica Divinus Perfectionis Magister. Y,
derivado de dicha legislación general, se promulgó el mismo año
el documento Normae servandae in inquisitionibus ab Episcopis
faciendis in Causis Sanctorum.
Cabe precisar que “[l]a causa de beatificación y canonización se refiere a un fiel católico que en vida, en su muerte y después de su muerte tuvo fama de santidad, viviendo heroicamente
todas las virtudes cristianas; o bien goza de fama de martirio”. La
“fama de santidad es la opinión extendida entre los fieles acerca
de la pureza e integridad de vida del [candidato a santo] y acerca
de que éste practicó las virtudes en grado heroico”.7 De tal modo,
hasta 2017 existían ordinariamente dos itinera (vías) para iniciar el
Juan Pablo II, “Divinus Perfectionis Magister. Constitución Apostólica sobre la nueva legislación relativa a las Causas de los Santos”, consultado el 11
de julio de 2018, http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_constitutions/documents/hf_jp-ii_apc_25011983_divinus-perfectionis-magister.html.
7
“Sanctorum Mater. Instrucción sobre el procedimiento instructorio diocesano o eparquial en las Causas de los Santos”, secs. 4–6, consultado el 11 de
julio de 2018, http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/csaints/documents/rc_con_csaints_doc_20070517_sanctorum-mater_sp.html#INTRODUCCIÓN.
6

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�Las causas de canonización

proceso de canonización: las virtudes heroicas y el martirio.8 Sin
embargo, dentro del proceso también es importante la “fama signorum”, que es “la opinión difundida entre los fieles acerca de las
gracias y favores recibidos a través de la intercesión del siervo de
Dios”,9 es decir, los milagros que se le atribuyen. Enseguida se describirán los pasos del camino hacia la santidad.
En primera instancia, se halla la fase preliminar del
proceso. Existen tres figuras destacadas en esta etapa: el obispo
diocesano en cuya jurisdicción haya fallecido el candidato a
santo y a quien compete el derecho de investigación;10 el actorpromotor (cualquier persona física o jurídica perteneciente a la
Iglesia), quien promueve la causa de canonización y asume la
responsabilidad moral y económica del proceso; y el postulador
(un sacerdote, religioso o laico), designado por el actor con la
aprobación del obispo, quien investiga sobre la vida y méritos del
candidato, da seguimiento al desarrollo del proceso instructorio y
administra los recursos económicos.11
El 11 de julio de 2017, el papa Francisco agregó un tercer iter: el ofrecimiento de la vida. Véase: Francisco, “Maiorem hac Dilectionem. Carta
Apostólica en forma de «Motu Proprio» sobre el ofrecimiento de la vida”,
consultado el 12 de julio de 2018, https://w2.vatican.va/content/francesco/
es/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio_20170711_maiorem-hac-dilectionem.html
9
“Sanctorum Mater. Instrucción sobre el procedimiento instructorio diocesano o eparquial en las Causas de los Santos”, sec. 6.
10
Juan Pablo II, “Divinus Perfectionis Magister. Constitución Apostólica sobre la nueva legislación relativa a las Causas de los Santos”, sec. 1.
11
“Normae servandae in inquisitionibus ab Episcopis faciendis in Causis
Sanctorum. Constitución sobre las normas que han de observarse en las in8

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�Moisés Saldaña

Las causas pueden ser recientes (cuando existen aún
testigos vivos) o antiguas (cuando tienen que sustentarse
en documentos y testimonios históricos no orales). Para las
causas recientes, deben haber transcurrido cinco años desde el
fallecimiento del candidato, pero preferentemente no más de
treinta, pues de otro modo debe justificarse el retraso para incoar
la causa.12 Una vez reunida la documentación necesaria (como la
biografía del potencial santo y los escritos que éste haya emitido),
se presenta al obispo la petición de instrucción de la causa y el
candidato pasa a denominarse siervo de Dios.13 El obispo debe
consultar con los demás obispos de la región, con los fieles y
con la Santa Sede si existe algún inconveniente para iniciar el
proceso. El Vaticano analiza la ortodoxia de los escritos e ideas
del potencial santo y, si no existe objeción, se emite un Nihil
Obstat para la introducción de la causa.14
Habiéndose superado estas consultas, se inicia
formalmente el proceso a nivel diocesano y el obispo nombra a
los miembros del Tribunal que realizará la investigación, el cual
vestigaciones que hagan los obispos en las Causas de los Santos”, secs. 1–3,
consultado el 12 de julio de 2018, http://www.causesanti.va/content/causadeisanti/it/documenti/normae-servandae_es.html.
12
“Normae servandae in inquisitionibus ab Episcopis faciendis in Causis
Sanctorum. Constitución sobre las normas que han de observarse en las investigaciones que hagan los obispos en las Causas de los Santos”, sec. 7 y 9.
13
“Sanctorum Mater. Instrucción sobre el procedimiento instructorio diocesano o eparquial en las Causas de los Santos”, sec. 4.
14
“Sanctorum Mater. Instrucción sobre el procedimiento instructorio diocesano o eparquial en las Causas de los Santos”, secs. 41–46.
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�Las causas de canonización

es presidido por el propio obispo (o su delegado) e incluye a un
promotor de justicia, los notarios, los censores teólogos, y los
peritos en historia y archivística. A ellos compete escudriñar y
analizar la documentación, e interrogar a los testigos (si los hay)
en torno a la causa.15 Para concluir la etapa diocesana, el obispo o
su delegado deben visitar el sepulcro, la casa donde vivió, el lugar
donde murió y demás espacios relacionados con el siervo de Dios
para verificar que no se le rinde culto público prohibido (sólo es
lícito el culto privado).16
Tras la integración de los documentos, actas y testimonios
de la causa, todo el material se envía a la Congregación para las
Causas de los Santos en El Vaticano, con lo que da inicio la fase
romana del proceso. Dicha Congregación, primeramente, decreta
la validez jurídica de la causa y designa un relator, el cual asesora
y revisa la elaboración del documento sobre la vida y obra del
siervo de Dios. Dicho texto se denomina Positio super vita,
virtutibus et fama sanctitatis, y consta de dos partes: el sumario
(selección de los mejores textos del proceso diocesano) y la
información sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad del
candidato (su historia de vida y los testimonios sobre sus virtudes
y fama probada de santidad).
“Normae servandae in inquisitionibus ab Episcopis faciendis in Causis
Sanctorum. Constitución sobre las normas que han de observarse en las investigaciones que hagan los obispos en las Causas de los Santos”, secs. 14–27.
16
“Normae servandae in inquisitionibus ab Episcopis faciendis in Causis
Sanctorum. Constitución sobre las normas que han de observarse en las investigaciones que hagan los obispos en las Causas de los Santos”, sec. 28.
15

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�Moisés Saldaña

Enseguida, la Positio debe ser revisada por ocho censores
teólogos y, si éstos dan su aprobación, pasa al análisis de la
Congregación ordinaria de cardenales y obispos. Si el informe de
estos clérigos es positivo, el papa emite el Decreto de las virtudes
heroicas o el Decreto sobre el martirio, y desde ese momento
el candidato recibe el título de venerable. Tras este paso, los
mártires pueden ser declarados beatos, es decir, se autoriza su
culto público a nivel diocesano y su conmemoración se incluye
en el Martirologio.
Pero en el caso de aquellos que sólo se han reconocido
sus virtudes heroicas, debe haber un milagro “probado
científicamente” (por lo regular, se trata de una sanación
“inexplicable médicamente” que se atribuye a su intercesión),
para que pueda ser beatificado. En estos casos, será necesario
probar un segundo milagro (ordinariamente, a los mártires
no se les exigen milagros como requisito) para que culmine el
proceso con la canonización, es decir, que el papa proclame
solemnemente al beato como santo y autorice su culto público en
la Iglesia universal.17 Los milagros son interpretados como una
confirmación divina de la santidad del candidato, es decir, como
una especie de juicio de Dios.
Juan Pablo II, “Divinus Perfectionis Magister. Constitución Apostólica
sobre la nueva legislación relativa a las Causas de los Santos”, secs. 13–16;
“Causas de Canonización. Pasos hacia la canonización”, Familia de la Cruz,
consultado el 12 de julio de 2018, http://www.causascanonizacion.org/pasoshacialacanonizacion.htm.
17

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�Las causas de canonización

Todo el proceso puede durar muchos años, incluso siglos.
Han existido procedimientos sumamente rápidos (san Antonio de
Padua, canonizado en 1232, menos de un año después de morir)
y procesos muy parsimoniosos (santa Hildegarda de Bingen,
fallecida en 1179 y canonizada en 2012). Asimismo, hay casos
que se estancaron sin motivos de peso, como los procesos del
cardenal Cisneros y la reina Isabel I de Castilla. Los motivos
políticos y económicos suelen estar detrás de estos obstáculos.
Santos y beatos mexicanos
Durante la época hispánica de América los criollos ansiaron la
canonización de santos autóctonos, bajo la premisa de que si su
tierra era fértil en frutos de santidad, ello los equiparaba a los europeos. Así, desde el siglo XVII se buscó la canonización de personas, cuyo origen o lugar de acción hubiese sido América. Pero
sólo se verificó la canonización de una mujer americana durante
toda la etapa colonial: la criolla limeña Isabel Flores de Oliva,
llamada Rosa de Santa María (santa Rosa de Lima), cuyo proceso
fue relativamente rápido, pues fue canonizada en 1671 apenas 54
años después de su muerte.
Puede agregarse otro santo proclamado durante la época
virreinal, cuya labor se desarrolló en el Nuevo Mundo aunque era
originario de España: Toribio de Mogrovejo, (arzobispo de Lima,
1579-1606), quien fue canonizado en 1726. Por otro lado, sólo un
novohispano llegó a ser beatificado: el criollo capitalino Felipe
de las Casas y Martín, llamado Felipe de Jesús, fraile franciscano
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�Moisés Saldaña

que fue martirizado en 1597 en Nagasaki, Japón, junto con otros
25 cristianos. Pablo Miki encabezó a este grupo en el proceso de
beatificación y el papa Urbano VIII los proclamó beatos en 1627.18
El martirio y la pertenencia de los candidatos a las órdenes
de los franciscanos y jesuitas favoreció el proceso, donde quedó
implicado el novohispano Felipe. Tras su beatificación, ascendió
su culto en México: en 1638 se erigió su capilla en la Catedral de
México, desde el año siguiente se celebró su fiesta el 5 de febrero,
y fue venerado como Patrón de la Ciudad de México y de la Nueva
España, llamándosele “san”, pese a que sólo se hallaba beatificado.
El único otro caso de beatificación durante la época novohispana
fue el de Sebastián de Aparicio, franciscano nativo de España,
fallecido en Puebla en 1600 y declarado beato en 1789.
Sin embargo, estos escasos resultados no significaron que
los criollos no promovieran más causas de quienes nacieron o
laboraron en América, como fueron los casos de los obispos Juan
de Palafox y Mendoza, y Francisco de Aguiar y Seixas, de las
místicas sor María de Jesús de Tomelín y Catarina de San Juan,
de los eremitas taumaturgos Gregorio López y fray Bartolomé de
Jesús María, y del mártir de Japón fray Bartolomé Gutiérrez. Casi
todos ellos vivieron en México y Puebla entre fines del siglo XVI
Antonio Rubial García, “Los santos milagreros y malogrados de la Nueva
España”, en Manifestaciones religiosas en el mundo colonial americano, ed.
Clara García Ayluardo y Manuel Ramos Medina (México, DF: Instituto Nacional de Antropología e Historia; Condumex - Centro de Estudios de Historia de
México; Universidad Iberoamericana, 1997), 57.
18

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�Las causas de canonización

y principios del XVII, y sus causas fueron introducidas a fines del
siglo XVII y durante el siglo XVIII. Es significativa la ausencia
de frailes evangelizadores entre estos primeros candidatos a la
santidad.
Los promotores de estos procesos fueron los obispos o
las órdenes religiosas, y los novohispanos apoyaron estas causas
otorgando recursos económicos. No obstante, ninguno de estos
procesos fue exitoso en aquella época19 por diversos motivos,
como méritos insuficientes, aspectos heréticos, poco dinero para
la promoción, o la procedencia étnica o social del candidato.
Además, desde mediados del siglo XVIII la Corona limitó
los procesos de canonización de americanos, por el potencial
autonomista que implicaban.20 En efecto, Felipe de Jesús fue un
emblema del nacionalismo criollo a fines del siglo XVIII.
Sin embargo, una nueva coyuntura política favoreció
a los procesos de beatificación y canonización en el México
independiente, durante la época de la Reforma. Así, el papa Pío
IX canonizó en 1862 a Pablo Miki y compañeros, entre los que
se encontraba Felipe de Jesús, y beatificó en 1867 a Bartolomé
Gutiérrez y Bartolomé Laurel, ambos también religiosos,
mártires en Japón y beatificados en grupo. Estas proclamaciones
Juan de Palafox fue beatificado en 2011; los procesos de Francisco de
Aguiar, María de Jesús de Tomelín, Gregorio López y Bartolomé de Jesús
María se estancaron, y Catarina de San Juan fue declarada heterodoxa por el
Santo Oficio en 1696.
20
Rubial García, “Los santos milagreros y malogrados de la Nueva España”,
58 y 59.
19

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son interpretadas por algunos como “consecuencia de la urgente
necesidad que tenía el papado de fortalecer al bando conservador
frente a los anticlericales liberales”.21
Sin embargo, después de la década de 1860 ningún
mexicano volvió a ser elevado a los altares durante más de un
siglo, hasta la beatificación del sacerdote jesuita Miguel Agustín
Pro, zacatecano ejecutado en la Ciudad de México en 1927
acusado de participar en un atentado contra Obregón, por lo que
fue declarado mártir. Su proceso inició desde 1935 y en 1952 su
causa pasó a la fase romana, pero su martirio no fue reconocido
oficialmente sino hasta 1986 por el papa Juan Pablo II y su
beatificación se verificó en 1988.22
Dos años después, en su segunda visita a México, el
mismo pontífice beatificó en la Basílica de Guadalupe de la
capital del país a tres nuevos beatos: el vidente guadalupano
Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el sacerdote José María Yermo y
Parres, y los tres niños Cristóbal, Antonio y Juan, mártires de
Tlaxcala. Los años siguientes se multiplicaron las beatificaciones
de mexicanos: en 1992, el sacerdote Cristóbal Magallanes y 24
compañeros mártires de la persecución religiosa, y sor María
Natividad Venegas de la Torre; en 1995, el obispo Rafael Guízar y
Valencia; y en 1997, el sacerdote Elías del Socorro Nieves, mártir
Rubial García, 140.
Enrique Mendoza Delgado, “Miguel Agustín Pro, mártir de la fe”, Revista Verbo, 1988, http://www.fundacionspeiro.org/verbo/1988/V-269270-P-1169-1194.pdf.
21
22

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en la época de la Guerra Cristera, y la religiosa María Vicenta de
Santa Dorotea Chávez Orozco.
En mayo del año 2000, el papa Juan Pablo II canonizó a 27
beatos mexicanos (Cristóbal Magallanes y 24 compañeros, José
María Yermo y María Natividad Venegas), con lo que se engrosó
en una sola ceremonia el número de santos mexicanos, que pasó
de uno a 28. Después de ese año, México ha sumado 7 santos y
numerosos beatos más, de modo que cuenta actualmente con 35
santos y alrededor de 26 beatos.23 La más reciente beatificación
fue la de Concepción Cabrera de Armida, acontecida el 4 de mayo
de 2019.
Sin embargo, las múltiples canonizaciones y beatificaciones
de las últimas décadas no han estado exentas de polémicas.
En primera instancia, las causas de los numerosos mártires de
la persecución religiosa de las décadas de 1920 y 1930 fueron
generalmente impulsadas por los sectores más conservadores
y opuestos al régimen priísta,24 y algunos interpretaron las
El número preciso puede ser variable, según el criterio que se adopte, pues
existen santos o beatos no originarios de México, pero que realizaron su labor
en lo que es o fue territorio mexicano (como el español san Junípero Serra, que
fue misionero en California), y existen quienes eran originarios de México, pero
fueron martirizados y postulados en el extranjero (como el jalisciense beato Reginaldo Hernández Ramírez, ejecutado en España). Ver “Santos y beatos mexicanos”, consultado el 14 de julio de 2018, http://www.arquidiocesisdepuebla.
mx/index.php/arquidiocesis/santos-y-beatos-mexicanos/beatos?start=20.
24
“Los Tecos son considerados la parte más reaccionaria de la ultraderecha
[…] y fueron los principales impulsores de la canonización de los 25 mártires
de la Cristiada, resaltando así su carácter antagónico a las instituciones del
Estado”. Ver Mónica Uribe, “La ultraderecha en México: el conservaduris23

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canonizaciones del año 2000 como un espaldarazo vaticano a la
alternancia política.25 Además, estas causas han sido criticadas
por otro motivo: el “‘favoritismo exacerbado’, que benefició a los
sacerdotes y relegó a los mártires laicos, quienes fueron mayoría
durante la persecución religiosa en México”. En efecto, de los 25
mártires canonizados en 2000 sólo tres eran laicos, mientras que
“durante la Guerra Cristera murieron como mártires por lo menos
200 laicos”, al tiempo que “en ese mismo período, cayeron en
total 90 sacerdotes”.26
Otros mártires cuya santificación despertó suspicacias
fueron los niños mártires tlaxcaltecas, porque su historia implicó
“[l]a manipulación de la conciencia de niños y adolescentes para
ponerlos al servicio de causas sagradas”27 y “por la forma insidiosa
de oponer a los hijos contra los padres e incitar deliberadamente
la destrucción de las familias”.28 Asimismo, la beatificación de
los mártires de Cajonos generó críticas, ya que “delataban a los
practicantes de la religión indígena, causando muertes y daños
mo moderno”, El Cotidiano 23, núm. 149 (2008): 47, http://www.redalyc.org/
pdf/325/32514905.pdf.
25
“Consideran estrategia política la santificación de mártires”, Reforma,
consultado el 15 de junio de 2000, https://reforma.vlex.com.mx/vid/consideran-estrategia-santificacion-martires-80987604.
26
Rodrigo Vera, “La Iglesia discrimina a mártires laicos: Jean Meyer”, Proceso, el 15 de abril de 2000, https://www.proceso.com.mx/183033/la-iglesia-discrimina-a-martires-laicos-jean-meyer .
27
Guillermo Bonfil Batalla, “Los niños mártires de Tlaxcala”, Cuadernos
Nexos, mayo de 1990, https://www.nexos.com.mx/?p=5829.
28
Enrique Florescano, Historia de las historias de la nación mexicana (México, DF: Taurus, 2002), 160.
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mediante su información a los encendidos misioneros”, por lo
que sus acciones pueden significar que “los padres y su pueblo
eran malvados y la cultura indígena era mala”.29
De igual modo, la canonización de José Sánchez del
Río, adolescente de 14 años ejecutado por su simpatía hacia los
cristeros, ha despertado cuestionamientos porque se “parece más,
en los tiempos actuales a un joven suicida islámico”, pudiendo
postularse la pregunta: “¿[é]se es el modelo que quiere mostrar
la Iglesia a los jóvenes actuales?”.30 Por otro lado, la exaltación
a los altares de Juan Diego fue duramente criticada por las dudas
sobre su historicidad, siendo incluso descalificada por el abad de
la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg.31 Otro caso
polémico fue el del obispo Rafael Guízar y Valencia, no tanto
por él mismo, sino porque era tío abuelo de Marcial Maciel y su
causa fue ampliamente impulsada por los Legionarios de Cristo,
e interpretada como una exaltación del fundador de la orden;32
cabe agregar que la madre de Maciel, Maura Degollado, también
se encuentra en proceso de canonización.
Asimismo, hay otros cuatro motivos generales que
han generado críticas hacia las santificaciones recientes.
Sergio Zaldívar, “Los beatos de Oaxaca”, Proceso, el 27 de julio de 2002,
https://www.proceso.com.mx/187969/los-beatos-de-oaxaca.
30
Bernardo Barranco, “Canonización y polémica del ‘niño cristero’”, Milenio, el 19 de octubre de 2016, http://www.milenio.com/opinion/bernardo-barranco/posteando/canonizacion-y-polemica-del-nino-cristero.
31
“Polémica en México sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe”, El
País, el 31 de mayo de 1996.
32
“Canonización calculada”, Proceso, el 15 de octubre de 2006.
29

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Primeramente, algunos cuestionan su copiosidad, producto de la
“simplificación” del proceso que decretó Juan Pablo II en 1983
donde, principalmente, se redujo el número de milagros exigidos
de cuatro (dos para la beatificación y dos para la canonización) a
sólo dos y se eliminó la figura del promotor de la fe o advocatus
diaboli.
En segundo lugar, como ya se había mencionado en
relación con los mártires de la Cristiada, se critica que ha habido
“demasiados sacerdotes y monjas y no suficientes personas laicas
con quienes los católicos promedio pudieran relacionarse más
fácilmente”. En tercera instancia, “algunas canonizaciones y
beatificaciones también parecen sólo políticamente motivadas”,
por ejemplo, es el caso de algunos mártires de regímenes
condenados por la Iglesia, como los socialistas.33
Y, por último, se ha criticado duramente el predominio del
factor económico en los procesos, por encima de lo estrictamente
religioso. Así, en 2015 los periodistas italianos Gianluigi Nuzzi
y Emiliano Fittipaldi denunciaron en sus respectivos libros
(sustentados en documentación vaticana) “que las beatificaciones
y santificaciones no se basan en los supuestos milagros que
ha realizado el interesado, sino en el dinero que se paga a la
Santa Sede”. Según Nuzzi, “[e]l coste es de alrededor de medio
Melinda Henneberger, “Ideas &amp; trends; the Saints just keep marching in”,
New York Times, el 16 de julio de 2018, https://www.nytimes.com/2002/03/03/
weekinreview/ideas-trends-the-saints-just-keep-marching-in.html. [La traducción ha sido realizada por el autor de esta investigación.]
33

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millón de euros de media”, por lo que denunció que “dichos
procedimientos son una auténtica máquina de hacer dinero”.
Estas críticas motivaron al papa Francisco a decretar en marzo
de 2016 estrictos controles financieros de los recursos que fluyen
durante los procesos de canonización, con el fin de que se destinen
únicamente a los gastos de las causas, y a establecer un “fondo de
solidaridad” para sustentar la fase romana del proceso, de manera
que la carencia de recursos económicos no sea un obstáculo para
su avance.34
Al margen de las polémicas, México cuenta con alrededor
de cien procesos de canonización promovidos por las diversas
diócesis del país, siendo las más importantes las Arquidiócesis
de México y Guadalajara. Por su parte, la Iglesia regiomontana
ha presentado particularidades en este aspecto y sólo ha incoado
cinco causas, como se verá enseguida.
Procesos de canonización neoleoneses
Durante la época virreinal, hubo diversos religiosos destacados
en el Nuevo Reino de León. Tal fue el caso del misionero fray
Martín de Altamirano, uno de los fundadores del convento de San
Andrés en Monterrey, quien murió martirizado en 1606 flechado
por un grupo indígena en la Pastora. Asimismo, hubo importantes
Mònica Bernabé, “El Papa reforma los procesos de canonización para
asegurar su transparencia financiera”, El Mundo, el 10 de marzo de 2016,
http://www.elmundo.es/sociedad/2016/03/10/56e1a17422601d031a8b45b7.
html.
34

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religiosos protectores de los indígenas, como fray José de San
Gabriel en las misiones del Río Blanco, hacia 1650; fray Antonio Margil de Jesús, quien fundó un hospital y escuela en Boca
de Leones alrededor de 1715; y fray Juan de Losada, quien fue
activo en Linares y el Valle del Pilón hacia 1715.35 Sin embargo,
sólo fue introducida la causa de canonización de uno de estos
religiosos: fray Antonio Margil por parte del Arzobispado de México en 1767, quien fue declarado venerable en 1836, pero desde
entonces su proceso se estancó.36
Por otro lado, los habitantes del Nuevo Reino de León,
al igual que el resto de los novohispanos, al carecer de santos
propios encontraron a quien venerar en los santos e imágenes
religiosas.37 Así, en el acta de fundación de Monterrey se estipuló
que la iglesia mayor debía dedicarse a la Virgen María en “su
Santa y Limpia Concepción y Anunciación”,38 y con el correr de
los años se agregaron otras imágenes y advocaciones marianas,
como la Virgen del Reino, del Nogal o del Roble, sustentada en
Cavazos Garza, Breve historia de Nuevo León, 1994, 31–38.
Antonio Rubial García, La santidad controvertida: Hagiografía y conciencia criolla alrededor de los venerables no canonizados de Nueva España
(México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México; Fondo de Cultura
Económica, 2015).
37
Maribel García Méndez, “Credibilidad y opinión pública entre estudiantes
de Ciencias de la Comunicación y Derecho: Caso la Iglesia Católica”
(Universidad de las Américas Puebla, 2004), 44, http://catarina.udlap.mx/u_
dl_a/tales/documentos/lco/garcia_m_m/ capitulo3.pdf.
38
“Acta de fundación de Monterrey. Anexo núm. 1”, consultado el 16 de julio
de 2018, http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020110039/1020110039.PDF.
35
36

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una leyenda del siglo XVII;39 la Virgen de la Purísima, con base
en un supuesto milagro de 1716,40 y la Virgen de Guadalupe, cuya
devoción arraigó en la primera mitad del siglo XVIII. También
hubo devoción importante hacia los santos franciscanos, como
san Francisco y san Antonio, y hacia los santos patronos de los
poblados del reino, como san Gregorio Magno, santa Catarina, san
Pedro, Santiago y san Juan Bautista. Además, al carecer de causas
locales de canonización, durante el siglo XVIII los habitantes de
la región apoyaban frecuentemente en sus testamentos al proceso
del cardenal Cisneros.41
Durante el siglo XIX se agregaron otras devociones, como
la de san Caralampio (santo patrono contra la peste), a quien
se erigió una capilla en Monterrey que existió de 1830-1846,42
y a santa Rita, a quien se dedicó también un efímero templo.43
Además, para fines del siglo un sacerdote regiomontano obtuvo
en Roma una reliquia importante: el cráneo de santa Librada,
Israel Cavazos Garza, Crónicas y sucedidos del Monterrey virreinal (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León - Facultad de Filosofía y Letras,
2009), 144–48.
40
Santiago Roel, Nuevo León. Apuntes históricos (Monterrey: Castillo,
1980), 57.
41
Rodríguez, entrevista.
42
Enrique Tovar Esquivel y Adriana Patricia Garza Luna, “La capilla de San
Caralampio. Una presencia fugaz en Monterrey”, Boletín de monumentos históricos, núm. 6 (2006): 19–26, https://revistas.inah.gob.mx/index.php/boletinmonumentos/article/view/1996/1926.
43
Abraham Vázquez, “El historiador y cronista Carlos González y los arqueólogos Aracely Rivera y Enrique Tovar trazan aquí esta cartografía de lugares de ayer”, El Norte, el 12 de mayo de 2008.
39

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que se depositó en la parroquia de La Luz.44 Y en 1924, tras su
visita a Roma, el arzobispo José Juan de Jesús Herrera y Piña
llevó a Monterrey dos reliquias más: las de san Teófimo y santa
Irene, las primeras depositadas en el Seminario y las segundas
concedidas a las Misioneras Catequistas de los Pobres.45 Así, ante
la carencia de santos propios, la población orientó su devoción
hacia estos santos poco conocidos, pero de quienes se contaba
con sus reliquias autenticadas por Roma.
No obstante, también surgieron figuras de santos
populares, no avalados por la Iglesia, como el taumaturgo El Tatita
(década de 1860)46 y el Niño Fidencio (1898-1938), reconocido
por sus seguidores como un “médico-vidente-rey-pontífice”.47
Así, al margen de la ortodoxia católica, la devoción popular
suplantó la ausencia de santos locales con estas figuras sagradas.
Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XX y hasta los
años 60 también destacaron en Monterrey algunos personajes
Aunque esta reliquia se asocia con la legendaria santa Librada o Wilgefortis, una santa barbuda que fue crucificada según la leyenda medieval, este cráneo al parecer provenía de las catacumbas romanas, por lo que pudo tratarse de
alguna mártir de los primeros siglos del cristianismo. Ver Luis Barrera López,
“Reviven reliquias de Santa Librada”, El Mañana, el 10 de marzo de 2018,
http://www.elmanana.com.mx/noticia/97178/Reviven-reliquias--de-Santa-Librada.html.
45
Vicente Guerrero, “Santos entre los regios”, El Norte, el 4 de febrero de
2001, https://norte-monterrey.vlex.com.mx/vid/santos-regios-78203979.
46
Roel, Nuevo León. Apuntes históricos, 180–81.
47
Israel Cavazos Garza, Breve historia de Nuevo León (México, DF: El Colegio de México; Fideicomiso Historia de las Américas; Fondo de Cultura Económica, 2003), 201–2.
44

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religiosos que se ganaron la veneración popular, quienes por
su carisma y labor pastoral se hallan actualmente en proceso de
canonización. A continuación se expondrá un esbozo sobre la
vida de estos personajes, así como en torno a la introducción y
estado actual de sus procesos de canonización.
Juan José Hinojosa Cantú
Nació el 24 de noviembre de 187448 en Agualeguas, Nuevo León;
sus padres fueron los señores Silvestre Hinojosa y Agapita Cantú de Hinojosa. Cursó su instrucción primaria en Monterrey y
la preparatoria en el Colegio de San Juan Nepomuceno de Saltillo. Entre 1889 y 1891 realizó sus estudios sacerdotales en el
Seminario Conciliar de Guadalajara, y luego pasó al Seminario
de Monterrey. Fue ordenado sacerdote en diciembre de 1897 en
la Catedral de Monterrey por el arzobispo Jacinto López y Romo.
En mayo de 1898 fue designado vicario de la Capilla del Sagrario
de Catedral y en abril de 1900 fue nombrado director de la Asociación de la Santa Infancia del Colegio de San José.
Desde enero de 1901 se desempeñó como maestro y
director espiritual del Seminario de Monterrey, de donde fue
designado vicerrector en 1904. Tres años después, en 1907,
comenzó bajo su iniciativa la publicación del semanario
de propaganda católica denominado “Hoja dominical”. En
noviembre de ese mismo año fue nombrado secretario de la
48

Algunas fuentes ubican erróneamente su nacimiento en 1871.

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Mitra por el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, y en diciembre
impulsó el inicio de otra publicación: el “Boletín Eclesiástico de
la Provincia Arquidiocesana”.
Posteriormente, en mayo de 1917 fundó la Congregación
Mariana de María Inmaculada y San Luis Gonzaga con un grupo
de adolescentes, con el objetivo de forjar en ellos bases morales
y espirituales, con “el espíritu de los verdaderos apóstoles de
Cristo”; más delante, esta asociación se denominó Congregación
Mariana de El Roble. Ese mismo año, el Seminario pasó a ubicarse
en un anexo del templo de El Roble, donde también ejerció su
ministerio el padre Hinojosa.
En 1919 fundó la Asociación Católica de la Juventud
Mexicana en Monterrey, con miembros de las Congregaciones
Marianas, y en 1920 fue designado para ocupar nuevos cargos:
primer tesorero de la Sociedad Mutualista de Sacerdotes,
tesorero de la Mitra, consultor diocesano, notario del Tribunal
eclesiástico y secretario de la Dirección General del Apostolado
de la Oración y demás asociaciones que tenían como objetivo el
culto al Sagrado Corazón.
En diciembre de 1921 el arzobispo Herrera y Piña lo
designó canónigo, como miembro del Cabildo de Catedral. Pero
en septiembre de 1923 renunció como secretario de la Mitra,
debido a su carga de trabajo y por motivos de salud, aunque
continuó desempeñándose como tesorero. Ese mismo año, tras
la erección del templo de San Luis Gonzaga, ejerció su labor
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sacerdotal en este recinto. Tiempo después, en junio de 1930 fue
nombrado delegado diocesano de la Liga Sacerdotal Mexicana, y
para mayo de 1933 el papa lo designó deán de la Catedral.
Se afirma que “[e]ra tan intensa su fe ardiente en la
presencia de Cristo en la Sagrada Eucaristía que inolvidables
veces lo llevó al éxtasis y la levitación al momento de la
consagración”. El padre Hinojosa falleció el 10 de diciembre de
1935 y su cuerpo fue velado en un anexo de la Catedral, adonde
acudieron numerosas personas para rendirle homenaje. Al día
siguiente fue sepultado en el panteón de El Carmen, pero en 1967
sus restos fueron trasladados a la cripta de la Capilla de San José,
anexa al templo de El Roble.49
Las Congregaciones Marianas siempre promovieron la vida
y virtudes del padre Hinojosa, y en octubre de 1983 solicitaron formalmente al arzobispo José de Jesús Tirado y Pedraza que se diera
inicio al proceso de canonización de su fundador. Así, comenzó la
recopilación de testimonios y documentos, y en agosto de 1991 el
arzobispo Adolfo Suárez Rivera integró el Tribunal ad causam, con
la Congregación Mariana de El Roble como actor y el señor José
Ortiz Bernal como postulador. El proceso diocesano concluyó en
noviembre de 1994, remitiéndose la causa a Roma, donde en mayo
de 1995 se reconoció su validez. En 1994 el señor Ortiz Bernal publicó una obra biográfica sobre el fundador de las Congregaciones
“Biografía y resumen cronológico”, Causa Padre Juan José Hinojosa Cantú, 2018, http://www.causapadrejuanjosehinojosacantu.com.mx/biografia-delsiervo-de-dios-cngo--juan-jose-hinoj_1.html.
49

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Marianas, quien ostenta el título de siervo de Dios y cuyo proceso
no ha tenido mayores avances tras su introducción en El Vaticano.50
Raymundo Jardón Herrera
Vio la luz en Tenancingo, Estado de México, en 1887. Sus padres fueron los señores Jacinto Jardón y Paula Herrera. Trabajó
desde pequeño para ayudar a su familia y luego ingresó al Colegio Pío Gregoriano de Tenancingo, con la ayuda del párroco
de su pueblo. Posteriormente, pasó al Seminario de San José de
Cuernavaca, donde se convirtió en “familiar” del obispo de la
diócesis, Francisco Plancarte y Navarrete, es decir, éste asumió el
papel de tutor del joven seminarista. Y, cuando en 1912 el prelado
fue trasladado al arzobispado de Linares-Monterrey, lo acompañó
Raymundo Jardón junto con otros dos seminaristas para cursar en
Monterrey la última etapa de su formación sacerdotal.51 El 27 de
abril de 1913 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Saltillo
por el obispo Jesús María Echavarría, debido a que monseñor
Plancarte se hallaba enfermo.
Tras convertirse en presbítero, fue nombrado sacristán
mayor de la Catedral de Monterrey, cargo en el que permaneció
hasta su muerte. Destacó por ser un sacerdote abocado hacia la
predicación, la confesión, la catequesis y la visita a los enfermos.52
“Biografía y resumen cronológico”.
“Infancia y vocación”, Causa de beatificación y canonización, 2018,
https://www.padrejardon.org.mx/.
52
Hermes Campos, El mundo del Padre Raymundo (Monterrey: Sociedad de
Amigos del Padre Jardón, 2000), 31–33.
50
51

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Fue fundador de diversos movimientos y asociaciones parroquiales,
y apoyó a grupos de damas como la Asociación San Vicente de
Paul, la Asociación del Santísimo y la Asociación de Damas
Católicas Mexicanas. Además, coincidiendo con la labor del padre
Hinojosa, fundó en 1918 la Congregación Mariana en la Catedral
y participó en el establecimiento de la Asociación Católica de la
Juventud Mexicana en Monterrey en 1919.53 Fue gran promotor del
culto guadalupano, iniciando las peregrinaciones a dicho Santuario
en 1922 y mandando pintar la imagen que se ubica actualmente en
ese templo.54 Durante la época de la persecución religiosa, partió al
exilio desde marzo de 1927, acompañando al arzobispo Leopoldo
Ruiz y Flores en Estados Unidos y Cuba, y regresó a Monterrey a
principios de 1928.55
Como responsable de la Catedral, emprendió algunas labores de remodelación y construcción, y atendió también a la Capilla de Guadalupe en la villa homónima.56 En 1930 organizó a
la Acción Católica en Monterrey, tras la disposición papal al respecto.57 En 1933 el gobierno le prohibió el ejercicio sacerdotal e
incluso hubo intentos de aprehenderlo, por lo que debió continuar
su ministerio de manera clandestina.58 El padre Jardón falleció el
6 de enero de 1934 y su funeral fue apoteósico, pues pese al cli53
54
55
56
57
58

Campos, 39–42.
“Infancia y vocación”.
Campos, El mundo del Padre Raymundo, 67–70.
Campos, 37.
Campos, 43.
Campos, 60, 61 y 73.

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ma de tensión religiosa su cortejo contaba con miles de personas,
más de 300 vehículos y cubría más de veinte cuadras.59
Fue sepultado en el panteón de El Carmen, pero en 2002 sus
restos fueron trasladados a la cripta de la Catedral de Monterrey.
Según se afirma, han aparecido diariamente flores frescas en su
tumba del panteón (incluso después de 2002) durante casi 85
años.60 Se le han rendido cuando menos dos homenajes públicos:
en 1985 se develó una estatua suya en el atrio de la Catedral,
en presencia del gobernador Alfonso Martínez Domínguez, y en
1995 el Cabildo de Monterrey aprobó cambiar el nombre de la
calle Ocampo, en su tramo de Zuazua a Constitución, por el de
Padre Raymundo Jardón.61
De tal modo, la memoria de este sacerdote pervivió en la
sociedad católica regiomontana e incluso se organizó el “Grupo
de Amigos del Padre Jardón”, integrado por sacerdotes y laicos,
para promover su causa de canonización. Como resultado de
sus gestiones, el arzobispo Suárez instituyó en agosto de 1987 el
Tribunal ad causam, en el mismo decreto donde se conformó el del
padre Hinojosa. El actor fue el mencionado Grupo de Amigos y el
postulador el padre Carlos Álvarez. En mayo de 1991 se abrió la
causa diocesana; ese mismo año, Hermes Campos, miembro del
Grupo de Amigos, publicó un texto biográfico sobre el padre Jardón.
La etapa diocesana del proceso se clausuró en noviembre de 1994.
59
60
61

Campos, 80–81 y 91–92.
Campos, 95.
“Infancia y vocación”.

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En octubre de 1995 la Congregación para las Causas de
los Santos reconoció la validez del proceso y en 1999 se emitió
la Positio. Posteriormente, en octubre de 2015 se reunieron los
censores teólogos y, más adelante, la junta de cardenales y obispos
revisó y aprobó la causa. Así, el 20 de enero de 2017 el papa
Francisco promulgó el decreto que reconoce las virtudes heroicas
del padre Jardón, quien pasó a ser designado como venerable. Su
causa es la que ha tenido mayor avance de las que se promueven
desde la arquidiócesis regiomontana y sólo se requiere un milagro
para que pueda ser declarado beato.62
Pablo Cervantes Perusquía
Originario de Amealco, Querétaro, donde nació el 15 de enero
de 1891. Fue hijo de los señores Eduardo Cervantes y María Perusquía. En 1901, su padre lo inscribió en el Seminario diocesano, pero debió suspender sus estudios en 1909 por
motivos de salud. Entretanto, el arzobispo de Linares-Monterrey, Leopoldo Ruiz y Flores, quien también era oriundo de
Amealco, visitó dicho poblado donde conoció al joven Pablo
y lo animó a continuar sus estudios en Monterrey. Así, se reincorporó a los estudios sacerdotales y en 1910 fue enviado a
Roma, donde ingresó a la Pontificia Universidad Gregoriana.
El 11 de abril de 1914 fue ordenado sacerdote en Roma, y poco
después recibió el grado de Doctor en Teología. En septiembre
Hagiography Circle”, consultado el 3 de octubre de 2018, http://newsaints.
faithweb.com/.

62

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�Moisés Saldaña

de ese mismo año regresó a México y arribó a Monterrey en
febrero de 1917.
Una vez asentado en la arquidiócesis regiomontana,
fue nombrado capellán de las religiosas del Verbo Encarnado y
párroco del templo de Santa Catarina, en el municipio homónimo,
cargo que ejerció hasta junio de 1918. Posteriormente, fue
incorporado al Seminario de Monterrey, donde fungió como
maestro de matemáticas, latín, lengua española, geografía, lógica,
ética, sociología pastoral, acción católica y teología dogmática.
Fue luego designado capellán, prefecto de disciplina, prefecto
de estudios, vicerrector y ecónomo en el mismo Seminario.
Al igual que los padres Hinojosa y Jardón, participó en 1919
en la conformación de la Asociación Católica de la Juventud
Mexicana en Monterrey. En 1920 se multiplicaron sus cargos: fue
designado secretario de la Sociedad Mutualista de Sacerdotes,
promotor fiscal y examinador prosinodal de la curia, capellán del
Colegio María Auxiliadora de las religiosas Salesianas, segundo
secretario de las conferencias mensuales del clero y prosecretario
de la Mitra.
Un año después, fue nombrado capellán de la Orden de
los Caballeros de Colón, a quienes impartía formación en los
Círculos de Estudios Sociales que se realizaban semanalmente.
En 1922 fue designado fiscal y censor de la Mitra, así como
canónigo del Cabildo de la Catedral, y ese mismo año creó la
Unión Profesional de Empleadas Católicas. Entre 1923 y 1930
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fue asistente eclesiástico de la Unión de Damas Católicas
Mexicanas. Durante el período de la suspensión de cultos (19261929), residió junto con otros sacerdotes en una casa particular, y
salía disfrazado de civil para desempeñar su ministerio sacerdotal
e impartir clases a los seminaristas.
En 1930, al igual que el padre Jardón, impulsó la creación
de los organismos diocesanos y de los grupos parroquiales de
Acción Católica, y en 1933 fue fundador del primer comité de
la Unión de Católicos Mexicanos en Monterrey, y fungió como
asistente eclesiástico de estos grupos. Asimismo, creó la Escuela
de Dirigentes, para formar a los responsables del apostolado
seglar, y en 1937 creó la Liga de Hombres de Eucaristía, para
promover la vida eucarística entre los jóvenes.
En 1941, el arzobispo Guillermo Tritschler lo nombró
secretario de cámara y gobierno de la arquidiócesis. En los años
siguientes continuó trabajando en la creación de asociaciones del
catolicismo social, como las siguientes: las Hermanas del Servicio
Social en 1944; el instituto secular Discípulas del Señor en 1945;
el Centro Obrero de Estudios Sociales (a partir de esta asociación
se puso atención al problema de la carencia de vivienda, y el padre
Cervantes impulsó la creación de la colonia León XIII); una casa
hogar para empleadas y estudiantes, y la asociación Solidaridad
Femenina (emanada de la Unión Profesional de Empleadas
Católicas) en 1947; el Centro Cultural Lumen en 1948; y la
Escuela de Trabajo Social, en la Clínica y Maternidad Conchita,
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entre otras. El padre Cervantes falleció el 7 de abril de 1956 y fue
sepultado en el panteón de El Roble; sin embargo, en 1977 sus
restos fueron trasladados a la cripta de la Basílica de El Roble.63
El recuerdo y respeto hacia la figura del padre Cervantes
se mantuvieron vivos en Monterrey; así, se publicaron obras
biográficas-hagiográficas en 1961 y 1971, a cargo de los sacerdotes
Isaac Hernández y Aureliano Tapia Méndez, respectivamente. No
obstante, su causa de canonización no inició sino hasta 1994, a
petición de la Congregación Discípulas del Señor y del Centro
Cultural Lumen, y bajo el respaldo del arzobispo Suárez. El
proceso fue relativamente rápido y para 1996 pasó a Roma, donde
se decretó su validez en noviembre de ese año. Ostenta el título
de siervo de Dios y su causa no ha tenido posteriores avances.64
Guillermo Tritschler y Córdova
Nació en San Andrés Chalchicomula (hoy Ciudad Serdán),
Puebla, el 6 de julio de 1878, siendo sus padres el señor Martín
Tritschler, inmigrante alemán y próspero relojero, y la señora
Rosa María Córdova y Puig. Su educación inicial estuvo a cargo
de su tío Prisciliano Córdova, quien era sacerdote y lo envió en
una peregrinación a Roma en 1888; en dicha ciudad, ingresó al
Colegio Pío Latinoamericano junto con sus hermanos Martín y
“Causas de canonización en Arquidiócesis de Monterrey”, consultado el
19 de julio de 2018, http://www.arquidiocesismty.org/causas-de-canonizacion.
php. Aureliano Tapia Méndez, Pablo Cervantes, un sacerdote de su tiempo
(México, DF: Jus, 1971).
64
“Hagiography Circle”.
63

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�Las causas de canonización

Alfonso. En agosto de 1902 regresó a México, habiendo recibido
tres doctorados: en Filosofía, Teología y Derecho Canónico.
Fue ordenado sacerdote el 19 de junio de 1904 en la
capilla del palacio arzobispal de Puebla por su hermano Martín,
quien ya era obispo de Yucatán desde 1900. Posteriormente, le
fueron encomendadas diversas labores académicas: profesor en
el Seminario Conciliar de México (desde 1905), catedrático en
la Universidad Pontificia Mexicana (a partir de 1911) y padre
espiritual del Seminario de Regina (desde 1916). En 1929
el arzobispo de México, Pascual Díaz, lo designó canónigo
penitenciario de la Catedral.
En 1931 el papa Pío XI lo nombró obispo de San Luis
Potosí. Y aunque inicialmente se negó, argumentando que carecía
de habilidades para predicar, escribir, ejercer autoridad, regañar y
manejar dinero, sus objeciones fueron ignoradas y el 22 de abril
recibió la consagración episcopal de manos de su hermano Martín,
en la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México. Como obispo
de San Luis Potosí restableció las prácticas religiosas suspendidas
por la persecución religiosa, elevó el número y la preparación de
los seminaristas, fortaleció las asociaciones católicas, e impulsó la
construcción del templo de Matehuala, entre otras obras. Debido a
sus conocimientos de Bellas Artes, en 1940 fue nombrado miembro
de la Academia Mexicana de la Historia.
Entretanto, el arzobispo de Monterrey, José Guadalupe
Ortiz y López, renunció a su cargo en 1940 al cumplir 50 años
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�Moisés Saldaña

de sacerdote, y el papa Pío XII designó a monseñor Guillermo
Tritschler para sucederlo, quien arribó a su nueva arquidiócesis
en junio de 1941. Emprendió la construcción de grandes templos,
como los de La Purísima y Cristo Rey, remodeló el presbiterio de
la Catedral y celebró en 1945 un Congreso Guadalupano. Impulsó
de manera particular al Seminario, pues reconocía la carencia de
sacerdotes; así, logró más que duplicar el número de seminaristas
y en 1948 envió a algunos a Roma y a Montezuma, en Estados
Unidos. En 1950 enfermó durante un vuelo a Madrid, camino a
Roma para entrevistarse con el papa. En mayo de 1951, monseñor
Alfonso Espino y Silva fue designado como obispo coadjutor,
debido a los problemas de salud del arzobispo Tritschler.
Falleció el 29 de julio de 1952 en su residencia en los
anexos del templo de El Roble, acompañado por monseñor
Espino, el padre Cervantes y dos seminaristas; miles de personas
acudieron a sus funerales y fue sepultado en la Catedral de
Monterrey. Según se afirma, cuando se hallaba agonizante se
derramó su sangre en unos algodones y ésta permaneció fresca
durante varios días después de su muerte. Asimismo, diversos
testimonios sostienen que cuando su cuerpo fue exhumado en
1964 (para ser depositado en la cripta de los arzobispos en la
misma Catedral), fue hallado “como si acabara de fallecer”, lo
cual se consideró un hecho prodigioso, aunque se reconoció que
su cadáver fue desangrado y embalsamado previo al sepelio.65
65

Gustavo Velarde, Los Arzobispos Martín y Guillermo Tritschler y Córdo-

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En 1956, cuatro años después del fallecimiento del
arzobispo Tritschler, monseñor Arturo Vélez Martínez, obispo
de Toluca, promulgó una exhortación donde elogiaba las
virtudes del prelado regiomontano y promovía su elevación a
los altares. En 1965, monseñor Gregorio Aguilar, deán de la
Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México, encomendó al
padre Porfirio Valadés la publicación de una obra biográfica que
tenía la intención de contribuir a la causa de canonización de
don Guillermo. En marzo de 1979 el arzobispo de Monterrey,
monseñor Tirado y Pedraza, promulgó un edicto que integró
una comisión e iniciaba labores para el proceso diocesano.
No obstante, este intento se vio interrumpido sin mayores
avances. No fue sino hasta agosto de 1987 cuando el arzobispo
Suárez Rivera instauró formalmente el Tribunal ad causam (en
conjunto con los de los padres Hinojosa y Jardón), fungiendo
como actor el presbiterio de Monterrey, con el padre Rogelio
Martínez Berrones como postulador.
Sin embargo, la marcha de la causa fue lenta. El proceso
diocesano se inició oficialmente en febrero de 1991, pero en
mayo de 1996 debieron ser sustituidos todos los miembros
del Tribunal. Finalmente, la etapa diocesana se clausuró en
julio de 1997, cuando la causa fue remitida a Roma; poco
después, se reconoció su validez. En torno a esta época, en
va. Semblanza biográfica y genealógica (Puebla: Mercadeo Múltiple División
Editorial, 2008), 247–319, https://issuu.com/gustavovelarde-tritschler/docs/
los_arzobispos_mart__n_y_guillermo__336496fca742d3.
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�Moisés Saldaña

1998 monseñor Aureliano Tapia Méndez, perito en Historia y
Archivística del Tribunal de la causa, publicó una nueva obra
biográfica sobre el arzobispo Tritschler, quien recibió el título
de siervo de Dios. El proceso no ha tenido mayores avances
hasta la fecha.66
Gloria Esperanza Elizondo García
Era originaria de la capital del estado de Durango, donde vio la
luz el 26 de agosto de 1908, siendo sus padres los señores Alberto Elizondo González y Otilia García Peña. Desde los 4 años
comenzó a acudir al colegio, pero su familia debió emigrar hacia
Monterrey durante la Revolución; en esta ciudad continuó sus
estudios y se graduó de Teneduría de Libros en 1921. Trabajó
en algunas empresas pequeñas, y se aficionó también por el dibujo y la pintura, llegando a impartir clases de estas actividades.
Asimismo, desde 1928 realizó trabajo de apostolado, visitando a
los enfermos mentales del Hospital González y a los presos de la
Penitenciaría del estado.
En 1940 se enteró de que en Ciudad Victoria, Tamaulipas,
existía una empacadora de la Escuela Normal Rural que se ofrecía
en renta, y decidió trasladarse a dicha ciudad y tomar las riendas
de ese negocio, al que nombró “Productos Cruz de Oro”. Continuó
su apostolado en este lugar, con los trabajadores y vecinos de la
ciudad, motivándolos a ingresar a la Acción Católica, organizando
66

Velarde, 247–53.

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�Las causas de canonización

conferencias para profesionistas y maestros, realizando mesas
redondas para matrimonios, impulsando la impartición del
Catecismo a los niños, e incluso sustentó la fundación de un
colegio en 1943 y emprendió la construcción de un templo,
que fue consagrado en 1948. Una prioridad de su labor fue la
atención a las mujeres, para las que creó un taller de oficios, y
a las desamparadas o prostitutas las trasladaba a Monterrey con
las Madres del Buen Pastor, aunque en 1943 logró que estas
religiosas instalaran una comunidad en Ciudad Victoria para la
atención de las mujeres.
En 1950, Gloria regresó a Monterrey y pasó a trabajar con su
familia en la empresa Elizondo S.A., donde ella comenzó a organizar
reuniones, misas y convivencias para evangelizar a los trabajadores.
Sin embargo, en 1954 decidió abrazar la vida religiosa e ingresar a la
Congregación de las Misioneras Catequistas de los Pobres. En 1956
publicó su libro Jesucristo, que tuvo varias ediciones posteriores,
cuyas ganancias dedicó a obras de beneficencia y de apoyo a
organizaciones del catolicismo social, como la Juventud Católica
Femenina Mexicana y los Caballeros de Colón. En abril de 1957
hizo su primera profesión de votos, tomando el nombre de sor Gloria
María de Jesús, y en 1959 fue nombrada maestra de postulantes. Para
mayo de 1961 fue designada Superiora General de la Congregación,
y poco después hizo su profesión de votos perpetuos. Además de
atender los asuntos de su comunidad religiosa, tuvo la iniciativa de
emprender los Cursillos de Cristiandad para Damas en 1962.
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Desde 1965 enfermó de cáncer y falleció el 8 de diciembre
de 1966. Sus exequias fueron presididas por el arzobispo Alfonso
Espino y Silva en la capilla del convento Villa de la Paz y sus
restos fueron depositados en el panteón de El Carmen. Las
religiosas afirmaron que al instante de su muerte en el hospital
vieron deshojarse una flor en el altar de la capilla del convento,
donde se hallaban en oración.67 Asimismo, su familia sostuvo que,
después de su fallecimiento, recibió por parte de dos religiosas
(que luego se supo que no eran del convento y que nadie las
conocía) el anillo de sor Gloria, pese a que ella nunca permitió
que se lo retiraran de su mano antes de morir.68
La Congregación de las Misioneras Catequistas de los
Pobres, de la cual fue Superiora General, promovió la elevación
a los altares de la hermana Elizondo. En 1993 se iniciaron los
procedimientos para introducir su causa de canonización, con la
anuencia del arzobispo Suárez. En febrero de 1995 se inició el
proceso diocesano, que culminó en octubre del mismo año, remitiéndose la causa a Roma, donde se decretó su validez en mayo
de 1996. Sor Gloria es reconocida como sierva de Dios y en 2005
se emitió la Positio, tras lo cual el proceso no ha tenido nuevos
avances.69
Sierva de Dios Sor Gloria María Elizondo García, Misionera Catequista
de los Pobres (Monterrey: Congregación Misioneras Catequistas de los Pobres, s/f), 1–30.
68
Martínez, entrevista.
69
“Hagiography Circle”.
67

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Interpretación en torno a los procesos de canonización neoleoneses
Se pueden atisbar algunos factores interpretativos con relación
a los motivos y el sentido de las escasas causas de canonización
que ha promovido la Arquidiócesis de Monterrey. En primera
instancia, el catolicismo neoleonés manifestó, desde la época virreinal, un arraigo relativamente débil y pragmático, pues la religiosidad no ocupó una parte axial en la vida social. Al respecto,
un documento del Secretariado Social Arquidiocesano publicado
en 1981 afirmaba que “puede decirse que la sociedad norteña es
más secularizada que la del resto del país”, y ello le impide al
habitante de dicha región “vivir una religiosidad similar a la del
mexicano del centro y el sur”, por lo que al norteño se le atribuye
frialdad en su fe y una casi nula religiosidad.70
Pueden citarse también los testimonios de dos obispos
regiomontanos que se quejaban de la presunta incultura de sus
feligreses. El primero de ellos corresponde al prelado Primo
Feliciano Marín de Porras (1803-1815), quien afirmaba en 1813
sobre la población neoleonesa que “son inútiles las fatigas del
obispo en procurar su ilustración, ni mejorar de ideas”, porque
su ocupación en asuntos mundanos “les alejan muchísimo de las
grandes ideas de estudio e ilustración”.71 Décadas más tarde, el
Aurelia Guadalupe Sánchez Morales, Virginia Saro Serrato, y Ángel
Tello Hernández, Arquidiócesis de Monterrey, N. L., México. Investigación
estadística y documental (Monterrey: Secretariado Social Arquidiocesano,
1981), 12–14.
71
Citado por: Israel Cavazos Garza, “La educación en Nuevo León, en 1813.
Informe del Obispo Don Primo Feliciano Marín de Porras sobre el Seminario
70

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�Moisés Saldaña

obispo Ignacio Montes de Oca y Obregón (1879-1883) se quejaba
del poco respaldo de sus feligreses, que hizo cesar “todo amor de
mi parte hacia ellos”.72 Y criticaba a la “inculta Monterrey”, a
la que calificaba de “salvaje”.73 Puede inferirse que el discurso
de los prelados esbozaba una débil devoción religiosa entre sus
feligreses. Por ello, es significativo que sólo uno de los cinco
candidatos a los altares es originario de Nuevo León.
Por otro lado, ante las acciones persecutorias del gobierno
durante la etapa revolucionaria (en especial, entre 1914 y 1917),
así como en las épocas anticlericales más álgidas (1924-1936), el
clero y la población neoleoneses sólo manifestaron protestas por
escrito y, en general, una resistencia pasiva. Por lo anterior, no
se desarrollaron levantamientos, ni tampoco mártires, e incluso
los arrestos o procesos por motivos religiosos fueron mínimos,
aunque sí predominó un clima tenso, donde la religiosidad pasó
a la clandestinidad (con una relativa tolerancia del gobierno), y
debieron partir al destierro un arzobispo (Plancarte, no así Herrera)
y algunos clérigos (sobre todo, los de origen extranjero). En otras
palabras, puede establecerse una correlación entre: religiosidad
débil/acciones anticlericales moderadas/reacciones pasivas.74
de Monterrey”, Actas. Historia, Letras y Artes (Monterrey, 1979), 9.
72
Citado por: Aureliano Tapia Méndez, El diario de Ipandro Acaico (Monterrey: Al Voleo-El Troquel, 1988), 78.
73
Citado en: Tapia Méndez, 79.
74
Moisés A. Saldaña Martínez, El anticlericalismo oficial en Nuevo León,
1924-1936 (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León - Facultad de
Filosofía y Letras, 2009), 92–91, 121–52 y 173–241.
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�Las causas de canonización

No fue sino hasta finales de los años 30, al tiempo que
se forjaba el modus vivendi entre Iglesia y Estado, cuando el
catolicismo consolidó su arraigo entre la población regiomontana,
de la mano con su vinculación con el empresariado y con
el impulso a la educación confesional.75 En este proceso, el
catolicismo social fue una de las formas más palpables de la
presencia social de la Iglesia, aunque sus raíces eran anteriores,
remontándose a la década de 1870.76 De tal modo, destacaron
algunos personajes especialmente activos en este proceso de
impulso y afianzamiento del catolicismo social en Monterrey;
tales fueron los sacerdotes Juan José Hinojosa, Raymundo Jardón
y Pablo Cervantes, entre la segunda y la cuarta décadas del siglo
XX. Estos clérigos contribuyeron a la formación de sacerdotes
en el Seminario, fundaron asociaciones de laicos y, en general, se
ganaron el favor popular.
Más adelante, durante los años 40, destacó la figura del
carismático arzobispo Tritschler, quien representó la restauración
y ampliación de la Iglesia regiomontana tras la época persecutoria,
y después de una larga etapa de debilidad y austeridad. Apoyó a las
asociaciones de laicos, edificó imponentes templos y consolidó la
presencia de la Iglesia en Monterrey. Fue un prelado de transición
Saldaña Martínez, 254–77.
Luis Fidel Camacho Pérez, “El catolicismo social en la Arquidiócesis de
Monterrey, 1874-1926: entre el avance de la modernidad y el proyecto de restauración del orden social cristiano” (Universidad Autónoma de Nuevo León,
2017), 18–34.
75
76

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y contrastes: culto y refinado, pero a la vez sencillo y humilde,
incluso tímido; garante de la tradición y, al mismo tiempo, abierto
a la modernidad y ajeno a radicalismos; hierático y carismático
a la vez; fue, en fin, un arzobispo popular y querido por clérigos
y laicos.77
Asimismo, en los años 50 y 60 la hermana Gloria fue una
figura representativa del ascenso del catolicismo regiomontano,
el cual permeaba el ámbito empresarial y obrero. Ella misma
fue parte de dicho ambiente, e impulsora de la formación y
asociación de los laicos, especialmente de las mujeres. En sus
exequias, el arzobispo Espino se refirió a ella afirmando que
“vivía íntimamente la vida de la gracia […] esa vida de Dios,
las virtudes sobrenaturales que poseía plenamente”.78 Fue, por lo
tanto, una mujer sumamente respetada por clérigos y feligreses,
lo cual coadyuvó a que permaneciera en la memoria colectiva.
Así, se pone de relieve que un factor transversal en la
vida de las cinco personas mencionadas fue su participación
en el catolicismo social, tanto creando o atendiendo escuelas
y asociaciones de laicos, como vinculándose con las élites
empresariales y los obreros. Por ejemplo, “un grupo selecto de
empresarios regiomontanos” sostuvo una estrecha amistad con el
padre Juan José Hinojosa, desde que residía en el templo de El
Velarde, Los Arzobispos Martín y Guillermo Tritschler y Córdova. Semblanza biográfica y genealógica, 314–23.
78
Citado en: Sierva de Dios Sor Gloria María Elizondo García, Misionera
Catequista de los Pobres, 23.
77

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Roble. De tal modo, cuando el sacerdote realizó una procesión
con el Santísimo, con ocasión de la inauguración del templo de
San Luis Gonzaga en 1923, quienes sostuvieron el palio fueron
los destacados empresarios Isaac Garza, Francisco G. Sada, José
A. Muguerza y José Calderón.79 Por su parte, el padre Pablo
Cervantes fue un gran promotor de la Doctrina Social de la
Iglesia y colaboró con algunos círculos de obreros católicos en
Monterrey.80
Ahora bien, cabe destacar algunos factores que incidieron
en el inicio de los procesos de canonización de estas cinco personas
en el corto lapso de 1991-1995. En primera instancia, puede
señalarse que el cambio de la normativa romana para dichos casos
simplificó los procesos, tal como ya se mencionó previamente, lo
cual favoreció que hubiera menos obstáculos (trámites, objeciones,
etc.) para iniciar las causas de canonización. Lo anterior permite
explicar porqué el impulso más decisivo a estos procesos se dio
desde mediados de los años 80, considerando que la normatividad
cambió en 1983. Un segundo factor es el hecho de que los cinco
candidatos hayan sido clérigos, pues, según afirma Jean Meyer, “es
mucho más fácil armar el expediente de un sacerdote que el de un
laico”, que puede ser “un campesino desconocido y analfabeto”.
José Ortiz Bernal, Juan José Hinojosa Cantú. Siervo de Dios (Monterrey:
Gobierno del Estado de Nuevo León, 1994), 14–15.
80
Camacho Pérez, “El catolicismo social en la Arquidiócesis de Monterrey,
1874-1926: entre el avance de la modernidad y el proyecto de restauración del
orden social cristiano”, 85.
79

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Además, en los procesos de canonización “finalmente se impuso
la solidaridad gremial entre los sacerdotes”.81
Así, el hecho de todos sean clérigos puede interpretarse
en dos sentidos: por una parte, obedece a una relativa facilidad
de los procesos, al haber mayor información disponible sobre
ellos, y por otro lado, implica una tendencia clericalista, donde la
élite eclesiástica sólo reconoce a “los suyos” y los presenta como
modelos de vida cristiana para el conjunto de la feligresía. Un
tercer aspecto a considerar son los recursos económicos necesarios
para el desarrollo de los procesos. En Monterrey, la Iglesia ha
contado con importantes patrocinios de las élites económicas,
que han financiado obras caritativas, centros educativos, templos,
etc. Así pues, dado que se requieren importantes sumas de dinero
para el desarrollo de las causas de canonización, como ya se ha
señalado, puede inferirse que las élites regiomontanas fungieron
como patrocinadores indispensables de dichos procesos, cuando
menos en su etapa inicial.
El cuarto factor que puede destacarse es la figura del
arzobispo regiomontano que dio cauce a todos los procesos en
curso: Adolfo Suárez Rivera. Él era originario de San Cristóbal de
las Casas, Chiapas, nacido en 1927. Como sacerdote, fue impulsor
de la recepción del Concilio Vaticano II. Fue luego obispo de
Tepic (1971) y Tlalnepantla (1980), hasta ser trasladado a la sede
regiomontana (1984). Ahí “manifestó su interés por promover la
81

Citado por: Vera, “La Iglesia discrimina a mártires laicos: Jean Meyer”.

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doctrina social cristiana, el bienestar de la persona humana, la
solidaridad para con los más necesitados y la participación activa
de la sociedad en la vida política”. Asimismo, ocupó la presidencia
de la Conferencia del Episcopado Mexicano entre 1988 y 1994,
donde desempeñó una esencial labor diplomática.82 De lo anterior
se desprende que su trabajo pastoral se enfocó particularmente en
la acción social y la gestión política.
Durante su período al frente de la Iglesia de Monterrey, el
catolicismo consolidó su presencia social (si bien el porcentaje
de católicos disminuyó ante el avance de otras religiones):
las vocaciones sacerdotales crecieron significativamente y se
construyó un nuevo seminario, se verificó la segunda visita papal
en 1990, se llevó a cabo una reorganización pastoral en decanatos
y zonas, se crearon nuevas parroquias y se realizó el primer sínodo
diocesano, entre otras acciones. Su prestigio e influencia tuvieron
como corolario la investidura cardenalicia en 1994.83
No obstante, su personalidad no estuvo exenta de
conflictos. Así, aspectos como su apoyo al obispo Samuel Ruiz
de San Cristóbal de las Casas o su anuencia para el retorno de los
jesuitas a Monterrey, sirvieron de pretexto para que fuera acusado
de ser un promotor de la Teología de la Liberación ante Roma,
Jesús Treviño Guajardo, Don Adolfo Antonio Suárez Rivera y su liderazgo en las reformas constitucionales, en materia de libertad religiosa, a
finales del siglo XX. Con motivo de su décimo aniversario luctuoso (Ciudad
de México, 2018), 1–5, https://arquidiocesismty.org/arquimty/wp-content/
uploads/2018/03/cardenal-suarez.pdf.
83
Treviño Guajardo, 10.
82

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los obispos y las élites regiomontanas, por parte de influyentes
figuras, como el padre Marcial Maciel. Ello lo llevó a padecer
problemas de salud y a presentar su renuncia al arzobispado antes
de cumplir la edad canónica; sin embargo, el nuncio Justo Mullor
y El Vaticano lo ratificaron.84 Dejó su cargo finalmente en 2003 y
falleció cinco años después.
De tal modo, se pone de relieve que el arzobispo Suárez
Rivera fue un clérigo influyente y poderoso, preocupado por el
catolicismo social y que llevó a la Iglesia regiomontana a una
era apoteósica. Esto permite comprender el contexto en el cual
se impulsaron e introdujeron las cinco causas de canonización
analizadas, pues en una diócesis sin mártires y con antecedentes
de una tibia religiosidad, fue esencial el liderazgo de monseñor
Suárez para encausar los procesos. Además, es destacable el
hecho de que el modelo de vida cristiana que dichos candidatos
representan implica una alta valoración del catolicismo social, así
como de la vida clerical y del desarrollo eclesiástico en Monterrey
durante la primera mitad del siglo XX.
Consideraciones finales
Las condiciones del catolicismo neoleonés (zona periférica, de
frontera, con una religiosidad débilmente arraigada y de carácter
pragmático) incidieron para que no destacaran figuras religiosas en
Alberto Athié, “Norberto Rivera o el tótem de la impunidad”, en Norberto Rivera. El Pastor del poder (Ciudad de México: Penguin Random House,
2017), 97–98.
84

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la localidad hasta fines del siglo XIX. Fue entonces cuando el auge
industrial y el compromiso religioso de las élites socioeconómicas
locales, favorecieron una religiosidad más devota, conservadora,
organizada, misionera y con el apoyo de grupos de poder. Debido
a lo anterior, y por las propias condiciones locales, se promovieron prioritariamente los postulados del catolicismo social desde las
últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, creándose
múltiples asociaciones de religiosos y laicos activos.
Paralelamente, estos procesos iniciaron un espíritu combativo
frente al secularismo oficial y a los ambientes persecutorios, en
especial desde la Revolución hasta 1940, aunque dicha resistencia
puede calificarse de subrepticia y pasiva. De tal modo, el perfil de los
religiosos que se encuentran en vías de canonización manifiesta al
menos dos cosas esenciales: el proceso de fortalecimiento y arraigo
del catolicismo neoleonés, del cual ellos fueron artífices destacados,
y la importancia del catolicismo social como perfil y prioridad de la
Iglesia regiomontana, en el contexto industrial y moderno.
Por otro lado, para toda diócesis es primordial tener
causas de canonización, pues manifiestan la vitalidad y éxitos
de la Iglesia local, y permiten presentar a la feligresía modelos
cercanos y concretos de vida cristiana. En el caso de México,
algunas diócesis cuentan ya con diversos santos o beatos, y
múltiples procesos de canonización, como las Arquidiócesis
de México y Guadalajara, pero la de Monterrey no ha logrado
la exitosa culminación de proceso alguno y sólo cuenta con
cinco causas. Esto implica un aparente carácter marginal del
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catolicismo neoleonés, aunque también puede deberse a un
factor circunstancial muy importante: la ausencia de sangrientas
persecuciones religiosas en el Noreste (pese a que sí hubo algunas
medidas anticlericales radicales, especialmente en 1914).
Lo anterior derivó en que no existan mártires en la época
contemporánea, algo que sí ha favorecido a los procesos de
Guadalajara, por ejemplo, por tratarse de una zona cristera que cuenta
con numerosos mártires. Asimismo, el primer santo mexicano,
san Felipe de Jesús, originario de la Ciudad de México, también
alcanzó la santidad gracias a la “corona del martirio” en Japón. No
obstante, cabe agregar que sí hubo mártires entre los misioneros
norestenses durante la primera época de la evangelización, como
el caso de fray Martín de Altamirano en 1606, pero su sacrificio
no se conserva de manera particular en la memoria colectiva y su
causa de canonización no ha sido promovida.
Finalmente, ¿cuál es el modelo de vida cristiana que
presenta la Iglesia regiomontana a los feligreses a partir de
los procesos de canonización que ha promovido? Un modelo
de carismas que se manifiestan en las virtudes heroicas (no el
martirio), a través de la vida religiosa (no hay laico alguno),
y evangelizando el mundo empresarial y obrero a través de la
doctrina y prácticas del catolicismo social. Además, se pone de
relieve que el “gran salto adelante” de la Iglesia regiomontana
se verificó en la primera mitad del siglo XX, pues previamente
no hubo figuras (ni laicos ni religiosos) que destacaran como
candidatos a los altares, o bien, su preponderancia quedó en el
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olvido, y la debilidad y marginalidad de la Iglesia institucional de
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�José Fernando Ramírez, historiador del siglo XIX
José Fernando Ramírez, 19th century historian
Edgar Iván Espinosa Martínez
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
orcid.org/0000-0003-3730-0181

Resumen: El artículo presenta a un personaje de múltiples facetas y
destacados talentos: José Fernando Ramírez (1804-1871). Nacido en
Parral, Chihuahua, México a este abogado, político y escritor prolífico
le tocó vivir -y por momentos ser copartícipe-, de algunas de las experiencias definitorias para México durante el siglo XIX. Como sucedió
con integrantes de aquellas generaciones, dichos procesos lo marcarían
para siempre y su obra -en particular la que desarrolló como historiador- nos sirve como objeto de estudio para sopesar su compromiso con
el devenir nacional.
Palabras clave: intelectual; siglo XIX; historiador; liberalismo; romanticismo.
Abstract: The article presents one character of multiple facets and outstanding talents: José Fernando Ramírez (1804-1871). Born in Parral,
Chihuahua, México, this lawyer, politician, and prolific writer had to
live -and in certain moments participate- in some of the defining experiences of México in the XIX century. As happened with other members
of those generations, such processes would mark his trajectory, and we
can use his writings, particularly his work as a historian, as an object of
study to consider his commitment to the national future.
Keywords: intellectual; XIX century; historian; liberalism; romanticism.
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�Iván Espinosa
El siglo XIX es de gran sutileza:es también de refinada
hipocresía no exenta de profundo sentido. En esa época,
a la que estamos todavía tan amarrados, lo civilizado
era amar sin medida, sin discriminación. Se amaba a
todo, a los pueblos en particular y a la humanidad en
general; al progreso y a las cantantes, a la patria y a las
máquinas; se aman las ciencias y a sus aplicaciones;
pero sobre todo, ante todo y por todo, se ama hasta la
locura a la Verdad; pero a la Verdad pura, a la verdad
desinteresada, virgen e inútil.
Edmundo O´Gorman

Planteamiento
Mucho se ha estudiado, escrito y publicado acerca de la obra de
los grandes personajes nacionales del siglo XIX. El elenco es vasto, desde José Joaquín Fernández de Lizardi durante los años de
la Revolución de Independencia, pasando por Lorenzo de Zavala, José María Luis Mora, Joaquín García Icazbalceta, Guillermo
Prieto, Vicente Riva Palacio hasta Justo Sierra en la etapa porfiriana. De hecho, la obra de estos y otros destacados hombres
públicos de entonces, sigue siendo objeto de investigación con
base en nuevas preguntas y planteamientos.
En tal sentido, el propósito del presente trabajo es
acercarnos a la actividad que, como estudioso de pasado,
desarrolló José Fernando Ramírez y cómo dicha actividad incidió
en la constitución del Estado nacional mexicano a lo largo de
aquella centuria. En particular, nos interesa ubicar a nuestro
autor como parte de una pléyade de destacados personajes
quienes, mediante su obra y posición, contribuyeron a difundir
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�José Fernando Ramírez

un conocimiento sobre el país en momentos donde el devenir
de México estaba en entredicho. Un aspecto a destacar será la
incidencia de Ramírez a partir del estudio y rescate de algunos de
sus trabajos (en este caso, como historiador) sobre asuntos locales
y regionales (en especial Chihuahua y Durango, y en general del
Noroeste mexicano) en ese proceso de constitución nacional.
Para desarrollar lo anterior, se contempla la línea trazada
por la historia intelectual.1 Lo anterior remite a la consideración
de propuestas ensayísticas, cuyo tema son los grandes problemas nacionales (definir posturas político-ideológicas, diagnóstico sobre ciertas problemáticas, forma de gobierno, entre otros).
Así el asunto, contemplo dicha línea como una nueva área con
posibilidades cuya característica sería la confluencia de elementos de distintas disciplinas para analizar producciones textuales
y el ambiente en que surgen y circulan. En especial, me apoyo
en el planteamiento que indicaría ir más allá de lo que el texto
La nueva historia intelectual tiene su basamento en tres escuelas o tendencias de pensamiento del siglo XX: la encabezada por Q. Skinner (Escuela de
Cambridge), la delineada por R. Koselleck (Historia Conceptual Alemana) y
la propuesta de P. Rosanvallon (Nueva Historia Política Francesa). François
Dosse es quien logra delinearla en su forma más acabada en La marcha de las
ideas (2007). En el ámbito hispanoamericano, los trabajos más acuciosos en
esta línea son los de Elías José Palti, quien ha estudiado los casos de México
(La invención de una legitimidad, 2005) y Argentina (El momento romántico,
2009) en el siglo XIX. En esa línea, Carlos Illades y Rodolfo Suárez recientemente coordinaron México como problema, donde analizan las propuestas
de conceptualización de nuestro país como “entidad histórica” elaboradas por
personajes de distintas generaciones (desde mediados del siglo XIX hasta la
última parte del XX).
1

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�Iván Espinosa

(en lo explícito) dice para proceder a interrogar a su autor y
encontrar cómo fue posible que haya escrito lo que escribió en
un momento determinado.2 Así, procuro abordar mi objeto de
estudio según la premisa que sugiere contemplar al autor, su
respectiva obra y su época como realidades concretas, con condiciones particulares y relacionadas entre sí. Para el caso que
me ocupa, la pregunta es cómo José Fernando Ramírez concibió
parte de su obra tomando en cuenta dos ángulos: el momento
que México experimentaba (es decir, su presente) y la posición
que nuestro personaje adoptó ante tal coyuntura (postura político-ideológica).
¿Ilustrado, conservador, cosmopolita o provinciano?
José Fernando Ramírez vio la luz en Parral, en mayo 5 de 1804
(entonces jurisdicción de Nueva Vizcaya, Reino de Nueva España, que en la geografía actual corresponde a las entidades de
Chihuahua, Durango y Sinaloa), y murió -en un segundo exilio- en Bonn (entonces parte del Reino de Prusia) en marzo 4
de 1871.3
Sus datos biográficos indican un perfil destacado: proviene de una familia que podría decirse era acomodada y próspera
(con intereses en la minería -actividad que, de hecho, convirtió a
Elías José Palti, La nación como problema. Los historiadores y la “cuestión nacional” (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2009), 132.
3
César Sepúlveda, “José Fernando Ramírez. Estancia y muerte en Bonn,
1867-1871”, Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, núm. 8
(1987): 24–41.
2

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�José Fernando Ramírez

esa localidad en enclave desde tiempos coloniales- y en pequeñas
factorías) y se convierte en abogado4 (profesión que en México
hasta 1867 definió a los principales cuadros políticos).5
Erika Pani señala que la “clase política” y los “hombres
públicos” del siglo XIX en México fueron “herederos de la
Ilustración y de las revoluciones atlánticas” (en particular, la guerra
de Independencia en Norteamérica y la Revolución Francesa),
siendo una constante en dicho proceso “tratar de asimilar, amoldar
y depurar” dicho legado ideológico (libertad, justicia, legalidad,
orden, igualdad). En el terreno de las ideas, aquellos ilustrados
-entre los cuales se encuentra nuestro personaje- crearon a partir
de ese influjo una postura intelectual y académica propia según
Ernesto de la Torre Villar, ed., José Fernando Ramírez. Obras Históricas I.
Época Prehispánica (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2001), 20.
5
Elías José Palti, La invención de una legitimidad. Razón y retórica en el
pensamiento mexicano del siglo XIX (Un estudio sobre las formas del discurso político) (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2005), 312–13. El
historiador argentino afirma que durante los años de la República Restaurada
(1867-76) se fraguó y consumó una recomposición y reacomodo dentro de la
élite ilustrada intelectual y políticamente activa. En dicha cúpula, que venía
siendo dominada por los abogados al ocupar puestos clave en distintos gobiernos para encausar el devenir nacional, la presencia y el actuar de los médicos
poco a poco se habría ido imponiendo, tanto en número como en posiciones, lo
cual influyó en la toma de decisiones en el poder político y en la esfera pública.
La figura que encabezó dicho proceso de recomposición institucional fue Gabino Barreda (1818-1881). Médico y educador, Barreda es quien sistematiza
la introducción en México de las “doctrinas filosófico-pedagógicas” en la instrucción pública a partir de la restauración de la República en 1867. El “nuevo
credo” del proyecto liberal, cuyo objetivo era estructurar e imponer un efectivo
esquema normativo para la sociedad, quedó manifestado en la Oración Cívica.
4

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�Iván Espinosa

las condiciones sociales y políticas de la sociedad mexicana de la
época.6 Como otros personajes (José María Iglesias, José María
Roa Bárcena, Manuel Orozco y Berra), fue testigo -y en ocasiones
copartícipe- de algunos de los acontecimientos que definieron a
México (consumación de la Independencia, invasión del ejército
estadounidense o la instauración del Segundo Imperio).
Desde un punto de vista generacional, consideramos dos
propuestas que pueden ser útiles para ubicar a nuestro personaje.
Quizá la más conocida, la de Luis González, para quien el
ilustrado formaría parte de lo que el historiador michoacano
concibe como la pléyade de la Reforma. Es decir, se encontraría
entre aquel puñado de quienes la historiografía considera como
próceres y notables que vieron la luz entre 1806 -con Juárez como
decano- y 1820.7 Dicha generación romántico-liberal fue una élite
en el sentido más estricto del término, un grupo cuya condición
de clase le permitió tener una vida con ciertas ventajas. Así, la
gran mayoría de ellos habría nacido en entornos urbanos con
poblaciones en algún grado densas, desde un punto de vista racial
pertenecieron a una “minoría blanca” y la formación que tuvieron
señalaba oficios como el sacerdocio, la actividad política, el
quehacer cultural, la vida castrense o la ciencia médica, con lo
Erika Pani, Para mexicanizar el Segundo Imperio. El imaginario político de los imperialistas (México, DF: El Colegio de México; Instituto Mora,
2001), 26.
7
Luis González y González, Obras Completas. Tomo VI La ronda de las
generaciones (México, DF: Clío; El Colegio Nacional, 1997), 17–32.
6

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cual, necesariamente, se infiere que fueron individuos con acceso
a algún tipo de instrucción.
En el mismo sentido, pero centrando sus argumentos en
las ideas y pensamiento de aquellos personajes, Charles Hale
advierte que se trató de liberales mexicanos quienes elaboraron
y difundieron intelectualmente la Reforma. Para el historiador
estadounidense, ilustrados como M. Otero, P. Arriaga, S. Lerdo
de Tejada, M. Ocampo, I. Ramírez y G. Prieto, nacidos entre
los años de 1810 y 1820, ejercieron por lo general la abogacía
y habrían conformado una generación romántica.8 Un par de
aspectos destacan entre los miembros de dicha generación: creer
en el devenir histórico (romanticismo)9 y apelar a la guía de un
Estado rector (liberalismo).10 Para ellos, como parte de una élite
Charles Hale, La transformación del liberalismo en México a fines del siglo XIX (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2002), 22.
9
El movimiento romántico se originó y propagó en Europa entre 1760 y
1830 con hondas repercusiones en los campos artístico, filosófico y literario.
Un rasgo que definió al romanticismo fue interesarse y valorar el pasado más
remoto, ya que en él podrían encontrarse logros de otros momentos históricos
(para Occidente, la etapa anterior al cristianismo) así como de otras culturas
(egipcia, china, india). En México, dicha corriente de pensamiento tuvo su
auge entre 1836 y 1867. En ese lapso, contribuyó de forma decisiva a construir y difundir un sentido de pertenencia nacional. Dicha representación de
mexicanidad se manifestó a través de pinturas, dibujos, fotografías, novelas,
poesía, diarios de viaje y, por supuesto, el trabajo de los historiadores. Así,
para los historiadores mexicanos de la época el estudio del pasado era un reencuentro con el origen mediante lo cual elaboraron y difundieron un sentido de
pertenencia.
10
Los planteamientos e ideas liberales durante el siglo XIX se centraron en
otorgar primacía -y en cierta forma exaltar- a los modernos estados nacionales.
México, independizado a principios de esa centuria, en automático entró en
8

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progresista, era necesaria una transformación que implicaba acabar
con ciertas condiciones del Ancien Régime que aún permanecían
(clasificación étnica, desigualdad económica, ausencia de
reconocimiento político). En contraste, sus aspiraciones (república
federal democrática, instituciones representativas, sociedad
secularizada, desarrollo de la libre empresa, salvaguardar los
derechos individuales) apuntaban hacia un modelo que impulsara
la modernización y el progreso en el plano de una ideología
liberal.11 El sustento de tales planteamientos era el liberalismo en
su fase estatista, lo cual suponía que el individuo sólo podía ser
libre dentro de los márgenes del Estado.12
la tesitura: la prioridad era, por tanto, constituir el estado nacional mexicano. La élite entonces activa en los planos intelectual y político reconoció tal
prioridad y se sumó a ello, al organizarse en espacios específicos (sociedades,
clubes, agrupaciones) para desarrollar sus tareas y actividades de forma articulada (literatura, periodismo, opinión pública, programas de gobierno). En esa
intervención estratégica dirigida a propiciar gobernabilidad, los historiadores
desempeñaron un papel relevante ya que con su obra ayudaron a modelar al
ciudadano mexicano al darle a conocer su pasado en un sentido ideográfico.
11
David Brading, Los orígenes del nacionalismo mexicano (México, DF:
Era, 2004), 101.
12
En su forma moderna -en particular durante el siglo XIX-, el Estado fue
una construcción conceptual formalista cuya composición básica era de tres
elementos: soberanía (poder político), población (ciudadanos) y territorio
(espacio geográfico). Lo anterior obedeció al objetivo de constituir una organización coercitiva para ordenar a las sociedades. Jaime del Arenal toma como
ejemplo el derecho, la norma, la ley y la justicia de lo cual el estado mexicano
se apropió hasta tener el monopolio de su “correcta” aplicación. Lo anterior
llama la atención, si se toma en cuenta que durante la etapa colonial se desarrollaron múltiples formas de ordenamientos jurídicos no estatales (indígenas,
religiosos, corporativos, etc.). Dicho “absolutismo jurídico” decimonónico
tuvo como objetivo controlar y modelar las acciones de los individuos en toSillares, vol. 1, núm. 2, 2022
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En este ambiente, Ramírez tuvo colaboraciones en el plano
político (quizá la más relevante fue en el Congreso Constituyente
de 1842, que derivó en la redacción de unas Bases Orgánicas al
año siguiente). En esos años en los cuales nuestro país experimentó
su más grave crisis al estar en entredicho la viabilidad del Estado
nacional, también formó parte del Consejo de Gobierno (1846)
al lado de otras destacadas figuras como V. Gómez Farías, J.
M. Lafragua, L. de la Rosa y el ya mencionado Otero. Como
ocurrió con aquellas generaciones, fue testigo del conflicto con
Texas, preludio de lo que hasta la fecha se considera la mayor
tragedia para México: la invasión del ejército estadounidense
con el desenlace de la “pérdida” del territorio nacional. Un par
de décadas más tarde, este liberal chihuahuense se decantará
das las esferas de la vida. En cuanto al vínculo entre Estado e historia, Enrique
Florescano señala que la constitución del Estado moderno (suma de todas las
instituciones, autoridad pública suprema y, por tanto, el gran referente), supuso
una confrontación con los diversos grupos, segmentos y estratos al imponer
una uniformidad a través de una legislación general, una administración central y un poder único. En lo que concierne a la escritura de la historia, Florescano destaca la función que tuvo en dicho proceso la elaboración y difusión
de una historia patria que se encargara de justificar, difundir y promover dicha uniformidad. Para la experiencia mexicana de la segunda mitad del siglo
XIX, la obra México a través de los siglos logró abonar en la consecución
de tal objetivo estratégico. Ver: Jaime del Arenal, “El discurso en torno a la
ley: el agotamiento de lo privado como fuente del derecho en el México del
siglo XIX”, en Construcción de la legitimidad política en México, ed. Brian
Connaughton, Carlos Illades, y Sonia Pérez Toledo (México, DF: El Colegio
de Michoacán; Universidad Autónoma Metropolitana; Universidad Nacional
Autónoma de México; El Colegio de México, 2008), 303–22. Enrique Florescano, La función social de la historia (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2021), 88–96.
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por la opción monárquica que representó Maximiliano de
Habsburgo; desesperado por ver a su patria desgarrada, como
otros tantos creyó ver en el Imperio una posibilidad para dominar
el creciente desorden que se dejaba sentir desde la Revolución de
Independencia.13 Establecida la monarquía, llegó a ocupar puestos
de primer orden.14Al derrumbarse el proyecto “conservador”, el
oriundo de Parral se vio orillado al exilio (además de cargar con
el sambenito de “traidor”).15
Con la intención de legitimar su investidura y ganarse adeptos, otros destacados personajes de la época también recibieron cierto tipo de cortesías
por parte del nuevo régimen encabezado por el monarca austriaco. Un caso
documentado es el de José Eleuterio González, hombre de múltiples facetas
que radicó en Monterrey. Carlos Pérez-Maldonado, historiador regiomontano,
reproduce las palabras que El Emperador y Juan Nepomuceno Almonte -Ministro de la Casa Imperial- le dirigieron al doctor González para tal distinción:
Maximiliano, Emperador de México. Queriendo dar una prueba de nuestra
benevolencia a don José Eleuterio González, Catedrático de Medicina del Colegio Civil de Monterrey, le nombramos Oficial de la Orden Imperial de Guadalupe. Dado en el Palacio Nacional de México, el 12 de diciembre de 1865.
Ver: Carlos Pérez-Maldonado, Los Pérez-Maldonado. Genealogía y heráldica
(Monterrey: Imprenta El Regidor, 1963), 93.
14
Pani, Para mexicanizar el Segundo Imperio. El imaginario político de los
imperialistas, 396–97. Apéndice 2. La autora detalla que antes de 1864 fue
Diputado (1842), integrante de la Junta de Notables (1843), Senador (1846),
Secretario de Relaciones Exteriores (1846-47 y 1851-52), experimentó un primer exilio en tiempos de Santa Anna, formó parte del Consejo de Gobierno
(1856) e integró el Consejo de Estado del Plan de Tacubaya (1857). Entre 1864
y 1866, ocupó los Ministerios de Negocios Extranjeros y de Estado, presidió la
Comisión de Justicia, conformó la Academia Imperial y participó en la redacción del Código Civil del Imperio.
15
Otros intelectuales destacados quedaron en una situación parecida, como
fue el caso de Manuel Larráinzar. Al igual que Ramírez, Larráinzar colaboró
en el II Imperio (en este caso, con la Academia Imperial de Ciencias y Litera13

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Así pues, la trayectoria pública de este abogado tiene la
peculiaridad de haber comenzado en el ocaso del periodo colonial
(Nueva España), para después continuarla -a la par de la constitución
del Estado nacional- en la etapa independiente (México). Otro
punto a destacar es que, con su quehacer desde los planos político
e intelectual, contribuyó al estudio y conocimiento de lo nacional
desde una región del norte de México. Con lo anterior ponemos
énfasis en un par de aspectos: por un lado, que el movimiento
ilustrado arribó a nuestro país de manera “tardía” (esto es, a lo
largo del siglo XIX); por otro, que desde las regiones se generó una
actividad intelectual destacada (y, en ocasiones, poco conocida) de
la cual tenemos testimonio gracias a la obra que dejaron publicada.
Ramírez, historiador
Si tratamos ahora de ubicar al personaje en su faceta de historiador, cabe preguntar qué situación guardaba la escritura de la
historia a lo largo de aquella centuria.
tura). En este marco, el abogado chiapaneco presentó el ensayo Algunas ideas
sobre la historia y maneras de escribir la de México, especialmente la contemporánea, desde la declaración de la Independencia, en 1821, hasta nuestros
días (1865). Se trata de una propuesta integral y vanguardista para el estudio
de la historia nacional presentada en la mencionada institución. Quedará en el
olvido tras la caída de la aventura imperial. Casi veinte años después, Vicente
Riva Palacio tomará al pie de la letra dicho programa para el México a través
de los siglos (versión historiográfica canónica de la facción liberal triunfante).
Por cierto, Ramírez redactó y leyó un discurso para la instalación de la mencionada Academia en aquel 1865. Ver: Ernesto de la Torre Villar, ed., José
Fernando Ramírez. Obras Históricas V. Políantea (México, DF: Universidad
Nacional Autónoma de México, 2001), 405–15.
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La profesionalización de la historia como disciplina se
inicia en nuestro país en los años de 1940. Instituciones como la
Universidad Nacional Autónoma de México, la Escuela Nacional
de Antropología e Historia y El Colegio de México comenzaron
entonces a desarrollar proyectos académicos destinados a producir
y difundir conocimiento sobre el pasado.16 Muestra de ello son las
ofertas de licenciaturas y posgrados, multitud de publicaciones
y la organización de eventos donde se discute lo realizado en
dicho oficio. Sin embargo, es necesario advertir que en México
desde mucho tiempo antes se había articulado un ámbito en el
cual prominentes hombres públicos investigaron, escribieron
y publicaron trabajos sobre la cuestión del pasado nacional.17
Los postulados metodológicos empleados en tales propuestas
historiográficas, en particular aquellas ubicadas en la segunda
mitad del siglo XIX, corresponden a la llamada escuela metódica.
El concepto escuela metódica fue acuñado y propuesto
por Gabriel Monod en el primer número de Revue Historique -de
vocación republicana, espíritu liberal y herencia erudita- en 1876.
Álvaro Matute, La teoría de la historia en México (México, DF: Secretaría
de Educación Pública, 1974), 15–29; Guillermo Zermeño, La cultura moderna de la historia. Una aproximación teórica e historiográfica (México, DF:
Fondo de Cultura Económica, 2001), 166–83. La obra referida de Matute se
encuentra en una nueva edición del Fondo de Cultura Económica (2015), cuyo
periodo va de 1940 a 1968.
17
Como referencia se encuentra: Polémicas y ensayos mexicanos en torno a
la historia, selección y estudio preliminar Juan A. Ortega y Medina, Instituto
de Investigaciones Históricas - Universidad Nacional Autónoma de México,
1970. En 1992 y 2001 se volvió a publicar la obra.
16

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A su vez, Monod estaba inspirado en lo que al respecto se hacía
del otro lado del Rin (L. Ranke, J.-G. Droysen, W. Humboldt,
H. Treitschke, H. Sybel, E. Bernheim). Dosse encuentra en
dicho “editorial-manifiesto” los planteamientos que regirán la
historia científica como se practicó a lo largo de aquella centuria:
“marcha hacia el progreso”, “visión lineal de la historia”, “aporte
de las ciencias auxiliares”, “la historia como ciencia singular” y
“acceder a un conocimiento indirecto”.18
Dicha propuesta “científico-idealista” se encuentra en
su forma más acabada en los postulados de Leopold von Ranke
(1795-1886). El objetivo era “aproximarse a la verdad histórica”
a partir del reconocimiento y trabajo de “fuentes primarias” que
den “exposición rigurosa de los hechos” del pasado. Lo anterior
representa el inicio de la forma moderna del oficio.19 Tales hechos,
François Dosse, La historia. Conceptos y escrituras (Buenos Aires: Nueva
Visión, 2003), 26–36.
19
Juan A. Ortega y Medina, Teoría y crítica de la historiografía científico-idealista alemana (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Históricas, 1980), 97–98. Además de Ortega y Medina, otros historiadores coinciden en señalar los planteamientos del
pensador alemán como el inicio de una forma científica de estudiar el pasado.
Por ejemplo, G. Zermeño, al argumentar el proceso mediante el cual la historia
consigue su estatus científico en el siglo XIX, toma como punto de partida la
propuesta de Ranke en Alemania que llegaría a México a través del “krausismo
español”. Dicho modelo plantearía acercarse al pasado considerándolo objeto
de estudio e ir al encuentro con los documentos de los archivos. Por su parte,
Peter Novick destaca las innovaciones que aportó el historiador alemán como
los métodos documentales y filológicos, un tratamiento crítico de fuentes o
el desarrollo de seminarios para la formación académica, todo ello delineado
por una “veneración panteísta al Estado” y un “impulso romántico”. Asimis18

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como factores efectivos de sucesos históricos únicos, debían
considerarse en su relación con una experiencia más amplia,
con el todo. Asimismo, la línea metodológica de Ranke tuvo
implicaciones de tipo político-ideológico al considerar a ciertas
instituciones (la Iglesia, el Estado) como imprescindibles para
acceder a la civilización, el progreso y la modernidad.20 Y si la
aspiración era un entorno moderno, civilizado y estable, el estudio
del pasado debía insertarse en dicho proceso. De ahí el objetivo
de desmarcar a la Historia del carácter teológico (providencia),
filosófico (especulación) o literario (ficción) que hasta entonces
la definía.
¿Es posible rastrear tales planteamientos en la
historiografía mexicana de la época? Para abordar el punto,
tomamos dos proyectos culturales de gran relevancia, los cuales
nos sirven de referencia: por un lado, el Diccionario Universal de
Historia y de Geografía, monumento en cuanto a una forma de
mo, François Dosse al estudiar la propuesta de la escuela metódica, pondera
de Alemania la “capacidad de organizar una enseñanza universitaria eficaz”,
cuyo basamento está en la “doctrina cientificista de Ranke”. Ver: Zermeño, La
cultura moderna de la historia. Una aproximación teórica e historiográfica,
77–110; Peter Novick, Ese noble sueño. La objetividad y la historia profesional norteamericana (México, DF: Instituto Mora, 1997), 39–40; François
Dosse, La historia en migajas. De Annales a la “nueva historia” (México, DF:
Universidad Iberoamericana, 2006), 46–47.
20
Hayden White, Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del
siglo XIX (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2001), 170–72. Para
White, este “realismo doctrinario” propuesto por Ranke posee “implicaciones
conservadoras”, ya que el devenir “civilizatorio y moderno” de la humanidad
sólo es posible en el contexto de instituciones como el Estado y la iglesia.
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estudio del tipo erudito y con notable influencia del pensamiento
ilustrado que se publicó entre los años 1853 y 1856; por otro, el
México a través de los siglos, síntesis de la historia nacional por
excelencia, que fuera respaldada por la triunfante facción liberal
entre 1884 y 1889. En lo que respecta al estudio del pasado, ambas
obras destacaron la necesidad de consultar las fuentes primarias
-en especial las oficiales- como una forma de darle solidez a sus
investigaciones. Tal premisa supuso alejarse de nociones como
la de testigo ocular o superar la idea de que el estudio del pasado
se hace desde la literatura; los aspectos mencionados habían
dominado la escritura de la historia desde hacía siglos. En lo
general, se trató de una época en la que se propiciaron los primeros
planteamientos, prolijos y de alto nivel en torno a una actividad
que pretendía encarar y resolver al menos dos preocupaciones
específicas: la intención de posicionar al estudio de la historia
como un ejercicio científico practicándola desde las profesiones
liberales, y la utilidad que de dicho oficio se podía tener según
las coyunturas político-ideológicas de ese momento. La escritura
de la historia tuvo, por tanto, un carácter estratégico -al menos
durante ese lapso- y la obra de prominentes personajes nacionales
es muestra de ello.21
Ahora centrémonos en un rasgo de dicha tradición
historiográfica mexicana: las distintas tendencias cultivadas
Edgar Iván Espinosa Martínez, “En busca de un método: la escritura de la
historia en México, 1853-1889”, Relaciones. Estudios de historia y sociedad,
núm. 123 (2010): 21–58.
21

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entonces. Según apunta Antonia Pi-Suñer, es posible identificar
“obras históricas monográficas” (donde abordaban sucesos
“recientes” como la intervención francesa y el II Imperio),
el “género biográfico” (con el propósito de difundir la vida y
obra de próceres bajo una estrategia didáctica y misión moral),
las “historias generales” (ya sea a manera de proyecto como
lo desglosó el citado Larráinzar o en trabajos muy elaborados
como los de I. Álvarez, N. de Zamacois, H. H. Bancroft, hasta la
aparición del mencionado México a través de los siglos), “libros
de texto” (Catecismos, Lecciones, Cartillas que en muchas
ocasiones fueron lectura obligatoria en distintos niveles de
enseñanza), “novela histórica” (V. Riva Palacio, M. Payno, G.
Prieto, M. Altamirano), así como los trabajos de tipo documental
y carácter erudito (M. Romero, M. Orozco y Berra).22 Es en esta
última veta donde podría incluirse y estudiarse la obra del autor
en cuestión.
Como ilustrado mexicano del siglo XIX, Ramírez fue un
hombre de múltiples facetas. Su obra -como su quehacer- abarcó
distintos ámbitos (política, estadística, historia). Es el último
punto al que nos interesa acercarnos pues, como otros personajes
notables de la época, valoró y estudió la herencia y tradiciones del
país. Nos guiaremos por la premisa que indicaría la promoción
Antonia Pi-Suñer Llorens, “Introducción”, en Historiografía Mexicana.
Volumen IV. En busca de un discurso integrador de la nación, 1848-1884 (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Históricas, 2001), 9–30.
22

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de un sentido de pertenencia (identidad nacional) mediante la
elaboración y difusión de sus trabajos como historiador. Para
tal acercamiento, tomamos la estructura expositiva propuesta
por Ernesto de la Torre Villar -conocedor, como pocos, de
aquella centuria- en su edición de las Obras Históricas del autor
chihuahuense: una parte dedicada a la “época prehispánica”, otra
a la “época colonial” y una más a la “época moderna”.
Ahora, ¿cómo afectó su postura político-ideológica en su
brega intelectual? ¿Es posible plantear que este autor difundió
una mexicanidad si apoyó la instauración de un régimen que
-supuestamente- se le impuso a México desde el exterior?
¿Encontraríamos en su obra algún rasgo “conservador”?
La tradición prehispánica
En nuestro país, el estudio científico de las etapas anteriores a
1521 fue un asunto que comenzó a reclamar la atención de eruditos en las últimas décadas de la centuria decimonónica. Sirvan
de referencia los siete tomos de unos Estudios sobre la historia
de América, sus ruinas y sus antigüedades, comparadas con lo
más notable que se conoce del otro continente, en los tiempos
más remotos, y sobre el origen de sus habitantes, del referido M.
Larráinzar publicados entre 1875 y 1878. Otro esfuerzo en esta
misma línea es el tomo primero del México a través de los siglos
(1884-89), cuya autoría se le debe a Alfredo Chavero donde aborda -débilmente- el periodo anterior a la Conquista encabezada por
Hernán Cortés. Es decir, para entonces no existía una tradición
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�Iván Espinosa

sólida respaldada con trabajos acuciosos sobre dicha etapa. Así
las cosas, ¿qué atrajo a Ramírez hacia los procesos -hoy diríamos
arqueológicos- del periodo prehispánico?
Un primer esbozo donde nuestro autor externa su
inquietud por este tipo de estudios, quedó pasmado un trabajo
intitulado Antigüedades mexicanas conservadas en el Museo
Nacional de México.23 Ignoramos el año en que fue escrito y/o
publicado, pero si se toma en cuenta que el personaje falleció en
1871, estaríamos ante un catálogo cuya elaboración antecede los
dos ejemplos citados. En dicha descripción, presenta de manera
detallada 42 piezas (destacan “objetos” y “figuras de barro”,
“cilindro de basalto”, “máscara de obsidiana”, “urna cineraria”,
vasos de “piedra y barro”, “silbato de barro cocido”, “hermoso
arco de serpentina”, entre otras cosas).
En el mismo sentido, el intelectual chihuahuense presta
atención al rescate de dos hombres fundamentales para entender la
herencia prehispánica mexicana: Bernardino de Sahagún y Lorenzo
Boturini Benaducci. Respecto al misionero franciscano, pretendió
ampliar y contextualizar la obra Calendario Matlaltzinca24 -de
marcado carácter etnográfico-, encontrada en el acervo del
mencionado Museo Nacional. El abogado no sólo pretendía
difundir dicho trabajo, sino que lo acompañaba con un aporte
(“observaciones” de distinta índole) que le diera “forma definitiva”.
Torre Villar, José Fernando Ramírez. Obras Históricas I. Época Prehispánica, 132–52.
24
Torre Villar, 155–203.
23

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En cuanto al valtellinese, pondera su propuesta cronológica y su
Historia general de la América septentrional;25 no se trata de una
mera relación lineal y continua (antes-después), sino que identifica
estaciones, tiempos, periodos, así como su simbolismo en la
tradición mesoamericana. Lo anterior llevará a Boturini -y, siglos
después, al propio Ramírez-, a interesarse por la historia mexica (en
especial, la Historia chichimeca de F. de Alva Ixtlilxóchitl) anterior
a la invasión europea. No es un dato menor, pues como hombre
público activo en los planos político e intelectual vivió un entorno
de permanente crisis e inestabilidad que impedía la constitución
del Estado, y entonces la única forma de unidad nacional parecía
provenir de identificar (¿o construir?) un pasado común (en este
caso, indígena y rescatado con posterioridad por europeos).
La herencia novohispana
Ignacio Ramírez (1818-1879), uno de los hombres públicos más
destacados de aquella centuria y cuya posición liberal se identifica como “radical”, escribió unas reflexiones bajo el título “La
desespañolización”. En este artículo, publicado por vez primera
en 1865 en La Estrella de Occidente de Ures y donde entró en polémica con el escritor español Emilio Castelar, “El Nigromante”
inicia sus argumentos así:
¡Mueran los gachupines! Fue el primer grito de mi patria: y
en esta fórmula terrible se encuentra la desespañolización de
México. ¿Hay algún mexicano que no haya preferido en su vida
25

Torre Villar, 205–38.

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esas palabras sacramentales? Yo, uno de los más culpados, debo
al señor Castelar, a quien admiro, una explicación razonada,
sobre por qué, en unión de mis conciudadanos, reniego de la
nación que, creyendo descubrir en la frente de Colón un camino
seguro para robar a los portugueses las Indias orientales,
tropezó con nosotros, y desde entonces se ha complacido en
devorarnos.26

La visceralidad de este Ramírez está en consonancia con la de
aquellos que veían en la gesta de independencia iniciada por “curas-guerrilleros” (primero Hidalgo y después Morelos, incluso
hacen propios preceptos de la Revolución Francesa), el punto de
partida para definir México y, por tanto, lo nacional. Para ellos,
la virgen de Guadalupe, Sigüenza y Góngora, Sor Juana, la arquitectura barroca y todo lo que hiciera reminiscencia a lo colonial,
era motivo de oprobio y -de plano- debía eliminarse. En contraste, la postura y argumentos de nuestro Ramírez -también liberal
como su par mencionado-, resultan atinadamente conciliadores
al ser capaces de reconocer e integrar la herencia del virreinato
novohispano a la conciencia histórica mexicana.
En tal sentido, ¿cómo entender que un liberal le otorgara
algún valor a una etapa considerada por los “radicales” de atraso?,
¿qué relevancia ponderó el intelectual chihuahuense de la historia
colonial desde un ámbito regional específico? Un primer aspecto
para responder a los planteamientos anteriores tiene que ver
Ignacio Ramírez, “La desespañolización”, en La misión del escritor. Ensayos mexicanos del siglo XIX, ed. Jorge Ruedas de la Serna (México, DF:
Universidad Nacional Autónoma de México, 1996), 189.
26

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con el rescate y estudio de su obra historiográfica. A partir de
dicho ejercicio, encontramos matices que nos permiten entender
la función social del historiador en México en la segunda mitad
del siglo XIX. Una de las tareas de esa función era -como ya se
planteó- construir un ser nacional capaz de reconocerse en él y de
distinguirse ante el mundo. Este postulado propio del romanticismo
impulsó a nuestro historiador a buscar los orígenes, en este caso,
en los procesos de conquista y colonización de una parte del
septentrión de la Nueva España. Así, cuestiones relativas a la
religión (catolicismo), la lengua (español) y lo étnico (mestizaje)
fraguados durante dicho periodo -en ocasiones a sangre y fuego,
y aun a costa de la destrucción de culturas enteras-, el autor los
identifica y presenta como pilares de ese ser nacional.
Revisemos de forma breve aquellos aspectos que, como
historiador, reclamaron la atención del chihuahuense. Algo
en lo que Ramírez enfocó su atención fue a la obra dejada por
viajeros de los siglos XVI y XVII que se internaron a lo que
configuraba como septentrión novohispano. Particular interés
le despierta Nuño de Guzmán a quien, de entrada, lo pone a la
altura de Hernán Cortés o Pedro de Alvarado; como aquellos dos
conquistadores de la legendaria México-Tenochtitlan, al oriundo
de Castilla le reconoce el coraje de empezar la integración a la
corona española de aquel vasto territorio.27 Si bien sobre la figura
Ernesto de la Torre Villar, ed., José Fernando Ramírez. Obras Históricas
II. Época Colonial (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México,
2001), 149.
27

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�Iván Espinosa

de Nuño de Guzmán existe hasta la fecha una “leyenda negra” que
le atribuye todo tipo de crímenes y atrocidades, Ramírez ve en él
a alguien con audacia y valentía, capaz de abrirse paso en tierras
extrañas e inhóspitas. Si Cortés puede considerarse el iniciador
de un proceso histórico que acabó por darle forma a lo que hoy es
México, Nuño de Guzmán hizo lo propio en esta enorme porción
del territorio nacional.
Otros personajes también aparecen en el elenco que el
historiador chihuahuense pareciera querer reivindicar. Así, para
Ramírez los religiosos merecen mención especial, pues si bien
los militares mediante las armas fueron la punta de lanza en las
campañas de conquista, las órdenes mendicantes tuvieron la
ardua tarea de convencer, persuadir a la población nativa hacia
el “verdadero Dios”. Por tanto, nuestro autor rescata la labor de
los padres Martín Pérez en Sinaloa, Horacio Polici en Sonora,
Juan Sedelan en Chihuahua, así como la infatigable incursión
de Kino y Salvatierra por llevar el evangelio a las Californias.28
Llegados a Nueva España hacia 1572, el predominio de los
jesuitas en este extremo geográfico del virreinato muestra que su
trabajo lo hicieron con todo en contra (lejanía de las principales
poblaciones, escasez de recursos económicos, territorios vastos,
geografía desconocida e inhóspita).
Pero el conocimiento y reconocimiento de una tradición
historiográfica por parte de Ramírez no se limitaba a la producción
28

Torre Villar, 245.

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�José Fernando Ramírez

nacional. Y es que en un país que tiene la extraña patología de
victimizarse, se vuelve toda una hazaña encontrar referentes más
allá de nuestros límites (no sólo geográficos). A nuestro historiador
chihuahuense (que no provinciano), activo en los planos político e
intelectual, le tocó experimentar el caos que para México fue todo
aquel siglo, cuya invasión del ejército estadounidense supuso el
punto más crucial de aquellas crisis crónicas.
Por lo anterior, es de destacar la ponderación que hace de
la obra de William Hickling Prescott. Estadounidense nativo de
Nueva Inglaterra (es decir, yankee), este historiador devino en
hispanista erudito y es su versión de The History of the conquest
of México la que escudriña. Publicada en medio de los conflictos
entre ambos países de cara a un conflicto que los redefinirá,
Ramírez alaba la solidez documental y un uso impecable de las
fuentes.29 Y como buen publicista (esto es, polemista) de su tiempo,
el nativo de Parral señala lo que considera “errores” respecto a la
“verdad histórica” (en particular, cuando estaría por repetirse un
episodio parecido: la dominación extranjera en México).
Otro asunto que indagó Ramírez, concerniente al
septentrión novohispano, tiene un rasgo más bien etnológico y
es el relativo a las lenguas alguna vez habladas por la población
nativa de la parte noroeste del territorio nacional. En especial,
presenta datos e información que encontró en el Archivo General
de la Nación sobre Sinaloa, Sonora, Nuevo México y California
29

Torre Villar, 227.

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�Iván Espinosa

cuya datación la ubica entre los siglos XVI y XVIII.30 Al leer
el rescate de dichas fuentes, me recuerda los esfuerzos de B.
de Sahagún y F. X. Clavigero quienes, en momentos distintos,
pero con preocupaciones parecidas, rescataron parte de la cultura
indígena que, en cierto modo, fue el presagio de una emancipación
espiritual e intelectual novohispana.
Reconocer el valor histórico y cultural del virreinato, así
como su impacto en la construcción del México republicano y
liberal, tiene para la escritura de la historia implicaciones de tipo
metodológico. En el caso de la propuesta historiográfica que nos
ocupa, nuestro personaje se muestra como un historiador moderno
al emplear el sentido de perspectiva: es decir, abordó ese pasado
de forma indirecta, lo que significa que reconstruyó desde su
presente (siglo XIX) la distancia temporal que lo separaba de su
objeto de estudio (siglos XVI-XVIII), mediante la búsqueda y
uso de distintos tipos de datos e información.
El siglo XIX (o cómo lidiar con el presente)
Para México, dicho periodo supuso un tránsito: abandonar las
condiciones de una herencia colonial y constituir las instituciones
de un Estado nacional moderno. El quehacer de nuestro personaje, tanto en el plano político como intelectual, es parte de ese ambiente. En tal sentido, fueron dos sucesos los que calaron hondo
en este liberal moderado y tienen que ver con las dos invasiones
30

Torre Villar, 275.

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�José Fernando Ramírez

que el país padeció en aquella centuria: la del ejército estadounidense entre 1846 y 1847, así como la del francés de 1862 a 1866.
Como sabemos, el desenlace de tales experiencias fue distinto;
mientras la primera acabó en una derrota que puso en entredicho
la viabilidad del máximo objetivo mencionado, la segunda, por
coyuntura si se quiere, terminó con un saldo que hasta la fecha se
considera favorable y positivo.
Desde el punto de vista de la escritura de la historia, ¿cómo
afectaron tales acontecimientos y cómo pueden ser identificados
en la historiografía mexicana de entonces? Para ello, tomamos la
premisa de Antonia Pi-Suñer, quien plantea:
Creemos que, desde el punto de vista de la historiografía, en
1867 se volvió a repetir en cierta manera lo que había sucedido
en 1848. Si bien en aquel año la derrota y la pérdida de más de
la mitad del territorio había trastocado al país y en cambio en
1867 se había logrado vencer al invasor, en ambas ocasiones la
intervención extranjera fue un acicate para la reafirmación del
nacionalismo. Entonces como ahora se hizo evidente que cabía
insistir en aquello que hacía de México una nación. Se quiso
mostrar que no sólo se compartía un ámbito geográfico común,
sino también un pasado histórico y unas tradiciones culturales de
las que se tenía que estar orgulloso. Se hizo un esfuerzo magno
para dar a conocer la geografía de nuestro país, retratar paisajes,
rehabilitar costumbres, tipos populares, etc. A la vez, el rescate
de nuestro devenir histórico se convirtió en una labor de primera
importancia, buscándose un discurso que articulase el pasado en
su conjunto y diese sentido al presente. En pocas palabras, se
estaba en busca de un discurso integrador de la nación.31
31

Antonia Pi-Suñer Llorens, “La generación de Vicente Riva Palacio y el

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�Iván Espinosa

Ramírez, como parte de aquellas generaciones de mexicanos
que vivieron y padecieron la dominación extranjera, echó
mano de su lucidez y de su vena de escritor para reflexionar
sobre lo que consideró una tragedia. Así, entre junio de 1846 y
septiembre de 1847, este abogado dejó por escrito sus impresiones diarias ciertamente angustiosas y cargadas de incertidumbre; desconfianza, desesperación, llamamientos políticos,
desorganización militar, levantamientos ante una autoridad incapaz de imponerse y hacer frente al invasor, son desglosados,
no sin pena y dolor, por el nativo de Parral.32 Los apuntamientos México durante su guerra con los Estados Unidos, resultan
un ejercicio cuyo impulso lo compartieron todas las personas
que habitaban el territorio nacional: ahora qué pasará con México. Otros trabajos colectivos también se hicieron y circularon entonces como los Apuntes para la historia de la guerra
entre México y los Estados Unidos, colaborando -entre otros-,
J. M. Iglesias, I. Ramírez, G. Prieto y M. Payno. Tras semejante colapso, el país pudo haberse fragmentado, dividido, dejado
de existir para configurar nuevos entes. Sin embargo y pese
al terrible final, México sobrevivió, no sin problemas, a esos
años aciagos.
quehacer historiográfico”, Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales,
núm. 35 (1996): 89.
32
Ernesto de la Torre Villar, ed., José Fernando Ramírez. Obras Históricas
III. Época Moderna (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2001), 19–170.
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�José Fernando Ramírez

Ramírez ya no vivirá para ver a su país recuperado, con
relativa estabilidad y orden. Con la caída, quizá deba decirse
derrumbe, de la aventura imperial, el otrora distinguido ministro
se verá forzado al exilio del que ya no regresará con vida.
Esa aventura imperial también sirvió de acicate al hombre
público del que nos ocupamos. Tal vez sea necesario señalar
que, hasta la fecha, dicha etapa es considerada como una de las
páginas más oprobiosas de la historia nacional. En una centuria
caracterizada por la anarquía, la amenaza de potencias extranjeras,
el desmembramiento geográfico, las penurias económicas, los
desgarros provocados por las luchas intestinas y la aparición
de caudillos, la idea de un monarca europeo para que lleve las
riendas del maltrecho país sugería, para muchos, la posibilidad
apaciguar a una nación que parecía no decidirse a nacer.
Ya se mencionó la colaboración de don José Fernando
en el Segundo Imperio y viene a cuento advertir, a manera de
analogía, que si como liberal supo valorar la herencia virreinal,
sin dejar dicha condición político-ideológica, aceptó sumarse al
proyecto monárquico. En tal sentido, como “imperialista”, si vale
el término, de primera mano redactó unas Memorias para servir
a la historia del Segundo Imperio Mexicano.
Desde el “Plan del autor”, este abogado liberal inicia con
el siguiente argumento: “No quiero escribir la historia del Imperio,
ni justificar la administración imperial. Tampoco es mi intento
hacer inculpaciones constituyéndome en acusador. Francamente y
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�Iván Espinosa

sin ambages, me declaro defensor”.33 Lo dicho, como otras tantas
personalidades de aquel tiempo, Ramírez admite -sin empachohaber visto en el régimen encabezado por el emperador Habsburgo
una posibilidad de orden. Continúa con lo que denomina “Intentos”,
y expone: “Llamar la atención de mis compatriotas sobre ciertas
verdades: por eso hay digresiones de que pido excusas. Quiero
verdaderamente conseguir lo que el autor desea querer. Poca
esperanza de producir efecto: los órganos interesados y enemigos
son numerosos, europeos y yo en México sospechoso de parcialidad.
Dicen tu boca ladra. Ladremos y júzguese”.34
De manera adusta, el chihuahuense pone en claro su
situación al haber quedado en el bando derrotado (por tanto,
ubicado como “villano” y “traidor”). Así, este “vende patria”,
según la historiografía oficialista, trata en estas líneas de explicar
su actuar y, de hecho, el proyecto imperialista (por lo demás,
de acusada tendencia liberal al pretender adoptar las Leyes
de Reforma). Visto desde tal ángulo, el caso de Ramírez en lo
particular y del Segundo Imperio en general, son ejemplo -¿acaso
víctimas?- de las antinomias y contradicciones crónicas entre la
élite política e intelectual mexicana a lo largo del siglo XIX.35
Torre Villar, 183.
Torre Villar, 183.
35
Elías José Palti, “Lucas Alamán y la involución política del pueblo mexicano. ¿Las ideas conservadoras en ‘fuera de lugar’?”, en Conservadurismo y
derechas en la historia de México, Tomo I, ed. Erika Pani (México, DF: Fondo
de Cultura Económica; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010),
301.
33
34

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271

�José Fernando Ramírez

En esa línea argumentativa, nuestro autor retoma la
interpretación historiográfica de Alamán (símbolo del ala
conservadora durante la primera mitad de aquella centuria), para
quien la “anomalía histórica” de México fue la Independencia y su
intención de romper con la tradición novohispana. La pretensión de
dar la espalda a la cultura y costumbres como herencias implantadas
desde hacía más de trescientos años (entre ellas un gobierno
monárquico), “desnaturalizó” el devenir histórico de la nación a
lo largo de aquel siglo. No es gratuito, entonces, que un abogado
de postura liberal (en este caso, moderada) pida a sus compatriotas
“entender”, no sin escepticismo, las razones de sus actos.
Consideraciones finales
José Fernando Ramírez, activo en los planos intelectual y político desarrolló una veta particularmente acuciosa como historiador
(E. de la Torre Villar lo ubica como “bibliófilo, anticuario e historiógrafo”). Inmerso en el romanticismo (que devino en el rescate,
estudio y difusión de la cultura nacional) y en el liberalismo (esfuerzos dirigidos a constituir el Estado mexicano) de su tiempo,
entendió, como otros de aquellas generaciones, que los asuntos
de la cultura y la política debían complementarse para lograr el
objetivo máximo: la constitución del Estado moderno.
En tal sentido, destacan un par de aspectos en la obra
abordada de nuestro personaje: por una parte, le otorgó un lugar
de primer orden a la herencia precolombina (en este caso, a partir
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�Iván Espinosa

de la búsqueda y recopilación de la obra de autores clave de
la tradición novohispana); por otra, la organización de datos e
información sobre procesos relativos a lo que hoy identificamos
como el territorio noroeste nacional (en este caso, las actuales
entidades de Sinaloa, Sonora, así como los territorios de las
Californias). Por tanto, nos encontramos ante un profesionista
liberal que, desde una región del país aportó con su labor, tanto
a la administración pública como con sus investigaciones, a la
viabilidad y concreción del Estado nacional.
Lo anterior contrasta, como se señaló, con la etapa
profesional del oficio en México, cuya principal justificación
es construir conocimiento. Dicho planteamiento supone que la
disciplina logra su fin en sí misma (ya no es necesario exaltar a la
Patria o apelar al Estado para conseguir tal propósito). En contraste,
las generaciones de historiadores mexicanos (identificados en
ocasiones como “reputados literatos”) durante, prácticamente
todo el siglo XIX, asumieron su labor de forma estratégica como
parte de algo que consideraron un “objetivo supremo”: constituir
el Estado nacional en un país, ya se mencionó, convulsionado.
Por tanto, para ellos la Historia no era un fin, sino un medio
necesario y preciso para contribuir al logro de dicha meta. Así,
para nosotros el Estado mexicano, imperfecto si se quiere, en
ocasiones inoperante, es algo dado, ya sea contemplado como un
territorio delimitado, como un ente político o como la suma de
instituciones (legislativas, judiciales, educativas, electorales, de
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�José Fernando Ramírez

seguridad pública, de seguridad social, etc.) que regulan nuestra
vida diaria. En contraparte, ahora es necesario recordar que, para
aquellos hombres públicos de la entonces nueva nación, el Estado
fue algo que debieron constituir ante una multitud de amenazas
propiciadas desde el interior (luchas intestinas, guerras civiles,
caudillismos, desastre económico) y otras de origen externo
(dominación extranjera, invasiones).36
Asimismo, es relevante señalar que en la vasta zona que
quedó definida como norte de México a partir de 1848, otros
hombres públicos también contribuyeron con su quehacer a forjar
una cultura mexicana. Como referencia, mencionemos los casos de
José Eleuterio González (1813-1888) en Nuevo León, Esteban L.
Portillo (1860-1897) en Coahuila y Alejandro Prieto (1841-1921)
en Tamaulipas; si bien pertenecieron a distintas generaciones y
estuvieron activos en distintos momentos, su obra queda como
testimonio, y como objeto de estudio, para acercarnos a una época
en la cual la prioridad fue México. Sin embargo, dichos trabajos
también son evidencia de que esa apuesta impostergable por lo
Ruedas de la Serna, “Presentación”, 7 y 8. El autor plantea respecto a la
intensa y prolija producción escrita e impresa de aquel siglo -de la cual la
Historia formaba parte-, lo siguiente: “En conjunto, sin embargo, prueban que
la actividad literaria del siglo pasado estuvo acompañada de una amplia reflexión, o podríamos decir “autorreflexión”, de quienes ejercieron el oficio de
escritor y contribuyeron a darle una especial dimensión entre las actividades
humanas, mayormente resaltando su utilidad y su importancia para mejorar
a la sociedad, depurar sus costumbres, robustecer la moral pública, revalorar
nuestro patrimonio geográfico y cultural, afirmar nuestra identidad y, con todo
ello, fortalecer la conciencia nacional”.
36

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�Iván Espinosa

nacional también se llevó a cabo desde las distintas regiones que
integran nuestro país.
Un apunte final relacionado con el epígrafe de O´Gorman:
efectivamente, aquellos ilustrados mexicanos amaron la “verdad”
en sus múltiples expresiones (tanto en la ciencia como en el arte).
Pero esa verdad no resultó algo dado o acabado: la construyeron.
En el caso que nos ocupó, Ramírez la construyó a partir de la
recolección de ciertos datos e información, una buena pluma
propia de un escritor destacado y algo quizá menos tangible pero
igual de importante: su compromiso hacia un país que parecía irse
de las manos.
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Torre Villar, Ernesto de la, ed. José Fernando Ramírez. Obras
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-6

277

�José Fernando Ramírez

Torre Villar, Ernesto de la, ed. José Fernando Ramírez. Obras
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Torre Villar, Ernesto de la, ed. José Fernando Ramírez. Obras
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White, Hayden. Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX. México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2001.
Zermeño, Guillermo. La cultura moderna de la historia. Una
aproximación teórica e historiográfica. México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2001.

Sillares, vol. 1, núm. 2, 2022
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-6

278

�Conservación, digitalización y difusión del acervo
Hemerográficos históricos de la Capilla Alfonsina
Biblioteca Universitaria
Oscar Abraham Rodríguez Castillo
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0003-3040-7840

En 2007 el Sistema Integral de Bibliotecas de la Universidad Autónoma de Nuevo León (SIBUANL), consciente del valor histórico y patrimonial de sus acervos bibliográficos y documentales
(los más antiguos datan del siglo XVI), comenzó el proyecto Colección Digital UANL. Éste consistió básicamente en la digitalización de libros y publicaciones periódicas anteriores a 1916,
junto con los trabajos científicos y de divulgación (revistas, tesis,
libros) producidos en el seno de la universidad, en aras de garantizar su conservación y facilitar su consulta. Posteriormente,
dichos acervos -en su mayoría- se pusieron a disposición de la
comunidad universitaria y público en general en un portal web
del mismo nombre.
El proyecto de digitalización, en sus diferentes etapas,
incluyó acervos bajo resguardo de la Capilla Alfonsina Biblioteca
Universitaria (CABU). En la primera, se digitalizaron libros
279
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-7

�Conservación, digitalización y difusión

anteriores a 1907, así como tesis de maestría y doctorado y libros
editados por la UANL -8,943 títulos en total- que posteriormente
fueron agregados a la Colección Digital. La segunda etapa
contempló la digitalización de 26,195 libros y 7,890 publicaciones
periódicas, que pertenecieran en vida al regiomontano universal,
Alfonso Reyes Ochoa. Entre las joyas bibliográficas de este
fondo, disponible por intranet en las instalaciones de la biblioteca,
tenemos el Libro della arte della guerra, de Nicolás Maquiavelo,
impreso en Florencia en 1529; el Manual de confessores y
penitentes, de Martín de Azpilcueta, impreso en Salamanca en
1556, por mencionar algunos.
La tercera y cuarta etapa del proyecto abarcan las
publicaciones periódicas y libros anteriores a 1916 que, en
conjunto, suman 1,838 títulos, y más de 20 mil fascículos, que
por diferentes circunstancias aún no están disponibles en la
Colección Digital UANL.
Gracias a ello hemos podido brindar acceso a dichos
materiales en formato digital, resguardando los originales en un
espacio con las condiciones óptimas para su conservación. La
digitalización ha sido benéfica especialmente para los periódicos
del siglo XIX y principios del XX, que tienen una alta demanda
por parte de estudiantes e investigadores, pero dada su fragilidad
constitutiva se había tomado la decisión de restringir su consulta
en físico con la finalidad de ralentizar su deterioro.
Sillares, vol. 1, núm. 2, 2022
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-7

280

�Óscar Rodríguez

Es precisamente del acervo Hemerográficos históricos,
como decidimos catalogarlos con base en su temporalidad y el
contexto de su publicación, a los que me referiré en las siguientes
líneas, centrándome principalmente en tres cosas: la cantidad
de títulos que lo integran, su importancia para comprender
diferentes periodos de la historia regional y nacional, y del sitio
web Hemeroteca Digital UANL, que albergará estos materiales,
el cual ya se encuentra disponible en la dirección web https://
hemerotecadigital.uanl.mx/ desde

finales del 2021.

Siguiendo el orden propuesto, comienzo por el primer
punto. El acervo Hemerográficos Históricos está conformado por
411 títulos y 12,496 fascículos, procedentes de diferentes salas
y fondos de la biblioteca: Carlos Pérez Maldonado, Fernando
Díaz Ramírez, Ricardo Covarrubias, Fondo Nuevo León, Fondo
Historia y Fondo Hemeroteca.
Cabe aclarar que los ejemplares físicos siguen resguardados
en sus respectivas salas –aunque en reserva, es decir, no se
prestan–, por lo que el acervo al que hacemos mención consiste
en su versión digital. Asimismo, el sitio web estará dividido en
fondos, respetando la procedencia de los materiales.
La temporalidad se extiende de 1803 hasta 1926, siendo la
Gazeta de México la publicación más antigua (1803-1809); en el extremo
opuesto está L’abc: Semanario humorístico y de caricaturas (1926). La
mayor parte fueron impresas en Nuevo León, aunque también las hay
de la Ciudad de México, Querétaro, España y Francia, entre otros.
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281

�Conservación, digitalización y difusión

Ahora bien, dependiendo del tipo de investigación, el
número de fascículos tendrá menor o mayor relevancia. Así, entre
los títulos que tuvieron una circulación constante podemos señalar
El Mundo Ilustrado (1894-1914), con 894 fascículos; La Voz de
Nuevo León (1888-1908), con 866; La Defensa del Pueblo (18841892) con 741; La Gazeta Constitucional de Nuevo León (18261835), con 451; y El Diario del Imperio (1865-1866), con 421.
La temática de las publicaciones es diversa. Por ejemplo,
títulos especializados como El Escolar Médico, El Economista
Mexicano y El Agricultor; literarios, La Revista de Monterrey
y La Tertulia; políticos, El Ahuizote: Semanario político de
caricaturas y El Radical: diario político de la tarde; informativos,
El Monitor: diario de la mañana y Monterrey News; religiosos, La
Luz: Periódico religioso de literatura, ciencias, artes y anuncios
y Liceo Católico de Ntra. Sra. de Guadalupe y S. Luis Gonzaga.
Lo dicho hasta aquí, y con ello paso al segundo punto,
muestra las distintas líneas de investigación que pueden
desarrollarse con base en este acervo. Claro está, esto se viene
haciendo desde tiempo atrás, ya que estudiantes e investigadores
han visto en las publicaciones periódicas una veta de inestimable
valor para sus trabajos académicos. Tal es el caso de Imprenta,
economía y cultura en el noreste de México: la empresa editorial
de Desiderio Lagrange, 1874-1887, del historiador Felipe
Bárcenas García; e Historia social del cine en Monterrey durante
el Porfiriato y la Revolución mexicana (1898-1927), de Kassandra
Sillares, vol. 1, núm. 2, 2022
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-7

282

�Óscar Rodríguez

D. Sifuentes. Ambos historiadores apoyaron sus investigaciones
en el acervo Hemerográficos históricos, y gracias a su talento
y calidad de sus obras obtuvieron el premio de Investigación
Histórica Israel Cavazos Garza 2016 y 2018, respectivamente.
Asimismo, el departamento de Edición de CABU ha
aprovechado la riqueza de este acervo para montar exposiciones
sobre imprentas, revistas literarias e ilustradores, etcétera. La
más reciente lleva por nombre Ilustradores Mexicanos de la
Literatura. Finales del siglo XIX-principios del XX. En ésta
se aborda el trabajo de artistas como Julio Ruelas, Roberto
Montenegro y Jorge Enciso, entre otros, que plasmaron su talento
gráfico en libros y revistas de esa época.
Por otro lado, algunas de estas publicaciones documentan
periodos importantes de la historia de México. Diario del Imperio
(1865-1866), por ejemplo, se imprimió durante la II Intervención
francesa, y fue el medio de comunicación oficial del emperador
Maximiliano de Habsburgo. Por su parte, Redención: Diario
Anti-reyista, liberal y de combate circuló durante las elecciones
estatales de 1903. Su nombre revela que no todo era miel sobre
hojuelas para el general Bernardo Reyes, gobernador del estado
de Nuevo León entre los años de 1885 y 1909, sino que había
voces disidentes que exigían la renovación de los cargos públicos
de elección popular.
En pocas palabras, para quienes estudian el siglo XIX y
principios del XX, Hemerográficos históricos de CABU es una
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�Conservación, digitalización y difusión

fuente riquísima de información en la que se pueden sustentar
investigaciones de diferente índole. Por consiguiente, estamos
seguros que el proyecto Hemeroteca Digital UANL será bien
recibido por la comunidad académica nacional e internacional.
Es importante señalar que la idea de crear un repositorio
virtual comenzó a finales de 2019, pero la contingencia sanitaria
derivada de la pandemia de SARS-CoV-2, aceleró las cosas. El
cierre de Ciudad Universitaria acrecentó la necesidad de subir a la
red el material digitalizado, libre de derechos de autor, para que la
actividad académica de la comunidad universitaria no se detuviera.
Esto no hubiese sido posible sin la iniciativa de la
maestra Leticia Garza Moreno, jefa de servicios al público y el
respaldo y gestiones del doctor José Javier Villarreal, director
de la biblioteca, así como la buena disposición del director de la
Dirección de Tecnologías de Información (DTI), Mario Alberto
González de León, y el coordinador de Sistemas de Bibliotecas
UANL, Dagoberto Salas.
Es así como ambas dependencias pusimos manos a la
obra. El personal de servicios al público y procesos técnicos nos
dimos a la tarea de elaborar registros por ejemplar y optimizar
el material digitalizado, agregando el reconocimiento óptico de
caracteres y comprimiendo su tamaño sin menguar su calidad.
Al mismo tiempo, DTI construyó el repositorio virtual, dándole
un diseño amigable e incorporando diferentes criterios de
búsqueda para facilitar la navegación. Es importante señalar que
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-7

284

�Óscar Rodríguez

el repositorio será de libre acceso, sin necesidad de registrarse
o crear una cuenta. Asimismo, todas las publicaciones podrán
descargarse en una resolución aceptable de manera totalmente
gratuita y sin limitaciones.
Adicionalmente, la Hemeroteca Digital UANL pondrá
a disposición y en los mismos términos mencionados, 1,433
libros anteriores a 1916, y las publicaciones periódicas del
Fondo Universitario, memoria histórica de nuestra máxima casa
de estudios. Este último fondo cuenta con 209 títulos y 4,269
fascículos. Su temporalidad se extiende desde su fundación en
1931 hasta 2015. Entre las publicaciones a las que podrán acceder
los usuarios están Vida Universitaria, Humanitas, Armas y Letras,
y Ciencia, entre otras.
De tal manera que la comunidad universitaria y
público general podrán navegar entre 1,844 diferentes títulos.
Considerando la gran variedad de títulos disponibles, estamos
seguros que la Hemeroteca Digital UANL rápidamente estará
entre las preferidas de estudiantes y académicos de las Ciencias
Sociales y Humanidades, colocándose entre las más importantes
del país.

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�Reseñas

Sergio Padilla Moreno. La Iglesia posconciliar en
México. Claves para una comprensión. Guadalajara:
Sistema Universitario Jesuita, Fideicomiso Fernando
Bustos Barrena SJ, Cuadernos de Fe y Cultura,
Serie Realidad Religiosa, 2018, 51 pp.
ISBN: 978-607-8616-34-3
La historiografía sobre la Iglesia mexicana posconciliar se remonta a la obra de Edward Larry Mayer Delappe. En 1977, este
historiador defendió, en la Universidad Nacional Autónoma de
México, su tesis de maestría titulada La política social de la Iglesia católica en México a partir del Concilio Vaticano II, 19641974, obra paradigmática, que luego de más de cuatro décadas,
mantiene vigente sus planteamientos esenciales. La principal
aportación de Mayer consistió en trazar las que, desde su punto
de vista, han sido las tres principales corrientes del catolicismo
posconciliar: reformismo (que acepta el Concilio con ciertas reticencias), progresismo (que valora al Concilio como base para
combatir la desigualdad, la pobreza y la opresión) e integrismo
(que decididamente rechaza el Concilio).
Pues bien, el libro recientemente publicado por el maestro
Sergio Padilla Moreno, profesor del Departamento de Formación
Humana del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
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�Reseñas

Occidente (ITESO), viene a contribuir a la discusión abierta por
Mayer, acerca de cuáles son las principales tendencias pastorales
e ideológicas que la Iglesia mexicana ha develado tras la clausura
del Concilio Vaticano II. La Iglesia posconciliar en México.
Claves para una comprensión es un ensayo que busca poner sobre
la mesa elementos para una interpretación sobre la actividad y
discurso eclesial durante la segunda mitad del siglo XX. Padilla
es Maestro en Política y Gestión Pública (por la propia ITESO),
por lo que no sorprende que su trabajo considere como aspectos
fundamentales la participación política de la Iglesia y su relación
histórica con el Estado. Consecuentemente, los ejes rectores del
ensayo son preguntas que tienen que ver con el lugar que la Iglesia
ha ocupado en el proceso democratizador del país, entre ellas:
“¿Qué fuerzas o tendencias dentro de la Iglesia se han constituido
como actores políticos, ya sea como cooperadoras del régimen o
como opositoras del mismo? ¿Será la Iglesia factor determinante
o no en el complejo proceso de consolidación democrática del
país?” (pp. 9-10).
La obra está dividida en dos grandes apartados. En el
primero de ellos, titulado “La Iglesia y el contexto político social
en México”, Padilla se dedica a esbozar la historia del catolicismo
en México desde la época novohispana hasta la década de 1960,
para posteriormente mostrar las implicaciones que el Concilio
tuvo en la vida de la Iglesia. En esta última parte, el autor se enfoca
exclusivamente en los contenidos de la constitución pastoral
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�Reseñas

Gaudium et Spes, por ser este el documento conciliar que renovó
la doctrina social católica, y que redefinió la relación de la Iglesia
con el mundo contemporáneo. Para Padilla, el hecho de que la
Gaudium et Spes haya planteado que la Iglesia tiene libertad de
opinar sobre asuntos políticos cuando la dignidad de las personas
se encuentra amenazada, supone “una clara afirmación y toma de
postura de la Iglesia como actor político” (p. 16).
El segundo apartado, titulado “Modelos de Iglesia
posconciliar en México”, inicia con un cuestionamiento hacia
la imagen simplista de homogeneidad del catolicismo, pues el
autor explica que en realidad convergen en su interior diversas
tendencias y fuerzas, como resultado del contraste entre dos
dimensiones de la Iglesia: la carismática y la institucional. En
este punto, y luego de repasar brevemente las conceptualizaciones
propuestas por el jesuita Héctor Acuña y por el historiador
Roberto Blancarte, Padilla se atreve a postular una tipología
propia. Según el autor, tres han sido los modelos eclesiales que
han caracterizado al catolicismo mexicano desde por lo menos
1968: la Iglesia centrada en la institución y la doctrina oficial, la
Iglesia centrada en el carisma y la praxis, y la Iglesia centrada en
el culto y la doctrina moral.
Padilla establece que el primer modelo enfatiza la
estructura jerárquica de la Iglesia, así como su autoridad para
enseñar e interpretar la revelación divina, por lo que su acción
pastoral estaría encaminada a perpetuar el clericalismo, es decir,
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�Reseñas

la subordinación de los feligreses ante el clero y ante el magisterio
de la Iglesia. Por otro lado, el segundo modelo estaría inspirado
en la Gaudium et Spes, así como en las primeras vicisitudes del
Consejo Episcopal Latinoamericano por aplicar el Concilio en
el continente, y se caracteriza por mostrarse comprometido con
las causas sociales “como los derechos humanos, el acercamiento
a las culturas indígenas, las cuestiones ecológicas y el diálogo
interreligioso e intercultural” (p. 34). Su acción pastoral, contrario
al primer modelo, resalta la importancia de los laicos, y su esencia
se encuentra en la llamada opción preferencial por los pobres. Por
último, el autor identifica un tercer modelo, que tiene que ver
con el modo en que muchos creyentes se interrelacionan con la
Iglesia: con gran presencia en el culto y en las asociaciones de
laicos, pero con relativa autonomía de la jerarquía eclesiástica.
La relevancia de este tipología consiste en que no se ciñe
exclusivamente al criterio de las formas en que la Iglesia interactúa
con el poder civil (como la propuesta clásica de Blancarte), sino
que se sustenta en la diversidad de aspectos que constituyen
la religión católica, y en la manera desigual en que éstos son
subrayados por los distintos agentes que la integran. Otro de
los méritos del autor, es haber correlacionado las tendencias del
episcopado mexicano con las líneas de los pontífices en turno,
pues Padilla plantea que Juan Pablo II y Benedicto XVI en cierto
sentido favorecieron el primer modelo eclesial, lo que se habría
traducido en retrocesos importantes con respecto a los avances
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del Concilio. El autor concluye con una concisa reflexión acerca
del impacto que el pontificado del papa Francisco podría tener a
futuro en la Iglesia mexicana, institución que está atravesando por
una etapa de crisis. Para muestra, Padilla retoma los resultados del
censo del 2010, que reveló que el 83.9% de la población mexicana
es católica, un descenso con respecto a mediciones anteriores (el
censo del 2020, al que no tuvo acceso entonces el autor, muestra
un decrecimiento aún más dramático, al arrojar que del total de la
población del país, el 77.7% profesa el catolicismo).
En definitiva, La Iglesia posconciliar en México es una
aportación que deberá ser tomada en cuenta por los estudiosos
del catolicismo contemporáneo pues, se esté o no de acuerdo con
su propuesta conceptual, es indudable que ésta ha sido expuesta
en forma ordenada y coherente, entrelazando características,
fundamentos y líneas de acción. Asimismo, la obra cumple con el
objetivo de llevar a los lectores a reflexionar sobre el devenir del
catolicismo mexicano durante el último medio siglo, y sobre sus
perspectivas para los años posteriores.
Emilio Machuca Vega
Universidad Complutense de Madrid
orcid.org/0000-0002-9994-388X

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�Reseñas

Imre Szeman. On Petrocultures. Globalization,
Culture, and Energy. Morgantown: West
Virginia University Press, 2019, 298 pp.
ISBN: 978-1-946684-87-5
En medio del cada vez más alarmante calentamiento global, el
agotamiento de las reservas de energías fósiles y la inminente necesidad de una transición energética menos dañina con
el medio ambiente, científicos sociales –principalmente canadienses– han desarrollado las Energy Humanities, una corriente de estudio que propone analizar los paradigmas energéticos
desde la perspectiva de lo cultural, lo político y lo estético.1
Como parte de estas investigaciones, se ha acuñado el concepto “petrocultura” para señalar que la sociedad moderna está
condicionada psicológica y materialmente por el uso de energías fósiles, específicamente, por el petróleo. Aunado a ello,
este concepto también se utiliza para referirse a las narrativas,
representaciones y significados que se han hecho sobre este
hidrocarburo.2
Imre Szeman y Dominic Boyer, Energy Humanities. An Anthology (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2017).
2
Sheena Wilson, Imre Szeman, y Adam Carlson, “On Petrocultures: Or,
Why We Need to Understand Oil to Understand Everything Else”, en Petrocultures. Oil, Politics and Cultures, ed. Sheena Wilson, Imre Szeman, y
1

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�Reseñas

On Petrocultures. Globalization, Culture, and Energy,
justamente pertenece a este campo de estudio. Es una obra
que reúne doce ensayos que parten de la premisa de que el
mundo moderno está moldeado por el uso de combustibles
fósiles, lo que obliga a pensar en una teoría crítica de los
energéticos que sea capaz de analizar las posibilidades y
límites sociales que éstos generan. De esta manera, el libro
aborda nuestras relaciones con los paradigmas energéticos y
con el capitalismo actual vistas desde lo cultural, lo político y
los temas ambientales.
El autor de la obra, Imre Szeman, es nada menos que uno de
los académicos que llevan la batuta en estudios de petroculturas.
Es investigador de temas culturales, filosóficos y ambientales en
la Universidad de Waterloo, además de ser teórico de las Energy
Humanities y cofundador del grupo de estudios Petrocultures
Research Group. Para una mejor explicación de los temas que
trata el libro, los menciono agrupándolos en lo que identifico
como los cuatro ejes vertebrales de la obra:
a. Estudios sobre globalización: la posibilidad de que cada
nación pueda generar un metacomentario o respuesta
crítica ante la globalización (capítulo 1); la idea de que
las humanidades estudien las profundas transformaciones
Adam Carlson (Montreal: McGill-Queen’s University Press, 2017), 1–19.;
Petrocultures Research Group, After Oil, Edmonton, University of Alberta,
2016, 9-10, 17.
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�Reseñas

culturales que sobrevinieron en el mundo globalizado
(capítulo 2); el papel de los estudios literarios en este
contexto global (capítulo 3).
b. Cultura e ideología en el capitalismo neoliberal: la
reinterpretación que teóricos del capitalismo han hecho
del concepto “creatividad” para presentar a este modo de
producción no como un sistema de explotación, sino como
el sistema que ofrece la “oportunidad” para que toda persona
sobresalga gracias a sus capacidades individuales (capítulo
5); la defensa de la figura del “emprendedor” como nuevo
sujeto del capitalismo y que se erige como idea que legitima
los valores neoliberales, el desmantelamiento de programas
sociales y el entendimiento de la pobreza como un “fracaso
personal” (capítulo 9).
c. Petrocultura: el estudio del petróleo considerando que
en torno a él hemos articulado relaciones políticas,
económicas, ambientales y culturales (capítulo 8); los
vínculos entre la literatura y la energía, toda vez que en la
modernidad toda cultura es petrocultura (capítulo 10); las
interpretaciones que han rodeado la política de oleoductos
en Canadá, mismos que tienen una importancia que
rebasa el simple transporte de combustible (capítulo 11);
políticas de infraestructura analizadas considerando las
múltiples variantes y consecuencias según la región en la
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�Reseñas

que se desarrollan, y entendiendo por región un abanico de
características físicas, ambientales, políticas y culturales
(capítulo 12).
d. El futuro sin combustibles fósiles: la expectativa de un
aotamiento de energías fósiles y cómo ello ha incentivado
la planeación de nuevos futuros geopolíticos, futuros
tecnológicos para búsqueda de nuevas energías, y futuros
apocalípticos en términos ambientales (capítulo 4);
representaciones fílmicas sobre el petróleo y potenciadoras
de nuevas narrativas sobre el futuro y sobre este energético
(capítulo 6); la forma en que algunos documentales han
mostrado el problema del petróleo y las posibles soluciones
a éste, y poniendo de relieve la contradicción entre, por
un lado, el conocimiento de los problemas sociales y
ambientales, y por el otro, la falta de acciones determinantes
para atender dichos problemas (capítulo 7).
Ahora bien, las perspectivas de lo político, lo económico y lo ambiental suelen estar presentes en los análisis que las ciencias sociales
han hecho sobre el capitalismo actual y los energéticos, pero poco
se ha utilizado la perspectiva cultural para estudiar estos temas. En
este sentido, destaco que Szeman invite a ocuparnos de los impactos
culturales de estos procesos: ver los efectos de la globalización en
la cultura y desentrañar el proyecto ideológico del neoliberalismo,
mismo que es capaz no solo de difundir sus valores, sino lograr que
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éstos sean interiorizados hasta el punto de ser defendidos incluso por
los más afectados por la economía neoliberal.
Empero, considero que los principales temas a destacar
en este libro son la conceptualización sobre petroculturas y el
análisis de lo que será la transición energética que sustituya a
las energías fósiles. Szeman hace un llamado a estudiar las
culturas del petróleo de manera que entendamos las formas en
que los paradigmas energéticos también han influido en nuestra
imaginación social y nuestras expresiones culturales y artísticas
(pp. 221, 227-228).1 Se trata de comprender que el petróleo no
solo alimenta los motores e industrias, también ha moldeado
ideologías y conceptos clave del mundo moderno, tales como
“libertad”, “movilidad” o “crecimiento” (p. 175). No es fortuito
que Szeman ponga énfasis en el libro Carbon Democracy:
Political Power in the Age of Oil (Nueva York, Verso, 2011)
de Timothy Mitchell, por ser una obra obligada para entender
que por encima de la política dictando el manejo de la industria
energética, es el paradigma energético el que determina formas
más complejas de ordenamientos geopolíticos.
Si entendemos esto –deja ver Szeman– podremos
vislumbrar que las transiciones energéticas que necesitamos van
más allá que solo pensar en energía solar y campos eólicos, pues
una vez que no haya energías fósiles también se verán afectadas las
Sobre la relación entre los energéticos y el arte, una obra importante es: Barry Lord, Art &amp; Energy. How Culture Changes (Washington: American Alliance of Museums, 2014).
1

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relaciones políticas, económicas, sociales y culturales vinculadas
a estos energéticos (pp. 195-196, 221).
Ahora bien, el libro de Szeman enfoca su análisis en
el contexto petrolero de Canadá, lo que en realidad no genera
sorpresa alguna dado que el autor es un académico canadiense.
Sin embargo, me parece que la obra bien pudo incluir reflexiones
sobre otros casos continentales, específicamente, sobre México y
Venezuela, países donde el petróleo ha sido determinante en sus
respectivas trayectorias históricas contemporáneas.
Esta debilidad, no obstante, puede ser una fortaleza para
los científicos sociales latinoamericanos, para quienes libros
como este abren un abanico de posibilidades para desarrollar
los temas de las Energy Humanities y sobre petroculturas en
nuestros contextos. Pensando en el caso mexicano, el momento
es adecuado: no solo contamos con una importante historia en
relación con el petróleo, también estamos en un presente donde
se debate sobre si debemos adoptar nuevas energías o seguir
apostando por los energéticos fósiles. En este contexto, es
preciso analizar cómo hemos pensado el petróleo; qué relaciones
políticas y culturales hemos articulado con este energético;
cuáles son las narrativas, valores y hábitos que hemos formado
a su alrededor; o de qué manera el petróleo ha tenido cabida
tanto en la cultura nacionalista como en las culturas regionales
de zonas petroleras. Esto solo por mencionar algunas líneas de
estudio.
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Cabe mencionar que así como Szeman explora la
petrocultura en la literatura y el cine, el caso mexicano también
permite iniciarse en estos estudios, toda vez que contamos con
cintas sobre el tema petrolero, aunque quizá no tantas como obras
literarias, ya que el petróleo ha inspirado todo un género literario
no exento de denuncias y menciones a problemáticas sociales,
políticas y ambientales.2
Asimismo, es preciso que las ciencias sociales
latinoamericanas tomen lugar en las discusiones sobre cómo
será la futura transición energética y cómo ésta albergará nuevas
narrativas sobre los energéticos, nuevos ordenamientos políticos
y económicos, otros hábitos y valores, así como una renovada
ética sobre el uso y acceso a los energéticos.
En suma, para mí el mayor valor de On Petrocultures.
Globalization, Culture, and Energy es su invitación a incursionar
en este nuevo campo de estudio sobre las estructuras culturales y
políticas del pasado y presente de las energías fósiles y las formas
en que éstas cambiarán o serán reemplazadas en un futuro donde
habrá nuevos paradigmas energéticos.
Omar Fabián González Salinas
El Colegio de México
orcid.org/0000-0002-0709-6645

Para el estudio de la literatura mexicana sobre el petróleo, véase: Edith
Negrín, Letras sobre un dios mineral. El petróleo mexicano en la narrativa
(Ciudad de México: El Colegio de México; Universidad Nacional Autónoma
de México - Instituto de Investigaciones Filológicas, 2017).
2

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Lucía Núñez. El género en la ley penal: crítica
feminista de la ilusión punitiva. México: Universidad
Nacional Autónoma de México, Centro de
Investigaciones y Estudios de Género, 2021, 210 pp.
ISBN: 978-607-30-4474-5.
https://doi.org/10.22201/CIEG.9786073044745E.2021

En algunos sectores de la sociedad se tiene la idea de que, por
tener leyes como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una
Vida Libre de Violencia, o por contar con programas como “Puerta Violeta”, las condiciones patrimoniales, educativas, laborales
y sociales de las mujeres mexicanas han mejorado significativamente. No obstante, el alza de casos de violencia en los hogares
producto del confinamiento en meses recientes, las noticias sobre
la venta de niñas en Guerrero y la desaparición diaria de mujeres a lo largo del territorio nacional, prueban todo lo contario.
Por esto, hoy resulta más que necesario promover la reflexión
acerca de estos problemas desde distintos ángulos, incluyendo el
académico. El libro de Lucía Núñez, El género en la ley penal:
crítica feminista de la ilusión punitiva, contribuye sin duda a esta
urgente preocupación.
Lucía Núñez es doctora en Ciencias Sociales por la
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, en
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-10

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la línea de investigación mujer y relaciones de género, maestra
en Criminología y licenciada en Derecho. Actualmente es
investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género
de la UNAM.3 Su labor académica está motivada por su interés
en la teoría crítica jurídico-penal, los derechos humanos, los
feminismos, los feminismos jurídicos, la criminología crítica y la
victimología de corte crítico, todos estos aspectos abordados por
igual para conveniencia del marco teórico de este libro. Por otro
lado, no debe olvidarse que constantemente las investigadoras
y teóricas del feminismo encuentran especial afinidad entre
su labor pública como activistas y su vida académica. Debe
mencionarse, pues, la colaboración constante de Núñez en el
proyecto editorial “Red Feminismo(s) Cultura y Poder, Diálogos
desde el Sur”, así como su posicionamiento político ante los
innatismos de la sociedad y sus instituciones, sobre todo en
aquellos temas de materia jurídica. Según las integrantes de la
Red, estas tareas se vuelven imperativas dada “la vigencia de las
prácticas intelectuales cuyo principio y fin es la transformación
social, a las que consideramos inseparables de una perspectiva
descolonizadora en la academia.”4
De alguna forma, esta misma preocupación es indicada
en el prólogo del libro, a cargo de la jurista Tamar Pitch, quien
“Currículum Vitae Académico”, Lucía Núñez, consultado el 4 de octubre
de 2021, https://lucianunez.mx/cv-academico/.
4
“Sobre nosotras”, Red Feminismos, Cultura y Poder, consultado el 4 de
octubre de 2021, https://feminismosculturaypoder.net/nosotras/.
3

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nos introduce al debate sobre la parcialidad y politización -la
postura política- de trabajos académicos. En un contexto donde el
feminismo jurídico toma fuerza, se han señalado contundentemente
los sesgos por sexo, clase y racialización5 que se manifiestan en
nuestro derecho penal. No obstante, según la crítica de Núñez, el
feminismo jurídico “cree poder usar el derecho, y en general el
sistema de justicia penal, para contrarrestar el daño y la violencia
que sufren las mujeres en una sociedad machista y patriarcal”
(en palabras de Pitch, p. 8). En este sentido, surge una tensión
entre reconocer los sesgos del derecho penal y las desigualdades
que refleja, y la necesidad de utilizarlo para combatirlas. Sobre
esto, comenta Pitch: “Naturalmente, no se puede prescindir de
la justicia y del derecho penal, pero, […] este derecho debe
ser mínimo. Y, con respecto a los sujetos sobre quienes no se
construyó el derecho penal (las mujeres, principalmente, pero no
solo ellas…), la precaución en su uso debe ser máxima” (p. 9).
Para comenzar a abordar este complejo problema, el libro
de Núñez parte de las siguientes preguntas: ¿qué es realmente
el sistema penal?, y ¿cómo opera este sistema en la realidad?,
mismas que aborda desde el método de la criminología crítica. En
el análisis de las circunstancias históricas que rodearon la creación
de las leyes, la autora encuentra esencial extender las herramientas
Entendiendo esta última como “un conjunto de prácticas de producción e
inscripción corporal de marcas o estigmas derivados del sistema colonial europeo.” Stuart Hall, “What Is This ‘Black’ in Black Popular Culture?”, Social
Justice 20, núm. 1/2 (1993): 104–14.
5

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para el análisis del discurso penal, ya que no basta la mera crítica
al sexismo. Para esto, recurre al “uso de la categoría analítica de
género […] para conocer y postular la función del discurso penal
en la interpelación de sujetos de género” (p. 12). A partir de ese
análisis, señala que en el texto de la ley aparecen coordenadas
de subjetivación de género, que no son otra cosa más que “ejes
discursivos de comportamientos [...] en la visión heteronormativa
y binaria de la ley”. El resultado de la investigación a partir de
esta idea, dice la autora, “plantea que el discurso de la ley penal no
solo expresa, sino que también reproduce, las desigualdades” (p.
12). De aquí se desprende la necesidad de poner en consideración
las estrategias del “feminismo punitivo”, para ver en qué medida
éste contribuye a la búsqueda de justicia o refuerza esa violencia.
La propuesta de Núñez, en esa línea, es el minimalismo
penal. Para esto sus pilares teóricos se remiten a Teresa de
Lauretis, con la función del discurso penal y los sujetos de
género; Alessandro Baratta, entre la crítica del género y la crítica
del derecho penal, y Carol Smart, con la premisa de que la ley
produce género. De esta manera, los primeros capítulos versan
sobre el “Género y discurso del derecho”, tanto sexista como
ideológico. También aborda “El género en la construcción de los
sujetos delincuentes”, con distintas críticas al labelling approach.
Después de la crítica e introducción de conceptos básicos, es el
turno de capítulos como “La criminalización de género. Delitos
sexuales” y “Honor, sexo y sexualidad en el delito”, éstos últimos
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301

�Reseñas

diferentes a los anteriores porque en ellos radica el análisis y la
aplicación de la propuesta de estudio, además de un listado de
aquellos que se conocen como violación, rapto, estupro, adulterio,
por una parte; así como aborto, homicidio y lesiones, duelo,
feminicidio y prostitución, por otra. Puede decirse que el libro en
sí es un análisis historiográfico, pues en toda su extensión Núñez
aboga por el estudio histórico de la construcción de estos términos
jurídicos, así como de las leyes y sentencias que encasillan a las
mujeres como víctimas o victimarias en relación con sus cuerpos,
sexualidad y/o compañeros varones.
En su conclusión, Núñez reitera que la ley penal reproduce
las coordenadas de subjetivación de género, y que
de ahí proviene su función como tecnología de género que reproduce los emplazamientos del Hombre y de la Mujer. Esto
se debe también a la función de la ley penal como habilitadora
del sistema punitivo y medio de control para asegurar la reproducción de un sistema social en donde radica justamente
la desigualdad no solo de clase, sino también de género, entre
otras. [...], aunque se estén produciendo modificaciones en los
comportamientos tradicionales de hombres y mujeres, en tanto
no se alcance suficiente influencia en el poder político, el Estado no conocerá ni admitirá los fenómenos sociales reales de
una sociedad que cambia (p. 200).

Con esto, la autora evidencia que el derecho puede reflejar cambios y exigencias sociales, pero manteniéndose dentro de los parámetros de lo establecido. La solución, comenta Núñez, no es
sencilla, y aunque “hay que asumir, en el mejor de los casos, la
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�Reseñas

debilidad o insuficiencia de la vía reformadora en el marco de la
ley penal”, esto no implica que se tenga que “renunciar a estrategias que busquen cambios en el sistema punitivo imperante” (pp.
200-201).
En efecto, me parece que debe considerarse que hay familias
y víctimas que entienden la justicia como tradicionalmente se ha
impartido, con castigos severos y condenas largas, y que están
convencidas de que sólo así se compensarán los daños. En ese
sentido, podríamos decir que el feminismo jurídico responde a
situaciones críticas, apremiantes e inmediatas. Cynthia Galicia,
maestra en Estudios de Género por El Colegio de México y
feminista jurídica, sostiene que este activismo es útil pues
“le damos al patriarcado donde más le duele, en el Sistema
Judicial.”1 Dicho de otra forma, el feminismo jurídico ha velado
por responder a las condiciones materiales y simbólicas de las
injusticias en el Estado y Derecho mexicanos.
Por último, vale la pena señalar algo verdaderamente
llamativo sobre los trabajos de teorización y denuncia hechos por
académicas y activistas como Núñez. Esto es, que pareciera ser
la única problemática social donde, de forma deliberada, se pasan
por alto las capacidades y esfuerzos de las propias expertas. Basta
con analizar las leyes mal orientadas, los recortes presupuestales
a las pocas organizaciones y espacios de protección, la constante
Cynthia Galicia, “Derechos Humanos de las mujeres. Feminismo jurídico:
El activismo de las abogadas”, (curso, Museo de Memoria y Tolerancia, Centro Educativo Truper, 2021).
1

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-10

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�Reseñas

desinformación por los medios de comunicación y la incisiva
opinión pública sobre la violencia, la autonomía de los cuerpos de
las mujeres, su educación, etc. El trabajo de Núñez es clave para
comprender muchos de esos debates actuales -y pasados- sobre
el derecho punitivo y las propuestas desde el feminismo hacia la
verdadera emancipación de mujeres sometidas a opresiones por
sexo, clase y/o racialización. Al mismo tiempo, presenta ventanas
de oportunidad para estudios interdisciplinarios que continúen
trabajando en esa línea crítica, y que esperemos que pronto nos
sigan ofreciendo análisis tan fructíferos como el de esta autora.
Abril Ameyal Loyola Nuño
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0002-2537-7942

Bibliografía
Galicia, Cynthia. “Derechos Humanos de las mujeres. Feminismo jurídico: El activismo de las abogadas”. Curso, Museo
de Memoria y Tolerancia, Centro Educativo Truper, 2021.
Hall, Stuart. What Is This ‘Black’ in Black Popular Culture? Social Justice 20, no. 1/2 (51-52) (1993): 104–14.
Núñez, Lucía. “Curriculum Vitae Académico”. Consultado el 4
de octubre de 2021. https://lucianunez.mx/cv-academico/
Red Feminismos, Cultura y Poder. “Sobre nosotras”. Consultado el
4 de octubre de 2021. https://feminismosculturaypoder.net/nosotras/

Sillares, vol. 1, núm. 2, 2022
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-10

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�La práctica farmacéutica en Monterrey 1852-1970: origen, regulación, profesionalización e integración
Mauricio González Álvarez
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0001-6925-8817

Tesis de Licenciatura

Desde el inicio de la historia se tiene conciencia de que el cuidado
de la salud es importante para cada persona. Con el inicio de los
primeros chamanes, o inclusive con el método de deducción de Hipócrates, la experimentación por saber por qué el cuerpo sufre de
anomalías con el inmutable cambio del clima y del ambiente, ha sido
una constante interrogación en toda las culturas y civilizaciones.
Uno de los cambios más importantes ocurriría durante el
siglo XVII, con las bases de la higiene pública, promovida por
los países europeos para mejorar la salud de sus ciudadanos,
preocupados por la aparición de enfermedades o epidemias. Con
el apoyo del Estado, se creó “La Policía Médica” como un cuerpo
de inspectores de sanidad para promover los buenos valores de
higiene en la población, así como para controlar el trabajo de los
médicos. Esta fue considerada de suma importancia, incluso en
nuestro contexto nacional y estatal, que basaron sus propias leyes
en los organismos europeos de ese tiempo.
305
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-11

�La práctica farmacéutica

En México, desde la colonia, hubo fuertes problemas en el
control de la medicina. Si bien con la creación del “protomedicato”
se logró algo de estabilidad en el oficio del médico, los problemas
de enfermedades y epidemias siguieron en la sociedad durante
mucho tiempo. Sería durante el transcurso del siglo XIX cuando
comenzó una renovación en la medicina y en los remedios que se
preparaban en las boticas o droguerías.
Los problemas que persistían en todo el país también
eran comunes en esta región. Hasta principios del siglo XIX, es
incuestionable el aporte del doctor José Eleuterio González a la
medicina en el estado. Esto fue un precedente para las próximas
gestiones de gobernadores, quienes se preocupaban por el tema
de la salud estatal, creando nuevas leyes para mejorar el oficio del
médico, y como consecuencia para mejorar la vida común de los
ciudadanos.
Por ello, se establecieron las “Juntas de Sanidad”,
como un órgano administrativo para prevenir de enfermedades
a la población, y para dar disposiciones reglamentarias para
mercados, boticas, construcciones, panteones, etc. Con el paso
del tiempo se creó un “Consejo de Salubridad”, que, siguiendo
la teoría europea, creó las leyes para la venta de remedios,
incluyendo las instrucciones con los pasos a seguir para que las
personas pudieran fungir como médicos, boticarios, parteras,
además de los reglamentos de la Escuela de Medicina tanto para
sus maestros como alumnos.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-11

306

�Mauricio González

Lamentablemente, hacia principios del siglo XX, cerró la
escuela de medicina debido a las disputas federales y estatales
sobre cuál de estas instituciones debía de dirigirla. Décadas
después, gracias a los esfuerzos de los médicos en el estado,
se establecieron diferentes escuelas para los oficios de médico,
farmacéutico y partera.
Por último, hay que destacar la formación de las empresas
farmacéuticas de la región, principalmente del caso de la familia
Benavides, que aprovechando los acontecimientos nacionales a
principios del siglo XX y su conexión comercial con la frontera
de Estados Unidos, logró acrecentar su negocio familiar de venta
de medicinas y convertirlo en una cadena de boticas en el estado
de Nuevo León, que, con el paso de los años, lograría convertirse
en una cadena de farmacias en el noreste de México.
Con ello, en la primera mitad del siglo XX la cadena de
Farmacias Benavides, debido a la gran inversión económica de
diferentes productos en sus tiendas, logró obtener el carácter
de una empresa farmacéutica, obteniendo contratos exclusivos
con empresas extranjeras, ganando prestigio como una de las
compañías más importantes de México.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-11

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�El Elefante de acero frente a la crisis de los setenta:
el fin de Fundidora Monterrey como empresa privada y
su transición a paraestatal (1970-1979)
Abelardo Gerardo Guajardo Garza
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0001-8348-5872

Tesis de Licenciatura

El fin de Fundidora como empresa privada durante la crisis de
la década de los setenta, se debió a una serie de desacertadas decisiones financieras por parte de los empresarios de la compañía, así como a la actuación de los obreros, que lejos de ayudar,
complicaron aún más la situación económica de la empresa. El
choque del gobierno de Echeverría con el empresariado mexicano había vuelto más difícil la situación, y cuando el gobierno de
López Portillo tomó la compañía en 1977, no se tomaron todas
las medidas necesarias para resolver los problemas, dando como
resultado el cierre definitivo de Fundidora en 1986.
El objetivo de esta tesis es analizar las decisiones tomadas
por los altos directivos de Fundidora, los obreros y el gobierno
mexicano durante las dificultades presentadas a lo largo de las
crisis de la década de los setenta. De forma particular, en esta
investigación se busca exponer las tendencias que llevaron al
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-12

308

�Abelardo Guajardo

endeudamiento de Fundidora en las décadas anteriores de 1970;
mostrar la desmoralización de la clase obrera durante esos
mismos años y cómo esto afectó negativamente al rendimiento
de la siderúrgica, y finalmente, identificar las razones por las que
el gobierno mexicano no pudo tomar de manera adecuada las
riendas de Fundidora.
Los archivos consultados para la realización de la tesis
fueron el Archivo Histórico Fundidora Monterrey y el Archivo
Digital de la Fototeca Nuevo León. El primero es relevante por
tratarse del repositorio documental de nuestro objeto de estudio,
y de él se obtuvo la mayoría de la información; el segundo fue
importante porque ahí se encuentra la historia fotográfica de
Fundidora, la cual complementa a los archivos documentales.
Tras el descalabro económico que vivió Fundidora en
1970, por el bloqueo del Cerro de Mercado, en 1972 empezaron
los preparativos para el Tercer Plan de Expansión, entrando el
gobierno mexicano y un grupo de industrias japonesas como
accionistas. Por su parte, los obreros de la Sección 67, tras el fatal
accidente de noviembre de 1971, sacaron a los charros en 1972 y
el ambiente laboral se volvió tenso.
En 1976, tras la devaluación del peso y por la enorme
deuda contraída en dólares, a los ejecutivos se les hizo imposible
pagar la deuda, pero el gobierno salió al rescate apoyando a
Fundidora a condición de que se volviera el accionista principal
de ésta, convirtiéndose en 1977 en el dueño de la empresa. El
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-12

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�El Elefante de acero

gobierno encontró que tenía algunos departamentos rezagados
frente a otros modernos, así como unos obreros radicalizados que
realizaban huelgas constantemente pero que llegaron a superar
los récords de producción.
También encontraron que parte de la maquinaria instalada
durante el Tercer Plan tenía errores de diseño que impedían que ésta
y el resto de la fábrica pudieran llegar a su máximo de capacidad,
ocasionando como resultado que los niveles de producción fueran
menores y que, sumado a los intereses de las deudas por pagar,
los dirigentes de la Fundidora llegaran a la conclusión, a fines de
1979, de que la empresa estaba condenada a descapitalizarse y
frenar su crecimiento.
En conclusión, los Prieto llevaron a Fundidora, en aras
de que se mantuviera actualizada, a un proceso de constante
endeudamiento millonario que llegó a su crisis en 1976, teniendo
la empresa que ser salvada por el gobierno mexicano un año
después. Éste se encontró con una Fundidora cuyo Tercer Plan
no había dado los resultados esperados y con unos trabajadores
radicalizados que, a pesar de todo, lograban aumentar los niveles
de producción, pero no al nivel suficiente para que la empresa
pudiera pagar sus deudas.

Sillares, vol. 1, núm. 2, 2022
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-12

310

�La Ilustración silenciosa: Implicaciones sociales de los
esfuerzos para el logro del carácter público de la educación en Monterrey 1824-1848
Claudia Melissa Rodríguez Rodríguez
Universidad Autónoma de Nuevo León
orcid.org/0000-0001-9365-1459

Tesis de Licenciatura

La investigación aborda la institucionalización de las escuelas de
primeras letras en la ciudad de Monterrey durante los primeros
años de la independencia de México, cuando estas escuelas destinadas a toda la población nacional se expandieron de manera distinta en cada región, de acuerdo con su capital económico y con
el contexto social existente después de la guerra. La delimitación
temporal culmina en los primeros años de la década de 1840, con
la llegada del sistema lancasteriano al estado de Nuevo León. Si
bien, geográficamente el área estudiada es Monterrey, se presenta
también el inicio de la educación de primeras letras gratuita en
todo el estado de Nuevo León.
Se estudian cuatro participantes del funcionamiento
y crecimiento de las escuelas de primeras letras en la ciudad:
ayuntamiento, maestros, niños y tutores. Se buscó rastrear los
basamentos históricos de esta cultura de la escolaridad, es decir,
311
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-13

�La Ilustración silenciosa

el que nos parezca tan normal y normativo ir a la escuela. Este
trabajo, asimismo, abarca la actuación y percepción de los
regiomontanos hacia la entonces nueva educación pública, sobre
todo de aquellos que eran objeto de estos esfuerzos: los niños
que pretendían ser educados, involucrando a los otros actores
que pueden brindar información como los maestros, los tutores y
desde luego el estado.
Se demostró que tanto maestros, tutores y alumnos –los
niños– fueron actores receptivos del cambio educativo, porque
no tomaron un papel de liderazgo o iniciativa en las acciones
a llevar a cabo, sino que acataron lo decidido y dictado por el
Ayuntamiento/Estado y fueron congratulados o castigados
conforme a su actuar. Los “buenos ciudadanos”, o integrantes
del Ayuntamiento, y propietarios que aportaron a los ingresos
del estado, fueron los únicos participantes interpretados como
activos. Además, se explica la importancia que estos ciudadanos
otorgaban a difundir la educación hacia los menos favorecidos:
no tenían fines idealistas o nacionalistas, sino que lo hacían para
controlar a la población en términos de vagancia, criminalidad y
desobediencia de la servidumbre.
La línea de investigación que se siguió es la historia social
de la educación. Los recursos consultados fueron el Archivo
General del Estado de Nuevo León, especialmente el Fondo
Estados de Escuelas; el Archivo Histórico Municipal de Monterrey,
principalmente la Gaceta Constitucional, y el Archivo Histórico
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-13

312

�Melissa Rodríguez

del H. Congreso del Estado. Al interpretar los documentos
históricos y tratar de explicar las posturas de los participantes
activos o receptivos de la institucionalización de la educación, se
ha recurrido a filósofos del siglo XIX como Jovellanos, Anastasio
Bustamante e incluso Jeremy Bentham, siendo el utilitarismo, la
Modernidad, la Ilustración y el liberalismo conceptos políticofilosóficos que han tratado de involucrarse cuidadosamente en el
análisis de las acciones tomadas en la región para el desarrollo del
sistema educativo.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares1.2-13

313

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos</text>
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              <description>An account of the resource</description>
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                  <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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              <name>Creator</name>
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      <name>Text</name>
      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>Sillares Revista de Estudios Históricos</text>
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                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, 2022, Vol. 2, No. 2, Enero-Junio</text>
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                <text>Sillares. Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>Reyes Patiño, Reynaldo de, Director Editorial</text>
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                <text>Muñoz Mendoza, Juan José, Editor Técnico</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Revista de Estudios Históricos
http://sillares.uanl.mx/
La relación fronteriza desde la institucionalidad
indígena: los ayllarewe mapuche del Reino de
Chile en los siglos XVI y XVII
The borderland relationship from the indigenous
institutionality: the Mapuche ayllarewe of the
Kingdom of Chile in the 16th and 17th Centuries
Francis Goicovich
Universidad de Chile, Santiago, Chile
orcid.org/0000-0002-3507-3002
Recibido: 17 de marzo de 2022
Aceptado: 16 de mayo de 2022
Publicado: 1 de julio de 2022

Editor: José Eugenio Lazo Freymann. Universidad Autónoma
de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos, Monterrey,
Nuevo León, México.
Copyright: © 2022, Goicovich, Francis. This is an openaccess article distributed under the terms of Creative Commons
Attribution License [CC BY 4.0], which permits unrestricted
use, distribution, and reproduction in any medium, provided the
original author and source are credited.

DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-39

�Dossier
Las naciones indias en las fronteras de la América
Hispánica, siglos XVI-XVIII
Introducción. Naciones indias, fronteras y
territorialidades
The Indian Nations on the Borderlands of the Hispanic Americas, 16th-18th centuries
Introduction. Indian Nations, Borderlands and Territorialities
Nelson Jofrak Rodríguez Cázarez

Centro de Investigación y Docencia Económicas
Álvaro Obregón, México
orcid.org/0000-0002-8042-2136

El dossier Las naciones indias en la América Hispánica, siglos
XVI-XVIII aborda las fronteras que se delimitaron en la América
de los siglos XVI al XVIII. Por un lado, las naciones indias, por el
otro, los reinos americanos. De esta manera los boçalos, pisones,
mapuches y guayupes tuvieron algo en común: compartieron
frontera con la Monarquía Hispánica, así fuera en el Septentrión
con el Reino de Nueva España y el Nuevo Reino de León, o en el
área Meridional con el Reino de Chile y el Nuevo Reino de Granada.
15
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 15-18

�Naciones indias, fronteras y territorialidades

Sin embargo, estas fronteras fueron únicas por la diversidad de
sus territorialidades donde se describen sierras, llanuras, selvas,
precordilleras y costas. Ambos grupos compartieron un territorio,
el cual tuvo expansiones, contracciones y estabilidades, pero todo
dependió de los mecanismos e intereses particulares. En algunos
casos la reducción al mundo sedentario fue la opción más viable;
en otros, la reducción no se consolidó por la injerencia de terceros
partidos antagonistas al cristianismo; para otros, la resistencia a
las encomiendas dio un giro al tipo de relaciones en las fronteras
y una resistencia a la esclavitud; y en casos particulares, las
relaciones en frontera fortalecieron instituciones que sirvieron de
contrapeso.
La importancia de estos cuatros trabajos responde al
replanteamiento de una nueva historia de las naciones indias.
Con esto me refiero a que los indios pasen a ser los principales
actores en la historia, no descartando los estudios de encomiendas
o misiones, pero yendo un poco más allá de estos. Los autores
muestran sus objetos de estudio desde diferentes perspectivas
enriqueciendo la historia de cada nación y sus parcialidades.
También es necesario aclarar que una de las finalidades es que
un público, tanto especializado como general, vea las diferencias
y similitudes entre las fronteras indio-hispánicas, debido a que
cada territorialidad india se desenvolvió de distinta manera en
el tiempo. Un ejemplo de ello es cómo emplearon el concepto
de “caribe”, cuando en otras fronteras fue el de “chichimeca”.
El discurso utilizado por los hispánicos respondió a la necesidad
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 15-18
16

�Jofrak Rodríguez

de una expansión justificada a través de la guerra y la toma de
presas, hecho que sucedió en diversas fronteras de la Monarquía
Hispánica, pero que no fue una realidad tajante; otros casos
dejan en claro cómo las naciones hacen uso de la diplomacia, se
reducen al mundo hispánico y se vuelven vasallos del Rey, con
sus respectivos deberes y beneficios. Por lo anterior, se pueden
identificar tres partidos: primero, el que acepta la reducción
al mundo cristiano; segundo, el que se mantiene autónomo y
con todo tipo de relaciones en la frontera; y tercero, el que se
encuentra en guerra ante la expansión de la órbita hispánica. Este
primer ejercicio intelectual sobre las naciones viene a abrir un
camino en el estudio de las sociedades indias en algunas regiones
como el Noreste de México, pero también a fortalecer otras en
países como Colombia o Chile. La Araucanía, los Llanos o el
Seno Mexicano están a la espera de nuevas investigaciones que
vengan a poner sobre la mesa interrogantes que en un pasado no
fueron del interés académico.
El estudio de las naciones indias en el Noreste de
México aún deja mucho que desear, pero se están dando los
primeros pasos. Las nuevas generaciones han tenido un sinfín
de obstáculos; aun así, investigadores consagrados han dado el
visto bueno (un pequeño empuje tan necesario para no desistir
ante las exigencias de la academia). Este dossier está dedicado
al Dr. Manuel Ceballos Ramírez, quien siempre apoyó a los
jóvenes investigadores para que salieran de la región Noreste
a estudiar posgrados en el resto del país o el extranjero. En lo
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 15-18
17

�Naciones indias, fronteras y territorialidades

que respecta a mi persona, nunca olvidaré aquel 2015, cuando
al comentarle mi interés sobre los janambres y la forma que
pretendía abordarlos en la tesis de maestría, se emocionó igual
o más que yo y me preguntaba sobre el tema. A pesar de no ser
su área de especialidad, siempre mostró un interés para que se
trabajara el “noreste histórico” desde diversos enfoques. Hoy
me tomo la libertad de decir, en nombre de los investigadores,
que el Dr. Ceballos Ramírez escuchó, aconsejó y guió. Nuestras
investigaciones y méritos son pequeños homenajes a su persona.

Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 15-18

18

�La relación fronteriza desde la institucionalidad
indígena: los ayllarewe mapuche del Reino de
Chile en los siglos XVI y XVII
The borderland relationship from the indigenous
institutionality: the Mapuche ayllarewe of the Kingdom of
Chile in the 16th and 17th Centuries
Francis Goicovich

Universidad de Chile
Santiago, Chile
orcid.org/0000-0002-3507-3002

Resumen: Pretendemos enriquecer los estudios fronterizos coloniales a
partir de un abordaje institucional de la sociedad mapuche, el cual busca
rescatar la importancia del ayllarewe en el entramado de la Guerra de
Arauco. Nuestra intención es caracterizar a este conglomerado político
y social dentro de un marco que va más allá del carácter belicista con
que se le suele asociar. Mediante una aproximación revisionista de las
fuentes (crónicas y documentación inédita de los siglos XVI y XVII),
pretendemos resignificar la naturaleza, funcionalidad y estructura de
este cuerpo sociopolítico, reconociéndole un carácter más complejo
que el que tradicionalmente se le ha atribuido.
Palabras clave: Guerra de Arauco; Ayllarewe; Vutanmapu; Historia
fronteriza
Abstract: I intend to enrich colonial borderland studies from an
institutional approach to Mapuche society, which seeks to rescue the
importance of ayllarewe in the Arauco War. I attempt to characterize
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 19-61
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-39

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�La relación fronteriza

this political and social conglomerate within a framework that goes
beyond the warmongering character by which it is usually associated.
I intend to resignify the nature, functionality and structure of this
sociopolitical body by means of a revisionist approaching to the
sources (chronicles and unpublished documentation from the 16th and
17th centuries), recognizing a more complex character than the one
traditionally attributed to it.
Keywords: Arauco War; Ayllarewe; Vutanmapu; Borderlands history

Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 19-61
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-39

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�Francis Goicovich
Dedicado a la memoria de quien nunca debió partir,
y con sincera gratitud a CRT por su luminosa compañía.

Introducción
El quinto centenario del descubrimiento de América abonó el
terreno para la proliferación de propuestas rupturistas y novedosas
en el ámbito de los estudios fronterizos coloniales. Aunque
es indudable que en las décadas previas a la conmemoración
de dicho evento la pluma de diversos autores había gestado
un conjunto de libros y artículos que ponían en entredicho la
visión turneriana de los espacios de frontera, caracterizada
por un marcado anglocentrismo, el ocaso del siglo XX creó un
escenario propicio para la aparición de trabajos que ponían el
acento en una perspectiva más balanceada al momento de valorar
los acontecimientos que describían las fuentes históricas. Una
de las innovaciones más evidentes fue el rescate de las voces
y perspectivas emanadas del mundo indígena, lo cual conllevó
una verdadera resignificación de la documentación disponible,
situando a la alteridad en el centro del foco de discusión.
Esta trasformación epistemológica se inició con
investigadores de la talla de Miguel León Portilla en México,1
Nathan Wachtel en Francia,2 o James Lockhart en Estados Unidos,3
Miguel León Portilla, Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la
Conquista (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 1959).
2
Nathan Wachtel, Las vision des vaincus. Les Indies du Pérou devant la
conquête espagnole (1530-1570) (Paris: Gallimard, 1971).
3
James Lockhart, The Nahuas After the Conquest: A Social and Cultural
1

Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 19-61
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-39

21

�La relación fronteriza

quienes protagonizaron una renovación en los estudios de historia
indígena al situar el ser, decir y hacer de las sociedades nativas en
la palestra de la investigación, pero focalizados fundamentalmente
en las dos áreas nucleares del continente, brindando escaso margen
e importancia a las regiones periféricas que experimentaron el
surgimiento de fronteras, algunas de ellas de larga duración hasta
entroncarse con los procesos independentistas y de formación
nacional de las primeras décadas del siglo XIX. Fue a fines del siglo
XX que un conjunto de historiadores y antropólogos reorientó los
estudios fronterizos hacia nuevos espacios y culturas, guiados por
preguntas y perspectivas que situaban a la agencia indígena en
un piso de igualdad ante su contraparte europea. Algunas de las
categorías analíticas más señeras y que mantienen vigencia en el
círculo de historiadores son las Relaciones Interétnicas de Rolf
Foerster y Jorge Vergara,4 el Middle Ground (“Tierra Media”) de
Richard White,5 la Tribal Zone (“Zona Tribal”) de Brian Ferguson
y Neil Whitehead,6 o el Indian Country (“País Indio”) de Daniel
Richter.7
History of the Indians of Central Mexico, Sixteenth Through Eighteenth Centuries (Stanford: Stanford University Press, 1991).
4
Rolf Foerster y Jorge Vergara, “¿Relaciones interétnicas o relaciones fronterizas?”, Revista de Historia Indígena, núm. 1 (1996): 9–33.
5
Richard White, The Middle Ground. Indians, Empires, and Republics in
the Great Lakes region, 1650-1815 (New York: Cambridge University Press,
1991).
6
Brian Ferguson y Neil Whitehead, eds., War in the Tribal Zone: Expanding
States and Indigenous Warfare (Santa Fe: School of American Research Press,
1992).
7
Daniel Richter, Facing East from Indian Country: A Native History of EarSillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 19-61
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-39

22

�Francis Goicovich

Los estudios fronterizos del último tiempo han abordado
problemáticas diversas cuando se trata de entender las modalidades en que se desplegó la lucha indígena ante las pretensiones hegemónicas hispanas. Cuando nos adentramos en el caso
mapuche, sociedad que detenta el laurel de haber protagonizado
la más férrea y dilatada resistencia nativa en todo el continente,
encontramos que los autores abocados a desentrañar la historia
de los siglos XVI y XVII han concedido especial importancia
a aspectos como el poder y el liderazgo en el sistema tribal,8
la habilidad política para conformar alianzas de amplio rango
que permitieran la circulación de recursos y guerreros al interior del territorio en conflicto,9 el rol de los parlamentos como
ly America (Cambridge: Harvard University Press, 2001).
8
Osvaldo Silva, “Hombres fuertes y liderazgo en las sociedades segmentarias: un estudio de casos”, Cuadernos de Historia, núm. 15 (1995):
49–64.
9
Leonardo León Solís, “Mapu, toquis y weichafes durante la primera Guerra de Arauco: 1546-1554”, Revista de Ciencias Sociales, núm. 40 (1995):
277–344; Francis Goicovich, “La Etapa de la Conquista (1536-1598): origen
y desarrollo del ‘Estado Indómito’”, Cuadernos de Historia, núm. 22 (2002):
53–110; Francis Goicovich, “Alianzas geoétnicas en la segunda rebelión general: génesis y dinámica de los vutanmapus en el alzamiento de 1598”, Historia,
núm. 36 (2006): 93–154; José Manuel Zavala, “Teoría y práctica indígenas de
la guerra en las fronteras de la América hispánica del siglo XVIII: el caso de
los mapuches o araucanos”, en Propaganda y mentalidad bélica en España y
América durante el siglo XVIII, ed. David González (Madrid: Ministerio de
Defensa, 2007), 95–119; José Manuel Zavala, “El ‘Estado de Arauco’ frente
a la conquista Española: estructuración sociopolítica y ritual de los araucano-mapuches en los valles nahuelbutanos durante los siglos XVI-XVII”, Historia 42, núm. 2 (2010): 433–50.
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 19-61
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-39

23

�La relación fronteriza

instancias de negociación,10 y la transformación de la economía
indígena como un fenómeno de adaptación a la nueva realidad.11
Sin embargo, y con la salvedad de unos pocos casos,12 se ha
concedido un limitado interés al estudio de la propia institucionalidad indígena. El presente trabajo busca solventar en algún
grado este vacío al rescatar el lugar que le cupo a los ayllarewe
mapuche en la perpetuación de la resistencia nativa en los siglos
XVI y XVII. El objetivo que orienta la investigación es develar
la naturaleza de esta entidad en todos los niveles en que sea
posible adentrarnos según las posibilidades que nos brinden las
fuentes: ¿era el ayllarewe una unidad organizativa definida por
aspectos puramente bélicos? ¿Se trataba de entidades sociopolíticas perpetuas o su constitución estaba demarcada por el dinamismo? ¿En qué medida la realidad de los ayllarewe definió la
constitución de los vutanmapu?13
José Manuel Zavala, “Origen y particularidades de los parlamentos hispano-mapuches coloniales: entre la tradición europea de tratados y las formas de
negocioación indígenas”, en Pueblos indígenas y extranjeros en la monarquía
hispánica: la imagen del otro en tiempos de guerra (siglos XVI-XIX), ed. David González (Madrid: Sílex, 2011), 303–16.
11
Arturo Leiva, Rechazo y absorción de elementos de la cultura española
por los araucanos en el primer siglo de la conquista de Chile (1541-1655)
[Tesis de licenciatura] (Universidad de Chile, 1977), 729–36.
12
Guillaume Boccara, Los vencedores. Historia del pueblo mapuche en la
época colonial (Santiago: IIAM; Fondo de Publicaciones Americanistas Universidad de Chile; Ocho Libros, 2007).
13
José Manuel Zavala lo define como “alianza de varias unidades territoriales
(ayllarewe) vecinas. En la Araucanía, se trataba de alianzas longitudinales (sentido norte-sur) que cubrían más o menos cada uno de los pisos ecológicos distinguibles: costa, llano interior, precordillera y cordillera”. Véase José Manuel
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Diseccionando una institución mapuche en la
dinámica fronteriza hispano-indígena: el ayllarewe
A partir de la última década del siglo XVI las páginas de las
crónicas, así como los informes de los oficiales reales y las
declaraciones de los cautivos incorporan un nuevo término, hasta
entonces inédito, en la documentación colonial: el ayllarewe.
Desde un punto de vista estrictamente etimológico puede
definirse como “una junta y concurso de nueve parcialidades”,14
considerando que se trata de una voz compuesta, constituida
por la partícula numeral aylla (nueve) y el sufijo rewe
(parcialidad).15 La amplia mayoría de las obras y documentos
centrados en la temática fronteriza de esa época y de las
centurias posteriores adscriben a esta definición, estigma que se
Zavala, Los mapuches del siglo XVIII. Dinámica interétnica y estrategias de
resistencia (Temuco: Universidad Católica de Temuco, 2011), 310, https://repositoriodigital.uct.cl/bitstream/handle/10925/502/MAPU_9789567019717_
ZAVA_2011.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y.
14
Miguel de Olaverría, “Informe de don Miguel de Olaverría sobre el Reyno
de Chile, sus indios y sus guerras, 1598”, en Claudio Gay, ed., Historia física
y política de Chile, vol. 2 (París: Casa del autor, 1852), 21, http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/colecciones/BND/00/SM/SM0000569.pdf. El sabio
francés juzgó que este documento había sido escrito en 1594, sin embargo las
acertadas consideraciones de Diego Barros Arana le asignan una redacción
más tardía; véase Diego Barros Arana, Historia General de Chile, t. 3 (Santiago: Editoria Universitaria; Centro de Investigaciones Diegos Barros Arana, 2000), 98, http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-7987.html.
(nota 7).
15
Luis de Valdivia, Arte y gramática general de la lengua que corre en todo
el Reyno de Chile (Sevilla: Thomás Lopez de Haro, 1684), http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-8485.html. El sacerdote jesuita considera
equivalentes los términos lebo, regua, cahuin y parcialidad.
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perpetúa en los trabajos de muchos historiadores y antropólogos
decimonónicos y de comienzos del siglo XX; así por ejemplo,
Tomás Guevara señalaba que su significado era “reducción de
nueve parcialidades o rancherías”,16 propuesta que no difiere de
la de fray Félix José de Augusta, quien la definía como “nueve
reducciones o parcialidades, cada una con su rehue”,17 ni
de la del padre Ernesto Wilhelm de Moesbach al significarla
como “nueve parcialidades (levos, rehues, cahuines).18 No
obstante, este corpus sociopolítico de convocación numérica
aparentemente rígida no era tal, puesto que envolvía una amplia
gama de posibilidades que lo convertían en un conglomerado de
unidades parentales cuantitativamente variables. Fue Ricardo
Latcham el primero en percatarse de esto al afirmar que “no
sabemos si en un tiempo, el número de rehues de un aillarehue se
limitaba a nueve, pero en el tiempo de la conquista el número era
indeterminado y generalmente más de nueve”.19 Un documento
de 1605 grafica muy bien esta situación:
Dividieron estos yndios esta tierra para convocar gente en
provincias, a las mas provincias dividieron en nueve reguas y
Tomás Guevara, Historia de la civilización de Araucanía, vol. 1 (Santiago:
Imprenta Cervantes, 1898), 185, https://anales.uchile.cl/index.php/ANUC/article/view/21842/23153.
17
Félix José de Augusta, Diccionario Araucano-Español, vol. 1 (Santiago:
Imprenta Universitaria, 1916), 5.
18
Ernesto Wilhelm de Moesbach, Voz de Arauco (Santiago: Ediciones Séneca, 1998), 19.
19
Ricardo Latcham, La organización social y las creencias religiosas de los
antiguos araucanos (Santiago: Imprenta Cervantes, 1924), 378–79.
16

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alguno o algunos que no alcanso este número dividieron en siete
y otras en cinco, a la provincia de nueve llaman ayllarregua
porque aylla en su lengua quiere decir nueve, y a la de siete
llaman relgueregua porque relgue en su lengua quiere decir
siete, y a la provincia de cinco reguas llamanlos quechereguas
porque quechi quiere decir cinco.20

Lo que es más, no son pocos los casos en que la constitución
de estas agrupaciones, denominadas genéricamente como
ayllaregua, ayllaregue o ayllarehue en la pluma de cronistas y
misioneros, transgredían los límites semánticos del término, ya
que con suma frecuencia englobaban a una cantidad superior de
parcialidades. Una minuciosa búsqueda en archivos y fuentes
inéditas ponen en evidencia esta afirmación. Comenzando por
la provincia de mayor renombre, vemos que el literariamente
célebre ayllarewe de Arauco estaba conformado de “ocho o diez
parcialidades o reguas”,21 paradoja que creemos se funda en la
inclusión o exclusión que se hacía, por parte de escribanos y
testigos, de los nativos de la isla de Santa María, en la cual al
momento del contacto había “dos caciques y señores de ella”,22
Archivo Nacional de Santiago, Fondo Vicuña Mackenna (en adelante
ANVM), “Memoria [de] como se han de entender las proviciones de los yndios de Chile y algunos tratos particulares que entre ellos tienen con la declaracion de los nombres de los casiques que de presente an dado la paz, y de los
que la tienen dada de poco tiempo a esta parte que a todos se le an leydo las
proviciones porque la an dado de nuevo, 1605”, vol. 279, f. 46.
21
Alonso Ovalle, Histórica relación del Reino de Chile, vol. 2. Colección de
Historiadores de Chile, t. 13 (Santiago: Imprenta Ercilla, 1888), 288.
22
Jerónimo de Bibar, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de
Chile (Madrid: Historia 16, 1988), 251.
20

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los que regían “hasta mill indios de poblazón”.23 El lazo entre
insulares y continentales queda en evidencia al constatar su
participación en el alzamiento general de 1655, cuando “se
rebelaron con todos los de tierra firme, reciviendo su flecha y
haziéndose a una [...] se passaron a tierra firme a vivir con los
rebelados de Arauco y Lavapié”.24
De igual manera, la documentación revela en forma esporádica
los nombres de otras parcialidades constitutivas de esta provincia,
como es el caso de Longonobal. Creemos que la omisión frecuente
de este rewe, como de tantos otros en esta y otras provincias se debe
en gran medida a que los españoles prestaron atención preferente a
aquellos con un volumen demográfico considerable y que jugaron un
rol destacado en la contienda fronteriza.
Situación similar encontramos en el ayllarewe de Purén:
si bien el grueso de la información insiste en describirlo como
compuesto por nueve rewe, no deja de llamar la atención que algunas
parcialidades, como la de Guadava, constantemente excluidas del
registro de su constitución,25 aparezcan frecuentemente participando
Pedro de Valdivia, “Carta a sus apoderados en la Corte, Concepción, 15 de
octubre de 1550”, en José Toribio Medina, ed., Cartas de Pedro de Valdivia
que tratan del descubrimiento y conquista de Chile (Santiago: Fondo Histórico
y Bibliográfico José Toribio Medina, 1953), 138.
24
Diego de Rosales, Historia General de el Reyno de Chile. Flandes Indiano,
vol. 1 (Valparaíso: Imprenta del Mercurio, 1877), 286.
25
Así por ejemplo, la “Relación de lo que sucedió en el Reyno de Chile,
después que el Padre Luys de Valdivia, de la Compañía de Jesus, entró en el
con sus ocho compañeros sacerdotes de la misma Compañía, el año de 1612”
consigna los rewe de Relomo, Calcoimo, Tirúa, Claroa, Videregua, Lleulleu,
23

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de sus alzamientos y malocas, consideración que se refuerza
teniendo en cuenta la extrema cercanía geográfica que dicho rewe
tenía con la cabeza de la provincia –vale decir, Purén– y en que
Paynamacho y Antevilo, sus respectivos lonko26 en el periodo en
que gobernaba Alonso de Sotomayor, eran hermanos.27 A esto
debemos sumar el problema que implica la isla Mocha, la que en
tiempos del alzamiento general de 1598, albergaba una población
de “3.000 indios que de continuo han estado de guerra”28 y que
Ranculgue, Puren y Pellaguén, en tanto Diego de Rosales descarta, en dos
listas que incluye en su “Conquista Espiritual del Reino de Chile”, a Videregua reemplazándola por la parcialidad de Guide y, en una de ellas, el lugar de
Pellaguén es ocupado por el rewe de Curamapu, con lo que el rewe de Guadava jamás es mencionado. Véase “Relación de lo que sucedió en el Reyno
de Chile...”, en José Toribio Medina, ed., Biblioteca Hispano Chilena, vol. 2,
(Santiago: Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, 1963), 110;
y Diego de Rosales, “Conquista Espiritual...”, en Gustavo Valdés Bunster,
ed., Seis misioneros en la frontera mapuche (Temuco: Centro Ecuménico
Diego de Medellín/Ediciones Universidad de La Frontera, 1991 [1673]), 73,
148.
26
Los lonko eran los cabecillas o representantes de los lov (también llamados
lof) o patrilinajes mapuche. La mayoría de los cronistas los llaman líderes
o jefes. El padre Luis de Valdivia lo traduce como “la cabeza”, mientras el
sacerdote Andrés Febrés incorpora la variante loncogen, a la que define como
“principal, superior”. Félix José de Augusta lo llama “la cabeza, el jefe”, acepción que mantiene Juan Grau. Véase Luis de Valdivia, Arte y gramática general de la lengua que corre en todo el Reyno de Chile (Sevilla: Thomás Lopez
de Haro, 1684 [1606]). Andrés Febrés, Arte de la lengua general del Reyno
de Chile (Lima: Calle de la Encarnación, 1764), 535. Augusta, Diccionario
Araucano-Español, 161.
27
Ovalle, Histórica relación del Reino de Chile, vol. 2. Colección de Historiadores de Chile, t. 13, 20.
28
Diego de Ocaña, Relación de viaje a Chile, año de 1600 (Santiago: Editorial Universitaria, 1995), 39. Esta apreciación contrasta con la entregada por
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en la época de Pedro de Valdivia era regida por “dos señores”.29
Sabemos muy bien que sus habitantes cumplieron un importante
rol en la rebelión iniciada con la muerte del malogrado gobernador
Martín García Oñez de Loyola en 1598, como lo demuestra una
carta de Juan Jaraquemada al rey, en la cual se señala que los nativos
“tributan a estos de guerra mil picas, cantidad de arcos y flechas y
más de quinientas fanegas de comidas de que es abundantísima”.30
La alianza y apoyo para con dicha provincia se canalizaba a través
del rewe costero de Tirúa, conglomerado social y punto continental
más cercano a la isla, “donde los indios de Purén tienen muy gran
sustento por la pesquería de la macha”.31 El arraigo y persistencia
de este nexo en un plano ajeno a la práctica bélica es resaltado por
el padre Diego de Rosales, quien al referir la labor misional del
sacerdote jesuita Alonso del Pozo después del tercer alzamiento,
indica que:
Alonso de Ovalle y Diego de Rosales; el primero nos dice: “sabemos que
los isleños de la Mocha, que son jente humana, cortés y apacible, como lo
han esperimentado las armadas que han arribado a ella”, en tanto el segundo
afirma que “estos jamas han tenido guerra con los españoles”. Véase Ovalle,
Histórica relación del Reino de Chile, vol. 2. Colección de Historiadores de
Chile, t. 13, 288.
29
Bibar, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile, 255.
30
Archivo Nacional de Santiago, Fondo Carlos Morla Vicuña (en adelante ANMV), “Carta de Juan Jaraquemada a Su Magestad, 1º de marzo de
1611”, vol. 1, f. 410. Sin embargo, no es claro si la asistencia de los nativos
de la isla Mocha al ayllarewe de Purén se limitó sólo a la entrega de armas
y bastimentos, o si ésta también se manifestó en el traslado de weichafes o
guerreros.
31
ANMV, “Carta de Juan Jaraquemada a Su Magestad, 1º de marzo de 1611”,
vol. 1, f. 410.
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Visitando el P. la Provincia de Tirua, que está en la costa del mar,
y doctrinando aquellos indios, llegaron dos caciques de la isla de
la Mocha en unas balsas de paja, con mucha gente, que venían
a sus tratos y contratos, con los indios de tierra firme de Tirua.32

En su Flandes Indiano el mismo cronista relata que los naturales
de la isla “crían gran cantidad de gallinas, ovejas castellanas y
chilenas, que crezen y engordan a maravilla, y tienen trato de
ellas con los indios de Tirua y tierra firme”.33
De ambas citas es posible extraer dos importantes
consecuencias. En primer lugar, el carácter bigeográfico
que detentaban ciertos ayllarewe, lo que se traducía en una
disponibilidad ecológicamente variada de recursos y en el
manejo estratégico de un vasto territorio, lo que potenciaba
la interacción con agrupaciones de más de una zona. Purén
y Quecheregua son los más connotados casos de ayllarewe
fronterizos que se articulaban sobre un espacio que abarcaba a
más de una faja del relieve.34 En segundo término, es elocuente
la implicancia no sólo bélica, sino también económica de
Rosales, “Conquista Espiritual...”, en Gustavo Valdés Bunster, ed., Seis misioneros en la frontera mapuche (Temuco: Centro Ecuménico Diego de Medellín; Ediciones Universidad de La Frontera, 1991), 87.
33
Rosales, Historia General de el Reyno de Chile. Flandes Indiano,
vol. 1, 289.
34
Para el caso de Purén, véase “Relación de lo que sucedió en el Reyno de
Chile...”, en José Toribio Medina, Biblioteca Hispano Chilena, vol. 2 (Santiago: Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, 1963), 110, http://
www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-336459.html. Para Quecheregua
véase ANVM, “Autos de las paces y perdón general hechos por el Gobernador
Alonso García Ramón, 1605”, vol. 279, fs. 26-27.
32

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las alianzas que conformaban las respectivas provincias.
Remitiéndonos al caso citado, las parcialidades de Purén, de
las que al menos siete se repartían entre la línea de costa y los
faldeos occidentales de la cordillera de Nahuelbuta y otras dos
o tres en el llano central, se abastecían de productos del mar
y engarzaban con la isla Mocha a través del rewe de Tirúa,
el más austral de su extensión geográfica. Ello no descarta
eventuales intercambios con levo35 de otros ayllarewe,36 pero
creemos que la circulación preferencial de recursos al interior
de cada uno de estos conglomerados contribuía a reforzar los
nexos de reciprocidad que se hacían latentes y necesarios en
los períodos de conflicto con el acero español. Refuerza esta
idea, de la plurifuncionalidad del ayllarewe, la apreciación que
acuñó un siglo atrás Ricardo Latcham, cuando afirmaba que “el
aillarehue parece haber sido una agrupación a la vez política y
religiosa”.37 Lamentablemente la documentación es mezquina
en información de esta naturaleza, careciendo de los detalles
necesarios para elaborar una propuesta más sustentable, ya sea
El levo o lebo, según Boccara, era una “unidad sociopolítica compuesta
de diversos quiñelob”; véase Boccara, Los vencedores. Historia del pueblo
mapuche en la época colonial, 414.
36
Diego de Rosales nos dice que “comercian con los de tierra y Paicabi, por
carneros y obejas de la tierra y lumas para cabar, las cosas que los indios de
tierra firme adquieren de los Españoles, como hachas de yerro, cuñas, añil,
cuentas de vidrio y cosas assi”; véase Rosales, Historia General de el Reyno
de Chile. Flandes Indiano, vol. 1, 289.
37
Latcham, La organización social y las creencias religiosas de los antiguos
araucanos, 379.
35

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por el desinterés de los letrados y hombres de armas en tales
materias o por la dificultad que implicaba acceder a detalles
tan poco visibles en el concierto de los combates, incursiones
y saqueos que fueron el sello de los primeros cien años de
interacción fronteriza.
De estas reflexiones surge una importante conclusión:
consideramos, cuando menos hasta la primera mitad del
siglo XVII, que la dispersión espacial de algunos ayllarewe
deja en entredicho la tradicional visión rectilínea de los
vutanmapu, supuestamente restringidos en su extensión
y alcance sociopolítico a una exclusiva franja de relieve
(costa, valle central, precordillera). Dichos vutanmapu o
“tierras grandes”, según se desprende de su etimología (vuta
significa “gran” o “grande”, y mapu se traduce como “tierra” o
“territorio”), fueron extensos y complejos sistemas de alianzas
socioterritoriales que enlazaron a diversos ayllarewe a lo
largo de las franjas del relieve en que se extendía el espacio
mapuche. Aquellos ayllarewe que detentaban una condición
bigeográfica se encontraban en una situación estratégicamente
privilegiada para concertar pactos y movilizar guerreros por
diversos sectores de la topografía indígena conforme se iban
dando las circunstancias.
El tercer ejemplo de un ayllarewe conformado por un
número mayor de parcialidades es, también, el caso más complejo:
nos referimos a la provincia de Catiray, comprendida entre la
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cordillera de Nahuelbuta y el río Biobío hasta la confluencia del río
Bueno con el Duqueco por el sur. Hacia 1605 la incansable labor
de pacificación del jesuita Luis de Valdivia lo llevó a la región
fronteriza acompañado del gobernador entrante Alonso García
Ramón. Después de haber parlamentado con los ulmen38 de las
provincias de Penco, Tucapel, Arauco y Quecheregua, dándoles
a conocer las provisiones reales que garantizaban su protección
frente a los agravios y la abolición del servicio personal, el 17 de
mayo se reunió con los indios coyuncos, gualquis y catirayes.39
Sobre estos últimos, el acta de la conferencia consigna que dichos
naturales:
[…] se dividen en dos provincias, la una contiene solo siete
reguas que al presente an ofrecido la paz […] la otra contiene
Los ulmen fueron generalmente identificados como personas de prestigio
cuyo reconocimiento iba más allá de los patrilinajes mapuche. Andrés Febrés,
Arte de la lengua general del Reyno de Chile (Lima: Calle de la Encarnación,
1764), 319, le llama “cacique” y “curaca”. El diccionario de Grau lo define
como un “mapuche gobernante de un distrito, jefe, cacique en tiempo de paz,
noble, adinerado”; véase Juan Grau, Voces indígenas de uso común en Chile:
apellidos y patronímicos (Santiago: Ediciones Oikos, 2000), 225.
39
Una descripción detallada de estas conferencias en Barros Arana, Historia
General de Chile, t. 3, 332–34. Véase también Francisco Enrich, Historia
de la Compañía de Jesús en Chile, vol. 1 (Barcelona: Imprenta de Francisco
Rosales, 1891), 503–25. Crescente Errázuriz, Historia de Chile durante los
gobiernos de García Ramón, Merlo de la Fuente y Juan Jaraquemada (Santiago: Imprenta Cervantes, 1908); Antonio Astrain, Historia de la Compañía
de Jesús en la asistencia de España, t. IV (Madrid: Administración de Razón
y Fe, 1913), 668–90. El aporte más reciente es el de José Manuel Zavala, José
Manuel Díaz Blanco, y Gertrudis Payás, “Los parlamentos hispano-mapuches
bajo el reinado de Felipe III: la labor del padre Luis de Valdivia (1605-1617)”,
Estudios Ibero-Americanos 40, núm. 1 (2014): 23–44.
38

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nueve reguas que al presente estan [en] guerra. Y la primera
es llamada rralgueregua [sic] y la segunda ayllaregua por el
número de reguas que a cada qual contiene.40

En otras palabras, al interior de un mismo grupo territorial
–los catirayes– se distinguen dos supuestas provincias que
manejan, cada una por separado, una política conciliadora o de
manifiesta hostilidad hacia los hispanos. A primera vista se diría
que estamos frente a un sistema de dualidad similar al que los
cronistas describen en los Andes centrales o, para no ir más lejos,
al que la hueste valdiviana encontró en el valle de Aconcagua.41
Empero, la realidad distaba bastante de esta posibilidad porque
siete años más tarde, estando el destino del reino ahora en manos
del gobernador Alonso de Ribera, el padre Luis de Valdivia,
investido de amplios poderes, retomó su política de encuentros
y parlas con los representantes de las provincias indígenas.
En este nuevo escenario observamos un cambio respecto a la
ANVM, “Autos de las paces y perdón general hechos por el Gobernador
Alonso García Ramón, 1605”, vol. 279, fs. 35-36.
41
En efecto, al arribar los hispanos a este curso fluvial se encontraron con
una modalidad de organización dual del territorio que se manifestaba tanto
en la nominación diferencial del curso superior de dicho río (valle de Chile)
respecto a su cauce inferior (valle de Conconcagua), así como en la presencia
de dos cabezas de poder que señoreaban sobre ambas mitades. Bibar es quien
mejor grafica esta pretérita realidad cuando señala que “los señores de este
valle son dos: el uno Tanjalongo, éste manda de la mitad del valle a la mar; el
otro cacique se dice Michimalongo, éste manda y señorea la mitad del valle
hasta la sierra. Este ha sido el más temido señor que en todos los valles se ha
hallado”. Véase Bibar, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos
de Chile, 100.
40

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estructura de la alianza registrada en 1605, puesto que ahora a
una provincia de diez rewe dispuesta a establecer las paces se
contraponía otra de cinco rewe que persistía en la lucha, cuyas
parcialidades estaban “unidas con Purén”.42 Si bien la sumatoria
de las unidades parentales no es coincidente entre ambos años
–posiblemente producto de una omisión del prosista–, salta a la
vista una dinámica autónoma de las mismas para adherir a alguna
de las decisiones políticas tomadas por las coaliciones. En efecto,
al interior de los ayllarewe cada levo conservaba su autonomía y
estaba en posición de decidir su respaldo a las resoluciones que
se tomaban en la relación interétnica. Prueba de ello son las Paces
de Chicuya protagonizadas por el gobernador Alonso de Ribera y
el ayllarewe de Arauco el 20 de noviembre de 161243: a la reunión
asistieron siete de los nueve rewe convocados, ausentándose
las parcialidades de Lebo y Colcura que permanecieron fieles
al alzamiento encabezado por la provincia de Purén. Otro
ejemplo está dado por las paces que el padre Luis de Valdivia y
el gobernador García Ramón sostuvieron en el fuerte de Santa
Inés de Monterrey con el ayllarewe de Tucapel: a dicho evento,
celebrado el 24 de abril de 1605, asistieron igualmente:
[…] quatro embaxadores de las quatro reguas ultimas de Puren
quel dicho dia avian venido a ofrecer la paz al dicho governador,
“Relación de lo que sucedió en el Reyno de Chile...”, en Medina, Biblioteca Hispano Chilena, vol. 2, 100.
43
ANMV, “Tratado entre el gobernador Alonso de Ribera y los indios (Paces
de Chicuya), 20 de noviembre de 1612”, vol. 20, fs. 20-20v.
42

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el primero llamado Ybantureo de la regua de Tirua i el segundo
llamado Pillantureo de la regua llamada Lleolleo y el tercero
Caniunmapo de la regua llamada Rangalme [Ranculgue] y
el quarto llamado Queupuanca de la regua llamada Claroa,
ynbiados de sus caciques al dicho fin no obstante que las
otras cinco reguas restantes de su provincia y [a]yllaregua
perseveraban de guerra […].44

Ahora bien, para el caso de Catiray el empleo de un mismo término
nominativo y de un gentilicio común a sus miembros, los “catirayes”,
implica el reconocimiento de una estructura socioterritorial
unitaria. La pregunta que surge entonces es, ¿por qué se clasifica
a un mismo conglomerado y región como conformado por dos
“provincias”? Creemos que la respuesta reside en el exotérmino con
que los hispanos tradujeron a su propia concepción dicha estructura
nativa. El Diccionario de Autoridades define a la provincia como
“la parte de un Reino ú Estado, que se suele gobernar en nombre
del Príncipe, por un ministro que se llama Gobernador”.45 Sabemos
bien que la formación estatal era del todo extraña a la sociedad
mapuche, numerosos documentos y los cronistas sin excepción
reconocen la ausencia de una organización centralizada del poder,
condición sine qua non de los estados; el testimonio del cautivo
fray Juan Falcón es explícito en esta materia al indicar que entre
los indígenas:
ANVM, “Autos de las paces y perdón general hechos por el Gobernador
Alonso García Ramón, 1605”, vol. 279, fs. 14-15.
45
Real Academia Española, Diccionario de Autoridades, t. V, vol. 3 (Madrid:
Editorial Gredos, 1964), 415.
44

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[…] no hay cabeza a quien obedezcan ni [a]caten sujección, no
tienen modo ni orden de república, ni la conservan de ninguna
manera, ni gobierno en sus cosas, no hay forma de administrarse
justicia de ninguna suerte, y así como no hay a quien poderse
pedir, ninguno trata de pedirla.46

Otro prisionero de los indígenas, el célebre autor del Cautiverio
Feliz, destaca también la falta de una estructura jerárquica que
involucre una cadena de poder propia del sistema estatal:
[…] por no tener esta nacion cabeza superior que los sujete, ni
a quien ellos rigurosamente tengan temor ni respecto, porque
cada uno en su parcialidad y en sus casas es tenido y acatado
conforme sus caudales y el séquito de deudos y parientes que
le asiste.47

Finalmente, Miguel de Olaverría indicaba casi un siglo antes que:
Los indios de Chile en ningún tiempo se save que ayan tenido señor ni rey universal ni particular que sobre ellos tubiesse
poder y dominio ni mas de sus caciques en cada parcialidad.48

De esta manera, cabe preguntarnos dónde descansaba el
fundamento que hacía que los cronistas, soldados, religiosos y
testigos en general homologaran los corpus socioterritoriales del
“Declaración que hizo el padre Fray Juan Falcón en 18 de Abril de 1614”,
en Horacio Zapater, “Testimonio de un cautivo. Araucanía, 1599-1614”, Historia, núm. 23 (1988): 316.
47
Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Cautiverio feliz, y razón de las
guerras dilatadas de Chile. Colección de Historiadores de Chile, t. 3 (Santiago: Imprenta del Ferrocarril, 1863), 121.
48
Olaverría, “Informe de don Miguel de Olaverría sobre el Reyno de Chile, sus
indios y sus guerras, 1598”, en Gay, Historia física y política de Chile, vol. 2, 22.
46

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�Francis Goicovich

mundo aborigen a la categoría de provincia. Consideramos que
la respuesta se encuentra en la rearticulación del poder que se
experimentaba en los períodos de conflicto, cuando el principio
de autoridad, hasta entonces casi imperceptible, se hacía visible
a los ojos hispanos. En efecto, al amalgamarse las parcialidades
de los ayllarewe para enfrentar en forma cohesionada la
amenaza castellana surgía una pseudo jerarquía militar, de
carácter temporal, a cuya cabeza se encontraba el toki49 general
o gentoki. Los hispanos identificaron a este personaje con los
gobernadores50 que regían las diversas provincias peninsulares,
tanto porque socialmente representaba el ejercicio de un precepto
de mando, como porque territorialmente le correspondía
la dirección y resguardo de una región cuyos habitantes se
identificaban con su suelo y se diferenciaban identitariamente de
los circunvecinos. Así se explica, por ejemplo, el que Francisco
Núñez de Pineda llame a la cabeza del ayllarewe de Purén “el
gobernador Ancanamon”.51
Febrés, Arte de la lengua general del Reyno de Chile, 647. Lo define como
“los que goviernan en tiempo de guerra”. Boccara, Los vencedores. Historia
del pueblo mapuche en la época colonial, 415. Lo identifica como “general de
los escuadrones indígenas”.
50
El Diccionario de Autoridades lo define como “el que gobierna, dirige y
encamina alguna cosa, para lograr el fin que desea”. Una segunda acepción,
igualmente válida para nuestra propuesta, señala que “se llama asimismo al
superior que manda y ordena a los inferiores, en orden al debido fin del público...”, en Real Academia Española, Diccionario de Autoridades, t. IV, vol. 2
(Madrid: Editorial Gredos, 1964), 56.
51
Núñez de Pineda y Bascuñán, Cautiverio feliz, y razón de las guerras dilatadas de Chile. Colección de Historiadores de Chile, t. 3, 102.
49

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�La relación fronteriza

Si volvemos la mirada a Catiray, repararemos en el alto
número de parcialidades que la conformaban –mínimo 16– y,
seguidamente, en la situación espacial en que se encontraba,
colindante con algunas de las provincias más belicosas y que más
enconadamente sostuvieron la resistencia frente al invasor de
ultramar: Arauco, Gualqui, Coyuncaví, Quecheregua y Purén. La
alianza que los rewe meridionales de Catiray sostuvieron con esta
última fue lo que llevó a los hispanos a distinguir dos provincias,
puesto que cada una de ellas tenía hacia 1605 su propio toki
general: Millapoa encabezaba el relguerewe que deseaba razonar
con el lenguaje del canelo y Maricaneo era el líder del ayllarewe
que prefería continuar con el idioma de la lanza.52 En suma, si
bien en un comienzo los catirayes actuaron cohesionadamente
en el alzamiento general de 1598 junto con la totalidad de las
provincias, ya a mediados de la primera década del siglo XVII se
vislumbra un quiebre que originó dos subalianzas con políticas
fronterizas dispares. El alto número de rewe permitió constituir
dos conglomerados de proporciones suficientes como para que
los hispanos, erróneamente, les otorgaran a cada uno la condición
de provincia, creando así una división artificial.
Considerado lo anterior, es lícito preguntarse por los
factores que incidieron en este divorcio al interior de los catirayes.
Los motivos de la resistencia indígena eran múltiples: evitar los
ANVM, “Autos de las paces y perdón general hechos por el Gobernador
Alonso García Ramón, 1605”, vol. 279, f. 37.
52

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abusos del servicio personal, las condiciones laborales vejatorias,
el pago de tributos excesivos, el rapto de sus mujeres e hijos, etc.
La documentación grafica muy bien esta situación al señalar que:
la principal causa de averse revelado y perseverado tantos años
en su revelion los dichos yndios hera la servidumbre personal
en que ellos en algun tiempo y todos los demas yndios deste
Reyno avian estado y estavan tomándoles sus hijos, hijas é
mugeres para la dicha servidumbre y otros agravios que al
principio recibieron y al presente reciben de los españoles
avitantes en este reyno.53

Sobre la arbitrariedad de los encomenderos Alonso de Ovalle indica:
Esta codicia y deseo de la riqueza y la insaciable sed de aumentar
cada uno su caudal, hacía a los encomenderos menos atentos a
la conservacion de los indios y a guardarles sus fueros, a cuidar
del buen tratamiento con que debieran portarse con ellos, a
pagarles su trabajo y sudor y ser mas solícitos en no permitir
que los agraviasen los que inmediatamente estaban con ellos y
eran sobrestantes de las haciendas.54

Finalmente el cacique Quilalebo, rememorando su pasado de
servidumbre antes del segundo alzamiento general, refirió a
Francisco Núñez de Pineda que los españoles:
[…] solo cuidaban de menoscabar y consumir nuestra nacion,
no dándonos de comer, teniéndonos en un ordinario trabajo de
las minas, dejándonos morir en ellas, sin asistencia de nuestras
mujeres, sin el consuelo de nuestros hijos, y sin el regalo de
ANVM, “Autos de las paces y perdón general hechos por el Gobernador
Alonso García Ramón, 1605”, vol. 279, f. 8.
54
Ovalle, Histórica relación del Reino de Chile, vol. 2. Colección de Historiadores de Chile, t. 13, 71.
53

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nuestras casas; los continuos y lamentables robos de nuestras
reduciones, llevándonos los hijos y las hijas con violencia,
vendiéndolas por esclavas de secreto; la crueldad tan feroz de
las mujeres, que a sus criadas las quemaban vivas y dentro de
sus aposentos las enterraban, despues de haber hecho con ellas
mil anomalías; la libertad con que se servian de nuestras hijas
y mujeres, hasta forzarlas los hombres a vista de sus padres y
de sus madres, y aun de sus maridos; y otras cosas mas graves
que pudiera referiros.55

Indudablemente que los atropellos que sufrieron durante los
años en que imperó el servicio personal, antes de la implantación
de la Guerra Defensiva en 1612, encendió en el espíritu de los
indígenas la llama del descontento y el deseo de resarcir los
agravios. La muerte de Martín García Oñez de Loyola no fue más
que el fruto de un creciente enfado que anidaba en el corazón de
quienes sintieron que había llegado el momento de saldar cuentas,
sentimiento que explica la rápida adhesión de las provincias entre
el río de La Laja y el Seno de Reloncaví, al alzamiento general
iniciado por el poderoso ayllarewe de Purén.
No fue sino hasta 1605 que se vislumbraron los primeros
signos de pacificación, y si bien en forma tímida, gradual e inestable,
una a una fueron arriando sus banderas de lucha algunas de las
provincias fronterizas. Empero, las más enconadas permanecieron
firmes en su posición, ya sea porque desconfiaban de las promesas
hispanas en orden a respetar sus fueros, o porque sus líderes y las
Núñez de Pineda y Bascuñán, Cautiverio feliz, y razón de las guerras dilatadas de Chile. Colección de Historiadores de Chile, t. 3, 307.
55

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comunidades en general hallaban en la guerra una fuente de prestigio
que les permitiría dejar memoria de sí, convirtiendo sus nombres
en tema de las juntas de guerra y en ejemplo para las generaciones
futuras, como lo eran Caupolicán, Lautaro y Galvarino.56 Como
señalábamos en un trabajo previo, en la sociedad mapuche los
hombres:
“[…] participaban paralelamente de una doble contienda desde
el preciso instante en que adquirían la condición de konas57:
de un lado, se trenzaban en las interminables disputas que
alternadamente protagonizaban con las agrupaciones que se
El prestigio fue un fundamento importante en la perpetuación de la guerra. A
lo largo del tiempo surgieron líderes que buscaron concitar alzamientos o dilatarlos en el tiempo a fin de labrar sus nombres en la memoria de sus iguales e incluso de sus rivales, como lo demuestra Anganamón cuando pregunta a Núñez de
Pineda “qué es lo que decían de él entre nosotros [los hispanos], si tenia opinion
de soldado y de valiente”. Sin embargo, también hubo líderes que, inspirados por
el anhelo de alcanzar la fama, fracasaron en su intento de sublevación perdiendo
en ello la vida, como ocurrió al cacique Curiguanque de la Mariquina en 1647.
Véase Núñez de Pineda y Bascuñán, 127, y Biblioteca Nacional de Chile, Documentos Originales de José Toribio Medina, “Copia del proceso seguido contra
los caciques Curiguanque, Maliante y el indio Catigneu, todos de la Mariquina,
por intento de asesinato del Veedor General Francisco de la Fuente Villalobos y
demás capitanes y soldados y sacerdotes que entraron en sus tierras en fe de la
paz que habían ofrecido, 1647”, t. 311, fs. 1-61.
57
Febrés, Arte de la lengua general del Reyno de Chile, 459, dice que son
“los mozetones”, incorporando las acepciones de “esforzado, valiente, guapo”,
definiciones que son mantenidas en el diccionario de Augusta, Diccionario
Araucano-Español, 93. Dado que la mayoría de los jóvenes mapuche se incorporaban a las fuerzas indígenas que resistieron al invasor español, algunos autores coloniales tradujeron el término como “soldado”, aludiendo a los guerreros nativos, lo que sin embargo es un error de concepto, ya que esa definición
le corresponde más bien al término weichafe; véase Valdivia, Arte y gramática
general de la lengua que corre en todo el Reyno de Chile.
56

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�La relación fronteriza

convertían en enemigas, del otro, rivalizaban constantemente
entre sí en su afán por ganar el reconocimiento de sus
‘camaradas’ a través de actos de valor y arrojo. La evocación
de estas acciones solía ser el tema central de sus fiestas y juntas,
en las que el arte de la oratoria se encargaba de ensalzar las
adulaciones que cada uno refería de sí mismo”.58

Inducidas por estas razones o por el argumento de la amenaza,
provincias o parcialidades de menor peso demográfico fueron
ocasionalmente arrastradas al enfrentamiento fronterizo o, en
aquellos casos de adhesión voluntaria, a mantener su apoyo inicial
hacia aquellas que encabezaban los levantamientos. Tema poco
tratado por los especialistas ha sido este de las alianzas forzadas.59
Las facciones indígenas y las coaliciones en general solían incluir
agrupaciones que, ya agotadas por las dilatadas campañas y la
devastación de las campeadas hispanas, solo mantenían sus toki
ensangrentados60 para no convertirse en víctimas de sus aliados
Francis Goicovich, “En torno a la asimetría de los géneros en la sociedad
mapuche del período de la Conquista Hispana”, Historia, núm. 36 (2003): 161.
59
Una de las pocas aproximaciones es la que ha realizado Andrea Ruiz-Esquide, Los indios amigos en la frontera araucana, (Santiago: Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos/Centro de Investigaciones Diego Barros Arana,
1993), 46-48.
60
Los toki eran unas hachas de piedra que detentaban una poderosa connotación simbólica en el seno de la cultura mapuche. Dicha simbología estaba fuertemente ligada al color del artefacto, ya que los toki de color negro eran usados
en rituales para concertar alianzas y así llevar adelante la guerra contra los españoles, mientras que los toki blancos eran usados en los rituales de paz. Los
líderes bélicos mapuche, llamados toki o gentoki, eran los portadores de estos
emblemas confeccionados en pedernal negro. Luis de Valdivia, Arte y gramática general…, le llama simplemente “hacha”, al igual que Augusta, Diccionario
Araucano-Español, 216. Para una aproximación al valor simbólico de los toki
58

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más poderosos, los que “de tal manera tienen puesto estanco al
tratar de paz que al que lo tratase le matarían como a traidor”.61
Hacia 1612, por ejemplo, se hacía notar que Utaflame y Pañeguile,
cabezas principales del rewe de Elicura, jamás habían dado la paz
“porque si la dieran les cortaran las cabezas a estos dos las demas
provincias de guerra”.62
Podemos hablar de un verdadero “miedo a la paz” de
los rewe y ayllarewe de menor jerarquía en el escenario bélico
fronterizo o, cuando menos, de aquellas cuyos territorios estaban
cercados por agrupaciones reacias a las tentativas de pacificación.
Convertirse en indios amigos de los españoles era una forma de
enfrentar la amenaza de los antiguos aliados, pero también con
suma frecuencia se debía pagar el precio por lo que aquellos
concebían como una traición. Ya el padre Diego de Rosales hacía
ver que los indios de guerra “siempre enderezan sus tiros a los
amigos, ya por vengarse en ellos, ya por hacerlos sus auxiliares y
quitarnos esas fuerzas”.63 El 19 de diciembre de 1646, poco antes
y su uso en las rituales de paz y guerra, véase Francis Goicovich, “Un sistema
de equivalencias: el ritual del sacrificio en la cultura reche-mapuche de tiempos
coloniales (siglos XVI y XVII)”, Historia 51, n° 2 (2018): 423-454.
61
“Declaraciones de dos mulatos que vivían entre los indios rebelados acerca de las costumbres de guerra de éstos, 27 de diciembre de 1593”, en José
Toribio Medina, ed., Colección de Documentos Inéditos para la Historia de
Chile (2a serie), vol. 4 (Santiago: Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio
Medina, 1960), 387.
62
“Relación de lo que sucedió en el Reyno de Chile...”, en Medina, Biblioteca Hispano Chilena, 111.
63
Rosales, “Conquista Espiritual...”, en Valdés Bunster, Seis misioneros en la
frontera mapuche, 72.
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�La relación fronteriza

de concertarse las Paces de Quillín por el gobernador Martín
de Mujica, el toki general de la Mariquina, Juan Manqueante,
expresaba al Veedor General don Francisco de la Fuente Villalobos
y al gobernador de Valdivia don Francisco Gil Negrete, que su
lealtad para con los hispanos le había concitado:
[…] el enojo de las provincias reveladas de Puren, Tucapel y
de las costas de la Imperial y de la cordillera, que muchas y
diversas veces hicieron entradas y corredurías en nuestro país
maloqueandonos como á fieles y declarados amigos de los
españoles.64

Existía una jerarquía de poder tanto entre los rewe que conformaban una provincia, como en la interrelación que se establecía
entre los mismos ayllarewe. El potencial demográfico, la capacidad bélica (habilidad para estructurar confederaciones, así
como la movilización de contingentes y recursos ad hoc) y el
prestigio de sus líderes eran los principales factores que marcaban la diferencia en ambos niveles. El rewe que detentaba
la condición de cabeza de provincia solía marcar la dinámica
de la coalición, como ocurría con el ayllarewe de Purén, cuya
parcialidad homónima era, con frecuencia, la más respetada y
temida por el resto de la corporación socioterritorial;65 sus líBiblioteca Nacional de Chile, Documentos de Diego Barros Arana, “Fray
Agustín Carrillo de Ojeda: relación de las paces ofrecidas por los indios rebeldes del Reino de Chile y aceptadas por el señor don Martín de Mujica, 1648”,
t. 11, f. 221.
65
Sin embargo, en tiempos del alzamiento general de 1598 debió compartir
este liderazgo y preeminencia con el rewe de Pellaguén, de la cual eran originarios los afamados toquis Ainavilo y Anganamón.
64

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deres, investidos del prestigio necesario,66 “se llevaban tras sí
a las demás Provincias de su Aillaregue, que no se avenían a
cosa, sino por el consejo, y gobierno de los de Puren”.67 La labor
misional de los jesuitas procuró sacar ventajas de esta situación,
haciendo de dichos líderes y parcialidades un vehículo de evangelización para expandir la doctrina. Sobre su accionar con los
cabecillas, vemos que en el rewe de Lebo, provincia de Arauco,
el padre Pedro de Torrellas “ganó aquí para Dios al Cacique Cajumari, Toqui general de aquella Provincia, el cual acudía con
mucha aficción y voluntad a oir los sermones, y con su ejemplo
llevaba tras sí a los demás”.68 El padre Francisco de Vargas, por
su parte:
[…] procuró la conversión de los Indios de la Mariquina, de
donde era Gobernador el Cazique Manqueante, que siempre
se mostró fiel. Solicitó su conversión y bautismo, que se hizo
con grande solemnidad [...] Convertida la cabeza fue fácil la
conversión de los demás.69

Así como los toki y lonko fueron importantes en la propagación de
la fe al interior de los rewe, las parcialidades de mayor renombre
Para una aproximación a las formas de ascensión al poder en la sociedad
mapuche, véase Silva, “Hombres fuertes y liderazgo en las sociedades segmentarias: un estudio de casos”; Osvaldo Silva y María Cristina Farga, “El
surgimiento de hombres poderosos en las sociedades segmentadas de la frontera Inca: el caso de Michimalonko”, en Actas del V Congreso Internacional de
Etnohistoria (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1998), 255–65.
67
Rosales, “Conquista Espiritual...”, en Valdés Bunster, Seis misioneros en la
frontera mapuche, 155.
68
Valdés Bunster, 271.
69
Valdés Bunster, 296.
66

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�La relación fronteriza

cumplieron un rol igualmente significativo en su difusión al resto
de los núcleos parentales de las respectivas provincias, amén del
ejemplo que se daba con esto a los demás ayllarewe. El cronista
Diego de Rosales, refiriendo el trabajo espiritual de padre Juan
del Pozo, apunta que “los primeros, que levantaron Iglesias
fueron los de Puren, quién tal dijera ahora pocos años, que eran
los más rebeldes”.70 La esperanza del sacerdote se fundaba en el
prestigio de la parcialidad, pues al construir una iglesia en sus
tierras se esperaba que “a su imitación la habían de hacer las
demás Provincias de su Ayllaregua”.71 Cuál no sería su sorpresa
al ver coronados sus esfuerzos poco tiempo después, cuando “por
el ejemplo de éstos nos han venido a pedir los de la Provincia
de Lumaco [Pellagüén] y Guadaba, que vamos a sus tierras, que
harán también Iglesia en ellas”.72
Del mismo modo, los toki supieron leer las ventajas que
obtendrían con la edificación de las iglesias, las que en su calidad
de puntos de convocación y reunión social, servirían para reforzar
su estatus al interior de las reducciones. Un caso ilustrativo lo
Valdés Bunster, 162.
Valdés Bunster, 156.
72
Valdés Bunster, 162. Las estrategia misional de ejemplo e imitación que
nacían del aprovechamiento de los rewe y ayllarewe principales se resume en
el siguiente fragmento de Rosales: “Mucho puede el buen ejemplo, y confío
en Dios, que el de los Indios de Purén ha de poder mucho, para que otros sigan
sus pasos que como el mal fueron los primeros, pues de esta tierra salió el
alzamiento general, y en seguimiento de los de Puren se rebelaron todas las
Provincias, en su seguimiento, y a su imitación se han de convertir muchas”,
Valdés Bunster, Seis misioneros en la frontera mapuche, 162-163.
70
71

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hallamos en la provincia de Toltén el Bajo, donde “el Cacique
Millalien ofreció un sitio bueno junto a su casa, diciendo, como
él era Christiano, y quería tener cerca de su casa la Iglesia para
frecuentarla”.73
Claro está que la preeminencia de los conglomerados
debe ser contemplada en su propio contexto histórico. Si en
tiempos del primer alzamiento general Arauco y Tucapel llevaron
la voz de mando, ya en el segundo, 45 años después, tal condición
la detentaban los ayllarewe de “Osorno, Villarrica, Imperial,
Purén y las Quechereguas”,74 muy especialmente aquellas del
llano central. Esta dinámica, que a comienzos del siglo XVII se
traducía en la preeminencia de la provincia de Purén, explicaría
en gran medida la división interna que Catiray experimentó en
su accionar interétnico, por cuanto no deja de ser significativo
el que hayan sido precisamente los rewe meridionales, aquellos
que colindaban con los purenes, los que mantuvieron la postura
hostil en contraposición a sus similares septentrionales. Saber
si la convicción o la amenaza fue lo que determinó la unión de
los sureños con Purén es algo que la documentación no logra
dilucidar. Lo que sí es claro es que el divorcio producido en
Catiray conllevó el conflicto entre ambos segmentos, frente a lo
Valdés Bunster, Seis misioneros en la frontera mapuche, 58-59.
“Declaración que hizo el padre Fray Juan Falcón...”, Valdés Bunster, Seis
misioneros en la frontera mapuche, 319. “Declaración que hizo el padre Fray
Juan Falcón…”, en Zapater, “Testimonio de un cautivo. Araucanía, 15991614”, 319.
73
74

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cual las fuerzas castellanas debieron “defender a los indios de
Catiray del norte de los de Catiray del sur, que con una gran junta
venían contra ellos”.75
Conclusión
En suma, en estas líneas creemos haber demostrado que:
a. Los ayllarewe se constituían como alianzas
de

unidades

socio-territoriales

numéricamente

variables, por lo que el término con que
tradicionalmente se las ha nominado crea una
imagen falaz de su conformación. En su lugar y
con fines sustancialmente analíticos, hace casi dos
décadas atrás propusimos en un artículo76 el término
wichanrewe (wichan significa alianza o aliado77),
cuya semántica consideramos lo suficientemente
flexible como para abarcar la amplia gama de
posibilidades en que se manifestaba esta estructura.
“Copia de una carta del Padre Luys de Valdivia para el señor Conde de
Lemos Presidente de Indias, Lima, 4 de enero de 1607”, en Medina, Biblioteca Hispano Chilena, vol. 2, 55. El documento también se encuentra en
Biblioteca Nacional de Chile, Manuscritos de José Toribio Medina, t. 111, fs.
22-41.
76
Francis Goicovich, “Reevaluación etnohistórica de las ayllareguas reche-mapuches”, en Actas del V Congreso Chileno de Antropología (San Felipe: Colegio de Antropólogos de Chile, 2004), 559–65, https://www.aacademica.org/v.congreso.chileno.de.antropologia/73.pdf.
77
Augusta, Diccionario Araucano-Español, vol. 1, 188.
75

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�Francis Goicovich

Sin embargo, no ha gozado de una gran acogida en
el círculo de especialistas ya que resulta difícil ir
contra el peso de la tradición.
b. El emplazamiento y dispersión espacial de ciertos
ayllarewe les otorgaba un carácter ecológicamente
diverso, lo que permitía el acceso a recursos
diferenciales

(funcionalidad

económica

de

las

provincias), así como una ventaja militarmente
estratégica en la movilización de los contingentes.
c. Esto viene a cuestionar la visión tradicional de
los vutanmapu, concebidos como macro alianzas
extendidas longitudinalmente en forma excluyente a
lo largo de las fajas del relieve entre los ríos Biobío y
Toltén.
d. Los rewe tenían la autonomía suficiente como para
manejar una política fronteriza independiente del
resto de las parcialidades de la misma provincia.
e. Lo anterior no descarta el uso de la amenaza o la
violencia a fin de conservar las alianzas. Esto se funda
en la jerarquía de poder que existía tanto al interior
de cada ayllarewe como en la interacción que se daba
entre los mismos.
f. Los jesuitas descubrieron el potencial misional de
esta realidad y se valieron de ella para agilizar la
conversión y llevar a buen término su actividad.
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�La relación fronteriza

Cuadro
Parcialidades y emplazamiento de los ayllarewe fronterizos
en la primera mitad del siglo XVII
AYLLAREWE
Penco

Costa

Llano

Precordillera

Penco
Lleltome
Utenper
(Andalién)
Itata

Gualqui

Puchacay
Iriquitanaguen
Quelacoya
Unequentue
Curenchico

Arauco

Arauco
Quidico
Penqueregua
Millarapue
Lavapie
Quiapo
Taulero
Levo
Colcura
Longonobal
Isla de Santa María

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�Francis Goicovich

AYLLAREWE
Tucapel

Costa
Tucapel

Llano

Precordillera

Paicaví
Angolmo
Tomesmo
Cayucupil
Ilicura
Lincoya
Molhuilla
Pilmaiquen
Catiray

Talcamáhuida
Pirenmáhuida
Calunhueno
Taslebo
Lincura
Lembo
Arenco
Pilumrehue
Curalebo

1

Quilimo
Cuyenmeregua
Genche
Chipimo
Coyuncos (?)
Mayuregue
Peteregue

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�La relación fronteriza

AYLLAREWE
Purén

Costa

Llano
Purén

Precordillera

Pellaguén
Guadava
Relomo
Calcoimo
Tirúa
Claroa
Videregua
Lleulleu
Ranculgue
Guide
Isla Mocha
Coyuncos

Rere
Pocoyan
Tomeco
Quinel
Quelpolemo
Conilevo
Guaverilo
Inoregua
Malloco
Cabullanga

Molchén

Molchén
Quillaco
Pillen
Rucalhue

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�Francis Goicovich

AYLLAREWE
Quechoregue

Costa

Llano

Precordillera
Quechoregue
Puchangui
Maquelvo
Panquegue

Cayogueno

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��La última cristiandad: La nación pisona y la órbita hispánica en la América Septentrional durante los siglos
XVII-XVIII1
The Last Christianity: The Pisona Nation and the Hispanic Orbit
in North America during the 17th-18th Centuries
Nelson Jofrak Rodríguez Cázarez

Centro de Investigación y Docencia Económicas
Álvaro Obregón, México
orcid.org/0000-0002-8042-2136

Resumen: La nación pisona habitó una fracción de la Sierra Madre
Oriental durante los siglos XVII-XVIII. A inicios del siglo XVII, en
el lado oeste de la Sierra Madre se encontraba la Monarquía Hispánica y al este se hallaba la janambrería. Así fue como esta nación
se encontró en medio del sedentarismo y el seminomadismo, por lo
que por un siglo y medio estuvo en constante cambio dependiendo
las necesidades de la nación y sus rancherías. Los pisones para resistir las correrías en las fronteras hispánicas, tuvieron que negociar,
ejercer la violencia, integrarse a otras naciones indias o abandonar
el sedentarismo para refugiarse en la sierra por lapsos. Estos indios
auxiliares no pudieron integrarse por completo al mundo hispánico
por el estado de la violencia que se ejercía en las zonas de fronteras y
que los obligaba a defenderse por todos los medios posibles, aunque
Un borrador de este trabajo se presentó en el Coloquio William Breen
Murray. Rupturas y continuidades entre el mundo prehispánico y el colonial,
2020.
1

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�esto significara retornar al seminomadismo. Tanto la población como
la territorialidad se vieron menguadas por actores externos. Los pisones aceptaron definitivamente su anexión a la Monarquía Hispánica
a cambio que se le brindase protección ante sus enemigos ancestrales
los janambres. Con la fundación de la colonia del Nuevo Santander,
las territorialidades indias del Seno Mexicano se vieron fragmentadas
y reconfiguradas, esto no afectó a los guerreros, quienes se habían
convertido en parte de la exploración (1747), la pacificación y el poblamiento (1748) a cargo de don José de Escandón. El interés de este
artículo radica en mostrar a los pisones como actores principales con
su agencia, mecanismos político-militares, relaciones económicas y
transferencias culturales-técnicas entre los distintos partidos de las
zonas de fronteras en la América Septentrional.
Palabras clave: Monarquía Hispánica, nación pisona, pisones, América
Septentrional
Abstract: The Pisona nation inhabited a fraction of the Sierra Madre
Oriental during the seventeenth-eighteenth centuries. At the beginning of the seventeenth century on the west side of the Sierra Madre
was the Hispanic Monarchy and to the east was the Janambrería. This
is how this nation found itself between of sedentary lifestyle and semi
nomadism, so for a century and a half it was in constant change depending on the needs of the nation and its rancherías. To resist the
plunders on the Hispanic borderlands, the Pisones had to negotiate,
exercise violence, integrate into other Indian nations or abandon the
sedentary lifestyle for lapses to take refuge in the mountains. This
nation could not be fully integrated into the Hispanic world because
of the state of violence that was exercised on the borderlands and that
forced them to defend themselves by all possible means, even if this
meant returning to semi nomadism. Both population and territoriality
were diminished by external actors. The Pisones definitively accepted
its annexation to the Hispanic Monarchy in exchange for being given
protection from its ancestral enemies the Janambres. With the foundation of the Colonia del Nuevo Santander the Indian territorialities
of the Mexican Seno were fragmented and reconfigured, this did not
affect the warriors, who had become part of the exploration (1747),
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�pacification and settlement (1748) carried out by Don José de Escandón. The interest of this paper lies in showing the Pisones as main
actors with their agency, political-military mechanisms, economic relations, and cultural-technical transfers between the different parties
of the borderlands in North America.
Keywords: Hispanic Monarchy, Pisona nation, Pisones, North
America

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�La última cristiandad

Viejos relatos, nuevos planteamientos
A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, la Guerra de
los Chichimecas involucró por un lado a los cristianos y
por el otro a los seminómadas. Este acontecimiento coincide
con un abandono de la Sierra Madre por sociedades sedentarias
y la ocupación de estos nuevos grupos que escapaban de la
guerra.2 Las naciones indias involucradas en la Guerra de los
Chichimecas fueron varias, pero entre ellas estuvo la guachichil
y su territorialidad la Guachichila. Para esto propongo que
Pamela Reza Martínez, Asentamientos prehispánicos en la Huaxteca
Septentrional. Un estudio a partir de salvamentos arqueológicos en líneas
de transmisión eléctrica [Tesis de licenciatura] (México, DF: Escuela
Nacional de Antropología e Historia, 2010), 29–32. La autora comenta que
en la zona huasteca de la Sierra Madre los pames, pisones y janambres
llegaron tardíamente. Explica que entre los siglos XVI-XVII los huastecos
se desplazaron al sur de la frontera septentrional mesoamericana la cual se
contrajo hasta alcanzar el río Pánuco. Incluso que los indios de la Sierra
de la Tamaulipa Vieja y los huastecos posiblemente tuvieron relaciones
de tolerancia hasta 1570. Guy Stresser-Péan, San Antonio Nogalar: La
sierra de Tamaulipas y la frontera Noreste de Mesoamérica (México,
DF: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología
Social; El Colegio de San Luis; Universidad Autónoma de Tamaulipas;
Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, 2000), 607.
En la fase San Antonio “contemporánea de la época colonial asistió al
empobrecimiento de la agricultura, mientras que la recolección volvía ser
más activa”. Véase Philip W Powell, La guerra chichimeca (1550-1600)
(México, DF: Fondo de Cultura Económica, 1996) y el mapa de Abraham
Ortelius, Guastecan Reg., ca. 1584. Donde se especifica que al norte de la
Guasteca era zona de “Guxutxiles gens” (nación guachichil). Este mapa
muestra que los guachichiles llegaron hasta la costa y bordearon la región
Guasteca, mientras que mi planteamiento es solo que se desplazaron hasta
la Sierra Madre Oriental.

2

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�Jofrak Rodríguez

las parcialidades guachichiles se refugiaron en la Sierra
Madre para huir de la violencia, buscar un nuevo
comienzo y reinventarse como nuevas naciones indias.
Esto explicaría como desde Tanguachín continuando en
toda la Sierra Madre hasta Monterrey, estas sociedades
cazadoras-recolectoras tuvieron algún lazo familiar o fueron
identificadas como guachichiles en las fronteras por los vecinos
en las diversas poblaciones hispánicas a lo largo del siglo
XVII e incluso, a inicios del XVIII.3 Los grupos que he
identificado son xanambres, pisones, boçalos, negritos y
gualagüises. Los pisones posiblemente fueron una parcialidad
guachichil que fue desplazada a la Sierra Madre entre 1570 y
1590.4
En 1970 Guy Stresser-Péan planteó que los pisones eran
una parcialidad norteña de los pames, que el sigüe fue su comarca

Francisco Mena Larraín, “Cazadores-recolectores y arqueología. Problemas y proyecciones teóricas”, Boletín de Antropología Americana1, núm.
19 (1989): 31–47. “Las sociedades cazadoras-recolectoras son en general más
aisladas y autosostenidas que las sociedades agrícolas, menos determinadas por
alienaciones ideológicas, poderes y presiones políticas, internamente más homogéneas -en una palabra- menos ‘complejas’, para usar un concepto prestado
de la biología, libre de connotación evolutiva”. Óscar Arce Ruiz, “Cazadores
y recolectores. Una aproximación teórica”, Gazeta de Antropología, núm. 21
(2005): 1–9, http://www.ugr.es/~pwlac/G21_22Oscar_Arce_Ruiz.html; David
J. Weber, “Turner, the Boltonians and the Borderlands”, The American Historical Review 91, núm. 1 (1986): 66–81. El autor comenta que la frontera “ya no
se visualiza como la delimitación entre barbarie y civilización. Al contrario, es
la interacción entre dos culturas las cuales están en constante coexistencia. A
través del medio físico en el que se desenvuelven las relaciones culturales se
desarrollan diferentes dinámicas dependiendo del tiempo y espacio”.
4
Actualmente Sierra Madre Occidental.
3

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�más septentrional y terminaría siendo el sector “más salvaje, el más
remoto y el más inaccesible”.5 Sin embargo, existen demasiados
elementos que descartan dicha propuesta. Primero, los pisones
fueron en un inicio seminómadas (cazadores-recolectores),
guerreros experimentados y animistas. Estas características se
asemejaron más a la cultura guachichil que a los pames en sí.
Segundo, la palabra sigüe tuvo diversas variantes como chiguí,
chihué, siguí, xihue o sigué, pero esta nunca representó una
comarca como Jaumave o Tanguachín. En 1680 la palabra de
Suiyo, Xuyo, Juiyo o Juyzo era un paraje de visita perteneciente
al pueblo-misión de San Juan Bautista del Jaumave, el cual se
localizó al norte por el río Sigüe o Xihue.6 Para finales del siglo
XVII el Xihue comenzó a ser mencionado como un cerro entre los
pueblos-misiones de Santa María de los Ángeles del Río Blanco
(Nuevo Reino de León) y San Juan Bautista del Jaumave (Reino de
la Nueva España). Tercero, la única comarca o territorialidad que
se conoció durante el siglo XVIII fue El Siguillon y dentro de este
el cerro del Xihue como fortificación natural. El Siguillon fue el
territorio controlado por los siguillones (también conocidos como
xihues por el cerro del mismo nombre y principal fortificación),
parcialidad pisona que se reinventó a finales del siglo XVII y tuvo
relaciones de toda índole con los janambres a lo largo del XVIII.7
Stresser-Péan, San Antonio Nogalar: La sierra de Tamaulipas y la frontera
Noreste de Mesoamérica, 597–610.
6
En adelante sin cursiva.
7
Octavio Herrera Pérez, Tamaulipas a través de sus regiones y municipios,
5

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�Para finales del siglo XVIII los janambres y pisones aun
mantenían un relato que había sido transmitido oralmente a lo
largo de dos siglos, en donde, en tiempos ancestrales formaron
una confederación para ir a la guerra contra una liga de 12 rancherías borradas provenientes de las llanuras y de la sierra de la
Tamaulipa Vieja. En este conflicto “un pison, sólo hizo frente
a un considerado número de enemigos, les mato cinco, obligo
huir a los demás y el salió ileso, llevando los cadáveres enemigos al lugar a donde estaban los de su partido”.8 Esta práctica
de llevar consigo los enemigos caídos continuó, aún en 1682
se llevaba a cabo, la finalidad era decapitar los cuerpos, hacer
ristras con sus orejas y narices, y danzar con sus cabezas como
parte de un ritual de guerra.9 Los pisones fueron identificados
por no contar con tatuajes, como “gente desnuda” en un inicio,
por practicar el arte adivinatorio “dando crédito a cantos de los
pájaros y otras cosas que observan” y a finales del siglo XVIII por ser “ateístas negativos” por contar con nociones como
t. VI (Ciudad Victoria: Gobierno del Estado Libre y Soberano de Tamaulipas,
2015), 385. Herrera especifica la territorialidad de El Siguillon.
8
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1930), 420–21.
9
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exp. 3, f. 133-133v.
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�al morir “que se pasan al otro lado del charco”.10 Una práctica
que emplearon para localizar zonas de recolección y aguajes
consistió en que “suelen estar a la expectativa de los guajolotes
en el monte, afectando sus graznidos, para seguirlos y saber de
ellos en qué paraje es más abundante la cosecha de chile piquín,
de la pitahaya y otras frutas silvestres adaptables”, y “en sus
correrías para encontrar por sus huellas los aguajes y los lugares más retirados y sombríos”.11 Las condiciones climáticas en
la Sierra Madre fueron miserables en lo que respecta a
inviernos: heladas entre noviembre-enero, y nevadas en diciembre, enero y febrero.12 Por lo que los pisones explotaron al
máximo su territorialidad al forjar un conocimiento que se fue
José Ignacio Urquiola Permisán, El Cerro Gordo, Rioverde y Jaumave:
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Santander (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México,
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11
Santa María, “Relación histórica de la colonia del Nuevo Santander y costa
del Seno Mexicano”, 414.
12
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Matamoros, segunda parte (San Luis Potosí: El Colegio de San Luis; Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2010), 174–75. Archivo Histórico
de Monterrey (AHM en adelante), Civil, vol. 13, exp. 7, fs. 36v-38v, 45-48.
AHM, Actas de Cabildo, vol. 001, exp. 1665/002. AHM, Actas de Cabildo,
vol. 001, exp. 1675/006. Eugenio del Hoyo, “Un capítulo desconocido de la
obra de don Fernando Sánchez de Zamora”, Humanitas, núm. 5 (1964): 407.
Fernando Sánchez de Zamora comenta desde 1667 a 1689 sufrieron las “demás
inclemencias del tiempo”. López de la Cámara Alta, Descripción general de la
colonia de Nuevo Santander, 113.
10

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�heredando generación tras generación. Así fue como la pesca,
cacería, recolección y la preparación de pieles permanecieron
hasta la actualidad en las poblaciones de la Sierra Madre.13
Además en rancherías como Jaumave se practicó el juego de
pelota y de palitos.14
Según Antonio de la Maza el nombre pisón fue adoptado
del apellido Pinzón, al parecer dos mestizos en los siglos XVI
y XVII capitanearon algunas rancherías en la Sierra Madre que
continuaron identificándose a posteriori.15 Sin embargo, este
planteamiento carece de sustento al ser identificados en 1616 con
dicho nombre en el valle del Jaumave, zona donde no radicaron
cristianos. Los pisones fueron identificados dependiendo el
territorio que habitaron o confundidos con otras rancherías,
algunos casos como en 1660 “indios del Jaumave”;16 1680 “indios
Giovanni Alberto Chávez Morales, Los janambres del antiguo Tamaulipas. Un estudio etnohistórico y una propuesta de divulgación teatral [Tesis
de maestría] (La Piedad: El Colegio de Michoacán, 2020); Giovanni Alberto Chávez Morales, “Los janambres de Tamaulipas: un estudio etnohistórico
y una propuesta de modo de subsistencia”, Revista Chicomoztoc 3, núm. 6
(2021): 14–51. El autor brinda un estudio desde la arqueología experimental
como las poblaciones actuales en la Sierra Madre en Tamaulipas continúan
reproduciendo las antiguas prácticas de los seminómadas como la cacería, recolección y preparación de pieles.
14
Alberto Carrillo Cázares, Michoacán en el otoño del siglo XVII (Zamora:
El Colegio de Michoacán; Gobierno del Estado de Michoacán, 1993), 404.
15
Antonio de la Maza, “La nación Pame”, Boletín de la Sociedad Mexicana
de Geografía y Estadística 63, núm. 2 (1947): 503. Para los vecinos del Reino
de la Nueva España fue conocido como Sierra Gorda, para los vecinos del
Nuevo Reino de León se le conoció como Sierra Madre.
16
Alonso de León, Juan Bautista Chapa, y Fernando Sánchez de Zamora,
13

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�de Tanguachin” o “tanguachianos”;17 1690 “jaumaltecos”;18
1704 “parpaioes”;19 y 1706 “pizoles”.20 La lengua de los pisones
posiblemente fue un derivado del guachichil, lingua franca (con
variantes) empleada por naciones como los xanambres, boçalos
o gualagüises. En cambio, su lengua no tenía similitud alguna
con la empleada por las naciones borradas del Seno Mexicano,
para esto fueron considerados “intérpretes de varias naciones”,
se cuenta con poca información, sin embargo, la palabra sigüe
significa “monte grande y redondo”.21 En el libro parroquial
de Charcas se tienen identificados pisones radicando fuera del
Jaumave. En 1658, Juana y sus padres Felipe y Ana en Mateguala;
y en 1659 Zahoyamcaname (Catalina), su padre Guanala y madre
Cacaluyyá en San José del Río Blanco.22 Por lo que no fue interés
de la nación regresar al altiplano o pasar a las llanuras de la costa
“Descubrimiento del Río Blanco y conversión de sus naturales, hecha por
los religiosos de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, de la provincia
de Zacatecas”, en Historia de Nuevo León con noticias sobre Coahuila,
Tamaulipas, Texas y Nuevo México, escrita en el siglo XVII, ed. Israel Cavazos
Garza (Monterrey: Ayuntamiento de Monterrey, 1985), 203.
17
Carrillo Cázares, Michoacán en el otoño del siglo XVII, 403–4.
18
Hoyo, “Un capítulo desconocido de la obra de don Fernando Sánchez de
Zamora”, 408.
19
AHM, Civil, vol. 26-A, exp. 1, f. 75-76 no. 51.
20
AGN, Reales Cédulas Duplicadas, vol. D38, exp. 130, 167-167v.
21
Archivo General de Indias (AGI en adelante), Audiencia de México, leg.
693a, exp. 35a, f. 118. Isabel Eguilaz de Prado, Los indios del nordeste de Méjico en el siglo XVIII (Sevilla: Universidad de Sevilla-Facultad de Filosofía y
Letras, 1965), 22.
22
Archivo Parroquial de Charcas (APC en adelante), libro de confirmaciones
y bautismos I (1586-1661), fs. 222v, 246v.
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�del Seno Mexicano y prefirieron permanecer en la Sierra
Madre a lo largo de un siglo y medio.
Etnogénesis y cisma en la Sierra Madre
En 1616 fue la primera mención de los pisones en la documentación
ubicándolos en el puesto del Jaumave.23 Sin embargo, fray Juan
de Cárdenas comentaba que tenía contacto con ellos desde
1607.24 El 23 de julio de 1617 se fundó el pueblo-misión de San
Juan Bautista del Jaumave perteneciente a la Custodia del
Rioverde (Obispado de Michoacán) y a cargo de fray
Francisco de Santa Cruz. Los beneficios materiales otorgados
fueron 200 fanegas de maíz, 24 bueyes, 48 rejas de arar, 50
vacas, 2 toros, 200 ovejas con sus padres, 100 cabras con
cuatro padres, 24 cebones y 4 machos.25 En San Juan Bautista
del Jaumave se contaron 2 rancherías con sus capitanes
Francisco y Nicolás, pero tan sólo uno de ellos era
considerado pisón, sin especificar cuál de ellos.26 Por otro
Urquiola Permisán, El Cerro Gordo, Rioverde y Jaumave: una carta
de fran Juan Bautista Mollinedo en 1616, 30.
24
Mariano Alonso Baquer, Defensa y estrategia militar en las
Provincias Internas de Nueva España (1760-1805) [Tesis de doctorado]
(Madrid: Min-isterio de Defensa - Secretaría General Técnica, 2016).
Baquer. Alonso de la Rea, Crónica de la orden de N. Será ico P. S.
Francisco, Provincia de San Pedro y San Pablo de Mechoacan en la Nueva
España (México: Imprenta de J. R. Barbedillo y Ca. Montealegre Núm. 15,
1882), 394.
23

Primo Feliciano Velázquez, Colección de documentos para la historia de
San Luis Potosí, t. IV (San Luis Potosí: Imprenta del autor, 1899), 9–10.

25

Velázquez, 31–32, 34–35, 37, 40; Primo Feliciano Velázquez, Historia de
San Luis Potosí, t. II. Bajo el dominio español (México, DF: Sociedad Mexicana
de Geografía
y Estadística,
1947), 103.
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26

�lado, el territorio de Tula, Río Blanco, Jaumave, Monte Alberne,
Santa Clara y Tanguachín fue guachichil al menos desde finales
del siglo XVI; para esto retomó a Gary Clayton Anderson y su
concepto de etnogénesis, donde varias naciones indias resistieron
la expansión hispánica al alterarse culturalmente para forjar una
unidad con otros grupos, abandonando idiomas, prácticas sociales
y procesos económicos.27 Ante esto, las rancherías guachichiles
cambiaron a ritmos diferentes, este fue el caso de los pisones que
en un inicio solo son conocidos en Jaumave, pero para 1680 toda
la región se identificaba como tales.28
Entre 1616-1617 los pisones fueron considerados como
posibles aliados por el cacique Cristóbal Guscama y sus hijos
para una “rebelión general”, la cual no se concretó; y en 1618
por capitanes indios que escapaban de las encomiendas de “Santa
Gary Clayton Anderson, The Indian Southwest 1580-1830. Ethnogenesis
and Reinvention (Norman: University of Oklahoma Press, 2009), 4, 105–6.
“Apaches survived and prospered also because they replaced, incorporated, or partially acculturated other native peoples who lived in the region.
They accomplished this by force on occasion. But incorporation also occurred through the development of beneficial exchange systems based on
both fictive and affine kinship affiliations. Apaches maintained a dominant
role in these new relationships to such an extent that weaker societies often
adopted aspects of Apache culture and economy and learned the Athapaskan
language.”
28
Un caso particular son los guachichiles de Río Blanco (Nuevo Reino de
León) que fueron identificados como boçalos. Es posible en un inicio los
guachichiles se les otorgaran nombres como boçalos o pisones dependiendo el
misionero en turno, pero, con el tiempo estos grupos adoptaron estas nuevas
identidades por los beneficios que representaban.
27

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�Luisa [Lucia], Saltillo y el reino de Nuevo León”.29 A inicios
de 1619 fue necesario mandasen una compañía volante de 20
milicianos al pueblo-misión de Rioverde a pacificar la comarca,
el obispo fray Baltasar de Covarrubias comentaría la custodia
solo contaba con dos “conventos”.30 Se dio un periodo de tregua
hasta el 26 de enero de 1622 cuando se consolido una alianza de
“indios chichimecas bárbaros guachichiles y de otras naciones
que andaban alzados y rebelados… algunos indios otomíes y otros
diferentes domésticos laboríos”, sin embargo, esta no prosperó
debido a que pactaron mediante la llamada “paz de compra”. La
presencia guachichil en la región fue una realidad, mientras los
que llegaron con los españoles fueron otomíes e indios laboríos
mesoamericanos.
Dos años después las relaciones volvieron a verse
afectadas por la expansión ganadera. Entre más inestable
estuviese la frontera la probabilidad de mantener los pueblosmisiones dentro de la órbita misional era improbable. Además,
en 1621 la Custodia de Rioverde pasó a depender del Comisario
General de la Nueva España lo que provocó una fractura en la
Woodrow W Borah, “Un gobierno provincial de frontera en San Luis Potosí (1612-1620)”, Historia Mexicana 13, núm. 4 (1964): 532–50.
30
Baltasar de Covarrubias, “Relación del obispado de Michoacán por el obispo fray Baltasar de Covarrubias, O.S.A. Valladolid de Michoacán, 1619”, en
Reinar por “relación y noticia”. Cinco informes del obispado de Michoacán
(1619-1649) (San Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 2018), 92–93; Mathias
C. Kiemen, “A Document concerning the Franciscan Custody of Rio Verde,
1648”, The Americas, núm. 11 (1955): 295–328; Velázquez, Historia de San
Luis Potosí, t. II. Bajo el dominio español, 107–8.
29

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�entrega de suministros para las rancherías en la Sierra
Madre. Estos factores propiciaron que las rancherías pasaran
de los valles a las serranías entre ellas se encontraban los
pisones. A partir de 1626 se dio un aumento de las hostilidades
en la custodia, para febrero de 1630 la confederación india se
había consolidado y amenazaba la poca estabilidad. Ante esto
se mandó a Antonio Godino de Navarrete con una compañía
volante interétnica para pacificar la región. Fueron necesarios
dos meses para desbaratar la liga, 7 de las cabecillas fueron
ejecutados y otro grupo fue encarcelado. No sólo la violencia
fue impartida para apaciguar a los indios, fue necesaria la
implementación de un sistema de repartimiento anual de 150
fanegas por pueblo para mantener la paz.
Mathias C. Kiemen comenta que entre 1621 y 1645 los
misioneros fueron pocos y por periodos aleatorios. Aclarando en
1628 se destinaron misioneros a la Custodia de Rioverde, pero
estos no llegarían hasta 1633 y que se rotaron turnos entre el
obispado de Michoacán y el Comisario General para administrar
los pueblos-misiones.31 En 1636 los indios del puesto de Tula
entraron en un conflicto con el pueblo de Tanguachín, Salto del
Agua y otras rancherías (Custodia de Tampico), este conflicto se
extendería por 14 meses desestabilizando la región. La tregua
entre partidos se dio gracias a fray Cristóbal Vaz del obispado de
Kiemen, “A Document concerning the Franciscan Custody of Rio Verde,
1648”, 295–328.

31

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�Michoacán quien organizó una serie de pláticas entre los partidos,
uno de los inconvenientes era que la guerra había aislado a los
pisones del Jaumave, Santa Clara y Monte Alberne del resto de
la custodia. Por lo que era necesario buscar una vía diplomática,
fray Vaz empleó un mitote en la frontera para llegar a un común
acuerdo en donde los capitanes entregaron simbólicamente
sus armas, se festejó toda la noche con danzas y las rancherías
obtuvieron regalos como “zaya, frazadas, cuchizalla, […] y
sombreros”.32
Después de 1637, los pisones comenzaron a consolidar su presencia en la Sierra Madre como un grupo
hegemónico que logró integrar a su estructura étnica al resto
de rancherías. Esto fue posible por varios medios, todas estas rancherías habían sido desplazadas por la Guerra de los
Chichimecas y eran parcialidades de la nación guachichil; su
inclinación al cristianismo y vasallaje a la Monarquía Hispánica les facilitó apoyo incondicional en lo bélico-económico;
y su ubicación estratégica era necesaria para expandir la órbita
hispánica hasta “Las Salinas” y río de las Palmas. No queda
claro cuál fue el proceso que empleó la nación para integrar
étnicamente al resto de rancherías de Tula, Jaumave, Monte
Rea, Crónica de la orden de N. Seráfico P. S. Francisco, Provincia de San
Pedro y San Pablo de Mechoacan en la Nueva España, 423; Nelson Jofrak
Rodríguez Cázarez, “El mitote y su multifuncionalidad en las fronteras de la
América Septentrional, siglos XVI-XVIII. El caso del Seno Mexicano y los
reinos contiguos [En prensa]”, Septentrión. Revista de Historia y Ciencias Sociales, núm. 15 (2022).
32

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�Alberne, Santa Clara y Tanguachín. Sin embargo, opino que
los misioneros los nombraron pisones al identificar una serie
de similitudes culturales entre las diversas rancherías. Los pisones para mediados del siglo XVII contarían con una extensión territorial de aproximadamente de 10,000 km².33 Con la
administración definitiva de los misioneros del obispado de
Michoacán en 1645 sobre la Custodia de Rioverde, los pisones
aceptaron el sedentarismo una vez más, pero, este fue gradual,
ya que, aún para 1648 de las 13 misiones originales solo existían nueve.34 Tula fue el único pueblo-misión que para mediados del siglo XVII se integró por completo y estaba bajo la
jurisdicción política de Guadalcázar.
Juan Carlos Ruiz Guadalajara comenta que durante la
segunda mitad del siglo XVII, desde Guadalcázar se consolidó un
corredor que abarcó Rincón, Tula y Jaumave donde se efectuaron
lapsos de reciprocidad económica y transferencias culturalestécnicas.35 Los pisones transitaron entre el seminomadismo
Stresser-Péan, San Antonio Nogalar: La sierra de Tamaulipas y la
frontera Noreste de Mesoamérica, 603. Véase mapa 1.
34
Francisco Arnaldo de Ysassy, “Demarcación y descripción del obispado
de Michoacán y fundación de su iglesia catedral. Numero de prebendas,
curatos, doctrinas y feligreses que tiene y obispos que ha tenido desde que
se fundó”, en Reinar por ‘relación y noticia’. Cinco informes del obispado
de Michoacán (1619-1649), ed. Jean-Pierre Berthe y Óscar Mazin (San
Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 2018), 304; Kiemen, “A Document
concerning the Franciscan Custody of Rio Verde, 1648”, 295–328.
33

Juan Carlos Ruiz Guadalajara, “Reciprocidad económica y transferencias
culturales en los procesos de frontera: el caso de Guadalcázar (Nueva España)
en el siglo XVII”, en Fronteras. Procesos y prácticas de integración y con-

35

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�y el sedentarismo. Este mecanismo ayudaría a la nación a
resistir los múltiples desafíos de la frontera. Los pisones nunca
se desprendieron del seminomadismo, aunque estuvieran sus
necesidades elementales cubiertas en los pueblos de indios
por temporadas. Por el puro hecho de que el retorno al mundo
seminómada les garantizaba la sobrevivencia al estar en medio de
dos realidades, al oeste de la Sierra Madre se encontraba la órbita
hispánica en vías de expansión y donde querían integrarse; en
cambio al este se consolidaba una hegemonía india con tinte
regional: la janambrería.
La permanencia de los pisones dentro de la órbita hispánica
beneficiaba ambos bandos, para los pisones representaba recibir
suministros en sus pueblos-misiones, contar con aliados para
las guerras contra los janambres y las transferencias culturalestécnicas que adquirieron como conocimiento en oficios e
idiomas. Mientras la Monarquía Hispánica a través de la Custodia
de Rioverde adquiría indios auxiliares (guerreros, intérpretes,
emisarios, guías y espías) y poblaciones que fueron los primeros
baluartes en la guerra. Los pisones eran considerados “vasallos de
la corona en aquella frontera”, se habían convertido en el último
baluarte cristiano del Reino de la Nueva España. Los pisones se
encontraban:
flictos entre Europa y América (siglos XVI-XX), ed. Valentina Favro, Manfredi
Merluzzi, y Gaetano Sabatini (Madrid: Fondo de Cultura Económica; Red Columnaria, 2017), 489.
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�[…] quietos Ypasificos Ydebajo de la obediencia R[ea]l y
de la de sus ministros y defendiendo y reparando las sierras
queserian lasd[ic]has fronteras nodejando pasar dellas a los
Yndios Alarbes [janambres] y guerreando continuamente
conellos dedonde seasegurado seguridad por aquella p[ar]te
atoda estatierra y que se tiene bisto y berificado que por la parte
donde d[ic]hos naturales no asisten niestan ay inreparables
daños de Yndios Alarbes.36

Los pisones que se encontraban más al norte de Tula-Jaumave no
aceptaron fácilmente el cristianismo, al contrario, se enfocaron
en emplear correrías en las fronteras del Nuevo Reino de León
y Reino de la Nueva Galicia. En un inicio estos tuvieron guerras
al norte con los boçalos, aún después del poblamiento hispánico
esta violencia fue continua contra los reineros. En 1660 el capitán
Fernando Sánchez de Zamora alcalde mayor del Valle del Río
Blanco (Nuevo Reino de León) comenta que:
[…] dieron los indios del Jaumave, que viven en la misma
sierra, misión de los padres del Río Verde, en perseguir
esta población; de manera que no dejaban bestia que no
se la llevaban, hasta consumirse a mí una recua de más de
cuarenta mulas que metí cuando vine; y la gente que cogían
descuidada. Particularmente en una ocasión mataron cuatro
mujeres y un indio; con que, perdida la paciencia, me obligo
darles yo guerra en su propia tierra; con que amainaron y no
perjudicaron más.37
AGN, Californias, vol. 38, exp. 3, f. 140v.
León, Chapa, y Sánchez de Zamora, “Descubrimiento del Río Blanco y
conversión de sus naturales, hecha por los religiosos de Nuestro Seráfico Padre
San Francisco, de la provincia de Zacatecas”, 230.
36
37

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�Los reineros llamaron a los pisones erróneamente “indios
del Jaumave” o “Jaumaltecos”, independientemente de esto, las
jurisdicciones entre Río Blanco y Juamave no estaba delimitada.
Por lo que para los reineros al sur de Río Blanco comenzaba el
territorio de Jaumave, de Rioverde y los pisones. Ante esto, es
normal que se presentaran estos errores, debido a que para estas
fechas existían dos tipos de pisones, los que se encontraban en
los pueblos-misiones y los que habitaban el cerro del Xihue. Son
estos últimos lo que se mantenían hostiles contra los boçalos,
reineros y que entre 1670-1672 llegaron cometer correrías en la
jurisdicción de Mateguala.38 Para finales del siglo XVII estos
pisones se separaron definitivamente del circuito de pueblosmisiones de Ríoverde y se acercaron a la janambrería, por lo que
a su territorio se le conocería como El Siguillon y a sus habitantes
los siguillones.
Guerras continuas
La tranquilidad de la que había gozado la Custodia de Rioverde
desaparecería en 1655, a causa de la expansión de los janambres.
Los antiguos aliados de los pisones terminarían como enemigos
jurados hasta finales del siglo XVIII. Las correrías janambres
desestabilizarían dos pueblos-misiones, Santa Clara sería
abandonado entre 1676-1679; en cambio Tanguachín pertenecía a
Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí (en adelante AHESLP),
Alcaldía Mayor de Charcas, caja 9, exp 14, fs. 1-4. AHESLP, Alcaldía Mayor
de Charcas, caja 11, exp. 3, fs. 1-7.
38

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�la Custodia de Tampico, pero al ser despoblado por su misionero
a inicios de 1660, la Custodia de Rioverde lo integraría en 1667
y se le cambiaría el nombre a San José de la Laxa en 1679 al ser
reubicado ante los saqueos y muertes.
Para 1680 se cuenta con el primer conteo poblacional,
Tanguachín tenía 100 individuos, San Antonio de Tula 220 (80
en el pueblo y 140 en las haciendas), Palmillas 60, Jaumave 100
y “cerca otros muchos más”, Xuyo más de 100 y Monte Alberne
más de 500.39 La cifra rondaba en las 1,080 o más personas,
el 46% se encontraba en la frontera en la boca del Jaumave, el
41% se encontraba dividido en puestos o pueblos de indios en
la Sierra Madre y el 13% en las haciendas de Tula (véase Tabla
1). Los pisones de Monte Alberne colindaban con los janambres
de Mesas de Castrejón. Las transferencias culturales-técnicas
fueron palpables al estar los pisones en distintos oficios como
labradores, vaqueros, escoltas, intérpretes y pastores. Estos
oficios se vieron complementados por la cacería y la recolección
de frutos silvestres y de miel.
Los pisones tuvieron que afrontar las correrías de la
confederación por un estimado de tres años (1679-1682), en
Carrillo Cázares, Michoacán en el otoño del siglo XVII, 398–405; Stresser-Péan, San Antonio Nogalar: La sierra de Tamaulipas y la frontera Noreste
de Mesoamérica, 603. El autor comenta que la población llegó a tener entre
3,000 a 4,000 individuos antes de mediados del siglo XVIII. Sin embargo,
como se muestra en 1680 el número de pisones rondaba los 1,080 o poco más,
y al contrario esta cifra se reduciría gradualmente durante la primera mitad del
siglo XVIII.
39

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�primera instancia Monte Alberne fue el blanco por su cercanía a
la janambrería. Un número crecido de pisones pasaron a Jaumave,
pero este también cayó. Una vez más se vivió un desplazamiento,
ahora a Tula y otra fracción de la nación se anexó a la confederación
para sobrevivir. Entre 1680 y 1681 la Laxa fue saqueada en
varias ocasiones, por lo que los sobrevivientes pasaron a Tula.
David Sacaomel, gobernador de Tula, organizó a las rancherías
pisonas restantes consolidando una liga para contrarrestar la
confederación. En las próximas batallas se habla de un saldo de 6
guerreros aniquilados mientras otras fuentes especifican fue una
escuadra completa. Independientemente de la cifra, los pisones
decapitaron a los enemigos, celebraron “bailando las cabezas,
por ser costumbre de ellos” y mandaron una ristra de orejas y
narices a fray Pedro de San Andrés misionero de Tula como
símbolo de su victoria.40 Los pisones resistieron en la frontera,
retomaron Palmillas y Jaumave. El estado de violencia continuó
en la frontera, los pisones por temporadas recuperaban hasta
Monte Alberne, Santa Clara y la Laxa, pero también lo perdían
ante el constante acoso de los enemigos, en cambio Xuyo cayó
permanentemente.

AGN, Californias, vol. 38D, exp. 3, fs. 133-133v. Para adentrarse en la
Guerra de los Alarbes revísese Nelson Jofrak Rodríguez Cázarez, Janambres:
mitote fronterizo, cohesión étnica y zonas imprecisas en la América Septentrional Oriental, siglos XVII-XVIII [Tesis de maestría] (San Luis Potosí: El
Colegio de San Luis, 2019).
40

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83

�Tabla 1. Censos pisones de 1680, 1695 y 174441
Población o rancherías

Familias

Pisones

44
12
20
20
100
20

220
60
100
100
500
100

216

1080

50

250

100

500

150

750

31
11
34
29
10
19
22
30

105
37
106
99
34
64
75
102

186

622

1680
Pueblo de San Antonio de Tula
Puesto de San Andrés de Palmillas
Pueblo de San Juan Bautista del Jaumave
Puesto de San Antonio de Xuyo
Puesto de Nuestra Señora de Monte Alberne
Pueblo de San Joseph de la Laxa
1695
Pueblo de San Antonio de Tula y puesto de Santa
María
Puestos de San Juan Bautista del Jaumave y Nuestra Señora de Monte Alberne
1744
Puesto de Santa Clara de las Montañas
Puesto de Nuestra Señora de Monte Alberne
Pueblo Santa Rosa del Jaumave
Pueblo San Antonio de Tula
Puesto Santa Ana Naola
Puesto Santa María
Puesto San Joseph de La Laxa
Pueblo Nuestra Señora de los Remedios de Canoas

Carrillo Cázares, Michoacán en el otoño del siglo XVII, 398–405. Biblioteca Nacional de México (BNM en adelante), Archivo Franciscano, Fondo
Reservado, 45/1009.4, fs. 1-8. María del Carmen Velázquez, El marqués de
Altamira y las provincias internas de Nueva España (México, DF: El Colegio
de México, 1976), 91–98.
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�El estado de violencia perduraría en las décadas siguientes, la
frontera estuvo inestable ante la avanzada janambre. La extensión
territorial de los pisones en un inicio era aproximadamente de
10,000 km², pero, después de 1682, El Siguillon y Tanguachín
fueron anexados a la janambrería, reduciéndolo a no más de
5,000 km². Este fue un duro golpe a los pisones, perdieron
la mitad de su territorio y este no sería su único problema, a
partir de 1680 la población comenzó a menguar por diversos
factores como las guerras y la integración forzada u opcional
a la janambrería. En un estimado de 15 años (1680-1695) la
población pisona sufrió una reducción del 30%, pasando de 216
a 150 familias. La Custodia de Rioverde suministraba en las
zonas de guerra maíz y “vacca seca”, debido a que sólo algunas
poblaciones sembraban “maíz, chile y otras frutas”, ejemplo de
ello, fue la Laxa que contaba con sembradíos y ganados.42 La
información sobre la nación pisona se encuentra fragmentada,
la mayoría de los escenarios describen de manera general lo
siguiente: la frontera en crisis ante las correrías; los pisones
resistiendo en los pueblos de indios o en las haciendas; el
constante paso del sedentarismo al seminomadismo o viceversa
por factores internos-externos; poblaciones como Xuyo, Monte
Alberne y Santa Clara fueron abandonas y en casos aislados
BNM, Archivo Franciscano, Fondo Reservado, 45/1009.4, fs. 1-8. Ruiz
Guadalajara, “Reciprocidad económica…”, pp. 492. AGN, Californias,
vol. 38, exp. 3, fs. 139-142v. Carrillo Cázares, Michoacán en el…, pp.
403-404.

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�visitadas una vez por año; Jaumave como un enclave temporal
aunque con mayor estabilidad y Tula como el baluarte que no
se doblegó.43
A inicios del siglo XVIII la Custodia de Tampico buscó
poblar el valle del Chamal con un pueblo de indios y su misión,
por lo que desde la villa de Santiago de los Valles mandaron
diversos frailes. Sin embargo, en ambas ocasiones los misioneros
fueron aniquilados junto a sus sacristanes. Los janambres
tenían sitiado el valle de Tanguachín, sus correrías provenían
de la sierra de la Tamaulipa Vieja y Mesas de Castrejón. No
solo los pueblos-misiones tenían su destino ligado a la voluntad
de los janambres, en 1714 Antonio Fernández de Acuña envió
desde Tula a Antonio Ramos con siete indios otomíes y algunos
sirvientes mestizos a refundar Jaumave. Los pobladores
fundaron labores de maíz, sin tener perjuicios de los indios del
“Valle y de las sierras del Norte”, pero fueron abandonadas en
época de cosecha aproximadamente cinco meses después por
los constantes saqueos en los campos.44
Los pisones tuvieron que resistir por décadas, esto
no debilitó su aparato diplomático, el cual emplearon con
los hispánicos u otras naciones indias. A inicios de 1727 los
Rodríguez Cázarez, Janambres: mitote fronterizo, cohesión étnica y zonas
imprecisas en la América Septentrional Oriental, siglos XVII-XVIII [Tesis de
maestría], 164–68.
44
Alejandro Prieto, Historia, geografía y estadística del estado de Tamaulipas
(México: Tip. Escalerillas Núm. 13, 1873), 112.
43

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�pisones buscaron aliados que pudieran flanquear el frente norte
de la janambrería, mientras ellos tomarían la iniciativa en la
parte oeste desde Santa Clara y Monte Alberne (véase Mapa
2). El capitán Buitrón (la figura más importante de la nación
pisona) y sus dos hijos mantenían el control en las serranías
del Jaumave, mientras el capitán Jusepillo en Monte Alberne y
otros en Santa Clara. El capitán Jusepillo había formalizado una
alianza a través del parentesco, debido a que su hija contrajo
matrimonio con alguno de los capitanes de indio general
Pedro Botello de la confederación pamorana. El “ejercito” de
Pedro Botello controlaba las “Salinas grandes”, en materia
bélica representaba un fuerte aliado, así la guerra tomó nuevos
escenarios y la comunicación entre las naciones se dio a través
de señales de humo desde las serranías. La ranchería de Santa
Clara defendía la boca de San Marcos, la escuadra de Buitrón
reforzó Monte Alberne y participó en ese frente mientras los
pamoranos entraron por el norte por las Adjuntas. Esta alianza
pisona-pamorana posiblemente atrasó la expansión janambre,
pero fueron tres factores que vinieron a cambiar la suerte de los
pisones. Primero, en 1728 los janambres después de décadas,
lograron desplazar por completo a los indios olives a Tampico,
tomar el control de sus salinas de Piedra Hincada e incendiar su
población; segundo, en 1729 el “indio general” Pedro Botello
comenzó una serie de pláticas para llegar a la paz con los reineros,
en 1732 concretó la Pax Reinera y disolvió la confederación
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�pamorana; y tercero, en 1732 el capitán janambre Salvador de
la Cruz pacto la Pax Reinera. Estos acontecimientos fueron
catastróficos para los pisones, ya que, los janambres orientaron
su expansión a la Sierra Madre después de la victoria contra
los olives, la tregua con los reineros y el rompimiento de la
confederación pamorana.45
Jaumave fue considerada la “última Poblaz[i]on X[ri]
ptiana p[o]r aquella parte” del Reino de la Nueva España. En
1723 fue abandonado nuevamente, sin embargo, en 1727 el
pueblo-misión fue refundado en el paraje de Santa Rosa próxima
a la hacienda de ganado menor propiedad de los carmelitas de
San Luis Potosí. Para 1733 no se encontraba misionero fijo, sólo
se visitaba como de costumbre una vez al año, y en la misma
situación se encontraban Monte Alberne y Santa Clara. En 1731
don Narciso Barquín Montecuesta empleó una campaña en las
“fronteras de Tanguachin” para lo cual recuperó dicho territorio y
fundó el nuevo pueblo-misión de Nuestra Señora de la Soledad de
las Canoas. Aun así, los pisones tuvieron que resistir las correrías
janambres reduciéndose su población de 50 a 30 familias en una
década.46
Primo Feliciano Velázquez, Colección de documentos para la historia de
San Luis Potosí, t. III (San Luis Potosí: Imprenta del autor, 1898), 249–56.
46
Biblioteca Nacional de España (BNE en adelante), Hemeroteca Digital,
Gazeta de México, Núm. 42, mayo de 1731, pg. 334. AGI, Indiferente, 147,
N9. AGN, Indiferente Virreinal, caja 4901, exp. 15, f. 1-2v. AGI, Gobierno,
Audiencia de México, vol. 690a, exp. 1d, f. 1-8v. Tienda de Cuervo, “Estado
general…”, p. 437.
45

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�El 19 de febrero de 1740, el alcalde mayor del real de
minas de Guadalcázar, Luis Vélez de las Cuevas Cabeza de
Vaca, en su visita por su jurisdicción, comenta que el pueblomisión y cabecera de Tula se encontraba con ministro fijo
e iglesia de pie; Palmillas de lo contrario no contaba con
misionero y tenía su iglesia con una construcción pobre; en la
misión de Jaumave el panorama era peor, ya que se encontró
“sin misionero, ni Yglesia aunq[ue] si con vestigos de averla
avido…”; la cuarta misión fue la de “S[an]ta Rosa” que se halló
sin ministro y la iglesia tan solo sus paredes; las misiones de
Monte Alberne y Santa Clara no contaban al igual que el resto
con ministros ni iglesia alguna.47 El panorama del Jaumave
mostraba que hasta los parajes de Santa Clara y Monte Alberne
se encontraban las rancherías pisonas, ya que sus poblaciones
habían sido erradicadas por las correrías janambres.48 Ese
mismo febrero desde el real de minas se organizó una campaña
contra el “barbaro Xanambre” esta compañía volante estuvo
rastreándolos y persiguiéndolos por dos semanas. Todo terminó
en un fracaso, los janambres-siguillones se atrincheraron en el
Xihue y los cristianos no se adentraron y desistieron. Este nuevo
contratiempo no solo fue para los vecinos de Guadalcázar, sino
también para los pisones, quienes asistieron como rastreadores,
guías y flecheros.
AGN, Californias, vol. 38, exp. 4, f. 180-180v.
AGI, Indiferente, 158, N18. Luis Vélez de las Cuevas Cabeza de Vaca llamó al enemigo “bárbaro xanambre”.
47

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�Para 1743 los pisones terminarían integrados a los
janambres ante su expansión o resistirían por sus propios medios
debido al torpe desenvolvimiento de sus aliados hispánicos que
no lograron en siete décadas someter a sus enemigos. Entre
1695 y 1744 la población pisona sufrió una reducción del
17% pasando de 750 a 622 individuos.49 En pocas palabras, la
población pisona desde su primer censo en 1680 a 1743 paso
de 1080 a 622 individuos, lo que representa un 43% de pisones
que fueron integrados a la Janambrería o perecieron en las
guerras. En 1743 la frontera estaba abandonada parcialmente
trasladándose rancherías a puestos de visita cercanos a Tula,
como Naola, Santa María y la Laxa; los puestos de Jaumave,
Santa Clara y Monte Alberne continuaban resistiendo pero
con un número reducido de guerreros; el pueblo de Palmillas
fue abandonado (su población se trasladó a Santa María); el
pueblo de Tula fue el único de todos que resistió los embates
y no fue despoblado; y Canoas vino a reforzar la frontera en el
valle de Tanguachín pero bajo la Custodia de Tampico.
Algunas poblaciones que existieron desaparecieron con el
Eguilaz de Prado, Los indios del nordeste de Méjico en el siglo XVIII,
56–63. Eguilaz de Prado comenta que la unidad familiar de las rancherías
seminómadas pudo componerse de 3,4 miembros. Sin embargo, las familias
pisonas en pueblos de indios se conformaron aproximadamente de 5 miembros por familia. Para 1744 se contabilizan 186 familias, 36 más que las de
1695. Esto explica porque, aunque sea un numero mas elevado de familias son
menos los individuos, debido a que, estos pisones la mayoría estaban en un
estado seminómada.

49

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�tiempo, otras resistieron pagando un precio muy alto
terminando en meras rancherías y algunas que se idearon sólo
quedaron en el papel.
Aliados de la Monarquía Hispánica
La anexión de los pisones a la Monarquía Hispánica fue un pacto
entre dos voluntades, por un lado, la nación ponía a disposición
de las custodias de Rioverde y en menor medida de Tampico
su territorio, y permitía el establecimiento de pueblos-misiones
donde se insertaban en la estructura de la república de indios.
Sin embargo, los problemas en 1669 con los hacendados “Pedro
de Ochoa, Jofeph de Ochoa, y D[on] Felipe de Montezuma, y
otros cinco” habían escalado al tomar los segundos el control de
las tierras de los pueblos de indios y sus ganados perjudicaban
los sembradíos.50 Esta problemática continuó hasta 1689, en 20
años los gobernadores, fiscales y a lcaldes e ntre o tros pisones
defendieron sus derechos ante los ministros del rey. Fray Martín
Herrán comentaba de las poblaciones pisonas “son fronteras y
la llave de el Reino [sin ellas] se podía temer su total ruina” y
que “desampararan sus Pueblos y se bolveran a la infidelidad en
donde seran aun maiores enemigos que los que no han Recivido el
Baptismo y cassi imposible de poderlos reducir a pueblos”. Para
esto el gobernador y alcalde de San Antonio de Tula asistieron a
Ciudad de México en presencia del virrey conde de la Monclova:
50

BNM, Archivo Franciscano, Fondo Reservado, 45/1009.1, fs. 1-3.

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�Pusieron las varas de su gobierno con ultima resolusion que de
no los amparar en su justicia y en las tierras contenidas en el
mandamiento despachado por mi Virrey Marques de Mansera
desampararian sus Pueblos y se Retirarian a los montes.51

En lo que respecta a San Joseph de la Laxa no tuvo que mandar
representante debido a que sus fronteras colindaban con la
Janambrería manteniéndose lo suficientemente alejadas de las
haciendas, aun así, mantenían gobernador, alcalde y fiscal.
Ahora los pisones, independientemente de solo ser visitados por
misioneros, eran “fieles vasallos” al servir como “guerreros” en
los conflictos de la frontera.52 Aun para 1769 en la documentación
aparecen como “indios soldados flecheros” e “indios chichimecos
soldados y defensores de la fe de Dios”.53
Llama la atención la integración de los pisones de Nuestra
Señora de la Soledad de las Canoas a la Monarquía Hispánica,
una práctica que lo ilustra fue que “quando van algunos Soldados
Milicianos a vifitarlos mueftran fu refpecto, y obediencia,
recibiéndolos en Proceffion con la infignia de la Santa Cruz,
cantando las Oraciones”.54 Este tipo de recibimiento fortalecía la
Velázquez, Colección de documentos para la historia de San Luis Potosí,
t. III, 70, 73, 84.
52
AGN, Californias, vol. 38, exp. 3, fs. 139-142v.
53
AGI, Gobierno, Audiencia de México, leg. 693A, exp. 35A, fs. 111, 139v.
54
Antonio Villaseñor y Sánchez, Theatro americano: descripción general
de los reynos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones, parte I
(México: Imprenta de D. Joseph Bernardo de Hogal, 1746), 111; Luis Alberto García García, Frontera armada. Prácticas militares en el noreste histórico, siglos XVII al XIX (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica;
51

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�confianza en los partidos, de esta manera los pisones demostraban
su voluntad a servir a la Corona y por consecuencia recibir los
beneficios de las repúblicas de indios. El bautismo, el aprendizaje
del castellano y oficios instalaban a la mayoría de los pisones
como cristianos, a la vez actuaban como centinelas contra los
enemigos de las llanuras.
En 1744 los pisones solo mantenían como pueblosmisiones a Tula y Canoas, el resto se trataba de rancherías
ubicadas en ciertos puestos a la redonda. Este había sido uno
de los efectos de las correrías janambres a largo plazo, habían
logrado regresar a los pisones a su estado seminómada. La
Laxa, Naola, Santa María, Jaumave, Monte Alberne y Santa
Clara eran rancherías inestables en constante movimiento
dependiendo de la guerra, en casos extremos abandonaban sus
puestos para buscar refugio en Tula para regresar en épocas de
paz una vez mas o abriéndose camino a través de la violencia
cada vez en menor medida. Un ejemplo es Monte Alberne, en
algún momento llegó a tener 500 individuos defendiendo la
frontera, para 1744 sólo contaba con 37 pisones. Canoas es un
caso interesante debido a que los pisones buscaron un medio
alterno para integrarse a la Monarquía Hispánica una vez más,
esto lo encontraron en la Custodia de Tampico. Nadie pensaría
Centro de Investigación y Docencia Económica, 2021), 101–2. El uso de
la cruz fue empleado por otras naciones a lo largo de la frontera hispánica,
casos como el de tancahuayos y comanches en la segunda mitad del siglo
XVIII.
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�que los mismos actores, después de abandonar ese frente en la
década de 1660, lo retomarían una vez más en 1731. Aún así,
Canoas sufrió una baja en su población, la ayuda hispánica sólo
era cada luna llena cuando la compañía volante de la villa de los
Valles salía a recorrer las “fronteras de Tanguachin”.
No fue hasta 1747 que la nación pisona aceptó reducirse
por completo con tal de que se les brindara protección ante
la “enemiga velicosa nación Xanambre”.55 Este pacto, entre
el capitán Antonio Buitrón y el coronel José de Escandón,
representó la supervivencia de los pisones a cambio de la
reducción en pueblos-misiones, la anexión de su territorialidad
a la Monarquía Hispánica y como fuerzas auxiliares. Esta fue
la oportunidad de cobrar con creces los insultos recibidos por
casi un siglo desde la janambrería. El restante de capitanes
aceptó gradualmente lo pactado por Buitrón. Ruiz Ibáñez
comenta:
[…] cada nueva, o renovada, incorporación a la Monarquía se
podía interpretar por los agentes sociales como el instrumento
para garantizar la pervivencia de su hegemonía política o
social, para lograr la victoria en un conflicto civil o religioso,
Dolph Briscoe Center for American History (DBCAH en adelante),
AGNM, box 2Q212, vol. 518, pp. 27, 184-185. José Tienda de Cuervo y Vicente Santa María, eds., Estado general de las fundaciones hechas por don
José de Escandón en la Colonia del Nuevo Santander Costa del Seno Mexicano. Documentos originales que contienen la inspección de la provincia efectuada por el capitán de dragones don José Tienda de Cuervo, (México: Talleres
Gráficos de la Nación, 1930), 283.
55

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�salvaguardar la integridad de la religión, suprimir un rival…o
bien todas a la vez.56

Para 1749 los pisones eran “tan leales vasallos y tan queridos
hijos de nuestros rey y señor” por su incorporación por
completo a la órbita hispánica y por su disposición en la
exploración del Seno Mexicano en 1747 y poblamientopacificación a partir de finales de 1748.57 Una década después
los pisones se ubicarían en seis poblaciones de la Colonia sin
contar Tula: San Miguel Real de los Infantes, Palmillas, San
Juan Bautista de Jaumave, Nuestra Señora de la Soledad de
San Igoyo, La Divina Pastora de Peña Castillo y San Pedro de
Alcántara Tres Palacios. San Antonio de Tula fue la única
población donde los pisones resistieron más que el resto de
las poblaciones durante el siglo XVII y primera mitad del
XVIII. Esta nación se convertiría en la piedra angular del
poblamiento en la Sierra Madre y valles próximos.
José Javier Ruiz Ibáñez y Gaetano Sabatini, “La construcción de la
Monarquía Hispánica y el uso de la violencia: entre la conquista y la guerra
civil”, Historia, antropología y fuentes orales, núm. 44 (2010): 17–32; José
Javier Ruiz Ibáñez y Igor Pérez Tostado, “Introducción. Los exiliados y el rey
de España”, en Los exiliados del rey de España, ed. José Javier Ruiz Ibáñez y
Igor Pérez Tostado (Madrid: Fondo de Cultura Económica; Red Columnaria,
2015), 9. Los autores comentan “la hegemonía que la Monarquía desarrollo en
su momento de mayor expansión, y su identificación con el catolicismo, trajo
consigo que más allá de sus fronteras se la viera como un lugar donde refugiarse, donde huir en caso de ser perseguido, donde encontrar un pastor que
amparara a los que sufrían por la religión o un aliado que ayudara a recuperar
el poder perdido”. Este fue el caso de la nación pisona para mediados del siglo
XVIII.
57
AGN, Californias, vol. 38D, exp. 3, f. 170.
56

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�Conclusiones
Mi interés fue situar a los pisones como actores principales en
la historia. Es poca la información que se conoce de la nación,
pero, es un aporte más para internarse en futuras investigaciones.
De modo general, para finales del siglo XVI estimo que fueron
desplazados por la Guerra de los Chichimecas y llegaron al
Jaumave como una ranchería guachichil; entre 1570-1610
pasaron por el proceso de etnogénesis y durante la primera
mitad del siglo XVII las rancherías restantes en la Sierra Madre
tuvieron el mismo fin; durante la segunda mitad del siglo
XVII la nación pisona alcanzó su extensión territorial y
poblacional más amplia mientras comenzó a resistir las correrías
janambres; y en la primera mitad del siglo XVIII los conflictos
continuaron, asfixiaron a la nación, se formalizaron alianzas
indias, terminaron perdiendo casi la mitad de su población
(comparada a 1680) y esto los orilló a anexarse definitivamente
a la Monarquía Hispánica en 1747.
Los pisones fueron labradores, vaqueros, pastores,
intérpretes e indios auxiliares (guías, exploradores, emisarios,
guerreros y espías). Los beneficios materiales, como
tecnológicos, recibidos de la Monarquía Hispánica consolidaron
las relaciones entre los bandos. Los pisones también contaron
con responsabilidades como defender la frontera como primer
baluarte en lo que llegaban refuerzos de otras poblaciones,
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�aunque no siempre fue el caso y terminaron resistiendo por sí
solos. No todas las poblaciones pisonas tuvieron la estructura
de la república de indios, Tula fue el único caso permanente al
contar con gobernador, alcalde y fiscal. En cambio, el resto de las
poblaciones fue por décadas, años e incluso meses al terminar sus
pueblos envueltos en llamas y saqueados por los janambres. Un
efecto interesante fue que, entre más avanzó la órbita hispánica
los pisones entraron en un estadio de sedentarismo y este se
vio condicionado con la avanzada janambre retornándolos al
seminomadismo. Sin embargo, los pisones continuaron sus
relaciones con los hispánicos, aunque volvieron por lapsos a la
cacería-recolección.
La anexión a la Monarquía Hispánica respondió a la
necesidad de sobrevivir la expansión janambre. Fue la única
manera para poder mantener su territorio intacto y hacer
retroceder el poderío del enemigo. Los pisones se unieron a
una campaña compuesta por reineros, novohispanos, olives y
guastecos que buscaron poblar el centro-sur del Seno Mexicano.
El interés de los pisones radicó en cobrar las ofensas del pasado
a través de sus nuevos aliados. Después de casi un siglo de
guerras, los pisones fueron testigos del declive de la hegemonía
janambre que había durado un siglo y medio, y de la cual ellos
fueron responsables al no poder someterlos en un inicio en la
Sierra Madre dando como resultado el nacimiento de su peor
enemigo.
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�Mapa 1
Finales del siglo XVI
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�Mapa 2
Pueblos y misiones pisones
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99

�Referencias
Archivos
Archivo General de Indias
Archivo General de la Nación, México
Archivo Histórico de Monterrey
Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí
Archivo Parroquial de Charcas
Biblioteca Nacional de España
Biblioteca Nacional de México
Dolph Briscoe Center for American History
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�De guachichiles a boçalos: la reinvención e integración
de los indios del río Blanco a la estructura de la
Monarquía Hispánica
From guachichiles to boçalos: the reinvention and integration
of the Blanco River Indians into the structure of the
Hispanic Monarchy
Diana Xóchitl Gutiérrez Cañada
El Colegio de San Luis
San Luis Potosí, México
orcid.org/0000-0003-4855-2640

Resumen: La presente propuesta radica en visualizar a los indios boçalos
como un grupo perteneciente a la nación guachichil, la cual tuvo que
adaptarse a su contexto histórico y reinventarse o, en su defecto, se
vieron obligados a reconfigurar su estructura político-social e inclusive
tomar un nombre puesto por los hispanos mediante transferencias
culturales-técnicas provenientes de la Monarquía Hispánica. Los
indios boçalos habitaron el área del río Blanco, entendiéndola como
una ubicación hídrica, al sur de la jurisdicción administrativa del
Nuevo Reino de León. Aunque dentro de la historiografía local se hace
mención de los indios boçalos hasta 1648, cuando se da a conocer el
conflicto de la jurisdicción eclesiástica entre la Custodia de Rioverde
y del Convento de Charcas, siendo los franciscanos de Rioverde los
primeros en tener contacto con los indios carriones que habitaban en la
zona junto a otras naciones, y los segundos tendrían conocimiento de
ellos posteriormente, haciendo énfasis que dichos indios bajarían para
contactar a los misioneros de Charcas en la hacienda de Matehuala, por
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�De guachiles a boçalos

ser olvidados por los de Rioverde, y siendo identificados, ahora, como
indios boçalos. La cuestión aquí no es el conflicto eclesiástico per se,
sino el rastrear las primeras menciones de los indios boçalos y proponer
una interpretación de su ser.
Palabras clave: indios boçalos, guachichiles, registros bautismales,
reinvención, Monarquía Hispánica.
Abstract: The present proposal is based on visualizing the Boçalos
Indians as a group belonging to the Guachichil nation, which had to
adapt to its historical context and reinvent itself or, failing that, they
were forced to reconfigure their political-social structure and even take
a name given by the Hispanics through cultural-technical transfers
from the Hispanic Monarchy. The Boçalos Indians inhabited the area
of the Blanco River, understanding it as a hydric location, south of the
administrative jurisdiction of the Nuevo Reino de León. Although within
the local historiography mention is made of the Boçalos Indians until
1648, when the conflict of the ecclesiastical jurisdiction between the
Custody of Rioverde and the Convent of Charcas is made known, being
the Franciscans of Rioverde the first to have contact with the Carriones
Indians that inhabited the area together with other nations, and the
second ones would have knowledge of them later, emphasizing that
these Indians would come down to contact the missionaries of Charcas
in the hacienda of Matehuala, for being forgotten by those of Rioverde,
and being identified, now, as Boçalos Indians. The question here is not
the ecclesiastical conflict per se, but to trace the first mentions of the
Boçalos Indians and to propose an interpretation of their being.
Keywords: boçalos indians, guachichiles,
reinvention, Hispanic Monarchy.

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baptismal

records,

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�Diana Gutiérrez

Introducción
Con la Guerra del Mixtón (1641-1642) los hispanos reconocieron
una diversidad de grupos existentes en el septentrión del Nuevo
Mundo, después identificado como el continente americano, pues
frenó su expansión y cambió el modus operandi hispano ante
una fuerza bélica desconocida proveniente de diversos grupos
seminómadas. Fue así que como dimensionaron el espacio de
los indios en el territorio conocido como la Gran Chichimeca,1
de aquí el nombre de la Guerra de los Chichimecas (1550-1600)
donde se reconocerían a varios grupos que liderarían la campaña
militar y lograrían impedir la avanzada hispana por un largo
tiempo.2
Sobre el término “chichimeca” se tienen varios trabajos sobre el significado o la forma de emplearse, desde Alonso de Zorita, fray Toribio de Benavente Motolinia, Fray Bernardino de Sahagún y fray Guillermo de Santa
María, a trabajos actuales que los retoman para visualizar los significados,
principalmente identificando a los indios de la Gran chichimeca que se
reconocen como chichimecos, se les ha dado el significado como “linaje de
perros” o “perro que trae soga”; posteriormente el empleo genérico por parte
de los mexicanos sobre los indios nómadas por no estar asentados; y con la
llegada de los hispanos se siguió el uso genérico dándole énfasis peyorativo
al tildarlos de bárbaros o incivilizados. José Francisco Román Gutiérrez, La
transformación del concepto chichimeca durante el siglo XVI (Sevilla: Asociación de Historiadores Latinoamericanistas Europeos (AHILA), 1992),
39–54; Alberto Carrillo Cázares, El debate sobre la guerra chichimeca:
1531-1585 (Zamora: El Colegio de Michoacán; Universidad de Guanajuato;
El Colegio de San Luis, 2002), 113; Carlos Manuel Valdés, La gente del
mezquite: los nómadas del noreste en la Colonia (México, DF: Centro de
Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social; Instituto Nacional Indigenista, 1995).
2
Philip W Powell, La Guerra Chichimeca (1550-1600) (México, DF: Fondo
1

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�De guachiles a boçalos

Los indios cazcanes, apoyados de otras naciones, serían
los protagonistas en la Guerra del Mixtón, posteriormente
los indios guachichiles,3 pames, guamares y zacatecos
comenzarían a tener mayor preponderancia durante la Guerra
Chichimeca. De estos cuatro grupos fueron los guachichiles
quienes sobresalieron por su grado de intensidad bélica, tanto
por las estrategias, la forma de pelear y por el amplio territorio
que controlaban, pues para este momento se desconoce los
límites que abarcaban.
Los guachichiles son mencionados en diversos contextos,
algunos de ellos son descritos en la Relación de Pedro de Ahumada
en 1566 ubicándolos:
de Cultura Económica, 1984).
3
Dentro de los registros se pueden identificar variables de la escritura
“guachichil” como “cuachichiles”, “huachichiles”, quachichiltique”, “guachuchules” “guaxutxiles” e inclusive se les puede identificar solo como
“chichimecos”; es posible visualizarlos o distinguirlos a partir de cotejar la
documentación, algunas referencias sobre su vestimenta como el empleo de
decoración rojiza en sus cabezas o bonetes rojizos, así como la identificación
o relación con ellos al momento de nombrarlos como parcialidades guachichiles; también al poder ubicarlos geográficamente en un vasto territorio,
al disponer gran parte de la región “centro-norte, Seno Mexicano, Noreste,
ámbito zacatecano-potosino, neolonés y coahuilense”, Joaquín Meade, Arqueología de San Luis Potosí (México: Sociedad Mexicana de Geografía
y Estadística, 1948), 21; Powell, La Guerra Chichimeca (1550-1600), 48;
Valdés, La gente del mezquite: los nómadas del noreste en la Colonia, 52;
Lucas Martínez Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo del convento de Charcas, 1586-1663 (Saltillo: Consejo Editorial, 2019),
6–11.
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�Diana Gutiérrez

[…]casi todos ellos quedan a la mano yzquierda del camyno
como venimos de Çacatecas a la parte del norte. Son todos los
q se an visto desnuos y andan como alarves y salvajes, sin tener
lugar cierto. Los primeros son los indios q llaman del Maçapil
q están casi a la parte del nordeste de las minas de Çacatecas a
veunte e dos leguas dellas, donde afirman algunos soldados q
an dado vista a aquella tierra q ay en un valle mas de seis mill
flecheros, y ase hallado entre ellos algunas cosas de las q rroban
en los caminos a Spañoles por donde se entiende q acuden al
rrobo. Tienen guerra con otros sus vecinos q son Çacatecas q
están desta parte de una sierra y son pocos; estos afirman q los
otros q son Goachichiles comen carne humana, y que quando los
prenden en la guerra se los comen. Lo mismo supe de esa parte
de las minas de San Martyn de los indios del Mezquital quando
entre en busca dellos, y no se a sabido de otros ningunos de
esta nación q coman carne umana. Los segundos Goachichiles
son los que llaman de las Salinas: estos estan a doze e a catorze
leguas de las minas de Çacatecas partidos en rrancherias de
çiento en çiento, o poco mas, e corren toda aquella comarca
como alaraves no deteniendose mas en un lugar de quanto
acavan la comida de tunas o mezquite q ay en el. Todos estos
heran salteadores y de los q estavan conçertads en la liga con
los pueblos comarcanos de indios Çacatecas q estan cercanos
a los pueblos de paz; y ellos estando de paz e gozando de la
contratacion de los spañoles, hazian tracto doble e los spiavan
para salirlos a saltear juntamente con los otros, y hecho el salto
se bolbian a sus pueblos e rrancherias[…].4

Partiendo de esta descripción, complementándolo con propuestas
actuales sobre posibles parcialidades o reinvenciones de grupos
guachichiles en la Sierra Madre Occidental,5 se considera a
4
5

Carrillo Cázares, El debate sobre la guerra chichimeca: 1531-1585, 569.
Lucas Martínez Sánchez a través de los textos y la documentación con-

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�De guachiles a boçalos

los guachichiles como una nación con una población densa
y que controlaba un vasto territorio, así como su capacidad
de organización y las características aparentemente únicas de
dicha nación, tales como carácter bélico-político, capacidad de
desplazamiento y formas de alimentación.
Los “chichimecas vosales” o “gentiles bosalos”.
La primera mención que se ha encontrado hasta el momento
sobre los indios boçalos6 es respecto a “chichimecos vosales”
sultada propone a los indios “vocalos” como último reducto guachichil, pese
a ello, su interpretación se puede cuestionar por la falta de solidez presentada
en la documentación y trabajos que indiquen la posibilidad de su propuesta. También se debe considerar que su trabajo tiene tiempo en espera y fue
impreso sin considerar investigaciones como la propuesta por Nelson Jofrak
Rodríguez Cázarez, quien presenta a los janambres como producto de la etnogénesis guachichil, la cual conllevó la reinvención de ellos.
6
Dentro de la documentación consultada se hace mención de variantes en la
escritura, siendo los más utilizados “chichimecos vosales”, “chichimecos bocalos”, “nación bocala”, “indios bocales”, “bocalos” o “vozales”; para este trabajo opto por llamarlos boçalos, más adelante explicaré dicha postura. Las primeras dos siendo utilizadas en el Libro bautismal de Charcas, las siguientes tres
utilizadas por Fernando Sánchez de Zamora, y la última también es del mismo,
solo que sus crónicas son transcritas por autores diferentes, siendo la primera en
la edición de Genaro García e Israel Cavazos quienes publican la transcripción
del manuscrito (Cavazos Garza añade un estudio introductorio), y Eugenio del
Hoyo publica un capítulo inédito de la misma crónica que había quedado separada del texto. En el caso del Libro de Charcas se pudo comprobar la escritura,
en caso de la crónica se ven las transcripciones de los autores, las cuales pueden
responder a la indistinción de la escritura o a una decisión del autor. Véase Libro de Bautismo de Charcas disponible en “México, San Luis Potosí, registros
parroquiales, 1586-1970,” database with images, FamilySearch (https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:9392-SD4T-1?cc=1860864&amp;wc=3PH4-MNP%3
A167670701%2C167670702%2C169384001: 21 May 2014), Charcas &gt; San
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�Diana Gutiérrez

quienes figuran dentro de los registros de bautismos escritos por
los franciscanos del Convento de Charcas, los cuales datan desde
diciembre de 1622 y fue fray Lorenzo Cantú quien realizó dos
bautizos: el primero es el día cuatro a “maria niña chiquita hija
de chichimecas vosales” y el segundo del día once a “maria niña
chichimeca chiquita hija de chichimecos vosales”;7 también se
hace mención de entradas a la sierra, en enero de 1621, desde el
lado de Matehuala y en la estancia de Miguel Escoriguela (San
Juan de la Punta), en noviembre de 1622, siendo posible que sea
el mismo grupo.8 Lo interesante es que no se vuelve a hacer
Francisco &gt; Confirmaciones, matrimonios, bautismos 1586-1661 &gt; image 1 of
211; parroquias Católicas, San Luis Potosi (Catholic Church parishes, San Luis
Potosi), imagen 78, f. 25. También puede verse en el texto de Martínez Sánchez,
Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo del convento de Charcas,
1586-1663; Alonso de León, Un Autor Anónimo, y Fernando Sánchez de Zamora, Historia de Nuevo León con noticias de Coahuila, Téjas y Nuevo México.
Documentos Inéditos o muy raros para la historia de México, t. XXV, ed. Genaro
García (México: Bouret, 1909); Alonso de León, Juan Bautista Chapa, y Fernando Sánchez de Zamora, Historia de Nuevo León con noticias de Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México (Monterrey: Fondo Editorial Nuevo León, 2005),
231; Eugenio del Hoyo, “Un capítulo desconocido de la obra de don Fernando
Sánchez de Zamora”, Humanitas, núm. 5 (1964): 404.
7
Family Search, Libro de Bautismos…; imagen 78, f. 25.
8
Dentro de los mismos registros se hace una posible mención temprana del
bautizo de nueve indios chichimecos “en la tierra adentro” fechado el día 30
de julio de 1606, pero no se describe el lugar o sobre los padres, solo se mencionan los nombres ya hispanizados de los indios. Por otro lado, una probabilidad con mayor certeza es la mención de “Juan hijo de miguel de escoriguela
chichimeco” en 20 de junio de 1619, dicho Miguel de Escoriguela chichimeco
podría ser el mismo que se menciona el día 2 de agosto de 1648, “capita[n] Miguel de escoriguela chichimeca”, quien es bautizado a la “edad de setenta años
al pareser” y era uno de los “quatro capitanes de las quatro rrancherias que aviSillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 107-143
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�De guachiles a boçalos

alusión de los indios boçalos ni de su origen hasta el año de 1648
donde baja un grupo de indios provenientes de “Rio blanco”,9
encabezados por cuatro capitanes, para pedir ser bautizados en la
hacienda de Matehuala ante la presencia del señor don Juan Ruiz
Colmenero, obispo de Guadalajara;10 posteriormente siendo retomado el contacto de 1648, durante los pleitos jurisdiccionales
eclesiásticos, pues existieron entradas previas por los franciscanos de la Custodia de Rioverde; y siendo reproducido el discurso
de manera sintética dentro de la crónica de Fernando Sánchez de
Zamora.11
tan en el mismo Rio blanco” quienes fueron a Matehuala para ser bautizados
e integrados a la estructura de la Monarquía Hispánica. Family Search; Libro
de Bautismos…; imagen 69, f. 9; imagen 76, f.21; imagen 78, f. 24. También
debe recalcarse que en la mayoría de los registros se suele generalizar al identificarlos como indios, chichimecas o bárbaros; esto podría dejar un margen de
posibilidad que sea perteneciente a alguna parcialidad, pero en este momento
no es posible identificarlos o inclinarse por algún grupo por emplear dichos
términos en lugares donde había movilidad o contacto de varias parcialidades,
tal es el caso de Matehuala o a la estancia de San Juan de la Punta debido a
que la mayoría de los registros de indios boçalos fueron identificados en estos espacios antes de las fundaciones encabezadas por Fernando Sánchez de
Zamora en 1659.
9
Dentro de la documentación aparece de manera indistinta con mayúsculas
o minúsculas, pero hacen referencia a la ubicación hídrica en relación a la ubicación territorial india.
10
Lucas Martínez hace un estudio introductorio estableciendo las relaciones
entre indios e hispanos a través de los registros parroquiales, a su vez propone
que los indios “vocales” son guachichiles y, posteriormente, hace una transcripción de un extracto del libro más antiguo de Charcas a partir de los indios
del río blanco en 1648. En Martínez Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En
el libro más antiguo del convento de Charcas, 1586-1663.
11
León, Chapa, y Sánchez de Zamora, Historia de Nuevo León con noticias
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�Diana Gutiérrez

Por otro lado, con la llegada Fernando Sánchez de Zamora
al tomar cargo de “justicia mayor y capitán a guerra” se menciona
que los indios de “nación bocala” están emparentados con los
indios negritos, quienes habitan en la hacienda de Matehuala,
pero eran originarios de Apuchimapa y Sandi y que dichos indios
boçalos se trasladan a dicha hacienda para las faenas.12 Una
interrogante que se puede percibir, tanto en la visita del obispo de
Guadalajara, Juan Ruiz Colmenero, en 1648, como en la crónica
de Fernando Sánchez de Zamora en 1659, es la participación de
los misioneros de la Custodia de Rioverde. Es interesante que
establezcan que las son entradas misionales fueron en marzo
del mismo año al momento de comenzar el conflicto de la
jurisdicción eclesiástica, siendo que Primo Feliciano Vázquez
refiere al ingreso de los misioneros de Rioverde a la zona entre
1607 y 1617.13
Representaciones gráficas: los indios dentro de fronteras
físicas e imaginarias.
Antes de abordar la clasificación de los indios, debe considerarse
la interpretación del autor para plasmarlos en mapas, tanto
de Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México, 230–33.
12
León, Chapa, y Sánchez de Zamora, 230–33.
13
Sobre la visita del Obispo Juan Ruiz Colmenero se puede consultar a
Martínez Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo del
convento de Charcas, 1586-1663, 279–91; León, Chapa, y Sánchez de Zamora,
Historia de Nuevo León con noticias de Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo
México, 230–32; Primo Feliciano Velázquez, Colección de documentos para la
historia de San Luis Potosí, t. IV (San Luis Potosí: Imprenta del Editor, 1897).
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�De guachiles a boçalos

de las épocas contemporáneas a ellos como las propuestas de
historiadores actuales para delimitar los espacios, pues se tiende a
generalizar y limitar su movilidad sin considerar la ocupación de
territorios donde convergen diversas naciones. Esto es algo usual
al tener un panorama limitado, pues algunas fuentes solo hacen
una breve descripción o alusión que no permiten dimensionar
las capacidades de los actores, tanto indios como hispanos, y el
trasfondo de los mismos.
Son escasos los mapas de la época y, por lo general, son
tardíos o generalizan sobre los espacios en los que no se han
explorado. Un mapa temprano sobre la región de la “Guasteca”
es representado por Ortelius donde fija la territorialidad del
septentrión como un espacio donde habita “Guxutxi les gens”, a
los cuales no refiere dentro de su texto titulado “Theatrum orbis
terrarum” de 1579, donde se puede suponer que las dimensiones
que abarcaron los indios guachichiles corresponden a la zona, pues
también Philip W. Powell propone una extensión considerable
que abarcaron los guachichiles al septentrión.14
La propuesta de interpretación de “Guxutxi les gens” como “Gente Guachichil” fue retomada de Nelson Jofrak Rodríguez Cázarez, Janambres: mitote
fronterizo, cohesión étnica y zonas imprecisas en la América Septentrional
Oriental, siglos XVII-XVIII [Tesis de maestría] (San Luis Potosí: El Colegio
de San Luis, 2019), 66 y del curso La Huasteca dentro del proceso de configuración del septentrión oriental novohispano. S. XVI al XVIII impartido por el
Mtro. José Luis Aguilar Guajardo, quien también retoma la postura de Rodríguez Cázarez. Realizado por la Maestría en Historia del Noreste Mexicano y
Texas celebrado del 23 al 25 de marzo de 2022.
14

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�Diana Gutiérrez

Mapa 1. Theatrum orbis terrarum (1579)

Fuente: Theatrum orbis
terrarum (1579) - Ortelius, Abraham, 15271598. [Antuerpiae]:
[Christoph. Plantinus],
[1579]. Disponible en
https://bvpb.mcu.es/es/
consulta/registro.cmd?id=399622.

Los mapas son utilizados para complementar las investigaciones
y en ocasiones se convierten en objeto de estudio, para el área que
conformaba el Nuevo Reino de León se encuentra cartografía tardía
del siglo XVIII. Esto no ha sido impedimento para propuestas
de topográficas por parte de historiadores para dimensionar al
lector en tiempo y espacio, pero debe de considerarse que en
cuestión de los espacios o territorialidades indias no responden
a los parámetros de ocupación hispana, pues responden a otros
intereses donde puede ser una ocupación estacional o no se
comprenda los límites con otras naciones.
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�De guachiles a boçalos

Mapa 2. Las “naciones” del norte

Fuente: Philip Powell, La Guerra Chichimeca…, p.49.
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 107-143
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-40

118

�Diana Gutiérrez

Por ello, pese a tener algunas incógnitas de la ubicación espacial
de los indios boçalos se puede establecer un área geográfica considerable que emplearon como territorialidades indias, pues mediante los registros de Charcas se conoce que estaban en la estancia de Miguel Escoriguela, es decir, “delante de Matheguala que
llaman Sn Juo de la Punta” ,15 aunque debe considerarse que en
algunos casos se registra el lugar en donde habitaban y no el lugar
de origen o si era una residencia fija. Por otro lado, en la entrada
de los franciscanos de la Custodia de Rioverde realizada en 1607
y en 1617 al tener relación con los indios “carriones” y “otras
naciones” fundando la misión de San Cristóbal; se debe aclarar
que en este momento no se hace mención de indios “guachichiles/vocalos/bozales/boçalos”, aunque pueden estar dentro de las
“otras naciones” a las que se refieren;16 otra cuestión es que las
territorialidades que posiblemente abarcaron no se limitan a la
ubicación hídrica de río Blanco, lo cual permite ver a los indios
boçalos como una posible parcialidad (en un primer momento) y
después percibirlos como una reinvención de los guachichiles.17
El registro realizado en la estancia de Miguel de Escoriguela está fechado el día 24 de noviembre de 1622 menciona el bautizo de “treçe criaturas
chiquitas hijos de chichimecos”, las cuales podrían ser provenientes del río
Blanco; después de este registro se tienen dos más fechados los días 4 y 11 de
diciembre de 1622 donde mencionan a dos niñas chiquitas, ambas llamadas
María, hijas de “chichimecos vosales”, pero no se menciona su origen o donde
habitaban, posiblemente estaban en la estancia o en la hacienda de Matehuala.
Family Search; Libro de Bautismos…; imagen 78, f. 24 y 25.
16
Velázquez, Colección de documentos para la historia de San Luis Potosí,
t. IV, 41–43.
17
Rodríguez Cázarez ha estudiado el caso de los janambres con mayor pro15

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�De guachiles a boçalos

Si dejamos de lado la mención literal de indios boçalos o
sus variantes, se tiene conocimiento por parte de los franciscanos
de Rioverde de “yndios Barbaros Chichimecos” del “serro gordo”
desde 1607, pues ante el “secretario y Testigos, y empressensia
de algunas personas españolas, y de muchos indios chichimecos
Gentiles nombrados Carriones entre los quales auia algunos
combertidos à nuestra Santa feê Catholica, y otras naciones
de dichos yndios que todos estauan Juntos y Congregados”
celebraron misa con los dichos indios el día 15 de agosto de 1617,
de los cuales a algunos visitó, cristianizó y casó en 1607. La misa
fue celebrada en una chosa que tenian por iglesia y en dicho lugar
habían llamado a la misión “San christoval del Rio Blanco”,
pero había quedado pendiente poner a un religioso encargado
de dicha conversión, a lo cual se elegiría al Padre fray Pablo de
Betancur para tomar posesión del puesto y delimitar su ubicación
geográfica a:
[…]doze leguas el Rio abaxo, …; y quatro leguas que es lo
que puede auer asta la mitad del camino de las ocho que ay
asta el puesto y ojo de Agua de San Lazaro caminando assia
Mateguala y Valle penosso y de todas las Rancherias que en
dicha Jurisdicsion estubieren y en delante se poblaren[…].18

fundidad. En Rodríguez Cázarez, Janambres: mitote fronterizo, cohesión étnica y zonas imprecisas en la América Septentrional Oriental, siglos XVII-XVIII
[Tesis de maestría].
18
Velázquez, Colección de documentos para la historia de San Luis Potosí,
t. IV, 41–43.
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�Diana Gutiérrez

Es interesante notar que hace alusión de españoles durante el
contacto entre indios y franciscanos de Rioverde, así como la
mención general de “otras naciones” siendo solo reconocidos a los
indios carriones quienes habían convertido con anterioridad.19 En
este mismo rubro se debe resaltar que no es un espacio dominado
por una nación, sino que es un espacio donde convergen diferentes
naciones y esto no sería una característica temporal, pues en los
mismos registros de los franciscanos de Charcas se puede apreciar
la movilidad de indios guachichiles, borrados, negritos y boçalos.
En relación a ello, se tienen algunas propuestas de mapas para
dimensionar de manera visual las territorialidades indias o espacios
de movilidad, pero no consideran algunos espacios o ahondan en
matizar las relaciones entre naciones. Aunque la complejidad de
determinar el espacio de dominio de una nación es alta, pues al
menos en el caso situado al norte de la estancia de San Juan de La
Punta en la jurisdicción administrativa de San Luis Potosí y el sur
de la Villa de Cadereyta en la jurisdicción administrativa del Nuevo
Reino de León se puede considerar tierra de frontera, pues no se
tendría un control del territorio. No obstante, la participación de
Lucas Martínez Sánchez señala que el hacendado Miguel de Escoriguela
había puesto trabas para el establecimiento de doctrinas años antes de 1648,
esto podría responder a dos causas, la primera que fuera uno de los “españoles”
que mencionan los franciscanos de Rioverde y, la segunda, a la falta de registros de dichos indios, pues se sabe que interactuaban con otras naciones o
parcialidades, así como con la misma hacienda de Matehuala, en Martínez
Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo del convento
de Charcas, 1586-1663, 285.
19

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�De guachiles a boçalos

Miguel de Escoriguela, dueño de la hacienda de Matehuala, y Juan
Francisco de Escobedo, mayordomo de la misma hacienda, serían
capaces de tener apoyo por ambas jurisdicciones para obtener
cargos para pacificar y mercedes para poblar, esto respondiendo a
sus intereses personales y ante su capacidad de relacionarse con los
indios del territorio aledaño.
Mapa 3. Áreas de tránsito de los indios del sur de la Sierra Madre
Oriental y la Sierra de Tamaulipas: siglos XVII-XVIII

Fuente: Ana Gabriela Arreola Meneses. Poblamiento y conformación espacial del sur del Nuevo Reino de León: los valles ganaderos del Río Blanco y
San Antonio de los Llanos, siglos XVII-XVIII. México: Universidad Nacional
Autónoma de México, 2014. [Tesis de licenciatura].
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�Diana Gutiérrez

Aunque Arreola Meneses hace un loable trabajo abordando el poblamiento en el Valle del Río Blanco y San Antonio de los Llanos complementándolo con un mapa sobre el tránsito de algunas naciones
indias en el territorio de estudio, pero deja a un lado la complejidad
de dimensionar a los indios en un territorio y lo muestra como un
espacio estático o genérico. En otras palabras, es impreciso delimitar
la ocupación india dentro del área cuando los registros parroquiales
muestran la presencia de indios guachichiles, negritos, borrados y
boçalos en varios lugares desde el siglo XVII y el mapa de Arreola
Meneses no considera la movilidad o capacidad de permanencia de
diversas naciones en los mismos lugares proporcionando un análisis
parcial, ejemplo de ello es que se mencionan guachichiles, negritos y
borrados en Matehuala; negritos y boçalos en Río Blanco; borrados,
negritos y boçalos en San Pablo valle de Pablillo.20
Siendo así que el rango de “tránsito” o movilidad de los
indios sería complicado de representar en una larga duración, a
menos de elegir un rango de años y matizar la presencia india
considerando la documentación disponible. Por ello, debe entenderse que los indios podrían mantener su territorio, comprender
el funcionamiento de las instituciones de poblamiento hispanas y
sus prácticas culturales para dar pie a las transferencias culturales
al hacer uso de su adaptabilidad y coexistir con la nueva estructura política-social mediante su reinvención.
Véase Martínez Sánchez, 97–142. Es una transcripción de algunos registros del libro bautismal de Charcas desde agosto de 1648 hasta julio de 1659.
Family Search; Libro de Bautismos; desde la imagen 130 en adelante.
20

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�De guachiles a boçalos

Mapa 4. Nuevo Reino de León, 1652-1752

Mapa tomado de Nelson Jofrak Rodríguez Cázarez. “Mitote”. Revista
Septentrión, 2022. [En Prensa]. Elaboración: Ana Gabriela Arreola
Meneses. Al mapa propuesto por Rodríguez Cázarez le sobrepuse el rango de
la movilidad de los indios y sus respectivas territorialidades partiendo de los
registros bautismales de Charcas.

Una pregunta que traería el dimensionar la población india es
en cuanto a la disponibilidad de recursos naturales, los cuales
se tienen breves menciones de la necesidad de alimentarse de
“tuna y caza en diversos parajes”21 en el caso de los indios
21

Martínez Sánchez, 289.

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�Diana Gutiérrez

establecidos en el río Blanco y sus cercanías. Aunado a ello, se
complementa la información documental con investigaciones
de arqueólogos y biólogos, quienes han identificado algunos
restos vegetales locales en el área del Morro Orgánico,
siendo posible saber cuáles plantas utilizaban y el para qué se
empleaban, tal fue el caso de consumo alimenticio, alucinógeno
o medicinal.
Dentro de los mismos hallazgos se encuentra con
evidencia del cultivo del maíz, frijol y calabaza en tiempos
prehispánicos, aunque no se pueda definir cuál grupo era el que
practicaba una agricultura insipiente en la zona, la cuestión es
que uno o algunos grupos que habitaban la región próxima del
río Blanco realizaban dicha práctica. Se conoce que el río Blanco
es una corriente permanente, también que el cerro El Morro se
encuentra dentro de la provincia fisiográfica de la Sierra Madre
Oriental, siendo caracterizada por un clima árido templado con
lluvias durante la mayor parte del año. Dentro de la vegetación se
encontró con matorral submontano como la barreta, el guajillo, el
chaparro prieto, la lechuguilla, la anacahuita, la sangre de drago,
el granjeno, el coyotillo y algunos nopales. También se encontró
con pictografía rupestre elaboradas con colores negro y rojo.
Dentro de los hallazgos se encontraron:
[…]30 taxones, 21 son de importancia alimenticia, 2 tienen
propiedades alucinógenas, 3 son útiles para la para la
elaboración de cestería y envoltorios, 2 pudieron servir como
combustible para fogatas o fogones, 1 es maderable, 2 de uso
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�De guachiles a boçalos

medicinal u 2 pudieron ser utilizados como paja para dormir
sobre esta[…].22

Es así que, como se puede observar, se encuentra con gran variedad
de recursos naturales, los cuales pudieron ser administrados
o controlados por las diversas naciones para asegurar su
permanencia. También se debe aclarar que el estudio se centra en
registros vegetales, dejando a un lado la alimentación mediante la
caza, y resalta la alta probabilidad del desarrollo de la agricultura
como una actividad complementaria de alimentación.
Los indios boçalos del rio Blanco: naciones indias a
través de los registros parroquiales de los franciscanos
de Rioverde y Charcas.
Como ya se ha mencionado, las entradas misionales se sitúan
entre 1607 por parte de los franciscanos de Rioverde y 1622 por
los franciscanos de Charcas; en cuanto a las misiones de cada una
se menciona que fueron en 1617 por parte de Rioverde y en 1648
por parte de Charcas. Aunado a ello se deja de lado una variante,
la cual es mencionada en la visita del obispo Ruiz Colmenero y es
retomada de manera concisa en la crónica de Sánchez de Zamora:
la relación entre los indios negritos y los indios boçalos al ir a
trabajar por temporadas a la hacienda de Matehuala.23
Raúl Ernesto Narváez Elizondo et al., “Crónica del aprovechamiento de recursos bióticos por poblaciones indígenas serranas en el sur de Nuevo León”,
en Sociedad, cultura y medio ambiente en el norte de México (Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2019).
23
Velázquez, Colección de documentos para la historia de San Luis Potosí, t.
22

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Pese a ser temprana la participación de los misioneros
franciscanos de la Custodia de Rioverde solo se sabe que
interactuaron con “indios carriones” y otras naciones,24 no se
mencionan nombres en concreto de indios o hispanos presentes.
Es hasta la participación de los misioneros franciscanos del
Convento de Charcas que se tendría información de los indios
provenientes del río Blanco, en un principio serían dos simples
registros ya mencionados, y después se podría ahondar mediante
la visita de cuatro capitanes provenientes de dicho río Blanco y la
participación activa del obispo Juan Ruiz Colmenero, quien daría
seguimiento a las peticiones de los indios para ser bautizados y
contarían su versión sobre las interacciones con los misioneros
de Rioverde.
Es en la visita de Ruiz Colmenero, que se detalla
la interacción de los indios provenientes del río Blanco y
sus cercanías, al declarar el capitán Canoe y Zapina como
representantes de las rancherías, y de los capitanes Escoriguela y
Vocalo, que tenían un papel del custodio del Rioverde por fechas
de marzo prometiendo que volvería con ellos para construir una
iglesia y formar la doctrina deseada por ellos, así como llevarles
maíz, carne y ropa, este no lo había cumplido. Siendo así que
IV, 41–43; Family Search, Libro de Bautismos… imagen 130, f.125; Martínez
Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo del convento de
Charcas, 1586-1663, 279–91.
24
Por el momento solo se tiene esta versión a través del texto de Primo Feliciano Velázquez, no se descarta la investigación posterior en San Luis para
profundizar en la participación de los misioneros de Rioverde.
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�De guachiles a boçalos

optarían por acercarse con los de Matehuala o Charcas, pues
estaban próximos a ellos y mantenían comunicación con ambos
lugares, optaron por acercarse a los misioneros de Charcas para
ser bautizados y estar asentados en doctrina.25
Esto refleja dos aspectos de los indios provenientes del
río Blanco: la primera es su capacidad de elección entre dos
grupos misioneros, que, a pesar de ser ambos franciscanos,
reconocieron la distinción entre los dos bandos; y, la segunda,
es su alta capacidad para reconfigurar su discurso e implementar
sus conocimientos para negociar al situarse como vasallos, pero
manteniendo su autonomía,26 y ser integrados a la estructura de
la Monarquía Hispánica a través de un mecanismo como era el
bautismo para asegurarse de obtener alimento y vestimenta para
complementar sus actividades de recolección y caza, así como
tener garantías jurídicas para salvaguardar sus intereses.
El registro realizado en 1648 contenía 48 entradas, las
cuales coinciden con lo redactado en la visita del obispo Ruiz
Martínez Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo
del convento de Charcas, 1586-1663, 286.
26
Aunque se mencionara de su participación con otros indios y la probabilidad de trabajar por temporadas en haciendas, mantenían su autonomía plena
al elegir su duración de trabajo; a su vez se puede identificar su conocimiento
de las prácticas culturales hispanas al considerar como mejor opción el ir por
misioneros interesados en ir a su espacio que habitan y no adaptarse o moverse a otro lugar. De igual forma se debe considerar la postura del misionero
como un intermediario con la autoridad suficiente para integrarlos dentro de
la estructura de la Monarquía Hispánica, su accesibilidad para tratarlos y la
flexibilidad ante su comprensión de la doctrina.
25

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�Diana Gutiérrez

Colmenero, pero en la misma se brindan mayores detalles, tal
es el caso de especificar que existían tres personas bautizadas,
una de ellas hace poco y era hija de Canoe, siendo bautizada
en Matehuala; la segunda fue María, siendo bautizada en el
Venado cuando era niña; y la tercera persona era un indio
llamado Martín.27 Ruiz Colmenero menciona los matrimonios
de los capitanes Miguel de Escoriguela con su mujer María;
Lucas Vocalo con su mujer María; Diego Canoe con su mujer
Isabel y Martín con su mujer Inés, hija del capitán Canoe. Cabe
resaltar que en el libro bautismal aparecen los 48 registros,
pero no se encuentra el dicho Martín, solo se mencionan a los
siguientes:
Tanto en los registros como en la visita del obispo
Ruiz Colmenero aparecen en su mayoría los nombres ya
hispanizados, y son contados los casos donde se registran
el nombre previo al bautismo. Es decir, al menos en la
documentación rara vez se menciona el nombre previo o el
nombre con el cual se reconocen en su lengua y se procura
poner el nombre cristiano que se adopta mediante el bautismo.
La mayoría de los registros de bautismos son firmados por
fray Juan García, quien, según el estudio de Lucas Martínez
Sánchez, es quien se interesa por los indios y registra sus
nombres y/o el de sus padres en su lengua.
Martínez Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo
del convento de Charcas, 1586-1663, 289–90.
27

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�De guachiles a boçalos

adulta

1

Chichimeco
de Río
Blanco

Lucas vocalo

92 años sus padres son
(aprox.) indios gentiles

Juan
Francisco de
Escobedo

2

del Río
Blanco

Maria

100
años

mujer de dicho
Lucas Vocalo

Juan
Francisco de
Escobedo

3

del Río
Blanco

Bentura

6 años

hijo adoptivo de
Maria y Lucas
Vocalo

Juan
Francisco de
Escobedo

4

del Río
Blanco

Diego Canoe

60 años

5

idem

Isabel

50 años

mujer de Diego
Canoe, bautizó y
casó

(no lo
consignó)

6

idem

Luis

6 años

hijo de Isabel y
diego Canoe

Nicolás de
Herrera,
español

4 años

hijos del capitán
Diego Canoe e
Isable Asualico, su
mujer

Nicolás de
Herrera,
español

Françisco

4 años

hijos del capitan
Diego Canoe e
Isable Asualico, su
mujer

Nicolás de
Herrera,
español

Miguel de
Escoriguela

70 años

capitan,
chichimeco, hijo de
gentiles

7

8

9

idem

idem

Sebastián

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bocala de nacion,
hija de Canoe gentil

Padrino

Ines

Notas

Río Blanco

Edad

Lugar de
origen

*

Nombre

Registro

Tabla 1. Registros de los indios del río Blanco

Manuel
Gallardo de
Ochoa

J. ¿el
mismo?

130

�Notas

50 años

mujer del capitan
Miguel de
Escorihuela, hija de
gentiles

10

idem

María de
Escoriguela

11

idem

Lorenso

1 año

hijo de Maria
y Miguel de
Escorihuela

12

idem

Nicolás

5 años

hijo de Maria
y Miguel de
Escorihuela

13

del Río
Blanco

Gabriel
Zapina

40 años

capitán, hijo de
gentiles, [negrito de
nacion]

14

idem

Ana
Guamoaname

45 años

mujer del capitan
Gabriel Zapina, hija
de gentiles [negrito
de nacion]

15

idem

Joseph

5 años

chichimecos
negritos de nacion

16

del Río
Blanco

Diego

6 año

chichimecos
negritos de nacion

17

del Río
Blanco

María

1 año

hija de Magdalena
María chichimeca
negrita

18

idem

Luis

19

idem

Manuel

1 año

hijo de Lucas y
María

20

idem

Elena

7 años

hija de Yalamuchitic
gentil

21

idem

Ynes

3 años

hija de Yalamuchitic
gentil

Padrino

Edad

Nombre

Lugar de
origen

Registro

Diana Gutiérrez

(no lo
consignó)

Juan
Francisco de
Escobedo

hijo de Inansequina
gentil

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Pedro Lucas

131

�Edad

Notas

22

idem

Jeronimo

5 años

hijo de
Yalamuchitic gentil

23

idem

Bernardo

6 años

hija de Yalamuchitic
gentil

24

idem

Catalina

6 años

Juana

2 años

hija de
Nisiguachina

25
26

del Río
Blanco

Custodio

2 años

hijo de
Guispinuame y de
Apuena gentiles

27

idem

Raphael

3 años

hijo de Aiguaname
y de Malague
gentiles

28

idem

Juan

4 años

hijo de Macuiloqui
y de Ircigua gentiles

29

idem

Ambrosio

1 año

hijo de Mauname
y de Yacamulue
gentiles

30

idem

Agustin

3 años

hijo de
Nuguaname y de
nciguanuchicali
gentiles

31

idem

Marcos

2 años

hijo de Cuayuguili
y de Cuamocaoqui
gentiles

32

idem

Ygnaçio

6 años

Sebastián

6 años

hijo del dicho
Cuayuguili gentil

Matheo

1 año

hijo de Potuagui
y de Macigualic
gentiles

33
34

idem

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Padrino

Nombre

Lugar de
origen

Registro

De guachiles a boçalos

Juan
Francisco de
Escobedo

132

�35

idem

Magdalena

2 años

hija de gentiles

36

idem

Alonso

5 años

hijo de Quepina y
de Yque gentiles

37

idem

Ynes

4 años

hija de Quepina y
de Yque gentiles

38

idem

Maria ana

año y
medio

hija de Quepina
y de Yque
gentiles, todos
son chichimecos
negritos

39

del Río
Blanco

Baltazar

4 años

hijo de Quipinao
gentil

40

idem

Estevan

6 años

hijo de Vocagua y
de Sotochimana
gentiles

41

idem

Barbola

1 año

hija de
Yemanicarame y
de Machusuam
gentiles

42

idem

Françisco

año y
medio

hijo de Vocagua y
de Sotochimana
gentiles

43

idem

Elena

1 año

hija de Clonemua y
de Uychina

44

idem

Juana

8o9
años

hija de Juana y de
José cristianos

45

idem

Isabel

6 años
(aprox)

hija de Clapanigui
gentil

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Padrino

Notas

Edad

Nombre

Lugar de
origen

Registro

Diana Gutiérrez

Juan
Francisco de
Escobedo

José García

José García

133

�46

idem

Juana

Padrino

Notas

Edad

Nombre

Lugar de
origen

Registro

De guachiles a boçalos

hija de José y Ana

Juan Caporal

47

idem

Juan

1 año

hijo del dicho
Clapanigui

fue su
madrina Ana,
chichimecos
negritos,
habitantes
en el Río
Blanco

48

del Río
Blanco

Luçia

2 años

hija de gentiles

Juan
Francisco de
Escobedo

Elaboración propia a partir de Lucas Martínez Sánchez, siendo corroborada
la información del Libro de Charcas.

Indios boçalos: ¿autoidentificación o clasificación hispana?
A pesar de contar con registros que mencionan la coexistencia de
varias naciones o parcialidades en la región del río Blanco esto trae
consigo algunos debates desde el entendimiento por nación, así
como el origen o significado de su nombre con relación a los grupos
ya identificados por los hispanos. En primera instancia se suele
confundir el entendimiento de nación desde las mismas fuentes,
pues en ocasiones este concepto es utilizado de manera indistinta,
así como el uso de historiadores por intentar identificar a un grupo
nativo. El identificarse como tal grupo o legitimarse a través de otros
grupos para salvaguardar sus intereses hasta ser clasificados por los
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134
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�Diana Gutiérrez

hispanos por su apariencia física, lengua, costumbres o apelativo de
algún capitán puede generar confusión cuando la historiografía es
escasa,28 tal es el caso de los indios boçalos.
Por otro lado, al considerar el significado de identificarlos
como “boçalos” o sus variables, pues partiendo del Diccionario de
Autoridades se puede entender por “bozal” a “El inculto, y que está
por desbastar y pulir”29 o hacer alusión por tener nociones básicas
de una materia, en este caso sobre la fe o prácticas hispanas.30
Partiendo de la carta del padre Ruiz Colmenero se menciona que
Véase a Chantal Cramaussel, “De cómo los españoles clasificaban a los
indios. Naciones y encomiendas en la Nueva Vizcaya Central”, en Nómadas
y sedentarios en el norte de México. Homenaje a Beatriz Braniff, ed. Marie-Areti Hers et al. (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto de Investigaciones Antropológicas; Instituto de Investigaciones
Históricas; Instituto de Investigaciones Estéticas, 2000).
29
BOZAL. adj. de una term. El inculto, y que está por desbastar y pulir. Es
epithéto que ordinariamente se dá à los Negros, en especiál quando están recien venidos de sus tierras: y se aplíca tambien à los rústicos. Es lo contrário
de Ladíno. Lat. Rusticanus. Agrestis. RECOP. DE IND. lib. 9. tit. 26. l. 18.
No puedan passar à ninguna parte de las Indias ningunos Negros ... salvo los
bozáles recien trahidos de sus tierras. ALFAR. fol. 390. Para los Négros de
Guinéa bozáles y bárbaros, llevan cuentecitas, dixes y cascabéles. Consultado
en el Diccionario de Autoridades, Tomo I, (1726), disponible en línea: https://
apps2.rae.es/DA.html.
30
BOZAL. Tambien se toma por nuevo y principiante en alguna facultad ò
arte: y assimismo por el que apénas tiene conocimiento práctico, y experiéncia
en alguna matéria ò negociado. Lat. Rudis. Tyro, onis. GUEV. Epist. al Conde
de Buendia, pl. 144. Guardaos señor Conde de encomendar vuestras tierras à
bachilleres bozáles, que vienen de Salamanca. ALFAR. fol. 84. Que como en
claro espéjo me representa lo passado, presente y venidéro, hasta oy havía sido
bozál: quadrame bien el nombre. Consultado en el Diccionario de Autoridades,
Tomo I, (1726), disponible en línea: https://apps2.rae.es/DA.html.
28

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los indios provenientes del “Rio blanco” habían tenido contacto
con los misioneros de Rioverde,31 siendo así que a pesar de tener
conocimiento de la fe católica podían ser considerados como
incultos a quienes se les debe adoctrinar y no dejar sin cuidado,
pues eran nuevos fieles de la iglesia y conocían que los misioneros
eran los encargados de brindar los sacramentos.
Aunado a ello, otra interpretación valida es propuesta por
Salvador Álvarez, quien aborda el tema de “Indios bozales, indios
de encomienda, indios de repartimiento e indios de pueblo”,32 en
el cual hace alusión a los indios bozales como un estado desde
la perspectiva eclesiástica donde muestran una disposición a
ser adoctrinados. Siguiendo ambas ideas a partir del significado
o calificativo a algunos indios llamados “chichimecas” 33 o
“gentiles” que habían sido forzados u orillados a acceder a
reproducir las prácticas hispanas.
Como ya se ha mencionado, las palabras empleadas en
un principio son “chichimeco vosales o bocales”, “chichimeco
Martínez Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo
del convento de Charcas, 1586-1663, 279–91.
32
Salvador Álvarez, El indio y la sociedad colonial norteña. Siglos XVIXVIII (Durango: Instituto de Investigaciones Historicas de la Universidad
Juárez del Estado de Durango; El Colegio de Michoacán, 2009), 253–58.
33
El término “chichimecos”, empleado en los registros bautismales consultados, podría referir a dos opciones: la primera ser un uso genérico o sinónimo
de indio, y la segunda puede referirse a indios llamados chichimecas. Aunque
el contexto sugiere su uso genérico ante la incapacidad del hispano por identificarlo dentro de alguna nación india o ignorar como se identificaban por su
calidad de indio.
31

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negrito” y “chichimeco borrado”; en cuanto a los indios de río
Blanco, en 1648, se mencionan los nombres de los capitanes,
pero no se les identifica con un nombre, tampoco en los registros
de bautismo dejan dicho que sean boçalos, solo se identifican
a algunos indios como negritos, en su mayoría hacen alusión a
su calificativo de “gentiles”. Más adelante volverían a registrar
a algunos indios provenientes o habitantes del río Blanco (de
misiones o pueblos de indios establecidos cerca del dicho río para
1654), de los cuales serían negritos, borrados o boçalos. Aquí es
posible proponer que el nombre de indios “boçalos” responda
a dos cuestiones: la primera es el significado de “bozalo” al
considerar que se tiene un conocimiento previo de la praxis
hispana y estas son demostradas a través de las transferencias
culturales; la segunda es que los hispanos los distinguieran o los
clasificaran por el nombre de “Lucas vocalo”, el capitán de la
ranchería asentada en río Blanco.
Cabría mencionar que una razón de identificarlos como
boçalos o bozalos podría ser un contraste con los otros grupos
existentes en la región o que respondieran a eventos externos que
los motivara a replantearse su poder político-bélico para defender
o permanecer en su territorio ante la avanzada hispana y la bravura
de otras naciones que habitaban en la Sierra Madre. Esto se podría
observar en años posteriores con la fundación de la jurisdicción
del Valle del Río Blanco,34 con la confederación janambre de
34

Al hablar del Valle del Río Blanco se hace referencia a su carácter políti-

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�De guachiles a boçalos

1673-1674, en dicho conflicto Fernando Sánchez de Zamora da su
testimonio de cómo los indios boçalos asentados prefieren huir a la
sierra en lugar de defender el pueblo ante el temor provocado por
los janambres, así como la justificación que tiene el mismo Sánchez
de Zamora por un indio “de nación bocalo” empleado como
embajador para pactar ante la disolución de la liga confederada,
quien se unió a los “alzados” por estar emparentado con una india
borrada.35 Es así que se puede observar dos posturas, la primera es
el temor ante el conocimiento de la capacidad bélica de los indios
confederados, así como la posible posición neutral de no apoyar a
ningún bando y conocer los márgenes de acción y negociación en
caso de ganar uno u otro bando; también se debe reconocer el grado
de cercanía individual con los indios confederados, siendo el caso de
pertenecer de manera directa o indirecta a una nación y el grado de
lealtad hacia el mismo. Por otro lado, existe un caso documentado
en Matehuala sobre un interrogatorio a dos indios borrados sobre
los ataques de indios que estaban sufriendo en 1722, a lo cual
responde que deseando regresar a una hacienda se toparon con un
grupo de “Yndios Xanambres” y describen que el capitán iba a
caballo y su medio de comunicación era a través de un indio y, a su
vez, el idioma utilizado fue el “Castilla”, durante el interrogatorio
se refirieron a los indios janambres como “Yndios barbaros” e
co-administrativo, ya como una territorialidad hispana controlada.
35
León, Chapa, y Sánchez de Zamora, Historia de Nuevo León con noticias
de Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México, 242–43.
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“Yndios Bozales”,36 siendo así que responda al conocimiento de los
indios del esquema y estructura de la Monarquía Hispánica sin ser
integrados a la misma, pues no eran bautizados ni estaban dentro
de alguna institución de poblamiento pero practicaban el montar
a caballo, conocían el idioma castellano y elaboraban estrategias
para asaltos a las poblaciones según la información recolectada.
Conclusiones
Un problema para poder dimensionar a los indios boçalos es
la falta de historiografía especializada sobre ellos, así como de
sus parientes, los negritos de Matehuala. La documentación no
es abundante, pero es significativa al encontrar menciones de
algunos indios y las distinciones en las mismas descripciones, es
decir, leer lo no dicho dentro del documento. Otra dificultad es la
comprensión para matizar la presencia de los indios en el noreste,
pues son pocos los trabajos que ahondan en ello y no solo aluden
a su presencia de manera genérica.
Por ello, mi propuesta es interpretar a los indios boçalos
como una reinvención guachichil, esto responde a dos cuestiones:
la primera es que no se encuentran registros previos por parte de la
entrada misional de Rioverde ni por los habitantes de Matehuala,
quienes posiblemente entraron en contacto con las naciones o
parcialidades existentes al norte de dicha hacienda. Siguiendo esta
idea, las propuestas anteriores a la ocupación hispana sugieren la
Archivo Histórico del Estado de San Luis, Lic. Antonio Rocha. Fondo Alcaldía
Mayor de Charcas, caja 62, Causa Civil, A-43, Legajo 1722, Expediente 10.
36

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existencia de grupos predominantes al norte; en segundo lugar,
una respuesta plausible es que se vieran obligados a desplazarse
al septentrión y, con ello, sufrieron de una reorganización.37
Es así que la propuesta recae en la frecuencia de la
presencia guachichil en el área junto al contacto inherente
de posibles grupos locales que traería consigo una mezcla
heterogénea a la par de una reconfiguración de ambos grupos,
de los cuales algunos siguieron llamándose como guachichiles y
otros optarían por reinventarse, siendo posible que se identificaran
a sí mismos con un nombre o fueran identificados por sus
capitanes; y en segundo lugar, siguiendo esto último, el nombre
puede responder desde la perspectiva hispana a una ranchería que
tomara el nombre de uno de sus capitanes para identificarlos, tal
podría ser el caso del capitán Lucas Vocalo. En cuanto al termino
vocalo, bocalo, vozales o bozales puede ser un rasgo genérico
de la escritura propia de la época donde existen variaciones, por
ello me inclino a llamarlos “boçalos” con “ç” de cedilla por tener
mayor probabilidad de ser utilizada según su fonética.
Referencias
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37

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�Huir o encomendarse: el decaimiento de la
población nativa del Piedemonte Llanero del
Nuevo Reino de Granda (1537-1639)
Escape or Entrust: the decline of the native population
of the Piedemonte Llanero of Nuevo Reino de Granada
(1537-1639)
Juan Nicolás Villamizar Hernández
Universidad de Sevilla
Sevilla, España
orcid.org/0000-0002-9283-4832

Resumen: El propósito central de este artículo académico es analizar
desde la disciplina histórica los resultados del sistema de encomienda
indígena en la provincia de San Juan de los Llanos, ubicada al oriente
del territorio del Nuevo Reino de Granada (actual Colombia) en tiempos
de la ocupación hispánica. Para ello se estudió el registro documental
del Archivo General de Indias de Sevilla (España), desde el año de
1581 hasta 1639, haciendo énfasis en primera medida en la realidad
política y económica de la provincia como lugar concreto, para luego
entender las dinámicas de sometimiento que dieron como resultado la
desarticulación y el decaimiento de la población indígena.
Palabras clave: Antonio de Olalla y Herrera, Encomienda, frontera,
indígenas, Llanos, San Juan de los Llanos.
Abstract: The main purpose of this paper is to analyze from the
historical discipline the results of the indigenous encomienda system
in the province of San Juan de los Llanos, located to the east of the
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�Huir o encomendarse

territory of the New Kingdom of Granada (present-day Colombia) at
the time of the Hispanic occupation. In order to do so, we studied the
record of the General Archive of the Indies of Seville, Spain from the
year 1581 to 1639, primarily emphasizing the political and economic
reality of the province as an specific place, to then understand the
dynamics of submission that resulted in the disarticulation and decline
of the indigenous population.
Keywords: Antonio de Olalla y Herrera, Encomienda, frontier,
indigenous, Llanos, San Juan de los Llanos.

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Introducción
Por tradición, y sobre todo por falta de investigación, a los pueblos
indígenas que habitaron el piedemonte del actual departamento
del Meta, en Colombia, se les ha denominado de manera general
con el rótulo de “guayupes”. Sin embargo, es probable que la
tradicional área de su dominio, desde el río Humea hasta el
Guayabero, en realidad haya sido el escenario de confluencia de
múltiples pueblos con afinidades culturales. En los documentos
de archivo también se citan otros pueblos del territorio, como
los Operiguas, Saes, Suranejos, Anozas, Yamotoas, Catamaes y
Amayaguas.
El primer reporte documental sobre estos pueblos lo
hicieron Jorge de Espira y Nicolás de Federmann, quienes
los enfrentaron en la tercera década del siglo XVI. Para
finales del mismo siglo, los guayupes desaparecieron de
todo reporte. 1 ¿Cuáles fueron las causas de su desaparición?
Para indagar al respecto es necesario estudiar las
fundaciones hispánicas sobre el territorio de confluencia.
La más importante de ellas es San Juan de los Llanos, la
cual floreció a mediados del XVI como primera ciudad de
frontera en los Llanos Orientales.

Luis Gerardo Franco, “Contexto y pre-texto de la arqueología en los
Llanos Orientales de Colombia”, Boletín de Antropología 32, núm. 54
(2017): 282.
1

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San Juan de los Llanos: la primera ciudad de frontera
en los Llanos coloniales
Algunos señalan a 1554 como el año de fundación de San Juan
de los Llanos.2 También se suele decir que fue en 1555,3
o que fue incluso en el 1537, año en el que Espira fundaría
Nuestra Señora de Asunción. Esta última fecha, en mi opinión,
se establece con la intención de defender la mayor antigüedad
del pueblo llanero frente a la capital, Bogotá. Sobre la fecha de
1555, se sabe que este fue el año en el que Juan de Avellanera
partió desde el altiplano a buscar un asentamiento en los Llanos;
no obstante, fue hasta el período siguiente que se autorizó la
fundación.4 Lo cierto es que existe una fecha documentada
en el “Apuntamiento de los yndios de San Juan de los Llanos,
1556”,5 año en el que Avellaneda llega al territorio para hacer
Mariano Useche Losada, El proceso colonial en el alto Orinoco-río Negro,
siglos XVI a XVIII (Bogotá: Fundación de investigación arqueológica nacional; Banco de la República, 1987), 26. En el texto de Useche Losada aparece
la fecha 1544 como fecha de fundación de San Juan de los Llanos. Esto es muy
probablemente un error en la digitalización del libro, y la fecha que el autor
quería apuntar era la de 1554.
3
Jane M. Rausch, De pueblo de frontera a ciudad capital. La historia de
Villavicencio, Colombia, desde 1842 (Bogotá: Banco de la República; Universidad de los Llanos, 2011), 4.
4
Jane M. Rausch, Una frontera de la sabana tropical. Los Llanos de Colombia, 1531-1581 (Bogotá: University of New Mexico Press; Banco de la
República, 1994), 62.
5
Archivo General de la Nación, Colombia (AGN, Colombia en adelante)
Caciques e Indios 59, ff. 399r- 441v. En el folio 396r. Interpretado en Hermes
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de los
Llanos (Bogotá: Ediciones Uniandes, 2010), 81–144.
2

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las reparticiones y comenzar actividades coloniales en el lugar.
También, encontramos en las Recopilaciones de Pedro de
Aguado, un misionero franciscano de la época, una cita de la
fecha exacta de la fundación de la ciudad: el 24 de junio de
1556,6 fecha que coincide con la víspera de San Juan Bautista
y que le daría sentido al nombre de la misma. Es así que la fecha
de 1556 será la que defenderemos debido a la fidelidad de los
documentos que la respaldan.
Juan de Avellaneda Temiño, nacido en Quintanapalla,
España (cerca a Burgos), fue un conocedor de primera línea de
las rutas del Llano, pues tuvo la oportunidad de andar con tres
grandes exploradores de esta región en sus expediciones antes
de aventurarse a la fundación de San Juan. Estuvo explorando
el Uriaporia con Alonso de Herrera, luego se unió a Jerónimo
Ortal para adentrarse en las tierras de Cubagua y al final, se
unió a Federman en su ascenso al altiplano andino.7 En estas
expediciones tuvo acercamientos con pobladores nativos, lo que
le serviría posteriormente para entablar negociaciones y ocupar
sus territorios.
En la opinión del historiador Hermes Tovar, Juan de
Avellaneda sabía desde antes de fundar San Juan de los Llanos,
que el potencial aurífero de la región era pobre, y que debía
orientar la actividad económica hacia el sector agrícola basado en
Pedro de Aguado, Recopilación historia escrita en el siglo XVI (Bogotá:
Imprenta Nacional, 1906), 247.
7
Aguado, 416.
6

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la encomienda.8 Algo muy similar a lo que pasó en el territorio
de Santafé y Tunja, regiones agrícolas carentes de riqueza
minera. Discrepo de esta opinión ya que, en los documentos del
Archivo General de Indias sobre confirmaciones de encomiendas
e informes de los cabildos seculares de San Juan de los Llanos,
se citan siempre sus minas de oro y se resalta la riqueza aurífera
del territorio.
Coincido con la opinión de autores como el antropólogo
Luis Gerardo Franco y Julio Arias Vanegas, quienes defienden la
idea de que la fundación de San Juan de los Llanos obedeció, en
principio, a intereses económicos mineros. Vanegas escribe:
En la región los recursos mineros no alcanzaron las dimensiones
de Antioquia o el Chocó –aunque se contó con yacimientos de
oro en el río Ariari, que incidieron en la fundación de San Juan
de los Llanos (De la Pedraja, 1984)- y la riqueza de la cultura
material de los pueblos prehispánicos no tenían el valor que
esperaban los españoles comparado con las del altiplano y otras
regiones.9

También escribe Franco en consonancia con lo anterior:
No obstante, nuevas incursiones a los Llanos siguieron
realizándose a partir de la posibilidad de sacar provechos de
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 14.
9
Julio Arias Vanegas, “En los márgenes de la Nación: ‘indios errantes’,
colonización y colonialismo en los Llanos Orientales de Colombia, segunda
mitad del siglo XIX”, en Sociedades en movimiento: los pueblos indígenas en
América Latina en el siglo XIX (Tandil: Instituto de Estudios Histórico-Sociales; Facultad de Ciencias Humanas; Universidad Nacional del Centro de la
Provincia de Buenos Aires, 2007), 13–14.
8

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sus recursos (Ruiz, 1992); es el caso de las minas de oro del río
Ariari y de los suelos fértiles de las zonas a las cuales se debe la
elección del lugar para la fundación de San Juan de los Llanos
por Juan de Avellaneda en 1555.10

Juan Rodríguez Freile, en el catálogo de provincias y ciudades
de su obra ‘El carnero’, señala que gracias a las minas de oro que
se explotaban en San Juan de los Llanos, se logró sostener este
asentamiento desde su fundación hasta la fecha en que se hizo el
relato en 1638.11 También se indica en este texto, que la ciudad
fronteriza fue un puerto de paso para las expediciones que iban
en busca del Dorado.
No eran completamente erradas las leyendas sobre este
mítico lugar si se tiene en cuenta que la etnia guayupe, que
poblaba el área del Alto Ariari, zona que llamaban los nativos
Marbechare,12, tenía bajo sus suelos de dominio, puntas de oro.
Estas, mal o bien, fueron explotadas hasta mediados del siglo
XVII por los españoles, tiempo a partir del cual, San Juan de
los Llanos entra en un proceso de decadencia sin reversa. Se
hace evidente en los documentos del siglo XVII, que el oro, aun
siendo un motor principal de la economía sanjuanera, no producía
una riqueza suficiente como para enriquecer a sus pobladores
Franco, “Contexto y pre-texto de la arqueología en los Llanos Orientales
de Colombia”, 281.
11
Juan Rodríguez Freyle, Pedro Simón, y Pedro de Aguado, El gran mito del
Dorado, ed. Jorge Orlando Melo (Bogotá: Planeta, 1989), 345.
12
Ana Joaquina Méndez, “Reseña histórica de San Juan de Arama”, consultado el 4 de noviembre de 2018, https://es.calameo.com/read/0013293253b53b526ea4f.
10

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hispanos como estos hubiesen querido. Aun así, fue la esperanza
de encontrar grandes yacimientos del mineral, lo que motivaría
la fundación del poblado y su prolongación en el tiempo. El río
grande de esta colonia pionera, el Ariari, se traduce en lengua
Guayupe, según se dice en el argot popular, como oro-oro.13
Uno de los hechos que se señalan sobre esta fundación, es la
precaución con las que llegó Avellaneda al territorio guayupe de San
Juan de los Llanos. Estos indios, a quienes se les habían destruido
sus pueblos y se les había hecho esclavos en medio de las incursiones
al Meta, permanecían hostiles ante la presencia española. Gracias
a Juan Gutiérrez de Aguilón, un encomendero de una zona aledaña
al territorio guayupe, quien entendía medianamente la lengua de
este pueblo,14 Avellaneda hizo amistad con el cacique Marizagua,
a quien encargó llevar recado a los señores guayupes Yayay, Quere
y Camazagua: expresándoles que él y sus huestes venían en son
de paz y querían entrar e instalarse en el territorio, razón que fue
bien recibida y concedido el permiso. Probablemente, los pueblos
ariarenses aceptaron la oferta pensando en la posibilidad de acordar
la paz con los españoles, quienes habían demostrado su capacidad
destructiva y con quienes resultaría muy conveniente perpetuar una
alianza.15
“Historia del municipio de Fuente de Oro-Meta”, consultado el 4 de
noviebre de 2018, http://www.fuentedeoro-meta.gov.co/municipio/nuestro-municipio.
14
Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, El gran mito del Dorado, 418–19.
15
Franco, “Contexto y pre-texto de la arqueología en los Llanos Orientales
de Colombia”, 281–82.
13

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En este contexto, parece ser que el primer contacto
que tuvo Avellaneda con el pueblo guayupe, fue en la aldea de
cacique Marizagua, en la cara oriente de la cordillera andina.
Tras un primer encuentro, Avellaneda y sus hombres vivieron
a un margen del río Ariari y los indígenas de Camazagua al
otro.16 Tras conocer y asegurar mejor el terreno, Avellaneda
manda a uno de sus hombres para que explore el río arriba de
su posición, y este encuentra oro de aluvión a una jornada de
distancia. De inmediato, el capitán español envía a Antonio de
Robles a Santafé con algunas peticiones y muestras de oro, en
contestación, se le es concedido el título de teniente y justicia
mayor de la provincia.17
Después del descubrimiento del oro que, por cierto, estaba
alojado en la madre del caudaloso río y era muy difícil de extraer,
las acciones de Avellaneda dieron cuenta de sus verdaderas
intenciones. Su entrada diplomática al territorio guayupe formaba
parte de un subterfugio, que buscaba hacerse con la mano de obra
indígena del lugar. Según las fuentes consultadas, 12.972 indios
fueron repartidos en 1556 entre veinticinco encomenderos,18
cuantía nada desestimable, que junto con las tierras fértiles y
las noticias de yacimientos auríferos, formaban un potencial
de riquezas que hacía de San Juan de los Llanos una población
prometedora y bastante aprovechable. Uno de los caciques que
16
17
18

Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, El gran mito del Dorado, 419.
Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, 424–25, 446–47.
Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, 39.

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participó del encuentro diplomático con Avellaneda, el cacique
Camazagua o Camaxagua, “se entregó en abril de 1556 con
sus gentes para formar parte de la encomienda de Pedro de San
Miguel”.19
No haría falta mucho tiempo para que el nuevo
conquistador acometiera contra la población recién repartida,20
sobreexplotándola en su favor e inaugurando con esto, el
teatro de desmanes que caracterizarían el modus vivendi de las
primeras fundaciones en los Llanos. En 1585, el capitán Pedro
Daza se encontraría con unos indios Guayupes arrochelados,
sobrevivientes de las gobernaciones y expediciones en los Llanos,
quienes según lo relatado provenían del río Guacubia o Guacabia,
territorio recién fundado contiguo a San Juan de los Llanos de
donde habían huido.21 En 1659, Antonio, el bautizado capitán de
los indígenas de Camaxagua, solicitó ayuda oficial para perseguir
al capitán Pedro Collado, vecino de San Juan de los Llanos, quien
incurría en delito de asesinato de indígenas.22 Las menciones
documentales nos acercan a la situación real del indígena que
formó parte de la provincia estudiada.
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 27.
20
Tovar Pinzón, 11.
21
Andrés Castro Roldán, “Santiago de las Atalayas: Una ciudad de la frontera en el Nuevo Reino de Granada, XVI-XVIII”, Frontera de la historia, núm.
12 (2007): 309.
22
Rausch, Una frontera de la sabana tropical. Los Llanos de Colombia,
1531-1581, 79.
19

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Cambiando de tema y para hablar de la ubicación de
tal provincia, debemos ser conscientes que, a falta de un acta
fundacional, es necesario hacer conjeturas a partir de la ubicación
de las provincias vecinas a San Juan de los Llanos o de los relatos
de los exploradores y conquistadores que recorrieron dichos
territorios. Esto, con el fin de establecer los límites virtuales de
la misma.
Antes de que San Martín de los Llanos fuera refundada a
orillas del caño Camoa, se conocía con el nombre de Medina de
la Torre. En 1585, sus límites eran el río grande de San Juan de
los Llanos al sur, el río Meta al norte, la cordillera de los Andes
al oeste y los Llanos adentro hasta el mar.23 El río grande de San
Juan de los Llanos hace referencia al río Ariari, primer punto de
referencia para establecer la zona limítrofe. El Valle de la Plata,
ciudad fundada tras la muerte de Gonzalo Jiménez de Quesada en
1579 por el capitán Alonso de Olalla y sus hijos, se ubicó entre
las líneas de cordillera que limitan con Timaná y Pasca, alrededor
de cien leguas de longitud, y a lado y lado del río Magdalena por
otras 100 leguas hasta los Llanos Orientales.24
Rausch, 309.
“…toda la tierra que hubiera en aguas vertientes sobre el Río Grande de
la Magdalena y sobre los llanos y aguas vertientes de una parte y de la otra,
con la cordillera que corre de esta sierra en que estamos, que comienza en el
pueblo de Pasca hacia la villa de la Plata y Timaná, cien leguas de longitud y
latitud de una parte a otra línea recta por la altura, con todas las provincias de
naturales y en esto entraren y descubrieren”. Según los límites descritos en el
documento de Patronato de Meritos de Alonso de Olalla e hijo de 1585, el
área del territorio del Valle de la Plata es de 250.000 kilómetros cuadrados.
23
24

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Las descripciones limítrofes de estos territorios son
desorbitantes, los 250.000 kilómetros cuadrados del área
aproximada del Valle de la Plata, y el límite oriental de San
Martín de los Llanos, que iba hasta el Océano Atlántico, no deben
ser entendidos como situaciones geográficas reales, sino como
descripciones potenciales de territorios a descubrir, tomando
como referencia y punta de lanza los pueblos fundados. Además,
desde una perspectiva menos optimista, también son muestra de la
falta de control y conocimiento existente en el siglo XVI sobre el
territorio virtual del Nuevo Reino de Granada. Es preciso tener en
cuenta que, hasta las exploraciones de Berrio, quien remontando
el Meta se adentra en el Orinoco y sale a su desembocadura en
el Atlántico, la noción real de la extensión de los Llanos no se
había vislumbrado. Antes de esta gran expedición, como de otras
por el Amazonas, América del Sur se concebía como insular y
estrecha.25
En los repartimientos de 1556 no se nombra el río Meta
como zona de encomiendas, en cambio, desde el Alto Ariari
hacia el sur, pasando por el río Guape hasta llegar al Guaviare
y abarcando gran parte de sus selvas hacia el sur, son las zonas
descritas con mayor concentración de indígenas repartidos. En
Recuperado en: “El Capitán Alonso de Herrera y Olalla (Agudo 1505-1580)”,
2014, http://38gradosnorte.blogspot.com/2014/11/el-capitan-alonso-de-herrera-y-olalla.html.
25
Useche Losada, El proceso colonial en el alto Orinoco-río Negro, siglos
XVI a XVIII, 38.
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una cita sobre los indígenas que más y mejor servían a la ciudad,
se nombran los del río Ariari.26 Sobre esta ribera estaría levantado
el pueblo de San Juan de los Llanos, también se plantea que es
desde allí de donde se pudo haber ejercido un control real sobre
los naturales.
Pedro de Aguado nos indica que, posterior a la primera
fundación de San Juan de los Llanos, la cual se hizo en las riberas
del Ariari, el pueblo se fue corriendo hasta las riberas del río Guape,
donde se asentó de manera estable.27 Según Aguado, el pueblo
se movió alrededor de quince kilómetros del Ariari al Guape. Es
decir; que el pueblo quedó ubicado, muy probablemente, en lo
que hoy es la frontera entre los municipios del Castillo y Lejanías,
Meta, en las riberas del Guape.
En un diario de Antonio de Berrio de aproximadamente
1583, se describe el nacimiento de uno de los ríos que hacen
parte de los límites de sus capitulaciones de la Guayana en el
Alto Orinoco:
En este tiempo procuré informarme del río Papamene, que es
los otros límites de mi gobernación por donde iba, y la más
cierta relación que tuve es que nace de las serranías de San
Juan de los Llanos que es en lo último del Nuevo Reino de
Granada.28
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 51.
27
Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, El gran mito del Dorado, 428.
28
Useche Losada, El proceso colonial en el alto Orinoco-río Negro, siglos
XVI a XVIII, 31.
26

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No estaba mal informado el sucesor de Quesada, pues el río
Papamene nace en la unión de la Serranía de la Macarena con la
Cordillera de Los Andes, en los límites del municipio de la Uribe,
en el actual departamento del Meta. La Serranía de la Macarena
es pues el límite sur de San Juan de los Llanos, siendo San Juan
también, para estas fechas, el último territorio al sur del Nuevo
Reino.
Así pues, la ciudad de San Juan de los Llanos estuvo
asentada en las riberas del río Guape, más específicamente en
la tierra llana de vega y no muy lejos del piedemonte.29 Era
también la zona del piedemonte del Alto Ariari parte del territorio
de la provincia, y bordeando este se extendía hacia el sur por el
territorio de la Serranía de la Macarena, teniendo el final de esta
como límite. Bajando con el Ariari, agregaba las vegas de lado
y lado del río hasta llegar a la desembocadura con el Guaviare.
Siguiendo la ruta del Guaviare abarcaba parte de sus sabanas al
norte y parte de sus selvas intermedias al sur, estrellándose con
los límites que imponía la selva amazónica. Sin adentrarse en
los afluentes del Meta al norte, San Juan de los Llanos limitaba
Así como lo muestra la ubicación de San Juan en el mapa de la imagen N°
4 y la cita de archivo “…por vuestra magestad el capitan Antonio de Olalla y
Herrera esta ciudad fundada en los confines de estos llanos, cerca de enemigos…” En la cita se diferencian claramente los accidentes geográficos de la
región, se identifica a la cierra, la cordillera y la llanura, por lo que podemos
deducir que la ciudad sí estaba ubicada en la tierra llana y no en las contigüidades de montaña. Archivo General de Indias, Sevilla (AGI en adelante). 1625,
Cabildos Seculares. Santa Fe,67,N.66.
29

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su territorio dentro de los afluentes del Guaviare. Tengamos en
cuenta que la ruta que siguió Federmann para llegar a Bogotá
fue la del Ariari hacia el Páramo de Sumapaz. Esta sería la
misma ruta que mantendría en comunicación; si a esos difíciles
desfiladeros se les puede llamar rutas, a la provincia llanera con
los pueblos andinos.
Mapa 1. Provincia de San Juan de los Llanos

Fuente: Elaboración propia.
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El gobernador Antonio de Olalla y Herrera
He decidido trabajar con 7 documentos de la época estudiada
sobre San Juan de los Llanos encontrados en el Archivo General
de Indias. Los 7 pertenecen al fondo de la Audiencia de Santa Fe;
2 son del subfondo de Encomiendas y 5 del de Cabildos Seculares.
La selección la hice de 9 documentos que cumplían con el requisito
temporal, de los cuales 2, teniendo en cuenta mis capacidades,
eran muy difíciles de interpretar. De los 7 documentos escogidos,
6 están inscritos en el periodo de tiempo en el cual Antonio de
Olalla y Herrera, hijo del conquistador Alonso Olalla y Herrera,
fue gobernador y capitán general de San Juan.
En el documento de 1619, Antonio de Olalla y Herrera
aparece nombrado solo con el título de gobernador de la
provincia de San Juan de los Llanos “…Antonio de Olalla
gobernador de aquella provincia…”,30 después, a partir de 1624
y hasta 1640, aparece también con los títulos de gobernador y
capitán general, no solo de San Juan, sino del Valle de la Plata
y de la ciudad del Espíritu del Caguan, “Antonio de Olalla y
Herrera gobernador y capitan general de las provincias de Valle
de la plata, ciudad Espiritu del Caguan [y] San Juan de los
Llanos por el Reyno…”.31 Estos dos pueblos fueron fundados
por Avellaneda años atrás, después de insistir largamente a
AGI. Expediente de confirmación de encomienda de San Juan de los Llanos a Martínez de Alfaro… (1619). Santa Fe, 171, N10, 1.
31
AGI. Carta del cabildo secular de San Juan de los Llanos dando cuenta del
estado de la tierra y la cantidad de indios hostiles… (1625). Santa Fe, 67, N.66, 3.
30

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la Audiencia de Santafé para que le fuesen dados las debidas
licencias. El capitán argumentaba, que en el territorio que los
indígenas llamaban de Sibundoy, se encontraba el ya afamado
Valle de la Plata;32 lugar que era un mito alterno al de la ciudad
de El Dorado.
Por los cargos que ostentó Olalla y Herrera hijo, nos
podemos dar cuenta de la importancia que alcanzó entre los
hombres del Nuevo Reino de Granada. Sobre sus méritos sabemos
que estuvo entre las tropas de Gonzalo Jiménez de Quesada,
donde tenía el cargo de alférez de infantería.33 A parte de ser hijo
de un conquistador, lo que le confería de por sí un nivel destacado
en la América colonial, también participó en la pacificación de los
indios Pijaos y los Carares, sobre la cual el mismo nos cuenta:
[…] e presentado mis servicios que hasta hoya quarenta y seis
años que sirbo a vuestra magestad y en la guerra de los pijaos
con cargo de maestre de campo general y en este gobierno
a mi costa y daños y vistome con 16 mil pesos de deuda y
gastado […].34

Por el mismo documento también nos enteramos del salario que
tenía el gobernador en 1626, los años que llevaba a cargo de
la gobernación, la fecha de la muerte de su padre y la edad del
Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, El gran mito del Dorado, 453–54.
Julián B. Ruiz Rivera, Encomienda y mita en Nueva Granada en el siglo
XVII (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1975), 260.
34
AGI. Carta de Antonio de Olalla y Herrera, gobernador de San Juan de los
Llanos en que expone que conviene que se tasen los tributos que deben pagar
los indios… (1625). Santa Fe, 67, N.66, 2. Nota: los lugares con raya al piso en
lugar de letras representan palabras que me fueron imposibles de interpretar.
32
33

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mismo. Todos estos datos son utilizados por él, como argumento
en favor de que se le conceda un aumento en su salario:
[…] suplique se me señale salario conforme a la capitulación
y conforme a los demás gobernadores en estas partes de
Indias y se me señalaron mil y dosentos ducados salario tenue
para los eriados de vuestra magestad […] sirviendo a vuestra
magestad 17 años a en este gobierno major grandes gastos sin
ninguna ayuda de costa y en los pijaos y carares donde gaste
mas de 40 mil pesos […] mi padre murió sirviendo a vuestra
magestad el año de 1590 uno de los primeros descubridores
deste reino […].35

Antonio de Olalla y Herrera asumió la posesión de su cargo
como gobernador en 1608, y todavía en la encomienda de
Francisco Velázquez de 1640 permanece en el cargo, “[…] en
testimonio de la nuestra ciudad, la encomendo en el Antonio
de Olalla y Herrera gobernador y capitan general de aquella
provincia […]”.36
San Juan de los Llanos vivió en un gobierno ausentista
durante 15 años, desde 1608 que fue nombrado Antonio de
Olalla y Herrara hasta febrero de 1624, cuando, como lo retrata
el escribano Gaspar Núñez García, llegó el gobernador a vivir
a la ciudad con su familia: “[…] ahora cuatro meses llego a
esta ciudad y gobernación con su casa mujer y familia con muy
AGI. Carta de Antonio de Olalla y Herrera, gobernador de San Juan de los
Lanos en que expone que conviene que se tasen los tributos que deben pagar
los indios… (1625). Santa Fe, 67, N.66, 2-4.
36
AGI. Expediente de confirmación de encomienda de San Juan de los Llanos a Francisco Velázquez… (1640). Santa Fe,167, N.27., 1.
35

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grandes costos en que ha gastado en mas de cuatro mil ducados
en erario de su persona […]”.37
Junto con su familia, el capitán Olalla y Herrera trajo
también algunos soldados y escolteros para recuperar y defender
la población, “[…] y soldados a su costa que al presente tiene en
casa […]”.38 A partir de su llegada, la condición de anarquía que
vivía San Juan de los Llanos menguó. Pero no fue cosa fácil, ya
que la provincia siempre se mantuvo en conflicto con las muchas
naciones indígenas enemigas de la región. Y es precisamente esta
condición de conflicto constante, sumado a la imposibilidad de
expandirse más allá de sus propias fronteras, lo que hace de San
Juan de los Llanos, la primera frontera inmóvil de los Llanos
Orientales.
Población y economía
Para 1625, la ciudad de San Juan tenía una fortaleza y una iglesia
en malas condiciones, algunos barracones para la escolta y casas
para sus treinta y cinco encomenderos, algunos doctrineros y
demás residentes.39 Solo vivía allí la población española, así que
AGI. Carta del cabildo secular de San Juan de los Llanos dando cuenta del
estado de la tierra y la cantidad de indios hostiles… (1625). Santa Fe, 67, N. 65., 5.
38
AGI. Carta del cabildo secular de San Juan de los Llanos dando cuenta del
estado de la tierra y la cantidad de indios hostiles… (1625). Santa Fe, 67, N.
65., 3.
39
De la fortaleza sabemos por “…de noche ni de dia se nos caian las armas
densima por la porta fortaleza desta ciudad…” AGI. (1625). Santa Fe, 67N.65.,
1. De la iglesia por “oro de q(ue)v(uest)ros quintos an sido abmentados y al
presente a benido en diminuçión en tanto grado q(ue) la iglesia del dicho pue37

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la ciudad no pudo haber sido muy grande. Si revisamos el número
de españoles que tenía a su cargo Juan de Avellaneda en 1556;
cuarenta y cinco según Pedro de Aguado,40 podemos entender el
panorama demográfico de una población que no progresó en lo
más mínimo en casi setenta años.
Contrastado con la demografía española, la indígena
llegaba los 12,972 individuos en 1556. Aunque hay que advertir
que esta cuenta fue poco rigurosa, y se basaba muchas veces
en meros avistamientos de grupos indígenas que terminaban
siendo solo fantasías. Tras la primera repartición, algunos de los
beneficiarios fueron a buscar sus indios y no encontraban nada
en el presunto lugar de residencia, se les habían repartido indios
fantasmas.41 A causa de estos inconvenientes, se acusó el proceso
de corrupción y se pidió un nuevo repartimiento.
Así las cuentas hayan sido exageradas, la población
indígena del lugar era abundante a la llegada de los españoles.
Muchas de estas comunidades se preferían ubicar a la ribera de
los ríos, el 70% según este primer censo en los Llanos; el otro
30% se asentaba en los valles.42
blo padeçe mucha nesçesidad de ornamentos y otras cosas nesçesarias para
çelebrar el culto divino” AGN (Bogotá) Caciques e Indios 59, ff. 399r- 441v.
En el folio 396r. En Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI,
t. V. Región de los Llanos, 201–2. Y de la escolta por “…y soldados a su costa
que al presente tiene en casa…” AGI. (1625). Santa Fe, 67 N.66., 4.
40
Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, El gran mito del Dorado, 247.
41
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 25–26.
42
Tovar Pinzón, 36.
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Tabla 1. Relación de casas repartidas y su porcentaje
Río
Casas repartidas
Porcentaje
Guaviare
Papamene
Ariari

690
330
290

27,6%
13,2%
11,6%

Suma parcial

1310

52,4%

Suma total de ríos

2499

100%43

Fuente: Tomado de las tablas de Hermes Tovar Pinzón en la obra citada
para este trabajo. Cuadro 2., pp. 35-36.

El 35% de la población indígena se ubicaba en estos tres ríos,
convirtiéndose en las arterias principales de la provincia y
dibujando los límites de la ocupación del territorio. Así, la
provincia de San Juan de los Llanos situaba sus límites en la
cuenta del río Guaviare. El Ariari y el Papamene eran dos de sus
principales afluentes, y extendiendo su frontera oriental hasta
80-90 leguas midiendo desde la bajando por el Ariari hasta el
Guaviare medio, como ya lo habíamos dicho atrás.
Dos tipos de economía se desarrollaron en el territorio,
la encomienda y la mita de minas. La primera se basó en la producción agropecuaria que, aunque muy próspera en cuanto a su
producción debido a sus suelos ricos de vega, fue muy pobre en
cambio a causa de la falta de conexión del territorio con otras
ciudades con las cuales comerciar. La encomienda en San Juan de
los Llanos no pareció desarrollar una industria de tejidos como sí
43

Tomado de las tablas de Tovar Pinzón, 35–36.

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lo hizo Santiago de las Atalayas, según lo afirma el padre jesuita
Juan de Rivero, sembrando el algodón y tejiéndolo en los telares
para luego venderlo en Tunja.44
Los pueblos guayupes también sembraron y transformaron
el algodón para su uso e intercambio, como bien lo señala el padre
Aguado: “[…] andan desnudos en carnes, no porque les faltara
algodón del que hiciesen vestido […] algunas veces se recogen el
cabello con unas anchas trenzaderas de algodón […] y su dormir
es en hamacas de algodón o de damajagua.”.45 En la misma nota,
el autor resalta la necesidad del mercado de algodón que tenían
los Muiscas para uso de sus abrigadas prendas, y tácitamente
supone un comercio entre regiones. A pesar de la destreza de los
pueblos guayupes en el uso y siembra del preciado producto, la
fundación hispana jamás sacó provecho de dicho mercado.
La encomienda entregaba la fuerza de trabajo del indio
al encomendero bajo las disposiciones y prohibiciones que
estipulara la ley. Con el paso del tiempo y según las conveniencias
y necesidades, la ley de encomiendas fue cambiando. Por ejemplo,
la ley I de 1509, inserta en la recopilación de las Leyes de India
en el título séptimo del libro sexto, así como la II de 1553 del
mismo libro, avalaban a los gobernadores, alcaldes mayores y
adelantados para que otorgaran encomiendas hasta por dos vidas.
Juan de Riversos, Historia de las misiones en Los Llanos del Casanare y
los ríos Orinoco y Meta (Bogotá: Imprenta de Silvestre y Compañía, 1883),
31, 53.
45
Rodríguez Freyle, Simón, y Aguado, El gran mito del Dorado, 439–40.
44

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Sin embargo, tras la promulgación de las Leyes Nuevas en 1542
se les quitó ese poder a los funcionarios, decisión que no duró
mucho, pues en 1545 ya se les había concedido de nuevo.46 En
estas decisiones legales se deja ver la fuerza que ejercían los
encomenderos sobre la administración del reino, pues se les
privilegiaba por encima del bienestar de la población nativa.
Algunas de las obligaciones de los encomenderos,
aparte del pago de la media anata y la limosna de aceite y vino
para los conventos, era la de velar por la doctrina de sus indios
encomendados, como se ordena desde la ley I de 1509 atrás citada.
También, en la ley XXXXIII de 1575 de la recopilación, se les da
la tarea a los encomenderos y sus vecinos de defender la tierra
de los enemigos. Estas últimas dos obligaciones, como lo afirma
Ruiz Rivera, se convirtieron en los argumentos más usados, tanto
para la petición como para la concesión de encomiendas:
[…] arma importante esgrimida en la concesión de las
encomiendas- la doctrina y enseñanza de los indios en la fe
católica y el cuidado de la iglesia y los ornamentos del culto
[…] La defensa militar -otro de los argumentos esgrimidos para
la justificación de la encomienda- tuvo un papel mucho más
interesante que la doctrina de los indios.47

San Juan de los Llanos no fue la excepción. En el expediente
de confirmación de encomienda de 1640, Francisco Velázquez
acude a este tipo de argumentos para que se le cedan un grupo
46
47

Ruiz Rivera, Encomienda y mita en Nueva Granada en el siglo XVII, 134.
Ruiz Rivera, 32.

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de indios, que tras trece años de la muerte del capitán Francisco
de Valdés habían quedado vacíos. Trae a colación el servicio de
su abuelo y de su padre, quienes han servido con sus espadas al
Rey, pacificando indígenas y dándoles la doctrina católica. Así
mismo, en confirmación, el Consejo le encarga la doctrina de los
encomendados y la defensa de la provincia:
[…] habiéndose dado por bacos la encomienda de indios
operiguas saes y sur anejos, en testimonio de la nuestra ciudad
[…] [Francisco de Velázquez pide se le conceda por los logros
de su abuelo] Francisco Velázquez sercuano del cámara que
fue en la Real audiencia de este este Reino cuyos servicios son
tan calificados como públicos y el nuestro Juan Velázquez [,
su padre] de mas de 40 años a esta parte los a continuado en
diversas ocaciones con sus armas y caballo en reducción de los
indios de las provincias del Pueblo de la sal y del rio de Yavia y
del Guaybare haciendo continuas entradas en ellos […] dichos
indios se redujeron al verdadero conocimiento de nuestra Santa
fe Católica y del dia de hoy están de buena […Parte de la
concesión:] ya los de esta encomienda todo buen tratamiento
amparándolos y defendiéndolos y dándoles doctrina suficiente
procurando como habéis de procurar su conversión en las cosas
de Nuestra Santa fe Catolica y con que para las ocasiones que
se oficien del real servicio estéis prevenido en la dicha ciudad
con casa poblada armas y caballo por ser frontera de indios
guerreros […].48

En el siglo XVII, el descenso de la población indígena alcanzó las
más bajas cifras, alcanzándose en el altiplano cundiboyacence,
AGI. Expediente de confirmación de encomienda de San Juan de los Llanos a Francisco Velázquez… (1640). Santa Fe, 167, N.27., pp. 1 – 4.
48

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una tasa de descenso del 50% en tan solo 20 años.49 Las leyes
sobre encomiendas actuaron al respecto ordenando que se juntaran
las encomiendas más pequeñas. En la ley XXIII del compendio
de 1618, se estipuló que las encomiendas en Bogotá deberían
ser de al menos 35 indios, cifra muy pequeña comparada con la
encomienda centenar del siglo XVI.
El descenso en la población indígena tuvo que haber
incidido en los modos de vida de San Juan de los Llanos. El
franciscano Pedro de Aguado, hace una fuerte crítica al modo de
vida y el sistema económico de los colonos españoles en San Juan
de los Llanos; dice que los españoles no se asientan en tierras
fértiles y sanas, sino donde encuentran indígenas y minas para
explotar. Dice también, que aparte de asesinar y sobrexplotar
indígenas, y buscar vetas del preciado mineral, los españoles no
hacen mucho más en estos territorios. Por lo tanto; no saben ni
labrar la tierra, tampoco invierten en ella y no están ligados a su
territorio, lo que ocasiona que el progreso sea inexistente y que
sus sociedades solo engendren vicios.50
A diferencia de las notas de Aguado sobre la administración
hispánica del territorio, el pueblo guayupe “[…] se trataba
de un grupo de agricultores sedentarios, con organización
social y política compleja, cuya economía de subsistencia era
especializada; desarrollando técnicas avanzadas de mejoramiento
Ruiz Rivera, Encomienda y mita en Nueva Granada en el siglo XVII, 135–
36, 150.
50
Aguado, Recopilación historia escrita en el siglo XVI, 472–73.
49

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de suelos para agricultura en los paisajes que lo requerían […]”.51
Aún hoy se puede encontrar evidencia de agricultura antrópica
prehispánica en el territorio del Ariari, como es el caso de los
bosques de cacay y caimarón silvestre.52
El poblador hispano al verse sin la suficiente mano de obra,
muy probablemente adoptó con el pasar de los años, los modos
y producción de la hacienda en detrimento de la encomienda. No
obstante, sin importar cual fuera el camino a seguir, la vocación
agropecuaria sería el sostén de la economía privada en la provincia.
La ganadería mayor sería uno de los modos de
subsistencia de la población sanjuanera, tal vez no a gran
escala, pero sí dentro del comercio local. Existen constancias
de vacadas llegadas a San Juan de los Llanos, desde Avellaneda
hasta de Olalla y Herrera. Se habla de algunas vacas, caballos
y yeguas con los que llegó Avellaneda al territorio llanero,53
también existe constancia del ganado mayor llevado por Olalla
en 1624 en su llegada a San Juan:
[…] mas de cincuenta cargas de bastimentos y peltrechos
necesarios o ganado y mulas, potros y bueyes de arada y
vuestros adherentes […] con la aspereza de los caminos y ríos
Manuel Adolfo Torres N. y Oscar Alfonso Pabon Monroy, eds., Nación
Guayupe. Entre grandeza y olvido. Recopilación de textos sobre una civilización desconocida (Villavicencio: Instituto Departamental de Cultura del
Meta, 2013), 16.
52
Para mayor información, el lector puede acudir al trabajo de Pablo Pérez de
2002 en la biblioteca del ICANH.
53
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 151.
51

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perecio mucha parte de los ganados mulas, caballos y bueyes
y mercado.54

A pesar de que las escarpadas cumbres de los Andes no permitían
un comercio próspero con la provincia de los llanos, la ganadería
en los Llanos Orientales fue prosperando durante el transcurso
del siglo XVI. Para finales de este siglo, cesó la importación de
ganado que se hacía desde Tocuyo, Venezuela, a las cabeceras
del Nuevo Reino de Granada.55 Este ganado europeo traído por
Avellaneda, Olalla y Herrera y demás vecinos de San Juan de los
Llanos; que se haría cimarrón con el paso del tiempo, sería muy
probablemente la semilla de lo que, con el tiempo y la adaptación,
se fue a convertir en la raza de ganado sanmartinera; raza propia
de la altillanura metense.
Las quejas por la falta de rutas comerciales se juntan con
las protestas por los altos impuestos, Antonio de Olalla y Herrera
documenta así la situación de la economía minera y agrícola en
San Juan:
[…] que en este gobierno el oro que se saca es poco que no
se sacan mil pesos cada año y aunque de frutos es abundante
se sacan fuera de esta jurisdicción a vender donde pagan el
alcabala … que corre en contratación para todo los reinos… 56
AGI. Carta del cabildo secular de San Juan de los Llanos en que dan cuenta
del estado de aquella ciudad y los indios que la rodean… (1625). Santa Fe,
67N.66., p, 4.
55
Rausch, Una frontera de la sabana tropical. Los Llanos de Colombia,
1531-1581, 68.
56
AGI. Carta de Antonio de Olalla y Herrera, gobernador de San Juan de los
Llanos en que expone que conviene que se tasen los tributos que deben pagar
54

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Una de los aspectos de la economía de San Juan, es que a pesar
de afirmarse que la provincia tiene vocación minera, el oro que
se saca es poco. Parece en ocasiones que el oro fuera una mera
excusa para hacer destacar la provincia y no dejar que la Corona
pierda su interés en ella, y lograr seguir sacando provecho de la
caja real. Aparte del oro por descubrir y del cual se tienen noticias,
también se habla en un documento de la existencia de indios ricos
en la región y de los intereses puestos en la búsqueda de la ciudad
de El Dorado; fantasma que parece perseguir a San Juan desde su
fundación.
[…] con la continuasion de soldados y capitanes que siempre
por mi horden an trajinado todos estos Llanos que an sido de
tanta importancia que con la continuación se abremido a saber
y tener noticia sierta de las provincias del Dorado […] me
despachase su Real cedula para ello las minas desta tierra es oro
muy solido de 20 y 29 quilates tiene hoy pocos que lo saquen
que no llegan a ochenta personas pretendo lleguen a dosientos
sacando puntas de oro de a sien pesos y sincuenta y de ai arriba
y no se a podido dar con las vetas de donde arrancan…57

Los anuncios de ricas y míticas tierras siguen siendo parte de la
estrategia retórica de los indígenas para alejar a los españoles de
sus tierras. Aun siendo así, el oro que daba San Juan de los Llanos
alcanzó para algunos de sus vecinos acumularan una considerable
fortuna; es el caso de Francisco Aguilar, quien ayudó a patrocinar
los indios… (1625). Santa Fe, 67, N.66, 2.
57
AGI. Carta de Antonio de Olalla y Herrera, gobernador de San Juan de los
Llanos en que expone que conviene que se tasen los tributos que deben pagar
los indios… (1625). Santa Fe, 67, N.66, 2-4.
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la expedición a El Dorado de Pérez de Quesada con el oro del río
Ariari.58
Para redondear el asunto de la minería en la provincia
estudiada, podemos enumerar los tres grandes problemas que
existieron para generar riquezas a partir del oro. Primero; el oro de
aluvión en un río caudaloso que se descuelga por el piedemonte, es
ya de por sí difícil de extraer. Segundo; no existen reportes de que
se encontraran grandes minas, solo vetas y pequeños depósitos.
Tercero; la situación de violencia constante que se vivía en una
provincia fronteriza, no permitía realizar las labores mineras con
ninguna eficiencia:
[…] muchos enemigos de la provincia de indios hay Anozas
y los salteadores Yamotoas, Catamaes, Amayaguas y Poriguas
que de continuo estas solas naciones tienen molestada esta
ciudad. De manera que perturban las labores de las minas
y beneficio de estancias a cuya causa de presente se haya la
nuestra ciudad […].59

Sumado a lo que ya hemos dicho sobre la falta de rutas comerciales
y la casi inexistente inversión que se hacía por parte de los
españoles en las nuevas ciudades fundadas, podemos afirmar que
la economía en San Juan de los Llanos estaba limitada por la
violencia propia de un poblado fronterizo. Temas todos estos, que
explican el porqué de la pobreza y fragilidad de la provincia.
Rausch, Una frontera de la sabana tropical. Los Llanos de Colombia,
1531-1581, 63.
59
AGI. Cabildos Seculares, 20 de mayo de 1625. Santa Fe, 67, N.66., p. 3.
58

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El interés de obtener ganancias de forma rápida era lo que guiaba a
los fundadores de San Juan de los Llanos. La estable fundación que
se puso en pie como pionera en los Llanos Orientales, no era otra
cosa que una empresa extractiva que sin los controles que ejercía la
ley, hubiera fracasado por completo en tan solo unos años.
En tiempos de los Reyes Católicos se expide una ley que
se encuentra recopilada en las Leyes de Indias en el Libro VI,
Título VIII (Sobre las Encomiendas), la Ley 1, que luego sería
ratificada en 1580. Esta estipula que, tras la pacificación de un
grupo de indios, el gobernador, adelantado o pacificador, debe
repartir los mismos entre sus vecinos comarcanos (Ley 3). Las
formas de pacificar a un grupo de indígenas por lo general eran
violentas, teniendo en cuenta que los españoles que se aventuraban
a estas faenas eran normalmente soldados. Era conveniente para
el español que buscaba reducir indios para sus encomiendas o
repartimientos60 emplear métodos violentos, ya que de esta forma
se justificaba con mayor facilidad la desobediencia de los indios
hacia la corona y se les podía emplear en servicios personales con
mayor rigor, como quien pierde sus derechos civiles por rebelión.
El reparto es el primer proceso que se hace tras una pacificación de indios,
éste confiere al beneficiario la capacidad de usufructuar los bienes producidos
por los indios, mientras que la encomienda, que debía cumplir más requisitos
legales como la confirmación del Rey, daba al encomendero el poder institucional de servirse de la fuerza de trabajo del indígena, claro está, bajo los cánones legales y no bajo el servicio personal. Tovar Pinzón, Relaciones y visitas
a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de los Llanos, 24.
60

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Aunque las leyes intentaban mitigar los desmanes hacia
los indios, la experiencia en la frontera era bastante ilegal. Si se
toma en cuenta que la obediencia de la ley en Las Indias recaía
sobre un rey ausente; mientras más se tomaba distancia del centro
de poder, más anárquicos eran los procederes.
En los Llanos la violencia y la ilegalidad eran el pan de
cada día. En una relación de 1559 sobre San Juan de los Llanos,
Giraldo Gil Estupiñan relata el mal trato al que estaban sometidos
los naturales, con sus familias y comunidades destruidas por las
rancherías de indios.61 Es decir, sacar a los indios de sus tierras para
llevarlos a rancherías al servicio y conveniencia del encomendero,
muchas veces alejándolos por tiempos muy prolongados de sus
tierras u ordenándoles a vivir fuera. Esta práctica transgredía la Ley
sobre los indígenas del Título 1 de la recopilación, ley XIX, donde
se estipula que los indígenas deben permanecer juntos entre sus
iguales, como la ley XXVIII de encomiendas en donde se ordena
no alejar a los indígenas de sus caciques. El mismo vecino afirmaba
haber sacado a indios de paz en tres ocasiones a rancherías hacia el
Valle de la Plata, estos indios eran obligados a llevar el pertrecho
y los hatos de los soldados y, permanecían “las cadenas e sogas //
llenas de yndios”.62
Se tiene constancia de una visita a Santiago de las
Atalayas, el pueblo de los Llanos casanareños del que mejor
61
62

Tovar Pinzón, 50.
Tovar Pinzón, 51.

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podemos obtener referencias símiles para entender los modos
de vida en San Juan de los Llanos.63 Esta duró de 1600 a 1603
y estuvo a cargo de Luis Henrique, oidor de la Real Audiencia.
Tras los interrogatorios a los caciques y principales todos los
encomenderos de la provincia salieron imputados por cargos por
incumplimiento de sus funciones.64
En 1621, el arzobispo Hernando Arias de Ugarte, visitó
las poblaciones del Casanare. Fue tan horrible el estado en que
encontró a la población indígena, que encargó al general de los
jesuitas de Santafé que empezara misiones en los llanos.65
Aunque la frontera de San Juan era una frontera inmóvil,
las zonas denominadas deshabitadas, que se ubicaban en los
márgenes limítrofes tenían una función bien establecida. Estas
eran utilizadas como territorios para conseguir mano de obra
indígena por medio de la pacificación. Esta situación es reflejo
de la mentalidad del encomendero en los Llanos, que veía al
indígena no reducido como un producto silvestre que era
necesario extraer de su medio, como quien caza un animal para
su provecho.
Esto lo digo debido a que Santiago fue un pueblo fundado en las cercanías
de San Juan, como ya lo hemos expresado anteriormente, que también dependía de la mano de obra de pueblos llaneros y se encontraba supeditado a la
metrópolis andina.
64
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 53.
65
Rausch, Una frontera de la sabana tropical. Los Llanos de Colombia,
1531-1581, 85.
63

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Ya en 1581, veinticinco años desde el repartimiento de
indios en San Juan de los Llanos, en el Memorial de Juan de
Aldaz, se pide a la Corona que se promulgue cédula que le permita
pacificar nuevas tierras de las que se tiene noticia.66
En una confirmación de encomienda de 1619,67 en la
presidencia de Antonio de Olalla y Herrera, el capitán Juan Martínez
de Alfaro (hijo) dice que se han pacificado unos indios de nación
guahiba en los términos de San Juan, de un cacique de nombre
(Caima Curraima o Caimaro Yorraiba). El encomendero pide al
Consejo que se le repartan estos indios para unirlos a su encomienda
heredada en segunda vida de su padre, homónimo suyo. La razón
que esgrime es que este grupo reducido habla la misma lengua y
es de la misma nación del que tiene ya encomendado de nación
aperigua (los caciques de Alfaro padre eran Maneos, Maybare y
Ebacona, o Marcos, Mabiarel y Chabacana68). Sobre la agregación
de encomiendas, el capitán Alfaro apela de forma inteligente a las
recién promulgadas leyes XXI y XVII de 1618-1620, en donde se
ordena no dividir las encomiendas y en cambio procurar agregarlas
para evitar problemas de mal gobierno.
Memorial de Juan de Aldaz en nombre de las ciudades del Nuevo Reino de
Granada, en que solicita diversas mercedes entre ellas para la iglesia de San
Juan de los Llanos. En Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos
XVI, t. V. Región de los Llanos, 197.
67
AGI. Santa Fe, 167, N.27.
68
Los nombres de caciques dentro de paréntesis que aparecen en este párrafo están escritos en el documento de una forma y otra, unas versiones de los
nombres aparecen en una parte del documento que está fechada el 10 de julio
de 1619 y la otra en la que está fechada de 2 de junio de 1618. AGI. Santa Fe,
167, N.27.
66

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A pesar de la distancia y mala comunicación existente entre
la periferia y la metrópolis, la coincidencia de los argumentos que
utiliza el encomendero Alfaro con lo estipulado en las leyes que
acaban de promulgarse hace apenas un año desde su petición, nos
demuestra que, para aspectos de información judicial conveniente,
no existía traba alguna que les impidiera a los encomenderos
de la frontera estar al día. No obstante, el transporte de cartas
que llevaban los emisarios era cosa muy distinta al transporte
de productos comerciales, agrícolas y las inspecciones de los
funcionarios de la Real Audiencia.
En la confirmación de encomienda al capitán Alfaro
se describe lo que podemos denominar una cacería de indios
por parte de Alfaro padre. Este hacía entradas a los territorios
del río Guaviare, a los que denominaban “frontera de indios
guerreros”,69 para someter la mayor cantidad de nativos que
pudiera y legalizarlos para adherirlos a su encomienda.
El 20 de mayo de 1625 se entregan noticias a la Corona
desde San Juan de los Llanos. Antonio de Olalla y Herrera
informa que ha habido problemas con indios belicosos y pide se
le de dinero de la caja real para pagar las costas que de su bolsillo
han salido para arreglar la situación:
[…] esta ciudad fundada en los confines de estos llanos, cerca
de enemigos que la han tenido para despoblar unos de la cierra
caribes de carne humana belicosisimos que han asestado muerte
69

AGI. (1640). Santa Fe, 167, N.27., 4.

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infinitamente en mas de cincuenta leguas de cordillera y otras
de los llanos…70

El informe sigue contando que estos indios bravos han azotado
la tierra desde hace varios años, que estuvieron pacificados desde
1611 hasta 1621 gracias a los esfuerzos del gobernador, pero
que en el año anterior al informe habían acabado y despoblado
la ciudad vecina de San Johan de Yeyma, llegando también
a San Juan y asesinando a muchos indios ladinos y cristianos.
Los indios que en un primer momento se denominan caribes
comienzan a diversificarse con algunas aclaraciones que hace
Gaspar Núñez García, escribano de San Juan de los Llanos en la
segunda parte del informe. Gaspar escribe que “[…] hay Anosas
y los salteadores Yamotoas, Catamaes, Amayaguas y Poariguas”
quienes han hecho “[…] mucho daño y muerte de españoles
indios ladinos y cristianos”. Empero; estos desordenes fueron
controlados y es por eso que el gobernador pide compensación.
También pide dinero de la caja real para el sostenimiento general
de la ciudad y para futuros descubrimientos en la zona. Se señala
también la necesidad de pacificar naturales debido a la carencia
de los mismos.
En estas noticias se retratan las fricciones que existían
entre indígenas y españoles en la región. A pesar de que se dice que
ha habido periodos apacibles, la revuelta indígena que aconteció
70

66.

AGI. Carta del cabildo secular de San Juan de los Llanos. Santa Fe, 67, N.

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en 1621 y que probablemente prolongo las tenciones hasta 1623,
año en que Antonio de Olalla llega a la ciudad a pacificarla, sería
provocada por indígenas de las naciones reducidas. Los indios
Paoriguas, que en otros documentos aparecen como Aperiguas
o Operiguas,71 son los mismos indios de la encomienda de Juan
Martínez de Alfaro.
También, dentro del informe de 1626 tenemos registro de
los malos tratos que tenían en la provincia de San Juan para con
sus indios. Según el relato del mismo gobernador, para corregir
las conductas de los indios “[…] se han conseguido fustes con
que se an hecho castigos de manera que es tan tan quebrantador
y sonja tanpocos que goza esta ciudad de quietud y las minas
se vuelven a labrar…”.72 Ya que la palabra fuste se entiende de
tantas maneras, valdría la pena aclarar que lo que se entiende
aquí por fuste es, muy probablemente, una vara de madera larga y
delgada, que en el caso concreto su utilizaría para fustigar.
Años atrás, en 1559, los indios del Ariari en medio de
las guerras de soberanía, siendo ellos quienes más servían a la
ciudad de San Juan, “[…] se rrebelaron los yndios del Rio de
Ariare [… quienes] q(ue)rian benir de noche a dar y quemar el
dicho pueblo de San Juan de los Llanos…”.73 Los conflictos
Supongo que se está hablando de una misma nación a pesar de las pequeñas
diferencias existentes entre las menciones en los documentos, siendo esto algo
recurrente con la caligrafía de las voces indígenas.
72
AGI. Carta del cabildo secular de San Juan de los Llanos. Santa Fe, 67, N.
66, 1.
73
Memorial de Juan de Aldaz en nombre de las ciudades del Nuevo Reino de
71

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ocurridos en ambos casos no son producto de una guerra entre
sociedades independientes, sino insurrecciones de los pueblos de
indios sometidos al sistema de encomiendas y demás instituciones
hispánicas; los indios del Ariari, como los llaman, y los Aperiguas.
Otro aspecto para destacar del documento de 1625
es el modo cómo se denominan en un primer momento los
pueblos indígenas arrochelados. “Caribes de carne humana” les
llama Antonio de Olalla, abstracción que abarca a 5 pueblos
diferenciados según el segundo reporte, todos subsumidos en
un concepto cliché de guerra que busca, más allá de señalar un
objetivo militar concreto, encontrar “piezas” para someter con
mayor dureza. No busco con lo dicho adivinar las intenciones
de Antonio de Olalla, más bien, intento poner en práctica las
teorías sobre los símbolos hegemónicos inmersos en el discurso
colonial.
En torno a la fundación de San Miguél de Güesbas, en
el piedemonte casanareño, dentro del territorio de Santiago de
las Ayalayas, aconteció un evento que es símbolo innegable del
discurso guerrerista y hegemónico hispano, el cual propendía
hacia la esclavitud de los indígenas y no hacia la creación de
sociedades estables.
Rodrigo de Cosio levantó el pueblo en las sabanas de
Uricuri, el lugar más rico en recursos de la comarca. Lo asistió
Granada, en que solicita diversas mercedes entre ellas para la iglesia de San
Juan de los Llanos. En Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos
XVI, t. V. Región de los Llanos, 137–38.
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con indios de varias naciones a quienes dejó instalados antes de ir
por los últimos, unos indios Cusiana que estaban a tres leguas de
distancia. Cuando llegó al caserío donde se encontraban les dio
la orden de emprender el viaje hasta Güesbas, a lo que estos se
negaron inútilmente. Al despertar de Cosio en la mañana se dio
cuenta que todo el caserío estaba abandonado, de los 70 indios
no quedaba ni un alma, se habían esfumado en la noche sin dejar
rastro alguno y se habían llevado junto con ellos otros indios que
allí estaban.74
Tras el incidente con los indios fantasma, el colono
fundador, muy diligente, se vio precisado a levantar un auto en
proceso contra los indios Cusiana. Lo curioso del caso es que no
solo se acusó al pueblo Cusiana por lo acontecido, sino que se
procedió a declarar a toda la nación Caquetía como pendenciera,
revoltosa y hasta asesina. Hermes Tovar opina al respecto sobre
las acusaciones levantadas:
Pero ésta era una verdad a medias. Se trataba de una
manipulación de la historia de este pueblo que iba a ser
usada con fines punitivos. Los colonizadores no olvidaban
fácilmente, así su justicia hubiera sido siempre la del diente
por diente. Sus resentimientos se acumulaban, y ante nuevos
hechos se desencadenaba el castigo con la fuerza que dejaba
la frustración de todo acontecimiento pasado. Aquí no había
perdón y olvido; además, la justicia no borraba los delitos, los
mantenía ahí como agravantes de otros. Y eso era lo que se
inventariaba al emitirse juicios sobre la fuga de los cusiana.75
74
75

Tovar Pinzón, 57–61.
Tovar Pinzón, 61.

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Los indígenas de la frontera eran cazados para conseguir mano de
obra, y se les denominaba caribes para legitimar su pacificación. Los
que estaban dentro de los terrenos de los pueblos y no se sometían
eran tratados peor que los que sí se sometían, a quienes así fuera de
forma intermitente y tenue, protegían las Leyes Nuevas.
En 1659, Antonio, un indígena bautizado en la fe católica,
capitán de los indígenas de Camaxagua, solicitó la ayuda oficial
contra la persecución del capitán Pedro Collado, vecino de San
Juan de los Llanos.76 “Para 1664, estos pueblos, otrora poderosos,
afluían a las misiones de los jesuitas huyendo del hambre”.77
Para los indígenas al sur del río Meta, existía un pueblo
doctrinero fundado por dominicos en 1620. Este pueblo era
Medina, y por su posición en defensa de los indígenas de los
alrededores, siempre estuvo en choque con los encomenderos.78
Las opciones eran pocas para los indios llaneros, o se
encomendaban de buena gana o se escondían llano adentro hasta
alejarse lo suficiente de la zona de influencia hispana. Esta última
opción que ofrecía el llano fronterizo a sus viejos habitantes,
recuerda a la descripción que hace Antonio Muñoz en Raquel
Ángel de Flórez sobre el acto final de la representación indígena
en las cuadrillas79 de San Martín de los Llanos–Meta: “Los indios
Rausch, Una frontera de la sabana tropical. Los Llanos de Colombia,
1531-1581, 79.
77
Rausch, 80.
78
Rausch, 90–91.
79
“Consisten los juegos de las “Cuadrillas” en una especie de Ballet en que
cuarenta y cuatro jinetes presentan figuras de distinto orden, repartidos en cua76

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cansados y fatigados, pero no vencidos, se retiran a la selva a
llorar la pérdida de sus dominios, llevando en su corazón el odio
profundo hacia los blancos, y que aún no se ha extinguido en los
que fueron dueños de América”.80
Fueron algunos de los soldados que hacían parte de las
huestes de Juan de Avellaneda los que se convertirían en los 25
encomenderos del primer repartimiento. La profesión que marcaba
el perfil de estos primeros pobladores hablaría mucho del tipo de
relación que tendrían con sus encomendados y, que terminaría
por moldear la forma común de vida de la población sanjuanera
del siglo XVI. Los soldados coloniales, acostumbrados a vivir de
las conquistas y a recibir su paga sin tener otras obligaciones, la
mayoría de ellos con sus familias al otro lado del atlántico, serían
denominados por Hermes Tovar como “Los señores del ocio y la
servidumbre”.81
Eran soldados hijos de soldados los encomenderos que
en 1619 y 1639 pidieron al Rey algún tipo de beneficio sobre
sus encomiendas. El capitán Juan Martínez de Alfaro, hijo de
su homónimo; el capitán Juan Martínez Alfaro, a quienes ya
tro grupos, [Españoles, Cachaceros, Indios y Moros], los cuales cada uno ocupa una esquina de la plaza, de donde parten en distintas direcciones formando
un conjunto original y de indiscutible belleza.”. Raquel Ángel de Flórez, Conozcamos el deparamento del Meta, t. 3 (Bogotá: Talleres Gráficos del Fondo
Rotatorio Judicial Penitenciaría Central, 1964), 12.
80
Ángel de Flórez, 12.
81
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 33.
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nombramos y; el capitán Francisco Velázquez, hijo legítimo y el
mayor del capitán Juan Velázquez, quien obtuvo encomienda de
indios vacos del también capitán Francisco de Valdés.82
Fredy Antonio Preciado teoriza sobre el método de
apropiación del terreno que se dio en los primeros años de
ocupación colonial en América, dándonos una perspectiva del
espíritu que pudo haber impregnado las prácticas de colonización
en el primer siglo en los Llanos Orientales:
Durante los primeros años del periodo colonial los
colonizadores españoles eran los dueños y señores de toda la
tierra. Los indios simplemente usaban de la tierra con el fin
de rendir tributos. En este primer periodo de colonización y
ocupación los conquistadores trataron de trasplantar el sistema
de tenencia señorial, buscando perpetuar el principio romano
de ‘manu captere’ practicado por los visigodos en España, es
decir, el del derecho por la ocupación armada.83

Con el tiempo y con la decadencia de la población nativa en
el territorio de la provincia de San Juan de los Llanos, esta
jurisdicción se agrega al gobierno de Santiago de las Atalayas,
ciudad que fue por mucho tiempo catalogada como la capital de
los llanos. Según los documentos de títulos de corregidores del
Archivo General de Indias, la agregación sucedió el 22 de abril
de 1709, cuando Antonio de Herrera es nombrado “Corregidor de
AGI. Expediente de confirmación de encomienda de San Juan de los Llanos a Francisco Velázquez. Santa Fe, 171, N.10.
83
Fredy Antonio Preciado, Desarrollo endógeno en una región de frontera:
Los Llanos Orientales, departamento de Casanare y Meta (Colombia) [Tesis
de doctorado] (Varese: Università degli Studi dell’Insubria, 2010), 76.
82

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San Juan de los Llanos con la agregazion del gobierno de Santiago
de las Atalayas”.84 Sobre la fecha de la agregación, Andrés Castro
Roldán, afirma que fue en 1685 con las capitulaciones de José
Encizo y Cárdenas.85
Reflexiones finales
Todos los procesos históricos tienen sus características
particulares. En el caso de la región de los Llanos, podemos
cerciorarnos de qué manera el desarrollo autóctono de un
territorio se ve subvertido por un hecho histórico chocante, como
lo fue la ocupación hispánica. Las sabanas que para los nativos
orinoquenses ofrecían un tránsito comercial y cultural angular
para sus modos de vida, fueron modificadas radicalmente a partir
de estos procesos de ocupación hasta generar un estancamiento
que terminó por diezmar la demografía nativa y, por ende,
generar también un decaimiento en las poblaciones hispanas
que dependían de su encomienda. A este tipo de procesos se les
conoce como procesos mediterráneos,86 pues se hace alusión al
cambio de actividad, o más bien de función, que sufrió el mar
Mediterráneo tras la Modernidad, a decir, pasar de ser un corredor
entre las culturas para transformarse en frontera.
AGI. Títulos de corregidores, desde 1692. Audiencia de Santa Fe. Llanos
de San Juan. Santa Fe, 565., p. 13.
85
Castro Roldán, “Santiago de las Atalayas: Una ciudad de la frontera en el
Nuevo Reino de Granada, XVI-XVIII”, 2007.
86
Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes, siglos XVI, t. V. Región de
los Llanos, 16–17.
84

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Dentro del discurso que se exhibe en las audiencias
y cabildos seculares consultados, encontramos imaginarios
sobre la población indígena, en su mayoría peyorativos, sobre
los cuales se puede rastrear una intensión capital de dominio y
explotación en miras al enriquecimiento rápido y voraz de los
encomenderos. Los Caribes de carne humana, los belicosísimos
Aporiguas y los Yamotoas salteadores, no eran sino nombres
apropiados para justificar la cacería de indios. Estos discursos,
por tanto, están plagados de símbolos coloniales y enriquecen
la investigación, si son entendidos como tal. Otro de estos
símbolos es el oro o el deseo de encontrarlo. Es así que el
territorio del Ariari se convirtió en una región hechizada, como
pasó con gran parte de los Llanos. A partir de las habladurías
se construyeron mitos de tesoros insondables, de tierras
doradas, que según se iban desmintiendo, corrían escurridizos
a esconderse a otras partes. San Juan de los Llanos fue tal vez
El Dorado más importante del norte de Sudamérica, y como
todos estos, una gran decepción.
La dualidad ‘riqueza y peligro’, u ‘oro e indios guerreros’,
se enfrentó en el territorio de San Juan de los Llanos convirtiéndose
en un maniqueísmo de tierras fronterizas, que hacían del lugar
tanto atractivo como detestable. Las incapacidades de los
españoles por entender las dinámicas de los Llanos dieron origen
a un decaimiento sin reversa, sus propias posturas y discursos no
les permitieron hallar el valor del mundo indiano. A cambio de
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eso, se consolidó una clase encomendera militar improductiva,
que durante más de dos generaciones ostentaría el poder de la
ciudad. Por su parte, los indígenas vecinos, fueron expulsados de
sus territorios de origen y sometidos a la mediterraneidad.
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Archivo
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Archivo General de la Nación, Colombia
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�Historia de una hacienda en la periferia de Ciudad
Victoria, Tamaulipas: Tamatán de 1894 a 1922
The history of a hacienda on the outskirts of Ciudad
Victoria, Tamaulipas: Tamatán from 1894 to 1922
Jaime A. Rodríguez

Universidad Autónoma de Tamaulipas
Ciudad Victoria, México
orcid.org/0000-0002-6249-7775

Resumen: El objetivo de la presente investigación es explicar la etapa
de Tamatán como hacienda para comprender las particularidades
de la finca, su origen, su trayectoria en el porfiriato, su perímetro en
hectáreas, el modo de su administración, la lucha revolucionaria y
el proceso de compraventa a principios de la década de 1920. Los
archivos consultados fueron: el Archivo General e Histórico del Estado
de Tamaulipas; el Archivo Histórico del Congreso del Estado de
Tamaulipas; el Archivo Manuel González y el de Manuel González hijo;
y el acervo documental Joaquín Meade del Instituto de Investigaciones
Históricas de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Investigar el
caso de Tamatán contribuye a llenar una laguna de información existente,
pues sólo hay referencias de la hacienda en algunas obras generales de
la historia de la entidad. Buscar datos de esta unidad productiva del
porfiriato permitió identificar las actividades que desarrolló de 1894 a
1922. Una contribución trascendental del trabajo fue la consulta de los
archivos Manuel González y Manuel González hijo de la Universidad
Iberoamericana, que aportaron información que no ha sido expuesta en
otras investigaciones. Por último, por medio del estudio de la hacienda
de Tamatán se busca enriquecer la historiografía tamaulipeca.
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Palabras clave: Tamaulipas; Tamatán; Manuel González; Filizola;
Ciudad Victoria.
Abstract: The objective of this research is to explain the stage of
Tamatán as a hacienda, to understand the particularities of the farm,
its origin, its trajectory in the Porfiriato, its perimeter in hectares,
the mode of its administration, the revolutionary struggle, and the
purchase and sale process at the beginning of the 1920s. The archives
consulted were the General and Historical Archive of the Congress of
the State of Tamaulipas; the Manuel González and Manuel González
Jr. archives; and the Joaquin Meade documentary collection of the
Institute of Historical Research of the Autonomous University of
Tamaulipas. Investigating the case of Tamatán contributes to filling an
existing information gap, as there are only references to the hacienda
in some general works of the state’s history. Looking for data from this
productive unit of the Porfiriato allowed us to identify the activities
developed from 1894 to 1922. A significant contribution of the work
was the use of the archives of Manuel González and Manuel González
Jr. of the Universidad Iberoamericana, which provided information
that has not been exposed in other research. Finally, the study of the
Tamatán hacienda aims to enrich the historiography of Tamaulipas.
Keywords: Tamaulipas; Tamatán; Manuel González; Filizola; Ciudad
Victoria.

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Introducción
Este trabajo centra su atención en la historia de la hacienda de
Tamatán, importante unidad productiva durante el porfiriato,
período durante el cual la finca alcanzó su mejor momento
económico. Investigar a Tamatán como hacienda mostrará
el origen y evolución de la propiedad, el cambio que hubo de
propietario en 1894, la estructura, organización y funcionamiento
económico de la finca y la administración de la misma durante
esos años, así como el proceso por el que se transformó en Escuela
de Agricultura en 1922.
La trascendencia de esta investigación radica en dos
hechos importantes. El primero señala el vacío existente en el
estudio de casos de las haciendas agrícolas porfiristas del centro
del estado de Tamaulipas y el segundo se refiere a la importancia
de la finca elegida. A través de la hacienda de Tamatán, no sólo
se podrá ver su decadencia a raíz de la revolución de 1910, sino
también el traspaso de la propiedad a manos del ejecutivo del
estado, que la adquirió para establecer la Escuela de Agricultura
del Estado “General Manuel González”. Este estudio aportará,
además, nuevos conocimientos a la historia empresarial de
Tamaulipas, que se detallarán más adelante.
Aunque en los últimos años se han multiplicado los
estudios sobre las haciendas en varias latitudes del país,1
Enrique Semo, ed., Siete ensayos sobre la hacienda mexicana 1780-1880
(México: Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto Nacional de
Antropología e Historia, 2012).
1

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�Historia de una hacienda

todavía queda mucho por hacer en este campo de estudio. En
la agenda de trabajo está pendiente el estudio de las demás
haciendas, ranchos, casas urbanas y otros bienes que la familia
González poseía a nivel nacional. A manera de consideración, es
importante aclarar que el término “hacienda” que manejaremos
en la presente investigación se entenderá como una unidad
económica racionalizada que fue capaz de organizar el medio
rural.2
En Tamaulipas surgió la hacienda como típica forma
de propiedad, debido a que la tierra susceptible de explotarse
se concentró en pocas manos. La falta de una alta densidad
de población y la ausencia de una significativa presencia de
comunidades indígenas determinaron dicho fenómeno.3 Sin
embargo, las leyes de colonización y terrenos baldíos propiciaron
el aumento de haciendas y establecimiento de ranchos a lo largo
del siglo XIX y principios del XX.
Las primeras leyes con la que se quiso favorecer la
colonización del estado y la apropiación de la tierra en el mismo
territorio fueron tres, la de 1826, 1830 y 1833, las cuales tuvieron
escasos resultados por la inestabilidad política y la continua
amenaza de la guerra con los colonos angloamericanos, lo que
obstaculizó la ocupación efectiva del territorio y el acaparamiento
Beatriz Rojas, La pequeña guerra: los Carrera Torres y los Cedillo (México: El Colegio de Michoacán, 1983).
3
Arturo Alvarado Mendoza, El portesgilismo en Tamaulipas (México: El
Colegio de México, 1992), 119.
2

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de la tierra.4 Sin embargo, la aplicación de la ley de ocupación
y enajenación de terrenos baldíos de 1863 permitió la creación
de nuevas haciendas y la extensión de la propiedad privada en el
estado.
Con esta ley hubo casos en que ocurrieron algunos
denuncios de tierras en algunos municipios tamaulipecos, por lo
que a partir de entonces comenzaría el acaparamiento de tierra,
con la consecuente formación de latifundios, auspiciados por el
gobierno del presidente Porfirio Díaz.5 Al inicio del régimen
porfirista, en 1877, la política de colonización y apropiación de
la tierra en Tamaulipas produjo un crecimiento de haciendas y
ranchos. El número de haciendas en el estado casi se duplicó en
treinta y tres años, al pasar de 107 en 1877 a 186 en 1910. Sin
embargo, los ranchos ganaron terreno en las haciendas, al pasar
de 322 en 1877 a 2,879 en 1910.6
Este incremento de propiedades tuvo que ver con las
iniciativas de ley que presentó el gobernador Alejandro Prieto
para proceder a realizar la remedición de las propiedades
originarias de la entidad y la privatización de los ejidos de cada
una de las municipalidades y villas. La ley de procedimientos
para la práctica de deslindes en el estado, expedida y promulgada
Juan Díaz Rodríguez, “La propiedad de la tierra en Tamaulipas y la ley de
ocupación y enajenación de terrenos baldíos de julio de 1863”, en Historia
judicial mexicana, vol. I (México: Suprema Corte de Justicia de la Nación,
2006), 137.
5
Díaz Rodríguez, 139.
6
Alvarado Mendoza, El portesgilismo en Tamaulipas, 119.
4

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en 1889 por el congreso estatal, fijó las reglas y métodos a
realizar con este propósito. A esta legislación le siguió la ley para
la remedida de los terrenos de propiedad particular con la que
se precisaría el régimen de dominio de bienes rústicos, dando
certeza jurídica a los propietarios ante cualquier eventualidad.
Esto estimuló la inversión y el desarrollo de las actividades
agrícola-ganaderas, al no existir ya duda sobre la pertenencia de
cualquier predio.7
El objetivo general de la presente investigación es
conocer la etapa de Tamatán como hacienda. Este estudio
monográfico dejará ver particularidades de la finca, los
orígenes, la trayectoria en sus primeros años, las tierras y
el agua en torno a ella, el modo de administración, la lucha
revolucionaria y el proceso de compraventa a principios de la
década de 1920, profundizando en la historia económica del
noreste del país.
Nuestro propósito es responder, respecto a la hacienda, a
las siguientes cuestiones: ¿dónde se ubica el origen de Tamatán?;
¿cómo evolucionó a través del siglo XIX?; ¿cuáles eran las
características de sus tierras?; ¿cómo era administrada?; ¿cuáles
fueron las dificultades que sufrió a raíz de la revolución?; y ¿en
qué consistió el proceso por el que se transformó de hacienda a
escuela de agricultura?
Octavio Herrera Pérez, Las haciendas de Tamaulipas: el origen de la
propiedad rural en una entidad del Noreste de México (Ciudad Victoria: Gobierno del Estado de Tamaulipas, 2011), 151, 154.
7

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Las hipótesis planteadas en la investigación son las
siguientes. Hipótesis 1: Tamatán, en su etapa como hacienda,
constituyó una oportunidad de negocios para Manuel González
que aprovechó y que impactó positivamente su patrimonio
durante el porfiriato; Hipótesis 2: La hacienda, como tal, fue
rentable durante el porfiriato, pero no pudo recuperarse después
de la revolución mexicana, por lo que fue traspasada al ejecutivo
del estado.
Este trabajo se organizó de acuerdo con dos etapas que
vivió la hacienda y consta de cinco apartados. En el primero se
presentan los antecedentes. Se da a conocer cómo se originó
el dominio territorial, cuál fue la extensión inicial, dónde se
estableció, quiénes fueron sus primeros propietarios, así como a
las actividades económicas a las que se destinó el fundo en un
principio.
El segundo apartado trata de los propietarios y las
razones por las que el coronel González compró la hacienda
de Tamatán. La adquisición de la propiedad se ubica en el
año de 1894, cuando en la economía tamaulipeca operaron
cambios, tales como el tendido ferroviario, la integración neta
a una economía mundial hegemonizada por las sociedades que
habían protagonizado la revolución industrial; la inserción
en el mercado estadounidense; la articulación y expansión un
mercado nacional; el surgimiento generalizado de brotes de
producción capitalista; el arribo masivo del capital extranjero;
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y la emergencia de núcleos burgueses que particularmente
trabajaban desde espacios regionales.8
Esta vigorización económica determinó el surgimiento de
una nueva clase de políticos que utilizando su poder se hicieron
de una vasta fortuna con negocios en la actividad agropecuaria,
los ferrocarriles y los servicios. Un recorrido por la actividad
política de González hijo deja ver su consolidación en un nuevo
tipo de propietario que surgió a fines del siglo XIX.
El tercer subtema explica la estructura, la organización y
la función de la tierra abierta al cultivo en la finca, luego de que
el coronel González adquirió la hacienda de Tamatán. En esta
parte se estudian las características que muestra la orografía e
hidrografía del lugar en la que se ubica la hacienda. Asimismo, se
examina el tipo de clima y la calidad de los terrenos de Tamatán.
Se observa además la proporción de tierra apta para el cultivo en
relación con la extensión total de la propiedad, así como el tipo
de cultivos que caracterizaban la producción de la hacienda. En
la parte final, se habla de los ranchos y huertas que englobaba la
misma finca.
El cuarto apartado estudia cómo se administraba la
hacienda, cuál era el cálculo económico en el que se basaba,
cómo se llevaban la cuentas, así como el mecanismo por el que
Mario Cerutti, “Militares, terratenientes y empresarios en el noreste. Los
generales Treviño y Naranjo (1880-1910)”, en Monterrey, Nuevo León, el
noreste: siete estudios históricos, ed. Mario Cerutti (Monterrey: Universidad
Autónoma de Nuevo León, 1987), 93.
8

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se financiaba la hacienda entre otras cuestiones que se resolverán
en esta parte del capitulado. El quinto subtema aborda el periodo
comprendido entre 1912 y 1922, desde que Manuel González hijo
tuvo dificultades debido a la revolución, hasta que sus herederos
traspasaron o vendieron la finca al ejecutivo del estado. Por
último, analizamos en las conclusiones el cumplimiento de los
objetivos e hipótesis.
El antiguo casco de la hacienda de Tamatán fue modificado
por en su parte superior por decreto gubernamental. En la imagen
el gobernador Emilio Portes Gil y los delegados de los ejidos en
la ex hacienda de Tamatán, 1926
Foto 1

Fuente: Archivo del Ingeniero Marte R. Gómez
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El origen y evolución de la propiedad
El origen de la hacienda se remonta a 1750, cuando el coronel
José de Escandón otorgó merced de tierra a Juan Bautista de
Soto, pardo y vecino de Río Blanco.9 El asentamiento original
se encontraba sobre una planicie de forma irregular de 320 metros
de altitud, al poniente de Santa María de Aguayo, junto al camino
real que conducía a la villa de San Antonio de Tula, a través de
las cumbres de la Sierra Madre Oriental. El fundo se convirtió
en rancho ganadero, trabajado directamente por el dueño y su
familia. Dicha unidad productiva tenía una extensión inicial
menor a 800 hectáreas.10
El fundo original de Tamatán se amplió hasta conformarse
como hacienda de 1750 a 1870. Un mecanismo empleado para
aumentar los límites originales del inmueble fue el recurso de
Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Autónoma de Tamaulipas, en adelante IIHUAT, “Testimonio de las diligencias originales que en el
año de 1750 se hicieron por el Coronel Don José de Escandón, sobre la fundación de la Villa de Santa María de Aguayo, y posesión que se dio del campo
designado para ella, y tierras que fueron señaladas para el común de vecinos”,
en Testimonio de los Autos de la General Visita de la municipalidad de Ciudad
Victoria, Mandado sacar por el Exmo. señor Gobernador del Estado D. Francisco Vital Fernández, el día 27 de septiembre del año de 1848 y concluido
el 25 de mayo de 1853 por el escribano público D. Antonio Jiménez Valdés
(Ciudad Victoria: Oficina Tipográfica del Gobierno, Dirigida por Víctor Pérez
Ortiz, 1906), 152.
10
Pablo Serrano Alvarez, “El sistema de haciendas y la expansión capitalista
colimense en el siglo XIX”, en Regiones y expansión capitalista en México
durante el siglo XIX, ed. María Eugenia Romero Ibarra y Serrano Álvarez
(México: Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México;
Universidad de Colima, 1998), 208.
9

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composición, que era el pago de una suma de dinero a la corona,
por parte de particulares, que aumentaba los recursos del rey. El
perímetro de la propiedad también aumentó por la a falta de una alta
densidad de población y la ausencia de comunidades indígenas.
Estos factores determinaron el surgimiento de la hacienda como
típica forma de propiedad, debido a que la tierra susceptible de
explotarse se concentró en manos de los terratenientes.11
En cuanto a cambios en la producción de la hacienda, se
tiene noticia del funcionamiento de molino para moler caña de
azúcar en el último tercio del siglo XIX. En el último tramo de la
centuria decimonónica, el carrizo dulce y sus derivados -piloncillo
y aguardiente- se convirtieron en productos de importancia en
la dieta popular de la población tamaulipeca. La demanda cada
vez mayor de caña determinó su cultivo de manera extensa en
dos lados de Ciudad Victoria, donde según Alejandro Prieto “se
encuentra cultivado casi en su totalidad el terreno que circunda
a esta población, principalmente el norte y oeste, [donde] son
extensos los plantíos de caña que ahí se tienen.”12 El molino
para moler caña y elaborar endulzante que no podía faltar en los
hogares tamaulipecos es un ejemplo de las innovaciones técnicas
registradas en la finca.
Alvarado Mendoza, El portesgilismo en Tamaulipas, 119.
Alejandro Prieto, Historia, geografía y estadística del Estado de Tamaulipas: obra adicionada de algunos artículos descriptivos y otros concernientes
a las mejoras materiales proyectadas en aquel estado (México: Escalerillas,
1873), 324.
11

12

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FOTO 2
Ganado cebú en las instalaciones de la ex hacienda de Tamatán,
1926

Fuente: Archivo del Ingeniero Marte R. Gómez

Propietarios de la hacienda
De fines de la colonia a inicios del porfiriato la finca cambió
de dueño y aumentaron sus dimensiones. La composición y el
traspaso fueron mecanismos que favorecieron la acumulación.
Los hijos de Juan Bautista de Soto heredaron el sitio y vendieron
el inmueble a particulares, entre ellos a Francisco Lerma, quien
lo adquirió por medio de compraventa. Fue él, probablemente,
quien amplió el fundo original, conformando a Tamatán como una
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hacienda agrícola-ganadera con un molino en funcionamiento que
abasteció a los residentes de Ciudad Victoria. Lerma se había visto
obligado a hipotecar su propiedad para obtener financiamiento; al
no poder cubrir el préstamo e intereses generados por la deuda,
la hacienda fue embargada en 1872 y luego vendida al teniente
coronel Manuel González hijo en 1894, quien adquirió la hacienda
por medio de remate en pública subasta.13
Por la correspondencia entre el coronel González y su padre
sabemos sobre la deuda que pesaba sobre la propiedad, de su origen
y los efectos que ésta tuvo sobre la hacienda. En carta del 29 de
junio de 1890, Manuel González hijo hizo saber al general González
que: “En los suburbios de Victoria, a 3 1/2 kilómetros de la plaza y
sobre el camino de Tula, a 300 metros más allá de San Isidro donde
tienen que terminar el tranvía, queda el casco del rancho de Tamatán,
en pleito desde hace 18 años y abandonado”.14 El testimonio de
Alejandro Prieto corrobora la afirmación de Manuel González hijo. El
ingeniero refiere que: “Algunas de las haciendas de los suburbios de
Ciudad Victoria, por circunstancias especiales, se encuentran casi en
ruinas y en un abandono lamentable por parte de sus interesados”.15
Archivo General e Histórico del Estado de Tamaulipas, en adelante
AGHET, Testimonio de la escritura de venta de agostadero, agua y hacienda
de Tamatán otorgada judicialmente por D. Francisco G. Lerma al teniente
coronel D. Manuel González hijo, en Ciudad Victoria, Tamaulipas en 19 de
abril de 1894.
14
Archivo Manuel González, en adelante AMG, Docto. 237880, Carta de Manuel González hijo en La Mesa a Manuel González en Silao, 29 de junio de 1890.
15
Prieto, Historia, geografía y estadística del Estado de Tamaulipas: obra
adicionada de algunos artículos descriptivos y otros concernientes a las mejo13

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�Historia de una hacienda

La casa comercial “Filizola hermanos”, que cubría
funciones crediticias propias de los establecimientos bancarios,
recibió en depósito los 14,000 pesos que Manuel hijo pagó por la
hacienda. La mencionada sociedad mercantil era una de las pocas
que dominaba el mercado de dinero y capitales en la capital de
Tamaulipas en una época ausente de bancos, pero en condiciones
de lograr un desarrollo económico acorde a las expectativas
de vigorización económica, social y política que tuvo lugar en
nuestro país durante el porfiriato.
En este escenario, los González se erigieron en modernos
hacendados con visión empresarial debido a la ola modernizadora
por la que atravesaba el país por ese entonces. Al ligar el poder
político con el económico, los González se hicieron de importantes
negocios en varias ramas de la actividad económica a nivel
nacional. En cuanto a bienes raíces, los González eran propietarios
de la hacienda de Laureles en el estado de Michoacán; de la de
Chapingo, en el Estado de México; la de Tecajete, en Hidalgo; la
de San José del Cerrito, en Guanajuato; la de El Trigo, en San Luis
Potosí; y otras haciendas tanto en Veracruz como en Tamaulipas.
Este recorrido por las fincas González deja ver que ellos formaron
parte de una nueva clase de políticos que, utilizando su poder
político, se hicieron de una vasta fortuna.16
Los González eran ricos, contaban con los recursos
necesarios y tenían una intuición especial por los negocios. Al
ras materiales proyectadas en aquel estado, 322.
16
Silvia González Marín, Historia de la hacienda de Chapingo (México:
Universidad Iberoamericana, 1996), 168.
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igual que su padre, el coronel González era hombre de empresa
y de férreo carácter, cualidades que explican por qué compró la
hacienda de Tamatán.17 Ésta ofrecía mayores ventajas debido a
las características hidrográficas que presentaba el lugar donde
se encontraba, “entre las primeras estribaciones de la Sierra
Madre Oriental y la boca del Cañón El Novillo”, donde estuvo
edificada la casa solariega de la hacienda de Tamatán.18 La Sierra
Madre Oriental, al poniente de la hacienda, determinó una mayor
precipitación pluvial que favoreció la formación del río San
Marcos, manantial permanente en la parte baja.
En el marco del predominio de una visión distinta en los
negocios, las oportunidades que detectó el teniente coronel al comprar
la finca se circunscribieron al paso del ferrocarril de Monterrey
al Golfo. El tendido ferroviario trajo beneficios económicos que
impactaron positivamente en el patrimonio de Manuel hijo: 1) las
tierras de su propiedad aumentaron su valor al situarse contiguas a la
estación del tren; y 2) la colocación de rieles contiguos a Tamatán
despertó el interés de Manuel González hijo por invertir en una
tranvía Decauville para transporte de productos agrícolas, negocio
que le trajo beneficios a nivel personal, en el sentido empresarial de
que contar con un medio de transporte permitió mover mercancías
con mayor velocidad y eficiencia, a un menor costo.
AMG, Docto. 237880, Carta de Manuel González hijo en La Mesa a Manuel González en Silao, 29 de junio de 1890.
18
Archivo Gabriel Saldívar, en adelante AGS, Escuela de Agricultura del
Estado de Tamaulipas (C. Victoria, Talleres Linotipográficos del Gobierno,
1923).
17

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La hacienda de Tamatán engloba a los ranchos de San Isidro,
Las Vegas y Los Charcos, así como las huertas de la Quinta Mainero
y de las manzanas de Lerma y Rodríguez. A mediados de 1893,
el coronel González hijo adquirió la Quinta Mainero de la familia
del licenciado Guadalupe Mainero. Esta propiedad comprendía
51,343 metros cuadrados, que equivalían más de 5 hectáreas. La
Quinta Mainero se ubicaba en el ángulo noroeste de la ciudad sobre
terreno, colindante con la vía y predios del ferrocarril de Monterrey
al Golfo y con las calles de Aldama y la número 23.19
En 1895, Manuel González hijo compró el primer rancho
a Guadalupe Treto por 1,000 pesos. El predio de San Isidro estaba localizado contiguo a la hacienda. El de San Isidro tenía una
extensión de una fanega y cinco almudes de sembradura, equivalente a más de 8 hectáreas, las que lindaban con la hacienda en
sus extremos norte, sur y poniente.20 Manuel González hijo había
hecho esta compra por conducto de José Pier.
Este administrador general adquirió también para su
poderdante la manzana de Rodríguez. La escritura que formalizó
esta operación fue otorgada el 21 de octubre de 1903 ante el
AMGH, Inventario de títulos de solares en Ciudad Victoria y algunos valores más, que envía este despacho de Victoria a la Casa de México, por conducto de los Sres. Fernando Díaz Lombardo a Ignacio Flores, con fecha 8 de
febrero de 1917.
20
AMGH, Copia certificada de los testimonios de cuatro escrituras públicas
relativas a la propiedad de la hacienda de Tamatán del municipio de Ciudad
Victoria, Tamaulipas, presentadas por el señor José Pier en nombre de la sucesión del señor teniente coronel don Manuel González hijo para quien se
expide (Ciudad Victoria: Agosto 26 de 1914).
19

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escribano público Porfirio Flores. En esa fecha, Juan Taylor en
representación de Vicente Villa vendió a José Pier el mencionado
inmueble ubicado entre las calles 19 y 20 y Rosales y avenida
Cuéllar, por la cantidad de 800 pesos.21
La apropiación de estos predios contiguos a la hacienda de
Tamatán tuvo que ver con que la ley de junio de 1890 autorizaba
la venta de terrenos del ejido de los pueblos en los municipios
de Tamaulipas. El gobernador Alejandro Prieto había presentado
ante el congreso del estado diversas iniciativas de ley con la
finalidad de declarar jurídicamente como válidas la venta de
tierras, poniendo en marcha los deslindes de ejidos de los pueblos
a los que se referían los Autos de la General Visita. De acuerdo
con la ley de procedimientos de medidas o deslindes de tierras
de 1889 se fijaron las reglas y métodos de remedición de tierras;
la ley para la remedida de los terrenos de propiedad particular
de ese año estableció la precisión del régimen de dominio de los
bienes rústicos para dar certeza jurídica a los propietarios ante
cualquier eventualidad; y con la ley del 7 de junio de 1890 se
consumó la privatización de los ejidos de los pueblos, conforme a
los preceptos liberales de desamortizar las propiedades ligadas al
uso corporativo y común de la propiedad.22
AMGH, Inventario de títulos de solares en Ciudad Victoria y algunos valores más, que envía este despacho de Victoria a la Casa de México, por conducto de los Sres. Fernando Díaz Lombardo a Ignacio Flores, con fecha 8 de
febrero de 1917.
22
Archivo Histórico del Congreso del Estado de Tamaulipas, en adelante
AHCET, Decreto 88 del 16 de enero de 1889; Decreto 90 del 2 de abril de
21

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La idea básica de esta legislación era que los ejidos fueran
remedidos y fraccionados, para enseguida pasar a realizar su oferta
y adjudicar los lotes que no tuvieran propietario. Hechos los trabajos
se promovió la inversión y el fomento agrícola y ganadero de los
terrenos ahora regularizados. En este proceso de la privatización
de la tierra, Manuel González hijo quedó transformado en gran
terrateniente gracias a las leyes agrarias del periodo.
FOTO 3
Delegados de la Convención de la Liga de Comunidades Agrarias
y Sindicatos Campesinos con las banderas de sus ejidos de
Tamaulipas, 1926

Fuente: Archivo del Ingeniero Marte R. Gómez
1889; y Decreto 26 del 7 de junio de 1890, Ciudad Victoria, Tamaulipas.
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Estructura, organización y funcionamiento económico
de Tamatán
Según la escritura de 1894, el espacio territorial de Tamatán tenía
una extensión total de 3 sitios de ganado mayor, 4 caballerías
de tierra y 425,878 varas cuadradas. De éstas, correspondían
a la hacienda 2 1/4 sitios de ganado mayor, es decir, 2, 949
hectáreas. De la superficie restante eran propietarios Antonio
Valdés, Francisco Lerma y Guadalupe Treto. El primero poseía
2 fanegas,23 8 almudes24 y 1,511 metros cuadrados, que
correspondían 9.7 hectáreas; el segundo, 2 fanegas, un almud
de sembradura y 3,169 metros cuadrados, que equivalían a 7. 23
hectáreas; y el tercero, una fanega y 5 almudes de sembradura,
es decir, 5.1 hectáreas. Esto hacía un total de 22.03 hectáreas, las
que absorbió Tamatán al cabo de cinco años en que se rectificaron
judicialmente sus linderos.
A fines del siglo XIX, los límites de dicho espacio territorial
en el que estaba comprendida la hacienda y tres propiedades más,
eran: al norte, con la hacienda de La Presa; al sur, con el río San
Marcos; al oriente, con el casco urbano de Ciudad Victoria; y al
poniente, con la Sierra Madre Oriental. Tamatán tenía forma de
escuadra que se extendía desde arriba de la montaña y terminaba
al norte, en el cañón de El Calamaco. Dentro del perímetro de
la hacienda, los terrenos destinados a la agricultura tenían como
Una fanega equivale a un bulto, que es igual 1/2 carga, 12 almudes y 91
litros.
24
Un almud equivale a 7.6 litros.
23

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colindantes: al norte, con el camino que conducía a las labores de
La Garra; al sur, con el camino a Tula; al poniente, con terrenos de
agostadero de la misma finca; y al oriente, con Ciudad Victoria,
distante a 4 kilómetros de la hacienda.25
Para conocer más de cerca el tipo de cultivos de la
hacienda, se analizará la lista de productos agrícolas que Miguel
Pier presentó en la Exposición Local de Agricultura y Ganadería
del Estado de Tamaulipas, celebrada en Ciudad Victoria en
1907.26
El listado muestra la clasificación de cereales, frutas,
pimientos, cítricos, carrizos, tubérculos y fibras que Tamatán
producía a inicios del siglo XX. Del primer grupo destaca el
maíz, del que había dos cosechas al año, la temprana y la tardía;
asimismo, la tierra abierta al cultivo de maíz era de dos tipos, de
riego y temporal. La extensión irrigable de la hacienda era de
70 hectáreas y la tierra que no era susceptible de riego tenía una
superficie de 23 hectáreas.27

AGHET, Testimonio de la escritura de venta de agostadero, 1894.
Archivo Manuel González Hijo, en adelante AMGH, Carta de Miguel Pier
en Tamatán al teniente coronel Manuel González hijo en Tlalpan, 31 de octubre de 1907.
27
AGHET, José Pier, Apoderado del Tte. C. Dn. Manuel González hijo manifiesta al C. Presidente municipal el capital que posee, para los efectos de la
Ley de Contribuciones vigente en el Estado, cuyo capital está ubicado en la
Hacienda de Tamatán, Ciudad Victoria, 14 de septiembre de 1899, PP. Manuel
González hijo, José Pier, Conforme L. Zorrilla, 264-265.
25
26

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Cuadro 1
Lista de artículos de Tamatán en la Exposición Local de
Agricultura y Ganadería del Estado de Tamaulipas 1907
Cereales

Maíz

Pimientos

Cítricos

Plátano
enano

Chile valenciano

Naranjo
injertado

Caña
blanca

Plátano
guineo

Chile
imperial

Naranja
del país

Caña
morada

Plátano
indio

Chile
quipín

Naranja
agria

Mezotillo

Plátano
manzano

Toronjas

Maguey
amarillo

Uva moscatel

Limón
real

Frutas

Carrizos

Tubérculos

Cacahuate

Fibras

Henequén de
Yucatán

Lechuguilla

Limón
chico

Fuente: AMGH, Carta de Miguel Pier Cárdenas en Tamatán al teniente
coronel Manuel González hijo en Tlalpan, 31 de octubre de 1907.

Miguel Pier describe la situación del maíz en las tierras de
temporal. En carta del 7 de octubre de 1906, dicho administrador
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de Tamatán, en su informe, dio noticia de “Los maíces de
temporal sembrado el 2 de julio están buenos y jiloteando los
que se sembraron a fines de agosto están ya los más escardados y
también regulares pues hasta ahorita no les ha faltado el agua.”28
En general, la producción de maíz en Ciudad Victoria aumentó en
tres años al pasar de 31,000 hectólitros en 1903 a 36,000 en 1906,
a pesar de la sequía que dejó sin agua a los cultivos en el estado.29
Aunque la exposición agropecuaria tuvo el propósito de
promover la economía estatal a raíz de la sequía, la exposición dio
oportunidad a Tamatán de promocionar su cultivo de maíz, el que,
como ya se dijo, se hacía dos veces al año. El 17 de noviembre
de 1909, José Pier fue informado por el administrador de Tamatán
sobre la siembra tardía de maíz: “La siembra de maíz tardío en
esta finca es de 35 hectolitros con 13 litros, siendo de medieros,
14 hectolitros con 82 litros; de terciaros, 9 hectolitros con 97
litros; y sembrado por la finca, 10 hectolitros con 34 litros, estos
maíces van los más regulares y solamente algunos del potrero de la
Ciénega están a medias pero estos son pocos”.30 La participación
AMGH, Carta de Miguel Pier en Tamatán a José Pier en Ciudad Victoria, 7
de octubre de 1906.
29
AGHET, Anuario estadístico del estado de Tamaulipas de 1903 formado
por la Dirección General Técnica a cargo del Ing. Espiridión Ledesma (Ciudad Victoria, Establecimiento tipográfico del Gobierno dirigido por Víctor Pérez Ortiz, 1905), 59; “Censo agrícola”, AGHET, Anuario estadístico del estado de Tamaulipas de 1906 formado por la Dirección General Técnica (Ciudad
Victoria, Establecimiento tipográfico del Gobierno dirigido por Víctor Pérez
Ortiz, 1907), 109.
30
AMGH, Informe de Miguel Pier a José Pier, Hacienda de Tamatán, 17 de
28

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de la producción de maíz fue del 0.7 por ciento en el total de lo
producido en 1909. Dicho porcentaje se obtiene al multiplicar
los 35 hectólitros con 13 litros por 100, dividido entre los 5,000
hectólitros de maíz producidos ese año en Ciudad Victoria.
Como producto agrícola, el frijol formaba parte de la
composición de la carga ferroviaria. Los ferrocarriles le aplicaban
tarifas más caras por no ser cereal, pese a su categoría de artículo
de primera necesidad.31 Como producto fundamental, el frijol
era mayormente consumido por cada familia en Tamaulipas, pues
dicho grano era apreciado como uno de los alimentos principales
de los tamaulipecos, entre ricos y pobres. En la entidad lo había
de diferente especie, tales como: el bayo grande, el negro, el
conocido garbancillo y el bayo chiquito, siendo éste último,
según Argüelles, “el que se prefiere en las siembras por la mayor
parte de los agricultores”.32 Aunque el cultivo de frijol estaba
generalizado en Tamaulipas, sólo se cultivaba para consumo
dentro de algunas fincas.
Miguel Pier ejemplifica lo anterior en su informe: “La
siembra de frijol tardío es muy pequeña, se cosecharán algo
para el gasto de la hacienda”.33 Adalberto Argüelles confirma el
noviembre de 1909; Un hectólitro de maíz equivale a 100 litros.
31
Luis Cossío Silva, “La agricultura”, en Historia moderna de México, ed.
Daniel Cosío Villegas (México: Hermes, 1965), 25.
32
Adalberto J. Argüelles, Reseña del estado de Tamaulipas (Ciudad Victoria:
Oficina tipográfica del gobierno del estado, 1910), 207.
33
AMGH, Informe de Miguel Pier a José Pier, Hacienda de Tamatán, 17 de
noviembre de 1909.
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señalamiento de Pier en las siguientes palabras: “la siembra es en
proporción de la necesidad de sus propias fincas”.34 En cuanto
a la comercialización de frijol, Tamatán no tuvo participación
en el mercado tamaulipeco porque dicho grano revistió la forma
de monopolio controlado por comerciantes, que acaparaban la
producción en tiempo de escasez para venderlo a precios altos, a
pesar del fácil y barato cultivo del grano.
Cabe decir que el cultivo de frijol coexistió con el de las
frutas, como el plátano -en sus variantes enano y guineo-, así como
la uva moscatel. El contenido de una carta que el administrador
de la finca envió a José Pier hace suponer que el rancho de San
Isidro se destinó a la siembra de plátano, pues Miguel Pier dijo a
su hermano que se “limpió el platanal de San Isidro”.35 Además,
un par de cartas más indican que también se cultivó el plátano
en la huerta de la Quinta Mainero, en la calzada de la alberca,
frente a la pedrera, en la acequia de la planta de luz eléctrica y en
la huerta del henequén. El platanal que quedó sembrado en estos
lugares dentro de la finca sumó un total de 899 plantas.36
Del grupo de pimientos producidos en la hacienda
sobresalió el chile en sus tres variantes. Según Luis Cossío, el
chile era, después del maíz, el artículo de mayor consumo, tanto
Argüelles, Reseña del estado de Tamaulipas, 208.
AMGH, Carta de Miguel Pier en Tamatán a José Pier en Ciudad Victoria, 7
de octubre de 1906.
36
AMGH, Informe de Miguel Pier a José Pier, Ciudad Victoria, 18 de enero
de 1908; AMGH, Informe de Miguel Pier a José Pier, Hacienda de Tamatán, 9
de diciembre de 1909.
34
35

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de los sectores populares de más bajos ingresos, como en general
entre toda la población. En Tamatán había tres tipos de chiles, el
valenciano, imperial y quipin.37 Los terrenos de la finca al pie
de la Sierra Madre Oriental eran el lugar donde se cultivaba. La
cosecha se levantaba antes de la madurez del grano en su estado
de color colorado, tono que toma cuando llega el momento de su
desprendimiento de la planta.
Entre los cítricos cultivados en Tamatán se encontraban
el naranjo injertado, las naranjas tanto del país como agrias,
limones real y chico, y toronja. Las tierras húmedas de Tamatán
al pie de la montaña también propiciaron el cultivo de dichos
cítricos. La situación de la naranja en el porfiriato era que su
producción privaba en la mayor parte de la república mexicana.
Particularmente, la naranja producida en zona limítrofe entre
Veracruz y Tamaulipas se consideraba de buena calidad, tanto
así que “podía embarcarse para el mercado norteamericano”.38
Hacia 1910 ya se hacían buenas exportaciones de naranjas por el
puerto de Tampico.
Sin embargo, el consumo de la naranja se limitó en un
principio al autoconsumo, de modo que la producción satisfacía
apenas necesidades locales de la población mexicana. Al iniciar
el régimen de Porfirio Díaz, la ausencia de mercados organizados
y la falta de la modernización en los transportes condicionó que
37
38

Cossío Silva, “La agricultura”, 27.
Cossío Silva, 47.

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la producción naranjera mantuviera un estado estacionario. Con
el siglo XX, dicha situación tendió a cambiar con la organización,
en la ciudad de Monterrey, de sociedades para emprender el
cultivo del naranjo a gran escala. Por el éxito que tuvieron las
primeras plantaciones de naranjales en el vecino estado de Nuevo
León fue que Miguel Pier viajó a Montemorelos para observar los
resultados obtenidos por Robertson y los Berlanga en el cultivo
de la naranja.
De su estancia en la plantación de ambos citricultores,
Miguel Pier prestó atención a diversas cuestiones. En cuanto al
modo de plantar, señaló que “respecto a las distancias en que
plantan el naranjo es la misma que plantamos nosotros por acá
pues es de 20 a 22 pies uno de otro”. Pero en torno a la variedad
de la naranja, notó que: “Hay varias clases de naranjos, hay uno
el mejor para mí que le llaman a la naranja de ombligo; otra que
llaman de sangre, otra japonesa y otra mediterránea; la llamada
sangre tiene la forma de naranja agria de por acá, todas estas
clases de naranjas son injertados, y el fruto sin semilla”. No
obstante, Pier reconsideró que “resulta superior la de ombligo,
pues esta naranja es dulce y muy grande”.39 Sobre la ombligona
fue informado el coronel González hijo por la carta del 20 de
noviembre de 1904, que le envió Pier a su regreso a Tamatán.
Entre la fecha de la carta y la publicación de la Reseña del estado
AMGH, Carta de Miguel Pier en Tamatán al teniente coronel Manuel González hijo en Tlalpan, 20 de noviembre de 1904.
39

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de Tamaulipas de Adalberto Argüelles (1910), mediaron seis años
en los que el panorama mostró:
Particularmente la enorme plantación que se ha hecho de
naranjales en los terrenos de la hacienda de Tamatán en Ciudad
Victoria, propiedad esta última del progresista terrateniente
teniente coronel Manuel González hijo, cuyo número de plantas
traspuestas en estos dos últimos años alcanza a más de veinte
mil, estando en perfecto estado de crecimiento debido a lo
apropiado del terreno de la hacienda donde está la plantación,
a que se tiene el agua suficiente para cubrir el servicio de los
riegos y especialmente por el esmerado cuidado que se tienen de
la citada plantación por el entendido horticultor administrador
de la finca Miguel Pier, quien seleccionando las plantas al hacer
el trasplante de las almacigueras del injerto con pie de agrio,
que es el más adecuado en estas comarcas, ha asegurado, previo
unos cuantos años más de cuidado, una producción cuantiosa
que dejará a no dudarlo pingües utilidades a su propietario, y
contribuirá de una manera bien definida al aumento de esa parte
de la riqueza pública del estado.40

Los naranjales a los que se refiere Argüelles en su cita posiblemente
se tratan de los mismos que trajo Miguel Pier de Montemorelos
durante su estancia en dicho municipio neolonés que se desarrolló
económicamente gracias a la naranja. Probablemente, el
administrador de Tamatán contó previamente con el visto bueno
de Manuel González hijo para plantar naranjos en la finca. Dicho
propietario era bien conocido por su fama de rico terrateniente en
tierras tamaulipecas, dada su capacidad empresarial de invertir en
los cítricos, sector productivo que tuvo una participaron activa en
40

Argüelles, Reseña del estado de Tamaulipas, 246.

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el mercado nacional debido al paso del tren que sacó la producción
naranjera hacia otras partes de México a fines del porfiriato.
En esa época era común ver jardines plantados de naranjas
en Tamatán.41 Posteriormente, el cultivo del naranjo continuó
vigente a lo largo de la carretera Panamericana, la que según
Bataillón “permitió la venta de naranja en la capital neolonesa de
Monterrey y en Estados Unidos”. Dicho autor menciona además
que para ese entonces las plantaciones de naranjo se habían
ido multiplicando, sobre todo entre Montemorelos y Ciudad
Victoria,42 donde sobresalió especialmente el cultivo de la naranja
Washington en la época en que Tamatán funcionaba como escuela
de agricultura del estado.43 La mayor parte de la producción
de limón real y chico se consumía en el país. Por un lado, los
fruticultores mexicanos habían importado, al iniciarse el siglo
XX, los pies y retoños de limón de California en Estados Unidos
para formar nuevas plantaciones en el noreste mexicano, sobre
todo en Tamaulipas, donde el cítrico se distribuyó a las diferentes
haciendas agrícolas. Por otro lado, la toronja también alcanzó
importancia al igual que otros cítricos durante el porfiriato.
En este periodo, la caña de azúcar constituyó otro
de los productos agrícolas que se cultivaba en Tamatán. La
Rafael de Alba, La República mexicana. Tamaulipas. Reseña geográfica y
estadística (México: Vda. de C. Bouret, 1909), 42.
42
Claude Bataillon, Las regiones geográficas en México, ed. Florentino M
Torner, Nueva Ciencia. Nueva Técnica (México: Siglo Veintiuno, 1969), 200.
43
AGS, Escuela de Agricultura del Estado de Tamaulipas (C. Victoria, Talleres Linotipográficos del Gobierno, 1923).
41

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importancia de dicho carrizo se cifraba en el hecho de que
constituía parte de la dieta popular de la población tamaulipeca.
Adalberto Argüelles considera como “planta industrial” a la
caña de azúcar debido a que de ella se derivaban dos productos
acabados, el aguardiente y el piloncillo o panocha. El
aguardiente de caña se producía mediante un alambique.44
Por otra parte, el piloncillo era el endulzante que no podía
faltar en los hogares tamaulipecos. En Tamaulipas ambos
bienes derivados de la caña se consumían por la mayor parte de
la población. Para su cultivo se destinó un espacio dentro de la
finca conocido comúnmente como la huerta de caña. Acerca de
la situación del cultivo de la caña en 1909, Miguel Pier, en un
informe que rindió al administrador general, menciona: “Las
cañas han descollado muy poco, y calculo la molienda en unas
30 cargas, ésta participará como el 10 o 12 del presente”.45
A diferencia de la caña de azúcar, que constituía un bien de
El alambique era un aparato utilizado para la destilación de líquidos mediante un proceso de evaporación por calentamiento y posterior condensación
por enfriamiento. Según Tortolero, el alambique era una herramienta de destilación simple que está constituida por una caldera, donde se calienta la mezcla.
Los vapores salen por la parte superior y se enfrían en un serpentín situado
en un recipiente refrigerado por agua. El líquido resultante se recoge en el
depósito final. El proceso consiste en que evaporan primero los fluidos con
menor temperatura de cambio de estado, por lo que, tras la condensación, se
encuentran en el medio final más concentrados. De este modo se concentran
alcoholes, tales como el aguardiente. Alejandro Tortolero Villaseñor, De la coa
a la máquina de vapor: actividad agrícola e innovación tecnológica en las
haciendas mexicanas: 1880-1910 (México: Siglo XXI Editores, 1995), 283.
45
AMGH, Informe, Ib., 17 de noviembre de 1909.
44

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exportación, el cacahuate sólo se cultivaba para autoconsumo
dentro de la hacienda.46 Hacia fines de 1906 existe noticia
en la finca sobre el cultivo de 5 1/2 almudes de cacahuate, es
decir, casi dos hectáreas.47
Por otro lado, y frente a la idea de que Bernardo Zorrilla
introdujo el henequén yucateco a Tamaulipas en 1900,48 hoy
sabemos por carta de Miguel Pier enviada a Manuel González
hijo que: “A la planta de henequén de Yucatán se le puso a la
tarjeta que tiene la planta que este señor introdujo Ud. [Manuel
González hijo] por primera vez el año de 1891.”49 El auge
económico en Yucatán, debido al henequén, determinó el interés
del coronel González hijo por introducirlo en Tamaulipas porque
observó en el oro verde una nueva alternativa económica de
ampliar su fortuna.
A manera de ejemplo, para 1906 existe en Tamatán una
plantación de 3,871 plantas yucatecas.50 En cambio, se tenía
proyectado el cultivo de 55,131 henequenales más hacia 1908.51
Argüelles, Reseña del estado de Tamaulipas, 223.
AMGH, Carta de Miguel Pier en Tamatán a José Pier en Ciudad Victoria, 7
de octubre de 1906.
48
Juan Fidel Zorrilla, Estudio de la legislación en Tamaulipas (Ciudad Victoria: Universidad Autónoma de Tamaulipas, Instituto de Investigaciones
Históricas, 1980), 339.
49
AMGH, Carta de Miguel Pier en Tamatán al teniente coronel Manuel González hijo en Tlalpan, 31 de octubre de 1907.
50
AMGH, Carta de Miguel Pier en Tamatán a José Pier en Ciudad Victoria, 7
de octubre de 1906.
51
AMGH, Informe de Miguel Pier a José Pier, Ciudad Victoria, 18 de enero
de 1908.
46
47

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Además del henequén clase Yucatán, hubo el de clase Tamaulipas,
el zapupe, que se cultivó también en la hacienda, al igual que la
lechuguilla que no requería de cultivo, pues crecía en abundancia
y de manera silvestre en los terrenos calizos de la finca. En el
transcurso de esta investigación sólo encontramos información
acerca del zapupe, del que se plantaron 7,778 ejemplares, los
que con los 10,816 que se plantaron en agosto, hacían un total
de 18,594 plantas de zapupe, cuyo cultivo perfeccionó Miguel
Pier “trayendo la plantita de la labor de los Sres. Terán”,52 otros
importantes cosecheros del período. Al cabo de tres meses hubo
un aumento de plantas de zapupe en calidad de cultivo, el que pasó
de 18,594 plantas en octubre a 77,351 en diciembre de 1909.53
Con este cultivo se esperaba “sacar de mil a cincuenta mil matas a
razón de 10 pesos millar”,54 lo cual correspondió a un fenómeno
de mayor trascendencia que experimentó la hacienda, que
Daniela Marino y María Cecilia Zuleta definen como “expansión
de la frontera productiva”,55 la cual se comenzó a expandir con
el cultivo de dicha fibra.
AMGH, Informe de Miguel Pier a José Pier, Hacienda de Tamatán, 5 de
octubre de 1909.
53
AMGH, Informe de Miguel Pier a José Pier, Hacienda de Tamatán, 9 de
diciembre de 1909.
54
AMGH, Andrés González en la hacienda de Tamatán a Manuel González
hijo en México, 28 de febrero de 1911.
55
Daniela Marino y María Cecilia Zuleta, “Una visión del campo: tierra,
propiedad y tendencias de la producción, 1850-1930”, en Historia económica
general de México. De la colonia a nuestros días, ed. Sandra Kuntz Ficker
(México: El Colegio de México, 2010), 462.
52

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FOTO 4
Delegados de la Convención de la Liga de Comunidades Agrarias
y Sindicatos Campesinos con el gobernador Emilio Portes Gil y el
ingeniero Marte R. Gómez en la ex hacienda de Tamatán, 1926

Fuente: Archivo del Ingeniero Marte R. Gómez

La administración de la hacienda agrícola
Para conocer a fondo el cálculo económico en el que se basaba la
hacienda, se analizarán los bienes del inventario de la finca del año de
1899, que se relacionarán con el valor de Tamatán. Según el cuadro
2, los recursos naturales, agua y tierra y construcciones dentro de
la hacienda correspondían al grupo de bienes mayoritarios, los que
tenían una participación del 84 por ciento en el total del inventario.
Dicho porcentaje se obtiene al multiplicar 10,022 pesos, que es el
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monto de los bienes mayoritarios, por 100, divididos entre los 11,924.
75 pesos, que forman el total en que está valuada la hacienda. De la
misma forma obtenemos que los bienes promedio equivalían a 13.98
por ciento (1, 667. 75 pesos) en el total del avalúo de la finca; y los
bienes minoritarios 1.97 por ciento en ese mismo total.
Los primeros bienes comprendían las tierras abiertas al
cultivo y el vital líquido para el riego de los cultivos de la finca.
Asimismo, el cuadro 2 muestra que entre los bienes promedios se
encontraban: primero, un terreno de labor situado al sur del F. C.
del Golfo al frente a la estación de ferrocarril, con una medida de
168.80 metros cuadrados de fondo por 193.20 metros cuadrados de
frente; segundo, un solar al sur del paseo Pedro José Méndez, de
42 metros cuadrado frente por 46. 20 metros cuadrados de fondo;
y tercero, un terreno comprado en la parte oriente de la población.
Los dos primeros se adquirieron de particulares, mientras que el
tercero fue comprado por José Pier al cuerpo edil de la ciudad.
Gracias a estas tres adquisiciones, la hacienda de Tamatán aumentó
sus linderos en una segunda etapa. Por último, es menester describir
los bienes minoritarios de la finca, los que eran desde más de 2
hectáreas de tierra hasta una campana, pasando por jacales para
sirvientes, un par de yuntas de bueyes, carretón y carreta.56
AGHET, José Pier, Apoderado del Tte. C. Dn. Manuel González hijo manifiesta al C. Presidente municipal el capital que posee, para los efectos de la
Ley de Contribuciones vigente en el Estado, cuyo capital está ubicado en la
Hacienda de Tamatán, Ciudad Victoria, 14 de septiembre de 1899, PP. Manuel
González hijo, José Pier, Conforme L. Zorrilla, 264-265.
56

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Cuadro 2
Inventario de la hacienda de Tamatán en 1899
Bienes
70 hectáreas 2 aras [sic] sembradura de riego en propiedad o
sean 62. 500 metros a 225 pesos fanega
Valor en que se estiman las 242 3/4 horas de agua en la hacienda durante el mes de las 3/4 partes del río de San (Isidro)
Marcos
Una casa material en Tamatán
2, 949 hectáreas 97 aras [sic] de terreno de agostadero o sean
2 1/4 sitios de ganado mayor en la hacienda de Tamatán
Una casa al norte de la plaza de Tamatán construida de piedra
y mide 30.25 metros frente, una alberca y baño exentos de
contribuciones conforme decreto
Otro terreno de labor situado al sur del F. C. del Golfo con
frente a la estación, el cual calculo en 168.80 metros fondo
por 193.20 metros de frente pues las escrituras tanto de estos
terrenos y no me es posible precisar la exactitud de sus dimensiones
23 hectáreas 7 aras [sic] sembradura sin riego, en propiedad o
sean 3 fanegas a 100 pesos una de 62.500 metros
3 casas de adobe en Tamatán
Un terreno en la labor de 38,232 metros cuadrados cuyos
linderos son: al norte, la prolongación de la calle de Alameda;
al sur, el terreno del F. C. del Golfo; al oriente, calle 23; y al
poniente, derecho de la vía del mismo ferrocarril
4 hectáreas 34 aras [sic] terreno de sembradura en San Isidro
3 jacales en mal estado en San Isidro
Un solar al sur del paseo Pedro J. Méndez de 42 metros frente por 46.20 fondo
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Valor en
pesos
2, 475
2, 422

2, 000
1, 125
2, 000

400

300
250
199

168.75
150
100

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Bienes

Valor en
pesos
100

Un terreno comprado al R. Ayuntamiento en la parte oriente
de la población
2 hectáreas 37 aras [sic] sembradura
75
10 jacales para sirvientes
50
2 yuntas de bueyes
50
Un carretón chico 2 lancillas
25
Una carreta
25
Una campana
10
Total
11, 924. 75
Fuente: AGHET, José Pier, Apoderado del Tte. C. Dn. Manuel González hijo
manifiesta al C. Presidente municipal el capital que posee, para los efectos
de la Ley de Contribuciones vigente en el Estado, cuyo capital está ubicado
en la Hacienda de Tamatán, Ciudad Victoria, 14 de septiembre de 1899, PP.
Manuel González hijo, José Pier, Conforme L. Zorrilla, 264-265.

La forma con que se llevaban las cuentas de Tamatán tuvo que
ver con que la legislación federal de la época obligaba a todo
comerciante o empresario a llevar seis tipos de libros contables,
entre los cuales estaba el copiador de cartas, en el que según
Gladys Lizama “se inscribirán íntegra y literalmente las cartas
y telegramas que expida sobre sus operaciones, unos en pos de
otros, sin dejar blancos, y guardando el orden de sus fechas. Este
libro, como los demás prescritos por el Código de Comercio,
debe ser encuadernado, forrado y foliado, mas no timbrado”.57
Gladys Lizama Silva, Correspondencia de Francisco Martínez Negrete
Alba, Guadalajara, México, 1903 y 1904: capital social familiar y vida cotidiana, Colección Fuentes (Zamora: El Colegio de Michoacán; Fideicomiso “Felipe Teixidor y Monserrat Alfau de Teixidor”, 2011), 10.
57

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Al reflexionar sobre esta práctica de la cultura escrita de los
empresarios agrícolas porfiristas, es posible establecer cómo
Manuel González hijo llevaba a cabo la cuenta de la hacienda de
Tamatán.
La hacienda de Tamatán financiaba sus actividades por
medio de los recursos generados por la venta de sus productos
de la finca y por la obtención de préstamos. Los ingresos por
la venta de pasajes del tranvía y las ganancias generadas por la
concesión de luz eléctrica, ambos constituían ingresos de efectivo
a la hacienda. Otros de los rubros importantes de las entradas de
dinero a la hacienda lo constituían la venta de ganado, la renta de
pastos, el expendio de aguacate y cacahuate y la venta de solares
de la hacienda. Este proceso de venta de solares por la finca a
particulares continuó en años siguientes, incluso después que la
hacienda pasó a manos del ejecutivo del estado, pero ésta es una
historia posterior. A continuación, se conocerá a profundidad otro
tipo de entrada de efectivo a la finca.
Algunos comerciantes de los más importantes y con
mayor tradición en Ciudad Victoria tendieron relaciones
económicas con el dueño de Tamatán. Entre los comerciantes con
quienes se ligó Manuel González hijo es posible ubicar a Pablo y
Casimiro Lavín, Filizola y hermano, Bernardo Zorrilla, Manuel
Bustamante, Antonio Fernández, Ricardo Madrid y Manuel
María Hinojosa. Estos comerciantes eran al mismo tiempo
prestamistas, los que respondieron a la necesidad del crédito por
parte de quien lo demandaba. La importancia que tuvieron estos
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personajes dependió de que eran una fuente natural de crédito
para propietarios, tales como el coronel González, quien tendió
relaciones sociales con ellos para beneficiarse de las mismas. De
los nexos que tendió el teniente coronel con aquellos hombres,
fuente de crédito, dependió el otorgamiento de préstamos para
financiar su hacienda. Entonces fue que Manuel González hijo
empezó a pedir prestado a Lavín, Filizola y Zorrilla en una
primera etapa.
El proceso de compraventa de la hacienda de Tamatán
Con base en lo señalado por Victoria Lerner, la escasez de
capitales constituyó una dificultad que Manuel González hijo y
sus herederos atravesaron en vísperas de la revolución de 1910.
El año en que las fuerzas del general Pablo González ocuparon
Ciudad Victoria, en 1913, el dueño de Tamatán y su familia
estaban atravesando por una fuerte crisis económica que había
empezado a gestarse muchos años antes, desde el porfiriato.58
La escasez de capital también obligó al coronel González
a hipotecar algunas de sus propiedades. En 1912, David L.
Bretzfelder, apoderado del gerente del Banco de Tamaulipas,
prestó al teniente coronel, por conducto de José Pier 80,000 pesos
oro nacional con un rédito anual del diez por ciento, sirviendo
como hipoteca la hacienda de Tamatán. En esta fianza se incluían
Victoria Lerner, “Las zozobras de los hacendados de algunos municipios
del oriente de San Luis Potosí (1910-1920)”, Historia Mexicana 36, núm. 2
(1986): 324.
58

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a San Isidro, el agua de riego, las fincas y mejoras, casas, baños,
potreros, la planta de luz eléctrica, a excepción del ganado.59
Las dificultades que el coronel González y sus herederos
sufrieron a raíz de la revolución y durante ésta tuvieron dos
consecuencias. La primera fue que la hacienda de Tamatán pasó
a manos del gobierno del estado; la segunda, que la hacienda
se convirtió en escuela de agricultura del estado a iniciativa del
gobernador César López de Lara, quien gobernó a Tamaulipas del
16 de febrero de 1921 al 8 de febrero de 1923.60 En su gestión como
mandatario estatal, López de Lara buscó recuperar el gobierno
del estado, aliándose con los terratenientes sobrevivientes a la
revolución. Por tal motivo y por el vínculo de amistad que lo unía
con los descendientes del general González fue que César López
de Lara medió a favor de ellos ante sus acreedores.
Las gestiones sobre el asunto iniciaron a fines 1921,
cuando el congreso estatal aprobó la iniciativa del gobernador
tamaulipeco para arrendar o traspasar los terrenos de la hacienda
a favor del gobierno del estado, que para los González significaba
una solución para sus problemas económicos.61 La operación
AMGH, Notaría pública a cargo del Lic. Isidoro C. Salazar, Primer
testimonio de la escritura de cesión onerosa de un crédito hipotecario a cargo
de las sucesiones de Manuel González hijo, y de Guadalupe Fernández de
González, otorgada por el Lic. Guillermo Obregón, por el señor David L.
Bretzfelder a favor del gobierno del estado de Tamaulipas (Ciudad Victoria:
Marzo 10 de 1922).
60
Juan Fidel Zorrilla, Historia de Tamaulipas (Ciudad Victoria: Gobierno del
Estado de Tamaulipas, Dirección General de Educación y Cultura, 1987), 110.
61
AHCET, Decreto 105 del 27 de diciembre de 1921, Ciudad Victoria,
59

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�Jaime A. Rodríguez

formalizada mediante escritura del 9 de marzo de 1922 mencionó
que el gobierno del estado, a la cabeza de López de Lara, pagaría
115,000 pesos, cantidad que resultaba de la suma de los 80,000
pesos del adeudo pendiente más los 60, 000 pesos de gravámenes
generados por la misma deuda en un período de diez años.
Los 115,000 pesos se pagarían en dos partes, en la primera
se cubrirían 60,000 pesos y en la segunda, 55,000 pesos, ambos
pagos se harían en moneda metálica oro nacional. El Banco
Zorrilla Sucesores recibiría el primero de estos pagos en su
sucursal de Ciudad Victoria. El segundo pago se cubriría a más
tardar en 1923 en la ciudad de Tampico, generando un interés del
siete por ciento anual, de lo que dependerían abonos de 3,000
pesos.62 Esta fianza incluiría el potrero de San Isidro, el tranvía,
a excepción de la planta de luz eléctrica instalada en la finca.
Días después de la formalización de tal transacción, el
periódico oficial del estado publicó el primer testimonio de la
escritura de compraventa de Tamatán celebrado entre el gobernador
del estado y Manuel González y Fernández.63 Al mes siguiente,
Tamaulipas.
62
AMGH, Notaría pública a cargo del Lic. Isidoro C. Salazar, Primer
testimonio de la escritura de cesión onerosa de un crédito hipotecario a cargo
de las sucesiones de Manuel González hijo, y de Guadalupe Fernández de
González, otorgada por el Lic. Guillermo Obregón, por el señor David L.
Bretzfelder a favor del gobierno del estado de Tamaulipas (Ciudad Victoria:
Marzo 10 de 1922).
63
AGHET, Periódico Oficial del Estado, Primer testimonio de la escritura de
compraventa de la Hacienda de “Tamatán” y Anexos, Planta de Luz Eléctrica,
manzana de solares núm. 11 y fracción de la manzana núm. 1 de esta ciudad,
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el ejecutivo del estado quedó facultado para adquirir formalmente
la finca en virtud del decreto promulgado el 25 de abril de 1922,
por el cual, además, se harían las reparaciones correspondientes
al edificio y se construiría la calzada hacia el centro de la ciudad.
Asimismo, dicho decreto circunscribiría la construcción de las
dependencias necesarias de la Escuela de Agricultura del Estado,
así como las caballerizas y graneros pertenecientes al mismo plantel
educativo. Todo esto generaría un gasto de 140,000 pesos.64 El
decreto del 30 de abril de 1922 permitió al gobernador del estado
sacar a venta o arrendamiento sólo aquellos terrenos de la hacienda
innecesarios para construir los edificios que conformaron la Escuela
de Agricultura del Estado.
El antiguo casco de la hacienda alojó los primeros salones
de clase de la escuela. La utilización del casco de la vieja finca
de Tamatán por la escuela se vio acompañada de la construcción
de tres pabellones, la casa habitación del director, las casas para
los trabajadores, el establo y caballerizas y alberca, así como
edificaciones para lechería, laboratorio, enfermería, sala de actos
y gimnasio; zahúrdas, aprisco y gallineros; talleres de carpintería,
herrería y mecánica; y almacén y trojes y estercolero. La escuela
abrió un campo para las prácticas deportivas para del alumnado.
Dentro del complejo de Tamatán se construyeron las escuelas, la
otorgada por Don Manuel González, jr. y su esposa a favor del Gobierno del
Estado de Tamaulipas (Ciudad Victoria: Marzo 10 de 1923).
64
AHCET, Decreto 40 del 25 de abril de 1922, Ciudad Victoria, Tamaulipas.
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socialista Emancipación del Proletariado en 1935 y la Escuela
Primaria “Profesor Matías S. Canales”. Por investigaciones
recientes, sabemos que hubo conflictos por la tierra entre Tamatán
y los habitantes de los centros ejidales vecinos a la escuela. La
dotación de tierras a ejidatarios y el avance de la mancha urbana
determinó la disminución del perímetro de la escuela a mediados
del siglo XX.
Conclusiones
La adquisición de la hacienda de Tamatán formó parte de los
negocios que por cuenta propia emprendió Manuel González hijo,
después de administrar las haciendas de su padre y diversificar
sus actividades económicas de 1885 a 1893. La hacienda de
Tamatán, durante los veintiocho años que estuvo en poder del
coronel González, fue rentable. En esos años, la producción de
la hacienda continuó siendo diversa tal y como se vio en esta
investigación. Parte de la producción se comercializaba y otra
parte era para consumo dentro de la finca. El ferrocarril ayudó
para que se trasladaran los productos de la finca a la ciudad de
Monterrey y el puerto de Tampico. La hacienda contaba con
ranchos que se dedicaban al cultivo de árboles frutales y agaves
entre otros.
Entre la técnica agrícola dentro de Tamatán se encontraban
aperos para la labranza, tales como yuntas de bueyes, así como
carretones para mover y cargar semillas. Otros implementos de
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la finca eran para la siembra, cosecha, limpia y separación de
granos. Entre los edificios de la hacienda se encontraban tres
casas de adobe, diez jacales para sirvientes, una casa de material
y tres jacales en San Isidro.
Manuel hijo ocupaba la cúspide jerárquica de la hacienda.
Después de él, se encontraba el administrador de todos sus bienes en
Tamaulipas, José Pier, quien representaba los intereses de nuestro
protagonista y gozó de toda su confianza. Entre las funciones del
apoderado de González hijo se encontraba desde planear hasta
comprobar que se realizaran las labores propias de la finca. Después
del administrador seguía en jerarquía el mayordomo, ambos los
trabajadores agrícolas más importantes. Ellos eran, además, los
responsables de los diversos cultivos de la hacienda. Como brazo
fuerte del administrador, Miguel Pier rendía informes al propietario
de la finca. Además, Miguel Pier distribuía las cuadrillas de
trabajadores, que estaban al mando del caporal o capataz. Las
cuadrillas estaban formadas por trabajadores alquilados que venían
de otras latitudes del país, principalmente del altiplano mexicano
del Bajío, en el occidente del país.
Como primer mayordomo de Tamatán, Miguel Pier también
empleó a los trabajadores en las adecuaciones realizadas al tranvía
y a la planta de luz eléctrica que correspondían a los negocios
lucrativos de la hacienda. Como parte del personal permanente
de la hacienda, se encontraban los vaqueros y algunos sirvientes;
aunque estos últimos se encontraban en la parte más baja de la
pirámide poblacional de la finca y se ocupaban de labores menores.
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A raíz de la inauguración, en 1891, del ferrocarril de
Monterrey al Golfo, que unía a la capital neolonesa con el puerto
de Tampico, se construyó ese mismo año la estación ferroviaria
de Ciudad Victoria, punto intermedio de dicha ruta del ferrocarril.
Esto alentó a Manuel González hijo a implantar el sistema de
vías móviles desmontables Decauville, que se utilizó tanto para
trasladar pasajeros, como para transportar la producción de la
finca de Tamatán a la estación del tren. El tranvía Decauville se
vio acompañado de otra obra de infraestructura introducida en
la hacienda, el establecimiento de la planta de luz eléctrica que
suministró las luminarias a la capital Ciudad Victoria.
En la hacienda de Tamatán hubo continuidad en la propiedad
por parentesco. La finca perteneció a la familia González desde la
fecha en que Manuel González hijo compró el inmueble.
Referencias
Archivos
Archivo del Ingeniero Marte R. Gómez
Archivo General e Histórico del Estado de Tamaulipas
Archivo Gabriel Saldívar, Biblioteca Central Pública Ing. Marte
R. Gómez
Archivo Histórico del Congreso del Estado de Tamaulipas
Archivo Manuel González, Universidad Iberoamericana
Archivo Manuel González hijo, Universidad Iberoamericana
Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Autónoma
de Tamaulipas
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Tortolero Villaseñor, Alejandro. De la coa a la máquina de vapor: actividad agrícola e innovación tecnológica en las
haciendas mexicanas: 1880-1910. México: Siglo XXI
Editores, 1995.
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 191-236
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-22

235

�Historia de una hacienda

Zorrilla, Juan Fidel. Estudio de la legislación en Tamaulipas.
Ciudad Victoria: Universidad Autónoma de Tamaulipas,
Instituto de Investigaciones Históricas, 1980.
Zorrilla, Juan Fidel. Historia de Tamaulipas. Ciudad Victoria:
Gobierno del Estado de Tamaulipas, Dirección General
de Educación y Cultura, 1987.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-22

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�La creación de la Secretaría de Educación Pública
(SEP) y la educación rural en el estado de Tamaulipas,
1921-1943
The creation of the Secretariat of Public Education (SEP) and
rural education in the state of Tamaulipas, 1921-1943
Yessenia Flores Méndez

El Colegio de Tamaulipas
Ciudad Victoria, México
orcid.org/0000-0001-8878-9437

Resumen: La investigación analiza la acción educativa federal en el
ámbito rural del estado de Tamaulipas, entidad ubicada en el noreste
de México. El estudio arranca en 1921, año de la creación de la
Secretaría de Educación Pública (SEP), y del inicio de la reforma
administrativa de centralización educativa. El artículo examina las
primeras acciones federales en 1923, y las primeras gestiones del
gobernador de la entidad en 1925. Asimismo, analiza el Convenio
de Unificación y Coordinación de los servicios educativos de 1936
entre el estado y la federación, y la renovación del Convenio de
federalización de la enseñanza en 1943. Utilizando expedientes
del fondo de la SEP, informes del gobierno estatal y fotografías, el
artículo utiliza como enfoque la historia regional de la educación para
recuperar experiencias educativas desde las regiones, sus contextos y
actores educativos. El estudio concluye que la labor que desempeñó
la SEP fue complementaria a la iniciativa local de los agentes
educativos.
Palabras clave: educación rural, escuelas primarias rurales, ruralidad.
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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

Abstract: The research analyzes the federal educational effort in the rural
area of ​​the state of Tamaulipas, an entity located in northeast Mexico.
The study begins in 1921, the year of the creation of the Ministry of
Public Education (SEP) and the beginning of the administrative reform
of educational centralization. The article examines the first federal
actions in 1923 and the first responses of the state’s governor in 1925.
It also analyzes the 1936 Unification and Coordination Agreement
of educational services between the state and the federation, and the
renewal of the Education Federalization Agreement in 1943. Using files
from the SEP archive, state government reports, and photographs, the
articles use the regional history of education as an approach to recover
regional experiences of education, their contexts, and the educational
agents. The study concludes that the work carried out by the SEP was
complementary to the local initiative of educational agents.
Keywords: rural education, rural elementary schools, rurality.

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�Yessenia Flores

Introducción
A un siglo de creación de la Secretaría de Educación Pública
(SEP) (1921-2021) en México, el propósito de este estudio es
analizar la acción de la federación en la educación rural en una
región del norte del país poco estudiada, como es el caso del estado
de Tamaulipas. En la historia de la educación rural en México,
uno de los temas principales ha sido el programa educativo
que impulsó el gobierno después de la revolución de 1910.
Juan Alfonseca realizó un primer balance de la historiografía
sobre la educación rural en México de 1910 a 1970, y planteó
que los trabajos inscritos en el análisis de la relación escuelacomunidad son los que aportan a las circunstancias regionales
en que se desenvolvieron las políticas de escolarización. Los
estudios regionales permiten captar el orden rural de vida de
los municipios y ejidos durante la escolarización de los años
veinte y treinta. Por su parte, clasifica tres ejes de estudio de
la educación rural: las políticas educativas impulsadas por
el Estado Nacional hacia la población rural, los procesos
de expansión de la escolarización rural en las regiones y los
procesos de institucionalización de la escuela en las sociedades
agrarias.1
Juan Alfonseca, “La historia de la educación rural en México, 1911-1970”,
en Historiografía de la educación en México, ed. Luz Elena Galván de Terrazas, Susana Quintanilla, y Clara Inés Ramírez González (México: Consejo
Mexicano de Investigación Educativa A.C., 2003), 279–314.
1

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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

Alicia Civera realizó un segundo balance historiográfico
de la década de 2003 al 2013, y afirmó que en la década de
1970 había tres interpretaciones del proyecto educativo
revolucionario y en particular de la escuela rural mexicana. En
la primera, representaba una propuesta modernizadora que fue
rechazada por la población mexicana que se oponía al ataque
a la iglesia católica; en la segunda, se trató de un proyecto que
buscó mejorar las condiciones de vida de la población rural;
y en la tercera, significaba una retórica que buscaba legitimar
a los revolucionarios en el poder con fines de manipulación
ideológica.2
Los estudios sobre la reforma de federalización educativa
y la escolarización rural se han enfocado a las regiones del centronorte de México, como San Luis Potosí3 y Zacatecas;4 sureste,
Alicia Civera Cerecedo, “Los libros sobre la educación rural en México publicados en el nuevo siglo: una revisión general”, en Historia e historiografía de la educación en México: hacia un balance, 2002-2011. Vol.
2, ed. Georgina María Esther Aguirre Lora, Colección Estados del conocimiento (México: Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de
Educación Superior; Consejo Mexicano de Investigación Educativa, 2016),
249–72.
3
Armando René Espinosa Hernández, “La institucionalización de la escuela
rural federal y la sindicación del magisterio en San Luis Potosí” (El Colegio de
San Luis, 2006).
4
María del Refugio Magallanes Delgado, “Federalización de la enseñanza y
del magisterio en Zacatecas, 1922-1933”, Anuario Mexicano de Historia de la
Educación 1, núm. 2 (el 7 de enero de 2019): 131–41, https://doi.org/10.29351/
AMHE.V1I2.253.
2

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como son los casos de Chiapas,5 y Veracruz,6 Oaxaca;7 y en el
centro, particularmente el Estado de México8 y Puebla.9 De los
recientes estudios regionales sobre la educación rural, sobresalen
los realizados en el centro del país, cercanos a la capital de la
república, entre ellos los de Juan Alfonseca, quien analizó la
escolarización rural federal en la región de Texcoco y Chalco,
Estado de México, demostrando cómo ahí operó una dinámica
de sustitución y desplazamiento entre las redes escolares del
gobierno estatal y del federal. El autor valora el impacto que
Óscar Javier Barrera Aguilera, “Entre apatía y colaboración: actitudes
hacia las escuelas rurales federales en la región de San Bartolomé de Los
Llanos, Chiapas, 1926-1940”, LiminaR 11, núm. 1 (2013): 42–56.
6
Laura Giraudo, “No era un desierto: la Secretaría de Educación Pública y
la educación rural en el estado de Veracruz, periodo posrevolucionario”, en
Historia de la educación en Veracruz: construcción de una cultura escolar,
ed. Luz Elena Galván de Terrazas, Gerardo Antonio Galindo Peláez, y Gerardo
Sánchez Vigil, Colección Veracruz Siglo XXI 3 (México: Universidad Veracruzana; Gobierno del Estado de Veracruz; Secretaría de Educación del Estado
de Veracruz, 2014), 173–97.
7
Salvador Sigüenza Orozco, “El sistema educativo estatal y los primeros años de la federalización educativa en la Sierra Norte de Oaxaca (19201942)”, Relaciones 36, núm. 143 (2015): 129–59, https://doi.org/10.24901/
rehs.v36i143.62.
8
Juan B Alfonseca Giner de los Rios, “La federalización de la enseñanza.
Concurrencia escolar y alianzas sociales en contextos rurales del oriente del
Valle de México, 1922-1947”, Relaciones 36, núm. 143 (2015): 11–50, https://
doi.org/10.24901/rehs.v36i143.58; Carlos Escalante Fernández, Mazahuas,
campesinos y maestros : prácticas de escritura, tierras y escuelas en la historia de Jocotitlán, Estado de México (1879-1940) (Zinacantepec: El Colegio
Mexiquense, 2014).
9
Ariadna Acevedo Rodrigo, “Entre el legado municipal y el avance del gobierno federal: las escuelas de la sierra norte de Puebla, 1922-1942”, Relaciones 36, núm. 143 (2015): 51–84, https://doi.org/10.24901/rehs.v36i143.59.
5

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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

localmente tuvo el proceso federalizador y encontró que éste no
tuvo rasgos de compensación complementaria; resultó no ser el
Estado posrevolucionario el que llevó la escuela a los pueblos
marginados, sino el poder político estatal.10
Por su parte, Carlos Escalante muestra desde una mirada
local cómo se llevó a cabo el proceso de escolarización en el
municipio de Jocotitlán, Estado de México, entre 1879 y 1940, un
período amplio para dar cuenta de los cambios y continuidades en
los usos locales de la escritura y en los procesos de escolarización;
y que ayuda a entender las formas de apropiación que tuvieron de
la escuela y los usos sociales que hicieron de ésta.11 Escalante
analizó las condiciones que permitieron el establecimiento de
escuelas rurales en el norte del Estado de México, y describe
las respuestas locales a este proceso educativo. Destaca que
el acercamiento regional a la centralizadora “Federalización
de la enseñanza” puede mostrar los alcances que tuvo, las
modificaciones de la cultura escolar y las prácticas; así como la
consolidación de sistemas educativos estatales y la participación
de los agentes escolares locales.12
Alfonseca Giner de los Rios, “La federalización de la enseñanza. Concurrencia escolar y alianzas sociales en contextos rurales del oriente del Valle de
México, 1922-1947”.
11
Carlos Escalante, Mazahuas, campesinos y maestros. Prácticas de escritura, tierras y escuelas en la historia de Jocotitlán, Estado de México (18791940), Zinacantepec: El Colegio Mexiquense, 2014.
12
Escalante, Carlos “Respuestas locales a la escuela rural federal en el norte
del Estado de México (1927-1940),” en Relaciones, Estudios de Historia y
Sociedad, Zamora: El Colegio de Michoacán, Vol. 36, N. 143, 2015.
10

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Ariadna Acevedo, por su parte, examinó la continua
presencia de las escuelas municipales y las limitaciones de la
expansión de las escuelas federales en la sierra norte de Puebla
(1922-1942). En su trabajo, destacó el aporte de los recursos
locales a la escolarización, analizó la distribución de las escuelas
federales, cuestionó si las escuelas llevaron a cabo una función
complementaria y compensatoria frente a la red escolar existente,
y evaluó en qué medida la SEP atendió a las zonas más rurales
y aisladas para entender los límites del avance federal y la
importancia de las localidades para sostener las escuelas. Dicha
autora también menciona que los frecuentes cierres de las escuelas
federales (aún después de 1940, cuando cabría esperar mayor
estabilidad) señalan una limitación más del esfuerzo educativo
federal. Se ha escrito mucho sobre el período de 1921-1940,
pero queda pendiente estudiar qué pasó después con las escuelas
federales. Por último, Acevedo encontró que las localidades
complementaron la oferta educativa; el Estado compensador fue
compensado por los ciudadanos.13
En otras latitudes, los autores Chávez y Medina
coordinaron Los mundos escolares en el noreste de México, donde
agruparon estudios de San Luis Potosí, Nuevo León y Zacatecas,
mostrando la realidad educativa en un territorio enclavado en la
región semidesértica.14 Ramos, en el mismo sentido, realizó un
Acevedo Rodrigo, “Entre el legado municipal y el avance del gobierno
federal: las escuelas de la sierra norte de Puebla, 1922-1942”.
14
Mónica Lizbeth Chávez González y René Medina Esquivel, eds., Los mun13

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estudio sobre las maestras y expuso la situación de las escuelas
rurales en el sureste de Nuevo León.15
Al estudiar la política educativa nacional dirigida al
medio rural y el proceso de expansión de la escolarización rural
en Tamaulipas, las cuestiones que se busca responder aquí son:
¿Cuál fue la recepción-apropiación de la escuela rural? ¿Cómo
recibieron las reformas educativas orientadas a la educación
rural? ¿Cómo se distribuyeron las escuelas rurales federales y
estatales? ¿Cuál fue la interacción entre las autoridades y agentes
educativos?
En el aspecto teórico se siguen las aportaciones de Elsie
Rockwell, quien propone abordar las investigaciones “desde una
perspectiva que privilegie lo local sobre lo nacional”, porque
el discurso, la legislación y programas del Estado centralizado
se aplican a regiones particulares, y en estos procesos ocurren
tensiones entre centro y localidad.16 También seguimos la
categoría de “negociación”, que señala que en cada lugar ocurren
dos escolares en el noreste de México: ruralidad y género en el siglo XX (San
Luis Potosí: Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia; Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de San Luis Potosí, 2019).
15
Norma Ramos Escobar, El trabajo y la vida de las maestras nuevoleonesas: un estudio histórico de finales del siglo XIX y principios del siglo XX
(Monterrey: Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2007).
16
Elsie Rockwell, Hacer escuela, hacer estado: la educación posrevolucionaria vista desde Tlaxcala, Colección Investigaciones (Zamora: El Colegio
de Michoacán; Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social; Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto
Politécnico Nacional, 2007), 13.
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negociaciones entre grupos regionales y nacionales.17 Este ensayo
también se orienta con el concepto de “apropiación”, que subraya
que las políticas y los proyectos educativos fueron disputados,
modificados y apropiados en cada lugar; en este sentido, las
pugnas regionales alteraron la política nacional.18
El trabajo está fundamentado con el análisis e interpretación
de los documentos y expedientes del Archivo Histórico de la SEP,
informes de gobierno y fuentes iconográficas. También se hizo un
recorrido de campo por las escuelas primarias rurales construidas
en el centro del estado durante los años cuarenta del siglo XX,
para recopilar fotografías de los edificios y murales y observar la
materialidad escolar.
La fundación de la SEP y las primeras escuelas
rurales federales de los años veinte en Tamaulipas
A fines del siglo XIX, durante el porfiriato (1877-1910), los
gobernadores porfiristas abrieron las primeras escuelas rurales. En
1897, existían ochenta escuelas rurales en Tamaulipas sostenidas
por el gobierno del estado y vigiladas por los municipios. En
1911, la Dirección de Instrucción Pública en el Estado informó a
la Secretaría de Instrucción Pública (SIPBA) sobre la función de
95 escuelas primarias rurales de las cuales estaban distribuidas 45
Rockwell, Hacer escuela, hacer estado: la educación posrevolucionaria
vista desde Tlaxcala.
18
Mary Kay Vaughan, La política cultural en la Revolución: maestros, campesinos y escuelas en México, 1930-1940, Sección de obras de historia (México: Fondo de Cultura Económica, 2001), 14.
17

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en el distrito centro, 24 en el Distrito Norte, 12 en el Distrito sur,
y en el cuarto distrito había 14.19
Pero la irrupción de la revolución de 1910 las
disminuyó y varias de ellas fueron cerradas. Con el triunfo del
constitucionalismo, el general Venustiano Carranza devolvió
la enseñanza a cargo de los municipios. Entre 1914 y 1916 el
gobernador constitucionalista, Luis Caballero, designó al profesor
Lauro Aguirre al frente de la Dirección General de Educación
Pública (DGEPET), pero la educación pasó a depender del
gobierno del estado; funcionaban entonces, en total, 214 escuelas
primarias, 90 urbanas y 124 rurales con 12,832 alumnos y 4,604
respectivamente.20
Por su parte, con el presidente Álvaro Obregón (19201924) inició el período de reconstrucción nacional y desarrollo
institucional. El Congreso de la Unión, en ejercicio de la
facultad que le confería el artículo 135 de la Constitución
federal, y con la aprobación de la mayoría de las legislaturas de
los estados, expidió el decreto que reformó el artículo 14, que
suprimió la SIPBA, así como la fracción XXVII del artículo
73, para establecer y sostener en toda la república mexicana
las escuelas rurales y urbanas, secundarias y profesionales.
Así, la federación tendría jurisdicción sobre los planteles que
AGN, SIPBA, Dirección General de Instrucción Pública de Tamaulipas, 31
de octubre de 1911.
20
IIH-UAT, Informe General de educación Pública en el Estado de Tamaulipas, 1914-1916, Ciudad Victoria.
19

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sostuviera sin menoscabo de la libertad que tenían los estados
para legislar sobre el ramo.21
También se decretó el establecimiento de la SEP, y se
asignaron las distintas dependencias, entre ellas, la Dirección de
Educación Primaria y Normal, el Departamento de Educación y
Escuelas que se fundaran con recursos federales, y el Departamento
escolar.22 Luego se crearon el Departamento de Escuelas
Primarias Rurales y Foráneas (DEPRyF), el Departamento de
Cultura indígena (del que dependían las misiones culturales),
entre otros.23 José Vasconcelos fue designado primer secretario,
quien emprendió una cruzada educativa y aplicó la enseñanza
activa. La historiadora Engracia Loyo afirma que la “escuela
rural mexicana” de 1920 a 1940 se insertaba con las comunidades
rurales, era la casa del pueblo, el lugar de reunión de la comunidad.
Ésta surgió con la SEP en 1921, cuando el país entraba en una
etapa de reconstrucción, y se hicieron esfuerzos de extender la
educación al medio rural, ya que la escuela había privilegiado a
las áreas urbanas.24
En los mismos años, en Tamaulipas, el gobernador César
López de Lara (febrero de 1921 a diciembre de 1923) promulgó
la Constitución política del estado y la Ley de Educación Pública
Diario Oficial de la Federación, en adelante DOF, 8 de julio de 1921.
DOF, 29 de septiembre de 1921.
23
Ernesto Meneses Morales, Tendencias educativas oficiales en México
(México: Editorial Porrúa, 1983), 381.
24
Engracia Loyo Bravo, La casa del pueblo y el maestro rural mexicano,
Biblioteca pedagógica (México: Secretaría de Educación Pública, 1985).
21
22

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de Tamaulipas de 1922. Asimismo, decretó que las escuelas
oficiales pasaran a depender directamente del ejecutivo mediante
la Dirección General de Enseñanza Pública (DGEPET), en
la dirección técnica, administrativa y financiera, pero en sus
informes no clasificó las escuelas rurales.
La creación de la SEP permitió a la federación tener
presencia en las entidades. En 1922, la política vasconcelista
pretendió ser auxiliar, ya que dependía de las circunstancias
de cada estado y con cada uno el pacto fue diferente.25 Ese
año, Vasconcelos envió un representante a Tamaulipas, y le
informaron que las escuelas estaban en buenas condiciones al
depender del gobierno del estado. Ese año sólo se efectuaron los
trabajos preparatorios para extender la acción educativa federal
posteriormente en la entidad.26
En enero de 1923 se formularon las “Bases para la
Acción Educativa Federal”, que incluían los presupuestos para
24 estados, y reiteraban que la SEP actuaría sin menoscabo
de la autoridad local.27 El Departamento escolar de la SEP
fundó ese año 1,537 escuelas, de las cuales 1,219 eran rurales.
Engracia Loyo Bravo, “Los mecanismos de la ‘federalización’ educativa,
1921-1940”, en Historia y nación (actas del Congreso en homenaje a Josefina
Zoraida Vázquez), ed. Pilar Gonzalbo Aizpuru, vol. I (México: El Colegio de
México, 2018), 116, https://doi.org/10.2307/J.CTV47W6ST.11.
26
Hemeroteca Nacional de México, en adelante HNM, Boletín SEP, 1 de
enero de 1923.
27
Engracia Loyo Bravo, Gobiernos revolucionarios y educación popular en
México, 1911-1928 (México: El Colegio de México, 1999), 141.
25

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El Estado de México quedó a la cabeza con 211 escuelas
federales, seguido por Guanajuato con 144, mientras la
entidad menos favorecida fue Tamaulipas, en donde solo se
creó una escuela federal. La cantidad de dinero otorgada a
cada estado era proporcional a su población analfabeta. Los
subsidios fluctuaban entre los 350 mil pesos para Guanajuato
y 40 mil pesos para Tamaulipas.28 En otra fuente de 1923, se
registra que se destinaron a Tamaulipas 23,576 pesos para las
escuelas federales.29 Se recomendó mediante circular a todos
los Delegados (Delegación Federal de Educación) de la SEP
en los estados que se siguieran las Bases de la escuela de la
acción. Ya para septiembre de 1923, la SEP había establecido
convenios con los 32 estados.30
La acción paralela en el callismo
El presidente Plutarco Elías Calles (1924-1928), y el secretario
de la SEP, José Manuel Puig Casauranc, siguieron otra política:
crearon un sistema educativo paralelo al estatal, independiente,
para llenar las lagunas de acción de autoridades locales.
Consideraban que había sido un error celebrar contratos mediante
los cuales el gobierno manejaba la educación y la responsabilidad
HNM, Boletín SEP, tomo II, números 5 y 6, 2° semestre de 1923, y 1° semestre de 1924, “La acción federal en los estados”, p. 28, 1 de enero de 1924.
29
HNM, Boletín SEP, “Cuadro que manifiesta las cantidades invertidas en el
sostenimiento de escuelas federales dependientes del Departamento escolar en
los estados de la República en el año de 1923”, 1 de enero de 1924.
30
Meneses Morales, Tendencias educativas oficiales en México, 168.
28

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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

del estado se limitaba a entregar a éste una suma de dinero, por
lo que los pocos contratos que aún existían fueran anulados. La
SEP fue reorganizada, y en 1925 las Delegaciones de Educación
Federal en los estados se renombraron Direcciones; en 1926
crearon la Dirección de Misiones Culturales y el Departamento
de Escuelas Rurales.
Entre 1925 y 1928 fue gobernador de Tamaulipas el
licenciado Emilio Portes Gil, quien apoyó el reparto de tierras en
ejidos y la educación rural. En la Primera Convención de la Liga
de Comunidades Agrarias (LCA) que se celebró en septiembre
de 1926, el programa de materia agraria que trazó el gobierno
del estado contenía diez postulados; el punto VII, dedicado a la
educación, enunciaba:
Una escuela rural abre nuevos horizontes, introduce variantes
de la monotonía de la vida gris del jornalero y hace menos
duras las faenas del campo. En combinación con la escuela
rural, la escuela nocturna para adultos presta ocasión para que
se instruyan los mayores de edad, y para que adquirieran éstos
la noción de que hay tierras más allá del límite de la hacienda
que los vio nacer. Fiestas escolares a las que asistan los padres
de los educandos y números en los programas de fiestas patrias
desempeñados por adultos, y que pueden ser desde carreras de
caballo, sobre temas que dignifiquen el productor y se ponga
de manifiesto la repugnancia de los vicios y de la ociosidad;
contribuirán hacer amable el aprendizaje, aun a hombres que
llegaron a la mayoría de edad sin haber tenido nunca en sus
manos un libro de lectura.31
Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Estado
de Tamaulipas, Primera Convención de la Liga de Comunidades Agrarias
31

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�Yessenia Flores

El gobernador Emilio Portes Gil pronunció un discurso en la
apertura de los trabajos de la Primera Convención, y dijo:
Deseamos una “nueva escuela” para Tamaulipas, no la escuela
de la rutina y de programa que se enseñaba en las cuatro paredes
de un cuarto oscuro, no la vieja escuela que martirizaba la pobre
inteligencia del niño, no la escuela de escasos recursos que
hacia añicos la mente y el espíritu infantil; deseamos la “nueva
escuela” de la libertad, la escuela de los nuevos horizontes,
la escuela del corazón que hace nacer en el espíritu el alto
sentimiento de la fraternidad humana. Deseamos sembrar en
cada corazón de mexicano y de tamaulipeco, la simiente de
la “escuela moderna”, que rompe los moldes de la sociedad
opresora del capitalismo, escuela que quita los prejuicios de
clase que hace nacer en el espíritu humano las tendencias
destructoras que siembran en los pueblos la discordia y el
odio.32

En el proyecto de bases para constituir la Liga de Comunidades
Agrarias del estado se establecieron XVI puntos. En el VIII,
se propuso crear escuelas rurales mixtas y escuelas de difusión
que impartieran conocimientos rurales para adultos; gestionar,
además, las admisiones de los hijos de los ejidatarios a la Escuela
Regional de Agricultura del Estado o a la Escuela Nacional de
Agricultura de México, y en general, tratar todo lo relacionado
con la educación del campesino. También se propuso patrocinar
la creación de Juntas locales de educación en colaboración con
y Sindicatos Campesinos del Estado de Tamaulipas (México: Editorial
Cvltvra, 1927).
32
Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Estado de
Tamaulipas, 74.
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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

las autoridades y obtener recursos de los padres de familia para
la construcción edificios escolares adecuados. En el punto IX
se plasmó la idea de organizar campañas de alfabetización e
higiene, combatir el alcoholismo, el fanatismo y en general
todo aquello que pudiera redundar en la degeneración corporal
o mental de los campesinos. El punto XI, por su parte, señaló
la importancia de hacer sana la vida en el campo, introduciendo
deportes y bibliotecas y ofreciendo esparcimiento al hombre del
campo.
El 27 de noviembre de 1926, el gobernador Emilio Portes
Gil expidió un decreto donde expuso que, siendo la educación
popular el medio más eficaz para implantar los principios, estaba
dentro del programa de gobierno el propósito de reformar los
sistemas de enseñanza y procurar la “socialización de la escuela”
para que dejara de ser individualista, ya que la ley vigente no
tenía las orientaciones modernas.33 En abril de 1927, expidió
la Ley de Educación Pública del Estado de Tamaulipas, en
cuyo artículo primero se determinó que la instrucción primaria
impartida por el estado, o la que en él se impartiera bajo la
vigilancia y legislación del mismo a través de la DGEPET,
perseguía el desarrollo de los educandos, capacitándolos con
hábitos para un vida social de cooperación que asegurara el
bienestar y progreso. En el artículo segundo, el gobierno del
Archivo del Congreso del Estado de Tamaulipas, en adelante AHCET, Decreto 265, 27 de noviembre de 1926.
33

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estado aceptó la obligación de impartir la educación elemental
en ciudades, congregaciones y rancherías, impulsando la
Escuela Rural que tanto hacían falta en el país. Todas las
escuelas primarias urbanas y rurales observarían el laicismo
en la enseñanza y tenderían a conseguir la unidad nacional. El
artículo 18 expuso que toda escuela rural que se estableciera
en lugares ejidales se llamaría escuela ejidal y estaría vigilada
por inspectores. También funcionarían comités de educación
rural con la cooperación social. Por otro lado, los dueños de
haciendas también deberían abrir escuelas.34
El plan de estudios de primaria contenía saberes de la
escuela activa: en las primarias rurales mixtas, de un maestro y
con dos grados del primer ciclo, se incluía Higiene y deportes,
Aritmética y Geometría, Pequeñas industrias, Geografía e
Historia, Dibujo, Escritura y Canto. En las Elementales mixtas,
rurales o urbanas, se incluía Higiene, Lenguaje, Aritmética y
geometría, Huerto y Granja escolar, juegos y deportes, Dibujo,
Escritura, Música y canto, Meteorología y Geografía, Historia del
Estado y Patria.
El gobierno del estado publicó en 1927 las Disposiciones
de las escuelas ejidales de Tamaulipas, que presentaba las
sugestiones de funcionamiento de las escuelas rurales, de
los directores, materias y actividades. Los maestros de las
Ley de Educación Pública del Estado de Tamaulipas (Ciudad Victoria,
1927).
34

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escuelas rurales ejidales debían contar en su biblioteca con las
constituciones; con las leyes del trabajo y agraria; con la colección
de las revistas El Surco y La Tierra; folletos de la cría de gallinas,
conejos y cerdos; así como con el Manual del Agricultor, del
horticultor y apicultor.35
Por otra parte, de la relación de escuelas primarias
rurales federales que funcionaban hasta finales de 1924, se
registraron 12 en Tamaulipas, con un maestro cada una.36
En el primer informe, el gobernador Portes Gil mencionó
que al iniciar su gestión en 1925 había 2 escuelas primarias
establecidas por la federación, y llegó la primera misión
cultural. Asimismo, gestionó con la SEP el establecimiento de
50 escuelas rurales sostenidas por la federación, ocupándose
la DGEPET de determinar dónde deberían abrirse los planteles
que se inaugurarían ese mes de enero.37 En el segundo
informe, dijo que en el estado había 60 escuelas sostenidas por
la federación.38
Poder Ejecutivo del Estado de Tamaulipas, DGEP, Boletín número 4, año
1, enero de 1927, Ciudad Victoria, Tamaulipas, MXMXXVII.
36
“Estadísticas. Relación de Número de Escuelas Rurales que funcionaron
hasta el 1 de diciembre de 1924”. El sistema de escuelas rurales en México
(México: Talleres Gráficos de la Nación, 1927).
37
Informe que rinde el C. Gobernador Constitucional del Estado, Lic.
Emilio Portes Gil, ante el XXIX H. Congreso del mismo, el dia 1°. de enero
de 1926 (Ciudad Victoria: Talleres Linotipográficos del Gobierno del Estado,
1926), 21.
38
Informe que rinde el C. Gobernador Constitucional del Estado, Lic.
Emilio Portes Gil, ante el XXX H. Congreso del mismo, el dia 1°. de enero
de 1927 (Ciudad Victoria: Talleres Linotipográficos del Gobierno del
35

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Según los datos de la SEP, en 1926 aumentaron a 40
escuelas primarias rurales federales que atendían 1,872 alumnos,
y en 1927, 52 escuelas y un inspector escolar federal.39 La
mayoría de las escuelas, sin embargo, se ubicaban en el centro
del estado. Así empezaron a operar paralelamente dos sistemas
educativos, el estatal y el federal, con la presencia de la DGEPET
y la Dirección de Educación Federal (DEF).
A fines de 1926, fue nombrado Director de Educación Federal en Tamaulipas el profesor Efrén N. Mata quien informó a
la SEP de su visita.40 La federación el próximo año no pagaría
locales para escuelas en el estado.41 Según los informes de la
DEF del 10 de febrero de 1927, el nuevo Director en Tamaulipas
era el profesor Ocampo N. Báez.42 En mayo de 1927, el Inspector escolar federal José A. Bazán visitó las escuelas rurales federales del centro del estado.43 En 1928, Tamaulipas contaba con
82 escuelas rurales federales, atendidas por 90 maestros y 3,736
Estado, 1927).
39
“Relación que manifiesta las Escuelas Rurales que, sostenidas por el Gobierno Federal y dependientes de la Secretaría de Educación Pública, funcionaron hasta el mes de diciembre de 1926, en la República”, Departamento de
Escuelas Rurales, 1926.” El sistema de escuelas rurales en México.
40
HNM, Boletín SEP, Escuelas rurales, Departamento de Cultura, 1926.
41
HNM, Boletín SEP, Informe del DFE profesor Efrén N. Mata, de los meses
de noviembre y diciembre de 1926, enero de 1927.
42
HNM, Boletín SEP, Informe del Director de Educación Federal en el Estado de Tamaulipas, Ocampo N. Báez, 10 de febrero de 1927.
43
HNM, Boletín SEP, Informe del Director de Educación Federal en el Estado de Tamaulipas, Ocampo N. Báez, mayo de 1927.
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alumnos.44 En 1928, se aprobó crear otras 40 escuelas rurales federales en la entidad. Por el aumento de escuelas, el estado quedó
dividido en dos zonas escolares federales, la del norte, a cargo del
inspector José A. Bazán, con residencia en Villagrán; y la del sur,
a cargo de Delfino Téllez, en Jaumave. La zona norte contaría con
53 escuelas y la sur con 50; es decir, a finales de la década de los
veinte ya se llegaba a más de un centenar de escuelas federales.45
El gobernador Portes Gil, en 1927, estableció 10 escuelas
rurales de varones, 10 de niñas, y 50 mixtas.46 Para 1928, se
construyeron escuelas en Ollama, Estación Cruz, Estación Carrizos,
Barranco azul, San José de Santa Engracia, Las Enramadas
(Hidalgo), El Saucillo (San Carlos) y La Misión (Victoria). Otras
escuelas pequeñas se abrieron en el Ejido San Patricio (Padilla),
Ejido La Diana (Güémez), Tancol (Tampico), La Peña (Soto la
Marina), La Mora (Magitzcatzin), Villa de Juárez, Ejido San
Lázaro, Garza Valdéz (Villagrán) y Jaumave.47 En el distrito sur
también se repartieron ejidos, donde se encontraban otras escuelas.
México. Secretaría de Educación Pública, El esfuerzo educativo en México
(Mexico: Publicaciones de la Secretaria de Educación Pública, 1928).
45
HNM, Boletín SEP, Informes del Director de educación federal en el estado de Tamaulipas, correspondiente a diciembre de 1927 y enero de 1928.
Escuelas rurales, Ocampo N. Báez.
46
Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del estado de
Tamaulipas, Segunda Convención de la Liga de Comunidades Agrarias y
Sindicatos Campesinos del estado de Tamaulipas (Ciudad Victoria, 1927), 52.
47
Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del estado de Tamaulipas, Tercera Convención de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos
Campesinos del estado de Tamaulipas (Ciudad Victoria: Cvltvra, 1930), 65.
44

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En Ollama y en Santa Engracia se construyeron escuelas ejidales
de cemento y fierro, debidamente acondicionadas para los niños
con luz eléctrica, sanitarios de regadera y drenaje. Estas escuelas
las había costeado en su mayor parte el gobierno del estado, y para
completar, cada pueblo contribuyó con 3 mil pesos que se tomaron
del fondo con el 15 por ciento de las cosechas levantadas en el
ejido. Se construyeron escuelas más pequeñas en Estación Cruz,
Estación Carrizos, Ejido La Diana y San Lázaro.48
Según estadísticas de la DGEPET, en el año escolar
de 1927-28, el gobierno del estado administraba 98 primarias
urbanas y 182 rurales, así como nocturnas. Mientras, la SEP tenía
el control de 123 escuelas, de las cuales 60 eran rurales mixtas, 5
urbanas y 58 de adultos; en el caso de Tampico, eran sostenidas por
el municipio y particulares.49 Esta política agrarista y educativa,
sin embargo, solo tuvo alcance en el centro del estado.
La centralización educativa en el Maximato.
Atender las regiones más difíciles y aisladas
Aarón Sáenz, titular de la SEP con el presidente Pascual
Ortiz Rubio (1929-1931), se preocupó por la relación entre la
“Informe sobre la situación y trabajos de los centros ejidales, rendido por el
Ing. Jesús Fernández, agrónomo del departamento ejidal”, en Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Estado de Tamaulipas, Primera
Convención de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del
Estado de Tamaulipas, 203.
49
Maurilio P. Náñez, Renovación: tópicos del Estado de Tamaulipas desarrollados durante el gobierno del Sr. Lic. Emilio Portes Gil (Saltillo: Coahuilense, 1928).
48

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federación y los estados, y convocó a una Asamblea Nacional
de Educación. Los propulsores de la federalización perdieron,
pues se acordó que gobierno federal y gobiernos estatales
resolverían coordinadamente la educación. Las entidades serían
las que normaran y la federación solo auxiliaría. Los estados
debían dedicar no menos del 40 por ciento de su presupuesto
para la educación pública, del cual se destinaría el 70 por ciento
a la primaria. Un nuevo convenio con los estados asignaba a la
federación a través de la SEP las regiones más difíciles y aisladas
para establecer escuelas.50
En el primer informe del gobernador Francisco Castellanos
(1929-1933), dijo que al hacerse cargo de la administración había
125 escuelas urbanas y 273 rurales y ejidales. En 1928 funcionaban
124 ejidales en la zona norte y sur. En su primer año llegaron
Misiones culturales federales a las zonas escolares 2º, 4º (Jaumave)
y 6º, y el gobierno del estado abrió escuelas rurales. En el segundo
informe, aumentaron a 128 primarias urbanas, 176 rurales y 168
ejidales (344) y 226 nocturnas de adultos. Se fundaron 16 escuelas
ejidales, las misiones culturales operaron en Padilla, San Carlos
y Villa Juárez.51 En el tercer informe, 189 rurales y 178 ejidales
(367), y 197 escuelas entre primarias y rurales sostenidas por el
Loyo Bravo, “Los mecanismos de la ‘federalización’ educativa, 19211940”, 123.
51
Informe rendido por el Co. Lic. Francisco Castellanos, Jr. Gobernador
Constitucional del Estado, ante la XXXII H. Legislatura del mismo, el
día 1°. de enero de 1931 (Ciudad Victoria: Talleres Linotipográficos del
Gobierno, 1931).
50

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gobierno federal. En el último informe, a principios de 1933, se
registraron 385 escuelas, mitad rurales y ejidales, reportándose la
creación de 18 de ellas. La política de la SEP de atender las zonas
más alejadas se vio reflejada en Tamaulipas, pues en 1930 arribó la
primera Normal Rural federal en el Estado para formar maestros y
maestras rurales, misma que se instaló en Los Ébanos (Jaumave)
en un territorio enclavado en el semidesierto tamaulipeco, y en
1933 se adscribió la Misión cultural.
Narciso Bassols, secretario de la SEP (1931-1934)
durante los breves periodos presidenciales de Pascual Ortiz
Rubio y Abelardo L. Rodríguez, sumó a los contenidos de
la escuela activa el trabajo social, promovió campañas de
higiene, antialcohólicas y deportivas para combatir el fanatismo
religioso.52 Bassols, el más radical de los secretarios del
Maximato, amplió el radio de acción del gobierno central por
medio de diversas estrategias, una de las cuales fue desplazar
el centro de acción educativa de la comunidad a la región para
restar espacios de poder a los estados, lo que significaba un
cambio respecto a la política anterior, que hacía de la comunidad
el centro de acción educativa.53
Manuel Mesa, jefe de Misiones Culturales de la SEP,
ordenó al jefe de la misión cultural de Los Ébanos, Tamaulipas,
Vaughan, La política cultural en la Revolución: maestros, campesinos y
escuelas en México, 1930-1940.
53
Loyo Bravo, Gobiernos revolucionarios y educación popular en México,
1911-1928, 126.
52

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para que estudiaran las leyes agrarias vigentes del estado para
dotar de tierras, y sugirió el mejoramiento de las condiciones
de vida de los campesinos.54 El profesor Braulio Rodríguez,
inspector general de la zona norte, informó al secretario de la
SEP, Narciso Bassols, sobre su visita a la Misión Cultural que
estaba atravesando por una crisis, señalando que había tropezado
con dificultades debido a que los hacendados se opusieron a
la labor de los misioneros. Por su parte, el gobernador Rafael
Villarreal dijo que no tenía ninguna prevención contra la misión,
que estaba de acuerdo con el trabajo que la SEP efectuaba en el
estado, y que la región en que la misión estaba operando era la
más difícil para su gobierno, pues estaba controlada por otro
grupo político.
Mientras en 1927 apenas había 5 escuelas rurales
federales en Jaumave, para 1933 éstas ya se habían extendido. El
Departamento de Enseñanza Agrícola y Normal Rural (DEANR)
remitió un croquis de la 4ª zona escolar y de la Misión Cultural, la
cual abarcaba 30 escuelas, de las cuales 15 eran rurales federales,
13 del estado y 2 sin sostenimiento.55
AGN, SEP, DEANR, C. 33444, Artículos relativos a la dotación de agua y
tierras, 12 de mayo, 1933; Informe de las condiciones económicas de los que
viven en las llamadas haciendas ixtleras. Urge organización de cooperativas,
al ing. Manuel Mesa. 23, mayo, 1933.
55
AGN, SEP, DEANR, C. 33447, Misión Cultural del Estado de Tamaulipas,
remite croquis de la 4º zona escolar y de la misión para sus trabajos de investigación e informe que los institutos pueden hacer en vacaciones de julio y
agosto, 1933.
54

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Las escuelas rurales en el cardenismo y la educación socialista
Durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940) se
reorganizó la SEP, y la Dirección General de Educación Primaria,
Rural y Foránea (DGEPRyF) se convirtió en Dirección General
de Educación Rural y Urbana en los Estados y Territorios
(DGEPEyT). En 1935, las escuelas primarias rurales federales se
extendieron en Tamaulipas de 227 a 270 y aumentaron los maestros
rurales de 152 a 287.56 Dotando de tierras a los campesinos y
convirtiéndolos en ejidatarios y pequeños propietarios, Cárdenas
se había propuesto hacer del ejido el motor de su política de
masas.57
Meses antes de que Cárdenas iniciara su mandato,
el artículo 3° constitucional fue reformado, dictando que la
educación que impartiera el Estado sería socialista. El concepto de
educación socialista tuvo distintas interpretaciones. Para algunos,
la escuela se refería a una “escuela socializada”, relacionada con
la vida y promotora de una sociedad justa. El “plan de acción de
la escuela socialista” estableció que la primaria sería coeducativa,
científica, desfanatizante, de trabajo y cooperativista.58 La
AGN, SEP, DEANR, Informe de la Dirección Federal de Educación en
Tamaulipas, 21 de abril 1935.
57
Arnaldo Córdova, La política de masas del cardenismo, Avances de investigación (México: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México, 1973).
58
Engracia Loyo, “La educación del pueblo”, en Historia mínima. La educación en México, ed. Dorothy Tanck (México: El Colegio de México, 2010),
182.
56

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educación socialista, en su expresión pragmática, pasó en la SEP
por dos fases: la primera, con el plan de acción redactado por el
titular de la SEP Ignacio García Téllez (1934 a 1935), enarbolaba
principios de justicia social y lucha de clases; la segunda, con
Gonzalo Vázquez Vela (1935-1940), la vinculaba estrechamente
con la movilización de los obreros y campesinos por la lucha de
sus derechos.59
Por su parte, el gobierno del estado también promovía la
educación campesina, aunque los resultados no siempre fueron
satisfactorios.60 Durante la gubernatura interina de Enrique
L. Canseco, el 23 noviembre 1936, se formalizó el convenio
de Coordinación y Unificación de los servicios educativos
con Tamaulipas.61 Poco tiempo después, el gobernador Marte
R. Gómez (1937-1940), en su primer informe, anunció la
construcción de una escuela ejidal en el ejido Juan Capitán
(Victoria), con un plan arquitectónico modelo para otras
escuelas, y que se comenzaron a construir las escuelas ejidales
de otro tipo en los ejidos Lucio Blanco (Villagrán), El Olmo,
Cruz y Carmen Galindeño y El Roble. Los ejidatarios aportaron
ayuda económica y trabajo, de forma que la escuela ejidal
Vaughan, La política cultural en la Revolución: maestros, campesinos y
escuelas en México, 1930-1940, 90.
60
Un hecho importante en la promoción educativa fue la publicación en 1934
de El Aula Rural, revista pedagógica editada por los inspectores escolares del
estado en cooperación de maestros rurales, encaminada al mejoramiento del
trabajo de las escuelas del campo. El Aula Rural, vol. 1, 1934.
61
AGN, Ramo presidente Lázaro Cárdenas, 1934-1940, exp. 437, 1936.
59

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comenzaba a ser en Tamaulipas un edificio iluminado, y no la
choza de las escuelas ejidales obra de la revolución agraria en
sus comienzos. Sin embargo, en mismo informe expuso que la
creación de 50 escuelas rurales que la SEP ofreció establecer no
se había logrado por economía. Desprovisto así de sus ventajas
inmediatas, el convenio de federalización de la enseñanza en
Tamaulipas había quedado reducido a un simple esfuerzo de
buena voluntad, desarrollado por la SEP y el gobierno del estado
para coordinar y unificar la educación popular.62
Según el fondo presidencial de Cárdenas, se hicieron
solicitudes de ayuda al presidente de la república para construir
escuelas rurales en varias localidades de Tamaulipas.63 En el
segundo informe del gobernador Gómez, en 1938, se mencionó
que era el primer año en que podían ya examinarse los resultados
de la obra pedagógica emprendida en estrecha cooperación
por la SEP y el gobierno del estado. De las escuelas primarias
“federalizadas”, había 120 rurales y 289 ejidales con más de
14,000 alumnos. De las escuelas “federales”, sumaban 333
rurales con 390 maestros y 11,969 alumnos. El gobierno federal
aportó recursos para los gastos de personal de escuelas primarias
federalizadas (es decir, las que antes pagaba el estado). En el
Informe de las labores realizadas por el Gobierno del Estado de Tamaulipas durante el Ejercicio Anual de 1937 y que rinde ante el H. Congreso local el
ciudadano Ingeniero Marte R. Gómez, Gobernador Constitucional del Estado
(México: Cultura, 1938).
63
AGN, Ramo presidente Lázaro Cárdenas, 1934-1940.
62

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informe de 1939, registraba 399 escuelas primarias rurales
federalizadas, y 323 rurales federales.64
Visita del presidente de la República, Gral. Manuel Ávila
Camacho, a la Escuela primaria La Gloria del ejido del
mismo nombre, municipio de Matamoros, Tamaulipas.
La escuela fue construida por el gobierno del estado, del
Ing. Marte R. Gómez.

Fuente: Fondo Marte R. Gómez.

La región del semidesierto había quedado marginada de la
política educativa del gobernador Portes Gil y sus sucesores,
Informe de las labores realizadas por el Gobierno del Estado de Tamaulipas durante el Ejercicio Anual de 1937 y que rinde ante el H. Congreso local el
ciudadano Ingeniero Marte R. Gómez, Gobernador Constitucional del Estado
(Ciudad Victoria: Cultura, 1939).
64

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pues no se construyeron importantes edificios escolares por la
presencia del cacique militar Francisco Carrera Torres, aliado
del general Saturnino Cedillo. Torres fue jefe de operaciones
del distrito de Tula, Tamaulipas, y del sur de Nuevo León, entre
1920 a 1926; entre este último año y 1938 fue comandante
de la tercera zona militar con sede en San Luis Potosí, donde
Cedillo fue gobernador y después secretario de Agricultura
del presidente Cárdenas, hasta que su rebelión terminó con su
influencia en el suroeste de Tamaulipas, donde fueron afectadas
las colonias militares.65
Ya para principios de 1940, continuaba el avance
territorial de la SEP en el sur Tamaulipas, en la cuarta zona
escolar encabezada por El Mante. Ahí funcionaban 3 escuelas
rurales federalizadas en rancherías, 10 rurales en ejidos, 3 tipo
Artículo 123, y 5 rurales federales en rancherías y 6 en ejidos. En
la segunda zona escolar encabezada en Altamira, se integraba 34
escuelas rurales.66 Por otra parte, el inspector escolar federal de la
6ª zona escolar, M. Velázquez Betancourt, presentó un informe de
la primera visita reglamentaria con cabecera en Tula, Tamaulipas,
Las colonias militares, instaladas en tierras de las haciendas, fueron una
modalidad de agrarismos de corte conservador que dependía de un cacique o
caudillo, ubicándose entre el ejido y la pequeña propiedad, sin tener un estatuto
jurídico.
66
AGN, SEP, DGEPEYT, Tamps. Esc. Urb. Fed. C. 40087, Informe de
los trabajos desarrollados en las escuelas de la 2ª zona escolar del Edo. de
Tamaulipas, correspondiente a los meses de Noviembre y Diciembre de
1939.
65

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que tenía tres años sin inspector y abarcaba comunidades y ejidos
de Bustamante. En ella se registraron 32 escuelas primarias
federales y 16 federalizadas, de las que solo 3 eran urbanas y
la mayoría rurales.67 El inspector dio una descripción de las
visitas, señalando que una parte de las escuelas rurales estaban
localizadas en el semidesierto, un lugar árido que sufría de
sequías, donde la población vivía en condiciones insalubres que
propiciaban las enfermedades y donde las escuelas estaban en
precarias condiciones, poco ventiladas y sin anexos. Las escuelas
más alejadas, en contraste, estaban las ubicadas en la sierra, en
tierras más fértiles. A diferencia de las del centro del estado, las
escuelas del ex cuarto distrito, en aquella parte de la Sierra Madre
Oriental, estaban abandonadas y eran bastante rústicas.
En la primera visita del inspector de la SEP a la Escuela
Rural Federal del ejido Calabacillas, los ejidatarios no habían
construido un edificio escolar, y utilizaban el casco de la ex
hacienda que se encontraba en ruinas; el local era antihigiénico,
el plantel apenas contaba con una mesa grande, un librero, dos
pizarrones y un mapamundi. La inasistencia de los niños era
motivada por el hecho de que en la comunidad residían dos
bandos políticos, la mayoría partidarios de la colonia militar.
En otras fotografías aparece la escuela en un local rudimentario,
hasta que finalmente se construyó un edificio escolar.
AGN, SEP, DGEEYT, C. C. 40087, E. Informe general de las labores desarrolladas en la sexta zona escolar, 1 marzo-30 junio, 1940.
67

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Escuela Rural Federal
Lázaro Cárdenas, poblado
Victoria (después Ejido
Francisco Medrano). Aula
rural, rústica, con techo de
palma del lugar, cercado
de cactus, contaba con
anexos, cocina de madera
y barro, con teatro al aire
libre, campo de cultivo y
huerto escolar.

Fuente: Álbum
grafico de
labores Escuela
Rural Federal
Poblado
Victoria,
Municipio de
Tula,
Tamaulipas,
grupo escolar
con la maestra
rural federal
Dionisia R. de
Sánchez. AGN,
SEP, DGEPEYT, Tamaulipas, Esc. Urb. Fed. Caja 40087, Relación de visitas
de inspección en las escuelas suburbanas y rurales de la sexta zona. 1 de
marzo al 30 junio, 1940.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-24

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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

Grupo de alumnos de la Escuela Rural Federal “Soy la libertad”
Comunidad La Encarnación, Municipio de Tula, Tamaulipas.

Fuente: AGN, SEP, DGEPEYT, Tamaulipas, Esc. Urb. Fed. Caja 40087,
Relación de visitas de inspección en las escuelas suburbanas y rurales de la
sexta zona. 1 de marzo al 30 junio de 1940.

La escuela de la unidad nacional
En 1943, el gobernador Magdaleno Aguilar (1941-1944) firmó
con el titular de la SEP, Octavio Vejar Vázquez, el convenio en
que el gobierno del estado puso a disposición de la federación
todo su sistema educativo incluidas las escuelas rurales.68 En
el primer informe anunció la construcción de edificios para 84
escuelas ejidales, entre ellas la de Felipe Ángeles en Bustamante,
Luz del campesino, en Güemes; Conrado Castillo, Cinco de
Convenio que celebran la SEP representando al Gobierno Federal y el Gobierno del Estado de Tamaulipas para llevar a cabo la federalización de la
enseñanza en dicha entidad federativa, 13 de enero de 1943, AGN, SEP, Secretaría particular, C. 5259.
68

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268

�Yessenia Flores

Mayo, San José de Salamanca, Emiliano Zapata, El Sotol y San
Vicente en Jaumave; Escuela ejidal Los Arados, en Matamoros;
y Llano de Azua, en Palmillas. En el segundo informe, anunció la
inauguración de la Escuela Práctica de Agricultura de El Barretal, y
la construcción de escuelas ejidales Redención del campesino, San
Juan de Oriente, San Lorenzo, Matías García y otras en Jaumave. El
gobernador Aguilar, originario de Jaumave y de origen campesino,
realizó una 0importante labor por la construcción de escuelas en
su municipio natal, localizado en la región suroeste. En el tercer
informe, comunicó que en el año escolar 1942-1943 funcionaron
en el estado 936 primarias, 313 federales y 575 federalizadas, y 19
Artículo 123, con 897 profesores urbanos y 922 maestros rurales.69
En el cuarto informe de gobierno, comunicó que mediante
el decreto 341 del 10 de abril de 1944 se aprobó el Convenio de
Coordinación para Construcción de escuelas, entre el ejecutivo
del estado y el Comité Administrador del Programa Federal de
Construcción de Escuelas (CAPFCE) constituido por la federación
a efecto de poner en marcha el amplio programa federal relativo
a la construcción de escuelas.70 El convenio fue firmado el 23 de
junio de ese año, quedando ambas partes en aportar recursos.
Informe de las labores ralizadas por el Gobierno del Estado de Tamaulipas
durante el Ejercicio Anual de 1943 y que rinde ante el H. Congreso Local, el
C. Magdaleno Aguilar, Gobernador Constitucional del Estado (México: La
Impresora, 1944).
70
Informe de las labores ralizadas por el Gobierno del Estado de Tamaulipas
durante el Ejercicio Anual de 1944 y que rinde ante el H. Congreso Local, el
C. Magdaleno Aguilar, Gobernador Constitucional del Estado (México: La
Impresora, 1945).
69

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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

Conclusiones
Investigar sobre la educación rural en el estado de Tamaulipas,
México, permite explicar y entender cómo se implementó la
política educativa durante la época posrevolucionaria en el norte
del país. Antes de la Revolución Mexicana ya existían escuelas
rurales en haciendas y rancherías en la entidad, pero eran pocas.
En los años posteriores al conflicto armado, los gobiernos
implementaron la reforma agraria que consistió en repartir tierras
a los campesinos y surgió el ejido como nuevo centro de población
rural, por lo que abrir nuevas escuelas, sobre todo en el campo, se
volvió fundamental.
Con la creación de la SEP en 1921, la cruzada educativa
vasconcelista llegó lenta al norte del país, ya que hacia 1923
apenas se había creado una escuela federal en la entidad. En
1925, el gobernador Emilio Portes Gil comenzó una primera
fase de reforma agraria que se concentró en el distrito centro del
estado, del mismo modo que su labor educativa se centró en esta
región. Su discurso educativo seguía los principios de la escuela
nueva y activa, y promovió la educación rural, inclusive llamando
“escuela ejidal” a la ubicada en esos lugares. También gestionó
con la federación para que se abrieran más escuelas rurales en el
estado, ampliando la presencia de la SEP. De esta manera, ya para
1928 había 182 escuelas rurales del gobierno del estado y 82 del
gobierno federal. A inicios de los años treinta, la SEP avanzaba
territorialmente con el aumento de escuelas rurales federales, e
intentó ampliar su zona de influencia en el distrito cuarto, labor
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270
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�Yessenia Flores

que no fue fácil por encontrarse resistencias de los terratenientes
que se opusieron a la labor educativa federal.
En 1935, un año antes de que se firmara el Convenio
de unificación y coordinación de los servicios educativos, ya
funcionaban 270 escuelas rurales federales. Después de este
acuerdo, la avanzada de la SEP iba en ascenso. El gobernador
Marte R. Gómez coincidió con la política social del cardenismo,
amplió el reparto ejidal y la obra educativa local hacia el cuarto
distrito, donde había sido difícil entrar ante el caciquismo de
Francisco Carrera Torres y su influencia en las colonias agrícolas
militares. La escuela socialista y cardenista, tuvo impacto en la
educación rural, porque estaba involucrada con el mejoramiento
de las condiciones de vida de los campesinos, y fue transformando
su medio. En 1938, ya había 409 escuelas rurales federalizadas y
350 rurales federales.
El último gobernador del grupo político portegilista,
Magdaleno Aguilar, continuó con la extensión de la educación
rural y la construcción de escuelas rurales, aunque la escuela
mexicana había cambiado de orientación hacia la escuela de la
unidad nacional. En 1942, ambos gobiernos firmaron el Convenio
total de federalización educativa; las repercusiones y resultados
de la reforma administrativa produjeron una expansión en el
número de escuelas rurales, profesorado y la matrícula escolar.
En las aportaciones económicas hubo desencuentros
entre federación y gobierno del estado, pero se lograron avances
importantes en la construcción del sistema educativo estatal y
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�La creación de la Secretaría de Educación Pública

nacional. En resumen, la SEP realizó una labor complementaria
en la educación rural, pero también aportaron los padres de
familia, ejidatarios y el poder político local que ayudaron a llevar
la escuela a los niños de los ejidos y comunidades rurales.
Referencias
Archivos
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Archivo del Congreso del Estado de Tamaulipas
Archivo Marte R. Gómez
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Informe de las labores ralizadas por el Gobierno del Estado de
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de Tamaulipas durante el Ejercicio Anual de 1937 y que
rinde ante el H. Congreso local el ciudadano Ingeniero
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Informe de las labores realizadas por el Gobierno del Estado
de Tamaulipas durante el Ejercicio Anual de 1937 y que
rinde ante el H. Congreso local el ciudadano Ingeniero
Marte R. Gómez, Gobernador Constitucional del Estado.
Ciudad Victoria: Cultura, 1939.
Informe que rinde el C. Gobernador Constitucional del Estado,
Lic. Emilio Portes Gil, ante el XXIX H. Congreso del misSillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 237-277
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274

�Yessenia Flores

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�Industria e imagen en movimiento: Un acercamiento
al patrimonio fílmico de Fundidora
César Herrera Silva

Fototeca de Nuevo León
Monterrey, México
orcid.org/0000-0001-5026-3771

El uso de todo tipo de fuentes primarias es fundamental para la
investigación histórica. Sin embargo, la mayoría de los historiadores
ha privilegiado solamente los soportes escritos como forma de acceder
al pasado, por lo que resulta necesario acercarse e incorporar al trabajo
académico fuentes documentales alternas, como es el caso de los
soportes audiovisuales, que nos permiten obtener miradas distintas a
las fuentes clásicas y adentrarnos en la versión fílmica del pasado.1
En este sentido, parte del vasto patrimonio que ha legado la
antigua Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey está
compuesto por documentos en diferentes soportes, los cuales van
desde lo documental, fotográfico, arqueológico y filmográfico. En el
caso de la imagen fija y en movimiento, ésta ha sido uno de los principales medios para la documentación y transmisión de ideas, pues la
Yolanda Mercader Martínez, “El cine como espacio de enseñanza, producción e investigación”, REencuentro. Análisis de Problemas Universitarios,
núm. 63 (2012): 47–52.

1

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�facilidad que otorga ese medio para capturar una visión particular de
la realidad le ha dotado de gran estima entre académicos y aficionados. No obstante, la delicadeza de sus materiales y las condiciones específicas de resguardo que exigen, han tenido como consecuencia una
revalorización más lenta a diferencia de otros soportes documentales.
Tomando esto a consideración, este trabajo surgió del
proceso archivístico realizado para la creación de la Guía General
de la Colección Fílmica, grupo documental perteneciente al Archivo
Histórico de Fundidora (AHF). El material trabajado forma parte
del acervo de la extinta Compañía Fundidora de Fierro y Acero de
Monterrey, S.A., principal ente productor de la documentación y
propiedad del Archivo General de la Nación, cuyo comodato fue
cedido al Fideicomiso Parque Fundidora en 1988 en un convenio
que involucró la creación del AHF en 1991. Este archivo cuenta
con aproximadamente 1734.23 metros lineales de documentación
que refleja el ejercicio contable, legal, administrativo y productivo
de la empresa cuya información data de 1900 hasta 1986.
Específicamente, comprende cinco fondos documentales dentro su
cuadro de clasificación: 1) Dirección General, 2) Administración,
3) Relaciones Industriales, 4) Empresas Filiales y 5) Producción.
Estos documentos reflejan la compra de equipo, la modernización
de sus departamentos, los problemas laborales, planes de expansión,
así como la relación entre industriales, banqueros y políticos.
Para la caracterización de este trabajo, fue necesario hacer
el proceso de identificación, organización y clasificación de las

�unidades documentales simples, de acuerdo con la metodología
archivística. Este trabajo fue realizado durante tres meses mediante
visitas regulares al acervo. Para lograr esto, se realizó una
investigación documental en fuentes de archivo, hemerográficas
y fotográficas para complementar la respectiva guía general de
la colección filmográfica. Las condiciones de deterioro de los
documentos fílmicos impiden su consulta por parte del público en
general, sin embargo, la copia de estos materiales en DVD brinda
la posibilidad de visualizar al menos la mitad de ellos.
La agrupación documental sobre la cual se realizó la
labor archivística fue de un total de 59 unidades documentales
simples; 57 rollos en un formato de 16 mm y solamente 2 rollos
incompletos en 35mm, los cuales se encontraron en un soporte
de acetato de celulosa, cuya temporalidad comprende desde
1954 hasta 1978. Estas fueron producto de las actividades de la
empresa siderúrgica, por lo que el contenido de las películas gira
en torno a la temática industrial, que incluye la construcción de
diversas instalaciones industriales, modernización de maquinaria,
capacitación de los trabajadores, instrucción en medidas de
seguridad e higiene, así como eventos y actividades recreativas.
Las cintas se encontraron originalmente con una clasificación inicial correspondiente a los inicios del archivo, llevada a cabo
por el fotógrafo francés Jerome Dité; de este periodo data la reprografía del material fílmico a Betacam y posteriormente su transición
a DVD. En este primer trabajo, también fue encontrada una primera
labor de organización y desarrollo de una catalográfica básica. Por
281
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�Industria e imagen

esta razón, las películas no fueron sometidas a una organización archivística con base en un principio de procedencia u orden original.
Por otra parte, el libro de Marcela Guerra y Alma G. Trejo, El crisol
del temple, hace referencia que la filmoteca del AHF contaba con 75
películas de 16 mm sobre temas de seguridad, elaboración del acero
y aniversarios, cifra discrepa del resultado final.2
La propuesta de seriación se realizó a partir del conocimiento de funciones y actividades de la compañía. Tomando en cuenta el
soporte del material, se llegó a la conclusión que sería organizado en
una colección fílmica, puesto que la totalidad del material trabajado se
encontró en un soporte de acetato de celulosa. Por esto, la clasificación
fue realizada bajo un criterio funcional, es decir, el que está relacionado con el tipo documental en el que se hacen homogéneos los formatos, el contenido y muy regularmente el soporte.3
La colección fue distribuida en grupos documentales que
reflejaran las temáticas específicas, lo que dio como resultado la
conformación de 3 secciones y 9 series identificadas. La primera de
ellas, ordenada de acuerdo con los procesos productivos de la empresa,
corresponde con la Construcción de Instalaciones, la cual comprende
la serie de Instalación del Molino de Combinación Lewis (1954-1956),
primer antecedente de la modernización de la empresa. La segunda
Marcela Guerra y Alma G. Trejo, Crisol del temple: Fundidora de Fierro y
Acero de Monterrey (Monterrey: Gobierno del Estado de Nuevo León, Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, 2000), 338.
3
Gustavo Villanueva Bazán et al., Manual de procedimientos técnicos para
archivos históricos de universidades e instituciones de educación superior
(México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; Universidad Nacional Autónoma de México, 2002), 75.
2

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serie atañe la Primera Fase del Plan de Expansión y Modernización
de la empresa, con la construcción de instalaciones industriales como
las naves de aceración, el molino de 46”, la construcción de Aceros
Planos y la construcción de la Planta Termoeléctrica. La tercera serie
corresponde con la Segunda Fase del Plan de Expansión, que da cabida
a las películas relacionadas con la construcción del Horno Alto Núm.
3, así como la Planta Coquizadora.
La segunda sección fue la competente al apartado de
Seguridad Industrial, misma que comprende tres series. La primera
de ella contempla el apartado de Capacitación con cintas que hablan
sobre el funcionamiento de aceración y los procesos siderúrgicos.
La segunda serie es Prevención, que contiene cortometrajes sobre
simulacros de incendios, el uso de equipo de protección y las buenas
prácticas dentro de las instalaciones. La última serie involucra el
apartado de Higiene, que tiene que ver con la presentación dentro
del trabajo y el cuidado de la limpieza personal.
La última sección, titulada Eventos, es menor en comparación con las anteriores. La primera serie de este nivel lleva por nombre Aniversarios, en la cual se documentaron los festejos del 50 y 65
aniversario de la compañía. La segunda serie es Deportes y recoge
dos competencias deportivas, una de atletismo en el Parque Acero,
fechada en 1955, y otra competencia automovilística en Indianápolis.
La tercera es una serie que consistió en varias películas sin identificar,
pues no se encontraron suficientes datos para su clasificación, debido
al avanzado estado de deterioro. A continuación, se muestra la representación gráfica de la distribución del grupo documental (Figura 1).
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�Industria e imagen

Figura 1
Cuadro de clasificación de la Colección Filmográfica
de Fundidora
Sección

Construcción de
Instalaciones

Serie

Película

Construcción de Molino Lewis
Instalación
del Molino de Molino Lewis Proceso
Combinación Instalación de chimenea- primera parte
Lewis
Construcción del Molino Lewis
Plan de
Expansión y
Aceración, reparación del horno No. 5
Modernización
(Primera parte)
Construcción de instalaciones industriales (Alto Horno)
Aceración: Estructura de la Nave
Horno 2 y Aceración en funcionamiento
Aceración: grúa
Aceración: grúa
Aceración: grúa
Construcción de Aceros Planos
Construcción de Aceros Planos
Aceros planos
Aceros planos
Aceros planos
Aceros planos: Sala de motores
Maquinaria Almacenada (Aceros
planos)

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Sección

Serie

Película
Maquinaria Almacenada (Aceros planos)
Construcción del molino de 46” #1
Construcción del molino de 46” #2
Molino 46”
Molino 46”
Instalación de maquinaria en el Molino
de 46” Primera parte
Funcionamiento Molino del 46”
Mecanización de los Hornos Altos 1 y 2
Instalación de grúa portal
Planta termoeléctrica
Planta Generadora
Cimentación Alto Horno

Construcción del Alto Horno No. 3
Plan de
Expansión y
Construcción del Alto Horno No. 3
ModernizaPiso de carga Alto Horno 3
ción (segunda
Coquizadora
parte)
Modernización de la producción de
Fundidora (reseña)
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Sección

Serie

Película
Cómo funciona Aceración 2

Seguridad
Capacitación
Industrial

The basic principles of supervisory
management. Rollo: 8 Eubanks improv.
Mgr. Performance
The basic principles of supervisory management. Sts. 7 Cribbin Motivation
The basic principles of supervisory
management. Sts. 6 Romberger Communications
The basic principles of supervisory
management. Sts. 5 Hayes Standards &amp;
Appraisal
Coupler safety- Job Safety Analysis
Steel and America (inglés)
Steel and America (sin sonido)
Steel and America (español)
Simulacro contra incendio
Simulacros contra incendios
Simulacro de incendios

Prevención

Higiene

Uso de lentes de seguridad
Trabajadores problemáticos
El Exaltado (The Hot head)
Cómo funcionan los órganos del cuerpo
humano
Limpieza, exactitud y cuidado
De rigurosa etiqueta

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Sección

Serie
Aniversarios

Película
65 aniversario de Fundidora Monterrey
Aniversario Fundidora
50 aniversario de Fundidora

Eventos

Deportes

Varios

Competencia de atletismo Parque Acero
31 days in May. Firestone championship. “Indianapolis”.
Sin identificar
Sin identificar
Sin identificar

Fuente: Elaboración propia con documentación del Archivo Histórico de
Fundidora.

Se llegó a la conclusión de que el patrimonio fílmico trabajado es
sustancial y documenta procesos y eventos de suma importancia,
cuyo uso complementa la investigación de otros soportes
documentales y pone a disposición su uso para el desarrollo de
futuras líneas de investigación relacionadas con la cinematografía.
Con relación a lo anterior, su valor va más allá del tipo históricodocumental, pues resalta por las implicaciones científicas y
tecnológicas al retratar los procesos minero-metalúrgicos, uso de
maquinaria y equipo especializado. Por lo tanto, representan un
innegable valor no solamente para la Compañía Fundidora, ahora
extinta y transformada en parque, sino también para otras empresas
que ahora se reconocen como herederas de su legado, como es el
caso de Ternium, que adquirió las Instalaciones de Aceros Planos
a inicios del siglo XXI, o el organismo descentralizado que ahora
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�Industria e imagen

administra Parque Fundidora y otros espacios públicos en el Área
Metropolitana de Monterrey.
Estos apuntes son un primer acercamiento que busca
revalorizar la versión fílmica del pasado e incentivar su consulta
por parte de académicos o el público en general. Así mismo, es
un esfuerzo por incorporar estos materiales no solamente a la
investigación, sino también a la enseñanza de la historia, debido
a su capacidad narrativa y a la posibilidad de mostrar diversas
representaciones, estereotipos, así como relaciones sociales y
de género. Esto favorecería su difusión para generar un mayor
impacto, promoviendo la aplicación de las respectivas medidas
de preservación y conservación preventiva, evitando una pérdida
irreparable para el patrimonio industrial y audiovisual de la región.
Por último, esta reflexión trae a colación el debate por las
llamadas Películas Huérfanas, concepto que no sólo designa un
tipo de orfandad relacionada con los derechos de autor, sino que
se extiende a aquellas películas en muchos casos minorizadas
o menospreciadas, debido al nulo interés comercial y los
pocos ingresos que pueden generar. Estas películas involucran
aquellos metrajes incompletos, películas educativas, materiales
censurados, películas científicas, material experimental, películas
caseras, amateur, noticieros y muchas otras categorías que pueden
situarse en lo inusual, donde justamente radica su encanto y la
necesidad de visibilizarlas.4
Ryan Handley, “The Forgotten Impact of Film: An Introduction to the Film
Preservation Cause”, Screen Culture, núm. 6 (el 7 de abril de 2021), https://
4

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-36

288

�César Herrera

Referencias
Documentales
Archivo Histórico de Fundidora
Bibliográficas
Guerra, Marcela, y Alma G. Trejo. Crisol del temple: Fundidora
de Fierro y Acero de Monterrey. Monterrey: Gobierno del
Estado de Nuevo León, Secretaría de Desarrollo Urbano
y Obras Públicas, 2000.
Handley, Ryan. “The Forgotten Impact of Film: An Introduction
to the Film Preservation Cause”. Screen Culture, núm. 6
(el 7 de abril de 2021). https://screenculturejournal.com/2021/04/
the-forgotten-impact-of-film-an-introduction-to-the-film-preservation-cause/.

Mercader Martínez, Yolanda. “El cine como espacio de enseñanza, producción e investigación”. REencuentro. Análisis de
Problemas Universitarios, núm. 63 (2012): 47–52.
Villanueva Bazán, Gustavo, Georgina Flores Padilla, Roberto
Montores Martínez, Martha A. Ochoa Esquivel, y Luis
Torres Monroy. Manual de procedimientos técnicos para
archivos históricos de universidades e instituciones de
educación superior. México: Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla; Universidad Nacional Autónoma
de México, 2002.

screenculturejournal.com/2021/04/the-forgotten-impact-of-film-an-introduction-to-the-film-preservation-cause/.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-36

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�Sala Museo “Dr. Ángel Óscar Ulloa Gregori”, la
memoria de un Hospital- Escuela
Nancy Verónica Gallegos Jiménez

Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
orcid.org/0000-0001-9015-2988

La Sala Museo “Dr. Ángel Óscar Ulloa Gregori” nació con la
premisa de recolectar todo material -documental y gráficoque sirviera para mostrar el proceso evolutivo del Hospital
Universitario “Dr. José Eleuterio González” y de la Facultad de
Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, incluyendo
un amplio acervo documental resguardado prácticamente
desde el nacimiento de la Escuela de Medicina en 1859. Los
antecedentes de la Sala Museo se remontan a la dirección del Dr.
Eduardo Aguirre Pequeño (1945-1947), cuando existía el deseo
de formar un museo referente a la medicina y la biología.1 En
1946, se equipó una sala en la Facultad de Medicina, en donde
se exhibía una pequeña colección de pertenencias y obras del Dr.
Algunos datos básicos sobre los antecedentes pueden consultarse en Eduardo Aguirre Pequeño, Datos para la historia de la escuela de medicina de Monterrey (Monterrey: Universidad de Nuevo León, Instituto de Investigaciones
Científicas, 1944).
1

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-43

291

�Sala Museo

José Eleuterio González, algunos animales disecados y huesos
pertenecientes a la osteoteca de la misma escuela. Algunos años
después, en 1948, se inició la construcción del edificio donde se
aloja la actual Facultad, por lo cual se tuvieron que vender los
terrenos de la Escuela y las clases se tomaron por un periodo
provisional en el edificio Tirso Garza.
Poco tiempo antes de la inauguración del edificio, el 13
de agosto de 1951, el rector Raúl Rangel Frías solicitó a todos
los directores de facultades y escuelas de la universidad que le
proporcionaran información al profesor Israel Cavazos Garza,
entonces oficial mayor de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia,
Geografía y Estadística, sobre los archivos y bibliotecas que
disponían cada una de las dependencias universitarias. Se realizó
un trabajo de reorganización de los acervos documentales y
bibliográficos con los que contaba la Facultad, reportando material
documental desde 1850. En el año 1952, cuando fue inaugurada
la nueva Facultad, no se contempló ningún espacio para el museo,
mientras que los documentos fueron resguardados en una bodega,
donde permanecieron por alrededor de 30 años.
En 1988, dirigido por el Dr. Alfredo Piñeyro López,
el Proyecto Historia de la Medicina en Nuevo León pondría
nuevamente sobre la mesa la importancia de los acervos. Además
de revisar bibliografía sobre la medicina de la entidad, su principal
propósito fue recabar información documental, haciendo un
rastreo por los archivos oficiales de la entidad, así como una
revisión del acervo histórico existente en la Facultad de Medicina.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-43

�Verónica Gallegos

El responsable en su primera etapa fue el profesor Celso Garza
Guajardo y un equipo de tres asistentes. Cuatro años después,
Garza Guajardo dejó el proyecto y quedó como responsable el
profesor Armando Hugo Ortiz Guerrero.
Como no contaban con un espacio físico para la
recopilación de la información, les fue asignado un pequeño
lugar dentro del Hospital Universitario, hasta que finalmente,
bajo la dirección del Dr. Jesús Zacarías Villarreal (1992-1997), se
impulsó la habilitación del espacio museístico dentro del recién
inaugurado Centro Regional de Información y documentación
en Salud. Para esto, se integró un Comité de Historia donde
participaron la licenciada Georgina Arteaga, los doctores Ángel
Óscar Ulloa Gregori y Hernán Salinas Cantú, así como los señores
Eliézer Alanís Rodríguez, Arturo Benavides y el profesor Ortiz.
En 18 de octubre de 1993 se inauguró la Sala Histórica de
la Facultad de Medicina, albergando una colección con los libros
más antiguos que formaban parte del acervo bibliográfico de la
Facultad, exhibiendo fotografías alusivas a la historia de la misma
y del Hospital, y contando con un limitado acervo museográfico.
En años siguientes se recibieron algunos donativos de instrumental
médico, y en el 2000 el Dr. Med. Ángel Óscar Ulloa Gregori donó
a la Facultad su colección completa de instrumentos, estuches y
aparatos médicos antiguos. Con este lote -de alrededor de mil
piezas- se rediseñó la museografía y desde el año 2002, durante
la gestión del Dr. Jesús Ancer Rodríguez, la Sala Histórica pasó a
llamarse Sala Museo “Dr. Ángel Óscar Ulloa Gregori”.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-43

�Sala Museo

Actualmente, la Sala Museo está compuesta por un
Acervo bibliográfico, un Acervo Gráfico y Archivo Histórico
Fotográfico, una Colección de instrumental médico antiguo y
un Archivo Histórico Documental que reciben investigadores
tanto del área médica como de las humanidades. A continuación
comentaré brevemente sobre cada una de estas partes.
Acervo bibliográfico
Este acervo tiene su origen en la colección propia de la antigua
Escuela de Medicina, que se formó con los donativos de médicos,
familiares de doctores y personas ajenas a esta institución. Para
1988, esta estantería de libros antiguos se encontraba en el sótano
de la Facultad de Medicina, ya que por su temporalidad no eran
libros de consulta para los estudiantes. En un inventario previo
consignado por Israel Cavazos, dicha sección estaba clasificada y
compuesta por 1,673 volúmenes.2
En el año 2007, la Sala Museo se integró al programa de
digitalización de la Dirección General de Bibliotecas (DGB) de
la UANL con los libros y documentos antiguos existentes en ese
espacio. El proceso se inició en septiembre de ese mismo año, y
el criterio para la selección de los libros a digitalizar consistió en
que fueran volúmenes publicados antes de 1908, exceptuando los
libros duplicados o los que ya se hubieran digitalizado en otras
José Antonio Olvera, “Papeles de Medicina Reorganización del archivo
histórico (1884-1954)”, Memoria Universitaria 1, núm. 10 (noviembre de
2010): 3–13.
2

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�Verónica Gallegos

dependencias de la universidad. En junio de 2008 se instalaron en
la Sala Museo dos equipos de digitalización de alta resolución para
el comienzo de los trabajos; la catalogación en la DGB concluyó
en marzo de 2009, y la digitalización en noviembre del mismo
año, habiendo procesado 750 libros editados entre 1780 y 1908.
Actualmente se reorganizó la colección de libros antiguos con
la ayuda del Centro Regional de Información y Documentación
en Salud de la UANL, y se integraron nuevas colecciones de
donativos recibidos años atrás, por lo que a la fecha contamos con
3,054 volúmenes. La estadística global nos revela que 885 libros
son del siglo XIX y 2,167 del siglo XX; el 32% están escritos en
francés, el 33% en inglés, el 34% en español, y una parte mínima
en otros idiomas como lo son alemán, latín, japonés e italiano.
Acervo Gráfico y Archivo Histórico Fotográfico
La medicina es una disciplina visual, por lo que se considera que
no se puede aprender medicina sin representaciones gráficas. La
fotografía se utiliza para mostrar los resultados de un tratamiento;
retratar la evolución de una enfermedad; el momento de un parto; y
documentar los diferentes procedimientos médicos y quirúrgicos,
como las cirugías de alto riesgo, trasplantes, fracturas y cirugías
estéticas. En el caso particular de la Escuela de Medicina, este
proyecto fotográfico empezó en 1944, tal como se menciona en el
informe del director.3
Archivo General del Estado de Nuevo León. Informe que rinde la Dirección de la Facultad de Medicina a la Universidad de Nuevo León, de los tra3

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�Sala Museo

Dicho laboratorio siguió funcionando hasta convertirse en
el Departamento de Fotografía, que se encargaba de documentar
los eventos y acontecimientos importantes de la Facultad de
Medicina y Hospital Universitario, así como del apoyo gráfico
a los diferentes servicios del Hospital. Desde 1975 se nombró
jefe de ese Departamento al pintor y fotógrafo Eliézer Alanís
Rodríguez, quien había tomado cursos y talleres de pintura
artística y restauración en Monterrey, y en San Miguel de
Allende, Guanajuato. Alanís permaneció en el puesto hasta 2005,
cuando desapareció el departamento. Sus colaboradores fueron
los señores José Abdón y Benigno Leal.
En sus primeros años el departamento se encontraba
en las instalaciones del hospital, y fue hasta 1985 cuando fue
trasladado a la Facultad de Medicina “con el propósito de ofrecer
en un futuro próximo, mayores recursos audiovisuales de apoyo
a la enseñanza”.4 El Departamento de Fotografía se unió al
“Proyecto de Historia de la Medicina en Nuevo León” no sólo
para la recopilación de imágenes, sino para la impresión de
fotografías y la elaboración de pinturas.5 Entre los años 1993
a 1999, Eliézer Alanís pintó veintiocho retratos para formar la
galería de ex directores de la Facultad y Hospital Universitario,
bajos desarrollados durante el año 1943-1944.
4
“Informe de actividades de Dirección de la Facultad de Medicina y Hospital Universitario, 1985” (Monterrey, 1986).
5
“Informe de actividades de Dirección de la Facultad de Medicina y Hospital Universitario, de 1992-1995” (Monterrey, 1996).
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�Verónica Gallegos

así como tres pinturas del antiguo Hospital González y de la
primera Escuela de Medicina, las cuales siguen en exhibición en
el Museo.
En el año 2011 se inició la etapa de reorganización del
archivo histórico fotográfico. Como resultado, se catalogaron más
de 5,000 fotografías en blanco y negro y a color, datadas entre
finales del siglo XIX hasta principios de siglo XXI; así mismo, se
incluye un recuento cronológico de la vida del Dr. José Eleuterio
González, fundador de ambas instituciones. En ese mismo año,
siguiendo con el Programa Memoria del Mundo de la UNESCO,
en el cual la UANL se encontraba participando desde 2007,
se decidió digitalizar el Archivo Fotográfico para ayudar a la
preservación del material y facilitar su uso para los investigadores.
La recopilación de imágenes más recientes se sigue llevando a
cabo por parte del personal del museo. Actualmente, en la Sala
Museo se exhiben 66 reproducciones fotográficas, como muestra
y selección de los contenidos más interesantes con los que cuenta
el Archivo Histórico Fotográfico.
Instrumental Médico Antiguo
Este acervo es el más representativo de la Sala Museo, y se sigue
enriqueciendo gracias a los donativos de los distintos Servicios
del Hospital Universitario, médicos y sus familias. Uno de los
donativos más importantes fue el realizado por el Dr. Ángel
Óscar Ulloa Gregori, que, como se mencionó con anterioridad,
dio lugar al nombre del Museo. El acervo está compuesto por
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�Sala Museo

un aproximado de 1,000 piezas, entre aparatos, estuches,
fármacos, material quirúrgico, mobiliario médico e instrumental,
algunos de los cuales datan del siglo XIX. Está conformado
por una exposición permanente, dividida en distintas secciones,
especialidades o ramas de la medicina, como diagnóstico,
laboratorio clínico, farmacia, anestesiología, cirugía, urología,
obstetricia, traumatología, entre otras; y cuenta además con una
exposición temporal que se renueva semestralmente.
Archivo Histórico Documental
Como ya se mencionó, el entonces rector de la universidad,
Raúl Rangel Frías, solicitó en 1951 que todas las dependencias
universitarias proporcionaran información sobre sus bibliotecas y
archivos; meses después, la Facultad de Medicina declaró contar
con textos y documentos desde mediados del siglo XIX. Los
documentos se resguardaron durante mucho tiempo en diversos
espacios de la facultad, sin clasificarse ni estar disponibles para su
consulta. Afortunadamente, en 1990 se comenzaron a organizar
como parte de los trabajos que realizaba el grupo de historiadores
del Proyecto Historia de la Medicina en Nuevo León.
En febrero de 2010, la administración de la Facultad
encomendó al Lic. José Antonio Olvera Sandoval realizar
el Diagnóstico y Dictamen Técnico del Archivo Histórico
de la Facultad de Medicina de la UANL, así como iniciar la
reorganización de dicho acervo. Actualmente, el acervo se
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�Verónica Gallegos

resguarda en 300 cajas de polipropileno y se tiene un catálogo
de toda la información que cubre un periodo de 1825 a 1980. Es
uno de los pocos archivos universitarios con que cuenta nuestra
Máxima Casa de Estudios. Como un esfuerzo de vinculación, en
el 2016 la Sala Museo se integró a la recién creada Asociación
Noreste de Archivos, organismo autónomo que reúne a los
archivos históricos públicos y privados de la región.
El material que compone la Sala Museo “Dr. Ángel
Óscar Ulloa Gregori” es de gran relevancia para diversos
grupos académicos y para la sociedad en general. Los acervos
biblio-hemerográficos, documentales y fotográficos son los
más consultados no sólo por historiadores, sino por arquitectos
y médicos. Al formar parte de instituciones centenarias como
el Hospital Universitario, único en el noreste de México
durante el siglo XIX, y como la Escuela de Medicina, una de
las primeras dependencias del Colegio Civil, la consulta de
estos acervos resulta casi obligatoria para cualquier persona
interesada en la historia de la salud pública y la educación.
Por otro lado, la Sala Museo, es uno de los pocos museos
especializados en la historia de la medicina y la salud, por
lo que recibe visitantes locales, nacionales y extranjeros que
se convierten en testigos de diversos procesos de cambio a
través de todo el material que compone nuestro espacio, que es
gratuito y abierto a todo público, tanto para visitas culturales
como para proyectos investigación.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-43

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�Sala Museo

Fuentes
Archivos
Archivo General del Estado de Nuevo León
Bibliografía
Aguirre Pequeño, Eduardo. Datos para la historia de la escuela de medicina de Monterrey. Monterrey: Universidad
de Nuevo León, Instituto de Investigaciones Científicas,
1944.
“Informe de actividades de Dirección de la Facultad de Medicina
y Hospital Universitario, 1985”. Monterrey, 1986.
“Informe de actividades de Dirección de la Facultad de Medicina y Hospital Universitario, de 1992-1995”. Monterrey,
1996.
Olvera, José Antonio. “Papeles de Medicina Reorganización del
archivo histórico (1884-1954)”. Memoria Universitaria
1, núm. 10 (noviembre de 2010): 3–13.

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�Los documentos de la Junta de Fomento de las
Californias en la Colección Lafragua de la Biblioteca
Nacional de México (1825-1827)
Abraham Uribe Núñez

El Colegio de Michoacán
Zamora, México
orcid.org/0000-0002-9035-3613

La emergencia sanitaria producida por la pandemia de Covid-19
obligó a millones de personas alrededor del mundo a reducir su
movilidad espacial a tal grado de permanecer en cuarentena. La
comunidad académica dedicada a la práctica historiográfica fue
una de las afectadas por tales medidas imperiosas, pues el grueso
de sus actividades, entre las que destacan la consulta de archivos
históricos, debió ser suspendida o trasladada a la modalidad virtual.
Dicho lo anterior, obligó a los historiadores a adoptar alternativas
de consulta y a la generosidad de otros colegas para sortear la
viabilidad documental de sus respectivas investigaciones.
Afortunadamente encontré la Colección Lafragua que,
concentrada en el sitio virtual de la Biblioteca Nacional, está
dotada de documentos muy valiosos para mi investigación sobre
la historia de las divisiones territoriales en el norte de México
durante el siglo XIX. Es de señalar que se había hecho una
301
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-25

�Junta de Fomento de las Californias

búsqueda somera a partir del Catálogo elaborado por Lucina
Moreno Valle para los documentos del periodo de 1821-1853,1 no
obstante, al ser éste parcial y ante las circunstancias de emergencia
sanitaria, nos vimos en la necesidad de hacer la consulta remota.
La Colección Lafragua está conformada por documentos
del periodo 1800-1875, acopiados por José María Lafragua (18131875), quien los reunió, ordenó y donó a la Biblioteca Nacional.
Es preciso informar que el instrumento de consulta –elaborado
por el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM y
la asociación civil Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas
de México (ADABI)– es muy amigable para el investigador, pues
permite la búsqueda de su catálogo por periodos (1800-1810,
1811-1821, 1821-1853, 1854-1875), pero desafortunadamente
sólo unos cuantos documentos están disponibles para su descarga.2
En ese sentido, el documento que presentamos a
continuación se titula Iniciativa de ley que propone la Junta para
el mejor arreglo del gobierno de los territorios de Californias,
que es una compilación de documentos producidos por la Junta
de Fomento de las Californias entre 1825 a 1827.3 Esta fuente
Lucina Moreno Valle, Catálogo de la Colección Lafragua de la Biblioteca
Nacional de México, 1821-1853 (México: Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1975).
2
“Proyecto de conversión de los catálogos de la Colección José María Lafragua de la Biblioteca Nacional de México 1800-1875, a su versión electrónica”, consultado el 29 de diciembre de 2021, https://lafragua.iib.unam.mx/.
3
Biblioteca Nacional (BN), Colección Lafragua (CL). Iniciativa de ley
que propone la Junta para el mejor arreglo del gobierno de los territorios
de Californias, 1825-1827, Documento 427, consultado en https://catalogo.
1

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-25

302

�Abraham Uribe

histórica permite reconstruir quiénes fueron los miembros de la
Junta de Fomento de las Californias, a qué sector de la sociedad
y entidad federativa representaban, además de qué propuestas
estaban discutiendo y cuáles fueron sus alcances y limitaciones.
Gracias a sus actas de sesión es posible vislumbrar que sus
miembros pretendieron incidir en una diversidad de temas como
la colonización, divisiones territoriales, gobierno y administración
de justicia.
Tabla 1
Guía de consulta para el documento Iniciativa de ley
Partes

Contenido

Páginas

1

Iniciativa de ley que propone la Junta para el
mejor arreglo del gobierno de los territorios de
Californias

2-26

2

Subdivisión de los territorios de alta y de la Baja
California en cuatro distritos según lo ha creído
necesario la segunda comisión de la junta de fomento de dicha península, por lo que facilitará el
más pronto establecimiento de su nuevo gobierno y administración de justicia

27-34

3

Voto final de la segunda comisión de la junta
sobre el arreglo que conceptúa necesario en los
territorios de Californias

35-43

4

Señores que se han ocupado en la junta de fomento de las Californias, colocados según la antigüedad de sus miembros

44

Fuente: Elaboración propia.
iib.unam.mx/exlibris/aleph/a23_1/apache_media/23IIB36ENRTC1PF4ECVJDSMXRJNHP3.pdf
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-25

303

�Junta de Fomento de las Californias

Por términos de espacio se presenta la transcripción parcial de
esta fuente histórica; sin embargo, en el recuadro anterior (ver,
Tabla 1) se encuentra una guía para facilitar la consulta y alentar a
los historiadores a su utilización con fines tanto educativos como
para la escritura de la historia.
Referencias
“Proyecto de conversión de los catálogos de la Colección José
María Lafragua de la Biblioteca Nacional de México
1800-1875, a su versión electrónica”. Consultado el 26 de
junio de 2022. https://lafragua.iib.unam.mx/.
Valle, Lucina Moreno. Catálogo de la Colección Lafragua de
la Biblioteca Nacional de México, 1821-1853. México:
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de
Investigaciones Bibliográficas, 1975.
[35]
VOTO FINAL de la segunda comisión de la junta sobre
el arreglo que conceptúa necesario en los territorios de
Californias
La comisión encargada de realizar las órdenes de esta muy
respetable junta, creyó de su deber reducir sus trabajos a un
solo punto de vista eligiendo el más preciso, para que reúna
todas las materias que tan dignamente trató en las sesiones que
tuvo desde su instalación para que los discuta, las apruebe, si
merecieren su concepto, y después los eleve al Excelentísimo
Señor Presidente de la República, a fin de que solicite su
aprobación en las cámaras, publicándose como ley que haga
la felicidad de las Californias alta y baja, de la que depende en
muchos ramos la de los Estados Unidos Mexicanos.
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�Abraham Uribe

La comisión sobre sus cortos conocimientos tuvo que lidiar con
la obscuridad de los escritores, con la ignorancia de otros, y aun
con la cortedad de los que ministran los que ya después de los
últimos descubrimientos se encargan de ellos.
Este país colocado por Dios en el punto más preciso para hacer
la navegación con el Asia y la otra América, que se comenzó
a conocer por el mismo conquistador tirado de México cuyo
nombre lleva el mar que se llama Rojo de Cortés, y es el
central de la California, que desde luego debió atraerse toda
la atención de la corte española, que emula de la de Portugal
ansiaba lograr las riquezas que a este le proporcionaba la
especería; que guiaba de tal emulación, erogando gasto sobre
gasto, cuando Magallanes sale para el Occidente a solicitarlos,
el famoso Sebastián Vizcaíno, penetra por el sur, adelanta los
descubrimientos de Cortés en el puerto de Monterrey, y otros
varios hasta el Cabo de Mendocino, que críticos marinos
estiman como fabulosa; y atraídos de la pesca de la nutria y
el buceo de perla comenzaron a frecuentar tanto la costa del
sur como la occidental de la América; sin embargo de que es
preciso convenir en que las primeras relaciones que publicaron,
ni son tan exactas como la primitiva de Sebastián Vizcaino, por
estar muy diminutas, otras ser inexactas, y las más fabulosas.

[36]
En este estado de confusión hubo un genio sublime que percibió
la utilidad política que podría la California originar a la nación
española que entonces se hallaba apoderada del rico continente
mexicano. El cardenal Alveroni, ministro de Felipe V, italiano
de nación, talento perspicaz y previsor, creyó encontrar en ese
país el punto preciso y más acomodado para libertar a la España
del perjuicio que le originaba comunicar sus riquezas a sus
mismos enemigos por medio del comercio, para que con ellas
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305

�Junta de Fomento de las Californias

les hicieran la guerra, extenuada su población, sin fábricas, sin
artes, llena de vanidad con la memoria de sus proezas militares
anteriores, y viciados su hijos en la ociosidad, no le era posible
habilitar de lo preciso los extensos dominios que poseía en
ambas Américas, y estaba precisada a tomar la obra de mano
de las naciones que aprovechándose de su descuido, por medio
del trabajo y la industria, habían radicado en su seno una
fuente inagotable de las verdaderas riquezas: a ella ocurrían
por artículos comerciales, contentándose con que vinieran a
sus puertos, para desde ellos comprender la navegación a las
Américas, porque éstas para el extranjero estaban tan cerradas
como el paraíso a quien guarda un paraninfo armado de una
espada de fuego.
El sublime Alveroni discurrió podría castigar a esas naciones
retirándoles las riquezas de las Américas, cerrando los puertos
del norte, y abriendo los del sur, porque en el supuesto de
que los metales preciosos no podían permanecer en ellas ni
conservarse en España por la causa expresada, era mejor fuesen
a parar en último término a las naciones, las que por la enorme
distancia que media entre unos y otros países, nunca podrían
causarle temor, ni inferirle mal.

[38]
Los proyectos grandes no se realizan en el momento que se
conciben, necesitan tiempo para reducirlos a efecto, y energía
desde que se dicta la primera providencia, hasta que finalizan
con ejecución de la última. Así lo comenzó a ejecutar Alveroni:
dio las primeras órdenes, las activó, y seguía con constancia
acalorándolas cuando la Inglaterra y la Francia se iniciaron en
el misterio. Su poder en la corte de un príncipe francés era muy
respetable: hablaron, amenazaron, y por último decididamente
dijeron que si no se arrojaba del ministerio a Alveroni declararían
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306

�Abraham Uribe

la guerra. Esta conminación fue el rayo poderoso que estalló
sobre la cabeza del ministro, que, en el instante mismo, perdida
la confianza del monarca su amo, caminó para Italia, en donde
se le encerró en una estrecha prisión, por motivos que no son
del caso referir. Quedó el proyecto en embrión; y los que le
sucedieron en el puesto, aunque hayan conocido su utilidad,
nunca volvieron a tratar la materia por no tener una púrpura que
les resguardase su existencia. Bien que es necesario decir que,
desde el principio del siglo pasado, que es cuando se empezaron
a expedir las órdenes mejores para el gobierno de la California,
su población y resguardo, con el objeto de que la nao de Manila
que cada año venía a Acapulco, y era la esperanza de la isla de
Luzón, tuviera una escala para refrescar víveres, curar a sus
enfermos, y carenarse con mucha utilidad de aquel comercio.
Con la presencia del visitador don José de Gálvez recibió el
soplo de vida: comenzó a progresar, si este nombre merece los
pasos tardíos con que se le ha visto. No llega su población ni
a 50 personas, debiendo haber sido la Siberia de la América,
a donde desterrados los muchos miles de hombres que han
muerto y mueren anualmente en los arenales de Veracruz, con
sus personas y las de sus hijos habrían formado una población
numerosa, fundando pueblos, villas y ciudades, civilizando las
muchas tribus de indígenas que la pueblan, estaría resguardada
por este rumbo la nación mexicana de las miras hostiles de otras
que emprendiendo navegaciones dilatadas, gastos inmensos, y
superando toda clase de riesgos, hicieron y continúan haciendo
diariamente adquisiciones de terrenos muy considerables, hasta
constituirse nuestros limítrofes.

[40]
Tal es la Rusia, ese colono político que enseñoreado de los
confines de Europa, de parte de la Asia, se ha aposesionado
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�Junta de Fomento de las Californias

hasta puerto de Bodega, distante menos de un grado del de San
Francisco que es ahora el último punto de nuestras posesiones,
de donde saca crecidas sumas de los artículos que debiendo ser
exclusivos del comercio mexicano, lo son de estos advenedizos,
que a más tratan con las naciones del interior, amaestrándolas
en el arte de la guerra, tal vez con el designio de ulteriores
ventajas que les proporcionará la amistad, para o despojar a la
nación de mejores terrenos, o mantener una guerra desoladora,
en la que entrarán de auxiliares y protectores.
Es mucho el tiempo que se ha perdido, y esto es más doloroso
por cuanto hubo elementos que en otras manos que no fueran
las inerrantes y estériles de la España, habrían producido
resultados maravillosos. Los viajes de Ezeta, Pérez, Malaspina,
Cuadra y Camaño dieron a conocer estos terrenos hasta más
allá del mondo de San Elías, Estrecho de Juan de Fuca, y otros
puntos inmediatos al polo, rectificados por los de Cook, La
Pérouse y otros marinos extranjeros.
Los mexicanos siempre piadosísimos, deseosos de la conversión
de las naciones gentiles, franquearon sus caudales para sostener
las misiones que estaban fundadas, y establecieron otras de
nuevo para llevar adelante tan gloriosa empresa, sin que hayan
sacado todo el partido posible, que pudo proporcionarles el
comercio con ellas, que habría facilitado el conocimiento de
todo aquel país.

[41]
Estados son las circunstancias en que lo halló la nación
mexicana en los días gloriosos de su independencia y libertad,
su gobierno es misto de levítico y monárquico, y las costumbres
introducidas por los misioneros, las leyes no escritas que
lo gobiernan en lo general, o en expresión más breve: es tan
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�Abraham Uribe

poderoso el influjo de estos ministros que se llaman apostólicos,
que cada misionero asemeja un pequeño gobierno, cuáles son
las costumbres introducidas por los que los presiden, su genio,
carácter y circunstancias. Por esta razón ningún otro país de los
que componen la nación mexicana necesita con más urgencia
de que se sistema el gobierno para radicar en él, el imperio
de la ley, la prosperidad, libertarlo del arbitrio religioso, y
de todo ataque tanto exterior, como interior, porque o bien
los rusos, otras naciones… o bien los misioneros, que siendo
todos españoles, teniendo las llaves de las conciencias, y el
ascendiente más poderoso sobre los pueblos, pueden realizar
a aquella inmensa distancia la revolución que algunos de la
misma nación, proyectaron para volver a la mexicana al yugo
del tirano a quien veneran.
La comisión examinó detenidamente cada una de las circunstancias
que van expuestas, recorrió los trabajos anteriores utilísimos de
esta junta, y penetrada de su importancia creyó que lo más breve,
más útil y conveniente, sería extraer lo más precioso de su médula
dividiéndolo en los ramos de que debe componerse el gobierno
bajo las bases del republicano que hace la felicidad de la nación,
para evitar así otra clase de planes, que por lacónicos que fuesen
siempre serían largos, como tales molestos, y exigirían una
nueva redacción que dilatase por más tiempo el bien que deben
recibir estos territorios, principalmente si se confía la instalación
del gobierno a persona que haya estado en el país, trabajado
en su beneficio, reúna las virtudes de justificación, prudencia,
moderación, actividad, patriotismo, y sea afecto al sistema.

[42]
Si nada dice de los bienes que componen el fondo que se llama
de Californias, hacen en parte la dotación de las misiones, y son
efecto de la piedad con que los mexicanos quisieron contribuir
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por su parte a la grandiosa obra de propagar la religión entre
las naciones que pueblan aquellos territorios; es porque sin
embargo de haberse pedido repetidamente razón exacta de
ellos, y sus productos, aun no se ha ministrado, lo que le es
muy sensible por cuanto habría dado una noticia exacta de sus
productos, y propuesto los medios para que fuesen mayores.
Agrega el plan de subdivisión del territorio de ambas Californias
que presentó a la primera junta el señor don Francisco de Paula
Tamariz, a cuyo celo se debe cuanto se ha adelantado en esta
materia, y el que en veinte años continuados ha sido el más
fervoroso agente del bien de aquellos territorios, para lo cual ni
perdonó trabajo ni diligencia que no haya intentado, haciéndose
muy recomendable por el amor con que mira los progresos de la
nación, y los de ese país tan digno de la atención del gobierno.
La comisión desearía fuese posible que el señor Tamariz pasase
a las Californias a plantear las disposiciones que se sirva dictar
el soberano Congreso, pues así al mismo tiempo de recibir el
premio condigno de sus afanes, las Californias experimentaría
el mayor bien; porque ¿Quién mejor pudiera realizar el plan
que propone la comisión que el señor Tamariz que en todo ha
intervenido llevando una parte muy principal en el trabajo?
Entonces perfeccionaría el de la población, y la estadística la
reduciría a la mayor exactitud.
Tomó igualmente en consideración que está para cerrar sus
sesiones la presente legislatura, y que debe aprovechar la
oportunidad de que las cámaras han de continuar sus trabajos
por el espacio de un mes en la clase de congreso del distrito
federal para dictar las providencias que le sean más necesarias a
fin de fijar su bien y su felicidad; creyó facilitar mucho más este
sublime deseo si presentaba al gobierno diferidas las materias
de las leyes que debe pedir dicten para radicar el de aquel país
en todos sus ramos, porque así aventaja el tiempo.
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[43]
De este modo la junta pone punto a sus sesiones, y manifiesta
que guiada de su celo y acendrado patriotismo procuró
desempeñar la confianza que mereció al Excelentísimo Señor
Presidente que, si no ha hecho más, es por falta de datos, pues
examinó y analizó todos los que pudo, procediendo con la
moderación que dicta la prudencia cuando se trata de países
que no se conocen. Que por lo mismo ya es tiempo de que se
disuelva; sin que por eso los individuos que la componen se
nieguen a trabajar en cuanto el gobierno disponga, porque su
patriotismo, que es inextinguible, los animará a superar todas,
y cualesquiera dificultades que se les presenten.
En consecuencia, la comisión reduce sus conceptos a las dos
proposiciones siguientes.
Primera: propone la iniciativa de ley que debe el gobierno
hacer a las cámaras, para que en clase de congreso del distrito
y territorios federales, se establezca el gobierno de ambas
Californias por el orden que refiere.
Segunda: que estando concluidos los trabajos de la junta, ésta se
disuelva, pero representando antes al gobierno dos cosas; es la
una, que sus individuos siempre estarán prontos a desempeñar
las confianzas que se sirva hacerles, si necesitare de sus escasas
luces; la otra, que siendo precisa una persona inteligente y afecta
a aquel país, de patriotismo acendrado y exactitud, le proponga
la que considera reúne todas estas circunstancias, pues así habrá
llenado sus deberes en cuanto estuvo a sus alcances.
México, mayo 13 de 1827, Juan Francisco Azcárate, Pedro
Cárdenas, Francisco Fagoaga.
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�Rafael Rojas. El árbol de las revoluciones. Ideas y poder en América Latina. México: Turner, 2021, 302 pp.
ISBN: 978-84-18895-02-9.
En 1938 se fundó en la Ciudad de México el Partido de la
Revolución Mexicana, iniciativa surgida durante el gobierno de
Lázaro Cárdenas y que tuvo una resonancia positiva entre los
comunistas mexicanos. En El Machete, legendario periódico del
Partido Comunista Mexicano en esa época, se representaba el
nacimiento de la organización con un árbol. Sus ramas eran las
distintas corporaciones que lo integraban. Deseosos de integrarse
en esa experiencia, a la que leían como la forma específica del
frente popular, los comunistas entregaban una representación
que Rafael Rojas, académico del Colegio de México, utiliza para
nombrar su estudio más reciente. Y es que, el árbol sirve como
una metáfora muy adecuada para exteriorizar el devenir de las
ideas revolucionarias. Como en la vida natural, los árboles se
secan o florecen; son arrancados por la fuerza o vencidos por su
propio peso, son arrinconados por la humanización del espacio o
irrumpen en la cotidianidad del espacio sin que se les controle;
todo eso les pasa a las revoluciones. Además, claro, de que el
marcador de la temporalidad de lo político marca su derrotero:
la primavera es su momento de belleza, crecimiento y esplendor,
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en tanto que el invierno su periodo de marchitamiento, depresión
y tristeza. El árbol, como las revoluciones, conlleva afectos
profundos de la vitalidad humana.
En un párrafo de El árbol de las revoluciones escribe
Rojas que la revolución “es la materia prima de la política
latinoamericana”, sentenciando con ello el alcance de su trabajo.
De tal manera, si Europa fue la “cuna de revoluciones” durante el
largo siglo XIX, en el corto y fulgurante siglo XX, el continente
latinoamericano ocuparía ese lugar. La aspiración y deseo de un
cambio radical fecundaría, dejando hondas raíces en la vida de
los pueblos y sociedades, ya fuera por los intentos frustrados, ya
por las ansiadas victorias. El libro de Rojas demuestra que este
espacio socio-político vivió con alta intensidad una aceleración de
su desarrollo ante la presencia de las ideas variadas de revolución.
Éstas operaron como motor que movilizó a generaciones enteras,
expresándose en la política, el arte, la literatura y la cultura.
Pero el significante “revolución” que denota el estudio de Rojas,
adquiere tonalidades diversas, matices importantes dependiendo
de contextos y debates y devela un peso heterogéneo en sus
anclajes ideológicos visibles a partir de donde se le mire.
El estudio de Rojas avanza desde distintos vectores.
Encontramos superpuestas explicaciones de corte intelectual,
conceptual y social, al momento de desentrañar los significados
de la palabra revolución para el continente. Abarca, desde los
albores del siglo XX con la independencia de Cuba y su herencia
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republicana, y concluye con la nicaragüense, como el último
gran momento de mestización de los discursos nacionalistas y
socialistas en un enclave signado por la crisis generalizada,
asociada al fin de un modelo de desarrollo del capitalismo global.
En el centro de la investigación se encuentran tanto las
ideas como las prácticas de la revolución, enmarcadas en el cuadro
general del despliegue de las contradicciones globales y del
diálogo entre tradiciones políticas, tanto de cuño específicamente
latinoamericano (aunque estas a su vez eran herencia de otros
diálogos durante el siglo XIX) y de corte marxista-socialista. El
panorama que observamos, con Rojas, es el de una diversidad
de manifestaciones, una mixtura de corrientes y el eclipse de
trayectorias otrora dominantes. La revolución es un campo
estriado, o, un árbol con ramificaciones tan diversas como
profundas son sus raíces.
El trabajo que ahora reseñamos realiza un primer despeje
de la ecuación que significa la presencia de dos variables: la de
la revuelta y la de la reforma, formas predominantes durante
la hegemonía del liberalismo en el siglo XIX. Esta situación
se quiebra con la aparición de la revolución mexicana, que
tiene consigo el germen de un concepto de revolución anclado
en la reforma agraria, la soberanía nacional, la tensión Estadoiglesia, y la emergencia de derechos sociales en una clave
corporativa. El desplazamiento de las últimas ideas liberales en
clave revolucionaria contrasta con el uso tan común, en medio
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de la disputa entre el “sovietismo” y las formas concretas de la
política latinoamericana, de la figura de José Martí. Como sea,
la presencia de nuevas veredas a partir de la incursión tercermundista tensiona la herencia liberal, nacionalista (y aún en la
presencia descolonizante, frente al paradigma de pretensión
universal entregado por la revolución de octubre de 1917). Es
el escenario de dos vías, se tiene un ejemplo emblemático en la
diferencia entre el “Che” Guevara versus la palestra del Estado
soviético.
Sin embargo, ese panorama general es reconstruido a
partir de las discusiones y numerosas intervenciones de personajes
centrales en el florido panteón revolucionario latinoamericano.
Haya de la Torre y Julio Antonio Mella expresan en sus
discusiones la tensión de un sendero que se bifurca al responder
tanto a la especificidad continental, como a la recepción jubilosa
del universalismo de la revolución rusa. En ambas, sin embargo,
ya se denota una izquierda latinoamericana que se inscribe en la
dinámica anticolonial como matriz definitoria de su programa.
Esto, sin embargo, no impide el choque de trenes, al calor de
las discusiones iniciales del “Tercer periodo”, diseñado por
la Internacional Comunista al final de la década de 1920.
Antes bien, es el primer round de una trifulca que tendrá como
contendientes a las izquierdas comunistas y populistas y que
perdurará en el tiempo dependiendo del espacio, los liderazgos y
las contradicciones sociales.
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El itinerario trazado por Rojas tiene en José Carlos
Mariátegui una figura central. La lectura política que el peruano
hace del acontecimiento revolucionario mexicano le resulta
importante, en la medida en que aventura una disrupción dentro
del canon comunista. Lo “feudal” aparece en el peruano como
el elemento que habilita la legitimidad de la revolución, al
tiempo que escapa del eurocentrismo ideológico de la época, al
negar al positivismo y a la teleología, colocándose por fuera del
tiempo político que acarreaba una escasa fortaleza de las fuerzas
productivas técnicas.
El cambio de década también trae una movilización
geográfica. La revolución aparece entonces en Nicaragua, El
Salvador y Cuba auspiciada bajo íconos como Augusto César
Sandino, Miguel Mármol y Antonio Guiteras. Para Rojas, el
caribeño es la intersección de todas las corrientes que cohabitaban
la región al calor de la crisis liberal, la emergencia del comunismo
y el periodo de entreguerras. Es el momento en que se introduce el
socialismo, y se comienza a expandir una inspiración cardenista
en la articulación entre Estado y revolución.
La aparición de la vertiente populista de la revolución
mexicana coincidió con el surgimiento de liderazgos populistas
por la región. Rojas señala la importancia de Almir de Andradre
y Raúl Scalabrini Ortiz dentro de esta saga. Señala, también,
la emergencia de un populismo cívico encabezado por Eliezer
Gaytán y Gómez Hurtado en Colombia. Las variantes son
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múltiples, pues vemos a civiles, militares y en general un aire
“tercerista” que cuestiona la dominación oligárquica.
El punto medular de Rojas es lo generado a partir de
la revolución cubana de 1959. Se denota una ruptura respecto
al nacionalismo revolucionario que había tenido sus últimos
momentos de predominio con la revolución guatemalteca y la
revolución boliviana, ambas, en el mediano plazo, derrotadas. En
la genealogía para el caso cubano el autor rastrea los vínculos
en el ideario de Fidel Castro con respecto al liberalismo y al
republicanismo, así como un debate con los marxistas más
heterodoxos. Un punto sugerente en este segmento es que Rojas no
ve el surgimiento de una teoría del campesinado revolucionario.
Ni el guevarismo descolonizante ni el pro-sovietismo castrista
habrían producido un puente entre el campesino y el socialismo
agrario.
Los últimos dos casos son el de Salvador Allende en su
breve periodo de gobierno y la triunfante revolución en Nicaragua
en 1979 encabezada por una gran alianza política. Resulta
sugerente que entre las coordenadas de reflexión ubica a Allende
por fuera de lo que la academia norteamericana contemporánea
se aferra a denominar “nueva izquierda”. Allende estaría más
allá de esos marcos, lo cual explica la centralidad de socialistas y
comunistas, que en el espectro chileno son la antítesis directa de
cualquier renovación de la “New Left” que el mainstream de los
estudios latinoamericanos anglosajones se esfuerzan en congelar
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en sus monografías. En el caso del país centroamericano, Rojas
demarca que, aunque esta era una revolución predominantemente
guevarista en su forma, su contenido se parecía más al
“allendismo”, lo cual explicaría, entre otras cosas, sus alianzas
tan profundas con fuerzas como el PRI mexicano o su renuncia a
replicar un modelo que anulase la participación electoral.
El texto tiene una gran valía, pues posiciona los debates,
las corrientes y los procesos de confusión, negociación y retirada
de perspectivas. Rojas es un investigador consolidado en el
campo de la historia de las ideas, los conceptos y de determinadas
trayectorias al interior de la mayor de las Antillas. Referirse a
Cuba es referirse a la revolución y al lugar que se asume frente a
ese proceso; Rojas, polémico, lo hace. El riesgo de una apuesta
como la que realizó en este libro es, al mismo tiempo, su mayor
fortaleza: una visión de conjunto. En ese sentido se puede decir
que el propósito de entregar una imagen del árbol y algunas
de sus ramificaciones es satisfactorio. Por supuesto, cada una
de esas derivaciones podría ser asediada desde una diversidad
de posibilidades, como lo es la mestización entre corrientes,
las rupturas internas o los desplazamientos. O bien, de las
reapariciones de corrientes que parecían sumergidas o soterradas.
La derrota nunca es definitiva. Quizá la metáfora del árbol sea
la más adecuada para la revolución latinoamericana, pues como
parecen demostrar los trabajos de un Enzo Traverso para el caso
europeo, la melancolía de izquierdas apuntala la experiencia de
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un contingente que ya no encuentra resguardo en la sombra de
la ideología comunista; en tanto que, las vertientes nacionalpopulares, mucho más proclives en el contexto latinoamericano,
parecen encontrarse permanentemente en un ciclo de renacimiento
y sequía. Breves e intensas primaveras, otoños de mediana
duración así como largos y pesados inviernos.
La lógica neoliberal que siguió al periodo tratado en el
libro, aspiró a arrasar, en su modalidad de capitalismo violento,
mercantilizante y en clave de despojo, al árbol y todos sus retoños.
Quedará para saber si esto aconteció, es decir, si fue arrancado
desde la raíz profunda o si, por el contrario, las versiones
contemporáneas del soberanismo –socialista o populista– deben
ser comprendidas como herederas de esa trayectoria.
Jaime Ortega

Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
Coyoacán, México
orcid.org/0000-0002-8582-1216

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�Guillermo Nieva Ocampo, Ana Mónica González
Fasani y Alejandro Nicolás Chiliguay (coordinadores).
La Antigua Gobernación del Tucumán. Política,
Sociedad y Cultura (S. XVI al XIX). Salta: Colección
Manuales Universitarios, 2021, 702 pp.
ISBN 978-987-86-9439-9
Con el discurrir del tiempo los discursos historiográficos
especializados en la época virreinal han sido revalorizados,
aumentando significativamente la cantidad de investigaciones,
así como de especialistas que han dedicado parte de su vida a su
desarrollo. Sin embargo, cuando se contrasta el material académico
producido con otros periodos históricos de América como lo son
el siglo XIX o el XX, es considerablemente menor a los trabajos
que se dedican a investigar alguna parte de los 300 años en que
el continente estuvo bajo influencia de la Monarquía Hispánica.
Parte de lo que explica este fenómeno es el grado de dificultad que
conlleva la realización de estos estudios, pues en muchas ocasiones
los jóvenes historiadores tienen que encarar la elaboración de una
tesis donde las fuentes documentales son muy escasas, están a
algunos kilómetros de distancia, y son difíciles de paleografiar. Esta
razón no sólo ha limitado el desarrollo de las investigaciones en este
periodo, sino que también ha provocado que en muchas ocasiones se
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-38

�Reseñas

focalicen los trabajos en grandes espacios urbanos como lo fueron
las capitales y zonas aledañas al virreinato de la Nueva España o de
Lima.En el libro La Antigua Gobernación del Tucumán. Política,
Sociedad y Cultura (S. XVI al XIX) se realiza una humilde pero
importante aportación para los estudiantes o investigadores que
requieren tener conocimiento de un territorio poco estudiado, pero
de gran trascendencia para la Monarquía Hispánica como lo fue
la antigua gobernación del Tucumán. Esta es una obra que reúne
dieciocho capítulos que parten de la premisa de que se tiene que
continuar la búsqueda de un conocimiento más completo sobre
los distintos territorios bajo la influencia hispana para comprender
cómo funcionaron las interconexiones polisinodiales que tejieron las
autoridades de la Monarquía Hispánica entre el siglo XVI y principios
del XIX. De esta manera, el libro aborda un estudio focalizado en
un territorio en particular, analizando el desarrollo político, social
y económico de la antigua gobernación del Tucumán desde sus
orígenes hasta la Independencia.
Este libro es catalogado por los mismos coordinadores como
una obra guía para todos aquellos estudiantes o especialistas que
busquen adentrarse en el conocimiento de la antigua Tucumán, que es
desconocida para muchos debido a la poca producción historiográfica
que ha existido en torno a esta gobernación. Sin embargo, pese
a ser un libro guía, es de gran calibre pues contribuyen en él una
gran gama de reconocidos investigadores o tesistas pertenecientes
a diversas universidades localizadas en Argentina, Chile y España.
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�Reseñas

Pero para poder realizar una mejor explicación del conjunto general
de las temáticas estudiadas, se mencionarán conforme a los tres ejes
principales que son trabajados dentro del libro:
a. Político: este libro hace especial énfasis en las diferentes
políticas dictaminadas desde la península ibérica,
explicando a grandes rasgos sus afectaciones en el
continente americano y enfocándose primordialmente
dentro de la gobernación del Tucumán. Constantemente,
se trabaja la influencia ejercida por determinadas
instancias como el Consejo de Indias para la selección
de gobernadores, alcaldes, entre otros, y cómo estas
terminan afectando dicho territorio. La importancia
de este enfoque reside en que considera diversas
perspectivas, desde la creación de redes sociales que
conectan intereses de miembros de grupos de poder
del antiguo Tucumán con personajes importantes
provenientes de Chile o del virreinato de Lima.
b. Económico: de las tres temáticas, considero que ésta
es de las menos trabajadas dentro del presente libro,
aunque no está completamente ignorada. La principal
razón por la que se menciona esto es porque se hacen
referencias menores en algunos de los capítulos, mas
no hay uno dedicado explícita o mayoritariamente a
este apartado. Sin embargo, dentro del contexto del
avance administrativo que va teniendo la Gobernación
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del Tucumán se menciona cómo la economía tuvo un
rol importante dentro de este proceso, pues una de
las razones fuertes que impulsó su desarrollo estaba
relacionada con la conexión que tenía este territorio
con la minería dentro del Potosí, en el virreinato del
Perú, así como su conexión con la ganadería que
existía en Chile.
c. Social: este es uno de los apartados con mayor
abundancia, versatilidad y variables que se pueden
encontrar dentro del libro, pues se focaliza en diversas
temáticas que explican el contexto de desarrollo
de la Gobernación del Tucumán dentro del periodo
comprendido. Es de esta manera donde se pueden
encontrar varios capítulos enfocados en el desarrollo
de la institución clerical católica, desde la selección
de los obispos y su influencia dentro del territorio,
hasta el papel de los reyes como monarcas católicos
que tenían el deber “sagrado” de evangelizar a los
indios. También se tratan otras temáticas que oscilan
entre lo cultural y lo social, como la importancia de la
creación de redes familiares para el mantenimiento y
crecimiento de determinadas familias; o la posición
que tenían las mujeres dentro de esta sociedad, ya sea
la instrucción que recibían, o determinados patrones
morales que debían seguir.
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Ahora bien, lo valioso del libro no sólo reside en la amplitud de la
temporalidad abarcada o en la diversidad temática que contiene. Otra
parte importante a considerar es que realiza estos trabajos desde una
perspectiva de análisis novedosa que sigue la corriente de estudios
de la Monarquía Hispánica, donde se observa a la gobernación
del antiguo Tucumán no como un terruño aislado, alejado de las
principales urbes, donde residían una serie de autoridades que tenían
determinado poder autónomo e independiente de la metrópoli,
siendo individuos opresivos y tiránicos cuyo único placer consistía
en maltratar indios; sino como una gobernación que tuvo un gran
interés para los españoles, pues se encontraban diferentes grupos
indios que fueron de gran importancia para la formación de las
encomiendas, una actividad económica que se vinculó rápidamente
con las minas del Potosí y con la ganadería de Chile.
En suma, se considera que este libro es de gran trascendencia
para todos aquellos historiadores que buscan expandir su
conocimiento dentro del complejo universo que fue la Monarquía
Hispánica en América. La obra invita a todos aquellos lectores a
querer incursionar en nuevos territorios, dándonos a conocer que a
pesar de que existen dificultades dentro del campo de investigación,
siempre se pueden realizar novedosas formas de análisis de territorios
todavía inexplorados para expandir la investigación historiográfica.
Mijael Obando Belard Silvano
El Colegio de San Luis
San Luis Potosí, México
orcid.org/0000-0002-7365-5310

Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 321-325
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-38

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�Ana Carolina Ibarra González y Pedro Marañón
Hernández (editores). 1519. Los europeos en
Mesoamérica. México: Instituto de Investigaciones
Históricas, Universidad Nacional Autónoma de
México, 2021, 224 pp.
ISBN: 9786073041997
El libro que aquí se comenta se incluye en una corriente que ha
gestado un gran interés en tiempos recientes, ya que se cumplen
500 años desde que se concluyó la conquista de la ciudad de
Tenochtitlan, uno de los eventos más relevantes tras la llegada
de los castellanos a la región de Mesoamérica. Se trata de una
obra compilada, en donde varios conocedores exploran nuevas
preguntas en torno a un tema que aparentemente sólo ha sido
visto de manera tradicional, habiendo aún muchas preguntas que
se pueden plantear; un tema, además, que hasta la fecha causa
controversia y del que existen diferentes posturas al respecto.
El libro lleva por título 1519. Los europeos en Mesoamérica, y
entre sus páginas el lector encontrará una visión fresca de unos
sucesos que fueron trascendentales para la historia americana y
europea, y que aún hoy siguen resonando por su impacto, pues
se trata del origen de un largo trayecto que terminaría cuajando
en la formación de lo que hoy llamamos México. La obra tiene
327
Sillares, vol. 2, núm. 3, 2022, 327-331
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-41

�Reseñas

una relevancia muy grande para los estudiosos de la historia y
también para el público en general, pues uno de sus objetivos es
aclarar malentendidos y tradicionalismos historiográficos que se
encuentran arraigados desde hace tiempo.
Esta obra fue editada por el Instituto de Investigaciones
Históricas de la UNAM, y fue coordinada por Ana Carolina Ibarra
González y Pedro Marañón Hernández. Sus páginas contienen
un discurso fluido y motivan a querer indagar más en los temas
que se abordan. La estructura temática del libro sigue una línea
en la que pretende estudiar la cuestión de la experiencia que
significó la conquista para los involucrados, fueran los europeos
o los indios, presentando una serie de investigaciones que en los
últimos tiempos han cobrado gran fuerza. En la obra participan
Guilhem Olivier, Federico Navarrete, Eduardo Matos Moctezuma,
Óscar Mazín, Rodrigo Martínez Baracs, Gisela von Wobeser, Pilar
Martínez López-Cano, Antonio Rubial, Berenice Alcántara, y
Pablo Escalante. Todos los autores disponen de una gran diversidad
de fuentes, utilizadas de manera que plantean nuevas interrogantes
a este convulso y complejo proceso que significó la conquista para
historia de lo que sería México. Como mencionan al inicio de sus
capítulos, es necesario que se dé una vuelta a la manera en que
se trata y entiende el pasado; en especial, para aquellos casos de
sucesos que han sufrido de catalogaciones peyorativas y en los que,
quizá, se ha pasado de largo su complejidad.
Los capítulos del libro se dividen en diferentes temáticas
de acuerdo al tema central, que sirve de hilo conductor. Se tratan
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�Reseñas

cuestiones que caen en las amplias categorías de historia social y
cultural, entre las que se encuentran las siguientes: los problemas
del entendimiento del otro, particularmente entre indios y españoles;
las cuestiones de la cosmogonía, señalando que quizá haya muchos
malentendidos por haber dado por sentadas muchas cosas del proceso
de conquista (esto es, cuestiones de semántica y del entendimiento
de la realidad misma); la participación de los indios en la conquista,
rescatando la voz de éstos en su historia; algunas cuestiones de
la naturaleza humana y cómo eso pudo haber repercutido en los
procesos de la conquista como fueron los aspectos psicológicos,
cuestiones de salud y la naturaleza de la guerra; el impacto que este
evento tuvo de fondo en las sociedades mesoamericanas, como en
los aspectos demográficos y los cambios de la composición de las
gentes que habitarían el territorio; las repercusiones económicas
habidas en el proceso; y, por supuesto, los aspectos que tienen que
ver con la espiritualidad, como fue el proceso de evangelización del
territorio y lo que representó para la naciente Monarquía Hispánica y
para los habitantes de Mesoamérica.
Vale la pena mencionar algunas de las cosas que el lector
se podrá encontrar en las páginas de este libro. Por ejemplo,
Guilhem Olivier, en el primer capítulo, nos conduce por una
serie de preguntas que tienen que ver con el problema de la
“divinización de los españoles”; esto es, cuestiona la tradicional
visión que se ha tenido de que los indios simplemente aceptaron
su destino, víctimas de su superstición y de no haber podido
entender la realidad que tenían frente a ellos. Ante tal cuestión, el
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�Reseñas

autor cuestiona el origen semántico de las palabras, en específico,
de aquellas que tendieron a divinizar la imagen de los europeos;
de esta manera, se abre la puerta para preguntar el verdadero
significado del uso de la palabra teotl o “teules”, como dirían los
cronistas españoles de la época. Esto implica, como dice el autor,
un replanteamiento semántico y ontológico de lo que hay detrás
de las palabras, lo que significa que se debe observar al indio
como constructor de su propia historia y no simplemente como
una víctima de su ignorancia. Probablemente, añade el autor,
el uso de esta palabra no indicaba sumisión, sino más bien una
cautela ante unos desconocidos muy particulares que realmente
causaron un gran impacto cosmológico por su llegada.
Óscar Mazín, por otro lado, aborda la cuestión del porqué
los ibéricos estuvieron entre los primeros que comenzaron este
proceso de expansión de ultramar. Junto a ello, aborda la génesis
cultural a la que pertenecieron Portugal y Castilla, ya que ambas
eran culturas de origen mediterráneo y contaban con la práctica
de tradiciones que se remontaban hasta la Antigüedad clásica.
Ejemplo de lo anterior fue la fundación de ciudades, que no eran
meramente un conjunto de calles y edificios, sino una entidad
jurídica que sirvió como mecanismo de control y continua
expansión, como había sido para los romanos en su momento.
Mazín estudia también las oportunidades de las que dispusieron
los reinos ibéricos para llevar a cabo la construcción de sus
respectivos imperios en el siglo XVI; el autor se remonta hasta la
época griega, explicando el símil que hubo entre una y otra época,
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dejando en entredicho que algunas de esas consideraciones se
exportaran a las Indias de la mano de castellanos y portugueses,
teniendo en cuenta la tradición jurídico-social que constituyeron
a dichos reinos construídos en el fragor de la Reconquista.
Los anteriores estudios son sólo un botón de muestra
del tipo de investigaciones que se encuentran en este libro
y que aportan una visión renovada de algo que se ha asumido
como superado o completamente entendido. Nada más lejos de
la realidad, sin embargo, pues este fue un proceso del que aún
queda mucho por decir y explorar, ya que como todo, las cosas
suelen ser mucho más complejas de lo que se piensa en primera
instancia. Esta obra es una oportunidad para aproximarse a esa
complejidad, y en ella el lector podrá experimentar el aprender e
incorporar nuevos planteamientos que ayudan a definir la vasta
realidad que se encontraron los europeos en Mesoamérica durante
el siglo XVI.
Edwin Boeta Menzel
El Colegio de San Luis
San Luis Potosí, México
orcid.org/0000-0002-5667-8350

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�Octavio Herrera Pérez (coordinador). El delito de
contrabando en la frontera norte de México. México:
Universidad Autónoma de Tamaulipas, Colofón
Ediciones Académicas, 2021, 251 pp.
ISBN: 978-607-635-233-5
En la actualidad, escuchar en los titulares de los noticieros la
captura de traficantes de armas en la frontera de México con
Estados Unidos se ha vuelto algo común. A pesar de que, en las
décadas recientes, las relaciones bilaterales se han esforzado por
implementar medidas y operativos para erradicar el contrabando
entre ambos países, este fenómeno data de siglos de antigüedad.
La frontera, en efecto, se ha convertido en una zona donde este tipo
de tráfico comercial ha dejado una gran derrama económica. Por
ello, desde el ámbito académico, es necesario reflexionar sobre el
carácter cultural e histórico de esta práctica, en la medida en que
se ha afianzado como parte de un área geográfica en particular. En
este sentido, el libro El delito de contrabando en la frontera norte
de México, coordinado por Octavio Herrera Pérez, contribuye a
una serie de estudios relacionados a la evolución de este fenómeno.
Octavio Herrera Pérez es doctor en historia por El Colegio
de México, titulado con la tesis “La Zona Libre. El régimen de
excepción fiscal y la economía, el comercio y la sociedad en la
333
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Frontera Norte de México, desde su conformación hasta el Tratado de Libre Comercio”.1 Autor de El norte de Tamaulipas y la
conformación de la frontera México-Estados Unidos 1835-1855
y El noreste cartográfico, gran parte de su investigación académica se centra en la conformación del noreste, en particular la del
estado de Tamaulipas, como una región con características políticas y económicas propias a partir de los cambios geográficos suscitados durante el México decimonónico.2 Sus conocimientos
de derecho, tanto en materia fiscal como penal, se hacen presentes
desde el exordio hasta su respectivo capítulo en el libro.
Por ello, como coordinador de la obra, se preocupó por
incluir trabajos dedicados a analizar al contrabando como un
fenómeno sociocultural ligado al contexto político y económico
de la frontera norte desde el virreinato español hasta la
conformación de la nación mexicana contemporánea. Armando
Villanueva, director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales
Victoria, quien presenta la obra, comenta sobre el interés por un
“análisis razonado de este fenómeno, a través de la perspectiva
de la historia […] en la que se ofrece el recuento casuístico y
“Octavio Herrera Pérez. Curriculum Vitae 2019”, consultado el 6 de
abril de 2022, https://uat-mx.academia.edu/OCTAVIOHERRERA/CurriculumVitae
2
Octavio Herrera Pérez, El norte de Tamaulipas y la conformación de la
frontera México-Estados Unidos, 1835-1855 (Ciudad Victoria: El Colegio
de Tamaulipas, 2003); Octavio Herrera Pérez, El noreste cartográfico: configuración histórica de una región (Monterrey: Fondo Editorial de Nuevo
León, 2008).
1

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de largo tiempo sobre las expresiones del contrabando […]”.3
En este sentido, cada uno de los estudios detalla la extensión de
esta práctica a través de toda la zona geográfica fronteriza, en
diferentes contextos y momentos históricos.
Los ejes sobre los que se centra la obra, que sirven
también para enlazar los capítulos, son los siguientes: ¿Qué
procesos, políticos y económicos, ayudaron a la proliferación del
contrabando en la frontera norte de México? y ¿cómo afectó este
fenómeno al comercio y a la población de esta zona geográfica?
En sus respectivos trabajos, los autores exponen las causas por las
cuales el contrabando triunfó como medio de tráfico comercial en
los espacios más alejados del centro nacional. Entre estas destacan
la inestabilidad política de la región en los años posteriores a la
independencia y el libre comercio promovido por el gobierno
de los Estados Unidos. Santa Fe, Refugio, Matamoros, Laredo,
Altar y Tijuana son ejemplos de sitios que pudieron desarrollarse
a partir de estas prácticas ilegales.
Las propuestas de los autores, no obstante, son bastante
amplias. Debido a la extensión temporal de la obra en conjunto,
cada investigador muestra, desde su contexto geográfico, un estudio
cronológico de las zonas en que este fenómeno prosperó durante
un determinado periodo de la historia nacional. Así, los primeros
capítulos exponen el panorama económico de la frontera en los años
Armando Villanueva Mendoza, “Presentación”, en El delito de contrabando en la frontera norte de México, ed. Octavio Herrera Pérez (México: Universidad Autónoma de Tamaulipas; Colofón Ediciones Académicas, 2021), 9.
3

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previos y posteriores a la independencia de México. “El contrabando
en Nuevo México desde fines de la colonia hasta el auge del comercio
en Santa Fe, 1750-1846” de Martín González de la Vara; “Relaciones
polémicas por el contrabando en una época de inestabilidad en los
territorios nororientales de Nueva España: El puerto El Refugio,
1794” de Melisa Catarina Galván; “El contrabando por el norte
de Tamaulipas durante el conflicto México-Texas, 1836-1845” de
Benito Antonio Navarro González; y “Panorámica del contrabando
en la frontera norte de México en el siglo XIX” de Octavio Herrera
Pérez conforman esta primera parte de la obra.
Luego, siguiendo un orden cronológico, los análisis se
centran sobre el desarrollo del contrabando en los años posteriores a
la Guerra de Secesión estadounidense. En este periodo, el gobierno
mexicano, en especial durante el Porfiriato, intentó erradicar el
comercio ilegal al fortalecer las aduanas e instituciones fiscales
con el objetivo de acabar con los poderes regionales que permitían
su práctica. Sin embargo, tras la revolución, y con el aumento
de las importaciones de Estados Unidos, resurgió con fuerza este
fenómeno económico. Los capítulos “¿Comercio o contrabando?
La transición del intercambio transfronterizo tras la llegada de
las aduanas fronterizas al Desierto del Altar, Sonora 1880-1893”
de Delia María Piña Aguirre; “Sed de sangre: Violencia en Texas
contra traficantes durante la era de la Prohibición” de George
Díaz; “El cuerpo del delito. Notas y estudios de caso sobre
contrabando, comiso y legislación en Baja California, 19261936” de Jesús Méndez Reyes; y “Carreteras de ilegalidad. El
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robo de automóviles en Estados Unidos y su contrabando hacia
México, 1930-1960” de Alberto Barrera Enderle conforman la
segunda parte del libro.
El delito de contrabando en la frontera norte de
México me parece una aportación interesante para los estudios
transfronterizos sobre esta materia. El tráfico de armas de Estados
Unidos hacia México, así como el de drogas en un sentido opuesto,
es sólo el más reciente tipo de comercio ilegal en una larga lista
de productos distribuidos de esta manera en la nación. El trabajo
de Octavio Herrera, como coordinador de la obra, se suma a
sus estudios sobre el noreste de México al exponer los medios
que permitieron el surgimiento y desarrollo del contrabando en
esta zona geográfica del país durante los últimos dos siglos. En
este sentido, vale la pena reflexionar sobre los procesos que han
normalizado en ciertas comunidades esta práctica como parte
de sus sistemas económicos locales. La corrupción, la falta de
comunicación y las tensiones políticas, por nombrar algunos
ejemplos, deben ser objeto de estudio para quienes investigan
historia en los años por venir.
Bibliografía
Herrera Pérez, Octavio. El noreste cartográfico: configuración
histórica de una región. Monterrey: Fondo Editorial de
Nuevo León, 2008.
Herrera Pérez, Octavio. El norte de Tamaulipas y la conformación de la frontera México-Estados Unidos, 1835-1855.
Ciudad Victoria: El Colegio de Tamaulipas, 2003.
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“Octavio Herrera Pérez. Curriculum Vitae 2019”. Consultado el
6 de abril de 2022. https://uat-mx.academia.edu/OCTAVIOHERRERA/CurriculumVitae.
Villanueva Mendoza, Armando. “Presentación”. En El delito de
contrabando en la frontera norte de México, editado por
Octavio Herrera Pérez, 9. México: Universidad Autónoma de Tamaulipas; Colofón Ediciones Académicas, 2021.
Alan Arturo Hernández García

Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
orcid.org/0000-0001-7181-0383

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�Ricardo León García, Chihuahua: Un acceso de
modernidad. Algo de su vida económica entre 1880 y
1920. Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos,
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2021, 228 pp.
ISBN: 978-607-27-1548-6
https://libros.uanl.mx/index.php/u/catalog/book/100

El confinamiento a que obligan las pandemias se convierte, en
ocasiones, en una circunstancia a favor del ambiente intelectual.
Durante los dos últimos años se echó a andar un proyecto de
publicaciones por parte de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, que ha estado en las expertas manos de Mario Cerutti,
Asesor Editorial de NortEstudios, como se llama la serie. Hasta
junio del 2021 son cinco los títulos que ya son parte de ese
conjunto, y el quinto de ellos fue un texto escrito por Ricardo
León García, Chihuahua: Un acceso de modernidad. Algo de su
vida económica entre 1880 y 1920.
Ricardo León es antropólogo, egresado de la ENAH,
e historiador, con estudios de posgrado en la Universidad de
Albuquerque, en Nuevo México, y en la Universidad de Texas en
El Paso. Posee amplios conocimientos de la historia empresarial
del estado de Chihuahua y una profunda comprensión de los
procesos culturales y urbanos de la frontera norte mexicana.
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�Reseñas

León ha organizado el contenido de su obra en cuatro
grandes apartados. El primero de ellos está dedicado al comercio en
Chihuahua; el segundo habla de una primera ola industrializadora;
luego concentra en el siguiente lo concerniente a los ferrocarriles,
para destinar el cuarto a la banca y sus alrededores.
Como es fácil imaginar, durante el siglo XIX Chihuahua
fue un punto comercial importante entre el consolidado centro
del país y la expansión de los Estados Unidos; era una tierra con
cierto aspecto salvaje, sobre todo si se consideran las entonces
bandas de apaches y comanches que merodeaban todavía por el
territorio.1 Ese paso obligado de sur a norte y viceversa propició
las circunstancias que algunos comerciantes aprovecharon para
establecerse y crecer en la zona. León García señala:
Mientras «los viejos» se dedicaron a comprar haciendas,
deslindar terrenos baldíos y pelear por sostener sus privilegios
políticos -que a final de cuentas muchos perdieron-, los
advenedizos se ocuparon de agrandar sus tiendas, buscar
nuevos proveedores, introducir tecnologías modernas, apoyar
el establecimiento de comercios pequeños en zonas rurales
o recién abiertas a la explotación de recursos forestales o
minerales, promover la infraestructura urbana y de transportes,
reactivar cultivos comerciales y crear aparatos financieros que
“En el caso de los apaches, una de las tribus situadas en la región más septentrional de la Nueva España y que hasta finales del siglo antepasado repelieron el dominio colonial, el estado de barbarie o salvajismo que los caracteriza
está relacionado directamente con la resistencia del pueblo a su colonización”.
Jorge Chávez Chávez, “Los apaches del imaginario mexicano”, Reflexiones marginales, 2016, https://reflexionesmarginales.com/blog/2016/09/29/
los-apaches-del-imaginario-mexicano/
1

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brindaran un mayor apoyo a las actividades económicas en
general, sobre todo las propias (p. 36).

Esas palabras del autor dan una idea clara tanto del contenido de
ese capítulo inicial como del ambiente económico y social de la
región en la época que trata.
La producción en masa tan normal en este siglo XXI tuvo
sus antecedentes, como bien sabemos, en la revolución industrial
que ahora se identifica en Gran Bretaña durante la segunda mitad
del siglo XVIII. Luego, la producción maquinizada y el desarrollo
de las fábricas en los Estados Unidos, el aumento de la población
y de la idea de una mejor vida fueron determinantes para la
expansión del capitalismo. Durante el porfiriato, Chihuahua, al
colindar con el país cuyo empuje era casi imparable y con una
posición geográfica indiscutible, se montó en el carro de la
industrialización; así pues “el artesanado rural y urbano se vio
obligado a vender su mano de obra en diversos sectores” (p. 63).
Las actividades extractivas (quizá todavía lo son) fueron
más importantes que las de transformación. Sólo para ofrecer
un ejemplo comparativo entre la actividad en el estado en ese
entonces y hoy, en los resultados de octubre del 2021 que el
INEGI muestra, notamos que el estado de Chihuahua ocupa el
segundo lugar en la producción de plomo y de plata, y el tercero
en la de cobre y zinc.2
“Estadística Mensual de la Industria Minerometalúrgica”, consultado
el 24 de junio de 2022, https://www.inegi.org.mx/temas/mineria/#Informacion_general
2

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Una de las fábricas de hilados y tejidos llegó a ser
considerada “la fábrica de ropa más importante y grande de la
República, y uno de los negocios más representativos de todo
Chihuahua” (p. 78). También en la época se vio un aumento
en la producción de harina de trigo, de bebidas alcohólicas,
empacadoras de carne y derivados. Por cierto, un nombre que
aparece repetidamente como uno de los principales socios de esas
fábricas, fue el de Enrique C. Creel, asociado con inversionistas
ingleses y norteamericanos.
Respecto al tercer capítulo, dedicado a los ferrocarriles,
bastante hay que decir. No es la primera vez que Ricardo León
dedica publicaciones a este asunto. En el 2009 vio la luz su
texto titulado “El ferrocarril y la nueva visión de la frontera”,
correspondiente al capítulo VI del libro coordinado por Ben Brown,
Introducción e impacto del ferrocarril en el norte de México. En
ese documento León inicia así: “En México, la frontera del norte,
la frontera mexicana por antonomasia, siempre se ha prestado
a un imaginario provisto de mitos, prejuicios y más un «querer
que sea» que un «así es»”.3 Explica, así mismo, que “la nueva
dinámica de ocupación continental” generó cambios propiciados
por “las innovaciones tecnológicas”; con ello se buscaba cruzar la
ancha frontera sur de los Estados Unidos con trenes cargados de
productos; también transportar pobladores para convertirlos en
Ricardo León García, “El ferrocarril y la nueva visión de la frontera”, en
Introducción e impacto del ferrocarril en el norte de México, ed. Ben Brown
(Ciudad Juárez: Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2009), 173.
3

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mano de obra y en clientes; además, esa gente poseía “materias
primas estratégicas para los planes de crecimiento y expansión de
la economía industrial” del país norteño.4
Ese artículo suyo casi funciona como un preámbulo
de lo expuesto en el tercer capítulo de esta obra reseñada, “Los
ferrocarriles: esperanzas y cambios”. Él aclara que “si bien es
cierto que el capital externo fue determinante para la creación de
la red ferroviaria, también los líderes de los diferentes grupos de
poder económico regional intervinieron” (p. 108). Así, en el estado
se siguió la tradicional ruta del Camino Real, que conectaba a la
ciudad de México con los estados de Texas y Nuevo México. La
obra ferroviaria chihuahuense estaba centrada en dos proyectos:
el del Central Mexicano y el de Chihuahua-Pacífico. Una de las
consecuencias del movimiento de la época es que los trabajadores
agrícolas desertaron para subirse al tren de la modernidad y ofrecer
su trabajo a la industria ferrocarrilera.5 Nombra así al entonces
gobernador del estado, Luis Terrazas, quien encabezó la venta de
la concesión otorgada por el gobierno federal; “hizo la compra un
grupo norteamericano” (p. 116) representado por John R. Robinson.
Desgraciadamente las concesiones federales otorgadas a los estados
tuvieron mucho de tinte político y de carácter especulativo.
León García, 180–81.
Por cierto, el Paso del Norte y la llegada del ferrocarril a la zona aparecen
en la narración de Mason, Cension, A scketch of Paso del Norte, la primera
novela de la región, publicada en 1896. Maude Mason Austin, A Sketch from
Paso Del Norte (New York: Harper &amp; brothers, 1896), 23.
4
5

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�Reseñas

Llegamos así al cuarto apartado de este ilustrativo
libro sobre la historia económica de Chihuahua. Contrario al
desenvolvimiento de los empresarios chihuahuenses en cuestiones
ferrocarrileras, en la banca fueron un modelo para su tiempo. Por
una parte, “en la economía capitalista, el crédito es necesario para
todos los sectores sociales de la población” (p. 151); por otra,
esos grandes comerciantes que eran “fuente natural de crédito,
[…] prestaban dinero con intereses […], se encontraron con la
oportunidad de crear establecimientos dedicados, legalmente
constituidos y en exclusiva al manejo del dinero” (p. 151). Entre
los participantes en esta actividad estaban “los comerciantes,
ganaderos y propietarios de grandes extensiones de tierra, con
fuertes lazos de parentesco entre sí” (p. 152), eran “ las familias
ligadas al poderoso grupo Terrazas-Creel” (p. 154). La concesión
bancaria que inauguró esta época de bonanza fue la del Banco
de Santa Eulalia, que fue, además, “el primero del país en ser
autorizado a imprimir billetes” (p. 154).
Es notorio pues, que los poderosos grupos locales
participaron en “la fiebre del progreso, contagiada por los discursos
de políticos e inversionistas” (p. 152) y que la época propició.
Como dice el propio Ricardo: “Parece muy largo el recorrido que
debe efectuarse todavía para alcanzar una cabal comprensión de
la historia empresarial y económica del lejano y periférico estado
de Chihuahua” (p. 173), y aunque los estudios son parciales no
olvidemos que todo aspecto de una comunidad es parte del tejido
completo. Las actividades económicas de nuestro estado en el
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�Reseñas

siglo XXI son resultado, primero, de un tejido lento y constante
de una red, tanto de personas como de circunstancias, y segundo,
de la propia dinámica alcanzada en una época netamente global.
Bibliografía
“Estadística Mensual de la Industria Minerometalúrgica”. Consultado el 24 de junio de 2022. https://www.inegi.org.mx/temas/mineria/#Informacion_general.
Chávez Chávez, Jorge. “Los apaches del imaginario mexicano”.
Reflexiones marginales, 2016. https://reflexionesmarginales.
com/blog/2016/09/29/los-apaches-del-imaginario-mexicano/.
León García, Ricardo. “El ferrocarril y la nueva visión de la frontera”. En Introducción e impacto del ferrocarril en el norte de México, editado por Ben Brown, 173–91. Ciudad
Juárez: Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2009.
Mason Austin, Maude. A Sketch from Paso Del Norte. New York:
Harper &amp; brothers, 1896.
Margarita Salazar Mendoza

Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Ciudad Juárez, México.
orcid.org/0000-0002-5599-4626

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-34

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�Gerardo Martínez Delgado. La experiencia urbana.
Aguascalientes y su abasto en el siglo XX. México:
Instituto Mora, Universidad Autónoma de Aguascalientes,
Universidad de Guanajuato, 2017, 534 pp.
ISBN: 978-607-9475-65-9
El libro de Gerardo Martínez Delgado La experiencia urbana.
Aguascalientes y su abasto en el siglo xx es una valiosa
contribución a la historiografía urbana y regional, así como para
los estudios del cambio tecnológico dirigidos a explicar sus
ritmos y vaivenes. En similitud a lo hecho por Jaime Humberto
Hermosillo con las emociones en La pasión según Berenice,1
Martínez Delgado nos convence de que Aguascalientes —ciudad
intermedia del occidente mexicano— es un territorio de límites
porosos que convoca a repensar la relación campo-ciudad, las
escalas de análisis y lo universal de los asentamientos urbanos.
Desde este posicionamiento, los argumentos del autor no ceden
ante al examen de lo particular, de la urbanización o lo moderno,
y en su lugar apuestan por el estudio de la experiencia urbana,
entendida como un conjunto de transformaciones en los usos,
actividades y ocupaciones del espacio, aparejadas con las ideas
que las sustentan. Se consideran así, los cambios en los hábitos
1

Jaime Humberto Hermosillo, La pasión según Berenice (México, 1976).

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.3-47

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�Reseñas

de la población y el funcionamiento de la urbe atendiendo sus
relaciones con el exterior, en un periodo que va de 1884 a 1972;
práctica inusual en la academia mexicana y en las pautas de la
creación académica imperantes, que dejan poco margen a las
investigaciones de largo aliento.
La obra reúne los métodos de la historia urbana y regional
con enfoques propios de la historia económica y la geografía
histórica, para compaginar distintos registros temporales y
espaciales. El autor agrupa los tiempos cortos de la producción,
los tiempos intermedios de la construcción y los tiempos largos del
ambiente, poniéndolos en relación con cuatro escalas: la ciudad,
los caminos, la región circundante y los sitios distantes desde
los que se movilizaron los comestibles hacia Aguascalientes.
De esta forma, Martínez Delgado explica el abasto repasando
el encadenamiento de la producción, distribución y consumo de
mercancías, tomando en cuenta las variables que dieron forma a
su ciclo económico, tales como la disposición de bienes naturales,
la tecnificación en la construcción de infraestructura, y la reforma
en las pautas de almacenamiento y conserva de alimentos.
El trabajo en cuestión destaca por varios aspectos más.
Al rastrear el origen de los productos que consumió la población
citadina, el autor estudia fluidamente el espacio urbano junto con
el espacio rural que abasteció a la ciudad. Vemos pues, capítulos
dedicados a comprender la expansión y modificación de la ciudad
y otros abocados a la explicación de la transformación en las
pautas de producción en el medio rural. De manera que la ciudad
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es entendida en conexión con lugares que desbordan sus límites
físicos, con los que guarda un intenso intercambio de materias,
saberes y habitantes.
Otro elemento remarcable es la diversidad de actores que
se relacionan con la ciudad, cuyo accionar es revelado por las
variadísimas fuentes utilizadas. Se presenta así a gobernantes
(locales, estatales y nacionales), comerciantes (mayoristas,
comisionistas, abarroteros), empresarios molineros, dueños de
huertas y establos, hacendados agrícolas y ganaderos, ejidatarios,
latifundistas, pequeños propietarios, arrieros, coyotes, camioneros,
trabajadores del ferrocarril, periodistas, nacionales y extranjeros,
entre otros. Las fuentes a las que Martínez Delgado recurre
son de diverso origen contándose: bases de datos, estadísticas,
cartografía, prensa, informes oficiales, fotografías y entrevistas.
De ellas extrae y articula la información necesaria para construir
su relato, pero también las utiliza como herramientas expositivas
que enriquecen la vivencia del lector.
Un aspecto que el autor ubica en el trasfondo de los
procesos estudiados, pero que se encuentra presente de principio
a fin, es el cambio tecnológico, clave interpretativa de gran
potencia para la comprensión del fenómeno urbano desde los
vínculos locales y regionales. Sin caer en un determinismo
tecnológico, Martínez Delgado destaca en cada capítulo las
consecuencias que la tecnología tuvo sobre la transformación de
Aguascalientes, su región y los elementos del abasto urbano. Por
ejemplo, el cambio tecnológico incidió en la manera de fraccionar
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la ciudad, en la instalación de los servicios modernos y en su
higienización; en las formas de producir, procesar, distribuir,
almacenar y preservar alimentos dentro y fuera de la urbe; en la
construcción de vías de comunicación cada vez más expeditas y
eficientes; y en la organización de las labores agropecuarias con
base en determinados paquetes tecnológicos. Así pues, animamos
la lectura de esta obra siguiendo este ángulo.
La primera parte del libro, centrada en la modernización de
la ciudad y la expulsión de tareas productivas que la autoabastecían,
permite apreciar la influencia de la tecnología en ambos procesos.
El autor explica que a pesar de que Aguascalientes no sufrió un
crecimiento económico exponencial o una expansión urbana
descontrolada, los cambios cualitativos al interior del entramado
urbano estuvieron presentes. La higienización de la urbe se debió
a la tecnología para entubar los ríos que la recorrían, que a su vez
los convirtieron en fuentes de agua potable. La tecnología aplicada
a la ciudad también permitió la instalación de servicios públicos
como luz eléctrica y drenaje. Por otro lado, la industrialización
que llegó con los talleres de la compañía de ferrocarriles y la
instalación de una fundidora fueron resultado de la articulación
del avance tecnológico con los negocios industriales.
Martínez Delgado da seguimiento a dos cursos relativos
al abasto urbano que guardaron sentidos inversos. Por un lado,
los huertos de frutas y hortalizas, y los establos que resguardaban
ganado lechero, cerdos y gallinas fueron expulsados a los márgenes
de la capital bajo el objetivo de higienizarla, pues comenzaron a
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ser vistos como focos de infección y emisores de malos olores, lo
que abrió a estos sectores nuevas opciones dirigidas a aumentar
su productividad. Por otra parte, actividades que antes estaban
ubicadas en el exterior de la ciudad, como el almacenamiento
y procesamiento de trigo y maíz, fueron introducidas conforme
aumentó la población y se incrementó la demanda de mercancías
de primera necesidad, pues resultó más conveniente para las
pequeñas unidades productivas y centros de almacenamiento
insertarse a la trama urbana y ahorrar costos de distribución.
En el caso de la venta de tortillas, el historiador relata cómo el
método tradicional fue transformado gracias a la instalación de
molinos de nixtamal eléctricos, la máquina tortilladora y molinos
industriales.
La segunda parte amplía la mirada y enfoca la región de
abasto de Aguascalientes. Las redes de caminos son de especial
interés para el autor pues éstos permiten la distribución de objetos,
personas e ideas. Transferencia de tecnologías como el ferrocarril,
la petrolización de los pavimentos y el uso de automóviles,
marcaron la transición de un sistema de caminos estrechos
y de velocidades bajas, a una red amplia y de escala nacional
que conectó a Aguascalientes a otros puntos de distribución
de productos agropecuarios. A contracorriente de una visión
etapista, Martínez Delgado da cuenta de la manera en que los
sistemas de transportes modernos, como las líneas de ferrocarril
y las carreteras pavimentadas, dieron renovados bríos a las viejas
carreteras de ruedas y los caminos de herradura, pues dinamizaron
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la economía regional en su conjunto. Por varias décadas estos
sistemas fueron complementarios. El ferrocarril mantuvo precios
competitivos y fue utilizado para viajes distantes, mientras que
los camiones se usaron para destinos más próximos. Hacia finales
de los años setenta, punto final del periodo de estudio del libro,
las carreteras y los camiones de carga ya dominaban el abasto.
La tercera parte se ocupa de establecer el espacio regional
circundante a la ciudad de Aguascalientes, sitio en el que se
generó el grueso de los alimentos consumidos, entre ellos: la
tradicional tríada conformada por el maíz, el frijol y el chile;
cultivos especializados como la vid y la guayaba; y bienes
cárnicos de origen vacuno, ovino, porcino y caprino. Estos
últimos bajo regímenes controlados por las elites de productores
e intermediarios. Martínez Delgado demuestra que los límites
constitutivos de la región no se correspondieron con la frontera
política del estado de Aguascalientes, pues se extendieron hacia
los cañones y valles de Zacatecas, y los Altos de Jalisco, sitios
con vocación y especialización propia. A través de una puntual
revisión del entorno físico y de las redes familiares y comerciales
de las elites, el autor reconstruye un entramado en el que, si bien las
haciendas fueron destruidas como unidad básica de producción,
las familias que las poseían lograron afirmarse como empresarios
privados, beneficiándose de las mejoras tecnológicas y facilidades
de venta. De manera que en la posrevolución menos tierra casi
nunca se tradujo en menores utilidades. El factor central de este
proceso lo constituyó la implantación de la agricultura de riego,
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pues la región en cuestión se caracteriza por sequías recurrentes.
Se vivió, así, un tránsito desde la creación de los primeros
distritos de riego hacia el impulso de los pozos de agua, que, pese
a sus nocivas consecuencias, favorecieron en 1950 un ascenso
de la productividad. Esto, acompañado por la incorporación de
semillas experimentales, fertilizantes y plaguicidas —asociados
a la Revolución Verde— permitió a cultivos como el maíz
incrementar sus rendimientos a razón de su intensificación y no
sólo de su extensión, siendo ésta una de las particularidades más
notables de la región en el escenario nacional. La suma de estos
elementos facilitó el abasto y, por medio de él, el crecimiento
poblacional de la capital de Aguascalientes, que se multiplicó
por tres en el mismo período y logró disponer de un mercado
ganadero consolidado al inicio de la década de 1970.
La cuarta parte se dedica a explicar las dinámicas
particulares de los comestibles que recorrieron distancias más
largas, dando cuenta del papel central de los abarroteros y
mayoristas como artífices de las rutas que tomaron a la ciudad de
Guadalajara y México como pivotes de la dinámica regional. De
este modo, se redondea el proceso que hizo que Aguascalientes
desplazara de su interior la producción y la integrara a mercados
más especializados, al tiempo de afirmarse como un espacio de
consumo de alimentos largamente transportados. En efecto, esta
cualidad se arraigó como una parte medular de la experiencia
urbana de sus habitantes. No se trató exclusivamente del traslado
de satisfactores básicos, sino de manjares ligados a rituales de
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consumo e identidad, mediados por un sector de comerciantes
asociados a la elite posrevolucionaria, muchos de ellos originarios
de los Altos de Jalisco, o bien, de nacionalidad y ascendencia
española, fieles a la religión católica. ¿Cuáles fueron los abarrotes
en este contexto? Alimentos lejanos y de baja caducidad, por
ejemplo: vinos, pescado seco, aceites, aceitunas, tés, especias,
enlatados, pan de caja, refrescos, pastas, galletas, frutas en almíbar,
leche condensada y en polvo. También se incluyen implementos
ubicados en distancias medias como el arroz, el azúcar, la sal y el
café. Si bien la extranjería y los lazos hacia el exterior fueron ejes
fundantes de este sector comercial, a partir de la segunda mitad
de la década de 1950 los mostradores mayoristas comenzaron
a ser sustituidos por los primeros autoservicios —como La
Comercial Mexicana y La Quemazón— que insertaron un patrón
de consumo al que se mantuvieron integrados los mayoristas,
acopiadores, corredores y productores.
El volumen tiene la virtud de observar que la aplicación
de tecnología siempre tiene efectos diferenciados en la
sociedad. Por ejemplo, en el siglo xx los caminos carreteros
profundizaron las desigualdades regionales al fomentar el
desarrollo de infraestructura hacia las principales ciudades y
caminos, relegando a las comunidades pequeñas, lo que dio como
resultado procesos de migración a la ciudad, aislamiento sectorial
y economías estancadas. Por otro lado, la llegada de la tecnología
capaz de perforar pozos para la extracción de agua subterránea
fue de utilidad para los productores privados capaces de sufragar
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su riesgosa inversión, mientras que la ausencia de adecuados
sistemas de crédito hizo que esta no fuera una opción seria para
los ejidatarios y pequeños propietarios.
Asimismo, Martínez Delgado procura enfatizar el papel
de los individuos junto con los usos diferenciados en la adopción
de artefactos técnicos. Se muestra que actores como hacendados,
abarroteros y transportistas tomaron decisiones sobre qué tipo de
transporte utilizar (ferrocarril, automóviles o arrieros), incidiendo
con ello en la revitalización y competencia de las tecnologías de la
movilidad. En otro sentido, coyunturas específicas de la política
estatal y la inclusión de mejoras técnicas para el procesamiento
de productos primarios (como secadoras y empacadoras)
permitieron que algunos ejidatarios de Aguascalientes tuvieran
cierto éxito en la siembra de chile y uva, aunque en márgenes
inferiores a los de los ejidos colectivos ubicados en la Comarca
Lagunera o en Michoacán, especializados en algodón y arroz. Con
ello, el historiador se acerca a las perspectivas que destacan que
los usuarios, los usos y los contextos de recepción son igual de
importantes que los centros de creación de las innovaciones para
comprender cómo la tecnología incide en los procesos sociales.2
Si bien el libro es una ejemplar acometida a la experiencia
urbana y a las redes de abastecimiento, se echa en falta que el
autor explicite las inspiraciones teóricas que dieron forma a la
Wiebe E. Bijker, Thomas P. Hughes, y Trevor Pinch, eds., The Social Construction of Technological Systems. New Direction in the Sociology and History of Technology (Cambridge: MIT Press, 2012).
2

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perspectiva espacial de su investigación y a su lectura del cambio
tecnológico. El posicionamiento de Martínez Delgado quizá
derive de un interés por desarrollar su investigación partiendo del
terreno y no de conceptos o discusiones mayormente informadas
por las trayectorias de ciudades capitales o cosmopolitas. Así,
el estudio de ciudades intermedias, con similares cualidades, se
presenta como una línea promisoria para la renovación de los
cánones interpretativos de la historiografía urbana en América
Latina.
Bibliografía
Bijker, Wiebe E., Thomas P. Hughes, y Trevor Pinch, eds. The
Social Construction of Technological Systems. New Direction in the Sociology and History of Technology. Cambridge: MIT Press, 2012.
Diego Antonio Franco de los Reyes

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
Benito Juárez, México
orcid.org/0000-0001-7361-9064

Diana Alejandra Méndez Rojas

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora
Benito Juárez, México
orcid.org/0000-0001-9305-9412

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                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, 2022, Vol. 2, No. 3, Julio-Diciembre</text>
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                <text>Sillares. Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>Lazo Freymann, José Eugenio, Editor </text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>��Dossier
Introducción. Historia de los alimentos y la
alimentación en América Latina
Introducción
Juana Elizabeth Salas Hernández
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas, México
orcid.org/0000-0001-5253-9591

PAN
Dejaron un pan en la mesa,
mitad quemado, mitad blanco,
pellizcado encima y abierto
en unos migajones de ampo.
Me parece nuevo o como no visto,
y otra cosa que él no me ha alimentado,
pero volteando su miga, sonámbula,
tacto y olor se me olvidaron.
Huele a mi madre cuando dio su leche,
huele a tres valles por donde he pasado:
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,
y a mis entrañas cuando yo canto.
Otros olores no hay en la estancia
y por eso él así me ha llamado;
y no hay nadie tampoco en la casa
sino este pan abierto en un plato,

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�Historia de los alimentos y la alimentación en América Latina
que con su cuerpo me reconoce
y con el mío yo reconozco.
Se ha comido en todos los climas
el mismo pan en cien hermanos:
pan de Coquimbo, pan de Oaxaca,
pan de Santa Ana y de Santiago.
En mis infancias yo le sabía
forma de sol, de pez o de halo,
y sabía mi mano su miga
y el calor de pichón emplumado...
Después le olvidé, hasta este día
en que los dos nos encontramos,
yo con mi cuerpo de Sara vieja
y él con el suyo de cinco años.
Amigos muertos con que comíalo
en otros valles sientan el vaho
de un pan en septiembre molido
y en agosto en Castilla segado.
Es otro y es el que comimos
en tierras donde se acostaron.
Abro la miga y les doy su calor;
lo volteo y les pongo su hálito.
La mano tengo de él rebosada
y la mirada puesta en mi mano;
entrego un llanto arrepentido
por el olvido de tantos años,
y la cara se me envejece
o me renace en este hallazgo.
Como se halla vacía la casa,
estemos juntos los reencontrados,
sobre esta mesa sin carne y fruta,
los dos en este silencio humano,
hasta que seamos otra vez uno
y nuestro día haya acabado...
Gabriela Mistral

El dossier “Historia ambiental de los alimentos y la alimentación”
presenta una oportunidad de degustar la historia de una de las
prácticas más íntimas y cercanas de toda la humanidad: alimentarse.
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�Juana Elizabeth Salas Hernández

En la agenda pública actual existe la preocupación por la
justicia y la soberanía alimentaria. Una pregunta cotidiana será,
¿cómo lograremos seguir comiendo los 8.013.821 habitantes en el
planeta Tierra? Observamos esfuerzos y campañas para responder
la pregunta y satisfacer una de la necesidad básica de comer; sin
embargo el hambre y la desigualdad alimentaria son males que nos
sigue aquejando. Según los últimos informes de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU), 131 millones de personas en América
Latina y Caribe no tienen acceso a una dieta saludable.1
La Organización de las Naciones Unidas para la
alimentación y la agricultura (FAO) en el marco estratégico para
2022-2031 se ha planteado la transformación de los sistemas
agroalimentarios en cuatro ejes estratégicos: mejor producción,
mejor nutrición, mejor medio ambiente y una vida mejor.
Teniendo como esferas prioritarias: la igualdad de género y el
empoderamiento de las mujeres en el medio rural, transformación
rural inclusiva, emergencias agrícolas y alimentarias, sistemas
agroalimentarios resilientes, iniciativa mano a mano y ampliación
de las inversiones.2 Hasta el 2022 se registraron en el programa
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “131 millones de personas en América Latina y el Caribe no pueden acceder a una dieta saludable: Informe de la ONU”, 2023, https://www.fao.org/
newsroom/detail/un-report-131-million-people-in-latin-america-and-the-caribbean-cannot-access-a-healthy-diet/es.
2
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “Marco estratégico de la FAO para 2022-2031”, 2021, https://www.fao.org/
strategic-framework/es.
1

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�Historia de los alimentos y la alimentación en América Latina

Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM),
5 sistemas del Patrimonio Agrícola distribuidos en 4 países: 1
en Brasil, 1 en Chile, 1 en Perú y 2 en México.3 Estos sistemas
son reconocidos por ser prácticas agrícolas que combinan
biodiversidad, ecosistemas resilientes y una relación entre la
tradición e innovación, y es así que son singulares.
He querido comenzar con estos datos, para compartir
mi reflexión y preocupación por el tema de los alimentos y la
alimentación, que se encuentran en todos los ámbitos de mi vida.
En el académico, desde hace un tiempo me he hecho preguntas
que he respondido en foros, publicaciones y grupos científicos.
Este dossier, gracias a la contribución de académicas y
académicos reconocidos y con trayectorias destacadas presenta
respuestas y dudas que seguramente se convertirán en parte de la
discusión historiográfica.
El poema de Gabriela Mistral, que encabeza esta
introducción, representa una oda al pan, destacando la presencia
en la vida de la poeta, y en la vida de todas y todos los que hemos
tenido la dicha de probar los sabores de algún cereal; hemos sentido
la comunión que nuestro cuerpo reconoce como una experiencia
única. Pero del poema también podemos destacar la variedad de
pan, de lugares, de preparaciones y de memorias. No es nuevo
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “América Latina y el Caribe”, Sistemas Importantes del Patrimonio
Agrícola Mundial, s/f, https://www.fao.org/giahs/giahsaroundtheworld/designated-sites/latin-america-and-the-caribbean/es/.
3

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�Juana Elizabeth Salas Hernández

pensar que los alimentos son parte importante de la memoria
histórica. En una entrevista a Esther y Aaron Cohen directores
del documental “Murmullos del silencio” en el que a través
del testimonio de 90 descendientes de víctimas del Holocausto
se reconstruye la memoria de ese doloroso acontecimiento, los
directores relataron que una de las preguntas que hicieron a los
testimoniantes fue sobre la comida.
La presencia o ausencia de los alimentos se ha representado
en el arte y en la cotidianeidad, es así que encontramos películas,
novelas, fotografías, pinturas, esculturas, artesanías, recetarios y
un sinfín de documentos que a las y los historiadores nos ayudan
a respondernos las inquietudes que nos provocan los alimentos y
la alimentación.
En el mes de diciembre de 2022 en la ciudad de Zacatecas,
se llevaron a cabo las “XVII Jornadas internacionales de historias
de las Monarquías Ibéricas” de la Red Columnaria. En esta
ocasión, el tema de discusión fue la historia ambiental de los siglos
XVI-XIX, tratado en 11 mesas temáticas. Se dedicó una mesa a
la historia ambiental de los alimentos y la alimentación, titulada
“Cambios, permanencias y huellas ambientales en las prácticas
alimenticias”, como colofón y a manera de metáfora, el moderador,
José Javier Ruiz Ibáñez, mencionó “el imperio del pollo”, una idea
para explicar la globalización de los alimentos y el reconocimiento
de lo que se come, lo que no se come y por qué no se come. Sirva
esta anécdota académica para hilar una de las ideas en la discusión
de la historia ambiental de los alimentos, la pregunta: ¿la historia
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�Historia de los alimentos y la alimentación en América Latina

ambiental comienza en el estómago? Cuestión que puso en la
discusión historiográfica, Nicolaas Mink en el volumen 14 de
Environmental History (2009), pregunta que retoma Alexis Jacob
Hernández Fabián, en el artículo que escribió para este dossier.
Las preguntas historiográficas de la historia ambiental
han permitido contribuir a la explicación de la correlación entre
la naturaleza humana y la no humana. Varias historiadoras e
historiadores han reconocido que uno de los vacíos en la historia
ambiental han sido los alimentos y la alimentación, sirva este
dossier como una contribución para comprender algunas aristas
del tema.
A través de una convocatoria pública y después de un
riguroso proceso de dictámenes, el dossier está conformado por
7 artículos que podemos dividir en bloques temáticos: políticas
públicas relacionadas con la alimentación, los sistemas de
producción, cultivos y monocultivos que se han convertido en
alimentos, alimentos ancestrales y prácticas agrícolas y usos de
fertilizantes, químicos y semillas mejoradas.
Luis Ozmar Pedroza Ortega, mediante el trabajo:
“Del surco a la mesa. El Programa Nacional de Alimentación
(PRONAL): crisis y contradicción política en la producción
y consumo de alimentos, 1983-1988” analiza las políticas
alimentarias en México durante el periodo de 1983-1988 donde
reconstruye procesos de producción, la transformación, el abasto
y consumo de alimentos que fueron parte de la dieta mexicana a
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�Juana Elizabeth Salas Hernández

finales del siglo XX. El autor da una muestra de cómo el discurso
político de la alimentación saludable penetró la intimidad de las
familias mexicanas, y así se construyó el concepto histórico de
“alimentación saludable”.
Margil de Jesús Canizales Romo, aporta “Condiciones
medio-ambientales en el Partido de Zacatecas, para la producción
agrícola y ganadera de las haciendas porfirianas”. Retoma la
premisa de la historia ambiental de que el medio ambiente es
un personaje histórico, y así explora la producción de alimentos
agrícolas y cárnicos en el partido de Zacatecas, durante la segunda
mitad del siglo XIX. Canizales Romo, contribuye a la explicación
de la continuidad y discontinuidad de producción de alimentos en
Zacatecas y la importancia de las condiciones ambientales para la
presencia o ausencia de ciertos productos.
Viridiana Hernández Fernández, escribe “Growing Hopes,
Dry Negotiations: Mexican and U.S. Avocado Industries at the
Age of Free Trade Agreements and Climate Change”, donde
reconstruye las condiciones en las que el aguacate se convirtió
en un monocultivo en Michoacán, México y cómo debido a las
condiciones políticas de comercio con Estados Unidos, así como
su sobre explotación han contribuido al cambio climático. En la
actualidad es casi imposible pensar algunos platillos mexicanos y
estadounidenses sin la presencia del aguacate; pero esto tiene una
historia que Hernández Fernández nos narra y nos contribuye a la
reflexión sobre el impacto ambiental del guacamole.
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�Historia de los alimentos y la alimentación en América Latina

Daiana Campo, plantea “La caña de azúcar: de edulcorante
a carburante y sus impactos como monocultivo en Candelaria
(1930-2010)”, donde rastrea la evolución histórica de la caña de
azúcar en Candelaria, Valle del Cauca. La caña de azúcar es tratada
por la autora como documento histórico, biológico y simbólico;
analiza el cómo se convirtió en un cultivo privilegiado en el
discurso hegemónico entre la década de los 30 y 50 del siglo XX.
Alexis Jacob Hernández Fabián, mediante “Agua de las
verdes matas, tú me tumbas, tú me matas. Magueyes, pulque y
medio ambiente en las haciendas de los Llanos de Apan durante
el Porfiriato”, plantea al pulque como sujeto histórico, cuyo
análisis ayuda a explicar las consecuencias ecológicas que trajo
la demanda de consumo durante la primera década del siglo XX.
El estudio se centra en las haciendas de los Llanos de Apan, en el
estado de Hidalgo, México, que fue la principal región productora
de pulque.
Juana Elizabeth Salas Hernández en el trabajo “Sabores y
colores del semidesierto zacatecano: cabuches y flores de palma.
Dos alimentos ancestrales en Mazapil, Zacatecas”. En la región
del semidesierto zacatecano, en particular en el municipio de
Mazapil en Zacatecas, México, analizó el consumo y preparación
de dos alimentos ancestrales: la flor de palma y los cabuches. A
diferencia de los alimentos tratados en los otros artículos, que
analizan alimentos cultivados, este trabajo estudia alimentos
silvestres que se adquieren a través de la recolección.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-91

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�Juana Elizabeth Salas Hernández

Se cierra el dossier con el trabajo de Eduardo Frías
Sarmiento y Aurelia Elizabeth de la Parra Martínez, “Destrucción
y debilitamiento en el medio ambiente del Valle de Culiacán,
Sinaloa: deforestación, químicos y semillas mejoradas, 19401970”, en el cual a través del estudio de las semillas mejoradas,
se explora el impacto medioambiental en el Valle de Culiacán
en el estado de Sinaloa. Este trabajo es una muestra de cómo los
químicos se presentaron y continúan presentes en la alimentación
y que nos son tan cercanos, que a veces no nos percatamos de su
presencia, y tampoco advertimos los daños que provocan.
No quiero perder la oportunidad de explicar la portada
de este dossier. Desde Sillares. Revista de Estudios Históricos,
exploramos el campo de la Inteligencia Artificial, utilizando la
herramienta Midjourney, el cual con los comandos y descripciones
necesarias, un bot ofrece la imagen de este número que sintetiza
conceptos, espacios, temas, temporalidades y palabras clave
utilizados por autoras y autores en sus artículos. Partiendo de la
naturaleza de exploración que tenemos las y los historiadores, se
ha generado la imagen de la portada y con ello dialogamos con
las herramientas tecnológicas actuales.
Eugenio Lazo y Reynaldo de los Reyes, editores de Sillares.
Revista de Estudios Históricos, se han convertido en cómplices
a lo largo de la creación y edición de este número. Hemos
compartido largas conversaciones en las que los protagonistas
han sido los alimentos. A ambos les agradezco la invitación para
llevar a cabo esta deliciosa aventura historiográfica.
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�Historia de los alimentos y la alimentación en América Latina

Agradezco a las autoras y autores su confianza y
generosidad en compartirnos sus investigaciones. Sin duda,
quedan temas pendientes. Invito al lector y a la lectora, disfrute
cada uno de los artículos y los saboree pensando en su historia
autobiográfica de la alimentación.

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�Del surco a la mesa. El Programa Nacional de Alimentación (pronal): crisis y contradicción política en la
producción y consumo de alimentos, 1983-1988
From the furrow to the table. The National Food Program: crisis
and political contradiction in food production and consumption,
1983-1988
Luis Ozmar Pedroza Ortega
Universidad Veracruzana

Xalapa, México
orcid.org/0000-0003-0676-2498
Recibido: 15 de junio de 2022
Aceptado: 24 de octubre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: El Programa Nacional de Alimentación (pronal) fue una
política pública cuyo objetivo fue hacer frente a la crisis alimentaria
que enfrentaba México en todas las fases de la cadena alimentaria entre
1983 y 1988. El objetivo de este artículo es analizar el marco operativo
y los proyectos que planteó el pronal como política alimentaria a fin
de atender la producción y el consumo de alimentos básicos, así como
plantear de qué manera algunos elementos de la política económica del
sexenio no permitieron su buen funcionamiento. Además, el artículo
destaca que muchos de los esfuerzos realizados por el gobierno de
Miguel de la Madrid sólo sirvieron como mero discurso a favor de
la soberanía alimentaria y la nutrición, mientras que no significaron
una verdadera voluntad política por hacer cambios estructurales
Sillares, vol. 2, núm. 4, 2023, 25-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-51

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�Del surco a la mesa

que beneficiaran a la población en cuanto regularan el acceso a los
alimentos. La investigación está basada en documentos oficiales que
detallan las operaciones del pronal y en prensa de la época en donde
se concentraron los avances y las críticas al programa. El estudio
contribuye a ampliar la historiografía de la alimentación en México al
dar cuenta de los cambios en la política alimentaria y en los procesos
de producción, transformación, abasto y consumo de alimentos que
impactaron en la dieta mexicana a finales del siglo xx, así como las
representaciones que de ésta se construyeron en medios escritos y
audiovisuales promovidos por el Estado.
Palabras clave: Alimentación, política alimentaria, soberanía
alimentaria, campo mexicano, consumo
Abstract: The National Food Program (pronal, for its acronym in
Spanish) was a public policy whose objective was to face the food crisis
that Mexico was facing in all phases of the food chain between 1983 and
1988. The aim of this paper is to analyze the operational framework and
the projects proposed by pronal as a food policy in order to attend to
the production and consumption of basic foods, as well as to argue how
there were elements of the economic policy of the administration that did
not allow its proper functioning. In addition, the article highlights that
many of the efforts made by the government of Miguel de la Madrid only
served as a mere speech in favor of food sovereignty and nutrition, while
they did not signify a true political will to make structural changes that
would benefit to the population as soon as they regulate access to food.
This paper is based on official documents that detail the operations of
pronal and on the press of the time where the advances and criticisms
of the program were concentrated. The study contributes to expanding
the historiography of food in Mexico by accounting for the changes in
food policy and in the processes of production, transformation, supply,
and consumption of food that impacted the Mexican diet at the end of the
20th century, as well as the representations that were built of it in written
and audiovisual media promoted by the State.
Keywords: Food, food policy, food sovereignty, Mexican countryside,
consumption
Sillares, vol. 2, núm. 4, 2023, 25-82
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-51

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�Luis Pedroza

Introducción
La crisis económica de 1982 en México fue severa. El ajuste
económico exigió que la inversión pública se contrajera,
perjudicando a los programas destinados al campo que
subsidiaban la producción y el consumo de alimentos básicos.
Para aminorar el efecto de estos recortes, el gobierno de Miguel
de la Madrid implementó una política pública que intentaría
resolver el problema alimentario de las zonas rurales a nivel
nacional: el Programa Nacional de Alimentación (pronal). Éste
funcionó como la respuesta política de la nueva administración
al cancelado Sistema Alimentario Mexicano (sam, 1980-1982),
la política alimentaria que el gobierno de José López Portillo
implementó a fin de lograr el cumplimiento de las metas
productivas del campo y lograr un mejor acceso al consumo de
alimentos para la población.1
El pronal se dio a conocer en octubre de 1983; tenía
el objetivo de procurar la soberanía alimentaria y alcanzar
condiciones de alimentación y nutrición favorables al desarrollo
físico de los mexicanos. Sin embargo, desde el diseño del
programa, hubo incompatibilidad entre sus propuestas y fines
sociales con la política económica del gobierno. Mientras el
Sobre el Sistema Alimentario Mexicano (sam), la política alimentaria que
precedió al Programa Nacional de Alimentación y del cual este último abrevó
varios puntos respecto a la justificación y alcances programáticos en todas las
fases de la cadena alimentaria, véase Luis Ozmar Pedroza Ortega, “El Sistema
Alimentario Mexicano: su acción en el campo y en la alimentación, 19801982”, Revista Historia y Geografía, núm. 39 (2018): 21–48.
1

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Estado proclamaba en su discurso hacer valer el derecho a la
alimentación de los mexicanos, sus medidas fueron insuficientes
y contradictorias para hacer frente a la emergencia alimentaria en
la década de los ochenta.
El objetivo general de la investigación es analizar los
efectos programáticos de esta política pública en la producción
agrícola y en la lucha por el derecho de la población marginada
a los alimentos. Asimismo, busca explicar cómo las medidas
tomadas por el gobierno para enfrentar la crisis económica de
1982 actuaron como obstáculos políticos para los objetivos y
las estrategias operativas del pronal, que tenían la finalidad de
superar la crisis alimentaria y productiva de México en el periodo
de 1983 a 1988. El artículo se fundamenta en prensa de la época y
con documentos operativos del programa. Este estudio contribuye
a la historiografía de la alimentación al abordar los cambios en
las políticas públicas destinadas a la producción alimentaria en
México durante la segunda mitad del siglo xx, vinculándolos con
procesos económicos y políticos importantes para comprender
las transformaciones estructurales posteriores del campo y la
alimentación en México.
La crisis económica y la emergencia alimentaria en 1982
En agosto de 1982, el gobierno mexicano suspendió temporalmente
los pagos de la deuda externa. Este hecho marcó el punto de
inflexión de la peor crisis de la economía mexicana contemporánea.
El deterioro de la situación económica ya se había generalizado
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desde finales de 1981, coincidiendo con la entrada del presidente
Miguel de la Madrid, quien puso en marcha una política de ajuste
dirigida a disminuir el déficit público y la inflación, por lo que
se devaluó el tipo de cambio.2 Dichas medidas afectaron el gasto
público en el sector agropecuario, lo que ocasionó el retiro del
apoyo financiero al Sistema Alimentario Mexicano (sam), la
política alimentaria del sexenio anterior. Esta decisión política
significó cortar los lazos con el gobierno antecedente que dejaba
el país en un desastre financiero.
Hay que destacar que la cancelación del sam se debió
no sólo al final del sexenio en que se diseñó, sino a los errores
programáticos y sociales que acumuló durante su funcionamiento.
Uno de ellos fue la poca vinculación con el campesinado que
no reconoció en el programa un organismo que los representara
y beneficiara frente al gobierno, puesto que no respaldó los
movimientos campesinos que reivindicaban la reforma agraria
porque estimuló la producción y no el acceso a la tierra. Este hecho
significó que el sam careciera de bases campesinas necesarias para
su defensa ante los detractores que incitaron su desaparición. Así,
la crisis no sólo se agudizó en la economía, sino en la agricultura,
coincidiendo con la salida del presidente José López Portillo, lo
que le valió duras críticas a su administración. La prensa atacó las
Kirsten Appendini, De la milpa a los tortibonos: la reestructuración de la
política alimentaria en México (México, DF: El Colegio de México - Centro
de Estudios Económicos; Instituto de Investigaciones de las Nacionaes Unidas
para el Desarrollo Social, 2001), 93.
2

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políticas sociales aplicadas, identificando al sam como el mayor
fracaso público para combatir la pobreza en el campo mexicano.3
A pesar de que se aseguró que las estrategias principales del
programa, como los subsidios a los productores y consumidores
de alimentos básicos, se mantendrían al reubicar funciones en
diversas dependencias, esto no sucedió, sino que se eliminaron
casi por completo, lo que dejó una situación de expectativa ante
la evidente emergencia nutricional en comunidades rurales y
hasta en periferias urbanas. Esta coyuntura hizo apremiante que
la nueva administración se enfocara en diseñar y llevar a cabo
un nuevo proyecto alimentario. Con base en ello fue que surgió
el Programa Nacional de Alimentación (pronal), recuperando
muchos de los objetivos del sam, aunque con metas más cortas y
con menos promoción institucional, cuyo fin era no despertar la
desconfianza generada por su antecesor.
Con la economía en una situación sumamente grave al
inicio del gobierno de Miguel de la Madrid, los signos de un
deterioro más grave eran indudables: déficit fiscal, rezago de los
precios reales del sector público, contracción del sector externo,
deuda externa en aumento, contracción de la actividad económica,
inflación, desempleo y un profundo enfrentamiento entre el
sector privado y gubernamental.4 Estas condiciones suponían una
Revista Proceso. “Desaparece el sam y no hay proyecto alimentario que lo
sustituya”, México, 17 de enero de 1983, 1.
4
Enrique Cárdenas, El largo curso de la economía mexicana: de 1780
a nuestros días (México, DF: Fondo de Cultura Económica; El Colegio de
3

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incertidumbre sobre la capacidad del país para realizar los pagos
de sus adeudos. La respuesta para aminorar el deterioro tenía
que ser rápida y efectiva. No obstante, los cinco años siguientes
demostraron que, a pesar de las medidas de contención, los
sacrificios recayeron en la población, que sufrió los embates de
salarios bajos, falta de trabajo y menoscabo en las condiciones de
vida que se reflejó, en parte, en el acceso a los alimentos básicos
debido a su encarecimiento provocado por la disminución en
la producción agrícola y la progresiva eliminación de varios
subsidios al consumo.
La crisis pronto dejó ver que era mucho más profunda,
pues sus causas eran estructurales y no sólo financieras. Así, en
su discurso de toma de posesión, Miguel de la Madrid anunció
los puntos básicos de su Programa Inmediato de Reordenación
Económica (pire). Su plan pretendía enfrentar los factores más
graves de la crisis, y sentar las bases para un cambio estructural
que evitara la recurrencia de los problemas que la economía
mexicana había enfrentado desde años atrás.5 Para ello, en
diciembre de 1982, el gobierno firmó un convenio con el Fondo
Monetario Internacional (fmi), en el que se determinó que la
prioridad mexicana sería continuar con el cumplimiento de
los compromisos de la deuda externa. Además, se adoptó una
política de estabilización macroeconómica, especialmente en
México, 2015), 657.
5
Cárdenas, 665.
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las finanzas públicas, con el fin de aminorar la inflación y el
desequilibrio de la balanza de pagos. También se abandonó
el modelo económico de industrialización por sustitución de
importaciones, para fincar el desarrollo en la apertura económica
al exterior e impulsar la industria de exportación (tabla 1).6
Este último cambio significó, a largo plazo, la transformación
estructural más radical de la economía mexicana. Si bien en el
gobierno de De la Madrid los esfuerzos se centraron más en
los ajustes macroeconómicos, a partir del siguiente gobierno, se
aceleró el proceso de reestructuración.
Tabla 1.
Indicadores macroeconómicos, 1983-1987
(tasas de crecimiento), detalle.
1983

1984 1985

1986

1987

pib real

-4.2

3.6

2.6

-3.8

1.9

pib real agropecuario

2.0

2.7

3.8

-2.7

1.4

-10.0

5.1

5.5

-5.8

3.0

Exportaciones (millones de
dólares)

7.9

12.1

-8.1

-18.5

26.6

Importaciones (millones de
dólares)

-30.3

34.3

15.3

-8.6

12.1

pib real industrial

Fuente: Cárdenas, Largo, 656.
Appendini, De la milpa a los tortibonos: la reestructuración de la política
alimentaria en México, 94.
6

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En esta coyuntura fue que comenzó también una discusión en
torno a la definición del papel del Estado en la economía. Mientras
que la sociedad tenía altas expectativas luego del desastroso final
del gobierno de José López Portillo, esperando medidas que
contrarrestaran el elevado costo de vida (a causa de la inflación
y el desempleo), el sector privado apostaba por la reversión de la
nacionalización de la banca y un fuerte apoyo a los empresarios;
por su parte, la política izquierda aguardaban una profundización
del papel económico del Estado. Estas expectativas, diferentes
y contradictorias, sólo reflejaban la pugna entre los distintos
modelos de país que buscaba cada grupo. En cuanto el mundo
entraba a una fase de globalización más acelerada, las ideas
del nacionalismo revolucionario, que apelaba a la intervención
estatal en la economía y otras áreas, se hicieron más presentes
para dar prioridad a las clases populares y la satisfacción de sus
necesidades básicas, que sólo se lograría con la participación
activa del Estado en las actividades económicas. El presidente
De la Madrid respondió a tal encrucijada con la reforma a los
artículos 25 y 28 constitucionales en los que se delimitó el papel
del Estado en la economía. Entre estos cambios se permitió que
el 33% del capital de los bancos fuera del sector privado; con lo
que la estatización de la banca no duró más allá de tres meses.
Esta medida provocó un gran cisma, ya que los grupos políticos
de izquierda y del Partido Revolucionario Institucional (pri)
vieron retroceder el papel del Estado en la economía, mientras
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que para los empresarios significó la institucionalización de la
intervención estatal.
De la Madrid no logró afianzar el apoyo de ningún grupo, y
las consecuencias de este desencuentro fueron importantes. Por un
lado, las élites empresariales conformaron el movimiento político
“México en la libertad” al aliarse con el Partido Acción Nacional
(pan), con el cual compartían objetivos similares e impulsaron
victorias electorales.7 Por otro lado, comenzó una escisión dentro
del pri que enarbolaba los ideales del nacionalismo revolucionario
y que se oponía a la orientación neoliberal que estaba tomando
el país. Este reacomodo del juego político tendría sus impactos
para el año 2000; no obstante, esta época fue el inicio del cambio
estructural que llevó al declive del papel benefactor del Estado
y su neoliberalización. Las principales medidas tomadas para
enfrentar la crisis económica que impactaron las condiciones
de vida de la población y menoscabaron la intervención estatal
para la satisfacción de necesidades básicas fueron el aumento de
los impuestos e ingresos fiscales, la reducción del gasto público
para paliar el déficit fiscal y la protección del empleo a través de
apoyos a empresas privadas.8
¿Qué significaron estos cambios y medidas en el
modelo económico para la población mexicana, especialmente
Cárdenas, El largo curso de la economía mexicana: de 1780 a nuestros
días, 664–65.
8
Cárdenas, 667.
7

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la campesina? Las consecuencias más serias fueron la
creciente polarización social por el deterioro del ingreso real
de las familias; el desgaste en la capacidad productiva del
agro mexicano; y el desequilibrio en la oferta y demanda de
alimentos básicos. Sobre la oferta, la nueva y restrictiva política
de subsidios y precios adoptada, significó que los agricultores
vieran reducidas las oportunidades para obtener recursos
del Estado, aquellos destinados al apoyo a la producción y
comercialización de productos de primera necesidad. Esta
situación impactó negativamente en la rentabilidad y en
productividad, sobre todo del cultivo del maíz, del que la
mayoría de los productores eran campesinos. A medida que fue
perdiendo rentabilidad y no contó con recursos estatales para
su producción, el maíz fue convirtiéndose principalmente en un
producto de autoconsumo, ocasionando una crisis agrícola que
afectaría el patrón alimentario mexicano.9 Sobre la demanda,
la política económica también tuvo efectos negativos, pues al
deteriorar el ingreso real con la depreciación de los salarios
y el retiro de subsidios al consumo, los alimentos básicos se
encarecieron, provocando que la población buscara alternativas
Andrea Santos Baca, El patrón alimentario del libre comercio (México,
DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2014), 110–11. La situación
de crisis agrícola en México fue aprovechada para facilitar la canalización de
la sobreproducción agropecuaria de países como Estados Unidos a través de la
acción de agronegocios transnacionales. Los productos básicos que necesitaba
México fueron suministrados por una serie de estas industrias agroalimentarias que lograron disponer los precios y las garantías políticas.
9

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baratas para subsistir; ello los llevó a recurrir a una dieta pobre
en nutrientes. De tal manera, el patrón de consumo se modificó
y, con el tiempo, suscitó otros problemas como enfermedades
crónicas relacionadas con la nutrición y el hambre.10
Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los
Hogares (enigh), para el cuarto trimestre de 1983, se registró que
el 40% del gasto doméstico correspondía a alimentos y bebidas,
mismos que estaban divididos en cereales, carnes, pescados y
mariscos, leche y derivados, huevos, aceites y grasas, tubérculos,
verduras, legumbres, leguminosas, semillas, frutas (frescas y
procesadas), azúcar y mieles, café, té y chocolate, especias y
aderezos, otros alimentos (dulces y postres) y bebidas.11 El acceso
a este variado repertorio de alimentos se vio afectado en tanto
la inflación provocaba el aumento de sus precios, mientras que
Héctor Bourges y Esther Casanueva, “Reseña histórica sobre la Nutriología en México”, en Historias de la Nutrición en América Latina, ed. Héctor
Bourges R., José M. Bengoa, y Alejandro M. O’Donnell (Sociedad Latinoamericana de Nutrición; Fundación Cavendes; Instituto Nacional de Ciencias
Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, 2001), 199–200. Para mediados de la
década de 1980, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de Nutrición Salvador Zubirán (incmnsz), ya colaboraba con el gobierno en el establecimiento
de una política nacional de nutrición. El incmnsz había presentado informes
sobre sus programas de estudio de la desnutrición marginal en diferentes partes
del país, en los que señalaba la urgencia de atender el problema de la desnutrición y el hambre.
11
“Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares. Cuarto trimestre de 1983”, Instituto Nacional de Estadística y Geografía,
consultado el 8 de junio de 2022, https://en.www.inegi.org.mx/contenidos/productos/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/historicos/2104/702825450434/702825450434_3.pdf
10

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�Luis Pedroza

se depreciaba el valor real del ingreso. El porcentaje del gasto
doméstico permite comprender que, al inicio del sexenio, casi la
mitad del ingreso por hogar se destinaba a satisfacer la necesidad
básica de alimentación; esto dejaba claro el progresivo deterioro
económico doméstico, a pesar de las medidas subsidiarias que el
gobierno desplegó en cuanto al consumo, que sólo resultaban un
paliativo y no una medida efectiva para subsanar la situación de
emergencia alimentaria en la que se encontraba gran parte de la
población.
Por esta razón, durante el sexenio se mantuvieron
diferentes programas de la Compañía Nacional de Subsistencias
Populares (conasupo) que se habían puesto en marcha en la
administración anterior, ya que sirvieron para contener, de
manera superficial, la crisis alimentaria que afectaba a muchos
hogares rurales y urbanos. Algunos de dichos programas fueron
los productos Alianza, que continuaron vendiéndose entre las
clases populares a precios subsidiados en las tiendas conasupo,
sistema de comercialización que mantuvo la intervención en la
oferta de alimentos básicos.12 Resulta necesario señalar que la
oferta de alimentos ofrecida por el gobierno no respondía a los
requerimientos mínimos nutricionales de las personas, sino a
Para un análisis detallado sobre el funcionamiento de la conasupo y sus
múltiples programas orientados a la cadena alimentaria durante la segunda mitad del siglo xx véase Luis Ozmar Pedroza Ortega, Mejor comida para todos.
La alimentación mexicana en campañas de higiene, nutrición y promocionales
de la CONASUPO (1960-1988) [Tesis de Doctorado] (Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2020), 209–85.
12

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la producción industrial que se llevaba a cabo en las diferentes
filiales de la conasupo. De este modo, la población tenía acceso
a productos enlatados y envasados que proporcionaban los
mínimos calóricos como pasta para sopa, azúcar, arroz, harina
de trigo y maíz, frijoles en lata, galletas, aceite vegetal, chiles,
sardinas, pan de caja, leche y gelatina. Éstos poco contribuían a
mantener la dieta saludable recomendada en los promocionales
gubernamentales, puesto que el acceso a otro tipo de alimentos,
como frutas y verduras, estaba restringido por el progresivo
encarecimiento de la vida.
El gobierno de De la Madrid declaró que no tenía ninguna
intención de llegar a una agudización de la crisis agrícola y
alimentaria del país,13 problema que ya era alarmante desde
finales de la década de los setenta. Sin embargo, el frágil balance
entre los subsidios otorgados a los productores agrícolas y
aquellos destinados al consumo popular se vio trastocado por
las medidas de ajuste macroeconómico que la administración
aplicó en los primeros meses del sexenio, teniendo como
consecuencia un agotamiento de la política de alimentos baratos
en las ciudades, principalmente; y el progresivo desgaste de
la capacidad productiva del campo, es decir, la producción
nacional de alimentos se volvió insuficiente, haciendo necesaria
la importación y, con ello, el aumento del gasto público, que no
Periódico Excélsior, “Descentralización”, México, DF, 28 de mayo de
1986.
13

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tenía cómo financiarse más que con deuda externa. Así, con el
poco impacto de las disposiciones para contrarrestar la crisis
económica, el agravamiento en la cuestión alimentaria que
buscaba eludir el gobierno sí ocurrió. Por ello, se decidió diseñar
un programa que debía evitar caer en una emergencia más aguda
de la que se encontraba a inicios de los años ochenta, sin muchos
resultados, al analizarlo en perspectiva.
La importancia de esta acción fue que se planteó un nuevo
proyecto que buscaría alentar tanto el desarrollo agrícola, como
el alimentario y nutricional en el campo mexicano, a la par que
la economía mexicana entraba al neoliberalismo. Este plan fue
el Programa Nacional de Alimentación (pronal), en donde se
proponía que la población tenía derecho a condiciones favorables
de alimentación y nutrición, y de decidir cómo lograrlas a través
de la incentivación a la producción y el consumo. En su plan
general se señalaba que “El Programa Nacional de Alimentación
constituye un primer paso en la integración programática del
quehacer público vinculado con la cadena alimentaria, con
el objeto de introducir un mayor orden y aprovechar mejor
los recursos.”14 Este argumento encierra una crítica directa al
desaparecido sam, aunque no es tan certera. En primer lugar, el
Archivo General de la Nación, Secretaría de Programación y Presupuesto
(en adelante AGN, SPP), Programa Nacional de Alimentación, 1983-1988.
Plan General. Poder Ejecutivo Federal, México, Secretaría de Programación
y Presupuesto, (en adelante PRONAL Plan General), octubre de 1983, caja 1,
exp. 3, f. 7.
14

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pronal se proyectó como una política pública que ayudaría a
revertir la emergencia alimentaria del país al presentarse como el
primer ejercicio estatal de regular (aunque utilizaban el término
integrar) la cadena alimentaria; sin embargo, tal práctica llevaba
haciéndose desde la década de 1930 con los comités de regulación
de alimentos básicos (maíz y trigo), y se había profundizado bajo
el amparo de todo el sistema conasupo. En segundo lugar, al
señalar que se haría un mejor uso de los recursos y de manera
más ordenada, se buscaba mantener una distancia con el sam,
que había sido duramente criticado por derrochar gran parte del
presupuesto en acciones que no habían dado resultados evidentes.
De este modo, se reafirmaba la intención del nuevo gobierno en
sostener programas sociales que representaran un reducido gasto
público.
En estas condiciones críticas fue que el pronal se
decretó como el proyecto alimentario del gobierno de Miguel
de la Madrid. Cabe destacar que el programa se promocionó
de una forma importante para enaltecer los supuestos esfuerzos
que la nueva administración realizaba con el objetivo de aliviar
la emergencia alimentaria en un momento de crisis económica;
no obstante, el discurso sobre la importancia de la alimentación
en la estrategia nacional de desarrollo pronto comprobó no ser
algo más allá que eso, un discurso. El Estado prefirió desarticular
progresivamente su participación en el mercado de alimentos
básicos en detrimento de crear e impulsar condiciones óptimas
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para ejecutar una política pública efectiva en cuanto producción,
abasto, consumo y nutrición para la población mexicana.
El pronal: objetivos, marco operativo y proyectos
La crisis de la época hizo evidente que la alimentación de la
población más marginada era una cuestión social que presentaba
múltiples problemáticas, las cuales influían en otras esferas
sociales, como la salud y la economía. Por ello, el gobierno agregó
el tema alimentario a su estrategia nacional de desarrollo, con base
en dos ejes de acción: una reordenación económica y un cambio
estructural del que debía ser parte para subsanar sus problemas.
En relación con el primer eje, se planteó la protección y estímulo
a los programas de producción, importación y distribución de
alimentos básicos para alimentar al pueblo. Mientras que en el
segundo, se argumentó la necesidad de reorientar y modernizar
el aparato productivo y distributivo para lograr un sector
agropecuario que mejorara los niveles de vida y la participación
social en el medio rural, asegurando los alimentos básicos de la
población.15 Bajo estas premisas, el gobierno diseñó la política
de alimentación del sexenio que debía ser clave para “preservar,
movilizar y proyectar el potencial de desarrollo nacional en
alimentación y nutrición”.16
AGN, SPP, Programa Nacional de Alimentación, 1983-1988. Síntesis
Ejecutiva. Poder Ejecutivo Federal, México, Subsecretaría de Programación
y Presupuesto de Desarrollo Social y Rural (en adelante PRONAL Síntesis
Ejecutiva), noviembre de 1983, caja 1, exp. 2, f. 1.
16
AGN, SPP, PRONAL Síntesis Ejecutiva, noviembre de 1983, caja 1,
15

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�Del surco a la mesa

Si bien es cierto que el gobierno reconocía que en la
situación nutricional del país influían de forma determinante
la inequitativa distribución del ingreso y la reducción en el
crecimiento de la producción nacional de alimentos básicos, por
su uso para fines no alimentarios y su deficiente distribución
interna, no señalaba penalizaciones para los actores y entidades
que habían provocado dicha situación, sino meros esfuerzos por
contrarrestar los efectos negativos que ahora estaban impactando
a la realidad nacional. Esta aseveración sólo reitera la delicada
coyuntura de la alimentación mexicana para 1983, en donde el
insuficiente acceso a los alimentos necesarios para los sectores
amplios de la población se enfrentaba al exceso de consumo y
desperdicio de una minoría.
Se debe subrayar que el tema de la desnutrición comenzó
a tener relevancia en la agenda política nacional de 1983. Se
recuperaron los resultados de las encuestas levantadas por
el Instituto Nacional de la Nutrición en 1979, en las que se
concluyó que 19 millones de personas presentaban un grave
déficit en consumo de calorías y proteínas; de éstas, 13 millones
habitaban en áreas rurales y 6 millones en centros urbanos; en
ambos casos casi la mitad era menor de 14 años. Además, se
había concluido que gran porcentaje de esta población residía
en municipios de los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero,
Hidalgo, Tabasco, Querétaro, Puebla y en la periferia del
exp. 2, f. 1.
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�Luis Pedroza

entonces Distrito Federal. También se resaltaba que sólo el
18% del total de la población en ese momento ingería dietas
variadas, ricas, suficientes y equilibradas, mientras que la
otra parte incurría en regímenes excesivos y desequilibrados
que provocaban a la larga problemas crónicos como diabetes
y obesidad.17 Asimismo, para esos años eran evidentes los
impactos de la difusión de una dieta con énfasis en el consumo
de proteína de origen animal, vinculada al desarrollo acelerado
de la ganadería. El costo elevado de la carne incidió también
de forma negativa en el balance nutricional de las personas con
bajo ingreso, ya que el total del volumen de proteína animal que
podían comprar no compensaba la proteína de origen vegetal
que dejaba de consumir. Aunado a ello, la influencia de la
industria alimentaria, por medio de la publicidad, hizo mella en
el consumo de alimentos tradicionales con alto valor nutricional
que fueron sustituidos de forma progresiva por productos de
escaso o nulo valor, como harinas refinadas y grasas saturadas.
Esta situación se vio reforzada por la mayor facilidad para
consumir los alimentos industrializados en forma inmediata y
porque la misma política de subsidios y producción industrial
del Estado había dado prioridad a este tipo de productos.
A pesar que para 1983 el consumo promedio de calorías
y proteínas por habitante se encontraba cerca de los niveles
recomendados, la deficiente distribución de los alimentos entre las
17

AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 16.

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distintas clases sociales ocasionó que alrededor del 40% no lograra
cubrir los requerimientos mínimos necesarios.18 La idea que se
tenía respecto a que el nivel nutricional de las familias aumentaba
cuanto mayor era el monto del gasto doméstico destinado a su
alimentación, quedó desvirtuada cuando se comprobaba que,
inversamente, disminuía cuando era mayor el costo de los
nutrimentos, tal como se observa en la enigh de 1983 y 1984, ya
que a pesar de destinar el 40% del ingreso a la alimentación, muchas
veces no se cubrían los mínimos nutricionales. Este hecho tiene
una estrecha relación con los precios y la política de subsidios que
se había aplicado de 1966 a 1976, momento en el que los precios
al consumidor fueron favorecidos en detrimento del ingreso de
los productores. El resultado fue que se desalentó la producción
por los bajos rendimientos que suponían los precios controlados
y, paralelamente, se dificultó el consumo por el encarecimiento
de los productos. Esa tendencia contribuyó a un mayor deterioro
en los niveles de consumo. En 1982, el índice de precios al
consumidor en el sector alimentario experimentó un fuerte
incremento, en especial, en productos cárnicos, lácteos (96%),
envasados de frutas y legumbres (119%), harina de trigo (126%),
azúcar y derivados (122%) y aceites y grasas vegetales (110%).19
En 1983, se agudizaron estos incrementos con las elevadas tasas
inflacionarias y la reducción del empleo y los salarios por lo que
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, ff.
16-17.
19
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 17.
18

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el menoscabo de la capacidad adquisitiva de los grupos de bajo
ingreso redundó en un deterioro de su alimentación. En estas
condiciones, el gobierno proyectó una estrategia que permitiera
el fomento de la producción interna de alimentos, el aumento de
la productividad de la industria alimentaria y la eficiencia en la
comercialización, todo amparado en el compromiso de mejorar
los niveles nutricionales de la población en pobreza al propiciar
una producción y distribución equitativa de los alimentos. De
la promesa gubernamental al cumplimiento de las metas quedó
demostrado lo lejos que se estaba de revertir la emergencia
alimentaria del país.
El 17 de octubre de 1983 se dio a conocer el Programa
Nacional de Alimentación (pronal). Se definía como un proyecto
concreto y consciente de la difícil situación nacional en materia
agrícola y nutricional, por lo que no incurriría al despilfarro de
los recursos públicos que en otras administraciones se había dado
(una clara referencia al sam); además, acentuaba la importancia
de la alimentación como parte del desarrollo nacional. Sus
objetivos generales fueron “procurar la soberanía alimentaria y
alcanzar condiciones de alimentación y nutrición que permitan
el pleno desarrollo de las capacidades y potencialidades de cada
mexicano”.20 El concepto de soberanía alimentaria que utilizó
el gobierno, se refería a que la nación tiene la responsabilidad
de salvaguarda y el derecho a decidir sobre la forma en que
20

AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 27.

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satisfarán las necesidades alimentarias básicas de la población.
Este ejercicio de autodeterminación alimentaria aludía tanto a las
normas de consumo como a las de producción y distribución, e
incluía las tecnologías requeridas para alcanzarla.21
En este sentido, la soberanía alimentaria que propuso
el pronal comprendía más que la autosuficiencia en alimentos
que había procurado el sam.22 Implicaba el control nacional
sobre los diversos aspectos de la cadena alimentaria, con el fin
de reducir la dependencia sobre el capital extranjero y disminuir
las importaciones de alimentos básicos, insumos y tecnologías.23
En el planteamiento general del programa se aseguró que el
factor clave para el desarrollo de la alimentación necesaria para
la población sería la adopción de un enfoque integral en las
políticas relacionadas a las fases de producción, transformación,
distribución y consumo. Sin embargo, el pronal tuvo un
impacto limitado, debido a errores políticos y restricciones en
su aplicación, y no por fallos en su diseño y planes de acción.
¿Cuáles fueron las causas de esta limitación? El principal motivo
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 3.
Es necesario aclarar que el término soberanía alimentaria fue utilizado
por el gobierno mexicano como un sinónimo de autosuficiencia y seguridad
alimentaria. Ambos conceptos se definían como la posibilidad de acceso continuo en el tiempo y en el espacio a los alimentos esenciales para el desarrollo
y funcionamiento normal de los individuos en sociedad. Pedroza Ortega, “El
Sistema Alimentario Mexicano: su acción en el campo y en la alimentación,
1980-1982”, 30.
23
John Richard Heath, “El Programa Nacional de Alimentación y la crisis de
alimentos”, Revista Mexicana de Sociología 47, núm. 3 (1985): 115.
21
22

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fue la discrepancia entre los objetivos planteados y la política
que el Estado implementó realmente. Con ello, el destino del
pronal quedó fincado desde su inicio, y el alcance de sus efectos
programáticos sólo revelaron la profundidad del problema
alimentario y nutricional en México, así como la desigualdad en
el reparto de los recursos y el atraso e improductividad del campo
para alimentar a su población.
El pronal se diferenció principalmente del sam porque no
dio lugar a una burocracia, sino que se compuso por miembros de
las diferentes secretarías y agencias paraestatales involucradas en
los procesos de la cadena alimentaria.24 De este modo, se instaló
la Comisión Nacional de Alimentación (cnal), que conformó su
cuerpo directivo por actores gubernamentales como José de la
Vega Domínguez, fungiendo como coordinador y quien había
desempeñado el cargo de director de la conasupo entre 1970 y
1976; también estaban ligados los titulares y representantes de
las secretarías de Hacienda y Crédito Público, Programación
y Presupuesto, Comercio y Fomento Industrial, Agricultura y
Recursos Hidráulicos, Salubridad y Asistencia y Pesca, así como
los directores generales de la conasupo, del Instituto Nacional
de la Nutrición y del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral
de la Familia.
La creación de la cnal, de acuerdo al plan general del
pronal, se definió como necesaria en el sentido de contar con
24

Heath, 115.

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un “foro permanente de comunicación y coordinación de las
instituciones directamente responsables de la instrumentación
de las políticas y de la ejecución de las acciones”.25 Además, se
estableció como uno de sus objetivos principales “determinar
criterios y políticas para los programas que inciden en la
cadena alimentaria de manera que se armonice y dé integridad
al funcionamiento de ésta.”26 Se pretendió que esta la comisión
fuera garante de la adecuada coordinación del pronal y que
se constituyera en la instancia decisoria de las estrategias y la
política alimentaria y de nutrición que debía proporcionar el
sector público. Con ello se validaba la naturaleza especial del
programa y, por lo tanto, su adaptación a las condiciones de
austeridad que exigía la situación de crisis; de ahí que no contara
con un presupuesto propio, sino que dependió de las partidas que
las secretarías y dependencias fijaban pertinentes para llevar a
cabo las actividades anunciadas con base en estudios, análisis y
diagnósticos realizados en campo.
De esta forma, la cnal sirvió como un espacio cerrado
en donde se discutía hasta qué punto era posible realizar las
tareas proyectadas por el pronal, y cuáles metas quedaban fuera
debido a las restricciones de presupuesto y voluntad política. En
la reunión de la comisión del 16 de octubre de 1984, a un año
de su instalación y la del pronal, los participantes instaron a
25
26

AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 4.
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 113.

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continuar los programas en la producción de alimentos básicos
(maíz, trigo, frijol y arroz) que componían la dieta popular debido
a que no se habían alcanzado los volúmenes suficientes para
alcanzar la autosuficiencia en estos productos, puesto que las
importaciones aún eran altas. En la reunión del 4 de septiembre
de 1985, se declaró que gracias al fomento a la producción
agropecuaria y pesquera y del desarrollo de un sistema moderno
para la comercialización, en el último bienio, se habían obtenido
avances en cuanto mejoras en la alimentación y nutrición,
remitiéndose a que se había logrado garantizar el abasto de los
alimentos indispensables para la población. No obstante, de los
76 millones de personas que componían el total de población en
1985, aún el 25% de esos mexicanos, en su mayoría habitantes
de zonas rurales, presentaban déficit en el consumo de calorías
y proteínas.27 En esa misma reunión se proyectó que para 1988
se alcanzarían los 80 millones de habitantes y que, por ello,
resultaba esencial mantener los programas por la soberanía
alimentaria; hecho que se veía imposibilitado debido a los
reducidos recursos disponibles y a la incapacidad del Estado por
promover, más allá del discurso oral, visual y audiovisual, un
modelo de consumo que permitiera obtener niveles adecuados
de alimentación para la población. Uno de los primeros errores
que no se corrigió desde la cnal, y que también se cometió
en el sam, fue el incremento de la producción sin garantizar,
27

AGN, SPP, PRONAL, caja 1, exp. 7, f. 97.

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realmente, el consumo de alimentos que mejoraran el contenido
proteico de la dieta nacional.
Tabla 2.
Producción nacional de alimentos básicos e importación
de maíz, sorgo y leche en polvo, 1983.
Producto

Toneladas Miles de pesos

Arroz

60 254

1 942 639

Frijol

530 435

14 413 437

Maíz

1 607 325

24 764 677

Maíz (importación)

3 911 180

68 752 835

965 290

11 956 911

Sorgo (importación)

3 409 367

55 335 445

Trigo

1 839 098

25 808 057

122 449

10 901 986

Sorgo

Leche en polvo (importación)

Fuente: AGN, CONASUPO, Cuadro de compras,
con expresión de toneladas e importes, caja 5, exp. 18, ff. 7-17.

Desde la cnal se señaló que para 1988, si se quería tener la
capacidad de alimentar a toda la población, se debían producir 23
millones de toneladas de maíz, frijol y arroz, más de 8 millones
de litros de leche, 900 millones de toneladas de huevo, más de 3
millones de toneladas de carne y derivados, y 900 mil toneladas
de productos de acuacultura y pesca ribereña (compárense
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las cifras de producción e importación para el año 1983 en la
tabla 2).28 Estas cantidades manifiestan el gran reto al que se
enfrentaban para solucionar la emergencia del país. Por ello,
uno de los desaciertos del pronal es que no fue consecuente
con la idea de que la soberanía alimentaria era crucial y se
debía entender no sólo como un mero concepto productivo, sino
como la autosuficiencia en alimentos básicos y la generación
de tecnología propia que ayudarían a que México lograra
una libertad para definir, de manera autónoma, su desarrollo
agropecuario.
Según los registros oficiales, por su carácter estratégico
e intersectorial, el pronal se definió como un programa
especial cuyas orientaciones serían obligatorias para las diversas
instancias del sector público federal. A su vez, buscó que con la
aplicación congruente de las actividades previstas, se induciría
la participación de los sectores social y privado para alcanzar los
objetivos esbozados. De igual forma, se procuró la coordinación
con los gobiernos de los estados para garantizar su impacto
favorable en todo el territorio nacional.29
La estrategia del programa se basó y dividió en las
fases de la cadena alimentaria: producción, transformación,
comercialización (acopio y abasto) y consumo. En cada una de
ellas se definieron las actividades que debían ser desarrolladas,
28
29

AGN, SPP, PRONAL caja 1, exp. 7, f. 98.
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 5.

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y se fijaron los objetivos a corto y mediano plazo; también se
puntualizaron los lineamientos a seguir para cumplir con dichas
metas propuestas.30 De manera general, los propósitos se centraron
en elevar la eficiencia de la cadena alimentaria y la participación
de los productores primarios en todas las fases para lograr un
desarrollo rural integral; adecuar las políticas y acciones a las
necesidades de la población objetivo; atender a los pequeñas
y medianas unidades productivas y al binomio productorconsumidor; apoyar la desconcentración del aparato productivo
en un proceso de integración local más eficiente; fortalecer los
sistemas productivos regionales procurando la autosuficiencia
de productos básicos; conservar y utilizar adecuadamente los
recursos naturales; y racionalizar el gasto público en programas
sociales al atender prioridades.31
En relación con la atención del programa, en primer lugar,
se definieron los alimentos prioritarios como un conjunto de
productos y sus derivados en los que se fomentaría e impulsaría
su producción y consumo; éstos eran maíz, trigo, frijol, arroz,
azúcar, aceites y grasas vegetales, carnes de aves, huevo, leche
y pescado. Mientras que a otros tipos de carne, hortalizas,
tubérculos y frutas se les consideró como alimentos necesarios
que recibirían atención por parte del programa en cuanto sólo
AGN, SPP, PRONAL Síntesis Ejecutiva, noviembre de 1983, caja 1, exp.
2, ff. 6-8.
31
AGN, SPP, PRONAL Síntesis Ejecutiva, noviembre de 1983, caja 1, exp.
2, ff. 6-8.
30

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vigilar su abasto. También fue importante que se delimitó una
población objetivo, la cual alcazaba los 30.5 millones de personas
en 1983; dentro de este grupo se definió una población preferente
de 6.7 millones de personas, que comprendía a niños preescolares,
mujeres gestantes, mujeres lactantes y adultos mayores.32 Las
regiones del país en donde se concentraba esta población eran el
sureste, el Bajío y parte del occidente, así que ahí fue donde las
primeras actividades del pronal dieron inicio.
En la fase de producción, la línea de acción primordial sería
el fomento a productos de origen agrícola, pecuario y pesquero.
El objetivo fue mantener la capacidad productiva de los sectores
primarios en condiciones que aseguraran la oferta de alimentos
básicos (o prioritarios, como fueron definidos), protección del
empleo en el campo y evitar el deterioro de la dieta en el ámbito
rural y urbano.33 Compárese en la tabla 3 las metas programadas y
realizadas en las distintas fases de la cadena de alimentos básicos
para junio de 1985. Para conseguirlo, se establecieron estrategias
como dar prioridad a la producción agropecuaria y acuícola en
áreas de temporal, pequeña irrigación y pesca ribereña a fin de
elevar la productividad y el ingreso de los productores. Para
ello, se destinaron paquetes de estímulos por producto y tipo de
productor. Estos incentivos contemplaron precios de garantía
AGN, SPP, PRONAL Síntesis Ejecutiva, noviembre de 1983, caja 1, exp.
2, ff. 14 y 36.
33
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, ff.
44-45.
32

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como un apoyo temporal para hacer más redituable la actividad
agrícola minifundista, cuyo objetivo era generar una mayor
producción de alimentos prioritarios (maíz, trigo, arroz, ajonjolí,
cártamo y soya) para satisfacer las necesidades de nutrición de la
población objetivo del programa.34 Aunado a ello, se otorgaron
créditos y seguros por parte del Banco Nacional del Crédito Rural
(banrural) como una protección efectiva al productor contra
riesgos climáticos para reducir el riesgo de pérdidas totales de
ingresos y estimular el uso de mejores técnicas.
Este incremento productivo se destinó a ser la base
del mejoramiento en los niveles de vida de los productores
agropecuarios y pesqueros, así como una mayor participación
económica y social de los mismos en aras de la soberanía
alimentaria nacional. En esta fase la acción del Estado se condujo
como una guía, o bien, jugaba un papel de inductor, pues no se
pretendía despertar la desconfianza de los grupos empresariales
con la intervención directa en la economía; por lo cual, se declaró
la intención estatal de sólo normar el proceso productivo a
través de instrumentos como el acceso y restricción del uso del
agua en distritos de riego, el crédito, la investigación científica,
la comercialización, la fijación de precios de garantía, los
fertilizantes, las semillas mejoradas y los subsidios a la energía
eléctrica y los combustibles.
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, s/f,
tablas de anexo.
34

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Tabla 3.
Seguimiento de las metas de producción de alimentos básicos proporcionados por el pronal. Avance a junio de 1983 (toneladas).
Programado

Producto
Anual
Aceite vegetal

Mensual

Realizado

Acumulado Mensual

Acumulado

131 010

11 700

65 340

10 481

68 328

45 720

4 160

22 960

4 116

24 777

Harina de trigo

180 241

15 274

91 008

10 567

76 038

Harina de maíz

105 600

8 832

52 992

9 844

54 802

Pastas para sopa

11 100

960

5 700

646

4 873

Galletas

10 008

828

4 968

286

391

Tortillas (ciudad
de México)

1 885

150

865

93

498

Pan (bolillo,
telera) (miles de
piezas)

206 600

18 573

99 064

13 691

81 270

Pan dulce (miles
de piezas)

51 900

4 853

23 170

6 492

35 023

Leche en polvo

160 100

12 600

81 600

14 500

94 000

Leche pasteurizada
(millones de litros)

79 200

8 200

38 400

9 900

46 200

Chocolate Alianza

6 600

600

3 400

500

2 900

Fruta y verdura
procesada

1 930

135

572

183

863

235 880

20 280

117 780

13 337

91 962

Mantecas
vegetales

Alimentos
balanceados

Fuente: AGN, SECOFI, caja 3, exp. 11 ff. 1-7.

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En la fase de transformación la principal actividad era la
fabricación de productos básicos para el consumo popular. La
justificación que se dio para impulsar la industria alimentaria
fue que el procesamiento facilitaba la introducción de nuevos
alimentos en las dietas y la adición de enriquecedores a los
alimentos naturales, aspecto que, según los lineamientos del
pronal, era particularmente importante para suplir deficiencias
nutricionales específicas de ciertos grupos o regiones. Pareciera
que se pasaban por alto las múltiples desventajas que el
tratamiento industrial de los alimentos conllevaba, por ejemplo,
el encarecimiento injustificado de los productos y la inducción al
consumo de alimentos de escaso o nulo valor nutritivo.
No obstante, los objetivos que se propusieron fueron
la producción de alimentos procesados derivados de los
prioritarios a fin de hacer más estable y accesible el consumo
de alimentos básicos. Con ello se pretendió que la industria
alimentaria contribuyera a reducir el déficit externo, sustituyendo
importaciones y alentando exportaciones en los rubros con
excedentes; además, se esperaba que este estímulo a la industria
nacional sirviera para reestructurar la planta tecnológica. Tales
objetivos se tradujeron en la conformación de un Paquete Básico
de Consumo Popular que se basó en la industrialización y
fabricación de múltiples productos como leche y derivados lácteos,
harina de maíz, harina de trigo, pasta para sopa, pan (bolillo y
telera), galletas (tipo María), tortillas de maíz, azúcar, arroz, café,
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carnes y embutidos, frijol, frutas y legumbres envasadas (chiles
serranos, chiles chipotles, chícharos, ejotes, garbanzos, piña,
guayaba, mango, manzana, pera, puré de tomate) pescado seco,
sardinas, sal, aceites y mantecas vegetales (véase tabla 3). Esta
tarea industrial recayó en el sistema conasupo, que ya llevaba un
buen tiempo produciendo artículos procesados que se destinaban
a canastas básicas para las clases sociales bajas de las ciudades
y en las comunidades rurales. En el pronal, como en el sam, se
echó mano de las filiales de la paraestatal a fin de elaborar estos
productos que se señalaron como necesarios y prioritarios para
alimentar a la población. Así, se utilizaron las plantas productivas
y redes de acopio y abasto de Distribuidora Conasupo (diconsa),
Industrias Conasupo (iconsa), Leche Industrializada Conasupo
(liconsa), Maíz Industrializado Conasupo (miconsa) y Trigo
Industrializado Conasupo (triconsa).35
En este punto se debe recordar la crítica que ya se hacía
al pronal desde el apartado anterior, en torno a la intención del
gobierno en crear un paliativo a través de la industrialización
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, s/f
tablas de anexo. Véase también los apuntes en diferentes diarios que hablan
sobre los créditos del sistema conasupo y su participación en la producción de
alimentos básicos. Periódico El Heraldo de México, México, DF, 12 de agosto
de 1984; Periódico, Excélsior, México, DF, 16 de diciembre de 1983; Periódico Excélsior, México, DF, 18 de mayo de 1988. AGN, Unidad de la Crónica
Presidencial (en adelante UCP), Secretaría de Comercio y Fomento Industrial
(en adelante SECOFI), Programa Maíz-Tortilla. Sistema de bonos, 1984, caja
1, exp. 2, f. 2.
35

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y abasto de artículos derivados que satisficieran el hambre de
la población, aunque no se veía un esfuerzo real por nutrir
a la misma porque no estaban fabricados para ese fin, sino
para crear condiciones en las que el Estado podía respaldar
sus mínimas acciones para revertir la emergencia alimentaria.
Como se argumenta más adelante, hubo grandes campañas de
promoción a favor de una idea de alimentación mexicana ideal
que no correspondía con la oferta de alimentos “prioritarios”,
en su mayoría industrializados, a la que tenían acceso las
personas.
La fase de comercialización estuvo orientada a crear una
política comercial que incorporara el acopio y abasto oportuno
de productos de primera necesidad –o prioritarios– a precios
accesibles, principalmente, en el mercado nacional, cuya finalidad
sería reducir las importaciones de alimentos. Estos esfuerzos
se realizarían a través del sistema conasupo, encargado de la
compra, venta e importación para satisfacer el mercado interno
de productos como maíz, frijol, arroz, sorgo, trigo, leche en polvo
y azúcar (véase tabla 4). Del mismo modo, se hizo esencial la
participación de diconsa porque una de las medidas principales
fue la instalación o expansión de tiendas conasupo en ciudades y
comunidades rurales. Estos locales fueron centros comerciales en
donde se ofertaban productos a bajo costo, y que tenían garantía
de cumplir con los requerimientos nutritivos.36
36

Periódico El Universal, México, DF, 13 de noviembre de 1984; Periódi-

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Es importante destacar que uno de los impactos que tuvo
esta medida fue que poco a poco propició una organización y
participación de las comunidades rurales en el acopio de productos
básicos y la distribución de recursos. Se crearon consejos de
supervisión y comités rurales de abasto que, si bien estaban en
clara relación con el gobierno, las comunidades aprovecharon
con el tiempo para diseñar sus propias estrategias de organización
representativa, mismas que escalaron más allá de la cuestión
alimentaria y hasta reivindicaron demandas relacionadas a la
economía y la administración pública en su lugar de origen.
Esta red de tiendas y sus lineamientos de operación dentro de
las localidades lograron que los comités rurales se convirtieran
en organismos representativos que promovían la participación
popular en la aplicación de subsidios a la comercialización de
productos, así como en la política agrícola para la producción
de tales alimentos. En este sentido, el programa dedicado al
abasto sólo fue funcional en aquellas regiones donde campesinos
e indígenas consiguieron movilizarse de manera autónoma para
lograr una equitativa distribución de los recursos porque les
permitió aumentar su poder de negociación frente al Estado,
mediante la aparición de nuevo actores sociales como los
representantes rurales y los encargados de las tiendas que se
responsabilizaron de hablar por los habitantes.
co Excélsior, México, DF, 2 de agosto de 1985; Periódico El Sol de México,
México, DF, 16 de julio de 1987; AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre
de 1983, caja 1, exp. 3, s/f tablas de anexo.
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Tabla 4. Metas de la comercialización de productos
agropecuarios por la conasupo y Azúcar S. A.
(miles de toneladas)
1983
Producto

1988

Compras
Nacionales

Importadas

Oleaginosas

298

1 750

Frijol

Ventas

Compras

Ventas

Nacionales

Importadas

3 096

235

2 588

258

539

320

Arroz

60

128

120

10

135

Sorgo

1 122

3 810

4 705

2 280

4 863

6 005

Maíz

1 900

3 900

5 415

6 900

Trigo

1 000

700

2 200

1 650

115

165

90.5

90.6

Leche en
polvo
Otros productos
Azúcar

60

70

2 793
320

6 900
900

2 550

258

248

84

85.8

3 200

Fuente: AGN, SPP, PRONAL, Plan General, octubre de 1983,
caja 1, exp. 3, f. 68.

En la fase de consumo y nutrición los esfuerzos del pronal
intentaron ser mayores. Se lanzaron varias acciones que buscaron
sentar las bases para una educación en nutrición. De esta forma,
se realizaron capacitaciones y cursos en nutrición a profesionales
de la salud, y se llevaron a cabo campañas masivas sobre
nutrición.37 Por ejemplo, desde la recién renombrada Secretaría
37

AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, s/f

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de Salud (antes de Salubridad y Asistencia), se estableció una
red promotora y educadora en salud que se desplegó por muchas
comunidades rurales, cuyo fin fue capacitar personal que conociera
las técnicas y contenidos básicos de educación para la salud y
alimentación que se encargara de servir como un mediador entre
las dependencias que aplicaban programas relacionados a alguna
fase de la cadena alimentaria, y los habitantes de comunidades y
colonias urbanas.38
De igual manera, se editó el Manual de Educación
en Nutrición para Educadoras, a través de la Secretaría de
Educación Pública (sep), dirigido al personal de los Centros
de Desarrollo Infantil y los jardines de niños en donde se
proporcionaba la información necesaria en materia de nutrición
y alimentación para que la transmitieran a los niños que tenían
a su cargo, con el objetivo de que aprendieran a aplicarla en sus
actividades diarias y adquirieran hábitos de higiene correctos.
El temario de dicho manual abarcaba los conceptos básicos
como energía, nutrimentos, grupos de alimentos y las etapas del
proceso de nutrición; también hablaba sobre la alimentación de
acuerdo a las diferentes etapas de la vida, la higiene y la salud
bucal.39
tablas de anexo.
38
AGN, Secretaría de Salud, PRONAL, Programa General de Capacitación
en Educación para la Salud y Alimentación al Gobierno Federal, 1983, caja 1,
exp. 6, ff. 1-2.
39
AGN, UCP, SEP, Manual de Educación en Nutrición para Educadoras,
1983, caja 1, exp. 13, ff. 1-4.
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�Del surco a la mesa

En este mismo tenor, se publicó el Manual sobre
Alimentación, Nutrición e Higiene de los Alimentos que con el uso
de dibujos e ilustraciones, acompañados de oraciones sencillas,
intentó promocionar entre la población ideas en torno a la
situación nutricional del país, los impactos negativos de una dieta
inadecuada, la correcta combinación de alimentos y las ventajas
de los hábitos saludables en la salud.40 Asimismo, en escuelas
públicas se distribuyó el folleto titulado Nutrición y desarrollo.
Manual de conceptos básicos sobre nutrición y alimentación, en
el que se presentaban párrafos con información precisa sobre el
tema y se incluían ilustraciones sobre los procesos enunciados, así
como recetas que buscaban ser “una alternativa para la correcta y
buena alimentación de la población.”41
Hubo otros impresos como el manual Cómo hacer mejor,
editado por la conasupo y la sep, destinado a la promoción de
conocimientos prácticos sobre agricultura e industrias caseras; la
serie de Calendarios conasupo, un cuadernillo en el que se daban
consejos para la siembra y cosecha de diferentes alimentos, recetas
para aprovechar los sobrantes y los productos de la temporada,
al mismo tiempo que incluía pasajes de la historia nacional a
manera de efemérides; el panfleto de Economía popular, con
información sobre preparación de alimentos de manera sencilla
AGN, UCP, SEP, Manual sobre Alimentación, Nutrición e Higiene de los
Alimentos, 1983, caja 1, exp. 11, ff. 1-11.
41
AGN, UCP, SEP, Nutrición y desarrollo. Manual de conceptos básicos
sobre nutrición y alimentación, 1984, caja 1, exp. 12, ff. 1-5.
40

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�Luis Pedroza

y barata; y el folleto 12 años de trabajo al servicio de México
(1975-1985). Industrias conasupo, en el que se explicaba la
labor de la paraestatal en la alimentación mexicana, así como su
importancia en la economía nacional. Todos estos impresos se
distribuían de manera gratuita en comunidades rurales y urbanas
a través de la red de tiendas conasupo y Conasúper, siendo parte
de las actividades que el pronal impulsaba en la fase de consumo.
En este punto es importante también destacar que la
conasupo, junto con la Secretaría de Salud, la sep, la Secretaría de
Agricultura y Recursos Hidráulicos (sarh) y el Instituto Nacional
del Consumidor, realizaron algunos cortometrajes y programas
de radio con contenido especial sobre conceptos de buena
alimentación, nutrición y salud. Así, se impulsaron las unidades
audiovisuales para la información y capacitación campesina que
promovió el proyecto La importancia de la alimentación familiar,
perteneciente a la sarh. Como parte de sus actividades, se les
invitaba a los campesinos a reunirse ya fuera en las casas ejidales
o en las ayuntamientos donde se proyectaban cortometrajes sobre
la importancia de la nutrición y los correctos hábitos alimentarios;
por ejemplo, en el registro sobre el caso del valle de Atoyac,
Veracruz, se menciona que a los asistentes se les entregaba un
cuadernillo en donde se resumían los puntos importantes de lo
expuesto en sentencias como “para crecer y realizar diversas
actividades necesitamos determinados nutrientes que se hallan
en ciertos alimentos” y “para alimentarnos, los seres vivos
necesitamos de los nutrientes que se encuentran en los alimentos
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y nos sirven para poder vivir y desarrollarnos adecuadamente”;
tales oraciones eran acompañadas por dibujos para ilustrar la
lección.42 La finalidad era que estas reuniones se convirtieran en
un tipo de clases en donde los campesinos se verían capacitados
no sólo en cuestiones agrícolas, sino en higiene y nutrición
que estaban relacionadas, de manera estrecha, con su actividad
productiva en el campo.
Otro esfuerzo en esta fase del pronal fue la campaña
Orientación en Alimentación y Nutrición, diseñada por el Instituto
Nacional del Consumidor, que se difundió a través de la radio. El
objetivo era dar a conocer información importante sobre el tema
de manera breve y que contribuyera al aprendizaje de la población.
En apenas treinta segundos se daban mensajes como los siguientes:
¿Sabía que para estar sano es necesario incluir en su alimentación:
vitaminas y minerales, carbohidratos y grasas y proteínas? Una
de las fuentes naturales de vitaminas y minerales son las frutas
y verduras. Además de su delicioso sabor contienen fibra y
agua. Siempre podrá encontrar frutas y verduras baratas porque
México cuenta con una extraordinaria variedad.
¡Qué sabrosas son las enfrijoladas con su queso y su cebollita!
¡O los tlacoyos de haba o garbanzo con su salsa picosita! ¿O
qué tal unas lentejas en adobo? La gran variedad de platillos
con frijol, haba, lenteja y garbanzo, además de sabrosos, son
una fuente muy importante de proteínas ¿usted gusta? 43
AGN, UCP, Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, Unidades
audiovisuales para la información y capacitación campesina, La importancia
de la alimentación familiar, 1984, caja 1, exp. 16, ff. 1-6.
43
AGN, UCP, Instituto Nacional del Consumidor, Orientación en Alimenta42

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El sentido del discurso que contienen estos documentos
audiovisuales y radiofónicos es aleccionador, ya que se buscaba
enseñar a la población a comer de manera higiénica y correcta
al tratar el tema de la alimentación en casa, la escuela y la calle.
Proyectaron historias ficticias en donde se recurría a personajes
ideales como la madre, los niños, el campesino y el médico
para ilustrar cómo debía alimentarse la población. La idea que
el gobierno inculcó sobre una buena alimentación, desde la
producción hasta el consumo, estuvo relacionada con el equilibrio
en la ingesta de todos los tipos de alimentos. Estas producciones
fueron instrumentos que buscaron incidir en una necesidad básica
como lo es alimentarse para establecer representaciones sobre lo
que era correcto comer y cómo preparar y combinar los alimentos
para legitimar la idea de que la población tenía que estar sana y
nutrida para contribuir al desarrollo del país, sobre todo en esos
momentos de crisis.44
La propaganda de la conasupo fue habitual y, dentro de las
acciones promovidas por el pronal, reiteró su papel importante
como distribuidora de alimentos básicos a precios bajos en un
momento de crisis económica. Se promocionaban programas
que subsidiaban el consumo, por ejemplo, los tortibonos, que
ción y Nutrición, caja 1, exp. 18, ff. 1-10.
44
Para conocer con profundidad cómo se diseñaron y se difundieron estas
campañas audiovisuales en torno a la higiene, nutrición y alimentación con
un sentido aleccionador véase Pedroza Ortega, Mejor comida para todos. La
alimentación mexicana en campañas de higiene, nutrición y promocionales de
la CONASUPO (1960-1988) [Tesis de Doctorado], 347–414.
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fueron vales con los que se podía comprar tortillas subsidiadas
en tiendas rurales de la conasupo, los Conasúper o en tortillerías
que estaban inscritas al programa por medio de diconsa.45
Igualmente, se pusieron en marcha otros programas como Abasto
popular, operado en las ciudades, en el cual se buscó la protección,
mediante precios de garantía y subsidios, del paquete súper
básico de productos para el consumo de familias de bajo ingreso,
que incluía harina de maíz, harina de trigo, frijol, arroz, aceite,
azúcar, lenteja, leche, sal, galletas, chiles enlatados, pasta para
sopa, tortilla, pan, pollo, huevo, sardina y atún enlatado, pescado
congelado y carne (nutrida, vísceras y salchichonería). Estos
alimentos se vendían a precio preferencial y estaban disponibles,
según el producto, en establecimientos pertenecientes al sistema
diconsa (dicomesa) y en las tiendas del Instituto de Seguridad y
Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (issste).46
Aunado a estas acciones, se incluyó también el tema
de alimentación y nutrición en los libros de texto gratuitos. Se
proporcionaron cursos de educación nutricional a la población,
especialmente en comunidades rurales y en las periferias urbanas.
Otro de los proyectos a favor de la nutrición, por ejemplo, fue
el intento por consolidar el programa de desayunos escolares,
en coordinación con la sep y el Desarrollo Integral de la Familia
AGN, UCP, SECOFI, Programa Maíz-Tortilla. Sistema de bonos, 1984,
caja 1, exp. 2, ff. 1-3.
46
AGN, UCP, DICONSA, Acciones básicas del programa Abasto popular,
1984, caja 1, exp. 5, ff. 1-4
45

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(dif), en diversas escuelas de la ciudad de México y comunidades
rurales, aunque tuvo un impacto modesto. Aunado a ello, se le
dio apoyo al programa de promoción de los productos Alianza,
alimentos enriquecidos y a bajo costo que eran comercializados
en las tiendas conasupo.47 Así, bajo títulos como Del surco a la
mesa, las campañas y actividades por la alimentación, consumo
y nutrición que promovió el pronal, fueron parte importante
en el ejercicio de fomentar la idea de una buena alimentación,
sustentada en la producción nacional y el conocimiento pleno de
las bondades de los alimentos nutritivos.
La subdivisión de las acciones del programa en estas
cuatro fases se hizo para facilitar la formulación de una política
alimentaria integrada, argumento que se respaldó al señalarse que
otros proyectos en materia alimentaria fueron restringidos justo por
la falta de coordinación entre las dependencias gubernamentales y
las agencias paraestatales involucradas en la cadena alimentaria,
una clara crítica hacia el sam.48 Era aquí donde la Comisión
Nacional de Alimentación (cnal) proporcionaba un espacio
intersectorial entre las secretarías para el desarrollo de la política,
y se dedicaba a coordinar las actividades que debían desempeñar
las distintas agencias, fijaba prioridades con base en los objetivos
del programa; hacía recomendaciones sobre el presupuesto
destinado, y evaluaba el progreso de los subprogramas.49
47
48
49

Periódico El Sol de México, México, DF, 29 de abril de 1987.
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 25.
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 119.

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�Del surco a la mesa

Con estos objetivos y marco operativo, el pronal se
perfilaba como el proyecto que continuaría y ampliaría la tarea
que el sam había dejado inacabada, inclusive con la novedad y
vanguardia de introducir el derecho a la alimentación como parte
inherente de la nueva política alimentaria mexicana. El destino
de este programa fue muy distinto al que esperaba la población
y la prensa en general, aunque el gobierno parece que tenía
claro, desde su diseño, hasta qué punto estaba dispuesto a ceder
y aplicar de manera efectiva el proyecto.50 ¿Cuáles fueron los
obstáculos que llevaron al pronal a convertirse en un programa
demagógico, y no en una verdadera política alimentaria? La razón
principal se encuentra en la crisis económica que estaba pasando
México y en las medidas financieras que se ajustaron para hacerle
frente, pues esta situación no permitió seguir una congruencia
entre los objetivos generales del programa con la realidad. Las
expectativas fueron demasiadas y, a pesar del gran despliegue de
acciones, estrategias y actividades, el impacto del programa fue
muy limitado.
La contradicción política: ¿producir más o alimentarse mejor?
La restricción principal que tuvo el pronal provino del acuerdo
entre el gobierno mexicano y el Fondo Monetario Internacional
(fmi), firmado en 1982 y renovado en diciembre de 1983 con el
Heath, “El Programa Nacional de Alimentación y la crisis de alimentos”,
115.
50

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objetivo de continuar con las medidas deflacionarias.51 Dichas
disposiciones frente a la crisis constituyeron una parte del Programa Inmediato de Reordenación Económica (pire) que se presentó al asumir la presidencia De la Madrid. El objetivo del pire
fue convencer a la comunidad financiera mundial que México era
de confiar y que trabajaría de acuerdo a los lineamientos establecidos por el fmi.52
Las metas a corto plazo del pronal son congruentes con
los puntos del pire, uno de los cuales era la “protección y estímulo
a los programas de producción, importación y distribución
de alimentos básicos para la alimentación del pueblo.”53 No
obstante, en ese punto no se incluyó ninguna referencia a la
necesidad de garantizar la soberanía alimentaria o del derecho
a la alimentación. Además, las iniciativas que se tomaron
para estimular la inversión extranjera directa, no fueron nada
coherentes con la meta de fortalecer la autonomía alimentaria.
De este modo, los objetivos del pire entraban en conflicto con las
propuestas a largo plazo del pronal, puesto que los recortes en el
gasto público obstaculizaron la expansión del aparato productivo;
a la par que la depreciación de los salarios tuvo efectos negativos
en la nutrición de la población de bajo ingreso. Con ello puede
afirmarse que la política alimentaria de la época respondió a los
Periódico El Financiero, México, DF, 1 de diciembre de 1983.
Heath, “El Programa Nacional de Alimentación y la crisis de alimentos”,
116.
53
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 3.
51
52

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objetivos limitados del pire, y no a los planes expansivos en la
base productiva, así como en la salud y nutrición de la población
que planteaba el pronal.
Es posible aseverar que las causas de la crisis
alimentaria de los ochenta se encontraron en la dependencia
externa de México, y en los múltiples errores en la política
alimentaria implementada por el Estado a partir de 1940.54 En
el plan general del pronal no aparecen estos factores, aunque
sí contemplaba medidas fundamentales que debían reducir la
dependencia en materia alimentaria. Este documento iniciaba
contextualizando el problema alimentario en México en el marco
internacional. Señalaba que la recesión mundial desembocó en
una reducción a gran escala del comercio exterior, llevando a
los países desarrollados a poner medidas proteccionistas, lo que
provocó una restricción del mercado para las exportaciones de
los países en desarrollo. En paralelo, estos países se volvieron
más dependientes de las naciones desarrolladas a través de la
importación de alimentos básicos, especialmente granos.55 Esta
situación significó una amenaza a la soberanía, pues se vulneraba
la base productiva del país. Se corría el riesgo de que se cerrara
en cualquier momento el libre acceso al mercado; los términos
Michael R. Redclift, “Development Policy Making in Mexico: The SAM”,
Working Paper, núm. 6 (1981): 1–12. El autor hace una crítica sobre este asunto para explicar los fallos en el programa del Sistema Alimentario Mexicano
(sam), y bien podría ocuparse su análisis para el pronal.
55
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, ff.
7-11.
54

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de intercambio podían ser desfavorables; y las naciones que
proporcionaban granos a México podían usarlos como arma
política para extraer concesiones a cambio de mantener la oferta
de los productos.56
El documento del pronal presentaba dos causas sobre el
problema de la dependencia externa de México, y su impacto en el
agravamiento de la crisis alimentaria. En primer lugar, señalaba el
incremento en las importaciones de granos, oleaginosas y lácteos.
Mientras que en la década de 1960, las importaciones de maíz y
frijol representaron sólo el uno por ciento de la producción nacional
de cada uno de ellos, para el bienio de 1981-1982 aumentaron a
un 19% y 31% de la oferta interna, respectivamente.57 En segundo
lugar, subrayaba que las agroindustrias transnacionales comenzaron
a ocupar un lugar más preponderante en la cadena alimentaria. Estas
compañías lograron un dominio sobre la preparación de alimentos
envasados, la manufactura de alimentos balanceados y la producción
de semillas mejoradas, lo cual tuvo un impacto importante en el
sector agrícola al desplazar las variedades indígenas de semillas y
animales por un producto agropecuario homogeneizado e híbrido.
Con ello se logró una mayor productividad del campo, sin embargo,
se trajo una dependencia en todos los insumos necesarios como
fertilizantes, riego, herbicidas e insecticidas para los cultivos; y
vacunas, suplementos alimenticios y forrajes para la ganadería,
56
57

AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 47.
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 21.

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ya que tales recursos no eran manufacturados en el país. Además,
la industria alimentaria contribuyó a la distorsión del patrón de
consumo porque introdujo alimentos artificiales que carecían de
nutrientes.58
De este modo, el pronal reconocía que el Estado había
propiciado la dependencia externa del país al enfocar la política
agraria a la agricultura más capitalizada, basada en obras de riego,
el desarrollo de la investigación y la capacitación profesional,
y que el crédito favoreció a los distritos de riego y de cultivos
más rentables.59 El motivo de estas medidas fue el fomento
industrial. La función del sector agropecuario era proveer una
copiosa oferta de alimentos y materias primas para producir las
divisas necesarias para la importación de bienes de capital, liberar
mano de obra barata y conformar un mercado interno.60 Hasta
1965, hubo un equilibrio entre la producción agrícola interna y
la demanda nacional, además de producir un excedente suficiente
para generar divisas. No obstante, a partir de finales de la década
de los sesenta comenzó un efecto negativo en la producción de
granos básicos, que se vio agudizada por el estatismo de los precios
de garantía, el aumento de población y por las desigualdades en la
distribución del ingreso entre el campo y las ciudades.
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, ff.
17-20.
59
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 15.
También véase Cynthia Hewitt, La modernización de la agricultura mexicana,
1940-1970 (México, DF: Siglo XXI, 1988), 31–33.
60
AGN, SPP, PRONAL Plan General, octubre de 1983, caja 1, exp. 3, f. 16.
58

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Los objetivos y estrategias del pronal habían sido
diseñados para responder a esta situación nacional, que ya se había
agudizado para los años ochenta. Por esta razón, sus planes fueron
demasiado ambiciosos, lo que implicaba, con certeza, su difícil
alcance, pues las medidas adoptadas para hacer frente a la crisis
económica, no dejaron mucho espacio para las innovaciones del
programa. Existen diversas causas por las que el plan completo
del pronal no fue realizado cabalmente, sin embargo, la más
evidente fue la falta de intención del gobierno por cumplirlo.
Hubo una clara diferencia de lo que el gobierno buscó que le
vieran haciendo –formular una política de alimentación–, y lo que
realmente estuvo dispuesto a hacer –aumento de la producción
para sobrellevar la crisis y lograr un acceso equitativo a los
alimentos para la población–.
Las contradicciones políticas a las que se enfrentó el
pronal fueron múltiples. Una de ellas fue el gasto público. El
30% del gasto federal en la cadena alimentaria fue financiado por
préstamos del extranjero.61 Debido a que el gobierno se preocupó
más por solventar sus compromisos morosos de la deuda externa,
destinó muy pocos fondos para el fomento agropecuario, por lo
que la inversión pública directa en el sector primario se contrajo
rápidamente. Esta disposición fue una clara discordancia con
los lineamientos estratégicos del pronal, en donde se planteó el
Periódico El Financiero, México, DF, 7 de febrero de 1983. Véanse apuntes de estas cifras también en Heath, “Programa”, 123.
61

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fomento a cultivos básicos, y no a los productos de exportación
como sí sucedió. Los estados más marginados y con emergencia
alimentaria, no recibieron aumentos para la producción de básicos,
en cambio, aquellas entidades federativas con una productividad
mayor, sí fueron gratificadas con un aumento en su presupuesto
agropecuario para obras de riego y compra de insumos.62
El crédito agrícola fue otro embate que sufrió el programa. De 1983 a 1986, más de la mitad de la financiación fue concedida por banrural, no obstante, según los líderes campesinos
de varias agrupaciones ejidales como la Confederación Nacional
Campesina (cnc), sólo la mitad de los 28 mil ejidos del país recibieron crédito de este banco.63 Esta situación se dio debido a
que las restricciones crediticias recayeron en los productores de
cultivos básicos, y sólo aquellos que habían sido constantes en
sus pagos de línea de crédito fueron considerados para nuevos
préstamos. Las malas cosechas por la sequía que hubo en 1982 y
1983 provocaron que se redujera un 30% el número de clientes
del banco, pues no pudieron hacer frente a sus compromisos crediticios. Asimismo, el banrural dio prioridad a los agricultores
de bajo riesgo, es decir, sólo a la agricultura más capitalizada,
decisión contraria a lo que se propuso en el pronal, de proporcionar más apoyo a las áreas de baja productividad como los disPeriódico Excélsior, México, DF, 25 de abril de 1983.
Periódico Excélsior, México, DF, 2 de febrero de 1983; 21 de marzo de
1987.
62
63

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tritos de temporal, tal como lo buscó hacer el sam.64 Esto significó
un recrudecimiento de la situación ya precaria de los productores
de cultivos básicos, quienes al no contar con los recursos e insumos necesarios para sembrar a gran escala con fines comerciales,
tuvieron que regresar a los cultivos de subsistencia. Por ello, la
emergencia alimentaria continuó en muchas zonas ejidales, pues
al no contar con los créditos necesarios que había sugerido el
programa, la productividad agrícola continuó reduciéndose y con
ella la salud de las comunidades rurales.
Los cambios en los precios de garantía también fueron
opuestos a los puntos del pronal, porque no lograron estimular de
forma importante la producción de granos básicos y el consumo
de alimentos nutritivos. Uno de los principales problemas que
suscitaron fue la tensión entre los agricultores y el gobierno por el
estatismo de los precios de garantía. Los productores demandaban
un aumento en la compra de sus cosechas; argumentaban que
la conasupo los marginaba al adquirir a precios más bajos
sus productos, mientras que importaba maíz por precios tres
veces mayores.65 Para limar las asperezas, el gobierno autorizó
un aumento de 105% en los precios para finales de 1983. Sin
embargo, el efecto de este incremento no se reflejó por la alta tasa
de inflación por la que atravesaba la economía nacional. Además,
los precios no aumentaron tanto para los cultivos básicos como
Periódico El Financiero, México, DF, 2 de noviembre de 1983.
Periódico El Universal, México, DF, 13 de noviembre de 1984; Periódico
El Día, México, DF, 19 de febrero de 1987.
64
65

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sí lo hicieron para los forrajes y granos menos esenciales. Las
declaraciones del gobierno en 1983, sobre la no intervención
en el derecho de los campesinos de sembrar cualquier cultivo
que ofreciera mayor rentabilidad, demostraron su ambigüedad
respecto a cumplir con la meta de lograr la autosuficiencia
alimentaria en granos básicos. De forma indirecta, el Estado
privilegió la siembra de productos de exportación y no de maíz
y frijol, sentando una ambivalencia en la política alimentaria
que buscaba cumplir dos metas fundamentales: generar divisas
mediante la exportación agropecuaria y reducir la importación de
alimentos básicos a través del fomento de la producción nacional.
Metas que, como se ha corroborado, están en conflicto desde el
planteamiento del programa.
En relación con los subsidios al consumo, los aumentos
en los precios de garantía tuvieron un efecto negativo sobre éstos.
No se elevaron en la misma proporción, ya que si se ampliaba
el subsidio al consumo iba a flaquear la inversión federal en el
campo, algo que era indispensable para impulsar el desarrollo
rural. A partir de 1984, hubo encarecimiento en los precios de
la leche, huevos, arroz, pan y tortillas, con lo cual subió el costo
total de la canasta básica, resultando imposible satisfacerla por las
capas más pobres debido a la depreciación del salario mínimo.66
Las dislocaciones entre los precios y los subsidios causaron
una fuerte alteración en la constitución de la canasta básica; la
66

Periódico Excélsior, México, DF, 22 de octubre de 1983.

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carne de res, por ejemplo, quedó excluida por su alto costo,67 a
pesar de que se le consideraba dentro del paquete súper básico
de consumo popular. Esta falta de proteínas debía solventarse
con otros productos que aportaran esos nutrientes, sin embargo,
los productos vegetales y leguminosas que podían ofrecer una
opción viable tampoco eran accesibles; por su escasez, que los
hacía caros, sólo podían conseguirse enlatados y procesados a
través de los artículos Alianza, o los que llegaba a comercializar
la conasupo a través de su red de tiendas rurales y urbanas.
Desde la década de 1960, el patrón alimentario mexicano había
dado prioridad a la carne como la base proteica de la dieta, y
con su encarecimiento y exclusión, sólo había dejado un vacío de
nutrientes que sería difícil llenar al no contar con otras alternativas
abundantes y de bajo costo. La crisis alimentaria continuaba a
pesar de los esfuerzos expuestos por el pronal.
Por último, la presencia de la inversión extranjera en la
industria alimentaria también significó una contradicción con
varios lineamientos del pronal. En 1984, el capital extranjero
tenía una presencia del 90% en la producción de alimentos
procesados y un 80% en los balanceados.68 La perspectiva
de aumentar las exportaciones de bienes manufacturados y
la baja histórica de la inversión extranjera, consecuencia de
la nacionalización de la banca a finales del sexenio de José
67
68

Periódico El Financiero, México, DF, 23 de febrero de 1984.
Periódico El Financiero, México, DF, 13 de enero de 1984.

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�Del surco a la mesa

López Portillo, fueron las razones principales para que el
gobierno facilitara la entrada de capital foráneo, y liberara las
restricciones de su inversión en ciertos sectores productivos “no
estratégicos”.69 La industria de alimentos fue una de estas ramas
en las que se permitió la financiación externa, oponiéndose a uno
de los objetivos primordiales del pronal, “procurar la soberanía
alimentaria”, mediante la ampliación de la inversión estatal en la
industria alimentaria. El gobierno se limitó al control de precios,
especialmente de alimentos procesados. Los manufactureros
nacionales se vieron afectados por la caída en la demanda
al reducirse los subsidios al consumo y elevarse los costos de
producción, palideciendo frente a las grandes agroindustrias
alimentarias transnacionales, que contaban con una capacidad de
financiamiento mayor y potencial para crear mercado a través del
uso de la publicidad. La presencia de las transnacionales en la
industria alimentaria provocó, a la larga, una dependencia mayor
en las importaciones de insumos y tecnologías; la desaparición de
pequeñas y medianas empresas nacionales, y lo más importante,
su consolidación en el control sobre la producción primaria,
mediante la integración vertical de la cadena alimentaria y por
su influencia en los patrones de consumo, diseñando campañas
publicitarias cada vez más fuertes y masivas para difundir sus
productos.
Heath, “El Programa Nacional de Alimentación y la crisis de alimentos”,
129.
69

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�Luis Pedroza

Es innegable que tales procesos jugaron un papel
importante en la agudización de la crisis alimentaria y en el poco
impacto del pronal, ya que las medidas efectivas sólo alentaron la
expansión productiva en áreas de la agricultura para exportación,
en la ganadería, y ocasionaron la reducción de las áreas de cultivo
de granos dedicados a la alimentación básica, mientras que sí se
permitió el crecimiento de la producción de granos usados como
forrajes. El desplazamiento de los alimentos básicos para consumo
humano fue inevitable frente a la acentuación de la producción
de alimentos caros y no indispensables, que poco hicieron por
subsanar la salud y nutrición de los consumidores. El fracaso del
pronal, se volvió un referente más de los fallos de las políticas
públicas del desgastado Estado de bienestar que cada vez se
debilitaba frente a los nuevos rumbos neoliberales. El pronal
también es muestra de la retórica usada por el Estado sobre su
lucha a favor de la soberanía alimentaria, así como por el derecho
a una alimentación saludable y nutritiva de los mexicanos.
Consideraciones finales
La crisis alimentaria de la década de 1980, que había dado inicio
desde décadas anteriores, dejó claro que el aparato productivo
mexicano era totalmente ineficiente, y que necesitaba una
reestructuración radical para comenzar a mejorar la eficiencia de
toda la cadena alimentaria. A pesar de que los planteamientos del
pronal no fueron cabalmente cumplidos, su falló sentó las bases
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�Del surco a la mesa

para posteriores discusiones en torno a la necesidad de buscar
la soberanía y autonomía alimentaria del país, como principal
tarea de los próximos gobiernos. Su cercanía con el Sistema
Alimentario Mexicano (sam), en tanto política pública que
fracasó por obstáculos políticos, hizo del pronal un ejemplo de
los últimos intentos por subsanar la alimentación mexicana desde
todas las fases de la cadena alimentaria. A través de campañas a
favor de las nuevas ideas de alimentación saludable, nutrición
y soberanía alimentaria, el programa se esforzó en inculcar
a la población estas nociones como parte de una educación en
alimentación, que debía internalizarse para corregir hábitos y
formar una consciencia alimentaria que guiara nuevas dietas y
maneras de alimentarse.
La situación fue muy distinta a lo esperado; el pronal,
como toda política sexenal, desapareció con el fin de la
administración de Miguel de la Madrid. Aunque hubo otros
programas que se dedicaron a continuar la labor de solucionar la
crisis alimentaria en el campo, no desplegaron grandes planes que
incidieran en todas las fases de la cadena alimentaria, sino que
se limitaron al consumo, mientras que la producción de cultivos
básicos quedó supeditada a las nuevas directrices de la economía
neoliberal.
El panorama de la alimentación mexicana a fines del siglo
xx era bastante lúgubre, y hasta ahora no se puede afirmar que
haya acabado la emergencia alimentaria en el campo, ni en las
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�Luis Pedroza

ciudades. Con la desaparición del sistema conasupo en la década
de 1990, y con la apertura de la economía, se eliminaron las últimas
barreras de protección tanto para el productor de básicos, como
para la población que dependía de los subsidios gubernamentales.
Aún queda mucho por estudiar sobre los desatinos políticos y
programáticos en torno al problema alimentario en México, lo
cual debería ayudar para comprender los derroteros actuales de la
alimentación mexicana.
Referencias
Archivo
Archivo General de la Nación
Hemeroteca Nacional de México
Hemerográficas
El Día
El Financiero
El Heraldo de México
El Sol de México
El Universal
Excélsior
Proceso
Bibliográficas
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�Condiciones medioambientales en el Partido de Zacatecas para la producción agrícola y ganadera de las haciendas porfirianas
Environmental conditions in the Partido de Zacatecas for the
agricultural and livestock production of the Porfirian haciendas
Margil de Jesús Canizales Romo
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas, México

orcid.org/ 0000-0002-1222-8040
Recibido: 23 de noviembre de 2022
Aceptado: 4 de diciembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: Las condiciones medioambientales del Partido de Zacatecas, no
obstante las sierras que lo componen con ricas vetas minerales reactivadas
durante el siglo XIX, permitieron el establecimiento y explotación de
importantes haciendas agrícolas y ganaderas que abastecieron, por la
cercanía, las necesidades de alimentos e insumos para la población de la
ciudad de Zacatecas y centros mineros y municipalidades aledaños a ésta.
La actividad minera en el siglo XIX, alentó otras actividades económicas
como la ganadería y la agricultura, propiciando la consolidación de
haciendas y ranchos relativamente productivos ante las necesidades de
abasto en centros urbanos y mineros.
Palabras clave: Medioambiente, haciendas, agricultura, ganadería,
mercado
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�Condiciones medioambientales

Abstract: The environmental conditions of the Partido de Zacatecas,
despite the mountain ranges that make it up of rich mineral veins
reactivated during the 19th century, allowed the establishment and
exploitation of important agricultural and livestock ranches that
supplied, due to their proximity, the food needs and inputs for the
population of the city of Zacatecas and neighboring mining centers and
municipalities. Mining activity in the 19th century encouraged other
economic activities such as livestock and agriculture, promoting the
consolidation of relatively productive haciendas and ranches given the
supply needs in urban and mining centers.
Keywords: Environment, estates, farming, animal husbandry, market

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�Margil Canizales

Introducción
Uno de los debates importantes respecto de la gran propiedad en
México es la vigencia de ideas preestablecidas desde tiempos de
la Revolución Mexicana, y con fundamentos teórico-políticos,
acerca de la concentración de la tierra en pocos hacendados
que se generalizaban como absentistas y desinteresados por la
productividad de sus fincas. En consecuencia, se cuestionaba
también la productividad agropecuaria de las haciendas y ranchos,
y si realmente constituyeron un negocio rentable.
El objetivo central del presente artículo es analizar cómo
las condiciones geográficas y climáticas del partido de Zacatecas
permitieron la producción agropecuaria, aunada a las necesidades
de abasto de alimentación que, como centro minero de no poca
importancia, requería la ciudad de Zacatecas, además de las
minas que fueron reactivadas en municipalidades aledañas como
Guadalupe, Morelos, Veta Grande y Pánuco; todos cercanos
a la ciudad capital del estado. De manera paralela se plantea
que la concentración de la propiedad y la consolidación de las
haciendas en el partido de la capital, coadyuvaron a constituirse
en verdaderos complejos económicos de producción.
En cuanto al espacio temporal, nos es significativo el
Porfiriato (1874-1910) por varias razones. La ciudad Zacatecas,
como importante centro minero, alentó la economía regional
durante todo el período novohispano, mientras que en el siglo
XIX, la minería retomó su auge debido a la inversión extranjera
impulsando igualmente otras actividades económicas como la
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agricultura y la ganadería. De este modo, el estudio enfocado a las
haciendas y ranchos en el distrito de Zacatecas permite analizar
el comportamiento de las fincas cercanas a los grandes centros de
consumo y en una situación económica aparentemente favorable.
El Porfiriato es una época caracterizada por la introducción
de innovaciones tecnológicas, de nuevas vías de comunicación
como el ferrocarril y de capital destinado al campo mexicano. El
México porfiriano fue eminentemente rural, puesto que el país estaba
compuesto por ciudades, villas, pueblos, congregaciones, haciendas,
ranchos, rancherías y cuadrillas, donde la gente del campo formaba
el 81 por ciento de la población total hacia 1900.1 De esta manera,
es necesario el estudio de las haciendas y ranchos para conocer el
devenir de las sociedades rurales, pues esta institución constituyó
un universo político, económico, social y cultural desde el período
novohispano hasta después de la Revolución iniciada en 1910.
En el estado de Zacatecas, la élite política estaba
relacionada de manera directa con las grandes fincas y los grandes
complejos productivos agrícolas, ganaderos y agroindustriales.
En esta entidad es posible identificar pocas familias que durante
el siglo XIX afianzaron sus propiedades gracias a diversos
factores: a) la desamortización de bienes de la iglesia, b) las
leyes de colonización, c) la puesta en marcha de las compañías
deslindadoras, y d) una política económica que impulsó la
economía agrícola de las grandes haciendas.
François-Xavier Guerra, México. Del antiguo régimen a la revolución, t. I
(México, DF: Fondo de Cultura Económica, 1988), 51.
1

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�Margil Canizales

La presente investigación parte del supuesto de que no todas
las haciendas y los ranchos del centro norte del estado de Zacatecas
-en este caso los cercanos a la capital- eran autosuficientes en su
producción, en el sentido de que la producción agropecuaria se
consumía solo al interior de las fincas, sino que además producían
para un mercado local, incluso regional. De esta manera, las
haciendas y ranchos en cuestión se consolidaron debido a las
necesidades de abasto que establecieron la propia ciudad de
Zacatecas y los importantes centros mineros circundantes, desde
el periodo novohispano. Sin embargo, con el mejoramiento de
las comunicaciones, específicamente de las vías ferroviarias, el
mercado de productos agrícolas y ganaderos se expandió a zonas
más lejanas. En este sentido, será importante conocer, en primer
lugar, las características geográficas, climáticas y la potencial
productividad de las haciendas y los ranchos.
Como agente histórico y no sólo como telón de fondo,
en este artículo se abordará el espacio geográfico a analizar (el
partido de la capital) caracterizando las condiciones geográficas y
climáticas, así como la conformación de haciendas en torno a la
ciudad de Zacatecas y los principales centros mineros aledaños. Este
reconocimiento de terreno nos permitirá identificar y caracterizar
las diferentes zonas de producción, así como los distintos tipos
de especialización de las haciendas y los ranchos a estudiar. Se
pretende identificar las características geográficas y climáticas
del espacio a estudiar con el propósito de diferenciar los tipos de
terreno existentes en el partido, y las vocaciones productivas de los
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�Condiciones medioambientales

mismos. En el contexto de la productividad agrícola, ganadera y
agroindustrial, es importante conocer la potencialidad que tenían
las haciendas y ranchos en cuestión, dependiendo de los recursos
naturales a su alcance y de su ubicación estratégica, con respecto a
las vías de comunicación. En este sentido, se tratará de reconstruir
no sólo las condiciones naturales, sino la ubicación de las haciendas
más importantes, las principales vías de comunicación, y los
recursos hídricos, como presas, estanque y arroyos, así como otros
tipos de infraestructura agrícola.
Se recurrió a la consulta de diversas Cartas Topográficas,
diccionarios topográficos y obras contemporáneas al periodo de
estudio. En especial, se debe mencionar un documento encontrado
en el Archivo de la Casa de la Suprema Corte de Justicia en Zacatecas
sobre el apeo y deslinde del partido de Zacatecas, hacia 1886. Se
trata de un documento primordial para la investigación que consta
de 154 fojas, donde se ubica y delimita de manera detallada, cada
hacienda y algunos pueblos y ranchos existentes en este partido.2
Pero, ¿por qué es tan importante el espacio geográfico para la
historia? Daremos algunas consideraciones generales. Para Lucien
Febvre, el espacio es visto como un conjunto de posibilidades que
las sociedades utilizan, pero sin estar determinadas por ellas. En
palabras del autor, el problema geográfico mayor es utilizar estas
posibilidades.3 Por su parte, Fernand Braudel, en su libro El
Archivo de la Casa de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Zacatecas
(en adelante ACSCJN,Z) Fondo Civil, año 1886-1887, caja 5. Exp. No 1. 154 ff.
3
Citado en Alejandro Tortolero Villaseñor, “La hacienda mexicana: nuevos
problemas, métodos y fuentes”, Iztapalapa 12, núm. 36 (1995): 145–66.
2

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mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II,
menciona que detrás de toda historia humana existe otro actor “tan
poderoso y decisivo a veces en sus intervenciones, como lo es el
medio ambiente geográfico”.4 De esta manera, el espacio geográfico
no solo es el telón de fondo de los acontecimientos históricos, sino
que se constituye como un agente histórico en la interacción con
la cultura del ser humano. Para nuestro caso particular, es muy
importante realizar el reconocimiento del terreno, puesto que se
pretende analizar cómo el espacio es utilizado y las medidas que se
emplearon para ejercer influencia sobre éste. En esta reconstrucción
se siguió el método propuesto por Alejandro Tortolero, quien señala
que la cartografía antigua y moderna juega un papel preponderante
en la investigación histórica, donde la sobreposición de varias cartas
topográficas, así como la lectura e interpretación de las mismas,
revelan datos por demás interesantes.5
Descripción geográfica del partido de Zacatecas
El enfrentamiento entre los conquistadores y los nómadas se extendió
entre los siglos XVI y principios del XVII, guerra que dio exterminio
a los grupos indígenas, ya fuera en el campo de guerra o bien después
de ser esclavizados. A partir de la llegada de Juan de Tolosa en
Fernand Braudel, El Mediterraneo y el mundo mediterraneo en la época
de Felipe II (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 1987), 27–39.
5
Mediante este método el historiador pudo reconstruir las condiciones geográficas y la estructura agraria de la región de Chalco, Estado de México hacia
1900. Alejandro Tortolero Villaseñor, “Haciendas y espacio: algunas reflexiones
y un método para la reconstrucción del territorio de las explotaciones”, Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades 12, núm. 26 (1992): 77–91.
4

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septiembre de 1546 y al comenzar a explorar las minas, la ciudad
de Zacatecas planteó serios problemas, como el abastecimiento de
productos alimenticios y artículos utilizados en la minería (pieles y
sebo principalmente), así como la comunicación y continuidad entre
la ciudad minera y las áreas ya consolidadas de colonización.6
Dentro del actual estado de Zacatecas existen tres zonas
geográficas bien diferenciadas, que de acuerdo a sus características
topográficas y poblacionales tuvieron un desarrollo histórico
diferente: los cañones al sur del estado (entre Juchipila y Tlaltenango),
los valles (Valparaíso, Jerez, Fresnillo y Villanueva) y el altiplano,
un espacio transitorio entre las fértiles tierras del sur del estado y
las tierras áridas del Altiplano, zona en que se ubica el espacio a
estudiar. El Altiplano es la zona más extensa que comprende el
centro, norte y noroeste de lo que hoy es el estado de Zacatecas.
En esta parte del estado se ubicó el partido de la capital, donde
predomina un clima más seco, con escasa precipitación pluvial. Sus
llanuras, cerros y quebradas son semidesérticas donde se pueden
observar algunos matorrales, nopales y palmas de desierto. Aquí la
agricultura es más azarosa que en otras regiones del estado. Desde
la época prehispánica, los pocos pastizales permitían la existencia
de variadas especies de rumiantes silvestres como búfalos, cíbolos,
venados y carneros, que servían de alimento a los cazadoresrecolectores, nómadas llamados guachichiles y zacatecos, quienes
Philip W. Powell, La guerra chichimeca (México, DF: Fondo de Cultura
Económica, 1977), 21–25.

6

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compartían los territorios del este y norte del actual estado de
Zacatecas, y limitaban con los tepehuanes, cerca de Durango.7
Plano No. 1
División política del Estado de Zacatecas, 1889

Fuente: Historia de la cuestión agraria Mexicana: Estado de Zacatecas, México CEHAM/UAZ/Gobierno del Estado de Zacatecas, 1990, Vol. I p. 196
Armando Márquez Herrera, Historia de la cuestión agraria en México. Estado de Zacatecas (1530-1910), t. I (Zacatecas: Juan Pablo Editores; Gobierno
del Estado de Zacatecas; Universidad Autónoma de Zacatecas, 1990), 21–23.
7

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�Condiciones medioambientales

En el Altiplano no existieron indios para encomendarlos y se
hacía más difícil el proceso de poblamiento. Los eslabones de la
cadena que fueron articulando los caminos hacia Zacatecas los
constituyeron los fuertes, mesones, ventas y presidios ubicados en
puntos estratégicos, así como mediante el otorgamiento de tierras
a indios aliados, originarios de culturas sedentarias, pero también
a mestizos y españoles.8 De esta manera se comenzó a delinear
una nueva y peculiar estructura agraria en la que aparecieron
los grandes propietarios de la tierra. El desarrollo de la minería
con su creciente necesidad de productos agropecuarios alentó la
ocupación ganadera, cobrando forma la gran propiedad.
Como es posible apreciar, el partido de Zacatecas estaba
situado en la región central del estado, ocupando un terreno por
demás accidentado, puesto que lo atravesaba la áspera, pero rica
Sierra de Zacatecas, que ocupaba la parte central del partido y que
se unía a la sierra de Palomas, dentro del partido de Villanueva, y
a la Sierra Fría que recorre la parte sur del partido.9 La sierra de
Zacatecas terminaba cerca del rancho de San Antonio (actualmente
San Antonio del Ciprés) al norte de la capital del estado, donde
comienza la región de los llanos, zona de pastizales áridos que
se prolonga hasta el partido de Fresnillo, incluso hasta Mazapil.
También la parte oriental del partido estaba ocupada por estas
llanuras, ricas en salinas. La parte occidental es montañosa. En el
Powell, La guerra chichimeca.
Carlos de Berghes, Descripción de la Serranía de Zacatecas (Zacatecas:
s/e, 1834), 2–6.
8
9

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lado sur del partido, cerca de las montañas de la sierra de Zacatecas,
nace el Río Juchipila que fertiliza una pequeña región del partido.10
Las llanuras del partido tienen una elevación media de
2,200 a 2,400 metros sobre el nivel del mar, donde se ubicaron la
hacienda del Maguey en el oeste de Zacatecas; Calera al noroeste;
y al sureste el Fuerte y Trancoso, así como San José de la Isla y
Guadalupe. La altura de la orografía que daba forma a la sierra
de Zacatecas y Sierra Fría varía entre 2,400 y 3,000 metros. En
algunos lugares de estas sierras abundaban las zonas arboladas y
los bosquecillos de coníferas, cupulíferas, cupresíneas y salicáceas
así como multitud de flores silvestres. En la parte de la sierra donde
existió riqueza de minerales la vegetación siempre fue muy pobre,
que en palabras de Antonio Luis Velasco, le daba a los cerros una
apariencia “triste y pelones, donde crece un zacate amarillo oscuro
que da a la sierra un aspecto sumamente feo.” Ante los ojos del
autor, la parte de los llanos presentaba un aspecto agradable solo en
épocas de siembras, sobre todo cuando las lluvias eran abundantes.11
Los terrenos del partido de Zacatecas los podemos dividir
en dos clases, los de los llanos y los de las montañas. En el primer
grupo se pueden diferenciar dos tipos: las llanuras o los bajíos
situados en las faldas de las serranías o de los cerros, como los
que se encuentran en las haciendas de La Candelaria, San Pedro,
Elías Amador, Noticias estadísticas de Zacatecas (Guadalupe: Tipología
de la Escuela de Artes y Oficios, 1892), 28.
11
Alfonso Luis Velasco, Geografías y estadística de la República Mexicana:
Estado de Zacatecas (México: Oficinas Tipográficas de la Secretaría de Fomento, 1894), 32–33.
10

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�Condiciones medioambientales

Tlacotes y parte de Trancoso, así como la municipalidad San José
de la Isla. Las tierras son, en términos científicos arcillo-silizosas
y arcillo-calcáreas, características que favorecen el cultivo de las
gramíneas, como la cebada y el trigo. En el segundo grupo se
encuentran llanuras más bajas que las anteriores cuyas tierras son
mucho más productivas, pues se caracterizan por ser arcillo-sílicocalcáreas, tierras bastante suaves y permeables, muy apropiadas
para el cultivo de leguminosas y gramíneas. Los lugares que
presentaban este tipo de tierras eran Calera, Cieneguilla,
Machines, el Maguey y parte de los bajíos de Trancoso,12 en
cuya hacienda se encuentra una laguna permanente y uno de los
sistemas de irrigación más importantes en el partido, la presa Ana
García, también conocida como el Pedernalillo o la Zacatecana.
La hacienda zacatecana, principalmente ganadera, es
difícil de caracterizar como pequeña, pues se trata regularmente
de enormes propiedades que rebasaban las decenas de miles de
hectáreas. El caso extremo es la hacienda de Cedros, que contaba
con 754,912 hectáreas, y que comprendía partes de los estados de
Durango, Coahuila y Zacatecas. Sólo a tres haciendas pertenecía
el espacio que separaba a la capital zacatecana y a Saltillo, capital
del vecino estado de Coahuila.
Con el objetivo de identificar las haciendas y los ranchos en
cuestión se realizó el siguiente cuadro, donde se advierte que en la
José Árbol y Bonilla, Memoria sobre la agricultura y sus productos en el Estado de Zacatecas, con motivo de la Exposición Universal de París, que tendrá
lugar el presente año (Guadalupe: Imp. Del Hospicio de Niños, 1889), 32–33.
12

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�Margil Canizales

mayoría de los casos las dimensiones de las haciendas sobrepasaban
las jurisdicciones de las municipalidades, incluso los límites de los
partidos y en pocas ocasiones los del estado. Se tomarán en cuenta
los lugares centrales desde donde se administraban las fincas para
determinar su ubicación en el partido y municipalidad.
Cuadro 1.
Pueblos, haciendas y ranchos en el partido de la capital
entre 1887 y 1890
Municipios

Pueblos

Haciendas

Ranchos

Cieneguilla
El Maguey
Pimienta

Águila, Arteagas, Calera, Cayetano, Cerrillo, Cieneguilla, Cieneguita, Conformidad, Escondida, Florida, Higueras, Huerta de Enciso,
Machines, Maravillas, Negros, Ojo
de Agua, Orito, Purísima, San Blas,
San Agustín, San Francisco, San
José de Chica, San Juan de Dios,
San Miguel, Varela y el Visitador.

Guadalupe
(Villa)

Trancoso
Bañuelos
Bernárdez

Guerreros, Lo de Vega, Mastranto, Palo, Colorado, Pedernalillo,
Pescado, Puerto de Tapias, Puerto
de la Cerda, San Jerónimo, Santa
Mónica, San Ramón, La Zacatecana
y Zóquite.

Vetagrande
(Pueblo)

Guadalupito

Barreras, Cata de Juanes, San Acacio, Valenciana y Vírgenes.

Sauceda (Hacienda minera, agrícola y
ganadera)

Sauceda,
Buenavista,
Casa Blanca y
Tacoaleche

Arzola, El Bordo, La Era y Lampotal.

Zacatecas
(ciudad)

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Municipios

Pueblos

Pánuco (Pueblo)

Haciendas
Muleros

Chupaderos
(pueblo)

Ranchos
Casa de Cerros, Gutiérrez, Laguna
Seca, Pozo de Gamboa, San Antonio y San Vicente
Hacienda Nueva y Las Pilas

Calera (Pueblo)

Bañuelos

Borrego, Chaviras, Estación de
Calera, Mares, Pichardo, Rosales,
Ruvalcaba y Santa Teresa

San Pedro
(hacienda
agrícola y
ganadera))

Presillas, San
Pedro y Rancho Nuevo

Congoja, Bonilla, El Chan, Encinillas, Huertas, La Virgen, Laurel,
Lecheras, Loreto, Mezcalito, Noria,
Piedra Gorda, Río de los Loeras,
San Miguel y Tierra Colorada.

Candelaria

Delgadillo, Macías, Mesón, Minillas, Muñoses Ojo de Agua, San
Fernando, Santa Gertrudis, Santa
Inés, San Miguel, Santa Rosa,
Tepetate y Victoria de Perales

San José de
la Isla (Pueblo)

Minillas y
Morelia

Fuente: ACCJSCJNZ, Fondo Civil, año 1886-1887, Caja 5, Exp. 17 de marzo de 1887, ff. 123-154. Alfonso Luis Velasco, Geografía y estadística de la
República Mexicana: Estado de Zacatecas, México, Oficina Tipográfica de la
Secretaría de Fomento, 1894, pp. 141-143.

Clima y vegetación
El partido en general se consideraba frío, pero saludable. En
las llanuras la temperatura media anual era de 14º centígrados,
mientras que en las cordilleras variaba entre los 13º y los 11º.
Las lluvias más abundantes, hacia 1894, se presentaban de junio
hasta principios de septiembre. El número de días lluviosos era
de 114, por término medio, y la cantidad de lluvia anual que caía
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96
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en el estado de Zacatecas y en casi todo el partido en cuestión
era de 800 milímetros. La lluvia en el verano influía mucho en el
partido sobre las variaciones de la temperatura. Prácticamente en
todo el territorio del partido las heladas y granizadas eran muy
frecuentes.13
Según los testimonios contemporáneos al periodo de
estudio, la sierra de Zacatecas estaba cubierta por mezquites,
palmas y nopales, pero para 1834 ya se apreciaba una estéril
desnudez del paisaje; Carlos de Berghes apuntaba que sólo en
las cercanías de algunas viviendas, y sobre todo cerca de los ojos
de agua, se encontraba vegetación de este tipo, acompañada de
algunos sauces. El llano que confinaba al norte y poniente de
la serranía estaba cubierto por palmas, mientras que el resto de
los llanos era utilizado como agostadero con espesas nopaleras,
donde miles de cabezas de ganado pastaban todo el año. En toda
la sierra abundaba la biznaga de diferentes formas y especies.14
Nos encontramos con un terreno accidentado, donde
predominaron los espacios dedicados a la cría de ganado; sin
embargo, las pocas planicies al parecer eran bien utilizadas
para el cultivo de granos, especialmente maíz, trigo, cebada y
avena. En este sentido, ¿cuál sería la actividad principal de las
haciendas y ranchos? ¿Qué actividad operaba en función de la
otra? ¿Además de la agricultura y ganadería, qué otras ramas de
Velasco, Geografías y estadística de la República Mexicana: Estado de
Zacatecas, 146–47.
14
Berghes, Descripción de la Serranía de Zacatecas, 4–5.
13

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la economía explotaban las haciendas y ranchos? ¿En qué medida
la producción de las fincas en cuestión satisfacía las necesidades
alimenticias, de transporte o tracción animal de una ciudad y de
los centros mineros que la circundaban? Son interrogantes que
trataremos de resolver a lo largo del artículo.
Este recorrido por el espacio geográfico del partido, su
clima y vegetación, constituye un primer acercamiento al objeto
de estudio que nos ayudará a reconocer las diferentes posibilidades
de explotación en la zona estudiada. La identificación de las
haciendas y los ranchos es muy importante para conocer el
universo de los actores a estudiar. Pero es importante advertir las
limitaciones y las bondades que el medio geográfico ofrece.
Producción agropecuaria en el partido de Zacatecas durante
el porfiriato
El partido de la capital originalmente estaba compuesto por los
municipios de Zacatecas, Guadalupe, San José de la Isla, Pánuco,
Sauceda y Vetagrande. Sin embargo, con el transcurso de los
años los poblados que después de la reforma eran considerados
como congregaciones o juntas municipales se transformaron en
municipios independientes.15 Durante el porfiriato, el partido de
Zacatecas comprendía dos municipalidades más: Chupaderos y
La Calera. Con estas características tenía una extensión de 3,623
Gerald McGowan, Geografías político-administrativo de la Reforma (México, DF: El Colegio Mexiquense; Instituto Nacional de Estadística, Geografía
e Informática, 1990), 118.

15

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kilómetros cuadrados16 y colindaba al norte con el partido de
Fresnillo, al oriente con el estado de San Luis Potosí y el partido
de Ojocaliente, al sur con el estado de Aguascalientes, al occidente
con el partido de Jerez y al suroeste con el de Villanueva.17
Resulta interesante el partido de la capital porque en su
interior comprende grandes haciendas como Trancoso, El Maguey
y Tacoaleche que oscilaron entre las 60 y 130 mil hectáreas,
que constituyeron un ejemplo representativo de los procesos de
concentración de la propiedad. Pero también se trata de fincas
que se dedicaron a las más variadas formas de explotación,
privilegiando la ganadería, la agricultura y en menor medida la
industria. Estas tres haciendas comprendieron gran parte de los
territorios municipales de Zacatecas, Guadalupe y Sauceda.
En la parte sur del partido, es decir las municipalidades
de San José de la Isla, y San Pedro Piedra Gorda, se ubicaron
terrenos que registraron, por lo menos desde 1868, una drástica
fragmentación, en la mayoría de los casos por cuestiones
hereditarias, pero también debido a la compraventa, lo que
contribuyó a que en esta zona del partido predominaran la pequeña
y mediana propiedad. Otro rasgo interesante lo encontramos en el
pueblo de San José de la Isla donde todavía a finales del siglo XIX
vivía un grupo de indígenas posesionarios del terreno denominado
Sierra Fría, que comprendía un perímetro aproximado de 22 mil
McGowan, 118.
Velasco, Geografías y estadística de la República Mexicana: Estado de
Zacatecas, 141.
16
17

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hectáreas18 y que fue el motivo de expansión de haciendas vecinas
como San Pedro y el Maguey, gracias a la Ley de Terrenos baldíos
de 1891.
El pueblo de San José de la Isla era de los pocos, junto
con San Jerónimo, de la municipalidad Guadalupe, que poseían
fundo legal que, por lo tanto, tenía la categoría política de pueblo.
Colindaba por el norte con la municipalidad de Guadalupe, por
el este y sur con la municipalidad de San Pedro, por el sur con
el estado de Aguascalientes y por el oeste con Villanueva. Esta
región del partido está situada en un complejo de mesetas con
elevaciones considerables, y la atravesaban arroyos hondos
y barrancas. Por la abundancia de agua, los pastos eran muy
favorables a la cría de ganado. Según el documento de apeo y
deslinde de esta fracción del partido, los terrenos de Sierra Fría
que poseían los indígenas que vivían en San José de la Isla eran
muy fragosos, término que se aplica para los terrenos ásperos
y llenos de maleza. Los arroyos bajaban en cañadas la mayor
parte del año y tenían poco pero productivo terreno plano para
la agricultura. Las montañas de Sierra Fría estaban cubiertas
de árboles de varias especies como pino, cedro, encino y otras
maderas que los indígenas explotaban para la venta de leña y la
elaboración de carbón.19
ACCJSCJNZ; F: Civil, año 1886-87, Caja 5 Exp. 1 Apeo y deslinde del
partido de Zacatecas, Zacatecas, Zacatecas, 17 de marzo de 1887.
19
ACCJSCJNZ, Fondo Civil, año 1886-1887, Caja 5, Exp. Apeo y deslinde
del partido de Zacatecas, Zacatecas, Zacatecas, 17 de marzo de 1887, f. 3.
18

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Plano No. 2
Haciendas y ranchos en el partido de la capital, 1887

Fuente: ACCJSCJNZ, Fondo Civil, año 1886-1887, caja 5, exp. 1. 17
de marzo de 1887, ff. 123-143. Mapoteca Orozco y Berra. INEGI,
Carta topográfica F13-6 Zacatecas. Escala 1:250,000
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A primera vista, en el resto de los territorios del partido
predominan las grandes haciendas, más ganaderas que agrícolas;
mientras que en los Valles, especialmente en el partido de Jerez,
proliferaron las fincas de medianas y pequeñas proporciones,
preponderantemente agrícolas. En el presente apartado el interés
se centra en las haciendas y ranchos cercanos a la ciudad capital y
a varios centros mineros de importancia, específicamente los que
se ubicaron en las inmediaciones de la ciudad de Zacatecas, Veta
Grande y Pánuco y el real de minas de Fresnillo. Suponemos que
estos importantes centros de consumo alentaron las actividades
productivas de las haciendas circundantes.
Es importante realizar una labor selectiva de las fincas
ubicadas en la zona de estudio, de acuerdo a la disponibilidad de
información, pero también se estudiarán aquellas fincas rústicas
que por sus características aporten elementos para caracterizar las
haciendas en el partido de la capital durante el Porfiriato.
La agricultura
Luis González consideraba que con relación al campo, hacia
1888, todavía se cosechaba lo mismo: maíz, frijol y chile. Sólo
había algunos nuevos hacendados surgidos de la desamortización
y el derroche de los baldíos, quienes sí produjeron para vender
principalmente en Estados Unidos. En términos generales la
exportación en la agricultura fue desdeñable, sin embargo, se
comenzó a transformar de una economía de autoconsumo a una
economía mercantil. De igual forma se aceleró el proceso de un
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mercado local al regional y de éste el nacional. Aumentó el poder
de compra, la producción manufacturera y el mayor consumo de
bienes alentó el comercio.20 21
La agricultura constituyó un sector de interés para el
capital extranjero debido a las leyes de colonización y deslinde,
así como a la demanda, por los países industrializados, de materias
agrícolas, forestales y madereras. Según Armando Márquez,
salvo pocas excepciones, el ámbito técnico no se modificó, pues
la amplia disponibilidad de mano de obra y tierra permitieron
la pervivencia de los métodos de explotación tradicionales.
Sin embargo, se desarrolló una infraestructura de transporte,
canales de riego, presas, perforación de pozos e instalación de
aeromotores. Todo ello para responder a la demanda de alimentos
y productos agrícolas.
La demanda externa fue atendida con la producción de
las mejores tierras, mientras que de la interna y de autoconsumo
se encargó la producción menos eficiente o en todo caso las
tierras menos fértiles de la hacienda. Esto provocó, en muchos
casos, la importación de granos. La unidad productiva dominante
fue la gran propiedad que con frecuencia adoptó la forma de
hacienda, cuyas formas de organización variaron de región en
Luis González y González, “El liberalismo triunfante”, en Historia General de México, vol. II, ed. Daniel Cosío Villegas et al. (México, DF: El Colegio
de México, 2000), 663.
21
Luis González y González, “El Liberalismo triunfante” en Historia general de México, El Colegio de México, México, 1994, 663.

20

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región, tanto en lo que se refiere a la organización del trabajo
como al tipo de relaciones de producción entre propietarios
y trabajadores. La producción más rentable se orientó a la
exportación, en detrimento de la porción orientada al mercado
interno alimentario.22
Cabe señalar que durante la segunda mitad del siglo XIX,
la estructura de la propiedad territorial fue considerablemente
transformada

como

resultado

del

conjunto

de

leyes

desamortizadoras (1856) y las que se ocuparon de los terrenos
baldíos, los deslindes y la colonización (1863, 1875, 1883,
1894); que en su conjunto apuntaban hacia la privatización de los
extensos terrenos de la propiedad nacional. Así, “gran cantidad de
tierras adquirió valor y fue privatizada en un proceso que, si bien
favoreció la concentración de la propiedad, ciertamente contribuyó
a transformar recursos ociosos en factores productivos”.
La bibliografía reciente señala que es justamente la adición
cuantitativa de recursos la primera causa de que comenzara el
crecimiento económico, una vez que se alcanzaron las condiciones
mínimas de estabilidad política y social; se calcula que la política
de deslinde involucró un tercio del territorio nacional, aunque su
incidencia regional fue muy variada.23
Márquez Herrera, Historia de la cuestión agraria en México. Estado de
Zacatecas (1530-1910), t. I, 172–73.
23
Sandra Kuntz Ficker, “De las reformas liberales a la gran depresión”, en
Historia Económica General de México. De la Colonia a nuestros días, ed.
Sandra Kuntz Ficker (México, DF: El Colegio de México, 2010), 313.
22

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Específicamente para la producción agropecuaria nacional
se manejan algunos períodos de crecimiento muy marcados, que
en general tienen que ver con otras actividades o factores de la
economía. Se observa que de 1877 a 1907 hay un aumento de
producción agrícola, sin embargo, tiene sus altibajos. De 1877
a 1894 descendió la producción. En cambio, de 1892, que es el
punto más bajo, a 1897, los avances son más pronunciados. De
1897 a 1903 nuevamente se observa un descenso y a partir de
1904 a 1907 aumenta a razón de 4.35% la producción agrícola.24
Con respecto a la agricultura zacatecana, Alfonso Luis
Velasco menciona que estaba tan atrasada como en los demás
estados de la república; sin embargo, destaca dos haciendas dentro
del partido de la capital, Cieneguilla y Trancoso, en las que “se ha
comenzado a usar la maquinaria y los implementos modernos para
las labores agrícolas” al igual que se habían introducido nuevos
métodos para algunos cultivos.2526 Pocos años antes José Árbol
y Bonilla, en 1889, se lamentaba de que “las vastas propiedades
se oponían al cultivo esmerado y perfecto de los campos [...] El
monopolio de terrenos extensos no permite el establecimiento
de aldeas, pueblos ni ranchos que forman otros tantos centros
de consumo.” Hacía mención que existían haciendas con más
Enrique Cárdenas, “Una interpretación macroeconómica del siglo XIX en
México”, El Trimestre Económico, núm. 246 (1995): 245–71.
25
Velasco, Geografías y estadística de la República Mexicana: Estado de
Zacatecas, 160–62.
26
Velasco, Alfonso Luis: Geografía y estadística..., pp. 160-162.
24

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de 250,000 hectáreas y que la falta de trabajadores y maquinaria
dejaba grandes superficies sin cultivo.27
En general, la mayoría de las tierras del partido de la
capital eran de temporal y en ellas el rendimiento variaba entre
los 100 y 150 hectolitros por uno de sembradura, cuando las
lluvias eran favorables y los terrenos de buena clase. En los de
mediana calidad, siendo buenas las lluvias se cosechaba al ciento
por uno. Como término medio, el rendimiento de las tierras de
temporal en el partido era entre 60 a 80 por uno y solamente se
levantaba una cosecha al año. Sin embargo, cuando las lluvias
eran escasas estaban en peligro de perder las siembras o bien,
se cosechaba al veinte por uno. Era común que también en
los terrenos tepetatosos28 se sembrara sobre todo maíz, pero
las cosechas eran casi nulas.29 Zacatecas era considerada una
de las regiones privilegiadas para el cultivo de cereales como
el maíz, trigo, cebada y avena. Los partidos del estado que se
consideraban excelentes productores de cereales eran Jerez,
Fresnillo, Villanueva, Zacatecas, Tlaltenango y Ojocaliente.30
Árbol y Bonilla, Memoria sobre la agricultura y sus productos en el Estado de Zacatecas, con motivo de la Exposición Universal de París, que tendrá
lugar el presente año, 32–33.
28
Es decir, aquellos terrenos donde era abundante el “tepetate” cuya actividad agrícola se dificultaba por la esterilidad de las tierras.
29
Velasco, Geografías y estadística de la República Mexicana: Estado de
Zacatecas, 195–97.
30
Árbol y Bonilla, Memoria sobre la agricultura y sus productos en el Estado de Zacatecas, con motivo de la Exposición Universal de París, que tendrá
lugar el presente año, 56–57.
27

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Otro factor de importancia para la agricultura fueron las
condiciones climáticas un tanto adversas, especialmente en los
años 1897, 1900-1904 y 1904-1908. Por otra parte, la costumbre
de los propietarios de utilizar las tierras bajo el sistema de
aparcería, en combinación con un pequeño sector del trabajo
asalariado o peonaje, no se tradujo en un estímulo sustantivo para
mejorar las condiciones técnicas de la producción.
Por las características geo climáticas antes descritas, en
el partido de la capital se cultivó el trigo colorado de otoño, y el
blanco, o de invierno; la hacienda de Cieneguilla, inmediata a la
ciudad de Zacatecas, era importante productora de este género. En
los terrenos del partido predominaba el cultivo de maíz, puesto que
su producción anual se calculaba en 378,650 hectolitros. El frijol
se sembraba en julio y se cosechaban en diciembre produciendo
entre 40 y 50 hectolitros por uno, en todo el territorio del partido. El
cultivo de la avena era una exclusividad de la hacienda de Trancoso
que producía 12 hectolitros por uno de semilla y 3,680 kilogramos
de paja. Dentro del partido también se cosechaba la alfalfa en
grandes cantidades y de muy buena calidad, a la que se realizaban
cinco o seis cortes por año. Por ejemplo, en la huerta de la hacienda
de San Pedro daba cinco cortes por año y se había sembrado hacía
45 años. Entre otros cultivos menores se encontraba el chile, la
papa, el camote, las hortalizas, y frutas de clima frío, como los
perones y manzanas. En general, la producción agrícola anual en el
partido se estimaba entre 800 y 900 mil pesos.31
31

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La ganadería
El historiador Luis Cossío Silva aporta interesantes datos acerca
de la ganadería a nivel nacional. Para comenzar, ofrece una mirada
de conjunto, cuya visión obedece a los supuestos generales de la
Historia moderna de México. La ganadería tenía dos características
principales al iniciar el Porfiriato: la reproducción era espontánea
con una mínima intervención humana, y era alimentada con
medios naturales apenas modificados por el ser humano.
De esta manera, muestra una ganadería indefinida que, en
medida que avanzó el porfiriato fue tomando forma, en cuanto al
perfeccionamiento de técnicas de cruce y mejoramiento de ganado
y otras estrategias de producción y mercado. Con esto el autor no
quiere decir que antes del régimen porfiriano no haya existido
la ganadería, sino que en la República Restaurada no se tenía
plena conciencia de ella como explotación: era considerada una
actividad aleatoria, no existía la preocupación por un rendimiento
mayor y con frecuencia los dueños desconocían el ganado que
poseían.32 La ganadería en la década de 1877 a 1887, a causa de
las grandes sequías y otras contrariedades, como la invasión de
los apaches, se conservó rutinaria, pobre y poco rendidora. En el
ámbito internacional, México estableció intercambio comercial
con diferentes países: con Alemania firmó tratado en 1882, con
los Estados Unidos en 1883 y con Francia en 1886.33
Zacatecas, 162.
32
Daniel Cossío Villegas, ed., Historia moderna de México (México, DF:
Hermes, 1994), 35–39.
33
González y González, “El liberalismo triunfante”, 944–47.
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En Zacatecas se logró desarrollar una ganadería extensiva
e intensiva.34 La mitad de la superficie del estado estaba dedicada
a la ganadería, donde se criaba el ganado ovino, caprino, bovino,
caballar, mular, asnal y porcino. La importancia de la ganadería
zacatecana se reflejó en 1902 al ocupar el primer lugar nacional en
número de cabezas de ganado, especialmente en el ganado menor.35
En 1889, el ingeniero Árbol y Bonilla calculaba en
3,270,000 hectáreas la extensión de los terrenos dedicados a
pastos naturales para la cría de ganado en el estado.36 Estas cifras
denotan el interés que tenían los hacendados en explotar la rama
de la ganadería. Según Cuauhtémoc Esparza Sánchez, la minería
y la ganadería fueron en Zacatecas las dos fuentes de riqueza y
de trabajo más importantes, cuyo desarrollo se debió al clima, a
los buenos pastizales, a una mano de obra barata y al empeño de
los hacendados que realizaban constantes cruzas y mejoramiento
del ganado.37
La cría de ganado ovino y caprino se realizaba a gran escala
en casi todas las haciendas del partido, sin embargo, destacaban
por la buena calidad de animales las haciendas de Trancoso y
Cuauhtémoc Esparza Sánchez, Historia de la ganadería en Zacatecas
(1531-1910) (Zacatecas: Universidad Autónoma de Zacatecas - Departamento
de Investigaciones Históricas, 1988), 61.
35
Márquez Herrera, Historia de la cuestión agraria en México. Estado de
Zacatecas (1530-1910), t. I, 239.
36
Árbol y Bonilla, Memoria sobre la agricultura y sus productos en el Estado de Zacatecas, con motivo de la Exposición Universal de París, que tendrá
lugar el presente año, 146.
37
Esparza Sánchez, Historia de la ganadería en Zacatecas (1531-1910), 61.
34

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el Maguey. Hacia 1894 se calculaba en 327,000 el número de
cabezas de ganado lanar y en 100,100 el cabrío existente dentro
del partido de Zacatecas. Estas cifras lo colocaban en segundo
lugar entre los partidos del estado por su ganado de pelo y en
tercero por el lanar. En este mismo año existían en el partido
67,300 cabezas de ganado bovino, 23,100 de caballar y gran
número de mulas y asnos.38
Constituía en el estado de Zacatecas la actividad más
lucrativa a los ojos de los propietarios, por lo que constituía el
principal producto de las haciendas, a cuya actividad económica
se destinaba gran parte de las extensiones de las mismas.
En la ganadería se ocupaban 3,270,000 hectáreas, la mitad
aproximadamente de la superficie del estado en el siglo XIX.
En 1902, Zacatecas ocupaba el primer lugar a nivel nacional
en cuanto a número de cabezas se refiere, destacando el ganado
menor. En ovinos ocupaba el quinto lugar nacional con cerca
de 690,500 cabezas, después de Jalisco, Sonora, Chihuahua y
Michoacán. En caprino con 429,380 cabezas Zacatecas ocupaba
el quinto lugar, después de Coahuila, Nuevo León, Durango
y San Luis Potosí. En ganado lanar, Zacatecas tenía el primer
lugar con 425,700, seguido de San Luis Potosí que contaba
con 425,700 ovinos, el 50% en relación a Zacatecas, le seguían
Durango (383,947), Coahuila (180,415), Chihuahua (159,888),
Velasco, Geografías y estadística de la República Mexicana: Estado de
Zacatecas, 162.
38

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110

�Margil Canizales

Nuevo León (151,526) y Tamaulipas (108,284). En los porcinos,
Zacatecas llegó en 1902 a 147,702, ocupando el doceavo lugar en
las existencias nacionales.39
Bestias de carga y tiro las había en buena calidad en la entidad. En Zacatecas los caballos sumaban 56,764. Las mulas eran
muy apreciadas en la época y se llegaron a exportar a Cuba, otros
países del Caribe, Centroamérica y Texas. En la entidad zacatecana, en 1902, había 25,735 asnos muy utilizados en la arriería.40
Pero, a decir de Márquez Herrera, estas cifras dan una idea
falsa de prosperidad, pues asegura que la ganadería zacatecana
sufría una serie de efectos traumáticos que le ocasionaban el
mercado internacional, la propia forma en que era manejada por los
propietarios y las condiciones climáticas adversas que de cuando en
cuando asolaban los hatos. Por cualquiera de las causas anteriores,
la relación con respecto a 1889 que representaba la existencia
ganadera, trece años después, era completamente dramática.
Es importante revisar las cifras para darnos una idea de lo
drástico que fue la baja en la producción ganadera. De 540,960
cabezas que había en 1889, hubo en 1902 189,765; la diferencia
fue de 351,195, una reducción del orden de 65%. Algunas de las
causas que menciona Márquez fueron las epizootias, importantes
sequías entre 1891-93, y principalmente la apertura del mercado
Márquez Herrera, Historia de la cuestión agraria en México. Estado de
Zacatecas (1530-1910), t. I, 240–41.
40
Esparza Sánchez, Historia de la ganadería en Zacatecas (1531-1910),
109–17.
39

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111

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norteamericano a partir de 1895. Cabe aclarar que Zacatecas
orientó su producción al mercado nacional, principalmente, la
Cuidad de México y otras partes de la república, puesto que los
vacunos zacatecanos tenían buena demanda en Aguascalientes,
Guanajuato y Querétaro, mientras que a través de revendedores
llegaban a Estados Unidos.
Márquez señala, retomando a Esparza Sánchez, ciertas
mejoras en la cruza de ganado. Menciona la introducción de
razas como Aberdeen Angus, Cebú, Hereford y Durham, con
buenos rendimientos de carne. También se dieron cruzas de
ganado lechero, mientras que sobre el ganado de lidia se puso
especial cuidado en algunas haciendas como Malpaso, Tayahua,
El Salto, Ábrego, San Mateo y Trancoso. Sin embargo, la obra
de Márquez modifica de algún modo la visión de Cuauhtémoc
Esparza, al señalar como rasgos de la ganadería “una casi nula
demanda de la fuerza de trabajo [y] el carácter extensivo y
descuidado de su explotación”,41 mientras que Esparza Sánchez
destacó el ímpetu emprendedor de los propietarios de las
haciendas.
Otros de los señalamientos poco optimistas que hace
Márquez en torno a la ganadería en Zacatecas es que ocupaba
el tercer lugar nacional más bajo en litros de leche producida
por animal y respecto del rendimiento de carne por animal era el
séptimo lugar, también en sentido ascendente.
Márquez Herrera, Historia de la cuestión agraria en México. Estado de
Zacatecas (1530-1910), t. I, 242.
41

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�Margil Canizales

En los caprinos coincide el autor con Sánchez Esparza
que “la explotación y manejo seguían los mismos sistemas
implantados en el siglo XVI, los rebaños al cuidado de los
pastores eran rotados en terrenos escarpados, de pastos precarios
donde la precipitación era irregular y el clima tenía a veces
fuertes oscilaciones…” El número de ovinos era mayor porque
eran preferidos por su lana, aunque ese ganado sufrió fuertes
mermas de 1889 a 1902. Márquez retoma de Esparza una de
las causas de disminución del ganado, que tiene que ver con la
demanda estadounidense de pieles (cabra, vaca y borrega), pero
menciona que no hay registros que lo prueben. En relación al
mercado de la lana el autor dice que el cambio tecnológico de los
países industrializados llevó a la utilización de fibras sintéticas
y se fue constriñendo la demanda de la lana. Zacatecas se quedó
sólo con los mercados nacionales generalmente provistos por sus
propias regiones, mientras que la demanda local era realmente
insignificante y no se transformaba.
Considero que la aportación de Márquez invita a
reflexionar sobre el supuesto auge de la ganadería, cuestionando
su rendimiento y verdadero valor. En conclusión, señala que “ni
por su desarrollo histórico, la ganadería zacatecana era capaz de
responder a los requerimientos modernizantes de la demanda
capitalista mundial, ni a las necesidades sociales, acorralada
por el desempleo, contra la pared de granito de su rancia
estructura agraria”.42 En otras palabras, la ganadería zacatecana
42

Márquez Herrera, 246–49.

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�Condiciones medioambientales

no estuvo a la altura de las necesidades de ocupación que los
tiempos demandaban; la forma de organizarse sobre la estructura
latifundista que le servía de base no lo hizo posible.
Consideraciones finales
En este artículo realizamos un acercamiento a la conformación
histórico-regional y a las condiciones geográficas y climáticas
del partido del capital, donde pudimos apreciar que los suelos
predominantes eran más áridos y la lluvia menos abundante que
en los valles y el sur de Zacatecas, por lo que nos encontramos
con haciendas ganaderas y agrícolas; no obstante de que ambas
actividades dependen de los buenos temporales, la ganadería
representaba ingresos más seguros y más cuantiosos que la
agricultura. De esta manera se puede plantear que la agricultura
operaba en función de la ganadería, puesto que la primera
enfrentaba comúnmente más problemas por lo azaroso de
las lluvias, mientras que la segunda funcionaba a pesar de las
condiciones climatológicas adversas donde los ganados se
reproducían de manera espontánea.
La ciudad de Zacatecas como centro administrativo
y gubernamental del estado fungía como centro de reunión de
los más destacados negocios, hecho que es posible apreciar en
las fotografías de la época, así como en la prensa local, donde
proliferan anuncios de las casas comerciales y establecimientos
de todo tipo, denotando un gran movimiento en todas las ramas de
la economía. En gran medida, ese movimiento era alentado por la
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�Margil Canizales

oferta de gran cantidad de mercancías y productos que procedían
de las haciendas y ranchos circunvecinos, cuyo mercado natural
era, en primera instancia, la capital del estado.
Haciendas circundantes a la ciudad de Zacatecas fueron
rentables gracias a las posibilidades geo climáticas del partido
de la capital, el ímpetu de trabajo de los hacendados, así como
las necesidades de mercado que exigían la capital zacatecana, las
municipalidades y los centros mineros aledaños. La posesión de
la tierra ayudó a los propietarios a adquirir, además de estatus,
privilegios económicos como acceder al crédito agrícola,
expandir los dominios territoriales de sus haciendas y mediante
esto crear núcleos de producción agropecuaria que aseguraran la
rentabilidad de las fincas.
En cuanto a la organización y estructura territorial,
las haciendas del partido de Zacatecas durante el porfiriato, se
encontraban compuestas por numerosos ranchos, estancias y
potreros, parajes que servían para la rotación de ganado en busca
de mejores pastos. Estos parajes estaban organizados de acuerdo
a la disponibilidad de agua para abastecer tanto las necesidades
humanas como la de los semovientes.
Las haciendas y los ranchos del centro norte del estado de
Zacatecas -en este caso los cercanos a la capital- contaron con toda
una infraestructura donde se privilegiaba la construcción de obras
hidráulicas, con el objetivo de asegurar una producción agrícola y
ganadera menos azarosa, puesto que producían para un mercado local,
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�Condiciones medioambientales

incluso regional. Las construcciones aumentaron considerablemente
el valor de las fincas e hicieron más operativas las actividades de
las mismas. Destaca por su magnitud la red de canales que partían
de la presa La Zacatecana y que irrigaban tierras de las haciendas
de Trancoso y Tacoaleche. De esta manera, las haciendas y ranchos
en cuestión se consolidaron debido a las necesidades de abasto
que establecieron la propia ciudad de Zacatecas y los importantes
centros mineros circundantes. Sin embargo, con el mejoramiento
de las comunicaciones, específicamente con la introducción de las
vías ferroviarias, el mercado de productos agrícolas y ganaderos se
expandió a zonas más lejanas.
Como es posible apreciar, las haciendas en el altiplano
zacatecano de acuerdo a sus características geográficas
(relativamente poco productivas en lo agrícola) concentraron
grandes cantidades de tierra, a fin de hacerlas rentables,
especialmente para la explotación de la ganadería extensiva.
Además, la connotación social de los grandes terratenientes estaba
respaldada por la posesión de diversas fincas rústicas, las cuales les
permitía a los propietarios la posibilidad, basados en una economía
agrícola, de tener injerencia en otros negocios como la minería, el
crédito agrícola, la compraventa de haciendas y ranchos, así como
el negocio especulativo de los bienes inmuebles. Especialmente
en el tema del mercado financiero, la posesión de grandes fincas
constituyó la condición sin la cual difícilmente los propietarios
hubieran podido expandir y diversificar sus inversiones.
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�Margil Canizales

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�Growing Hopes, Dry Negotiations: Mexican and U.S.
Avocado Industries at the Age of Free Trade Agreements and Climate Change
Esperanzas crecientes, negociaciones secas: Las industrias
mexicanas y estadounidense del aguacate en la era del Tratado
de Libre Comercio y el cambio climático
Viridiana Hernández Fernández
University of Iowa
Iowa City, United States of America
orcid.org/0000-0003-0321-8702

Recibido: 4 de agosto de 2022
Aceptado: 29 de octubre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Abstract: This article explores how Michoacán and California’s avocado
growers navigated the North American Free Trade Agreement’s (NAFTA)
negotiations and how they responded to its ratification after 1994. Although
NAFTA is the reference in time for this narrative, the article focuses on the
environmental changes in Michoacán and California instead of the trade
negotiations to accentuate international agreements’ impacts on concrete
ecologies and vice versa. NAFTA presupposed the termination of trade
barriers between Mexican and U.S. markets. Nonetheless, it was not
enough for the U.S. Department of Agriculture (USDA) to lift a quarantine
on Mexican avocados imposed in 1914 due to an alleged plague affecting
the fruit. However, when California faced severe climatic difficulties to
increase or even maintain its avocado yields while Michoacán proved to
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-61

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�Growing Hopes

have a propitious pest-free ecological context for the avocado tree to thrive,
the USDA concluded a period of over 80 years of domestic protectionism
of the avocado market. To grasp how the avocado industries in Michoacán
and California responded to volatile times both in transnational trade and
environmental change in the late twentieth century, this article mostly
recourses to oral and written records of growers on both sides of the border.
Interviews with growers and people connected to the avocado industry in
Michoacán, as well as growers’ annual meeting minutes in California,
aided in uncovering the anxieties of adjusting to the integration of markets
in times of neoliberal globalization and climate change.
Keywords: Avocado, NAFTA, pests, Michoacan, California
Resumen: El artículo explora cómo los productores de aguacate de Michoacán
y California sortearon las negociaciones del TLC en 1994. Aunque el TLC
es la referencia en tiempo, el artículo se centra en los cambios ambientales
en Michoacán y California en lugar de las negociaciones diplomáticas con
el fin de acentuar la incidencia de los tratados internacionales en contextos
ecológicos concretos y a la inversa. El TLC suponía la eliminación
de barreras al comercio entre México y Estados Unidos. Aun así, el
Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) no permitió la
entrada de aguacates mexicanos debido a una cuarentena impuesta en 1914
por una supuesta plaga. No obstante, cuando California enfrentó severas
dificultades ambientales para incrementar o mantener su producción
mientras Michoacán gozaba de un contexto ecológico libre de plagas y
favorecedor para la producción de aguacates, la USDA dio fin a más de 80
años de proteccionismo doméstico. Para comprender cómo las industrias
aguacateras de Michoacán y California respondieron a tiempos volátiles
en comercio internacional y cambio ambiental a finales del siglo veinte,
este artículo recurre a registros orales y escritos de productores a ambos
lados de la frontera. Entrevistas con productores y gente relacionada con
la industria en Michoacán, así como las minutas de las reuniones anuales
de productores en California ayudan a descubrir las ansiedades de ajustarse
a la integración de mercados en tiempos de globalización neoliberal y
cambio climático.
Palabras clave: Aguacate, TLC, plagas, Michoacán, California
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�Viridiana Hernández

For centuries, people across different regions in Latin America
selected, planted, grew, exchanged, and ate crops like tomatoes,
chocolate, and beans; crops that are now considered staples in
worldwide cuisines. The Columbian Exchange that characterized
the late fifteenth and following centuries accelerated the
propagation of food plants that were domesticated originally in
the Andean region and the cultural area of Mesoamerica.1 The
avocado is one of those.2
Although for centuries avocado’s place in people’s meals
and mouths paled when compared to other foods native to the
Americas that rapidly became very popular worldwide, like
maize or potatoes, the late twentieth century and early 2000s
was a turning point for this fruit. Guacamole, avocado toasts, and
avocado oil are now relatively easy to find everywhere. Despite
the fruit’s increasing global popularity, no place compares to
the United States’ extraordinary craze for avocados in the early
twenty-first century. In 2001 a person in the United States ate
I use Alfred Crosby’s term of “Columbian Exchange” to describe the widespread transfer of plants and animals, among many other things, between
the Americas and Afro-Eurasia since the late fifteenth century. See Alfred W.
Crosby, The Columbian Exchange: Biological and Cultural Consequences of
1492, Contributions in American Studies ; No. 2 (Westport: Greenwood PubCo, 1972); Charles C. Mann, 1491: New Revelations of the Americas before
Columbus, 2nd Vintage books ed (New York: Vintage, 2011).
2
María Galindo-Tovar, Nisao Ogata-Aguilar, and Amaury Arzate-Fernández, “Some Aspects of Avocado (Persea Americana Mill) Diversity and Domestication in Mesoamerica,” Genetic Resources and Crop Evolution 55, no.
3 (2008): 441–50.
1

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�Growing Hopes

almost a kilo of avocados per year on average. Fifteen years
later, in 2016, that figure had tripled.3 Although Florida, Hawaii,
and mainly California, grow avocados, the United States does
not produce enough of this fruit to cover its domestic demand.
In fact, around 80 percent of the 2016 avocados in the United
States were provided by the leading global producer, Mexico.4
In 2016, the global production of avocados was almost 6 million
tons, and Mexico grew 1.9 of them. In a distant second place, the
Dominican Republic grew 600,000 tons, and the United States, in
11th place, produced 125,000 tons of avocados.5 In this sense, the
United States, the second major consumer country of avocados in
the world, relies almost entirely on the major avocado producerand consumer, Mexico.
Although the appetite for avocados in the United States
is quite recent and the connection between the fruit’s production
in Mexico and its consumption in the United States consolidated
after the North American Free Trade Agreement (nafta) in 1994,
the linkages between Mexico’s and U.S. avocado industries
Figures obtained with information from Skyler Simnitt and Catherine
Weber, “Fruit and Tree Nuts Outlook: March 2022,” Situation and Outlook
Report, Economic Research Service (Washington, D.C.: United States Department of Agriculture, March 30, 2022), 24.
4
Simnitt and Weber, 24.
5
Estimates based on Food and Agriculture Organization of the United Nations. FAOSTAT Statistical Database. [Rome]: FAO, 2016. Accessed on July
21, 2022. The exact figures of avocado production in tonnes in 2016 are as
follows: World’s production 5,722,758; Mexico’s 1,889,354; Dominican Republic 601,349; and the United States 125,237.
3

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�Viridiana Hernández

extend back in time since the early twentieth century. Albeit the
U.S. Department of Agriculture (usda) quarantined Mexican
avocados in 1914 due to an alleged pest on the avocado tree,
Californian growers frequently visited Mexico and Central
America to collect different avocado strains’ budwood. Back
home, growers bred new varieties better fitted to the Californian
ecological context using the Latin American budwood. In the
1920s, a mail carrier and amateur horticulturist in Southern
California, Rudolph Hass, crossbred avocado varieties from
Guatemala and Mexico in his backyard. Hass stumbled upon a
new strain when a Mexican Fuerte graft failed, and the rootstock
grew up in its place.6 The tree prevailed over the grafted Fuerte
budwood and eventually yielded the fruit that has today become
global. Due to its taste, size, hard skin and, more importantly,
large yields, the Hass is the most commercialized avocado
variety around the world.
In the mid-twentieth century, when California’s avocado
industry consolidated as the dominant grower in the United States,
Mexican growers and agronomists established connections with
Californian farmers. As a result of those relationships, growers,
returned migrant workers, and bureaucrats from Mexico
introduced the Californian Hass variety to Michoacán in the
1950s and gave shape to a robust avocado industry that only
Frederic Rosengarten, Wilson Popenoe: Agricultural Explorer, Educator,
and Friend of Latin America (Lawai, Kauai, Hawaii: National Tropical Botanical Garden, 1991), 58.
6

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�Growing Hopes

three decades later became the world’s powerhouse of avocado
production. There is no doubt that nafta and the rapidly increasing
appetite for avocados in the United States urged the usda to lift
the quarantine on Mexican avocados despite Californian farmers’
protests. Still, the quarantine was maintained for three more
years, and even then, the usda only partially lifted it. It was
California and Michoacán’s ecological contexts that finally ended
the protectionist measure in 2007.
This article explores how Michoacán and California’s
avocado growers navigated nafta’s negotiations since the late
1980s and how they responded to its ratification after 1994.
Despite the fact that nafta is the reference in time, this article
focuses on the environmental changes instead of the trade
negotiations to accentuate how international agreements do not
occur in a material vacuum. Although nafta presupposed the
integration of Mexican and U.S. markets, it was not enough for
the usda to lift the quarantine on Mexican avocados in the United
States. Nonetheless, when California faced severe climatic
difficulties to increase or even maintain its avocado yields while
Michoacán proved to have a propitious ecological context for the
avocado tree to thrive, the usda ended over 80 years of domestic
protectionism in the avocado market.
Scholars have discussed different aspects of both Californian and Michoacán’s avocado industries. These works have
shed light on how Michoacán consolidated as the Mexican avoSillares, vol. 2, núm. 4, 2023, 119-173
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�Viridiana Hernández

cado industry’s bastion.7 Economists have also explained how
Michoacano avocado business people, in participation with state
and research institutions, created a system of innovation that has
positioned Michoacán as the global powerhouse of avocado production.8 Similarly, anthropologists in the United States have
discussed U.S. growers’ role in shaping their industry in 1930s
California and marketing a fruit that in the early twentieth century
was mostly unknown in the domestic market.9 This article aims
to establish a clear connection between both industries to show
the mechanisms of the global food complex through the lenses of
avocado production. Moreover, it pursues to prove how Michoacán’s and California’s ecological contexts have largely determined the nature of Mexican and U.S. growers’ relations that turned
highly competitive by the late twentieth century.
Anthropologists in Michoacán have also analyzed how
the avocado industry has changed local relations of power in
For the formation of Michoacán’s avocado industry in the 1950s, see Daniel Hernández Palestino, “Arbol afuera. Estudio sobre la diversidad sociocultural del arbol del aguacate” (Zacatecas, México, Universidad Autónoma de
Zacatecas “Francisco García Salinas,” 2003).
8
María de la Luz Martín Carbajal, “La formación histórica del sistema de
innovación de la industria del aguacate en Michoacán,” Tzintzun. Revista de
Estudios Históricos, no. núm. 63 (June 2016): 268–304.
9
For the early stages of California’s avocado industry and marketing see
Jeffrey Charles, “Searching for Gold in Guacamole: California Growers Market the Avocado, 1910-1994” in Philip Scranton and Warren James Belasco,
Food Nations: Selling Taste in Consumer Societies, Hagley Perspectives on
Business and Culture (New York: Routledge, 2002).
7

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specific communities.10 This article enlarges the conversation
on campesino power dynamics at the local level, discussing the
global trends that cross campesino communities and how rural
people and landscapes redirect and redefine global processes
too. In the United States, anthropologists have analyzed the
corporations and associations that have shaped a transnational
avocado industry both in California and Michoacán since the
mid-twentieth century.11 This work supports and extends this
research by including the environmental changes that have
redefined human action on both sides of the border.
To grasp how the avocado industries in Michoacán and
California responded to volatile times both in transnational trade
and environmental change in the late twentieth century, this article
mostly recourses to oral and written records of growers on both
sides of the border. Interviews with growers and people connected
Eunice Herrera Aguilar, “Oro Verde a La Sombra Del Volcán: La Agroindustria Transnacional Del Aguacate y Las Transformaciones de Tenencia de
La Tierra En La Sierra Purépecha” (Doctorado en Antropología Social, Zamora, Michoacán, México]: [Morelia, Michoacán, México], El Colegio de Michoacán, 2017).
11
Lois Stanford, “Constructing ‘Quality’: The Political Economy of Standards in Mexico’s Avocado Industry,” Agriculture and Human Values 19, no. 4
(December 2002): 293–310; Lois Stanford and Julie A. Hogeland, “Designing
Organizations for a Globalized World: Calavo’s Transition from Cooperative to Corporation,” American Journal of Agricultural Economics 86, no. 5
(2004): 1269–75; Lois Stanford, “Ejidal Organizations and the Mexican State: Confrontation and Crisis in Michoacán,” Urban Anthropology and Studies
of Cultural Systems and World Economic Development 23, no. 2/3 (1994):
171–207.
10

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to the avocado industry in Michoacán, as well as growers’ annual
meeting minutes in California, aided in uncovering the anxieties
of adjusting to the integration of markets in times of neoliberal
globalization and climate change.12
“Prior to the development of the orchards, the hills were covered with pine trees.”13 Michoacán before nafta
A neoliberal economic model became dominant in most of latetwentieth-century Latin America. In the late 1980s, the Mexican
state went through a series of readjustments that concluded
the protectionist agricultural policies that characterized the
twentieth century. The state liberalized exports, privatized
state companies, deregulated the market, and reconfigured the
subsidies system.14 The country also adopted international
trade agreements like the General Agreement on Tariffs and
Trade in 1986 and NAFTA in 1994, and it became a member of
the Organization for Economic Cooperation and Development
the same year. By implementing and joining these international
In most cases, I used the real names of growers in Michoacán and California. I have resorted to the use of pseudonyms in the case of three brothers
who grow avocado in Tingüindín to make them unidentifiable as they shared
financial information about their avocado orchard that might put them at risk.
13
Leonard Francis, “Mexico-Is It Really What We Hear?,” in California
Avocado Society Yearbook, vol. 77 (Los Angeles: California Avocado Society,
1993), 60.
14
Herrera Aguilar, “Oro Verde a La Sombra Del Volcán: La Agroindustria
Transnacional Del Aguacate y Las Transformaciones de Tenencia de La Tierra
En La Sierra Purépecha,” 17.
12

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treaties and organizations, the state aimed to increase export-led
productivity.15
The neoliberal model in agricultural production demanded
a series of land reforms too. Throughout the twentieth century,
the ejido was a form of collective land use protected by the 1917
Constitution. That changed in 1991 during the presidency of
Carlos Salinas de Gortari when Congress passed a constitutional
reform to article 27 that allowed and promoted collective lands’
privatization and ended the state’s intervention to expropriate
and redistribute lands. This way, the Mexican state concluded
the Revolution’s agrarian reform. The constitutional reform,
effective by 1992, removed all legal restrictions to acquire, sell,
and transfer, by any means, property rights over land use in ejidos
and communal lands to create agricultural industries of efficient
dimensions.16 The reform was not paralleled with public credits
or subsidies to production; on the contrary, crop’s prices formerly
protected by the state, were aligned with those of the international
market. These changes effectively left Mexican small-size
producers adrift.
A series of legal instruments facilitated the transition from
communal or ejido lands to properties with identifiable private
rights of use. Federal programs like Programa de Certificación
de Derechos Ejidales y Titulación de Solares (procede. Ejido
Herrera Aguilar, 17.
Gobierno Provisional República Mexicana, “Constitución Política de Los
Estados Unidos Mexicanos.” (1917).
15
16

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Rights Certification and Communal Lands Titling Program) and
Programa de Certificación de Derechos Comunales (procecom.
Communal Rights Certification Program) were designed to assign
land use rights to 31,054 agrarian centers in Mexico.17 Before
the designation of private rights over communal or ejido lands,
the community members had to reach at least 51 percent of the
total votes in a general assembly. procede-procecom certificates
were not private property titles. Even when the community
members divided their communal or ejido lands into smaller
fractions allocated to individuals, the community still owned the
lands, and the community members with exclusive rights over
specific lots were not allowed to sell them to any person out of
the community.18
The reform to Constitutional Article 27 and procedeprocecom had two effects in the Meseta Purhépecha. In the first
place, the reforms legalized a series of irregular forms of land
appropriation practiced since the 1970s and 1980s when the
avocado belt began to expand in Michoacán. Medium-size farmers
from the neighboring Valley of Apatzingán rented communal or
ejido’s lands from campesinos in the Meseta to grow avocados. In
some cases, they paid a risible compensation. Due to the reforms,
María I. Hernández Santos et al., “The Certification Program of Ejido Rights and Titles of Urban Lots (PROCEDE): Its Impact in Fresnillo, Zacatecas,
Mexico,” Agrociencia 40 (2006): 250.
18
Herrera Aguilar, “Oro Verde a La Sombra Del Volcán: La Agroindustria
Transnacional Del Aguacate y Las Transformaciones de Tenencia de La Tierra
En La Sierra Purépecha,” 160.
17

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these farmers formalized their land-use rights by registering their
agreements in procede-procecom. Secondly, the reforms also
enabled foreign companies to initiate commercial activities in the
Meseta Purhépecha. Although most of these companies bought
lands from private landowners, the landlords agreed to sell their
estates because they knew they could access communal and ejido
lands in the most productive regions to grow avocado in the
Meseta. Because of these reforms, U.S. companies like Calavo
de México and Mission de México opened packinghouses in
Uruapan.19
Although
procede-procecom
forbade
allotting
economic resources to ejidos or communal lands with fruit trees
plantations, it did not prevent the flourishing of avocado orchards
in Michoacán soon after the 1992 constitutional reform.20
According to Michoacán’s Secretary of Agriculture and Rural
Development in 2017, Francisco Huergo Maurin, the changes are
easy to track in the top avocado grower municipalities: Uruapan,
Tancítaro, Salvador Escalante, and Nuevo Parangaricutiro.21 In
This information was obtained through the interviews I had with growers
from Michoacán from 2019 to 2022. In several cases, growers mentioned that
they initially grew avocados in huertas they rented from ejidatarios since the
1980s or that they knew about ejidos that were renting their lands even before
the 1992 constitutional reform.
20
Anexo Concepto de Apoyo A4. Plantaciones Forestales Comerciales, Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, “Reglas de Operación del
Programa ProArbol” (2011), 7.
21
Huergo Maurin cited in Notimex, “Michoacán, líder mundial en producción
de aguacate,” El Economista, June 25, 2017, online edition, sec. Nacional.
19

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1994, just two years after the constitutional reform, Michoacán
had almost 400 thousand hectares of forests. Three years later, in
1997, that area had reduced to 224 thousand hectares.22 One of
the municipalities with the most dramatic woodlands reduction
was Salvador Escalante, which in only three years, from 1994
to 1997, lost 85 percent of its woodlands.23 The remarkable
exemptions to the accelerated deforestation in the 1990s Meseta
Purhépecha were Nuevo San Juan Parangaricutiro and Tancítaro.
[See Table 1]
Table 1.
Michoacán’s Forests, 1994-1997
Michoacán’s Woodlands (Hectares)
1994

1997

% Change

396,136

224,413

-43.3%

12,027

14,637

21.7%

17,407

2,522

-85.5%

Tancítaro

1,401

1,858

32.6%

Uruapan

18,033

4,557

-74.7%

Michoacán
Nuevo San Juan
Parangaricutiro
Salvador Escalante

Sources: “Michoacán. Resultados Definitivos,” VII Censo Ejidal, 1994, and
“La Producción Forestal en la Meseta Purhépecha en el Estado de Michoacán,” 1997 by INEGI.
INEGI, “Michoacán. Resultados Definitivos,” VII Censo Ejidal (Aguascalientes, Ags.: Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 1994).
23
INEGI, “La Producción Forestal en la Meseta Purépecha en el Estado de
Michoacán” (Aguascalientes, Ags.: Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 1997).
22

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San Juan’s uncommon capacity to grow avocados while
simultaneously preserving the woodlands is an extraordinary
feat achieved by multiple causes: the community’s members’
active involvement in corporate and state governance and the
effectiveness of the community to obtain funding. When people
from San Juan Parangaricutiro relocated near Uruapan due the
Paricutín’s eruption in the 1940s, a group of sanjuanenses founded
Nuevo San Juan’s forestry company in 1988, Aprovechamientos
Forestales de la Comunidad Indígena de Nuevo San Juan
Parangaricutiro. These men obtained a loan seven years earlier,
in 1981, from the Celulosa y Papel de Michoacán, a paper
company that agreed on the loan for significant discounts on the
wood they received from the indigenous company.24The Instituto
Nacional de Investigaciones Agrícolas, Pecuarias y Forestales
(inifap. National Institute of Agriculture, Livestock and Forestry
Research), in collaboration with Nuevo San Juan community
members, designed a program for agricultural development
to manage more than 4,600 hectares to cultivate fresh produce
with Celulosa’s loan.25 In parallel, since the early 1980s, Nuevo
San Juan forestry company strengthened its relations with the
ruling Partido Revolucionario Institutional (pri. Institutional
Revolutionary Party). The more resources the company obtained
Herrera Aguilar, “Oro Verde a La Sombra Del Volcán: La Agroindustria
Transnacional Del Aguacate y Las Transformaciones de Tenencia de La Tierra
En La Sierra Purépecha,” 83.
25
Herrera Aguilar, 60.
24

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�Viridiana Hernández

by federal funding, the stronger its political support for PRI. The
company’s managerial body and the Nuevo San Juan municipal
government are so aligned that now, implicitly, they have become
one. Based on the anthropologist Eunice Herrera Aguilar’s
findings, it is common practice to hold a management position in
the company and then an appointment in the pueblo government
to return to the corporate governance later.26 These economic
and political resources probably prevented the accelerated
deforestation experienced in neighboring zones. The forestry
company rapidly grew, and now in parallel to the sawmill, it also
grows avocados and peaches in limited areas.
Tancítaro’s initial effectiveness to preserve its forested
lands is a different case. Although as the ejido census shows
the pueblo did not cede their woodlands to grow avocado in the
1990s, now it is one of the most deforested municipalities in
Michoacán. Dr. Netzahualcóyotl Gutiérrez, a physician serving
Tancítaro and neighboring towns since the 1970s to 2010, founded
the first avocado growers’ cooperative in the pueblo. According
to Dr. Gutiérrez, before the 2000s only medium-size growers
established avocado orchards in their private lands. Ejidatarios
from Tancítaro began to clear their forests at an accelerated pace
until the early 2000s, when Michoacán was allowed to ship
avocado to the United States.27
26
27

Herrera Aguilar, 185.
Netzahualcóyotl Gutiérrez. Interview. By author. July 2021.

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�Growing Hopes

The 1990s neoliberal framework promoted the production
of export-led food commodities in Mexico. Michoacán’s
environmental suitability to eventually become a serious contender
in the production of avocados for the international market was
probably unanticipated to many around the world but not to their
Californian competitors. Until 1997, Californian growers were
the leading suppliers of avocados to the U.S. market. Before
nafta, Californians continually discussed the risks for their
industry if Michoacán shipped avocados to the United States.
Some Californian avocado growers even traveled to Mexico to
see the state of Michoacán’s avocado production and report back
to their fellow Californian farmers.
In May 1993, just a year before Mexico, the United
States and Canada signed nafta, Leonard Francis, the California
Avocado Society (cas) Research Coordinator, visited Michoacán.
In his own words, “there was an urgency to make this trip. Mexico
produces five times what we in California do on the average, and it
has at least three times our acreage. Tales of Hass acreage producing
up to 40,000 pounds per acre needed to be documented and the
reasons or the methods for such high production determined.28
At Francis’ visit, Mexico’s avocado acreage was double the total
acreage of the United States, Israel, South Africa, and Australia
combined.29 On his trip, Francis only visited Michoacán and
28
29

Francis, “Mexico-Is It Really What We Hear?,” 59–60.
Francis, 60.

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Mexico City. The former was due to its large avocado production
and the latter because it was the country’s most prominent
distribution place. In 1993 only 16 Mexican states grew avocados
commercially, but Michoacán produced around 83 percent of the
national total.30 Mexico’s average production was 6.4 tons/ha.
Michoacán’s was a ton higher, 7.4 tons/ha, and some orchards
even grew more than 25 tons/ha.31
The dominant avocado variety in the Purhépecha
landscape was the Hass already, amounting to 95 percent of
the state’s acreage.32 In Uruapan, Francis saw that “orchards
filled every valley, covered almost every hilltop. Prior to the
development of the orchards, the hills were covered with
pine trees. There is still a tremendous acreage of pines.33
In meetings with Michoacano growers, Francis learned about
the process of diversity loss in terms of the avocado varieties
that were grown in Michoacán. He reported that “at least 90% of
the acreage is in Hass. Fuerte and Criollos, the native avocados,
make up the other 10%”.34 Francis also found out that, unlike in
California, frosts are as usual in Michoacán’s avocado belt nor as
severe.
Salvador Sánchez Colín and Martín Rubi Arriaga, “The Current State of
Avocado Cultivation in Mexico,” in California Avocado Society Yearbook,
vol. 78 (Los Angeles: California Avocado Society, 1994), 77.
31
Sánchez Colín and Rubi Arriaga, 77.
32
Sánchez Colín and Rubi Arriaga, 76.
33
Francis, “Mexico-Is It Really What We Hear?,” 60.
34
Francis, 60.
30

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�Growing Hopes

In the early 1990s, when the negotiations for nafta were
taking place, Californian growers became the strongest advocators
to maintain in effect the quarantine on Mexican avocados imposed
by the usda since 1914. As the foundation for the quarantine
was a supposed plague of fruit fly on the Mexican avocados,
Francis assessed this situation in his visit to Michoacán. Back in
California, he reported that Mexican officials from the Secretary
of Agriculture and avocado growers in Michoacán explained to
him that weevils were Michoacán’s most threatening pest, and
even they were occasional in the western state. “As I am not an
entomologist,” Francis said, “I can only report here what was told
to me.35
Francis left a detailed description of Michoacán’s avocado
cultural practices right before nafta’s ratification. The tone of
his report unveils a clear intention to establish a comparison
between the solid Californian avocado industry and its nascent
peer in Michoacán. Francis discussed cultural practices, the
use of agrochemicals, rainfall levels, labor costs, and even the
consumption of avocados in the domestic market. According
to Francis’ accounts, in 1993, Michoacano avocado growers
sprayed commercial fertilizer formulas of nitrogen, potassium,
and phosphorus.36 However, he added that only a few growers
applied fertilizers according to nutritional analysis but based on
35
36

Francis, 62.
Francis, 62.

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their own estimations.37 Fortunately for Michoacanos, he said,
one of the most critical inputs to grow avocado, water, came from
the sky; probably 80 percent of the irrigation in the orchards at the
time. Many of the poorer groves survived on rainfall only. Even
today, local growers maintain that in some regions like Tancítaro,
the largest avocado grower municipality in Michoacán, “farmers
do not have to irrigate their orchards. Rainfall is enough.”38
According to Salvador Sánchez Colín, a leading figure promoting
avocado production in Mexico who was General Director of the
National Commission of Fruticultura, cas Director at Large in
Mexico, and founder of cictamex, a research center on avocado
breeding in Estado de México, the quality of water in most
production zones in Michoacán is free of salts and minerals,
which reduces crop’s damage. In most cases, water originated
from springs, creeks, and rivers.39
The CAS Research Coordinator also compared
Michoacan’s labor costs with those of California. “Labor is
plentiful. We envision their labor costs as being very minimal.40
Michoacano cutters were paid around 22 dollars per day of labor
on average and general laborers in the orchards made eight to
Sánchez Colín and Rubi Arriaga, “The Current State of Avocado Cultivation in Mexico,” 76.
38
Vázquez, Martín. Interview. By author. February 15, 2019.
39
Sánchez Colín and Rubi Arriaga, “The Current State of Avocado Cultivation in Mexico,” 76.
40
Francis, “Mexico-Is It Really What We Hear?,” 62.
37

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ten dollars per day.41 Comparatively, in California, laborers
were paid 50 to 60 dollars per day on average.42 In addition to
lower costs of irrigation and labor, Michoacano growers had
another significant advantage. Unlike U.S. consumers who
ate 1.5 to 2 pounds (less than a kilo) of avocados per capita in
1993, Mexicans consumed 15 pounds per capita (7 kilos). “And
this [was] without any consumer promotion on advertising.43
The following year, in 1994, that number increased. In a
speech at the cas Annual Meeting, Sánchez Colín informed that
Mexicans consumed 10 kilos per year on average (22 pounds).
“No other country even reaches half of the internal consumption
in Mexico,44 he said.
Labor in Michoacán was cheaper than in California, not
only in the groves but also in the inputs needed to move the crop.
In the 1990s, before shipping avocados to the United States,
Michoacanos could sell around a thousand homemade wood crates
per week to avocado packinghouses in Peribán.45 The families did
not directly agree to a contract with the packinghouses but with
an intermediary. As making crates took place in the households,
Francis, 62.
Francis, 62–63.
43
Francis, 63.
44
Sánchez Colín and Rubi Arriaga, “The Current State of Avocado Cultivation in Mexico,” 77.
45
Herrera Aguilar, “Oro Verde a La Sombra Del Volcán: La Agroindustria
Transnacional Del Aguacate y Las Transformaciones de Tenencia de La Tierra
En La Sierra Purépecha,” 58.
41
42

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the intermediary did not invest in a place of work, machinery, or
a salary. Numerous family units could work for three different
intermediaries simultaneously. Women and children played a
significant role in providing this labor. Although male family
members participated too, most of them worked in the orchards
while the rest of the family members, even the elders, did the
crates. The patrón gave the workers wooden pieces, cloves, and
packinghouse stickers. Initially, the crates were made of pine
wood. As deforestation in the Meseta accelerated, they began to
use other types of wood like the native “urika,” until the plastic
crates replaced the wooden ones in the early 2000s.46 Now the
crates are done in mechanized workshops with all-male workers.
In 1994, the influential Mexican agronomist and public
servant, Salvador Sánchez Colín, appeared at the CAS annual
meeting to ease Californian anxieties about competition by arguing that receiving Mexican avocados in those months that California was not in harvesting season could actually aid expanding
the U.S. avocado market benefiting growers on both sides of the
border. Colin assured that “despite its prominence in production
and the existence of more than ten export firms, Mexico is a modest exporter. It only exports a marginal part of its production,
equivalent to two percent of the annual average between 1991
and 1993.47
Herrera Aguilar, 58–59.
Sánchez Colín and Rubi Arriaga, “The Current State of Avocado Cultivation in Mexico,” 78.
46
47

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When Sánchez Colín was delivering his speech in
California, the Secretary of Agriculture had been for four
years negotiating with the usda’s Animal and Plant Health
Inspection Service (aphis) to ship Mexican avocados to the
United States. As the country’s largest grower, Michoacano
avocados received most of the attention. To comply with the
phytosanitary standards required by the aphis, the Secretary
of Agriculture’s Plant Health Department created a State
Committee in Michoacán. At its formation, the Committee
worked in collaboration with the Universidad Michoacana de
San Nicolás de Hidalgo’s Agrobiology School to inform growers
on the agricultural practices they ought to implement to comply
with U.S. standards.48
Michoacano growers faced several economic restrictions
due to the costs of adjusting their practices to grow avocado
according to the usda standards, but, unlike growers in
California, their ecological context was greatly favorable for
avocado cultivation. Climate conditions and access to water were
becoming an increasing concern in California. The possibility of
lifting the quarantine on Mexican avocados due to a free trade
agreement, the fulfillment of the phytosanitary criteria by the
Michoacano industry, and the adverse climatic conditions raised
agitation in cas Annual Meetings since the early 1990s.
Martín Carbajal, “La formación histórica del sistema de innovación de la
industria del aguacate en Michoacán,” 298–99.
48

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“Frost! Drought! Floods! Recession! War! Take your pick.”49
California before nafta
In 1990, Californian avocado growers were concerned with the
variability of their crops’ volumes. Looking for answers to explain
what differentiated one good year from a bad one, they welcomed
at the cas meeting D.N. Zamet from the Experimental Station in
Israel to discuss the effects of minimum temperatures on avocado
yields. Based on Zamet’s analysis of Israel’s yields from 1980
to 1986, he concluded that “on average it would appear that the
ten [Celsius] degree level gives a slightly better result.”50 The
purpose of informing growers about the minimum temperature
for an avocado tree to thrive was, naturally, to give them a tool for
estimating the cropping potential of a seedling for maximum crops
in California. Zemet also emphasized that low temperatures and
frosts, more than heat waves, were highly detrimental to avocado
yields. Growers blamed a low harvest in 1980 on a short period
of very high temperature of 45°C (114°F) in California. A similar
situation occurred in 1988 with a short period of excessive heat
in May. The seasons of 1987 and 1990 were both of low-volume
crops too. However, in those seasons, there were no heat waves.
Zemet emphasized that what the seasons of 1980, 1987, 1988,
Larry Rose, “The California Avocado Nursery Situation,” in California
Avocado Society Yearbook, vol. 75 (Los Angeles: California Avocado Society,
1990), 29.
50
D.N. Zamet, “The Effect of Minimum Temperature on Avocado Yields,” in
California Avocado Society Yearbook, vol. 74, Yearbook (Los Angeles: California Avocado Society, 1990), 250.
49

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and 1990 shared besides the low volume of the crops, was that the
spring season was in every case a cold one.51
In the following year, in 1991, the Brokaw Nursery owner,
Larry Rose, advocated for diversifying the avocado varieties
cultivated in California to cope with crop volume variability. He
argued that growing different strains of avocado would probably
bear more fruit as cultivars respond differently to climate
fluctuations. In a very theatrical speech that emphasized also the
threat of competition and pests, Rose said:
Frost! Drought! Floods! Recession! War! Take your pick.
Each of these disasters has created a roller coaster effect on
the planting of avocado trees in the last few years. And there
is more, too. Urbanization, government regulation, the threat
of foreign competition, and greater frequencies of fruit fly
infestations create great uncertainty for the avocado grower.”52

In this context, Rose urged growers to find a solution, at least,
for the weather problem that affected avocado crops. The 1989
freeze destroyed young trees in Ventura and Santa Barbara
counties.53 Rose assured that, surprisingly, the Pinkerton variety
was blooming heavily in 1992, while damaged Hass would not
see flowers for another year. Nevertheless, Rose also admitted
that making a transition from Hass to Pinkerton would have been
an uphill struggle as “it takes many profitable years to fix a new
51
52
53

Zamet, 253.
Rose, “The California Avocado Nursery Situation,” 29.
Rose, 29.

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variety in an industry.”54 The industry never did; on the contrary,
in the following years, California as Michoacán kept moving to a
Hass-only industry.
In addition to climate becoming a more alarming concern,
Californian growers were still dealing with the constant threat of
a pest falling to their orchards. In 1992, the aphis Plant Protection
and Quarantine Officer at El Paso, Texas, visited the Californian
growers’ annual meeting to warn them of the Mexican avocado
weevil larvae. In November 1989, El Paso Plant Protection and
Quarantine Office intercepted Hass avocado from Mexico as it was
still banned in the United States. Two years later, in 1991, aphis
officers found 38 larvae in 48.5 tons of Mexican Hass avocados
on their way to be shipped to Japan. “Weevils entering the United
States are certainly more numerous than stated here, since it was
not possible to look closely for weevil damage on more than 20%
of the avocados seized.55 Officer Kreitner cautioned growers
that “given the speed and volume of international travel, infested
Mexican avocados can be moved rapidly from growing areas to
possible sites of new infestation-to California, for example.56
[See Figures 1]
Rose, 29.
G.L. Kreitner, “Weevils Threaten U.S. Avocado Industry. A Photoessay on
Damage to Avocado Fruit by Larvae of an Avocado Weevil,” in California
Avocado Society Yearbook, vol. 76 (Los Angeles: California Avocado Society,
1992), 109.
56
Kreitner, 109.
54
55

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Figures 1.
Mexican Avocados Damaged by Weevil Larvae
Images by G.G. Kreitner

Source: California Avocado Society Yearbook, vol 76 (Los Angeles, 1992)

These types of interventions encouraged Californian growers to
keep lobbying in Washington, D.C., against lifting the quarantine
on Mexican avocados based on the threat of importing pests
with the fruit. In 1992, the California Avocado Commission’s
Vice President (cac), Avi Crane, informed the avocado growers
that “the time and effort our industry spent in consulting with
our negotiators and Congress paid off in producing a sanitary
and phytosanitary (S&amp;P) agreement that will in and of itself
not weaken the current U.S. phytosanitary quarantine on fresh
Mexican avocados.57 According to the S&amp;P agreement, a preamble
57

Avi Crane, “North American Free Trade Agreement,” in California Avoca-

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to nafta, if one nafta country asserted that another nafta
country’s S&amp;P measures were inconsistent with sound scientific
principles, the country making the assertion had the burden of
establishing the inconsistency. “This means,” Crane said, “that if
Mexico continues to challenge the U.S. quarantine on Mexican
fresh avocados, Mexico will have the burden of establishing
that there is no sound scientific reason for the quarantine.”58
As long as Californian climatic conditions permitted the state to
grow enough avocados to cover the domestic demand, growers’
lobbying against lifting the quarantine on Mexican avocados was
effective. It is important to emphasize that although Californian
crops were large enough to place avocado on the tables of houses
and restaurants in the United States, the U.S. demand was still
relatively limited in the early 1990s. Despite Californian growers’
efforts marketing avocados in the United States since the 1930s,
most consumers were still in the border states with the largest
concentration of Hispanic residents.59
Despite official Mexican efforts to persuade the usda to
lift the quarantine on the avocados imposed since 1914, nafta
was signed and ratified by all parties in 1994 with no authorization
to Mexican growers to ship their avocados to the United States.
do Society Yearbook, Yearbook 76 (Los Angeles: California Avocado Society,
1992), 147.
58
Crane, 147.
59
Jeffrey Charles, “Searching for Gold in Guacamole” in Scranton and Belasco, Food Nations, 143.
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�Growing Hopes

Nonetheless, nafta did slightly increase Mexico’s bargaining
power. With a free trade agreement in force already and based
on the new S&amp;P agreement, usda’s decision to keep the Mexican
avocados quarantined without assessing the tests that Mexico
could present on the fruit, could be interpreted as a protectionist
measure instead of a phytosanitary one.60
“California growers must understand these changes and the
challenges they represent.”61 Negotiating Free Trades and
Quarantines
Mexican officials presented tests practiced by the Agrobiology
School in Michoacán’s agronomists that proved that the orchards
were pest-free in 1993, just a year before signing nafta. On July
1995, the aphis published a proposed rule and notice of public
hearings in the Federal Register. The agency proposed “to amend
the regulations governing the importation of fruits and vegetables
Some scholars as anthropologists Lois Stanford and Daniel Hernández
have argued that the Quarantine 12 was maintained for over 80 years due to
the Californian growers’ lobbying rather than keeping Californian groves pestfree. For more, see Stanford, “Constructing ‘Quality’: The Political Economy
of Standards in Mexico’s Avocado Industry”; Stanford and Hogeland, “Designing Organizations for a Globalized World”; Lois Stanford, “La globalización
del aguacate” en Kirsten A. de Appendini and Guadalupe Rodríguez Gómez,
eds., La paradoja de la calidad. Alimentos mexicanos en América del Norte (El
Colegio de México, Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales, Programa Interinstitucional de Estudios sobre la Región de América del
Norte, 2012); Hernández Palestino, “Arbol afuera.”
61
Giovanni Cavaletto, “The Mexican Avocado Industry Through the Eyes of
a California Grower,” in California Avocado Society Yearbook, vol. 82 (Los
Angeles: California Avocado Society, 1998), 53.
60

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to allow fresh Hass avocado fruit grown in approved orchards in
approved municipalities in Michoacan, Mexico, to be imported
into certain areas of the United States.62 The aphis considered
over 300 comments received by October 1995. Most of them
asserted that the research conducted by the Mexican scientists
was inconclusive and did not demonstrate that Hass avocados are
non-hosts for fruit flies. The usda-aphis stated that “we agree
that the 1993 research was limited in scope and did not prove
the Hass avocado to be a non-host for Anastrepha fruit flies.”
However, “after considering the 1993 research and other available
evidence, including interception data and past studies, we believe
the Hass avocado to be a non-preferred host for Anastrepha fruit
flies prior to harvest.” “We are confident that the phytosanitary
requirements we would place on harvesting, packing, transport,
and distribution, which are more extensive and redundant than
those proposed by Sanidad Vegetal [in Mexico], would prevent
infested Hass avocado fruit from being exported from Michoacan
into the United States.63
In 1997, the aphis concluded that “Fresh Hass variety avocados (Persea americana) may be imported from Mexico into the
United States for distribution in the northeastern United States.64
“Importation of Fresh Hass Avocado Fruit Grown in Michoacan, Mexico,”
Federal Register, Proposed Rules, 60, no. 127 (July 3, 1995): 4832.
63
“Importation of Fresh Hass Avocado Fruit Grown in Michoacan, Mexico,”
34837.
64
“Importation of Fresh Hass Avocado Fruit Grown in Michoacan, Mexico,”
62

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�Growing Hopes

The aphis established certain conditions to ship avocados from
Mexico to the United States. The avocados had to be grown in Michoacán only -where the Agrobiology School’s experts ran the pest
tests- in a certified orchard, the packinghouses must be registered
in Sanidad Vegetal’s export program and listed as an approved packinghouse in the annual work plan provided to APHIS. All shipments had to be accompanied by a phytosanitary certificate issued
by Sanidad Vegetal confirming that the conditions specified by the
APHIS had been met.65 The avocados were exported to the United States from November to February only when California was
not in the harvest season, and they were distributed in just twenty
northeastern states, where Californian avocados were less consumed.66 Finally, the aphis specified that the avocado could be imported only if a Mexican avocado industry association representing
growers, packers, and shippers, entered into a trust fund agreement
with the aphis for each shipping season. The agreement would require the Mexican avocado industry to pay in advance all estimated
costs that APHIS expected to incur through its involvement in trapping, survey, harvest, and packinghouse operations.67
Federal Register, Rules and Regulations, 62, no. 24 (February 5, 1997): 5313.
65
“Importation of Fresh Hass Avocado Fruit Grown in Michoacan, Mexico,”
5314–15.
66
The U.S. states where Michoacán’s avocados were first exported were
Connecticut, Delaware, the District of Columbia, Illinois, Indiana, Kentucky, Maine, Maryland, Massachusetts, Michigan, New Hampshire, New Jersey,
New York, Ohio, Pennsylvania, Rhode Island, Vermont, Virginia, West Virginia, and Wisconsin.
67
“Importation of Fresh Hass Avocado Fruit Grown in Michoacan, Mexico,”
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With this regulation, after 83 years of quarantine and
three years after nafta’s ratification, the usda partially lifted
the quarantine that prohibited Mexican avocados in the United
States. It is important to emphasize that although the neoliberal
framework of free trade propelled the integration of U.S. and
Mexico’s avocado markets, the USDA did not lift the quarantine
immediately due to the resistance of Californian growers.
However, California challenges of pest control, water scarcity
and labor costs were proving to be significant barriers to maintain
a constant supply of avocados to the U.S. consumers. In the first
season, in 1996-1997, the Meseta Purhépecha shipped 681,584
tons of avocado to the United States, representing only seven
percent of Michoacán’s total crop that year.68 Although around
6,000 Michoacano growers invested capital in aligning their
cultural practices to the new requirements, they did not obtain the
certification to ship their crop to the United States.69 All shipped
avocados came from 61 orchards in four municipalities: Uruapan,
Tancítaro, Salvador Escalante, and Peribán.70
Nonetheless, Michoacán’s growers were not the only
beneficiaries of Mexican avocado exports to the United
States. Among the earliest exporters in Michoacán figured five
February 5, 1997, 5313–14.
68
Hernández Palestino, “Arbol afuera,” 296.
69
Herrera Aguilar, “Oro Verde a La Sombra Del Volcán: La Agroindustria
Transnacional Del Aguacate y Las Transformaciones de Tenencia de La Tierra
En La Sierra Purépecha,” 40.
70
Herrera Aguilar, 39.
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�Growing Hopes

Californian packinghouses that initiated operations in Uruapan in
1992 due to the land use reforms in Constitution’s Article 27. Just
as many medium and large-size avocado farmers took advantage
of the possibility of obtaining land use rights in the most
productive of Michoacán’s lands, U.S. produce companies and
cooperatives like Dole, Calavo, Mission, U.S. Pack, and Chiquita
Banana, opened packinghouses in Uruapan to handle a share of
the Mexican crop.71 Only four years after the partial entrance of
avocados from Mexico to the United States, in 2001, just one of
these companies, Calavo, handled approximately 33 percent of
the Mexican avocado crop bounded for the United States.72
Although initially only a few growers shipped avocado
from Michoacán to the United States, the opening of the U.S.
market for Mexican production reshaped the landscape and
cultural practices of growing avocado in the Meseta Purhépecha.
In 1995, Alianza para el Campo, the Mexican government’s
primary instrument to propel the rural economy, allocated, funding
for avocado production in the Meseta Purhépecha for the first time
by subsidizing research on plant health and innocuousness.73
Alianza’s funding came along with the promulgation in the same
year of the NOM-066-FITO-1995. The NOM-066 established
Hernández Palestino, “Arbol afuera,” 295.
Calavo Growers Inc., “2001 Calavo Annual Report,” Annual Report (Santa
Ana, California: Calavo Growers Inc., 2001), 19.
73
Octavio Sotomayor Echenique, “Evaluación Alianza para el Campo 2006,”
Propuesta para el período 2007-2012, Análisis de Políticas (Mexico City: SAGARPA, FAO, July 27, 2007), 2, http://www.fao.org/3/bc941s/bc941s.pdf.
71
72

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the parameters to handle the avocado once it is cut from the tree
and how it should be packed and transported to domestic and
international markets. The regulations were designed to meet the
international standards of quality in avocado culture, mainly those
of the United States.74 The federal funding and legal instruments
that regulated the industry in Michoacán accelerated the avocado
belt’s expansion. By 2005, Michocán’s belt extended 7,752 km2
(3000 mi2), representing 13 percent of the total state area. The belt
was formed at the time by 20 avocado-growing municipalities,
almost all located in the Meseta Purhépecha.
Michoacán was proving to be a productive avocado grower
region worldwide. Still, or possibly because of it, Michoacano
avocado’s unrestricted entrance to the U.S. market year-round
was not possible. Californian growers still dominated avocado
commercialization west of the Mississippi River. However, by
1997 when the aphis partially lifted the quarantine on Mexican
avocados, Californian growers were battling the avocado thrips
in their orchards. The insect, similar to a fruit fly, was first
discovered in June 1996, damaging fruit and foliage in Saticoy
and Oxnard, Ventura County.75 U.C. Riverside Department of
Entomology tested the orchards and determined that avocado
Herrera Aguilar, “Oro Verde a La Sombra Del Volcán: La Agroindustria
Transnacional Del Aguacate y Las Transformaciones de Tenencia de La Tierra
En La Sierra Purépecha,” 39.
75
Mark S. Hoddle and Joseph Morse, “Avocado Thrips: A Serious New Pest
of Avocados in California,” in California Avocado Society Yearbook, vol. 81
(Los Angeles: California Avocado Society, 1997), 81.
74

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�Growing Hopes

thrips were more closely related to Scirtothrips species in Latin
America than species in North America.76 Professors Hoddle and
Morse traveled to Mexico in October 1997 to find the source of
the pest attack.77 The entomologists visited orchards in Coatepec
Harinas, where cictamex locates, and other groves in Atlixco,
Puebla. In both places the team found avocado thrips.78 [See
Figure 2]
Figure 2.
Avocado Thrips Life Cycle

Source: Mark S. Hoddle and Joseph Morse, “Avocado Thrips: A
Serious New Pest of Avocados in California,” in California Avocado
Society Yearbook, 1997

Although pest control was one of the most crucial concerns for
avocado growers in California, in 1997, the year that Mexico
76
77
78

Hoddle and Morse, 81.
Hoddle and Morse, 81.
Hoddle and Morse, 82.

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shipped Hass avocados to U.S. northeastern states for the first
time and U.C. Riverside scientists tested orchards in Coatepec
Harinas and Atlixco, anxiety about water scarcity was on the
rise. Californian growers were concerned then about the cultural
practices that would protect their orchards from outside pests and
the irrigation measures that would allow them to maintain their
crops’ volumes. In addition to these anxieties about biological
and climatic conditions, growers were also worried about the
competitive tone pervading the domestic market.
The Mexican avocado industry was still pressing for
lifting the pending restrictions on shipping avocado. Sending
avocados to specific regions in the United States some months
a year was good business for certified growers, and they hoped
to increase profit by shipping all year round. At the end of the
first season in 1998, growers received an average of .67 dollars
per pound (almost half a kilo).79 Despite the few difficult weeks
when Michoacanos sent more fruit than the market could handle,
the season was successful regarding cash returns. In the words of
the Californian avocado grower, Giovanni Cavaletto, “In order
to be competitive, California growers must understand these
changes and the challenges they represent”.80
The success of the initial shipments encouraged
Michoacán’s growers to invest more capital towards lifting the
Cavaletto, “The Mexican Avocado Industry Through the Eyes of a California Grower,” 53.
80
Cavaletto, 53.
79

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restrictions. In 2000, to disprove Californian growers’ accusations
of a pest of fruit flies in the Mexican avocado that impeded export
to all the states north of the border, the Asociación de Productores
y Empacadores de Aguacate de México (apeam. Association of
Avocado Exporting Producers and Packers of Mexico) funded a
7 million pesos (ca. USD 650,000.00) study to determine the host
status in Michoacán of commercially cultivated and marketed
avocado. Michoacán’s Secretariats of Agriculture and Economy
and the Mexican Ecology Institute provided supplemental
funding.81 The entomologists Martín Ramón Aluja Schuneman
Hofer, Francisco Díaz Fleischer, and José Arredondo tested six
orchards in Michoacán located at three different altitudes above
the sea level from August to October 2001, and from April to
June 2002.82 In 2004, the scientists published their results in
the Entomological Society of America’s Journal of Economic
Entomology, the world’s most cited entomological journal.
They explained that to determine the host status to fruit flies,
it is essential to identify cultivars and their different levels
of susceptibility to infestation. If cultivars are not identified,
researchers may consider all cultivars as hosts to plague, leading
to unnecessary quarantines, as was the case of E. W. Rust in
Martín Aluja, Francisco Díaz-Fleischer, and José Arredondo, “Nonhost
Status of Commercial Persea Americana ‘Hass’ to Anastrepha Ludens, Anastrepha Obliqua, Anastrepha Serpentina, and Anastrepha Striata (Diptera:
Tephritidae) in Mexico,” Journal of Economic Entomology 97, no. 2 (2004):
293.
82
Aluja, Díaz-Fleischer, and Arredondo, 293.
81

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1918 and G. Bush in 1957 when they concluded that avocados in
general (no cultivars identified) were hosts of Anastrepha spp.83
Therefore, Aluja, Díaz, and Arredondo tested Hass avocados
grown in Michoacán, only. Aluja and colleagues concluded that
“commercially produced P. americana “Hass” is not a natural
host for A. ludens, A. obliqua, A. serpentina, and A. striata in
Mexico.84 They also explained where the Californian growers’
initial confusion regarding the fruit flies might have come.
The entomologists argued that there is a distinction between an artificial and a natural host. Cut fruit such as bananas, tomatoes, walnuts, squash, and bell peppers, exposed to
gravid A. ludens females under artificial conditions (e.g., the
fly is only presented with one type of fruit over a long period),
can serve as “artificial hosts” for many tephritic flies. “Fruit
like these can, in our opinion, only be considered artificial
hosts and should not be treated as natural hosts in quarantine
protocols.”85 Of 5,200 avocados naturally attached to the tree
but forcibly exposed by the scientists to the oviposition activity of 26,000 gravid, laboratory-reared, and wild A. ludens,
A. obliqua, A. serpentina, and A. striata females, with a high
oviposition drive, only four ended up infested by A. ludens,
but no adults emerged.86
83
84
85
86

Aluja, Díaz-Fleischer, and Arredondo, 293.
Aluja, Díaz-Fleischer, and Arredondo, 306.
Aluja, Díaz-Fleischer, and Arredondo, 306.
Aluja, Díaz-Fleischer, and Arredondo, 304.

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The team also concluded that Hass avocados are
naturally resistant to the attack of the fruit flies. “First, we note
that “Hass” avocados developed hardened “calluses” around
eggs that had been deposited into the pulp.” “The callus in
conjunction with regenerating tissue could probably cause egg
mortality by asphyxiation.” “Probably, fruit [trees] weakened by
disease or drought,” as the Hawaiian trees that previous studies
tested, “partially lose their ability to quickly form calluses or
to regenerate damaged tissue.”87 The Meseta Purhépecha’s
ecological context proved exceptionally well-suited to grow
Hass avocado. Not only the topure soil prevents the avocado
tree’s root system from rotting, the abundant yearly rainfall
feeds the tree with no need for sophisticated irrigation projects,
and the mountainous terrain facilitates the water to flow down
instead of forming puddles in the soil, but the template and
stable weather is ideal for the avocado to reach maturity hanging
in the tree while allowing the plant to develop calluses around
invasive species’ eggs that make it less vulnerable to natural
pests like the fruit fly.
A few months after the Mexican scientist’s publication,
on November 30, 2004, the aphis published an amendment to
the regulations governing the importation of fruits and vegetables
“to expand the number of States in which fresh Hass avocado
fruit grown in approved orchards in approved municipalities in
87

Aluja, Díaz-Fleischer, and Arredondo, 307.

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Michoacan, Mexico may be distributed.”88 The APHIS allowed
“the distribution of avocados during all months of the year. For
the first 2 years following the effective date of this rule, those
avocados may be distributed in all States except California,
Florida, and Hawaii [the U.S. avocado grower states]; after
2 years, the avocados may be distributed in all States. We are
taking this action in response to a request from the Government
of Mexico.”89 This way, after 93 years, Mexico would be allowed
to export Michoacán’s Hass avocados all-year round to the entire
U.S. territory.
Even if Michoacano Hass was not a natural host for
the fruit fly, Californian groves still showed an increasing
presence of pests. In the 2005 cas meeting, Mark S. Hoddle,
an entomologist from U.C. Riverside, said that although
historically “important pests like greenhouse thrips, avocado
brown mite, six-spotted mite, and omnivorous looper, have been
kept below economically injurious levels by natural enemies,”
that situation had slowly been changing since 1982.90 Based
on Hoddle’s research, a conduit facilitating invasion could be
the smuggling of foliage, branches with leaves, whole plants,
“Mexican Avocado Import Program,” Federal Register, Rules and Regulations, 69, no. 229 (November 30, 2004): 69748.
89
“Mexican Avocado Import Program,” 69748.
90
Mark S. Hoddle, “Invasions of Leaf Feeding Arthopods: Why Are So Many
New Pests Attacking California-Grown Avocados?,” in California Avocado
Society Yearbook, vol. 87 (Los Angeles: California Avocado Society, 2004),
87.
88

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�Growing Hopes

and budwood because all these pests feed and reproduce almost
exclusively on avocado leaves.91 U.C. Riverside funded a
two-year study using molecular techniques to determine
the area of origin for avocado thrips in Mexico and Central
America. The mitochondrial DNA and microsatellite markers
strongly indicated Coatepec-Harinas as the most likely source
of the Californian population.92 Coatepec-Harinas is the site
of a large avocado germplasm bank and breeding station.
Fundación Salvador Sánchez Colín – cictamex is based in
Coatepec-Harinas and foreign researchers regularly visited.
Therefore, the study concluded that “this donor region may
be a likely source of previous avocado pest introductions.”93
In other words, Hoddle’s investigation determined that, most
likely, the pests affecting Californian crops were brought from
Mexico, particularly the Estado de México, by U.S. scientists
researching about avocado breeding instead of Michoacano
avocados commercialized by growers.
El Aguacatero. Michoacán and California’s Avocado
Industries after NAFTA
In face of the eminent entrance of Michoacán’s avocados
to all the United States, the CAS invited to its 2005 annual
meeting the Tropical Fruits Crops National Research Leader at
91
92
93

Hoddle, 66 [Emphasis added].
Hoddle, 74.
Hoddle, 79.

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the inifap, Samuel Salazar García, the President of the Local
Agricultural Association of Avocado Growers from Uruapan
in Michoacán, Luis Zamora Cuevas, and the Vice-president
of the apeam, Ricardo Vega López. The purpose was to
ensure that avocados shipped from Michoacán to the United
States would not bring a plague. In California, the Mexican
men explained that Michoacano counties authorized to ship
avocado must follow a working program established by the
NOM-066 that certifies quarantine-pest-free zones.94 Salazar,
Zamora, and Vega explained to their Californian peers that
orchards permitted to ship avocado to the United States were
constantly tested by 16 Juntas Locales de Sanidad Vegetal
(jlsv. Local Plant-Health Groups).95 In the 1997-1998 season,
the first year that Michoacán shipped avocados to the United
States, the jlsvs certified 1,499 hectares in four municipalities
as pest-free orchards. Five years later, by the 2002-2003
season, 21,597 hectares were certified in nine municipalities.96
Until the 2003-2004 season, the jlsv and usda tested 15 pestfree million avocados.97 [See Table 2]
Samuel Salazar García, Luis Zamora Cuevas, and Ricardo Vega López,
“Update on the Avocado Industry of Michaocán, México,” in California Avocado Society Yearbook, vol. 87 (Los Angeles: California Avocado Society,
2005), 31.
95
Salazar García, Zamora Cuevas, and Vega López, 32.
96
Martín Carbajal, “La formación histórica del sistema de innovación de la
industria del aguacate en Michoacán,” 293.
97
Salazar García, Zamora Cuevas, and Vega López, “Update on the Avocado
Industry of Michaocán, México,” 33.
94

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Table 2.
Hass avocado fruit sampling performed by Michoacán’s JLSV
and the USDA, 1997-2004

Source: Salazar García, Zamora, and Vega López, “Update on Avocado Industry of Michoacán, México,” California Avocado Society Yearbook, 2005

Besides pest problems, the same year, 2005, brought more challenges
to growers in California. In the cas annual meeting, Guy Witney,
cac Director of Industry Affairs, explained that California’s climatic
conditions -winter rainfalls and dry, hot summers- forced most
growers to irrigate their orchards from spring until late fall or early
winter.98 However, unlike free access to water in Michoacán, water
was expensive in California. Water cost irrigation varied from 900
dollars per acre-foot for municipal-supplied water in San Diego to 80
Guy Witney, “California Avocado Industry,” in California Avocado Society
Yearbook, vol. 88 (Los Angeles: California Avocado Society, 2005), 48.
98

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dollars in Northern California for ground water from wells.99 Soils
presented another difficulty for avocado cultivation in California
as Andosol soils do not prevail in the region, like the topure in the
Meseta Purhépecha. Soils in the growing areas vary tremendously
from coarse, shallow decomposed granite to deep, alluvial silts and
clay loams. Growers had to examine their tree fertilizer program
to be sure that soils have sufficient nutrients, which elevated the
production costs.100 Despite all these challenges, the avocado was
still a commercially productive crop for California in 2007, when the
first cargo from Mexico arrived in the western U.S. state.
Unfortunately for the Californian industry, the 2008
droughts put additional stress on growers. The previous year
was the driest in southern California history since 1877. As the
2008 summer entered, the California Governor declared the first
official statewide drought since 1991. The region’s primary water
wholesaler, the Metropolitan Water District of Southern California
(Metropolitan), called a Water Supply Alert.101 Approximately 40
percent of California’s water supply comes from groundwater.102 In
the words of the Southern California Agricultural Water Team, “it is
unlikely that California could have achieved its present status as the
largest food and agricultural economy in the nation and fifth largest
water from wells
Witney, 48.
101
Southern California Agricultural Water Team, “Southern California Water
Supply and Implications for Agriculture” (Los Angeles: Southern California
Agricultural Water Team, June 10, 2008), 1.
102
Southern California Agricultural Water Team, 3.
99

100

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overall economy in the world without groundwater resources.”103
The other source of California’s water is the Sacramento – San
Joaquin River Delta. Southern California also relies on the Colorado
River’s water, from which the western state historically had taken
more than its share and had used as much as 5.4 million acre-feet
in a year.104 In the late 1990s, as growth in Nevada and Arizona
propelled these two states to use their full allotment, California was
pressured to reduce its reliance on the Colorado River. [See Figure
5] Water scarcity, extreme climatic conditions of frosts in winter
and heat waves in summer, the presence of plagues in orchards and
high labor costs rapidly weakened California’s competitiveness
vis-à-vis Michoacán’s production.
Figure 3.
California Aqueduct through a Dry Central Valley in April 2008

Source: “Southern California Water Supply and Implications for Agriculture”
(Los Angeles: Southern California Agricultural Water Team, June 10, 2008)
103
104

Southern California Agricultural Water Team, 2.
Southern California Agricultural Water Team, 3.

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Once the usda lifted the quarantine on Mexican avocados
allowing the fruit’s distribution in all U.S. states, the avocado
belt rapidly expanded throughout the Meseta Purhépecha turning
woodlands into units of agricultural production and propelling
diversity loss by promoting the production of a monoculture,
the Hass avocado. Michoacano growers have built different
narratives around the industry. Martín Vázquez, the oldest of
three brothers who grow avocado in Tingüindín, is convinced
that “the [production of] avocado does not deforest Michoacán’s
woodlands; on the contrary, it reforests them.”105 The brothers
also claim that avocado production does not require setting up
a sophisticated irrigation system as long as the grower captures
rainfall, so they invested around a million pesos to set up their
first olla de riego. Now they own three.106 The ollas are ponds
of cement built to bear rainfall or water that is subtracted from
local springs. As most orchards in the Meseta Purhépecha are in
hillslopes, ideally, the ollas are made in the highest part of the
orchard, so the grower may let the water run down as needed. If
not possible, the grower pumps the water up from the olla.107
The construction of ollas de riego by avocado growers
is a controversial topic in the Meseta Purhépecha. There is a
dispute between the avocado industry and the pueblos. The
latter argue that the avocado growers steal their water because
105
106
107

Vázquez, Martín. Interview. By author. February 15, 2019
Vázquez, Gonzalo. Interview. By author. February 15, 2019
Fieldnotes, February 19-24, 2019

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they pump it from the local springs to their orchards. Driving
through the Meseta roads, one may spot signs made by people
from pueblos denouncing local orchards diverting waterways.108
Avocado growers, the staff in Uruapan’s packinghouses, fair
trade associations, and agencies of certification claim that “in
Michoacán, growers do not take pueblo’s water. That is why they
have their ollas and the ollas capture rainfall water only.”109
In addition to water disputes, the erosion of the deep and
porous Andosol soils, called topure in the Meseta Purhépecha
(highly beneficial for the avocado tree root system), has also
been a source of concern in Michoacán.110 The Vázquez brothers
assure that they “have not caused topure’s erosion. We grind all
the two-centimeter diameter branches and mix them in the dirt.
We do not let the soil erode because that’s not good business!
We need the topure to grow avocado. There is no better soil than
topure. Actually, I’m thinking of buying a bigger grinder,” Don
Martín said, “so we can triturate bigger branches.”111 Currently,
the brothers own three tractors. According to Don Martín, “these
tractors are made specifically for the avocado orchards’ needs.”112
The tractors growers use in their groves are slightly smaller, so
they do not bruise the avocados hanging on trees while laborers
Fieldnotes, January-April, 2019
Jazmín, secretary at an association of organic avocado growers. Interview.
By author. February 25, 2019
110
Topure means “dust” in Purhépecha.
111
Vázquez, Martín. Interview. By author. February 15, 2019
112
Vázquez, Martín. Interview. By author. February 24, 2019
108
109

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prune the trees or spray the chemical pesticides. Don Martín
hopes people from Tingüindín will begin to sell them soon.113
The increasing exports of avocados from Michoacán to
the United States contributed to the propagation of a monoculture,
the Hass avocado, and the standardization of the procedures to
grow it in the Meseta Purhépecha. The growers’ associations
were among the most relevant players standardizing avocado
production and commercialization. In words of the 2005 acting
President of the Asociación Agrícola Local de Productores de
Aguacate in Uruapan, Cecilio Zamora Ramos, “although there is
not a training system, we inform them [avocado growers] about
new techniques to grow avocado via new products, machinery and
even funding trips to other avocado grower areas both in Mexico
and overseas. Additionally, the associations are in constant contact
with producers via telephone, at our office, through informative
meetings, assemblies, by email, fax, reading El aguacatero [a bimonthly bulletin], and our weekly radio broadcasts to let them
know the state of the domestic and international markets, avocado
prices, and weather predictions in the region.114 Radio broadcasts
are the most used means to diffuse avocado culture information
to growers in the Meseta Purhépecha. Using these transmissions,
the jlsvs share irrigation and fertilization techniques, and the
Fieldnotes, February 20, 2019
Cecilio Zamora Ramos interviewed by Martín Carbajal, “La formación
histórica del sistema de innovación de la industria del aguacate en Michoacán,” 297.
113
114

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�Growing Hopes

avocado culture international requirements like those established
by the Euro-Retailer Produce Working Group (euregap),
which demands innocuousness in production, environmentally
sustainable practices, and labor rights for workers.115
Competition between Michoacanos and Californians
during nafta’s negotiations suited the economic interests of
transnational companies instead of growers on either side of
the border. For instance, in 2002, the most profitable since its
foundation in 1924, Calavo listed its common stock on the
Nasdaq National Market System, which effectively turned the
cooperative of Californian growers into a transnational fresh
produce company.116 At present, Calavo owns a packinghouse and
a guacamole plant in Michoacán. In addition to the Californian
crop they handle, Calavo buys fruit directly from small-size
Mexican growers, which is packed for shipment to the United
States and other parts of the world.117 In California, growers have
felt displaced as the associations that were supposed to represent
them became their strongest competitors.
*
In the popular discourse, markets’ integration in the avocado
industry is described as a competition between Mexican and
U.S. producers. As anthropologist Lois Stanford argues, this
Martín Carbajal, 298.
Calavo Growers Inc., “2002 Calavo Annual Report,” Annual Report (Santa
Ana, California: Calavo Growers Inc., February 7, 2003), 5.
117
Calavo Growers Inc., “2001 Calavo Annual Report,” 4, 19.
115
116

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myth exacerbates tensions between Californians and Michoacano
growers and suits the companies’ financial interests.118
Growers in both countries attempted to defend their
interests in the U.S. avocado market through actions that
limited their counterparts’ volume of fruit to sell. Californian
growers called for U.S. state intervention to limit Mexican
export expansion. Mexican growers called for testing their fruit
to remove barriers to competition based on innocuousness. In
these instances, the shipping companies simply expanded their
commercial activities from existing environmentally degraded
source regions to include new growing areas. California’s water
scarcity, plague risks, winter frosts, and Michoacán’s fertile soils,
abundant rainfall, and temperate weather largely determined the
integration of markets in a neoliberal framework that prioritized
production increase with hardly any consideration for smallscale producers in both regions. Mexico’s move to privatize its
agricultural sector was not accompanied by an active effort by
the state to provide options for different types of growers and
support the development of multiple market strategies for an
important regional industry. Ultimately, small and medium-sized
growers found a way to participate in the global avocado market
redefining their local ecology and economy.
Lois Stanford, “Bi-national producer alliances” in Gerardo Otero, Mexico
in Transition: Neoliberal Globalism, the State and Civil Society, Globalization
and the Semi-Periphery (Black Point, Nova Scotia: London; New York: New
York: Fernwood Pub; Zed Books, 2004), Kindle edition.
118

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The Meseta Purépecha’s ecological context that
extraordinarily favors avocado cultivation sustained the
emergence of a sophisticated industry of avocado production in
the twentieth century. The sector has specialized so greatly in the
last thirty years with industrial and commercial infrastructure that
Michoacán is the most competitive region in avocado production
worldwide. Although it has become an expensive fruit, Mexicans
can still afford the avocado they eat, unlike people in the Andes for
the quinoa. Nonetheless, the price urbanites pay for Michoacán’s
avocado is not in the fruit’s price tag. While consuming avocado,
global citizens have also consumed around 60 percent of the
Purhépecha forests, an area comparable to the island of Hawaii.119
The industrial production of avocado in Michoacán did
not completely dispossess rural people of their lands. There is no
monopolistic control of the means of production by one dominant
foreign company either. Moreover, the industry has allowed
thousands of rural people to possess a means of subsistence in their
homelands. Nevertheless, Michoacán’s avocado belt proves that
the way we grow food in the present is the result of having created
an unjust global food system that primarily benefits corporate
intermediaries instead of growers and consumers at the cost of
reducing biodiversity and increasing environmental injustice.
Global Forest Watch, “Bosques Decaen Rápidamente Para Dar Paso al
Aguacate Mexicano,” Global Forest Watch, Global Forest Watch Blog (blog),
March 20, 2019, https://www.globalforestwatch.org/blog/es/commodities/
bosques-decaen-rapidamente-para-dar-paso-al-aguacate-mexicano/.
119

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�La caña de azúcar: de edulcorante a carburante y sus
impactos como monocultivo en Candelaria
(1930-2010)
Sugarcane: from sweetener to fuel and its impacts as
a monoculture in Candelaria
(1930-2010)
Daiana Campo González
Universidad del Valle
Cali, Colombia
orcid.org/0000-0003-2054-6337
Recibido: 4 de julio de 2022
Aceptado: 31 de julio de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: En la historia, la Saccharum officinarum conocida
como caña de azúcar, ha connotado un estatus de grandeza y
reconocimiento como de miseria y sometimiento. El ser uno de
los cultivos más antiguos, le ha permitido transitar por distintas
geografías y posicionarse como dispositivo de progreso y desarrollo
en lugares donde las aguas abundan. Desde antes que Colón la
introdujera en su segundo viaje al Nuevo Mundo, ya se referenciaban
sus propiedades en el uso industrial, ritual, medicinal y alimenticio.
Ello fortaleció la percepción y tenencia de la semilla como objeto
de poder. Progresivamente, la estructura de monocultivo le permitió
erigirse como una especie necesaria para la economía extractivista
donde, en los últimos años, se privilegia su transformación para
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�Daiana Campo

la fabricación de biocombustible sobre el de azúcar de mesa. Esta
“innovación” ha dejado a su paso degradación de suelos, alteración del
ciclo hidrológico, así como pérdida de biodiversidad, de tradiciones,
de salud y calidad de vida de comunidades humanas y no humanas.
El presente artículo se sitúa en la anterior problemática. Rastrea
la historia ambiental de la caña de azúcar en Candelaria, Valle del
Cauca, Colombia. Se trata como un documento histórico biológico
y simbológico que ofrece pistas sobre su privilegio, y constante
encadenamiento a un discurso hegemónico que entre las décadas de
los 30 y 50, le permite posicionarse en años posteriores en un cultivo
perenne. Finalmente, expone los efectos adversos que trajo a los y las
habitantes de Candelaria tanto su siembra extensiva, como la decisión
de convertirla en alcohol carburante.
Palabras clave: Candelaria, caña de azúcar, monocultivo, historia
ambiental
Abstract: In history, Saccharum officinarum, known as sugar cane,
has connoted a status of greatness and recognition as well as misery
and submission. Being one of the oldest crops has allowed it to
travel through different geographies and position itself as a device
for progress and development in places where waters abound. Since
before Columbus introduced it on his second trip to the New World, its
properties were already referenced in industrial, ritual, medicinal, and
food use. This strengthened the perception and possession of the seed
as an object of power. Progressively, the monoculture structure allowed
it to establish itself as a necessary species for the extractivist economy
where, in recent years, its transformation for the manufacture of biofuel
has been privileged over that of table sugar. This “innovation” has left
in its wake soil degradation, alteration of the hydrological cycle, and
loss of biodiversity, traditions, health, and quality of life of human and
non-human communities. The present article is situated in the previous
problem. Traces the environmental history of sugarcane in Candelaria,
Valle del Cauca, Colombia. It is treated as a biological and symbolic
historical document that offers clues about its privilege, and constant
chaining to a hegemonic discourse that between the decades of the 30s
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�La caña de azúcar

and 50s, allows it to position itself, in later years, in a perennial crop.
Finally, it exposes the adverse effects that its extensive planting brought
to the inhabitants of Candelaria, as well as the decision to turn it into
fuel alcohol.
Keywords: Candelaria, sugar cane, monoculture, environmental history

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Introducción
Las investigaciones en torno a la expansión del cultivo de caña
de azúcar en la zona plana del Valle del Cauca,1 concuerdan
en considerar que desde la década de los años 50 se dio inicio a
un período de grandes cambios económicos, sociales, políticos y
ambientales que aparte de generar transformaciones del paisaje
fijaron el rumbo de explotación de los recursos naturales. En
este escenario geográfico se puede contemplar la realidad del
municipio de Candelaria, donde se aprecian las maneras en que el
agua, a partir de la década de los sesenta, deja de centrarse en el
uso doméstico y recreativo de la población para terminar siendo
regulada por parte de la industria azucarera.
Ésta, además de demandar una mayor explotación del
suelo para la siembra de caña, reduce la coexistencia con otros
cultivos y, por ende, disminuye la producción de un alimento
variado, pues requiere de técnicas productivas no artesanales
para irrigar la caña que terminan limitando el acceso al agua
de las y los tradicionales campesinos de la zona, quienes en sus
pequeñas parcelas sembraban una notoria variedad de alimentos
como plátano, guineo, cachaco, maíz blanco, amarillo y rojo.
Aceneth Perafán Cabrera, “Transformaciones paisajísticas en la zona plana vallecaucana”, Revista Historia y Espacio, núm. 24 (2005): 111–38; José
María Rojas, Empresarios y tecnología en la formación del sector azucarero en
Colombia, 1680-1970 (Bogotá: Banco Popular, 1983); Carmen Cecilia Rivera,
Luis Germán Naranjo, y Ana María Duque, De María a un mar de caña. Imaginarios de naturaleza en la transformación del paisaje vallecaucano, 1950-1970
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1

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�La caña de azúcar

Variedades de frutas, hortalizas y plantas medicinales como
níspero, anamú, orozul, pata de buey, carambolos, batata, aguacate,
mango, mandarina, ciruela, toronja, yuca, badea, piñuela, sandía,
palma de coco, guayaba, marañón, mamey, guanábana, corozo,
papayuela, girasol, cacao, fríjol, maracuyá, marihuana, yanten,
borrachero y suelda con suelda.
Por tanto, presenta un incremento relevante en la
expansión de la frontera agrícola, aspecto que ha generado
por más de 40 años efectos negativos que se expresan en
la grave disminución de especies arbóreas, en la alteración
de la cadena trófica propia de ese ecosistema, en un cambio
drástico de alimentación de las y los habitantes, y en general,
en repercusiones que tienen gran incidencia sobre la calidad de
vida de la población. Esto ha llevado a que Candelaria, siendo la
zona más plana del Departamento del Valle del Cauca, rodeada
de ríos2 que posibilitan riego para una gran diversidad de
cultivos, sólo se destaque más porque en su extensión de 29,400
hectáreas se dediquen exclusivamente 26,900 de ellas para la
siembra de caña de azúcar. Ello puso en riesgo la calidad de vida
de los candelareños, y la calidad alimentaria del departamento
del Valle del Cauca.
Limita al norte con el río Bolo y el municipio de Palmira, al sur con el río
Desbaratado y los municipios de Puerto Tejada y Miranda en el Departamento
de Cauca, al occidente con el río Cauca y la ciudad de Cali, al oriente con el
río Párraga y los municipios de Florida y Pradera.
2

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�Daiana Campo

El presente artículo se cuestiona sobre qué ha significado
para los candelareños, a través de la gramínea, sostener un
modelo económico que con vehemencia ha extraído sus
aguas superficiales y subterráneas. Para dar respuesta a este
planteamiento, rastrea la historia ambiental de la caña en
Candelaria, Valle del Cauca, en Colombia. Se trata como un
documento histórico biológico y simbológico que ofrece
pistas sobre su privilegio, y constante encadenamiento a un
discurso hegemónico que, entre las décadas de 1930 y 1950, le
permite posicionarse en años posteriores en un cultivo perenne.
Finalmente, expone los efectos adversos que trajo a los y las
habitantes de Candelaria tanto su siembra extensiva como la
decisión de convertirla en alcohol carburante.
La distinción biológica y simbólica de la caña de azúcar
La caña de azúcar pertenece al grupo de las gramíneas,
considerado biológicamente uno de los más evolucionados.
Polidoro Pinto explica que la gramineae, llamada también
Poaceae, es una familia potente y resistente que se instala en
lugares, y bajo circunstancias extremas donde ningún otro
árbol podría echar raíces. Esa capacidad de adaptabilidad al
medio ha permitido, desde épocas remotas, la gran variedad de
especies que existen.3 La caña se produce en gran cantidad y a
Polidoro Pinto-Escobar, “Las gramíneas en Colombia”, Revista de la
Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales 26, núm. 98
(2002): 59–68.
3

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�La caña de azúcar

gran velocidad, sin embargo, las migraciones a las que ha sido
sometida han hecho que sea difícil precisar su lugar de origen,
aunque algunos investigadores la sitúen en Nueva Guinea y otros
al norte de Bengala en la India.
Al parecer, se cultivó por vez primera en el sureste
asiático y ha sido llevada a Egipto, España, Islas del Caribe,
México, Colombia y Brasil, lo que se explica porque el ambiente
idóneo para su germinación se ubica entre los trópicos de Cáncer
y Capricornio, donde los rayos del sol llegan de manera directa
a la superficie terrestre. De ahí que sea una planta que requiere
una gran cantidad de luz para realizar la fotosíntesis. Por ende,
se desarrolla mejor en la zona mencionada, catalogada como la
más calurosa del planeta, pero que presenta precipitaciones que
fluctúan de una región a otra, y donde el viento, la topografía, los
ríos, la abundante vegetación y, por supuesto, la persistencia de
las lluvias, conforman el ambiente idóneo para su producción y
reproducción. En este sentido la caña de azúcar, siendo catalogada
como un pasto dulce gigante, cuando las condiciones naturales le
son favorables, puede llegar a tener una altura de 3 a 6 metros y
un diámetro de 2 hasta 8 cm.
Su clasificación taxonómica, como se representa en
la Figura 1 y pasa a explicarse a continuación, evidencia en
la división (magnoliophyta) que su semilla es un trozo de
tallo con dos o tres nudos, también llamados yemas o tallos
embrionarios en miniatura con hojas pequeñas, y del cuál
surge una nueva caña.
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�Daiana Campo

Figura 1
Clasificación botánica de la caña de azúcar.

Fuente: Comité Nacional para el desarrollo sustentable de la
caña de azúcar, México, 2015

Igualmente, en la subclase (commelinidae) indica que habita en
todo tipo de hábitat, tanto en el acuático como en el terrestre. En
el orden (poales) revela que su polinización es gracias al viento,
donde sus flores hermafroditas en forma de espiga se estimulan. La
familia (poaceae) es una hierba que se ubica en zonas templadas
o de trópico (andropogoneae). El género (Saccharum) proviene
del árabe sukkar, en relación a la sacarosa que contiene, y la
especie (officinarum) informa el lugar, oficina o taller donde se le
fabricaba o manufacturaba, usualmente para extraer de las plantas
sus usos medicinales. La caña era y es utilizada para aliviar el
malestar de la hipoglucemia, elevar la insulina del páncreas y por
ello con las hojas, en combinación de otras plantas, se prepara un
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�La caña de azúcar

té para la hepatitis. Asimismo, ayuda a controlar los parásitos y
la ansiedad.4
La luminiscencia calórica intensa, combinada con una
copiosa fuente de agua superficial o subterránea, se convierte en
el impulso necesario para hacer de esta planta una de las más
eficientes en convertir la energía solar en alimento. Poco es lo que
demanda para su desarrollo y ofrece al que le cultiva el mayor
rendimiento. Su semilla compuesta por un tallo con nudos y yemas
almacena agua, sacarosa y fibra. De la combinación entre el agua
y la sacarosa se extrae el azúcar y de la fibra el bagazo utilizado
como combustible para alimentar animales y conservar el fuego.
Nada de ella se desperdicia, tanto así que en su acoplamiento
inicial entre India, China, África y Europa se sometió, en palabras
de Sidney Mintz, a una elaboración cada vez más refinada como
bien de lujo y poder simbólico.5
Las gramíneas pueden ser anuales, bienales o perennes y
poseen propiedades forrajeras y cerealeras como el maíz, sorgo,
cebada, trigo, centeno, millo, mijo y arroz. Su tallo lineal ascendente
lleva la flor al contacto con el viento para que éste transporte
la semilla. Los tallos del maíz, sorgo y caña de azúcar por ser de
gran tamaño, son medulosos, crecen en altura y en diámetro. Su
dimensión y peso idóneos para asir por la mano convirtieron a la
Goretti Virgili López, Guía medicinal y espiritual de plantas tropicales.
Los secretos de las plantas desde el Caribe y la Amazonía hasta el Mediterraneo (Barcelona: Angels Fortune Editions, 2017), 468–69.
5
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4

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caña en vara de medida utilizada en épocas evangélicas, y como tal
se referencia en la biblia.6 De las 130 plantas que se mencionan en
dicho documento, la caña dulce es considerada una de las especias
finas y de gran valor energético, como se advierte en el Primer libro
de Samuel cuando cita lo que sucede con “la caña de miel que parecía
brotar del suelo”.7 Incluso, en la Edad Media su precio elevado la
ubicó sólo en la mesa de personas adineradas y en los ajuares de
las reinas como parte de su dote.8 Nuevamente Mintz advierte “…
para 1.650, la nobleza y los ricos de Inglaterra se había convertido
en consumidores inveterados de azúcar, producto que figuraba en su
medicina, su imaginería poética y su exhibición de rango”.9
Asimismo, en el libro de La Agricultura de Abu Zacaria
se relaciona esta estirpe vegetal con lo sagrado cuando anexa un
fragmento de los escritos santos que dicta: “...cuéntase también
haber dicho: que cuando quiere Dios fecundizar las sementeras,
derrama su bendición sobre cañas y espigas, y da á (sic) un Ángel
la comisión de custodiar todos sus granos”.10 Esto se debe, por
lo visto, a que la caña genera en buena medida la sensación de
que se reverencia de forma divina hacia la luz del sol, pues ella,
gracias a éste, se transforma en energía para el cuerpo humano.
Ver Ezequiel. 40: 3-5
Ver Primer Libro de Samuel. 14:25
8
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina (México, DF:
Siglo XXI, 2004), 35.
9
Galeano, 32.
10
Iahia Abu Zacaria, Libro de Agricultura, ed. Josef Antonio Banqueri (Madrid, 1802), 75, https://apigranca.es/wp-content/uploads/2021/12/Zacaria_
Agricultura.pdf.
6
7

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Entonces, su simbología asociada al astro sol influyó
para que los moros le consideraran real y sagrada desde épocas
primigenias. Al parecer, esto hace parte del legado cultural que
dejan en el norte de África y en España, donde la domesticación
de animales, sobre todo de aquellos que proporcionan carne,
leche, lana y cueros era más importante, justamente porque la
tradición pastoril española predominaba sobre la agraria; por
tal motivo, pasa a complementarse con especies como la caña
tras la incorporación de un buen sistema de regadío. Además,
la transformación de jugos en cristales le posibilita su fácil
conservación para ser empleada en jaleas, azúcar, melazas en
forma de miel negra, panela, jarabes, confituras, colaciones,
mazapán, mermeladas, etc. También, de su destilación se obtienen
bebidas y licores como el ron y el guarapo,11 y de su hervor
infusiones para atraer la buena suerte.
Por esos motivos, se induce a pensar que la elección y
condición privilegiada de la caña de azúcar, no sólo se debió a sus
atributos económicos, sino al posicionamiento cultural que la planta
representa. Víctor Manuel Patiño menciona que cuando colonizaron
América, los españoles trajeron consigo unas 274 especies que hacían
parte de su bagaje tradicional de plantas, costumbres asociadas a
ellas y los procedimientos industriales para beneficiar algunas como
la caña de azúcar.12 Sin embargo, no fue su menester cultivarlas. Esa
Bebida fermentada de caña
Víctor Manuel Patiño, La tierra en la América equinoccial (Bogotá: Presidencia de la República, 1997), 230.
11

12

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tarea se la encomendaron a los indígenas quienes conocían ya de
experimentos para adaptar y sembrar plántulas porque desarrollaron
una producción suficiente, gracias a la virtud de observar con detalle
la naturaleza. El autor comenta que:
Los pueblos indígenas americanos del intertrópico en el
momento del encuentro de culturas, se caracterizaban por un
predominio de las sociedades agrarias. La agricultura había
alcanzado un notable desarrollo. Se practicaba en un gran rango
altitudinal, desde el nivel del mar hasta los 3.500 metros, con
unas 650 especies de plantas adaptadas a cada piso altitudinal y
a cada enclave; en todo tipo de suelos desde los encharcables e
inundables, hasta los más secos; en este último caso a base de
irrigación, tan bien lograda como en cualquier parte del mundo;
y con métodos eficaces para evitar o disminuir la erosión, como
las terrazas y andenes de varias regiones.13

Pese al gran conocimiento del hombre americano, algunas plantas
heliófilas como las gramíneas fueron difíciles de contrarrestar
con los implementos de trabajo que éste tenía a su disposición,
ya que establecen una fuerte competencia con las especies
cultivadas.14 No obstante, eran útiles para alimentar con su
bagazo a ciertos animales domésticos herbívoros introducidos.
Cerdos, caballos, toros y vacas que ante la insistencia de
los indígenas se fueron adaptando a los pastos americanos
espontáneos y a varias plantas de consumo como la yuca y el
Patiño, 229.
Víctor Manuel Patiño, Plantas cultivadas y animales domésticos en América equinoccial. Suplemento a los tomos III y IV: Plantas ornamentales (Cali:
Imprenta Departamental, 1974).
13
14

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maíz; animales que se convirtieron en una necesidad para ellos
ya que, debido a la esclavitud a la que fueron sometidos, les
fueron útiles al relevarles de algunas de sus labores más pesadas
como la de arar o cargar.15 De acuerdo a todo lo anterior, la
historia del desplazamiento de dicha gramínea demuestra que ha
sido percibida y usada, desde épocas primigenias, como objeto
de poder que a la par de satisfacer el vientre humano, satisface
la necesidad de lucro de una minoría.
Pese a ello, el cultivo extensivo de la caña es considerado
en muchas culturas como un bien agrario que ha proporcionado,
y sigue proporcionando, desarrollo económico al margen de
procesos identitarios cohesionados a la economía de plantación
capitalista. Si bien para tal efecto se transformaron los paisajes,
ello se logró en pos de la actividad extractivista de mano de obra
esclava, así como de la tenaz idea de menguar, redireccionar y
confinar las fuentes de agua al servicio de éste como cultivo único.
La caña en el Valle Geográfico del río Cauca y
transformación de la despensa alimentaria candelareña
Para comprender la relevancia y los posteriores efectos del
cultivo extensivo de la caña de azúcar en Candelaria, es
importante indicar que, desde el periodo colonial, las fábricas de
su manufactura y plantación se establecieron y alcanzaron mayor
Patiño, Víctor Manuel. Plantas cultivadas y animales domésticos en
América equinoccial: Plantas introducidas. Colombia. Imprenta Departamental.1969.
15

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efectividad cerca de las fuentes hídricas. Justamente la naturaleza
anfibia del departamento y de esta localidad atravesada por uno
de los mayores bienes naturales, el río Cauca, es lo que llama
poderosamente la atención de los dirigentes e industriales de
la primera mitad del siglo XX, quienes vieron en el río una
oportunidad para emprender el proceso de electrificación en el
departamento, así como una herramienta para enlazarse con la
economía internacional.
Si bien el valle del río Cauca es una planicie originada
por una depresión tectónica interandina y la vertiente occidental
de la cordillera central que comprende la vertiente del valle del
río Cauca, y el macizo central o área de páramos, es también un
eje biológico que despierta interés económico, pues este río por
mucho tiempo se entrelazó con numerosas corrientes hídricas
menores (ríos, lagunas, ciénagas quebradas, arroyos y zanjones)
en una superficie cuya génesis fue condicionada al modelamiento
de las lluvias como el más importante agente erosivo, e hizo
del valle un gran lago16 que posibilitó asentamientos humanos
y actividades como la pesca y una agricultura de subsistencia.
Ello permitió el surgimiento de sociedades del maíz, sorgo,
tabaco, soya, fríjol, algodón, y otras especies más que, a su vez,
se conectaron con otras actividades también importantes en esta
región como la minería y la ganadería.
Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, Humedales del valle
geográfico del río Cauca: génesis, biodiversidad y conservación (Cali: C.V.C.,
2009).
16

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Con todas ellas se complementó el cultivo de la caña que
para los siglos XVII y XVIII no era tan fuerte en Candelaria,17 ya
que en ese momento era una factoría para el reinado del tabaco.
Entonces su uso más destacado era para la preparación de mieles
y destilar, en alambiques clandestinos, aguardiente y guarapo del
cual se surtían los mineros y corteros de plantaciones adyacentes.
Por tanto, cuando dicha gramínea empieza a desplegarse por
las riberas de estos ríos, lo hace como una especie más entre
sembradíos de tabaco, café, plátano, algodón, cacao, frijol y maíz.
Por el contrario, en las haciendas donde contaba con interesantes
porciones de tierra empezó en los años 1950 y 1960 a combinarse
con el ganado. Por ello, llega a las mesas derivados de la leche
como el queso y el dulce de leche que combinado con la panela y
luego el azúcar refinado, da pie al bien llamado “manjar blanco”.18
No obstante, poblaciones humanas y no humanas
mantuvieron una estrecha relación con esta poderosa fuente
incesante de agua, el río Cauca, quien pese a los embates no
deja de ser una espina dorsal ecosistémica que además de haber
transportado por centurias sedimentos para nutrir tanto su lecho
En esas épocas, las plantaciones azucareras estaban ubicadas en Cali,
Puerto Tejada y Palmira
18
Golosina o postre típico del departamento del Valle del Cauca. Se logra
cociendo a fuego lento grandes cantidades de leche con azúcar y una pizca de
sal, hasta que se torne de consistencia cremosa. Las variaciones van sujetas
tanto a la cantidad de leche como de azúcar, pues de una de ellas también surge
el famoso Arequipe, que es llamado en otros lugares Cajeta. Anteriormente
se preparaba con panela y tomaba un color más oscuro. En la actualidad se le
agrega azúcar blanca refinada.
17

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como la profusa vegetación que le ha acompañado, se instala
como eje central de la naciente economía departamental y
nacional enfocada en el desarrollo de la agroindustria19. Ello
indujo a que, en la segunda mitad del siglo XX, se sometiera
intensivamente a constantes regulaciones, represamientos y
usos inadecuados.
En consecuencia, se puede decir entonces que en su
trasegar el río, además de ser usufructuado y venerado, hizo
caminos, ya que en su larga trayectoria fue artífice de ciénagas,
lagunas y madreviejas20 que sirvieron de aposento a una fauna,
flora y cultivos variados. También facilitó la coexistencia de
otras siembras y corrientes naturales y culturales, al igual que
sucedió con muchos de sus afluentes o tributarios. Entre los más
importantes de la zona plana están el río Desbarato, Párraga,
Fraile, Bolo, Nima y Amaime; aguas que además de humedecer
constantemente los suelos, llevaron en su seno un buen surtido de
peces como el Bagre, Barbudo, Jabón, Bocachico, varias clases
de Corroncho, sabaleta y diferentes especies de sardina, que
El río Cauca es el principal afluente del río Magdalena, considerado el más
importante del país; por ello ocupa el segundo lugar en importancia.
20
Las ciénagas, lagunas y madre viejas guardan estrecha relación con el río.
Las primeras son superficies generalmente planas que se inundan constantemente por sus las crecientes. Por tanto, ellas adquieren un aspecto pantanoso y
actúan como filtros naturales de éste. Las lagunas también pueden crearse por
desbordamiento de los ríos en terrenos cóncavos que no le permiten la salida.
Asimismo, las madreviejas se caracterizan por ser terrenos deprimidos de poca
dimensión que en las crecientes de los ríos se forman, por ello también se le
denominan brazos muertos de un río.
19

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junto a otras más, se convirtieron en sustento de varias familias,
y permitieron la elaboración de uno de los platos típicos más
importantes, el sancocho.21
De igual forma, la abundancia y la posibilidad de acceso
al agua permitía que la alimentación tanto de las personas
vallecaucanas y candelareñas fuese plural y sin invertir dinero. De
la riqueza anfibia se obtenía diversidad en las maneras de preparar
el sancocho de acuerdo a la variedad de pez; también comidas
como la sopa de tortuga y aborrajados de pescado. Igualmente, se
obtenía de forma simple torcazas que se preparaban en guisos, y
que llegaban a la zona gracias a los árboles frutales y árboles de
gran porte22 que tejían la maravillosa red trófica donde era posible
divisar mariposas, serpientes, micos, guagua, guatín, armadillo,
tatabro, garzas, iguanas y coatíes también llamados cusumbos.
Además, se podía hallar con gran facilidad el fruto del
árbol del pan que, en las faenas al río, podían comer al borde de los
ríos pues les ofrecía una semilla carnosa. Del algarrobo también
podían extraer mermelada. En la actualidad muchas de las recetas
se han olvidado porque es mínima la posibilidad de preparar
Es una sopa que se prepara a base de pescado, tubérculos como la yuca, la
papa; plátano verde y especias como una clase de cilantro llamada cimarrón.
Este plato empezó a diversificarse con la presencia del ganado en el trapiche
de panela, y a menguar cuando inició el esplendor de las haciendas azucareras,
pues cada vez se hace más complejo obtener en varios lugares del Valle del
cauca el pescado por la reducción de las aguas que quedaron confinadas a los
extensos monocultivos. Por ello se posicionó el sancocho de gallina y con las
reses el sancocho de res.
22
Samanes, guácimos, cachimbos, ceibas e higuerones, entre otros.
21

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dichos platillos sin comprar sus ingredientes. Para la elaboración
de estos alimentos era indispensable la ayuda de hombres y
mujeres en un trabajo más colectivo. Aun así, sigue constante,
para la ejecución de estos platillos, el papel preponderante de la
mujer negra en el fogón.
Precisamente el modelamiento del río Cauca trajo
consigo, en paralelo, el empobrecimiento del entorno natural
con el rediseño del paisaje lacustre para dar espacio a las
plantaciones de caña. Su cultivo se fortaleció primero con
la figura de trapiche, luego con la de ingenio azucarero y
finalmente con el blindaje del clúster del azúcar. Con ello, los
ríos ya mencionados, las quebradas y otras fuentes menores
de agua23 empezaron a menguar y a evidenciar, a finales de
los años 60, índices de contaminación que se revelaron en la
notoria opacidad de las aguas que otrora eran cristalinas. En
correspondencia, disminuyó la cobertura boscosa, se limitó
drásticamente el acceso de la población a los ríos y con ello el
ritual familiar de “paseo de olla” también se redujo.
El discurso hegemónico que la legitima como cultivo perenne
A partir de los años de 1930, la abundancia de agua se concibió
como un desperdicio que era necesario corregir. Poco a poco las
zonas altas, medias y las bajas consideradas lacustres, empezaron
a ser intervenidas con ideas modernizadoras donde el progreso,
23

Como las quebradas Chontaduro, Granadillo y Zaineras

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entendido como la búsqueda de utilidad económica de esa vasta
naturaleza, se validó en discursos procedentes de otras regiones e
incluso de otros países. Algunos de ellos fueron la misión inglesa
de 1927, que recomendó impulsar el desarrollo agroindustrial
del Valle del Cauca, y la misión agrícola Chardón en 1929, que
puso el énfasis en que uno de esos cultivos fuese el de la caña de
azúcar y la introducción de variedades POJ2878 y 2714, con más
resistencia a las plagas y de mayor productividad. Ello porque
consideraba las excelentes condiciones naturales del Valle como
un milagro para la caña. Carlos Chardón, en su reconocimiento
agropecuario del Valle, advirtió e insistió que:
[...] Es de notarse, y esto favorece hoy mucho a la agricultura y
la ganadería, que llueve un promedio de 138 días al año: aún en
los meses más secos, como julio y agosto, llueve un promedio
de 8 días en cada uno. Esta buena distribución de la lluvia en
el Valle del Cauca, es una de las características salientes de su
privilegiado clima. El hecho de que no haya frecuentes lluvias
torrenciales, es también muy favorable a la conservación del
suelo, pues evita los grandes arrastres que lavan y se llevan “la
flor de la tierra.24

Entonces, si bien es posible encontrar varias recomendaciones
para plantar caña, se hallan más para reducir la presencia de
las fuentes de agua argumentando que, para fortalecer la
Carlos Eugenio Chardón, Reconocimiento agro-pecuario del Valle del
Cauca. Informe emitido por la Misión agrícola puertorriqueña, dirigida por
el hon. Carlos E. Chardon, y presentado al governador del departamento del
Valle en Colombia (San Juan: Negociado de materiales, imprenta, y transporte,
1930), 36.
24

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alimentación del departamento, era desastroso contar con
“tanta agua corriendo por ahí”,25 pues son ríos sin control ni
regulación que impiden el progreso de la región. Entre ellos se
destaca el realizado en el año 1952 por la firma OLAP,26 que
hace énfasis en proteger el valle plano contra el exceso de las
aguas con la creación de los embalses de Salvajina y Timba que,
en operación conjunta, tendrían a su cargo la tarea de controlar
las avenidas del río Cauca, salvaguardando así 60,000 hectáreas
destinadas a la agricultura:
De las 390.000 hectáreas del valle plano, el 60% son irrigables
y el 25% sufre de inundaciones o encharcamientos; en total
el 64%, o sean 250.000 hectáreas se encuentran afectadas
por el exceso de agua. [...] Pero la represa de Timba y
Salvajina no bastan para la protección del valle plano
contra el exceso de aguas. Para la defensa y recuperación de
40.000 hectáreas, se necesita una extensa red de canales que
recojan las lluvias y que sequen ciénagas y pantanos, con
ayuda de estaciones de bombeo en varios casos y trabajos de
canalización en algunos afluentes del Cauca, cuyo control
por medio de embalses, resulta demasiado gravoso. Cabe
anotar que muchas de estas obras no operarían correctamente
sino después de controlado el nivel de las aguas del Cauca,
con ayuda de los embalses.27
Frase mencionada constantemente por funcionarios de las Misiones del
Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento-BIRF-, que se puede leer
en varios de los informes de modelación del paisaje citados.
26
Sigla de la primera firma de ingenieros acreditada en Colombia, que se
gesta por su fundador Carlos Ospina, quien egresado de Berkeley se asoció
con otros ingenieros de apellidos: Olarte, Arias y Payán. De ahí su nombre
OLAP.
27
OSPINA, OLARTE, ARIAS, PAYÁN. Plan para el desarrollo económico
25

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Estos apartes tienen un común denominador: domesticar al río
Cauca, a través de una mega obra de la ingeniería como lo sería
la represa de salvajina, edificación que para su materialización se
valdría de nuevos estudios que reforzarían, durante las décadas
de los años cincuenta y sesenta, la idea de progreso asociada
a los conceptos de irrigación y drenaje. Así lo demuestra una
investigación realizada, diez años después a la de la OLAP, por
Pedro Nel Barrera, que indica:
[...] El valle y su inmensa riqueza requieren una rápida
solución para su explotación. Existe mucha agua que corre
desperdiciándose para el uso humano. La solución se encuentra
en la irrigación, pues no hay en el país región que ofrezca
iguales posibilidades de desarrollo y porvenir para la economía
colombiana. [...] Es pues, una necesidad inaplazable el convertir
esta zona plana del Valle del Cauca, en una tierra perfectamente
irrigada, desecada y dedicada a cultivos intensivos de productos
de alto rendimiento, tanto en volumen como en precios de
mercado.28

Ahora bien, cabe destacar que el mismo estudio presenta a la
par un análisis de los suelos con un apreciable nivel de potasio,
elemento indispensable para el adecuado desarrollo de la
vegetación, así como una proporción muy baja de nitrógeno,
explicable por el carácter arcilloso y compacto que obedece a la
textura de los suelos del valle geográfico, que son formados a
partir de sedimentos arrastrados por los ríos que discurren por las
del Alto Cauca. Valle del Cauca: Planeamiento de recursos naturales. Ospina,
Olarte, Arias &amp; Payán. 1952. 42.
28
Pedro Nel Barrera, Estudios socioeconómicos (Cali: CVC, 1962), 6.
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cordilleras, compuestos de capas delgadas y gruesas de arcillas,
limos, arenas y gravas, con amplia presencia de suelos finos
arcillosos.29
En ese sentido es comprensible que dentro de los “cultivos
intensivos” se enfoquen, en el mismo documento, al de la caña
que, aunque se adapta bien a una amplia variedad de suelos, se
desarrolla satisfactoriamente en los franco-arcillosos, profundos y
bien drenados. En suelos demasiado duros la caña no se desarrolla,
en los suelos sueltos y ricos en materia orgánica crece bien, pero
se puede caer fácilmente. De ahí que el nivel freático deba estar
mínimo a 1.20 metros, a menor profundidad, y requiera de buenos
drenajes, pero sobre todo de una copiosa fuente de agua que pueda
ser domesticada con un sistema técnico de cultivos.
De estos antecedentes se gesta un plan piloto de métodos
de control de ríos, cuya misión se centra en el fomento y
aprovechamiento intensivo de todos los recursos naturales en
la zona geográfica del Valle del Cauca, el denominado Plan
Lilienthal.30 Éste sugiere varias consideraciones técnicas que
posteriormente influyen en el asentamiento progresivo de varios
ingenios azucareros al margen del río Cauca para usufructuar,
asimismo, las corrientes hídricas con las que se conecta. Sin
Guillermo Alberto Mambagué, “Elementos de ecología histórica del valle
geográfico del río Cauca y el municipio de Candelaria, Valle de Cauca”, en
Etnohistoria y bioarqueología en el municiío de Candelaria, Valle del Cauca
(Cali: Universidad del Cauca, 2011), 118.
30
Que también fue conocido como Plan Integral de Fomento y Aprovechamiento Intensivo de todos los Recursos Naturales del Valle del Cauca.
29

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embargo, a este impulso se le sumó la persistencia y capital de
los terratenientes dueños de los ingenios, quienes advirtieron la
necesidad de continuar con reconocimientos agropecuarios para
potenciar los recursos naturales del Valle del Cauca, y se dieron al
ejercicio de procurar convencer a otros notables y a la comunidad
en general, de la apremiante obligación de acelerar el desarrollo
económico del Valle y el país con el apoyo de los criterios y
capital extranjero.
De este plan se desprenden varias corporaciones
autónomas en diferentes regiones del mundo para controlar y
reglamentar de forma integral tierra, agua, bosques, minerales,
industria y género humano. En el Valle del Cauca, la organización
se denominó Corporación Autónoma Regional del Cauca, Valle y
Caldas -CVC- y se creó en el año 1954.31 Sus siglas corresponden
a la unión de esos tres departamentos, pues se proyectó represar
el río Cauca en aras de generar electricidad para ellos. Por ese
motivo, para emprender un proyecto de tal envergadura se
requería de una zona de desarrollo, o como le llamaron, “vitrina
de exhibición”,32 donde se pudiese realizar en el menor tiempo
posible la tecnificación del campo.
El lugar elegido fue el Valle del Cauca, donde estaban
los visionarios terratenientes que, además, eran comerciantes
Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, Génesis y desarrollo de una visión de progreso (Cali: CVC, 2004), 51–54.
32
Joaquín Paredes Cruz, El Valle del Cauca. Su realidad económica y cultural (Cali: La Voz Católica, 1955), 44.
31

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de caña. Quizá por ello no es aleatorio que Luis Valdivia
mencione que esta élite, al tiempo que adquirió mayor control
sobre los recursos naturales, impidió la formación de un sector
campesino independiente, pues al atraer a las haciendas a
familias de labradores, se benefició de la adecuación gratuita, de
terrenos vírgenes o inundables, y otras veces del pago de renta
de las familias de cultivadores parcelarios. Afirma que, sin duda
alguna, todo eso contribuyó a crear la fortuna de propietarios y
comerciantes.33
Dentro de las apremiantes tareas que la CVC debía
resolver, se encontraba realizar un estado de las necesidades
de la región que luego pasarían a priorizarse. No obstante, se
mantuvo firme la idea de la electrificación. La abundancia de
agua que tanto caracterizó al Valle del Cauca, entraría ahora bajo
el dominio y avances técnicos del hombre. Inicia entonces una
carrera desmedida por transformarla mediante análisis, controles,
supervisiones y legislaciones. Todo ello requería de un buen
capital que surgió, en gran parte, de la tasa catastral.34 Con el
inicio de esta entidad se sella el destino de Candelaria, porque
para desarrollar la tarea de planificar y modelar los recursos
naturales en función de lo que sería la agroindustria, fue necesario
primero transformar la naturaleza de un espacio específico en
Luis Valdivia, Economía y espacio en el Valle del Cauca, 1850-1950 (Cali:
Universidad del Valle, s/f), 11.
34
Esta consistió en cobrar una tasa catastral del 4 por mil sobre el valor de
los predios.
33

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paisaje agroindustrial para contar con un referente que traspasase
la geografía nacional. Se eligió entonces el suelo candelareño
como el territorio con más elementos a favor para convertirse en
el primer centro piloto de este desarrollo económico.
Varias fueron las condiciones que hicieron que sus
miradas se pusiesen en ella. Por un lado, ya era visible gracias
a que la ganadería y agricultura se fueron posicionando, a través
de las haciendas, como actividades económicas que, junto a
sus tierras consideradas pródigas y feraces, siempre dieron una
contribución efectiva a la economía nacional. Ello la tuvo en la
mira de un sinnúmero de investigaciones que la convirtieron en
el municipio que reunía características especiales sobre los demás
de Colombia. Según Raúl Silva:
[...] es uno de los pueblos más antiguos del Valle del Cauca.
Su producción ganadera es una de las más prósperas del
departamento y sus estancias son ricas en diversas clases de
cultivos: maíz, plátano, arroz, tabaco, café y sobre todo caña
de azúcar, además de presentar cercanía a dos centros urbanos
importantes en la región. Dista de Cali 28 km y de Palmira 15
km.35

Lo paradójico de todo este asunto, es que Candelaria, para esa
época, era uno de los lugares más tranquilos y prósperos de la
región y el país. Luis Martínez Delgado, en el libro Valle del
Cauca 1910-1960: medio siglo de riqueza, mencionó:
Raúl Silva Holguín, Valle del Cauca: Tierra de promisión, t. I (Cali: Imprenta Departamental, 1960), 134.
35

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“[...] este municipio es modelo para un sinnúmero de
investigaciones por reunir características especiales sobre los
demás de Colombia: es completamente plano en su topografía, está
situado e influido por los centros comerciales de Cali y Palmira;
sus habitantes viven en forma bastante tranquila; estas ventajas
han sido las causas para que fuera escogido como municipio
piloto de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca
(C.V.C)-(Plan Lilienthal); que sea visitado frecuentemente por
personalidades internacionales y nacionales; que se levante allí
el primer catastro técnico rural en Colombia: estudio de títulos,
levantamientos aéreos y sobre terreno, estudio de la tierra y
recomendación sobre su uso más conveniente para una mejor
producción; que la Universidad del Valle, por intermedio de su
Facultad de Medicina, adelante la primera campaña de medicina
social preventiva en Colombia, basado en un postulado que
se está imponiendo por su realidad: la prevención por unidad
humana es más barata y más social que la curación por unidad
humana. [...] Merece destacarse como obra de vital importancia
y revolucionaria para Colombia la de auspiciar el nacimiento y
fortalecimiento de una nueva clase social económica: la de los
granjeros, una clase que, autoabasteciéndose, sus remanentes van
a engrosar a los de la comunidad, consiguiéndose así una clase
de dirigente del campesinado completamente libre e influyente
en los destinos de la nación. Todo se encuentra dispuesto para
ello: el Municipio está saneando jurídicamente la propiedad
pequeña, se está electrificando totalmente la parte rural y se
están dotando de vías de comunicación todas las zonas rurales,
sin lugar a dudas, esta naciente clase social será la redentora del
campesinado colombiano.36

Justamente,

el

discurso

hegemónico

condensado

en

recomendaciones, informes, planes, programas, proyectos e
Luis Martínez Delgado, Valle del Cauca, 1910-1960. Medio siglo de riqueza (Cali: Interprint, 1960), 64–65.
36

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�La caña de azúcar

incluso en el imaginario de la gente, muchos de ellos de la élite,
hicieron que en no menos de 20 años la cabecera municipal de
Candelaria se quedara hasta la actualidad cercada por caña. No
obstante, al margen del desarrollo de la caña, se desencadenó
una violencia pasiva que desplazó, a través de quemas, requemas
y fumigaciones, a varias especies vegetales y animales que
se mantenían distantes de las casas: alacranes, arañas, sapos,
culebras, lagartos, iguanas, pericos, guacharacas, murciélagos,
etc., que como comentan algunos pobladores, “una vez se sentían
acorralados por el fuego o el veneno, migraban al interior de
nuestras casas para protegerse”.37
Cada vez era más común hallar deambulando por las
viviendas algunos de estos animales. Lastimosamente, los
moradores explican que empezaron a sentirse amenazados
por su propia naturaleza, ya que temerosos de que les hiciesen
daño a sus hijos, se veían en la obligación de igualmente
exterminarlos. El cañaveral fue tomando posesión exclusiva de
la tierra, y a merced de su preferencia, las leyes ecosistémicas
que regían el entorno acuático candelareño fueron mutando.
Si bien los animales emigraban a lugares vecinos en las
temporadas de sequía, la abundancia y tratamiento que se le
proporcionaba a la caña les forzaba a salir. Muchos murieron
en el intento.
Evaristo López. Cortero de caña jubilado. 79 años. Fecha de entrevista:
junio 17 de 2013.
37

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�Daiana Campo

En términos de agricultura, la década de los sesenta
finaliza en Candelaria con la transformación acelerada de las
haciendas. Si bien aún el 90% de los habitantes se dedicaba
a cultivar las parcelas propias o se desempeñaban como
trabajadores de los ingenios o trapiches, las fincas pequeñas y
medianas de la zona plana continuaban siendo absorbidas por los
ingenios. En el Estudio detallado, para fines agrícolas, de los
suelos del municipio de Candelaria,38 se menciona que a inicios
de los años 70 la mayoría de sus suelos se encontraban cultivados
de caña de azúcar, explotada en forma bastante intensiva con el
empleo de técnicas modernas: variedades muy productivas, uso
de fertilizantes, riegos, pesticidas y mano de obra calificada.
Eso explicaría por qué a principios de los setenta, el
interés por cultivar sus propios alimentos menguó en algunos
campesinos ya proletarizados. Si bien antes no era necesario
desgastarse para conseguir comida, pues el pescado y plátano
eran abundantes en ese entorno, ahora se sumaba a la escasez
de ciertos alimentos, la competencia y el estatus como valores
de la modernidad. Esa rápida metamorfosis dejó claro que la
ocupación espacial del candelareño basada en la negociación
directa y permanente con sus ríos, a través de la lluvia y la sequía,
se limitó con una imponente herramienta técnica que hizo las
veces de intermediario: el jarillón.
Javier de los Ríos Z, Estudio detallado, para fines agrícolas, de los suelos
del municipio de Candelaria (Departamento del Valle del Cauca). (Bogotá:
Instituto Geográfico “Agustín Codazzi”, 1971), 15.
38

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Efectos adversos de su siembra extensiva el combustible
Aunque en Colombia la caña de azúcar fue por mucho tiempo
un artículo de consumo interno, en los años setenta se fue
especializando en abrir mercados hasta catalogarse como un
producto de exportación. De la caña inicialmente se derivó
azúcar, mieles, panelas, bagazo y alcoholes. También se
derivarían poderosas familias que fueron y serían cruciales
en la construcción de una identidad dulcera para el Valle del
Cauca. Desde los años sesenta Jaime Lozano, presidente de
ASOCAÑA entre los años de 1959 y 1975, da cuenta de la caña
como cultivo comercial y rentable negocio con linaje, pues
la élite abanderó la caña asumiéndola no como especie, sino
como un elemento constituyente del paisaje industrializado
hasta la actualidad.
Estos industriales del dulce y sus respectivas generaciones,
se esforzaron por mantener una cuota permanente en la producción,
cualidad que le valió a la caña el adjetivo de hilo conductor de la
economía. Para ello, empezaron a domesticarla bajo el progreso
tecnológico como ideal imperante del siglo XX. De ahí que de
las varias conjeturas que emergen de esta investigación, se cree
que la identidad de Candelaria se permeó precisamente del
imaginario que estas prestantes familias de la élite del azúcar de
Cali, Popayán y Buga lograron posicionar. La distancia de la élite
entre la naturaleza diversa, legitimó una particular forma de ver
el ambiente físico-natural. Al parecer, la caña como muchas otras
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especies consideradas útiles (café, algodón, maíz y sorgo, entre
otras), se posicionó rápidamente como dispositivo del progreso
tecnológico. El poder político al margen de las cada vez más
sólidas relaciones comerciales locales y extranjeras le ampararon.
Asimismo, el aumento drástico de la producción industrial,
empezó a requerir cada vez más el uso de la química para una
producción mayor de fertilizantes nitrogenados. Por ello, los
ingenios ya establecidos se centraron en investigar la caña de
azúcar y la melaza. Para tal tarea conformaron la Sucroquímica
Colombiana S.A., enfocada en el desarrollo químico y tecnológico
de productos y subproductos derivados de la sacarosa de caña:
ácido cítrico, ácido acético y alcohol.39 Entretanto, continuaban
atentos a la producción y lograron exportar en el año 1965, por
vez primera, 101,344 toneladas de azúcar. De estas, enviaron
63,653 al mercado mundial y 37,691 para los Estados Unidos,
participación que aumentó el año siguiente y le ubicó como un
valioso productor.
A su vez, a esta benéfica condición social y política se
le suma un acontecimiento natural significativo para que el país,
y sobre todo el Valle del Cauca, alcanzaran en poco tiempo una
posición privilegiada que reforzó el reinado de la caña hasta el
siglo XXI, pues la caña es el cultivo más destacado de Candelaria,
representando la actividad agrícola de mayor productividad
Daniel Gironza y Juan Sebastián Morales, Casos de historia empresarial:
SUCROAL S.A. - Tecnoquímicas S.A. (Santiago de Cali: Universidad ICESI,
2013), 6.
39

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económica generadora de numerosos empleos en factorías y
plantaciones.40 Sin embargo, la cuota que se ha debido pagar
por esta posición ha impactado fuertemente las fuentes hídricas,
superficiales y subterráneas, y con ello, la despensa piscícola. Para
1957 existían en el Valle del Cauca 14,633 hectáreas de ciénagas
o lagunas, muchas de ellas formadas por las constantes crecientes
del río Cauca. Ellas, en su ir y venir, atraían un gran número de
especies faunísticas que se convirtieron en menú de propios y
visitantes, pero que en un periodo de 60 años se reducirían a
2,795 hectáreas y de 62 a 7 humedales.41
Asimismo se redujo la mano de obra campesina, pero
los dueños de ingenios alcanzarían un poder económico sin
precedentes debido a estratégicos planes de expansión que
requirieron de la inversión en innovadores equipamientos
industriales, de una minuciosa división del trabajo bajo
procedimientos sistémicos y de establecer relaciones comerciales
con mayor grado de dependencia. En Candelaria, la iniciativa
del perfeccionamiento de “la industria centralizada en el azúcar”
debilitó aún más el quehacer del pequeño agricultor. Entre los
años 80 y 90 desaparecerían pequeños trapiches porque la meta
estaba centrada en producir la mejor azúcar refinada. Ad portas
del año 2000, la meta sería el alcohol carburante. En el año
2001 se instituyó la Ley de oxigenación de gasolina con alcohol
40
41

Gironza y Morales, 17.
Según el centro de datos para la conservación de la CVC, 1990.

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carburante en las ciudades de más de 500,000 habitantes y en
sus áreas metropolitanas (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla,
Cartagena, Cúcuta, Bucaramanga y Pereira), coyuntura que
permitió a finales del año 2005 que los ingenios Mayagüez,
Providencia, Incauca, Risaralda y Manuelita establecieran sus
propias destilerías para producir etanol.
Con ello, el objetivo se complejizó tanto, que además de
la actividad azucarera, se embarcaron en elaborar insumos para
la industria en el campo del hogar, la salud, alimentos, bebidas,
abonos orgánicos, construcción, energía y la sucroquímica, entre
otras más. Esta situación derivó en una dependencia local, regional
y nacional de la industria de la caña, pues ella ofrece casi todo
lo que utiliza cotidianamente un hogar promedio. En la azarosa
centralización del azúcar como una cosecha flexible, Mayagüez
buscó no bajar la guardia en el desarrollo de su fabricación. A tal
punto llegó aquella dedicación que, en el año 2007, presentó la
mejor productividad de Colombia con 1,200 kilos de azúcar por
hectárea al mes. Entre otras cosas, esto fue resultado de incorporar
continuamente al holding empresarial compañías dedicadas a la
plantación especializada que abastecieron las materias primas
para la elaboración de productos que permitieron sostener todo
su proceso productivo: selección, siembra, monitoreo, corte, alza,
transporte, molienda y comercialización.
En ese sentido, Mayagüez como grupo empresarial empezó
a consolidar su propio conglomerado haciendo uso de la caña como
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alimento y, a partir del año 2000, utilizándola también para producir
etanol. Es Mauricio Iragorry42 quien, como nuevo gerente de la
compañía, lideró esa iniciativa incorporando desde el año 2006
el negocio del alcohol carburante mediante el uso de la vinaza.
Este negocio altamente rentable tendría sus inicios desde el año
1997 cuando, en el encuentro por el Medio Ambiente desarrollado
en Kioto, los países industrializados que más generaban gases
de efecto invernadero se vieron en la imperiosa necesidad de
desarrollar combustibles diferentes a los fósiles (gas natural, carbón
y petróleo) para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera.
Por ese motivo, la frase que ampara la apuesta hacia los
combustibles vegetales es la protección del medio ambiente.
Aunque Colombia no se encuentre referenciado en los que
contamina de manera alarmante, sus empresarios se dedicarían
a continuar trabajando los años siguientes en pos del mercado
internacional y de sostener la movilidad de sus vehículos.
De esta manera, la vinaza entraría a ser parte de la nueva
revolución agroindustrial que demandaría la expansión de la
caña de Mayagüez hacia nuevas tierras distantes a la candelareña,
mediante la manipulación genética de la caña para fabricar
biocombustibles. Así, finalizando el año 2007, crean una variedad
de caña transgénica resistente al ataque del virus Polerovirus, que
ocasiona la enfermedad de la hoja amarilla. En años siguientes,
Ingeniero industrial de la Universidad de Georgia Ceo’s Managment Program de Kellog School Of Management. Sus ascendientes son de la familia
Holguín Hurtado.
42

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y con más fuerza en el año 2010, creó cañas transgénicas
adaptables a factores climáticos, resistentes a plagas, virus y
bacterias. Ante los avances de estas alteraciones, Víctor Manuel
Patiño señaló que “del último quinquenio es la innovación de los
cultivos transgénicos, sobre los cuales parecen cifrarse muchas
esperanzas. Ojalá no resulte como la Revolución Verde, que
después de un auge inicial está siendo controvertida”. El género
Saccharum ha mutado; si antes primaba dulzor y textura, ahora se
potencia la resistencia y mayor producción.
Aunque en sí la caña se da toda a merced humana, la
están llevando a los límites de su esencia. Quizá lo que se termine
creando ya no sea en realidad caña azucarera para alimento,
pues ya existen híbridos de los híbridos y clones dependientes
de ambientes artificializados. Esto induce a pensar que su cultivo
viene interactuando cada vez menos con factores u organismos
presentes en el ambiente natural. Sólo entabla vínculos necesarios
con el suelo, insectos, malezas y enfermedades. Aunque ya se
comentó, también la están incomunicando para ese diálogo,
mientras de manera paradójica, el sistema económico en torno
a ella se diversifica, pero el ambiente natural se empobrece. La
cuestión es que para mantener todas esas variedades genéticas, el
ecosistema debe ser cada vez más artificializado.
Dentro de los efectos desastrosos es que se sustituyó
la diversidad biológica por el monocultivo azucarero de
biocombustible que no es reinvertido en Candelaria, con lo que
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se redujo de forma alarmante el bosque tropical, se intensificó
la desecación de pantanos, la captación de acuíferos para riego
constante, y se crearon nuevas formas en el uso del suelo, agua,
bosque y aire que poco benefician a poblaciones humanas y no
humanas. Se produce también desplazamiento y abandono de su
terruño en busca de opciones de trabajo, se mina la variedad de
alimentos, y con ello la identidad.
Eso sitúa a los candelareños en cierto grado de
vulnerabilidad para contrarrestar los efectos que devienen de las
modificaciones tecnológicas de la caña de azúcar. Su monocultivo
ha limitado de manera drástica la posibilidad de avizorar un
futuro. Asimismo, incide en la oportunidad de conocer más
acerca del pasado, ya que debido a la forma en que se prepara
la tierra, las excavaciones arqueológicas no han podido dar
más detalles de las culturas precolombinas que se asentaron en
suelo candelareño y vallecaucano. El campesino proletariado se
convierte en asalariado que no tiene buena tierra para cultivar
porque la caña la deja estéril; entonces, poco es lo que se puede
comer cultivado de las propias manos. La caña lentamente deja
de alimentar vientres humanos y animales para alimentar motores
de vehículos de países como Estados Unidos, China y Canadá.
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�Agua de las verdes matas, tú me tumbas, tú me matas.
Magueyes, pulque y medioambiente en las haciendas
de los Llanos de Apan durante el Porfiriato
Water of the agaves, you knock me down, you kill me.
Magueyes, pulque and environment in the haciendas of the
Llanos de Apan during Porfiriato
Alexis Jacob Hernández Fabián
Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa
Iztapalapa, México
orcid.org/0000-0002-2626-6136

Recibido: 1 de julio de 2022
Aceptado: 5 de septiembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: En este artículo se busca discutir las consecuencias ecológicas
de la gran demanda de pulque durante la primera década del siglo XX.
El aumento demográfico que experimentó México en este periodo fue
una de las principales causas de una creciente demanda de esta bebida,
lo cual trajo consecuencias ambientales en las haciendas de los Llanos
de Apan, la principal región productora de pulque. Mediante un estudio
de caso, esta investigación emplea archivos de una hacienda de dicha
región, así como de manuales y otros textos contemporáneos, para
descubrir las consecuencias ambientales del auge del negocio pulquero,
demostrando que la compleja relación entre los seres humanos y su
medio contribuyeron no sólo a pensarlo sino también a transformarlo,
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�Agua de las verdes matas

al considerar nuestra área de estudio como la ideal para el cultivo de
maguey para la producción de pulque.
Palabras claves: Historia ambiental, pulque, porfiriato, haciendas,
Llanos de Apan
Abstract: This article seeks to discuss the ecological consequences
of the high demand for pulque during the first decade of the XXth
century. The demographic increase that Mexico experienced in this
period was one of the main causes of a growing demand for this drink,
which brought environmental consequences in the haciendas of the
Llanos de Apan, the main pulque-producing region. Through a case
study, this research uses the historical archives of a hacienda in the
region, as well as manuals and other contemporary texts, to discover
the environmental consequences of the boom in the pulquero business,
demonstrating that the complex relationship between human beings and
their environment contributed not only to think about that environment
but also to transform it, since our area of study was considered the ideal
for the cultivation of maguey for the production of pulque.
Keywords: Environmental history, alcoholic beverage, porfiriato,
haciendas, Llanos de Apan

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�Alexis Hernández

Introducción
¿La historia ambiental comienza en el estómago? Hace más de
una década esta pregunta había incentivado las reflexiones de
algunos historiadores norteamericanos agrupados en torno a la
revista Enviromental History,1 y la respuesta había sido clara:
se necesitaba comenzar por las pautas de consumo para poder
entender ciertas transformaciones ambientales del pasado, así
como para poder enriquecer las narrativas que hasta ese momento
dominaban la historia ambiental. Al trasplantar esta pregunta hacia
México podemos subrayar la suavidad del eco de este llamado.
Si lo buscamos dentro de los trabajos que se han escrito sobre la
región a tratar en este estudio, el eco desaparece por completo.
Es por ello que este artículo busca comprender las consecuencias
ecológicas del auge del consumo del pulque durante el porfiriato,
enfocando el lente en los espacios productivos, para de esta
forma evaluar el impacto que este proceso significó. Para ello
se procederá realizando un estudio de caso, teniendo como base
los archivos en la hacienda San Bartolomé del Monte, sita en
Tlaxcala, pero que según argumentamos, por factores históricos,
económicos y naturales pertenece a la región geográfica conocida
como los Llanos de Apan, la cual ha sido considerada el espacio
más propicio para el cultivo de maguey para la producción de
pulque, por lo que la hipótesis propuesta es aplicable, o por lo
Nicolaas Mink, “It begins in the belly”, Environmental History, núm. 14
(2019): 312–22.
1

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�Agua de las verdes matas

menos un indicador, de lo que sucedió en este espacio a inicios
del siglo XX.
El objetivo de este trabajo es, por una parte, mostrar
los cambios ambientales que la documentación de la hacienda
nos señala en la correspondencia del administrador, y que son
síntomas importantes de las transformaciones ambientales
producidas por la mercantilización cada vez mayor de un solo
producto del maguey: el pulque. Consideramos que este proceso
debe entenderse en una perspectiva de larga duración, por lo que
se aborda la problemática en una temporalidad más amplia, pero
subrayando que la demanda de pulque -aunado a una serie de
transformaciones históricas experimentadas en el último tercio
del siglo XIX- son responsables directas de la demudación
ambiental de la región, que dentro de sus consecuencias estaría la
casi desaparición del negocio pulquero a mediados del siglo XX.
Es decir, partimos de considerar que las fuerzas transformadoras
del ambiente surgen de las pautas de consumo de la población,
así como de las estrategias emprendidas por los propietarios de
las unidades productivas; en otras palabras: para comprender las
transformaciones ambientales de los Llanos de Apan no sólo hay
que analizar sus magueyeras y siembras que la documentación
histórica recoge, sino también entender lo que sucedía en las
mesas, fondas y pulquerías de los centros urbanos.2
Se trata de retomar lo propuesto por Nancy Shoemaker, y ubicar los alimentos dentro de nuestras variantes explicativas: “Situated at the intersection
of environmental history’s most troubling dualism, Man and Nature, food his2

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�Alexis Hernández

Buscamos evitar una narrativa lineal, simple y
declesionista3 de la historia, y situar este trabajo en la antípoda, es
decir, en una historia de tensión, resaltando los matices del proceso
histórico de tal forma que nos permita comprender el complejo
devenir de la región. Es decir, la presente investigación se mueve
entre el aprovechamiento de la tierra y su sobreexplotación, entre
la riqueza de los hacendados y el deterioro del entorno natural.
El último objetivo es, siguiendo a Manuel González de Molina,
introducir la preocupación por la sostenibilidad y la conciencia de
los límites físicos de la naturaleza, incitando a la reflexión sobre
nuestros hábitos de consumo y la percepción que tenemos sobre
ciertos alimentos; citando al historiador español: “La Historia
Ambiental aspira a entender, pues, la acción humana en su
contexto natural, pero no pretende explicarlo todo desde el prisma
ambiental. En esa medida, aporta al discurso historiográfico
tory could help historians escape the resolutely land-based terrain of farms,
fields, forests, waterways, cities, and suburbs where environmental historians
currently ask most of their questions”. Nancy Shoemaker, “Food and the intimate environment”, Environmental History, núm. 14 (2009): 340.
3
La etiqueta de historia trágica o declesionist narrative se les otorga a los
relatos unilineales de historia ambiental, que partiendo del presente o de un
desastre ecológico analizan en retrospectiva cómo se llegó hasta ese momento,
elaborando un relato explicativo como si fuera un fenómeno dominó, ignorando otras variantes que permiten complejizar el tema. Este tipo de trabajo han
sido criticados constantemente, y aunque se siguen practicando se considera
que fueron más numerosos durante una primera etapa de la historia ambiental.
Stefania Gallini, “¿Qué hay de histórico en la Historiografía ambiental en América Latina?”, Historia y Memoria, núm. Número Especial (2020): 197, https://
revistas.uptc.edu.co/index.php/historia_memoria/article/view/11594/9642.
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�Agua de las verdes matas

la preocupación por la sustentabilidad, en coherencia con su
vocación consecuentemente materialista y con la condición
material de toda relación social”.4
“De la ilusión a la erosión no hay más que medio siglo”5
El interés que ha generado a lo largo del tiempo el pulque
y la planta de donde proviene, el maguey, ha dado lugar a un
interés desde el periodo colonial por su estudio, desde distintas
ciencias y disciplinas, ya sea por la riqueza material que
generaba, por las propiedades de la planta y la bebida o también
por las problemáticas sociales que desencadenaba su consumo
excesivo.6 Los magueyes son plantas perennes, xerofitas, que
pueden vivir expuestas a altas temperaturas y con largos periodos
de sequía.7 Éstos pertenecen al género Agave, cuya distribución
geográfica es amplia y de larga data; la información que se tienen
acerca de la domesticación de la planta apunta a que este proceso
ocurrió hace por lo menos 11,000 años, lo que permitió que en el
centro de México, a lo largo de los milenios, se entretejiera una
Manuel González de Molina, “La historia ante el cambio climático: la
conciencia de los límites”, Ayer, núm. 125 (2022): 367.
5
El título se toma de un “poemínimo” del escritor mexicano Efraín Huerta.
Efraín Huerta, Poesía completa (México, DF: Fondo de Cultura Económica,
2014), 463.
6
Rodolfo Ramírez, “El desarrollo de los estudios sobre el maguey en México, de la Ilustración a la Revolución”, Saberes. Revista de historia de las
ciencias y humanidades, núm. 7 (2020): 93–117.
7
Abisaí J. García Mendoza, “Los agaves en México”, Ciencias, núm. 83
(2007): 16, https://www.redalyc.org/pdf/644/64408704.pdf.
4

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relación importante siendo no sólo un centro geográfico de origen
y diversidad sino también de diversificación de la planta, lo cual
incluía su selección, manejo y aprovechamiento.8 Dentro de las
civilizaciones mesoamericanas, la planta y sus productos ocuparon
un lugar importante no sólo en su cotidianidad, sino también en
sus prácticas festivas y los rituales que las acompañaban.
Patricia Colunga ha detectado como más aptos para
la extracción de savia y producción de pulque 41 taxones,9
aunque puntualizando que dentro de este grupo sobresalen
algunas especies, que son: Agave salmiana, Agave mapisaga,
Agave americana, Agave atrovirens, Agave inaequidens y Agave
hookeri.10 Para los fines de nuestra investigación nos centraremos
en sólo uno de sus productos: el pulque, una bebida con cierta
gradación de alcohol -varía entre el 4 al 15%- que se obtiene
mediante la fermentación de la savia extraída de la planta, la
Patricia Colunga-García Marín et al., “Los agaves y las prácticas mesoamericanas de aprovechamiento, manejo y domesticación”, en Domesticación
en el continente americano, t. II. Investigación para el manejo sustentable de
recursos genéticos en el Nuevo Mundo, ed. Alejandro Casas, Juan Torres-Guevara, y Fabiola Parra (Morelia: Universidad Nacional Autónoma de México;
Universidad Nacional Agraria La Molina del Perú, 2017), 275.
9
Patricia Colunga-García et al., eds., En lo ancestral hay futuro: del tequila,
los mezcales y otros agaves (Mérida: Centro de Investigación Científica de
Yucatán, A.C.; Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; Comisión Nacional
para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad; Secretarpia de Medio Ambiente y Recursos Naturales; Instituto Nacional de Ecología, 2007).
10
Gonzalo Álvarez, Del maguey al vaso: el manejo del pulque en las pulquerías del Distrito Federal y en las localidades abastecedoras [Tesis de Licenciatura] (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2015),
8–10.
8

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cual después de crecer entre 8 y 12 años se sitúa en el momento
propicio para su explotación.
Entre todos los usos que se les daba a las especies más aptas
para la producción de aguamiel, el más redituable económicamente
desde el siglo XVII ha sido el de la producción de pulque. Este
elemento impactó el devenir histórico no sólo de las poblaciones
que habitaron el espacio de nuestro estudio sino de su mismo
entorno natural, pues comenzó a experimentar una importante
especialización agrícola como respuesta a la demanda creciente
de pulque en el siglo posterior a la conquista de las civilizaciones
mesoamericanas en la parte central del actual México. Conviene
decir que el consumo de la bebida extraída del maguey pulquero
data de tiempos anteriores al contacto europeo. Los mitos creados
en torno a ella dentro de la cosmovisión mesoamericana, así como
su uso ceremonial y la estricta regulación que rodeaba a la bebida,
mantuvieron los niveles de consumo, y por tanto, la explotación
del maguey, en niveles muy reducidos. El uso que se le daba a
la planta era sobre todo para la elaboración de ropa, viviendas,
como alimento, para la fabricación de enseres domésticos e
inclusive como combustible. Es durante el periodo colonial, y
bajo adversas condiciones económicas, sociales, demográficas y
políticas que comenzó la especialización agrícola del espacio de
nuestra investigación.
La historiografía existente ha señalado a los procesos
históricos de los siglos XVII y XVIII como el inicio de las
transformaciones agrícolas y ambientales consecuencia de la
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expansión magueyera en la región. Fue especialmente durante
el siglo XVIII donde se suscitaron las transformaciones más
profundas; en este caso, se cristalizaron en la extensión gradual
del cultivo del maguey por parte de las comunidades indígenas
como una estrategia para cumplir las exigencias tributarias, la
demanda cada vez más amplia del pulque como consecuencia de
la pérdida de control sobre el consumo de bebidas embriagantes,
y por último, la expansión de las haciendas en la región, espacios
productivos que comenzaron a competir directamente con
las comunidades y productores indígenas en la producción y
distribución de pulque.11
Existen dos hipótesis acerca de la expansión magueyera
durante el periodo colonial en la región central del actual México,
las cuales abordaremos a continuación. Partiendo del estudio de
la región de los Llanos de Apan, el historiador Rodolfo Ramírez
indica que al mediodía del siglo XVIII se presentaron las
condiciones propicias para la modificación del negocio pulquero,
incluida la especialización agrícola de la zona. Este proceso fue
gradual, comenzando con la lenta apropiación de una especialidad
indígena -la explotación magueyera- realizada por corporaciones
religiosas, en especial los jesuitas, pero también por comerciantes
novohispanos, quienes paulatinamente acrecentaron sus
fortunas mediante el acaparamiento de las tierras, las plantas y
Rodolfo Ramírez, “La especialización agrícola de la región de los Llanos
de Apan, el surgimiento del cultivo del maguey de aguamiel (siglos XVI-XVIII)”, Estudios de Historia Novohispana, núm. 64 (2021): 41–81.
11

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la producción del pulque, que experimentó una fuerte demanda
debido al crecimiento poblacional.12
Por otra parte, Bradley Skopyk sitúa el inicio de la expansión
magueyera en la parte central de México un siglo antes, en el siglo
XVII. Tomando como estudio de caso a Tlaxcala, pero declarando
que su hipótesis puede ser aplicada para todo el centro de México,
concluye que durante este siglo se dieron las condiciones políticas,
sociales, económicas y ecológicas, que permitieron a un número
importante de comunidades indígenas, caciques y españoles la
adopción del cultivo de maguey como una opción rentable para
sus tierras; no obstante este proceso conllevó a importantes
consecuencias ecológicas, inclusive transformando los sistemas
agrarios preexistentes y dando lugar al llamado metepantle, una
forma novedosa de aprovechamiento de la tierra que incluía el
uso del maguey y de otros cultivos cerealeros, especialmente en
las laderas, para aprovechar así tierras incultas, de mala calidad
o aquellas que habían sido erosionadas por el paso incansable de
los ganados. A diferencia del escenario ocurrido en los Llanos de
Apan, la apropiación del saber indígena sobre los magueyes por
parte de comerciantes españoles fue posterior al inicio del auge
del negocio pulquero. Es decir, en un primer momento fueron los
caciques indígenas y las comunidades quienes emprendieron las
tareas necesarias para satisfacer la creciente demanda de pulque,
pese a la existencia dispersa de españoles dentro del negocio; los
12

Ramírez, 65.

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archivos que atestiguan los conflictos entre indígenas muestran la
preeminencia de éstos dentro de la producción y comercialización
del pulque.13
En ambos casos podemos señalar la adopción del cultivo
de maguey -y su explotación para la producción de pulque- como
una estrategia para enfrentar las demandas tributarias, así como
las adversas condiciones sociales y económicas del momento; y
enfatizando la propuesta de Bradley Skopyk, como respuesta a
condiciones ecológicas y climáticas marcadas por transformaciones
globales como la Pequeña Edad de Hielo y el Mínimo de Maunder.
Más allá de esta incipiente discusión, consideramos que ambos
estudios no se contraponen, aunque sí delinean características
específicas en cada proceso. Lo fundamental reside en considerar a
las expansiones de los cultivos del maguey en la región central de
México como un cambio con profundas y radicales consecuencias
ecológicas, económicas y culturales. Tomando en cuenta lo tratado
previamente, creemos que las bases para la especialización agrícola
de los Llanos de Apan se produjeron en el transitar del siglo XVII
al siglo XVIII, y sin duda permitieron el florecimiento de un nuevo
negocio, el del pulque, que perviviría durante los siglos posteriores
y especialmente en el periodo que nos interesa, al alba de siglo XX,
cuando mostraría sus límites llevándolo a su casi desaparición en
décadas posteriores.
Bradley Skopyk, Colonial cataclysms. Climate, landscape and memory
in Mexico´s Little Ice Age (Tucson: The University of Arizona Press, 2020),
89–130.
13

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Aunque es necesario considerar que durante estos siglos los
negocios formados alrededor del maguey sufrieron fluctuaciones
importantes, en esencia la forma de explotación de la planta se mantuvo
casi inmóvil; lo que sí se modificó profundamente fue la forma en la
que se aprovechaba entre las comunidades, las haciendas y ranchos,
pasando a mercantilizar sólo una de las formas de aprovechamiento
del maguey: el pulque. Esto resulta importante, pues parte de nuestra
argumentación se sostiene en que la explotación casi exclusiva de
un solo producto dejó de lado los servicios ecológicos que otrora
proveía dentro del ecosistema, lo que es válido al menos para las
haciendas pulqueras a inicios del siglo XX.
La importancia de lo mencionado en renglones previos
reside en que permite contextualizar las transformaciones
ambientales que conllevó tal especialización agrícola a lo largo
de los siglos y que nos permite comprender el medio natural
donde se vivieron los procesos históricos que trataremos en las
siguientes páginas. Pues, si bien la expansión magueyera en el
periodo colonial resultó una brillante estrategia para combatir las
adversidades naturales, sociales, políticas y económicas a las que
se enfrentaban, por otro lado la proliferación excesiva condujo
a transformaciones ambientales como la erosión de tierras y la
necesidad cada vez mayor de ampliar los terrenos de cultivo.14
Si desde el periodo colonial se comenzaban a mostrar
las principales consecuencias ecológicas de la multiplicación
14

Skopyk, 123.

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magueyera ¿ante qué escenario nos enfrentamos al estudiar el
inicio del siglo XX? A la luz de las investigaciones hechas hasta
el momento, podemos mencionar que la tensión inherente al
periodo colonial seguía vigente: mientras que por una parte se
utilizaba como una forma de aprovechamiento de las tierras menos
fértiles y que se situaban en las laderas, también es cierto que la
explotación del maguey para extracción de aguamiel condujo a un
mayor deterioro ambiental, pues para satisfacer la demanda de una
población cada vez más numerosa en los centros urbanos, se tenían
que ir utilizando un número mayor de tierras; a este proceso habría
que agregarle las transformaciones económicas, sociales y políticas
verificadas durante el porfiriato, que permitieron acceder al pulque
a nuevos mercados, aumentando la presión sobre los suelos que
mantenían la producción de aguamiel. Es decir, a cuestiones de
larga data como la especialización de la región se aunaron nuevos
elementos coyunturales, que impulsaron una mayor demanda de
pulque, lo que llevó a las unidades productivas a una explotación
cada vez mayor, y por tanto, a un deterioro ambiental que estaría
entre las causas del declive de la producción pulquera en el siglo
XX. Debido a la amplitud regional y a la limitación documental
a la que nos enfrentamos, se procederá a observar los detalles,
limitando nuestra escala a un caso en específico, el de la hacienda
San Bartolomé del Monte. La limitación espacial no aspira a evadir
diálogos más amplios, sino todo lo contrario, busca insertarse
en esas problemáticas y discusiones, procediendo a observar un
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espacio en particular para proponer una hipótesis que permita
explicar las transformaciones regionales.
Orden, progreso y borrachera
A manera de introducción se ha intentado hacer un recorrido
deambulando por un pasado más antiguo que permita entender
lo que se vivió a principios del siglo XX. Antes que vernos
seducidos por los orígenes de la transformación ambiental, resulta
fundamental establecer que consideramos que para leer en clave
ambiental el pasado, es necesario observar los procesos históricos
no sólo detenidamente sino también por periodos más amplios. En
este caso, al partir de las transformaciones en los agroecosistemas
de aquellos espacios productivos del maguey durante el periodo
colonial, se busca principalmente atender una realidad: un número
importante de las transformaciones ambientales ocurren como
consecuencia de procesos largos, no son inmediatas, pues tardan
décadas en volverse perceptibles.15
Al andar entre los cultivos del maguey, la prisa no tiene
espacio entre los bordos en los cuales se asientan; si consideramos
que su cultivo oscila en promedio entre los 8 y 12 años, podemos
entender los ritmos en los que se verificaron estas transformaciones.
Los cambios en el ecosistema no se presentaban de forma brusca
Alejandro Tortolero, “El historiador que «hablaba» con los pájaros: Juan
Carlos Garavaglia y la historia ambiental latinoamericana”, en Juan Carlos Garavaglia. La pasión por la Historia, ed. Josep M. Fraderea y Raúl O.
Franklin (Buenos Aires: Prometeo, 2020), 154.
15

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y violenta, sino por el contrario, inscritos en procesos largos.
No se está proponiendo un medio ambiente estático en la región
que heredaría siglos de explotación, sino por el contrario, un
proceso de larga data donde existieron ciclos de crecimiento y
constricción, y donde la temporalidad elegida corresponde a un
proceso de crecimiento en el cultivo magueyero, como resultado
de las transformaciones ocurridas en México desde las últimas tres
décadas del siglo XIX, lo que permite evaluar las consecuencias
de este proceso a inicios del siglo XX.16
En la aurora del siglo XX, el aspecto que presentaba
México distaba en ciertos aspectos de las décadas previas. En este
momento encontramos un Estado más sólido, con un régimen
consolidado que marcaría un modelo de nación a seguir. El modelo
de desarrollo francés fue el elegido por el régimen porfirista.
Éste se fundaba en un nacionalismo moderno, cosmopolita y con
predilección de lo urbano sobre lo rural, que concebía la nación
como una construcción homogénea y occidentalizada, organizada
científicamente y con una orientación claramente marcada hacia el
mercado internacional.17 Esto no implica que dejara de ser un país
complejo. Al contrario, las contradicciones internas parecieran ser
Durante el periodo colonial, cuando se verificó la transición hacia la especialización magueyera en diversas regiones las consecuencias ecológicas se
experimentaron en un par de décadas. Skopyk, Colonial cataclysms. Climate,
landscape and memory in Mexico´s Little Ice Age, 123–28.
17
Alejandro Tortolero, Penser avec des chiffres. Banque et investissements
français au Mexique, 1880-1929 (Rennes: Presses Universitaires de Rennes,
2018), 28.
16

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inherentes al modelo que se siguió, el de una nación que mientras
por una parte experimentaba un crecimiento económico sostenido,
así como la expansión de los ferrocarriles, la llegada de bancos,
industrias y la modernización agrícola en algunas regiones, por el
otro, apoyaba su economía en una raquítica circulación monetaria;
mientras que la creación de un mercado nacional y la integración
al mercado internacional eran una realidad, el endeudamiento y la
existencia de la tienda de raya en algunas haciendas mostraban el
otro rostro del México porfirista.
La compleja nación, con el deshojar de los años finales
del siglo XIX y principios del XX, se convertía en una sociedad
cada vez más numerosa. Estos elementos en conjunto con la
consolidación de un mercado nacional gracias a la expansión
ferrocarrilera, así como la creación de empresas monopolizadoras
-por ejemplo, la Compañía Expendedora de Pulque- que buscaron
controlar desde la producción hasta la venta de la bebida en los
centros urbanos, permiten explicar el auge del negocio. Estas tres
variantes explicativas, insertas dentro de un marco general, el del
porfiriato y sus transformaciones económicas, políticas y sociales,
permiten comprender la pertinencia de estudiar el periodo al que
nos enfocamos, pues es un momento idóneo para evaluar las
consecuencias ecológicas que esta situación acarreó.
En este contexto, las unidades productivas de la región de
los Llanos de Apan aprovecharon la situación que se les presentaba,
articulándose “con toda la infraestructura, el capital y la capacidad
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productiva necesaria para convertirse en una empresa moderna
a finales del Porfiriato.”18 Aunque diferimos en considerar a las
haciendas de la región y por lo tanto al negocio pulquero como una
empresa moderna, resulta importante subrayar que la articulación
hacia los mercados urbanos mediante el ferrocarril permite, en
parte, explicar el auge de la bebida, pues debido a la forma en la que
se produce el pulque -mediante la fermentación- el tiempo que se
encuentra en condiciones óptimas para ser bebido es relativamente
corto, y la posibilidad de transportarlo rápidamente representó una
gran ventaja para los productores.
Existen algunas investigaciones que permiten comprender
la magnitud del auge del negocio pulquero durante este periodo.
Diego Pulido, al abordar las prácticas libatorias a principios del
siglo XX en la ciudad de México, encuentra que entre una cuarta y
una quinta parte de los ingresos fiscales del Distrito Federal durante
los años 1896 y 1910 provenían únicamente de la recaudación de
impuestos relacionados con la bebida proveniente del maguey,
y señala: “En 1900 alcanzó su punto más alto, al recaudar 1 104
531.48 pesos de un total de 3 996 046.51, equivalente de ese modo
a 27.64% del presupuesto anual, mientras que el mínimo fue en
1908, año en que representó 22.61% de este.”19 Si consideramos
Rodolfo Ramírez, La querella por el pulque. Auge y ocaso de una industria mexicana, 1890-1930 (Zamora: El Colegio de Michoacán, 2018), 23.
19
Diego Pulido, ¡A su salud! Sociabilidades, libaciones y prácticas populares
en la ciudad de México a principios del siglo XX (México, DF: El Colegio de
México, 2014), 24.
18

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que la ciudad de México era uno de los principales mercados para
las haciendas de la región de nuestro interés, estas cifras pueden
sugerir lo sucedido en la última década del porfiriato.
Otro indicador del aumento en la demanda de la savia
fermentada del maguey lo encuentra Rodolfo Ramírez al estudiar las
cargas de pulque que transportaban distintas empresas ferroviarias,
entre ellas la del Ferrocarril de Hidalgo y del Nordeste, el Ferrocarril
Mexicano, Ferrocarriles Nacionales de México y el Ferrocarril
Interoceánico. Observa que el incremento paulatino comienza a
partir de la última década del siglo XIX, siendo en este periodo
donde el Ferrocarril Mexicano presenta un marcado crecimiento;
algunos años posteriores los otros ferrocarriles experimentaron un
proceso similar, de forma que el autor escribe: “Así, de 1900 a
1913 se llegan a cantidades extraordinarias, lo que coincide con
la época del auge en la producción de las haciendas pulqueras
y, al mismo tiempo, en la gran demanda existente en la capital,
además de ser el momento […] de la organización de las primeras
compañías expendedoras de la bebida, que intentaron monopolizar
la producción, distribución y comercialización del pulque […]”20
Aunque es cierto que el momento al que asistimos mediante
la documentación es privilegiado para evaluar las consecuencias
ambientales de este auge, es importante señalar que si fijamos
nuestra atención sobre la demanda de pulque en una duración más
Ramírez, La querella por el pulque. Auge y ocaso de una industria mexicana, 1890-1930, 61.
20

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amplia, podemos notar otros momentos de auge en el negocio. La
importancia de este periodo reside en la recuperación de los niveles
de producción y consumo de la bebida posterior al tormentoso
siglo XIX, que en conjunto con los factores mencionados permite
comprender el alcance del esplendor pulquero en este periodo,
como lo señala Mario Huacuja y Juan Felipe Leal, que al construir
series de precios y de recaudación fiscal encuentran que: “La
recuperación y la expansión de cobro de tales impuestos entre 1865
y 1917, hallan su explicación en el rápido crecimiento del mercado
capitalino ocurrido en el último tercio del siglo pasado; en la
construcción de los ferrocarriles, que logró activar un espectacular
boom de la economía pulquera; en la consolidación del Estado
nacional, y en la reorganización de la hacienda pública […]”21
Como se puede inferir de lo mencionado anteriormente, el
pulque era una de las bebidas favoritas de la población, no sólo en
la ciudad de México sino en toda la parte central del país; como
se mencionó al inicio del artículo, la historia de las comunidades
humanas en esta área ha sido íntimamente bordada con ixtle y
espinas de maguey. Necesario es puntualizar que, si bien se han
mencionado los múltiples usos que se hacían de la planta, en las
haciendas magueyeres el interés principal era la mercantilización
de la savia fermentada; de la misma forma en los centros urbanos
el principal producto que se buscaba era el pulque. Aunque existía
Juan Felipe Leal y Mario Huacula, Economía y sistema de haciendas en
México. La hacienda pulquera en el cambio. Siglos XVIII, XIX y XX (México,
DF: Juan Pablos Editor, 2011), 110.
21

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toda una serie de prácticas culturales en torno al maguey pulquero
-que hasta la fecha son visibles en las zonas donde aún se cultiva-,
en esta investigación nos limitamos al pulque por su importancia
en el periodo estudiado.
El pulque es una bebida alcohólica resultado de la fermentación de la savia del maguey conocida como aguamiel. El
agrónomo y hacendado José Carmen Segura definía al aguamiel
de la siguiente manera: “[…] es un líquido azucarado, incoloro, ligeramente ácido, límpido y transparente […] de sabor dulce
y de olor herbáceo especial”.22 Debido a sus características, el
aguamiel varía en sabor, calidad y composición, de acuerdo a la
planta, a la tierra y a las condiciones atmosféricas; una lluvia o
el exceso de calor o frío, podían estropear la savia, por lo que la
producción del pulque también dependía de estos vaivenes. Esta
bebida es descrita por el mismo autor en los siguientes términos: “El pulque es el producto de la fermentación del aguamiel;
es un líquido alcohólico, mucilaginoso, teniendo en suspensión
corpúsculos blancos que se dan al líquido este color y un olor sui
generis, de un sabor especial, más ó menos azucarado, según sea
fuerte o suave.”23 Es esta bebida la que se convertiría en una de
las más socorridas en la región central del país, ya no sólo en los
centros urbanos, sino en las haciendas mismas y en los pueblos
José C. Segura, El maguey. Memoria sobre el cultivo y beneficio de sus
productos (México: Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 1891),
105.
23
Segura, 109.
22

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anejos a ellas. Como se mencionó al inicio del artículo, desde
los siglos inmediatos a la conquista gozó de gran popularidad,
y para el periodo de nuestro interés esta sed de pulque no hizo
sino aumentar, al punto de convertirse, en consideración de la
élite porfiriana y de los grupos más acomodados, en un verdadero
problema, pues al igual que al maíz se le atribuía una connotación
negativa debido a la alta demanda dentro de los grupos sociales
que se ubicaban en los estratos más bajos de la pirámide que era
la sociedad porfirista, siendo, en consideración de esos grupos, un
obstáculo para la modernización del país.24
La venta y el consumo de pulque que existía en los centros
urbanos iba acompañada de toda una serie de prácticas culinarias
que no hacían sino reforzar la imagen negativa que se cernía no sólo
sobre la bebida, sino también sobre sus consumidores, y en menor
medida sobre sus vendedores y productores. En esta dinámica,
los alimentos de los que se acompañaba el consumo de pulque en
la mayoría de los expendios recibían las mismas connotaciones
negativas que la bebida. Estos distintos platillos tenían gran
relevancia pues muchas de las pulquerías eran reconocidas por los
alimentos que preparaban las mujeres, tanto dentro del expendio
como en sus inmediaciones. De esta manera, el bullicio, el
desorden, los conflictos que se suscitaban del consumo excesivo de
la bebida, los aromas y sabores de los alimentos que acompañaban
Jaffrey M. Pilcher, ¡Que vivan los tamales! Food and the making of
Mexican identity (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1999), 70.
24

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los litros de pulque, todo resultaba preocupante para ciertos grupos
sociales, pues en su consideración no sólo obstaculizaban el
progreso y la modernización del país, sino también eran de mal
gusto y antihigiénicos.25
Por su cercanía y densidad demográfica, el principal
mercado de las haciendas de los Llanos de Apan era la ciudad de
México, ciudad que ya no sólo era de los palacios sino también de
las pulquerías, como hicieron notar en mayo de 1909 los editores del
periódico El Diablito Rojo.26 Esta situación permite comprender
la amplitud de la demanda de pulque en el centro urbano más
importante del país. Las consecuencias en términos sociales y
culturales de este creciente consumo de pulque es un tema que
superaría nuestra actual investigación, por lo que nos limitamos
a subrayar la magnitud de la demanda de pulque; retomando a
Alan Knight, podemos inferir lo que esto significó para las
unidades productoras: “[…] el pulque de los llanos de Apan inundó
la ciudad de México para saciar la sed de la capital, que exigía
medio millón de litros diarios”.27 Aunque es cierto que, como
mencionaba José C. Segura, en la última década del siglo XIX, en
Áurea Toxqui, “Breadwinners or Entrepreneurs? Women’s involvement
in the pulquería world of Mexico City, 1850-1910”, en Alcohol in Latin America. A social and cultural history (Tucson: The University Arizona Press,
2014), 119.
26
Citado en Pulido, ¡A su salud! Sociabilidades, libaciones y prácticas
populares en la ciudad de México a principios del siglo XX, 11.
27
Alan Knight, La revolución mexicana. Del porfiriato al nuevo régimen
constitucional (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2010), 115.
25

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Tlaxcala, Querétaro y Puebla se consumían grandes cantidades de
pulque, y que la producción del mismo en Guanajuato, San Luis,
Oaxaca, Michoacán, Jalisco y estado de México sobrepasaban en
conjunto a lo que se consumía en la ciudad de México, su alcance
era limitado a comparación con la región de nuestro interés, por lo
que es totalmente plausible que tomemos como indicadores de la
creciente demanda de pulque lo ocurrido en la ciudad de México.28
Fotografía 1.
El pulque era consumido por personas de todas edades.

Fuente: Hermanos Casasola, Personas consumen pulque a la entrada
de una pulquería, 1917, Fototeca Nacional, INAH.
28

Segura, El maguey. Memoria sobre el cultivo y beneficio de sus productos, 5.

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Al revisar la documentación de la hacienda San Bartolomé del
Monte, ésta nos muestra que casi la totalidad de su producción
pulquera era dirigida hacia la ciudad de México y en una
cantidad mucho menor hacia Texcoco, además de una parte que
era consumida al interior de la finca por los trabajadores. En
este caso, desde 1906 cuando Ignacio Torres Adalid adquiere la
hacienda, y hasta 1909 -momento en el que se funda la Compañía
Expendedora de Pulque- la producción de San Bartolomé del
Monte se distribuía mayoritariamente en los expendios propiedad
de la familia Adalid, como lo atestigua la copiosa correspondencia
entre el administrador de la hacienda y el dueño, donde al tomar
posesión de la finca y en el proceso de adaptación, las quejas de los
familiares del propietario son constantes. Por tomar un ejemplo,
el 6 de septiembre de 1906 reportaba la queja en los siguientes
términos: “El Sr. Joaquín Adalid me escribió refiriéndose, quejoso
del Pulque; le contesto atentamente suplicándole nos dispense y
una vez más me dedico con empeño á evitarle mas molestias en
este ramo.”29
La hacienda de la que se ocupa nuestro estudio se
encuentra inserta en la dinámica comentada previamente, en la
que las haciendas magueyeras ligadas a los mercados urbanos y
articuladas con la infraestructura ferroviaria, se ven orilladas a
satisfacer las demandas de un mercado nacional consolidado, y
Archivo Histórico de la Hacienda San Bartolomé del Monte (en adelante
AHHSBM), Correspondencia 9 de septiembre de 1906, Libro 6, f. 185.
29

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especialmente el de la ciudad de México. Es aquí donde podemos
inferir que las haciendas de la región -con sus necesarios matices
abordados más adelante- se ajustan a lo propuesto por Alejandro
Tortolero sobre las haciendas, cuando menciona que “[…] México
sufrió una transformación importante en el último tercio del siglo
XIX sobre todo en las regiones ligadas a la expansión urbana y a
los mercados interconectados a los sistemas ferroviarios. En estas
regiones la hacienda no es una explotación ineficiente, sino que
allí encontramos una unidad productiva con importantes avances
tecnológicos, con propietarios interesados en la explotación
racional y en los beneficios mercantiles.”30
De esta manera, en la primera década del siglo XX
nos encontramos ante el momento de esplendor del negocio
pulquero. No obstante, esta situación no es exclusiva de la
región, ya que podemos encontrar contextos similares en
otras latitudes, especialmente en aquellas regiones conectadas
al mercado nacional e internacional. Este proceso no estuvo
exento de contradicciones e impide hacer generalizaciones, ya
que el mosaico agrícola que era México durante el periodo no lo
permite. Resulta importante señalar que el auge que nos interesa,
el del pulque, se presenta en un sector agrícola tradicional, menos
propenso a las innovaciones tecnológicas, pero que al estar
ligado a la demanda del mercado nacional obliga a los centros
Alejandro Tortolero, Notarios y agricultores. Crecimiento y atraso en el
campo mexicano. 1780-1920 (México, DF: Siglo XXI; Universidad Autónoma
Metropolitana - Iztapalapa, 2008), 38.
30

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productivos, especialmente a las haciendas, a adoptar diversas
estrategias para poder satisfacerla. Aunque la historiografía
generalmente ha considerado “la modernización” de las
haciendas pulqueras como la forma en la que los productores
responden a esta demanda, el estado de nuestra investigación
nos indica que contrario a la idea de una modernización, sólo
existieron anhelos modernizadores que terminaron por reforzar
el modelo preexistente al no transformar la estructura económica
y social de las haciendas magueyeras.
Pese al intento de diversos hacendados como el del
agrónomo José C. Segura por introducir nuevas herramientas
para el proceso de recolección del pulque, para el periodo de
nuestro interés no existen datos concluyentes que permitan
hablar de la modernización en las haciendas pulqueras. El
contexto demográfico, social, económico y político del porfiriato
permiten entender qué ocasionó el auge del negocio pulquero; las
respuestas de los empresarios y hacendados ante esta oportunidad,
así como sus consecuencias ecológicas son las que se evaluarán
a continuación.
Entre la agricultura y la aristocracia. Haciendas,
magueyes, pulque y medio ambiente
Durante el porfiriato, los Llanos de Apan fueron una región
dominada por las haciendas, espacio donde tenía sus propiedades
la llamada “aristocracia pulquera”, conformada por los personajes
más importantes del negocio. A este grupo, que bajo la euforia de
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la reconstrucción nacional posterior a la vorágine revolucionaria
fue atacado constantemente, José Vasconcelos se refería en los
siguientes términos: “Sus obras son los tinacales donde fermenta
el pulque. Haciendo todo esto llevan siglos […] A ellos, familias
sin gloria, pergaminos de maguey, aristocracia pulquera. Mientras
subsistan no será posible educar, no será posible salvar a la
población del centro de México.”31
Generalmente el hacendado en la región peregrinaba
entre dos de las realidades históricas que cohabitaban en
el país, y su imagen se ajusta a la siguiente descripción: “su
lado modernizador y su orientación mercantil lo impulsan a la
innovación, pero su posición social de actor de tipo antiguo, de
actor en sociedades de antiguo régimen, le confieren un estatus
y una búsqueda de prestigio que es necesario enfatizar.”32 La
región, en consecuencia, se veía inmersa entre ambos polos,
por una parte conectada mediante las vías férreas a los centros
urbanos cada vez más modernos, cercana a unidades productivas
agrícolas con fuertes sumas de inversión en tecnología, pero
por otro lado con una riqueza cada vez mayor que se basaba
en el auge de una bebida fuertemente criticada por aquellos
propulsores de la modernidad, atada a una agricultura tradicional,
a formas de trabajo antiguo, donde el endeudamiento limitaba la
El Maestro. José Vasconcelos, “Aristocracia pulquera”, 1 de junio, 1921,
217.
32
Tortolero, Notarios y agricultores. Crecimiento y atraso en el campo mexicano. 1780-1920, 53.
31

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libertad de movimiento de los peones de las haciendas, y donde
instituciones sociales de tipo antiguo se encontraban en una
lenta transición que generaría conflictos y protestas al interior
de los latifundios.
Fue este grupo el que dominó económica, política y socialmente la región. Para dimensionar la cuestión puede servirnos
como indicador lo que menciona un texto presentado en 1898 ante
el Congreso Internacional de Agricultura que tuvo lugar en Forth
Worth, Texas. En él se contabilizaban 278 haciendas y ranchos
pulqueros, y resulta esclarecedor que gran parte de los ranchos
que se encontraban anexos a las haciendas formaban parte de la
misma unidad productiva, aunque eran registrados como propiedades individuales.33 En el caso de San Bartolomé del Monte, la
hacienda contaba con dos ranchos cercanos, el de Santa Teresa
y Tlamapa, cuya producción de pulque era enviada a la hacienda
para de ahí ser embarcados hacia la ciudad de México.34 Para
poder comprender la importancia del grupo dentro del negocio
pulquero y la región, retomamos la caracterización que algunos
autores hicieron de ellos, considerándolos como una “parte integrante de una burguesía diversificada y concentrada, que sigue
patrones monopólicos; lo mismo en la agricultura que en el comercio, la banca y la industria. Se trata de componentes de la oligarquía “científica” que, conforme avanza el siglo, tiende más y
Pedro Rincón Gallardo, El maguey (México: Imprenta de la Sociedad
Agrícola Mexicana, 1901), 22.
34
AHHSBM, Correspondencia 30 de octubre de 1907, Libro 3, f. 1.
33

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más hacia una súper concentración, que margina inevitablemente
a otros segmentos de las clases dominantes.”35
De esta forma, este antiguo corredor transitado por los
arrieros que partían de Veracruz en su camino hacia la ciudad
de México, y que geográficamente coincidía con los vértices
de los estados de Hidalgo, Tlaxcala y el estado de México, se
encontraba repleto de haciendas, en menor medida ranchos y
en proporciones inferiores, de pueblos. Los límites espaciales
de una región generalmente son bastante tenues; en nuestra
concepción, para delimitar los Llanos de Apan podemos partir
de su devenir histórico, condiciones naturales y orientación
productiva, pero en términos físicos, la altitud del terreno es un
indicador que permite definir los límites del espacio de nuestro
estudio. Lorenzo Monterrubio en su trabajo sobre las haciendas
pulqueras, expresaba: “Cuando en algún lugar la producción
pulquera deja de ser la predominante, cediendo lugar a la
explotación de otros cultivos, a la ganadería o a la maderería,
encontramos un indicativo de gran relevancia para comenzar
a acotar la zona.”36 Al estudiar el terreno encontramos que
más allá de la propuesta de Monterrubio de ubicar los límites
espaciales en los 2,600 metros de altitud, lo más acertado sería
Juan Felipe Leal y Mario Huacula Rountree, “San Antonio Xala. La vida
en una hacienda pulquera en los primeros días de la revolución: 1910-1914”,
Estudios Políticos, núm. 18–19 (s/f): 253, https://www.revistas.unam.mx/index.php/rep/article/view/61106.
36
Antonio Lorenzo Monterrubio, Las haciendas pulqueras de México (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2007), 34.
35

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acotar el espacio de nuestro estudio por encima de los 3,000
metros de altitud.
Mapa 1.
La altitud de los Llanos de Apan como delimitador regional

Fuente: Elaboración del autor con recursos obtenidos del satélite ALOS
de la Japan Aerospace Exploration Agency y National Aeronautics and
Space Administration.

Al analizar otras propuestas para delimitar la zona, como la de la
CONABIO, verificamos que para incluir haciendas importantes
que quedarían fuera por la variante de la altitud, y para practicidad
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de esta investigación, habría que situar la región de los Llanos de
Apan en las siguientes coordenadas: 20°04’48”N, 98º38’24’’O
- 19°27’00”N, 98º12’36’O.37 Es necesario enfatizar, lejos de
idealizar el espacio de nuestro estudio como el más apto para el
cultivo de maguey, que lo importante para una discusión desde la
historia ambiental sería problematizar el área, pues esto permite
contrastar realidades históricas sobre ideas que se hicieron,
y de esta forma proponer que fueron actores sociales, factores
históricos, económicos, sociales -y en menor medida naturaleslos que permitieron la emergencia de la idea sobre “la región
pulquera”, y por tanto la especialización agrícola de la región.
Estas unidades productivas en los Llanos de Apan
medían en promedio 1,500 hectáreas y contaban con una doble
racionalidad productiva, ya que gran parte de los espacios
estaban destinados para el cultivo del maguey, y en menor
número para diversos cereales y hortalizas.38 La hacienda en sí
constituía no sólo una unidad productiva, sino una comunidad
humana jerarquizada en donde en la cúspide se encontraba el
hacendado, y posteriormente un universo de trabajadores que
variaba en el tipo de funciones desempeñadas y por tanto en su
remuneración. Dentro de este grupo existían contrastes bastante
Laura Arriaga Cabrera, Verónica Aguilar Sierra, y Javier Alcocer Durand,
Aguas continentales y diversidad biológica de México (México, DF: Comisión
Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, 2000), 119.
38
Ramírez, La querella por el pulque. Auge y ocaso de una industria mexicana, 1890-1930, 40.
37

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marcados; estos latifundios hacían sobre todo una ostentación
de la modernidad porfirista, generalmente visible en su
arquitectura, pues sus sistemas de trabajo, la deficiencia técnica
y tecnológica en la agricultura, así como sus sistemas de cultivo
contradecían esa apariencia. La gran propiedad de los Llanos de
Apan era así “un sistema económico y social, al igual que los
pueblos, fundamentado en los derechos de uso de la tierra y el
agua, cuyo objetivo era la explotación de los recursos naturales
por medio del cultivo y/o el arrendamiento. Este objetivo se
conseguía a través de la organización del trabajo, así como la
provisión de las empresas con las instalaciones necesarias para
el sustento.”39
La hacienda de San Bartolomé del Monte, en los años
de nuestro estudio, pasa a manos de uno de los personajes más
prominentes en el comercio del pulque durante el porfiriato,
Ignacio Torres Adalid. Aunque la transacción fue realizada
en septiembre de 1906, el proceso de traspaso se llevó
algunos meses y no es sino hasta noviembre del mismo año
que se concluye.40 Esta unidad productiva no se ajusta a las
dimensiones mencionadas en el párrafo previo, pues contaba
con 12,540 hectáreas -de las cuales casi el 60% de su extensión
eran de monte-, empero se ajusta a las descripciones hechas
sobre las haciendas pulqueras, además que geográficamente se
María Eugenia Ponce, “El habitus del hacendado”, Historia y Grafía, núm.
35 (2010): 57.
40
AHHSBM, Libro 110, f. 840.
39

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encuentra inserta en el espacio de nuestro interés, y su principal
producto comercial era el pulque. Además, es un claro ejemplo
de las actitudes tomadas por los propietarios para expandir el
cultivo de maguey, pues paulatinamente se iba desbrozando el
monte para ir dando lugar a nuevas magueyeras.
Al intentar analizar la forma en la que se concebía la
región, existe una frase que ha marcado nuestra comprensión, y
que lanza sobre este espacio una imagen bastante negativa. Uno
de los escritores mexicanos decimonónicos más importantes,
Manuel Payno, en su estudio sobre el maguey, describía hacia
1864 de la siguiente manera el espacio geográfico de nuestro
interés: “La región del maguey, destituida de arboledas, es una
tierra delgada, pedregosa y árida en muchos lugares, presentando
en lo general un aspecto de monotonía que desconsuela, pues
nada hay tan triste como una hacienda de pulque…”41 Esta
imagen quedaría grabada en la concepción sobre el lugar, pues
trabajos posteriores no hicieron sino repetir el sentido de la frase.
Un ejemplo de ello es el apartado que Luis Velasco dedica a la
parte tlaxcalteca de la región de los Llanos de Apan: “En esos
llanos tristes, en que falta el agua, y que sólo lo fertilizan las
lluvias, crecen asombrosamente los agaves, y sólo se descubren
las extensas magueyeras y uno que otro sembradío.”42
Manuel Payno, Memorias sobre el maguey mexicano y sus diversos productos (México: Imprenta de Andrés Boix, 1864), 37.
42
Luis Velasco, Geografía y Estadística de la República Mexicana, t. XI
(México: Oficina de la Secretaría de Fomento, 1892), 46.
41

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Mapa 2.
Ubicación de las haciendas y ranchos en los llanos de Apan
durante el porfiriato

Fuente: Elaboración del autor con base en Monterrubio, Las haciendas,
2007.

De esta manera, el antiguo corredor pasa a ser inmortalizado como
un espacio que, por sus condiciones geográficas, sólo es apto para
el cultivo de maguey, convirtiéndose así en el “altiplano pulquero”,
pues como menciona José C. Segura: “La verdadera zona del
maguey manso fino, es más bien fría que templada, cuyos límites
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ya hemos designado al principio de esta Memoria; tiene una altitud
sobre el nivel del mar de 2,220 metros á 2,700, y su composición
geológica es una toba arcillosa, llamada tepetate”.43 Esta somera
caracterización de las condiciones edafoclimáticas, vista desde una
mirada crítica, no hizo sino justificar la preeminencia del cultivo de
maguey frente a otros, construyéndose así una visión limitada de
la complejidad de la región, pues pese a esas condiciones adversas
del suelo y el clima, los magueyes también necesitan de bastantes
cuidados, como el mismo autor lo indica: “Aunque constituido para
soportar las sequías y la rápida evaporación, debido á la altura en que
vegeta, los rigores del invierno, las granizadas y otras inclemencias
cuando está en producto, le perjudican, pues es bastante sensible
á las influencias atmosféricas, disminuyendo su producto por un
abatimiento en la temperatura, por los fuertes vientos que soplan y
por cualquiera perturbación atmosférica”.44
Como se sigue de los párrafos anteriores, existen limitaciones
naturales dentro de la región que por una parte han sido subrayadas al
extremo para caracterizarla como un espacio monótono, de aspecto
triste y casi desértico, donde casi nada se podía cultivar excepto
el maguey. Esta imagen decimonónica no se ajusta totalmente a
la realidad, las haciendas tenían una doble racionalidad, donde
mientras que una parte se destinaba a los cultivos que podían ofrecer
al mercado, otra parte se usaba para las necesidades al interior de la
43

62.
44

Segura, El maguey. Memoria sobre el cultivo y beneficio de sus productos,
Segura, 61.

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hacienda, no sólo para alimentar a sus trabajadores, sino también a los
animales y acumular reservas para los tiempos más difíciles. Si bien
no era una tierra paradisíaca, no es tampoco una tierra a la que no se
le pudieran arrancar otros cultivos. Si revisamos la documentación
de la hacienda San Bartolomé del Monte, las referencias a otros
cultivos -así como a su comercio- son constantes e importantes,
para lo que basta con analizar la información cualitativa expresada
en la correspondencia para darnos cuenta de ello (a finales de julio
de 1909, por ejemplo, se enviaron 200 hectolitros de maíz al jefe
político de Otumba, Trinidad Guarneros).45
No se trata de negar las limitantes biofísicas a las que se
enfrentaron los grupos humanos que habitaron la región a lo largo
del tiempo, sino sobre todo de subrayar que se ha creado una
concepción sobre la región que no se ajustaba del todo a la realidad.
Esta imagen permeó profundamente, y no permite comprender el
proceso de la expansión magueyera debido a la creciente demanda
que experimentó en las últimas décadas del siglo XIX. En el periodo
de nuestro interés es visible la tensión que se exponía en páginas
previas, respecto a la dicotomía aprovechamiento-sobreexplotación,
lo que obliga a superar la concepción binaria de la relación entre el
ser humano y su entorno natural, y además subraya las consecuencias
de haber mantenido una forma tradicional de agricultura en un
contexto donde la demanda era cada vez más amplia. La tensión
parece inherente al cultivo de maguey a gran escala: por una parte,
las condiciones de la planta permiten su cultivo en lugares menos
aptos para la siembra de cereales, lo que permite el aprovechamiento
45

AHHSBM, Correspondencia 28 de julio de 1909, Libro 3, f. 297.

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en laderas, pero por el otro, al existir una mayor demanda, tierras que
pudieran ser aprovechadas para otros cultivos son ocupadas por los
magueyes para poder cumplir con las exigencias del mercado. La
mercantilización de un producto del maguey privó al ecosistema de
obtener los servicios ecológicos que esta planta puede proporcionar
dentro de un medio natural frágil y de condiciones adversas, y por
el contrario, no hizo sino acrecentar las condiciones adversas del
suelo. En la documentación encontramos referencias constantes a las
dificultades para poder sembrar el maguey debido a las condiciones
del terreno, que era descrito como quebrado y con extensiones
importantes de suelo tepetatoso, lo cual dificultaba los trabajos al
necesitar hacer zanjas, bordes, y una cantidad importante de majada
para abonar el terreno.46
El ecosistema de los Llanos de Apan era -y sigue siendocomplejo, no únicamente un llano triste en el que únicamente tenían
lugar las interminables magueyeras de las haciendas. Albergaba
una flora y fauna importante, situación que se vio alterada debido
a la presión cada vez mayor sobre la tierra para poder extender los
cultivos de maguey y así satisfacer una demanda importante que
representaba un gran negocio para los propietarios y empresarios,
en los que comúnmente no existía una línea divisoria. Al analizar
la parte meridional de la región, la concerniente a Calpulalpan y
pueblos cercanos, el antropólogo Francisco Castro, tomando en
cuenta el conocimiento tradicional de los agricultores, da cuenta
de una variedad de suelos, no sólo tepetatosos y arenosos, sino
46

AHHSBM, Correspondencia 19 de septiembre de 1906, Libro 6, f. 245.

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también barrosos, lo que determina los cultivos que actualmente
los campesinos hacen; desafortunadamente, como menciona el
autor, no existen estudios etnoedafológicos que den cuenta con
mayor precisión y profundidad de la complejidad de los suelos
de la región.47 Al recopilar la información existente, el resultado
que nos arroja es muestra de la diversidad edafológica, donde la
mayoría de los espacios que conforman la región son aptos para
el cultivo, al ser el phaezom un suelo fértil.
Tabla 1. Tipos de suelos en los Llanos de Apan
Municipios

Tipos de Suelos
Phaeozem

Andosol

Almoloya

49%

14%

Apan

64%

-

Emiliano
Zapata

70.18%

Tlanalapa

71.71%

Durisol

3%

Vertisol

Leptosol

Umbrisol

22.85%

11%

2%

25.50%

4%

0.74%

21%

7%
18%

Tepeapulco

28%

Singuilucan

55.47%

Zempoala

59.87%
21%

2%

45%

Otumba

9%

Nopaltepec

S/F

Axapusco

76%

S/F

Calpulalpan

85%

10%

1%

Tlaxco

66%

28%

1%

23.41%

12%

10%

4%

3%

24%

0.27%

29.46%

S/F

S/F

S/F

17.61

1.62%

1.62%

S/F

2%

Elaboración del autor con datos del Prontuario de Información
Geográfica Municipal, INEGI, 2009.
Nota: Se omite aquellos suelos que por su porcentaje resultaban
ínfimos en comparación de otros tipos de suelos.

Francisco Castro, Colapsos ambientales-transiciones culturales (México,
DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2006), 237.

47

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A lo largo de este artículo se ha señalado constantemente que la
imagen histórica que se ha vertido sobre los Llanos de Apan no
se ajusta totalmente a la realidad, lo cual obliga a interrogarnos
sobre las consecuencias a inicios del siglo XX de la expansión
magueyera, pues partimos de comprobar que las condiciones
naturales pueden limitar, pero no determinan -en un sentido
determinista- el devenir agrícola y ecológico de una región.
La respuesta está, como se había subrayado, en cuestiones
antrópicas. Estudios realizados desde la antropología ecológica
muestran que durante el esplendor de la región, la magueyeras
formaban un agroecosistema “donde los suelos y la humedad
quedaban retenidos en las fértiles melgas delimitadas por hileras
y cercas de maguey, por metepantles que albergaban una notable
biodiversidad de moluscos, artrópodos, reptiles, marsupiales,
roedores, mustélidos.”48 Aunque debe de interpretarse con el
debido cuidado, este indicio permite considerar que pese a esto, la
expansión magueyera trajo consecuencias, pues si bien en ciertos
terrenos menos aptos para la agricultura representó una forma de
aprovechamiento, por el contrario, esa misma expansión afectó las
tierras más fértiles. La tensión inherente al proceso de expansión
magueyera mencionado previamente se intensifica y se articula a un
nuevo contexto: la consecuente demudación de la biodiversidad, la
erosión de espacios más amplios, así como la pérdida de diversidad
genética por la reproducción del maguey, fueron apenas el preludio
48

Castro, 373.

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de la crisis que experimentó el negocio pulquero y que lo llevó a su
casi desaparición en las décadas posteriores.
Una región con una economía orgánica, dedicada
esencialmente a una agricultura tradicional, con innovaciones
tecnológicas de alcance limitado, no encontró otra forma de
satisfacer una demanda cada vez más amplia de su principal
producto más que expandiendo los terrenos dedicados al cultivo
de maguey. En la hacienda San Bartolomé del Monte son
numerosas las referencias a nuevos desmontes para poder ampliar
la zona cultivada; así, en 190649 encontramos los desmontes más
marcados, y en 190950 las referencias son constantes pero ahora
los espacios a desmontar ya no sólo son los pertenecientes a la
hacienda sino también en los ranchos anejos; posteriormente, en
191151 volvemos a encontrar la apertura de nuevas tierras. Otras
de las estrategias empleadas para expandir el cultivo magueyero
fue la de adquirir nuevas propiedades en la región; la compra de
San Bartolomé del Monte es claro ejemplo de ello, ya que estas
nuevas fincas se articulaban a la red productiva familiar, aunque
generalmente las propiedades que se adquirían eran de menores
dimensiones, generalmente eran ranchos.52
Una de las variantes explicativas que se han manejado
desde el inicio del texto fue la del crecimiento demográfico como
49
50
51
52

AHHSBM, Correspondencia 12 de septiembre de 1906, Libro 6, f. 193.
AHHSBM, Correspondencia 31 de agosto de 1909, Libro 17, f. 5241.
AHHSBM, Correspondencia 12 de julio de 1911, Libro 24, f. 6945
AHHSBM, Correspondencia 30 de noviembre de 1906, Libro 14, f. 4321.

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un propulsor de la expansión magueyera, observando en este
elemento una de las principales causas de la tensión ecológica
existente en la hacienda. No obstante, ¿cuáles fueron las actitudes
de los propietarios ante este proceso? La tendencia generalizada
fue, como se ha podido entrever, la de aumentar la extensión de
tierras dedicadas al cultivo del maguey. Algunos investigadores
encontraron que hacia el último tercio del siglo XIX, los
hacendados de la región comenzaron a explotar nuevas áreas que
otrora eran de reserva; además, dentro de las unidades productivas
se privilegiaba la producción para el mercado antes que el auto
abasto, y como se ha mencionado, el principal producto para el
mercado era el pulque.53
Esto nos lleva a retomar una problemática planteada en otro
momento acerca del impacto del cultivo extensivo del maguey, en
el que se apuntaba que uno de los principales elementos causantes
de la demudación ambiental fue la proliferación indiscriminada
de la especie más apta para la producción de aguamiel, conocida
en el periodo de nuestro estudio como “maguey manso”. La
problemática reside no en el maguey por sí mismo, si no en una
forma específica de manejo -a gran escala- en un espacio complejo,
con tierras en algunas zonas bastante frágiles y erosionadas, donde
el cultivo intensivo de maguey para pulque no hizo sino profundizar
la pérdida de diversidad genética que conlleva la especialización
Leal y Huacula, Economía y sistema de haciendas en México. La hacienda
pulquera en el cambio. Siglos XVIII, XIX y XX, 97.
53

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y explotación de una sola especie, así como mayor erosión en los
suelos y la exposición a mayor número de enfermedades y plagas
para las plantas como consecuencia de la pérdida de diversidad
genética. El alcance limitado de las innovaciones tecnológicas
en la región no modificó la forma de explotación del maguey;
la propia limitante que el cultivo imponía y la complejidad de
los suelos de la región, mostrarían a los hacendados los límites
del negocio pulquero, al que respondieron presionando más los
suelos al expandir los cultivos a nuevas áreas.
La fertilidad de los suelos se ve deteriorada por su uso
intensivo y monótono, así como por la pérdida de materia
orgánica y diversidad biológica, como ha encontrado José
Manuel Naredo para el caso español.54 En cuanto al altiplano
pulquero, podemos decir que entró en esa dinámica a inicios del
siglo XX, justo en el momento en el que la demanda aumenta y
por tanto la problemática se extiende, al buscarse expandir los
cultivos. Los múltiples servicios ecológicos que los magueyes
pueden proporcionar al medio se ven limitados, principalmente,
por el manejo que se hace de ellos, pues son explotados antes de
que alcancen su madurez y puedan florecer, pues la extracción de
aguamiel así lo exige, por lo que ese ciclo de crecimiento se ve
interrumpido, ocasionando que no se produzca la inflorescencia
José Manuel Naredo, “La modernización de la agricultura española y sus
repercusiones ecológicas”, en Naturaleza transformada. Estudios de Historia
Ambiental en España, ed. Manuel González de Molina y Joan Martín Alier
(Barcelona: Icaria, s/f), 68.
54

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de la planta, que es de donde proceden los mayores recursos y los
más aprovechados por diversos grupos biológicos.55
Las limitantes naturales de la región se aseveran por causas
antrópicas agudizando el proceso de demudación ambiental,
y convirtiendo grandes espacios en terrenos duros y difíciles de
trabajar.56 Si contrastamos con otras latitudes, en este caso con
la hacienda de Zoquiapan en Chalco, y uno de los puntos de
innovación tecnológica y agrícola más importantes de la parte
central de México, nos percatamos que de sus tinacales salían hasta
1,000 barriles diarios de pulque. Un elemento para considerar sobre
ese espacio, es que hacia 1887 se comenzó el cultivo de maguey,
y algunos años después, cuando las plantas se encontraban en su
etapa idónea para producir aguamiel, se logró producir el doble de
pulque a comparación con las haciendas del altiplano pulquero.57
Más allá de las diferencias visibles entre ambos espacios, y de las
calidades de pulque que se producían, pues la de los Llanos de
Apan era la que, en la percepción de los consumidores, producía
el pulque fino, lo interesante reside en considerar cómo la región
comenzaba a perder lugar frente a otros espacios productivos.
El maguey no es aquí esa planta que pudiera proporcionar
alimento, bebida, vestido y techo a sus productores. Para el
Iriana Zuria, “Aves visitantes a las flores de maguey (agave salmiana) en
una zona urbana del centro de México”, Ornitología Neotropical, núm. 21
(2010): 17–30.
56
AHHSBM, Correspondencia 26 de julio de 1911, Libro 24, f. 6995.
57
Tortolero, Penser avec des chiffres. Banque et investissements français au
Mexique, 1880-1929, 183.
55

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caso de nuestro interés, y en la región que estudiamos, es sobre
todo una planta apreciada por la comercialización de su savia
fermentada. Los procesos verificados a lo largo de la segunda
mitad del siglo XIX trastornaron un medio natural frágil y
complejo, donde la riqueza material contrastaba con la condición
en la que se encontraba una parte importante de la población,
y donde la modernización porfirista fue más una ostentación
debido al tipo de agricultura que se desempeñaba. La riqueza de
aquellas familias con pergaminos de maguey fue pagada con un
costo ecológico importante, pues la expansión y auge del negocio
pulquero llevaba en sí mismo la semilla de su desestructuración
y casi desaparición, como se verificaría algunas décadas después
al mediar el siglo XX.
Conclusiones. Una historia que no acaba
Este recorrido por el pasado porfirista de la región de los Llanos
de Apan nos muestra que la historia ambiental también comienza
en el estómago, en nuestras pautas y hábitos de consumo. La
predilección del gusto por el pulque en grandes sectores de
una población cada vez más amplia permite explicar, en parte,
cómo se transforma en términos agrícolas una región, con sus
consecuentes demudaciones ambientales. Es así como el manejo
específico y la mercantilización de un solo producto del maguey,
planta que acompañó a las poblaciones humanas de la parte
central de México desde hace milenios, dejó de ser ese árbol de
las maravillas, para convertirse en un problema importante.
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Más que ver en el maguey el origen de todos los males de
la región, este artículo buscó explicar el proceso de demudación
ambiental que la región padeció a inicios del siglo XX, con las
consecuencias que décadas posteriores experimentarían ya no los
grandes hacendados, aquellos que conformaron la aristocracia
pulquera, sino principalmente los campesinos que recibieron
estas tierras, posterior al proceso revolucionario.
En nuestro presente existe una creencia compartida de
ver al pulque, no sin cierta nostalgia, como la verdadera bebida
nacional, y encontrar en el maguey esa planta prehispánica
maravillosa. Este estudio ha tratado de mostrar que, aun en
esas plantas y bebidas tradicionales, también se encuentra la
posibilidad de trastornar el medio natural, lo cual debe orillarnos a
hacer un uso reflexivo de las mismas. En la actualidad, el maguey
está siendo aprovechado ya no sólo para la producción de pulque,
sino usado de múltiples formas, siendo una parte importante de
las parcelas de campesinos, además de diversas innovaciones
agroforestales que permiten aprovechar sus cualidades y jugar
un papel importante dentro del problema de deforestación que
muchas regiones experimentan en el país. Lo fundamental reside
en el manejo que se hace de la planta, no en sí misma.
La crisis ecológica a la que nos enfrentamos como
especie tiene que encontrar respuestas provenientes de distintas
disciplinas. En este caso, la Historia nos muestra que nuestra
relación con el medio ambiente es compleja, y que debe existir
siempre la conciencia de los límites físicos de la naturaleza, de
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manera que nuestros hábitos de consumo deberían partir de la
reflexión, y de situar en el centro de nuestras pautas de consumo
la idea de la sostenibilidad.
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Archivo Histórico de la Hacienda San Bartolomé del Monte
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�Sabores y colores del semidesierto zacatecano: cabuches y flores de palma. Dos alimentos ancestrales en
Mazapil, Zacatecas
Flavors and colors of the Zacatecan semi-desert: cabuches and
palm flowers. Two ancentrals foods in Mazapil, Zacatecas
Juana Elizabeth Salas Hernández
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas, México
orcid.org/0000-0001-5253-9591

Recibido: 6 de noviembre de 2022
Aceptado: 9 de diciembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: La historia ambiental de los alimentos permite analizar
las prácticas socioambientales relacionadas con la alimentación y
comprenderlas en una dimensión espacial y temporal. Con la ayuda de
disciplinas como la ecología, botánica, antropología e historia se analizan
los sistemas alimentarios con una perspectiva transdisciplinaria. En
el presente artículo, se utiliza la metodología de la historia ambiental
para estudiar dos alimentos característicos del desierto chihuahuense,
los cabuches y las flores de palma (chochas), centrando el análisis en
Mazapil, municipio del estado de Zacatecas. El objetivo es analizar
las prácticas culturales en torno a esas plantas comestibles silvestres,
que constituyen alimentos ancestrales del semidesierto zacatecano. El
artículo se divide en tres partes: “Mazapil: Biodiversidad y condiciones
socioambientales”, “Cabuche y flor de palma: Alimentos del desierto
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�Sabores y colores

chihuahuense”, y “Alimentos ancestrales en Mazapil: cabuche y flor
de palma”.
Palabras clave: Alimento ancestral, recolección, cocina tradicional,
biodiversidad, semidesierto
Abstract: The environmental history of food allows us to analyze the
socio-environmental practices related to food, understanding them in
a spatial and temporal dimension. With the help of disciplines such as
ecology, botany, anthropology, and history, food systems are analyzed
from a transdisciplinary perspective. In this article, the methodology
of environmental history is used to study two characteristic foods of
the Chihuahuan desert: cabuches and palm flowers (chochas), focusing
the analysis on Mazapil, a municipality in the state of Zacatecas. The
objective is to analyze the cultural practices around these wild edible
plants, which constitute ancestral foods of the Zacatecas semi-desert.
The article is divided into three parts: “Mazapil: Biodiversity and socioenvironmental conditions”, “Caboche and palm flower: Foods from the
Chihuahuan desert”, and “Ancestral foods in Mazapil: cabuche and
palm flower”.
Keywords: Ancestral food, harvest, traditional cuisine, biodiversity,
semi desert

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�Juana Salas

Introducción
Los alimentos y la alimentación son parte fundamental de la
historia de los grupos sociales, pues otorgan identidad, orgullo,
representación, tradición y sabor a la vida y a la Historia. Hablar
de sabores, olores y colores de los alimentos nos remonta a
paisajes únicos y dinámicas sociales que se agrupan en prácticas
de saberes locales y comunitarios, mismas que trascienden
tiempos y espacios, y que nos indican interacciones a veces
armoniosas y a veces conflictivas entre los grupos sociales y la
naturaleza.
La historia ambiental otorga herramientas científicas
basadas en la inter y transdisciplina para comprender esas
interacciones históricas, al ser “un campo que conlleva
reconocimientos y afinidades con tradiciones disciplinarias
de diversos ámbitos, que se han posicionado a lo largo del
tiempo: historia, arqueología, geografía, ecología, agronomía,
economía y antropología.”1 Es así que su presencia y práctica
en la historiografía latinoamericana ha logrado una explicación
temática en varios ámbitos para interpretar las relaciones entre
los humanos y el medio ambiente, y comprender a la naturaleza
como un sujeto histórico.

Pedro S. Urquijo, “Consideraciones para una aproximación a la historia
ambiental”, en Historia Ambiental de América Latina. Enfoques, procedimientos y cotidianidades, ed. Pedro S. Urquijo, Adi E. Lazos, y Karine Lefebvre
(Morelia: Universidad Nacional Autónoma de México, 2022), 21.
1

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�Sabores y colores

Según los últimos balances historiográficos
ambientales, y de acuerdo con Wilson Picado, los bloques
temáticos predominantes en América Latina son la agricultura
y el bosque, aunque otros temas relevantes y que están en
crecimiento son el agua, el río y los estudios urbanos. Por otra
parte, se reconocen aportes importantes en la historia de la
conservación, centrada en el estudio de las políticas públicas
y parques nacionales; la flora y la fauna; clima y amenazas
naturales; la etnicidad; la energía; educación ambiental; la
minería y frontera agrícola, así como el estudio de paisajes,
todos tratados en diversos espacios y temporalidades. En
este caleidoscopio hay algunos temas que aún son poco
explorados: “hay un conjunto de temas pocos tratados en
la historiografía ambiental latinoamericana, tales como los
sistemas alimentarios, el impacto ambiental de la guerra y la
narrativa literaria.”2 Siguiendo esta postura, una de las deudas
de la historia ambiental ha sido la perspectiva de género; en
ese sentido, podemos añadir a los vacíos historiográficos el
ecofeminismo y los movimientos pacíficos y no-violentos por
la preservación de la naturaleza, así como las historias de vida
de defensores del territorio.

Wilson Picado, “Prólogo”, en Historia Ambiental de América Latina. Enfoques, procedimientos y cotidianidades, ed. Pedro S. Urquijo, Adi E. Lazos,
y Karine Lefebvre (Morelia: Universidad Nacional Autónoma de México,
2022).
2

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�Juana Salas

Como hemos señalado, entre los temas no revisados a
profundidad en la historiografía ambiental latinoamericana se
encuentran los sistemas alimentarios, entendiéndolos como
las formas de organización humana para obtener y consumir
la comida. Comprenden diversos elementos que van desde
las semillas vegetales y los animales hasta los utensilios que
necesita el consumidor.3 Uno de los componentes en los
sistemas alimentarios son los alimentos y, en ese sentido,
podemos poner dos ejemplos de estudios de historia ambiental
desde la perspectiva alimentaria: Culturas bananeras.
Producción, consumo y transformaciones socioambientales
(2013), de John Soluri, y Potato (2019), de Rebecca Earle,
ambos sobre dos alimentos que se consideran básicos en la
alimentación de algunas culturas. Los significados, producción,
preparación y consumo, son algunas de las directrices en
los dos textos. Incluso podemos ver las representaciones
culturales y artísticas de los plátanos y las papas en la historia
de la humanidad.
Los alimentos son los engranajes de los sistemas
alimentarios y tienen una historia que ha sido tratada por diversas
disciplinas como la economía, la antropología, la ecología, la
Felisa Ceña Delgado, “El sistema alimentario”, I Jornadas del Campus de
Excelencia Internacional Agroalimentario, Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario, s/f, https://helvia.uco.es/bitstream/handle/10396/6012/
ceia3_5.pdf?sequence=1
3

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�Sabores y colores

política, la arqueología, la agronomía, la agroecología, entre
otras. La Historia Ambiental desde la inter y la transdisciplina nos
permite comprenderlos en la dimensión histórica y concebirlos
como sujetos históricos. De tal manera, en el presente texto
proponemos el estudio de dos alimentos: cabuches y flores
de palma, que se consumen principalmente en el desierto
chihuahuense,4 pero que también están presentes en otras
regiones, centrándonos en esta ocasión en Mazapil, municipio
que es parte del semidesierto zacatecano.5 El objetivo es analizar
las prácticas culturales en torno a estas dos plantas comestibles
silvestres, alimentos ancestrales del desierto, tomando como
estudio de caso al municipio de Mazapil y teniendo como base
El desierto chihuahuense es una región ecológica, y se considera el
más grande de Norteamérica y el segundo con mayor biodiversidad a
nivel mundial. “Se origina en el altiplano de México entre la Sierra Madre Occidental y la Sierra Madre Oriental, continúa hacia el norte hasta
el sur de Arizona, Nuevo México y Texas, e incluye parte de los estados
mexicanos de Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas”. José A. Villarreal-Quintanilla et al., “El
elemento endémico de la flora vascular del Desierto Chihuahuense”, Acta
Botánica Mexicana, núm. 118 (2017): 66, http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0187-71512017000100065&amp;lng=es&amp;nrm=iso.
5
El semidesierto zacatecano está conformado por los municipios: Melchor
Ocampo, El Salvador, Concepción del Oro, Mazapil y Villa de Cos. Véase: Boris
Graizbord, ed., Programa Regional de ordenamiento territorial del semidesierto
que abarca los municipios de Concepción del Oro, Mazapil, Melchor Ocampo, El
Salvador y Villa de Cos (Región Norte) del estado de Zacatecas, 2014 (México,
DF: Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano; Gobierno del Estado de
Zacatecas; El Colegio de México, 2014), http://cit.zacatecas.gob.mx/documentos/
Nuevo/PROT/PROTR Norte.pdf.
4

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�Juana Salas

teórica y metodológica de la historia ambiental, de la cual se
habló líneas arriba.
Mazapil: biodiversidad y condiciones socioambientales
Es importante saber las condiciones socioambientales de Mazapil
y con ello abonar a su historia ambiental, puesto que el objetivo
de esta disciplina “[…] es describir y analizar las relaciones
dinámicas que han existido entre las sociedades humanas y
la naturaleza no humana, y que nos ayudan a entender no sólo
entornos industriales como Villa Inflamable, sino también áreas
aparentemente prístinas como la selva amazónica, las playas del
Caribe o los glaciares andinos.”6
Mazapil es un municipio del estado de Zacatecas, ubicado
en el norte y perteneciente al semidesierto zacatecano y al desierto
chihuahuense (véase mapa 1). Su historia reciente está marcada
por la explotación minera y los ecocidios consecuentes de ella.7
Saber de su historia y biodiversidad permite conocer sus ciclos
de abundancia y carestía, adaptaciones e interacciones de grupos
sociales con la naturaleza.

John Soluri, Claudia Leal, y José Augusto Pádua, eds., Un pasado vivo.
Dos siglos de historia ambiental latinoamericana (Bogotá: Universidad de los
Andes; Fondo de Cultura Económica, 2019), 12.
7
Para profundizar en el tema véase: Francisco Panico y Claudio Garibay
Orozco, “Minería y territorio: una mirada al conflicto desde Mazapil, Zacatecas”, Dimensión Antropológica, núm. 18 (2011): 123–53.
6

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Mapa 1.
Ubicación de Mazapil

Fuente: Marco Antonio Meza Pérez, Transformación del paisaje en el
Pico del Teyra, Mazapil, Zacatecas: una visión desde la silvicultura, Tesis
para obtener el grado de licenciatura en Ciencias Ambientales, México,
Universidad Autónoma de Zacatecas, 2017, 34.

Con base en el reporte del Consejo Nacional de Evaluación de
la Política de Desarrollo Social, para el 2010 en Mazapil había
17,813 habitantes, que representaron el 1.2% de la población del
estado. “El tamaño promedio de los hogares en el municipio fue
de 4.2 integrantes, mientras que en el estado el tamaño promedio
fue de 4 integrantes.”8 Para esa fecha, el 72.7% de la población
Secretaría de Desarrollo Social y Consejo Nacional de Evaluación de la
Política de Desarrollo Social, “Informe anual sobre la situación de pobreza y
8

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�Juana Salas

se encontraba en la pobreza, 50.5% en moderada y el 22.2% en
extrema (véase gráfico 1).
Gráfico 1.
Indicadores sociodemográficos de Mazapil en 2010

Fuente: Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social. SEDESOL-CONEVAL, 2010.

Según el Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago
de 2022, el municipio está poblado por 17,774 habitantes:
8,663 mujeres y 9,111 hombres; 2042 son adultos mayores, 19
rezago social, 2010”, 2010, https://www.gob.mx/bienestar/documentos/informe-anual-sobre-la-situacion-de-pobreza-y-rezago-social.
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pertenecen algún pueblo originario y 356 son afromexicanos.9
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(INEGI), 9,223 habitantes están en situación de pobreza, de los
cuales 1,477 se encuentran en pobreza extrema y 7,746 en pobreza
moderada (véase gráfico 2).
Gráfico 2.
Información general de población del municipio de Mazapil, 2022

Fuente: Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social, Gobierno de México-Secretaría del Bienestar, 2022.

De acuerdo con los reportes, a una década de diferencia hubo
una disminución de la pobreza, mientras que el rezago educativo
aumentó: para el 2010 se presentaba un 27.1% y para el 2022
subió a un 28.5%. La carencia al acceso de salud para el 2010
era del 40.9%, y en el 2022 disminuyó a un 36.7 %; el acceso
Gobierno de México; Secretaría del Bienestar, “Informe Anual sobre la situación de pobreza y rezago social, 2022”, 2022, https://www.gob.mx/bienestar/documentos/informe-anual-sobre-la-situacion-de-pobreza-y-rezago-social.
9

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a la seguridad ha tenido estas cifras: 60.5% en 2010, y 63.7%
en 2022. Los servicios básicos en la vivienda fueron de 7.8% y
30.1%, respectivamente. En cuanto a la alimentación saludable,
se reporta que el 43.1% tenía carencias de alimentación en 2010,
mientras que para el 2022 había un 21.4% de acceso a alimentación
nutritiva y de calidad.10
Una de las principales actividades económicas es el trabajo en el complejo minero Peñasquito, propiedad de Goldcorp
Incorporated, subsidiaria de la Minera Peñasquito SA. de CV.
Su arranque formal fue el 23 de marzo del 2010, y es una de las
causantes principales de ecocidio, de igual manera que la mina
Tayahua en el poblado de Salaverna, cuya explotación causó
el desplazamiento forzado de la población.11 Otra de las actividades es la agrícola de siembra de temporal, así como la
utilización de algunos territorios para el agostadero. La región
carece de corrientes de agua superficiales, “solamente cuenta
con algunos riachuelos pequeños y algunos arroyos; el Arroyo
Grande o principal, que nace en Santa Olaya y corre de oriente
a poniente atravesando la población y que en tiempos de lluvia
Secretaría de Desarrollo Social y Social, “Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social, 2010”; Gobierno de México; Secretaría del
Bienestar, “Informe Anual sobre la situación de pobreza y rezago social,
2022”.
11
Mónica Cerbón y Thelma Gómez, “Agua para la mina”, Los explotadores de agua, consultado el 18 de junio de 2022, https://contralacorrupcion.
mx/explotadores-agua-mexico/minera-penasquito-mazapi-zacatecas-agua.
html.
10

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crece [y] permite el riego de huertas y parcelas que se encuentran a su paso.”12
Mazapil, como parte del semidesierto zacatecano, se
encuentra en la región ecológica del desierto chihuahuense que
tiene un alto nivel de biodiversidad y un alto nivel de endemismo
en cactáceas. En el semidesierto, predomina el matorral
xerófilo (micrófilo y rosetófilo); también se encuentran bosques
templados de pinos y encinos en las sierras transversas, así como
pastizal natural (halófito y gipsófilo) y mezquital. En el matorral
micrófilo, la vegetación son arbustos de hoja pequeña, cuyos
principales representantes son la Larrea tridentata (gobernadora)
y Fluorensia cernua (hojasén). En el matorral rosetófilo, las
especias abundantes son arbustivas y semiarbustivas de hojas
alargadas y estrechas, semejando a rosetas. Las especies más
representativas son Yucca ssp. (izote), Agave (maguey), Agave
lechuguilla (lechuguilla), Euphorbia antysiphilitica (candelilla),
Dasilirium spp (sotol) y Fouquieria splenders (ocotillo) (véase
mapa 2).13
Juanita Japheth Valdivia Cabral, Ramón Valdivia Alcalá, y Raúl René Ruiz
Garduño, “Estado socioambiental en el valle de Mazapil, Zacatecas, a partir
del establecimiento de la minera Peñasquito, 2006-2017”, en Estudios recientes sobre economía ambiental y agrícola en México, ed. Víctor Hernández
Trejo et al. (Guadalajara: Universidad Autónoma de Baja California Sur; Universidad Autónoma Chapingo, 2019), 400.
13
Marco Antonio Meza Pérez, Transformación del paisaje en el Pico
del Teyra, Mazapil, Zacatecas: una visión desde la silvicultura [Tesis de Licenciatura] (Zacatecas: Universidad Autónoma de Zacatecas, 2017), 45.
12

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Mapa 2.
Vegetación en Mazapil

Fuente: Marco Antonio Meza Pérez, Transformación del paisaje en el
Pico del Teyra, Mazapil, Zacatecas: una visión desde la silvicultura, Tesis
para obtener el grado de licenciatura en Ciencias Ambientales, México,
Universidad Autónoma de Zacatecas, 2017, 47.

El pastizal natural “es aquel que se encuentra establecido como
producto natural de los efectos del clima, suelo y biota (condiciones
ecológicas)”, como es el caso del zacate navajita o chino; también
“se encuentran en el sitio áreas con pastizal inducido con especies
como costilla de vaca (Atriplexcanescens), gobernadora (Larrea
tridentata) y otras especies”.14 Entre las especies representativas
de Mazapil se encuentran Larrea tridentata (gobernadora), Yucca
ssp. (izote), Prosopis glandulosa (Mezquite), Acacia rigidula
H. Ayuntamientio de Mazapil; Gobierno del Estado de Zacatecas, “Programa de desarrollo urbano del centro de población de Mazapil 2007-2027”, 2007,
25, http://cit.zacatecas.gob.mx/documentos/programas/PDUCP Mazapil.pdf.
14

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chaparro prieto o huizache), Fouquieria splendens (ocotillo),
Agave lechuguilla (lechuguilla), Echinocactus (biznaga), Opuntia
(nopal), Malva sylvestris (engordacabra), Fluorensia cernua
(hojasén), Parthenium incanum (mariola), Agave (maguey),
Euphorbia antyaiphilitica (candelilla), Dasilirium spp (sotol),
Acacia greggii (gatuño) y Parthenium argentatum (guayule).15
(Véase fotografía 1).
Fotografía 1.
Vegetación representativa de Mazapil

Fotografía: Rut Guadalupe Miramontes Cabrera, Cerro Gordo, Mazapil,
14 de junio de 2022.

Entre la fauna silvestre se encuentran la liebre, conejo, onza, puma,
oso negro, zorra gris, jabalí de collar, venado cola blanca, venado
Meza Pérez, Transformación del paisaje en el Pico del Teyra, Mazapil,
Zacatecas: una visión desde la silvicultura [Tesis de Licenciatura], 46.
15

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bura, gato montañés, coyote, mapache, codorniz escamosa, paloma
güilota y ala blanca, faisán, correcaminos, halcón, águila real y negra.
Los cambios en el paisaje también se observan en la
presencia o ausencia de especies de flora y fauna, como es el caso del
guayule,16 cuya sobreexplotación en las primeras décadas del siglo
XX provocó su disminución; todavía las personas mayores reportan
haberlo visto, mientras que niñas, niños y jóvenes ya no lo conocen.
En la década de los cincuenta del pasado siglo se realizaron
estudios para lo que en ese momento se denominaba explotación
de los recursos naturales. Es así que en La conquista de nuestro
suelo, Jorge A Vivó Escoto dejó un conjunto de descripciones de
flora, fauna y minerales de los diferentes ecosistemas de México.
En el caso del semidesierto, describe las características y usos
de algunas, como el guayule y la candelilla. Del primero cabe
destacar la historia de su uso, ya que su investigación comenzó
en la segunda mitad del siglo XIX con la intención de contribuir
a la demanda del hule. “En 1910, por ejemplo la producción
fue de 10,000 toneladas métricas, entre 1925 y 1937, fue
aproximadamente, de 10, 000 toneladas métricas; y volvió a tener
“Planta típica de las regiones secas del norte de México que pertenece a la
familia de las compuestas. El guayule es un arbusto leñoso y ramificado que contiene gran cantidad de caucho y escaso de resina. Se encuentra en regiones situadas a una altura entre 1,200 y 2,000 metros sobre el nivel del mar. La recolección
de guayule siempre se ha hecho arrancando de raíz las matas”, en Jorge A. Vivo
Escoto, La Conquista de Nuestro Suelo. Estudio sobre los recursos naturales de
México. Colección de temas económicos y políticos contemporáneos de México
(México: Ediciones de la Cámara de la Industria de Transformación, 1958), 321.
16

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importancia entre 1938 y 1942, cuando alcanzó 150,000 toneladas
métricas, siendo, en todo tiempo, un producto de exportación”.17
Queda una línea de estudio que es la memoria histórica
biocultural del semidesierto zacatecano, donde los estudios históricos,
antropológicos, sociológicos, económicos y políticos ayudan a ello.
Por ejemplo, en 1997, Olga Lidia Loera López realizó la investigación
Las condiciones ambientales de las comunidades del semidesierto
zacatecano como base para el desarrollo regional sostenible. Caso
Estación Camacho, Mazapil, ZAC. En el caso de la vegetación, Loera
registró como especie dominante a la gobernadora, y siguiendo la
información del INEGI mencionó otras que ahora en los reportes
no se encuentran, como es el caso de Opuntia leptocauis (tasajillo),
Opuntia rutida (cegador), Turnera difussa (damiana), Erigneuron
pulthellum (pasto borreguero) y Krameria grayi (calderona).18
La fotografía también es una fuente para analizar los cambios
socioambientales en el paisaje. Para el caso que nos ocupa, gracias
al resguardo y cuidado que han tenido durante los últimos años en
el Archivo Histórico Municipal de Mazapil, ahora contamos con el
acceso a documentos y fotografías. Es así que pudimos consultar
la que se considera una de las fotografías más antiguas del acervo
que, aunque aún faltan datos para fecharla, se intuye que es de la
17
18

Vivo Escoto, 323–24.
Olga Lidia Loera López, Las condiciones ambientales de las comunidades del semidesierto zacatecano como base para el desarrollo regional
sostenible. Caso Estación Camacho, Mazapil, Zac. [Tesís de Maestría] (Monterrey: Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, 1997), 15.
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segunda década del siglo XX. En el primer plano se observan dos
cazadores, ambos portan sus armas de caza y uno de ellos sostiene
un venado muerto. En el segundo plano se encuentran unos arbustos
que se distinguen poco, pero por algunas características podría
tratarse de gobernadora (véase fotografía 2). Técnicamente es una
fotografía muy bien lograda; es así que, cumpliendo con la ley del
horizonte y en el último plano, como fondo están en unos cerros en
los que no se distingue la vegetación. Podríamos detectar que esta
fotografía muestra una estampa común de la caza de venado; las
consecuencias de ésta son otra historia por contar.
Fotografía 2.
Cazadores en Mazapil

Fuente: Archivo Histórico de Mazapil (AHMaz), Colección fotográfica. Título: Cazador en Mazapil, Medidas 11.2x6.9 cm. En proceso de clasificación.
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Como reporta el Consejo Nacional de Biodiversidad (CONABIO),
Zacatecas es de los estados que cuenta con pocos estudios sobre
biodiversidad, por lo que hay una percepción de que es un estado
biológicamente poco diverso.19 Sin embargo, con los datos
proporcionados en las líneas anteriores sobre la flora y fauna en
Mazapil, podemos esbozar su riqueza natural; y al hablar de los
alimentos y la recolección, se apuntará acerca del patrimonio
biocultural, de lo que hablaremos en la última parte de este
artículo.
Cabuche y flor de palma: alimentos del desierto chihuahuense
Los sistemas alimentarios y la cocina en México han cambiado a lo
largo de la historia. Las modificaciones más abruptas se sufrieron
en el siglo XX, debido principalmente a la industrialización de
alimentos y a la Revolución Verde. Estos cambios se han vivido
de tal manera que ahora, como lo menciona John Soluri, hay
algunos alimentos que provocan sentimientos nostálgicos: “las
tortillas hechas a mano, que se han convertido en un objeto de
añoranza para los comensales urbanos de la clase media, pueden
ayudar a preservar la diversidad agrícola en el corto plazo, pero
también reflejan la amarga ironía de que las ‘dietas campesinas’
se hayan convertido en símbolo de riqueza”.20
Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, “La
biodiversidad en Zacatecas: Estudio de Estado”, 2021, https://www.biodiversidad.gob.mx/region/EEB/estudios/ee_zacatecas.
20
Soluri, Leal, y Pádua, Un pasado vivo. Dos siglos de historia ambiental
latinoamericana, 187.
19

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La nostalgia, la añoranza y el amor al terruño y los saberes
comunitarios han permitido la preservación de recolección y
preparación de alimentos ancestrales que otorgan identidad
a grupos sociales. En el caso del desierto chihuahuense, hay
estudios sobre cocina tradicional y gastronomía local.21
En el tema ecológico, encontramos lo reportado por la
CONABIO en cuanto a los usos tradicionales de flora y fauna en el
estado de Zacatecas, que abarca todos los ecosistemas. Respecto
a la flora, en el aprovechamiento de especies relacionados con
jales mineros se menciona que:
Estas plantas son especies recolonizadoras y tienen un
gran potencial de uso dentro de las estrategias de cierre y
rehabilitación en algunas zonas mineras. Dentro de estas
especies destacan para fitoremediación: el escobillón (Buddleja
scordioides), la hierba loca (Lupinus campestris), la uña de
gato (Mimosa aculeaticarpa), huizache (Acacia schaffneri),
rastrerita (Cerdia congestifolia) y la gobernadora (Larrea
tridentata), mientras que para fitoestabilización destacan la
casuarina (C. equisetifolia), el mezquite (Prosopis laevigata
y P. glandulosa), el pirul (Schinus molle) y el tepozán blanco
(Buddleja cordata), además del escobillón (B. scordioides), el
tepozán (B. tomentella), la vara blanca (Montanoa leucantha),
el huizache (A. schaffneri), el zacate plumoso (Pennisetum
villosum) y la cola de zorra (Cortaderia selloana).22
Juan Francisco Cázares, “La cocina de Coahuila”, Coahuila: a punto de
sabor, s/f, https://www.identidadypatrimoniocoahuila.com/?fbclid=IwAR3LP3fQQqoLRXRCyNmYTiB5J7F9wpEpbnxJ7rzRv60CcnXPUHC_iqI0z4k.
22
Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, “La
biodiversidad en Zacatecas: Estudio de Estado”.
21

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Para los términos de este artículo, interesa destacar las plantas
silvestres comestibles. De acuerdo con Raúl Ernesto NarváezElizondo, el 89% de las plantas comestibles mexicanas son
silvestres. La selección para que se consuman como alimento se
sustenta en que cumplen con varias condiciones: el gusto (sabores,
olores, texturas), valores nutricionales, prestigio, disponibilidad
de recursos alimenticios y monetarios, así como la comodidad
(tiempo para su preparación y facilidad en la recolección).23
Es así que encontramos el uso de hojas como el orégano
de monte (Luppa graveolens) y frutos como las vainas de
mezquite (Prosopis laevigata). El primero es rico en vitamina C
y carotenoides y el segundo rico en aminoácidos; ambos están
relacionados con la silvicultura. Según el estudio de Marco Meza,
para el caso de Mazapil, su recolección es una práctica importante
en las comunidades aledañas al Pico del Teyra, misma que para el
2017 mostró una percepción de disminución; en el caso de Saltillo,
Coahuila, se recolecta en la Sierra de Arteaga.24 El orégano que
se distingue por su sabor y perfume se utiliza en diversos platillos,
donde se combina con otros frutos de recolección como los
nopalitos, o se usa para aderezar el menudo, platillo tradicional
en los estados de México que abarcan el desierto chihuahuense.
Los estudios arqueológicos, antropológicos e históricos han
relacionado estos alimentos con los grupos étnicos que habitaban el
Raúl Ernesto Narváez-Elizondo, “Las plantas silvestres también se comen:
un patrimonio bicultural por rescatar”, Árido-ciencia 5, núm. 2 (2020): 6.
24
Meza Pérez, Transformación del paisaje en el Pico del Teyra, Mazapil,
Zacatecas: una visión desde la silvicultura [Tesis de Licenciatura], 28.
23

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territorio antes de la llegada de los españoles. Esto se demuestra en
el trabajo de Carlos Recio, quien incluye en la lista de ingredientes
y alimentos de origen chichimeca en la cocina saltillense a los
siguientes: mezcal de lechuguilla, corazón de lechuguilla (quiote),
nopal, flor de tuna, tuna mezquite, pepitas, pinole, flor de palma,
aguamiel, quelite, maguey, berro y verdolaga, bellotas, piñones,
raíces de tule, dátiles, miel de abeja y semillas de pasto.25
Entre ellos también se incluyen las flores de palma,
también conocidas como chochas o chorchas, y el cabuche,
manera tradicional de denominar a los botones de las flores de
biznaga roja (Ferocactus pilosus) (véase fotografía 3).
Fotografía 3.
Cabuches

Fotografía por Juana Elizabeth Salas Hernández, junio 2022.
25

Meza Pérez, 39.

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La flor de palma pertenece a la planta denominada Izote Chino
(Yucca filífera), que llega a medir hasta 10 metros de altura. Las
hojas están agrupadas en rosetas y son rígidas, de color verde, con
una espina fuerte en el ápice. La inflorescencia es colgante, llegando
a medir hasta 1.5 m., mientras que las flores miden de 4 a 5 cm. y son
de color blanco amarillento (véase fotografía 4).26 El fruto de esta
planta se denomina dátil y también se recolecta y se consume como
fruta o como postre, en atoles o conservas; en Mazapil, por ejemplo,
se consume en un postre a base calabaza y elotes tiernos, de consumo
tradicional durante el otoño e invierno (véase fotografía 5).
Fotografía 4.
Palma Izote chino

Fotografía por Juana Elizabeth Salas Hernández, junio 2022.
Instituto de Biología de la UNAM “Izote chino. Yucca filífera” en Infografías del Jardín Botánico de la IBUNAM https://infografiasjb.ib.unam.mx/
izote-chino.html. El nombre de chocha es probablemente de origen huasteco,
véase: Arturo Mora-Olivo, “Chochas: flores comestibles del desierto”, Ciencia
UAT, núm. 13 (2015): 13.
26

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Fotografía 5.
Recolector de dátiles

Roberto de la Rosa Dávila, habitante de Salaverna y defensor de la vida y el
territorio. Entre los alimentos que consume son los dátiles de las palmas del
desierto. Fotografía por Juana Elizabeth Salas Hernández, octubre 2022.

Como se ha documentado, la flor de palma y el cabuche son
alimentos que se han consumido de manera tradicional y temporal,
ya que cada año el periodo de recolección y consumo es breve. En
el caso de los cabuches, su nacimiento se da con la llegada de la
primavera, por lo que se pueden encontrar entre marzo y abril. El
tiempo de floración de la palma es de marzo a junio, de forma que
su consumo se relaciona con la festividad de la Cuaresma.
La especie Ferocactus pilosus, comúnmente llamada biznaga colorada o cabuchera, puede medir hasta 3 m. de altura con
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espinas rojas o amarillas, mientras que las flores son de unos 4
cm. de longitud, amarillas o rojas, y sus frutos son ovoides amarillos con paredes carnosas. La especie que se distribuye en los
estados de Zacatecas, Durango, San Luis Potosí, Tamaulipas y
Nuevo León se encuentra bajo la categoría de riesgo (NOM-O59SEMARNAT-2010).27
El riesgo se debe al cambio en el uso de suelo, a la extracción
con fines ornamentales y a la limitación de la propagación por la
recolección de los cabuches. Para el caso del norte de San Luis Potosí,
son recolectados para comercializarse como verdura o en salmuera, y
se consumen de manera doméstica en guisado o escabeche; hervidos;
fritos con huevo o atún y/o cebolla, jitomate y chile; o encurtidos en
escabeche con vinagre, cebolla, orégano y chile.
Se encuentran también en la cocina de fusión. Por ejemplo,
en algunos restaurantes se ofrecen platillos con cabuches, como
pizzas en Real de Catorce, y ensalada Altiplano (cabuche y palmito)
en Armadillo de los Infante. En la cocina tradicional de Saltillo se
guisan con tomate y cebolla; para la década de los ochenta del siglo
XX, en el restaurante El Tapanco, se ofrecían como entrada.28
La flor de palma es rica en vitamina C, y por su contenido
nutrimental se encuentra en el grupo de los alimentos súper
Carolina del Rocío Martínez Rosales, Desarrollo y producción de cabuches en Ferocatus pilosus (GALEOTTI) [Tesis Profesional] (Soledad de Graciano Sánchez: Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2011), 1.
28
Carlos Recio, Guía de la cocina de Saltillo a través del tiempo (Saltillo:
Gobierno Municipal de Saltillo, 2017), 29.
27

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nutritivos. Se guisa con cebolla, jitomate y chile. En algunos
lugares como en San Luis se prepara en salsa de jitomate con ajo.
Un platillo típico de Tamaulipas son las chochas con huevo. En
algunos lugares de Coahuila se lamprea también con huevo. En
redes sociales se encuentran varias recetas de diversos lugares
que coinciden en la combinación con jitomate, cebolla y chile
(véase fotografía 7).
En Pinos, Zacatecas, a las flores de palma se les denomina
chichamba o chorcha. En el libro Cocina tradicional de la Sierra
de Pinos, de Verónica Imelda Vázquez Torres, se registró la receta
de sopa de chichamba o chorcha:
Ingredientes
Flores de palma
Manteca o aceite
Sal
Cebolla picada
Chile serrano
Preparación
Se cortan las flores, se lavan y se cuecen en un poquito de agua;
a fuego lento se fríen con un poco de aceite y un poquito de sal.
Se agrega cebolla picada y chile serrano picado.29

Esta receta es solo un ejemplo, pero según lo investigado
encontramos que en varios lugares del Desierto Chihuahuense es la
receta básica. Hay igualmente algunas variantes en cuanto algunos
ingredientes, donde se puede agregar huevo u otro tipo de chile.
Verónica Imelda Vázquez Torres, Cocina tradicional de la Sierra de Pinos
(Zacatecas: Instituto Zacatecano de Cultura, 2021), 56.
29

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Los usos no se limitan a la alimentación humana: las
inflorescencias completas también se utilizan como forraje para
el ganado; de las hojas se extraen fibras para elaborar mecates,
morrales, sombreros y otras artesanías; los tallos secos se utilizan
para la construcción de chozas y cercos; y también se plantan
para dar uso ornamental en parques, jardines y camellones.30
Fotografía 6.
Flores de palma

Fotografía por Juana Elizabeth Salas Hernández, junio 2022.

Alimentos ancestrales en Mazapil: cabuche y flor de palma
El término de alimento ancestral permite analizar al cabuche y
flor de palma con un enfoque interdisciplinario desde el presente,
Instituto de Biología de la UNAM “Izote chino. Yucca filífera” en Infográficas del Jardín Botánico de la IBUNAM https://infografiasjb.ib.unam.mx/
izote-chino.html.
30

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pero en su contexto histórico; también otorga la posibilidad
de enfatizar en su riqueza biocultural, así como en los retos y
problemas de su recolección, preparación y consumo.
Seguimos lo planteado por Enriqueta Quiroz y Helena
Pradilla Rueda, para la definición y análisis de los alimentos
ancestrales, enlistando los aspectos que los caracterizan.31 En
primer lugar, lo histórico: plantas y especies relacionadas con
las sociedades primigenias americanas en un proceso largo de
domesticación agrícola ocurrido mucho antes de la llegada de los
españoles. En el caso del cabuche y flor de palma se ha identificado
y datado su consumo por las poblaciones originarias; sabemos la
complejidad de la identificación étnica, pero se puede decir que
en el territorio que ahora se denomina Mazapil, los guachichiles
y chichimecas eran los habitantes y, por lo tanto, ellos fueron los
consumidores de estos frutos del desierto.32 En la actualidad, la
recolección, preparación y consumo están determinados por los
ciclos naturales en los que nacen y se reproducen.
En segundo lugar, lo biológico: plantas nativas de América
que son más fuertes y resistentes que las introducidas por otras
Enriqueta Quiroz y Helena Pradilla Rueda, eds., El pasado de futuro alimentario: Los alimentos ancestrales americanos (Ciudad de México: Instituto
Mora, 2019), 14–15.
32
Lucas Martínez Sánchez, Guachichiles y franciscanos. En el libro más antiguo del convento de Charcas, 1586-1663 (Saltillo: Consejo Editorial, 2019);
Adi Estela Lazos y Claudio Garibay Orozco, “Legados chichimecas en el paisaje”, en Historia ambiental en el Norte de México, ed. Juana Elizabeth Salas
Hernández y Margil de Jesús Canizales Romo (Zacatecas: Universidad Autónoma de Zacatecas; El Colegio de San Luis; Red Columnaria, 2020), 71–88.
31

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culturas. Se adaptan a condiciones ambientales y topográficas
diversas. Su origen tiene relación entre plantas silvestres y
domesticadas, sus procesos socioambientales van de lo silvestre
a lo doméstico, y de lo doméstico a lo silvestre. Como se ha
descrito en las líneas antecedentes, los cabuches y el izote chino
son especies de la región ecosistémica del desierto chihuahuense
y su evolución ha sido de lo silvestre a lo doméstico. En Mazapil
se encuentran biznagas y palmas en la zona urbana de la capital
del municipio, principalmente en los camellones, y también
en algunas casas; sin embargo, siguen siendo principalmente
silvestres.
En tercer lugar, lo cultural: son especies que formaron
parte de la cosmovisión de los pueblos originarios americanos,
donde la interacción entre grupos sociales y naturaleza es
orgánica, atravesada por una concepción del mundo, saberes
comunitarios, religión. En el caso de las flores de palma y cabuche,
no hay registros de una relación directa con la cosmovisión de
guachichiles y chichimecas, pero sí los podemos vincular con sus
sistemas alimentarios. Actualmente, como ya se mencionó líneas
arriba, por la temporada del año en que crecen ambas flores, son
considerados alimentos de Cuaresma.
En cuarto lugar, lo identitario: los alimentos ancestrales
son parte de la cultura alimentaria que mantiene algunas
características originales y que, como pertenece a una cultura,
es dinámica, por lo que se pueden encontrar fusiones culinarias.
Las flores de palma y los cabuches, se vinculan no solo en lo
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biológico, sino también en lo cultural. En Mazapil, los identifican
con alimentos que otorgan añoranza y amor por el terruño, pero
también son relacionados con las generaciones pasadas o con los
adultos mayores. Quienes los recolectan y quienes los preparan
son personas que aprendieron de sus abuelos y no encuentran
cambios en la recolección y preparación, pero sí en el consumo;
por otro lado, los niños y jóvenes no los consideran buenos
alimentos, ni sabrosos, ya que prefieren los alimentos procesados
e industrializados.
En quinto lugar, lo social: son resultado de procesos
cognitivos, formas de vida, y han resistido a la llegada los
españoles, así como a los procesos de modernidad del siglo
XIX y XX, incluyendo la Revolución Verde que privilegió a los
monocultivos. En Mazapil, el consumo de las flores de palma y
los cabuches continúa siendo en su mayoría por recolección para
uso doméstico, aunque en algunas ocasiones pueden pasar por
las calles vendiéndolos. Como resultado del trabajo de campo
que realizamos, observamos que la práctica de recolección es una
actividad masculina, mientras que la preparación es femenina; sin
embargo, en el caso de la recolección de los cabuches es familiar,
ya que se camina a los cerros a buscar las biznagas y recolectarlas,
trabajo que puede llevar varias horas.
En sexto lugar, lo económico: formaron parte del
intercambio de productos, siendo parte de trueques y tributos,
contribuyendo a la formación de economías locales. Sobre este
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rubro faltan estudios arqueológicos que nos permitan determinar
si las flores de palma y los cabuches fueron parte del sistema de
trueque y de tributo.
Por último, lo político: son susceptibles de ser parte de
las políticas públicas que contribuyen al cuidado de la diversidad
cultural y a sopesar problemas de inequidad social. Desde el
2015, se ha buscado la declaratoria de Área Natural Protegida al
semidesierto zacatecano; en el 2021, diputados locales hicieron
la solicitud al ejecutivo federal para que haga la declaratoria.
El argumento se basa en el artículo 4, párrafo quinto de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el que
se establece que toda persona tiene derecho a un medio ambiente
sano.33
Por el momento no hay una política pública que
coadyuve al cuidado de las cactáceas y los izotes. En cuanto a la
gastronomía tradicional zacatecana, desde el 2012 es Patrimonio
Cultural Inmaterial del estado de Zacatecas. En el 2011, se
publicó un decreto por la XL Legislatura para la Protección
y Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en el que
se contempla la gastronomía calificada como un testimonio
de historia y avatares de la región. Su origen se remonta a los
Alejandro Ortega Neri, “Diputados llaman al Ejecutivo Federal a que
declare Área Natural Protegida al semidesierto zacatecano, en La Jornada
Zacatecas, 15 de octubre de 2021 https://ljz.mx/15/10/2021/diputados-llaman-al-ejecutivo-federal-a-que-declare-area-natural-protegida-al-semidesierto-zacatecano/.
33

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albores de la civilización, cuando los habitantes originarios
se alimentaban de animales que cazaban y raíces y frutos que
recolectaban.34 Aunque no se habla en particular de las flores
de palma y de los cabuches, suponemos que están contemplados
por la definición otorgada.
La alimentación en el semidesierto tiene una historia
digna de ser contada y disfrutada por propios y extraños. Hace
unos años se rescató el recetario de la Hacienda de Majoma,
en el que se dejó como testimonio para la memoria histórica
de la familia Díaz, que habitaba la hacienda, sobre algunos
de los platillos que ahí se cocinaban.35 El recetario está
conformado por recetas de dulces, entradas y platillos fuertes;
en él se encuentran pocos ingredientes de la región, como
el cabrito en fritada y el conejo. Los recetarios resultan una
fuente importante para reconstruir históricamente los sistemas
alimentarios, pero existen otras fuentes y metodologías que
también coadyuvan para ello, como son la historia oral y el
trabajo de campo, mismos que se utilizaron para realizar este
artículo.
Buscamos a personas portadoras de la tradición de
Mazapil que cocinaran o recolectaran flores de palma o
LX Legislatura Zacatecas, “Decreto 494” https://www.congresozac.gob.
mx/coz/images/uploads/20130718135438.pdf.
35
María Cristina Rodríguez Pérez, La cocina zacatecana a través de dos
recetarios. Entre la influencia española y el desarrollo de una Hacienda en el
Semidesierto, siglos XIX-XX [Tesis de Licenciatura] (Zacatecas: Universidad
Autónoma de Zacatecas, 2012).
34

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cabuches. Acudimos a la capital del municipio, y con la
ayuda del personal del Archivo Histórico Municipal, pudimos
realizar una serie de entrevistas que nos permitieron obtener
información sobre la recolección y preparación de los
alimentos ancestrales. Se entrevistaron a tres cocineras y a un
recolector de cabuches, quienes nos otorgaron la autorización
para usar su imagen y la información proporcionada con
fines académicos.36 También se realizó trabajo de campo en
algunas comunidades aledañas a la cabecera como el Zancudo,
Cerro Gordo y Cedros, así como en el monte para buscar y
realizar fotografías de ejemplares de biznagas e izotes chinos,
algunas de las cuales se han usado en este texto. Las personas
entrevistadas fueron Isabel Cristina Robles Corrales, Diana
Cris Salas Dávila, Juana Rodríguez Magallán y Aldo Ituriel
Scott Contreras; las tres primeras son cocineras, y el último
recolector de cabuches.
Isabel Cristina de 56 años es originaria de Múzquiz,
Coahuila, y llegó a vivir a Mazapil hace décadas cuando
contrajo matrimonio (véase fotografía 8). Ella aprendió a
cocinar las flores de palma en su lugar de nacimiento, en
donde las llaman chochas. Cuando llegó a vivir a Mazapil,
Agradezco a Claudia Elena Caldera, directora del Archivo Histórico
Municipal de Mazapil, y a Guillermo Iván Dorado Castro, coordinador
de difusión del Archivo Histórico Municipal de Mazapil, su apoyo para
que pudiera realizar búsqueda documental y trabajo de campo para este
artículo. También agradezco a Rut Miramontes Cabrera y Óscar Báez
Padilla su apoyo técnico.
36

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aprendió a guisarlas gracias a la receta de su suegra; también
conoció el postre de dátiles con calabaza, aunque el primer
acercamiento que tuvo a ellos no fue agradable porque al
no saber cómo se comían, consumió los que ya habían sido
consumidos, una anécdota que cuenta con risa y como algo
divertido que nos advierte el conocimiento que se necesita al
consumir alimentos nuevos.37
Comenta que desde que tiene memoria ha cocinado la
flor de palma y que no encuentra diferencias en cómo la cocinan
en Múzquiz y Mazapil, pero sí encuentra diferencia entre las
palmas, que en Múzquiz son muy pequeñas, a diferencia de las
de Mazapil. Vive en la comunidad del Zancudo y ahí tiene palmas
de las que recolecta.
Para su preparación describe cinco fases: corta el pistilo
de la flor, las coloca en agua con sal por media hora para que se les
quite lo amargo, las pone a cocer en agua a punto de ebullición,
las exprime para eliminar el agua y las guisa; las acompaña con
tortilla o gordita. Cuando la flor es menos amargosa es cuando
comienza a abrir, lo que suele pasar en el mes de mayo. En la
memoria biocultural de Isabel Cristina, no encuentra que la flor
o la palma haya cambiado, “son palmas muy antiguas (…) ya
estaban cuando llegué a Mazapil.”38
Entrevista a Isabel Cristina Robles Corrales por Juana Elizabeth Salas
Hernández, 14 de junio de 2022, Archivo Histórico Municipal de Mazapil.
38
Entrevista a Isabel Cristina Robles Corrales por Juana Elizabeth Salas
Hernández, 14 de junio de 2022, Archivo Histórico Municipal de Mazapil.
37

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Fotografía 7.
Isabel Cristina Robles Corrales y su guiso de flores de palma

Fotografía por Juana Elizabeth Salas Hernández, junio 2022.

La receta que ella realiza y que la caracteriza por su buena sazón
es la siguiente:
Guiso de Flor de palma. Receta de Isabel Cristina Robles
Corrales, Mazapil, Zacatecas:
Ingredientes
Flores de palma
Sal
Jitomate
Cebolla
Chile serrano
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Aceite
Ajo
Tortillas o gorditas (para acompañar)
Preparación:
Se quita el pistilo a cada flor, se colocan en agua fría con sal por
alrededor de 30 minutos, se ponen a cocer en agua a punto de
ebullición y al estar cocidas se exprimen para retirar el exceso
de agua. Se realiza un pico de gallo con la cebolla, chile y ajo;
se pone a freír en aceite y se agrega la flor. Se cocina a fuego
lento. Acompañar en tacos o en gorditas.39

Isabel Cristina representa la tradición familiar y comunitaria de
cocinar las flores de palma y orgullosamente recomienda comerlas
por su sabor y valores nutricionales.
Juana Rodríguez Magallán, de 61 años de edad, es una
cocinera tradicional de Mazapil que se distingue por preparar
varios platillos, entre los que se encuentran menudo, nopalitos,
chilaquiles y fritada. Ella aprendió a cocinar con sus abuelos, y
es así que ha salvaguardado las recetas tradicionales y familiares,
pero al mismo tiempo ha innovado con su creatividad y talento
en la gastronomía.
En el caso de la recolección y preparación de
cabuches, lo aprendió de sus abuelos, tratándose de una
transmisión transgeneracional que es parte de la memoria
familiar y comunitaria. De su abuela aprendió a cocinarlos
con chile, mientras que ella los prepara con huevo. Las fases
Entrevista a Isabel Cristina Robles Corrales por Juana Elizabeth Salas
Hernández, 14 de junio de 2022, Archivo Histórico Municipal de Mazapil.
39

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de preparación son: quitarles la pelusa, cocerlos, retirarles el
agua y machacarlos, para luego mezclarlos con chile cascabel
y cebolla.40 La temporada de los cabuches es durante el mes de
abril, por lo que se relaciona con la temporada de Cuaresma.
Doña Juana también realiza agua fresca con limas (cabuches
maduros); los años de sequía son beneficiosos para que haya
más cabuches y limas.
Lo más complicado de consumir cabuches es la recolección,
debido a las espinas de las biznagas. Aldo Ituriel Scott Contreras
aprendió a recolectarlos desde niño cuando acompañaba a su
papá y tíos al monte a buscarlos. Recuerda haberlos conocido por
las enseñanzas de su abuelo y aprendió a sacarlos de la biznaga
con un palito de gobernadora.41 Al saber dónde se encuentra el
terreno con más biznagas, la recolección dura entre dos y tres
horas, tiempo en el que se pueden recolectar hasta tres kilos.
La recolección es una actividad que primordialmente se realiza
durante la mañana o la tarde.
Diana Cris Salas Dávila, de 34 años de edad, es uno de
los ejemplos de que la tradición y la preocupación por conservar
las recetas tradicionales también es de las generaciones jóvenes.
Ella aprendió a cocinar los cabuches a los 12 años y la receta
que aprendió es de por lo menos dos generaciones atrás; ahora le
Entrevista a Juana Rodríguez Magallán por Juana Elizabeth Salas Hernández, 15 de junio de 2022, Centro Cultural de Mazapil.
41
Entrevista a Aldo Ituriel Scott Contreras por Juana Elizabeth Salas Hernández, 14 de junio de 2022, Archivo Histórico Municipal de Mazapil.
40

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enseña su hija pequeña a comerlos y a cocinarlos. Diana conserva
la receta que aprendió desde niña y los guisa con chile rojo y
orégano, dorados con huevo o con atún o con pico de gallo.
La flor de palma y los cabuches, al igual que otros alimentos
como la chinche gigante y el mezquite, se han consumido en el
semidesierto zacatecano de manera ancestral. Se han respetado los
ciclos naturales y su consumo se restringe a la recolección y, en
la mayoría de los casos, también se limita al consumo doméstico.
Estos alimentos han acompañado a los habitantes del
semidesierto zacatecano cultural e históricamente y, aunque ha
habido cambios en las prácticas de recolección y en la preparación
y en el consumo, continúan siendo parte de la memoria y la
biodiversidad. Gracias a la historia ambiental se puede rastrear la
interacción entre los grupos sociales y estos frutos que también
son sujetos históricos.
Consideraciones finales
La Historia Ambiental en Latinoamérica tiene un vacío de trabajos
que aborden los sistemas alimenticios, cocinas tradicionales,
seguridad alimentaria y alimentos ancestrales. La presente
investigación es una aportación a comprender dos frutos y
alimentos del desierto chihuahuense: flores de palma y cabuches.
El estudio de caso ha sido Mazapil, sin embargo, falta un estudio
que permita una regionalización de los sistemas alimentarios en
el semidesierto zacatecano conformado por los municipios: El
Salvador, Concepción del Oro, Mazapil, Melchor Ocampo y Villa
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de Cos. Se ha presentado un avance en el Seminario “Alimentos
Mexicanos Ancestrales” del Instituto Mora.42
Los lugares mencionados han compartido una historia
ambiental en común; los elementos bióticos y abióticos han
contribuido a la formación de paisajes culturales en los que se
identifican prácticas alimentarias, lo que se sintetiza en algunos
platillos tradicionales como son los elaborados a base de cabrito,
nopales, flores de palma, cabuches, entre otros.
El caso de Mazapil ha permitido encontrar la memoria
relacionada con su biodiversidad y el arraigo de sus habitantes
que les otorga el ecosistema. En cuanto a las flores de palma
y cabuches, aunque ya no se consumen por las generaciones
jóvenes o no se consumen en grandes cantidades, las personas
mayores conservan y practican recetas transmitidas por varias
generaciones.
Los ciclos naturales de las palmas y de la biznaga, y la
aparición de sus frutos, han sido relacionados con ciclos sociales
y culturales, como hemos visto las flores de palma y los cabuches
se vinculan con platillos de cuaresma o con gastronomía de
temporada. Las y los habitantes de Mazapil saben aprovechar y
disfrutar esa temporada.
La recolección de ambos frutos demuestra dificultad por
las características de la planta. En el caso de las palmas, por su
“Alimentos Mexicanos Ancestrales”, s/f, http://ama.institutomora.edu.
mx/.
42

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altura que puede llegar a ser hasta de 10 metros, mientras que los
cabuches son difíciles de recolectar por las espinas profusas de
las biznagas. La presencia y ausencia de los frutos se relaciona
con los ciclos naturales de lluvia y sequía; en el caso de la
transformación de los cabuches en limas, es gracias a la sequía.
El concepto de alimentos ancestrales, que asimilamos de
la propuesta de Enriqueta Quiroz y Helena Pradilla Rueda, y que
engloba los elementos históricos, biológicos, culturales, sociales,
identitarios, económicos y políticos, ha permitido incorporar
matices al estudio de los sabores y colores del semidesierto
Zacatecano. Quedan, sin embargo, tareas pendientes: profundizar
en el trabajo de campo, regionalizar desde la historia ambiental
de los alimentos en el semidesierto Zacatecano, y profundizar
en la interpretación de la memoria biocultural que los habitantes
tienen en relación a su alimentación.
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�Destrucción y debilitamiento en el medioambiente del
Valle de Culiacán, Sinaloa: deforestación, químicos y
semillas mejoradas, 1940-1970
Destruction and weakening in the environment of the Culiacan
Valley in Sinaloa: deforestation, chemicals and improved seeds,
1940-1970
Eduardo Frías Sarmiento
Universidad Autónoma de Sinaloa
Culiacán, México
orcid.org/0000-0001-6498-983X

Aurelia Elizabeth de la Parra Martínez
Universidad TecMilenio
Culiacán, Sinaloa
orcid.org/0000-0002-6396-4662
Recibido: 30 de junio de 2022
Aceptado: 31 de agosto de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: Actualmente sabemos que la agricultura comercial es una de
las actividades que más modifican las zonas naturales. Por ello el objetivo
de este trabajo es analizar algunas de las consecuencias negativas que
se presentaron durante el apogeo de la agricultura comercial en el Valle
de Culiacán entre 1940 y 1970, especialmente en ciertos elementos del
medio natural como la vegetación, fauna silvestre, el suelo y cuerpos
Sillares, vol. 2, núm. 4, 2023, 304-357
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-54

304

�Eduardo Frías y Aurelia de la Parra

de agua, entre otros. Esto nos permite mostrar cómo la ampliación
de la frontera agrícola invadió espacios vitales en el medioambiente
autóctono con productos de alto valor comercial, cambiando el paisaje
de la franja costera de Sinaloa, especialmente en el centro de la entidad.
La transformación que se observó en el Valle de Culiacán fue producto
de la amplia y desarticulada deforestación realizada por los empresarios
agrícolas y el uso de productos químicos de amplio espectro que se
aplicaron para elevar la producción y controlar las plagas que en ese
momento existían.
Palabras clave: Valle de Culiacán,
medioambiente, deforestación, plaguicidas

agricultura

comercial,

Abstract: We currently know that commercial agriculture is one of the
activities that most modify natural areas. Therefore, the objective of
this work is to analyze some of the negative consequences that occurred
during the heyday of commercial agriculture in Culiacan Valley
between 1940 and 1970, especially in certain elements of the natural
environment such as vegetation, wildlife, soil, and water areas, among
others. This allows us to show how the expansion of the agricultural
frontier invaded vital spaces in the native environment with products
of high commercial value, changing the landscape of the strip coast
of Sinaloa, especially in the center of the entity. The transformation
that Culiacan Valley observed was the product of the extensive and
disjointed deforestation carried out by agricultural entrepreneurs and
the use of broad-spectrum chemical products that were applied to
increase production and control pests that existed at that time.
Keywords : Culiacan Valley, commercial agricultura, environment,
deforestation, pesticides

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1. Deforestación y resultados negativos en el ambiente.
Actualmente, la deforestación forma parte de los problemas
ecológicos más recurrentes del siglo XXI, resultado de una
herencia generacional que no se ha regulado y que ha tenido
como consecuencias la alteración de los beneficios que la
vegetación presta al ecosistema, generándose con ello un aumento
en el número y tipo plagas; reducción de la polinización; erosión;
fragmentación del hábitat; disminución de la riqueza y abundancia
de especies; y efectos acumulativos de éstas, como sin duda en
la actualidad es el cambio climático.1 Esta situación exige una
reflexión profunda sobre el hecho que los bosques, las selvas, los
manglares y demás tipos de flora cuentan con un importante valor
cultural y de ornato, pero sobre todo porque han sido y son el
sostén de la vida en el planeta.
Como estudio de caso, expondremos lo acontecido en el
Valle de Culiacán, Sinaloa, en el cual encontramos derivaciones
negativas por la tala inmoderada y poco o nada regulada. Si bien la
explotación maderera que se dio se justificaba por las necesidades
que surgían por el auge comercial del momento y la euforia que
generaba la actividad agrícola entre campesinos y empresarios
agrícolas, la forma en que se explotó dicho recurso fue desmedida
y nadie previó el daño que los desmontes ocasionarían en diversos
elementos del medio ambiente como el clima, flora y fauna silvestre.
Gilberto Márquez Salazar, “Reforestación con especies nativas: amenazas,
ventajas y retos”, en Atlas del manejo y conservación de la biodiversidad y
ecosistemas de Sinaloa (Culiacán, 2006), 93–108.
1

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Sin duda, la pérdida de vegetación del Valle ocasionó
la fragmentación del hábitat, el cual es un proceso que ocurre
a escala del paisaje e implica la pérdida del mismo a través
de la división en fragmentos remanentes esparcidos dentro
de éste. Dicha modificación tiene un efecto en los diferentes
aspectos funcionales de un ecosistema como el destierro
de hábitats para aves locales y migratorias, felinos, reptiles
y por consiguiente pérdida de productividad en todos los
elementos bióticos y abióticos de los hábitats como áreas de
descanso, alimentación y senderos de distribución, afectando
los tamaños poblacionales de especies animales, ya que el
deterioro del paisaje conduce a la eliminación de fragmentos
vitales para ciertas especies como el caso de cuerpos de agua
o amplias zonas de bosque. Estas pérdidas provocaron que
probablemente se restringieran los patrones de movilidad de
los individuos según su tamaño, capacidad de movimiento y
requerimientos de hábitat.2
Durante el periodo analizado la tala inmoderada fue
mayor si sumamos la que generaba la industria maderera que
se desarrollaba en los altos de la sierra sinaloense. Si bien el
Valle se transformó en un espacio de cultivo, en su mayor parte
Arturo Ruiz Luna y César Berlanga Robles, “La ecología del paisaje en
la conservación de los ambientes”, en Atlas del manejo y conservación de la
biodiversidad y ecosistemas de Sinaloa2 (Culiacán: El Colegio de Sinaloa,
2006), 315–23. Se ha comprobado que la fauna silvestre, no posee una rápida
capacidad de adaptación o de desplazamiento a otras zonas con diversos o
diferentes tipos de ambiente.
2

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éste poseía características de selva baja caducifolia y selva baja
subcaducifolia, así como tulares y otros tipos de vegetación
cercanos a cuerpos de agua, los cuales servían a la fauna silvestre
como zonas de alimento, descanso y reproducción.3
Esto es relevante mencionarlo, pues la vegetación
es primordial para cualquier grupo de animales,4 y ante la
pérdida de los espacios deforestados algunos se desplazaron
o desaparecieron al no contar con el hábitat adecuado, ya
que como se ha dicho, éste es un elemento relacionado con la
anidación, reproducción y protección. Al destruirse las zonas
naturales de refugio, mucha de la fauna se convierte en presa
fácil de depredadores, con el ser humano a la cabeza. Este
último argumento es válido para la zona analizada, ya que Pedro
Olivas Zamudio,5 originario de la capital sinaloense, y quien
trabajó desde su juventud como agricultor en la zona del Valle
de Culiacán, en una entrevista realizada testifica que entre 1943
y 1944 fue cuando incrementaron los desmontes para ampliar la
superficie donde se cultivaba caña de azúcar y maíz con la ayuda
de maquinaria que provenía de Estados Unidos. Con respecto a
Entrevista al Sr. Pedro Olivas Zamudio, edad: 74 años, originario de Culiacán, Sinaloa.
4
Sylvia Parra-Martínez, Miguel de Labra-Hernández, y Katherine Renton, “Requerimientos ecológicos en las aves: un enfoque en psitácidos”, en
Tópicos sobre ciencias biológicas (Guadalajara: Universidad de Guadalajara,
2016), 9–225.
5
Entrevista al Sr. Pedro Olivas Zamudio, edad: 74 años, originario de Culiacán, Sinaloa.
3

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la flora, afirmó que en el Valle de Culiacán, podían observarse
en abundancia árboles como el brasil (Haematoxylum brasiletto
H. Karst), mezquites (Prosopis laevigata) y amapas (Tabebuia
spp.);6 así como arbustos y matorrales espinosos que pronto
desaparecieron por la intensa deforestación que se presenció en
esa zona.
Respecto a la fauna, el mismo destacó sobre la alta
población de venado cola blanca (Odocoileus virginianus) que
en el pasado habitaba, pero que, ante la intensa cacería para
consumo doméstico, prácticamente desapareció del entorno.
También señaló acerca de la existencia de gato montés (Lynx
rufus), de mapache (Procyon lotor), armadillo (Dasypodidae),
víboras y otros animales silvestres de menor tamaño, mismos
que poco a poco disminuyeron, hasta que en la actualidad es algo
sorprendente tener un avistamiento. De igual manera enfatizó
que el alto índice de tala efectuada en el valle fue avalada y
realizada por los propios agricultores que no tenían ningún
interés de preservar la vegetación aledaña a las áreas donde se
iban a instalar los cultivos, mucho menos proponer estrategias
que contrarrestaran la deforestación que realizaban. Por otro lado,
Rafael Gámez Bernal7 señala que, en el Valle de Culiacán, cuando
Los cuales se distribuye en los bosques subtropicales de México asociados
al hábitat del bosque tropical caducifolio, bosque tropical sub caducifolio y
partes bajas del bosque de encino.
7
Entrevista realizada al Sr. José Rafael Gámez Bernal, originario de Campo
Clouthier Navolato, edad: 46 años.
6

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la vegetación natural era abundante, podían observarse tigrillos
(Leopardus tigrinus) y jabalís (Sus scrofa), los cuales tuvieron
que emigrar a otras zonas contiguas en busca de alimento, pero
sobre todo de refugio para huir de la caza humana.
Sobre esta actividad, la cacería, vale la pena mencionar
que es una acción que sigue afectando específicamente a la
avifauna que reside en los alrededores del Valle de Culiacán.
Este es el caso de los patos canadienses (Aythya affinis),
que debido a su ruta migratoria, históricamente arribaban a
dicha zona en abundantes parvadas para alimentarse. Durante
los años 50 del siglo pasado bajaban a los cultivos de arroz,
destruyendo por completo las plantaciones, lo que ocasionó
que las aves fueran vistas como plaga, por lo que las cazaron
indiscriminadamente, teniendo testimonios de que eran
cazados alrededor de 30 especímenes por persona durante la
época de desplazamiento.8
Entrevista realizada a José Trinidad González, originario de Michoacán, vivió desde infante en la zona del Valle de Culiacán, edad: 82 años. Un
antecedente que podemos relacionar es que en Sinaloa, la cacería furtiva
siempre ha estado presente dentro del gusto de la población, la cual sumado
al crecimiento desmedido de asentamientos urbanos han provocado la extinción de especies como el oso negro (Ursus americanus), el lobo (Canis
lupus) y el puerco espín (Eretzhion dorsatum) los cuales habitaban también
en las en las zonas altas de la Sierra Madre Occidental del estado, la cual
es vegetación de pino en las partes altas, y en zonas bajas con vegetación
de Selva Baja Caducifolia (SBC), véase Marco Antonio González Bernal,
Isabel Cristina Sapiéns Sandoval, y Víctor Manuel Saloón Soto, “Mamíferos
terrestres en Sinaloa”, en Atlas de la biodiversidad de Sinaloa (Culiacán: El
Colegio de Sinaloa, 2002), 309–406.
8

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Ahora sabemos que la zona centro a la que pertenece
Culiacán se encuentra desprovista de vegetación permanente,
ya que se ha utilizado para los cultivos agrícolas implicando una
superficie del 34% de la región. Sin embargo, de la zona que sí
tiene vegetación, la de mayor importancia es precisamente el
ecosistema de selva baja caducifolia, representando un 39% del
total de la superficie,9 lo cual nos permite valorar su importancia
por ser un tipo de vegetación que ha estado alrededor del Valle y
de la cual ha dependido un gran número de organismos para su
supervivencia.
En nuestras revisiones, se hizo presente el grave estado
de los bosques naturales de la región debido a la intensa presión
y explotación a la que fueron expuestos por las actividades de
agricultura, ganadería y la muy irregular industria maderera.10
Uno de los primeros datos obtenidos a través de las fuentes (tabla
1) muestra un número de hectáreas que fueron destinadas para
el establecimiento de cultivos durante los años de 1960 a 1970.
Ésta presentó una tendencia por aumentar gracias a la exigencia
de mayores volúmenes en la producción agrícola para abastecer
la demanda por todo tipo de productos, principalmente hortalizas,
garbanzo, algodón y maíz, entre otros.
Unión de Ejidos Forestales Centro Sinaloa A.C., Estudio Regional Forestal. Clave 2502 (Culiacán: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales; Comisión Nacional Forestal; ProÁrbol; Gobierno del Estado de Sinaloa,
2010), 9, http://www.conafor.gob.mx:8080/documentos/docs/9/3619Estudio
Regional Forestal 2502.pdf.
10
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 20 de julio de 1952, 2.
9

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Tabla 1.
Superficie destinada para diversas actividades en torno
a la agricultura en el periodo de 1960 a 1970
Número de Hectáreas

Concepto/Cultivo

50, 000

En diversas partes del estado de Sinaloa

3,000

Sorgo

7,000

Maíz

7,000

Ajonjolí

20,000
33,000

Desmonte en el río Culiacán
Para labor de campesinos en el Valle de Culiacán
Repartidas en: hortalizas y legumbres, cártamos,
trigo, cártamos, sorgo, garbanzo, frijol y maíz.
Algodón
Programa Nacional Agrario/Ejidos de vivienda
para campesinos entre ellos el Valle de Culiacán

160,000
44,875
141,000
48,000

Arroz

8,200

Tomate

69,000

Algodón
Tierra para viviendas de campesinos/Valle de
Culiacán

258,000
45, 000

Ajonjolí

671,700
40,000
8,574

Cultivos varios 1967-1968
Cultivo de milo y maíz en el ciclo de 1968
Tomate 1968-1969

369,000

Ciclo de verano de 1969

Ciclo de invierno de 1969 y ciclo de primavera
1969
Fuente: Periódico Diario de Culiacán, 1960-1970
Tabla: elaborada por los autores

243,900

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Esta apresurada deforestación, avalada en un principio por los
proyectos de la Revolución Verde en favor de la agricultura, empezó
a generar descontento entre algunos miembros de la sociedad
sinaloense que se inconformaron ante las autoridades estatales.11 Por
tal motivo, y ante la presión ciudadana, la Dirección de Agricultura
y Ganadería a través de su departamento forestal informó a las
autoridades federales para que intervinieran y terminaran con la
tala indiscriminada de la flora, haciendo un llamado para erradicar
la “Explotación de montes sin permisos forestales”.12 En atención
al llamado de la federación, la cuestión se atendió con precisión
formalmente, pues en las fuentes pudimos constatar que se creó un
departamento federal forestal para investigar a quienes resultaran
responsables de la deforestación; aunque, cabe decir que la tala
continuó. Pues, si bien el gobierno aplicó medidas precautorias
para regular la explotación de los recursos forestales, la ilegalidad
persistió, ya que continuaron los desmontes, la quema y el rastreo
de miles de hectáreas,13 sin que se castigara a los culpables.
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 19 de junio de 1962, 1.
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 6 de abril de 1963, 6.
13
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 17 de agosto de 1963,
1. Por ejemplo, la vara blanca (Croton spp.), es una de las especies que tuvo
grandes pérdidas por la tala irregular para su uso en la agricultura temporal o
de riego. De acuerdo a expertos, históricamente, ha sido un complemento en
el proceso de plantación en diversas siembras debido a la calidad de su madera
dura, mástil recto y alta resistencia a la humedad y putrefacción. En el Estado,
el corte de vara se inició a inicios 1970, abarcando prácticamente toda la entidad (12 de los 18 municipios: Choix, Concordia, Cosalá, Culiacán, El Fuerte,
Elota, El Rosario, Mazatlán, Mocorito, Salvador Alvarado, San Ignacio y Sinaloa), véase Humberto Rendón-Carmona et al., “La extracción selectiva de
11

12

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Para sustentar las ideas expuestas, tomamos las palabras del
Ing. José Sánchez García,14 quién brindó un análisis sobre cómo el
desarrollo de la agricultura comercial en el valle tuvo un impacto
negativo gracias a la deforestación, la quema de basura y el desecho
de residuos sólidos y químicos al suelo, cuerpos de agua y mantos
freáticos. Recalcó que, si bien la sociedad de antaño conservaba más
su flora natal, fue con la modernidad agrícola con lo que se modificó
el paisaje. En la historia de la agricultura comercial del valle, zona
en la cual trabajó desde su juventud, comenta que la deforestación
siempre estuvo presente y con el paso del tiempo se abrieron más
tierras para cultivos gracias al expansivo crecimiento urbano. De
manera similar, concuerda que en la agricultura no ha existido una
conciencia por parte de sus ejecutores en beneficio del ambiente
y si bien ha habido normas establecidas por el gobierno, éstas se
descuidaban pues simplemente no había un seguimiento para su
cumplimiento y mucho menos sanciones por parte de las autoridades.
Como se ha dicho, a finales de la década de los 50 fue cuando
en apariencia se quiso controlar dicha problemática en el país. El
gobierno federal canceló más de 500 concesiones para la explotación
ilegal o inmoderada de madera, disminuyendo así la superficie para
deforestar, pero, sobre todo, fomentando una tala regulada basada en
vara para uso hortícola en México: implicaciones para la conservación del bosque tropical caducifolio y sus recursos”, Botanical Sciences, núm. 91 (2013):
495, http://www.scielo.org.mx/pdf/bs/v91n4/v91n4a8.pdf.
14
Entrevista realizada a: José Sánchez García, originario de Jalisco, edad:
67 años.
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estudios científicos que permitiera mantener volúmenes de producción
estables.15 Respecto a lo anterior, de acuerdo con el Ing. Arturo
Sánchez Sandoval, jefe de operación del Distrito de Riego No. 10, los
desmontes eran hechos por concesiones exclusivas a particulares, es
decir, contratos donde no se realizaba ningún tipo de censo forestal,
sólo estudios topográficos como el de la presa Sanalona. Afirma que
para la construcción de dicha obra sólo se desmontó la vegetación
que estaba en la orilla donde se colocó la cortina de la presa y que la
vegetación que quedó dentro de la misma desapareció.16
Hasta la fecha no existe o no hemos encontrado un
diagnóstico detallado sobre los niveles de extracción a los que
se ha sometido la vegetación del estado, ni estudios dirigidos a
documentar los efectos en la composición, estructura y dinámica
de la flora de los sitios aprovechados para la agricultura comercial
y, aunado a esto, Sinaloa, desde el punto de vista botánico, esa
una de las regiones menos estudiadas en el país, en particular el
municipio de Culiacán.17 Sin embargo, en nuestra búsqueda, el
Estudio Regional Forestal de la UMAFOR 2502: para la zona
“Centro-Sinaloa” destaca información relevante respecto a las
tasas de deforestación y degradación forestal para inicios de
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 19 de agosto de 1958, 1.
Entrevista realizada al Ing. Arturo Sánchez Sandoval, jefe de operaciones
del Distrito de Riego No. 10 dentro del Distrito de Riego 10 Culiacán-Humaya
dentro de la CONAGUA, originario de Guasave, edad: 65 años.
17
Rendón-Carmona et al., “La extracción selectiva de vara para uso hortícola
en México: implicaciones para la conservación del bosque tropical caducifolio
y sus recursos”, 495.
15
16

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1970; en éste se exhibe una tasa anual de deforestación relativa de
0.591%, lo que representa una pérdida de 6,286 ha/año y una tasa
absoluta de 102,001.55 hectáreas de cubierta vegetal, resultando
una tasa de degradación absoluta de 88,650 hectáreas.18
Específicamente para Culiacán, el bosque espinoso ha sido
el principal tipo de vegetación, pero cercano a la costa se encuentran
manglares y vegetación halófila y en lugares sombreados o cañadas
está el Bosque Tropical Subcaducifolio y el ya mencionado
Bosque Tropical Caducifolio, representado básicamente por
apomo (Brosimum alicastrum) e higuera (Ficus spp.). También
en elevaciones superiores a los 400 metros se presentan pequeños
bosques de encinos que en altitudes mayores de 700 metros en la
región noreste del municipio se combinan con bosque de pino (Pinus
oocarpa) y, por último, el bosque de galería, el cual se desarrolla
a lo largo de arroyos predominado por Ahuehuete (Taxodium
mucronatum) y a la orilla de los ríos es sobresaliente la presencia de
álamo (Populus mexicana) y Sauce (Salix nigra).19 La importancia
de mencionar estos recursos estriba porque a raíz del crecimiento de
la agricultura comercial estas áreas disminuyeron drásticamente al
destruirse dichos ecosistemas, pues el aprovechamiento irracional e
incendios forestales provocaron grandes pérdidas de sus superficies.20
Unión de Ejidos Forestales Centro Sinaloa A.C., Estudio Regional Forestal. Clave 2502.
19
Rito Vega Aviña et al., “Endemismo regional presente en la flora del municipio de Culiacán”, Acta Botánica Mexicana, núm. 53 (2000): 5, https://www.
redalyc.org/pdf/574/57405301.pdf.
20
Vega Aviña et al., “Endemismo regional presente en la flora del municipio
18

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Para ilustrar un poco la situación que prevaleció en el municipio, a
continuación presentamos dos fotografías que sirven para comparar
los parches de cambio de vegetación en la zona de Culiacán.21
Foto 1.
Superficie de vegetación de 1981 de Culiacán y Presa Sanalona.

Fuente: Luciana Pérez Cortés, Identificación de vegetación en imágenes
satelitales [Tesís de Maestría] (Ciudad de México: Instituto Politécnico
Nacional - Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, 2014)
de Culiacán”.
21
Luciana Pérez Cortés, Identificación de vegetación en imágenes satelitales [Tesís de Maestría] (Ciudad de México: Instituto Politécnico Nacional - Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, 2014), 1–87, https://tesis.ipn.mx/bitstream/
handle/123456789/18056/Identificacion de vegetacion en imagenes satelitales.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y. Las fotografías son parte de las técnicas que se utilizan en la percepción remota que permite evaluar y dar seguimiento de las regiones
vegetales, las cuales tienen una relativa permanencia en el tiempo y junto con su
composición florística reflejan la naturaleza de los suelos, el clima local, pero sobre
todo indican el manejo actual y pasado de los ecosistemas, ya que son herramientas
fisonómicas de las comunidades biológicas que fácilmente se pueden identificar.
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La foto muestra la zona de Culiacán hacia la presa Sanalona,
totalmente cubierta por vegetación, pero, si bien es una imagen
posterior a nuestro periodo de estudio, podemos inferir que entre
1940 y 1970 de igual forma debió presentarse una amplia extensión
en los niveles de flora, y un mínimo grado de urbanización, pues
ésta aún se concentraba la capital sinaloense.
Foto 2.
Superficie de vegetación del 2018 de Culiacán y Presa Sanalona

Fuente: Google Earth

Al igual que en la fotografía anterior, si bien la imagen es muy
reciente, sirve para mostrar diferencias en las áreas. Por ejemplo,
en esta última se observan parches en la zona del valle y hacia la
presa Sanalona, como resultado de la ampliación de la frontera
agrícola en el estado y del crecimiento de poblaciones en todo el
municipio.
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En una nota periodística, cuyo encabezado se titulaba “Las
tierras cultivadas del Valle de Culiacán”,22 se afirma que debido
al incremento de la agricultura se dio un desmonte excesivo de los
bosques en la región, y que además, con la creación del Distrito
de Riego No. 10, fue necesario establecer grandes extensiones de
vegetación a lo largo del valle para que sirvieran como cortinas
de viento. Por ello, en un intento para solucionar los problemas
ocasionados, tanto la Secretaría de Agricultura y Ganadería de
Sinaloa, en coalición con la Delegación Forestal de Sinaloa, se
comprometieron a establecer viveros forestales y hacer entrega
de millones de árboles de especies originarias de la zona.23
Hasta el momento, hemos visto que a raíz del fortalecimiento
del sector agrícola, sobre todo la agricultura moderna destinada a
grandes mercados, se ha ocasionado una constante deforestación
en todo el estado de Sinaloa, pero particularmente en el Valle de
Culiacán. La intención era elevar los índices de productividad, sin
considerar los efectos secundarios que eso implicaba. La ambición
por aumentar la producción ha colocado al valle en los umbrales
de su agotamiento, pero además se convirtió una amenaza para la
fauna silvestre y en general para la calidad de salud del ecosistema
que repercute en todos sus elementos, incluidos los seres humanos.
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 10 de febrero de 1952, 2.
Acacias, bugambilias, cedro rojo, ceiba, casuarina, caoba, venadillo, Huanacaxtle, jacaranda, limonero, palmas, palo prieto, tabachín rojo, haba, fresnos, papayo y zapote blanco, entre otros. Esta acción buscaba, además, motivar a los agricultores del Valle de Culiacán para que forestaran sus zonas de
labor y así además de combatir la erosión, embellecer la región del Valle.
22
23

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2. Efectos perjudiciales de agentes químicos en flora, fauna,
suelo y agua del medio ambiente del Valle de Culiacán de
1940 a 1970
Son indudables los efectos nocivos que los plaguicidas han
provocado en el medio ambiente en general, incluida la humanidad;
por ello que es vital que los especialistas y los distintos niveles
de gobierno se unan para realizar estudios que especifiquen las
acciones que deben aplicarse en los diferentes estratos de los
ecosistemas para establecer medidas de uso y prevención. Por
nuestra parte, en las páginas siguientes expondremos algunas
afectaciones sobre la biótica del valle que analizamos y donde
se realizaron los mayores desmontes y cultivaron abundantes
productos.
2.1. Daños a la flora y fauna
a. Organoclorados: DDT, Aldrín-Dieldrín, Toxafen, Lindano,
Heptador y Clordano
Los plaguicidas organoclorados fueron los primeros en usarse
sistemáticamente y a escala mundial en campañas de salud.
Desde el origen del DDT, a inicios de 1940, se crearon otros
productos organoclorados con la misma finalidad; no obstante
los beneficios, todos presentan un alto nivel de toxicidad para el
ambiente, particularmente en animales.
En nuestra investigación, el DDT y derivados fueron
los principales plaguicidas para atacar las plagas que afectaban
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los cultivos del algodón y maíz. En una nota periodística que se
encontró, denominada “Control de las plagas del algodonero”,24
explican que el DDT, Dieldrin, Lindano y Metoxiclor fueron los más
efectivos para combatir insectos. Sin embargo, esta información
también resaltaba los efectos tóxicos y la peligrosidad para los
mamíferos, pues el veneno penetraba en el cuerpo por la piel, por
ingestión o inhalación; si bien éstos no provocaban intoxicación
inmediata, la sustancia activa se acumula en los tejidos grasos de
los animales, por lo cual, los síntomas se expresaban después de
varias semanas. La bioacumulación o biomagnificación, como se
denomina a este aspecto, hace que el uso de estos químicos sea
muy peligroso pues las propiedades tóxicas de los plaguicidas
organoclorados se pueden trasladar a otros niveles de la cadena
alimenticia o mantenerse activos en el ecosistema por mucho
tiempo.
Sobre esto, se han hecho investigaciones de laboratorio
y de campo a nivel mundial que demuestran los efectos dañinos
de ciertos químicos, específicamente en el sistema hormonal y
de función de invertebrados, reptiles, aves, mamíferos y peces.25
Y, como dijimos, los plaguicidas organoclorados permanecen activos en el ambiente de 1 a 25 años, su degradación es lenta e
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 1951, 2.
Thomas M. Crisp et al., “Environmental Endocrine Disruption: an Effects
Assessment and Analysis”, Environmental Health Perspectives 106, núm. 1
(1998): 14, https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1533291/pdf/envhper00536-0026.pdf.
24
25

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incluso algunos jamás desaparecen totalmente. Además, su alta
volatilidad les permite migrar a grandes distancias por aire o por
agua y finalmente depositarse en suelo.26 Si bien hemos comentado que la amenaza que caracteriza a este grupo de plaguicidas
es la bioacumulación y la biomagnificación, vale la pena hacer un
esquema de las relaciones tróficas para representar la transferencia de energía de unos organismos a otros a través del alimento:
Figura 1.
Representación de una cadena trófica

Elaborada por los autores
Sergio David Leal Soto et al., “Residuos de plaguicidas organoclorados en
suelos agrícolas”, Terra Latinoamericana 32, núm. 1 (2014): 2, https://www.
scielo.org.mx/pdf/tl/v32n1/2395-8030-tl-32-01-00001.pdf.
26

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En esta representación (figura 1) es claro cómo la aplicación de un
elevado nivel de plaguicida químico puede pasar de un organismo
a otro, pues cualquiera que entre en contacto con alguna de estas
sustancias mantendrá importantes niveles de la misma, y al ser
consumido por otro ser vivo transmitirá parte de esa porción y
así sucesivamente. Como ya hemos dicho, el problema radica en
que este tipo de químicos tiene la capacidad de permanecer por
tiempo suficiente para hacer daño en la vida de los seres vivos,
principalmente mamíferos, pues se depositan en las zonas grasas
del cuerpo, lo que dificulta su salida o liberación del organismo.27
Pocos son los trabajos que han evaluado la contaminación
química de los plaguicidas utilizados en la agricultura comercial
de la región. Una referencia que podemos retomar (que está fuera
de nuestro periodo, pero sirve para esclarecer hechos más añejos)
es un estudio realizado en 1989 en el río Culiacán y aguas aledañas
al valle. Al analizar los componentes del agua de los canales para
regadío se identificaron los tipos de plaguicidas que arrastraban,
siendo los plaguicidas organoclorados y organofosforados los
que ocuparon los primeros lugares en orden de importancia. Se
encontró la presencia del Endrín, en la biótica lacustre y ribereña
de la zona. Este químico, como dijimos, es un compuesto
Ingrid Alejandra Granados Galván, Riesgo para la salud humana por ingesta de plaguicidas organoclorados en pargos (Lutjanus colorado, L. novemfasciatus y L. argentiventris) en el sistema lagunar San Ignacio-Navachiste-Macapule, México [Tesís de Maestría] (Guasave: Instituto Politécnico
Nacional - Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional, Unidad Sinaloa, 2013), 1–70.
27

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�Destrucción y debilitamiento

organoclorado usado como insecticida de contacto y de ingestión
y que, de acuerdo a dicha fuente, fue autorizado por J. Hayman
y Co. para ser manufacturado por la Shell Chemical Company
and Velsicol Chemical Co. en 1950. El insecticida es catalogado
como extremadamente tóxico y altamente persistente, por lo que
afectó específicamente a peces y otras formas de vida acuática.
Como dijimos, este ejemplo es importante referirlo pues sustenta
su existencia y posiblemente su uso durante el periodo de estudio,
ya que los agricultores sinaloenses utilizaban todas las novedades
existentes para conseguir una buena cosecha; además, es muy
posible que desconocieran los daños que éstos ocasionaban en la
flora y fauna.
Las fuentes señalan que, desafortunadamente, los sistemas
acuáticos terrestres y marinos han sido los más amenazados por el
aporte de sustancias contaminantes como plaguicidas, fertilizantes,
metales pesados, organismos patógenos y otros, a través del
incremento de actividades antropogénicas en las áreas adyacentes
como la agricultura.28 Estos químicos han llegado a los cuerpos
de agua por escurrimiento, tanto superficiales como subterráneos,
infiltración y erosión de los suelos, por dispersión atmosférica,
así como por escurrimiento durante lluvias o riego agrícola.29 La
Cipriano García-Gutiérrez y Guadalupe Durga Rodríguez-Meza, “Problemática y riesgo ambiental por el uso de plaguicidas en Sinaloa”, Ra Ximhai 8,
núm. 3b (2012): 7, https://www.redalyc.org/pdf/461/46125177005.pdf.
29
Arturo Hernandez-Antonio y Anne M. Hansen, “Uso de plaguicidas en
dos zonas agrícolas de México y evaluación de la contaminación de agua y
sedimentos”, Revista Internacional de Contaminación Ambiental 27, núm.
28

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importancia de los cuerpos de agua, es que al ser sitios orgánicos
muy activos poseen una amplia diversidad biológica gracias a los
procesos biogeoquímicos como el ciclo hidrológico, la recarga o
suministro de acuíferos, y la estabilización del clima local; además,
esa riqueza los convierte en un recurso de gran valor económico
para cierta parte de la sociedad, ya que en ellos se desarrollan
actividades pesqueras. Pero, algo que resalta por el beneficio que
brinda a la vida natural, son los atributos que tienen como refugios
de diversidad biológica, actualmente patrimonio histórico cultural
en Sinaloa, reconocidos como sitios RAMSAR30 (Humedales
de Importancia Internacional) por incluir especies protegidas
de flora y fauna endémicas y migratorias.31 No obstante, parece
claro que en esos años de 1940-1970 los empresarios agrícolas y
el gobierno sinaloense no tomaba en consideración el daño que
ocasionaban a los humedales existentes.
Sinaloa cuenta con ocho de estos sitios distribuidos a lo
largo de su superficie y en el Valle de Culiacán destaca el hábitat
llamado laguna de Chiricahueto, un cuerpo de agua dulce que
se encuentra al sur de la ciudad de Culiacán, en la parte baja de
2 (2011): 116, https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0188-49992011000200003.
30
Yamel Guadalupe Rubio Rocha y Fabio Germán Cupul Magaña, “Áreas de
importancia para la conservación de aves”, en Atlas del manejo y conservación
de la biodiversidad y ecosistemas de Sinaloa (Culiacán: El Colegio de Sinaloa,
2006), 141–50.
31
García-Gutiérrez y Rodríguez-Meza, “Problemática y riesgo ambiental
por el uso de plaguicidas en Sinaloa”, 7.
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la cuenca del río Culiacán (24°33’54.4” N y 107°31’5.9” O), y
que además está conectado con el Sitio Ramsar Ensenada del
Pabellón.32 La relación directa estriba en que comprende 18,500
hectáreas en el valle donde se cultivan grandes extensiones
de tierra, siendo contaminada constantemente, afectando a
las poblaciones de reptiles caimán (Caiman crocodilus) y el
cocodrilo (Crocodylus acutus) gracias al progreso que ha tenido la
agricultura comercial. El número de ejemplares de estos reptiles
ha disminuido debido a la contaminación por descargas de aguas
negras y agroquímicos residuales que llegaban a esta laguna a
través del agua contaminada que transportaban los drenes, ya que
las descargas por el mal manejo de residuos afectó la diversidad
de peces que sirven como fuente de alimento a los cocodrilos.
En el periodo de estudio, los químicos y sus contenedores eran
arrojados en este cuerpo de agua. Además, los daños colaterales
eran grandes, pues mucha de la población que consumía los peces
que sacaba de la laguna presentaba síntomas de intoxicación,33
aunque los habitantes culpaban otras fuentes alimenticias o al
pescado mismo, pero porque creían que les había hecho daño por
Felipe Amezcua Martínez, Colonización de la laguna de Chiricahueto
(Sinaloa, México) por la especie invasora Pterygoplichthys spp (Ciudad de
México: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales; Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, México; University of Prince Edward
Island, Coastal Ecology Laboratory, Canadá, 2014), http://www2.inecc.gob.
mx/publicaciones2/libros/713/colonizacion.pdf.
33
Entrevista realizada al Sr. Rafael Gámez Bernal de 46 años, originario del
Campo Clouthier Navolato.
32

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�Eduardo Frías y Aurelia de la Parra

consumirlo crudo, en ceviche, o porque se había echado a perder
por la falta de refrigeración.
Aunado a esto, este enorme cuerpo de agua ha albergado
alrededor de 350 especies de aves migratorias y regionales,
representando uno de los refugios más importantes para las aves
acuáticas en el estado de Sinaloa, destacando las poblaciones
de anátidas de la zona las cuales han sido contabilizadas en
miles, incluyendo 23 especies de patos. Si bien aún no existen
evaluaciones sobre los efectos de los químicos en la dinámica
trófica de las especies que habitan en esta laguna, las aves
que han arribado temporalmente o residido en dicho humedal
podrían haber sido vulneradas por los cambios generados en el
ambiente por la bioacumulación y biomagnificación a lo largo
de la cadena alimenticia, siendo afectadas en su reproducción
y formación del cascarón de los huevos.34 Se ha comprobado
que algunas especies de aves migratorias alimentadas con
peces de lagunas contaminadas por este tipo de sustancias, han
exhibido un deterioro crónico en su reproducción, resultado
del adelgazamiento de la cáscara del huevo y deformación
embrionaria, provocando la mortalidad del mismo debido a los
altos niveles del DDT.35
René Sauceda López y Martha P. Gómez Soto, “La actividad agrícola y
su impacto en el medio ambiente”, en Atlas de los ecosistemas de Sinaloa, ed.
Juan Luis Cifuentes Lemus y José Gaxiola López (Culiacán: El Colegio de
Sinaloa, 2003), 417–26.
35
Per-Erik Olsson et al., Endocrine disrupting substances. Impairment of
reproduction and development (Stockholm: Elander Gotab, 1998), 55.
34

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La laguna de Chiricahueto aún se encuentra biológicamente
activa y por estar ubicada dentro del Corredor Migratorio del
Pacífico, se clasifica como un complejo lagunar prioritario para
su conservación en Sinaloa y México.36 Esta laguna de formación
totalmente natural y que se ha conservado históricamente, es el
único hábitat importante directamente relacionado con la agricultura
comercial del Valle, por lo que valdría la pena evaluar el estado del
agua, pero sobre todo realizar monitoreos anuales que ayuden a
determinar la diversidad de fauna que en ella vive para que haya
registros que sirvan como base de datos para utilizarse en un futuro
y determinar los cambios derivados por la agricultura, pues las
zonas de cultivo y viviendas de campesinos siguen colindando con
ella y sin duda alguna seguirá recibiendo afectaciones.
Para finalizar con los plaguicidas del orden organoclorados,
es pertinente mencionar al Clordano, el cual no es biodegradable
y su uso en el medio ambiente está prohibido, ya que es altamente tóxico y buena parte de este compuesto se evapora o se lava
por medio de los escurrimientos provocados por la lluvia y el riego, quedando una fracción importante en las partículas de la capa
cultivable como arcillas y materia orgánica, donde sus residuos se
acumulan y persisten hasta por 20 años.37 En nuestras fuentes se
Juan Carlos Leyva Martínez, “Ficha informativa de los humedales de Ramsar (FIR)”, 2007, http://ramsar.conanp.gob.mx/docs/sitios/FIR_RAMSAR/Sinaloa/Ensenada de Pabellones/Mexico Ensenada de Pabellones RIS 2008.pdf.
37
“Fichas internacionales de seguridad Química, Clordano puro”, s/f, http://
www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/FichasTecnica s/FISQ/
Ficheros/701a800/nspn0740.pdf.
36

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descubrió que afectó significativamente a las lombrices de tierra
reduciendo el tamaño de sus poblaciones, lo cual resultó en la disminución de la fertilidad del suelo, aspecto que afectó seriamente
en las cantidades de lombrices que ayudaban en la productividad
agrícola y en los nutrientes necesarios para los cultivos.38
b. Organofosforados: Parathion
El Parathion es un insecticida organofosforado de uso agrícola e
industrial, que se absorbe con facilidad por inhalación, ingestión
y penetración dérmica; se presenta en forma de polvo o sólido
cristalino de color blanco, con olor penetrante parecido al ajo.
Los productos organofosforados eran utilizados constantemente
para envenenar insectos y mamíferos, principalmente por la
fosforilación de la enzima acetilcolinesterasa (ACE) en las
terminaciones nerviosas. Esta enzima en animales (incluido
el ser humano) es imprescindible para el control normal de la
transmisión de los impulsos nerviosos que van desde las fibras
nerviosas hasta las células musculares y glandulares, así como
hacia otras células nerviosas en los ganglios autónomos, como
también al sistema nervioso central (SNC).39
En aquel entonces, el Parathion fue producido por
Monsanto Company y Kerr McGee, estableciendo una categoría
toxicológica extremadamente peligrosa y ligeramente persistente,
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 7 de abril de 1957, 3.
“Insecticidas Organofosfatados”, 2015, https://espanol.epa.gov/sites/production-es/files/2015-09/documents/spch4.pdf.
38
39

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produciendo efectos adversos al ambiente pues era extremadamente
tóxico para animales de sangre caliente como mamíferos y
aves, así como efectos adversos para la salud humana debido a
la inhalación, ingestión y absorción por la piel.40 Como hemos
comentado, respecto a este plaguicida, en nuestras evidencias se
encontró que dado el desconocimiento de su toxicidad o por el
manejo inadecuado del mismo, los fumigadores se envenenaban
gravemente presentando sudoración abundante, nula reacción de
pupilas, lacrimación y salivación extrema.41
En el Valle de Culiacán, el Parathion provocó intoxicación entre la clase trabajadora del campo, según lo afirmó Pedro
Olivas Zamudio, quien fue testigo de cómo decenas de personas
eran transportadas en camiones desde la zona del valle hacia la
ciudad de Culiacán para recibir atención médica, pues este era
aplicado exclusivamente por vía aérea, la cual era anunciada someramente, sin verificar si alguna persona quedaba en el cultivo
donde se dispersaría la sustancia. En palabras textuales del entrevistado, “las avionetas parecían mariposas en el cielo”.42
Con respecto a los insectos benéficos para las plantas,
como las abejas, encontramos que son especialmente sensibles
al Parathion metílico. En 1959, la prensa local publicaba que un
José Andrés Audela Villegas, Identificación y evaluación de plaguicidas
en agua del distrito de riego No. 004 del valle de Culiacán [Tesis de Maestría]
(Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, 1989), 1–73, https://cd.dgb.uanl.mx/handle/201504211/2938.
41
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 27 de septiembre de 1959, 2.
42
Entrevista realizada al Sr. Pedro Olivas Zamudio, 67 años originario de
Culiacán.
40

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número considerable de éstas murieron a pesar de haberse utilizado
dosis bajas.43 La elevada mortandad de abejas no sólo amenazaba
a la economía apícola, sino a la agricultura, ya que una gran parte
de los alimentos que consumimos ha estado disponible gracias
a la polinización. Aproximadamente la mitad de los animales
polinizadores de plantas tropicales son abejas, lo que las coloca
en el escaño más alto y por tanto en los mayores distribuidores
del polen que requieren las plantas para su reproducción, en
especial plantas de interés agrícola.44 Por ello su disminución
era un factor de riesgo para la agricultura comercial del Valle de
Culiacán y en general de la flora sinaloense.

No tóxico

Afectación
Ecológica

Para tipo
de plaga/
organismo

Nivel
Toxicológico

Derivado
de la urea

Empresa
encargada

1949Citrolina
1950

Composición Química

Nombre de
Producto/
comercial

Año

Tabla 2.
Químicos dispersados en el Valle de Culiacán:1949-1970

Pemex

Insecticida
y herbicida

Ninguna

1949

Sulex
eno-2

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

Tóxico para aves
y organismos
polinizadores

1949

Aprocon
2-10

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

Tóxico para
mamíferos

1949

Aprocon
2-5-40

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

Tóxico para
mamíferos

Datos de identificación, Versión Online: http://www2.inecc.gob.mx/sistemas/plaguicidas/pdf/paration_metilico.pdf, consultado el 02 de octubre de 2017.
44
Guiomar Nates-Parra, “Abejas silvestres y polinización”, Manejo Integrado de Plagas y Agroecología, núm. 75 (2005): 7, https://repositorio.catie.ac.cr/
bitstream/handle/11554/5728/abejas.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y.
43

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1949

Plantexel
Y-10

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

Tóxico para aves
y organismos
polinizadores

1950

Parathion

Organofosforado

Extremadamente
tóxico

Insecticida
y acaricida

Tóxico para
aves, peces y
abejas

1950

Cyanogas

Cianuro de
Muy tóxico calcio

Insecticida
y raticida

Tóxico para
vertebrados

1950

Bisulfuro de
carbono

ModeraBisulfuro
damente
de carbono
tóxico

-

Fumigante

Intoxicación

1951

Dicloro
Difenil
Dicloroetano-DDT

Organoclorado

Extremadamente
Tóxico

DuPont

Insecticida

Muy tóxico
en mamíferos,
peces, aves y en
general insectos

1951

Dieldrín

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

Muy tóxico para
el suelo, mamíferos y aves

1951

Heptador

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

tóxico para el
suelo, mamíferos
y aves

1951

Lindano

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

tóxico para el
suelo, mamíferos
y aves

1951

Metoxidor

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

tóxico para el
suelo, mamíferos
y aves

-

Materia
orgánica,
humus,
No tóxico
estiércol y
microorganismos

Fertilizantes

Ninguna

Insecticida

Muy tóxico para
el suelo, mamíferos y aves

1951

1952

Aldrín

Organoclorado

DuPont

Agrónomos
Independientes

Shell:
CheMuy tóxico mical
Company

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1952

Toxafen

1952

Dieldrín

1952

Arseniato de
calcio

Organoclorado

Moderadamente
tóxico

Organoclorado

Muy tóxico DuPont

Insecticida

Arsenicales

Extremadamente
tóxico

Insecticida,
herbicida,
fungicida y
molusquicida

Tóxico para
mamíferos y aves

DuPont

Insecticida

No es
biodegradable
y persiste en
el suelo, es
extremadamente
tóxico para los
organismos
silvestres como:
invertebrados
acuáticos, abejas,
nemátodos,
peces, anfibios y
reptiles

Magara

Fungicida

No tóxico

Insecticida

Contaminante
total en ríos,
lagos o cuerpos
de agua, aves,
mamíferos,
peces, abejas

Organoclorado

Extremadamente
tóxico

Clordano

1952

Oxicloruro
C-O-C-S Sulfato de No Tóxico
cobre

Parathion
metílico

Insecticida

Tóxico para
mamíferos,
organismos
acuáticos y otros
insectos

1952

1955

DuPont

Tóxico
para peces,
crustáceos, aves,
abejas, algas,
lombrices y
plantas acuáticas

Organofosforado

Extremadamente
tóxico

DuPont

Monsanto

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1959

1959

1961

1965

Santobane-DDT

Parathion

2,4-Dow

Cycocel

1966

Urea

1966

Nitrato
de amonio

Organoclorado

Moderadamente
tóxico

Monsanto
chemical

Insecticida

Muy tóxico para
la vida silvestre.
Afecta a todos
los niveles
tróficos de los
ecosistemas
acuáticos, aves y
microorganismos
del suelo

Organofosforado

Extremadamente
tóxico

Monsanto

Insecticida

Contaminante
en ríos, lagos u
otros cuerpos
de agua, aves,
mamíferos,
peces, abejas

Amina

Medianamente
tóxico

Dow
Química
Mexicana

Herbicida

Contamina
cuerpos de agua

Cloruro de
amoniaco

American
Ligeramen- cyanate tóxico
man de
Company

Herbicida

Contaminante
para cuerpos de
agua y peces

Fertilizante

Ninguna

Fertilizante

Peligrosa para
el ambiente
en particular
cuerpos de agua

Urea

No tóxico

Fertilizantes
del
Insmo
S.A.

Nitrato de
amonio

Moderadamente
tóxico

Fertilizantes
del
Insmo
S.A.

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1967

1970

2,4 D
Amina

Sal de
dimetilamina
del ácido
2,4- diclorofenoxiacetico.

LigeramenDuPont
te tóxico

Stam

Propanil:
3,4-Dicloropropionanilida
480 g/L

Moderadamente
tóxico

Industrias
Apizaco

Herbicida

Ligeramente
tóxico para aves
y abejas, contamina fuentes,
arroyos, lagos y
cuerpos de agua

Herbicida

Contamina los
lagos, estanques,
ríos y demás
fuentes de agua

Fuente: Diario de Culiacán, 1949-1970.
Tabla: elaborada por los autores

Como podemos observar en la tabla 2, los químicos utilizados en
beneficio de la agricultura en el Valle de Culiacán fueron diversos y
con una amplia gama de agentes dañinos para la salud de cualquier
ser vivo y medio ambiente. Si bien previamente hemos mencionado
que existen distintas clasificaciones, en este artículo los clasificamos
por los organismos que controlan, es decir: a) Insecticida, b)
Acaricida, c) Fungicida: hongos y levaduras, d) Bactericida, e)
Antibiótico: control de bacterias, f) Herbicida, g) Rodenticida:
control de roedores, y h) Molusquicida: control de moluscos; y
por su composición u origen químico, ya sean organofosforados y
organoclorados, debido a que la gran cantidad de ellos cuentan con
un alto grado de toxicidad para el medio ambiente y sin duda han
sido muy utilizados en el campo mexicano.
Desafortunadamente, es poca la evidencia histórica
y empírica que existe sobre esta problemática en el Valle de
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Culiacán; pero en general, si bien en el periodo de estudios los
plaguicidas químicos fueron una gran innovación y la técnica
más eficaz para erradicar diversas plagas de insectos, pronto
se convirtieron en un problema que ocasionó un desequilibrio
ecológico, pues al eliminar depredadores naturales aumentaban
o aparecían plagas nuevas y más vigorosas45. Actualmente,
el uso indiscriminado de agroquímicos pierde su efectividad
rápidamente ante la resistencia generada por algunas especies
de plaga ocasionando que se produzcan nuevos y más potentes
plaguicidas para el control de las mismas.46
3. Consecuencias del uso de semillas modificadas en el medio
ambiente del Valle de Culiacán de 1940 a 1970
En nuestro periodo de estudio fue visible el uso de semillas
mejoradas que se generaron en diversos cultivos, siendo los más
beneficiados el maíz, el trigo, el arroz, el garbanzo y el cártamo.
Con la implementación de la “Campaña Pro-Semillas”, el gobierno
afirmaba que la agricultura del país se superaría y sería cada vez
más rentable para todos.47 Y es que México, durante mediados
de los 50, había logrado incrementar y mejorar su agricultura
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 22 de mayo de 1960, 2.
Santiago Javier Sarandón y Claudia Cecilia Flores, Agroecología: bases
teóricas para el diseño y manejo de Agroecosistemas sustentables, ed. Santiago Javier Sarandón y Claudia Cecilia Flores (La Plata: Universidad Nacional de La Plata, 2014), 20, https://libros.unlp.edu.ar/index.php/unlp/catalog/
view/72/54/181-1.
47
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 2 de junio de 1957, 1.
45
46

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gracias a diversas acciones aplicadas por el Gobierno Federal
desde la década de los 40. Las autoridades señalaban que el maíz
fue el producto central en las experimentaciones por el beneficio
histórico y biológico de un país como México, ya que éste no sólo
constituye el alimento básico de Mesoamérica, sino que además
es uno de los pilares de la cultura de nuestro país.48 De acuerdo
con la Dra. Elena Álvarez-Buylla Roces, siendo México centro
de origen y diversidad, el hecho de que se introduzcan OGM a
campo abierto, bajo cualquier régimen, hará imposible impedir el
flujo génico a los no transgénicos, pues se ha demostrado que los
genes, incluidos los transgenes, pueden viajar a través del polen y
las semillas a miles de kilómetros de distancia, haciendo imposible
aislar las zonas libres de transgénicos de la contaminación.49
Por lo tanto, algunas consecuencias ecológicas serían,
en un inicio, la pérdida de la secuencia genética original, misma
que a su vez alteraría el comportamiento genético de las plantas
modificando planes de mejoramiento con base en los maíces
mexicanos y finalmente generar el origen de súper malezas
resistentes a plagas o tolerantes cierto tipo de herbicidas.50
Patricia Muñetón Pérez, “La importancia de proteger al Maíz como un
bien común. Entrevista con la Dra. Elena Álvarez-Buylla Roces, jefa del departamento de Ecología Funcional del Instituto de Ecología de la UNAM”,
Revista Digital Universitaria 10, núm. 4 (2009): 1, https://www.revista.unam.
mx/vol.10/num4/art18/art18.pdf.
49
Muñetón Pérez, “La importancia de proteger al Maíz como un bien común. Entrevista con la Dra. Elena Álvarez-Buylla Roces, jefa del departamento de Ecología Funcional del Instituto de Ecología de la UNAM”.
50
Muñetón Pérez, 2.
48

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Como ya dijimos, en Sinaloa, el maíz fue el principal
cultivo donde se hizo uso de semillas mejoradas, gracias a la
aplicación de políticas públicas e inversiones que perfeccionaron
instalaciones para su secado y almacenamiento; así como la
adquisición de maquinaria e implementos adecuados, que resultó
en una elevada exigencia. Esta demanda fue causa del amplio
mercado que se generó y de los consiguientes aumentos en la
competencia entre empresas agro-comerciales; además, dicha
competitividad mantuvo una demanda sostenida de maquinaria
especializada. Por esta y otras razones, en la actualidad, el maíz,
técnicamente hablando, ha sido el grano de más rápido avance en
Sinaloa.51 De acuerdo a la FAO:
La experiencia adquirida a lo largo de decenios de estudios
sobre los efectos ambientales indica que es posible que pasen
años o decenios antes de que se comprendan las consecuencias
de los nuevos elementos biológicos en los ecosistemas. Entre
los efectos ambientales de los OGM introducidos, que pueden
ser de carácter ecológico o genético, se incluyen los siguientes:
a) efectos imprevistos sobre la dinámica de las poblaciones en
el medio receptor como resultado de los efectos sobre especies
no destinatarias, que pueden producirse directamente por
predación o competición o indirectamente por cambios en el uso
de la tierra o en las prácticas agrícolas, b) efectos imprevistos
en la biogeoquímica, especialmente debido a las repercusiones
Juan de Dios Trujillo Félix y Gerardo López Cervantes, “Granos básicos
y especialización agrícola en Sinaloa”, en Sinaloa en la globalización. Costos ecológicos, sociales y económicos, ed. Óscar Aguilar Soto y Carlos Javier
Maya Ambía (México, DF: Universidad Autónoma de Sinaloa; Plaza y Valdés
Editores, 2007), 135–61.
51

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sobre las poblaciones microbianas del suelo que regulan el
flujo de nitrógeno, fósforo y otros elementos esenciales, c) la
transferencia del material genético insertado a otras poblaciones
domesticadas o autóctonas, denominada generalmente flujo
génico, mediante la polinización, cruzamientos mixtos, la
dispersión o la transferencia microbiana.52

Es por esto que el único elemento que consideramos en este
trabajo, es el desplazamiento de especies nativas o criollas; en
recientes estudios se ha comprobado que hay una alta probabilidad
de que se transfieran genes a especies silvestres provocando
que se pierda el origen genético. En 1998, en una reunión,
organizada por la FAO, sobre los beneficios y riesgos de los
cultivos transgénicos, se hizo hincapié sobre el flujo génico que
se produce cuando los genes se propagan a través del polen y de
la polinización entre cultivos resistentes a herbicidas.53 Podemos
afirmar que los cultivos modificados genéticamente plantean
serios problemas ambientales para la agricultura no transgénica,
debido a la contaminación genética, es decir, la aparición de
material modificado genéticamente en cultivos y productos no
transgénicos, por polinización cruzada, esparcimiento de semillas,
mezcla de semillas y cosechas, etc.54
Food and Agriculture Organization, Los organismos modificados genéticamente, los consumidores, la inocuidad de los alimentos y el medio ambiente (Roma: Dirección de información de la FAO, 2001), 19, https://www.fao.
org/3/X9602s/X9602s00.htm.
53
Food and Agriculture Organization, 20.
54
Liliane Spendeler, “Organismos modificados genéticamente: una nueva
amenaza para la seguridad alimentaria”, Revista Española de Salud Pública,
52

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Ya se ha dicho que el maíz fue el cultivo que más
experimentación tuvo durante el auge de mejoramiento genético
de mediados de 1950 y 1960, y así lo constatan las notas
periodísticas “Variedades de maíz híbrido, recomendadas para
Sinaloa”55 y “El maíz híbrido”.56 Su discurso expresaba con gran
ímpetu el enorme beneficio y satisfacción que ello significaba
debido al cambio de variedades de alto rendimiento; la noticia
brindaba una promesa de alta productividad por hectárea. Cabe
decir que los transgénicos no fueron impedidos por ninguna
dependencia de gobierno, dígase la Secretaría de Agricultura y
Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa)
y la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Forestal, Pesca y
Acuacultura (Sedafpa). Ni una sola limitó o prohibió la siembra
y comercialización de semillas transgénicas, mucho menos
protegieron las especies nativas.57
Vale mencionar que Monsanto es la empresa transnacional
que ha controlado alrededor del 90% del mercado mundial de
semillas transgénicas; en México, fue la que recibió los primeros
permisos para cultivar maíz de ese tipo.58 En nuestras evidencias,
núm. 2 (2005): 276, https://scielo.isciii.es/pdf/resp/v79n2/colaboracion11.pdf.
55
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa 11 de agosto de 1957, 2.
56
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa 25 de agosto de 1961, 6.
57
Jorge A. Pérez Alfonso, “Oaxaca: rechazan programa Maíz Mejorado”, La
Jornada, 2013, https://www.jornada.com.mx/2013/05/23/estados/033n1est.
58
Greenpeace, “Quién es Monsanto”, 2017, http://www.greenpeace.org/mexico/es/Campanas/Agricultura--sustentable--y-transgenicos/Y-tu-sabes-lo-que-comes/Por-que-no-quieren-que-sepas/
Quienes-ganan-con-que-tu-comastransgenicos-sin-saberlo/El-negoSillares, vol. 2, núm. 4, 2023, 304-357
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encontramos la amplia influencia que el gobierno estadounidense
y Monsanto tuvieron en la promoción y aplicación de semillas
mejoradas para la agricultura comercial en el Valle de Culiacán;
el argumento fue que México debía ser aún más vanguardista y
estar al nivel de otros países de primer mundo, argumentando que
la agricultura era el pilar que le permitiría posicionarse en ese
lugar, para lo que debía de someterse a un proceso de incesante
innovación, sobre todo al uso de semillas mejoradas.59 Se ha
constatado que dicha práctica no se regulaba, debido a la alta
demanda de semillas que se producían en el Valle de Culiacán,
en el cual se obtuvieron diversas variedades llamadas “súper
seleccionadas”, como el H-201, 202 y 203, que en condiciones
favorables resultaron con un rendimiento tan alto que en menor
tiempo dieron mazorcas de mayor tamaño con una gran resistencia
a plagas tanto de animales como malezas.60
Podemos afirmar que este desarrollo, en cuanto a semillas
se refiere, durante 1940 y 1970, se orientó exclusivamente para
satisfacer las necesidades económicas de los empresarios agrícolas
del Valle, aumentando el consumo, uso y posteriormente, la
creación de empresas locales de simientes mejoradas. Este aspecto
dejó de lado el valor ambiental respecto a la promoción para la
conservación de la diversidad genética, el valor cultural del maíz,
símbolo de identidad nacional, y del cual desafortunadamente
cio-de-los-transgenicos/Quien-es-Monsanto/.
59
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 23 de agosto de 1961, 2.
60
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 11 de agosto de 1957, 2.
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no se encontró una sola evidencia sobre estudios de protección
contra los cultivos transgénicos.
4. La Agroecología, una estrategia para la agricultura sustentable del Valle de Culiacán
El mundo natural se revela en miles de organismos que
interactúan entre sí para contribuir al balance del ecosistema
global y la supervivencia del planeta. No hay una sola forma
de vida que pueda desarrollarse en aislamiento. Y es que desde
el origen de la humanidad, lo referente a la conservación
de la biodiversidad se ha pospuesto, posiblemente porque
existía la creencia de que ésta era infinita. Sin embargo, en los
últimos tiempos se ha observado un incremento vertiginoso
de la población humana en el planeta y, por ende, se observa
un aumento en la demanda de alimentos. Razón por la cual
diversos grupos de especialistas, en la década de 1960,
iniciaron un proceso de observación y reflexión sobre los
efectos negativos que ocasionaba el manejo inadecuado de los
recursos naturales y el medio ambiente; por ejemplo, el uso
excesivo de sustancias químicas empleadas en la agricultura
para el combate de plagas y enfermedades y para mejorar o
incrementar la fertilidad de los suelos.61
Leobardo Jiménez Sánchez y Heliodoro Díaz Cisneros, “Modalidades de
la agricultura y desarrollo sustentable con campesinos”, en Soberanía alimentaria y desarrollo del campo, ed. José Luis Calva (Ciudad de México: Juan
Pablos Editor, 2012), 138–61, https://issuu.com/consejonacionaldeuniversitarios/docs/volumen_9-soberania_alimentaria-ent/153.
61

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En el contexto de América Latina, México es un país
único en términos agrarios. La revolución de principios del
siglo XX (1910-1917) generó la primera reforma agraria
en el continente, dejando en manos de las comunidades
campesinas e indígenas gran parte de la tierra, de los bosques
y del germoplasma nativo. Durante las últimas tres décadas,
numerosas comunidades han recuperado el control sobre sus
propiedades forestales y están dedicadas a la producción
ecológica de una amplia variedad de productos maderables
y no maderables, entre los cuales se encuentra el programa
promovido por la Unión Nacional de Forestería Comunitaria
(UNOFOC), que busca la gestión forestal ecológica de casi
550 comunidades y ejidos.62
Es innegable que la Revolución Verde incrementó
significativamente la productividad agrícola de nuestra área
de estudio utilizando métodos y técnicas diversas y de punta:
primero consiguió la expansión de grandes superficies de tierra
que transformaron el suelo y permitieron la creación de magnas
construcciones; luego incentivó la aplicación de químicos
novedosos que combatieron las plagas que surgían a la par de este
gran desarrollo agrícola, y finalmente apoyó el avance genético
en diversas simientes, tal como acontecía en otras partes del
orbe; una muestra del éxito alcanzado quedó plasmada en la nota
Miguel A. Altieri y Victor Manuel Toledo, “The agroecological revolution
in Latin America: rescuing nature, ensuring food sovereignty and empowering
peasants”, The Journal of Peasant Studies 38, núm. 3 (2011): 611.
62

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siguiente, “Sinaloa fue declarado como una potencia agrícola
nacional”.63
Para 1970, Sinaloa fue el mayor productor agrícola de
México, incluso se consideró un modelo a seguir en otras zonas
del país. Por ello, a través de la Agencia General de la Secretaría
de Agricultura y Ganadería se aprobó la creación de comités
regionales agrícolas, ganaderos y forestales en cada uno de los
estados de la República a semejanza del organismo que funciona
en el noroeste mexicano, con el objetivo de planear y seguir los
lineamientos del mismo para lograr la misma efectividad en
todo el país.64 En relación a lo anterior, el artículo periodístico
“Por una agricultura mejor”,65 expone cómo se apoyaba la
implementación de técnicas generadas por la Revolución Verde.
Señalaba que la intención se hacía con el objetivo de explotar la
tierra con orden, sin exponer los recursos naturales y sobre todo
a la población; el resultado esperado era renovar los sistemas de
riego y regular las semillas mejoradas.66
Si bien, el panorama agrícola del Valle de Culiacán es
digno de admirarse,67 y del que debemos estar orgullosos como
pioneros de una actividad económica tan importante, también
presenta sus bemoles debido a que algunas técnicas implementadas
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 14 de septiembre de
1954, 1.
64
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 8 de agosto de 1970, 3.
65
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 30 de julio de 1961, 2.
66
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 5 de mayo de 1960, 3.
67
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 25 de mayo de 1963, 1.
63

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ocasionaron severas consecuencias en el medio ambiente de
diversas maneras y en los diferentes niveles del ecosistema. Es
por ello que para entender mejor la dinámica entre la agricultura
y el medio ambiente retomamos el término “agroecología”. La
idea es analizar no sólo los niveles productivos, sino también el
equilibrio ecológico del sistema de producción,68 buscando con
ello que las relaciones ecológicas del campo y las funciones de
éstas puedan desarrollarse con menores impactos negativos en
el medio ambiente y la sociedad ante la disminución de insumos
externos.69 De acuerdo con el Dr. Miguel Altieri, agrónomo de
origen chileno, pionero de esta rama y quien ha contribuido en la
promoción de la Agroecología como una disciplina que desarrolla
los principios ecológicos básicos para estudiar, diseñar y crear
otro tipo de agricultura moderna y desarrollada, expresa que, para
ello, es necesario lo siguiente:
Optimizar el uso de insumos localmente disponibles combinando
los diferentes componentes del sistema de finca, por ejemplo,
plantas, animales, suelo, agua, clima y gente de manera tal que
se complementen los unos a los otros y tengan los mayores
efectos sinergéticos posibles, 2) Reducir el uso de insumos
externos a la finca y los no renovables con gran potencial de
daño al ambiente y a la salud de productores y consumidores,
José Restrepo M., Diego Ivan Angel S., y Martín Prager M., Agroecología (Santo Domingo: Centro para el Desarrollo Agropecuario y Forestal, Inc.,
2000), 6.
69
Miguel A. Altieri, “Agroecología: principios y estrategias para diseñar
sistemas agrarios sustentables”, en Agroecología. El camino hacia una agricultura sustentable, ed. Santiago J. Sarandón (La Plata: Ediciones Científicas
Americanas, 2018), 18.
68

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y un uso más restringido y localizado de los insumos
remanentes, con la visión de minimizar los costos variables,
3) Basarse principalmente en los recursos del agroecosistema
reemplazando los insumos externos por reciclaje de nutrientes,
una mejor conservación y un uso eficiente de insumos locales,
4) Mejorar la relación entre los diseños de cultivo, el potencial
productivo y las limitantes ambientales de clima y el paisaje,
para asegurar la sustentabilidad en el largo plazo de los niveles
actuales de producción, 5) Trabajar para valorar y conservar la
biodiversidad, tanto en regiones silvestres como domesticadas,
haciendo un uso óptimo del potencial biológico y genético de las
especies, de plantas y animales presentes dentro y alrededor del
agroecosistema, 6) Aprovechar el conocimiento y las prácticas
locales, incluidas las aproximaciones de innovación no siempre
plenamente comprendidas todavía por los científicos, aunque
ampliamente adoptadas por los agricultores.70

En México, fue hasta 1987 cuándo se propuso una legislación
ambiental basada en la interpretación medioambiental en el
artículo 27 constitucional, estableciendo las bases del derecho
ambiental mexicano y que además contribuirían a la comprensión
del concepto de multifuncionalidad de la agricultura. Pero fue
hasta el 2001 cuando se hizo específica la Ley de Desarrollo
Rural Sustentable, la cual reflexiona sobre la agricultura actual y
futura, exigiendo a la misma tener un respaldo de conocimiento
científico y tecnológico para comprender mejor los problemas
que enfrentan los nichos ecológicos por las innovadoras técnicas
que implementa la agricultura moderna.71
70
71

Altieri, 27–34.
Jiménez Sánchez y Díaz Cisneros, “Modalidades de la agricultura y desa-

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Esta nueva tendencia que plantea la agroecología, si bien
puede parecer una utopía, es un riesgo que vale la pena tomar si
se pretende alcanzar un desarrollo sustentable. En México existen
dos proyectos que han involucrado la investigación y desarrollo de
prácticas para un mejor aprovechamiento ecológico y económico
de los recursos, el cuidado de los mismos, la utilización de su
mano de obra y la mejora de ingresos para beneficiar a familias,
jóvenes y niños a mediano y largo plazo: 1) Plan Puebla, 25
años de experiencia (1967-1992): análisis de una estrategia de
desarrollo de la agricultura tradicional y 2) Proyecto Manejo
Sustentable de Laderas (1999-2005): investigación-desarrollo
en las regiones cuicateca, mazateca y mixe en el estado de
Oaxaca. El primero está basado en una agricultura tradicional,
mientras que el segundo tiene como meta primordial el diseño
de una metodología que mida la captura de carbono a través de
las plantas; ambos con el mismo objetivo de crear un ambiente
ecológico favorable para optimizar la producción alimentaria
en torno a un ambiente social y político incluyente que apoye
al desarrollo del proyecto. Y si bien nuestro trabajo no tiene una
propuesta de conservación, es válido sugerir la elaboración de
un plan de trabajo que busque compaginar elementos holísticos
aplicados a la circunstancia del campo que conlleven a una serie
de estudios técnicos de mitigación, para abordarlos en un tipo
especial de ecosistema, teniendo en cuenta las interacciones de
rrollo sustentable con campesinos”, 140.
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todos sus componentes físicos, biológicos y socioeconómicos y el
impacto ambiental que éstos producen. Esto es algo que durante
1940 y 1970 estuvo carente en todo el proceso agrícola del Valle
de Culiacán.
Sin embargo, en menor medida encontramos hechos que
exigían un cambio en la forma de ejecutar los trabajos relacionados
con la agricultura comercial del Valle. Una nota muy importante
que plasmó explícitamente el término agroecología es la siguiente:
“La planificación ecológica integral es una ciencia experimental
en proceso de creación”,72 donde se hace una semblanza sobre
el planeta tierra a la par del desarrollo del hombre como especie
sedentaria y en busca de la modernidad que fracturó el equilibrio
natural, destruyendo el medio biofísico. Pero fue años más tarde
cuando la sociedad logró percibir a detalle las consecuencias
de ello, particularmente con el daño que la agricultura había
ocasionado con el desmonte y la destrucción de los bosques,
dañando los suelos y abriendo paso a la intensa erosión, así como
el impacto en los diversos niveles del medio, como la extinción
de la riqueza biológica. En nuestra búsqueda, se encontró sólo
una nota periodística que anunció la iniciativa por conocer los
recursos forestales de Sinaloa a mediados de 1970,73 y se hizo por
encargo del gobernador Alfredo Valdés Montoya para entregarlo
al secretario de agricultura y ganadería Juan Gil Preciado, quien
72
73

Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 8 de febrero de 1968, 3.
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 8 de agosto de 1970, 1.

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hizo una gira de reconocimiento por la región para conocer el
inventario forestal de cada entidad.
Aunado a esto, fueron pocas las notas que apoyaban este
tipo de propuestas agroecológicas. Por ejemplo, encontramos
otra que habla sobre la importancia de utilizar “abonos verdes”,74
los cuales eran una de las soluciones para la fuerte erosión que se
presentaba en los suelos agrícolas de la región. Estos abonos verdes
u orgánicos son recomendables para los suelos con altos grados de
erosión y que además muestran una gran ventaja al poder utilizar
residuos de las mismas plantas y hasta aprovechar los mismos
residuos del ganado. Con esta práctica, los agricultores ahorrarían
un fuerte gasto económico, pero sobre todo aportarían un valor
importante en el reciclado y uso de restos que aparentemente no
son contemplados como una alternativa ecológica para “Salvar el
campo”75 y “Conservar el suelo en buen estado”.76 En estas notas
es evidente que la agricultura comercial del Valle de Culiacán
estuvo carente de técnicas amigables con el medio ambiente y
dejó de lado el interés por convivir con la flora y fauna silvestre
que lo rodeaba.
Conclusiones
A partir de este análisis sobre el desarrollo de la agricultura
comercial como un área de estudio natural, el Valle de
74
75
76

Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 6 de abril de 1951, 2.
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 29 de febrero de 1952, 2.
Periódico Diario de Culiacán, Culiacán, Sinaloa, 13 de marzo de 1952, 2.

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Culiacán se observó como un modelo de región, siendo en gran
parte el medio ambiente el que le permitió moldearse para el
desarrollo agrícola.77 Las altas inversiones realizadas por los
empresarios agrícolas exigieron una mayor explotación de la
tierra, hecho que modificó abruptamente el ecosistema y su
impacto inmediato se reflejó en el suelo y la fauna, pero sobre
en la flora silvestre.
El auge de la agricultura comercial en Sinaloa a principios
de 1950 provocó grandes cambios en el ambiente como resultado
de la aplicación de nuevas tecnologías incorporadas en la zona
por los proyectos desarrollados a raíz de la Revolución Verde.
Durante el periodo de análisis, la agricultura en el Valle de
Culiacán explotó los recursos naturales trastocando gravemente
el entorno, y como se observó, si bien se hicieron intentos por
regular la tala inmoderada, las medidas implementadas no fueron
suficientes o no cumplieron sus objetivos.
La deforestación constante y la intensa aplicación de
químicos fueron las acciones que más perjuicio ocasionaron.
Para los agricultores, lo que importaba era aumentar la superficie
agrícola y la obtención de mayores volúmenes productivos; para
ellos el impacto negativo que después observarían no importaba
en ese momento.
Ronny J. Viales Hurtado, “La región como construcción social, espacial,
política, histórica y subjetiva. Hacia un modelo conceptual/relacional de historia regional en América Latina”, Geopolítica(s) 1, núm. 1 (2010): 166, https://
revistas.ucm.es/index.php/GEOP/article/view/GEOP1010120157A/13444.
77

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En el estudio pudimos constatar que el número aproximado
de hectáreas taladas para uso agrícola y la industria maderera
fue de un poco más de 300,000, mismas que se otorgaron
a lo largo del periodo para la apertura de tierras de cultivo, la
creación de presas y canales de riego. Esta tendencia aumentó
constantemente, por lo que se convierte en la principal causa de
perturbación ambiental. Respecto a la aplicación de químicos
y uso de semillas mejoradas, la situación no fue diferente, ya
que fue ampliamente avalada en el proceso agrícola del Valle
de Culiacán. Todos, incluidos agricultores, empresarios, líderes
sindicales, instituciones académicas y gobierno aprobaron la
compra y aplicación de estos insumos, que de inicio provenían
de Estados Unidos.
Debido a la falta de estudios que midieran su toxicidad
en el caso de los plaguicidas o las afectaciones de los OGM en la
ecología de las especies, era imposible que se midieran los efectos
negativos, mucho menos poner en práctica medidas precautorias.
Fue hasta mediados de 1960 cuando comenzó a percibirse un
cambio de conciencia sobre la explotación desmedida de la
vegetación y por la excesiva y errónea aplicación de químicos
en el entorno, aspecto que fue atendido inicialmente por las
organizaciones que manejaban la agricultura en el Estado, muchas
de ellas motivadas por la petición de la sociedad, la cual empezó a
distinguir que la falta de árboles era una transformación negativa
que debía empezar a regularse inmediatamente.
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�“Representantes del elemento intelectual”. Dos espacios de la ciencia: el Concurso Científico Queretano y
la Sociedad Politécnica Queretana, 1900-19021
“Representatives of the intellectual element”. Two spaces of
science: the Queretaro Scientific Contest and the Queretaro
Polytechnic Society, 1900-1902
Rodrigo Antonio Vega y Ortega Báez
Universidad Nacional Autónoma de México
Coyoacán, México
orcid.org/0000-0002-3333-3536

Recibido: 30 de enero de 2022
Aceptado: 19 de septiembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: La ciudad de Querétaro al inicio del siglo XX fue el escenario
de diversas actividades científicas promovidas por la sociedad civil
y con respaldo del gobierno estatal. Entre estas se encuentran la
celebración del Concurso Científico Queretano (1900-1901) y las
discusiones científicas acaecidas en el seno de la Sociedad Politécnica
Queretana (1901-1902), espacios que socializaron los resultados de
la investigación científica llevada a cabo en la entidad. El objetivo
del artículo es reconocer la importancia del Concurso y la Sociedad
Esta investigación es parte del proyecto PAPIIT IN 301122 “La geografía y
la historia natural de México en las redes globales de producción e intercambio
de conocimiento científico, siglos XIX y XX”, Instituto de Geografía-UNAM.
1

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�Rodrigo Vega

en el desarrollo de la práctica científica queretana en el marco de las
actividades de la élite intelectual para combatir las enfermedades,
aprovechar los recursos naturales, reconocer el territorio y mejorar las
comunicaciones y transportes. Ambos espacios científicos al inicio del
siglo XX se sumaron a la red académica del país para dar solución a las
problemáticas sociales por medio de la ciencia. La fuente histórica se
compone de trece escritos publicados en el Periódico Oficial del Estado
de Querétaro. La Sombra de Arteaga, así como diez escritos de la
prensa de amplio público de la Ciudad de México. La prensa expuso el
interés de la sociedad civil y el gobierno por evidenciar las actividades
científicas queretanas ante la opinión pública regional y la nacional.
El Concurso y la Sociedad fueron espacios científicos regionales
que buscaban atraer nuevos practicantes, intercambiar información
especializada, iniciar las vocaciones científicas desde la juventud,
educar a los profesores de primeras letras y promover la producción de
ciencia local.
Palabras clave: Querétaro, ciencia, prensa, agrupación, concurso
Abstract: The city of Queretaro at the beginning of the 20th century was
the scene of various scientific activities promoted by civil society and
with the support of the government. Among these are the celebration
of the Queretano Scientific Contest (1900-1901) and the scientific
discussions that took place within the Queretano Polytechnic Society
(1901-1902), spaces that socialized the results of the scientific research
carried out in the entity. The objective of the article is to recognize
the importance of the Contest and Society in the development of
scientific practice in Queretaro within the framework of the activities
of the intellectual elite to combat diseases, take advantage of natural
resources, recognize the territory, and improve communications and
transportation. Both scientific spaces at the beginning of the 20th
century joined the country’s academic network to solve social problems
through science. The historical source is made up of thirteen writings
published in the Official Newspaper of the State of Querétaro. La
Sombra de Arteaga, as well as ten writings from the press of Mexico
City. The press exposed the interest of civil society and the government
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�Representantes del elemento intelectual

in highlighting Queretaro’s scientific activities before regional and
national public opinion. The Contest and the Society were regional
scientific spaces that sought to attract new practitioners, exchange
specialized information, start scientific vocations, educate elementary
teachers, and promote the production of local science.
Keywords: Queretaro, science, press, group, contest

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Introducción
La ciudad de Querétaro en el tránsito del siglo XIX al siglo XX
fue el escenario de diversas actividades científicas promovidas por
la sociedad civil y con respaldo del gobierno estatal. Entre estas
se encuentran la celebración del Concurso Científico Queretano
(CCQ, 1900-1901) y las discusiones científicas acaecidas en el
seno de la Sociedad Politécnica Queretana (SPQ, 1901-1902),
espacios que promovieron la discusión pública de los resultados
de la investigación científica llevada a cabo en la entidad. El
CCQ y la SPQ son espacios académicos poco conocidos en las
historiografías de la ciencia queretana y mexicana a pesar de que
fueron expresiones de la práctica científica local.
La historiografía de la ciencia queretana se compone
de algunos estudios generales o biográficos; por ejemplo,
sobre la Exposición de Agricultura, Industria, Minería, Artes e
Instrucción Pública de Querétaro celebrada en 1882 se encuentra
la investigación de Óscar Ávila (2013)2 y el CCQ es mencionado
por Blanca Gutiérrez (2001).3 En la historia de la medicina se
Oscar Ávila, “Industrialización y tecnología al calor de las exposiciones universales. El caso de Querétaro en su exhibición regional de 1882”, en
Tradición y modernidad en tres regiones de México, ed. Carlos del Carpio y
Esaú Martínez (Tuxtla Gutiérrez: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas,
2013), 44–62.
3
Blanca Gutiérrez, “El Colegio Civil en Querétaro durante el porfiriato”,
en La educación superior en el proceso histórico de México, vol. II, ed. David
Piñera (Mexicali: Secretaría de Educación Pública; Universidad Autónoma de
Baja California, 2001), 94–116.
2

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�Representantes del elemento intelectual

encuentran los estudios de Joaquín Meade (1964)4 y Francisco
Meyer (2010).5
La historiografía sobre los concursos científicos es
reducida y se han estudiado pocos eventos. Sobre el Primer
Concurso Científico de 1895, José Daniel Serrano Juárez
investigó las ponencias de medicina encaminadas a impactar en
el ejercicio legislativo federal,6 y Gloria Villegas abordó los
aspectos cientificistas y positivistas en los principales discursos
del certamen.7 Respecto del Concurso Científico y Artístico del
Centenario de la Independencia (1911), Alejandro Mayagoitia ha
analizado los debates centrados en la modernización del Derecho
Joaquín Meade, Biografía del C. Dr. y Gral. de Div. José Siurob Ramírez
(México, DF: Imprenta del Colegio Militar, 1964).
5
Francisco Meyer, “Dos casos de ciencia formal en el Querétaro porfirista:
el Consejo Superior de Salubridad durante la década de 1880. La carta geográfica Estado de Querétaro del ingeniero Pedro Moreno, de 1897”, en La
ciencia, el desarrollo tecnológico y la innovación en Querétaro. Historia, realidad y proyecciones, ed. Francisc Meyer y Alicia Arriaga (Querétaro: Consejo
de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro; Universidad Autónoma del
Estado de Querétaro, 2010), 153–78.
6
José Daniel Serrano, “La difusión de la medicina para legislar: las conferencias de la Academia de Medicina en el Primer Concurso Científico de
1895”, en La prensa mexicana como fuente para la historia de la ciencia:
Estudios de caso, ed. Rodrigo Vega y Ortega y María Elena Ramírez (México,
DF: Asociación Interdisciplinaria para el Estudio de la Historia de México,
A.C., 2018), 99–115.
7
Gloria Villegas, “Concurrencia virtuosa de talentos. El Primer Concurso
Científico Mexicano (1895)”, en Científicos, empresarios y funcionarios en
la construcción del conocimiento y su aplicación práctica en México (18241938) (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Geografía, 2022), 198–231.
4

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mexicano;8 Rodrigo Vega y Ortega y Daniel Serrano en 2012
presentaron una investigación basada en los temas geográficos y
naturalistas;9 y en 2013 otro estudio sobre los tópicos médicos,
químicos y farmacéuticos.10
En cuanto al Primer Congreso Mexicano de 1912,
Ruy Pérez Tamayo en 2010 dedicó un capítulo a abordar la
organización del evento en Historia de la ciencia en México;11
y en un breve texto de 2012, Juan José Saldaña analizó las
implicaciones políticas de las discusiones científicas.12 A pesar
de la importancia de los concursos y congresos en la historia de la
ciencia mexicana entre los gobiernos porfiriano y maderista, aún
resta el análisis de varios de estos, en particular los celebrados en
las regiones.
La historiografía sobre las agrupaciones científicas
regionales también es reducida. Destacan los estudios de Ana
Alejandro Mayagoitia, “El Concurso Científico y Artístico del Centenario de la Independencia o la Historia del Derecho como ditirambo”, Anuario
Mexicano de Historia del Derecho, núm. 13 (2001): 29–111.
9
Rodrigo Vega y Ortega y Daniel Serrano, “‘El progreso de la ciencia hasta
nuestros Díaz’. El Concurso Científico y Artístico del Centenario (1911)”, en
Naturaleza y territorio en la ciencia mexicana del siglo XIX, ed. Luz Fernanda
Azuela y Rodrigo Vega y Ortega (México, DF: Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), 165–96.
10
Rodrigo Vega y Ortega y José Daniel Serrano, “Medicina, Farmacia y Química en el Centenario de la República Mexicana, 1911”, Boletín Americanista
63, núm. 67 (2013): 83–203.
11
Ruy Pérez Tamayo, Historia de la ciencia en México (México, DF: Fondo
de Cultura Económica; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010).
12
Juan José Saldaña, “Ciencia y Política en 1912. El primer Congreso Científico Mexicano”, Ciencia y Desarrollo 38, núm. 259 (2012): 32–37.
8

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María Huerta sobre la Academia Médico Quirúrgica de Puebla de
la década de 1830;13 Federico de la Torre revisa las actividades
científico-técnicas de la agrupación “Las Clases Productoras”
de Jalisco (1877-1888);14 Paulina Sánchez y José Alfredo Uribe
abordan la Sociedad Michoacana de Geografía y Estadística
durante el porfiriato;15 y Alexander Betancourt analiza la dinámica
científica de las juntas auxiliares de la Sociedad Mexicana de
Geografía y Estadística en San Luis Potosí (1850-1953).16 En este
rubro es necesario emprender nuevas investigaciones que analicen
la dinámica asociacionista en las principales ciudades mexicanas.
Con el propósito de guiar el artículo, las preguntas de
investigación son: ¿cuáles fueron los propósitos y los resultados
producidos por el CCQ y la SPQ en el periodo 1900-1902?, ¿cuál
fue el interés del gobierno estatal por dar a conocer las actividades
del CCQ y la SPQ en el periódico oficial?, ¿quiénes promovieron
y participaron en los dos espacios científicos? y ¿cómo los dos
espacios ejemplifican la ciencia queretana al final del porfiriato?
Ana María Huerta, Ciencia y vida académica en Puebla en el siglo XIX
(Puebla: Ediciones de Eduación y Cultura; Benemérita Universidad Autónoma
de Puebla, 2010).
14
Federico de la Torre de la Torre, “Liberalismo, modernidad y utopía socialista en los primeros años del porfiriato: la sociedad ‘Las Clases Productoras’
de Jalisco, 1877-1888”, Papeles de Discusión, núm. 3 (2011): 213–49.
15
Paulina Sánchez y José Alfredo Uribe, “Ciencia y redes sociales en México a finales del siglo XIX: la Sociedad Michoacana de Geografía y Estadística”, Inclusiones 5, núm. Núm. Especial (2018): 113–36.
16
Alexander Betancpurt, Círculos letrados y conocimiento. Las juntas auxiliares de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística en San Luis Potosí,
1850-1953 (San Luis Potosí: El Colegio de San Luis, 2019).
13

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El objetivo del artículo es reconocer la importancia
del CCQ y la SPQ en el desarrollo de la práctica científica
queretana en el marco de las actividades de la élite intelectual
y con el respaldo del gobierno para combatir las enfermedades,
aprovechar los recursos naturales, reconocer el territorio y mejorar
las comunicaciones y transportes. Ambos espacios científicos
al inicio del siglo XX se sumaron a la red académica del país,
conformada por agrupaciones letradas y eventos especializados
para dar solución a las problemáticas sociales por medio de la
ciencia.
La fuente histórica se compone de trece escritos publicados
en el Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra
de Arteaga (POEQLSA), así como diez escritos de la prensa
de amplio público de la Ciudad de México. La prensa expuso
el interés de la sociedad civil y el gobierno por evidenciar las
actividades científicas queretanas ante la opinión pública regional
y la nacional. Hasta el momento no ha sido posible revisar la
fuente archivística queretana por la contingencia de la COVID-19.
La metodología retoma la propuesta de análisis de la
sociabilidad científica de Dhruv Raina y Irfan Habib como
un medio de promoción de la solidaridad al interior de una
comunidad académica que contribuye a sostener la relación entre
la ciencia y el prestigio social “embebido en el discurso público
como una consecuencia benéfica de la libertad intelectual”.17
17

Dhruv Raina y Habib Irfan, “Patronage, Competition and Rivalry: the

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�Representantes del elemento intelectual

También se retoma a Roy MacLeod en cuanto al estudio de la
ciencia regionalista a partir de la función social de una comunidad
científica “como servidora de la región, la cual era apreciada y
admirada” por la sociedad en general.18 En efecto, el científico
de la época a nivel regional es un representante público del
“progreso” de su terruño, defendía el honor regional al proponer
soluciones a las problemáticas socioeconómicas y popularizaba
los avances científicos entre sus paisanos.
Los científicos queretanos conformaron una comunidad
de discusión de las prácticas especializadas en cada disciplina y
como una nueva forma de sociabilidad “centrada en el intercambio
de ideas y se abandonaban temporalmente las distinciones entre
los diferentes miembros para buscar de modo imparcial la verdad
y el intercambio de ideas”.19 Además, Geert Vanpaemel y Brigitte
Van Tiggelen señalan que los científicos “habían adquirido el
estatus de líderes intelectuales y culturales de la región, y fueron
heraldos de la autoridad moral” al interior de una sociedad.20
Structure of Scientific Exchanges in the Age of Colonialism”, en Les sciences
coloniales, figures et institutions, ed. Patrick Petitjean (Paris: Orstom Éditions,
1996), 213.
18
Roy MacLeod, “Les sciences coloniales, figures et institutions”, en Les
sciences coloniales, figures et institutions, ed. Patrick Petitjean (Paris: Orstom
Éditions, 1996), 88.
19
Dorinda Outram, La Ilustración (México, DF: Siglo XXI, 2009), 34.
20
Geert Vanpaemel y Brigitte Van Tiggelen, “Science for the People: The
Belgian Encyclopédie populaire and the Constitution of a National Science
Movement”, en Popularizing Science and Technology in the European Periphery, 1800-2000, ed. Faidra Papanelopo, Agustí Nieto, y Enrique Perdiguero
(New York: Routledge, 2009), 66.
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�Rodrigo Vega

El asociacionismo fue uno de los pilares de la práctica
científica al promover que los científicos, “en tanto formadores
del conocimiento y la opinión” pública, constituían la voz letrada
sobre los temas de interés para una sociedad particular.21 Además,
las agrupaciones para los científicos fueron espacios esenciales
para interactuar y generar conocimiento especializado.
El CCQ y la SPQ fueron espacios científicos regionales
que buscaban atraer nuevos practicantes, intercambiar
información especializada, iniciar las vocaciones científicas
desde la juventud, educar a los profesores de primeras letras y
promover la producción de ciencia local.
La ciudad de Querétaro, 1890-1902
Entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, el gobernador
Francisco González de Cosío emprendió la modernización
de la industria, la agricultura, la minería, el comercio y la
ganadería en el marco del auge económico porfiriano. Tanto el
titular del Ejecutivo estatal como las autoridades municipales
“pusieron en marcha ambiciosos proyectos modernizadores de
la estructura urbana en la capital del estado, así como de las
redes de caminos y puentes que comunicaban” a los centros
urbanos de Querétaro.22
Outram, La Ilustración, 30.
Rivera. Azucena, La industrialización en Querétaro. Entre la fábrica moderna y las manufacturas tradicionales, 1882-1906 [Tesis de Maestría] (Querétaro: Universidad Autónoma de Querétaro, 2012), 35.
21
22

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En 1900, la ciencia queretana se practicaba en el Colegio
Civil, la Escuela de Artes y Oficios, el Observatorio Meteorológico,
la Escuela Normal de Maestros, el Hospital Civil y el Hospital
de San Sebastián.23 Algunas notas del POEQLSA dejan ver la
dinámica científica; por ejemplo, el 19 de febrero de 1902, la
redacción publicó “La instrucción pública en Querétaro y un
diario de la capital de la República” con el propósito de reconocer
que el gobierno había procurado encaminar la modernización de
los establecimientos educativos en la “senda de adelanto” a tono
con las “conquistas de progreso de nuestro país”.24 Entre 1890
y 1902 se habían fundado 100 escuelas más las 72 ya existentes
y se creó la Escuela Normal con el objetivo de “mejorar las
condiciones científicas del profesorado”.25 También se promovió
la educación científica entre infantes y jóvenes en el Colegio San
Luis Gonzaga del profesor Andrés Balvanera, el Colegio Orozco
del profesor Agustín Orozco y el Liceo Católico del clero.26
En cuanto a las enseñanzas preparatoria y profesional
impartidas en el Colegio Civil del Estado, el presupuesto se había
duplicado entre 1890 y 1902. Esto hizo posible que se restableciera
Blanca Gutiérrez, Vida económica en Querétaro durante el porfiriato
(Querétaro: Universidad Autónoma de Querétaro, 2005), 74.
24
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. La
Redacción, “La instrucción pública en Querétaro y un diario de la capital de la
República”, 19 de febrero de 1902, 77.
25
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. La
Redacción, “La instrucción”, 77.
26
Marta Eugenia García Ugarte, Querétaro. Historia breve (México, DF: El
Colegio de México, 1999), 188.
23

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el Observatorio Meteorológico, aumentara el número de aparatos
para el laboratorio de química, se enriqueció el gabinete de física,
se fundaron los gabinetes de historia natural y el especial de
mineralogía, y se compró en Alemania una colección geológica
y mineralógica compuesta por 1,600 ejemplares, por lo que la
redacción afirmó que “los gabinetes de ciencias experimentales
cuentan con todo lo necesario para su objeto”, al tiempo que se
habían comprado libros y revistas especiales para las cátedras.27
El Colegio Civil era un moderno establecimiento en que
los estudiantes aprendían ciencia en los gabinetes de Física,
Química, Mineralogía, Zoología, Botánica y Geografía, así como
“un bien surtido” Observatorio Meteorológico en correspondencia
académica con otras instituciones del Estado y con el Central de
México. “Dicho plantel científico se rige por un buen plan de
estudios, y cuenta con un competente número de profesores”.28
Cabe señalar que los ponentes del CCQ y los miembros de la SPQ
egresaron del Colegio Civil o laboraban como catedráticos.
En cuanto al Observatorio Meteorológico del Colegio
Civil, el 28 de octubre de 1894 se informó que el gobernador
había ordenado la compra en París de una completa colección
de instrumentos científicos, los cuales fueron escrupulosamente
escogidos y probada su exactitud por los agentes mexicanos.
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. La
Redacción, “La instrucción”, 78.
28
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “Los
estados de la República. Querétaro”, 2 de septiembre de 1906, 296.
27

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Con esta compra, la redacción señaló que quedó dotado “aquel
importante edificio”.29 Durante más de una década, el Observatorio
produjo conocimiento meteorológico que contribuyó a establecer
las características climatológicas del estado.
El 8 de mayo 1895 se anunció que se había colocado en
el anfiteatro del Hospital Civil una “magnífica mesa de fierro”
para las operaciones que se practicarían en el futuro, lo cual
completaba la reciente compra de una “magnífica colección” de
instrumentos quirúrgicos para modernizar el servicio sanitario.30
Otros ejemplos del “progreso” médico fueron el mejoramiento
de la higiene en las obras “ejecutadas y visibles” en los asilos de
pobres, hospitales, cuarteles y prisiones; en la desinfección de
los canales para mejorar el aseo de las poblaciones; y las mejoras
sanitarias en los edificios públicos, mercados, paseos y puentes.31
El POEQLSA informó al público de las transformaciones urbanas
gracias a la directriz de los científicos queretanos.
Entre las agrupaciones letradas destacaron la Sociedad “La
Esperanza” (1879), la asociación obrera “La Providencia” (1886),
la Sociedad Científico-Literaria de Querétaro (1893-1895), la
Cámara Agrícola de Querétaro (1901) y la Sociedad Politécnica
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “Aparatos”, 28 de octubre de 1894, 393.
30
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “Hospital Civil”, 8 de mayo 1895, 163.
31
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. La
Redacción, “La instrucción”, 77.
29

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Queretana (1901).32 Estos espacios asociativos complementaron
la actividad científica de las instituciones públicas y resta su
estudio para futuras investigaciones.
Las principales publicaciones queretanas fueron Periódico
Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga (18812021), La Pluma. Órgano de la Sociedad Científico-Literaria del
mismo nombre (1894-1895), El Heraldo de Navidad (1900-1974)
y El Fígaro (1901-1905). En varias de estas revistas y periódicos
la ciencia estuvo presente en diferentes tipos de escritos.
El Concurso Científico Queretano, 1900-1901
El ocaso del siglo XIX y la llegada de la nueva centuria motivó a la
élite intelectual queretana a realizar un evento nunca antes visto. Se
trata de una reunión académica en que los sabios locales y algunos
invitados que residían fuera del estado debatirían sobre diferentes
cuestiones de importancia pública y aportarían soluciones a éstas
dirigidas al gobierno. Fue tal la relevancia del evento que el 8 de
noviembre de 1900, los lectores de El Imparcial, periódico en la
Ciudad de México, se enteraron que un grupo de profesores de
la ciudad de Querétaro había organizado un concurso científico
para “despedir el siglo XIX”, el cual se realizaría en los últimos
días del mes de diciembre. La comisión organizadora enviaría
las invitaciones a los intelectuales queretanos residentes en la
Cecilia Landa, Querétaro. Una historia compartida (México, DF: Gobierno del Estado de Querétaro, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
Mora, 1990), 110.
32

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entidad y fuera de ésta, en especial a los egresados del Colegio
Civil del Estado.33 Dada la trascendencia del acto académico, la
prensa capitalina reprodujo algunas notas que complementan las
noticias publicadas por el POEQLSA.
El 14 de noviembre, El Tiempo informó que el concurso
pondría en comunicación a las diversas corporaciones profesionales
queretanas con las del resto del país para estrechar los “lazos de
compañerismo” intelectual.34 El Comité Directivo lo formaron el
médico Manuel Godoy (presidente), el licenciado Juan N. Rincón
(vicepresidente), el ingeniero José A. Septién (primer vocal), el
médico Francisco M. Rivera (segundo vocal), el ingeniero Luis
M. Vega (tercer vocal), la profesora Matilde Z. V. de Rodríguez
(cuarta vocal), la profesora Gilberta Arenas (quinta vocal), el
profesor José M. Carrillo (sexto vocal), el profesor Luis Balvanera
(séptimo vocal), el agente de negocios José M. Rivera (tesorero), el
farmacéutico Amador E. Ugalde (secretario) y el notario Alfonso
Arévalo (prosecretario). Las profesiones de los miembros del
Comité indican la presencia de científicos, humanistas, docentes
y empresarios locales. Resalta la incorporación de dos profesoras
normalistas, como una muestra de la incursión de las mujeres en la
esfera pública intelectual de Querétaro.
Las bases del CCQ indicaron que: 1a. Todos los profesores
establecidos en el Estado, los queretanos residentes fuera de
El Imparcial. “Concurso Científico en Querétaro”, 8 de noviembre de
1900, 1.
34
El Tiempo. “Concurso Científico en Querétaro”, 14 de noviembre de 1900, 4.
33

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él y los que poseían título en Querétaro, eran convocados al
Concurso. 2a. Los estudios versarían sobre cualquier asunto del
orden científico de interés general, encaminados a la resolución
de los problemas sociales. 3a. Las comunicaciones serían escritas,
y su lectura no excedería de veinte minutos. 4a. Ningún trabajo
sería discutido. Y 5a. Las sesiones del concurso tendrían lugar
en los últimos días del próximo diciembre.35 El CCQ desde su
origen se propuso como un evento que visibilizaría el “progreso”
intelectual local, cuyos ponentes mostrarían el valor social de la
ciencia útil, es decir, aportarían soluciones racionales y objetivas
a las problemáticas de la época en lugar de exponer disertaciones
teóricas y alejadas de la realidad queretana. Si bien, las reglas
limitaron la discusión de cada ponencia en el evento, es posible
suponer que algunos oradores intercambiaron puntos de vista en
las horas de comida, los intermedios y al final de cada sesión
diaria. Es claro que la dinámica del CCQ era semejante a las
actividades de los eventos académicos en el siglo XXI.
El Comité también indicó que el tema de los trabajos
se daría a conocer por la Secretaría, ubicada en la botica de la
Verónica, a más tardar el 25 de noviembre. La cuota de inscripción
sería voluntaria. La inauguración se engalanaría con la presidencia
del licenciado José Vásquez Marroquín, gobernador interino del
estado, la noche del 22 de diciembre en el Teatro Iturbide.36
35
36

El Imparcial. “Concurso”, 4.
El Imparcial. “Concurso”, 4.

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Dada la trascendencia académica del evento, el gobernador
decidió apoyar al Comité no solo con su presencia, sino con
apoyo pecuniario y poner a su disposición algunos locales de la
administración pública.
Al día siguiente, El País informó que habían aceptado la
invitación por parte del Comité Directivo, los médicos Fernando
Altamirano y Manuel Domínguez, el ingeniero Felipe B. Juan
Carmona y Aguilar, los profesores Adalberto Vélez, Luis G. Pérez
y Justo Aguayo, y el licenciado Manuel Septién Cosío, “todos
radicados en la capital de la República”.37 El programa del CCQ
abarcaría sesiones diarias y contaba con el apoyo del gobernador
interino para la “realización de la idea que ha de poner a prueba
los adelantos científicos del intelectualismo queretano”.38 Los
primeros en responder a la invitación fueron los individuos que
ejercían su profesión en la Ciudad de México y estaban dispuestos
a apoyar el evento con sus reflexiones.
El 17 de noviembre, El Tiempo anunció que los ponentes
radicados en Querétaro serían los médicos Ciro M. Santelises,
Salvador Michaus y Ramón Sánchez Rubio; los ingenieros José A.
Septién, Felipe Noriega, Carlos Alcocer, Pedro Moreno y Adolfo
de la Isla; los licenciados Benito Reinoso, Manuel Mosqueda,
Filemón Basaldúa, Jesús Pozo, Gustavo Centeno, Francisco
Gutiérrez Gelaty, Alfonso Septién, Manuel de la Peña y Manuel
37
38

El País. “Querétaro”, 15 de noviembre de 1900, 3.
El País. “Querétaro”, 15 de noviembre de 1900, 3.

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Vera; los farmacéuticos Alejo Altamirano, Amador E. Ugalde,
Aurelio Díaz y Ramón Rodríguez; y los profesores José M.
Carrillo y Alberto Guerrero.39 La nota concluyó con el siguiente
mensaje: “se suplica a las personas que desean tomar parte en
este concurso, y no hayan recibido invitación, por ignorarse su
domicilio, se sirvan darse por invitadas, y manden registrar sus
nombres” a la indicada botica de La Verónica, dirigiéndose al
secretario Ugalde.40 El origen socio profesional de los ponentes
guarda semejanzas con los organizadores, es decir, el núcleo de la
producción intelectual estatal. De momento no se ha detectado la
participación de empresarios, hacendados o industriales.
En el marco del CCQ, la comisión organizadora decidió
convocar un nuevo evento. En efecto, el 1º de diciembre se
publicó la convocatoria del Concurso Fraternal de los Hijos del
Colegio Civil del Estado de Querétaro, la cual retomó el espíritu
del concurso celebrado dos años atrás al cual asistió una multitud
de egresados “impulsados por el noble deseo de estrechar los
afectos” entre los profesionistas de la entidad, por lo que el
nuevo certamen tendría lugar el 22 de diciembre a las cuatro de la
tarde.41 Los objetivos del Concurso Fraternal serían “robustecer
los vínculos del compañerismo y promover todo aquello que
El Tiempo. “El Concurso científico de Querétaro”, 17 de noviembre de
1900, 2.
40
El Tiempo. “El Concurso científico de Querétaro”, 17 de noviembre de
1900, 2.
41
El País. “Concurso Fraternal de los Hijos del Colegio Civil del Estado de
Querétaro. Convocatoria”, 1º de diciembre de 1900, 2.
39

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parezca conducente a que la unión de los hijos de este colegio se
perpetúen y sea de alguna utilidad práctica en el futuro”.42 Dado
que el CCQ convocó a los egresados más destacados del Colegio
Civil y que algunos de ellos regresarían a la capital estatal para
exponer sus disertaciones, este nuevo evento estaría dirigido a
los egresados de la institución educativa más importante de la
entidad.
Las bases del evento fueron:
1a El viernes 21 de diciembre del presente año se verificará en
el Colegio Civil del Estado, conocido antes por “Colegio de
San Francisco Javier”, una reunión de individuos que hayan
sido o sean actualmente hijos de dicho plantel.
2a El concurso tendrá la forma de un Té que comenzará a las
cuatro de la tarde.
3a Cada uno de los concurrentes contribuirá con un peso para
los gastos de la festividad. Puede aumentar esta cuota la persona
que así lo desee.
4a Serán igualmente admitidos en la reunión los individuos que
no puedan dar la cuota señalada y los que sólo den una parte
de ella.
5a Las cuotas serán remitidas a la Tesorería de la Junta antes del
16 de diciembre. Los invitados foráneos pueden hacerlo en giro
postal a la orden del tesorero.
6a Todo invitado, al llegar al Colegio, inscribirá su nombre en
un álbum que al efecto se tendrá dispuesto; y la persona que
guste consignará en él algún pensamiento.
El País. “Concurso Fraternal de los Hijos del Colegio Civil del Estado de
Querétaro. Convocatoria”, 1º de diciembre de 1900, 2.
42

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7a Quedan los concurrentes en libertad para presentarse con el
traje que sus circunstancias les permitan.
8a La invitación a las personas cuyo domicilio se ignore, se
hará por medio de los periódicos La Sombre de Arteaga y El
Heraldo de Navidad, de esta ciudad y El País, El Tiempo, El
Imparcial y La Voz de México, de la Capital de la República.43

Los firmantes fueron José M. Truchuelo (presidente), Urbano
Rizo (vocal primero), Ricardo J. de Jáuregui (vocal segundo),
Constantino J. Llaca (vocal tercero), Álvaro Isla (tesorero) y
Florencio Herrera (secretario).44 En la convocatoria se aprecia
que sería un evento menos solemne que el CCQ para motivar
la sociabilidad letrada entre los egresados y renovar los lazos
intelectuales que tal vez se perdieron por el cambio de residencia
de algunos individuos. Por ello, la prensa queretana y de
circulación nacional extendieron la invitación a los lectores que
se sintieran aludidos a participar en el “Concurso Fraternal”.
Los días 21 de noviembre y 5 de diciembre de 1900,
Amador E. Ugalde publicó la lista de temas aprobados por la
Secretaría del Comité Directivo del CCQ. La lista es la siguiente:
I. Lic. Gustavo Centeno, “Comentarios sobre las leyes del
Congreso del Estado de 26 de noviembre de 1898 y 13 de
junio de 1899, reformatorias del artículo 702 del Código de
Procedimientos Civiles vigente en esta entidad federativa,
sobre el recurso de casación”.
El País. “Concurso Fraternal de los Hijos del Colegio Civil del Estado de
Querétaro. Convocatoria”, 1º de diciembre de 1900, 2.
44
El País. “Concurso Fraternal de los Hijos del Colegio Civil del Estado de
Querétaro. Convocatoria”, 1º de diciembre de 1900, 2.
43

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II. Farmacéutico Alberto Guerrero, “Importancia de la
asociación profesional en Querétaro”.
III. Dr. Salvador Michaus, “Consideraciones sobre las diarreas”.
IV. Ingeniero Carlos Alcocer, “Medios de aumentar el agua
potable en la ciudad”.
V. Lic. Francisco Gutiérrez Gelaty, “El juego considerado
social y jurídicamente”.
VI. Dr. J. Manuel Septién, “El alcoholismo”.
VII. Farmacéutico Pascual Alcocer, “Agua potable”.
VIII. Lic. Filemón Basaldúa, “Estudio de economía política en
sus aplicaciones al sistema hacendario”.
IX. Dr. Ciro M. Santelices, “La hidroterapia”.
X. Lic. J. Jesús Pozo, “Libertad caucionada”.
XI. Dr. Ramón Sánchez Rubio, “Consideraciones sobre el aseo
más indispensable en las ciudades”.
XII. Farmacéutico Aurelio Díaz, “Estudio sobre la preparación
de los extractos en general y especialmente de los extractos
fluidos”.
XIII. Profesor Pedro Coyula, “Apuntes para una guía
metodológica de la enseñanza del español”.
XIV. Notario J. Antonio Maldonado, “La misión del notariado
e importancia de elevarlo a la altura que tiene en las naciones
europeas”.
XV. Profesor José M. Carrillo, “La raza indígena en el porvenir.
Necesidad y posibilidad de su cultura. Estado que guarda en
la actualidad. Estadística de Querétaro respecto a su población
indígena. Ventajas que se lograrán con su educación”.
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XVI. Farmacéutico Ramón Rodríguez, “Método general de
análisis por la vía seca y por la vía húmeda, según el Prof.
Pedro Mac-Cormick”.
XVII. Lic. Luis G. Arteaga, “El ahorro y la caridad”.
XVIII. Ingeniero Pedro Moreno, “Las vías de comunicación.
Las aguas corrientes. Las autoridades administrativas”.
XIX. Farmacéutico José María Aguilar, “El ejercicio de la
farmacia y causas de sus deficiencias”.
XX. Lic. Germán J. González, “El naturalismo en literatura”.
XXI. Lic. Arturo Puente, “Los contratos usurarios son lícitos y
por tanto deben comprenderse en las disposiciones de nuestra
legislación civil”.
XXII. Lic. Ignacio Bermúdez, “La economía política y las
contribuciones”.
XXIII. Lic. José M. Hernández L., “Consideraciones sobre el
feminismo”.
XXIV. Dr. Manuel Godoy, “La tuberculosis”.
XXV. Prof. Luis G. Balvanera, “Importancia de la difusión de
los principios pedagógicos”.
XXVI. Ing. Felipe B. Noriega, “La electricidad como un
poderoso agente de progreso; adelantos que por su medio ha
obtenido la industria; esperanzas para lo futuro”.
XXVII. Dr. Bernardo Arias, “Tratamiento de la neumonía de
origen traumático”.
XXVIII. Lic. Manuel de la Peña, “Conveniencia de simplificar
la ley de enjuiciar”.
XXIX. Profesora Mariana Perales de Romero, “Importancia
de la obstetricia; reglamentación de la expedición de títulos
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profesionales; necesidad de la instrucción de la mujer para
todos los actos de la vida”.
XXX. Dr. Federico F. Villaseñor, “¿Qué límites deben
aceptarse en las cantidades de los componentes de una agua
potable? ¿Qué métodos deben seguirse para su dosificación?
¿Qué fórmula conviene aceptar para expresar los resultados de
los análisis?
XXXI. Farmacéutico Sabino Villagrán, “Estudio sobre la
electrólisis aplicada a la química y a la farmacia”.
XXXII. Lic. Juan Martínez, “Reflexiones sobre el derecho
penal, y medios de evitar los delitos”.
XXXIII. Dr. Fernando Altamirano, “Reseña sobre los más
importantes trabajos del Instituto Médico Nacional”.45

Los temas indican las preocupaciones generales de la sociedad
queretana en los albores del nuevo siglo. Primero se encuentran las
respuestas científicas a la propagación de distintas enfermedades,
la promoción de la salud, la insistencia en mejorar los hábitos de
higiene y el combate a los vicios sociales, así como la modernidad
de las preparaciones farmacéuticas y los experimentos químicos,
los proyectos de modernizar la infraestructura urbana y la
incorporación de las nuevas tecnologías y fuentes de energía. En
segundo lugar, destacan los saberes humanísticos y de ciencias
sociales en cuanto llevar la educación a todos los grupos sociales
con nuevas metodologías pedagógicas, modernizar la normativa
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. Amador E. Ugalde, “El concurso científico para la terminación de fin de siglo”, 5
de diciembre de 1900, 287.
45

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queretana y dirimir de mejor manera los asuntos públicos,
incorporar las nuevas reflexiones económicas en el estado y la
discusión sobre las vanguardias literarias. En tercer lugar, se
expusieron los temas sociales de mayor relevancia: el papel de la
mujer en el mundo contemporáneo, la aculturación de los grupos
indígenas, la promoción del asociacionismo para continuar las
iniciativas intelectuales y el valor de los profesionistas en la
construcción de la sociedad. Hasta el momento no ha sido posible
identificar a Mariana Perales de Romero; probablemente se trata
de una partera certificada.46
El POEQLSA anunció el 19 de diciembre que la
comisión organizadora estaba distribuyendo en la capital estatal
los programas de sesiones, “que no publicamos por falta de
espacio”, las cuales tendrían lugar en el Salón de Sesiones de
la H. Legislatura.47 La inauguración y la clausura se llevarían
a cabo en el Teatro Iturbide, en los días 22 de diciembre y 6 de
enero. El gobierno estatal respaldó la celebración del CCQ al
acoger a los ponentes en los edificios públicos como signo del
apoyo a la ciencia local. Lamentablemente no se ha encontrado el
programa general, pero debe ser similar al listado dado a conocer
por Amador E. Ugalde el 5 de diciembre de 1900.
Se mencionan sus servicios profesionales en: Miguel M. Lámbarri, Directorio general de la ciudad de Querétaro almanaque para el presente siglo
(Querétaro: Tipografía de Miguel M. Lambarri, 1903).
47
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “El
concurso científico queretano para fin de siglo”, 19 de diciembre de 1900, 303.
46

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La redacción del periódico oficial reseñó el 9 de
enero de 1901 cómo la iniciativa de celebrar el CCQ fue bien
recibida en “todos los círculos profesionales” y varias decenas
de hombres y mujeres se habían registrado como asistentes.48
La comisión organizadora en la inauguración dio lectura a las
actas constitutivas del Concurso, después el médico Manuel
Domínguez, “ausente del suelo natal hacía más de treinta años,
y al cual volvía cuando escuchó el llamado de sus compatriotas,
cargado de años empleados en el bien y de honores ganados
en multitud de combates científicos”.49 Su discurso abarcó los
“maravillosos progresos científicos” alcanzados durante el siglo
XIX, el cual mantuvo vivo el interés del auditorio. La última parte
de la disertación reseñó las “glorias científicas y literarias” de
Querétaro.50 La llegada de los científicos queretanos radicados
en otras ciudades fue parte de legitimar a la sociedad local como
productora de intelectuales, así como el discurso presentó la lista
de personalidades queretanas de renombre de la última centuria.
Al concluir Domínguez, el farmacéutico Alejo Altamirano
reseñó “las glorias del pasado siglo, augurando bellas auroras
para el presente”.51 Siguió el discurso del ingeniero José Antonio
Periódico Oficial del Estado de Querétaro.
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 8.
49
Periódico Oficial del Estado de Querétaro.
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 8.
50
Periódico Oficial del Estado de Querétaro.
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 8.
51
Periódico Oficial del Estado de Querétaro.
48

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La Sombra de Arteaga, “El
La Sombra de Arteaga, “El
La Sombra de Arteaga, “El
La Sombra de Arteaga, “El

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�Rodrigo Vega

Septién sobre la importancia de promover la educación de la
mujer y el gobernador interino, José Vázquez Marroquín, como
presidente del acto, declaró “en términos progresistas” que quedaba
abierto el primer Concurso Científico Queretano, dando inicio a
los trabajos de la ciencia “emprendidos para el bien común”.52
El acto público estuvo respaldado por el poder político en la
tribuna y la élite entre el auditorio, con lo cual las disertaciones
mostraron tanto el “progreso” queretano contemporáneo como
las estrategias para alcanzarlo en aquellos ámbitos en que existía
rezago, como la educación de los indígenas o el combate a las
epidemias.
A las sesiones ordinarias del Concurso acudió una
“distinguidísima concurrencia”. Por ejemplo, la primera sesión
fue presidida por los profesores queretanos residentes fuera
del estado, y ocuparon el puesto de honor los doctores Manuel
Domínguez, Fernando Altamirano y el ingeniero Felipe B.
Noriega.53 Esta sesión dio origen a una junta que se verificó al día
siguiente en el mismo salón, bajo la presidencia de Altamirano,
en la cual se aprobaron las bases constitutivas de la Sociedad
Politécnica Queretana.54 La reunión dio pie a proponer nuevos
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 8. “El concurso”, 8.
52
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga, “El
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 9.
53
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga, “El
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 9.
54
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga, “El
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 9.
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proyectos culturales, como la reunión de los egresados del
Colegio Civil y la fundación de una agrupación científica, como
se verá más adelante.
Durante la celebración del CCQ, el gobierno organizó por
las tardes diversos espectáculos en la ciudad. El principal fue la
iluminación del Jardín Zenea, cuyo aspecto “era maravilloso” por
la instalación eléctrica que aportaba “la claridad del medio día”,
junto con varios pórticos adornados por infinidad de luces de
colores y grandes festones para mostrar al público las novedades
tecnológicas del nuevo siglo.55 Dada la importancia del encuentro
académico, el gobierno buscó atraer a la población en general a
la celebración de la ciencia pública a manera de una fiesta en
que cabían todos los grupos, aunque no en el mismo espacio. En
efecto, las sesiones estuvieron restringidas a la élite y los eventos
populares asequibles a toda la sociedad.
El público del periódico oficial queretano leyó el 16 de
enero la reseña de la “magnífica velada lírico-literaria” con que
se clausuró el CCQ. La redacción afirmó:
Sin que nos ciegue el espíritu de provincialismo y en vista
de opiniones imparciales y muy autorizadas que hemos
escuchado, podemos asegurar que el mencionado Concurso fue
para Querétaro una nota brillante para cerrar el glorioso siglo
pasado e inaugurar con la labor científica de los queretanos
las nobles esperanzas que los hombres de buena voluntad y
de elevado altruismo abrigan para la presente centuria. Las
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga, “El
concurso científico”, 9 de enero de 1901, 10.
55

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cuestiones sociológicas, los problemas jurídicos de importancia
trascendental, los asuntos pedagógicos, los de la higiene
pública y de la terapéutica en sus más interesantes aplicaciones,
el estudio preciso de la flora nacional y de la particular del
Estado, las cuestiones de aguas tratadas con precisos datos
científicos, y aun los estudios sobre literatura, cupieron en las
importantísimas sesiones del Concurso, que siempre tuvieron
asistencia de lo más selecto de la sociedad queretana y de
muy apreciables forasteros. Todos los temas de los combates
científicos fueron encaminados a sacar de ellos los resultados
prácticos y útiles que demanda el creciente progreso.56

La reseña evidencia el papel de la ciencia local en el nuevo
siglo, gracias a las propuestas de los ponentes para solucionar
problemáticas concretas de interés social. Se evidencia que el
CCQ fue un espacio de intercambio intelectual entre los sabios
queretanos y muestra de su sapiencia hacia otras regiones a través
de la publicación oficial.
El programa de la velada de clausura incluyó piezas
musicales, la lectura del acta de la última sesión ordinaria por
el licenciado Luis G. Arteaga, discursos leídos por el licenciado
Alfonso M. Septién, “brillante, erudito y filósofo”, el licenciado
Benito Reynoso “produjo una pieza oratoria de bellísimo estilo,
impregnada de sabor científico y de arranque eminentemente
progresista”, el ingeniero Adolfo de la Isla, director del Colegio
Civil, “hizo un breve resumen de los temas expuestos en las
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
solemne clausura del Primer Concurso Científico Queretano”, 16 de enero de
1901, 23.
56

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sesiones del concurso” y la declaración de clausura hecha por
el gobernador “con expresivas frases de progreso”, quien resaltó
como uno de sus frutos la creación de la SPQ, “bella esperanza
de nuestro progreso intelectual”.57 Al parecer, los discursos no
se editaron como una memoria, aunque era una práctica común
en la época, pero es probable que algunas disertaciones se hayan
publicado en la prensa queretana e incluso en la prensa científica
nacional.
La redacción comentó que a la velada “toda la sociedad
culta de Querétaro acudió a la invitación y nuestro pueblo, nada
esquivo en las funciones del patriotismo o de la ciencia”, llenó las
localidades altas del teatro adornado con “gusto irreprochable”.58
Manuel Godoy, el “más activo y entusiasta” de los promotores del
CCQ, recibió los aplausos de la concurrencia por la organización
del certamen que había quedado coronado por el más completo
resultado. La redacción alabó al Comité porque el evento
añadió una “página de luz en la historia de nuestro progreso
intelectual”.59 La clausura en el principal teatro de la ciudad tuvo
como propósito abarrotar las butacas con la élite a manera de una
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
solemne clausura del Primer Concurso Científico Queretano”, 16 de enero de
1901, 24.
58
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
solemne clausura del Primer Concurso Científico Queretano”, 16 de enero de
1901, 24.
59
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
solemne clausura del Primer Concurso Científico Queretano”, 16 de enero de
1901, 24.
57

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evidencia del “progreso” intelectual regional a la altura del resto
del país e incluso del mundo.
El 30 de enero, la redacción del POEQLSA aplaudió
el “inmediato y práctico resultado” del Concurso visible en
la “compacta unión” que había producido en todos los grupos
profesionistas de Querétaro, que tanta “vida debe dar a los
intereses científicos y literarios del Estado”.60 Como un ejemplo
de esto se llevó a cabo la reunión celebrada el domingo 27 por
parte de los “representantes del elemento intelectual queretano”
en la casa de Manuel Godoy, auxiliado por Amador Ugalde. La
reunión consistió en un banquete dedicado a los organizadores
y ponentes. Estuvieron presentes los ingenieros Adolfo de la
Isla, Carlos Alcocer, José Antonio Septién y Manuel Montes, los
abogados Juan Venegas, Juan N. Rincón, Agustín R. Olloqui,
Manuel Vera y Manuel Mosqueda, el farmacéutico Amador
Ugalde, el notario Salvador Sánchez, el agente de negocios José
M. Rivera, los profesores Luis Balvanera y José María Carrillo,
el señor Ignacio Godoy Herrera, los médicos Ponciano Herrera,
Francisco Rivera y Manuel Godoy, y los jóvenes pasantes
de Derecho Florencio Herrera y José Truchuelo. El banquete
mantuvo la fraternidad alcanzada en el CCQ al iniciar un nuevo
“círculo profesionista, compacto y entusiasta” que mediante el
intercambio intelectual abonaría a concretar las “esperanzas para
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
fraternidad”, 30 de enero de 1901, 40.
60

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el porvenir”.61 Las reuniones subsecuentes al evento académico
ayudaron a que algunos de los ponentes fundaran la SPQ, así como
otros eventos culturales de corte literario, científico y educativo.
El 5 de febrero, la redacción de El Tiempo comentó que:
La parte más cuerda de la sociedad queretana no ha recibido con
júbilo, ni el pueblo con positivo entusiasmo a su gobernador, el
señor Dr. Francisco González de Cosío, que regresó de Europa;
y esta frialdad proviene de que no se está contento con su
gobierno [...] Pruebas de lo segundo: la postración y retraso en
que está Querétaro (véase el último censo): los muchos males,
aún no remediados, de orden legislativo, económico, político,
industrial, etc., asignados por los científicos en las sesiones de
un primer concurso.62

Esta nota evidencia que en un periódico de la Ciudad de México
se relacionaron las ponencias del CCQ con las problemáticas que
persistían en Querétaro en cuanto a la inconformidad social por
el gobernador electo, el cual estuvo ausente de la entidad durante
el evento. Si bien esta investigación no aborda el ejercicio de
gobierno de González de Cosío, es interesante que El Tiempo
reconociera el valor político de las ponencias.
La Sociedad Politécnica Queretana
La primera noticia que se tiene de sus actividades se dio a conocer el 8 de febrero de 1901, cuando El Tiempo anunció que como
resultado del Concurso Científico de Querétaro se había conforPeriódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
fraternidad”, 30 de enero de 1901, 40.
62
El Tiempo. La Redacción, “Querétaro”, 5 de febrero de 1901, 4.
61

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mado la Sociedad Politécnica Queretana, la cual designó una comisión para redactar los estatutos.63 El 27 de marzo, la redacción
del POEQLSA felicitó el inicio de actividades de un nuevo “cuerpo científico” compuesto por profesionistas queretanos residentes
en el Estado y fuera de él.64
La primera reunión tuvo lugar el día 20 de marzo en la
casa de Manuel Godoy para discutir las bases de la asociación
científica. Además, el señalado médico Federico Villaseñor leyó
un reporte acerca de los sueros fisiológicos artificiales utilizados
en el Instituto Médico Nacional, “trabajo concienzudo y
metódico, abundante de observación y de miras prácticas, que fue
calificado con sumo aprecio, pues revela el consumado estudio
que a él consagró el distinguido” miembro de la institución.65
Antes de concluir la junta, los socios determinaron la lista de
presentación de trabajos académicos a lo largo del año para rendir
“saludables frutos” en los intereses de la ciencia queretana.66 La
nota evidencia la dinámica interna que se puso en marcha por
los socios, la cual fue común al inicio del siglo XX, es decir,
organizar una mesa directiva que convocara a reuniones, enlistar
los turnos de exposición de los miembros para que se discutieran
en cada sesión y hacer públicas sus actividades en la prensa local.
El Tiempo. “Sociedad científica”, 8 de febrero de 1901, 3.
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 27 de marzo de 1901, 103.
65
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 27 de marzo de 1901, 103.
66
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 27 de marzo de 1901, 103.
63
64

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El 7 de abril, El Tiempo informó que la Sociedad a inicios
de mes celebró la segunda junta para normar los trabajos de la
agrupación a partir de la primera versión del reglamento, el cual
debería ser votado por todos los socios.67 El periódico también
expresó que algunos de estos preparaban los siguientes trabajos
académicos y no estaba lejano el día en que “el honorable cuerpo
que tomó vida al calor” del CCQ, rindiera frutos intelectuales
en el estado.68 El reglamento era el documento inicial de toda
agrupación, pues en éste se establecían los derechos y obligaciones
de los miembros, la organización interna, el proceso de admisión
de nuevas personas y los propósitos que perseguía la comunidad
en bien de la sociedad.
El 21 de agosto se informó que la SPQ celebraría la
inauguración del período de sesiones el 22 de septiembre
con una solemne fiesta, evento “de quien mucho esperan los
intereses de la ciencia” en el Estado.69 Diez días después,
La Patria anunció al público que la Sociedad llevaría a cabo
el próximo 22 de septiembre una velada científica para cuyo
acto invitaría a varios profesores de las escuelas nacionales
de la Ciudad de México.70 Se aprecia que la agrupación
inició una estrategia de realizar eventos públicos para darse a
El Tiempo. “Sociedad Politécnica Queretana”, 7 de abril de 1901, 1.
El Tiempo. “Sociedad Politécnica Queretana”, 7 de abril de 1901, 1.
69
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 21 de agosto de 1901, 320.
70
La Patria. “Velada científica”, 31 de agosto de 1901, 3.
67
68

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conocer ante la sociedad queretana y visibilizar sus intereses
académicos en la prensa local y de la capital del país. De esta
manera, se allegaría de nuevos socios e incluso de patrocinio
gubernamental y filantrópico.
El 2 de octubre, se informó que la SPQ circuló la siguiente
invitación:
En nombre de la Sociedad Politécnica Queretana tenemos el
honor de invitar a Ud. y a su apreciable familia a la velada
lírico-literaria que, para celebrar su instalación pública, tendrá
verificativo la noche del 1° de octubre próximo, en el Teatro
Iturbide, conforme al adjunto programa. Por su deferencia
en aceptar esta invitación, le anticipamos las debidas gracias.
Querétaro, Septiembre de 1901.—Ing. Pedro Moreno.—Prof.
Amador E. Ugalde.—José M. Rivera.71

La invitación se repartió entre la élite queretana conformada por el
gobernador y su gabinete, políticos y legisladores, comerciantes,
propietarios rurales e industriales, profesores normalistas y los
practicantes de la ciencia. El “Programa” constó de los siguientes
puntos:
1. Egmont. Obertura. Beethoven. Orquesta del señor J. M.
Aguilar y Fuentes.
2. Lectura del Acta de la primera sesión reglamentaria de la
Sociedad Politécnica Queretana.
[...]
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 2 de octubre de 1901, 376
71

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4. Reseña. Sr. Dr. Manuel Godoy, secretario general perpetuo
de la Sociedad.
[...]
6. Discurso oficial. Sr. Lic. Juan N. Rincón.
[...]
10. Alocución. Sr. Lic. José Vázquez Marroquín, presidente de
la Sociedad.
[...]
12. Tribuna libre.
13. Himno Nacional. Orquesta del Sr. J. M. Aguilar y Fuentes.72

La Mesa Directiva organizó la presentación pública de la
agrupación. Las alocuciones no se transcribieron completas en
la prensa, pero algunos fragmentos indican que el licenciado
Rincón expresó que la SPQ era resultado del “festín de ciencia y
de paz, de fraternidad y honor, que no debía ser estéril, como no
lo son las obras generosas”, emprendidas por una comunidad que
atrajo desde los distintos puntos del país a los “queridos hijos del
suelo queretano” que se comprometieron a hacer resonar la voz
“de la sabiduría en las asambleas del bien, en las lides sagradas
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 2 de octubre de 1901, 376
72

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de la inteligencia”.73 La sesión pública fue un evento cultural que
convocó a la élite estatal, razón por la cual hubo piezas musicales
y poéticas, espacio para las intervenciones espontáneas y la
solemnidad de cantar el himno mexicano.
La SPQ era un hecho, gracias al “entusiasmo y la
fraternidad” de los científicos queretanos tras su instalación pública
el 1° de octubre. El gobernador Francisco González de Cosío
presidió este “acto de progreso”, acompañado del licenciado José
Vázquez Marroquín (presidente), el médico J. Manuel Septién
(vicepresidente) y el médico Manuel Godoy (secretario general
perpetuo), entusiastas colaboradores y ponentes del CCQ. El
salón recibió la concurrencia de damas y caballeros de diversos
distritos, pues la Mesa Directiva se propuso dar a conocer a los
socios en toda la entidad con la intermediación de la prensa.74
La redacción concluyó el escrito señalando que la SPQ abrió
públicamente de “una manera digna, con la luz de la inteligencia
y los encantos del arte un periodo de fecunda labor que significa
un manantial de progreso para deslizarlo en el sagrado cauce de
la prosperidad común”.75 Las agrupaciones eran apreciadas al
inicio de la centuria como promotoras del “progreso” material y
social en la regiones del país al agrupar a lo más granado de la
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 2 de octubre de 1901, 376
74
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 2 de octubre de 1901, 377.
75
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 2 de octubre de 1901, 377
73

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intelectualidad, así como se erigían en comunidades que guiaban
a todas las clases sociales en la modernización de los hábitos, la
economía y el ejercicio del gobierno.
El 20 de noviembre se anunció que los Juegos Florales
Queretanos estarían organizados por una comisión especial de la
SPQ compuesta por el licenciado Alfonso M. Septién (presidente),
el licenciado Gabriel Estrada (vicepresidente), el farmacéutico
Manuel Altamirano (secretario), los licenciados Benito Reynoso y
Germán J. González, el médico Manuel Godoy y el señor Joaquín
Aguilera (vocales).76 Esta fue una actividad pública en que los
intelectuales locales exponían su talento literario, humanístico y
científico para ilustrar a la población.
La Patria el 29 de noviembre señaló que los Juegos
Florales convocaban a los intelectuales queretanos al certamen
que tendría lugar el 28 de diciembre a disertar sobre los siguientes
temas: 1) Leyenda sobre asunto queretano, premio otorgado por
el Ayuntamiento; 2) Poesía lírica (metro y asunto libre), premio
a cargo del Colegio Civil del Estado; 3) “El decadentismo en
México” (prosa o verso), premio concedido por la SPQ; y 4)
“Navidad” (poesía con libertad de metro), premio ofrecido por
la Junta de Navidad de Querétaro.77 Se trata de un segundo
certamen literario en que la SPQ participó como jurado de los
premios y aportó una cantidad para el tema referido.
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga. “Los
Juegos Florales”, 20 de noviembre de 1901, 430.
77
La Patria. “Certamen”, 29 de noviembre de 1901, 3.
76

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El 18 de diciembre se informó que el día 14 anterior la
SPQ había tenido lugar su primera sesión electoral, conforme a
sus estatutos recientemente puestos en vigor con el propósito de
elegir a la Mesa Directiva del año 1902. Además, el profesor José
María Rivera, tesorero del CCQ, presentó las cuentas del evento y
los socios agradecieron el auxilio pecuniario que proporcionó el
gobernador que se sumó a las cuotas de los socios.78 La redacción
concluyó con una cita de Rivera acerca de que “las ideas generosas
obran prodigios, y sus resultados son de práctica utilidad. El
impulso científico y el fraternal abrazo todo lo pudieron”.79 Esta
es la última nota que hemos encontrado en la prensa queretana
acerca de la SPQ. La agrupación continuó actividades en 1902
y es de suponer que otras fuentes hemerográficas y archivísticas
arrojen luz al respecto. Lo cierto es que la SPQ fue un espacio que
promovió las actividades científicas y humanísticas locales a partir
de los intereses de la élite intelectual de inicios de la centuria.
Conclusiones
La historia de la ciencia regional mexicana es una línea de investigación
que ha crecido en los últimos años, aunque las y los historiadores de
Querétaro no han participado de forma contundente en esta dinámica
de investigación histórica. Sin embargo, el POEQLSA presenta
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga, “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 18 de diciembre de 1901, 467.
79
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga, “La
Sociedad Politécnica Queretana”, 18 de diciembre de 1901, 467.
78

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indicios de temas a desarrollar en el futuro semejantes a los aportes
del CCQ y la SPQ, así como la Exposición Permanente de Productos
del Estado, las cátedras del Colegio Civil, el Observatorio queretano,
los hospitales, entre otras instituciones.
Los años 1900-1902 representaron en el imaginario de
la élite queretana la llegada de una nueva época de progreso
estatal, por lo que el cambio de siglo fue recibido con eventos
académicos orientados a establecer un balance del desarrollo
material de Querétaro durante un siglo y debatir el proyecto
intelectual de la región para los años venideros. De ahí que la
comunidad científica queretana se diera a la tarea de llevar a cabo
un evento sin precedentes en la entidad.
El CCQ fue un evento público relevante para la sociedad
queretana al convocar a lo más granado de los científicos y
humanistas regionales con el objetivo de debatir sobre temas de
interés público. Esto visibilizó a los ponentes como especialistas
en sus disciplinas y sabios al servicio de la sociedad queretana.
El CCQ trascendió las barreras regionales porque al menos en
la prensa de la Ciudad de México se publicaron algunas notas
al respecto y es posible que sucediera lo mismo en las entidades
políticas colindantes a Querétaro.
La SPQ dio continuidad a la trascendencia del CCQ
y formalizó a la comunidad científica queretana a partir de un
apelativo visible al estilo de las agrupaciones del resto del país.
Si bien el POEQLSA sólo indica las actividades de los socios en
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1901, es posible que existan otras fuentes que permitan ampliar lo
aquí expuesto hasta 1902. No obstante, se trata de una agrupación
científica que se interesó en analizar las problemáticas regionales
y dar solución a éstas.
Ambos espacios académicos son un ejemplo del proceso
de conformación de una comunidad regional de practicantes
de la ciencia que abarcó a médicos, ingenieros, farmacéuticos,
profesores normalistas, abogados, funcionarios y amateurs,
incluso mujeres, que produjeron soluciones racionales a las
problemáticas de la entidad. El CCQ y la SPQ fueron posibles
porque desde finales del siglo XIX se conformó esta comunidad
y continuó con distintos proyectos en el nuevo siglo, un tema que
reclama nuevas aproximaciones.
Esta investigación requiere del examen de otras fuentes, en
particular de archivo, para reconocer nuevos actores de ambos espacios académicos y sus repercusiones al final del porfiriato. También
la prensa queretana será una fuente que complementa al POEQLSA,
una vez que se normalice la consulta de materiales históricos.
Referencias
Hemerográficas
El Imparcial
El País
El Tiempo.
La Patria
Periódico Oficial del Estado de Querétaro. La Sombra de Arteaga
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�La “sacralización” del ámbito público.
Catecismos cívicos en México durante el siglo XIX
The “sacralization” of the public sphere

Civic catechisms in Mexico during the 19th century
Edgar Iván Espinosa Martínez
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Ciudad Juárez, México
orcid.org/0000-0003-3730-0181

Recibido: 19 de octubre de 2021
Aceptado: 1 de septiembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Resumen: El artículo muestra el uso de catecismos cívicos en México
en el siglo XIX. Fueron instrumento para una tarea considerada
estratégica: convertir a los mexicanos en ciudadanos como parte de la
constitución de un Estado moderno. Para ello, se apeló a la difusión
de preceptos de tipo liberal y republicano bajo un esquema preguntarespuesta. La paradoja es por demás llamativa: una contradictoria -y
conveniente- amalgama entre sacralidad y laicismo.
Palabras clave: Catecismo cívico, ciudadanía, siglo XIX, México,
liberalismo
Abstract: The article shows the use of civic catechisms in Mexico
in the 19th century, as they were an instrument for a task considered
strategic: converting Mexicans into citizens as part of the constitution
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-21

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of a modern State. For this, the dissemination of liberal and republican
precepts was appealed under a question-answer scheme. The paradox is
quite striking: a contradictory -and convenient- amalgamation between
sacredness and secularism.
Keywords: Civic catechism, citizenship, 19th century, Mexico,
liberalism

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Introducción
El siguiente trabajo se centra en algunos de los catecismos
cívicos1 editados y utilizados en México entre 1824 y 1887. En
tal sentido, se sigue la línea trazada por A. Staples, D. Tanck, E.
Roldán, C. Illadés y D. Traffano, quienes en las últimas décadas
han hecho aportaciones importantes sobre el tema. Lo que
interesa es rastrear los argumentos de cada autor y obra ubicada
para entender el objetivo principal de dichos textos: convertir al
individuo (heredero de una cultura colonial que lo contemplaba
como súbdito) en ciudadano (cuyo propósito era moldearlo según
principios liberales y republicanos considerados universales).
Si identificamos el método presente en los artefactos
literarios señalados, encontramos que resulta ser bastante sencillo
y -quizá por ello- efectivo: lectura en preguntas y respuestas.
En dicho método destacan algunas situaciones: por ejemplo, su
utilidad para difundir conocimientos elementales sobre ciertos
temas; asimismo, la figura de un mentor para guiar el ejercicio
no era indispensable; además, el proceso no demandaba reflexión
ni propiciaba debate alguno entre emisor (texto) y receptor
(lector). El propósito se cumplía cuando la persona memorizaba
la información y los datos (por lo general respuestas cortas y
Jacques Lafaye, Quetzalcóatl y Guadalupe. La formación de la conciencia
nacional en México (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2002), 167.
Este historiador francés ya apelaba a dicho concepto desde mediados de los
años setenta para hacer referencia a un Compendio de la historia de México
para uso de los establecimientos de instrucción pública en la República Mexicana que atribuye a Manuel Payno.
1

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diferenciadas) expuestos en la obra. En dicha fórmula radicó su
éxito.2
El periodo que se indica responde a dos circunstancias muy
puntuales: por un lado, la instauración de la primera República que
supuso el inicio de un uso sistemático de este tipo de instrumentos
ante la nueva circunstancia como país independiente; por otro, la
última edición del Catecismo político constitucional de Nicolás
Pizarro. Dicho espacio temporal se divide, a su vez, en dos [182457 y 1857-87]. A lo anterior, antecede una breve explicación
acerca del método catequístico (paradójicamente, tomado del
ámbito religioso y adaptado a un propósito cívico en un ambiente
liberal, en un país y en un momento donde ambas esferas entraron
en conflicto).
El método
Si bien para el presente artículo la atención se centra en un lapso
del siglo XIX, es necesario señalar que respecto a los catecismos
cívicos que para el caso de México el proceso se inició en forma
durante la etapa novohispana. Para empezar, debe recordarse que
el modelo catequístico formó parte del proceso constitutivo de
lo que entonces se delimitó como Nueva España. En este caso,
dicho modelo fue implantado y desarrollado con el propósito
de evangelizar a la población nativa como parte medular de la
Eugenia Roldán, “Lectura en preguntas y respuestas”, en Empresa y cultura en tinta y papel (1800-1860), ed. Laura Suárez (México: Instituto Mora;
Universidad Nacional Autónoma de México, 2001), 327–41.
2

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conquista de tan vasto territorio. Para tal empresa, se imprimieron
textos (doctrinas, cartillas, manuales, catecismos) elaborados por
religiosos (J. Zumárraga, P. Gante, A. Molina, M. Gilberti, G.
Ripalda) de distintas congregaciones que se disputaban las almas
de los indígenas americanos.3
Tomemos como ejemplo la estructura expositiva presente
en la Doctrina cristiana [1591] del mencionado Ripalda:
P. ¿Qué qiere decir cristiano?
R. Hombre que tiene la fe en Cristo, que profesa en el bautismo.
P. ¿Quén es Cristo?
R. Dios y hombre verdadero.
P. ¿Cómo es Dios?
R. Porque es natural hijo de Dios vivo.4

Identificado el método, encontramos que resulta ser bastante
sencillo y -quizá por ello- efectivo: lectura en preguntas y
respuestas. En dicha estrategia destacan algunas situaciones: por
La efectividad de algunos de esos materiales fue tan extraordinaria que los
mantuvo vigentes por siglos. Por ejemplo, el Catecismo de la doctrina cristiana del jesuita español Gerónimo Ripalda publicado en Burgos hacia 1591, se
continuó reimprimiendo hasta el siglo XX como instrumento para difundir el
catolicismo entre los hispanoparlantes. Asimismo, dicho método está presente
en la mayoría de los textos que componen la literatura del siglo XIX aquí estudiada. Para más detalles sobre la relevancia de esta obra, ver: Juan Manuel
Sánchez, Doctrina cristiana del Padre Jerónimo de Ripalda e intento bibliográfico de la misma. Años 1591-1900 (Madrid: Imprenta Alemana, 1909).
4
Gerónimo Ripalda, Doctrina cristiana (Salamanca: Ediciones de la Diputación de Salamanca, 1991), 3.
3

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ejemplo, su utilidad para difundir conocimientos elementales
sobre ciertos temas; asimismo, la figura de un mentor para
guiar el ejercicio no era indispensable; además, el proceso no
demandaba reflexión ni propiciaba debate alguno entre emisor
(texto) y receptor (lector). El propósito se cumplía cuando la
persona memorizaba la información y los datos (por lo general
respuestas cortas y diferenciadas) expuestos en la obra. En tal
fórmula radicó su éxito.5
El esquema mencionado permaneció incluso después de
la Independencia. El proceso que dio impulso definitivo a este
tipo de literatura -ya con un carácter secular- fue la Revolución
Francesa, por lo que a partir de la última parte del siglo XVIII
la producción y divulgación de catecismos fue masiva. Lo
anterior coincidió con la crisis en la península ibérica hacia 1808
y las consecuentes aspiraciones independentistas en la América
española. Bajo tales circunstancias, en México se dio un uso
político e ideológico generalizado de estos objetos culturales
durante las décadas siguientes.6
Auge de los catecismos, 1824-1857
Entre la instauración de la primera República y el periodo de la
Reforma -referentes para delimitar el presente espacio temporal-,
Ripalda, 327.
Dorothy Tanck, “Los catecismos políticos: de la Revolución Francesa al
México independiente”, en La Revolución francesa en México, ed. Alberro
Solange, Alicia Hernández, y Elías Trabulse (México, 1992), 73.
5
6

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México vivió la más crucial de sus experiencias como Estado
nacional: debió sortear un intento de reconquista, la separación de
entidades (Texas de forma definitiva hacia 1836) y una invasión
del ejército estadounidense que culminó con la redefinición
de la frontera norte. Al propio tiempo, los grupos en pugna
(tradicionalmente identificados como liberales y conservadores)
eran incapaces de ponerse de acuerdo sobre cómo articular un
gobierno que rigiera los destinos de la nación. El escenario de
inestabilidad descrito brevemente coincide con el uso masivo del
tipo de literatura que nos ocupa, pues dicho lapso indica el “más
intenso” empleo de los catecismos cívicos a lo largo de aquella
centuria.7
¿Cómo explicar dicho auge de los objetos culturales
mencionados en un momento de la Historia nacional caótico
e inestable? Lo primero que debe considerarse es la función
estratégica que tuvo la literatura en una época de grave crisis.
Como se explicó, mientras en los planos político (antagonismos
ideológicos, pugnas internas, caudillismos, cacicazgos) y
económico (deudas, el reclamo de otros países, la consecuente
Eugenia Roldán, “Talking politics in print. Political catechisms and the
development of public opinion in nineteenth-century (México)”, La Révolution française. Les catéchismes républicains, 2009, 3–4, hhttp://lrf.revues.org/
index128.html. Aquí se presenta una gráfica en donde se expone que entre
1824 y 1857, el número de catecismos políticos que circularon en México
fue de 41 (el más alto que en cualquier otro momento de ese siglo). A decir
de la autora, lo anterior se debió a la necesidad de reafirmar ciertos principios
políticos (soberanía, derechos y deberes ciudadanos, gobierno representativo)
considerados sustanciales para la constitución del Estado nacional.
7

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bancarrota) la situación desembocó en la imposibilidad de
constituir al Estado mexicano, la labor de los personajes públicos
activos en el ámbito intelectual logró dotar de un sentido a ese
ente nacional. Aquí es necesario señalar la incidencia de un
movimiento como el romanticismo en aquellas generaciones de
escritores mexicanos.
Según Isaiah Berlin, la tendencia de pensamiento
mencionada se gestó en Europa hacia fines del siglo XVIII y
principios del XIX con una marcada preocupación estética e
impactó de forma decisiva en rubros como la literatura (J. W.
Goethe, W. Scott), la pintura (F. Goya, C. D. Friedrich) y la música
(F. Chopin, R. Wagner).8 Su principal impulso fue otorgar valor
predominante a las experiencias inmediatas (sentimiento, fe,
espíritu) para encontrar la autoconciencia del principio creador
de todas las cosas (idealismo). El extremismo y reconciliación
literaria, la revaloración de la naturaleza, las formas grandiosas
y dramáticas del arte, así como la inspiración de compositores
en mitos y leyendas para dar vida a sus obras, hicieron del
romanticismo una forma de culto y exaltación para recrear al
mundo como representación poética. En esta línea argumentativa,
los rasgos que definieron a dicha tendencia fueron concebir la
realidad como racionalidad y perfección (optimismo), concebir
al pasado como historia y tradición (providencialismo), rescatar
Isaiah Berlin, Las raíces del romanticismo (México: Grupo Santillana,
2000), 27.
8

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lo exótico (culturas china, india, egipcia y el “retorno a la Edad
Media” en Europa) y una actitud desafiante y rebelde para ir más
allá de los límites humanos (“titanismo”).
Los aspectos mencionados estuvieron en consonancia con
otros procesos históricos como la constitución de los modernos
estados nacionales al amparo del liberalismo. En su forma
moderna -en particular durante el siglo XIX-, el Estado fue una
construcción conceptual formalista cuya composición básica
era de tres elementos: soberanía (poder político), población
(ciudadanos) y territorio (espacio geográfico). Lo anterior
obedeció al objetivo de constituir una organización coercitiva
(desde lo político y jurídico) para ordenar a las sociedades.
¿Qué impacto tuvieron los movimientos mencionados y
sus respectivas preocupaciones en la élite intelectual mexicana
del periodo?, ¿existe algún vínculo entre la producción literaria
de la época y las condiciones citadas? En México, la tendencia
romántica se desarrolla a partir de 1836 con la fundación de la
Academia de San Juan de Letrán y, más tarde, el triunfo liberal de
1867 le otorgó un nuevo impulso; así, la victoria sobre el invasor
materializada con la restauración republicana contribuyó de forma
decisiva a construir y difundir un renovado sentido de pertenencia
nacional. Dicha representación de mexicanidad se manifestó a
través de pinturas, dibujos, fotografías, novelas, poesía, diarios
de viaje, historia. Para los intelectuales mexicanos de la época,
el estudio del pasado era un reencuentro con el origen mediante
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lo cual elaboraron y difundieron un sentido de pertenencia. La
obra de generaciones completas (V. Riva Palacio, G. Prieto, J. M.
Iglesias, M. Orozco y Berra, M. Altamirano, J. M. Roa Bárcena)
tuvo su inspiración en dicho movimiento “aclimatado” a las
circunstancias nacionales. Es importante advertir lo anterior, ya
que mientras los románticos europeos tuvieron una obsesión por
la belleza (exaltada en la obra literaria, musical o artística), para
los románticos mexicanos no todo era cuestión de alcanzar las
cimas estéticas, sino imprimirle una utilidad a su trabajo (por
ejemplo, instruir a las masas para recrear los modelos de conducta
referidos).
Por otra parte, los planteamientos e ideas liberales
en aquel siglo se centraron en otorgar primacía -y, en cierta
forma, exaltaron- a los modernos Estados nacionales. Para la
situación de México independizado a principios de esa centuria,
en automático entró en la tesitura: la prioridad era, por tanto,
constituir el estado nacional mexicano. La élite entonces activa
en los planos intelectual y político reconoció tal prioridad y se
sumó a ello, al organizarse en espacios específicos (sociedades,
clubes, agrupaciones) para desarrollar sus tareas y actividades
de forma articulada (literatura, periodismo, opinión pública,
programas de gobierno). En esa intervención estratégica dirigida
a propiciar gobernabilidad, el cúmulo de literatura desempeñó
un papel relevante ya que con dicho corpus se ayudó a modelar
al ciudadano mexicano al darle a conocer cierto tipo de valores,
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principios e ideales que se consideraban imprescindibles para
lograr el gran objetivo: el estado nacional mexicano. De tal
manera que exaltar nacionalismos, erigir instituciones, crear
héroes o rescatar tradiciones fueron experiencias que delinearon
el siglo XIX y en nuestro país dicha tendencia se amoldó a la
circunstancia nacional. Por lo anterior, el romanticismo literario
mexicano no sólo tuvo la aspiración de escribir con la propiedad
debida, sino que aquellos hombres públicos se preguntaban sobre
la utilidad de sus obras. Tal utilidad se consideraba conseguida
cuando esa obra tenía como objetivo abonar a la causa nacional.
En estas circunstancias, puede afirmarse que romanticismo
y liberalismo convivieron y se complementaron en diversos
procesos de la Historia nacional durante varias décadas.
Asimismo, el mencionado auge de los catecismos cívicos fue
parte de esas preocupaciones de las élites activas en los planos
político e intelectual. Así, la literatura que nos ocupa entró en
sintonía con el ambiente descrito para responder a una pregunta
muy concreta: qué tipo de gobierno es el debido respecto a la
constitución del estado mexicano.
En dichas condiciones, hacia 1827 en la Ciudad de México
aparece un texto intitulado Catecismo de república, ó elementos
para un gobierno republicano popular federal de la nación
mexicana. Su autor firma como M. M Vargas y fue publicado
por una Imprenta y Librería a cargo de Martín Rivera. La obra
consta de veintiocho páginas y está dividida en siete capítulos
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donde aborda los siguientes aspectos: Gobierno, Derechos de los
Pueblos, Poderes en los que se divide el Gobierno, de las Leyes,
de la Libertad, de los Ciudadanos y Derechos de los Ciudadanos.
A su vez, cada capítulo se encuentra subdividido en lecciones con
un total de diez y seis.
Llama la atención, de entrada, el mensaje que aparece en la
siguiente página después de la portada: “Combatid la ignorancia y
desaparecerá la esclavitud”. De inmediato, la dedicatoria confirma
los propósitos ya decantados: “A los primeros pimpollos de la
naciente república, preciosos renuevos de la libertad; a todos los
niños de la gran México, bajo su primogénito Anselmo, dedica
este catecismo su apasionado M. M. Vargas.” Como se ve, el
volumen tenía la intención de dirigirse a un segmento específico
de la población (la niñez) de un país que hacía unos años había
alcanzado su independencia; la premisa parece enfocarse en los
futuros ciudadanos.
Apelar a la educación como factor de cambio en los
momentos constitutivos del Estado nacional mexicano parecía ser
la clave para el éxito de tal proyecto. En el caso que nos ocupa,
difundir los preceptos acerca de cómo debía gobernarse la nación
mexicana era imperativo. En tal sentido, Vargas identifica desde
el principio el gobierno de tipo republicano, que a su vez desglosa
entre aristocrático y democrático. Sería el último por el que se
decanta nuestro autor, pues en él “el pueblo sin distinción elige á
los que han de sancionar las leyes que lo rijan, y los magistrados
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que lo gobiernan”.9 Tal sistema político lo presenta, a su vez,
con dos vertientes: federal o central. A su juicio, el federal “es el
más conforme á los derechos de los pueblos y por consiguiente
el más justo”. Más adelante, alude a la composición de poderes
en la tendencia republicana: esto es, el legislativo (cámara de
representantes, senado, congresos), el ejecutivo (presidente de la
República) y el judicial (tribunales que designa la Constitución).10
Por lo anterior, nuestro personaje considera que México debe
autogobernarse mediante una República democrática de tipo
federalista y dichos argumentos deben ser difundidos entre las
nuevas generaciones de mexicanos.
Respecto a la noción de ciudadano, en el capítulo séptimo
y en la lección duodécima de esta obra se parte del siguiente
planteamiento:
P. ¿Qué quiere decir ciudadano?
R. Un hombre de bien: un individuo que pertenece a la
República, que participa de la autoridad soberana, y que
contentándose con sus derechos no ambiciona ni aspira a más
que el bien de la patria.11

El ciudadano es, ante todo, una persona que vive y se desarrolla
en los límites del modelo republicano (en cierto modo, de tipo
aristotélico). A decir de lo planteado en el librito, el ciudadano
M. M. Vargas, Catecismo de república, ó elementos para un gobierno
republicano popular federal de la nación mexicana (México: Imprenta y Libreria a cargo de Martín Rivera, 1827), 1–2.
10
Vargas, 13–14.
11
Vargas, 21.
9

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también le debe acompañar una actitud austera y sencilla, para no
ambicionar ir más allá de lo que el Estado republicano le impone.
La idea de ciudadanía expuesta por el autor ya indica el hecho de
que el individuo debe y puede desenvolverse en los parámetros
que le dicta el Estado (en este caso, el mexicano que entonces
estaba en formación). A lo anterior debe agregarse la propuesta
que aquí se hace sobre la libertad y sus vertientes: la natural
(“libre albedrío”), la civil (la que emana de las leyes) y la política
(la que permite elegir a los gobernantes).12
En tal disyuntiva, hacia 1833 aparece en Londres un pequeño texto intitulado Cartilla política, cuyo propósito lo inserta
en el cúmulo de trabajos escritos y publicados del tipo de literatura aquí aludida. En México, dicho trabajo se publicó “en entregas” -estrategia editorial ya referida muy común en aquel sigloentre agosto y septiembre de ese año.13
Su autor, Manuel Eduardo de Gorostiza (1789-1851),
provenía de una familia criolla y le tocó vivir -como otros
personajes mencionados- las inestabilidades que México
experimentó en su tránsito entre el virreinato y la etapa
independiente. Dichas convulsiones, combinadas con ciertas
experiencias vitales (estuvo en España, Francia e Inglaterra) y
Vargas, 18–19.
Alonso Lujambio, “Gorostiza, el político”, en Cartilla política, ed. Manuel
Eduardo de Gorostiza (México: Fondo de Cultura Económica, 2006), 31. En
su forma íntegra, la obra se publicará por vez primera en México hasta ese año
de 1999.

12
13

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su preparación (en los ámbitos literario y político), le impulsaron
a participar de manera activa en los asuntos de la vida pública
(ocupó cargos administrativos, se incorporó a diversos proyectos
editoriales). El itinerario vital de este personaje se asemeja al de
otros ilustrados mexicanos de la época (Servando Teresa de Mier
o Lorenzo de Zavala, por ejemplo), quienes por distintos motivos
abandonaron su tierra natal y desde el extranjero reflexionaron
sobre cómo debía organizarse el país desde el punto de vista
político y social.
Si el problema de entonces para nuestro país era imponer
orden, Gorostiza pone el dedo en la llaga y se pregunta por la
obediencia. Para este personaje, dicha actitud en las personas
varía según el tipo de gobierno. Por tanto, de entrada en esta obra
se hace la distinción entre “vasallos” y “ciudadano”. El siguiente
párrafo es muy puntual:
En los pueblos regidos por el capricho de un monarca, a los
vasallos les sobre con saber obedecer. En los Estados libres, los
ciudadanos necesitan, para obedecer bien, conocer de antemano
lo que van a obedecer, el porqué se les manda, y las ventajas
que les resultarán de la obediencia. En aquellos, la obediencia
es un hábito o una necesidad; en éstos es el efecto del propio
convencimiento. El estimulante de los primeros es la fuerza
coercitiva; el de los segundos es el interés de cada cual.14

Las palabras anteriores están dirigidas al público lector, que para
el caso de los mexicanos se encuentran en los primeros años
Manuel Eduardo de Gorostiza, Cartilla política (México: Fondo de Cultura Económica, 2006), 53.
14

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de vida independiente y aún se debate sobre qué sería lo más
conveniente en cuanto al tipo de gobierno. El debate se da de
cara a la primera gran crisis nacional como fue el conflicto con
los texanos que desembocaría en su separación y la posterior
invasión del ejército estadounidense. Como se ha explicado, la
mayoría de los habitantes del país todavía convive a partir de
preceptos propios del vasallo desarrollados y arraigados durante
la etapa colonial. Nuestro autor entiende tal circunstancia y toma
en cuenta la necesidad de “instrucción política” para el grueso de
la población (indígena, analfabeta, o como menciona uno de los
autores ya aludido, “gente ruda”). Entonces, para Gorostiza el
punto de partida es la educación del pueblo mexicano.
¿Qué tipo de educación era la necesaria? Al echar un
vistazo al índice encontramos ciertos conceptos que sirven de
referentes: sociedad, comunidad política, formas de gobierno,
soberanía, democracia, electores, tipos de representación. Se trata
de un trabajo que por el contenido estaría en el área de lo que
hoy llamamos Filosofía Política (esto es, el deber ser) y pretende
responder a cómo los individuos se organizan en su convivencia
social. El argumento retoma aquel ideal aristotélico acerca de
que el hombre es un animal político: es decir, para sobrevivir
necesita vincularse con otros (familia, vecinos, compañeros,
paisanos, compatriotas) y para desarrollar tales relaciones debe
hacer política. Para nuestro autor, la política en la especie humana
es algo inescapable y, por la condición en la que se encuentra
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México, resulta impostergable reconocer tal premisa y echar
mano de ella para constituir al estado nacional.
A partir de tal planteamiento, Gorostiza debate con las
posturas de otros personajes -el citado Barquera es uno de ellosrespecto a qué forma de gobierno, según sus propios términos,
“tiene o no mayores derechos a nuestra confianza”. Destaca
tres formas simples de gobierno (“oclocrática”, es decir, de la
muchedumbre; “aristocrática”, nobleza hereditaria; “monarquía”,
cuando es sólo uno el gobernante). A decir del autor, ninguna
de las tres formas mencionadas respondería a las condiciones y
necesidades de México en ese momento. A diferencia de Barquera,
quien proponía una monarquía limitada por una legislación de tipo
liberal moderada, en esta Cartilla su autor se desmarca y apuesta
por una democracia de tipo representativo.15 Al hacer alusión al
término democracia, este personaje apela al sentido etimológico
del término: es decir, el poder (Κράτος) debe ser ejercido por el
pueblo (δῆμος). Pero detrás de esto existen mecanismos: proceso
de elección popular, selección de representantes, articular un
poder constituyente. Dichos argumentos que pueden a primera
vista ser considerados actuales deben matizarse. Por ejemplo,
en un tipo de proceso electoral como el que Gorostiza menciona
tendría necesariamente un carácter selectivo, por lo cual no podían
participar todas las personas; para decirlo de otra forma, según tal
esquema de gobierno no todos los individuos serían considerados
15

Gorostiza, 109.

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ciudadanos. En el trabajo, el autor expone un matiz contundente
respecto a los “candados” propios de una democracia electoral,
pues se asegura que respecto a “el individuo que depende
absolutamente de otro” (“mujer”, “sirviente”, “peón”, “loco”),
su participación en dicho proceso no sería recomendable.16
El problema para lo que se expone en la Cartilla es que los
mexicanos de entonces -y aun los de ahora- conformaban un
mosaico plural, múltiple que -por supuesto- no era reconocido
y que, además, cargaba con una cultura política propia de una
sociedad estamentaria (señaladamente jerárquica y monolítica, a
pesar de haber logrado su independencia).
La propuesta de este personaje del siglo XIX -como las
otras abordadas-, es reflejo de una preocupación genuina por
ordenar a una sociedad que buscaba reconocerse independiente y,
al propio tiempo, insertarse en la modernidad de la época. Suele
decirse que en una Revolución lo más “fácil” es tumbar a un
régimen, pero lo realmente difícil es cambiar el comportamiento
Las fórmulas y procedimientos de las actuales democracias liberales no
difieren del aspecto mencionado. Baste recordar un caso que tiene que ver con
las “formas”: en México, el segmento femenino pudo tener derecho al voto
hasta 1953 como parte del proceso institucional del régimen autoproclamado
revolucionario entonces establecido y dominante. En cuanto al “fondo”, aún
ahora se discute y legisla sobre asuntos relativos a su participación como candidatas, ocupar posiciones estratégicas o de su empoderamiento. No nos sorprendamos, pues ciertos segmentos de la sociedad mexicana contemporánea
(indígenas, afrodescendientes, personas que viven en la homosexualidad o que
padecen alguna discapacidad física o mental, etc.) continúan sin ser reconocidos como ciudadanos con sus respectivos derechos y obligaciones.
16

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de las personas para crear un nuevo modelo de convivencia
política y social. Ese fue el dilema del autor, pues entendió que
para implantar una nueva forma de gobierno capaz de regular
la vida pública resultaba imperativo cambiar los valores y las
actitudes de los individuos. En tal sentido, las páginas analizadas
escritas hacia principios de los años de 1830 están encaminadas
a delinear cómo debería ser constituido el estado mexicano,
acorde al sentido contemporáneo y universal de ciudadano según
los principios republicanos (libertad, igualdad, legalidad) con su
respectiva acotación.
Mientras tanto, en el lapso señalado continuó el debate,
la escritura, la edición y circulación de este tipo de literatura. De
ahí aparecieron casos emblemáticos como aquellas obras cuya
finalidad era el “buen comportamiento” (a manera de instrumento
para promover modelos de conducta). En ese sentido, tomamos
el Código completo de urbanidad y buenas maneras de Manuel
Diez de Bonilla que sigue los planteamientos del citado Carreño.
Diez de Bonilla (1800-1864), desde el punto de vista
político-ideológico suele ser ubicado en la línea de personajes
como Lucas Alamán o José María Gutiérrez de Estrada; es decir,
lo que la historiografía suele tildar de conservadores.17 Dicha
postura estaría en concordancia con su apego a los postulados
del Antiguo Régimen que, entre otras cosas, implicaba un
José María Muriá, “Los primeros meses de 1854, según Manuel Diez de
Bonilla”, Secuencia, núm. 8 (1987): 16–23.
17

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orden férreo y efectivo. Su trayectoria vital le volvió testigo -y
en ocasiones protagonista- de las más cruciales vicisitudes que
México experimentó durante la primera parte de aquella centuria;
de tal manera, ocupó cargos públicos estratégicos (Consejo
de Estado, Secretario de Gobernación, Supremo Tribunal de
Justicia, Embajador) y participó en instituciones que abanderaron
importantes proyectos culturales (Academia de San Juan de
Letrán, detonador e impulsor del romanticismo en nuestro país).
El Código fue publicado por vez primera en 1844 por la
imprenta de Ignacio Cumplido en la Ciudad de México. La obra
cuenta con 474 páginas divididas en tres libros. Casi dos décadas
más tarde, hacia 1863, aparece una edición más a cargo de la
Librería de Rosa y Bouret que es la que ahora consultamos. Al texto
lo componen tres libros: uno dedicado a la urbanidad general con
seis artículos (o capítulos); otro de urbanidad particular (con ocho
capítulos); y uno más sobre urbanidad especial (con dos artículos).
Existe un impulso fundamental en los argumentos de este
autor: la civilización. Era imperativo, por tanto, para Diez de
Bonilla que los mexicanos de entonces se comportaran de forma
civilizada (según la noción que de dicho concepto privaba). “La
civilización”, escribió, “consiste, pues, en los triunfos que obtiene
los principios de la razón sobre los impulsos desordenados de
la naturaleza”.18 Ya apuntamos cómo la tradición de literatura
Manuel Diez de Bonilla, Código completo de urbanidad y buenas maneras (México: Imprenta de Ignacio Cumplido, 1844), IV.
18

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llamada de buen comportamiento se desarrolló con fuerza en la
cultura occidental, así como la manera en que llegó a nuestro país
quedando plasmada en múltiples libros.
El argumento del autor es propio de los preceptos ilustrados,
al conceder a la razón la posición primordial para el adecuado
desarrollo de los individuos y de las sociedades. Entonces las
naciones que se contemplaban como modelo de civilización
eran Francia e Inglaterra, lugares donde el carácter cortesano
moldeaba el comportamiento de las personas y designaba su
lugar social. Por otro lado, el fundamento tenía una fuerte dosis
organicista al mostrar una supuesta evolución de las diversas
sociedades en el mundo; así, se identificaban las “primitivas”
con una organización “elemental” (culturas de tradición oral o
trashumantes, por ejemplo) y su contraparte, las “modernas”, que
se asumían aparentemente civilizadas (que para entonces había
experimentado un progreso material entre otras razones debido
al colonialismo ejercido por esos países). Por lo visto, México se
encontraba en medio de ambos tipos de sociedades mencionadas;
no era plenamente primitiva (a pesar de su herencia indígena
y todo lo que ello implicaba), pero tampoco se encontraba a la
“altura” de los referentes europeos mencionados.
Para Diez de Bonilla, la urbanidad es el sello distintivo de la
civilización:
La urbanidad es un ramo de la civilización: consiste en el arte
de acomodar la persona y las acciones, los sentimientos y el
discurso, de forma que hagamos contentos á los demás, de
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nosotros y de sí mismos, ó bien adquirimos su estimación y
afecto dentro de los límites de lo justo y de lo honesto, ó lo que
es lo mismo, de la razón social.19

En la línea del Tratado de Escoiquiz y del Código de Diez de
Bonilla, se inserta un Manual de urbanidad y buenas maneras
del venezolano Manuel Antonio Carreño (1812-1874). Sus
actividades fueron variadas, propias del hombre público de
la época: fue músico, pedagogo y ocupó cargos públicos en
Venezuela. A pesar de abandonar ese lugar en los últimos años
de su vida (primero llegó a Nueva York y luego a París, donde
murió), Carreño entendió la situación de su país -la misma
situación que los mexicanos experimentaron después de conseguir
la Independencia-, y que se sintetizaba en una pregunta: cómo
debían gobernarse. Para aquellas generaciones de ilustrados, el
reto implicaba -entre otras cosas- aclarar qué tipo de convivencia
social era la más adecuada para regular la vida pública entre los
individuos. En tal sentido se analiza este tipo de literatura.
El Manual apareció por vez primera en 1853 y resultó
tan popular para los lectores como estratégico para gobiernos
de distintos países hispanoparlantes que, a poco más de veinte
años de su publicación, el libro llevaba 17 ediciones. El texto
consta de seis capítulos (o artículos) cuyo énfasis versa en que los
ciudadanos tengan conocimiento de las leyes y de los principios
constitutivos de la sociedad. Asimismo, otorga el respectivo
19

Diez de Bonilla, IV.

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crédito a autores que lo anteceden en este tipo de ejercicios como
el citado Manuel Diez de Bonilla.
La premisa de Carreño versa sobre reconocer los deberes
morales del hombre (virtudes, principios, valores), a partir de los
cuales -según él- se delinea la convivencia entre las personas.
Para justificar sus argumentos, el autor venezolano comparte el
cristianismo (como otros personajes abordados) que constituye en
buena manera el basamento de la tradición occidental; por tanto,
si existen tales “deberes morales”, emanan de Dios, fuente de
todo orden y conocimiento. También existe en sus planteamientos
cierto organicismo, al considerar que dichos deberes la persona
los toma de sus padres y familia para irradiarlos a sus semejantes
(vecinos, compañeros, amistades). Asimismo, existe una carga en
cuanto a promover un sentido de pertenencia, pues supone que
tales principios emanados de la religión y la moral serían útiles
para la constitución de la patria (estado nacional).
Declive de los catecismos, 1857-1887
Con un historial de múltiples guerras civiles y una invasión cuyo
desenlace supuso la “pérdida” de la mitad del territorio nacional,
las condiciones imperantes en un país que se había independizado
hacía apenas unas décadas dieron paso a que en cada región se
articularan políticas dirigidas a ordenar sus respectivos espacios.
En suma -y como se planteó al principio-, la incapacidad de erigir
un gobierno central con el respectivo orden dejó un vacío que
ocuparon poderes de alcance regional. En tal sentido, el ascenso
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de caciques, caudillos y “hombres fuertes” quienes detentaron
poder militar y político en distintas partes del territorio nacional
es muestra de ello. El argumento anterior debe matizarse, ya que
es necesario advertir que el desarrollo de los procesos históricos
en México en este periodo apunta hacia la constitución de una
incipiente y relativa unidad nacional, lo cual se logrará articular
en su forma más acabada hacia fines de siglo con el régimen
encabezado por Porfirio Díaz.
¿Cómo se llegó a dicha etapa que supuso una relativa
estabilidad nacional? Al iniciar la segunda mitad del siglo XIX,
México se encuentra -de nuevo- envuelto en un sin fin de guerras
civiles en donde destacan dos bandos que en la coyuntura de
entonces estaban bien definidos: los liberales y los conservadores.
El punto de máxima polarización entre ambos grupos fue entre
1855 (al desatarse diversos movimientos en torno a la Revolución
de Ayutla) y 1867 (derrumbe del II Imperio y restauración
republicana). Al imponerse el liberalismo como forma de desenlace
histórico, por primera vez desde que se proclamó la Independencia
fue posible plantear un proyecto de nación cuyas bases constituirán
un Estado moderno hacia la última parte de esa centuria.
Para los propósitos del presente trabajo identificar a los
segmentos mencionados no es un asunto menor, ya que unos y
otros concibieron su propia noción de Estado nacional (y, por tanto,
de ciudadano). Dichas nociones delinearon el tipo de políticas
que debían articularse para lograr gobernabilidad y estabilidad.
Puede decirse que, a grandes rasgos, unos y otros desarrollaron
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lecturas e interpretaciones propias acerca de una idea de nación
soberana; desde la forma en que ponderaban el pasado hasta la
proyección que hacían de un país próspero y moderno, ambas
posturas dieron vida al debate en la opinión pública del periodo.
En tal disyuntiva, si para unos (conservadores) lo necesario era
una monarquía y un Dios como pilares de la nación mexicana en
reconocimiento a la herencia hispánica, para los otros (liberales)
la opción debía estar anclada en los preceptos republicanos,
laicos y cívicos inspirados en el modelo emanado de la
Revolución Francesa.20 De nuevo, la aparente incompatibilidad
de los modelos aludidos debe matizarse pues ambos bandos -a
su manera-, procuraron la estabilidad nacional; de hecho, debe
señalarse que el liberalismo mexicano del siglo XIX fue un amplio
espectro en donde se definieron posturas político-ideológicas,
cuyos márgenes iban desde aquellos que pensaban mantener las
tradiciones novohispanas hasta aquellos que pretendían romper
con ese pasado. De estos sectores en pugna, a los primeros se
les identificó como conservadores (aunque lo más adecuado sería
llamarlos “liberales moderados”).
¿Qué función tuvo el catecismo cívico durante el lapso
mencionado? Para empezar, debemos decir que el periodo
tiene como inicio los procesos en torno a la Reforma y culmina
con la última edición del Catecismo político constitucional de
Beatriz Cepeda, Enseñar la nación. La educación y la institucionalización
de la idea de nación en el México de la Reforma (1855-1876) (México: Fondo
de Cultura Económica; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2012),
42–128.
20

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Pizarro hacia 1887. En el lapso, algunos autores aun con posturas
ideológicas distintas (por ejemplo, Roa Bárcena o Rhodakanaty)
escriben material en el formato descrito y continúa su circulación
gracias a las publicaciones de diversos editores (bien en negocios
de particulares, bien en imprentas oficiales). Pese a lo anterior,
el encabezado del presente apartado muestra un primer indicio:
decae la edición, el uso y la difusión de este tipo de literatura (al
menos desde el punto de vista de lo que algunos estudios han
contemplado como “producción nacional”).
¿A qué se debió tal declive? Si en los dos periodos anteriores
se encontró el dato que indicaba el uso general, masivo y -hasta
cierto punto- exitoso de los catecismos como parte de una estrategia
política y educativa dirigida a divulgar entre el gran público
principios que entonces se consideraron universales y necesarios,
a partir de los años de 1860 y hasta los de 1880 su utilización se
orientará hacia segmentos, temas y ámbitos cada vez más acotados
y restringidos.21 En principio, una causa del declive advertido
Mílada Bazant, “La educación moderna, 1867-1911”, en Historia de la
educación en la Ciudad de México, ed. Pilar Gonzalbo Aizpuru y Anne Staples
(México, DF: El Colegio de México, 2011); Tanck, “Los catecismos políticos: de la Revolución Francesa al México independiente”; Eugenia Roldán,
The making of citizens: an analysis of political catechisms in nineteenth-century Mexico [Master of Arts Dissertation] (Coventry: University of Warwick,
1996); Roldán, “Talking politics in print. Political catechisms and the development of public opinion in nineteenth-century (México)”. Un ejemplo de dicha
tendencia fue el Catecismo de derecho político constitucional de José Miguel
Macías publicado en 1873, cuyo objetivo era servir de texto para la formación
de abogados.
21

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lo representó el propio método catequístico, por lo que para la
última década del siglo dicha propuesta -de carácter elemental y
mecánico-, dejó de ser útil para los objetivos político-educativos
trazados por los distintos gobiernos que se sucedían. A su vez, poco
a poco se fueron imponiendo otros modelos de enseñanza inspirados
en las tendencias de pensamiento que entonces dominaban y se
consideraban vanguardistas (como las explicaciones de tipo
evolutivo u organicistas propias del positivismo que se convertirá
en la ideología porfiriana). Si bien se reconoce la permanencia
del romanticismo que hacia 1867 con el triunfo liberal recibió un
nuevo impulso que supuso -entre otras cosas- revalorar lo nacional,
en lo que respecta a nuestro objeto de estudio la presencia de esa
corriente se irá diluyendo. De tal manera que a lo largo el Porfiriato
continuaron apareciendo catecismos, pero ya alejados de la fórmula
pregunta y respuesta para entonces considerada monolítica y
desplazada por otras estrategias de estudio. El uso de dicha fórmula
catequística será cada vez más focalizado, por lo que su utilización
empezó a concentrarse sobre asuntos cada vez más especializados
dirigidos a segmentos específicos de la población. Teniendo en
cuenta lo anterior, ahora analizamos algunas de las propuestas
que consideramos más relevantes de este tipo de literatura, cuyo
propósito se mantuvo: crear y difundir ciertos valores y actitudes
entre los mexicanos.
En el año de 1861 se editó una Cartilla socialista. A esta
breve obra le acompaña un subtítulo que indica O sea, Catecismo
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Elemental de la Escuela Socialista de Carlos Fourier.22 Su autor,
Plotino Constantino Rhodakanaty, es un personaje que hasta la
fecha es un enigma en muchos sentidos: no existe consenso en
cuanto a su fecha de nacimiento y se desconoce cuándo y dónde
murió; si bien existen indicios de su presencia en México (escritos,
publicaciones, cursos impartidos), no se sabe con certeza cuánto
tiempo estuvo aquí; tampoco se conoce alguna imagen de él
siendo que para la segunda mitad del siglo XIX la fotografía ya
había llegado al país. En contraste, se conoce y se ha estudiado
parte de su obra escrita como la que ahora citamos.
Se dice que Rhodakanaty nació en Atenas en los años de
1820 (unos señalan 1824, otros 1828), que estudió medicina en
Berlín y que habría llegado a México hacia 1861. Participó en
diversidad de proyectos, tanto editoriales como de tipo organizativo
(La Social). En una nación que se reconstruía en medio de mil
problemas, individuos como este lo contemplaron como un gran
laboratorio propicio para promover sus ideas en torno a cómo
organizar a las sociedades. Con tal objetivo, en ese año comenzó a
circular dicha Cartilla, que por su extensión (9 lecciones en menos
de 20 páginas) tenía más bien formato de folleto. Para los propósitos
del presente trabajo, llama la atención que sus planteamientos
se encuentren ubicados en el socialismo, pues se trata de una
Para nuestra investigación, tomamos la siguiente edición: Plotino Rhodakanaty, Cartilla socialista (México: Ed. Madero, 1968). Hacia 1883, en
pleno Porfiriato, Rhodakanaty editará la obra con el título Cartilla socialista
republicana.
22

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tendencia de pensamiento que en México no contaba con arraigo
ni adeptos. Por otra parte, tal condición atípica del autor contrasta
con la utilización del método catequístico tradicional utilizado
durante siglos por una institución como la Iglesia que, como se ha
dicho, para entonces ya estaba en franco declive. ¿Cómo es que
un personaje vanguardista (introductor de ideas desconocidas por
ese tiempo en nuestro país) y feroz crítico del catolicismo (religión
mayoritaria entre los mexicanos de entonces y de ahora), siguió un
modelo (pregunta-respuesta) que ya se consideraba obsoleto?
Una posible explicación la encontramos en el primer
párrafo de la Cartilla, donde identifica a Jesús -el hijo de Dios
en la tierra según el cristianismo-, como el “primer socialista”
en la historia de la humanidad.23 Es curioso que un personaje
cuyo vocabulario está impregnado de términos propios de la
romantización positivista como “razón”, “ciencia”, “progreso”,
“perfeccionamiento”, “moderno”, tome como punto de partida el
argumento fundacional de lo que entonces criticó abiertamente:
el cristianismo. Debe matizarse el argumento, pues las críticas de
aquellas generaciones radicales iban hacia la institución (Iglesia)
y no hacía sus principios (dogma). Como otros pensadores de
aquel tiempo, Rhodakanaty consideraba que dicha doctrina
difundida por la Iglesia católica representaba un obstáculo para el
pleno desarrollo de los individuos y de los pueblos. La ironía está
en que como “solución” proponía otra doctrina: el socialismo. Su
justificación la expone en los siguientes términos:
23

Rhodakanaty, 45.

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Esta pequeña obra lleva también el objeto de que las clases
obrera y agrícola de México conozcan los verdaderos principios
científicos en que se funda la doctrina sociocrática de la que
tanto se habla y debate hoy en todas las naciones de ambos
continentes, pero sin ser aún comprendida en su esencia.
Empero como única recompensa a mi trabajo, la benevolencia
de mis lectores y que alguna vez el pueblo mexicano llegue a
emanciparse del terrible yugo de la plutocracia por medio de la
asociación.24

Se ha expuesto que el siglo XIX representó para México el
abandono del tipo de organización colonial e ir a la búsqueda
de nuevas formas para articular un estado nacional moderno.
En ese tránsito, los distintos grupos en pugna planteaban sus
proyectos de cómo debía constituirse el estado mexicano; de
hecho, la clase política en el poder alentó la llegada de extranjeros
-preferentemente occidentales- que pudieran contribuir a
dicho objetivo. En tal sentido, al toparnos con la propuesta de
Rhodakanaty encontramos que esos debates iban más allá de
la típica disyuntiva liberal-conservador. Aunado a lo anterior,
la postura del autor pone en evidencia el “atraso” en que se
encontraba la élite política e intelectual mexicana al desconocer
los principios de la doctrina socialista.
A diferencia de algunas de las propuestas analizadas,
lo que orienta la Cartilla es el problema del orden (más que el
de la gobernabilidad). La constante en los argumentos en este
24

Rhodakanaty, 46.

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texto es el determinismo, propio de los planteamientos de tipo
doctrinarios. Por ejemplo, el principal problema que el extranjero
ve en México -y, de hecho, en el mundo- es no contar con una
organización social adecuada. Eso lo aborda en la Lección II
y sugiere que el comportamiento del individuo lo determina
la organización social en que vive.25 A decir de este autor, los
desórdenes que el país padece en ese momento (luchas intestinas,
invasiones, estancamiento económico, fragmentación del
territorio nacional), se deben a que los individuos no cuentan con
la formación adecuada, la cual debería ser proporcionada por la
organización institucional (es decir, el Estado mexicano). Podría
decirse que, según Rhodakanaty, el individuo con una formación
adecuada (valores, normas, reglas, leyes) emanada del entorno
en que vive (organización social), haría posible una sociedad
eficiente y armónica.
El autor identifica de inmediato los principales problemas
en México: usureros, agiotistas, el clero, la aristocracia, los
“seudoliberales” que -según él- traicionaron la Reforma. Todos
habrían contribuido a la desarticulación de la sociedad mexicana.
Inspirado en las revoluciones europeas desatadas al mediar
la centuria, este enigmático personaje pretende reorganizar
(“regenerar”) a los mexicanos de la época a partir de un nuevo
contrato social. Si ahora -en un ambiente donde las democracias
liberales se han impuesto- se habla de todo tipo de derechos
25

Rhodakanaty, 48–49.

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respecto a las personas, Rhodakanaty señalaba que en el siglo
XIX había segmentos que carecían de sus derechos elementales
(trabajadores del campo u obreros, indígenas, mujeres). ¿Cómo
podría haber armonía en una sociedad que relega a sus propios
miembros? Tal era el impulso que propició la creación del tipo de
obras que tomamos como objeto de estudio.
Hacia 1862, iniciada la intervención francesa en nuestro
país, se publicó un Catecismo elemental de la historia de México.
Fue autoría de José María Roa Bárcena (1827-1908), prolífico
escritor y, como los otros personajes mencionados, se involucró
en los asuntos públicos de su tiempo. Si bien su obra es vasta, la
que corresponde a la temática literaria (básicamente poesía) es la
más abundante pues la ejerció desde su juventud hasta su madurez,
la cual apareció en varias publicaciones (revistas, folletos,
periódicos). Por su ubicación generacional (contemporáneo de
figuras como Riva, Payno y Altamirano), este personaje está
inmerso en el romanticismo. También ejerció el periodismo, en
este caso como “publicista”; es decir, debatió y polemizó con
otros personajes acerca de cómo debía gobernarse al país.
Identificar la posición política y perfil ideológico del
autor supone un primer paso para comprender los planteamientos
presentes en su Catecismo. Roa nace y se cría en una familia de
ascendencia española y que es fiel al catolicismo. A lo largo de
aquella centuria, las vicisitudes y experiencias que vive México
forjarán su visión respecto a su sentido de nacionalismo; en
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este caso, las invasiones estadounidenses primero y francesa
después, fueron para este católico por convicción -como para
aquellas generaciones de individuos activos en las arenas política
e intelectual-, un impulso para participar en la constitución del
estado mexicano. Respecto a la primera de las invasiones, sus
reflexiones quedaron plasmadas en el proyecto editorial intitulado
Recuerdos de la invasión norteamericana (1846-1848). Por lo
que toca al episodio de la invasión francesa su postura es clara:
como otras personalidades de la época (Larraínzar, Sánchez de
Tagle, Arango y Escandón) ve en la llegada del Habsburgo una
posibilidad de orden y estabilidad para el maltrecho país. Por
tanto, Roa se suma al proyecto del II Imperio y lo reconoce.
Así, queda en el bando “conservador” (cargando con todos los
adjetivos que implica: “traidor”, vendepatria”, etc.).
El citado Catecismo consta de cuatro partes: nociones
generales (aspectos que hoy podríamos ubicar como la geografía
nacional); Historia antes de los mexicas; Historia de la Colonia; e
Historia de la etapa independiente (hasta 1848). El autor justifica
el presente trabajo con su para entonces reconocida trayectoria
formativa, y comenta:
La bondad con el público se dignó a acoger mi ‘Catecismo
elemental de Geografía universal’, dado á luz hace ocho meses,
me ha servido de estímulo para emprender la formación de
otras pequeñas obras elementales que, en mi humilde concepto,
hacen en nuestro país para instrucción y educación de la niñez.
A esto se debe la aparición del “Catecismo elemental de la
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historia de México” que ofrezco hoy á los padres de familia
y á todas las personas que se consagran á las nobles tareas del
profesorado.26

Queda refrendado por parte de este personaje su compromiso con
la constitución de un México estable y armónico, en un periodo
de graves dificultades para la vida interna. Como los otros autores
abordados, Roa desde su posición toma la pluma y plasma sus
ideas para entrar de lleno al debate para responder a la pregunta
de qué tipo de país debería ser el nuestro. Es importante destacar
la mención que se hace en cuanto a la participación de los
padres de familia, como parte del proceso educativo (al menos
en los niveles elementales). Hoy vive nuestro país cambios
-como parte de una supuesta transición democrática- que se
pretenden plasmar en reformas constitucionales, entre otras, la
de educación; lo anterior ha desatado la pugna entre grupos y
facciones (sindicatos, clase política, gobernantes, medios de
comunicación, asociaciones civiles) por proteger sus intereses. A
lo anterior debe sumarse la apatía en buena parte de los padres de
familia, pues da la impresión que ven a la escuela como una forma
de desentenderse de sus hijos por un rato. En contraste, para este
ilustrado los padres de familia eran parte medular del proceso; es
decir, la educación de los menores no se quedaba en el aula con
la relación maestro-alumno, en ella también debían involucrarse
José María Roa Bárcena, Catecismo elemental de historia de México (México: Instituto Nacional de Bellas Artes; Secretaría de Educación Pública; Instituto
Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1986), 3.

26

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otros entornos como el familiar. Se trata, por tanto, de un trabajo
dirigido a un grupo específico: estudiantes de “primaria superior”
(lo que hoy llamamos secundaria).
En las primeras páginas del texto se habla del territorio,
los climas y de los grupos étnicos (les llama “razas”) que habitan
el territorio nacional. Este último punto llama la atención, ya
que reconoce que la población mexicana a inicios de la segunda
mitad del siglo XIX representa un mosaico de diversos grupos
(“indígena pura”, “blanca criolla”, “mezclada”, “estranjeros”).27
No es un dato menor, si recordamos su posición como conservador
en un momento de polarización política con eventos como la
guerra de Reforma, la Intervención francesa y el II Imperio.
Actualmente, nuestro país pretende esforzarse por ser reconocido
como democrático y liberal, lo cual supone, entre otras cosas, el
reconocimiento de derechos de los múltiples grupos y segmentos
que lo conforman. Pese a lo anterior, aun ahora existen sectores
de la población (por ejemplo, los mexicanos de origen africano),
que ni siquiera tiene un reconocimiento al momento de hacerse
los censos de población cada cinco años.
Otro aspecto vinculado con su posición político-ideológica
se muestra en su visión de la historia nacional de aquella
centuria; es decir, al abordar mediante el esquema de preguntas
y respuestas la etapa independiente de nuestro país, se detiene
Roa Bárcena, 18. Por “mezclada”, hace referencia a la variedad de cruces
entre grupos étnicos (indígenas, africanos, caucásicos, asiáticos, mulatos, etc.).
27

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al término de la invasión del ejército estadounidense. Como
Lucas Alamán -otro connotado “conservador”- en su Historia de
Méjico, Roa percibe en ese momento un punto de quiebre, quizá
el más apremiante desde que se consumó la Independencia. En
el lapso, el Catecismo expone los presidentes que comandaron
la nación (G. Victoria, V, Guerrero, J. M. Bocanegra, P. Vélez,
L. Quintanar, L. Alamán, A. Bustamante, A. López de SantaAnna, V. Gómez Farías), como signo de inestabilidad de la patria
emancipada pero que parece no decidirse a nacer.28 Vendrá otra
invasión -la cual ocurre mientras circula el librito-, pero la postura
de este autor será la de ver el acontecimiento como el inicio de
una nueva etapa, aparentemente próspera y llena de posibilidades
para los mexicanos. La propuesta de Roa apela a la máxima -muy
difundida entonces entre los historiadores- que debe aprenderse
del pasado, lo cual para él resulta crucial tomarla en cuenta pues
está en juego la constitución del Estado nacional.
Apenas superada la guerra de Reforma que involucró a
liberales y conservadores en busca de imponerse con un proyecto
nacional, vio la luz el Catecismo político constitucional escrito por
Nicolás Pizarro (1830-1895) y cuya primera edición corresponde
al año de 1861.29 Como otros hombres públicos de entonces
Roa Bárcena, 234.
Según E. Roldán, hacia 1851 se habría publicado un Catecismo político
del pueblo que atribuye a Pizarro (que la autora reconoce no haber localizado),
y advierte que es distinto a la obra que ahora indicamos. Ver: Roldán, The
making of citizens: an analysis of political catechisms in nineteenth-century
Mexico [Master of Arts Dissertation], Appendice IV.
28
29

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activos política e intelectualmente, Pizarro entró en el debate
que generaban los problemas nacionales a través de la escritura e
inmerso en el romanticismo que en nuestro país estaba en plena
renovación. Por ejemplo, en sus novelas El monedero y La coqueta
-publicadas en ese mismo año-, ya muestra una preocupación,
implícita si se quiere, por el devenir nacional; de tal manera que
la genuina empatía con los indígenas, la crítica al clero -que no a
la Iglesia-, su distancia respecto a los conservadores, una peculiar
-podría decirse patológica- animadversión hacia Estados Unidos
y la denuncia de un país hundido en la anarquía desembocan en
una aspiración utópica donde los individuos deberían vivir en una
sociedad de tipo cooperativista.30
En tal sentido, la novela mexicana a lo largo del siglo
XIX tuvo una función social que rebasó el mero entretenimiento
de un posible sector de lectores, pues aquellas generaciones de
escritores románticos entendieron y ejercieron su oficio de una
forma estratégica. Lo anterior supuso contar historias en donde
se presentaran personajes y se recrearan situaciones encaminadas
a representar una idea de sociedad liberal que consideraban
Tras la disolución del orden colonial, hubo quienes vieron en la nueva nación un espacio con condiciones idóneas para promover proyectos cuyo objetivo era configurar una sociedad distinta. Se mencionó a Rhodakanaty con una
propuesta desde el socialismo. Otro fue el de Benjamin Lundy (1789-1839),
cuáquero estadounidense que también estuvo en México con un proyecto desde el mutualismo. Para este último, ver: Javier Villarreal Lozano, ed., Tiempos
de tormenta. La vida en Monclova, Coahuila; Ciudad Victoria y Matamoros,
Tamaulipas, 1833-1834 / Diario de Bejamin Lundy (México: Universidad Autónoma de Coahuila; Plaza y Valdés, 2011), 33–40.
30

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apropiada y necesaria para el México de esos años. Así, la
propuesta literaria de Pizarro está en consonancia con otras
novelas de la segunda mitad de aquella centuria como La navidad
en las montañas [1871] de I. Altamirano o Los bandidos del río
frío [1889-91] de M. Payno.31
La preocupación presente en la propuesta citada se vuelve
explícita en el mencionado Catecismo. La primera edición corrió
a cargo de la Imprenta N. Chávez y estaba compuesta de 72
páginas. A diferencia de las novelas referidas, el éxito de este
libro fue tal que tuvo el respaldo institucional al ser contemplado
por la clase gobernante y sus políticas educativas implementadas
entonces, por lo que se le designó texto obligatorio en las escuelas
públicas. El principal mérito que se le reconoció a este trabajo
de Pizarro fue la forma sencilla y clara en la que mostraba los
principales puntos de la Constitución de 1857, lo que se consideró
ideal para transmitir los preceptos liberales plasmados en dicho
documento. La obra alcanzó una quinta edición hacia 1887, lo que
en nuestro recorrido representa el cierre de lo que identificamos
como la tradición mexicana de catecismos cívicos. Lo anterior
Elías José Palti, La invención de una legitimidad. Razón y retórica en el
pensamiento mexicano del siglo XIX (Un estudio sobre las formas del discurso político) (México, DF: Fondo de Cultura Económica, 2005), 409. Aquí se
hace una ponderación para vincular “novela y nación” en la segunda mitad de
aquella centuria, para lo cual toma como referente la obra de Ignacio Manuel
Altamirano y apunta: En México…, a la novela le tocaba asumir una misión
bien concreta: la de definir modelos sociales de conducta tendientes a restablecer los sistemas de autoridades naturales que el derrumbe del viejo orden
y medio siglo de guerras civiles habían trastocado.
31

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supuso contemplar al texto como un instrumento en momentos en
que las distintas facciones liberales se fueron imponiendo. Valga
un último comentario respecto a la preocupación de este autor
por incidir de manera formativa en un potencial público lector
como la niñez: en este caso, con la redacción de unas Leyendas y
fábulas para los niños editado hacia 1872.
De vuelta al Catecismo, lo componen dos grandes
segmentos (o títulos como los nombra el autor): uno dedicado
a la constitución política y otro a las formas de gobierno. A su
vez, cada título lo desglosa en secciones (6 en el primero y 4
en el segundo). Las primeras 6 secciones tratan acerca de los
derechos (del hombre, los individuales, las garantías, de la
propiedad), mientras que las restantes 4 presentan los preceptos
constitucionales (federación, división de poderes, estados de la
federación, leyes de reforma).
Al igual que los otros trabajos aludidos, el de Pizarro
trata de responder a la pregunta cómo constituir un estado y cuál
debe ser la forma más óptima de gobernar. Para justificar sus
reflexiones, el autor refiere a los procesos históricos que el país
había padecido hasta entonces:
México, que ha sufrido como otros pueblos, pero con singular
dureza, la tiranía de los extraños y el despotismo de sus
propios hijos, ha luchado casi sin tregua por más de medio
siglo, primero, para conquistar su Independencia, y después
por asegurar su libertad. En vano se ha proclamado ésta en
varias épocas, porque se han dejado vivos algunos de los
injustificables abusos, que ahora todo mundo conoce que
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nunca debieron permitirse, y por eso es llegada ya la ocasión de
asegurar los verdaderos, generales é imprescriptibles derechos
de todo hombre, y los del ciudadano, y de establecer la manera
con que ha de regirse nuestra nación, para que no volvamos
á las desgraciadas épocas en que había esclavos, inquisición
y rey, ó en que el gefe de algunos miles de soldados disponía
á su antojo de nuestra suerte, sino al contrario, para que se
establezca en imperio de la justicia y el goze de la libertad bien
entendida. Tal ha sido el objeto primordial que se ha propuesta
nuestro representantes al formar la Constitución de 1857.32

Como liberal, nuestro personaje ve en la Constitución de
1857 el gran referente, el punto de partida para la existencia y
constitución del Estado mexicano bajo una forma de gobierno
apropiada (esto es, una República Federal). Por tanto, no sorprende
que el autor llegue a una conclusión radical: renegar del pasado
novohispano, de sus tradiciones y de su organización política.33
Según él, arrastrar con todo eso habría sido el impedimento para
Nicolás Pizarro, Catecismo político constitucional (Monterrey: Imprenta
de Gobierno, a cargo de Viviano Flores, 1861), 6.
33
El argumento está en consonancia con posturas de otros personajes de la
época. Es el caso de Ignacio Ramírez en un escrito intitulado “La desespañolización”. En este trabajo, publicado por vez primera en 1865 en La Estrella
de Occidente de Ures y donde entró en polémica con el polígrafo español
Emilio Castelar, “El Nigromante” inicia su planteamiento así: ¡Mueran los
gachupines! Fue el primer grito de mi patria: y en esta fórmula terrible se
encuentra la desepañolización de México. ¿Hay algún mexicano que no haya
preferido en su vida esas palabras sacramentales? Yo, uno de los más culpados, debo al señor Castelar, a quien admiro, una explicación razonada, sobre
por qué, en unión de mis conciudadanos, reniego de la nación que, creyendo
descubrir en la frente de Colón un camino seguro para robar a los portugueses
las Indias orientales, tropezó con nosotros, y desde entonces se ha complacido
en devorarnos.
32

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que México pudiera constituirse como una sociedad justa a partir
de criterios universales (es decir, liberales y republicanos).34
En esa línea argumentativa, nuestro personaje -como otros
ya analizados- apela a los derechos del hombre (libre ejercicio de
las facultades naturales del individuo) que entiende como la base
de la democracia. De tal manera que expresar ideas, transitar en y
más allá de los límites del territorio nacional, tolerancia religiosa
y política, hasta considerar el derecho a portar armas que no estén
prohibidas por la ley. Al propio tiempo, destaca los deberes de todo
individuo: a Dios, a la patria, a la familia, a nuestros semejantes
y a sí mismo.35 En este aspecto, llama la atención que un
personaje de ideología liberal al tanto de las premisas consideradas
vanguardistas, señale que el primer deber sea con Dios. Si bien
los liberales de la época en su mayoría pretendieron imponer una
sociedad secular y laica, en el fondo comprendían que el catolicismo
-herencia de la tradición novohispana- era un factor de unidad entre
los mexicanos que entonces se encontraban inmersos en múltiples
incompatibilidades que parecían irreconciliables. En Pizarro, como
Liberales radicales como el mencionado Ramírez y el propio Pizarro, en su
extremismo, le negaron algún valor al periodo colonial (por ejemplo, el catolicismo y la respectiva cultura cívica -costumbres, hábitos, imaginario político,
sentido de pertenencia- que gestó y promovió entre los novohispanos, la cual
permaneció incluso mucho tiempo después de la Independencia). En esta línea
argumentativa, valdría la pena preguntarnos qué tanto de esa cultura cívica católica aun define muchas de nuestras actitudes. Ver: Brian Connaughton, Entre
la voz de Dios y el llamado de la patria (México, DF: Universidad Autónoma
Metropolitana - Iztapalapa; Fondo de Cultura Económica, 2010), 99–149.
35
Pizarro, Catecismo político constitucional, 32.
34

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en otros personajes, está presente cierto pragmatismo en cuanto a la
solución de los problemas más apremiantes.
Por otra parte, la propuesta de gobierno del autor empieza
por el concepto de soberanía. La explicación sobre la soberanía
tiene cierta dosis organicista, ya que ésta debe existir primero en
el individuo, después en la familia, enseguida en el municipio,
para pasar al estado o provincia, y por último a la nación.36 Sin
soberanía -dice este personaje-, no hay independencia.
Con soberanía, un estado puede organizarse en una
forma de gobierno que -a juicio de Pizarro-, “el mejor” es el
“federativo” (reunión de varios Estados sujetos a las mismas leyes
fundamentales).37 Además, acorde a los preceptos que definen al
modelo universal de república, en este texto se aboga por la división
de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial). Para ese tiempo se
encuentra viva la disputa entre liberales y conservadores, y el
consecuente debate sobre una monarquía o una república; de hecho,
después de la publicación del Catecismo, se iniciará la intervención
francesa y la posterior instauración del II Imperio. El desenlace
histórico de 1867 -que supuso la victoria liberal-, acabó por otorgarle
-por algún tiempo- un estatus casi canónico a la propuesta cívica
de Pizarro, al promover ciertos valores republicanos considerados
indispensables para el establecimiento del Estado mexicano.
La preocupación por hacer de la sociedad mexicana una
de cariz moderno y armónico acompañó a este personaje el resto
36
37

Pizarro, 35.
Pizarro, 42.

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de su vida. En 1868, apenas restaurada la República y cuando
todavía circula y se lee el citado escrito cívico editado hacia
algunos años, Pizarro presentó un Catecismo de moral. En este
tratado de 224 páginas, el autor sigue la línea trazada por otros
autores (Diez de Bonilla, Carreño) y aborda algunos aspectos
(familia, educación, trabajo, virtudes, conciencia) que considera
cruciales para una convivencia socialmente aceptable.
Consideraciones finales
En lo que corresponde al contenido de los artefactos literarios
analizados, el concepto ciudadanía es el que justifica dichas
propuestas. Durante el siglo XIX, los preceptos liberales vigentes
y promovidos por los grupos política e intelectualmente activos
estaban orientados a un sentido de ciudadano, cuyo propósito
era “uniformizar” a los mexicanos. Lo anterior como parte
fundamental del proyecto de constituir un Estado nacional.
La construcción de dicho Estado en México implicó romper
con la herencia y tradición coloniales, lo que a su vez demandó
apelar a nuevos principios de legitimidad (señaladamente liberales
y republicanos). Tales principios supusieron ciertos cambios
que a lo largo del siglo XIX definieron a la sociedad mexicana,
siendo uno de ellos los mecanismos para el ascenso social. Desde
ese aspecto, los autores aludidos con su preparación, trayectoria
intelectual y reconocimiento a nivel nacional son muestra de que
se constituía una nueva clase: la élite ilustrada que ejercía alguna
profesión liberal.
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En una sociedad mexicana como la de entonces (población
mayoritariamente indígena, un alto índice de analfabetismo, un
acceso a la educación selectivo, diferencias étnicas, sociales,
económicas, políticas, etc.), cabe reiterar la intensa actividad
intelectual y editorial que a lo largo de esa centuria se desarrolló
de forma constante a pesar de tener todo en contra (gobiernos
débiles, crisis económicas, guerras civiles, invasiones, falta de
recursos y un largo etcétera).
Como se mostró, conforme se acercó el fin de la centuria
el uso y circulación de los catecismos cívicos vino a menos. La
fórmula pregunta-respuesta paulatinamente quedó obsoleta y
acabó siendo reemplazada por otros métodos. Ciertas condiciones
incidieron en ello, como la adopción de nuevas estrategias de
enseñanza basadas en tendencias de pensamiento consideradas
más analíticas (en este caso, el positivismo que durante el
Porfiriato se convirtió en la ideología del régimen).
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Historia de la educación en la Ciudad de México, editado
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�Fuentes para la historia de la industria escobera
regiomontana: el acervo documental del archivo
histórico del municipio de Cadereyta Jiménez
José Manuel Hernández Zamora
Archivo Municipal de Cadereyta Jiménez
Cadereyta Jiménez, México
orcid.org/0000-0002-1039-1610

Recibido: 22 de agosto de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

En algunos pueblos escribir la historia de un oficio o de una
industria en particular es describir la historia misma de la
comunidad. Este supuesto aplica para el último siglo de vida
del municipio de Cadereyta Jiménez, Nuevo León. La historia
fabril de la producción escobera se encuentra íntimamente
relacionada con el desarrollo municipal. No podría entenderse
la memoria local sin una reflexión sobre la misma. Su fundador,
Eugenio Serrano, estuvo relacionado con los industriales de
Monterrey, por lo que la fábrica de escobas puede considerarse
periférica o como parte del movimiento industrial generado en
esas décadas.
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�Manuel Hernández

El objeto de la presente nota es ofrecer un panorama
general de la documentación que resguarda el archivo histórico
municipal de Cadereyta Jiménez [AHMCJ] y las posibilidades
que ofrece para el estudio de la industria regiomontana,
específicamente para la industria escobera que se ha desarrollado
en el área metropolitana. Asimismo, es una invitación para
explorar los archivos de tipo municipal, que no solo ofrecen
información local, sino que también se pueden utilizar para
estudios regionales; por ejemplo, para estudiar el impacto y
los resultados de la implementación de un programa o política
pública; para analizar las redes empresariales y/o comerciales y
su relación con centros industriales de menor relevancia; o para
estudiarlos como proveedores de materia prima.
Cadereyta Jiménez es un municipio fundado en el
siglo XVII sobre una extensa llanura irrigada por corrientes
de riachuelos de corriente semipermanente. Algo atípico para
el ecosistema predominante en el norte del país. Su economía
estuvo vinculada al sector agropecuario. En un primer periodo,
que va desde su fundación a la segunda mitad del siglo XVIII,
se caracterizó por una fuerte presencia ganadera (sobre todo de
ganado menor), y luego transitó a las actividades agrícolas. Se
puede ubicar esta etapa predominantemente en el siglo XIX, cuya
base fue la producción de caña de azúcar, maíz y frijol.
A partir de 1890, con la inauguración del ferrocarril
Monterrey al Golfo de México, la dinámica comercial de las
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�Fuentes para la historia

poblaciones agropecuarias de la región empezó a cambiar. Fue en
ese momento que se fundó la primera fábrica de escobas en 1892,
con lo que se inició la diversificación económica del municipio y se
incentivó a otros comerciantes a incursionar en el área fabril. Este
fenómeno detonado por la llegada del sistema ferroviario también
estuvo ligado a la tendencia de industrialización de Monterrey.
La importancia de este ramo industrial puede justificarse en
tres factores: la historicidad de la industria; la cantidad de fábricas
y empleados; y por último, la identidad construida alrededor del
sector. Comprender el papel de un centro de trabajo y su impacto
en la comunidad es entender, hasta cierto grado, las dinámicas
sociales, políticas y culturales de la región, de allí la importancia
de estudiar los sistemas microeconómicos o microregionales. Tal
es el caso de la industria escobera en la esfera local.
En efecto, alrededor de la industria escobera se constituyó
un grupo empresarial suficientemente fuerte que fue un contrapeso
del grupo político municipal. Esta dinámica se mantuvo hasta
la década de 1980 cuando el sector petrolero se afianzó en el
municipio. De igual forma, su importancia se ve reflejada en las
acciones sociales y culturales, siendo las fábricas de este ramo
industrial las que gozan de mejor imagen laboral. Desde 1892,
cuando se fundó la fábrica La Aldeana hasta la actualidad, el
ramo escobero no ha parado de producir, por lo que le ha dado
un lugar privilegiado entre la industria del área metropolitana de
Monterrey, de allí su importancia de estudio.
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Las fuentes
Las fuentes para el estudio de la industria escobera se pueden dividir
en tres áreas: archivos históricos, hemerografía y memoria oral.
Para atender la parte histórica, la riqueza documental resguardada
en el archivo histórico es fundamental; por su parte, la hemerografía
es una fuente que puede emplearse para búsqueda de información
histórica y contemporánea. A las anteriores fuentes, se agrega la
oralidad, la cual es una riquísima fuente para comprender la vida
cotidiana, cultural e ideológica en torno a la industria escobera.
a. El archivo histórico municipal
El archivo histórico de Cadereyta Jiménez resguarda un vasto
acervo cuya documentación más antigua data de 1701. La
última transferencia secundaria se realizó a finales del 2001, por
lo que se conserva documentación hasta esa fecha. En cuanto a
documentación del tipo económico registrada entre el siglo XVIII
y el XIX, se conservan libros de cuentas, impuestos (alcabalas),
recibos, cortes de caja, pagarés, presupuestos, inventarios,
informes, facturas, glosas y correspondencia. Todos ellos con rica
información del devenir fiscal del municipio y de la región citrícola.
En cuanto a la industria escobera, el archivo de Cadereyta
es la fuente de información histórica más importante para su
estudio, a nivel local, regional, y muy probablemente a nivel
nacional. Se encuentra resguardado en las instalaciones del Centro
Cultural Cadereyta y cuenta con una guía general que permite
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�Fuentes para la historia

localizar de forma más rápida la información. Casi el 90% de la
documentación del acervo se encuentra clasificada y descrita por
lo que su orden y accesibilidad son de buena calidad.
Otro punto a favor de este acervo, es que cerca del 80%
del archivo está digitalizado en formato PDF y JPG, albergado
en una base de datos local, con un buscador de fácil acceso y
manejo. De los temas que pueden investigarse se encuentran la
vida empresarial local y su vínculo con la industria regiomontana;
de forma particular, se conservan documentos sobre la familia
Serrano, pioneros de la industria. De igual forma, se puede indagar
sobre otros empresarios y familias que mantuvieron o mantienen
en funcionamiento talleres y empresas del ramo.
Asimismo, subsisten documentos sobre la cuestión fiscal en
la serie de impuestos; sobre sus trabajadores en las series sindicatos
y Junta de conciliación y arbitraje; y en las series correspondencia
y oficios, donde se dan las comunicaciones oficiales del ejecutivo
municipal y las dependencias a su cargo, también se cuenta con
información referente a esa industria. Cabe mencionar que no
existe un fondo determinado para la industria escobera, lo que se
conserva es documentación producida por la institución o bien
acuses de procesos llevados a cabo en otras instancias.
b. Las publicaciones periódicas
Otra de las fuentes es la hemerografía local y regional. A pesar
de que los periódicos constituyen una fuente muy rica de
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información para los investigadores y para la memoria de los
pueblos, no hay políticas públicas a nivel estatal que garanticen su
conservación. Debido a lo anterior, las publicaciones semanales
y periódicos de circulación municipal se han perdido con el
paso del tiempo. Algunos periódicos fueron de corta duración,
como el denominado “La Espiga”, nombre que está íntimamente
relacionado con la industria local. En el archivo histórico solo se
resguardan algunos recortes de estos impresos locales, por lo que
esta fuente de información es bastante pobre.
A lo anterior, se debe agregar el importante diario “El
Porvenir”, que cuenta con una base digital de gran calidad, en la que
se encuentran referencias acerca de la industria, como participación
en las ferias regionales, nacionales e internacionales; anuncios de
los productos y otros datos relacionados con los propietarios de las
fábricas, actividades deportivas y aportaciones a causas sociales.
De igual forma, se encuentra el Periódico Oficial del Estado de
Nuevo León, donde se registran datos de permisos, solicitudes y
otros asuntos relacionados con los empresarios escoberos. Para la
parte contemporánea, se pueden consultar diarios metropolitanos,
así como periódicos locales, entre ellos el Periódico Lo Nuestro y
La Última Palabra, disponibles en el archivo.
c. La memoria oral
La historia oral da la posibilidad de concurrir en la metodología
de la historia reciente y explorar la forma en que este tipo de
industria ha logrado establecerse en otros municipios del área
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�Fuentes para la historia

metropolitana. De entrada, la documentación del archivo y
algunas publicaciones de difusión han demostrado que estados
como Tamaulipas, Durango, San Luis Potosí y Oaxaca, desde
la década de 1930, empezaron a solicitar maquinaria para
fabricar escobas. Inclusive, hay correspondencia de países
centroamericanos donde solicitan información al alcalde acerca
de la industria.
De igual forma, la memoria oral nos permite conocer
las historias íntimas de los talleres, de esos espacios de trabajo
que no producen documentación y que pasan generalmente
desapercibidos en los macroprocesos económicos. Inclusive,
nos permite hacer una historia cotidiana de los establecimientos
fabriles y del entramado de relaciones familiares, típicas de la
industria regiomontana, así como de los problemas familiares en
las sucesiones de mando en las fábricas y empresas.
***
La industria y su patrimonio son parte de una temática historiográfica
muy actual, así como de la historia económica, cuya vigencia
se ha fortalecido con los estudios interdisciplinarios. En ese
sentido, la historia de los procesos de industrialización de México
conserva la relevancia en los seminarios y cuerpos académicos
de diversas instituciones del país. De allí la importancia de abrir
nuevos espacios de fuentes documentales que coadyuven en los
análisis de los procesos regionales, nacionales y sus vínculos con
los macroprocesos.
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�Manuel Hernández

Es el caso de la industria escobera del municipio de
Cadereyta Jiménez. Su presencia y relevancia en la historiografía
regional es el resultado de recurrir a los archivos municipales y
no solo a los acervos generales. Lo anterior arroja como resultado
una visión más amplia de los alcances e importancia del proceso
de industrialización de Monterrey, en particular del ramo
escobero, que se abrió paso en la periferia de la industria pesada
y se mantiene vigente en el municipio.
La variada y rica documentación que se conserva en los
archivos históricos municipales ampliará los planteamientos de
investigación, de igual forma las temáticas historiográficas. Su
inclusión y visibilidad como fuentes documentales repercutirá en
la modernización y en la aceleración de los trabajos de archivística
que ya se desarrollan en varias de estas instituciones. En fin, como
se puede observar, la historia económica y el estudio de procesos
industriales tienen una tarea pendiente con las fuentes de carácter
municipal.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-62

455

�Cautivos neoloneses, por los nómadas ecuestres, en los
expedientes de la Comisión Pesquisidora de la Frontera
Norte. Fondos del Archivo Histórico “Genaro Estrada”,
de la Secretaría de Relaciones Exteriores, México
José Eugenio Lazo Freymann
Universidad Nacional Autónoma de México
Coyoacán, México
orcid.org/0000-0003-2199-8044

Recibido: 11 de diciembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Cuando se abordan las dinámicas, relaciones, sociabilidad o
influencia de los nómadas ecuestres en el noreste histórico
mexicano, se tiene múltiples niveles institucionales, en que
pueden leerse los elementos estratégicos para que se plantearan
y llevaran las campañas de exterminio o el abastecimiento
de las comunidades norteñas, o a nivel del terreno, en que se
recogen las declaraciones de vecinas y vecinos por la entrada
furtiva de apaches, comanches, kiowas, seminolas, kikapúes,
etc. Para la documentación mexicana que pervive, que podemos
dimensionarla en las escalas municipal, estatal y federal, se tiene
por base el miedo y necesidad, expondrían ellos, en acabar con
esos enemigos de la humanidad.
456
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-77

�Eugenio Lazo

Si bien este conflicto entre los salvajes y vecinos del
noreste mexicano se puede rastrear entre la segunda mitad del
siglo XVIII y las últimas décadas del siglo XIX, hay un periodo
que tiene una riqueza documental que no se encuentra en décadas
pretéritas o posteriores, siendo el de 1848 a 1873.
Con el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), en el que
Estados Unidos impuso sus condiciones para finalizar la guerra
con México, el artículo XI planteó la necesidad de una nueva
cooperación desde lo local e internacional, entre ambas naciones,
para frenar las incursiones y afectaciones de los bárbaros. Para el
año de 1853, cuando se propone la compra de La Mesilla, Estados
Unidos se encontraba inmerso en una agresiva campaña militar
de exterminio o de reservas indias, que no mostraba resultados
decisivos: el cruce de los nómadas ecuestres, a través del río
Bravo, la Sierra Madre Occidental o el desierto de Sonora se
seguía dando. Los EEUU exponen que es imposible (fiscalmente)
el seguir manteniendo ese ritmo y se decidió, en una treta legal,
que no hay una responsabilidad directa en pagar los daños
causados en México. Ese periodo es turbulento internamente para
ambas naciones, pero las razzias se seguían dando en la frontera.
No será hasta el año de 1872, cuando en México, el Ejecutivo
de la Unión, decide plantear un ambicioso proyecto para saber
qué ha pasado en la frontera, específicamente en Coahuila, Nuevo
León y Tamaulipas. El 30 de septiembre de 1872, en la ciudad
de Monterrey (Nuevo León), se instala la Comisión Pesquisidora
de la Frontera Norte.1 El objetivo es recopilar declaraciones
1

Informe de la Comisión Pesquisidora de la Frontera Norte (México: Im-

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�Cautivos neoloneses

juradas e informes de los archivos estatales y municipales entre
1848 a 1873, sobre los ataques, robos, asesinatos o toma de
cautivos hechos por los nómadas ecuestres. La labor que se hizo
en su momento -maratónica para los ayudantes que recopilaron,
ordenaron, clasificaron y transcribieron en su totalidad los
documentos relacionados con el tema- quedó resguardada en 6
libros2 con los informes y un séptimo3 en donde se presentan los
prenta de Ignacio Cumplido, 1873), 3.
2
Los libros son “Cuaderno 1, 2 y 3. Contiene las invasiones de indios avecindados en los EEUU, en los Estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila
desde 1848 hasta 1873”, (L-E-1589); “Expedientes 1, 2, 4 y 5. Sobre robo de
ganado en Texas y de caballada en México, sobre situación de los ranchos
en ambos márgenes del Río Grande, sus pasos y distancias entre sí, y sobre
depredaciones de los ranchos texanos en los robos de ganado que se quejan”,
(L-E-1590); “Cuaderno no. 1. Comprobante de las incursiones de indios en el
Estado de Nuevo León, de 1848 a 1873”, (L-E-159); “Cuaderno no. 2. Comprobantes de las pérdidas sufridas por incursiones de indios en los pueblos de
Nuevo León que se expresan”, (L-E-1592); “Cuaderno no. 1. Comprobantes
de las depredaciones cometidas, en los pueblos del Norte de Coahuila, por
indios residentes en los EEUU”, (L-E-1594); y “Cuaderno no. 6. Sobre acción
de las autoridades mexicanas en el robo de ganado; invasiones de filibusteros
texanos; atentados de CC americanos para defraudación de derechos; ladrones
americanos en México, y sobre el estado general de las relaciones de ambas
fronteras”, (L-E-1595).
3
El último libro, a diferencia de los anteriores, no cuenta con un etiquetado
original en su portada, pero una pegatina en su guarda anterior, nos revela que
el texto fue restaurado en 1993 y me tengo que limitar al “asunto” mecanografiado en sus primeras páginas, para darle nombre al libro. “Asunto: Comisión Pesquisidora de la frontera norte, encargada de estudiar las reclamaciones
por las invasiones de los indios bárbaros de los Estados Unidos de América.
Informe de los trabajos realizados por esta Comisión, a cargo de los señores
Ignacio Galindo, Antonio García Carrillo y Francisco Valdés. Anexo mapas e
impresos, 336 ff”, (L-E-1597).
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�Eugenio Lazo

resultados. Posteriormente fue editado un libro, con el informe en
un sentido general. Estas averiguaciones, que fueron planteadas
por el Ministerio de Relaciones Exteriores, buscaron presentar
una reclamación formal a EEUU para hacerse cargo de los
daños. Más allá de los resultados diplomáticos del momento, el
fondo documental lo heredó la actual Secretaría de Relaciones
Exteriores, en su Archivo Histórico “Genaro Estrada”. Este
archivo se encuentra en la Av. Ricardo Flores Magón Núm. 2,
Nivel Basamento, ala “A”, Col. Guerrero, Alcaldía Cuauhtémoc,
en la Ciudad de México. Es necesario solicitar una cita, vía correo
electrónico o teléfono, para poder hacer consulta de sus fondos.
Si se desea abordar la problemática de las correrías indias,
este fondo nos ofrece una ventana documental que no se tiene en las
décadas anteriores o posteriores. ¿Motivo? Los archivos municipales
y estatales, con el paso del tiempo, ya sea por malos manejos,
degradación natural u “otras” razones, han perdido mucha de esta
valiosa información. En el caso específico de Nuevo León, en el
primer libro que se tiene, donde se hacen las denuncias, se cuenta
con 623 fojas, con una clara descripción de lo que fue alertado,
denunciado o temido de los salvajes: avistamientos, patrullajes
vecinales, reportes de campaña de fuerzas estatales, hallazgos de
asesinados o toma de cautivos, denuncias de robos, etc.
En los reportes que envían los ayuntamientos, en cordillera
violenta, hacia la capital del Estado, es una constante encontrar,
en la parte final, el apunte de “[…] estoy dictando las providencias
oportunas con el objeto de salvar la vida de los que habitan los
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�Cautivos neoloneses

campos y si dable es, castigar al enemigo”.4 Con la generalizada
pobreza material para armar a los vecinos, o mínimo darles buena
remuda, en ocasiones se limitan con “echar de la jurisdicción” a
los bárbaros. Ya será problema de otro ayuntamiento o del Estado.
Para el caso que deseo exponer, la toma de cautivos, la
puedo explicar, de forma sucinta, cuando los nómadas ecuestres
capturaban a mujeres o infantes, con el fin de venderlos como
esclavos, la reproducción biológica o cultural, la búsqueda de
rescate, etc. Una práctica común, pero que nunca alcanzó los
números del robo de équidos.
Para entender los cruces, circulación y huida de los
nómadas ecuestres en Nuevo León, hay una firme relación de
la geografía física que configura sus correrías. El estado puede
ser dividido en dos grandes porciones, condicionada por la
Gran Sierra Plegada, subprovincia de la Sierra Madre Oriental.
Este sistema montañoso, que dificulta o imposibilita el tránsito
humano, creó rutas muy bien marcadas.
Con esto, encuentro una relación de secuestros de
habitantes, en que al norte de la sierra hay 62 casos de reporte de
cautivos (asociados con asesinatos y robos) y al sur, un solo caso,
esto dentro de la temporalidad que planteo. Del total de casos,
dimensionando por meses y años, la relación sería la siguiente:
Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE, México). Archivo Histórico
“Genaro Estrada”. Acervo Histórico Diplomático. Comisión Pesquisidora de
la Frontera Norte. L-E-1591. f. 91.1
4

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Gráfico 1.
Reportes municiaples de cautivos, 1848-1869

Fuente: elaboración propia con información de la SER, México.
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�Cautivos neoloneses

Los datos, presentados por municipio:
Gráfico 2.
Reportes por municipio, 1848-1869

Fuente: elaboración propia con información de la SER, México
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De los diversos casos que se reportaron en la temporalidad
planteada, la mayor parte presentó una respuesta armada del
ayuntamiento. Esto es, que por aviso de algún vecino, que vio el
tránsito de los nómadas ecuestres, o sufrió su ataque, o encontró
evidencias tales como huellas, alguien muerto o robo, se organizó
una batida de vecinos para perseguir y “castigar” a los bárbaros.
De esto, los resultados son muy variados, existiendo momentos
como, en enero de 1849, cuando Antonio Jaymes encontró a un
joven de 16 años que “[…] en su perspectiva no manifiesta ser
cristiano, conserva aún nuestro idioma medianamente”,5 y que
aseguraba tener más de 10 años que fue tomado por cautivo.
Gracias a una persona que entendía el idioma comanche, se supo
su origen. Del interrogatorio que siguió, se pueden entender ciertas
representaciones y prácticas de ellos. Otros casos, como cuando
una partida de salvajes atacaron un rancho en Mina, asesinan a
dos hombres y toman cautivas a una mujer y una niña de 2 años.
La niña es encontrada asesinada más adelante, la madre consigue
huir, pero es herida de 5 jarazos.6
Haciendo un balance de todos los casos graficados
anteriormente, el número de personas secuestradas son 86, dándose
el caso del rescate de 2 que son dos antiguos cautivos, adoptados
por los nómadas ecuestres, y que se desconoce su origen (uno es
SRE, México. Archivo Histórico “Genaro Estrada”. Acervo Histórico Diplomático. Comisión Pesquisidora de la Frontera Norte. L-E-1591. f. 104.1
6
SRE, México. Archivo Histórico “Genaro Estrada”. Acervo Histórico Diplomático. Comisión Pesquisidora de la Frontera Norte. L-E-1591. ff. 265.1-2.
5

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�Cautivos neoloneses

el joven mencionado anteriormente y otro un joven, que por las
evidencias de cómo tenía afeitada la cabeza, creen que pudo ser
de los seminolas).7 De estas 86 personas, 8 son mujeres, que las
categorías que se dieron en los reportes son de mujeres, doncellas
o niñas. El resto son jóvenes. Todos los hombres, que podrían
presentar mediana resistencia, son asesinados o puestos en fuga. De
estos 86 casos, apenas y 7 son rescatados por los vecinos. De esos
79 restantes, 3 fueron encontrados asesinados. Un caso en particular
es el presentado en agosto de 1859, en Bustamante, cuando los
indios atacaron una fábrica de vino mezcal, en donde hieren de
gravedad a un joven de 13 años y se llevan cautivo a su hermano de
10. Se organizaron 30 vecinos para batir a los nómadas ecuestres,
pero lo único que encontraron fue el cuerpo del mayordomo de la
fábrica que fue muerto por jaras, lanzas y su cabeza machacada.8
Tras largas exploraciones, no consiguen dar alcance a los salvajes.
En los 76 casos de secuestrados, desconozco si hubo
algún tratado o rescate en otro estado mexicano o si en Estados
Unidos se dio un intercambio y fueron introducidos en la sociedad
estadounidense. Mientras que en Nuevo León, la prensa y archivos
de la época no hablaron del regreso pagado o por rescate de algún
cautivo.
SRE, México. Archivo Histórico “Genaro Estrada”. Acervo Histórico Diplomático. Comisión Pesquisidora de la Frontera Norte. L-E-1591. ff. 548.1 /
549.2
8
SRE, México. Archivo Histórico “Genaro Estrada”. Acervo Histórico Diplomático. Comisión Pesquisidora de la Frontera Norte. L-E-1591. f 480.1 /
482.2
7

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�Paisaje urbano y barrios obreros: Los planos como
fuente para el estudio histórico
José Manuel Esparza Casas
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas, México
orcid.org/0000-0002-3858-5003

Recibido: 12 de diciembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

El estudio del paisaje ha tomado mayor relevancia en los últimos
años, sobre todo en tópicos relacionados a las ciudades y su
habitabilidad. Esto se puede vincular al crecimiento de las mismas
y a las problemáticas que de ese fenómeno urbano emanan
-por ejemplo- de vivienda, espacios públicos, contaminación
y cuestiones más específicas como la gestión del patrimonio
(histórico, gastronómico, arquitectónico, industrial, etc.) de cada
territorio en particular.
Desde principios del siglo XX en países como Francia,
Alemania e Inglaterra se produjeron grandes obras que marcaron
las pautas metodológicas para las investigaciones posteriores.
Estos primeros trabajos, nutridos sobre todo de la geografía
física, se centraron en la influencia del espacio físico (como los
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�Paisaje urbano

ríos, montañas y llanuras) en el ser humano y la capacidad de
adaptabilidad de éste ante dichas circunstancias. Las formas de
modificar el entorno, patrones de asentamiento y las maneras
en que las sociedades hacían una fusión con este espacio físico
creando dinámicas de interacción más complejas fueron las que
posteriormente incentivaron nuevas líneas de investigación, y
de estas líneas surgió el estudio del paisaje urbano. Uno de los
primeros en plantear y estudiar este concepto fue el geógrafo y
sociólogo francés Maximilien Sorre, que a mediados del siglo
XX definió los tipos de paisaje urbano por aspectos como la traza,
la edificación y los usos del espacio.1
A pesar, pues, de que los estudios del paisaje no son algo
nuevo, en lugares como Monterrey, Nuevo León, México, no son
un tema que se haya tratado a profundidad todavía. Esto es singular
debido a que en el Archivo General del Estado de Nuevo León
(AGENL en adelante), que se encuentra en las antiguas oficinas
de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A -actualmente
Parque Fundidora-, se cuenta con una planoteca y mapoteca bien
nutrida que abarca los siglos XVII hasta casi el final del siglo XX.
Lo anterior es un punto relevante debido a que los planos y
mapas son importantes para el estudio del paisaje urbano porque por
medio de estas representaciones gráficas del espacio se puede observar
el crecimiento y jerarquización de un territorio determinado, en este
caso Monterrey, para determinar patrones, tendencias, así como
1

Maximilien Sorre, El paisaje urbano (Buenos Aires: Ediciones 3, 1962).

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�Manuel Esparza

formas en que su sociedad se adaptó al medio físico o en su defecto
terminó por modificarlo acorde a sus necesidades y propósitos. De
lo anterior, por ejemplo, Michael Aston hace la reflexión sobre las
posibilidades en el estudio del paisaje, sus metodologías, fuentes y la
importancia de la historia regional.2
Este preámbulo sobre el estudio del paisaje urbano y el
uso de planos y mapas como fuentes ha servido para introducir
mi caso particular. En específico, mi investigación de posgrado es
sobre una colonia para obreros de Monterrey construida en 1924:
la Colonia Moderna. Dicha colonia fue edificada hacia el norte
del centro de Monterrey y se vio beneficiada por su ubicación al
encontrarse justo en medio de grandes fábricas como Cementos
Mexicanos S.A., Aceros Planos Mexicanos, Vidriera Monterrey
y la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A.
Debido a su naturaleza, tiene una estrecha relación con la historia
industrial local, así como con el desarrollo urbano de la ciudad,
ya que fue de las primeras colonias propiamente planificadas
desde su concepción.
Para fines de la presente reseña y para mostrar un ejemplo
de fuentes para el estudio del paisaje urbano, se presenta el plano
original de la Colonia Moderna3 que encontré en el AGENL y
que amablemente me facilitaron para investigar.
Michael Aston, Interpreting the landscape. Landscape archeology and local history (Londres y Nueva York: Taylor and Francis Group ,2002).
3
Archivo General del Estado de Nuevo León (en adelante AGENL). Plano
de la Colonia Moderna, 1924. Fondo Contemporáneo, URB-00803-01.
2

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�Paisaje urbano

Plano 1.
Plano de la Colonia Moderna, 1924.

Fuente: Planoteca del AGENL.

Este plano fue elaborado por el Departamento de Obras Públicas
del Estado de Nuevo León a petición de los constructores
de la Colonia Moderna para solicitar el permiso de llevar a
cabo la obra. En sí mismo, el material gráfico presentado “no
dice mucho” debido a que no muestra elementos como plazas
públicas, señalizaciones de servicios públicos, escuelas o lugares
de interés particular; pero justo esas ausencias, como diría Peter
Burke en Lo visto y lo no visto,4 nos hablan de la realidad
Peter Burke, Lo visto y lo no visto. El uso de la imagen como documento
histórico (Ciudad de México: Crítica, 2001). p.16.
4

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�Manuel Esparza

material de la Colonia Moderna durante sus primeros años. El
hecho de que en el discurso oficial se esbozara como una colonia
que contaría con espacios recreativos, escuelas y servicios (agua,
electricidad y transporte) pero que en su plano de construcción no
se contemplara nada de esto, nos habla de una discrepancia con la
manera en que se fundó en realidad La Moderna.
Gracias al uso de planos y mapas para este tipo de
estudios es posible hacer comparaciones físicas de un territorio
en particular, solventando la problemática del paso del tiempo.
Son un medio por el cual se pueden contrastar, como en cualquier
otro documento histórico, las ideas e intenciones de sus creadores
con otras fuentes para así construir una narración histórica mejor
sustentada. En el caso de la Colonia Moderna tenemos un espacio
muy grande (aproximadamente 157 hectáreas)5 que en principio
fue planeado como solución al problema de vivienda derivado
de “la resurrección industrial que augura para nuestra Capital un
envidiable porvenir”,6 pero que en efectos prácticos no sucedió
de esa manera. La colonia, al igual que otros barrios históricamente
obreros, se convirtió en una zona un tanto marginada del resto de
De acuerdo a cálculos realizados en un software de medición geográfica,
esta medida aproximadamente el doble del espacio que abarca el Parque Fundidora en la actualidad.
6
Pedro Martínez, Informe rendido por el Dr. Pedro C. Martínez alcalde 1°
constitucional de esta municipalidad, para dar cuenta a sus conciudadanos de
los actos de la administración de 1900 (Monterrey, Ayuntamiento de Monterrey,
1901). Tomado de http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080006892/1080006892.
html. Fecha de consulta: 04/01/23.
5

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�Paisaje urbano

la ciudad, con problemas de servicios públicos, altos índices de
delincuencia, y al constante acecho de la gentrificación debido a
su ubicación “privilegiada” cercana al centro de Monterrey.
A fin de cuentas, las personas que hacemos investigación
tenemos una deuda con el estudio del paisaje urbano, ya que
habitamos la ciudad y no podemos ignorar los problemas que
aquejan nuestro entorno. Muchos de esos problemas tienen
explicaciones diversas, pero también comparten orígenes de
carácter histórico que podrían ser develados si pusiéramos
el mismo empeño por estudiar de manera más consciente las
calles y barrios de donde provenimos, que en solo hacer rescate
patrimonial de lugares con visibilidad muy alta y exotizar espacios
con fines estéticos y de autocomplacencia.

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�Gabriel Buendía Ramírez, La villa de Irapuato en
el siglo XIX. Barrios, pobladores y propietarios a
través de las escrituras de compraventa de inmuebles,
México, Archivo Histórico Municipal de Irapuato,
2021, 187 pp.
Recibido: 28 de septiembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

La villa de Irapuato en el siglo XIX. Barrios, pobladores y
propietarios a través de las escrituras de compraventa de
inmuebles, es un libro derivado de una investigación académica,
como tesis de maestría, cuya estructura y contenido se adaptó para
convertirse en una obra destinada principalmente a la divulgación
histórica. Para su construcción original, el autor se valió de las
armas que le ha dotado su formación profesional como historiador,
de una búsqueda paciente de fuentes, de un trabajo cuidadoso
de sistematización, de la elaboración de planos para entender y
explicar lo ocurrido en el espacio, de un reconocimiento en sentido
amplio de las investigaciones históricas realizadas previamente
sobre Irapuato, y de un conocimiento de la historia urbana como
área de especialización.
El libro cubre temporalmente los años en que Irapuato
tuvo el título de villa, es decir, de 1826 a 1893, pero cuando
471
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-69

�Reseñas

es necesario se hacen referencias a momentos anteriores y
posteriores que dan mejores elementos de comprensión al lector.
La columna vertebral de su información procede de alrededor
de 1,000 escrituras notariales producidas en el período, en las
que quedó constancia de las compra-ventas de bienes inmuebles
y de las hipotecas de bienes raíces del área urbana de Irapuato.
Se trata de una ruta que no siendo nueva es muy valiosa y no
siempre suficientemente apreciada, a partir de la cual Gabriel
Buendía elaboró una poderosa base de datos en la que registró
fechas de transacción, nombre de vendedores, compradores y
apoderados, ubicación del inmueble (incluyendo calle y barrio
cuando se expresa), precio de venta y características físicas
del solar o de la casa. Del cruce de esta información resultaron
múltiples posibilidades de lectura y aprovechamiento para el
estudio de la villa, para reconstruir una caracterización de su
fisonomía, de sus plazas y edificios, de los barrios y sus calles, de
su población, propietarios y tipo de inmuebles, es decir, para hilar
explicaciones en al menos dos niveles, el de los cambios físicos y
el del desarrollo económico y social.
En sus dos primeros capítulos el libro privilegia el tono
descriptivo. En ellos se lleva al lector a conocer la población
desde su centro hacia fuera, destacando la importancia de la Plaza
Mayor, recorriendo las casas y tiendas levantadas en su rededor,
descubriendo calles, barrios, sitios de comercio, diversión y
devoción. La apuesta por equilibrar los aspectos del pasado
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472

�Reseñas

que pueden llamar con facilidad la atención de los habitantes
de Irapuato con los problemas que plantea la historia urbana
es adecuada, aunque a veces se hacen concesiones pensadas en
atraer a un público más amplio, que disminuyen la posibilidad de
establecer diálogos historiográficos.
En el capítulo tercero la estrategia se invierte, se aumenta
el nivel analítico para estudiar el comportamiento demográfico
del municipio de Irapuato (y no de la villa), y las dinámicas y
caracterización de las propiedades y los propietarios urbanos.
Siguiendo de manera exclusiva las escrituras notariales, se revisa
el papel de la iglesia y del ayuntamiento, y se ofrece una interesante
clasificación de los propietarios privados (grandes, medianos
y pequeños), enfocándose en cuatro hombres y una mujer que
destacaron como los más importantes dueños y comerciantes de
bienes inmuebles, con varias decenas de solares y casas cada uno.
El seguimiento puntual a las escrituras notariales da cuenta de
la dinámica de compra-venta de inmuebles, un indicador clave
para detectar la presencia de élites, para rastrear su baja o alta
capacidad económica, así como sus intereses comerciales.
Una de las aportaciones fundamentales que pueden
apreciarse del libro es la de destacar la cualidad urbana de Irapuato
a lo largo, al menos, del siglo XIX. Aunque obtuvo formalmente
su título de ciudad en 1893, fecha que marca el cierre temporal de
esta investigación, en el texto se descubren uno a uno los atributos
que evidencian el movimiento y vitalidad de la población: es cierto
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares2.4-69

473

�Reseñas

que su jerarquía era menor en el conjunto nacional e incluso en la
poderosa red urbana de Guanajuato, pero se trataba de un centro
activo, que crecía demográficamente, con un gobierno propio,
con sus “vecinos acomodados” que algunos negaban pero que
estaban ahí, que podían desempeñar “los cargos propios de un
ayuntamiento” y que a lo largo del tiempo ampliaron sus intereses
y vínculos hacia el exterior.
Si tomamos como punto de partida el plano que de Irapuato
se pintó en 1805 y que Gabriel analiza en el libro, encontramos
que entonces existían al menos siete templos, incluyendo la
parroquia, dos conventos, seis barrios y tres plazas. No es la
primera vez que este plano se reproduce, pero la manera en que
se ubica en el medio de una historia que comenzó en el siglo
XVII y que se sigue con puntualidad a partir de 1826 nos informa
con elocuencia que el sitio no era un simple pueblo. Conviene
decir algo más: aunque no sabemos quién elaboró el documento,
sí conocemos su propósito (mostrar las características del terreno,
las causas de las inundaciones que sufría la población), y podemos
inferir sin dudar que no solo había una población que sostenía
templos y habitaba un buen número de barrios, sino que había
interés y capacidad para intervenir, diagnosticar, dar seguridad al
sitio, mejorarlo, proyectarlo hacia delante.
Una lectura atenta de este trabajo revela muchos aspectos
de interés para conectar el estudio del caso particular con el de
las ciudades mexicanas de la época en lo general. Entre otros
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474

�Reseñas

puede destacarse el proceso de desamortización y sus efectos
sobre las formas de propiedad y la pérdida que ello supuso
para las corporaciones, por ejemplo el Ayuntamiento, la iglesia
secular y sus órdenes regulares. Otro tema de gran interés es el
de los barrios, en cuya historia surgen constantemente indicios
de mayor alcance y que apoyan otra vez la imagen de una vida
urbana dinámica. Así por ejemplo, el autor encontró información
sobre la existencia de 8 barrios en el siglo XVIII; sus nombres se
perdieron en las siguientes décadas, y en el proceso se registraron
14 nuevas nomenclaturas en el siglo XIX, lo que delata rasgos
de sus cambiantes vocaciones económicas, del variable origen de
sus pobladores, de sus límites difusos y a veces sobrepuestos, del
vigor, en suma, de la vida urbana.
En el libro se llama la atención sobre algunos temas por
estudiar, es decir, se detectan asuntos sobre los que hay que echar
luz, pendientes para el autor o para otros investigadores, por
ejemplo para conocer la historia del proceso constructivo de los
templos, o sobre el origen del dinero que se requirió para sufragar
sus gastos. El autor tiene el tino para ir indicando vacíos por llenar,
ya respecto a la historia demográfica de Irapuato, de los barrios
(por ejemplo del de Santiago, del que su investigación reúne 432
escrituras relacionadas) o de las transformaciones físicas que
detonó el ferrocarril. Su lectura despierta también reflexiones
sobre los tiempos de las ciudades, sus etapas de bonanza o de
crisis, y sobre otras posibilidades que podrían derivarse al afinar
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�Reseñas

las interpretaciones, plantearse otras preguntas, aumentar las
asociaciones.
Respecto a las fuentes, conviene insistir en el papel que
juegan aquí las escrituras notariales, y subrayar el trabajo que ha
implicado al autor su revisión detallada y sistemática. A partir
de este esfuerzo considerable convendría pensar en dar pasos
adicionales en los que se incorporen otras fuentes complementarias,
un análisis más puntual de los planos; documentación generada por
diversas autoridades, civiles y militares; documentos generados
por la iglesia (actas de bautismo, matrimonio, defunción); censos
(que no son suficientemente aprovechados), y apoyarse en las
pesquisas en otros acervos documentales.
Como el espíritu de esta publicación es el de llegar a un
público más amplio, principalmente el de los interesados en el
pasado y el presente de su ciudad, el autor ha prescindido de
algunos apartados y ha modificado otros para hacer el contenido
más accesible. Los lectores con mayor apetito podrán ir en busca
del texto original, la tesis de maestría (donde encontrarán, por
cierto, planos construidos para facilitar su comprensión a quien
los observa), para encontrar aportes y discusiones formuladas en
un ámbito académico que, desde luego, no riñe con el interés de
quienes tienen otros propósitos.
También se encontrará en la investigación de la que se
deriva este libro una serie de planos que ayudan a imaginar y
entender el espacio, reproducciones modernas, que haciendo uso
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�Reseñas

de símbolos y convenciones permiten indicar con claridad lo que
se ha descubierto en ellos, lo que se estudia, lo que sucedía “en
el terreno”.
Detrás de la elaboración de este libro está no sólo el
empeño y oficio de su autor. La historiografía sobre Irapuato se
ha beneficiado en la última década de la formación que brindan
los programas de historia de la Universidad de Guanajuato, y
también de la promoción del Archivo Histórico Municipal de
Irapuato, que antes había publicado otros libros1 al que ahora se
suma éste como un eslabón para apoyar el conocimiento histórico
de una ciudad y de una región particularmente importante en la
historia de México y de sus patrones de urbanización.
Gerardo Martínez Delgado
Universidad de Guanajuato
Guanajuato, México

orcid.org/0000-0002-2916-4813

Por ejemplo: Jorge Luis Conejo Echeverría, El crédito eclesiástico en
Irapuato, 1738-1814. Un estudio histórico económico de la influencia de la
actividad crediticia de la Iglesia, Irapuato, Archivo Histórico Municipal de
Irapuato, 2013, y Luz Antonia Miranda Félix, Pueblo me llamo. La versión
indígena de la fundación de Irapuato, Irapuato, Archivo Histórico Municipal
de Irapuato, 2021 (segunda edición).
1

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�Chantal Cramaussel (ed.). Conquista y poblamiento.
Los primeros registros parroquiales y demás fuentes
tempranas para la historia demográfica del Centro y
Norte de la Nueva España, siglos XVI-XVIII.
Zamora, El Colegio de Michoacán AC, 2021, 387 pp.
ISBN 9786075441443
Recibido: 27 de septiembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

En diciembre de 2009 se formalizó la existencia de la Red
de Historia Demográfica, entidad académica que congrega
a un número importante de mujeres y hombres dedicados al
conocimiento de la historia a partir de la comprensión de los
fenómenos relacionados con la población del espacio mexicano.
Sus trabajos abarcan prácticamente la totalidad del territorio
nacional. A diez años de su existencia, la Red convocó a su
congreso que se llevó a cabo en Autlán, Jalisco, de la Universidad
de Guadalajara, en febrero de 2019. Producto de esa reunión es
este rico volumen que ahora presentamos y que fue editado por la
Dra. Chantal Cramaussel.
Los ensayos presentados en Autlán obedecieron a un
breve giro que experimentó la Red. En varias de sus reuniones
anteriores, se habían concentrado en importantes avances sobre
478
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�Reseñas

catástrofes demográficas provocadas por diferentes epidemias
a lo largo del tiempo (viruela, cólera, sarampión, matlazáhuatl,
tabardillo, tifo), así como en aspectos de corte metodológico.
Quienes forman parte de este grupo de trabajo decidieron
abocarse a una temporalidad específica, las primeras décadas
de la presencia europea en el territorio que conocemos con
el nombre de la Nueva España. En realidad, tiempos de gran
dificultad para la investigación a profundidad, debido a la escasez
y dispersión de los materiales adecuados para obtener las bases
necesarias para expresar en términos numéricos y a lo largo de
un periodo determinado, el comportamiento demográfico de un
asentamiento, de una jurisdicción o de una región.
En este sentido, me parece fundamental destacar el
viejo dilema entre los enfoques cuantitativo y cualitativo en
la investigación histórica. En definitiva, se trata de una falsa
paradoja que no hace más que evitar la consecución de formas
interpretativas comprehensivas. La narrativa de la historia no
puede sostenerse solamente con adjetivos calificativos simples,
redundantes y banales como “muchos”, “pocos”, “algunos”
o “suficientes”. ¿Con respecto a qué se aplican esos términos?
En pocas palabras, para elaborar una adecuada narrativa de la
historia, es menester contar apropiadamente a los actores de la
historia. En ocasiones nos atrevemos a decir “la mayoría”, “los
menos” y hasta “casi todos”, cuando desconocemos las figuras
numéricas totales, aunque sea de manera aproximada. No deja
de ser preocupante la advertencia que aparece en la página 18,
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�Reseñas

una advertencia a quienes definen métodos de trabajo a partir
de lo fácil y cómodo. Mencionan los autores de la introducción
que la ausencia de registros de bautizos, matrimonios y entierros
en los archivos “ha conducido a muchos autores a despreciar
la importancia numérica de la población india”. De ahí lo
trascendental de los resultados que nos presenta la Red en este
volumen publicado por El Colegio de Michoacán.
Los diez textos que integran esta colección denotan oficio,
experiencia y mucha imaginación para hurgar en diferentes
rincones de los repositorios de papel o electrónicos y hacer posible
presentar al lector una aproximación sólida a los fenómenos de
la primera parte de la vida colonial novohispana. Como bien se
advierte en la introducción a la obra, el grupo de investigadores
se permite ir al fondo en asuntos relacionados con la
[…] geografía histórica, como la distribución espacial de los
asentamientos en la que se encuentran todavía estructuras
propias de la sociedad prehispánica, retomamos el tema del
mestizaje y abordamos también la historia de la evangelización
que traslucen los códices y los registros parroquiales tempranos
que se han conservado (pp. 13-14).

A partir de esto, nos presenta en clara alusión, la importancia que
tuvo hace ya medio siglo el esfuerzo de investigación del ya clásico
Ensayos sobre la historia de la población; México y el Caribe del
fisiólogo bostoniano Sherburne F. Cook y su colega el historiador
Woodrow Borah. Ambos, desde sus posiciones académicas en la
Universidad de California en Berkeley, en 1971 se atrevieron a
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�Reseñas

publicar lo que consideraban las tendencias demográficas a partir
del desmenuzamiento de los datos encontrados en los archivos
parroquiales formados en la Nueva España. Se trataba de un
esfuerzo revelador con el cual afirmaban que las primeras décadas
de la invasión europea fueron el escenario de una estrepitosa
caída demográfica de la población indígena, motivada más que
nada por el encuentro sorpresivo de toda esa gente originaria del
continente americano con un gran conjunto de bacterias y virus
para los cuales se carecía de los anticuerpos suficientes para evitar
su efecto mórbido, y mortal a final de cuentas.
El conocimiento no podía detenerse en los descubrimientos
de este eminente par de investigadores estadounidenses. Si
bien marcaron un importante hito en los métodos y estrategias
de interpretación de datos demográficos, carecieron del ímpetu
juvenil y el largo aliento necesario para profundizar en la veta que
recién dejaban al descubierto. Cook ya contaba con 75 años -y al
poco tiempo moriría-, en tanto que Borah alcanzaba los sesenta
cuando publicaron la primera edición en inglés de su libro. Las
propuestas de Cook y Borah tuvieron eco en México. Durante
cincuenta años, aunque no de manera permanente, las réplicas
vinieron, por ejemplo, de las propuestas de Elsa Malvido1 y
Cecilia Rabell,2 ambas con una bibliografía impresionante por
De entre los libros de la doctora Malvido están: Demografía histórica de
México, siglos XVI-XIX, México, Instituto Mora, 1993. La población, siglos
XVI al XX, México, Océano, 2006.
2
La doctora Rabell tiene, como muestra: La población novohispana a la luz
1

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�Reseñas

su cantidad y calidad en el ámbito de la historia demográfica.
En la actualidad, no hay duda, la Red ha tomado la batuta de los
estudios de historia demográfica en el país.
Existe también un aspecto relacionado con los criterios
de oportunidad y de pertinencia. No se trata de poner de moda
tal o cual temática. La tarea de la historia ha sido, por siglos,
buscar la comprensión del presente a través del entendimiento
del pasado. ¿Por qué es trascendente comprender las expresiones
del fenómeno demográfico? ¿Puede ser solamente una moda
dictada desde algún oscuro escritorio de cierto burócrata a quien
se le ocurre ahora esto y mañana otra cosa? Los seres humanos
seguimos siendo los únicos animales capaces de tropezar con
la misma piedra una y otra vez. Por más que la gente trate de
hacer memoria, los asuntos nimios y triviales son los que siempre
aparecen en primer lugar. Sin embargo, es imposible no estar
de acuerdo con la afirmación que se hace en la introducción del
libro, elaborada seguramente en un ambiente de clausura y recato
ante los embates del sarscov-2: la pandemia de covid19 puede
resultar detonante de estudios sobre crisis demográficas,
Tan olvidadas están las catástrofes del pasado, que para mucha
gente esta nueva epidemia es un fenómeno nuevo y numerosas
de los registros parroquiales. Avances y perspectivas de investigación, México, Instituto de Investigaciones Sociales UNAM, 1990. Tramas familiares en
el México contemporáneo, una perspectiva sociodemográfica, México, Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Sociales,
2009. Los mexicanos: un balance del cambio demográfico, México, Fondo de
Cultura Económica, 2014.
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�Reseñas

personas ignoran la gravedad posible de su incidencia cuando
no niegan incluso la existencia misma de la pandemia. Entre la
gripe española de 1918 y el Covid-19 de la actualidad midió un
siglo, suficiente para hacer olvidar las frecuentes epidemias de
los siglos anteriores (p. 15).

Hay académicos que han dedicado gran parte de su vida a este tipo
de líneas de investigación; tienen la oportunidad de replantear
sus pesquisas o dar nuevo aire a las que ya tienen una vida más
o menos larga, pues la gente busca respuestas a los males del
presente. Es el caso del compacto grupo que forma parte de la
Red de Historia Demográfica. Más allá de posibles modas o de
demandas por consumir cierto tipo de productos académicos de
acuerdo con la coyuntura, la Red plantea investigaciones que
obedecen al interés de documentar e interpretar los procesos
demográficos en la historia mexicana.
No deja de ser notable, así mismo, que en cada uno de los
textos de esta publicación se haga énfasis especial a una crítica
de las fuentes. Se trata de un ejercicio intelectual vital para el
mejor desempeño del quehacer de la Historia. Cabe mencionar,
insistir en ello, que básicamente todos los trabajos recurrieron a
los registros parroquiales como fuente primordial de información.
A partir de la comprensión de los registros demográficos
de las primeras décadas de la ocupación europea que utilizan los
colegas que han colaborado en este volumen, los caminos posibles
para la investigación histórica se amplían y tienen posibilidad de
reforzarse. Pensemos, como nos lo sugiere Chantal Cramaussel,
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en determinar los patrones de asentamiento y de organización
territorial de la población originaria en la era colonial temprana.
Al mismo tiempo, y dependiendo de la extensión de las series
de datos que se logren estructurar, se pueden lanzar hipótesis
certeras sobre la misma política de reubicación de las poblaciones
ejecutada por autoridades y nuevos propietarios de la tierra. No
deja de ser importante alcanzar a establecer los ritmos en el
avance y retraimiento de los procesos de evangelización.
En suma, el volumen que edita Chantal Cramaussel
representa una reflexión comprehensiva sobre las posibilidades
de trabajo que se abren a partir de la exploración profunda de
los registros parroquiales elaborados en la primera centuria de
la ocupación europea de la Nueva España. Al mismo tiempo,
muestra la riqueza de interpretaciones que pueden elaborarse a
partir de esas fuentes documentales que no pueden desdeñarse. Si
bien la historia demográfica es solamente una de las vetas de la
investigación científica que se siguen en la actualidad, al mismo
tiempo se convierte en la base misma de exploración investigativa
sobre el pasado.
Ricardo León García
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Ciudad Juárez, México
orcid.org/0000-0003-0802-5045

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�Emilio Machuca Vega. Historia de la Iglesia católica
en Monterrey durante la época del Concilio Vaticano
II (1958-1968). Monterrey: Consejo para la Cultura y
las Artes de Nuevo León (CONARTE), Secretaría de
Cultura del Gobierno de Nuevo León, 3 Museos, 2021,
346 pp. ISBN 9786078598465.
Recibido: 26 de septiembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue el principal
acontecimiento de la Iglesia católica durante el siglo XX.
Después de una larga etapa de intransigencia y condenación ante
el mundo moderno, la institución cristiana se decidió a ponerse
al día y dialogar con el mundo. En efecto, no sólo se actualizaron
las formas rituales, como la rancia liturgia de herencia tridentina,
sino que se entabló un auténtico encuentro ecuménico, incluso
con grupos tradicionalmente excluidos, como los judíos, los ateos
y los socialistas.
El Concilio fue una asamblea universal, que contó con
la participación de todos los obispos del mundo católico. Y,
posteriormente, sus disposiciones debieron ser asimiladas por
las Iglesias locales en todo el orbe. De tal modo, se postulan
preguntas como: ¿cuál fue la participación de la Iglesia católica
485
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�Reseñas

regiomontana en esta importante asamblea eclesial? Y, ¿cómo
se desarrolló la recepción de las disposiciones conciliares en la
Iglesia particular de Monterrey?
Tales son las problemáticas que se planteó en su
investigación el historiador Emilio Machuca Vega, Maestro en
Ciencias de las Religiones (Universidad Complutense de Madrid,
2022), Licenciado en Historia y Estudios de Humanidades
(Universidad Autónoma de Nuevo León, 2018) y Cronista emérito
del municipio de General Escobedo (cargo que ejerció como
titular entre 2014 y 2021). Historiador consumado y autor de
múltiples publicaciones, emprendió su obra magna al desarrollar
esta investigación.
Su ardua labor desembocó en el trabajo titulado Historia
de la Iglesia católica en Monterrey durante la época del Concilio
Vaticano II (1958-1968), que fue galardonado en 2020 con el
primer lugar del Premio Museo de Historia Mexicana, en la
categoría de Trabajos de investigación, por lo que fue publicado
en 2021 por el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León
(CONARTE), la Secretaría de Cultura del Gobierno de Nuevo
León y 3 Museos.
El Mtro. Machuca siguió el enfoque de la Historia
de las religiones, que conlleva una perspectiva investigativa
desapasionada, alejada de apologías y descalificaciones hacia
el fenómeno religioso, y basada netamente en la evidencia y las
categorías de análisis. En efecto, el libro tiene una copiosa base
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�Reseñas

documental, a partir de acervos eclesiásticos y civiles, locales y
nacionales. Además, se sustentó en fuentes orales de protagonistas
del período, obras hemerográficas contemporáneas y bibliografía
especializada. De tal modo, la reconstrucción del objeto de
estudio conlleva evidencias sólidas y altamente pertinentes.
La investigación cubrió una laguna historiográfica, ya que
la temática específica no había sido abordada en ninguna obra
previa. Por ello, brinda una invaluable aportación no sólo para el
conocimiento de la historia del catolicismo regiomontano, sino
para el abordaje de una etapa coyuntural de cambios culturales
a nivel local, nacional e internacional. La década analizada en el
libro fue una etapa de emancipación social, de transformaciones
profundas cuyos efectos continúan desplegándose (y hallando
enconadas resistencias) en la sociedad contemporánea. Así, esta
obra permite comprender cómo se forjó un rumbo específico en
la sociedad local en el ámbito cultural.
El texto está dividido en cuatro grandes capítulos,
subdivididos en múltiples apartados. En primera instancia, se
aborda el contexto internacional. Se analiza la resistencia del
catolicismo frente a la modernidad desde el siglo XIX, así como
la paulatina adaptación ante los cambios que se suscitaban en el
mundo. Asimismo, el Mtro. Machuca estudia con detenimiento
el proceso del Concilio Vaticano II. Frente a las diversas
interpretaciones en torno a este gran acontecimiento, que pueden
sintetizarse como tesis continuistas (no representó cambios
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�Reseñas

significativos) y discontinuistas (conllevó un auténtico cambio
de paradigma), el autor se decantó por una de éstas últimas: la
perspectiva de la Escuela de Bolonia, por considerarla mejor
sustentada en la evidencia. Por último dentro de este primer
capítulo, se aborda un significativo acontecimiento en la recepción
del Concilio en América Latina: la Conferencia de Medellín de
1968.
En el segundo capítulo, el historiador Machuca analiza
el catolicismo mexicano. De nuevo, primero se remite a
los antecedentes de la centuria previa, para clarificar cómo
acontecieron los conflictos religiosos y cómo se forjó la resistencia
en la Iglesia mexicana frente al avance del liberalismo. Enseguida,
el autor distingue una etapa distinta, donde la oposición católica
se orientó principalmente contra el comunismo desde la década de
1930. Por último en este apartado, se aborda la participación de la
Iglesia nacional en el Concilio Vaticano II, así como la recepción
y aplicación iniciales de sus postulados, no ajenos a resistencias.
En el tercer capítulo del libro, se presenta la situación
de la Iglesia católica de Monterrey en la etapa previa al inicio
del Concilio. El autor comienza brindando un panorama sobre
los antecedentes del catolicismo en la localidad, lo cual permite
comprender la transición de una condición de relativa debilidad en
la religiosidad de la población, a un arraigo social significativo de
la fe católica entre los regiomontanos. Posteriormente, aborda de
manera específica las condiciones del catolicismo local durante el
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período de 1958 a 1962, considerando los rasgos del episcopado
del arzobispo Alfonso Espino y Silva, uno de los protagonistas
más importantes de esta investigación.
El autor pone especial énfasis en cuatro aspectos de su
gobierno eclesiástico: el impulso a las vocaciones sacerdotales
y la formación de los seminaristas; el férreo anticomunismo del
prelado, manifiesto en su carta pastoral condenatoria de 1961; la
incidencia de la élite empresarial regiomontana en el influjo social
del catolicismo en la región; y las expectativas y propuestas de la
Iglesia regiomontana de cara a la inminente asamblea ecuménica.
En el cuarto y último capítulo del libro, el Mtro.
Machuca analiza dos procesos imbricados: la participación de la
Iglesia regiomontana en el Concilio Vaticano II, especialmente
en la persona de su arzobispo, así como la recepción inicial
que tuvieron en Monterrey las reformas conciliares. En este
apartado, que representa el clímax de la obra, el autor presenta
cuestiones como la difusión de las deliberaciones conciliares
en la localidad, la aplicación de la reforma litúrgica y la
conformación de movimientos laicales, y el incipiente diálogo
ecuménico. No obstante, se pone de relieve que, si bien algunos
cambios se aplicaron con celeridad, otros se postergaron o se
ignoraron, destacándose una postura conservadora en el prelado
regiomontano.
Cabe agregar que el libro incluye al final múltiples notas,
que no sólo refieren debidamente las fuentes de información,
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�Reseñas

sino que incluyen innumerables comentarios aclaratorios o
explicativos, que puntualizan o amplían la información vertida en
el texto. Asimismo, presenta varios anexos que contienen valiosos
datos sobre el catolicismo de la época, como los sacerdotes y los
templos locales a principios de la década de 1960.
El libro del Mtro. Machuca es una obra esencial para
comprender el desenvolvimiento histórico del catolicismo
regiomontano. Describe, explica e interpreta, con base en la
evidencia, la participación de la Iglesia local en el Concilio
Vaticano II, el gran acontecimiento que conllevó incuestionables
cambios paradigmáticos, en medio de una década de Revolución
cultural. No sólo está destinado a los interesados en la historia
del catolicismo o de la religión, sino a toda persona que busque
comprender los cambios sociales a partir de una transformación
cultural representativa, con las correspondientes continuidades y
rupturas, intransigencias y renovaciones, resistencias y aperturas
que implicó.
Moisés Alberto Saldaña Martínez
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
orcid.org/0000-0003-0627-6203

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�Lucrecia Solano Martino, El jardín de senderos que se
bifurcan: Escenario historiográfico estadounidense del
siglo XX sobre América Latina, San Pedro Garza García, Grupo 42 Ediciones, 278 pp. 978-607-99984-2-4
Recibido: 27 de septiembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

El libro de Lucrecia Solano Martino, El jardín de senderos que se
bifurcan, escenario historiográfico estadounidense del siglo XX
sobre América Latina, tiene un título interesante. La primera parte
de este pertenece a un cuento “policial” de Jorge Luis Borges,
relacionado con la labor de un espía chino durante la Primera
Guerra Mundial. Antes de iniciar la reseña del texto, considero
que es necesario analizar el título y para esto nos remitimos a
Josefina Pantoja Meléndez1 que destaca que, en este cuento,
Borges maneja el tiempo como un laberinto ramificado, porque:
“el tiempo se bifurca perfectamente hacia innumerables futuros
(relatos dentro de relatos)”. En cuanto al espacio, Borges escribe
sobre un jardín o más bien sobre “la arquitectura del jardín de la
tradición china, resaltando sus contradicciones internas”, porque
Josefina Pantoja Meléndez, “El tiempo en un cuento de Borges: “El jardín
de senderos que se bifurcan”, Thémata. Revista de Filosofía 45, 2012, 303318.

1

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�Reseñas

es, a la vez “sólido e inestable, presente y soñado”, imagen del
caos y ambos [tiempo y jardín-espacio] representan el mundo”.
Pantoja Meléndez puntualiza, además, que el tiempo “es el ente
organizador de la novela, aunque es un tiempo multiplicado por
diversos tiempos paralelos y divergentes. Los diversos desenlaces
ocurren y cada uno es punto de partida para otras bifurcaciones”.
La segunda parte del título es el análisis de la obra de historiadores
estadounidenses que, durante el siglo XX, escribieron y aportaron
sobre la historia colonial y moderna en América Latina. Me
aventuro a lanzar una hipótesis: la doctora Solano Martino utiliza
este título en su análisis para abrir dos senderos principales, pero
estos a su vez se bifurcan en múltiples ramificaciones que, al final,
nos proporcionan un amplio panorama acerca de la historiografía
estadounidense que ha estudiado a América Latina.
El libro de Lucrecia Solano propone un tema novedoso,
eso no hay duda, y es para mí un punto ineludible utilizar
las primeras palabras de la autora en la Introducción para
comprender su posicionamiento, cuando deja claro que su
escritura pretende:
describir, analizar y evaluar dos senderos temáticos en el
marco de la historiografía estadounidense del siglo XX. Un
sendero se dirige a la historia colonial americana -entendido
este concepto como el continente americano-, específicamente
sobre la idea de la construcción del norte de la Nueva España,
y el desplazamiento de los términos de ‘frontera’ como límite,
al de ‘zonas fronterizas’ como zonas de contacto. (Solano
Martino:13)
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�Reseñas

Este primer espacio o sendero analizado por Lucrecia Solano, es
el que me gustaría comentar. ¿Cómo eligió la autora las obras a
estudiar? Primero por su fecha de publicación (durante el siglo XX).
Debía ser historia escrita por estadounidenses, que hubiera tenido
relevancia e impacto en la Academia; textos fundacionales que
cambiaran enfoques o perspectivas; que transformaran las ideas;
que aportaran novedades; que profundizaran en sus reflexiones
sobre teoría, metodología, utilización de fuentes; que esclarecieran
ciertos temas; que descifraran problemáticas anteriores; que dieran
luz a nuevas temáticas; que utilizaran nuevas técnicas; así como
que aportaran al conocimiento histórico.
Este primer sendero permite cubrir un arco temporal que
va del siglo XV a principios del XIX, sin embargo, aclara Lucrecia
Solano, algunos trabajos rompen la línea del tiempo y debido a su
temática específica podrán ir hacia tiempos más remotos (antes y
durante la conquista); o posteriores, señalando 1848 como el año
“fundacional” de México y los Estados Unidos de América (EUA)
y, algunos otros, alcanzarán nuestro presente. Solano Martino aclara
que tuvo que tomar en consideración este tipo de diferencias en las
periodizaciones históricas, ya que en América Latina las historias
nacionales, en su mayoría, resaltan, como momentos fundacionales,
los momentos de las independencias de las coronas europeas. De
igual manera, los procesos de conformación de los estados-nación
se analizan con base en periodizaciones y categorías de análisis
distintas a las que se utilizan en EUA.
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�Reseñas

Por otra parte, la amplitud del ámbito de estudio hace que
el sendero correspondiente a la América Colonial se encuentre
inscrito en distintos campos historiográficos, como son: Historia
del oeste de Estados Unidos; Historia del sur de Estados Unidos;
Historia de las fronteras (y la relevancia de la idea de frontera
en la conformación de las naciones, en donde se analizan las
transformaciones del significado del concepto “frontera” en los
estudios históricos estadounidenses del siglo XX; Historia del
gran septentrión, cuyos significados, afirma la autora, van desde:
“norte”, “punto cardinal”; hasta “viento que sopla del norte y
polo norte”; e Historia del norte de la Nueva España o de México,
entre otros.
Solano Martino inicia con la descripción, el análisis y la
reflexión de los textos seleccionados, y ahí identifica tres largos
períodos que tipifican la producción histórica estadounidense
durante el siglo XX: a) de 1900 a 1945, en donde se transita de
la Primera a la Segunda Guerras Mundiales, pasando por la Gran
Depresión y se es testigo del inicio de regímenes totalitarios
en regiones del mundo, por lo que, durante este periodo, los
historiadores van a escribir: “Una historia institucional y política
que estudia instituciones, su poder, sus luchas, sus alcances”; la
autora, cuando escribe “institución” se refiere a gubernamental, a
eclesiástica, y a la empresarial, entre otras (p. 29).
El segundo período abarca de 1945 a 1988, etapa de la Guerra
Fría, y ahí se escribe sobre la historia identificada como historia
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demográfica, cuantitativa, económica y social, denominadas así por
sus objetos de estudio: análisis de la población, su participación
en distintos sectores o regiones, por sus edades, enfermedades,
género, mortandad, natalidad; historia cuantitativa que aportó las
herramientas estadísticas necesarias para analizar la documentación
en el ámbito económico, en donde proliferaron los estudios debido
al sustento teórico que aportaban la gran cantidad de modelos
económicos aparecidos en la postguerra y derivados del estudio
de las estructuras sociales. Por otra parte, al término de la Segunda
Guerra, “la amplitud geográfica abrió paso al conocimiento de
culturas distintas: aparece una sociedad que empieza a concebirse
diferente de la que se identificaba entre el capitalismo al comunismo;
y en la nueva percepción, se encuentran los grupos sociales que
luchaban por conseguir sus derechos” (p. 29).
Y, el tercer período, de 1988 a finales del siglo XX, donde
aparece la historia cultural, la cual utilizará diferentes categorías
de análisis (género, raza, clase, étnicos y relaciones de poder,
entre otros); además de proponer un enfoque interdisciplinario
en donde la antropología, sociología, derecho, análisis de textos,
comunicaciones y literatura coadyuvan a la historia; lo cual
conduce a comprender la historia como una de las múltiples
relaciones e interacciones entre distintos individuos o grupos
sociales; no una historia elitista construida desde el poder, sino
la que destruye el discurso totalitario para dar cabida a múltiples
discursos de la historia (p. 29).
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En lo que se refiere al tiempo, la autora aclara: “Los
tiempos en este trabajo están entremezclados, es decir, los
tiempos que definen marcos teóricos, metodológicos y/o
temáticos y los tiempos que define cada historiador sobre su
obra”. El trabajo de análisis se complica porque existen otras
periodizaciones, las determinadas para el tratamiento individual
de cada uno de los textos revisados y analizados en el trabajo y
que la autora tratará individualmente. En esta aparente mezcla,
la autora habla “de diferentes niveles a través de los cuales se
va generando una historia que nos permite conocer parte de la
vida y el mundo de los historiadores, así como la forma del
tratamiento de los temas en distintos períodos”. Solano pasa
enseguida a explicarnos que, además, en su estudio “se trazan
gradualmente los distintos modelos, así como las intenciones
e intereses particulares, que la academia estadounidense ha
construido sobre la región” (p. 30).
En el caso de los historiadores que escriben sobre de la
América Colonial, su interés, en un primer período, se centra
en dilucidar la lucha entre imperios por el dominio de la región,
siempre presentada como espacio vacío; conforme se percibe el
avance de los imperios en el tiempo, se percibe el segundo periodo
historiográfico que presta especial atención a la conformación de
los estados-nación. Y, el tercer punto de inflexión corresponde a la
atención puesta en el estudio de las relaciones entre los distintos
sujetos y grupos de la región.
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La historiografía estadounidense sobre Historia Colonial,
durante las primeras décadas del siglo XX, fue de concentración,
especialización y elaboración de estudios de trabajo monográfico,
como estudios de los Virreyes y de las instituciones en la Nueva
España, al igual que de otros lugares del sur del continente. Al
mismo tiempo se sustenta una especialidad de la historia de los
Estados Unidos en la revista Hispanic American Historical Review
en 1916. Y aparece la llamada Borderlands Historiography, cuyo
principal representante es Herbert Bolton, y que se refiere a los
estados antes pertenecientes a México y España.
En el periodo de entreguerras aparece la historia
política sobre Audiencias, Virreyes e Intendencias, así como en
documentación comercial y financiera. Un campo adicional es la
Historia de la literatura española en donde destacan Leonard y
Chapman.
En 1944, aparece la Revista Las Américas (p.82) que va
a dar importancia a los estudios coloniales, con las aportaciones
de Lewis Hanke y Benjamín Keen. Aquí se observa el inicio de
la historia social, que tiene como objeto el estudio de la sociedad
frente a la historia, así como las estructuras sociales y sus
transformaciones a través del tiempo.
Hago aquí una parada para advertir que, en este texto, no
hay aspectos disonantes, hay un orden, un método y se trasluce
un conocimiento muy acabado de los contenidos en los cuales
se producen los diferentes textos y se explica cómo unos se van
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conectando o concatenando con otros, incluso se aprecia cómo
dos autores dialogan sobre un tema en diferentes fechas, lo que
resulta muy interesante.
Durante las décadas de los 40, 50 y 60 del siglo XX la
tendencia es hacia la historia demográfica. En ella destaca la
escuela de Berkeley sobre estudios de la población indígena
del centro de México en el siglo XVI. Ellos documentan una
catástrofe demográfica después de la conquista y estudios
posteriores han mantenido vigente esta aportación. Charles
Gibson trabajó en la etnohistoria en 1964, y es cuando se empieza
a descubrir la existencia de los indígenas, aunque con fuentes de
los colonizadores.
Durante la Guerra Fría se produce un auge en estudios
sobre AL, se fortalece la interdisciplinariedad y aparece la
“historia desde abajo”, se asoman en los estudios los trabajadores,
los campesinos, los esclavos, entre otros.
A finales de los sesenta, Marvin James Lockhart abre el
campo de estudio de las lenguas indígenas de América Latina y
con ello, la interpretación de sus documentos que se van a reflejar
en los estudios sobre las estructuras sociales postcoloniales.
Las manifestaciones sociales que se van gestando en las
décadas de los 60, 70 y 80 entre distintos grupos minoritarios en
Estados Unidos dan pauta a nuevos cuestionamientos: estudios
chicanos en 1985 y 1987, en donde destacan Carlos Castañeda,
Rodolfo Acuña y Gloria Anzaldúa, que buscaban aproximarse
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a las identidades de personas, a esa población nativa del norte
de México a través del tiempo. Poco a poco se percibirá la
diferencia entre la especialidad de borderlands y la mirada de la
época colonial.
Enseguida la autora presenta un estudio específico acerca
de la construcción de la idea del norte de la Nueva España, basada
en la historiografía estadounidense del siglo XX. Recordemos que
estos estudios van hilvanando un vocabulario diferente al abordar
diversos campos; en algunos se aporta y es posible que surjan
ambigüedades; en otros casos podrían parecer ejercicios planeados,
pero lo que es cierto es que este conjunto de aportaciones nos
interpela, nos plantea nuevas preguntas, como si se tratara de un
desdoblamiento ahí aparecen las vidas, los conceptos de familia,
los viajes y la migración, la posibilidad de visibilizar dimensiones
hasta ese momento invisibles; de pronto, los territorios cambian de
dueño, y, ¿cuál es la razón por la que se observan como territorios
vacíos? De pronto, cambian los nombres de las poblaciones; unos,
subsisten, pero otros, desaparecen; una nación se ensancha, y otra,
se achica; la multitud de escritores que intervienen dan cuenta del
interés en este período: Bolton, Bannon, Turner, Cook, Borah,
Wolf, Gibson, Lockhart, Jackson, Susan Deeds, Weber, entre otros
muchos más. En este estudio específico, nos ilustra la autora acerca
de cómo piensan, perciben, escriben, describen los estadounidenses
la construcción de este norte tan difuso, dependiendo también ellos
del periodo al que pertenecen y que es analizado por la autora. De
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la página 87 a la 113, Lucrecia Solano escribe un magnífico ensayo
sobre la construcción, deconstrucción y reconstrucción de la región
norte de México, oeste, sur, sureste, suroeste de EU durante el
período colonial, que abarca más allá de la mitad del siglo XIX,
fecha fundacional para los historiadores estadounidenses, pero
época de la Reforma, de la consolidación del Estado-nación para
los mexicanos.
Y, por último, en este primer sendero, Lucrecia reconstruye,
como un prisma, una visión global y una panorámica general de
lo escrito por los mexicanistas y latinoamericanistas en EUA
durante el siglo XX sobre el tema de las fronteras, que abarca de
la página 115 a la 143 de este texto. La autora nos hace transitar,
con sus reflexiones iniciales, a través del análisis de la categoría
de alteridad, que se enfoca a estudiar las relaciones de poder
desiguales que implican subordinación, silencio y ausencia del
otro. Nos va a presentar a Michel de Certeau, quien reintroduce este
término en 1985, proponiendo como definición de la alteridad “la
posibilidad del conocimiento del otro [que] amplía la perspectiva
para conceptualizar la cultura como prácticas de la vida cotidiana
entre toda la gente; cultura entendida como un producto material
y simbólico que se encuentra en todas las sociedades, no solo
en las élites.” Y que además abrirá el camino para la aparición
de nuevas teorías sobre el concepto de cultura y para lo que hoy
conocemos como giro cultural (pp. 115-116). Ya antes, en el siglo
XVI, Jean de Lery, en su obra Histoire d’un voyage faici [fait] en
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la terre du Brésil, destacaba esta concepción cuando se refería al
descubrimiento de nuevas tierras; para él la alteridad aparece en
“la Ruptura en dos mundos separados por un océano”, cuando se
encuentran dos culturas tan diferentes (p. 115)
Enseguida la autora nos conduce hacia los Estudios
Culturales, que estudian el poder entre las instituciones,
organizaciones y sociedades y la cultura que explica la historia y a
las estructuras sociales. Aparecen entonces definiciones diversas
de cultura: sujetos sociales en movimiento con gran dinamismo;
comunicación y comunidades minoritarias: jóvenes, mujeres,
chicanos, negros homosexuales; estudios multidisciplinarios
que abren un campo, una nueva perspectiva en el estudio de las
fronteras; ya no como línea divisoria políticamente establecida,
sino como el estudio de un espacio geográfico en el cual
interactúan y se interrelacionan sujetos históricos que antes no se
percibían en el análisis.
La autora nos hace ver que la nueva cultura del concepto
de frontera llevó a un cambio en su significado, que en inglés
tiene un gran impacto, (no así en español), al ir de frontier, es
decir, una línea trazada en medio de un territorio generalmente
en los bordes, a borderlands, como espacios geográficos, zonas
de convivencia entre distintas naciones donde interactúan y se
relacionan las personas diferentes. La autora se pregunta si el
lenguaje refleja una manera particular de ver el mundo, y propone
una interesante reflexión al respecto.
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En esta nueva forma de aproximarse al análisis, la autora,
apoyándose en los historiadores mexicanos Mendiola y Zermeño,
afirma que es necesario tomar en consideración el lugar social de
producción de los autores, bajo el supuesto de que la historiografía
representa las condiciones económicas, sociales, políticas y
culturales del tiempo y el lugar en el cual fueron escritas, así
como la construcción de la periodización elaborada para sus
escritos históricos, además de relacionarlos con la cuestión del
tratamiento del otro y la alteridad, que apoyaban los novedosos
estudios culturales (p. 121).
A partir de este momento, la autora inicia el análisis de
los textos de los historiadores estadounidenses: Turner fija una
línea fronteriza y elimina de la escena los previamente invisibles
salvajes: el otro. En geopolítica, la frontera está representada
por las orillas, con la idea de un territorio vacío, deshabitado, a
no-man’s land. “El concepto de frontera se refería a la división
entre dos partes, dos naciones, una de ellas subordinada a la otra,
desde la perspectiva estadounidense. El concepto se relacionaba
con la dicotomía civilización-barbarie, al conceptualizar a los
nativos como salvajes, los historiadores en este período omiten
sus historias y la cultura de vida alrededor de estas líneas
fronterizas antes de la llegada de los anglos” (p. 120). Esta idea
permanece sin alterarse durante los primeros cincuenta años del
siglo XX. El nuevo hombre americano (el otro) en relación con
los británicos será solo el símbolo de civilización. Bolton reitera
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la retórica de las crónicas españolas y describe las campañas de
los conquistadores. Las perspectivas etnocéntricas, eurocéntricas
o imperialistas no incluyen la otredad.
Es hasta los años ochenta cuando aparece el trabajo de
Gloria Anzaldúa (estudios chicanos), que representa una teoría
feminista mediante el giro cultural y señala “el movimiento
mediante coaliciones con otras mujeres a través de la frontera
geopolítica de EUA y México”. Anzaldúa utilizó una nueva
metodología, construyó un sistema complejo al considerar
diferentes tipos de fronteras: físicas, psicológicas, sexuales y
espirituales, consolidando un nuevo significado de frontera lleno
y rico, a través de la literatura y la poesía. La doctora Solano
Martino acude a Gloria Anzaldúa, quien “Reconoce que, en
efecto, the borderlands están físicamente presentes donde dos
o más culturas se juntan, donde gente de diferentes razas ocupa
el mismo territorio, donde las clases altas, bajas y medianas se
tocan, donde el espacio entre dos individuos se comprime en la
intimidad.” Al final del siglo XX, la conceptualización abarca
una “cultura de las fronteras” asociada con tres elementos:
territorialidad, personas y tiempo. Esta nueva mirada significa
la interacción entre las prácticas materiales y creencias de la
gente que generan relaciones distintas. Esta convivencia crea
nuevas identidades y estos espacios empiezan a ser reconocidos
en la historiografía como regiones, como zonas de contacto
multiculturales dependiendo del período que se está estudiando.
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Al igual que los otros temas tratados en el libro, cuyos
elementos dialogan en diferentes tiempos, este segundo ensayo
incluye una gran cantidad de aportaciones de otros historiadores
estadounidenses del siglo XX sobre el significado de frontera. En
conjunto, contribuyen a construir una conceptualización global
de este estudio que sin duda es un aporte significativo para la
historiografía mexicana, y que está sólidamente trabajado por
Lucrecia Solano Martino.
Guadalupe Sánchez de la O.
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, México

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�Maricela González Félix y Jesús Méndez Reyes (coordinadores). Sectores económicos, arreglos políticos y
empresarios en Baja California. Atisbos desde la
historia reciente 1900-1976. Baja California:
Universidad Autónoma de Baja California/Instituto
de Investigaciones Culturales-Museo, 2021, 265 pp.
ISBN: 978-607-607-702-3
Recibido: 9 de noviembre de 2022
Publicado: 1 de enero de 2023

Este texto es resultado de una serie de colaboraciones de
especialistas en el área de la historia empresarial del noroeste de
México, quienes por poco más de 20 años han venido desarrollando
estudios referentes a comerciantes, áreas productivas, familias
empresariales y empresarios de Baja California y zonas
aledañas. De esta forma, Sectores económicos, arreglos políticos
y empresarios en Baja California. Atisbos desde la historia
reciente 1900-1976, representa una contribución significativa
para la historiografía regional, después de detectarse la ausencia
de estudios de vinculación geográfica, económica y política en el
contexto fronterizo (pp. 64-66).
En este sentido, y a decir de Gruel Sández, “describir
perfiles empresariales bien puede ayudar a entender el tejido
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productivo de Baja California” (p. 195). Sin embargo, además del
rastreo de las trayectorias de diferentes individuos y asociaciones
económicas de aquella entidad, la principal aportación de las
autoras y los autores responde a la búsqueda de los nexos entre el
empresariado y el sector político local y federal, siendo éste el eje
transversal de los seis capítulos del libro.
Éstos son: La importancia del prestigio familiar y los
vínculos “heredados” en la trayectoria empresarial de Alberto V.
Aldrete, por Héctor Mejorado de la Torre; la colaboración entre Jesús
Méndez Reyes y Santiago Acha Ojeda con El andar itinerante del
empresario de Baja California: Los Barbachano de la compañía
Telefónica Fronteriza y Hugo Torres Chabert; Diana Lizbeth
Méndez Medina presenta Empresarios capitalinos en la industria
vitivinícola de Baja California a mediados del siglo XX. El caso
de Bodegas de Rancho Viejo. Por su parte, Diana Irina Córdoba
Ramírez aborda la situación de trabajadores migrantes hacia Estados
Unidos en Tensiones fronterizas, mercados laborales y relaciones
gobierno-empresarios en Baja California durante el Programa
Bracero; Antonio G. Basich: Ingeniería, urbanización y relaciones
horizontales en Mexicali, 1933-1976, por Víctor Manuel Gruel
Sández. Cierra Marisela González Félix con Participación política
de empresarios. El proceso electoral de 1968 en Baja California.
En forma preliminar se retoma una pregunta detonante
planteada por Méndez y Acha, quienes se cuestionan qué significa
ser empresario en un contexto fronterizo como el de Baja
California (p. 63). Si bien las propuestas teóricas recuperadas por
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los autores proporcionan algunos elementos para responder a tal
cuestionamiento, consideran pertinente reformular el concepto
a partir de las experiencias y trayectorias específicas y, de esa
manera, ofrecer una explicación más contundente sobre los
procesos contemporáneos y de larga duración. Siguiendo esta
lógica, cada uno de los artículos contribuye con un elemento
particular para esbozar una explicación integral sobre el empresario
sudcaliforniano tanto en el siglo XX como en lo que va del XXI:
principios de asociacionismo, la diversificación productiva
(manufactura y servicios), adaptación a los diferentes contextos
políticos y, sobre todo, aprovechar la condición fronteriza, entre
otros. Así pues, esta obra colectiva se encuentra en la vía para
construir una definición sobre el empresario contemporáneo de
Baja California.
Por otro lado, los análisis en esta obra no solo abordan el
aspecto económico-productivo per se, pues buscan establecer las
asociaciones y formas de sociabilidad laboral y política derivadas
de aquél. En primera instancia, es de destacar el hecho de que
la organización productiva permitió el fortalecimiento del sector
gubernamental y viceversa; esta relación resultó necesaria en un
contexto de distanciamiento geográfico, económico y cultural
con la capital del país, y una situación mucho más cercana con
los Estados Unidos, circunstancias ocasionalmente benéficas y en
otras desfavorables. De esta forma, se desarrolló una simbiosis
muy particular entre los poderes político y económico.
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En cada uno de los capítulos las y los investigadores
identificaron algunos de los arreglos políticos desarrollados por
los sujetos estudiados, mismos que responden tanto a dinámicas
institucionales como informales. Por ejemplo, diferentes
empresarios se convirtieron en empleados municipales o estatales,
logrando que funcionarios federales accedieran a invertir en la
construcción de caminos, vías férreas, presas y otras obras de
infraestructura para facilitar el proceso productivo en Ensenada,
Tijuana, Mexicali o Tecate. Los casos de Alberto V. Aldrete,
Manuel y Rubén Barbachano y Antonio G. Basich resultan
paradigmáticos en este sentido. De manera inversa, en más de
una ocasión algunos servidores públicos se volvieron socios
minoritarios en diferentes compañías o establecieron propias,
como Abelardo L. Rodríguez, aprovechando su capital político
y redes personales. En última instancia, la discrecionalidad, la
corrupción y los conflictos de intereses fueron parte fundamental
en el establecimiento y expansión de negocios privados y en la
configuración del propio sistema político local.
La segunda mitad del siglo XX fue particularmente
significativa para el desarrollo de las relaciones políticoempresariales. En 1952 Baja California obtuvo la categoría de
entidad federativa por lo que los procesos electorales se volvieron
una actividad recurrente; en esta coyuntura, algunos de los
más prominentes empresarios de la localidad se involucraron
directamente en las actividades políticas. Dicha participación
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se efectuó a través de diferentes mecanismos: compitiendo por
ocupar cargos de elección popular, sufragando gastos de campaña
para candidatos específicos, tanto con el Partido Revolucionario
Institucional (PRI) como de la creciente oposición de Acción
Nacional (PAN), o estableciendo diferentes organizaciones
cívicas para buscar incidir en la toma de decisiones administrativas
y electorales. En todo caso, la participación directa en las
actividades políticas de los empresarios sudcalifornianos, como
la realizada por Norberto Corella, es considerada como uno de los
factores fundamentales en la alternancia política de aquel estado
en el último cuarto de siglo.
Finalmente, es pertinente señalar que esta aportación
historiográfica se construyó con base en la consulta no sólo de
bibliografía especializada, sino de una variada documentación
procedente de diferentes acervos. Entre ellos destaca el Archivo
Histórico del Estado de Baja California, diferentes archivos
municipales, el correspondiente a la Secretaría de Relaciones
Exteriores y el General de la Nación. Igualmente destaca el
archivo del Instituto de Investigaciones Históricas de la UABC,
el cual representa una veta para la conservación y difusión de
material documental del noroeste mexicano.
Luis Enrique Pérez Castro
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
orcid.org/0000-0002-3674-3389

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                  <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, 2023, Vol 2, No. 4, Enero-Junio</text>
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                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2025 © Sillares Vol. 4, No. 8, enero-junio 2025, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel
Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000
Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: Dra. Adela Díaz
Meléndez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290.
Fecha de última modificación de 20 de diciembre de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal Álvarez-Tostado
Director de Historia y Humanidades / César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Beatriz Liliana de Ita Rubio
Director de la Revista / Adela Díaz Meléndez
Autores
Juan González Morfín
Miguel Angel Pinkus
Ashantti Niquete
Abril Gonzalez-Ku
Adi Lazos
Jonathan Cruz
Rafael Falla
José Koyoc Kú
Gabriel Torales Ayala
Gilberto Sánchez

�Celso Carrillo
Frida I. González
Sonia Hernández
César Morado
Director Editorial / Adela Díaz Meléndez
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión del Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.
Foto de portada: Enrique González.

�Presentación

Como parte de la esencia de nuestra revista, la reflexión histórica
permite, a través de la comprensión de los procesos y coyunturas
históricas, encontrar explicaciones que contribuyan tanto al
saber científico como al desarrollo del hombre en sus realidades
sociales actuales.
La octava entrega de Sillares. Revista de Estudios
Históricos reúne una variedad de esfuerzos intelectuales y
una riqueza de enfoques que fortalecen la construcción del
conocimiento histórico. El valor científico de cada investigación
presentada se refleja tanto en sus resultados como en la
aplicación de diversas metodologías de trabajo. En particular,
destaca el uso de un enfoque interdisciplinario, que enriquece el
análisis histórico. Además, la integración de fuentes primarias,
como documentos históricos y testimonios orales, amplía las
perspectivas de interpretación y contribuye a una comprensión
más profunda del pasado.
La sección de “Artículos” ofrece cinco textos que, a través
del análisis de casos, personajes, microhistorias y otros actores
como el medio ambiente, proporcionan una visión renovada de
diversas regiones de México y de distintos momentos históricos.
1
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5

�Presentación

A través de un análisis profundo de los discursos y las
narrativas, Juan González Morfín nos presenta a René Capistrán
Garza: el contrarrevolucionario mexicano que, a lo largo del
tiempo, se transformó en partidario de la Revolución. Esta obra
constituye una valiosa contribución a la historiografía de la
primera mitad del siglo XX. El autor examina a Capistrán Garza
en el contexto de la guerra de los cristeros, explorando sus diversas
facetas como periodista y como artífice de ideas revolucionarias y
católicas. Este artículo nos invita a reflexionar sobre el papel y el
contexto de actores sociales clave, desde la Revolución Mexicana
hasta los momentos en que los estrategas políticos, aun militares,
comenzaban a moldear el México posrevolucionario.
Los siguientes cuatro artículos conforman el dossier
Historias Ambientales de la Península de Yucatán, coordinado
por Adi E. Lazos Ruíz (ENES Mérida, UNAM) y Angélica
Márquez Osuna (Harvard University). Este compendio
representa una valiosa contribución a la historiografía regional,
destacando nuevos enfoques temáticos y el uso de metodologías
interdisciplinarias. Así, se logra contextualizar e identificar los
cambios, las diferencias y las perspectivas que configuran la
historia ambiental de la región yucateca.
Miguel Ángel Pinkus Rendón, Ashantti Niquete y Abril
Gonzalez-Ku, en su artículo Desterritorialización de la costa
quintanarroense: el caso de Playa del Carmen, examinan las
transformaciones políticas, socioculturales y económicas que
han marcado la evolución de esta región. Los autores argumentan
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5
2

�Presentación

cómo estos cambios han reconfigurado el paisaje y alterado el
vínculo con los bienes comunes naturales. A través del análisis de
Playa del Carmen, el estudio explora el impacto de las políticas
públicas federales y su influencia en la dirección socioeconómica,
urbana y paisajística de la zona, delineando, sin lugar a dudas,
una nueva etapa en la historia de esta región.
En el artículo Escribiendo la memoria olvidada de un
pueblo, los autores Adi Estela Lazos Ruíz, Jonathan de Jesús Cruz
Tamayo y Rafael Falla Pech presentan los avances y desafíos en
la creación de un libro en proceso sobre el pueblo maya Kiní,
ubicado en la península de Yucatán. A través de este trabajo,
destacan la riqueza histórica y el patrimonio biocultural de este
pueblo, proponiendo una mirada desde la microhistoria que invita
a la historiografía a prestar mayor atención a las historias de
comunidades pequeñas. Este artículo no solo ofrece un avance
en la investigación, sino que también busca inspirar un mayor
interés por rescatar y documentar las memorias olvidadas de
otros pueblos en situaciones similares.
En su texto Los orientales y el bosque tropical durante el
Yucatán separatista (1839-1843), el autor José Ángel Koyoc Kú
ofrece un análisis que revela la estrecha conexión entre los recursos
naturales de Yucatán, específicamente su denso bosque tropical, y
las estrategias militares adoptadas por los combatientes irregulares
conocidos como orientales. Estas fuerzas se distinguieron por su
táctica de combate disperso en la vegetación, una característica
que los separó de las tropas convencionales de Yucatán. Koyoc
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5
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�Presentación

Kú examina cómo el entorno natural no solo facilitó, sino que
configuró los eventos y procesos históricos de la época. A través
de un riguroso uso de fuentes primarias y un análisis cronológico
detallado, el texto ofrece una perspectiva novedosa sobre el papel
del paisaje en la historia militar y política de la región durante el
siglo XIX.
En su artículo La construcción del paisaje costero de
Sisal, Yucatán (1807-1990): una aproximación desde la ecología
histórica, Gabriel de Jesús Torales Ayala ofrece una perspectiva
desde la ecología histórica. El autor sostiene que las prácticas
de manejo ambiental del pasado han dejado una huella profunda
en las condiciones ecológicas de una región, cuyas repercusiones
pueden extenderse hasta el paisaje contemporáneo. A través
del caso de Sisal, Torales Ayala analiza cómo las actividades
económicas y las estrategias de manejo ambiental desempeñaron
un papel crucial en la formación del paisaje de esta costa Yucateca.
Estas transformaciones, a lo largo del tiempo, han generado
efectos duraderos que siguen modelando tanto los procesos
ecológicos como los patrones de biodiversidad que observamos
en la actualidad.
En esta edición, el último artículo, titulado Don Pedrote.
Un capitán indígena rebelde en territorio misional jesuita al norte
de la Nueva España (1673-1692), escrito por Gilberto Sebastián
Sánchez Luna y Celso Carrillo Valdés, nos invita a adentrarnos
en los complejos acontecimientos del siglo XVII en el norte de
la Nueva España. A través de este análisis, los autores enriquecen
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5
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�Presentación

nuestra comprensión de la resistencia indígena frente al avance
hispano en esa región. El estudio de este personaje revela su
astucia, su capacidad de liderazgo y su habilidad para negociar
con los poderes coloniales para lograr sus objetivos. A su vez,
este caso ofrece una mirada crítica sobre el choque cultural, el
sometimiento y la violencia que sufrieron los pueblos originarios.
Finalmente, en la sección de “Reseñas”, iniciamos con
el análisis de Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios
históricos, a cargo de Frida I. González Hernández. En esta reseña,
la autora destaca los estudios compilados por Oscar Rodríguez,
los cuales abordan el desarrollo industrial en Nuevo León y su
impacto en la construcción de la identidad socioeconómica y
cultural del estado, así como su valor patrimonial.
La segunda y última reseña, presentada por Sonia
Hernández y César Morado, lleva por título Riesgo y resiliencia en
la frontera: Reseña del X Coloquio Internacional sobre la Historia
del Noreste de México y Texas en 2024. En ella, los autores nos
ofrecen un resumen de las temáticas, ponencias e instituciones
participantes, además de anunciar la sede y el año del próximo
coloquio.
Con esta última reseña, damos por concluida esta octava
entrega de Sillares. Revista de Estudios Históricos, esperando
que su contenido sea de su interés y provecho.
Adela Díaz Meléndez
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5

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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario
mexicano que pasó a ser partidario de la Revolución
René Capistrán Garza: the Mexican counterrevolutionary who
became a supporter of the Revolution
Juan González Morfín
Universidad Panamericana
Ciudad de México, México

https://orcid.org/0000-0002-7278-7872
Recibido: 9 de noviembre de 2023
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: : Este trabajo busca rescatar algunos rasgos biográficos de un
personaje importante en la vida pública del país, tanto por su participación
en la lucha cívica de los católicos, como por su labor periodística.
El artículo destaca su época de ferviente contrarrevolucionario
para después mostrar su lucha por hacer ver compatibles los ideales
de la Revolución con aquellos de la doctrina católica. Para ello, la
investigación se centra en frases textuales de sus discurso y escritos
posteriores que permiten observar cómo el contacto –primero en la
prisión y después en el destierro–, con personas que no compartían sus
convicciones, le fue ayudando a flexibilizar su postura radicalmente
contrarrevolucionaria hasta convertirlo en un entusiasta defensor de la
armonía, según él existente, entre los postulados de la Iglesia y los de
los gobiernos revolucionarios.
Palabras clave: Revolución; Iglesia católica; política; lucha; actividad
periodística.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 6-35
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

6

�Juan González Morfín

Abstract: This article seeks to rescue some biographical features
of an important person in the public life of the country, both for his
participation in the civic struggle of Catholics, and for his journalistic
work. The article highlights his time as a fervent counterrevolutionary
and later it shows his struggle to make the ideals of the Revolution
compatible with those of Catholic doctrine. For this, the research
focuses on textual phrases from his speech and later writings that allow
us to see how the contact, first in prison and later in exile, with people
who did not share his convictions helped him to relax his radically
counterrevolutionary position to make him an enthusiastic defender of
the harmony, according to him existing, between the postulates of the
Church and those of the revolutionary governments.
Key words: Revolution; Catholic Church; politics; struggle; journalistic
activity.

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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

Introducción
Un personaje que con frecuencia es ligado a los grupos políticos
de derecha de las primeras décadas del siglo pasado es René
Capistrán Garza, individuo polifacético y todavía poco estudiado,
no obstante que su nombre aparece muchas veces en cualquier
estudio sobre el levantamiento armado conocido con el nombre
de guerra cristera.
En general, el estudio individual de los dirigentes del
movimiento cristero es una asignatura pendiente, por más que
haya algunos estudios sobre Miguel Palomar y Vizcarra y
Enrique Gorostieta. Sobre otros, como René Capistrán Garza,
Rafael Ceniceros y Villareal y Andrés Barquín y Ruiz, por
mencionar algunos, encontramos unas cuantas menciones y
breves semblanzas biográficas en obras de carácter general. Esto
se explica en parte porque, de ordinario, la historia de los vencidos
suele permanecer en el olvido, pero, sobre todo, porque el tema de
la cristiada, a la que estos estuvieron ligados, se mantuvo durante
varias décadas casi inexplorado por la historiografía profesional.
El actual trabajo comienza por describir la etapa de
Capistrán Garza como líder de asociaciones católicas que aspiraban
a hacerse del poder político y deja para posteriores estudios su
faceta de periodista y de católico contestatario a las reformas
postconciliares. Se detiene especialmente en un documento
escrito por él mismo en el que explica cuál fue su desempeño en
el movimiento cristero, que es su faceta más conocida. Esta carta,
escrita en 1959 al historiador y polemista Antonio Rius Facius,
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�Juan González Morfín

es especialmente interesante por la oportunidad de los datos que
aporta sobre el inicio del movimiento cristero a treinta años de
su conclusión. Inmediatamente después, se pasa al estudio de la
evolución interna que llevó a Capistrán a cambiar diametralmente
su opinión negativa sobre los postulados revolucionarios y
a convertirse en un defensor y admirador de la Revolución
mexicana sin abandonar sus convicciones religiosas. Con este
estudio, se pretende contribuir al mejor conocimiento de uno de
los personajes que, por encontrarse en el grupo de los vencidos,
no han encontrado tanto eco en la historiografía nacional.
1. Rasgos biográficos
En un manuscrito de los años treinta de Baltazar Dromundo, se
describe a Capistrán como “un formidable agitador de masas,
dialéctico, un tanto impreparado, con un valor civil como
podemos encontrar pocos casos en la oposición (…). Es uno de
los deportados católicos”. Muchos años después de su etapa de
líder juvenil, Capistrán seguía siendo recordado sobre todo por
sus dotes oratorias.
Para todo esto, nuestro personaje había nacido en el puerto
de Tampico, en 1898. Estudió la licenciatura en Derecho en la
Universidad Nacional. Desde antes de llegar a la mayoría de edad,
fue un connotado activista de las juventudes católicas. También
muy joven se inició en sus labores periodísticas y a los veinte
años lo encontramos ya como director de la revista trisemanal
El Futuro. Su labor en los años veinte-treinta, será abordada en
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las páginas de este trabajo, por lo que ahora la obviamos. Más
tarde, ya en los años cuarenta y cincuenta, fue conocida su labor
de redacción en el periódico Novedades y, posteriormente, en
El Universal. Además de haber sido un gran orador en sus años
de juventud, se destacó en su labor periodística por ser un gran
polemista. Esa misma característica la imprimió en sus ensayos
políticos y religiosos, lo cual se aprecia incluso en sus títulos:
Caos en la Iglesia y traición al Estado, entre otros. Murió en la
Ciudad de México en 1974.
2. Fogoso dirigente de la Asociación Católica
de la Juventud Mexicana (ACJM)
El 2 de febrero de 1913, apenas unos días antes de que se iniciara la
Decena trágica, el arzobispo de México acudió a bendecir con toda
solemnidad el Centro de Estudiantes Católicos, una agrupación
que, originalmente, pretendía solo proporcionar a los jóvenes
católicos algunos elementos de cultura para “sostener y defender
con éxito los principios cristianos en las aulas”; sin embargo, en
poco tiempo, se orientó a la creación de estructuras que permitieran
a los católicos influir en la arena pública. Entre sus fundadores se
contó el joven Capistrán Garza que, a la sazón, contaba con solo
15 años.
Este Centro, junto con otros centros estudiantiles que
ya existían, se unieron en una especie de confederación con las
congregaciones marianas que venían siendo promovidas por los
jesuitas desde años atrás y dieron lugar a la Asociación Católica
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de la Juventud Mexicana (ACJM) en agosto de 1913, habiendo
redactado sus estatutos el sacerdote jesuita Bernardo Bergoend.
Al formarse el primer Comité Central de la ACJM en
1918, fue electo como primer presidente René Capistrán Garza.
Justo en ese año, la ACJM tuvo parte activa en la organización de
los católicos jaliscienses para hacer derogar una ley que limitaba
el número de sacerdotes permitidos en aquel estado.
Hacía compatibles sus trabajos en la Asociación con su
trabajo de periodista al frente de la revista quincenal El Futuro,
desde la que constantemente se criticaba el gobierno del presidente
Venustiano Carranza.
Fue precisamente una crítica moderada a la represión de
los villistas que efectuaba entonces el régimen carrancista lo que
lo llevó en el año 1919 a un “viaje de rectificación”, es decir, a
ser secuestrado por emisarios del gobierno y enviado al frente,
junto con otros periodistas disidentes, para que por su propia
experiencia comprobara los esfuerzos que hacía el ejército oficial
en la pacificación del país. “Porque a ustedes, los periodistas, les
hacen falta estas lecciones para que aprendan a echarse nudos en
la lengua antes de soltar el trapo diciendo cuantas majaderías se les
ocurren”, le espetó Manuel M. Diéguez, a su llegada a Chihuahua.
En estos meses de libertad condicionada –pues, durante el
día, podía moverse dentro del perímetro que se le permitía–, tuvo
ocasión de convivir con Emilio Portes Gil, que se encontraba en
circunstancias parecidas por su actividad en favor de Obregón,
así como con algunos otros periodistas.
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Una vez que pudo librarse de su prisión sui generis,
participó en la fundación del Partido Nacional Republicano, que
se aprestó a competir contra el general Álvaro Obregón en las
elecciones de 1920 postulando al revolucionario Alfredo Robles
Domínguez.
En la convención de dicho partido, Capistrán consiguió
que los delegados pusieran en el programa electoral que, de ganar
las elecciones, se derogaría la Constitución de 1917. A la postre,
las elecciones dieron como vencedor al general Obregón con un
amplísimo margen de ventaja sobre sus contrincantes.
Su fama de orador incendiario se puede ver bien ganada
en la lectura de sus discursos. Por ejemplo, en una reunión del
Consejo de la ACJM, Capistrán afirmaba lo siguiente:
Sobrevino la Revolución y formó sus cuadros y sus filas con el
hijo más malo de cada familia, y se entabló desde entonces una
lucha política y económica formidable que carece de ideales;
y toda lucha política que carece de ideales, engendra la muerte
de las libertades, la vida de las tiranías, la indisciplina popular
y hasta la pérdida de la nacionalidad. ¡Y toda lucha económica
que carece de ideales trae consigo la abundancia de sangre y la
Revolución mató los ideales!

Como se verá más adelante, con el tiempo su visión sobre
la gesta revolucionaria habría de cambiar bastante.
En 1923, Capistrán renunció a la presidencia de la ACJM
para competir por una diputación en el primer distrito electoral
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de la Ciudad de México y perdió las elecciones. Sin embargo, ya
no volvió a la presidencia de la asociación que tuvo a bien darle
el cargo de “presidente honorario” a partir de octubre de 1924.
3. Del Partido Nacional Republicano a la
Liga Política Nacional y a la LNDLR
Sin dejar su vocación periodística, Capistrán conjugaba la
propaganda católica con la actividad política. De hecho, en él todo
era la misma cosa, pues pertenecía a ese grupo de católicos que
entendían la política como un espacio para extender su religión y
la religión como un instrumento para escalar en política mediante
el voto corporativo. No fue extraño, por eso, que algunos católicos
que pensaban que la religión y la política pertenecían a esferas
distintas y debería existir una sana separación entre ambas, no
simpatizaran con Capistrán y su grupo. Uno de estos, el canónigo
tapatío Antonio Correa, relata en una carta al vicario general de
Guadalajara que, cuando Capistrán fue a dicha ciudad para fundar
la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR), le
había espetado lo siguiente:
Si ustedes son hombres y realmente buscan el el bienestar del
pueblo, láncense a la lucha sin bandera religiosa. Arrostren
ustedes solos las consecuencias, pero, por amor a Dios, no
quieran escudarse en nuestros obispos; hartos males le han
ocasionado a la Iglesia los políticos, y serán tremendas las
consecuencias que esta empresa ocasione.

Luego del fracaso en las elecciones federales de 1920 y
1923 con el Partido Nacional Republicano, Capistrán Garza,
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junto con Miguel Palomar y Vizcarra y otros políticos católicos se
dieron a la tarea de formar la Liga Política Nacional, organización
que apoyó la candidatura presidencial del general Ángel Flores
en contra de Plutarco Elías Calles. Flores no ganó, pero la
autoridad electoral le reconoció un gran número de votos y sus
partidarios, incluido Capistrán, hicieron sondeos para llamar a un
levantamiento armado que, a fin de cuentas, no se dio.
En 1925, luego del apoyo táctico del gobierno de
Calles al intento de cisma iniciado en febrero en el templo de
La Soledad, los católicos partidarios de unificar las diferentes
organizaciones religiosas para sus fines políticos encontraron un
pretexto inmejorable: la defensa de la religión. Y así nació la Liga
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa que, con el apoyo
de algunos obispos, se convirtió en el canal para encauzar los
esfuerzos de las asociaciones católicas de toda índole a fin de
hacerlo de manera eficaz. Rol que le fue disputado, al menos en
sus inicios, por una organización secreta conocida como la U,
que optó rápidamente por mejor unirse a la Liga para infiltrarla y
aprovecharse de sus logros.
En el primer Comité Directivo de la Liga, René Capistrán
Garza quedó como vicepresidente. Es quizá interesante resaltar
que había sido presidente de la ACJM cuando tenía solo 20 años
y ahora, a los 27, era elegido como vicepresidente de la Liga. Su
prestigio, pues, como líder católico, no solo no había decaído,
sino que continuaba en aumento.
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La Liga en muy poco tiempo comenzó a organizar
actividades de resistencia pacífica –y no tan pacífica– a las
acciones emprendidas por los partidarios de la iglesia cismática
para apoderarse de nuevos templos, incluida la Basílica de
Guadalupe. El incidente más grave ocurrió en Aguascalientes en
donde los cismáticos intentaron apoderarse de la emblemática
iglesia de San Marcos el 28 de marzo de 1925 y se armó un
zafarrancho en el que tuvo que intervenir la autoridad. Los
católicos se atrincheraron en el templo y repelieron una carga del
ejército que, a juicio de estos, venía a consumar el despojo de la
iglesia. Finalmente tuvieron que entregarse. El saldo había sido
de varios muertos, entre ellos, dos soldados. El presidente Calles
y el secretario de Gobernación Valenzuela responsabilizaron a la
Liga de haber organizado la reacción armada de los católicos.
En el mes de agosto, Gilberto Valenzuela fue sustituido en
Gobernación por el veracruzano Adalberto Tejeda, “furiosamente
anticlerical” y, a juicio de Ernest Lagarde, “uno de los enemigos
más implacables y más terribles de la religión católica”. En
diferentes foros el general Calles expresó su disgusto por la
formación de la Liga, en la que veía a muchos políticos católicos
de los que habían hecho todo lo posible para evitar que llegara
a la presidencia sirviéndose ahora de la bandera religiosa para
ganar terreno en la política.
La Liga, con la ayuda de las estructuras eclesiásticas,
incluida la ACJM, y de lo que quedaba de organización de los
extintos partidos políticos oficial u oficiosamente católicos
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–esto es, del Partido Católico Nacional, del Partido Nacional
Republicano y de la Liga Política Nacional–, y aliándose con
otras asociaciones cívicas confesionales, como la Unión Popular,
consiguió un crecimiento exponencial en muy poco tiempo. Así,
“hallándose rápidamente a la cabeza de una inmensa tropa allegada
con demasiada facilidad, pasó de la defensiva a la ofensiva, con la
intención de tomar el poder y de ejercerlo por entero”.
4. Proyección de Capistrán y descubrimiento de
sus propios límites en el levantamiento armado
Entre enero y agosto de 1926 se precipitaron los acontecimientos:
el 7 de enero el presidente Calles obtuvo poderes extraordinarios
para reformar el código penal; el 4 de febrero el arzobispo Mora y
del Río declaró que los católicos lucharían porque se modificaran
los artículos constitucionales que limitaban la libertad religiosa; en
respuesta, Calles hizo aplicar algunos de ellos y expulsó al clero
extranjero, cerró las escuelas particulares, confiscó seminarios y
conventos, presionó a los estados para que limitaran el número de
ministros de culto autorizados y, finalmente, el 14 de junio dio a
conocer su reforma al código penal que sería publicado oficialmente
el 2 de julio y entraría en vigor el día último de este mes. Con
esta adición al código penal, se buscaba perseguir penalmente el
incumplimiento de las leyes anticlericales ya existentes.
La Liga reaccionó con un boicot económico, presentó un
memorial al congreso con más de dos millones de firmas y se dio
a la tarea preparar a los seglares para una defensa armada de los
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derechos que se les estaban negando. Al mismo tiempo, envió
a Capistrán Garza a los Estados Unidos para conseguir apoyo
económico de los católicos estadunidenses. Acostumbrado como
estaba desde que tenía 18 años a ser jefe, aceptó la encomienda y
pasó a los Estados Unidos para buscar apoyo militar y económico.
Muchos suspicaces concluyeron que René había lucrado con este
encargo y que había existido una malversación de fondos; sin
embargo, sus propias confesiones y la correspondencia privada
de esos años permiten ver que no lo pasó del todo bien desde el
punto de vista pecuniario, sino que se desenvolvió en medio de
estrecheces y carencias.
En efecto, desde su llegada a los Estados Unidos, sus
gestiones apenas le permitieron sobrevivir. La Liga y él mismo
esperaban de los católicos norteamericanos un gran apoyo
económico, pero los obispos no estaban dispuestos a mezclarse en
levantamientos armados. El obispo de Galveston le ayudó con diez
billetes de diez dólares para sus gastos más inmediatos; con otros
–relata Bailey– consiguió también cantidades irrisorias: veinte,
treinta, cincuenta dólares. El prelado de Boston, por su parte, le
sugirió abandonar el proyecto de la Liga y buscarse un trabajo, le
negó cualquier ayuda económica y le ofreció recomendarlo para
conseguir un empleo.
Otro de los propósitos para los que había sido enviado
fue el de explorar una alianza estratégica con el general Enrique
Estrada, quien había sido secretario de Guerra con Obregón y
se encontraba exiliado por haber participado en la rebelión
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delahuertista. La Liga tenía noticias de que preparaba una gran
expedición armada con el apoyo del felicismo y de un gran
número de expatriados que estaban disgustados con el gobierno
de Calles. El acercamiento con Estrada no se dio sencillamente
porque, antes de que Capistrán se reuniera con él, este había
sido hecho prisionero en Estados Unidos por violar las leyes de
neutralidad.
Entre tanto, la Liga continuaba los pasos para convocar a
un levantamiento armado general por parte de los católicos que,
a nivel de algunas localidades, ya se habían levantado contra el
gobierno de Calles. Así, en noviembre obtuvo del episcopado
el compromiso de no condenar el levantamiento armado, si se
optaba por este como último recurso y, a pesar de hallarse en
Estados Unidos, Capistrán fue designado general en jefe del
levantamiento. Años después, el propio Capistrán reconocía la
precipitación e irresponsabilidad con que se había actuado:
Mi sorpresa por el acuerdo de ir al movimiento armado se
explica por estos antecedentes: un grupo de dirigentes de la
juventud católica jefaturada por mí, habíamos sostenido desde
cuatro o cinco años la conveniencia de prepararnos en todos
los aspectos –físico, moral y económico– para la emergencia
de tener que acudir a las armas en una acción no política, sino
defensiva de la libertad religiosa. La acción anticatólica de
un régimen profundamente lastimado con los católicos por
los errores políticos cometidos por estos antes y después de
la injusta caída de Madero, culminó en la época de Calles.
Esa culminación la vimos venir los jóvenes desde lejos. Por
eso pugnábamos por una preparación adecuada para una
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defensa adecuada. Nunca se nos hizo caso. Por el contrario,
se nos tildaba de inquietos, de ambiciosos, de descentrados, se
nos atribuía gran peligrosidad, imputándosenos tener planes
políticos a los que era ajena la Iglesia, y no objetivos en defensa
de su libertad, cosa a la que no somos ni podemos ser ajenos
los católicos. Con esos antecedentes me pareció un enorme
disparate resolver, de buenas a primeras, ir a la “resistencia
armada”.

Aunque no en masa, como esperaba la Liga para los
primeros días de 1927, diversos grupos de católicos se fueron
levantando en armas, especialmente en el occidente del país, con
muy pocos medios materiales. De poco les servía a estos tener
nombrado un comandante en jefe que luchaba por sobrevivir en
el extranjero, por lo que, a mediados del año, Capistrán dejó de
ser el jefe del movimiento sin haber realmente llegado a ejercer
nunca esa jefatura.
A pesar de su escasa participación, al menos directa, en el
movimiento armado, así como de la explicación que da él mismo
sobre el papel que jugó, no faltan acusaciones en el sentido de que
“la Liga se había lanzado a la defensa armada por un verdadero
engaño de Capistrán Garza a sus directores en México”. Esto
era así, a juicio de sus acusadores, porque no se contaba con los
recursos necesarios para emprender una campaña en condiciones
de éxito, justamente lo que él mismo Capistrán afirma haber
esgrimido ante los directores de la Liga.
Si ya antes había pasado penurias económicas, a partir del
momento en que se deslindó de la Liga, su situación se agravó y
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vivía de lo que buenamente podía conseguir con sus colaboraciones
en periódicos dirigidos a los mexicanos en el exilio. En agosto de
1929, le escribía al arzobispo Orozco y Jiménez:
Me es grato por la presente manifestarle que he recibido a mi
entera satisfacción la cantidad de $500 dollars, que V. S. Ilma.
ha tenido la amabilidad de prestarme para mi negocio, y debo
hacerle presente mi agradecimiento por tan señalado servicio.
Además, quiero hacer constar que en el plazo de seis meses, a
contar de la fecha, cubriré a V. S. Ilma. la cantidad indicada.

Quizá porque esto le molestaba tanto cada vez que se le
acusaba de haber dilapidado el dinero de la Liga y el que había
recibido de los católicos estadunidenses.
Carlos Blanco Ribera, quien fuera compañero de lides y
admirador de Capistrán, piensa que su fracaso en Estados Unidos
se debió a la falta de una sólida preparación humanística que él
entreveía en René:
Desgraciadamente Capistrán no había desarrollado entonces
su talento político al nivel de sus capacidades, de allí que
al lado de los golpes de grande altura tuviera verdaderas
trivialidades. Y si se hubiera nutrido con pasión y constancia
con los textos clásicos de los grandes políticos y oradores de
todos los tiempos y de hubiera dado una preparación intelectual
universal adecuada, René habría abierto un surco luminoso en
nuestra historia.

Independientemente de la mayor o menor validez
de esta apreciación, una afirmación de este autor que está
probada por los hechos es que hubo un antes y un después en
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el papel de intermediación de la Liga ante los diferentes actores
norteamericanos, pues en los días en que el representante de los
cristeros fue Capistrán, se mantuvo la esperanza viva de que
algo se podría obtener de los vecinos del norte, pero cuando
fue relevado de su cargo “esta representación cayó en manos de
algunas figuras borrosas y se hundió en un verdadero pantano por
la inmovilidad, el color gris y la insignificancia”.
5. Cambio de mentalidad y regreso a México
Al igual que el viaje de rectificación al que había sido llevado por
la fuerza en el periodo carrancista, ahora el destierro le serviría
para entender mejor a las personas que no compartían sus mismos
puntos de vista: “En la escuela del destierro aprendía lo que nunca
hubiera podido enseñarme, ni nunca me enseñó, la Universidad.
La perspectiva que el pasado y el presente ofrecen desde país
extraño. El panorama histórico que se observa desde fuera de la
patria, al margen de las pasiones vividas. Los afectos creados no
al calor, sino al frío glacial de la expatriación, con militantes de
otras ideas –también en desgracia– son la mejor de las cátedras y
la más auténtica enseñanza teórica y experimental”.
Su regreso a México lo hizo sin prisas, sin embargo, a
partir de 1931 comenzó a hacer gestiones ante el servicio exterior
mexicano para ver cuándo podría darse el momento oportuno.
Es verdad que, a inicios de los años treinta, su situación general
había mejorado y había alcanzado “una cierta reputación y status
en San Antonio”. En diversos escritos, Capistrán ha mencionado
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que su destierro duró once años, por lo que podemos situar su
reingreso alrededor del año 1938.
A inicios de los años cuarenta, encontramos a Capistrán
establecido nuevamente en México y colaborando con el periódico
Novedades, del que llegó a ser director. En esos momentos, se
encontraba física y emocionalmente separado de los que habían
sido sus correligionarios en la Liga, mas no así de los de la ACJM.
Con la jerarquía católica guardaba una respetuosa distancia, pero
de esta década existe una correspondencia cordial con el arzobispo
Luis María Martínez.
En su carta a Rius Facius de 1959, Capistrán resalta su
dedicación al periodismo:
Soy periodista de profesión. Durante cuarenta años he hecho
una incesante defensa de la Iglesia contra todos sus enemigos
de dentro y de fuera. En “La Prensa”, de San Antonio, Texas;
en “La Opinión”, de Los Ángeles, California; en “Diario de
la Marina” y “El País”, de La Habana. En la dirección de
“Novedades”, de “Prensa Gráfica” y de “Atisbos”, en México.
Y en gran número de periódicos mexicanos y extranjeros en
los que he colaborado, incesantemente he hecho labor católica,
firmemente católica, inquebrantablemente católica. Solo que
esta labor de cuarenta años ha modificado sus cauces, por las
experiencias adquiridas y las observaciones realizadas.

Esos cauces distintos de defender a la Iglesia católica tenían
que ver con su cambio de perspectiva en relación con la ideología
revolucionaria, de la que había sido acérrimo crítico y ahora la veía
completamente imbuida de principios cristianos. Muchos de sus
artículos publicados en Novedades, Prensa gráfica, Atisbos y El
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Universal, dan fe de la defensa que hacía de cómo la Revolución
mexicana se hallaba permeada de principios cristianos.
6. Un converso a la ideología revolucionaria
Sus primeros pasos en la arena pública, como se ha visto, lo
sitúan en el ala más encendidamente contrarrevolucionaria.
Así se observa, por ejemplo, en un discurso pronunciado con
ocasión del Primer Consejo Federal de la ACJM en 1922, en el
que René arengaba a las masas de jóvenes católicos, como era
su costumbre, con palabras que desde que había comenzado su
activismo político en 1913 no habían cambiado mucho:
Sesenta años de liberalismo que parecía haber penetrado hasta la
médula del pensamiento nacional; la obra de descristianización
planteada durante la Reforma por Juárez y continuada
habilísimamente después, había logrado suprimir casi
completamente toda manifestación pública de vida religiosa y
había matado, al parecer para siempre, todo esfuerzo viril y toda
orientación definida; el catolicismo fue bárbaramente batido
en brecha, se le arrojó de la vida pública, se le excluyó de la
calle, se le hizo refugiarse en el interior de los templos y esto,
como un favor especialísimo, como una migaja de libertad que
la tiranía del liberalismo se dignaba conceder desde la cúspide
de su satánica soberbia; ser católico en aquellos tiempos y
serlo sobre todo fuera de su casa, era algo que no encajaba bien
dentro de aquel cuadro, cuyo marco lo hacían la depravación de
los unos y la cobardía de los otros.

Este tópico de que la mayoría de los católicos por
cobardía no participaban en política ha sido recurrente en quienes
simpatizan con la idea de ver agrupados a los católicos en un
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partido oficial u oficiosamente católico con una intervención
mayor en la vida pública, supuestamente con el fin de permear las
leyes y la vida de la sociedad del pensamiento social católico. Por
eso, desde esa óptica particular, Capistrán también denunciaba en
ese mismo discurso:
Para tomar parte en la cosa pública del país, los católicos tenían
que poseer una doble personalidad y vivir una doble vida: ellos,
allá en el fondo, pero muy en el fondo de sus conciencias,
podían conservar y mantener su fe, el régimen liberal no se
metía con eso y respetaba el santuario de sus conciencias, con la
condición de que esas conciencias no fueran tan exigentes que
quisieran inmiscuir sus ideas y sus creencias y sus principios
en los asuntos públicos que venían a ser como patrimonio
exclusivo por derecho propio, del sacrosanto liberalismo; y así,
si un católico era honrado con un puesto en la administración,
por regla general tenía que despojarse de su catolicismo a la
puerta de su casa para poder transitar por las calles en calidad
de gobernante.

Más todavía que las palabras con las que fustigaba a los
católicos que no participaban en el terreno de la política, eran las
que usaba para describir la Revolución como una suma de todos
los males que podrían reunirse en un solo evento histórico:
Sobrevino el desastre; puestas las causas tuvieron que seguirse
inevitablemente los efectos; la Revolución estalló, volcando
todo lo malo, todo lo corrompido que se había formado al
amparo protector del liberalismo y con la complicidad de
su régimen. Querían un pueblo sin Dios y sólo consiguieron
algunas hordas de bandidos; querían una nación sin religión,
una patria sin historia, una civilización sin moral, y no tuvieron
sino el desastre, el fracaso, la caída.
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En años de relativa paz, pues en abril de 1922 el país era
gobernado por Obregón sin siquiera intentar la aplicación de
los puntos más álgidos de la Constitución de 1917, Capistrán
arremetía contra la Revolución como si en esos días hubiera ya
estallado la persecución de Calles y sublimaba la participación de
la ACJM en la lucha contrarrevolucionaria:
La Revolución, que no es, en suma, sino el liberalismo
desembozado, el sectarismo en toda su crudeza, el “non
serviam” en toda su soberbia; la Revolución, que no es, en
suma, sino el Estado sin Dios, vino tan brutalmente a sacudir
los espíritus, quiso tan bárbaramente extremar la tiranía,
intentó de tan odioso modo ahogar a la Iglesia, que todo lo
que quedaba de fuerza viril y de espíritu cristiano, vigorizado,
robustecido y templado a los golpes del dolor y del sufrimiento,
surgió encendido de amor a Cristo, y surgió principalmente ahí
donde era menos creíble, ahí donde más rudamente se le había
combatido, ahí donde más completo parecía el naufragio: en la
juventud. Tal parece que la Providencia quiso hacer patente y
clara su intervención y señalar el camino.

Sin embargo, años después escribiría algunas ideas
en las que rectificaba completamente esta posición y llegaba
a descalificar como mentiras y prejuicios malévolos sus
afirmaciones anteriores:
No es la fuerza de la verdad, sino la fuerza que el tiempo
otorga a las mentiras, sustentadas durante muchos años como
verdades, lo que hace sumamente difícil arrancar desde la
raíz tantos juicios y prejuicios equivocados, malévolos y
destructivos que han mantenido a México, en el orden de las
ideas y de los hechos, partido en dos bandos irreconciliables
y en dos concepciones opuestas de nación, haciendo cada
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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

uno de esos bandos su parcela de patria, su predio nacional
privado, su coto propio, con un ideario particular y hasta con
dos olimpos sagrados en donde encasillan unos y otros a sus
dioses exclusivos. Y lo más doloroso del caso es que quienes
son dioses en un olimpo, son demonios en el otro.

A simple vista, es una crítica muy seria al bando radical
en el que militó por una quincena de años. La rectificación tiene
más valor viniendo de alguien que hasta hacía tan poco tiempo
había sido un convencido partidario de esa lucha y esa postura
antagónica, de esa descalificación a todos los que no pensaran en
la misma línea que él y sus correligionarios. Sin duda, muchas
cosas habían cambiado en su forma de percibir la realidad del
país, lo que no había cambiado tanto era la vehemencia con la que
defendía su postura y la forma apasionada en que demolía a sus
adversarios. También permanecieron siempre en sus afirmaciones
su rechazo a los sistemas políticos originados en las ideas de
Marx, esto es, al socialismo y al comunismo en cualquiera de
sus formas, así como su antipatía por el presidente Calles y su
régimen, al que habría de concebir como una deformación del
verdadero espíritu revolucionario, imbuido este, según su nueva
forma de ver las cosas, de la caridad cristiana y de sus aspiraciones
más elevadas de justicia social, lo cual, por otra parte, no siempre
ha sido practicado por los católicos:
No siempre la doctrina social católica ha sido aplicada en
la práctica por los mismos católicos. Más frecuentemente es que la
profesemos en teoría y la neguemos en los hechos. La Revolución
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Mexicana, imponiendo a latigazos la tesis social católica, cometió
ciertamente muchos desmanes; pero a ese precio la hizo operante, la
hizo realidad.

Así, para Capistrán, no cabía duda que las principales
reformas sociales promovidas por la Revolución, eran de matriz
católica: “Los revolucionarios fueron, por instinto, los brazos
ejecutores de la doctrina de Cristo que desgraciadamente había
caído en el vacío de un catolicismo intrascendente”.
Hacía el mismo reproche al catolicismo internacional: “Si
los católicos de su tiempo hubieran secundado en la acción práctica
la doctrina formulada por León XIII, no habría comunismo en
el mundo y en México no habría sido necesaria la Revolución,
con toda su rudeza y toda su crueldad, para que los católicos
entendiéramos que León XIII tenía razón”.
De ahí que, a su juicio, todas las diferencias que en los
años posteriores a la Revolución se habían venido dando entre
católicos y revolucionarios, tenían su origen en cuestiones de
forma, más que de fondo, o bien en posturas preconcebidas
que no se abrían a la verdad: “En política, como en todo, es
muy saludable defender la verdad, a condición de que primero
se conozca la verdad”. No les faltaba a sus argumentaciones la
ironía y la contundencia que siempre había utilizado: “Más que
en ninguna otra materia, en política es necesario saber leer y
escuchar. Porque hay quienes, cuando leen, lo único que asimilan
son los márgenes y los índices”. De ahí es de donde viene la
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terrible confusión entre lo que es accidental y lo que no: “La pugna
–a veces sangrienta– establecida entre la Revolución Mexicana y
el catolicismo, se debió a causas políticas mucho más que a tesis
doctrinarias. Es decir, se produjo por motivos transitorios y no
permanentes, accidentales y no esenciales”.
Un claro ejemplo de esto último fue el problema que
se suscitó en el gobierno de Calles originado, a juicio de
Capistrán, en la falta de tacto político de este y del grupo que
lo seguía: “El callismo fue la conclusión lógica de dos posturas
ilógicas. La de los revolucionarios radicales y la de los católicos
conservadores”. A estos últimos, con su actitud intransigente,
el callismo les dio
la gran oportunidad para rehacer su vida cívica, para purgar
por las propias culpas, para volver por los fueros de la dignidad
ultrajada, y para demostrar al pueblo y a los revolucionarios
mismos, que los católicos, a su vez, son capaces de tomar en
sus manos la bandera libertaria de aquella.

Los que en aquella coyuntura tomaron las armas, no
hicieron otra cosa que retomar los principios que inspiraron la
Revolución: “volvimos a la sangre de Madero, ultrajada por
Huerta y por Calles, y dimos a la Revolución un contenido
casi divino” “En nombre de los mismos ideales libertarios de
la Revolución, los cristeros se rebelaron contra Calles. No lo
hubieran hecho contra el porfirismo, [pero] la Revolución había
revelado algo que los católicos parecíamos tener en el olvido: que
la libertad es preciso conquistarla”.
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Si bien es verdad que en algunas de estas afirmaciones
resuena la emotividad propia de sus primeros discursos, hay que
aceptar que, como él mismo lo admitía, su pensamiento había
evolucionado hacia una visión sincrética –quizá demasiado– del
catolicismo y los ideales revolucionarios: “La fe católica y la
Revolución Mexicana son las dos antorchas inextinguibles que
iluminarán el porvenir si sabemos conjugar constructivamente
esos dos hechos concretos, profundamente incorporados en el
alma y la historia nacionales”. Ya anteriormente, había escrito a
Rius Facius en esa misma línea:
No hay razón doctrinaria ni táctica para perpetuar la
pugna irreconciliable entre la Iglesia Católica y el régimen
revolucionario mexicano. Esa pugna se mantiene por intereses
políticos disfrazados de amor a la Iglesia y tratando de utilizar
esta con perjuicio evidente para ella.

Esta postura sincrética le llevó a constantes enfrentamientos
–que no evadía–, con intelectuales y columnistas, tanto del bando
católico como del revolucionario. Con los primeros, son célebres
sus diatribas con Jesús Guiza y Azevedo, quien para refutarlo
le dedicó un libro completo. Quedan para trabajos posteriores
esas controversias, pues no forman parte del objetivo de esta
investigación.
El cambio de posicionamiento de Capistrán se dio en
el contexto de un reacomodo en las relaciones entre el Estado
mexicano y la jerarquía católica. Un modus vivendi pactado en 1929
y que, de hecho, no sería sino hasta el gobierno de Ávila Camacho
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que comenzara a plasmarse de lleno en un doble compromiso: por
parte del gobierno, la no aplicación de las leyes que obstaculizaran
la labor de la Iglesia; por parte de jerarquía, la desautorización,
cuando no condena, de los actores católicos que buscaran servirse
de la religión para lograr cambios políticos a través de la resistencia
armada. En estas circunstancias, mientras que un grupo de ex
miembros de la Liga fundó en 1940 una agrupación llamada
“Integrismo Nacional” para desde ahí seguir combatiendo lo que
consideraban serias amenazas para la religión católica, Capistrán
Garza marcó su distancia e inició, justo en este tiempo, un camino
distinto que lo llevó a segregarse de la mayor parte de sus antiguos
correligionarios. Un camino también diferente al acomodo que
la jerarquía católica había optado por razones de practicidad –o
de imperiosa necesidad– a las políticas gubernamentales, pues,
en el caso de Capistrán, no fue el cese de la beligerancia de los
gobiernos cada vez más conservadores emanados de la Revolución
lo que gestó su transformación, sino sobre todo un convencimiento
profundo de que las tesis que tanto la Revolución como la Iglesia
católica postulaban en materia social estaban hermanadas.
Consideraciones finales
Los escritos autobiográficos, entre ellos, cartas como la que
escribió a Rius Facius en 1959, nos permiten conocer a fondo
las motivaciones de René Capistrán Garza, tanto en su etapa
de contrarrevolucionario como en la de “armonizador” de los
principios católicos con aquellos de la Revolución.
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En ellos, muchas veces se encuentran pasajes de autocrítica
en los que reconoce algunos errores y los atribuye, en parte, a
su juventud. Por ejemplo, a propósito de su nombramiento como
jefe civil del movimiento cristero y embajador plenipotenciario
de la Liga y ante la jerarquía y el gobierno de Estados Unidos,
señala: “Mi error y responsabilidad gravísimos consistieron en
haber cedido, por vanidad y amor propio a las instancias de la
Liga para que aceptase las dos decisiones”.
La crítica que hacía a las posturas extremistas de algunos
grupos contrarrevolucionarios, a partir de su transformación en
un decidido defensor de la Revolución, tiene el mérito, si cabe
esta expresión, de ser hecha por alguien que fue primeramente un
convencido sostenedor de esos postulados.
Su admiración por la Revolución, por otro lado, parte,
según explica él mismo, de que esta fue capaz de implantar en la
sociedad los postulados cristianos en materia de justicia social,
aunque haya sido a fuerza de latigazos.
Su acercamiento a los planteamientos revolucionarios y
su afán de mostrar la afinidad de estos con la doctrina católica,
no obstante su intención de aproximar a las partes en pugna, no
fue bien recibido por sus antiguos correligionarios y por un gran
número de católicos que, durante años, siguieron viendo trasfondos
socialistas y ateos en todo lo que se llamara revolucionario y, en
René, simplemente a un traidor, cuando no a un vendido. Quizá
su fracaso para obtener ese acercamiento se debió, en buena parte,
a los métodos que utilizaba para fustigar a quienes no compartían
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su nuevo punto de vista, esto es, la exposición apasionada de sus
argumentos y el modo poco empático de referirse a sus adversarios
que, por otro lado, eran los mismos métodos que antaño había
empleado para atacar la Revolución.
Con todo, algunas de sus apreciaciones en torno a lo que
realmente originó una pugna de tanto tiempo entre el Estado y
la Iglesia católica, son especialmente rescatables para evitar en
lo sucesivo ese tipo de enfrentamientos, esto es, no dar un peso
inconmensurable a situaciones que son pasajeras y accidentales,
sino privilegiar el camino del diálogo, mejor que buscar tensar la
situación hasta el punto de que el contrario tenga que rendirse. Un
legado que permanece vigente.
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�Desterritorialización de la costa quintanarroense:
el caso de Playa del Carmen
De-territorialization of the Quintana Roo coast:
the case of Playa del Carmen
Miguel Pinkus Rendón
Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales
CEPHCIS-UNAM
https://orcid.org/0000-0002-2839-9610

Ashantti Vereniss López Niquete

https://orcid.org/0009-0002-3532-1907

Abril Monserrat Gonzalez-Ku

https://orcid.org/0009-0006-5339-8536
Recibido: 31 de agosto de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: El territorio de Quintana Roo, México desde 1902 (fecha
de creación), ha sido artífice de una gama de acontecimientos que han
repercutido en la apropiación, uso y manejo de los bienes comunes
naturales que tienen en su interior. Es por ello, que el presente artículo se
aboca a analizar cuáles han sido las variaciones políticas, socioculturales,
económicas y cómo éstas han impactado en la conformación del paisaje
y la transformación en el vínculo con los bienes comunes naturales.
En particular se analiza el caso de Playa del Carmen como ejemplo de
lo sucedido en la costa oriental del estado. En este sentido, se puede
vislumbrar que en las seis primeras décadas del siglo veinte la dinámica
económica giraba en torno a la utilización de los elementos naturales
maderables o no maderables (corte del chicle) sea por particulares,
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compañías explotadoras, ejidos o colectivos de estos. A partir de
principios de los años setenta se da un cambio abrupto, que es cuando
la política pública federal promueve al turismo como eje conductor del
sistema económico, tomando en un primer momento a Cancún como
polo de desarrollo y posteriormente a finales del siglo XX a la Riviera
Maya, lo que conlleva a un crecimiento urbano, cambios de uso del
suelo y tenencia de la tierra. Este estudio pretende dar un panorama de
la desterritorialización de las comunidades costeras desde la historia
ambiental y oral.
Palabras clave: Quintana Roo, Territorio, Ejidos, Turismo.
Abstract: Since 1902 (date of creation) Quintana Roo, Mexico territory
has been the architect of a range of events that have had repercussions
on the appropriation, use and management of the natural commons
within it. For this reason, this article focuses on analyzing the political,
socio-cultural and economic variations and how these have impacted
the landscape and the transformation of the link with the natural
commons. In particular, the case of Playa del Carmen is analyzed as an
example of what has happened in the eastern coast of the state. In this
sense, it can be seen that in the first six decades of the twentieth century,
the economic dynamics revolved around the use of natural timber and
non-timber elements (gum cutting), whether by individuals, exploiting
companies, ejidos or their collectives. At the beginning of the 1970s,
there was an abrupt change, when federal public policy promoted
tourism as the driving force of the economic system, first in Cancun and
then in the late 20th century in the Riviera Maya, which led to urban
growth, changes in land use and land tenure. This study aims to provide
an overview of the deterritorialization of coastal communities from an
environmental and oral history perspective.
Key words: Quintana Roo, Territory, Ejidos, Tourism.

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�Desterritorialización

Introducción
El sureste de México ha atravesado una serie de reconfiguraciones
a través del tiempo, no solo hablando de la parte de división
política, sino también desde la perspectiva paisajística,
sociocultural y socioeconómica. Desde la creación de Quintana
Roo como territorio a principios del siglo XX, proveyó varios
acontecimientos sociopolíticos a nivel regional y nacional
(revolución mexicana) que dieron una dinámica de pertenencia
del territorio y del entorno que en él se encontraba. Tales como
la fundación del territorio, luego la reincorporación a Campeche
y Yucatán, para finalmente casi a mediados del siglo XX, la
designación como estado de la República Mexicana.
En este sentido, el territorio de Quintana Roo ha tenido
cambios importantes en cuanto a los bienes comunes naturales1
y aprovechamiento de sus alrededores, cabe señalar que en sus
inicios como entidad federativa contaba con una alta diversidad
biológica y baja concentración poblacional humana, misma
que paulatinamente ha cambiado en poco más de un siglo, pero
incrementándose aceleradamente en las últimas décadas y con
mayor medida las costas quintanarroenses.
Es por ello, que en el presente trabajo se pretende dar
cuenta de los cambios enfrentados en el espacio-territorio
1

Se utiliza Bienes Comunes Naturales (BCN) y no Recursos Naturales pues la noción de los BCN se opone a la visión utilitarista de los elementos y servicios naturales
para apostar a una revalorización y apropiación de los bienes que conforman los territorios (Ivars, 2013). Sin embargo, en la lectura de este texto se hace uso del concepto
de Recursos Naturales solo en las citas textuales o cuando se trata del análisis desde la
lógica mercantilista para contrastar las reflexiones.

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�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

quintanarroense, poniendo como ejemplo la costa central del
estado, particularmente la población de Playa del Carmen en los
últimos 70 años. En el cual se recurrió a analizar cuáles han sido
las variaciones políticas, sociales, socioeconómicas, y cómo éstas
han impactado en la conformación del paisaje y la transformación
en el uso de los bienes comunes naturales.
Para conseguir esta meta, el trabajo se abordó desde tres
diferentes aspectos de obtención de información: a) Se abocó a
la tarea de recopilar las primeras fuentes de manera diacrónica,
para explicar el proceso de las políticas públicas que incidieron
en la segmentación de las actividades productivas, así como la
adquisición y usufructo de los bienes comunes naturales del
territorio. b) Se realizó la búsqueda de cartografía histórica (física
y digital) para dar cuenta de la tenencia de la tierra, poniendo
énfasis en los cambios que se favorecieron durante la repartición
agraria y a raíz de las modificaciones del artículo 27 constitucional.
C) Finalmente, para conocer de primera mano la historia oral de
los pobladores de Playa del Carmen, respecto a la percepción del
cambio territorial que experimentó la otrora ciudad en las últimas
décadas, se llevaron a cabo talleres de mapeo participativo, así
como entrevistas semiestructuradas con personas nativas del
lugar o que tengan varias décadas de habitarlo.
Conformación del territorio Quintanarroense
No se puede entender la dinámica del sur de México, sin explicar
un poco los sucesos ocurridos a mediados del siglo XIX, es decir,
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�Desterritorialización

la Guerra de Castas. La cuál no sólo trastocó el tejido social que
se vislumbraba dada la opresión hacia los mayas en la Península
de Yucatán, y que se cristalizó en 1847, amén que durante la
colonia ya habían ocurrido varias rebeliones por las precarias
condiciones en que éstos se encontraban. Lo que forzosamente
conlleva a transformaciones socioculturales en la gente originaria
y/o que se ha ido estableciendo en la línea del tiempo.
Según lo escrito por Navarro (1968, 1976) “los criollos
utilizaron desde la represalia de privar a los indios de los derechos
que les habían concedido en la constitución de 1841 hasta
prohibirles el uso de las armas, concentrarlos en determinadas
localidades, obligarlos a recibir instrucción religiosa y, cuando no
bastaran los consejos, corregirlos según su índole y costumbres”.
Por ello, para luchar por derechos humanos y políticos se dio
una rebelión en contra del grupo del poder, como reacción, el
gobierno en turno que no solo deseaban acabar con la revuelta
sino con visión a que se apoderaran de la Península, invitaba a
extranjeros a contribuir en la misma.
En esta sublevación se pudo observar una segmentación
del territorio, que no solo aplicaba a lo humano, en donde, en
las ciudades de Mérida y Campeche se asentaron las poblaciones
mestizas y la blanca, en tanto que en la parte oriental de —en
ese entonces Yucatán —se establecieron las comunidades mayas.
Aunado a ello, mientras en la parte que habitaron los primeros era
principalmente de selva baja caducifolia, en tanto la colonizada
por los indígenas se configuraba por selvas medianas y altas con
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una alta humedad en lo conocido como “montaña”, lo que le daba
acceso a multiplicidad de bienes comunes naturales para utilizar
(Villalobos 2006).
Cabe señalar que previo a la guerra, desde la época
colonial, se había dado la explotación de maderas tales como
el Palo de Tinte Haematoxylum campechianum en las zonas
bajas inundables, mientras que el Cedro Cedrela odorata, y
la Caoba Swietenia macrophylla en las zonas selváticas, todas
ellas sumamente apreciada en Europa, tanto así, que la piratería
en el Caribe y puntualmente en las costas Quintanarroenses fue
contemplado desde siglos anteriores. En este sentido, y volviendo
al conflicto, la explotación de madera continuó siendo importante,
ya que, durante este se dio una asociación estratégica entre los
rebeldes mayas y la Honduras Británica (Belice), en la cual, los
primeros dejaron que los británicos explotaran regiones de la
selva bajo su protección, mientras que les dotaran de insumos
para la guerra, así como otras materias provenientes de la Gran
Bretaña. Cabe señalar, que, durante el período en cuestión, en
algunas regiones del territorio se daba una triple explotación
forestal. Por un lado, los mayas rebeldes del sur y oriente, una
segunda por las empresas colonizadoras (Compañía Colonizadora
de Faustino Martínez y Compañía Colonizadora de la Costa
Oriental de Manuel Sierra Méndez) y una tercera por los ingleses
que rentaban las tierras de uso, en varias ocasiones, pagando los
terceros a los dos primeros por una misma extensión territorial
por el conflicto armado.
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�Desterritorialización

La cruenta lucha duró poco más de 50 años, con una
gran cantidad de caídos de ambos lados, y, como una medida de
Porfirio Díaz se divide la Península de Yucatán en dos Estados
(Campeche y Yucatán) y un naciente territorio, Quintana Roo
(Figura 1).
Quintana Roo se creó con la zona que desde más de medio
siglo atrás estaba ocupada por los mayas rebeldes y en la que
el Estado de Yucatán no ejercía de hecho jurisdicción política y
administrativa. Prácticamente, el decreto del 24 de noviembre
de 1902 que creó el Territorio Federal de Quintana Roo, no
hizo sino darle carácter constitucional de Territorio Federal a
una región que desde 1848 se sustrajo del poder político del
Estado de Yucatán (González Duran 19742 en Macías 2002).

No obstante, Macías (op cit.) sostiene que hubo más
variables a considerar para dicho decreto. Por un lado, dado
que los mayas orientales solo ocuparon parte del territorio
mencionado (Tulum hasta el río Hondo), quedando fuera la
parte norte, la cual, ya era controlada por empresas particulares
establecidas, incluyendo las islas Mujeres y Cozumel, bajo
oligarquías que hacían explotación forestal. Por otro lado, dado
que la comercialización y flujo económico se daba por la parte
marítima a consecuencia de los pocos caminos terrestres que
existían, era imprescindible tener un control fiscal de todas las
transacciones que se llevaron a cabo en los principales nodos de
embarcación y puntos prioritarios del territorio.
González Durán, Jorge. 1974. La rebelión de los mayas y el Quintana Roo
chiclero. Mérida, Yuc. Dosis, 80 p.
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�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Figura 1. Proyecto de límites entre el Estado de Yucatán y el territorio de
Quintana Roo (1904). Tomado de Mapoteca Manuel Orozco y Berra 2024.

Árboles y maderas
La geografía de Quintana Roo nos demuestra que más del 80 %
del territorio presenta una gama de tipos de selvas con gradientes
tanto de altitud (5 hasta 40 m) como de la caducidad que tiene
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las hojas en el follaje durante el año (caducifolia a perennifolia),
lo cual representa una alta diversidad de especies de plantas y
otros organismos. En este sentido, y como ya ha sido mencionado
anteriormente, la explotación de la madera en el territorio
quintanarroense data de siglos anteriores, en donde cuadrillas de
personas entraban en las selvas para extraer grandes cantidades
de árboles maderables y no maderables, es decir, de troncos que
servían en la construcción de casas (diferentes especies) u objetos
de valor (cedro y caoba), o aquellas cuyo producto sea derivado
de las plantas (tintes).
Al respecto, el corte de los árboles fue socorrido tanto
por los pobladores de los alrededores del monte, los mayas
rebeldes, como por los vecinos de la Colonia Británica, pasado
por las empresas Colonizadoras de diferentes, hasta los nuevos
ejidatarios cuando se da el reparto de las tierras en los gobiernos
del general Lázaro Cárdenas y Lic. Manuel Ávila Camacho (de
lo que se hablará más adelante). Por lo que la presión sobre los
ecosistemas ha sido constante a lo largo del tiempo, debido a los
desmontes que se hacía durante el corte de las maderas preciosas,
maderables y blandas, así como posteriormente para sacar las
trozas de árboles y enviarlas a los puntos de acopio y envío a
través de los afluentes, cuerpos de agua y el mar. Cabe mencionar
que por mucho tiempo no existieron los caminos terrestres entre
las poblaciones, por lo que la conexión entre sitios era por medio
del agua., e.g. en la costa central de Quintana Roo se trataba de
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dejar el producto en la costa para que fuera trasladado a Cozumel
que era un punto estratégico.
La dotación de tierras posrevolucionaria dió pertenencia
a las comunidades mayas ex combatientes de la guerra de Castas
de las selvas que ya habitaban, aunque también otras personas
ajenas al territorio quintanarroense con la finalidad de ocupar un
espacio poco poblado, como veremos posteriormente. Aunque
también siguieron las concesiones de explotación de madera a
particulares. Si bien, la explotación maderera se dió en todo el
territorio quintanarroense, fue más visible en el sur de la entidad
como puede apreciarse en la figura 2, esto relacionado al tipo de
selva alta que contenía ejemplares de cedro y caoba con mayor
tamaño.
La comercialización de la madera por las compañías
privadas era frecuente desde los años 30 del siglo XX, aunque se
intensificó a principios de los 50s por la creación de la paraestatal
(órgano descentralizado de gobierno) Maderas Industrializadas de
Quintana Roo (MIQRO), a la cual se le concedió una concesión de
veintinueve años (González et al. 2007). Como ya se mencionó,
la dotación de tierras le aportó a los pobladores de los ejidos la
posibilidad de vivir mediante el manejo de los bienes comunes
naturales, no obstante, a los ejidatarios se les hizo énfasis que
debían dejar selva para manejar y conservar, contrastando con
lo permitido a los ganaderos y agricultores extensivos (González
op. cit.).
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Figura 2. Flora de la Península de Yucatán. Comisión Colonizadora (1935).
Tomado de Taracena y Pinkus 2010.

Entre 1970 y 1980, el estado de Quintana Roo perdió más
de 500,000 ha de bosques tropicales (la tercera parte de su
superficie forestal hasta 1970). En este periodo se otorgaron
concesiones privadas denominadas, en ese tiempo, Unidades
Industriales de Explotación Forestal, siendo la más importante
la que fue otorgada a la empresa Maderas Industriales de
Quintana Roo (MIQRO) (Ríos-Cortéz, et al. 2012:252).
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�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

Habrá que señalar que si bien se dió una explotación de la
madera preciosa sobre todo en la zona sur del estado, también se
continuó ejerciendo presión ilegal de los bienes en otros sitios del
estado, tanto maderables de alta apreciación (cedro y caoba), las
maderas utilizadas para la construcción de casas como para otros
propósitos no maderables (chakté Caesalpinia platyloba, jabín
Piscidia piscipula, chaká Bursera simaruba, chechen Metopium
brownei, tzalam Lysiloma bahamensis, entre otras)3. Sobre todo,
teniendo en cuenta la vasta cantidad de selvas que seguían siendo
terrenos nacionales y que eran susceptibles a ser utilizados.
Según Galletti (1999), con el otorgamiento de la empresa
MIQRO se dio un subsidio al desmonte, en donde la empresa solo
daba una cuota a los tenedores de la tierra pero éstos no tenían un
beneficio al aprovechamiento de sus montes.
Dándose cuenta del impacto que tuvo en el territorio la
tala de madera de manera constante por varias décadas a manos
de la empresas privadas, aunado a la finalización de la concesión
con MIQRO. Se pone en marcha el Plan Piloto Forestal entre
el gobierno de Quintana Roo y algunos ejidos con la finalidad
de tener un aprovechamiento forestal con una visión de largo
aliento sin acabar con los bienes comunes naturales que tenían.
Este plan se efectuó en los municipios de Felipe Carrillo Puerto y
Othón P. Blanco (Rebollar et al. 2002) con el apoyo federal de la
otrora Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH),
Los nombres en negritas hacen referencia al nombre que se les otorga en
el idioma maya.
3

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cuyos supuestos se encaminaron en que la selva debía representar
un atractivo económico para la población que la habitara, con
la finalidad de que no la destruyera, ya que los propietarios de
los montes debían ser actores de conservación por pertenencia
de capital natural, con miras de una economía forestal comunal
(Galletti op. cit.).

Figura 3. Croquis del ex-territorio de Quintana Roo (1933-1934). Tomado de
Mapoteca Manuel Orozco y Berra 2024.
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Otro producto no maderable que fue ampliamente
utilizado, que su corte data de la época prehispánica y con una
fuerte importancia económica a principios del siglo XX, es el
árbol del chicle (Manilkara zapota). Estos árboles son propios de
diferentes ecosistemas de México, incluyendo selvas, petenes y
dunas costeras, asimismo variando su envergadura dependiendo
de las condiciones físicas y biológicas que tenga.
Esta especie se comenzó a utilizar comercialmente desde
finales del siglo XIX principalmente en el estado de Veracruz
para la obtención de la resina que emanaba de las plantas, aunque
se dieron cuenta las Compañías explotadoras que el territorio de
Quintana Roo tenía una gran densidad de estos especímenes en el
entorno natural, con lo que las miras de explotación voltearon hacía
el sureste mexicano (Ponce-Jiménez 1990). Como consecuencia
de esto se comienza el poblamiento de la zona norte del naciente
estado, aunque de manera paulatina, ya que se daban poblaciones
flotantes migrantes que venían principalmente del vecino estado
de Yucatán “los hombres llegaban sólo durante el periodo de la
explotación del chicle (de junio a febrero), y como no hallaban
condiciones de vida urbana ni otra forma de trabajo (aunque
algunos se dedicaban al corte de maderas de marzo a junio), se
regresaban a su lugar de origen” (Pérez Águilar 2014:196).
Los campamentos chicleros llegaban al lugar señalado
con una buena biomasa de árboles de chicle para su corte,
asentaban pequeños poblados nómadas que incluían tanto a los
cortadores que extraían en precioso látex, con cortes en forma
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de “y”, no tan profundos como para matar a la planta, pero sí lo
suficiente para que salga el líquido, por otro lado las personas que
ponían a calentar el producto colectado, para que disminuyera
su humedad menor al 33% y resumirse para luego colocar la
goma en marquetas de 10 a 12 kg, así también lo capataces de
las principales compañías explotadoras, así como los cocineros
que alimentaban a todos los anteriores (Kawakami 2022). Por lo
que, como señalan algunos autores (Pinkus 2016) en ocasiones se
daba una migración de toda una familia para ir al corte de chicle
en la selva quintanarroense.
Toda la producción de chicle era vendido vía marítima a
los Estados Unidos a alguna de las grandes compañías William
Wrigley Jr. Company, la Beech-Nut Company y la American
Chicle Company. Las dos últimas tenían como subsidiaria en
México a la Mexican Explotation Company (Kawakami 2022).
Para lo que es la costa central de Quintana Roo, desde 1910 se
tenían censos de campamentos chicleros en Isla Mujeres, Tulum,
Playa del Carmen y Cozumel (Pérez Aguilar 2014). Siendo éste
último, el sitio de almacenamiento y exportación del chicle a
través de la Aduana de la isla de Cozumel (Ramos Díaz 1999).
La explotación chiclera inició en Quintana Roo por
empresas particulares con concesiones gubernamentales, no
obstante, se hace mención que en territorios ocupados por mayas
en ocasiones llevaba a conflictos por el usufructo “En 1919 …
un grupo de 6o mayas destrozó el campamento chiclero que
Pardío [Carlos] tenían en Playa del Carmen. Comandados por
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el jefe de la aldea Chumpóm saquearon el lugar“ (Ramos Díaz
1999:178). Es por ello que el gobierno federal buscó una alianza
con los ex rebeldes mayas dirigidos por el general Francisco
May, a tal grado, que incluso hubo reuniones del Gral. May
con el presidente Carranza, dotándolos finalmente a los grupos
indígenas de tierra para la explotación de la goma. Sin embargo,
se dieron nuevas concesiones particulares a personas influyentes
en los gobiernos federal y estatal a finales de los años 20’s con lo
que se reactivó el descontento de los mayas. Lo que llevó a una
serie de encuentros y desencuentros entre representantes de las
diferentes instituciones, las compañías chicleras particulares y los
grupos indígenas que no estaban en una completa homogeneidad
de pensamiento (Kawakami 2022). Cabe mencionar que en este
proceso de producción y mercantilización de la materia prima
para la elaboración del chicle, llevó como consecuencia la
construcción de una red de caminos —habrá que recordar que
casi todo el comercio se realizaba por las vías marinas y venas de
ríos— para tratar de conectar los campamentos chicleros con las
centrales chicleras (Pérez Aguilar 2014).
Todo ello sucede en medio de una gran producción de la
valiosa resina que se continuaba exportando, lo cual persistió en la
década de los 30’s, vislumbrando tanto en la figura 3 con los más
de 90 permisionarios de explotación chicle con comparativas entre
los años 1931 a 1934. Así también, en la figura 4 aparecen tanto
permisionarios como los ejidos con concesión de explotación,
incluyendo al recién formado ejido de Playa del Carmen.
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Figura 4. Carta general del territorio de Quintana Roo. Tomado de Mapoteca
Manuel Orozco y Berra 2024.

La producción de chicle comenzó su debacle cuando
aparece la goma de mascar sintética derivada de polímeros de
petróleo (acetato de polivinilo) en los años de 1950, con lo que se
fue reemplazando paulatinamente en la siguiente década la savia
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del chicozapote tanto por los costos como por la disponibilidad
de la nueva goma. En la actualidad, existen todavía consorcios y
cooperativas que utilizan el chicle derivado del árbol de manera
artesanal.
Reparto de la tierra
Como ha sido señalado en apartados anteriores, previo al
decreto de la creación de Quintana Roo y en sus primeras décadas,
la tenencia de este territorio estaba dividido en los terrenos
nacionales que eran del estado de manera oficial y aquellos que
pertenecían a los asentamientos humanos —habrá que acotar
que durante la rebelión maya, se apropiaron de tierras aledañas
que posterior al conflicto algunas de ellas aún eran posesionarios
las poblaciones rebeldes—. Por lo que el manejo del territorio
básicamente era dado por el gobierno mediante los permisos de
usufructo del entorno (explotación maderera principalmente) a
consorcios, compañías o particulares. No es hasta posterior a la
revolución mexicana, cuando aparece una nueva forma de tenencia
de la tierra, los ejidos y la repartición del área de Quintana Roo.
Según Careaga e Higuera (2011) el reparto de tierras
comenzó con la presidencia de Emilio Portes Gil (1928-1930)
en el sur del estado, el cual dependía de la vocación productiva
para la extensión del dote, sin embargo, debido a la problemática
de extinción jurídica del territorio, los repartos de 1931 a 1935
se hacen a través de los Estados de Campeche y Yucatán,
reanudándose a lo largo de todo el territorio con Lázaro Cárdenas,
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ya como entidad federativa, dentro de los que se incluye al ejido
de Playa del Carmen. Por lo que de 1928 a 1958 se dotó de tierra a
58 ejidos, siendo los gobiernos de Cárdenas y Ávila Camacho los
que fundaron un mayor número, 19 y 22 respectivamente.

Figura 5. Carta registro de Quintana Roo (1944). Tomado de Mapoteca
Manuel Orozco y Berra 2024.
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A decir de González et al. (2007) los ejidos fueron formados
aplicando criterios de posesión de la tierra a chicleros y poblados
mayas, así como otorgamiento por criterios forestales para el corte
de maderas principalmente en el sur (420 ha por ejidatario), todo
ello con la finalidad que los grupos pudieran vivir principalmente
del corte de chicle. Aunado a ello se les obligaba por ley a los
ejidatarios a conservar las selvas y manejarlas racionalmente.
En mapas de mediados de ese siglo se puede vislumbrar la gran
cantidad de tierra en manos de los ejidos y gran parte de reserva
forestal (figura 5).
En la costa nororiental se asentaron tres ejidos desde la
primera década de la repartición: el ejido Puerto Morelos en 1936
con 21420 ha, un año después el ejido Playa del Carmen con una
dotación de 22680 ha, en 1938 también se dota de terreno al ejido
de Tulum con 9660, todos ellos con una vocación más encaminada
a la chiclería y como punto estratégico para el almacenamiento
del producto antes de enviarse a Cozumel.
En contraste, la política agraria para las décadas de los
60 y 70’s cambió diametralmente, hacia una mirada agrícola
y ganadera, con fuertes transformaciones de uso del suelo,
repartiendo tierras de 20 ha por ejidatario sin el compromiso antes
dado del manejo considerado del entorno (Gallieti 1999). Como
una respuesta a esta política pública, es que se comienzan a realizar
planes alternos, como se señaló anteriormente en el apartado de
árboles y maderas, buscando una recuperación y preservación de
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las selvas deterioradas con los actores sociales posesionarios de
la tierra y que actuaran en conjunto, en sociedades de ejidos.
En la actualidad, se tiene un registro de que Quintana
Roo posee 279 núcleos agrarios, lo que representa poco más de 2
millones 769 mil hectáreas con 60588 beneficiarios (RAN 2024).
El 59.5% de los terrenos ejidales están asentados en selvas,
contrastando con el 26.3 % que está relacionado a la ganadería,
con pastos naturales o agostaderos.
Un golpe que afectó a los ejidos no sólo en Quintana
Roo sino en toda la república fue la modificación del artículo 27
constitucional y por ende a la ley agraria, desmembrando en muchas
ocasiones a los ejidos y perdiendo de vista el vínculo comunal
que en ellos se daba, más aún con la inserción de programas
de parcelamiento —tal como el Programa de Certificación de
Derechos Ejidales y Titulación de Solares (Procede)— que
otorgaban prácticamente títulos de propiedad y enajenación de
los territorios ejidales a particulares o incluso a empresas, como
sucedió con gran parte de la costa quintanarroense. Esto es lo
que ha hecho que terrenos ejidales hayan sido utilizados para
edificar ya sea hoteles de importantes cadenas internacionales o
inmobiliarias, lo cual está íntimamente relacionado con el boom
turístico. Incluso en últimas fechas, se han hecho expropiaciones
en los dos ejidos costeros relacionados con el Tren Maya, al ejido
de Playa del Carmen se le sustrajeron 59.4 ha, en tanto que al de
Tulum 66 ha (RAN 2024).
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Crecimiento poblacional e impacto turístico
Hasta la década de los años 70 del siglo pasado, el crecimiento
del estado de Quintana Roo había sido de forma paulatina,
siempre dirigida hacia el aprovechamiento de los bienes comunes
naturales, ya sea el corte de madera o la chiclería de forma
particular o de los ejidos o consorcios de éstos, hasta la ganadería,
en donde se realizó un cambio de uso del suelo hacia la parte
agrosilvopastoril, siempre con una vocación de explotación del
entorno. Sin embargo, en la década siguiente la costa de Quintana
Roo se vuelve un nodo fundamental para el modelo de desarrollo
basado en el turismo, ideado como una estrategia de diversificación
y acumulación de capital ante la crisis petrolera. Esto llevó a una
transformación del Estado hacia los principios neoliberales para
facilitar la expansión de dicha actividad económica de la mano
del sector privado. En consecuencia, se invierte en infraestructura
y los esfuerzos se concentran en el desarrollo de los Centros
Integralmente Planeados (CIP’s).
Si bien el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz
tuvo la idea de buscar nuevas fuentes de divisas eligiendo
a Cancún como punto de partida del turismo en el sureste
mexicano, se tuvo que empezar desde la búsqueda de mano de
obra (trabajadores chicleros) para el desmonte de la zona hasta
la búsqueda de financiamiento del proyecto hotelero a mando del
Banco Interamericano de Desarrollo, e incluyendo la construcción
del Aeropuerto Internacional de Cancún (Careaga y Bonfil 2011).
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Así pues, es en los años 80 cuando se da un cambio radical
por la continua edificación hotelera de la ciudad de Cancún. El
boom hotelero, no ha parado desde ese entonces y se ha hecho
expansivo hacia el sur de la costa, abarcando zonas conocidas
como la Riviera Maya (Puerto Morelos, Playa del Carmen, Puerto
Aventuras y Tulum) y lo que ahora se conoce como Costa Maya
(Mahaual).
Muchos de estos cambios se han realizado a costa de
territorio ejidal a bajo costo y con un crecimiento poblacional
descomunal, no solo por los hoteles que en estos lugares se han
edificado sino por el personal para soportarlos. Una consecuencia
de la política de desarrollo en los polos turísticos es el rápido
aumento de la población, impulsado por una intensa migración
hacia estas nuevas áreas que brindan oportunidades económicas.
Este proceso va acompañado de un crecimiento urbano
igualmente acelerado, aunque desorganizado y caracterizado por
un alto grado de exclusión, como se ha visto en Playa del Carmen
(Castillo-Pavón y Méndez Ramírez 2017, 101-118).
Como se puede observar en la tabla 1, el crecimiento de
Playa del Carmen fue de forma apresurada desde los años 2000,
lo cual está relacionado con la edificación masiva de cuartos
hoteleros, así como de vivienda para las personas que brindaban
los servicios tanto en esta ciudad como posteriormente en los
complejos hoteleros cercanos que están a lo largo de la costa
quintanarroense.
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Tabla 1
Población municipal y de Playa del Carmen por décadas 4. + Tomado
de COESPO Quintana Roo 2010. *Cozumel era un solo municipio
que incluyó a Playa del Carmen hasta 1993.

Año

Población en
el municipio

Población en Playa
del Carmen

2020

Solidaridad 333800

304,942

2010

Solidaridad 159310

149923+

2000

Solidaridad 63 752

43,613

1990

Cozumel 44903 *

3,098

1980

Cozumel 23 270*

737

1970

Cozumel 12 622*

S/D

1960

Cozumel 7562*

98

Encarnar el territorio: la percepción de los pobladores de
Playa del Carmen
Una de las mayores representaciones que aluden a la conformación
del paisaje y la transformación en el uso de los bienes comunes
naturales son los mapas. Como hemos visto a lo largo de este
artículo la cartografía ha dado cuenta del desarrollo histórico
ambiental de la zona de la costa quintanarroense. Los mapas
suelen ser grandes aliados para sintetizar y presentar información,
Tomado de INEGI Censo de Población y Vivienda 2020, Censo de Población y Vivienda 2010, XII Censo General de Población y Vivienda 2000, XI
Censo General de Población y Vivienda 1990, X Censo General de Población
y Vivienda 1980, IX Censo General de Población 1970, VIII Censo General
de Población 1960.
4

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sin embargo, cada mapa se produce en distintas relaciones de
poder determinadas, ya sean culturales, políticas o sociales. Es
importante mencionar que no son neutros y por esto es difícil
representar la realidad tal cuál la vemos, pues depende de quién
mire. Los mapas suelen representar de una manera gráfica,
ideas homogeneizadas sobre los territorios desde delimitaciones
geográficas hasta elementos del paisaje.
No obstante, existen otras formas de confabular los mapas
más allá de los límites del relato cartográfico elaborado desde
una gráfica monofónica. En este sentido, la elaboración crítica
de mapas desde la pluralidad de miradas es otra forma de narrar
el territorio, esto conlleva a buscar y generar espacios para el
intercambio colectivo de memorias y saberes, se desarrollan
narrativas y representaciones sobre los territorios de maneras
diversas y contrahegemónicas en comunalidad.
Para poder lograr una encarnación común del territorio
es necesario transitar también por dos distintas dinámicas, en un
primer lugar el proceso de desterritorialización pues este considera
“una pérdida de la relación natural de la cultura con los territorios
geográficos y sociales” aunque no necesariamente implica una
pérdida total, (García Canclini, 1989) al perder la agencia o
abandono al territorio sucede al mismo tiempo una búsqueda de
construcción (Herner, 2009: 168) configurando así una segunda
dinámica, el proceso de reterritorialización, este pretende dar cuenta
de “una reinvención social, incidir en los efectos causados sobre las
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formas de vida y las transformaciones en sus identidades con la
finalidad de preservar la memoria histórica en la reconfiguración
de nuevos espacios y generar un mayor desarrollo de la sociedad
en general” (González y Ceballos, 2018).
Con el fin de conocer estos procesos, se propone desde
la investigación cualitativa con un enfoque interdisciplinar
y colaborativo utilizar la técnica del mapeo colectivo para
generar una elaboración crítica de mapas. Como herramienta de
intercambio colectivo, el mapeo se plantea como una práctica de
reflexión en el cual el mapa es el medio y no el fin (Ristler y Ares,
2013). Permite a través de representaciones gráficas, construir
y socializar otras representaciones territoriales, visibiliza otras
dimensiones buscando las memorias que prevalecen y lo que hace
significativos a los territorios para las personas que los habitan
(La Fuente y Hornillo, 2017).
Así pues con el apoyo de esta herramienta buscamos
representar la historia oral de los pobladores de Playa del
Carmen respecto a los procesos de desterritorialización y
reterritorialización que ha experimentado la ciudad en las últimas
décadas para aportar otras miradas, otros entendimientos y otras
construcciones del territorio de Playa del Carmen en colaboración
con quiénes lo han habitado.
El trabajo de campo se llevó a cabo del 28 de mayo al 25 de
junio del 2024 en el municipio de Solidaridad al norte del Estado,
específicamente en la cabecera municipal en Playa del Carmen. La
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indagación sobre las maneras en las que se genera y se manifiesta
lo común en esta ciudad nos llevó a idear una organización
basada en encuentros mixtos: colectivos e individuales. Este
último formato también permite las intervenciones colectivas
en los mapas desde la generación de diálogos e interacciones
gráficas entre participantes, en donde se podrían ligar sus propias
experiencias y memorias sobre el territorio. En este sentido, la
construcción colectiva de conocimiento a través del mapeo fue
nutrido por cada participante desde sus propias percepciones,
saberes, habilidades, historias, recuerdos, emociones y sentires.
Las herramientas utilizadas para dicho mapeo fueron
4 planos urbanos de la localidad de Playa del Carmen a escala
1:1000. La intención era ser intervenidos por un aproximado de 1
a 4 personas por mapa. Cada mapa representaría una década clave
para los fines del presente estudio, es decir, un mapa representaría
el año de 1980, otro 1990, otro inicios del 2000 y finalmente un
mapa para la representación del 2010.
El mapeo fue complementado con un guion de preguntas
nombradas “disparadoras”, las cuales fueron categorizadas
de acuerdo con las metas de este estudio. De tal forma que el
cuestionario se dividió en la categoría de espacio urbano, bienes
comunes naturales y actividades económicas. Estas preguntas
no sólo vislumbraron las categorías de interés, sino también
fueron un apoyo para la orientación de los participantes durante
el ejercicio de memoria en relación a su ambiente físico y
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sociocultural. Asimismo, fueron clave para indagar y dar cabida a
la profundización de sus sentipensares sobre el territorio, puesto
que al ser preguntas semiestructuradas hubo flexibilidad y apertura
para un diálogo activo y para conducir e integrar las narrativas
desde las propias vivencias de los habitantes. Así compartieron
un enriquecido panorama histórico y cultural.
El primer participante clave fue contactado a través de
la red social de Facebook en una robusta y sólida comunidad
activa en el grupo llamado “Recuerdos de Playa del Carmen”.
Dicho participante fue identificado a partir de las descripciones
nombradas en las interacciones con otros usuarios relacionadas a
la temporalidad, los recuerdos evocados y los sentires plasmados.
Este primer contacto fue el vínculo para invitar a un primer
participante ejidatario para el mapa de 1980, a quien se visitó
en la casa ejidal de la localidad, donde a su vez se encontraban
otros ejidatarios quienes se unieron a la actividad, mientras que
otros decidieron solo observar y se unieron para afirmar algunos
recuerdos. Los participantes de los otros tres mapas, 1990, 2000
y 2010, fueron contactados a través de la convocatoria compartida
en redes sociales y de voz en voz. Los encuentros fueron
coordinados de acuerdo a las posibilidades y oportunidades de
cada persona.
En el mapeo colectivo de 1980 participaron dos ejidatarios
originarios de Playa del Carmen. Los participantes siempre se
mostraron emotivos e incluso cada recuerdo fue acompañado de
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un relato histórico. Esto último es valioso, pues fue únicamente en
este mapa en donde se basaron casi en su totalidad en la historia
oral para compartir sus conocimientos sobre el territorio (Véase
Figura 6).5

Figura 6. Cartografía Colectiva de 1980.

Al finalizar la actividad un ejidatario, muy bondadoso, compartió muchas
otras valiosas historias y datos históricos de su infancia y juventud en Playa
del Carmen, los cuales por los objetivos de este estudio no se harán mención.
Sin embargo, esto puede ser una invitación para colaborar en la salvaguarda de
la memoria colectiva de una localidad con un desarrollo turístico desenfrenado
en donde la globalización trastoca a profundidad la identidad territorial haciéndola difusa e incluso silenciosa.
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Tabla 2
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen de 1980.

De acuerdo a los datos compartidos por los participantes
se muestra un apasionante, profundo y vasto conocimiento sobre
el contexto histórico de la localidad como el año de su fundación,
la identificación de las familias ejidatarias fundadoras de quienes
siempre resaltaron ser chicleros, los límites de los ejidos y tienen
muy presente que Playa del Carmen fue parte del municipio de
Cozumel.
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Además, se compartió mucha emotividad durante las
remembranzas sobre los primeros desarrollos urbanos de la
localidad. Como se mira en la figura 6, las formas de vida
devienen únicamente a los alrededores de la actual Av. Juárez a la
altura de la 5ta avenida muy cerca de la Capilla de Nuestra Señora
del Carmen hasta la actual calle 8. Como se observa en la tabla
2 el espacio urbano estaba conformado por pequeños locales de
servicio y comercio, así como de algunas pequeñas instituciones.
Más allá de ello solo había monte, no existían las calles y los
únicos caminos eran de terracería.
En ese pueblo costero, una localidad de embarque para
cruzar hacia la Isla de Cozumel, los bienes comunes naturales eran
abundantes, debido a que casi la totalidad de la mancha urbana
actual no existía en los años 80. Los participantes resaltaron
en todo momento la abundancia de otras especies con quienes
convivieron armónicamente. Destaca mucho la naturalidad con
la cual expresan haber visto venados, jabalís, cochinos, pavos
de monte y cocodrilos, por ejemplo. Muchas de las especies
mencionadas formaban parte de su cotidianidad, pues siempre
entraban a sus propiedades o estaban muy cerca de ellas. Hacen
mención del Patch Pakal, en donde sembraban un poco de maíz,
calabaza y achiote de donde se alimentaban los venados. También
destacaron la diversidad marina cuando expresaron con cierta
nostalgia y alegría que había “(...) mucho pescado” y recordaron
ir en busca de tortuga blanca por las noches. El arrecife es
nombrado con mucha presencia y familiaridad.
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Respecto a las actividades económicas se puede observar
en la figura 6 el asentamiento de escasos establecimientos locales
con servicios básicos y pequeños comercios que no van más allá
de la 5ta avenida con calle 8 como se mencionó anteriormente.
Destacan la artesanía, tiendas, restaurantes, hotelería y pesca.
El contexto del mapa de 1990 nos habla de la vida en
una costa donde aún la gente caminaba descalza y dormía
con las puertas abiertas de sus propiedades. Este último dato
fue mencionado con mucha nostalgia por todos y todas las
participantes, en donde se entiende que era una zona segura y en
calma. En este mapeo la tradición oral sigue presente evocando
recuerdos sobre sus formas de vida ligadas a su territorio.

Figura 7. Cartografía Colectiva de 1990.
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Tabla 3
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen de 1990.

Este mapa vislumbra un cauteloso crecimiento, pues
en la categoría de espacio urbano se señalan asentamientos de
instituciones, comercios y servicios localizados en zonas aisladas
sobre la vegetación nombrada en el mapa anterior por los
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participantes como monte (Véase Figura 6 y 7). El espacio urbano
ya no se limita hasta la calle 8 con 5ta avenida. La superficie de
la creciente mancha urbana se mira casi sobre los límites de la
carretera federal hasta la avenida Constituyentes. Asimismo, se
cristaliza una transición de los comercios en donde la presencia de
tiendas locales con productos básicos y alimenticios o de servicios
locales coexisten con la introducción de cadenas comerciales
como se aprecia en la figura 7 con el pequeño supermercado
“San Francisco de Asís” y la presencia de empresas de transporte
como ADO, por poner algunos ejemplos. En esta década inicia la
ocupación de la Colonia Colosio.
Los bienes comunes naturales aún están presentes en la
cotidianidad de la población, pues se hace mención de diversas
especies no solo en los alrededores de la pequeña zona urbana,
sino también entre los asentamientos. Los cenotes, el manglar,
los venados (Odocoileus virginianus), los sereques (Dasyprocta
punctata), los monos araña (Ateles geoffroyi), la langosta
(Panulirus argus), entre otros, son nombrados en su vida habitual
con gran cercanía.
En relación a las actividades económicas resalta la
producción primaria con la pesca como una actividad importante
y muy presente en la dinámica de la localidad, desde su venta en el
litoral costero como la venta de casa en casa. Así como un sector
terciario con bares, antros, restaurantes, tiendas comerciales y
hotelería (Véase tabla 3).
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Dando un salto al milenio, la cartografía colectiva del año
2000 muestra un contexto con un litoral costero no erosionado,
con diversidad marina e infraestructura física sin un desarrollo
descomedido. Sin embargo, la proliferación de viviendas,
comercios e instituciones se extiende ya no únicamente hasta el
límite de la carretera Federal con avenida Constituyentes, tomando
como punto de partida donde se encuentra la Capilla de Nuestra
Señora del Carmen por la avenida Juárez con 5ta avenida, sino
que la mancha urbana incrementa más allá de la carretera Federal.
Proyectando un crecimiento hacia el noroeste.

Figura 8. Cartografía Colectiva del 2000.

La categoría de espacio urbano deja ver una diversidad
de instituciones, tiendas comerciales y de servicios y resalta
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la presencia de una pequeña plaza comercial llamada “Plaza
Pelicanos”(Véase Tabla 4), el cuál cristaliza el contraste de los
últimos años por introducir tiendas departamentales y cadenas
comerciales.
Tabla 4. Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información
desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del
Carmen del 2000.

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En los bienes comunes naturales sobresalen los recuerdos
de un litoral costero no erosionado, así como la presencia
de manglar, venados, monos, mapaches, coatíes, sereques,
murciélagos, aves, arañas, tayras y diversidad de especies marinas
como tortugas, rayas y bancos de peces a pocos metros de la línea
de la base de la costa en el mar territorial. Asimismo, aún resaltan
la presencia de cenotes en la zona urbana.
Referente a las actividades económicas destacan las
secundarias como se mira en la Tabla 4 con la construcción
de viviendas o fraccionamientos conocidos como “Misión
del Carmen” y “Galaxia del Carmen” al oeste de la Colonia
Colosio, cruzando la Carretera Federal. Así como la presencia
del sector terciario con servicios de restaurantes, hoteles, bares,
supermercados, tiendas y cadenas comerciales.
El mapa del 2010 ilustra con mayor transparencia
la dinámica y la exacerbada transformación socioterritorial
de Playa del Carmen en tan solo 30 años con una acelerada
reducción de la superficie señalada como monte en los mapas
anteriores. Asimismo, resalta en su contexto una localidad
segura hasta el 2016 cuando se percibió el incremento de
la inseguridad. Además, está más presente la planeación y el
desarrollo de viviendas e instituciones. Hasta este punto el
relato histórico está ausente y la narrativa reposa únicamente en
la identificación de ciertos lugares dentro de la mancha urbana
o los que están por construir.
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Figura 9. Cartografía Colectiva del 2010.

En cuanto a la categoría de espacio urbano se refleja
una reproducción de la mancha urbana más allá de la colonia
Ejidal, hacia el oriente, pasando la avenida 115. Asimismo, se
proyecta el continuo crecimiento de la zona noroeste paralelo
al litoral costero en donde se proyectan y materializan nuevos
fraccionamientos, zonas residenciales o de viviendas, así como
algunas nuevas instituciones públicas (Tabla 5).
En relación a los bienes comunes naturales no se identifican
especies con una presencia significativa en la mancha urbana,
únicamente a los alrededores de las nuevas viviendas cercanas a
zonas de construcción en donde figuran y se desplazan especies
como coralillos (Micrurus apiatus), tarántula azul (Tlitlocatl sp.),
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alacranes (Centruroides spp.), murciélagos y venados. También
se hace mención de cenotes por dicha zona entre los bordes de la
zona urbana y el monte.
Tabla 5.
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen del 2010.

En las actividades económicas el sector de la construcción
está sumamente presente en el desarrollo de zonas habitacionales,
comercios e instituciones públicas hacia el oriente cruzando la
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carretera federal. Además, destaca la llegada de cadenas comerciales
de mayoreo como CEDIS Coca-Cola y el Sam´s Club. Así como de
otras Plazas Comerciales como lo es “Centro Maya”.
Reflexiones Finales
El desborde de las expectativas demográficas a partir del milenio
precisan que no es casualidad el detonante del crecimiento
poblacional por el flujo migratorio y su consecuente urbanización
explosiva con la creación del municipio de Solidaridad en 1993,
siendo Playa del Carmen su cabecera municipal, al tiempo del
naciente Estado neoliberal quien acompañó los modelos de
desarrollo del capitalismo global. De hecho el panorama político
y económico de finales del siglo pasado fueron los engranajes
para cimentar, consolidar y posicionar a la Riviera Maya como un
destino turístico líder a nivel mundial.
Un aspecto fundamental es la modificación del artículo
27 constitucional durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari
inscrita en los procesos de modernización neoliberal de la política
del Estado, cuando la reforma agraria de la propiedad social
con la tenencia de la tierra ejidal y comunal se acentúan en los
tintes individualistas característicos de la propiedad privada.
Este nuevo panorama fue un campo fértil para la inversión
privada y puntualmente en la costa norte del estado de Quintana
Roo la oportunidad de los mercados globales para proliferar su
megaproyecto de turismo masivo de sol y playa. El cual siempre fue
instrumentado por el gobierno federal desde una débil regulación.
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Lo anterior es importante en la medida que Playa del
Carmen antes de dicha reforma recibía un turismo en pequeña
escala y con un perfil más rústico siendo el turismo europeo
quienes preferían dicho destino. Esto último fue mencionado por
los participantes del mapa de 1980 en el relato oral, cuando nos
comparten su percepción del mar y del arrecife fuera del relato
económico con una interacción de su entorno cimentado desde un
entramado cultural opuesto al quebrantado por el turismo masivo
de la actualidad. Desde sus propias palabras nos narran: “(...) el
arrecife era algo natural para nosotros, luego nos pedían que los
llevemos allá a los extranjeros y así empezamos los tours. Nos
regalaban sus equipos (...)”.
Las reformas en las políticas públicas de principios de los
90´s facilitaron el acaparamiento de tierras ejidales para favorecer
la inversión extranjera en esta zona que refleja el cambio de los
bienes comunes naturales de aprovechamiento sostenible a una
sobreexplotación y depredación de los mismos. Incluso en los
años de explotación de maderas y chicle del siglo pasado no se
generó un preocupante desequilibrio de los ecosistemas del estado
y del encarecimiento del suelo y la vida como contrariamente lo
ha hecho el desarrollo turístico en la región.
Anteponer la rentabilidad ha resultado en segregación
socio-espacial, erosión de los ecosistemas, incremento de la
violencia, la privatización y el despojo de las tierras y una serie de
afectaciones sistemáticas. Esto también se puede identificar en la
comparativa de los cuatro mapas participativos, pues la cartografía
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social de los años 80’s visibiliza modos y condiciones de vida
locales y cómo estos van transitando hacia la inserción de los
grandes comercios y servicios para acondicionar el performance
del sector turístico de masas que conocemos hoy en día.
Desde inicios de este siglo el ecocidio de una gran
superficie de área verde, de manglar y de playa han dado paso a la
dominación de la construcción no solo de hoteles, supermercados,
plazas comerciales, instituciones y viviendas, sino también del
apogeo de las inmobiliarias quienes no sólo perpetúan un sistema
urbano jerárquico sino que también densifican el centro y la costa,
a expensas del desplazamiento de vidas humanas y no humanas;
cerrando de esta manera no solo el acceso a los ecosistemas
sino también a la conformación de la relación intrínseca entre el
paisaje y la memoria.
El auge del boom turístico configuró más ampliamente
un proceso de desterritorialización para la población de Playa
del Carmen, esta expansión se realizó en su mayoría sobre los
terrenos ejidales. La cartografía histórica presentada da cuenta de
la relación de las instituciones con los bienes comunes naturales
y la instauración de un relato histórico del entorno. Sin embargo,
la relación de la población con el territorio se ve desplazada.
Los pobladores de Playa del Carmen con el paso del tiempo han
tenido que reconstruir en cada etapa de cambio, su relación con el
territorio, en esta reterritorialización encontramos que la memoria
y los saberes respecto a los bienes comunes naturales permanecen
en los relatos orales y ahora gráficos; se da nota de los primeros
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bosquejos de una conformación de una identidad playense que se
caracteriza por la añoranza del paisaje y el sentido de comunidad
social, en el caso de los ejidatarios y personas que ha vivido en
esta localidad desde los años 80´s e incluso 90’s.
Si bien desde el siglo pasado el relato político sobre el
territorio quintanarroense era narrado como un estado vacío e
inhóspito a pesar de haber estado habitado por poblaciones mayas
e incluso poblaciones migrantes como la afrobeliceña, este mismo
discurso es llevado al relato político contemporáneo para justificar
que antes del turismo no existía nada. Lo cierto es que la relación
de los pobladores mayas, los combatientes de la Guerra Social
Maya y los chicleros se ven presentes desde finales del siglo XIX
pasando por la conformación del territorio quintanarroense a
inicios del siglo XX y el bosquejo agrario y ejidal de 1932.
La valoración, el entendimiento y la visibilización de otras
narrativas sobre las relaciones que se han llevado con el territorio
es una vía que creemos necesaria. En ella se pueden encontrar
relatos asociados a la memoria histórica donde se han conformado
y vinculado los propios devenires y las colectividades. Aquí
debemos prestar atención porque nos hablan de la existencia de
otras formas de construir y devenir con nuestro entorno como lo
hemos visto a lo largo de este texto con la memoria histórica de un
Playa del Carmen de chicleros, pescadores y propiedad comunal.
El turismo es un éxito para el interés de la inversión
privada, pero un proyecto fallido para la población playense.
La apuesta tal vez sería sostenernos de estas añoranzas junto a
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los actuales puntos de fuga donde las multiplicidades inclinadas
a la vida se encuentran para confabular narrativas colectivas,
pues desde ahí surgirían relatos que no convergen y, por
tanto, interpelan a la cartografía colonial con sus narrativas
dominantes. Por poner dos ejemplos de estas fugas, uno de ellos
es la articulación de jóvenes playenses que aunque inmersos ya
en un contexto globalizado y cosmopolita en la conformación
de Playa del Carmen como ciudad, también dan cuenta de los
cambios que han ocurrido plasmando tintes de una conciencia
ecológica como lo es el proyecto de Cenotes Urbanos
donde buscan lograr una apropiación social de los entornos
subterráneos6. El segundo ejemplo lo podemos encontrar en las
articulaciones colectivas como el grupo “Recuerdos de Playa
del Carmen” en la red social Facebook donde las remembranzas
nos alientan en la esperanza.
Esto no se hubiera logrado sin la valiosa participación de
quienes sostienen estos territorios, por lo que queremos agradecer
infinitamente a quienes han intervenido en estos mapas.
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�Escribiendo la memoria olvidada de un pueblo
Writing the forgotten memory of a village
Adi Estela Lazos Ruíz
Escuela Nacional de Estudios Superiores
Unidad Mérida, UNAM
https://orcid.org/0000-0002-9162-8308

Jonathan de Jesús Cruz Tamayo

https://orcid.org/0009-0007-3360-5718

Rafael Falla Pech

https://orcid.org/0009-0001-8759-503X
Recibido: 20 de septiembre de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: Kiní es un pueblo inmerso en un enorme legado y riqueza
ecológica y cultural por 3000 años de grupos mayas en la península
de Yucatán, sin embargo prácticamente no ha sido estudiado y sus
habitantes tienen interés en su patrimonio histórico y biocultural.
El presente artículo tiene como objetivo compartir el proceso de
elaboración de un libro sobre estos temas a partir de aparentemente
pocas pistas. Se ha conformado un grupo multidisciplinario entre
gente del pueblo que comparte sus conocimientos y memoria colectiva
y colaboradores externos especialistas en diversos campos, para
escribir su historia usando diversos métodos y fuentes que van desde
la consulta de archivos, la historia oral, las colectas botánicas, talleres
participativos, entre otros. Se espera que el libro resultante sirva a las
próximas generaciones para valorar su territorio.
Palabras clave: Kiní; patrimonio biocultural; cultura maya; historia
ambiental; microhistoria.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 83-125
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

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�Escribiendo la memoria olvidada

Abstract: Kiní is a town immersed in an enormous legacy and
ecological and cultural wealth for 3000 years of Mayan groups in the
Yucatan Peninsula. However, it has practically not been studied, and
its inhabitants are interested in their historical and biocultural heritage.
This article aims to share the process of writing a book on these topics
based on apparently few clues. A multidisciplinary group has been
formed between local people, who contribute with their knowledge and
collective memory, and external collaborators, who are specialists in
various fields, to write Kiní’s history using various methods and sources
ranging from archival consultation, oral history, botanical collections,
participatory workshops, among others. The resulting book is hoped to
help future generations value their territory.
Key words: Kiní; biocultural heritage; Mayan culture; environmental
history; microhistory.

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�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

Historia, microhistoria e historia ambiental
Saber de la historia de su lugar de origen es una necesidad de las
sociedades e individuos para entender el paso del tiempo en el
espacio en el que están inmersos1. Algunos lugares tienen poca de
su historia escrita a pesar de su riqueza cultural y ambiental2. Esta
es una mina de posibilidades para explorar, especialmente cuando
atiende a los intereses de sus habitantes.
La historia de un pueblo pequeño puede considerarse una
aproximación a escala local. Esta escala es concreta y sensible,
permitiendo un acercamiento a las conductas individuales,
diferente de las escalas regional, nacional o global, que terminan
convirtiéndose en una construcción intelectual sin tantos detalles3.
De esta manera, la historia local permite que los grupos humanos
salgan del anonimato y su diversidad sea revelada. Un ejemplo
es el libro “Pueblo en vilo” de Luis González4, donde cuenta la
historia de su pueblo natal, San José de Gracia, Michoacán. El
texto fue publicado por primera vez en 1968, está organizado en
periodos históricos y contrasta el contexto regional y nacional con
Álvaro Acevedo, «La historia local, la historia regional y la
microhistoria como experiencia y posibilidad para la historia pública», Ciencia Nueva, revista de Historia y Política 5, n.o 2 (2021): 1-18, https://doi.
org/10.22517/25392662.24623.
2
Adi Estela Lazos Ruíz y Miguel Ángel Pinkus Rendón, «Historia ambiental de la región de la Reserva de la Biosfera Los Petenes en Campeche,
México», Revista Etnobiología 20, n.o 2 (2022): 236-51.
3
Paul Claval, El mundo por descifrar. La perspectiva geográfica. (Instituto
de Geografía, Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, 2020).
4
Luis González, Pueblo en vilo, 4a. (Ciudad de México: Fondo de Cultura
Económica, s. f.).
1

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los sucesos que ocurren en San José. Algunos eventos que parecen
importantes en la historia nacional pasaron casi desapercibidos
en el pueblo. Por el contrario, algunos momentos triviales en el
contexto más amplio, dejan una marca profunda en las memorias
de la gente, como cuando el hombre más alto del pueblo se fue
con una compañía de circo cuando pasó por allí5. Esta obra fue
pionera e innovadora cuando en su tiempo usualmente se ponía
énfasis en una escala mayor y en eventos históricos nacionales. De
esta manera, Luis González es considerado uno de los primeros
exponentes de la llamada microhistoria, “que es la historia de una
comunidad a lo largo de una amplia temporalidad y que interpreta
la historia total de un grupo humano, es decir, intenta mirar todos
los aspectos de un colectivo particular”6. En este sentido el libro
de Kiní es un trabajo de microhistoria.
La historia ambiental también viene útil al libro de Kiní
porque tiene interés en las relaciones de las sociedades con la naturaleza7 a lo largo del tiempo. Para la historia ambiental la naturaLes Barrieres de la Solitude, Documental basado en el libro «Pueblo en
vilo» de Luis González (France 2, 1996), https://www.youtube.com/watch?v=Ryzf445Lars.
6
Acevedo, «La historia local, la historia regional y la microhistoria como
experiencia y posibilidad para la historia pública».
7
A lo largo de este texto se utilizan los términos naturaleza, naturaleza no
humana y medio ambiente como sinónimos. Estamos conscientes de que hay
matices entre definiciones, dicho debate se aborda con detalle en la obra de Job
Antonio Garcia Ribeiro y Osmar Cavassan, «Os conceitos de ambiente, meio
ambiente e natureza no contexto da temática ambiental: definindo significados», GÓNDOLA, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias 8, n.o 2 (2013):
61-76.
5

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leza no humana es un agente activo del devenir histórico8; tomando la metáfora de Pádua con una obra de teatro, considera que la
naturaleza no es una escenografía o telón de fondo donde suceden
los eventos históricos, sino que está viva, presente e influye en lo
que pasa en la historia9. Por esta razón, resulta cómodo abordar
el estudio de los usos históricos de la flora y la fauna, los rituales
agrícolas, las percepciones sobre los huracanes o la diversidad en
huertos caseros. Estos temas son todos de interés para los habitantes de Kiní y forman parte de su rico patrimonio biocultural.
Patrimonio biocultural
El patrimonio de una región está constituido por aquellos
elementos tangibles e intangibles producidos por las sociedades
y que identifican y diferencian a esa región. El patrimonio es
dinámico e incluye las manifestaciones de cultura popular,
lenguas, artesanías, conocimientos, valores y tradiciones
características de un grupo10. La convergencia de la riqueza
cultural y la riqueza de biodiversidad en un territorio resulta
en un corpus de conocimiento, prácticas de manejo (praxis) y
Stefania Gallini, «¿Qué hay de histórico en la Historiografía ambiental en
América Latina?», Historia y Memoria, n.o especial (2020): 179-233, https://
doi.org/10.19053/20275137.nespecial.2020.11586.
9
José Augusto Pádua, «As bases teóricas da história ambiental», Estudos Avançados 24, n.o 68 (2010): 81-101, https://doi.org/10.1590/S010340142010000100009.
10
Héctor Polanco y Lesbia Payares, «Patrimonio histórico-cultural y pensamiento complejo como estrategias del desarrollo sostenible», Multiciencias
12, n.o 3 (2012): 295-99.
8

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sistemas de creencias (kosmos)11, que constituyen un patrimonio
biocultural generado por las relaciones de las sociedades con el
medioambiente a través del tiempo12. Este medioambiente moldea
a los grupos humanos y ellos a su vez lo moldean, es decir, se
codeterminan13.
Otros términos relacionados con la idea de lo biocultural
son el conocimiento indígena local (ILK por sus siglas en inglés)14
y el conocimiento ecológico tradicional (TEK por sus siglas en
inglés)15, que apelan al conocimiento empírico tan antiguo como
la humanidad misma, desde los grupos de cazadores-recolectores;
se le llama tradicional pues indica una continuidad cultural
transmitida como principios, creencias y prácticas derivadas de la
experiencia histórica enraizada en un territorio16. Estos temas han
Víctor M. Toledo y Narciso Barrera Bassols, La memoria biocultural: la
importancia ecológica de la sabidurías tradicionales, Perspectivas agroecológicas (Barcelona: Icaria Editorial, 2008).
12
V. Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica:
Fundamentos, Métodos y Resultados.», Etnoecológica 6, n.o 8 (2001): 7-41.
13
V. Toledo y M. González de Molina, «El metabolismo social: las relaciones entre la sociedad y la naturaleza», en El paradigma ecológico en las
ciencias sociales., ed. F. Garrido et al. (Barcelona: Icaria, 2007).
14
Leonie Burke et al., «Indigenous and Local Knowledge in Biocultural Approaches to Sustainability: A Review of the Literature in Spanish»,
Ecosystems and People 19, n.o 1 (2023), https://doi.org/10.1080/26395916.2
022.2157490.
15
Anneli Ekblom et al., «Conservation through Biocultural Heritage—Examples from Sub-Saharan Africa», Land 8, n.o 5 (2019): 1-15, https://doi.
org/10.3390/land8010005.
16
Fikret Berkes, Sacred Ecology, 3a ed. (New York and London: Routledge,
2012).p.1-3.
11

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sido de interés para la antropología, la etnoecología, la geografía,
la ecología humana, la historia ambiental, entre otros campos.
Lindholm y Ekblom proponen que el patrimonio
biocultural constituye un marco para la conservación y el
desarrollo a través de memorias relacionadas al ambiente (e.g.
marcas humanas en el paisaje, propiedades biofísicas alteradas
directa o indirectamente por personas, ideas transmitidas
oralmente, entre otras), el análisis del paisaje y el cuidado y uso
para el futuro (e.g. integración del conocimiento tradicional en
políticas públicas) 17. Esto es, los autores estiran la definición de
patrimonio biocultural integrando al paisaje como repositorio
de interacciones humano-naturaleza no humana, a manera de
lienzo sobre el que se escribe y se reescribe a través del tiempo,
donde “se yuxtapone (…) lo que se ha puesto en el lugar en
épocas diferentes”, una suerte de palimpsesto18.
Por otra parte, el patrimonio biocultural es visto como
una fuente de estrategias de sustentabilidad. Una evidencia de
su pertinencia es que las zonas ecológicas mejor conservadas
de México coinciden con territorios indígenas19, lo que da
Karl-Johan Lindholm y Anneli Ekblom, «A Framework for Exploring and
Managing Biocultural Heritage», Anthropocene 25 (2019): 100195, https://
doi.org/10.1016/j.ancene.2019.100195.
18
Piveteau 1992 en Nicolas Verdier, «La memoria de los lugares: entre espacios de la historia y territorios de la geografía», en Lenguajes y visiones
del paisaje y del territorio, ed. N. Ortega Cantero, J. García Álvarez, y M.
Ruiz-Gómez (UAM, 2010), 209-17.
19
Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica: Fundamentos, Métodos y Resultados.»
17

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idea de cómo su conocimiento y manejo del territorio por
múltiples generaciones han resultado en el mantenimiento
de la biodiversidad en el largo plazo. Esta idea no es nueva,
Agrawal cuenta que si bien en las décadas de 1950 y 1960 el
conocimiento indígena era visto como atrasado o marginal y que
incluso podría obstaculizar el desarrollo, posteriormente, para
las décadas de 1980 y 1990, fue visto como una fuente valiosa de
información para sistemas de producción agrícola y desarrollo
sustentable20. En este sentido de reconocimiento de dichos
sistemas de tradicionales, Bhawuk enfatiza que los conceptos e
ideas de culturas indígenas incrementan la diversidad necesaria
para desarrollar modelos y teorías útiles para el presente y el
futuro a nivel global21.
Este potencial de proveer conocimientos y estrategias
para la sustentabilidad cobra más importancia ante la época
contemporánea que Steffen y colegas llaman “la Gran
Aceleración” 22. Ésta se trata de un fenómeno a escala planetaria
donde a partir de 1950 y hasta la actualidad, hay una tendencia de
ascenso vertiginoso de indicadores socioeconómicos — como
Arun Agrawal, «Dismantling the Divide Between Indigenous and Scientific Knowledge», Development and Change 26, n.o 3 (1995): 413-39, https://
doi.org/10.1111/j.1467-7660.1995.tb00560.x.
21
Dharm P.S. Bhawuk, «Globalization and Indigenous Cultures: Homogenization or Differentiation?», International Journal of Intercultural Relations 32,
n.o 4 (2008): 305-17, https://doi.org/10.1016/j.ijintrel.2008.06.002.
22
Will Steffen et al., «The Trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration», The Anthropocene Review 2, n.o 1 (2015): 81-98, https://doi.
org/10.1177/2053019614564785.
20

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la población mundial, el consumo de fertilizantes y el número
de vehículos automotores —, y de indicadores del sistema
terrestre — como el bióxido de carbono en la atmósfera, la
pérdida de bosque tropical y la acidificación del océano —23. A
estas tendencias se agrega la pérdida de conocimiento ecológico
tradicional a nivel global24, que implica una merma de miles de
años de aprendizaje.
Así, salvaguardar el patrimonio biocultural se torna en una
urgencia. Uno de los retos principales es cómo mantener vivo un
sistema corpus-praxis-kosmos de carácter dinámico, que se adapta
y reinventa continuamente. No existe un protocolo o fórmula única,
hay ejemplos como dar a conocer el patrimonio biocultural a través
de visitas guiadas a sitios de interés histórico, en especial para
infancias25, la investigación-acción participativa fomentando la
creatividad y el reencantamiento por el territorio26, la reconstrucción
Steffen et al.originally published in 2004 to show socio-economic and
Earth System trends from 1750 to 2000, have now been updated to 2010. In
the graphs of socio-economic trends, where the data permit, the activity of the
wealthy (OECD
24
Kaori Okui, Yoshihiro Sawada, y Takehito Yoshida, «“Wisdom of the Elders” or “Loss of Experience” as a Mechanism to Explain the Decline in Traditional Ecological Knowledge: A Case Study on Awaji Island, Japan», Human
Ecology 49, n.o 3 (2021): 353-62, https://doi.org/10.1007/s10745-021-00237-w.
25
Bibiana Vilá, Ana Maria Areco, y Yanina Arzamendia, «Niños y niñas en
la cueva: incluyendo el patrimonio biocultural en la escuela», Revista Etnobiología 21, n.o 3 (2023): 115-30.
26
Hellen Yurani Zamudio Ceballos, «Reencantamiento social con el patrimonio biocultural mediante una estrategia de diseño para la innovación social.
Estudio de caso: creatividad infantil», 2019, 196-207, https://doi.org/10.53972/
RAD.eifd.2019.2.22.
23

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de historias del paisaje27, la conservación in situ de semillas28, entre
muchas otras. En el caso de este trabajo la estrategia adoptada ha
sido elaborar un libro. Ninguna de estas estrategias es suficiente
por si misma pero todas contribuyen al objetivo de salvaguarda.
El pueblo que se estudia en este artículo se encuentra en
un área que es depositaria de un amplísimo patrimonio biocultural
de más de 3000 años de antigüedad como se relata en la siguiente
sección.
Zona maya de la península de Yucatán
La península de Yucatán en el sureste de México, es una región
donde confluyen una alta riqueza biológica y cultural29, resultando
en un patrimonio biocultural generados por milenios de relaciones
de las sociedades mayas con el ambiente.
Entre los rasgos culturales que sobresalen está el idioma.
La maya es la segunda lengua indígena más hablada en México,
después del náhuatl. Hay alrededor de 765,000 mayahablantes en
la península30 y Mérida, Yucatán es la capital de estado con más
Ekblom et al., «Conservation through Biocultural Heritage—Examples
from Sub-Saharan Africa».
28
Margarita Rosales González et al., «Conservación in situ de semillas de
la milpa. Experiencia y propuesta para el cuidado del patrimonio biocultural
maya.», LEISA Revista de Agroecología, 2019.
29
Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica: Fundamentos, Métodos y Resultados.»
30
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.» (Instituto Nacional de Estadística y
Geografía (INEGI), 2024), https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/interacti27

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hablantes de lengua indígena en México31. No obstante, se nota
una disminución de la población que habla maya en la península
de alrededor del 3% entre 2010 y 202032.
La riqueza ecológica de la región se puede ver en la
diversidad de ecosistemas como selvas bajas, medianas y altas,
sabanas y pastizales, así como vegetación costera de manglares,
selvas inundables y petenes33. Es notable que aunque la península
no es un territorio fácil de habitar por su propensión a huracanes y
porque está formada por un sistema kárstico donde el agua corre
de forma subterránea y en ciertas áreas los afloramientos rocosos
hacen que haya poca materia orgánica, se han desarrollado
formas de manejo tradicionales consideradas como estrategias
de uso múltiple de los recursos. Algunos ejemplos son la milpa,
la cacería tradicional, la pesca, la diversidad en los huertos de
las casas y la producción de miel de melipona (abejas nativas
sin aguijón)34. Estas actividades no solamente se abocan a la
extracción o producción de alimentos para satisfacer necesidades
materiales y fisiológicas sino también culturales y sociales, donde
vos/?pxq=LenguaIndigena_Lengua_04_59db9355-f227-4ca4-a3a0-dbb899edbaef&amp;idrt=132&amp;opc=t.
31
Boege, El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México.
32
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.»
33
Rafael Durán y Gerardo García, «Distribución espacial de la vegetación»,
en Biodiversidad y Desarrollo Humano en Yucatán (Mérida: CICY, PPDFMAM, CONABIO, SEDUMA, 2010), 496.
34
Víctor Toledo et al., «Uso múltiple y biodiversidad entre los mayas yucatecos (México)», Interciencia 33, n.o 5 (2008).
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hay convivencia comunitaria y familiar al criar animales, cuidar
plantas, recolectar ingredientes, cocinar, preparar el pib (horno
bajo tierra), hacer rituales, celebrar fiestas35.
Como parte de Mesoamérica se incluye la domesticación
del maíz (Zea mays)36, el algodón (Gossypium hirsutum)37,
la chaya (Cnidoscolus aconitifolius)38, algunas calabazas
(Cucurbita spp.)39, entre otras plantas. Sobre estos procesos vale
la pena recordar que el conocimiento sobre la identificación,
selección, preparación y la dosis indicada de plantas como fuente
de alimento, por sus propiedades medicinales u otros usos se ha
desarrollado empíricamente. ¿Cuántas personas habrán muerto en
la búsqueda del momento apto para la cosecha o para encontrar
la parte y cantidad adecuada de la planta para comer? Aunque
Diana Cahuich Campos, Laura Huicochea Gómez, y Ramón Mariaca
Méndez, «El huerto familiar, la milpa y el monte maya en las prácticas rituales
y ceremoniales de las familias de X-Mejía, Hopelchén, Campeche», Relaciones Estudios de Historia y Sociedad 35, n.o 140 (2014): 157-84, https://doi.
org/10.24901/rehs.v35i140.107.
36
Alejandro Casas y Javier Caballero, «Domesticación de plantas y origen
de la agricultura en Mesoamérica», Ciencias, 1995.
37
Claudia Pérez et al., «Recursos Genéticos Del Algodón En México: Conservación Ex Situ, in Situ y Su Utilización», Revista Mexicana de Ciencias
Agrícolas 7, n.o 1 (s. f.): 5-16.
38
T. Chin-Chan et al., «Diversidad genética de la Chaya (Cnidoscolus aconitifolius (Mill.) I. M. Johnst. ssp. aconitifolius) en Yucatán, México, su posible
centro de domesticación», Polibotánica, n.o 51 (2021): 185-201, https://doi.
org/10.18387/polibotanica.51.12.
39
Luis E. Eguiarte et al., «Domesticación, diversidad y recursos genéticos
y genómicos de México: El caso de las calabazas», TIP Revista Especializada en Ciencias Químico-Biológicas 21, n.o 2 (2018): 85-101, https://doi.
org/10.22201/fesz.23958723e.2018.0.159.
35

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la humanidad sigue beneficiándose de esta tecnología hasta
el presente, los autores de tales descubrimientos y tecnologías
permanecen anónimos40.
La importancia de la región como centros de origen
de los cultivos mencionados, hace esencial para el mundo
proteger su acervo genético. Aunque los bancos de germoplasma
pueden ayudar a conservar la diversidad genética, una forma de
conservación mejor para especies tropicales es seguir sembrando
e intercambiando semillas, una tarea que realizan los productores
agrícolas a pequeña escala, los verdaderos guardianes de este
tesoro para la humanidad41.
La milpa o k’ool es un sistema complejo de policultivo
que involucra la siembra de varias especies al mismo tiempo,
entre las que destacan el maíz, el frijol, la calabaza y el chile. Sin
embargo, también incluye muchas otras especies de plantas de
valor alimenticio y medicinal, otras actividades como el manejo
del fuego en la roza-rumba-quema, la apicultura, la pequeña
ganadería, los rituales42 y la cacería tradicional43.
W. Ebeling, Handbook of Indian Foods and Fibers of Arid America
(Berkeley: University of California, 1986).
41
Rosales González et al., «Conservación in situ de semillas de la milpa.
Experiencia y propuesta para el cuidado del patrimonio biocultural maya.»
42
Silvia Terán Contreras, «Milpa, biodiversidad y diversidad cultural», en
Biodiversidad y desarrollo humano en Yucatán, ed. R. Durán y M. Méndez
(Mérida: CICY, PPDFMAM, CONABIO, SEDUMA, 2010), 54-56.
43
Dídac Santos-Fita et al., «La milpa comedero-trampa como una estrategia
de cacería tradicional maya», Estudios de Cultura Maya 42, n.o 42 (2013): 87118, https://doi.org/10.1016/S0185-2574(13)71387-X.
40

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Así también, hay una larga tradición desde tiempos
prehispánicos de actividades relacionadas a las costas, como la
pesca44 y la producción de sal45. Thompson relata las largas rutas
comerciales por mar desde lo que hoy es Tabasco hasta Honduras,
circunnavegando la península de Yucatán, transportando,
subiendo y bajando mercancías, personas e ideas; llamó a estos
mayas chontales o putunes, “los fenicios del Nuevo Mundo”46.
Aunque muchas rutas se han perdido47, continúa la relación
estrecha con la costa.
Algunas selvas de la península, que en primera instancia
parecerían muy bien conservadas, contienen vestigios de
civilizaciones pasadas. Estos rastros no solamente incluyen
reminiscientes de construcciones arquitectónicas sino también
se notan en la configuración de la vegetación. Ésta refleja usos
pretéritos del suelo, hábitos, costumbres, valores y necesidades
de sus usuarios – quienes deciden qué árboles conservar, cuáles
cortar, cuáles utilizar para madera, cuáles para leña, etc.-48. Algunos
Belem Alejandra Ceballos Casanova y Guelmy Anilú Chan Mutul, «Saberes de los pescadores de Progreso, Yucatán, México: de la tradición a las
condiciones actuales.», Revista Saberes Socioambientales 1 (2022): 77-85.
45
Rogelio Valencia Rivera, «Aj atz’aam, “los de la sal”. El uso de la sal en
la ciudad maya de Calakmul», Estudios de Cultura Maya 55 (2020): 11-40,
https://doi.org/10.19130/iifl.ecm.2020.55.0001.
46
E. Thompson, Historia y religión de los mayas (primera edición en inglés
1970) (Ciudad de México: Siglo Veintiuno, 2014).
47
Lazos Ruíz y Pinkus Rendón, «Historia ambiental de la región de la Reserva de la Biosfera Los Petenes en Campeche, México».
48
Adi Lazos Ruíz et al., «El uso de los árboles en Jamapa, tradiciones en un
territorio deforestado», Madera y Bosques 22, n.o 1 (2016): 17-36, https://doi.
44

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ejemplos de interveción humana que se notan en la estructura
de las selvas son los llamados jardines mayas que favorecieron
ciertas especies frutales49, o en las selvas secundarias que rodean
la ciudad de Mérida y otros pueblos de la región a causa de la
pasada actividad henequenera50. El paisaje contiene historias.
En el aspecto intangible, la cosmovisión maya incluye las
percepciones y relaciones con las selvas, integrando elementos
religiosos, mágicos, ecológicos y utilitarios. Por ejemplo, la selva
o monte es interpretado como contenedor de múltiples animales
y vegetales, todos vivos, con alma51. La ceiba (Ceiba pentandra)
es el árbol sagrado que sostiene al mundo como es explicado
en el árbol cósmico de López-Austin52. Uno de los libros más
importantes, el Popol Vuh, señala las interacciones entre plantas,
animales y humanos en la creación del mundo, de las cosas y
de la misma humanidad. Todo esto demuestra la complejidad y
extensión del patrimonio biocultural de la región, que hace que la
org/10.21829/myb.2016.221475.
49
Ronald Nigh y Anabel Ford, El jardín forestal maya. Ocho milenios de
cultivo sostenible de los bosques tropicales. (Ciudad de México: Fray Bartolomé de las Casas, 2019).
50
Aliza Mizrahi, José María Ramos Prado, y Juan Jiménez Osornio, «Composition, structure, and management potential of secondary dry tropical vegetation in two abandoned henequen plantations of Yucatan, Mexico», Forest
Ecology and Management 96 (1997): 273-82.
51
Juan Ramón Bastarrachea Manzano, «La vegetación maya: otra forma de
cosmovisión», en Manejo de la diversidad de los cultivos en los agroecosistemas tradicionales, ed. J. Chávez, J. Tuxtill, y D. Jarvis (Cali: IPGRI, 2004).
52
Alfredo López Austin, «El árbol cósmico en la tradición mesoamericana»,
Monografías del Real Jardín Botánico de Córdoba 5 (1997): 85-98.
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península sea clasificada como una de las Regiones Bioculturales
prioritarias para la conservación y el desarrollo en México53.
La península ha ido cambiando a lo largo del tiempo,
principalmente por ciclos de actividades económicas que modifican
el medioambiente y las sociedades. En el pasado ya hubo auge de
extracción y producción de especies vegetales como la extracción
de palo de tinte (Haematoxylum campechianum), la extracción de
chicle (Manilkara zapota), las plantaciones henequeneras (Agave
fourcroydes), la extracción de maderas finas.
En particular, la zona noroeste de la península, ha sido
marcada por el cultivo del henequén (Agave fourcroydes) desde la
segunda mitad del siglo XIX. Esta planta ya usada desde tiempos
prehispánicos, estaba muy bien adaptada a las condiciones de
suelo y clima de la región; esto permitió la expansión de su cultivo
en forma masiva. Las fibras de esta especie de agave eran muy
apreciadas para la confección de cuerdas y muchos otros utensilios
para el mercado nacional y de exportación. Para la década de 1890
el henequén era el principal producto de exportación mexicano,
lo que llevó a que Yucatán fuera el estado que más ingresos
captó para México entre 1904 y 190754. La historia de la época
del henequén en Yucatán es vasta y compleja, sin embargo, baste
decir que a partir de la década de 1960, los materiales orgánicos
Eckhart Boege, El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de
México. (Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia y
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 2008).
54
Maria Cecilia Zuleta, «Hacienda Pública y exportación henequenera en
Yucatán, 1880-1910», Historia Mexicana 54, n.o 1 (2004): 179-247.
53

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fueron sustituídos paulatinamente por sintéticos derivados del
petróleo, causando el declive de la industria henequenera55.
Las actividades económicas más recientes, también
relacionadas con el uso de recursos de la naturaleza de la
península son el sector agropecuario incluyendo el ganado
bovino y porcino, una incipiente actividad industrial56,57, el sector
inmobiliario,; el turismo masivo incluyendo el desarrollo de la
Riviera Maya y la llegada de megaproyectos a la región como el
Tren Maya58, que afectan directa o indirectamente al patrimonio
biocultural por la tala de la selva59, la contaminación del agua,
la fragmentación del hábitat, los cambios en el tejido social al
interior de las comunidades, entre otros.
En este contexto de un enorme patrimonio histórico y
biocultural en una región de rápidas transformaciones se encuentra
Kiní, el pueblo desde donde se escribe el presente artículo.
Roberto Escalante, The State and Henequen Production in Yucatán, 19551980, Occasional Papers 18 (Londres: University of London, Institute of Latin
American Studies, 1988).
56
Miguel Ángel Pinkus Rendón, «Dinámica en el uso de los recursos naturales en el oriente de Yucatán durante el siglo XX», Revista Pueblos y
Fronteras Digital 11, n.o 21 (2016): 92-113, https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2016.21.10.
57
M. Ayala, R. Isaac, y M. Arteaga, «Políticas de desarrollo, turismo y conservación en la península de Yucatán», en Sociedad y ambiente en México:
Áreas Naturales Protegidas y sustentabilidad, ed. Miguel Pinkus (Mérida,
2014), 114-33.
58
https://www.trenmaya.gob.mx/
59
José Luis Hernández-Stefannoni et al., «¿Cuánto carbono se ha emitido
con la construcción del Tren Maya?», Desde el Herbario CICY 16 (2024):
192-97.
55

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Kiní
Kiní está ubicado en el municipio de Motul, Yucatán (Figura 1).
Es un pueblo prehispánico maya cuyos vestigios arqueológicos
no han sido estudiados. La población es alrededor de 1,750
habitantes60. El español es el idioma más hablado pero también se
habla la lengua maya, principalmente por las personas de mayor
edad.

Figura 1. Kiní se encuentra en la zona noroeste de la península de Yucatán,
aproximadamente a 30 km de Mérida, la capital del estado de Yucatán. Elaboración propia.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía, «Panorama sociodemográfico de Yucatán: Censo de Población y Vivienda 2020» (México, 2021).
60

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Durante el siglo XX la mayor parte de la población de Kiní al igual que en otros pueblos y haciendas de Yucatán - se dedicaba
a la producción de henequen. Las empresas henequeneras fueron
cerrando gradualmente en Kiní. Actualmente, las actividades
económicas principales del pueblo son el trabajo en pequeñas
fábricas de textiles, albañilería, comercio, pequeña producción
de ganado y un poco de agricultura. Algunas personas trabajan
en Mérida en la Riviera Maya en la costa de Quintana Roo como
proveedores de servicios asociados al turismo o bien han migrado
a Estados Unidos.
Un par de habitantes de Kiní, coautores de este artículo,
organizaron un Festival de Patrimonio Biocultural local en abril de
2022 para valorar, salvaguardar y divulgar el conjunto de saberes y
tradiciones alrededor de la naturaleza que identifican en su pueblo y
que tienden a perderse rápidamente. Fue en este evento que la tercera
coautora, investigadora de la universidad, les conoció y a partir
de lo cual formaron un equipo para trabajar en la documentación
y preservación del patrimonio histórico y biocultural de Kiní.
Optaron por la estrategia de elaborar un libro del tema. Ya que no
se han encontrado otros ejemplos de un libro colaborativo de esta
naturaleza, se comparte el proceso de investigación y elaboración
de la obra, así como los desafíos que se han enfrentado. Esto tiene
la intención de que puedan ser de utilidad para trabajos similares en
otras localidades. Cabe mencionar que al momento de escribir este
artículo el libro no ha sido terminado ni publicado todavía, se trata
de un trabajo en andamiento.
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Proceso: pasos y desafíos
El proceso de organización y elaboración del libro no ha sido
lineal, se enumeran los pasos seguidos con el fin de dar cierto
orden, aunque en muchas ocasiones se ha avanzado, modificado, o
incorporado algún paso en función a las oportunidades y desafíos
que se van enfrentando.
1. Coincidencia de intereses.- En este caso, en el Festival de
Patrimonio Biocultural de Kiní se encontró una coincidencia
de intereses de los coautores. La investigadora externa, que
buscaba donde llevar a cabo sus trabajos de historia ambiental
y patrimonio biocultural, se unió a un proceso que ya estaba
ocurriendo en el pueblo a través del festival y de muchas otras
actividades que llevan a cabo cotidianamente como continuar
con la milpa, la observación de aves, el cuidado y uso de
huertos caseros, la preservación de las fiestas patronales,
entre otras.
2. Permiso por autoridades locales.- La solicitud de permiso a las
autoridades locales es una de las primeras tareas para realizar
cualquier proyecto en comunidades rurales, de esta manera
se reconoce su autoridad y se obtiene su respaldo. Se entregó
un oficio al comisario municipal por parte de la investigadora
externa para dar parte del proyecto de investigación para la
construcción del libro y solicitar permiso para llevarlo a cabo
junto con otros colegas y estudiantes. La autorización fue
concedida.
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3. Objetivos.- Ante la curiosidad y necesidad de conocer más
de la historia de Kiní por parte de sus habitantes y la falta
de estudios sobre el pueblo, los coautores se embarcaron
en la tarea de elaborar el libro “Kiní: su tierra, su historia
y su gente”. Además de rellenar un vacío historiográfico, el
objetivo es que las y los kinienses tengan un material para
valorar el patrimonio histórico y biocultural de su pueblo y
se documente parte de la memoria colectiva. Por ello, el libro
tiene como principal audiencia meta a los habitantes de Kiní.
De manera que se busca mantener el rigor académico pero
manteniendo un tono divulgativo y evitando un lenguaje muy
técnico o rebuscado.
4. Cronología.- El amplio periodo a abarcar de la historia de Kiní
fue determinado por los intereses de los coautores pero sobre
todo por lo determinado por el paisaje mismo. No se puede
no indagar sobre la época prehispánica cuando hay vestigios
mayas (llamados mules) en los campos que la gente trabaja.
Constituyen huellas en el paisaje que dan cuenta de actividades
humanas en el pasado61. Tampoco se puede dejar de hablar
de la época colonial puesto que la iglesia es el centro del
pueblo, donde se llevan a cabo las misas, las fiestas patronales
y alrededor de la cual hay muchas historias y misterios que
se siguen relatando de generación en generación. Por ello, el
Rogério Ribeiro De Oliveira, «Mata Atlântica, paleoterritórios e história ambiental», Ambiente &amp; Sociedade 10, n.o 2 (2007): 11-23, https://doi.
org/10.1590/S1414-753X2007000200002.
61

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libro comprende una temporalidad muy amplia, desde tiempo
prehispánico hasta la actualidad, lo cual evidentemente
requirió de colaboraciones multidisciplinarias y el uso de
fuentes y métodos diversos, como se verá más adelante.
5. Temas y colaboraciones.- La selección de temas responde
a las necesidades e inquietudes de la población local y a la
disponibilidad de colaboradores. Los temas de los capítulos
son sobre la época prehispánica, la iglesia, las fiestas
patronales, los huracanes, los huertos, el uso de plantas y
animales de la selva, las plantas medicinales, las memorias de
la gente sobre los cambios en el pueblo. Para la elaboración de
cada capítulo participan expertos del pueblo, así como otros
colaboradores externos de los campos de historia, historia del
arte, arqueología, geografía, historia ambiental, botánica y
ciencias ambientales.
Siempre que los organizadores del libro encuentran nuevas
colaboraciones para la construcción de esta obra dicen
coloquialmente: “Tenemos a alguien nuevo en el barco.” Ya
son más de 80 navegantes en este barco.
6. Fuentes y Métodos.- Cada capítulo tiene diversos autores y
emplea diferentes fuentes y métodos, algunos ejemplos son:
a. La revisión bibliográfica relevante para cada capítulo.
Aunque las investigaciones y publicaciones sobre la
península de Yucatán son inmensas, hay muy poca
información sobre Kiní. Para el capítulo de época
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prehispánica, escrito por un arqueólogo, fue útil un
reporte técnico de exploración de un antiguo camino
maya (sakbé) en el área aledaña a Kiní62. Los trabajos
que se han encontrado directamente sobre el pueblo
son acerca de unidades domésticas en la década
de 198063, una tesis sobre migración a los Estados
Unidos64 y un artículo sobre prácticas de lactancia65.
En su búsqueda de información, los coautores locales
del presente trabajo ya habían identificado desde hace
tiempo menciones de Kiní, tan escuetas como “Lázaro
Pech era natural de Kiní” en la obra de Diego López
de Cogolludo66. Así, Bertha Pascasio, historiadora del
arte colaboradora del libro de Kiní dice: “esta es una
historia de pequeñas piezas”. Por ello los navegantes
Scott Hutson, «Proyecto Arqueológico Sacbé de Ucí/Cansahcab. Sexta temporada de campo. Informe Técnico al Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia» (Lexington: Universidad de Kentucky, 2016).
63
María del Rayo Campos, «Las unidades domesticas de producción en un
ejido henequero: Kiní, Yucatán.» (Ciudad de México: Universidad Autónoma
Metropolitana-Iztapalapa, 1985).
64
Mirian Solís Lizama, «La dimensión cultural de las remesas colectivas: la
experiencia de los clubes de migrantes de Kiní y Ucí, Yucatán, en los Ángeles,
California» (Tesis de Maestría en Desarrollo Regional, Tijuana, El Colegio de
la Frontera Norte, 2008).
65
Georgina Yazmín Reyes Gutiérrez y María Dolores Cervera Montejano,
«Etnoteorías y prácticas de lactancia materna en una comunidad maya de
Yucatán», Estudios de Antropología Biológica 16 (2013): 907-28.
66
Diego López de Cogolludo, Los tres siglos de la dominación española en
Yucatan, o sea historia de esta provincia desde la Conquista hasta la Independencia., vol. 2 (Mérida: Imprensa de Castillo y Compañía, 1845).
62

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de este barco metafórico celebran cada pista que
logran encontrar.
b. La consulta de archivos y otros repositorios ha sido
fundamental. Por ejemplo, para el capítulo sobre la
iglesia han sido especialmente útiles los inventarios
eclesiásticos del Archivo Histórico de la Arquidiócesis
de Yucatán67. Por otra parte, aunque pocas, también se
han encontrado fuentes hemerográficas, como la nota
publicada en el periódico Novedades Yucatán sobre la
iglesia de Kiní68.
c. Las técnicas etnográficas habituales de entrevistas e
historia oral69 han sido utilizadas para varios capítulos.
Al realizarlas se han cuidado principios éticos de
investigación como la solicitud del consentimiento
previo, libre e informado y cuidar la privacidad de
datos personales.
La mayoría de las personas en Kiní, sobre todo
de mayor edad, son bilingües maya-español. En
repetidas ocasiones, el coautor mayahablante sostiene
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán. http://archivohistoricoarquiyuc.org.mx/
68
Felipe Villanueva, «Visita al templo de San Mateo Apóstol, en Kiní. Camarín: majestuoso santuario.», Novedades Yucatán, 28 de febrero de 1999,
sec. Especial.
69
Ulysses Paulino Albuquerque et al., eds., Methods and Techniques in
Ethnobiology and Ethnoecology, Springer Protocols Handbooks (New York:
Springer New York, 2014), https://doi.org/10.1007/978-1-4614-8636-7.
67

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un diálogo en lengua maya con la o el informante
potencial explicando de qué se trata el proyecto y así
conseguir que la persona acceda a dar una entrevista,
la cual se lleva a cabo en español.
Los coautores locales usualmente guían el proceso de
encontrar a personas clave en función a los objetivos
de cada capítulo. También se utiliza el método de
“bola de nieve”, donde una persona sugiere a otra
como conocedora del tema70.
d. La participación del cronista de Kiní en todo el
proyecto (incluyendo la coautoría de este artículo) ha
sido decisiva por ser la persona que salvaguarda las
memorias del pueblo. Además de su interés genuino
en la historia, tiene registrados en su mente nombres
de personas, lugares, eventos e historias. Los trabajos
de los cronistas han sido muy importantes en las
microhistorias. Por ejemplo, el cronista de Ixil (pueblo
del norte de Yucatán) escribió el libro “Ixil. Tierra de
las cebollitas” 71, donde utilizó la historia oral y abordó
temas como fiestas, música, béisbol y la evolución del
transporte, así como personas y familias conocidas
que conforman la comunidad. Otro ejemplo es el
C. Davis, H. Gallardo, y K. Lachlan, Talking straight about communication research methods. (Dubuque: Kendall Hunt Publishing Co., 2010).
71
Miguel Ángel Orilla, Ixil. Tierra de las cebollitas., 2a. (Mérida: Ayuntamiento de Ixil (2015-2018), Yucatán, 2017).
70

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cronista de Chetumal que haciendo uso de múltiples
testimonios relató la dramática destrucción del pueblo
por el huracán Janet en 195572.
e. Se ha hecho la recopilación de fotografías antiguas,
que han servido tanto para ilustrar los textos de
algunos capítulos como para brindar información
histórica. Se realizó un ejercicio con estudiantes de
la escuela secundaria local, en el cual se capacitaron
para que cada uno entrevistara a una persona de su
familia y recolectara fotografías de sus archivos
familiares sobre experiencias con huracanes, jardines
y festividades.
Asimismo, se sigue trabajando en la construcción
de una fototeca local, que contenga las imágenes
digitalizadas acompañadas por sus metadatos (i.e.
autor, fecha, lugar, descripción de la fotografía). En
otras palabras, más allá de hacer un album de fotos se
trata de un archivo para hacer futuras investigaciones.
f. Se han llevado a cabo varios talleres incluyendo uno
de cartografía participativa73, donde la gente mapeó
los cambios que ha habido en su territorio. Esto ayudó
Francisco Bautista Pérez, Janet. La noche de las aguas turbulentas. (Bloomington: Palibrio, 2013).
73
Alina Álvarez, Michael McCall, y José María León, Mapeo participativo
y cartografía social de conocimientos culturales, históricos y arqueológicos
(Morelia: CIGA, UNAM, 2022).
72

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a conocer los usos y costumbres pasados y presentes
sobre el mismo espacio, el mapa se convierte en un
medio para comparar memoria y territorio74.
g. Para los capítulos relacionados con flora, se llevaron
a cabo colectas botánicas para la identificación y
herborización de las especies vegetales mencionadas
en entrevistas.
h. Para los capítulos relacionados con fauna se llevó
a cabo un taller donde se pidió a los informantes
identificar el nombre en español y maya de fotografías
de especies con nombre científico conocido. Dichas
fotografías fueron buscadas con base en las respuestas
de los informantes a entrevistas previas, para poder
casar los nombres comunes con los científicos.
La variedad de fuentes y métodos utilizados, así
como la necesidad de un equipo multidisciplinario
para recopilar, interpretar y analizar la información,
demuestra plenamente que la historia ambiental es
un campo fronterizo donde convergen todos estos
conocimientos, enfoques y herramientas75.
Verdier, «La memoria de los lugares: entre espacios de la historia y territorios de la geografía».
75
Adi Estela Lazos Ruíz, Alina Álvarez Larrain, y Marcela Stuker Kropf,
«Fronteras en Historia Ambiental: un ejemplo de praxis multidisciplinar», Historia Ambiental Latinoamericana y Caribeña (HALAC) 11, n.o 1 (2021): 189221, https://doi.org/10.32991/2237-2717.2021v11i1.p189-221.
74

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7. Revisión interna.- Todos los capítulos terminados pasan por
una cuidadosa revisión interna por los organizadores del libro.
En este paso se revisa que el lenguaje sea inteligible para la
audiencia meta, que los datos hagan sentido para el pueblo
de Kiní y que las historias y testimonios de los habitantes
también se vean reflejados en el texto. También se sugieren
fuentes específicas para consulta o se añade información
adicional de historia oral. Los comentarios se envían a las
y los autores de los capítulos para la entrega de una nueva
versión. Esta revisión interna es bastante fuera de lo común en
el ámbito académico y enriquece enormemente el contenido
de los textos.
8. Desafíos.- Después de más de dos años de trabajo, los autores
han enfrentado varias dificultades además de la falta de
información publicada. A continuación se presentan algunos
ejemplos.
a. Una de las ventajas observadas en “Pueblo en vilo”76
es que el autor era oriundo del lugar y pudo acceder
a numerosos archivos y entrevistas familiares que
podrían ser más íntimos que responder preguntas
de un extraño. En el caso de Kiní, dos de los
organizadores del libro son locales, lo que les permite
el acceso a la información y participacion de muchas
personas, principalmente porque son muy conocidos
76

González, Pueblo en vilo.

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y respetados en el pueblo. Probablemente los de fuera
de Kiní tendrían mucha más difícultad para acceder
a estos datos. Por el contrario, en algunas ocasiones,
los colaboradores externos han tenido un mayor
acceso a cierta información y documentación que
sería difícil de obtener para personas sin una afiliación
institucional. En suma, un equipo mixto logra mayor
acceso a información.
b. La lengua maya tiene una sólida tradición oral; por
lo tanto, aunque cerca de 800,000 personas hablan
el maya yucateco77, son menos los que lo leen y
aún menos los que lo escriben. El idioma maya fue
originalmente escrito con glifos, pero con el tiempo,
se ha comenzado a utilizar el alfabeto latino. Aunque
existen normas formales de escritura78, en la práctica
hay muchas variantes en el idioma, tanto habladas
como escritas, lo que aumenta la complejidad de su
estudio.
Para las actividades agrícolas tradicionales, sujeto de
interés del libro, el idioma maya es esencial. Algunos
nombres de plantas y animales están en maya y
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.»
78
Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), U nu’ukbesajil u
ts’íibt’a’al maayat’aan. Normas de escritura para la lengua maya., s. f.,
https://site.inali.gob.mx/Micrositios/normas/pdf/Norma_Maya.pdf.
77

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español, pero algunos no tienen traducción al español.
Las especies introducidas o exóticas suelen tener
nombres solo en español. Al realizar entrevistas, es
necesario estar familiarizado con ambos nombres, ya
que a veces los términos se usan de manera indistinta
y podrían estar refiriéndose a la misma especie al
decir yaaxche’ o ceiba, o al decir zotz o murciélago.
Además, la lengua maya tiene sonidos que no existen
en español, como k’ o p’; o una diferencia tonal (casi
imperceptible para el oído hispánico) que cambia el
significado de una palabra, como miis (gato) y míis
(escoba o barrer); o incluso una extensión del sonido
(que en maya se trata de dos vocales diferentes) cambia
el significado, como en chak (rojo) y chaak (lluvia).
Algunos conceptos en la cosmovisión maya no
tienen traducción al español. Un capítulo del libro
está dedicado al k’aax, que usualmente se traduce
como monte o selva. Sin embargo, el k’aax es mucho
más que cualquiera de esos términos; contiene una
parte invisible de seres guardianes como los aluxes
y los vientos sagrados. La relación de los adultos
mayores con estas entidades suele ser respetuosa y de
reverencia; se realizan ceremonias rituales dedicados
a ellos en las actividades agrícolas: para pedir lluvia,
para solicitar permiso para comenzar a plantar o para
agradecer por la cosecha. Aunque se hace el intento
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es prácticamente imposible reflejar a cabalidad una
experiencia de esa naturaleza, individual y colectiva
al mismo tiempo, en un escrito.
Algunas palabras son específicamente usadas en
el sistema agrícola tradicional maya de la milpa
como diversos nombres de tipos de suelos; o en la
caza tradicional hay los términos para nombrar a
un ciervo dependiendo del número de cuernos que
tenga. Sin embargo, con el abandono de la milpa, el
manejo del monte y la caza tradicional, las palabras
especializadas pierden contexto y sentido y caen en el
desuso. La erosión de la lengua refleja los cambios en
las actividades e intereses de la gente.
Otra dificultad al documentar una cultura de tradición
oral en un libro es que las palabras encapsulan una
historia, que difiere de la narrativa natural donde cada
persona imprime su estilo al contarla. El relato de una
abuela alrededor del fuego no puede reducirse a una
historia escrita. Aun así, el esfuerzo por registrarlo
vale la pena, ya que las historias también están siendo
olvidadas.
c. Los coautores de Kiní notaron que el estilo de escritura
de los colaboradores académicos externos suele
ser “frío”, extrayendo sus sentimientos, emociones
y experiencias personales del texto. La escritura
académica premia la objetividad sobre la subjetividad,
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aunque la narrativa más atractiva para divulgación es
la que puede llegar a las fibras internas de la cognición.
Este dilema es un desafío en curso que todavía intenta
resolverse, entre el rigor académico y la capacidad de
llegar a los oídos de la audiencia.
9. Lo que falta por hacer.- El proceso de elaboración del
libro continúa. Aproximadamente la mitad de los capítulos
han pasado ya por la revisión interna y han entregado la
versión final. Cuando se tengan todas las versiones finales
de los capítulos se armará la propuesta para una editorial
universitaria, donde se someterá al proceso usual de revisión
por pares y publicación. Cabe aquí cuestionar si un libro
evaluado por pares académicos no estaría reproduciendo una
posible postura colonialista79, sin embargo, formar un equipo
entre los organizadores locales y otros participantes externos
desde la concepción y todo el desarrollo de este proyecto,
manteniendo el rigor académico pero también considerando
fuertemente la importancia de las historias locales y la
tradición oral es una humilde propuesta de que otras formas
de trabajo son posibles.
Finalmente, una vez teniendo la versión definitiva del
libro, se procederá a traducir al maya todos los resúmenes de
Alex C. McAlvay et al., «Ethnobiology Phase VI: Decolonizing Institutions, Projects, and Scholarship», Journal of Ethnobiology 41, n.o 2 (2021):
170-91, https://doi.org/10.2993/0278-0771-41.2.170.
79

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los capítulos y se grabará la obra completa como un audiolibro,
imitando la tradición oral.
Conclusiones
Los antiguos mayas habitaron la península de Yucatán,
enfrentando esencialmente el mismo tipo de suelo, fuentes de
agua, altas temperaturas e impactos de huracanes e insectos que
se enfrentan hoy en día. Las tecnologías que les permitieron vivir
en estas condiciones ambientales (e.g. la diversidad de árboles en
los jardines mayas para tener recursos a mano y mantener la casa
fresca, el uso de ropa de algodón, los materiales y estructura de
las casas, las horas de madrugada para el inicio de la jornada de
trabajo en el campo, el uso de calabazos para mantener el agua
fresca) son valiosas para la planificación y gestión territorial
actual. Durante la pandemia de COVID-19, algunas comunidades
mayas rescataron antiguas recetas medicinales y retomaron la
milpa para la seguridad alimentaria, contrarrestando los efectos
sanitarios y económicos de la pandemia80. La relación recíproca
entre las personas y la naturaleza está intrínsecamente vinculada
a su territorio; por lo tanto, mantener el patrimonio biocultural
requiere la conservación del territorio81. En otras palabras,
Víctor Manuel Ávila Pacheco, Yassir Jesús Rodríguez Martínez, y Ana
Sheila Camarena López, «Políticas alimentarias durante el COVID-19: población maya, territorio, autonomía e interculturalidad», Mirada antropológica
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-159

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mantener vivo el patrimonio biocultural puede ayudar a enfrentar
los desafíos globales como el cambio climático y la pérdida
de biodiversidad. Además, el conocimiento indígena puede
contribuir con su acervo de conceptos e ideas en el fenómeno de
migraciones donde es necesario entender otras formas de ver el
mundo y los procesos de aculturación82.
El libro de Kiní llena un vacío historiográfico, demostrando
que es posible escribir historias aunque haya poca información si
hay una población interesada y participativa, dispuesta a formar un
equipo más grande y multidisciplinario. Así también, se requiere
de la disposición de profesionales externos que quieran trabajar
en equipo con la gente de la comunidad y que sometan su trabajo
a la revisión de los colegas locales, además de las revisiones por
pares.
El libro busca que al menos una parte de este rico acervo
histórico y biocultural quede documentado y esté disponible para
las próximas generaciones. Tal vez encuentren ahí las historias y
fotografías de sus abuelas y abuelos y también herramientas para
valorar y defender su territorio.
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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán
separatista (1839-1843)
The orientales and the tropical forest during the separatist
Yucatan (1839-1843)
José Ángel Koyoc Kú
Colectivo K’ajlay
Yucatán, México

https://orcid.org/0000-0002-9917-8882
Recibido: 10 de septiembre de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: El objetivo de este artículo es analizar la relación entre los
combatientes irregulares denominados orientales y el bosque tropical
de la Península de Yucatán entre los años de 1839 y 1843. Las fuentes
utilizadas para realizar este artículo son en su mayoría partes de guerra
e interrogatorios a oficiales mexicanos procesados por las acciones
efectuadas durante la campaña. A través del análisis de esta relación
podremos ver la forma en la que este periodo fue importante para que
un contingente de combatientes yucatecos se adaptara a combatir entre
la vegetación del bosque tropical y aprendiera a utilizar los recursos
que podían obtener de él para conseguir sus fines militares. El bosque
tropical, presente tanto en el oriente como en el occidente de la
Península, propició que los orientales desarrollaran un tipo de combatir
disperso entre la vegetación, lo que los distinguió de gran parte de las
tropas yucatecas.
Palabras clave: historia forestal; bosque tropical; indígenas; guerra;
milicia.
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�José Koyoc Kú

Abstract: The objective of this article is to analyze the relationship
between the irregular combatants called orientales and the tropical
forest of the Yucatan Peninsula between the years of 1839 and 1843.
The sources used to write this article are mostly war reports and
interrogations of Mexican officers prosecuted for actions carried out
during the campaign. Through the analysis of this relationship we will
be able to see the way in which this period was important for a contingent
of Yucatecan combatants to adapt to fighting among the vegetation of
the tropical forest and learn to use the resources they could obtain from
it to achieve their military goals. The tropical forest, present in both the
east and west of the Peninsula, allowed the orientales to develop a type
of combat dispersed among the vegetation, which distinguished them
from a large part of the Yucatecan troops.
Key words: forest history, tropical forest, indigenous, warfare, militia.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-158

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

El bosque tropical ha tenido una presencia ubicua en los
textos encargados de abordar los procesos sociales, políticos y
económicos del siglo XIX en Yucatán, sobre todo aquellos que
han estudiado el periodo conocido como la Guerra de “Castas”.1
A pesar de las contribuciones que se han hecho a lo largo de estas
décadas aún quedan muchos temas para investigar e indagar sobre
la relación entre los humanos y el bosque tropical en la Península
de Yucatán. Uno de estos tiene que ver con los cambios que los
conflictos bélicos han impreso a esta longeva relación. Aunque
frecuentemente se refiere al bosque tropical como escenario de
resistencias e insurgencias de los mayas pocas veces se señalan
estos cambios y transformaciones y en muchas ocasiones el
bosque es meramente tratado como un escenario de los conflictos.2
Ver por ejemplo la historiografía de las últimas décadas sobre el conflicto
en donde se hace referencia al bosque tropical y los montes de los pueblos
mayas de la época: Gabriel Macías Zapata, “Cortar la orilla de la tierra: La
desamortización y los pueblos de mayas pacificados de campeche y pacíficos de Yucatán durante la guerra de castas” (Tesis de doctorado, Universidad
Nacional Autónoma de México, 2013), http://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/
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CONACYT, 2014).
2
Sobre el monte y la resistencia de los mayas puede consultarse: Inés Ortiz
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and Context: Yucatec Maya Literature in a Diachronic Perspective (Aachen:
1

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�José Koyoc Kú

Historiadores ambientales como John McNeill habían
señalado ya desde hace varias décadas el vínculo entre la
historia militar y la historia ambiental, enfatizando la relación
entre las guerras y los bosques. McNeill llamó a atención sobre
la importancia de los bosques como fuentes de materia prima,
su impacto en la manera en que las guerras se efectuaban y la
influencia de los combates y la preparación de los conflictos en la
vegetación. Este historiador propuso temáticas que tenían que ver
con la manera en que los bosques influyeron en la guerra de tres
maneras específicas: siendo un obstáculo a la movilidad de los
combatientes, siendo una cobertura para los movimientos de las
tropas y finalmente en cómo los bosques configuraron la misma
manera de luchar.3
En este texto exploro la forma en la que el bosque
tropical influyó en los conflictos bélicos del periodo del Yucatán
separatista (1839-1843), poniendo énfasis en la experiencia de un
grupo de combatientes que fue denominado en la época como los
“orientales”. Lo haré siguiendo la propuesta de McNeill, de tal
forma que me aproximaré a la manera que el bosque tropical se
convirtió en una fuente de materia prima para estos combatientes
y la forma en que se adaptaron a luchar entre la vegetación para
cubrir sus movimientos y hostigar de forma más efectiva a los
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México: CIESAS, 2001).
3
John McNeill, “Woods and Warfare in World History” Environmental History 9, n.o 3 (2004): 388. https://doi.org/10.2307/3985766.
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enemigos. Esto permitirá también mostrar la forma en que el
bosque tropical configuró los eventos y procesos históricos y no
fue un mero escenario para los eventos humanos.
María Zuleta, Melchor Campos y Justo Flores han
abordado la parte política y social vinculados con el periodo del
separatismo yucateco.4 La parte propiamente bélica apenas ha
sido abordada por el trabajo pionero de Terry Rugeley y Arturo
Taracena.5 En este texto no profundizaré en los aspectos políticos
y sociales, muy bien descritos por estos historiadores, sino en la
relación particular de los orientales con el bosque tropical.
La gran mayoría de los documentos que usé para realizar
este artículo fueron obtenidos en el Archivo General del Estado
de Yucatán y el Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa
Nacional. También consulté diferentes periódicos e impresos de
la época. Estos documentos son partes militares y declaraciones
Ver por ejemplo los trabajos de Melchor Campos García, Que los yucatecos todos proclamen su independencia. Historia del secesionismo en Yucatán,
1821-1840 (Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2013); María Cecilia
Zuleta Miranda, “El federalismo en Yucatán: política y militarización (18401846)” Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales 31 (1995): 23-50; y
Justo Miguel Flores Escalante, Soberanía y excepcionalidad, la integración
de Yucatán al estado mexicano, 1821-1848 (México: El Colegio de México,
2017).
5
Terry Rugeley, “Repúblicas contrapuestas: Yucatán y la invasión mexicana de 1842-1843” Chacmool 3 (2004): 104-22; Arturo Taracena Arreola, De
héroes olvidados. Santiago Imán, los huites y los antecedentes de la Guerra de
Castas (México, D. F.: CEPHCIS UNAM, 2013) https://www.cephcis.unam.
mx/wp-content/uploads/2020/04/19-de-heroes-olvidados.pdf y ““Esas tropas
orientales, esos güites de Imán”. Guerrilleros mayas en el Yucatán separatista”
Mesoamérica 34, n.o 55 (2013): 1-26.
4

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de oficiales que intervinieron en los combates. Siguiendo la
propuesta de Lorena Careaga en su estudio sobre la Guerra
de Castas durante la década de 1850, en este texto reproduzco
fragmentos con una extensión considerable de los partes
militares, no solo para ilustrar mis argumentos sino también
para dar a conocer una documentación que apenas ha sido usada
por los historiadores que estudian el periodo. He actualizado y
corregido la ortografía.6
A lo largo del texto me referiré con el término “orientales”
a un grupo de combatientes irregulares, reclutados por diferentes
caudillos del este de Yucatán y que estuvo conformado por
campesinos y artesanos mayahablantes de los pueblos de frontera,
desertores y contrabandistas. Al ser un grupo irregular en muchos
momentos es complicado seguir la trayectoria de sus líderes, su
composición y la cantidad de insurgentes movilizados. Como
señala Alejandro Rabinovich este tipo de fuerzas armadas, que
abundaron en muchas regiones latinoamericanas, dejaron pocos
registros escritos, al no depender propiamente de un Estado
nacional.7 Como señala Arturo Taracena el término “huites” fue
usado por los “no mayas para designar a los combatientes de La
Montaña oriental bajo las órdenes de Imán y sus subalternos”.8
Aunque los oficiales mexicanos se refirieron a una parte de estos
Careaga, Hierofanía combatiente, 20.
Alejandro Rabinovich. “De la historia militar a la historia de la guerra.
Aportes y propuestas para el estudio de la guerra en los márgenes” Corpus, Vol.
5, No. 1 (30 de junio de 2015). https://doi.org/10.4000/corpusarchivos.1397.
8
Taracena, Esas tropas orientales, 12.
6
7

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combatientes con tal término he elegido el de “orientales” debido a
que la prensa yucateca, los oficiales yucatecos, y ellos mismos, así
se denominaron, además de que esta palabra llegó a abarcar también
a los no combatientes que cooperaban en acciones de guerra, que
como mostraré fueron importantes en el esfuerzo bélico.
De la misma manera me refiero con el término de bosque
tropical a aquella vegetación caracterizada como “bosque” por los
documentos de la época. Aunque también se usaba el término de
monte y montaña para hacer referencia a la vegetación peninsular
he elegido el término de bosque tropical para estar en consonancia
con los señalado por los actores que elaboraron los documentos
de la época.
Este artículo está organizado de forma cronológica, de tal
manera que se encuentra dividido en dos partes: la primera que
hace referencia a la lucha entre los federalistas contra el ejército
centralista de la Península entre 1839 y 1840 y posteriormente
una sección que aborda la guerra que enfrentó a yucatecos contra
mexicanos entre 1842 y 1843.
Los orientales bajo Santiago Imán: de los bosques
del este a los del oeste
En 1839 el capitán Santiago Imán se rebeló en el oriente de
Yucatán enarbolando la bandera del federalismo. La alianza con un
grupo de actores de la frontera dio origen a un grupo de combate
irregular que se denominó con el tiempo como “orientales”, un
grupo compuesto por campesinos y artesanos mayas, desertores
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y contrabandistas de la frontera este de la Península de Yucatán.
Terry Rugeley describió a este grupo como“un grupo violento
integrado por los elementos pobres de la sociedad rural: mestizos,
desertores, simpatizantes del vecindario, y sobre todo campesinos
mayas”.9
Fue durante la rebelión de Santiago Imán que los
insurgentes federalistas comenzaron a usar la vegetación como
cobertura para nivelar la evidente asimetría entre una milicia
insurgente improvisada y el ejército profesional centralista. Este
es un uso que a menudo se le ha dado al bosque tropical.10 El
combate de San Fernando Ake es bastante ilustrativo del tema.
Tras las primeras noticias del alzamiento el comandante general
del departamento Joaquín Rivas Zayas envió una división
compuesta por infantería y caballería para enfrentarse a los
sublevados federalistas. Los registros de los combates quedaron
en los partes rendidos por Roberto Rivas, oficial del Tercer
Batallón Activo. Rivas señaló en primera instancia el uso de
emboscadas para enfrentarse a la infantería centralista, así como
lo que parece ser el uso de albarradas entre la vegetación que
permitieron sorprender en un primer momento a la avanzada de
la infantería de milicia activa:
Serían las 8 o 9 de la mañana. cuando ya en los términos de la
población y a poca distancia de ella, una emboscada situada al
Rugeley, Terry. “En busca de Santiago Imán. El caudillo de Tizimín, I”
Unicornio. Suplemento dominical del Por Esto!, 21 de febrero de 1999, 6.
10
McNeill, “Woods and warfare”, 400.
9

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lado derecho del camino, atrincherada en una albarrada doble y
de la que no tenía noticia, sorprendió la guerrilla de vanguardia
rompiéndole un fuego vivísimo que no esperaba uno de la
trinchera que iba a descubrir y aquí fue necesario comenzar la
acción atendiendo a los fuegos que nos hacían de una parte y
otra, sosteniéndolo por 2 o 3 horas.11

La infantería de Rivas logró avanzar tomando la trinchera
y tras el ataque coordinado de la columna del capitán Alonso
Aznar, quien mandaba la caballería, los insurgentes federalistas
se retiraron: “aterrados por la valentía y denuedo con que el
citado capitán se dirigía sobre ellos abandonaron la pieza,
metiéndose desordenadamente en la espesura de los montes
donde no era posible perseguirlos ni hacerles ningún prisionero
por lo intransitable de ellos”.12 Para Rivas, como para muchos
oficiales yucatecos, la vegetación del bosque tropical resultaba un
obstáculo infranqueable.
La “victoria” de los centralistas fue endeble precisamente
debido a que a los insurgentes federalistas de Imán lograron
reagruparse y usaron la cobertura de la vegetación para tender
emboscadas y escapar a la persecución de la milicia centralista.
Los bosques orientales eran ya antes del pronunciamiento de
Imán una zona donde se refugiaban contrabandistas, desertores e
Joaquín Rivas al ministro de guerra y marina, Campeche, 3 de julio de
1839. Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional (en adelante
AHSDN), Operaciones Militares, XI/481.3/1344, ff. 12-15.
12
Joaquín Rivas al ministro de guerra y marina, Campeche, 3 de julio de
1839. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1344, f. 13.
11

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indígenas que huían de las cargas republicanas.13 Mucho tiempo
atrás también había sido refugio de mayas que huían de los
pesados tributos coloniales.14
Este tipo de tácticas fueron referidas por el oficial Tomás
Requena en enero de 1840. Requena señalaba que los insurgentes
federalistas resistieron por un tiempo prolongado:
… colocando sus emboscadas, trincheras y defensas en
puntos a propósito desde los cuales se dirigen por debajo
del bosque al paraje convenido para su reunión inmediata.
Mantiénense ocultos en esas montañas, en terrenos quebrados
o en hondonadas - que se llaman hoyas en el país-, y desde
estas guaridas reciben avisos puntuales de lo que pasa en sus
inmediaciones, ya por los mozos de los ranchos, que les temen
o son adictos, ya por espías de ellos mismos escogidos entre los
indígenas, que son tenidos por sospechosos en los poblados.15

Unos meses después esta estrategia permitió a los
rebeldes federalistas reagruparse y ocupar Valladolid.16 Aunque
este combate fue breve hay datos reveladores que señalan que
para este momento los insurgentes tenían acceso a armas de
fuego y pertrechos militares. Una pieza de artillería les había sido
remitida desde Bacalar mientras que pólvora y cuatro cajas de
Taracena, Esas tropas orientales, 8.
Pedro Bracamonte y Sosa, Ensayo sobre la servidumbre el fracaso del
“capitalismo” en México (México, D. F.: CIESAS, Miguel Ángel Porrúa,
2019) 220.
15
Comandancia militar del distrito de Valladolid. 11 de enero de 1840, citado
en Bracamonte, Ensayo sobre la servidumbre, 219.
16
Los detalles del curso de la guerra pueden consultarse en Rugeley, “En
busca de Santiago Imán”, 5-7.
13
14

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fusiles habían llegado de Tihosuco y Río Lagartos. Además “un
sin número de indígenas” auxiliaba a los rebeldes en el transporte
de pertrechos y la construcción de trincheras.17
Cuando las guarniciones de oficiales de la milicia activa y
el ejército permanente se pronunciaron en Mérida y otras partes
del estado a favor del federalismo el objetivo fue marchar hacia
Campeche. Estos eventos que sucedieron durante los primeros
meses de 1840 marcaron el inicio de la experiencia de los orientales
con el bosque tropical del oeste de la Península de Yucatán. Las
tropas federalistas partieron de la capital a principios de marzo.
El 6 salió de Mérida la división del teniente coronel Sebastián
López de Llergo con rumbo a Campeche. A esta división se
unió la sección de las “tropas del Oriente” que comandaba Vito
Pacheco.18 Posteriormente y en las vísperas del ataque del ejército
centralista a Tenabo Santiago Imán y las tropas del oriente
hicieron su entrada a esta última villa.19 Según el oficial Felipe de
la Cámara Zavala la división comandada por Llergo se componía
de compañías de los batallones activos primero, segundo y
tercero, parte del escuadrón permanente de caballería y la brigada
de artillería de la guardia nacional de reciente creación, es decir,
Manuel Eusebio Molina al comandante general del departamento de
Yucatán, Espita, 7 de febrero de 1840. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1546 I, ff. 33-33v. Taracena, Esas tropas orientales, 8.
18
Serapio Baqueiro, Ensayo histórico sobre las revoluciones de Yucatán desde el año de 1840 hasta 1864. Vol. 1 (Mérida, Yucatán: Imprenta de Gil Canto,
1871), 29.
19
Baqueiro, Ensayo histórico, 29-30
17

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de los milicianos que habían recibido entrenamiento previo y
tenían una organización definida por las ordenanzas militares.20
Por su parte las tropas comandadas por Imán elevaba su número
a mil quinientos hombres y estaban caracterizados por agrupar a
combatientes de diferentes orígenes y con oficiales que construían
su liderazgo a partir del caudillismo carismático. Pastor Gamboa,
Vito Pacheco, y José Almeida fueron identificados como los jefes
principales de un grupo compuesto por “huitzees”, desertores, e
“indios del Oriente”.21
Los restos de las fuerzas armadas centralistas se
habían refugiado en Campeche. Azotados por las deserciones
y amenazados por rumores de conspiración el comandante
general Rivas Zayas solicitó refuerzos que llegaron de
Veracruz. Los refuerzos que recibió, si bien incluían tropas
profesionales, estaban integradas por conscriptos enviados a
servir de forma forzosa en los batallones permanentes, varios
de ellos, prisioneros del combate de Acajete.22 A pesar de ello,
confiado en el entrenamiento de las fuerzas permanentes y
en la creencia de que las tropas mandadas por Imán y Llergo
serían rápidamente derrotadas Zayas salió de Campeche, según
su mismo parte, con 583 hombres de las tres armas y cuatro
Felipe de Cámara y Zavala, Memorias de don Felipe de la Cámara y Zavala: 1836-1841 (México: Yucalpetén, 1975) 61.
21
Cámara, Memorias, 61. Un análisis del liderazgo de los caudillos orientales puede encontrarse en Taracena, Esas tropas orientales, 20-ss.
22
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 23 de abril
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, ff. 524-525.
20

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piezas de artillería. Mientras tanto, las fuerzas federalistas que
habían avanzado hasta Hampolol para intentar sitiar Campeche
se replegaron a Tenabo, considerando que el primer sitio ofrecía
pocos beneficios para resistir a la milicia centralista. La creencia
en una rápida victoria la expresó Tomás Requena en una carta
enviada a Rivas Zayas: “Llergo, Imán y demás cabecillas estaban
en Tenabo y Hecelchakan: indudablemente serán arrollados por
la mala calidad de sus tropas, no obstante que tienen la ventaja
de la posición.”23
Los combates en los alrededores de Tenabo reflejan que
los insurgentes federalistas continuaron usando las tácticas con
las que habían enfrentado a la milicia centralista en los bosques
tropicales del este de la Península. Usaron los árboles espinosos
para fortificar de forma más eficaz las trincheras, cavaron fosos
y se dispersaron en tiradores entre la vegetación para desgastar a
los adversarios. Así lo describe el comandante general al enfrentar
en primer lugar a los orientales en Santa Rosa: “(l)egua y media
antes de este ultimo punto encontré interceptado el único camino
que a él conduce con piedras, troncos, espinos, pozos y toda
clase de obstáculos, pero la tropa todo lo superó”. Posteriormente
Rivas Zayas señaló la manera en la que el bosque tropical unido
a los parapetos fue usado por las tropas defensoras para resistir
en los días siguientes en los alrededores de Tenabo. Los tiradores
orientales, amparados en el bosque, hostigaron a la milicia
Carta de Tomás Requena, Campeche, 26 de marzo de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 I, f. 215-215v.
23

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centralista mientras intentaba colocar una batería: “operación
que se ejecutó en medio del fuego que incesantemente hacían
las numerosas guerrillas que situaron en los bosques de que se
compone todo aquel terreno las cuales fueron siempre rechazadas
con perdida”. El hostigamiento a las posiciones de los centralistas
se mantuvo durante los días subsiguientes.24
Aunque Rivas Zayas omitió señalar la forma en que los
asaltos de la infantería federalista hicieron mella en su reducida
división lo cierto es que debido a las condiciones del clima y a la
imposibilidad de tomar por asalto las posiciones enemigas tuvo
que retirarse. De particular importancia fue lo que señaló acerca
de la manera en que los árboles espinosos fueron un obstáculo
infranqueable:
Careciendo pues de fuego de artillería que sostuviese las
operaciones de la infantería, careciendo también de toda clase
de auxilios de boca pues que insurreccionado todo el país
alrededor de mi posición no había tenido el soldado hacia
dos días otro alimento que carne, la tropa toda sin habitación
ni descanso, de día ni de noche, en este rigoroso clima y
considerando que aun estaban intactas las defensas y obstáculos
con que el enemigo había rodeado de mas cerca su posesión y
que consistían en talas espesas de espinos y dos fosos; con el
parecer de la mayoría de los jefes de la división emprendí mi
retirada el veinte y siete en la noche.25
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de
marzo de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, f. 518v;
Taracena, De héroes olvidados, 128.
25
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de marzo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, ff. 518v-519.
24

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Tras la retirada de Zayas, la milicia de Llergo y la de
Imán avanzaron para sitiar la ciudad fortificada de Campeche.
Zayas había sido reducido únicamente a la división de auxilio de
Veracruz sufriendo recurrentes deserciones de todas las unidades.
Mientras el puerto era aislado por mar la milicia de Imán y Llergo
rodearon a Campeche. Llergo dando un rodeo se dirigió a Lerma
mientras Imán tomó el barrio de Santa Lucía y el rumbo de Calá.26
Aunque no existieron grandes combates la experiencia
del sitio de Campeche permitió a los orientales perfeccionar la
confección de emboscadas y la organización de partidas para
hostilizar al enemigo amparados en la vegetación. Félix Reyes,
comandante del escuadrón activo de Veracruz, fue emboscado
a principios de mayo mientras exploraba los alrededores de Río
Verde, Calá y Chiná. Con poco más de quince soldados salió a
reconocer las posiciones de los insurgentes:
me dirigí para esta plaza [Campeche] y al llegar al cabo del
barrio de Santa Lucía hizo fuego el enemigo por retaguardia,
ordené a los dragones contestasen en retirada, hasta llegar a una
especie de tala que había formada en el camino, haciéndome
igualmente fuego una emboscada que se hallaba a vanguardia,
esta y el obstáculo expresado, desorganizó a la tropa en forma
de no poderla reunir a pesar de mis esfuerzos, tomando unos,
unas veredas y otros otras, según lo permitía el bosque, pues
solo yo pude llegar a la hacienda de la Escalera.27
Baqueiro, Ensayo histórico, 31.
Gabriel Valencia al ministro de guerra y marina, México, 9 de mayo de
1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, ff. 302-303.
26
27

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Posteriormente se supo que fueron los habitantes
reclutados por los federalistas quienes realizaron la importante
y central tarea de poder obstruir los caminos y veredas para
posibilitar las emboscadas. Joaquín Rivas Zayas reportaba al
ministro de la guerra tal actitud:
El jefe de los pronunciados Don Santiago Imán al dar cuenta de
haber sorprendido a una partida de caballería que salió de esta
plaza el día 17 de que tengo dado a V. E. conocimiento, asegura
que el buen éxito de la acción fue debido a la cooperación de
los vecinos de Santa Lucía, y a la parte muy activa que tomaron
hasta las mujeres del mismo ayudando a cerrar los caminos y
veredas que se dirigían a la plaza.28

El reclutamiento de los habitantes de los barrios fue
central ya que permitió a Imán poder aumentar sus fuerzas no
solo con insurgentes con experiencia militar sino también con
expertos conocedores del territorio. Para un tipo de combate que
dependía del conocimiento de los bosques de los alrededores esto
era de vital importancia, como señala Rivas Zayas:
Los vecinos del expresado barrio [de San Francisco] y de
los de Santa Lucía, Guadalupe y Santa Ana se presentaron
espontáneamente al cabecilla Imán, que los armó y organizó
en compañías, proporcionándose así un refuerzo de cerca de
quinientos hombres, decididos, entusiastas, prácticos del país
y diestros en el manejo de las armas por haber sido cívicos
los más de ellos, o del batallón de defensores que levantó é
instruyó cuando la guerra de los franceses.29
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de abril
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 397.
29
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 4 de mayo
28

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Parte del éxito de los insurgentes federalistas radicó en la
rendición de los reductos de San Miguel y San José. La división
de Santiago Imán se encargó, a través de diferentes estrategias,
de asediar este último. Para ello usó la vegetación que crecía en
la ladera del cerro y así aislar a la guarnición impidiendo que
pudieran tener acceso al agua. Faustino Molina lo expuso de esta
manera cuando justificó su rendición:
…de hallarnos hace cuarenta y ocho horas tan escasos de agua
que ni aun para poner los ranchos de carne salada y ministra
hay absolutamente, hallándose seco un aljibe y pozo inmediato,
rodeados de enemigos que en gran número y a cubierto por
la falda de este cerro impiden absolutamente proveernos de
este recurso de primera necesidad y que habiendo intentado
por nuestra parte tomarla en los pozos inmediatos y de los
cuales está posesionado el enemigo han sido batidas nuestras
guerrilla en que se han perdido tres hombres que consideramos
dispersos.30

Con los fuertes exteriores tomados por la milicia
federalista la espesa vegetación que rodeaba a las murallas y
baluartes del puerto terminaron por ser un obstáculo para los
defensores que eran incapaces de poder eliminar a los tiradores
que estrechaban el cerco a Campeche tomando posiciones en los
barrios y resguardándose entre la vegetación circundante. Rivas
Zayas lo detalló de esta manera:
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 493.
30
Copia de la capitulación del reducto de San José, Campeche, 14 de mayo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, ff. 325-325v.
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El 29 [de abril] ocupó y fortificó otra sección enemiga el barrio
de Santa Ana poderosamente auxiliada del vecindario y a
pesar del fuego de cañón y obús de esta plaza, de poquísima
eficacia por las muchas casas intermedias de mampostería y la
espesísima arboleda que encubre los objetos á tiros de pistola
de la muralla.31

El puerto de Campeche cayó finalmente en poder de
los federalistas en mayo de 1840. Sin embargo, este evento no
marcó la desmovilización total de las secciones de oriente que no
tardaron en ser llamados a las armas de nuevo.
La invasión centralista a la Península de Yucatán (1842-43)
Los orientales volvieron a tomar las armas una vez que el ejército
centralista mexicano invadió la Península de Yucatán a mediados
de 1842. La reactivación del conflicto bélico generó una amplia
movilización que incluyó la organización de las pocas tropas
permanentes, las milicias locales, la movilización de los paisanos
y de otras tropas irregulares como las secciones de orientales. Los
combatientes del oriente que combatieron en Campeche fueron
descritos por Serapio Baqueiro de la siguiente forma:
Los indios del partido de Tihosuco, acaudillados por el teniente
coronel Vito Pacheco, ocupaban unas arquerías frente a la
puerta de Guadalupe, los de Valladolid se hallaban en la iglesia
de San Francisquito a las ordenes del coronel Pastor Gamboa,
de cuyo puesto salió éste como á las ocho de la mañana, y
recorrió las calles principales montado en un caballo blanco,
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 4 de mayo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 497v.
31

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sin camisa, con los calzoncillos arrollados, armado de machete,
y cubierto el sombrero con cintas de diferentes colores, que le
daban el aspecto de un salvaje guerrero.32

Desde 1841 los militares yucatecos, ante la inminencia de
un conflicto armado, no solo comenzaron a reclutar tropas, sino
también adquirieron armas y todo tipo de pertrechos bélicos. Este
aspecto es sumamente importante ya que permitió a los orientales,
a través de su alianza con los caudillos federalistas y separatistas
yucatecos, el acceso a más armas de fuego. Por referencias de los
oficiales mexicanos que combatieron contra los orientales, estas
tropas habrían tenido un armamento diferenciado. El general
Francisco Pacheco, quien se enfrentó en innumerables ocasiones
a los orientales al ser comandante de la primera brigada de la
División de Operaciones sobre Yucatán, aseguró durante un
interrogatorio que “a los indios los emborrachaban para que no
se resistiesen a entrar, los cuales tenían un armamento selecto”.33
Pacheco quizá se estaba refiriendo a que los orientales
combatían con armamento diferenciado típico de la infantería
ligera. El fusil Berkely fue usado por diferentes ejércitos del
siglo XIX para equipar a sus infantes. Esta arma era más precisa
que el mosquete Brown Bess. Las compañías de infantería ligera
del ejército mexicano del siglo XIX se encontraban equipadas
Serapio Baqueiro, Rasgo biográfico del general López de Llergo (Mérida:
Tipografía de G. Canto, 1898), 19.
33
Declaración de Francisco Pacheco, México, 25 de octubre de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1991, f. 189v.
32

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con este tipo de armas.34 Las referencias sobre el armamento
adquirido por diferentes oficiales y agentes en Estados Unidos
y Nueva Orleans es bastante parco y poco preciso. El primer
cargamento de armas llegó en marzo de 1841 producto de la
comisión del gobierno del estado a Martín Francisco Peraza. Este
remitió desde Nueva Orleáns 678 armas entre fusiles franceses,
ingleses y estadounidenses y carabinas para artilleros. En abril de
1841 se recibieron setecientos fusiles de fabricación francesa y
estadounidense. Finalmente el comandante de la armada yucateca
Pablo Celaráin introdujo mil seiscientos fusiles, sin bayonetas, de
fabricación inglesa adquiridos en Europa.35
La guerra se libró en dos frentes. Una primera parte se
libró en las costas campechanas. El ejército mexicano intentó
sitiar desde finales de 1842 el puerto amurallado de Campeche,
desembarcando en Isla del Carmen y avanzando posteriormente
Jospeh Hefter, The Mexican Solder 1837-1847 (Oklahoma: The Virtual
Armchair General, 2008) 11. El fusil Baker ganó amplia popularidad entre la
infantería británica y los tiradores especializados eran equipados con este fusil.
Durante el siglo XIX diferentes unidades de infantería ligera fueron equipados
con esta arma en el hemisferio occidental. Ver: Németh, Balázs, Early Military
Rifles, 1740-1850 (Oxford: Osprey Publishing, 2020).
35
Noticia del armamento recibido de N. Orleáns en la Goleta Rosario. Campeche, 14 de abril de 1841. Archivo General del Estado de Yucatán (en adelante AGEY), Poder Ejecutivo, Milicia, v. 4, e. 85. José Cadenas al secretario de
guerra y marina del estado de Yucatán, Campeche, 30 de noviembre de 1841.
AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, v. 6, e. 122. Factura de las armas remitidas
por Francisco Martín Peraza desde Nueva Orleans, Mérida, 24 de marzo de
1841. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, v. 6, e. 133. Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 106.
34

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�Mapa 1. Detalle de un plano en donde se puede ver las posiciones ocupadas por el ejército mexicano en torno a
Campeche. S/a, c. 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1993, f. 265.

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por Seybaplaya, Champotón y Lerma. Los combates y escaramuzas
se registraron en torno a las murallas de Campeche en los puestos
avanzados de la Eminencia, las fortificaciones de San Luis y San
Miguel y los barrios de Santa Ana y San Román (VER MAPA 1).
Tras largos intentos y fracasos reiterados una brigada compuesta
por compañías selectas de los batallones mexicanos intentó
tomar Mérida en marzo de 1843, desembarcando por Telchac y
avanzando sucesivamente por Motul, Tixkokob y Pacabtún, hasta
terminar capitulando en Tixpéual.36
Los oficiales mexicanos dieron cuenta de la presencia
dominante del bosque tropical en el paisaje peninsular. El
oficial de artillería Manuel Plovvez describió los alrededores de
Campeche como “un terreno montañoso, muy irregular y lleno de
bosques, sin agua potable en lugar conocido a la vez que marcada
por la huella de multitudes de veredas que se cruzan en todas
direcciones”.37 Joaquín Morlet, encargado de realizar diferentes
incursiones en los alrededores de Chiná aseguró que “lo boscoso
del camino y alturas” de los alrededores del pueblo obligaban a
que en caso de realizarse cualquier expedición por el rumbo debía
hacerse con varios de cientos de soldados y con experiencia, a
riesgo de sufrir una derrota.38
Los detalles políticos del curso de la guerra pueden consultarse en Rugeley, Repúblicas contrapuestas.
37
Declaración de Manuel Plovvez, Puebla, 25 de octubre de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1991, f. 281.
38
Joaquín Morlet a Matías de la Peña, Chulbac, 17 de febrero de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 266.
36

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�Mapa 2. Detalle de un plano de 1722 en donde se puede observar la vegetación alrededor de la vigía de Telchac
y el litoral yucateco. “Plano de parte de la costa de Yucathan, su capital la ciud[ad] de Mérida, con los pueblos
que señala. La que visitó su Gov[ernad]or y Cap[itá]n Gen[era]l D[o]n Antonio de Cortayre. Año de 1722”,
1722, Archivo General de Indias, MP-México, 119.

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Nicolás de la Portilla, mayor de órdenes de la brigada sobre
Mérida, describió brevemente el paisaje que recorrió el ejército
mexicano en el norte de la Península. Sobre el paisaje que cubría
los alrededores de Telchac dijo que “la situación de la vigía [de
Telchac] no era ventajosa para defenderse por que tenía muchos
bosques a sus inmediaciones”, algo que ya habían reflejado los
cartógrafos del siglo XVIII (VER MAPA 2). Los caminos que
recorrieron en torno a Motul y Tixkokob se encontraban también
cubiertos de bosque. El oficial señaló que “de Telchac a Motul
que son cuatro leguas, el camino estaba bueno con bosques a
derecha e izquierda” mientras que el de Tixkokob a Tixpéhual era
un camino estrecho “con bosque espeso a derecha e izquierda”.39
La mayoría de las acciones de guerra en donde intervinieron
los orientales fueron escaramuzas que tenían el objetivo de
hostigar al enemigo y agotarlo. Matías de la Peña, encargado del
mando de la División desde finales de 1842, reflexionaba sobre la
frecuencia de los ataques de la milicia yucateca:
…el enemigo si nos tiroteaba a menudo, y algunos seguramente
por adular al poder, lo pintaban como insignificante cuando el
fue quien nos salió al encuentro en Umul, quien nos quiso quitar
la Eminencia el veinte y cinco de Noviembre, ocho y catorce de
Diciembre, quien nos atacó en Lerma, Chiná, Tixkokob; y en
diferentes pequeñas escaramuzas contra la Eminencia, pruebas
claras de su mucho numero y de su potencia.40
Declaración de Nicolás de la Portilla, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1987, ff. 36v, 33, 42v.
40
Declaración de Matías de la Peña, Perote, 28 de noviembre de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 182.
39

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Los meses que pasaron las tropas mexicanas intentando
rodear la ciudad o deliberando asaltar algún punto débil en
el sistema de fortificaciones sirvieron a los orientales para
incrementar su experiencia de combate hostilizando al enemigo
e interactuando con la vegetación para tenerla también como
aliada. Un ejemplo de este tipo de escaramuzas fue publicada en
la prensa oficial yucateca que informaba en diciembre de 1842:
Nuestras divisiones guardan igualmente las [posiciones] suyas,
con el mejor orden y vigilancia. Las tropas auxiliares de D.
Pastor Gamboa molestan a menudo al enemigo con muy buenos
resultados […] Ayer al ponerse el sol se presentaron cuatro
desertores del enemigo, que eran del batallón de zapadores.
Unánimes declaran: que en las acciones del día 25 sufrieron
considerables destrozos: que los sufrían diariamente tanto en
Buenavista con los saludos de nuestras lanchas, en el camino de
Canisté con los frecuentes tiroteos de los guerrilleros, como en la
Eminencia con las balas y bombas que se le arrojan de la plaza.41

A mediados de diciembre de 1842, la prensa yucateca
detalló la forma en que los guerrilleros usaban los árboles como
cubierta y puesto avanzado. Además en el parte militar el coronel
Llergo dejó ver que los batallones de milicia local también podían
ser desplegados para hostilizar al enemigo mediante guerrillas:
El enemigo desde sus zanjas y parapetos dirigía sus fuegos de
fusil y metralla sobre nuestras tropas, sin habernos causado
otra desgracia, que la muerte de un soldado de la sección del
Sr. Gamboa y un herido de la misma. Como dichas guerrillas
“Campeche, sábado 3 de diciembre de 1842”, Periódico Oficial del Estado
de Yucatán, Mérida, 6 de diciembre de 1842, p. 3.
41

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se parapetaron con maestría de las cercas y árboles mayores
de los lugares inmediatos á la Eminencia, pudieron estar
resguardadas de dichos fuegos.- La guerrilla del primero local
que manda al guerrillero C. Pedro Jimenez, permaneció todo el
día observando y tiroteando al enemigo.42

Las espinas de los árboles que se extraían del bosque tropical
fueron descritas por los oficiales mexicanos que combatieron en los
alrededores de Campeche y tuvieron también un peso importante
a la hora de hacer impenetrables el ya de por sí robusto sistema de
fortificaciones de Campeche. Después de fracasar en su intento de
tomar el puerto amurallado durante los últimos meses de 1842 y los
primeros de 1843 los oficiales de más alta graduación valoraron las
defensas y la imposibilidad de tomar por asalto la ciudad abriendo
una brecha con poderosas piezas de artillería. Evaluando si era
mejor asaltar la posición fortificada de la Casa Mata o enviar una
columna a tomar Mérida los oficiales describieron a los espinos
como parte del dispositivo defensivo:
así es que verificado el ataque sin el auxilio de la batería traería
graves males, por la artillería que tiene el enemigo en el punto,
por sus gruesas paredes y parapetos, por espesas y dilatadas
talas de espinos y favorecidos por obras exteriores de campaña
situadas sobre su izquierda y en puntos dominantes todo en
combinación hacen el movimiento demasiado expuesto para
nuestras fuerzas.43
Sebastián López de Llergo al secretario del despacho de la guerra, Campeche, 19 de diciembre de 1842 en Periódico Oficial del Estado de Yucatán,
Mérida, 24 de diciembre de 1842, p. 2.
43
Acta de la reunión de generales, coroneles y comandantes, Fuerte de San Miguel, 3 de febrero de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
42

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Aunque una parte importante de la División de Operaciones
sobre Yucatán se dirigió a la costa norte para intentar ocupar
Mérida en marzo de 1843, otra sección quedó resguardando
los puntos tomados por el ejército mexicano. Esto se tradujo en
que la actividad guerrillera de los orientales y la de la milicia
campechana no se detuviera y los contingentes irregulares
siguieran acumulando experiencia. A finales de marzo el barrio de
San Román y La Eminencia seguían siendo escenarios de tiroteos
entre las fuerzas enfrentadas. En un parte del teniente coronel
Eulogio Rosado además se evidenció que las tropas yucatecas
intentaban sacar ventaja del clima peninsular para enfrentar a los
soldados y milicianos que provenían de regiones más templadas
de la república como Jalisco, Puebla, el Estado de México,
Oaxaca o Zacatecas:
Con el objeto de molestar al enemigo y en cumplimiento de
las instrucciones de V. S. relativas a este fin, dispuse que en
la mañana de hoy saliesen de esta campamento doscientos
hombres … Esta tropa unido a noventa hombres de varios
cuerpos que guarnecen la plaza … se dirigieron a la Eminencia,
dispuesto que fue por ellos el orden de ataque. Como el objeto
de estos tiroteos tiende a molestar al enemigo a horas en que
el calor los llegue a desesperar, se retiraron las tropas a sus
respectivos puestos a las tres de la tarde.44
XI/481.3/1969, f. 40.
44
José Cadenas al secretario de guerra y marina del estado de Yucatán, Campeche, 27 de marzo de 1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia. Otros registros
de ataques a La Eminencia por parte de la milicia local y los orientales puede
verse en AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, v. 2, e. 30.
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Durante el conflicto los combates frontales fueron
esporádicos y cuando estos sucedieron, como en el caso de
Lerma, los orientales fueron usados por los comandantes
yucatecos, junto con los paisanos campechanos de las milicias
locales, para lanzar ataques de distracción a los enemigos. Así
sucedió el 25 de noviembre cuando los orientales de Gamboa y
la milicia mandada por Eulogio Rosado lanzaron un ataque sobre
Canisté y Buenavista, mientras el grueso de la infantería de línea
yucateca atacaba las trincheras mexicanas en La Eminencia.45 Lo
mismo sucedió durante uno de los combates más sangrientos de
la invasión, cuando los mexicanos tomaron el pueblo de Chiná
para intentar cortar los suministros del puerto amurallado. El
2 de febrero de 1842 las columnas guerrilleras del batallón 13
local comandado por Eulogio Rosado y la sección de orientales
al mando de Miguel Cámara tirotearon todo el día anterior a la
guarnición mexicana. 46
El único combate frontal entre los orientales y el ejército
mexicano sucedió al principio de la invasión el 11 de noviembre de
1842, cuando los guerrilleros emboscaron a la columna mexicana
que iba de camino a Lerma. Gamboa eligió las inmediaciones
del bosque perteneciente a la hacienda Umul para hostilizar la
Sebastián López de Llergo al secretario del despacho de guerra, Campeche, 19 de diciembre de 1842. Periódico Oficial del Estado de Yucatán, 24 de
diciembre de 1842, p. 1
46
Copia de Francisco Andrade al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, Chiná, 3 de marzo de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1969, f. 54.
45

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marcha de los invasores. El general Vicente Miñón, en su parte al
ministro de la guerra especificó que en este primer enfrentamiento
las tropas de Pastor Gamboa habían usado la vegetación como
cubierta para intentar sorprender a la columna mexicana, reforzada
por parapetos construidos para obstruir el camino:
el enemigo que en gran número se hallaba parapetado sobre
el camino de Umul y posesionado del bosque sobre ambos
flancos, quiso impedir la marcha que sobre Lerma verificara
la primera brigada, al mando del S. Gral. D. Juan Morales. El
valor, conocimiento y prudencia de este interesante jefe nada
dejó que desear en todo sus disposiciones, durante las seis horas
que duró un tiroteo sostenido por ambas partes, al cabo de las
cuales los fuegos de nuestras piezas destruyeron las obras de
defensa del enemigo, obligándolo á una fuga vergonzosa.47

Esta forma de apropiarse de la vegetación tropical
contrastó con la actitud de los oficiales mexicanos y yucatecos
para quienes, en diferentes momentos del conflicto, el bosque
resultó ser un obstáculo. Durante el fallido contraataque yucateco
a Lerma en diciembre de 1842 la vegetación del bosque tropical
de los alrededores de Campeche retrasó la marcha de la columna,
que tuvo que abrirse paso abriendo brechas entre la vegetación,
llegando a la retaguardia mexicana ya cuando había aclarado el
sol, frustrado los planes de efectuar un ataque sorpresa.48 Cuando
el ataque fue rechazado por la reducida guarnición mexicana,
Vicente Miñón al ministro de guerra y marina, Lerma, 16 de noviembre de
1842. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1752, f. 1v
48
Alonso Aznar a Sebastián López de Llergo, Campeche, 19 de diciembre de
1842 en Periódico Oficial del Estado de Yucatán, 24 de diciembre de 1842, 1-3.
47

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los soldados mexicanos no se lanzaron en persecución de los
yucatecos, precisamente porque se habían internado en los
bosques de los alrededores, actitud que fue censurada por parte
del ministros de la guerra al general Vicente Miñón.49 En Chiná, la
columna mexicana enviada por Matías de la Peña para ocupar el
pueblo extravió el camino por venir “abriendo monte”.50 Un par de
días después, el 4 de febrero, durante el ataque de los yucatecos al
pueblo, las secciones de auxilio comandadas por Joaquín Morlet
y Manuel Noriega perdieron el rumbo debido a “lo boscoso y
malo del camino”, llegando cuando el combate había culminado
y las tropas yucatecas se retiraban a Campeche.51
En una anotación a un plano de Campeche y sus alrededores
del siglo XVIII se señalaba sobre la región que “la campaña es
toda un Bosque tan cerrado de árboles de todas especies que es
casi intransitable si no por los caminos, que de tanto en tanto es
necesario desmontar para que no estén cerrados”.52 Esta referencia
quizá nos ayude a comprender que durante los meses de conflicto
las áreas en torno a Chulbac y Chiná habían sido parcialmente
Ministro de guerra y marina al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, México, 25 de enero de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1987, f. 203.
50
Copia de Francisco Andrade al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, Chiná, 3 de marzo de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1969, f. 54.
51
Matías de la Peña al ministro de guerra y marina, San Miguel, 6 de febrero
de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1969, ff. 52-53v.
52
Plano de Campeche y sus ynmediaciones, s. XVIII, Archivo General Militar de Madrid, PL, MEX-16/8.
49

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

abandonadas por sus pobladores provocando que la vegetación
se regenerara en los caminos, creando condiciones nuevas en el
paisaje peninsular.
Cuando Matías de la Peña decidió abrir un nuevo frente
de combate al mando de poco menos de dos mil soldados para
intentar ocupar Mérida los orientales nuevamente fueron enviados
a realizar labores de guerrilla. Los primeros en ser desplegados
en la costa norte con este fin fueron aquellos comandados por
Vito Pacheco en observación de las tropas mexicanas que ya
merodeaban en torno a Telchac. Debido al mal tiempo provocado
por un temporal que retrasó la marcha por mar de las tropas
invasoras los orientales lograron llegar a Sisal de forma holgada
el 23 de marzo, entrando al puerto ciento setenta hombres.53 El
2 de abril Vito Pacheco escribió al jefe político de Motul que
había observado en los rumbos de Xtampú y Bom rastros del paso
de los mexicanos que habían dejado carne fresca y huellas de la
artillería que conducían. Llergo lo conminó a unirse a la división
para comenzar las operaciones para hacer frente a la brigada
mexicana: “[a] este jefe [Pacheco], no obstante sus deseos de
permanecer en aquellos bosques, le he reiterado con esta fecha la
orden para que se incorpore a esta división, porque lo he creído
conveniente para dar principio á mis operaciones”.54
Alberto Morales al secretario de guerra y marina del estado de Yucatán, Sisal, 23 de marzo de 1840. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 156, v. 106, e. 58.
54
Sebastián López de Llergo al secretario de guerra y marina de Yucatán,
Motul, 2 de abril de 1843, en El Independiente, 4 de abril de 1843.
53

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El 27 de abril de 1843 la vanguardia del ejército mexicano
que comandaba el teniente coronel Pablo Lallave, compuesto de
infantería y una sección de zapadores para eliminar los obstáculos
del camino, avanzó hasta Telchac donde hubo una breve
escaramuza entre los orientales de Vito Pacheco y los paisanos
armados de Telchac que se tirotearon con los mexicanos.55 Estos
sufrieron la pérdida de un oficial y terminaron por ocupar este
importante punto tras el combate. Sin embargo, Pacheco continuó
merodeando los alrededores con doscientos hombres que
hostigaron a los convoyes mexicanos, que no solo enfrentaban
la falta de mulas para transportar víveres y pertrechos sino la
amenaza desde los bosques de los tiradores orientales.56
No hay constancia clara de que los orientales hubieran
participado en la batalla de Tixkokob el 3 de abril de 1843, uno de
los combates más sangrientos de toda la invasión. En este pueblo
la sección comandada por Francisco Pérez logró rechazar al
ejército yucateco lo que permitió a Peña avanzar hasta Pabactún,
en donde, en uno de los episodios más controvertidos de la
invasión el general mexicano decidió entablar pláticas de paz con
los yucatecos. Tras fracasar las conversaciones el general Peña
intentó retirarse con dirección a Telchac. Sin embargo, Llergo ya
había ordenado el avance de las secciones de orientales de Pastor
Francisco Pacheco al ministro de guerra y marina, Buenavista, 3 de abril
de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1971, ff. 13-13v.
56
Declaración de Pedro Lemus, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 14v.
55

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

Gamboa y de Miguel Cámara. Gamboa desde Nohpat ocupó el
pueblo de Nolo y Cámara avanzando desde Cacalchén con una
“columna de orientales” hizo lo mismo en Tixkokob.57 En el
camino entre Pacabtún y Tixkokob sucedió una escaramuza en
donde se reportaron los últimos heridos de los orientales. En este
combate las tropas comandadas por Pastor Gamboa se internaron
en los bosques de los alrededores de la hacienda Monchac y
Chochoh para hostilizar a la columna mexicana, de forma muy
similar a como lo habían realizado en Umul, aunque el combate
fue mucho más breve.58 Aunque este fue el último combate
propiamente hablando en el que intervinieron los orientales su
papel fue decisivo en los últimos días de la guerra en el norte de
la Península de Yucatán.
Durante la retirada del ejército mexicano la amenaza de
las secciones orientales contribuyó a mermar la moral de los
adversarios que se percibían rodeados: “desde Mérida hasta
la playa de Telchac por diferentes rumbos, apostó el enemigo
secciones de Huites y otras tropas que ocupaban las gargantas
principales, por donde inferían podríamos retirarnos o recibir
Parte oficial del señor general en jefe de las fuerzas de Yucatán, sobre las
operaciones militares a que dio lugar la expedición militar destinada a las costas de Barlovento en El Siglo Diez y Nueve, México, 24 de julio de 1843, p. 1.
58
Los últimos heridos de la “sección primera de oriente”, mandada por Pastor Gamboa fueron Patricio López, Juan Sandoval y Manuel Dzib, heridos
en la acción del 18 en Monchac. Relación que manifiesta los individuos que
han fallecido y los que han quedado heridos e inutilizados en los últimos ataques dados al enemigo en la costa de Barlovento. Mérida, 9 de junio de 1843.
AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 157, v. 107, e. 20.
57

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auxilios” declaró el general Diego Argüelles.59 A los combatientes
de estas secciones los acompañaban cientos de auxiliares que
se encargaban de obstruir los caminos con piedras y árboles
espinosos, además de construir trincheras entre los montes de los
alrededores de esta población. Estos combatientes fueron decisivos
para aislar al ejército mexicano en Tixpéual. Así lo describió el
general Matías de la Peña: “además de que su sección [de Miguel
Cámara] era numerosa, tenía cerca de 1,000 indios desarmados
para las maniobras que dejo expresadas hicieron, y para quitar
hasta los perros que entraban a Tixpéual”.60 La labor de obstruir
los caminos y construir trincheras fue una labor que cientos de
auxiliares realizaron durante la guerra y que se incrementó con
la llegada de la brigada al norte de la Península de Yucatán. Las
trincheras de los alrededores de Motul, por ejemplo, habían sido
construidas sin retribución por los habitantes de ese pueblo, unido
a los de Ucí, Kiní y Muxupip.61 Esta importancia se ve reflejada
en el acopio de machetes por parte de los integrantes del ejército
yucateco para poder facilitar la realización este tipo de trabajos.62
Narración exacta de Diego Argüelles, Telchac, 26 de abril de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1992, f. 82v.
60
Nota 9 de Matías de la Peña al “Parte oficial del señor general en jefe de
las fuerzas de Yucatán, sobre las operaciones militares a que dio lugar la expedición militar destinada a las costas de Barlovento” en El Siglo Diez y Nueve,
México, 24 de julio de 1843, p. 1.
61
José Luis Lavalle al secretario general de gobierno. Motul, 5 de abril de
1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, c. 70, v. 20, e. 90.
62
Sebastián López de Llergo al secretario del departamento de guerra de Yucatán, Conkal, 28 de marzo de 1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 156,
59

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

El relato de los momentos finales de la brigada y de la
importancia de la actividad de los orientales la deja ver Nicolás
de la Portilla. El oficial señaló que el 20 de abril continuaron su
repliegue hasta Tixpéual “punto muy malo en el orden militar,
casi indefendible, rodeado de bosques espesos, habiendo en toda
la circunferencia del pequeño pueblo multitud de cercas de piedra
paralelas las unas a las otras”. Al día siguiente, después de tomar
posiciones y colocar las piezas de artillería en las calles, Portilla
señala que “amaneció el enemigo rodeándonos completamente,
atrincherado con multitud de piedras, que con sagacidad y silencio
colocó en la noche: aquí fue en donde el hambre nos consumió,
pues nos quedamos sin vacas y sin cosa alguna para comer porque
el enemigo no nos dejaba pasar nada”.63 Esta situación desesperada
obligó al general Peña a firmar una capitulación vergonzosa. El 25
de mayo salieron rumbo a Tampico los últimos soldados mexicanos
que habían incursionado a Mérida y los comandantes orientales no
tardaron en declarar que regresarían a sus labores en el campo.64
Conclusión
En su artículo pionero sobre la Guerra entre México y Yucatán
Terry Rugeley señalaba que la violencia de los años posteriores al
conflicto se alimentó de la experiencia bélica del enfrentamiento
v. 106, e. 75.
63
Declaración de Nicolas de la Portilla, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1987, ff. 43v-44.
64
Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 119; Taracena, De héroes olvidados,
104-105.
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que sucedió en la Península entre 1842 y 1843. Rugeley señalaba
que la guerra había provocado la militarización del estado y un
clima de inestabilidad en donde se convirtió en moneda corriente
el armar paisanos irregulares con promesas política para las pugnas
entre las diversas facciones yucatecas.65 A estas consecuencias
del conflicto habría que sumar que en el transcurso del conflicto
entre federalistas y centralistas, y entre yucatecos y mexicanos,
los orientales desarrollaron una particular forma de combatir
amparados en las posibilidades que les brindaba el bosque tropical.
Fue un proceso que inició en 1839, con el pronunciamiento del
caudillo del oriente y en donde en un primer momento usaron
al bosque tropical como cobertura para tratar de equilibrar la
evidente inferioridad de las improvisadas milicias federalistas con
las tropas medianamente entrenadas de la milicia centralista. Si
bien esta experiencia comenzó en los bosques tropicales del este
de la Península de Yucatán, lo cierto es que los bosques tropicales
del oeste, sobre todo aquellos alrededor de Mérida y Campeche,
fueron los que brindaron a los orientales una experiencia que
permitió no solo perfeccionar las tácticas previamente desplegadas
sino innovar en otras. Pudieron darse cuenta de la forma en que los
árboles del bosque tropical podrían brindar no solo cobertura frente
a las balas del enemigo sino también materia prima para construir
fortificaciones aún más inexpugnables y obstáculos que retrasaban
la marcha de los ejércitos. También pudieron aprovechar las
65

Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 121-122.

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

piedras para construir trincheras entre la vegetación e incorporarlas
a las talas que retrasaban la marcha del ejército enemigo. Muy
pronto los orientales se dieron cuenta de la importancia de los
no combatientes para el esfuerzo de guerra. A los guerrilleros
frecuentemente los acompañó la población local, mayoritariamente
indígena, de Valladolid, Campeche y los alrededores de Motul,
que colaboraron en las labores bélicas. Al finalizar la guerra entre
México y Yucatán la pericia de estos combatientes y los auxiliares
llegó a tal punto que las talas de árboles espinosos, piedras para
improvisar trincheras y unos soldados mexicanos exhaustos y
aislados se combinaron para que una brigada de poco menos de
un millar de soldados profesionales se rindiera en Tixpéual sin
disparar un tiro, rodeada de insurgentes orientales.
La adquisición de esta experiencia hubiera sido impensable
sin las armas que a través de diferentes redes llegaron a la Península
de Yucatán y terminaron en manos de los guerrilleros. Primero a
través de las redes de contrabando de los caudillos federalistas y
posteriormente a través de la movilización del estado de Yucatán
y la adquisición de armamento en Inglaterra y Estados Unidos.
Si la referencia que tenemos del general Francisco Pérez es
acertada, incluso los orientales pudieron tener acceso a las armas
más sofisticadas de la época para combatir hostigando al enemigo
amparados en la vegetación.
El bosque tropical estuvo lejos de ser un mero escenario
de la guerra ya que sus comunidades vegetales y su innegable
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presencia y regeneración influyó notablemente en la forma de
hacer en la guerra en la Península. Prueba de ello fueron los
obstáculos que los ejércitos mexicanos y yucatecos enfrentaron
en los alrededores de Chulbac y Chiná, en donde la vigorosa
vegetación creaba, con su agencia, nuevas condiciones que
terminaron por impedir y retrasar el avance de las columnas. Los
orientales por su parte se adaptaron y aprendieron a combatir
usando el bosque tropical a su favor. Los árboles, las plantas, los
arbustos y las comunidades vegetales agrupadas en el bosque
tropical configuraron un tipo de combate disperso. Durante estos
años los orientales convirtieron al bosque tropical en arma de
guerra, un arma temible que marcaría el curso de un periodo
completo en la historia peninsular como lo fue la Guerra de
Castas.
Referencias
Archivos
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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán
(1807-1990): una aproximación desde la
ecología histórica
The construction of the coastal landscape of Sisal, Yucatán
(1807-1990): a historical ecology approach
Gabriel de Jesús Torales Ayala
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados
Unidad Mérida
https://orcid.org/0009-0006-0406-066X
Recibido: 16 de julio de 2024
Aceptado: 12 de diciembre de 2024
Resumen: Este artículo resume los resultados de un estudio sobre
los efectos de las actividades humanas en la configuración del
paisaje de la costa noroccidental de Yucatán durante los siglos
XIX y XX. Utilizando una perspectiva de ecología histórica, se
examina el caso del puerto de Sisal y sus alrededores mediante
fuentes documentales, cartográficas y etnográficas. Se identifican
asentamientos humanos, actividades económicas y prácticas
de manejo ambiental del pasado que continúan influyendo en
factores ambientales contemporáneos como la composición de la
vegetación, los flujos hídricos, la geomorfología y los patrones de
biodiversidad. Estos hallazgos llenan un vacío en la información
histórica ambiental de la región, y proporcionan fundamentos para
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�Gabriel Torales Ayala

discutir la supuesta naturaleza prístina de la costa noroccidental,
que subyace en los esquemas de conservación actuales en el área.
Palabras clave: ambiente prístino; manejo ambiental;
asentamientos humanos; unidades de paisaje; Yucatán.
Abstract: This article summarizes a study on the effects of human
activities on the landscape configuration of the northwestern
coast of Yucatan during the nineteenth and twentieth centuries.
Employing a historical ecology approach, it explores the case of
Sisal port and its environs using documentary, cartographic, and
ethnographic sources. The research identifies historical human
settlements, economic activities, and environmental management
practices that continue to shape present-day environmental factors
such as vegetation composition, water flows, geomorphology, and
biodiversity patterns. These findings address a historical gap in
the environmental knowledge of the region and provide insights
challenging the presumed pristine nature of the northwest coast,
a premise that underpins current conservation efforts in the area.
Key words: pristine nature; environmental management; human
settlements; landscape units; Yucatan.

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Introducción
Entre 1979 y 2010 la costa de Yucatán fue incorporada
gradualmente a esquemas de conservación ambiental mediante la
creación de Áreas Naturales Protegidas (ANP).1 Esto implicó la
implementación de medidas para limitar o prohibir el desarrollo
de actividades humanas que alteren o modifiquen las condiciones
ambientales originales del área.2 En la región noroccidental, la
creación de ANP se sustentó en una interpretación de la costa como
un ambiente prístino, escasamente poblado y sin asentamientos
humanos importantes hasta la segunda mitad del siglo XX,
momento a parir del cual se argumenta que las actividades
humanas comenzaron a alterar las condiciones ambientales.3
Sin embargo, esta interpretación resulta problemática
debido a que carece de fundamentos históricos sólidos. Por una
parte, hay diversos estudios que documentan la presencia de
Javier Enrique Sosa Escalante y R. Kantún Palma, “Áreas Naturales Protegidas”, en Ordenamiento Territorial del Estado de Yucatán: visión 2030, ed.
G. García Gil y Javier Enrique Sosa Escalante (Mérida: Gobierno del Estado
de Yucatán, 2013), 79.
2
Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA). (México: Diario Oficial de la Federación, 28 de enero de 1988), artículos
3 y 47 bis, http://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Ciga/agenda/DOFsr/148.pdf
3
Jorge Herrera-Silveira, Francisco A. Comín, y Luis Capurro, “Los usos y
abusos de la zona costera en la península de Yucatán”, en El manejo costero en
México, de E. Rivera Arriaga et al. (Campeche: Centro de Ecología, Pesquerías y Oceanografía del Golfo de México, Universidad Autónoma de Campeche., 2004), 387–96; SEGEY, Programa de Manejo de la Reserva Estatal El
Palmar (México: Secretaría de Ecología del Gobierno del Estado de Yucatán,
2006), 12.
1

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actividades humanas en la costa noroccidental desde hace 2,700
años, y la existencia de asentamientos, salinas y puertos mercantes
durante los periodos Clásico y Posclásico,4 así como de ranchos,
estancias, haciendas y pueblos desde la época novohispana hasta
el presente.5 A pesar de esto, aún quedan vacíos de información
considerables sobre los efectos de dichas actividades en el
ambiente, especialmente durante la época virreinal, el siglo XIX
y la primera mitad del XX.
Por otra parte, en décadas recientes surgieron nuevos
enfoques y campos de investigación histórica ambiental que
sostienen que los seres humanos han modificado de manera
irreversible los patrones de biodiversidad y los procesos
Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological Survey of Northwest Yucatan, Mexico”, Reporte final de la temporada 2002 para el Comittee for Research and Exploration (National Geographic Society, 2002); Fernando Robles
Castellanos y Anthony P. Andrews, “Proyecto Costa Maya: Reconocimiento
arqueológico de la esquina noroeste de la Península de Yucatán”, en XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, ed. J.P. Laporte et al.
(Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 2003), 41–60.
5
Pedro Bracamonte y Sosa, “Haciendas y ganado en el noroeste de Yucatán,
1800-1850”, Historia Mexicana 37, núm. 4 (1988): 613–39; Luis Millet Cámara, Rafael Burgos Villanueva, y Anthony P. Andrews, “Panorama histórico
de la Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”, en El
pueblo maya del siglo XIX: perspectivas arqueológicas e históricas, de Susan
Kepecs y Rani T. Alexander (México: Instituto de Investigaciones Filológicas UNAM, 2013), 71–92; Anthony P. Andrews, Rafael Burgos Villanueva,
y Luis Millet Cámara, “The Henequen Ports of Yucatan’s Gilded Age”, International Journal of Historical Archaeology 16, núm. 1 (2012): 25–46, https://
doi.org/10.1007/s10761-012-0168-z.\\uc0\\u8220{}Haciendas y ganado en el
noroeste de Yucat\\uc0\\u225{}n, 1800-1850\\uc0\\u8221{}, {\\i{}Historia
Mexicana} 37, n\\uc0\\u250{}m. 4 (1988
4

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ecológicos de prácticamente todos los rincones del planeta desde
hace miles de años,6 incluyendo grandes extensiones boscosas del
continente americano que por mucho tiempo fueron consideradas
prístinas.7 Uno de estos campos es la ecología histórica,8 que
sostiene que los seres humanos no se han adaptado pasivamente
a las condiciones del medio, sino que las han transformado a
lo largo del tiempo para ajustarlas a sus necesidades mediante
actividades culturales.9
Desde esta perspectiva, se considera que las sociedades
humanas favorecen ciertas condiciones ambientales mediante
Erle C. Ellis, “Ecology in an Anthropogenic Biosphere”, Ecological
Monographs 85, núm. 3 (2015): 287–331, https://doi.org/10.1890/14-2274.1;
Nicole L. Boivin et al., “Ecological consequences of human niche construction: examining long-term anthropogenic shaping of global species distributions”, Proceedings of the National Academy of Sciences 113, núm. 23 (2016):
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7
William Denevan, “The Pristine Myth: The Landscape of the Americas in
1492”, Annals of the Association of American Geographers 82, núm. 3 (1992):
369–85; Michael Heckenberger et al., “Amazonia 1492: Pristine Forest or
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‘prístino’: paisajes predominantes e interacciones funcionales en el sistema
socio-ambiental Parque Nacional Braulio Carrillo (1881-1987).”, Forum for
Inter-American Research (FIAR) 13.1, núm. marzo (2020): 84–98.
8
Péter Szabó, “Historical ecology: past, present and future”, Biological Reviews 2015, núm. 90 (2015): 997–1014, https://doi.org/10.1111/brv.12141.
9
William Balée, “The Research Program of Historical Ecology”, Annual
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the study of landscape”, Landscape Research 42, núm. Sup1 (2017): S65–73,
https://doi.org/10.1080/01426397.2017.1399994.
6

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�Gabriel Torales Ayala

la domesticación, no solo de plantas y animales, sino del
mismo paisaje, con el fin de manejar los recursos existentes
en un área e incluso crear nuevos recursos.10 Esto ocurre como
consecuencia de la repetición de actividades y prácticas de
manejo ambiental que incluyen el uso del fuego, el reacomodo
del relieve, la modificación del suelo y la hidrología, la remoción
y/o reemplazo de ciertas especies y el favorecimiento de otras,
la extracción selectiva y sistemática de recursos, la construcción
de infraestructura, asentamientos humanos, etc.11 Gradualmente,
estas prácticas modifican los patrones de biodiversidad, la
cobertura vegetal, la composición del suelo, la distribución
de especies, entre otros, y sus huellas perduran como legados
en el paisaje durante décadas, cientos o incluso miles de años
después de terminada la intervención humana que los produjo.12
Esto significa que las prácticas de manejo ambiental del pasado
influyen en las condiciones ambientales de un área a través del
tiempo pudiendo tener efectos en el paisaje actual.
Charles R. Clement y Mariana F. Cassino, “Landscape Domestication and
Archaeology”, en Encyclopedia of Global Archaeology, ed. C. Smith (Springer, 2018), 10.1007/978-3-319-51726-1_817-2.
11
Clark L. Erickson, “Amazonia: The Historical Ecology of a Domesticated
Landscape”, en The Handbook of South American Archaeology, de Helaine
Silverman y William Isbell (New York: Springer, 2008), 157–83, 10.1007/9780-387-74907-5_11.
12
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Forest Soils and Biodiversity”, Ecology 83, núm. 11 (2002): 2978–84, https://
doi.org/10.2307/3071833.
10

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Esto permite suponer que los grupos humanos que
habitaron la costa noroccidental de Yucatán en el pasado
desarrollaron diversas prácticas de domesticación del paisaje con
el fin de favorecer la presencia de ciertos recursos. Lo anterior
supondría que dichas actividades modificaron los componentes
bióticos y abióticos del área, contribuyendo con ello a dar
forma a los patrones ecológicos presentes en el paisaje actual,
lo que a su vez refutaría la caracterización de la región como un
ambiente natural prístino. Sin embargo, esta hipótesis no había
sido corroborada debido a la falta de información histórica sobre
las actividades humanas y las prácticas de manejo ambiental
en el área, especialmente en los periodos mencionados. Es por
ello que se realizó un estudio sustentado en fuentes históricas
y etnográficas analizadas desde una perspectiva de ecología
histórica para identificar las actividades y prácticas que tuvieron
influencia en la construcción del paisaje de la costa noroccidental
a partir del caso de Sisal.13
La costa de Sisal: dimensión espacial y temporal.
El puerto de Sisal se localiza a los 21°09’55’’ latitud Norte
y 90°01’50’’ longitud Oeste y actualmente es una comisaría
perteneciente al municipio de Hunucmá, en el estado de Yucatán.
Gabriel de Jesús Torales Ayala, “Cambios históricos en el paisaje costero de Sisal, Yucatán. Estudio comparativo de tres periodos: puerto de altura
(1807-1871), puerto de cabotaje (1871-1931), y periodo ejidal (1931-1990).”
(Mérida, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 2019),
https://repositorio.cinvestav.mx/handle/cinvestav/1485.
13

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Para esta investigación se delimitó un área de estudio de 585 km2
que incluye al puerto, las 5,060 hectáreas del ejido de Sisal y
una porción aproximada de 9,000 hectáreas pertenecientes a la
Reserva Estatal El Palmar (REEP) (Figura 1). Para fines analíticos
el área se subdividió en siete unidades de paisaje definidas por
su geomorfología y cobertura del suelo, pues ambos factores
influyen el desarrollo de actividades humanas y prácticas de
manejo ambiental.14 Estas unidades son:
a. Zona urbana: superficie del asentamiento humano del
puerto.
b. sla de barrera: franja estrecha arenosa con vegetación de
duna costera.
c. Litoral: área del Golfo de México con vegetación de
macroalgas, pastos marinos y formaciones arrecifales.
d. Ciénaga: laguna costera salina estacional de baja
profundidad, con vegetación de manglares, pastos halófilos
y macroalgas.
e. Petenes: islotes de selva mediana en torno de afloramientos
de agua dulce.
f. Zonas inundables: planicies calizas estacionalmente
inundadas con pastizales halófilos, tulares, manglares y
porciones de selva baja caducifolia.
Efraím Acosta Lugo et al., “Caracterización de la Eco-región los Petenes-Celestún-El Palmar”, en Plan de Conservación de la Eco-región Petenes-Celestún-Palmar (Campeche: Universidad Autónoma de Campeche. Pronatura Península de Yucatán. A.C., 2010), 33–48.
14

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Figura 1.
Localización del área de estudio, asentamientos humanos y
unidades de paisaje

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Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos de INEGI, Registro Agrario
Nacional (RAN), Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), Anthony P. Andrews et al., An Archaeological Survey of Northwest
Yucatan, Mexico, 2002, y Bing Maps.

g. Selva baja: llanura kárstica no inundable con vegetación
caducifolia y espinosa.
El área estudiada tiene una larga historia de ocupación
humana, pues se ha documentado la existencia de embarcaderos
y asentamientos pesqueros y salineros desde tiempos
prehispánicos.15 Durante el periodo novohispano el pequeño puerto
Humberto Lara y Lara, Sisal: ensayo monográfico (Mérida: Dirección de
Prensa y Publicidad del Gobierno del Estado, 1959), 1–3.
15

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

y destacamento militar de Santa María de Sisal fue estratégico
para Mérida en términos defensivos y comerciales, pues agilizó el
transporte marítimo con el puerto de Campeche, que entonces era
el único autorizado para comerciar con la metrópoli.16
Hacia 1807 Sisal comenzó a comerciar directamente
con La Habana. En 1811 fue habilitado oficialmente para el
comercio internacional y la navegación de altura, convirtiéndose
en el principal puerto mercantil del noroeste de Yucatán.17 Estos
acontecimientos marcan el inicio del periodo de estudio debido
a la importancia que adquirió Sisal como eje de las actividades
humanas relacionadas con el manejo de los recursos de la región.
El periodo estudiado se extiende a lo largo de tres coyunturas
definidas en términos económicos y demográficos:
1. 1807-1871. Sisal se convierte en el principal puerto de
altura durante el despegue de la industria henequenera, lo
que atrae un rápido crecimiento demográfico.
2. 1871-1931. Sisal es degradado a puerto de cabotaje, la
aduana es trasladada a Progreso y, en consecuencia, ocurre
una fuerte pérdida de población.18
Michel Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán (Mérida: Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 1994), 260.
17
Luis Ángel Mezeta Canul, “El abastecimiento mercantil en la ciudad de
Mérida, 1790-1850” (Tesis de maestría en Historia, Mérida, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2014), 134; Mario
Trujillo Bolio, El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entornos
geográficos, formación portuaria y configuración marítima. (México: Miguel
Ángel Porrúa, 2005), 102.
18
Alberto Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal” (Tesis de In16

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3. 1931-1990. se funda el ejido de Sisal y hay un gradual
repoblamiento promovido por la tecnificación pesquera.19
El periodo de estudio concluye en 1990 con la creación de
la Reserva Estatal El Palmar (REEP), lo que marca el inicio
de un cambio en el manejo de los recursos costeros.
Materiales y métodos
La investigación se basó en datos cualitativos y descripciones
sobre las características ambientales de las unidades de paisaje,
los tipos de asentamientos humanos, las actividades que ahí se
realizaban, las prácticas de manejo ambiental y sus efectos en
el paisaje, así como los cambios percibidos. La información se
obtuvo de fuentes:
1. Documentales. Incluye fuentes primarias como censos,
padrones, actas e informes de gobierno, correspondencia
oficial, expedientes legales y catastrales, notas periodísticas,
publicaciones de la época, crónicas de viajeros, litografías,
fotografías; así como fuentes secundarias: monografías,
estadísticas, artículos de revistas científicas y tesis. Aunque
los documentos históricos sobre Sisal son abundantes, la
información ambiental encontrada fue escasa, dispersa y sin
geniería Civil, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1931),
Biblioteca Yucatanense (BCCA-1141-1.).
19
Julia Fraga, “El proceso de emigración hacia la costa de Yucatán: estudio
de cuatro puertos del litoral yucateco”, Reporte final de investigación (Mérida:
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 1992).
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registros sistemáticos que permitan cuantificar la magnitud
de los cambios.
2. Cartográficas. Comprende planos, croquis y mapas de
las distintas etapas, así como fotografías aéreas de la
década de 1970. Estas fuentes ofrecen una gran cantidad
de información sobre el paisaje; sin embargo, las más
antiguas carecen de escalas o coordenadas que faciliten su
georreferenciación.
3. Etnográficas.

Se

realizaron

cuatro

entrevistas

semiestructuradas de historia oral a varones mayores de
60 años que habitaron en el área durante la última etapa
estudiada. En algunos casos, el recuerdo de historias
contadas por padres y abuelos permitió extender la
temporalidad de las descripciones hasta principios del siglo
XX. Los testimonios recogidos mostraron gran congruencia
y su inclusión en el estudio fue clave para articular y precisar
la información de las otras fuentes.
Los datos obtenidos fueron sometidos a tres procesos
de revisión: (1) el análisis crítico de las fuentes, consistente en
cuestionar el contexto de producción y los intereses de los autores
para evaluar la fiabilidad de la información; (2) el cruzamiento
entre las diversas fuentes para contrastar y validar datos; y (3) la
comprobación en campo para localizar los asentamientos y sitios
donde hubo prácticas de manejo ambiental, a fin de identificar
sus huellas en el paisaje actual. Con la información validada se
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elaboraron descripciones detalladas de las unidades de paisaje
y mapas comparativos sobre sus principales asentamientos
y actividades desarrolladas (ver figuras 2, 3 y 4 al final del
documento). La extensión de los usos de suelo representados es
aproximativa debido a la falta de información cartográfica precisa
en las fuentes históricas consultadas.
Principales modificaciones antropogénicas
en el paisaje costero
Zona Urbana
A comienzos del siglo XIX Sisal era un pequeño destacamento
militar colonial y vigía de costa.20 La habilitación del puerto de altura
impulsó su transformación en un asentamiento permanente de entre
700 y 1,500 habitantes.21 La población trabajaba mayormente en
actividades portuarias y la milicia, y en menor medida en comercios,
servicios, pesca y agricultura.22 En 1869 había 124 construcciones
agrupadas en 20 manzanas regulares formando el patrón ortogonal
que persiste hasta la actualidad.23 La mayoría de las construcciones
José María de Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la
provincia de Yucatán del año de 1814, Tercera edición (Gobierno del Estado
de Yucatán, 1977), 40.
21
Ver características demográficas de Sisal durante el siglo XIX en: Torales
Ayala, “Cambios históricos en el paisaje costero de Sisal, Yucatán.”, 49–55.
22
AGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de
Sisal y su comprensión, Rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849,
Alcaldía de Sisal, fondo: poder ejecutivo 1842-1885, censos y padrones, caja
64, vol. 14, exp. 49, fojas 23.
23
Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOB). Plano de la población de la
Villa y Puerto de Sisal, 1869, Colección General, Estado de Yucatán, clasifica20

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eran “casas cubiertas de paja o huano [Sabal yapa], cercadas de
palizada que se cierra con un embarro o argamasa de tierra envuelta
con yerba picada”, y solo había 13 construcciones de piedra con
techo de madera o palma.24 Además, existían diversas instalaciones
portuarias, como la aduana, el muelle, el faro y bodegas;25
instalaciones militares: fortaleza, trincheras y batería de cañones;26
construcciones civiles como escuelas, cementerio, teatro, mercado
público y rastro, y una estructura religiosa: el templo católico.27
El desarrollo de la zona urbana implicó la remoción de la
vegetación preexistente, así como la extracción de materiales de
construcción (maderas, piedras, palmas, etc.) de los alrededores,
y la introducción de palmeras como se observa en una ilustración
de 1839.28 Además, se modificó la morfología de la isla de barrera
mediante el relleno y nivelación de la orilla de la ciénaga: “las
primeras casas situadas a su entrada han sido construidas sobre la
misma ciénaga, practicándose un rehenchimiento”.29
ción: 6925-CGE-7264-A.
24
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 32.
25
BY. Sisal, 1863, Rivero Figueroa, “El Repertorio Pintoresco”, fondo reservado, clasificación: FR-0005571, ficha: 63456. pp. 479-483.
26
Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán, 259.
27
Emiliano Canto Mayén, “Sisal: comercio y vida cotidiana (1806-1871)”,
en Puertos y comercio en el Golfo de México (siglo XIX), de Ivett García Sandoval, Marisa Pérez Domínguez, y José Ronzón León (Campeche: Ediciones
Morbo, 2012), 57–78.
28
MMOB. Gulf of Mexico: Sisal Reefs, surveyed in 1838 by Com. E. Barnett. Hydrographic Office of the Admiralty, 1838, Colección General, Estado
de Yucatán, clasificación: 8314C-CGE-7264-B.
29
BY. Documentos relativos a la cuestión de traslación de la aduana de Sisal
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El cambio de la aduana a Progreso causó el rápido
despoblamiento del asentamiento, quedando entre 100 y 150
habitantes a comienzos del siglo XX. El paisaje de la zona urbana
entró en decadencia. Numerosos solares quedaron sin casas, pues sus
propietarios se llevaron consigo los armazones de sus viviendas;30
las construcciones de piedra fueron abandonadas o modificadas, se
construyó un nuevo faro31 y el edificio de la aduana se convirtió en
bodega de palo de tinte, madera, chicle y sal.32 La fortaleza se usó
como casa del guardafaros pues la presencia militar se redujo al
mínimo dejando el puerto a merced del contrabando.33 Los pocos
habitantes continuaron desempeñando actividades portuarias, pero
en menor escala; en cambio, aumentaron su participación en otras
actividades como la pesca, la caza, el corte de madera, el cultivo de
maíz y la cría de ganado menor y animales de carga lo que implicó
al Progreso. Suplemento al opúsculo publicado en marzo del presente año con
el título de “Triunfo de la verdad en favor del Progreso”, 1870, fondo reservado, clasificación: F1376.9.C37.P76:1870.
30
AGEY. Estado general estadístico del partido de Hunucmá, Jefatura política del Partido de Hunucmá, 1878, fondo: Congreso del Estado 1833-1946,
serie: informes, sección: pleno del Congreso, caja: 67, vol. 2, exp. 14.
31
Luis Hoyos Villanueva et al., Enciclopedia Yucatanense, Segunda edición,
vol. III (Gobierno del Estado de Yucatán, 1977), 612.
32
AGEY. José M. Ponce presenta el estado de las existencias de palo de tinte
en bodegas de Progreso y de Sisal, 1878, fondo: Poder Ejecutivo 1843-1885,
sección: Gobierno del Estado de Yucatán, serie: Hacienda, caja: 330, vol: 280,
exp: 114, fojas: 10.
33
AGEY. Informe del teniente coronel Hipólito Rojas de Progreso con motivo de una visita que giró al puerto de Sisal en cumplimiento de una comisión
de la Aduana, 1917, fondo: Poder Ejecutivo Salvador Alvarado 1915-1917,
exp: 5, vol. 244, fojas: 6.
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quemas agrícolas, introducción de especies animales, extracción
selectiva de madera y fauna.34
Después de la década de 1940 la zona urbana se repobló
gradualmente debido a la migración de campesinos de Yucatán,
Campeche y Tabasco, atraídos primero por la creación del ejido de
Sisal (1931), y posteriormente por el auge pesquero y turístico.35 Se
construyó infraestructura y servicios públicos: carretera asfaltada,
red eléctrica, agua potable, correo, teléfono, centro de salud,
escuelas, campo deportivo y diversos comercios.36 Entre 1960 y
1990 se impulsó la tecnificación de las pesquerías, se construyó
un nuevo muelle de concreto reforzado,37 un centro de acopio
pesquero con refrigeración y una empacadora,38 dos escolleras de
piedra, y un puerto de abrigo pesquero39 que produjo la ruptura
de la isla de barrera y la acumulación de arena al oeste de la zona
Fernando Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán, el 29 de enero de 2018.
35
Adalio Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán,
el 28 de enero de 2018.
36
Mario Alonso Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal” (Tesis de licenciatura en Economía, Universidad Autónoma de Yucatán, 1980).
37
Francisco Roberto Echeverría Pacheco, “Proyecto de rehabilitación del
muelle de Sisal, Yucatán” (Tesis de Ingeniería Civil, Universidad Autónoma
de Yucatán, 2006), 3.
38
Julia Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal” (Tesis de maestría en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1993).
39
Raquel Aidé Iturria Dawn, “Contaminación histórica por hidrocarburos en el
puerto de abrigo de Sisal, Yucatán” (Tesis de licenciatura en Manejo Sustentable
de Zonas Costeras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), 46.
34

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urbana.40 Para el turismo se construyeron centros recreativos
como el “Club de Patos” y residencias de veraneo a lo largo de la
playa,41 causando la saturación del fundo legal y en consecuencia
la reducción del espacio para viviendas, huertos y animales de
traspatio,42 lo que impulsó una nueva expansión de la zona urbana
sobre la ciénaga mediante el uso de residuos como relleno.43
Isla de Barrera
Durante el siglo XIX y principios del XX, la isla de barrera se
caracterizó por la presencia de asentamientos pesqueros-salineros
y potreros. El área era descrita como “una estrecha lengua de tierra
salpicada de salinas naturales”44 en donde había desde la época
colonial “grandes pesquerías así de españoles como de indios
para el sustento de aquella ciudad [Mérida] y otros pueblos”.45
Gabriela Medellín, “Variabilidad espacio-temporal de la morfología de
la playa en Sisal, Yucatán”, en Caracterización multidisciplinaria de la zona
costera de Sisal, de Joaquín R. Garza Pérez y Irina A. R. Ize Lema (Mérida:
Dante, 2017), 58–66, https://agua.org.mx/wp-content/uploads/2017/08/
Caracterizaci%C3%B3n-multidisciplinaria-de-la-zona-costera-de-SisalYucat%C3%A1n.pdf.
41
Fraga, “El proceso de emigración hacia la costa de Yucatán: estudio de
cuatro puertos del litoral yucateco”.
42
Carlos Manuel Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto
económico-social” (Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1988), 98.
43
Ulsía Urrea Mariño, “Sisal, caso paradigmático de estudio: prácticas
de vida y basura”, Antropologías del Sur, núm. 5 (2016): 167, https://doi.
org/10.25074/rantros.v3i5.819.
44
José María de Regil y Alonso Manuel Peón, Estadística de Yucatán (México: Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1853), 104.
45
Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán, 258.
40

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Así pues, existieron asentamientos en Kopté, Choventún, San
Rafael Xtul, Chonloh, Nohxeb, Sintachi, Cholul y Punta Piedra,
formados generalmente por 3 o 4 viviendas, cocina, oratorio y
asaderos para el secado y salado del pescado, llegando algunos a
tener embarcaderos y bodegas de henequén.46 Estos sitios estaban
dedicados completamente a la pesca, la extracción de sal y el
corte de leña de mangle para su procesamiento.
A partir de 1840, los yacimientos salineros comunales comenzaron a ser privatizados e incorporados a las haciendas del interior.47 Se intensificó la extracción de sal para el mercado nacional
e internacional, para lo cual se hicieron modificaciones en el relieve a fin de ampliar las charcas, crear barreras de arena, estacadas
de mangle, zanjas y canales de desagüe.48 Esta práctica fue abandonada después de la creación de la Industria Salinera de Yucatán
en 1934, quedando solo algunas charcas para autoconsumo.49 En
cambio, los ranchos pesqueros perduraron hasta las décadas de
1960-70 cuando esta actividad y se tecnificó y centralizó en la zona
urbana de Sisal. Por otro lado, la existencia de un sitio denominado
Millet Cámara, Burgos Villanueva, y Andrews, “Panorama histórico de la
Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”.
47
María de Lourdes Fernández Glory, “Estudio de las condiciones sociales,
económicas y ambientales que permitirían la rehabilitación de las charcas salineras de Chuburná Puerto” (Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas,
Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 1997), 46.
48
José Enrique Serrano Catzín, “Apuntes sobre la industria salinera de Yucatán a mediados del siglo XIX” (Tesis de licenciatura en Historia, Mérida,
Universidad Autónoma de Yucatán, 1986), 69–70.
49
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económico-social”, 88.
46

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“potrero de Augil” y algunas fuentes sugieren que hubo pastoreo de
animales de carga a lo largo de la isla de barrera aprovechando la
vegetación de las dunas costeras.50 Esta actividad fue abandonada
como consecuencia de la motorización de los transportes y de la
construcción de una carretera entre Celestún y Progreso en 1922.51
Durante el siglo XX el paisaje de los potreros y las dunas
costeras fue transformado por la expansión de las plantaciones de
cocales, aunque ya había cultivos desde el siglo anterior.52 El desarrollo de ranchos copreros dedicados a la venta de semillas secas
de coco para la fabricación de aceites permitió a los propietarios
conservar grandes extensiones de tierra durante la Reforma Agraria.53 Así ocurrió con los ranchos Tres Piedras, Margarita, Carmen,
Punta Piedra, La Victoria y El Palmar en los alrededores de Sisal.54
Hacia 1930 se hablaba de “grandes bosques de palmeras” en la actual Reserva Estatal El Palmar, que debe su nombre a dichas plantaciones.55 En la década de 1980 los cocales fueron diezmados por
BY. Itinerarios y leguarios que proceden de Mérida, capital del Estado de
Yucatán, a las vigías de su parte litoral, a las cabeceras de los Partidos que los
componen, de estas a los que son limítrofes y de los puntos más notables de su
costa, 1851, fondo reservado, clasificación: FR-0000171, ficha: 3264, p. 32.
51
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 30.
52
Millet Cámara, Burgos Villanueva, y Andrews, “Panorama histórico de la
Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”.
53
Erika Cruz Coria, Lilia Zizumbo Villareal, y Neptalí Monterroso Salvatierra, “La economía de enclave forestal: la configuración capitalista del paisaje
en Puerto Morelos, Quintana Roo, México (1902-1936)”, Diálogos, Revista
Electrónica de Historia 12, núm. 1 (2011): 77.
54
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
55
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 24.
50

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la plaga del amarillamiento letal y arrasados por el Huracán Gilberto en 1988 por lo que esta actividad fue abandonada generando un
repoblamiento de la vegetación de duna costera.56
Litoral
La costa noroeste de Yucatán se caracteriza por tener aguas poco
profundas y fuertes vientos que dificultan la navegación de grandes navíos,57 por lo que la habilitación del puerto en Sisal se relaciona con la presencia de arrecifes cercanos que proveen alguna
protección a los barcos anclados en mar abierto.58 El funcionamiento del puerto de altura implicó un aumento en el flujo de embarcaciones, desde pequeños botes para carga y descarga (figura
2), pasando por canoas y bongos de madera, hasta barcos militares y mercantes como fragatas, goletas, jabeques, bergantines,
pailebotes y buques de vapor.59 Algunas de estas embarcaciones
al naufragar frente a las costas de Sisal modificaron el paisaje
litoral y crearon nuevos hábitats para la biodiversidad marina.60
Ulsía Urrea Mariño, “Análisis de las prácticas de vida asociadas a la basura, los residuos y los deshechos en la población costera de Sisal, Yucatán:
propuesta de modelo de manejo” (Tesis de licenciatura en Manejo Sustentable
de Zonas Costeras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), 43.
57
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 22.
58
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 9–12.
59
Trujillo Bolio, El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entornos
geográficos, formación portuaria y configuración marítima., 102.
60
Rocío Escalante Posse, “Evidencia arqueológica pecio ancla macuca,
acercamiento a la limpieza dental del siglo XVIII” (Tesis de licenciatura en
arqueología, Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 2017), 29–31.
56

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Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological
Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1807 y 1871

Figura 2

Gabriel Torales Ayala

187

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

El flujo de barcos mercantes y militares se redujo con la
degradación del puerto a cabotaje, quedando solo embarcaciones
menores que fueron reemplazadas más tarde por el transporte
terrestre motorizado.61 Entre ellas se incluyen los pequeños botes
de vela o remos que se utilizaban para la pesca ribereña, junto
con instrumentos artesanales como el chinchorro, el anzuelo o
la red.62 La pesca se practicó junto con la cacería de tortugas y
mamíferos marinos como el llamado ‘puerco de mar’ (Monachus
tropicalis), que se extinguió por sobreexplotación en la primera
mitad del siglo XX.63 La pesca ribereña se mantuvo sin cambios
importantes hasta la década de 1970, cuando la flota fue
reemplazada por embarcaciones motorizadas de fibra de vidrio,
con neveras y mayor capacidad de carga, que permitieron ampliar
la zona de pesca ribereña y el volumen de captura, especialmente
de chernas, langostas, cazones y tiburones,64 lo que condujo al
incremento de las actividades pesqueras y la sobreexplotación del
recurso.65
Andrews, Burgos Villanueva, y Millet Cámara, “The Henequen Ports of
Yucatan’s Gilded Age”.
62
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 36.
63
Anthony P. Andrews, “La extinción de la foca (Monachus tropicalis) en
Yucatán”, Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad
de Yucatán 12, núm. 68 (1984): 3–12.
64
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económico-social”, 81.
65
Julia Fraga, “Caracterización Social y Económica de Tres Comunidades
de la Eco-región”, en Plan de Conservación de la Eco-región Petenes-Celestún-Palmar, ed. Efraím Acosta Lugo et al. (Campeche: Centro EPOMEX–
61

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�Gabriel Torales Ayala

Ciénaga
Esta unidad de paisaje fue modificada en su hidrología como
resultado de la construcción de vías de comunicación y transporte.
Desde 1565 se construyó una calzada de piedra y tierra para
cruzar el humedal, la cual fue ampliada y allanada entre 1790-93
para facilitar la circulación de carretas.66 Esta vialidad redujo el
flujo de agua de la ciénaga a dos puntos: un puente al sur de la
zona urbana que se observa en el plano de 183967 y otro puente
“levadizo” que aparece en el plano de 1845.68 En 1959 la vialidad
fue asfaltada, eliminando los puentes y dejando 4 ductos para la
circulación de agua.69
Además, durante el funcionamiento del puerto de cabotaje se instaló una vía Decauville entre la hacienda San Antonio
Yaxché y el rancho pesquero de San Rafael Xtul para transportar
henequén y otras mercancías hacia la costa, lo que igualmente
alteró el flujo hídrico y la pesca lagunar.70 De acuerdo con fuentes
Universidad Autónoma de Campeche, 2010), 153.
66
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 48.
67
MMOB. Gulf of Mexico: Sisal Reefs, surveyed in 1838 by Com. E. Barnett. Hydrographic Office of the Admiralty, 1838, Colección General, Estado
de Yucatán.
68
Pedro Cámara y Vergara, “Plano del terreno comprendido entre la capital
de Yucatán, El Progreso y Sisal, representándose en él los caminos principales que de Mérida parten para dichos puntos”, en Cartografía histórica de la
Península de Yucatán,1821-1970, de Arturo Taracena Arriola y Miguel Ángel
Pinkus Rendón (Mérida: Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales UNAM, 2010).
69
Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal”, 169.
70
Andrews, Burgos Villanueva, y Millet Cámara, “The Henequen Ports of
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189

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

orales, en esa misma época fueron construidos canales o ‘brazos
de agua’ para facilitar la circulación de canoas o cayucos a través
de la ciénaga durante la temporada seca.71
Durante el siglo XX se practicó la pesca artesanal de lisas (Mugil cephalus), mojarras pintas (Ciclhasoma urophtalmus),
chivitas (Melongena corona), jaibas (Callinectes sapidus), camarones (Farfantepenaeus spp.),72 la cacería de lagartos (Crocodylus moreletti) con arpón para la venta de pieles,73 y la cacería
deportiva de patos, especialmente cercetas azules (Anas discors),
boludos chicos (Aythia affinis) y chalcuanes (Mareca americana).74 El turismo cinegético se incrementó después de la Segunda
Guerra Mundial y representó una importante fuente de ingresos
para la población,75 pero decayó a finales del siglo XX por la reducción de las poblaciones de patos, fenómenos meteorológicos
y restricciones impuestas por la REEP. Esta práctica, así como el
vertido de deshechos de la zona urbana repercutieron en la contaminación del humedal.76
Yucatan’s Gilded Age”, 31–33.
71
Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
72
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económicosocial”, 99.
73
Felipe Santiago Tuz Martín, entrevista realizada por Gabriel Torales en
Sisal, Yucatán, el 28 de enero de 2018.
74
Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal”, 152.
75
Jorge Carlos Rosado Baeza y Luis Carlos Rosado Van der Gracht, “Turismo de aventura y natura”, Historia del Turismo en Yucatán (blog), 2015,
https://historiadelturismoenyucatan.wordpress.com /ecologia.
76
Urrea Mariño, “Sisal, caso paradigmático de estudio: prácticas de vida y
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�Gabriel Torales Ayala

Petenes
Las principales modificaciones en esta unidad de paisaje estuvieron
relacionadas con el desarrollo de actividades forestales. En el siglo
XIX los petenes eran descritos como islotes en la ciénaga, formados
por mangles, zapotes y mameyes, de los que se extraía leña, madera,
chicle y aceite de zapoyol, habiendo en ellos “arboles encumbrados
de que por lo regular se sirven los moradores para las construcciones
de casas”.77 Según fuentes orales, las especies más usadas eran el
tabché (Rizophora mangle), el botoncillo (Conocarpus erectus), y
el tzak-okóm (Laguncularia racemosa) para leña y muros de casas;
el zapote (Manilkara zapota) para postes, vigas y carretas; el huano
(Sabal yapa) y el chit (Thrinax radiata) para techos de palma;
el makulis (Tabebuia rosea) para mástiles, palancas y remos de
botes; y el corcho (Annona glabra) para redes y artes de pesca.78
Los restos de una vía Decauville que conecta directamente el petén
‘Piedras Calientes’ con la costa sugieren que hubo una extracción
considerable de productos forestales con fines comerciales durante
el funcionamiento del puerto de cabotaje.79
Hasta mediados del siglo XX, el huano y el tabché de los
alrededores de Sisal eran vendidos para la construcción de viviendas
basura”, 161.
77
Serapio Baqueiro, Reseña geográfica, histórica y estadística del Estado
de Yucatán desde los primitivos tiempos de la Península (México: Imprenta de
Francisco Diaz de León, 1881), 11.
78
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
79
Reymundo Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal,
Yucatán, el 1 de marzo de 2018.
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y como materia prima para las curtidurías de Hunucmá. Además,
hubo extracción de chicle en algunos petenes, lo que ocasionó la
pérdida de zapotales.80 Durante la segunda mitad del siglo XX
la extracción forestal y la actividad chiclera disminuyeron como
consecuencia de cambios en el mercado, la introducción de nuevos
materiales constructivos, un mayor uso de gas como combustible,
y las nuevas regulaciones impuestas por la REEP.
Zonas inundables
Las zonas inundables también fueron modificadas durante
el siglo XIX como resultado de la extracción del palo de tinte
(Haematoxylum campechianum). La exportación de este material
aumentó desde 1840, alcanzando su mayor apogeo hacia 1885
para luego decaer a principios del siglo XX debido al desarrollo
de colorantes artificiales.81 El palo de tinte abunda en áreas
cenagosas, bajíos o akalchés, orillas de las aguadas, pantanos
y hasta en orilla de mar, espacios en cuyas inmediaciones se
establecieron ranchos especializados en su explotación que
consistía en el corte, troceado, descortezamiento, transporte y
extracción de la tinta, misma que era realizada por trabajadores
afrodescendientes capaces de extraer entre 12 y 15 quintales por
Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Cob
Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Tuz Martín,
entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
81
Michael A. Camille y Rafael Espejo-Saavedra, “Historical Geography of
the Belizean Logwood Trade”, Yearbook Conference of Latin Americanist Geographers, núm. 22 (1996): 76–86.
80

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día (600-750 kg).82 En Sisal existió maquinaria para extraer el
colorante al menos desde 1831,83 y la materia prima provenía
de ranchos y sitios de corte cercanos como San Francisco de
Paula, Kaxek, Armas, Chen Solís, Xluch, Xcanayab, El Sartén,
Pozo Chonchán, Chansayab y Donotehucum,84 los cuales estaban
conectados por una red de caminos de fango y calzadas.85
El antiguo poblado de San Francisco de Paula, también
identificado como el “rancho de los negros”,86 es un ejemplo
de este tipo de asentamientos. La localidad fue parte de la
hacienda San Joaquín y su anexa Chencopó y sus habitantes
eran afrodescendientes.87 En 1849 contaba con 47 habitantes (25
Antonio García Canul et al., Enciclopedia Yucatanense, vol. XI (Mérida:
Gobierno del Estado de Yucatán, 1980), 272–75; Regil y Peón, Estadística de
Yucatán, 235.
83
Marcela González Calderón, “La imprenta en la península de Yucatán en
el siglo XIX” (Tesis de doctorado en Historia, Mérida, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2014), 39.
84
AGEY. Antonio Esquivel comunica al jefe político de Mérida las manifestaciones de la existencia del palo de tinte en los ranchos, 1878, fondo: Poder
Ejecutivo 1843-1885, sección: Secretaría General del Estado, serie: correspondencia oficial, caja: 331, vol.: 281, exp.: 47, fojas: 5.
85
Anthony P. Andrews, Carlos Cortés, y Fernando Robles Castellanos, “Proyecto San Francisco de Paula y Kaxek”, Reporte final para el Comittee for
Research and Exploration (National Geographic Society, 2015), 6.
86
Cámara y Vergara, “Plano del terreno comprendido entre la capital de Yucatán, El Progreso y Sisal, representándose en él los caminos principales que
de Mérida parten para dichos puntos”.
87
Jorge Victoria Ojeda, “San Fernando Aké y San Francisco de Paula: dos
poblados de negros (libres) en Yucatán, siglos XVIII y XIX”, en Vicisitudes
negro africanas en Iberoamérica: experiencias de investigación, de Juan Manuel De la Serna (México: Centro de Investigaciones sobre América Latina y
el Caribe UNAM, 2011), 315.
82

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hombres, 22 mujeres) dedicados a la agricultura, la cría de gallinas
y puercos, y la recolección de leña en el monte.88 El asentamiento
estaba formado por casas con techo de huano rodeadas de patios
con gallineros y chiqueros, una pequeña iglesia y una plazuela.89
Estudios arqueológicos han identificado 28 lotes donde existieron
casas de piedra, cocinas, corrales, bodegas, pozos, iglesia, casa para
reuniones, así como diversas especies vegetales introducidas como
siricotes (Cordia dodecandra), guayas (Melicoccus bijugatos),
sábila (Aloe vera) y belladona (Atropa belladonna), así como
islotes de tierra negra en los alrededores que sugieren que había un
manejo intensivo de suelos para favorecer la agricultura.90
Durante una prospección en campo constatamos la existencia de dichos islotes que contrastan con los suelos salitrosos del
entorno, así como la abundancia de árboles de palo de tinte distribuidos de forma regular en los alrededores del asentamiento, lo
que sugiere que pudieron ser cultivados. Así mismo, observamos
una gran cantidad de palmas de huano y otras especies introducidas
como nopales (Opuntia spp.). Estos patrones de vegetación claraAGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de Sisal
y su comprensión, rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849, fondo:
Poder Ejecutivo 1842-1885, censos y padrones, caja 64, vol. 14, exp. 49, fojas
23.
89
AGEY. Causa instruida contra Camila Sandoval por el delito de incendio
perpetrado en el rancho San Francisco de la jurisdicción de Sisal, 1853, fondo:
Justicia 1821-1913, serie: penal, subserie: incendio, caja: 67, vol. 67, exp. 2,
fojas: 46.
90
Andrews, Cortés, y Robles Castellanos, “Proyecto San Francisco de Paula
y Kaxek”.
88

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mente de origen antrópico persisten en la actualidad, a pesar de
que el sitio fue abandonado hace aproximadamente cien años como
consecuencia de la caída de los precios del palo de tinte y la salida
del último cargamento con este producto desde Sisal en 1915.91 Los
terrenos donde se encontraba el asentamiento fueron entregados al
ejido de Sisal en 1931, junto con una franja de tierras inundables
en donde los ejidatarios practicaron “una raquítica y esporádica explotación ganadera”,92 así como la siembra de milpas y la caza.93
Selva baja
Esta unidad de paisaje fue modificada por sucesivos ciclos de expansión y contracción de prácticas agrícolas y ganaderas. A mediados del siglo XIX se registró la presencia de 37 labradores en
Sisal y sus alrededores94 y se calculó una superficie de al menos
3,012 mecates sembrados de maíz (120.48 hectáreas).95 La práctica de roza-tumba-quema era predominante con dos cosechas
consecutivas seguidas por periodos de barbecho de hasta quince
años.96 Por tanto, es posible estimar un mínimo de 900 hectáreas
Hoyos Villanueva et al., Enciclopedia Yucatanense, III:602.
Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal”, 7.
93
Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
94
AGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de Sisal
y su comprensión, rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849
95
BY. Jefatura Política de Mérida. Partidos de Yucatán, Campeche y Tabasco, 1851, fondo reservado, serie microfilmes de gobernación, clasificación:
FR-BIB-Ej.1.
96
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 50; Regil y Peón, Estadística de Yucatán, 201.
91
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con manejo agrícola-ganadero que formaban un mosaico de milpas itinerantes intercaladas con barbechos en distintas etapas de
sucesión vegetal, en donde pastoreaba el ganado de los ranchos
ganaderos-maiceros cercanos.
Durante la segunda mitad del siglo XIX este paisaje fue
transformado cuando las haciendas se volcaron a la producción
del henequén (Agave fourcroydes). El cultivo de esta planta
se concentró en los terrenos secos y mejor drenados de las
haciendas de Concepción, Navanché, San Miguel, San Román,
San Joaquín y Chencopó, localizadas entre Sisal y Hunucmá
(figura 3).97 Tan solo en esta última localidad, la superficie con
henequén pasó de 855 mecates en 185198 a 16,344 en 1878.99
Esta expansión del monocultivo desplazó la ganadería hacia las
zonas periféricas y pastizales inundables en donde continuó el
pastoreo.
Durante la Reforma Agraria, en Sisal se dotó a 46
campesinos con 2,208 hectáreas de terrenos inundables y selva
baja.100 En 1965 se amplió la dotación ejidal con 3,450 hectáreas
Lara y Lara, Sisal: ensayo monográfico, 28.
BY. Jefatura Política de Mérida. Partidos de Yucatán, Campeche y Tabasco, 1851.
99
AGEY. Estado general estadístico del partido de Hunucmá, 1878, fondo:
Congreso del Estado 1833-1946, serie: informes, sección: pleno del Congreso, caja: 67, vol. 2, exp. 14.
100
Registro Agrario Nacional (RAN). Resolución presidencial dotación del
ejido de Sisal, 1931, Secretaría de la Reforma Agraria, expediente: 42/153, serie documental: Procede, núcleo agrario: Sisal, municipio: Hunucmá, Estado:
Yucatán, acción agraria: Procede, asunto: documentación jurídica.
97
98

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Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological
Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1872 y 1930

Figura 3

Gabriel Torales Ayala

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

la siembra de para 115 nuevos ejidatarios.101 Estas tierras fueron
usadas para maíz, frijoles, íbes, espelón, calabazas, tomates,
camotes, plátanos, papayas, limones, naranjas, guanábanas,
pitayas, guayas y ciruelas.102 Algunos ejidatarios incursionaron en
la ganadería instalando pequeños ranchos con corrales, pastizales
inducidos y pozos (figura 4), pero los abandonaron durante la
década de 1990 debido al abigeato.103 Las prácticas agrícolas
también fueron gradualmente abandonadas a medida que los
ejidatarios centraron su actividad económica en la pesca. La
pérdida de estas prácticas agropecuarias en las últimas décadas
ha favorecido el crecimiento de la vegetación secundaria que
actualmente predomina en esta unidad de paisaje.
Por último, en las inmediaciones de la selva baja hubo
también extracción de piedra caliza en una cantera, cuya
existencia se menciona desde 1931.104 Esta mina abasteció el
material utilizado para la construcción de la escollera en 1987;
sin embargo, la extracción concluyó debido a una inundación
causada por la ruptura de la capa freática.105 Actualmente el sitio
RAN. Resolución sobre la ampliación del ejido al poblado Sisal, en Hunucmá, 1967, Departamento de asuntos agrarios y colonización, expediente número:
42/153, serie documental: procede, núcleo agrario: Sisal, municipio: Hunucmá,
Estado: Yucatán, acción agraria: Procede, asunto: documentación jurídica.
102
Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal”, 34–39; Ek Canché, entrevista realizada por
Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
103
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Tuz
Martín, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
104
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 30.
105
Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
101

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Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI, RAN, y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1931 y 1990

Figura 4

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199

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

de la antigua mina es conocido como un “cenote” en donde los
vecinos de Sisal y Hunucmá realizan actividades recreativas.
Efectos en el paisaje actual
Durante el periodo estudiado existieron distintos tipos de
asentamientos humanos, incluyendo una base militar, un puerto
mercantil y una zona urbana, además de pequeños ranchos
pesqueros-salineros, copreros, ganaderos, madereros, cinegéticos,
haciendas henequeneras, asentamientos milperos itinerantes y
una cantera, los cuales estuvieron comunicados por una red de
carreteras, caminos, brechas, vías Decauville y canales, además
de rutas marítimas de cabotaje y altura.
En ellos se desarrollaron actividades como la vigilancia
y el patrullaje costero, la administración portuaria, el transporte
marítimo y terrestre de mercancías y personas, la pesca, la
caza, el corte de madera, la extracción de sal, piedra y chicle, la
ganadería extensiva y de traspatio, la agricultura comercial y para
autoconsumo, así como la construcción y el turismo. Lo anterior
tuvo cuatro efectos principales sobre los componentes biofísicos
del paisaje costero.
1. Cambios en la composición y distribución de la vegetación.
Se observan distintos patrones de cambio en la vegetación costera de
Sisal relacionados con el tipo de uso del suelo. Las transformaciones
más intensas y duraderas corresponden a la remoción total de la
vegetación ocurrida en la zona urbana y la cantera. Algo similar
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ocurrió en las antiguas plantaciones de henequén donde a pesar
de la recuperación de la cobertura vegetal tras su abandono, se ha
reportado una menor riqueza de especies.106
En contraste, en las antiguas plantaciones de cocales se ha
observado un aumento de la biodiversidad tras el abandono, lo que
se explica por la hipótesis de la perturbación intermedia según la
cual “el cambio de uso de suelo para cultivo y su posterior abandono promueve una mayor diversidad debido a la constante colonización de especies vegetales pioneras” lo que no ocurre en sitios con
muy alto o muy bajo grado de modificación.107 Lo mismo podría
esperarse en las zonas inundables y porciones de selva baja donde
la agricultura de roza-tumba-quema con largos periodos de barbecho dejó parches de vegetación en distintas etapas de sucesión.
Otros cambios en los patrones de vegetación se deben a
la extracción selectiva de especies maderables y resinas, como
la reducción de las poblaciones de zapotales en los petenes, el
cultivo de palo de tinte en los ranchos madereros, y la introducción
de plantas comestibles y árboles frutales que ahora son parte del
paisaje costero.
José Antonio González-Iturbe, I. Olmsted, y Fernando Tun Dzul, “Tropical dry forest recovery after long term Henequen (sisal, Agave fourcroydes,
Lem.) plantation in northern Yucatan, Mexico.”, Forest Ecology and Management, núm. 167 (2002): 67–82.
107
Patricia Guadarrama-Chávez, José A. Ramos-Zapata, y Silvia Castillo Argüera, “La vegetación de dunas costeras y su interacción micorrícica en Sisal,
Yucatán: una propuesta de restauración”, en Recursos Acuáticos Costeros del
Sureste, de Alberto Sánchez, Xavier Chiappa-Carrara, y Roberto Brito Pérez
(Mérida: CONCITEY y Gobierno de Yucatán, 2012), 159–80.
106

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2. Cambios hidrológicos en la ciénaga.
La construcción de vías de comunicación sobre la ciénaga modificó
el flujo hídrico, redujo el transporte de nutrientes y contribuyó
al aumento de la salinidad con efectos sobre la vegetación del
humedal como el aumento de pastizales halófilos y la reducción
de petenes y manglares. 108 Este último fenómeno causado por la
sedimentación de los afloramientos de agua dulce, puede estar
igualmente asociado con la apertura de canales hacia los petenes
para facilitar la extracción de recursos forestales. Además,
el abandono de las charcas salineras coincide con el periodo
de aumento de la salinidad de la ciénaga observado durante la
segunda mitad del siglo XX.109
3. Cambios morfológicos en la isla de barrera.
Son resultado de la expansión de la zona urbana, la construcción del
puerto de abrigo y escolleras, y el manejo de las charcas salineras.
La construcción de casas y estructuras costeras como el puerto de
abrigo, así como la remoción de la vegetación por el crecimiento de
la zona urbana, favorecen la erosión de la isla de barrera y la hacen
más vulnerable a huracanes.110 Además, la apertura de grandes
Eduardo Batllori Sampedro, José Luis Febles Patrón, y Julio Díaz Sosa,
“Landscape Change in Yucatan’s Northwest Coastal Wetlands (1948-1991)”,
Human Ecology Review 6, núm. 1 (1999): 12.
109
Eduardo Batllori Sampedro et al., “Condiciones ambientales relacionadas
con la actividad salinera en el estado de Yucatán”, en La sal en México, de Juan
Carlos Reyes, vol. II (Colima: Universidad de Colima, 1998), 401–48.
110
K.J. Meyer-Arendt, “Shoreline Changes along the North Yucatan Coast”,
en Coastlines of the Gulf of Mexico, ed. S. Laska y E. Puffer (New York: Ame108

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charcas salineras ha inhibido el crecimiento de la vegetación de
dunas costeras favoreciendo la erosión y aumentando el riesgo de
la apertura de bocanas durante eventos ciclónicos.111
4. Creación de nuevos hábitats.
Algunas modificaciones antrópicas en el paisaje costero han
resultado en nuevos ambientes propicios para el desarrollo de
la biodiversidad. Por ejemplo, el crecimiento de formaciones
coralinas en los restos de las embarcaciones hundidas frente a las
costas de Sisal como resultado de la intensa actividad marítima
y portuaria durante el siglo XIX. Por otro lado, el cuerpo de
agua formado por la ruptura accidental de la capa freática en
la antigua cantera al sur del ejido se ha convertido en un sitio
atractivo para la llegada de aves y otras especies en búsqueda de
agua, especialmente durante la temporada seca, así como para la
colonización de plantas acuáticas.
Reflexiones finales
Este estudio reduce el vacío de información sobre la historia
ambiental de la costa de Sisal y ofrece perspectivas útiles para
rican Society of Civil Engineers, 1993), 103–17; A.P. Ruiz-Beltrán y R. Rioja-Nieto, “Variación de la línea de costa del noroeste de Yucatán en el periodo
2004-2014”, en Caracterización Multidisciplinaria de la Zona Costera de Sisal, Yucatán, de Joaquín R. Garza Pérez y Irina A. R. Ize Lema (Mérida: Dante,
2017), 67–74.
111
Fernández Glory, “Estudio de las condiciones sociales, económicas y ambientales que permitirían la rehabilitación de las charcas salineras de Chuburná
Puerto”.
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investigaciones similares en otras regiones de la costa yucateca.
Así mismo, proporciona un panorama histórico general que
servirá de base para futuros estudios sobre los efectos ecológicos
de prácticas específicas de manejo ambiental. Esto resalta el
potencial de los métodos de investigación histórica para la
obtención de datos relevantes en ecología y gestión ambiental.
Por otra parte, los resultados muestran que los antiguos
habitantes de la costa de Sisal construyeron un paisaje cultural
al modificar los factores biofísicos para obtener recursos y
facilitar el desarrollo de sus actividades y asentamientos. Dichas
modificaciones tienen efectos duraderos en el paisaje actual, en
sus procesos ecológicos y en los patrones de biodiversidad. Estos
hallazgos cuestionan la interpretación del área como un “paisaje
sin historia” implícito en el modelo de conservación vigente.
Además, complementan los resultados de un estudio previo
que sostiene que dicho modelo, impuesto verticalmente desde
el gobierno y la academia, se ha traducido en exclusión social,
prohibiciones, sanciones y un desconocimiento generalizado
sobre los objetivos y los beneficios de la conservación ambiental,
lo que pone en riesgo el éxito de los esfuerzos en este sentido.112
Ante este escenario, se requiere del involucramiento de
las comunidades locales en el diseño de las estrategias de gestión
del paisaje costero. El reconocimiento de que dicho paisaje y su
biodiversidad son el resultado de un largo proceso histórico de
Fraga, “Caracterización Social y Económica de Tres Comunidades de la
Eco-región”.
112

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intervenciones y modificaciones del entorno realizadas por la
población local, en lugar de un ambiente natural original, sería un
paso importante hacia modelos de conservación más incluyentes
y participativos en la región.
Referencias
Archivo
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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde en territorio
misional jesuita al norte de la Nueva España
(1673-1692)
Don Pedrote. An indigenous rebel captain in Jesuit missionary
territory in northern New Spain (1673-1692)
Gilberto Sebastián Sánchez Luna
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, Coahuila, México
https://orcid.org//0000-0002-6291-8349
Celso Carrillo Valdés

https://orcid.org/0009-0008-7799-7060
Recibido: 13 de febrero de 2024
Aceptado: 5 de marzo de 2024
Resumen: Este trabajo analiza las causas de las rebeliones
dirigidas por el capitán indígena don Pedrote, busca rescatar
del pasado parte de su vida para contribuir a la comprensión
de la oposición indígena al avance hispano en el norte de la
Nueva España a fines del siglo XVII y explicar, a partir de estos
antecedentes, las manifestaciones de resistencia indígena del
presente. Esta investigación es un estudio de tipo cualitativo que
se basa en los manuscritos redactados por los conquistadores, son
documentos que corresponden al periodo de 1673 a 1692 y fueron
elaborados con fines muy diversos: guerra contra los indios,
impartición de justicia, órdenes militares, poblamiento y registro
215
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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

de sacramentos. El análisis se complementa con otras fuentes
primarias y secundarias de tipo cualitativo. El estudio destaca que
la presencia española acentúo la disputa ancestral existente entre
los nómadas por el territorio donde obtenían su subsistencia y los
clasificó en indios amigos o enemigos, según su sumisión forzosa
o aparente al rey y a Dios y pone en evidencia la importancia de la
participación de las tropas de indios auxiliares en la pacificación
del territorio.
Palabras clave: nómadas; jesuitas; rebeldía; conversión;
exterminio.
Abstract: This work analyzes the causes of the rebellions led
by the indigenous captain Don Pedrote, seeks to rescue part of
his life from the past to contribute to the understanding of the
indigenous opposition to the Hispanic advance in the north of
New Spain at the end of the 17th century and explain, from this
background, the manifestations of indigenous resistance of the
present. This investigation is a qualitative study that is based on
the manuscripts written by the conquerors, they are documents that
correspond to the period from 1673 to 1692 and were prepared for
very diverse purposes: war against the Indians, administration of
justice, military orders, settlement and registration of sacraments.
The analysis is complemented with other primary and secondary
qualitative sources. The study highlights that the Spanish presence
accentuated the ancestral dispute between the nomads over the
territory where they obtained their subsistence and classified them
as Indian friends or enemies, according to their forced or apparent
submission to the king and God and highlights the importance of
participation as auxiliary Indian troops for the pacification of the
territory.
Key words: nomads; Jesuits; rebellion; conversion; extermination.
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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Introducción
El 22 de noviembre de 1673, en el Peñol Blanco, en las cercanías
de Cuencamé, un contingente de arcabuceros y flecheros leales
a la Corona apresó a dos indios: Phelipe de nación cabezas de
aproximadamente 22 años y Pedro de nación mamorima de 13
o 14 años, (este último era hermano menor del personaje cuya
biografía aborda este trabajo) los dos fueron acusados por Joseph
García de Salcedo, gobernador y capitán general del reino de la
Nueva Vizcaya ante el capitán Baltazar de Castro, justicia mayor
y capitán a guerra de este real, de cometer daños y asesinatos en
estas fronteras y en las del reino de la Nueva Galicia y reino de
León y de robar 54 bestias mulares y caballares. En su declaración
mediante interprete, ambos presos coincidieron en que fueron
enviados, junto con otros indios, por los capitanes de tres rancherías
de indios enemigos llamados don Bartolomé de nación cabezas,
don Fabián de nación mayos y don Pedro de nación mamorima1,
Las tres rancherías se encontraban en el paraje Ventanillas,2 lugar
al que llegaron, mencionó Phelipe, después de que salieron del
Tizonazo.3 Phelipe fue sentenciado a ser pasado por las armas a
En los documentos consultados, se menciona el nombre de don Pedro o
don Pedrote de nación mamorima, mamarí mamarí o cabezas, el análisis de
fuentes indica que se trata de la misma persona.
2
Ventanillas se ubica a 45 kilómetros al noreste de San Pedro de Las Colonias, Coahuila por la carretera No. 30.
3
Pueblo de misión asignado a los jesuitas entre 1607 y 1616 para la evangelización de los indios tepehuanos. Se localiza en el municipio de Indé, Durango. Alberto Ramírez Ramírez y Rubén Durazo Álvarez, “Las misiones jesuitas
de Durango” Antropología. Revista interdisciplinaria del INAH 67 (2002), 65.
1

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

usanza de guerra como acérrimo salteador y responsable de robos
y muertes y su cabeza puesta en un palo en el camino real para
que sirviera de ejemplo.4 En el documento fuente no se menciona
qué edad tendría don Pedro, pero es evidente que estaba bautizado
y que anteponer el prefijo don a su nombre le atribuía autoridad
como cacique y capitán indígena.
Este estudio de tipo biográfico pretende dar respuesta a
las siguientes preguntas: ¿Por qué es importante estudiar a un
personaje como don Pedrote? ¿Cuáles fueron las razones de
los frecuentes levantamientos de los indígenas? ¿Cuál fue la
participación de los misioneros en los asentamientos de paz?
El texto se divide en cuatro partes. Comienza con el
contexto geográfico y del paisaje al sur de la Nueva Vizcaya,
se revisa el concepto de frontera de guerra y de “guerra justa”
aplicados por los españoles para el sometimiento de los
indígenas. En el segundo apartado se aborda el panorama general
de la colonización y evangelización de los indígenas en la Nueva
Vizcaya. En el tercer apartado se presenta el análisis de los
documentos en que se menciona su nombre y finalmente en las
conclusiones se reflexiona, entre otros aspectos, en los factores
que propiciaron las rebeliones indígenas en la Nueva España y en
particular los relacionados con la lucha de este cacique y capitán
indígena y su asentamiento de paz.
Archivo Histórico Municipal de Parral (en adelante AHMP). Milicia y
guerra. Sediciones. Real y Minas de Cuencamé. Autos relativos a la guerra
contra los indios enemigos para evitar los daños que éstos hacen, 22 de enero
de 1673, FC.C11.007.079.
4

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

El espacio geográfico al sur de la Nueva Vizcaya
Desde la segunda mitad del siglo XVI, al norte de la Nueva España
en la región ubicada entre la Sierra Madre Oriental y la Sierra
Madre Occidental, se inició un proceso de poblamiento hispano
que cien años después distaba mucho de consolidarse. Este
territorio estaba ocupado por grupos “cuyas economías difieren
mucho entre sí, aquí se encuentran recolectores como los tobosos,
cazadores como los huachichiles, pescadores como los laguneros,
cultivadores incipientes como los conchos o cultivadores más
desarrollados como los sumas y jumanos”.5
En esta región semidesértica se encuentra el denominado
Bolsón de Mapimí, las planicies están separadas por cadenas
montañosas con elevaciones típicas de 1 300 m.s.n.m. o mayores.
Los terrenos entre las sierras forman cuencas cerradas que
acumulan agua periódicamente, cuya evaporación favoreció
la cristalización de sales y el desarrollo de pastizales.6 Este fue
el paisaje que encontraron los primeros conquistadores que se
internaron por este territorio, pero no lograron establecerse.7
Cecilia Sheridan, Anónimos y Desterrados. La contienda por el “sitio que
llaman Quauyla” Siglos XVI-XVIII (México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2000), 35.
6
Felipe Arreguín Cortés, Rubén Chávez Guillén y Pedro Soto Navarro, eds.
Una revisión de la presencia de arsénico en el agua subterránea en México
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20en% 20el %20agua% 20 subterranea%20en%20Mexico.pdf (Consultado 14
de enero de 2022).
7
Chantal Cramaussel. “El Bolsón de Mapimí: un hábitat indígena en la
5

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

El establecimiento de reales de minas y asentamientos
hispanos al norte de Zacatecas enfrentó la rebeldía de los
indígenas nómadas que se oponían a la esclavización a través
de la cristianización y a la “pacificación” promovida por la
Corona española. La lucha contra los indios nómadas rebeldes
se apoyaba en el derecho otorgado a los reyes de España por
el papa Alejandro VI de obtener soberanía sobre los territorios
descubiertos y justificaba recurrir a la fuerza de las armas, en caso
de que los indios se negaran a reconocer la autoridad del rey de
España y aceptar la predicación del Evangelio.
Cecilia Sheridan propone que en la segunda mitad del
siglo XVI apareció el concepto de “frontera de guerra como
respuesta a los intentos militares de avanzar en una región habitada
por grupos nómadas guerreros resistentes a la invasión de sus
tierras”.8 La política que los españoles llamaron de “guerra justa”
se hizo evidente desde las primeras entradas de Nuño de Guzmán
para la captura y venta de indios de las provincias de Pánuco y
Michoacán y su traslado a las Antillas para sustituir la mano de
obra aborigen que fue súbitamente reducida desde los primeros
contactos con Cristóbal Colón. El término “pacificación” se usaba
para evitar mencionar que en realidad se daba muerte a los indios
que se oponían a la colonización, lo que daba como resultado el
sometimiento de los sobrevivientes.
época colonial” en Patricia Osante, José Enrique Covarrubias Velasco, Javier
Martínez, Juan Domingo Vidargas del Moral y Nancy Leyva (eds), Caminos y
vertientes del septentrión mexicano: Homenaje a Ignacio Del Rio, UNAM-Instituto de Investigaciones históricas, 2020, 165-188.
8
Sheridan, Anónimos y Desterrados…17.
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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

La presencia española acentuó las rivalidades ancestrales
existentes entre los nómadas por la disputa de los territorios de
caza y recolección o por la captura de mujeres para gestionar su
capacidad reproductiva y de menores de edad para incorporarlos
como guerreros en los grupos dominantes. En este contexto de
“guerra justa”, los españoles buscaron como aliados a aquellos
indígenas que se mostraron sumisos a la cristianización y
sometimiento, sólo con la conformación de tropas auxiliares de
flecheros pudieron enfrentar a las numerosas naciones de indios
de guerra que fueron considerados enemigos de Dios y del rey.
La guerra contra los indios y su reclutamiento forzoso en
las haciendas de beneficio de la plata se intensificó posterior al
establecimiento del real de minas de Parral en 1631. El rechazo a la
esclavización propició que los rebeldes asaltaran los caminos y las
haciendas en busca de alimentos y para robar caballos para comer
su carne o como medio de transporte. Con el propósito de combatir
a los indios insumisos y proteger a los viajeros se fundó en 1646 el
presidio de Cerro Gordo. Su ubicación estratégica sobre el camino
real entre Zacatecas y el real de Parral permitió la defensa de la
región cuando se creó una compañía volante en 1655.9
Evangelización al sur de la Nueva Vizcaya
Los hijos de san Francisco entraron en Zacatecas en 1546 y en
1558, se instalaron en un hospicio construido en la ciudad. La
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, “Tras las huellas de Juan Mapos,
1616-1676. Indio Ocome rebelde, Bolsón de Mapimí, Norte de la Nueva Vizcaya, Historia (Santiago de Chile) Vol. 54. No. 2, 2021, 471.
9

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

provincia franciscana de San Francisco de Zacatecas, se extendió
rápidamente por Nueva España, Nueva Galicia, Nuevo Reino de
León y Nueva Vizcaya y abarcó los obispados de Michoacán,
Guadalajara y Durango.10 A pesar de contar con numerosos
conventos y que gran cantidad de indígenas se incorporaron como
mano de obra forzada en las haciendas de españoles, el proceso
de evangelización de los naturales del sur de la Nueva Vizcaya no
dio los resultados esperados por las autoridades civiles, pues los
indios aceptaban la imposición del bautismo y la sumisión como
alternativa de sobrevivencia.
Los jesuitas retomaron esta tarea a fines del siglo XVI
cuando fueron obligados a salir de la ciudad de México y
requeridos por el gobernador de la Nueva Vizcaya Rodrigo Rio y
Loza, para que se sumaran a la evangelización de este territorio.
Los ignacianos se establecieron en 1590 en el incipiente colegio
de Zacatecas, que fue su punto de para establecer posteriormente
misiones en Sinaloa, sierra de Durango, la Laguna11 y participaron
en la fundación definitiva de Santa María de las Parras.
Sergio Ortega sostiene que las misiones jesuíticas
conformaron un sistema o “conjunto de pueblos indígenas
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Ciencias Sociales, 2015), 109-116.
10

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relacionados entre sí bajo la administración de los jesuitas que llegó
a constituir una unidad desde el punto de vista socioeconómico”.12
La expansión del territorio misional ocurrió a medida que los
jesuitas avanzaban hacia el norte, reducían a los indígenas en los
pueblos de misión e iniciaban su evangelización al tiempo que los
sometían al control social y político español. Para establecer nuevos
pueblos de misión se requería, entre otros requisitos contar con
misioneros capacitados y conocedores de las lenguas indígenas,
lo cual no era sencillo, además requerían disponer de una reserva
de alimentos para sostener a los congregados, mientras producían
las subsistencias indispensables. Condición imprescindible fue
la autorización del virrey para disponer de recursos de las cajas
reales para el pago del sínodo de los misioneros y el salario de los
soldados para protección de los religiosos y sometimiento de los
indígenas, compra de ornamentos, además de establecer acuerdos
entre el gobernador de la Nueva Vizcaya, alcaldes y capitanes
de presidio con los superiores de la provincia mexicana de la
Compañía de Jesús.
Posterior a establecerse en el sur de la Nueva Vizcaya y en
la provincia de Sinaloa con misioneros de procedencia americana
o peninsular, los jesuitas se expandieron hacia el norte, pero para
cubrir el extenso territorio, según menciona Bernd Hausberger,
Sergio Ortega. “El sistema de misiones jesuíticas: 1591-1699”, Históricas
Digital. México. Instituto de Investigaciones Históricas - Universidad Nacional Autónoma de México, (2016), https://historicas.unam.mx/ publicaciones/
publicadigital/libros/tres_siglos/290a_04_03_Capitulo2.pdf. (Consultado el 5
de marzo de 2024.
12

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la Compañía de Jesús tuvo que recurrir a misioneros italianos,
alemanes, belgas, checos y otros originarios de Europa oriental.13
De acuerdo con Hausberger, el programa misional
jesuita buscaba el reconocimiento por los nómadas, “de las dos
majestades, la divina y la terrestre y la rebelión se consideraba
como pecado contra el rey y contra Dios”.14 Para lograrlo, se
pretendía no únicamente evangelizarlos, sino convencerlos u
obligarlos a que no anduvieran desnudos, que respetaran el
matrimonio monogámico, que vivieran en poblaciones fijas, que
produjeran sus propios alimentos, que nombraran sus autoridades
en cada pueblo y su conducta debía estar regida por los principios
cristianos de piedad, modestia, obediencia, disciplina y trabajo.
Según apunta Hausberger, los españoles solo aprobaron el
programa misional si los indígenas aceptaban su papel de mano
de obra; se buscaba la cristianización, pero también la creación de
comunidades estables e integradas a la economía colonial, es decir
convertirlos en súbditos de un rey ausente y un Dios desconocido.
Perseguir estos objetivos llevó a conflictos en que los indígenas
reaccionaron con rebeliones.
En opinión de Juan José Rodríguez Villarreal, a partir de las
primeras décadas del siglo XVII, los indios del noreste novohispano
Bernd Hausberger, “La vida cotidiana de los misioneros jesuitas en el Noroeste Novohispano”. Estudios De Historia Novohispana, n.º 17 (2009), https://doi.org/10.22201/iih.24486922e.1997.017.3444. (Consultado 6 de marzo
de 2024)
14
Hausberger, “La vida cotidiana de los misioneros...”
13

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fueron los trabajadores preferidos de las haciendas de beneficio
de la plata, pues aceptaban como pago por su trabajo alimentos,
monedas de plata y la posibilidad de realizar pepenas con lo que
mejoraban su ingreso, pero el auge minero por el establecimiento
del real de Parral en 1631 modificó esta situación en las décadas
siguientes. Los indios abandonaron las minas pues los españoles
buscaban la mano de obra gratuita y obligada que obtenían a través
del repartimiento, y también abandonaron las misiones donde eran
forzados a trabajar las tierras de la comunidad. Los evangelizadores
no pudieron evitar que los indígenas comprendieran “que al
hacerlos cristianos era para cautivarlos para el trabajo”,15 ya fuese
en las haciendas o en las misiones.
Sussan Deeds menciona que, al establecerse el obispado
de Durango en 1620, el obispo Francisco Diego de Evía y Valdés
atribuyó los problemas económicos de su diócesis a la negativa
de los jesuitas a pagar los diezmos por la producción agrícola
de sus misiones y haciendas, por lo que inició la secularización
al sur de la Nueva Vizcaya,16 Santa María de las Parras fue una
de ellas. Los jesuitas perdieron presencia en las actividades
doctrinales y se concentraron en el colegio de Parras en donde ya
tenían importantes intereses económicos. Los pueblos de misión
se convirtieron en pueblos de visita, lo que hizo más irregular
Rodríguez Villarreal, La Compañía de Jesús…266.
Susan M. Deeds, “Mission Villages and Agrarian Patterns in a Nueva Vizcayan Heartland, 1600-1750.” Journal of the Southwest 33, no. 3 (1991), http://
www.jstor.org/stable/40170027. (Consultado 10 de marzo de 2024)
15

16

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la evangelización de los indígenas y la conversión de la vida
de los nómadas quedó inconclusa, al no contar con suficientes
alimentos, los indios abandonaron las misiones.
Uno de los pueblos de misión que fue abandonado por
los indígenas fue el Tizonazo, lo anterior ocurrió tras la matanza
que realizó contra ellos el gobernador Antonio de Oca Sarmiento
en 1667.17 Veintidós años antes, en la semana santa de 1645, los
indios salineros abandonaron el pueblo-misión jesuita en donde se
encontraban asentados de paz y se fueron a poblar el Cerro Gordo.
Susan Deeds menciona que entre las causas del levantamiento se
encuentran la disputa por la mano de obra indígena en el mercado
laboral y el impacto de las epidemias que aceleraron la revuelta de
varias misiones incluida la del Tizonazo y agrega que la revuelta
en poco alivió los conflictos de los salineros por el agua y la tierra
con la población española que estaba creciendo en los alrededores
del real minero de Indé.18 Las causas del levantamiento, se
encuentran descritas en el juicio iniciado a principios de 1646
por el gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya, Luis de
Valdez.19 Entre las causas se menciona que los salineros habían
AHMP. FC.C11.007.068. Milicia y guerra. Sediciones. Real de San José
del Parral. Información hecha a pedimento de la República del Parral, de cómo
el haber llevado a sangre y fuego el pueblo del Tizonazo ha sido en servicio de
ambas majestades y bien común del reino. 6 de diciembre de 1667.
18
Deeds, Mission Villages and Agrarian Patterns in a Nueva Vizcaya Heartland, 1600-1750, 350.
19
Luis de Valdés y Rejano, esposo de María de Alcega y Urdiñola, nieta de
Francisco de Urdiñola, quien inició en 1583 el establecimiento de la hacienda de Patos que sería posteriormente sede del marquesado de San Miguel de
17

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sido dados en encomienda al general Cristóbal de Ontiveros,
pero a la muerte de este, la encomienda fue otorgada a doña
María Sáenz, su viuda, pero los indios fueron convencidos para
que pidieran al gobernador que la encomienda fuera otorgada al
capitán Baltazar de Ontiveros, hermano de Cristóbal, y no a Doña
María. El capitán Baltazar de Ontiveros les prometió asentarlos
de paz en el Cerro Gordo, un paraje ubicado al igual que la
misión del Tizonazo en las proximidades del Bolsón de Mapimí
y les daría aguas y tierras para que las sembraran, maíz y bueyes
para que comieran y que estarían a gusto pues también les dio
su palabra de que les pondría un clérigo para la administración
de los sacramentos, les haría iglesia como en la misión y ahí
llegarían además los indios cabezas y otros. También les dijo
que si el gobernador no aceptaba que poblaran el Cerro Gordo se
regresaran al Tizonazo y que después de unos días huyeran del
pueblo, atravesaran la sierra del Canutillo y bajaran al rio Florido
hasta llegar a San Pedro, donde tenía su hacienda.
Después de 38 años de presencia jesuita en El Tizonazo,
todos los salineros habían sido bautizados por los ignacianos,
pero la irregular asistencia del doctrinero que los asistía indica
que la conversión al catolicismo aún era incompleta. También se
identifica que la relación de los salineros con los cabezas era muy
cercana, probablemente eran la misma nación que fue dividida
por los españoles, y una parcialidad forzada a trabajar en las
Aguayo establecido en 1682.
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salinas para la obtención de sal que se utilizaría en el beneficio de
la plata, actividad de la que se derivó su apelativo.20
En opinión de Chantal Cramaussel, a los cabezas como
a sus vecinos los salineros, los españoles los requirieron para
trabajar en las haciendas y para servir como indios auxiliares
en las campañas contra los indios enemigos de la Corona. “Los
salineros eran tepehuanes y los cabezas probablemente también
pues compartían el idioma de los tepehuanes de la sierra”.21
En el juicio iniciado en 1646 por el gobernador de la
Nueva Vizcaya se menciona a don Francisco Mama y don Pedro
negrito, indios capitanes de los salineros que participaron en
el convencimiento de sus seguidores para que abandonaran El
Tizonazo.22 Es poco probable que este don Pedro negrito, cacique
y gobernador de una parcialidad del pueblo sea el personaje al que
se hace referencia en el documento de 1673, con que se inicia este
En su informe de 1654, el cura de Durango, don Diego de Medrano comenta: “Esta nación cabeza es especie de salineros y agregándola al Tizonazo
multiplicaron el número de enemigos, domésticos y caseros que con simulación tienen destruido este reino”. Thomas H. Naylor and Charles W. Polzer,
eds. The Presidio and Militia on the Northern Frontier of New Spain: A Documentary History, Volume I, 1570-1700. The Relacion of Diego de Medrano, 409-480.
University of Arizona Press, 1986. https://doi.org/10.2307/j.ctv1n6pvtq.
21
Chantal Cramaussel, “De cómo los españoles identificaban a los indios.
Naciones y encomiendas en la Nueva Vizcaya central”. en Nómadas y sedentarios en el norte de México. Homenaje a la Dra. Beatríz Braniff, ed. Marie Areti
Herst (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000), 275-303.
22
AHMP. FC.C11.001. 009. Milicia y guerra. Sediciones. Valle de San Bartolomé. Causa sobre los fundamentos que los indios salineros tuvieron para
alzarse, por mandato del gobernador Luis de Valdés. 1 de enero de 1646.
20

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artículo pues era el hermano mayor del indio preso por García de
Salcedo y de quien no se menciona su edad, pero podrían estar
relacionados. Si consideramos que, en 1645, cuando ocurrió
el levantamiento de los salineros, don Cibrián otro cacique del
Tizonazo, tenía aproximadamente 50 años, Juan un indio capitán
de los alzados se refiere de más de 36 años y Ventura, alcalde
del Tizonazo se menciona de más de 35 años, es probable que
la edad de este cacique estuviera alrededor de los 35 años por lo
que 28 años después en 1673 tendría 63, una edad poco común
de alcanzar en un contexto de guerra. Además, es conveniente
considerar que los seguidores de los caciques se componían de
grupos familiares extensos, y que prácticamente todo el pueblo
del Tizonazo se rebeló contra el gobernador de la Nueva Vizcaya.
Es probable suponer que el personaje de esta investigación,
hubiera sido párvulo o menor de 7 años, cuando su nación o
grupo familiar salió del Tizonazo en 1648 y que 28 años después,
cuando ordenó al indio Phelipe y a su hermano menor del mismo
nombre el robo de la caballada en 1673, fuese un adulto de
aproximadamente 35 años, edad en la que ya recibía el apelativo
de don Pedro y podría ser el protagonista de los hechos que se
analizan en la siguiente sección.
Las huellas de Don Pedrote en los documentos
La reacción de las autoridades españolas por el robo de la
caballada a fines de noviembre de 1673 no se hizo esperar. Un
contingente de soldados e indios leales a la Corona comandados
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por Joseph García de Salcedo, gobernador y capitán general
del reino de la Nueva Vizcaya, derrotó en el Real de Mapimí a
don Pedro, don Fabián23 y don Bartolomé y sus seguidores de la
nación salinera, cabezas y sus aliados el 29 de diciembre de 1673.
Algunos sobrevivientes lograron escapar, pero fueron capturados
sus hijos y mujeres que, trasladados al real minero de Parral se
destinaron al servicio personal en las casas de españoles, a cambio
se les enseñaría la doctrina cristiana y serían bautizados. En total
se repartieron 34 mujeres en edad adulta y 45 menores de edad,
entre los cautivos se encontraban Ana, mujer de don Bartolomé;
Beatriz, mujer de don Fabián y sus tres hijos e Inés, mujer de don
Pedro y su hija de nombre Margarita. Los adultos varones fueron
condenados a servir en las haciendas de beneficio.24
Don Pedro, don Fabián y don Bartolomé y los indios
sobrevivientes se presentaron acompañados del franciscano fray
Don Fabian era cacique de los mayos. Sobre esta parcialidad, el capitán del
presidio de Santa Catalina de Tepehuanes Cristóbal de Nevárez, le comentó al
gobernador Enrique Dávila y Pacheco: “esta gente que llaman los mayos no
son, sino de la nación de los tusares que son los que hacen daños en las partes
de Parras porque yo conozco las naciones”. AHMP. FC, C11.005.048. Milicia
y guerra. Sediciones. Real de San José del Parral. Autos hechos en la paz que
los indios tobosos vinieron a dar ante el gobernador Enrique Dávila y Pacheco,
para que se les señalen tierras en que vivir y el gasto que se hizo para su sustento. 14 de enero de 1654.
24
AHMP. Gobierno y administración. Poblamiento de sitios. Villa de Santiago de Saltillo, Diligencias hechas para el poblamiento de los indios de la
nación jumana, babole y sus aliados en la provincia de Coahuila, por el maestre de campo José García de Salcedo, gobernador de la Nueva Vizcaya. 9 de
agosto de 1673. FC. A21.001.002. (En adelante, “Diligencias hechas para el
poblamiento de los indios…”, s/f).
23

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Juan Larios ante el gobernador García de Salcedo para solicitar
la paz el 10 de febrero de 1674,25 juraron obediencia al rey y
al gobernador y prometieron aceptar las condiciones que se les
impusiera. García de Salcedo les indicó que debían de vivir como
buenos y leales vasallos del rey, que habían de vivir cristiana y
religiosamente en los lugares donde fueran asentados de paz, que
el que tuviera dos o más mujeres se quedaría solamente con quien
se casara cristianamente. García de Salcedo les perdonó el robo
de la caballada y demás delitos, pero no les devolvió sus mujeres
ni sus hijos que habían sido vendidos como esclavos. Dos días
después al anochecer, los indios intentaron rescatar a sus familias
y al no lograrlo huyeron a los montes, en su fuga ocasionaron
daños a las propiedades de los españoles, el gobernador salió a
perseguirlos sin éxito, los declaró traidores, rebeldes, homicidas
y ladrones y dio licencia para que quien los hallara pudiera
aprehenderlos y matarlos.26
Es evidente que para quien fue despojado de sus territorios
de caza, de su forma de existencia, de su libertad, de su familia y
convertido de manera forzosa al cristianismo y obligado a trabajar
esclavizado en las minas de plata, la solicitud de paz y el juramento
de obediencia y lealtad al rey y a Dios, no significaba nada. El
ofrecimiento de asentarse de paz fue tan solo una estrategia para
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo. “Coahuila” o Tierra Adentro, 15771722. Un valle transformado en gobernación (Zamora: El Colegio de Michoacán, 2021), 84.
26
AHMP, Diligencias hechas para el poblamiento de los indios…, 9 de agosto de 1673.
25

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acercarse al gobernador e intentar el rescate de sus familias, al no
lograrlo únicamente tenían una alternativa: regresar a los montes
y continuar en rebeldía.
En los dos años siguientes don Pedro continuó
capitaneando una escuadra de indios salineros y tobosos rebeldes.
En enero de 1676, solicitó a don Juan Mapos, caudillo de los
gavilanes y ocomes que se unieran con él en la guerra contra
los españoles. Al enterarse de estas gestiones y temiendo que
la unión de ambos capitanes indígenas generara una peligrosa
confederación indígena, el gobernador García de Salcedo ordenó
fuera llevado preso. El 22 de enero, don Pedro fue trasladado al
Parral por don Francisco y don Fernando, capitanes indígenas que
en la época del gobernador Antonio de Oca Sarmiento se habían
dado de paz en San Francisco de Conchos.27 García de Salcedo
los amenazó de que si no se presentaban todos los salineros que
comandaban los castigaría por todos los medios posibles. Los
capitanes salineros decidieron entregarse, pidieron misericordia
y ofrecieron nuevamente la paz. El gobernador convocó a una
junta con las autoridades civiles y militares para determinar la
conveniencia de dejar sin castigo a don Pedro. La decisión a la
que llegaron fue que no tenían inconveniente en no ejecutar a la
usanza de guerra al indio rebelde, pues de hacerlo, podría ocurrir
una sangrienta sublevación de los tobosos que se encontraban de
Archivo General de Indias (en adelante AGI). Guadalajara, 29, R. 4, N 37.
Carta de Antonio de Oca Sarmiento. Gobernador de Durango. El Parral, 19 de
marzo de 1667.
27

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paz, lo cual se debía de evitar, pero también reconocieron que,
si lo liberaban, se establecería un antecedente que incitaría a
los indios a sublevarse contra la Corona. Los indios aceptaron
ir a vivir con sus familias al real minero de Mapimí, debajo de
doctrina y política, se les pagaría su trabajo en las minas y vivirían
sin levantarse.28 Chantal Cramaussel y Celso Carrillo apuntan que
García de Salcedo quería mantenerlo preso, pero “temiendo que
se valiera de la parcialidad del Mapos, el gobernador de la Nueva
Vizcaya optó por no tomar ninguna acción contra él”.29
Las rebeliones de diferentes naciones indígenas y los
asentamientos de paz se presentaron de manera recurrente en
todo el territorio de la Nueva Vizcaya. Los indios se sublevaban si
no recibían alimentos. En 1676, el obispo de Guadalajara Manuel
Fernández de Santa Cruz fundó la misión de San Buenaventura de
las Cuatro Ciénegas con indios salineros, cabezas, babosarígames
y mayos, donde permanecieron por cuatro años y volvieron a
alzarse para 1680, por carecer de socorro de los almacenes, ya
que el virrey únicamente lo concedió por dos años.30
Cuatro años después, una parcialidad de indios cabezas
se encontraba asentada de paz en una ranchería en las cercanías
AHMP. FC.C11.007.083. Contra Pedro, indio, por haber seguido capitaneando a la nación salinera enemiga. 22 de enero de 1676.
29
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, “Tras las huellas de Juan Mapos…495”
30
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo. El Presidio de Nuestra Señora de la
Limpia Concepción del Pasaje (1685-1772) (Zamora: El Colegio de Michoacán), 2020, 109.
28

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de Parras y formaba parte de la feligresía de la parroquia. El 25
de enero de 1680, el párroco Francisco de Meneses impartió el
bautismo a Agustina, hija natural de Helena, quien dijo que el
padre era don Pedrote. El párroco asentó también que el padre
era de nación mamarí mamarí y la madre de nación cabezas,
los padrinos fueron indios naturales del pueblo de Parras. Este
registro de bautismo es el primer documento en donde aparece
como don Pedrote. Es probable que la modificación de su nombre
hiciera referencia a su estatura o por reconocimiento a sus méritos
en la guerra contra los españoles, en todo caso ya era conocido así
por el párroco entre cuya feligresía se había avecindado. Tres días
después, el jesuita Manuel de Gamboa bautizó a Catalina, hija
de Leonor de nación cabezas, quien mencionó que el padre era
también don Pedrote de nación mamarí mamarí. En esta ocasión
los padrinos fueron indios tlaxcaltecas de Parras. En ambas
partidas de bautismo firmadas por Francisco de Meneses,31 no se
registra que don Pedrote se hubiese presentado a la impartición
del sacramento a sus hijas.
Consentir el bautismo de sus hijas podría considerarse
como una aceptación del estilo de vida cristiano, de su aparente
conversión al catolicismo, de un sometimiento condicionado,
Archivo Parroquial de Santa María de las Parras, Parras, Coahuila (en
adelante APSMP). Libro de bautismos de hijos de españoles y bautismos de
indios de Santa María de las Parras, 1653-1687. Vol. 2, años, foja 93 r. Family
Search, acceso 22 de noviembre de 2023, https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6XSQ-8DB?i=106&amp;wc=MKCW-JWL%3A64892701%2C64892702%2C65433801&amp;cc=1502401.
31

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pero aún faltaba algo más: casarse según los designios de la
Iglesia católica y para ello tendría que escoger a una de sus dos
mujeres. Su acercamiento a la Iglesia sólo fue una estrategia de
negociación y sobrevivencia para evitar el castigo del gobernador
García de Salcedo.
A principios de 1683, el presbítero Francisco de Meneses
fue designado teniente de cura de la ayuda de parroquia de San
Francisco de Patos y capellán de dicha hacienda. Ante la ausencia
de Meneses, don Pedrote se acercó a Francisco de Arguello y
Medrano, cura de Parras para expresarle que deseaba contraer
matrimonio con una de las dos indias. Arguello y Medrano se
dirigió a Fray Bartolomé García de Escañuela, obispo de la Nueva
Vizcaya y le informó que un indio muy belicoso y capitán de indios
enemigos de nombre don Pedro, que vivía reducido de paz en lo
militar y en lo espiritual en el cerro El Venado, localizado a cuatro
leguas y cuidado por más de 40 indios, le declaró haber “ofendido a
Dios y conocido carnalmente a dos indias hermanas con quien tiene
hijos y que temeroso de su condenación no quiere vivir en pecado y
desea contraer matrimonio con una de las dos indias hermanas”.32
El obispo de Durango consideró que no era necesario turnar
la solicitud a la Santa Sede pues correspondía a la conversión
de los indios planteada en el plan misional de Pio V33 y otorgó
Archivo María y Mateo (en adelante AMM). Dispensa matrimonial al indio Don Pedro para que pueda contraer matrimonio. 31 de mayo de 1683. Exp.
511. (En adelante Dispensa matrimonial, s/f)
33
“Se atienda a la conversión de los infieles, dado que fue éste el fin para el
32

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la dispensa matrimonial para que don Pedro pudiera casar con
una de las dos hermanas, la respuesta fue recibida el 9 de junio
de 1683 y el cura Francisco de Arguello y Medrano procedió al
matrimonio de don Pedro con Leonor de nación babosarigame. Es
evidente la intención del obispo de Durango para que don Pedrote
viviera bajo doctrina, pues aparentemente ya vivía bajo política.
En todo caso la decisión del obispo contribuía a mantener la
paz en la Nueva Vizcaya, cumplir la indicación del gobernador
y ambas partes se favorecerían con la dispensa matrimonial, el
cura de Parras aseguraría “el bien de tres almas que se reducen
al estado de salvación,”34 lo que era un argumento común de los
hombres de la Iglesia y la noticia de haber asumido la monogamia
llegaría al gobernador de la Nueva Vizcaya, quien consideraría
que efectivamente don Pedro ya tenía una forma cristiana de vivir
y cumplía su juramento de obediencia a Dios y al rey.
Don Pedrote siguió dando muestras de su supuesta
conversión, el 3 de julio de 1685, se presentó en la parroquia de
Parras donde fue bautizada Constanza, hija legítima suya y de
Leonor, indios de nación cabezas, así lo registró el bachiller Nicolás
de Celis quien registró que fueron sus padrinos Juan Tepeguan35
cual fue concedida a los Reyes Católicos la conquista de aquellos países”. León
Lopeteguy, S.J., San Francisco de Borja y el plan misional de San Pio V, citado
en Alberto Armani. Ciudad de Dios y Ciudad del Sol. El “Estado jesuita de los
guaraníes (1609-1768) (México: Fondo de Cultura Económica, 1996),44.
34
AMM. Dispensa matrimonial. 31 de mayo de 1683.
35
Juan Tepeguan era un indio de nación tepehuana que desde joven vivió con
los cabezas y ya mayor casó con una hermana de Don Pedrote. Archivo GeneSillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
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y su mujer Isabel, hermana de don Pedrote, indios de la misma
nación.36 El bautismo de una hija más nos permite considerar que,
aparentemente, para ese año, don Pedrote vivía debajo de doctrina
y asentado de paz, aunque esto último no sería por mucho tiempo,
pues a mediados de 1686, asaltó la misión de Parras.
Las hostilidades de don Pedrote y los cabezas se
continuaron durante los años siguientes. La hacienda de Atotonilco
localizada al sur de Cuencamé fue asaltada a mediados de 1686.37
A principios del año siguiente, una recua de mulas fue atacada en
San Juan de los Ahorcados cerca de Mazapil y después asaltaron
la hacienda de Caopas.38 En marzo de 1687, don Pedrote y los
capitanes Francisco el Tecolote de los cocoyomes, don Lorenzo
capitán de los jococomes, Felipe el Tuerto, capitán de los gavilanes
y Juan Totoci, capitán de los hijos de las piedras, atacaron en
el paraje del Gallo a una cuadrilla de carros que iban al Parral,
mataron dos españoles y un indio auxiliar de San Francisco de
ral de la Nación. Provincias internas. Autos relacionados con la retirada de los
caciques de los indios babosarigames y otras naciones, que habían concertado
la paz en la ciudad de Parras con el capitán Juan Bautista de Escorza. Parras.
Mayo-Julio de 1689. Volumen 30, expediente 6. Fojas 199-211. (En adelante
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”).
36
APSMP. Libro de matrimonios de la Parroquia de Santa María de las Parras, 1683-1693. Vol. 1, foja 12. Family Search, acceso 30 de noviembre de
2023, https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-1J2?i=1&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
37
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
38
AGN. Provincias Internas, vol. 29, exp. 5, Autos hechos sobre las invasiones rebeldes en el reino de la Nueva Vizcaya, por el gobernador Juan Isidro de
Pardiñas Villar de Francos, años 1991-1992. fojas 110- 395.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

Conchos, desmantelaron los carros y se llevaron todas las mulas
de las recuas.39
Temerosos de que don Pedrote y sus seguidores atacaran
la villa de Saltillo y el pueblo de San Esteban de la Nueva
Tlaxcala, las autoridades formaron una tropa de indios auxiliares
para realizar una campaña contra los indios enemigos que habían
asaltado el pueblo de Parras y cometido numerosos robos de
caballada y mulada y muertes en los caminos. Ante esta situación
José de Los Santos Coy, teniente de alcalde mayor y capitán a
guerra de la villa del Saltillo ordenó que ningún vecino saliera
de la villa y dispuso que todos los vecinos se mantuvieran en
alerta con el fin de hacer frente a un eventual ataque de los indios
hostiles.40
El 9 de octubre de 1687, el general Luis de Palma y Mesa
Justicia mayor y capitán a guerra de la villa del Saltillo y valle
de Parras recibió la noticia que fue hallado muerto, descarnado
y flechado una persona cerca del puerto de San Juan, por lo que
ordenó al capitán Diego Ramón formar un destacamento de
soldados que siguiera el rastro de los atacantes, los persiguiera y
sometiera a la justicia. Diego Ramón encontró el cuerpo de Juan
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, El Presidio de San Pedro del Gallo
(1685-1752) Fuentes para su Historia, El Colegio de Michoacán, 2018, pp.
109-143.
40
José Luis Mirafuentes Galván. Movimientos de resistencia y rebeliones
indígenas en el norte de México (1680-1821) Guía documental II (México:
Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de
México, 1993), 75.
39

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

de Padilla, español que había salido del Saltillo para trasladarse
junto con su mujer y un hijo al real minero de Mazapil y encontró
a los indios enemigos en el potrero de la hacienda de Patos, lugar
en donde después de la refriega fue muerto un indio, apresado
otro de nombre Domingo y liberada la mujer del difunto y su hijo.
En su declaración, Domingo a través de un intérprete, confesó
que don Pedrote les mandó a que salieran a los caminos a matar a
todos los que encontraran; que la mujer fue capturada para llevarla
a su ranchería para que les enseñara la lengua; que desde que se
alzó con su gente que estaba de paz en Parras, don Pedrote había
efectuado todos los robos de caballada y aliado con las naciones
colorados, tocas, cabezas, tobosos, coromamas, pies de venado,
piedras chiquitas, bimamares, baimares, odames, dedepores,
bobosamares, niquitas, gavilanes, quechales, contotores,
conianes y manos prietas; que don Pedrote era muy “malicioso”,
enviaba ropa a don Dieguillo y éste le regresaba caballos y que
las naciones aliadas a don Pedrote, atacaron días antes, la misión
de Contotores y se llevaron los ornamentos.41
¿Fue realmente don Pedrote responsable de todos los
hechos de guerra mencionados por el indio Domingo y los que
le atribuyen las fuentes citadas? Es probable que los escribanos
reales redactaran lo que sus superiores deseaban, todos buscaban
Archivo Municipal de Saltillo (en adelante AMS). Orden. Don Luis de Palma y Mesa, alcalde mayor, ordena al capitán Diego Ramón salga con su gente en
persecución de los indios bárbaros que dieron muerte a un hombre y se llevaron
cautivos a la mujer e hijo de éste. 9 de octubre de 1687, c 4, e 26, 12 f.
41

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

justificarse ante el virrey, los miembros de la Audiencia o el rey
ante el fracaso de la pacificación de la frontera norte de la Nueva
España. La consolidación de la colonización al sur de la Nueva
Vizcaya requería el aniquilamiento de los capitanes indígenas.
Después de ser apresado y sometido a un juicio cuya sentencia se
conocía con anticipación, don Juan Mapos murió por garrote en la
plaza pública de Parral en 167642, los españoles no descansarían
hasta eliminar a don Pedrote al igual que a don Diego de Valdés
mejor conocido como don Dieguillo, su muerte serviría como
escarmiento para otros capitanes indígenas.
Es evidente que la información proporcionada por el
indio Domingo, sobre las diferentes naciones que integraban
la confederación indígena capitaneada por don Pedrote y don
Dieguillo alarmó a las autoridades de la villa de Saltillo y pronto
se hizo del conocimiento del Alonso de León, gobernador de
Coahuila, quien le confirmó a Palma y Mesa que la banda de
don Pedrote había asaltado la cercana misión franciscana de
Contotores.43 Ante el temor de que continuaran los ataques a las
misiones cuyo cuidado le había sido encomendado por el Conde
de la Monclova y virrey de la Nueva España, Alonso de León, que
estaba informado por el capitán Diego Ramón, que don Pedrote
tenía numerosos indios reunidos en el paraje de Baján, sitio ubicado
a unas 30 leguas al noreste de San Pedro, solicitó a Palma y Mesa
auxilios para emprender una campaña militar contra don Pedrote
42
43

Tras las huellas de Juan Mapos…, 499.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…76.

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

y sus seguidores,44 misma petición realizó a Francisco Cuervo y
Valdés, gobernador del Nuevo Reino de León, en donde la ayuda
solicitada se resolvió mediante una junta de guerra.45
La ofensiva organizada por el gobernador de Coahuila
integró un numeroso contingente con soldados procedentes del
Nuevo Reino de León, vecinos bien armados e indios flecheros
aliados de la villa de Saltillo, Parras y de la hacienda de Patos. Al
mando del capitán Diego Ramón, la acometida del gobernador
persiguió a don Pedrote y sus seguidores desde las cercanías de
Patos hasta las inmediaciones de Parras, donde tenía su refugio,
pero no logró apresarlo. Ante el fracaso de la expedición y de
que no se contaba con suficientes soldados a sueldo, Alonso de
León intentó establecer un acuerdo de paz con don Pedrote y las
naciones de indios sublevados, por lo que solicitó a Palma y Mesa
le enviara al indio Domingo para que fungiera como embajador de
paz, Domingo fue enviado para cumplir dicho propósito, pero no
regresó. A fines de noviembre de 1687, Alonso de León informó
al alcalde mayor de Santiago de Saltillo, que se quedó a vivir en
la ranchería de los cabezas.46
En los siguientes dos años los hechos de armas atribuidos
a don Pedrote y los cabezas se sucedieron en la Castañuela, Agua
Nueva, Cedros y Gruñidora, en todos estos ataques mataron
españoles, indios cristianos y robaron caballada. En octubre de 1688
44
45
46

Mirafuentes Galván, Movimientos de…77.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…77.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…78.

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se llevaron los equinos de Saltillo a Baján.47 ¿Por qué a este lugar?
Baján era una rancheria cercana a Ventanillas, sitios donde vivía
una parcialidad de cabezas, los caballos servirían de alimento. En
el mapa 1 se ubican los asentamientos que se mencionan en este
trabajo y los sitios de las hostilidades entre 1685 y 1690.
Ante la imposibilidad de detener los ataques, el gobernador de la Nueva Vizcaya Juan Isidro Pardiñas Villar de Francos,
comisionó al sargento mayor Juan Bautista de Escorza para que
negociara la rendición y asentar de paz a los capitanes cabezas
don Pedrote, don Bartolomé y don Santiago. El 25 de septiembre
de 1688 se presentaron en Parras los dos últimos y mientras se
hacían las diligencias de paz, llegó un aviso desde Saltillo del
robo de caballada por la gente de don Pedrote. El capitán Escorza
salió en busca de los rebeldes y les quitó los caballos, a su regreso
encontró que se habían vuelto a retirar don Bartolomé y don Santiago porque les llegó noticia de Coahuila que Alonso de León y
su teniente Diego Ramón, habían asesinado a 16 indios conianes
que estaban de paz.48 Con los cabezas se retiraron también unos
indios que estaban trabajando en las haciendas de Parras y después regresaron. Para diciembre de 1688, se sometió a juicio a
estos indios por considerarlos cómplices de los rebeldes y además
estaban acusados de muertes, robos de caballadas y muladas por
los caminos que comunicaban a la Nueva Vizcaya con la Nueva
Galicia y Nueva España.
47
48

AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

El proceso fue iniciado por Juan de Bautista Escorza,
capitán del presidio del Pasaje en la jurisdicción de Cuencamé
y teniente de gobernador y capitán general de la villa de Saltillo
y Parras.49 Los inculpados Ignacio “el Tuerto”, sirviente en
la hacienda del capitán Juan de Oliden.50 Pedro que junto con
Andrés y Francisco eran sirvientes de la hacienda del marqués
de San Miguel de Aguayo51 mencionaron que daban aviso a
los indios rebeldes sobre las acciones de los soldados para que
pudieran huir a tiempo y no ser apresados. Entre los testigos se
encontraba un indio tlaxcalteca de nombre Ignacio de Loyola,
que siendo menor de edad vivió dos años cautivo de los cabezas y
que por esa razón los conocía bien, mencionó que Elena y Leonor,
mujeres de don Pedrote eran hermanas de Pedro y Andrés. Otro
testigo fue Joseph de Maya, vecino de Parras y mayordomo de la
hacienda del marqués de San Miguel de Aguayo, ratificó que los
cuatro inculpados eran sirvientes de las haciendas mencionadas.
Francisco de Garibay, también vecino de Parras y ayudante de
Tenía amplia experiencia en la guerra contra los indios rebeldes en la
Nueva Vizcaya. El 2 de septiembre de 1673, fue nombrado por Joseph García de Salcedo, capitán de infantería española de las milicias de Sonora. AGI.
Relación de méritos y servicios de Juan Bautista Escorza, 12 de diciembre
de 1674. ES.41091.AGI/24//INDIFERENTE,124, N.135.Pares, acceso 15 de
diciembre de 2023, https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/find?nm=&amp;texto=Relaci%C3%B3n+de+m%C3%A9ritos+y+servicios+de+Juan+Bautista+Escorza.
50
Hacienda de Abajo, establecida en 1597 por Lorenzo García, Juan de Oliden la adquirió en 1674.
51
Hacienda de Arriba, establecida en 1593 por Francisco de Urdiñola, limítrofe con Parras.
49

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

Joseph de Maya agregó que los capitanes buscados bajaron al
pueblo para atender el llamado de paz, pero continuaron con el
robo de la caballada.
Joseph de Maya conocía bien a los indios presos,
como mayordomo de la hacienda de Arriba tenía a su cargo
la contratación de sirvientes “asalariados” y el manejo de los
esclavos. El reclutamiento de trabajadores libres que prestaban
un servicio a cambio de un salario mediante el peonaje por
endeudamiento fue una de las estrategias legales que sustituyó el
reclutamiento forzoso de los indios capturados en guerra “justa”.
En opinión de José Cuello, la esclavitud india y la encomienda
persistieron en el noreste de la Nueva España hasta su remplazo
por el “trabajo asalariado dentro de una economía de mercado,
por lo regular mano de obra endeudada”.52
La guerra contra los indios atravesaba por una situación
crítica debido a la falta de recursos para el pago a los soldados de las
compañías presídiales, el 28 de diciembre de 1688, el gobernador
de la Nueva Vizcaya envió una carta al rey manifestándole que
los diez soldados del presidio de Santa Catalina de Tepehuanes
y 23 del de Cerro Gordo, se pagaban de la caja real de Durango,
misma que no tenía fondos, por lo que no habían recibido la paga
de un año y por ello los soldados “padecen mucha necesidad, no
pueden acudir a campaña, ni el gobernador proveer lo necesario
José Cuello, El norte, el noreste y Saltillo en la historia colonial de México
(Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1990), 92.
52

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

de paz y guerra, ni defender las fronteras de las invasiones de los
enemigos, pues de lo contrario seguirán graves inconvenientes”.53
Ante las limitaciones de la Corona para ejercer una campaña
efectiva contra los indios rebeldes y castigarlos a la usanza de
guerra y por la necesidad de mano de obra para continuar el
trabajo en las haciendas de beneficio de la plata o agropecuarias,
el gobernador Juan Isidro Pardiñas Villar de Francos, ordenó el
19 de enero de 1690 a Juan Bautista de Escorza que, de acuerdo
a las reales cédulas solicitara nuevamente a los indios rebeldes
que se dieran de paz y redujeran a la debida obediencia. Se envió
nueva solicitud de paz a don Pedrote por medio del rector del
colegio de la Compañía de Jesús de Parras Juan Díaz de la Puente
y el cura Francisco de Meneses, capellán de la hacienda de Patos.
Don Pedrote respondió que estaba presto a bajar a Parras para
darse de paz y debida obediencia. Para hacer efectiva la orden
real y debido a que el capitán Escorza no podía ir a Parras pues se
encontraba en la campaña contra los cocoyomes, el gobernador
Pardiñas comisionó al general Ignacio de Amaya, para que
recibiera a don Pedrote y los cabezas debajo de protección real y
amparándoles de cualquier ministro o persona que los pretendiera
vejar, molestar o castigar con cualquier pretexto y ordenó a los
AGI. Pago a los soldados y presidios de Nueva Vizcaya de la Caja Real de
Durango, 15 de junio de 1690. ES.41091.AGI/24//GUADALAJARA,232, L.
7, F.27v-29r. Pares, acceso 5 de enero de 2024, https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/find?nm=&amp;texto=Pago+a+los+soldados+y+presidios+de+Nueva+Vizcaya+de+la+Caja+Real+de+Durango.
53

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justicias, tenientes y capitanes de guerra no poner impedimento
alguno a lo ordenado y abstenerse de proceder contra don Pedrote,
sus capitanes y naciones aliadas.54
En carta enviada al gobernador el 3 de febrero de 1690, el
general Ignacio de Amaya informó que ejecutó la comisión no sin
resistencias del capitán Juan Bautista de Escorza y de don Pedrote
que estaba receloso de bajar a Parras. Para dar cumplimiento al
mandato del gobernador, Ignacio de Amaya solicitó nuevamente
la intervención del padre Juan Díaz de la Puente para convencer a
don Pedrote, don Bartolomé y don Santiago y a sus aliados de que
se respetaría la palabra del gobernador. La mediación del padre
Díaz de la Puente tuvo éxito y logró el acuerdo de paz. Ignacio
de Amaya mencionó que los varones entraron a trabajar como
sirvientes a las haciendas donde recibirían el sustento necesario o
hasta que el gobernador dispusiese lo más conveniente o incluso
enviar algunos a México. Los cabezas a su vez solicitaron no ser
cambiados de “estos países y tener un ministro que los asista”.55
Sin duda alguna Ignacio de Amaya observaba la cercana
relación existente entre los jesuitas y los indios asentados de paz.
El rector del colegio fungió como mediador y garante del acuerdo
y logró nuevamente que don Pedrote jurara debida obediencia.
Don Pedrote siguió guardando las apariencias de su sometimiento
y conversión y acudió el 30 de enero de ese año a la parroquia
54
55

AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

de Parras para bautizar a Antonia María, hija legítima suya y de
Leonor de nación cabeza, fueron sus padrinos Martín Rodríguez
y Josefa, indios de Parras, así lo asentó el párroco Francisco de
Arguello y Medrano quien impartió el sacramento.56
Por su parte, el Pbro. Francisco de Meneses, capellán de
la hacienda de Patos y que conocía muy bien a don Pedrote y los
cabezas envió una carta al capitán Escorza en la que expresó sus
dudas sobre la continuidad del asiento de paz de don Pedrote y
mencionó que esto no se conseguiría sin un ministro que cuidara
a los cabezas en lo espiritual y temporal, pues “los más están
bautizados de manos del reverendo padre Bernabé de Soto en
el Tizonazo y que además cuide tengan de comer y no estén
ociosos”.57 Meneses que ya tenía varios años como capellán
de Patos y empleado del Marqués de Aguayo comprendía muy
bien la importancia de la administración de los sacramentos a
los indígenas que trabajaban como sirvientes asalariados, pues
los bautismos, matrimonios y entierros se les cobraban a fin de
mes y contribuían a su endeudamiento, además de mantenerlos
trabajando con la esperanza de que pudieran pagar el anticipo
que habían recibido al momento de ser reclutados, de lo contrario
podrían darse a la fuga.
APSMP. Libro de matrimonios de Santa María de las Parras, 16831693. Vol. 1, foja 48. Family Search, acceso 10 de enero de 2024, https://
www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-1K1?i=54&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
57
AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
56

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

A partir del acuerdo de paz mediado por padre Díaz de
la Puente, los capitales cabezas aliados y los babosarigames
trasladados a Parras por el capitán Escorza participaron como
indios auxiliares contra los cocoyomes, acoclames y gavilanes,
sus anteriores aliados y de quienes se habían enemistado cuando
dieron la paz en Parras. Así lo demuestra otro documento que hace
mención a don Pedrote, se trata de un expediente sobre la guerra
de exterminio que emprendió el gobernador Pardiñas contra los
cocoyames y aliados. El 20 de diciembre de 1691, don Pedrote
acudió al rio Florido donde estaba reunido el ejército que se
aprestaba a entrar a la Sierra del Diablo en busca de los rebeldes:
“Asimismo pasó muestra don Pedro Xofre, por otro nombre don
Pedrote, con la gente a su cargo de la nación cabeza con diez y
seis indios de arco y flecha”.58
De acuerdo con Carlos Manuel Valdés, la orden de
exterminar a los cocoyomes, chisos y coahuileños procedió
directamente de Madrid.59 La cédula real fue muy clara respecto
a proceder a su exterminio si no era posible dominarlos. Esta
batalla fue una más de la “guerra a fuego y sangre” contra los
indios rebeldes. Don Pedrote sobrevivió y regresó a Parras, así
lo demuestra el último documento en que aparecen sus huellas,
AGN. Provincias internas. Autos hechos sobre las invasiones rebeldes en
el reino de la Nueva Vizcaya, por el gobernador Juan Isidro Pardiñas Villar de
Francos, años 1691-1692. Vol. 29, exp. 5, fojas 110-395.
59
Carlos Manuel Valdés, Los bárbaros, el rey, la iglesia. Los nómadas del
noreste novohispano frente al Estado español (Saltillo: Universidad Autónoma de Coahuila, 2017), 22.
58

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

es nuevamente otra partida de bautismo. De acuerdo a nuestras
estimaciones, hacia 1692, don Pedrote tendría cerca de 60 años,
pero ni la guerra ni la edad fueron impedimento para que el 18 de
junio de ese año, acudiera nuevamente a la parroquia de Parras,
ahora para el bautismo de Basilia Petronila, hija legítima suya y
de Leonor de nación cabezas, pero a diferencia de los bautismos
de sus otras hijas, no escogió como padrinos a indios tlaxcaltecas,
tepehuanes o cabezas, ahora los elegidos fueron el capitán español
Pedro de Iturmendi y su esposa Luisa Correa.60
Escoger a Pedro de Iturmendi como padrino de su última
hija, no fue una elección casual, demuestra una vez más su
astucia y capacidad de negociación para lograr sus propósitos y
sobrevivir, aunque fuese como capitán de una escuadra de indios
auxiliares. Pedro de Iturmendi, natural de la Vega del Castillo
en el reino de Navarra, participó en la guerra contra los indios
y desempeñó cargos de alcalde mayor, teniente de alcalde y de
justicia del valle de Saltillo y Parras en el periodo que se estudia.
Seguramente don Pedrote obtuvo beneficios del acuerdo
de paz con los cabezas o por su participación como capitán de la
escuadra de indios flecheros en la guerra contra los cocoyomes
y continúo viviendo en libertad en el puerto del Venado, bajo la
protección de los jesuitas o del capitán Pedro de Iturmendi y sin
APSMP. Libro de matrimonios de Santa María de las Parras, 16831693. vol. 1, foja 65. Family Search, acceso 10 de enero de 2024, https://
www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-BJY?i=72&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
60

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

que fuera reclutado de manera forzosa para trabajar en las haciendas de Parras, como sucedió con su cuñado y compadre Juan
Tepeguan, quien trabajó como indio laborío en la hacienda del
Marqués de Aguayo y falleció a fines de noviembre de 1704.61
Tras su capitulación, don Pedrote dejó de representar una
amenaza para la Corona, no se tiene noticia sobre su participación
en otro levantamiento, de que hubiera muerto en alguna de
las campañas o que hubiese sido trasladado a México por el
gobernador de la Nueva Vizcaya o por el Marqués de Aguayo.
El poderío español, que diez y seis años antes había eliminado
a don Juan Mapos, se dirigió ahora contra don Diego de Valdés
quien fue acusado de atacar la misión de Nadadores y otros
establecimientos hispanos en 1713. En el expediente formado
para someterlo a juicio, el virrey Duque de Linares ordenó
que le enviaran muerto o vivo la cabeza de don Diego que fue
considerado por los testigos como “de los indios más astutos
que se han conocido desde Montesuma”.62 Don Diego de Valdés
fue apresado y murió en 1720 a una avanzada edad cuando era
trasladado en una collera a la ciudad de México.63
APSMP. Libro de defunciones de la Parroquia de Santa María de las Parras, 1693-1742. Vol. 1, foja 68r. Family Search, acceso 20 de enero de 2024,
https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HY-6PS9-PFS?i=73&amp;wc=MKC6-K6D%3A64892701%2C64892702%2C65462201&amp;cc=1502401
62
Carlos Manuel Valdés, Ataque a la misión de Nadadores (Torreón: Universidad Iberoamericana, 2002, 37-53.
63
Frederick C. Chabot, “Los poderosos Aguayos”, en Actas de la trigésima
segunda sesión anual de la Sociedad Histórica del Estado de Texas, Austin,
Texas, 1929, 127-147. https://mna.inah.gob.mx/docs/anales/523.pdf (consul61

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Se desconoce el año de la muerte de don Pedrote, lo que sí
sabemos es que nunca fue sometido por la Iglesia, pues a pesar de
haber contraído matrimonio religioso continuó viviendo con sus
dos mujeres, como lo mencionó en su declaración el tlaxcalteca
Ignacio de Loyola. Para el siglo XVIII, varios de los lugares
que fueron refugio y escenario de las acciones de las naciones
rebeldes y que se localizan entre Parras y Mapimí, ya se conocían
con el topónimo de don Pedrote.64
Conclusiones
Durante los siglos coloniales, al norte de la Nueva España,
el enfrentamiento cultural dispuso para los indígenas una
relación de subordinación, explotación laboral, sometimiento
físico e ideológico, además del despojo de sus familias y del
territorio en el que ancestralmente obtenían su alimentación. A
partir de mediados del siglo XVI, múltiples son las rebeliones
indígenas que se encuentran en la historiografía en la que
grupos o individuos dirigieron acciones para oponerse a la
conquista y dominación europea. A un siglo de la llegada de los
conquistadores al septentrión, la colonización hispana distaba
mucho de consolidarse ante la amenaza que representaban las
incursiones de capitanes indígenas que se oponían a la guerra a
fuego y sangre con que la Corona intentaba la conquista de esta
tado el 18 de enero de 2024).
64
Eduardo Guerra, Historia de La Laguna (Torreón: Editorial del Norte
Mexicano, 1996), 126.
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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

región y la explotación de sus recursos, entre los que incluía a los
seres humanos que la habitaban.
Estudiar la vida de uno de los capitanes de guerra, contribuye
a comprender las causas de los levantamientos ocurridos durante
los siglos coloniales, en particular los del siglo XVII que llevó a
la extinción de los habitantes del Bolsón de Mapimí a mediados
del XVIII. Intentar reconstruir la vida de los capitanes indígenas
puede resultar una tarea compleja ante la fragmentada y dispersa
información de que se dispone, sobre todo si se considera que
todos los documentos en donde se encuentran sus huellas fueron
escritos por los españoles y con el objetivo de responder a sus
intereses. Las declaraciones obtenidas mediante interprete en
juicios preparados con anterioridad buscaban los resultados que
los españoles deseaban. No obstante, en el caso que nos ocupa, la
interpretación de los mismos permite acceder a conclusiones sobre
la forma en que don Pedrote se relacionó con la Iglesia y aprendió
a establecer relaciones de poder para enfrentar el dominio militar
español en repetidas ocasiones. El análisis de las variadas fuentes
primarias en donde se encuentran huellas de sus acciones descubre
implicaciones militares, económicas, políticas y religiosas que
vuelven diferente su biografía de la de otros capitanes indígenas,
de los que se dispone principalmente de hechos de guerra.
La vida de don Pedrote por sus frecuentes levantamientos y
asentamientos de paz, por las formas de rebeldía al dominio religioso
y militar revelan la fragilidad del orden colonial a fines del siglo
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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

XVII. Entre las causas de los levantamientos puede identificarse
el hambre como estrategia de dominación que obligó a los indios a
robar caballada y huir rápidamente, los malos tratos en las misiones
y el esclavismo por los encomenderos en las haciendas, pero
también cuando ocurrían epidemias cuya posibilidad de contagio
era mayor en las misiones por la cantidad de indios congregados.
Estudiar la vida de un indio rebelde arroja luz para comprender el
imaginario de los indígenas y conquistadores neovizcaínos del siglo
XVII. La mutua desconfianza entre los españoles y los indígenas
era una constante que impedía alcanzar acuerdos prolongados de
paz, que como en el caso de don Pedrote, requirió la mediación de
actores sociales como los misioneros jesuitas.
A principios de 1994, la noticia de una rebelión indígena
armada estremeció los cimientos del México contemporáneo y nos
recordó que la cuestión indígena sigue vigente y dista mucho de
ser solucionada por completo, así lo demuestran los movimientos
de resistencia indígena que se han presentado en la historia
reciente en nuestro país por la demanda de justicia, igualdad de
oportunidades de desarrollo e inclusión, aspectos que como en
los siglos coloniales, requieren una atención multifactorial para
evitar el uso de las armas.
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�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos compilada por Oscar Rodríguez
Recibido: 18 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de mayo de 2024
Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos es
una obra compilada por Oscar Rodríguez Castillo y publicada
en 2021; en ella se expone la investigación acerca del desarrollo
industrial en Nuevo León y, en consecuencia, la influencia sobre
la construcción de la identidad social, económica y cultural en el
estado. El análisis de las distintas obras presentadas da nacimiento
a la apreciación y entendimiento de la industrialización, sus
orígenes, desafíos y repercusiones dentro de la región.
Legislación y gestión pública sobre el patrimonio cultural
inmueble en el estado de Nuevo León del Licenciado en Historia,
con maestría en Ciencias Políticas, Luis Enrique Pérez Castro,
muestra la realidad de la preservación del patrimonio cultural:
Antes de 1991, no era prioridad para el gobierno de Nuevo León.
A pesar de la implementación de acciones para su cuidado y
restauración, existen aún inmuebles sin ser regularizados.
El autor examinó los antecedentes de las acciones
gubernamentales en relación con la preservación del patrimonio
cultural antes de la promulgación de la ley, declarando que,
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�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

durante gran parte del siglo pasado, la tarea de difundir la cultura
y proteger el patrimonio no fue responsabilidad principal del
gobierno, sino de grupos privados. Por otro lado, contrastó lo
establecido en las leyes estatales y los reglamentos municipales
en cuanto a la protección del patrimonio cultural inmueble con lo
que realmente estaba sucediendo en la práctica.
La perspectiva del investigador reconoce el papel
creciente de la ciudadanía en la defensa de su patrimonio cultural,
reflejando una evolución en la gestión pública del patrimonio
cultural inmueble en Nuevo León. La exposición de esta visión
resulta una base para futuras políticas y acciones de conservación,
permitiendo un mejor manejo y protección del patrimonio cultural.
Juan Jacobo Castillo Olivares, licenciado en Historia y
maestro en Ciencias —especializado en Ciencias Sociales—,
autor del ensayo Análisis teórico bajo el enfoque de estudios
culturales sobre los orígenes de la industrialización en Monterrey
y el estudio de la clase obrera en el cual plantea una perspectiva
teórica nueva acerca de la cultura industrial y obrera en Monterrey,
como parte de la introducción hacia el marco teórico de su tesis
Historia de la industria textil en Nuevo León: Fábrica de hilados
y tejidos la FAMA 1854-1950.
Castillo Olivares cuestiona la perspectiva convencional
que establece el comienzo de la industrialización de Monterrey
durante el mandato del general Bernardo Reyes y exhibe otro
enfoque, resaltando la relevancia de la industria textil en Nuevo
León, que frecuentemente es ignorada por los investigadores.
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�Frida I. González

La elección de Monterrey como área de estudio expone
que la industrialización no tuvo un impacto uniforme en todo
el estado. El autor, a su vez, define y analiza la importancia de
estudiar la cultura en el contexto específico que se trata. Por otro
lado, se pauta la distinción entre dos conceptos relacionados:
las industrias culturales y la cultura industrial. El investigador
explora cómo los cambios sociales, económicos y culturales han
afectado la percepción de los regiomontanos durante el período
de transformación del campo a la industria y, en consecuencia, al
nacimiento del sector obrero.
La perspectiva innovadora rescata la importancia de
la industria y a su vez, contextualiza el proceso de la misma en
Monterrey, así, desafiando las narrativas convencionales acerca de
esta cuestión particular. Por ende, se proporciona una comprensión
más completa y matizada de la historia regional y del impacto de la
industrialización en la vida de la sociedad de Monterrey.
Los apuntes del licenciado en Historia y Estudios de
Humanidades por la UANL, Emilio Machuca Vega, titulados
Las aguas residuales de Monterrey: apuntes sobre la planta de
tratamiento de la Hacienda del Canadá (1906-2006) introduce
las últimas décadas del gobierno de Porfirio Díaz en México junto
al proceso de la implementación de servicios de agua y drenaje
en Monterrey.
Bajo el análisis del autor de cómo se llevó a cabo el
proceso de establecimiento de este proyecto, se contextualizan
las características de la construcción y el funcionamiento de
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�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

la primera planta de tratamiento de aguas residuales en Nuevo
León. Según Machuca Vega, debido a la falta de atención y
poca disponibilidad de fuentes académicas sobre el tema en la
investigación histórica de Monterrey, el estudio se fundamenta
en informes, documentos y noticias de la época para obtener
información relevante.
Detalla el año de construcción y ubicación de la primera
planta de tratamiento de aguas residuales en Monterrey, en los
terrenos que anteriormente pertenecían a la ex Hacienda del Canadá
y las distintas formas en que se utilizó la planta de tratamiento
de aguas residuales. De igual modo, agrega análisis tanto de la
importancia histórica de la planta como su situación presente, a
pesar de las opiniones negativas sobre su funcionamiento.
El autor expone como el primer lugar de tratamiento de
aguas se ha erigido en un símbolo importante, tanto del desarrollo
industrial temprano de Monterrey, como de los intentos por
resolver problemas de salubridad urbana. Este estudio ofrece más
que una visión histórica innovadora, pues sienta las bases para
investigaciones posteriores sobre los servicios sanitarios en la
ciudad.
El ensayo Los patrimonios negativos: La estación Del
Golfo y las identidades cartográficas en el centro de Monterrey
escrito por Oscar Abraham Rodríguez Castillo —Egresado del
Colegio de Historia en la Universidad Autónoma de Nuevo León—
y José Eugenio Lazo Freymann, con maestría en Historia por El
Colegio de San Luis, explora los cambios que afectaron la vida y
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�Frida I. González

la estructura urbana en Monterrey, así como las repercusiones que
surgieron como resultado de la transformación de la red ferroviaria.
Los autores se enfocan en la evolución del edificio de la
Estación del Golfo, ahora conocido como la Casa de la Cultura de
Monterrey y el Museo del Ferrocarril, resaltando su papel actual
como un importante centro cultural. De esta manera, estudia la
historia y el impacto de la estación utilizando una amplia gama
de recursos recopilados, como el Archivo General del Estado de
Nuevo León. Asimismo, se enfatiza cómo la edificación ejemplifica
la conservación y reutilización exitosa de un patrimonio urbano
para beneficio social.
El ensayo arroja luz sobre un aspecto crucial de la historia
y la evolución urbana de Monterrey, reflejando la influencia de
intereses económicos en la configuración del paisaje urbano. Esto
destaca la posibilidad de reutilizar espacios inhabilitados para
fines sociales y culturales, lo que representa una oportunidad para
transformar áreas afectadas, y ofrece posibilidades de desarrollo
futuro para impulsar la industria cultural de la región, al mismo
tiempo que preserva su patrimonio histórico.
Alberto Casillas Hernández, actual jefe del Archivo
Histórico y del Archivo Administrativo del Parque Fundidora,
analiza el proceso de la implementación de las medidas de
seguridad para proteger a los trabajadores frente a los peligros
asociados con el uso creciente de maquinaria en la producción
industrial dentro de su artículo Los Orígenes de las Campañas
de Prevención de Accidentes en Fundidora Monterrey: Los
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�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

Departamentos de Personal y Supervisión y Seguridad Industrial.
El autor menciona cómo el aumento de los riesgos
laborales llevó al establecimiento de medidas preventivas por
parte de gobiernos, empresarios y trabajadores. Por otro lado,
expone cómo la Fundidora Monterrey se dedicó cada vez más
a la prevención de accidentes, llegando a establecer un equipo
profesionalizado específicamente para este fin. La perspectiva
que Casillas establece la evolución de las condiciones laborales
con base a las medidas de seguridad y proporciona información
sobre el impacto de la responsabilidad industrial dentro de una
empresa histórica como la Fundidora de Monterrey.
“Es por México” Conformación y primeros años del
Patronato Universitario de Nuevo León: La industria por la
educación, 1950-1958 bajo la autoría de Susana Julieth Acosta
Badillo, Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y
Letras de la UANL, y con una maestría en Ciencias enfocada en
la gestión y diseño de la Arquitectura, destaca el apoyo financiero
y logístico brindado por los industriales para la creación de la
sede universitaria, junto a los obstáculos del alcance de este
objetivo debido a la oposición de algunos empresarios por las
diferencias de opinión ideológicas. Así, expone un enfoque
sobre las dinámicas entre la elite empresarial y la educación en
Monterey, además de su influencia en la misma.
La compilación de los distintos autores acerca de la
industrialización y el patrimonio neolonés ofrece un análisis
exhaustivo a través de imágenes, tablas explicativas y estudios
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�Frida I. González

detallados, abordando temas como la legislación, la gestión
pública del patrimonio inmueble, el impacto en la clase obrera,
así como la conformación de organismos de apoyo a la educación
por parte de la industria.
El libro invita a la reflexión sobre la importancia de
reconsiderar y debatir el valor del patrimonio cultural en el
contexto de la industrialización, y la relación de los habitantes
de Nuevo León con este aspecto puntual de su historia y cultura.
Resulta fundamental la comprensión y el interés de las dinámicas
históricas y actuales que han configurado Monterrey y su área
metropolitana.
Frida I. González Hernández
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
https://orcid.org/0009-0003-8301-2006

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�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña del
X Coloquio Internacional sobre la Historia del Noreste
de México y Texas en 2024
Risk and Resilience at the Border: Review of the 10th
International Colloquium on the History of Northeast Mexico
and Texas in 2024
Recibido: 19 de diciembre de 2024
Aceptado: 20 de diciembre de 2024
Siguiendo con la tradición iniciada en Saltillo Coahuila en
2003, durante el año 2024 se realizó la X edición del Coloquio
Internacional sobre la Historia del Noreste de México y Texas.
Estaba planeado para realizar en formato presencial en la Ciudad
de Nuevo Laredo Tamaulipas entre el 20 y 23 de noviembre,
sin embargo por razones de inseguridad, el Comité organizador
decidió efectuarlo en formato virtual en las fechas programadas
transmitiéndose por las redes sociales de las instituciones
convocantes y la página de Facebook del citado coloquio.
La declaratoria inauguran estuvo a cargo de la doctora Delia
Salazar Directora de Estudios Históricos del Instituto Nacional de
Antropología e Historia, enseguida Cuauhtémoc Velasco iniciador
de este coloquio hizo un recuento de las nueve anteriores ediciones,
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Sonia Hernández y Cesar Morado

Gustavo Ramírez hizo la presentación del ponente magistral:
Marcos Leija Director de Turismo del Ayuntamiento de Nuevo
Laredo quien expuso sobre las estrategias de promoción cultural que
realizan en dicho municipio inspirados en el modelo colombiano
de la ciudad de Medellín donde el citado ha realizado estancias de
trabajo. Se trata –señaló- de contribuir desde el ámbito de la cultura
al reforzamiento del tejido social, un llamado muy pertinente dado
el fenómeno de violencia que vive actualmente el noreste de México
y que a veces se extiende al vecino estado de Texas. La ponencia se
tituló: El arte y la cultura. Un cañón de futuro y que guarda gran
pertinencia con el tema al que se convocó en esta edición 2024 del
Coloquio: Riesgo y resiliencia en la frontera: pasado y presente.
Vinieron enseguida las mesas temáticas. La primera de ellas
bajo el título de Cultura fronteriza debía ser moderada por Verónica
Castillo de la Universidad de California en Santa Bárbara, ausente
por razones de fuerza mayor entrando en su lugar Cesar Morado de
la UANL. En ella participaron Christopher Juan Gómez académico
de University of Texas Rio Grande Valley exponiendo sobre el
papel de Nepantla en la construcción de la identidad en la obra
de Gloria Anzaldúa destacando el rol pionero de esta pensadora
chicana/mexicoamericana. Luego Alejandro Quitze Barranco
Muñoz catedrático de la Universidad Autónoma de Coahuila en
Saltillo, expuso sobre negociaciones, concesiones y excepciones
para poblar el noreste durante la época novohispana y cerró la mesa
Alberto Barrera Enderle, destacado investigador del CIESAS
Noreste quien habló acerca del eje de Monterrey a San Antonio, en
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�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

torno a la conformación de un circuito transfronterizo del béisbol
durante los años de 1930-1940. La discusión giro en torno a cómo
las ideas, la propiedad y el deporte traspasa fronteras y viaja junto
a los personajes que se mueven por el territorio estudiado. Los
ponentes recibieron preguntas sobre el significado de la región
fronteriza en procesos de formación de identidad al igual que las
ideas influidas por cuestiones de raza y etnicidad en el contexto
de deporte. La audiencia podía remitir preguntas por la página de
Facebook en vivo o por la plataforma de zoom. El congreso era
totalmente gratuito y no se requería inscripción, buscando que nada
impida la difusión del conocimiento.
Al igual que en el caso de la doctora Castillo de UC Santa
Barbara , se buscó que en esta edición se incorporaran como
moderadores, académicos que no habían participado en ediciones
anteriores, fue así como se invitó a Pablo Mijangos (Southern
Methodist University) quien aceptó de manera entusiasta. El
doctor Christopher Carmona académico de Our Lady of the Lake
University, Center for Mexican American Studies and Research
expuso su trabajo titulado Palimpsest of the Borderlands: Telling the
Story of the Borderlands through Estéfana Cavazos de Cortina [La
Patrona] and Hermilla Cuellar dando visibilidad a estos personajes
femeninos. Por su parte David Adán Vázquez Valenzuela expuso
sobre los logros y retos de la Maestría en Historia del Noreste
mexicano y Texas que oferta desde la Universidad Autónoma de
Coahuila con sede en Saltillo, los temas y líneas de investigación
de los primeros egresados. Otro participante que también hizo
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�Sonia Hernández y Cesar Morado

su debut en el coloquio fue Alan Arturo Hernández García de la
UANL, quien expuso sobre el género cinematográfico denominado
cabrito-western y la representación de la sociedad regiomontana
en el cine mexicano, 1980-1983. Se trata de un avance de su tesis
dirigida por Cesar Morado y que espera concluir durante 2025.
Una de las mesas que produjo mayor debate fue la
relativa a Género que moderó Emilio Machuca de la Universidad
Complutense de Madrid, donde Machelly Flores Reyna pregunto:
¿Dónde están? Estudio de la desaparición forzada en el estado
fronterizo de Coahuila desde las epistemologías feministas
entre 2009-2018. Apoyándose en provocativo material judicial y
fotográfico, esta destacada colega de la Universidad Autónoma
de Coahuila documentó el lastimero viacrucis que viven los
familiares de personas desaparecidas. Por su parte Antonio Cruz
Zárate de la Dirección de Estudios Históricos del INAH expuso el
caso del forzamiento de una mujer casada en la villa de Jaumave,
hoy Tamaulipas durante el siglo XVIII. Sobre ese mismo
siglo Anarika Freyssinier y Dávila estudiante doctoral de la
Universidad Autónoma de Coahuila, habló de sujetos subalternos
en la frontera noreste de la Nueva España explorando el caso de
María Gertrudis Sánchez Navarro y María Bruna Fausta, dos
mujeres acusadas de diversos delitos en San Fernando de Austria,
que hoy se llama Zaragoza, en el norte de Coahuila.
La mesa 4, también sobre género estuvo conducida por Sonia
Hernández de Texas A&amp;M University donde debatieron Regina
Álvarez exponiendo sobre Género y Enfrentamiento a la impunidad
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�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

de los Texas Rangers: Una mirada desde la investigación estatal
sobre abuso de poder en el año 1919. También participó Leslie N.
Torres explicando sobre las mujeres de origen mexicano, resistencia
y sobrevivencia en el sur de Texas durante los principios del siglo
20 y cerró la mesa Jessica Martínez de la Universidad de Texas en el
Paso exponiendo sobre las obreras mexicanas y méxicoamericanas
en la industria de ropa en El Paso, durante el periodo entre 1920 y
1940. El tiempo dedicado a preguntas y respuestas fue enriquecedor
por la nueva emergencia de discursos de violencia racial y las
difíciles condiciones de trabajo en ambos lados del Bravo.
Lo relativo a la línea temática de tensión y el conflicto
se abordó en la mesa 5 conducida por Gustavo Ramírez donde
participaron José Luis Aguilar Guajardo bordando sobre los
antecedentes históricos y polémica del monumento fúnebre de
Iturbide en Padilla (1901-2024), debate que emergió con motivo del
bicentenario de la Independencia. Enseguida expuso César Morado
sobre el tratamiento de la violencia en la historiografía texana reciente
y su traducción al español realizada por la UANL y finalmente
Benito Navarro de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, explico
la disputa por el control de los diezmos en Tamaulipas.
La siguiente mesa fue coordinada por Adela Díaz, del
Tec de Monterrey, institución que se incorpora por vez primera a
nuestro coloquio. Expuso primero George T. Díaz de la University
of Texas Rio Grande Valley sobre los Mártires de Texas, es decir
los mexicanos revolucionarios prisioneros en Texas. Luego, Alan
Orlando Caballero Barrera de la UAC continuando con esa línea
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�Sonia Hernández y Cesar Morado

de cómo se aprisionan los cuerpos, expuso sobre la inquisición
en los confines norteños: Esclavismo, delitos contra la fe y elites
regionales en el Nuevo Reino de León durante los siglos XVIXVII y cerró la mesa Margarita Isabel Arvide Basterra narrando
la transición de la Colonia Sirio-Otomana a la Colonia Libanesa:
transformaciones de la Comunidad Árabe en Nuevo León (19101930) y como esta comunidad de migrantes lucho por hacerse un
lugar en la ciudad de Monterrey durante la primera parte del siglo
XX. Aunque los temas abarcaron diferentes periodos, la sesión de
preguntas fue enriquecedora ya que conceptos como raza y étnia,
región y espacio al igual que procesos de resistencia se abordaron
y dieron mucho de que discutir.
No podía faltar en el coloquio una mesa sobre Historia
Política y estuvo moderada por Gabino Castillo (Universidad
Autónoma de Coahuila) participando en primer término el destacado
historiador tamaulipeco, Pedro Alonso Pérez (Congreso del Estado
de Tamaulipas) exponiendo sobre el Centenario de la fundación
del Partido Socialista Fronterizo. Luego, David Adán Vázquez
Valenzuela de la UAC disertó sobre las elecciones coahuilenses
de 1905 a las que interpretó como una derrota del “civismo” y
finalmente Manuel Ceballos Martínez planteó el tema de la gestión
del agua en el noreste, ejemplificando con el caso de los dos Laredos.
Todos estos participantes lo hicieron por primera vez en este evento
cumpliendo con la meta de incorporar nuevas voces.
Hubo todavía una continuación del tema de Historia
Política en la siguiente mesa liderada por Ruth Arboleyda Castro
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(Centro INAH Veracruz) donde participaron Juana Gabriela
Román Jáquez de la Universidad Autónoma de Coahuila
abordando el gobierno de los Hermanos Viesca y Montes en
Coahuila y Texas, que ella interpreta como parte del fracaso del
federalismo en el noreste de México durante los años 1827-1835.
Enseguida expuso Irina Córdoba Ramírez de la UNAM acerca
del caso de El Cuhamil: liderazgo y activismo transfronterizo,
1975-1981, una publicación que fue muy importante para la
comunidad mexicana asentada en Texas. Finalmente, Miguel
Soto, uno de los fundadores del coloquio disertó sobre Norteños
y sureños en el desarrollo de Texas. Algunos socios de Lorenzo
de Zavala, concluyendo que aún quedan aspectos por develar de
estos procesos de control de propiedades.
Todavía hubo una mesa adicional en la línea temática de
Tensión y Conflicto. Fue moderada por Miguel Soto (UNAM)
donde participaron Mariana Elizabeth Sánchez Tamez comentando
sobre el rol de la elite empresarial de Monterrey, su impulso a
las universidades en Monterrey, estudiando el caso del ITESM
(1943-1965) concluyendo que se trata de un caso particular
en que el estado mexicano cede en su afán de monopolizar la
educación superior y un grupo privado ve en la educación la
oportunidad de formar los cuadros gerenciales de sus empresas.
Enseguida diserto Seidi Martínez Loera quien está estudiando la
administración eclesiástica en el noreste novohispano: el caso de
la parroquia de Monclova. Se trata de una investigadora egresada
de la maestría en el noreste de México y Texas que ahora estudia
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�Sonia Hernández y Cesar Morado

su doctorado en la UANL de Monterrey, buscando inscribir su
trabajo dentro de una nueva historia eclesiástica.
El día sábado se desarrolló la mesa sobre Pueblos
Originarios y fungió como moderador uno de los líderes en esta
línea de investigación: Joaquin Rivaya- Martinez (Texas State
University). Aquí escuchamos a Ruth Arboleyda Castro del Centro
INAH Veracruz disertando sobre la vida de las mujeres apaches;
a Fernando Olvera de la UAT exponiendo sobre los liderazgos
indios ante el contacto español en el noreste novohispano y a José
Eugenio Lazo Freymann de la UNAM planteando la relación
entre bárbaros y bisontes en medio de las Grandes Llanuras de
América del Norte como límites de la cartografía durante los
siglos XVII-XIX mientras que Hernán M. Venegas Delgado de la
UAC disertaba sobre esclavitud de mujeres y niños apaches en las
misiones y presidios del noreste novohispano, siglo XVIII. Una
mesa muy redonda en tanto a temática, rica en nuevos abordajes
metodológicos como el caso de Lazo que rastrea a los bisontes
por las llanuras y desde luego muy pertinente por el tema de los
derechos de los pueblos originarios en este territorio que hoy
llamamos noreste de México y Texas.
La última mesa abordo el tema del patrimonio cultural y
el medio ambiente. Estuvo dirigida por Reynaldo de los Reyes
(University of Geneva, UNIGE) participando Eva Rivas Sada del
Tec de Monterrey quien explico la modernización del campo en
el noreste de México durante el periodo 1920-2000. Enseguida,
Gustavo A. Ramírez Castilla hablo del patrimonio cultural en
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
271
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

riesgo en Tamaulipas, aspecto que conoce perfectamente como
integrante del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Finalmente, José Manuel Rosales Mendoza abordo los orígenes
y desarrollo de la planificación urbana en Torreón, Coahuila
durante el periodo 1887-1997 tema en el que es especialista como
académico de la Universidad de Coahuila.
Como cierre del evento de realizo la presentación del
libro Sacerdotes en tierra de indios. La iglesia y la oligargia
en el noreste de la Nueva España, siglos XVII-XVIII, autoría de
Nancy Leyva, recién publicado por el Colegio de Michoacán
que narra la tarea de evangelizadores en este territorio, siendo
comentado por José Luis Aguilar y la misma autora. En síntesis,
la X edición del coloquio conto con la participación de 39
ponencias de investigadores/as prevenientes más de una docena
de universidades, muchas de las cuales se incorporaron por
vez primera. Por acuerdo del Comité Científico, la siguiente
edición del evento se realizará en 2026 en University of Texas
Rio Grande Valley (EdimburgTexas) bajo el liderazgo de George
Díaz, director del Centro de Estudios Mexicoamericanos.
Sonia Hernández
Texas A&amp;M University
https://orcid.org/0009-0006-9986-6075

César Morado
Universidad Autónoma de Nuevo León
https://orcid.org/0000-0002-6696-6989

Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 264-272
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

272

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                  <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>�D.R. 2025 © Sillares Vol. 4, No. 8, enero-junio 2025, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel
Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000
Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: Dra. Adela Díaz
Meléndez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290.
Fecha de última modificación de 20 de diciembre de 2024.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal Álvarez-Tostado
Director de Historia y Humanidades / César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Beatriz Liliana de Ita Rubio
Director de la Revista / Adela Díaz Meléndez
Autores
Juan González Morfín
Miguel Angel Pinkus
Ashantti Niquete
Abril Gonzalez-Ku
Adi Lazos
Jonathan Cruz
Rafael Falla
José Koyoc Kú
Gabriel Torales Ayala
Gilberto Sánchez

�Celso Carrillo
Frida I. González
Sonia Hernández
César Morado
Director Editorial / Adela Díaz Meléndez
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión del Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.
Foto de portada: Enrique González.

�Presentación

Como parte de la esencia de nuestra revista, la reflexión histórica
permite, a través de la comprensión de los procesos y coyunturas
históricas, encontrar explicaciones que contribuyan tanto al
saber científico como al desarrollo del hombre en sus realidades
sociales actuales.
La octava entrega de Sillares. Revista de Estudios
Históricos reúne una variedad de esfuerzos intelectuales y
una riqueza de enfoques que fortalecen la construcción del
conocimiento histórico. El valor científico de cada investigación
presentada se refleja tanto en sus resultados como en la
aplicación de diversas metodologías de trabajo. En particular,
destaca el uso de un enfoque interdisciplinario, que enriquece el
análisis histórico. Además, la integración de fuentes primarias,
como documentos históricos y testimonios orales, amplía las
perspectivas de interpretación y contribuye a una comprensión
más profunda del pasado.
La sección de “Artículos” ofrece cinco textos que, a través
del análisis de casos, personajes, microhistorias y otros actores
como el medio ambiente, proporcionan una visión renovada de
diversas regiones de México y de distintos momentos históricos.
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Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 1-5

�Presentación

A través de un análisis profundo de los discursos y las
narrativas, Juan González Morfín nos presenta a René Capistrán
Garza: el contrarrevolucionario mexicano que, a lo largo del
tiempo, se transformó en partidario de la Revolución. Esta obra
constituye una valiosa contribución a la historiografía de la
primera mitad del siglo XX. El autor examina a Capistrán Garza
en el contexto de la guerra de los cristeros, explorando sus diversas
facetas como periodista y como artífice de ideas revolucionarias y
católicas. Este artículo nos invita a reflexionar sobre el papel y el
contexto de actores sociales clave, desde la Revolución Mexicana
hasta los momentos en que los estrategas políticos, aun militares,
comenzaban a moldear el México posrevolucionario.
Los siguientes cuatro artículos conforman el dossier
Historias Ambientales de la Península de Yucatán, coordinado
por Adi E. Lazos Ruíz (ENES Mérida, UNAM) y Angélica
Márquez Osuna (Harvard University). Este compendio
representa una valiosa contribución a la historiografía regional,
destacando nuevos enfoques temáticos y el uso de metodologías
interdisciplinarias. Así, se logra contextualizar e identificar los
cambios, las diferencias y las perspectivas que configuran la
historia ambiental de la región yucateca.
Miguel Ángel Pinkus Rendón, Ashantti Niquete y Abril
Gonzalez-Ku, en su artículo Desterritorialización de la costa
quintanarroense: el caso de Playa del Carmen, examinan las
transformaciones políticas, socioculturales y económicas que
han marcado la evolución de esta región. Los autores argumentan
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�Presentación

cómo estos cambios han reconfigurado el paisaje y alterado el
vínculo con los bienes comunes naturales. A través del análisis de
Playa del Carmen, el estudio explora el impacto de las políticas
públicas federales y su influencia en la dirección socioeconómica,
urbana y paisajística de la zona, delineando, sin lugar a dudas,
una nueva etapa en la historia de esta región.
En el artículo Escribiendo la memoria olvidada de un
pueblo, los autores Adi Estela Lazos Ruíz, Jonathan de Jesús Cruz
Tamayo y Rafael Falla Pech presentan los avances y desafíos en
la creación de un libro en proceso sobre el pueblo maya Kiní,
ubicado en la península de Yucatán. A través de este trabajo,
destacan la riqueza histórica y el patrimonio biocultural de este
pueblo, proponiendo una mirada desde la microhistoria que invita
a la historiografía a prestar mayor atención a las historias de
comunidades pequeñas. Este artículo no solo ofrece un avance
en la investigación, sino que también busca inspirar un mayor
interés por rescatar y documentar las memorias olvidadas de
otros pueblos en situaciones similares.
En su texto Los orientales y el bosque tropical durante el
Yucatán separatista (1839-1843), el autor José Ángel Koyoc Kú
ofrece un análisis que revela la estrecha conexión entre los recursos
naturales de Yucatán, específicamente su denso bosque tropical, y
las estrategias militares adoptadas por los combatientes irregulares
conocidos como orientales. Estas fuerzas se distinguieron por su
táctica de combate disperso en la vegetación, una característica
que los separó de las tropas convencionales de Yucatán. Koyoc
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�Presentación

Kú examina cómo el entorno natural no solo facilitó, sino que
configuró los eventos y procesos históricos de la época. A través
de un riguroso uso de fuentes primarias y un análisis cronológico
detallado, el texto ofrece una perspectiva novedosa sobre el papel
del paisaje en la historia militar y política de la región durante el
siglo XIX.
En su artículo La construcción del paisaje costero de
Sisal, Yucatán (1807-1990): una aproximación desde la ecología
histórica, Gabriel de Jesús Torales Ayala ofrece una perspectiva
desde la ecología histórica. El autor sostiene que las prácticas
de manejo ambiental del pasado han dejado una huella profunda
en las condiciones ecológicas de una región, cuyas repercusiones
pueden extenderse hasta el paisaje contemporáneo. A través
del caso de Sisal, Torales Ayala analiza cómo las actividades
económicas y las estrategias de manejo ambiental desempeñaron
un papel crucial en la formación del paisaje de esta costa Yucateca.
Estas transformaciones, a lo largo del tiempo, han generado
efectos duraderos que siguen modelando tanto los procesos
ecológicos como los patrones de biodiversidad que observamos
en la actualidad.
En esta edición, el último artículo, titulado Don Pedrote.
Un capitán indígena rebelde en territorio misional jesuita al norte
de la Nueva España (1673-1692), escrito por Gilberto Sebastián
Sánchez Luna y Celso Carrillo Valdés, nos invita a adentrarnos
en los complejos acontecimientos del siglo XVII en el norte de
la Nueva España. A través de este análisis, los autores enriquecen
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�Presentación

nuestra comprensión de la resistencia indígena frente al avance
hispano en esa región. El estudio de este personaje revela su
astucia, su capacidad de liderazgo y su habilidad para negociar
con los poderes coloniales para lograr sus objetivos. A su vez,
este caso ofrece una mirada crítica sobre el choque cultural, el
sometimiento y la violencia que sufrieron los pueblos originarios.
Finalmente, en la sección de “Reseñas”, iniciamos con
el análisis de Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios
históricos, a cargo de Frida I. González Hernández. En esta reseña,
la autora destaca los estudios compilados por Oscar Rodríguez,
los cuales abordan el desarrollo industrial en Nuevo León y su
impacto en la construcción de la identidad socioeconómica y
cultural del estado, así como su valor patrimonial.
La segunda y última reseña, presentada por Sonia
Hernández y César Morado, lleva por título Riesgo y resiliencia en
la frontera: Reseña del X Coloquio Internacional sobre la Historia
del Noreste de México y Texas en 2024. En ella, los autores nos
ofrecen un resumen de las temáticas, ponencias e instituciones
participantes, además de anunciar la sede y el año del próximo
coloquio.
Con esta última reseña, damos por concluida esta octava
entrega de Sillares. Revista de Estudios Históricos, esperando
que su contenido sea de su interés y provecho.
Adela Díaz Meléndez
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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario
mexicano que pasó a ser partidario de la Revolución
René Capistrán Garza: the Mexican counterrevolutionary who
became a supporter of the Revolution
Juan González Morfín
Universidad Panamericana
Ciudad de México, México

https://orcid.org/0000-0002-7278-7872
Recibido: 9 de noviembre de 2023
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: : Este trabajo busca rescatar algunos rasgos biográficos de un
personaje importante en la vida pública del país, tanto por su participación
en la lucha cívica de los católicos, como por su labor periodística.
El artículo destaca su época de ferviente contrarrevolucionario
para después mostrar su lucha por hacer ver compatibles los ideales
de la Revolución con aquellos de la doctrina católica. Para ello, la
investigación se centra en frases textuales de sus discurso y escritos
posteriores que permiten observar cómo el contacto –primero en la
prisión y después en el destierro–, con personas que no compartían sus
convicciones, le fue ayudando a flexibilizar su postura radicalmente
contrarrevolucionaria hasta convertirlo en un entusiasta defensor de la
armonía, según él existente, entre los postulados de la Iglesia y los de
los gobiernos revolucionarios.
Palabras clave: Revolución; Iglesia católica; política; lucha; actividad
periodística.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

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�Juan González Morfín

Abstract: This article seeks to rescue some biographical features
of an important person in the public life of the country, both for his
participation in the civic struggle of Catholics, and for his journalistic
work. The article highlights his time as a fervent counterrevolutionary
and later it shows his struggle to make the ideals of the Revolution
compatible with those of Catholic doctrine. For this, the research
focuses on textual phrases from his speech and later writings that allow
us to see how the contact, first in prison and later in exile, with people
who did not share his convictions helped him to relax his radically
counterrevolutionary position to make him an enthusiastic defender of
the harmony, according to him existing, between the postulates of the
Church and those of the revolutionary governments.
Key words: Revolution; Catholic Church; politics; struggle; journalistic
activity.

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

Introducción
Un personaje que con frecuencia es ligado a los grupos políticos
de derecha de las primeras décadas del siglo pasado es René
Capistrán Garza, individuo polifacético y todavía poco estudiado,
no obstante que su nombre aparece muchas veces en cualquier
estudio sobre el levantamiento armado conocido con el nombre
de guerra cristera.
En general, el estudio individual de los dirigentes del
movimiento cristero es una asignatura pendiente, por más que
haya algunos estudios sobre Miguel Palomar y Vizcarra y
Enrique Gorostieta. Sobre otros, como René Capistrán Garza,
Rafael Ceniceros y Villareal y Andrés Barquín y Ruiz, por
mencionar algunos, encontramos unas cuantas menciones y
breves semblanzas biográficas en obras de carácter general. Esto
se explica en parte porque, de ordinario, la historia de los vencidos
suele permanecer en el olvido, pero, sobre todo, porque el tema de
la cristiada, a la que estos estuvieron ligados, se mantuvo durante
varias décadas casi inexplorado por la historiografía profesional.
El actual trabajo comienza por describir la etapa de
Capistrán Garza como líder de asociaciones católicas que aspiraban
a hacerse del poder político y deja para posteriores estudios su
faceta de periodista y de católico contestatario a las reformas
postconciliares. Se detiene especialmente en un documento
escrito por él mismo en el que explica cuál fue su desempeño en
el movimiento cristero, que es su faceta más conocida. Esta carta,
escrita en 1959 al historiador y polemista Antonio Rius Facius,
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

�Juan González Morfín

es especialmente interesante por la oportunidad de los datos que
aporta sobre el inicio del movimiento cristero a treinta años de
su conclusión. Inmediatamente después, se pasa al estudio de la
evolución interna que llevó a Capistrán a cambiar diametralmente
su opinión negativa sobre los postulados revolucionarios y
a convertirse en un defensor y admirador de la Revolución
mexicana sin abandonar sus convicciones religiosas. Con este
estudio, se pretende contribuir al mejor conocimiento de uno de
los personajes que, por encontrarse en el grupo de los vencidos,
no han encontrado tanto eco en la historiografía nacional.
1. Rasgos biográficos
En un manuscrito de los años treinta de Baltazar Dromundo, se
describe a Capistrán como “un formidable agitador de masas,
dialéctico, un tanto impreparado, con un valor civil como
podemos encontrar pocos casos en la oposición (…). Es uno de
los deportados católicos”. Muchos años después de su etapa de
líder juvenil, Capistrán seguía siendo recordado sobre todo por
sus dotes oratorias.
Para todo esto, nuestro personaje había nacido en el puerto
de Tampico, en 1898. Estudió la licenciatura en Derecho en la
Universidad Nacional. Desde antes de llegar a la mayoría de edad,
fue un connotado activista de las juventudes católicas. También
muy joven se inició en sus labores periodísticas y a los veinte
años lo encontramos ya como director de la revista trisemanal
El Futuro. Su labor en los años veinte-treinta, será abordada en
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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

las páginas de este trabajo, por lo que ahora la obviamos. Más
tarde, ya en los años cuarenta y cincuenta, fue conocida su labor
de redacción en el periódico Novedades y, posteriormente, en
El Universal. Además de haber sido un gran orador en sus años
de juventud, se destacó en su labor periodística por ser un gran
polemista. Esa misma característica la imprimió en sus ensayos
políticos y religiosos, lo cual se aprecia incluso en sus títulos:
Caos en la Iglesia y traición al Estado, entre otros. Murió en la
Ciudad de México en 1974.
2. Fogoso dirigente de la Asociación Católica
de la Juventud Mexicana (ACJM)
El 2 de febrero de 1913, apenas unos días antes de que se iniciara la
Decena trágica, el arzobispo de México acudió a bendecir con toda
solemnidad el Centro de Estudiantes Católicos, una agrupación
que, originalmente, pretendía solo proporcionar a los jóvenes
católicos algunos elementos de cultura para “sostener y defender
con éxito los principios cristianos en las aulas”; sin embargo, en
poco tiempo, se orientó a la creación de estructuras que permitieran
a los católicos influir en la arena pública. Entre sus fundadores se
contó el joven Capistrán Garza que, a la sazón, contaba con solo
15 años.
Este Centro, junto con otros centros estudiantiles que
ya existían, se unieron en una especie de confederación con las
congregaciones marianas que venían siendo promovidas por los
jesuitas desde años atrás y dieron lugar a la Asociación Católica
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�Juan González Morfín

de la Juventud Mexicana (ACJM) en agosto de 1913, habiendo
redactado sus estatutos el sacerdote jesuita Bernardo Bergoend.
Al formarse el primer Comité Central de la ACJM en
1918, fue electo como primer presidente René Capistrán Garza.
Justo en ese año, la ACJM tuvo parte activa en la organización de
los católicos jaliscienses para hacer derogar una ley que limitaba
el número de sacerdotes permitidos en aquel estado.
Hacía compatibles sus trabajos en la Asociación con su
trabajo de periodista al frente de la revista quincenal El Futuro,
desde la que constantemente se criticaba el gobierno del presidente
Venustiano Carranza.
Fue precisamente una crítica moderada a la represión de
los villistas que efectuaba entonces el régimen carrancista lo que
lo llevó en el año 1919 a un “viaje de rectificación”, es decir, a
ser secuestrado por emisarios del gobierno y enviado al frente,
junto con otros periodistas disidentes, para que por su propia
experiencia comprobara los esfuerzos que hacía el ejército oficial
en la pacificación del país. “Porque a ustedes, los periodistas, les
hacen falta estas lecciones para que aprendan a echarse nudos en
la lengua antes de soltar el trapo diciendo cuantas majaderías se les
ocurren”, le espetó Manuel M. Diéguez, a su llegada a Chihuahua.
En estos meses de libertad condicionada –pues, durante el
día, podía moverse dentro del perímetro que se le permitía–, tuvo
ocasión de convivir con Emilio Portes Gil, que se encontraba en
circunstancias parecidas por su actividad en favor de Obregón,
así como con algunos otros periodistas.
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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

Una vez que pudo librarse de su prisión sui generis,
participó en la fundación del Partido Nacional Republicano, que
se aprestó a competir contra el general Álvaro Obregón en las
elecciones de 1920 postulando al revolucionario Alfredo Robles
Domínguez.
En la convención de dicho partido, Capistrán consiguió
que los delegados pusieran en el programa electoral que, de ganar
las elecciones, se derogaría la Constitución de 1917. A la postre,
las elecciones dieron como vencedor al general Obregón con un
amplísimo margen de ventaja sobre sus contrincantes.
Su fama de orador incendiario se puede ver bien ganada
en la lectura de sus discursos. Por ejemplo, en una reunión del
Consejo de la ACJM, Capistrán afirmaba lo siguiente:
Sobrevino la Revolución y formó sus cuadros y sus filas con el
hijo más malo de cada familia, y se entabló desde entonces una
lucha política y económica formidable que carece de ideales;
y toda lucha política que carece de ideales, engendra la muerte
de las libertades, la vida de las tiranías, la indisciplina popular
y hasta la pérdida de la nacionalidad. ¡Y toda lucha económica
que carece de ideales trae consigo la abundancia de sangre y la
Revolución mató los ideales!

Como se verá más adelante, con el tiempo su visión sobre
la gesta revolucionaria habría de cambiar bastante.
En 1923, Capistrán renunció a la presidencia de la ACJM
para competir por una diputación en el primer distrito electoral
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�Juan González Morfín

de la Ciudad de México y perdió las elecciones. Sin embargo, ya
no volvió a la presidencia de la asociación que tuvo a bien darle
el cargo de “presidente honorario” a partir de octubre de 1924.
3. Del Partido Nacional Republicano a la
Liga Política Nacional y a la LNDLR
Sin dejar su vocación periodística, Capistrán conjugaba la
propaganda católica con la actividad política. De hecho, en él todo
era la misma cosa, pues pertenecía a ese grupo de católicos que
entendían la política como un espacio para extender su religión y
la religión como un instrumento para escalar en política mediante
el voto corporativo. No fue extraño, por eso, que algunos católicos
que pensaban que la religión y la política pertenecían a esferas
distintas y debería existir una sana separación entre ambas, no
simpatizaran con Capistrán y su grupo. Uno de estos, el canónigo
tapatío Antonio Correa, relata en una carta al vicario general de
Guadalajara que, cuando Capistrán fue a dicha ciudad para fundar
la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR), le
había espetado lo siguiente:
Si ustedes son hombres y realmente buscan el el bienestar del
pueblo, láncense a la lucha sin bandera religiosa. Arrostren
ustedes solos las consecuencias, pero, por amor a Dios, no
quieran escudarse en nuestros obispos; hartos males le han
ocasionado a la Iglesia los políticos, y serán tremendas las
consecuencias que esta empresa ocasione.

Luego del fracaso en las elecciones federales de 1920 y
1923 con el Partido Nacional Republicano, Capistrán Garza,
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junto con Miguel Palomar y Vizcarra y otros políticos católicos se
dieron a la tarea de formar la Liga Política Nacional, organización
que apoyó la candidatura presidencial del general Ángel Flores
en contra de Plutarco Elías Calles. Flores no ganó, pero la
autoridad electoral le reconoció un gran número de votos y sus
partidarios, incluido Capistrán, hicieron sondeos para llamar a un
levantamiento armado que, a fin de cuentas, no se dio.
En 1925, luego del apoyo táctico del gobierno de
Calles al intento de cisma iniciado en febrero en el templo de
La Soledad, los católicos partidarios de unificar las diferentes
organizaciones religiosas para sus fines políticos encontraron un
pretexto inmejorable: la defensa de la religión. Y así nació la Liga
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa que, con el apoyo
de algunos obispos, se convirtió en el canal para encauzar los
esfuerzos de las asociaciones católicas de toda índole a fin de
hacerlo de manera eficaz. Rol que le fue disputado, al menos en
sus inicios, por una organización secreta conocida como la U,
que optó rápidamente por mejor unirse a la Liga para infiltrarla y
aprovecharse de sus logros.
En el primer Comité Directivo de la Liga, René Capistrán
Garza quedó como vicepresidente. Es quizá interesante resaltar
que había sido presidente de la ACJM cuando tenía solo 20 años
y ahora, a los 27, era elegido como vicepresidente de la Liga. Su
prestigio, pues, como líder católico, no solo no había decaído,
sino que continuaba en aumento.
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�Juan González Morfín

La Liga en muy poco tiempo comenzó a organizar
actividades de resistencia pacífica –y no tan pacífica– a las
acciones emprendidas por los partidarios de la iglesia cismática
para apoderarse de nuevos templos, incluida la Basílica de
Guadalupe. El incidente más grave ocurrió en Aguascalientes en
donde los cismáticos intentaron apoderarse de la emblemática
iglesia de San Marcos el 28 de marzo de 1925 y se armó un
zafarrancho en el que tuvo que intervenir la autoridad. Los
católicos se atrincheraron en el templo y repelieron una carga del
ejército que, a juicio de estos, venía a consumar el despojo de la
iglesia. Finalmente tuvieron que entregarse. El saldo había sido
de varios muertos, entre ellos, dos soldados. El presidente Calles
y el secretario de Gobernación Valenzuela responsabilizaron a la
Liga de haber organizado la reacción armada de los católicos.
En el mes de agosto, Gilberto Valenzuela fue sustituido en
Gobernación por el veracruzano Adalberto Tejeda, “furiosamente
anticlerical” y, a juicio de Ernest Lagarde, “uno de los enemigos
más implacables y más terribles de la religión católica”. En
diferentes foros el general Calles expresó su disgusto por la
formación de la Liga, en la que veía a muchos políticos católicos
de los que habían hecho todo lo posible para evitar que llegara
a la presidencia sirviéndose ahora de la bandera religiosa para
ganar terreno en la política.
La Liga, con la ayuda de las estructuras eclesiásticas,
incluida la ACJM, y de lo que quedaba de organización de los
extintos partidos políticos oficial u oficiosamente católicos
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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

–esto es, del Partido Católico Nacional, del Partido Nacional
Republicano y de la Liga Política Nacional–, y aliándose con
otras asociaciones cívicas confesionales, como la Unión Popular,
consiguió un crecimiento exponencial en muy poco tiempo. Así,
“hallándose rápidamente a la cabeza de una inmensa tropa allegada
con demasiada facilidad, pasó de la defensiva a la ofensiva, con la
intención de tomar el poder y de ejercerlo por entero”.
4. Proyección de Capistrán y descubrimiento de
sus propios límites en el levantamiento armado
Entre enero y agosto de 1926 se precipitaron los acontecimientos:
el 7 de enero el presidente Calles obtuvo poderes extraordinarios
para reformar el código penal; el 4 de febrero el arzobispo Mora y
del Río declaró que los católicos lucharían porque se modificaran
los artículos constitucionales que limitaban la libertad religiosa; en
respuesta, Calles hizo aplicar algunos de ellos y expulsó al clero
extranjero, cerró las escuelas particulares, confiscó seminarios y
conventos, presionó a los estados para que limitaran el número de
ministros de culto autorizados y, finalmente, el 14 de junio dio a
conocer su reforma al código penal que sería publicado oficialmente
el 2 de julio y entraría en vigor el día último de este mes. Con
esta adición al código penal, se buscaba perseguir penalmente el
incumplimiento de las leyes anticlericales ya existentes.
La Liga reaccionó con un boicot económico, presentó un
memorial al congreso con más de dos millones de firmas y se dio
a la tarea preparar a los seglares para una defensa armada de los
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derechos que se les estaban negando. Al mismo tiempo, envió
a Capistrán Garza a los Estados Unidos para conseguir apoyo
económico de los católicos estadunidenses. Acostumbrado como
estaba desde que tenía 18 años a ser jefe, aceptó la encomienda y
pasó a los Estados Unidos para buscar apoyo militar y económico.
Muchos suspicaces concluyeron que René había lucrado con este
encargo y que había existido una malversación de fondos; sin
embargo, sus propias confesiones y la correspondencia privada
de esos años permiten ver que no lo pasó del todo bien desde el
punto de vista pecuniario, sino que se desenvolvió en medio de
estrecheces y carencias.
En efecto, desde su llegada a los Estados Unidos, sus
gestiones apenas le permitieron sobrevivir. La Liga y él mismo
esperaban de los católicos norteamericanos un gran apoyo
económico, pero los obispos no estaban dispuestos a mezclarse en
levantamientos armados. El obispo de Galveston le ayudó con diez
billetes de diez dólares para sus gastos más inmediatos; con otros
–relata Bailey– consiguió también cantidades irrisorias: veinte,
treinta, cincuenta dólares. El prelado de Boston, por su parte, le
sugirió abandonar el proyecto de la Liga y buscarse un trabajo, le
negó cualquier ayuda económica y le ofreció recomendarlo para
conseguir un empleo.
Otro de los propósitos para los que había sido enviado
fue el de explorar una alianza estratégica con el general Enrique
Estrada, quien había sido secretario de Guerra con Obregón y
se encontraba exiliado por haber participado en la rebelión
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�René Capistrán Garza: el contrarrevolucionario mexicano

delahuertista. La Liga tenía noticias de que preparaba una gran
expedición armada con el apoyo del felicismo y de un gran
número de expatriados que estaban disgustados con el gobierno
de Calles. El acercamiento con Estrada no se dio sencillamente
porque, antes de que Capistrán se reuniera con él, este había
sido hecho prisionero en Estados Unidos por violar las leyes de
neutralidad.
Entre tanto, la Liga continuaba los pasos para convocar a
un levantamiento armado general por parte de los católicos que,
a nivel de algunas localidades, ya se habían levantado contra el
gobierno de Calles. Así, en noviembre obtuvo del episcopado
el compromiso de no condenar el levantamiento armado, si se
optaba por este como último recurso y, a pesar de hallarse en
Estados Unidos, Capistrán fue designado general en jefe del
levantamiento. Años después, el propio Capistrán reconocía la
precipitación e irresponsabilidad con que se había actuado:
Mi sorpresa por el acuerdo de ir al movimiento armado se
explica por estos antecedentes: un grupo de dirigentes de la
juventud católica jefaturada por mí, habíamos sostenido desde
cuatro o cinco años la conveniencia de prepararnos en todos
los aspectos –físico, moral y económico– para la emergencia
de tener que acudir a las armas en una acción no política, sino
defensiva de la libertad religiosa. La acción anticatólica de
un régimen profundamente lastimado con los católicos por
los errores políticos cometidos por estos antes y después de
la injusta caída de Madero, culminó en la época de Calles.
Esa culminación la vimos venir los jóvenes desde lejos. Por
eso pugnábamos por una preparación adecuada para una
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�Juan González Morfín

defensa adecuada. Nunca se nos hizo caso. Por el contrario,
se nos tildaba de inquietos, de ambiciosos, de descentrados, se
nos atribuía gran peligrosidad, imputándosenos tener planes
políticos a los que era ajena la Iglesia, y no objetivos en defensa
de su libertad, cosa a la que no somos ni podemos ser ajenos
los católicos. Con esos antecedentes me pareció un enorme
disparate resolver, de buenas a primeras, ir a la “resistencia
armada”.

Aunque no en masa, como esperaba la Liga para los
primeros días de 1927, diversos grupos de católicos se fueron
levantando en armas, especialmente en el occidente del país, con
muy pocos medios materiales. De poco les servía a estos tener
nombrado un comandante en jefe que luchaba por sobrevivir en
el extranjero, por lo que, a mediados del año, Capistrán dejó de
ser el jefe del movimiento sin haber realmente llegado a ejercer
nunca esa jefatura.
A pesar de su escasa participación, al menos directa, en el
movimiento armado, así como de la explicación que da él mismo
sobre el papel que jugó, no faltan acusaciones en el sentido de que
“la Liga se había lanzado a la defensa armada por un verdadero
engaño de Capistrán Garza a sus directores en México”. Esto
era así, a juicio de sus acusadores, porque no se contaba con los
recursos necesarios para emprender una campaña en condiciones
de éxito, justamente lo que él mismo Capistrán afirma haber
esgrimido ante los directores de la Liga.
Si ya antes había pasado penurias económicas, a partir del
momento en que se deslindó de la Liga, su situación se agravó y
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vivía de lo que buenamente podía conseguir con sus colaboraciones
en periódicos dirigidos a los mexicanos en el exilio. En agosto de
1929, le escribía al arzobispo Orozco y Jiménez:
Me es grato por la presente manifestarle que he recibido a mi
entera satisfacción la cantidad de $500 dollars, que V. S. Ilma.
ha tenido la amabilidad de prestarme para mi negocio, y debo
hacerle presente mi agradecimiento por tan señalado servicio.
Además, quiero hacer constar que en el plazo de seis meses, a
contar de la fecha, cubriré a V. S. Ilma. la cantidad indicada.

Quizá porque esto le molestaba tanto cada vez que se le
acusaba de haber dilapidado el dinero de la Liga y el que había
recibido de los católicos estadunidenses.
Carlos Blanco Ribera, quien fuera compañero de lides y
admirador de Capistrán, piensa que su fracaso en Estados Unidos
se debió a la falta de una sólida preparación humanística que él
entreveía en René:
Desgraciadamente Capistrán no había desarrollado entonces
su talento político al nivel de sus capacidades, de allí que
al lado de los golpes de grande altura tuviera verdaderas
trivialidades. Y si se hubiera nutrido con pasión y constancia
con los textos clásicos de los grandes políticos y oradores de
todos los tiempos y de hubiera dado una preparación intelectual
universal adecuada, René habría abierto un surco luminoso en
nuestra historia.

Independientemente de la mayor o menor validez
de esta apreciación, una afirmación de este autor que está
probada por los hechos es que hubo un antes y un después en
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el papel de intermediación de la Liga ante los diferentes actores
norteamericanos, pues en los días en que el representante de los
cristeros fue Capistrán, se mantuvo la esperanza viva de que
algo se podría obtener de los vecinos del norte, pero cuando
fue relevado de su cargo “esta representación cayó en manos de
algunas figuras borrosas y se hundió en un verdadero pantano por
la inmovilidad, el color gris y la insignificancia”.
5. Cambio de mentalidad y regreso a México
Al igual que el viaje de rectificación al que había sido llevado por
la fuerza en el periodo carrancista, ahora el destierro le serviría
para entender mejor a las personas que no compartían sus mismos
puntos de vista: “En la escuela del destierro aprendía lo que nunca
hubiera podido enseñarme, ni nunca me enseñó, la Universidad.
La perspectiva que el pasado y el presente ofrecen desde país
extraño. El panorama histórico que se observa desde fuera de la
patria, al margen de las pasiones vividas. Los afectos creados no
al calor, sino al frío glacial de la expatriación, con militantes de
otras ideas –también en desgracia– son la mejor de las cátedras y
la más auténtica enseñanza teórica y experimental”.
Su regreso a México lo hizo sin prisas, sin embargo, a
partir de 1931 comenzó a hacer gestiones ante el servicio exterior
mexicano para ver cuándo podría darse el momento oportuno.
Es verdad que, a inicios de los años treinta, su situación general
había mejorado y había alcanzado “una cierta reputación y status
en San Antonio”. En diversos escritos, Capistrán ha mencionado
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que su destierro duró once años, por lo que podemos situar su
reingreso alrededor del año 1938.
A inicios de los años cuarenta, encontramos a Capistrán
establecido nuevamente en México y colaborando con el periódico
Novedades, del que llegó a ser director. En esos momentos, se
encontraba física y emocionalmente separado de los que habían
sido sus correligionarios en la Liga, mas no así de los de la ACJM.
Con la jerarquía católica guardaba una respetuosa distancia, pero
de esta década existe una correspondencia cordial con el arzobispo
Luis María Martínez.
En su carta a Rius Facius de 1959, Capistrán resalta su
dedicación al periodismo:
Soy periodista de profesión. Durante cuarenta años he hecho
una incesante defensa de la Iglesia contra todos sus enemigos
de dentro y de fuera. En “La Prensa”, de San Antonio, Texas;
en “La Opinión”, de Los Ángeles, California; en “Diario de
la Marina” y “El País”, de La Habana. En la dirección de
“Novedades”, de “Prensa Gráfica” y de “Atisbos”, en México.
Y en gran número de periódicos mexicanos y extranjeros en
los que he colaborado, incesantemente he hecho labor católica,
firmemente católica, inquebrantablemente católica. Solo que
esta labor de cuarenta años ha modificado sus cauces, por las
experiencias adquiridas y las observaciones realizadas.

Esos cauces distintos de defender a la Iglesia católica tenían
que ver con su cambio de perspectiva en relación con la ideología
revolucionaria, de la que había sido acérrimo crítico y ahora la veía
completamente imbuida de principios cristianos. Muchos de sus
artículos publicados en Novedades, Prensa gráfica, Atisbos y El
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Universal, dan fe de la defensa que hacía de cómo la Revolución
mexicana se hallaba permeada de principios cristianos.
6. Un converso a la ideología revolucionaria
Sus primeros pasos en la arena pública, como se ha visto, lo
sitúan en el ala más encendidamente contrarrevolucionaria.
Así se observa, por ejemplo, en un discurso pronunciado con
ocasión del Primer Consejo Federal de la ACJM en 1922, en el
que René arengaba a las masas de jóvenes católicos, como era
su costumbre, con palabras que desde que había comenzado su
activismo político en 1913 no habían cambiado mucho:
Sesenta años de liberalismo que parecía haber penetrado hasta la
médula del pensamiento nacional; la obra de descristianización
planteada durante la Reforma por Juárez y continuada
habilísimamente después, había logrado suprimir casi
completamente toda manifestación pública de vida religiosa y
había matado, al parecer para siempre, todo esfuerzo viril y toda
orientación definida; el catolicismo fue bárbaramente batido
en brecha, se le arrojó de la vida pública, se le excluyó de la
calle, se le hizo refugiarse en el interior de los templos y esto,
como un favor especialísimo, como una migaja de libertad que
la tiranía del liberalismo se dignaba conceder desde la cúspide
de su satánica soberbia; ser católico en aquellos tiempos y
serlo sobre todo fuera de su casa, era algo que no encajaba bien
dentro de aquel cuadro, cuyo marco lo hacían la depravación de
los unos y la cobardía de los otros.

Este tópico de que la mayoría de los católicos por
cobardía no participaban en política ha sido recurrente en quienes
simpatizan con la idea de ver agrupados a los católicos en un
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partido oficial u oficiosamente católico con una intervención
mayor en la vida pública, supuestamente con el fin de permear las
leyes y la vida de la sociedad del pensamiento social católico. Por
eso, desde esa óptica particular, Capistrán también denunciaba en
ese mismo discurso:
Para tomar parte en la cosa pública del país, los católicos tenían
que poseer una doble personalidad y vivir una doble vida: ellos,
allá en el fondo, pero muy en el fondo de sus conciencias,
podían conservar y mantener su fe, el régimen liberal no se
metía con eso y respetaba el santuario de sus conciencias, con la
condición de que esas conciencias no fueran tan exigentes que
quisieran inmiscuir sus ideas y sus creencias y sus principios
en los asuntos públicos que venían a ser como patrimonio
exclusivo por derecho propio, del sacrosanto liberalismo; y así,
si un católico era honrado con un puesto en la administración,
por regla general tenía que despojarse de su catolicismo a la
puerta de su casa para poder transitar por las calles en calidad
de gobernante.

Más todavía que las palabras con las que fustigaba a los
católicos que no participaban en el terreno de la política, eran las
que usaba para describir la Revolución como una suma de todos
los males que podrían reunirse en un solo evento histórico:
Sobrevino el desastre; puestas las causas tuvieron que seguirse
inevitablemente los efectos; la Revolución estalló, volcando
todo lo malo, todo lo corrompido que se había formado al
amparo protector del liberalismo y con la complicidad de
su régimen. Querían un pueblo sin Dios y sólo consiguieron
algunas hordas de bandidos; querían una nación sin religión,
una patria sin historia, una civilización sin moral, y no tuvieron
sino el desastre, el fracaso, la caída.
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En años de relativa paz, pues en abril de 1922 el país era
gobernado por Obregón sin siquiera intentar la aplicación de
los puntos más álgidos de la Constitución de 1917, Capistrán
arremetía contra la Revolución como si en esos días hubiera ya
estallado la persecución de Calles y sublimaba la participación de
la ACJM en la lucha contrarrevolucionaria:
La Revolución, que no es, en suma, sino el liberalismo
desembozado, el sectarismo en toda su crudeza, el “non
serviam” en toda su soberbia; la Revolución, que no es, en
suma, sino el Estado sin Dios, vino tan brutalmente a sacudir
los espíritus, quiso tan bárbaramente extremar la tiranía,
intentó de tan odioso modo ahogar a la Iglesia, que todo lo
que quedaba de fuerza viril y de espíritu cristiano, vigorizado,
robustecido y templado a los golpes del dolor y del sufrimiento,
surgió encendido de amor a Cristo, y surgió principalmente ahí
donde era menos creíble, ahí donde más rudamente se le había
combatido, ahí donde más completo parecía el naufragio: en la
juventud. Tal parece que la Providencia quiso hacer patente y
clara su intervención y señalar el camino.

Sin embargo, años después escribiría algunas ideas
en las que rectificaba completamente esta posición y llegaba
a descalificar como mentiras y prejuicios malévolos sus
afirmaciones anteriores:
No es la fuerza de la verdad, sino la fuerza que el tiempo
otorga a las mentiras, sustentadas durante muchos años como
verdades, lo que hace sumamente difícil arrancar desde la
raíz tantos juicios y prejuicios equivocados, malévolos y
destructivos que han mantenido a México, en el orden de las
ideas y de los hechos, partido en dos bandos irreconciliables
y en dos concepciones opuestas de nación, haciendo cada
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uno de esos bandos su parcela de patria, su predio nacional
privado, su coto propio, con un ideario particular y hasta con
dos olimpos sagrados en donde encasillan unos y otros a sus
dioses exclusivos. Y lo más doloroso del caso es que quienes
son dioses en un olimpo, son demonios en el otro.

A simple vista, es una crítica muy seria al bando radical
en el que militó por una quincena de años. La rectificación tiene
más valor viniendo de alguien que hasta hacía tan poco tiempo
había sido un convencido partidario de esa lucha y esa postura
antagónica, de esa descalificación a todos los que no pensaran en
la misma línea que él y sus correligionarios. Sin duda, muchas
cosas habían cambiado en su forma de percibir la realidad del
país, lo que no había cambiado tanto era la vehemencia con la que
defendía su postura y la forma apasionada en que demolía a sus
adversarios. También permanecieron siempre en sus afirmaciones
su rechazo a los sistemas políticos originados en las ideas de
Marx, esto es, al socialismo y al comunismo en cualquiera de
sus formas, así como su antipatía por el presidente Calles y su
régimen, al que habría de concebir como una deformación del
verdadero espíritu revolucionario, imbuido este, según su nueva
forma de ver las cosas, de la caridad cristiana y de sus aspiraciones
más elevadas de justicia social, lo cual, por otra parte, no siempre
ha sido practicado por los católicos:
No siempre la doctrina social católica ha sido aplicada en
la práctica por los mismos católicos. Más frecuentemente es que la
profesemos en teoría y la neguemos en los hechos. La Revolución
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Mexicana, imponiendo a latigazos la tesis social católica, cometió
ciertamente muchos desmanes; pero a ese precio la hizo operante, la
hizo realidad.

Así, para Capistrán, no cabía duda que las principales
reformas sociales promovidas por la Revolución, eran de matriz
católica: “Los revolucionarios fueron, por instinto, los brazos
ejecutores de la doctrina de Cristo que desgraciadamente había
caído en el vacío de un catolicismo intrascendente”.
Hacía el mismo reproche al catolicismo internacional: “Si
los católicos de su tiempo hubieran secundado en la acción práctica
la doctrina formulada por León XIII, no habría comunismo en
el mundo y en México no habría sido necesaria la Revolución,
con toda su rudeza y toda su crueldad, para que los católicos
entendiéramos que León XIII tenía razón”.
De ahí que, a su juicio, todas las diferencias que en los
años posteriores a la Revolución se habían venido dando entre
católicos y revolucionarios, tenían su origen en cuestiones de
forma, más que de fondo, o bien en posturas preconcebidas
que no se abrían a la verdad: “En política, como en todo, es
muy saludable defender la verdad, a condición de que primero
se conozca la verdad”. No les faltaba a sus argumentaciones la
ironía y la contundencia que siempre había utilizado: “Más que
en ninguna otra materia, en política es necesario saber leer y
escuchar. Porque hay quienes, cuando leen, lo único que asimilan
son los márgenes y los índices”. De ahí es de donde viene la
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terrible confusión entre lo que es accidental y lo que no: “La pugna
–a veces sangrienta– establecida entre la Revolución Mexicana y
el catolicismo, se debió a causas políticas mucho más que a tesis
doctrinarias. Es decir, se produjo por motivos transitorios y no
permanentes, accidentales y no esenciales”.
Un claro ejemplo de esto último fue el problema que
se suscitó en el gobierno de Calles originado, a juicio de
Capistrán, en la falta de tacto político de este y del grupo que
lo seguía: “El callismo fue la conclusión lógica de dos posturas
ilógicas. La de los revolucionarios radicales y la de los católicos
conservadores”. A estos últimos, con su actitud intransigente,
el callismo les dio
la gran oportunidad para rehacer su vida cívica, para purgar
por las propias culpas, para volver por los fueros de la dignidad
ultrajada, y para demostrar al pueblo y a los revolucionarios
mismos, que los católicos, a su vez, son capaces de tomar en
sus manos la bandera libertaria de aquella.

Los que en aquella coyuntura tomaron las armas, no
hicieron otra cosa que retomar los principios que inspiraron la
Revolución: “volvimos a la sangre de Madero, ultrajada por
Huerta y por Calles, y dimos a la Revolución un contenido
casi divino” “En nombre de los mismos ideales libertarios de
la Revolución, los cristeros se rebelaron contra Calles. No lo
hubieran hecho contra el porfirismo, [pero] la Revolución había
revelado algo que los católicos parecíamos tener en el olvido: que
la libertad es preciso conquistarla”.
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Si bien es verdad que en algunas de estas afirmaciones
resuena la emotividad propia de sus primeros discursos, hay que
aceptar que, como él mismo lo admitía, su pensamiento había
evolucionado hacia una visión sincrética –quizá demasiado– del
catolicismo y los ideales revolucionarios: “La fe católica y la
Revolución Mexicana son las dos antorchas inextinguibles que
iluminarán el porvenir si sabemos conjugar constructivamente
esos dos hechos concretos, profundamente incorporados en el
alma y la historia nacionales”. Ya anteriormente, había escrito a
Rius Facius en esa misma línea:
No hay razón doctrinaria ni táctica para perpetuar la
pugna irreconciliable entre la Iglesia Católica y el régimen
revolucionario mexicano. Esa pugna se mantiene por intereses
políticos disfrazados de amor a la Iglesia y tratando de utilizar
esta con perjuicio evidente para ella.

Esta postura sincrética le llevó a constantes enfrentamientos
–que no evadía–, con intelectuales y columnistas, tanto del bando
católico como del revolucionario. Con los primeros, son célebres
sus diatribas con Jesús Guiza y Azevedo, quien para refutarlo
le dedicó un libro completo. Quedan para trabajos posteriores
esas controversias, pues no forman parte del objetivo de esta
investigación.
El cambio de posicionamiento de Capistrán se dio en
el contexto de un reacomodo en las relaciones entre el Estado
mexicano y la jerarquía católica. Un modus vivendi pactado en 1929
y que, de hecho, no sería sino hasta el gobierno de Ávila Camacho
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que comenzara a plasmarse de lleno en un doble compromiso: por
parte del gobierno, la no aplicación de las leyes que obstaculizaran
la labor de la Iglesia; por parte de jerarquía, la desautorización,
cuando no condena, de los actores católicos que buscaran servirse
de la religión para lograr cambios políticos a través de la resistencia
armada. En estas circunstancias, mientras que un grupo de ex
miembros de la Liga fundó en 1940 una agrupación llamada
“Integrismo Nacional” para desde ahí seguir combatiendo lo que
consideraban serias amenazas para la religión católica, Capistrán
Garza marcó su distancia e inició, justo en este tiempo, un camino
distinto que lo llevó a segregarse de la mayor parte de sus antiguos
correligionarios. Un camino también diferente al acomodo que
la jerarquía católica había optado por razones de practicidad –o
de imperiosa necesidad– a las políticas gubernamentales, pues,
en el caso de Capistrán, no fue el cese de la beligerancia de los
gobiernos cada vez más conservadores emanados de la Revolución
lo que gestó su transformación, sino sobre todo un convencimiento
profundo de que las tesis que tanto la Revolución como la Iglesia
católica postulaban en materia social estaban hermanadas.
Consideraciones finales
Los escritos autobiográficos, entre ellos, cartas como la que
escribió a Rius Facius en 1959, nos permiten conocer a fondo
las motivaciones de René Capistrán Garza, tanto en su etapa
de contrarrevolucionario como en la de “armonizador” de los
principios católicos con aquellos de la Revolución.
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En ellos, muchas veces se encuentran pasajes de autocrítica
en los que reconoce algunos errores y los atribuye, en parte, a
su juventud. Por ejemplo, a propósito de su nombramiento como
jefe civil del movimiento cristero y embajador plenipotenciario
de la Liga y ante la jerarquía y el gobierno de Estados Unidos,
señala: “Mi error y responsabilidad gravísimos consistieron en
haber cedido, por vanidad y amor propio a las instancias de la
Liga para que aceptase las dos decisiones”.
La crítica que hacía a las posturas extremistas de algunos
grupos contrarrevolucionarios, a partir de su transformación en
un decidido defensor de la Revolución, tiene el mérito, si cabe
esta expresión, de ser hecha por alguien que fue primeramente un
convencido sostenedor de esos postulados.
Su admiración por la Revolución, por otro lado, parte,
según explica él mismo, de que esta fue capaz de implantar en la
sociedad los postulados cristianos en materia de justicia social,
aunque haya sido a fuerza de latigazos.
Su acercamiento a los planteamientos revolucionarios y
su afán de mostrar la afinidad de estos con la doctrina católica,
no obstante su intención de aproximar a las partes en pugna, no
fue bien recibido por sus antiguos correligionarios y por un gran
número de católicos que, durante años, siguieron viendo trasfondos
socialistas y ateos en todo lo que se llamara revolucionario y, en
René, simplemente a un traidor, cuando no a un vendido. Quizá
su fracaso para obtener ese acercamiento se debió, en buena parte,
a los métodos que utilizaba para fustigar a quienes no compartían
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su nuevo punto de vista, esto es, la exposición apasionada de sus
argumentos y el modo poco empático de referirse a sus adversarios
que, por otro lado, eran los mismos métodos que antaño había
empleado para atacar la Revolución.
Con todo, algunas de sus apreciaciones en torno a lo que
realmente originó una pugna de tanto tiempo entre el Estado y
la Iglesia católica, son especialmente rescatables para evitar en
lo sucesivo ese tipo de enfrentamientos, esto es, no dar un peso
inconmensurable a situaciones que son pasajeras y accidentales,
sino privilegiar el camino del diálogo, mejor que buscar tensar la
situación hasta el punto de que el contrario tenga que rendirse. Un
legado que permanece vigente.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-123

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�Desterritorialización de la costa quintanarroense:
el caso de Playa del Carmen
De-territorialization of the Quintana Roo coast:
the case of Playa del Carmen
Miguel Pinkus Rendón
Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales
CEPHCIS-UNAM
https://orcid.org/0000-0002-2839-9610

Ashantti Vereniss López Niquete

https://orcid.org/0009-0002-3532-1907

Abril Monserrat Gonzalez-Ku

https://orcid.org/0009-0006-5339-8536
Recibido: 31 de agosto de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: El territorio de Quintana Roo, México desde 1902 (fecha
de creación), ha sido artífice de una gama de acontecimientos que han
repercutido en la apropiación, uso y manejo de los bienes comunes
naturales que tienen en su interior. Es por ello, que el presente artículo se
aboca a analizar cuáles han sido las variaciones políticas, socioculturales,
económicas y cómo éstas han impactado en la conformación del paisaje
y la transformación en el vínculo con los bienes comunes naturales.
En particular se analiza el caso de Playa del Carmen como ejemplo de
lo sucedido en la costa oriental del estado. En este sentido, se puede
vislumbrar que en las seis primeras décadas del siglo veinte la dinámica
económica giraba en torno a la utilización de los elementos naturales
maderables o no maderables (corte del chicle) sea por particulares,
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�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

compañías explotadoras, ejidos o colectivos de estos. A partir de
principios de los años setenta se da un cambio abrupto, que es cuando
la política pública federal promueve al turismo como eje conductor del
sistema económico, tomando en un primer momento a Cancún como
polo de desarrollo y posteriormente a finales del siglo XX a la Riviera
Maya, lo que conlleva a un crecimiento urbano, cambios de uso del
suelo y tenencia de la tierra. Este estudio pretende dar un panorama de
la desterritorialización de las comunidades costeras desde la historia
ambiental y oral.
Palabras clave: Quintana Roo, Territorio, Ejidos, Turismo.
Abstract: Since 1902 (date of creation) Quintana Roo, Mexico territory
has been the architect of a range of events that have had repercussions
on the appropriation, use and management of the natural commons
within it. For this reason, this article focuses on analyzing the political,
socio-cultural and economic variations and how these have impacted
the landscape and the transformation of the link with the natural
commons. In particular, the case of Playa del Carmen is analyzed as an
example of what has happened in the eastern coast of the state. In this
sense, it can be seen that in the first six decades of the twentieth century,
the economic dynamics revolved around the use of natural timber and
non-timber elements (gum cutting), whether by individuals, exploiting
companies, ejidos or their collectives. At the beginning of the 1970s,
there was an abrupt change, when federal public policy promoted
tourism as the driving force of the economic system, first in Cancun and
then in the late 20th century in the Riviera Maya, which led to urban
growth, changes in land use and land tenure. This study aims to provide
an overview of the deterritorialization of coastal communities from an
environmental and oral history perspective.
Key words: Quintana Roo, Territory, Ejidos, Tourism.

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�Desterritorialización

Introducción
El sureste de México ha atravesado una serie de reconfiguraciones
a través del tiempo, no solo hablando de la parte de división
política, sino también desde la perspectiva paisajística,
sociocultural y socioeconómica. Desde la creación de Quintana
Roo como territorio a principios del siglo XX, proveyó varios
acontecimientos sociopolíticos a nivel regional y nacional
(revolución mexicana) que dieron una dinámica de pertenencia
del territorio y del entorno que en él se encontraba. Tales como
la fundación del territorio, luego la reincorporación a Campeche
y Yucatán, para finalmente casi a mediados del siglo XX, la
designación como estado de la República Mexicana.
En este sentido, el territorio de Quintana Roo ha tenido
cambios importantes en cuanto a los bienes comunes naturales1
y aprovechamiento de sus alrededores, cabe señalar que en sus
inicios como entidad federativa contaba con una alta diversidad
biológica y baja concentración poblacional humana, misma
que paulatinamente ha cambiado en poco más de un siglo, pero
incrementándose aceleradamente en las últimas décadas y con
mayor medida las costas quintanarroenses.
Es por ello, que en el presente trabajo se pretende dar
cuenta de los cambios enfrentados en el espacio-territorio
1

Se utiliza Bienes Comunes Naturales (BCN) y no Recursos Naturales pues la noción de los BCN se opone a la visión utilitarista de los elementos y servicios naturales
para apostar a una revalorización y apropiación de los bienes que conforman los territorios (Ivars, 2013). Sin embargo, en la lectura de este texto se hace uso del concepto
de Recursos Naturales solo en las citas textuales o cuando se trata del análisis desde la
lógica mercantilista para contrastar las reflexiones.

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�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

quintanarroense, poniendo como ejemplo la costa central del
estado, particularmente la población de Playa del Carmen en los
últimos 70 años. En el cual se recurrió a analizar cuáles han sido
las variaciones políticas, sociales, socioeconómicas, y cómo éstas
han impactado en la conformación del paisaje y la transformación
en el uso de los bienes comunes naturales.
Para conseguir esta meta, el trabajo se abordó desde tres
diferentes aspectos de obtención de información: a) Se abocó a
la tarea de recopilar las primeras fuentes de manera diacrónica,
para explicar el proceso de las políticas públicas que incidieron
en la segmentación de las actividades productivas, así como la
adquisición y usufructo de los bienes comunes naturales del
territorio. b) Se realizó la búsqueda de cartografía histórica (física
y digital) para dar cuenta de la tenencia de la tierra, poniendo
énfasis en los cambios que se favorecieron durante la repartición
agraria y a raíz de las modificaciones del artículo 27 constitucional.
C) Finalmente, para conocer de primera mano la historia oral de
los pobladores de Playa del Carmen, respecto a la percepción del
cambio territorial que experimentó la otrora ciudad en las últimas
décadas, se llevaron a cabo talleres de mapeo participativo, así
como entrevistas semiestructuradas con personas nativas del
lugar o que tengan varias décadas de habitarlo.
Conformación del territorio Quintanarroense
No se puede entender la dinámica del sur de México, sin explicar
un poco los sucesos ocurridos a mediados del siglo XIX, es decir,
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la Guerra de Castas. La cuál no sólo trastocó el tejido social que
se vislumbraba dada la opresión hacia los mayas en la Península
de Yucatán, y que se cristalizó en 1847, amén que durante la
colonia ya habían ocurrido varias rebeliones por las precarias
condiciones en que éstos se encontraban. Lo que forzosamente
conlleva a transformaciones socioculturales en la gente originaria
y/o que se ha ido estableciendo en la línea del tiempo.
Según lo escrito por Navarro (1968, 1976) “los criollos
utilizaron desde la represalia de privar a los indios de los derechos
que les habían concedido en la constitución de 1841 hasta
prohibirles el uso de las armas, concentrarlos en determinadas
localidades, obligarlos a recibir instrucción religiosa y, cuando no
bastaran los consejos, corregirlos según su índole y costumbres”.
Por ello, para luchar por derechos humanos y políticos se dio
una rebelión en contra del grupo del poder, como reacción, el
gobierno en turno que no solo deseaban acabar con la revuelta
sino con visión a que se apoderaran de la Península, invitaba a
extranjeros a contribuir en la misma.
En esta sublevación se pudo observar una segmentación
del territorio, que no solo aplicaba a lo humano, en donde, en
las ciudades de Mérida y Campeche se asentaron las poblaciones
mestizas y la blanca, en tanto que en la parte oriental de —en
ese entonces Yucatán —se establecieron las comunidades mayas.
Aunado a ello, mientras en la parte que habitaron los primeros era
principalmente de selva baja caducifolia, en tanto la colonizada
por los indígenas se configuraba por selvas medianas y altas con
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una alta humedad en lo conocido como “montaña”, lo que le daba
acceso a multiplicidad de bienes comunes naturales para utilizar
(Villalobos 2006).
Cabe señalar que previo a la guerra, desde la época
colonial, se había dado la explotación de maderas tales como
el Palo de Tinte Haematoxylum campechianum en las zonas
bajas inundables, mientras que el Cedro Cedrela odorata, y
la Caoba Swietenia macrophylla en las zonas selváticas, todas
ellas sumamente apreciada en Europa, tanto así, que la piratería
en el Caribe y puntualmente en las costas Quintanarroenses fue
contemplado desde siglos anteriores. En este sentido, y volviendo
al conflicto, la explotación de madera continuó siendo importante,
ya que, durante este se dio una asociación estratégica entre los
rebeldes mayas y la Honduras Británica (Belice), en la cual, los
primeros dejaron que los británicos explotaran regiones de la
selva bajo su protección, mientras que les dotaran de insumos
para la guerra, así como otras materias provenientes de la Gran
Bretaña. Cabe señalar, que, durante el período en cuestión, en
algunas regiones del territorio se daba una triple explotación
forestal. Por un lado, los mayas rebeldes del sur y oriente, una
segunda por las empresas colonizadoras (Compañía Colonizadora
de Faustino Martínez y Compañía Colonizadora de la Costa
Oriental de Manuel Sierra Méndez) y una tercera por los ingleses
que rentaban las tierras de uso, en varias ocasiones, pagando los
terceros a los dos primeros por una misma extensión territorial
por el conflicto armado.
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La cruenta lucha duró poco más de 50 años, con una
gran cantidad de caídos de ambos lados, y, como una medida de
Porfirio Díaz se divide la Península de Yucatán en dos Estados
(Campeche y Yucatán) y un naciente territorio, Quintana Roo
(Figura 1).
Quintana Roo se creó con la zona que desde más de medio
siglo atrás estaba ocupada por los mayas rebeldes y en la que
el Estado de Yucatán no ejercía de hecho jurisdicción política y
administrativa. Prácticamente, el decreto del 24 de noviembre
de 1902 que creó el Territorio Federal de Quintana Roo, no
hizo sino darle carácter constitucional de Territorio Federal a
una región que desde 1848 se sustrajo del poder político del
Estado de Yucatán (González Duran 19742 en Macías 2002).

No obstante, Macías (op cit.) sostiene que hubo más
variables a considerar para dicho decreto. Por un lado, dado
que los mayas orientales solo ocuparon parte del territorio
mencionado (Tulum hasta el río Hondo), quedando fuera la
parte norte, la cual, ya era controlada por empresas particulares
establecidas, incluyendo las islas Mujeres y Cozumel, bajo
oligarquías que hacían explotación forestal. Por otro lado, dado
que la comercialización y flujo económico se daba por la parte
marítima a consecuencia de los pocos caminos terrestres que
existían, era imprescindible tener un control fiscal de todas las
transacciones que se llevaron a cabo en los principales nodos de
embarcación y puntos prioritarios del territorio.
González Durán, Jorge. 1974. La rebelión de los mayas y el Quintana Roo
chiclero. Mérida, Yuc. Dosis, 80 p.
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Figura 1. Proyecto de límites entre el Estado de Yucatán y el territorio de
Quintana Roo (1904). Tomado de Mapoteca Manuel Orozco y Berra 2024.

Árboles y maderas
La geografía de Quintana Roo nos demuestra que más del 80 %
del territorio presenta una gama de tipos de selvas con gradientes
tanto de altitud (5 hasta 40 m) como de la caducidad que tiene
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las hojas en el follaje durante el año (caducifolia a perennifolia),
lo cual representa una alta diversidad de especies de plantas y
otros organismos. En este sentido, y como ya ha sido mencionado
anteriormente, la explotación de la madera en el territorio
quintanarroense data de siglos anteriores, en donde cuadrillas de
personas entraban en las selvas para extraer grandes cantidades
de árboles maderables y no maderables, es decir, de troncos que
servían en la construcción de casas (diferentes especies) u objetos
de valor (cedro y caoba), o aquellas cuyo producto sea derivado
de las plantas (tintes).
Al respecto, el corte de los árboles fue socorrido tanto
por los pobladores de los alrededores del monte, los mayas
rebeldes, como por los vecinos de la Colonia Británica, pasado
por las empresas Colonizadoras de diferentes, hasta los nuevos
ejidatarios cuando se da el reparto de las tierras en los gobiernos
del general Lázaro Cárdenas y Lic. Manuel Ávila Camacho (de
lo que se hablará más adelante). Por lo que la presión sobre los
ecosistemas ha sido constante a lo largo del tiempo, debido a los
desmontes que se hacía durante el corte de las maderas preciosas,
maderables y blandas, así como posteriormente para sacar las
trozas de árboles y enviarlas a los puntos de acopio y envío a
través de los afluentes, cuerpos de agua y el mar. Cabe mencionar
que por mucho tiempo no existieron los caminos terrestres entre
las poblaciones, por lo que la conexión entre sitios era por medio
del agua., e.g. en la costa central de Quintana Roo se trataba de
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dejar el producto en la costa para que fuera trasladado a Cozumel
que era un punto estratégico.
La dotación de tierras posrevolucionaria dió pertenencia
a las comunidades mayas ex combatientes de la guerra de Castas
de las selvas que ya habitaban, aunque también otras personas
ajenas al territorio quintanarroense con la finalidad de ocupar un
espacio poco poblado, como veremos posteriormente. Aunque
también siguieron las concesiones de explotación de madera a
particulares. Si bien, la explotación maderera se dió en todo el
territorio quintanarroense, fue más visible en el sur de la entidad
como puede apreciarse en la figura 2, esto relacionado al tipo de
selva alta que contenía ejemplares de cedro y caoba con mayor
tamaño.
La comercialización de la madera por las compañías
privadas era frecuente desde los años 30 del siglo XX, aunque se
intensificó a principios de los 50s por la creación de la paraestatal
(órgano descentralizado de gobierno) Maderas Industrializadas de
Quintana Roo (MIQRO), a la cual se le concedió una concesión de
veintinueve años (González et al. 2007). Como ya se mencionó,
la dotación de tierras le aportó a los pobladores de los ejidos la
posibilidad de vivir mediante el manejo de los bienes comunes
naturales, no obstante, a los ejidatarios se les hizo énfasis que
debían dejar selva para manejar y conservar, contrastando con
lo permitido a los ganaderos y agricultores extensivos (González
op. cit.).
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Figura 2. Flora de la Península de Yucatán. Comisión Colonizadora (1935).
Tomado de Taracena y Pinkus 2010.

Entre 1970 y 1980, el estado de Quintana Roo perdió más
de 500,000 ha de bosques tropicales (la tercera parte de su
superficie forestal hasta 1970). En este periodo se otorgaron
concesiones privadas denominadas, en ese tiempo, Unidades
Industriales de Explotación Forestal, siendo la más importante
la que fue otorgada a la empresa Maderas Industriales de
Quintana Roo (MIQRO) (Ríos-Cortéz, et al. 2012:252).
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Habrá que señalar que si bien se dió una explotación de la
madera preciosa sobre todo en la zona sur del estado, también se
continuó ejerciendo presión ilegal de los bienes en otros sitios del
estado, tanto maderables de alta apreciación (cedro y caoba), las
maderas utilizadas para la construcción de casas como para otros
propósitos no maderables (chakté Caesalpinia platyloba, jabín
Piscidia piscipula, chaká Bursera simaruba, chechen Metopium
brownei, tzalam Lysiloma bahamensis, entre otras)3. Sobre todo,
teniendo en cuenta la vasta cantidad de selvas que seguían siendo
terrenos nacionales y que eran susceptibles a ser utilizados.
Según Galletti (1999), con el otorgamiento de la empresa
MIQRO se dio un subsidio al desmonte, en donde la empresa solo
daba una cuota a los tenedores de la tierra pero éstos no tenían un
beneficio al aprovechamiento de sus montes.
Dándose cuenta del impacto que tuvo en el territorio la
tala de madera de manera constante por varias décadas a manos
de la empresas privadas, aunado a la finalización de la concesión
con MIQRO. Se pone en marcha el Plan Piloto Forestal entre
el gobierno de Quintana Roo y algunos ejidos con la finalidad
de tener un aprovechamiento forestal con una visión de largo
aliento sin acabar con los bienes comunes naturales que tenían.
Este plan se efectuó en los municipios de Felipe Carrillo Puerto y
Othón P. Blanco (Rebollar et al. 2002) con el apoyo federal de la
otrora Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH),
Los nombres en negritas hacen referencia al nombre que se les otorga en
el idioma maya.
3

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cuyos supuestos se encaminaron en que la selva debía representar
un atractivo económico para la población que la habitara, con
la finalidad de que no la destruyera, ya que los propietarios de
los montes debían ser actores de conservación por pertenencia
de capital natural, con miras de una economía forestal comunal
(Galletti op. cit.).

Figura 3. Croquis del ex-territorio de Quintana Roo (1933-1934). Tomado de
Mapoteca Manuel Orozco y Berra 2024.
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Otro producto no maderable que fue ampliamente
utilizado, que su corte data de la época prehispánica y con una
fuerte importancia económica a principios del siglo XX, es el
árbol del chicle (Manilkara zapota). Estos árboles son propios de
diferentes ecosistemas de México, incluyendo selvas, petenes y
dunas costeras, asimismo variando su envergadura dependiendo
de las condiciones físicas y biológicas que tenga.
Esta especie se comenzó a utilizar comercialmente desde
finales del siglo XIX principalmente en el estado de Veracruz
para la obtención de la resina que emanaba de las plantas, aunque
se dieron cuenta las Compañías explotadoras que el territorio de
Quintana Roo tenía una gran densidad de estos especímenes en el
entorno natural, con lo que las miras de explotación voltearon hacía
el sureste mexicano (Ponce-Jiménez 1990). Como consecuencia
de esto se comienza el poblamiento de la zona norte del naciente
estado, aunque de manera paulatina, ya que se daban poblaciones
flotantes migrantes que venían principalmente del vecino estado
de Yucatán “los hombres llegaban sólo durante el periodo de la
explotación del chicle (de junio a febrero), y como no hallaban
condiciones de vida urbana ni otra forma de trabajo (aunque
algunos se dedicaban al corte de maderas de marzo a junio), se
regresaban a su lugar de origen” (Pérez Águilar 2014:196).
Los campamentos chicleros llegaban al lugar señalado
con una buena biomasa de árboles de chicle para su corte,
asentaban pequeños poblados nómadas que incluían tanto a los
cortadores que extraían en precioso látex, con cortes en forma
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de “y”, no tan profundos como para matar a la planta, pero sí lo
suficiente para que salga el líquido, por otro lado las personas que
ponían a calentar el producto colectado, para que disminuyera
su humedad menor al 33% y resumirse para luego colocar la
goma en marquetas de 10 a 12 kg, así también lo capataces de
las principales compañías explotadoras, así como los cocineros
que alimentaban a todos los anteriores (Kawakami 2022). Por lo
que, como señalan algunos autores (Pinkus 2016) en ocasiones se
daba una migración de toda una familia para ir al corte de chicle
en la selva quintanarroense.
Toda la producción de chicle era vendido vía marítima a
los Estados Unidos a alguna de las grandes compañías William
Wrigley Jr. Company, la Beech-Nut Company y la American
Chicle Company. Las dos últimas tenían como subsidiaria en
México a la Mexican Explotation Company (Kawakami 2022).
Para lo que es la costa central de Quintana Roo, desde 1910 se
tenían censos de campamentos chicleros en Isla Mujeres, Tulum,
Playa del Carmen y Cozumel (Pérez Aguilar 2014). Siendo éste
último, el sitio de almacenamiento y exportación del chicle a
través de la Aduana de la isla de Cozumel (Ramos Díaz 1999).
La explotación chiclera inició en Quintana Roo por
empresas particulares con concesiones gubernamentales, no
obstante, se hace mención que en territorios ocupados por mayas
en ocasiones llevaba a conflictos por el usufructo “En 1919 …
un grupo de 6o mayas destrozó el campamento chiclero que
Pardío [Carlos] tenían en Playa del Carmen. Comandados por
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el jefe de la aldea Chumpóm saquearon el lugar“ (Ramos Díaz
1999:178). Es por ello que el gobierno federal buscó una alianza
con los ex rebeldes mayas dirigidos por el general Francisco
May, a tal grado, que incluso hubo reuniones del Gral. May
con el presidente Carranza, dotándolos finalmente a los grupos
indígenas de tierra para la explotación de la goma. Sin embargo,
se dieron nuevas concesiones particulares a personas influyentes
en los gobiernos federal y estatal a finales de los años 20’s con lo
que se reactivó el descontento de los mayas. Lo que llevó a una
serie de encuentros y desencuentros entre representantes de las
diferentes instituciones, las compañías chicleras particulares y los
grupos indígenas que no estaban en una completa homogeneidad
de pensamiento (Kawakami 2022). Cabe mencionar que en este
proceso de producción y mercantilización de la materia prima
para la elaboración del chicle, llevó como consecuencia la
construcción de una red de caminos —habrá que recordar que
casi todo el comercio se realizaba por las vías marinas y venas de
ríos— para tratar de conectar los campamentos chicleros con las
centrales chicleras (Pérez Aguilar 2014).
Todo ello sucede en medio de una gran producción de la
valiosa resina que se continuaba exportando, lo cual persistió en la
década de los 30’s, vislumbrando tanto en la figura 3 con los más
de 90 permisionarios de explotación chicle con comparativas entre
los años 1931 a 1934. Así también, en la figura 4 aparecen tanto
permisionarios como los ejidos con concesión de explotación,
incluyendo al recién formado ejido de Playa del Carmen.
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Figura 4. Carta general del territorio de Quintana Roo. Tomado de Mapoteca
Manuel Orozco y Berra 2024.

La producción de chicle comenzó su debacle cuando
aparece la goma de mascar sintética derivada de polímeros de
petróleo (acetato de polivinilo) en los años de 1950, con lo que se
fue reemplazando paulatinamente en la siguiente década la savia
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�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

del chicozapote tanto por los costos como por la disponibilidad
de la nueva goma. En la actualidad, existen todavía consorcios y
cooperativas que utilizan el chicle derivado del árbol de manera
artesanal.
Reparto de la tierra
Como ha sido señalado en apartados anteriores, previo al
decreto de la creación de Quintana Roo y en sus primeras décadas,
la tenencia de este territorio estaba dividido en los terrenos
nacionales que eran del estado de manera oficial y aquellos que
pertenecían a los asentamientos humanos —habrá que acotar
que durante la rebelión maya, se apropiaron de tierras aledañas
que posterior al conflicto algunas de ellas aún eran posesionarios
las poblaciones rebeldes—. Por lo que el manejo del territorio
básicamente era dado por el gobierno mediante los permisos de
usufructo del entorno (explotación maderera principalmente) a
consorcios, compañías o particulares. No es hasta posterior a la
revolución mexicana, cuando aparece una nueva forma de tenencia
de la tierra, los ejidos y la repartición del área de Quintana Roo.
Según Careaga e Higuera (2011) el reparto de tierras
comenzó con la presidencia de Emilio Portes Gil (1928-1930)
en el sur del estado, el cual dependía de la vocación productiva
para la extensión del dote, sin embargo, debido a la problemática
de extinción jurídica del territorio, los repartos de 1931 a 1935
se hacen a través de los Estados de Campeche y Yucatán,
reanudándose a lo largo de todo el territorio con Lázaro Cárdenas,
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ya como entidad federativa, dentro de los que se incluye al ejido
de Playa del Carmen. Por lo que de 1928 a 1958 se dotó de tierra a
58 ejidos, siendo los gobiernos de Cárdenas y Ávila Camacho los
que fundaron un mayor número, 19 y 22 respectivamente.

Figura 5. Carta registro de Quintana Roo (1944). Tomado de Mapoteca
Manuel Orozco y Berra 2024.
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A decir de González et al. (2007) los ejidos fueron formados
aplicando criterios de posesión de la tierra a chicleros y poblados
mayas, así como otorgamiento por criterios forestales para el corte
de maderas principalmente en el sur (420 ha por ejidatario), todo
ello con la finalidad que los grupos pudieran vivir principalmente
del corte de chicle. Aunado a ello se les obligaba por ley a los
ejidatarios a conservar las selvas y manejarlas racionalmente.
En mapas de mediados de ese siglo se puede vislumbrar la gran
cantidad de tierra en manos de los ejidos y gran parte de reserva
forestal (figura 5).
En la costa nororiental se asentaron tres ejidos desde la
primera década de la repartición: el ejido Puerto Morelos en 1936
con 21420 ha, un año después el ejido Playa del Carmen con una
dotación de 22680 ha, en 1938 también se dota de terreno al ejido
de Tulum con 9660, todos ellos con una vocación más encaminada
a la chiclería y como punto estratégico para el almacenamiento
del producto antes de enviarse a Cozumel.
En contraste, la política agraria para las décadas de los
60 y 70’s cambió diametralmente, hacia una mirada agrícola
y ganadera, con fuertes transformaciones de uso del suelo,
repartiendo tierras de 20 ha por ejidatario sin el compromiso antes
dado del manejo considerado del entorno (Gallieti 1999). Como
una respuesta a esta política pública, es que se comienzan a realizar
planes alternos, como se señaló anteriormente en el apartado de
árboles y maderas, buscando una recuperación y preservación de
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las selvas deterioradas con los actores sociales posesionarios de
la tierra y que actuaran en conjunto, en sociedades de ejidos.
En la actualidad, se tiene un registro de que Quintana
Roo posee 279 núcleos agrarios, lo que representa poco más de 2
millones 769 mil hectáreas con 60588 beneficiarios (RAN 2024).
El 59.5% de los terrenos ejidales están asentados en selvas,
contrastando con el 26.3 % que está relacionado a la ganadería,
con pastos naturales o agostaderos.
Un golpe que afectó a los ejidos no sólo en Quintana
Roo sino en toda la república fue la modificación del artículo 27
constitucional y por ende a la ley agraria, desmembrando en muchas
ocasiones a los ejidos y perdiendo de vista el vínculo comunal
que en ellos se daba, más aún con la inserción de programas
de parcelamiento —tal como el Programa de Certificación de
Derechos Ejidales y Titulación de Solares (Procede)— que
otorgaban prácticamente títulos de propiedad y enajenación de
los territorios ejidales a particulares o incluso a empresas, como
sucedió con gran parte de la costa quintanarroense. Esto es lo
que ha hecho que terrenos ejidales hayan sido utilizados para
edificar ya sea hoteles de importantes cadenas internacionales o
inmobiliarias, lo cual está íntimamente relacionado con el boom
turístico. Incluso en últimas fechas, se han hecho expropiaciones
en los dos ejidos costeros relacionados con el Tren Maya, al ejido
de Playa del Carmen se le sustrajeron 59.4 ha, en tanto que al de
Tulum 66 ha (RAN 2024).
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Crecimiento poblacional e impacto turístico
Hasta la década de los años 70 del siglo pasado, el crecimiento
del estado de Quintana Roo había sido de forma paulatina,
siempre dirigida hacia el aprovechamiento de los bienes comunes
naturales, ya sea el corte de madera o la chiclería de forma
particular o de los ejidos o consorcios de éstos, hasta la ganadería,
en donde se realizó un cambio de uso del suelo hacia la parte
agrosilvopastoril, siempre con una vocación de explotación del
entorno. Sin embargo, en la década siguiente la costa de Quintana
Roo se vuelve un nodo fundamental para el modelo de desarrollo
basado en el turismo, ideado como una estrategia de diversificación
y acumulación de capital ante la crisis petrolera. Esto llevó a una
transformación del Estado hacia los principios neoliberales para
facilitar la expansión de dicha actividad económica de la mano
del sector privado. En consecuencia, se invierte en infraestructura
y los esfuerzos se concentran en el desarrollo de los Centros
Integralmente Planeados (CIP’s).
Si bien el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz
tuvo la idea de buscar nuevas fuentes de divisas eligiendo
a Cancún como punto de partida del turismo en el sureste
mexicano, se tuvo que empezar desde la búsqueda de mano de
obra (trabajadores chicleros) para el desmonte de la zona hasta
la búsqueda de financiamiento del proyecto hotelero a mando del
Banco Interamericano de Desarrollo, e incluyendo la construcción
del Aeropuerto Internacional de Cancún (Careaga y Bonfil 2011).
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Así pues, es en los años 80 cuando se da un cambio radical
por la continua edificación hotelera de la ciudad de Cancún. El
boom hotelero, no ha parado desde ese entonces y se ha hecho
expansivo hacia el sur de la costa, abarcando zonas conocidas
como la Riviera Maya (Puerto Morelos, Playa del Carmen, Puerto
Aventuras y Tulum) y lo que ahora se conoce como Costa Maya
(Mahaual).
Muchos de estos cambios se han realizado a costa de
territorio ejidal a bajo costo y con un crecimiento poblacional
descomunal, no solo por los hoteles que en estos lugares se han
edificado sino por el personal para soportarlos. Una consecuencia
de la política de desarrollo en los polos turísticos es el rápido
aumento de la población, impulsado por una intensa migración
hacia estas nuevas áreas que brindan oportunidades económicas.
Este proceso va acompañado de un crecimiento urbano
igualmente acelerado, aunque desorganizado y caracterizado por
un alto grado de exclusión, como se ha visto en Playa del Carmen
(Castillo-Pavón y Méndez Ramírez 2017, 101-118).
Como se puede observar en la tabla 1, el crecimiento de
Playa del Carmen fue de forma apresurada desde los años 2000,
lo cual está relacionado con la edificación masiva de cuartos
hoteleros, así como de vivienda para las personas que brindaban
los servicios tanto en esta ciudad como posteriormente en los
complejos hoteleros cercanos que están a lo largo de la costa
quintanarroense.
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Tabla 1
Población municipal y de Playa del Carmen por décadas 4. + Tomado
de COESPO Quintana Roo 2010. *Cozumel era un solo municipio
que incluyó a Playa del Carmen hasta 1993.

Año

Población en
el municipio

Población en Playa
del Carmen

2020

Solidaridad 333800

304,942

2010

Solidaridad 159310

149923+

2000

Solidaridad 63 752

43,613

1990

Cozumel 44903 *

3,098

1980

Cozumel 23 270*

737

1970

Cozumel 12 622*

S/D

1960

Cozumel 7562*

98

Encarnar el territorio: la percepción de los pobladores de
Playa del Carmen
Una de las mayores representaciones que aluden a la conformación
del paisaje y la transformación en el uso de los bienes comunes
naturales son los mapas. Como hemos visto a lo largo de este
artículo la cartografía ha dado cuenta del desarrollo histórico
ambiental de la zona de la costa quintanarroense. Los mapas
suelen ser grandes aliados para sintetizar y presentar información,
Tomado de INEGI Censo de Población y Vivienda 2020, Censo de Población y Vivienda 2010, XII Censo General de Población y Vivienda 2000, XI
Censo General de Población y Vivienda 1990, X Censo General de Población
y Vivienda 1980, IX Censo General de Población 1970, VIII Censo General
de Población 1960.
4

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sin embargo, cada mapa se produce en distintas relaciones de
poder determinadas, ya sean culturales, políticas o sociales. Es
importante mencionar que no son neutros y por esto es difícil
representar la realidad tal cuál la vemos, pues depende de quién
mire. Los mapas suelen representar de una manera gráfica,
ideas homogeneizadas sobre los territorios desde delimitaciones
geográficas hasta elementos del paisaje.
No obstante, existen otras formas de confabular los mapas
más allá de los límites del relato cartográfico elaborado desde
una gráfica monofónica. En este sentido, la elaboración crítica
de mapas desde la pluralidad de miradas es otra forma de narrar
el territorio, esto conlleva a buscar y generar espacios para el
intercambio colectivo de memorias y saberes, se desarrollan
narrativas y representaciones sobre los territorios de maneras
diversas y contrahegemónicas en comunalidad.
Para poder lograr una encarnación común del territorio
es necesario transitar también por dos distintas dinámicas, en un
primer lugar el proceso de desterritorialización pues este considera
“una pérdida de la relación natural de la cultura con los territorios
geográficos y sociales” aunque no necesariamente implica una
pérdida total, (García Canclini, 1989) al perder la agencia o
abandono al territorio sucede al mismo tiempo una búsqueda de
construcción (Herner, 2009: 168) configurando así una segunda
dinámica, el proceso de reterritorialización, este pretende dar cuenta
de “una reinvención social, incidir en los efectos causados sobre las
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formas de vida y las transformaciones en sus identidades con la
finalidad de preservar la memoria histórica en la reconfiguración
de nuevos espacios y generar un mayor desarrollo de la sociedad
en general” (González y Ceballos, 2018).
Con el fin de conocer estos procesos, se propone desde
la investigación cualitativa con un enfoque interdisciplinar
y colaborativo utilizar la técnica del mapeo colectivo para
generar una elaboración crítica de mapas. Como herramienta de
intercambio colectivo, el mapeo se plantea como una práctica de
reflexión en el cual el mapa es el medio y no el fin (Ristler y Ares,
2013). Permite a través de representaciones gráficas, construir
y socializar otras representaciones territoriales, visibiliza otras
dimensiones buscando las memorias que prevalecen y lo que hace
significativos a los territorios para las personas que los habitan
(La Fuente y Hornillo, 2017).
Así pues con el apoyo de esta herramienta buscamos
representar la historia oral de los pobladores de Playa del
Carmen respecto a los procesos de desterritorialización y
reterritorialización que ha experimentado la ciudad en las últimas
décadas para aportar otras miradas, otros entendimientos y otras
construcciones del territorio de Playa del Carmen en colaboración
con quiénes lo han habitado.
El trabajo de campo se llevó a cabo del 28 de mayo al 25 de
junio del 2024 en el municipio de Solidaridad al norte del Estado,
específicamente en la cabecera municipal en Playa del Carmen. La
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indagación sobre las maneras en las que se genera y se manifiesta
lo común en esta ciudad nos llevó a idear una organización
basada en encuentros mixtos: colectivos e individuales. Este
último formato también permite las intervenciones colectivas
en los mapas desde la generación de diálogos e interacciones
gráficas entre participantes, en donde se podrían ligar sus propias
experiencias y memorias sobre el territorio. En este sentido, la
construcción colectiva de conocimiento a través del mapeo fue
nutrido por cada participante desde sus propias percepciones,
saberes, habilidades, historias, recuerdos, emociones y sentires.
Las herramientas utilizadas para dicho mapeo fueron
4 planos urbanos de la localidad de Playa del Carmen a escala
1:1000. La intención era ser intervenidos por un aproximado de 1
a 4 personas por mapa. Cada mapa representaría una década clave
para los fines del presente estudio, es decir, un mapa representaría
el año de 1980, otro 1990, otro inicios del 2000 y finalmente un
mapa para la representación del 2010.
El mapeo fue complementado con un guion de preguntas
nombradas “disparadoras”, las cuales fueron categorizadas
de acuerdo con las metas de este estudio. De tal forma que el
cuestionario se dividió en la categoría de espacio urbano, bienes
comunes naturales y actividades económicas. Estas preguntas
no sólo vislumbraron las categorías de interés, sino también
fueron un apoyo para la orientación de los participantes durante
el ejercicio de memoria en relación a su ambiente físico y
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sociocultural. Asimismo, fueron clave para indagar y dar cabida a
la profundización de sus sentipensares sobre el territorio, puesto
que al ser preguntas semiestructuradas hubo flexibilidad y apertura
para un diálogo activo y para conducir e integrar las narrativas
desde las propias vivencias de los habitantes. Así compartieron
un enriquecido panorama histórico y cultural.
El primer participante clave fue contactado a través de
la red social de Facebook en una robusta y sólida comunidad
activa en el grupo llamado “Recuerdos de Playa del Carmen”.
Dicho participante fue identificado a partir de las descripciones
nombradas en las interacciones con otros usuarios relacionadas a
la temporalidad, los recuerdos evocados y los sentires plasmados.
Este primer contacto fue el vínculo para invitar a un primer
participante ejidatario para el mapa de 1980, a quien se visitó
en la casa ejidal de la localidad, donde a su vez se encontraban
otros ejidatarios quienes se unieron a la actividad, mientras que
otros decidieron solo observar y se unieron para afirmar algunos
recuerdos. Los participantes de los otros tres mapas, 1990, 2000
y 2010, fueron contactados a través de la convocatoria compartida
en redes sociales y de voz en voz. Los encuentros fueron
coordinados de acuerdo a las posibilidades y oportunidades de
cada persona.
En el mapeo colectivo de 1980 participaron dos ejidatarios
originarios de Playa del Carmen. Los participantes siempre se
mostraron emotivos e incluso cada recuerdo fue acompañado de
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un relato histórico. Esto último es valioso, pues fue únicamente en
este mapa en donde se basaron casi en su totalidad en la historia
oral para compartir sus conocimientos sobre el territorio (Véase
Figura 6).5

Figura 6. Cartografía Colectiva de 1980.

Al finalizar la actividad un ejidatario, muy bondadoso, compartió muchas
otras valiosas historias y datos históricos de su infancia y juventud en Playa
del Carmen, los cuales por los objetivos de este estudio no se harán mención.
Sin embargo, esto puede ser una invitación para colaborar en la salvaguarda de
la memoria colectiva de una localidad con un desarrollo turístico desenfrenado
en donde la globalización trastoca a profundidad la identidad territorial haciéndola difusa e incluso silenciosa.
5

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Tabla 2
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen de 1980.

De acuerdo a los datos compartidos por los participantes
se muestra un apasionante, profundo y vasto conocimiento sobre
el contexto histórico de la localidad como el año de su fundación,
la identificación de las familias ejidatarias fundadoras de quienes
siempre resaltaron ser chicleros, los límites de los ejidos y tienen
muy presente que Playa del Carmen fue parte del municipio de
Cozumel.
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Además, se compartió mucha emotividad durante las
remembranzas sobre los primeros desarrollos urbanos de la
localidad. Como se mira en la figura 6, las formas de vida
devienen únicamente a los alrededores de la actual Av. Juárez a la
altura de la 5ta avenida muy cerca de la Capilla de Nuestra Señora
del Carmen hasta la actual calle 8. Como se observa en la tabla
2 el espacio urbano estaba conformado por pequeños locales de
servicio y comercio, así como de algunas pequeñas instituciones.
Más allá de ello solo había monte, no existían las calles y los
únicos caminos eran de terracería.
En ese pueblo costero, una localidad de embarque para
cruzar hacia la Isla de Cozumel, los bienes comunes naturales eran
abundantes, debido a que casi la totalidad de la mancha urbana
actual no existía en los años 80. Los participantes resaltaron
en todo momento la abundancia de otras especies con quienes
convivieron armónicamente. Destaca mucho la naturalidad con
la cual expresan haber visto venados, jabalís, cochinos, pavos
de monte y cocodrilos, por ejemplo. Muchas de las especies
mencionadas formaban parte de su cotidianidad, pues siempre
entraban a sus propiedades o estaban muy cerca de ellas. Hacen
mención del Patch Pakal, en donde sembraban un poco de maíz,
calabaza y achiote de donde se alimentaban los venados. También
destacaron la diversidad marina cuando expresaron con cierta
nostalgia y alegría que había “(...) mucho pescado” y recordaron
ir en busca de tortuga blanca por las noches. El arrecife es
nombrado con mucha presencia y familiaridad.
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Respecto a las actividades económicas se puede observar
en la figura 6 el asentamiento de escasos establecimientos locales
con servicios básicos y pequeños comercios que no van más allá
de la 5ta avenida con calle 8 como se mencionó anteriormente.
Destacan la artesanía, tiendas, restaurantes, hotelería y pesca.
El contexto del mapa de 1990 nos habla de la vida en
una costa donde aún la gente caminaba descalza y dormía
con las puertas abiertas de sus propiedades. Este último dato
fue mencionado con mucha nostalgia por todos y todas las
participantes, en donde se entiende que era una zona segura y en
calma. En este mapeo la tradición oral sigue presente evocando
recuerdos sobre sus formas de vida ligadas a su territorio.

Figura 7. Cartografía Colectiva de 1990.
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Tabla 3
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen de 1990.

Este mapa vislumbra un cauteloso crecimiento, pues
en la categoría de espacio urbano se señalan asentamientos de
instituciones, comercios y servicios localizados en zonas aisladas
sobre la vegetación nombrada en el mapa anterior por los
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participantes como monte (Véase Figura 6 y 7). El espacio urbano
ya no se limita hasta la calle 8 con 5ta avenida. La superficie de
la creciente mancha urbana se mira casi sobre los límites de la
carretera federal hasta la avenida Constituyentes. Asimismo, se
cristaliza una transición de los comercios en donde la presencia de
tiendas locales con productos básicos y alimenticios o de servicios
locales coexisten con la introducción de cadenas comerciales
como se aprecia en la figura 7 con el pequeño supermercado
“San Francisco de Asís” y la presencia de empresas de transporte
como ADO, por poner algunos ejemplos. En esta década inicia la
ocupación de la Colonia Colosio.
Los bienes comunes naturales aún están presentes en la
cotidianidad de la población, pues se hace mención de diversas
especies no solo en los alrededores de la pequeña zona urbana,
sino también entre los asentamientos. Los cenotes, el manglar,
los venados (Odocoileus virginianus), los sereques (Dasyprocta
punctata), los monos araña (Ateles geoffroyi), la langosta
(Panulirus argus), entre otros, son nombrados en su vida habitual
con gran cercanía.
En relación a las actividades económicas resalta la
producción primaria con la pesca como una actividad importante
y muy presente en la dinámica de la localidad, desde su venta en el
litoral costero como la venta de casa en casa. Así como un sector
terciario con bares, antros, restaurantes, tiendas comerciales y
hotelería (Véase tabla 3).
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Dando un salto al milenio, la cartografía colectiva del año
2000 muestra un contexto con un litoral costero no erosionado,
con diversidad marina e infraestructura física sin un desarrollo
descomedido. Sin embargo, la proliferación de viviendas,
comercios e instituciones se extiende ya no únicamente hasta el
límite de la carretera Federal con avenida Constituyentes, tomando
como punto de partida donde se encuentra la Capilla de Nuestra
Señora del Carmen por la avenida Juárez con 5ta avenida, sino
que la mancha urbana incrementa más allá de la carretera Federal.
Proyectando un crecimiento hacia el noroeste.

Figura 8. Cartografía Colectiva del 2000.

La categoría de espacio urbano deja ver una diversidad
de instituciones, tiendas comerciales y de servicios y resalta
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la presencia de una pequeña plaza comercial llamada “Plaza
Pelicanos”(Véase Tabla 4), el cuál cristaliza el contraste de los
últimos años por introducir tiendas departamentales y cadenas
comerciales.
Tabla 4. Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información
desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del
Carmen del 2000.

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En los bienes comunes naturales sobresalen los recuerdos
de un litoral costero no erosionado, así como la presencia
de manglar, venados, monos, mapaches, coatíes, sereques,
murciélagos, aves, arañas, tayras y diversidad de especies marinas
como tortugas, rayas y bancos de peces a pocos metros de la línea
de la base de la costa en el mar territorial. Asimismo, aún resaltan
la presencia de cenotes en la zona urbana.
Referente a las actividades económicas destacan las
secundarias como se mira en la Tabla 4 con la construcción
de viviendas o fraccionamientos conocidos como “Misión
del Carmen” y “Galaxia del Carmen” al oeste de la Colonia
Colosio, cruzando la Carretera Federal. Así como la presencia
del sector terciario con servicios de restaurantes, hoteles, bares,
supermercados, tiendas y cadenas comerciales.
El mapa del 2010 ilustra con mayor transparencia
la dinámica y la exacerbada transformación socioterritorial
de Playa del Carmen en tan solo 30 años con una acelerada
reducción de la superficie señalada como monte en los mapas
anteriores. Asimismo, resalta en su contexto una localidad
segura hasta el 2016 cuando se percibió el incremento de
la inseguridad. Además, está más presente la planeación y el
desarrollo de viviendas e instituciones. Hasta este punto el
relato histórico está ausente y la narrativa reposa únicamente en
la identificación de ciertos lugares dentro de la mancha urbana
o los que están por construir.
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Figura 9. Cartografía Colectiva del 2010.

En cuanto a la categoría de espacio urbano se refleja
una reproducción de la mancha urbana más allá de la colonia
Ejidal, hacia el oriente, pasando la avenida 115. Asimismo, se
proyecta el continuo crecimiento de la zona noroeste paralelo
al litoral costero en donde se proyectan y materializan nuevos
fraccionamientos, zonas residenciales o de viviendas, así como
algunas nuevas instituciones públicas (Tabla 5).
En relación a los bienes comunes naturales no se identifican
especies con una presencia significativa en la mancha urbana,
únicamente a los alrededores de las nuevas viviendas cercanas a
zonas de construcción en donde figuran y se desplazan especies
como coralillos (Micrurus apiatus), tarántula azul (Tlitlocatl sp.),
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alacranes (Centruroides spp.), murciélagos y venados. También
se hace mención de cenotes por dicha zona entre los bordes de la
zona urbana y el monte.
Tabla 5.
Elaboración propia de acuerdo al vaciado de información desde las categorías de análisis del mapeo colectivo de Playa del Carmen del 2010.

En las actividades económicas el sector de la construcción
está sumamente presente en el desarrollo de zonas habitacionales,
comercios e instituciones públicas hacia el oriente cruzando la
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carretera federal. Además, destaca la llegada de cadenas comerciales
de mayoreo como CEDIS Coca-Cola y el Sam´s Club. Así como de
otras Plazas Comerciales como lo es “Centro Maya”.
Reflexiones Finales
El desborde de las expectativas demográficas a partir del milenio
precisan que no es casualidad el detonante del crecimiento
poblacional por el flujo migratorio y su consecuente urbanización
explosiva con la creación del municipio de Solidaridad en 1993,
siendo Playa del Carmen su cabecera municipal, al tiempo del
naciente Estado neoliberal quien acompañó los modelos de
desarrollo del capitalismo global. De hecho el panorama político
y económico de finales del siglo pasado fueron los engranajes
para cimentar, consolidar y posicionar a la Riviera Maya como un
destino turístico líder a nivel mundial.
Un aspecto fundamental es la modificación del artículo
27 constitucional durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari
inscrita en los procesos de modernización neoliberal de la política
del Estado, cuando la reforma agraria de la propiedad social
con la tenencia de la tierra ejidal y comunal se acentúan en los
tintes individualistas característicos de la propiedad privada.
Este nuevo panorama fue un campo fértil para la inversión
privada y puntualmente en la costa norte del estado de Quintana
Roo la oportunidad de los mercados globales para proliferar su
megaproyecto de turismo masivo de sol y playa. El cual siempre fue
instrumentado por el gobierno federal desde una débil regulación.
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Lo anterior es importante en la medida que Playa del
Carmen antes de dicha reforma recibía un turismo en pequeña
escala y con un perfil más rústico siendo el turismo europeo
quienes preferían dicho destino. Esto último fue mencionado por
los participantes del mapa de 1980 en el relato oral, cuando nos
comparten su percepción del mar y del arrecife fuera del relato
económico con una interacción de su entorno cimentado desde un
entramado cultural opuesto al quebrantado por el turismo masivo
de la actualidad. Desde sus propias palabras nos narran: “(...) el
arrecife era algo natural para nosotros, luego nos pedían que los
llevemos allá a los extranjeros y así empezamos los tours. Nos
regalaban sus equipos (...)”.
Las reformas en las políticas públicas de principios de los
90´s facilitaron el acaparamiento de tierras ejidales para favorecer
la inversión extranjera en esta zona que refleja el cambio de los
bienes comunes naturales de aprovechamiento sostenible a una
sobreexplotación y depredación de los mismos. Incluso en los
años de explotación de maderas y chicle del siglo pasado no se
generó un preocupante desequilibrio de los ecosistemas del estado
y del encarecimiento del suelo y la vida como contrariamente lo
ha hecho el desarrollo turístico en la región.
Anteponer la rentabilidad ha resultado en segregación
socio-espacial, erosión de los ecosistemas, incremento de la
violencia, la privatización y el despojo de las tierras y una serie de
afectaciones sistemáticas. Esto también se puede identificar en la
comparativa de los cuatro mapas participativos, pues la cartografía
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social de los años 80’s visibiliza modos y condiciones de vida
locales y cómo estos van transitando hacia la inserción de los
grandes comercios y servicios para acondicionar el performance
del sector turístico de masas que conocemos hoy en día.
Desde inicios de este siglo el ecocidio de una gran
superficie de área verde, de manglar y de playa han dado paso a la
dominación de la construcción no solo de hoteles, supermercados,
plazas comerciales, instituciones y viviendas, sino también del
apogeo de las inmobiliarias quienes no sólo perpetúan un sistema
urbano jerárquico sino que también densifican el centro y la costa,
a expensas del desplazamiento de vidas humanas y no humanas;
cerrando de esta manera no solo el acceso a los ecosistemas
sino también a la conformación de la relación intrínseca entre el
paisaje y la memoria.
El auge del boom turístico configuró más ampliamente
un proceso de desterritorialización para la población de Playa
del Carmen, esta expansión se realizó en su mayoría sobre los
terrenos ejidales. La cartografía histórica presentada da cuenta de
la relación de las instituciones con los bienes comunes naturales
y la instauración de un relato histórico del entorno. Sin embargo,
la relación de la población con el territorio se ve desplazada.
Los pobladores de Playa del Carmen con el paso del tiempo han
tenido que reconstruir en cada etapa de cambio, su relación con el
territorio, en esta reterritorialización encontramos que la memoria
y los saberes respecto a los bienes comunes naturales permanecen
en los relatos orales y ahora gráficos; se da nota de los primeros
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�Desterritorialización

bosquejos de una conformación de una identidad playense que se
caracteriza por la añoranza del paisaje y el sentido de comunidad
social, en el caso de los ejidatarios y personas que ha vivido en
esta localidad desde los años 80´s e incluso 90’s.
Si bien desde el siglo pasado el relato político sobre el
territorio quintanarroense era narrado como un estado vacío e
inhóspito a pesar de haber estado habitado por poblaciones mayas
e incluso poblaciones migrantes como la afrobeliceña, este mismo
discurso es llevado al relato político contemporáneo para justificar
que antes del turismo no existía nada. Lo cierto es que la relación
de los pobladores mayas, los combatientes de la Guerra Social
Maya y los chicleros se ven presentes desde finales del siglo XIX
pasando por la conformación del territorio quintanarroense a
inicios del siglo XX y el bosquejo agrario y ejidal de 1932.
La valoración, el entendimiento y la visibilización de otras
narrativas sobre las relaciones que se han llevado con el territorio
es una vía que creemos necesaria. En ella se pueden encontrar
relatos asociados a la memoria histórica donde se han conformado
y vinculado los propios devenires y las colectividades. Aquí
debemos prestar atención porque nos hablan de la existencia de
otras formas de construir y devenir con nuestro entorno como lo
hemos visto a lo largo de este texto con la memoria histórica de un
Playa del Carmen de chicleros, pescadores y propiedad comunal.
El turismo es un éxito para el interés de la inversión
privada, pero un proyecto fallido para la población playense.
La apuesta tal vez sería sostenernos de estas añoranzas junto a
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�Miguel Angel Pinkus, Ashantti Niquete y Abril Gonzalez-Ku

los actuales puntos de fuga donde las multiplicidades inclinadas
a la vida se encuentran para confabular narrativas colectivas,
pues desde ahí surgirían relatos que no convergen y, por
tanto, interpelan a la cartografía colonial con sus narrativas
dominantes. Por poner dos ejemplos de estas fugas, uno de ellos
es la articulación de jóvenes playenses que aunque inmersos ya
en un contexto globalizado y cosmopolita en la conformación
de Playa del Carmen como ciudad, también dan cuenta de los
cambios que han ocurrido plasmando tintes de una conciencia
ecológica como lo es el proyecto de Cenotes Urbanos
donde buscan lograr una apropiación social de los entornos
subterráneos6. El segundo ejemplo lo podemos encontrar en las
articulaciones colectivas como el grupo “Recuerdos de Playa
del Carmen” en la red social Facebook donde las remembranzas
nos alientan en la esperanza.
Esto no se hubiera logrado sin la valiosa participación de
quienes sostienen estos territorios, por lo que queremos agradecer
infinitamente a quienes han intervenido en estos mapas.
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Roo. México: El Colegio de México. Fondo de Cultura
Económica, 2011.
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ciencia ciudadana, para lograr la conservación de los entornos subterráneos
de la península de Yucatán, a través de su apropiación social. https://www.
cenotesurbanos.org/
6

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�Escribiendo la memoria olvidada de un pueblo
Writing the forgotten memory of a village
Adi Estela Lazos Ruíz
Escuela Nacional de Estudios Superiores
Unidad Mérida, UNAM
https://orcid.org/0000-0002-9162-8308

Jonathan de Jesús Cruz Tamayo

https://orcid.org/0009-0007-3360-5718

Rafael Falla Pech

https://orcid.org/0009-0001-8759-503X
Recibido: 20 de septiembre de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: Kiní es un pueblo inmerso en un enorme legado y riqueza
ecológica y cultural por 3000 años de grupos mayas en la península
de Yucatán, sin embargo prácticamente no ha sido estudiado y sus
habitantes tienen interés en su patrimonio histórico y biocultural.
El presente artículo tiene como objetivo compartir el proceso de
elaboración de un libro sobre estos temas a partir de aparentemente
pocas pistas. Se ha conformado un grupo multidisciplinario entre
gente del pueblo que comparte sus conocimientos y memoria colectiva
y colaboradores externos especialistas en diversos campos, para
escribir su historia usando diversos métodos y fuentes que van desde
la consulta de archivos, la historia oral, las colectas botánicas, talleres
participativos, entre otros. Se espera que el libro resultante sirva a las
próximas generaciones para valorar su territorio.
Palabras clave: Kiní; patrimonio biocultural; cultura maya; historia
ambiental; microhistoria.
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�Escribiendo la memoria olvidada

Abstract: Kiní is a town immersed in an enormous legacy and
ecological and cultural wealth for 3000 years of Mayan groups in the
Yucatan Peninsula. However, it has practically not been studied, and
its inhabitants are interested in their historical and biocultural heritage.
This article aims to share the process of writing a book on these topics
based on apparently few clues. A multidisciplinary group has been
formed between local people, who contribute with their knowledge and
collective memory, and external collaborators, who are specialists in
various fields, to write Kiní’s history using various methods and sources
ranging from archival consultation, oral history, botanical collections,
participatory workshops, among others. The resulting book is hoped to
help future generations value their territory.
Key words: Kiní; biocultural heritage; Mayan culture; environmental
history; microhistory.

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�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

Historia, microhistoria e historia ambiental
Saber de la historia de su lugar de origen es una necesidad de las
sociedades e individuos para entender el paso del tiempo en el
espacio en el que están inmersos1. Algunos lugares tienen poca de
su historia escrita a pesar de su riqueza cultural y ambiental2. Esta
es una mina de posibilidades para explorar, especialmente cuando
atiende a los intereses de sus habitantes.
La historia de un pueblo pequeño puede considerarse una
aproximación a escala local. Esta escala es concreta y sensible,
permitiendo un acercamiento a las conductas individuales,
diferente de las escalas regional, nacional o global, que terminan
convirtiéndose en una construcción intelectual sin tantos detalles3.
De esta manera, la historia local permite que los grupos humanos
salgan del anonimato y su diversidad sea revelada. Un ejemplo
es el libro “Pueblo en vilo” de Luis González4, donde cuenta la
historia de su pueblo natal, San José de Gracia, Michoacán. El
texto fue publicado por primera vez en 1968, está organizado en
periodos históricos y contrasta el contexto regional y nacional con
Álvaro Acevedo, «La historia local, la historia regional y la
microhistoria como experiencia y posibilidad para la historia pública», Ciencia Nueva, revista de Historia y Política 5, n.o 2 (2021): 1-18, https://doi.
org/10.22517/25392662.24623.
2
Adi Estela Lazos Ruíz y Miguel Ángel Pinkus Rendón, «Historia ambiental de la región de la Reserva de la Biosfera Los Petenes en Campeche,
México», Revista Etnobiología 20, n.o 2 (2022): 236-51.
3
Paul Claval, El mundo por descifrar. La perspectiva geográfica. (Instituto
de Geografía, Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental, 2020).
4
Luis González, Pueblo en vilo, 4a. (Ciudad de México: Fondo de Cultura
Económica, s. f.).
1

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�Escribiendo la memoria olvidada

los sucesos que ocurren en San José. Algunos eventos que parecen
importantes en la historia nacional pasaron casi desapercibidos
en el pueblo. Por el contrario, algunos momentos triviales en el
contexto más amplio, dejan una marca profunda en las memorias
de la gente, como cuando el hombre más alto del pueblo se fue
con una compañía de circo cuando pasó por allí5. Esta obra fue
pionera e innovadora cuando en su tiempo usualmente se ponía
énfasis en una escala mayor y en eventos históricos nacionales. De
esta manera, Luis González es considerado uno de los primeros
exponentes de la llamada microhistoria, “que es la historia de una
comunidad a lo largo de una amplia temporalidad y que interpreta
la historia total de un grupo humano, es decir, intenta mirar todos
los aspectos de un colectivo particular”6. En este sentido el libro
de Kiní es un trabajo de microhistoria.
La historia ambiental también viene útil al libro de Kiní
porque tiene interés en las relaciones de las sociedades con la naturaleza7 a lo largo del tiempo. Para la historia ambiental la naturaLes Barrieres de la Solitude, Documental basado en el libro «Pueblo en
vilo» de Luis González (France 2, 1996), https://www.youtube.com/watch?v=Ryzf445Lars.
6
Acevedo, «La historia local, la historia regional y la microhistoria como
experiencia y posibilidad para la historia pública».
7
A lo largo de este texto se utilizan los términos naturaleza, naturaleza no
humana y medio ambiente como sinónimos. Estamos conscientes de que hay
matices entre definiciones, dicho debate se aborda con detalle en la obra de Job
Antonio Garcia Ribeiro y Osmar Cavassan, «Os conceitos de ambiente, meio
ambiente e natureza no contexto da temática ambiental: definindo significados», GÓNDOLA, Enseñanza y Aprendizaje de las Ciencias 8, n.o 2 (2013):
61-76.
5

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�Adi Lazos, Jonathan Cruz y Rafael Falla

leza no humana es un agente activo del devenir histórico8; tomando la metáfora de Pádua con una obra de teatro, considera que la
naturaleza no es una escenografía o telón de fondo donde suceden
los eventos históricos, sino que está viva, presente e influye en lo
que pasa en la historia9. Por esta razón, resulta cómodo abordar
el estudio de los usos históricos de la flora y la fauna, los rituales
agrícolas, las percepciones sobre los huracanes o la diversidad en
huertos caseros. Estos temas son todos de interés para los habitantes de Kiní y forman parte de su rico patrimonio biocultural.
Patrimonio biocultural
El patrimonio de una región está constituido por aquellos
elementos tangibles e intangibles producidos por las sociedades
y que identifican y diferencian a esa región. El patrimonio es
dinámico e incluye las manifestaciones de cultura popular,
lenguas, artesanías, conocimientos, valores y tradiciones
características de un grupo10. La convergencia de la riqueza
cultural y la riqueza de biodiversidad en un territorio resulta
en un corpus de conocimiento, prácticas de manejo (praxis) y
Stefania Gallini, «¿Qué hay de histórico en la Historiografía ambiental en
América Latina?», Historia y Memoria, n.o especial (2020): 179-233, https://
doi.org/10.19053/20275137.nespecial.2020.11586.
9
José Augusto Pádua, «As bases teóricas da história ambiental», Estudos Avançados 24, n.o 68 (2010): 81-101, https://doi.org/10.1590/S010340142010000100009.
10
Héctor Polanco y Lesbia Payares, «Patrimonio histórico-cultural y pensamiento complejo como estrategias del desarrollo sostenible», Multiciencias
12, n.o 3 (2012): 295-99.
8

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sistemas de creencias (kosmos)11, que constituyen un patrimonio
biocultural generado por las relaciones de las sociedades con el
medioambiente a través del tiempo12. Este medioambiente moldea
a los grupos humanos y ellos a su vez lo moldean, es decir, se
codeterminan13.
Otros términos relacionados con la idea de lo biocultural
son el conocimiento indígena local (ILK por sus siglas en inglés)14
y el conocimiento ecológico tradicional (TEK por sus siglas en
inglés)15, que apelan al conocimiento empírico tan antiguo como
la humanidad misma, desde los grupos de cazadores-recolectores;
se le llama tradicional pues indica una continuidad cultural
transmitida como principios, creencias y prácticas derivadas de la
experiencia histórica enraizada en un territorio16. Estos temas han
Víctor M. Toledo y Narciso Barrera Bassols, La memoria biocultural: la
importancia ecológica de la sabidurías tradicionales, Perspectivas agroecológicas (Barcelona: Icaria Editorial, 2008).
12
V. Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica:
Fundamentos, Métodos y Resultados.», Etnoecológica 6, n.o 8 (2001): 7-41.
13
V. Toledo y M. González de Molina, «El metabolismo social: las relaciones entre la sociedad y la naturaleza», en El paradigma ecológico en las
ciencias sociales., ed. F. Garrido et al. (Barcelona: Icaria, 2007).
14
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Ecosystems and People 19, n.o 1 (2023), https://doi.org/10.1080/26395916.2
022.2157490.
15
Anneli Ekblom et al., «Conservation through Biocultural Heritage—Examples from Sub-Saharan Africa», Land 8, n.o 5 (2019): 1-15, https://doi.
org/10.3390/land8010005.
16
Fikret Berkes, Sacred Ecology, 3a ed. (New York and London: Routledge,
2012).p.1-3.
11

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sido de interés para la antropología, la etnoecología, la geografía,
la ecología humana, la historia ambiental, entre otros campos.
Lindholm y Ekblom proponen que el patrimonio
biocultural constituye un marco para la conservación y el
desarrollo a través de memorias relacionadas al ambiente (e.g.
marcas humanas en el paisaje, propiedades biofísicas alteradas
directa o indirectamente por personas, ideas transmitidas
oralmente, entre otras), el análisis del paisaje y el cuidado y uso
para el futuro (e.g. integración del conocimiento tradicional en
políticas públicas) 17. Esto es, los autores estiran la definición de
patrimonio biocultural integrando al paisaje como repositorio
de interacciones humano-naturaleza no humana, a manera de
lienzo sobre el que se escribe y se reescribe a través del tiempo,
donde “se yuxtapone (…) lo que se ha puesto en el lugar en
épocas diferentes”, una suerte de palimpsesto18.
Por otra parte, el patrimonio biocultural es visto como
una fuente de estrategias de sustentabilidad. Una evidencia de
su pertinencia es que las zonas ecológicas mejor conservadas
de México coinciden con territorios indígenas19, lo que da
Karl-Johan Lindholm y Anneli Ekblom, «A Framework for Exploring and
Managing Biocultural Heritage», Anthropocene 25 (2019): 100195, https://
doi.org/10.1016/j.ancene.2019.100195.
18
Piveteau 1992 en Nicolas Verdier, «La memoria de los lugares: entre espacios de la historia y territorios de la geografía», en Lenguajes y visiones
del paisaje y del territorio, ed. N. Ortega Cantero, J. García Álvarez, y M.
Ruiz-Gómez (UAM, 2010), 209-17.
19
Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica: Fundamentos, Métodos y Resultados.»
17

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idea de cómo su conocimiento y manejo del territorio por
múltiples generaciones han resultado en el mantenimiento
de la biodiversidad en el largo plazo. Esta idea no es nueva,
Agrawal cuenta que si bien en las décadas de 1950 y 1960 el
conocimiento indígena era visto como atrasado o marginal y que
incluso podría obstaculizar el desarrollo, posteriormente, para
las décadas de 1980 y 1990, fue visto como una fuente valiosa de
información para sistemas de producción agrícola y desarrollo
sustentable20. En este sentido de reconocimiento de dichos
sistemas de tradicionales, Bhawuk enfatiza que los conceptos e
ideas de culturas indígenas incrementan la diversidad necesaria
para desarrollar modelos y teorías útiles para el presente y el
futuro a nivel global21.
Este potencial de proveer conocimientos y estrategias
para la sustentabilidad cobra más importancia ante la época
contemporánea que Steffen y colegas llaman “la Gran
Aceleración” 22. Ésta se trata de un fenómeno a escala planetaria
donde a partir de 1950 y hasta la actualidad, hay una tendencia de
ascenso vertiginoso de indicadores socioeconómicos — como
Arun Agrawal, «Dismantling the Divide Between Indigenous and Scientific Knowledge», Development and Change 26, n.o 3 (1995): 413-39, https://
doi.org/10.1111/j.1467-7660.1995.tb00560.x.
21
Dharm P.S. Bhawuk, «Globalization and Indigenous Cultures: Homogenization or Differentiation?», International Journal of Intercultural Relations 32,
n.o 4 (2008): 305-17, https://doi.org/10.1016/j.ijintrel.2008.06.002.
22
Will Steffen et al., «The Trajectory of the Anthropocene: The Great Acceleration», The Anthropocene Review 2, n.o 1 (2015): 81-98, https://doi.
org/10.1177/2053019614564785.
20

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la población mundial, el consumo de fertilizantes y el número
de vehículos automotores —, y de indicadores del sistema
terrestre — como el bióxido de carbono en la atmósfera, la
pérdida de bosque tropical y la acidificación del océano —23. A
estas tendencias se agrega la pérdida de conocimiento ecológico
tradicional a nivel global24, que implica una merma de miles de
años de aprendizaje.
Así, salvaguardar el patrimonio biocultural se torna en una
urgencia. Uno de los retos principales es cómo mantener vivo un
sistema corpus-praxis-kosmos de carácter dinámico, que se adapta
y reinventa continuamente. No existe un protocolo o fórmula única,
hay ejemplos como dar a conocer el patrimonio biocultural a través
de visitas guiadas a sitios de interés histórico, en especial para
infancias25, la investigación-acción participativa fomentando la
creatividad y el reencantamiento por el territorio26, la reconstrucción
Steffen et al.originally published in 2004 to show socio-economic and
Earth System trends from 1750 to 2000, have now been updated to 2010. In
the graphs of socio-economic trends, where the data permit, the activity of the
wealthy (OECD
24
Kaori Okui, Yoshihiro Sawada, y Takehito Yoshida, «“Wisdom of the Elders” or “Loss of Experience” as a Mechanism to Explain the Decline in Traditional Ecological Knowledge: A Case Study on Awaji Island, Japan», Human
Ecology 49, n.o 3 (2021): 353-62, https://doi.org/10.1007/s10745-021-00237-w.
25
Bibiana Vilá, Ana Maria Areco, y Yanina Arzamendia, «Niños y niñas en
la cueva: incluyendo el patrimonio biocultural en la escuela», Revista Etnobiología 21, n.o 3 (2023): 115-30.
26
Hellen Yurani Zamudio Ceballos, «Reencantamiento social con el patrimonio biocultural mediante una estrategia de diseño para la innovación social.
Estudio de caso: creatividad infantil», 2019, 196-207, https://doi.org/10.53972/
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23

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de historias del paisaje27, la conservación in situ de semillas28, entre
muchas otras. En el caso de este trabajo la estrategia adoptada ha
sido elaborar un libro. Ninguna de estas estrategias es suficiente
por si misma pero todas contribuyen al objetivo de salvaguarda.
El pueblo que se estudia en este artículo se encuentra en
un área que es depositaria de un amplísimo patrimonio biocultural
de más de 3000 años de antigüedad como se relata en la siguiente
sección.
Zona maya de la península de Yucatán
La península de Yucatán en el sureste de México, es una región
donde confluyen una alta riqueza biológica y cultural29, resultando
en un patrimonio biocultural generados por milenios de relaciones
de las sociedades mayas con el ambiente.
Entre los rasgos culturales que sobresalen está el idioma.
La maya es la segunda lengua indígena más hablada en México,
después del náhuatl. Hay alrededor de 765,000 mayahablantes en
la península30 y Mérida, Yucatán es la capital de estado con más
Ekblom et al., «Conservation through Biocultural Heritage—Examples
from Sub-Saharan Africa».
28
Margarita Rosales González et al., «Conservación in situ de semillas de
la milpa. Experiencia y propuesta para el cuidado del patrimonio biocultural
maya.», LEISA Revista de Agroecología, 2019.
29
Toledo et al., «El Atlas Etnoecológico de México y Centroamérica: Fundamentos, Métodos y Resultados.»
30
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años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.» (Instituto Nacional de Estadística y
Geografía (INEGI), 2024), https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/interacti27

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hablantes de lengua indígena en México31. No obstante, se nota
una disminución de la población que habla maya en la península
de alrededor del 3% entre 2010 y 202032.
La riqueza ecológica de la región se puede ver en la
diversidad de ecosistemas como selvas bajas, medianas y altas,
sabanas y pastizales, así como vegetación costera de manglares,
selvas inundables y petenes33. Es notable que aunque la península
no es un territorio fácil de habitar por su propensión a huracanes y
porque está formada por un sistema kárstico donde el agua corre
de forma subterránea y en ciertas áreas los afloramientos rocosos
hacen que haya poca materia orgánica, se han desarrollado
formas de manejo tradicionales consideradas como estrategias
de uso múltiple de los recursos. Algunos ejemplos son la milpa,
la cacería tradicional, la pesca, la diversidad en los huertos de
las casas y la producción de miel de melipona (abejas nativas
sin aguijón)34. Estas actividades no solamente se abocan a la
extracción o producción de alimentos para satisfacer necesidades
materiales y fisiológicas sino también culturales y sociales, donde
vos/?pxq=LenguaIndigena_Lengua_04_59db9355-f227-4ca4-a3a0-dbb899edbaef&amp;idrt=132&amp;opc=t.
31
Boege, El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México.
32
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.»
33
Rafael Durán y Gerardo García, «Distribución espacial de la vegetación»,
en Biodiversidad y Desarrollo Humano en Yucatán (Mérida: CICY, PPDFMAM, CONABIO, SEDUMA, 2010), 496.
34
Víctor Toledo et al., «Uso múltiple y biodiversidad entre los mayas yucatecos (México)», Interciencia 33, n.o 5 (2008).
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hay convivencia comunitaria y familiar al criar animales, cuidar
plantas, recolectar ingredientes, cocinar, preparar el pib (horno
bajo tierra), hacer rituales, celebrar fiestas35.
Como parte de Mesoamérica se incluye la domesticación
del maíz (Zea mays)36, el algodón (Gossypium hirsutum)37,
la chaya (Cnidoscolus aconitifolius)38, algunas calabazas
(Cucurbita spp.)39, entre otras plantas. Sobre estos procesos vale
la pena recordar que el conocimiento sobre la identificación,
selección, preparación y la dosis indicada de plantas como fuente
de alimento, por sus propiedades medicinales u otros usos se ha
desarrollado empíricamente. ¿Cuántas personas habrán muerto en
la búsqueda del momento apto para la cosecha o para encontrar
la parte y cantidad adecuada de la planta para comer? Aunque
Diana Cahuich Campos, Laura Huicochea Gómez, y Ramón Mariaca
Méndez, «El huerto familiar, la milpa y el monte maya en las prácticas rituales
y ceremoniales de las familias de X-Mejía, Hopelchén, Campeche», Relaciones Estudios de Historia y Sociedad 35, n.o 140 (2014): 157-84, https://doi.
org/10.24901/rehs.v35i140.107.
36
Alejandro Casas y Javier Caballero, «Domesticación de plantas y origen
de la agricultura en Mesoamérica», Ciencias, 1995.
37
Claudia Pérez et al., «Recursos Genéticos Del Algodón En México: Conservación Ex Situ, in Situ y Su Utilización», Revista Mexicana de Ciencias
Agrícolas 7, n.o 1 (s. f.): 5-16.
38
T. Chin-Chan et al., «Diversidad genética de la Chaya (Cnidoscolus aconitifolius (Mill.) I. M. Johnst. ssp. aconitifolius) en Yucatán, México, su posible
centro de domesticación», Polibotánica, n.o 51 (2021): 185-201, https://doi.
org/10.18387/polibotanica.51.12.
39
Luis E. Eguiarte et al., «Domesticación, diversidad y recursos genéticos
y genómicos de México: El caso de las calabazas», TIP Revista Especializada en Ciencias Químico-Biológicas 21, n.o 2 (2018): 85-101, https://doi.
org/10.22201/fesz.23958723e.2018.0.159.
35

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la humanidad sigue beneficiándose de esta tecnología hasta
el presente, los autores de tales descubrimientos y tecnologías
permanecen anónimos40.
La importancia de la región como centros de origen
de los cultivos mencionados, hace esencial para el mundo
proteger su acervo genético. Aunque los bancos de germoplasma
pueden ayudar a conservar la diversidad genética, una forma de
conservación mejor para especies tropicales es seguir sembrando
e intercambiando semillas, una tarea que realizan los productores
agrícolas a pequeña escala, los verdaderos guardianes de este
tesoro para la humanidad41.
La milpa o k’ool es un sistema complejo de policultivo
que involucra la siembra de varias especies al mismo tiempo,
entre las que destacan el maíz, el frijol, la calabaza y el chile. Sin
embargo, también incluye muchas otras especies de plantas de
valor alimenticio y medicinal, otras actividades como el manejo
del fuego en la roza-rumba-quema, la apicultura, la pequeña
ganadería, los rituales42 y la cacería tradicional43.
W. Ebeling, Handbook of Indian Foods and Fibers of Arid America
(Berkeley: University of California, 1986).
41
Rosales González et al., «Conservación in situ de semillas de la milpa.
Experiencia y propuesta para el cuidado del patrimonio biocultural maya.»
42
Silvia Terán Contreras, «Milpa, biodiversidad y diversidad cultural», en
Biodiversidad y desarrollo humano en Yucatán, ed. R. Durán y M. Méndez
(Mérida: CICY, PPDFMAM, CONABIO, SEDUMA, 2010), 54-56.
43
Dídac Santos-Fita et al., «La milpa comedero-trampa como una estrategia
de cacería tradicional maya», Estudios de Cultura Maya 42, n.o 42 (2013): 87118, https://doi.org/10.1016/S0185-2574(13)71387-X.
40

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Así también, hay una larga tradición desde tiempos
prehispánicos de actividades relacionadas a las costas, como la
pesca44 y la producción de sal45. Thompson relata las largas rutas
comerciales por mar desde lo que hoy es Tabasco hasta Honduras,
circunnavegando la península de Yucatán, transportando,
subiendo y bajando mercancías, personas e ideas; llamó a estos
mayas chontales o putunes, “los fenicios del Nuevo Mundo”46.
Aunque muchas rutas se han perdido47, continúa la relación
estrecha con la costa.
Algunas selvas de la península, que en primera instancia
parecerían muy bien conservadas, contienen vestigios de
civilizaciones pasadas. Estos rastros no solamente incluyen
reminiscientes de construcciones arquitectónicas sino también
se notan en la configuración de la vegetación. Ésta refleja usos
pretéritos del suelo, hábitos, costumbres, valores y necesidades
de sus usuarios – quienes deciden qué árboles conservar, cuáles
cortar, cuáles utilizar para madera, cuáles para leña, etc.-48. Algunos
Belem Alejandra Ceballos Casanova y Guelmy Anilú Chan Mutul, «Saberes de los pescadores de Progreso, Yucatán, México: de la tradición a las
condiciones actuales.», Revista Saberes Socioambientales 1 (2022): 77-85.
45
Rogelio Valencia Rivera, «Aj atz’aam, “los de la sal”. El uso de la sal en
la ciudad maya de Calakmul», Estudios de Cultura Maya 55 (2020): 11-40,
https://doi.org/10.19130/iifl.ecm.2020.55.0001.
46
E. Thompson, Historia y religión de los mayas (primera edición en inglés
1970) (Ciudad de México: Siglo Veintiuno, 2014).
47
Lazos Ruíz y Pinkus Rendón, «Historia ambiental de la región de la Reserva de la Biosfera Los Petenes en Campeche, México».
48
Adi Lazos Ruíz et al., «El uso de los árboles en Jamapa, tradiciones en un
territorio deforestado», Madera y Bosques 22, n.o 1 (2016): 17-36, https://doi.
44

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ejemplos de interveción humana que se notan en la estructura
de las selvas son los llamados jardines mayas que favorecieron
ciertas especies frutales49, o en las selvas secundarias que rodean
la ciudad de Mérida y otros pueblos de la región a causa de la
pasada actividad henequenera50. El paisaje contiene historias.
En el aspecto intangible, la cosmovisión maya incluye las
percepciones y relaciones con las selvas, integrando elementos
religiosos, mágicos, ecológicos y utilitarios. Por ejemplo, la selva
o monte es interpretado como contenedor de múltiples animales
y vegetales, todos vivos, con alma51. La ceiba (Ceiba pentandra)
es el árbol sagrado que sostiene al mundo como es explicado
en el árbol cósmico de López-Austin52. Uno de los libros más
importantes, el Popol Vuh, señala las interacciones entre plantas,
animales y humanos en la creación del mundo, de las cosas y
de la misma humanidad. Todo esto demuestra la complejidad y
extensión del patrimonio biocultural de la región, que hace que la
org/10.21829/myb.2016.221475.
49
Ronald Nigh y Anabel Ford, El jardín forestal maya. Ocho milenios de
cultivo sostenible de los bosques tropicales. (Ciudad de México: Fray Bartolomé de las Casas, 2019).
50
Aliza Mizrahi, José María Ramos Prado, y Juan Jiménez Osornio, «Composition, structure, and management potential of secondary dry tropical vegetation in two abandoned henequen plantations of Yucatan, Mexico», Forest
Ecology and Management 96 (1997): 273-82.
51
Juan Ramón Bastarrachea Manzano, «La vegetación maya: otra forma de
cosmovisión», en Manejo de la diversidad de los cultivos en los agroecosistemas tradicionales, ed. J. Chávez, J. Tuxtill, y D. Jarvis (Cali: IPGRI, 2004).
52
Alfredo López Austin, «El árbol cósmico en la tradición mesoamericana»,
Monografías del Real Jardín Botánico de Córdoba 5 (1997): 85-98.
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península sea clasificada como una de las Regiones Bioculturales
prioritarias para la conservación y el desarrollo en México53.
La península ha ido cambiando a lo largo del tiempo,
principalmente por ciclos de actividades económicas que modifican
el medioambiente y las sociedades. En el pasado ya hubo auge de
extracción y producción de especies vegetales como la extracción
de palo de tinte (Haematoxylum campechianum), la extracción de
chicle (Manilkara zapota), las plantaciones henequeneras (Agave
fourcroydes), la extracción de maderas finas.
En particular, la zona noroeste de la península, ha sido
marcada por el cultivo del henequén (Agave fourcroydes) desde la
segunda mitad del siglo XIX. Esta planta ya usada desde tiempos
prehispánicos, estaba muy bien adaptada a las condiciones de
suelo y clima de la región; esto permitió la expansión de su cultivo
en forma masiva. Las fibras de esta especie de agave eran muy
apreciadas para la confección de cuerdas y muchos otros utensilios
para el mercado nacional y de exportación. Para la década de 1890
el henequén era el principal producto de exportación mexicano,
lo que llevó a que Yucatán fuera el estado que más ingresos
captó para México entre 1904 y 190754. La historia de la época
del henequén en Yucatán es vasta y compleja, sin embargo, baste
decir que a partir de la década de 1960, los materiales orgánicos
Eckhart Boege, El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de
México. (Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia y
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 2008).
54
Maria Cecilia Zuleta, «Hacienda Pública y exportación henequenera en
Yucatán, 1880-1910», Historia Mexicana 54, n.o 1 (2004): 179-247.
53

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fueron sustituídos paulatinamente por sintéticos derivados del
petróleo, causando el declive de la industria henequenera55.
Las actividades económicas más recientes, también
relacionadas con el uso de recursos de la naturaleza de la
península son el sector agropecuario incluyendo el ganado
bovino y porcino, una incipiente actividad industrial56,57, el sector
inmobiliario,; el turismo masivo incluyendo el desarrollo de la
Riviera Maya y la llegada de megaproyectos a la región como el
Tren Maya58, que afectan directa o indirectamente al patrimonio
biocultural por la tala de la selva59, la contaminación del agua,
la fragmentación del hábitat, los cambios en el tejido social al
interior de las comunidades, entre otros.
En este contexto de un enorme patrimonio histórico y
biocultural en una región de rápidas transformaciones se encuentra
Kiní, el pueblo desde donde se escribe el presente artículo.
Roberto Escalante, The State and Henequen Production in Yucatán, 19551980, Occasional Papers 18 (Londres: University of London, Institute of Latin
American Studies, 1988).
56
Miguel Ángel Pinkus Rendón, «Dinámica en el uso de los recursos naturales en el oriente de Yucatán durante el siglo XX», Revista Pueblos y
Fronteras Digital 11, n.o 21 (2016): 92-113, https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2016.21.10.
57
M. Ayala, R. Isaac, y M. Arteaga, «Políticas de desarrollo, turismo y conservación en la península de Yucatán», en Sociedad y ambiente en México:
Áreas Naturales Protegidas y sustentabilidad, ed. Miguel Pinkus (Mérida,
2014), 114-33.
58
https://www.trenmaya.gob.mx/
59
José Luis Hernández-Stefannoni et al., «¿Cuánto carbono se ha emitido
con la construcción del Tren Maya?», Desde el Herbario CICY 16 (2024):
192-97.
55

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Kiní
Kiní está ubicado en el municipio de Motul, Yucatán (Figura 1).
Es un pueblo prehispánico maya cuyos vestigios arqueológicos
no han sido estudiados. La población es alrededor de 1,750
habitantes60. El español es el idioma más hablado pero también se
habla la lengua maya, principalmente por las personas de mayor
edad.

Figura 1. Kiní se encuentra en la zona noroeste de la península de Yucatán,
aproximadamente a 30 km de Mérida, la capital del estado de Yucatán. Elaboración propia.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía, «Panorama sociodemográfico de Yucatán: Censo de Población y Vivienda 2020» (México, 2021).
60

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Durante el siglo XX la mayor parte de la población de Kiní al igual que en otros pueblos y haciendas de Yucatán - se dedicaba
a la producción de henequen. Las empresas henequeneras fueron
cerrando gradualmente en Kiní. Actualmente, las actividades
económicas principales del pueblo son el trabajo en pequeñas
fábricas de textiles, albañilería, comercio, pequeña producción
de ganado y un poco de agricultura. Algunas personas trabajan
en Mérida en la Riviera Maya en la costa de Quintana Roo como
proveedores de servicios asociados al turismo o bien han migrado
a Estados Unidos.
Un par de habitantes de Kiní, coautores de este artículo,
organizaron un Festival de Patrimonio Biocultural local en abril de
2022 para valorar, salvaguardar y divulgar el conjunto de saberes y
tradiciones alrededor de la naturaleza que identifican en su pueblo y
que tienden a perderse rápidamente. Fue en este evento que la tercera
coautora, investigadora de la universidad, les conoció y a partir
de lo cual formaron un equipo para trabajar en la documentación
y preservación del patrimonio histórico y biocultural de Kiní.
Optaron por la estrategia de elaborar un libro del tema. Ya que no
se han encontrado otros ejemplos de un libro colaborativo de esta
naturaleza, se comparte el proceso de investigación y elaboración
de la obra, así como los desafíos que se han enfrentado. Esto tiene
la intención de que puedan ser de utilidad para trabajos similares en
otras localidades. Cabe mencionar que al momento de escribir este
artículo el libro no ha sido terminado ni publicado todavía, se trata
de un trabajo en andamiento.
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Proceso: pasos y desafíos
El proceso de organización y elaboración del libro no ha sido
lineal, se enumeran los pasos seguidos con el fin de dar cierto
orden, aunque en muchas ocasiones se ha avanzado, modificado, o
incorporado algún paso en función a las oportunidades y desafíos
que se van enfrentando.
1. Coincidencia de intereses.- En este caso, en el Festival de
Patrimonio Biocultural de Kiní se encontró una coincidencia
de intereses de los coautores. La investigadora externa, que
buscaba donde llevar a cabo sus trabajos de historia ambiental
y patrimonio biocultural, se unió a un proceso que ya estaba
ocurriendo en el pueblo a través del festival y de muchas otras
actividades que llevan a cabo cotidianamente como continuar
con la milpa, la observación de aves, el cuidado y uso de
huertos caseros, la preservación de las fiestas patronales,
entre otras.
2. Permiso por autoridades locales.- La solicitud de permiso a las
autoridades locales es una de las primeras tareas para realizar
cualquier proyecto en comunidades rurales, de esta manera
se reconoce su autoridad y se obtiene su respaldo. Se entregó
un oficio al comisario municipal por parte de la investigadora
externa para dar parte del proyecto de investigación para la
construcción del libro y solicitar permiso para llevarlo a cabo
junto con otros colegas y estudiantes. La autorización fue
concedida.
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3. Objetivos.- Ante la curiosidad y necesidad de conocer más
de la historia de Kiní por parte de sus habitantes y la falta
de estudios sobre el pueblo, los coautores se embarcaron
en la tarea de elaborar el libro “Kiní: su tierra, su historia
y su gente”. Además de rellenar un vacío historiográfico, el
objetivo es que las y los kinienses tengan un material para
valorar el patrimonio histórico y biocultural de su pueblo y
se documente parte de la memoria colectiva. Por ello, el libro
tiene como principal audiencia meta a los habitantes de Kiní.
De manera que se busca mantener el rigor académico pero
manteniendo un tono divulgativo y evitando un lenguaje muy
técnico o rebuscado.
4. Cronología.- El amplio periodo a abarcar de la historia de Kiní
fue determinado por los intereses de los coautores pero sobre
todo por lo determinado por el paisaje mismo. No se puede
no indagar sobre la época prehispánica cuando hay vestigios
mayas (llamados mules) en los campos que la gente trabaja.
Constituyen huellas en el paisaje que dan cuenta de actividades
humanas en el pasado61. Tampoco se puede dejar de hablar
de la época colonial puesto que la iglesia es el centro del
pueblo, donde se llevan a cabo las misas, las fiestas patronales
y alrededor de la cual hay muchas historias y misterios que
se siguen relatando de generación en generación. Por ello, el
Rogério Ribeiro De Oliveira, «Mata Atlântica, paleoterritórios e história ambiental», Ambiente &amp; Sociedade 10, n.o 2 (2007): 11-23, https://doi.
org/10.1590/S1414-753X2007000200002.
61

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libro comprende una temporalidad muy amplia, desde tiempo
prehispánico hasta la actualidad, lo cual evidentemente
requirió de colaboraciones multidisciplinarias y el uso de
fuentes y métodos diversos, como se verá más adelante.
5. Temas y colaboraciones.- La selección de temas responde
a las necesidades e inquietudes de la población local y a la
disponibilidad de colaboradores. Los temas de los capítulos
son sobre la época prehispánica, la iglesia, las fiestas
patronales, los huracanes, los huertos, el uso de plantas y
animales de la selva, las plantas medicinales, las memorias de
la gente sobre los cambios en el pueblo. Para la elaboración de
cada capítulo participan expertos del pueblo, así como otros
colaboradores externos de los campos de historia, historia del
arte, arqueología, geografía, historia ambiental, botánica y
ciencias ambientales.
Siempre que los organizadores del libro encuentran nuevas
colaboraciones para la construcción de esta obra dicen
coloquialmente: “Tenemos a alguien nuevo en el barco.” Ya
son más de 80 navegantes en este barco.
6. Fuentes y Métodos.- Cada capítulo tiene diversos autores y
emplea diferentes fuentes y métodos, algunos ejemplos son:
a. La revisión bibliográfica relevante para cada capítulo.
Aunque las investigaciones y publicaciones sobre la
península de Yucatán son inmensas, hay muy poca
información sobre Kiní. Para el capítulo de época
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prehispánica, escrito por un arqueólogo, fue útil un
reporte técnico de exploración de un antiguo camino
maya (sakbé) en el área aledaña a Kiní62. Los trabajos
que se han encontrado directamente sobre el pueblo
son acerca de unidades domésticas en la década
de 198063, una tesis sobre migración a los Estados
Unidos64 y un artículo sobre prácticas de lactancia65.
En su búsqueda de información, los coautores locales
del presente trabajo ya habían identificado desde hace
tiempo menciones de Kiní, tan escuetas como “Lázaro
Pech era natural de Kiní” en la obra de Diego López
de Cogolludo66. Así, Bertha Pascasio, historiadora del
arte colaboradora del libro de Kiní dice: “esta es una
historia de pequeñas piezas”. Por ello los navegantes
Scott Hutson, «Proyecto Arqueológico Sacbé de Ucí/Cansahcab. Sexta temporada de campo. Informe Técnico al Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia» (Lexington: Universidad de Kentucky, 2016).
63
María del Rayo Campos, «Las unidades domesticas de producción en un
ejido henequero: Kiní, Yucatán.» (Ciudad de México: Universidad Autónoma
Metropolitana-Iztapalapa, 1985).
64
Mirian Solís Lizama, «La dimensión cultural de las remesas colectivas: la
experiencia de los clubes de migrantes de Kiní y Ucí, Yucatán, en los Ángeles,
California» (Tesis de Maestría en Desarrollo Regional, Tijuana, El Colegio de
la Frontera Norte, 2008).
65
Georgina Yazmín Reyes Gutiérrez y María Dolores Cervera Montejano,
«Etnoteorías y prácticas de lactancia materna en una comunidad maya de
Yucatán», Estudios de Antropología Biológica 16 (2013): 907-28.
66
Diego López de Cogolludo, Los tres siglos de la dominación española en
Yucatan, o sea historia de esta provincia desde la Conquista hasta la Independencia., vol. 2 (Mérida: Imprensa de Castillo y Compañía, 1845).
62

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de este barco metafórico celebran cada pista que
logran encontrar.
b. La consulta de archivos y otros repositorios ha sido
fundamental. Por ejemplo, para el capítulo sobre la
iglesia han sido especialmente útiles los inventarios
eclesiásticos del Archivo Histórico de la Arquidiócesis
de Yucatán67. Por otra parte, aunque pocas, también se
han encontrado fuentes hemerográficas, como la nota
publicada en el periódico Novedades Yucatán sobre la
iglesia de Kiní68.
c. Las técnicas etnográficas habituales de entrevistas e
historia oral69 han sido utilizadas para varios capítulos.
Al realizarlas se han cuidado principios éticos de
investigación como la solicitud del consentimiento
previo, libre e informado y cuidar la privacidad de
datos personales.
La mayoría de las personas en Kiní, sobre todo
de mayor edad, son bilingües maya-español. En
repetidas ocasiones, el coautor mayahablante sostiene
Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Yucatán. http://archivohistoricoarquiyuc.org.mx/
68
Felipe Villanueva, «Visita al templo de San Mateo Apóstol, en Kiní. Camarín: majestuoso santuario.», Novedades Yucatán, 28 de febrero de 1999,
sec. Especial.
69
Ulysses Paulino Albuquerque et al., eds., Methods and Techniques in
Ethnobiology and Ethnoecology, Springer Protocols Handbooks (New York:
Springer New York, 2014), https://doi.org/10.1007/978-1-4614-8636-7.
67

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un diálogo en lengua maya con la o el informante
potencial explicando de qué se trata el proyecto y así
conseguir que la persona acceda a dar una entrevista,
la cual se lleva a cabo en español.
Los coautores locales usualmente guían el proceso de
encontrar a personas clave en función a los objetivos
de cada capítulo. También se utiliza el método de
“bola de nieve”, donde una persona sugiere a otra
como conocedora del tema70.
d. La participación del cronista de Kiní en todo el
proyecto (incluyendo la coautoría de este artículo) ha
sido decisiva por ser la persona que salvaguarda las
memorias del pueblo. Además de su interés genuino
en la historia, tiene registrados en su mente nombres
de personas, lugares, eventos e historias. Los trabajos
de los cronistas han sido muy importantes en las
microhistorias. Por ejemplo, el cronista de Ixil (pueblo
del norte de Yucatán) escribió el libro “Ixil. Tierra de
las cebollitas” 71, donde utilizó la historia oral y abordó
temas como fiestas, música, béisbol y la evolución del
transporte, así como personas y familias conocidas
que conforman la comunidad. Otro ejemplo es el
C. Davis, H. Gallardo, y K. Lachlan, Talking straight about communication research methods. (Dubuque: Kendall Hunt Publishing Co., 2010).
71
Miguel Ángel Orilla, Ixil. Tierra de las cebollitas., 2a. (Mérida: Ayuntamiento de Ixil (2015-2018), Yucatán, 2017).
70

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cronista de Chetumal que haciendo uso de múltiples
testimonios relató la dramática destrucción del pueblo
por el huracán Janet en 195572.
e. Se ha hecho la recopilación de fotografías antiguas,
que han servido tanto para ilustrar los textos de
algunos capítulos como para brindar información
histórica. Se realizó un ejercicio con estudiantes de
la escuela secundaria local, en el cual se capacitaron
para que cada uno entrevistara a una persona de su
familia y recolectara fotografías de sus archivos
familiares sobre experiencias con huracanes, jardines
y festividades.
Asimismo, se sigue trabajando en la construcción
de una fototeca local, que contenga las imágenes
digitalizadas acompañadas por sus metadatos (i.e.
autor, fecha, lugar, descripción de la fotografía). En
otras palabras, más allá de hacer un album de fotos se
trata de un archivo para hacer futuras investigaciones.
f. Se han llevado a cabo varios talleres incluyendo uno
de cartografía participativa73, donde la gente mapeó
los cambios que ha habido en su territorio. Esto ayudó
Francisco Bautista Pérez, Janet. La noche de las aguas turbulentas. (Bloomington: Palibrio, 2013).
73
Alina Álvarez, Michael McCall, y José María León, Mapeo participativo
y cartografía social de conocimientos culturales, históricos y arqueológicos
(Morelia: CIGA, UNAM, 2022).
72

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a conocer los usos y costumbres pasados y presentes
sobre el mismo espacio, el mapa se convierte en un
medio para comparar memoria y territorio74.
g. Para los capítulos relacionados con flora, se llevaron
a cabo colectas botánicas para la identificación y
herborización de las especies vegetales mencionadas
en entrevistas.
h. Para los capítulos relacionados con fauna se llevó
a cabo un taller donde se pidió a los informantes
identificar el nombre en español y maya de fotografías
de especies con nombre científico conocido. Dichas
fotografías fueron buscadas con base en las respuestas
de los informantes a entrevistas previas, para poder
casar los nombres comunes con los científicos.
La variedad de fuentes y métodos utilizados, así
como la necesidad de un equipo multidisciplinario
para recopilar, interpretar y analizar la información,
demuestra plenamente que la historia ambiental es
un campo fronterizo donde convergen todos estos
conocimientos, enfoques y herramientas75.
Verdier, «La memoria de los lugares: entre espacios de la historia y territorios de la geografía».
75
Adi Estela Lazos Ruíz, Alina Álvarez Larrain, y Marcela Stuker Kropf,
«Fronteras en Historia Ambiental: un ejemplo de praxis multidisciplinar», Historia Ambiental Latinoamericana y Caribeña (HALAC) 11, n.o 1 (2021): 189221, https://doi.org/10.32991/2237-2717.2021v11i1.p189-221.
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7. Revisión interna.- Todos los capítulos terminados pasan por
una cuidadosa revisión interna por los organizadores del libro.
En este paso se revisa que el lenguaje sea inteligible para la
audiencia meta, que los datos hagan sentido para el pueblo
de Kiní y que las historias y testimonios de los habitantes
también se vean reflejados en el texto. También se sugieren
fuentes específicas para consulta o se añade información
adicional de historia oral. Los comentarios se envían a las
y los autores de los capítulos para la entrega de una nueva
versión. Esta revisión interna es bastante fuera de lo común en
el ámbito académico y enriquece enormemente el contenido
de los textos.
8. Desafíos.- Después de más de dos años de trabajo, los autores
han enfrentado varias dificultades además de la falta de
información publicada. A continuación se presentan algunos
ejemplos.
a. Una de las ventajas observadas en “Pueblo en vilo”76
es que el autor era oriundo del lugar y pudo acceder
a numerosos archivos y entrevistas familiares que
podrían ser más íntimos que responder preguntas
de un extraño. En el caso de Kiní, dos de los
organizadores del libro son locales, lo que les permite
el acceso a la información y participacion de muchas
personas, principalmente porque son muy conocidos
76

González, Pueblo en vilo.

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y respetados en el pueblo. Probablemente los de fuera
de Kiní tendrían mucha más difícultad para acceder
a estos datos. Por el contrario, en algunas ocasiones,
los colaboradores externos han tenido un mayor
acceso a cierta información y documentación que
sería difícil de obtener para personas sin una afiliación
institucional. En suma, un equipo mixto logra mayor
acceso a información.
b. La lengua maya tiene una sólida tradición oral; por
lo tanto, aunque cerca de 800,000 personas hablan
el maya yucateco77, son menos los que lo leen y
aún menos los que lo escriben. El idioma maya fue
originalmente escrito con glifos, pero con el tiempo,
se ha comenzado a utilizar el alfabeto latino. Aunque
existen normas formales de escritura78, en la práctica
hay muchas variantes en el idioma, tanto habladas
como escritas, lo que aumenta la complejidad de su
estudio.
Para las actividades agrícolas tradicionales, sujeto de
interés del libro, el idioma maya es esencial. Algunos
nombres de plantas y animales están en maya y
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), «Población de 3
años y más hablante de lengua indígena maya por entidad federativa según
sexo, años censales de 2010 y 2020.»
78
Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), U nu’ukbesajil u
ts’íibt’a’al maayat’aan. Normas de escritura para la lengua maya., s. f.,
https://site.inali.gob.mx/Micrositios/normas/pdf/Norma_Maya.pdf.
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español, pero algunos no tienen traducción al español.
Las especies introducidas o exóticas suelen tener
nombres solo en español. Al realizar entrevistas, es
necesario estar familiarizado con ambos nombres, ya
que a veces los términos se usan de manera indistinta
y podrían estar refiriéndose a la misma especie al
decir yaaxche’ o ceiba, o al decir zotz o murciélago.
Además, la lengua maya tiene sonidos que no existen
en español, como k’ o p’; o una diferencia tonal (casi
imperceptible para el oído hispánico) que cambia el
significado de una palabra, como miis (gato) y míis
(escoba o barrer); o incluso una extensión del sonido
(que en maya se trata de dos vocales diferentes) cambia
el significado, como en chak (rojo) y chaak (lluvia).
Algunos conceptos en la cosmovisión maya no
tienen traducción al español. Un capítulo del libro
está dedicado al k’aax, que usualmente se traduce
como monte o selva. Sin embargo, el k’aax es mucho
más que cualquiera de esos términos; contiene una
parte invisible de seres guardianes como los aluxes
y los vientos sagrados. La relación de los adultos
mayores con estas entidades suele ser respetuosa y de
reverencia; se realizan ceremonias rituales dedicados
a ellos en las actividades agrícolas: para pedir lluvia,
para solicitar permiso para comenzar a plantar o para
agradecer por la cosecha. Aunque se hace el intento
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es prácticamente imposible reflejar a cabalidad una
experiencia de esa naturaleza, individual y colectiva
al mismo tiempo, en un escrito.
Algunas palabras son específicamente usadas en
el sistema agrícola tradicional maya de la milpa
como diversos nombres de tipos de suelos; o en la
caza tradicional hay los términos para nombrar a
un ciervo dependiendo del número de cuernos que
tenga. Sin embargo, con el abandono de la milpa, el
manejo del monte y la caza tradicional, las palabras
especializadas pierden contexto y sentido y caen en el
desuso. La erosión de la lengua refleja los cambios en
las actividades e intereses de la gente.
Otra dificultad al documentar una cultura de tradición
oral en un libro es que las palabras encapsulan una
historia, que difiere de la narrativa natural donde cada
persona imprime su estilo al contarla. El relato de una
abuela alrededor del fuego no puede reducirse a una
historia escrita. Aun así, el esfuerzo por registrarlo
vale la pena, ya que las historias también están siendo
olvidadas.
c. Los coautores de Kiní notaron que el estilo de escritura
de los colaboradores académicos externos suele
ser “frío”, extrayendo sus sentimientos, emociones
y experiencias personales del texto. La escritura
académica premia la objetividad sobre la subjetividad,
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aunque la narrativa más atractiva para divulgación es
la que puede llegar a las fibras internas de la cognición.
Este dilema es un desafío en curso que todavía intenta
resolverse, entre el rigor académico y la capacidad de
llegar a los oídos de la audiencia.
9. Lo que falta por hacer.- El proceso de elaboración del
libro continúa. Aproximadamente la mitad de los capítulos
han pasado ya por la revisión interna y han entregado la
versión final. Cuando se tengan todas las versiones finales
de los capítulos se armará la propuesta para una editorial
universitaria, donde se someterá al proceso usual de revisión
por pares y publicación. Cabe aquí cuestionar si un libro
evaluado por pares académicos no estaría reproduciendo una
posible postura colonialista79, sin embargo, formar un equipo
entre los organizadores locales y otros participantes externos
desde la concepción y todo el desarrollo de este proyecto,
manteniendo el rigor académico pero también considerando
fuertemente la importancia de las historias locales y la
tradición oral es una humilde propuesta de que otras formas
de trabajo son posibles.
Finalmente, una vez teniendo la versión definitiva del
libro, se procederá a traducir al maya todos los resúmenes de
Alex C. McAlvay et al., «Ethnobiology Phase VI: Decolonizing Institutions, Projects, and Scholarship», Journal of Ethnobiology 41, n.o 2 (2021):
170-91, https://doi.org/10.2993/0278-0771-41.2.170.
79

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los capítulos y se grabará la obra completa como un audiolibro,
imitando la tradición oral.
Conclusiones
Los antiguos mayas habitaron la península de Yucatán,
enfrentando esencialmente el mismo tipo de suelo, fuentes de
agua, altas temperaturas e impactos de huracanes e insectos que
se enfrentan hoy en día. Las tecnologías que les permitieron vivir
en estas condiciones ambientales (e.g. la diversidad de árboles en
los jardines mayas para tener recursos a mano y mantener la casa
fresca, el uso de ropa de algodón, los materiales y estructura de
las casas, las horas de madrugada para el inicio de la jornada de
trabajo en el campo, el uso de calabazos para mantener el agua
fresca) son valiosas para la planificación y gestión territorial
actual. Durante la pandemia de COVID-19, algunas comunidades
mayas rescataron antiguas recetas medicinales y retomaron la
milpa para la seguridad alimentaria, contrarrestando los efectos
sanitarios y económicos de la pandemia80. La relación recíproca
entre las personas y la naturaleza está intrínsecamente vinculada
a su territorio; por lo tanto, mantener el patrimonio biocultural
requiere la conservación del territorio81. En otras palabras,
Víctor Manuel Ávila Pacheco, Yassir Jesús Rodríguez Martínez, y Ana
Sheila Camarena López, «Políticas alimentarias durante el COVID-19: población maya, territorio, autonomía e interculturalidad», Mirada antropológica
25, n.o 18 (2023): 152-74.
81
Yassir Rodríguez Martínez y Arantza Franco Salazar, «Desarrollo, vulnerabilidad y bienestar: visiones desde la población maya de Yucatán», Acta
80

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mantener vivo el patrimonio biocultural puede ayudar a enfrentar
los desafíos globales como el cambio climático y la pérdida
de biodiversidad. Además, el conocimiento indígena puede
contribuir con su acervo de conceptos e ideas en el fenómeno de
migraciones donde es necesario entender otras formas de ver el
mundo y los procesos de aculturación82.
El libro de Kiní llena un vacío historiográfico, demostrando
que es posible escribir historias aunque haya poca información si
hay una población interesada y participativa, dispuesta a formar un
equipo más grande y multidisciplinario. Así también, se requiere
de la disposición de profesionales externos que quieran trabajar
en equipo con la gente de la comunidad y que sometan su trabajo
a la revisión de los colegas locales, además de las revisiones por
pares.
El libro busca que al menos una parte de este rico acervo
histórico y biocultural quede documentado y esté disponible para
las próximas generaciones. Tal vez encuentren ahí las historias y
fotografías de sus abuelas y abuelos y también herramientas para
valorar y defender su territorio.
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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán
separatista (1839-1843)
The orientales and the tropical forest during the separatist
Yucatan (1839-1843)
José Ángel Koyoc Kú
Colectivo K’ajlay
Yucatán, México

https://orcid.org/0000-0002-9917-8882
Recibido: 10 de septiembre de 2024
Aceptado: 19 de diciembre de 2024

Resumen: El objetivo de este artículo es analizar la relación entre los
combatientes irregulares denominados orientales y el bosque tropical
de la Península de Yucatán entre los años de 1839 y 1843. Las fuentes
utilizadas para realizar este artículo son en su mayoría partes de guerra
e interrogatorios a oficiales mexicanos procesados por las acciones
efectuadas durante la campaña. A través del análisis de esta relación
podremos ver la forma en la que este periodo fue importante para que
un contingente de combatientes yucatecos se adaptara a combatir entre
la vegetación del bosque tropical y aprendiera a utilizar los recursos
que podían obtener de él para conseguir sus fines militares. El bosque
tropical, presente tanto en el oriente como en el occidente de la
Península, propició que los orientales desarrollaran un tipo de combatir
disperso entre la vegetación, lo que los distinguió de gran parte de las
tropas yucatecas.
Palabras clave: historia forestal; bosque tropical; indígenas; guerra;
milicia.
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�José Koyoc Kú

Abstract: The objective of this article is to analyze the relationship
between the irregular combatants called orientales and the tropical
forest of the Yucatan Peninsula between the years of 1839 and 1843.
The sources used to write this article are mostly war reports and
interrogations of Mexican officers prosecuted for actions carried out
during the campaign. Through the analysis of this relationship we will
be able to see the way in which this period was important for a contingent
of Yucatecan combatants to adapt to fighting among the vegetation of
the tropical forest and learn to use the resources they could obtain from
it to achieve their military goals. The tropical forest, present in both the
east and west of the Peninsula, allowed the orientales to develop a type
of combat dispersed among the vegetation, which distinguished them
from a large part of the Yucatecan troops.
Key words: forest history, tropical forest, indigenous, warfare, militia.

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

El bosque tropical ha tenido una presencia ubicua en los
textos encargados de abordar los procesos sociales, políticos y
económicos del siglo XIX en Yucatán, sobre todo aquellos que
han estudiado el periodo conocido como la Guerra de “Castas”.1
A pesar de las contribuciones que se han hecho a lo largo de estas
décadas aún quedan muchos temas para investigar e indagar sobre
la relación entre los humanos y el bosque tropical en la Península
de Yucatán. Uno de estos tiene que ver con los cambios que los
conflictos bélicos han impreso a esta longeva relación. Aunque
frecuentemente se refiere al bosque tropical como escenario de
resistencias e insurgencias de los mayas pocas veces se señalan
estos cambios y transformaciones y en muchas ocasiones el
bosque es meramente tratado como un escenario de los conflictos.2
Ver por ejemplo la historiografía de las últimas décadas sobre el conflicto
en donde se hace referencia al bosque tropical y los montes de los pueblos
mayas de la época: Gabriel Macías Zapata, “Cortar la orilla de la tierra: La
desamortización y los pueblos de mayas pacificados de campeche y pacíficos de Yucatán durante la guerra de castas” (Tesis de doctorado, Universidad
Nacional Autónoma de México, 2013), http://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/
jspui/handle/FFYL_UNAM/5016_TD61; Lorena Careaga Viliesid, Hierofanía combatiente: lucha, simbolismo y religiosidad en la Guerra de Castas
(Chetumal: Universidad de Quintana Roo, 1998); Martha Villalobos González, El bosque sitiado: asaltos armados, concesiones forestales y estrategias
de resistencia durante la Guerra de Castas (México: CIESAS, CONACULTA, Miguel Ángel Porrúa, INAH, 2006); Teresa Ramayo Lanz, Los mayas
pacíficos de Campeche (México, D. F.: Universidad Autónoma de Campeche,
CONACYT, 2014).
2
Sobre el monte y la resistencia de los mayas puede consultarse: Inés Ortiz
Yam, “Los montes yucatecos: la percepción de un espacio en las fuentes coloniales”, en Antje Gunsenheimer, Tsubasa Okoshi y John Chuchiak (edrs.), Text
and Context: Yucatec Maya Literature in a Diachronic Perspective (Aachen:
1

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�José Koyoc Kú

Historiadores ambientales como John McNeill habían
señalado ya desde hace varias décadas el vínculo entre la
historia militar y la historia ambiental, enfatizando la relación
entre las guerras y los bosques. McNeill llamó a atención sobre
la importancia de los bosques como fuentes de materia prima,
su impacto en la manera en que las guerras se efectuaban y la
influencia de los combates y la preparación de los conflictos en la
vegetación. Este historiador propuso temáticas que tenían que ver
con la manera en que los bosques influyeron en la guerra de tres
maneras específicas: siendo un obstáculo a la movilidad de los
combatientes, siendo una cobertura para los movimientos de las
tropas y finalmente en cómo los bosques configuraron la misma
manera de luchar.3
En este texto exploro la forma en la que el bosque
tropical influyó en los conflictos bélicos del periodo del Yucatán
separatista (1839-1843), poniendo énfasis en la experiencia de un
grupo de combatientes que fue denominado en la época como los
“orientales”. Lo haré siguiendo la propuesta de McNeill, de tal
forma que me aproximaré a la manera que el bosque tropical se
convirtió en una fuente de materia prima para estos combatientes
y la forma en que se adaptaron a luchar entre la vegetación para
cubrir sus movimientos y hostigar de forma más efectiva a los
Shaker Verlag, 2009) 185-203 y Pedro Bracamonte y Sosa, La conquista inconclusa de Yucatán: los mayas de las montañas, 1560-1680 (Distrito Federal,
México: CIESAS, 2001).
3
John McNeill, “Woods and Warfare in World History” Environmental History 9, n.o 3 (2004): 388. https://doi.org/10.2307/3985766.
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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

enemigos. Esto permitirá también mostrar la forma en que el
bosque tropical configuró los eventos y procesos históricos y no
fue un mero escenario para los eventos humanos.
María Zuleta, Melchor Campos y Justo Flores han
abordado la parte política y social vinculados con el periodo del
separatismo yucateco.4 La parte propiamente bélica apenas ha
sido abordada por el trabajo pionero de Terry Rugeley y Arturo
Taracena.5 En este texto no profundizaré en los aspectos políticos
y sociales, muy bien descritos por estos historiadores, sino en la
relación particular de los orientales con el bosque tropical.
La gran mayoría de los documentos que usé para realizar
este artículo fueron obtenidos en el Archivo General del Estado
de Yucatán y el Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa
Nacional. También consulté diferentes periódicos e impresos de
la época. Estos documentos son partes militares y declaraciones
Ver por ejemplo los trabajos de Melchor Campos García, Que los yucatecos todos proclamen su independencia. Historia del secesionismo en Yucatán,
1821-1840 (Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2013); María Cecilia
Zuleta Miranda, “El federalismo en Yucatán: política y militarización (18401846)” Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales 31 (1995): 23-50; y
Justo Miguel Flores Escalante, Soberanía y excepcionalidad, la integración
de Yucatán al estado mexicano, 1821-1848 (México: El Colegio de México,
2017).
5
Terry Rugeley, “Repúblicas contrapuestas: Yucatán y la invasión mexicana de 1842-1843” Chacmool 3 (2004): 104-22; Arturo Taracena Arreola, De
héroes olvidados. Santiago Imán, los huites y los antecedentes de la Guerra de
Castas (México, D. F.: CEPHCIS UNAM, 2013) https://www.cephcis.unam.
mx/wp-content/uploads/2020/04/19-de-heroes-olvidados.pdf y ““Esas tropas
orientales, esos güites de Imán”. Guerrilleros mayas en el Yucatán separatista”
Mesoamérica 34, n.o 55 (2013): 1-26.
4

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de oficiales que intervinieron en los combates. Siguiendo la
propuesta de Lorena Careaga en su estudio sobre la Guerra
de Castas durante la década de 1850, en este texto reproduzco
fragmentos con una extensión considerable de los partes
militares, no solo para ilustrar mis argumentos sino también
para dar a conocer una documentación que apenas ha sido usada
por los historiadores que estudian el periodo. He actualizado y
corregido la ortografía.6
A lo largo del texto me referiré con el término “orientales”
a un grupo de combatientes irregulares, reclutados por diferentes
caudillos del este de Yucatán y que estuvo conformado por
campesinos y artesanos mayahablantes de los pueblos de frontera,
desertores y contrabandistas. Al ser un grupo irregular en muchos
momentos es complicado seguir la trayectoria de sus líderes, su
composición y la cantidad de insurgentes movilizados. Como
señala Alejandro Rabinovich este tipo de fuerzas armadas, que
abundaron en muchas regiones latinoamericanas, dejaron pocos
registros escritos, al no depender propiamente de un Estado
nacional.7 Como señala Arturo Taracena el término “huites” fue
usado por los “no mayas para designar a los combatientes de La
Montaña oriental bajo las órdenes de Imán y sus subalternos”.8
Aunque los oficiales mexicanos se refirieron a una parte de estos
Careaga, Hierofanía combatiente, 20.
Alejandro Rabinovich. “De la historia militar a la historia de la guerra.
Aportes y propuestas para el estudio de la guerra en los márgenes” Corpus, Vol.
5, No. 1 (30 de junio de 2015). https://doi.org/10.4000/corpusarchivos.1397.
8
Taracena, Esas tropas orientales, 12.
6
7

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combatientes con tal término he elegido el de “orientales” debido a
que la prensa yucateca, los oficiales yucatecos, y ellos mismos, así
se denominaron, además de que esta palabra llegó a abarcar también
a los no combatientes que cooperaban en acciones de guerra, que
como mostraré fueron importantes en el esfuerzo bélico.
De la misma manera me refiero con el término de bosque
tropical a aquella vegetación caracterizada como “bosque” por los
documentos de la época. Aunque también se usaba el término de
monte y montaña para hacer referencia a la vegetación peninsular
he elegido el término de bosque tropical para estar en consonancia
con los señalado por los actores que elaboraron los documentos
de la época.
Este artículo está organizado de forma cronológica, de tal
manera que se encuentra dividido en dos partes: la primera que
hace referencia a la lucha entre los federalistas contra el ejército
centralista de la Península entre 1839 y 1840 y posteriormente
una sección que aborda la guerra que enfrentó a yucatecos contra
mexicanos entre 1842 y 1843.
Los orientales bajo Santiago Imán: de los bosques
del este a los del oeste
En 1839 el capitán Santiago Imán se rebeló en el oriente de
Yucatán enarbolando la bandera del federalismo. La alianza con un
grupo de actores de la frontera dio origen a un grupo de combate
irregular que se denominó con el tiempo como “orientales”, un
grupo compuesto por campesinos y artesanos mayas, desertores
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y contrabandistas de la frontera este de la Península de Yucatán.
Terry Rugeley describió a este grupo como“un grupo violento
integrado por los elementos pobres de la sociedad rural: mestizos,
desertores, simpatizantes del vecindario, y sobre todo campesinos
mayas”.9
Fue durante la rebelión de Santiago Imán que los
insurgentes federalistas comenzaron a usar la vegetación como
cobertura para nivelar la evidente asimetría entre una milicia
insurgente improvisada y el ejército profesional centralista. Este
es un uso que a menudo se le ha dado al bosque tropical.10 El
combate de San Fernando Ake es bastante ilustrativo del tema.
Tras las primeras noticias del alzamiento el comandante general
del departamento Joaquín Rivas Zayas envió una división
compuesta por infantería y caballería para enfrentarse a los
sublevados federalistas. Los registros de los combates quedaron
en los partes rendidos por Roberto Rivas, oficial del Tercer
Batallón Activo. Rivas señaló en primera instancia el uso de
emboscadas para enfrentarse a la infantería centralista, así como
lo que parece ser el uso de albarradas entre la vegetación que
permitieron sorprender en un primer momento a la avanzada de
la infantería de milicia activa:
Serían las 8 o 9 de la mañana. cuando ya en los términos de la
población y a poca distancia de ella, una emboscada situada al
Rugeley, Terry. “En busca de Santiago Imán. El caudillo de Tizimín, I”
Unicornio. Suplemento dominical del Por Esto!, 21 de febrero de 1999, 6.
10
McNeill, “Woods and warfare”, 400.
9

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lado derecho del camino, atrincherada en una albarrada doble y
de la que no tenía noticia, sorprendió la guerrilla de vanguardia
rompiéndole un fuego vivísimo que no esperaba uno de la
trinchera que iba a descubrir y aquí fue necesario comenzar la
acción atendiendo a los fuegos que nos hacían de una parte y
otra, sosteniéndolo por 2 o 3 horas.11

La infantería de Rivas logró avanzar tomando la trinchera
y tras el ataque coordinado de la columna del capitán Alonso
Aznar, quien mandaba la caballería, los insurgentes federalistas
se retiraron: “aterrados por la valentía y denuedo con que el
citado capitán se dirigía sobre ellos abandonaron la pieza,
metiéndose desordenadamente en la espesura de los montes
donde no era posible perseguirlos ni hacerles ningún prisionero
por lo intransitable de ellos”.12 Para Rivas, como para muchos
oficiales yucatecos, la vegetación del bosque tropical resultaba un
obstáculo infranqueable.
La “victoria” de los centralistas fue endeble precisamente
debido a que a los insurgentes federalistas de Imán lograron
reagruparse y usaron la cobertura de la vegetación para tender
emboscadas y escapar a la persecución de la milicia centralista.
Los bosques orientales eran ya antes del pronunciamiento de
Imán una zona donde se refugiaban contrabandistas, desertores e
Joaquín Rivas al ministro de guerra y marina, Campeche, 3 de julio de
1839. Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional (en adelante
AHSDN), Operaciones Militares, XI/481.3/1344, ff. 12-15.
12
Joaquín Rivas al ministro de guerra y marina, Campeche, 3 de julio de
1839. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1344, f. 13.
11

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indígenas que huían de las cargas republicanas.13 Mucho tiempo
atrás también había sido refugio de mayas que huían de los
pesados tributos coloniales.14
Este tipo de tácticas fueron referidas por el oficial Tomás
Requena en enero de 1840. Requena señalaba que los insurgentes
federalistas resistieron por un tiempo prolongado:
… colocando sus emboscadas, trincheras y defensas en
puntos a propósito desde los cuales se dirigen por debajo
del bosque al paraje convenido para su reunión inmediata.
Mantiénense ocultos en esas montañas, en terrenos quebrados
o en hondonadas - que se llaman hoyas en el país-, y desde
estas guaridas reciben avisos puntuales de lo que pasa en sus
inmediaciones, ya por los mozos de los ranchos, que les temen
o son adictos, ya por espías de ellos mismos escogidos entre los
indígenas, que son tenidos por sospechosos en los poblados.15

Unos meses después esta estrategia permitió a los
rebeldes federalistas reagruparse y ocupar Valladolid.16 Aunque
este combate fue breve hay datos reveladores que señalan que
para este momento los insurgentes tenían acceso a armas de
fuego y pertrechos militares. Una pieza de artillería les había sido
remitida desde Bacalar mientras que pólvora y cuatro cajas de
Taracena, Esas tropas orientales, 8.
Pedro Bracamonte y Sosa, Ensayo sobre la servidumbre el fracaso del
“capitalismo” en México (México, D. F.: CIESAS, Miguel Ángel Porrúa,
2019) 220.
15
Comandancia militar del distrito de Valladolid. 11 de enero de 1840, citado
en Bracamonte, Ensayo sobre la servidumbre, 219.
16
Los detalles del curso de la guerra pueden consultarse en Rugeley, “En
busca de Santiago Imán”, 5-7.
13
14

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fusiles habían llegado de Tihosuco y Río Lagartos. Además “un
sin número de indígenas” auxiliaba a los rebeldes en el transporte
de pertrechos y la construcción de trincheras.17
Cuando las guarniciones de oficiales de la milicia activa y
el ejército permanente se pronunciaron en Mérida y otras partes
del estado a favor del federalismo el objetivo fue marchar hacia
Campeche. Estos eventos que sucedieron durante los primeros
meses de 1840 marcaron el inicio de la experiencia de los orientales
con el bosque tropical del oeste de la Península de Yucatán. Las
tropas federalistas partieron de la capital a principios de marzo.
El 6 salió de Mérida la división del teniente coronel Sebastián
López de Llergo con rumbo a Campeche. A esta división se
unió la sección de las “tropas del Oriente” que comandaba Vito
Pacheco.18 Posteriormente y en las vísperas del ataque del ejército
centralista a Tenabo Santiago Imán y las tropas del oriente
hicieron su entrada a esta última villa.19 Según el oficial Felipe de
la Cámara Zavala la división comandada por Llergo se componía
de compañías de los batallones activos primero, segundo y
tercero, parte del escuadrón permanente de caballería y la brigada
de artillería de la guardia nacional de reciente creación, es decir,
Manuel Eusebio Molina al comandante general del departamento de
Yucatán, Espita, 7 de febrero de 1840. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1546 I, ff. 33-33v. Taracena, Esas tropas orientales, 8.
18
Serapio Baqueiro, Ensayo histórico sobre las revoluciones de Yucatán desde el año de 1840 hasta 1864. Vol. 1 (Mérida, Yucatán: Imprenta de Gil Canto,
1871), 29.
19
Baqueiro, Ensayo histórico, 29-30
17

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de los milicianos que habían recibido entrenamiento previo y
tenían una organización definida por las ordenanzas militares.20
Por su parte las tropas comandadas por Imán elevaba su número
a mil quinientos hombres y estaban caracterizados por agrupar a
combatientes de diferentes orígenes y con oficiales que construían
su liderazgo a partir del caudillismo carismático. Pastor Gamboa,
Vito Pacheco, y José Almeida fueron identificados como los jefes
principales de un grupo compuesto por “huitzees”, desertores, e
“indios del Oriente”.21
Los restos de las fuerzas armadas centralistas se
habían refugiado en Campeche. Azotados por las deserciones
y amenazados por rumores de conspiración el comandante
general Rivas Zayas solicitó refuerzos que llegaron de
Veracruz. Los refuerzos que recibió, si bien incluían tropas
profesionales, estaban integradas por conscriptos enviados a
servir de forma forzosa en los batallones permanentes, varios
de ellos, prisioneros del combate de Acajete.22 A pesar de ello,
confiado en el entrenamiento de las fuerzas permanentes y
en la creencia de que las tropas mandadas por Imán y Llergo
serían rápidamente derrotadas Zayas salió de Campeche, según
su mismo parte, con 583 hombres de las tres armas y cuatro
Felipe de Cámara y Zavala, Memorias de don Felipe de la Cámara y Zavala: 1836-1841 (México: Yucalpetén, 1975) 61.
21
Cámara, Memorias, 61. Un análisis del liderazgo de los caudillos orientales puede encontrarse en Taracena, Esas tropas orientales, 20-ss.
22
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 23 de abril
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, ff. 524-525.
20

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

piezas de artillería. Mientras tanto, las fuerzas federalistas que
habían avanzado hasta Hampolol para intentar sitiar Campeche
se replegaron a Tenabo, considerando que el primer sitio ofrecía
pocos beneficios para resistir a la milicia centralista. La creencia
en una rápida victoria la expresó Tomás Requena en una carta
enviada a Rivas Zayas: “Llergo, Imán y demás cabecillas estaban
en Tenabo y Hecelchakan: indudablemente serán arrollados por
la mala calidad de sus tropas, no obstante que tienen la ventaja
de la posición.”23
Los combates en los alrededores de Tenabo reflejan que
los insurgentes federalistas continuaron usando las tácticas con
las que habían enfrentado a la milicia centralista en los bosques
tropicales del este de la Península. Usaron los árboles espinosos
para fortificar de forma más eficaz las trincheras, cavaron fosos
y se dispersaron en tiradores entre la vegetación para desgastar a
los adversarios. Así lo describe el comandante general al enfrentar
en primer lugar a los orientales en Santa Rosa: “(l)egua y media
antes de este ultimo punto encontré interceptado el único camino
que a él conduce con piedras, troncos, espinos, pozos y toda
clase de obstáculos, pero la tropa todo lo superó”. Posteriormente
Rivas Zayas señaló la manera en la que el bosque tropical unido
a los parapetos fue usado por las tropas defensoras para resistir
en los días siguientes en los alrededores de Tenabo. Los tiradores
orientales, amparados en el bosque, hostigaron a la milicia
Carta de Tomás Requena, Campeche, 26 de marzo de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 I, f. 215-215v.
23

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centralista mientras intentaba colocar una batería: “operación
que se ejecutó en medio del fuego que incesantemente hacían
las numerosas guerrillas que situaron en los bosques de que se
compone todo aquel terreno las cuales fueron siempre rechazadas
con perdida”. El hostigamiento a las posiciones de los centralistas
se mantuvo durante los días subsiguientes.24
Aunque Rivas Zayas omitió señalar la forma en que los
asaltos de la infantería federalista hicieron mella en su reducida
división lo cierto es que debido a las condiciones del clima y a la
imposibilidad de tomar por asalto las posiciones enemigas tuvo
que retirarse. De particular importancia fue lo que señaló acerca
de la manera en que los árboles espinosos fueron un obstáculo
infranqueable:
Careciendo pues de fuego de artillería que sostuviese las
operaciones de la infantería, careciendo también de toda clase
de auxilios de boca pues que insurreccionado todo el país
alrededor de mi posición no había tenido el soldado hacia
dos días otro alimento que carne, la tropa toda sin habitación
ni descanso, de día ni de noche, en este rigoroso clima y
considerando que aun estaban intactas las defensas y obstáculos
con que el enemigo había rodeado de mas cerca su posesión y
que consistían en talas espesas de espinos y dos fosos; con el
parecer de la mayoría de los jefes de la división emprendí mi
retirada el veinte y siete en la noche.25
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de
marzo de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, f. 518v;
Taracena, De héroes olvidados, 128.
25
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de marzo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 III, ff. 518v-519.
24

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Tras la retirada de Zayas, la milicia de Llergo y la de
Imán avanzaron para sitiar la ciudad fortificada de Campeche.
Zayas había sido reducido únicamente a la división de auxilio de
Veracruz sufriendo recurrentes deserciones de todas las unidades.
Mientras el puerto era aislado por mar la milicia de Imán y Llergo
rodearon a Campeche. Llergo dando un rodeo se dirigió a Lerma
mientras Imán tomó el barrio de Santa Lucía y el rumbo de Calá.26
Aunque no existieron grandes combates la experiencia
del sitio de Campeche permitió a los orientales perfeccionar la
confección de emboscadas y la organización de partidas para
hostilizar al enemigo amparados en la vegetación. Félix Reyes,
comandante del escuadrón activo de Veracruz, fue emboscado
a principios de mayo mientras exploraba los alrededores de Río
Verde, Calá y Chiná. Con poco más de quince soldados salió a
reconocer las posiciones de los insurgentes:
me dirigí para esta plaza [Campeche] y al llegar al cabo del
barrio de Santa Lucía hizo fuego el enemigo por retaguardia,
ordené a los dragones contestasen en retirada, hasta llegar a una
especie de tala que había formada en el camino, haciéndome
igualmente fuego una emboscada que se hallaba a vanguardia,
esta y el obstáculo expresado, desorganizó a la tropa en forma
de no poderla reunir a pesar de mis esfuerzos, tomando unos,
unas veredas y otros otras, según lo permitía el bosque, pues
solo yo pude llegar a la hacienda de la Escalera.27
Baqueiro, Ensayo histórico, 31.
Gabriel Valencia al ministro de guerra y marina, México, 9 de mayo de
1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, ff. 302-303.
26
27

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Posteriormente se supo que fueron los habitantes
reclutados por los federalistas quienes realizaron la importante
y central tarea de poder obstruir los caminos y veredas para
posibilitar las emboscadas. Joaquín Rivas Zayas reportaba al
ministro de la guerra tal actitud:
El jefe de los pronunciados Don Santiago Imán al dar cuenta de
haber sorprendido a una partida de caballería que salió de esta
plaza el día 17 de que tengo dado a V. E. conocimiento, asegura
que el buen éxito de la acción fue debido a la cooperación de
los vecinos de Santa Lucía, y a la parte muy activa que tomaron
hasta las mujeres del mismo ayudando a cerrar los caminos y
veredas que se dirigían a la plaza.28

El reclutamiento de los habitantes de los barrios fue
central ya que permitió a Imán poder aumentar sus fuerzas no
solo con insurgentes con experiencia militar sino también con
expertos conocedores del territorio. Para un tipo de combate que
dependía del conocimiento de los bosques de los alrededores esto
era de vital importancia, como señala Rivas Zayas:
Los vecinos del expresado barrio [de San Francisco] y de
los de Santa Lucía, Guadalupe y Santa Ana se presentaron
espontáneamente al cabecilla Imán, que los armó y organizó
en compañías, proporcionándose así un refuerzo de cerca de
quinientos hombres, decididos, entusiastas, prácticos del país
y diestros en el manejo de las armas por haber sido cívicos
los más de ellos, o del batallón de defensores que levantó é
instruyó cuando la guerra de los franceses.29
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 30 de abril
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 397.
29
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 4 de mayo
28

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Parte del éxito de los insurgentes federalistas radicó en la
rendición de los reductos de San Miguel y San José. La división
de Santiago Imán se encargó, a través de diferentes estrategias,
de asediar este último. Para ello usó la vegetación que crecía en
la ladera del cerro y así aislar a la guarnición impidiendo que
pudieran tener acceso al agua. Faustino Molina lo expuso de esta
manera cuando justificó su rendición:
…de hallarnos hace cuarenta y ocho horas tan escasos de agua
que ni aun para poner los ranchos de carne salada y ministra
hay absolutamente, hallándose seco un aljibe y pozo inmediato,
rodeados de enemigos que en gran número y a cubierto por
la falda de este cerro impiden absolutamente proveernos de
este recurso de primera necesidad y que habiendo intentado
por nuestra parte tomarla en los pozos inmediatos y de los
cuales está posesionado el enemigo han sido batidas nuestras
guerrilla en que se han perdido tres hombres que consideramos
dispersos.30

Con los fuertes exteriores tomados por la milicia
federalista la espesa vegetación que rodeaba a las murallas y
baluartes del puerto terminaron por ser un obstáculo para los
defensores que eran incapaces de poder eliminar a los tiradores
que estrechaban el cerco a Campeche tomando posiciones en los
barrios y resguardándose entre la vegetación circundante. Rivas
Zayas lo detalló de esta manera:
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 493.
30
Copia de la capitulación del reducto de San José, Campeche, 14 de mayo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, ff. 325-325v.
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El 29 [de abril] ocupó y fortificó otra sección enemiga el barrio
de Santa Ana poderosamente auxiliada del vecindario y a
pesar del fuego de cañón y obús de esta plaza, de poquísima
eficacia por las muchas casas intermedias de mampostería y la
espesísima arboleda que encubre los objetos á tiros de pistola
de la muralla.31

El puerto de Campeche cayó finalmente en poder de
los federalistas en mayo de 1840. Sin embargo, este evento no
marcó la desmovilización total de las secciones de oriente que no
tardaron en ser llamados a las armas de nuevo.
La invasión centralista a la Península de Yucatán (1842-43)
Los orientales volvieron a tomar las armas una vez que el ejército
centralista mexicano invadió la Península de Yucatán a mediados
de 1842. La reactivación del conflicto bélico generó una amplia
movilización que incluyó la organización de las pocas tropas
permanentes, las milicias locales, la movilización de los paisanos
y de otras tropas irregulares como las secciones de orientales. Los
combatientes del oriente que combatieron en Campeche fueron
descritos por Serapio Baqueiro de la siguiente forma:
Los indios del partido de Tihosuco, acaudillados por el teniente
coronel Vito Pacheco, ocupaban unas arquerías frente a la
puerta de Guadalupe, los de Valladolid se hallaban en la iglesia
de San Francisquito a las ordenes del coronel Pastor Gamboa,
de cuyo puesto salió éste como á las ocho de la mañana, y
recorrió las calles principales montado en un caballo blanco,
Joaquín Rivas Zayas al ministro de guerra y marina, Campeche, 4 de mayo
de 1840. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1546 II, f. 497v.
31

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sin camisa, con los calzoncillos arrollados, armado de machete,
y cubierto el sombrero con cintas de diferentes colores, que le
daban el aspecto de un salvaje guerrero.32

Desde 1841 los militares yucatecos, ante la inminencia de
un conflicto armado, no solo comenzaron a reclutar tropas, sino
también adquirieron armas y todo tipo de pertrechos bélicos. Este
aspecto es sumamente importante ya que permitió a los orientales,
a través de su alianza con los caudillos federalistas y separatistas
yucatecos, el acceso a más armas de fuego. Por referencias de los
oficiales mexicanos que combatieron contra los orientales, estas
tropas habrían tenido un armamento diferenciado. El general
Francisco Pacheco, quien se enfrentó en innumerables ocasiones
a los orientales al ser comandante de la primera brigada de la
División de Operaciones sobre Yucatán, aseguró durante un
interrogatorio que “a los indios los emborrachaban para que no
se resistiesen a entrar, los cuales tenían un armamento selecto”.33
Pacheco quizá se estaba refiriendo a que los orientales
combatían con armamento diferenciado típico de la infantería
ligera. El fusil Berkely fue usado por diferentes ejércitos del
siglo XIX para equipar a sus infantes. Esta arma era más precisa
que el mosquete Brown Bess. Las compañías de infantería ligera
del ejército mexicano del siglo XIX se encontraban equipadas
Serapio Baqueiro, Rasgo biográfico del general López de Llergo (Mérida:
Tipografía de G. Canto, 1898), 19.
33
Declaración de Francisco Pacheco, México, 25 de octubre de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1991, f. 189v.
32

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con este tipo de armas.34 Las referencias sobre el armamento
adquirido por diferentes oficiales y agentes en Estados Unidos
y Nueva Orleans es bastante parco y poco preciso. El primer
cargamento de armas llegó en marzo de 1841 producto de la
comisión del gobierno del estado a Martín Francisco Peraza. Este
remitió desde Nueva Orleáns 678 armas entre fusiles franceses,
ingleses y estadounidenses y carabinas para artilleros. En abril de
1841 se recibieron setecientos fusiles de fabricación francesa y
estadounidense. Finalmente el comandante de la armada yucateca
Pablo Celaráin introdujo mil seiscientos fusiles, sin bayonetas, de
fabricación inglesa adquiridos en Europa.35
La guerra se libró en dos frentes. Una primera parte se
libró en las costas campechanas. El ejército mexicano intentó
sitiar desde finales de 1842 el puerto amurallado de Campeche,
desembarcando en Isla del Carmen y avanzando posteriormente
Jospeh Hefter, The Mexican Solder 1837-1847 (Oklahoma: The Virtual
Armchair General, 2008) 11. El fusil Baker ganó amplia popularidad entre la
infantería británica y los tiradores especializados eran equipados con este fusil.
Durante el siglo XIX diferentes unidades de infantería ligera fueron equipados
con esta arma en el hemisferio occidental. Ver: Németh, Balázs, Early Military
Rifles, 1740-1850 (Oxford: Osprey Publishing, 2020).
35
Noticia del armamento recibido de N. Orleáns en la Goleta Rosario. Campeche, 14 de abril de 1841. Archivo General del Estado de Yucatán (en adelante AGEY), Poder Ejecutivo, Milicia, v. 4, e. 85. José Cadenas al secretario de
guerra y marina del estado de Yucatán, Campeche, 30 de noviembre de 1841.
AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, v. 6, e. 122. Factura de las armas remitidas
por Francisco Martín Peraza desde Nueva Orleans, Mérida, 24 de marzo de
1841. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, v. 6, e. 133. Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 106.
34

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�Mapa 1. Detalle de un plano en donde se puede ver las posiciones ocupadas por el ejército mexicano en torno a
Campeche. S/a, c. 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1993, f. 265.

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por Seybaplaya, Champotón y Lerma. Los combates y escaramuzas
se registraron en torno a las murallas de Campeche en los puestos
avanzados de la Eminencia, las fortificaciones de San Luis y San
Miguel y los barrios de Santa Ana y San Román (VER MAPA 1).
Tras largos intentos y fracasos reiterados una brigada compuesta
por compañías selectas de los batallones mexicanos intentó
tomar Mérida en marzo de 1843, desembarcando por Telchac y
avanzando sucesivamente por Motul, Tixkokob y Pacabtún, hasta
terminar capitulando en Tixpéual.36
Los oficiales mexicanos dieron cuenta de la presencia
dominante del bosque tropical en el paisaje peninsular. El
oficial de artillería Manuel Plovvez describió los alrededores de
Campeche como “un terreno montañoso, muy irregular y lleno de
bosques, sin agua potable en lugar conocido a la vez que marcada
por la huella de multitudes de veredas que se cruzan en todas
direcciones”.37 Joaquín Morlet, encargado de realizar diferentes
incursiones en los alrededores de Chiná aseguró que “lo boscoso
del camino y alturas” de los alrededores del pueblo obligaban a
que en caso de realizarse cualquier expedición por el rumbo debía
hacerse con varios de cientos de soldados y con experiencia, a
riesgo de sufrir una derrota.38
Los detalles políticos del curso de la guerra pueden consultarse en Rugeley, Repúblicas contrapuestas.
37
Declaración de Manuel Plovvez, Puebla, 25 de octubre de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1991, f. 281.
38
Joaquín Morlet a Matías de la Peña, Chulbac, 17 de febrero de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 266.
36

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�Mapa 2. Detalle de un plano de 1722 en donde se puede observar la vegetación alrededor de la vigía de Telchac
y el litoral yucateco. “Plano de parte de la costa de Yucathan, su capital la ciud[ad] de Mérida, con los pueblos
que señala. La que visitó su Gov[ernad]or y Cap[itá]n Gen[era]l D[o]n Antonio de Cortayre. Año de 1722”,
1722, Archivo General de Indias, MP-México, 119.

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Nicolás de la Portilla, mayor de órdenes de la brigada sobre
Mérida, describió brevemente el paisaje que recorrió el ejército
mexicano en el norte de la Península. Sobre el paisaje que cubría
los alrededores de Telchac dijo que “la situación de la vigía [de
Telchac] no era ventajosa para defenderse por que tenía muchos
bosques a sus inmediaciones”, algo que ya habían reflejado los
cartógrafos del siglo XVIII (VER MAPA 2). Los caminos que
recorrieron en torno a Motul y Tixkokob se encontraban también
cubiertos de bosque. El oficial señaló que “de Telchac a Motul
que son cuatro leguas, el camino estaba bueno con bosques a
derecha e izquierda” mientras que el de Tixkokob a Tixpéhual era
un camino estrecho “con bosque espeso a derecha e izquierda”.39
La mayoría de las acciones de guerra en donde intervinieron
los orientales fueron escaramuzas que tenían el objetivo de
hostigar al enemigo y agotarlo. Matías de la Peña, encargado del
mando de la División desde finales de 1842, reflexionaba sobre la
frecuencia de los ataques de la milicia yucateca:
…el enemigo si nos tiroteaba a menudo, y algunos seguramente
por adular al poder, lo pintaban como insignificante cuando el
fue quien nos salió al encuentro en Umul, quien nos quiso quitar
la Eminencia el veinte y cinco de Noviembre, ocho y catorce de
Diciembre, quien nos atacó en Lerma, Chiná, Tixkokob; y en
diferentes pequeñas escaramuzas contra la Eminencia, pruebas
claras de su mucho numero y de su potencia.40
Declaración de Nicolás de la Portilla, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1987, ff. 36v, 33, 42v.
40
Declaración de Matías de la Peña, Perote, 28 de noviembre de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 182.
39

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Los meses que pasaron las tropas mexicanas intentando
rodear la ciudad o deliberando asaltar algún punto débil en
el sistema de fortificaciones sirvieron a los orientales para
incrementar su experiencia de combate hostilizando al enemigo
e interactuando con la vegetación para tenerla también como
aliada. Un ejemplo de este tipo de escaramuzas fue publicada en
la prensa oficial yucateca que informaba en diciembre de 1842:
Nuestras divisiones guardan igualmente las [posiciones] suyas,
con el mejor orden y vigilancia. Las tropas auxiliares de D.
Pastor Gamboa molestan a menudo al enemigo con muy buenos
resultados […] Ayer al ponerse el sol se presentaron cuatro
desertores del enemigo, que eran del batallón de zapadores.
Unánimes declaran: que en las acciones del día 25 sufrieron
considerables destrozos: que los sufrían diariamente tanto en
Buenavista con los saludos de nuestras lanchas, en el camino de
Canisté con los frecuentes tiroteos de los guerrilleros, como en la
Eminencia con las balas y bombas que se le arrojan de la plaza.41

A mediados de diciembre de 1842, la prensa yucateca
detalló la forma en que los guerrilleros usaban los árboles como
cubierta y puesto avanzado. Además en el parte militar el coronel
Llergo dejó ver que los batallones de milicia local también podían
ser desplegados para hostilizar al enemigo mediante guerrillas:
El enemigo desde sus zanjas y parapetos dirigía sus fuegos de
fusil y metralla sobre nuestras tropas, sin habernos causado
otra desgracia, que la muerte de un soldado de la sección del
Sr. Gamboa y un herido de la misma. Como dichas guerrillas
“Campeche, sábado 3 de diciembre de 1842”, Periódico Oficial del Estado
de Yucatán, Mérida, 6 de diciembre de 1842, p. 3.
41

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se parapetaron con maestría de las cercas y árboles mayores
de los lugares inmediatos á la Eminencia, pudieron estar
resguardadas de dichos fuegos.- La guerrilla del primero local
que manda al guerrillero C. Pedro Jimenez, permaneció todo el
día observando y tiroteando al enemigo.42

Las espinas de los árboles que se extraían del bosque tropical
fueron descritas por los oficiales mexicanos que combatieron en los
alrededores de Campeche y tuvieron también un peso importante
a la hora de hacer impenetrables el ya de por sí robusto sistema de
fortificaciones de Campeche. Después de fracasar en su intento de
tomar el puerto amurallado durante los últimos meses de 1842 y los
primeros de 1843 los oficiales de más alta graduación valoraron las
defensas y la imposibilidad de tomar por asalto la ciudad abriendo
una brecha con poderosas piezas de artillería. Evaluando si era
mejor asaltar la posición fortificada de la Casa Mata o enviar una
columna a tomar Mérida los oficiales describieron a los espinos
como parte del dispositivo defensivo:
así es que verificado el ataque sin el auxilio de la batería traería
graves males, por la artillería que tiene el enemigo en el punto,
por sus gruesas paredes y parapetos, por espesas y dilatadas
talas de espinos y favorecidos por obras exteriores de campaña
situadas sobre su izquierda y en puntos dominantes todo en
combinación hacen el movimiento demasiado expuesto para
nuestras fuerzas.43
Sebastián López de Llergo al secretario del despacho de la guerra, Campeche, 19 de diciembre de 1842 en Periódico Oficial del Estado de Yucatán,
Mérida, 24 de diciembre de 1842, p. 2.
43
Acta de la reunión de generales, coroneles y comandantes, Fuerte de San Miguel, 3 de febrero de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
42

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Aunque una parte importante de la División de Operaciones
sobre Yucatán se dirigió a la costa norte para intentar ocupar
Mérida en marzo de 1843, otra sección quedó resguardando
los puntos tomados por el ejército mexicano. Esto se tradujo en
que la actividad guerrillera de los orientales y la de la milicia
campechana no se detuviera y los contingentes irregulares
siguieran acumulando experiencia. A finales de marzo el barrio de
San Román y La Eminencia seguían siendo escenarios de tiroteos
entre las fuerzas enfrentadas. En un parte del teniente coronel
Eulogio Rosado además se evidenció que las tropas yucatecas
intentaban sacar ventaja del clima peninsular para enfrentar a los
soldados y milicianos que provenían de regiones más templadas
de la república como Jalisco, Puebla, el Estado de México,
Oaxaca o Zacatecas:
Con el objeto de molestar al enemigo y en cumplimiento de
las instrucciones de V. S. relativas a este fin, dispuse que en
la mañana de hoy saliesen de esta campamento doscientos
hombres … Esta tropa unido a noventa hombres de varios
cuerpos que guarnecen la plaza … se dirigieron a la Eminencia,
dispuesto que fue por ellos el orden de ataque. Como el objeto
de estos tiroteos tiende a molestar al enemigo a horas en que
el calor los llegue a desesperar, se retiraron las tropas a sus
respectivos puestos a las tres de la tarde.44
XI/481.3/1969, f. 40.
44
José Cadenas al secretario de guerra y marina del estado de Yucatán, Campeche, 27 de marzo de 1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia. Otros registros
de ataques a La Eminencia por parte de la milicia local y los orientales puede
verse en AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, v. 2, e. 30.
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Durante el conflicto los combates frontales fueron
esporádicos y cuando estos sucedieron, como en el caso de
Lerma, los orientales fueron usados por los comandantes
yucatecos, junto con los paisanos campechanos de las milicias
locales, para lanzar ataques de distracción a los enemigos. Así
sucedió el 25 de noviembre cuando los orientales de Gamboa y
la milicia mandada por Eulogio Rosado lanzaron un ataque sobre
Canisté y Buenavista, mientras el grueso de la infantería de línea
yucateca atacaba las trincheras mexicanas en La Eminencia.45 Lo
mismo sucedió durante uno de los combates más sangrientos de
la invasión, cuando los mexicanos tomaron el pueblo de Chiná
para intentar cortar los suministros del puerto amurallado. El
2 de febrero de 1842 las columnas guerrilleras del batallón 13
local comandado por Eulogio Rosado y la sección de orientales
al mando de Miguel Cámara tirotearon todo el día anterior a la
guarnición mexicana. 46
El único combate frontal entre los orientales y el ejército
mexicano sucedió al principio de la invasión el 11 de noviembre de
1842, cuando los guerrilleros emboscaron a la columna mexicana
que iba de camino a Lerma. Gamboa eligió las inmediaciones
del bosque perteneciente a la hacienda Umul para hostilizar la
Sebastián López de Llergo al secretario del despacho de guerra, Campeche, 19 de diciembre de 1842. Periódico Oficial del Estado de Yucatán, 24 de
diciembre de 1842, p. 1
46
Copia de Francisco Andrade al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, Chiná, 3 de marzo de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1969, f. 54.
45

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marcha de los invasores. El general Vicente Miñón, en su parte al
ministro de la guerra especificó que en este primer enfrentamiento
las tropas de Pastor Gamboa habían usado la vegetación como
cubierta para intentar sorprender a la columna mexicana, reforzada
por parapetos construidos para obstruir el camino:
el enemigo que en gran número se hallaba parapetado sobre
el camino de Umul y posesionado del bosque sobre ambos
flancos, quiso impedir la marcha que sobre Lerma verificara
la primera brigada, al mando del S. Gral. D. Juan Morales. El
valor, conocimiento y prudencia de este interesante jefe nada
dejó que desear en todo sus disposiciones, durante las seis horas
que duró un tiroteo sostenido por ambas partes, al cabo de las
cuales los fuegos de nuestras piezas destruyeron las obras de
defensa del enemigo, obligándolo á una fuga vergonzosa.47

Esta forma de apropiarse de la vegetación tropical
contrastó con la actitud de los oficiales mexicanos y yucatecos
para quienes, en diferentes momentos del conflicto, el bosque
resultó ser un obstáculo. Durante el fallido contraataque yucateco
a Lerma en diciembre de 1842 la vegetación del bosque tropical
de los alrededores de Campeche retrasó la marcha de la columna,
que tuvo que abrirse paso abriendo brechas entre la vegetación,
llegando a la retaguardia mexicana ya cuando había aclarado el
sol, frustrado los planes de efectuar un ataque sorpresa.48 Cuando
el ataque fue rechazado por la reducida guarnición mexicana,
Vicente Miñón al ministro de guerra y marina, Lerma, 16 de noviembre de
1842. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1752, f. 1v
48
Alonso Aznar a Sebastián López de Llergo, Campeche, 19 de diciembre de
1842 en Periódico Oficial del Estado de Yucatán, 24 de diciembre de 1842, 1-3.
47

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los soldados mexicanos no se lanzaron en persecución de los
yucatecos, precisamente porque se habían internado en los
bosques de los alrededores, actitud que fue censurada por parte
del ministros de la guerra al general Vicente Miñón.49 En Chiná, la
columna mexicana enviada por Matías de la Peña para ocupar el
pueblo extravió el camino por venir “abriendo monte”.50 Un par de
días después, el 4 de febrero, durante el ataque de los yucatecos al
pueblo, las secciones de auxilio comandadas por Joaquín Morlet
y Manuel Noriega perdieron el rumbo debido a “lo boscoso y
malo del camino”, llegando cuando el combate había culminado
y las tropas yucatecas se retiraban a Campeche.51
En una anotación a un plano de Campeche y sus alrededores
del siglo XVIII se señalaba sobre la región que “la campaña es
toda un Bosque tan cerrado de árboles de todas especies que es
casi intransitable si no por los caminos, que de tanto en tanto es
necesario desmontar para que no estén cerrados”.52 Esta referencia
quizá nos ayude a comprender que durante los meses de conflicto
las áreas en torno a Chulbac y Chiná habían sido parcialmente
Ministro de guerra y marina al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, México, 25 de enero de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1987, f. 203.
50
Copia de Francisco Andrade al jefe de la División de Operaciones sobre Yucatán, Chiná, 3 de marzo de 1843. AHSDN, Operaciones Militares,
XI/481.3/1969, f. 54.
51
Matías de la Peña al ministro de guerra y marina, San Miguel, 6 de febrero
de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1969, ff. 52-53v.
52
Plano de Campeche y sus ynmediaciones, s. XVIII, Archivo General Militar de Madrid, PL, MEX-16/8.
49

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

abandonadas por sus pobladores provocando que la vegetación
se regenerara en los caminos, creando condiciones nuevas en el
paisaje peninsular.
Cuando Matías de la Peña decidió abrir un nuevo frente
de combate al mando de poco menos de dos mil soldados para
intentar ocupar Mérida los orientales nuevamente fueron enviados
a realizar labores de guerrilla. Los primeros en ser desplegados
en la costa norte con este fin fueron aquellos comandados por
Vito Pacheco en observación de las tropas mexicanas que ya
merodeaban en torno a Telchac. Debido al mal tiempo provocado
por un temporal que retrasó la marcha por mar de las tropas
invasoras los orientales lograron llegar a Sisal de forma holgada
el 23 de marzo, entrando al puerto ciento setenta hombres.53 El
2 de abril Vito Pacheco escribió al jefe político de Motul que
había observado en los rumbos de Xtampú y Bom rastros del paso
de los mexicanos que habían dejado carne fresca y huellas de la
artillería que conducían. Llergo lo conminó a unirse a la división
para comenzar las operaciones para hacer frente a la brigada
mexicana: “[a] este jefe [Pacheco], no obstante sus deseos de
permanecer en aquellos bosques, le he reiterado con esta fecha la
orden para que se incorpore a esta división, porque lo he creído
conveniente para dar principio á mis operaciones”.54
Alberto Morales al secretario de guerra y marina del estado de Yucatán, Sisal, 23 de marzo de 1840. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 156, v. 106, e. 58.
54
Sebastián López de Llergo al secretario de guerra y marina de Yucatán,
Motul, 2 de abril de 1843, en El Independiente, 4 de abril de 1843.
53

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El 27 de abril de 1843 la vanguardia del ejército mexicano
que comandaba el teniente coronel Pablo Lallave, compuesto de
infantería y una sección de zapadores para eliminar los obstáculos
del camino, avanzó hasta Telchac donde hubo una breve
escaramuza entre los orientales de Vito Pacheco y los paisanos
armados de Telchac que se tirotearon con los mexicanos.55 Estos
sufrieron la pérdida de un oficial y terminaron por ocupar este
importante punto tras el combate. Sin embargo, Pacheco continuó
merodeando los alrededores con doscientos hombres que
hostigaron a los convoyes mexicanos, que no solo enfrentaban
la falta de mulas para transportar víveres y pertrechos sino la
amenaza desde los bosques de los tiradores orientales.56
No hay constancia clara de que los orientales hubieran
participado en la batalla de Tixkokob el 3 de abril de 1843, uno de
los combates más sangrientos de toda la invasión. En este pueblo
la sección comandada por Francisco Pérez logró rechazar al
ejército yucateco lo que permitió a Peña avanzar hasta Pabactún,
en donde, en uno de los episodios más controvertidos de la
invasión el general mexicano decidió entablar pláticas de paz con
los yucatecos. Tras fracasar las conversaciones el general Peña
intentó retirarse con dirección a Telchac. Sin embargo, Llergo ya
había ordenado el avance de las secciones de orientales de Pastor
Francisco Pacheco al ministro de guerra y marina, Buenavista, 3 de abril
de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1971, ff. 13-13v.
56
Declaración de Pedro Lemus, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1987, f. 14v.
55

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Gamboa y de Miguel Cámara. Gamboa desde Nohpat ocupó el
pueblo de Nolo y Cámara avanzando desde Cacalchén con una
“columna de orientales” hizo lo mismo en Tixkokob.57 En el
camino entre Pacabtún y Tixkokob sucedió una escaramuza en
donde se reportaron los últimos heridos de los orientales. En este
combate las tropas comandadas por Pastor Gamboa se internaron
en los bosques de los alrededores de la hacienda Monchac y
Chochoh para hostilizar a la columna mexicana, de forma muy
similar a como lo habían realizado en Umul, aunque el combate
fue mucho más breve.58 Aunque este fue el último combate
propiamente hablando en el que intervinieron los orientales su
papel fue decisivo en los últimos días de la guerra en el norte de
la Península de Yucatán.
Durante la retirada del ejército mexicano la amenaza de
las secciones orientales contribuyó a mermar la moral de los
adversarios que se percibían rodeados: “desde Mérida hasta
la playa de Telchac por diferentes rumbos, apostó el enemigo
secciones de Huites y otras tropas que ocupaban las gargantas
principales, por donde inferían podríamos retirarnos o recibir
Parte oficial del señor general en jefe de las fuerzas de Yucatán, sobre las
operaciones militares a que dio lugar la expedición militar destinada a las costas de Barlovento en El Siglo Diez y Nueve, México, 24 de julio de 1843, p. 1.
58
Los últimos heridos de la “sección primera de oriente”, mandada por Pastor Gamboa fueron Patricio López, Juan Sandoval y Manuel Dzib, heridos
en la acción del 18 en Monchac. Relación que manifiesta los individuos que
han fallecido y los que han quedado heridos e inutilizados en los últimos ataques dados al enemigo en la costa de Barlovento. Mérida, 9 de junio de 1843.
AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 157, v. 107, e. 20.
57

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�José Koyoc Kú

auxilios” declaró el general Diego Argüelles.59 A los combatientes
de estas secciones los acompañaban cientos de auxiliares que
se encargaban de obstruir los caminos con piedras y árboles
espinosos, además de construir trincheras entre los montes de los
alrededores de esta población. Estos combatientes fueron decisivos
para aislar al ejército mexicano en Tixpéual. Así lo describió el
general Matías de la Peña: “además de que su sección [de Miguel
Cámara] era numerosa, tenía cerca de 1,000 indios desarmados
para las maniobras que dejo expresadas hicieron, y para quitar
hasta los perros que entraban a Tixpéual”.60 La labor de obstruir
los caminos y construir trincheras fue una labor que cientos de
auxiliares realizaron durante la guerra y que se incrementó con
la llegada de la brigada al norte de la Península de Yucatán. Las
trincheras de los alrededores de Motul, por ejemplo, habían sido
construidas sin retribución por los habitantes de ese pueblo, unido
a los de Ucí, Kiní y Muxupip.61 Esta importancia se ve reflejada
en el acopio de machetes por parte de los integrantes del ejército
yucateco para poder facilitar la realización este tipo de trabajos.62
Narración exacta de Diego Argüelles, Telchac, 26 de abril de 1843.
AHSDN, Operaciones Militares, XI/481.3/1992, f. 82v.
60
Nota 9 de Matías de la Peña al “Parte oficial del señor general en jefe de
las fuerzas de Yucatán, sobre las operaciones militares a que dio lugar la expedición militar destinada a las costas de Barlovento” en El Siglo Diez y Nueve,
México, 24 de julio de 1843, p. 1.
61
José Luis Lavalle al secretario general de gobierno. Motul, 5 de abril de
1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, c. 70, v. 20, e. 90.
62
Sebastián López de Llergo al secretario del departamento de guerra de Yucatán, Conkal, 28 de marzo de 1843. AGEY, Poder Ejecutivo, Milicia, c. 156,
59

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El relato de los momentos finales de la brigada y de la
importancia de la actividad de los orientales la deja ver Nicolás
de la Portilla. El oficial señaló que el 20 de abril continuaron su
repliegue hasta Tixpéual “punto muy malo en el orden militar,
casi indefendible, rodeado de bosques espesos, habiendo en toda
la circunferencia del pequeño pueblo multitud de cercas de piedra
paralelas las unas a las otras”. Al día siguiente, después de tomar
posiciones y colocar las piezas de artillería en las calles, Portilla
señala que “amaneció el enemigo rodeándonos completamente,
atrincherado con multitud de piedras, que con sagacidad y silencio
colocó en la noche: aquí fue en donde el hambre nos consumió,
pues nos quedamos sin vacas y sin cosa alguna para comer porque
el enemigo no nos dejaba pasar nada”.63 Esta situación desesperada
obligó al general Peña a firmar una capitulación vergonzosa. El 25
de mayo salieron rumbo a Tampico los últimos soldados mexicanos
que habían incursionado a Mérida y los comandantes orientales no
tardaron en declarar que regresarían a sus labores en el campo.64
Conclusión
En su artículo pionero sobre la Guerra entre México y Yucatán
Terry Rugeley señalaba que la violencia de los años posteriores al
conflicto se alimentó de la experiencia bélica del enfrentamiento
v. 106, e. 75.
63
Declaración de Nicolas de la Portilla, Perote, 8 de agosto de 1843. AHSDN,
Operaciones Militares, XI/481.3/1987, ff. 43v-44.
64
Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 119; Taracena, De héroes olvidados,
104-105.
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que sucedió en la Península entre 1842 y 1843. Rugeley señalaba
que la guerra había provocado la militarización del estado y un
clima de inestabilidad en donde se convirtió en moneda corriente
el armar paisanos irregulares con promesas política para las pugnas
entre las diversas facciones yucatecas.65 A estas consecuencias
del conflicto habría que sumar que en el transcurso del conflicto
entre federalistas y centralistas, y entre yucatecos y mexicanos,
los orientales desarrollaron una particular forma de combatir
amparados en las posibilidades que les brindaba el bosque tropical.
Fue un proceso que inició en 1839, con el pronunciamiento del
caudillo del oriente y en donde en un primer momento usaron
al bosque tropical como cobertura para tratar de equilibrar la
evidente inferioridad de las improvisadas milicias federalistas con
las tropas medianamente entrenadas de la milicia centralista. Si
bien esta experiencia comenzó en los bosques tropicales del este
de la Península de Yucatán, lo cierto es que los bosques tropicales
del oeste, sobre todo aquellos alrededor de Mérida y Campeche,
fueron los que brindaron a los orientales una experiencia que
permitió no solo perfeccionar las tácticas previamente desplegadas
sino innovar en otras. Pudieron darse cuenta de la forma en que los
árboles del bosque tropical podrían brindar no solo cobertura frente
a las balas del enemigo sino también materia prima para construir
fortificaciones aún más inexpugnables y obstáculos que retrasaban
la marcha de los ejércitos. También pudieron aprovechar las
65

Rugeley, Repúblicas contrapuestas, 121-122.

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�Los orientales y el bosque tropical durante el Yucatán separatista

piedras para construir trincheras entre la vegetación e incorporarlas
a las talas que retrasaban la marcha del ejército enemigo. Muy
pronto los orientales se dieron cuenta de la importancia de los
no combatientes para el esfuerzo de guerra. A los guerrilleros
frecuentemente los acompañó la población local, mayoritariamente
indígena, de Valladolid, Campeche y los alrededores de Motul,
que colaboraron en las labores bélicas. Al finalizar la guerra entre
México y Yucatán la pericia de estos combatientes y los auxiliares
llegó a tal punto que las talas de árboles espinosos, piedras para
improvisar trincheras y unos soldados mexicanos exhaustos y
aislados se combinaron para que una brigada de poco menos de
un millar de soldados profesionales se rindiera en Tixpéual sin
disparar un tiro, rodeada de insurgentes orientales.
La adquisición de esta experiencia hubiera sido impensable
sin las armas que a través de diferentes redes llegaron a la Península
de Yucatán y terminaron en manos de los guerrilleros. Primero a
través de las redes de contrabando de los caudillos federalistas y
posteriormente a través de la movilización del estado de Yucatán
y la adquisición de armamento en Inglaterra y Estados Unidos.
Si la referencia que tenemos del general Francisco Pérez es
acertada, incluso los orientales pudieron tener acceso a las armas
más sofisticadas de la época para combatir hostigando al enemigo
amparados en la vegetación.
El bosque tropical estuvo lejos de ser un mero escenario
de la guerra ya que sus comunidades vegetales y su innegable
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presencia y regeneración influyó notablemente en la forma de
hacer en la guerra en la Península. Prueba de ello fueron los
obstáculos que los ejércitos mexicanos y yucatecos enfrentaron
en los alrededores de Chulbac y Chiná, en donde la vigorosa
vegetación creaba, con su agencia, nuevas condiciones que
terminaron por impedir y retrasar el avance de las columnas. Los
orientales por su parte se adaptaron y aprendieron a combatir
usando el bosque tropical a su favor. Los árboles, las plantas, los
arbustos y las comunidades vegetales agrupadas en el bosque
tropical configuraron un tipo de combate disperso. Durante estos
años los orientales convirtieron al bosque tropical en arma de
guerra, un arma temible que marcaría el curso de un periodo
completo en la historia peninsular como lo fue la Guerra de
Castas.
Referencias
Archivos
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(AHSDN).
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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán
(1807-1990): una aproximación desde la
ecología histórica
The construction of the coastal landscape of Sisal, Yucatán
(1807-1990): a historical ecology approach
Gabriel de Jesús Torales Ayala
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados
Unidad Mérida
https://orcid.org/0009-0006-0406-066X
Recibido: 16 de julio de 2024
Aceptado: 12 de diciembre de 2024
Resumen: Este artículo resume los resultados de un estudio sobre
los efectos de las actividades humanas en la configuración del
paisaje de la costa noroccidental de Yucatán durante los siglos
XIX y XX. Utilizando una perspectiva de ecología histórica, se
examina el caso del puerto de Sisal y sus alrededores mediante
fuentes documentales, cartográficas y etnográficas. Se identifican
asentamientos humanos, actividades económicas y prácticas
de manejo ambiental del pasado que continúan influyendo en
factores ambientales contemporáneos como la composición de la
vegetación, los flujos hídricos, la geomorfología y los patrones de
biodiversidad. Estos hallazgos llenan un vacío en la información
histórica ambiental de la región, y proporcionan fundamentos para
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�Gabriel Torales Ayala

discutir la supuesta naturaleza prístina de la costa noroccidental,
que subyace en los esquemas de conservación actuales en el área.
Palabras clave: ambiente prístino; manejo ambiental;
asentamientos humanos; unidades de paisaje; Yucatán.
Abstract: This article summarizes a study on the effects of human
activities on the landscape configuration of the northwestern
coast of Yucatan during the nineteenth and twentieth centuries.
Employing a historical ecology approach, it explores the case of
Sisal port and its environs using documentary, cartographic, and
ethnographic sources. The research identifies historical human
settlements, economic activities, and environmental management
practices that continue to shape present-day environmental factors
such as vegetation composition, water flows, geomorphology, and
biodiversity patterns. These findings address a historical gap in
the environmental knowledge of the region and provide insights
challenging the presumed pristine nature of the northwest coast,
a premise that underpins current conservation efforts in the area.
Key words: pristine nature; environmental management; human
settlements; landscape units; Yucatan.

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

Introducción
Entre 1979 y 2010 la costa de Yucatán fue incorporada
gradualmente a esquemas de conservación ambiental mediante la
creación de Áreas Naturales Protegidas (ANP).1 Esto implicó la
implementación de medidas para limitar o prohibir el desarrollo
de actividades humanas que alteren o modifiquen las condiciones
ambientales originales del área.2 En la región noroccidental, la
creación de ANP se sustentó en una interpretación de la costa como
un ambiente prístino, escasamente poblado y sin asentamientos
humanos importantes hasta la segunda mitad del siglo XX,
momento a parir del cual se argumenta que las actividades
humanas comenzaron a alterar las condiciones ambientales.3
Sin embargo, esta interpretación resulta problemática
debido a que carece de fundamentos históricos sólidos. Por una
parte, hay diversos estudios que documentan la presencia de
Javier Enrique Sosa Escalante y R. Kantún Palma, “Áreas Naturales Protegidas”, en Ordenamiento Territorial del Estado de Yucatán: visión 2030, ed.
G. García Gil y Javier Enrique Sosa Escalante (Mérida: Gobierno del Estado
de Yucatán, 2013), 79.
2
Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA). (México: Diario Oficial de la Federación, 28 de enero de 1988), artículos
3 y 47 bis, http://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Ciga/agenda/DOFsr/148.pdf
3
Jorge Herrera-Silveira, Francisco A. Comín, y Luis Capurro, “Los usos y
abusos de la zona costera en la península de Yucatán”, en El manejo costero en
México, de E. Rivera Arriaga et al. (Campeche: Centro de Ecología, Pesquerías y Oceanografía del Golfo de México, Universidad Autónoma de Campeche., 2004), 387–96; SEGEY, Programa de Manejo de la Reserva Estatal El
Palmar (México: Secretaría de Ecología del Gobierno del Estado de Yucatán,
2006), 12.
1

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�Gabriel Torales Ayala

actividades humanas en la costa noroccidental desde hace 2,700
años, y la existencia de asentamientos, salinas y puertos mercantes
durante los periodos Clásico y Posclásico,4 así como de ranchos,
estancias, haciendas y pueblos desde la época novohispana hasta
el presente.5 A pesar de esto, aún quedan vacíos de información
considerables sobre los efectos de dichas actividades en el
ambiente, especialmente durante la época virreinal, el siglo XIX
y la primera mitad del XX.
Por otra parte, en décadas recientes surgieron nuevos
enfoques y campos de investigación histórica ambiental que
sostienen que los seres humanos han modificado de manera
irreversible los patrones de biodiversidad y los procesos
Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological Survey of Northwest Yucatan, Mexico”, Reporte final de la temporada 2002 para el Comittee for Research and Exploration (National Geographic Society, 2002); Fernando Robles
Castellanos y Anthony P. Andrews, “Proyecto Costa Maya: Reconocimiento
arqueológico de la esquina noroeste de la Península de Yucatán”, en XVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, ed. J.P. Laporte et al.
(Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 2003), 41–60.
5
Pedro Bracamonte y Sosa, “Haciendas y ganado en el noroeste de Yucatán,
1800-1850”, Historia Mexicana 37, núm. 4 (1988): 613–39; Luis Millet Cámara, Rafael Burgos Villanueva, y Anthony P. Andrews, “Panorama histórico
de la Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”, en El
pueblo maya del siglo XIX: perspectivas arqueológicas e históricas, de Susan
Kepecs y Rani T. Alexander (México: Instituto de Investigaciones Filológicas UNAM, 2013), 71–92; Anthony P. Andrews, Rafael Burgos Villanueva,
y Luis Millet Cámara, “The Henequen Ports of Yucatan’s Gilded Age”, International Journal of Historical Archaeology 16, núm. 1 (2012): 25–46, https://
doi.org/10.1007/s10761-012-0168-z.\\uc0\\u8220{}Haciendas y ganado en el
noroeste de Yucat\\uc0\\u225{}n, 1800-1850\\uc0\\u8221{}, {\\i{}Historia
Mexicana} 37, n\\uc0\\u250{}m. 4 (1988
4

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

ecológicos de prácticamente todos los rincones del planeta desde
hace miles de años,6 incluyendo grandes extensiones boscosas del
continente americano que por mucho tiempo fueron consideradas
prístinas.7 Uno de estos campos es la ecología histórica,8 que
sostiene que los seres humanos no se han adaptado pasivamente
a las condiciones del medio, sino que las han transformado a
lo largo del tiempo para ajustarlas a sus necesidades mediante
actividades culturales.9
Desde esta perspectiva, se considera que las sociedades
humanas favorecen ciertas condiciones ambientales mediante
Erle C. Ellis, “Ecology in an Anthropogenic Biosphere”, Ecological
Monographs 85, núm. 3 (2015): 287–331, https://doi.org/10.1890/14-2274.1;
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7
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Cultural Parkland?”, Science 301, núm. 5640 (2003): 1710–14, https://doi.
org/10.1126/science.1086112; Anthony Goebel McDermott, David Chavarría
Camacho, y Ronny J. Viales Hurtado, “La construcción social de un espacio
‘prístino’: paisajes predominantes e interacciones funcionales en el sistema
socio-ambiental Parque Nacional Braulio Carrillo (1881-1987).”, Forum for
Inter-American Research (FIAR) 13.1, núm. marzo (2020): 84–98.
8
Péter Szabó, “Historical ecology: past, present and future”, Biological Reviews 2015, núm. 90 (2015): 997–1014, https://doi.org/10.1111/brv.12141.
9
William Balée, “The Research Program of Historical Ecology”, Annual
Review of Anthropology 35, núm. 1 (2006): 75–98, https://doi.org/10.1146/
annurev.anthro.35.081705.123231; Carole Crumley, “Historical ecology and
the study of landscape”, Landscape Research 42, núm. Sup1 (2017): S65–73,
https://doi.org/10.1080/01426397.2017.1399994.
6

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la domesticación, no solo de plantas y animales, sino del
mismo paisaje, con el fin de manejar los recursos existentes
en un área e incluso crear nuevos recursos.10 Esto ocurre como
consecuencia de la repetición de actividades y prácticas de
manejo ambiental que incluyen el uso del fuego, el reacomodo
del relieve, la modificación del suelo y la hidrología, la remoción
y/o reemplazo de ciertas especies y el favorecimiento de otras,
la extracción selectiva y sistemática de recursos, la construcción
de infraestructura, asentamientos humanos, etc.11 Gradualmente,
estas prácticas modifican los patrones de biodiversidad, la
cobertura vegetal, la composición del suelo, la distribución
de especies, entre otros, y sus huellas perduran como legados
en el paisaje durante décadas, cientos o incluso miles de años
después de terminada la intervención humana que los produjo.12
Esto significa que las prácticas de manejo ambiental del pasado
influyen en las condiciones ambientales de un área a través del
tiempo pudiendo tener efectos en el paisaje actual.
Charles R. Clement y Mariana F. Cassino, “Landscape Domestication and
Archaeology”, en Encyclopedia of Global Archaeology, ed. C. Smith (Springer, 2018), 10.1007/978-3-319-51726-1_817-2.
11
Clark L. Erickson, “Amazonia: The Historical Ecology of a Domesticated
Landscape”, en The Handbook of South American Archaeology, de Helaine
Silverman y William Isbell (New York: Springer, 2008), 157–83, 10.1007/9780-387-74907-5_11.
12
Jennifer R. Fraterrigo, “Landscape Legacies”, en Encyclopedia of Biodiversity, ed. S.A. Levin (Academic Press, 2013), 10.1016/B978-0-12-3847195.00388-9; Jean-Luc Dupouey et al., “Irreversible Impact of Past Land Use on
Forest Soils and Biodiversity”, Ecology 83, núm. 11 (2002): 2978–84, https://
doi.org/10.2307/3071833.
10

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Esto permite suponer que los grupos humanos que
habitaron la costa noroccidental de Yucatán en el pasado
desarrollaron diversas prácticas de domesticación del paisaje con
el fin de favorecer la presencia de ciertos recursos. Lo anterior
supondría que dichas actividades modificaron los componentes
bióticos y abióticos del área, contribuyendo con ello a dar
forma a los patrones ecológicos presentes en el paisaje actual,
lo que a su vez refutaría la caracterización de la región como un
ambiente natural prístino. Sin embargo, esta hipótesis no había
sido corroborada debido a la falta de información histórica sobre
las actividades humanas y las prácticas de manejo ambiental
en el área, especialmente en los periodos mencionados. Es por
ello que se realizó un estudio sustentado en fuentes históricas
y etnográficas analizadas desde una perspectiva de ecología
histórica para identificar las actividades y prácticas que tuvieron
influencia en la construcción del paisaje de la costa noroccidental
a partir del caso de Sisal.13
La costa de Sisal: dimensión espacial y temporal.
El puerto de Sisal se localiza a los 21°09’55’’ latitud Norte
y 90°01’50’’ longitud Oeste y actualmente es una comisaría
perteneciente al municipio de Hunucmá, en el estado de Yucatán.
Gabriel de Jesús Torales Ayala, “Cambios históricos en el paisaje costero de Sisal, Yucatán. Estudio comparativo de tres periodos: puerto de altura
(1807-1871), puerto de cabotaje (1871-1931), y periodo ejidal (1931-1990).”
(Mérida, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 2019),
https://repositorio.cinvestav.mx/handle/cinvestav/1485.
13

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Para esta investigación se delimitó un área de estudio de 585 km2
que incluye al puerto, las 5,060 hectáreas del ejido de Sisal y
una porción aproximada de 9,000 hectáreas pertenecientes a la
Reserva Estatal El Palmar (REEP) (Figura 1). Para fines analíticos
el área se subdividió en siete unidades de paisaje definidas por
su geomorfología y cobertura del suelo, pues ambos factores
influyen el desarrollo de actividades humanas y prácticas de
manejo ambiental.14 Estas unidades son:
a. Zona urbana: superficie del asentamiento humano del
puerto.
b. sla de barrera: franja estrecha arenosa con vegetación de
duna costera.
c. Litoral: área del Golfo de México con vegetación de
macroalgas, pastos marinos y formaciones arrecifales.
d. Ciénaga: laguna costera salina estacional de baja
profundidad, con vegetación de manglares, pastos halófilos
y macroalgas.
e. Petenes: islotes de selva mediana en torno de afloramientos
de agua dulce.
f. Zonas inundables: planicies calizas estacionalmente
inundadas con pastizales halófilos, tulares, manglares y
porciones de selva baja caducifolia.
Efraím Acosta Lugo et al., “Caracterización de la Eco-región los Petenes-Celestún-El Palmar”, en Plan de Conservación de la Eco-región Petenes-Celestún-Palmar (Campeche: Universidad Autónoma de Campeche. Pronatura Península de Yucatán. A.C., 2010), 33–48.
14

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Figura 1.
Localización del área de estudio, asentamientos humanos y
unidades de paisaje

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Fuente: Elaboración propia con datos obtenidos de INEGI, Registro Agrario
Nacional (RAN), Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), Anthony P. Andrews et al., An Archaeological Survey of Northwest
Yucatan, Mexico, 2002, y Bing Maps.

g. Selva baja: llanura kárstica no inundable con vegetación
caducifolia y espinosa.
El área estudiada tiene una larga historia de ocupación
humana, pues se ha documentado la existencia de embarcaderos
y asentamientos pesqueros y salineros desde tiempos
prehispánicos.15 Durante el periodo novohispano el pequeño puerto
Humberto Lara y Lara, Sisal: ensayo monográfico (Mérida: Dirección de
Prensa y Publicidad del Gobierno del Estado, 1959), 1–3.
15

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y destacamento militar de Santa María de Sisal fue estratégico
para Mérida en términos defensivos y comerciales, pues agilizó el
transporte marítimo con el puerto de Campeche, que entonces era
el único autorizado para comerciar con la metrópoli.16
Hacia 1807 Sisal comenzó a comerciar directamente
con La Habana. En 1811 fue habilitado oficialmente para el
comercio internacional y la navegación de altura, convirtiéndose
en el principal puerto mercantil del noroeste de Yucatán.17 Estos
acontecimientos marcan el inicio del periodo de estudio debido
a la importancia que adquirió Sisal como eje de las actividades
humanas relacionadas con el manejo de los recursos de la región.
El periodo estudiado se extiende a lo largo de tres coyunturas
definidas en términos económicos y demográficos:
1. 1807-1871. Sisal se convierte en el principal puerto de
altura durante el despegue de la industria henequenera, lo
que atrae un rápido crecimiento demográfico.
2. 1871-1931. Sisal es degradado a puerto de cabotaje, la
aduana es trasladada a Progreso y, en consecuencia, ocurre
una fuerte pérdida de población.18
Michel Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán (Mérida: Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 1994), 260.
17
Luis Ángel Mezeta Canul, “El abastecimiento mercantil en la ciudad de
Mérida, 1790-1850” (Tesis de maestría en Historia, Mérida, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2014), 134; Mario
Trujillo Bolio, El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entornos
geográficos, formación portuaria y configuración marítima. (México: Miguel
Ángel Porrúa, 2005), 102.
18
Alberto Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal” (Tesis de In16

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3. 1931-1990. se funda el ejido de Sisal y hay un gradual
repoblamiento promovido por la tecnificación pesquera.19
El periodo de estudio concluye en 1990 con la creación de
la Reserva Estatal El Palmar (REEP), lo que marca el inicio
de un cambio en el manejo de los recursos costeros.
Materiales y métodos
La investigación se basó en datos cualitativos y descripciones
sobre las características ambientales de las unidades de paisaje,
los tipos de asentamientos humanos, las actividades que ahí se
realizaban, las prácticas de manejo ambiental y sus efectos en
el paisaje, así como los cambios percibidos. La información se
obtuvo de fuentes:
1. Documentales. Incluye fuentes primarias como censos,
padrones, actas e informes de gobierno, correspondencia
oficial, expedientes legales y catastrales, notas periodísticas,
publicaciones de la época, crónicas de viajeros, litografías,
fotografías; así como fuentes secundarias: monografías,
estadísticas, artículos de revistas científicas y tesis. Aunque
los documentos históricos sobre Sisal son abundantes, la
información ambiental encontrada fue escasa, dispersa y sin
geniería Civil, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1931),
Biblioteca Yucatanense (BCCA-1141-1.).
19
Julia Fraga, “El proceso de emigración hacia la costa de Yucatán: estudio
de cuatro puertos del litoral yucateco”, Reporte final de investigación (Mérida:
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, 1992).
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registros sistemáticos que permitan cuantificar la magnitud
de los cambios.
2. Cartográficas. Comprende planos, croquis y mapas de
las distintas etapas, así como fotografías aéreas de la
década de 1970. Estas fuentes ofrecen una gran cantidad
de información sobre el paisaje; sin embargo, las más
antiguas carecen de escalas o coordenadas que faciliten su
georreferenciación.
3. Etnográficas.

Se

realizaron

cuatro

entrevistas

semiestructuradas de historia oral a varones mayores de
60 años que habitaron en el área durante la última etapa
estudiada. En algunos casos, el recuerdo de historias
contadas por padres y abuelos permitió extender la
temporalidad de las descripciones hasta principios del siglo
XX. Los testimonios recogidos mostraron gran congruencia
y su inclusión en el estudio fue clave para articular y precisar
la información de las otras fuentes.
Los datos obtenidos fueron sometidos a tres procesos
de revisión: (1) el análisis crítico de las fuentes, consistente en
cuestionar el contexto de producción y los intereses de los autores
para evaluar la fiabilidad de la información; (2) el cruzamiento
entre las diversas fuentes para contrastar y validar datos; y (3) la
comprobación en campo para localizar los asentamientos y sitios
donde hubo prácticas de manejo ambiental, a fin de identificar
sus huellas en el paisaje actual. Con la información validada se
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elaboraron descripciones detalladas de las unidades de paisaje
y mapas comparativos sobre sus principales asentamientos
y actividades desarrolladas (ver figuras 2, 3 y 4 al final del
documento). La extensión de los usos de suelo representados es
aproximativa debido a la falta de información cartográfica precisa
en las fuentes históricas consultadas.
Principales modificaciones antropogénicas
en el paisaje costero
Zona Urbana
A comienzos del siglo XIX Sisal era un pequeño destacamento
militar colonial y vigía de costa.20 La habilitación del puerto de altura
impulsó su transformación en un asentamiento permanente de entre
700 y 1,500 habitantes.21 La población trabajaba mayormente en
actividades portuarias y la milicia, y en menor medida en comercios,
servicios, pesca y agricultura.22 En 1869 había 124 construcciones
agrupadas en 20 manzanas regulares formando el patrón ortogonal
que persiste hasta la actualidad.23 La mayoría de las construcciones
José María de Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la
provincia de Yucatán del año de 1814, Tercera edición (Gobierno del Estado
de Yucatán, 1977), 40.
21
Ver características demográficas de Sisal durante el siglo XIX en: Torales
Ayala, “Cambios históricos en el paisaje costero de Sisal, Yucatán.”, 49–55.
22
AGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de
Sisal y su comprensión, Rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849,
Alcaldía de Sisal, fondo: poder ejecutivo 1842-1885, censos y padrones, caja
64, vol. 14, exp. 49, fojas 23.
23
Mapoteca Manuel Orozco y Berra (MMOB). Plano de la población de la
Villa y Puerto de Sisal, 1869, Colección General, Estado de Yucatán, clasifica20

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eran “casas cubiertas de paja o huano [Sabal yapa], cercadas de
palizada que se cierra con un embarro o argamasa de tierra envuelta
con yerba picada”, y solo había 13 construcciones de piedra con
techo de madera o palma.24 Además, existían diversas instalaciones
portuarias, como la aduana, el muelle, el faro y bodegas;25
instalaciones militares: fortaleza, trincheras y batería de cañones;26
construcciones civiles como escuelas, cementerio, teatro, mercado
público y rastro, y una estructura religiosa: el templo católico.27
El desarrollo de la zona urbana implicó la remoción de la
vegetación preexistente, así como la extracción de materiales de
construcción (maderas, piedras, palmas, etc.) de los alrededores,
y la introducción de palmeras como se observa en una ilustración
de 1839.28 Además, se modificó la morfología de la isla de barrera
mediante el relleno y nivelación de la orilla de la ciénaga: “las
primeras casas situadas a su entrada han sido construidas sobre la
misma ciénaga, practicándose un rehenchimiento”.29
ción: 6925-CGE-7264-A.
24
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 32.
25
BY. Sisal, 1863, Rivero Figueroa, “El Repertorio Pintoresco”, fondo reservado, clasificación: FR-0005571, ficha: 63456. pp. 479-483.
26
Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán, 259.
27
Emiliano Canto Mayén, “Sisal: comercio y vida cotidiana (1806-1871)”,
en Puertos y comercio en el Golfo de México (siglo XIX), de Ivett García Sandoval, Marisa Pérez Domínguez, y José Ronzón León (Campeche: Ediciones
Morbo, 2012), 57–78.
28
MMOB. Gulf of Mexico: Sisal Reefs, surveyed in 1838 by Com. E. Barnett. Hydrographic Office of the Admiralty, 1838, Colección General, Estado
de Yucatán, clasificación: 8314C-CGE-7264-B.
29
BY. Documentos relativos a la cuestión de traslación de la aduana de Sisal
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El cambio de la aduana a Progreso causó el rápido
despoblamiento del asentamiento, quedando entre 100 y 150
habitantes a comienzos del siglo XX. El paisaje de la zona urbana
entró en decadencia. Numerosos solares quedaron sin casas, pues sus
propietarios se llevaron consigo los armazones de sus viviendas;30
las construcciones de piedra fueron abandonadas o modificadas, se
construyó un nuevo faro31 y el edificio de la aduana se convirtió en
bodega de palo de tinte, madera, chicle y sal.32 La fortaleza se usó
como casa del guardafaros pues la presencia militar se redujo al
mínimo dejando el puerto a merced del contrabando.33 Los pocos
habitantes continuaron desempeñando actividades portuarias, pero
en menor escala; en cambio, aumentaron su participación en otras
actividades como la pesca, la caza, el corte de madera, el cultivo de
maíz y la cría de ganado menor y animales de carga lo que implicó
al Progreso. Suplemento al opúsculo publicado en marzo del presente año con
el título de “Triunfo de la verdad en favor del Progreso”, 1870, fondo reservado, clasificación: F1376.9.C37.P76:1870.
30
AGEY. Estado general estadístico del partido de Hunucmá, Jefatura política del Partido de Hunucmá, 1878, fondo: Congreso del Estado 1833-1946,
serie: informes, sección: pleno del Congreso, caja: 67, vol. 2, exp. 14.
31
Luis Hoyos Villanueva et al., Enciclopedia Yucatanense, Segunda edición,
vol. III (Gobierno del Estado de Yucatán, 1977), 612.
32
AGEY. José M. Ponce presenta el estado de las existencias de palo de tinte
en bodegas de Progreso y de Sisal, 1878, fondo: Poder Ejecutivo 1843-1885,
sección: Gobierno del Estado de Yucatán, serie: Hacienda, caja: 330, vol: 280,
exp: 114, fojas: 10.
33
AGEY. Informe del teniente coronel Hipólito Rojas de Progreso con motivo de una visita que giró al puerto de Sisal en cumplimiento de una comisión
de la Aduana, 1917, fondo: Poder Ejecutivo Salvador Alvarado 1915-1917,
exp: 5, vol. 244, fojas: 6.
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quemas agrícolas, introducción de especies animales, extracción
selectiva de madera y fauna.34
Después de la década de 1940 la zona urbana se repobló
gradualmente debido a la migración de campesinos de Yucatán,
Campeche y Tabasco, atraídos primero por la creación del ejido de
Sisal (1931), y posteriormente por el auge pesquero y turístico.35 Se
construyó infraestructura y servicios públicos: carretera asfaltada,
red eléctrica, agua potable, correo, teléfono, centro de salud,
escuelas, campo deportivo y diversos comercios.36 Entre 1960 y
1990 se impulsó la tecnificación de las pesquerías, se construyó
un nuevo muelle de concreto reforzado,37 un centro de acopio
pesquero con refrigeración y una empacadora,38 dos escolleras de
piedra, y un puerto de abrigo pesquero39 que produjo la ruptura
de la isla de barrera y la acumulación de arena al oeste de la zona
Fernando Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán, el 29 de enero de 2018.
35
Adalio Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán,
el 28 de enero de 2018.
36
Mario Alonso Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal” (Tesis de licenciatura en Economía, Universidad Autónoma de Yucatán, 1980).
37
Francisco Roberto Echeverría Pacheco, “Proyecto de rehabilitación del
muelle de Sisal, Yucatán” (Tesis de Ingeniería Civil, Universidad Autónoma
de Yucatán, 2006), 3.
38
Julia Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal” (Tesis de maestría en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1993).
39
Raquel Aidé Iturria Dawn, “Contaminación histórica por hidrocarburos en el
puerto de abrigo de Sisal, Yucatán” (Tesis de licenciatura en Manejo Sustentable
de Zonas Costeras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), 46.
34

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urbana.40 Para el turismo se construyeron centros recreativos
como el “Club de Patos” y residencias de veraneo a lo largo de la
playa,41 causando la saturación del fundo legal y en consecuencia
la reducción del espacio para viviendas, huertos y animales de
traspatio,42 lo que impulsó una nueva expansión de la zona urbana
sobre la ciénaga mediante el uso de residuos como relleno.43
Isla de Barrera
Durante el siglo XIX y principios del XX, la isla de barrera se
caracterizó por la presencia de asentamientos pesqueros-salineros
y potreros. El área era descrita como “una estrecha lengua de tierra
salpicada de salinas naturales”44 en donde había desde la época
colonial “grandes pesquerías así de españoles como de indios
para el sustento de aquella ciudad [Mérida] y otros pueblos”.45
Gabriela Medellín, “Variabilidad espacio-temporal de la morfología de
la playa en Sisal, Yucatán”, en Caracterización multidisciplinaria de la zona
costera de Sisal, de Joaquín R. Garza Pérez y Irina A. R. Ize Lema (Mérida:
Dante, 2017), 58–66, https://agua.org.mx/wp-content/uploads/2017/08/
Caracterizaci%C3%B3n-multidisciplinaria-de-la-zona-costera-de-SisalYucat%C3%A1n.pdf.
41
Fraga, “El proceso de emigración hacia la costa de Yucatán: estudio de
cuatro puertos del litoral yucateco”.
42
Carlos Manuel Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto
económico-social” (Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, 1988), 98.
43
Ulsía Urrea Mariño, “Sisal, caso paradigmático de estudio: prácticas
de vida y basura”, Antropologías del Sur, núm. 5 (2016): 167, https://doi.
org/10.25074/rantros.v3i5.819.
44
José María de Regil y Alonso Manuel Peón, Estadística de Yucatán (México: Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1853), 104.
45
Antochiw, Historia cartográfica de la Península de Yucatán, 258.
40

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Así pues, existieron asentamientos en Kopté, Choventún, San
Rafael Xtul, Chonloh, Nohxeb, Sintachi, Cholul y Punta Piedra,
formados generalmente por 3 o 4 viviendas, cocina, oratorio y
asaderos para el secado y salado del pescado, llegando algunos a
tener embarcaderos y bodegas de henequén.46 Estos sitios estaban
dedicados completamente a la pesca, la extracción de sal y el
corte de leña de mangle para su procesamiento.
A partir de 1840, los yacimientos salineros comunales comenzaron a ser privatizados e incorporados a las haciendas del interior.47 Se intensificó la extracción de sal para el mercado nacional
e internacional, para lo cual se hicieron modificaciones en el relieve a fin de ampliar las charcas, crear barreras de arena, estacadas
de mangle, zanjas y canales de desagüe.48 Esta práctica fue abandonada después de la creación de la Industria Salinera de Yucatán
en 1934, quedando solo algunas charcas para autoconsumo.49 En
cambio, los ranchos pesqueros perduraron hasta las décadas de
1960-70 cuando esta actividad y se tecnificó y centralizó en la zona
urbana de Sisal. Por otro lado, la existencia de un sitio denominado
Millet Cámara, Burgos Villanueva, y Andrews, “Panorama histórico de la
Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”.
47
María de Lourdes Fernández Glory, “Estudio de las condiciones sociales,
económicas y ambientales que permitirían la rehabilitación de las charcas salineras de Chuburná Puerto” (Tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas,
Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 1997), 46.
48
José Enrique Serrano Catzín, “Apuntes sobre la industria salinera de Yucatán a mediados del siglo XIX” (Tesis de licenciatura en Historia, Mérida,
Universidad Autónoma de Yucatán, 1986), 69–70.
49
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económico-social”, 88.
46

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“potrero de Augil” y algunas fuentes sugieren que hubo pastoreo de
animales de carga a lo largo de la isla de barrera aprovechando la
vegetación de las dunas costeras.50 Esta actividad fue abandonada
como consecuencia de la motorización de los transportes y de la
construcción de una carretera entre Celestún y Progreso en 1922.51
Durante el siglo XX el paisaje de los potreros y las dunas
costeras fue transformado por la expansión de las plantaciones de
cocales, aunque ya había cultivos desde el siglo anterior.52 El desarrollo de ranchos copreros dedicados a la venta de semillas secas
de coco para la fabricación de aceites permitió a los propietarios
conservar grandes extensiones de tierra durante la Reforma Agraria.53 Así ocurrió con los ranchos Tres Piedras, Margarita, Carmen,
Punta Piedra, La Victoria y El Palmar en los alrededores de Sisal.54
Hacia 1930 se hablaba de “grandes bosques de palmeras” en la actual Reserva Estatal El Palmar, que debe su nombre a dichas plantaciones.55 En la década de 1980 los cocales fueron diezmados por
BY. Itinerarios y leguarios que proceden de Mérida, capital del Estado de
Yucatán, a las vigías de su parte litoral, a las cabeceras de los Partidos que los
componen, de estas a los que son limítrofes y de los puntos más notables de su
costa, 1851, fondo reservado, clasificación: FR-0000171, ficha: 3264, p. 32.
51
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 30.
52
Millet Cámara, Burgos Villanueva, y Andrews, “Panorama histórico de la
Costa Norte de Yucatán durante el siglo XIX y principios del XX”.
53
Erika Cruz Coria, Lilia Zizumbo Villareal, y Neptalí Monterroso Salvatierra, “La economía de enclave forestal: la configuración capitalista del paisaje
en Puerto Morelos, Quintana Roo, México (1902-1936)”, Diálogos, Revista
Electrónica de Historia 12, núm. 1 (2011): 77.
54
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
55
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 24.
50

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

la plaga del amarillamiento letal y arrasados por el Huracán Gilberto en 1988 por lo que esta actividad fue abandonada generando un
repoblamiento de la vegetación de duna costera.56
Litoral
La costa noroeste de Yucatán se caracteriza por tener aguas poco
profundas y fuertes vientos que dificultan la navegación de grandes navíos,57 por lo que la habilitación del puerto en Sisal se relaciona con la presencia de arrecifes cercanos que proveen alguna
protección a los barcos anclados en mar abierto.58 El funcionamiento del puerto de altura implicó un aumento en el flujo de embarcaciones, desde pequeños botes para carga y descarga (figura
2), pasando por canoas y bongos de madera, hasta barcos militares y mercantes como fragatas, goletas, jabeques, bergantines,
pailebotes y buques de vapor.59 Algunas de estas embarcaciones
al naufragar frente a las costas de Sisal modificaron el paisaje
litoral y crearon nuevos hábitats para la biodiversidad marina.60
Ulsía Urrea Mariño, “Análisis de las prácticas de vida asociadas a la basura, los residuos y los deshechos en la población costera de Sisal, Yucatán:
propuesta de modelo de manejo” (Tesis de licenciatura en Manejo Sustentable
de Zonas Costeras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012), 43.
57
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 22.
58
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 9–12.
59
Trujillo Bolio, El Golfo de México en la centuria decimonónica. Entornos
geográficos, formación portuaria y configuración marítima., 102.
60
Rocío Escalante Posse, “Evidencia arqueológica pecio ancla macuca,
acercamiento a la limpieza dental del siglo XVIII” (Tesis de licenciatura en
arqueología, Mérida, Universidad Autónoma de Yucatán, 2017), 29–31.
56

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Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological
Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1807 y 1871

Figura 2

Gabriel Torales Ayala

187

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

El flujo de barcos mercantes y militares se redujo con la
degradación del puerto a cabotaje, quedando solo embarcaciones
menores que fueron reemplazadas más tarde por el transporte
terrestre motorizado.61 Entre ellas se incluyen los pequeños botes
de vela o remos que se utilizaban para la pesca ribereña, junto
con instrumentos artesanales como el chinchorro, el anzuelo o
la red.62 La pesca se practicó junto con la cacería de tortugas y
mamíferos marinos como el llamado ‘puerco de mar’ (Monachus
tropicalis), que se extinguió por sobreexplotación en la primera
mitad del siglo XX.63 La pesca ribereña se mantuvo sin cambios
importantes hasta la década de 1970, cuando la flota fue
reemplazada por embarcaciones motorizadas de fibra de vidrio,
con neveras y mayor capacidad de carga, que permitieron ampliar
la zona de pesca ribereña y el volumen de captura, especialmente
de chernas, langostas, cazones y tiburones,64 lo que condujo al
incremento de las actividades pesqueras y la sobreexplotación del
recurso.65
Andrews, Burgos Villanueva, y Millet Cámara, “The Henequen Ports of
Yucatan’s Gilded Age”.
62
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 36.
63
Anthony P. Andrews, “La extinción de la foca (Monachus tropicalis) en
Yucatán”, Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad
de Yucatán 12, núm. 68 (1984): 3–12.
64
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económico-social”, 81.
65
Julia Fraga, “Caracterización Social y Económica de Tres Comunidades
de la Eco-región”, en Plan de Conservación de la Eco-región Petenes-Celestún-Palmar, ed. Efraím Acosta Lugo et al. (Campeche: Centro EPOMEX–
61

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Ciénaga
Esta unidad de paisaje fue modificada en su hidrología como
resultado de la construcción de vías de comunicación y transporte.
Desde 1565 se construyó una calzada de piedra y tierra para
cruzar el humedal, la cual fue ampliada y allanada entre 1790-93
para facilitar la circulación de carretas.66 Esta vialidad redujo el
flujo de agua de la ciénaga a dos puntos: un puente al sur de la
zona urbana que se observa en el plano de 183967 y otro puente
“levadizo” que aparece en el plano de 1845.68 En 1959 la vialidad
fue asfaltada, eliminando los puentes y dejando 4 ductos para la
circulación de agua.69
Además, durante el funcionamiento del puerto de cabotaje se instaló una vía Decauville entre la hacienda San Antonio
Yaxché y el rancho pesquero de San Rafael Xtul para transportar
henequén y otras mercancías hacia la costa, lo que igualmente
alteró el flujo hídrico y la pesca lagunar.70 De acuerdo con fuentes
Universidad Autónoma de Campeche, 2010), 153.
66
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 48.
67
MMOB. Gulf of Mexico: Sisal Reefs, surveyed in 1838 by Com. E. Barnett. Hydrographic Office of the Admiralty, 1838, Colección General, Estado
de Yucatán.
68
Pedro Cámara y Vergara, “Plano del terreno comprendido entre la capital
de Yucatán, El Progreso y Sisal, representándose en él los caminos principales que de Mérida parten para dichos puntos”, en Cartografía histórica de la
Península de Yucatán,1821-1970, de Arturo Taracena Arriola y Miguel Ángel
Pinkus Rendón (Mérida: Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales UNAM, 2010).
69
Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal”, 169.
70
Andrews, Burgos Villanueva, y Millet Cámara, “The Henequen Ports of
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orales, en esa misma época fueron construidos canales o ‘brazos
de agua’ para facilitar la circulación de canoas o cayucos a través
de la ciénaga durante la temporada seca.71
Durante el siglo XX se practicó la pesca artesanal de lisas (Mugil cephalus), mojarras pintas (Ciclhasoma urophtalmus),
chivitas (Melongena corona), jaibas (Callinectes sapidus), camarones (Farfantepenaeus spp.),72 la cacería de lagartos (Crocodylus moreletti) con arpón para la venta de pieles,73 y la cacería
deportiva de patos, especialmente cercetas azules (Anas discors),
boludos chicos (Aythia affinis) y chalcuanes (Mareca americana).74 El turismo cinegético se incrementó después de la Segunda
Guerra Mundial y representó una importante fuente de ingresos
para la población,75 pero decayó a finales del siglo XX por la reducción de las poblaciones de patos, fenómenos meteorológicos
y restricciones impuestas por la REEP. Esta práctica, así como el
vertido de deshechos de la zona urbana repercutieron en la contaminación del humedal.76
Yucatan’s Gilded Age”, 31–33.
71
Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
72
Medina Ortiz, “La pesca en el puerto de Sisal: un aspecto económicosocial”, 99.
73
Felipe Santiago Tuz Martín, entrevista realizada por Gabriel Torales en
Sisal, Yucatán, el 28 de enero de 2018.
74
Fraga, “La inmigración y sus principales efectos en la costa yucateca.
Estudio de caso en Celestún y Sisal”, 152.
75
Jorge Carlos Rosado Baeza y Luis Carlos Rosado Van der Gracht, “Turismo de aventura y natura”, Historia del Turismo en Yucatán (blog), 2015,
https://historiadelturismoenyucatan.wordpress.com /ecologia.
76
Urrea Mariño, “Sisal, caso paradigmático de estudio: prácticas de vida y
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�Gabriel Torales Ayala

Petenes
Las principales modificaciones en esta unidad de paisaje estuvieron
relacionadas con el desarrollo de actividades forestales. En el siglo
XIX los petenes eran descritos como islotes en la ciénaga, formados
por mangles, zapotes y mameyes, de los que se extraía leña, madera,
chicle y aceite de zapoyol, habiendo en ellos “arboles encumbrados
de que por lo regular se sirven los moradores para las construcciones
de casas”.77 Según fuentes orales, las especies más usadas eran el
tabché (Rizophora mangle), el botoncillo (Conocarpus erectus), y
el tzak-okóm (Laguncularia racemosa) para leña y muros de casas;
el zapote (Manilkara zapota) para postes, vigas y carretas; el huano
(Sabal yapa) y el chit (Thrinax radiata) para techos de palma;
el makulis (Tabebuia rosea) para mástiles, palancas y remos de
botes; y el corcho (Annona glabra) para redes y artes de pesca.78
Los restos de una vía Decauville que conecta directamente el petén
‘Piedras Calientes’ con la costa sugieren que hubo una extracción
considerable de productos forestales con fines comerciales durante
el funcionamiento del puerto de cabotaje.79
Hasta mediados del siglo XX, el huano y el tabché de los
alrededores de Sisal eran vendidos para la construcción de viviendas
basura”, 161.
77
Serapio Baqueiro, Reseña geográfica, histórica y estadística del Estado
de Yucatán desde los primitivos tiempos de la Península (México: Imprenta de
Francisco Diaz de León, 1881), 11.
78
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
79
Reymundo Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal,
Yucatán, el 1 de marzo de 2018.
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y como materia prima para las curtidurías de Hunucmá. Además,
hubo extracción de chicle en algunos petenes, lo que ocasionó la
pérdida de zapotales.80 Durante la segunda mitad del siglo XX
la extracción forestal y la actividad chiclera disminuyeron como
consecuencia de cambios en el mercado, la introducción de nuevos
materiales constructivos, un mayor uso de gas como combustible,
y las nuevas regulaciones impuestas por la REEP.
Zonas inundables
Las zonas inundables también fueron modificadas durante
el siglo XIX como resultado de la extracción del palo de tinte
(Haematoxylum campechianum). La exportación de este material
aumentó desde 1840, alcanzando su mayor apogeo hacia 1885
para luego decaer a principios del siglo XX debido al desarrollo
de colorantes artificiales.81 El palo de tinte abunda en áreas
cenagosas, bajíos o akalchés, orillas de las aguadas, pantanos
y hasta en orilla de mar, espacios en cuyas inmediaciones se
establecieron ranchos especializados en su explotación que
consistía en el corte, troceado, descortezamiento, transporte y
extracción de la tinta, misma que era realizada por trabajadores
afrodescendientes capaces de extraer entre 12 y 15 quintales por
Esquivel, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Cob
Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Tuz Martín,
entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
81
Michael A. Camille y Rafael Espejo-Saavedra, “Historical Geography of
the Belizean Logwood Trade”, Yearbook Conference of Latin Americanist Geographers, núm. 22 (1996): 76–86.
80

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día (600-750 kg).82 En Sisal existió maquinaria para extraer el
colorante al menos desde 1831,83 y la materia prima provenía
de ranchos y sitios de corte cercanos como San Francisco de
Paula, Kaxek, Armas, Chen Solís, Xluch, Xcanayab, El Sartén,
Pozo Chonchán, Chansayab y Donotehucum,84 los cuales estaban
conectados por una red de caminos de fango y calzadas.85
El antiguo poblado de San Francisco de Paula, también
identificado como el “rancho de los negros”,86 es un ejemplo
de este tipo de asentamientos. La localidad fue parte de la
hacienda San Joaquín y su anexa Chencopó y sus habitantes
eran afrodescendientes.87 En 1849 contaba con 47 habitantes (25
Antonio García Canul et al., Enciclopedia Yucatanense, vol. XI (Mérida:
Gobierno del Estado de Yucatán, 1980), 272–75; Regil y Peón, Estadística de
Yucatán, 235.
83
Marcela González Calderón, “La imprenta en la península de Yucatán en
el siglo XIX” (Tesis de doctorado en Historia, Mérida, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2014), 39.
84
AGEY. Antonio Esquivel comunica al jefe político de Mérida las manifestaciones de la existencia del palo de tinte en los ranchos, 1878, fondo: Poder
Ejecutivo 1843-1885, sección: Secretaría General del Estado, serie: correspondencia oficial, caja: 331, vol.: 281, exp.: 47, fojas: 5.
85
Anthony P. Andrews, Carlos Cortés, y Fernando Robles Castellanos, “Proyecto San Francisco de Paula y Kaxek”, Reporte final para el Comittee for
Research and Exploration (National Geographic Society, 2015), 6.
86
Cámara y Vergara, “Plano del terreno comprendido entre la capital de Yucatán, El Progreso y Sisal, representándose en él los caminos principales que
de Mérida parten para dichos puntos”.
87
Jorge Victoria Ojeda, “San Fernando Aké y San Francisco de Paula: dos
poblados de negros (libres) en Yucatán, siglos XVIII y XIX”, en Vicisitudes
negro africanas en Iberoamérica: experiencias de investigación, de Juan Manuel De la Serna (México: Centro de Investigaciones sobre América Latina y
el Caribe UNAM, 2011), 315.
82

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hombres, 22 mujeres) dedicados a la agricultura, la cría de gallinas
y puercos, y la recolección de leña en el monte.88 El asentamiento
estaba formado por casas con techo de huano rodeadas de patios
con gallineros y chiqueros, una pequeña iglesia y una plazuela.89
Estudios arqueológicos han identificado 28 lotes donde existieron
casas de piedra, cocinas, corrales, bodegas, pozos, iglesia, casa para
reuniones, así como diversas especies vegetales introducidas como
siricotes (Cordia dodecandra), guayas (Melicoccus bijugatos),
sábila (Aloe vera) y belladona (Atropa belladonna), así como
islotes de tierra negra en los alrededores que sugieren que había un
manejo intensivo de suelos para favorecer la agricultura.90
Durante una prospección en campo constatamos la existencia de dichos islotes que contrastan con los suelos salitrosos del
entorno, así como la abundancia de árboles de palo de tinte distribuidos de forma regular en los alrededores del asentamiento, lo
que sugiere que pudieron ser cultivados. Así mismo, observamos
una gran cantidad de palmas de huano y otras especies introducidas
como nopales (Opuntia spp.). Estos patrones de vegetación claraAGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de Sisal
y su comprensión, rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849, fondo:
Poder Ejecutivo 1842-1885, censos y padrones, caja 64, vol. 14, exp. 49, fojas
23.
89
AGEY. Causa instruida contra Camila Sandoval por el delito de incendio
perpetrado en el rancho San Francisco de la jurisdicción de Sisal, 1853, fondo:
Justicia 1821-1913, serie: penal, subserie: incendio, caja: 67, vol. 67, exp. 2,
fojas: 46.
90
Andrews, Cortés, y Robles Castellanos, “Proyecto San Francisco de Paula
y Kaxek”.
88

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�Gabriel Torales Ayala

mente de origen antrópico persisten en la actualidad, a pesar de
que el sitio fue abandonado hace aproximadamente cien años como
consecuencia de la caída de los precios del palo de tinte y la salida
del último cargamento con este producto desde Sisal en 1915.91 Los
terrenos donde se encontraba el asentamiento fueron entregados al
ejido de Sisal en 1931, junto con una franja de tierras inundables
en donde los ejidatarios practicaron “una raquítica y esporádica explotación ganadera”,92 así como la siembra de milpas y la caza.93
Selva baja
Esta unidad de paisaje fue modificada por sucesivos ciclos de expansión y contracción de prácticas agrícolas y ganaderas. A mediados del siglo XIX se registró la presencia de 37 labradores en
Sisal y sus alrededores94 y se calculó una superficie de al menos
3,012 mecates sembrados de maíz (120.48 hectáreas).95 La práctica de roza-tumba-quema era predominante con dos cosechas
consecutivas seguidas por periodos de barbecho de hasta quince
años.96 Por tanto, es posible estimar un mínimo de 900 hectáreas
Hoyos Villanueva et al., Enciclopedia Yucatanense, III:602.
Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal”, 7.
93
Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
94
AGEY. Padrón general de los habitantes del Puerto de Santa María de Sisal
y su comprensión, rancho de San Francisco de Paula y Celestún, 1849
95
BY. Jefatura Política de Mérida. Partidos de Yucatán, Campeche y Tabasco, 1851, fondo reservado, serie microfilmes de gobernación, clasificación:
FR-BIB-Ej.1.
96
Calzadilla et al., Apuntaciones para la estadística de la provincia de Yucatán del año de 1814, 50; Regil y Peón, Estadística de Yucatán, 201.
91
92

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�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

con manejo agrícola-ganadero que formaban un mosaico de milpas itinerantes intercaladas con barbechos en distintas etapas de
sucesión vegetal, en donde pastoreaba el ganado de los ranchos
ganaderos-maiceros cercanos.
Durante la segunda mitad del siglo XIX este paisaje fue
transformado cuando las haciendas se volcaron a la producción
del henequén (Agave fourcroydes). El cultivo de esta planta
se concentró en los terrenos secos y mejor drenados de las
haciendas de Concepción, Navanché, San Miguel, San Román,
San Joaquín y Chencopó, localizadas entre Sisal y Hunucmá
(figura 3).97 Tan solo en esta última localidad, la superficie con
henequén pasó de 855 mecates en 185198 a 16,344 en 1878.99
Esta expansión del monocultivo desplazó la ganadería hacia las
zonas periféricas y pastizales inundables en donde continuó el
pastoreo.
Durante la Reforma Agraria, en Sisal se dotó a 46
campesinos con 2,208 hectáreas de terrenos inundables y selva
baja.100 En 1965 se amplió la dotación ejidal con 3,450 hectáreas
Lara y Lara, Sisal: ensayo monográfico, 28.
BY. Jefatura Política de Mérida. Partidos de Yucatán, Campeche y Tabasco, 1851.
99
AGEY. Estado general estadístico del partido de Hunucmá, 1878, fondo:
Congreso del Estado 1833-1946, serie: informes, sección: pleno del Congreso, caja: 67, vol. 2, exp. 14.
100
Registro Agrario Nacional (RAN). Resolución presidencial dotación del
ejido de Sisal, 1931, Secretaría de la Reforma Agraria, expediente: 42/153, serie documental: Procede, núcleo agrario: Sisal, municipio: Hunucmá, Estado:
Yucatán, acción agraria: Procede, asunto: documentación jurídica.
97
98

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Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological
Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1872 y 1930

Figura 3

Gabriel Torales Ayala

197

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

la siembra de para 115 nuevos ejidatarios.101 Estas tierras fueron
usadas para maíz, frijoles, íbes, espelón, calabazas, tomates,
camotes, plátanos, papayas, limones, naranjas, guanábanas,
pitayas, guayas y ciruelas.102 Algunos ejidatarios incursionaron en
la ganadería instalando pequeños ranchos con corrales, pastizales
inducidos y pozos (figura 4), pero los abandonaron durante la
década de 1990 debido al abigeato.103 Las prácticas agrícolas
también fueron gradualmente abandonadas a medida que los
ejidatarios centraron su actividad económica en la pesca. La
pérdida de estas prácticas agropecuarias en las últimas décadas
ha favorecido el crecimiento de la vegetación secundaria que
actualmente predomina en esta unidad de paisaje.
Por último, en las inmediaciones de la selva baja hubo
también extracción de piedra caliza en una cantera, cuya
existencia se menciona desde 1931.104 Esta mina abasteció el
material utilizado para la construcción de la escollera en 1987;
sin embargo, la extracción concluyó debido a una inundación
causada por la ruptura de la capa freática.105 Actualmente el sitio
RAN. Resolución sobre la ampliación del ejido al poblado Sisal, en Hunucmá, 1967, Departamento de asuntos agrarios y colonización, expediente número:
42/153, serie documental: procede, núcleo agrario: Sisal, municipio: Hunucmá,
Estado: Yucatán, acción agraria: Procede, asunto: documentación jurídica.
102
Canul Cahuich, “Perspectivas para el desarrollo socioeconómico y político del pueblo y puerto de Sisal”, 34–39; Ek Canché, entrevista realizada por
Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
103
Cob Gio, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán; Tuz
Martín, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
104
Escalona y Ramos, “Un puerto para Yucatán: Sisal”, 30.
105
Ek Canché, entrevista realizada por Gabriel Torales en Sisal, Yucatán.
101

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Fuente: elaboración propia con datos obtenidos de INEGI, RAN, y Anthony P. Andrews et al., “An Archaeological Survey…”, 2002.

Principales asentamientos y actividades humanas en la costa de Sisal entre 1931 y 1990

Figura 4

Gabriel Torales Ayala

199

�La construcción del paisaje costero de Sisal, Yucatán

de la antigua mina es conocido como un “cenote” en donde los
vecinos de Sisal y Hunucmá realizan actividades recreativas.
Efectos en el paisaje actual
Durante el periodo estudiado existieron distintos tipos de
asentamientos humanos, incluyendo una base militar, un puerto
mercantil y una zona urbana, además de pequeños ranchos
pesqueros-salineros, copreros, ganaderos, madereros, cinegéticos,
haciendas henequeneras, asentamientos milperos itinerantes y
una cantera, los cuales estuvieron comunicados por una red de
carreteras, caminos, brechas, vías Decauville y canales, además
de rutas marítimas de cabotaje y altura.
En ellos se desarrollaron actividades como la vigilancia
y el patrullaje costero, la administración portuaria, el transporte
marítimo y terrestre de mercancías y personas, la pesca, la
caza, el corte de madera, la extracción de sal, piedra y chicle, la
ganadería extensiva y de traspatio, la agricultura comercial y para
autoconsumo, así como la construcción y el turismo. Lo anterior
tuvo cuatro efectos principales sobre los componentes biofísicos
del paisaje costero.
1. Cambios en la composición y distribución de la vegetación.
Se observan distintos patrones de cambio en la vegetación costera de
Sisal relacionados con el tipo de uso del suelo. Las transformaciones
más intensas y duraderas corresponden a la remoción total de la
vegetación ocurrida en la zona urbana y la cantera. Algo similar
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 166-214
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�Gabriel Torales Ayala

ocurrió en las antiguas plantaciones de henequén donde a pesar
de la recuperación de la cobertura vegetal tras su abandono, se ha
reportado una menor riqueza de especies.106
En contraste, en las antiguas plantaciones de cocales se ha
observado un aumento de la biodiversidad tras el abandono, lo que
se explica por la hipótesis de la perturbación intermedia según la
cual “el cambio de uso de suelo para cultivo y su posterior abandono promueve una mayor diversidad debido a la constante colonización de especies vegetales pioneras” lo que no ocurre en sitios con
muy alto o muy bajo grado de modificación.107 Lo mismo podría
esperarse en las zonas inundables y porciones de selva baja donde
la agricultura de roza-tumba-quema con largos periodos de barbecho dejó parches de vegetación en distintas etapas de sucesión.
Otros cambios en los patrones de vegetación se deben a
la extracción selectiva de especies maderables y resinas, como
la reducción de las poblaciones de zapotales en los petenes, el
cultivo de palo de tinte en los ranchos madereros, y la introducción
de plantas comestibles y árboles frutales que ahora son parte del
paisaje costero.
José Antonio González-Iturbe, I. Olmsted, y Fernando Tun Dzul, “Tropical dry forest recovery after long term Henequen (sisal, Agave fourcroydes,
Lem.) plantation in northern Yucatan, Mexico.”, Forest Ecology and Management, núm. 167 (2002): 67–82.
107
Patricia Guadarrama-Chávez, José A. Ramos-Zapata, y Silvia Castillo Argüera, “La vegetación de dunas costeras y su interacción micorrícica en Sisal,
Yucatán: una propuesta de restauración”, en Recursos Acuáticos Costeros del
Sureste, de Alberto Sánchez, Xavier Chiappa-Carrara, y Roberto Brito Pérez
(Mérida: CONCITEY y Gobierno de Yucatán, 2012), 159–80.
106

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2. Cambios hidrológicos en la ciénaga.
La construcción de vías de comunicación sobre la ciénaga modificó
el flujo hídrico, redujo el transporte de nutrientes y contribuyó
al aumento de la salinidad con efectos sobre la vegetación del
humedal como el aumento de pastizales halófilos y la reducción
de petenes y manglares. 108 Este último fenómeno causado por la
sedimentación de los afloramientos de agua dulce, puede estar
igualmente asociado con la apertura de canales hacia los petenes
para facilitar la extracción de recursos forestales. Además,
el abandono de las charcas salineras coincide con el periodo
de aumento de la salinidad de la ciénaga observado durante la
segunda mitad del siglo XX.109
3. Cambios morfológicos en la isla de barrera.
Son resultado de la expansión de la zona urbana, la construcción del
puerto de abrigo y escolleras, y el manejo de las charcas salineras.
La construcción de casas y estructuras costeras como el puerto de
abrigo, así como la remoción de la vegetación por el crecimiento de
la zona urbana, favorecen la erosión de la isla de barrera y la hacen
más vulnerable a huracanes.110 Además, la apertura de grandes
Eduardo Batllori Sampedro, José Luis Febles Patrón, y Julio Díaz Sosa,
“Landscape Change in Yucatan’s Northwest Coastal Wetlands (1948-1991)”,
Human Ecology Review 6, núm. 1 (1999): 12.
109
Eduardo Batllori Sampedro et al., “Condiciones ambientales relacionadas
con la actividad salinera en el estado de Yucatán”, en La sal en México, de Juan
Carlos Reyes, vol. II (Colima: Universidad de Colima, 1998), 401–48.
110
K.J. Meyer-Arendt, “Shoreline Changes along the North Yucatan Coast”,
en Coastlines of the Gulf of Mexico, ed. S. Laska y E. Puffer (New York: Ame108

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charcas salineras ha inhibido el crecimiento de la vegetación de
dunas costeras favoreciendo la erosión y aumentando el riesgo de
la apertura de bocanas durante eventos ciclónicos.111
4. Creación de nuevos hábitats.
Algunas modificaciones antrópicas en el paisaje costero han
resultado en nuevos ambientes propicios para el desarrollo de
la biodiversidad. Por ejemplo, el crecimiento de formaciones
coralinas en los restos de las embarcaciones hundidas frente a las
costas de Sisal como resultado de la intensa actividad marítima
y portuaria durante el siglo XIX. Por otro lado, el cuerpo de
agua formado por la ruptura accidental de la capa freática en
la antigua cantera al sur del ejido se ha convertido en un sitio
atractivo para la llegada de aves y otras especies en búsqueda de
agua, especialmente durante la temporada seca, así como para la
colonización de plantas acuáticas.
Reflexiones finales
Este estudio reduce el vacío de información sobre la historia
ambiental de la costa de Sisal y ofrece perspectivas útiles para
rican Society of Civil Engineers, 1993), 103–17; A.P. Ruiz-Beltrán y R. Rioja-Nieto, “Variación de la línea de costa del noroeste de Yucatán en el periodo
2004-2014”, en Caracterización Multidisciplinaria de la Zona Costera de Sisal, Yucatán, de Joaquín R. Garza Pérez y Irina A. R. Ize Lema (Mérida: Dante,
2017), 67–74.
111
Fernández Glory, “Estudio de las condiciones sociales, económicas y ambientales que permitirían la rehabilitación de las charcas salineras de Chuburná
Puerto”.
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investigaciones similares en otras regiones de la costa yucateca.
Así mismo, proporciona un panorama histórico general que
servirá de base para futuros estudios sobre los efectos ecológicos
de prácticas específicas de manejo ambiental. Esto resalta el
potencial de los métodos de investigación histórica para la
obtención de datos relevantes en ecología y gestión ambiental.
Por otra parte, los resultados muestran que los antiguos
habitantes de la costa de Sisal construyeron un paisaje cultural
al modificar los factores biofísicos para obtener recursos y
facilitar el desarrollo de sus actividades y asentamientos. Dichas
modificaciones tienen efectos duraderos en el paisaje actual, en
sus procesos ecológicos y en los patrones de biodiversidad. Estos
hallazgos cuestionan la interpretación del área como un “paisaje
sin historia” implícito en el modelo de conservación vigente.
Además, complementan los resultados de un estudio previo
que sostiene que dicho modelo, impuesto verticalmente desde
el gobierno y la academia, se ha traducido en exclusión social,
prohibiciones, sanciones y un desconocimiento generalizado
sobre los objetivos y los beneficios de la conservación ambiental,
lo que pone en riesgo el éxito de los esfuerzos en este sentido.112
Ante este escenario, se requiere del involucramiento de
las comunidades locales en el diseño de las estrategias de gestión
del paisaje costero. El reconocimiento de que dicho paisaje y su
biodiversidad son el resultado de un largo proceso histórico de
Fraga, “Caracterización Social y Económica de Tres Comunidades de la
Eco-región”.
112

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intervenciones y modificaciones del entorno realizadas por la
población local, en lugar de un ambiente natural original, sería un
paso importante hacia modelos de conservación más incluyentes
y participativos en la región.
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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde en territorio
misional jesuita al norte de la Nueva España
(1673-1692)
Don Pedrote. An indigenous rebel captain in Jesuit missionary
territory in northern New Spain (1673-1692)
Gilberto Sebastián Sánchez Luna
Universidad Autónoma de Coahuila
Saltillo, Coahuila, México
https://orcid.org//0000-0002-6291-8349
Celso Carrillo Valdés

https://orcid.org/0009-0008-7799-7060
Recibido: 13 de febrero de 2024
Aceptado: 5 de marzo de 2024
Resumen: Este trabajo analiza las causas de las rebeliones
dirigidas por el capitán indígena don Pedrote, busca rescatar
del pasado parte de su vida para contribuir a la comprensión
de la oposición indígena al avance hispano en el norte de la
Nueva España a fines del siglo XVII y explicar, a partir de estos
antecedentes, las manifestaciones de resistencia indígena del
presente. Esta investigación es un estudio de tipo cualitativo que
se basa en los manuscritos redactados por los conquistadores, son
documentos que corresponden al periodo de 1673 a 1692 y fueron
elaborados con fines muy diversos: guerra contra los indios,
impartición de justicia, órdenes militares, poblamiento y registro
215
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

de sacramentos. El análisis se complementa con otras fuentes
primarias y secundarias de tipo cualitativo. El estudio destaca que
la presencia española acentúo la disputa ancestral existente entre
los nómadas por el territorio donde obtenían su subsistencia y los
clasificó en indios amigos o enemigos, según su sumisión forzosa
o aparente al rey y a Dios y pone en evidencia la importancia de la
participación de las tropas de indios auxiliares en la pacificación
del territorio.
Palabras clave: nómadas; jesuitas; rebeldía; conversión;
exterminio.
Abstract: This work analyzes the causes of the rebellions led
by the indigenous captain Don Pedrote, seeks to rescue part of
his life from the past to contribute to the understanding of the
indigenous opposition to the Hispanic advance in the north of
New Spain at the end of the 17th century and explain, from this
background, the manifestations of indigenous resistance of the
present. This investigation is a qualitative study that is based on
the manuscripts written by the conquerors, they are documents that
correspond to the period from 1673 to 1692 and were prepared for
very diverse purposes: war against the Indians, administration of
justice, military orders, settlement and registration of sacraments.
The analysis is complemented with other primary and secondary
qualitative sources. The study highlights that the Spanish presence
accentuated the ancestral dispute between the nomads over the
territory where they obtained their subsistence and classified them
as Indian friends or enemies, according to their forced or apparent
submission to the king and God and highlights the importance of
participation as auxiliary Indian troops for the pacification of the
territory.
Key words: nomads; Jesuits; rebellion; conversion; extermination.
Sillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Introducción
El 22 de noviembre de 1673, en el Peñol Blanco, en las cercanías
de Cuencamé, un contingente de arcabuceros y flecheros leales
a la Corona apresó a dos indios: Phelipe de nación cabezas de
aproximadamente 22 años y Pedro de nación mamorima de 13
o 14 años, (este último era hermano menor del personaje cuya
biografía aborda este trabajo) los dos fueron acusados por Joseph
García de Salcedo, gobernador y capitán general del reino de la
Nueva Vizcaya ante el capitán Baltazar de Castro, justicia mayor
y capitán a guerra de este real, de cometer daños y asesinatos en
estas fronteras y en las del reino de la Nueva Galicia y reino de
León y de robar 54 bestias mulares y caballares. En su declaración
mediante interprete, ambos presos coincidieron en que fueron
enviados, junto con otros indios, por los capitanes de tres rancherías
de indios enemigos llamados don Bartolomé de nación cabezas,
don Fabián de nación mayos y don Pedro de nación mamorima1,
Las tres rancherías se encontraban en el paraje Ventanillas,2 lugar
al que llegaron, mencionó Phelipe, después de que salieron del
Tizonazo.3 Phelipe fue sentenciado a ser pasado por las armas a
En los documentos consultados, se menciona el nombre de don Pedro o
don Pedrote de nación mamorima, mamarí mamarí o cabezas, el análisis de
fuentes indica que se trata de la misma persona.
2
Ventanillas se ubica a 45 kilómetros al noreste de San Pedro de Las Colonias, Coahuila por la carretera No. 30.
3
Pueblo de misión asignado a los jesuitas entre 1607 y 1616 para la evangelización de los indios tepehuanos. Se localiza en el municipio de Indé, Durango. Alberto Ramírez Ramírez y Rubén Durazo Álvarez, “Las misiones jesuitas
de Durango” Antropología. Revista interdisciplinaria del INAH 67 (2002), 65.
1

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

usanza de guerra como acérrimo salteador y responsable de robos
y muertes y su cabeza puesta en un palo en el camino real para
que sirviera de ejemplo.4 En el documento fuente no se menciona
qué edad tendría don Pedro, pero es evidente que estaba bautizado
y que anteponer el prefijo don a su nombre le atribuía autoridad
como cacique y capitán indígena.
Este estudio de tipo biográfico pretende dar respuesta a
las siguientes preguntas: ¿Por qué es importante estudiar a un
personaje como don Pedrote? ¿Cuáles fueron las razones de
los frecuentes levantamientos de los indígenas? ¿Cuál fue la
participación de los misioneros en los asentamientos de paz?
El texto se divide en cuatro partes. Comienza con el
contexto geográfico y del paisaje al sur de la Nueva Vizcaya,
se revisa el concepto de frontera de guerra y de “guerra justa”
aplicados por los españoles para el sometimiento de los
indígenas. En el segundo apartado se aborda el panorama general
de la colonización y evangelización de los indígenas en la Nueva
Vizcaya. En el tercer apartado se presenta el análisis de los
documentos en que se menciona su nombre y finalmente en las
conclusiones se reflexiona, entre otros aspectos, en los factores
que propiciaron las rebeliones indígenas en la Nueva España y en
particular los relacionados con la lucha de este cacique y capitán
indígena y su asentamiento de paz.
Archivo Histórico Municipal de Parral (en adelante AHMP). Milicia y
guerra. Sediciones. Real y Minas de Cuencamé. Autos relativos a la guerra
contra los indios enemigos para evitar los daños que éstos hacen, 22 de enero
de 1673, FC.C11.007.079.
4

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El espacio geográfico al sur de la Nueva Vizcaya
Desde la segunda mitad del siglo XVI, al norte de la Nueva España
en la región ubicada entre la Sierra Madre Oriental y la Sierra
Madre Occidental, se inició un proceso de poblamiento hispano
que cien años después distaba mucho de consolidarse. Este
territorio estaba ocupado por grupos “cuyas economías difieren
mucho entre sí, aquí se encuentran recolectores como los tobosos,
cazadores como los huachichiles, pescadores como los laguneros,
cultivadores incipientes como los conchos o cultivadores más
desarrollados como los sumas y jumanos”.5
En esta región semidesértica se encuentra el denominado
Bolsón de Mapimí, las planicies están separadas por cadenas
montañosas con elevaciones típicas de 1 300 m.s.n.m. o mayores.
Los terrenos entre las sierras forman cuencas cerradas que
acumulan agua periódicamente, cuya evaporación favoreció
la cristalización de sales y el desarrollo de pastizales.6 Este fue
el paisaje que encontraron los primeros conquistadores que se
internaron por este territorio, pero no lograron establecerse.7
Cecilia Sheridan, Anónimos y Desterrados. La contienda por el “sitio que
llaman Quauyla” Siglos XVI-XVIII (México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2000), 35.
6
Felipe Arreguín Cortés, Rubén Chávez Guillén y Pedro Soto Navarro, eds.
Una revisión de la presencia de arsénico en el agua subterránea en México
(México: Comisión Nacional del Agua-Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, 2012), http://www.elaguapotable.com/Ars%C3% A9nico%
20en% 20el %20agua% 20 subterranea%20en%20Mexico.pdf (Consultado 14
de enero de 2022).
7
Chantal Cramaussel. “El Bolsón de Mapimí: un hábitat indígena en la
5

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El establecimiento de reales de minas y asentamientos
hispanos al norte de Zacatecas enfrentó la rebeldía de los
indígenas nómadas que se oponían a la esclavización a través
de la cristianización y a la “pacificación” promovida por la
Corona española. La lucha contra los indios nómadas rebeldes
se apoyaba en el derecho otorgado a los reyes de España por
el papa Alejandro VI de obtener soberanía sobre los territorios
descubiertos y justificaba recurrir a la fuerza de las armas, en caso
de que los indios se negaran a reconocer la autoridad del rey de
España y aceptar la predicación del Evangelio.
Cecilia Sheridan propone que en la segunda mitad del
siglo XVI apareció el concepto de “frontera de guerra como
respuesta a los intentos militares de avanzar en una región habitada
por grupos nómadas guerreros resistentes a la invasión de sus
tierras”.8 La política que los españoles llamaron de “guerra justa”
se hizo evidente desde las primeras entradas de Nuño de Guzmán
para la captura y venta de indios de las provincias de Pánuco y
Michoacán y su traslado a las Antillas para sustituir la mano de
obra aborigen que fue súbitamente reducida desde los primeros
contactos con Cristóbal Colón. El término “pacificación” se usaba
para evitar mencionar que en realidad se daba muerte a los indios
que se oponían a la colonización, lo que daba como resultado el
sometimiento de los sobrevivientes.
época colonial” en Patricia Osante, José Enrique Covarrubias Velasco, Javier
Martínez, Juan Domingo Vidargas del Moral y Nancy Leyva (eds), Caminos y
vertientes del septentrión mexicano: Homenaje a Ignacio Del Rio, UNAM-Instituto de Investigaciones históricas, 2020, 165-188.
8
Sheridan, Anónimos y Desterrados…17.
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La presencia española acentuó las rivalidades ancestrales
existentes entre los nómadas por la disputa de los territorios de
caza y recolección o por la captura de mujeres para gestionar su
capacidad reproductiva y de menores de edad para incorporarlos
como guerreros en los grupos dominantes. En este contexto de
“guerra justa”, los españoles buscaron como aliados a aquellos
indígenas que se mostraron sumisos a la cristianización y
sometimiento, sólo con la conformación de tropas auxiliares de
flecheros pudieron enfrentar a las numerosas naciones de indios
de guerra que fueron considerados enemigos de Dios y del rey.
La guerra contra los indios y su reclutamiento forzoso en
las haciendas de beneficio de la plata se intensificó posterior al
establecimiento del real de minas de Parral en 1631. El rechazo a la
esclavización propició que los rebeldes asaltaran los caminos y las
haciendas en busca de alimentos y para robar caballos para comer
su carne o como medio de transporte. Con el propósito de combatir
a los indios insumisos y proteger a los viajeros se fundó en 1646 el
presidio de Cerro Gordo. Su ubicación estratégica sobre el camino
real entre Zacatecas y el real de Parral permitió la defensa de la
región cuando se creó una compañía volante en 1655.9
Evangelización al sur de la Nueva Vizcaya
Los hijos de san Francisco entraron en Zacatecas en 1546 y en
1558, se instalaron en un hospicio construido en la ciudad. La
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, “Tras las huellas de Juan Mapos,
1616-1676. Indio Ocome rebelde, Bolsón de Mapimí, Norte de la Nueva Vizcaya, Historia (Santiago de Chile) Vol. 54. No. 2, 2021, 471.
9

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provincia franciscana de San Francisco de Zacatecas, se extendió
rápidamente por Nueva España, Nueva Galicia, Nuevo Reino de
León y Nueva Vizcaya y abarcó los obispados de Michoacán,
Guadalajara y Durango.10 A pesar de contar con numerosos
conventos y que gran cantidad de indígenas se incorporaron como
mano de obra forzada en las haciendas de españoles, el proceso
de evangelización de los naturales del sur de la Nueva Vizcaya no
dio los resultados esperados por las autoridades civiles, pues los
indios aceptaban la imposición del bautismo y la sumisión como
alternativa de sobrevivencia.
Los jesuitas retomaron esta tarea a fines del siglo XVI
cuando fueron obligados a salir de la ciudad de México y
requeridos por el gobernador de la Nueva Vizcaya Rodrigo Rio y
Loza, para que se sumaran a la evangelización de este territorio.
Los ignacianos se establecieron en 1590 en el incipiente colegio
de Zacatecas, que fue su punto de para establecer posteriormente
misiones en Sinaloa, sierra de Durango, la Laguna11 y participaron
en la fundación definitiva de Santa María de las Parras.
Sergio Ortega sostiene que las misiones jesuíticas
conformaron un sistema o “conjunto de pueblos indígenas
Pilar Hernández Aparicio, “Estadísticas franciscanas del siglo XVII”, en
Actas del III Congreso Internacional sobre los franciscanos en el Nuevo Mundo, siglo XVII, (La Rábida, Editorial Deimos, 1989), 556-591.
11
Juan José Rodríguez Villarreal, La Compañía de Jesús en la Provincia de
Sinaloa. Historias de rechazos a evangelizar indios y del “estado infelicísimo de las misiones”, 1572-1756 (Saltillo: El Colegio de San Luis-Escuela de
Ciencias Sociales, 2015), 109-116.
10

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relacionados entre sí bajo la administración de los jesuitas que llegó
a constituir una unidad desde el punto de vista socioeconómico”.12
La expansión del territorio misional ocurrió a medida que los
jesuitas avanzaban hacia el norte, reducían a los indígenas en los
pueblos de misión e iniciaban su evangelización al tiempo que los
sometían al control social y político español. Para establecer nuevos
pueblos de misión se requería, entre otros requisitos contar con
misioneros capacitados y conocedores de las lenguas indígenas,
lo cual no era sencillo, además requerían disponer de una reserva
de alimentos para sostener a los congregados, mientras producían
las subsistencias indispensables. Condición imprescindible fue
la autorización del virrey para disponer de recursos de las cajas
reales para el pago del sínodo de los misioneros y el salario de los
soldados para protección de los religiosos y sometimiento de los
indígenas, compra de ornamentos, además de establecer acuerdos
entre el gobernador de la Nueva Vizcaya, alcaldes y capitanes
de presidio con los superiores de la provincia mexicana de la
Compañía de Jesús.
Posterior a establecerse en el sur de la Nueva Vizcaya y en
la provincia de Sinaloa con misioneros de procedencia americana
o peninsular, los jesuitas se expandieron hacia el norte, pero para
cubrir el extenso territorio, según menciona Bernd Hausberger,
Sergio Ortega. “El sistema de misiones jesuíticas: 1591-1699”, Históricas
Digital. México. Instituto de Investigaciones Históricas - Universidad Nacional Autónoma de México, (2016), https://historicas.unam.mx/ publicaciones/
publicadigital/libros/tres_siglos/290a_04_03_Capitulo2.pdf. (Consultado el 5
de marzo de 2024.
12

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la Compañía de Jesús tuvo que recurrir a misioneros italianos,
alemanes, belgas, checos y otros originarios de Europa oriental.13
De acuerdo con Hausberger, el programa misional
jesuita buscaba el reconocimiento por los nómadas, “de las dos
majestades, la divina y la terrestre y la rebelión se consideraba
como pecado contra el rey y contra Dios”.14 Para lograrlo, se
pretendía no únicamente evangelizarlos, sino convencerlos u
obligarlos a que no anduvieran desnudos, que respetaran el
matrimonio monogámico, que vivieran en poblaciones fijas, que
produjeran sus propios alimentos, que nombraran sus autoridades
en cada pueblo y su conducta debía estar regida por los principios
cristianos de piedad, modestia, obediencia, disciplina y trabajo.
Según apunta Hausberger, los españoles solo aprobaron el
programa misional si los indígenas aceptaban su papel de mano
de obra; se buscaba la cristianización, pero también la creación de
comunidades estables e integradas a la economía colonial, es decir
convertirlos en súbditos de un rey ausente y un Dios desconocido.
Perseguir estos objetivos llevó a conflictos en que los indígenas
reaccionaron con rebeliones.
En opinión de Juan José Rodríguez Villarreal, a partir de las
primeras décadas del siglo XVII, los indios del noreste novohispano
Bernd Hausberger, “La vida cotidiana de los misioneros jesuitas en el Noroeste Novohispano”. Estudios De Historia Novohispana, n.º 17 (2009), https://doi.org/10.22201/iih.24486922e.1997.017.3444. (Consultado 6 de marzo
de 2024)
14
Hausberger, “La vida cotidiana de los misioneros...”
13

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fueron los trabajadores preferidos de las haciendas de beneficio
de la plata, pues aceptaban como pago por su trabajo alimentos,
monedas de plata y la posibilidad de realizar pepenas con lo que
mejoraban su ingreso, pero el auge minero por el establecimiento
del real de Parral en 1631 modificó esta situación en las décadas
siguientes. Los indios abandonaron las minas pues los españoles
buscaban la mano de obra gratuita y obligada que obtenían a través
del repartimiento, y también abandonaron las misiones donde eran
forzados a trabajar las tierras de la comunidad. Los evangelizadores
no pudieron evitar que los indígenas comprendieran “que al
hacerlos cristianos era para cautivarlos para el trabajo”,15 ya fuese
en las haciendas o en las misiones.
Sussan Deeds menciona que, al establecerse el obispado
de Durango en 1620, el obispo Francisco Diego de Evía y Valdés
atribuyó los problemas económicos de su diócesis a la negativa
de los jesuitas a pagar los diezmos por la producción agrícola
de sus misiones y haciendas, por lo que inició la secularización
al sur de la Nueva Vizcaya,16 Santa María de las Parras fue una
de ellas. Los jesuitas perdieron presencia en las actividades
doctrinales y se concentraron en el colegio de Parras en donde ya
tenían importantes intereses económicos. Los pueblos de misión
se convirtieron en pueblos de visita, lo que hizo más irregular
Rodríguez Villarreal, La Compañía de Jesús…266.
Susan M. Deeds, “Mission Villages and Agrarian Patterns in a Nueva Vizcayan Heartland, 1600-1750.” Journal of the Southwest 33, no. 3 (1991), http://
www.jstor.org/stable/40170027. (Consultado 10 de marzo de 2024)
15

16

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la evangelización de los indígenas y la conversión de la vida
de los nómadas quedó inconclusa, al no contar con suficientes
alimentos, los indios abandonaron las misiones.
Uno de los pueblos de misión que fue abandonado por
los indígenas fue el Tizonazo, lo anterior ocurrió tras la matanza
que realizó contra ellos el gobernador Antonio de Oca Sarmiento
en 1667.17 Veintidós años antes, en la semana santa de 1645, los
indios salineros abandonaron el pueblo-misión jesuita en donde se
encontraban asentados de paz y se fueron a poblar el Cerro Gordo.
Susan Deeds menciona que entre las causas del levantamiento se
encuentran la disputa por la mano de obra indígena en el mercado
laboral y el impacto de las epidemias que aceleraron la revuelta de
varias misiones incluida la del Tizonazo y agrega que la revuelta
en poco alivió los conflictos de los salineros por el agua y la tierra
con la población española que estaba creciendo en los alrededores
del real minero de Indé.18 Las causas del levantamiento, se
encuentran descritas en el juicio iniciado a principios de 1646
por el gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya, Luis de
Valdez.19 Entre las causas se menciona que los salineros habían
AHMP. FC.C11.007.068. Milicia y guerra. Sediciones. Real de San José
del Parral. Información hecha a pedimento de la República del Parral, de cómo
el haber llevado a sangre y fuego el pueblo del Tizonazo ha sido en servicio de
ambas majestades y bien común del reino. 6 de diciembre de 1667.
18
Deeds, Mission Villages and Agrarian Patterns in a Nueva Vizcaya Heartland, 1600-1750, 350.
19
Luis de Valdés y Rejano, esposo de María de Alcega y Urdiñola, nieta de
Francisco de Urdiñola, quien inició en 1583 el establecimiento de la hacienda de Patos que sería posteriormente sede del marquesado de San Miguel de
17

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

sido dados en encomienda al general Cristóbal de Ontiveros,
pero a la muerte de este, la encomienda fue otorgada a doña
María Sáenz, su viuda, pero los indios fueron convencidos para
que pidieran al gobernador que la encomienda fuera otorgada al
capitán Baltazar de Ontiveros, hermano de Cristóbal, y no a Doña
María. El capitán Baltazar de Ontiveros les prometió asentarlos
de paz en el Cerro Gordo, un paraje ubicado al igual que la
misión del Tizonazo en las proximidades del Bolsón de Mapimí
y les daría aguas y tierras para que las sembraran, maíz y bueyes
para que comieran y que estarían a gusto pues también les dio
su palabra de que les pondría un clérigo para la administración
de los sacramentos, les haría iglesia como en la misión y ahí
llegarían además los indios cabezas y otros. También les dijo
que si el gobernador no aceptaba que poblaran el Cerro Gordo se
regresaran al Tizonazo y que después de unos días huyeran del
pueblo, atravesaran la sierra del Canutillo y bajaran al rio Florido
hasta llegar a San Pedro, donde tenía su hacienda.
Después de 38 años de presencia jesuita en El Tizonazo,
todos los salineros habían sido bautizados por los ignacianos,
pero la irregular asistencia del doctrinero que los asistía indica
que la conversión al catolicismo aún era incompleta. También se
identifica que la relación de los salineros con los cabezas era muy
cercana, probablemente eran la misma nación que fue dividida
por los españoles, y una parcialidad forzada a trabajar en las
Aguayo establecido en 1682.
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salinas para la obtención de sal que se utilizaría en el beneficio de
la plata, actividad de la que se derivó su apelativo.20
En opinión de Chantal Cramaussel, a los cabezas como
a sus vecinos los salineros, los españoles los requirieron para
trabajar en las haciendas y para servir como indios auxiliares
en las campañas contra los indios enemigos de la Corona. “Los
salineros eran tepehuanes y los cabezas probablemente también
pues compartían el idioma de los tepehuanes de la sierra”.21
En el juicio iniciado en 1646 por el gobernador de la
Nueva Vizcaya se menciona a don Francisco Mama y don Pedro
negrito, indios capitanes de los salineros que participaron en
el convencimiento de sus seguidores para que abandonaran El
Tizonazo.22 Es poco probable que este don Pedro negrito, cacique
y gobernador de una parcialidad del pueblo sea el personaje al que
se hace referencia en el documento de 1673, con que se inicia este
En su informe de 1654, el cura de Durango, don Diego de Medrano comenta: “Esta nación cabeza es especie de salineros y agregándola al Tizonazo
multiplicaron el número de enemigos, domésticos y caseros que con simulación tienen destruido este reino”. Thomas H. Naylor and Charles W. Polzer,
eds. The Presidio and Militia on the Northern Frontier of New Spain: A Documentary History, Volume I, 1570-1700. The Relacion of Diego de Medrano, 409-480.
University of Arizona Press, 1986. https://doi.org/10.2307/j.ctv1n6pvtq.
21
Chantal Cramaussel, “De cómo los españoles identificaban a los indios.
Naciones y encomiendas en la Nueva Vizcaya central”. en Nómadas y sedentarios en el norte de México. Homenaje a la Dra. Beatríz Braniff, ed. Marie Areti
Herst (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2000), 275-303.
22
AHMP. FC.C11.001. 009. Milicia y guerra. Sediciones. Valle de San Bartolomé. Causa sobre los fundamentos que los indios salineros tuvieron para
alzarse, por mandato del gobernador Luis de Valdés. 1 de enero de 1646.
20

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

artículo pues era el hermano mayor del indio preso por García de
Salcedo y de quien no se menciona su edad, pero podrían estar
relacionados. Si consideramos que, en 1645, cuando ocurrió
el levantamiento de los salineros, don Cibrián otro cacique del
Tizonazo, tenía aproximadamente 50 años, Juan un indio capitán
de los alzados se refiere de más de 36 años y Ventura, alcalde
del Tizonazo se menciona de más de 35 años, es probable que
la edad de este cacique estuviera alrededor de los 35 años por lo
que 28 años después en 1673 tendría 63, una edad poco común
de alcanzar en un contexto de guerra. Además, es conveniente
considerar que los seguidores de los caciques se componían de
grupos familiares extensos, y que prácticamente todo el pueblo
del Tizonazo se rebeló contra el gobernador de la Nueva Vizcaya.
Es probable suponer que el personaje de esta investigación,
hubiera sido párvulo o menor de 7 años, cuando su nación o
grupo familiar salió del Tizonazo en 1648 y que 28 años después,
cuando ordenó al indio Phelipe y a su hermano menor del mismo
nombre el robo de la caballada en 1673, fuese un adulto de
aproximadamente 35 años, edad en la que ya recibía el apelativo
de don Pedro y podría ser el protagonista de los hechos que se
analizan en la siguiente sección.
Las huellas de Don Pedrote en los documentos
La reacción de las autoridades españolas por el robo de la
caballada a fines de noviembre de 1673 no se hizo esperar. Un
contingente de soldados e indios leales a la Corona comandados
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por Joseph García de Salcedo, gobernador y capitán general
del reino de la Nueva Vizcaya, derrotó en el Real de Mapimí a
don Pedro, don Fabián23 y don Bartolomé y sus seguidores de la
nación salinera, cabezas y sus aliados el 29 de diciembre de 1673.
Algunos sobrevivientes lograron escapar, pero fueron capturados
sus hijos y mujeres que, trasladados al real minero de Parral se
destinaron al servicio personal en las casas de españoles, a cambio
se les enseñaría la doctrina cristiana y serían bautizados. En total
se repartieron 34 mujeres en edad adulta y 45 menores de edad,
entre los cautivos se encontraban Ana, mujer de don Bartolomé;
Beatriz, mujer de don Fabián y sus tres hijos e Inés, mujer de don
Pedro y su hija de nombre Margarita. Los adultos varones fueron
condenados a servir en las haciendas de beneficio.24
Don Pedro, don Fabián y don Bartolomé y los indios
sobrevivientes se presentaron acompañados del franciscano fray
Don Fabian era cacique de los mayos. Sobre esta parcialidad, el capitán del
presidio de Santa Catalina de Tepehuanes Cristóbal de Nevárez, le comentó al
gobernador Enrique Dávila y Pacheco: “esta gente que llaman los mayos no
son, sino de la nación de los tusares que son los que hacen daños en las partes
de Parras porque yo conozco las naciones”. AHMP. FC, C11.005.048. Milicia
y guerra. Sediciones. Real de San José del Parral. Autos hechos en la paz que
los indios tobosos vinieron a dar ante el gobernador Enrique Dávila y Pacheco,
para que se les señalen tierras en que vivir y el gasto que se hizo para su sustento. 14 de enero de 1654.
24
AHMP. Gobierno y administración. Poblamiento de sitios. Villa de Santiago de Saltillo, Diligencias hechas para el poblamiento de los indios de la
nación jumana, babole y sus aliados en la provincia de Coahuila, por el maestre de campo José García de Salcedo, gobernador de la Nueva Vizcaya. 9 de
agosto de 1673. FC. A21.001.002. (En adelante, “Diligencias hechas para el
poblamiento de los indios…”, s/f).
23

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Juan Larios ante el gobernador García de Salcedo para solicitar
la paz el 10 de febrero de 1674,25 juraron obediencia al rey y
al gobernador y prometieron aceptar las condiciones que se les
impusiera. García de Salcedo les indicó que debían de vivir como
buenos y leales vasallos del rey, que habían de vivir cristiana y
religiosamente en los lugares donde fueran asentados de paz, que
el que tuviera dos o más mujeres se quedaría solamente con quien
se casara cristianamente. García de Salcedo les perdonó el robo
de la caballada y demás delitos, pero no les devolvió sus mujeres
ni sus hijos que habían sido vendidos como esclavos. Dos días
después al anochecer, los indios intentaron rescatar a sus familias
y al no lograrlo huyeron a los montes, en su fuga ocasionaron
daños a las propiedades de los españoles, el gobernador salió a
perseguirlos sin éxito, los declaró traidores, rebeldes, homicidas
y ladrones y dio licencia para que quien los hallara pudiera
aprehenderlos y matarlos.26
Es evidente que para quien fue despojado de sus territorios
de caza, de su forma de existencia, de su libertad, de su familia y
convertido de manera forzosa al cristianismo y obligado a trabajar
esclavizado en las minas de plata, la solicitud de paz y el juramento
de obediencia y lealtad al rey y a Dios, no significaba nada. El
ofrecimiento de asentarse de paz fue tan solo una estrategia para
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo. “Coahuila” o Tierra Adentro, 15771722. Un valle transformado en gobernación (Zamora: El Colegio de Michoacán, 2021), 84.
26
AHMP, Diligencias hechas para el poblamiento de los indios…, 9 de agosto de 1673.
25

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acercarse al gobernador e intentar el rescate de sus familias, al no
lograrlo únicamente tenían una alternativa: regresar a los montes
y continuar en rebeldía.
En los dos años siguientes don Pedro continuó
capitaneando una escuadra de indios salineros y tobosos rebeldes.
En enero de 1676, solicitó a don Juan Mapos, caudillo de los
gavilanes y ocomes que se unieran con él en la guerra contra
los españoles. Al enterarse de estas gestiones y temiendo que
la unión de ambos capitanes indígenas generara una peligrosa
confederación indígena, el gobernador García de Salcedo ordenó
fuera llevado preso. El 22 de enero, don Pedro fue trasladado al
Parral por don Francisco y don Fernando, capitanes indígenas que
en la época del gobernador Antonio de Oca Sarmiento se habían
dado de paz en San Francisco de Conchos.27 García de Salcedo
los amenazó de que si no se presentaban todos los salineros que
comandaban los castigaría por todos los medios posibles. Los
capitanes salineros decidieron entregarse, pidieron misericordia
y ofrecieron nuevamente la paz. El gobernador convocó a una
junta con las autoridades civiles y militares para determinar la
conveniencia de dejar sin castigo a don Pedro. La decisión a la
que llegaron fue que no tenían inconveniente en no ejecutar a la
usanza de guerra al indio rebelde, pues de hacerlo, podría ocurrir
una sangrienta sublevación de los tobosos que se encontraban de
Archivo General de Indias (en adelante AGI). Guadalajara, 29, R. 4, N 37.
Carta de Antonio de Oca Sarmiento. Gobernador de Durango. El Parral, 19 de
marzo de 1667.
27

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paz, lo cual se debía de evitar, pero también reconocieron que,
si lo liberaban, se establecería un antecedente que incitaría a
los indios a sublevarse contra la Corona. Los indios aceptaron
ir a vivir con sus familias al real minero de Mapimí, debajo de
doctrina y política, se les pagaría su trabajo en las minas y vivirían
sin levantarse.28 Chantal Cramaussel y Celso Carrillo apuntan que
García de Salcedo quería mantenerlo preso, pero “temiendo que
se valiera de la parcialidad del Mapos, el gobernador de la Nueva
Vizcaya optó por no tomar ninguna acción contra él”.29
Las rebeliones de diferentes naciones indígenas y los
asentamientos de paz se presentaron de manera recurrente en
todo el territorio de la Nueva Vizcaya. Los indios se sublevaban si
no recibían alimentos. En 1676, el obispo de Guadalajara Manuel
Fernández de Santa Cruz fundó la misión de San Buenaventura de
las Cuatro Ciénegas con indios salineros, cabezas, babosarígames
y mayos, donde permanecieron por cuatro años y volvieron a
alzarse para 1680, por carecer de socorro de los almacenes, ya
que el virrey únicamente lo concedió por dos años.30
Cuatro años después, una parcialidad de indios cabezas
se encontraba asentada de paz en una ranchería en las cercanías
AHMP. FC.C11.007.083. Contra Pedro, indio, por haber seguido capitaneando a la nación salinera enemiga. 22 de enero de 1676.
29
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, “Tras las huellas de Juan Mapos…495”
30
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo. El Presidio de Nuestra Señora de la
Limpia Concepción del Pasaje (1685-1772) (Zamora: El Colegio de Michoacán), 2020, 109.
28

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de Parras y formaba parte de la feligresía de la parroquia. El 25
de enero de 1680, el párroco Francisco de Meneses impartió el
bautismo a Agustina, hija natural de Helena, quien dijo que el
padre era don Pedrote. El párroco asentó también que el padre
era de nación mamarí mamarí y la madre de nación cabezas,
los padrinos fueron indios naturales del pueblo de Parras. Este
registro de bautismo es el primer documento en donde aparece
como don Pedrote. Es probable que la modificación de su nombre
hiciera referencia a su estatura o por reconocimiento a sus méritos
en la guerra contra los españoles, en todo caso ya era conocido así
por el párroco entre cuya feligresía se había avecindado. Tres días
después, el jesuita Manuel de Gamboa bautizó a Catalina, hija
de Leonor de nación cabezas, quien mencionó que el padre era
también don Pedrote de nación mamarí mamarí. En esta ocasión
los padrinos fueron indios tlaxcaltecas de Parras. En ambas
partidas de bautismo firmadas por Francisco de Meneses,31 no se
registra que don Pedrote se hubiese presentado a la impartición
del sacramento a sus hijas.
Consentir el bautismo de sus hijas podría considerarse
como una aceptación del estilo de vida cristiano, de su aparente
conversión al catolicismo, de un sometimiento condicionado,
Archivo Parroquial de Santa María de las Parras, Parras, Coahuila (en
adelante APSMP). Libro de bautismos de hijos de españoles y bautismos de
indios de Santa María de las Parras, 1653-1687. Vol. 2, años, foja 93 r. Family
Search, acceso 22 de noviembre de 2023, https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6XSQ-8DB?i=106&amp;wc=MKCW-JWL%3A64892701%2C64892702%2C65433801&amp;cc=1502401.
31

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pero aún faltaba algo más: casarse según los designios de la
Iglesia católica y para ello tendría que escoger a una de sus dos
mujeres. Su acercamiento a la Iglesia sólo fue una estrategia de
negociación y sobrevivencia para evitar el castigo del gobernador
García de Salcedo.
A principios de 1683, el presbítero Francisco de Meneses
fue designado teniente de cura de la ayuda de parroquia de San
Francisco de Patos y capellán de dicha hacienda. Ante la ausencia
de Meneses, don Pedrote se acercó a Francisco de Arguello y
Medrano, cura de Parras para expresarle que deseaba contraer
matrimonio con una de las dos indias. Arguello y Medrano se
dirigió a Fray Bartolomé García de Escañuela, obispo de la Nueva
Vizcaya y le informó que un indio muy belicoso y capitán de indios
enemigos de nombre don Pedro, que vivía reducido de paz en lo
militar y en lo espiritual en el cerro El Venado, localizado a cuatro
leguas y cuidado por más de 40 indios, le declaró haber “ofendido a
Dios y conocido carnalmente a dos indias hermanas con quien tiene
hijos y que temeroso de su condenación no quiere vivir en pecado y
desea contraer matrimonio con una de las dos indias hermanas”.32
El obispo de Durango consideró que no era necesario turnar
la solicitud a la Santa Sede pues correspondía a la conversión
de los indios planteada en el plan misional de Pio V33 y otorgó
Archivo María y Mateo (en adelante AMM). Dispensa matrimonial al indio Don Pedro para que pueda contraer matrimonio. 31 de mayo de 1683. Exp.
511. (En adelante Dispensa matrimonial, s/f)
33
“Se atienda a la conversión de los infieles, dado que fue éste el fin para el
32

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la dispensa matrimonial para que don Pedro pudiera casar con
una de las dos hermanas, la respuesta fue recibida el 9 de junio
de 1683 y el cura Francisco de Arguello y Medrano procedió al
matrimonio de don Pedro con Leonor de nación babosarigame. Es
evidente la intención del obispo de Durango para que don Pedrote
viviera bajo doctrina, pues aparentemente ya vivía bajo política.
En todo caso la decisión del obispo contribuía a mantener la
paz en la Nueva Vizcaya, cumplir la indicación del gobernador
y ambas partes se favorecerían con la dispensa matrimonial, el
cura de Parras aseguraría “el bien de tres almas que se reducen
al estado de salvación,”34 lo que era un argumento común de los
hombres de la Iglesia y la noticia de haber asumido la monogamia
llegaría al gobernador de la Nueva Vizcaya, quien consideraría
que efectivamente don Pedro ya tenía una forma cristiana de vivir
y cumplía su juramento de obediencia a Dios y al rey.
Don Pedrote siguió dando muestras de su supuesta
conversión, el 3 de julio de 1685, se presentó en la parroquia de
Parras donde fue bautizada Constanza, hija legítima suya y de
Leonor, indios de nación cabezas, así lo registró el bachiller Nicolás
de Celis quien registró que fueron sus padrinos Juan Tepeguan35
cual fue concedida a los Reyes Católicos la conquista de aquellos países”. León
Lopeteguy, S.J., San Francisco de Borja y el plan misional de San Pio V, citado
en Alberto Armani. Ciudad de Dios y Ciudad del Sol. El “Estado jesuita de los
guaraníes (1609-1768) (México: Fondo de Cultura Económica, 1996),44.
34
AMM. Dispensa matrimonial. 31 de mayo de 1683.
35
Juan Tepeguan era un indio de nación tepehuana que desde joven vivió con
los cabezas y ya mayor casó con una hermana de Don Pedrote. Archivo GeneSillares, vol. 4, núm. 8, 2025, 215-256
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y su mujer Isabel, hermana de don Pedrote, indios de la misma
nación.36 El bautismo de una hija más nos permite considerar que,
aparentemente, para ese año, don Pedrote vivía debajo de doctrina
y asentado de paz, aunque esto último no sería por mucho tiempo,
pues a mediados de 1686, asaltó la misión de Parras.
Las hostilidades de don Pedrote y los cabezas se
continuaron durante los años siguientes. La hacienda de Atotonilco
localizada al sur de Cuencamé fue asaltada a mediados de 1686.37
A principios del año siguiente, una recua de mulas fue atacada en
San Juan de los Ahorcados cerca de Mazapil y después asaltaron
la hacienda de Caopas.38 En marzo de 1687, don Pedrote y los
capitanes Francisco el Tecolote de los cocoyomes, don Lorenzo
capitán de los jococomes, Felipe el Tuerto, capitán de los gavilanes
y Juan Totoci, capitán de los hijos de las piedras, atacaron en
el paraje del Gallo a una cuadrilla de carros que iban al Parral,
mataron dos españoles y un indio auxiliar de San Francisco de
ral de la Nación. Provincias internas. Autos relacionados con la retirada de los
caciques de los indios babosarigames y otras naciones, que habían concertado
la paz en la ciudad de Parras con el capitán Juan Bautista de Escorza. Parras.
Mayo-Julio de 1689. Volumen 30, expediente 6. Fojas 199-211. (En adelante
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”).
36
APSMP. Libro de matrimonios de la Parroquia de Santa María de las Parras, 1683-1693. Vol. 1, foja 12. Family Search, acceso 30 de noviembre de
2023, https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-1J2?i=1&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
37
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
38
AGN. Provincias Internas, vol. 29, exp. 5, Autos hechos sobre las invasiones rebeldes en el reino de la Nueva Vizcaya, por el gobernador Juan Isidro de
Pardiñas Villar de Francos, años 1991-1992. fojas 110- 395.
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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

Conchos, desmantelaron los carros y se llevaron todas las mulas
de las recuas.39
Temerosos de que don Pedrote y sus seguidores atacaran
la villa de Saltillo y el pueblo de San Esteban de la Nueva
Tlaxcala, las autoridades formaron una tropa de indios auxiliares
para realizar una campaña contra los indios enemigos que habían
asaltado el pueblo de Parras y cometido numerosos robos de
caballada y mulada y muertes en los caminos. Ante esta situación
José de Los Santos Coy, teniente de alcalde mayor y capitán a
guerra de la villa del Saltillo ordenó que ningún vecino saliera
de la villa y dispuso que todos los vecinos se mantuvieran en
alerta con el fin de hacer frente a un eventual ataque de los indios
hostiles.40
El 9 de octubre de 1687, el general Luis de Palma y Mesa
Justicia mayor y capitán a guerra de la villa del Saltillo y valle
de Parras recibió la noticia que fue hallado muerto, descarnado
y flechado una persona cerca del puerto de San Juan, por lo que
ordenó al capitán Diego Ramón formar un destacamento de
soldados que siguiera el rastro de los atacantes, los persiguiera y
sometiera a la justicia. Diego Ramón encontró el cuerpo de Juan
Chantal Cramaussel y Celso Carrillo, El Presidio de San Pedro del Gallo
(1685-1752) Fuentes para su Historia, El Colegio de Michoacán, 2018, pp.
109-143.
40
José Luis Mirafuentes Galván. Movimientos de resistencia y rebeliones
indígenas en el norte de México (1680-1821) Guía documental II (México:
Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de
México, 1993), 75.
39

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de Padilla, español que había salido del Saltillo para trasladarse
junto con su mujer y un hijo al real minero de Mazapil y encontró
a los indios enemigos en el potrero de la hacienda de Patos, lugar
en donde después de la refriega fue muerto un indio, apresado
otro de nombre Domingo y liberada la mujer del difunto y su hijo.
En su declaración, Domingo a través de un intérprete, confesó
que don Pedrote les mandó a que salieran a los caminos a matar a
todos los que encontraran; que la mujer fue capturada para llevarla
a su ranchería para que les enseñara la lengua; que desde que se
alzó con su gente que estaba de paz en Parras, don Pedrote había
efectuado todos los robos de caballada y aliado con las naciones
colorados, tocas, cabezas, tobosos, coromamas, pies de venado,
piedras chiquitas, bimamares, baimares, odames, dedepores,
bobosamares, niquitas, gavilanes, quechales, contotores,
conianes y manos prietas; que don Pedrote era muy “malicioso”,
enviaba ropa a don Dieguillo y éste le regresaba caballos y que
las naciones aliadas a don Pedrote, atacaron días antes, la misión
de Contotores y se llevaron los ornamentos.41
¿Fue realmente don Pedrote responsable de todos los
hechos de guerra mencionados por el indio Domingo y los que
le atribuyen las fuentes citadas? Es probable que los escribanos
reales redactaran lo que sus superiores deseaban, todos buscaban
Archivo Municipal de Saltillo (en adelante AMS). Orden. Don Luis de Palma y Mesa, alcalde mayor, ordena al capitán Diego Ramón salga con su gente en
persecución de los indios bárbaros que dieron muerte a un hombre y se llevaron
cautivos a la mujer e hijo de éste. 9 de octubre de 1687, c 4, e 26, 12 f.
41

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justificarse ante el virrey, los miembros de la Audiencia o el rey
ante el fracaso de la pacificación de la frontera norte de la Nueva
España. La consolidación de la colonización al sur de la Nueva
Vizcaya requería el aniquilamiento de los capitanes indígenas.
Después de ser apresado y sometido a un juicio cuya sentencia se
conocía con anticipación, don Juan Mapos murió por garrote en la
plaza pública de Parral en 167642, los españoles no descansarían
hasta eliminar a don Pedrote al igual que a don Diego de Valdés
mejor conocido como don Dieguillo, su muerte serviría como
escarmiento para otros capitanes indígenas.
Es evidente que la información proporcionada por el
indio Domingo, sobre las diferentes naciones que integraban
la confederación indígena capitaneada por don Pedrote y don
Dieguillo alarmó a las autoridades de la villa de Saltillo y pronto
se hizo del conocimiento del Alonso de León, gobernador de
Coahuila, quien le confirmó a Palma y Mesa que la banda de
don Pedrote había asaltado la cercana misión franciscana de
Contotores.43 Ante el temor de que continuaran los ataques a las
misiones cuyo cuidado le había sido encomendado por el Conde
de la Monclova y virrey de la Nueva España, Alonso de León, que
estaba informado por el capitán Diego Ramón, que don Pedrote
tenía numerosos indios reunidos en el paraje de Baján, sitio ubicado
a unas 30 leguas al noreste de San Pedro, solicitó a Palma y Mesa
auxilios para emprender una campaña militar contra don Pedrote
42
43

Tras las huellas de Juan Mapos…, 499.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…76.

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y sus seguidores,44 misma petición realizó a Francisco Cuervo y
Valdés, gobernador del Nuevo Reino de León, en donde la ayuda
solicitada se resolvió mediante una junta de guerra.45
La ofensiva organizada por el gobernador de Coahuila
integró un numeroso contingente con soldados procedentes del
Nuevo Reino de León, vecinos bien armados e indios flecheros
aliados de la villa de Saltillo, Parras y de la hacienda de Patos. Al
mando del capitán Diego Ramón, la acometida del gobernador
persiguió a don Pedrote y sus seguidores desde las cercanías de
Patos hasta las inmediaciones de Parras, donde tenía su refugio,
pero no logró apresarlo. Ante el fracaso de la expedición y de
que no se contaba con suficientes soldados a sueldo, Alonso de
León intentó establecer un acuerdo de paz con don Pedrote y las
naciones de indios sublevados, por lo que solicitó a Palma y Mesa
le enviara al indio Domingo para que fungiera como embajador de
paz, Domingo fue enviado para cumplir dicho propósito, pero no
regresó. A fines de noviembre de 1687, Alonso de León informó
al alcalde mayor de Santiago de Saltillo, que se quedó a vivir en
la ranchería de los cabezas.46
En los siguientes dos años los hechos de armas atribuidos
a don Pedrote y los cabezas se sucedieron en la Castañuela, Agua
Nueva, Cedros y Gruñidora, en todos estos ataques mataron
españoles, indios cristianos y robaron caballada. En octubre de 1688
44
45
46

Mirafuentes Galván, Movimientos de…77.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…77.
Mirafuentes Galván, Movimientos de…78.

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se llevaron los equinos de Saltillo a Baján.47 ¿Por qué a este lugar?
Baján era una rancheria cercana a Ventanillas, sitios donde vivía
una parcialidad de cabezas, los caballos servirían de alimento. En
el mapa 1 se ubican los asentamientos que se mencionan en este
trabajo y los sitios de las hostilidades entre 1685 y 1690.
Ante la imposibilidad de detener los ataques, el gobernador de la Nueva Vizcaya Juan Isidro Pardiñas Villar de Francos,
comisionó al sargento mayor Juan Bautista de Escorza para que
negociara la rendición y asentar de paz a los capitanes cabezas
don Pedrote, don Bartolomé y don Santiago. El 25 de septiembre
de 1688 se presentaron en Parras los dos últimos y mientras se
hacían las diligencias de paz, llegó un aviso desde Saltillo del
robo de caballada por la gente de don Pedrote. El capitán Escorza
salió en busca de los rebeldes y les quitó los caballos, a su regreso
encontró que se habían vuelto a retirar don Bartolomé y don Santiago porque les llegó noticia de Coahuila que Alonso de León y
su teniente Diego Ramón, habían asesinado a 16 indios conianes
que estaban de paz.48 Con los cabezas se retiraron también unos
indios que estaban trabajando en las haciendas de Parras y después regresaron. Para diciembre de 1688, se sometió a juicio a
estos indios por considerarlos cómplices de los rebeldes y además
estaban acusados de muertes, robos de caballadas y muladas por
los caminos que comunicaban a la Nueva Vizcaya con la Nueva
Galicia y Nueva España.
47
48

AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
AGN “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.

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El proceso fue iniciado por Juan de Bautista Escorza,
capitán del presidio del Pasaje en la jurisdicción de Cuencamé
y teniente de gobernador y capitán general de la villa de Saltillo
y Parras.49 Los inculpados Ignacio “el Tuerto”, sirviente en
la hacienda del capitán Juan de Oliden.50 Pedro que junto con
Andrés y Francisco eran sirvientes de la hacienda del marqués
de San Miguel de Aguayo51 mencionaron que daban aviso a
los indios rebeldes sobre las acciones de los soldados para que
pudieran huir a tiempo y no ser apresados. Entre los testigos se
encontraba un indio tlaxcalteca de nombre Ignacio de Loyola,
que siendo menor de edad vivió dos años cautivo de los cabezas y
que por esa razón los conocía bien, mencionó que Elena y Leonor,
mujeres de don Pedrote eran hermanas de Pedro y Andrés. Otro
testigo fue Joseph de Maya, vecino de Parras y mayordomo de la
hacienda del marqués de San Miguel de Aguayo, ratificó que los
cuatro inculpados eran sirvientes de las haciendas mencionadas.
Francisco de Garibay, también vecino de Parras y ayudante de
Tenía amplia experiencia en la guerra contra los indios rebeldes en la
Nueva Vizcaya. El 2 de septiembre de 1673, fue nombrado por Joseph García de Salcedo, capitán de infantería española de las milicias de Sonora. AGI.
Relación de méritos y servicios de Juan Bautista Escorza, 12 de diciembre
de 1674. ES.41091.AGI/24//INDIFERENTE,124, N.135.Pares, acceso 15 de
diciembre de 2023, https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/find?nm=&amp;texto=Relaci%C3%B3n+de+m%C3%A9ritos+y+servicios+de+Juan+Bautista+Escorza.
50
Hacienda de Abajo, establecida en 1597 por Lorenzo García, Juan de Oliden la adquirió en 1674.
51
Hacienda de Arriba, establecida en 1593 por Francisco de Urdiñola, limítrofe con Parras.
49

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Joseph de Maya agregó que los capitanes buscados bajaron al
pueblo para atender el llamado de paz, pero continuaron con el
robo de la caballada.
Joseph de Maya conocía bien a los indios presos,
como mayordomo de la hacienda de Arriba tenía a su cargo
la contratación de sirvientes “asalariados” y el manejo de los
esclavos. El reclutamiento de trabajadores libres que prestaban
un servicio a cambio de un salario mediante el peonaje por
endeudamiento fue una de las estrategias legales que sustituyó el
reclutamiento forzoso de los indios capturados en guerra “justa”.
En opinión de José Cuello, la esclavitud india y la encomienda
persistieron en el noreste de la Nueva España hasta su remplazo
por el “trabajo asalariado dentro de una economía de mercado,
por lo regular mano de obra endeudada”.52
La guerra contra los indios atravesaba por una situación
crítica debido a la falta de recursos para el pago a los soldados de las
compañías presídiales, el 28 de diciembre de 1688, el gobernador
de la Nueva Vizcaya envió una carta al rey manifestándole que
los diez soldados del presidio de Santa Catalina de Tepehuanes
y 23 del de Cerro Gordo, se pagaban de la caja real de Durango,
misma que no tenía fondos, por lo que no habían recibido la paga
de un año y por ello los soldados “padecen mucha necesidad, no
pueden acudir a campaña, ni el gobernador proveer lo necesario
José Cuello, El norte, el noreste y Saltillo en la historia colonial de México
(Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1990), 92.
52

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de paz y guerra, ni defender las fronteras de las invasiones de los
enemigos, pues de lo contrario seguirán graves inconvenientes”.53
Ante las limitaciones de la Corona para ejercer una campaña
efectiva contra los indios rebeldes y castigarlos a la usanza de
guerra y por la necesidad de mano de obra para continuar el
trabajo en las haciendas de beneficio de la plata o agropecuarias,
el gobernador Juan Isidro Pardiñas Villar de Francos, ordenó el
19 de enero de 1690 a Juan Bautista de Escorza que, de acuerdo
a las reales cédulas solicitara nuevamente a los indios rebeldes
que se dieran de paz y redujeran a la debida obediencia. Se envió
nueva solicitud de paz a don Pedrote por medio del rector del
colegio de la Compañía de Jesús de Parras Juan Díaz de la Puente
y el cura Francisco de Meneses, capellán de la hacienda de Patos.
Don Pedrote respondió que estaba presto a bajar a Parras para
darse de paz y debida obediencia. Para hacer efectiva la orden
real y debido a que el capitán Escorza no podía ir a Parras pues se
encontraba en la campaña contra los cocoyomes, el gobernador
Pardiñas comisionó al general Ignacio de Amaya, para que
recibiera a don Pedrote y los cabezas debajo de protección real y
amparándoles de cualquier ministro o persona que los pretendiera
vejar, molestar o castigar con cualquier pretexto y ordenó a los
AGI. Pago a los soldados y presidios de Nueva Vizcaya de la Caja Real de
Durango, 15 de junio de 1690. ES.41091.AGI/24//GUADALAJARA,232, L.
7, F.27v-29r. Pares, acceso 5 de enero de 2024, https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/find?nm=&amp;texto=Pago+a+los+soldados+y+presidios+de+Nueva+Vizcaya+de+la+Caja+Real+de+Durango.
53

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justicias, tenientes y capitanes de guerra no poner impedimento
alguno a lo ordenado y abstenerse de proceder contra don Pedrote,
sus capitanes y naciones aliadas.54
En carta enviada al gobernador el 3 de febrero de 1690, el
general Ignacio de Amaya informó que ejecutó la comisión no sin
resistencias del capitán Juan Bautista de Escorza y de don Pedrote
que estaba receloso de bajar a Parras. Para dar cumplimiento al
mandato del gobernador, Ignacio de Amaya solicitó nuevamente
la intervención del padre Juan Díaz de la Puente para convencer a
don Pedrote, don Bartolomé y don Santiago y a sus aliados de que
se respetaría la palabra del gobernador. La mediación del padre
Díaz de la Puente tuvo éxito y logró el acuerdo de paz. Ignacio
de Amaya mencionó que los varones entraron a trabajar como
sirvientes a las haciendas donde recibirían el sustento necesario o
hasta que el gobernador dispusiese lo más conveniente o incluso
enviar algunos a México. Los cabezas a su vez solicitaron no ser
cambiados de “estos países y tener un ministro que los asista”.55
Sin duda alguna Ignacio de Amaya observaba la cercana
relación existente entre los jesuitas y los indios asentados de paz.
El rector del colegio fungió como mediador y garante del acuerdo
y logró nuevamente que don Pedrote jurara debida obediencia.
Don Pedrote siguió guardando las apariencias de su sometimiento
y conversión y acudió el 30 de enero de ese año a la parroquia
54
55

AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.

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de Parras para bautizar a Antonia María, hija legítima suya y de
Leonor de nación cabeza, fueron sus padrinos Martín Rodríguez
y Josefa, indios de Parras, así lo asentó el párroco Francisco de
Arguello y Medrano quien impartió el sacramento.56
Por su parte, el Pbro. Francisco de Meneses, capellán de
la hacienda de Patos y que conocía muy bien a don Pedrote y los
cabezas envió una carta al capitán Escorza en la que expresó sus
dudas sobre la continuidad del asiento de paz de don Pedrote y
mencionó que esto no se conseguiría sin un ministro que cuidara
a los cabezas en lo espiritual y temporal, pues “los más están
bautizados de manos del reverendo padre Bernabé de Soto en
el Tizonazo y que además cuide tengan de comer y no estén
ociosos”.57 Meneses que ya tenía varios años como capellán
de Patos y empleado del Marqués de Aguayo comprendía muy
bien la importancia de la administración de los sacramentos a
los indígenas que trabajaban como sirvientes asalariados, pues
los bautismos, matrimonios y entierros se les cobraban a fin de
mes y contribuían a su endeudamiento, además de mantenerlos
trabajando con la esperanza de que pudieran pagar el anticipo
que habían recibido al momento de ser reclutados, de lo contrario
podrían darse a la fuga.
APSMP. Libro de matrimonios de Santa María de las Parras, 16831693. Vol. 1, foja 48. Family Search, acceso 10 de enero de 2024, https://
www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-1K1?i=54&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
57
AGN. “Autos relacionados con la retirada de los caciques”.
56

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

A partir del acuerdo de paz mediado por padre Díaz de
la Puente, los capitales cabezas aliados y los babosarigames
trasladados a Parras por el capitán Escorza participaron como
indios auxiliares contra los cocoyomes, acoclames y gavilanes,
sus anteriores aliados y de quienes se habían enemistado cuando
dieron la paz en Parras. Así lo demuestra otro documento que hace
mención a don Pedrote, se trata de un expediente sobre la guerra
de exterminio que emprendió el gobernador Pardiñas contra los
cocoyames y aliados. El 20 de diciembre de 1691, don Pedrote
acudió al rio Florido donde estaba reunido el ejército que se
aprestaba a entrar a la Sierra del Diablo en busca de los rebeldes:
“Asimismo pasó muestra don Pedro Xofre, por otro nombre don
Pedrote, con la gente a su cargo de la nación cabeza con diez y
seis indios de arco y flecha”.58
De acuerdo con Carlos Manuel Valdés, la orden de
exterminar a los cocoyomes, chisos y coahuileños procedió
directamente de Madrid.59 La cédula real fue muy clara respecto
a proceder a su exterminio si no era posible dominarlos. Esta
batalla fue una más de la “guerra a fuego y sangre” contra los
indios rebeldes. Don Pedrote sobrevivió y regresó a Parras, así
lo demuestra el último documento en que aparecen sus huellas,
AGN. Provincias internas. Autos hechos sobre las invasiones rebeldes en
el reino de la Nueva Vizcaya, por el gobernador Juan Isidro Pardiñas Villar de
Francos, años 1691-1692. Vol. 29, exp. 5, fojas 110-395.
59
Carlos Manuel Valdés, Los bárbaros, el rey, la iglesia. Los nómadas del
noreste novohispano frente al Estado español (Saltillo: Universidad Autónoma de Coahuila, 2017), 22.
58

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

es nuevamente otra partida de bautismo. De acuerdo a nuestras
estimaciones, hacia 1692, don Pedrote tendría cerca de 60 años,
pero ni la guerra ni la edad fueron impedimento para que el 18 de
junio de ese año, acudiera nuevamente a la parroquia de Parras,
ahora para el bautismo de Basilia Petronila, hija legítima suya y
de Leonor de nación cabezas, pero a diferencia de los bautismos
de sus otras hijas, no escogió como padrinos a indios tlaxcaltecas,
tepehuanes o cabezas, ahora los elegidos fueron el capitán español
Pedro de Iturmendi y su esposa Luisa Correa.60
Escoger a Pedro de Iturmendi como padrino de su última
hija, no fue una elección casual, demuestra una vez más su
astucia y capacidad de negociación para lograr sus propósitos y
sobrevivir, aunque fuese como capitán de una escuadra de indios
auxiliares. Pedro de Iturmendi, natural de la Vega del Castillo
en el reino de Navarra, participó en la guerra contra los indios
y desempeñó cargos de alcalde mayor, teniente de alcalde y de
justicia del valle de Saltillo y Parras en el periodo que se estudia.
Seguramente don Pedrote obtuvo beneficios del acuerdo
de paz con los cabezas o por su participación como capitán de la
escuadra de indios flecheros en la guerra contra los cocoyomes
y continúo viviendo en libertad en el puerto del Venado, bajo la
protección de los jesuitas o del capitán Pedro de Iturmendi y sin
APSMP. Libro de matrimonios de Santa María de las Parras, 16831693. vol. 1, foja 65. Family Search, acceso 10 de enero de 2024, https://
www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-6SPS-BJY?i=72&amp;wc=MKCQ-N3D%3A64892701%2C64892702%2C66791601&amp;cc=1502401
60

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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

que fuera reclutado de manera forzosa para trabajar en las haciendas de Parras, como sucedió con su cuñado y compadre Juan
Tepeguan, quien trabajó como indio laborío en la hacienda del
Marqués de Aguayo y falleció a fines de noviembre de 1704.61
Tras su capitulación, don Pedrote dejó de representar una
amenaza para la Corona, no se tiene noticia sobre su participación
en otro levantamiento, de que hubiera muerto en alguna de
las campañas o que hubiese sido trasladado a México por el
gobernador de la Nueva Vizcaya o por el Marqués de Aguayo.
El poderío español, que diez y seis años antes había eliminado
a don Juan Mapos, se dirigió ahora contra don Diego de Valdés
quien fue acusado de atacar la misión de Nadadores y otros
establecimientos hispanos en 1713. En el expediente formado
para someterlo a juicio, el virrey Duque de Linares ordenó
que le enviaran muerto o vivo la cabeza de don Diego que fue
considerado por los testigos como “de los indios más astutos
que se han conocido desde Montesuma”.62 Don Diego de Valdés
fue apresado y murió en 1720 a una avanzada edad cuando era
trasladado en una collera a la ciudad de México.63
APSMP. Libro de defunciones de la Parroquia de Santa María de las Parras, 1693-1742. Vol. 1, foja 68r. Family Search, acceso 20 de enero de 2024,
https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HY-6PS9-PFS?i=73&amp;wc=MKC6-K6D%3A64892701%2C64892702%2C65462201&amp;cc=1502401
62
Carlos Manuel Valdés, Ataque a la misión de Nadadores (Torreón: Universidad Iberoamericana, 2002, 37-53.
63
Frederick C. Chabot, “Los poderosos Aguayos”, en Actas de la trigésima
segunda sesión anual de la Sociedad Histórica del Estado de Texas, Austin,
Texas, 1929, 127-147. https://mna.inah.gob.mx/docs/anales/523.pdf (consul61

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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

Se desconoce el año de la muerte de don Pedrote, lo que sí
sabemos es que nunca fue sometido por la Iglesia, pues a pesar de
haber contraído matrimonio religioso continuó viviendo con sus
dos mujeres, como lo mencionó en su declaración el tlaxcalteca
Ignacio de Loyola. Para el siglo XVIII, varios de los lugares
que fueron refugio y escenario de las acciones de las naciones
rebeldes y que se localizan entre Parras y Mapimí, ya se conocían
con el topónimo de don Pedrote.64
Conclusiones
Durante los siglos coloniales, al norte de la Nueva España,
el enfrentamiento cultural dispuso para los indígenas una
relación de subordinación, explotación laboral, sometimiento
físico e ideológico, además del despojo de sus familias y del
territorio en el que ancestralmente obtenían su alimentación. A
partir de mediados del siglo XVI, múltiples son las rebeliones
indígenas que se encuentran en la historiografía en la que
grupos o individuos dirigieron acciones para oponerse a la
conquista y dominación europea. A un siglo de la llegada de los
conquistadores al septentrión, la colonización hispana distaba
mucho de consolidarse ante la amenaza que representaban las
incursiones de capitanes indígenas que se oponían a la guerra a
fuego y sangre con que la Corona intentaba la conquista de esta
tado el 18 de enero de 2024).
64
Eduardo Guerra, Historia de La Laguna (Torreón: Editorial del Norte
Mexicano, 1996), 126.
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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

región y la explotación de sus recursos, entre los que incluía a los
seres humanos que la habitaban.
Estudiar la vida de uno de los capitanes de guerra, contribuye
a comprender las causas de los levantamientos ocurridos durante
los siglos coloniales, en particular los del siglo XVII que llevó a
la extinción de los habitantes del Bolsón de Mapimí a mediados
del XVIII. Intentar reconstruir la vida de los capitanes indígenas
puede resultar una tarea compleja ante la fragmentada y dispersa
información de que se dispone, sobre todo si se considera que
todos los documentos en donde se encuentran sus huellas fueron
escritos por los españoles y con el objetivo de responder a sus
intereses. Las declaraciones obtenidas mediante interprete en
juicios preparados con anterioridad buscaban los resultados que
los españoles deseaban. No obstante, en el caso que nos ocupa, la
interpretación de los mismos permite acceder a conclusiones sobre
la forma en que don Pedrote se relacionó con la Iglesia y aprendió
a establecer relaciones de poder para enfrentar el dominio militar
español en repetidas ocasiones. El análisis de las variadas fuentes
primarias en donde se encuentran huellas de sus acciones descubre
implicaciones militares, económicas, políticas y religiosas que
vuelven diferente su biografía de la de otros capitanes indígenas,
de los que se dispone principalmente de hechos de guerra.
La vida de don Pedrote por sus frecuentes levantamientos y
asentamientos de paz, por las formas de rebeldía al dominio religioso
y militar revelan la fragilidad del orden colonial a fines del siglo
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�Gilberto Sánchez y Celso Carrillo

XVII. Entre las causas de los levantamientos puede identificarse
el hambre como estrategia de dominación que obligó a los indios a
robar caballada y huir rápidamente, los malos tratos en las misiones
y el esclavismo por los encomenderos en las haciendas, pero
también cuando ocurrían epidemias cuya posibilidad de contagio
era mayor en las misiones por la cantidad de indios congregados.
Estudiar la vida de un indio rebelde arroja luz para comprender el
imaginario de los indígenas y conquistadores neovizcaínos del siglo
XVII. La mutua desconfianza entre los españoles y los indígenas
era una constante que impedía alcanzar acuerdos prolongados de
paz, que como en el caso de don Pedrote, requirió la mediación de
actores sociales como los misioneros jesuitas.
A principios de 1994, la noticia de una rebelión indígena
armada estremeció los cimientos del México contemporáneo y nos
recordó que la cuestión indígena sigue vigente y dista mucho de
ser solucionada por completo, así lo demuestran los movimientos
de resistencia indígena que se han presentado en la historia
reciente en nuestro país por la demanda de justicia, igualdad de
oportunidades de desarrollo e inclusión, aspectos que como en
los siglos coloniales, requieren una atención multifactorial para
evitar el uso de las armas.
Bibliografía
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�Don Pedrote. Un capitán indígena rebelde

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-128

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�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos compilada por Oscar Rodríguez
Recibido: 18 de marzo de 2024
Aceptado: 29 de mayo de 2024
Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos es
una obra compilada por Oscar Rodríguez Castillo y publicada
en 2021; en ella se expone la investigación acerca del desarrollo
industrial en Nuevo León y, en consecuencia, la influencia sobre
la construcción de la identidad social, económica y cultural en el
estado. El análisis de las distintas obras presentadas da nacimiento
a la apreciación y entendimiento de la industrialización, sus
orígenes, desafíos y repercusiones dentro de la región.
Legislación y gestión pública sobre el patrimonio cultural
inmueble en el estado de Nuevo León del Licenciado en Historia,
con maestría en Ciencias Políticas, Luis Enrique Pérez Castro,
muestra la realidad de la preservación del patrimonio cultural:
Antes de 1991, no era prioridad para el gobierno de Nuevo León.
A pesar de la implementación de acciones para su cuidado y
restauración, existen aún inmuebles sin ser regularizados.
El autor examinó los antecedentes de las acciones
gubernamentales en relación con la preservación del patrimonio
cultural antes de la promulgación de la ley, declarando que,
257
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

durante gran parte del siglo pasado, la tarea de difundir la cultura
y proteger el patrimonio no fue responsabilidad principal del
gobierno, sino de grupos privados. Por otro lado, contrastó lo
establecido en las leyes estatales y los reglamentos municipales
en cuanto a la protección del patrimonio cultural inmueble con lo
que realmente estaba sucediendo en la práctica.
La perspectiva del investigador reconoce el papel
creciente de la ciudadanía en la defensa de su patrimonio cultural,
reflejando una evolución en la gestión pública del patrimonio
cultural inmueble en Nuevo León. La exposición de esta visión
resulta una base para futuras políticas y acciones de conservación,
permitiendo un mejor manejo y protección del patrimonio cultural.
Juan Jacobo Castillo Olivares, licenciado en Historia y
maestro en Ciencias —especializado en Ciencias Sociales—,
autor del ensayo Análisis teórico bajo el enfoque de estudios
culturales sobre los orígenes de la industrialización en Monterrey
y el estudio de la clase obrera en el cual plantea una perspectiva
teórica nueva acerca de la cultura industrial y obrera en Monterrey,
como parte de la introducción hacia el marco teórico de su tesis
Historia de la industria textil en Nuevo León: Fábrica de hilados
y tejidos la FAMA 1854-1950.
Castillo Olivares cuestiona la perspectiva convencional
que establece el comienzo de la industrialización de Monterrey
durante el mandato del general Bernardo Reyes y exhibe otro
enfoque, resaltando la relevancia de la industria textil en Nuevo
León, que frecuentemente es ignorada por los investigadores.
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�Frida I. González

La elección de Monterrey como área de estudio expone
que la industrialización no tuvo un impacto uniforme en todo
el estado. El autor, a su vez, define y analiza la importancia de
estudiar la cultura en el contexto específico que se trata. Por otro
lado, se pauta la distinción entre dos conceptos relacionados:
las industrias culturales y la cultura industrial. El investigador
explora cómo los cambios sociales, económicos y culturales han
afectado la percepción de los regiomontanos durante el período
de transformación del campo a la industria y, en consecuencia, al
nacimiento del sector obrero.
La perspectiva innovadora rescata la importancia de
la industria y a su vez, contextualiza el proceso de la misma en
Monterrey, así, desafiando las narrativas convencionales acerca de
esta cuestión particular. Por ende, se proporciona una comprensión
más completa y matizada de la historia regional y del impacto de la
industrialización en la vida de la sociedad de Monterrey.
Los apuntes del licenciado en Historia y Estudios de
Humanidades por la UANL, Emilio Machuca Vega, titulados
Las aguas residuales de Monterrey: apuntes sobre la planta de
tratamiento de la Hacienda del Canadá (1906-2006) introduce
las últimas décadas del gobierno de Porfirio Díaz en México junto
al proceso de la implementación de servicios de agua y drenaje
en Monterrey.
Bajo el análisis del autor de cómo se llevó a cabo el
proceso de establecimiento de este proyecto, se contextualizan
las características de la construcción y el funcionamiento de
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�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

la primera planta de tratamiento de aguas residuales en Nuevo
León. Según Machuca Vega, debido a la falta de atención y
poca disponibilidad de fuentes académicas sobre el tema en la
investigación histórica de Monterrey, el estudio se fundamenta
en informes, documentos y noticias de la época para obtener
información relevante.
Detalla el año de construcción y ubicación de la primera
planta de tratamiento de aguas residuales en Monterrey, en los
terrenos que anteriormente pertenecían a la ex Hacienda del Canadá
y las distintas formas en que se utilizó la planta de tratamiento
de aguas residuales. De igual modo, agrega análisis tanto de la
importancia histórica de la planta como su situación presente, a
pesar de las opiniones negativas sobre su funcionamiento.
El autor expone como el primer lugar de tratamiento de
aguas se ha erigido en un símbolo importante, tanto del desarrollo
industrial temprano de Monterrey, como de los intentos por
resolver problemas de salubridad urbana. Este estudio ofrece más
que una visión histórica innovadora, pues sienta las bases para
investigaciones posteriores sobre los servicios sanitarios en la
ciudad.
El ensayo Los patrimonios negativos: La estación Del
Golfo y las identidades cartográficas en el centro de Monterrey
escrito por Oscar Abraham Rodríguez Castillo —Egresado del
Colegio de Historia en la Universidad Autónoma de Nuevo León—
y José Eugenio Lazo Freymann, con maestría en Historia por El
Colegio de San Luis, explora los cambios que afectaron la vida y
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�Frida I. González

la estructura urbana en Monterrey, así como las repercusiones que
surgieron como resultado de la transformación de la red ferroviaria.
Los autores se enfocan en la evolución del edificio de la
Estación del Golfo, ahora conocido como la Casa de la Cultura de
Monterrey y el Museo del Ferrocarril, resaltando su papel actual
como un importante centro cultural. De esta manera, estudia la
historia y el impacto de la estación utilizando una amplia gama
de recursos recopilados, como el Archivo General del Estado de
Nuevo León. Asimismo, se enfatiza cómo la edificación ejemplifica
la conservación y reutilización exitosa de un patrimonio urbano
para beneficio social.
El ensayo arroja luz sobre un aspecto crucial de la historia
y la evolución urbana de Monterrey, reflejando la influencia de
intereses económicos en la configuración del paisaje urbano. Esto
destaca la posibilidad de reutilizar espacios inhabilitados para
fines sociales y culturales, lo que representa una oportunidad para
transformar áreas afectadas, y ofrece posibilidades de desarrollo
futuro para impulsar la industria cultural de la región, al mismo
tiempo que preserva su patrimonio histórico.
Alberto Casillas Hernández, actual jefe del Archivo
Histórico y del Archivo Administrativo del Parque Fundidora,
analiza el proceso de la implementación de las medidas de
seguridad para proteger a los trabajadores frente a los peligros
asociados con el uso creciente de maquinaria en la producción
industrial dentro de su artículo Los Orígenes de las Campañas
de Prevención de Accidentes en Fundidora Monterrey: Los
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�Monterrey: patrimonio e industria. Seis estudios históricos

Departamentos de Personal y Supervisión y Seguridad Industrial.
El autor menciona cómo el aumento de los riesgos
laborales llevó al establecimiento de medidas preventivas por
parte de gobiernos, empresarios y trabajadores. Por otro lado,
expone cómo la Fundidora Monterrey se dedicó cada vez más
a la prevención de accidentes, llegando a establecer un equipo
profesionalizado específicamente para este fin. La perspectiva
que Casillas establece la evolución de las condiciones laborales
con base a las medidas de seguridad y proporciona información
sobre el impacto de la responsabilidad industrial dentro de una
empresa histórica como la Fundidora de Monterrey.
“Es por México” Conformación y primeros años del
Patronato Universitario de Nuevo León: La industria por la
educación, 1950-1958 bajo la autoría de Susana Julieth Acosta
Badillo, Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y
Letras de la UANL, y con una maestría en Ciencias enfocada en
la gestión y diseño de la Arquitectura, destaca el apoyo financiero
y logístico brindado por los industriales para la creación de la
sede universitaria, junto a los obstáculos del alcance de este
objetivo debido a la oposición de algunos empresarios por las
diferencias de opinión ideológicas. Así, expone un enfoque
sobre las dinámicas entre la elite empresarial y la educación en
Monterey, además de su influencia en la misma.
La compilación de los distintos autores acerca de la
industrialización y el patrimonio neolonés ofrece un análisis
exhaustivo a través de imágenes, tablas explicativas y estudios
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�Frida I. González

detallados, abordando temas como la legislación, la gestión
pública del patrimonio inmueble, el impacto en la clase obrera,
así como la conformación de organismos de apoyo a la educación
por parte de la industria.
El libro invita a la reflexión sobre la importancia de
reconsiderar y debatir el valor del patrimonio cultural en el
contexto de la industrialización, y la relación de los habitantes
de Nuevo León con este aspecto puntual de su historia y cultura.
Resulta fundamental la comprensión y el interés de las dinámicas
históricas y actuales que han configurado Monterrey y su área
metropolitana.
Frida I. González Hernández
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
https://orcid.org/0009-0003-8301-2006

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-133

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�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña del
X Coloquio Internacional sobre la Historia del Noreste
de México y Texas en 2024
Risk and Resilience at the Border: Review of the 10th
International Colloquium on the History of Northeast Mexico
and Texas in 2024
Recibido: 19 de diciembre de 2024
Aceptado: 20 de diciembre de 2024
Siguiendo con la tradición iniciada en Saltillo Coahuila en
2003, durante el año 2024 se realizó la X edición del Coloquio
Internacional sobre la Historia del Noreste de México y Texas.
Estaba planeado para realizar en formato presencial en la Ciudad
de Nuevo Laredo Tamaulipas entre el 20 y 23 de noviembre,
sin embargo por razones de inseguridad, el Comité organizador
decidió efectuarlo en formato virtual en las fechas programadas
transmitiéndose por las redes sociales de las instituciones
convocantes y la página de Facebook del citado coloquio.
La declaratoria inauguran estuvo a cargo de la doctora Delia
Salazar Directora de Estudios Históricos del Instituto Nacional de
Antropología e Historia, enseguida Cuauhtémoc Velasco iniciador
de este coloquio hizo un recuento de las nueve anteriores ediciones,
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Sonia Hernández y Cesar Morado

Gustavo Ramírez hizo la presentación del ponente magistral:
Marcos Leija Director de Turismo del Ayuntamiento de Nuevo
Laredo quien expuso sobre las estrategias de promoción cultural que
realizan en dicho municipio inspirados en el modelo colombiano
de la ciudad de Medellín donde el citado ha realizado estancias de
trabajo. Se trata –señaló- de contribuir desde el ámbito de la cultura
al reforzamiento del tejido social, un llamado muy pertinente dado
el fenómeno de violencia que vive actualmente el noreste de México
y que a veces se extiende al vecino estado de Texas. La ponencia se
tituló: El arte y la cultura. Un cañón de futuro y que guarda gran
pertinencia con el tema al que se convocó en esta edición 2024 del
Coloquio: Riesgo y resiliencia en la frontera: pasado y presente.
Vinieron enseguida las mesas temáticas. La primera de ellas
bajo el título de Cultura fronteriza debía ser moderada por Verónica
Castillo de la Universidad de California en Santa Bárbara, ausente
por razones de fuerza mayor entrando en su lugar Cesar Morado de
la UANL. En ella participaron Christopher Juan Gómez académico
de University of Texas Rio Grande Valley exponiendo sobre el
papel de Nepantla en la construcción de la identidad en la obra
de Gloria Anzaldúa destacando el rol pionero de esta pensadora
chicana/mexicoamericana. Luego Alejandro Quitze Barranco
Muñoz catedrático de la Universidad Autónoma de Coahuila en
Saltillo, expuso sobre negociaciones, concesiones y excepciones
para poblar el noreste durante la época novohispana y cerró la mesa
Alberto Barrera Enderle, destacado investigador del CIESAS
Noreste quien habló acerca del eje de Monterrey a San Antonio, en
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Riesgo y resiliencia en la frontera: Reseña

torno a la conformación de un circuito transfronterizo del béisbol
durante los años de 1930-1940. La discusión giro en torno a cómo
las ideas, la propiedad y el deporte traspasa fronteras y viaja junto
a los personajes que se mueven por el territorio estudiado. Los
ponentes recibieron preguntas sobre el significado de la región
fronteriza en procesos de formación de identidad al igual que las
ideas influidas por cuestiones de raza y etnicidad en el contexto
de deporte. La audiencia podía remitir preguntas por la página de
Facebook en vivo o por la plataforma de zoom. El congreso era
totalmente gratuito y no se requería inscripción, buscando que nada
impida la difusión del conocimiento.
Al igual que en el caso de la doctora Castillo de UC Santa
Barbara , se buscó que en esta edición se incorporaran como
moderadores, académicos que no habían participado en ediciones
anteriores, fue así como se invitó a Pablo Mijangos (Southern
Methodist University) quien aceptó de manera entusiasta. El
doctor Christopher Carmona académico de Our Lady of the Lake
University, Center for Mexican American Studies and Research
expuso su trabajo titulado Palimpsest of the Borderlands: Telling the
Story of the Borderlands through Estéfana Cavazos de Cortina [La
Patrona] and Hermilla Cuellar dando visibilidad a estos personajes
femeninos. Por su parte David Adán Vázquez Valenzuela expuso
sobre los logros y retos de la Maestría en Historia del Noreste
mexicano y Texas que oferta desde la Universidad Autónoma de
Coahuila con sede en Saltillo, los temas y líneas de investigación
de los primeros egresados. Otro participante que también hizo
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

�Sonia Hernández y Cesar Morado

su debut en el coloquio fue Alan Arturo Hernández García de la
UANL, quien expuso sobre el género cinematográfico denominado
cabrito-western y la representación de la sociedad regiomontana
en el cine mexicano, 1980-1983. Se trata de un avance de su tesis
dirigida por Cesar Morado y que espera concluir durante 2025.
Una de las mesas que produjo mayor debate fue la
relativa a Género que moderó Emilio Machuca de la Universidad
Complutense de Madrid, donde Machelly Flores Reyna pregunto:
¿Dónde están? Estudio de la desaparición forzada en el estado
fronterizo de Coahuila desde las epistemologías feministas
entre 2009-2018. Apoyándose en provocativo material judicial y
fotográfico, esta destacada colega de la Universidad Autónoma
de Coahuila documentó el lastimero viacrucis que viven los
familiares de personas desaparecidas. Por su parte Antonio Cruz
Zárate de la Dirección de Estudios Históricos del INAH expuso el
caso del forzamiento de una mujer casada en la villa de Jaumave,
hoy Tamaulipas durante el siglo XVIII. Sobre ese mismo
siglo Anarika Freyssinier y Dávila estudiante doctoral de la
Universidad Autónoma de Coahuila, habló de sujetos subalternos
en la frontera noreste de la Nueva España explorando el caso de
María Gertrudis Sánchez Navarro y María Bruna Fausta, dos
mujeres acusadas de diversos delitos en San Fernando de Austria,
que hoy se llama Zaragoza, en el norte de Coahuila.
La mesa 4, también sobre género estuvo conducida por Sonia
Hernández de Texas A&amp;M University donde debatieron Regina
Álvarez exponiendo sobre Género y Enfrentamiento a la impunidad
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de los Texas Rangers: Una mirada desde la investigación estatal
sobre abuso de poder en el año 1919. También participó Leslie N.
Torres explicando sobre las mujeres de origen mexicano, resistencia
y sobrevivencia en el sur de Texas durante los principios del siglo
20 y cerró la mesa Jessica Martínez de la Universidad de Texas en el
Paso exponiendo sobre las obreras mexicanas y méxicoamericanas
en la industria de ropa en El Paso, durante el periodo entre 1920 y
1940. El tiempo dedicado a preguntas y respuestas fue enriquecedor
por la nueva emergencia de discursos de violencia racial y las
difíciles condiciones de trabajo en ambos lados del Bravo.
Lo relativo a la línea temática de tensión y el conflicto
se abordó en la mesa 5 conducida por Gustavo Ramírez donde
participaron José Luis Aguilar Guajardo bordando sobre los
antecedentes históricos y polémica del monumento fúnebre de
Iturbide en Padilla (1901-2024), debate que emergió con motivo del
bicentenario de la Independencia. Enseguida expuso César Morado
sobre el tratamiento de la violencia en la historiografía texana reciente
y su traducción al español realizada por la UANL y finalmente
Benito Navarro de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, explico
la disputa por el control de los diezmos en Tamaulipas.
La siguiente mesa fue coordinada por Adela Díaz, del
Tec de Monterrey, institución que se incorpora por vez primera a
nuestro coloquio. Expuso primero George T. Díaz de la University
of Texas Rio Grande Valley sobre los Mártires de Texas, es decir
los mexicanos revolucionarios prisioneros en Texas. Luego, Alan
Orlando Caballero Barrera de la UAC continuando con esa línea
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de cómo se aprisionan los cuerpos, expuso sobre la inquisición
en los confines norteños: Esclavismo, delitos contra la fe y elites
regionales en el Nuevo Reino de León durante los siglos XVIXVII y cerró la mesa Margarita Isabel Arvide Basterra narrando
la transición de la Colonia Sirio-Otomana a la Colonia Libanesa:
transformaciones de la Comunidad Árabe en Nuevo León (19101930) y como esta comunidad de migrantes lucho por hacerse un
lugar en la ciudad de Monterrey durante la primera parte del siglo
XX. Aunque los temas abarcaron diferentes periodos, la sesión de
preguntas fue enriquecedora ya que conceptos como raza y étnia,
región y espacio al igual que procesos de resistencia se abordaron
y dieron mucho de que discutir.
No podía faltar en el coloquio una mesa sobre Historia
Política y estuvo moderada por Gabino Castillo (Universidad
Autónoma de Coahuila) participando en primer término el destacado
historiador tamaulipeco, Pedro Alonso Pérez (Congreso del Estado
de Tamaulipas) exponiendo sobre el Centenario de la fundación
del Partido Socialista Fronterizo. Luego, David Adán Vázquez
Valenzuela de la UAC disertó sobre las elecciones coahuilenses
de 1905 a las que interpretó como una derrota del “civismo” y
finalmente Manuel Ceballos Martínez planteó el tema de la gestión
del agua en el noreste, ejemplificando con el caso de los dos Laredos.
Todos estos participantes lo hicieron por primera vez en este evento
cumpliendo con la meta de incorporar nuevas voces.
Hubo todavía una continuación del tema de Historia
Política en la siguiente mesa liderada por Ruth Arboleyda Castro
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(Centro INAH Veracruz) donde participaron Juana Gabriela
Román Jáquez de la Universidad Autónoma de Coahuila
abordando el gobierno de los Hermanos Viesca y Montes en
Coahuila y Texas, que ella interpreta como parte del fracaso del
federalismo en el noreste de México durante los años 1827-1835.
Enseguida expuso Irina Córdoba Ramírez de la UNAM acerca
del caso de El Cuhamil: liderazgo y activismo transfronterizo,
1975-1981, una publicación que fue muy importante para la
comunidad mexicana asentada en Texas. Finalmente, Miguel
Soto, uno de los fundadores del coloquio disertó sobre Norteños
y sureños en el desarrollo de Texas. Algunos socios de Lorenzo
de Zavala, concluyendo que aún quedan aspectos por develar de
estos procesos de control de propiedades.
Todavía hubo una mesa adicional en la línea temática de
Tensión y Conflicto. Fue moderada por Miguel Soto (UNAM)
donde participaron Mariana Elizabeth Sánchez Tamez comentando
sobre el rol de la elite empresarial de Monterrey, su impulso a
las universidades en Monterrey, estudiando el caso del ITESM
(1943-1965) concluyendo que se trata de un caso particular
en que el estado mexicano cede en su afán de monopolizar la
educación superior y un grupo privado ve en la educación la
oportunidad de formar los cuadros gerenciales de sus empresas.
Enseguida diserto Seidi Martínez Loera quien está estudiando la
administración eclesiástica en el noreste novohispano: el caso de
la parroquia de Monclova. Se trata de una investigadora egresada
de la maestría en el noreste de México y Texas que ahora estudia
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�Sonia Hernández y Cesar Morado

su doctorado en la UANL de Monterrey, buscando inscribir su
trabajo dentro de una nueva historia eclesiástica.
El día sábado se desarrolló la mesa sobre Pueblos
Originarios y fungió como moderador uno de los líderes en esta
línea de investigación: Joaquin Rivaya- Martinez (Texas State
University). Aquí escuchamos a Ruth Arboleyda Castro del Centro
INAH Veracruz disertando sobre la vida de las mujeres apaches;
a Fernando Olvera de la UAT exponiendo sobre los liderazgos
indios ante el contacto español en el noreste novohispano y a José
Eugenio Lazo Freymann de la UNAM planteando la relación
entre bárbaros y bisontes en medio de las Grandes Llanuras de
América del Norte como límites de la cartografía durante los
siglos XVII-XIX mientras que Hernán M. Venegas Delgado de la
UAC disertaba sobre esclavitud de mujeres y niños apaches en las
misiones y presidios del noreste novohispano, siglo XVIII. Una
mesa muy redonda en tanto a temática, rica en nuevos abordajes
metodológicos como el caso de Lazo que rastrea a los bisontes
por las llanuras y desde luego muy pertinente por el tema de los
derechos de los pueblos originarios en este territorio que hoy
llamamos noreste de México y Texas.
La última mesa abordo el tema del patrimonio cultural y
el medio ambiente. Estuvo dirigida por Reynaldo de los Reyes
(University of Geneva, UNIGE) participando Eva Rivas Sada del
Tec de Monterrey quien explico la modernización del campo en
el noreste de México durante el periodo 1920-2000. Enseguida,
Gustavo A. Ramírez Castilla hablo del patrimonio cultural en
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riesgo en Tamaulipas, aspecto que conoce perfectamente como
integrante del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Finalmente, José Manuel Rosales Mendoza abordo los orígenes
y desarrollo de la planificación urbana en Torreón, Coahuila
durante el periodo 1887-1997 tema en el que es especialista como
académico de la Universidad de Coahuila.
Como cierre del evento de realizo la presentación del
libro Sacerdotes en tierra de indios. La iglesia y la oligargia
en el noreste de la Nueva España, siglos XVII-XVIII, autoría de
Nancy Leyva, recién publicado por el Colegio de Michoacán
que narra la tarea de evangelizadores en este territorio, siendo
comentado por José Luis Aguilar y la misma autora. En síntesis,
la X edición del coloquio conto con la participación de 39
ponencias de investigadores/as prevenientes más de una docena
de universidades, muchas de las cuales se incorporaron por
vez primera. Por acuerdo del Comité Científico, la siguiente
edición del evento se realizará en 2026 en University of Texas
Rio Grande Valley (EdimburgTexas) bajo el liderazgo de George
Díaz, director del Centro de Estudios Mexicoamericanos.
Sonia Hernández
Texas A&amp;M University
https://orcid.org/0009-0006-9986-6075

César Morado
Universidad Autónoma de Nuevo León
https://orcid.org/0000-0002-6696-6989

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares4.8-168

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                <text>Reyes Patiño, Reynaldo de, Editor </text>
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                <text>Ruiz Solís, Francisco, Corrección de estilo</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Oficios y labores de los afrodescendientes en el noreste novohispano</name>
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        <name>Relaciones Estado-Iglesia</name>
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